{"id":6014,"date":"2016-02-05T02:23:18","date_gmt":"2016-02-05T07:23:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escritura\/"},"modified":"2016-02-05T02:23:18","modified_gmt":"2016-02-05T07:23:18","slug":"escritura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escritura\/","title":{"rendered":"ESCRITURA"},"content":{"rendered":"<p>Eze 32:16 eran obra de Dios, y la e era e de Dios<br \/>\nDan 5:25 la e que traz\u00f3 es: Mene, Mene, Tekel<br \/>\nMat 22:29; Mar 12:24 ignorando las E y el poder de<br \/>\nMar 12:10 \u00bfni aun esta e hab\u00e9is le\u00eddo: La piedra<br \/>\nLuk 4:21 hoy se ha cumplido esta E delante de<br \/>\nLuk 24:27 en todas las E lo que de \u00e9l dec\u00edan<br \/>\nLuk 24:32 \u00bfno ard\u00eda .. cuando nos abr\u00eda las E?<br \/>\nLuk 24:45 abri\u00f3 el .. para que comprendiesen las E<br \/>\nJoh 2:22 creyeron la E y la palabra que Jes\u00fas hab\u00eda<br \/>\nJoh 5:39 escudri\u00f1ad las E; porque a vosotros os<br \/>\nJoh 10:35 si .. (y la E no puede ser quebrantada)<br \/>\nJoh 20:9 porque a\u00fan no hab\u00edan entendido la E<br \/>\nAct 8:35 comenzando desde esta e, la anunci\u00f3<br \/>\nAct 17:11 escudri\u00f1ando cada d\u00eda las E para ver si<br \/>\nAct 18:24 var\u00f3n elocuente, poderoso en las E<br \/>\nAct 18:28 demostrando por las E que Jes\u00fas era<br \/>\nRom 15:4 por la .. de las E, tengamos esperanza<br \/>\n1Co 15:3 que Cristo muri\u00f3 .. conforme a las E<br \/>\nGal 3:8 la E .. dio de antemano la buena nueva<br \/>\nGal 3:22 la E lo encerr\u00f3 todo bajo pecado, para<br \/>\n2Ti 3:15 la ni\u00f1ez has sabido las Sagradas E<br \/>\n2Ti 3:16 toda la E es inspirada por Dios, y \u00fatil<\/p>\n<hr>\n<p>Se asume generalmente que las formas m\u00e1s primitivas de la escritura eran pictogr\u00e1ficas, no fon\u00e9ticas. Las ideas se registraban por medio de dibujos, o s\u00ed\u00admbolos de sensaciones, antes que por s\u00ed\u00admbolos de sonidos.<\/p>\n<p>Evidentemente la etapa siguiente en la historia de la escritura fue la introducci\u00f3n del fonograma, tipo de signo indicando un sonido. Al principio esto se lograba mediante el principio del jerogl\u00ed\u00adfico, vale decir, utilizando objetos que tienen un nombre que suena como el sonido de la palabra que el escritor desea transmitir, aun cuando el significado del objeto representado es enteramente diferente. Los egipcios tienen el cr\u00e9dito de ser los primeros en desarrollar un sistema alfab\u00e9tico de escritura. No obstante ellos no consideraron necesidad alguna de abandonar sus ideogramas, signos determinantes y caracteres sil\u00e1bicos, simplemente porque ten\u00ed\u00adan letras alfab\u00e9ticas. Sencillamente usaron los cuatro tipos de signos al escribir su lenguaje.<\/p>\n<p>El origen del alfabeto \u2020\u0153fenicio\u2020\u009d se halla en los jerogl\u00ed\u00adficos alfab\u00e9ticos de las Inscripciones Sina\u00ed\u00adticas de Serabit el-Khadim (escritos alg\u00fan tiempo entre 1900 y 1500 a. de J.C.; los c\u00e1lculos de los eruditos var\u00ed\u00adan). La idea para su alfabeto vino de Egipto, pero en lugar de recurrir al ideograma y signos sil\u00e1bicos, ellos se contentaron con s\u00ed\u00admbolos alfab\u00e9ticos escogidos sobre la base de la acrofon\u00ed\u00ada. Es decir, el primer sonido del nombre del objeto representado transmit\u00ed\u00ada la unidad alfab\u00e9tica deseada.<\/p>\n<p>Durante los siglos que siguieron este tipo sina\u00ed\u00adtico de escritura (o modificaciones del mismo), se cultiv\u00f3 en Cana\u00e1n para objetos del hogar como dagas, anillos, jarros, ollas, y se han hallado placas con inscripciones breves, mayormente de muy incierta interpretaci\u00f3n. Pero una forma de escritura alfab\u00e9tica totalmente diferente asumi\u00f3 gran importancia durante este per\u00ed\u00adodo (1800-1400 a. de J.C.), es decir, el alfabeto cuneiforme asociado con Ras Shambra, o Ugarit. A diferencia del cuneiforme de Babilonia y Asiria, esta clase de cuneiforme representaba un alfabeto de 29 o 30 caracteres, todos ellos pertenecientes a consonantes (salvo que tres de ellos indicaban el tipo de vocal aparecido despu\u00e9s de aleph, sea a, i [o, e], o u). Este muy primitivo dialecto cananeo (porque el ugar\u00ed\u00adtico est\u00e1 mucho m\u00e1s cerca del heb. b\u00ed\u00adblico que cualquier otro idioma sem\u00ed\u00adtico) conten\u00ed\u00ada varias consonantes que no aparecen en ninguna de las escrituras noroccidentales sem\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>La inscripci\u00f3n en el sarc\u00f3fago (f\u00e9retro de piedras) del rey Ahiram es fechada por varias autoridades entre antes de 1250 y hasta 1000 (Dunand abogando por la \u00faltima fecha, sostiene que la inscripci\u00f3n Shaphatbaal data de siglos antes). Esta escritura tiene el alfabeto de 22 letras, destinado a prevalecer desde entonces en todos los idiomas sem\u00ed\u00adticos noroccidentales (fenicio, hebreo, moabita, arameo y sir\u00ed\u00adaco). El documento israelita m\u00e1s antiguo que ha sobrevivido en esta escritura es el Calendario Gezer, de cerca del 900 a. de J.C., o unas pocas d\u00e9cadas antes. Es muy probable que Mois\u00e9s haya usado un tipo protofenicio de escritura antes que cualquier clase de cuneiforme. La pr\u00f3xima inscripci\u00f3n heb. de importancia despu\u00e9s del Calendario Gezer, fue la Inscripci\u00f3n de Silo\u00e9, grabada en el muro del t\u00fanel subterr\u00e1neo cavado a trav\u00e9s del estanque de Silo\u00e9 probablemente en preparaci\u00f3n para el sitio de Jerusal\u00e9n por Senaquerib en 701 a. de J.C. Aqu\u00ed\u00ad vemos una tendencia hacia el estilo de escritura de manuscrito de m\u00e1s fluidez, antes que la severa angularidad del estilo monumental.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del exilio de Babilonia, la as\u00ed\u00ad llamada escritura paleohebrea fue retenida para algunos tipos de texto, como los libros del Pentateuco, porque fragmentos de Lev\u00ed\u00adtico y \u00e9xodo han sido descubiertos en las cuevas de Qumr\u00e1n, fechados seg\u00fan estimaci\u00f3n de algunos eruditos hacia fines del cuarto siglo.<\/p>\n<p>Es importante observar que los griegos recibieron el alfabeto de los fenicios y arameos, tal vez por medio del contacto con sus mercaderes. Los grupos tribales hel\u00e9nicos hallaron expresiones escritas para su idioma a trav\u00e9s del alfabeto fenicio que proporcion\u00f3 las primeras 22 letras del alfabeto gr. (es decir, desde alpha hasta tau). Las letras sem\u00ed\u00adticas que expresaban sonidos no usados por los griegos fueron adaptadas para expresar vocales.<\/p>\n<p>Este, pues, fue el instrumento escrito que en la providencia de Dios vino a ser usado para transmitir el mensaje de redenci\u00f3n que se halla en las escrituras del NT. Los romanos derivaron su alfabeto lat. de la forma occidental del alfabeto gr., omitiendo de \u00e9l aquellas letras usadas por los griegos orientales que eran innecesarias para expresar los sonidos de la lengua lat. Este es por lo tanto el alfabeto que ha descendido hacia nosotros hasta el presente, derivando al fin de los semitas de la Tierra Santa.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Para el a\u00f1o 3000  a. de J.C. , tanto los sumerios de la parte m\u00e1s baja del valle Tigris-Eufrates como los egipcios del Nilo hab\u00ed\u00adan desarrollado ciertos sistemas de escritura que empezaron con figuras de una especie de escritura pict\u00f3rica que despu\u00e9s se transformaron en s\u00ed\u00admbolos m\u00e1s convencionales. La escritura cuneiforme, o caracteres regulares que fueron grabados en arcilla o piedra por los sumerios y sucesores eran pict\u00f3ricos en su etapa m\u00e1s temprana. Con el tiempo, sin embargo, lo concreto vino a representar lo abstracto. El disco solar representaba no solamente al sol, sino tambi\u00e9n los conceptos de d\u00ed\u00ada y tiempo. Esta manera de usarlos se llam\u00f3 ideograma o m\u00e1s correctamente, s\u00ed\u00admbolos de palabras. En su desarrollo m\u00e1s avanzado, los caracteres cuneiformes vinieron a representar el valor fon\u00e9tico de las palabras, sin tener relaci\u00f3n con su significado pict\u00f3rico. Esta \u00faltima etapa se conoce como fonograma que provee el material del cual un alfabeto se desarroll\u00f3.<br \/>\nEn su desarrollo final el sistema cuneiforme ten\u00ed\u00ada algunos caracteres que se designan como pol\u00ed\u00adfonos, v.  g.  aquellos con m\u00e1s de un valor fon\u00e9tico. Otros son hon\u00f3fonos, caracteres que representan diferentes objetos pero se pronuncian con el mismo valor fon\u00e9tico. Adem\u00e1s, la escritura cuneiforme us\u00f3 determinativos, s\u00ed\u00admbolos que aparecen antes o despu\u00e9s de ciertas palabras sin que se lean. Algunas clases de palabras como deidades, pa\u00ed\u00adses, monta\u00f1as, p\u00e1jaros y plurales son regularmente indicadas por determinativos. La mayor\u00ed\u00ada de ellas se colocan delante de la palabra que est\u00e1n designando; pero algunas, especialmente aquellas de origen sumerio, son colocadas despu\u00e9s de la palabra. Un invento m\u00e1s avanzado para salvaguardar la lectura de s\u00ed\u00admbolos ambiguos es el complemento fon\u00e9tico. Por ejemplo, si un s\u00ed\u00admbolo puede leerse como \u2020\u0153dios\u2020\u009d o \u2020\u0153cielo\u2020\u009d, para ayudar en la lectura se da un complemento fon\u00e9tico en la s\u00ed\u00adlaba final de la palabra en la que se supone pod\u00ed\u00ada ser usado como ap\u00e9ndice.<br \/>\nUno de los ejemplos m\u00e1s antiguos de escritura egipcia es la paleta pizarra de Narmer (Menes), el fara\u00f3n que uni\u00f3 a Egipto y fund\u00f3 la primera dinast\u00ed\u00ada, de acuerdo con Maneto. En la parte superior de la paleta est\u00e1 escrito el nombre del rey entre dos cabezas de Hator. El nombre de Narmer est\u00e1 escrito usando dos figuras \u2014el n\u2020\u2122ar\u2014 pez y el mercincel. La paleta conmemora una victoria del rey sobre la gente del delta egipcio.<br \/>\nLos comienzos de la escritura jerogl\u00ed\u00adfica son paralelos a los de la cuneiforme; sin embargo, Egipto fue m\u00e1s conservador en su aproximaci\u00f3n al lenguaje. Las inscripciones de jerogl\u00ed\u00adficos m\u00e1s antiguas conocidas presentan esencialmente el mismo m\u00e9todo de escritura que las inscripciones fechadas tres mil a\u00f1os m\u00e1s tarde. Junto con esta forma m\u00e1s antigua conocida como jerogl\u00ed\u00adficos o escritura sagrada, los egipcios inventaron dos escrituras cursivas conocidas como escritura hier\u00e1tica y escritura dem\u00f3tica. Los jerogl\u00ed\u00adficos continuaron siendo usados en los monumentos. Los sacerdotes usaron la escritura hier\u00e1tica para copiar ciertas composiciones literarias tales como *El Libro de los Muertos. La escritura dem\u00f3tica, que era la popular comenz\u00f3 en el tiempo de los Tolomeos. A diferencia del alfabeto cuneiforme que estuvo en uso a trav\u00e9s de la f\u00e9rtil media luna, la escritura egipcia fue esencialmente nacional. V\u00e9ase ALFABETO.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Arqueol\u00f3gico<\/b><\/p>\n<p>En el Oriente Medio aparece la e. alrededor de tres mil a\u00f1os a.C. Hay testimonios desde esa \u00e9poca en e. pictogr\u00e1fica, cuneiforme y en jerogl\u00ed\u00adficos. Entre los pueblos semitas fue que se invent\u00f3 el \u2020\u00a2alfabeto, cuando se dieron cuenta de que pod\u00ed\u00adan representar mediante signos escritos los fonemas de su lenguaje, que eran unos treinta. Antes de ese desarrollo, el avance m\u00e1s significativo hab\u00ed\u00ada sido la escritura cuneiforme, para la cual se utilizaban ladrillos o tablillas de barro, haci\u00e9ndose incisiones en ellos. En ese tipo de escritura cada s\u00ed\u00adlaba se representaba con un signo. La necesidad de escribir en otras superficies que no fueran el barro condujo a la b\u00fasqueda de un m\u00e9todo de escritura mediante l\u00ed\u00adneas que se trazaban sobre ellas. En algunas ciudades de Israel los arque\u00f3logos han encontrado inscripciones en las cuales se utiliz\u00f3 un alfabeto muy primitivo, que ha sido denominado \u2020\u0153protocananeo\u2020\u009d. A otras que han sido descubiertas en la pen\u00ed\u00adnsula de Sina\u00ed\u00ad se les denomina \u2020\u0153protosina\u00ed\u00adticas\u2020\u009d. El alfabeto m\u00e1s antiguo, el fenicio, consta de unas veintid\u00f3s letras y apareci\u00f3 alrededor del a\u00f1o 1100 a.C. Este fue el adoptado por Israel y otros pueblos. Finalmente hicieron lo mismo los arameos y los griegos. El alfabeto fenicio no ten\u00ed\u00ada signos para las vocales. \u00e9stas fueron introducidas por los griegos. Los egipcios y otros pueblos del Oriente Medio acostumbraban escribir de izquierda a derecha.<\/p>\n<p>En piedra. Los documentos arqueol\u00f3gicos dan testimonio de que la piedra era una superficie muy usada para escribir. Los reyes del Oriente Medio acostumbraban levantar monumentos en los cuales dejaban un registro de sus victorias. Son innumerables las estelas, pir\u00e1mides, columnas, etc\u00e9tera, donde se encuentran estas leyendas. El pueblo de Israel no se distingui\u00f3 en esta actividad al principio.<br \/>\nDiez Mandamientos fueron escritos en piedra en tiempos de Mois\u00e9s, pero esto representa m\u00e1s bien una excepci\u00f3n. La prueba de ello es que para la construcci\u00f3n del \u2020\u00a2templo fue necesario buscar obreros para trabajar la piedra (2Sa 5:11). Como el territorio de Israel fue escenario de muchas invasiones, guerras y destrucciones, no se encuentran en \u00e9l muchas inscripciones monumentales.<\/p>\n<p>En barro. Este material, por su abundancia, era el m\u00e1s utilizado en Mesopotamia, especialmente en forma de tablilla o de ladrillo. Los arque\u00f3logos han encontrado \u2020\u00a2bibliotecas enteras ( \u2020\u00a2Hammurabi). No hay referencias b\u00ed\u00adblicas espec\u00ed\u00adficas acerca de este tipo de escritura, a menos que las palabras de Eze 4:1 se refieran a ello (\u2020\u0153T\u00fa, hijo de hombre, t\u00f3mate un adobe, y ponlo delante de ti, y dise\u00f1a sobre \u00e9l la ciudad de Jerusal\u00e9n\u2020\u009d).<\/p>\n<p>En papiro. Esta planta era muy abundante en el Nilo y en algunos pantanos en Israel. El tallo, de forma triangular, se cortaba en largas tiras, las cuales se pon\u00ed\u00adan sobre una superficie plana, unas junto a otras, con dos capas superpuestas horizontal y verticalmente. Luego se aplicaba presi\u00f3n sobre ellas para que se mezclaran, resultando una capa muy homog\u00e9nea que se secaba al sol. Este material ofrec\u00ed\u00ada una superficie excelente para la e. Durante muchos siglos el papiro fue utilizado ampliamente para todo tipo de documentos hasta la introducci\u00f3n del papel, que vino de China entre los siglos VII y X d. C.<\/p>\n<p>En pieles de animales. En el Oriente Medio era com\u00fan la utilizaci\u00f3n de pieles de ovejas, cabras y ternero para escribir sobre ellas. Generalmente se usaba el lado del pelo, pero en caso necesario se escrib\u00ed\u00ada de ambos lados (Eze 2:10). Los griegos desarrollaron un tratamiento a las pieles que facilitaba la e. en las dos caras. Al producto as\u00ed\u00ad obtenido se le dio el nombre de \u2020\u00a2pergamino, por haber sido, seg\u00fan la tradici\u00f3n, inventado en la ciudad de \u2020\u00a2P\u00e9rgamo. No hay referencias b\u00ed\u00adblicas sobre el uso de pieles para fines de e. Los documentos m\u00e1s antiguos con este material que se han encontrado en Israel son los manuscritos del mar Muerto. \u2020\u00a2Qumr\u00e1n.<\/p>\n<p>En sellos. Los reyes y funcionarios p\u00fablicos acostumbraban labrar un sello personal, generalmente en forma de anillo, en el cual se inclu\u00ed\u00ada alguna figura y el nombre del due\u00f1o, con indicaci\u00f3n del cargo. Estos sellos se utilizaban para certificar la posesi\u00f3n de alg\u00fan objeto o indicar su procedencia. Si se trataba de cer\u00e1mica, el sello era puesto antes de poner el barro en el fuego. \u2020\u00a2Jezabel orden\u00f3 la muerte de \u2020\u00a2Nabot escribiendo unas cartas en nombre de \u2020\u00a2Acab \u2020\u0153y las sell\u00f3 con su anillo\u2020\u009d (1Re 21:8). Se han encontrado muchos sellos en yacimientos arqueol\u00f3gicos en Israel.<\/p>\n<p>En alfarer\u00ed\u00ada. Es abundant\u00ed\u00adsima la cantidad de documentos arqueol\u00f3gicos que se han encontrado en piezas de alfarer\u00ed\u00ada, ya sea objetos completos o en trozos que fueron utilizados como superficie para escribir. Inscripciones que indican el nombre del propietario del objeto son frecuentes. Tambi\u00e9n para se\u00f1alar alguna medida de capacidad en recipientes. Los arque\u00f3logos llaman \u2020\u0153ostraca\u2020\u009d a los trozos de cer\u00e1mica usados como superficie para escribir. La palabra \u2020\u0153ostracismo\u2020\u009d viene del hecho de que entre los griegos se usaban esos trozos de cer\u00e1mica para votar si alguien deb\u00ed\u00ada ser enviado al exilio. Hab\u00ed\u00ada que escribir en ellos el nombre del individuo. Por su escaso valor, este material era utilizado para asuntos que no fueran muy importantes, o cuando no hab\u00ed\u00ada papiro disponible, o por causas de apremio circunstancial. \u2020\u00a2Ostraca.<\/p>\n<p>En metal. Diversos objetos y joyas recib\u00ed\u00adan inscripciones, generalmente con el nombre del due\u00f1o, o con una dedicatoria. La \u2020\u00a2mitra de oro del sumo sacerdote israelita llevaba una inscripci\u00f3n que dec\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Santidad a Jehov\u00e1\u2020\u009d (Exo 28:36-38). Se han encontrado palabras escritas sobre plata, plomo y bronce. En \u2020\u00a2Qumr\u00e1n se encontr\u00f3 un rollo de cobre con una lista contentiva de unos tesoros que se hab\u00ed\u00adan escondido por todo Israel.<\/p>\n<p>En madera. En estatuas, sarc\u00f3fagos y diversos enseres se hac\u00ed\u00adan inscripciones. Una referencia b\u00ed\u00adblica sobre esto es el caso de la \u2020\u00a2vara de Aar\u00f3n (-10). El profeta Ezequiel escribi\u00f3 sobre madera un or\u00e1culo sobre la futura uni\u00f3n de Israel y Jud\u00e1 (Eze 37:16-23).<\/p>\n<p>En cera. Se tomaba un trozo de madera sobre el cual se pon\u00ed\u00ada cera. Este m\u00e9todo permit\u00ed\u00ada que la superficie fuera usada muchas veces, pues se pod\u00ed\u00ada borrar lo escrito. Esto fue lo que utiliz\u00f3 \u2020\u00a2Zacar\u00ed\u00adas, el padre de Juan el Bautista, cuando para escribir el nombre (\u2020\u0153Pidiendo una tablilla, escribi\u00f3, diciendo: Juan es su nombre\u2020\u009d [Luc 1:63]).<\/p>\n<p>En marfil. Este material, usado con fines decorativos, sirvi\u00f3 tambi\u00e9n como superficie para escribir. En algunas piezas de marfil se escrib\u00ed\u00adan letras que serv\u00ed\u00adan para facilitar su ensamblaje posterior. Tambi\u00e9n son comunes las dedicatorias a dioses.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, ABEC<\/p>\n<p>ver, AMARNA, ABRAHAM, CREACI\u00ed\u201cN, ALFABETO<\/p>\n<p>vet, La primera menci\u00f3n de escritura en la Biblia aparece con ocasi\u00f3n de la derrota de Amalec (Ex. 17:14). Mois\u00e9s hab\u00ed\u00ada sido instruido en toda la sabidur\u00ed\u00ada de los egipcios, y en todos sus antiguos monumentos hallamos escritura. Otras menciones dan tambi\u00e9n evidencia de un antiqu\u00ed\u00adsimo uso de la escritura. Los aztecas registraban sus leyes, ritos, y ten\u00ed\u00adan un complejo sistema de cronolog\u00ed\u00ada. Los escritos mejicanos parecen una colecci\u00f3n de dibujos. Los chinos, que afirman haber tenido la escritura desde tiempo inmemorial, con genealog\u00ed\u00adas innumerables, guardan sus registros en sus 80.000 caracteres, para los que tienen 214 radicales. Tanto el relato como el libro de Job son considerados como de suma antig\u00fcedad. All\u00ed\u00ad se habla no s\u00f3lo de escritura, sino de un libro: \u00ab\u00c2\u00a1Qui\u00e9n me diese ahora que mis palabras fuesen escritas! \u00c2\u00a1Qui\u00e9n me diese que se inscribiesen en un libro; que con cincel de hierro y con plomo fuesen esculpidas en piedra para siempre!\u00bb (Jb. 19:23, 24). Esto \u00faltimo se refiere a esculpir sus palabras en una roca, y rellenarlas con plomo. La escritura sobre piedra se practicaba en el antiguo Egipto. Un ejemplo es el obelisco de Cleopatra, ahora en Londres. Notable fue el descubrimiento de la piedra de Rosetta. El hecho de tener escrito el mismo texto en egipcio, dem\u00f3tico y griego posibilit\u00f3 el descifrado de los jerogl\u00ed\u00adficos egipcios. Los registros escritos m\u00e1s antiguos hasta ahora descubiertos se hallaron en Uruk, al sur de Babilonia. All\u00ed\u00ad se hallaron unos sellos cil\u00ed\u00adndricos, y tabletas de arcilla escritas con ideogramas cuneiformes. Los semitas babil\u00f3nicos, herederos de la cultura sumeria, adoptaron la escritura cuneiforme (de \u00abcunneus\u00bb, lat\u00ed\u00adn, especie de estilete con el que se hac\u00ed\u00adan marcas sobre tabletas de arcilla h\u00fameda). Las excavaciones efectuadas en Mesopotamia han sacado a la luz innumerables tabletas de arcilla cocida escritas de esta forma. Las tabletas de Tell el-Amarna, en n\u00famero de trescientas, demuestran que se empleaban tambi\u00e9n en Egipto para las relaciones diplom\u00e1ticas (ver AMARNA). Otros descubrimientos de gran importancia han sido los de Ras Shamra en Ugarit, al norte de Siria (1929-1937) y los de Ebla, en Tell Mardikh (1964-1973). En el de Ebla se han hallado las tabletas escritas con un alfabeto \u00abprotohebreo\u00bb anterior a Abraham (v\u00e9anse ABRAHAM, \u00faltima secci\u00f3n, y CREACI\u00ed\u201cN). Por otra parte, F. Petrie descubri\u00f3, a principios de siglo, documentos escritos en alfabeto protosem\u00ed\u00adtico que se remontan al siglo XV a.C., en la pen\u00ed\u00adnsula del Sina\u00ed\u00ad, en Serabit el Kadem. Que se hallaran en el mismo pa\u00ed\u00ads donde Mois\u00e9s recibi\u00f3 la orden de escribir no deja de ser un dato sumamente significativo. Los israelitas pudieron haber tenido al principio un sistema de jerogl\u00ed\u00adficos. Todos los alfabetos han sido relacionados por Gesenio con el fenicio. Se afirma generalmente que el alfabeto fenicio se deriv\u00f3 del hier\u00e1tico egipcio. Del fenicio se derivaron el alfabeto hebreo arcaico, de \u00e9ste el samaritano, y luego el moderno hebreo cuadrado. Sin embargo, esta conexi\u00f3n es puesta por otros en tela de juicio. El doctor Poole, escribiendo en anteriores ediciones de la Enciclopedia Brit\u00e1nica, dec\u00ed\u00ada que si el alfabeto fenicio se hubiera derivado del egipcio, sus nombres describir\u00ed\u00adan los signos originales. En cambio, \u00abalef\u00bb significa un buey, no un \u00e1guila; \u00abbet\u00bb, una casa, no un p\u00e1jaro; \u00abgu\u00ed\u00admel\u00bb, un camello, no un cesto. No se halla ninguna coincidencia entre ambos. Se puede se\u00f1alar que el mismo Dios escribi\u00f3 los Diez Mandamientos en las piedras que El entreg\u00f3 a Mois\u00e9s. En las \u00abdiez palabras\u00bb se halla todo el alfabeto hebreo, a excepci\u00f3n de la letra \u00abtet\u00bb. La escritura es una actividad tan abstracta que no se ha sabido de ning\u00fan pueblo en estado de barbarie que diera inicio a ning\u00fan sistema de escritura sin haber visto muestras de este maravilloso arte. Es bien conocido el caso de un misionero que una vez escribi\u00f3 en un trozo de madera el nombre de un utensilio que necesitaba, y se lo dio a un jefe, pidi\u00e9ndole que lo llevara a su mujer. El hombre le pregunt\u00f3 qu\u00e9 le ten\u00ed\u00ada que decir. No le ten\u00ed\u00ada que decir nada: s\u00f3lo llevarle la madera. Se la llev\u00f3, y qued\u00f3 asombrado cuando la esposa del misionero tir\u00f3 el trozo de madera, y le dio la herramienta. Estaba m\u00e1s all\u00e1 de su capacidad de comprensi\u00f3n que unas marcas en un trozo de madera pudieran ser portadoras de un mensaje. Era para \u00e9l un profundo misterio: colg\u00f3 el trozo de madera alrededor de su cuello, y contaba frecuentemente la maravilla que hab\u00ed\u00ada hecho. Pero nosotros estamos tan familiarizados con la escritura que no consideramos que se trate de nada misterioso. Sin embargo, hay cosas muy profundas implicadas en ella. Nuestros pensamientos tienen que ser expresados en palabras, nuestras palabras est\u00e1n compuestas de fonemas. Cada uno de estos fonemas, en el sistema alfab\u00e9tico, est\u00e1 representado por una o m\u00e1s letras. Estas traen a la mente el mismo sonido, la misma palabra al ser encadenadas r\u00e1pidamente en el proceso de lectura, lo que lleva a la mente del que lee los mismos pensamientos que pasaban por la mente del escritor. \u00bfNo se trata la escritura de un don maravilloso de Dios? (V\u00e9ase tambi\u00e9n ALFABETO.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[552]<br \/>\n Es la trascripci\u00f3n en grafemas de diversos tipos, los datos, pensamientos o sentimientos que laten en la mente humana.<\/p>\n<p>    Surgi\u00f3 en las culturas mesopot\u00e1micas (babil\u00f3nicas, caldeas, asirias) hacia el 3000 antes de Cristo en formas ideogr\u00e1ficas (cuneiforme en Mesopotamia), jerogl\u00ed\u00adfica, dem\u00f3tica, sacerdotal en Egipto. Tambi\u00e9n en Oriente surgieron diversos alfabetos como el s\u00e1nscrito que hicieron posible multitud de modelos en los que se depositaron los libros religiosos y profanos del Oriente.<\/p>\n<p>     Experiment\u00f3 un incremento portentoso hacia el VIII, cuando los fenicios usaron la forma abreviada de los fonogramas (que fueron 24). De ella nacieron los diversos alfab\u00e9ticos fonogr\u00e1ficos, (unos 200 conocidos), algunos de los cuales, el griego, el latino, el \u00e1rabe, fueron soporte de casi todos los documentos y libros cultos de la antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>La Biblia los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento<\/p>\n<p>\tAlgunas religiones tienen su \u00abEscritura\u00bb o \u00abEscrituras\u00bb, donde se conserva la comunicaci\u00f3n (\u00abrevelaci\u00f3n\u00bb) de Dios. La Escritura de cada religi\u00f3n intenta responder a los deseos m\u00e1s profundos de la humanidad. Los cristianos disponemos de las Escrituras del Antiguo Testamento (del pueblo de Israel) y las del Nuevo Testamento. Los \u00ablibros\u00bb en que se contienen las Escrituras constituyen la \u00abBiblia\u00bb. En esos libros de la Escritura se contiene la revelaci\u00f3n escrita bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y se narra y explica la Alianza de Dios con su Pueblo.<\/p>\n<p>\tLas Escrituras que tenemos los cristianos est\u00e1n en la \u00abBiblia\u00bb (conjunto de 73 libros). La comunidad eclesial, guiada por sus pastores, ha reconocido estos libros como aut\u00e9nticos (\u00abcan\u00f3nicos\u00bb), es decir, portadores de la Palabra de Dios. Es, pues, la Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica de la Iglesia la garante de la autenticidad de la Escritura, que es siempre carente de error. Seg\u00fan San Pablo, estas \u00abEscrituras\u00bb sostienen \u00abla esperanza\u00bb de los creyentes (cfr. Rom 15,4).<\/p>\n<p>\tPalabra revelada por Dios y su interpretaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tLa Palabra de Dios, que se fue comunicando (\u00abrevelando\u00bb) a trav\u00e9s de la historia, por medio de personas y de acontecimientos, ha sido recogida por autores \u00abinspirados por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (2Pe 1,21). Siendo Palabra de Dios, la Escritura no tiene ning\u00fan error y es portadora de una eficacia salv\u00ed\u00adfica; es Escritura \u00abinspirada por Dios\u00bb (2Tim 3,16). Dios es la causa principal, que respeta la libertad y las caracter\u00ed\u00adsticas del instrumento humano, haciendo que comunique fielmente la revelaci\u00f3n, sin ning\u00fan error en cuanto al mensaje salv\u00ed\u00adfico (cfr. DV 11-13).<\/p>\n<p>\tLa Escritura contiene la revelaci\u00f3n, pero redactada con una ayuda especial del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Tiene a Dios como verdadero autor. Los escritores inspirados son instrumentos libres, que no pierden sus caracter\u00ed\u00adsticas de psicolog\u00ed\u00ada, cultura, mentalidad, etc. Sus expresiones humanas tiene valor relativo y no est\u00e1n exentas de limitaciones. Los modos de hablar y de exponer el pensamiento (por ejemplo, con estilo sem\u00ed\u00adtico), sin contener ning\u00fan error en cuanto al mensaje salv\u00ed\u00adfico, pueden ser \u00abg\u00e9neros literarios\u00bb.<\/p>\n<p>\tLa interpretaci\u00f3n de la Escritura (por medio de la \u00abex\u00e9gesis\u00bb y \u00abhermen\u00e9utica\u00bb) busca descubrir lo que Dios quiere decir por medio de los autores sagrados. Se presta atenci\u00f3n al modo de pensar y de expresarse (\u00abg\u00e9neros literarios\u00bb), pero, sobre todo, \u00abhay que tener muy en cuenta el contenido y la unidad de toda la Escritura, la Tradici\u00f3n viva de toda la Iglesia, la analog\u00ed\u00ada de la fe\u00bb (DV 12). El sentido literal equivale al significado directo de las palabras. El sentido espiritual tiene en cuenta las realidades y acontecimientos de que hablan las palabras todo se refiere a Cristo (sentido aleg\u00f3rico), invitando a una vida santa (sentido moral) y se\u00f1alando una vida futura en el m\u00e1s all\u00e1 (sentido anag\u00f3gico). Cualquier interpretaci\u00f3n de la Escritura est\u00e1 sometida al \u00abjuicio definitivo de la Iglesia, que recibi\u00f3 de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de Dios\u00bb (ib\u00ed\u00addem).