{"id":6009,"date":"2016-02-05T02:22:05","date_gmt":"2016-02-05T07:22:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escatologia\/"},"modified":"2016-02-05T02:22:05","modified_gmt":"2016-02-05T07:22:05","slug":"escatologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escatologia\/","title":{"rendered":"ESCATOLOGIA"},"content":{"rendered":"<p>(gr., eschatos, \u00faltimo y logos, declaraci\u00f3n ordenada). El estudio de las \u00faltimas cosas que suceder\u00e1n en la tierra en esta edad. Se usa la palabra para cubrir el estudio de acontecimientos tan importantes como la segunda venida de Cristo, el juicio del mundo, la resurrecci\u00f3n de los muertos y la creaci\u00f3n de los cielos nuevos y la tierra nueva. Los temas relacionados incluyen el reino de Dios, el milenio, el estado intermedio, el concepto de la inmortalidad y el destino eterno de los malvados.<\/p>\n<p>Ya que Dios controla la historia (incluyendo su fin), el creyente ha de tener esperanza. Para hacer justicia a la tensi\u00f3n dentro del NT entre la salvaci\u00f3n ya experimentada (parcialmente) y la salvaci\u00f3n todav\u00ed\u00ada no experimentada (completamente), es \u00fatil hablar de la escatolog\u00ed\u00ada inaugurada y la escatolog\u00ed\u00ada cumplida. El pueblo de Dios est\u00e1 viviendo en los \u00faltimos d\u00ed\u00adas, pero todav\u00ed\u00ada no ha llegado el \u00faltimo d\u00ed\u00ada. La nueva edad irrumpi\u00f3 en esta \u00e9poca malvada cuando Cristo fue resucitado de los muertos, pero lo nuevo todav\u00ed\u00ada no ha reemplazado completamente lo antiguo. El Esp\u00ed\u00adritu de Cristo trae a la edad presente la vida de la edad por venir; as\u00ed\u00ad que lo que ofrece es las primicias (Rom 8:23) y es las arras de la plenitud de la vida por venir (2Co 1:22; 2Co 5:5; Eph 1:14).<\/p>\n<p>Como gente de la nueva edad que todav\u00ed\u00ada vive en el mundo y la edad antigua, la iglesia est\u00e1 llamada a participar en misiones y evangelismo (Mat 24:14; Mat 28:19-20) hasta que Cristo regrese a la tierra. Las se\u00f1ales de los tiempos \u2014es decir, que el fin es seguro y est\u00e1 cercano\u2014 incluyen la evangelizaci\u00f3n del mundo, la conversi\u00f3n de Israel (Rom 11:25-26), la gran apostas\u00ed\u00ada (2Th 2:1-3), la tribulaci\u00f3n (Mat 24:21-30) y la revelaci\u00f3n del anticristo (2Th 2:1-12).<\/p>\n<p>I. La Segunda Venida. Se usan tres palabras gr. \u2014parousia (presencia, 1Th 3:13), apokalypsis (revelaci\u00f3n, 2Th 1:7-8) y epiphaneia (aparici\u00f3n,2Th 2:8)\u2014 para el regreso personal, visible y glorioso de Jes\u00fas (Mat 24:30; Act 1:11; Act 3:19-21; Phi 3:20).<\/p>\n<p>II. La resurrecci\u00f3n de los muertos. Cristo es el primog\u00e9nito de los muertos (Rom 8:11, Rom 8:29; Col 1:18) y las primicias de la resurrecci\u00f3n de todos los creyentes (1Co 15:20). Cada persona que haya vivido se levantar\u00e1 de los muertos (Dan 12:2; Joh 5:28-29; Act 24:15); pero la resurrecci\u00f3n de los malvados ser\u00e1 el comienzo del juicio de Dios sobre ellos, mientras que la resurrecci\u00f3n de los justos ser\u00e1 el comienzo de su vida en Cristo. Los cuerpos resucitados de los justos ser\u00e1n incorruptibles, gloriosos y espirituales (1 Corinitos 15:35 ss.), y semejantes al cuerpo glorioso de Cristo (Phi 3:21).<\/p>\n<p>III. El juicio.<\/p>\n<p>Hay dos maneras en las cuales los estudiosos b\u00ed\u00adblicos conservadores ven la doctrina del juicio. Una es decir que habr\u00e1 un juicio futuro en el cual Jesucristo juzgar\u00e1 a las naciones y a cada persona que haya vivido jam\u00e1s. Este juicio es un examen de los motivos y las acciones de cada uno, creyente e incr\u00e9dulo, junto con el juicio basado en esta evidencia (Mat 11:20-22; Mat 12:36; Mat 25:35-40; 2Co 5:10) y en la respuesta humana a la voluntad conocida de Dios (Mat 16:27; Rom 1:18-21; Rom 2:12-16; Rev 20:12; Rev 22:12). Hay recompensas espirituales en la edad por venir para aquellos que han servido al Se\u00f1or fielmente en esta vida (Luk 19:12-27; 1Co 3:10-15; comparar Mat 5:11-12; Mat 6:19-21).<\/p>\n<p>La otra forma de ver el juicio acepta los principios de la primera pero los distribuye en varios juicios: de los pecados de los creyentes (en el Calvario), de las obras del creyente (en el momento del arrebatamiento), de los gentiles individuales (antes del milenio), del pueblo de Israel (antes del milenio), de los \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos y de los malvados (despu\u00e9s del milenio).<\/p>\n<p>IV. Felicidad eterna en el nuevo orden de existencia (nuevos cielos y nueva tierra). El antiguo universo ser\u00e1 regenerado maravillosamente (Isa 65:17-25; Isa 66:22-23; Act 3:19-21; Rom 8:19-21; 2Pe 3:12; Rev 21:1-4). Aquellos que tienen cuerpos de resurrecci\u00f3n morar\u00e1n con Dios en un universo regenerado, en el cual el cielo, como lugar y esfera de Dios, no est\u00e1 separado sino que m\u00e1s bien est\u00e1 presente.<\/p>\n<p>V. Sufrimiento y castigo eterno en el infierno. Jes\u00fas mismo dijo m\u00e1s acerca del infierno que cualquier otro escritor u orador del NT (p. ej., Mat 5:22, Mat 5:29-30; Mat 10:28; Mat 13:41-42; Mat 25:46). Por medio de una variedad de cuadros e im\u00e1genes, el NT presenta una descripici\u00f3n temible del sufrimiento eterno de los que han rechazado el evangelio.<\/p>\n<p>VI. Inmortalidad. S\u00f3lo Dios posee verdadera inmortalidad (aphtharsia, 1Ti 6:16) porque es la fuente eterna de vida. Los seres humanos fueron creados para la inmortalidad (en lugar de ser creados con almas inmortales) y esta inmortalidad, en el sentido de recibir y disfrutar de la vida de Dios, se le da a los justos en el momento de la resurrecci\u00f3n de los muertos, en y por medio del don de un nuevo cuerpo imperecedero e inmortal (1Co 15:53-55). Nunca se dice que los malvados tengan inmortalidad o que existan eternamente en cuerpos inmortales, ya que el uso de la inmortalidad en el NT es para describir la inmunidad de la muerte y la corrupci\u00f3n que resulta de compartir en la vida divina.<\/p>\n<p>VII. El estado intermedio. Con frecuencia se llama estado intermedio a la existencia de aquellos que mueren antes de la Segunda Venida. La par\u00e1bola del hombre rico y L\u00e1zaro (Luk 16:19-31) sugiere que hay una existencia consciente y que puede ser de sufrimiento o de descanso\/felicidad. Ciertamente el NT se\u00f1ala el consuelo y la seguridad de aquellos que mueren como disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas (Luk 23:42-43; 2Co 5:6-8; Phi 1:21-23; 1Th 4:16; ver HADES; ver PARAISO; ver SEOL).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(doctrina de las cosas postreras, de los \u00faltimos tiempos).<\/p>\n<p> 1- Comienza con la Primera Venida de Cristo, profetizada 300 veces en el Antiguo Testamento.<\/p>\n<p> 2- Culmina con la Segunda Venida de Cristo, profetizada 500 veces en el A.T, y 300 veces en el N.T.<\/p>\n<p> 3- Orden de la Segunda Venida: Mateo caps. 24 y 25: (Mc.13, Lc.21).<\/p>\n<p> &#8211; 5 senales, que ir\u00e1n en aumento, como los dolores de parto: Mat 24:1-14.<\/p>\n<p> &#8211; Abominable Desolaci\u00f3n: Mat 24:1520.<\/p>\n<p> &#8211; La Gran Tribulaci\u00f3n: Mat 24:21-28.<\/p>\n<p> &#8211; Segunda Venida de Cristo:   Mat 24:29-41.<\/p>\n<p> Sobre las nubes:Mat 24:30.<\/p>\n<p> El Arrebato, Mat 24:39-41.<\/p>\n<p> &#8211; El Juicio Fina: Mat 25:31-46.<\/p>\n<p> 4- Las 5 Par\u00e1bolas del Fin.<\/p>\n<p> &#8211; La Higuera, Mat 24:32-35.<\/p>\n<p> &#8211; Como un ladr\u00f3n, como en los tiempos de No\u00e9, Mat 24:36-45.<\/p>\n<p> &#8211; El Siervo prudente, Mat 24:45-51.<\/p>\n<p> &#8211; Las 10 v\u00ed\u00adrgenes, Mat 25:1-13.<\/p>\n<p> &#8211; Los talentos, Mat 25:14-30.<\/p>\n<p> Por no entender este orden tan claro de Mateo, ha habido muchos errores y herej\u00ed\u00adas al interpretar el Apocalipsis, Daniel, y Tesalonicenses 1 y 2.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Palabra t\u00e9cnica que no aparece en la Biblia. Los eruditos la utilizan combinando dos vocablos griegos: eschatos (\u00faltimas cosas) y logos (estudio, ense\u00f1anza). Viene a ser, entonces, la doctrina de las \u00faltimas cosas. Como tal, est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente relacionada con el futuro y, por tanto, con la profec\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>Se nos ense\u00f1a en 2Pe 1:19 : \u2020\u0153Tenemos tambi\u00e9n la palabra prof\u00e9tica m\u00e1s segura, a la cual hac\u00e9is bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el d\u00ed\u00ada esclarezca\u2020\u009d. Muchos errores y problemas han surgido en la historia de la Iglesia porque siempre aparecen individuos o escuelas de pensamiento que pretenden alumbrar all\u00ed\u00ad donde la Biblia dice que est\u00e1 oscuro. El futuro, dice Pedro, es un \u2020\u0153lugar oscuro\u2020\u009d. La profec\u00ed\u00ada es una luz, pero no una luz total, sino \u2020\u0153como una antorcha que alumbra en un lugar oscuro\u2020\u009d. Cuando encendemos una antorcha dentro de una cueva llena de tinieblas, podemos ver el contorno de las cosas, pero no el detalle de ellas. Se producen sombras y reflejos, perfiles y contrastes. Pero aunque no veamos los detalles, el alumbrarnos con la antorcha nos permite dirigir sabiamente nuestros pasos. Ese es el prop\u00f3sito de la profec\u00ed\u00ada.<br \/>\nno nos ha dado detalles de lo que va a acontecer en el futuro, pero s\u00ed\u00ad nos ha provisto de unos lineamientos generales que nos indican que los acontecimientos se mueven hacia una culminaci\u00f3n grandiosa en la cual su nombre va a ser universalmente exaltado. Mientras tanto, nos ha revelado lo que consider\u00f3 que deb\u00ed\u00adamos saber. As\u00ed\u00ad lo hizo tambi\u00e9n con su pueblo en el AT ( \u2020\u00a2Esperanza. \u2020\u00a2Mes\u00ed\u00adas). Nos habla lo necesario sobre la \u2020\u00a2inmortalidad, la \u2020\u00a2muerte, el llamado estado intermedio, el \u2020\u00a2juicio final, el \u2020\u00a2cielo, el \u2020\u00a2infierno, etc\u00e9tera. Todos estos temas forman parte de la e. Sin embargo, la mayor\u00ed\u00ada de las personas, cuando se menciona la palabra e., piensan mayormente en la segunda venida de Cristo, las se\u00f1ales que la anteceder\u00e1n, el anticristo, el milenio, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>El estado intermedio. Los eruditos utilizan este t\u00e9rmino t\u00e9cnico que no aparece en la Biblia cuando se preguntan cu\u00e1l ser\u00ed\u00ada la condici\u00f3n de los hombres inmediatamente despu\u00e9s de la \u2020\u00a2muerte y antes de la \u2020\u00a2resurrecci\u00f3n. La divergencia de opiniones sobre el tema se agudiza en el caso de personas que no creen en la existencia del alma separada del cuerpo. Pero, aun en el caso de los que piensan positivamente sobre el particular, se levanta la pregunta: \u00bfQu\u00e9 pasa con el \u2020\u00a2alma, de la cual habl\u00f3 el Se\u00f1or diciendo que hay \u2020\u0153los que pueden matar el cuerpo, mas el a. no pueden matar\u2020\u009d? (Mat 10:28). Aunque la mayor\u00ed\u00ada de las confesiones cristianas afirman que el alma sigue viviendo despu\u00e9s de la muerte, difieren mucho en cuanto a lo que sucede con \u00e9sta despu\u00e9s de separarse del cuerpo. Algunos piensan que los justos simplemente descansan o duermen esperando el d\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n. Otros entienden que en ese descanso el alma mantiene su conciencia. Durante la Edad Media lleg\u00f3 a elaborarse la doctrina del purgatorio, seg\u00fan la cual las almas de los hombres que no hab\u00ed\u00adan muerto enteramente justos, iban a un lugar donde sufr\u00ed\u00adan ciertas penas que las purificaban, antes de pasar al estado de beatitud en el cielo. Esta doctrina fue rechazada por la Reforma. Las diferencias de opiniones se acent\u00faan en gran parte porque la Biblia misma no da detalles sobre el particular. A los hombres les parece gran cosa el tiempo entre la muerte f\u00ed\u00adsica y la resurrecci\u00f3n, pero hay que dudar de que eso le preocupe a Dios, pues para \u2020\u0153con el Se\u00f1or un d\u00ed\u00ada es como mil a\u00f1os, y mil a\u00f1os como un d\u00ed\u00ada\u2020\u009d (2Pe 3:8).<br \/>\nap\u00f3stol Pablo escribi\u00f3 a los Filipenses, diciendo: \u2020\u0153Porque para m\u00ed\u00ad el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para m\u00ed\u00ad en beneficio de la obra, no s\u00e9 entonces qu\u00e9 escoger &#8230; teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es much\u00ed\u00adsimo mejor; pero quedar en la carne es m\u00e1s necesario por causa de vosotros\u2020\u009d (Flp 1:22-24). Tambi\u00e9n a los Corintios dijo: \u2020\u0153Entretanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Se\u00f1or &#8230; pero procuramos tambi\u00e9n, o ausentes o presentes, serle agradables\u2020\u009d (2Co 5:6-9). Las expresiones \u2020\u0153estar en el cuerpo\u2020\u009d y \u2020\u0153ausentes del cuerpo &#8230; presentes al Se\u00f1or\u2020\u009d hablan de la existencia del alma, que puede estar en el cuerpo o fuera de \u00e9l. Despu\u00e9s de la muerte, entonces, Pablo quer\u00ed\u00ada \u2020\u0153estar con Cristo, lo cual es much\u00ed\u00adsimo mejor\u2020\u009d. Eso indica que m\u00e1s all\u00e1 de la muerte lo que espera al cristiano es un estado de bienaventuranza junto al Se\u00f1or Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La segunda venida de Cristo. Los eruditos llaman a esto \u2020\u0153la parus\u00ed\u00ada\u2020\u009d. El NT est\u00e1 lleno de alusiones y firmes promesas sobre un regreso personal de Cristo a la tierra. En los Evangelios, el Se\u00f1or mismo lo promete constantemente \u2020\u0153Porque el Hijo del Hombre vendr\u00e1 en la gloria de su Padre con sus \u00e1ngeles, y entonces pagar\u00e1 a cada uno conforme a sus obras\u2020\u009d [Mat 16:27]; \u2020\u0153Velad, pues, porque no sab\u00e9is a qu\u00e9 hora ha de venir vuestro Se\u00f1or\u2020\u009d [Mat 24:42]; \u2020\u0153Vosotros, pues, tambi\u00e9n, estad preparados, porque a la hora que no pens\u00e9is, el Hijo del Hombre vendr\u00e1\u2020\u009d [Luc 12:40]; \u2020\u0153Vendr\u00e9 otra vez, y os tomar\u00e9 a m\u00ed\u00ad mismo, para que donde yo estoy, vosotros tambi\u00e9n est\u00e9is\u2020\u009d [Jua 14:3]). Esto era esperado por todos los que creyeron en \u00e9l, como se demuestra en la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n. Pedro, por ejemplo, predic\u00f3 del Se\u00f1or Jesucristo: \u2020\u0153A quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauraci\u00f3n de todas las cosas\u2020\u009d (Hch 3:21). Y m\u00e1s tarde,contestando a los que dec\u00ed\u00adan: \u2020\u0153\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la promesa de su advenimiento\u2020\u009d, explicaba: \u2020\u0153El Se\u00f1or no retarda su promesa&#8230;. Pero el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or vendr\u00e1\u2020\u009d (2Pe 3:4, 2Pe 3:9-10). El ap\u00f3stol Pablo hablaba frecuentemente de la segunda venida de Cristo. Dec\u00ed\u00ada que es \u2020\u0153preciso que \u00e9l reine\u2020\u009d (1Co 15:25). Los tesalonicenses se hab\u00ed\u00adan convertido \u2020\u0153para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucit\u00f3 de los muertos\u2020\u009d (1Te 1:9-10). Pablo les animaba a estar preparados para \u2020\u0153la venida de nuestro Se\u00f1or Jesucristo con todos sus santos\u2020\u009d (1Te 3:13), porque \u2020\u0153el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or vendr\u00e1 as\u00ed\u00ad como ladr\u00f3n en la noche\u2020\u009d (1Te 5:2). El escritor de Hebreos dice: \u2020\u0153Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecer\u00e1 por segunda vez, sin relaci\u00f3n con el pecado, para salvar a los que le esperan\u2020\u009d (Heb 9:28). Santiago exhortaba: \u2020\u0153Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Se\u00f1or\u2020\u009d (Stg 5:7). El Apocalipsis, escrito por el ap\u00f3stol Juan, presenta numerosos cuadros prof\u00e9ticos que anuncian el regreso de Cristo. Y termina con una ratificaci\u00f3n de esa promesa: \u2020\u0153Ciertamente vengo en breve. Am\u00e9n; s\u00ed\u00ad, ven, Se\u00f1or Jes\u00fas\u2020\u009d (Apo 22:20).<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo? El Se\u00f1or Jes\u00fas dijo varias veces que sus seguidores no sabr\u00ed\u00adan cu\u00e1ndo esto acontecer\u00ed\u00ada. (\u2020\u0153Velad, pues, porque no sab\u00e9is a qu\u00e9 hora ha de venir vuestro Se\u00f1or\u2020\u009d [Mat 24:42]; \u2020\u0153Vosotros, pues, tambi\u00e9n, estad preparados, porque a la hora que no pens\u00e9is, el Hijo del Hombre vendr\u00e1\u2020\u009d [Luc 12:40]; \u2020\u0153Velad, pues, porque no sab\u00e9is cu\u00e1ndo vendr\u00e1 el se\u00f1or de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la ma\u00f1ana; para que cuando venga de repente&#8230;\u2020\u009d [Mar 13:35]). M\u00e1s a\u00fan, el Se\u00f1or dec\u00ed\u00ada que ni \u00e9l mismo lo sab\u00ed\u00ada (\u2020\u0153Pero de aquel d\u00ed\u00ada y de la hora nadie sabe, ni aun los \u00e1ngeles que est\u00e1n en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre\u2020\u009d [Mar 13:32; Mat 24:36]). Cuando los disc\u00ed\u00adpulos le preguntaron sobre el particular, les dijo: \u2020\u0153No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad\u2020\u009d (Hch 1:7).<br \/>\nobstante todo esto, desde los mismos tiempos apost\u00f3licos se han venido haciendo especulaciones para determinar una fecha o, a lo menos, la \u00e9poca del retorno de Cristo, muchas veces bas\u00e1ndose en algunas de sus propias palabras, incorrectamente interpretadas. La prueba de que esos errores vienen de los tiempos apost\u00f3licos puede verse en el hecho de que los ap\u00f3stoles mismos tuvieron que aclarar a los creyentes la verdad, en vista de ciertos movimientos que se levantaban entre ellos. Pablo tuvo que explicar a los Tesalonicenses: \u2020\u0153Pero con respecto a la venida de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y a nuestra reuni\u00f3n con \u00e9l &#8230; no os dej\u00e9is mover f\u00e1cilmente de vuestro modo de pensar &#8230; no os conturb\u00e9is &#8230; ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or est\u00e1 cerca&#8230;. porque no vendr\u00e1 sin que antes venga la apostas\u00ed\u00ada\u2020\u009d (1Te 2:1-4). Pedro aclar\u00f3 que \u2020\u0153el Se\u00f1or no retarda su promesa &#8230; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca\u2020\u009d (2Pe 3:9). Hay que apuntar, sin embargo, que teniendo en cuenta todas las Escrituras que hablan sobre la segunda venida de Cristo, resulta evidente que ha sido la voluntad de Dios que todos sus hijos la esperen con un sentido de inminencia, de forma tal que eso mismo les impulse a mantenerse velando contra el pecado y la contaminaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las se\u00f1ales de los tiempos. Esta expresi\u00f3n fue utilizada por el Se\u00f1or Jes\u00fas en Mat 16:3, cuando dijo a los fariseos: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Hip\u00f3critas! que sab\u00e9is distinguir el aspecto del cielo, \u00c2\u00a1mas las se\u00f1ales de los tiempos no pod\u00e9is!\u2020\u009d Es claro que esas se\u00f1ales se relacionaban con la llegada del \u2020\u00a2reino de los cielos. Sin embargo, en la mente de los israelitas tambi\u00e9n estaba el pensamiento de que el fin del mundo ser\u00ed\u00ada precedido por una serie de acontecimientos de tal prodigiosidad que servir\u00ed\u00adan a manera de aviso de su llegada. Por eso los disc\u00ed\u00adpulos le preguntaron: \u2020\u0153Dinos, \u00bfcu\u00e1ndo ser\u00e1n estas cosas, y qu\u00e9 se\u00f1al habr\u00e1 de tu venida, y del fin del siglo?\u2020\u009d (Mat 24:3). El Se\u00f1or Jes\u00fas, sabiendo que el pensamiento generalizado era que habr\u00ed\u00ada se\u00f1ales anunciadoras de la culminaci\u00f3n del reino de Dios, advirti\u00f3: \u2020\u0153El reino de Dios no vendr\u00e1 con advertencia, ni dir\u00e1n: Helo aqu\u00ed\u00ad, o helo all\u00ed\u00ad\u2020\u009d (Luc 17:20-21). Por lo tanto, las descripciones que se hacen sobre \u2020\u0153guerras y rumores de guerras\u2020\u009d y que \u2020\u0153se levantar\u00e1 naci\u00f3n contra naci\u00f3n, y reino contra reino; y habr\u00e1 pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares&#8230;\u2020\u009d (Mat 24:5-14) no fueron dichas como que pertenecer\u00ed\u00adan a una \u00e9poca espec\u00ed\u00adfica de la historia despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n y antes del retorno de Cristo, sino m\u00e1s bien a todo el per\u00ed\u00adodo entre los dos eventos. Mientras que, por otra parte, \u2020\u0153ser\u00e1 predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendr\u00e1 el fin\u2020\u009d. Incluso el Se\u00f1or, cuando hablaba as\u00ed\u00ad, anunci\u00f3 la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n, la cual tuvo lugar unos cuantos a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte (70 d. C.).<br \/>\nentender, entonces, que el Se\u00f1or nos dijo que deb\u00ed\u00adamos esperar la predicaci\u00f3n de su evangelio por todo el mundo. Por lo tanto, los creyentes deben estar interesados en la obra misionera, a fin de que todas las naciones sean alcanzadas por el evangelio y tengan la oportunidad de o\u00ed\u00adr sobre la persona del Se\u00f1or Jes\u00fas. Otro asunto que debe ser observado con atenci\u00f3n es el trato de Dios con su pueblo Israel. Pablo dice \u2020\u0153que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles\u2020\u009d, es decir, hasta que el evangelio haya sido predicado a todas las naciones (Rom 11:25). Pero despu\u00e9s, seg\u00fan el ap\u00f3stol, \u2020\u0153todo Israel ser\u00e1 salvo\u2020\u009d (Rom 11:26). De manera que los acontecimientos alrededor del pueblo de Israel tienen especial significaci\u00f3n para los intereses prof\u00e9ticos. A pesar de diferentes \u00e9nfasis en sus exposiciones, la mayor\u00ed\u00ada de los eruditos concuerdan en esperar un gran movimiento del Esp\u00ed\u00adritu Santo en ese pueblo, y su final conversi\u00f3n. Las divergencias giran alrededor de las interpretaciones que se dan al uso de la palabra \u2020\u0153Israel\u2020\u009d. Si se refiere a la naci\u00f3n como la conocemos hoy, o si se trata de los justos jud\u00ed\u00ados a trav\u00e9s de la historia, o si es la conjunci\u00f3n de los elegidos, tanto jud\u00ed\u00ados como gentiles.<\/p>\n<p>La gran tribulaci\u00f3n. El Se\u00f1or Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 que sus seguidores ser\u00ed\u00adan muy perseguidos. Pero habl\u00f3 tambi\u00e9n de un per\u00ed\u00adodo especial en el cual la persecuci\u00f3n y los sufrimientos por su nombre ser\u00ed\u00adan agudizados (\u2020\u0153&#8230; porque habr\u00e1 entonces gran tribulaci\u00f3n, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habr\u00e1, y si aquellos d\u00ed\u00adas no fuesen acortados, nadie ser\u00ed\u00ada salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos d\u00ed\u00adas ser\u00e1n acortados\u2020\u009d [Mat 24:21-22]). A\u00f1adi\u00f3: \u2020\u0153E inmediatamente despu\u00e9s de la tribulaci\u00f3n de aquellos d\u00ed\u00adas, el sol se oscurecer\u00e1&#8230;. Entonces aparecer\u00e1 la se\u00f1al del Hijo del Hombre en el cielo&#8230;. y ver\u00e1n al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria&#8230; Y enviar\u00e1 sus \u00e1ngeles con gran voz de trompeta, y juntar\u00e1n sus escogidos\u2020\u009d (Mat 24:29-31). De manera que la segunda venida de Cristo estar\u00e1 precedida por una gran crisis mundial, cuando el pecado personal y colectivo de los hombres har\u00e1 met\u00e1stasis en todas las esferas de la vida.<\/p>\n<p>El anticristo. El Se\u00f1or Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada advertido que \u2020\u0153vendr\u00e1n muchos\u2020\u009d en su \u2020\u0153nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos enga\u00f1ar\u00e1n\u2020\u009d (Mat 24:5). Dijo tambi\u00e9n que se levantar\u00ed\u00adan \u2020\u0153falsos Cristos, y falsos profetas, y har\u00e1n grandes se\u00f1ales y prodigios\u2020\u009d (Mat 24:24; Mar 13:21-22). Juan, en sus ep\u00ed\u00adstolas, hablando del \u2020\u0153\u00faltimo tiempo\u2020\u009d, dice que ya han surgido muchos a., pero que, a la vez, \u2020\u0153el a. viene\u2020\u009d, como una cosa futura (1Jn 2:18).<br \/>\nen Daniel se profetizaba sobre una persona, un rey que \u2020\u0153har\u00e1 su voluntad, y se ensoberbecer\u00e1, y se engrandecer\u00e1 sobre todo dios\u2020\u009d, oponi\u00e9ndose al \u2020\u0153Dios de los dioses\u2020\u009d, no haciendo caso de \u00e9l \u2020\u0153ni del amor de las mujeres\u2020\u009d, honrando \u2020\u0153al dios de las fortalezas\u2020\u009d (Dan 11:36-39). Este personaje es llamado por Pablo \u2020\u0153el hombre de pecado, el hijo de perdici\u00f3n\u2020\u009d, que \u2020\u0153se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haci\u00e9ndose pasar por Dios\u2020\u009d (2Te 2:3-4).<br \/>\n\u2020\u0153inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satan\u00e1s, con gran poder y se\u00f1ales y prodigios mentirosos\u2020\u009d, usar\u00e1 de \u2020\u0153todo enga\u00f1o de iniquidad\u2020\u009d. Los que han sido incr\u00e9dulos le creer\u00e1n a \u00e9l, pues \u2020\u0153Dios les env\u00ed\u00ada un poder enga\u00f1oso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad\u2020\u009d (2Te 2:8-12). Estos enga\u00f1os portentosos inducir\u00e1n a los hombres a la idolatr\u00ed\u00ada, pues hasta lograr\u00e1 \u2020\u0153infundir aliento a la imagen de la bestia\u2020\u009d que se confeccionar\u00e1, introduciendo, adem\u00e1s, un sistema de control mundial para \u2020\u0153que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia\u2020\u009d, seg\u00fan expone Apo 13:11-18. Pero a este inicuo \u2020\u0153el Se\u00f1or matar\u00e1 con el esp\u00ed\u00adritu de su boca, y destruir\u00e1 con el resplandor de su venida\u2020\u009d (2Te 2:8).<br \/>\nla historia de la Iglesia se han propuesto diversas interpretaciones, casi siempre tratando de identificar al a. con alg\u00fan personaje. Como es natural, los fracasos en este sentido han sido estrepitosos. Pero no hay duda de que en el momento de su aparici\u00f3n en el escenario mundial, los creyentes que est\u00e9n vivos entonces estar\u00e1n en la capacidad de identificarlo.<\/p>\n<p>El milenio. En el cap\u00ed\u00adtulo 20 de Apocalipsis, se utiliza unas seis veces la expresi\u00f3n \u2020\u0153mil a\u00f1os\u2020\u009d (Apo 20:2-3, Apo 20:4-5, Apo 20:6 y 7). Bas\u00e1ndose en esa fuente se acu\u00f1\u00f3 el t\u00e9rmino t\u00e9cnico \u2020\u0153milenio\u2020\u009d. Dentro de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada, este libro est\u00e1 compuesto por una serie de figuras, visiones y representaciones simb\u00f3licas. Son muchos los n\u00fameros que utiliza. As\u00ed\u00ad, habla de siete iglesias, cuatro seres vivientes, veinticuatro ancianos, siete esp\u00ed\u00adritus de Dios, siete sellos, cuatro vientos de la tierra, ciento cuarenta y cuatro mil sellados, un ej\u00e9rcito de doscientos millones, etc\u00e9tera. Muchos eruditos miran a esos n\u00fameros con un sentido estrictamente matem\u00e1tico, sin atribuirles ning\u00fan papel figurado o representativo, alegando as\u00ed\u00ad que interpretan el Apocalipsis en sentido literal. Pero parece dif\u00ed\u00adcil tomar en sentido literal, por ejemplo, que Dios tiene siete esp\u00ed\u00adritus, o que la tierra s\u00f3lo tenga cuatro vientos.<br \/>\npesar de esto, es tradicional que entre los eruditos se entienda que cuando el Apocalipsis habla de mil a\u00f1os, se est\u00e1 hablando en un estricto sentido matem\u00e1tico. As\u00ed\u00ad, surge muy temprano en la Iglesia la idea de que la expresi\u00f3n apunta a un per\u00ed\u00adodo de mil a\u00f1os en el futuro, en el cual existir\u00e1 un estado de prosperidad y paz en el mundo, bajo el gobierno de Cristo, estando Satan\u00e1s impedido de actuar por ese tiempo.<br \/>\nde esa manera de pensar, se han levantado entre los cristianos diversas escuelas de interpretaci\u00f3n del milenio. Las principales son: a) el amileniarismo, que no cree que Ap. 20 hable de un per\u00ed\u00adodo futuro, sino de toda la historia de la Iglesia, pues Satan\u00e1s ha sido ya atado por la muerte de Cristo en la cruz; b) el postmileniarismo, que piensa en un per\u00ed\u00adodo matem\u00e1tico de mil a\u00f1os, tras los cuales se producir\u00e1 la segunda venida de Cristo; c) el premileniarismo, que tambi\u00e9n cree en un per\u00ed\u00adodo matem\u00e1tico de mil a\u00f1os, antes del cual vendr\u00e1 Cristo. Sin embargo, los que as\u00ed\u00ad piensan se dividen en tres grupos: los pretribulacionistas, que creen que la iglesia no pasar\u00e1 por la gran tribulaci\u00f3n, sino que ser\u00e1 arrebatada antes; los mediotribulacionistas, que opinan que la iglesia ser\u00e1 raptada en medio de la gran tribulaci\u00f3n; y los postribulacionistas, que afirman que esto suceder\u00e1 despu\u00e9s de la gran tribulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo que todos creen. A pesar de las diferencias de opini\u00f3n sobre \u2020\u0153los tiempos y las sazones\u2020\u009d, la inmensa mayor\u00ed\u00ada de los creyentes esperan el retorno de Jesucristo, en persona, para reinar en el mundo, hacer juicio y someterse a s\u00ed\u00ad mismo a Dios. \u2020\u00a2Cielos. \u2020\u00a2Eternidad. \u2020\u00a2Infierno. \u2020\u00a2Inmortalidad. \u2020\u00a2Juicio final. \u2020\u00a2Resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, ESCA DOCT<\/p>\n<p>ver, APOCALIPSIS, DANIEL, MILENIO<\/p>\n<p>vet, La doctrina de las \u00faltimas cosas. Trata tanto del futuro del individuo como de los destinos eternos de la humanidad, as\u00ed\u00ad como en general del desarrollo del plan prof\u00e9tico de Dios a trav\u00e9s de la Historia. El foco de inter\u00e9s se halla en el establecimiento del Rey en un reino de Dios. Habiendo fracasado el primer Ad\u00e1n como cabeza de la creaci\u00f3n en mantenerse \u00e9l mismo sometido a Dios, Satan\u00e1s viene a ser el dios de este mundo. El desarrollo de la historia de la Redenci\u00f3n y del futuro y definitivo establecimiento del Reino de Dios por parte del Hijo del hombre, el Segundo Ad\u00e1n, el Dios-hombre, es lo que constituye el centro de toda la escatolog\u00ed\u00ada. El primer paso en este establecimiento se da en la batalla de la cruz, en la que Satan\u00e1s pierde su poder. El segundo paso ser\u00e1 cuando el Resucitado, que \u00abdestruy\u00f3 mediante la muerte al que ten\u00ed\u00ada el imperio de la muerte, es a saber, el diablo\u00bb (He. 2:14), venga a hacer efectiva su victoria, y a tomar el dominio que ya le pertenece en virtud de la redenci\u00f3n consumada por El. La Biblia marca una marcha hist\u00f3rica, que est\u00e1 revelada a trav\u00e9s de toda ella, pero muy especialmente en los libros prof\u00e9ticos. El primer anuncio, despu\u00e9s de la Ca\u00ed\u00adda, acerca de la instauraci\u00f3n del reino, se halla en el protoevangelio (Gn. 3:14-15). All\u00ed\u00ad se halla el germen escatol\u00f3gico, que va ampli\u00e1ndose en c\u00ed\u00adrculos que abarcan cada vez m\u00e1s y m\u00e1s, a trav\u00e9s de la promesa dada a Abraham, de que en su simiente ser\u00ed\u00adan benditas todas las naciones de la tierra (Gn. 12:3; 22:18). Se suceden diversas promesas, d\u00e1ndose el cetro del reino a la descendencia de Jud\u00e1 (Gn. 49:10). Este queda despu\u00e9s circunscrito a la descendencia de David, con la promesa de un trono eterno (2 S. 7:8-29; 1 Cr. 17:7-27), el cual es confirmado con el nuevo pacto (Jer. 31:31-37; 33:14- 17), el cual se cumple en Jes\u00fas, hijo de David seg\u00fan la carne (Lc. 1:30-33). Hay numerosas menciones a este reino por diversos pasajes de las Escrituras. Notable entre ellos es el salmo 2. Pero la estructura b\u00e1sica del desarrollo escatol\u00f3gico se halla en Daniel y Apocalipsis, que proveen el marco cronol\u00f3gico. (V\u00e9anse APOCALIPSIS, DANIEL, MILENIO, y las bibliograf\u00ed\u00adas correspondientes. V\u00e9anse tambi\u00e9n los breves esquemas en el cuadro que acompa\u00f1a a este art\u00ed\u00adculo.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[290]<\/p>\n<p> Es la ciencia del m\u00e1s all\u00e1 (skatos, lo \u00faltimo, en griego; logos, tratado). Como ciencia teol\u00f3gica, o parte de la Teolog\u00ed\u00ada cristiana, se dedica a explorar, interpretar y exponer los misterios que se refieren a los \u00faltimos tiempos o a las \u00faltimas realidades del hombre. Su objeto son las postreras situaciones de los creyentes, o \u00abpostrimer\u00ed\u00adas\u00bb (\u00faltimos d\u00ed\u00adas), tanto desde las expectativas individuales, como en el contexto del Pueblo que camina hacia un destino designado por el Creador.<\/p>\n<p>     En Teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica se entiende la Escatolog\u00ed\u00ada como estudio a la luz de la fe, es decir de la Palabra divina, de las ense\u00f1anzas del Magisterio, de la Tradici\u00f3n de la Iglesia y de la reflexi\u00f3n de la inteligencia del creyente, que tiene por objeto lo que Dios tiene reservado a los hombres en el m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>    1. Centro de referencia<br \/>\n    En una buena y objetiva visi\u00f3n escatol\u00f3gica, la esperanza en la venida del Hijo de Dios a \u00abjuzgar con poder y majestad\u00bb a los hombres tiene que ser el centro b\u00e1sico de referencia. Es doctrina que se recoge en el S\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico y en los dem\u00e1s credos de la antig\u00fcedad. Y supone que el hombre es caminante en este mundo, donde se halla de paso, y que su destino se orienta al m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>    Individualmente el hombre busca el significado de ese m\u00e1s all\u00e1. En cuanto miembro del Pueblo de Dios que camina por la vida, trata de ser coherente con las ense\u00f1anzas colectivas y perfilar su explicaci\u00f3n \u00abeclesial\u00bb de esas realidades.<\/p>\n<p>    Evidentemente, el elemento de referencia para el cristiano no puede ser otro que Jes\u00fas triunfante. El mismo anunci\u00f3 su \u00faltima venida dentro del plan grandioso de la salvaci\u00f3n y el hombre s\u00f3lo puede explicar las realidades del m\u00e1s all\u00e1 por la fe que preste en el m\u00e1s ac\u00e1 a las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    De alguna forma el cristiano se siente llamado a participar en el gran triunfo de Jes\u00fas y teme sentirse alejado de \u00e9l si su comportamiento en este mundo no est\u00e1 conforme con los planes divinos.<\/p>\n<p>    El triunfo de Jes\u00fas, Dios y hombre, se halla en el centro del pensamiento escatol\u00f3gico cristiano. En nada se parece a las mitolog\u00ed\u00adas c\u00f3smicas de las religiones antiguas (egipcias, babil\u00f3nicas y persas) y tampoco a las modernas, aunque se denominen cristianas, como acontece con los movimientos adventistas, milenaristas o con los \u00abSantos de los \u00faltimos d\u00ed\u00adas\u00bb.<\/p>\n<p>    La Escatolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, por ser b\u00ed\u00adblica y evang\u00e9lica, es una contemplaci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica del futuro Reino de Dios, en donde la caridad y la esperanza adquieren la dimensi\u00f3n principal en la mente y en el coraz\u00f3n de los creyentes.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo estudiando lo que Jes\u00fas y la Escritura dijeron y dicen se puede tener una idea real sobre los acontecimientos que sobrevendr\u00e1n en los \u00faltimos tiempos, si bien no se desvela el misterio de lo que \u00abtiene Dios reservado para aquellos que le aman&#8230; por que ni ojo vio ni o\u00ed\u00addo oy\u00f3 nada de ello.\u00bb (1 Cor. 2.9).<\/p>\n<p>    Lo que s\u00ed\u00ad podemos reconocer y declarar es que los \u00faltimos d\u00ed\u00adas para cada persona son los \u00faltimos instantes de su vida mortal, ya que una vez trascendida la existencia terrena se ha terminado para cada ser humanos las categor\u00ed\u00adas del espacio y del tiempo.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo de forma anal\u00f3gica podemos hablar en este mundo de nuestras realidades aplicadas al otro, aunque precisemos alg\u00fan tipo de lengua para expresar creencias y expectativas.<\/p>\n<p>    Ni la fantas\u00ed\u00ada literaria ni las invenciones de los pintores o escultores ni la creatividad derrochada en las dem\u00e1s artes expresivas de los hombres, resultan suficientes para una aproximaci\u00f3n al misterio inexplicable del m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>    Por eso los temas escatol\u00f3gicos requieren actitudes de fe cristiana y no alardes de imaginaci\u00f3n visionaria. Se inspiran en la fe de un Dios Supremo, que ha enviado al Hijo al mundo. El Dios encarnado, Jesucristo, ha sido constituido Se\u00f1or de vivos y muertos y a todos deber\u00e1 recibir como Juez universal, justo y misericordioso, al final de los tiempos: de los tiempos de cada uno, cuando la vida se acabe, y de los tiempos de la comunidad total de los creyentes, cuando se termine la Historia.<\/p>\n<p>    Los hombres pasamos nuestra vida en la confianza de la ayuda e intercesi\u00f3n de Jes\u00fas resucitado y glorificado. Miramos nuestra muerte y nuestro m\u00e1s all\u00e1 con los ojos puestos en la obra salvadora de Jes\u00fas. Esperamos la segunda venida del Se\u00f1or con la serena alegr\u00ed\u00ada de que vendr\u00e1 para salvar y no para condenar, como en su primera venida desempe\u00f1\u00f3 su misericordiosa misi\u00f3n de salvaci\u00f3n universal. Los antiguos llamaban a la venida de Jes\u00fas \u00abparusia\u00bb (paraousia, presencia). Hoy nos gusta denominarla triunfo final del amor y de la verdad del mismo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>  2. Temas escatol\u00f3gicos<br \/>\n    La venida de Jes\u00fas como Se\u00f1or de la vida, de la historia y del mundo, es el tema central de la Escatolog\u00ed\u00ada cristiana. Jes\u00fas no puede ceder el lugar a ninguna otra consideraci\u00f3n, al menos desde la perspectiva de la fe cristiana. La Escatolog\u00ed\u00ada no estudia realidades antropoc\u00e9ntricas, sino cristoc\u00e9ntricas.<\/p>\n<p>    A veces se pretenden mezclar con ellas cuestiones cient\u00ed\u00adficas, como el final f\u00ed\u00adsico o cosmol\u00f3gico del universo, o filos\u00f3ficas, como la posibilidad e identidad de la vida posterior a la muerte. Nada de lo que no est\u00e9 centrado en la venida del Se\u00f1or tiene cabida estrictamente en la escatolog\u00ed\u00ada cristiana, aunque sirva para elaborar formulaciones o hallar modos expresivos asequibles<br \/>\n    El hecho de que los cristianos creamos y confesemos que \u00abJes\u00fas vendr\u00e1 al final de los tiempos a juzgar a los vivos y a los muertos y que su Reino no tendr\u00e1 fin\u00bb, abre la puerta a otras consideraciones escatol\u00f3gicas<br \/>\n    Los temas escatol\u00f3gicos, pues, se centran en los elementos siguientes:  &#8211; Con la parusia, o venida del Se\u00f1or, se vinculan multitud de interrogantes: tiempos, modo, lugar, se\u00f1ales y protagonistas, que no hayan m\u00e1s respuesta que lo que el mensaje cristiano ha podido comunicar.<\/p>\n<p>   &#8211; La muerte de cada hombre, cuando la hora se\u00f1alada por Dios llega, abre la lista. Los hombres sienten permanente miedo al morir y por eso en todas las culturas y razas se han multiplicado sus teor\u00ed\u00adas sobre el destino ultraterreno. El pensamiento cristiano, a la luz de la Revelaci\u00f3n y del Evangelio, ha tenido mucho esmero en responder a los interrogantes trascendentes.<\/p>\n<p>     Del mismo modo se valora la enfermedad, el dolor, el peligro y el misterio del sufrimiento. Es el tr\u00e1nsito lento hacia el m\u00e1s all\u00e1 y en esa perspectiva tiene sentido y explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p> &#8211; El juicio particular para cada uno inquieta. Convencidos de la existencia de la otra vida, en donde la justicia divina debe estar presente sin limitaci\u00f3n de tiempo, los hombres se sienten inmortales y llenos de esperanza.<\/p>\n<p>   &#8211; La resurrecci\u00f3n de cada hombre al final de los tiempos es una persuasi\u00f3n. La llamada del m\u00e1s all\u00e1 queda latiendo en el cuerpo que se desintegra en el sepulcro y algo misterioso habla de resurrecci\u00f3n de ese cuerpo, que se unir\u00e1 al alma real que poseemos y volveremos a la reconstrucci\u00f3n de nuestra identidad.<\/p>\n<p>   &#8211; El cielo como premio y el infierno como castigo eterno o el purgatorio como castigo temporal antropol\u00f3gicamente se colocan en el mismo nivel de reflexi\u00f3n. Pero su identidad es esencialmente diferente, como el odio lo es del amor. Son estados, situaciones, hechos, realidades, m\u00e1s que lugares.<\/p>\n<p>  El cielo es un estado o una situaci\u00f3n de encuentro estable con Dios, de la que se beneficia el que se ha salvado por la misericordia divina. La recompensa m\u00e1s grandiosa de ese estado ser\u00e1 la amistad con Dios y la misteriosa visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica, por la cual nos adentraremos directamente en la esencia divina.<\/p>\n<p>      El infierno ser\u00e1 lo contrario: la soledad eterna de quien no quiso adherirse en vida a Dios. Ser\u00e1 tambi\u00e9n un estado m\u00e1s que un lugar, en el cual el hombre pecador y no arrepentido antes de su muerte, se sentir\u00e1 alejado de Dios y deprimido por la p\u00e9rdida del m\u00e1s maravilloso de los bienes. El tormento m\u00e1s significativo de ese estado de condenaci\u00f3n ser\u00e1 la conciencia clara de la propia culpabilidad, as\u00ed\u00ad como la eternidad de semejante situaci\u00f3n, al haberse terminado el tiempo de los actos libres.<\/p>\n<p>     Los cristianos creen con temor y reverencia en el misterio del cielo y del infierno y evitan refugiarse en met\u00e1foras sensoriales y antropom\u00f3rficas para entender la realidad.<\/p>\n<p>   &#8211; El Purgatorio es el recurso, estado o situaci\u00f3n transitoria de limpieza espiritual. La salvaci\u00f3n eterna implica perfecta limpieza de penas y culpas contra\u00ed\u00addas.<\/p>\n<p>     Como la experiencia nos indica que muchos hombres mueren sin tiempo de haberse arrepentido de sus m\u00faltiples imperfecciones, los cristianos tienen conciencia de ese estado o lugar en el que se produce la conveniente purificaci\u00f3n y en donde todav\u00ed\u00ada se puede ayudar a los que en \u00e9l se hallan.<\/p>\n<p>   &#8211; El fin del mundo, que como criatura es necesariamente perecedero, suscita la pregunta de su momento o de su realidad. La limitaci\u00f3n energ\u00e9tica y cronol\u00f3gica de la misma materia nos dice que no puede ser otra manera. Pero queda latiendo en la mente reflexiva la posible existencia de algo posterior, que ya no ser\u00e1 la realidad f\u00ed\u00adsica, pero que ser\u00e1 diferente de la nada absoluta.<\/p>\n<p>   &#8211; El juicio final, universal y total, se halla vinculado con el final del mundo, de modo que despu\u00e9s todo quedar\u00e1 en la serenidad activa de la visi\u00f3n divina o con el castigo irremediable y eterno de los malvados.<\/p>\n<p>   &#8211; Otro temas resultan ambiguos y dif\u00ed\u00adciles de explicar, pero no imposibles de aceptar. Tales son la posible existencia de un \u00abLimbo de justos\u00bb o estado, situaci\u00f3n o lugar en que permanecieron las almas de los justos antes de la acci\u00f3n redentora del Se\u00f1or; o el \u00abLimbo de los ni\u00f1os\u00bb, para aquellos que se hallan con s\u00f3lo el pecado original al morir. Son cuestiones alejadas de los intereses catequ\u00ed\u00adsticos, por cuanto se basan en opiniones de te\u00f3logos especulativos m\u00e1s que en las urgencias del Evangelio.<\/p>\n<p> 3. Catequesis de la esperanza<br \/>\n    Las postrimer\u00ed\u00adas siempre suscitaron en los cristianos temor, dolor, sorpresa, curiosidad o desconfianza. Su misteriosa identidad o su indiscutible realidad hicieron a los hombres sospechar, buscar y desear respuestas claras.<\/p>\n<p>    Los ritos funerarios de todos los pueblos se hallan llenos de signos de dolor y de tristeza y los sufragios fueron signo de sus creencias en el m\u00e1s all\u00e1. En la catequesis hay que dar respuestas a los interrogantes, pero es m\u00e1s conveniente adelantarse a sembrar mensajes de esperanza y de confianza en Jes\u00fas triunfador del pecado y de la muerte.<\/p>\n<p>    Se debe ense\u00f1ar al cristiano a valorar el m\u00e1s all\u00e1 con perspectivas de fe y en funci\u00f3n de la misericordia de Cristo resucitado.<\/p>\n<p>    Tenemos conciencia de que la vida del hombre es limitada sobre la tierra y que el destino del mundo es pasajero. Herederos ricos de una historia de fe, aceptamos los designios de Dios sobre toda nuestra vida. Sabemos que existe un m\u00e1s all\u00e1 y nos preparamos en este mundo para afrontarlo un d\u00ed\u00ada en amistad divina. Mientras Dios nos concede vida y salud, hacemos obras de misericordia y compadecemos a quienes carecen de luz interior suficiente para dar sentido a su comportamiento terreno<br \/>\n    Algunos criterios deben estar siempre presentes en los catequistas al hablar de estos misterios del m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p> 1. La figura de Cristo resucitado y la certeza de nuestra propia resurrecci\u00f3n personal debe presidir creencias y consideraciones, sin dejarse impresionar por otros mensajes ex\u00f3ticos o esot\u00e9ricos con los que se pueden encontrar los catequizandos.<\/p>\n<p> 2. hay que dar car\u00e1cter de presente a la consideraci\u00f3n del futuro. Lo interesante e inteligente es obrar bien ahora y no poner todo el inter\u00e9s en curiosear el ma\u00f1ana. Debemos tratar de ordenar nuestras vidas con la pr\u00e1ctica del bien y con nuestros compromisos de fe.<\/p>\n<p> 3. La muerte del hombre es la primera realidad escatol\u00f3gica, a nivel personal y a nivel de todo el g\u00e9nero humano. Ella abre la atenci\u00f3n al juicio universal y juicio particular, supuesta la parus\u00ed\u00ada o venida del Se\u00f1or. Hay que prepararse para ella, pues ser\u00e1 un hecho de experiencia dolorosa en todos los momentos de la vida.<\/p>\n<p> 4. El temor divino es una cualidad imprescindible en una buena educaci\u00f3n cristiana. Pero el temor sano es sereno, personal y eficaz. No se debe confundir con el terror macabro, por lo que es imprescindible el dejar claro el mensaje, sin caer en lenguajes incorrectos.<\/p>\n<p> 5. A medida que los catequizando crecen, sus terminolog\u00ed\u00adas debe crecer en precisi\u00f3n, en claridad y en objetividad. La correcta postura del creyente se halla a igual distancia de la desconfianza ante los mitos macabros y la ignorancia o incredulidad antes las realidades escatol\u00f3gicas.<\/p>\n<p> 6. Los lenguajes sociales del arte, de la literatura o de las tradiciones populares deben ser conocidos y sabiamente interpretados. Pero en ellos interesan m\u00e1s los mensajes de fe y de esperanza en el m\u00e1s all\u00e1, que los rigores que en otros tiempos se usaban en su expresi\u00f3n e interpretaci\u00f3n  7. El respeto cristiano debe ser el adorno de todo lo que se refiere a la Escatolog\u00ed\u00ada. Cualquier cr\u00ed\u00adtica mordaz o postura despectiva est\u00e1 fuera de lugar, sobre todo a ciertas edades o para ciertos temperamentos, en quienes la sensibilidad y la l\u00f3gica d\u00e9bil incrementan la sensibilidad ante los temores religiosos o los miedos prospectivos.<\/p>\n<p> El respeto debe estar siempre hilvanado de objetividad y correcci\u00f3n, de confianza en Jes\u00fas misericordioso y en la responsabilidad del hombre libre, siempre invitado por Dios a llevar vida honesta y conforme con sus ofertas evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nLa escatolog\u00ed\u00ada (del griego eschatos =  \u00faltimo y logos  = discurso) se refiere a las cosas \u00faltimas. Tradicionalmente estas fueron cuatro: la muerte, el juicio, el infierno y el cielo. El >purgatorio se trata tambi\u00e9n en este contexto. Desde mediados del siglo XX ha habido ciertos desarrollos en la comprensi\u00f3n y presentaci\u00f3n de estas verdades. La teolog\u00ed\u00ada de la muerte se ha visto influida por el personalismo y otras filosof\u00ed\u00adas. Se ha indagado en la relaci\u00f3n entre el juicio despu\u00e9s de la muerte y la parus\u00ed\u00ada (palabra griega que significa presencia, venida). Aunque la existencia del infierno se considera parte integrante del mensaje cristiano, algunos te\u00f3logos adoptan en la actualidad una actitud mucho m\u00e1s optimista acerca del n\u00famero de personas que acaban en \u00e9l. Ha habido un renovado inter\u00e9s en la esperanza cristiana, especialmente desde que J. Moltmann desarrollara las implicaciones de la misma respecto de la Iglesia y la sociedad.<\/p>\n<p>Pero estas cuestiones ata\u00f1en principalmente a las cosas \u00faltimas en relaci\u00f3n con los individuos. Se refieren a temas que pueden en la actualidad ser discutidos libremente por los te\u00f3logos, siempre que no se impugnen verdades reveladas. Son, por lo dem\u00e1s, cuestiones complicadas, ya que los textos escritur\u00ed\u00adsticos est\u00e1n en un lenguaje muy simb\u00f3lico y requieren una hermen\u00e9utica minuciosa. La exposici\u00f3n detallada de la escatolog\u00ed\u00ada individual se sale del \u00e1mbito de esta obra, que se centra en la eclesiolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la Iglesia ha estado presente desde el principio (>Jerusal\u00e9n\/Si\u00f3n). La promesa de que las puertas del infierno no prevalecer\u00ed\u00adan contra la Iglesia (Mt 16,18) supone ya que la Iglesia tiene un futuro indefinido. La mezcla de la Iglesia con el s\u00ed\u00admbolo del >Reino apunta tambi\u00e9n a una identificaci\u00f3n futura, tras el triunfo final y decisivo de Cristo (1Cor 14,24-28). La doctrina de la >comuni\u00f3n de los santos supone tambi\u00e9n la afirmaci\u00f3n de la existencia ultramundana de la Iglesia, que todav\u00ed\u00ada no ha llegado a la consumaci\u00f3n. La triple divisi\u00f3n de la Iglesia en militante, purgante y triunfante apunta tambi\u00e9n en este sentido.<\/p>\n<p>Sin embargo, las obras cl\u00e1sicas de eclesiolog\u00ed\u00ada no sol\u00ed\u00adan incluir la escatolog\u00ed\u00ada, que era por lo general objeto de un tratado aparte, De novissimis,  \u00abSobre las cosas \u00faltimas\u00bb. En el siglo XX se plantearon en la eclesiolog\u00ed\u00ada ciertas cuestiones de escatolog\u00ed\u00ada a trav\u00e9s de la controversia sobre la actitud de Jes\u00fas ante el reino que predic\u00f3. \u00bfEsperaba Jes\u00fas su realizaci\u00f3n inminente? Al mismo tiempo los te\u00f3logos se volvieron tambi\u00e9n sobre los temas de la parus\u00ed\u00ada y la significaci\u00f3n para el creyente del triunfo final de Cristo.<\/p>\n<p>En el Vaticano II, la idea de dedicar un cap\u00ed\u00adtulo a la escatolog\u00ed\u00ada en la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia ausente en el borrador inicial parece haberse debido a Juan XXIII, interesado en el tema del lugar de los santos. Los t\u00ed\u00adtulos de los distintos borradores revelan un r\u00e1pido desarrollo en el pensamiento de la Comisi\u00f3n doctrinal: La relaci\u00f3n de la Iglesia peregrinante con la Iglesia triunfante  (febrero 1964); La consumaci\u00f3n de la santidad en la gloria de los santos  (marzo 1964), y finalmente: \u00ed\u00adndole escatol\u00f3gica de la Iglesia peregrinante y su uni\u00f3n con la Iglesia celestial (julio  1964). Durante su discusi\u00f3n en el concilio (15-16 de septiembre de 1964) se insisti\u00f3 en tres puntos: una afirmaci\u00f3n m\u00e1s clara del papel del Esp\u00ed\u00adritu; el lugar de la eucarist\u00ed\u00ada en la escatolog\u00ed\u00ada; los aspectos colectivos, hist\u00f3ricos y c\u00f3smicos de la vocaci\u00f3n cristiana. En una etapa posterior se a\u00f1adi\u00f3 una referencia a que s\u00f3lo tenemos una vida terrena (unico&#8230; cursu,  Heb 9,27) con el fin de excluir las teor\u00ed\u00adas de la reencarnaci\u00f3n (LG 48).<\/p>\n<p>En sus cuatro puntos, el cap\u00ed\u00adtulo VII de LG se ocupa de cuestiones relacionadas con la escatolog\u00ed\u00ada individual, pero sobre todo con el aspecto eclesial, la Iglesia en peregrinaci\u00f3n hacia su morada eterna. Insiste en que la etapa final ya ha comenzado y la Iglesia celebra ya en la liturgia la gloria venidera (LG 48 y 50). Desarrolla, especialmente por medio de las par\u00e1bolas de Jes\u00fas, las actitudes de espera, esperanza y amor que deben caracterizar a la Iglesia peregrina (LG 48). Expone la doctrina de las tres etapas de la Iglesia: triunfante, de purificaci\u00f3n y de lucha en la tierra (LG 49). Se dedican dos puntos a los >santos: se reivindica la tradici\u00f3n de su veneraci\u00f3n (LG 50); los rasgos distintivos de la verdadera devoci\u00f3n son la evitaci\u00f3n de los abusos y el empe\u00f1o en la imitaci\u00f3n de su vida. A lo largo de todo el cap\u00ed\u00adtulo hay una referencia constante a la realidad de la comuni\u00f3n de los santos. Para la Constituci\u00f3n, la escatolog\u00ed\u00ada es una realidad, dado que la edad futura se est\u00e1 manifestando ya a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu, y al mismo tiempo es algo venidero.<\/p>\n<p>En el per\u00ed\u00adodo posconciliar cabe destacar la nota escatol\u00f3gica que resuena en todos los textos revisados de la liturgia. La Comisi\u00f3n teol\u00f3gica internacional dedic\u00f3 alguna atenci\u00f3n al car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la Iglesia en 19841. Observ\u00f3 que este no hab\u00ed\u00ada despertado mucho inter\u00e9s en los comentadores del concilio, pero que era un elemento esencial para la comprensi\u00f3n del cap\u00ed\u00adtulo II, sobre el pueblo de Dios (LG 9; cf 48 y GS 40). La Comisi\u00f3n subray\u00f3 la finalidad escatol\u00f3gica de la Iglesia, que, no obstante, \u00abno supone atenuaci\u00f3n alguna de su responsabilidad temporal\u00bb.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica necesita acentuarse en aquellos que ponen especialmente su inter\u00e9s en la dimensi\u00f3n horizontal, por ejemplo en la >teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n; pero no ha de hacerse de manera tan exclusiva que el compromiso terreno (GS 43) y el trabajo por la renovaci\u00f3n de la Iglesia se debiliten (LG 8). Al mismo tiempo, la realizaci\u00f3n del \u00abeschaton\u00bb, o Reino, ya est\u00e1 presente y operante en la Iglesia (LG 3), y es un correctivo frente a un pesimismo eclesial excesivo.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>La \u00faltima venida del Se\u00f1or<\/p>\n<p>\tLa historia humana camina hacia un \u00abfinal\u00bb de los tiempos (\u00abesjaton\u00bb, lo \u00faltimo), cuando en virtud de la resurrecci\u00f3n de Cristo, habr\u00e1 \u00abuna cielo nuevo y una tierra nueva\u00bb (Apoc 21,1) donde \u00abreinar\u00e1 la justicia\u00bb y el amor (cfr. 2Pe 3,13). Ser\u00e1 la \u00faltima venida de Cristo glorioso.<\/p>\n<p>\tNo se trata de \u00abcontar\u00bb el tiempo para precisar cu\u00e1ndo ser\u00e1 este momento final, sino de vivir ya desde ahora una tensi\u00f3n fecunda y activamente comprometida entre la primera venida del Se\u00f1or y su venida definitiva. El Se\u00f1or hace pasar nuestro tiempo a vida eterna. S\u00f3lo despu\u00e9s de esta vida presente comenzaremos a encontrarnos con esta realidad definitiva.<\/p>\n<p>\tLa iglesia, entre el \u00abya\u00bb y el \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb<\/p>\n<p>\tLa Iglesia vive entre el \u00abya\u00bb de la venida presente de Cristo bajo signos, y el \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb de la venida definitiva al final de los tiempos. Al conmemorar los hechos salv\u00ed\u00adficos de la primera venida, sabe que ya comienza a acontecer, en el momento presente, la \u00faltima venida. Por esto, vive siempre pendiente de la venida definitiva del Se\u00f1or \u00abJes\u00fas&#8230; vendr\u00e1\u00bb (Hech 1,11); \u00abven, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Apoc 22,20). Mar\u00ed\u00ada, como figura de la Iglesia esposa (cfr. Apoc 12,1), es el \u00abicono escatol\u00f3gico de la Iglesia\u00bb (CEC 972), que peregrina hacia el encuentro final con Cristo.<\/p>\n<p>\tLa celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica es un momento especial para vivir en la espera de la venida definitiva de Cristo. Efectivamente, en el eucarist\u00ed\u00ada se celebra el misterio pascual de Cristo, muerto y resucitado presente. Entonces se anuncia que el Se\u00f1or vendr\u00e1 \u00abPues siempre que com\u00e9is de este pan y beb\u00e9is de este c\u00e1liz, anunci\u00e1is la muerte del Se\u00f1or hasta que \u00e9l vuelva\u00bb (1Cor 11,26). La Iglesia tiende hacia una \u00abherencia incorruptible&#8230; reservada en los cielos para vosotros, a quienes el poder de Dios guarda mediante la fe, para una salvaci\u00f3n que ha de manifestarse en el momento final\u00bb (1Pe 1,4-5).<\/p>\n<p>\tLa tensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la Iglesia peregrina se concreta en \u00abamar la venida\u00bb del Se\u00f1or (2Tim 4,7-18) y, por tanto, en trabajar en este mundo para cambiarlo seg\u00fan el plan salv\u00ed\u00adfico de Dios. \u00abLa espera de una tierra nueva no debe amorti\u00c2\u00acguar, sino m\u00e1s bien avivar, la preocupaci\u00f3n de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del mundo nuevo\u00bb (GS 39). La \u00ab\u00ed\u00adndole escatol\u00f3gica\u00bb de la Iglesia constituye su realidad de ser \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb (LG 48).<\/p>\n<p>\tDimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la misi\u00f3n<\/p>\n<p>\tLa misi\u00f3n tiene dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica, puesto que \u00abantes de que venga el Se\u00f1or, es necesario predicar el evangelio a todas las gentes\u00bb (AG 9). La Iglesia peregrina vive de la convicci\u00f3n de que \u00abesta buena noticia del reino se anunciar\u00e1 en el mundo entero, como testimonio para todos los pueblos. Entonces vendr\u00e1 el fin\u00bb (Mt 24,14; cfr. Mc 13,10). Viviendo la venida actual del Se\u00f1or (bajo signos sacramentales) y dando testimonio de la misma, la Iglesia anuncia la primera y la \u00faltima venida, como urgencia para un cambio profundo de la humanidad.<\/p>\n<p>\tLa tarea misionera de la Iglesia consiste en \u00abextender por todo el mundo el reino de Cristo Se\u00f1or, que preside los siglos, y preparar los caminos de su venida\u00bb (AG 1). Esta misi\u00f3n tiende a \u00abrecapitular todas las cosas en Cristo\u00bb (Ef 1,10), de suerte que todos los valores aut\u00e9nticos de la humanidad lleguen a la \u00abplenitud\u00bb en Cristo (Col 1,13-19; AG 9). La acci\u00f3n evangelizadora tiende a que \u00abla ofrenda de los pueblos, consagrada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, sea agradable a Dios\u00bb (Rom 15,16).<br \/>\n\tLa realidad eclesial de ser \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb (LG 48), se encuadra en este camino escatol\u00f3gico de peregrinaci\u00f3n y esperanza (cfr. LG VII). La inserci\u00f3n de la Iglesia en el mundo es para tender, desde dentro, hacia la resurrecci\u00f3n final en Cristo, cuando \u00abDios ser\u00e1 todo en todas las cosas\u00bb (1Cor 15,28). El camino escatol\u00f3gico de la Iglesia peregrina consiste en el de construir una \u00abcomuni\u00f3n\u00bb entre todos los pueblos de la tierra, como reflejo de la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb trinitaria de Dios Amor.<\/p>\n<p>\tLa urgencia de evangelizar<\/p>\n<p>\tLa acci\u00f3n misionera parte de convencimiento de que \u00abel Reino est\u00e1 ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Se\u00f1or, se consumar\u00e1 su perfecci\u00f3n\u00bb (GS 39). El celo apost\u00f3lico se sostiene con esta esperanza \u00abCuando Cristo, vuestra vida, aparezca, entonces tambi\u00e9n vosotros aparecer\u00e9is gloriosos con \u00e9l\u00bb (Col 3,4). Somos \u00abcoherederos\u00bb de su misma gloria de resucitado (cfr. Rom 8,17). El trabajo apost\u00f3lico se realiza en armon\u00ed\u00ada con el dinamismo hacia la plenitud \u00abLa Iglesia ora y trabaja para que la totalidad del mundo se integre en el pueblo de Dios\u00bb (LG 17).<\/p>\n<p>\tLa misma Iglesia, como Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo y Pueblo de Dios, crece continuamente hasta llegar a esa plenitud, que ser\u00e1 herencia de todos los pueblos (cfr. Ef 1,22-23; 4,13). \u00abAs\u00ed\u00ad la actividad misionera tiende a la plenitud escatol\u00f3gica pues por ella se dilata el Pueblo de Dios, hasta la medida y el tiempo que el Padre ha fijado en virtud de su poder&#8230; se aumenta el Cuerpo m\u00ed\u00adstico hasta la medida de la plenitud de Cristo\u00bb (AG 9). Es toda la humanidad la llamada a ser \u00abpueblo adquirido en posesi\u00f3n\u00bb (1Pe 2,9).<\/p>\n<p>Referencias Adviento, Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, b\u00fasqueda de Dios, cielo, esperanza, juicio divino, muerte, promoci\u00f3n humana, purgatorio, resurrecci\u00f3n de los muertos, ver a Dios.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 7-9, 13, 21-25, 48-51, 68; GS 22, 32, 38-39, 45; DV 7-8; SC 2, 8; AG 1-2, 9; CEC 671-677, 1042-1050.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada M. BORDONI, N. CIOLA, Ges\u00f9 nostra speranza, saggio di escatologia (Bologna, EDB, 1987); (Congregaci\u00f3n para la doctrina de la Fe) Documento sobre algunas cuestiones relativas a la escatolog\u00ed\u00ada (1979); J. ESQUERDA BIFET, Ver al Invisible (Barcelona, Balmes, 1993); J.M. LERGA, Escatolog\u00ed\u00ada y misi\u00f3n e San Pablo Misiones Extranjeras 14 (1975) 317-341; F. De MIER, Apuesta por lo eterno. Escatolog\u00ed\u00ada cristiana (Madrid, San Pablo, 1997); B. MONDIN, Gli abitanti del cielo, trattato di ecclesiologia celeste e di escatologia (Bologna, ESD, 1994); C. POZO, Teolog\u00ed\u00ada del m\u00e1s all\u00e1 ( BAC, Madrid, 1981); J. RATZINGER, Escatolog\u00ed\u00ada (Barcelona, Herder, 1980); A. ROYO MARIN, Teolog\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n ( BAC, Madrid, 1956); J.L. RUIZ DE LA PE\u00ed\u2018A, La pascua de la creaci\u00f3n. Escatolog\u00ed\u00ada ( BAC, Madrid, 1996); Idem, La otra dimensi\u00f3n (Sal Terrae, Santander, 1986); C. WIEDENMANN, Mission und Schathologie (Paderborn 1965).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. plenitud de los tiempos. &#8211; 2. Jes\u00fas es el acontecimiento escatol\u00f3gico. &#8211; 3. Origen de la existencia escatol\u00f3gica y sus caracter\u00ed\u00adsticas. &#8211; 4. Inseparabilidad del presente y del futuro. &#8211; 5. Elaboraci\u00f3n del cuarto evangelio: a) Liberaci\u00f3n del andamiaje apocal\u00ed\u00adptico; b) El futuro se hace presente; c) Lo c\u00f3smico convertido en existencial; d) Las \u00abesjata\u00bb subordinadas al \u00ab\u00e9sjaton\u00bb; e) El hombre es su futuro. &#8211; 6. El hombre sometido a examen: a) La evaluaci\u00f3n progresiva; b) El riesgo o la serenidad &#8211; 7. El lenguaje apocal\u00ed\u00adptico: a) La imaginer\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica; b) Traducci\u00f3n de la imaginer\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica a nuestro lenguaje; c) Utilidad del lenguaje apocal\u00ed\u00adptico; d) Las met\u00e1foras utilizadas nos llevan a lo esencial. &#8211; 8. Decisi\u00f3n por la vida. &#8211; 9. El paso de una forma de vida a otra. &#8211; 10. La escatolog\u00ed\u00ada intermedia. &#8211; 11. La vida etema.<\/p>\n<p>La escatolog\u00ed\u00ada nos sit\u00faa en la contemplaci\u00f3n de las realidades \u00faltimas. M\u00e1s a\u00fan, la escatolog\u00ed\u00ada, por su misma naturaleza, apunta a la meta \u00faltima hacia la que caminamos. Pero, antes de llegar a su posesi\u00f3n, debemos conocer el origen o causa que la justifica, las diversas etapas que nos separan de ella y los medios adecuados para superarlas. Esto significa que no puede hablarse de la escatolog\u00ed\u00ada sin dar por supuesta la protolog\u00ed\u00ada, que no puede ser entendida la \u00faltima palabra sin haber comprendido la primera, que los acontecimientos \u00faltimos deben estar motivados por otros que los precedieron. La escatolog\u00ed\u00ada no existir\u00ed\u00ada sin la protolog\u00ed\u00ada. Y \u00e9sta carecer\u00ed\u00ada de sentido sin aquella. Estas afirmaciones no pueden ser explicadas desde el recurso superficial a la pescadilla que se muerde la cola. Intentan llegar a descubrir el principio de causalidad que explica unos acontecimientos desde otros. Y, afortunadamente, esto nos ha sido dado al ser presentado Jes\u00fas como el primero, lo primero (= \u00f3 pr\u00f3tos) y como el \u00faltimo, lo \u00faltimo (= \u00f3 \u00e9sjatos) (Ap , 17; 2, 8; , 13).<\/p>\n<p>1. La plenitud de los tiempos<br \/>\nCuando san Pablo habla as\u00ed\u00ad (Gal 4, 4) est\u00e1 refiri\u00e9ndose al de Dios. El ahora de Dios est\u00e1 en conexi\u00f3n inseparable con Cristo y con todas las historias o acontecimientos que \u00e9l protagoniz\u00f3 y sigue protagonizando. El poder del \u00fanico evangelio se fundamenta en que Dios, en un momento dado, dio un nuevo viraje a la humanidad. Un viraje que, ocurrido en el pasado, conserva su eficacia y actualidad en el momento presente. En \u00e9l se halla concentrado todo el poder del . La plenitud de los tiempos fue algo as\u00ed\u00ad como la aparici\u00f3n del bang, la presencia en el mundo humano de una peque\u00f1a esfera, microsc\u00f3pica en tama\u00f1o, donde est\u00e1n concentradas toda la materia, energ\u00ed\u00ada y fuerza expansiva contenidas en aquel punto insignificante, que se llama evangelio. Es posible que si Jes\u00fas hubiese conocido este otro lenguaje lo hubiese utilizado. Al fin y al cabo, si compar\u00f3 su presencia y lo que ella significaba con aquello que tiene una capacidad desproporcionada en el crecimiento y en la eficacia, como el grano de mostaza o el fermento, \u00bfpor qu\u00e9 no iba a compararse con el big-bang?<br \/>\nLa plenitud de los tiempos \u00abvino, lleg\u00f3\u00bb cuando Dios llen\u00f3 nuestro tiempo de un contenido nuevo, que \u00e9l hab\u00ed\u00ada prometido y que el pueblo esperaba. Lutero expres\u00f3 dicha plenitud con una frase dif\u00ed\u00adcilmente superable tanto por lo que se refiere a su contenido como a su belleza: \u00abNo fue el tiempo lo que hizo que el Hijo fuese enviado, sino al contrario, la misi\u00f3n del Hijo llev\u00f3 el tiempo a su plenitud\u00bb.<\/p>\n<p>El \u00abcumplimiento\u00bb significa llenar algo que estaba vac\u00ed\u00ado. Se refiere, por tanto, al contenido. Evidentemente que el tiempo c\u00f3smico sigue su curso natural. La adici\u00f3n del tiempo b\u00ed\u00adblico consiste en que, en \u00e9l, se ha introducido la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios, el big-bang cristiano. Y esto no mediante una carga ideol\u00f3gica que pudiera ennoblecer la historia, sino mediante la aparici\u00f3n de una persona hist\u00f3rica en la que Dios se ha comunicado plenamente en \u00e9l y para cuantos quieran enriquecerse con ella.<\/p>\n<p>2. Jes\u00fas es el acontecimiento escatol\u00f3gico<br \/>\nLa \u00faltima intervenci\u00f3n de Dios en la historia, el \u00e9sjaton o el acontecimiento escatol\u00f3gico en su intento de salvaci\u00f3n, se hizo presente en y con la misi\u00f3n de Jes\u00fas, del Hijo de Dios, al mundo. En las palabras del Revelador habla Dios mismo. El \u00abd\u00ed\u00ada de Yahv\u00e9\u00bb, del que hablaron los profetas, pasa a ser el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, y la salvaci\u00f3n final ha sido anticipada al tiempo presente. La aceptaci\u00f3n o el rechazo de este acontecimiento, la fe o la negaci\u00f3n de la misma, dictaminan el aprobado o el suspenso ante el programa de Dios. En la decisi\u00f3n frente a la persona del Revelador, del manifestador de Dios, se juega el hombre su futuro. Es la \u00f3ptica de la evaluaci\u00f3n progresiva.<\/p>\n<p>La anticipaci\u00f3n mencionada se concret\u00f3 en el misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Esto, a la vez que sit\u00faa el \u00e9sjaton en la historia, impide, debido a la dimensi\u00f3n del misterio al que nos hemos referido, una cosificaci\u00f3n o cuantificaci\u00f3n del \u00e9sjaton (= el acontecimiento \u00faltimo) en las \u00e9sjata (= las cosas o realidades \u00faltimas). En dicho acontecimiento escatol\u00f3gico, que es el Hijo de Dios, el \u00e9sjaton en sentido estricto y aut\u00e9ntico, se realiza el juicio del mundo. Si la fe en este acontecimiento proporciona la vida, la negaci\u00f3n de la fe, la infidelidad, motiva la exclusi\u00f3n de la misma. La suerte eterna del hombre se decide en la alternativa de fe-infidelidad. En la decisi\u00f3n frente a la persona del Revelador se juega la suerte del futuro. Seguimos en la \u00f3ptica de la evaluaci\u00f3n progresiva.<\/p>\n<p>El es una realidad distinta de la historia humana, es futuro, trascendencia, pero al mismo tiempo act\u00faa dentro de la historia, es tambi\u00e9n presencia o inmanencia. Las posiciones que hasta ahora han tenido mayor acogida son aquellas que han logrado de alg\u00fan modo mantener unidos estos dos aspectos: la del \u00abya s\u00ed\u00ad\u00bb, pero \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb de O. Cullmann y la escatolog\u00ed\u00ada en realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La predicaci\u00f3n de los mensajeros de Jes\u00fas es un acontecimiento escatol\u00f3gico, lo mismo que la actividad de Jes\u00fas y que su anuncio y ense\u00f1anza. La cosecha del trabajo misionero es la cosecha escatol\u00f3gica: \u00abEl que siega recibe el salario y recoge el fruto para la vida eterna, para que se alegren juntamente el sembrador y el segador\u00bb (Jn 4, 36). La cosecha es la vida eterna. Si la venida de Jes\u00fas al mundo es el acontecimiento escatol\u00f3gico, todo lo que ocurre como consecuencia de esta venida es acontecimiento escatol\u00f3gico. Para este acontecimiento escatol\u00f3gica no son v\u00e1lidas las reglas del hacer humano. La alegr\u00ed\u00ada del sembrador y del segador, es decir, el tiempo de la sementera y el de la cosecha coinciden.<\/p>\n<p>3. Origen de la existencia escatol\u00f3gica y sus caracter\u00ed\u00adsticas<br \/>\nLlamamos as\u00ed\u00ad a la existencia cristiana, porque ella surge de la aceptaci\u00f3n del acontecimiento escatol\u00f3gico que, con nombre propio, se llama Jes\u00fas. La existencia cristiana se caracteriza por la \u00f3n divina (Jn 1, 12) que, en el juda\u00ed\u00adsmo, era esperada para el fin de los tiempos, del e\u00f3n presente, mientras que, en la concepci\u00f3n griega, se disfrutaba ya en el presente mediante un nuevo nacimiento que, de alguna manera, trasladaba al hombre al mundo de lo divino. El pensamiento cristiano, particularmente el jo\u00e1nico, se halla m\u00e1s cercano a la mentalidad griega. El \u00abnacimiento de arriba\u00bb o \u00abel nacimiento del agua y del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb es el que introduce al hombre en el reino de Dios, en el mundo de lo divino (Jn 3, 3. 5).<\/p>\n<p>a) Esta forma de hablar del cuarto evangelio no procede de la escatolog\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00ada sino de la religi\u00f3n de los misterios, como lo demuestra la expresi\u00f3n de ser ende arriba. Es igualmente claro que al hombre le es concedida esta nueva existencia en cuanto que cree en la revelaci\u00f3n que le sale al paso en Jes\u00fas. La nueva existencia se caracteriza por un comprenderse desde Dios: los hijos de Dios son hijos de la luz (Jn 1, 36). El evangelista lo afirma claramente en 1, 12-13: el poder llegar a ser hijos de Dios le es dado al hombre por un nacimiento especial, distinto del que le trae a este mundo y le confiere la existencia humana.