{"id":6000,"date":"2016-02-05T02:20:55","date_gmt":"2016-02-05T07:20:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/envidia\/"},"modified":"2016-02-05T02:20:55","modified_gmt":"2016-02-05T07:20:55","slug":"envidia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/envidia\/","title":{"rendered":"ENVIDIA"},"content":{"rendered":"<p>v. Celo, Codicia<br \/>\nGen 26:14 labranza; y los filisteos le tuvieron e<br \/>\n30:1<\/p>\n<hr>\n<p>En el AT se traduce la palabra heb. qin\u2020\u2122a tanto por envidia como por celo y hasta miraba con sospecha (1Sa 18:9) aunque en espa\u00f1ol las palabras no son t\u00e9rminos sin\u00f3nimos (p. ej., Job 5:2; Pro 6:34); se usa en referencia al celo del Se\u00f1or o por su nombre (Exo 20:5; Eze 39:25; Joe 2:18). Hay dos palabras gr. en el NT: phtonos y zelos. La primera siempre tiene un sentido negativo (p. ej., Mat 27:18; Gal 5:21; Phi 1:15; Jam 4:5). Aunque se puede usar zelos en modo similar (Act 13:45), casi siempre se traduce por la palabra celo (p. ej., Joh 2:17; Phi 3:6; comparar 2Co 11:2).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(ver con malos ojos, deseo del bien ajeno).<\/p>\n<p> &#8211; Condenada en la Biblia: Luc 6:11, Luc 15:27-32, Rom 1:29, Rom 13:13.<\/p>\n<p> &#8211; Sus malas consecuencias, Gal 5:21, Stg 3:16, Stg 4:2, 1Jn 3:12.<\/p>\n<p> &#8211; Ca\u00ed\u00adn mat\u00f3 a Abel, Gen 4:5.<\/p>\n<p> &#8211; A Jos\u00e9 lo vendieron los hermanos Ge. 37.<\/p>\n<p> &#8211; A Cristo lo entregaron por envidia, Mat 27:18.<\/p>\n<p> &#8211; Brota del interior del hombre, Mar 7:22.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Sentimiento de molestia por el bien ajeno, porque otro tiene algo que deseamos para nosotros. Generalmente produce la inclinaci\u00f3n a negar la existencia de \u00e9ste, a tratar de poseerlo o destruirlo y, sobre todo, a sentir odio hacia la persona que posee lo que deseamos. Cuando Isaac prosper\u00f3 mucho \u2020\u0153los filisteos le tuvieron e.\u2020\u009d y segaron los pozos que \u2020\u0153hab\u00ed\u00adan abierto los criados de Abraham\u2020\u009d (Gen 26:13-15). Los hermanos de Jos\u00e9 \u2020\u0153movidos por e.\u2020\u009d, le vendieron (Gen 37:11; Hch 7:9). La palabra hebrea est\u00e1 relacionada con la idea de quemadura, ardor que se siente en el rostro. \u2020\u0153La e. es carcoma de los huesos\u2020\u009d (Pro 14:30). \u2020\u00a2Asaf reconoce que tuvo \u2020\u0153e. de los arrogantes\u2020\u009d porque les iba bien en la vida (Sal 73:3). David aconseja: No \u2020\u0153tengas e. de los que hacen iniquidad\u2020\u009d (Sal 37:1). Cuando se efectuaba el juicio del Se\u00f1or Jes\u00fas, \u2020\u00a2Pilato \u2020\u0153sab\u00ed\u00ada que por e. le hab\u00ed\u00adan entregado\u2020\u009d los sacerdotes (Mat 27:18; Mar 15:10). Los creyentes no deben andar \u2020\u0153en contiendas y e.\u2020\u009d (Rom 13:13; 2Co 12:20). No debemos estar \u2020\u0153envidi\u00e1ndonos unos a otros\u2020\u009d (Gal 5:26), porque \u2020\u0153el amor no tiene e.\u2020\u009d (1Co 13:4).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[329]<\/p>\n<p>      Pasi\u00f3n o vicio que supone \u00abpesar por el bien ajeno\u00bb y deseo de que pase a ser propio o que al menos uno lo consiga en grado igual o superior al pose\u00ed\u00addo por el otro. Estrictamente hablando, la envidia es actitud de ruindad \u00e9tica, opuesta a la generosidad y a la bondad natural. Engendra celos, rivalidad y amargura en quien la sufre y desconcierto o temor en quien es objeto de ella.