<\/p>\n<p>\tLa eficacia evangelizadora de la Escritura<\/p>\n<p>\tLa Escritura contiene la Palabra \u00abviva y eficaz\u00bb (Heb 4,12), que suscita la fe en Jes\u00fas, Dios y hombre, Salvador, muerto y resucitado, para transformar la vida humana en vida divina, hacia el Padre, por Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cfr. Ef 2,18). La comunidad eclesial, interpelada por la Escritura, queda urgida a convertirla en oraci\u00f3n, vida nueva y misi\u00f3n universal.<\/p>\n<p>Referencias Alianza, Antiguo Testamento, ex\u00e9gesis, historia de salvaci\u00f3n, inspiraci\u00f3n, Nuevo Testamento, Palabra de Dios, revelaci\u00f3n, salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lectura de documentos DV 9-26; CEC 50-141.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada L. ALONSO SCH\u00d6KEL, La Palabra inspirada (Barcelona, Herder, 1969); A. ARTOLA, J.M. SANCHEZ CAROA, Biblia y Palabra de Dios (Estella, Verbo Divino, 1994); T. CITRINI, Escritura, en Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica (Madrid, Paulinas, 1990) 515-543; A. ROBERT. A. FEUILLET, Introducci\u00f3n a la Biblia (Barcelona, Herder, 1967); P. GRELOT, La Biblia, Palabra de Dios (Barcelona, Herder, 1968); V. MANNUCCI, La Biblia como Palabra de Dios (Bilbao, Descl\u00e9e 1985); (Pontificia Comisi\u00f3n B\u00ed\u00adblica), La interpretaci\u00f3n de la Biblia en la Iglesia (1993);  K. RAHNER, Inspiraci\u00f3n de la sagrada Escritura (Barcelona, Herder, 1970).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Canonicidad y canon de la Biblia: 1. La Biblia como libro y como problema teol\u00f3gico: a) El canon y la canonicidad, b) El libro y los libros, c) El dogma del canon como acto de fe en la unidad de la Biblia, d) Tradici\u00f3n y canon; 2. Historia del canon b\u00ed\u00adblico: a) Periodizaci\u00f3n, b) El cuerpo de las Escrituras de Israel, c) Las Escrituras antiguas en la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes, d) Las nuevas Escrituras cristianas, e) El discernimiento patr\u00ed\u00adstico del canon, f) El debate moderno sobre el canon y la canonicidad; 3. El problema teol\u00f3gico actual: a) Valor de los criterios de canonicidad, b) \u00ed\u00adndole del juicio de canonicidad, c) Acerca del sentido del AT como Escritura cristiana, d) Canon y ecumenismo. II. Inspiraci\u00f3n: 1. El problema; 2. El dato: a) El testimonio b\u00ed\u00adblico, b) La identificaci\u00f3n moderna del tema y el dogma cat\u00f3lico, c) La humanidad del libro sagrado y el carisma hagiogr\u00e1fico; 3. La interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica: a) La interpretaci\u00f3n por esquemas conceptuales, b) La interpretaci\u00f3n econ\u00f3mica, c) Inspiraci\u00f3n y revelaci\u00f3n. III. Texto: 1. Los hechos; 2. Texto e inspiraci\u00f3n. IV. Verdad (inerrancia) de la Escritura: 1. La inerrancia contra la sospecha de error; 2. La inerrancia como problema de verdad.<\/p>\n<p>I. CANONICIDAD Y CANON DE LA BIBLIA. 1. LA BIBLIA COMO LIBRO Y COMO PROBLEMA TEOL\u00ed\u201cGICO. a) El canon y la canonicidad. La entidad teol\u00f3gico-literaria que llamamos Biblia, tal como es reconocida en la Iglesia cat\u00f3lica romana, consta de 73 escritos, que se distinguen en dos grupos mayores: AT (46) y NT (27). El n\u00famero de los escritos recibidos en el \/juda\u00ed\u00adsmo es de 24. Se trata, obviamente, s\u00f3lo de las Escrituras que llamamos nosotros AT, exceptuando siete libros (Tob, Jud, 1 y 2Mac, Sab, Si, Bar) y de algunas secciones de Est y Dan. El c\u00f3mputo no resulta obvio a causa de algunas agrupaciones o, viceversa, subdivisiones de libros. El uso de las Iglesias protestantes coincide con el jud\u00ed\u00ado para el AT; con el de las otras confesiones cristianas para el NT.<\/p>\n<p>El elenco de las Escrituras reconocidas (y, por metonimia, su conjunto, el libro) se llama canon, es decir, regla, norma. La lista es norma eclesi\u00e1stica para la aceptaci\u00f3n de las Escrituras; \u00e9stas a su vez son norma divina para la Iglesia y para su fe. De esta manera, canonicidad es ante todo la normatividad de la Biblia para la fe y para la Iglesia; derivada, y m\u00e1s formalistamente, la pertenencia de un escrito al canon b\u00ed\u00adblico.<\/p>\n<p>b) El libro y los libros. Norma y elenco: por un lado, y ante todo, el libro, la Biblia, es visto por la fe como realidad unitaria; pero desde el punto de vista de la estructura literaria, de la ubicaci\u00f3n hist\u00f3rica y de los contenidos teol\u00f3gicos, se presenta vario, m\u00faltiple y desigual. \u00abEl libro\u00bb es a la vez los libros (biblia, de donde Biblia es un plural); por no hablar de que, dentro de gran parte de estos escritos, se replantea el problema de esta unidad completa. As\u00ed\u00ad pues, el problema teol\u00f3gico del canon es, por un lado, el del reconocimiento de la canonicidad de los escritos, y por tanto de la determinaci\u00f3n de su elenco; y, por otro, es el problema de la unidad de la Biblia dentro de la multiplicidad de las Escrituras. El condiciona intr\u00ed\u00adnsecamente la posibilidad misma de la Biblia de hacer de norma autorizada de nuestra fe. No podr\u00ed\u00ada ser norma sino de palabra, tanto si no fuese posible individuar qu\u00e9 escritos forman parte de ella como si por falta de toda l\u00f3gica interna se convirtiese en un cent\u00f3n sin sentido y acaso contradictorio.<\/p>\n<p>A los escritos b\u00ed\u00adblicos les une en primer lugar precisamente el mismo car\u00e1cter formal de su canonicidad o autoridad can\u00f3nica, que no se ha de entender s\u00f3lo en el sentido positivo, y a la postre extr\u00ed\u00adnseco e infundado, de un reconocimiento de orden eclesi\u00e1stico. La Iglesia sabe que no puede decidir los t\u00e9rminos de la Biblia y su autoridad libremente, sino que s\u00f3lo puede reconocerlos sin duda y con seguridad. La canonicidad de la Biblia o, en otras palabras, su misma biblicidad es un hecho objetivo, que precede a nuestra fe, aunque est\u00e1 orientado a ella. Es por definici\u00f3n por este aspecto, en cuanto formal, por el que la Biblia es ella misma y una. Desde el punto de vista, por as\u00ed\u00ad decir, material, esta unidad de la Biblia toma cuerpo, sin embargo, en una tradici\u00f3n de fe, cuya compleja andadura hist\u00f3rica justamente ella, la Biblia, expresa. Si se prescinde deesta referencia a lo concreto, hist\u00f3rico y material, la formalidad can\u00f3nica de los escritos b\u00ed\u00adblicos aparecer\u00ed\u00ada con el rostro desfigurado por el formalismo.<\/p>\n<p>c) El dogma del canon como acto de fe en la unidad de la Biblia. La afirmaci\u00f3n de la canonicidad de la Biblia significa entonces, en concreto, un acto de fe en la capacidad de este criterio formal de hacer de co\u00e1gulo alrededor de la cual aquella historia, aquella tradici\u00f3n, con estos escritos que la expresan y que componen el canon b\u00ed\u00adblico, puede ser correctamente interpretada. Un acto de fe, en otros t\u00e9rminos, en el hecho de que la Biblia es la palabra autorizada que interpreta con un juicio \u00faltimo y seg\u00fan Dios la historia de la tradici\u00f3n en la que ha nacido; m\u00e1s a\u00fan, nuestra misma historia en cuanto est\u00e1 en continuidad con aqu\u00e9lla. La Biblia dice el sentido que tienen seg\u00fan Dios la historia de Israel y la historia de Jes\u00fas, la historia de la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes y, a partir de ah\u00ed\u00ad, nuestra historia. En esta funci\u00f3n y desde esta perspectiva, el dogma del canon desemboca en la capacidad de la multitud de palabras y testimonios b\u00ed\u00adblicos de ser una palabra y un testimonio.<\/p>\n<p>La referencia a nuestra historia es necesaria. La Biblia no existe para s\u00ed\u00ad misma, sino para nosotros. Si bien cada uno de los escritos que la componen ha tenido un origen determinado y destinatarios primitivos muy distintos de nosotros, por otro lado est\u00e1n abiertos a un empleo ulterior por parte nuestra; y, en particular, est\u00e1 orientada a ese empleo su colecci\u00f3n, que los configura como canon. Tambi\u00e9n la llamada a la fe en sentido estricto es necesaria. La Biblia no se presenta s\u00f3lo como una hip\u00f3tesis historiogr\u00e1fica y teol\u00f3gicamente plausible de interpretaciones de la tradici\u00f3n en que naci\u00f3 y en la que es le\u00ed\u00adda, sino como su lectura aut\u00e9ntica y propiamente divina. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad puede representar para la fe una norma en su g\u00e9nero absoluta; esto es lo que se expresa con la doctrina de la inspiraci\u00f3n [\/abajo, II].<\/p>\n<p>d) Tradici\u00f3n y canon. As\u00ed\u00ad pues, en relaci\u00f3n con la tradici\u00f3n de los or\u00ed\u00adgenes y con el momento actual, la oposici\u00f3n Biblia-tradici\u00f3n, que constituy\u00f3 un cap\u00ed\u00adtulo mayor de la controversia entre catolicismo y protestantismo, aparece radicalmente insostenible. Si es insostenible una oposici\u00f3n (perspectiva tendencial cl\u00e1sica del protestantismo), por razones del todo an\u00e1logas es insostenible una yuxtaposici\u00f3n (perspectiva tendencial cl\u00e1sica del catolicismo postridentino). El problema real (porque hay un problema real; dif\u00ed\u00adcilmente surgen y se perpet\u00faan controversias de estas dimensiones sin un problema real) es el de establecer los t\u00e9rminos de una relaci\u00f3n en todo caso necesaria. La Biblia existe en la tradici\u00f3n, y no tendr\u00ed\u00ada sentido sino dentro de ella y con vistas a ella. Tambi\u00e9n las tradiciones religiosas diversas de la hebreo-cristiana tienen sus libros sagrados. Tambi\u00e9n las tradiciones de orden profano tienen con frecuencia textos fundamentales, que definen no solamente sus desarrollos accidentales, sino su identidad profunda (cf las constituciones de los Estados modernos). La tradici\u00f3n viva, no como alternativa a la Biblia, sino como historia del pueblo de los creyentes (cf DV 8), es el \u00fanico lugar en el que la Biblia se puede conservar y es posible reproponer su palabra.<\/p>\n<p>Pero la Biblia es afirmada como can\u00f3nica no s\u00f3lo por la tradici\u00f3n y en la tradici\u00f3n, sino tambi\u00e9n para la tradici\u00f3n de la \/fe. Esto significa que la tradici\u00f3n da testimonio de la Biblia como norma que la trasciende. El juicio con el que se enuncia la canonicidad de la Biblia y se identifica elcanon expresa la \u00ed\u00adndole no inmanentista de la fe y de la tradici\u00f3n de la fe. El juicio sobre la canonicidad y sobre el canon es momento intr\u00ed\u00adnseco de la autoconciencia del pueblo de Dios precisamente como pueblo que pertenece a Dios y no a s\u00ed\u00ad mismo. Por eso el desarrollo de la conciencia de la fe respecto al canon, en el AT y en el NT, forma parte de modo decisivo del desarrollo de la conciencia de la alianza en el pueblo de la antigua y de la nueva alianza, desarrollo estimulado por la \/ revelaci\u00f3n de Dios antes que por la meditaci\u00f3n de los creyentes, la cual en todo caso no es aut\u00f3noma. En cuanto a la Iglesia posapost\u00f3lica, se debe compartir la afirmaci\u00f3n de Cullmann, seg\u00fan la cual la posici\u00f3n del canon por parte de la Iglesia es un acto de humildad. Sin embargo, desde un punto de vista cat\u00f3lico no se puede aceptar que esta humildad ofrezca el rostro dial\u00e9ctico de la negaci\u00f3n del valor de la tradici\u00f3n en oposici\u00f3n a la sola Escritura. Por el contrario, la tradici\u00f3n, al reconocer el canon b\u00ed\u00adblico (la Biblia como canon), al paso que afirma la autenticidad de su fe, confiesa la necesidad de la Biblia para el mantenimiento de esta fidelidad. En qu\u00e9 t\u00e9rminos se ha de pensar esta necesidad de la Biblia y qu\u00e9 consecuencias se derivan de ah\u00ed\u00ad para la \/hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica, es precisamente la pregunta que es justo y fructuoso que se haga la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Para responder a esta pregunta no ayudan s\u00f3lo los t\u00e9rminos abstractos en los cuales enuncian la teolog\u00ed\u00ada y el dogma eclesi\u00e1stico la \u00ed\u00adndole sagrada y can\u00f3nica (concilio Tridentino: DS 1504; Vaticano I: DS 3006; 3029) de la Biblia. Testimonio significativo e importante de la fe respecto a la Biblia es la praxis de la Iglesia y de la misma teolog\u00ed\u00ada. Se comprueba el retorno, constante en el curso de los siglos, a las Escrituras como punto de referencia autorizada y autentificadora para la predicaci\u00f3n y la oraci\u00f3n, lit\u00fargica e individual; para la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, para la orientaci\u00f3n espiritual, para el discernimiento y las reformas eclesiales. En la misma Biblia encontramos enunciado este panorama de funciones: \u00abPues toda Escritura divinamente inspirada es \u00fatil para ense\u00f1ar, para reprender, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, dispuesto a hacer siempre el bien\u00bb (2Ti 3:16-17; cf 2Pe 1:19; Qo 12,11). Y el Vaticano II dicta: \u00ab(La Iglesia), juntamente con la sagrada tradici\u00f3n, las ha tenido siempre (las Escrituras), y las sigue teniendo, como regla suprema de su fe&#8230; As\u00ed\u00ad pues, es menester que toda la predicaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, as\u00ed\u00ad como la religi\u00f3n cristiana misma, se nutra y rija por la Sagrada Escritura\u00bb (DV 21). \u00abLa sagrada teolog\u00ed\u00ada estriba, como en fundamento perenne, en la palabra de Dios escrita, juntamente con la sagrada tradici\u00f3n, y en ella se robustece firm\u00ed\u00adsimamente y constantemente se rejuvenece&#8230; Con la misma palabra de la Escritura se nutre saludablemente, y santamente se vigoriza tambi\u00e9n el ministerio de la palabra, es decir, la predicaci\u00f3n pastoral, la catequesis y toda la instrucci\u00f3n cristiana, en que la homil\u00ed\u00ada es menester que tenga lugar preeminente\u00bb (DV 24).<\/p>\n<p>2. HISTORIA DEL CANON B\u00ed\u008dBLICO. El canon b\u00ed\u00adblico naci\u00f3 en una tradici\u00f3n de fe, o en todo caso en el plexo hist\u00f3rico de una pluralidad de tradiciones. Al final (y ciertamente ya durante su desarrollo, a pesar de las dispersiones y las tensiones) se las comprendi\u00f3 como historia \u00fanica; y a esta comprensi\u00f3n unitaria se debe la posibilidad de entender la Biblia como canon. Para la comprensi\u00f3n teol\u00f3gica del canon de la Biblia no podemos referirnos simplemente a un concepto abstracto de historicidad, sino que debemos considerar la historia concreta de aquella irrepetible gesta que origin\u00f3 la Biblia. Por eso la historia del canon tiene un inter\u00e9s teol\u00f3gico no accidental.<\/p>\n<p>a) Periodizaci\u00f3n. Una periodizaci\u00f3n mayor de esta historia, ligada a las estructuras teol\u00f3gicas m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticas del canon mismo, debe prever tres tiempos, que en alguna medida se entrelazan. Ante todo el tiempo del AT y del surgir del canon veterotestamentario dentro de la(s) tradici\u00f3n(es) de Israel. Luego el tiempo de Jes\u00fas y de la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes, ya sea en cuanto interpreta el AT releyendo su sentido, su estructura, su canon, ya en cuanto genera el NT. Es un tiempo bajo el signo de lo definitivo, conforme al car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la figura de Jes\u00fas, y por ello, en relaci\u00f3n con el canon, tiene car\u00e1cter esencialmente conclusivo. El tercer tiempo, que le sigue, es por tanto tiempo de reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el canon como dato autorizado ya cerrado, sobre el sentido y sobre la responsabilidad del cual queda, sin embargo, mucho que meditar y comprender.<br \/>\nb) El cuerpo de las Escrituras de Israel. La historia del canon de las Escrituras de Israel se presenta a la vez como la historia de su colecci\u00f3n en un cuerpo de escritos y como la historia de la conciencia de su autoridad. Esta conciencia es de fe, seg\u00fan se ha dicho, y por tanto implica revelaci\u00f3n. La historia de la conciencia de la fe nos ayuda, aqu\u00ed\u00ad en particular, a comprender los caminos del proceso revelador que supone, y que no se nos notifica independientemente si no es con peque\u00f1as referencias. La historia de la conciencia de la autoridad de las Escrituras no supone completada su colecci\u00f3n, en el sentido en el que luego nos preguntaremos. Es m\u00e1s, los dos procesos seentrelazan y mutuamente se condicionan hasta formar una \u00fanica historia. En efecto, la fe en la autoridad de estos textos precede y causa no s\u00f3lo su colecci\u00f3n, sino con frecuencia tambi\u00e9n su misma redacci\u00f3n; y ello es tanto m\u00e1s cierto cuanto m\u00e1s \u00e9sta supone formas textuales, escritas u orales, ya precedentemente compaginadas (fuentes), ya autorizadas por la tradici\u00f3n de la fe, de las cuales deriva luego el documento literario definitivo y can\u00f3nico.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad la autoridad de los escritos est\u00e1 ligada a la autoridad de su contenido y de su forma de proponerse a la fe de Israel: los textos legales como ley de Dios, los textos hist\u00f3ricos como memorial para la fe del pueblo de las intervenciones de Dios en los or\u00ed\u00adgenes y a lo largo de la historia de la alianza, los textos prof\u00e9ticos como interpretaci\u00f3n divina de la historia, los lit\u00fargicos como lenguaje tipo de la oraci\u00f3n de la fe, y as\u00ed\u00ad sucesivamente para los sapienciales, apocal\u00ed\u00adpticos, edificantes, etc. La historia del reconocimiento de los escritos sagrados y fundantes, es decir, can\u00f3nicos, viene a coincidir as\u00ed\u00ad con la historia de la conciencia teol\u00f3gica del pueblo de Dios, con sus desarrollos y sus involuciones, con sus maduraciones y sus crisis, con su continuidad y sus periodizaciones, con la referencia memorial a los acontecimientos instituyentes y la proyecci\u00f3n escatol\u00f3gica hacia el futuro de Dios diversamente prefigurado.<\/p>\n<p>En esta historia van tomando forma un primer grupo de Escrituras (t\u00f3rah), libro de la alianza y de la ley como fundamento del pueblo; un segundo grupo (profetas, anteriores y posteriores), libro de la interpretaci\u00f3n de la historia de Israel a la luz de la alianza gracias a la conservaci\u00f3n del don en \u00e9l de la palabra de Dios; un tercer grupo m\u00e1s heterog\u00e9neo (\u00abescritos\u00bb), libro de los desarrollos que extienden el mensaje de la ley y de los profetas en direcciones varias, podr\u00ed\u00adamos decir, como son varios los caminos de la vida en los cuales tiende a expresarse la fe.<\/p>\n<p>El primer cuerpo de escritos se cierra y hace can\u00f3nico despu\u00e9s del destierro; el segundo es conocido en su forma definitiva en tiempo del Sir\u00e1cida (principios del siglo II a.C.). El nieto del Sir\u00e1cida, que traduce al griego la obra (finales del siglo u a.C.), conoce ya una tercera serie de escritos; pero en el juda\u00ed\u00adsmo no se pronunci\u00f3 una palabra definitiva sobre este tercer cuerpo m\u00e1s que hacia finales del siglo I d.C. En tiempo de Jes\u00fas, que la fe cristiana confiesa tiempo final, escatol\u00f3gico, el canon de las Escrituras de Israel est\u00e1, pues, definido en gran parte, pero no sancionado en sus \u00faltimos particulares. Se ha hablado de formas diversas de canon (m\u00e1s amplio, alejandrino; m\u00e1s reducido, palestinense) en el juda\u00ed\u00adsmo del tiempo alrededor de Jes\u00fas. Probablemente es m\u00e1s correcto no hablar de c\u00e1nones diversos, sino m\u00e1s bien de usos parcialmente no id\u00e9nticos, no elevados a\u00fan a la definitiva rigidez can\u00f3nica en ninguna de las \u00e1reas del juda\u00ed\u00adsmo.<\/p>\n<p>c) Las Escrituras antiguas en la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes. El tiempo de los or\u00ed\u00adgenes cristianos (Jes\u00fas, Iglesia apost\u00f3lica) comprende para la historia de la Biblia la adopci\u00f3n cristiana del cuerpo de los libros sagrados de Israel y la formaci\u00f3n del NT. Las Escrituras de Israel son rele\u00ed\u00addas por Jes\u00fas y a la luz del misterio de Jes\u00fas como Escrituras que encuentran en \u00e9l su cumplimiento. En este sentido se las puede aceptar como Escrituras cristianas, y no s\u00f3lo recordadas como palabra de Dios para el pueblo de Israel. As\u00ed\u00ad se convierten en \u00abAT\u00bb (la f\u00f3rmula, referida a las Escrituras, en 2Co 3:14). Su estructura normativa es compaginada, y casi invertida; polarizada ahora definitivamente en Cristo, y no en la t\u00f3rah, lo cual no deja de plantear problemas interpretativos de amplio relieve, ya que su estructura hist\u00f3rico-literaria no puede menos de seguir siendo la veterotestamentaria. En los or\u00ed\u00adgenes de este fen\u00f3meno est\u00e1 el modo mismo de aceptar Jes\u00fas sinceramente las Escrituras de Israel y su autoridad, aunque afirmando la autoridad de su propia persona como m\u00e1s originaria que ellas y como clave para la inteligencia de su verdad \u00faltima.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la determinaci\u00f3n del canon del AT debe haberse producido en este horizonte. Una aceptaci\u00f3n material del canon jud\u00ed\u00ado no hubiera sido posible para aquella franja todav\u00ed\u00ada indeterminada que \u00e9ste presentaba en tiempos de Jes\u00fas. El criterio decisivo -m\u00e1s a\u00fan que el de la aceptaci\u00f3n y el uso personal de Jes\u00fas- parece haber sido el del cumplimiento de las Escrituras en \u00e9l, es decir, el hecho de haber sido aceptadas y reclamadas por la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes con vistas al anuncio del misterio de Cristo. Esta recepci\u00f3n y este uso no parecen haber sido determinados, para las partes a\u00fan no estabilizadas en el canon de las Escrituras jud\u00ed\u00adas, a partir de una verificaci\u00f3n anal\u00ed\u00adtica de cada uno de los escritos y de su cumplimiento en Jes\u00fas. Es presumible, en cambio, que en un primer tiempo se usaran las Escrituras para el anuncio evang\u00e9lico como un todo, sin af\u00e1n particular de determinar los criterios de canonicidad y reconocimiento; y que a todo esto, medido por el uso m\u00e1s general de las Iglesias de los or\u00ed\u00adgenes y no por el de las escuelas y las sinagogas jud\u00ed\u00adas, se refiriera la Iglesia conforme se le fue planteando m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente el problema del canon.<\/p>\n<p>d) Las nuevas Escrituras cristianas. Dentro del anuncio apost\u00f3lico del misterio de Cristo y como momento suyo, nace adem\u00e1s el NT. Los escritos que lo componen, surgidos en y de las tradiciones de las Iglesias a trav\u00e9s de itinerarios m\u00e1s r\u00e1pidos, pero no menos complejos que los que hab\u00ed\u00adan dado origen al AT, van compagin\u00e1ndose en una colecci\u00f3n de cartas paulinas (conocida ya de 2Pe, aunque no sabemos si en la forma actual) y en un grupo de cuatro escritos pertenecientes al nuevo g\u00e9nero \u00abevangelio\u00bb (a finales del siglo II la cuaterna es ya tan compacta que se puede alegorizar sobre el n\u00famero), y en otros escritos, entre ellos He, ligado al cuerpo de los evangelios por razones literarias e hist\u00f3rico-teol\u00f3gicas, y otros que se pueden situar diversamente.<\/p>\n<p>El proceso de canonizaci\u00f3n de los escritos neotestamentarios, an\u00e1logamente a lo que hab\u00ed\u00ada ocurrido para el AT, supuso discernimiento entre escritos genuinos y menos genuinos o incluso extraviados. El criterio de este discernimiento fue la memoria de Jes\u00fas transmitida aut\u00e9nticamente en las Iglesias, mientras que a su vez los escritos can\u00f3nicos fueron reconocidos en las Iglesias como la garant\u00ed\u00ada objetiva de la autenticidad de la tradici\u00f3n y de la fe. Las Iglesias no conocieron nunca un canon s\u00f3lo neotestamentario, sino que colocaron los nuevos escritos junto a las Escrituras de Israel, que se hab\u00ed\u00adan cumplido en Cristo, como coesenciales, unos y otras a su modo, para el anuncio del evangelio de Jes\u00fas, para la apolog\u00ed\u00ada, para la liturgia, para la catequesis y para la edificaci\u00f3n. Precisamente en torno a la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre AT y NT, as\u00ed\u00ad como entre las respectivas Escrituras, se abre el tercer momento de la historia de la fe respecto al canon y a la canonicidad de la Biblia.<\/p>\n<p>e) El discernimiento patr\u00ed\u00adstico del canon. El debate eclesi\u00e1stico y teol\u00f3gico sobre el canon y la canonicidad de la Biblia ya conclusa y confiada a la tradici\u00f3n posapost\u00f3lica se puede dividir en tres grandes momentos: el patr\u00ed\u00adstico, de la controversia marcionita a principios del siglo v; el momento de Lutero y de la definici\u00f3n tridentina del canon; el debate hermen\u00e9utico moderno y contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>El hereje Marci\u00f3n (mitad del siglo n) no reconoc\u00ed\u00ada el AT (alianza y libros), que atribu\u00ed\u00ada a un Dios malvado, opuesto al del NT. Tambi\u00e9n en el NT manten\u00ed\u00ada un canon especial (el \u00abevangelio\u00bb: Lc, m\u00e1s el \u00abap\u00f3stol\u00bb: 10 cartas paulinas, todo ello depurado de las citas veterotestamentarias). Ante esta postura, las Iglesias formalizaron su propia recepci\u00f3n de las Escrituras de los dos testamentos, y al menos desde entonces tuvieron un canon oficial. Para el AT no era una novedad la configuraci\u00f3n en un canon; para el NT es dif\u00ed\u00adcil ir m\u00e1s all\u00e1 de la conjetura a prop\u00f3sito del grado de explicitaci\u00f3n del canon y de sus extremos en los tiempos que precedieron a la controversia suscitada por Marci\u00f3n.<\/p>\n<p>Acerca de los confines del canon, tanto del AT como del NT, todav\u00ed\u00ada hay incertidumbres entre los padres sustancialmente hasta el siglo v (espor\u00e1dicas las referencias sucesivas). Se refieren \u00e9stas a aquellos escritos del AT que el juda\u00ed\u00adsmo no admite, y tambi\u00e9n, por razones diversas, a siete escritos del NT (Heb, Sant, 2Pe, 2Jn, 3Jn, Jud, Ap). Entre tanto, se aclar\u00f3 definitivamente el rechazo de los ap\u00f3crifos. La concordia sobre el canon se fue formando finalmente alrededor de un complejo criterio de apostolicidad de las Escrituras. Al sentido de este criterio en relaci\u00f3n con el AT se ha hecho ya referencia; la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre \u00e9l es muy compleja, y el testimonio patr\u00ed\u00adstico no formal. Para el NT apostolicidad implicaba, en un nexo dif\u00ed\u00adcil de analizar, origen apost\u00f3lico de los documentos, autoridad apost\u00f3lica de su entrega a las Iglesias, fidelidad de su contenido a la doctrina de los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Bas\u00e1ndose en el primer aspecto se suscitaron ya en la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica problemas de autenticidad literaria, en particular sobre la paternidad paulina de Heb (que, por lo dem\u00e1s, Heb no exige en rigor) y juanista de Ap. Por lo dem\u00e1s, la literatura ap\u00f3crifa se apoyaba en general precisamente en la atribuci\u00f3n de los escritos a figuras apost\u00f3licas o en todo caso de la primera generaci\u00f3n cristiana. Para comprender el problema hemos de estar atentos a no abordarlo partiendo de una concepci\u00f3n moderna de la figura del autor y de la paternidad literaria. El uso, que para nosotros es en todo caso inadmisible, de la pseudoepigraf\u00ed\u00ada (atribuci\u00f3n ficticia), en la mentalidad antigua se juzgaba con criterios m\u00e1s el\u00e1sticos y polivalentes. No es que se admitiera cualquier pseudoepigraf\u00ed\u00ada; pero se estimaba apropiada la atribuci\u00f3n a un jefe de escuela autorizado (incluso lejano) de escritos producidos dentro de la tradici\u00f3n que era heredera leg\u00ed\u00adtima suya. De ah\u00ed\u00ad ya en el AT la paternidad mosaica de toda la ley, la dav\u00ed\u00addica en general de los salmos, la salom\u00f3nica de muchos escritos sapienciales. Si se prescinde de buena parte de las cartas paulinas, puede que no haya escrito en el NT que escape a una hip\u00f3tesis m\u00e1s o menos fundada de pseudoepigraf\u00ed\u00ada. Por lo dem\u00e1s, la atribuci\u00f3n de algunos escritos es tradicional, es decir, que proviene de testimonios externos y no del escrito mismo (todos los evangelios, p.ej.).