<\/p>\n<p>b) El ser cristiano es la existencia escatol\u00f3gica fundada en la revelaci\u00f3n, hecha realidad a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu, en su uni\u00f3n con la verdad y la vida. Este Esp\u00ed\u00adritu es el que \u00absantifica\u00bb a los creyentes, es decir, les arranca de la existencia mundana y les coloca en la existencia escatol\u00f3gica (Jn 17, 17. 19). Los creyentes participan de la existencia escatol\u00f3gica por la fe. Fue precisamente la partida de Jes\u00fas de entre los suyos, en su retorno al Padre, lo que posibilita a la fe la existencia escatol\u00f3gica (Jn 16, 14-24). Lo que hab\u00ed\u00ada de venir se hace presente por la existencia creyente. Las palabras de Jes\u00fas, todo lo que \u00e9l hab\u00ed\u00ada dicho antes, se hace comprensible en la existencia escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>c) Las afirmaciones sobre el Esp\u00ed\u00adritu Par\u00e1clito tienen su im Leben, su atm\u00f3sfera vital, en la Iglesia, que puede ser descrita tambi\u00e9n, y de otro modo, como el escatol\u00f3gico (la continuidad de la escatolog\u00ed\u00ada), en el que se realiza el prop\u00f3sito de Dios. Hemos incidido en el tema de la Iglesia o de la comunidad escatol\u00f3gica. La gran caracter\u00ed\u00adstica de esta comunidad escatol\u00f3gica tiene que ser el amor mutuo. Ahora bien, si \u00ablos hermanos\u00bb o \u00ablos amigos\u00bb de Jes\u00fas pueden amarse mutuamente es porque ellos, a trav\u00e9s de la palabra del Revelador aceptada en la fe, pertenecen ya a la esfera celeste, la de las realidades divinas, y han dejado tras de s\u00ed\u00ad el juicio y el mundo. Esto explica tambi\u00e9n que el cuarto evangelio s\u00f3lo pueda hablar de la eclesiolog\u00ed\u00ada cristol\u00f3gicamente.<\/p>\n<p>d) Recogemos a continuaci\u00f3n una especie de florilegio compuesto por sentencias m\u00e1s o menos estereotipadas, un\u00e1nimemente aceptadas, que ponen de relieve la actualidad del acontecimiento y de la existencia escatol\u00f3gica:<\/p>\n<p>\u00abLa eternidad entra en contacto con el tiempo por Jesucristo. El \u00e9sjaton ya est\u00e1 en el presente\u00bb (K. Barth). \u2014\u00bbEl futuro eterno se ha hecho presente, con el d\u00ed\u00ada de la Pascua despert\u00f3 el nuevo e\u00f3n, el mundo o creaci\u00f3n nueva\u00bb (E. Brunner). \u2014\u00bbEl futuro es la irrupci\u00f3n de la gracia en la temporalidad humana\u00bb (R. Bultmann). \u2014Tensi\u00f3n entre lo \u00abya cumplido\u00bb y \u00ablo todav\u00ed\u00ada no realizado\u00bb (O. Cullmann). \u2014\u00bbLa escatolog\u00ed\u00ada no es el futuro, sino el presente contemplado en el misterio de su relaci\u00f3n con Dios. La escatolog\u00ed\u00ada realizada\u00bb (C. H. Dodd). \u2014\u00bbEl final ha comenzado con la aparici\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb (J. Behm). \u2014\u00bbEl tiempo, en cuanto nuestro, ha llegado a su fin; lo que queda es espacio para la conversi\u00f3n\u00bb (H. Conzelmann).<\/p>\n<p>\u00abEl futuro interpreta el presente y el pasado; todas las dem\u00e1s interpretaciones son \u00fatiles \u00fanicamente en la medida en que anticipan el futuro. Toda la realidad es considerada como una creaci\u00f3n continua que proviene del futuro, y el futuro (Dios) es el punto que unifica todos los acontecimientos pasados, dando sentido a todo el curso de la historia\u00bb (W. Pannenberg). \u2014El \u00e9sjaton se centra en la resurrecci\u00f3n de Cristo contemplada en la reflexi\u00f3n neotestamentaria como nueva comprensi\u00f3n de la relaci\u00f3n hombre-mundo-Dios, debido a la conexi\u00f3n que tiene aqu\u00ed\u00ad la resurrecci\u00f3n de Cristo con una resurrecci\u00f3n general\u00bb (J. Moltmann).<\/p>\n<p>\u00abLa irrupci\u00f3n del reino de Dios es un acontecimiento en este tiempo y en este mundo actual; en el interior de este tiempo y de este mundo, pone t\u00e9rmino al tiempo y al mundo, pues el mundo nuevo de Dios est\u00e1 ya actuando\u00bb (J. A. Pagola). \u2014\u00bbEn el tiempo presente, que se extiende desde la resurrecci\u00f3n de Cristo hasta su pr\u00f3xima venida y que es el tiempo de la Iglesia, el reino de Dios se va realizando progresivamente en la historia humana en espera de su fase final\u00bb (J. Jeremias, que ha elaborado esta teor\u00ed\u00ada desde su estudio de las par\u00e1bolas).<\/p>\n<p>Probablemente las explicaciones m\u00e1s significativas en el tema, sobre el que hemos concedido la palabra a autores tan cualificados, sean las de G. Bornkamm: \u00abRadicalmente unidas en la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, las afirmaciones relacionadas con el futuro y las que tratan del presente no deben ser separadas. La irrupci\u00f3n ya actual del reino de Dios es expresada siempre como un presente que abre el futuro en cuanto que es salvaci\u00f3n y juicio y, por tanto, no lo anticipa. Se habla siempre del futuro como de lo que procede del presente, lo que le aclara, y que as\u00ed\u00ad revela el hoy como el momento de la decisi\u00f3n. Si las palabras escatol\u00f3gicas de Jes\u00fas no describen el porvenir como un estado de felicidad paradis\u00ed\u00adaca y no se entretienen en pintar un terrible cuadro del juicio final, hay en ello, podr\u00ed\u00adamos decir, algo m\u00e1s que una diferencia superficial, que no ser\u00ed\u00ada m\u00e1s que una cuesti\u00f3n de colores o de matices m\u00e1s o menos vivos en la paleta del pintor del apocalipsis. En el anuncio que Jes\u00fas hace del Reino, hablar del presente es hablar al mismo tiempo del futuro, y viceversa\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEl futuro de Dios es \u00f3n para quien sepa tomar el ahora como el presente de Dios y como la hora de la salvaci\u00f3n. El es para quien no acepte el hoy de Dios y se aferre a su propio presente, lo mismo que a su pasado y a sus sue\u00f1os personales con respecto al futuro. Ahora bien, se podr\u00ed\u00ada decir con Schiller: \u00abLo que no se ha sabido aprovechar en el instante presente, ninguna eternidad nos lo devolver\u00e1\u00bb. Pero aqu\u00ed\u00ad esto es verdad en un sentido nuevo y pleno. Aceptado el presente como presente de Dios, la gracia y la conversi\u00f3n son en la palabra de Jes\u00fas una sola y \u00fanica realidad. El porvenir de Dios es la llamada que Dios dirige al presente, y este presente es el tiempo de la decisi\u00f3n a la luz del porvenir de Dios. A eso es a lo que tiende el mensaje de Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>4. Inseparabilidad del presente y del futuro<br \/>\nAludimos a un pensamiento que ha sido destacado en el punto anterior por int\u00e9rpretes cualificados del evangelio, en especial por G. Bornkamm. Sus explicaciones nos ayudan a una comprensi\u00f3n del evangelio m\u00e1s objetiva y fiable cuando nos acercamos al texto mismo. En el evangelio de Juan, el futuro (= \u00e9sjata, los cosas o realidades \u00faltimas) y lo futuro (= \u00e9sjaton, lo \u00faltimo) son presente. Un presente prolongado en el futuro sin soluci\u00f3n de continuidad. Este planteamiento ofrece una gran novedad frente a la presentaci\u00f3n que se hac\u00ed\u00ada en el pasado. El inter\u00e9s por las cosas \u00faltimas o nov\u00ed\u00adsimas, las \u00e9sjata, la muerte, el juicio-purgatorio, la gloria, ha sido suplantado por el \u00e9sjaton, por lo \u00faltimo, por la \u00faltima y decisiva intervenci\u00f3n de Dios en la historia, por Jesucristo. Las \u00e9sjata se hallan subordinadas, justificadas y cuestionadas por el \u00e9sjaton y deben explicarse desde \u00e9l. Y la conciliaci\u00f3n o la armonizaci\u00f3n de las dos palabras no siempre resulta f\u00e1cil, cuando no se manifiesta como imposible.<\/p>\n<p>Es lamentable constatar el atrincheramiento tras la constituci\u00f3n Deus, de Benedicto XII (a\u00f1o 1336), en la que, seg\u00fan algunos te\u00f3logos, las \u00e9sjata quedaron definitivamente zanjadas. Nosotros no podemos contener el interrogante siguiente: El car\u00e1cter de una Constituci\u00f3n, por muy dogm\u00e1tica que sea, o que, al menos, as\u00ed\u00ad es presentada, \u00bftiene competencia para resolver cuestiones debatidas como la relativa a la \u00abescatolog\u00ed\u00ada intermedia\u00bb y a aceptar todas sus manifestaciones sobre las \u00e9sjata como definidas \u00abex cathedra\u00bb?<br \/>\nEvidentemente que no. Entre otras razones porque el \u00e9sjaton o \u00faltima intervenci\u00f3n de Dios en la historia tiene una esencial dimensi\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica o hist\u00f3rico-existencial que, lo mismo que toda la historia, incluida la salv\u00ed\u00adfica o la historia de la salvaci\u00f3n, est\u00e1 siempre en camino, con una esencial dimensi\u00f3n de futuro incierto y esperanzador. El futuro nos obliga a una revisi\u00f3n de lo acontecido en el pasado, tambi\u00e9n en el campo teol\u00f3gico de la fe. Es necesario volver sobre ello, incluso sobre su aspecto de contenido y, especialmente, sobre el modo m\u00e1s cambiante de la formulaci\u00f3n del mismo.<\/p>\n<p>5. Elaboraci\u00f3n del cuarto evangelio<br \/>\nTeniendo en cuenta el mundo nuevo del pensamiento al que Juan quiere comunicar el mensaje evang\u00e9lico se ve obligado a realizar un gran esfuerzo que sintetizaremos en los puntos siguientes:<\/p>\n<p>) Liberaci\u00f3n del andamiaje apocal\u00ed\u00adptico. Volveremos con mayor amplitud sobre este problema literario. Sin embargo, nos parece obligado adelantar aqu\u00ed\u00ad sus caracter\u00ed\u00adsticas mas destacadas. El evangelio de Juan hizo un gran esfuerzo para liberarse del cl\u00e1sico esquema apocal\u00ed\u00adptico con su creencia en el futuro \u00faltimo, en el que aparecer\u00ed\u00ada el Hijo del hombre sobre las nubes del cielo, con gran poder y majestad; renuncia al ej\u00e9rcito de \u00e1ngeles que son sus compa\u00f1eros habituales que le acompa\u00f1an siempre en sus desplazamientos; elimina el sonido convocador de las trompetas; prescinde de las conmociones c\u00f3smicas en las que el sol, la luna y las estrellas quedan privadas de sus funciones naturales; sigue contando con el mundo visible y no apunta siquiera a la necesidad de la sustituci\u00f3n por un cielo nuevo y una tierra nueva; no constituye un tribunal ante el que se presentar\u00e1n todos los salidos de los sepulcros o de las profundidades del mal. Toda esta imaginer\u00ed\u00ada tan rica y fant\u00e1stica procede del mundo de la apocal\u00ed\u00adptica. Fue un veh\u00ed\u00adculo adecuado para transmitir el mensaje sobre la esperanza cristiana o incertidumbre de la misma cuando dicho lenguaje era entendido en toda su dimensi\u00f3n simb\u00f3lica. Se cometi\u00f3 un tremendo error al haberlo entendido posteriormente -y a veces hasta el d\u00ed\u00ada de hoy- al pie de la letra.<br \/>\n) El futuro se presente. &#8211; Juan renunci\u00f3 al andamiaje apocal\u00ed\u00adptico. Para el cuarto evangelio todos aquellos acontecimientos futuros, a los que se hac\u00ed\u00ada referencia en el lenguaje apocal\u00ed\u00adptico, se hacen presentes por la confrontaci\u00f3n o encuentro personal con Cristo. salud o la desgracia est\u00e1n \u00e1ndose en el proceso la fe. As\u00ed\u00ad lo dice el texto siguiente, que es el m\u00e1s significativo al respecto:<br \/>\n\u00abEl que cree en \u00e9l no ser\u00e1 condenado; por el contrario, el que no cree en \u00e9l, ya est\u00e1 condenado, por no haber cre\u00ed\u00addo en el Hijo \u00fanico de Dios\u00bb (Jn 3, 18).<\/p>\n<p>Lo que se afirma de la condenaci\u00f3n lleva subyacente todo lo relativo al juicio: el \u00abno ser\u00e1 condenado\u00bb es sin\u00f3nimo de no ser\u00e1 juzgado. El texto jo\u00e1nico respalda la afirmaci\u00f3n que acabamos de hacer: la salvaci\u00f3n o la desgracia est\u00e1n realiz\u00e1ndose en el proceso de la fe. Es la evaluaci\u00f3n progresiva. La fe y el ejercicio de la misma marcan el ritmo del vivir diario. Lo mismo ocurre con la increencia y sus consecuencias. Pues bien, seg\u00fan el texto del evangelio de Juan, el juicio de Dios, positivo o negativo, se halla marcado en el proceso constante de nuestra vida de fe; lo establecemos nosotros. Todo depende de ella y, naturalmente, de sus inevitables implicaciones en nuestro comportamiento o conducta moral.<\/p>\n<p>c) c\u00f3smico convertido en existencial. Para hablar del juicio Juan renunci\u00f3 al pavoroso escenario c\u00f3smico. El juicio se realiza \u00ed\u00ad y ahora, por la actitud del hombre ante el Revelador, ante sus palabras y exigencias. Pero el juicio es s\u00f3lo una parte del tema escatol\u00f3gico. Su fundamento \u00faltimo est\u00e1 en el acontecimiento de la revelaci\u00f3n. No tanto en sus enunciados marginales y espor\u00e1dicos, cuanto en el misterio central de la revelaci\u00f3n, que es la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Este enfoque intenta resolver el problema escatol\u00f3gico dentro de la globalidad del acontecimiento cristiano, no desde la consideraci\u00f3n fragmentaria de las cosas \u00faltimas.<\/p>\n<p>d) Las \u00abesjata\u00bb subordinadas al \u00ab\u00e9sjaton\u00bb. &#8211; El pensamiento del juicio se halla condicionado por la cristolog\u00ed\u00ada tan singular del cuarto evangelio. Es un bot\u00f3n de muestra de lo que acabamos de afirmar sobre la relaci\u00f3n entre las esjata y el \u00e9sja. Ahora conviene constatar la relaci\u00f3n entre la cristolog\u00ed\u00ada y la escatolog\u00ed\u00ada. Esta ha sido absorbida por aquella. Las \u00e9sjata se hallan incluidas en el \u00e9sjaton y dependientes de \u00e9l. No pueden, por tanto, disociarse.<\/p>\n<p>La figura de Cristo y su interpretaci\u00f3n determinan la forma en la que se realiza la confrontaci\u00f3n del hombre con \u00e9l. El enfoque cristol\u00f3gico de la escatolog\u00ed\u00ada, con el retorno al acontecimiento fundante del cristianismo, la muerte y la resurrecci\u00f3n de Cristo, permite leer la historia y la realidad a la luz de la esperanza cristiana. El Jes\u00fas jo\u00e1nico no fue enviado al mundo para juzgarlo, sino para salvarle: \u00abDios no envi\u00f3 su Hijo al mundo para dictar sobre \u00e9l sentencia de condenaci\u00f3n, sino para salvarle por medio de \u00e9l\u00bb. &#8211; \u00abNo ser\u00e9 yo quien condene al que escucha mis palabras y no haga caso de ellas; porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarle\u00bb. \u00abVosotros juzg\u00e1is con criterios humanos. Yo no quiero juzgar a nadie\u00bb (Jn 3, 17; 12, 47; 8, 15).<\/p>\n<p>El aspecto positivo de la misi\u00f3n de Cristo lo destacan aquellos textos que presentan la salvaci\u00f3n del hombre realizada por el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Jn 1, 26. 39); por el que da al mundo la vida plena, que \u00e9l ha recibido del Padre (Jn 5, 26); por el que es llamado salvador del mundo (Jn 4, 42). En el encuentro, de aceptaci\u00f3n o rechazo, con este principio o camino \u00fanico de salvaci\u00f3n es donde se realiza, en aut\u00e9ntica evaluaci\u00f3n progresiva, el pensamiento que hemos vinculado al juicio.<\/p>\n<p>) El hombre es su . &#8211; Mediante esta forma de entender las cosas, el hombre puede prever y preparar su futuro. As\u00ed\u00ad se encuentra m\u00e1s a su gusto, si tenemos en cuenta que el creciente desarrollo de la ciencia y de la t\u00e9cnica le han dado una mayor seguridad sobre s\u00ed\u00ad mismo. El futuro es ahora m\u00e1s seguro Antes estaba totalmente en manos de Dios o del destino; el futuro le era totalmente desconocido y el hombre lo esperaba aunque fuese siempre con incertidumbre.<\/p>\n<p>La expectativa y la preparaci\u00f3n del futuro constituyen el acontecimiento m\u00e1s aut\u00e9ntico de toda forma de vida y el hombre es hombre en cuanto que es futuro. La pregunta sobre el futuro es el problema religioso del hombre t\u00e9cnico moderno. La insistencia en poder prepararlo en el momento presente, mediante la acentuaci\u00f3n de todo aquello que es determinante del mismo, inspirar\u00e1 la confianza en el futuro, que busca hoy m\u00e1s que nunca el hombre. As\u00ed\u00ad se expresa Teilhard de Chardin.<\/p>\n<p>6. El hombre sometido a examen<br \/>\nEl curso acad\u00e9mico, y el existencial de la vida toda, depende de la superaci\u00f3n de las pruebas establecidas para dar luz verde o encender la roja al final del mismo. La luz verde indicar\u00e1 \u00abel descanso\u00bb merecido (Heb 4) por el largo y arduo caminar y las vacaciones despreocupadas por el esfuerzo realizado. La luz roja excluir\u00e1 ambas situaciones apetecidas. Dios nos ha concedido la posibilidad de ensayar nuestro \u00faltimo d\u00ed\u00ada recorriendo el Camino que nos ha ofrecido para llegar a la meta feliz. Pero, para llegar a ella, \u00bfqui\u00e9n, c\u00f3mo, cu\u00e1ndo y d\u00f3nde me har\u00e1 las pruebas acreditativas de mi adecuada respuesta al programa que debo contestar en el examen previo al \u00faltimo d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>) La evaluaci\u00f3n progresiva. &#8211; La respuesta a todos estos interrogantes estar\u00e1 basada en la evaluaci\u00f3n progresiva de lo hecho a lo largo de mis d\u00ed\u00adas. Esta expresi\u00f3n, \u00abla evaluaci\u00f3n progresiva\u00bb o permanente, surgi\u00f3 en el campo de la pedagog\u00ed\u00ada y es aplicable, preferentemente, al mundo de la docencia. Presupone unos alumnos a los que el profesor debe conocer y evaluar. La confrontaci\u00f3n entre el disc\u00ed\u00adpulo y el maestro puede hacerse de dos formas. o jug\u00e1ndoselo todo a una carta en el momento \u00faltimo del curso, o jugando cartas sucesivas a lo largo del mismo teniendo en cuenta lo realizado en \u00e9l: aplicaci\u00f3n, inter\u00e9s, comportamiento, actitud activa o pasiva, asimilaci\u00f3n de la materia, constancia en el trabajo, seriedad en la asistencia a clase, colaboraci\u00f3n con los dem\u00e1s trabajos comunes con los dem\u00e1s alumnos.<\/p>\n<p>El primer sistema es el del final. Todo depende de \u00e9l. El curso se arriesga en los minutos que dura el examen y en la suerte con que aparezcan los temas. Una mala suerte o el hecho de \u00abquedarse en blanco\u00bb har\u00ed\u00ada peligrar gravemente el curso. En el segundo, el de la evaluaci\u00f3n permanente, el profesor va conociendo, d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada, el aprovechamiento del alumno y lo eval\u00faa de forma progresiva, de tal manera que el momento \u00faltimo no tiene valor decisorio. La asignatura o el curso como tal ya han sido aprobados, con nota alta o baja, a lo largo del curso. Un traspi\u00e9s en el \u00faltimo momento no var\u00ed\u00ada sustancialmente la evaluaci\u00f3n alcanzada a lo largo del curso acad\u00e9mico.<\/p>\n<p>b) riesgo o la serenidad. &#8211; \u00bfPuede trasladarse esta terminolog\u00ed\u00ada acad\u00e9mica a la evaluaci\u00f3n de la vida cristiana? Creemos que s\u00ed\u00ad. Durante mucho tiempo -utilizando el siglo como unidad de medida-se funcion\u00f3 con el sistema del \u00fanico examen final. Es el sistema todav\u00ed\u00ada vigente en muchos \u00e1mbitos del pensamiento cristiano. El examen final -el juicio \u00faltimo- decide el quehacer de todo el curso, que dura la vida entera. D\u00ed\u00ada decisorio, terrible, pavoroso, estremecedor, angustioso: irae, dies lila&#8230;! De \u00e9l depende la vida o la muerte, la salud o la desgracia, la dicha o el tormento; la vida, la luz y la verdad o la muerte, las tinieblas o la mentira. Ah\u00ed\u00ad est\u00e1n como testigos cualificados de esta forma de pensar los rituales funerarios, los homiliarios respectivos, los textos de teolog\u00ed\u00ada y los libros de vida espiritual marcados por esta mentalidad, los magn\u00ed\u00adficos y estremecedores \u00abmisereres\u00bb de los grandes compositores de m\u00fasica sacra.<\/p>\n<p>\u00bfNo ser\u00ed\u00ada demasiado arriesgado jugarse a una sola carta realidades tan valiosas y contrapuestas? \u00bfNo ser\u00ed\u00ada preferible una evaluaci\u00f3n progresiva, gracias a la cual el momento \u00faltimo no fuese m\u00e1s decisivo que los anteriores? El Maestro no pretende sorprender a los disc\u00ed\u00adpulos en el examen final. Eso es claro. Preferir\u00ed\u00ada comprobar que lo han sido con aprovechamiento y progreso en la escuela a la que han asistido durante a\u00f1os. Y, naturalmente, aprobarlos. A ser posible con buena nota. Creemos que esta es la representaci\u00f3n m\u00e1s adecuada del tiempo \u00faltimo. No nos parece ning\u00fan desprop\u00f3sito citar a Albert Camus, que no es ning\u00fan santo Padre, cuando afirma: \u00abNo espere, querido amigo, el Juicio Final. Tiene lugar todos los d\u00ed\u00adas\u00bb.<\/p>\n<p>7. El lenguaje apocal\u00ed\u00adptico<br \/>\nUna de las razones para enviar el tema de la evaluaci\u00f3n del hombre o del juicio divino al terreno de lo mitol\u00f3gico-inexistente ha sido la interpretaci\u00f3n servilmente literal de las descripciones del mismo. El \u00abcelo\u00bb desmesurado por la fidelidad al texto b\u00ed\u00adblico, la herej\u00ed\u00ada del literalismo, lo han destruido una vez m\u00e1s. Las im\u00e1genes descriptivas del juicio deben ser entendidas como tales im\u00e1genes. No hacerlo as\u00ed\u00ad equivale a cometer una grav\u00ed\u00adsima injusticia con el texto b\u00ed\u00adblico, oblig\u00e1ndole a decir algo que no pretende en modo alguno afirmar. Las im\u00e1genes hablan de una manera intuitiva y pl\u00e1stica sobre una realidad dif\u00ed\u00adcilmente imaginable. Son im\u00e1genes apocal\u00ed\u00adpticas frecuentes en le \u00e9poca del N. T.<\/p>\n<p>) La imaginer\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica. &#8211; Pertenece a la imaginer\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica la asamblea universal de los pueblos ante el Hijo del hombre, que aparecer\u00e1 en su calidad de juez; el modo de la misma, que incluye como veh\u00ed\u00adculo necesario las nubes del cielo; la banda de m\u00fasica que le precede con las trompetas y su sonido penetrante para que llegue a los cuatro confines de la tierra; los \u00e1ngeles que el Hijo del hombre trae como acompa\u00f1antes excepcionales, que tiene doble funci\u00f3n: resaltar la figura central del cuadro y reunir a todas las gentes ante \u00e9l; la resurrecci\u00f3n de todos los muertos para que acudan ante el tribunal de justicia; el trono instalado para que se siente el juez y sea visto y o\u00ed\u00addo por todos; la catalogaci\u00f3n de los reunidos entre las ovejas, que se salvan, y los cabritos -en la \u00e9poca eran considerados como animales de escaso valor- que son excluidos; las obras realizadas u omitidas que justifican el destino feliz o desdichado de los reunidos; la consulta del libro de la vida y de los distintos libros de contabilidad en los que aparecen detalladas las obras buenas o malas de los hombres, de todos sin excepci\u00f3n. Todo esto es fruto de la imaginer\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica.<\/p>\n<p>b) \u00f3n de la imaginer\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica a nuestro lenguaje. Ofrecemos a continuaci\u00f3n una s\u00ed\u00adntesis del significado de las distintas im\u00e1genes mencionadas:<\/p>\n<p>* \u00faltimo d\u00ed\u00ada es aquel en el que vivimos, que fue inaugurado con la presencia de Cristo. No olvidemos que \u00e9l es el .<\/p>\n<p>* Nuestro \u00faltimo d\u00ed\u00ada, mi \u00faltimo d\u00ed\u00ada, ser\u00e1 el d\u00ed\u00ada de nuestra muerte, de mi muerte, cuando tenga lugar nuestro \u00faltimo encuentro con el Se\u00f1or durante esta existencia terrena.<\/p>\n<p>* juicio \u00faltimo ser\u00e1 el resultado de una evaluaci\u00f3n progresiva que vamos haciendo d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada con nuestra conducta en el ejercicio de nuestra fe.<\/p>\n<p>* que cree ha pasado de la muerte a la vida (Jn 5, 24) y eso es lo que significa la apertura de los sepulcros.<\/p>\n<p>* sonido de las y la intervenci\u00f3n de los \u00e1ngeles, expresan la certeza de la vida futura o la exclusi\u00f3n o la autoexclusi\u00f3n de la misma, exactamente lo mismo que la decisi\u00f3n del Hijo del hombre (\u00c2\u00a1Eso si que es palabra de Dios!).<\/p>\n<p>* solemnidad y singular parafernalia de la aparici\u00f3n del Hijo del hombre debe poner de relieve su se\u00f1or\u00ed\u00ado \u00fanico, as\u00ed\u00ad como el car\u00e1cter de la actitud mantenida ante \u00e9l, actitud decisoria y decisiva.<\/p>\n<p>* Las son siempre signos de la presencia y de la protecci\u00f3n divinas. Tambi\u00e9n deben ser situadas en el terreno de la simbolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>* ser por los aires simboliza la ida hacia Dios, la llegada al final del camino.<\/p>\n<p>) Utilidad del lenguaje apocal\u00ed\u00adptico. &#8211; La imaginer\u00ed\u00ada frondosa con que es descrito el juicio divino es absolutamente secundaria y accidental frente al hecho mismo. Recurso puramente literario colocado a su servicio. En el juicio divino se puede creer o no. Lo que no se puede hacer es recurrir a la imaginer\u00ed\u00ada mencionada para remitir el hecho al terreno de la pura fantas\u00ed\u00ada mitol\u00f3gica, en cuanto realidad imposible. Ser\u00ed\u00ada confundir lo esencial con lo accidental o juzgar aquello desde esto.<\/p>\n<p>En realidad, Jes\u00fas no hizo ninguna precisi\u00f3n sobre las modalidades del juicio. Naturalmente que, como hijo de su tiempo, recurri\u00f3 a las im\u00e1genes corrientes para hablar de \u00e9l, como hizo al utilizar par\u00e1bola sobre la decisi\u00f3n del Hijo del hombre ante la magna asamblea reunida para el juicio (Mt 25, 31-46). Pero Jes\u00fas comprendi\u00f3 el juicio de Dios como una realidad de la conciencia, es decir, como una realidad inseparable de la responsabilidad moral. El c\u00f3mo, el cu\u00e1ndo y el d\u00f3nde son sencillamente irrepresentables e irrelevantes.<\/p>\n<p>La imaginer\u00ed\u00ada intuitiva y pl\u00e1stica de la evaluaci\u00f3n \u00faltima, puede seguir siendo utilizada, partiendo siempre de que pertenece al terreno de lo metaf\u00f3rico, al mundo simb\u00f3lico. Hay dos buenas razones para ello: una \u00f3gica ya que, con diversas variantes, es el m\u00e9todo utilizado por los hombres para dictaminar sobre la inocencia o culpabilidad de alguien. De este modo, se puede hablar, de una manera inteligible, de la sentencia divina decisoria del destino eterno del hombre. \u00bfPuede inculparse a alguien este esfuerzo pedag\u00f3gico, mucho m\u00e1s serio de lo que a primera vista pudiera parecer? \u00bfNo deber\u00ed\u00adamos, m\u00e1s bien, agradecer el intento de ofrecer una descripci\u00f3n comprensible de un hecho misterioso? No olvidemos que estamos ante una imaginer\u00ed\u00ada muy rica y, a la vez, muy enraizada dentro de los simbolismos naturales o convencionales entre los hombres.<\/p>\n<p>La otra es de tipo \u00ed\u00adblico-teol\u00f3gico y pretende acentuar la certeza del juicio y la seriedad del mismo. De ah\u00ed\u00ad el recurso al tribunal y, sobre todo, a la prueba inequ\u00ed\u00advoca del libro de la vida y de los dem\u00e1s libros abiertos. En cualquier instituci\u00f3n o empresa la garant\u00ed\u00ada de que no se omite nada importante y se recoge todo lo sobresaliente nos la ofrecen los libros de contabilidad llevados con el m\u00e1ximo rigor posible. En los libros queda todo consignado. Nadie puede negar lo que all\u00ed\u00ad est\u00e1 escrito, bien sea a favor o en contra de cada uno de los \u00abtrabajadores\u00bb de la instituci\u00f3n o empresa. \u00c2\u00a1Lo escrito se lee!<br \/>\nEn cualquier caso esta imaginer\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica exige una traducci\u00f3n para que el hombre moderno entienda sus claves y comprenda el sentido de una simbolog\u00ed\u00ada tan extra\u00f1a. Es lo que hemos intentado hacer en el punto anterior.<\/p>\n<p>d) Las \u00e1foras utilizadas nos llevan a lo esencial. &#8211; El juicio divino, la evaluaci\u00f3n progresiva y la \u00faltima es la consecuencia necesaria del N. T., de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, del evangelio como tal. Resulta, adem\u00e1s, muy consolador para el creyente.<\/p>\n<p>El juicio nos habla de la oferta de la gracia del perd\u00f3n; del inter\u00e9s de Dios por el hombre; del desenmascaramiento que hace Dios de la doblez y de la hipocres\u00ed\u00ada humanas; de que las razones de nuestra respuesta positiva a Dios no deben ser s\u00f3lo las financieras, la retribuci\u00f3n que esperamos, sino la realizaci\u00f3n plena del ser humano en el macrocosmo de la voluntad divina regaladora de la misma; de que no seremos enga\u00f1ados hasta el final, porque Alguien, que conoce muy bien el secreto de los corazones, establece la claridad y la trasparencia como norma para evaluar al hombre en su integridad; de que la gratitud debida a nuestro creador y redentor deben manifestarse en la coherencia de la conducta adecuada.<\/p>\n<p>El pensamiento del juicio nos sit\u00faa en el centro de la revelaci\u00f3n, de la manifestaci\u00f3n de Dios en Cristo. Por consiguiente, quien organiza su conducta moral desde el miedo que el juicio suscita no cumple el mandamiento principal de la Ley, el del amor (Mt 12, 29-30). La importancia que el N. T. da al pensamiento del juicio pretende, adem\u00e1s, sacudir al hombre de su somnolencia y apat\u00ed\u00ada, record\u00e1ndole su obligaci\u00f3n grave de hacer el bien y de hacerlo por amor a su creador y redentor.<\/p>\n<p>El pensamiento del juicio no puede ser desplazado del lugar c\u00e9ntrico que ocupa en la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas; no puede ser trasladado del centro a la periferia. Y ello porque es la consecuencia l\u00f3gica del amor de Dios, un amor previo que ha sido manifestado en la gracia del perd\u00f3n. Desde ella, el hombre debe enfrentarse con su propia responsabilidad ante el compromiso impl\u00ed\u00adcito de una respuesta positiva al amor de Dios hecho gracia para \u00e9l. Por eso, toda concepci\u00f3n humana -en la l\u00ed\u00adnea de un angelismo infantil inconsciente- que elimine o mitigue el pensamiento del juicio y la seriedad del mismo es directamente opuesta al evangelio; directamente contraria a la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>8. Decisi\u00f3n por la vida<br \/>\nLa suerte del hombre se decide por su actitud ante el Revelador. Debemos tener en cuenta la importancia que el hombre moderno da a la decisi\u00f3n. Pero es necesario preguntarse, \u00bfqu\u00e9 es lo que da una importancia tan trascendente a esta opci\u00f3n del hombre? No es su decisi\u00f3n en cuanto tal, sino aquello ante lo que se decide. Esto es lo que verdaderamente se convierte en lo constitutivo de su vida. El encuentro del hombre ante la palabra de Jes\u00fas, o ante \u00e9l mismo como Palabra, sit\u00faa al hombre en el plano de lo suprahumano y de lo divino. Es ah\u00ed\u00ad donde se abre la posibilidad de una nueva vida para el hombre. La realizaci\u00f3n concreta de la misma depende de la actitud del hombre ante ella. Dios la ofrece, pero no la impone.<\/p>\n<p>Jes\u00fas nos asegura que el Padre revelar\u00e1 al Hijo -y a trav\u00e9s de \u00e9l a los creyentes- cosas \u00ed\u00ada mayores (mayores que su propia filiaci\u00f3n) modo que vosotros mismos quedar\u00e9is maravillados (Jn 5, 20). Esta manifestaci\u00f3n que dejar\u00e1 maravillados a los disc\u00ed\u00adpulos, se refiere al poder que tiene el Hijo para dar la vida y realizar el juicio escatol\u00f3gico. Si el Hijo tiene el poder decisorio sobre la vida y sobre la muerte es porque lo ha recibido del Padre. Jes\u00fas puede, por tanto, dar la vida. A su vez, este poder decisorio sobre la vida y sobre la muerte, significa que Jes\u00fas es el juez supremo. Su venida a nuestro mundo tuvo la finalidad de salvar, no de condenar. Pero su venida implica una decisi\u00f3n por parte del hombre, una opci\u00f3n de la que depende su suerte \u00faltima.<\/p>\n<p>La actitud que el hombre tome ante Jes\u00fas, en cuanto revelador del Padre, es la realizaci\u00f3n del juicio. La presencia del acontecimiento escatol\u00f3gico -la misi\u00f3n del Hijo de Dios- hace que el juicio se convierta en una realidad presente: el hombre es situado ante \u00e9l y, en su opci\u00f3n personal, se decide su suerte. Es la evaluaci\u00f3n progresiva.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se une esta evaluaci\u00f3n progresiva con mi \u00faltimo d\u00ed\u00ada? El evangelio de Juan nos lo presenta as\u00ed\u00ad: \u00abUna vez que me haya ido y os haya preparado el lugar, volver\u00e9 y os llevar\u00e9 conmigo, para que pod\u00e1is estar donde voy a estar yo\u00bb. \u00abNo os dejar\u00e9 hu\u00e9rfanos; volver\u00e9 a estar con vosotros\u00bb&#8230; \u00abVosotros seguir\u00e9is vi\u00e9ndome, porque yo vivo y vosotros tambi\u00e9n vivir\u00e9is\u00bb (Jn 14, 3. 18ss).<\/p>\n<p>El problema est\u00e1 en c\u00f3mo debe ser entendida esta segunda venida. \u00bfCu\u00e1ndo y c\u00f3mo tendr\u00e1 lugar? Esta venida no tendr\u00e1 lugar al fin de los tiempos, entendidos como el momento \u00faltimo del cosmos, ni en el marco del drama c\u00f3smico; se realiza en la Pascua y en el encuentro con el Resucitado; se vive en el encuentro y en la confrontaci\u00f3n con su palabra interpelante y en el contacto con el Esp\u00ed\u00adritu Par\u00e1clito. La segunda venida del Enviado -que est\u00e1 despidi\u00e9ndose de sus disc\u00ed\u00adpulos cuando pronuncia las palabras mencionadas- s\u00f3lo puede ser entendida como la entrada en comuni\u00f3n con los creyentes, con la comunidad nacida desde \u00e9l en la tierra.<\/p>\n<p>El Redentor vuelve a trav\u00e9s de la presencia y de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu-Par\u00e1clito-Ayudador. La segunda venida de Cristo, la parus\u00ed\u00ada, tiene lugar en la Pascua. Esta es la parus\u00ed\u00ada. \u00bfSer\u00ed\u00ada un gran consuelo para alguien que llora la muerte de un ser querido -como fue el caso de Marta ante la muerte de su hermano L\u00e1zaro-que Jes\u00fas le diga: \u00abNo te preocupes, tu hermano resucitar\u00e1 el \u00faltimo d\u00ed\u00ada\u00bb (Jn 11, 24-25), es decir, dentro de cinco mil millones de a\u00f1os? Semejante afirmaci\u00f3n a mi me parece, m\u00e1s bien, una tomadura de pelo irritante, insultante y absolutamente fuera de lugar.<\/p>\n<p>La peculiaridad de esta segunda venida de Cristo es la que obliga al hombre a una constante confrontaci\u00f3n con \u00e9l. Teniendo esto en cuenta, surge como realidad evidente la evaluaci\u00f3n progresiva del hombre, bien sea positiva, ante la aceptaci\u00f3n, o bien lo sea negativa, ante el rechazo de la oferta divina.<\/p>\n<p>9. El paso de una forma de vida a otra<br \/>\nCon este t\u00ed\u00adtulo nos referimos a la . A la hora de hablar de la escatolog\u00ed\u00ada no podemos menos de hablar de ella. Normalmente la entendemos como separaci\u00f3n del alma y del cuerpo. Efectivamente, es separaci\u00f3n, pero no del alma y del cuerpo, sino de una forma de existir a otra radicalmente nueva que comienza. La muerte es la destrucci\u00f3n de la actual forma de ser corporal-an\u00ed\u00admico-espiritual del hombre. Cesa nuestra forma actual de ser, que no se recuperar\u00e1 ya nunca.<\/p>\n<p>Mejor que de separaci\u00f3n deber\u00ed\u00adamos hablar de cambio. Cambio de una forma de existencia por otra. Y por mucho que pueda dolernos, que nos sobrecoja y que llame desagradablemente nuestra atenci\u00f3n deber\u00ed\u00adamos pensar en la \u00f3n de todo que nos sobra al iniciar una vida distinta de la presente y en la que deja de tener sentido aquello que hab\u00ed\u00adamos pose\u00ed\u00addo con verdadero placer, incluso nuestro cuerpo. La muerte es la a las sobras. Los bienes y propiedades \u00abregistrados\u00bb en la vida presente no encuentran un correlativo \u00abregistro\u00bb de propiedades que las pongan a nuestro nombre en la otra. La gente sencilla lo expresa diciendo \u00abnadie ha llevado nada para all\u00e1\u00bb. Nos sobran tambi\u00e9n las leyes biol\u00f3gicas y fisiol\u00f3gicas que rigen nuestro organismo en la vida presente. Ser\u00ed\u00ada un grave perjuicio que nos las devolviesen, porque de nuevo nos llevar\u00ed\u00adan a la muerte.<\/p>\n<p>Y cuando hablamos as\u00ed\u00ad seguimos creyendo firmemente y tenemos en cuenta el pensamiento de la \u00f3n. La resurrecci\u00f3n afecta al hombre entero; se trata de la resurrecci\u00f3n muerto (= los muertos o de la carne, como afirma nuestro credo), no s\u00f3lo del cuerpo. \u00abLa Iglesia entiende que la resurrecci\u00f3n se refiere a el hombre: para los elegidos no es sino la extensi\u00f3n de la misma Resurrecci\u00f3n de Cristo a los hombres\u00bb (Carta sobre alcuestiones referentes a la escatolog\u00ed\u00ada. Sagrada Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, 1970, n.\u00c2\u00b0 2).<\/p>\n<p>Si la resurrecci\u00f3n se refiere a todo el hombre, tambi\u00e9n la muerte. La participaci\u00f3n en la vida divina gracias a la acci\u00f3n de Cristo (Jn 5, 24&#8230;) pod\u00ed\u00ada aducirse en contra de lo que estamos afirmando. Pero esta vida \u00abespiritual\u00bb la participamos de una forma muy terrena, precaria, achacosa, sometida a la impotencia y al pecado. Esta vida de Dios tan deteriorada no puede entrar en el Reino en su plenitud ni ser reparada en un sal\u00f3n de limpieza por muy especializado que est\u00e9 y por muy eficaces que sean los detergentes que utilice. La fe cristiana tiene la certeza de que la vida futura no es la presente sometida a los arreglos pertinentes. Dios conserva nuestro \u00abyo\u00bb, determinado por el Esp\u00ed\u00adritu que aparecer\u00e1 con todo su poder radiante y creativo cuando desaparezca el envoltorio que lo oculta y desfigura.<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n de los muertos es la concesi\u00f3n que Dios les hace de una nueva forma de vida. No partiendo de cero, no recurriendo a una nueva creaci\u00f3n de la nada, sino aceptando la acci\u00f3n de Dios en la persona que ha sido conservada por su amor m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. Pero ser\u00e1 completada, enriquecida, plenificada por la participaci\u00f3n en la vida de Dios en la medida en que el ser humano sea capaz de asumirlo. Termina la historia de mi \u00abyo\u00bb terreno con Dios. No obstante, contin\u00faa, permanece la individualidad de mi persona, incluida la forma masculina o femenina del ser, mediante la resurrecci\u00f3n y gracias a ella.<\/p>\n<p>Si pensamos en una continuidad de nuestro \u00abyo\u00bb debemos hacerla compatible con una ruptura total; nosotros seremos trasladados desde la oscuridad de la muerte y de su relaci\u00f3n con el pecado -que es la verdadera muerte, la muerte total- a la claridad maravillosa de la gloriadoxa divina; la totalidad de la persona entrar\u00e1 en el gozo pleno del reino de Dios. La ruptura y separaci\u00f3n de nuestra forma actual de ser la evidencia, la pone de relieve, la suerte que corre nuestra vida corporal. Ser\u00ed\u00ada absurdo imaginar la otra forma de ser, la nueva forma de ser posterior a la resurrecci\u00f3n, en la misma l\u00ed\u00adnea de nuestra corporeidad actual. En todo caso no olvidemos que estamos movi\u00e9ndonos en el terreno del misterio. Lo explicamos como podemos. Pablo habla de un cuerpo \u00abcorporal\u00bb y de un cuerpo \u00abespiritual\u00bb (1 Cor 15, 44). \u00bfEs que alguien puede imaginarse siquiera c\u00f3mo ser\u00e1 un \u00abespiritual\u00bb?<br \/>\nSobre la corporeidad proporcionada por la resurrecci\u00f3n no se puede afirmar nada en concreto. Porque la nueva forma es concedida por Dios mediante una transformaci\u00f3n. Por tanto es divina. Lo mismo que la nueva forma que recibi\u00f3 Jes\u00fas de Nazaret en su resurrecci\u00f3n. Cuando se aparec\u00ed\u00ada lo hac\u00ed\u00ada en forma (= \u00e9t\u00e9ra \u00e9, Mc 16, 12), con su nueva corporeidad, radicalmente distinta de la que hab\u00ed\u00ada tenido cuando vivi\u00f3 entre nosotros.<\/p>\n<p>10. La escatolog\u00ed\u00ada intermedia<br \/>\nLa consideraci\u00f3n de la muerte como separaci\u00f3n del alma y del cuerpo ha hecho surgir la teor\u00ed\u00ada del intermedio, el que debe transcurrir entre la muerte y la resurrecci\u00f3n. En el \u00faltimo d\u00ed\u00ada, las almas recuperar\u00e1n sus cuerpos y entonces ser\u00e1n plenamente dichosas o desgraciadas. De este modo la resurrecci\u00f3n pierde su car\u00e1cter de totalidad. S\u00f3lo sirve para el cuerpo. Se tratar\u00ed\u00ada de una resurrecci\u00f3n parcial, que ser\u00ed\u00ada la del cuerpo, no la de todo el hombre. Se desconoce o se tergiversa radicalmente que nosotros tenemos un m\u00e1s all\u00e1 de la muerte s\u00f3lo mediante la resurrecci\u00f3n. Y \u00e9sta es participaci\u00f3n en la de Cristo.<\/p>\n<p>La escatolog\u00ed\u00ada intermedia -que eso es lo que significa la expresi\u00f3n del \u00abtiempo intermedio\u00bb que hemos utilizado- \u00bfpuede mantenerse en pie cuando ha ca\u00ed\u00addo la antropolog\u00ed\u00ada dualista, y el hombre de hoy, lo mismo que el hombre b\u00ed\u00adblico, se mueve en las categor\u00ed\u00adas unitario-monistas? Curiosamente el hombre de hoy y el hombre b\u00ed\u00adblico coinciden en el enfoque unitario del \u00abhombre\u00bb. Ha superado lo relativo a las \u00abdos partes\u00bb de que se compone, cuerpo y alma, que incluso podr\u00ed\u00adan vivir separadamente.<\/p>\n<p>\u00bfNo ser\u00e1 necesario reconocer que la vida humana se construye sobre la decisi\u00f3n y que \u00e9sta puede ser m\u00faltiple, incluso en su referencia al \u00e9sjaton? (Remitimos a lo ya dicho sobre el tema de la \u00abdecisi\u00f3n\u00bb tratado expl\u00ed\u00adcitamente). La decisi\u00f3n se hace ante el \u00e9sjaton -de donde surge la autocomprensi\u00f3n humana y los principios determinantes de la vida- y no ante las \u00e9sjata que, separadas del \u00e9sjaton, carecen de la motivaci\u00f3n necesaria que pueda adquirir la categor\u00ed\u00ada de principio determinante de la vida: \u00abNo me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, es decir, las esjata; t\u00fa me mueves, Se\u00f1or, es decir, el \u00e9sjaton\u00bb.<\/p>\n<p>El estado intermedio entre nuestra muerte y nuestra resurrecci\u00f3n no pertenece a la fe ni a la esperanza cristianas. El concepto de la vida intermedia de las almas en un lugar impreciso hasta que se unan al cuerpo recompuesto rompe la totalidad de la resurrecci\u00f3n. Lo que espera al creyente m\u00e1s all\u00e1 de la muerte e inmediatamente despu\u00e9s de ella es la nueva forma de ser, la nueva vida, la existencia nueva. Pablo lo dice as\u00ed\u00ad: Deseo para estar Cristo (Fil 1, 23). ciudadanos del cielo, de donde esperamos al Salvador y Se\u00f1or Jesucristo, que reformar\u00e1 nuestro cuerpo miserable (lo llama as\u00ed\u00ad no por sus limitaciones y \u00abmiserias\u00bb, sino porque se halla privado de la gloria-gracia de Dios; es la primera forma de nuestra existencia, la que vivimos en la actualidad aqu\u00ed\u00ad en la tierra) a su cuerpo glorioso, en virtud del poder que tiene para someter a s\u00ed\u00ad todas las cosas, Fil 3, 20-21. (Es la nueva forma del ser humano, la que tendr\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, semejante a la forma, la actual, que tiene Cristo a partir de su resurrecci\u00f3n, Mc 16, 12). Por eso Cristo es \u00abel \u00faltimo d\u00ed\u00ada\u00bb a la vez que la resurrecci\u00f3n y la vida.<\/p>\n<p>11. La vida eterna<br \/>\nLa vida de los cristianos est\u00e1 centrada en el s\u00ed\u00ad constantemente renovado a la situaci\u00f3n en la que hemos sido colocados por Cristo en la muerte; en la entrega incesantemente ordenada a la superaci\u00f3n y a la muerte del \u00abhombre viejo\u00bb; al cumplimiento del designio divino que nos ha ordenado a \u00abestar muertos al pecado\u00bb, a \u00abvivir para Dios como quien est\u00e1 muerto al pecado\u00bb, a \u00abno vivir seg\u00fan la carne, que lleva a la muerte\u00bb, a \u00abhuir de todo aquello que provoca la ira divina\u00bb (Rom 6, 11. 13; 8, 13; Col 3, 5).<\/p>\n<p>Durante nuestra vida terrena este morir no alcanza la finalidad intentada. El anhelo, el deseo e incluso el intento de verse libre del \u00abhombre viejo\u00bb, de la forma terrena del hombre con sus apetencias y concupiscencias se cumple plenamente en la muerte corporal. Ella cumple la promesa que Cristo sell\u00f3 para cada uno en el bautismo. La muerte lleva al creyente a la libertad de los hijos de Dios. Ella traslada a los cristianos desde la lejan\u00ed\u00ada de Cristo en la existencia terrena a la vida plena en \u00e9l:<\/p>\n<p>\u00abPor ambas partes me siento coaccionado, porque, por un lado, deseo morir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor&#8230;\u00bb (Fip 1, 23). \u00abAs\u00ed\u00ad estamos siempre confiados, persuadidos de que mientras moramos en este cuerpo estamos ausentes del Se\u00f1or, porque caminamos en fe y no en visi\u00f3n\u00bb (2Cor 5, 6ss).<\/p>\n<p>Cierto que esto no lo puede la muerte por s\u00ed\u00ad misma. S\u00f3lo en la fe en el evangelio reconoce el cristiano que el \u00abno\u00bb de Dios, tal como el cristiano lo experimenta en la muerte, en realidad coincide con el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb de su voluntad salvadora. El juicio de la muerte est\u00e1 al servicio de la creaci\u00f3n del hombre nuevo. Dicho de otro modo: el \u00abno\u00bb de Dios rechaza una vida indigna de permanecer y el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb abre otra en la que la existencia humana se convierte en la participaci\u00f3n en la Vida.<\/p>\n<p>La presencia de Cristo en nuestro mundo hizo que las cosas \u00faltimas, las nov\u00ed\u00adsimas o los \u00ed\u00adsimos, esperados para el fin de los tiempos, de la humanidad, de la historia, del mundo&#8230; cambiasen radicalmente de perspectiva. Si \u00e9l es la \u00faltima intervenci\u00f3n de Dios en la historia, Esjaton por excelencia, todo lo relativo a las cosas \u00faltimas, las \u00e9sjata, debe ser visto desde \u00e9l y se halla condicionado y cuestionado por \u00e9l. La perfecci\u00f3n que esperamos no se lograr\u00e1 mediante la purificaci\u00f3n y eliminaci\u00f3n que relativizan las cosas m\u00e1s hermosas que poseemos. Eso no basta. La participaci\u00f3n en lo divino es fragmentaria. Es preciso que aparezca Dios en la plenitud de su Reino, que se haga realidad nuestra petici\u00f3n diaria: Venga a tu Reino, que se manifieste el Se\u00f1or\u00ed\u00ado divino en toda su plenitud, que llegue el momento en el que se nos revele como el Se\u00f1or de la vida, de nuestra vida, de todas las vidas y de todas las cosas.<\/p>\n<p>Esto nos acerca a la particular\u00ed\u00adsima y \u00fanica de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana. Ella excluye toda posible armonizaci\u00f3n con la escatolog\u00ed\u00ada pensada en el A. T. y desarrollada en el mundo jud\u00ed\u00ado-apocal\u00ed\u00adptico, que inventaron la existencia de un tiempo intermedio entre la muerte y el final del mundo. Esta especificidad debe hacerse compatible con otra caracter\u00ed\u00adstica que la define como escatolog\u00ed\u00ada propia de los peregrinantes a la patria, viatorum. Este segundo aspecto mencionado nos obliga a plantearnos este interrogante: \u00bfC\u00f3mo se relaciona la entrada en la eternidad con la salida del tiempo, con \u00abmi \u00faltimo d\u00ed\u00ada\u00bb? Este paso no se produce mediante una \u00f3n. La escatolog\u00ed\u00ada no tiene como finalidad establecer la sucesi\u00f3n de los m\u00faltiples momentos hasta llegar al \u00faltimo.<\/p>\n<p>Si la esperanza cristiana surge como consecuencia l\u00f3gica del Se\u00f1or\u00ed\u00ado gracioso de Dios manifestado en Cristo, que es la m\u00e1xima gracia, destinada de forma indiscriminada a todos los hombres, esto mismo hay que afirmar de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana. Como tambi\u00e9n es necesario afirmar el paralelismo entre ambas realidades ya presentes pero s\u00f3lo incoativamente. El reino de Dios est\u00e1 presente y sigue oculto; la escatolog\u00ed\u00ada ha hecho acto de presencia y dirige nuestros ojos hacia el futuro. La esperanza cristiana, el Reino y la escatolog\u00ed\u00ada est\u00e1n totalmente aqu\u00ed\u00ad y totalmente fuera de aqu\u00ed\u00ad. Aquello que ya es una realidad sigue siendo objeto de realizaci\u00f3n con miras a la perfecci\u00f3n o a la consumaci\u00f3n plena.<\/p>\n<p>La escatolog\u00ed\u00ada, particularmente la , subraya singularmente su fundamento en el amor de Dios manifestado en Cristo y que nos ha unido a \u00e9l con v\u00ed\u00adnculos indisolubles (Rom 8, 35-39). El cuarto evangelio expresa la misma certeza refiri\u00e9ndose a la eterna que nadie podr\u00e1 quit\u00e1rsela a aquellos a los que \u00e9l se la ha concedido por encargo del Padre (Jn 10, 27-30). Esta relaci\u00f3n vital, iniciada en nuestro discipulado personal de adhesi\u00f3n a Cristo, es como una prolepsis o anticipaci\u00f3n cuyo sentido pleno tiene que ser realizado.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, que alcanz\u00f3 la m\u00e1xima perfecci\u00f3n de vida en la resurrecci\u00f3n, har\u00e1 part\u00ed\u00adcipes de ella a los suyos (1Jn 3, 2); en \u00e9l y en ellos se da \u00abuna vida para Dios\u00bb (Rom 6, 10-11). El texto m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito y significativo es el que nos habla de buscar las cosas de arriba, puesto que hemos resucitado con Cristo (Col 3, 1-4).<\/p>\n<p>La plena liberaci\u00f3n, de la que nos hablan los textos paulinos y los jo\u00e1nicos, supone la \u00f3n \u00faltima de Dios que, en nuestra muerte, termina con una forma de vida incapaz de permanecer para siempre e inicia otra que tiene todas las virtualidades necesarias para poder permanecer para siempre. S\u00f3lo la intervenci\u00f3n \u00faltima de Dios en nuestra vida es de liberarla del se\u00f1or\u00ed\u00ado del pecado. Y s\u00f3lo la intervenci\u00f3n \u00faltima de Dios en nuestra vida es de hacer que nuestra santificaci\u00f3n alcance su finalidad, liber\u00e1ndola de todo tipo de mixtificaci\u00f3n pecaminosa. Esta doble liberaci\u00f3n es la que lleva a los creyentes a la eterna en Cristo.<\/p>\n<p>La vida eterna es de la temporal. Eso significar\u00ed\u00ada inmortalidad, no vida eterna. La vida eterna consiste en la \u00f3n de la \u00f3n con Dios, tal como le ha sido concedido al hombre en Jes\u00fas y \u00e9l lo ha aceptado en la fe. Como plenitud de la comuni\u00f3n de amor con Dios, la vida eterna har\u00e1 que la \u00f3n mutua se en una realidad conso: m\u00e1s all\u00e1 de la bella teor\u00ed\u00ada nos alcanzar\u00e1 la perfecci\u00f3n derribando las fronteras externas -distancia en el tiempo y en el espacio- y las internas -el exclusivismo ego\u00ed\u00adsta y pecador-; nos llevar\u00e1 a una aut\u00e9ntica alteridad elevada, perfecta; m\u00e1s all\u00e1 de los ensayos defectuosos viviremos la comunidad en la uni\u00f3n \u00ed\u00adntima y profunda de un Cuerpo cuya vida es comunicada sin ning\u00fan tipo de limitaci\u00f3n a todos los miembros adheridos a \u00e9l.<\/p>\n<p>La perfecci\u00f3n en el amor no significa absorci\u00f3n de la personalidad, sino \u00f3n de la misma hasta el l\u00ed\u00admite de lo posible; junto al \u00abyo\u00bb, liberado de sus ambiciones ego\u00ed\u00adstas, vivir\u00e1 el \u00abt\u00fa\u00bb con id\u00e9ntica generosidad. La vida eterna nos proporciona la m\u00e1xima proximidad con Dios. Nos hace tomar conciencia de la distancia que nos separa \u00e9l. No seremos divinizados. Comprenderemos la m\u00e1xima grandeza a la que ha llegado una criatura insignificante gracias a la altura inimaginable a la que Dios la ha elevado. Seguiremos siendo sus criaturas, sus siervos \u00abcualificados\u00bb, plenamente conscientes del amor, gratitud y adoraci\u00f3n que le debemos La vida eterna nos introduce de lleno en conocimiento de Dios, y en la impenetrabilidad de su misterio oculto. Su \u00abvisi\u00f3n\u00bb no le despojar\u00e1 de su inaccesibilidad (1Tim 6, 16).<\/p>\n<p>La vida eterna, de modo semejante a la temporal, es misma para los que participan en ella. Las l\u00f3gicas diferencias estar\u00e1n marcadas por la medida e intensidad de las obras de la fe, la fidelidad en la respuesta a la vocaci\u00f3n divina, la generosidad en el servicio a los dem\u00e1s. El don recibido, Dios mismo, ser\u00e1 igual para todos. La vida eterna pertenece la jurisdicci\u00f3n de la escatolog\u00ed\u00ada, abre nuestra mirada al futuro, acepta lo inimaginable al menos como posibilidad. La vida eterna no difiere del reino de Dios, que \u00e9l inicia como sementera. La cosecha se llama vida eterna. Pero es una cosecha sembrada y cultivada. Para la fe el reino de Dios es presencia, tambi\u00e9n lo es para la vida eterna. Cristo fue la presencia de Dios en nuestro mundo; trajo la gracia y el perd\u00f3n de los pecados; la misma finalidad persigue la vida eterna; donde hay perd\u00f3n de los pecados hay vida y bienaventuranza; esto lo ofrece en plenitud la vida eterna.<\/p>\n<p>Del conjunto de todas las reflexiones anteriores se deduce que puede hablarse de la vida eterna en el presente, aunque sea una realidad futura: es futuro y presencia, misterio de fe que ser\u00e1 revelado y que actualmente se manifiesta en la fe y en las obras. Entre los senderos y vericuetos plagados de sorpresas y de dificultades insalvables se halla rodeo de la m\u00ed\u00adstica. Es la mejor presencializaci\u00f3n de la vida eterna. S\u00f3lo quien puede decir. \u00abYa no vivo yo, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (Gal 2, 20) o quien puede escuchar que \u00abel Hijo, en el que creemos, es la plena manifestaci\u00f3n del Padre o de la vida eterna\u00bb (Jn 14, 10-11) o quien se decida a esperar como verdaderas las palabras de Jes\u00fas en su oraci\u00f3n al Padre: \u00abQuiero que est\u00e9n donde yo voy a estar&#8230; para que vean mi gloria\u00bb (Jn 17, 24) s\u00f3lo \u00e9l ver\u00e1 con claridad ya en este mundo la vida eterna con la visi\u00f3n \u00abexperiencial\u00bb o \u00abvivencial\u00bb que supera toda certeza.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 A. GIUDICI, \u00ed\u00ada, en \u00abNuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada\u00bb, 1, Cristiandad, 1982; F. FERN\u00ed\u0081NDEZ RAMOS, \u00ed\u00ada existencial, (El cuarto Evangelio), en , 23, 1976; W. MICHAE-us, Od\u00f3s, en TWzNT; V. M. V\u00ed\u201cLKEL, \u00f3s, en TWzNT, II, col. 1204; W. PANNENBERG, \u00ed\u00ada y reino de Dios, Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1974; G. BORNKAMM, \u00fas de Nazaret, Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1975.<\/p>\n<p>F Ramos<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>-> tiempo, apocal\u00ed\u00adptica). Palabra o doctrina (logos) sobre los acontecimientos y misterios que pertenecen a la culminaci\u00f3n de la obra de Dios (eskhaton), al despliegue total (salvaci\u00f3n y\/o destrucci\u00f3n) del cosmos y a la realizaci\u00f3n del ser humano, sea en clave universal (de la historia) o individual (de cada persona). En la tradici\u00f3n cristiana se entiende como \u00abtratado de las cosas \u00faltimas\u00bb, es decir, de \u00ablos nov\u00ed\u00adsimos\u00bb (muerte*, juicio*, infierno* y gloria*).<\/p>\n<p>(1) Sentido y elementos b\u00e1sicos. Las religiones c\u00f3smicas del eterno retorno carecen de escatolog\u00ed\u00ada propiamente dicha, pues todo gira y todo vuelve a ser siempre lo mismo. Las religiones de la pura interioridad (budismo, hinduismo cl\u00e1sico) s\u00f3lo conocen una escatolog\u00ed\u00ada espiritual, que se expresa en forma de inmersi\u00f3n del alma humana en el gran \u00abesp\u00ed\u00adritu divino\u00bb. Las religiones hist\u00f3ricas (judaismo, islam, cristianismo) desarrollan una escatolog\u00ed\u00ada c\u00f3smica e hist\u00f3rica, afirmando que tanto el mundo como la humanidad tienden hacia un final en el que alcanzar\u00e1n su plenitud. Entendida as\u00ed\u00ad, la escatolog\u00ed\u00ada implica un camino o proceso, que se expresa casi siempre a modo de contraste o lucha entre los elementos positivos y negativos de la realidad. Para alcanzar su verdad, el hombre y\/o el mundo tiene que superar una serie de pruebas, que suelen presentarse con frecuencia con im\u00e1genes apocal\u00ed\u00adpticas (lucha de \u00e1ngeles y demonios, cataclismos c\u00f3smicos, revelaciones escondidas). En ese sentido, la antropolog\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00ada y la cristiana son escatol\u00f3gicas, es decir, sit\u00faan al hombre ante los \u00faltimos tiempos, ante la decisi\u00f3n final, con la irrupci\u00f3n definitiva de Dios y la llegada de la nueva humanidad. En s\u00ed\u00ad mismas, no tienen por que ser apocal\u00ed\u00adpticas, de tal forma que se ha podido hablar de una escatolog\u00ed\u00ada existencial, de car\u00e1cter moralista, que sirve para indicar que el ser humano est\u00e1 abierto en esperanza* hacia un futuro* que constituye un elemento esencial de su propia realidad, como ser que se despliega en la historia. Pero, de hecho, la escatolog\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00ada y cristiana, al menos la del entorno de Jes\u00fas, se ha expresado en formas apocal\u00ed\u00adpticas: as\u00ed\u00ad ha interpretado los acontecimientos del final desde una perspectiva dualista (lucha entre el bien y el mal), con la intervenci\u00f3n de seres sobrenaturales (\u00e1ngeles*, demonios), que influyen en la opci\u00f3n y suerte de los hombres.<\/p>\n<p>(2) La escatolog\u00ed\u00ada de Jes\u00fas. El reino de Dios. La escatolog\u00ed\u00ada de los evangelios est\u00e1 vinculada a la forma de entender el reino de Dios. De un modo general, se suelen distinguir dos tipos de interpretaciones de la escatolog\u00ed\u00ada de Jes\u00fas: una, que suele llamarse \u00abconsecuente\u00bb es de tipo m\u00e1s apocal\u00ed\u00adptico; otra, que suele llamarse \u00abrealizada\u00bb, es de tipo m\u00e1s sapiencial. La primera piensa que el Reino ha de venir a trav\u00e9s de una serie de cat\u00e1strofes c\u00f3smicas externas. La segunda piensa que el Reino ya ha llegado y est\u00e1 presente en medio de los hombres. Al lado de esas dos formas de entender la escatolog\u00ed\u00ada del Nuevo Testamento pueden ponerse algunas variantes, que han influido mucho en la ex\u00e9gesis reciente de la Biblia, sobre todo en el estudio de los evangelios: una m\u00e1s hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica (cercana a la escatolog\u00ed\u00ada consecuente), otra mas existencial (cercana a la escatolog\u00ed\u00ada realizada).<\/p>\n<p>(3) La escatolog\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica o consecuente ha sido defendida de un modo poderoso por A. Schweitzer* (y por muchos otros autores). Seg\u00fan ella, Jes\u00fas esper\u00f3 la venida de un reino futuro, inminente, de tipo apocal\u00ed\u00adptico, en la l\u00ed\u00adnea de algunas esperanzas jud\u00ed\u00adas de  aquel tiempo. No habl\u00f3 del presente: no quiso cambiar cosas en el tiempo de la historia, ni ofreci\u00f3 el Esp\u00ed\u00adritu de Dios a los pobres y posesos, para liberarles ya en el mundo. Juzg\u00f3 que la historia hab\u00ed\u00ada terminado y no pod\u00ed\u00ada cambiar ya; s\u00f3lo hab\u00ed\u00ada que prepararse para el reino. Pens\u00f3 al principio que ese reino llegar\u00ed\u00ada durante el mismo tiempo de su vida; tras un primer fracaso, lo esper\u00f3 para un momento posterior, aunque cercano, tras su muerte: \u00e9l mismo (Jes\u00fas) retornar\u00ed\u00ada como Hijo de Hombre, para juzgar y culminar (destruir) la historia, suscitando el reino de Dios. Pero Jes\u00fas muri\u00f3 y su reino no ha venido todav\u00ed\u00ada; sobre el hueco formado por esa decepci\u00f3n surgi\u00f3 la Iglesia.<\/p>\n<p>(4) C. H. Dodd y con \u00e9l otros pensadores anglicanos y cat\u00f3licos vienen defendiendo un tipo de escatolog\u00ed\u00ada realizada, de tipo sapiencial, m\u00e1s cercana al platonismo del ambiente helenista que a la apocal\u00ed\u00adptica dura de algunos jud\u00ed\u00ados del tiempo de Jes\u00fas. Ellos interpretan de un modo simb\u00f3lico los signos apocal\u00ed\u00adpticos del Hijo del Hombre y las crisis del cosmos (fin del tiempo externo), suponiendo que Jes\u00fas revel\u00f3 la presencia de Dios en el tiempo y lo hizo de un modo especial en sus par\u00e1bolas (como en la del sembrador: Mc 4): el reino est\u00e1 presente en el coraz\u00f3n de aquellos que escuchan su mensaje, no en se\u00f1ales m\u00ed\u00adticas de tipo apocal\u00ed\u00adptico. Eso significa que ha llegado el fin de los tiempos. El orden externo contin\u00faa como antes; en el \u00e1mbito de la historia externa o mundana sigue rodando la marcha pol\u00ed\u00adtica de Estados y pueblos. Pero, en el sentido m\u00e1s profundo, la historia verdadera de la revelaci\u00f3n de Dios y su presencia sobre el mundo ha culminado ya por medio de Jes\u00fas, tal como Pablo y Juan lo han destacado. Ha descendido el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, y los creyentes (los que acogen el mensaje de Jes\u00fas) viven ya en la historia culminada: han descubierto la verdad, moran en el plano de lo eterno. Ya no falta nada, est\u00e1 todo realizado en fe (cumplido el tiempo, salvados los fieles), aunque todav\u00ed\u00ada externamente no se vea.<\/p>\n<p>(5) Escatolog\u00ed\u00ada existencial y decisi\u00f3n creyente. Muchos exegetas han querido y quieren vincular los dos aspectos anteriores de la escatolog\u00ed\u00ada, aunque destacando el segundo (el de la escatolog\u00ed\u00ada realizada). Entre ellos est\u00e1 R. Bultmann, quien supuso que Jes\u00fas anunciaba con lenguaje mitol\u00f3gico el fin externo de este mundo (como dice Schweitzer); pero lo hac\u00ed\u00ada no para evocar sucesos objetivos (que a\u00fan debieran realizarse), sino para destacar el car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la existencia actual, es decir, de la misma vida humana. Bultmann puede aceptar la tesis b\u00e1sica de Dodd (escatolog\u00ed\u00ada realizada), pero introduciendo en ella una variante significativa: la novedad eterna de Jes\u00fas se expresa y realiza en la experiencia interior de los creyentes, m\u00e1s que en un tipo de eternidad ideal, de car\u00e1cter helenista. Jes\u00fas no ha querido anunciar ni preparar un despliegue exterior de acontecimientos c\u00f3smicos (fin del mundo), ni sociales (transformaciones en la vida pol\u00ed\u00adtica de los pueblos); \u00e9l se ha limitado a proclamar y reflejar con su vida la presencia de la salvaci\u00f3n (de Dios) en cada uno de los fieles. Por eso, no se puede hablar de historia cristiana, sino s\u00f3lo de historicidad: de un modo aut\u00e9ntico de vivir, en decisi\u00f3n y libertad creyente, ante el misterio de Dios. S\u00f3lo en ese plano interior, existencial, se expresa y despliega el Esp\u00ed\u00adritu de Dios. Sobre la historia externa del mundo Jes\u00fas no sabe ni dice nada, ni tampoco los cristianos pueden saber nada m\u00e1s que los otros hombres y mujeres de su entorno.<\/p>\n<p>(6) Escatolog\u00ed\u00ada sucesiva, historia de la salvaci\u00f3n. Tambi\u00e9n O. Culhnann ha querido vincular el aspecto consecuente y realizado de la escatolog\u00ed\u00ada, pero no de forma existencial (como Bultmann), sino a trav\u00e9s de un fuerte programa de temporalizaci\u00f3n de la vida de Jes\u00fas y del mensaje de la Biblia. Dios mismo se expresa, a su entender, a lo largo del tiempo, es decir, en un proceso de surgimiento c\u00f3smico (creaci\u00f3n), despliegue social (Antiguo Testamento), concentraci\u00f3n personal (Jes\u00fas), apertura misionera (Iglesia) y culminaci\u00f3n universal (escatolog\u00ed\u00ada entendida como fin del mundo y cumplimiento del proceso de la historia). Ese proceso sigue abierto hacia un futuro todav\u00ed\u00ada no cumplido, pero se condensa y recibe su m\u00e1ximo sentido en la pascua de Jes\u00fas, que ya se ha realizado en el centro del tiempo, de manera que las esperanzas apocal\u00ed\u00adpticas del Antiguo Testamento y del mismo Jes\u00fas se mantienen operantes e influyen de manera poderosa en los hombres. Cullmann entiende el proceso del tiempo como un reloj de arena  en el que todo se concentra en Jes\u00fas para expandirse luego hacia el futuro hasta abarcar sin excepci\u00f3n a todos los humanos. Por eso, no se puede hablar s\u00f3lo de historicidad, sino de historia de la salvaci\u00f3n, que est\u00e1 relacionada con la historia profana (pol\u00ed\u00adtica y social) de los pueblos.<\/p>\n<p>(7) Conclusi\u00f3n. Estrictamente hablando, ninguna de esas cuatro posturas defiende un influjo directo de la novedad cristiana en la historia externa del mundo. Ellas hablan m\u00e1s bien de un futuro apocal\u00ed\u00adptico que vendr\u00e1 de pronto a destruir la historia (Schweitzer), de un presente supratemporal que se desvela por encima de ella (Dodd) o de una historicidad existencial distinta de la historia social (Bultmann). S\u00f3lo Cullmann ha querido introducir la historia de la salvaci\u00f3n en la historia profana, pero tampoco lo ha hecho de un modo radical, pues sit\u00faa ambas historias como paralelas, una al lado de la otra, conforme a una visi\u00f3n donde vincula el dualismo protestante (separaci\u00f3n de gracia y naturaleza) con el presupuesto ilustrado de una historia profana, que tendr\u00ed\u00ada un car\u00e1cter neutral y objetivo frente a la posible historia cristiana. Quiz\u00e1 \u00e9ste sea un tema que no puede resolverse en teor\u00ed\u00ada. No se trata de saber lo que Jes\u00fas pens\u00f3 del tiempo, sino de obrar como \u00e9l obr\u00f3, descubriendo de esa forma la presencia de su Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Cf. R. BULTMANN, Historia y escatolog\u00ed\u00ada, Studium, Madrid 1971; O. CULLMANN, Cristo y el tiempo, Estela, Barcelona 1968; B. MCGINN, H. J. COLLINS y S. STEIN (eds.), The Encyclopaedia of Apocalypticism I-III, Nueva York 1998s; X. PIKAZA, La nueva figura de Jes\u00fas, Verbo Divino, Estella 2003; Ex\u00e9gesis y filosof\u00ed\u00ada. El pensamiento de R. Bultmann y O. Cullmann, La Casa de la Biblia, Madrid 1972; R. SCHNACKENBURG, Reino y reinado de Dios, Fax, Madrid 1970.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La escatolog\u00ed\u00ada: 1. Dios y escatolog\u00ed\u00ada en el mensaje de Jes\u00fas; 2. El mensaje escatol\u00f3gico del reino de Dios.-II. Esp\u00ed\u00adritu Santo y escatolog\u00ed\u00ada en Pablo: 1. Relaciones entre la cristolog\u00ed\u00ada y la pneumatolog\u00ed\u00ada paulinas; 2. Escatolog\u00ed\u00ada pneumatol\u00f3gica paulina.-III. Escatolog\u00ed\u00ada de Juan.-IV. La SS. Trinidad como misterio escatol\u00f3gico, en plano de revelaci\u00f3n y adoraci\u00f3n.-V. Trinidad y juicio: la salvaci\u00f3n y la posible condena de los hombres.<\/p>\n<p>I. La escatolog\u00ed\u00ada<br \/>\nLa Escatolog\u00ed\u00ada (= E.) es la referencia permanente a un fututo absoluto y transcendente que es Dios y que emerge en toda reflexi\u00f3n antropol\u00f3gico-teol\u00f3gica al tratar del sentido y finalidad del hombre, de la historia y del cosmos. La dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica aparece como una estructura din\u00e1mica del mismo ser hist\u00f3rico del hombre que le impulsa y le libera hacia un destino transcendente. Esa dimensi\u00f3n la comparte con los dem\u00e1s hombres en su quehacer hist\u00f3rico en el mundo. En relaci\u00f3n a esa dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica logran unos y otros realizarse o malograrse. La E. es secuencia y consecuencia antropol\u00f3gico-teol\u00f3gica del ser y del quehacer humano en relaci\u00f3n transcentente a Dios. Es destino y vocaci\u00f3n libre al mismo tiempo. Algo inseparable del ser y de la reflexi\u00f3n antropol\u00f3gica que presupone y donde emerge el Dios creador y consumador del hombre.<\/p>\n<p>Pero si la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica coexiste y acompa\u00f1a a la misma condici\u00f3n humana, su referencia al futuro absoluto y transcendente desde la historia est\u00e1 envuelta en el riesgo, incertidumbre y misterio, que no puede despejar el hombre s\u00f3lo por su propio esfuerzo, como tampoco todo lo que se refiere a su propio origen y fundamento y, con mayor raz\u00f3n, lo que ata\u00f1e a su destino final. Por eso la E. es objeto de revelaci\u00f3n de Dios en Cristo y de reflexi\u00f3n por parte de la fe-esperanza teologal del hombre y cristiano. Esta fe-esperanza en su vocaci\u00f3n escatol\u00f3gica es definida existencialmente como \u00abla garant\u00ed\u00ada d\u00e9 lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven\u00bb (Heb 11,1). Esta realidad o realidades que no ve y espera el hombre son llamados \u00e9schata sobre los que reflexiona la E. Los \u00e9schata son las realidades \u00faltimas, la nueva creaci\u00f3n que aguardamos. Pero m\u00e1s que muchas realidades, aguardamos una sola que lo llena todo: el \u00e9schaton (el reino de Dios en la resurrecci\u00f3n) lo totalmente otro, lo \u00faltimo y definitivo, lo nuevo en lo que seamos transfigurados todos nosotros con todas las cosas del cosmos en una nueva creaci\u00f3n, vencidos para siempre el pecado y la muerte. A este proceso final Pablo, desde una cristolog\u00ed\u00ada escatol\u00f3gica que colorea el reino de Dios, le ha dado distintos nombres y funciones: \u00abinstaurar todas las cosas en Cristo\u00bb (anakefalai\u00f3sasthai ta ganta en t\u00f3 Xprist\u00f3, Ef 1, 10); \u00abreconciliaci\u00f3n\u00bb de todos los hombres y cosas en Cristo (Rom 5, 11; Ef 2, 16; Col 1, 20; 2 Cor 5, 19), \u00abnueva creaci\u00f3n y nueva humanidad\u00bb (G\u00e1l 6, 15; 2 Cor 5, 17; Ef 2, 15; 4, 24); \u00abliberaci\u00f3n\u00bb escatol\u00f3gica de la creaci\u00f3n de la vanidad, injusticia y de la muerte (Rom 6, 7; 8, 21) y \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb final de los muertos en Cristo.<\/p>\n<p>Los \u00e9schata que aguardamos son los que en forma abreviada y popular han llamado los catecismos los nov\u00ed\u00adsimos: muerte, juici, infierno y gloria. Pero todos ellos deben ser vistos en el horizonte completo y a la luz del reino de Dios, que ya act\u00faa entre nosotros desde Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu. Aguardamos con gozo y expectaci\u00f3n su plena manifestaci\u00f3n en nosotros y en todos como resurrecci\u00f3n y vida eterna; que se declare como victoria gloriosa frente a la muerte, el pecado, la injusticia, la violencia y la corrupci\u00f3n que forman el drama del existir del hombre en el mundo&#8217;. El reino de Dios resume como cifra y s\u00ed\u00admbolo la final transfiguraci\u00f3n del hombre y de la historia. Pero el reino lo constituye el mismo Dios con nosotros, manifestado en la encarnaci\u00f3n de su Hijo (Jes\u00fas de Nazaret en su vida y muerte y glorificado en la pascua) y en el adviento del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, el Parakleto, que llevar\u00e1n a cabo nuestra transformaci\u00f3n hist\u00f3rica y escatol\u00f3gica. La forma trinitaria del reino de Dios es la verdadera forma hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica que nos transformar\u00e1 y nos har\u00e1 part\u00ed\u00adcipes con nuestra colaboraci\u00f3n libre.