<\/p>\n<p>    Si no hay pesar o desagrado por el bien ajeno, sino simple anhelo de recibir los mismos dones del envidiado, no se ve, no se pueda hablar estrictamente de envidia sino de emulaci\u00f3n o admiraci\u00f3n, junto al deseo de propia mejora. Por eso, cuando se educa la conciencia, hay que diferenciar bien lo que es envidia de lo que es deseo de mejora propia o est\u00ed\u00admulo para la imitaci\u00f3n ajena.<\/p>\n<p>    Pedag\u00f3gicamente la envidia no es f\u00e1cil de vencer, al menos con la mera reflexi\u00f3n, pues se trata de un estado afectivo ordinariamente inevitable si procede de temperamentos propensos a ella. La manera de corregirla es fomentando y encauzado los sentimientos contrarios: altruismo, generosidad, hidalgu\u00ed\u00ada, bondad con los dem\u00e1s, promoci\u00f3n del bien ajeno.<\/p>\n<p>    Con ni\u00f1os peque\u00f1os la envidia es tan natural (deseo de tener lo que otros tienen) que resultar\u00ed\u00ada anormal la personalidad que careciera de ella. Pero es en esa edad cuando se pueden generar las disposiciones afectivas opuestas y el educador no debe perder la oportunidad de hacerlo. (Ver Capitales. Pecados)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. vicios capitales)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La envidia es un pesar del bien ajeno. El envidioso sufre al ver a los dem\u00e1s gozar de prosperidad y de felicidad, y desear\u00ed\u00ada verlos en la desgracia. La envidia, fustigada en el N. T. (Rom 1, 29; G\u00e1l 5, 21-23), es mala consejera, pues hace al hombre adoptar posturas de insolidaridad con los dem\u00e1s e incluso de enemistad y agresi\u00f3n (Mt 27, 18; Mc 15, 10).<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> miedo, amor). La Biblia supone que la envidia est\u00e1 en la ra\u00ed\u00adz de todos los pecados*. Ella aparece en el fondo del relato del \u00abpecado\u00bb de Ad\u00e1n-Eva (Gn 2-3) y en el gesto homicida de Ca\u00ed\u00adn (Gn 4), al principio de la Biblia. Tambi\u00e9n el pecado de los \u00e1ngeles violadores de 1 Hen ha sido la envidia: han querido tener algo propio de los  hombres (posibilidad de sexo y violencia), algo que ellos como esp\u00ed\u00adritus* no tienen. Pero los lugares donde la envidia aparece con m\u00e1s fuerza en la Biblia son dos: el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada y el relato de la muerte de Jes\u00fas en Marcos.<\/p>\n<p>(1) Libro de la Sabidur\u00ed\u00ada: \u00abDios hizo al hombre para la inmortalidad y lo hizo imagen de su propio ser; pero la muerte entr\u00f3 en el mundo por la envidia del Diablo y los de su partido pasar\u00e1n por ella\u00bb (Sab 2,23-24). Este hombre (anthr\u00f3pos) del que trata nuestro texto es el Ad\u00e1n-Eva de Gn 2-3 y se identifica con todos los hombres, creados por Dios para la inmortalidad, pero amenazados por el diablo, que aqu\u00ed\u00ad se interpreta en un sentido b\u00e1sicamente antropol\u00f3gico, como envidia radical del mismo ser humano. La envidia no es una propiedad del diablo, sino su misma \u00abesencia\u00bb, si se permite utilizar esa palabra, pues estamos ante un genitivo epexeg\u00e9tico: \u00abla envidia, es decir, el Diablo\u00bb. Por eso, el partido del diablo est\u00e1 formado por aquellos que se dejan dominar por la envidia, rechazando as\u00ed\u00ad el don de la vida de Dios, que es gracia, es decir, la generosidad. Ciertamente, el hombre puede volverse Diablo, si se deja dominar por la envidia, pero