<\/p>\n<p>Hay que notar que los padres, al valorar los escritos del NT con el metro de la apostolicidad, no consideran extensible ilimitadamente este derecho a servirse del nombre de los ap\u00f3stoles. No dudan que ellos mismos son herederos leg\u00ed\u00adtimos de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica (en general son obispos, entre otras cosas); sin embargo, saben que pertenecen a una \u00e9poca que no est\u00e1 ya en condiciones de producir Escrituras. De este modo llegamos al segundo aspecto de la apostolicidad de los escritos neotestamentarios: son considerados testigos de los or\u00ed\u00adgenes, y como tales son recibidos. As\u00ed\u00ad ya el fragmento de Muratori (finales del siglo u) excluye del canon b\u00ed\u00adblico al Pastor de Hermas, aunque lo reconoce como bueno y edificante, por ser escrito reciente. Se inicia as\u00ed\u00ad (al menos por lo que sabemos) la distinci\u00f3n entre documentos b\u00ed\u00adblicos y documentos buenos de la tradici\u00f3n cristiana sucesiva; para la formaci\u00f3n del canon es casi tan necesaria como la distinci\u00f3n entre escritos conformes o disconformes respecto a la tradici\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n este tercer criterio, o sea la ortodoxia, se us\u00f3 en la era patr\u00ed\u00adstica, sobre todo para rechazar las obras de grupos her\u00e9ticos que se atribu\u00ed\u00adan origen y autoridad apost\u00f3licos (ap\u00f3crifos). Este g\u00e9nero de valoraci\u00f3n supone en la tradici\u00f3n de las Iglesias y en los obispos de los siglos ii-v una fuerte conciencia y seguridad de su capacidad de permanecer fieles (por un don del Esp\u00ed\u00adritu) a la doctrina de los ap\u00f3stoles; hasta el punto de que es leg\u00ed\u00adtimo preguntarse qu\u00e9 garant\u00ed\u00ada, apoyo y norma encuentra (y sobre todo busca) en los escritos una tradici\u00f3n ya tan segura de s\u00ed\u00ad que se considera capaz de discernir los mismos escritos bas\u00e1ndose en el contenido. En realidad, esta descripci\u00f3n del reconocimiento del canon por parte de los padres y de las Iglesias parece simplificadora. Un primado sin m\u00e1s de las Iglesias y de su magisterio respecto a los escritos neotestamentarios no existi\u00f3 jam\u00e1s; y la tan repetida f\u00f3rmula agustiniana \u00abego vero evangelio non crederem, nisi me catholicae ecclesiae commoveret auctoritas\u00bb expresa s\u00f3lo en su car\u00e1cter parad\u00f3jico la mitad (y no la m\u00e1s importante) de la actitud de latradici\u00f3n. El discernimiento de la canonicidad de los escritos neotestamentarios por parte de la comuni\u00f3n de las Iglesias en los primeros siglos fue un hecho progresivo; y el reconocimiento o rechazo, tambi\u00e9n con el metro de la ortodoxia, de los escritos m\u00e1s controvertidos se verific\u00f3 por la acci\u00f3n de las Iglesias firmemente referidas a los escritos de m\u00e1s serena apostolicidad y formados y regulados continuamente por ellos. Aunque no es f\u00e1cil indicar la medida del fen\u00f3meno, ciertamente la coherencia interna fue un factor importante de la creciente clarificaci\u00f3n del canon.<\/p>\n<p>f) El debate moderno sobre el canon y la canonicidad. La problematizaci\u00f3n del canon tradicional a principios de la \u00e9poca moderna por parte de Lutero ha estado presidida por la cuesti\u00f3n de la pureza del evangelio, es decir, por la capacidad de las Escrituras de comunicar (\u00aburgere\u00bb) a Cristo como \u00fanica palabra de salvaci\u00f3n de Dios para nosotros. Al asumir como criterio de canonicidad -evidentemente seg\u00fan su propia comprensi\u00f3n- la doctrina de la justificaci\u00f3n por la sola fe, en la cual ve\u00ed\u00ada expresada la confesi\u00f3n de Cristo como- \u00fanico salvador y la negaci\u00f3n de cualquier presunci\u00f3n de autosalvaci\u00f3n, Lutero marginaba como de menor valor a Sant, Jud, Heb, Ap. En cambio, para el AT sigui\u00f3 el canon jud\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>Frente a esta problematizaci\u00f3n, lo mismo que frente a cr\u00ed\u00adticas suscitadas por Erasmo atendiendo a razones de orden literario sobre la canonicidad de Mar 16:9-20; Luc 22:43-44; ,11, el concilio de Trento (sesi\u00f3n IV, 8-4-1546, DS 1501 ss) defini\u00f3 el canon de los escritos b\u00ed\u00adblicos, dando su lista y ordenando admitirlos \u00ab\u00ed\u00adntegramente, con todas sus partes, como es costumbre leerlos en la Iglesia cat\u00f3lica y se encuentran en la vieja edici\u00f3n latina Vulgata\u00bb. Por su parte, la llamada \u00abortodoxia protestante\u00bb (fil\u00f3n doctrinal y dogm\u00e1tico de la teolog\u00ed\u00ada protestante m\u00e1s antigua, cuyo m\u00e1ximo representante fue J. Gerhard; f\u00f3rmulas confesionales; uso de las Iglesias), abandonando el evangelismo de Lutero, se afirm\u00f3 m\u00e1s bien en una posici\u00f3n biblista, volviendo al canon neotestamentario de los 27 escritos y permaneciendo para el AT en las posiciones m\u00e1s estrictas del canon jud\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, empe\u00f1ada en defender el dogma tridentino y la integridad del canon, ha insistido durante mucho tiempo en la id\u00e9ntica autoridad de todos los escritos b\u00ed\u00adblicos, y en particular de los protocan\u00f3nicos y deuterocan\u00f3nicos. La distinci\u00f3n de escuela entre escritos protocan\u00f3nicos y deuterocan\u00f3nicos se debe a las elaboraciones escol\u00e1sticas del siglo xvi. Se llama protocan\u00f3nicos a aquellos escritos cuya canonicidad es hist\u00f3ricamente indiscutible (prescindiendo del asunto marcionita); deuterocan\u00f3nicos son aquellos escritos y fragmentos del AT y del NT cuya pertenencia al canon, como se ha ido recordando, fue objeto de disputa. La afirmaci\u00f3n de la identidad can\u00f3nica de todas las Escrituras es v\u00e1lida y necesaria en la medida en que, como hac\u00ed\u00ada la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica postridentina, se adopta un concepto formal de canonicidad y nos colocamos en el punto de vista de la \u00ed\u00adndole divina de la autoridad de la Biblia. En cambio, en la medida en que se atiende espec\u00ed\u00adficamente a la mediaci\u00f3n humana (ling\u00fc\u00ed\u00adstica) de esa autoridad, reconociendo el alcance del contenido y no s\u00f3lo el formal de la canonicidad de la Biblia, el problema del valor id\u00e9ntico de todos los escritos debe abrirse de nuevo. No se trata de desenterrar la cuesti\u00f3n marcionita ni de reiniciar el debate antiguo sobre los deuterocan\u00f3nicos. Se trata m\u00e1s bien de renovar en conjunto los t\u00e9rminos de la cuesti\u00f3n, poniendo de manifiesto su significado propio, que es hermen\u00e9utico (la canonicidad como premisa que caracteriza la relaci\u00f3n entre la Biblia y la fe del que la lee) y subordinando, como es jer\u00e1rquicamente justo, la afirmaci\u00f3n del canon a la de la canonicidad de la que recibe sentido. Tambi\u00e9n esto es tradicional.<\/p>\n<p>El Vaticano II se ha hecho eco de ambas direcciones de la tradici\u00f3n, en particular reconociendo los escritos del AT como verdadera palabra de Dios, que tiene para nosotros valor perenne (DV 14), aunque \u00abcontengan tambi\u00e9n cosas imperfectas y temporales\u00bb (DV 15) y encuentren \u00absu completo significado en el NT\u00bb (DV 16). En cuanto al NT, en \u00e9l \u00abla palabra de Dios&#8230; se presenta de modo eminente\u00bb (DV 17). Y, en especial, \u00aba nadie se le oculta que, entre todas las Escrituras, aun del Nuevo Testamento, descuellan con raz\u00f3n los evangelios\u00bb (DV 18).<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s reciente tiene una prehistoria justamente en la exhortaci\u00f3n luterana a ir m\u00e1s all\u00e1 del texto de la Escritura para captar aquello a lo que se refiere; pues la Escritura es can\u00f3nica no por afirmarse a s\u00ed\u00ad misma como libro, sino con vistas a la palabra de la que es mediadora. En este sentido, como se ha dicho, esa reflexi\u00f3n (directamente sobre la canonicidad, y s\u00f3lo en oblicuo sobre el canon) tiene un car\u00e1cter precisamente hermen\u00e9utico. Ha asumido diversas formas seg\u00fan el modo en que se ha concebido nuestra relaci\u00f3n con el contenido de la Escritura. As\u00ed\u00ad la concepci\u00f3n pietista de la fe ha llevado a interpretar la canonicidad de la Escritura seg\u00fan el criterio de lo edificante. En cambio, la teolog\u00ed\u00ada iluminista ha dado la preferencia a la universalidad de la religi\u00f3n natural o, por otro camino, a la genuinidad hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtica de la documentaci\u00f3n. La teolog\u00ed\u00ada dial\u00e9ctica ha interpretado el problema de Lutero en sentido existencialista hasta la separaci\u00f3n bultmaniana entre el NT como fuente de acceso cr\u00ed\u00adtico al Jes\u00fas de la historia y como palabra que me interpela a la decisi\u00f3n por Dios en el Cristo de la fe. M\u00e1s complejas y articuladas son las posiciones bultmanianas (K\u00fcmmel, K\u00e1semann, Aland, Marxsen, Ebeling&#8230;).<\/p>\n<p>Con referencia precisa a la cuesti\u00f3n del canon, esta teolog\u00ed\u00ada se ha presentado a menudo como problema del \u00abcanon dentro del canon\u00bb (en sentido evidenciativo-verificativo o en sentido selectivo), o como cuesti\u00f3n de articulaci\u00f3n y de articulaci\u00f3n interna del canon con vistas a la elaboraci\u00f3n eventual de una t teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. En cambio, no ha conducido (despu\u00e9s de Lutero) a ninguna tentativa de modificaci\u00f3n real del canon recibida en las Iglesias. Por su parte, la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, mantenida por el dogma tridentino al abrigo de cuestiones sobre la extensi\u00f3n del canon, ha dejado tambi\u00e9n las cuestiones relativas a la canonicidad m\u00e1s bien en la sombra. Ha preferido seguir proponiendo tambi\u00e9n la tradici\u00f3n, junto a la reflexi\u00f3n sobre la Biblia misma (y a veces en contraposici\u00f3n pol\u00e9mica con ella) como criterio de reconocimiento del canon y la comprensi\u00f3n correcta y profunda de su contenido y de su autoridad. En este sentido cf DV 8: \u00abPor la misma tradici\u00f3n conoce la Iglesia el canon \u00ed\u00adntegro de los libros sagrados, y las mismas letras sagradas son en ella entendidas m\u00e1s a fondo y se tornan constantemente eficaces\u00bb.<\/p>\n<p>3. EL PROBLEMA TEOL\u00ed\u201cGICO ACTUAL. El problema teol\u00f3gico actual respecto al canon b\u00ed\u00adblico se podr\u00ed\u00ada plantear as\u00ed\u00ad: \u00bfQu\u00e9 sentido tienen hoy los criterios de canonicidad usados por las Iglesias de los primeros siglos? \u00bfQu\u00e9 itinerarios teol\u00f3gicos y hermen\u00e9uticos nos sugieren? La distancia de la \u00e9poca de los or\u00ed\u00adgenes (en el sentido de contig\u00fcidad menos inmediata), el hecho de la prescripci\u00f3n tradicional sancionada por el dogma tridentino (pero tambi\u00e9n, en la pr\u00e1ctica, por el uso de las Iglesias acat\u00f3licas), la teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n, madurada despu\u00e9s de la \u00e9poca iluminista, la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica en lugar de controversista asumida por el debate son otros tantos factores que inducen a esperar que las preguntas indicadas no sean ociosas.<\/p>\n<p>a) Valor de los criterios de canonicidad. El criterio de la originalidad literaria puede proporcionar una importante din\u00e1mica de la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n y garantizarle justamente a trav\u00e9s del documento b\u00ed\u00adblico una eficacia perenne. El anuncio del evangelio, ahora y ya en los comienzos, en la predicaci\u00f3n \u00aboral y en la palabra escrita, por un lado es absolutamente adecuado para despertar la fe (cf Jua 20:29); por otro, es irreductiblemente diverso de la experiencia originaria del encuentro de Jes\u00fas por parte de los primeros testimonios, a partir de la cual en la Iglesia se hace memoria del Se\u00f1or (cf Luc 1:1-4; Un 1,1-3). La Escritura, y en particular el NT, al permitir a trav\u00e9s de la forma del documento escrito acceder a una formulaci\u00f3n de primera mano de esta experiencia, ofrecer\u00ed\u00ada no tanto la m\u00e1s profunda o completa o \u00fatil o interesante formulaci\u00f3n de la fe cuanto aqu\u00e9lla con la que es necesario que se enfrente toda formulaci\u00f3n que no quiera sustituir por arbitrio e invenci\u00f3n la objetividad y el car\u00e1cter definitivo de la palabra que Dios nos ha dicho en Jesucristo.<\/p>\n<p>La elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica de esta indicaci\u00f3n requiere ante todo una apolog\u00ed\u00ada apropiada de lo que a este prop\u00f3sito nos supone m\u00e1s problema a nosotros, a saber: del m\u00e9todo pseudoepigr\u00e1fico. Esta reflexi\u00f3n deber\u00ed\u00ada unir una investigaci\u00f3n hist\u00f3rico-teol\u00f3gica sobre los hechos y sobre los textos que tenga en cuenta puntualmente los recientes resultados de los m\u00e9todos hist\u00f3rico-formal, hist\u00f3rico-tradicional, hist\u00f3rico-redaccional, con una profundizaci\u00f3n filos\u00f3fico-antropol\u00f3gica sobre la experiencia de fe, su traducci\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica y los temas conexos. Ya en este punto se deber\u00ed\u00ada tener en cuenta la diferenciada concepci\u00f3n de la autoridad apost\u00f3lica y de la apostolicidad que presentan las tradiciones neotestamentarias, lo cual es tanto m\u00e1s necesario cuando se las confronta con estas indicaciones que se derivan del empleo de los otros par\u00e1metros de apostolicidad usados por los antiguos.<\/p>\n<p>El par\u00e1metro jur\u00ed\u00addico-cronol\u00f3gico, seg\u00fan el cual son apost\u00f3licos los escritos de la \u00e9poca de los ap\u00f3stoles y est\u00e1n garantizados por su autoridad, evidencia y desarrolla, justamente en virtud de su \u00ed\u00adndole positivista, el car\u00e1cter no manipulable de la revelaci\u00f3n mediata de las Escrituras. Para que el resultado de esta perspectiva no sea solamente negativo, es decir, que no se reduzca a un distanciamiento de lo que no es la revelaci\u00f3n (valor en todo caso tambi\u00e9n precioso) sin ayudar a delinear lo que es, quiz\u00e1 la teolog\u00ed\u00ada fundamental deber\u00ed\u00ada afanarse sobre todo en el examen y en la aplicaci\u00f3n a este tema de las relaciones entre historia y misterio, entre memoria y tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>Dif\u00ed\u00adcilmente se podr\u00e1n recorrer estos caminos sin evocar precisamente el par\u00e1metro recordado en primer lugar y el que apela al contenido apost\u00f3lico de los escritos del NT. A trav\u00e9s de esta consideraci\u00f3n del contenido, el criterio de la apostolicidad tiende a transformarse en el de la evangelicidad en sus diversos matices (doctrina evang\u00e9lica, energ\u00ed\u00ada evangelizadora&#8230;). De ese modo se evidencia la relatividad del documento en relaci\u00f3n con lo que est\u00e1 destinado a comunicar; y as\u00ed\u00ad la teolog\u00ed\u00ada se ve forzada a considerar como un hecho unitario, y a comprender justamente como tal, el discernimiento de la identidad de la Escritura y el discernimiento de la identidad de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>b) \u00ed\u008dndole del juicio de canonicidad. No parece posible un juicio definitivo, que se adue\u00f1e en una s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica de los t\u00e9rminos objetivos de lo que estos y, eventualmente, otros par\u00e1metros expresan. La s\u00ed\u00adntesis surge dentro del acto hermen\u00e9utico, en el cual hay que hab\u00e9rselas realmente con la Biblia; y, por tanto, s\u00f3lo puede ser objetivada limitadamente y a condici\u00f3n de adoptar justamente la praxis hermen\u00e9utica concreta como punto de partida correcto. Esta \u00ed\u00adndole limitada y esta correcci\u00f3n de enfoque hay que reconocerlas especialmente a la definici\u00f3n tridentina del canon. Pues ella toma como punto de referencia la praxis m\u00e1s que milenaria de la Iglesia y la fotograf\u00ed\u00ada en el perfil limitado y preciso de la enumeraci\u00f3n de los escritos can\u00f3nicos. Como en todo problema teol\u00f3gico, el hecho de que los resultados de la reflexi\u00f3n tengan siempre car\u00e1cter no exhaustivo no significa, en definitiva, que est\u00e9n privados de verdad y que no puedan manifestar un progreso en la inteligencia del misterio; justamente es lo contrario.<br \/>\nc) Acerca del sentido del AT como Escritura cristiana. En particular, un an\u00e1lisis que aspirara a ser m\u00e1s completo no podr\u00ed\u00ada descuidar lo que aqu\u00ed\u00ad simplemente se ha apuntado, a saber: la m\u00e1s que dif\u00ed\u00adcil problem\u00e1tica de la elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica de la apostolicidad del AT. Sus libros, \u00abintegralmente asumidos en la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica\u00bb, justamente as\u00ed\u00ad para la fe cristiana \u00abadquieren y manifiestan su completo significado\u00bb (DV 16). Tambi\u00e9n a este prop\u00f3sito es punto de partida pr\u00e1cticamente obligado la tradici\u00f3n hermen\u00e9utica de las Iglesias. Reinterpretando la tradici\u00f3n aleg\u00f3rica que se afirm\u00f3 a partir de Or\u00ed\u00adgenes y purific\u00e1ndola no s\u00f3lo de las ingenuidades t\u00e9cnicas de la ex\u00e9gesis patr\u00ed\u00adstica y medieval, sino sobre todo de la concepci\u00f3n a pesar de todo insuficientemente hist\u00f3rica de la verdad de las Escrituras com\u00fan en la teolog\u00ed\u00ada del pasado, deber\u00ed\u00ada ser posible integrar de modo teol\u00f3gicamente correcto y fecundo la concepci\u00f3n formalista, y por tanto gris y sin relieve, del canon y de la canonicidad heredada, en lo que se refiere a la relaci\u00f3n AT-NT, de la teolog\u00ed\u00ada de la controversia antimarcionita.<\/p>\n<p>d) Canon y ecumenismo. Finalmente, no habr\u00e1 que desestimar la valencia ecum\u00e9nica de este interrogarse, integrando y problematizando cada uno de los par\u00e1metros a partir de los otros (evidentemente, sobre el fondo de los datos de la historia). No es dif\u00ed\u00adcil reducir emblem\u00e1ticamente, al menos en principio y con el justo sentido de los obligados matices historiogr\u00e1ficos, las posiciones sobre el sentido de la Biblia mantenidas por las grandes confesiones de Occidente y por las grandes escuelas teol\u00f3gicas contempor\u00e1neas (iluminista-liberal, existencialista-dial\u00e9ctica&#8230;) a los principales par\u00e1metros de la apostolicidad, o al menos al modo de relacionarlas entre s\u00ed\u00ad. La forma (pac\u00ed\u00adfica, dial\u00e9ctica, relativista, sincretista, escatol\u00f3gica&#8230;) y los t\u00e9rminos concretos de toda s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica respecto a la canonicidad y al canon de las Escrituras son contempor\u00e1neamente ya por s\u00ed\u00ad mismos una propuesta metodol\u00f3gica y de contenido para el ecumenismo. Corresponden a otras tantas maneras de concebir la comuni\u00f3n eclesial, y los caminos para desarrollarla y, donde sea necesario, corregirla.<\/p>\n<p>Por este camino, en particular, se ha movido E. K\u00e1semann, sosteniendo que las rupturas eclesiales no podr\u00ed\u00adan sanarse a partir del canon, y que por tanto el NT no es plataforma suficiente para el camino ecum\u00e9nico, como muchos sostienen, puesto que \u00e9l mismo es intr\u00ed\u00adnseca y necesariamente conflictivo. Una propuesta ecum\u00e9nica cat\u00f3lica inspirada deber\u00e1 afirmar, en cambio, posibilidades reales de comuni\u00f3n eclesial ya en el cauce de la historia, y correspondientemente posibilidades de s\u00ed\u00adntesis en el plano de la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. Por eso mismo, aunque consciente de los l\u00ed\u00admites inevitables de cualquier proyecto, se empe\u00f1ar\u00e1 en formular hip\u00f3tesis de itinerario en esta direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>II. INSPIRACI\u00ed\u201cN. 1. EL PROBLEMA. Por \u00abinspiraci\u00f3n\u00bb de la Biblia, y con las expresiones sustancialmente equivalentes, de las cuales la m\u00e1s tradicional es aquella por la cual se confiesa que la Biblia es \u00abpalabra de Dios\u00bb, la fe y la teolog\u00ed\u00ada indican el fundamento de la canonicidad de la Escritura en la trascendencia del misterio de Dios. Esta relaci\u00f3n de la Biblia con el misterio se puede contemplar de diversas maneras. La m\u00e1s usual es la que se\u00f1ala a Dios como origen trascendente de las Escrituras. Por lo dem\u00e1s, no hay que excluir que el mismo concepto de inspiraci\u00f3n valga para indicar \u00fatilmente tambi\u00e9n la presencia actual del misterio en la palabra de la Escritura y la transparencia de la Escritura en relaci\u00f3n al misterio. Es adem\u00e1s trascendente la finalidad de las Escrituras; ellas ofrecen \u00abla sabidur\u00ed\u00ad\u00e1 que conduce a la salvaci\u00f3n por medio de la fe en Jesucristo\u00bb (2Ti 3:15) y sostienen en el itinerario de la esperanza (cf Rom 15:4); son, pues, instrumento para la adhesi\u00f3n a Dios que se nos ofrece como salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En virtud de la inspiraci\u00f3n, referidas inmediatamente a Dios, son sagradas las Escrituras. Sacralidad y canonicidad de las Escrituras son inseparables, porque la autoridad que les viene de Dios las hace normativas y necesarias, es decir, justamente lo que se entiende al se\u00f1alarlas como can\u00f3nicas. Pero no podr\u00ed\u00adan reivindicar semejante autoridad sobre la Iglesia y sobre la fe (virtud teol\u00f3gica que tiene como objeto precisamente a Dios) sino en virtud de una inmediatez al misterio, que es justamente lo que se expresa con la doctrina de la inspiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se puede decir que la doctrina de la inspiraci\u00f3n se refiere a la Biblia en s\u00ed\u00ad, y la de la canonicidad a la Biblia en relaci\u00f3n a nosotros. Pero menos oportunamente; sobre todo si la consideraci\u00f3n de la Biblia en s\u00ed\u00ad da a entender que se puede pensar sensatamente la Biblia por s\u00ed\u00ad misma. En cambio, carecer\u00ed\u00ada del todo de sentido prescindir de su ser propter nos, pues Dios ciertamente no da origen a un libro suyo para satisfacer exigencias expresivas propias. La observaci\u00f3n, sobre cuya aparente evidencia se podr\u00ed\u00adan hacer observaciones sutiles, en conjunto no debe parecer superflua. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la inspiraci\u00f3n de la Biblia ha sido a veces realmente v\u00ed\u00adctima de abstracciones, precisamente por haber considerado el misterio divino de la Escritura desenganchado de su referencia intr\u00ed\u00adnseca a aquel di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n en el que est\u00e1 inserta y para el cual ha sido pensada.<\/p>\n<p>2. EL DATO. a) El testimonio b\u00ed\u00adblico. Una reflexi\u00f3n sobre la palabra de Dios escrita se encuentra s\u00f3lo anunciada en el AT. La formaci\u00f3n de un canon, o al menos de sus partes bien definidas, precede a la explicitaci\u00f3n del sentido teol\u00f3gico de los escritos de Israel. Mas no ser\u00ed\u00ada correcto esperar que ya desde el principio, mientras que los documentos b\u00ed\u00adblicos y su cuerpo estaban a\u00fan tomando formas, la doctrina de la inspiraci\u00f3n surgiese en los t\u00e9rminos y seg\u00fan losinterrogantes expl\u00ed\u00adcitos de la teolog\u00ed\u00ada posb\u00ed\u00adblica. El tema de la palabra de Dios, relacionado con la experiencia del Dios que habla, ha iluminado ciertamente la recepci\u00f3n de las Escrituras de Israel bastante antes de que se pensase en interrogarse sobre el sentido preciso de la forma escrita de esta palabra. As\u00ed\u00ad la palabra de la t\u00f3rah, por ejemplo, fue venerada y amada ante todo en su realidad complexiva de ley-sabidur\u00ed\u00ada-palabra y escrito. Algo an\u00e1logo puede decirse del tema del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, cuya acci\u00f3n por medio de los profetas y de los sabios de Israel (y luego de los ap\u00f3stoles y de los disc\u00ed\u00adpulos de la era apost\u00f3lica) fue reconocida en los documentos provenientes de ellos y de sus escuelas antes de que se sintiese la necesidad de formular expl\u00ed\u00adcitamente la pregunta acerca de los escritos en cuanto tales.<\/p>\n<p>El paso, en t\u00e9rminos generales de historia de la cultura, de una tradici\u00f3n preferentemente oral y consuetudinaria a otra en la que el escrito habr\u00ed\u00ada desempe\u00f1ado un papel decisivo, debe haber constituido el fondo apropiado para la aparici\u00f3n de la cuesti\u00f3n teol\u00f3gica acerca de la \u00ed\u00adndole sagrada de las Escrituras. Estas se convirtieron en instrumento normal de memoria de los acontecimientos originarios por los cuales fueron generadas la antigua y luego la nueva alianza, y en los que encontraron (y la segunda sigue encontrando) su propio sost\u00e9n y su orientaci\u00f3n. Para la doctrina cat\u00f3lica, que rechaza la exclusividad del principio \u00absola Scriptura\u00bb, esta funci\u00f3n no se entiende como alternativa a la tradici\u00f3n viva, que es una forma m\u00e1s vasta y que, en conjunto, comprende tambi\u00e9n la Biblia, la sola forma adecuada de la memoria de la alianza.<\/p>\n<p>Si no debemos esperar del AT una doctrina formal sobre el tema de la inspiraci\u00f3n, hay que observar, sin embargo, que los temas de la experiencia de la antigua alianza ayudan a leer los textos m\u00e1s recientes y m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos sobre la Escritura y su \u00ed\u00adndole sagrada, principalmente el de 2Pe 1:20-21 y el de 2Ti 3:15-16. 2Pe se refiere a la graph\u00e9 como lugar de palabra prof\u00e9tica aut\u00e9ntica. En el origen de esta palabra prof\u00e9tica (de ella se habla formalmente, no de la graph\u00e9 en cuanto documento) est\u00e1 la iniciativa no del hombre, sino del Esp\u00ed\u00adritu Santo; de tal modo que ella es palabra de parte de Dios. Los mismos temas (Dios, el Esp\u00ed\u00adritu) se encuentran en 2Tim en el adjetivo the\u00f3pneustos, \u00abinspirado por Dios\u00bb, atribuido a (o predicado de) \u00abtoda Escritura\u00bb. El sentido del adjetivo, que se hizo luego t\u00e9cnico, ha de establecerse, pues, a partir del tema del Esp\u00ed\u00adritu que viene de Dios, o por medio del cual obra Dios. Ha de entenderse tambi\u00e9n a partir del contenido, cuyas grandes directrices teol\u00f3gicas son el esfuerzo por ser fieles a la doctrina (esto tambi\u00e9n en 2Pe), la \u00absalvaci\u00f3n por medio de la fe en Jesucristo\u00bb (v. 15), la \u00abpreparaci\u00f3n\u00bb del \u00abhombre de Dios\u00bb para el ministerio eclesi\u00e1stico, que no carecer\u00e1 de pruebas. Otro tema fundamental emerge del contexto del pasaje de 2Pe, y es el de la espera de la \u00abestrella matutina\u00bb (manifiestamente Cristo), hasta cuya aparici\u00f3n nos es preciosa la palabra prof\u00e9tica de la Escritura \u00abcomo l\u00e1mpara que luce en lugar tenebroso\u00bb (v. 19).<\/p>\n<p>Se trata en ambos textos directamente de las Escrituras veterotestamentarias, pero a las cuales se compara esencial, y aun primariamente, la doctrina y el testimonio apost\u00f3lico (tambi\u00e9n esto en ambos contextos). Se nos encamina, pues, a poder hablar de inspiraci\u00f3n para el cuerpo entero de las Escrituras cristianas, AT y NT, pues estas anotaciones sobre la \u00ed\u00adndole sagrada de las Escrituras se formulan, en efecto, en un momento en que su canon comienza a aparecer articulado en sus dos grandes secciones. 1Ti 5:18 cita, en efecto, a Luc 10:7 como \u00abEscritura\u00bb (y la unidad interna del cuerpo de las pastorales es s\u00f3lida), mientras que la misma 2Pe no vacila en comparar las cartas paulinas con las \u00abotras Escrituras\u00bb (Luc 3:16).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, en conjunto el cuadro teol\u00f3gico ofrecido por los dos textos presenta indicios significativos para la comprensi\u00f3n de la Biblia precisamente como palabra de Dios escrita. La ausencia de Cristo, a la cual hay que ser fieles y que es esperado, hace preciosa la referencia precisamente al documento. Por su parte, el tema pneumatol\u00f3gico, mientras que es realmente apto para dar relieve a la eficacia de la palabra de la Escritura y a su finalidad de salvaci\u00f3n, en una teolog\u00ed\u00ada neotestamentaria no puede separarse precisamente de la memoria, de la confesi\u00f3n en la fe y de la espera de Jesucristo. El Esp\u00ed\u00adritu Santo (2Pe 1:21) captado en el origen de las Escrituras prof\u00e9ticas no es distinto de aquel cuya efusi\u00f3n est\u00e1 en el origen de la Iglesia y de su testimonio de fe; es el Esp\u00ed\u00adritu del cual declarar\u00e1 el s\u00ed\u00admbolo de Constantinopla que \u00abha hablado por medio de los profetas\u00bb, confesando as\u00ed\u00ad la continuidad de AT y de NT.<\/p>\n<p>b) La identificaci\u00f3n moderna del tema y el dogma cat\u00f3lico. El problema de la relaci\u00f3n entre car\u00e1cter sagrado de la palabra y car\u00e1cter sagrado de la Escritura (en t\u00e9rminos m\u00e1s t\u00e9cnicos: entre revelaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n) es en realidad un problema moderno. Estudiando el pensamiento de santo Tom\u00e1s al respecto, la teolog\u00ed\u00ada neoescol\u00e1stica no ha descubierto m\u00e1s que las cuestiones sobre la profec\u00ed\u00ada (S.Tb., II-II, qq. 171-174). Para que se planteara el problema era necesario pasar por la crisis de desconfianza en el lenguaje propia de la teolog\u00ed\u00ada nominalista, y la correspondiente posici\u00f3n dram\u00e1tica del problema hermen\u00e9utico con Lutero, y por el biblicismo de la teolog\u00ed\u00ada de la ortodoxia protestante. En la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica la distinci\u00f3n entre revelaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n, y consiguientemente la interrogaci\u00f3n sobre \u00e9sta como tema separado, surgi\u00f3 con L. Lessio y el debate sobre sus tesis (1587-1588). El contexto era el de la problem\u00e1tica conocimiento natural-conocimiento sobrenatural. Y en su tiempo, precisamente en nombre del conocimiento racional, en la teolog\u00ed\u00ada iluminista no se podr\u00e1 dejar de preguntar qu\u00e9 sentido tiene, y si tiene sentido, considerar la Biblia algo m\u00e1s y diverso de un libro como todos los otros.