<\/p>\n<p>Con estas dimensiones finales del reino y del hombre defin\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad la E. el te\u00f3logo cat\u00f3lico suizo, Urs von Balthasar en los albores de la renovaci\u00f3n teol\u00f3gica antes del Vaticano II: \u00abIpse Deus post hanc vitam sit locus noster (san Agust\u00ed\u00adn). Dios es \u00abla postrimer\u00ed\u00ada\u00bb de la criatura. Lo es como cielo ganado, como infierno perdido, como juez que juzga, como purgatorio purificador. Dios es aquel en el que el hombre mortal muere y por el cual y para el cual resucita. Pero es todo eso en la manera como se dirige al mundo, a saber, en su Hijo Jesucristo, que es la revelaci\u00f3n de Dios y por consiguiente el resumen de las postrimer\u00ed\u00adas\u00bb.<\/p>\n<p>De estas dimensiones escatol\u00f3gicas del reino de Dios en lo que afecta alhombre y al cosmos, es decir, la dimensi\u00f3n trinitaria, cristol\u00f3gica y pneumatol\u00f3gica, daremos cuenta de ello a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. DIOS Y ESCATOLOG\u00ed\u008dA EN EL  MENSAJE DE JES\u00daS. La ex\u00e9gesis neotestamentaria y la teolog\u00ed\u00ada actual est\u00e1n de acuerdo en se\u00f1alar que el mensaje del reino de Dios constituye la cuesti\u00f3n primordial, personal y prof\u00e9tica de Jes\u00fas de Nazaret. Por ella vivi\u00f3 y muri\u00f3, se desvivi\u00f3 en suma, pero ella le resucit\u00f3 como Kyrios e Hijo de Dios en poder, Juez universal de la historia, cuya manifestaci\u00f3n gloriosa en la parus\u00ed\u00ada cerrar\u00e1 la historia para abrir su cap\u00ed\u00adtulo escatol\u00f3gico interminable de la resurrecci\u00f3n y de la vida eterna. Jes\u00fas anticip\u00f3 todo esto modestamente y misteriosamente mientras vivi\u00f3 en nuestra condici\u00f3n humana. A este nivel nos referimos ahora5.<\/p>\n<p>2. EL MENSAJE ESCATOL\u00ed\u201cGICO DEL REINO DE DIOS. El mensaje escatol\u00f3gico del reino se desprende del anuncio program\u00e1tico de Jes\u00fas: \u00abEl tiempo se ha cumplido (pepl\u00e9r\u00f3tai ho kair\u00f3s) el reino de Dios est\u00e1 cerca kal \u00e9ngiken he basile\u00ed\u00ada to\u00fa Theo\u00fa), convert\u00ed\u00ados y creed en el evangelio\u00bb (Mc 1, 15). En este logion de Jes\u00fas se advierte una tensi\u00f3n dial\u00e9ctica entre la llegada del reino y la plenitud de los tiempos. Tal plenitud y tal llegada del reino pasa por la persona de Jes\u00fas que anuncia, realiza y personifica el reino.<\/p>\n<p>Pero el reino de Dios est\u00e1 despuntando en el anuncio de Jes\u00fas. Y este anuncio y este reino vienen a desplegarse en el momento que Juan el Bautista desaparece martirizado por Herodes el Grande y Jes\u00fas, despu\u00e9s de su bautismo en el Jord\u00e1n de gran transcendencia revelatoria, comienza su ministerio por Galilea (Mc 1, 14 par.). Las relaciones de Jes\u00fas con Juan prueban su estrecha vinculaci\u00f3n, su pertenencia al movimiento prof\u00e9tico y bautismal que anuncia la venida inminente del juicio de Dios, pero tambi\u00e9n marcan sus diferencias. Juan con su predicaci\u00f3n y bautismo resucita la era prof\u00e9tica del final y la expectaci\u00f3n mesi\u00e1nica de Israel. \u00abYa no hay profetas\u00bb en Israel (cf. Sal 74, 9) era un lamento constante despu\u00e9s de los grandes profetas postex\u00ed\u00adlicos. El hace vivir la figura escatol\u00f3gica del profeta El\u00ed\u00adas (Mal 4, 5: cf. Mt 11, 14; 17, 10-12 par.). Todo su mensaje y bautismo es apocal\u00ed\u00adptico con la premura del inminente juicio del Dios vengador: \u00abRaza de v\u00ed\u00adboras, \u00bfqui\u00e9n os ha ense\u00f1ado a huir de la ira inminente?&#8230; Ya est\u00e1 el hacha puesta a la ra\u00ed\u00adz de los \u00e1rboles; y todo \u00e1rbol que no d\u00e9 buen fruto ser\u00e1 cortado y arrojado al fuego&#8230; aquel que viene detr\u00e1s de m\u00ed\u00ad es m\u00e1s fuerte que yo&#8230; En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recoger\u00e1 su trigo en el granero, pero la paja la quemar\u00e1 con fuego que no se apaga\u00bb (Mt 3, 7.10-12 par.). Invita a la conversi\u00f3n o penitencia que comporta observar la justicia prof\u00e9tica y bautizarse con agua para escapar de la ira venidera del juicio de Dios, ante el cual podr\u00e1n alcanzar as\u00ed\u00ad el futuro perd\u00f3n de los pecados.<\/p>\n<p>Jes\u00fas realiza un cambio radical en el mensaje del reino si se compara a Juan. Omite, deja de lado el juicio de Dios como ira venidera, como amenaza escatol\u00f3gica en base a la conversi\u00f3n (cf. Lc 4, 18 s. comparado con Is 61, 1-2) y en cambio anuncia en primer plano el reino de Dios, es decir, la gracia, el amor y el perd\u00f3n escatol\u00f3gicos ya desde ahora a los pecadores y la salvaci\u00f3n a los enfermos del cuerpo y del esp\u00ed\u00adritu y a los peque\u00f1os y perdidos. Por eso comienza su evangelio del reino con las bienaventuranzas. El reino que anuncia Jes\u00fas supone \u00abuna visi\u00f3n nueva de Dios (teolog\u00ed\u00ada) y de los hombres (antropolog\u00ed\u00ada)\u00bb. Esto conlleva a su vez nuevas implicaciones en las relaciones entre Dios y los hombres y entre estos mismos que se fundamentar\u00e1n en el modo de ser y de vivir de Jes\u00fas de Nazaret. Pablo llamar\u00e1 \u00abvivir en Cristo\u00bb o \u00abvivir seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad encontrar\u00e1 la comunidad de los seguidores de Jes\u00fas (Iglesia) la nueva experiencia de la conversi\u00f3n evang\u00e9lica (metanoia) como expresi\u00f3n de la gracia de Dios, ofrecida sin condiciones previas por Jes\u00fas. Por eso \u00abnueva es la manera de en-tender Jes\u00fas el reino como pura gratuidad all\u00ed\u00ad donde otros proclaman la ley y la violencia\u00bb. De esta manera ha culminado la esperanza del II Is 52, 7-10: \u00abBienaventurados los pies de los que evangelizan\u00bb. De ah\u00ed\u00ad que los t\u00e9rminos evangelio y reino de Dios se corresponden en Jes\u00fas y ambos son siempre t\u00e9rminos escatol\u00f3gicos que est\u00e1n actuando en la vida de los hombres.<\/p>\n<p>Con Jes\u00fas \u00abse ha cumplido el tiempo\u00bb, \u00abporque all\u00ed\u00ad donde se expresa Dios y los hombres le reciben han cambiado las fronteras del tiempo y eternidad: ha comenzado la plenitud escatol\u00f3gica\u00bb. La cuesti\u00f3n escatol\u00f3gica de Jes\u00fas ha sido un \u00abgran descubrimiento de la ex\u00e9gesis del siglo pasado y principios de \u00e9ste. Su investigaci\u00f3n y discusi\u00f3n cada vez m\u00e1s atinadas y equilibradas se han prolongado hasta nuestro tiempo. Tal intuici\u00f3n puso en crisis los fundamentos de la teolog\u00ed\u00ada liberal protestante. Pero en la determinaci\u00f3n de qu\u00e9 escatolog\u00ed\u00ada es la propia de Jes\u00fas ha habido bandazos, errores, limitaciones, unilateralidades y expresiones desafortunadas. La discusi\u00f3n de tres generaciones al menos ha equilibrado el fiel de la balanza y ha revelado la importancia teol\u00f3gica y cristol\u00f3gica de la cuesti\u00f3n. Ya no se puede tener la impresi\u00f3n ni la opini\u00f3n de que Jes\u00fas era un apocal\u00ed\u00adptico jud\u00ed\u00ado cualquiera ni incluso como Juan el Bautista que aguardaba la irrupci\u00f3n inmediata del reino de Dios con un fin del mundo en vida o en muerte, bas\u00e1ndose exclusivamente en aquellos logia de Jes\u00fas (cf. Mc 9, 1; 14, 52; Mt 24, 34; Lc 21, 32). En ellos, con exclusividad de otros, pretendieron algunos fundamentar la hip\u00f3tesis teol\u00f3gica de una escatolog\u00ed\u00ada consecuente (J. Weiss, A. Schweitzer, A. Loisy, Werner&#8230;) Para \u00e9stos Jes\u00fas era poco menos que un apocal\u00ed\u00adptico jud\u00ed\u00ado equivocado y nost\u00e1lgico como los que abundaron antes y despu\u00e9s en Israel.<\/p>\n<p>No basta tampoco, aunque sea mucho, presentar a Jes\u00fas como el profeta escatol\u00f3gico de la decisi\u00f3n \u00faltima que invita al hombre a creer y a convertirse ante la manifestaci\u00f3n \u00faltima de la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios. Tal escatolog\u00ed\u00ada existencial, que valora tanto la \u00faltima voluntad de Dios -que es gracia escatol\u00f3gica manifestada por Jes\u00fas- e invita a la \u00faltima decisi\u00f3n del hombre en orden a alcanzar por la fe el paso de la muerte a la vida, parece ser ya todo en la escatolog\u00ed\u00ada del reino. Sin embargo, diciendo mucho no lo dice todo. Descuida otros aspectos teol\u00f3gicos y cristol\u00f3gicos del reino manifestado en Jes\u00fas y por Jes\u00fas. Y reduce casi toda la escatolog\u00ed\u00ada a los aspectos antropol\u00f3gicos de la interioridad existencial del hombre, sin tener en cuenta los aspectos hist\u00f3ricos, som\u00e1tico-corporativos, eclesiales de la escatolog\u00ed\u00ada del reino de Jes\u00fas, que abarca a todos y a todo. Muchos valores de esta escuela de interpretaci\u00f3n escatol\u00f3gica existencial de R. Bultmann y de sus disc\u00ed\u00adpulos son valiosos, pero deben ser integrados y superados en una visi\u00f3n m\u00e1s profunda y comprensiva que haga honor a su compleja simbolog\u00ed\u00ada. Otro tanto se puede decir de la escatolog\u00ed\u00ada realizada de Ch H. Dodd.<\/p>\n<p>Aunque se pueda decir que la escatolog\u00ed\u00ada del reino de Dios en Jes\u00fas supone una tensi\u00f3n escatol\u00f3gica del reino realiz\u00e1ndose, en donde la presencia y anticipaci\u00f3n se combinan con la expectativa de su plenitud transcendente &#8211; victoria sobre la muerte (resurrecci\u00f3n)-, deber\u00ed\u00adamos, sin embargo, mantener la visi\u00f3n y experiencia simb\u00f3lica, parad\u00f3jica y compleja de Jes\u00fas sobre el reino escatol\u00f3gico de Dios. Pueden servir estas palabras de Pikaza como aviso: \u00abNo se puede optar sin exclusiva por un tipo de esquema, confesando que el reino de Dios es solamente futuro (escatolog\u00ed\u00ada consecuente), actual (escatolog\u00ed\u00ada realizada) o una mezcla de ambos. El problema es m\u00e1s profundo. Surge un nuevo tiempo definido por la acci\u00f3n escatol\u00f3gica y el ser mismo de Dios, haciendo posible la emergencia del ser escatol\u00f3gico del hombre\u00bb<br \/>\nLas aportaciones de H. Sch\u00fcrmann y de H. Merklein en este sentido son muy valiosas. Sch\u00fcrmann despu\u00e9s de decirnos que \u00abel reino fue el destino de Jes\u00fas\u00bb, destino asignado por Dios y completamente abierto hasta la muerte, nos dice que su proexistencia (Cf. Mc 10,45 etc.), es decir su vida entregada por el reino y nosotros, se convirti\u00f3 en salvaci\u00f3n vicaria y escatol\u00f3gica por todos. Tal destino de Jes\u00fas y tal salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica del reino est\u00e1n en \u00ed\u00adntima conexi\u00f3n y dimanan de su especial invocaci\u00f3n y vinculaci\u00f3n con Dios como Abb\u00e1 (Padre)\u00bb.<\/p>\n<p>Tanto la revelaci\u00f3n como la experiencia personal e intrasferible de Dios como Abb\u00e1 representan en Jes\u00fas el origen y el fundamento del reino, entendiendo \u00e9ste como acci\u00f3n soberana y transcendente de Dios en la historia de los hombres. En este sentido Sch\u00fcrmann ha sabido captar y expresar la \u00ed\u00adntima y profunda vinculaci\u00f3n entre el reino de Dios y la invocaci\u00f3n-revelaci\u00f3n de Dios como Abb\u00e1, como el n\u00facleo de las implicaciones escatol\u00f3gicas de la persona y de la historia de las palabras-acciones-signos de Jes\u00fas con el reino. Nos dice Waldenfels sintetizando a Sch\u00fcrmann: \u00abEl reino de Dios desde el perfil transcendente-escatol\u00f3gico es completamente acci\u00f3n de Dios. No se puede establecer con medios pol\u00ed\u00adticos, sociales o morales y es teol\u00f3gicamente personalizado por la concepci\u00f3n divina del Abb\u00e1 que tiene Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>Simultaneamente Sch\u00fcrmann ha puesto de relieve la cristolog\u00ed\u00ada latente que se encierra en esta concepci\u00f3n del Abb\u00e1 y del reino: \u00abEn la predicaci\u00f3n (de Jes\u00fas) existen afirmaciones cristol\u00f3gicas impl\u00ed\u00adcitas, pero directas, hechas por Jes\u00fas sobre s\u00ed\u00ad mismo. Este es el modo por el que el reino de Dios es un \u00abinicio\u00bbde la cristolog\u00ed\u00ada\u00bb14. En este n\u00facleo del reino de Dios como Abb\u00e1 podemos encontrar la conciencia personal de Jes\u00fas como \u00abel Hijo\u00bb, que explicita mejor su condici\u00f3n especial de profeta escatol\u00f3gico, \u00abanunciador y representante final del Reino\u00bb (Merklein) y de donde dimana su exous\u00ed\u00ada o autoridad en palabras-acciones de Jes\u00fas (cf. Mt 7, 29; 9, 6; 10, 1, etc.) como lo han puesto de manifiesto Pesch, Ebeling y Waldenfels y otros.<\/p>\n<p>Las bienaventuranzas (Lc 6, 20-23; Mt 5, 3-12) no son una moral de interim como pretend\u00ed\u00ada la escatolog\u00ed\u00ada consecuente en una espera de final de mundo y de venida del reino. Son en nuestra perspectiva un anuncio y presencia en acto del reino, que presupone una acci\u00f3n soberana y gratuita de Dios, que involucra a Jes\u00fas como el bienaventurado repartidor del reino a los pobres-mansos-los-que-lloran-hambrientos-misericordiosos-limpios de coraz\u00f3n-pac\u00ed\u00adficos y perseguidos por la justicia, por el reino o por la causa de Jes\u00fas. Involucra en la misma proclamaci\u00f3n la misma palabra soberana del Padre eterno y transcendente en el bautismo de Jes\u00fas: \u00abEste es mi Hijo muy amado (ho agapet\u00f3s, Mc 1, 11 par.) escuchadle\u00bb. Dios en Jes\u00fas est\u00e1 ofreciendo el reino de su Padre a los hombres y proclamando la bienaventuranza de los peque\u00f1os. Pero en la bienaventuranza del reino no deja de haber su tensi\u00f3n entre el ahora y el futuro absoluto de su consumaci\u00f3n. Aparece mejor formulado en la forma lucana. Entre su proclamaci\u00f3n gozosa y su consumaci\u00f3n est\u00e1 por medio la tribulaci\u00f3n, persecuci\u00f3n, la kenosis (la cruz) del reino ahora y aqu\u00ed\u00ad. Pero despu\u00e9s se manifestar\u00e1 toda la fuerza transformante e irradiante de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La misma oraci\u00f3n del reino, el Padrenuestro, es un magn\u00ed\u00adfico exponente personal de Jes\u00fas. La innovadora invocaci\u00f3n del principio, Abb\u00e1, recorre los pasajes y acontecimientos m\u00e1s decisivos de Jes\u00fas: predicaci\u00f3n, oraci\u00f3n de Jes\u00fas en la agon\u00ed\u00ada del huerto (Mc 14, 36 s. par.). Y tambi\u00e9n de la comunidad apost\u00f3lica y paulina (Rom 8, 15; G\u00e1l 4, 16; Didaj\u00e9 8, 2). Se puede advertir en ella la revelaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas que liga a Dios con \u00e9l para siempre. Y a continuaci\u00f3n se expresan los deseos y las peticiones del reino. Muy fuerte es su dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica. Se destaca sobre todo: \u00abVenga a nosotros tu reino\u00bb. En ella no quita que el reino ya est\u00e9 entre nosotros como otras tantas veces Jes\u00fas mismo lo ha anunciado y hecho manifiesto. As\u00ed\u00ad en la expulsi\u00f3n de los demonios (Lc 11, 20 par.; 17, 21). Pero con todo aguardamos su manifestaci\u00f3n plena. La misma petici\u00f3n del \u00abDanos hoy el pan de cada d\u00ed\u00ada\u00bb no deja de ser entre otras formulaciones de otros c\u00f3dices, que recoge san Jer\u00f3nimo, una petici\u00f3n escatol\u00f3gica del \u00abpan del ma\u00f1ana\u00bb anticipado para hoy. Y la petici\u00f3n de la liberaci\u00f3n del mal o del Malo y el no caer en la tentaci\u00f3n se refieren a la tribulaci\u00f3n escatol\u00f3gica como presupuesto de la confesi\u00f3n escatol\u00f3gica del reino, (cf. Mc 8, 38 par.).<\/p>\n<p>Las par\u00e1bolas del reino son un material muy expresivo y muy propio del lenguaje y situaci\u00f3n hist\u00f3ricoescatol\u00f3gica de Jes\u00fas. Revelan la presencia, estado actual y futuro incalculable del reino. El reino es ahora peque\u00f1o, humilde, escondido, sujeto a persecuci\u00f3n, como Jes\u00fas y el grupo que le rodea, pero se revela con una gran capacidad de crecer, de ser grande comoel \u00e1rbol que cobija a todos los p\u00e1jaros o como la levadura que hace fermentar toda la masa (par\u00e1bola del grano de mostaza, cf. Mc 4, 31 s. par. y el de la levadura, cf. Mt 13, 13).<\/p>\n<p>Las par\u00e1bolas no se pueden interpretar como una escatolog\u00ed\u00ada realizada, pero tampoco como una escatolog\u00ed\u00ada consecuente, que todo remite al futuro. En ellas aparece una fuerte tensi\u00f3n entre el presente y el futuro del reino. Y no es s\u00f3lo una cuesti\u00f3n de tiempo, sino un modo de existencia marcada por la forma cristol\u00f3gica de Jes\u00fas y de su pascua, hacia cuyo acontecimiento est\u00e1 abierto el reino y el mismo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Los \u00absignos del reino\u00bb que comprenden tanto las acciones como los llamados milagros de Jes\u00fas, se pueden definir como \u00ablas par\u00e1bolas en acci\u00f3n\u00bb. Realizan lo que las par\u00e1bolas ense\u00f1an: manifestaci\u00f3n del reino en humildad, pero en poder de Dios. M\u00e1s que por lo puramente milagroso o prodigioso desde el punto de vista de las leyes de la naturaleza, los signos del reino revelan apertura, vinculaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n del mismo reino de Dios, salvando al hombre en la historia. Por otra parte en esas acciones o signos se hace presente de modo irrevocable el destino de Jes\u00fas y el don del reino. Esto es lo que se est\u00e1 jugando en los signos, gestos y acciones de Jes\u00fas: El reino . Su valor y vinculaci\u00f3n escatol\u00f3gica quedan reflejados en la respuesta de Jes\u00fas ante la pregunta mesi\u00e1nica de los disc\u00ed\u00adpulos de Juan: \u00abId y contad lo que o\u00ed\u00ads y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la buena nueva, y bienaventurado el que no se escandaliza de m\u00ed\u00ad\u00bb (Mt11, 4-6; cf. Is 26, 19; 28, 18; 35, 5-6; 61, 1). Se debe destacar en este logion que los hechos anteceden a las palabras y que este makarismo final que comprende la relaci\u00f3n de fe y afecto a Jes\u00fas pertenece al mismo reino que las acciones. Esta es la frontera escatol\u00f3gica que separa a Jes\u00fas y el reino de los otros anuncios de profetas, reyes y sabios del AT (cf. Lc 16, 16). Jes\u00fas lo ha expresado como \u00abm\u00e1s que Jon\u00e1s\u00bb y \u00abm\u00e1s que Salom\u00f3n\u00bb (cf. Mt 12, 41 par.), que s\u00f3lo se resuelve en \u00abel Hijo\u00bb, en la forma escatol\u00f3gica como lo hace Heb 1, 1-3.<\/p>\n<p>Esta cuesti\u00f3n escatol\u00f3gica del reino se relaciona tambi\u00e9n con la actitud de Jes\u00fas ante la tor\u00e1, especialmente en lo que se refiere a la gracia y al perd\u00f3n escatol\u00f3gico de los pecadores. Come con ellos en gesto de m\u00e1xima apertura del reino. Esto constituye el gesto m\u00e1s escandaloso para los celosos escribas y fariseos. Y su pretensi\u00f3n es blasfema porque concede el perd\u00f3n antes del arrepentimiento y de todas las pruebas de conversi\u00f3n, sin las cuales son inadmisibles los pecadores a la gracia de la reconciliaci\u00f3n. Para Jes\u00fas, en cambio, supone el gesto m\u00e1s misericordioso y amoroso de Dios, su Padre. No se trata de que Jes\u00fas haya burlado o desautorizado la tor\u00e1 con sus palabras y gestos como en el caso de \u00abacoge a los pecadores y come con ellos\u00bb o en la proscripci\u00f3n del divorcio admitido en la tor\u00e1 y rechazado por Jes\u00fas (cf. Mc 10, 1-11 par.). Se trata de que Jes\u00fas remite a unos y otros, a justos y pecadores, a la voluntad soberana y escatol\u00f3gica de Dios, de la que \u00e9l es el int\u00e9rprete autorizado y de la que depende toda la tor\u00e1. Y esta voluntad \u00faltima de Dios como Abb\u00e1 la revela Jes\u00fas como momento escatol\u00f3gico e irrevocable de perd\u00f3n sin condiciones previas a todo pecador. Esta es la nueva voluntad salv\u00ed\u00adfica, a la vez escatol\u00f3gica. As\u00ed\u00ad lo han puesto de manifiesto los ex\u00e9getas.<\/p>\n<p>Finalmente todo el acontecimiento pascual da su muerte tal como ha sido descrito apocal\u00ed\u00adptica y escatol\u00f3gicamente por Mt 27, 51-54 y su resurrecci\u00f3n de entre los muertos (ek t\u00f3n nekr\u00f3n, cf. Rom 6, 8; 8, 11; 10, 9; Ef 1, 20; He 3, 15) es el \u00e9schaton teol\u00f3gico, cristol\u00f3gico y soteriol\u00f3gico del reino que reabre en nosotros la escatolog\u00ed\u00ada con urgencia de presente y con futuro de consumaci\u00f3n pendiente.<\/p>\n<p>II. Esp\u00ed\u00adritu Santo y escatolog\u00ed\u00ada en Pablo<br \/>\nUn tema muy fecundo en la teolog\u00ed\u00ada paulina es indagar y precisar qui\u00e9n es y qu\u00e9 funci\u00f3n representa el Esp\u00ed\u00adritu Santo en el acontecimiento escatol\u00f3gico de Jes\u00fas (pascua-parus\u00ed\u00ada) y en el acontecimiento soteriol\u00f3gico derivado de \u00e9l: nuestra salvaci\u00f3n en Cristo.<\/p>\n<p>En el acontecimiento escatol\u00f3gico de Jes\u00fas, Pablo con toda la tradici\u00f3n apost\u00f3lica, expresada en los antiguos credos o s\u00ed\u00admbolos de fe, distingue pero no separa en el \u00fanico misterio de Cristo los dos momentos de la fe y de la esperanza cristiana: el Cristo pascual y el Cristo parus\u00ed\u00adaco. El Cristo pascual, muerto y resucitado, es el centro y el fundamento de la fe-esperanza-amor teologal del evangelio paulino y apost\u00f3lico. Lo podemos constatar en las principales cartas paulinas y es constante en el corpus paulino (cf. 1 Tes 1, 10; 4, 14; 1 Cor 15, 1-8.20; Rom 1, 1-4; G\u00e1l 1, 1; Col 2, 12; Ef 1, 20; 2 Tim 2, 8, etc.). La expectaci\u00f3n inmediata del Cristo parus\u00ed\u00adaco es igualmente fuerte en todo el kerigma paulino. En \u00e9l aparece reproducida la invocaci\u00f3n jubilosa y eucar\u00ed\u00adstica de la Iglesia apost\u00f3lica de Jerusal\u00e9n: Maranatha, \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (1 Cor 16, 22; cf. 1 Cor 11, 26).<\/p>\n<p>Y con la parus\u00ed\u00ada de Jes\u00fas, Pablo hace menci\u00f3n de toda la constelaci\u00f3n desencadenante del \u00e9schaton: juicio escatol\u00f3gico, resurrecci\u00f3n de los muertos y consumaci\u00f3n del cosmos (nueva creaci\u00f3n). El juicio aparece completamente cristologizado en Pablo dentro de la perspectiva teol\u00f3gica. As\u00ed\u00ad Cristo Jes\u00fas es \u00abel juez de vivos y muertos\u00bb (2 Tim 4, 1). Todos \u00abhemos de comparecer ante el tribunal de Cristo\u00bb (2 Cor 5, 10), que es el mismo tribunal de Dios (Rom 14, 10). Por la asociaci\u00f3n al misterio pascual, a su tarea evang\u00e9lica, a su amor inquebrantable a Cristo y a los hombres, por su fidelidad y conducta irreprensible ante la parus\u00ed\u00ada de Jes\u00fas los cristianos, como los ap\u00f3stoles en el evangelio (cf. Mt 19, 28 par.), ser\u00e1n jueces con Cristo de todos los hombres (1 Cor 6, 2). Por eso mismo Pablo, siguiendo la tradici\u00f3n de Jes\u00fas (cf. Mt 7, ls par.), desautoriza aqu\u00ed\u00ad y ahora juzgar al pr\u00f3jimo por tratarse del tiempo de perd\u00f3n-misericordia, tiempo de gracia para todos (cf. Rom 2, 1-3; 14, 10; 1 Cor 4, 4).<\/p>\n<p>Los textos paulinos sobre la resurrecci\u00f3n final son numeros\u00ed\u00adsimos. Nos bastar\u00e1 citar los m\u00e1s famosos: 1 Tes 4, 13.18 y a Cor 15. Son frecuentes las menciones a la consumaci\u00f3n del reino (1 Cor 15, 21 s.) y a la nueva creaci\u00f3n (2 Cor 5, 17; G\u00e1l 6, 15; Ef 2, 15; 4, 24). Lo que evidencia que la escatolog\u00ed\u00ada paulina tiene rostro cristol\u00f3gico y que ambos momentos de Cristo, el pascual y el parus\u00ed\u00adaco, siendo diversos son inseparables como se pone de manifiesto en 1 Tes 1, 10: \u00aby esperar as\u00ed\u00ad a su Hijo Jes\u00fas que ha de venir de los cielos, a quien resucit\u00f3 de los muertos y que nos salva de la c\u00f3lera venidera\u00bb.<\/p>\n<p>Antes de pasar al aspecto pneumatol\u00f3gico de la escatolog\u00ed\u00ada paulina digamos algo de su misma estructura escatol\u00f3gica y apocal\u00ed\u00adptica. La dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la existencia cristiana en virtud de su configuraci\u00f3n cristol\u00f3gica y pascual conllevar\u00e1 una transformaci\u00f3n de los esquemas apocal\u00ed\u00adpticos jud\u00ed\u00ados que se sirve Pablo. As\u00ed\u00ad es introducido el esquema apocal\u00ed\u00adptico de los dos \u00abeones\u00bb, mundos o siglos: el viejo y el nuevo, el presente y el futuro. La pascua de Jes\u00fas ya es el nuevo e\u00f3n, el futuro ya ha llegado. Nosotros nos encontramos entre uno y otro e\u00f3n. Participamos del nuevo, que es el Cristo pascual, pero todav\u00ed\u00ada estamos anclados en el viejo mundo del pecado y de la muerte.<\/p>\n<p>La apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada, de la cual son deudores Pablo y el cristianismo primitivo, en lugar del eterno retorno, de los griegos y de otras culturas orientales, presentaba como final de la historia salv\u00ed\u00adfica la ant\u00ed\u00adtesis de los dos eones o mundos. El \u00abpresente e\u00f3n\u00bb (ai\u00f3n ho\u00fatos) se identifica con el tiempo de este mundo, porque est\u00e1 dominado por Satan\u00e1s, \u00abEl dios de este mundo\u00bb (2 Cor 4, 4; Ef 2, 2; cf. Jn 12, 31) y coincide con el reino de Satan\u00e1s (cf. He 26, 18). Pues bien a este mundo o e\u00f3n ya le ha venido su fin (syntele\u00ed\u00ada). Cristo por su muerte y resurrecci\u00f3n nos libera de la tiran\u00ed\u00ada de este mundo (muerte, pecadoy ley) que son personificados por Satan\u00e1s. En su lugar la fe en Cristo nos traslada al reino de Dios, al reino de su querido Hijo, viviendo todav\u00ed\u00ada en este mundo (cf. Rom 14, 17; Col 1, 13; Ef 5, 5) en vistas a la plena liberaci\u00f3n por la resurrecci\u00f3n de los muertos en la parus\u00ed\u00ada del Se\u00f1or (Rom 5-8). En Pablo la expresi\u00f3n ho ai\u00f3n ho\u00fatos se llega a repetir siete veces (Rom 12, 2; 1 Cor 1, 20; 2, 6 dos veces; 2, 8; 3, 18; 2 Cor 4, 4). La matizaci\u00f3n de \u00abmalo\u00bb (poner\u00f3s, G\u00e1l 1, 4) es la caracter\u00ed\u00adstica que define al e\u00f3n presente.<\/p>\n<p>La diferencia de Pablo con respecto a la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada no est\u00e1 en contraponer s\u00f3lo los dos eones, como ya lo hizo aqu\u00e9lla frente al helenismo, sino en considerar que el e\u00f3n futuro y nuevo de la gracia y del perd\u00f3n de Dios en Cristo ya se ha anticipado y ha irrumpido en nosotros por su Esp\u00ed\u00adritu. Pablo describe desde la experiencia cristiana nueva esta coexistencia ag\u00f3nica de los dos mundos, el viejo y el nuevo, en el cristiano hasta que aqu\u00e9l sea vencido del todo. Esta coexistencia del tiempo intermedio, en la que estamos situados, se resuelve con apuntes escatol\u00f3gicos innovadores que preparan la consumaci\u00f3n, plenitud y redenci\u00f3n final (apolytr\u00f3sis to\u00fa s\u00f3matos, cf. Rom 8, 23). Cristo Jes\u00fas ha descabalgado y modificado con su misterio pascual la escatolog\u00ed\u00ada y la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00adas, fundando en s\u00ed\u00ad una nueva escatolog\u00ed\u00ada de gracia y del Esp\u00ed\u00adritu antes que llegue el final, como intermedio escatol\u00f3gico. De tal innovaci\u00f3n cristiana da cuenta la teolog\u00ed\u00ada paulina.<\/p>\n<p>1. RELACIONES ENTRE LA CRISTOLOG\u00ed\u008dA Y LA PNEUMATOLOG\u00ed\u008dA PAULINAS. Para Pablo la cristolog\u00ed\u00ada se concentra sobre todo en el momento escatol\u00f3gico de la pascua de Jes\u00fas, cuya parus\u00ed\u00ada gloriosa se aguarda con expectaci\u00f3n cercana. En esa dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica se perfilan las relaciones entre cristolog\u00ed\u00ada y pneumatolog\u00ed\u00ada paulinas. Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu constituyen el momento escatol\u00f3gico para el cristiano y la comunidad eclesial seg\u00fan se desprende de la pascua de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Ya en el AT hab\u00ed\u00ada apuntes significativos sobre el momento de la irrupci\u00f3n escatol\u00f3gica del Esp\u00ed\u00adritu sobre el Mes\u00ed\u00adas (cf. Is 11, 1-5; 42, 1-12) y en los \u00faltimos tiempos sobre todo Israel (cf. Joel 3, 1-5; He 2, 16-21) y en la resurrecci\u00f3n hist\u00f3rico-escatol\u00f3gica de Israel (cf. Ez 37, 1-14; 1 Cor 15). Pablo, teniendo en cuenta estos apuntes y otros aspectos escatol\u00f3gico-pneum\u00e1ticos del juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo, ha podido formular con gran novedad una escatolog\u00ed\u00ada cristiana, basada en Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu a partir de la pascua y en vistas a la parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Pablo no recoge expresamente las relaciones de Jes\u00fas y el Esp\u00ed\u00adritu en la muerte como lo hizo en la resurrecci\u00f3n (cf. Rom 8, 11), pero lo hace desde otros contextos. S\u00f3lo Heb 9, 14 se\u00f1ala expl\u00ed\u00adcitamente que en la muerte de Jes\u00fas se entreg\u00f3 al Padre por nosotros en virtud del Esp\u00ed\u00adritu. Para Pablo el don del Esp\u00ed\u00adritu en la muerte de Jes\u00fas subyace en las f\u00f3rmulas de su entrega: \u00abpor nosotros\u00bb (hyp\u00e9r h\u00e9m\u00f3n) (cf. 2 Cor 5, 21; G\u00e1l 1, 4; Tit 2, 14); \u00abmuerto por nuestros pecados\u00bb (1 Cor 15, 3); en la eucarist\u00ed\u00ada: \u00ab\u00e9ste es mi cuerpo entregado por vosotros\u00bb (1 Cor 11, 24), etc. Pablo acu\u00f1a en esta f\u00f3rmula autobiogr\u00e1fica el amor de Jes\u00fas al Padre por nosotros, donde emerge el Esp\u00ed\u00adritu como \u00e1gape y v\u00ed\u00adnculo entre \u00e9l y nosotros: \u00abme am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed\u00ad (G\u00e1l 2, 20). Este amor del Padre y del Hijo es el Esp\u00ed\u00adritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rom 5, 5).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s el Esp\u00ed\u00adritu se revela como fuerza del crucificado. La cruz y el Mes\u00ed\u00adas crucificado se revelan por el Esp\u00ed\u00adritu como fuerza de Dios para los d\u00e9biles. Pablo anuncia a Cristo entre los gentiles y lo hace \u00aben demostraci\u00f3n de Esp\u00ed\u00adritu y poder\u00bb (en apode\u00ed\u00adxei pne\u00famatos kai dyn\u00e1me\u00f3s, 1 Cor 2, 4). Pablo describe el misterio pascual en t\u00e9rminos de debilidad\/poder: \u00abfue crucificado en su debilidad, pero vive por el poder de Dios\u00bb (2 Cor 13, 4) equivalente a la humillaci\u00f3n-exaltaci\u00f3n del himno prepaulino de Flp 2, 6-11.<\/p>\n<p>Pablo, predicador del evangelio de Jes\u00fas, el Mes\u00ed\u00adas crucificado, saca fuerzas de flaqueza que es indicio del poder del Esp\u00ed\u00adritu de Dios: \u00abYo, aunque comparto su debilidad, con la fuerza de Dios participar\u00e9 de su vida frente a vosotros\u00bb (2 Cor 13, 4). El ap\u00f3stol puede decir de s\u00ed\u00ad mismo: \u00abpues cuando parezco d\u00e9bil, entonces es cuando soy fuerte\u00bb (2 Cor 12, 10). Esta es la \u00absabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb que salva a los creyentes y les comunica su Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas constituido Hijo y Kyrios en poder es para Pablo la obra escatol\u00f3gica del Esp\u00ed\u00adritu creador y vivificador de Dios el Padre: \u00abconstituido Hijo de Dios en poder (en dyn\u00e1mei) por la resurrecci\u00f3n de los muertos seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu de santidad (kat\u00e1 pne\u00fama hagiosynes, Rom 1, 4). Viene a resultar \u00abel Esp\u00ed\u00adritu de Aquel (el Padre) que resucit\u00f3 a Jes\u00fas de entre los muertos\u00bb (Rom 8, 11). La pascua de Jes\u00fas seconstituye as\u00ed\u00ad en el acontecimiento escatol\u00f3gico central, revelador y salvador por excelencia. El Esp\u00ed\u00adritu Santo, que se revela como el Esp\u00ed\u00adritu de Dios Padre por el que resucit\u00f3 a su Hijo, se convierte a su vez en el Esp\u00ed\u00adritu del Hijo. Adem\u00e1s \u00e9ste se revela a partir de la resurrecci\u00f3n como Se\u00f1or del Esp\u00ed\u00adritu. Tal es lo que viene a significar la frase misteriosa y atrevida de Pablo: \u00abEl Kyrios es el Pneuma\u00bb (2 Cor 3, 17). No se debe interpretar como una identificaci\u00f3n personal entre Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu. Esto disolver\u00ed\u00ada el misterio trinitario que Pablo lo convierte en objeto de alabanza y de doxolog\u00ed\u00ada al mismo tiempo que es el Dios de su saludo eclesial y de su bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Tampoco se puede subordinar el Esp\u00ed\u00adritu en la teolog\u00ed\u00ada paulina a pura funci\u00f3n del Hijo. El Esp\u00ed\u00adritu Santo es don y persona. Don y promesa del Padre para los creyentes y bautizados en Cristo. Es el amor personalizado y personal entre el Padre y el Hijo. Para Pablo es \u00abla koinon\u00ed\u00ada\u00bb entre los dos y de donde se deriva nuestra comuni\u00f3n con ellos (cf. 2 Cor 13, 13).<\/p>\n<p>2 ESCATOLOG\u00ed\u008dA PNEUMATOL\u00ed\u201cGICA PAULINA. La pascua de Jes\u00fas nos ha revelado que el reino de Dios es trinitario. Nos revela al Padre y al Hijo con el Esp\u00ed\u00adritu. En ese mismo acontecimiento se ha revelado el Esp\u00ed\u00adritu Santo como persona divina siendo el Esp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo. Su irrupci\u00f3n en nosotros por la fe y el bautismo constituye la presencia y el don activo del Esp\u00ed\u00adritu. B. Rigaux ha calificado a esta escatolog\u00ed\u00ada pneum\u00e1tica de Pablo que vive el cristiano \u00abla anticipaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica por el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>La anticipada irrupci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu del Hijo en nosotros por la fe y el bautismo nos ha conferido la filiaci\u00f3n divina y podemos clamar: \u00c2\u00a1Abb\u00e1, Padre!\u00bb (G\u00e1l 4, 6 s.). Esta salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica por el Esp\u00ed\u00adritu nos confiere la verdadera libertad cristiana, liber\u00e1ndonos de la ley, del pecado y de la muerte. La libertad cristiana es, al mismo tiempo, un don escatol\u00f3gico del Resucitado: \u00abPara ser libres nos liber\u00f3 Cristo\u00bb (G\u00e1l 5, 1). Esta libertad nos viene del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas: Ubi Spiritus ibi libertas. Se vive en libertad, viviendo seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu (G\u00e1l 5, 16). A este vivir \u00abseg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb corresponde en Pablo vivir en Cristo. Los dos modos de ser son una misma cosa por la vinculaci\u00f3n estrecha entre Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu. En cambio se opone a ello el vivir \u00abseg\u00fan la carne\u00bb (kat\u00e1 s\u00e1rka) (Rom 8, 5-13; G\u00e1l 4, 23.29; 5, 13-19). Es el \u00abhombre viejo\u00bb sometido a la corrupci\u00f3n del pecado, de la injusticia y de la muerte. Por eso es esclavo de su concupiscencia, mientras el que vive \u00abseg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb es un \u00abhombre libre\u00bb no para realizar sus deseos-pasiones, sino para realizar la justicia y el \u00e1gape. La tarea de la libertad es el amor cristiano (G\u00e1l 5, 6.13 s.). De ah\u00ed\u00ad que la forma de vida m\u00e1s perfecta en el Esp\u00ed\u00adritu seg\u00fan Pablo es la del himno del amor o \u00e1gape (1 Cor 13). Y es que el Esp\u00ed\u00adritu es koinon\u00ed\u00ada.\u2020\u00a2 \u00abla comuni\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (2 Cor 13, 13).<\/p>\n<p>La comunidad cristiana, que se siente constituida por el Esp\u00ed\u00adritu desde su fundaci\u00f3n, refleja adem\u00e1s esta presencia y este poder del Esp\u00ed\u00adritu de Dios \u00aben gran abundancia\u00bb (plerophor\u00ed\u00ada pall\u00f3, 1 Tes 1, 2-5). Es la plenitud anticipada de los tiempos mesi\u00e1nicos y escatol\u00f3gicos. Los fieles experimentan la alegr\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu (1 Tes 1, 6) y su santificaci\u00f3n, porque se les ha dado el Esp\u00ed\u00adritu (4, 8). Pablo les recomienda que acepten los dones del Esp\u00ed\u00adritu, porque a veces parecen desconfiar de ellos: \u00abNo exting\u00e1is el &#8216;Esp\u00ed\u00adritu; no despreci\u00e9is la profec\u00ed\u00ada\u00bb (5, 19). Por otra parte se nos conceden los dones y los gozos escatol\u00f3gicos del Esp\u00ed\u00adritu (G\u00e1l 5, 22 s.). Y el Esp\u00ed\u00adritu es el que ha repartido los carismas en los fieles para la mutua edificaci\u00f3n del \u00abcuerpo de Cristo\u00bb (Iglesia) (1 Cor 13). Pero el m\u00e1ximo don es el amor o \u00e1gape de Dios que nos justifica y nos santifica. Amor que ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Rom 5, 5). Ese mismo Esp\u00ed\u00adritu que inici\u00f3 su salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica en nosotros y nos confiri\u00f3 \u00ablas primicias\u00bb de la resurrecci\u00f3n escatol\u00f3gica (Rom 8, 23) y \u00ablas arras\u00bb (arrab\u00f3n, 2 Cor 1, 22; Ef 1, 14) consumar\u00e1 nuestra resurrecci\u00f3n final venciendo la muerte como en la pascua de Jes\u00fas, haci\u00e9ndonos part\u00ed\u00adcipes de su glorificaci\u00f3n (Rom 8, 11).<\/p>\n<p>Por el Esp\u00ed\u00adritu los bienes del mundo futuro son ya presentes y pose\u00ed\u00addos por anticipaci\u00f3n aunque de forma germinal e imperfecta. Por eso debemos a\u00f1adir que toda anticipaci\u00f3n y crecimiento en medio de la tribulaci\u00f3n aguarda su consumaci\u00f3n gloriosa. El puente entre ambos momentos de una misma escatolog\u00ed\u00ada es para Pablo la presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Dios que es tambi\u00e9n el Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo.<\/p>\n<p>III. Escatolog\u00ed\u00ada de Juan<br \/>\nNos ce\u00f1imos fundamentalmente al evangelio de Juan y no tenemos en cuenta todo el corpus jo\u00e1nico, especialmente el Apocalipsis.<\/p>\n<p>A partir de los estudios de R. Bultmann y de Ch. H. DODD la escatolog\u00ed\u00ada de Juan se ha colocado en el candelero de la innovaci\u00f3n escatol\u00f3gica del NT. Para el primero representaba la \u00abdesmitologizaci\u00f3n\u00bb no s\u00f3lo de los elementos apocal\u00ed\u00adpticos, con sus ribetes cosmol\u00f3gicos y futuristas, que est\u00e1n en el mensaje de Jes\u00fas, sino especialmente en el de la Iglesia apost\u00f3lica primitiva. Juan lo ha reducido a una escatolog\u00ed\u00ada existencial y presentista que vive ahora y aqu\u00ed\u00ad la novedad de la nueva vida mist\u00e9rica con Cristo por la fe-\u00e1gape en oposici\u00f3n dial\u00e9ctica con la existencia del pecado-muerte del mundo. Es la vida eterna y celeste frente a la vida terrestre y de pecado. Juan representa, pues, el grado m\u00e1s agudo de \u00abdesmitologizaci\u00f3n\u00bb de la fe cristiana, que hab\u00ed\u00ada iniciado Pablo con su concepci\u00f3n y experiencia. Es cierto que Bultmann se ha dejado excesivamente influenciar de su programa desmitoligizador, debido a sus bases de teolog\u00ed\u00ada barthiana y de existencialismo heideggeriano, pero ha sabido captar la originalidad del n\u00facleo de la escatolog\u00ed\u00ada joanea. De modo equivalente y por caminos distintos llegaba a calificar ese n\u00facleo de la escatolog\u00ed\u00ada de Juan como escatolog\u00ed\u00ada realizada y adem\u00e1s como la mejor y m\u00e1s original expresi\u00f3n de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana, frente a los autores que sosten\u00ed\u00adan que la corriente de la escatolog\u00ed\u00ada consecuente es la de Jes\u00fas y la m\u00e1s representativa del NT.<\/p>\n<p>Siguiendo en la l\u00ed\u00adnea hermen\u00e9utica de Bultmann y Dodd los actuales int\u00e9rpretes de Juan cuidan mejor los diversos estratos de la tradici\u00f3n y de la redacci\u00f3n joanea. Boismard, por ejemplo, ha insistido en que los estratos sobre la escatolog\u00ed\u00ada de futuro con su escenograf\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica son los m\u00e1s antiguos del evangelio de Juan y no un a\u00f1adido eclesi\u00e1stico posterior para ahormarlo con la tradici\u00f3n judeocristiana como piensa Bultmann. Pero sobre ese trasfondo primitivo el evangelio de Juan presenta su propia visi\u00f3n y experiencia de la escatolog\u00ed\u00ada de Jes\u00fas en la comunidad a partir de la pascua: una escatolog\u00ed\u00ada presentista y realizada en lo fundamental. Tambi\u00e9n en esta l\u00ed\u00adnea se pronuncia R.E. Brown, quien considera que ambas escatolog\u00ed\u00adas, la presente realizada y la apocal\u00ed\u00adptica o futura, se combinan en Juan. Pero esto ya se encontraba en germen en la escatolog\u00ed\u00ada de Jes\u00fas que recogen los sin\u00f3pticos. Lo que hizo Juan fue una remodelaci\u00f3n escatol\u00f3gica y una concentraci\u00f3n cristol\u00f3gica. Esta \u00faltima hizo que aquella tomase un cariz m\u00e1s de escatolog\u00ed\u00ada presentista y realizada sin omitir el trasfondo futurista y apocal\u00ed\u00adptico que domina en el apocalipsis. Pero \u00e9ste est\u00e1 combinado con la liturgia perenne de consumaci\u00f3n. Por ello en el evangelio de Juan bajo una \u00f3ptica de escatolog\u00ed\u00ada presentista preocupa menos el juicio futuro y la resurrecci\u00f3n \u00aben el \u00faltimo d\u00ed\u00ada\u00bb, porque todo esto est\u00e1 en curso y se est\u00e1 dando para el creyente aqu\u00ed\u00ad y ahora con car\u00e1cter anticipativo y definitorio (cf. Jn 3, 18; 12, 31; Jn 12, 23-26).<\/p>\n<p>La vida eterna, equivalente al reino de Dios predicado por Jes\u00fas y descrito por los sin\u00f3pticos, es una realidad escatol\u00f3gica en el evangelio de Juan, de la que gozan ya la comunidad de los creyentes que aman en este mundo a Jes\u00fas como el Hijo y a Dios como su Padre(cf. Jn 3, 5; 6, 54). El factor vitalizante de la vida eterna en el cristiano es el Esp\u00ed\u00adritu (6, 63; 7, 38 s.). Presupone la pascua de Jes\u00fas y su ascensi\u00f3n al Padre 7, 39; 16, 7; 19, 30; 20, 22). De igual manera la promesa de vida eterna ligada a la eucarist\u00ed\u00ada, sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, se realiza despu\u00e9s de la muerte de Jes\u00fas como cuerpo muerto por la vida del mundo 8, 27.51). Pero por la fe en Cristo y por la comida de su carne y la bebida de su sangre aqu\u00ed\u00ad y ahora ya se posee la vida eterna y se participa de la resurrecci\u00f3n (6, 53-56).<\/p>\n<p>La remodelaci\u00f3n escatol\u00f3gica de Juan se vale de la teor\u00ed\u00ada helen\u00ed\u00adstica de los dos mundos contrapuestos y superpuestos: el \u00abceleste\u00bb y \u00abterrestre\u00bb; \u00abarriba\u00bb y \u00ababajo\u00bb. Con ello configura una escatolog\u00ed\u00ada \u00abvertical-horizontal\u00bb. Para salvarse -y esto es funci\u00f3n escatol\u00f3gica- hay que pasar del mundo terrestre al mundo celeste. Antes el Hijo del Hombre, Jes\u00fas, ha descendido del celeste al terrestre (3, 13). Esta es la humanizaci\u00f3n de Dios: la Palabra (Logos) se ha hecho carne (1, 14). Jes\u00fas el Logos encarnado es el pan de vida que desciende del cielo (6, 27). Es la luz divina que viene a este mundo (3, 19). Esta duplicidad de esferas se da tambi\u00e9n entre el Esp\u00ed\u00adritu y la carne, realidades hist\u00f3rico-escatol\u00f3gicas opuestas (3, 6; 6, 63). Pero esta esfera vertical no elimina la hist\u00f3rico-horizontal. As\u00ed\u00ad, la creaci\u00f3n e Israel preceden en la historia salv\u00ed\u00adfica al Logos encarnado (cf. Jn 1, 3; 4, 21-23, etc.).<\/p>\n<p>La t\u00e9cnica concentradora de la escatolog\u00ed\u00ada de Juan es ver todo, la creaci\u00f3n e Israel, en realci\u00f3n a Jes\u00fas, el Logos encarnado, el Hijo, el Monogenes, el Hijo del Hombre. Muchos son los autores que desde Ricca han se\u00f1alado esta concentraci\u00f3n cristol\u00f3gica como caracter\u00ed\u00adstica de la escatolog\u00ed\u00ada joanea, que tiene su punto \u00e1lgido en la expresi\u00f3n cristol\u00f3gica, que recuerda la revelaci\u00f3n del nombre de Yahv\u00e9h en el relato del Ex 3, 13-15&#8217;y que Jes\u00fas se apropia en el huerto del prendimiento: ego eimi (Jn 8, 5-6.8). Es la revelaci\u00f3n personal con la que Jes\u00fas comienza sus grandes discursos: \u00abYo soy el camino, la verdad y la vida\u00bb (14, 6); \u00abYo soy la resurrecci\u00f3n y la vida\u00bb (11, 25), etc&#8230; Esta misma concentraci\u00f3n cristol\u00f3gica conlleva inseparablemente una uni\u00f3n estrecha entre Jes\u00fas el Hijo y la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos a partir de la pascua. Pero esta presencia de comuni\u00f3n no anula el tiempo de la misi\u00f3n cristiana (4, 35-38; 20, 21), el conflicto Iglesia-mundo (16, 8) y la reunificaci\u00f3n de un solo reba\u00f1o bajo un solo pastor (11, 52; 10, 16; 21, 15-17), lo cual es una clara alusi\u00f3n al tiempo pospascual que discurre hasta la parus\u00ed\u00ada31.<\/p>\n<p>Finalmente esta escatolog\u00ed\u00ada cristol\u00f3gica de Juan tiene una propensi\u00f3n y un deslizamiento claro a la pascua, como tiempo de presencia escatol\u00f3gica que cuenta en detrimento de la parus\u00ed\u00ada, pero sin negarla, como advierte en numerosos pasajes R. Schnackenburg.<\/p>\n<p>Esp\u00ed\u00adritu Santo y escatolog\u00ed\u00ada en Juan. Podemos diferenciar en la pneumatolog\u00ed\u00ada joanica los dichos de Juan el Bautista sobre el Esp\u00ed\u00adritu Santo y Jes\u00fas referente a su bautismo. Jes\u00fas es sobre el que desciende el Esp\u00ed\u00adritu Santo en forma de paloma y permanece sobre \u00e9l (1, 32-33). Pero es ese Jes\u00fas al que le asigna Juan el Bautista el poder de bautizar con Esp\u00ed\u00adritu Santo y fuego (3, 11).<\/p>\n<p>Alude pues a la promesa del Esp\u00ed\u00adritu Santo que reciben los disc\u00ed\u00adpulos en pascua por el soplo del Resucitado Un 21, 22) seg\u00fan la referencia expl\u00ed\u00adcita de Jn 7, 39, en la que se se\u00f1ala que la promesa del Esp\u00ed\u00adritu la proclama de forma simb\u00f3lica y prof\u00e9tica el mismo Jes\u00fas en la fiesta de los tabern\u00e1culos y matiza: \u00abEsto lo dec\u00ed\u00ada refiri\u00e9ndose al Esp\u00ed\u00adritu que iban a recibir los que creyeran en \u00e9l. Porque a\u00fan no hab\u00ed\u00ada Esp\u00ed\u00adritu, pues todav\u00ed\u00ada Jes\u00fas no hab\u00ed\u00ada sido glorificado\u00bb. Es evidente que se trata del bautismo cristiano pascual del que habla Jes\u00fas a Nicodemo Un 3, 1-21), cuyo sentido mist\u00e9rico m\u00e1s profundo se encuentra en la frase revelatoria de Jes\u00fas: \u00abEn verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y del Esp\u00ed\u00adritu no puede entrar en el reino de Dios\u00bb (3, 5). Texto casi \u00fanico con Jn 3, 3, en donde se encuentran estas dos realidades escatol\u00f3gicas: la expresi\u00f3n preferente de Jes\u00fas \u00abreino de Dios\u00bb, que en el evangelio de Juan es sustituida por \u00abvida eterna\u00bb, y el Esp\u00ed\u00adritu. Este bautismo y este don escatol\u00f3gico del Esp\u00ed\u00adritu Santo son claramente pascuales, pero en la t\u00e9cnica literaria de Juan, al no mencionar tal sacramento en la vida de los disc\u00ed\u00adpulos despu\u00e9s de la pascua, se anticipa en vida de Jes\u00fas. Jes\u00fas bautizaba, mejor dicho, bautizaban sus disc\u00ed\u00adpulos por \u00e9l (4, 1-2).<\/p>\n<p>Otros textos se refieren a la nueva adoraci\u00f3n de Dios que superar\u00e1, en la fase escatol\u00f3gica que ha inaugurado Jes\u00fas, la disputa entre jud\u00ed\u00ados y samaritanos sobre el lugar y el modo del culto en Jerusal\u00e9n o Garizim. Jes\u00fas sentencia: \u00abDios es Esp\u00ed\u00adritu y los que lo adoran tienen que adorarlo en esp\u00ed\u00adritu y verdad\u00bb (4, 24).<\/p>\n<p>Finalmente nos referimos a la promesa del Parakl\u00e9tos, el Esp\u00ed\u00adritu de la verdad, que Jes\u00fas promete enviar a sus disc\u00ed\u00adpulos cuando suba al Padre por la pascua y vuelva a ellos para no dejarlos hu\u00e9rfanos. Tal promesa se realiza en los discursos de despedida dentro de la \u00faltima cena y se reducen a cinco dichos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En la primera sentencia sobre el Parakl\u00e9tos (14, 16 s.) no se le asigna ninguna actividad. S\u00f3lo se indica que es un don del Padre y que permanecer\u00e1 para siempre con ellos, ocupando el lugar de Jes\u00fas. Ser\u00e1 una asociaci\u00f3n protectora para los disc\u00ed\u00adpulos, porque permanecer\u00e1 \u00abcon ellos\u00bb y \u00aben ellos\u00bb. Eso mismo hace el Padre con Jes\u00fas (cf. 8, 29; 16, 32).<\/p>\n<p>En la segunda sentencia (14, 26) se revelan las funciones que va a desempe\u00f1ar el Parakl\u00e9tos en los disc\u00ed\u00adpulos: ense\u00f1ar y recordar las palabras de Jes\u00fas. Va a ser su memoria viva y su maestro interior. Eso mismo es lo que se dice en 1 Jn 2, 27 con \u00abla unci\u00f3n\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu. La funci\u00f3n de ense\u00f1ar atribuida al Esp\u00ed\u00adritu ya se halla en Lc 12, 12 y en otros lugares afines del NT (cf. 1 Cor 2, 10-13; Ef 1, 17, etc.).<\/p>\n<p>En la tercera sentencia (15, 26 s.) el Parakl\u00e9tos asume con los disc\u00ed\u00adpulos y por medio de ellos una funci\u00f3n forense: abogado defensor que por medio de su testimonio declara en favor de Jes\u00fas y su causa. Este testimonio no es para los disc\u00ed\u00adpulos como en la sentencia anterior (recordar y ense\u00f1ar), sino para los de afuera. \u00abComo las obras han dado testimonio en favor de Jes\u00fas terrestre, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n lo har\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu despu\u00e9s de la partida de Jes\u00fas, y ciertamente en el testimonio de los disc\u00ed\u00adpulos\u00bb. Este testimonio del Esp\u00ed\u00adritu de la verdad, que depone ante el tribunal, cuando est\u00e1 en litigio la causa de Jes\u00fas en sus disc\u00ed\u00adpulos, es conocido por la tradici\u00f3n en el logion sin\u00f3ptico de Mc 13, 9.11. Pero Mt lo aclara mejor: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu de vuestro Padre hablar\u00e1 en vosotros\u00bb (10, 21). Juan coincide con la funci\u00f3n forense del Esp\u00ed\u00adritu Santo de los sin\u00f3pticos, pero sin que aparezca en ellos la designaci\u00f3n de Parakl\u00e9tos que le da Juan<br \/>\nLa cuarta sentencia sobre el Parakletos (16, 8-11) contin\u00faa su actividad forense y la relaciona con el juicio escatol\u00f3gico del mundo incr\u00e9dulo. Supone la victoria de Jes\u00fas sobre \u00abel jefe de este mundo\u00bb (v. 11) y adem\u00e1s, como indica Schnackenburg, el Esp\u00ed\u00adritu Parakl\u00e9tos \u00abpasa de una asistencia ante los tribunales humanos a ser acusador del mundo ante el tribunal de Dios\u00bb35. Aqu\u00ed\u00ad se da una inversi\u00f3n como en el proceso de Jes\u00fas: \u00abel acusado pasa a ser el acusador, el condenado queda justificado, y el negado se convierte en el vencedor\u00bb, como admirablemente lo expresa el autor antes citado. La comunidad cristiana contin\u00faa el pleito de Jes\u00fas y su causa ante el mundo incr\u00e9dulo, pero cuenta ahora con la asistencia irrebatible del Parakl\u00e9tos. Su importancia para llevar a cabo el juicio escatol\u00f3gico del mundo en favor de los disc\u00ed\u00adpulos pone de manifiesto que en Juan el juicio ya se ha realizado en Jes\u00fas (cf. Jn 3, 17-19; 5, 22-25.30). Esta escatolog\u00ed\u00ada joanica del juicio realizado no es algo cerrado y concluso, sino que se actualiza permanentemente por el testimonio del Esp\u00ed\u00adritu en los disc\u00ed\u00adpulos dentro de la Iglesia y fuera de ella, sobre todo en los litigios que tienen con el mundo incr\u00e9dulo en sus tribunales.<\/p>\n<p>En la quinta sentencia sobre el Parakl\u00e9tos (16, 13-14) se ampl\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada la actividad intraeclesial que se\u00f1al\u00f3 en las primeras sentencias. En la manera de ense\u00f1ar y recordar ser\u00e1 \u00abgu\u00ed\u00ada hasta la verdad plena\u00bb. Esta plenitud escatol\u00f3gica, fruto de su magisterio y memoria, s\u00f3lo se puede alcanzar plenamente en la otra vida. Por lo tanto, con Jes\u00fas en la misma vida de la resurrecci\u00f3n. En forma latente, aunque est\u00e9 apuntando a la comuni\u00f3n espiritual con el Cristo pascual en esta vida hasta un grado pleno, no puede descastarse toda la proyecci\u00f3n de la otra vida con la que cuenta la escatolog\u00ed\u00ada de Juan, cuando hace alusi\u00f3n Jes\u00fas a su ida para preparar \u00ablas moradas en la casa de su Padre\u00bb a sus disc\u00ed\u00adpulos, para que \u00abdonde estoy yo est\u00e9is tambi\u00e9n vosotros\u00bb (14, 2 s.)<br \/>\nPero hay adem\u00e1s un apunte de futuro de la escatolog\u00ed\u00ada tradicional que sin desarrollarla no la omite en este logion: \u00aby os anunciar\u00e1 lo que est\u00e1 por venir\u00bb (16, 13). Funci\u00f3n prof\u00e9tico-apocal\u00ed\u00adptica del Parakl\u00e9tos, pero que no se preocupa de desarrollar, porque toda su propensi\u00f3n es desarrollar la comuni\u00f3n de presencia con el Hijo resucitado y con el Padre, y en donde no falta el Esp\u00ed\u00adritu, en una inhabitaci\u00f3n espiritual. Presencia, comuni\u00f3n e inhabitaci\u00f3n trinitaria a partir de la pascua en el creyente y en la comunidad que es un anticipo de la plenitud escatol\u00f3gica del reino de Dios en las moradas celestes.<\/p>\n<p>Esta misma propensi\u00f3n se encuentra en otro di\u00e1logo corto entre Jes\u00fas y Judas no el Iscariote, que la tradici\u00f3n lo identific\u00f3 con Judas Tadeo o Lebeo \u00abhermano de Jes\u00fas\u00bb (Jn 14, 22 s.): \u00abSe\u00f1or, \u00bfc\u00f3mo es eso de que te has de manifestar a nosotros y no al mundo?\u00bb Pregunta de contraste evidente con una alusi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita a la parus\u00ed\u00ada del Se\u00f1or al final de los tiempos. Esta misma objeci\u00f3n se percibe en He 10, 40 ss. contra las apariciones del Resucitado, s\u00f3lo reservadas a los disc\u00ed\u00adpulos. Objeciones que fueron lanzadas tambi\u00e9n por Celso y Porfirio, los mayores opositores del cristianismo en el \u00e1rea pagana. Y en parte parece responder a ese prop\u00f3sito el evangelio ap\u00f3crifo de Pedro (hacia el 150 d. C.), apareci\u00e9ndose Cristo triunfante y resucitado del sepulcro a los soldados y ancianos jud\u00ed\u00ados sus enemigos.<\/p>\n<p>Digamos que Jes\u00fas contesta al disc\u00ed\u00adpulo en esa sentencia como antes de su misma objeci\u00f3n (14, 23 ss.; cf. vv. 18-21) en la misma l\u00ed\u00adnea pascual de su manifestaci\u00f3n a los disc\u00ed\u00adpulos en pascua, dejando de lado la hostilidad e incredulidad del mundo, el cual por s\u00ed\u00ad mismo se desacredita y su juicio es de reprobaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La escatolog\u00ed\u00ada de Juan no niega ni omite la parus\u00ed\u00ada, pero no tiene un especial inter\u00e9s ni expectaci\u00f3n por ella, porque todo ello lo reserva a la anticipaci\u00f3n pascual de Jes\u00fas con sus disc\u00ed\u00adpulos, provocando esta escatolog\u00ed\u00ada trinitaria y de comuni\u00f3n, que anticipa todos los gozos del reino y de la parus\u00ed\u00ada: \u00abEl que tiene mis mandamientos y los guarda, \u00e9se es el que me ama, y al que me ama, mi Padre lo amar\u00e1, y tambi\u00e9n yo le amar\u00e9 y me manifestar\u00e9 a \u00e9l (v. 21). En la contestaci\u00f3n de Jes\u00fas a Judas no el Iscariote matiza: \u00abSi uno me ama, guardar\u00e1 mi palabra, y mi Padre lo amar\u00e1 y vendremos a \u00e9l para fijar morada en \u00e9l\u00bb (v. 23). A esta escatolog\u00ed\u00ada pascual le llama Dodd \u00abuna parus\u00ed\u00ada desvanecida\u00bb ante una pascua que funda supresencia de comuni\u00f3n m\u00ed\u00adstico-trinitaria.<\/p>\n<p>Estos dichos joaneos han contribuido a hacer del Parakl\u00e9tos el sustituto de Jes\u00fas (\u00abel otro Parakl\u00e9tos\u00bb, Jn 14, 16) en su ausencia. Pero por \u00e9l Jes\u00fas resucitado funda su presencia en los disc\u00ed\u00adpulos sin que ambos se confundan como personas ni en sus funciones.<\/p>\n<p>IV. La SS. Trinidad como misterio escatol\u00f3gico, en plano de revelaci\u00f3n y de adoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. EN EL PLANO DE LA REVELACI\u00ed\u201cN la Trinidad -el Padre, Jes\u00fas el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo- puede ser considerada como el acontecimiento escatol\u00f3gico-revelatorio de Dios en la historia a partir de la pascua de Jes\u00fas. La pascua culmina en la Trinidad como historia de la revelaci\u00f3n de Dios. En ella se desvela Dios como \u00abel Padre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo que lo resucit\u00f3 de entre los muertos\u00bb (Rom 4, 24; 10, 9; 2 Cor 4, 14; Ef 1, 20). Esta es la definici\u00f3n personal del Dios de Jes\u00fas que viene a esclarecer la especial y personal relaci\u00f3n de Yahv\u00e9h con Jes\u00fas a partir del Exodo, pero sobrepas\u00e1ndolo (cf. Ex 3, 1-15) en la pascua de Jes\u00fas. Este es ahora el acontecimiento escatol\u00f3gico revelador. Entre Yahv\u00e9h y Jes\u00fas existe la relaci\u00f3n personal y propia del Padre transcendente con su Hijo de forma intransferible desde siempre y para siempre. La pascua revela en poder y gloria esta relaci\u00f3n personal que subsist\u00ed\u00ada entre el Dios Abb\u00e1 y Jes\u00fas en la historia. Por eso Dios su Padre lo ha resucitado de entre los muertos. Se ha sentado a la derecha del Padre y lo ha constituido el Kyrios con todo poder en el cielo y en la tierra. Es conjuntamente glorificado con el Padre y vendr\u00e1 a juzgar a vivos y muertos al final de la historia. Constituido Kyrios tiene poder para enviar el Esp\u00ed\u00adritu Santo desde el seno del Padre para que sea \u00abel otro Parakl\u00e9tos\u00bb Un 14, 16), su memoria viva entre los hombres que los conduzca hasta la verdad plena, les conceda el don de la filiaci\u00f3n en el Hijo y sea primicias y garant\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n final de los creyentes y de los hombres como antes fue de Jes\u00fas el Resucitado. En este despliegue trinitario de la pascua de Jes\u00fas se ha revelado la plenitud del reino de Dios.<\/p>\n<p>Pero todav\u00ed\u00ada este misterio de la Trinidad, que lo podemos contemplar revelado plenamente en la pascua, se nos revela a nosotros bajo la oscuridad clarividente de la fe, \u00abaunque todav\u00ed\u00ada es de noche\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n de san Juan de la Cruz. La Trinidad un d\u00ed\u00ada llegar\u00e1 a ser nuestra visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica. Como nos dice Pablo: \u00abAhora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara\u00bb (1 Cor 13, 12). Y todo esto se producir\u00e1 cuando nosotros hayamos experimentado la profunda transformaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n en Cristo, vencida la muerte. A este acontecimiento escatol\u00f3gico se refiere Juan en aquel texto de nuestra filiaci\u00f3n escatol\u00f3gica: \u00abAhora somos hijos de Dios, pero todav\u00ed\u00ada no se ha manifestado todo lo que seremos\u00bb (1 Jn 3, 2). Escatol\u00f3gicamente lo seremos por participaci\u00f3n vital en el misterio de la Trinidad. Ella ser\u00e1 la meta de nuestra visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica y el t\u00e9rmino de nuestra deificaci\u00f3n (th\u00e9osis), tal como explic\u00f3 la teolog\u00ed\u00ada ortodoxa el dinamismo escatol\u00f3gico de la vida cristiana40. Estos dos aspectos, Trinidad y escatolog\u00ed\u00ada, son inseparables. La Trinidad es la revelaci\u00f3n interpersonal y divina del reino de Dios al mismo tiempo que su plenitud escatol\u00f3gica. As\u00ed\u00ad se ha revelado y realizado en la historia y pascua de Jes\u00fas y ella nos realizar\u00e1 a nosotros escatol\u00f3gicamente, haci\u00e9ndonos part\u00ed\u00adcipes.<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada cristiana de la Trinidad se ha planteado tanto la identidad como la distinci\u00f3n entre Trinidad econ\u00f3mica y Trinidad inmanente. La primera se refiere a su manifestaci\u00f3n en la historia salv\u00ed\u00adfica (ad extra), especialmente en la historia de Jes\u00fas y por \u00e9l en la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos (Iglesia). Y la otra se refiere a c\u00f3mo es la Trinidad en s\u00ed\u00ad misma (ad intra). Los escol\u00e1sticos fueron partidarios de la distinci\u00f3n bas\u00e1ndose en que ad extra la Trinidad obra como un solo Dios, a excepci\u00f3n de lo que se refiere a la encarnaci\u00f3n personal del Hijo y de su misterio pascual. En el resto de las acciones salv\u00ed\u00adficas, la creaci\u00f3n, la redenci\u00f3n y la santificaci\u00f3n, son de las tres personas en cuanto un solo Dios, aunque se admite la teor\u00ed\u00ada de las \u00abapropiaciones\u00bb. Esta consiste en \u00abatribuir\u00bb a una persona divina, mejor que a otra, ciertas acciones ad extra que est\u00e1n m\u00e1s en conformidad con su manera de ser personal. As\u00ed\u00ad al Padre se le atribuye la creaci\u00f3n, al Hijo Redentor la redenci\u00f3n y al Esp\u00ed\u00adritu Santo la santificaci\u00f3n de los creyentes, aunque son los tres como uno los que crean, redimen y santifican.<\/p>\n<p>K. Barth y sobre todo K. Rahner han pretendido superar esta teor\u00ed\u00ada teol\u00f3gica de las \u00abatribuciones\u00bb y han pasado a tomar m\u00e1s en rigor la Trinidad econ\u00f3mica como la misma Trinidad inmanente. As\u00ed\u00ad K. Rahner ha formulado este principio trinitario: \u00abLa Trinidad inmanente es la Trinidad econ\u00f3mica y viceversa\u00bb. Y es que conocemos y se nos revela la Trinidad tal como es en s\u00ed\u00ad misma por la historia de la salvaci\u00f3n. Act\u00faa como es.<\/p>\n<p>2. EN EL PLANO DE LA ADORACI\u00ed\u201cN. La distinci\u00f3n entre la Trinidad inmanente y Trinidad econ\u00f3mica s\u00f3lo puede provenir por la transcendencia personal escatol\u00f3gica de la Trinidad, la cual no se reduce a pura funci\u00f3n de nosotros, sino actuando como tal en nuestra historia se manifiesta m\u00e1s all\u00e1 de nuestra propia historia siendo como es: autosuficiente, transcendente y libre. Expresamos as\u00ed\u00ad la Trinidad en plano de adoraci\u00f3n y de doxolog\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad lo ha reconocido J. Moltmann partidario a la vez de la identidad rahneriana y de la diversidad mencionada. La alabanza, la acci\u00f3n de gracias, la doxolog\u00ed\u00ada y la contemplaci\u00f3n de la Trinidad culminan por una parte la experiencia salv\u00ed\u00adfica de la Trinidad y al mismo tiempo expresan mejor la Trinidad como ella es. \u00abS\u00f3lo la doxolog\u00ed\u00ada -ha dicho Moltmann- eleva la experiencia salv\u00ed\u00adfica a la plena experiencia de salvaci\u00f3n\u00bb. Mucho antes los Padres griegos distinguieron oeconomia y doxologia. S\u00f3lo a \u00e9sta le llamaron propiamente theologia, porque s\u00f3lo por ella se alcanza al Dios Trino de nuestra salvaci\u00f3n tal como es. Esto mismo es lo que da a entender san Juan de la Cruz al hablar de la theologia mystica o contemplatio como la m\u00e1s alta y sabrosa noticia de amor sobre el Dios trino y que subyace en su \u00abC\u00e1ntico Espiritual\u00bb y en la \u00abLlama de amor viva\u00bb y de la que habla m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente enla \u00abSubida al monte Carmelo\u00bb en el libro de la \u00abNoche oscura\u00bb3.<\/p>\n<p>La doxolog\u00ed\u00ada de la liturgia celeste, de la que participa la Iglesia de la tierra, va dirigida a Dios que es el Padre, seg\u00fan la designaci\u00f3n del NT del ho The\u00f3s, como lo ha probado K. Rahner en un trabajo. Pero se centra en el Cristo Resucitado que es el Cordero degollado, que s\u00f3lo \u00e9l puede abrir el libro de los siete sellos, y del que se dice: \u00abEl que es, el Primero y el Ultimo, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la Muerte y del Hades\u00bb (Ap 1, 17 s.). Aunque el trisagion va dirigido a Dios (el Padre) \u00abAquel que era, que es y que va a venir\u00bb (Ap 4, 8), otras doxolog\u00ed\u00adas van dirigidas a Dios y al Cordero: \u00abAl que est\u00e1 sentado en el trono y al Cordero alabanza, honor, gloria y potencia por los siglos de los siglos\u00bb (Ap 15, 13; cf. 15, 3-4). Y toda esta liturgia celeste se realiza ante las siete l\u00e1mparas ardientes del Esp\u00ed\u00adritu de Dios (Ap 4, 5).<\/p>\n<p>En la experiencia salv\u00ed\u00adfica seg\u00fan el proceso descendente de la manifestaci\u00f3n trinitaria de Dios es \u00abel Padre por su Hijo Jes\u00fas en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb el que nos crea y nos salva. Pero en el proceso ascendente de la doxolog\u00ed\u00ada se parte al rev\u00e9s: \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu por el Hijo al Padre\u00bb meta y fin de toda alabanza y adoraci\u00f3n. En este proceso trinitario y salv\u00ed\u00adfico, siendo el Padre el origen y meta escatol\u00f3gica ad intra y ad extra y el Hijo siempre el mediador -tambi\u00e9n en la vida eterna de la resurrecci\u00f3n y de la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica- el Esp\u00ed\u00adritu tiene una funci\u00f3n escatol\u00f3gica dentro de Dios y en nosotros.<\/p>\n<p>En un amplio y profundo estudio sobre el Dios trinitario, dice Pikaza tratando de las relaciones entre Trinidad y persona humana, sobre la revelaci\u00f3n escatol\u00f3gica del Esp\u00ed\u00adritu en la doble direcci\u00f3n dentro y fuera de Dios, en los hombres: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu es \u00abclausura de Dios\u00bb en el nivel intratrinitario: es la persona en la que Dios culmina su proceso interno y viene a presentarse ya en manera total como divino. Pues bien, lo mismo pasa en el nivel de nuestra historia&#8230; La verdad final de Padre e Hijo s\u00f3lo podemos encontrar en el Esp\u00ed\u00adritu. Amor que brota de ambos y que nos vincula en comuni\u00f3n abierta hacia la plenitud escatol\u00f3gica\u00bb<\/p>\n<p>V. Trinidad y juicio: la salvaci\u00f3n y la posible condena de los hombres<br \/>\n1. La experiencia de Israel frente a su Dios, Yahveh, queda definida en esta invocaci\u00f3n: \u00abDios clemente y misericordioso, lento a la c\u00f3lera, rico en piedad y leal\u00bb (Ex 34, 6; Sal 86, 15; 103, 8; 111, 4; 112, 4; 145, 8; 2 Cr\u00f3n 30, 9; Neh 9, 17; Joel 2, 13; Jon 4, 2).<\/p>\n<p>La justicia y la misericordia con sus atributos. Y esto lo experiment\u00f3 en la historia de la promesa y sobre todo del \u00e9xodo. Y qued\u00f3 consignado en la alianza: \u00abYo ser\u00e9 vuestro Dios y vosotros ser\u00e9is mi pueblo\u00bb (Lev 26, 12; Ez 36, 28). Esta gracia de la alianza que conllevaba bendiciones, pero podr\u00ed\u00ada atraer maldiciones pasaba por la mediaci\u00f3n de la tor\u00e1 (ley). A trav\u00e9s de la alianza y la tor\u00e1 juntamente con el culto formaba Yahv\u00e9h la personalidad y la responsabilidad de su pueblo: pueblo de Dios, pueblo de la alianza. Gracia y responsabilidad van unidos en este texto admirable que fundamenta el juicio de Dios a su pueblo: \u00abMira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Si escuchas los mandamientos de Yahv\u00e9, tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, vivir\u00e1s y te multiplicar\u00e1s. Te tengo delante vida y muerte, bendici\u00f3n o maldici\u00f3n. Escoge la vida para que vivas, t\u00fa y tu descendencia, amando a Yahv\u00e9h tu Dios\u00bb (Dt 30, 15-16.19-20).<\/p>\n<p>El libro de los jueces es el libro de los juicios de Dios con su pueblo: juicios de gracia y de desgracia. Cuando romp\u00ed\u00adan la alianza con su Dios y segu\u00ed\u00adan a los baales y astart\u00e9s, Dios castigaba a su pueblo dej\u00e1ndolos caer en manos de los filisteos, cananeos y amorreos. Pero Dios se compadec\u00ed\u00ada de ellos y enviaba jueces a su pueblo para liberarlos de sus enemigos (Gede\u00f3n, Sans\u00f3n, D\u00e9bora). Dios ejerc\u00ed\u00ada sus juicios de gracia y de desgracia en la historia de Israel y as\u00ed\u00ad probaban su justicia y su misericordia.<\/p>\n<p>En esta l\u00ed\u00adnea los profetas contin\u00faan, ampl\u00ed\u00adan e innovan no s\u00f3lo dentro de un horizonte hist\u00f3rico, sino escatol\u00f3gico. Los juicios de gracia y desgracia llegan primero a Israel y despu\u00e9s a las naciones, aunque por distintas razones. Los profetas denuncian la ruptura de la alianza de su pueblo (la idolatr\u00ed\u00ada, los pecados contra los pobres, etc.). Y la denuncia conllevar\u00e1 el terrible castigo del exilio, la destrucci\u00f3n de los reinos de Samar\u00ed\u00ada y de Jud\u00e1, la destrucci\u00f3n del templo de Jerusal\u00e9n, de las ciudades y del pueblo (cf. Am 2, 6-8.13-16; 4, 1-12; Jer 9, 9-21; Ez 9, 1-11). Todo depende de su conversi\u00f3n y arrepentimiento. El castigo no es inexorable.<\/p>\n<p>Cabe una decisi\u00f3n libre y responsable del pueblo ante la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica de dar marcha atr\u00e1s que puede cambiar totalmente el panorama. Es la hora de la decisi\u00f3n y de la responsabilidad del pueblo.<\/p>\n<p>Los profetas anuncian \u00abel d\u00ed\u00ada de Yahveh\u00bb (Am 5, 17; Ez 22, 24; Jer 31, 5-7; Mal 3, 19-23). Viene envuelto en la tormenta y en la oscuridad. Descubre la doble faz del juicio escatol\u00f3gico de Dios. Es terrible y fascinante, encierra salvaci\u00f3n y castigo. Primero para Israel y despu\u00e9s para las naciones. Para Israel supondr\u00e1 en un principio humillaci\u00f3n y destrucci\u00f3n, porque son denunciados sus grav\u00ed\u00adsimos pecados y sometido al juicio de condenaci\u00f3n, que Dios lo ejecutar\u00e1 a trav\u00e9s de las naciones. Ellas son el brazo de castigo de su Dios. Pero Dios se compadecer\u00e1 de su pueblo en el exilio. Perdonar\u00e1 su culpa, lo redimir\u00e1 de su cautividad, lo resucitar\u00e1 de su campo de muerte, lo librar\u00e1 de sus enemigos y preparar\u00e1 con su pueblo su retorno, un nuevo \u00e9xodo m\u00e1s glorioso que el primero de la cautividad de Egipto y har\u00e1 con \u00e9l una nueva alianza. Todo esto anuncian los profetas del exilio (Am 9, 14-15; Jer 31, 31-34; Ez 36, 25-27).<\/p>\n<p>Este Dios que juzga a su pueblo tan duramente en la desgracia, pero lo reviste de misericordia, de gracia y de alegr\u00ed\u00ada exultante con sus juicios de salvaci\u00f3n hist\u00f3rica y escatol\u00f3gica, es un Dios que juzga \u00abno seg\u00fan las apariencias\u00bb como hacen los hombres, sino que escruta los ri\u00f1ones, lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo del hombre. \u00abSe\u00f1or, t\u00fa me sondeas y me conoces: me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos percibes mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares\u00bb (Sal 139). El juicio de Dios forma la persona y la llama a realizar su vocaci\u00f3n en libertad, en gracia y en responsabilidad. Por eso los mismos profetas ante este juicio de Dios son los formadores de la vocaci\u00f3n personal y de la responsabilidad humana. Pretenden sacar a su pueblo de la ley inexorable de la sangre y del destino tr\u00e1gico colectivo, de una ley de clan, apelando a la responsabilidad personal. As\u00ed\u00ad podemos leer la correcci\u00f3n del aforismo popular \u00ablos padres comieron uvas agraces y los hijos padecieron dentera\u00bb, hecha por los profetas. De aqu\u00ed\u00ad en adelante no ser\u00e1 as\u00ed\u00ad, sino que cada uno ser\u00e1 responsable de sus actos y merecer\u00e1 seg\u00fan su conducta (Ez 18, 2-4.19-20; Jer 31, 29 s.). Y es que Dios va a fundar una nueva alianza, purificando a su pueblo con un agua que limpie sus pecados. Le va a colocar en lugar del coraz\u00f3n de piedra un coraz\u00f3n de carne, sensible para Dios y para el pr\u00f3jimo (cf. Ez 36, 25-27; Jer 31, 31-34). El juicio de Dios expresado por los profetas prepara y configura un nuevo hombre.