tambi\u00e9n puede liberarse de ella y volverse \u00abpariente de Dios\u00bb. Seg\u00fan eso, el hombre-Adam puede rebelarse contra Dios y caer, pero puede tambi\u00e9n levantarse, pues la Sabidur\u00ed\u00ada de Dios les protege. En esa l\u00ed\u00adnea, nuestro libro quiere contar la \u00abhistoria\u00bb de la Sabidur\u00ed\u00ada y no la de los \u00e1ngeles o diablos: \u00abOs explicar\u00e9 lo que es la Sabidur\u00ed\u00ada y cu\u00e1l es su origen; me voy a remontar al comienzo de la creaci\u00f3n, d\u00e1ndola a conocer claramente&#8230; No har\u00e9 el camino de la envidia que se consume, pues \u00e9sta no tiene nada en com\u00fan con la Sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (Sab 6,22-23). Estos son los protagonistas de la vida humana, \u00e9stas las claves de la antropolog\u00ed\u00ada: la Sophia o Sabidur\u00ed\u00ada de Dios (= Dios mismo), que gu\u00ed\u00ada a los hombres por el camino de una vida que es gracia; y el plitlionos o envidia del Diablo (= el mismo Diablo), que conduce a los hombres a la muerte. As\u00ed\u00ad reelabora nuestro libro los temas b\u00e1sicos del G\u00e9nesis. Desde esa oposici\u00f3n entre Sabidur\u00ed\u00ada (que es Dios como gracia y principio de vida compartida) y envidia (que es rechazo diab\u00f3lico de Dios y principio de lucha in terhumana) se entienden los elementos b\u00e1sicos de la antropolog\u00ed\u00ada de Sab: los hombres somos inmortales por gracia, por don de Dios y vida compartida; pero podemos morir por envidia.<\/p>\n<p>(2) La envidia de los sacerdotes que condenan a Jes\u00fas. La envidia aparece, junto con el miedo* (cf. Mc 11,18), como motivo desencadenante del asesinato de Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad lo ha destacado Marcos cuando dice que Pilato no se fiaba de Caif\u00e1s y de los sacerdotes, aunque actuaran de hecho como aliados suyos, porque sab\u00ed\u00ada \u00abque los sumos sacerdotes le hab\u00ed\u00adan entregado (a Jes\u00fas) por envidia\u00bb (dia phthonon: Mc 15,10; Mt 27,18). La misma envidia que Sab 6,2223 hab\u00ed\u00ada presentado como principio general de muerte viene a presentarse ahora como causa del asesinato de Jes\u00fas. (a) Los sacerdotes envidian a Jes\u00fas porque le consideran valioso, porque han visto en su conducta algo que en el fondo les gustar\u00ed\u00ada tener y no tienen, una forma de relacionarse con Dios y con los hombres, (b) Esta envidia refleja una carencia de los sacerdotes, un vac\u00ed\u00ado que les impide gozar de s\u00ed\u00ad mismos al relacionarse con los otros. No est\u00e1n contentos de su suerte, no pueden vivir en verdad con lo que tienen; por eso, la simple presencia de Jes\u00fas les disgusta, porque les recuerda su falta de aut\u00e9ntico poder, (c) La envidia suscita violencia: los sacerdotes no pueden robar a Jes\u00fas su prestigio, ni apoderarse de sus bienes, ni ocupar su puesto, pues no quieren ser como \u00e9l (vivir en gratuidad). Pero tampoco pueden soportarle. Por eso le hacen morir, no para hacer lo que \u00e9l hac\u00ed\u00ada (ellos no quieren eso), sino para impedir que Jes\u00fas pueda acusarles con su vida y su palabra. Hay una envidia que podr\u00ed\u00adamos llamar \u00abactiva\u00bb: es la de aquellos que quieren apoderarse de los tesoros o bienes de los otros (dinero, puesto de trabajo), sin necesidad de matarles a ellos. Pero hay otra envidia que podemos llamar \u00abreactiva\u00bb y que consiste en no soportar la existencia de los otros como tales, de