<\/p>\n<p>Este contexto permite comprender por qu\u00e9, a diferencia del concilio de Trento, que ten\u00ed\u00ada s\u00f3lo el problema del canon b\u00ed\u00adblico, el concilio Vaticano I, celebrado despu\u00e9s de la crisis de la confianza en la Biblia surgida con el iluminismo, tuvo el m\u00e1s radical de la inspiraci\u00f3n. Al reprobar dos teor\u00ed\u00adas quiz\u00e1 no entre las m\u00e1s importantes, y al aceptar positivamente las formulaciones m\u00e1s tradicionales de la fe, el concilio ense\u00f1a que los libros del AT y del NT \u00abla Iglesia los considera sagrados y can\u00f3nicos no porque, compuestos por sola obra humana, hayan sido luego aprobados por su propia autoridad; y tampoco solamente porque contienen la revelaci\u00f3n sin error; sino porque, compuestos por inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales (es decir, como sagrados y can\u00f3nicos, n.d.r.) han sido consignados a la Iglesia\u00bb (DS 3006).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de reiterar la ense\u00f1anza dogm\u00e1tica del Vaticano 1, el Vaticano II se servir\u00e1 tambi\u00e9n de la otra f\u00f3rmula m\u00e1s cl\u00e1sica, puntualizando de este modo la unidad diferenciada de Escritura y tradici\u00f3n: \u00abLa Sagrada Escritura es palabra de Dios&#8230;; la sagrada tradici\u00f3n transmite \u00ed\u00adntegramente la palabra de Dios\u00bb (DV 9). La afirmaci\u00f3n de que la Escritura es realmente \u00abpalabra de Dios\u00bb no impide que el concilio no confunda revelaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n: la doctrina sobre la Sagrada Escritura y su inspiraci\u00f3n est\u00e1 ubicada, en efecto, dentro del discurso sobre la transmisi\u00f3n de la divina revelaci\u00f3n. En cuanto al misterio del origen divino y humano de la Escritura, el Vaticano II, haci\u00e9ndose eco tambi\u00e9n de la ense\u00f1anza de los papas del \u00faltimo siglo, insiste en el respeto que ha tenido Dios hacia los autores humanos, que son \u00abverdaderos autores\u00bb (DV 11). As\u00ed\u00ad manifiesta la Biblia la divina \u00abcondescendencia\u00bb: \u00abY es as\u00ed\u00ad que las palabras de Dios, expresadas en lenguas humanas, se han hecho semejantes al lenguaje humano, a la manera como un d\u00ed\u00ada el Verbo del Padre eterno, al tomar la carne de la flaqueza humana, se hizo semejante a los hombres&#8217;,&#8217; (DV 13).<\/p>\n<p>c) La humanidad del libro sagrado y el carisma hagiogr\u00e1fico. Justamente a prop\u00f3sito de la cuesti\u00f3n de la verdadera y plena humanidad de la Escritura han versado los cap\u00ed\u00adtulos m\u00e1s significativos de la historia de la doctrina de la inspiraci\u00f3n; y no es extra\u00f1o, ya que precisamente la correcta relaci\u00f3n con lo humano nos se\u00f1ala lo correcto de la imagen teol\u00f3gica del Dios que est\u00e1 en el origen de la Biblia y del origen de la Biblia de Dios. Es una din\u00e1mica necesaria de todo conocimiento de Dios. En particular, es teol\u00f3gicamente necesario que no se imagine a Dios como concurrente del hombre, sino como al que lo acoge y lo salva; la afirmaci\u00f3n de la verdadera y plena humanidad de la Biblia y la precisi\u00f3n de sus t\u00e9rminos pretenden expresar en definitiva esto.<\/p>\n<p>Los principales cap\u00ed\u00adtulos en los que esta clarificaci\u00f3n se ha desarrollado hasta hoy son tres: el de la plena intencionalidad humana, el de la culturalidad y de la historicidad de la obra de los autores sagrados. La primera precisi\u00f3n se opone a una concepci\u00f3n est\u00e1tica o de alguna forma pasiva de los autores inspirados; la segunda a una suerte de \u00abnaturalidad universal\u00bb de su palabra; la tercera impone que se comprenda todo escrito b\u00ed\u00adblico como situado en la cronolog\u00ed\u00ada, en la sociolog\u00ed\u00ada y en cualquier otra coordinada hist\u00f3rica, de modo que se siga lo puntualmente que la escucha de la palabra de la Biblia entra\u00f1a el esfuerzo hermen\u00e9utico por salvar la distancia entre el texto y el lector.<\/p>\n<p>Esta serie de precisiones que ha ido poco a poco exigiendo el esfuerzo de inteligencia de la Biblia y de su misterio le permite a la doctrina de la inspiraci\u00f3n hacer justicia al origen y fisonom\u00ed\u00ada reales del libro sagrado. En particular, el concepto de hagi\u00f3grafo (autor sagrado, inspirado), fundamental para la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la inspiraci\u00f3n, se ha de entender hoy a la luz de las m\u00e1s recientes adquisiciones de la ciencia b\u00ed\u00adblica. Sabemos, en efecto, que s\u00f3lo raramente las p\u00e1ginas de la Escritura tuvieron en su origen un autor que las escribiese del modo como suelen escribir los autores modernos. En grand\u00ed\u00adsima parte, los escritos b\u00ed\u00adblicos tienen tras de s\u00ed\u00ad una compleja elaboraci\u00f3n de tradiciones orales y escritas, de relecturas, recomprensiones, retoques y otras actividades redaccionales; y no en \u00faltimo t\u00e9rmino, la actividad de quien, al introducir los escritos en un cuerpo m\u00e1s vasto (canon), hizo realmente evolucionar, si no el significado verbal, el sentido del conjunto y su mensaje para nosotros [\/Pentateuco; \/Palabra; \/Revelaci\u00f3n].<\/p>\n<p>La Escritura nace, pues, en el pueblo de Dios y en su tradici\u00f3n; y la inspiraci\u00f3n es don que se ha de entender en el marco de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu que plasm\u00f3 la tradici\u00f3n de Israel y de la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes en lo concreto de la alianza, antigua primero y luego nueva. En esta tradici\u00f3n del pueblo de Dios y de su fe, la inspiraci\u00f3n es carisma que invade en diversa medida y seg\u00fan modalidades diversas a todos los que de alg\u00fan modo contribuyeron intr\u00ed\u00adnsecamente a dar origen a la Biblia. Desde este punto de vista, el carisma de la inspiraci\u00f3n presenta una fenomenolog\u00ed\u00ada que est\u00e1 lejos de ser uniforme. La reflexi\u00f3n neoescol\u00e1stica ha realizado complejos an\u00e1lisis a prop\u00f3sito de la psicolog\u00ed\u00ada de los autores inspirados; estos esfuerzos, aunque presentan la debida diligencia para que en nada el origen de la Biblia parezca sustra\u00ed\u00addo al influjo del Esp\u00ed\u00adritu que mueve e ilumina, resultan en conjunto abstractos. El primado en la reflexi\u00f3n debe atribuirse no a este o a aquel personaje (autor, redactor, etc.), sino al documento; \u00e9l es el que est\u00e1 inspirado, y los que lo engendraron estuvieron inspirados en la medida en que contribuyeron a su constituci\u00f3n. El primado, si queremos ser precisos, se le ha de reconocer a la Biblia en su fisonom\u00ed\u00ada definitiva, es decir, a todo el conjunto del canon, compuesto de AT y NT; por lo que hay que dar la raz\u00f3n a N. Lohfink cuando afirma que el \u00faltimo autor inspirado del AT fue la Iglesia apost\u00f3lica, que lo adopt\u00f3 en su predicaci\u00f3n del misterio de Jesucristo.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, es tambi\u00e9n evidente la abstracci\u00f3n subyacente a este modo de entender la inspiraci\u00f3n y al endurecer este primado del documento (por otra parte, no sabremos realmente pensar esta o cualquiera otra realidad sino abstrayendo, porque tal es la condici\u00f3n de nuestro humano pensar). Si la actividad de las varias personas que est\u00e1n en el origen de la Biblia, en su formalidad de actividad que origina la Biblia bajo el influjo de la inspiraci\u00f3n, es actividad pasajera, no hay motivo para creer que no est\u00e9 insertada en general de modo coherente en el devenir personal y eclesial de estas mismas personas. Definido en referencia a la Escritura inspirada que llega a nosotros y a la cual se refiere nuestra fe, el carisma de la inspiraci\u00f3n aparece desgajado de manera presumiblemente m\u00e1s bien artificial de la que en conjunto debe haber sido la obra del Esp\u00ed\u00adritu en y a trav\u00e9s de estos creyentes, en su comunidad, en el cauce de las tradiciones del pueblo de Dios. La artificiosidad, inevitable, expresa nuestro punto de perspectiva, hist\u00f3rico y teol\u00f3gico, desde el cual consideramos a posteriori aquel documento realmente inconfundible en su misterio y en su funci\u00f3n, que es la Sagrada Escritura. Pero nada obliga a considerar que en principio el Esp\u00ed\u00adritu haya dado el carisma que llamamos inspiraci\u00f3n de manera arbitraria. Por eso no podemos estimarnos libres de buscar la l\u00f3gica de este don en la historia de la salvaci\u00f3n, por las mismas razones por las que no podemos contentarnos con aceptar el canon b\u00ed\u00adblico como un dato meramente positivo, sino que debemos afrontar el problema teol\u00f3gico de su sentido articulado y de su criteriolog\u00ed\u00ada. No se trata, en el fondo, de dos problemas diversos, sino de dos modos de enunciar el mismo problema.<\/p>\n<p>3. LA INTERPRETACI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA. Diversas son las v\u00ed\u00adas tradicionales a lo largo de las cuales se ha intentado la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica de la relaci\u00f3n de inspiraci\u00f3n entre Dios y el hagi\u00f3grafo con vistas al libro sagrado. Cada una es digna de atenci\u00f3n y de reflexi\u00f3n, ya sea en conexi\u00f3n con la actual identificaci\u00f3n de la figura del hagi\u00f3grafo, seg\u00fan se ha dicho, ya sea en s\u00ed\u00ad misma. Podemos catalogar estas v\u00ed\u00adas en dos grandes grupos: las v\u00ed\u00adas de la interpretaci\u00f3n por esquemas conceptuales seg\u00fan diversas analog\u00ed\u00adas y las v\u00ed\u00adas de la interpretaci\u00f3n econ\u00f3mica, y en concreto trinitaria, hist\u00f3rica y salv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>a) La interpretaci\u00f3n por esquemas conceptuales. Las principales im\u00e1genes ofrecidas por la patr\u00ed\u00adstica para la inteligencia del misterio de la inspiraci\u00f3n son las de la dictatio, del autor y de la autoridad, y del instrumento (\u00f3rganon). Cada una a su modo experimenta un proceso de rigidez en la elaboraci\u00f3n escol\u00e1stica. Pierden en este proceso un poco de la fluidez y del car\u00e1cter aproximativo del antropomorfismo, pero tambi\u00e9n un poco de su rica capacidad evocadora. Adquieren rigor, y con ello la capacidad de prestarse a una profundizaci\u00f3n agudamente cr\u00ed\u00adtica en el dato; pero tambi\u00e9n una rigidez que las hace menos disponibles para servir, seg\u00fan la analog\u00ed\u00ada, a las v\u00ed\u00adas del misterio.<\/p>\n<p>Dictare es un decir intenso: el hombre dice la palabra de la Escritura; Dios la dictat. La Escritura es palabra autorizada, n\u00ed\u00adtida, profunda, sugestiva; todo esto se expresa en la imagen de la dictatio. Destinatario de esta dictatio es en primera instancia el hagi\u00f3grafo; pero a trav\u00e9s de \u00e9l lo es tambi\u00e9n todo creyente. El entumecimiento de la dictatio en \u00abdictado verbal\u00bb (B\u00e1\u00f1ez, 1584) expresa incisivamente la sacralidad puntual del documento en su realidad textual, lo cual es de suyo pertinente. Pero pierde muchos matices respecto a la palabra como misterio de comunicaci\u00f3n en favor de este \u00fanico aspecto. Hace que retroceda la atenci\u00f3n del lector, resolvi\u00e9ndolo casi todo en una relaci\u00f3n entre Dios, el hagi\u00f3grafo y el texto. Y necesita precisiones no indiferentes, por un lado para que no se conciba al hagi\u00f3grafo como una especie de copista pasivo, y por otro para que no se desenfoque en una sacralidad indiscriminada aquella relaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca que vige en todo escrito entre el tenor verbal del texto, su contenido, su din\u00e1mica comunicativa, etc. Pues el car\u00e1cter sagrado del texto b\u00ed\u00adblico no lo hace fin en s\u00ed\u00ad mismo (ser\u00ed\u00ada un absurdo), sino que es caracter\u00ed\u00adstica que le compete dentro de su existir como forma de la comunicaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>La confesi\u00f3n de Dios como autor de las Escrituras, que, como se ha visto, hace suya tambi\u00e9n el texto dogm\u00e1tico del Vaticano I, en un sentido m\u00e1s general indica s\u00f3lo su origen divino, que las cubre con una \u00abautoridad\u00bb divina (en los m\u00faltiples matices de que es capaz este t\u00e9rmino polivalente que deriva justamente de \u00abautor\u00bb). Adem\u00e1s, el uso de la imagen con referencia a la Escritura es derivado; m\u00e1s originario en teolog\u00ed\u00ada es su uso con referencia a la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n, de la cual la Escritura es expresi\u00f3n particularmente significativa y aut\u00e9ntica. Dios es autor de los escritos del AT y del NT en cuanto que, m\u00e1s en la ra\u00ed\u00adz, es el \u00fanico autor (como dec\u00ed\u00ada la antigua f\u00f3rmula antimarcionita, antidualista) de la antigua y de la nueva alianza. As\u00ed\u00ad pues, los escritos b\u00ed\u00adblicos son fruto de iniciativa divina, de divina autoridad. Trat\u00e1ndose de libros, era del todo sencillo entender el concepto de autor en t\u00e9rminos estrictamente literarios (Franzelin, 1870ss; y m\u00e1s a\u00fan la teolog\u00ed\u00ada neoescol\u00e1stica dependiente de la enc\u00ed\u00adclica Providentissimus Deus), indicando as\u00ed\u00ad que Dios es origen pr\u00f3ximo, y no s\u00f3lo remoto, de la Biblia. Autor en sentido literario no ser\u00ed\u00ada, por ejemplo, el que simplemente sugiriese la idea o alentase su composici\u00f3n, financiase la edici\u00f3n o acogiese un libro con aplauso. Y Dios, respecto a la Biblia, ciertamente no es s\u00f3lo eso. Pero cuando se presta atenci\u00f3n a la complejidad del fen\u00f3meno literario Biblia y al hecho de que su comunicaci\u00f3n no es simplemente aseverativa, no se puede dejar de notar que no se puede pensar a Dios en primera persona como sujeto del dudar, delimplorar, del interrogar, del imprecar de los hagi\u00f3grafos y de sus textos, como puede serlo de afirmar doctrinal o narrativamente. Y ello sugiere que no se han de descuidar los matices de los que la imagen es desde siempre realmente capaz.<\/p>\n<p>La imagen del instrumento indica directamente no la relaci\u00f3n de Dios con el libro o con el lector, sino la del hagi\u00f3grafo con Dios. De \u00e9l evidencia diversos matices seg\u00fan el modo de entender la imagen (\u00f3rgano respecto al cuerpo, pluma para el escritor, instrumento musical, son las principales declinaciones patr\u00ed\u00adsticas del tema). Su endurecimiento neoescol\u00e1stico en los t\u00e9rminos de causalidad eficiente instrumental ha servido para puntualizar aspectos significativos de la actividad inspiradora de Dios: doble causalidad genuina respecto al libro, dependencia total del hagi\u00f3grafo, y tambi\u00e9n del libro, de Dios, respecto del obrar propio de cada una de las causas, divina y humana, y consiguiente posibilidad de identificar en la Biblia signos respectivamente de su origen de Dios y de su plena verdad humana, etc. Los l\u00ed\u00admites de la elaboraci\u00f3n conceptual de la imagen del instrumento en t\u00e9rminos de causalidad eficiente instrumental son debidos a la inadecuaci\u00f3n del concepto de causalidad eficiente para definir en general la comunicaci\u00f3n interpersonal a trav\u00e9s de la palabra. La Biblia corre el riesgo de ser considerada como un producto de Dios y del hombre, y no como una palabra; pero un producto es extr\u00ed\u00adnseco respecto a su causalidad eficiente, mientras que en la palabra se expresa, y se comunica, la persona misma que habla. En cambio, m\u00e1s o menos n\u00ed\u00adtidamente, esto no escapaba al uso patr\u00ed\u00adstico de la imagen. Y no se trata de un matiz de poca monta: la Biblia es palabra de salvaci\u00f3n precisamente porque a trav\u00e9s de ella se hace memoria de la alianza, y Dios personalmente nos interpela. Adem\u00e1s, apelar a la causalidad eficiente es r\u00ed\u00adgidamente solidario de una concepci\u00f3n de la salvaci\u00f3n (y, por tanto, de la misma Biblia), en la cual se entiende a Dios como si obrara propiamente seg\u00fan la unidad de la naturaleza y no seg\u00fan la trinidad de las personas. Pero esto, sobre el fondo de los caminos abiertos por la m\u00e1s reciente teolog\u00ed\u00ada de la gracia (y, por otra parte, m\u00e1s en consonancia con el dato b\u00ed\u00adblico y patr\u00ed\u00adstico), crea dificultades, sobre todo con vistas a la interpretaci\u00f3n de la imagen princeps de la inspiraci\u00f3n (que evoca el misterio del Esp\u00ed\u00adritu) y de la de la palabra de Dios (que evoca el misterio del Verbo y de su encarnaci\u00f3n).<\/p>\n<p>b) La interpretaci\u00f3n econ\u00f3mica. Fundamentaci\u00f3n trinitaria y comprensi\u00f3n dentro de las coordinadas de la historia de la salvaci\u00f3n son los caminos m\u00e1s prometedores para una lectura actual, \u00abecon\u00f3mica\u00bb, de la \u00ed\u00adndole sagrada de la Escritura. El dato b\u00ed\u00adblico, arriba r\u00e1pidamente recogido, no deja de sugerir indicaciones en esta direcci\u00f3n. En primer lugar es necesario dar evidencia a la \u00ed\u00adndole alusiva, imaginativa, no cartesiana, del concepto mismo de inspiraci\u00f3n; por el hecho de haberse convertido en la sigla t\u00e9cnica para indicar lo sagrado de la Biblia no se le priva de su l\u00f3gica nativa, que es la de remitir a una acci\u00f3n misteriosa particular del Esp\u00ed\u00adritu Santo y un soplo por parte de Dios. Tambi\u00e9n la indicaci\u00f3n de la Escritura como palabra de Dios remite al misterio del L\u00f3gos. Todo esto se ha de comprender dentro de las l\u00ed\u00adneas b\u00e1sicas de la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu que presidi\u00f3 la encarnaci\u00f3n del L\u00f3gos y que ungi\u00f3 a Jes\u00fas para su misi\u00f3n, hace ahora memoria de Jes\u00fas en la Iglesia y mantiene despierta su espera; y ha suscitado y anima de continuo este especial\u00ed\u00adsimo instrumento de la memoria y de la espera de Jes\u00fas que es la palabra de la Escritura. As\u00ed\u00ad la Escritura es palabra de Dios en referencia a Jes\u00fas y como eco suyo; por lo dem\u00e1s, no podr\u00ed\u00ada ser de otra manera. Es palabra de Dios \u00abcomo en un espejo, en imagen\u00bb (lCor 13,12), porque tal es hoy la condici\u00f3n de toda palabra que se nos ha dado para que la aceptemos en la fe. Pero es realmente eficaz para la salvaci\u00f3n, como nos lo recuerda 2Ti 3:15-17. El Esp\u00ed\u00adritu tambi\u00e9n en ella, e incluso en ella de modo particular, se revela como don y bendici\u00f3n suprema de Dios.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, no se puede eludir, en esta perspectiva tan iluminadora, el interrogante teol\u00f3gico acerca de la singularidad y originalidad de la Escritura. Puesto que sin el Esp\u00ed\u00adritu Santo ni siquiera se podr\u00ed\u00ada decir \u00abJes\u00fas es Se\u00f1or\u00bb (1Co 12:3), toda palabra que evangeliza el misterio de Jes\u00fas suscitando la fe y llamando a la esperanza est\u00e1 dicha en el Esp\u00ed\u00adritu. \u00bfEn qu\u00e9 consiste, pues, el car\u00e1cter inconfundiblemente espec\u00ed\u00adfico de la Biblia, por el cual es palabra de Dios y est\u00e1 inspirada por \u00e9l?; \u00bfqu\u00e9 es la \u00ed\u00adndole espec\u00ed\u00adfica que la doctrina de la inspiraci\u00f3n justamente se esfuerza por diversos caminos en enunciar? La renovaci\u00f3n profunda del planteamiento de la problem\u00e1tica nos deja ante este interrogante desguarnecidos de soluciones teol\u00f3gicas ya acreditadas. Repetir simplemente la teolog\u00ed\u00ada de la dictatio, del autor, del instrumento no ser\u00ed\u00ada decir cosas falsas, pero significar\u00ed\u00ada dar respuestas que no atinan con la pregunta.<\/p>\n<p>Parece m\u00e1s bien necesario permanecer fieles a los caminos de la historia de salvaci\u00f3n y al car\u00e1cter central que en ella tiene el misterio de Jes\u00fas. Puesto que el Esp\u00ed\u00adritu, al suscitar la Biblia como animando toda predicaci\u00f3n del evangelio, no nos da una palabra de Dios ulterior o alternativa respecto a Jes\u00fas (\u00c2\u00a1ser\u00ed\u00ada monstruoso!), sino totalmente relativa a \u00e9l y al servicio de su misterio, no deberemos buscar un significado teol\u00f3gico independiente del misterio de la inspiraci\u00f3n, distinto de esta relaci\u00f3n de la Escritura a Jesucristo. La singularidad de su \u00ed\u00adndole inspirada no ser\u00e1 otra cosa, como se dec\u00ed\u00ada desde el principio, que el fundamento de la necesidad y normatividad (canonicidad) de la Escritura para la memoria de Jes\u00fas y para la fe en \u00e9l. Toda buena explicaci\u00f3n teol\u00f3gica de la inspiraci\u00f3n deber\u00ed\u00ada dar cuenta ante todo de esta relaci\u00f3n, es decir, de esta funci\u00f3n memorial, en la cual est\u00e1 esencialmente incluida la relectura del AT como profec\u00ed\u00ada de Jesucristo.<\/p>\n<p>c) Inspiraci\u00f3n y revelaci\u00f3n. La DV deja abierto precisamente en este punto el problema teol\u00f3gico de la inspiraci\u00f3n de la Escritura. A la ubicaci\u00f3n de la doctrina acerca de la Escritura en el contexto de la transmisi\u00f3n de la divina revelaci\u00f3n no corresponde, en efecto, una elaboraci\u00f3n particular del tema; m\u00e1s bien (cosa muy comprensible en un documento conciliar) se reiteran, no sin oportunos retoques, los desarrollos doctrinales de los documentos papales del \u00faltimo siglo, recibidos ya sustancialmente por la teolog\u00ed\u00ada de los manuales. Pero a partir de la ubicaci\u00f3n de la Biblia en el contexto de la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n, el problema de definir la Biblia en relaci\u00f3n con Jes\u00fas se plantea como problema de definir la Biblia en relaci\u00f3n con la revelaci\u00f3n. Pues la DV ense\u00f1a precisamente que Jes\u00fas es la plenitud de la revelaci\u00f3n. A partir de Lessio, seg\u00fan se ha dicho, la relaci\u00f3n inspiraci\u00f3n-revelaci\u00f3n no se puede pensar en t\u00e9rminos de identidad sustancial.<\/p>\n<p>El problema propiamente es \u00e9ste: \u00bfqu\u00e9 sentido tiene que la Biblia sea palabra de Dios como transmisi\u00f3n de una palabra m\u00e1s originaria, si bien siendo ella tan originaria que se la debe llamar precisamente palabra de Dios? Parece necesario responder pensando la inspiraci\u00f3n de la Escritura como componente del momento mismo originario de la revelaci\u00f3n, aunque teniendo en cuenta el hecho de que la Biblia es documento, es decir, forma escrita para que se transmita la revelaci\u00f3n. Si la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica pertenece a la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n y no a la misma revelaci\u00f3n, la Escritura, en cambio, pertenece indisolublemente a ambos momentos. Justamente este su modo de ser dentro de un proceso (la historia de la salvaci\u00f3n) que est\u00e1 sostenido y animado por el Esp\u00ed\u00adritu desde el principio al fin caracteriza su inspiraci\u00f3n. De suyo, si bien se mira, el problema es el de c\u00f3mo est\u00e1 Dios en el origen del libro, pero con estas precisiones: que el libro no es pensado como entidad literaria de suyo consistente, sino como expresi\u00f3n y documentaci\u00f3n de aquel acontecimiento personal e hist\u00f3rico que es la revelaci\u00f3n; y que Dios no es identificado como causalidad eficiente absoluta, sino como el Dios que se ha revelado: en concreto, como el Padre que env\u00ed\u00ada el Esp\u00ed\u00adritu para hacer memoria de su Verbo Jesucristo.<\/p>\n<p>Como documento, pues, la Biblia pertenece a la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n y trasciende los tiempos; pero es momento intr\u00ed\u00adnseco del expresarse originario sin el cual la revelaci\u00f3n no ser\u00ed\u00ada real. Pues el lenguaje humano no es envoltorio casual de la revelaci\u00f3n; en ella Dios se dirige a nosotros precisamente asumiendo las formas de nuestro modo de expresarnos. Entre esas formas, la verbal, reproducible en el documento escrito, aunque no la \u00fanica, tiene una funci\u00f3n explicitadora decisiva e insustituible. As\u00ed\u00ad pues, la palabra, hablada y escrita, es momento esencial del ser, y no s\u00f3lo de la sucesiva reformulaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n; pero \u00e9sta no puede reducirse a palabra verbal.<\/p>\n<p>Frecuentemente, la palabra que ha confluido en la Escritura es la primera enunciaci\u00f3n del momento de la historia de la revelaci\u00f3n que se expresa en aquella determinada p\u00e1gina; otras veces es reenunciado de una revelaci\u00f3n ya aclarada en s\u00ed\u00ad misma, ya formulada. Tambi\u00e9n en este segundo caso el paso de una formulaci\u00f3n a otra, por hip\u00f3tesis m\u00e1s apta para la transmisi\u00f3n can\u00f3nica, o la misma reiteraci\u00f3n redaccional de una formulaci\u00f3n ya estabilizada, no pueden dejar de suponer una clarificaci\u00f3n, una precisi\u00f3n, una selecci\u00f3n de sentido, guiadas por el carisma inspirativo. En el primer caso m\u00e1s claramente a\u00fan, el carisma inspirador interviene activamente en el progreso de la revelaci\u00f3n originaria.<\/p>\n<p>Una comprensi\u00f3n teol\u00f3gicamente satisfactoria de la inspiraci\u00f3n no puede, pues, prescindir de una comprensi\u00f3n correspondientemente atenta de la revelaci\u00f3n. La concepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n divina como comunicaci\u00f3n en forma conceptual y aseverativa de verdades perennes llevaba casi inevitablemente a la teolog\u00ed\u00ada de la inspiraci\u00f3n a fluctuar entre pensarla como notificaci\u00f3n de nuevas verdades o como simple impulso a transmitir por escrito verdades precedentemente reveladas. Pero si la revelaci\u00f3n, como ense\u00f1a la DV, ocurre en una historia por medio de \u00abpalabras y acontecimientos intr\u00ed\u00adnsecamente conexos\u00bb (DV 2), ya que la palabra es esencialmente repetible, mientras que el acontecimiento es por su naturaleza \u00fanico (a menos que se reproduzca en el \/ s\u00ed\u00admbolo, y puede que en el sacramento), no ser\u00e1 imposible pensar la inspiraci\u00f3n como carisma que, generando una palabra en conexi\u00f3n con el acontecimiento de los or\u00ed\u00adgenes, ofrece a trav\u00e9s del documento que la representa la posibilidad de ser interpelados directamente por aquellos mismos or\u00ed\u00adgenes, y en concreto por Cristo, plenitud de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Quedar\u00e1 por determinar ulteriormente esa conexi\u00f3n necesaria, es decir, propiamente la \u00ed\u00adndole prof\u00e9tica y apost\u00f3lica de la palabra b\u00ed\u00adblica. En especial el AT es palabra que, al acompa\u00f1ar la preparaci\u00f3n de Cristo, ya lo ha ido formulando en la esperanza, proporcionando as\u00ed\u00ad el humus teol\u00f3gico y ling\u00fc\u00ed\u00adstico necesario para su revelaci\u00f3n (por continuidad o por contraste). Est\u00e1, pues, inspirado con vistas y en referencia a \u00e9l. El NT recoge el testimonio originario sobre \u00e9l, memoria y anuncio; sin esa palabra, Cristo no ser\u00ed\u00ada para nosotros plenamente revelaci\u00f3n, porque la plenitud del acontecimiento revelador que es \u00e9l permanecer\u00ed\u00ada prisionera de su singularidad hist\u00f3rica. Sin esta palabra tampoco la plenitud de presencia ofrecida por el sacramento conseguir\u00ed\u00ada permanecer en la continuidad visible de la memoria y estar\u00ed\u00ada privada de una de sus dimensiones esenciales. Por eso \u00abla Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como lo ha hecho con el cuerpo mismo del Se\u00f1or\u00bb (DV 21); ellas de alg\u00fan modo son cuerpo del Se\u00f1or, su voz: \u00abEl es el que habla cuando en la Iglesia se lee la Sagrada Escritura\u00bb (SC 7). A trav\u00e9s de ellas, hechas eficaces en la Iglesia, \u00abDios, el cual ha hablado en el pasado, no cesa de hablar con la esposa de su Hijo querido\u00bb (DV 8); a trav\u00e9s de su palabra y la celebraci\u00f3n de la memoria eucar\u00ed\u00adstica nos congregamos en la iglesia, para ser nosotros mismos cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>III. TEXTO. La consideraci\u00f3n del texto b\u00ed\u00adblico y de sus problemas completa aquella atenci\u00f3n a la materialidad de la Biblia, para la cual ha sido ya necesario examinar la cuesti\u00f3n del canon. De los significados y de los l\u00ed\u00admites por los cuales est\u00e1 marcada la cuesti\u00f3n del canon es casi veh\u00ed\u00adculo extremo el problema del texto. Evidentemente, no se suscitar\u00ed\u00adan problemas si la materialidad del texto no presentase dificultades y estuviera con indiscutible seguridad conforme con el original. Sin embargo, el acceso a toda obra antigua plantea problemas textuales en medida notable; ciertamente bastante m\u00e1s notables de lo que cualquier errata corrige est\u00e1 en condiciones de se\u00f1alar, ofreciendo una soluci\u00f3n sustancialmente adecuada para las obras contempor\u00e1neas, y m\u00e1s para las posteriores a la invenci\u00f3n de la imprenta. La Biblia no escapa a la condici\u00f3n de cualquier obra antigua; ciertamente, no escapa en nombre de su \u00ed\u00adndole sacra.