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el juicio de Dios afectar\u00e1 a las naciones. Ante todo Dios es justo y misericordioso con todos los pueblos no s\u00f3lo con Israel, aunque \u00e9ste sea su heredad mimada. Dios es el creador de todos, su juez y su remunerador. Por eso, si acepta que las dem\u00e1s naciones castiguen al pueblo por sus pecados, no tolera que se excedan en su castigo. Por eso el d\u00ed\u00ada de Yahv\u00e9 ser\u00e1 terrible contra los enemigos de Israel. Los destruir\u00e1. Tampoco acepta de las naciones la violabilidad de sus pactos, las guerras demoledoras de otros pueblos, su bot\u00ed\u00adn y su rapi\u00f1a, porque Dios es sostenedordel derecho y de la justicia de todos los pueblos, especialmente de los peque\u00f1os y humillados. Dios a trav\u00e9s de sus juicios hist\u00f3ricos con Israel y con las naciones conducir\u00e1 a todos a la monta\u00f1a santa de Si\u00f3n y all\u00ed\u00ad preparar\u00e1 un banquete escatol\u00f3gico con todas las naciones y los llenar\u00e1 de gozo y de alegr\u00ed\u00ada de su salvaci\u00f3n y destruir\u00e1 el mismo oprobio de la muerte (cf. Is 25, 6-9). As\u00ed\u00ad se perfila el juicio escatol\u00f3gico salvador de Dios a trav\u00e9s de la historia para Israel y todos los pueblos.<\/p>\n<p>Jes\u00fas sigue y da cumplimiento en esta l\u00ed\u00adnea inaugurada por los profetas sobre el juicio escatol\u00f3gico de salvaci\u00f3n. Jes\u00fas innova, porque \u00e9l mismo representa este juicio escatol\u00f3gico de salvaci\u00f3n de Dios: \u00abDios no ha enviado su Hijo al mundo para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por \u00e9l\u00bb (Jn 3, 17). Jes\u00fas parte del mensaje prof\u00e9tico y apocal\u00ed\u00adptico de Juan el Bautista sobre el juicio vengador de Dios, que es inminente (\u00abla ira venidera\u00bb; \u00abel hacha ya est\u00e1 puesta en la ra\u00ed\u00adz del \u00e1rbol\u00bb). Aprueba su movimiento prof\u00e9tico y bautismal de un \u00abbautismo\u00bb para la remisi\u00f3n futura de los pecados en el juicio inminente y la conversi\u00f3n por el arrepentimiento y la justicia prof\u00e9tica cumplida. Pero Jes\u00fas bautiz\u00e1ndose desborda el mensaje y bautismo de Juan y se coloca por delante de \u00e9l en una l\u00ed\u00adnea que es \u00abm\u00e1s que Jon\u00e1s\u00bb y \u00abm\u00e1s que Salom\u00f3n\u00bb (cf. Mt 12, 41 par.). Jes\u00fas viene como el Hijo, \u00abel Amado\u00bb en el bautismo, donde se da esa teofan\u00ed\u00ada trinitaria (cf. Mc 1, 9-11 par.). Por eso anuncia la llegada inminente del reino de Dios (Mc 1, 15; Mt 4, 17.23 y Lc 17, 21). Est\u00e1 ya realiz\u00e1ndose entre los nombres por todas las palabras y acciones de Jes\u00fas que son juicios salvadores del reino de su Padre Abb\u00e1. El mismo est\u00e1 a punto de consumarse en ese mismo juicio de gracia y revelaci\u00f3n del reino en su pascua. El juicio de Dios en Jes\u00fas supone una subversi\u00f3n de la historia. Se proclama en las bienaventuranzas, e\u00f1 las palabras-acciones-signos del Reino. Pero de una manera muy significativa, prof\u00e9tica y escatol\u00f3gica son los gestos de Jes\u00fas de comer con los publicanos, los pecadores p\u00fablicos y las prostitutas y en esos encuentros-comidas el proclamar: \u00abHay m\u00e1s alegr\u00ed\u00ada en el cielo por un solo pecador que se convierte que por noventa y nueve justos\u00bb (Lc 15, 7.10 par.).<\/p>\n<p>Ya hemos hablado en otro lugar de este gesto-revelaci\u00f3n de Jes\u00fas sobre su Padre Abb\u00e1 con respecto a los pecadores. Es innovador y escatol\u00f3gico. En las palabras y signos del reino de Jes\u00fas no se esconde ning\u00fan juicio de Dios de ira y de venganza contra los enemigos (Lc 4, 17-19; cf. Is 61, 1-2). S\u00ed\u00ad, en cambio, hay toques de advertencia prof\u00e9tica y escatol\u00f3gica a la vigilancia, a vencer la tentaci\u00f3n y el mal y a descubrir las situaciones de pecado, incluso del pecado imperdonable por la hostilidad responsable del hombre, capaz de resistir al Esp\u00ed\u00adritu de Dios y al reino que salvan y act\u00faan por medio de Jes\u00fas (cf. Mt 3, 29; Lc 12, 10; cf. Mc 3, 22-30). Jes\u00fas no profiri\u00f3 una palabra de condena eterna contra nadie, ni incluso contra Judas Iscariote, el disc\u00ed\u00adpulo que lo entreg\u00f3. El mismo Jes\u00fas recomienda la correcci\u00f3n fraterna, pero proh\u00ed\u00adbe el juicio de condena: \u00abNo juzgu\u00e9is y no ser\u00e9is juzgados. Con la medida que midiereis ser\u00e9is medidos\u00bb (Mt 7, 1-2). En el serm\u00f3n del monte est\u00e1 la correcci\u00f3n del precepto del tali\u00f3n de la ley. En sus ant\u00ed\u00adtesis del reino es corregida la violencia por la mansedumbre de los pac\u00ed\u00adficos y tolerantes que deben vencer la fuente de los conflictos y condenas entre los hombres por el grado de magnanimidad (Mt 5, 38-42). Corrige sobre todo en la siguiente ant\u00ed\u00adtesis del reino el precepto veterotestamentario: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo y odiar\u00e1s a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen, para que se\u00e1is hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos y pecadores\u00bb (Mt 5, 43-45 par.). Jes\u00fas introduce el perd\u00f3n de las ofensas-deudas en la oraci\u00f3n del reino: el Padrenuestro (Mt 6, 12; Lc 11, 4). Reprueba la conducta del siervo inmisericorde (Mt 18, 32-35), inconsecuente con el juicio de gracia del Se\u00f1or. Y \u00e9l mismo muere perdonando e intercediendo al Padre por sus asesinos: \u00abPadre, perd\u00f3nalos porque no saben lo que hacen\u00bb (Lc 23, 34). La muerte de Jes\u00fas y su pascua han sido perd\u00f3n de nuestros pecados, reconciliaci\u00f3n del Padre con los pecadores en su querido Hijo por su sangre (Rom 5, 11-12.15; 2 Cor 5, 19; Ef 2, 16; Col 1, 20). Se ha convertido en juicio escatol\u00f3gico de salvaci\u00f3n para todo hombre<br \/>\nSi Dios el Padre en el acontecimiento escatol\u00f3gico de la pascua de su Hijo nos ha perdonado y reconciliado, no ha proferido ning\u00fan juicio de condena eterna contra nadie: \u00bfde d\u00f3nde, pues, la posibilidad real de la condenaci\u00f3n, de la perdici\u00f3n eterna o del infierno? En el mensaje escatol\u00f3gico de Jes\u00fas hay la advertencia prof\u00e9tica de este riesgo en los hombres. En el Dios Abb\u00e1 y en Jes\u00fas mismo, el Hijo, no hay ning\u00fan juicio de condena eterna sino de gracia, perd\u00f3n, misericordia y reconciliaci\u00f3n escatol\u00f3gica de una vez para siempre. Esto es don de Dios y no m\u00e9rito del hombre que le invita a acogerlo en la gratuidad de la fe-esperanza-amor, en la libertad y en la responsabilidad y a responder en la misma l\u00ed\u00adnea de este juicio de gracia, de perd\u00f3n, de amor y de reconciliaci\u00f3n con los dem\u00e1s hombres, incluso los enemigos, con los peque\u00f1os hermanos del Hijo del Hombre, rey escatol\u00f3gico seg\u00fan el juicio de la par\u00e1bola de Jes\u00fas (Mt 25, 31-46). De igual manera se refiere a la acogida gratuita, libre y responsable de sus disc\u00ed\u00adpulos, que anuncian este evangelio de gracia (cf. Mt 10, 40-42 par.).<\/p>\n<p>2. Si el Dios trino de Jes\u00fas no condena, todo el peso de la responsabilidad cae sobre la libertad y la responsabilidad del hombre. El mismo puede autoexcluirse de la salvaci\u00f3n de Dios manifestada por su Hijo Jes\u00fas en el Esp\u00ed\u00adritu. As\u00ed\u00ad aparece este autojuicio de condena del mismo hombre en la misma teolog\u00ed\u00ada jo\u00e1nica: \u00abEl que cree en \u00e9l (el Hijo \u00fanico) no es juzgado; pero el que no cree ya est\u00e1 juzgado, porque no ha cre\u00ed\u00addo en el nombre del Hijo \u00fanico de Dios\u00bb (Jn 3, 18).<\/p>\n<p>La posibilidad real de perderse eternamente entra en los riesgos del hombre libre y pecador. Pero de ello hemos sido liberados gracias a Jes\u00fas, el Mes\u00ed\u00adas e Hijo. Podemos volver a recaer en el abismo anterior si no acogemos el juicio de gracia escatol\u00f3gica y superabundante en Cristo y nos obstinamos en rechazarla y en pretender realizarnos en direcci\u00f3n contraria, ejerciendo juicios de destrucci\u00f3n y de muerte contra las dem\u00e1s. Todo ello redundar\u00ed\u00ada en detrimento y condenaci\u00f3n de uno mismo. Esto es ponerse en actitud imperdonable, en pecado contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo, cuya funci\u00f3n escatol\u00f3gica ya hemos expuesto en la teolog\u00ed\u00ada joanica. La hip\u00f3tesis teol\u00f3gica de la apokat\u00e1stasis o restauraci\u00f3n final de todas las cosas y de la misma historia humana a su estado pr\u00ed\u00adstino de la creaci\u00f3n primera, supone la posibilidad real de liberarse los condenados del infierno o perdici\u00f3n eterna. Seg\u00fan esta opini\u00f3n teol\u00f3gica el infierno ser\u00ed\u00ada temporal, provisional o mitigado. Fue Or\u00ed\u00adgenes el primero en plantear esta cuesti\u00f3n a modo de hip\u00f3tesis filos\u00f3fico-teol\u00f3gica. Pero fueron sus seguidores los que la extremaron hasta caer en la herej\u00ed\u00ada y en la condenaci\u00f3n de la Iglesia (cf. DS 411).<\/p>\n<p>Diremos muy brevemente c\u00f3mo es vista esta cuesti\u00f3n de la apokat\u00e1stasis por algunos te\u00f3logos actuales: K. Barth y K. Rahner. Ambos vienen a decir que nadie puede obligar a Dios en calidad de Padre y Soberano de la gracia, que salve a los que han querido libremente y se han obstinado en correr el riesgo final de la condenaci\u00f3n eterna. Pero tampoco sabemos nada hasta d\u00f3nde llega y c\u00f3mo se ejerce la soberana misericordia de nuestro Dios.<\/p>\n<p>La Iglesia siempre ha recordado el mysterium iniquitatis en el que puede precipitarse libre y responsablemente el hombre: la posibilidad real de condenarse. Pero as\u00ed\u00ad como tiene potestad para declarar los bienaventurados que est\u00e1n en el cielo y la ejerce en la canonizaci\u00f3n de santos, sin embargo no sabe ni declara que alguien est\u00e9 en el infierno condenado eternamente. Mantiene un silencio respetuoso ante Dios.<\/p>\n<p>La Iglesia proclama que es m\u00e1s inmenso, eficaz, gozoso y fascinante el misterio salvador universal y escatol\u00f3gico de Dios Padre, cuyo amor se ha manifestado en la encarnaci\u00f3n de su Hijo Jes\u00fas y revelado y realizado en su Santo Esp\u00ed\u00adritu para salvaci\u00f3n de todos. Y por ello entona a la SS. Trinidad un himno de alabanza, de acci\u00f3n de gracias: a Ella el honor y la gloria por los siglos.<\/p>\n<p>[-> Adoraci\u00f3n; Amor; Antropolog\u00ed\u00ada; Apocal\u00ed\u00adptica; Atributos; Bautismo; Comunidad; Comuni\u00f3n; Creaci\u00f3n; Credos trinitarios; Cruz; Doxolog\u00ed\u00ada; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Eucarist\u00ed\u00ada; Experiencia; Hijo; Historia; Iglesia; Inhabitaci\u00f3n; Jesucristo; Liberaci\u00f3n; Liturgia; Misi\u00f3n y misiones; Misterio; Oraci\u00f3n; Ortodoxia; Padre; Pascua; Pobres, Dios de los; Reino de Dios; Revelaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Trinidad; Vaticano II; Vida cristiana; Vida eterna.]<br \/>\nEliseo Tour\u00f3n<\/p>\n<p>13<\/p>\n<p>ESCOL\u00ed\u0081STICA (Latina)<\/p>\n<p>SUMARIO: I. La primera escol\u00e1stica de los siglos XII-XIII: 1. Per\u00ed\u00adodo de iniciaci\u00f3n; 2. Per\u00ed\u00adodo de esplendor: a. El descubrimiento de Arist\u00f3teles, b. Distintas corrientes, c. G\u00e9neros literarios.-II. Nominalismo y l\u00f3gica trinitaria. III. La Trinidad en la escol\u00e1stica de los ss. XVI-XVIII.-IV. La Trinidad en el renacimiento de la Escol\u00e1stica (ss. XIX-XX).<\/p>\n<p>I. La primera escol\u00e1stica de los siglos XII-XIII y la Trinidad<br \/>\nScholasticus empez\u00f3 por significar hombre erudito, instruido, sabio. En el s. XII adquiere un sentido t\u00e9cnico y designa tanto al estudiante como al maestro de la Escuela (episcopal). A partir del XIII se aplica a los maestros de escuelas superiores (Universidades) y, paralelamente, a la doctrina y m\u00e9todo que sol\u00ed\u00adan emplear en sus lecciones y escritos. Superando la collatio monastica, la doctrina sagrada se va estructurando como un sistema de saber. Gracias al uso de la filosof\u00ed\u00ada, se va analizando, investigando, deduciendo conclusiones, en una concatenaci\u00f3n de temas que llega a presentarse como una s\u00ed\u00adntesis cient\u00ed\u00adfica perfecta.<\/p>\n<p>1. PER\u00ed\u008dODO DE INICIACI\u00ed\u201cN. El s. XI se caracteriza por una fuerte oposici\u00f3n entre dial\u00e9cticos y antidial\u00e9cticos. Los primeros sacrificaban los estudios teol\u00f3gicos en aras de la filosof\u00ed\u00ada; los segundos condenaban sin reservas cualquier intromisi\u00f3n de la filosof\u00ed\u00ada en teolog\u00ed\u00ada. S. Pedro Damiano (t1072) es pionero en el intento de reconciliar ambas, expresando su pensamiento en la conocida f\u00f3rmula \u00abphilosophia ancilla theologiae\u00bb.<\/p>\n<p>El florecimiento de la ciencia sagrada comienza con Lanfranco y s. Anselmo, a fines del s. XI, cobra fuerza en el XII y llega a su apogeo en el XIII.<\/p>\n<p>Aparecen en el s. XII las llamadas Sententiae Patrum, sistematizaci\u00f3n de cuestiones, elaborada con escritos de SS. PP., doctores eclesi\u00e1sticos y colecciones can\u00f3nicas. Son los inicios de las famosas \u00absumas\u00bb posteriores. Compaginando tradici\u00f3n y filosof\u00ed\u00ada se van razonando los misterios de la Trinidad, creaci\u00f3n, redenci\u00f3n&#8230; San Anselmo (11109) puede ser considerado como el \u00abpadre de la Escol\u00e1stica\u00bb. Afirma contra los dial\u00e9cticos que es preciso cimentarse en la fe, rehusando someter las Escrituras a la raz\u00f3n (no se comprende para creer, se cree para comprender). A la vez, y a la inversa, toma partido contra los adversarios de la dial\u00e9ctica: para quien est\u00e1 cimentado en la fe es bueno razonar lo que cree.<\/p>\n<p>San Bernardo (+ 1153) luch\u00f3 por vencer las exageraciones racionalistas que se ocultaban en ciertas doctrinas de Abelardo. Ruperto de Deutz (11135), ac\u00e9rrimo enemigo de la filosof\u00ed\u00ada, presenta una concepci\u00f3n econ\u00f3mico-salv\u00ed\u00adfica de la Trinidad que no consigui\u00f3 demasiado favor entre sus contempor\u00e1neos. Hugo de San V\u00ed\u00adctor (+ 1141) limita fuertemente la competencia de la raz\u00f3n en el conocimiento de Dios, exigiendo con Anselmo la fe incondicional por encima de cualquier especulaci\u00f3n. Con respecto a la Trinidad, su explicaci\u00f3n pretende ser una vuelta a s. Agust\u00ed\u00adn. En cambio Ricardo de San V\u00ed\u00adctor (+ 1173) se aleja de la analog\u00ed\u00ada psicol\u00f3gica agustiniana y, centrando toda su atenci\u00f3n en el \u00abamor\u00bb, imprime un sello muy personal en una explicaci\u00f3n delmisterio que hoy ha recobrado actualidad. Pedro Abelardo (+ 1142), ant\u00ed\u00adtesis de Hugo de san V\u00ed\u00adctor por su temperamento inquieto, audaz y orgulloso, es el primer genio filos\u00f3fico del s. XII y el que inaugura la interpretaci\u00f3n cristiana de Arist\u00f3teles. Contribuy\u00f3 notablemente al desarrollo del m\u00e9todo escol\u00e1stico con su tratado Sic et non. Discurriendo con gran acierto acerca de las relaciones filosof\u00ed\u00ada-teolog\u00ed\u00ada, no supo observar en la pr\u00e1ctica sus propios principios al escribir sobre la Trinidad. Pedro Lombardo (+ 1159) es como el centro y c\u00faspide de la producci\u00f3n teol\u00f3gica del s. XII por su famosa obra Quatuor libri sententiarum, texto oficial en las escuelas hasta que en el s. XVI fue sustituida por la Suma de teolog\u00ed\u00ada de sto.Tom\u00e1s. El primero de los cuatro libros est\u00e1 dedicado a Dios. Parte de la Trinidad y finaliza con el estudio de los atributos. Igual que para Agust\u00ed\u00adn, su problema principal estriba en c\u00f3mo explicar la triplicidad divina desde la unicidad de esencia. El papel decisivo vuelve a desempe\u00f1arlo el concepto de relaci\u00f3n, pero su explicaci\u00f3n representa un retroceso con respecto al uso de la analog\u00ed\u00ada psicol\u00f3gica. En el c\u00ed\u00adrculo de su escuela lleg\u00f3 incluso a abandonarse, surgiendo en su lugar un especial inter\u00e9s por la discusi\u00f3n de las propiedades. Por lo dem\u00e1s, aquilata la distinci\u00f3n entre esencia, persona, relaci\u00f3n y propiedad. Su enfoque ontol\u00f3gico queda suavizado por el estudio de las misiones temporales de las personas divinas.<\/p>\n<p>Hasta entonces apenas si se le conoc\u00ed\u00ada por la l\u00f3gica y fragmentaria e indirectammente a trav\u00e9s de la filosof\u00ed\u00ada ar\u00e1bigo-jud\u00ed\u00ada. Sto.Tom\u00e1s encarga y consigue traducciones directas.<\/p>\n<p>b. Se van perfilando tres corrientes en el modo de usar los nuevos materiales: aa. agustiniano-ar\u00e1biga. Fiel al car\u00e1cter peculiar de la teolog\u00ed\u00ada agustiniana, aprovecha los nuevos escritos s\u00f3lo como elemento secundario, aunque es cada vez m\u00e1s patente la influencia de Arist\u00f3teles, Avicena y Avicebr\u00f3n. La adoptaron casi todos los te\u00f3logos franciscanos (Alejandro de Hales, san Buenaventura, Rogerio Bac\u00f3n, Raimundo Lulio, Guillermo de la Mare, Tom\u00e1s de York), la mayor parte de los profesores del clero secular (Prep\u00f3sito de Cremona, Pedro de Capua, Sim\u00f3n de Tournai, Guillermo de Auxerre, Guillermo de Auvernia, Enrique de Gante) y los representantes de la primitiva escuela dominicana (Rolando de Cremona, Juan de san Gil, Hugo de san-Charo, Vicente Beauvais, Pedro de Tarantasia). Alejandro de Hales (11245) adopta en su Summa Theologiae las cuatro partes de las \u00abSentencias\u00bb de Lombardo. La primera trata de Dios. Pero no le sigue fielmente. Pedro comienza por la Trinidad y acaba por los temas de Dios-uno. Alejandro emprende un camino a la inversa, que luego seguir\u00e1 Sto.Tom\u00e1s. Tras una cuesti\u00f3n preliminar acerca del conocimiento de Dios, divide el tratado en una doble consideraci\u00f3n: \u00abde-Deo-uno\u00bb y \u00abde-Deo-trino\u00bb. S. Buenaventura (11274) es fundamentalmente agustiniano en su pensamiento, aunque en el tema trinitario sigue m\u00e1s bien a Ricardo de san V\u00ed\u00adctor, partiendo de la idea de \u00abinnascibilitas\u00bb que convierte en la \u00abprimitas\u00bb del Padre, a quien reconoce como la \u00abfecunditas respecto personarum\u00bb y la \u00abfontalis plenitudo\u00bb; bb. averroista. Acepta sin discernimiento los nuevos materiales de forma que, sin intentar su armonizaci\u00f3n con la fe, inventa la teor\u00ed\u00ada de la doble verdad (Siger de Bramante, Boecio de Dacia, Egidio de Orle\u00e1ns, Juan el Alem\u00e1n, Tadeo de Parma); cc. tomista. Excluyendo del aristotelismo las teor\u00ed\u00adas opuestas al cristianismo, propone la armonizaci\u00f3n de todas las dem\u00e1s. Su m\u00e9rito consiste en haber realizado la uni\u00f3n de san Agust\u00ed\u00adn y de Arist\u00f3teles, y el de poner la filosof\u00ed\u00ada al servicio de la revelaci\u00f3n, distinguiendo claramente entre lo natural y lo sobrenatural, y manteniendo siempre un equilibrio entre la fe y la dial\u00e9ctica [Cf. Tom\u00e1s de Aquino I,1 ] .<\/p>\n<p>c. G\u00e9neros literarios: \u00abcomentarios a la Sagrada Escritura\u00bb (glosas teol\u00f3gicas siguiendo la historia de la salvaci\u00f3n); \u00abcomentarios a los Libros de las Sentencias de Pedro Lombardo\u00bb, consideradas como expresi\u00f3n genuina de la tradici\u00f3n; \u00abquodlibeta\u00bb y \u00abquaestiones disputatae\u00bb, algo que podr\u00ed\u00ada compararse hoy a los \u00abcursos monogr\u00e1ficos\u00bb; y, finalmente, las Sumas: obras en las que sus respectivos autores formulan el propio pensamiento de una forma sistem\u00e1tica y sint\u00e9tica. Compuestas generalmente al final de su carrera docente, vienen a ser como la f\u00f3rmula definitiva y perfecta de su respectiva doctrina.<\/p>\n<p>II. Nominalismo y l\u00f3gica trinitaria<br \/>\nA principios del s. XIV se produce un giro radical. El universalismo y objetivismo que caracterizaban la grandiosidad de las Sumas dan paso a una preocupaci\u00f3n por los problemas concretos y particulares. Lo inmediatamente cognoscible es lo singular y experimentable, sin que sea necesario dar un rodeo a los valores universales. Por lo mismo, el sujeto cognoscente adquiere primac\u00ed\u00ada, y la cr\u00ed\u00adtica ante la autoridad y la tradici\u00f3n doctrinal se radicaliza.<\/p>\n<p>1. Principal representante es Guillermo de Ockam (+ h.1349), aunque pueden ser considerados precursores Enrique de Harclay (+ 1317), Pedro Aureolo (+ 1322) y ya en el s. XI Juan Roscellin. Nacido en Ockam, cerca de Londres (h.1285), estudi\u00f3 en Oxford y ense\u00f1\u00f3 en Par\u00ed\u00ads. Llamado a Avignon por el Papa (h.1324) para someter a examen sus doctrinas, logr\u00f3 huir del juicio. Muri\u00f3 en Munich (h.1349).<\/p>\n<p>Los conceptos universales carecen de contenido real. Son una mera forma de hablar, a la que corresponde tan s\u00f3lo la singularidad de cada cosa concreta. No hay un contenido universal sino s\u00f3lo la colecci\u00f3n de los existentes particulares. El mismo principio de causalidad carece de valor. Es in\u00fatil, por tanto, preguntarse por la fuerza demostrativa de unas pruebas de la existencia de Dios. En \u00e9tica se impone un relativismo moral: la norma suprema no se funda en la esencia, sino en la voluntad divina (voluntarismo). Por lo mismo, la salvaci\u00f3n no depende del m\u00e9rito de las buenas obras, sino de la libre aceptaci\u00f3n de Dios. En las cosas temporales el Papa est\u00e1 sometido a la autoridad del Emperador y \u00e9ste la recibe de los pr\u00ed\u00adncipes electores. La verdad est\u00e1 en las Sagradas Escrituras, pero el Papa y los concilios pueden equivocarse.<\/p>\n<p>2. a. El nominalismo encontr\u00f3 numerosos adeptos, obteniendo la hegemon\u00ed\u00ada en no pocas universidades de Inglaterra, Alemania y Francia. Marc\u00f3 m\u00e1s tarde a Lutero, a trav\u00e9s de las obras de Gabriel Biel (11495). La moderna filosof\u00ed\u00ada del lenguaje es el nominalismo de hoy; b. por otra parte, tanto el Magisterio de la Iglesia, como la escol\u00e1stica tradicional lo rechazaron de continuo; c. pienso, con todo, que en una buena l\u00f3gica trinitaria hay que saber atender sus valores. La Escol\u00e1stica hab\u00ed\u00ada caido en un esencialismo abstracto e inoperante. Al acentuar de tal forma la esencia como principio \u00fanico de la actividad trinitaria ad extra, se desemboc\u00f3 en un mysterium logicum reservado a especialistas, sin incidencia alguna ni en la vida ni en los dem\u00e1s tratados teol\u00f3gicos. El nominalismo acent\u00faa las propiedades intransferibles de cada una de las personas trinitarias. Falla en el concepto de unidad (que entiende como \u00abcolectividad\u00bb, no como esencia singularizada subsistentemente en cada uno de los tres), pero favorece sin duda muchos de los enfoques modernos.<\/p>\n<p>III. La Trinidad en la escol\u00e1stica de los siglos XVI-XVIII<br \/>\n1. Siglo XVI. Tambi\u00e9n en teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica puede hablarse de un \u00absiglo de oro\u00bb. De nuevo son las Ordenes religiosas las principales promotoras de su florecimiento. Contribuy\u00f3 sin duda la reciente fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>a. Escuela tomista [Cf. Tom\u00e1s de Aquino IV.1]. Su principal centro de irradiaci\u00f3n fue el convento de San Esteban de Salamanca. Se da una perfecta armonizaci\u00f3n entre la especulaci\u00f3n y el uso de las fuentes b\u00ed\u00adblicas y patr\u00ed\u00adsticas. Destaca Francisco de Vitoria (11546), quien introdujo como texto escolar la Suma de Sto. Tom\u00e1s y dej\u00f3 interesantes comentarios a la misma. Genuinos expositores del pensamiento trinitario del Ang\u00e9lico, por sus comentarios a la primera parte de la Suma, han de ser considerados entre otros: el espa\u00f1ol B\u00e1\u00f1ez, el portugu\u00e9s Juan de santo Tom\u00e1s (11644) y el italiano Cayetano; b. Escuela franciscana: el espa\u00f1ol Pedro Trigoso (11593) se propuso escribir una monumental Summa Theologiae ad mentem S. Bonaventurae de la que tan s\u00f3lo redact\u00f3 el tratado sobre Dios, mientras que Jos\u00e9 Zamora (11649) dej\u00f3 unas importantes Disputationes theologicae de Deo uno et trino, in quibus omnes controversiae inter D. Bonaventuram, D. Thomam et Scotum componuntur, c. Escuela jesuita: Francisco Su\u00e1rez es el m\u00e1s c\u00e9lebre de sus te\u00f3logos. Junto a \u00e9l hay que mencionar, todos espa\u00f1oles, a Francisco de Toledo (11596), Gregorio de Valencia (11603), Gabriel V\u00e1zquez (11604) y Diego Ruiz de Montoya (11632). En nuestro tema trinitario sobresale \u00e9ste \u00faltimo con su s\u00f3lida y monumental obra De Trinitate. Nota distintiva de la escuela fue el eclecticismo, lo que provoc\u00f3 en ocasiones enconadas disputas con los tomistas, especialmente los temas de la predestinaci\u00f3n y la gracia [Cf. Tom\u00e1s de Aquino, IV,1,c].<\/p>\n<p>2. Desde mediados del s. XVII a finales del XVIII discurre un per\u00ed\u00adodo de decadencia, marcado por la falta de originalidad, las repeticiones y compilaciones del pasado. Abundan los \u00abManuales escolares\u00bb con una teolog\u00ed\u00ada abstracta y al margen de la realidad, encerrada en las \u00abescuelas\u00bb, alejada de los lugares donde se amasa la historia. Se agranda el foso fe-cultura. Muchas obras se caracterizan por su estilo pol\u00e9mico-apolog\u00e9tico. Con todo, no faltan valores como los de exactitud y claridad en algunos autores.<\/p>\n<p>Se acepta como normal la divisi\u00f3n en dos tratados: \u00abde Deo Uno\u00bb y \u00abde Deo Trino\u00bb. El primero apenas se diferencia de una Teodicea si no es en el a\u00f1adido artificial de algunas citas b\u00ed\u00adblicas para apoyar las razones filos\u00f3ficas. El segundo es una visi\u00f3n puramente ontol\u00f3gica de la Trinidad, sin que apenas se vea su despliegue salv\u00ed\u00adfico. Las \u00abpersonas\u00bb no cuentan de cara al hombre. Quien act\u00faa es siempre la \u00abesencia una\u00bb. La teolog\u00ed\u00ada, el ministerio, la pastoral, la vida cristiana se desarrollan como si el misterio no se hubiera revelado. Este queda reservado para las especulaciones l\u00f3gicas de los especialistas en las escuelas. S\u00f3lo en la \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb, pero siempre como algo separado y extraordinario, se llega a hablar de una inhabitaci\u00f3n trinitaria.<\/p>\n<p>Autores m\u00e1s positivamente destacados: a. Escuela tomista (Santo Tom\u00e1s): Billuart y Gotti; Escuela franciscana (Duns Escoto): Frassen (+1711), Boyvin (+1681) y Montefortino (+h. 1728); c. Escuela jesuita (Su\u00e1rez): Francisco Noel o Natalis (+1729) y los espa\u00f1oles Juan de Ulloa (+1725), Alvarez Cienfuegos (+1739) y Carlos Sardagna (+1775); d. Escuela anselmiana: el espa\u00f1ol S\u00e1enz de Aguirre (+1699) creador de la escuela. Junto a \u00e9l, tambi\u00e9n espa\u00f1ol, J. Bta. Lardito busc\u00f3 armonizar a S. Anselmo con Sto. Tom\u00e1s en una obra publicada en tres vol\u00famenes. Un \u00abmanual\u00bb de teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica seg\u00fan la mente de S. Anselmo lo compuso en Italia Nicol\u00e1s Ma Tedeschi (+1741); e. Escuela agustiniana. Se recupera la escuela agustiniana gracias al italiano Federico Nicol\u00e1s Gavardi (+1715). Le acompa\u00f1an en Espa\u00f1a Antonio de Aguilar (+1712) y Pedro Mons\u00f3 (+736); f. la teolog\u00ed\u00ada de la Congregaci\u00f3n del Oratorio, del Seminario S. Sulpicio y de la Sorbona levantaron fuertes esperanzas que pronto se vieron defraudadas por la tendencia jansenista de sus escritos; g. se\u00f1alo aparte al jesuita Petavio (+1652) y al oratoriano Thomassin (+1695), porque al margen de toda escuela, intentan un estudio de la dogm\u00e1tica seg\u00fan un m\u00e9todo hist\u00f3ricopatr\u00ed\u00adstico, con lo que reaparece el inter\u00e9s por una teor\u00ed\u00ada trinitaria econ\u00f3micosalv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>IV. La Trinidad en la escol\u00e1stica de los siglos XIX-XX<br \/>\n1. El s. XIX representa un renacer de la Escol\u00e1stica, tanto en el campo filos\u00f3fico como en el teol\u00f3gico. La renovaci\u00f3n se inici\u00f3 en Italia con Buzzetti, Sordi S.J., Liberatore, Sanseverino, Zifiliari O.P. y en Espa\u00f1a con Balmes, Zeferino Gonz\u00e1lez y D\u00ed\u00adaz Mu\u00f1oz O.P. Contribuyeron a la misma Vorges en Francia, Kleutgen y Kuhn en Alemania. Destaca entre todos Scheeben (11888), cuya obra cumbre, Los misterios del cristianismo\u00bb deslumbra por su profundo conocimiento de los SS. PP, de un modo especial de los griegos, y por su audacia especulativa gracias a lacual, armonizando fe y raz\u00f3n, es capaz de penetrar y hacer penetrar hasta la hondura del misterio. Talento especulativo tambi\u00e9n y conocedor de la patr\u00ed\u00adstica griega, aunque de orientaci\u00f3n muy diversa es Armando Schell (+1906), quien en sus discusiones con el pante\u00ed\u00adsmo llega a formular la idea de Dios como causa de s\u00ed\u00ad mismo. Christiano Pesch S.J. (+1925) public\u00f3 un Compendium Theologiae dogmaticae en cuatro vol\u00famenes.<\/p>\n<p>Impulso decisivo lo proporcionaron las recomendaciones de los Papas [Cf. Tom\u00e1s, nota 47] y la creaci\u00f3n de Universidades Pontificias como Gregoriana (S.J.), Angelicum (O.P.), Anselmianum (O.S.B.), Antonianum (O.F.M.) y otros Centros de similar orientaci\u00f3n fuera de Roma. Aportaci\u00f3n de valor indiscutible fueron las investigaciones de car\u00e1cter hist\u00f3rico sobre el pensamiento teol\u00f3gico de la Edad Media y su modo de teologizar.<\/p>\n<p>Brota una nueva actitud, tendente no a repetir las tesis de siempre, cuanto a afrontar los problemas contempor\u00e1neos. Con todo, en el campo trinitario se sigue la t\u00f3nica de los siglos anteriores. Divisi\u00f3n del tema de Dios en dos tratados (de-Deo-uno y de-Deotrino) y encerramiento del tema trinitario en un compartimento estanco. Se presenta al principio de los cursos teol\u00f3gicos, pero todos los dem\u00e1s tratados se exponen sin conexi\u00f3n alguna con el misterio. Parece como si el Dios de la teolog\u00ed\u00ada fuera s\u00f3lo el Dios-Uno. En la escuela preocupa fundamentalmente la visi\u00f3n ontol\u00f3gica de la Trinidad, en una l\u00ed\u00adnea esencialista-occidental. Contin\u00faan los \u00abmmnuales\u00bb, con sus respuestas prefabricadas. Salvo excepciones, la teolog\u00ed\u00ada se asienta triunfalmente en su torre de marfil mientras la historia camina por otros derroteros.<\/p>\n<p>2. La primera mitad del siglo XX contin\u00faa la misma pauta, pero cada vez m\u00e1s preocupada por los avances exeg\u00e9ticos (J.Lagrange), el descubrimiento de los Santos Padres (Henri de Lubac, Dani\u00e9lou), los estudios lit\u00fargicos e hist\u00f3ricos (Denifle, Chenu) y el af\u00e1n de responder desde la palabra de Dios a los eternos y nuevos interrogantes de la humanidad (Charlier). Arintero O.P. vive preocupado por llevar el misterio trinitario a la vida y demuestra que la m\u00ed\u00adstica no es estado reservado para unos pocos sino el despliegue normal del bautismo, siendo el creyente templo de la presencia de la tri-personalidad divinas. R. Garrigou-Lagrange explica, por una parte, el misterio con categor\u00ed\u00adas ontol\u00f3gicas y, por otra, hace ver la proyecci\u00f3n de las personas trinitarias de cara a la salvaci\u00f3n-santificaci\u00f3n del hombre&#8217;. Rahner, Von Balthasar, Haring, Schillebeeckx, M\u00e1eller, Courtney-Murray, De Lubac, Chenu, Congar y otros persisten en una l\u00ed\u00adnea de investigaci\u00f3n y de apertura [Cf. Tom\u00e1s de Aquino IV.1]. En Espa\u00f1a contin\u00faan los manuales de corte cl\u00e1sico (Dalmau). Schmaus es el primero en presentar un Manual de Teolog\u00ed\u00ada -si as\u00ed\u00ad puede llamarse a sus ocho abultados tomos- con una nueva ordenaci\u00f3n de la materia, abandonando la divisi\u00f3n cl\u00e1sica entre el tratado \u00abde-Deo-uno\u00bb y el \u00abde-Deo-trino\u00bb, donde el Dios de la revelaci\u00f3n aparece desde el primer momento como quien, libre y misteriosamente, toma la iniciativa, se autocomunica y busca establecer alianza con el hombre; pero fue evidentemente Karl Rahner el gran renovador en teolog\u00ed\u00ada trinitaria. El concilio Vaticano II provoc\u00f3 una nueva etapa en el quehacer teol\u00f3gico y puede afirmarse que con \u00e9l desaparece el \u00abm\u00e9todo escol\u00e1stico\u00bb, al menos lo que en la pr\u00e1ctica se ven\u00ed\u00ada entendiendo como tal [Cf. Tom\u00e1s de Aquino IV.2.b]. El concilio encuentra en el patrimonio perenne de la filosof\u00ed\u00ada y la teolog\u00ed\u00ada tradicional la base para una formaci\u00f3n s\u00f3lida y coherente (OT 15-16); pero pide, al mismo tiempo, un lenguaje mejor adaptado a los tiempos (GS 62), un mayor conocimiento de las fuentes b\u00ed\u00adblicas y patr\u00ed\u00adsticas (OT 14.16), un m\u00e1s sincero di\u00e1logo con otras culturas (GS 44.58) y otros centros donde se elabora el saber humano (GS 62; GE 10). A partir de entonces, aparecen nuevas colecciones y diccionarios en un laudable esfuerzo de abrirse a estas perspectivas (Mysterium salutis, Le Myst\u00e9re chr\u00e9tien, Historia salutis, Conceptos fundamentales de Teolog\u00ed\u00ada, Sacramentum mundi, etc) y autores como J\u00fcngel, Moltmann, M\u00fchlen, Boff, Forte, Kasper y en Espa\u00f1a Rovira Belloso, Nereo Silanes, Xabier Pikaza, etc. destacan en la presentaci\u00f3n de la Trinidad como el misterio clave de la vida cristiana. El Secretariado Trinitario de Salamanca, con sus Semanas y sus publicaciones ha contribuido y contribuye grandemente a ello. Quiz\u00e1s se est\u00e9 en el inicio de una nueva era de esplendor para la Escol\u00e1stica, m\u00e1s cercana a los objetivos de sus grandes Maestros (Tom\u00e1s, Buenaventura, etc.).<\/p>\n<p>[ -> Agust\u00ed\u00adn, san; Anselmo, san; Bautismo; Concilios; Escoto Duns; Fe; Filosofia; Inhabitaci\u00f3n; Misiones trinitarias; M\u00ed\u00adstica; Padres, Personas, Propiedades; Rahner, K; Relaciones, Revelaci\u00f3n; Ricardo de san V\u00ed\u00adctor; Su\u00e1rez, F.; Teodicea; Teolog\u00ed\u00ada; Tom\u00e1s de Aquino, sto.; Trinidad; Vaticano II; Vida cristiana; Von Balthasar.]<br \/>\nSebasti\u00e1n Fuster<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>La escatolog\u00ed\u00ada es la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica que, bas\u00e1ndose en el misterio pascual de Cristo, ve en \u00e9l el prototipo de la condici\u00f3n final de la humanidad como coronaci\u00f3n del plan divino de creaci\u00f3n y de salvaci\u00f3n del hombre. La resurrecci\u00f3n de Cristo, su entrada en la gloria y su entronizaci\u00f3n a la derecha del Padre son las condiciones cristol\u00f3gicas de comuni\u00f3n perfecta del hombre con Dios, que realizan todas las promesas de Dios y que est\u00e1n en disposici\u00f3n de responder con eficacia a todas las preguntas fundamentales y dram\u00e1ticas del hombre sobre el origen y la finalidad de todo, incluida la historia humana. As\u00ed\u00ad pues, la escatolog\u00ed\u00ada est\u00e1 ya realizada en Cristo; no es algo que tenga que acontecer todav\u00ed\u00ada; es hist\u00f3ricamente el cumplimiento del misterio de Cristo en los hombres. Los creyentes empiezan a experimentar en la vida eclesial de fe vivida y celebrada en los sacramentos estas realidades, en la ansiosa espera de vivirlas en plenitud. Ya presente en la Biblia, como dimensi\u00f3n esencial, la escatolog\u00ed\u00ada sufre durante la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica una serie de elaboraciones, dirigidas a la integraci\u00f3n en la teolog\u00ed\u00ada cristiana de elementos aparentemente antit\u00e9ticos, como la inmortalidad del alma y la resurrecci\u00f3n de los muertos, la antropolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica y la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, etc. Este esfuerzo de elaboraci\u00f3n llev\u00f3, alrededor del siglo VIII, a la codificaci\u00f3n de una visi\u00f3n de la escatolog\u00ed\u00ada en dos fases: la escatolog\u00ed\u00ada intermedia y la final. Esta forma de la escatolog\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00ada asumida por las s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gicas medievales, que ofrecen una riqu\u00ed\u00adsima escatolog\u00ed\u00ada, aunque inclinada ya a aquella atomizaci\u00f3n de los temas que llevar\u00e1 al nacimiento del tratado sobre los Novisimos, que permaneci\u00f3 substancialmente sin cambios hasta los a\u00f1os 50 de nuestro siglo. Paralela al desarrollo teol\u00f3gico va la contribuci\u00f3n del Magisterio eclesial. Una referencia a la escatolog\u00ed\u00ada est\u00e1 ya presente desde los s\u00ed\u00admbolos de fe m\u00e1s antiguos, como caracter\u00ed\u00adstica de la doctrina cristiana (DS 10; 150), y vuelve a proponerse constantemente a lo largo de los siglos, siempre que se trate, en los s\u00ed\u00adnodos o en las asambleas conciliares, de rechazar herej\u00ed\u00adas de diverso tipo o de formular s\u00ed\u00adntesis dogm\u00e1ticas, con la esperanza de anular las divisiones eclesiales que tuvieron lugar a lo largo de los a\u00f1os por motivos escatol\u00f3gicos (DS 41 1; 800s; 838s; 1000; 1034ss; 1820; etc.). El Vaticano II subray\u00f3 fuertemente la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica esencial del cristianismo, confirmando la validez de la escatolog\u00ed\u00ada bipolar cat\u00f3lica y dedicando un cap\u00ed\u00adtulo entero (el VII) de la Constituci\u00f3n Lumen gentium a la \u00ed\u00adndole escatol\u00f3gica de la Iglesia (cf. LG 5). Lo mismo hay que decir de otras referencias conciliares a la escatolog\u00ed\u00ada y del \u00faltimo documento sobre cuestiones escatol\u00f3gicas de 1979. En nuestro siglo se ha llevado a cabo una renovaci\u00f3n de la escatolog\u00ed\u00ada, que ha entrado con nuevos br\u00ed\u00ados en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica sustituyendo -incluso con cierta dureza- al De Novissimis, ese inocente tratadillo final de la teolog\u00ed\u00ada (Von Balthasar), que resultaba ya ser una insuficiente exposici\u00f3n detallista de los temas de la escatolog\u00ed\u00ada, tratados de manera demasiado material y desconectados del misterio de Cristo y de la dimensi\u00f3n eclesiol\u00f3gica, prescindiendo de su distancia de la perspectiva de di\u00e1logo con la cultura laica. La renovaci\u00f3n se produjo centrando la escatolog\u00ed\u00ada en la cristolog\u00ed\u00ada, verdadera base de la dimensi\u00f3n teol\u00f3gica de todos los tratados teol\u00f3gicos; esto fue la consecuencia de la vuelta de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica a sus fuentes originales: la Escritura, alma de la teolog\u00ed\u00ada; la teolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstica, primera elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica intensa; la liturgia, lugar vivo de la fe esencialmente escatol\u00f3gica de la Iglesia. En estas fuentes se descubri\u00f3 una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica esencial : la tensi\u00f3n hacia el cumplimiento eclesial de lo que y &#8211; a se ha realizado en Cristo.<\/p>\n<p>La escatolog\u00ed\u00ada, por consiguiente, tiene como inter\u00e9s primordial, no ya la determinaci\u00f3n de los lugares del m\u00e1s all\u00e1, ni la ilustraci\u00f3n objetivista o una especie de reportaje (Rahner) sobre las \u00faltimas realidades del hombre, capaz de satisfacer a la curiosidad humana con la consecuencia de una grave p\u00e9rdida del sentido del misterio, sino la dial\u00e9ctica de continuidad y disconlinuidad entre la historia y la metahisloria, entre los acontecimientos terrenos y su definitividad. La escatolog\u00ed\u00ada, llevando a cabo una descodificaci\u00f3n de fondo, asumi\u00f3 las dimensiones de un tratado teol\u00f3gico aut\u00f3nomo, pero ligado estrictamente por un lado a la cristolog\u00ed\u00ada, vista como la verdadera antropolog\u00ed\u00ada cristiana, y por otro lado a la eclesiolog\u00ed\u00ada. Hay temas nuevos que han entrado de derecho en la escatolog\u00ed\u00ada: una escatolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica fundamental, basada en el Antiguo Testamento, donde se contienen muchos datos en estado preparatorio : la esperanza mesi\u00e1nica, la creencia problem\u00e1tica en el sheol (morada de los muertos), la resurrecci\u00f3n, el paso de la \u00fanica escatolog\u00ed\u00ada colectiva a una mayor atenci\u00f3n a la suerte del individuo, la retribuci\u00f3n divina; pero sobre todo una renovada escatolog\u00ed\u00ada del Nuevo Testamento, donde no s\u00f3lo encuentran en Cristo su cumplimiento las esperanzas del Antiguo Testamento, sino que la predicaci\u00f3n y las obras personales del mes\u00ed\u00adas anuncian y realizan en el presente la verdadera escatolog\u00ed\u00ada: el Reino de Dios est\u00e1 ya en medio de los hombres.<\/p>\n<p>Este dato culminar\u00e1 en la reflexi\u00f3n de Pablo sobre el v\u00ed\u00adnculo tan estrecho que existe entre Cristo resucitado y la resurrecci\u00f3n de los creyentes y Sobre las modalidades mismas de sus cuerpos resucitados, mientras que en Juan la escatolog\u00ed\u00ada se configura en dos l\u00ed\u00adneas de fondo: una escatolog\u00ed\u00ada va realizada en el presente, por lo que la posesi\u00f3n de la vida eterna o la perdici\u00f3n son datos de la historia; y una escatolog\u00ed\u00ada final, que ve en la metahistoria la ratificaci\u00f3n de la situaci\u00f3n terrena. Otros temas nuevos de la escatolog\u00ed\u00ada son la dimensi\u00f3n de futuro, la cosmol\u00f3gica, el di\u00e1logo ecum\u00e9nico sobre los temas de la escatolog\u00ed\u00ada. Tambi\u00e9n es nuevo el modo con que se tratan los temas tradicionales de la escatolog\u00ed\u00ada: la muerte; la suerte definitiva del sujeto humano despu\u00e9s de la muerte; la supervivencia del n\u00facleo espiritual del hombre, dato antropol\u00f3gico irrenunciable, pero provisional, con vistas a la resurrecci\u00f3n; el juicio de Dios; el estado de purificaci\u00f3n ultraterrena, \u00faltimo acto liberador de Dios para con el hombre, pero tambi\u00e9n realidad eclesial de notable importancia (tema muy debatido durante siglos con las confesiones cristianas no cat\u00f3licas); la problem\u00e1tica relativa al infierno o condenaci\u00f3n del hombre, tan dif\u00ed\u00adcil de presentar al hombre contempor\u00e1neo; la resurrecci\u00f3n; la parus\u00ed\u00ada de Cristo; la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica de Dios, etc.<\/p>\n<p>T. Stancati<\/p>\n<p>Bibl.: J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a, La. otra dimensi\u00f3n. Escatolog\u00ed\u00ada cristiana, Sal Terrae, Santander 1986: c. Pozo, Teolog\u00ed\u00ada del m\u00e1s all\u00e1, BAC, Madrid 1980; J Ratzinger, Escatolog\u00ed\u00ada, Herder, Barcelona 1980; A. Tornos. Escatolog\u00ed\u00ada, 2 vols., Madrid 1989-1991.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n &#8211; II. Espiritualidad cristiana y tendencia escatol\u00f3gica: 1. Religi\u00f3n y fen\u00f3meno m\u00ed\u00adstico; 2. l,a m\u00ed\u00adstica en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica &#8211; III. Monaquismo y escatolog\u00ed\u00ada: 1. El origen del monaquismo: 2. Espiritualidad mon\u00e1stica y escatolog\u00ed\u00ada: a) Separaci\u00f3n del mundo, b) La peregrinaci\u00f3n, c) La contemplaci\u00f3n, d) La espera escatol\u00f3gica en la tradici\u00f3n de los votos &#8211; IV. Las realidades \u00faltimas seg\u00fan la tradici\u00f3n m\u00ed\u00adstica &#8211; V. Dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica y compromiso en el mundo: 1. Contemplaci\u00f3n y vida activa: 2. \u00bfAbandono o aceptaci\u00f3n del mundo?: 3. Anticipaci\u00f3n del s\u00e1bado escatol\u00f3gico &#8211; VI. La escatolog\u00ed\u00ada en la espiritualidad del laico: 1. Las cosas pen\u00faltimas; 2. Frente a las cosas \u00faltimas &#8211; VII. El carisma escatol\u00f3gico en la cultura actual: 1. Testimonio del futuro; 2. Testimonio de un futuro gozoso.<\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n<br \/>\nNo pretendemos aqu\u00ed\u00ad hacer una exposici\u00f3n sistem\u00e1tica de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana, ni tan siquiera delinear brevemente su contenido y sus tendencias actuales en el campo de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica&#8217;. Siguiendo el enfoque general de este diccionario, queremos principalmente captar la relaci\u00f3n existente entre los movimientos espirituales, vistos hist\u00f3ricamente, y la escatolog\u00ed\u00ada. Esta relaci\u00f3n se configura de acuerdo con dos direcciones fundamentales; ante todo, se trata de esbozar la relaci\u00f3n entre el carisma religioso-asc\u00e9tico y la tendencia escatol\u00f3gica y, luego, de ver c\u00f3mo entienden los movimientos religiosos la escatolog\u00ed\u00ada; es decir, si tienen un modo espec\u00ed\u00adfico propio de entender las realidades \u00faltimas. Queda as\u00ed\u00ad presentado a grandes rasgos el contenido de cuanto vamos a desarrollar; en cambio, el m\u00e9todo pretende ser m\u00e1s bien deductivo; o sea, se parte de la experiencia hist\u00f3rica de los diversos movimientos religiosos y se intenta dejar que hable su alma interior.<\/p>\n<p>El supuesto te\u00f3rico de este m\u00e9todo es la convicci\u00f3n de que la m\u00ed\u00adstica posee un modo espec\u00ed\u00adfico propio de hacer teolog\u00ed\u00ada; junto a otras particularidades, tiene un \u00abcarisma teol\u00f3gico\u00bb exclusivo; es un lugar teol\u00f3gico, en el sentido t\u00e9cnico del t\u00e9rmino. M\u00e1s a\u00fan: en la medida en que la m\u00ed\u00adstica representa la experiencia hist\u00f3rica de la fe, la exposici\u00f3n teol\u00f3gica que intenta hacer es una exposici\u00f3n directamente vinculada a la praxis y, por tanto, t\u00ed\u00adpicamente moderna, profundamente actual&#8217;.<\/p>\n<p>En efecto, mientras que la teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica se ha desarrollado hist\u00f3ricamente como reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica sobre la fe preferentemente en dependencia del pensamiento filos\u00f3fico dominante en un determinado momento, la teolog\u00ed\u00ada mon\u00e1stico-m\u00ed\u00adstica ha estado siempre anclada en la experiencia interior del m\u00ed\u00adstico y en la experiencia comunitaria del movimiento religioso. Los escritos de los m\u00ed\u00adsticos no han sido primordialmente un tratado te\u00f3rico de verdades de fe, sino ante todo una descripci\u00f3n de lo que el m\u00ed\u00adstico hab\u00ed\u00ada vivido dentro de s\u00ed\u00ad: un intento de expresar experiencias interiores profundas e indecibles. Quedan as\u00ed\u00ad, pues, aclarados tanto el contenido de la exposici\u00f3n que queremos hacer como el m\u00e9todo o la l\u00ed\u00adnea expositiva.<\/p>\n<p>Anticipando ahora muy sint\u00e9ticamente la tesis de este trabajo, conviene que cedamos en seguida la palabra a una de las mayores autoridades en el campo de la m\u00ed\u00adstica y de la teolog\u00ed\u00ada que en ella se inspira: a san Bernardo de Claraval. Este gran padre de la Iglesia escribi\u00f3 la mayor parte de sus sermones sobre el misterio de la ascensi\u00f3n de Cristo. vida contemplativa En la contemplaci\u00f3n de este misterio encontr\u00f3 \u00e9l la raz\u00f3n profunda de toda la existencia del monje. Ahora bien, en la ascensi\u00f3n lo que se tematiza es justamente la tendencia escatol\u00f3gica; es la Jerusal\u00e9n celeste contemplada como fin al que tiende la vida religiosa. Y el razonamiento de Bernardo sobre la vida del monje se desarrolla arm\u00f3nicamente como sigue: el monje deja el mundo, como todo cristiano se desprende de \u00e9l; pero adem\u00e1s lo abandona por una vocaci\u00f3n particular. Va a la soledad, con frecuencia a una monta\u00f1a, para realizar mejor el programa que la Iglesia, en la fiesta de la ascensi\u00f3n, presenta a todo fiel: \u00abHabitar en las regiones celestes, in caelestibus habitemus\u00bb. Cuando el Se\u00f1or desapareci\u00f3 en la nube de su gloria, los ap\u00f3stoles permanecieron con los ojos dirigidos al cielo. Dos \u00e1ngeles fueron a avisarles de que no volver\u00ed\u00adan a verlo hasta su retorno. Muy pronto les llegar\u00e1 la hora de diseminarse por toda la tierra para sembrar el evangelio y edificar la Iglesia. Pero los monjes tienen este privilegio: seguir mirando al cielo. Ellos saben que no ver\u00e1n al Se\u00f1or; vivir\u00e1n en la fe; no obstante, permanecer\u00e1n all\u00ed\u00ad, en el monte de la ascensi\u00f3n. Su cruz ser\u00e1 amar sin ver y, no obstante, seguir mirando, fijar la mirada exclusivamente en Dios, invisible y presente. Su testimonio ante el mundo ser\u00e1 mostrar con su misma existencia la direcci\u00f3n en que es preciso mirar. Su misi\u00f3n ser\u00e1 apresurar, con la oraci\u00f3n y el deseo, el cumplimiento del reino de Dios.<\/p>\n<p>He anticipado estos pensamientos de san Bernardo porque en ellos se describe muy claramente lo espec\u00ed\u00adfico de la vocaci\u00f3n mon\u00e1stica en relaci\u00f3n a la escatolog\u00ed\u00ada. Seg\u00fan la autoridad indiscutida de este maestro, el monje est\u00e1 ah\u00ed\u00ad para recordarle a la Iglesia la direcci\u00f3n escatol\u00f3gica; el monje repite a todos que el hombre no est\u00e1 hecho para la tierra. Bernardo reconoce que otros cristianos, en particular los ap\u00f3stoles, deben ir por el mundo a predicar; reconoce que la Iglesia debe dedicarse al mundo, pero reserva al monje el cometido escatol\u00f3gico; el carisma del monje es la tendencia escatol\u00f3gica. Tal es, sint\u00e9ticamente, la tesis que deseo sostener, prob\u00e1ndola primero hist\u00f3ricamente y viendo, por fin, qu\u00e9 sentido puede tener en la cultura actual.<\/p>\n<p>Espiritualidad cristiana y tendencia escatol\u00f3gica<br \/>\nEs necesario comprobar la tesis de Bernardo en la globalidad hist\u00f3rica dela espiritualidad cristiana; ver si realmente los movimientos religiosos cristianos han surgido y se han movido en esta direcci\u00f3n. Y antes todav\u00ed\u00ada es necesario captar la originalidad de la espiritualidad cristiana respecto de otras espiritualidades. Naturalmente, esta comprobaci\u00f3n s\u00f3lo puede hacerse aqu\u00ed\u00ad de modo sumamente breve. M\u00e1s que nada se trata de un esquema, que se limita a indicar la direcci\u00f3n intuitiva de la s\u00ed\u00adntesis.<\/p>\n<p>1. RELIGI\u00ed\u201cN Y FEN\u00ed\u201cMENO M\u00ed\u008dSTICO &#8211; La m\u00ed\u00adstica es un fen\u00f3meno religioso universal. Todas las religiones proponen al hombre una o varias potencias superiores a las que amar o temer; sin embargo, en la mayor\u00ed\u00ada de los casos la simple veneraci\u00f3n de estas potencias no satisface a todas las personas; por eso algunas aspiran a una uni\u00f3n m\u00e1s profunda en un contacto m\u00e1s \u00ed\u00adntimo. Generalmente, se admite que este deseo de uni\u00f3n con la divinidad corresponde a una vocaci\u00f3n especial, a una llamada de lo alto, y que su desarrollo supone una ardua preparaci\u00f3n centrada en la renuncia a las alegr\u00ed\u00adas del mundo y en austeridades corporales muy severas.<\/p>\n<p>En las religiones \u00abprimitivas\u00bb, el chamanismo es un ejemplo cl\u00e1sico de la m\u00ed\u00adstica arcaica; el vidente, formado en la escuela de un anciano, gracias a algunas t\u00e9cnicas particulares entra en comunicaci\u00f3n con la divinidad y obtiene poderes particulares, como la predicci\u00f3n del futuro y la bilocaci\u00f3n. El contenido profundo de esta experiencia consiste, seg\u00fan Eliade, en un retorno al caos primitivo para determinar una nueva creaci\u00f3n que revigorice la fuerza vital.<\/p>\n<p>En el hinduismo, el m\u00ed\u00adstico se propone captar la presencia de Dios en todas las cosas del mundo y dentro de s\u00ed\u00ad mismo; el camino para llegar a esta meta se describe en las Upanishads y en la Bhagavad-Gft\u00e1. El n\u00facleo de la experiencia m\u00ed\u00adstica est\u00e1 en la conciencia de una profunda identidad de lo absoluto con todo lo real; el mundo exterior y todas sus manifestaciones materiales son considerados como un velo ambiguo que encubre y esconde la presencia de Brahma. De esto se sigue una m\u00ed\u00adstica de la identidad que elimina el sentido del mundo y de la historia, puesto que tambi\u00e9n la historia es una m\u00e1scara enga\u00f1osa.<\/p>\n<p>En el mismo horizonte cultural se mueve tambi\u00e9n la m\u00ed\u00adstica budista; el finque se propone es alcanzar el nirvana, que es un estado de perfecta serenidad, en el cual el hombre se desprende tanto del placer como del dolor. Son precisos muchos a\u00f1os de pr\u00e1ctica asc\u00e9tica para llegar al nirvana; se debe recorrer el sendero de la comprensi\u00f3n justa, del pensamiento justo, de la palabra justa, de la acci\u00f3n justa, de los medios de existencia justos, del esfuerzo justo, de la atenci\u00f3n y la concentraci\u00f3n justas [>Budismo; >Yoga\/Zen].<\/p>\n<p>Obs\u00e9rvese que la meta fundamental de estas v\u00ed\u00adas m\u00ed\u00adsticas orientales es la disoluci\u00f3n del individuo en el Unico a trav\u00e9s de la p\u00e9rdida de la propia identidad individual. Al estar aqu\u00ed\u00ad la historia completamente ausente, falta toda tendencia escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Una forma particular de ascetismo se desarroll\u00f3 tambi\u00e9n en las corrientes neoplat\u00f3nicas; aqu\u00ed\u00ad el esfuerzo m\u00ed\u00adstico consiste en liberarse de la materia, fuente de todo mal, para permitirle al alma la visi\u00f3n permanente de su unidad con la divinidad. La unidad perfecta tiene lugar despu\u00e9s de la muerte, la cual libera al alma del cuerpo. En este caso, el asceta vive una tendencia; pero esta tendencia no est\u00e1 en la direcci\u00f3n de la historia, sino en la contraposici\u00f3n de materia y esp\u00ed\u00adritu; es una contraposici\u00f3n espacial.<\/p>\n<p>2. LA M\u00ed\u008dSTICA EN LA TRADICI\u00ed\u201cN B\u00ed\u008dBLICA- Los grandes hombres del AT son ascetas en un sentido muy particular de la palabra; viven en una actitud de escucha y de aceptaci\u00f3n de Dios, de un Dios que obra en la historia del hombre. No se coloca en primer plano la uni\u00f3n m\u00ed\u00adstica, sino el >seguimiento, que exige disponibilidad para un caminar que encuentra su contenido material en un camino local y su significado m\u00e1s profundo en un avanzar hist\u00f3rico en direcci\u00f3n al futuro. Abrah\u00e1n es el hombre cercano a Dios, el padre de los creyentes; su vocaci\u00f3n exige un desplazamiento geogr\u00e1fico, cuya alma es la esperanza de un pueblo futuro. Su religi\u00f3n es un continuo vagar errante, que hace de la b\u00fasqueda de Dios una b\u00fasqueda configurada como espera de un futuro hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Mois\u00e9s es la gran figura religiosa del Pentateuco; con \u00e9l hablaba Yahv\u00e9 cara a cara como habla uno con su amigo (Dt 34,10). Pero Mois\u00e9s es el caudillo del \u00e9xodo; el que sigue a Dios presente en la nube y gu\u00ed\u00ada al pueblo hacia la tierra prometida. Su llamada es la intuici\u00f3n de que la uni\u00f3n con la divinidad no puede consumarse por el acercamiento est\u00e1tico de la experiencia m\u00ed\u00adstica dentro del dualismo espacial profano-sagrado (la experiencia de la zarza ardiendo), sino que debe buscarse en la direcci\u00f3n de la esperanza, que asume la direcci\u00f3n hist\u00f3rica. La m\u00ed\u00adstica del \u00e9xodo se define claramente en la exposici\u00f3n de su negaci\u00f3n con el becerro de oro; vuelve aqu\u00ed\u00ad la tentaci\u00f3n de localizar a Dios sac\u00e1ndolo de la historia para colocarlo en el espacio determinado del culto.<\/p>\n<p>En una fase sucesiva, los grandes m\u00ed\u00adsticos son los profetas; sus obras describen a menudo grandes experiencias m\u00ed\u00adsticas, visiones y raptos. En torno a los profetas m\u00e1s grandes surgen verdaderas y aut\u00e9nticas escuelas, que son escuelas de verdadera religiosidad y de b\u00fasqueda de Dios. Pues bien, precisamente aqu\u00ed\u00ad asistimos al hecho extraordinario de que el esfuerzo asc\u00e9tico-m\u00ed\u00adstico se constituye como dimensi\u00f3n escatol\u00f3gico-mesi\u00e1nica capaz de impugnar constantemente el aburguesamiento del pueblo hebreo y, sobre todo, de mantener viva la direcci\u00f3n de la espera.<\/p>\n<p>En la direcci\u00f3n prof\u00e9tica se coloca decididamente la obra de Jes\u00fas con su mensaje escatol\u00f3gico; toda su ense\u00f1anza no hace otra cosa que radicalizar la tradici\u00f3n prof\u00e9tica.<\/p>\n<p>Sin embargo, en el Dios hecho hombre del NT comienza tambi\u00e9n la segunda alma de la m\u00ed\u00adstica cristiana (la primera es justamente la que hemos identificado en la tendencia escatol\u00f3gica), que consiste en una visi\u00f3n positiva de las realidades terrenas, definitivamente asumidas por Cristo. En esta direcci\u00f3n surge para el m\u00ed\u00adstico cristiano la necesidad de amor al pr\u00f3jimo, la necesidad de la comunidad, la necesidad del compromiso en el mundo. Volver\u00e9 luego sobre este asunto. Aqu\u00ed\u00ad es suficiente haberlo rozado.<\/p>\n<p>Los dos grandes m\u00ed\u00adsticos del NT son Pablo y Juan. Pablo hizo del tema de la uni\u00f3n con Cristo el tema fundamental de sus cartas y la aspiraci\u00f3n m\u00e1s profunda de toda su vida. Esta uni\u00f3n se consuma en la comunidad cristiana, sobre todo en la eucarist\u00ed\u00ada. Pero es sumamente importante percatarse de la tendencia escatol\u00f3gica que anima el pensamiento de Pablo: tender a la uni\u00f3n con Cristo significa para el individuo y para la comunidad entera esperar su vuelta. S\u00f3lo entonces se consumar\u00e1 la uni\u00f3n de todos y de todo con Cristo. La tendencia a la uni\u00f3n, de una parte, asume la realidad hist\u00f3rica concreta y, de otra, al no poder agotarse en la historia, se convierte en tendencia escatol\u00f3gica,<br \/>\nJuan es considerado por todos como el gran m\u00ed\u00adstico del NT, y este hecho nos da el criterio hermen\u00e9utico para la comprensi\u00f3n de sus obras. Dos me parecen las l\u00ed\u00adneas fundamentales de su planteamiento m\u00ed\u00adstico: en el evangelio se anticipa la escatolog\u00ed\u00ada; la vida eterna est\u00e1 ya al alcance del creyente, y ello funda la posibilidad de una existencia profundamente imbuida por la agape, donde lo divino se da junto con la relaci\u00f3n convival-eucar\u00ed\u00adstica; en el apocalipsis, la tendencia m\u00ed\u00adstica mira m\u00e1s all\u00e1 del tiempo presente y se convierte en espera impaciente de la consumaci\u00f3n final, en suspiro constantemente elevado, que balbucea: \u00abVen\u00bb (Ap 22,17.20). Estos dos aspectos no se contraponen, sino que constituyen m\u00e1s bien las dos caras de una misma realidad: con Jes\u00fas y con el don del Esp\u00ed\u00adritu, la comuni\u00f3n con Dios se ha hecho presente en la vida hist\u00f3rica del hombre, el cual es transfigurado por esta presencia; pero esta comuni\u00f3n espera su manifestaci\u00f3n global c\u00f3smica; espera su consumaci\u00f3n, que tendr\u00e1 lugar al fin de los tiempos. \u00abQuerid\u00ed\u00adsimos, desde ahora somos hijos de Dios, y a\u00fan no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a \u00e9l, porque le veremos tal como es\u00bb (1 Jn 3,2).<\/p>\n<p>Me parece, pues, que lo espec\u00ed\u00adfico de la m\u00ed\u00adstica b\u00ed\u00adblico-cristiana frente a la de las otras religiones consiste precisamente en estas dos caracter\u00ed\u00adsticas: por una parte, seg\u00fan el enfoque prof\u00e9tico del AT, que prosigue y se profundiza tambi\u00e9n en el NT, la tendencia a la comuni\u00f3n con Dios se identifica con la tendencia escatol\u00f3gica; por otra parte, seg\u00fan la lecci\u00f3n fundamental del NT, que se centra en la encarnaci\u00f3n del Verbo, la tendencia m\u00ed\u00adstica no se desentiende de las realidades terrenas, sino que las asume como signos de una presencia de lo divino. La fuga hacia el futuro, por decirlo as\u00ed\u00ad, no es frenada por el segundo aspecto, sino que se convierte en una fuga de todo el mundo y de toda la historia, que son integrados en la tendencia m\u00ed\u00adstico-escatol\u00f3gica. Aqu\u00ed\u00ad el m\u00ed\u00adstico no va hacia el futuro solo, sino con toda la realidad, que es la carne del Verbo.<\/p>\n<p>Mientras que la tendencia escatol\u00f3gica subraya la trascendencia de Dios, su ser otro respecto al mundo y a la historia del hombre, la asunci\u00f3n de la realidad subraya la inmanencia de Dios, su presencia en lo profundo de todas las cosas.<\/p>\n<p>III. Monaquismo y escatolog\u00ed\u00ada<br \/>\nA partir del s. III. el fen\u00f3meno m\u00ed\u00adstico cristiano adquiri\u00f3 un desarrollo considerable, dando lugar a formas organizadas, que luego acompa\u00f1an constantemente a la vida de la Iglesia y constituyen los movimientos religiosos cristianos. No me es posible realizar aqu\u00ed\u00ad ni siquiera un somero an\u00e1lisis de estos movimientos; s\u00f3lo quiero verificar la relaci\u00f3n entre el carisma m\u00ed\u00adstico de estos grupos y la escatolog\u00ed\u00ada, tomando como punto de referencia la tesis expuesta por la autoridad de san Bernardo.<\/p>\n<p>1. El. ORIGEN DEL MONAQUISMO &#8211; El monaquismo como fen\u00f3meno organizado se encuentra atestiguado a partir del s. IIl. A comienzos del s. vi existen textos relativos a san Benito. Ciertamente ya antes del s. iii exist\u00ed\u00adan personas particulares que se entregaban a la vida contemplativa; hemos visto que el fen\u00f3meno m\u00ed\u00adstico acompa\u00f1a siempre al fen\u00f3meno religioso. Mas esto no quita la particularidad de que en un cierto punto de la historia de la Iglesia comiencen a surgir movimientos de monjes organizados. Evidentemente, la causa de la aparici\u00f3n de estos movimientos es la gracia de Dios, por un lado, y, por otro, el deseo de algunos hombres de seguir a Cristo m\u00e1s de cerca. En opini\u00f3n de algunos, el origen del monaquismo se encontrar\u00ed\u00ada ya en el evangelio: en todos aquellos pasajes que parecen establecer un seguimiento m\u00e1s particular, reservado a un grupo de personas. Sin embargo, dejando a un lado el problema exeg\u00e9tico de esos pasajes sin\u00f3pticos, que hoy se leen como dirigidos indistintamente a todos los cristianos [>Consejos evang\u00e9licos 1], no parece suficiente explicar el origen del monaquismo de este modo. Sobre todo desde el punto de vista hist\u00f3rico, es esencial aclarar por qu\u00e9 el monaquismo comenz\u00f3 a existir de modo organizado en un per\u00ed\u00adodo determinado y no antes.<\/p>\n<p>Apoy\u00e1ndonos en la tesis general que ve en el ermita\u00f1o, en el monje (m\u00e1s exactamente: en el confesor), al sucesor del m\u00e1rtir, una vez que la nueva situaci\u00f3n de la Iglesia hizo el martirio cada vez m\u00e1s raro, se trata de discernir el contenido de esta afirmaci\u00f3n en su alcance m\u00e1s profundo. Est\u00e1 claro que ser m\u00e1rtir es una forma m\u00ed\u00adstica; las actas de los m\u00e1rtires no dejan lugar a dudas sobre este punto. En cambio, se impone reflexionar sobre el hecho de que el martirio de los primeros tiempos del cristianismo se relaciona directamente con la tendencia escatol\u00f3gica y con la expectativa de una irrupci\u00f3n del reino de Dios en una fecha m\u00e1s o menos pr\u00f3xima. El cristianismo primitivo choc\u00f3 con el mundo que le rodeaba por su mensaje de novedad; pero este mensaje de novedad ten\u00ed\u00ada su fundamento en la esperanza de que ocurriese un acontecimiento nuevo, y encontraba su fuerza en la fe escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>El m\u00e1rtir es el testigo de la esperanza; acepta el sacrificio de la vida porque espera con impaciencia unirse a Cristo (1 Pe 3,13-16). Al cambiar la situaci\u00f3n social en el s. III. situaci\u00f3n que llega a su culminaci\u00f3n con el edicto del 313, el testigo de la escatolog\u00ed\u00ada no es ya el m\u00e1rtir, sino el monje eremita del desierto. Estos cristianos que se retiran a vivir juntos una vida de privaciones corporales, que se entregan con mayor asiduidad a la oraci\u00f3n y a la contemplaci\u00f3n, quieren subrayar ante la Iglesia y ante la sociedad que lo esencial de la visi\u00f3n cristiana es tener fija la mirada en las realidades futuras.<\/p>\n<p>Con el triunfo de la Iglesia pod\u00ed\u00ada entenderse el reino de los cielos como existente ya en la tierra y, en cierto sentido, el viejo mundo quedaba destruido. La Iglesia, al instalarse en las altas esferas del imperio romano, hab\u00ed\u00ada aceptado el mundo como era, esforz\u00e1ndose por hacer la existencia humana un poco menos infeliz que lo hab\u00ed\u00ada sido durante las grandes crisis hist\u00f3ricas. Precisamente en la lucha contra estas ambig\u00fcedades es donde surgi\u00f3 el monaquismo, como exigencia de reafirmar con la vida propia la trascendencia del reino de Dios frente a la historia humana. En este sentido, el monaquismo es el carisma escatol\u00f3gico para la Iglesia misma, antes de serlo para toda la sociedad; lo que los primeros cristianos fueron para la sociedad entera, lo fueron los ermita\u00f1os posteriormente para la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>Si esta explicaci\u00f3n del origen hist\u00f3rico del monaquismo es cierta, hemos de ver en el dinamismo interno de estos grupos m\u00ed\u00adsticos la tendencia escatol\u00f3gica que estamos describiendo; esto es exactamente lo que debemos intentar ahora.<\/p>\n<p>2. ESPIRITUALIDAD MON\u00ed\u0081STICA Y ESCATOLOG\u00ed\u008dA &#8211; Existen algunos rasgos comunes a todos los movimientos espirituales cristianos; son aquellos rasgos que estimo esenciales y constitutivos del misticismo cristiano y que forman su alma y el sentido interior del mismo. Estos puntos comunes confluyen en la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>a) Separaci\u00f3n del mundo. El monje, al principio de su vocaci\u00f3n, se retira del mundo y va a vivir a la soledad, al desierto, a una monta\u00f1a, a un lugar apartado. Incluso cuando los monjes comenzaron a vivir juntos en peque\u00f1as comunidades viv\u00ed\u00adan en lugares m\u00e1s bien aislados, lejos de la gente. Este apartarse pretende ser para el monje un separarse del mundo, un estar libre del mundo, y conlleva un juicio preciso sobre todas las cosas de este mundo en su relaci\u00f3n con los bienes eternos. Existe al respecto una abundante literatura. Casiano, muerto en la primera mitad del s. v. compara la vocaci\u00f3n del monje con la de Abrah\u00e1n y, comentando el texto del G\u00e9nesis \u00abexi de terra tua et de domo patris tui\u00bb, habla de las tres renuncias del monje, que se reducen a un abandono total del mundo.<\/p>\n<p>En el mismo s. v. san Euquerio compone dos obritas que exaltan el esp\u00ed\u00adritu asc\u00e9tico del monje y nos indican ya en el t\u00ed\u00adtulo su contenido: Elogio de la soledad y Del desprecio del mundo y de la filosofia del tiempo. Euquerio subraya muy fuertemente que la soledad y el abandono del mundo s\u00f3lo tienen sentido por amor de Dios; es decir, se trata de abandonar el mundo para darse totalmente a Dios.<\/p>\n<p>San Gregorio Magno, hablando en los Di\u00e1logos de los tres \u00f3rdenes de personas que existen en la Iglesia, define a los monjes y a las monjas como \u00abseparati\u00bb, los que viven extra mundum. Se encuentran en la soledad para darse totalmente a Dios, y \u00e9ste es su estado espec\u00ed\u00adfico en la Iglesia. El separarse del mundo se entiende tambi\u00e9n como un estar aqu\u00ed\u00ad en la tierra sin patria; la soledad indica entonces que se pone en otra parte el fin de la propia vida, la cual se convierte en expectativa y en testimonio escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>b) La peregrinaci\u00f3n. Desde sus or\u00ed\u00adgenes, el monaquismo fue considerado por algunos de sus representantes como una forma de destierro, hasta el punto de que el monje no pod\u00ed\u00ada serlo en su patria. El verdadero monje deb\u00ed\u00ada ser un extranjero en la tierra; no solamente en sentido espiritual, sino en el sentido literal del t\u00e9rmino; el monje abandona su patria y marcha a una regi\u00f3n donde ninguno le conoce, donde es un extranjero. Con ello se quiere recuperar el sentido b\u00ed\u00adblico del destierro, que es evidentemente un tema escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>A partir del s. IV se propaga tambi\u00e9n el monje peregrinante: un monje que no tiene morada estable, sino que est\u00e1 continuamente viajando y vive de la limosna. Parece que este estado asc\u00e9tico se deriva del uso apost\u00f3lico descrito en el NT, seg\u00fan el cual los ap\u00f3stoles iban siempre de un lado para otro predicando y visitando las comunidades. Tendr\u00ed\u00adamos entonces un paso del ap\u00f3stol-asceta al asceta-ap\u00f3stol. Este modo de ser monje no ha desaparecido nunca del todo de la vida de la Iglesia, si bien ha pasado por formas y reglamentaciones muy diversas. La idea de estar desterrados a causa de la fe se impone en la tradici\u00f3n mon\u00e1stica, bien como dimensi\u00f3n espiritual, bien como hecho concreto. La celda, por ejemplo, quiere recordarle con su peque\u00f1ez al cenobita que es un extranjero y que no posee espacio propio. La peregrinaci\u00f3n no es, pues, una manifestaci\u00f3n accidental, que s\u00f3lo aparece en algunas \u00e9pocas. No se trata de un fen\u00f3meno raro, sino de una expresi\u00f3n asc\u00e9tica que hace total la donaci\u00f3n, contemplada como desarraigo total del propio ambiente. Precisamente porque el monje da testimonio de que espera otra patria, est\u00e1 dispuesto a vivir aqu\u00ed\u00ad abajo sin patria.<\/p>\n<p>Tanto el abandono del mundo como la peregrinaci\u00f3n indican la tendencia escatol\u00f3gica s\u00f3lo negativamente; en otras palabras, son modos y formas de decir que el monje no se entiende como perteneciente a este mundo. Esta formulaci\u00f3n negativa de la espera escatol\u00f3gica encuentra su r\u00e9plica positiva en lo que es el objetivo primero y esencial de la vida religiosa: la >contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) La contemplaci\u00f3n. La experiencia m\u00ed\u00adstica es la percepci\u00f3n experimental y directa del ser de Dios y de su presencia; en ella consiste lo que de diferentes maneras describen los diversos m\u00ed\u00adsticos como el \u00e1pice de su experiencia. La contemplaci\u00f3n es entonces el fin mismo de la vida m\u00ed\u00adstica, ya que propio de la contemplaci\u00f3n es que el m\u00ed\u00adstico experimente la presencia de Dios. Los grandes m\u00ed\u00adsticos est\u00e1n de acuerdo en afirmar que la contemplaci\u00f3n es una realidad escatol\u00f3gica, en el sentido de que la presencia de Dios s\u00f3lo ser\u00e1 plenamente actual al fin de los tiempos. En este sentido, el monje-m\u00ed\u00adstico vive el presente esperando ese acontecimiento final; suspira, en el ejercicio mismo de la m\u00ed\u00adstica, por la uni\u00f3n con Dios; pero esta uni\u00f3n s\u00f3lo le ser\u00e1 concedida en la eternidad. La vida contemplativa se convierte entonces toda ella en un ejercicio de espera, en un modo de vivir constantemente la esperanza, en una manera de repetir incesantemente el \u00abVen\u00bb del Apocalipsis.