manera que no podemos vivir tranquilos mientras ellos existan. Esta es la envidia de los sacerdotes que no tienen m\u00e1s autoridad que la que brota de su imposici\u00f3n sacral. Ellos representan el deseo impositivo (no la gracia de Dios) y por eso combaten al representante del Dios de la gracia. Su envidia es contagiosa: pone en  marcha el proceso de Jes\u00fas y no se apaga hasta matarle, pues piensan que s\u00f3lo mat\u00e1ndole podr\u00e1n superar y vencer su envidia, pudiendo as\u00ed\u00ad vivir en paz sobre ella. Pero la envidia no se vence con la ley, sino con la gracia*.<\/p>\n<p>Cf. J. M. REESE, Hellenistic Influences on the Book ofWisdomand its Consequences, Istituto B\u00ed\u00adblico, Roma 1970; H. SCHOECK, Emy. A Theory of Social Behavior, Nueva York 1969.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>Pesar o padecimiento por raz\u00f3n de las pertenencias, prosperidad, ventajas, posici\u00f3n o reputaci\u00f3n ajenas. Las personas envidiosas desean lo que tienen los dem\u00e1s, y suelen pensar que los que poseen el objeto de su deseo no se lo merecen. La palabra hebrea qin\u00c2\u00b7\u00c2\u00b4\u00e1h puede referirse, seg\u00fan el contexto, a celo, ardor, insistencia en la devoci\u00f3n exclusiva, o bien a los celos y la envidia (2Re 19:31; Sl 79:5; N\u00fa 25:11; 5:14; Job 5:2), a diferencia del t\u00e9rmino griego fth\u00f3\u00c2\u00b7nos, que siempre tiene una connotaci\u00f3n negativa y significa envidia. (Ro 1:29.)<br \/>\nUna de las malas inclinaciones del hombre pecaminoso es la tendencia a la envidia. (Snt 4:5.) Es una expresi\u00f3n del odio. Debido a que los filisteos envidiaban la prosperidad de Isaac, cegaron con malicia los pozos de los que depend\u00ed\u00adan sus reba\u00f1os y manadas. Por \u00faltimo, su rey exigi\u00f3 que Isaac se marchara de la zona. (G\u00e9 26:14-16, 27.) La envidia que Cor\u00e9, Dat\u00e1n y Abiram, sent\u00ed\u00adan por la dignidad y honra de la posici\u00f3n que ocupaban Mois\u00e9s y Aar\u00f3n provoc\u00f3 su rencoroso ataque verbal. (N\u00fa 16:1-3; Sl 106:16-18.) La respuesta favorable de la gente al mensaje de Jes\u00fas suscit\u00f3 la envidia de los sacerdotes principales y de muchos ancianos jud\u00ed\u00ados. Su envidia alcanz\u00f3 cotas insospechadas cuando entregaron al Hijo de Dios a Pilato para que este dictara su sentencia de muerte. (Mt 27:1, 2, 18; Mr 15:10.)<br \/>\nAbogar por ense\u00f1anzas que no est\u00e1n de acuerdo con las de Jes\u00fas genera envidia. El principal inter\u00e9s del que las ense\u00f1a no es la gloria de Dios, sino la promoci\u00f3n de su propia doctrina. La envidia resultante puede llevar a que se intente representar a los verdaderos cristianos en falsos colores, calumniarlos y socavar su labor e influencia sana. (1Ti 6:3, 4.) El ap\u00f3stol Pablo tuvo que contender con personas que ten\u00ed\u00adan malos motivos, que predicaban a Cristo por envidia. Por esta envidia, intentaron desacreditar la reputaci\u00f3n de Pablo y su autoridad apost\u00f3lica. Quisieron desanimar y desalentar al ap\u00f3stol, que para entonces estaba preso. Procuraron ganar prestigio en detrimento de Pablo con el objeto de alcanzar sus fines ego\u00ed\u00adstas. (Flp 1:15-17.)