<\/p>\n<p>De suyo la mayor parte de los problemas relativos al texto b\u00ed\u00adblico es de orden cr\u00ed\u00adtico, y no inmediatamente teol\u00f3gico. Sin embargo, en el origen de toda gran orientaci\u00f3n de la misma cr\u00ed\u00adtica textual de la Biblia hay opciones teol\u00f3gicas ineludibles. Si no determinan inmediatamente los m\u00e9todos, s\u00ed\u00ad deciden los objetivos de la cr\u00ed\u00adtica, por lo que no pueden menos de orientar sus caminos. En efecto, no es indiferente el modo en que se precisa el valor can\u00f3nico que hay que reconocer a los diversos momentos y a las diversas formas de la transmisi\u00f3n del texto mismo; siempre que, desde un punto de vista cr\u00ed\u00adtico, se consiga establecer efectivamente una estratificaci\u00f3n de tal suerte. Por otra parte, no podr\u00ed\u00ada menos de ser abstracta una consideraci\u00f3n teol\u00f3gica de la problem\u00e1tica del texto b\u00ed\u00adblico que no prestase suma atenci\u00f3n a la condici\u00f3n concreta de los mismos textos; si la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica no puede resolverse en empirismo, tampoco le es l\u00ed\u00adcito ignorarlo o descuidarlo. Por tanto, es aqu\u00ed\u00ad oportuno recordar, al menos a grandes rasgos, la condici\u00f3n efectiva de la transmisi\u00f3n del texto b\u00ed\u00adblico; y luego, en un segundo momento, indicar las l\u00ed\u00adneas fundamentales de las sugerencias teol\u00f3gicas que plantea y de los problemas teol\u00f3gicos que suscita.<\/p>\n<p>1. Los HECHOS. Desde el punto de vista de la investigaci\u00f3n del sentido teol\u00f3gico del problema del texto b\u00ed\u00adblico, los hechos de mayor relieve, y que por tanto m\u00e1s estimulan la investigaci\u00f3n, son, por un lado, la cantidad de los manuscritos y de las formas textuales, y por otro el panorama que ofrece el fen\u00f3meno de las traducciones. La cantidad se ha de medir sobre el fondo de la condici\u00f3n general de la transmisi\u00f3n de los textos antiguos. Lo imponente de la tradici\u00f3n manuscrita del AT y del NT no admite comparaci\u00f3n con ninguna otra obra de la antig\u00fcedad, entre otras cosas por el m\u00e1s que comprensible motivo de que la cultura medieval de Occidente fue cristiana, y en particular mon\u00e1stica. Pero no s\u00f3lo hemos de tener en cuenta la solicitud de la Iglesia, sino tambi\u00e9n la de las comunidades jud\u00ed\u00adas; fuera de ellas hubiera sido, si no imposible, del todo improbable la transmisi\u00f3n del texto hebreo del AT. Luego si el canon del AT, en su \u00faltima determinaci\u00f3n, no nos viene del juda\u00ed\u00adsmo posterior a Jes\u00fas, sino del mismo Jes\u00fas y de la Iglesia apost\u00f3lica, ciertamente somos deudores al juda\u00ed\u00adsmo posterior del texto. Es verdad que, en principio, las mismas Iglesias hubieran podido conservarlo, pero de hecho ha llegado a nosotros a trav\u00e9s de manuscritos sinagogales.<\/p>\n<p>Respecto a la cristiana, la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada es m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente \u00abreligi\u00f3n del libro\u00bb, incluso por la fenomenolog\u00ed\u00ada de los manuscritos b\u00ed\u00adblicos: antiqu\u00ed\u00adsima, y en alguna medida ya precristiana, es la fijaci\u00f3n de un texto est\u00e1ndar (texto masor\u00e9tico, TM), y m\u00faltiples los art\u00ed\u00adfices que aseguraron su copia minuciosamente fiel. Los manuscritos cristianos, y en particular los del NT, presentan una mayor variedad de formas y de familias textuales, signo de una genealog\u00ed\u00ada m\u00e1s compleja de errores, pero tambi\u00e9n de un af\u00e1n de recensi\u00f3n m\u00e1s reiterado, es decir, de revisi\u00f3n programada, m\u00e1s o menos cr\u00ed\u00adtica. Una y otra condici\u00f3n del texto tienen sus ventajas: la mayor fijaci\u00f3n hace m\u00e1s fiel la transmisi\u00f3n del texto exacto, pero hace tambi\u00e9n m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil enmendar eventuales errores que en \u00e9l se pueden introducir. Uno y otro m\u00e9todo manifiestan tambi\u00e9n una teolog\u00ed\u00ada diversa. La adhesi\u00f3n jud\u00ed\u00ada m\u00e1s minuciosa a la letra no se ha de interpretar ciertamente a trav\u00e9s de las categor\u00ed\u00adas paulinas de la letra y el esp\u00ed\u00adritu (cf 2Co 3:6), cuyo significado no es pertinente para el problema textual. M\u00e1s bien se ha de tener presente la gran importancia de los libros sagrados para la identidad misma del pueblo jud\u00ed\u00ado despu\u00e9s de haberse visto \u00e9ste privado de la tierra, del templo y de todas las instituciones conexas.<\/p>\n<p>Junto a esta minuciosa fidelidad textual, el juda\u00ed\u00adsmo (y el judeo-cristianismo mientras existi\u00f3) conoci\u00f3 el fen\u00f3meno targ\u00famico, es decir, de traducciones parafr\u00e1sticas, destinadas sobre todo al uso lit\u00fargico. Pertenece al \u00e1rea de las traducciones, pero revela una libertad que nuestra mentalidad moderna encuentra desconcertante en mayor grado que la misma multiplicidad de las variantes que hacen incierto el texto sagrado. Sin embargo, esta libertad probablemente corresponde a la minuciosidad de que se ha hablado: precisamente el car\u00e1cter sagrado de la lengua cl\u00e1sica del pueblo de Dios engendra aquella adhesi\u00f3n al car\u00e1cter f\u00ed\u00adsico del texto que la fe jud\u00ed\u00ada no estima deber cultivar igualmente en las traducciones. Y viceversa, la fe cristiana parece establecer una mayor soltura, sin llegar a una desenvoltura incompatible con la veneraci\u00f3n del documento sagrado; pero tambi\u00e9n transfiere esta veneraci\u00f3n con mayor espontaneidad a cualquier traducci\u00f3n a las lenguas de las gentes, a las cuales reconoce llamadas todas ellas a expresar la fe seg\u00fan se lo da el Esp\u00ed\u00adritu (cf Heb 2:11).<\/p>\n<p>El valor de las traducciones del texto b\u00ed\u00adblico es en principio relativo a su fidelidad al original, y esto se ha sobrentendido siempre, aunque en la Iglesia se estableciera una condici\u00f3n jur\u00ed\u00addica privilegiada para cualquier versi\u00f3n oficial (en particular para la Vulgata latina: DS 1506; 3825). Desde este punto de vista, a la cr\u00ed\u00adtica textual no le interesa servirse de las traducciones sino en la medida en que permiten ir m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad mismas, y puede que m\u00e1s all\u00e1 de la actual condici\u00f3n textual ofrecida por los manuscritos m\u00e1s antiguos en lengua m\u00e1s primitiva. (Evidentemente, en direcci\u00f3n diametralmente opuesta se mueve toda la problem\u00e1tica pastoral de las traducciones en cuanto servicio al actual frescor de la palabra.) Sin embargo, el principio de la relatividad al texto original se ha tomado en consideraci\u00f3n generalmente en referencia inmediata a las traducciones m\u00e1s recientes, y en todo caso posteriores a la redacci\u00f3n conclusiva de la literatura can\u00f3nica, entre las cuales, en todo caso se encuentra la Vulgata. No necesariamente id\u00e9ntica es la condici\u00f3n de las traducciones m\u00e1s antiguas, y por tanto en cierta medida del mismo fen\u00f3meno targ\u00famico. El problema m\u00e1s destacado a este prop\u00f3sito se refiere a la Biblia griega llamada \u00abSetenta\u00bb (LXX), como principal transmisor de la lectura neotestamentaria del AT. Evidentemente, una cr\u00ed\u00adtica textual que persiga prop\u00f3sitos preferentemente historiogr\u00e1ficos, es decir, encaminada a determinar formas m\u00e1s antiguas y m\u00e1s recientes del texto, y eventualmente una red motivada de dependencias, valorar\u00e1 las traducciones s\u00f3lo a partir de su diversa fenomenolog\u00ed\u00ada. Pero una cr\u00ed\u00adtica que sea momento de la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica sobre la Biblia, y por tanto a la cual le interese primariamente el texto can\u00f3nico justo en cuanto tal, no podr\u00e1 simplemente identificar original con antiguo. Al dato historiogr\u00e1ficamente comprobable o comprobado deber\u00e1 hacerle ulteriores preguntas, que no ser\u00e1n independientes del modo en que se conciban la inspiraci\u00f3n y la canonicidad de la Biblia.<\/p>\n<p>2. TEXTO E INSPIRACI\u00ed\u201cN. En particular, no ser\u00e1 indiferente definir la inspiraci\u00f3n a partir del proceso que genera el libro sagrado o del resultado de tal proceso, es decir, del libro sagrado o can\u00f3nico, consignado como tal a la Iglesia y reconocido por su fe. En el primer caso se tender\u00e1 a privilegiar lo que es m\u00e1s antiguo; en el segundo, a lo que es definitivo. Si inspiraci\u00f3n es proceso que contin\u00faa hasta la plena definici\u00f3n can\u00f3nica del libro sagrado, texto b\u00ed\u00adblico (\u00aboriginal\u00bb, pues, en sentido teol\u00f3gico, y no redactivamente historiogr\u00e1fico) ser\u00e1 el que expresa esta \u00faltima determinaci\u00f3n. Habr\u00e1 que pensar que el proceso de esta estabilizaci\u00f3n no ha sido id\u00e9ntico para todas las partes de la Escritura. En la medida en que la Iglesia apost\u00f3lica, tambi\u00e9n por medio de su testimonio en los escritos neotestamentarios, da el \u00faltimo sello a la canonicidad del AT, no se puede excluir que procesos de traducci\u00f3n se vean envueltos intr\u00ed\u00adnsecamente en esta cuesti\u00f3n. La paradoja teol\u00f3gica del canon cristiano de las Escrituras no puede menos de reflejarse en la cuesti\u00f3n del texto; pues la Escritura, para la fe cristiana, es documento del origen escatol\u00f3gico de la nueva alianza, es decir, tiene funci\u00f3n memorial de un principio que tiene \u00ed\u00adndole \u00faltima.<\/p>\n<p>Si la teolog\u00ed\u00ada de la inspiraci\u00f3n y de la canonicidad plantea problemas y avanza exigencias a la investigaci\u00f3n del texto, la reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica sobre las condiciones del texto no deja por su parte de formular interrogantes a la teolog\u00ed\u00ada de la inspiraci\u00f3n y de lacanonicidad. En primer lugar, entre los aspectos de la genuina humanidad de la Biblia se impone considerar su fragilidad textual, elemento que, a priori, no tender\u00ed\u00adamos ciertamente a tener en cuenta, y que incluso nos da un cierto fastidio porque choca contra los c\u00e1nones m\u00e1s comunes de lo sagrado. Desde luego, no hay inconveniente en creer en una providencia divina eficaz, en una singular solicitud del Esp\u00ed\u00adritu para que el documento b\u00ed\u00adblico se transmita genuinamente; pero es obligado pensar esta providencia de tal manera que explique la situaci\u00f3n concreta del texto b\u00ed\u00adblico. Es oportuno y correcto (y \u00fatil para no razonar en t\u00e9rminos demasiado mitol\u00f3gicos) pensar que la solicitud del Esp\u00ed\u00adritu es mediata a trav\u00e9s de la solicitud de la tradici\u00f3n de la comunidad creyente, jud\u00ed\u00ada y cristiana; sin embargo, es necesario darse cuenta tambi\u00e9n de los frutos negativos de la solicitud torpe o, viceversa, de la negligencia de los creyentes.<\/p>\n<p>Pero adem\u00e1s podemos percatarnos una vez m\u00e1s de los equ\u00ed\u00advocos con que se enfrenta la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la Escritura si se deja guiar por una concepci\u00f3n apriorista de lo que es documento y qu\u00e9 es sacralidad m\u00e1s que por la concepci\u00f3n concreta de este documento que la fe confiesa como sagrado. Con frecuencia nos vemos forzados en realidad a preguntarnos (sin tener, al menos por ahora, una respuesta clara y un\u00ed\u00advoca) qu\u00e9 texto se ha de considerar teol\u00f3gicamente original. Tenemos tambi\u00e9n escritos cuyas tradiciones textuales son discretamente diferentes entre s\u00ed\u00ad (Rahlfs, en la edici\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de los LXX, no encuentra muchas veces mejor soluci\u00f3n que juntarlas por extenso). De algunos escritos s\u00f3lo poseemos la traducci\u00f3n, no un texto en lengua original. De una manera m\u00e1s general, las variantes m\u00e1s o menos significativas son miles.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s debemos rechazar tambi\u00e9n la tentaci\u00f3n del docetismo b\u00ed\u00adblico, que ciertamente eliminar\u00ed\u00ada en su conjunto el sentido de la Escritura. En otras palabras: un espiritualismo que simplemente eludiera las cuestiones suscitadas por las dificultades textuales en nombre del primado indiscutible del contenido, del mensaje, del significado global, tendr\u00ed\u00ada por un lado raz\u00f3n: las dificultades de interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica de la Biblia s\u00f3lo rara vez hunden sus ra\u00ed\u00adces en problemas de orden textual. Pero por otro lado destruir\u00ed\u00ada el sentido mismo del documento, que est\u00e1 ligado intr\u00ed\u00adnsecamente, aunque no exclusivamente, a su materialidad. Desvirtuar\u00ed\u00ada, entre otras cosas, un dato estimulante de la experiencia exeg\u00e9tica, a saber: lo interesantes que son con frecuencia positivamente los caminos que se abren precisamente por los resultados de la investigaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica del texto.<\/p>\n<p>Entre un materialismo b\u00ed\u00adblico sofocante, que puede tambi\u00e9n no suponer ciertamente una teor\u00ed\u00ada del dictado verbal, y un docetismo que atento s\u00f3lo a los contenidos redujera al l\u00ed\u00admite la Biblia a un documento cualquiera de la tradici\u00f3n de la fe, la teolog\u00ed\u00ada de la inspiraci\u00f3n debe buscar a\u00fan (debe encontrar a\u00fan) los caminos que hagan justicia a la condici\u00f3n real, tambi\u00e9n textual, del documento. Probablemente deber\u00e1 tambi\u00e9n tomar en cuenta, de manera m\u00e1s consciente, la diferente importancia que la materialidad del texto reviste seg\u00fan los g\u00e9neros literarios, aunque ciertamente los problemas de cr\u00ed\u00adtica textual no se distribuyen adecuadamente seg\u00fan un criterio de este g\u00e9nero. Pues habitualmente nacen de factores extr\u00ed\u00adnsecos seg\u00fan la degeneraci\u00f3n de lo f\u00ed\u00adsico, contra lo cual, o en relaci\u00f3n a la cual, el pensamiento occidental desde hace dos milenios y medio se esfuerza en captar y afirmar la verdad del hombre. En particular, parece justo que se siga (porlos caminos que L. Alonso Schokel ha allanado), tomando directamente en consideraci\u00f3n la complejidad de las Escrituras como fen\u00f3meno literario.<\/p>\n<p>IV. VERDAD (INERRANCIA) DE LA ESCRITURA. El problema de la verdad de la Biblia es de por s\u00ed\u00ad un problema, mejor es el problema de la \/ hermen\u00e9utica; por tanto, su consideraci\u00f3n global no se deber\u00ed\u00ada buscar significativamente m\u00e1s que en esa voz. Pero en realidad puede existir alguna raz\u00f3n para no omitir alguna indicaci\u00f3n al respecto a manera de ap\u00e9ndice de estas consideraciones. En los manuales m\u00e1s recientes, de la verdad de la Biblia se hablaba en los t\u00e9rminos negativos de la inerrancia en un cap\u00ed\u00adtulo dedicado a los \u00abefectos de la inspiraci\u00f3n\u00bb. Como motivo para tratar aqu\u00ed\u00ad el tema, esto de suyo es bastante extr\u00ed\u00adnseco, y por lo tanto se podr\u00ed\u00ada descartar. Sin embargo, la historia entera de la reflexi\u00f3n cat\u00f3lica sobre la inspiraci\u00f3n en el \u00faltimo siglo ha estado muy condicionada, y casi presidida, por la problem\u00e1tica de la inerrancia; por lo cual no se podr\u00ed\u00adan hoy separar los dos discursos sin hacer que de este modo perdiera la teolog\u00ed\u00ada de la inspiraci\u00f3n la memoria de sus recientes itinerarios. Adem\u00e1s, la hermen\u00e9utica no tiene motivos para comprometerse m\u00e1s que positivamente con los caminos para la apropiaci\u00f3n de la verdad de la Biblia. Las cuestiones relativas precisamente a la inerrancia como no-no-verdad podr\u00ed\u00adan verse acantonadas, perdiendo tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad, si no otra cosa, la memoria \u00fatil de los caminos err\u00f3neos que no hay que seguir.<\/p>\n<p>1. LA INERRANCIA CONTRA LA SOSPECHA DE ERROR. La muy estrecha conexi\u00f3n entre la reflexi\u00f3n sobre la inspiraci\u00f3n y sobre la inerrancia se puede documentar por contraste del mismo modo en que el Vaticano I rechaza la tesis de la simple identificaci\u00f3n: los libros de la Biblia, ense\u00f1a, son considerados sagrados y can\u00f3nicos entre otras cosas \u00abno s\u00f3lo porque contienen la revelaci\u00f3n misma sin error\u00bb (DS 3006); esto ciertamente est\u00e1 lejos de excluirse, pero se considera insuficiente. Para una buena comprensi\u00f3n teol\u00f3gica del sentido de este texto dogm\u00e1tico, es \u00fatil considerarlo sobre el fondo de la problem\u00e1tica general del Vaticano I. El concilio se preparaba a hablar de infalibilidad a prop\u00f3sito del magisterio del papa en el momento de su m\u00e1ximo compromiso. El concepto de infalibilidad no es muy diverso del de inerrancia, si no es en cuanto que \u00e9sta se refiere a la Biblia como hecho ya acabado, mientras que la infalibilidad mira tambi\u00e9n a eventuales formulaciones de la doctrina ubicadas en el futuro, y por tanto se mueve en el \u00e1rea de lo posible. Afirmar en este contexto que la inerrancia no es suficiente para explicar la inspiraci\u00f3n de la Escritura significaba colocar la Biblia inconfundiblemente m\u00e1s all\u00e1 de cualquier expresi\u00f3n de la tradici\u00f3n cristiana, y en particular m\u00e1s all\u00e1 del dogma.<\/p>\n<p>Por consiguiente (en cuanto es posible hablar en m\u00e1s o en menos sobre conceptos negativos), la misma inerrancia requer\u00ed\u00ada ser afirmada en t\u00e9rminos m\u00e1s absolutos que los de la infalibilidad de la tradici\u00f3n y del magisterio dogm\u00e1tico que la rige y la expresa. En particular, esta infalibilidad, seg\u00fan la tesis un\u00e1nime de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica y la formulaci\u00f3n misma que el Vaticano I usa a prop\u00f3sito del papa (cf tambi\u00e9n el Vaticano II, LG 25), es limitada al \u00e1mbito de la fe y de la moral, con vistas al cual tiene sentido la tradici\u00f3n de la Iglesia y para cuya custodia se ha constituido el magisterio. En cambio, la inerrancia de la Biblia, anclada en la verdad de Dios que es su autor, requiere ser afirmada sin limitaciones de ninguna clase; y as\u00ed\u00ad, en particular, sin limitaciones de \u00e1mbito, de competencia. Precisamente en estos t\u00e9rminos se entend\u00ed\u00ada y expresaba la trascendencia de la verdad de la Escritura en el contexto teol\u00f3gico en la transici\u00f3n del siglo.<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n de esta ilimitada inerrancia de la Biblia en cuanto palabra de Dios ha servido de fondo a debates nada f\u00e1ciles. Los problemas se suscitaban partiendo de la confrontaci\u00f3n del texto b\u00ed\u00adblico con las conclusiones a menudo nuevas y sorprendentes de diversas disciplinas: las ciencias f\u00ed\u00adsicas, paleontol\u00f3gicas, la arqueolog\u00ed\u00ada, la historia, etc., parec\u00ed\u00adan oponer sus resultados a las declaraciones de la Biblia. Los desarrollos eventualmente originados por la discusi\u00f3n del dato cient\u00ed\u00adfico interesan menos directamente al problema b\u00ed\u00adblico. A lo sumo, en particular a partir de la arqueolog\u00ed\u00ada, se ha podido observar repetidamente que \u00abla Biblia ten\u00ed\u00ada raz\u00f3n\u00bb. En cambio, merece tomarse en cuenta el principio propuesto incansablemente por el magisterio (desde Le\u00f3n XIII al Vaticano II) sobre el aspecto de la verdad de la Escritura. El principio es que lo que afirma la Biblia como escrito humano, por estar afirmado por Dios autor principal de la Escritura, no puede menos de ser absolutamente cierto; es necesario, por otra parte, preguntarse cuidadosamente qu\u00e9 es lo que afirma la Biblia, siendo criterio de ello la intenci\u00f3n de los hagi\u00f3grafos, valorada tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con las diversas formas de decir.<\/p>\n<p>Lo que s\u00f3lo lentamente se ha ido adquiriendo en la hermen\u00e9utica cat\u00f3lica, y en particular en las declaraciones y directrices del magisterio a su respecto, es el sentido de la variabilidad hist\u00f3rico-cultural de estas formas de decir. Por ejemplo, las directrices de Le\u00f3n XIII (Providentissimus Deus: DS 3288) acerca de las relaciones entre verdad de la Biblia y ciencias de la naturaleza conoc\u00ed\u00adan diversos modos de hablar de las realidades de orden f\u00ed\u00adsico, pero ten\u00ed\u00adan a su disposici\u00f3n s\u00f3lo criterios objetivistas para valorar la verdad o la falsedad de esos modos de decir. (N\u00f3tese que aqu\u00ed\u00ad lo verdadero y lo falso no se verifican s\u00f3lo dentro de los modos de decir; hay modos verdaderos y modos falsos de hablar de ciertos temas.)<br \/>\n2. LA INERRANCIA COMO PROBLEMA DE VERDAD. Lentamente se ha hecho de dominio com\u00fan, y ha sido sancionada por P\u00ed\u00ado XII (Divino afflante Spiritu) y por el Vaticano II (DV 12), la conciencia de que las formas de decir del Oriente antiguo no se pueden decidir a priori o valorarse con los criterios del Occidente moderno. Y sobre todo que el \u00e1ngulo de perspectiva del sujeto hablante (el de su intenci\u00f3n comunicativa, no el de sus opiniones personales, \u00e1ngulo de perspectiva que no queda inexpresado, sino que constituye, para decirlo en t\u00e9rminos escol\u00e1sticos, el objeto formal de la comunicaci\u00f3n) puede ser sumamente vario, y por tanto informar de modo muy diverso la materialidad de las palabras. De ah\u00ed\u00ad la imposibilidad de hablar de la inerrancia de la Biblia prescindiendo de la consideraci\u00f3n de los g\u00e9neros literarios hist\u00f3ricamente estudiados; y, todav\u00ed\u00ada m\u00e1s puntualmente, de la intenci\u00f3n comunicativa del hagi\u00f3grafo, es decir, de la \u00ed\u00adndole cultural e hist\u00f3rica de la acci\u00f3n hagiogr\u00e1fica, de las cuales se ha hablado antes. De ah\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el impulso a hablar no tanto de inerrancia cuanto de verdad de la Escritura, orientando la atenci\u00f3n a la rica variedad de lo verdadero y de sus formas, de sus significados y de su alcance existencial y salv\u00ed\u00adfico, concebido en t\u00e9rminos intelectualistas, y en todo caso con la doble y r\u00ed\u00adgida univocidad de un concepto formalmente dos veces negativo (inerrante como no-no-verdadero).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el famoso texto del Vaticano II sobre la verdad de la Biblia se ha de entender en el marco de este desarrollo del estado de la cuesti\u00f3n. Ense\u00f1a DV 11: \u00abAs\u00ed\u00ad pues, como quiera que cuanto los autores inspirados o hagi\u00f3grafos afirman ha de tenerse como afirmado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, s\u00ed\u00adguese deberse profesar que los libros de la Sagrada Escritura ense\u00f1an con firmeza, con fidelidad y sin error aquella verdad que, por nuestra salud, quiso Dios quedara consignada en las letras sagradas\u00bb. Ya durante el debate conciliar se declar\u00f3 sol\u00ed\u00adcita y oficialmente que el inciso \u00abpor nuestra salud\u00bb no pretend\u00ed\u00ada tener car\u00e1cter limitativo a la inerrancia, sino s\u00f3lo declarativo de la finalidad y de la orientaci\u00f3n de la Escritura y de su verdad. Se not\u00f3 tambi\u00e9n ampliamente que la inerrancia en este texto se entend\u00ed\u00ada oportunamente como una simple caracterizaci\u00f3n de la verdad de la Biblia.<\/p>\n<p>Si esto est\u00e1 claro, parece tambi\u00e9n bastante transparente qu\u00e9 es lo que en cambio requiere ulterior indagaci\u00f3n para una aclaraci\u00f3n que quiz\u00e1 no ser\u00e1 f\u00e1cil. En primer lugar, \u00bfc\u00f3mo se ha de concebir la verdad de la Biblia all\u00ed\u00ad donde las formas de decir no tienen car\u00e1cter aseverativo? Ciertamente, con vistas a este interrogante se ha de leer el principio de la correspondencia entre la intenci\u00f3n del hagi\u00f3grafo y la intenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu a trav\u00e9s de una mediaci\u00f3n no obvia. En segundo lugar, \u00bfel fin de la comunicaci\u00f3n (y en nuestro caso el fin salv\u00ed\u00adfico) es tan extr\u00ed\u00adnseco respecto a la misma comunicaci\u00f3n que no nos permite satisfacernos \u00faltimamente con la distinci\u00f3n entre car\u00e1cter limitativo y car\u00e1cter declarativo del inciso \u00abpor nuestra salvaci\u00f3n\u00bb? Pero de esta segunda etapa nace una tercera: \u00bfqu\u00e9 relaci\u00f3n se puede establecer en general (y especialmente para los diversos textos) entre el fin perseguido por Dios, del cual formalmente hablaba el concilio, y el fin entendido por el hagi\u00f3grafo? Pues dif\u00ed\u00adcilmente se podr\u00ed\u00ada prescindir de este \u00faltimo fin como criterio caracterizador, y por ello tambi\u00e9n a su modo delimitador del sentido humano del texto. Pero esta tercera pregunta no se podr\u00ed\u00ada afrontar seriamente sin abrir una cuarta: qui\u00e9n es propiamente el hagi\u00f3grafo que se ha tomado en consideraci\u00f3n m\u00e1s arriba a prop\u00f3sito de la inspiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ciertamente, ya a priori la intenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios tiene horizontes m\u00e1s vastos que la de cualquier hombre posible por inspirado que est\u00e9: esto no admite discusi\u00f3n para cualquier teolog\u00ed\u00ada razonable. Parece tambi\u00e9n claro a posteriori que los autores sagrados, tanto del AT como del NT, tuvieron ciertamente alguna conciencia del destino salv\u00ed\u00adfico de sus escritos, pero no dotada de aquella profundidad de perspectiva que se nos ha dado a nosotros gracias al desarrollo del tiempo de la salvaci\u00f3n desde los profetas y los ap\u00f3stoles hasta nuestra \u00e9poca posapost\u00f3lica. Si ni los hagi\u00f3grafos del AT ni los de NT escribieron expl\u00ed\u00adcitamente, por hip\u00f3tesis, para nosotros, hombres del siglo xx (mientras que Dios quiso sin duda tambi\u00e9n espec\u00ed\u00adficamente la Escritura para nosotros, pero justamente como cuerpo de aquellos escritos, de aquellos autores, con aquel significado pr\u00f3ximo y con aquellos destinatarios directos), se puede presumir, sin embargo, y conviene que se verifique lo m\u00e1s puntualmente posible en los diversos textos, que ellos han escrito conscientemente dentro de una tradici\u00f3n abierta al futuro de Dios, mientras que la \u00ed\u00adndole documentar\u00ed\u00ada de sus escritos los destina connaturalmente tambi\u00e9n a lectores no contempor\u00e1neos suyos, y eso desde el principio. En estos t\u00e9rminos hay que resolver presumiblemente la cuesti\u00f3n muchas veces suscitada de la conciencia que tuvieron los hagi\u00f3grafos o que no tuvieron de su inspiraci\u00f3n. C\u00f3mo interviene este contexto de los escritos en la tradici\u00f3n de la alianza antigua y nueva en la determinaci\u00f3n de la intencionalidad hagiogr\u00e1fica, es problema sutil pero ineludible para la hermen\u00e9utica, para la cual el problema de la verdad de la Escritura se le plantea expl\u00ed\u00adcitamente como problema suyo.<\/p>\n<p>Parece claro tambi\u00e9n por qu\u00e9 no es indiferente a este prop\u00f3sito preguntar qui\u00e9n es el hagi\u00f3grafo. El primado atribuido no a este o a aquel escritor o redactor m\u00e1s significativo, sino al escrito can\u00f3nico en su forma definitiva, aunque estratificada, permite tambi\u00e9n ver incorporada en la \u00faltima redacci\u00f3n yen la \u00faltima relectura inspirada de los escritos sagrados una conciencia de su funci\u00f3n a lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n que no se puede presumir tan expl\u00ed\u00adcita en los autores m\u00e1s antiguos, y que s\u00f3lo en el NT se puede comprender m\u00e1s plenamente tambi\u00e9n en referencia al AT. No se ha de excluir que el destino \u00abpara nuestra salvaci\u00f3n\u00bb, no en cuanto oculto en el misterio de Dios o simplemente notificado a nosotros en t\u00e9rminos generales, sino en cuanto incorporado as\u00ed\u00ad a la intenci\u00f3n hagiogr\u00e1fica definitiva, y por tanto a la Biblia, sirva de criterio hermen\u00e9utico verdadero y propio. De \u00e9l deber\u00ed\u00adamos servirnos no ya para admitir errores en la Biblia fuera de tal \u00e1rea, sino para excluir como verdadero sentido b\u00ed\u00adblico lo que manifiestamente no tiene nada que ver con ello.<\/p>\n<p>La inerrancia de la Biblia quedar\u00ed\u00ada establecida de manera absoluta, y al mismo tiempo se podr\u00ed\u00ada evidenciar el alma de la verdad oculta en aquella apelaci\u00f3n a la fe y la moral (es decir, a los temas relativos a la salvaci\u00f3n) que a su tiempo se refut\u00f3 como indebidamente limitativo. La problem\u00e1tica quedar\u00ed\u00ada limpia de falsas cuestiones justamente por leerla en su aspecto m\u00e1s correcto. Podr\u00ed\u00ada resultar claro c\u00f3mo entender que los confines de la inerrancia b\u00ed\u00adblica coinciden con los confines de la misma Biblia, pero sin distinguirse materialmente de los de la pertenencia de la tradici\u00f3n y del dogma. Pues no existe separaci\u00f3n entre la intenci\u00f3n can\u00f3nica \u00faltima de la Biblia y la tradici\u00f3n de la fe. La tarea de afirmar aquella trascendencia de la verdad de la Biblia que la teolog\u00ed\u00ada a caballo del siglo tend\u00ed\u00ada a formular en t\u00e9rminos de contenido recaer\u00ed\u00ada en la relaci\u00f3n hermen\u00e9utica, que no se podr\u00e1 eludir, entre nuestra precomprensi\u00f3n de \u00abnuestra salvaci\u00f3n\u00bb y la presentaci\u00f3n que de ella da la Escritura incluso por el solo hecho de ser esta Escritura. Esa relaci\u00f3n irreductiblemente no es paritaria: no puede ser nuestra fe criterio del significado y de la verdad de la Biblia; pero la Biblia, palabra de Dios, es canon de nuestra fe.