<\/p>\n<p>No hay duda de que la tradici\u00f3n m\u00ed\u00adstica est\u00e1 tambi\u00e9n de acuerdo en sostener que la contemplaci\u00f3n es en parte anticipada ya en esta vida; pero esta anticipaci\u00f3n no extingue la espera agotando el deseo, sino que, por el contrario, siendo una participaci\u00f3n parcial, aumenta cada vez m\u00e1s el deseo. El asceta no tiene entonces aqu\u00ed\u00ad en la tierra una patria; no se encuentra en su casa en este mundo, porque tiene continuamente fija la mirada en esta meta final que es la uni\u00f3n con Dios. No es el desprecio del mundo lo que le gu\u00ed\u00ada en sus opciones tan austeras, sino el amor al bien supremo. Creo que de este modo el dinamismo interno del ascetismo cristiano aparece intr\u00ed\u00adnsecamente unido a la tendencia escatol\u00f3gica, hasta el punto de poderse afirmar que el carisma asc\u00e9tico es el mismo carisma escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Nos queda, pera terminar de explicar la relaci\u00f3n entre vida espiritual y escatolog\u00ed\u00ada, considerar algunas ulteriores determinaciones que brotan, a manera de manifestaciones, del carisma asc\u00e9tico y llevan el signo de la tendencia escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>d) La espera escatol\u00f3gica en la tradici\u00f3n de los votos. La relaci\u00f3n entre los votos religiosos y la escatolog\u00ed\u00ada es tan tradicional y tan frecuente, que casi parece in\u00fatil recordarlo. Por eso lo har\u00e9 muy brevemente. Los santos son los testigos por excelencia de la ciudad de Dios y la santidad real es el valor escatol\u00f3gico primordial. Todas las motivaciones que animan la vida de los santos, que justifican sus renuncias y sus opciones (comprendidas las de los votos), se reducen a la afirmaci\u00f3n escatol\u00f3gica \u00abpropter regnum caelorum\u00bb. Para proclamar del modo m\u00e1s radical posible la superioridad incomparable de la uni\u00f3n definitiva con Cristo, se testimonia su grandeza consintiendo en perder la vida terrena; el m\u00e1rtir es el primer testigo de la escatolog\u00ed\u00ada y, por tanto, el santo por excelencia. Los que no pueden ser m\u00e1rtires en el sentido material del t\u00e9rmino lo son en el sentido espiritual a trav\u00e9s de los votos. El asceta abandona todos los bienes de la tierra para subrayar con la mayor fuerza posible la superioridad de los bienes del reino de Dios. Para proclamar la infinita grandeza del amor de Dios, abandona los bienes aut\u00e9nticos de la vida matrimonial. Finalmente, para expresar la necesidad de buscar por encima de todo la voluntad de Dios, admite que se controle su libertad por un intermediario humano autorizado.<\/p>\n<p>Todos estos gestos son signos que atestiguan la grandeza del reino de Dios; y son valores aut\u00e9nticamente escatol\u00f3gicos, porque anticipan en esta tierra ciertas condiciones de existencia de la vida eterna. Sin la referencia escatol\u00f3gica, los votos no s\u00f3lo pierden su valor, sino que incluso resultan una \u00abanomal\u00ed\u00ada incomprensible\u00bb. El santo tiene un sentido y un valor \u00fanicamente en cuanto vive a fondo el primado de Dios; mas vivir el primado de Dios significa vivir la superioridad del mundo que ha de llegar al fin de los tiempos.<\/p>\n<p>Jean Leclercq, que es un gran estudioso de la espiritualidad occidental, define toda la teolog\u00ed\u00ada mon\u00e1stica como escatolog\u00ed\u00ada; los padres de esta teolog\u00ed\u00ada son, en efecto, los doctores del \u00abdeseo\u00bb y no hacen otra cosa que exponer su anhelo de unirse con Dios. \u00abEl contenido de la cultura mon\u00e1stica aparece como simbolizado y sintetizado en estas dos palabras: gram\u00e1tica y escatolog\u00ed\u00ada. Por una parte, es necesario el conocimiento de las letras para acercarse a Dios y expresar lo que se intuye de su realidad; por otra, hay que superar incesantemente la literatura para tender a la vida eterna. Ahora bien, la expresi\u00f3n m\u00e1s fuerte y m\u00e1s frecuente de esta superaci\u00f3n se descubre en referencia a la vida eterna\u00bb \u00ab.<\/p>\n<p>IV. Las realidades \u00faltimas seg\u00fan la tradici\u00f3n m\u00ed\u00adstica<br \/>\nHe intentado ver la tendencia escatol\u00f3gica como soporte que anima toda la tradici\u00f3n espiritual cristiana; esta tendencia ha sido contemplada exclusivamente como elemento formal que da unidad a todo el mundo asc\u00e9tico. Me parece fuera de lugar hacer ahora una exposici\u00f3n completa de los contenidos materiales de esta tendencia, o sea hablar detalladamente de las realidades \u00faltimas tal como han sido entendidas en la espiritualidad cristiana; a mi entender, esto nos llevar\u00ed\u00ada muy lejos y exigir\u00ed\u00ada demasiado espacio. Intento aqu\u00ed\u00ad, por el contrario, subrayar una particularidad propia de la asc\u00e9tica. Al tratar de las realidades \u00faltimas, la teolog\u00ed\u00ada mon\u00e1stica, aunque hace una exposici\u00f3n amplia, en parte igual que la de la teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica, ha subrayado constantemente el aspecto jubiloso de las realidades \u00faltimas. Sin duda, los ascetas han hablado tambi\u00e9n del infierno; lo han descrito en aquellas visiones en que se reflejan las ideas que tienen del m\u00e1s all\u00e1; pero sus viajes imaginativos de ultratumba terminan casi todos en el para\u00ed\u00adso. En sus textos de oraci\u00f3n, la meditaci\u00f3n sobre el para\u00ed\u00adso es mucho m\u00e1s frecuente que la del infierno. No solamente existen cap\u00ed\u00adtulos de sus obras espirituales, sino tratados enteros que llevan t\u00ed\u00adtulos de este tenor: Del deseo celeste, Por la contemplaci\u00f3n y el amor de la patria celeste accesible s\u00f3lo a los que desprecian el mundo, Alabanza de la Jerusal\u00e9n celestial, De la felicidad de la patria celestial, y podr\u00ed\u00adamos seguir con un largo cat\u00e1logo\u00bb. As\u00ed\u00ad, la literatura mon\u00e1stica que se ocupa de la Jerusal\u00e9n celeste es punto menos que infinita. Para san Bernardo, el monje es un habitante de Jerusal\u00e9n; naturalmente, no en sentido literal, pues Jerusal\u00e9n est\u00e1 dondequiera que se mantiene el \u00e1nimo orientado hacia el cielo. En los monasterios antiguos se hac\u00ed\u00ada el ejercicio de Jerusal\u00e9n; ejercicio similar al de la buena muerte que a\u00fan se usa entre nosotros, pero con tonalidades completamente diferentes; se reflexionaba sobre el cielo, se reavivaba el deseo de poder subir a \u00e9l un d\u00ed\u00ada y se ped\u00ed\u00ada la gracia de conseguirlo. Much\u00ed\u00adsimas obras intentan describir con gran libertad po\u00e9tica la realidad futura del cielo; baste citar el poema tan citado de san Pedro Dami\u00e1n Sobre la gloria del para\u00ed\u00adso\u00bb. Toda la vida del monje pretende ser un gusto anticipado del cielo, una participaci\u00f3n anticipada de la visi\u00f3n de Dios; por esto precisamente la contemplaci\u00f3n es la actividad fundamental del m\u00ed\u00adstico. La misma oraci\u00f3n expresa casi siempre el suspiro del deseo de la patria celeste. Pues bien, si la tradici\u00f3n espiritual tiene algo espec\u00ed\u00adfico que decir sobre las realidades escatol\u00f3gicas, consiste en la prioridad absoluta que da a la felicidad eterna del para\u00ed\u00adso. Esto es as\u00ed\u00ad no s\u00f3lo porque el monje se ocupa en sus reflexiones m\u00e1s del para\u00ed\u00adso que del infierno, sino por la idea misma que el m\u00ed\u00adstico se hace de Dios; \u00e9l entiende a Dios como el amor absoluto y ve las realidades \u00faltimas a la luz de este amor; una visi\u00f3n diversa resulta poco menos que imposible para el contemplativo. El final ser\u00e1 justamente el triunfo del amor de Dios, el t\u00e9rmino del sufrimiento del destierro, el fin del mal, a los que seguir\u00e1n una paz y una felicidad infinitas.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n m\u00ed\u00adstica es, pues, esencialmente optimista sobre la conclusi\u00f3n de la historia humana, porque subraya continuamente la grandeza de la misericordia de Dios y la grandeza de su amor. No en vano muchos santos padres, como Didimo, Clemente, Gregorio de Nisa, Gregorio Nacianceno, Jer\u00f3nimo y Ambrosio, sostuvieron de modos diversos el triunfo completo y total del amor de Dios al final de la historia humana.<\/p>\n<p>V. Dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica y compromiso en el mundo<br \/>\nAl tratar de la escatolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, hemos visto que una dimensi\u00f3n esencial de la asc\u00e9tica cristiana es asumir la realidad humana, realidad que despu\u00e9s de la encarnaci\u00f3n se ha convertido en el \u00abcuerpo\u00bb de la divinidad. La tendencia escatol\u00f3gica, carisma de la vida religiosa, no es entonces una fuga de la realidad, un desentenderse frente a la historia o una evasi\u00f3n de la solidaridad con los problemas humanos y terrenos; es m\u00e1s bien una presencia en el coraz\u00f3n de la realidad a la luz del reino de Dios, que debe venir. Se trata ahora de analizar este segundo aspecto del carisma escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>1. CONTEMPLACI\u00ed\u201cN Y VIDA ACTIVA &#8211; Los t\u00e9rminos tradicionales con que se vive la relaci\u00f3n entre tendencia escatol\u00f3gica y compromiso en el mundo por parte de la reflexi\u00f3n mon\u00e1stica ya desde los primeros tiempos son los de contemplaci\u00f3n y vida activa. Las im\u00e1genes b\u00ed\u00adblicas m\u00e1s usualmente empleadas para expresar esta relaci\u00f3n son las de las dos mujeres de Jacob, L\u00ed\u00ada y Raquel, y, naturalmente, la imagen neotestamentaria que se apoya en la relaci\u00f3n entre Marta y Mar\u00ed\u00ada. San Agust\u00ed\u00adn es el primero que aborda de manera sistem\u00e1tica este problema; y de \u00e9l, por caminos diversos, depende toda la tradici\u00f3n m\u00ed\u00adstica occidental. En el libro 19 del De civitate Dei escribe: \u00abNadie debe ser tan contemplativo que no piense en su misma contemplaci\u00f3n en la utilidad del pr\u00f3jimo, ni tan activo que no busque la contemplaci\u00f3n de Dios. En la contemplaci\u00f3n no debe deleitarle un reposo inerte, sino la b\u00fasqueda o el descubrimiento de la verdad. para progresar en ella y para conservar lo que ha descubierto sin envidiar a los otros. En la acci\u00f3n, en cambio, no se debe amar en esta vida ni el honor ni el poder&#8230;, sino que se debe amar la obra misma que se hace por el honor y el poder, supuesto que se realice con rectitud y utilidad, o sea porque ayuda a aquella salvaci\u00f3n de los s\u00fabditos\u00bb. Algunas l\u00ed\u00adneas despu\u00e9s resume su pensamiento del modo siguiente: \u00abLa caridad de la verdad pide una tranquilidad santa (contemplaci\u00f3n = otium); la necesidad de la caridad, un justo trabajo (negotium). Si ninguno impone esta carga, se debe atender a la b\u00fasqueda y a la adquisici\u00f3n de la verdad. Si se impone, se la debe recibir por el deber de la caridad\u00bb.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n, un poco extr\u00ed\u00adnseca a\u00fan, ilustrada por Agust\u00ed\u00adn es entendida por san Gregorio Magno como necesidad intr\u00ed\u00adnseca fundada en la naturaleza misma del hombre. Escribe este maestro: \u00abCuando de la vida activa nos elevamos a la contemplativa, como nuestra mente no es capaz de estar mucho tiempo en contemplaci\u00f3n&#8230; entonces por su miseria es rechazada de la sublimidad de aquella altura, y vuelve a caer en si. Es necesario entonces que vuelva a la vida activa, que se ejercite continuamente en la pr\u00e1ctica de las buenas obras&#8230; De esta manera, sostenida por sus mismas buenas obras, se eleva nuevamente a la contemplaci\u00f3n y recibe alimento de amor del pasto de la verdad contemplada\u00bb Este apoyo rec\u00ed\u00adproco de las dos v\u00ed\u00adas se sintetiza muy bien en otro pasaje: \u00abLa activa se hace tanto m\u00e1s s\u00f3lida y duradera cuanto m\u00e1s se extiende a hacer bien al pr\u00f3jimo que se encuentra al alcance de su mano; la contemplaci\u00f3n decae tanto m\u00e1s pronto cuanto m\u00e1s se esfuerza en rebasar los l\u00ed\u00admites de la carne y en elevarse por encima de s\u00ed\u00ad. La una camina por terreno llano, y as\u00ed\u00ad trabaja pisando firme; la otra quiere subir por encima de s\u00ed\u00ad, pero pronto se cansa y desciende\u00bb. San Bernardo pone en guardia contra las asechanzas de un falso misticismo, de una contemplaci\u00f3n no preparada adecuadamente por la pr\u00e1ctica de las buenas obras. Desarrollando m\u00e1s el enfoque anterior, ve \u00e9l en la vida activa el fruto necesario e indispensable de la vida contemplativa. El concepto de nupcias espirituales tiene su complemento necesario en el de fecundidad espiritual, donde el celo con que el alma se apresta al bien de los otros mediante las obras no entra en un simple proceso de reposo necesario de la contemplaci\u00f3n y de recuperaci\u00f3n de las fuerzas espirituales, sino que es \u00e9l mismo efecto de la m\u00e1s alta forma de contemplaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Estas discusiones doctrinales, presentes en toda la tradici\u00f3n m\u00ed\u00adstica, han tenido siempre una consecuencia concreta muy precisa: las \u00f3rdenes contemplativas han intentado siempre unir la b\u00fasqueda de Dios con una acci\u00f3n concreta animada por la caridad hacia los hermanos y los menesterosos. En la m\u00ed\u00adstica cristiana no cabe en absoluto el puro y simple abandono del mundo, pues \u00e9ste ser\u00ed\u00ada como un peso muerto que impide la elevaci\u00f3n espiritual (seg\u00fan ocurre en la visi\u00f3n neoplat\u00f3nica); y no cabe porque su insistencia en contemplar al Se\u00f1or que asciende (san Bernardo) es una funci\u00f3n eclesial-social. La m\u00ed\u00adstica cristiana no es una m\u00ed\u00adstica de la soledad; el hecho de que los ascetas cristianos vivan en comunidad no es secundario, sino que responde directamente a su conciencia eclesial.<\/p>\n<p>2. \u00bfABANDONO O ACEPTACI\u00ed\u201cN DEL MUNDO? &#8211; En la aut\u00e9ntica experiencia m\u00ed\u00adstica cristiana, el abandono del mundo es s\u00f3lo una primera fase negativa, que se propone disponer al religioso para una aceptaci\u00f3n diversa y mucho m\u00e1s profunda de la realidad. Bien mirado, la fase de desprendimiento va siempre seguida de una aceptaci\u00f3n m\u00e1s libre y m\u00e1s humana de todas las cosas. Si el abandono representa el esfuerzo por liberarse del mundo para el reino de Dios, la sucesiva aceptaci\u00f3n representa la libertad para el mundo. El verdadero religioso cristiano vive en medio de las realidades terrestres, que se han vuelto magn\u00ed\u00adficas a sus ojos, ya que comprende que Dios es el coraz\u00f3n inefable de toda la realidad. Por eso no s\u00f3lo es recuperada la realidad terrestre, sino que se la entiende y se la vive de un modo completamente nuevo; es completamente revalorizada, hasta el punto de que el religioso vive mejor que nadie una relaci\u00f3n profunda con todas las cosas. El ejemplo de san Francisco es sintom\u00e1tico a este respecto; despu\u00e9s de la ruptura con el mundo de lujo que le rodea, llega a vivir una extrema pobreza que roza la miseria; pero despu\u00e9s de esta fase, y precisamente porque ha pasado a trav\u00e9s de esta experiencia, se convierte en el poeta sublime de la naturaleza. Su C\u00e1ntico de las criaturas expresa de modo grandioso su capacidad de vivir una relaci\u00f3n nueva y m\u00e1s profunda con todas las cosas, desde las m\u00e1s grandes, como el sol, a las m\u00e1s peque\u00f1as, como las flores.<\/p>\n<p>Al ser recuperada la realidad a la luz de la tendencia escatol\u00f3gica y, por tanto, a la luz positiva de la conclusi\u00f3n final de la historia humana, la realidad adquiere un particular significado, muy superior al sentido con que com\u00fanmente se la acepta.<\/p>\n<p>Por eso el m\u00ed\u00adstico testimonia una visi\u00f3n particular de lo real precisamente en virtud de su carisma escatol\u00f3gico; ve el mundo a la luz de la resurrecci\u00f3n de Cristo y cree en el poder de la nueva creaci\u00f3n que llega. Lo que en realidad no funciona lo entiende \u00e9l como dolor que anuncia un nuevo parto y como gemido de espera (cf in 16,20-22; Rom 8, 18-22).<\/p>\n<p>3. ANTICIPACI\u00ed\u201cN DEL S\u00ed\u0081BADO ESCATOL\u00ed\u201cGICO &#8211; Tambi\u00e9n por su carisma escatol\u00f3gico, el religioso anticipa con su vida contemplativa el s\u00e1bado final de la fiesta perenne entre Dios, los hombres y la naturaleza. La contemplaci\u00f3n ha sido vista en la tradici\u00f3n como otium: reposo gozoso de las criaturas en presencia de su Creador; tiempo de solaz en que se da espacio para la libre conversaci\u00f3n. Por su relaci\u00f3n con la naturaleza, por su visi\u00f3n optimista de la historia y por su actividad contemplativa, el religioso anticipa la realidad escatol\u00f3gica del s\u00e1bado final.<\/p>\n<p>Su libertad frente a las preocupaciones seculares le permite una relaci\u00f3n l\u00fadica con las cosas. La peque\u00f1a fraternidad en que vive se constituye en signo del banquete final que Dios ha de preparar para todos los hombres. Su celibato se presenta como signo de las nupcias finales que Dios concluir\u00e1 con la humanidad entera. La serenidad con que vive y muere es la esperanza de una fiesta final, que \u00e9l testimonia como destinada a todos.<\/p>\n<p>Mas esta anticipaci\u00f3n del s\u00e1bado escatol\u00f3gico es, a su vez, un criterio cristiano para leer la realidad; es decir, se convierte en el modo como el religioso se relaciona con el mundo que le rodea. Es asimismo el testimonio de una posible lectura diversa del mundo, precisamente en relaci\u00f3n con su destino final. En esta direcci\u00f3n, la espiritualidad cristiana tendr\u00ed\u00ada algo que decir sobre el problema ecol\u00f3gico, que emerge cada vez con m\u00e1s virulencia [>Ecolog\u00ed\u00ada ll]; podr\u00ed\u00ada hacer una aportaci\u00f3n al problema del >tiempo libre y a la nueva educaci\u00f3n al juego, tan profundamente sentida por las generaciones actuales.<\/p>\n<p>VI. La escatolog\u00ed\u00ada en la espiritualidad del laico<br \/>\nNuestra exposici\u00f3n adopta acentos diversos, si pasamos a considerar en s\u00ed\u00adntesis la espiritualidad del cristiano que vive en el mundo [>Laico). La tendencia escatol\u00f3gica, que constituye el proprium de la vocaci\u00f3n religiosa, esta presente en no menor medida en la vida del laico; pero lo est\u00e1 de modo diverso. El cristiano que vive en el mundo est\u00e1 igualmente determinado en cuanto creyente por la espera del reino, est\u00e1 igualmente animado por la esperanza, igualmente orientado con toda su existencia hacia Cristo resucitado, que ha de manifestarse como el Se\u00f1or de toda la historia humana. Pero la vida concreta de este cristiano est\u00e1 directamente llamada a transformar el mundo y a dar \u00abtestimonio de la esperanza\u00bb en la construcci\u00f3n y por la construcci\u00f3n de la ciudad terrena. Por un lado, puede decirse que el carisma escatol\u00f3gico del religioso se completa y se madura en la globalidad de la vida cristiana, que confronta la tendencia escatol\u00f3gica con el compromiso en el mundo. Por otro, puede decirse tambi\u00e9n que la tendencia de la vida cristiana vivida en el mundo se manifiesta m\u00e1s claramente en el testimonio del religioso. El laico y el religioso existen el uno para el otro y se necesitan el uno al otro; el laico \u00abrecrimina\u00bb fraternalmente al religioso con las mismas palabras de la Escritura: \u00ab\u00bfA qu\u00e9 segu\u00ed\u00ads mirando al cielo?\u00bb (He 1,11). Y el religioso, igualmente, amonesta al laico con el otro interrogante de la Escritura: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 busc\u00e1is entre los muertos al que vive? No est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad, ha resucitado\u00bb (Lc 24,5-6).<\/p>\n<p>En otras palabras, si \u00abnuestra existencia de cristianos s\u00f3lo tiene, en la actualidad, dos aspectos: orar y hacer justicia entre los hombres\u00bb, el religioso hace de la oraci\u00f3n la realidad total de su vida, en el sentido de que la oraci\u00f3n se convierte para \u00e9l en el gozne coordinador y animador de toda su persona; en cambio, el laico asume para s\u00ed\u00ad el compromiso de obrar seg\u00fan justicia. Ninguno de los dos vive un aspecto s\u00f3lo de las dos realidades; la existencia cristiana postula su existencia simult\u00e1nea; pero cada uno, a causa de su limitaci\u00f3n, orienta su existencia m\u00e1s a un aspecto que al otro. En t\u00e9rminos teol\u00f3gicos, se trata de \u00abcarismas\u00bb; en t\u00e9rminos m\u00e1s generalizados en el mundo industrial de hoy, se trata de \u00abespecializaciones\u00bb.<\/p>\n<p>1. LAS COSAS PEN\u00daLTIMAS &#8211; En la terminolog\u00ed\u00ada de Bonhoeffer, las cosas pen\u00faltimas son las realidades del hombre, su actuaci\u00f3n en el mundo, su compromiso en esta vida y tambi\u00e9n su ser religioso entendido como participaci\u00f3n en la obra que Dios lleva a cabo en el mundo y en la historia. Adoptamos esta terminolog\u00ed\u00ada aqu\u00ed\u00ad para indicar la postura del cristiano en la historia; para se\u00f1alar la segunda polaridad de la vida cristiana (trabajar entre los hombres seg\u00fan la justicia) frente al carisma escatol\u00f3gico del hombre religioso (orar). De acuerdo con este enfoque, hay que decir que el cristiano debe comprometerse en las cosas pen\u00faltimas, d\u00e1ndose a ellas todo entero; para el compromiso de su entrega, las cosas pen\u00faltimas son como las \u00ab\u00faltimas\u00bb. La \u00abreserva\u00bb que las cosas \u00faltimas, entendidas como juicio y acci\u00f3n de Dios, ejercen sobre las pen\u00faltimas, no se refiere, propiamente hablando, al compromiso, a la entrega y, en general, a la acci\u00f3n concreta del cristiano, sino a la intencionalidad \u00faltima de la acci\u00f3n y a su valor ante Dios. El cristiano debe permanecer en las cosas pen\u00faltimas y debe sacrificarse totalmente por ellas; este principio tiene como motivo, ya sea la autonom\u00ed\u00ada del hombre en la lucha con el mundo que se trata de edificar, ya una relaci\u00f3n correcta entre cosas pen\u00faltimas y cosas \u00faltimas.<\/p>\n<p>Bonhoeffer enuncia del modo siguiente este planteamiento: \u00abNo podemos ni debemos pronunciar la \u00faltima palabra antes de la pen\u00faltima. Vivimos en los tiempos pen\u00faltimos y creemos en los \u00faltimos\u00bb. Puesto que las cosas \u00faltimas son las realidades mismas de Dios: su juicio sobre este mundo, su obra creadora que instaura el reino y tambi\u00e9n su obra justificadora del hombre, las cosas pen\u00faltimas son las \u00faltimas posibilidades del hombre; y el hombre debe intervenir en ellas a fondo, porque son todo lo que puede y debe hacer. Pretender darse antes de tiempo a las cosas \u00faltimas significa enga\u00f1arse con poder hacer lo que s\u00f3lo Dios puede hacer y, por tanto, evadirse de las propias posibilidades humanas en el espacio mundano y en el tiempo de la historia. Escribe el mismo Bonhoeffer a este respecto: \u00abS\u00f3lo cuando se ama tanto la vida y la tierra, que todo aparece acabado y perdido con ellas, nos est\u00e1 permitido creer en la resurrecci\u00f3n de los muertos y en un nuevo mundo\u00bb. El que no ha agotado todas las posibilidades humanas y no se ha entregado a ellas con toda su fuerza de hombre, no sabe nada de las posibilidades \u00faltimas de Dios; no est\u00e1 capacitado para comprenderlas; no las puede entender como posibilidades \u00fanicas de Dios, porque no sabe cu\u00e1les son las posibilidades \u00faltimas del hombre. \u00abCreo -escribe en esta misma l\u00ed\u00adnea Bonhoeffer- que honramos mejor a Dios si reconocemos, apuramos y amamos la vida, con todos sus valores, que El nos ha dado, y si as\u00ed\u00ad sentimos vigorosa y sinceramente el dolor de ver da\u00f1ados o perdidos ciertos valores existenciales&#8230;, en lugar de permanecer impasibles ante los valores de la vida\u00bb 24<br \/>\nLa conclusi\u00f3n es que s\u00f3lo existiendo plenamente en este mundo, s\u00f3lo empe\u00f1\u00e1ndose a fondo en las posibilidades humanas, se aprende a creer en las cosas \u00faltimas de Dios.<\/p>\n<p>2. FRENTE A LAS COSAS \u00daLTIMAS &#8211; Las cosas pen\u00faltimas exigen toda la entrega del cristiano, son su vida y su muerte, son sus \u00faltimas posibilidades; pero son posibilidades humanas \u00fanicamente a la luz de las cosas \u00faltimas de Dios. Cuando se eliminan las cosas \u00faltimas de Dios, entonces las pen\u00faltimas se convierten necesariamente en las \u00faltimas; entonces cualquier plan humano aspira a lo absoluto: una etapa hist\u00f3rica se sit\u00faa como el fin mismo de la historia, la Iglesia se confunde con el reino de Dios, la religi\u00f3n no se distingue de la fe; en suma, el hombre se confunde en seguida con Dios mismo, proclam\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo una divinidad en lugar de aceptar sea acogido por Dios. La relaci\u00f3n entre las cosas pen\u00faltimas y las \u00faltimas puede tener dos soluciones falsas extremas: una radical y otra de compromiso. La soluci\u00f3n radical s\u00f3lo ve las realidades \u00faltimas y en ellas \u00fanicamente percibe la ruptura que las separa de las pen\u00faltimas; entre unas y otras existe una absoluta oposici\u00f3n. En esta soluci\u00f3n el cristiano no debe ocuparse del mundo, ya que toda la realidad del mundo es una realidad de pecado y de muerte. La otra soluci\u00f3n es la del compromiso, en la cual las realidades \u00faltimas constituyen una eterna justificaci\u00f3n de cuanto existe y justifican las realidades pen\u00faltimas. En el primer caso tenemos una separaci\u00f3n demasiado neta: en la segunda hip\u00f3tesis encontramos una relaci\u00f3n demasiado precipitada. En ambas soluciones existe una contraposici\u00f3n entre realidades \u00faltimas y pen\u00faltimas que las hace mutuamente exclusivas: entonces creaci\u00f3n y redenci\u00f3n, tiempo y eternidad, se enfrentan en un conflicto insoluble.<\/p>\n<p>Escribe a este respecto el mismo Bonhoeffer: \u00abLa vida cristiana no est\u00e1 hecha, pues, ni de radicalismo ni de compromiso&#8230; El radicalismo nace siempre de odio consciente o inconsciente a lo que existe&#8230; El compromiso nace siempre del odio a las realidades \u00faltimas&#8230; El radicalismo odia el tiempo, el compromiso odia la eternidad: el radicalismo odia la paciencia, el compromiso odia la decisi\u00f3n; el radicalismo odia la medida, el compromiso lo inconmensurable; el radicalismo odia la realidad, el compromiso la palabra\u00bb. Y algunas l\u00ed\u00adneas despu\u00e9s indica Bonhoeffer la soluci\u00f3n: \u00abEl problema de la vida cristiana no encuentra una respuesta decisiva ni en el radicalismo ni en el compromiso, sino s\u00f3lo en Jesucristo. Solamente en \u00e9l se resuelve la relaci\u00f3n entre las realidades \u00faltimas y las pen\u00faltimas. Esto quiere decir no separaci\u00f3n radical, como en Cristo no hay separaci\u00f3n entre hombre y Dios, sino distinci\u00f3n entre los dos \u00f3rdenes de cosas. Dicho de modo m\u00e1s positivo: hay que vivir comprometidos las cosas pen\u00faltimas, teniendo fe en las realidades \u00faltimas. Concluye, en efecto, Bonhoeffer: \u00abLa seriedad de la vida cristiana reside exclusivamente en las realidades \u00faltimas; sin embargo, tambi\u00e9n las pen\u00faltimas tienen una seriedad propia; y \u00e9sta consiste en no confundir jam\u00e1s los dos \u00f3rdenes de realidad&#8230; Cosas \u00faltimas y pen\u00faltimas est\u00e1n \u00ed\u00adntimamente ligadas entre s\u00ed\u00ad. Es preciso, pues, reforzar las pen\u00faltimas anunciando con m\u00e1s fuerza las \u00faltimas, e igualmente proteger las \u00faltimas salvaguardando las pen\u00faltimas\u00bb.<\/p>\n<p>Precisamente en esta tensi\u00f3n dial\u00e9ctica es donde la escatolog\u00ed\u00ada se hace presente en la vida cotidiana del laico, animando su compromiso en el mundo, a fin de que sea total y continuamente hist\u00f3rico, es decir, consciente de la propia relatividad frente al reino de Dios. La escatolog\u00ed\u00ada, carisma de la vida religiosa propiamente dicha, se convierte para el laico en la direcci\u00f3n que mantiene la mirada del creyente, dirigida m\u00e1s all\u00e1 del horizonte; pero no se trata de una distracci\u00f3n que impide el compromiso de la historia, sino que, m\u00e1s bien, es la \u00fanica posibilidad de estar continuamente presentes en las vicisitudes hist\u00f3ricas; la \u00fanica posibilidad de ser continuamente \u00abrevolucionarios\u00bb, ya que esta mirada dirigida m\u00e1s all\u00e1 del conf\u00ed\u00adn hist\u00f3rico denuncia el car\u00e1cter hist\u00f3rico del compromiso, seg\u00fan lo ha demostrado la exposici\u00f3n de Bonhoeffer sobre las cosas \u00faltimas y las pen\u00faltimas.<\/p>\n<p>Deseo volver ahora al carisma religioso para detectar el valor de su testimonio en la cultura actual.<\/p>\n<p>VII. El carisma escatol\u00f3gico en la cultura actual<br \/>\nPara los hombres de nuestro tiempo, el testimonio religioso se reduce pr\u00e1cticamente a la posibilidad de testimoniar aut\u00e9nticamente la esperanza; el problema de Dios se reduce hoy para nuestra cultura al problema del futuro\u00bb. Si semejante testimonio es el problema de todos los creyentes en su conjunto, existe dentro de esta esperanza una vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del religioso, que deseo ilustrar ahora brevemente.<\/p>\n<p>1. TESTIMONIO DEL FUTURO &#8211; No es cometido del religioso dar testimonio del pasado. Otros en la Iglesia tienen esta funci\u00f3n. Si, seg\u00fan hemos visto, el carisma escatol\u00f3gico es una sola cosa con el carisma religioso, el m\u00ed\u00adstico debe testimoniarnos continuamente la tendencia y la esperanza hacia el futuro. Manteniendo firme el prop\u00f3sito de impedir que la Iglesia se adapte c\u00f3modamente a la situaci\u00f3n presente, situaci\u00f3n que, bien entendido, invade todos los aspectos de la vida eclesial (desde las s\u00ed\u00adntesis doctrinales a las reglamentaciones m\u00e1s concretas), el religioso debe ir siempre a la cabeza del pueblo del Dios, el cual, a trav\u00e9s del desierto, camina hacia la tierra prometida. Incluso cuando vuelve a su pasado, a su tradici\u00f3n, a su fundador -y evidentemente debe hacerlo tambi\u00e9n-, semejante vuelta hacia atr\u00e1s no es el fin de su vocaci\u00f3n, sino un medio para proveerse de nueva fuerza y esperanza e indicarle a la Iglesia un futuro nuevo.<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia del Vat. II, en el cap\u00ed\u00adtulo en que habla de los religiosos, los describe justamente con este carisma prof\u00e9tico: \u00abComo el pueblo de Dios no tiene aqu\u00ed\u00ad ciudad permanente, sino que busca la futura, el estado religioso, por librar mejor a sus seguidores de las preocupaciones terrenas, cumple tambi\u00e9n mejor, sea la funci\u00f3n de manifestar ante todos los fieles que los bienes celestiales se hallan presentes en este mundo, sea la de testimoniar la vida nueva y eterna conquistada por la redenci\u00f3n de Cristo, sea la de prefigurar la futura resurrecci\u00f3n y la gloria del reino celestial\u00bb (LG 44). Igualmente, en el decreto sobre la renovaci\u00f3n de la vida religiosa, el Vat. II, hablando de la castidad abrazada por el reino de los cielos, la define como \u00abun signo particular de los bienes celestiales\u00bb (PC 12). Esta visi\u00f3n del carisma religioso encuentra, por otra parte, una confirmaci\u00f3n hist\u00f3rica en el sentido de que siempre que la Iglesia ha hecho un esfuerzo de renovaci\u00f3n, ha encontrado precisamente en las fuerzas religiosas la posibilidad misma de esta renovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. TESTIMONIO DE UN FUTURO GOZOSO &#8211; En nuestro mundo se propaga con mucha frecuencia el miedo por el futuro de la humanidad; se hacen previsiones cada vez m\u00e1s amenazadoras sobre un fin catastr\u00f3fico del mundo provocado por las armas nucleares. Las crecientes posibilidades de intervenci\u00f3n del hombre en la determinaci\u00f3n del porvenir ha aumentado el miedo al futuro. Aunque, naturalmente, no se pueda en absoluto evitar la madura responsabilidad del hombre en la edificaci\u00f3n de la historia, queda el testimonio de la fe, que aguarda con esperanza la alegre nueva del reino de Dios. En este testimonio, que una vez m\u00e1s interesa a la Iglesia globalmente, los religiosos tienen un puesto particular, precisamente por su carisma escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>El mismo Vat. II fija esta funci\u00f3n particular de los religiosos. En la GS, a diferencia de lo que sucede en la LG, donde la exposici\u00f3n es preferentemente eclesiol\u00f3gica, lo que se expone es la peregrinaci\u00f3n de la humanidad entera; de aquella humanidad que como gran familia de Dios espera un nuevo cielo y una tierra nueva (GS 38). En este gran pueblo en camino obra el Esp\u00ed\u00adritu con sus diversos dones, llamando a algunos \u00aba dar testimonio manifiesto del anhelo de la morada celestial y a mantenerlo vivo en la familia humana; a otros los llama para que se entreguen al servicio temporal de los hombres y as\u00ed\u00ad preparen el material del reino de los cielos\u00bb. A mi parecer, se indica claramente el carisma escatol\u00f3gico de los religiosos y el ministerio de los sacerdotes. El texto conciliar termina diciendo: \u00abPero a todos los libera, para que, con la abnegaci\u00f3n propia y el empleo de todas las energ\u00ed\u00adas terrenas en pro de la vida humana. se proyecten hacia las realidades futuras, cuando la propia humanidad se convertir\u00e1 en oblaci\u00f3n acepta a Dios\u00bb (GS 38).<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, el carisma escatol\u00f3gico religioso tiene un doble cometido: de cara a la Iglesia, la tarea cr\u00ed\u00adtica de impedirle descansar en las conquistas del pasado, en las falsas seguridades de los poderes temporales y tambi\u00e9n en la estabilidad del presente; de cara a la familia humana, la tarea de testimoniar la gozosa esperanza en el futuro que espera a la historia humana.<\/p>\n<p>La figura b\u00ed\u00adblica que, a mi entender, representa este carisma escatol\u00f3gico-religioso es la de la profetisa Mar\u00ed\u00ada, hermana de Aar\u00f3n. Ella acompa\u00f1a el \u00e9xodo de su pueblo cantando y danzando; su cometido no es combatir o dirigir al pueblo; su misi\u00f3n es cantar y danzar; es entonar el canto por todos: \u00abCantad a Yahv\u00e9, que tan maravillosamente ha triunfado,.,\u00bb (Ex 15,20-21).<\/p>\n<p>A. Giudici<br \/>\nBIBL.-AA. VV., En el fondo de la vida, la muerte, en \u00abRev. de Espiritualidad\u00bb, n. 158 (1981).-AA. VV., Apocalypsis et th\u00e9ologie de l&#8217;esp\u00e9rance, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1977.-AA. VV., El futuro como presencia de una esperanza compartida, Sal Terrae, Santander 1969.-Roff, L, Hablemos de la otra vida, Sal Terrae. Santander 1981.-Bultmann, R, Historia y escatolog\u00ed\u00ada, Studium, Madrid 1974.-Ferreras, G, El trance del futuro, Sigueme, Salamanca 1973.-GreloL P, De la mor\u00ed\u00ad \u00f3 la vie eternelle, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1971.-Moltmann, J, Teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1980.-Moltmann, J, El futuro de la creaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1979.-Ruiz de la Pe\u00f1a, J. L, La otra dimensi\u00f3n, Apostolado Prensa, Madrid 1975.-Ruiz de la Pe\u00f1a. J. L, El \u00faltimo sentido; una introducci\u00f3n a la escatolog\u00ed\u00ada, Marova. Madrid 1980.-Salas, A, La Biblia ante el \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb. \u00bfInmortalidad o resurrecci\u00f3n? Apostolado Prensa. Madrid 1973.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO I. La escatolog\u00ed\u00ada en la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea: 1. Dimensiones y fundamento de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana; 2. Para una visi\u00f3n escatol\u00f3gica renovada; 3. Puntualizaciones del magisterio de la iglesia; 4. Liturgia y pensamiento escatol\u00f3gico moderno &#8211; II. Dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la liturgia: 1. Tensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la eucarist\u00ed\u00ada en el NT: a) Memorial y espera, b) \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb, c) Eucarist\u00ed\u00ada y resurrecci\u00f3n; 2. Escatolog\u00ed\u00ada y liturgia en el Vat. II: a) Referencias de la SC, b) Perspectivas de la LG, c) Visi\u00f3n de la GS; 3. Dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de las celebraciones lit\u00fargicas: a) Bautismo-confirmaci\u00f3n, b) Eucarist\u00ed\u00ada, c) El a\u00f1o lit\u00fargico, d) Liturgia de las Horas &#8211; III. Las realidades \u00faltimas a la luz de la liturgia: 1. Muerte, juicio, purificaci\u00f3n; 2. Bienaventuranza y pena eterna; 3. Parus\u00ed\u00ada y resurrecci\u00f3n final de los muertos &#8211; IV. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. La escatolog\u00ed\u00ada en la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea<br \/>\nCon el nombre escatolog\u00ed\u00ada viene design\u00e1ndose, al menos desde finales del s. xvii, el tratado teol\u00f3gico sobre las realidades \u00faltimas o postrimer\u00ed\u00adas del hombre, de la iglesia y del cosmos. El tema, importante en la revelaci\u00f3n cristiana hasta el punto de ocupar un destacado puesto en los s\u00ed\u00admbolos de la fe, ha centrado siempre la m\u00e1xima atenci\u00f3n tanto en su perspectiva teol\u00f3gica como lit\u00fargica y pastoral. El primer tratado sistem\u00e1tico sobre el tema se remonta al s. vii, con una obra del obispo espa\u00f1ol Juli\u00e1n de Toledo; la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica medieval y la autorizada postura del magisterio de la iglesia, sobre todo con Benedicto XII y con el concilio de Florencia&#8217;, fijaron las grandes l\u00ed\u00adneas de la escatolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, tal como \u00e9sta aparece en los manuales sistem\u00e1ticos m\u00e1s recientes. Despu\u00e9s de unas d\u00e9cadas de atenta reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica por parte de los protestantes, hoy el problema escatol\u00f3gico es objeto de un amplio examen, constituyendo un punto nuclear de la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea&#8217;. Aunque a nosotros no nos interesa sino recoger las implicaciones lit\u00fargicas de la escatolog\u00ed\u00ada, no podemos prescindir de una presentaci\u00f3n al menos brev\u00ed\u00adsima de las dimensiones de la escatolog\u00ed\u00ada y la problem\u00e1tica m\u00e1s reciente a este respecto, as\u00ed\u00ad como de la relaci\u00f3n metodol\u00f3gica y existencial que tiene la liturgia con la teolog\u00ed\u00ada escatol\u00f3gica de hoy.<\/p>\n<p>1. DIMENSIONES Y FUNDAMENTO DE LA ESCATOLOG\u00ed\u008dA CRISTIANA. El dilatado campo de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana puede enmarcarse en estas cuatro dimensiones: cristol\u00f3gica, con referencia a la segunda venida de Cristo y sus consecuencias (juicio, instauraci\u00f3n del reino, etc.); eclesial, que se refiere a la condici\u00f3n de la iglesia como peregrina &#8216;. hacia la Jerusal\u00e9n celeste; antropol\u00f3gica, es decir, relativa al fin de todo ser humano, ya en cuanto a su situaci\u00f3n inmediata despu\u00e9s de la muerte, ya en cuanto a su destino final (resurrecci\u00f3n, juicio, salvaci\u00f3n o condenaci\u00f3n eternas); cosmol\u00f3gica o relativa a la suerte definitiva del universo, que habr\u00e1 de verse envuelto en la restauraci\u00f3n final. con la segunda venida de Cristo y con la resurrecci\u00f3n de los muertos. No se trata, sin embargo, de postrimer\u00ed\u00adas que hubieran de entenderse independientemente del contexto presente, sino de aquellas realidades definitivas que llevar\u00e1n a su plenitud lo que ahora poseemos inicialmente en espera de su realizaci\u00f3n final. As\u00ed\u00ad es como la escatolog\u00ed\u00ada implica el presente y constituye una dimensi\u00f3n esencial de la experiencia humana y cristiana.<\/p>\n<p>El centro de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana es el mismo Cristo, quien con su gloriosa resurrecci\u00f3n inaugur\u00f3 el, \u00e9schaton, es decir, la realidad nueva y definitiva de la historia. Recapitulaci\u00f3n de todo, \u00e9l es \u00abayer, hoy y siempre\u00bb (Heb 13:8), \u00abel alpha y omega, el que es, el que era y el que viene\u00bb (Apo 1:8). Vencedor de la muerte, ha desvelado el enigma relativo a la suerte final del hombre, abri\u00e9ndole una senda hacia la inmortalidad futura. En Cristo se encierra ya inicialmente la promesa de la escatolog\u00ed\u00ada de la iglesia y del cosmos; su resurrecci\u00f3n garantiza las promesas sobre las realidades que en su momento habr\u00e1n de cumplirse: su venida gloriosa, la resurrecci\u00f3n final, la instauraci\u00f3n del reino. La liturgia de la iglesia, seg\u00fan testimonio de las fuentes m\u00e1s remotas, ha mantenido siempre y ejemplarmente tal visi\u00f3n escatol\u00f3gica, centrada en la resurrecci\u00f3n de Cristo y en la espera de su retorno, orient\u00e1ndolo todo a la celebraci\u00f3n del misterio pascual, s\u00ed\u00adntesis de la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. PARA UNA VISI\u00ed\u201cN ESCATOL\u00ed\u201cGICA RENOVADA. El renovado inter\u00e9s en torno a los estudios b\u00ed\u00adblicos y teol\u00f3gicos sobre la escatolog\u00ed\u00ada cristiana obedece al influjo de distintos factores culturales. En primer lugar, al creciente inter\u00e9s de los exegetas protestantes en torno al pensamiento escatol\u00f3gico de Jes\u00fas y de la iglesia primitiva, como clave de b\u00f3veda para interpretar todo el evangelio y la experiencia subsiguiente de la iglesia. En efecto, Jes\u00fas y, con \u00e9l, la primera comunidad habr\u00ed\u00adan considerado inminente el fin del mundo; posteriormente, la experiencia hist\u00f3rica vendr\u00ed\u00ada a desmentir tal perspectiva, haciendo volver a la iglesia a las posturas actuales de espera escatol\u00f3gica de un final como futuro cierto en cuanto realidad, pero desconocido en cuanto al tiempo. El influjo esencial de este an\u00e1lisis b\u00ed\u00adblico en el campo protestante es el haber centrado la atenci\u00f3n m\u00e1s en el presente que en el futuro, m\u00e1s en la escatolog\u00ed\u00ada ya realizada o en proceso de actual realizaci\u00f3n que en la escatolog\u00ed\u00ada venidera, a la que no pocos autores protestantes contempor\u00e1neos no parecen otorgar demasiada importancia. Un segundo est\u00ed\u00admulo en el inter\u00e9s por la escatolog\u00ed\u00ada cristiana arranca ya de las culturas modernas: del evolucionismo, con su interpretaci\u00f3n de la existencia del mundo y de la historia; del materialismo dial\u00e9ctico, con su ideal de un futuro mejor para la humanidad; de la previsi\u00f3n y programaci\u00f3n del futuro promovidas por la tecnolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea: teor\u00ed\u00adas que han urgido dentro del pensamiento teol\u00f3gico una mayor atenci\u00f3n al sentido de la historia, a la esperanza cristiana como activa construcci\u00f3n del futuro, al compromiso en lo temporal como preparaci\u00f3n indirecta de la llegada del reino de Cristo. Finalmente, y dentro de un campo m\u00e1s estrictamente cat\u00f3lico, la teolog\u00ed\u00ada moderna ha intentado reaccionar contra el cl\u00e1sico estilo de presentaci\u00f3n de los nov\u00ed\u00adsimos, analizando atentamente los fundamentos de la revelaci\u00f3n, purificando ciertas visiones individualistas de la escatolog\u00ed\u00ada, adoptando un tono m\u00e1s sobrio en la exposici\u00f3n de ciertos detalles en los que la imaginaci\u00f3n hab\u00ed\u00ada prevalecido sobre la teolog\u00ed\u00ada y buscando una relaci\u00f3n m\u00e1s adecuada entre los datos de la fe y la visi\u00f3n moderna del hombre. Pero habr\u00e1 que subrayar c\u00f3mo la doctrina de los te\u00f3logos cat\u00f3licos sobre la escatolog\u00ed\u00ada, aun aceptando todos los est\u00ed\u00admulos de los an\u00e1lisis protestantes y de las instancias culturales modernas -desde el marxismo hasta la antropolog\u00ed\u00ada-, jam\u00e1s se ha distanciado de los puntos firmes establecidos por el magisterio de la iglesia y pr\u00e1cticamente recalcados, si bien desde un \u00e1ngulo m\u00e1s amplio, por el Vat. II en el c. VII de la LG, por lo que tampoco los m\u00e1s recientes manuales teol\u00f3gicos sobre el tema han alterado los cl\u00e1sicos esquemas, aun aceptando la extensa problem\u00e1tica moderna&#8217;.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad las grandes l\u00ed\u00adneas dentro de las cuales, y al filo del Vat. II, se mueve la teolog\u00ed\u00ada escatol\u00f3gica: a) cambio en la perspectiva de las realidades \u00faltimas: se da mayor importancia a los aspectos colectivos (parus\u00ed\u00ada, resurrecci\u00f3n de los muertos) que a los individuales, a la escatolog\u00ed\u00ada definitiva que a la inmediata (juicio particular, purgatorio, etc.); b) recuperaci\u00f3n del hecho escatol\u00f3gico esencial: la resurrecci\u00f3n de Cristo y su retorno al final de los tiempos, con las consecuencias que implica; c) estudio m\u00e1s atento de la relaci\u00f3n entre el presente y el futuro, y visi\u00f3n escatol\u00f3gica de la historia humana y de la experiencia de la iglesia como futuro ya presente (el \u00abya s\u00ed\u00ad y todav\u00ed\u00ada no\u00bb de Cullmann); d) visi\u00f3n m\u00e1s optimista del mundo y de la historia actuales con relaci\u00f3n a su \u00faltimo destino, y valoraci\u00f3n de las realidades temporales con miras a \u00ablos nuevos cielos y nueva tierra\u00bb; e) mayor reserva o cautela y sobriedad en cuanto a la entidad de los estados escatol\u00f3gicos intermedios, insistiendo m\u00e1s en la afirmaci\u00f3n de su realidad que en su forma de explicarla. M\u00e1s problem\u00e1ticas siguen siendo las hip\u00f3tesis que, por una u otra parte, se vienen formulando en orden a conciliar de una manera m\u00e1s adecuada los nov\u00ed\u00adsimos (en especial la escatolog\u00ed\u00ada intermedia) con la nueva visi\u00f3n antropol\u00f3gica: posibilidad (?) de una opci\u00f3n fundamental por Dios inmediatamente despu\u00e9s de la muerte y antes del juicio; sentido del purgatorio y de la purificaci\u00f3n; problem\u00e1tica m\u00faltiple sobre el infierno: incertidumbres de facto sobre los condenados; ensayos de justificaci\u00f3n de una no eternidad de las penas del infierno; discusiones sobre el sentido de la existencia humana despu\u00e9s de la muerte y sin el cuerpo como parte integrante del yo, con la consiguiente cr\u00ed\u00adtica del concepto de anima separata, de la inmortalidad del alma (concepto que parece m\u00e1s hel\u00e9nico que b\u00ed\u00adblico-cristiano). Muchas de tales hip\u00f3tesis de renovaci\u00f3n merecen tenerse en cuenta, ya que suponen una seria aportaci\u00f3n al campo de la teolog\u00ed\u00ada, que durante tanto tiempo ha permanecido cerrado por vacaciones, pero sin olvidar que deben tamizarse y confrontarse con el m\u00e1s reciente magistero de la iglesia sobre el tema.<\/p>\n<p>3. PUNTUALIZACIONES DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA. Seg\u00fan lo ya apuntado, el Vat. II, hablando en la LG de la \u00ed\u00adndole escatol\u00f3gica de la iglesia peregrinante, ha recalcado pr\u00e1cticamente todas las verdades cat\u00f3licas sobre los nov\u00ed\u00adsimos sin entrar en la discusi\u00f3n de los problemas modernos. La GS no ha dejado, en cambio, de abrir un m\u00e1s dilatado horizonte a la escatolog\u00ed\u00ada, especialmente en lo relativo al sentido del tiempo presente, del trabajo humano y del progreso en su relaci\u00f3n con el reino futuro y la renovaci\u00f3n del cosmos. La profesi\u00f3n de fe de Pablo VI de 1968, en su parte final, parece puntualizar algunos temas de la escatolog\u00ed\u00ada intermedia contra posibles desviaciones o interpretaciones minimistas que hoy han tenido cabida en algunos catecismos. La m\u00e1s reciente intervenci\u00f3n del magisterio es una carta de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, aprobada por Juan Pablo II en mayo de 1979, \u00absobre algunas cuestiones relativas a la escatolog\u00ed\u00ada\u00bb. El tono de la carta es firme; su contenido busca salvaguardar la fe frente a interpretaciones e hip\u00f3tesis que se est\u00e1n propagando entre los fieles, y que no despiertan sino interrogantes y dudas o vacilaciones. Nada nuevo; es una autorizada llamada a cuanto ense\u00f1a la iglesia, \u00absobre todo acerca de lo que tiene lugar entre la muerte del cristiano y la resurrecci\u00f3n final\u00bb; se quiere, en s\u00ed\u00adntesis, recalcar la verdad de la resurrecci\u00f3n de los muertos, que debe aplicarse al hombre entero; se afirma la supervivencia, despu\u00e9s de la muerte, de la parte espiritual del hombre, la cual, aun a falta del cuerpo, permite la subsistencia del yo humano; y dentro de este contexto no deja de ser leg\u00ed\u00adtimo el uso que ha hecho la iglesia del t\u00e9rmino alma; se afirma igualmente la espera de la manifestaci\u00f3n del Se\u00f1or al final de los tiempos \u00abcomo distinta y aplazada con respecto a la condici\u00f3n de los hombres inmediatamente despu\u00e9s de la muerte\u00bb; se recalca brevemente la felicidad de los justos en el para\u00ed\u00adso, as\u00ed\u00ad como la pena eterna para los pecadores, privados de la visi\u00f3n de Dios, con su consiguiente repercusi\u00f3n en todo el ser humano; se afirma, finalmente, que los justos pueden pasar por una eventual purificaci\u00f3n, preliminar a la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica y distinta de la pena de los condenados.<\/p>\n<p>En cuanto a la relaci\u00f3n entre escatolog\u00ed\u00ada y liturgia, existen en este \u00faltimo documento dos interesantes puntualizaciones. La primera es la referencia impl\u00ed\u00adcita a las liturgias como locus theologicus donde fundamentar algunas verdades: \u00abLa iglesia -se dice all\u00ed\u00ad-excluye toda forma de pensamiento o de expresi\u00f3n que haga absurda e ininteligible su oraci\u00f3n, sus ritos f\u00fanebres, su culto a los muertos; realidades que constituyen sustancialmente verdaderos lugares teol\u00f3gicos. Sobre la representaci\u00f3n del m\u00e1s all\u00e1 se afirma: \u00abEl cristiano debe mantener firmemente estos dos puntos esenciales: debe creer, por una parte, en la continuidad fundamental existente, en virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, entre la vida presente en Cristo y la vida futura&#8230;; pero, por otra parte, el cristiano debe ser consciente de la ruptura radical que hay entre la vida presente y la futura, ya que la econom\u00ed\u00ada de la fe es sustituida por la de la plena luz. La primera cita alude a la confesi\u00f3n de fe de la iglesia que se hace en la liturgia; la segunda quiere apoyar la verdad del lenguaje teol\u00f3gico al hablar de las postrimer\u00ed\u00adas en una dial\u00e9ctica de continuidad y de ruptura: tal vez fuese mejor decir de superaci\u00f3n. Creemos que es \u00e9ste el lenguaje utilizado por la iglesia en su liturgia; en efecto, partiendo de la experiencia de los bienes ya presentes, la liturgia se proyecta hacia el futuro escatol\u00f3gico dejando espacio a la superaci\u00f3n en la continuidad y al misterio que, dentro de la esperanza, envuelve todo lo concerniente a la escatolog\u00ed\u00ada. A la experiencia lit\u00fargica se refieren estas palabras del documento: \u00abSi la imaginaci\u00f3n no puede llegar all\u00ed\u00ad, el coraz\u00f3n llega instintiva y profundamente\u00bb. Observaciones como \u00e9stas plantean inmediatamente el problema de la relaci\u00f3n metodol\u00f3gica entre liturgia y teolog\u00ed\u00ada escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>4. LITURGIA Y PENSAMIENTO ESCATOL\u00ed\u201cGICO MODERNO. La liturgia de la iglesia sigue siendo punto de referencia en la doctrina sobre la escatolog\u00ed\u00ada, un lugar teol\u00f3gico. Cierto que la liturgia no es s\u00f3lo ni principalmente eso, y menos cuando su funci\u00f3n de lugar teol\u00f3gico viene a reducirse a una prueba m\u00e1s que a\u00ed\u00adsla aspectos doctrinales del rico contexto de la celebraci\u00f3n&#8217;. Los textos lit\u00fargicos solamente fundamentan un pensamiento teol\u00f3gico sobre la escatolog\u00ed\u00ada en la medida en que reflejan los datos de la revelaci\u00f3n y la doctrina del magisterio. Fundamentalmente, el pensamiento teol\u00f3gico expl\u00ed\u00adcito de los textos lit\u00fargicos occidentales es el de la tradici\u00f3n contenida en los sacramentarios romanos, es decir, dependientes de la doctrina de algunos padres como Agust\u00ed\u00adn, Le\u00f3n Magno, Gregorio, con todos los valores de dicha teolog\u00ed\u00ada y con alg\u00fan que otro defecto de pensamiento o de lenguaje. F\u00f3rmulas un tanto dif\u00ed\u00adciles y hasta discutibles o discutidas, como algunos textos de la misa de difuntos, se filtraron en momentos de creatividad dentro de la liturgia, llegando a ejercer una notoria influencia en la teolog\u00ed\u00ada, espiritualidad y pastoral de los nov\u00ed\u00adsimos \u00ab. Pero tambi\u00e9n la reciente reforma lit\u00fargica ha introducido en este campo sus retoques y nuevas aportaciones, a la vez que realizaba alguna exclusi\u00f3n de textos. En general, se ha mantenido el pensamiento tradicional tal como aparece en los sacramentarios romanos, retocando aqu\u00ed\u00ad o all\u00e1 \u00abalgunas de las maneras relativas al uso de los bienes terrenos\u00bb,  prevalecer\u00e1 as\u00ed\u00ad la l\u00ed\u00adnea escatol\u00f3gica de la GS con respecto al sentido de las cosas temporales y del trabajo del hombre con miras al reino de Dios. La liturgia, pues, s\u00f3lo m\u00ed\u00adnimamente ha experimentado la influencia del pensamiento escatol\u00f3gico moderno; en cambio, ha servido como punto de referencia, como lugar teol\u00f3gico, para el discernimiento de hip\u00f3tesis y teor\u00ed\u00adas modernas y como elemento de renovaci\u00f3n con vistas a una escatolog\u00ed\u00ada m\u00e1s centrada en el misterio de Cristo y de la iglesia. No es infrecuente el invocar el testimonio de la liturgia como servicio a una escatolog\u00ed\u00ada fundada en lo esencial y girando en torno a la parus\u00ed\u00ada y a la resurrecci\u00f3n final, sobria en sus expresiones, pero lugar, tambi\u00e9n, de la experiencia anticipada de las realidades \u00faltimas y de la comuni\u00f3n orante con la iglesia celeste. Tomada globalmente, la liturgia puede ayudarnos a hacer una relectura del problema escatol\u00f3gico contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>II. Dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la liturgia<br \/>\nLa liturgia cristiana es el lugar esencial de la confesi\u00f3n de fe y de la celebraci\u00f3n de la experiencia de fe, que ilumina el sentido de la vida y de la muerte, del presente y del futuro. Es la presencia y acci\u00f3n de Cristo, el Resucitado, quien mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo une consigo a la iglesia en el dinamismo cultual y santificante de la pascua: con la presencia eficaz de su misterio pascual, el Kyrios glorioso inserta nuestro tiempo en su eternidad; y con el don de su Esp\u00ed\u00adritu, inyecta dinamismos de vida imperecedera en la caduca existencia de los hombres. La experiencia lit\u00fargica ilumina el destino de la iglesia en su camino hacia la Jerusal\u00e9n celeste, en la que llegar\u00e1n a su pleno cumplimiento todas esas realidades que ahora se est\u00e1n viviendo en la fe y en la esperanza. No es f\u00e1cil intentar una s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica sobre este tema. Daremos tan s\u00f3lo unos puntos de reflexi\u00f3n, sacados de la experiencia lit\u00fargica del NT, de algunas l\u00ed\u00adneas doctrinales del Vat. II y de ciertas expresiones emblem\u00e1ticas de la misma celebraci\u00f3n lit\u00fargica renovada.<\/p>\n<p>1. TENSI\u00ed\u201cN ESCATOL\u00ed\u201cGICA DE LA EUCARIST\u00ed\u008dA EN EL NT. En la base misma de la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la liturgia hallamos ya el sentido de espera, tan propio de la revelaci\u00f3n relativa al misterio eucar\u00ed\u00adstico tal como nos lo presentan las p\u00e1ginas del NT.<\/p>\n<p>a) Memorial y espera. La comunidad apost\u00f3lica entendi\u00f3 la eucarist\u00ed\u00ada, a la luz de las palabras y los gestos de Jes\u00fas, como un memorial que representa y sintetiza todo el misterio de Cristo, como recapitulaci\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n y como prenda de los bienes futuros que esperamos y que se nos dar\u00e1n con su segunda venida. Un exegeta contempor\u00e1neo resume as\u00ed\u00ad el sentido de las palabras de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada: \u00abLas palabras explicativas del Se\u00f1or sintetizan todas las grandes ideas del AT (alianza, se\u00f1or\u00ed\u00ado detodo es Cristo, por quien se realizar\u00e1 hasta su consumada perfecci\u00f3n la obra salv\u00ed\u00adfica de Dios. En la eucarist\u00ed\u00ada se unifica todo cuanto en la historia de la salvaci\u00f3n Dios ha hecho y har\u00e1 en favor de los hombres\u00bb. Pasado, presente y futuro salv\u00ed\u00adficos vienen a concentrarse en el memorial de Jes\u00fas. El anuncio del futuro pr\u00f3ximo de su muerte se abre a la historia posterior de los ap\u00f3stoles, quienes deber\u00e1n reiterar su gesto como -> memorial; pero igualmente a un futuro glorioso del mismo Jes\u00fas, al que est\u00e1n invitados los ap\u00f3stoles. Seg\u00fan el evangelio de Mateo (26,29), Jes\u00fas a\u00f1ade a las palabras institucionales de la eucarist\u00ed\u00ada una frase (denominada por algunos plegaria escatol\u00f3gica) que abre una lumbrera a la gloria futura dentro del sombr\u00ed\u00ado clima que lleva consigo la inminencia de su pasi\u00f3n: \u00abOs digo que ya no beber\u00e9 m\u00e1s de este fruto de la vid hasta el d\u00ed\u00ada en que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre\u00bb. Sea cual fuere la interpretaci\u00f3n de dicha frase (que Benoit considera como una cita del para\u00ed\u00adso), es evidente el sentido escatol\u00f3gico de la cena, as\u00ed\u00ad como el de cada eucarist\u00ed\u00ada: la eucarist\u00ed\u00ada remite al banquete escatol\u00f3gico, lo anticipa en la fe y lo hace deseable en la esperanza. Las comidas con el Resusucitado no amortiguaron tal sentido de espera; dieron, s\u00ed\u00ad, un ambiente de gozo pascual a la fracci\u00f3n del pan (Heb 2:46), pero acuciando al mismo tiempo el deseo del retorno del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La orientaci\u00f3n escatol\u00f3gica de la eucarist\u00ed\u00ada ha sido fuertemente subrayada tambi\u00e9n por el relato paulino de su instituci\u00f3n, que se cierra con estas palabras del mismo Pablo: \u00abCuantas veces com\u00e1is este pan Y beb\u00e1is este c\u00e1liz, anunci\u00e1is la muerte del Se\u00f1or hasta que venga\u00bb(1Co 11:26). Tales palabras aluden especialmente al retorno de Cristo, de quien hacen memoria los disc\u00ed\u00adpulos cada vez que celebran la eucarist\u00ed\u00ada. Pudiera entenderse la frase paulina como explicaci\u00f3n complementaria del significado del memorial, dirigida a una comunidad hel\u00e9nica no iniciada en el sentido sem\u00ed\u00adtico de la celebraci\u00f3n pascual como memorial actualizante de las grandes obras realizadas por el Se\u00f1or en favor de su pueblo. El giro es evidente: se alude ahora a Cristo, cuya gloriosa muerte viene \u00abpr\u00f3clamada y realizada en el misterio\u00bb (Max Thurian); pero existe igualmente un paralelismo entre la espera pascual del Mes\u00ed\u00adas por parte del pueblo hebreo y la espera parus\u00ed\u00adaca de Cristo por parte de la iglesia cuando se celebra su memorial. No faltan modernos exegetas (Descamps) que consideran veros\u00ed\u00admil en tales palabras una f\u00f3rmula utilizada por el Se\u00f1or mismo. Y la liturgia occidental, en la recopilaci\u00f3n ambrosiana yen el misal de Stowe, no ha dudado en poner incluso en labios del Se\u00f1or estas palabras alusivas a su retorno: \u00abPassionem meam praedicabitis, resurrectionem meam adnuntiabitis, adventum meum sperabitis donec iterum veniam ad vos de coelis\u00bb \u00ab. Eucarist\u00ed\u00ada como punto de apoyo de la liturgia cristiana, y escatolog\u00ed\u00ada como espera de la venida de Cristo: una y otra indisolublemente vinculadas entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>b) \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb. Cotno confirmaci\u00f3n del sentido escatol\u00f3gico de la eucarist\u00ed\u00ada, a tenor del testimonio vivo de la comunidad apost\u00f3lica, he aqu\u00ed\u00ad la c\u00e9lebre f\u00f3rmula lit\u00fargica que encierra el deseo de la parus\u00ed\u00ada: \u00abMaran\u00e1 tha\u00bb (1Co 16:22). El sentido de tal expresi\u00f3n aramaica es polivalente, pero que hoy preferencialmente se interpreta a la luz de la frase de Apo 22:20 : \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb. Id\u00e9ntica f\u00f3rmula lit\u00fargica aparece en la secci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica del libro de la Didaj\u00e9, en un contexto m\u00e1s amplio y con variantes filol\u00f3gicas en distintas versiones antiguas: \u00abVenga la gracia y pase este mundo&#8230; Maranatha. Am\u00e9n\u00bb; la versi\u00f3n copta escribe: \u00abVenga el Se\u00f1or y pase este mundo&#8230;\u00bb Se ha escrito que tal frase, con su ardiente invocaci\u00f3n de la venida del Se\u00f1or, expresa el clima escatol\u00f3gico de las primitivas celebraciones eucar\u00ed\u00adsticas; pero es a la vez una confesi\u00f3n y r\u00fabrica de fe que unifica la referencia al Se\u00f1or resucitado con la referencia a su retorno glorioso. Entre los dos polos de la escatolog\u00ed\u00ada -resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or y su segunda venida- aparece la eucarist\u00ed\u00ada como memorial y anticipaci\u00f3n, como presencia que garantiza y hace desear al mismo tiempo la venida definitiva del Se\u00f1or. En esta experiencia lit\u00fargica aprendi\u00f3 la iglesia primitiva a sentir que el Se\u00f1or, cuya venida tan ardientemente se desea, se hace presente en una serie de anticipaciones sacramentales, como lo demuestra el texto del Apocalipsis: \u00abHe aqu\u00ed\u00ad que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre, entrar\u00e9 en su casa, cenar\u00e9 con \u00e9l y \u00e9l conmigo\u00bb (Apo 3:20), palabras que encierran un claro sabor eucar\u00ed\u00adstico. Tales referencias vienen as\u00ed\u00ad a confirmar el sentido escatol\u00f3gico de toda celebraci\u00f3n lit\u00fargica de la iglesia; all\u00ed\u00ad donde se experimenta la presencia del Resucitado, se desea y se espera su retorno definitivo.<\/p>\n<p>c) Eucarist\u00ed\u00ada y resurrecci\u00f3n. Un tercer punto b\u00ed\u00adblico que vincula entre s\u00ed\u00ad eucarist\u00ed\u00ada y escatolog\u00ed\u00ada es la promesa de la resurrecci\u00f3n final que hace Jes\u00fas a quienes comen su carne y beben su sangre (Jua 6:54). Toda la tradici\u00f3n antigua ha interpretado este texto como promesa de la resurrecci\u00f3n corporal, en la l\u00f3gica de una identificaci\u00f3n total de los creyentes con el destino del Se\u00f1or en su gloria. La liturgia eucar\u00ed\u00adstica aplica de esta manera la esperanza de la resurrecci\u00f3n final tambi\u00e9n a los cuerpos, como participaci\u00f3n en la carne gloriosa del Resucitado. Valga por todos el hermoso texto de Ireneo: \u00abNuestros cuerpos, merced a la participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada, ya no son corruptibles, pues poseen la esperanza de la resurrecci\u00f3n para la eternidad\u00bb. Atestiguada por la tradici\u00f3n y vivida en la \u00e9poca martirial de la iglesia con una fe intensa, esta doctrina evang\u00e9lica ha marcado profundamente el sentido de la muerte cristiana, as\u00ed\u00ad como el respeto y hasta la veneraci\u00f3n debida a los cuerpos de los difuntos.<\/p>\n<p>2. ESCATOLOG\u00ed\u008dA Y LITURGIA EN EL VAT. II. Para elaborar una s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica sobre la relaci\u00f3n entre liturgia y escatolog\u00ed\u00ada, podr\u00ed\u00adamos acudir a la doctrina del Vat. II. Los puntos aparecen diseminados aqu\u00ed\u00ad y all\u00ed\u00ad en distintos documentos con sus contextos teol\u00f3gicos igualmente distintos. Parece, pues, m\u00e1s l\u00f3gico recoger tales referencias sumarias sin sacarlas de su contexto doctrinal.<\/p>\n<p>a) Referencias de la SC. No deja de ser sintom\u00e1tico que la primera afirmaci\u00f3n del concilio sobre la naturaleza de la iglesia, tal cual \u00e9sta se revela y aparece en la liturgia, insista claramente en su sentido escatol\u00f3gico. La iglesia es \u00abhumana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acci\u00f3n y dada a la contemplaci\u00f3n, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina, y todo esto de suerte que en ella lo humano est\u00e9ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n y lo presente a la ciudad futura que buscarnos\u00bb (SC 2). Se nos da aqu\u00ed\u00ad en s\u00ed\u00adntesis la escatolog\u00ed\u00ada tal y como se la vive en la experiencia lit\u00fargica, presencia de lo divino en lo humano, de lo invisible en lo visible, de lo eterno en lo temporal; es decir, una escatolog\u00ed\u00ada anticipada y, por tanto, en tensi\u00f3n hacia el futuro para alcanzar \u00abla medida de la edad de la plenitud de Cristo\u00bb (Efe 4:13) en la ciudad celeste hacia la que nos encaminamos (Heb 13:14).<\/p>\n<p>Como t\u00e9rmino de la breve exposici\u00f3n teol\u00f3gica sobre la naturaleza de la liturgia (SC 5-8) se viene a afirmar: \u00abEn la liturgia terrena pregustamos y tomamos parte en aquella liturgia celestial que se celebra en la santa ciudad de Jerusal\u00e9n, hacia la cual nos dirigimos corno peregrinos y donde Cristo est\u00e1 sentado a la diestra de Dios&#8230;; y aguardamos al Salvador, nuestro se\u00f1or Jesucristo, hasta que se manifieste \u00e9l, nuestra vida, y nosotros nos manifestemos tambi\u00e9n gloriosos con \u00e9l\u00bb (SC 8). Destaca aqu\u00ed\u00ad la idea de la contemporaneidad de lo eterno en el presente -tempiternidad de la liturgia- y de la comuni\u00f3n entre la iglesia peregrina y la celeste, pero siempre en la dimensi\u00f3n de espera; la relaci\u00f3n se basa en la presencia del Se\u00f1or: \u00e9l est\u00e1 presente en la liturgia (SC 7), pero deber\u00e1 volver en su gloria.<\/p>\n<p>Otros puntos doctrinales, que no pretenden ser exhaustivos, los encontramos donde se habla de la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de algunas acciones lit\u00fargicas. La eucarist\u00ed\u00ada habr\u00e1 de celebrarse hasta el retorno del Se\u00f1or, siendo una prenda de la gloria futura (SC 47). El Oficio divino es la oraci\u00f3n e himno que se canta en las moradas celestiales, y al que el mismo Cristo asocia laalabanza de su iglesia (SC 83). La reforma del rito exequial debe expresar m\u00e1s claramente la \u00ed\u00adndole pascual de la muerte cristiana (SC 81). El a\u00f1o lit\u00fargico traduce la orientaci\u00f3n escatol\u00f3gica de la iglesia al celebrar en el ciclo anual el misterio de Cristo, comprendida en \u00e9l \u00abla expectativa de la dichosa esperanza y venida del Se\u00f1or\u00bb (SC 102); en el ciclo de las festividades marianas, la iglesia contempla a Mar\u00ed\u00ada \u00abcomo una pur\u00ed\u00adsima imagen de lo que ella misma, toda entera, ans\u00ed\u00ada y espera ser\u00bb (SC 103); en la conmemoraci\u00f3n de los santos y los m\u00e1rtires confesamos que ellos, \u00abhabiendo ya alcanzado la salvaci\u00f3n eterna, cantan la perfecta alabanza de Dios en el cielo e interceden por nosotros\u00bb (SC 104).<\/p>\n<p>b) Perspectiva de la LG. El cap\u00ed\u00adtulo VII de la LG sobre la \u00ab\u00ed\u00adndole escatol\u00f3gica de la iglesia peregrinante y su uni\u00f3n con la iglesia celestial\u00bb se inspira abundantemente en las fuentes de la revelaci\u00f3n y en la vida de la misma iglesia tal y como ella se expresa en la liturgia. Se acent\u00faa fuertemente el aspecto de comuni\u00f3n. y por tanto la dimensi\u00f3n del comienzo ya en esta tierra de la vida futura como primicia y garant\u00ed\u00ada de la misma, y la participaci\u00f3n, mediante l\u00e1 comuni\u00f3n de los santos, en la vida de la iglesia celeste. El lugar de esta participaci\u00f3n y comuni\u00f3n es siempre la liturgia, sobre todo la eucar\u00ed\u00adstica. Citaremos aqu\u00ed\u00ad dos textos, sacados de un rico conjunto. El primero es la afirmaci\u00f3n de c\u00f3mo el eschaton del Cristo resucitado y de su Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 ya presente y actuando en la iglesia a trav\u00e9s de la liturgia: Cristo, \u00absentado a la derecha del Padre, act\u00faa sin cesar en el mundo para conducir a los hombres a la iglesia y por medio de ella unirlos a s\u00ed\u00ad m\u00e1s estrechamente y para hacerlos part\u00ed\u00adcipes de su vida gloriosa aliment\u00e1ndolos con su cuerpo y sangre. As\u00ed\u00ad que la restauraci\u00f3n prometida que esperamos ya comenz\u00f3 en Cristo, es impulsada con la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y por \u00e9l contin\u00faa en la iglesia&#8230;\u00bb (LG 48). La liturgia acent\u00faa, por otra parte, el v\u00e9rtice de la experiencia de comuni\u00f3n con la iglesia celeste, que se realiza \u00abde la m\u00e1s excelente manera cuando, especialmente en la sagrada liturgia, en la cual la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo act\u00faa sobre nosotros por medio de los signos sacramentales, celebramos juntos con gozo com\u00fan las alabanzas de la divina majestad&#8230; As\u00ed\u00ad pues, al celebrar el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico es cuando mejor nos unimos al culto de la iglesia celestial, entrando en comuni\u00f3n y venerando la memoria, primeramente, de la gloriosa siempre Virgen Mar\u00ed\u00ada&#8230;\u00bb (LG 50). Parecidos o id\u00e9nticos conceptos se repiten en el n. 51, donde se a\u00f1ade: \u00abParticipamos, pregust\u00e1ndola, en la liturgia de la gloria consumada\u00bb. Ya en otro contexto hab\u00ed\u00ada expresado la LG este hermoso concepto de la liturgia como \u00abnuevos cielos y nueva tierra\u00bb: \u00abAl igual que los sacramentos de la nueva ley, con los que se alimenta la vida y el apostolado de los fieles, prefiguran el cielo nuevo y la tierra nueva, as\u00ed\u00ad los laicos quedan constituidos en poderosos pregoneros de la fe en las cosas que esperamos\u00bb (LG 35).<\/p>\n<p>c) Visi\u00f3n de la GS. Es evidente que el tema escatol\u00f3gico ha sido recogido por la GS en una visi\u00f3n que pudi\u00e9ramos definir como antropol\u00f3gica, social y c\u00f3smica. El destino final de la iglesia y de cada cristiano proyecta su luz sobre las postrimer\u00ed\u00adas del hombre y del cosmos. El lenguaje es m\u00e1s abierto y est\u00e1 fuertemente marcado por el optimismo y la esperanza, quetendr\u00ed\u00adan su fundamento en el mismo Cristo, el hombre nuevo, y en el misterio pascual como real dad que ilumina y dignifica la tividad humana. Citaremos solam nte dos textos en referencia a la lit rgia. El primero es la respuesta que la iglesia da al enigma del d or y de la muerte; es tal vez la p\u00e1 ina m\u00e1s kerigm\u00e1tica de toda la octrina conciliar, ya que anuncia al Cristo resucitado ante la sociedad de hoy: \u00abPor Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que, fuera del evangelio, nos envuelve en absoluta oscuridad. Cristo resucit\u00f3; con su muerte destruy\u00f3 la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Esp\u00ed\u00adritu: Abba!, \u00c2\u00a1Padre!