<\/p>\n<p>Peligro de ceder a la envidia. La gente que consigue lo que quiere mediante el fraude y la violencia puede disfrutar por un tiempo de prosperidad, seguridad y buena salud. Es posible que los inicuos incluso tengan una muerte pac\u00ed\u00adfica, no angustiosa. Cuando un siervo de Dios observa que sus circunstancias son menos favorables que las de los inicuos, puede ser que permita que la envidia erosione su aprecio por el valor de hacer la voluntad divina, como le sucedi\u00f3 al salmista Asaf. (Sl 73:2-14.) Por ello, en repetidas ocasiones las Escrituras ofrecen razones s\u00f3lidas por las que no se debe envidiar a los malhechores ni adoptar sus caminos: los que practican la injusticia son tan transitorios como la hierba que se seca en seguida bajo el calor del sol. (Sl 37:1, 2.) Aunque los que consiguen sus objetivos mediante la violencia disfruten de prosperidad, son detestables a Jehov\u00e1 y est\u00e1n bajo su maldici\u00f3n (Pr 3:31-33), su vida no tiene futuro. (Pr 23:17, 18; 24:1, 19, 20.)<br \/>\nLa pat\u00e9tica suerte de la persona envidiosa se anuncia en el proverbio inspirado: \u2020\u0153El hombre de ojo envidioso [literalmente, \u2020\u0153malo; maligno\u2020\u009d] se agita tras cosas valiosas, pero no sabe que la carencia misma le sobrevendr\u00e1\u2020\u009d. (Pr 28:22.) En efecto, la persona de ojo envidioso se encamina a la carencia. Se esfuerza por elevarse a s\u00ed\u00ad misma a la altura de aquellos a quienes envidia, pero al mismo tiempo se degrada en sentido moral, sacrificando los principios justos. Aun si consigue riquezas, son temporales y tiene que abandonarlas cuando le sobreviene la muerte. De modo que se ha esforzado o \u2020\u02dcagitado\u2020\u2122 para nada. Jes\u00fas mencion\u00f3 \u2020\u0153el ojo envidioso [literalmente, \u2020\u0153inicuo\u2020\u009d]\u2020\u009d entre las cosas inicuas que proceden del interior del hombre y lo contaminan. (Mr 7:22, 23.)<br \/>\nLa envidia es una de las obras despreciables de la carne que se interpone en el camino hacia el Reino de Dios. (G\u00e1l 5:19-21.) Todos los que persistan en ella \u2020\u0153son merecedores de muerte\u2020\u009d. (Ro 1:29, 32.) Sin embargo, con la ayuda del esp\u00ed\u00adritu de Dios es posible evitar la envidia. (G\u00e1l 5:16-18, 25, 26; Tit 3:3-5; 1Pe 2:1.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">En el AT, <em>q\u0101n\u0101\u02be, qin\u02be\u0101h<\/em> (cuya idea principal es sonrojarse a causa de la emoci\u00f3n) se traducen a menudo por \u00abcelo\u00bb o \u00abenvidia\u00bb seg\u00fan el sentido. La envidia es siempre mala, el celo en cambio, con frecuencia, tiene una connotaci\u00f3n buena. En forma similar \u00abmirar con malos ojos\u00bb (1 S. 18:9) y \u00abel ojo maligno\u00bb (<em>Eclesi\u00e1stico<\/em> 14:8, 10; Mt. 20:15, <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">BJ<\/a>, Mr. 7:22) expresan la idea de envidia. En el NT <em>dselos<\/em> (celos, rara vez \u00abenvidia\u00bb) puede ser bueno o malo; <em>fzonos<\/em> (envidia) siempre es mala (excepto en Stg. 4:5; R.V.G. Tasker, <em>The General Epistle of James<\/em>, Tyndale Press, Londres, 1956, pp. 90, 91, 105). Trench discrimina entre la envidia en su forma pasiva y el celo como activamente antag\u00f3nico hacia el bien de otro. <em>HDGC<\/em> (\u00abenvidia\u00bb) relaciona la envidia con el deseo de la posesi\u00f3n de otro y el celo por la rivalidad ante un objetivo com\u00fan. Pero la envidia (por ejemplo, la de los hermanos de Jos\u00e9, la de Sa\u00fal hacia David, y la del jefe de los sacerdotes hacia Cristo) se refiere a una posesi\u00f3n inalienable (amor paternal, honores por la victoria o grandeza espiritual), en tanto que el celo, bueno y malo (G\u00e1. 