<\/p>\n<p>BIBL.: ARTOLA A.M.-S\u00ed\u0081NCHEZ CARO J.M., Introducci\u00f3n al estudio de la Biblia, Verbo Divino, Estella 1989; AA.VV., l libri di Dio. 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Sin embargo, en un principio debi\u00f3 tener poca o ninguna necesidad de escribir. En aquel entonces toda la comunicaci\u00f3n de Ad\u00e1n pod\u00ed\u00ada ser verbal, y, como hombre perfecto, no tendr\u00ed\u00ada que depender de un registro escrito que compensara una memoria imperfecta. No obstante, ten\u00ed\u00ada la capacidad de idear alg\u00fan m\u00e9todo de escritura, pero la Biblia no dice nada con relaci\u00f3n a que escribiera, ni antes ni despu\u00e9s de su transgresi\u00f3n.<br \/>\nLas palabras \u2020\u0153este es el libro de la historia de Ad\u00e1n\u2020\u009d han llevado a algunos a la conclusi\u00f3n de que Ad\u00e1n fue el escritor de este \u2020\u0153libro\u2020\u009d. (G\u00e9 5:1.) Comentando sobre la frase \u2020\u0153esta es la historia\u2020\u009d (\u2020\u0153estos son los or\u00ed\u00adgenes\u2020\u009d), que aparece con frecuencia en el libro de G\u00e9nesis, P. J. Wiseman dice: \u2020\u0153Es la frase de conclusi\u00f3n de cada secci\u00f3n, y por lo tanto se remite a una narraci\u00f3n previa [&#8230;]. Suele referirse al escritor de la historia o al propietario de la tablilla que la contiene\u2020\u009d. (New Discoveries in Babylonia About Genesis, 1949, p\u00e1g. 53.)<br \/>\nUn examen del contenido de estas historias pone en tela de juicio la correcci\u00f3n de las conclusiones de Wiseman. Por ejemplo, seg\u00fan esta opini\u00f3n, la secci\u00f3n que empieza en el vers\u00ed\u00adculo 10 del cap\u00ed\u00adtulo 36 de G\u00e9nesis deber\u00ed\u00ada concluir con las palabras de G\u00e9nesis 37:2: \u2020\u0153Esta es la historia de Jacob\u2020\u009d. Sin embargo, casi todo el relato tiene que ver con la descendencia de Esa\u00fa y solo habla de Jacob de forma incidental. Por otra parte, el relato que sigue presenta extensa informaci\u00f3n sobre Jacob y su familia. Es m\u00e1s, si esta teor\u00ed\u00ada fuera correcta, significar\u00ed\u00ada que Ismael y Esa\u00fa fueron los escritores o propietarios de los documentos m\u00e1s extensos sobre los tratos de Dios con Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob. Esto no parece razonable, pues supondr\u00ed\u00ada que quienes no tuvieron ninguna participaci\u00f3n en el pacto abrah\u00e1mico fueron los m\u00e1s interesados en \u00e9l. Ser\u00ed\u00ada dif\u00ed\u00adcil aceptar que Ismael tuviera tanto inter\u00e9s por acontecimientos relacionados con la casa de Abrah\u00e1n como para conseguir un registro detallado de estos, que en su mayor parte ocurrieron mucho tiempo despu\u00e9s que se le despidi\u00f3 con su madre Agar. (G\u00e9 11:27b\u201325:12.)<br \/>\nDe igual manera, no hubiera habido ninguna raz\u00f3n para que Esa\u00fa, que no ten\u00ed\u00ada ning\u00fan aprecio por las cosas sagradas (Heb 12:16), escribiera o fuera propietario de un relato que tratara principalmente sobre los acontecimientos de la vida de Jacob, acontecimientos que Esa\u00fa mismo no presenci\u00f3. (G\u00e9 25:19\u201336:1.) Adem\u00e1s, no parece l\u00f3gico concluir que Isaac y Jacob no se interesaran en poseer un registro de los tratos de Dios con ellos, content\u00e1ndose solo con breves registros de genealog\u00ed\u00adas ajenas. (G\u00e9 25:13\u201319a; G\u00e9 36:10\u201337:2a.)<\/p>\n<p>La escritura antes del Diluvio. No se puede precisar si algunos de los relatos del libro de G\u00e9nesis se escribieron antes del Diluvio, y la Biblia no contiene ninguna referencia a escritura antediluviana. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la edificaci\u00f3n de ciudades, la manufactura de instrumentos musicales y la forja de herramientas de hierro y de cobre empezaron mucho antes del Diluvio. (G\u00e9 4:17, 21, 22.) Por lo tanto, es razonable pensar que los hombres tuvieran poca dificultad en inventar tambi\u00e9n un sistema de escritura. Puesto que en un principio solo hab\u00ed\u00ada un idioma (que m\u00e1s tarde lleg\u00f3 a conocerse como hebreo; v\u00e9ase HEBREO, II) y los que siguieron hablando ese idioma, los israelitas, utilizaron un alfabeto, la escritura alfab\u00e9tica pudo haber existido antes del Diluvio.<br \/>\nEl rey asirio Asurbanipal dijo haber le\u00ed\u00addo \u2020\u0153inscripciones en piedras de antes del Diluvio\u2020\u009d. (Historia del libro, de Hip\u00f3lito Escolar, Madrid, Pir\u00e1mide, 1988, p\u00e1g. 58.) Sin embargo, puede que esas inscripciones simplemente hayan precedido a un diluvio local de proporciones considerables, o tal vez hayan sido relatos que pretend\u00ed\u00adan contar acontecimientos anteriores al Diluvio. Por ejemplo, en lo que se conoce como \u2020\u0153la lista de los reyes sumerios\u2020\u009d, se menciona que ocho reyes gobernaron durante 241.000 a\u00f1os, y despu\u00e9s se dice lo siguiente: \u2020\u0153(Despu\u00e9s) el Diluvio barri\u00f3 (la tierra)\u2020\u009d. (Ancient Near Eastern Texts, edici\u00f3n de J. B. Pritchard, 1974, p\u00e1g. 265.) Evidentemente, ese registro no es aut\u00e9ntico.<br \/>\nSeg\u00fan la cronolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, el diluvio universal del d\u00ed\u00ada de No\u00e9 aconteci\u00f3 en el a\u00f1o 2370 a. E.C. Los arque\u00f3logos han dado fechas anteriores a numerosas tablillas de barro que han desenterrado, pero estas tablillas no son documentos fechados. Por consiguiente, las fechas que se les han dado son hipot\u00e9ticas y no suponen ninguna base s\u00f3lida para establecer una relaci\u00f3n temporal entre esas tablillas y el diluvio b\u00ed\u00adblico. No se puede afirmar de manera categ\u00f3rica que alguno de los objetos obtenidos en las excavaciones sea anterior al Diluvio. Los arque\u00f3logos que han fechado objetos como pertenecientes al per\u00ed\u00adodo antediluviano lo han hecho sobre la base de hallazgos que, como mucho, solo pueden interpretarse como prueba de un gran diluvio local.<\/p>\n<p>La escritura despu\u00e9s del Diluvio. Despu\u00e9s de la confusi\u00f3n del lenguaje original del hombre en Babel, llegaron a existir diversos sistemas de escritura. Los babilonios, los asirios y otros pueblos utilizaron escritura cuneiforme (en forma de cu\u00f1a), que, seg\u00fan se cree, inventaron los sumerios partiendo de su escritura pictogr\u00e1fica. Existen indicios de que se usaba m\u00e1s de un sistema de escritura al mismo tiempo. Por ejemplo, en una antigua pintura mural asiria se ve a dos escribas, uno haciendo impresiones cuneiformes con un estilo sobre una tablilla (probablemente en acadio) y el otro escribiendo con un pincel sobre piel o papiro (tal vez en arameo). La escritura jerogl\u00ed\u00adfica egipcia consist\u00ed\u00ada en diferentes representaciones pict\u00f3ricas y formas geom\u00e9tricas separadas. Aunque dicha escritura continu\u00f3 emple\u00e1ndose en las inscripciones de los monumentos y en las pinturas murales, con el tiempo llegaron a utilizarse otras dos formas de escritura (primero la hier\u00e1tica y despu\u00e9s la dem\u00f3tica). (V\u00e9ase EGIPTO, EGIPCIO.) En los sistemas no alfab\u00e9ticos se representaban los objetos, las ideas transmitidas por dichos objetos y las palabras o s\u00ed\u00adlabas que ten\u00ed\u00adan la misma pronunciaci\u00f3n, mediante formas pict\u00f3ricas (o su representaci\u00f3n posterior lineal o cursiva, a menudo irreconocible). Por ejemplo, un simple dibujo del azahar podr\u00ed\u00ada utilizarse en espa\u00f1ol para designar la \u2020\u0153flor de azahar\u2020\u009d, una \u2020\u0153flor\u2020\u009d en general, \u2020\u0153flor\u2020\u009d (en el sentido de lo m\u00e1s selecto), \u2020\u0153azar\u2020\u009d (casualidad) o la s\u00ed\u00adlaba inicial de la ciudad de \u2020\u0153Florencia\u2020\u009d.<br \/>\nEl sistema alfab\u00e9tico utilizado por los israelitas era fon\u00e9tico, y cada s\u00ed\u00admbolo correspond\u00ed\u00ada a una consonante, que a su vez representaba un sonido en particular. Sin embargo, el lector ten\u00ed\u00ada que suplir los sonidos voc\u00e1licos, y el contexto determinaba la palabra que se quer\u00ed\u00ada decir en aquellos casos en que ciertos t\u00e9rminos tuvieran el mismo deletreo, pero una diferente combinaci\u00f3n de sonidos voc\u00e1licos. Este hecho no planteaba ning\u00fan verdadero problema, pues en la actualidad las revistas, peri\u00f3dicos y libros escritos en hebreo moderno omiten los puntos voc\u00e1licos casi por completo.<\/p>\n<p>La lectura y la escritura en Israel. Los sacerdotes de Israel (N\u00fa 5:23) y las personas prominentes, como Mois\u00e9s (Ex 24:4), Josu\u00e9 (Jos 24:26), Samuel (1Sa 10:25), David (2Sa 11:14, 15) y Jeh\u00fa (2Re 10:1, 6), sab\u00ed\u00adan leer y escribir. El pueblo en general, salvo algunas excepciones, tambi\u00e9n sab\u00ed\u00ada leer y escribir. (Comp\u00e1rese con Jue 8:14; Isa 10:19; 29:12.) El mandato de que los israelitas escribiesen sobre los postes de las puertas de sus casas, aunque al parecer era figurativo, daba a entender que sab\u00ed\u00adan leer y escribir. (Dt 6:8, 9.) Adem\u00e1s, la Ley requer\u00ed\u00ada que el rey escribiese para s\u00ed\u00ad una copia de la Ley y leyese todos los d\u00ed\u00adas de ella una vez que ascendiese al trono. (Dt 17:18, 19; v\u00e9ase LIBRO.)<br \/>\nPese a que en hebreo exist\u00ed\u00ada bastante informaci\u00f3n escrita, se han hallado pocas inscripciones israelitas. Es probable que esto se deba al hecho de que los israelitas no erigieron muchos monumentos para ensalzar sus haza\u00f1as. La mayor parte de la escritura, incluidos los libros de la Biblia, se hizo con tinta sobre papiro o pergamino, materiales no muy duraderos en el h\u00famedo suelo de Palestina. Sin embargo, el mensaje de las Escrituras se conserv\u00f3 a trav\u00e9s de los siglos por medio de reiteradas copias cuidadosas del texto. (V\u00e9anse COPISTA; ESCRIBA, ESCRIBANO; MANUSCRITOS DE LA BIBLIA.) Solo la historia de la Biblia llega al mism\u00ed\u00adsimo origen del hombre y se remonta a\u00fan m\u00e1s all\u00e1. (G\u00e9 1, 2.) Quiz\u00e1s algunos registros grabados en piedra e inscritos en tablillas de barro, as\u00ed\u00ad como prismas y cilindros, sean mucho m\u00e1s antiguos que la mayor\u00ed\u00ada de los manuscritos b\u00ed\u00adblicos antiguos conservados hasta la actualidad; no obstante, estos registros no tienen un verdadero efecto en las vidas de las personas hoy d\u00ed\u00ada, y muchos de ellos (como la lista de los reyes sumerios) contienen manifiestas falsedades. Por consiguiente, la Biblia sobresale entre los escritos antiguos como el \u00fanico legado que presenta un mensaje significativo que merece mucho m\u00e1s que un inter\u00e9s pasajero.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. Canonicidad y canon de la Biblia:<br \/>\n893<br \/>\n1. La Biblia como libro y como problema teol\u00f3gico: \u00e1) El canon y la canonicidad, b) El libro y los libros, c) El dogma del canon como acto de fe en la unidad de ia Biblia, d) Tradici\u00f3n y canon;<br \/>\n894<br \/>\n2. Historia del canon b\u00ed\u00adblico: a) Periodizaci\u00f3n, b) El cuerpo de las Escrituras de Israel, c) Las Escrituras antiguas en la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes, \u00bfILas nuevas Escrituras cristianas, e) El discernimiento patr\u00ed\u00adstico del canon, 19 El debate moderno sobre el canon y la canonicidad; 3. El problema teol\u00f3gico actual: a) Valor de los criterios de canonicidad, b) \u00ed\u00adndole del juicio de canonicidad, c) Acerca del sentido del AT como Escritura cristiana, d) Canon \u00c2\u00a1y ecumenismo. II. Inspiraci\u00f3n:!. Ei problema; 2. Eldato:ajEi testimonio b\u00ed\u00adblico, b) La identificaci\u00f3n moderna del tema y el dogma cat\u00f3lico, c) La humanidad deUibro sagrado y el carisma hagiogr\u00e1fico; 3. La interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica: a) La interpretaci\u00f3n por esquemas conceptuales, b) La interpretaci\u00f3n econ\u00f3mica, c) Inspiraci\u00f3n y revelaci\u00f3n. 111. Texto: A. Los hechos; 2. Texto e inspiraci\u00f3n.<br \/>\nIV. Verdad (inerrancia) de la Escritura: 1. La inerrancia contra la sospecha de error; 2. La inerrancia como problema de verdad.<br \/>\n895<br \/>\n1. CANONICIDAD Y CANON DE LA BIBLIA.<br \/>\n896<br \/>\n1. La Biblia COMO LIBRO Y COMO PROBLEMA TEOLOGico.<br \/>\n897<br \/>\na) El canon y la canonicidad.<br \/>\nLa entidad teol\u00f3gico-literaria que llamamos Biblia, tal como es reconocida en la Iglesia cat\u00f3lica romana, consta de 73 escritos, que se distinguen en dos grupos mayores: AT (46) y NT (27). El n\u00famero de los escritos recibidos en el \/judaismo es de 24. Se trata, obviamente, s\u00f3lo de las Escrituras que llamamos nosotros AT, exceptuando siete libros (Tob, Jud, 1 y 2M, Sg, Si, Bar) y de algunas secciones de Est y Dan. El c\u00f3mputo no resulta obvio a causa de algunas agrupaciones o, viceversa, subdivisiones de libros. El uso de las Iglesias protestantes coincide con el jud\u00ed\u00ado para el AT; con el de las otras confesiones cristianas para el NT.<br \/>\nEl elenco de las Escrituras reconocidas (y, por metonimia, su conjunto, el libro) se llama canon, es decir, regla, norma. La lista es norma eclesi\u00e1stica para la aceptaci\u00f3n de las Escrituras; \u00e9stas a su vez son norma divina para la Iglesia y para su fe. De esta manera, canonicidad es ante todo la normatividad de la Biblia para la fe y para la Iglesia; derivada, y m\u00e1s formalistamente, la pertenencia de un escrito al canon b\u00ed\u00adblico.<br \/>\n898<br \/>\nb) El libro y los libros.<br \/>\nNorma y elenco: por un lado, y ante todo, el libro, la Biblia, es visto por la fe como realidad unitaria; pero desde el punto de vista de la estructura literaria, de la ubicaci\u00f3n hist\u00f3rica y de los contenidos teol\u00f3gicos, se presenta vario, m\u00faltiple y desigual. \u2020\u0153El libro\u2020\u009d es a la vez los libros (biblia, de donde Biblia es un plural); por no hablar de que, dentro de gran parte de estos escritos, se replantea el problema de esta unidad completa. As\u00ed\u00ad pues, el problema teol\u00f3gico del canon es, por un lado, el del reconocimiento de la canonicidad de los escritos, y por tanto de la determinaci\u00f3n de su elenco; y, por otro, es el problema de la unidad de la Biblia dentro de la multiplicidad de las Escrituras. El condiciona intr\u00ed\u00adnsecamente la posibilidad misma de la Biblia de hacer de norma autorizada de nuestra fe. No podr\u00ed\u00ada ser norma sino de palabra, tanto si no fuese posible individuar qu\u00e9 escritos forman parte de ella como si por falta de toda l\u00f3gica interna se convirtiese en un cent\u00f3n sin sentido y acaso contradictorio.<br \/>\nA los escritos b\u00ed\u00adblicos les une en primer lugar precisamente el mismo car\u00e1cter formal de su canonicidad o autoridad can\u00f3nica, que no se ha de entender s\u00f3lo en el sentido positivo, y a la postre extr\u00ed\u00adnseco e infundado, de un reconocimiento de orden eclesi\u00e1stico. La Iglesia sabe que no puede decidir los t\u00e9rminos de la Biblia y su autoridad libremente, sino que s\u00f3lo puede reconocerlos sin duda y con seguridad. La canonicidad de la Biblia o, en otras palabras, su misma biblicidad es un hecho objetivo, que precede a nuestra fe, aunque est\u00e1 orientado a ella. Es por definici\u00f3n por este aspecto, en cuanto formal, por el que la Biblia es ella misma y una. Desde el punto de vista, por as\u00ed\u00ad decir, material, esta unidad de la Biblia toma cuerpo, sin embargo, en una tradici\u00f3n de fe, cuya compleja andadura hist\u00f3rica justamente ella, la Biblia, expresa. Si se prescinde de esta referencia a lo concreto, hist\u00f3rico y material, la formalidad can\u00f3nica de los escritos b\u00ed\u00adblicos aparecer\u00ed\u00ada con el rostro desfigurado por el formalismo.<br \/>\n899<br \/>\nc) El dogma del canon como acto de fe en la unidad de la Biblia.<br \/>\nLa afirmaci\u00f3n de la canonicidad. de la Biblia significa entonces, en concreto, un acto de fe en la capacidad de este criterio formal de hacer de co\u00e1gulo alrededor de la cual aquella historia, aquella tradici\u00f3n, con estos escritos que la expresan y que componen el canon b\u00ed\u00adblico, puede ser correctamente interpretada. Un acto de fe, en otros t\u00e9rminos, en el hecho de que la Biblia es la palabra autorizada que interpreta con un juicio \u00faltimo y seg\u00fan Dios la historia de la tradici\u00f3n en la que ha nacido; m\u00e1s a\u00fan, nuestra misma historia en cuanto est\u00e1 en continuidad con aqu\u00e9lla. La Biblia dice el sentido que tienen seg\u00fan Dios la historia de Israel y la historia de Jes\u00fas, la historia de la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes y, a partir de ah\u00ed\u00ad, nuestra historia. En esta funci\u00f3n y desde esta perspectiva, el dogma del canon desemboca en la capacidad de la multitud de palabras y testimonios b\u00ed\u00adblicos de ser una palabra y un testimonio.<br \/>\nLa referencia a nuestra historia es necesaria. La Biblia no existe para s\u00ed\u00ad misma, sino para nosotros. Si bien cada uno de los escritos que la componen ha tenido un origen determinado y destinatarios primitivos muy distintos de nosotros, por otro lado est\u00e1n abiertos a un empleo ulterior por parte nuestra; y, en particular, est\u00e1 orientada a ese empleo su colecci\u00f3n, que los configura como canon. Tambi\u00e9n la llamada a la fe en sentido estricto es necesaria. La Biblia no se presenta s\u00f3lo como una hip\u00f3tesis his-toriogr\u00e1fica y teol\u00f3gicamente plausible de interpretaciones de la tradici\u00f3n en que naci\u00f3 y en la que es le\u00ed\u00adda, sino como su lectura aut\u00e9ntica y propiamente divina. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad puede representar para la fe una norma en su g\u00e9nero absoluta; esto es lo que se expresa con la doctrina de la inspiraci\u00f3n [1 abajo, II].<br \/>\n900<br \/>\nd) Tradici\u00f3n y canon.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, en relaci\u00f3n con la tradici\u00f3n de los or\u00ed\u00adgenes y con el momento actual, la oposici\u00f3n Biblia- tradici\u00f3n, que constituy\u00f3 un cap\u00ed\u00adtulo mayor de la controversia entre catolicismo y protestantismo, aparece radicalmente insostenible. Si es insostenible una oposici\u00f3n (perspectiva tendencial cl\u00e1sica del protestantismo), por razones del todo an\u00e1logas es insostenible una yuxtaposici\u00f3n (perspectiva tendencial cl\u00e1sica del catolicismo pos-tridentino). El problema real (porque hay un problema real; dif\u00ed\u00adcilmente surgen y se perpet\u00faan controversias de estas dimensiones sin un problema real) es el de establecer los t\u00e9rminos de una relaci\u00f3n en todo caso necesaria. La Biblia existe en la tradici\u00f3n, y no tendr\u00ed\u00ada sentido sino dentro de ella y con vistas a ella. Tambi\u00e9n las tradiciones religiosas diversas de la hebreo-cristiana tienen sus libros sagrados. Tambi\u00e9n las tradiciones de orden profano tienen con frecuencia textos fundamentales, que definen no solamente sus desarrollos accidentales, sino su identidad profunda (cf las constituciones de los Estados modernos). La tradici\u00f3n viva, no como alternativa a la Biblia, sino como historia del pueblo de los creyentes (c\u00ed\u00ad DV 8), es el \u00fanico lugar en el que la Biblia se puede conservar y es posible reproponer su palabra.<br \/>\nPero la Biblia es afirmada como can\u00f3nica no s\u00f3lo por la tradici\u00f3n y en la tradici\u00f3n, sino tambi\u00e9n para la tradici\u00f3n de la \u00c2\u00a1fe. Esto significa que la tradici\u00f3n da testimonio de la Biblia como norma que la trasciende. El juicio con el que se enuncia la cano-nicidad de la Biblia y se identifica el canon expresa la \u00ed\u00adndole no inmanen-tista de la fe y de la tradici\u00f3n de la fe. El juicio sobre la canonicidad y sobre el canon es momento intr\u00ed\u00adnseco de la autoconciencia del pueblo de Dios precisamente como pueblo que pertenece a Dios y no a s\u00ed\u00ad mismo. Por eso el desarrollo de la conciencia de la fe respecto al canon, en el AT y en el NT, forma parte de modo decisivo del desarrollo de la conciencia de la alianza en el pueblo de la antigua y de la nueva alianza, desarrollo estimulado por la \/ revelaci\u00f3n de Dios antes que por la meditaci\u00f3n de los creyentes, la cual en todo caso no es aut\u00f3noma. En cuanto a la Iglesia posapost\u00f3lica, se debe compartir la afirmaci\u00f3n de Cullmann, seg\u00fan la cual la posici\u00f3n del canon por parte de la Iglesia es un acto de humildad. Sin embargo, desde un punto de vista cat\u00f3lico no se puede aceptar que esta humildad ofrezca el rostro dial\u00e9ctico de la negaci\u00f3n del valor de la tradici\u00f3n en oposici\u00f3n a la sola Escritura. Por el contrario, la tradici\u00f3n, al reconocer el canon b\u00ed\u00adblico (la Biblia como canon), al paso que afirma la autenticidad de su fe, confiesa la necesidad de la Biblia para el mantenimiento de esta fidelidad. En qu\u00e9 t\u00e9rminos se ha de pensar esta necesidad de la Biblia y qu\u00e9 consecuencias se derivan de ah\u00ed\u00ad para la \/ hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica, es precisamente la pregunta que es justo y fructuoso que se haga la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica.<br \/>\nPara responder a esta pregunta no ayudan s\u00f3lo los t\u00e9rminos abstractos en los cuales enuncian la teolog\u00ed\u00ada y el dogma eclesi\u00e1stico la \u00ed\u00adndole sagrada y can\u00f3nica (concilio Tridentino: DS 1504 Vaticano 1: DS 3006; DS 3029) de la Biblia. Testimonio significativo e importante de la fe respecto a la Biblia es la praxis de la Iglesia y de la misma teolog\u00ed\u00ada. Se comprueba el retorno, constante en el curso de los siglos, a las Escrituras como punto de referencia autorizada y autentificadora para la predicaci\u00f3n y la oraci\u00f3n, lit\u00fargica e individual; para la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, para la orientaci\u00f3n espiritual, para el discernimiento y las reformas eclesiales. En la misma Biblia encontramos enunciado este panorama de funciones: \u2020\u0153Pues toda Escritura divinamente inspirada es \u00fatil para ense\u00f1ar, para reprender, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, dispuesto a hacer siempre el bien\u2020\u2122 (2Tm 3,16-17; 2P 1,19; Qo 12,11). Y el Vaticano II dicta: \u2020\u0153(La Iglesia), juntamente con la sagrada tradici\u00f3n, las ha tenido siempre (las Escrituras), y las sigue teniendo, como regla suprema de su fe&#8230; As\u00ed\u00ad pues, es menester que toda la predicaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, as\u00ed\u00ad como la religi\u00f3n cristiana misma, se nutra y rija por la Sagrada Escritura\u2020\u009d DV 21). \u2020\u0153La sagrada teolog\u00ed\u00ada estriba, como en fundamento perenne, en la palabra de Dios escrita, juntamente con la sagrada tradici\u00f3n, y en ella se robustece firm\u00ed\u00adsimamente y constantemente se rejuvenece&#8230; Con la misma palabra de la Escritura se nutre saludablemente, y santamente se vigoriza tambi\u00e9n el ministerio de la palabra, es decir, la predicaci\u00f3n pastoral, la catequesis y toda la instrucci\u00f3n cristiana, en que la homil\u00ed\u00ada es menester que tenga lugar preeminente\u2020\u009d (DV 24).<br \/>\n901<br \/>\n2. Historia del canon b\u00ed\u00adblico.<br \/>\nEl canon b\u00ed\u00adblico naci\u00f3 en una tradici\u00f3n de fe, o en todo caso en el plexo hist\u00f3rico de una pluralidad de tradiciones. Al final (y ciertamente ya durante su desarrollo, a pesar de las dispersiones y las tensiones) se las comprendi\u00f3 como historia \u00fanica; y a esta comprensi\u00f3n unitaria se debe la posibilidad de entender la Biblia como canon. Para la comprensi\u00f3n teol\u00f3gica del canon de la Biblia no podemos referirnos simplemente a un concepto abstracto de historicidad, sino que debemos considerar la historia concreta de aquella irrepetible gesta que origin\u00f3 la Biblia. Por eso la historia del canon tiene un inter\u00e9s teol\u00f3gico no accidental.<br \/>\n902<br \/>\na) Periodizaci\u00f3n.<br \/>\nUna periodiza-ci\u00f3n mayor de esta historia, ligada a las estructuras teol\u00f3gicas m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticas del canon mismo, debe prever tres tiempos, que en alguna medida se entrelazan. Ante todo el tiempo del AT y del surgir del canon veterotestamentario dentro de la(s) tradici\u00f3n(es) de Israel. Luego el tiempo de Jes\u00fas y de la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes, ya sea en cuanto interpreta el AT releyendo su sentido, su estructura, su canon, ya en cuanto genera el NT. Es un tiempo bajo el signo de lo definitivo, conforme al car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la figura de Jes\u00fas, y por ello, en relaci\u00f3n con el canon, tiene car\u00e1cter esencialmente conclusivo. El tercer tiempo, que le sigue, es por tanto tiempo de reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el canon como dato autorizado ya cerrado, sobre el sentido y sobre la responsabilidad del cual queda, sin embargo, mucho que meditar y comprender.<br \/>\n903<br \/>\nb) El cuerpo de las Escrituras de Israel.<br \/>\nLa historia del canon de las Escrituras de Israel se presenta a la vez como la historia de su colecci\u00f3n en un cuerpo de escritos y como la historia de la conciencia de su autoridad. Esta conciencia es de fe, seg\u00fan se ha dicho, y por tanto implica revelaci\u00f3n. La historia de la conciencia de la fe nos ayuda, aqu\u00ed\u00ad en particular, a comprender los caminos del proceso revelador que supone, y que no se nos notifica independientemente si no es con peque\u00f1as referencias. La historia de la conciencia de la autoridad de las Escrituras no supone completada su colecci\u00f3n, en el sentido en el que luego nos preguntaremos. Es m\u00e1s, los dos procesos se entrelazan y mutuamente se condicionan hasta formar una \u00fanica historia. En efecto, la fe en la autoridad de estos textos precede y causa no s\u00f3lo su colecci\u00f3n, sino con frecuencia tambi\u00e9n su misma redacci\u00f3n; y ello es tanto m\u00e1s cierto cuanto m\u00e1s \u00e9sta supone formas textuales, escritas u orales, ya precedentemente compaginadas (fuentes), ya autorizadas por la,tradici\u00f3n de la fe, de las cuales deriva luego el documento literario definitivo y can\u00f3nico. r,, As\u00ed\u00ad la autoridad de los escritos est\u00e1 ligada a la autoridad de su contenido y de su forma de proponerse a la fe de Israel: los textos legales como ley de Dios, los textos hist\u00f3ricos como memorial para la fe del pueblo de las intervenciones de Dios en los or\u00ed\u00adgenes y a lo largo de la historia de la alianza, los textos prof\u00e9ticos como interpretaci\u00f3n divina de la historia, los lit\u00fargicos como lenguaje tipo de la oraci\u00f3n de la fe, y as\u00ed\u00ad sucesivamente para los sapienciales, apocal\u00ed\u00adpticos, edificantes, etc. La historia del reconocimiento de los escritos sagrados y fundantes, es decir, can\u00f3nicos, viene a coincidir as\u00ed\u00ad con la historia de la conciencia teol\u00f3gica del pueblo de Dios, con sus desarrollos y sus involuciones, con sus maduraciones y sus crisis, con su continuidad y sus penodizaciones, con la referencia memorial a los acontecimientos instituyen-tes y la proyecci\u00f3n escatol\u00f3gica hacia el futuro de Dios diversamente prefigurado.<br \/>\nEn esta historia van tomando forma un primer grupo de Escrituras (t\u00f3rah), libro de la alianza y de la ley como fundamento del pueblo; un segundo grupo (profetas, anteriores y posteriores), libro de la interpretaci\u00f3n de la historia de Israel a la luz de la alianza gracias a la conservaci\u00f3n del don en \u00e9l de la palabra de Dios; un tercer grupo m\u00e1s heterog\u00e9neo (escritos\u2020\u009d), libro de los desarrollos que extienden el mensaje de la ley y de los profetas en direcciones varias, podr\u00ed\u00adamos decir, como son varios los caminos de la vida en los cuales tiende a expresarse la fe.<br \/>\nEl primer cuerpo de escritos se cierra y hace can\u00f3nico despu\u00e9s del destierro; el segundo es conocido en su forma definitiva en tiempo del Sir\u00e1-cida (principios del siglo II a.C). El nieto del Sir\u00e1cida, que traduce al griego la obra (finales del siglo n a.C.), conoce ya una tercera serie de escritos; pero en el judaismo no se pronunci\u00f3 una palabra definitiva sobre este tercer cuerpo m\u00e1s que hacia finales del siglo i d.C. En tiempo de Jes\u00fas, que la fe cristiana confiesa tiempo final, escatol\u00f3gico, el canon de las Escrituras de Israel est\u00e1, pues, definido en gran parte, pero no sancionado en sus \u00faltimos particulares. Se ha hablado de formas diversas de canon (m\u00e1s amplio, alejandrino; m\u00e1s reducido, palestinense) en el judaismo del tiempo alrededor de Jes\u00fas. Probablemente es m\u00e1s correcto no hablar de c\u00e1nones diversos, sino m\u00e1s bien de usos parcialmente no id\u00e9nticos, no elevados a\u00fan a la definitiva rigidez can\u00f3nica en ninguna de las \u00e1reas del judaismo.