\u00bb (GS 22). En esta proclamaci\u00f3n de fe en la resurrecci\u00f3n puede insertarse un texto de la liturgia pascual bizantina, c\u00e1ntico exultante de la victoria de Cristo sobre la muerte. Porque es efectivamente Cristo resucitad) quien, presente en la liturgia de la iglesia, ilumina el destino del hombre y del cosmos y quien rompe las barreras de la muerte y ofrece a todo hombre la esperanza de una vida eterna. El segundo texto se abre a la escatolog\u00ed\u00ada universal con una impl\u00ed\u00adcita referencia a la renovaci\u00f3n del cosmos. La eucarist\u00ed\u00ada se nos presenta en el contexto del futuro de la historia y en el del valor de la actividad humana a la luz del misterio pascual: \u00abEl Se\u00f1or dej\u00f3 a los suyos prenda de tal esperanza y alimento para el camino en aquel sacramento de la fe en el que los elementos de la naturaleza, cultivados por el hombre, se convierten en el cuerpo y sangre gloriosos con la cena de la comuni\u00f3n fraterna y la degustaci\u00f3n del banquete celestial\u00bb (SC 38). Estas palabras vienen a continuaci\u00f3n de las del n. 39, que hablan de la tierra nueva y del nuevo cielo, ya que la eucarist\u00ed\u00ada aparece como el sacramento de la \u00abpascua de la humanidad y del universo\u00bb.<\/p>\n<p>3. DIMENSI\u00ed\u201cN ESCATOL\u00ed\u201cGICA DE LAS CELEBRACIONES LIT\u00daRGICAS. La s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica del Vat. II ha puesto de relieve la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la liturgia. Queremos ofrecer ahora una ejemplificaci\u00f3n a trav\u00e9s de algunas celebraciones, en las que subrayaremos ya su sentido escatol\u00f3gico global, ya sus expresiones eucol\u00f3gicas como emblem\u00e1ticas del tema. La cita no es aqu\u00ed\u00ad completa, sino s\u00f3lo indicativa: se completar\u00e1 despu\u00e9s [-> infra, III].<\/p>\n<p>a) Bautismo-confirmaci\u00f3n. La iniciaci\u00f3n cristiana (mediante el bautismo y la confirmaci\u00f3n) es un sacramento escatol\u00f3gico; con su inserci\u00f3n en el misterio pascual y mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu, el cristiano entra en el pueblo escatol\u00f3gico, es decir, en la iglesia, y participa ya de los bienes futuros; en la unidad fundamental de la iniciaci\u00f3n, bautismo y confirmaci\u00f3n se presentan como germen de gloria y como primicias del Esp\u00ed\u00adritu, que tienden a su plenitud a trav\u00e9s de un crecimiento incesante. Mediante tales sacramentos entra el cristiano en la din\u00e1mica escatol\u00f3gica como posesi\u00f3n y esperanza, se hace realidad para \u00e9l toda la revelaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como el don inicial del que hablan los textos del NT. Aun dentro de la plenitud con que lo contempla la tradici\u00f3n antigua, el bautizado sigue siendo un \u00abhombre que espera\u00bb y que tiende hacia la realizaci\u00f3n consumada de cuanto se le ha concedido inicialmente: una rica antolog\u00ed\u00ada de textos b\u00ed\u00adblicos, lit\u00fargicos y patr\u00ed\u00adsticos lo demuestra clara y eficazmente'\u00bb. Incluso hoy, el rito bautismal est\u00e1 expresando el sentido escatol\u00f3gico del sacramento mediante dos significativos s\u00ed\u00admbolos: la vestidura blanca y el cirio encendido. Al hacer entrega de la vestidura, alude la iglesia al compromiso por la vida eterna: \u00abSois ya nueva creatura y hab\u00e9is sido revestidos de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de vuestra dignidad de cristianos&#8230;; conservadla sin mancha, hasta la vida eterna\u00bb (RBN 130). Y la luz impone la obligaci\u00f3n de la vigilancia para salir al encuentro del Se\u00f1or (RBN 131).<\/p>\n<p>Hay antiguos formularios lit\u00fargicos que explicitan el sentido escatol\u00f3gico de la confirmaci\u00f3n. He aqu\u00ed\u00ad la f\u00f3rmula del gelasiano: \u00abSigno de Cristo para la vida eterna\u00bb. Un texto copio afirma: \u00abUnci\u00f3n de la prenda del reino de los cielos\u00bb, con alusi\u00f3n al texto de Efe 1:13-14 : .. hab\u00e9is sido sellados con el Esp\u00ed\u00adritu&#8230;, el cual es prenda de nuestra herencia\u00bb 19. El actual rito de la confirmaci\u00f3n parece m\u00e1s preocupado por el aspecto del testimonio, pero sin olvidar por eso que todo el dinamismo del Esp\u00ed\u00adritu que se act\u00faa en los cristianos se realiza con miras al reino de Cristo (LG 4 y 48).<\/p>\n<p>b) Eucarist\u00ed\u00ada. Hemos ya insinuado [-> supra, II, 1] el sentido escatol\u00f3gico de la eucarist\u00ed\u00ada. Como conjunto, la eucarist\u00ed\u00ada es prenda de la gloria (SC 47; UR 15): presencia del Resucitado y de su misterio pascual; espera de su retorno, constitutivo de la comunidad escatol\u00f3gica; germen de resurrecci\u00f3n; preludio de la renovaci\u00f3n de la creaci\u00f3n mediante la transformaci\u00f3n del pan y del vino. La confesi\u00f3n de la fe a lo largo de toda la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica mantiene viva tal dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica. La evoca la aclamaci\u00f3n que sigue a la consagraci\u00f3n: .. hasta que vuelvas\u00bb, y la recuerda igualmente el memorial de la III y IV plegarias eucar\u00ed\u00adsticas: \u00ab&#8230; y, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, Padre&#8230;&#8217;; m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito es el embolismo del padrenuestro: \u00ab&#8230; mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo\u00bb. Todas las plegarias eucar\u00ed\u00adsticas se concluyen con la evocaci\u00f3n de la gloria, hacia la que se orienta toda celebraci\u00f3n del misterio pascual; amplias son, en este sentido, las perspectivas de la IIl y IV plegarias eucar\u00ed\u00adsticas: \u00ab&#8230; en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; all\u00ed\u00ad enjugar\u00e1s las l\u00e1grimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como t\u00fa eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas\u00bb; \u00ab&#8230; y all\u00ed\u00ad, junto con toda la creaci\u00f3n, libre ya de pecado y de muerte, te glorificaremos&#8230;\u00bb Dentro de este contexto no deja de ser elocuente el recuerdo de los difuntos como afirmaci\u00f3n de la fe de la iglesia en la existencia de una situaci\u00f3n intermedia de purificaci\u00f3n entre la muerte y la vida eterna; del recuerdo de cada uno de los cristianos se pasa a una perspectiva universal, especialmente en la IV plegaria: \u00abAcu\u00e9rdate&#8230; de todos los difuntos, cuya fe s\u00f3lo t\u00fa conociste\u00bb. La configuraci\u00f3n con Cristo, que se iniciara en el bautismo y que se perfecciona con la eucarist\u00ed\u00ada, se atisba en su fase final y l\u00f3gica como resurrecci\u00f3n corporal: \u00ab&#8230; cuando Cristo haga surgir de la tierra a los muertos, y transforme nuestro cuerpo fr\u00e1gil en cuerpo glorioso como el suyo\u00bb (III plegaria eucar\u00ed\u00adstica).<\/p>\n<p>No es posible exponer aqu\u00ed\u00ad toda la tem\u00e1tica escatol\u00f3gica que se contiene en la eucolog\u00ed\u00ada menor [-> Eucolog\u00ed\u00ada, 1, 2], relativa a la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. En el rito romano se expresa l\u00f3gicamente tal tem\u00e1tica en la oraci\u00f3n de despu\u00e9s de la comuni\u00f3n, en la que se viene a subrayar la continuidad entre eldon recibido y la plenitud a la que se aspira; en el actual misal roma_ no existe un cierto equilibrio entre las oraciones que expresan el deseo de los bienes celestiales y las que traducen el ineludible compromiso de caridad y de justicia en el mundo.<\/p>\n<p>c) El a\u00f1o lit\u00fargico. Relieve especial se otorga al tema escatol\u00f3gico en algunas celebraciones del -> a\u00f1o lit\u00fargico, particularmente en -> adviento. Pero no debemos olvidar que la ra\u00ed\u00adz de la espera de la segunda venida del Se\u00f1or sigue siendo la pascua, y que en un principio fue la vigilia pascual el momento de la espera del Salvador. Una antigua tradici\u00f3n cristiana basada en el Evangelio de los hebreos dice: \u00abLos doctos creen que el d\u00ed\u00ada del juicio tendr\u00e1 lugar en el tiempo pascual, ya que es entonces cuando resucit\u00f3 Cristo y cuando igualmente resucitar\u00e1n los santos\u00bb. La espera del Se\u00f1or durante la vigilia pascual estaba todav\u00ed\u00ada viva en el s. IN!, como lo prueban algunos textos pascuales de Jer\u00f3nimo, Agust\u00ed\u00adn y otros escritores. La tradici\u00f3n romana, que sit\u00faa en el adviento la celebraci\u00f3n de la espera del Se\u00f1or como juez, es m\u00e1s reciente y est\u00e1 atestiguada especialmente por el sacramentario gelasiano. Aun manteni\u00e9ndose hoy en el rito romano tal dimensi\u00f3n del adviento, es evidente su relaci\u00f3n no solamente con la natividad, sino tambi\u00e9n y sobre todo con la pascua, ya que de otra suerte desaparecer\u00ed\u00ada el sentido aut\u00e9ntico de la espera y esperanza cristianas. Dentro de este contexto tampoco se debe olvidar que el verdadero tiempo celebrativo de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana sigue siendo el tiempo pascual, como se subraya en tant\u00ed\u00adsimos textos eucol\u00f3gicos que, desde la realidad de la pascua y el don del Esp\u00ed\u00adritu como punto departida, orientan a la iglesia hacia su consumada plenitud.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de estos dos polos celebrativos -adviento y pascua-, el a\u00f1o lit\u00fargico alcanza momentos fuertes de experiencia y pedagog\u00ed\u00ada escatol\u00f3gicas en la liturgia de algunas fiestas del Se\u00f1or (ascensi\u00f3n, Cristo rey), en la solemnidad de todos los santos y en la conmemoraci\u00f3n de todos los difuntos. Relieve particular merece la gloriosa asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, imagen escatol\u00f3gica y primicia de la realidad futura que la iglesia aguarda esperanzada, como canta el prefacio de dicha festividad: \u00abElla es figura y primicia de la iglesia que un d\u00ed\u00ada ser\u00e1 glorificada; ella es consuelo y esperanza de tu pueblo, todav\u00ed\u00ada peregrino en la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>d) Liturgia de las Horas. La iglesia orante confiesa su dimensi\u00f3n comunional con la Jerusal\u00e9n celeste en la alabanza y en la espera de la gloria: \u00abCon la alabanza que a Dios se ofrece en las horas, la iglesia canta asoci\u00e1ndose al himno de alabanza que perpetuamente resuena en las moradas celestiales, y siente ya el sabor de aquella alabanza celestial que resuena de continuo ante el trono de Dios y del Cordero, como Juan la describe en el Apocalipsis&#8230; En la liturgia de las Horas proclamamos esta fe, expresamos y nutrimos esta esperanza, participamos en cierto modo del gozo de la perpetua alabanza Y del d\u00ed\u00ada que no conoce ocaso\u00bb. Seg\u00fan las inspiradas palabras de Cipriano, en la oraci\u00f3n de v\u00ed\u00adsperas \u00aboramos y suplicamos para que la luz retorne siempre a nosotros, y pedimos que venga Cristo a otorgarnos el don de la luz eterna\u00bb. Participan de este mismo car\u00e1cter escatol\u00f3gico las celebraciones vigiliares, como signo de una oraci\u00f3n vigilante y a la espera del esposo en medio de la noche, as\u00ed\u00ad como las completas, confi\u00e1ndonos al Se\u00f1or durante el reposo nocturno, y despu\u00e9s de haber proclamado con Sime\u00f3n el deseo de encontrarnos con \u00e9l 21. Algunos elementos eucol\u00f3gicos subrayan fuertemente esta confesi\u00f3n de la esperanza cristiana, particularmente en las colectas y en las preces de v\u00ed\u00adsperas en el ordinario.<\/p>\n<p>III. Las realidades \u00faltimas a la luz de la liturgia<br \/>\nLa liturgia explicita en sus f\u00f3rmulas la fe de la iglesia en las realidades \u00faltimas que esperan los hombres, ya en lo concerniente a la escatolog\u00ed\u00ada intermedia, ya en lo relativo a los \u00faltimos acontecimientos de la historia y del mundo. Nos proponemos ilustrar brevemente este aspecto complementario de nuestro tema partiendo de las expresiones emblem\u00e1ticas de la liturgia, pero sin dejar de observar al mismo tiempo que la doctrina all\u00ed\u00ad contenida s\u00f3lo adquiere todo su sentido en ese mismo clima de fe y de esperanza con que la iglesia celebra el misterio de Cristo y de la vida cristiana.<\/p>\n<p>1. MUERTE, JUICIO, PURIFICACI\u00ed\u201cN. El misterio de la muerte en la liturgia se esclarece con la resurrecci\u00f3n de Cristo, quien \u00abmuriendo destruy\u00f3 la muerte y resucitando restaur\u00f3 la vida\u00bb. La muerte tiene, pues, un car\u00e1cter pascual; es un paso: \u00abporque la vida&#8230; no termina, se transforma\u00bb, dice el primer prefacio de difuntos. Para la iglesia, los difuntos no son muertos, sino durmientes, seg\u00fan el lenguaje lit\u00fargico. Ya la preparaci\u00f3n para la muerte, con el vi\u00e1tico y con la recomendaci\u00f3n del alma, adquiere un car\u00e1cter de paso, de un salir al encuentro con la eucarist\u00ed\u00ada como alimento para el camino. Toda la liturgia exequial, aun sin ocultar la realidad del dolor que lleva consigo toda separaci\u00f3n y que estimula el consuelo de los afligidos, es un c\u00e1ntico de esperanza y de resurrecci\u00f3n. Se habla de vida, y se nos despide con la espera de un reencuentro en la gloria, como se dice en el rito denominado de despedida. El lenguaje lit\u00fargico expresa claramente las separaciones del alma y el cuerpo. Y \u00e9ste es venerado y puesto en el sepulcro con la espera de su resurrecci\u00f3n final. Y se conf\u00ed\u00ada el alma a la misericordia de Dios. Algunas oraciones hablan expl\u00ed\u00adcitamente de un juicio inmediato, pero insistiendo sobre todo en la invocaci\u00f3n de un juez misericordioso. Al alma del difunto le quedan abiertas las puertas de la salvaci\u00f3n eterna o de la condenaci\u00f3n. Las oraciones de la iglesia insisten mucho m\u00e1s en la salvaci\u00f3n eterna que suplican, y s\u00f3lo indirectamente se pide la liberaci\u00f3n de la eterna condenaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Son numerosas e insistentes las referencias a un posible estadio de purificaci\u00f3n por el que deber\u00e1n pasar los difuntos antes de ser admitidos a la visi\u00f3n de Dios. Tal es la fe de la iglesia, seg\u00fan se refleja en la liturgia, sobre la que se funda la necesidad de sufragios por los difuntos y la oblaci\u00f3n del sacrificio eucar\u00ed\u00adstico en favor suyo. Nuestros hermanos difuntos pueden encontrarse en un estado intermedio que no es todav\u00ed\u00ada el de la gloria, pudiendo disfrutar de la ayuda espiritual que les proporciona nuestra oraci\u00f3n. El lenguaje lit\u00fargico, aun dentro de su sobriedad, es realista. Se pide que \u00absean perdonados sus pecados\u00bb, \u00ablavadas sus culpas\u00bb, \u00abcondonadas sus deudas\u00bb, \u00abliberados mediante el sacrificio de Cristo\u00bb, con miras a la bienaventuranzay la paz de los santos. Se afirma, pues, sin entrar en detalles, un posible estado de purificaci\u00f3n entre la muerte y la gloria.<\/p>\n<p>Una de las novedades de la liturgia renovada es la relativa a los ni\u00f1os muertos sin bautismo. En los respectivos formularios lit\u00fargicos, aun afirm\u00e1ndose la necesidad del bautismo, queda abierto un horizonte de esperanza (que no podr\u00e1 ser solamente una vac\u00ed\u00ada consolaci\u00f3n de circunstancias) con las oraciones en las que se conf\u00ed\u00adan a la misericordia de Dios los ni\u00f1os muertos sin el bautismo.<\/p>\n<p>El panorama de la celebraci\u00f3n de la muerte cristiana queda abierto a la bienaventuranza, que se presagia segura y pronta para los difuntos en la espera de la resurrecci\u00f3n y de la gloria futura, como se expresa el RE, 1: \u00abEn las exequias de sus hijos, la iglesia celebra con fe el misterio pascual de Cristo, a fin de que todos los que mediante el bautismo pasaron a formar un solo cuerpo con Cristo, muerto y resucitado, pasen tambi\u00e9n con \u00e9l, por la muerte, a la vida eterna: primero con el alma, que habr\u00e1 de purificarse para entrar en el cielo, con los santos y elegidos; despu\u00e9s con el cuerpo, que deber\u00e1 aguardar la venida de Cristo y la resurrecci\u00f3n de los muertos\u00bb (v\u00e9ase A. Pardo, Liturgia de los nuevos Rituales y del Oficio divino, col. Libros de la comunidad, ed. Paulinas, etc., Madrid 1980, 263).<\/p>\n<p>2. BIENAVENTURANZA Y PENA ETERNA. La confesi\u00f3n de la bienaventuranza eterna es la consoladora verdad que inspira y alienta la oraci\u00f3n de la iglesia. En torno al altar del cielo se agrupa una multitud de \u00e1ngeles y santos, a cuyas voces unimos nosotros las nuestras en la alabanza. Se cree, pues, en una inmediata visi\u00f3n de Dios despu\u00e9s de la muerte o de una eventual purificaci\u00f3n, sin la m\u00e1s m\u00ed\u00adnima sospecha de dilaci\u00f3n de la bienaventuranza de los santos para despu\u00e9s del juicio final, como parece sugerir la escatolog\u00ed\u00ada ortodoxa. El sentido de la comuni\u00f3n con la iglesia celeste y de la intercesi\u00f3n de los santos en favor nuestro, expl\u00ed\u00adcito en plegarias e invocaciones, se apoya en esta verdad, que no admite sombras de duda. Tambi\u00e9n para los difuntos se pide \u00abel lugar del consuelo, de la luz y de la paz\u00bb, es decir, la visi\u00f3n inmediata de Dios en la gloria. En lo m\u00e1s nuclear de la ,plegaria eucar\u00ed\u00adstica pedimos: \u00abadm\u00ed\u00adtenos en la asamblea de los santos ap\u00f3stoles y m\u00e1rtires\u00bb, \u00abcu\u00e9ntanos entre tus elegidos\u00bb, \u00abmerezcamos compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas\u00bb. En la descripci\u00f3n de esta gloria eterna utiliza la liturgia los mismos t\u00e9rminos y figuras de la revelaci\u00f3n; con sobriedad, s\u00ed\u00ad, y con exactitud y sin concesiones a la imaginaci\u00f3n, pero apoyando en la fe la intuici\u00f3n de dicha felicidad y partiendo de la experiencia de la misma liturgia, que es, seg\u00fan f\u00f3rmula muy familiar a los orientales,&#8217; \u00abel cielo en la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>Y sobriedad, igualmente, en lo relativo a la condenaci\u00f3n eterna. Se habr\u00e1 de reconocer c\u00f3mo, en realidad, los textos alusivos a este misterio no son muchos. El m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito es el del canon romano: \u00abl\u00ed\u00adbranos de la condenaci\u00f3n eterna\u00bb; as\u00ed\u00ad como el inciso: \u00ab&#8230; y no permitas que jam\u00e1s me aparte de ti\u00bb, que aparece en una de las oraciones anteriores a la comuni\u00f3n, Y que es generalmente interpretado en ese mismo sentido. Hay otros textos de la antigua liturgia m\u00e1s o menos dispersos. En todo caso, parece que la iglesia desea m\u00e1s bien subrayar lo positivo, aunque sin olvidar, dentro del conjunto, lainevitable pena eterna para quienes mueren en pecado. Recordemos, a t\u00ed\u00adtulo de curiosidad, c\u00f3mo algunas oraciones bizantinas de la vigilia de pentecost\u00e9s parecen pedir la salvaci\u00f3n de los condenados, lo cual ha inducido a algunos te\u00f3logos ortodoxos contempor\u00e1neos a dudar de la eternidad del infierno &#8216;. De igual o parecida manera exist\u00ed\u00adan en la edad media oraciones por las almas de cuya salvaci\u00f3n se desconfiaba, o textos que hablaban de una mitigaci\u00f3n de las penas del infierno durante la celebraci\u00f3n de la pascua. Tales oraciones, sin embargo, no expresan sino la extremada audacia de la iglesia orante, que no se resigna al fatal destino de la pena eterna y que pide a la misericordia de Dios -de quien es la \u00faltima palabra, en su infinita justicia, sobre la suerte de los hombres- la salvaci\u00f3n de todos.<\/p>\n<p>3. PARUS\u00ed\u008dA Y RESURRECCION FINAL DE LOS MUERTOS. Hemos visto ya no pocos textos lit\u00fargicos que expresan la fe y la esperanza de la iglesia en la segunda venida de Cristo. Aluden tambi\u00e9n a ella eficazmente, relacionando la parus\u00ed\u00ada con el juicio universal, los textos de las primeras dominicas de adviento -colectas y prefacios&#8212;, y hasta la misma misa de la vigilia de navidad, en las que la iglesia pide poder esperar sin temor a Cristo \u00abcuando vuelva como juez\u00bb. Dentro de esta perspectiva y en este tono es como resuena ardiente a lo largo de todo el adviento la s\u00faplica de la iglesia del Apocalipsis y de la comunidad primitiva: \u00ab\u00c2\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u00bb<br \/>\nDe la fe en la resurrecci\u00f3n de Cristo es de donde brota la certeza de la resurrecci\u00f3n de los hombres con sus cuerpos al final de los tiempos. Lo insin\u00faan algunos textos del tiempo pascual, como esta colecta del tercer domingo de pascua: \u00ab&#8230; afiance su esperanza de resucitar gloriosamente\u00bb; o la oraci\u00f3n de despu\u00e9s de la comuni\u00f3n: \u00ab&#8230; gu\u00ed\u00ada (a tu pueblo) a la gloria incorruptible de la resurrecci\u00f3n\u00bb. Es la tem\u00e1tica m\u00e1s peculiar del rito exequial, fundamento del respeto al cuerpo y de las honras lit\u00fargicas que se le tributan, seg\u00fan las palabras del rito de \u00abdespedida\u00bb: \u00abconcede a tu siervo reposar en la paz de este sepulcro hasta que t\u00fa&#8230; le resucites\u00bb (RE 97). No se trata de una visi\u00f3n individualista de la salvaci\u00f3n, sino de una l\u00f3gica consecuencia de la participaci\u00f3n de todo el cuerpo en la gloria actual de su cabeza (como bien dice la eucolog\u00ed\u00ada del d\u00ed\u00ada de la ascensi\u00f3n), que prefigura ya la asunci\u00f3n gloriosa de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En la IV plegaria eucar\u00ed\u00adstica encontramos expl\u00ed\u00adcitamente un destello de optimismo con respecto a la renovaci\u00f3n final del mundo: \u00abQue todos tus hijos nos reunamos en la heredad de tu reino&#8230;, y all\u00ed\u00ad, junto con toda la creaci\u00f3n, libre ya de pecado y de muerte, te glorifiquemos\u00bb. Es evidente que la \u00fanica interpretaci\u00f3n v\u00e1lida de estas palabras es la de renovaci\u00f3n del cosmos, seg\u00fan las alusiones b\u00ed\u00adblicas y el trasfondo teol\u00f3gico que parece estar presente en GS 39 sobre los cielos nuevos y la nueva tierra.<\/p>\n<p>El fundamento y preludio de la esperanza en la resurrecci\u00f3n final y en la renovaci\u00f3n del cosmos sigue siendo siempre el misterio de la eucarist\u00ed\u00ada, \u00abmedicina de inmortalidad\u00bb y \u00absemilla de incorrupci\u00f3n\u00bb para el cristiano, pero tambi\u00e9n inicial \u00abpascua del universo\u00bb por la transformaci\u00f3n del pan y el vino en el cuerpo y sangre del Se\u00f1or. Una audaz intuici\u00f3n teol\u00f3gico-espiritual ha vinculado la eucarist\u00ed\u00ada y la escatolog\u00ed\u00ada final con estas palabras: \u00abSi la eucarist\u00ed\u00ada es causa de la resurrecci\u00f3n del hombre, \u00bfpor qu\u00e9no ha de poder el cuerpo del hombre divinizado por la misma eucarist\u00ed\u00ada estar destinado a corromperse bajo la tierra para cooperar as\u00ed\u00ad a la renovaci\u00f3n del cosmos&#8230;? La tierra nos come como comemos nosotros la eucarist\u00ed\u00ada: no ciertamente para transformarnos en tierra, sino para transformar la tierra en cielos nuevos y en nueva tierra. Es fascinante pensar que los cuerpos de nuestros muertos cristianos tienen la misi\u00f3n de colaborar con Dios a la transformaci\u00f3n del cosmos\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>IV. Conclusi\u00f3n<br \/>\nLa liturgia de la iglesia, entendida como mistagogia y pedagog\u00ed\u00ada de la fe y de la vida cristiana, es el lugar privilegiado de la celebraci\u00f3n-experiencia y de la anticipaci\u00f3n-espera de la escatolog\u00ed\u00ada, a la vez presencia y esperanza del futuro salv\u00ed\u00adfico. En Cristo resucitado y en el don del Esp\u00ed\u00adritu, la iglesia, comunidad escatol\u00f3gica, est\u00e1 ya viviendo inicialmente el reino. \u00abSe puede afirmar &#8211;escribe un te\u00f3logo ortodoxo- que la originalidad, la novedad total de la leitourgia cristiana consiste en esto: la entrada en el reino, que para este mundo debe llegar todav\u00ed\u00ada, pero del que la iglesia es ya en realidad un sacramento, un comienzo, un anticipo y una parus\u00ed\u00ada\u00bb\u00bb. Precisamente por ser comienzo, toda celebraci\u00f3n nos orienta ya irresistiblemente hacia la consumaci\u00f3n, despertando la m\u00e1s aut\u00e9ntica esperanza cristiana. Anclada en la pascua y en pentecost\u00e9s, la liturgia tiende hacia la parus\u00ed\u00ada como momento definitivo de su ser, mientras ya en este mundo se siente en comuni\u00f3n con la gloria de los bienaventurados.<\/p>\n<p>Lo que sin duda es un valor de la liturgia y una de sus irrenunciables dimensiones lo han considerado algunos un defecto. Se ha dicho que es excesivo el escatologismo lit\u00fargico, con sus f\u00f3rmulas siempre alusivas al m\u00e1s all\u00e1 como destino final o intermedio del hombre. Se debe honestamente afirmar que la liturgia, tanto en su esencia como en sus actuales expresiones, no olvida el presente hist\u00f3rico ni el futuro de la humanidad. Cabalmente por saber que el tiempo aun dentro de su fugacidad est\u00e1 inserto en la eternidad, la liturgia es capaz de dar un nuevo sentido al compromiso del cristiano en el mundo con la praxis de la justicia y de la caridad al servicio de los hermanos, contribuyendo as\u00ed\u00ad a la preparaci\u00f3n del reino futuro. Al se\u00f1alar la caridad como l\u00f3gica consecuencia de la comuni\u00f3n con el sacrificio pascual de Cristo, nos descubre cu\u00e1l es la verdadera ley de la transformaci\u00f3n del mundo y la dimensi\u00f3n que confiere valor de eternidad a las actividades humanas (GS 38). Todo intento de encerrar la vida cristiana en el presente hist\u00f3rico o en el futuro inmediato queda descalificado y excluido por la liturgia, que con su esperanza escatol\u00f3gica se\u00f1ala cu\u00e1l es el sentido \u00faltimo del hombre y de la iglesia.<\/p>\n<p>La liturgia parte de la experiencia del presente salv\u00ed\u00adfico para orientarnos hacia la plena consumaci\u00f3n futura. Permanece fiel a la invocaci\u00f3n del padrenuestro: \u00abVenga a nosotros tu reino\u00bb, y experimenta que el reino est\u00e1 ya presente. Clama con la esposa del Apocalipsis: \u00ab\u00c2\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u00bb (Apo 22:20), pero sabiendo que lo posee ya, y con \u00e9l posee la garant\u00ed\u00ada de todos los bienes prometidos para la eternidad. En la problem\u00e1tica actual sobre la escatolog\u00ed\u00ada sigue siendo la liturgia un punto esencial de referencia. No reh\u00faye afrontar el presente ni el futuro inmediato de la humanidad sabi\u00e9ndose, como sesabe, inserta en el \u00abtiempo nuevo\u00bb y comprometida a proporcionar al presente la novedad del misterio de Cristo; pero no hace vanas las m\u00e1s \u00ed\u00adntimas esperanzas del hombre ni las promesas m\u00e1s trascendentes de Dios, puesto que orienta a los hombres hacia la escatolog\u00ed\u00ada: la intermedia y la final. Compromete mucho la fe en el misterio presente y la esperanza de los bienes futuros; celebra lo que ya posee y se proyecta hacia lo que espera aguardando al Se\u00f1or que llega.<\/p>\n<p>J. Castellano<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Aug\u00e9 M., La comunidad eclesial colocada en la tensi\u00f3n entre el mundo actual y el mundo futuro, en \u00abClaretianum\u00bb 10 (1970) 139-162; Berger K.-Rahner K., Parus\u00ed\u00ada, en SM 5, Herder, Barcelona 1974, 237-248; Cullmann O., Cristo y el tiempo, Estela, Barcelona 1967; Ghiberti G., Parus\u00ed\u00ada, en NDT 2, Cristiandad, Madrid 1982, 1297-1307; Giudici A., Escatolog\u00ed\u00ada, en NDE, Paulinas, Madrid 1979, 433-446; Escatolog\u00ed\u00ada, en NDT 1, Cristiandad, Madrid 1982, 390-420; Guti\u00e9rrez Vega L., Eucarist\u00ed\u00ada, escatolog\u00ed\u00ada y vida religiosa, en VV.AA., La eucarist\u00ed\u00ada en la vida de los religiosos, PPC, Madrid 1971, 223-256; Larrabe J.L., La esperanza escatol\u00f3gica en el \u00abRitual de los funerales\u00bb; en \u00abTeolog\u00ed\u00ada Espiritual\u00bb 28 (1984) 389-398; Mart\u00ed\u00adnez G., La escatolog\u00ed\u00ada en la liturgia romana antigua, Instituto S. de Pastoral, Salamanca-Madrid 1976; Mogioli G., Escatolog\u00ed\u00ada, en DTI 2, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 372-381; Moltmann&#8217; J., Teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981&#8242;; Pozo C., Teolog\u00ed\u00ada del m\u00e1s all\u00e1, BAC 282, Madrid 1968; Rast T., La escatolog\u00ed\u00ada, en VV.AA., La teolog\u00ed\u00ada del siglo XX 3, BAC maior, Madrid 1974, 245-263; Ratzinger J., Relaci\u00f3n entre el concepto de historia de la salvaci\u00f3n y ,la cuesti\u00f3n escatol\u00f3gica, en VV.AA., Actas del Congreso 1 de Teolog\u00ed\u00ada del Vaticano II, Flors, Barcelona 1972, 507-513; Escatolog\u00ed\u00ada, Herder, Barcelona 1980; Ruiz de la Pe\u00f1a, J.L., La otra dimensi\u00f3n. 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Por otra parte, y siempre en relaci\u00f3n con este primer aspecto, se ha de considerar el contenido concreto de la esperanza cristiana, no solamente \u00ablo \u00faltimo\u00bb, sino tambi\u00e9n \u00ablas cosas \u00faltimas\u00bb, aquello que espera al hombre, sea al fin de la historia (escatolog\u00ed\u00ada colectiva o final), sea al t\u00e9rmino de su vida mortal (escatolog\u00ed\u00ada personal o \u00abintermedia\u00bb). Tambi\u00e9n este segundo punto de vista tiene que ver directamente con Cristo. En efecto, la esperanza cristiana no puede tener otro objeto \u00faltimo que no sea Dios mismo, que se nos manifiesta en Cristo. La escatolog\u00ed\u00ada cristiana no nos habla, por tanto, de un futuro intramundano superable en principio por cualquier otro acontecimiento, sino del futuro absoluto, que es Dios mismo. Jes\u00fas como acontecimiento escatol\u00f3gico nos abre el sentido de las ultimidades del mundo y del hombre. Lo que en \u00e9l ha acontecido ya de modo a\u00fan velado, lo que desde su resurrecci\u00f3n es realidad en \u00e9l que es la cabeza, espera la manifestaci\u00f3n plena en todo su cuerpo.<\/p>\n<p>La orientaci\u00f3n cristol\u00f3gica de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana determina sus caracter\u00ed\u00adsticas fundamentales. En primer lugar, no podemos pretender una \u00abdescripci\u00f3n\u00bb del mundo futuro. Jes\u00fas nos manifiesta al Padre, al que nadie ha visto (cf Jn 1,18). La revelaci\u00f3n de Dios en su plenitud no s\u00f3lo es mucho m\u00e1s de lo que el ojo ha visto o el o\u00ed\u00addo ha o\u00ed\u00addo, sino que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo que nuestra mente puede imaginar (cf 1Cor 2,9). El mismo intento de describir lo que esperamos ser\u00ed\u00ada, por tanto, destructor de la misma esperanza cristiana; significar\u00ed\u00ada reducir a nuestro \u00e1mbito mundano lo que por definici\u00f3n lo sobrepasa.<\/p>\n<p>La escatolog\u00ed\u00ada cristiana es, en segundo lugar, un mensaje de salvaci\u00f3n. Nos anuncia la realizaci\u00f3n plena de la salvaci\u00f3n acontecida en Jes\u00fas. Si todo el acontecimiento de Cristo es salvador, no puede dejar de serlo su manifestaci\u00f3n definitiva. Es verdad que la fe cristiana afirma con toda seriedad la posibilidad de la condenaci\u00f3n del hombre, de su rechazo de la gracia que a todos se ofrece (porque s\u00f3lo as\u00ed\u00ad se afirma su aut\u00e9ntica libertad, y por tanto el car\u00e1cter verdaderamente humano de la adhesi\u00f3n a Dios y a su invitaci\u00f3n a la comuni\u00f3n amorosa); pero es igualmente claro que esto no puede constituir el centro de su mensaje. La escatolog\u00ed\u00ada cristiana es un aspecto del anuncio de salvaci\u00f3n, es \u00abevangelio\u00bb en el m\u00e1s puro sentido del t\u00e9rmino. As\u00ed\u00ad lo entendieron los primeros cristianos, que deseaban ardientemente la plena manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas en la gloria.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la escatolog\u00ed\u00ada cristiana es consciente de tener que afirmar la realidad ya presente de \u00ablo \u00faltimo\u00bb a la vez que el futuro de \u00ablas cosas \u00faltimas\u00bb. Por una parte, Jes\u00fas ya ha venido, ha muerto y ha resucitado; pero, por otra, nosotros no participamos todav\u00ed\u00ada plenamente de su gloria. El se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo sobre todo es real desde su resurrecci\u00f3n (! Misterio pascual), pero todav\u00ed\u00ada no ha sido plenamente manifestado. Jes\u00fas ha vencido ya al pecado y a la muerte, pero nosotros experimentamos todav\u00ed\u00ada su peso. Es la paradoja del presente y del futuro, de la continuidad y de la ruptura entre este mundo y los nuevos cielos y la tierra nueva. El futuro absoluto est\u00e1 realmente anticipado en Jes\u00fas (de otro modo no podr\u00ed\u00adamos decir absolutamente nada de \u00e9l), es ya relevante para nosotros y, a la vez, sigue siendo la novedad radical que va incluso m\u00e1s all\u00e1 de nuestros deseos. En la gran mayor\u00ed\u00ada de los escritos neotestamentarios hallamos esta tensi\u00f3n entre presente y futuro, que, naturalmente, admite diversas acentuaciones de uno u otro aspecto. Creo que, como regla hermen\u00e9utica, puede valer el principio de afirmar a la vez ambos extremos, sin contraponer el uno al otro. La realidad de la salvaci\u00f3n en Jes\u00fas no puede ser minimizada; el bautismo significa una participaci\u00f3n en su muerte y en su resurrecci\u00f3n. Por otra parte, la plena participaci\u00f3n en su gloria presupone tambi\u00e9n la participaci\u00f3n en su muerte, no s\u00f3lo sacramentalmente anticipada. Todo lo que somos y es el mundo que nos rodea ha de ser sometido al juicio de la cruz de Cristo.<\/p>\n<p>Los contenidos concretos de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana (en cuyo detalle no podemos entrar) llevan tambi\u00e9n el sello de Jes\u00fas, muestran que son el desarrollo del acontecimiento escatol\u00f3gico que con su presencia en el mundo ha tenido lugar. En el credo niceno-constantinopolitano se proclama la fe en la venida gloriosa de Cristo para juzgar a vivos y muertos, y se a\u00f1ade que su reino no tendr\u00e1 fin. La manifestaci\u00f3n gloriosa de Jes\u00fas ha sido el objeto de la esperanza de los primeros cristianos. Si en la resurrecci\u00f3n Jes\u00fas ha sido entronizado como Se\u00f1or, este dominio ha de manifestarse plenamente. La parus\u00ed\u00ada del Se\u00f1or es, por tanto, la consecuencia de su resurrecci\u00f3n, la plena realizaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n, cuyo fundamento est\u00e1 en la victoria que Jes\u00fas ya ha obtenido. Pablo ha expresado el contenido teol\u00f3gico de este acontecimiento en 1Cor 15,23-28: Cristo es la primicia de la resurrecci\u00f3n, a la que seguir\u00e1, en su venida, la resurrecci\u00f3n de todos (enseguida volveremos sobre este aspecto). La venida o parus\u00ed\u00ada de Cristo significa el \u00abfin\u00bb, y con \u00e9l la destrucci\u00f3n de todas las potencias enemigas de Dios y del hombre, incluida la muerte, contemplada aqu\u00ed\u00ad, sin duda, en su relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con el pecado (cf 1Cor 15,54-56). En este momento final todo queda sometido a Cristo, su dominio sobre el mundo se hace realidad. Entonces Jes\u00fas entrega el \/reino al Padre, por cuya iniciativa se ha realizado toda la historia de la salvaci\u00f3n, que en este momento concluye. La referencia de Jes\u00fas al Padre, constante en todos los instantes de su vida, encuentra tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad su expresi\u00f3n. Con su pleno dominio sobre toda su creaci\u00f3n, Dios ser\u00e1 \u00abtodo en todas las cosas\u00bb.<\/p>\n<p>La manifestaci\u00f3n plena del dominio de Dios significa la plena salvaci\u00f3n del hombre. En el pasaje a que nos acabamos de referir y en otros lugares (cf, p.ej., Flp 3,21; 1Tes 4,1418) se se\u00f1ala la conexi\u00f3n entre parus\u00ed\u00ada y resurrecci\u00f3n. Esta \u00faltima, como plenitud del hombre, viene a ser el correlato de la aparici\u00f3n de Jes\u00fas en su gloria. El dominio de Cristo sobre todo significa nuestra plena salvaci\u00f3n. La resurrecci\u00f3n equivale, por tanto, a la plenitud del hombre en todas sus dimensiones, personales, c\u00f3smicas y sociales. La configuraci\u00f3n con Cristo resucitado es la \u00fanica vocaci\u00f3n definitiva del hombre. El es la primicia, a partir de la cual se hace realidad la resurrecci\u00f3n de todos los que son de Cristo (cf 1Cor 15,20-23); es tambi\u00e9n el primog\u00e9nito de entre los muertos (cf Col 1,18); y, por consiguiente, \u00abdel mismo modo que hemos revestido la imagen del hombre terreno, revestiremos tambi\u00e9n la imagen del celestial\u00bb (1Cor 15,49). La resurrecci\u00f3n en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada significa tambi\u00e9n la plenitud del cuerpo de Cristo, de la Iglesia celeste. No se puede olvidar cuando se trata de la escatolog\u00ed\u00ada la dimensi\u00f3n social de la vida cristiana que en otros campos teol\u00f3gicos se pone tan de relieve. El cap\u00ed\u00adtulo VII de la constituci\u00f3n LG, del concilio Vaticano II, es suficientemente claro al respecto.<\/p>\n<p>La perfecta configuraci\u00f3n con Cristo resucitado y la participaci\u00f3n de su vida constituye precisamente la \u00abvida eterna\u00bb, el \u00abcielo\u00bb. La salvaci\u00f3n del hombre no puede ser m\u00e1s que Dios mismo, ya que desde el momento de la creaci\u00f3n estamos hechos para \u00e9l. S\u00f3lo en \u00e9l puede hallar descanso el coraz\u00f3n humano (cf SAN AGUSTIN, Confesiones 1,1). Por ello la tradici\u00f3n de la Iglesia, con una clara base b\u00ed\u00adblica (ICor 13,12; 1Jn 3,2), ha hablado de la visi\u00f3n de Dios, intuitiva y \u00abcara a cara\u00bb, como el contenido fundamental de la recompensa de los justos. Una visi\u00f3n que no hay que entender en el sentido meramente intelectual, sino en el de comuni\u00f3n plena de amor con el Dios uno y trino en la realizaci\u00f3n total de nuestra filiaci\u00f3n divina. La condici\u00f3n del hombre salvado es para otros muchos pasajes del Nuevo Testamento \u00abestar con Cristo\u00bb (cf Lc 23,43; ITes 1,17; Flp 1,2; Jn 17,24; etc.). En la inserci\u00f3n en el cuerpo glorioso del Se\u00f1or alcanzaremos la plenitud de la vida.<\/p>\n<p>Jes\u00fas como presencia definitiva de la salvaci\u00f3n, y en este sentido acontecimiento escatol\u00f3gico, nos abre a la esperanza de las cosas \u00faltimas; y \u00e9stas, en definitva, se concentran tambi\u00e9n en \u00e9l, por quien tenemos en el Esp\u00ed\u00adritu acceso al Padre. En efecto, no tendr\u00ed\u00ada sentido que aquel que ten\u00ed\u00ada que venir nos remitiera a alguien o a algo distinto de \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>BIBL.: BALTHASAR H.U. von, Theodramatik IV. Das Endespiel, Einsiedeln 1983; BORDONI M. CIOLA N.; Ges\u00fa nostra speranza. Saggio di escatolog\u00ed\u00ada, Bolonia 1988; KEHL M., Eschatologie, W\u00fcrzburgo 1986; Pozo C., Teolog\u00ed\u00ada del m\u00e1s all\u00e1, -Madrid 1981; RATZINOE11 J., Escatolog\u00ed\u00ada, Barcelona 1980; RAHNER K., Principios teol\u00f3gicos de la hermen\u00e9utica de las declaraciones teol\u00f3gicas, en Escritos de teolog\u00ed\u00ada IV, Taurus Madrid 1961, 411-439; RUIZ DE LA PE\u00ed\u2018A J.L., La otra dimensi\u00f3n. Escatolog\u00ed\u00ada cristiana, Santander 19863.<\/p>\n<p>L.F. Ladaria<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>En este art\u00ed\u00adculo no vamos a tratar de las postrimer\u00ed\u00adas en general o en particular, sino que ofrecemos una reflexi\u00f3n sobre los principios del tratado teol\u00f3gico sobre la e. Pareja cuesti\u00f3n no s\u00f3lo tiene inter\u00e9s cient\u00ed\u00adfico y te\u00f3rico, sino que es tambi\u00e9n importante para la predicaci\u00f3n del mensaje cristiano mismo. En un mundo que se ha hecho din\u00e1mico, que programa por s\u00ed\u00ad mismo su propio futuro (inmanente) y trata de crear activamente, sin duda hay un gran \u00ed\u00admpetu escatol\u00f3gico; pero este \u00ed\u00admpetu, si no est\u00e1 propiamente \u00abdesviado\u00bb, por lo menos se halla vinculado en primer plano a fines y esperanzas inmanentes. Eso indudablemente hace m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil que antes la predicaci\u00f3n de la esperanza cristiana del futuro. A ello se a\u00f1ade que precisamente en este tratado vuelve a presentarse en forma apremiante el problema general de la \u00abdesmitizaci\u00f3n\u00bb. Finalmente, la predicaci\u00f3n de los nov\u00ed\u00adsimos lleva consigo sus propios problemas. En el curso de la historia, esta predicaci\u00f3n ha adquirido un sorprendente matiz \u00abindividualista\u00bb, que debe someterse a cr\u00ed\u00adtica. Efectivamente, en ella queda muy p\u00e1lida y desatendida una e. que envuelve todo el cosmos y la historia, por centrarse la atenci\u00f3n en la doctrina sobre la \u00abinmortalidad\u00bb de las \u00abalmas\u00bb espirituales y de su destino particular. Pero es totalmente posible que este modo de predicaci\u00f3n -por muy v\u00e1lido que sea siempre su contenido- est\u00e9 condicionado por la mentalidad de una determinada \u00e9poca. Y cabe preguntar si esa \u00e9poca no est\u00e1 acab\u00e1ndose, para dejar paso a una nueva que, en virtud de las implicaciones contenidas en su universal dinamismo humano hacia el futuro, se hallar\u00e1 en relaci\u00f3n inmediata con la e. del cristianismo, la cual abarca el universo y la historia.<\/p>\n<p>I. Historia del tratado<br \/>\nEn la Biblia, incluido todo el Nuevo Testamento, es muy amplia y rica la progresiva revelaci\u00f3n sobre los nov\u00ed\u00adsimos; pero contrasta con esto la pobreza (en comparaci\u00f3n con otros tratados dogm\u00e1ticos) de la historia de la e. en el \u00e1mbito de la ortodoxia eclesi\u00e1stica. Desde que existe un sistema de la dogm\u00e1tica en general, el tratado de la e. es expuesto en \u00faltimo lugar. Para justificar este puesto, se puede apelar a los s\u00ed\u00admbolos de la fe y, en parte, a la naturaleza de las \u00abpostrimer\u00ed\u00adas\u00bb. Con todo, antes de la moral como parte de la dogm\u00e1tica, se debe ya saber lo que se puede esperar; y, adem\u00e1s, no hemos de olvidar (como a menudo sucede) que, cuando en los s\u00ed\u00admbolos se habla \u00abin recto\u00bb de la \u00abexpectaci\u00f3n\u00bb de lo futuro, indirectamente se hace profesi\u00f3n de fe acerca de algo presente, que debe dar la estructura fundamental del todo para entender realmente lo futuro, as\u00ed\u00ad como, a la inversa, la estructura fundamental de la vida presente s\u00f3lo puede entenderse desde la perspectiva hacia el futuro.<\/p>\n<p>Este tratado de lo postrero, estudiado al fin de la dogm\u00e1tica, en cuanto todo estructurado apenas ha tenido una historia real hasta ahora. El temprano tr\u00e1nsito, realizado sin gran reflexi\u00f3n, desde una \u00abexpectaci\u00f3n pr\u00f3xima\u00bb a una \u00abesperanza lejana>; la lenta e insensible superaci\u00f3n del quiliasmo y de la doctrina de una verdadera apocat\u00e1stasis (como tesis, no como una mera esperanza abierta para el hombre); la condenaci\u00f3n de un particularismo f\u00ed\u00adsicamente condicionado de la salvaci\u00f3n, tal como lo defend\u00ed\u00ada el gnosticismo; la negaci\u00f3n de la doctrina sobre las fases escatol\u00f3gicas, que suprim\u00ed\u00ada la absoluta y universal significaci\u00f3n realmente escatol\u00f3gica de Cristo y fue sostenida por el montanismo y por Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore; la defensa del car\u00e1cter gratuito de la perfecci\u00f3n o consumaci\u00f3n contra la m\u00ed\u00adstica her\u00e9tica (Dz 475), el -a bayanismo (Dz 1002-1007 ), el &#8211;> idealismo alem\u00e1n (Dz 1808 ) y A. Rosmini (Dz 1928s); la concentraci\u00f3n de la consumaci\u00f3n en la -> visi\u00f3n de Dios y otras preguntas; ciertamente son cuestiones particulares de e. que tienen su propia historia, como la tienen tambi\u00e9n los problemas relativos al -> purgatorio, a la esencia de la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica, a la naturaleza del fuego del &#8211;> infierno, etc. Pero en todo eso se trata de meros incidentes dentro de la historia del tratado, los cuales no constituyeron un acontecimiento que diera a aqu\u00e9l una estructura clara, una articulaci\u00f3n hist\u00f3rica y un acabamiento sistem\u00e1tico de su contenido. La \u00fanica cesura, clara e importante, que comprobamos en la historia anterior del tratado, es la definici\u00f3n de Benedicto xii sobre la entrada de los justos completamente purificados en la visi\u00f3n de Dios inmediatamente despu\u00e9s de la muerte y sobre el castigo en el infierno ya antes del juicio universal de los que murieren en pecado mortal (Dz 530s; constituci\u00f3n Benedictus Deus). Ciertamente, con ello no se logra una armon\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica entre las postrimer\u00ed\u00adas del cosmos y de la Iglesia que acontecen en la \u00abcarne\u00bb al fin de los tiempos, por una parte, y las postrimer\u00ed\u00adas individuales y existenciales que acontecen ahora en el \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb, por otra parte. Pero, como Benedicto xii deja en pie la e. colectiva, \u00e9l fija de una vez para siempre la ineludible dial\u00e9ctica permanente entre los dos aspectos de la consumaci\u00f3n. Desde su definici\u00f3n, la e. no puede sacrificar uno de sus aspectos en beneficio del otro. Con ello, se tom\u00f3, pues, conciencia de un doble polo de la e. que deber\u00e1 permanecer para siempre. Ya no se puede \u00abdesmitizar\u00bb la e. disolvi\u00e9ndola en las muchas postrimer\u00ed\u00adas particulares, pero a la vez es necesario hablar de los nov\u00ed\u00adsimos del individuo, cosa que no se har\u00ed\u00ada si se estudiara exclusivamente el final colectivo. Por lo dem\u00e1s, seg\u00fan se echa de ver mediante una sencilla comparaci\u00f3n con la historia de otros tratados, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de la e. no ha ido mucho m\u00e1s all\u00e1 de una relativa coordinaci\u00f3n externa de los textos b\u00ed\u00adblicos. Falta una gnoseolog\u00ed\u00ada y &#8211;> hermen\u00e9utica, ordenadas especialmente a los enunciados escatol\u00f3gicos; el hecho de que no se haya elaborado una teolog\u00ed\u00ada de la -> historia e historicidad en general y de la historia salv\u00ed\u00adfica en particular tambi\u00e9n repercute desfavorablemente en la e.; la relaci\u00f3n entre protolog\u00ed\u00ada y e. no ha sido a\u00fan tema de reflexi\u00f3n; apenas se ha pensado todav\u00ed\u00ada en la relaci\u00f3n entre la e. cristiana y el utopismo inmanente; la teolog\u00ed\u00ada de la actitud escatol\u00f3gica del cristiano en su propio presente se ha abandonado enteramente a la literatura piadosa; los conceptos fundamentales de una e. (-> principio y fin, consumaci\u00f3n, teleolog\u00ed\u00ada del proceso hist\u00f3rico, tiempo [como \u00absuceder\u00bb especialmente humano], futuro, presencia axiol\u00f3gica y teleol\u00f3gica del futuro, modos de presencia o actualidad, muerte, &#8211;>eternidad como supresi\u00f3n &#8211; y a la vez consumaci\u00f3n y conservaci\u00f3n- del tiempo [en oposici\u00f3n a una \u00abperduraci\u00f3n\u00bb], juicio, \u00ablugar\u00bb de la bienaventuranza, etc.) todav\u00ed\u00ada no han sido sometidos en la medida necesaria y posible a un an\u00e1lisis y reflexi\u00f3n ontol\u00f3gicos y existenciales. Eso facilitar\u00ed\u00ada al hombre actual, con su imagen propia del mundo, la aceptaci\u00f3n creyente del mensaje escatol\u00f3gico y una s\u00ed\u00adntesis intelectual del mismo con los restantes elementos relativos a la concepci\u00f3n de la existencia.<\/p>\n<p>El tratado de e. est\u00e1 a\u00fan muy al comienzo de su historia; lo m\u00e1s hist\u00f3rico es lo que menos historia ha hallado todav\u00ed\u00ada en la teolog\u00ed\u00ada del cristianismo. Pero en una situaci\u00f3n que se caracteriza por la moderna imagen cient\u00ed\u00adfica del mundo en evoluci\u00f3n, por el desencadenamiento de la voluntad de cambiar con una previa planificaci\u00f3n racional todas las relaciones del hombre como ser que se produce a s\u00ed\u00ad mismo y crea su mundo circundante, por la posibilidad de una ampliaci\u00f3n del espacio de la existencia humana m\u00e1s all\u00e1 de la tierra, por las modernas herej\u00ed\u00adas seculares de una pol\u00ed\u00adtica militante que profesa una utop\u00ed\u00ada intramundana; es necesario que la e. cristiana se encuentre a s\u00ed\u00ad misma reflexionando m\u00e1s que antes sobre su propio contenido. As\u00ed\u00ad se har\u00e1 posible, p. ej., desarrollar con mucha mayor claridad lo fundamental de la concepci\u00f3n originariamente cristiana acerca de las postrimer\u00ed\u00adas y entender el nacimiento del \u00abespacio\u00bb de salvaci\u00f3n como resultado del tiempo salv\u00ed\u00adfico, a diferencia de la e. anterior, la cual, condicionada por sus medios de representaci\u00f3n, conceb\u00ed\u00ada que la historia de salvaci\u00f3n se desarrolla siempre en un espacio previamente dado, est\u00e1tico y natural (el caelum empyreum con su inmutabilidad, etc.). Esta nueva fase de la historia de la e. hasta ahora ha comenzado a desarrollarse sobre todo en el campo no cat\u00f3lico, y se ha iniciado en cuanto la teolog\u00ed\u00ada del protestantismo liberal (W.M.L. de Wette, J. Weiss, A. Schweitzer, M. Werner) estima el cristianismo y su teolog\u00ed\u00ada como historia de la parus\u00ed\u00ada no cumplida, en cuanto la -> desmitizaci\u00f3n de R. Bultmann intenta dar a la e. un car\u00e1cter existencial en cada ahora dentro del creyente (de modo semejante C.H. Dodd: realized eschatology) y, finalmente, en cuanto la teolog\u00ed\u00ada protestante ortodoxa o bien cultiva un -> escatologismo unilateral, o bien transforma muy esencialmente toda la teolog\u00ed\u00ada partiendo de una repulsa radical a la doctrina calvinista de la predestinaci\u00f3n calvinismo).<\/p>\n<p>II. Temas de una escatolog\u00ed\u00ada<br \/>\nSi en lo que sigue se intenta.dar un esbozo de los temas de una e. tal como debe ser (generalmente no elaborada a\u00fan en los manuales), tr\u00e1tase m\u00e1s de la enumeraci\u00f3n de esos temas que de una exposici\u00f3n del orden sistem\u00e1tico de todo el tratado.<\/p>\n<p>1. Debiera presentarse n\u00ed\u00adtido el recto y \u00fanico punto de partida del problema y principio intelectivo de la e. La e. cristiana no es un reportaje anticipado de acontecimientos que han de suceder m\u00e1s tarde (intenci\u00f3n capital de la falsa apocal\u00ed\u00adptica en contraste con la aut\u00e9ntica profec\u00ed\u00ada). La e. es m\u00e1s bien la mirada que el hombre en su libre decisi\u00f3n espiritual necesita lanzar hacia adelante desde su situaci\u00f3n dentro de la historia de la salvaci\u00f3n, determinada por el hecho de Cristo (como raz\u00f3n etiol\u00f3gica de conocimiento), hacia la definitiva consumaci\u00f3n de esta su situaci\u00f3n existencial, que ya es escatol\u00f3gica. Esa visi\u00f3n anticipada hace posible su l\u00facida decisi\u00f3n por lo oscuramente abierto. El cristiano puede aceptar ah\u00ed\u00ad su propia actualidad como factor o momento de la realizaci\u00f3n de la posibilidad creada desde el principio por Dios (retorno sobrepujado al \u00abpara\u00ed\u00adso\u00bb) y como futuro ya ahora ocultamente presente y definitivo, que ahora se da precisamente como salvaci\u00f3n, cuando es aceptado como acci\u00f3n de Dios que no puede calcularse en lo relativo al tiempo y al modo, pues \u00e9l solo dispone, y de esa manera el esc\u00e1ndalo por lo que todav\u00ed\u00ada contradice a la salvaci\u00f3n dada ya en Cristo (mundo en pecado, divisi\u00f3n de los pueblos, discrepancia entre la naturaleza y el hombre, concupiscencia, muerte) es soportado con paciencia esperanzada como participaci\u00f3n en la cruz de Cristo. Dicho de otro modo, la e. se refiere al hombre redimido, tal como es ahora; partiendo de \u00e9l, comprende lo futuro como lo bienaventuradamente incomprensible, que debe aceptarse libremente (y, por ende, con peligro de perderlo). Este futuro, que puede ser evocado en im\u00e1genes, pero no presentarse ya ahora como un reportaje, es anunciado al hombre porque \u00e9l no podr\u00ed\u00ada comprender su actualidad si no se sintiera en movimiento hacia su futuro, que es el Dios incomprensible en su propia vida.<\/p>\n<p>2. Habr\u00ed\u00ada que establecer una hermen\u00e9utica (gnoseolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica) de los enunciados escatol\u00f3gicos. Si el mencionado punto de partida fundamental de la e. se elabora claramente y se mantiene en forma consecuente, de \u00e9l se derivan determinadas normas b\u00e1sicas para el sentido, el alcance y los l\u00ed\u00admites de los enunciados escatol\u00f3gicos tanto en la Escritura como en la teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica. Estas normas hermen\u00e9uticas tienen su justificaci\u00f3n aun desde el punto de vista de la Escritura, no s\u00f3lo porque ellas se basan en los fundamentales enunciados teol\u00f3gicos de la Biblia (unidad y car\u00e1cter irreversible de la historia, naturaleza incomprensible de Dios, unidad de esp\u00ed\u00adritu y materia en el hombre y en su historia, salvaci\u00f3n eterna como consumaci\u00f3n del hombre entero en su estructura unitaria, etc.), sino tambi\u00e9n porque la Escritura misma, por la pluralidad de sus esquemas de representaci\u00f3n (fin como un mundo en llamas, o como juicio que congrega a todos, o como triunfal recibimiento de Cristo por los santos solos, etc. ), empleados ingenuamente y sin reducirlos a sistema, da a entender c\u00f3mo se debe distinguir realmente entre representaci\u00f3n o imagen, por una parte, y cosa significada, por otra. As\u00ed\u00ad se veda a par una falsa inteligencia \u00abapocal\u00ed\u00adptica\u00bb de la e., no menos que su absoluta existencializaci\u00f3n \u00abdesmitizante\u00bb, la cual olvida que el hombre vive en medio de una aut\u00e9ntica temporalidad, dirigida a un futuro que a\u00fan no ha llegado, y en medio de un mundo que no es mera existencia abstracta, sino que ha de alcanzar la salvaci\u00f3n eterna con todas sus dimensiones (incluida la temporal y profana).<\/p>\n<p>Debe quedar claro en la teolog\u00ed\u00ada y en la predicaci\u00f3n que, en virtud del punto de partida, los enunciados sobre el cielo y los que se refieran al infierno no est\u00e1n en el mismo plano. La Iglesia predica en su mensaje escatol\u00f3gico, como un hecho que ya se ha producido en jes\u00fas y en los santos, que la historia de la salvaci\u00f3n (como totalidad) termina victoriosamente con el triunfo de la gracia de Dios, y, s\u00f3lo como una seria posibilidad, anuncia tambi\u00e9n una realizaci\u00f3n de la libertad individual en la perdici\u00f3n eterna. La teolog\u00ed\u00ada del infierno y la necesaria amenaza prof\u00e9tica en la Iglesia piden, para ser cristianas, que ambas se mantengan siempre abiertas (como enunciados acerca de una posibilidad que pesa sobre nuestro ahora, pero todav\u00ed\u00ada no puede comprobarse). Y han de mantenerse abiertas tanto frente al saber esot\u00e9rico acerca de una apocat\u00e1stasis, como frente a un saber acerca de una condenaci\u00f3n que ya se haya producido, el cual pretenda anticipar el juicio de Dios, oculto para nosotros.<\/p>\n<p>Estos principios de la hermen\u00e9utica pueden conducir a una distinci\u00f3n esencialmente m\u00e1s exacta que la usual (aunque no del todo clara) entre contenido y forma de expresi\u00f3n en los enunciados escatol\u00f3gicos de la Escritura y la tradici\u00f3n. Una y otra vez hemos de adquirir claridad sobre lo que acabamos de decir en ii, 1, ya que, eso supuesto, es evidente de antemano que el contenido abarca todo lo que (y nada m\u00e1s) puede entenderse como consumaci\u00f3n y estadio definitivo de aquella existencia cristiana que, seg\u00fan la revelaci\u00f3n, ya ahora es una realidad presente. Todo lo dem\u00e1s es una representaci\u00f3n figurada de esta consumaci\u00f3n de la existencia cristiana. Aduzcamos algunos ejemplos. Puesto que la salvaci\u00f3n de la existencia cristiana afecta a todas las dimensiones de \u00e9sta, la &#8211;>resurrecci\u00f3n de la carne es un dogma de fe, sin que, no obstante, podamos representarnos en forma concreta el cuerpo resucitado. Porque hay una sola historia salv\u00ed\u00adfica de la humanidad \u00fanica en cuanto tal, su perfecci\u00f3n final no puede reducirse a la consumaci\u00f3n de los muchos individuos; pero, por otro lado, la e. c\u00f3smica y la individual en el transcurso de sus pormenores no pueden componerse ni dividirse con precisi\u00f3n. Puesto que la historia de la libertad de cada individuo, siempre singular, no es un mero momento de la historia total, debe hablarse de la consumaci\u00f3n individual (visi\u00f3n de Dios). Y esta historia de la libertad del individuo debe permanecer abierta aunque nos conste el desenlace feliz de la historia salv\u00ed\u00adfica en su conjunto, sin que por ello sea posible ordenar con claridad en una escala com\u00fan de tiempo la entrada general y la individual en la salvaci\u00f3n. Esta distinci\u00f3n entre el contenido afirmado y la forma pl\u00e1stica de representaci\u00f3n tiene validez sobre todo con relaci\u00f3n a la historia final (antes del juicio universal) y a sus \u00absignos\u00bb previos. La aplicaci\u00f3n de estos principios habr\u00ed\u00ada que llevarla tambi\u00e9n a la cuesti\u00f3n sobre la \u00absuerte de los ni\u00f1os no bautizados\u00bb (-> limbo).<\/p>\n<p>3. En lo relativo al contenido, los enunciados generales que preceden a cada afirmaci\u00f3n concreta en particular pertenecen tambi\u00e9n a una e. realmente elaborada: la finitud interna del tiempo entre un aut\u00e9ntico principio y un final definitivo, as\u00ed\u00ad como la posibilidad de darle forma en la historia; el car\u00e1cter singular de cada momento en la historia salv\u00ed\u00adfica; la muerte y la \u00abtransformaci\u00f3n\u00bb operada por Dios a manera de evento como modo necesario de aut\u00e9ntica consumaci\u00f3n del tiempo (infralapsario); el hecho de que el fin est\u00e1 ya presente con la encarnaci\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n del Logos encarnado; la presencia de este fin como actualidad de la victoriosa misericordia y comunicaci\u00f3n de Dios (en oposici\u00f3n a un \u00abdoble\u00bb desenlace en el que la importancia de ambos t\u00e9rminos pudiera equipararse, pues entonces ese desenlace estar\u00ed\u00ada especificado solamente por la libertad del hombre); la peculiaridad del tiempo que sigue transcurriendo \u00abdespu\u00e9s\u00bb de Cristo; el constante matiz agonal de este tiempo (&#8211;>Anticristo), que se agudiza necesariamente hacia el final; la cuesti\u00f3n de la convergencia de la finalidad natural y sobrenatural del hombre y del cosmos (los factores de una e. \u00abnatural\u00bb, que no contenga solamente la &#8211;> \u00abinmortalidad del alma\u00bb), etc.<\/p>\n<p>\u00danicamente desde ah\u00ed\u00ad se har\u00e1n realmente inteligibles los usuales temas particulares de la e., pues en ellos siempre retorna necesariamente la totalidad bajo un aspecto determinado. Entre estos temas particulares han de hallar su puesto algunos que en la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica apenas son tomados en consideraci\u00f3n, p. ej.: la definitiva destrucci\u00f3n de las potencias c\u00f3smicas, como la ley, la muerte, etc.; la significaci\u00f3n permanente de la humanidad de Cristo para la bienaventuranza; el sentido positivo de las \u00abdiferencias\u00bb en la gloria; la visi\u00f3n de Dios como el -> \u00abmisterio\u00bb permanente (el sentido positivo de la incomprensibilidad de Dios); la relaci\u00f3n del cielo de los redimidos con el mundo reprobado de los demonios (el sentido positivo del mal permanente y de su esencia); la esencia metaf\u00ed\u00adsica de la corporalidad glorificada; el \u00fanico &#8211;> reino de Dios, compuesto de \u00e1ngeles y hombres; la verdadera naturaleza del \u00abestado intermedio\u00bb, que de ning\u00fan modo puede pensarse de manera puramente \u00abespiritual\u00bb.<\/p>\n<p>4. Atenci\u00f3n especial hay que conceder a la dial\u00e9ctica que, por raz\u00f3n de la esencia cristiana del hombre y de su consumaci\u00f3n, la cual abarca todas las dimensiones, media necesariamente entre los enunciados sobre la e. individual y los relativos a la e. colectiva. Precisamente esta dial\u00e9ctica muestra la diferencia entre el contenido y la forma de expresi\u00f3n en los enunciados escatol\u00f3gicos. Sin atender a esa diferencia, tales enunciados reciben un resabio mitol\u00f3gico, y pierden as\u00ed\u00ad todo su cr\u00e9dito en la predicaci\u00f3n. En efecto, esos enunciados no pueden armonizarse sin m\u00e1s por el solo hecho (como normalmente se hace) de distribuirlos entre distintas realidades, que se tratan como separadas (bienaventuranza del \u00abalma y resurrecci\u00f3n del cuerpo\u00bb); ni tampoco dejando de lado la e. individual en favor de la universal (por la simple neg\u00e1ci\u00f3n radical de un \u00abestado intermedio\u00bb, que, por otra parte, no se puede describir sensiblemente), o prescindiendo la e. colectiva en favor de la individual, con lo cual aqu\u00e9lla ser\u00ed\u00ada una mera suma de postrimer\u00ed\u00adas individuales. Eso no es posible porque el hombre est\u00e1 unido con cuerpo y alma en una sola realidad, que constituye el fundamento ontol\u00f3gico de la unidad ineludiblemente dial\u00e9ctica de estos enunciados que est\u00e1n relacionados entre s\u00ed\u00ad y afectan siempre a la totalidad de la esencia humana.<\/p>\n<p>5. La e. debe ser vista siempre en el contexto de los restantes tratados, pues estudia el contenido de \u00e9stos en su consumaci\u00f3n; y as\u00ed\u00ad entre la e. y los dem\u00e1s tratados se da una relaci\u00f3n mutua de inclusi\u00f3n y esclarecimiento. Esto tiene validez no s\u00f3lo con relaci\u00f3n a la protolog\u00ed\u00ada (estados del hombre), a la teolog\u00ed\u00ada de la historia en general, a la teolog\u00ed\u00ada de la gracia (gracia como posesi\u00f3n de \u00abesperanza\u00bb), sino, especialmente, en lo relativo a la -> cristolog\u00ed\u00ada y &#8211;> soteriolog\u00ed\u00ada (definitiva aceptaci\u00f3n del mundo en Cristo), a la -> eclesiolog\u00ed\u00ada (la Iglesia escatol\u00f3gica que quiere desembocar en el reino de Dios y espera el retorno de Cristo, en contraste con la sinagoga y con las organizaciones religiosas que se entienden a s\u00ed\u00ad mismas en forma atemporal), y a la doctrina de los sacramentos (como signa prognostica de la salvaci\u00f3n definitiva).<\/p>\n<p>6. En una e. entra necesariamente el estudio dogm\u00e1tico (y no s\u00f3lo edificante) de la actitud escatol\u00f3gica de la Iglesia y de cada cristiano, como cr\u00ed\u00adtica a los humanismos intramundanos y redenci\u00f3n de los mismos. E igualmente entra en ella aquella cr\u00ed\u00adtica que incluso desde una perspectiva mundana se hace a tales esbozos de humanismo y a las utop\u00ed\u00adas y escatolog\u00ed\u00adas de otras religiones y cuasi-religiones. Finalmente, en medio de esta actitud la Iglesia misma ha de superar siempre de nuevo una fijaci\u00f3n ideol\u00f3gica de su propia cr\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Adem\u00e1s de los tratados de escatolog\u00ed\u00ada en los manuales de teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica (por ejemplo PSJ IVZ 896-1066; bibl.) v\u00e9ase tambi\u00e9n: G. Hoffmann, Das Problem der letzten Dinge in der neueren evangelischen Theologie (GS 1929); F. Holmstr,Ym, Das eschatologische Denken der Gegenwart (G\u00fc 1936); A. Sch\u00fctz, Der Mensch und die Ewigkeit (Mn 1938); Ph. Dessauer, Der Anfang und das Ende (L 1939); N. Berdjajew, Essai de m\u00e9taphysique eschatologique (P 1946); H. U. v. Balthasar, Apokalypse der deutschen Seele, I: Prometheus (He\u00c2\u00a1 21947); M. Schmaus, El problema escatol\u00f3gico (Herder Ba 1964); R. Guardini, Die letzten Dinge (W\u00fc 21949); J. Pieper, Sobre el fin de los tiempos (Rialp Ma 1955); W. K\u00fcnneth, Theologie der Auferstehung (Mn 41951); A. Michel, Los misterios del m\u00e1s all\u00e1 (Dinor S Seb 1954); J. Dani\u00e9lou, Christologie et E.: Chalkedon III 269-286; J. A. Fischer, Studien zum Todesgedanken in der alten Kirche 1 (Mn 1954); A. Rich, Die Bedeutung der E. f\u00fcr den christlichen Glauben (Z 1954); H. U. v. Balthasar, E.: FThH 403-421 (bibl.); H. E. Hengstenberg, Der Leib und die letzten Dinge (Rb 1955); EKL I 11561159; El misterio de la muerte y su celebraci\u00f3n (Descl\u00e9e Bil 1952); O. Cullmann, Immortality of the Soul or Resurrection of the Dead? The Witness of the NT (Lo 1955); P. Althaus, Die letzten Dinge (G\u00fc 61956) (bibl.); M. Feuillet, La demeure c\u00e9leste et la destin\u00e9e des chr\u00e9tiens: RSR 43 (1956) 161-192 360402; J. K\u00e1rner, E. und Geschichte (in der Theologie R. Bultmanns) (H 1957); R. W. Gleason, El mundo futuro (Sal T Sant 1960); H. Ott, E. Versuch eines dogmatischen Grundrisses (Z 1958); F. X. Durwell, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, misterio de salvaci\u00f3n (Herder Ba 1967); K. Rahner, Sentido teol\u00f3gico de la muerte (Herder Ba 21969); RGG3 11 650-689; A. Michel, La doctrine de la Parousie et son incidence dans le dogme et la th\u00e9ologie: Divinitas 3 (R 1959) 397-437; Schmaus DS IV\/2 (bibl.); H. Corn\u00e9lis, Les fondements cosmologiques de 1&#8217;eschatologie d&#8217;Orig\u00e9ne (P 1959); P. Maury, L&#8217;eschatologie (G 1959); H. Dolch, Die Naturwissenschaft und die letzten Dinge: ThGl 50 (1960) 161-170; F. Cannarozzo, La fine del mondo (Parma 1961); C. Br\u00fctsch. Die Frohe Botschaft vom Weltende (Z 1961); W. Kreck, Die Zukunft des Gekommenen. 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Gab\u00e1s Pall\u00e1s, Escatolog\u00ed\u00ada protestante en la actualidad (Vitoria 1965); M. Vidal, Escatolog\u00ed\u00ada cristiana a la luz del Vaticano II (Ma 1965).<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La escatolog\u00eda se ha definido tradicionalmente como las doctrinas de \u00ablas \u00faltimas cosas\u00bb (griego <em>eschata<\/em>); en relaci\u00f3n con el ser humano tanto en su car\u00e1cter individual (en cuyo caso est\u00e1 comprendida la muerte, resurrecci\u00f3n, juicio y la vida eterna) o con el mundo. En este \u00faltimo aspecto, algunos confinan la \u00abescatolog\u00eda\u00bb al fin absoluto del mundo, excluyendo as\u00ed mucho de lo que com\u00fanmente comprende el t\u00e9rmino. Tal restricci\u00f3n no procede de un buen an\u00e1lisis b\u00edblico. La expresi\u00f3n hebrea <em>b\u0259\u02bea\u1e25\u0103r\u00ee\u1e6f hayy\u0101m\u00eem<\/em> traducida en la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a> en <em>tais eschatais h\u0113merais<\/em> (\u00aben los \u00faltimos\u2014o finales\u2014d\u00edas\u00bb), puede significar el fin del presente orden o incluso \u00abel m\u00e1s all\u00e1\u00bb. Por tanto, es mejor dar una definici\u00f3n amplia. El concepto b\u00edblico del tiempo no es c\u00edclico (como en la concepci\u00f3n griega, en la que escatolog\u00eda podr\u00eda referirse \u00fanicamente al cumplimiento de un ciclo), ni puramente lineal (en cuyo caso, la escatolog\u00eda podr\u00eda referirse \u00fanicamente al punto terminal en la l\u00ednea); m\u00e1s bien, se nos presenta en un modelo en que el juicio divino y la redenci\u00f3n se combinan en un ritmo que \u00abencuentra una expresi\u00f3n caracter\u00edstica en t\u00e9rminos de muerte y resurrecci\u00f3n\u00bb (Charles Harold Dodd, <em>According to the Scriptures<\/em>, Nisbet, London, 1952, p. 129). As\u00ed, el t\u00e9rmino podr\u00eda entenderse como \u00abpara designar la consumaci\u00f3n del plan redentor de Dios, sea que se anticipe o no el fin de la historia o del mundo\u00bb (George Eldon Ladd, <a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">EQ<\/a>, 30, 1958, p. 140), sea que la consumaci\u00f3n fuera absolutamente final o un \u00abcumplimiento gradual\u00bb que se revela al ritmo del prop\u00f3sito de Dios.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>La escatolog\u00eda individual en el AT. Las ideas acerca de la existencia despu\u00e9s de la muerte (v\u00e9ase) expresadas en el AT son muy generales. Como Jes\u00fas les dijo a los fariseos, profundas verdades exist\u00edan impl\u00edcitamente en la relaci\u00f3n de los hombres con Dios: el Dios que se llama a s\u00ed mismo el Dios de Abraham, Isaac y Jacob (Ex. 3:6) \u00abporque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para \u00e9l todos viven\u00bb (Lc. 20:38). Pero estas implicaciones no se destacaban en tiempos del AT. Parcialmente puede haber sido una reacci\u00f3n contra los cultos cananeos a los muertos que el AT pusiera tan poco \u00e9nfasis en la vida venidera. El Seol se describ\u00eda como una vasta regi\u00f3n subterr\u00e1nea donde habitaban los muertos como sombras; pocos antecedentes se encuentran all\u00ed de su car\u00e1cter y status original. La alabanza a Dios, que era la caracter\u00edstica de la piedad de un hombre, enmudec\u00eda en el Seol (Sal. 88:10ss.; Is. 38:18); en el pensamiento popular, el Seol estaba fuera del alcance de la jurisdicci\u00f3n de Jehov\u00e1. S\u00f3lo ocasionalmente encontramos una nota m\u00e1s esperanzadora. Los escritores del Sal. 73 y 139 entienden que un hombre que camina con Dios durante su vida, no puede ser privado de su compa\u00f1\u00eda en la muerte: \u00abSi en el Seol hiciere mi estrado, he aqu\u00ed, all\u00ed t\u00fa est\u00e1s\u00bb (Sal. 139:8). Job y sus amigos descontaban la posibilidad de que un hombre volviera a vivir otra vez despu\u00e9s de su muerte (Job 14:10ss.); ellos no suponen que el consuelo de una existencia futura puede compensar el sufrimiento presente. Solamente en un momento de fe, Job afirma que, si no ocurre en esta vida, entonces despu\u00e9s de \u00e9sta encontrar\u00e1 uno que abogue por su causa, y \u00e9ste ser\u00e1 Dios mismo (Job 19:25ss.).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una expectaci\u00f3n m\u00e1s expl\u00edcita de una vida que vendr\u00e1 est\u00e1 unida a la esperanza de una resurrecci\u00f3n nacional. En la visi\u00f3n de Ezequiel del valle de los huesos secos, los guerreros muertos reciben una nueva vida cuando el aliento divino penetra en ellos; pero la interpretaci\u00f3n de la visi\u00f3n se\u00f1ala no a una resurrecci\u00f3n individual sino a una resurrecci\u00f3n nacional: \u00abTodos estos huesos son la casa de Israel\u00bb (Ez. 37:11). Tambi\u00e9n en Isa\u00edas existe una promesa de resurrecci\u00f3n: \u00abTus muertos vivir\u00e1n; sus cad\u00e1veres resucitar\u00e1n\u00bb (Is. 26:19); pero incluso aqu\u00ed se se\u00f1ala una restauraci\u00f3n nacional. La resurrecci\u00f3n individual aparece en forma expl\u00edcita en Dn. 12:2: \u00abY muchos de los que duermen en el polvo de la tierra ser\u00e1n despertados, unos para vida eterna, y otros para verg\u00fcenza y confusi\u00f3n perpetua\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La creencia de una resurrecci\u00f3n futura despu\u00e9s de la muerte lleg\u00f3 a ser parte de la ortodoxia jud\u00eda excepto entre los saduceos, quienes se estimaban a s\u00ed mismos como los defensores de la religi\u00f3n antigua en contraste con las innovaciones farisaicas. La doctrina recibi\u00f3 un est\u00edmulo tremendo a partir de la persecuci\u00f3n de los m\u00e1rtires bajo Ant\u00edoco Ep\u00edfanes en los a\u00f1os que siguieron al 168 a.C.