4:17, 18) se refiere a circunstancias alterables. La envidia es esencialmente maligna (<em>Sabidur\u00eda<\/em> 2:24; 1 Jn. 3:12; v\u00e9ase 1 Clem. 3) y una obra de la carne (G\u00e1. 5:21), y lleg\u00f3 a ser un \u00abpecado de muerte\u00bb en la teolog\u00eda moral posterior.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">George J.C. Marchant<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">BJ <\/a>Biblia de Jerusal\u00e9n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (210). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Consideraci\u00f3n poco generosa de las ventajas que parecen disfrutar otros, cf. el lat. <i>invidia <\/i>de <i>invideo<\/i>, \u201ccontemplar muy de cerca\u201d, luego \u201cobservar con intenci\u00f3n maliciosa\u201d (v\u00e9ase 1 S. 18.9). El heb. <\/span><span style=' '>qin\u2019\u00e2<\/span><span lang=ES style=' '> significa en su origen quemadura, luego el color que se produce en el rostro por una emoci\u00f3n profunda y, en consecuencia, ardor, fervor, celo. V\u00e9ase Job 5.2; Pr. 27.4; Hch. 7.9, etc. En 1 Co. 3.3 <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''>, tiene \u201ccelos\u201d. Pero \u201cenvidia\u201d y \u201ccelos\u201d no son sin\u00f3nimos. Los celos producen temor de perder lo que poseemos; la envidia produce dolor ante el hecho de que otros tengan lo que nosotros no tenemos. La palabra <\/span><span style=' '>qin\u2019\u00e2<\/span><span lang=ES style=' '> se usa para expresar la envidia de Raquel por su hermana (Gn. 30.1, cf. Gn. 37.11; Nm. 25.11, etc.). Sus malas consecuencias se revelan especialmente en el libro de Proverbios: as\u00ed la pregunta en 27.4: \u201c\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 sostenerse delante de la envidia?\u201d El vocablo neotestamentario <\/span><span style=''>z&#275;los<\/span><span lang=ES style=''> generalmente se traduce *\u201ccelo\u201d con sentido bueno, como tambi\u00e9n con sentido malo, o sea como \u201cenvidia\u201d (Jn. 2.17; cf. Col. 4.13, donde <\/span><etiqueta id=\"#_ftn373\" name=\"_ftnref373\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0nbe<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''> traduce \u201cmucho trabajo\u201d (<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''> \u201cgran solicitud\u201d); obs\u00e9rvese tambi\u00e9n su referencia a Dios, 2 R. 19.31; Is. 9.7; 37.32, etc.) El vocablo <\/span><span style=''>fthonos<\/span><span lang=ES style=''> siempre se usa en sentido malo, excepto en el dif\u00edcil vers\u00edculo de Stg. 4.5, que debe traducirse como en <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><span lang=ES style=''>. (Un sentimiento comparable se expresa en el <i>Manual de Disciplina<\/i>, 4.16\u201318, de Qumr\u00e1n.) <\/span><span style=''>fthonos<\/span><span lang=ES style=''> es caracter\u00edstica de la vida no redimida (Ro. 1.29; G\u00e1. 5.21; 1 Ti. 6.4; Tit. 3.3). Fue este el esp\u00edritu que llev\u00f3 a la crucifixi\u00f3n de nuestro Se\u00f1or (Mt. 27.18; Mr. 15.10). La envidia, <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>z&#275;los<\/span><span lang=ES style=' '>, en el sentido de celo desmedido, debe ser evitado por los cristianos (Ro. 13.13; 2 Co. 12.20; Stg. 3.14, 16). V\u00e9ase <i>NIDNTT<\/i> 1, pp. 557s; <etiqueta id=\"#_ftn374\" name=\"_ftnref374\" title=\"\"><i>TDNT <\/i><\/etiqueta>2, pp. 877\u2013882.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn375\" name=\"_ftnref375\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>H.D.MCD.