<br \/>\n904<br \/>\nc) Las Escrituras antiguas en la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes.<br \/>\nEl tiempo de los or\u00ed\u00adgenes cristianos (Jes\u00fas, Iglesia apost\u00f3lica) comprende para la historia de la Biblia la adopci\u00f3n cristiana del cuerpo de ios libros sagrados de Israel y la formaci\u00f3n del NT. Las Escrituras de Israel son rele\u00ed\u00addas por Jes\u00fas y a la luz del misterio de Jes\u00fas como Escrituras que encuentran en \u00e9l su cumplimiento. En este sentido se las puede aceptar como Escrituras cristianas, y no s\u00f3lo recordadas como palabra de Dios para el pueblo de Israel. As\u00ed\u00ad se convierten en \u2020\u0153AT\u2020\u009d (la f\u00f3rmula, referida a las Escrituras, en 2Co 3,14). Su estructura normativa es compaginada, y casi invertida; polarizada ahora definitivamente en Cristo, y no en la t\u00f3rah, lo cual no deja de plantear problemas interpretativos de amplio relieve, ya que su estructura hist\u00f3rico-literaria no puede menos de seguir siendo la vetero-testamentaria. En los or\u00ed\u00adgenes de este fen\u00f3meno est\u00e1 el modo mismo de aceptar Jes\u00fas sinceramente las Escrituras de Israel y su autoridad, aunque afirmando la autoridad de su propia persona como m\u00e1s originaria que ellas y como clave para la inteligencia de su verdad \u00faltima.<br \/>\nTambi\u00e9n la determinaci\u00f3n del canon del AT debe haberse producido en este horizonte. Una aceptaci\u00f3n material del canon jud\u00ed\u00ado no hubiera sido posible para aquella franja todav\u00ed\u00ada indeterminada que \u00e9ste presentaba en tiempos de Jes\u00fas. El criterio decisivo -m\u00e1s a\u00fan que el de la aceptaci\u00f3n y el uso personal de Jes\u00fas- parece haber sido el del cumplimiento de las Escrituras en \u00e9l, es decir, el hecho de haber sido aceptadas y reclamadas por la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes con vistas al anuncio del misterio de Cristo. Esta recepci\u00f3n y este uso no parecen haber sido determinados, para las partes a\u00fan no estabilizadas en el canon de las Escrituras jud\u00ed\u00adas, a partir de una verificaci\u00f3n anal\u00ed\u00adtica de cada uno de los escritos y de su cumplimiento en Jes\u00fas. Es presumible, en cambio, que en un primer tiempo se usaran las Escrituras para el anuncio evang\u00e9lico como un todo, sin af\u00e1n particular de determinar los criterios de canonicidad y reconocimiento; y que a todo esto, medido por el uso m\u00e1s general de las Iglesias de los or\u00ed\u00adgenes y no por el de las escuelas y las sinagogas jud\u00ed\u00adas, se refiriera la Iglesia conforme se le fue planteando m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente el problema del canon.<\/p>\n<p>905<br \/>\nd) Las nuevas Escrituras cristianas.<br \/>\nDentro del anuncio apost\u00f3lico del misterio de Cristo y como momento suyo, nace adem\u00e1s el NT. Los escritos que lo componen, surgidos en y de las tradiciones de las Iglesias a trav\u00e9s de itinerarios m\u00e1s r\u00e1pidos, pero no menos complejos que los que hab\u00ed\u00adan dado origen al AT, van compagin\u00e1ndose en una colecci\u00f3n de cartas paulinas (conocida ya de 2P, aunque no sabemos si en la forma actual) y en un grupo de cuatro escritos pertenecientes al nuevo g\u00e9nero \u2020\u0153evangelio\u2020\u009d (a finales del siglo lIla cuaterna es ya tan compacta que se puede alegorizar sobre el n\u00famero), y en otros escritos, entre ellos Ac, ligado al cuerpo de los evangelios por razones literarias e hist\u00e9rico-teol\u00f3gicas, y otros que se pueden situar diversamente.<br \/>\nEl proceso de canonizaci\u00f3n de los escritos neotestamentarios, an\u00e1logamente a lo que hab\u00ed\u00ada ocurrido para el AT, supuso discernimiento entre escritos genuinos y menos genuinos o incluso extraviados. El criterio de este discernimiento fue la memoria de Jes\u00fas transmitida aut\u00e9nticamente en las Iglesias, mientras que a su vez los escritos can\u00f3nicos fueron reconocidos en las Iglesias como la garant\u00ed\u00ada objetiva de la autenticidad de la tradici\u00f3n y de la fe. Las Iglesias no conocieron nunca un canon s\u00f3lo neo-testamentario, sino que colocaron los nuevos escritos junto a las Escrituras de Israel, que se hab\u00ed\u00adan cumplido en Cristo, como coesenciales, unos y otras a su modo, para el anuncio del evangelio de Jes\u00fas, para la apolog\u00ed\u00ada, para la liturgia, para la catequesis y para la edificaci\u00f3n. Precisamente en torno a la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre AT y NT, as\u00ed\u00ad como entre las respectivas Escrituras, se abre el tercer momento de la historia de la fe respecto al canon y a la canonicidad de la Biblia.<br \/>\n906<br \/>\ne) El discernimiento patr\u00ed\u00adstico del canon.<br \/>\nEl debate eclesi\u00e1stico y teol\u00f3gico sobre el canon y la canonicidad de la Biblia ya conclusa y confiada a la tradici\u00f3n posapost\u00f3lica se puede dividir en tres grandes momentos: el patr\u00ed\u00adstico, de la controversia marcionita a principios del siglo y; el momento de Lutero y de la definici\u00f3n tridentina del canon; el debate hermen\u00e9utico moderno y contempor\u00e1neo.<br \/>\nEl hereje Marci\u00f3n (mitad del siglo Ji) no reconoc\u00ed\u00ada el AT (alianza y libros), que atribu\u00ed\u00ada a un Dios malvado, opuesto al del NT. Tambi\u00e9n en el NT manten\u00ed\u00ada un canon especial (el \u2020\u0153evangelio\u2020\u009d: Lc, m\u00e1s el \u2020\u0153ap\u00f3stol\u2020\u2122: 10 cartas paulinas, todo ello depurado de las citas veterotestamentarias). Ante esta postura, las Iglesias formalizaron su propia recepci\u00f3n de las Escrituras de los dos testamentos, y al menos desde entonces tuvieron un canon oficial. Para el AT no era una novedad la configuraci\u00f3n en un canon; para el NT es dif\u00ed\u00adcil ir m\u00e1s all\u00e1 de la conjetura a prop\u00f3sito del grado de explicitaci\u00f3n del canon y de sus extremos en los tiempos que precedieron a la controversia suscitada por Marci\u00f3n.<br \/>\nAcerca de los confines del canon, tanto del AT como del NT, todav\u00ed\u00ada hay incertidumbres entre los padres sustancialmente hasta el siglo? (espor\u00e1dicas las referencias sucesivas). Se refieren \u00e9stas a aquellos escritos del AT que el judaismo no admite, y tambi\u00e9n, por razones diversas, a siete escritos del NT(Heb, Jc, 2P, 2Jn, 3Jn, Jud, Ap). Entre tanto, se aclar\u00f3 definitivamente el rechazo de los ap\u00f3crifos. La concordia sobre el canon se fue formando finalmente alrededor de un complejo criterio de apostolicidad de las Escrituras. Al sentido de este criterio en relaci\u00f3n con el AT se ha hecho ya referencia; la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre \u00e9l es muy compleja, y el testimonio patr\u00ed\u00adstico no formal. Para el NT apostolicidad implicaba, en un nexo dif\u00ed\u00adcil de analizar, origen apost\u00f3lico de los documentos, autoridad apost\u00f3lica de su entrega a las Iglesias, fidelidad de su contenido a la doctrina de los ap\u00f3stoles.<br \/>\nBas\u00e1ndose en el primer aspecto se suscitaron ya en la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica problemas de autenticidad literaria, en particular sobre la paternidad paulina de Heb (que, por lo dem\u00e1s, Heb no exige en rigor) y juanista de Ap. Por lo dem\u00e1s, la literatura ap\u00f3crifa se apoyaba en general precisamente en la atribuci\u00f3n de los escritos a figuras apost\u00f3licas o en todo caso de la primera generaci\u00f3n cristiana. Para comprender el problema hemos de estar atentos a no abordarlo partiendo de una concepci\u00f3n moderna de la figura del autor y de la paternidad literaria. El uso, que para nosotros es en todo caso inadmisible, de la pseudoepigraf\u00ed\u00ada (atribuci\u00f3n ficticia), en la mentalidad antigua se juzgaba con criterios m\u00e1s el\u00e1sticos y polivalentes. No es que se admitiera cualquier pseudoepigraf\u00ed\u00ada; pero se estimaba apropiada la atribuci\u00f3n a un jefe de escuela autorizado (incluso lejano) de escritos producidos dentro de la tradici\u00f3n que era heredera leg\u00ed\u00adtima suya. De ah\u00ed\u00ad ya en el AT la paternidad mosaica de toda la ley, la dav\u00ed\u00addica en general de los salmos, la salom\u00f3nica de muchos escritos sapienciales. Si se prescinde de buena parte de las cartas paulinas, puede que no haya escrito en el NT que escape a una hip\u00f3tesis m\u00e1s o menos fundada de pseudoepigraf\u00ed\u00ada. Por lo dem\u00e1s, la atribuci\u00f3n de algunos escritos es tradicional, es decir, que proviene de testimonios externos y no del escrito mismo (todos los evangelios, p.ej.)<\/p>\n<p>907<br \/>\nHay que notar que los padres, al valorar los escritos del NT con el metro de la apostolicidad, no consideran extensible ilimitadamente este derecho a servirse del nombre de los ap\u00f3stoles. No dudan que ellos mismos son herederos leg\u00ed\u00adtimos de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica (en general son obispos, entre otras cosas); sin embargo, saben que pertenecen a una \u00e9poca qu\u00e9 no est\u00e1 ya en condiciones de producir Escrituras. De este modo llegamos al segundo aspecto de la apostolicidad de los escritos neotestamentarios: son considerados testigos de los or\u00ed\u00adgenes, y como tales son recibidos. As\u00ed\u00ad ya el fragmento de Mu-ratori (finales del siglo n) excluye del canon b\u00ed\u00adblico al Pastor de Hermas, aunque lo reconoce como bueno y edificante, por ser escrito reciente. Se inicia as\u00ed\u00ad (al menos por lo que sabemos) la distinci\u00f3n entre documentos b\u00ed\u00adblicos y documentos buenos de la tradici\u00f3n cristiana sucesiva; para la formaci\u00f3n del canon es casi tan necesaria como la distinci\u00f3n entre escritos conformes o disconformes respecto a la tradici\u00f3n de la fe. Tambi\u00e9n este tercer criterio, o sea la Ortodoxia, se us\u00f3 en la era patr\u00ed\u00adstica, sobre todo para rechazar las obras de grupos her\u00e9ticos que se atribu\u00ed\u00adan origen y autoridad apost\u00f3licos (ap\u00f3crifos). Este g\u00e9nero de valoraci\u00f3n supone en la tradici\u00f3n de las Iglesias y en los obispos de los siglos II-? una fuerte conciencia y seguridad de su capacidad de permanecer fieles (por un don del Esp\u00ed\u00adritu) a la doctrina de los ap\u00f3stoles; hasta el punto de que es leg\u00ed\u00adtimo preguntarse qu\u00e9 garant\u00ed\u00ada, apoyo y norma encuentra (y sobre todo busca) en los escritos una tradici\u00f3n ya tan segura de s\u00ed\u00ad que se considera capaz de discernir los mismos escritos bas\u00e1ndose en el contenido. En realidad, esta descripci\u00f3n del reconocimiento del canon por parte de los padres y de las Iglesias parece simplificadora. Un primado sin m\u00e1s de las Iglesias y de su magisterio respecto a los escritos neotestamentarios no existi\u00f3 jam\u00e1s; y la tan repetida f\u00f3rmula agustinian\u00e1 \u2020\u0153ego vero evangelio non crederem, nisi me catholicae ecclesiae commo-veret auctoritas\u2020\u009d expresa s\u00f3lo en su car\u00e1cter parad\u00f3jico la mitad (y no la m\u00e1s importante) de la actitud de la tradici\u00f3n. El discernimiento de la canonicidad de los escritos neotestamentarios por parte de la comuni\u00f3n de las Iglesias en los primeros siglos fue un hecho progresivo; y el reconocimiento o rechazo, tambi\u00e9n con el metro de la ortodoxia, de los escritos m\u00e1s controvertidos se verific\u00f3 por la acci\u00f3n de las Iglesias firmemente referidas a los escritos de m\u00e1s serena apostolicidad y formados y regulados continuamente por ellos. Aunque no es f\u00e1cil indicar la medida del fen\u00f3meno, ciertamente la coherencia interna fue un factor importante de la creciente clarificaci\u00f3n del canon.<br \/>\n908<br \/>\nf). El debate moderno sobre el canon y la canonicidad.<br \/>\nLa proble-matizaci\u00f3n del canon tradicional a principios de la \u00e9poca moderna por parte de Lutero ha estado presidida por la cuesti\u00f3n de la pureza del evangelio, es decir, por la capacidad de las Escrituras de comunicar (\u2020\u02dcur-gere) a Cristo como \u00fanica palabra de salvaci\u00f3n de Dios para nosotros. Al asumir como criterio de canonicidad -evidentemente seg\u00fan su propia comprensi\u00f3n- la doctrina de la justificaci\u00f3n por la sola fe, en la cual ve\u00ed\u00ada expresada la confesi\u00f3n de Cristo como \u00fanico salvador y la negaci\u00f3n de cualquier presunci\u00f3n de autosal-vaci\u00f3n, Lutero marginaba como de menor valor a Jc, Jud, Heb, Ap. En cambio, para el AT sigui\u00f3 el canon jud\u00ed\u00ado.<br \/>\nFrente a esta problematizaci\u00f3n, lo mismo que frente a cr\u00ed\u00adticas suscitadas por Erasmo atendiendo a razones de orden literario sobre la canonicidad de Mc 16,9-20; Lc 22,43-44; Jn 7,53-8,11, el concilio de Trento (sesi\u00f3n IV, 8-4-1546, DS lSOlss) defini\u00f3 el canon de los escritos b\u00ed\u00adblicos, dando su lista y ordenando admitirlos \u2020\u0153\u00ed\u00adntegramente, con todas sus partes, como es costumbre leerlos en la Iglesia cat\u00f3lica y se encuentran en la vieja edici\u00f3n latina Vulgata\u2020\u009d. Por su parte, la llamada \u2020\u0153ortodoxia protestante\u2020\u009d (fil\u00f3n doctrinal y dogm\u00e1tico de la-teolog\u00ed\u00ada protestante m\u00e1s antigua, cuyo m\u00e1ximo representante fue J. Gerhard; f\u00f3rmulas confesionales; uso de las Iglesias), abandonando e\u00ed\u00ad evangelismo de Lu-tero, se afirm\u00f3 m\u00e1s bien en una posici\u00f3n biblista, volviendo al canon neotestamentario de los 27 escritos y permaneciendo para el AT en las posiciones m\u00e1s estrictas del canon jud\u00ed\u00ado.<br \/>\nLa teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, empe\u00f1ada en defender el dogma tridentino y la integridad del canon, ha insistido durante mucho tiempo en la id\u00e9ntica autoridad de todos los escritos b\u00ed\u00adblicos, y en particular de los protocan\u00f3-nicos y deuterocan\u00f3nicos. La distinci\u00f3n de escuela entre escritos proto-can\u00f3nicos y deuterocan\u00f3nicos se debe a las elaboraciones escol\u00e1sticas del siglo XVI. Se llama protocan\u00f3ni-cos a aquellos escritos cuya canoni-cidad es hist\u00f3ricamente indiscutible (prescindiendo del asunto marcioni-ta); deuterocan\u00f3nicos son aquellos escritos y fragmentos del AT y del NT cuya pertenencia al canon, como se ha ido recordando, fue objeto de disputa. La afirmaci\u00f3n de la identidad can\u00f3nica de todas las Escrituras es v\u00e1lida y necesaria en la medida en que, como hac\u00ed\u00ada la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica postridentina, se adopta un concepto formal de canonicidad y nos colocamos en el punto de vista de la \u00ed\u00adndole divina de la autoridad de la Biblia. En cambio, en la medida en que se atiende espec\u00ed\u00adficamente a la mediaci\u00f3n humana (ling\u00fc\u00ed\u00adstica) de esa autoridad, reconociendo el alcance del contenido y no s\u00f3lo el formal de la canonicidad de la Biblia, el problema del valor id\u00e9ntico de todos los escritos debe abrirse de nuevo. No se trata de desenterrar la cuesti\u00f3n mar-cionita ni de reiniciar el debate antiguo sobre los deuterocan\u00f3nicos. Se trata m\u00e1s bien de renovar en conjunto los t\u00e9rminos de la cuesti\u00f3n, poniendo de manifiesto su significado propio, que es hermen\u00e9utico (la canonicidad como premisa que caracteriza la relaci\u00f3n entre la Biblia y la fe del que la lee) y subordinando, como es jer\u00e1rquicamente justo, la afirmaci\u00f3n del canon a la de la canonicidad de la que recibe sentido. Tambi\u00e9n esto es tradicional.<br \/>\n909<br \/>\nEl Vaticano II se ha hecho eco de ambas direcciones de la tradici\u00f3n, en particular reconociendo los escritos del AT corno verdadera palabra de-Dios, que tiene para nosotros valor perenne (DV 14), aunque \u2020\u0153contengan tambi\u00e9n cosas imperfectas y temporales\u2020\u009d (DV 15) y encuentren \u2020\u0153su completo significado en el NT\u2020\u009d (DV 16). En cuanto al NT, en \u00e9l \u2020\u0153la palabra de Dios&#8230; se presenta de modo eminente\u2020\u009d (DV 17). Y, en especial, \u2020\u0153a nadie se le oculta que, entre todas las Escrituras, aun del Nuevo Testamento, descuellan con raz\u00f3n los evangelios\u2020\u009d (DV 18).<br \/>\nLa reflexi\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s reciente tiene una prehistoria justamente en la exhortaci\u00f3n luterana a ir m\u00e1s all\u00e1 del texto de la Escritura para captar, aquello a lo que se refiere; pues la Escritura es can\u00f3nica no por afirmarse a s\u00ed\u00ad misma como libro, sino con vistas a la palabra de la que es mediadora. En este sentido, como se ha dicho, esa reflexi\u00f3n (directamente sobre la canonicidad, y s\u00f3lo en oblicuo sobre el canon) tiene un car\u00e1cter precisamente hermen\u00e9utico. Ha asumido diversas formas seg\u00fan el modo en que se ha concebido nuestra relaci\u00f3n con el contenido de la Escritura. As\u00ed\u00ad la concepci\u00f3n pietista de la fe ha llevado a interpretar la canonicidad de la Escritura seg\u00fan el criterio de lo edificante. En cambio, la teolog\u00ed\u00ada iluminista ha dado la preferencia a la universalidad de la religi\u00f3n natural o, por otro camino, a la genuinidad hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtica de la documentaci\u00f3n. La teolog\u00ed\u00ada dial\u00e9ctica ha interpretado el problema de Lutero en sentido existencialista hasta la separaci\u00f3n bultmaniana entre el NT como fuente de acceso cr\u00ed\u00adtico al Jes\u00fas de la historia y como palabra que me interpela a la decisi\u00f3n por Dios en el Cristo de la fe. M\u00e1s complejas y articuladas son las posiciones bultma-nianas (K\u00fcmrnel, K\u00e1semann, Aland, Marxsen, Ebeling&#8230;).<br \/>\nCon referencia precisa a la cuesti\u00f3n del canon, esta teolog\u00ed\u00ada se ha presentado a menudo como problema del \u2020\u0153canon dentro del canon\u2020\u009d (en sentido evidenciativo-verif\u00ed\u00adcativo o en sentido selectivo), o como cuesti\u00f3n de articulaci\u00f3n y de articulaci\u00f3n interna del canon con vistas a la elaboraci\u00f3n eventual de una \/ teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. En cambio, no ha conducido (despu\u00e9s de Lutero) a ninguna tentativa de modificaci\u00f3n real del canon recibida en las Iglesias. Por su parte, la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, mantenida por el dogma tridentino al abrigo de cuestiones sobre la extensi\u00f3n del canon, ha dejado tambi\u00e9n las cuestiones relativas a la canonicidad m\u00e1s bien en la sombra. Ha preferido seguir proponiendo tambi\u00e9n la tradici\u00f3n, junto a la reflexi\u00f3n sobre la Biblia misma (y a veces en contraposici\u00f3n pol\u00e9mica con ella) como criterio de reconocimiento del canon y la comprensi\u00f3n correcta y profunda de su contenido y de su autoridad. En este sentido cf DV 8: \u2020\u0153Por la misma tradici\u00f3n conoce la Iglesia el canon \u00ed\u00adntegro de los libros sagrados, y las mismas letras sagradas son en ella entendidas m\u00e1s a fondo y se tornan constantemente eficaces\u2020\u009d.<br \/>\n910<br \/>\n3. El problema teol\u00f3gico actual.<br \/>\nEl problema teol\u00f3gico actual respecto al canon b\u00ed\u00adblico se podr\u00ed\u00ada plantear as\u00ed\u00ad: \u00bfQu\u00e9 sentido tienen hoy los criterios de canonicidad usados por las Iglesias de los primeros siglos? \u00bfQu\u00e9 itinerarios teol\u00f3gicos y herme-n\u00e9uticos nos sugieren? La distancia de la \u00e9poca de los or\u00ed\u00adgenes (en el sentido de contig\u00fcidad menos inmediata), el hecho de la prescripci\u00f3n tradicional sancionada por el dogma tridentino (pero tambi\u00e9n, en la pr\u00e1ctica, por el uso de las Iglesias acat\u00f3licas), la teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n, madurada despu\u00e9s de la \u00e9poca ilumi-nista, la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica en lugar de controversista asumida por el debate son otros tantos factores que inducen a esperar que las preguntas indicadas no sean ociosas.<br \/>\n911<br \/>\na) Valor de los criterios de canonicidad.<br \/>\nEl criterio de la originalidad literaria puede proporcionar una importante din\u00e1mica de la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n y garantizarle justamente a trav\u00e9s del documento b\u00ed\u00adblico una eficacia perenne. El anuncio del evangelio, ahora y ya en los comienzos, en la predicaci\u00f3n \u2020\u0153oral y en la palabra escrita, por un lado es absolutamente adecuado para despertar la fe (Jn 20,29); por otro, es irreductiblemente diverso de la experiencia originaria del encuentro de Jes\u00fas por parte de los primeros testimonios, a partir de la cual en la Iglesia se hace memoria del Se\u00f1or (Lc 1,1-4 Un Lc 1,1-3). La Escritura, y en particular el NT, al permitir a trav\u00e9s de la forma del documento escrito acceder a una formulaci\u00f3n de primera mano de esta experiencia,, ofrecer\u00ed\u00ada no tanto la m\u00e1s profunda o completa o \u00fatil o interesante formulaci\u00f3n de la fe cuanto aqu\u00e9lla con la que es necesario que se enfrente toda formulaci\u00f3n que no quiera sustituir por arbitrio e invenci\u00f3n la objetividad y el car\u00e1cter definitivo de la palabra que Dios nos ha dicho en Jesucristo.<\/p>\n<p>La elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica de esta indicaci\u00f3n requiere ante todo una apolog\u00ed\u00ada apropiada de lo que a este prop\u00f3sito nos supone m\u00e1s problema a nosotros, a saber: del m\u00e9todo pseu-doepigr\u00e1fico. Esta reflexi\u00f3n deber\u00ed\u00ada unir una investigaci\u00f3n hist\u00f3rico-teo-l\u00f3gica sobre los hechos y sobre los textos que tenga en cuenta puntualmente los recientes resultados de los m\u00e9todos hist\u00f3rico-formal, hist\u00f3rico-tradicional, hist\u00f3ricoredaccional, con una profundizaci\u00f3n filos\u00f3fico-antropol\u00f3gica sobre la experiencia de fe, su traducci\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica y los temas conexos. Ya en este punto se deber\u00ed\u00ada tener en cuenta la diferenciada concepci\u00f3n de la autoridad apost\u00f3lica y de la apostolicidad que presentan las tradiciones neotestamen-tarias, lo cual es tanto m\u00e1s necesario cuando se las confronta con estas indicaciones que se derivan del empleo de los otros par\u00e1metros de apostolicidad usados por los antiguos.<br \/>\nEl par\u00e1metro jur\u00ed\u00addico-cronol\u00f3gi-co, seg\u00fan el cual son apost\u00f3licos los escritos de la \u00e9poca de los ap\u00f3stoles y est\u00e1n garantizados por su autoridad, evidencia y desarrolla, justamente en virtud de su \u00ed\u00adndole positivista, el car\u00e1cter no manipulable de la revelaci\u00f3n mediata de las Escrituras. Para que el resultado de esta perspectiva no sea solamente negativo, es decir, que no se reduzca a un distanciamiento de lo que no es la revelaci\u00f3n (valor en todo caso tambi\u00e9n precioso) sin ayudar a delinear lo que es, quiz\u00e1 la teolog\u00ed\u00ada fundamental deber\u00ed\u00ada afanarse sobre todo en el examen y en la aplicaci\u00f3n a este tema de las relaciones entre historia y misterio, entre memoria y tradici\u00f3n.<br \/>\nDif\u00ed\u00adcilmente se podr\u00e1n recorrer estos caminos sin evocar precisamente el par\u00e1metro recordado en primer lugar y el que apela al contenido apost\u00f3lico de los escritos del NT. A trav\u00e9s de esta consideraci\u00f3n del contenido, el criterio de la apostolicidad tiende a transformarse en el de la evangeli-cidad en sus diversos matices (doctrina evang\u00e9lica, energ\u00ed\u00ada evangelizado-ra&#8230;). De ese modo se evidencia la relatividad del documento en relaci\u00f3n con lo que est\u00e1 destinado a comunicar; y as\u00ed\u00ad la teolog\u00ed\u00ada se ve forzada a considerar como un hecho unitario, y a comprender justamente como tal, el discernimiento de la identidad de la Escritura y el discernimiento de la identidad de Jes\u00fas.<br \/>\n912<br \/>\nb) \u00ed\u00adndole del juicio de canonicidad.<br \/>\nNo parece posible un juicio definitivo, que se adue\u00f1e en una s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica de los t\u00e9rminos objetivos de lo que estos y, eventualmente, otros par\u00e1metros expresan. La s\u00ed\u00adntesis surge dentro del acto hermen\u00e9u\u00dcGO, en el cual hay que hab\u00e9rselas realmente con la Biblia; y, por tanto, s\u00f3lo puede ser objetivada limitadamente y a condici\u00f3n de adoptar justamente la praxis hermen\u00e9utica concreta como punto de partida correcto. Esta \u00ed\u00adndole limitada y esta correcci\u00f3n de enfoque hay que reconocerlas especialmente a la definici\u00f3n tridentina del canon. Pues ella toma como punto de referencia la praxis m\u00e1s que milenaria de la Iglesia y la fotograf\u00ed\u00ada en el perfil limitado y preciso de la enumeraci\u00f3n de los escritos can\u00f3nicos. Como en todo problema teol\u00f3gico, el hecho de que los resultados de la reflexi\u00f3n tengan siempre car\u00e1cter no exhaustivo no significa, en definitiva, que est\u00e9n privados de verdad y que no puedan manifestar un progreso en la inteligencia del misterio; justamente es lo contrario.<br \/>\n913<br \/>\nc) Acerca del sentido del A T como Escritura cristiana.<br \/>\nEn particular, un an\u00e1lisis que aspirara a ser m\u00e1s completo no podr\u00ed\u00ada descuidar lo que aqu\u00ed\u00ad simplemente se ha apuntado, a saber: la m\u00e1s que dif\u00ed\u00adcil problem\u00e1tica de la elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica de la apostolicidad del AT. Sus libros, \u2020\u0153integralmente asumidos en la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica, justamente as\u00ed\u00ad para la fe cristiana \u2020\u0153adquieren y manifiestan su completo significado\u2020\u2122 (DV 16). Tambi\u00e9n a este prop\u00f3sito es punto de partida pr\u00e1cticamente obligado la tradici\u00f3n hermen\u00e9utica de las Iglesias. Reinterpretando la tradici\u00f3n aleg\u00f3rica que se afirm\u00f3 a partir de Or\u00ed\u00adgenes y purific\u00e1ndola no s\u00f3lo de las ingenuidades t\u00e9cnicas de la ex\u00e9gesis patr\u00ed\u00adstica y medieval, sino sobre todo de la concepci\u00f3n a pesar de todo insuficientemente hist\u00f3rica de la verdad de las Escrituras com\u00fan en la teolog\u00ed\u00ada del pasado, deber\u00ed\u00ada ser posible integrar de modo teol\u00f3gicamente correcto y fecundo la concepci\u00f3n formalista, y por tanto gris y sin relieve, del canon y de la canonicidad heredada, en lo que se refiere a la relaci\u00f3n AT-NT, de la teolog\u00ed\u00ada de la controversia antimarcionita.<br \/>\n914<br \/>\nd) Canon y ecumenismo.<br \/>\nFinalmente, no habr\u00e1 que desestimar la valencia ecum\u00e9nica de este interrogarse, integrando y problematizando cada uno d\u00e9 los par\u00e1metros a partir de los otros (evidentemente, sobre el fondo de los datos de la historia). No es dif\u00ed\u00adcil reducir emblem\u00e1ticamente, al menos en principio y con el justo sentido de los obligados matices his-toriogr\u00e1ficos, las posiciones sobre el sentido de la Biblia mantenidas por las grandes confesiones de Occidente y por las grandes escuelas teol\u00f3gicas contempor\u00e1neas (iluministaliberal, existencialista-dial\u00e9ctica&#8230;) a los principales par\u00e1metros de la apostolici-dad, o al menos al modo de relacionarlas entre s\u00ed\u00ad. La forma (pac\u00ed\u00adfica, dial\u00e9ctica, relativista, sincretista, es-catol\u00f3gica&#8230;) y los t\u00e9rminos concretos de toda s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica respecto a la canonicidad y al canon de las Escrituras son contempor\u00e1neamente ya por s\u00ed\u00ad mismos una propuesta metodol\u00f3gica y de contenido para el ecumenismo. Corresponden a otras tantas maneras de concebir la comuni\u00f3n eclesial, y los caminos para desarrollarla y, donde sea necesario, corregirla.<br \/>\nPor este camino, en particular, se ha movido E. Kasemann, sosteniendo que las rupturas eclesiales no podr\u00ed\u00adan sanarse a partir del canon, y que por tanto el NT no es plataforma suficiente para el camino ecum\u00e9nico, como muchos sostienen, puesto que \u00e9l mismo es intr\u00ed\u00adnseca y necesariamente conflictivo. Una propuesta ecum\u00e9nica cat\u00f3lica inspirada deber\u00e1 afirmar, en cambio, posibilidades reales de comuni\u00f3n eclesial ya en el cauce de la historia, y correspondientemente posibilidades de s\u00ed\u00adntesis en el plano de la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. Por eso mismo, aunque consciente de los l\u00ed\u00admites inevitables de cualquier proyecto, se empe\u00f1ar\u00e1 en formular hip\u00f3tesis de itinerario en esta direcci\u00f3n.