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el nuevo \u00e9nfasis en la resurrecci\u00f3n (v\u00e9ase) comienza una tendencia que destaca la situaci\u00f3n del justo y el malo en el mundo que vendr\u00e1, en el Para\u00edso y en el Hades respectivamente, e incluso en el estado intermedio entre la muerte y la resurrecci\u00f3n (cf. el rico y L\u00e1zaro en Lc. 16:19ss.).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero en la ense\u00f1anza b\u00edblica, es Cristo quien por su muerte y resurrecci\u00f3n ha logrado para los suyos una nueva esperanza viviente (1 P. 1:3), \u00abel cual quit\u00f3 la muerte y sac\u00f3 a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio\u00bb (2 Ti. 1:10).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>La escatolog\u00eda mundial en el AT. La escatolog\u00eda del AT est\u00e1 estrechamente relacionada con el concepto del \u00abd\u00eda del Se\u00f1or\u00bb. En las primeras veces que esta frase aparece (Am. 5:18\u201320), Am\u00f3s reprende a los de su naci\u00f3n por desear con tanta vehemencia ese d\u00eda, asegur\u00e1ndoles que cuando \u00e9ste llegue no traer\u00e1 luz (como ellos esperan) sino oscuridad, y no ser\u00e1 de regocijo sino de dolor. Del contexto se deduce que en ese d\u00eda se esperaba que Jehov\u00e1 vindicar\u00eda su nombre y a su pueblo ante los imp\u00edos. Pero Am\u00f3s insiste que puesto que Jehov\u00e1 es tan justo, su intervenci\u00f3n para vindicar su propia causa conllevar\u00e1 su juicio sobre los injustos dondequiera que estos est\u00e9n y, especialmente, si se encuentran entre su pueblo escogido, ya que ellos tuvieron mejores oportunidades de conocer su voluntad que otras naciones.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1 la idea israelita del D\u00eda de Jehov\u00e1 se asociaba con la fiesta anual en que se celebraba el reinado de Jehov\u00e1. Si los llamados \u00abSalmos de entronizaci\u00f3n\u00bb (cf. Sal. 93; 95\u2013100) pueden usarse como evidencia para este festival, debemos inferir que el reinado de Jehov\u00e1 se celebraba en numerosas maneras. \u00c9l era soberano sobre la creaci\u00f3n; era soberano en la fertilidad y cosecha ante la dependencia estacional-agr\u00edcola; era soberano en su trato redentivo con su pueblo Israel; era soberano tambi\u00e9n en su relaci\u00f3n con otras naciones. Su soberan\u00eda en todas las esferas se manifestar\u00eda en una escala universal en el d\u00eda que \u00abjuzgar\u00eda al mundo con justicia\u00bb (Sal. 9:8; 96:13; 98:9). Los salmistas y profetas reconoc\u00edan que, en tanto que el reinado de Jehov\u00e1 ya se ejerc\u00eda de muchas maneras, la realidad de la que eran testigos estaba muy por debajo de lo que ellos sab\u00edan era el ideal. La soberan\u00eda de Jehov\u00e1 ni siquiera recib\u00eda de Israel el reconocimiento debido, por no hablar de las naciones que nunca le hab\u00edan conocido. Esta disparidad entre lo real y lo ideal no durar\u00eda para siempre; en el d\u00eda de Jehov\u00e1 su justo reinado ser\u00eda reconocido universalmente y la tierra se llenar\u00eda \u00abdel conocimiento del Se\u00f1or\u00bb (Is. 11:9; cf. Hab. 2:14). En aquel d\u00eda, dijo un profeta posterior, \u00abJehov\u00e1 ser\u00e1 rey sobre toda la tierra. En aquel d\u00eda Jehov\u00e1 ser\u00e1 uno, y uno su nombre\u00bb (Zac. 14:9). El d\u00eda de Jehov\u00e1, aqu\u00ed y en varios otros pasajes es la ocasi\u00f3n de una teofan\u00eda; en Zac. 14:3s., Jehov\u00e1 conduce el ataque sobre los agresores de su pueblo y planta su pie victoriosamente sobre el Monte de los Olivos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un factor que enfatizaba el contraste entre la realidad y lo ideal fue la declinaci\u00f3n de la monarqu\u00eda dav\u00eddica. La casa de David representaba el reino divino en la tierra; pero cuando la desorganizaci\u00f3n, la injusticia social y la invasi\u00f3n extranjera hab\u00edan reducido su grandeza pr\u00edstina, su capacidad de continuar siendo una digna representante de la soberan\u00eda de Dios sufri\u00f3 deterioro. Adem\u00e1s, al irse hundiendo m\u00e1s y m\u00e1s las fortunas de la casa de David, vemos aparecer con m\u00e1s claridad la figura de un rey venidero de la l\u00ednea de David en quien Dios realizar\u00eda todas las promesas brillantes que hab\u00eda hecho a David, un rey que restaurar\u00eda y sobrepasar\u00eda las glorias desvanecidas de tiempos anteriores (cf. Is. 7:12ss; 9:65, 11:1ss; 32:1ss; Mi. 5:2ss; Jer. 23:5; 33:14ss).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gran parte de la escatolog\u00eda posterior de los jud\u00edos est\u00e1 impregnada por la esperanza de un Mes\u00edas dav\u00eddico; un Mes\u00edas que inaugurar\u00eda la nueva era al aniquilar a los enemigos de su pueblo y ser entronizado como el permanente vicerregente de Dios. A veces, sin embargo, el pr\u00edncipe dav\u00eddico es eclipsado por su tarea sacerdotal por las descripciones de la era venidera; esto es evidente, por ejemplo, en el programa de Ezequiel para la nueva comunidad de naciones en la era de restauraci\u00f3n cuando Jehov\u00e1 morar\u00eda en medio de su pueblo. Un ejemplo posterior del mismo tipo de expectaci\u00f3n se encuentra en la literatura de Qumr\u00e1n, donde el Mes\u00edas dav\u00eddico se visualiza subordinado al sumo sacerdote, quien ser\u00eda el jefe del estado en la nueva era.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el libro de Daniel aparece otra forma de esperanza mesi\u00e1nica. Aunque ya no existe la monarqu\u00eda hebrea, el Alt\u00edsimo no ha abandonado su reinado; los reinos de los hombres junto a sus sucesivos gobernantes paganos mantienen su poder s\u00f3lo por la voluntad divina y hasta cuando \u00e9l lo permita. La \u00e9poca del dominio pagano es limitada; cuando el \u00faltimo de los imperios paganos haya ca\u00eddo, el Dios de los cielos levantar\u00e1 un reino que durar\u00e1 por siempre. En la visi\u00f3n del d\u00eda de juicio que se describe en Dn. 7, este dominio universal se lo da a \u00abuno como un hijo de hombre\u00bb (v. 13) al fin del tiempo, a quien se asocia\u2014si no se iguala\u2014en la interpretaci\u00f3n de la visi\u00f3n con \u00ablos santos del Alt\u00edsimo\u00bb (vv. 18, 22, 27).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A medida que pasaba el tiempo, el d\u00eda del Se\u00f1or, fue descrito en un lenguaje apocal\u00edptico (cf. Is. 24:1ss; Jl. 2:30; 3:9ss.; Mal. 3:16\u20134:6) aunque tal lenguaje se encuentra incluso en los profetas anteriores al exilio (cf. Jer. 4:23\u201326, con su figura \u00abmir\u00e9 a la tierra, y he aqu\u00ed que era un caos\u00bb (<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">BJ<\/a>); cf. Sof. 1:2ss.). Y no \u00fanicamente el lenguaje pict\u00f3rico apocal\u00edptico se encuentra presente en los profetas, sino la misma idea del d\u00eda del Se\u00f1or, con su intervenci\u00f3n activa y no simplemente como el desarrollo inevitable de una situaci\u00f3n determinada, aunque el \u00e9nfasis se encuentra m\u00e1s definido en los apocal\u00edpticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parte de la literatura apocal\u00edptica recibe tambi\u00e9n la influencia del zoroastrismo, en el que se encuentra una bien definida concepci\u00f3n del d\u00eda del juicio final, separaci\u00f3n y regeneraci\u00f3n, cuando el mal ser\u00eda quemado en el fuego purificador y el \u00abdominio deseado\u00bb del bien se establecer\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una muestra interesante de la expectaci\u00f3n escatol\u00f3gica al final de la era precristiana la provee la literatura de Qumr\u00e1n, mencionada antes (v\u00e9ase tambi\u00e9n el art\u00edculo <em>Los Manuscritos del Mar Muerto<\/em>.)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. La escatolog\u00eda del NT: Jes\u00fas y el reino de Dios. Al pasar del AT al NT notamos un cambio en el \u00e9nfasis escatol\u00f3gico. La escatolog\u00eda del AT mira hacia adelante; sus notas dominantes son de esperanza y promesa. Aunque \u00e9stas est\u00e1n presentes en el NT, la nota dominante aqu\u00ed es la de cumplimiento en Jes\u00fas. Esto es evidente incluso en libros del NT que en otras materias var\u00edan considerablemente. As\u00ed, no hay dos libros que sean m\u00e1s distintos en su forma literaria que el evangelio de Juan y el Apocalipsis; pero cuando vamos m\u00e1s all\u00e1 de la forma para entender la sustancia, o\u00edmos a uno cuyo nombre es \u00abLa Palabra de Dios\u00bb diciendo a sus seguidores: \u00aben el mundo tendr\u00e9is aflicci\u00f3n; pero confiad, yo he vencido al mundo\u00bb (Jn. 16:33; cf. Ap. 5:5; 19:33).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el ministerio de Jes\u00fas, la escatolog\u00eda b\u00edblica alcanza su momento decisivo. Su ministerio en Galilea, resumido en Mr. 1:15 (\u00abEl tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepent\u00edos, y creed en el evangelio\u00bb), proclama el cumplimiento de la visi\u00f3n de Daniel: \u00aby lleg\u00f3 el tiempo y los santos recibieron el reino\u00bb (Dn. 7:22). En un sentido, el reino de Dios ya estaba presente en el ministerio de Jes\u00fas: \u00abMas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros\u00bb (Lc. 11:20; cf. Mt. 12:28). Pero en otro sentido, el reino de Dios (v\u00e9ase) era algo futuro, por lo que ense\u00f1\u00f3 a sus disc\u00edpulos a orar: \u00abVenga tu reino\u00bb (Lc. 11:2). \u00c9ste era el sentido en que \u00e9l podr\u00eda venir \u00abcon poder\u00bb (Mr. 9:1); un evento asociado con la <em>parousia<\/em> (<em>Advenimiento<\/em>) del Hijo del Hombre \u00aben las nubes con poder y gran gloria\u00bb (Mr. 13:26).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La figura del Hijo del Hombre que juega un papel tan prominente en parte de la ense\u00f1anza de Jes\u00fas acerca del reino de Dios, especialmente despu\u00e9s de la confesi\u00f3n de Pedro en Cesarea de Filipo (Mr. 8:29), se remonta a \u00abuno semejante a hijo de hombre\u00bb al que Daniel vio en su visi\u00f3n del juicio (Dn. 7:13s.). En la ense\u00f1anza de Jes\u00fas se fue haciendo evidente que \u00e9l mismo cumplir\u00eda este papel. Pero en tanto que \u00e9l usa el lenguaje de Daniel y habla del Hijo del Hombre como destinado a sufrir, usando un lenguaje que recuerda al siervo obediente y sufriente de Jehov\u00e1 en Is. 52:15\u201353:12. Esta identificaci\u00f3n pr\u00e1ctica del Hijo del Hombre con el siervo puede que no haya sido una innovaci\u00f3n completa (\u00abuno semejante a hijo del hombre\u00bb es quiz\u00e1 una de las primeras tal vez la primera, de las muchas interpretaciones del siervo); pero la forma en la que Jes\u00fas habla del Hijo del Hombre en t\u00e9rminos de siervo es un tanto distintiva, porque no solamente \u00e9l identifica estas dos figuras, sino que se presenta a s\u00ed mismo como aquel que cumple estas dos figuras en su propia persona. As\u00ed como en Daniel \u00abuno como hijo de hombre\u00bb recibe el reino de manos del Anciano de D\u00edas, as\u00ed en los evangelios, Jes\u00fas recibe el reino de su Padre. Pero como en Dn. 7:18ss. \u00ablos santos del Alt\u00edsimo\u00bb reciben el reino, tambi\u00e9n Jes\u00fas comparte su reino con sus disc\u00edpulos, su \u00abmanada peque\u00f1a\u00bb (Lc. 12:32; 22:29s.). Sin embargo, es evidente que la consumaci\u00f3n del reino\u2014su venida con poder\u2014debe esperar el sufrimiento del Hijo del Hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A veces, Jes\u00fas usa el t\u00e9rmino \u00abvida\u00bb\u2014m\u00e1s completamente, \u00abvida eterna\u00bb (la vida del siglo venidero)\u2014como un sin\u00f3nimo del \u00abreino de Dios\u00bb; entrar en el reino es entrar a la vida. Esto es consistente con el punto de vista existente de que el reino de Dios ser\u00eda establecido en la nueva era, cuando los justos ser\u00edan resucitados para gozar para siempre de la vida resucitada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la ense\u00f1anza apost\u00f3lica (que en este punto hace expl\u00edcito lo que era impl\u00edcito en las propias palabras de Jes\u00fas) esta vida eterna es algo que puede disfrutarse en el presente, aunque su florecimiento completo debe esperar una consumaci\u00f3n que vendr\u00e1. Porque la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo han introducido una nueva fase en el reino de Dios, para que aquellos que creen en Cristo compartan ya esta resurrecci\u00f3n de vida, aunque todav\u00eda vivan en la tierra en un cuerpo mortal. Hay un intervalo (que puede ser m\u00e1s corto o m\u00e1s largo) entre la resurrecci\u00f3n de Cristo y su <em>parousia<\/em> y durante este intervalo (\u00abla \u00faltima hora\u00bb) la era que viene se traslapa con la presente (v\u00e9ase). Los cristianos viven espiritualmente en \u00abesa hora\u00bb en tanto que viven temporalmente en \u00abesta era\u00bb; ellos poseen la vida eterna antes que haya ocurrido la resurrecci\u00f3n del cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este esquema, que es especialmente caracter\u00edstico de los escritos de Pablo y Juan, ha sido llamado \u00abescatolog\u00eda realizada\u00bb. Pero la \u00abescatolog\u00eda realizada\u00bb del NT no excluye una resurrecci\u00f3n escatol\u00f3gica en el futuro.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>\u00abLa escatolog\u00eda realizada\u00bb. \u00bfCu\u00e1l es el <em>eschaton<\/em>, \u00abla \u00faltima cosa\u00bb que es el objeto propio de la esperanza escatol\u00f3gica? Si \u00e9sta se encuentra en el ministerio, pasi\u00f3n y triunfo de Jes\u00fas, entonces no puede ser \u00e9ste el fin absoluto del tiempo (v\u00e9ase) porque \u00e9ste ha continuado existiendo desde entonces. Quiz\u00e1 deber\u00edamos decir que el NT revela que la \u00ab\u00faltima cosa\u00bb es aquel que es el \u00ab\u00daltimo\u00bb (el <em>eschatos<\/em> [masculino] en vez de <em>eschaton<\/em> [neutro]). (Podemos comparar el t\u00edtulo de Jes\u00fas \u00abEl Primero y el \u00daltimo\u00bb en Ap. 1:17; 2:8; 22:13). Es decir, Jes\u00fas es en s\u00ed mismo el cumplimiento de la esperanza del pueblo de Dios, el \u00abAm\u00e9n\u00bb a todas las promesas de Dios.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace una generaci\u00f3n o dos, el nombre m\u00e1s significativo en este campo de estudios fue el de Albert Schweitzer con su \u00abescatolog\u00eda completa\u00bb. Seg\u00fan \u00e9l, Jes\u00fas, quien cre\u00eda ser el Mes\u00edas de Israel al fin del tiempo, se encontr\u00f3 conque la consumaci\u00f3n no ocurri\u00f3 cuando \u00e9l la esperaba, as\u00ed que se entreg\u00f3 a la muerte para forzar su <em>parousia<\/em> como el \u00abUngido\u00bb. Puesto que las ruedas de la historia mundial no respondieron a su control para detenerse en su \u00faltima revoluci\u00f3n, \u00e9l se arroj\u00f3 sobre ellas y fue aplastado. \u00abLa rueda sigue girando, y el cuerpo destrozado de un Hombre inmensurable, quien fue lo suficientemente fuerte como para pensar de s\u00ed mismo como el gobernante espiritual de la humanidad y sujetar la historia seg\u00fan su prop\u00f3sito, sigue colgado a\u00fan. \u00c9sta es su victoria y su reino\u00bb (<em>The Quest of the Historical Jesus<\/em>, Black, Londres, 1911, p. 369). En otras palabras, el pensamiento y mensaje de Jes\u00fas era b\u00e1sicamente escatol\u00f3gico, y escatol\u00f3gico en el sentido ejemplarizado por el crudo apocalipticismo de su d\u00eda. Su ense\u00f1anza \u00e9tica fue proyectada \u00fanicamente para el breve per\u00edodo intermedio entre su ministerio y su inminente <em>parousia<\/em>. M\u00e1s tarde, cuando su muerte fue vista como la destrucci\u00f3n de las condiciones escatol\u00f3gicas en lugar de hacerlas posibles, la proclamaci\u00f3n del reino fue reemplazada por la ense\u00f1anza de la iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien es cierto que la interpretaci\u00f3n de Schweitzer acerca del mensaje de Jes\u00fas fue a su manera una saludable reacci\u00f3n a la interpretaci\u00f3n liberal que \u00e9l rechaz\u00f3, fue igualmente parcial y exagerada en su selecci\u00f3n de la informaci\u00f3n del Evangelio. Uno puede reconocer el valor de su contribuci\u00f3n al debate sin aceptar su interpretaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s recientemente, C.H. Dodd, con su \u00abescatolog\u00eda realizada\u00bb, ha llegado a ser posiblemente el nombre m\u00e1s significativo en este campo (especialmente en Gran Breta\u00f1a). En su <em>Parables of the Kingdom<\/em> (Nisbet, Londres, 1935), \u00e9l interpreta las par\u00e1bolas de Jes\u00fas en t\u00e9rminos del desaf\u00edo ante una decisi\u00f3n con la que los hombres son confrontados cuando se proclama el evangelio del reino. En <em>The Apostolic Preaching and its Developments<\/em> (Hodder and Stoughton, Londres, 1936), \u00abel reino de Dios se concibe como viniendo en los sucesos de la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, y proclamar estos hechos, adecuadamente, es predicar el evangelio del Reino de Dios\u00bb (pp. 46s.). Aqu\u00ed no se hace una referencia a una futura venida de Jes\u00fas. Los eventos hist\u00f3ricos del evangelio constituyen un proceso escatol\u00f3gico \u00abuna manifestaci\u00f3n decisiva de los poderosos hechos de Dios para la salvaci\u00f3n del hombre\u00bb; y la concentraci\u00f3n tard\u00eda sobre una \u00ab\u00faltima cosa\u00bb que vendr\u00eda fue el resultado de una reincidencia en la escatolog\u00eda jud\u00eda la cual tuvo el efecto de relegar a un segundo plano aquellos elementos del evangelio que son los m\u00e1s distintivos del cristianismo. En un libro posterior, sin embargo\u2014<em>The Coming of Christ<\/em> (Cambridge University Press, 1951)\u2014Dodd parece conceder una consumaci\u00f3n futura asociada con la persona de Cristo: lo que vino a la tierra con la encarnaci\u00f3n de Cristo \u00abfue final y decisivo para todo el significado y prop\u00f3sito de la existencia humana, y lo encontraremos nuevamente cuando la historia haya terminado \u2026 en aquella \u00faltima frontera encontraremos a Dios en Cristo\u00bb (p. 58).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una posici\u00f3n similar a la de Dodd es la que adopta Joachim Jeremias en <em>The Parables of <\/em><em>Jesus<\/em> (S.C.M., Londres, 1954); no obstante, Jeremias reconoce su deuda a Dodd. Seg\u00fan Jeremias, las par\u00e1bolas de Jes\u00fas expresan una escatolog\u00eda \u00abque se encuentra en un proceso de realizaci\u00f3n\u00bb; ellas proclaman que \u00abla hora del cumplimiento ha llegado\u00bb y llevan a los que oyen a concentrar sus mentes en la persona y misi\u00f3n de Jes\u00fas (p. 159).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hay un pensador m\u00e1s estimulante de esta escuela que John Arthur Thomas Robinson. Su obra <em>In the End, God<\/em> \u2026 (Clarke, Londres, 1950) interpreta la <em>parousia<\/em> de Cristo no como un evento literal del futuro sino como una presentaci\u00f3n simb\u00f3lica o mitol\u00f3gica de \u00ablo que debe suceder y de lo que ya est\u00e1 sucediendo, dondequiera que el Cristo llega en amor y poder, dondequiera que se tracen los signos de su presencia, dondequiera que se vean las marcas de la cruz. El D\u00eda del Juicio es un cuadro dramatizado e idealizado de cada d\u00eda\u00bb (p. 69). En un libro posterior, <em>Jesus and His Coming<\/em> (S.C.M., Londres, 1957), enfrenta la pregunta crucial: \u00bfUs\u00f3 Jes\u00fas un lenguaje que sugiriera su retorno del cielo a la tierra? Un examen cr\u00edtico de la informaci\u00f3n lo lleva a decir \u00abNo\u00bb. Las expresiones de Jes\u00fas sobre el tema expresan en realidad los temas de la vindicaci\u00f3n y visitaci\u00f3n, p. ej. su respuesta a la pregunta del Sumo Sacerdote en cuanto a si era o no era el Mes\u00edas (Mr. 14:62s.): \u00abYo soy; y ver\u00e9is al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo\u00bb. En Mt. 26:64 y Lc. 22:69 una frase, \u00abdesde ahora\u00bb se inserta antes de \u00abver\u00e9is\u00bb; esto lo toma Robinson como una parte genuina de la respuesta. Estas, palabras de Jes\u00fas, basadas principalmente en el Sal. 110:1 y en Dn. 7:13, declaran que el Hijo del Hombre, aunque condenado por sus jueces terrenales, ser\u00e1 vindicado en el tribunal de Dios. Y si aqu\u00ed la venida del Hijo del Hombre representa una vindicaci\u00f3n, existen otros dichos de Jes\u00fas en los evangelios donde la venida del Hijo del Hombre significa una visitaci\u00f3n en juicio, los cuales comenzar\u00e1n a circular a causa de su rechazo (p. ej., Lc. 12:40; Mt. 10:23; Lc. 18:8). Esta visitaci\u00f3n de juicio ocurrir\u00e1 \u00abdesde ahora\u00bb con tanta exactitud como la vindicaci\u00f3n. Robinson, en lugar de hablar de una \u00abescatolog\u00eda realizada\u00bb, habla de una \u00abescatolog\u00eda inaugurada\u00bb; una escatolog\u00eda inaugurada por la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Porque su muerte y resurrecci\u00f3n no agotaron su actividad mesi\u00e1nica; al contrario, \u00e9stas \u00abiniciar\u00edan y desarrollar\u00edan el reino de Dios en el que <em>desde ahora<\/em> la obra redentora del Padre podr\u00eda llevarse a su cumplimiento la cual hasta ahora hab\u00eda sido negada\u00bb (p. 81). Al ministerio de Jes\u00fas antes de su muerte y resurrecci\u00f3n Robinson le aplica el nombre de \u00abescatolog\u00eda prol\u00e9ptica\u00bb (p. 101), porque en sus palabras y hechos los signos de la era mesi\u00e1nica pod\u00edan verse por anticipaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9l cree que en un per\u00edodo temprano de la historia de la iglesia, la perspectiva cambi\u00f3. En tanto que los cristianos continuaban pensando de la vindicaci\u00f3n como siguiendo inmediatamente a su muerte y resurrecci\u00f3n, ellos pospusieron su visitaci\u00f3n para un d\u00eda futuro.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>La segunda venida. La amplia respuesta de Jes\u00fas al Sumo Sacerdote debe examinarse exactamente para determinar si implicaba o no una venida del Hijo del Hombre a la tierra. En Dn. 7:13 (el pasaje del AT en el que se basa la descripci\u00f3n de su venida con las nubes del cielo) el \u00abuno como un hijo de hombre\u00bb viene hasta el Anciano de d\u00edas y se ha inferido de aqu\u00ed que Jes\u00fas pensaba del Hijo del Hombre como viniendo con las nubes del cielo hasta la presencia de Dios, y no a la tierra. Pero en ese caso, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda ver el Sanedr\u00edn al Hijo del Hombre? Y de hecho, \u00bfd\u00f3nde se localiza al Anciano de d\u00edas en Dn. 7:13? Los tronos de Dn. 7:9 se ubican en la tierra en lugar del cielo; es en la tierra, al parecer, que el Anciano de d\u00edas ocupa su trono de juicio, otorga dominio al Hijo del Hombre y da el juicio a los santos del Alt\u00edsimo.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Mr. 13:26, otro pasaje donde Jes\u00fas habla de los hombres que ver\u00e1n \u00abal Hijo del Hombre, que vendr\u00e1 en las nubes con gran poder y gloria\u00bb, existen pocas dudas que se refiera a una venida a la tierra, porque son hombres de la tierra los que lo ven y \u00e9l procede a \u00abenviar a sus \u00e1ngeles para juntar a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo\u00bb (v. 27). Pero se entiende ampliamente que el discurso de Mr. 13 en su forma presente no es la ense\u00f1anza inalterada de Jes\u00fas, y que los vv. 24\u201327 en particular son en segundo lugar, el producto del cambio de perspectiva en la iglesia primitiva lo cual tambi\u00e9n se refleja, p. ej. en 2 Ts. 1:6\u201310.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El argumento de Mr. 13, sin embargo, no puede desecharse tan r\u00e1pido. Puede ser que el discurso de Jes\u00fas en este cap\u00edtulo tuviera su propia historia antes de ser incorporado en el evangelio de Marcos y que se hubiera conservado en forma separada. Evidentemente, los vv. 24\u201327 se basan en los profetas del AT para describir el d\u00eda del Se\u00f1or; \u00bfpero qu\u00e9 podr\u00eda ser m\u00e1s natural? \u00abCuando Dios avanza para salvaci\u00f3n el universo palidece delante de \u00e9l\u00bb (George Raymond Beasley-Murray, <em>A Commentary on Mark Thirteen<\/em>, MacMillan, Londres, 1957, p. 67). Y contra este trasfondo de un cielo oscurecido, el Hijo del Hombre viene con las nubes a la tierra. Una interpretaci\u00f3n similar de Mr. 14:62 parece m\u00e1s razonable, aunque la interpretaci\u00f3n contraria de este vers\u00edculo \u00abha llegado a ser casi una nueva ortodoxia en Gran Breta\u00f1a\u00bb (Beasley-Murray, <em>op. cit.<\/em>, p. 91). Sin embargo, la \u00abnueva ortodoxia\u00bb no ha sido aceptada universalmente; Joseph Edward Fison mantiene que Mr. 14:62 es el \u00fanico texto seguro que, sin ambig\u00fcedades, prueba que Jes\u00fas habl\u00f3 de su retorno a la tierra (<em>The Christian Hope<\/em>, Longmans, Londres, 1954, p. 194)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo tanto, si Jes\u00fas contemplaba un regreso a la tierra, debemos investigar si \u00e9l contemplaba un intervalo entre el cumplimiento de su ministerio y esa segunda venida. Al buscar la respuesta a esta pregunta, nos ponemos conscientes de una tensi\u00f3n entre la idea de un reino de Dios como presente en la vida y obra de Jes\u00fas y la idea de una consumaci\u00f3n futura; una tensi\u00f3n evidente en el pensamiento y ense\u00f1anza de Jes\u00fas mismo as\u00ed como en el pensamiento y ense\u00f1anza de la iglesia primitiva. No hacemos justicia a esta tensi\u00f3n cuando interpretamos el NT y su evidencia en t\u00e9rminos de una exclusiva escatolog\u00eda realizada o de una exclusiva escatolog\u00eda futura. Que Jes\u00fas pensaba en un intervalo que separaba su pasi\u00f3n de su <em>parousia<\/em> se deduce claramente de lo que dice Mr. 13:10 (\u00abes necesario que el evangelio sea predicado ante todas las naciones\u00bb); ciertamente una expresi\u00f3n genuina de Jes\u00fas refiri\u00e9ndose al per\u00edodo anterior a la consumaci\u00f3n final, si pertenec\u00eda originalmente a su contexto presente o no. La consumaci\u00f3n final est\u00e1 vitalmente relacionada a lo que ocurri\u00f3 cuando Jes\u00fas vino la primera vez. Porque \u00e9l a la vez cumpli\u00f3 el reino, y lo prometi\u00f3. Su promesa est\u00e1 confirmada por su cumplimiento en la vida y la muerte; el cumplimiento del reino en la vida y la muerte ser\u00e1 vindicado cuando su promesa llegue a ser verdad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las implicaciones de esta tensi\u00f3n son expuestas por Werner Georg Kuemmel en <em>Promise and Fulfilment<\/em> (S.C.M., Londres, 1957). Oscar Cullmann, quien reconoce la obra de Kuemmel, tambi\u00e9n ha tratado el tema iluminadamente (cf. \u00abThe Return of Christ\u00bb en <em>The Early Church<\/em>, S.C.M., Londres, 1956, pp. 141ss.). \u00c9l ha cautivado la imaginaci\u00f3n de muchos por su feliz analog\u00eda del D\u00eda D y del D\u00eda V (D\u00eda de la Victoria) [expresiones de la Segunda Guerra Mundial. nota del ed.] para ilustrar la relaci\u00f3n entre lo que Cristo hizo en su primera venida y lo que har\u00e1 cuando venga nuevamente. Una vez que la batalla decisiva de una guerra ha sido ganada, el resultado final est\u00e1 asegurado; el intervalo entre la \u00faltima manifestaci\u00f3n y la celebraci\u00f3n de la victoria es de una duraci\u00f3n incierta y de una importancia relativa. As\u00ed, la <em>parousia<\/em> de Jes\u00fas no es el evento decisivo del evangelio; mejor, es la secuela inevitable de un evento decisivo que ocurri\u00f3 en su muerte y resurrecci\u00f3n. El tiempo en que esto ocurra no es tan importante como el hecho de que el acontecimiento est\u00e1 asegurado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la obra consumada por Jes\u00fas en su primera venida se inaugura la era escatol\u00f3gica. El Cordero inmolado (v\u00e9ase) ha vindicado su t\u00edtulo para ser el Se\u00f1or de la Historia: \u00e9sta es la lecci\u00f3n de Ap. 5:5ss. La consumaci\u00f3n de la \u00e9poca escatol\u00f3gica est\u00e1 estrechamente relacionada con su persona como lo fue en su inauguraci\u00f3n; en 2 Ts. 2:8 se llama \u00abresplandor de su venida\u00bb (lit. la \u00abmanifestaci\u00f3n de su presencia\u00bb). \u00c9l ha sido vindicado por Dios, aunque esa vindicaci\u00f3n no haya sido todav\u00eda universalmente revelada y reconocida. Pero el creyente que vive ahora \u00abentre dos tiempos\u00bb y espera la \u00abmanifestaci\u00f3n de su presencia\u00bb experimenta ya la seguridad de su presencia, su venida, su permanencia como Victorioso y Liberador. El NT que abunda en detalles acerca de la presente vindicaci\u00f3n y exaltaci\u00f3n de Cristo, admite que a\u00fan no vemos todas las cosas sometidas a \u00e9l, pero ense\u00f1a a confiar plenamente como viendo a Jes\u00fas glorificado (He. 2:8s.); \u00e9sta es una garant\u00eda suficiente de que Aquel que viene vendr\u00e1 (He. 10:37).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La <em>parousia<\/em> de Cristo est\u00e1 estrechamente asociada en el NT con la resurrecci\u00f3n de su pueblo (y en generalmente con la resurrecci\u00f3n de la humanidad) y con el juicio del mundo. Mientras el pueblo de Cristo experimenta la resurrecci\u00f3n para vida aqu\u00ed y ahora, aquellos que le rechazan son \u00abcondenados ya\u00bb (Jn. 3:18), este aspecto \u00abrealizado\u00bb de la resurrecci\u00f3n y juicio no excluye su consumaci\u00f3n futura. El evangelio, que enfatiza con peucliaridad que el juicio del mundo coincidi\u00f3 con la encarnaci\u00f3n y pasi\u00f3n de Cristo (Jn. 12:31), y que los creyentes en \u00e9l ya poseen la vida eterna (Jn. 3:36), habla tambi\u00e9n con claridad de una resurrecci\u00f3n que ser\u00e1 efectuada por Cristo el d\u00eda final (Jn. 6:39s.), cuando \u00abtodos los que est\u00e1n en los sepulcros oir\u00e1n su voz; y los que hicieron lo bueno, saldr\u00e1n a resurrecci\u00f3n de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrecci\u00f3n de condenaci\u00f3n\u00bb (Jn. 5:28, 29).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunas cuestiones menores activamente investigadas en relaci\u00f3n con la <em>parousia<\/em>, especialmente entre el pueblo evang\u00e9lico\u2014tales como la relaci\u00f3n de tiempo en los mil a\u00f1os de Ap. 20:2ss., o con la Gran Tribulaci\u00f3n de Mr. 13:19, etc. pertenece m\u00e1s a una ex\u00e9gesis detallada de textos de la Escritura individualmente que a un resumen general de la escatolog\u00eda b\u00edblica. Lo que es esencial en el evangelio es la expectaci\u00f3n segura del tiempo cuando los efectos c\u00f3smicos de la obra redentora de Cristo sean cumplidos y cuando \u00abla creaci\u00f3n misma ser\u00e1 libertada de la esclavitud de corrupci\u00f3n a la libertad gloriosa de los hijos de Dios\u00bb (Ro. 8:21).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">R.H. Charles, <em>A Critical History of the Doctrine of a Future Life<\/em>; S.D.F. Salmond, <em>The Christian Doctrine of Immortality<\/em>; H.A.A. Kennedy, <em>St. Paul\u2019s Conceptions of the Last Things<\/em>; M.J. Wyngaarden, <em>The Future of the Kingdom<\/em>; R. Otto, <em>The Kingdom of God and the Son of Man<\/em>; T.F. Glasson, <em>The Second Advent and His Appearing and His Kingdom<\/em>; E.F. Sutcliffe, <em>The Old Testament and the Future Life<\/em>; H.N. Ridderbos, <em>De Komst van het Koninkrijk<\/em>; O. Cullmann, <em>Christ and Time<\/em>; G. Vos, <em>The Teaching of Jesus Concerning the Kingdom and the Church and The Church and the Pauline Eschatology<\/em>; G.E. Ladd, <em>Crucial Questions about the Kingdom of God and The Blessed Hope<\/em>; G.R. Beasley-Murray, <em>Jesus and the Future<\/em>; H. Quistorp, <em>Calvin\u2019s Doctrine of the Last Things<\/em>; D. Daube and W.D. Davies, editors, <em>The Background of the NT and its Eschatology<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frederick Fyvie Bruce<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">EQ <\/a><em>Evangelical Quarterly<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">BJ <\/a>Biblia de Jerusal\u00e9n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (215). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Del gr. <\/span><span style=''>esjatos<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018\u00faltimo\u2019. Este t\u00e9rmino se refiere a la doctrina de las \u00faltimas cosas\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Contrastando con las concepciones c\u00edclicas de la historia, los escritos b\u00edblicos entienden la historia como un movimiento lineal en direcci\u00f3n a una meta. Dios dirige la historia hacia el cumplimiento definitivo de sus prop\u00f3sitos para la creaci\u00f3n. De manera que la escatolog\u00eda b\u00edblica no se limita al destino del individuo; tiene que ver con la consumaci\u00f3n de toda la historia del mundo, hacia la cual se dirigen todos los actos redentores de Dios en la historia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. La perspectiva veterotestamentaria<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El car\u00e1cter futurista de la fe jud\u00eda tiene su origen en el llamado de Abraham (Gn. 12.1\u20133) y la promesa de la tierra a heredar, pero en el mensaje de los profetas es donde radica su pleno car\u00e1cter escatol\u00f3gico, que se proyecta hacia una meta final permanente conforme al prop\u00f3sito de Dios en la historia. La expresi\u00f3n prof\u00e9tica \u201cd\u00eda de Jehov\u00e1\u201d (acompa\u00f1ada de una serie de expresiones similares tales como \u201cen aquel tiempo [d\u00eda]\u201d) se refiere al hecho futuro de la acci\u00f3n decisiva de Dios respecto al juicio y la salvaci\u00f3n en el campo de la historia. Para los profetas est\u00e1 siempre estrechamente relacionado con el contexto hist\u00f3rico del momento, y de ninguna manera se refiere necesariamente a los d\u00edas finales de la historia. Sin embargo, en forma creciente surge el concepto de una resoluci\u00f3n final de la historia: un d\u00eda de juicio m\u00e1s all\u00e1 del cual Dios establece una era permanente de salvaci\u00f3n. Una escatolog\u00eda plenamente trascendente, que espera un acto de Dios directo y universal, m\u00e1s all\u00e1 de las posibilidades de la historia com\u00fan, que da lugar a un mundo radicalmente transformado, es caracter\u00edstica de la *apocal\u00edptica, que ya se vislumbra en varias partes de los libros prof\u00e9ticos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los profetas describen con frecuencia la era escatol\u00f3gica de salvaci\u00f3n que se halla m\u00e1s all\u00e1 del juicio. Fundamentalmente es la era en la cual ha de prevalecer la voluntad de Dios. Las naciones han de servir al Dios de Israel y conocer\u00e1n su voluntad (Is. 2.2s = Mi. 4.1s; Jer. 3.17; Sof. 3.9s; Zac. 8.20\u201323). Habr\u00e1 paz y justicia internacionales (Is. 2.4 = Mi. 4.3), y paz en la naturaleza (Is. 11.6; 65.25). El pueblo de Dios tendr\u00e1 seguridad (Mi. 4.4; Is. 65.21\u201323) y prosperidad (Zac. 8.12). La ley de Dios ser\u00e1 escrita en sus corazones (Jer. 31.31\u201334; Ez. 36.26s).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Se asocia frecuentemente con la era escatol\u00f3gica al rey dav\u00eddico que ha de gobernar a Israel (y, a veces, a las naciones) como representante de Dios (Is. 9.6s; 11.1\u201310; Jer. 23.5s; Ez. 34.23s; 37.24s; Mi. 5.2\u20134; Zac. 9.9s). Un aspecto sobresaliente de estas profec\u00edas es que el Mes\u00edas ha de reinar en <i>justicia<\/i>. En el AT todav\u00eda no se usa \u201cMes\u00edas\u201d [Cristo] como t\u00e9rmino t\u00e9cnico para el rey escatol\u00f3gico.) Otras figuras \u201cmesi\u00e1nicas\u201d en la esperanza veterotestamentaria son el \u201cuno como un hijo de hombre\u201d (Dn. 7.13), el representante celestial de Israel, quien recibe el dominio universal, el Siervo sufriente (Is. 53), y el profeta escatol\u00f3gico (Is. 61.1\u20133). Generalmente la acci\u00f3n escatol\u00f3gica de juicio y salvaci\u00f3n se lleva a cabo con la venida personal de Dios mismo (Is. 26.21; Zac. 14.5; Mal. 3.1\u20135).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. La perspectiva neotestamentaria<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El car\u00e1cter distintivo de la escatolog\u00eda neotestamentaria est\u00e1 determinado por la convicci\u00f3n de que en la historia de Jesucristo el acto escatol\u00f3gico decisivo de Dios ya se ha realizado, aunque de manera tal que la consumaci\u00f3n del mismo sigue siendo futura. Hay en la escatologia neotestamentaria tanto un \u201cya\u201d de cumplimiento realizado, como un \u201ctodav\u00eda no\u201d de promesas pendientes. Existe tanto un aspecto \u201crealizado\u201d como un aspecto \u201cfuturo\u201d en la escatolog\u00eda neotestamentaria que, como consecuencia, probablemente podr\u00eda describirse con m\u00e1s propiedad mediante la expresi\u00f3n \u201c<i>escatolog\u00eda inaugurada<\/i>\u201d<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La nota de cumplimiento escatol\u00f3gico ya iniciado significa que la escatolog\u00eda veterotestamentaria se ha convertido en realidad presente, en alguna medida, para el NT. Los \u201c\u00faltimos d\u00edas\u201d de los profetas han llegado: porque Cristo fue \u201cmanifestado en los postreros tiempos\u201d (1 P. 1.20); Dios \u201cen estos postreros d\u00edas nos ha hablado por el Hijo\u201d (He. 1.2); los cristianos son aquellos \u201ca quienes han alcanzado los fines de los siglos\u201d (1 Co. 10.11); \u201ces el \u00faltimo tiempo\u201d (1 Jn. 2.18); cf. tambi\u00e9n Hch. 2.17; He. 6.5. Por lo dem\u00e1s, los escritores del NT se oponen a la fantas\u00eda de que el cumplimiento ya se ha completado (2 Ti. 2.18).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Es importante conservar la unidad teol\u00f3gica de la obra redentora de Dios, pasada, presente, y futura,\u201cya\u201d y \u201ctodav\u00eda no\u201d. Con demasiada frecuencia la teolog\u00eda tradicional ha mantenido separados estos aspectos: por un lado la obra terminada de Cristo, y por el otro las \u201c\u00faltimas cosas\u201d. Seg\u00fan la perspectiva neotestamentaria las \u201c\u00faltimas cosas\u201d comenzaron con el ministerio de Jes\u00fas. La obra hist\u00f3rica de Cristo asegura, requiere, y apunta hacia la consumaci\u00f3n futura del reino de Dios. La esperanza cristiana para el futuro se desprende de la obra hist\u00f3rica de Cristo. La iglesia cristiana vive entre el \u201cya\u201d y el \u201ctodav\u00eda no\u201d, envuelta en el movimiento progresivo del cumplimiento escatol\u00f3gico.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La escatolog\u00eda inaugurada ya se descubre en la proclamaci\u00f3n de Jes\u00fas acerca del reino de Dios. Jes\u00fas modifica la expectativa puramente futura de la apocal\u00edptica jud\u00eda mediante su mensaje de que el gobierno escatol\u00f3gico de Dios ya se ha acercado (Mt. 3.17). El poder del mismo ya act\u00faa en las acciones victoriosas de Jes\u00fas sobre el reino del mal (Mt. 12.28s). En la persona misma de Jes\u00fas y su misi\u00f3n est\u00e1 presente el reino de Dios (Lc. 17.20s), exigiendo respuesta, de manera que la participaci\u00f3n del hombre en el futuro del reino est\u00e1 determinada por su respuesta a Jes\u00fas en el presente (Mt. 10.32s). As\u00ed Jes\u00fas hace del reino una realidad presente que, sin embargo, sigue siendo futura (Mr. 9.1; 14.25).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la misi\u00f3n de Jes\u00fas tuvo su confirmaci\u00f3n en la resurrecci\u00f3n. La resurrecci\u00f3n es un hecho escatol\u00f3gico que pertenece a la expectativa veterotestamentaria del destino final del hombre, de manera que la inesperada resurrecci\u00f3n del hombre Jes\u00fas, antes que todos los dem\u00e1s, determin\u00f3 la convicci\u00f3n de la iglesia de que el fin ya hab\u00eda comenzado. \u00c9l ya se ha levantado de los muertos como las \u201cprimicias\u201d de los muertos (1 Co. 15.20). Jes\u00fas ya ha entrado, en nombre de su pueblo, en la vida eterna de la era escatol\u00f3gica; ha dado el paso inicial como pionero (He. 12.2) para que otros lo puedan seguir. En las palabras de Pablo, \u00e9l es el \u201cpostrer Ad\u00e1n\u201d (1 Co. 15.45), el Hombre escatol\u00f3gico. Para todos los dem\u00e1s hombres la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica significa ahora compartir su humanidad escatol\u00f3gica, su vida de resurrecci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>De manera que para los escritores del NT, la muerte y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas constituyen el acontecimiento escatol\u00f3gico absolutamente decisivo que determina la esperanza cristiana para el futuro: v\u00e9ase, p. ej., Hch. 17.31; Ro. 8.11; 2 Co. 4.14; 1 Ts. 4.14. Esto explica el segundo aspecto que distingue a la escatolog\u00eda neotestamentaria. Adem\u00e1s de su caracter\u00edstica tensi\u00f3n entre el \u201cya\u201d y el \u201ctodav\u00eda no\u201d, la escatolog\u00eda del NT se distingue por ser totalmente <i>cristoc\u00e9ntrica<\/i>. El papel de Jes\u00fas en la escatolog\u00eda neotestamentaria va mucho m\u00e1s all\u00e1 del papel del Mes\u00edas seg\u00fan la esperanza veterotestamentaria, o la judaica de \u00e9pocas posteriores. No hay ninguna duda de que \u00e9l es el Hijo del hombre celestial (Dn. 7), el profeta escatol\u00f3gico (Is. 61; cf. Lc. 4.18\u201321), el Siervo sufriente (Is. 53), y aun el rey dav\u00eddico, aun cuando no como lo esperaban sus contempor\u00e1neos. Pero la concentraci\u00f3n neotestamentaria del cumplimiento escatol\u00f3gico en Jes\u00fas refleja no solamente el cumplimiento por su parte de estos papeles esencialemente escatol\u00f3gicos. Para la teolog\u00eda neotestamentaria Jes\u00fas expresa tanto la obra escatol\u00f3gica de salvaci\u00f3n del propio Dios, como tambi\u00e9n el destino escatol\u00f3gico del hombre. En consecuencia, \u00e9l es, por un lado, el Salvador y el Juez, el Vencedor sobre el mal, el Agente del gobierno de Dios, y el Mediador de la presencia escatol\u00f3gica de Dios ante los hombres: \u00e9l es en s\u00ed mismo el cumplimiento de las expectativas veterotestamentarias de la venida escatol\u00f3gica de Dios mismo (cf. Mal. 3.1 con Lc. 1.76; 7.27). Por el otro lado, \u00e9l es, tambi\u00e9n, el Hombre escatol\u00f3gico: no s\u00f3lo ha logrado sino que define, en su propia humanidad resucitada, el destino escatol\u00f3gico de todos los hombres. De modo que ahora la afirmaci\u00f3n m\u00e1s acertada en cuanto a nuestro destino es que seremos como \u00e9l (Ro. 8.29; 1 Co. 15.49; Fil. 3.21; 1 Jn. 3.2). Por estas dos razones la esperanza del cristiano se centra en la venida de Jesucristo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En todos los escritos del NT, la escatolog\u00eda ostenta estas dos caracter\u00edsticas distintivas: ha sido inaugurada y es cristoc\u00e9ntrica. Sin embargo, existen diferencias de \u00e9nfasis, especialmente en cuanto al peso relativo que se le acuerda a las expresiones \u201cya\u201d y \u201ctodav\u00eda no\u201d. El cuarto evangelio destaca marcadamente tanto la escatolog\u00eda realizada como la identificaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica con Jes\u00fas mismo (v\u00e9ase, p. ej., 11.23\u201326), pero no elimina la esperanza futura (5.28s; 6.3\u20139, etc.).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. La vida cristiana y la esperanza<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El cristiano vive entre el \u201cya\u201d y el \u201ctodav\u00eda no\u201d, entre la resurrecci\u00f3n de Cristo y la futura resurrecci\u00f3n general en el momento de la venida de Cristo. Esto explica la estructura distintiva de la existencia cristiana, fundada en la obra terminada de Cristo en el pasado hist\u00f3rico y, al mismo tiempo, desenvolvi\u00e9ndose en la esperanza del futuro que se nutre de esa misma historia pasada, y es garantizada por ella. La estructura se ve, p. ej., en la Cena del Se\u00f1or, donde el Se\u00f1or resucitado est\u00e1 presente en medio de su pueblo en un acto de \u201crecordaci\u00f3n\u201d de su muerte, que es a la vez un simb\u00f3lico anticipo del banquete escatol\u00f3gico del futuro, que da testimonio, por lo tanto, de la esperanza de su venida.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El per\u00edodo que transcurre entre el \u201cya\u201d y el \u201ctodav\u00eda no\u201d es el per\u00edodo del Esp\u00edritu y el per\u00edodo de la iglesia. El Esp\u00edritu es el regalo escatol\u00f3gico prometido por los profetas (Hch. 2.16\u201318), por medio del cual los cristianos participan ya de la vida eterna de la era venidera. El Esp\u00edritu es el creador de la iglesia, el pueblo escatol\u00f3gico de Dios, que ya ha sido transferido de la potestad de las tinieblas al reino de Cristo (Col. 1.13). Por medio del Esp\u00edritu presente en la iglesia la vida de la era venidera ya se est\u00e1 viviendo en medio de la historia de este presente siglo malo (G\u00e1. 1.4). As\u00ed, en un sentido, la nueva era y la era pasada se superponen; la nueva humanidad del postrer Ad\u00e1n coexiste con la vieja humanidad del primer Ad\u00e1n. Por la fe sabemos que la vieja era va pasando y que est\u00e1 sujeta a juicio, y que la futura depende de la nueva realidad de Cristo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El proceso del cumplimiento escatol\u00f3gico en la superposici\u00f3n de las edades comprende la misi\u00f3n de la iglesia, que cumple el universalismo de la esperanza veterotestamentaria. La muerte y la resurrecci\u00f3n de Cristo constituyen un acontecimiento escatol\u00f3gico de significaci\u00f3n universal que, sin embargo, debe cumplirse universalmente en la historia mediante la proclamaci\u00f3n mundial del evangelio por la iglesia (Mt. 28.18\u201320; Mr. 13.10; Col. 1.23).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Sin embargo, la l\u00ednea divisoria entre la era antigua y la nueva no corre sencillamente entre la iglesia y el mundo; corre a trav\u00e9s de la iglesia y a trav\u00e9s de la vida del cristiano individual. Estamos siempre en proceso de transici\u00f3n del antiguo al nuevo, viviendo en tensi\u00f3n escatol\u00f3gica entre el \u201cya\u201d y el \u201ctodav\u00eda no\u201d. Somos salvos, y no obstante seguimos aguardando la salvaci\u00f3n. Dios nos ha justificado, <etiqueta id=\"#_ftn416\" name=\"_ftnref416\" title=\"\">e. d. ha anticipado el veredicto del juicio final al declararnos absueltos por medio de Cristo. Sin embargo. todav\u00eda<\/etiqueta> \u201caguardamos por fe la esperanza de la justicia\u201d (G\u00e1. 5.5). Dios nos ha dado el Esp\u00edritu por medio del cual compartimos la vida de resurrecci\u00f3n de Cristo. Pero el Esp\u00edritu es solamente el primer anticipo (2 Co. 1.22; 5.5; Ef. 1.14) de la herencia escatol\u00f3gica, el pago inicial que garantiza el pago total. El Esp\u00edritu constituye las primicias (Ro. 8.23) de la cosecha total. Por lo tanto, en la presente existencia cristiana todav\u00eda conocemos lo que significa la lucha entre la carne y el Esp\u00edritu (G\u00e1. 5.13\u201326), entre la naturaleza que heredamos del primer Ad\u00e1n y la nueva naturaleza que recibimos del postrer Ad\u00e1n, Todav\u00eda estamos a la espera de la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo en el momento de la resurrecci\u00f3n (Ro. 8.23; 1 Co. 15.44\u201350), y la perfecci\u00f3n sigue siendo la meta hacia la cual proseguimos (Fil. 3.10\u201314). La tensi\u00f3n entre el \u201cya\u201d y el \u201ctodav\u00eda no\u201d representa una realidad existencial de la vida cristiana.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Por esta misma raz\u00f3n la vida cristiana incluye el sufrimiento. En esta era los cristianos necesariamente deben compartir los sufrimientos de Cristo, para que en la era futura puedan compartir su gloria (Hch. 14.22; Ro. 8.17; 2 Co. 4.17; 2 Ts. 1.4s; He. 12.2; 1 P. 4.13; 5.10; Ap. 2.10), e. d. la \u201cgloria\u201d pertenece al \u201ctodav\u00eda no\u201d de la existencia cristiana. Esto se debe tanto al hecho de que todav\u00eda estamos en este cuerpo mortal, como tambi\u00e9n porque la iglesia a\u00fan permanece en el mundo donde Satan\u00e1s tiene el dominio. Por lo tanto, su misi\u00f3n es inseparable de la persecuci\u00f3n, as\u00ed como lo fue la de Cristo (Jn. 15.18\u201320).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Es importante notar que la escatolog\u00eda del NT nunca se reduce a mera informaci\u00f3n acerca del futuro. La esperanza futura siempre tiene pertinencia para la vida cristiana presente. Por este motivo se la toma repetidamente como base para las exhortaciones para que la vida cristiana concuerde con la esperanza cristiana (Mt. 5.3\u201310, 24s; Ro. 13.11\u201314; 1 Co. 7.26\u201331; 15.58; 1 Ts. 5.1\u201311 ; He. 10.32\u201339; 1 P. 1.13; 4.7; 2 P. 3.14; Ap. 2s). La vida cristiana se caracteriza por su orientaci\u00f3n hacia el momento cuando el gobierno de Dios ha de prevalecer finalmente en todo el universo (Mt. 6.10), y por consiguiente los cristianos han de representar esa realidad frente a todo el dominio aparente de la iniquidad en la era actual. Han de <i>esperar <\/i>aquel d\u00eda en solidaridad con el vehemente deseo de la creaci\u00f3n toda (Ro. 8.18\u201325; 1 Co. 1.7; Jud. 21), y han de sufrir <i>aguantando con paciencia <\/i>las contradicciones de la hora actual. La capacidad de resistir es la virtud que el NT m\u00e1s a menudo asocia con la esperanza cristiana (Mt. 10.22; 24.13; Ro. 8.25; 1 Ts. 1.3; 2 Ti. 2.12; He. 6.11s; 10.36; Stg. 5.7\u201311; Ap. 1.9; 13.10; 14.12). A trav\u00e9s de la tribulaci\u00f3n de la presente era, el cristiano aguanta, incluso regocij\u00e1ndose (Ro. 12.12), con la fortaleza de la esperanza que, fundada en la resurrecci\u00f3n del Cristo crucificado, le asegura que el camino de la cruz es el camino hacia el reino. El creyente cuya esperanza est\u00e1 cimentada en los valores permanentes del futuro reino de Dios se ver\u00e1 liberado de la esclavitud en la que viven los materialistas de este mundo (Mt. 6.33; 1 Co. 7.29\u201331; Fil. 3.18\u201321; Col. 3.1\u20134). El cristiano cuya esperanza es que Cristo finalmente lo presentar\u00e1 perfecto delante de su Padre (1 Co. 1.8; 1 Ts. 3.13; Jud. 24) se esforzar\u00e1 por alcanzar esa perfecci\u00f3n en el presente (Fil. 3.12\u201315; He. 12.14; 2 P. 3.11\u201314; 1 Jn. 3.3). Ha de vivir en <i>constante vigilancia <\/i>(Mt. 24.42\u201344; 25.1\u201313; Mr. 13.33\u201337; Lc. 21.34\u201336; 1 Ts. 5.1\u201311; 1 P. 5.8; Ap. 16.15), como siervo que espera diariamente el regreso de su amo (Lc. 12.35\u201348).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La esperanza cristiana no es ut\u00f3pica. El reino de Dios no se construye mediante el esfuerzo humano; es obra de Dios mismo. No obstante, puesto que el reino representa la consumaci\u00f3n perfecta de la voluntad de Dios para la sociedad humana, ser\u00e1 a la vez el m\u00f3vil para la acci\u00f3n social cristiana en el presente. En la hora actual el reino se anticipa principalmente en la iglesia, la comunidad de aquellos que reconocen al Rey, pero la acci\u00f3n social cristiana para el cumplimiento de la voluntad de Dios en el seno de la sociedad en general ser\u00e1 tambi\u00e9n se\u00f1al del reino que se avecina. Los que oran por la venida del reino (Mt. 6.10) no pueden menos que poner por obra dicha oraci\u00f3n hasta donde les sea posible. Lo har\u00e1n, sin embargo, con ese realismo escatol\u00f3gico que reconoce que todos los anticipos del reino en esta era ser\u00e1n provisorios e imperfectos, que el reino venidero no debe nunca confundirse con las estructuras sociales y pol\u00edticas de la presente era (Lc. 22.25\u201327; Jn. 18.36), y estas \u00faltimas con frecuencia incluir\u00e1n oposici\u00f3n sat\u00e1nica al reino (Ap. 13.17). De esta manera los cristianos no sufrir\u00e1n desilusi\u00f3n ante los fracasos humanos, sino que persistir\u00e1n en su confianza en la promesa de Dios. El utopismo humano tiene que redescubrir su verdadera meta en la esperanza cristiana, y no a la inversa.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. Se\u00f1ales de los tiempos<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El NT sostiene insistentemente que la venida de Cristo es inminente (Mt. 16.28; 24.33; Ro. 13.11s; 1 Co. 7.29; Stg. 5.8s; 1 P. 4.7; Ap. 1.1; 22.7, 10, 12, 20). Esta inminencia temporal, sin embargo, est\u00e1 condicionada por la creencia de que \u201cantes\u201d deben producirse ciertos acontecimientos (Mt. 24.14; 2 Ts. 2.2\u20138), y especialmente por la clara ense\u00f1anza de que la fecha del fin no puede ser conocida de antemano (Mt. 24.36, 42; 25.13; Mr. 13.32s; Hch. 1.7). Todo c\u00e1lculo queda eliminado, y los creyentes viven en diaria expectativa precisamente porque la fecha no puede ser conocida. La inminencia tiene menos que ver con fechas que con la relaci\u00f3n <i>teol\u00f3gica <\/i>entre el cumplimiento futuro, y la historia pasada de Cristo y la situaci\u00f3n actual de los cristianos. El \u201cya\u201d promete, garantiza, exige el \u201ctodav\u00eda no\u201d, de manera que la venida de Cristo ejerce una presi\u00f3n continua sobre el presente, haciendo que la vida cristiana se oriente hacia ella. Esta relaci\u00f3n teol\u00f3gica explica el caracter\u00edstico escorzamiento de la perspectiva en la profec\u00eda de Jes\u00fas sobre el juicio de Jerusal\u00e9n (Mt. 24; Mr. 13; Lc. 21) y en la profec\u00eda de Juan acerca del juicio de la Roma pagana (Ap.); estos dos juicios se vislumbran como acontecimientos relacionados con el triunfo final del reino de Dios, por la sencilla raz\u00f3n de que teol\u00f3gicamente lo son, cualquiera sea el lapso cronol\u00f3gico entre ellos y el fin. Es precisamente porque se acerca el reino de Dios que los poderes de este mundo son juzgados incluso en el transcurso de la historia de esta era. Todos los juicios de esta naturaleza constituyen anticipos del juicio final.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Porque es el futuro de la iglesia, la venida de Cristo debe servir de inspiraci\u00f3n a la iglesia actual, sea cual fuere la cercan\u00eda o lejan\u00eda del momento de su realizaci\u00f3n. Por lo tanto, en este sentido, la esperanza cristiana en el NT no se ve afectada por la supuesta \u201ctardanza de la <i>parus\u00eda<\/i>\u201d, que algunos entendidos han cre\u00eddo ver como un importante aspecto de la formulaci\u00f3n teol\u00f3gica cristiana primitiva. La \u201ctardanza\u201d se refleja expl\u00edcitamente s\u00f3lo en 2 P. 3.1\u201310 (cf. <etiqueta id=\"#_ftn417\" name=\"_ftnref417\" title=\"\">tamb. Jn. 21.22s): all\u00ed se demuestra que ella tiene su propia base l\u00f3gica en la paciente longanimidad de Dios (cf. Ro. 2.4).<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Algunos exegetas creen que el NT ofrece \u201cse\u00f1ales\u201d por medio de las cuales la iglesia ser\u00e1 advertida en cuanto a la proximidad del fin (cf. Mt. 24.3). Lo que m\u00e1s apoya esta idea es la par\u00e1bola de Jes\u00fas basada en la hig\u00fcera, con la lecci\u00f3n que se desprende de ella (Mt. 24.32s; Mr. 13.28s; Lc. 21.28\u201331). Sin embargo, las se\u00f1ales de referencia parecen ser ya sea la ca\u00edda de Jerusal\u00e9n (Lc. 21.5\u20137, 20\u201324), que, si bien advierte en cuanto al acercamiento del fin, no proporciona ninguna indicaci\u00f3n <i>temporal<\/i>, o caracter\u00edsticas de toda esta era desde la resurrecci\u00f3n de Cristo hasta el fin: falsos ense\u00f1adores (Mt. 4.4s, 11, 24s; cf. 1 Ti. 4.1; 2 Ti. 3.1\u20139; 2 P. 2.1\u20133; 1 Jn. 2.18s; 4.3); guerras (Mt. 24.6s; cf. Ap. 6.4); cat\u00e1strofes naturales (Mt. 24.7; cf. Ap. 6.5\u20138 ); persecuci\u00f3n de la iglesia (Mt. 24.9s; cf. Ap. 6.9\u201311), y la predicaci\u00f3n mundial del evangelio (Mt. 24.14). Todas estas son se\u00f1ales mediante las cuales la iglesia en cada per\u00edodo de la historia sabe que vive en la \u00e9poca del fin, pero no proporcionan una cronolog\u00eda escatol\u00f3gica. \u00danicamente la venida de Cristo en s\u00ed misma constituye inequ\u00edvocamente el fin (Mt. 24.27\u201330).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No obstante, el NT afirma que el per\u00edodo de testimonio de la iglesia alcanza un punto culminante y final con la aparici\u00f3n del *anticristo y una \u00e9poca de tribulaci\u00f3n sin precedentes (Mt. 24.21s; Ap. 3.10; 7.14). No hay duda de que el hecho de la no aparici\u00f3n del anticristo constituye para Pablo una indicaci\u00f3n de que el fin todav\u00eda no est\u00e1 a las puertas (2 Ts. 2.3\u201312).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El anticristo representa el principio de la oposici\u00f3n sat\u00e1nica al gobierno de Dios en forma. activa a trav\u00e9s de la historia (p. ej. en la persecuci\u00f3n de creyentes jud\u00edos bajo Ant\u00edoco Ep\u00edfanes: Dn. 8.9\u201312, 23\u201325; 11.21ss), pero especialmente en los \u00faltimos tiempos, la edad de la iglesia (1 Jn. 2.18). La victoria de Cristo sobre el mal, ya lograda en principio, se manifiesta en esta edad principalmente en el testimonio de sufrimiento de la iglesia; solamente cuando llegue el fin ser\u00e1 completa su victoria por la eliminaci\u00f3n de los poderes de la iniquidad. Por lo tanto en esta edad el \u00e9xito del testimonio de la iglesia siempre va acompa\u00f1ado por una creciente violencia en la oposici\u00f3n sat\u00e1nica (cf. Ap. 12).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El mal alcanzar\u00e1 su crescendo final en el \u00faltimo anticristo, quien es a la vez un falso mes\u00edas o profeta, inspirado por Satan\u00e1s para obrar falsos milagros (2 Ts. 2.9; cf. Mt. 24.24; Ap. 13.11\u201315), y un poder pol\u00edtico persecutorio que en forma blasfema se adjudica honores divinos (2 Ts. 2.4; cf. Dn. 8.9\u201312, 23\u201325; 11.30\u201339; Mt. 24.15; Ap. 13.5\u20138). Es digno de notar que, mientras Pablo provee un bosquejo de esta \u00faltima personificaci\u00f3n humana de la iniquidad (2 Ts. 2.3\u201312), otras referencias neotestamentarias encuentran que el anticristo ya est\u00e1 presente en ciertos ense\u00f1adores her\u00e9ticos (1 Jn. 2.18s, 22; 4.3) o en las pretensiones pol\u00edtico-religiosas del imperio romano al perseguir a la iglesia (Ap. 13). La culminaci\u00f3n final se anticipa en cada gran crisis de la historia de la iglesia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>V. La venida de Cristo<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La esperanza cristiana se centra en la venida de Cristo, que puede describirse como su \u201csegunda\u201d venida (He. 9.28). Por consiguiente, la expresi\u00f3n veterotestamentaria, \u201cel *d\u00eda de Jehov\u00e1\u201d, que en el NT se usa para describir el acontecimiento relacionado con el cumplimiento final (1 Ts. 5.2; 2 Ts. 2.2; 2 P. 3.10; cf. \u201cel d\u00eda de Dios\u201d, 2 P. 3.12; \u201caquel gran d\u00eda del Dios Todopoderoso\u201d, Ap. 16.14), es caracter\u00edsticamente \u201cel d\u00eda del Se\u00f1or Jes\u00fas\u201d (1 Co. 5.5; 2 Co. 1.14; cf. 1 Co. 1.8; Fil. 1.6, 10; 2.16).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La venida de Cristo se conoce como su <\/span><span style=''>parus&#305;&#769;a<\/span><span lang=ES style=''> (\u201cvenida\u201d), su <\/span><span style=''>apokalypsis<\/span><span lang=ES style=''> (\u201crevelaci\u00f3n\u201d) y su <\/span><span style=''>epifaneia<\/span><span lang=ES style=''> (\u201caparici\u00f3n\u201d). La palabra <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>parus&#305;&#769;a<\/span><span lang=ES style=' '> significa \u201cpresencia\u201d o \u201cllegada\u201d, y se usaba en el griego helen\u00edstico para las visitas de dioses y gobernantes. La <\/span><span style=''>parus&#305;&#769;a<\/span><span lang=ES style=''> de Cristo ser\u00e1 la venida personal del mismo Jes\u00fas de Nazaret que ascendi\u00f3 al cielo (Hch. 1.11); pero ser\u00e1 un acontecimiento universalmente evidente (Mt. 24.27), una venida en poder y gloria (Mt. 24.30), para destruir al anticristo y la iniquidad (2 Ts. 2.8), para reunir a su pueblo, tanto los vivos como los muertos (Mt. 24.31; 1 Co. 15.23; 1 Ts. 4.14\u201317; 2 Ts. 2.1), y para juzgar al mundo (Mt. 25.31; Stg. 5.9).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Su venida ser\u00e1, tambi\u00e9n, un <\/span><span style=''>apokalypsis<\/span><span lang=ES style=''>, un \u201cquitar el velo\u201d, una \u201crevelaci\u00f3n\u201d, cuando el poder y la gloria que ahora le son propios en virtud de su exaltaci\u00f3n y sesi\u00f3n celestial (Fil. 2.9; Ef. 1.20\u201323; He. 2.9) ser\u00e1n revelados ante todo el mundo. El reinado de Cristo como Se\u00f1or, actualmente invisible al mundo, se har\u00e1 visible en ese momento por su <\/span><span style=''>apokalypsis<\/span><span lang=ES style=''>.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>VI. La *resurrecci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>A la venida de Cristo, los creyentes que hayan muerto ser\u00e1n levantados (1 Co. 15.23; 1 Ts. 4.16), y los que vivan en ese momento ser\u00e1n transformados (1 Co. 15.52; cf. 1 Ts. 4.17), e. d, pasar\u00e1n a la misma vida de resurrecci\u00f3n que los otros sin morir.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La creencia en la resurrecci\u00f3n de los muertos ya se evidencia en algunos textos del AT (Is. 25.8; 26.19; Dn. 12.2), y es tema com\u00fan en la literatura intertestamentaria. Tanto Jes\u00fas (Mr. 12.18\u201327) como Pablo (Hch. 23.6\u20138) concordaban en este punto con los fariseos contra los saduceos, quienes negaban que hubiese resurrecci\u00f3n. Sin embargo, la esperanza cristiana de la resurrecci\u00f3n est\u00e1 decisivamente basada en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, de donde Dios es conocido como el \u201cDios que resucita a los muertos\u201d (2 Co. 1.9). Jes\u00fas, en su resurrecci\u00f3n, \u201cquit\u00f3 la muerte y sac\u00f3 a luz la vida y la inmortalidad\u201d (2 Ti. 1.10). \u00c9l es \u201cel que vive\u201d, que muri\u00f3 y ahora vive por los siglos de los siglos, el que tiene \u201clas llaves de la muerte\u201d (Ap. 1.18).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no fue una mera reanimaci\u00f3n de un cad\u00e1ver. Fue un ingreso en la vida escatol\u00f3gica, a una existencia transformada, fuera del alcance de la muerte. En ese sentido, fue el comienzo de la resurrecci\u00f3n escatol\u00f3gica (1 Co. 15.23). El hecho de que Jes\u00fas haya resucitado ya garantiza la futura resurrecci\u00f3n de los creyentes cuando \u00e9l venga (Ro. 8.11; 1 Co. 6.14; 15.20\u201323; 2 Co. 4.14; 1 Ts. 4.14).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La vida escatol\u00f3gica, la vida del Cristo resucitado, ya les es comunicada a los creyentes en esta vida por su Esp\u00edritu (Jn. 5.24; Ro. 8.11; Ef. 2.5s; Col. 2.12; 3.1), y esto tambi\u00e9n es garant\u00eda de su futura resurrecci\u00f3n (Jn. 11.26; Ro. 8.11; 2 Co. 1.22; 3.18; 5.4s). Pero la transformaci\u00f3n del creyente por el Esp\u00edritu a la gloriosa imagen de Cristo es incompleta en esta era, porque su cuerpo sigue siendo mortal. La futura resurrecci\u00f3n ser\u00e1 la consumaci\u00f3n de su transformaci\u00f3n a la imagen de Cristo, que ha de caracterizarse por la incorrupci\u00f3n, la gloria, y el poder (1 Co. 15.42\u201344). La vida de resurrecci\u00f3n no es \u201ccarne y sangre\u201d (1 Co. 15.20) sino \u201cun cuerpo espiritual\u201d (1 Co. 15.44), e. d. un cuerpo enteramente vitalizado y transformado por el Esp\u00edritu del Cristo resucitado. De la lectura de 1 Co. 15.35\u201354 queda aclarado que la continuidad entre la existencia presente y la vida de resurrecci\u00f3n es la continuidad de la identidad personal, independiente de la identidad f\u00edsica.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Seg\u00fan el pensamiento neotestamentario, la inmortalidad pertenece intr\u00ednsicamente tan s\u00f3lo a Dios (1 Ti. 6.16), mientras que los hombres, por descender de Ad\u00e1n, son naturalmente mortales (Ro. 5.12). La vida eterna es la d\u00e1diva de Dios a los hombres por medio de la resurrecci\u00f3n de Cristo. Solamente en Cristo y por medio de su futura resurrecci\u00f3n podr\u00e1n los hombres adquirir aquella plena vida escatol\u00f3gica que existe m\u00e1s all\u00e1 del alcance de la muerte. La resurrecci\u00f3n es, pues, equivalente a la consecuci\u00f3n final de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica por el hombre.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Por consiguiente los condenados no ser\u00e1n resucitados en este sentido pleno de resurrecci\u00f3n a la vida eterna. La resurrecci\u00f3n de los condenados se menciona s\u00f3lo ocasionalmente en las Escrituras (Dn. 12.2; Jn. 5.28s; Hch. 24.15; Ap. 20.5, 12s; cf. Mt. 12.41s), como el medio de su condenaci\u00f3n en el juicio.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>VII. El estado de los muertos<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La esperanza cristiana para la vida m\u00e1s all\u00e1 de la muerte no est\u00e1 basada en la creencia de que una parte del ser humano sobrevive la muerte. Todos los hombres, por su descendencia de Ad\u00e1n, son naturalmente mortales. La inmortalidad es el don de Dios, que ser\u00e1 alcanzado a trav\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de la totalidad de la persona.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Por lo tanto, la Biblia toma muy en serio la cuesti\u00f3n de la muerte, y no la considera una ilusi\u00f3n. Es la consecuencia del pecado (Ro. 5.12; 6.23), un mal (Dt. 30.15, 19) del cual los hombres huyen aterrorizados (Sal. 55.4s). Es enemigo de Dios y el hombre, y la resurrecci\u00f3n es, pues, la gran victoria de Dios sobre la muerte (1 Co. 15.54\u201357). La muerte es \u201cel postrer enemigo que ser\u00e1 destruido\u201d (1 Co. 15.26), abolido, en principio, mediante la resurrecci\u00f3n de Cristo (2 Ti. 1.10), para ser definitivamente destruido en el d\u00eda final (Ap. 20.14; cf. Is. 25.8). S\u00f3lo porque la resurrecci\u00f3n de Cristo garantiza la futura resurrecci\u00f3n de los cristianos estos se ven libres del temor de la muerte (He. 2.14s), y pueden contemplarla como un sue\u00f1o del cual despertar\u00e1n (1 Ts. 4.13s; 5.10), o tambi\u00e9n como un partir para estar con Cristo (Fil. 1.23).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El AT describe el estado de los muertos como una existencia en el Seol, el sepulcro, o el mundo inferior. Pero la existencia en el Seol no es vida. Es un lugar de tinieblas (Job 10.21s) y de silencio (Sal. 115.17), en el cual no hay memoria de Dios (Sal. 6.5; 30.9; 88.11; Is. 38.18). Los muertos en el Seol se encuentran separados de Dios (Sal. 88.5), fuente de la vida. S\u00f3lo ocasionalmente se vislumbra en el AT una esperanza de verdadera vida m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, e. d. de vida fuera del alcance del Seol en la presencia de Dios (Sal. 16.10s; 49.15; 73.24; y posiblemente Job 19.25s). Probablemente el ejemplo de *Enoc (Gn. 5.24; cf. El\u00edas, 2 R. 2.11) ayud\u00f3 a alentar esta esperanza. Una doctrina clara de la resurrecci\u00f3n la encontramos \u00fanicamente en Is. 26.19; Dn. 12.2.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El \u201cHades\u201d es el equivalente neotestamentario del Seol (Mt. 1 1.23; 16.18; Lc. 10.15; Hch. 2.27, 31; Ap. 1.18; 6.8; 20.13s), que en la mayor\u00eda de los casos se refiere a la muerte o al poder de la muerte. En Lc. 16.23 es el lugar de tormentos para los inicuos despu\u00e9s de la muerte, de acuerdo con cierta corriente de pensamiento jud\u00edo de la \u00e9poca, pero es dudoso el que este uso parab\u00f3lico de ideas corrientes pueda aceptarse como ense\u00f1anza respecto al estado de los muertos. En 1 P. 3.19 se describe a los muertos que perecieron en el diluvio como \u201clos esp\u00edritus encarcelados\u201d (cf. 4.6).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La esperanza neotestamentaria para los muertos en Cristo se centra en su participaci\u00f3n en la resurrecci\u00f3n (1 Ts. 4.13\u201318), y, por lo tanto, hay escasas pruebas de alguna creencia acerca del \u201cestado intermedio\u201d. Los pasajes que indican o podr\u00edan indicar que los creyentes que han muerto est\u00e1n con Cristo son Lc. 23.43; Ro. 8.38s; 2 Co. 5.8; Fil. 1.23; cf. He. 12.23. El dif\u00edcil pasaje de 2 Co. 5.2\u20138 podr\u00eda significar que Pablo concibe la existencia entre la muerte y la resurrecci\u00f3n como una existencia incop\u00f3rea en la presencia de Cristo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>VIII. El juicio<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El NT insiste en la perspectiva del juicio divino como, adem\u00e1s de la muerte, el \u00fanico hecho inevitable en el futuro de todo hombre: \u201cEst\u00e1 establecido para los hombres que mueran una sola vez, y despu\u00e9s de esto el juicio\u201d (He. 9.27). Este hecho expresa la santidad del Dios de la Biblia, cuya voluntad moral ha de prevalecer, y ante quien por lo tanto toda criatura responsable debe al final ser juzgada seg\u00fan que haya sido obediente o rebelde. Cuando la voluntad de Dios finalmente prevalezca al venir Cristo, tiene que haber una separaci\u00f3n entre los que resultan obedientes hasta el fin y los que hasta el fin permanecen rebeldes, de modo que el reino de Dios incluir\u00e1 a los primeros y excluir\u00e1 a los segundos para siempre jam\u00e1s. Este juicio final no ocurre durante el curso de la historia, aunque hay juicios provisionales en la historia, mientras que Dios en su paciencia da a todos los hombres el tiempo necesario para que se arrepientan (Hch. 17.30s; Ro. 2.4; 2 P. 3.9). Pero al final la verdadera posici\u00f3n de cada hombre delante de Dios debe salir a la luz.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El Juez es Dios (Ro. 2.6; He. 12.23; Stg. 4.12; 1 P. 1.17; Ap. 20.11) o Cristo (Mt. 16.27; 25.31; Jn. 5.22; Hch. 10.42; 2 Ti. 4.1, 8; 1 P. 4.5; Ap. 22.12). Es Dios quien juzga por intermedio de su agente escatol\u00f3gico, Cristo (Jn. 5.22, 27, 30; Hch. 17.31; Ro. 2.16). El tribunal de Dios (Ro. 14.10, <\/span><etiqueta id=\"#_ftn418\" name=\"_ftnref418\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=' '> <etiqueta id=\"#_ftn419\" name=\"_ftnref419\" title=\"\">mg) y el tribunal de Cristo (2 Co. 5.10) son, por lo tanto, equivalentes. (El juicio encomendado a los santos, seg\u00fan Mt. 19.28; Lc. 22.30; 1 Co. 6.2s; Ap. 20.4, significa la a<\/etiqueta>utoridad que tienen para gobernar con Cristo en su reino, no para ejercer alguna funci\u00f3n en el juicio final.)<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La norma para el juicio es la justicia imparcial de Dios, de conformidad con las obras de los hombres (Mt. 16.27; Ro. 2.6, 11; 2 Ti. 4.14; 1 P. 1.17; Ap. 2.23; 20.12; 22.12). Esto es verdad aun para los creyentes: \u201cEs necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba seg\u00fan lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo\u201d (2 Co. 5.10). El juicio ser\u00e1 de acuerdo a la luz de que haya disfrutado cada hombre (cf. Jn. 9.41); seg\u00fan que tengan o no la ley de Mois\u00e9s (Ro. 2.12), o el conocimiento natural de las normas morales de Dios (Ro. 2.12\u201316); pero ampar\u00e1ndose en estas normas ning\u00fan hombre podr\u00e1 ser declarado justo delante de Dios de acuerdo a sus obras (Ro. 3.19s). No hay ninguna esperanza para el hombre que procure justificarse a s\u00ed mismo en el juicio.