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed se toma el t\u00e9rmino \u201cenvidia\u201d como sin\u00f3nimo de celos.  Se define como el dolor que uno siente por el bienestar de otro debido a la opini\u00f3n de que la propia excelencia es, en consecuencia, disminuida.   Su malicia caracter\u00edstica proviene de la oposici\u00f3n que implica a la virtud suprema de la caridad. La ley del amor nos obliga a alegrarnos en lugar de estar angustiados por la buena suerte del pr\u00f3jimo.   Adem\u00e1s, esta actitud es una contradicci\u00f3n directa al esp\u00edritu de solidaridad que debe caracterizar a la raza humana y, de modo especial, a los miembros de la comunidad cristiana. El envidioso se tortura sin causa, manteniendo m\u00f3rbidamente que  el \u00e9xito del otro constituye un mal para s\u00ed mismo.   En la medida que el pecado desaf\u00eda al gran precepto de la caridad, es en general grave, aunque debido al asunto trivial que envuelve, as\u00ed como debido a la falta de suficiente deliberaci\u00f3n, a menudo se le considera venial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los celos son un mayor mal cuando uno se aflige por el bien espiritual del otro; lo cual se dice que es un pecado contra el Esp\u00edritu Santo.  Adem\u00e1s se le llama pecado capital debido a los otros vicios que engendra.  Entre su descendencia Santo Tom\u00e1s (II-II, Q. XXXVI) enumera el odio, la detracci\u00f3n, la alegr\u00eda por las desgracias del pr\u00f3jimo y la murmuraci\u00f3n.  Entristecerse por el \u00e9xito ajeno no siempre constituye celos.  El motivo debe ser analizado. Si, por ejemplo, siento tristeza por la noticia de que otro ha sido promovido o ascendido a la riqueza, ya sea porque s\u00e9 que no merece su accesi\u00f3n a la buena suerte, o porque he hallado motivos para temer que lo usar\u00e1 para hacerme da\u00f1o o a los dem\u00e1s, mi actitud es completamente racional, siempre y cuando no haya exceso en mi opini\u00f3n. Entonces, tambi\u00e9n, puede ocurrir que, propiamente hablando, no envidio la feliz condici\u00f3n de mi pr\u00f3jimo, sino que simplemente me pesa que no le he imitado. As\u00ed, si el objeto es bueno, yo no deber\u00e9 estar celoso, sino m\u00e1s bien laudablemente \u00e9mulo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Delany, Joseph. \u00abJealousy.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 8. New York: Robert Appleton Company, 1910. 20 Dec. 2011 <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/08326b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Celo, Codicia Gen 26:14 labranza; y los filisteos le tuvieron e 30:1 En el AT se traduce la palabra heb. qin\u2020\u2122a tanto por envidia como por celo y hasta miraba con sospecha (1Sa 18:9) aunque en espa\u00f1ol las palabras no son t\u00e9rminos sin\u00f3nimos (p. ej., Job 5:2; Pro 6:34); se usa en referencia al &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/envidia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abENVIDIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6000","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6000","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6000"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6000\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6000"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6000"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6000"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}