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Hay esperanza, sin embargo, para el hombre que procura obtener su justificaci\u00f3n de Dios (Ro. 2.7). El evangelio revela aquella justicia que no se demanda de los hombres sino que es dada a los hombres por intermedio de Cristo. En la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, Dios en su misericordioso amor ya ha dictado su sentencia escatol\u00f3gica a favor de los pecadores, absolvi\u00e9ndolos por amor a Cristo, ofreci\u00e9ndoles en Cristo aquella justicia que ellos nunca hubieran podido lograr. As\u00ed el hombre que tiene fe en Cristo est\u00e1 libre de toda condenaci\u00f3n (Jn. 5.24; Ro. 8.33s). El criterio final en el juicio es, por lo tanto, la relaci\u00f3n del hombre con Cristo (cf. Mt. 10.32s). Este es el significado del \u201clibro de la vida\u201d (Ap. 20.12, 15; e. d. el libro de la vida del <i>Cordero<\/i>, Ap. 13.8).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Lo que Pablo quiere decir en su doctrina de la justificaci\u00f3n es que en Cristo, Dios ha anticipado el veredicto del juicio final, y ha dictado la absoluci\u00f3n de los pecadores que conf\u00eden en Cristo. Muy similar es la doctrina de Juan de que el juicio se lleva a cabo en el momento en que los hombres creen o no creen en Cristo (Jn. 3.17\u201321; 5.24).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El juicio final sigue siendo un hecho escatol\u00f3gico, incluso para los creyentes (Ro. 14.10), si bien pueden hacerle frente sin temor (1 Jn. 4.17). Esperamos ser absueltos en el juicio final (G\u00e1. 5.5), y recibir \u201cla corona de justicia\u201d (2 Ti. 4.8), sobre la base de la misma misericordia de Dios por medio de la cual ya hemos sido absueltos (2 Ti. 1.16). Pero, aun para el cristiano, las obras no dejan de tener su lugar (Mt. 7.1s, 21, 24\u201327; 25.31\u201346; Jn. 3.21; 2 Co. 5.10; Stg. 2.13), desde el momento que la justificaci\u00f3n no abroga la necesidad de la obediencia, sino que precisamente la hace posible por primera vez. La justificaci\u00f3n es el fundamento, pero lo que los hombres edifican sobre ella queda expuesto a juicio (1 Co. 3.10\u201315): \u201cSi la obra de alguno se quemare, \u00e9l sufrir\u00e1 p\u00e9rdida, si bien \u00e9l mismo ser\u00e1 salvo, aunque as\u00ed como por fuego\u201d (3.15).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IX. EL infierno<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El destino final de los malos es el \u201cinfierno\u201d, que es la traducci\u00f3n del gr. <\/span><span style=''>Gehenna<\/span><span lang=ES style=''>, que viene del heb. <\/span><span style=''>g\u00ea-hinn&#333;m<\/span><span lang=ES style=''>, \u201cvalle de Hinom\u201d. Originalmente esto describ\u00eda un valle en las afueras de Jerusal\u00e9n, donde se ofrec\u00edan sacrificios de ni\u00f1os a Moloc (2 Cr. 28.3; 33.6). Se convirti\u00f3 en s\u00edmbolo de juicio en Jer. 7.31\u201333; 19.6s, y en la literatura intertestamentaria en t\u00e9rmino para el infierno de fuego escatol\u00f3gico.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el NT el infierno aparece como un lugar de fuego inextinguible o eterno (Mr. 9.43, 48; Mt. 18.8; 25.30) y del gusano que no muere (Mr. 9.48), lugar de lloro y crujir de dientes (Mt. 8.12; 13.42, 50; 22.13; 25.30), las tinieblas de afuera (Mt. 8.12; 22.13; 25.30 cf. 2 P. 2.17; Jud. 13), y el lago de fuego y azufre (Ap. 19.20; 20.10, 14s; 21.8; cf.14.10). El libro de Apocalipsis lo considera como \u201cla segunda muerte\u201d (Ap. 2.11; 20.14; 21.8). Es el lugar donde se destruyen tanto el cuerpo como el alma (Mt. 10.28).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los cuadros neotestamentarios del infierno son notablemente moderados en comparaci\u00f3n con la apocal\u00edptica judaica y con los escritos cristianos posteriores. Las im\u00e1genes usadas se derivan especialmente de Is. 66.24 (cf. Mr. 9.48) y Gn. 19.24, 28; Is. 34.9s (cf. Ap. 14.10s; tamb. Jud. 7; Ap. 19.3). Evidentemente no se deben tomar literalmente pero no obstante indican el terror y el car\u00e1cter irrevocable de la condenaci\u00f3n al infierno, que se describe menos metaf\u00f3ricamente como exclusi\u00f3n de la presencia de Cristo (Mt. 7.23; 25.41; 2 Ts. 1.9). Las im\u00e1genes de Ap. 14.10s; 20.10 (cf. 19.3) probablemente no deban ser usadas al extremo para probar la existencia del tormento eterno, pero el NT ense\u00f1a claramente la destrucci\u00f3n eterna (2 Ts. 1.9) o el castigo (Mt. 25.46), de lo cual no puede haber liberaci\u00f3n alguna.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El infierno es el destino de todos los poderes de maldad: Satan\u00e1s (Ap. 20.10), los demonios (Mt. 8.29; 25.41), la bestia y el falso profeta (Ap. 19.20), la muerte y el Hades (Ap. 20.14). Es el destino de los hombres solamente porque se han identificado con el mal. Es importante notar que no existe ninguna simetr\u00eda acerca de los dos destinos de los hombres: el reino de Dios ha sido preparado para los redimidos (Mt. 25.34), pero el infierno ha sido preparado para el diablo y sus \u00e1ngeles (Mt. 25.41), y se convierte en destino de los hombres solamente porque han rechazado su verdadero destino, el que Dios les ofrece en Cristo. La doctrina neotestamentaria sobre el infierno, como toda la escatolog\u00eda del NT, no es nunca mera informaci\u00f3n; es la advertencia que se hace en el contexto del llamado del evangelio al arrepentimiento y la fe en Cristo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La ense\u00f1anza del NT acerca del infierno no se puede reconciliar con un universalismo absoluto, la doctrina de la salvaci\u00f3n final de todos los hombres. El elemento de verdad en esta doctrina es que Dios desea la salvaci\u00f3n de todos los hombres (1 Ti. 2.4), y que entreg\u00f3 a su Hijo para la salvaci\u00f3n del mundo (Jn. 3.16). Por consiguiente, la meta c\u00f3smica de la acci\u00f3n escatol\u00f3gica de Dios en Cristo puede describirse en t\u00e9rminos universalistas (Ef. 1.10; Col. 1.20; Ap. 5.13). El error del universalismo dogm\u00e1tico es id\u00e9ntico al de la doctrina sim\u00e9trica de predestinaci\u00f3n doble: que abstraen su doctrina escatol\u00f3gica del debido contexto neotestamentario en la proclamaci\u00f3n del evangelio. Privan al mensaje de su urgencia y su desaf\u00edo escatol\u00f3gicos. El evangelio presenta a los hombres su verdadero destino en Cristo, y les advierte con toda seriedad en cuanto a la consecuencia de equivocar dicho destino.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>X. El milenio<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La interpretaci\u00f3n del pasaje en Ap. 20.1\u201310, que describe un per\u00edodo de mil a\u00f1os (conocido como el \u201cmilenio\u201d) en el cual Satan\u00e1s es atado y los santos reinan con Cristo antes del juicio final, ha sido tema de desacuerdo entre los cristianos desde hace mucho tiempo. El \u201camilenarismo\u201d considera el milenio como un s\u00edmbolo de la era de la iglesia, y equipara la reclusi\u00f3n de Satan\u00e1s con la obra de Cristo en el pasado (Mt. 12.29). El \u201cpasmilenarismo\u201d lo considera como un futuro per\u00edodo de \u00e9xito para el evangelio en la historia antes de la venida de Cristo. El \u201cpremilenarismo\u201d lo considera como un per\u00edodo entre la venida de Cristo y el juicio final. (El t\u00e9rmino \u201cquiliasmo\u201d tambi\u00e9n se usa para describir este enfoque, especialmente en formas que recalcan el aspecto materialista del milenio.) El \u201cpremilenarismo\u201d puede subdividirse aun m\u00e1s. Existe lo que a veces se denomina \u201cpremilenarismo hist\u00f3rico\u201d, que considera el milenio como una etapa m\u00e1s en la realizaci\u00f3n del reino de Cristo, una etapa intermedia entre la era de la iglesia y la que ha de venir. (A veces se interpreta que 1 Co. 15.23\u201328 apoya esta idea de tres etapas en el cumplimiento de la obra redentora de Cristo.) El \u201cdispensacionalismo\u201d, por otro lado, ense\u00f1a que el milenio no es una etapa en la obra redentora universal y \u00fanica de Dios en Cristo, sino espec\u00edficamente un per\u00edodo en el cual las promesas veterotestamentarias a la naci\u00f3n de Israel han de cumplirse de un modo estrictamente literal.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Es preciso destacar que no hay otro pasaje de las Escrituras que con claridad se refiera al milenio. Aplicar profec\u00edas del AT que se refieren a la era de la salvaci\u00f3n espec\u00edficamente al milenio contradice la interprertaci\u00f3n general que de tales profec\u00edas hace el NT, que se consideran cumplidas en la salvaci\u00f3n ya lograda por Cristo, y que han de completarse en la era venidera. Esta es, tambi\u00e9n, la forma en que interpreta el libro de Apocalipsis tales profec\u00edas en los cap\u00edtulos 21s. En la estructura del Apocalipsis el milenio tiene un papel limitado, como demostraci\u00f3n de la victoria final de Cristo y sus santos sobre los poderes del mal. El objeto principal de la esperanza cristiana no es el milenio sino la nueva creaci\u00f3n de Ap. 21s.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Algunos escritos apocal\u00edpticos jud\u00edos esperan un reino preliminar del Mes\u00edas sobre esta tierra anterior a la era venidera, y es muy probable que Juan haya adaptado dicha esperanza. Existen fuertes razones exeg\u00e9ticas para considerar el milenio como la consecuencia de la venida de Cristo descripta en Ap. 19.11\u201321. (V\u00e9ase G. R. Beasley-Murray, <i>The Book of Revelation<\/i>,<i> <etiqueta id=\"#_ftn420\" name=\"_ftnref420\" title=\"\">NCB<\/etiqueta><\/i>, 1974, pp. 284\u2013298.) Esto favorece al \u201cpremilenarismo hist\u00f3rico\u201d, pero tambi\u00e9n es posible que la imagen del milenio se tome en forma demasiado literal cuando se lo considera como un per\u00edodo de tiempo preciso. Sea que se lo considere como un per\u00edodo de tiempo o como un s\u00edmbolo amplio de lo que significa la venida de Cristo, el significado teol\u00f3gico del milenio es el mismo. Expresa la esperanza del triunfo final de Cristo sobre el mal, y la vindicaci\u00f3n con \u00e9l de su pueblo, los que han sufrido bajo la tiran\u00eda del mal en esta era presente.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>XI. La nueva creaci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La meta final de los prop\u00f3sitos de Dios para el mundo incluye, negativamente, la destrucci\u00f3n de todos los enemigos de Dios: Satan\u00e1s, el pecado y la muerte, y la eliminaci\u00f3n de toda forma de sufrimiento (Ap. 20.10, 14\u201315; 7.16s; 21.4; Is. 25.8; 27.1; Ro. 16.20; 1 Co. 15.26, 54). En lo positivo, el gobierno de Dios finalmente prevalecer\u00e1 totalmente (Zac. 14.9; 1 Co. 15.24\u201328; Ap. 11.15), de manera que en Cristo ser\u00e1n reunidas todas las cosas (Ef. 1.10), y Dios ser\u00e1 todo en todos (1 Co. 15.28).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Con la final obtenci\u00f3n de la salvaci\u00f3n humana vendr\u00e1 tambi\u00e9n la liberaci\u00f3n de toda la creaci\u00f3n material de la parte que le cupo en la maldici\u00f3n del pecado (Ro. 8.19\u201323). La esperanza cristiana no consiste en ser redimido del mundo, sino en la redenci\u00f3n del mundo. Como consecuencia del juicio (He. 12.26; 2 P. 3.10) surgir\u00e1 un universo creado de nuevo (Ap. 21.1; cf. Is. 65.17; 66.22; Mt. 19.28), \u201ccielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia\u201d (2 P. 3.13).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El destino de los redimidos es ser como Cristo (Ro. 8.29; 1 Co. 15.49; Fil. 3.21; 1 Jn. 3.2), estar con Cristo (Jn. 14.3; 2 Co. 5.8; Fil. 1.23; Col. 3.4; 1 Ts. 4.17), compartir su gloria (Ro. 8.18, 30; 2 Co. 3.18; 4.17; Col. 3.4; He. 2.10; 1 P. 5.1) y su reino (1 Ti. 2.12; Ap. 2.26s; 3.21; 4.10; 20.4, 6); ser hijos de Dios en perfecta comuni\u00f3n con \u00e9l (Ap. 21.3, 7), adorar a Dios (Ap. 7.15; 22.3), ver a Dios (Mt. 5.8; Ap. 22.4), conocerle cara a cara (1 Co. 13.12). La fe, la esperanza, y especialmente el amor, son las caracter\u00edsticas permanentes de la existencia cristiana que subsisten aun en la perfecci\u00f3n de la era venidera (1 Co. 13.13), mientras que \u201cjusticia, paz y gozo en el Esp\u00edritu Santo\u201d configuran cualidades igualmente permanentes del disfrute de Dios por parte del hombre (Ro. 14.17).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La vida corporativa de los redimidos con Dios se describe en una serie de cuadros: el banquete escatol\u00f3gico (Mt. 8.11; Mr. 14.25; Lc. 14.15\u201324; 22.30) o la fiesta de bodas (Mt. 25.10; Ap. 19.9), el para\u00edso restaurado (Lc. 23.43; Ap. 2.7; 22.1s), la nueva Jerusal\u00e9n (He. 12.22; Ap. 21). Todos estos no son m\u00e1s que cuadros, ya que \u201ccosas que ojo no vio, ni o\u00eddo oy\u00f3, ni han subido en coraz\u00f3n de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman\u201d (1 Co. 2.9).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0K Brunner, <i>La esperanza del hombre<\/i>, 1973; \u00b0J. Moltmann, <i>Teolog\u00eda de la esperanza<\/i>, 1968; \u00b0K Schnackenburg, <i>Reino y reinado de Dios<\/i>, 1974; F. F. Bruce, \u201cEscatolog\u00eda\u2019, <etiqueta id=\"#_ftn421\" name=\"_ftnref421\" title=\"\"><i>\u00b0DT<\/i><\/etiqueta>, pp. 197\u2013203; L. Berkhof, <i>Teolog\u00eda sistem\u00e1tica<\/i>, 1972, pp. 791\u2013885; 7. Grau, <i>Escatolog\u00eda<\/i>, 1977; G. Hamilton, <i>El discurso del monte de los Olivos<\/i>. 1970; J. M. Boice, <i>La aurora del fin del mundo<\/i>, 1974; C. E. Braaten, <i>Escatolog\u00eda y \u00e9tica<\/i>, 1974; P. Erb, <i>El alfa y el omega<\/i>, 1968; G. E. Ladd, <i>El evangelio del reino<\/i>, 1974; <etiqueta id=\"#_ftn422\" name=\"_ftnref422\" title=\"\">id., <\/etiqueta><i>Vendr\u00e9 otra vez<\/i>, 1973; O. Cullmann, <i>Cristo y el tiempo<\/i>, 1967; K. Rahner, \u201cEscatolog\u00eda\u201d, <i>Sacramentum mundi<\/i>, 1972, <etiqueta id=\"#_ftn423\" name=\"_ftnref423\" title=\"\">t(t). II, pp. 653\u2013663; J. Jeremias, <\/etiqueta><i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1974, pp. 154\u2013159; K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1975, t(t). III, pp. 145\u2013166; W. Eichrodt, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975, t(t). I, pp. 426\u2013468; F. Stagg, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1976, pp. 299\u2013330; E. Jacob, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1969, pp. 278\u2013318.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>P. Badham, <i>Christian Beliefs about Life after Death<\/i>, 1976; J. Baillie, <i>And the Life Everlasting<\/i>, 1934; G. R. Beasley-Murray, <i>Jesus and the Future<\/i>, 1954; G. C. Berkouwer, <i>The Return of Christ, <\/i>1972; J. Bright, <i>Covenant and Promise<\/i>, 1976: E. Brunner, <i>Eternal Hope<\/i>, 1954; O. Cullmann, \u201cThe Return of Christ\u201d, en A J. B. Higgins (<etiqueta id=\"#_ftn424\" name=\"_ftnref424\" title=\"\">eds.), <\/etiqueta><i>The Early Church<\/i>, 1956; S.J. DeVries, <i>Yesterday, Today and Tomorrow<\/i>, 1975; M. J. Harris, <etiqueta id=\"#_ftn425\" name=\"_ftnref425\" title=\"\"><i>Them<\/i><\/etiqueta> 1, 1975\u20136, pp. 50\u201355; J. Hick, <i>Death and Eternal Life<\/i>, 1976; G. E. Ladd, <i>Crucial Questions about the Kingdom of God<\/i>, 1952; id., <i>The Presence of the Future<\/i>, 1974; W. Manson, <etiqueta id=\"#_ftn426\" name=\"_ftnref426\" title=\"\">et. <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn427\" name=\"_ftnref427\" title=\"\">al., <\/etiqueta><i>Eschatology<\/i>, 1953; R. Martin-Achard, <i>From Death to Life<\/i>, 1960; J. Moltmann, <i>Theology of Hope<\/i>, 1967; A. L. Moore, <i>The Parousia in the <\/i>NT, 1966; <etiqueta id=\"#_ftn428\" name=\"_ftnref428\" title=\"\"><i>NIDNTT <\/i><\/etiqueta>2, pp. 886\u2013935 (contiene una extensa bibliograf\u00eda); R. Schnackenburg, <i>God\u2019s Rule and Kingdom<\/i>, 1963; C. Ryder Smith, <i>The Bible Doctrine of the Hereafter<\/i>, 1958; S. H. Travis, <i>The Jesus Hope<\/i>, 1974.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn429\" name=\"_ftnref429\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>R.J.B.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Escatolog\u00edas \u00e9tnicas\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-3\">2.1 Sociedades No Civilizadas<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">2.2 Culturas Civilizadas<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">3 Escatolog\u00eda en el Antiguo Testamento<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">4 Escatolog\u00eda cat\u00f3lica\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-7\">4.1 Escatolog\u00eda Individual<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-8\">4.2 Escatolog\u00eda Universal y C\u00f3smica<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La rama de la teolog\u00eda que trata sobre las doctrinas de las cosas finales (ta eschata).    El t\u00e9rmino griego es de introducci\u00f3n relativamente reciente, pero en el uso moderno ha suplantado en gran parte a su equivalente en lat\u00edn De Novissimis.   Como los numerosos temas doctrinales pertenecientes a esta secci\u00f3n de la teolog\u00eda ser\u00e1n tratados ex profeso bajo sus varios t\u00edtulos adecuados, nos proponemos en este art\u00edculo limitarnos a echar una ojeada a todo el campo que servir\u00e1 para indicar el lugar de la escatolog\u00eda en el marco general de las diversas religiones, explicar su objeto y las l\u00edneas generales de su contenido en las diversas religiones de la humanidad, e ilustrar por medio de la comparaci\u00f3n la superioridad de la ense\u00f1anza escatol\u00f3gica cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como una indicaci\u00f3n preliminar de la materia, se puede hacer una distinci\u00f3n entre la escatolog\u00eda individual y la de la raza y el universo en general.  La primera, partiendo de la doctrina de la inmortalidad personal, o por lo menos de la supervivencia de alguna forma despu\u00e9s de la muerte, trata de averiguar el destino o condici\u00f3n, temporal o eterna de las almas individuales, y hasta qu\u00e9 punto los problemas del futuro depender\u00e1n de la vida presente.   El segundo se refiere a eventos como la resurrecci\u00f3n y el juicio general, en los que, de acuerdo con la revelaci\u00f3n cristiana, todos los hombres participar\u00e1n, y con los signos y prodigios en el orden moral y f\u00edsico que han de preceder y acompa\u00f1ar a dichos eventos.   Ambos aspectos &#8212;el individual y el universal&#8212; pertenecen al concepto adecuado de la escatolog\u00eda; pero es s\u00f3lo en la ense\u00f1anza cristiana que ambos reciben el reconocimiento debido y proporcionado.  La escatolog\u00eda jud\u00eda s\u00f3lo alcanz\u00f3 su culminaci\u00f3n en la ense\u00f1anza de Cristo y los Ap\u00f3stoles; mientras que la escatolog\u00eda religiosa \u00e9tnica rara vez se elev\u00f3 por encima de la visi\u00f3n individual, e incluso entonces sol\u00eda ser tan vaga y tan poco ligada a una noci\u00f3n adecuada de la justicia divina y de la retribuci\u00f3n moral, que apenas merece ser calificada como ense\u00f1anza religiosa.\n<\/p>\n<h2>Escatolog\u00edas \u00e9tnicas<\/h2>\n<h3>Sociedades No Civilizadas<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los antrop\u00f3logos modernos admiten muy generalmente la universalidad de las creencias religiosas, incluyendo la creencia en alg\u00fan tipo de existencia despu\u00e9s de la muerte, incluso entre las culturas no civilizadas &#8212;salvajes y b\u00e1rbaros.  Es cierto que se ha afirmado que existen algunas excepciones; pero un examen m\u00e1s detenido de la evidencia de esta afirmaci\u00f3n se ha roto en tantos casos que estamos justificados en suponer en contra de cualquier excepci\u00f3n.   Entre las razas inferiores la verdad y la pureza de las creencias escatol\u00f3gicas var\u00edan, por regla general, con la pureza de la idea de Dios y de los est\u00e1ndares morales que prevalecen.   Algunos salvajes parecen limitar la existencia despu\u00e9s de la muerte para los buenos (con la extinci\u00f3n de los imp\u00edos), como los nicaraguas, o para los hombres de rango, como los tongas; mientras que los groenlandeses, los negros de Nueva Guinea y otros parecen albergar la posibilidad de una segunda muerte, en el otro mundo o en el camino hacia ella.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El otro mundo es variamente localizado &#8212;en la tierra, en los cielos, en el sol o la luna&#8212; pero m\u00e1s com\u00fanmente debajo de la tierra; mientras que la vida que se lleva all\u00ed se concibe ya sea como una existencia aburrida y oscura y m\u00e1s o menos impotente, o como una continuaci\u00f3n activa en una forma superior o idealizada de las actividades y los placeres de la vida terrenal.   En la mayor\u00eda de las religiones salvajes no hay una doctrina muy alta o definida de la retribuci\u00f3n moral despu\u00e9s de la muerte; pero es s\u00f3lo en el caso de algunas de las culturas m\u00e1s degradadas, cuya condici\u00f3n es sin duda el resultado de la degeneraci\u00f3n, que se reclama que la noci\u00f3n de retribuci\u00f3n est\u00e1 del todo ausente.   A veces, la mera fuerza f\u00edsica, como la valent\u00eda o la habilidad en la caza o la guerra, toma el lugar de una norma estrictamente \u00e9tica; pero, por otro lado, algunas religiones salvajes contienen ideas inesperadamente claras y elevadas de muchos deberes morales principales.\n<\/p>\n<h3>Culturas Civilizadas<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegando a las sociedades superiores o civilizadas, echaremos un r\u00e1pido vistazo a la escatolog\u00eda de las religiones babil\u00f3nica y asiria, egipcia, india, persa y griega.   Dif\u00edcilmente puede decirse que el confucianismo tiene una escatolog\u00eda, excepto la creencia muy indefinida de participar en el culto a los antepasados, cuya felicidad se dec\u00eda depend\u00eda de la conducta de sus descendientes vivos.  La escatolog\u00eda musulmana no contiene nada especial, excepto la glorificaci\u00f3n de la sensualidad salvaje.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(a) BABIL\u00d3NICA Y ASIRIA:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la antigua religi\u00f3n de Babilonia (con la que la asiria es sustancialmente id\u00e9ntica) la escatolog\u00eda nunca alcanz\u00f3, en el per\u00edodo hist\u00f3rico, cualquier alto grado de desarrollo. La retribuci\u00f3n se limita casi, si no del todo, por entero a la vida actual, y la virtud era recompensada con el don divino de la fuerza, la prosperidad, larga vida, numerosa prole, y otras similares, y la maldad era castigada con calamidades temporales contrarias.  Sin embargo, se cree en la existencia de un m\u00e1s all\u00e1.   Una especie de fantasma semi-material, o sombra, o doble (ekimmu), sobrevive a la muerte del cuerpo, y cuando el cuerpo est\u00e1 enterrado (o, menos com\u00fanmente, cremado) el fantasma desciende al inframundo para unirse a la compa\u00f1\u00eda de los difuntos.  En el \u00abEntierro de Ishtar\u00bb este inframundo, al que ella descendi\u00f3 en busca de su amante fallecido y de las \u00abaguas de la vida\u00bb, es descrito en colores sombr\u00edos; y lo mismo es cierto para las otras descripciones que poseemos.   Es el \u00abpozo\u00bb, la \u00abtierra sin retorno\u00bb, la \u00abcasa de las tinieblas\u00bb, el \u00ablugar donde el polvo es su pan, y su alimentaci\u00f3n es el barro\u00bb; y est\u00e1 infestado de demonios que, al menos en el caso de Ishtar, est\u00e1n facultados para infligir castigos diversos por los pecados cometidos en el mundo superior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque algunos afirman que el caso de Ishtar es t\u00edpico en este sentido, no hay otra indicaci\u00f3n clara de una doctrina de penas morales para los malos, y ninguna promesa de recompensas para los buenos.   Buenos y malos est\u00e1n involucrados en un l\u00fagubre destino com\u00fan.  La ubicaci\u00f3n de la regi\u00f3n de los muertos es un tema de controversia entre los asiri\u00f3logos, mientras que la sugerencia de una esperanza m\u00e1s brillante en la forma de una resurrecci\u00f3n (o m\u00e1s bien de un retorno a la tierra) de entre los muertos, que algunos podr\u00edan deducir de la creencia en las \u00abaguas de la vida\u00bb y de las referencias a Marduk o Merodach, como \u00abuno que trae los muertos a la vida\u00bb, es una conjetura muy dudosa. En general no hay nada esperanzador o satisfactorio en la escatolog\u00eda de esta antigua religi\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(b) EGIPCIA:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, en la religi\u00f3n egipcia, que por su antig\u00fcedad compite con la de Babilonia, nos encontramos con una escatolog\u00eda altamente desarrollada y comparativamente elevada.  Dejando de lado cuestiones tan dif\u00edciles como la prioridad relativa y la influencia de elementos diferentes, e incluso contradictorios, en la religi\u00f3n egipcia, ser\u00e1 suficiente para el prop\u00f3sito presente referirnos a lo que es m\u00e1s prominente en la escatolog\u00eda egipcia tomado en su nivel m\u00e1s alto y mejor.   En primer lugar, entonces, la vida en su plenitud, la vida sin fin con Osiris, el dios del Sol, que viajaba diariamente a trav\u00e9s del inframundo, incluso la identificaci\u00f3n con el dios, con el derecho a ser llamado por su nombre, es lo que los egipcios piadosos esperaban con agrado como el objetivo final despu\u00e9s de la muerte.  A los difuntos se les llamaba habitualmente los \u00abvivos\u00bb; el ata\u00fad era el \u00abcofre de los vivos\u00bb, y la tumba, el \u00abse\u00f1or de la vida\u00bb.   No es s\u00f3lo el esp\u00edritu sin cuerpo, el alma tal como la entendemos, que continuaba viviendo, sino el alma de ciertos \u00f3rganos y funciones corporales ajustados a las condiciones de la nueva vida.   En la antropolog\u00eda compleja que subyace en la escatolog\u00eda egipcia, y que nos resulta dif\u00edcil de entender, se distinguen varios constituyentes de la persona humana, el m\u00e1s importante de los cuales es el Ka, una especie de doble semi-material; y a los justificados que aprueban el juicio despu\u00e9s de la muerte se les restituye el uso de estos varios constituyentes, que la muerte les quit\u00f3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este juicio, que cada uno experimenta, se describe en detalle en el cap\u00edtulo 125 del Libro de los Muertos. El examen abarca una gran variedad de deberes y observancias personales, sociales y religiosos; el difunto debe ser capaz de negar su culpabilidad  respecto a cuarenta y dos grandes categor\u00edas de pecados, y su coraz\u00f3n (el s\u00edmbolo de la conciencia y moralidad) debe pasar la prueba de ser pesado en la balanza contra la imagen de Maat, diosa de la verdad o la justicia.   Pero la nueva vida que comienza despu\u00e9s de un fallo favorable no es al principio ni mejor ni m\u00e1s espiritual que la vida en la tierra.  El justificado sigue siendo un caminante con un dif\u00edcil y largo viaje por recorrer antes de llegar a la felicidad y la seguridad en los f\u00e9rtiles campos de Aalu.    En este viaje se le expone a una variedad de desastres, para evitar los cuales depende del uso de sus facultades y poderes revivificados y del conocimiento que adquiri\u00f3 en la vida de las instrucciones y encantos m\u00e1gicos registrados en el Libro de los Muertos, y tambi\u00e9n, y quiz\u00e1s sobre todo, de las ayudas provistas por sus amigos sobrevivientes en la tierra.  Son ellos los que garantizan la preservaci\u00f3n de su cad\u00e1ver para que pueda regresar y usarlo, quienes proporcionan una tumba indestructible como una casa o refugio para su Ka, quienes  proveen alimentos y bebidas para su sustento, ofrecen oraciones y sacrificios para su beneficio, y ayudan a su memoria mediante la inscripci\u00f3n en las paredes de la tumba, o la escritura en rollos de papiro encerrados en las envolturas de la momia, cap\u00edtulos del Libro de los Muertos.   De hecho, no parece que los muertos fuesen alguna vez a llegar a un estado en el que fuesen independientes de estas ayudas terrenales. En cualquier caso siempre se les consideraba libres para volver a la tumba terrenal, y al hacer el viaje de un lado a otro el bendito ten\u00eda el poder de transformarse a voluntad en diversas formas de animales.   Fue esta creencia la que, en la etapa degenerada en que la encontr\u00f3, Herodoto confundi\u00f3 con la doctrina de la transmigraci\u00f3n de las almas. Cabe agregar que la identificaci\u00f3n de los bienaventurados con Osiris (\u00abOsiris N. N.\u00bb es una forma habitual de inscripci\u00f3n) no implicaba, al menos en la etapa anterior y superior de la religi\u00f3n egipcia, la absorci\u00f3n pante\u00edsta en la deidad o la p\u00e9rdida de la personalidad individual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La escatolog\u00eda egipcia es menos clara en su ense\u00f1anza en cuanto al destino de aquellos que fracasaban en el juicio despu\u00e9s de la muerte, o sucumb\u00edan en la segunda prueba. \u00abSegunda muerte\u00bb y otras expresiones que se les aplicaban parecen sugerir la aniquilaci\u00f3n; pero est\u00e1 lo suficientemente claro a partir del conjunto de la evidencia que se cre\u00eda que la existencia continua en un estado de oscuridad y la miseria ser\u00eda su porci\u00f3n. Y seg\u00fan hab\u00eda grados en la felicidad de los bienaventurados, as\u00ed tambi\u00e9n en el castigo de los perdidos (v\u00e9ase el Libro de los Muertos tr. Budge, Londres, 1901).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(c) INDIA:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la primera forma hist\u00f3rica de la religi\u00f3n hind\u00fa, la de los Vedas, la creencia escatol\u00f3gica es m\u00e1s simple y m\u00e1s pura que en las formas del brahmanismo y el budismo que la sucedieron; ense\u00f1a claramente la inmortalidad individual.   Hay un reino de los muertos bajo el gobierno de Yama, con reinos distintos para los buenos y los malos. Los buenos viven en un reino de la luz y participan en las fiestas de los dioses; los malos son desterrados a un lugar de \u00abla oscuridad m\u00e1s baja\u00bb.    Sin embargo, ya en los Vedas posteriores, cuando estas creencias encuentran expresi\u00f3n desarrollada, la retribuci\u00f3n comienza a ser gobernada m\u00e1s por las observancias ceremoniales que por pruebas estrictamente morales. Por otro lado, no hay rastros a\u00fan de la sombr\u00eda doctrina de la transmigraci\u00f3n, pero los cr\u00edticos profesan descubrir los g\u00e9rmenes del pante\u00edsmo posterior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el brahmanismo la retribuci\u00f3n gana en prominencia y severidad, pero se involucra irremediablemente en la transmigraci\u00f3n, y se hace m\u00e1s y m\u00e1s dependiente, ya sea en las celebraciones de sacrificio o en el conocimiento teos\u00f3fico. Aunque despu\u00e9s de la muerte hay numerosos cielos e infiernos para la recompensa y el castigo de todos los grados de m\u00e9rito y dem\u00e9rito, no se trata de estados finales, sino s\u00f3lo el preludio a tantos renacimientos en formas superiores o inferiores.   La absorci\u00f3n pante\u00edsta en Brahma, el mundo-alma y \u00fanica realidad, con la consiguiente extinci\u00f3n de la personalidad individual &#8212;esta es la \u00fanica soluci\u00f3n definitiva del problema de la existencia, la \u00fanica salvaci\u00f3n que el hombre en \u00faltima instancia puede esperar para el porvenir.   Pero se trata de una salvaci\u00f3n que s\u00f3lo unos pocos pueden esperar alcanzar despu\u00e9s de la vida presente, los pocos que han adquirido un conocimiento perfecto de Brahma. La mayor\u00eda de los hombres que no pueden subir a esta alta sabidur\u00eda filos\u00f3fica pueden tener \u00e9xito en ganar un para\u00edso por medio de las celebraciones de sacrificio, en la obtenci\u00f3n de un para\u00edso temporal, pero que est\u00e1n destinados a  nacimientos y muertes ulteriores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La escatolog\u00eda budista desarrolla y modifica a\u00fan m\u00e1s la parte filos\u00f3fica de la doctrina de la salvaci\u00f3n brahm\u00e1nica de la salvaci\u00f3n, y culmina en lo que es, estrictamente hablando, la negaci\u00f3n de la escatolog\u00eda y de toda la teolog\u00eda &#8212;una religi\u00f3n sin Dios, y un c\u00f3digo moral elevado, sin esperanza de recompensa o temor al castigo futuro.  La existencia misma, o por lo menos la existencia individual, es el mal principal; y el deseo por la existencia, con las m\u00faltiples formas de deseo que engendra, es la fuente de toda la miseria en que la vida est\u00e1 inextricablemente involucrada.  La salvaci\u00f3n, o el estado de Nirvana, se han de lograr con la completa extinci\u00f3n de todo tipo de deseo, y esto es posible por el conocimiento, no el conocimiento de Dios o del alma, como en el brahmanismo, sino el conocimiento puramente filos\u00f3fico de la verdad de las cosas.  Para todos los que no llegan a este estado de iluminaci\u00f3n filos\u00f3fica o que no cumplen con sus requisitos &#8212;es decir, para la mayor parte de la humanidad&#8212; no hay nada en la perspectiva salvo a un ciclo mon\u00f3tono de muertes y renacimientos, con cielos e infiernos  intercalados; y en el budismo esta doctrina toma un car\u00e1cter a\u00fan m\u00e1s temible e inexorable que en el brahmanismo pre-budista. (Vea el art\u00edculo budismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(d) PERSA<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la antigua religi\u00f3n persa (zoroastrismo, el mazde\u00edsmo, parsismo) nos encontramos con lo que es quiz\u00e1s, en sus mejores elementos, el tipo m\u00e1s alto de escatolog\u00eda \u00e9tnica.   Sin embargo, tal como la conocemos en la literatura parsi, contiene elementos que fueron tomados probablemente de otras religiones; y como parte de esta literatura es ciertamente post-cristiana, no se ha de perder de vista la posibilidad de que ideas jud\u00edas y cristianas puedan haber influido en la evoluci\u00f3n escatol\u00f3gica posterior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El defecto radical de la religi\u00f3n persa fue su concepci\u00f3n dualista de la divinidad. El mundo f\u00edsico y moral es el teatro de un conflicto perpetuo entre Ahura Mazda (Ormuz), lo bueno, y Angra-Mainyu (Ahriman), el mal, el principio, co-creadores del universo y del hombre. Sin embargo, el principio del mal no es eterno ex parte post; finalmente ser\u00e1 vencido y exterminado.    Una providencia monote\u00edsta pura promete a veces sustituir al dualismo, pero nunca lo consigue del todo &#8212;el m\u00e1s reciente esfuerzo en esta direcci\u00f3n fue la creencia en Zvran Akarana, o Tiempo Infinito, como la deidad suprema por encima tanto de Arim\u00e1n como de Ormuz.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La moral tiene su sanci\u00f3n no s\u00f3lo en la retribuci\u00f3n futura, sino en la presente seguridad de que toda obra buena y piadosa es una victoria para la causa de Ahura Mazda; pero la llamada a la persona a participar activamente en esta causa, aunque vigorosa y bastante definida, nunca est\u00e1 bastante libre de condiciones rituales y ceremoniales, y conforme pasa el tiempo se vuelve m\u00e1s y m\u00e1s complicada por estas celebraciones, especialmente por las leyes de la pureza.   Algunos elementos son sagrados (fuego, tierra, agua), algunos otros son imp\u00edos o impuros (los cad\u00e1veres, la respiraci\u00f3n y todo lo que sale del cuerpo, etc.); y mancharse uno mismo o a los elementos sagrados a trav\u00e9s del contacto con lo impuro es uno de los peores pecados.   En consecuencia, los cad\u00e1veres no pod\u00edan ser enterrados o cremados, y se expon\u00edan en consecuencia en plataformas levantadas al efecto, para que las aves de rapi\u00f1a pudiesen devorarlos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el alma abandona el cuerpo tiene que cruzar el puente de Chinvat (o Kinvad), el puente del recolector, o contador.  Durante tres d\u00edas los esp\u00edritus buenos y los malos se disputan la posesi\u00f3n del alma, despu\u00e9s de lo cual se toma el c\u00e1lculo, y el hombre justo se alegra por la aparici\u00f3n, en la forma de una hermosa doncella, de sus buenas acciones, palabras y pensamientos, y pasa de forma segura a un para\u00edso de felicidad; mientras que el imp\u00edo se enfrenta a la horrible aparici\u00f3n de sus malas obras, y es arrastrado al infierno.   Si la sentencia es neutral el alma es reservada en un estado intermedio (por lo menos en los libros Pahlavi) hasta la decisi\u00f3n en el d\u00eda postrero. La concepci\u00f3n desarrollada de los \u00faltimos d\u00edas, tal y como aparece en la literatura posterior, tiene ciertas afinidades con las expectativas mesi\u00e1nicas jud\u00edas y del milenio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un tiempo durante el cual Ahrim\u00e1n ganar\u00e1 el ascenso va a ser seguido por dos per\u00edodos milenarios, en cada uno de los cuales aparecer\u00eda un gran profeta para anunciar la llegada de Soshyant (o Sosioch), el conquistador y juez, que levantar\u00e1 a los muertos a la vida.   La resurrecci\u00f3n ocupar\u00e1 cincuenta y siete a\u00f1os y ser\u00e1 seguida por el juicio general, la separaci\u00f3n de los buenos de los malvados, y el paso de ambos a trav\u00e9s de un fuego del purgatorio, suave para el justo, terrible para los pecadores, pero que conduce a la restauraci\u00f3n de todos.   Luego vendr\u00e1  el combate final entre los esp\u00edritus buenos y los malos, en la que todos estos \u00faltimos perecer\u00e1n, excepto Ahrim\u00e1n y la serpiente Azi, cuya destrucci\u00f3n est\u00e1 reservada a Ahura Mazda y Scraosha, el sacerdote-dios. Y por \u00faltimo, todo el infierno ser\u00e1 purgado, y la tierra renovada por el fuego purificador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(e) GRIEGA:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La escatolog\u00eda griega, como se refleja en los poemas hom\u00e9ricos, permanece en un nivel bajo. Es s\u00f3lo muy vagamente retributiva y es del todo sombr\u00eda en su perspectiva. La vida en la tierra, con todos sus defectos, es el bien supremo para los hombres, y la muerte el peor de los males. Sin embargo, la muerte no es la extinci\u00f3n.   La psyche sobrevive &#8212; no el alma puramente espiritual del pensamiento griego y cristiano posterior, sino un fantasma atenuado, semi-material, o sombra, o imagen, del hombre terrenal; y la vida de esta sombra en el mundo subterr\u00e1neo es una existencia sombr\u00eda, empobrecida, casi sin actividad.   Tampoco hay distinci\u00f3n de destinos, ya sea por medio de la felicidad o la miseria en el Hades.   El oficio judicial de Minos es ilusorio, y no tiene nada que ver con la conducta terrenal; y s\u00f3lo hay una alusi\u00f3n a las Furias sugestiva de su actividad entre los muertos (Il\u00edada, XIX, 258-60). T\u00e1rtaro, el infierno inferior, est\u00e1 reservado para unos pocos rebeldes especiales contra los dioses, y los Campos El\u00edseos para unos pocos favoritos especiales elegidos por capricho divino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Respecto a la vida futura, en el pensamiento griego posterior hay notables avances m\u00e1s all\u00e1 de la etapa de Homero, pero es dudoso que el promedio de la fe popular jam\u00e1s alcanzase un nivel mucho m\u00e1s alto.  Entre los fil\u00f3sofos Anax\u00e1goras contribuye a la noci\u00f3n de un alma puramente espiritual; pero una contribuci\u00f3n m\u00e1s directamente religiosa fue hecha por los misterios eleusianos y \u00f3rficos, a cuya influencia sobre la iluminaci\u00f3n y moralizaci\u00f3n de la esperanza de una vida futura tenemos el testimonio concurrente de fil\u00f3sofos, poetas e historiadores.   En los misterios eleusianos no parece que ha habido una ense\u00f1anza doctrinal definida &#8212;s\u00f3lo la promesa o garant\u00eda para los iniciados de la plenitud de la vida del m\u00e1s all\u00e1.  Con los \u00f3rficos, por el contrario, el origen divino y pre-existencia del alma, para la cual el cuerpo no es m\u00e1s que una prisi\u00f3n temporal, y la doctrina de la transmigraci\u00f3n retributiva est\u00e1n m\u00e1s o menos estrechamente asociadas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es dif\u00edcil decir hasta qu\u00e9 punto la creencia com\u00fan de la gente fue influenciada por estos misterios, pero en la literatura po\u00e9tica y filos\u00f3fica su influencia es evidente.  Esto se ve especialmente en P\u00edndaro entre los poetas, y en Plat\u00f3n entre los fil\u00f3sofos.   P\u00edndaro tiene una clara promesa de una vida futura de felicidad para los buenos o iniciados, y no s\u00f3lo para unos pocos, sino para todos. Incluso para los imp\u00edos que descienden al Hades hay esperanza; despu\u00e9s de haber purgado su maldad tendr\u00e1n un renacimiento en la tierra, y si, durante tres existencias sucesivas, demuestran ser dignos de la gracia, finalmente alcanzar\u00e1n la felicidad en las Islas de los Bienaventurados.   Aunque la ense\u00f1anza de Plat\u00f3n est\u00e1 viciada por la doctrina de la preexistencia, la metempsicosis y otros errores graves, representa el mayor logro de la especulaci\u00f3n filos\u00f3fica pagana sobre el tema de la vida futura.   Habi\u00e9ndose establecido la dignidad divina, la espiritualidad y la inmortalidad esencial del alma, los problemas del futuro para todas las almas se hacen claramente dependientes de su conducta moral en el cuerpo en la vida presente.   Hay un juicio divino despu\u00e9s de la muerte, un cielo, un infierno y un estado intermedio de penitencia y purificaci\u00f3n, y las recompensas y los castigos son graduados de acuerdo a los m\u00e9ritos y dem\u00e9ritos de cada uno.   Los malvados incurables son condenados al castigo eterno en el T\u00e1rtaro; los menos malos o indiferentes ir\u00e1n tambi\u00e9n al T\u00e1rtaro o al lago Aquerusiano, pero s\u00f3lo por un tiempo; los eminentes por su bondad van a un hogar feliz; pero la mayor recompensa de todas es para los que se purificaron por la filosof\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir del boceto anterior, podemos juzgar los m\u00e9ritos y defectos de los sistemas \u00e9tnicos de escatolog\u00eda. Sus m\u00e9ritos son tal vez realzados cuando se presentan, como el anterior, en forma aislada de las otras caracter\u00edsticas de las religiones a las que pertenec\u00edan.   Sin embargo, sus defectos son bastante evidentes; e incluso aquellos que fueron mejores y m\u00e1s prometedores se convirtieron, hist\u00f3ricamente, en un fracaso.   Los preciosos elementos de verdad escatol\u00f3gica contenidos en la religi\u00f3n egipcia se asociaron con el error y la superstici\u00f3n, y fueron incapaces de salvar a la religi\u00f3n de hundirse en el estado de degeneraci\u00f3n absoluta en la que se encuentra en la proximidad de la era cristiana.   Del mismo modo, la a\u00fan m\u00e1s rica y m\u00e1s profunda escatolog\u00eda de la religi\u00f3n persa, viciada por el dualismo y otras influencias perniciosas, fall\u00f3 en percibir la promesa que conten\u00eda, y ha sobrevivido s\u00f3lo como una ruina en el parsismo moderno.   La ense\u00f1anza especulativa de Plat\u00f3n no pudo influir en forma notable en la religi\u00f3n popular del mundo greco-romano; fall\u00f3 en convertir incluso a los pocos filos\u00f3ficos; y en las manos de aquellos profesaron adoptarlo, el platonismo, no corregido por el cristianismo, corri\u00f3 a granar en pante\u00edsmo y otras formas de error.\n<\/p>\n<h2>Escatolog\u00eda en el Antiguo Testamento<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin entrar en detalles, ya sea por v\u00eda de exposici\u00f3n o de cr\u00edtica, ser\u00e1 suficiente se\u00f1alar c\u00f3mo la escatolog\u00eda del Antiguo Testamento compara con los sistemas \u00e9tnicos, y c\u00f3mo, a pesar de sus deficiencias en materia de claridad y completitud, fue una preparaci\u00f3n digna para la plenitud de la revelaci\u00f3n cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(1)<\/b> La escatolog\u00eda en el Antiguo Testamento, incluso en su forma m\u00e1s temprana y m\u00e1s imperfecta, comparte el car\u00e1cter distintivo que pertenece generalmente a la religi\u00f3n del Antiguo Testamento.  En primer lugar, como una distinci\u00f3n negativa, notamos la total ausencia de ciertas ideas y tendencias err\u00f3neas que tienen un lugar importante en las religiones \u00e9tnicas.   No hay pante\u00edsmo o dualismo, ni hay doctrina de la preexistencia (Sab. 8,17-20, no implica necesariamente esta doctrina, como se ha afirmado a veces) o de metempsicosis; ni hay rastro alguno, como podr\u00eda esperarse, de las ideas o pr\u00e1cticas egipcias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En segundo lugar, en el lado positivo, el Antiguo Testamento se distingue de las religiones \u00e9tnicas en su doctrina de Dios y del hombre en relaci\u00f3n con Dios. Su doctrina de Dios es monote\u00edsmo puro y sin concesiones; el universo est\u00e1 gobernado por la sabidur\u00eda, la justicia y la omnipotencia del Dios \u00fanico y verdadero.   Y el hombre es creado por Dios a su imagen y semejanza, y destinado a relaciones de amistad y comuni\u00f3n con \u00c9l.   Aqu\u00ed se han puesto de manifiesto de manera clara y definida las doctrinas basales que est\u00e1n en la ra\u00edz de la verdad escatol\u00f3gica, y que, una vez que se han apoderado de la vida de un pueblo, est\u00e1n obligados, incluso sin nuevas adiciones a la revelaci\u00f3n, a salvaguardar la pureza de una escatolog\u00eda inadecuada para llevar con el tiempo a una evoluci\u00f3n m\u00e1s rica y m\u00e1s alta.   Esas adiciones y acontecimientos ocurren en la ense\u00f1anza del Antiguo Testamento, pero antes de se\u00f1alarlas es bueno llamar la atenci\u00f3n sobre los dos principales defectos o limitaciones, inherentes a la primera escatolog\u00eda y que contin\u00faan, por su persistencia en la creencia popular, dificultando m\u00e1s o menos que el pueblo jud\u00edo comprenda correctamente y acepte las m\u00e1s altas expresiones escatol\u00f3gicas de sus propios maestros inspirados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(2)<\/b> El primero de dichos defectos es el silencio de los primeros y algunos de los \u00faltimos libros sobre el tema de la retribuci\u00f3n moral despu\u00e9s de la muerte, o al menos la extrema vaguedad de esos pasajes en esos libros como podr\u00eda entenderse que se refieren a este tema.   La muerte no es la extinci\u00f3n; sino que el Seol, el mundo subterr\u00e1neo de los muertos, en el pensamiento hebreo primitivo no es muy diferente al Aralu de Babilonia o al Hades de Homero, con la excepci\u00f3n de que Yahveh es Dios, incluso all\u00ed. Se trata de una sombr\u00eda residencia en la cual todo lo que es muy apreciado en la vida, incluso la amistad con Dios, llega a su fin sin ninguna promesa definitiva de renovaci\u00f3n.   La deshonra incurrida en la vida o la muerte se aferra al hombre en el Seol, al igual que el honor que pudo haber ganado por una vida virtuosa en la tierra; pero por lo dem\u00e1s las condiciones en el Seol no se representan como retributivas, excepto en la forma m\u00e1s vaga.   Ni tampoco es que se niegue y excluya formalmente una retribuci\u00f3n m\u00e1s definida o la esperanza de la renovaci\u00f3n a una vida de santidad; sino que simplemente falla en encontrar expresi\u00f3n en los primeros registros del Antiguo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La religi\u00f3n es eminentemente un asunto de esta vida, y la retribuci\u00f3n se resuelve aqu\u00ed en la tierra. Esta idea, que a nosotros nos parece tan extra\u00f1a, para ser justamente apreciada, se debe tomar en conjunto con el punto de vista nacional en lugar del individual [Vea el apartado (3) de esta secci\u00f3n]; y tambi\u00e9n se debe reconocer su valor pedag\u00f3gico valor para un pueblo como los antiguos hebreos. Cristo mismo explica por qu\u00e9 Mois\u00e9s permiti\u00f3 el divorcio (\u00abdebido a la dureza de vuestro coraz\u00f3n\u00bb Mateo 19,8); la revelaci\u00f3n y la legislaci\u00f3n ten\u00edan que ser atemperadas a la capacidad de un pueblo singularmente pr\u00e1ctico y carente de imaginaci\u00f3n, que fueron m\u00e1s eficazmente confirmados en la adoraci\u00f3n y el servicio de Dios por un vivo sentido de su providencia retributiva aqu\u00ed en la tierra de lo que habr\u00edan sido por una doctrina m\u00e1s alta y m\u00e1s completa de una futura inmortalidad con su aplazamiento de recompensas morales.   Tampoco hay que exagerar la insuficiencia de este punto de vista primitivo.  Dio un profundo valor y significado religioso a todos los acontecimientos de la vida presente, y levant\u00f3 la moral por encima del punto de vista estrecho y utilitario.   El ideal del israelita piadoso no era la prosperidad mundana como tal, sino la prosperidad otorgada por Dios como la recompensa de gracia por la fidelidad en guardar sus Mandamientos.   Sin embargo, cuando todo se ha dicho, se debe admitir la insuficiencia de esta creencia para la satisfacci\u00f3n de las aspiraciones individuales; y esta insuficiencia se vio obligada a demostrarse tarde o temprano en la experiencia. Incluso la sustituci\u00f3n del punto de vista nacional por el individual no pudo obstaculizar indefinidamente este resultado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(3)<\/b> La tendencia a sumergir al individuo en la naci\u00f3n y a tratarlo como una unidad religiosa fue una de las m\u00e1s notables caracter\u00edsticas de la fe hebrea.   Y esto ayud\u00f3 mucho a apoyar y prolongar la otra limitaci\u00f3n antes se\u00f1alada, seg\u00fan la cual la retribuci\u00f3n se buscaba en esta vida.  Se pod\u00eda consolar las esperanzas personales diferidas y frustradas con el pensamiento de su realizaci\u00f3n actual o futura de la naci\u00f3n.   La escatolog\u00eda del individuo se hizo prominente s\u00f3lo cuando las calamidades nacionales, que culminaron en el Exilio, hab\u00edan hecho a\u00f1icos por un tiempo la esperanza del pueblo de un reino teocr\u00e1tico glorioso; y con la restauraci\u00f3n hubo una tendencia a volver al punto de vista nacional.   Es verdad del Antiguo Testamento como un todo que la escatolog\u00eda del pueblo eclipsa la del individuo, si bien es cierto, al mismo tiempo que, en y a trav\u00e9s del primero, los \u00faltimos avanzan a una garant\u00eda clara y definida de una resurrecci\u00f3n de entre los muertos personal, al menos para los hijos de Israel que, si son hallados dignos, compartir\u00e1n en las glorias de la era mesi\u00e1nica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del alcance de este art\u00edculo el tratar de rastrear el crecimiento o describir las diversas fases de esta escatolog\u00eda nacional, que se centra en la esperanza de la creaci\u00f3n de un reino teocr\u00e1tico y mesi\u00e1nico en la tierra (Vea Mes\u00edas).    Por muy espiritualmente que esta idea se halle expuesta en las profec\u00edas del Antiguo Testamento, como las leemos ahora a la luz de su progresivo cumplimiento en la providencia del Nuevo Testamento, el pueblo jud\u00edo en su conjunto se aferr\u00f3 a una interpretaci\u00f3n material y pol\u00edtica del reino, acoplando su propio dominio como pueblo con el triunfo de Dios y el establecimiento mundial de su gobierno.   De hecho, hay mucho que explicar sobre esto en la oscuridad de las propias profec\u00edas.  No siempre se menciona al Mes\u00edas como una persona distinta en relaci\u00f3n con la inauguraci\u00f3n del reino, lo que deja espacio para la esperanza de una teofan\u00eda de Yahveh en el car\u00e1cter de juez y gobernante.   Pero incluso cuando la persona y el lugar del Mes\u00edas est\u00e1n claramente prefigurados, la fusi\u00f3n en conjunto en la profec\u00eda de lo que hemos aprendido a distinguir como su primera y su segunda venida, tiende a dar a toda la imagen del reino mesi\u00e1nico un car\u00e1cter escatol\u00f3gico que pertenece en la realidad s\u00f3lo a su etapa final.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por tanto, es as\u00ed que se introduce la resurrecci\u00f3n de los muertos en Isa\u00edas 26,19 y Daniel 12,2; y muchas de las descripciones que predicen \u00abel d\u00eda del Se\u00f1or\u00bb, la sentencia sobre jud\u00edos y gentiles, la renovaci\u00f3n de la tierra y otros fen\u00f3menos que marcar\u00e1n el comienzo de ese d\u00eda, mientras que se aplican en un sentido limitado a los acontecimientos contempor\u00e1neos y a la inauguraci\u00f3n de la era cristiana, son m\u00e1s apropiadamente entendidos sobre el fin del mundo.   Por lo tanto, no es sorprendente que las esperanzas religiosas de la naci\u00f3n jud\u00eda se hayan convertido en tan predominantemente escatol\u00f3gicas, y que la imaginaci\u00f3n popular, escorzando la perspectiva de la revelaci\u00f3n divina, deber\u00eda haber aprendido a mirar por el establecimiento en la tierra del glorioso Reino de Dios, que los cristianos est\u00e1n seguros se realizar\u00e1 s\u00f3lo en el cielo al final del presente estado de cosas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(4)<\/b>  Pasando de estas observaciones generales que parecen necesarias para la comprensi\u00f3n real de la escatolog\u00eda del Antiguo Testamento, se har\u00e1 una breve referencia a los pasajes que muestran el crecimiento de una doctrina de la inmortalidad m\u00e1s alta y m\u00e1s completa.   El reconocimiento del individuo como lo opuesto a la mera responsabilidad y retribuci\u00f3n corporativa  puede considerarse, al menos remotamente, como un aumento a la escatolog\u00eda, aun cuando la retribuci\u00f3n se limita sobre todo a esta vida; y este principio est\u00e1 reconocido en repetidas ocasiones en los primeros libros.  (Vea G\u00e9nesis 18,25; \u00c9xodo 32,33; N\u00fameros 16,22;  Deuteronomio 7,10; 24,16; 2 Samuel 24,17; 2 Reyes 14,6; Isa\u00edas 3,10 ss.; 33,15 ss.; Jerem\u00edas 12,1 ss.; 17,5-10; 32,18 ss.; Ezequiel 14,12-20; 18,4.18 ss.; Salmos , passim; Proverbios 2,21 ss.; 10,2; 11,19.31; etc.).   Se le reconoce tambi\u00e9n en los mismos t\u00e9rminos del problema tratado en el Libro de Job.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, llegando a cosas m\u00e1s elevadas, nos encontramos en los Salmos y en Job la clara expresi\u00f3n de una esperanza o una garant\u00eda para los justos de una vida de felicidad despu\u00e9s de la muerte.   Aqu\u00ed se proclama, bajo inspiraci\u00f3n divina, el deseo innato de las almas justas de una comuni\u00f3n eterna con Dios, la protesta de una fe fuerte y viva en contra de la concepci\u00f3n popular del Seol.   Omitiendo pasajes dudosos, es suficiente hacer referencia a los Salmos 16(15), 17(16), 49(48) y 73(72).  De \u00e9stos no es imposible explicar los dos primeros como oraciones por la liberaci\u00f3n de un peligro inminente de muerte, pero la seguridad que expresan es demasiado absoluta y universal para admitir esta interpretaci\u00f3n como la m\u00e1s natural.   Y esta seguridad se vuelve a\u00fan m\u00e1s clara en los otros dos salmos, por causa del contraste que se afirma que la muerte introduce entre los destinos de los justos y los imp\u00edos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La misma fe surge en el Libro de Job, primero como una esperanza expresada en forma un tanto cuestionable, y luego como una firme convicci\u00f3n. Con la desesperanza de reivindicaci\u00f3n en esta vida y rebel\u00e1ndose contra la idea de que la justicia debe quedar finalmente sin recompensa, el sufridor busca consuelo en la esperanza de una renovaci\u00f3n de la amistad con Dios m\u00e1s all\u00e1 de la tumba:  \u201c\u00a1Ojal\u00e1 en el \u0160eol t\u00fa me guardaras, me escondieras all\u00ed mientras pasa tu c\u00f3lera, y una tregua me dieras, para acordarte de m\u00ed luego &#8212;pues, muerto el hombre, \u00bfpuede revivir?&#8212; todos los d\u00edas de mi milicia esperar\u00eda, hasta que llegara mi relevo!\u201d (Job 14,13-14).  En 16,18 a 17,9 la expresi\u00f3n de esta esperanza es m\u00e1s absoluta; y en 19,23-27 toma la forma de una certeza definida de que ver\u00e1 a Dios, su Redentor: \u201cYo s\u00e9 que mi Defensor est\u00e1 vivo, y que \u00e9l, el \u00faltimo, se levantar\u00e1 sobre el polvo.  Tras mi despertar me alzar\u00e1 junto a \u00e9l, y con mi propia carne ver\u00e9 a Dios.  Yo, s\u00ed, yo mismo le ver\u00e9, mis ojos le mirar\u00e1n, no ning\u00fan otro\u201d (Job 19,25-27).   En su cuerpo resucitado ver\u00e1 a Dios, seg\u00fan la variante de la Vulgata (LXX): \u00abY en el \u00faltimo d\u00eda me levantar\u00e9 de la tierra.  Y ser\u00e9 revestido con mi piel, y en mi carne he de ver a mi Dios \u00ab(25-26).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina de la resurrecci\u00f3n encuentra su expresi\u00f3n concreta en los profetas; y en Isa\u00edas 26,19: \u00abRevivir\u00e1n tus muertos, tus cad\u00e1veres resurgir\u00e1n, despertar\u00e1n y dar\u00e1n gritos de j\u00fabilo los moradores del polvo\u201d etc.; y en  Daniel 12,2: \u00abMuchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertar\u00e1n, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno\u201d, etc. se ense\u00f1a claramente una resurrecci\u00f3n personal &#8212;en Isa\u00edas una resurrecci\u00f3n de los israelitas justos; en Daniel, tanto de los justos como de los malvados.   La sentencia, que en Daniel est\u00e1 relacionada con la resurrecci\u00f3n, es tambi\u00e9n personal; y lo mismo ocurre con el juicio de los vivos (jud\u00edos y gentiles) que las profec\u00edas lo conectan con el \u00abd\u00eda del Se\u00f1or\u00bb en diversas formas.   Algunos de los Salmos [por ej. el 49(48)] parecen implicar el juicio de individuos, buenos y malos, despu\u00e9s de la muerte; y la certeza de un juicio futuro de \u00abtoda [actos humanos|obra]], ya sea buena o mala\u00bb, es la soluci\u00f3n definitiva de los enigmas morales de la vida en la tierra ofrecida por el Eclesiast\u00e9s (12,13-14; cf. 3,17).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasando a los libros (deuterocan\u00f3nicos) posteriores del Antiguo Testamento, tenemos clara evidencia en el Segundo Libro de los Macabeos de la fe jud\u00eda no s\u00f3lo en la resurrecci\u00f3n de la carne (7,9-14), sino en la eficacia de las oraciones y sacrificios por los muertos que han muerto en la piedad (12,43 ss.).   Y en los siglos II y I a.C., en la literatura ap\u00f3crifa jud\u00eda aparecen nuevos desarrollos escatol\u00f3gicos, principalmente en la direcci\u00f3n de una m\u00e1s definida doctrina de la retribuci\u00f3n despu\u00e9s de la muerte.   La palabra \u0160eol es todav\u00eda m\u00e1s com\u00fan entendida como la morada general de los difuntos que esperan la resurrecci\u00f3n; y esta residencia tiene diferentes divisiones para la recompensa de los justos y el castigo de los malvados; en referencia a estos \u00faltimos, el \u0160eol es a veces simplemente equivalente al infierno.   Gehenna es el nombre que generalmente se aplica al lugar final de castigo de los malvados despu\u00e9s del juicio final, o incluso inmediatamente despu\u00e9s de la muerte; mientras que para\u00edso se utiliza a menudo para designar la morada intermedia de las almas de los justos, y el cielo como su casa de la bienaventuranza final (para referencias detalladas a la literatura ap\u00f3crifa ver a Charles, el art\u00edculo \u00abEscatolog\u00eda\u00bb en \u00abEnc. B\u00edblica\u00bb, \u00a7 \u00a7 63, 70).  El uso de estos t\u00e9rminos por Cristo indica que los jud\u00edos de su tiempo estaban lo suficientemente familiarizados con sus significados del Nuevo Testamento.\n<\/p>\n<h2>Escatolog\u00eda cat\u00f3lica<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este art\u00edculo no hay discusi\u00f3n cr\u00edtica de la escatolog\u00eda del Nuevo Testamento, ni cualquier intento de trazar la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la doctrina cat\u00f3lica a partir de datos b\u00edblicos y tradicionales; s\u00f3lo se da un breve resumen del sistema cat\u00f3lico desarrollado.   Para detalles cr\u00edticos e hist\u00f3ricos y para la refutaci\u00f3n de los puntos de vista opuestos se remite al lector a los art\u00edculos especiales que se ocupan de las diversas doctrinas.   El resumen escatol\u00f3gico que habla de las \u00ab\u00faltimas cuatro cosas\u00bb (muerte, juicio, cielo e infierno) es popular en lugar de cient\u00edfico.   Para el tratamiento sistem\u00e1tico es mejor distinguir entre (A) escatolog\u00eda individual y (B) escatolog\u00eda universal y c\u00f3smica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bajo A se incluye:\n<\/p>\n<ul>\n<li>(1) la muerte, <\/li>\n<li>(2) el juicio particular, <\/li>\n<li>(3) el cielo, o la felicidad eterna;<\/li>\n<li>(4) el purgatorio, o estado intermedio, <\/li>\n<li>(5) el infierno o castigo eterno;<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">y bajo (B):\n<\/p>\n<ul>\n<li>(1) la proximidad del fin del mundo; <\/li>\n<li> (2) la resurrecci\u00f3n de la carne; <\/li>\n<li> (3) el juicio general; <\/li>\n<li> (4) la consumaci\u00f3n final de todas las cosas.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">La superioridad de la escatolog\u00eda cat\u00f3lica consiste en el hecho de que, sin profesar  responder a todas las preguntas que la curiosidad ociosa pueda sugerir, da una declaraci\u00f3n clara, coherente y satisfactoria de todo lo que debe conocerse al presente, o puede ser provechosamente entendido, en relaci\u00f3n con los temas eternos de la vida y la muerte para cada uno de nosotros personalmente, y la consumaci\u00f3n final del cosmos del que somos parte.\n<\/p>\n<h3>Escatolog\u00eda Individual<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(1)  Muerte:<\/b>   La muerte, que consiste en la separaci\u00f3n del alma del cuerpo, es presentada bajo varios aspectos en la ense\u00f1anza cat\u00f3lica, pero principalmente:\n<\/p>\n<ul>\n<li> (a) como siendo real e hist\u00f3ricamente, en el presente orden de la Providencia sobrenatural, la consecuencia y la pena del pecado de Ad\u00e1n (G\u00e9n. 2,17; Rom. 5,12, etc.);<\/li>\n<li> (b) como el fin del per\u00edodo de prueba del hombre, el evento que decide su destino eterno (2 Cor. 5,10; Juan 9,4; Lucas 12,40; 16,19 ss; etc.), aunque no excluye un estado intermedio de purificaci\u00f3n para los imperfectos que mueren en la gracia de Dios; y<\/li>\n<li> (c) como universal, aunque en cuanto a su universalidad absoluta (para los que vivan al fin del mundo) hay un cierto margen de duda debido a 1 Tes. 4,14 ss.;  2 Cor. 15,51; 2 Tim. 4,1. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(2) Juicio Particular<\/b>:  Que el juicio particular de cada alma tiene lugar en la muerte est\u00e1 impl\u00edcito en muchos pasajes del Nuevo Testamento (Lc. 16,22 ss.; 23,43; Hch. 1,25; etc.), y en la ense\u00f1anza del Concilio de Florencia (Denzinger, Enchiridion, n. 588) respecto a la r\u00e1pida entrada de cada alma al cielo, al purgatorio o al infierno. (Vea juicio particular).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(3)  Cielo<\/b>:   El cielo es la morada de los bienaventurados, donde (despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n con cuerpos glorificados) disfrutan, en compa\u00f1\u00eda de Cristo y los \u00e1ngeles, la visi\u00f3n inmediata de Dios cara a cara, al ser elevados sobrenaturalmente por la luz de la gloria para que sean capaces de tal visi\u00f3n.   Hay grados infinitos de gloria que corresponden a los grados de m\u00e9rito, pero todos son indeciblemente felices en la posesi\u00f3n eterna de Dios.   S\u00f3lo los perfectamente puros y santos pueden entrar al cielo; pero para los que han alcanzado ese estado, ya sea en la muerte o despu\u00e9s de un curso de purificaci\u00f3n en el purgatorio, no se difiere la entrada al cielo, como se ha afirmado err\u00f3neamente a veces, hasta despu\u00e9s del juicio general.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(4) Purgatorio<\/b>:   El purgatorio es el estado intermedio de duraci\u00f3n desconocida en el que los que mueren imperfectos, pero no en pecado mortal impenitentes, siguen un curso de purificaci\u00f3n penal, para calificarlos para la admisi\u00f3n al cielo.   Comparten en la Comuni\u00f3n de los Santos y se benefician de nuestras oraciones y buenas obras (vea oraciones por los muertos). La negaci\u00f3n del purgatorio por los reformadores introdujo un espacio en blanco en su escatolog\u00eda y, a la manera de los extremos, ha dado lugar a reacciones extremas. (Vea Purgatorio).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(5)  Infierno:<\/b>   Infierno, en la ense\u00f1anza cat\u00f3lica, designa el lugar o estado del hombre (y los \u00e1ngeles) que, debido al pecado, est\u00e1n excluidos para siempre de la visi\u00f3n beat\u00edfica.  En este sentido amplio, se aplica al estado de los que mueren con s\u00f3lo el pecado original en sus almas (Concilio de Florencia, Denzinger, n. 588), aunque este no es un estado de miseria o de castigo subjetivo de ning\u00fan tipo, sino que simplemente implica la privaci\u00f3n objetiva de la felicidad sobrenatural, que es compatible con una condici\u00f3n de felicidad natural perfecta.  Sin embargo, en el sentido m\u00e1s estricto en el que ordinariamente se utiliza el nombre, el infierno es el estado de aquellos que son castigados eternamente por el pecado mortal personal sin arrepentimiento. La doctrina cat\u00f3lica no va m\u00e1s all\u00e1 de afirmar la existencia de tal estado, con diversos grados de castigo correspondientes a los grados de culpabilidad y a su duraci\u00f3n eterna o interminable.   Es una verdad terrible y misteriosa, pero es clara y enf\u00e1ticamente ense\u00f1ada por Cristo y los Ap\u00f3stoles. Los racionalistas pueden negar la eternidad del infierno, a pesar de la autoridad de Cristo, y los cristianos declarados, que no est\u00e1n dispuestos a admitirlo, puede tratar de explicar las palabras de Cristo; pero se mantiene como la soluci\u00f3n divinamente revelada del problema del mal moral. (Vea infierno).   Se han buscado soluciones rivales en alguna forma de la teor\u00eda de la restituci\u00f3n o, menos com\u00fanmente, en la teor\u00eda de la aniquilaci\u00f3n o inmortalidad condicional. El punto de vista de la restituci\u00f3n, que en su forma de origenista fue condenado en el Concilio de Constantinopla en 543, y m\u00e1s tarde en el Quinto Concilio General (Vea apocat\u00e1stasis), es el dogma cardinal del universalismo moderno, y es favorecido m\u00e1s o menos por los protestantes y anglicanos liberales.  Sobre la base de un exagerado optimismo para el que la experiencia actual no ofrece ninguna garant\u00eda, esta opini\u00f3n asume la eficacia victoriosa del ministerio de la gracia en un tiempo de prueba despu\u00e9s de la muerte, y espera por la conversi\u00f3n final de todos los pecadores y la desaparici\u00f3n voluntaria del mal moral del universo.   Por el contrario, los que apoyan la teor\u00eda de la aniquilaci\u00f3n, al no encontrar ya sea en la raz\u00f3n o en la revelaci\u00f3n ning\u00fan motivo para el optimismo, y considerando que la inmortalidad en s\u00ed misma es una gracia y no el atributo natural del alma, creen que el impenitente finalmente ser\u00e1 aniquilado o dejar\u00e1 de existir &#8212;que as\u00ed Dios en \u00faltima instancia, se ver\u00e1 obligado a confesar el fracaso de su prop\u00f3sito y poder.\n<\/p>\n<h3>Escatolog\u00eda Universal y C\u00f3smica<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(1) La Proximidad del Fin del Mundo:<\/b>   A pesar de que Cristo se neg\u00f3 expresamente a especificar el tiempo del fin (Marcos 13,32, Hch. 1,6 ss.), era una creencia com\u00fan entre los primeros cristianos de que el fin del mundo estaba cerca.   Esto parec\u00eda tener cierto apoyo en algunos dichos de Cristo en referencia a la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n, que se establecen en los Evangelios lado a lado con las profec\u00edas relacionadas con el fin (Mateo 24; Lc. 21), y en ciertos pasajes de los escritos apost\u00f3licos que, naturalmente, pueden haber sido entendidos de ese modo (pero vea 2 Tes. 2,2 ss., donde San Pablo corrige esta impresi\u00f3n).   Por otro lado, Cristo hab\u00eda declarado claramente que el Evangelio deb\u00eda ser predicado a todas las naciones antes del fin (Mt. 24,14), y San Pablo esperaba con agrado la conversi\u00f3n final del pueblo jud\u00edo como un acontecimiento remoto que ser\u00eda precedido por la conversi\u00f3n de los gentiles (Rom. 11,25 ss.).    Se habla de varios otros signos que preceder\u00e1n o anunciar\u00e1n el fin, como una gran apostas\u00eda (2 Tes. 2,3 ss.), o el alejamiento de la [[fe] o la caridad (Lc. 18,8; 17,26; Mt. 24,12), el reinado del Anticristo, y grandes calamidades sociales y aterradoras convulsiones f\u00edsicas. Sin embargo, el final vendr\u00e1 inesperadamente y tomar\u00e1 por sorpresa a los vivos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(2) La Resurrecci\u00f3n de la Carne:<\/b>    La venida visible (parousia) de Cristo en poder y gloria ser\u00e1 la se\u00f1al para la resurrecci\u00f3n de los muertos (Vea resurrecci\u00f3n general). Es la ense\u00f1anza cat\u00f3lica que todos los muertos que han de ser juzgados resucitar\u00e1n, los malvados as\u00ed como los justos, y que se levantar\u00e1 con los cuerpos que ten\u00edan en esta vida. Pero no hay nada definido en cuanto a lo que se requiere para constituir esta identidad del resucitado y transformado con el cuerpo presente.   Aunque no est\u00e1 formalmente definido, es lo suficientemente seguro que habr\u00e1 s\u00f3lo una resurrecci\u00f3n general, simult\u00e1nea para buenos y malos (Ve milenarismo).   En cuanto a las cualidades de los cuerpos resucitados, en el caso de los justos tenemos la descripci\u00f3n de San Pablo en 1 Cor. 15 (cf. Mt. 13,43; Flp. 3,21) como base para la especulaci\u00f3n |teol\u00f3gica, pero en el caso de los condenados s\u00f3lo podemos afirmar que sus cuerpos ser\u00e1n incorruptibles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(3) El Juicio General<\/b>:    En cuanto al juicio general no hay nada de importancia que debe a\u00f1adirse a la descripci\u00f3n gr\u00e1fica del evento dada por Cristo mismo, quien ser\u00e1 el juez (Mt. 25, etc.) (Ver juicio general).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>(4) La Consumaci\u00f3n de Todas las Cosas:<\/b>    Tambi\u00e9n se dice que el universo f\u00edsico compartir\u00e1 la consumaci\u00f3n general (2 Pedro 3,13; Rom. 8,19 ss.; Apoc. 21,1 ss). El cielo y la tierra actuales ser\u00e1n destruidos, y un cielo nuevo y una tierra tomar\u00e1n su lugar.   Pero no se revela qu\u00e9 envolver\u00e1 precisamente este proceso, o para qu\u00e9 prop\u00f3sito servir\u00e1 el mundo renovado.  Posiblemente sea parte del glorioso Reino de Cristo el que \u00abno tendr\u00e1 fin\u00bb. El reinado militante de Cristo cesar\u00e1 con la realizaci\u00f3n de su cargo como juez (1 Cor. 15,24 ss.), pero como el Rey de los elegidos a quienes ha salvado, reinar\u00e1 con ellos en la gloria por siempre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Toner, Patrick. \u00abEschatology.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. 13 Feb. 2012  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/05528b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(gr., eschatos, \u00faltimo y logos, declaraci\u00f3n ordenada). El estudio de las \u00faltimas cosas que suceder\u00e1n en la tierra en esta edad. 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