<br \/>\n915<br \/>\nII. INSPIRACION.<br \/>\n916<br \/>\n1. El problema.<br \/>\nPor \u2020\u0153inspiraci\u00f3n\u2020\u009d de la Biblia, y con las expresiones sustan-cialment\u00e9 equivalentes, de las cuales la m\u00e1s tradicional es aquella por la cual se confiesa que la Biblia es \u2020\u0153palabra de Dios\u2020\u009d, la fe y la teolog\u00ed\u00ada indican el fundamento de la canonicidad de la Escritura en la trascendencia del misterio de Dios. Esta relaci\u00f3n de la Biblia con el misterio se puede contemplar de diversas maneras. La m\u00e1s usual es la que se\u00f1ala a Dios como origen trascendente de las Escrituras. Por lo dem\u00e1s, no hay que excluir que el mismo concepto de inspiraci\u00f3n valga para indicar \u00fatilmente tambi\u00e9n la presencia actual del misterio en la palabra de la Escritura y la transparencia de la Escritura en relaci\u00f3n al misterio. Es adem\u00e1s trascendente la finalidad de las Escrituras; ellas ofrecen \u2020\u0153la sabidur\u00ed\u00ada que conduce a la salvaci\u00f3n por medio de la fe en Jesucristo\u2020\u009d 2Tm 3,15) y sostienen en el itinerario de la esperanza (Rm 15,4); son, pues, instrumento para la adhesi\u00f3n a Dios que se nos ofrece como salvaci\u00f3n.<br \/>\nEn virtud de la inspiraci\u00f3n, referidas inmediatamente a Dios, son sagradas las Escrituras. Sacralidad y canonicidad de las Escrituras son inseparables, porque la autoridad que les viene de Dios las hace normativas y necesarias, es decir, justamente lo que se entiende al.se\u00f1alarlas como can\u00f3nicas. Pero no podr\u00ed\u00adan reivindicar semejante autoridad sobre la Iglesia y sobre la fe (virtud teol\u00f3gica que tiene como objeto precisamente a Dios) sino en virtud de una inmediatez al misterio, que es justamente lo que se expresa con la doctrina de la inspiraci\u00f3n.<br \/>\nTambi\u00e9n se puede decir que la doctrina de la inspiraci\u00f3n se refiere a la Biblia en s\u00ed\u00ad, y la de la canonicidad a la Biblia en relaci\u00f3n a nosotros. Pero menos oportunamente; sobre todo si la consideraci\u00f3n de la Biblia en s\u00ed\u00ad da a entender que se puede pensar sensatamente la Biblia por s\u00ed\u00ad misma. En cambio, carecer\u00ed\u00ada del todo de sentido prescindir de su serpropter nos, pues Dios ciertamente no da origen a un libro suyo para satisfacer exigencias expresivas propias. La observaci\u00f3n, sobre cuya aparente evidencia se podr\u00ed\u00adan hacer observaciones sutiles, en conjunto no debe parecer superflua. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la inspiraci\u00f3n de la Biblia ha sido a veces realmente v\u00ed\u00adctima de abstracciones, precisamente por haber considerado el misterio divino de la Escritura desenganchado de su referencia intr\u00ed\u00adnseca a aquel di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n en el que est\u00e1 inserta y para el cual ha sido pensada.<br \/>\n917<br \/>\n2. El dato<br \/>\n918<br \/>\na) El testimonio b\u00ed\u00adblico.<br \/>\nUna reflexi\u00f3n sobre la palabra de Dios escrita se encuentra s\u00f3lo anunciada en el AT. La formaci\u00f3n de un canon, o al menos de sus partes bien definidas, precede a la explicita-ci\u00f3n del sentido teol\u00f3gico de los escritos de Israel. Mas no ser\u00ed\u00ada correcto esperar que ya desde el principio, mientras que los documentos b\u00ed\u00adblicos y su cuerpo estaban a\u00fan tomando formas, la doctrina de la inspiraci\u00f3n surgiese en los t\u00e9rminos y seg\u00fan los interrogantes expl\u00ed\u00adcitos de la teolog\u00ed\u00ada posb\u00ed\u00adblica. El tema de la palabra de Dios, relacionado con la experiencia del Dios que habla, ha iluminado ciertamente la recepci\u00f3n de las Escrituras de Israel bastante antes de que se pensase en interrogarse sobre el sentido preciso de la forma escrita de esta palabra. As\u00ed\u00ad la palabra de la t\u00f3-rah, por ejemplo, fue venerada y amada ante todo en su realidad comp)exiva de ley-sabidur\u00ed\u00ada-palabra y escrito. Algo an\u00e1logo puede decirse del tema del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, cuya acci\u00f3n por medio de los profetas y de los sabios de Israel (y luego de los ap\u00f3stoles y de los disc\u00ed\u00adpulos de la era apost\u00f3lica) fue reconocida en los documentos provenientes de ellos y de sus escuelas antes de que se sintiese la necesidad de formular expl\u00ed\u00adcitamente la pregunta acerca de los escritos en cuanto tales.<br \/>\nEl paso, en t\u00e9rminos generales de historia de la cultura, de una tradici\u00f3n preferentemente oral y consuetudinaria a otra en la que el escrito habr\u00ed\u00ada desempe\u00f1ado un papel decisivo, debe haber constituido el fondo apropiado para la aparici\u00f3n de la cuesti\u00f3n teol\u00f3gica acerca de la \u00ed\u00adndole sagrada de las Escrituras. Estas se convirtieron en instrumento normal de memoria de los acontecimientos originarios por los cuales fueron generadas la antigua y luego la nueva alianza, y en los que encontraron (y la segunda sigue encontrando) su propio sost\u00e9n y su orientaci\u00f3n. Para la doctrina cat\u00f3lica, que rechaza la exclusividad del principio \u2020\u0153sola Scrip-tura\u2020\u2122, esta funci\u00f3n no se entiende como alternativa a la tradici\u00f3n viva, que es una forma m\u00e1s vasta y que, en conjunto, comprende tambi\u00e9n la Biblia, la sola forma adecuada de la memoria de la alianza.<br \/>\nSi no debemos esperar del AT una doctrina formal sobre el tema de la inspiraci\u00f3n, hay que observar, sin embargo, que los temas de la experiencia de la antigua alianza ayudan a leer los textos m\u00e1s recientes y m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos sobre la Escritura y su \u00ed\u00adndole sagrada, principalmente el de 2P 1,20-21 y el de 2Tm 3,15- 16. 2P se refiere a la graph\u00e9 como lugar de palabra prof\u00e9tica aut\u00e9ntica. En el origen de esta palabra prof\u00e9tica (de ella se habla formalmente, no de la graph\u00e9 en cuanto documento) est\u00e1 la iniciativa no del hombre, sino del Esp\u00ed\u00adritu Santo; de tal modo que ella es palabra de parte de Dios. Los mismos temas (Dios, el Esp\u00ed\u00adritu) se encuentran en 2Tm en el adjetivo the\u00f3-pneusios, \u2020\u0153inspirado por Dios, atribuido a (o predicado de) \u2020\u0153toda Escritura\u2020\u2122. El sentido del adjetivo, que se hizo luego t\u00e9cnico, ha de establecerse, pues, a partir del tema del Esp\u00ed\u00adritu que viene de Dios, o por medio del cual obra Dios. Ha de entenderse tambi\u00e9n a partir del contenido, cuyas grandes directrices teol\u00f3gicas son el esfuerzo por ser fieles a la doctrina (esto tambi\u00e9n en 2P), la \u2020\u0153salvaci\u00f3n por medio de la fe en Je-sucristo\u2020\u2122(v. 15), la \u2020\u0153preparaci\u00f3n\u2020\u009d del \u2020\u0153hombre de Dios\u2020\u009d para el ministerio eclesi\u00e1stico, que no carecer\u00e1 de pruebas. Otro tema fundamental emerge del contexto del pasaje de 2P, y es el de la espera de la \u2020\u0153estrella matutina (manifiestamente Cristo), hasta cuya aparici\u00f3n nos es preciosa la palabra prof\u00e9tica de la Escritura \u2020\u0153como l\u00e1mpara que luce en lugar tenebroso\u2020\u009d (y. 19).<br \/>\nSe trata en ambos textos directamente de las Escrituras veterotesta-mentarias, pero a las cuales se compara esencial, y aun primariamente, la doctrina y el testimonio apost\u00f3lico (tambi\u00e9n esto en ambos contextos). Se nos encamina, pues, a poder hablar de inspiraci\u00f3n para el cuerpo entero de las Escrituras cristianas, AT y NT, pues estas anotaciones sobre la \u00ed\u00adndole sagrada de las Escrituras se formulan, en efecto, en un momento en que su canon comienza a aparecer articulado en sus dos grandes secciones. 1 Tim 5,18 cita, en efecto, a Lc 10,7 como \u2020\u0153Escritura\u2020\u009d (y la unidad interna del cuerpo de las pastorales es s\u00f3lida), mientras que la misma 2P no vacila en comparar las cartas paulinas con las \u2020\u0153otras Escrituras\u2020\u2122<br \/>\n(3,16).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, en conjunto el cuadro teol\u00f3gico ofrecido por los dos textos presenta indicios significativos para la comprensi\u00f3n de la Biblia precisamente como palabra de Dios escrita. La ausencia de Cristo, a la cual hay que ser fieles y que es esperado, hace preciosa la referencia precisamente al documento. Por su parte, el tema pneumatol\u00f3gico, mientras que es realmente apto para dar relieve a la eficacia de la palabra de la Escritura y a su finalidad de salvaci\u00f3n, en una teolog\u00ed\u00ada neotestamentaria no puede separarse precisamente de la memoria, de la confesi\u00f3n en la fe y de la espera de Jesucristo. El Esp\u00ed\u00adritu Santo 2P 1,21) captado en el origen de las Escrituras prof\u00e9ticas no es distinto de aquel cuya efusi\u00f3n est\u00e1 en el origen de la Iglesia y de su testimonio de fe; es el Esp\u00ed\u00adritu del cual declarar\u00e1 el s\u00ed\u00admbolo de Constantinopla que \u2020\u0153ha hablado por medio de los profetas\u2020\u2122, confesando as\u00ed\u00ad la continuidad de AT y de NT.<br \/>\n919<br \/>\nb) La identificaci\u00f3n moderna del tema y el dogma cat\u00f3lico. El problema de la relaci\u00f3n entre car\u00e1cter sagrado de la palabra y car\u00e1cter sagrado de la Escritura (en t\u00e9rminos m\u00e1s t\u00e9cnicos: entre revelaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n) es en realidad un problema moderno. Estudiando el pensamiento de santo Tom\u00e1s al respecto, la teolog\u00ed\u00ada neoescol\u00e1stica no ha descubierto m\u00e1s que las cuestiones sobre la profec\u00ed\u00ada (S.Th., II-II, qq. 171- 174). Para que se planteara el problema era necesario pasar por la crisis de desconfianza en el lenguaje propia de la teolog\u00ed\u00ada nominalista, y la correspondiente posici\u00f3n dram\u00e1tica del problema her-men\u00e9utico con Lutero, y por el bibli-cismo de la teolog\u00ed\u00ada de la ortodoxia protestante. En la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica la distinci\u00f3n entre revelaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n, y consiguientemente la interrogaci\u00f3n sobre \u00e9sta como tema separado, surgi\u00f3 con L. Lessio y el debate sobre sus tesis (1587-1 588). El contexto era el de la problem\u00e1tica conocimiento natural-conocimiento sobrenatural. Y en su tiempo, precisamente en nombre del conocimiento racional, en la teolog\u00ed\u00ada iluminista no se podr\u00e1 dejar de preguntar qu\u00e9 sentido tiene, y si tiene sentido, considerar la Biblia algo m\u00e1s y diverso de un libro como todos los otros.<\/p>\n<p>Este contexto permite comprender por qu\u00e9, a diferencia del concilio de Trento, que ten\u00ed\u00ada s\u00f3lo el problema del canon b\u00ed\u00adblico, el concilio Vaticano 1, celebrado despu\u00e9s de la crisis de la confianza en la Biblia surgida con el iluminismo, tuvo el m\u00e1s radical de la inspiraci\u00f3n. Al reprobar dos teor\u00ed\u00adas quiz\u00e1 no entre las m\u00e1s importantes, y al aceptar positivamente las formulaciones m\u00e1s tradicionales de la fe, el concilio ense\u00f1a que los libros del AT y del NT \u2020\u0153la Iglesia los considera sagrados y can\u00f3nicos no porque, compuestos por sola obra humana, hayan sido luego aprobados por su propia autoridad; y tampoco solamente porque contienen la revelaci\u00f3n sin error; sino porque, compuestos por inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales (es decir, como sagrados y can\u00f3nicos, nd.r.) han sido consignados a la Iglesia\u2020\u2122 (<br \/>\nDS 3006).<br \/>\nAdem\u00e1s de reiterar la ense\u00f1anza dogm\u00e1tica del Vaticano 1, el Vaticano II se servir\u00e1 tambi\u00e9n de la otra f\u00f3rmula m\u00e1s cl\u00e1sica, puntualizando de este modo la unidad diferenciada de Escritura y tradici\u00f3n: \u2020\u0153La Sagrada Escritura es palabra de Dios&#8230;; la sagrada tradici\u00f3n transmite \u00ed\u00adntegramente la palabra de Dios\u2020\u009d DV 9). La afirmaci\u00f3n de que la Escritura es realmente \u2020\u0153palabra de Dios\u2020\u009d no impide que el concilio no confunda revelaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n: la doctrina sobre la Sagrada Escritura y su inspiraci\u00f3n est\u00e1 ubicada, en efecto, dentro del discurso sobre la transmisi\u00f3n de la divina revelaci\u00f3n. En cuanto al misterio del origen divino y humano de la Escritura, el Vaticano II, haci\u00e9ndose eco tambi\u00e9n de la ense\u00f1anza de los papas del \u00faltimo siglo, insiste en el respeto que ha tenido Dios hacia los autores humanos, que son \u2020\u0153verdaderos autores\u2020\u009d (DV 11). As\u00ed\u00ad manifiesta la Biblia la divina \u2020\u0153condescendencia: \u2020\u0153Y es as\u00ed\u00ad que las palabras de Dios, expresadas en lenguas humanas, se han hecho semejantes al lenguaje humano, a la manera como un d\u00ed\u00ada el Verbo del Padre eterno, al tomar la carne de la flaqueza humana, se hizo semejante a los hombres\u2020\u2122<br \/>\nDV 13).<br \/>\n920<br \/>\nc) La humanidad del libro sagrado y el carisma hagiogr\u00e1fico.<br \/>\nJustamente a prop\u00f3sito de la cuesti\u00f3n de la verdadera y plena humanidad de la Escritura han versado los cap\u00ed\u00adtulos m\u00e1s significativos de la historia de la doctrina de la inspiraci\u00f3n; y no es extra\u00f1o, ya que precisamente la correcta relaci\u00f3n con lo humano nos se\u00f1ala lo correcto de la imagen teol\u00f3gica del Dios que est\u00e1 en el origen de la Biblia y del origen de la Biblia de Dios. Es una din\u00e1mica necesaria de todo conocimiento de Dios. En particular, es teol\u00f3gicamente necesario que no se imagine a Dios como concurrente del hombre, sino como al que lo acoge y lo salva; la afirmaci\u00f3n de la verdadera y plena humanidad de la Biblia y la precisi\u00f3n de sus t\u00e9rminos pretenden expresar en definitiva esto.<br \/>\nLos principales cap\u00ed\u00adtulos en los que esta clarificaci\u00f3n se ha desarrollado hasta hoy son tres: el de la plena intencionalidad humana, el de la culturalidad y de la historicidad de la obra de los autores sagrados. La primera precisi\u00f3n se opone a una concepci\u00f3n est\u00e1tica o de alguna forma pasiva de los autores inspirados; la segunda a una suerte de \u2020\u0153naturalidad universal\u2020\u009d de su palabra; la tercera impone que se comprenda todo escrito b\u00ed\u00adblico como situado en la cronolog\u00ed\u00ada, en la sociolog\u00ed\u00ada y en cualquier otra coordinada hist\u00f3rica, de modo que se siga lo puntualmente que la escucha de la palabra de la Biblia entra\u00f1a el esfuerzo hermen\u00e9u-tico por salvar la distancia entre el texto y el lector.<br \/>\nEsta seri\u00e9 de precisiones que ha ido poco a poco exigiendo el esfuerzo de inteligencia de la Biblia y de su misterio le permite a la doctrina de la inspiraci\u00f3n hacer justicia al origen y fisonom\u00ed\u00ada reales del libro sagrado. En particular, el concepto de hagi\u00f3-grafo (autor sagrado, inspirado), fundamental para la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la inspiraci\u00f3n, se ha de entender hoy a la luz de las m\u00e1s recientes adquisiciones de la ciencia b\u00ed\u00adblica. Sabemos, en efecto, que s\u00f3lo raramente las p\u00e1ginas de la Escritura tuvieron en su origen un autor que las escribiese del modo como suelen escribirlos autores modernos. En grand\u00ed\u00adsima parte, los escritos b\u00ed\u00adblicos tienen tras de s\u00ed\u00ad una compleja elaboraci\u00f3n ;de tradiciones orales y escritas, de r\u00e9lecturas, recomprens\u00ed\u00adones, retoques y otras actividades redacciona-les; y no en \u00faltimo t\u00e9rmino, la actividad de quien, al introducir los escritos en un cuerpo m\u00e1s vasto (canon), hizo realmente evolucionar, si no el significado verbal, el sentido del conjunto y su mensaje para nosotros [7 Pentateuco; \/ Palabra; \/ Revelaci\u00f3n].<br \/>\nLa Escritura nace, pues, en el pueblo de Dios y en su tradici\u00f3n; y la inspiraci\u00f3n es don que se ha de entender en el marco de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu que plasm\u00f3 la tradici\u00f3n de Israel y de la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes en lo concreto de la alianza, antigua primero y luego nueva. En esta tradici\u00f3n del pueblo de Dios y de su fe, la inspiraci\u00f3n es carisma que invade en diversa medida y seg\u00fan modalidades diversas a todos los que de alg\u00fan modo contribuyeron intr\u00ed\u00adnsecamente a dar origen a la Biblia. Desde este punto de vista, el carisma de la inspiraci\u00f3n presenta una fenomenolog\u00ed\u00ada que est\u00e1 lejos de ser uniforme. La reflexi\u00f3n neoescol\u00e1stica ha realizado complejos an\u00e1lisis a prop\u00f3sito de la psicolog\u00ed\u00ada de los autores inspirados; estos esfuerzos, aunque presentan la debida diligencia para que en nada el origen de la Biblia parezca sustra\u00ed\u00addo al influjo del Esp\u00ed\u00adritu que mueve e ilumina, resultan en conjunto abstractos. El primado en la reflexi\u00f3n debe atribuirse no a este o a aquel personaje (autor, redactor, etc.), sino al documento; \u00e9l es el que est\u00e1 inspirado, y los que lo engendraron estuvieron inspirados en la medida en que contribuyeron a su constituci\u00f3n. El primado, si queremos ser precisos, se le ha de reconocer a la Biblia en su fisonom\u00ed\u00ada definitiva, es decir, a todo el conjunto del canon, compuesto de AT y NT; por lo que hay que dar la raz\u00f3n a N. Lohfink cuando afirma que el \u00faltimo autor inspirado del AT fue la Iglesia apost\u00f3lica, que lo adopt\u00f3 en su predicaci\u00f3n del misterio de Jesucristo.<br \/>\nPor lo dem\u00e1s, es tambi\u00e9n evidente la abstracci\u00f3n subyacente a este modo de entender la inspiraci\u00f3n y al endurecer este primado del documento (por otra parte, no sabremos realmente pensar esta o cualquiera otra realidad sino abstrayendo, porque tal es la condici\u00f3n de nuestro humano pensar). Si la actividad de las varias personas que est\u00e1n en el origen de la Biblia, en su formalidad de actividad que origina la Biblia bajo el influjo de la inspiraci\u00f3n, es actividad pasajera, no hay motivo para creer que no est\u00e9 insertada en general de modo coherente en el devenir personal y eclesial de estas mismas personas. Definido en referencia a la Escritura inspirada que llega a nosotros y a la cual se refiere nuestra fe, el carisma de la inspiraci\u00f3n aparece desgajado de manera presumiblemente m\u00e1s bien artificial de la que en conjunto debe haber sido la obra del Esp\u00ed\u00adritu en y a trav\u00e9s de estos creyentes, en su comunidad, en el cauce de las tradiciones del pueblo de Dios. La artif\u00ed\u00adciosidad, inevitable, expresa nuestro punto de perspectiva, hist\u00f3rico y teol\u00f3gico, desde el cual consideramos a posteriori aquel documento realmente inconfundible en su misterio y en su funci\u00f3n, que es la Sagrada Escritura. Pero nada obliga a considerar que en principio el Esp\u00ed\u00adritu haya dado el carisma que llamamos inspiraci\u00f3n de manera arbitraria. Por eso no podemos estimamos libres de buscar la l\u00f3gica de este don en la historia de la salvaci\u00f3n, por las mismas razones por las que no podemos contentarnos con aceptar el canon b\u00ed\u00adblico como un dato meramente positivo, sino que debemos afrontar eJ problema teol\u00f3gico de su sentido articulado y de su criterio-logia. No se trata, en el fondo, de dos problemas diversos, sino de dos modos de enunciar el mismo problema.<br \/>\n921<br \/>\n3. La interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica.<br \/>\nDiversas son las v\u00ed\u00adas tradicionales a lo largo de las cuales se ha intentado la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica de la relaci\u00f3n de inspiraci\u00f3n entre Dios y el hagi\u00f3grafo con vistas al libro sagrado. Cada una es digna de atenci\u00f3n y de reflexi\u00f3n, ya sea en conexi\u00f3n con la actual identificaci\u00f3n de la figura del hagi\u00f3grafo, seg\u00fan se ha dicho, ya sea en s\u00ed\u00ad misma. Podemos catalogar estas v\u00ed\u00adas en dos grandes grupos: las v\u00ed\u00adas de la interpretaci\u00f3n por esquemas conceptuales seg\u00fan diversas analog\u00ed\u00adas y las v\u00ed\u00adas de la interpretaci\u00f3n econ\u00f3mica, y en concreto trinitaria, hist\u00f3rica y salv\u00ed\u00adfica.<br \/>\n922<br \/>\na) La interpretaci\u00f3n por esquemas conceptuales.<br \/>\nLas principales im\u00e1genes ofrecidas por la patr\u00ed\u00adstica para la inteligencia del misterio de la inspiraci\u00f3n son las de la dictatio, del autor y de la autoridad, y del instrumento (\u00f3rganon). Cada una a su modo experimenta un proceso de rigidez .en la elaboraci\u00f3n escol\u00e1stica. Pierden en este proceso un poco de la fluidez y del car\u00e1cter aproximativo del antropomorfismo, pero tambi\u00e9n un poco de su rica capacidad evocadora. Adquieren rigor, y con ello la capacidad de prestarse a unaprofun-dizaci\u00f3n agudamente cr\u00ed\u00adtica en el dato; pero tambi\u00e9n una rigidez que las hace menos disponibles para servir, seg\u00fan la analog\u00ed\u00ada, a las v\u00ed\u00adas del misterio.<br \/>\nDictare es un decir intenso: el hombre dice la palabra de la Escritura; Dios la dictat. La Escritura es palabra autorizada, n\u00ed\u00adtida, profunda, sugestiva; todo esto se expresa en la imagen de la dictatio. Destinatario de esta dictatio es en primera instancia el hagi\u00f3grafo; pero a trav\u00e9s de \u00e9l lo es tambi\u00e9n todo creyente. El entumecimiento de la dictatio en \u2020\u0153dictado verbal\u2020\u009d (B\u00e1\u00f1ez, 1584) expresa incisivamente la sacralidad puntual del documento en su realidad textual, lo cual es de suyo pertinente. Pero pierde muchos matices respecto a la palabra como misterio de comunicaci\u00f3n en favor de este \u00fanico aspecto. Hace que retroceda la atenci\u00f3n del lector, resolvi\u00e9ndolo casi todo en una relaci\u00f3n entre Dios, el hagi\u00f3grafo y el texto. Y necesita precisiones no indiferentes, por un lado para que no se conciba al hagi\u00f3grafo como una especie de copista pasivo, y por otro para que no se desenfoque en una sacralidad indiscriminada aquella relaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca que vige en todo escrito entre el tenor verbal del texto, su contenido, su din\u00e1mica comunicativa, etc. Pues el car\u00e1cter sagrado del texto b\u00ed\u00adblico no lo hace fin en s\u00ed\u00ad mismo (ser\u00ed\u00ada un absurdo), sino que es caracter\u00ed\u00adstica que le compete dentro de su existir como forma de la comunicaci\u00f3n divina.<br \/>\nLa confesi\u00f3n de Dios como autor de las Escrituras, que, como se ha visto, hace suya tambi\u00e9n el texto dogm\u00e1tico del Vaticano 1, en un sentido m\u00e1s general indica s\u00f3lo su origen divino, que las cubre con una \u2020\u0153autoridad\u2020\u009d divina (en los m\u00faltiples matices de que es capaz este t\u00e9rmino polivalente que deriva justamente de \u2020\u0153autor\u2020\u2122). Adem\u00e1s, el uso de la imagen con referencia a la Escritura es derivado; m\u00e1s originario en teolog\u00ed\u00ada es su uso con referencia a la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n, de la cual la Escritura es expresi\u00f3n particularmente significativa y aut\u00e9ntica. Dios es autor de los escritos del AT y del NT en cuanto que, m\u00e1s en la ra\u00ed\u00adz, es el \u00fanico autor (como dec\u00ed\u00ada la antigua f\u00f3rmula anti-marcionita, antidualista) de la antigua y de la nueva alianza. As\u00ed\u00ad pues, los escritos b\u00ed\u00adblicos son fruto de iniciativa divina, de divina autoridad. Trat\u00e1ndose de libros, era del todo sencillo entender el concepto de autor en t\u00e9rminos estrictamente literarios (Franzelin, 1870ss; y m\u00e1s a\u00fan la teolog\u00ed\u00ada neoescol\u00e1stica dependiente de la enc\u00ed\u00adclica Pro videntissimus Deus), indicando as\u00ed\u00ad que Dios es origen pr\u00f3ximo, y no s\u00f3lo remoto, de la Biblia. Autor en sentido literario no ser\u00ed\u00ada, por ejemplo, el que simplemente sugiriese la idea o alentase su composici\u00f3n, financiase la edici\u00f3n o acogiese un libro con aplauso. Y Dios, respecto a la Biblia, ciertamente no es s\u00f3lo eso. Pero cuando se presta atenci\u00f3n a la complejidad del fen\u00f3meno literario Biblia y al hecho de que su comunicaci\u00f3n no es simplemente asevera-tiva, no se puede dejar de notar que no se puede pensar a Dios en primera persona como sujeto del dudar, del implorar, del interrogar, del imprecar de los hagi\u00f3grafos y de sus textos, como puede serlo de afirmar doctrinal o narrativamente. Y ello sugiere que no se han de descuidar los matices de los que la imagen es desde siempre realmente capaz.<br \/>\n923<br \/>\nLa imagen del instrumento indica directamente no la relaci\u00f3n de Dios con el libro o con el lector, sino la del hagi\u00f3grafo con Dios. De \u00e9l evidencia diversos matices seg\u00fan el modo de entender la imagen (\u00f3rgano respecto al cuerpo, pluma para el escritor, instrumento musical, son las principales declinaciones patr\u00ed\u00adsticas del tema). Su endurecimiento neoescol\u00e1stico en los t\u00e9rminos de causalidad eficiente instrumental ha servido para puntualizar aspectos significativos de la actividad inspiradora de Dios: doble causalidad genuina respecto al libro, dependencia total del hagi\u00f3grafo, y tambi\u00e9n del libro, de Dios, respecto del obrar propio de cada una de las causas, divina y humana, y consiguiente posibilidad de identificar en la Biblia signos respectivamente de su origen de Dios y de su plena verdad humana, etc. Los l\u00ed\u00admites de la elaboraci\u00f3n conceptual de la imagen del instrumento en t\u00e9rminos de causalidad eficiente instrumental son debidos a la inadecuaci\u00f3n del concepto de causalidad eficiente para definir en general la comunicaci\u00f3n interpersonal a trav\u00e9s de la palabra. La Biblia corre el riesgo de ser considerada como un producto de Dios y del hombre, y no como una palabra; pero un producto es extr\u00ed\u00adnseco respecto a su causalidad eficiente, mientras que en la palabra se expresa, y se comunica, la persona misma que habla. En cambio, m\u00e1s o menos n\u00ed\u00adtidamente, esto no escapaba al uso pa-tr\u00ed\u00adstico de la imagen. Y no se trata de un matiz de poca monta: la Biblia es palabra de salvaci\u00f3n precisamente porque a trav\u00e9s de ella se hace memoria de la alianza, y Dios personalmente nos interpela. Adem\u00e1s, apelar, a la causalidad eficiente es r\u00ed\u00adgidamente solidario de una concepci\u00f3n de la salvaci\u00f3n (y, por tanto, de la misma Biblia), en la cual se entiende a Dios como si obrara propiamente seg\u00fan la unidad de la naturaleza y no seg\u00fan la trinidad de las personas. Pero esto, sobre el fondo de los caminos abiertos por la m\u00e1s reciente teolog\u00ed\u00ada de la gracia (y, por otra parte, m\u00e1s en consonancia con el dato b\u00ed\u00adblico y patr\u00ed\u00adstico), crea dificultades, sobre todo con vistas a la interpretaci\u00f3n de la imagen princeps de la inspiraci\u00f3n (que evoca el misterio del Esp\u00ed\u00adritu) y de la de lapalabra de Dios (que evoca el misterio del Verbo y de su,encarnaci\u00f3n).<br \/>\n924<br \/>\nb) La interpretaci\u00f3n econ\u00f3mica.<br \/>\nFundamentaci\u00f3n trinitaria y comprensi\u00f3n dentro de las coordinadas de la historia de la salvaci\u00f3n son los caminos m\u00e1s prometedores para una lectura actual, \u2020\u0153econ\u00f3mica\u2020\u009d, de la \u00ed\u00adndole sagrada de la Escritura. El dato b\u00ed\u00adblico, arriba r\u00e1pidamente recogido, no deja de sugerir indicaciones en esta direcci\u00f3n. En primer lugar es necesario dar evidencia a la \u00ed\u00adndole alusiva, imaginativa, no cartesiana, del concepto mismo de inspiraci\u00f3n; por el hecho de haberse convertido en la sigla t\u00e9cnica para indicar lo sagrado de la Biblia no se le priva de su l\u00f3gica nativa, que es la de remitir a una acci\u00f3n misteriosa particular del Esp\u00ed\u00adritu Santo y un soplo por parte de Dios. Tambi\u00e9n la indicaci\u00f3n de la Escritura como palabra de Dios remite al misterio del Lagos. Todo esto se ha de comprender dentro de las l\u00ed\u00adneas b\u00e1sicas de la historia de la salvaci\u00f3n.<br \/>\nEl Esp\u00ed\u00adritu que presidi\u00f3 la encarnaci\u00f3n del Lagos y que ungi\u00f3 a Jes\u00fas para su misi\u00f3n, hace ahora memoria de Jes\u00fas en la Iglesia y mantiene despierta su espera; y ha suscitado y anima de continuo este especial\u00ed\u00adsimo instrumento de la memoria y de la espera de Jes\u00fas que es la palabra de la Escritura. As\u00ed\u00ad la Escritura es palabra de Dios en referencia a Jes\u00fas y como eco suyo; por lo dem\u00e1s, no podr\u00ed\u00ada ser de otra manera. Es palabra de Dios \u2020\u0153como en un espejo, en imagen\u2020\u009d (1Co 13,12), porque tal es hoy la condici\u00f3n de toda palabra que se nos ha dado para que la aceptemos en la fe. Pero es realmente eficaz para la salvaci\u00f3n, como nos lo recuerda 2Tm 3,15-17. El Esp\u00ed\u00adritu tambi\u00e9n en ella, e incluso en ella de modo particular, se revela como don y bendici\u00f3n suprema\u2020\u2122de Dios.<br \/>\nPor lo dem\u00e1s, no se puede eludir, en esta perspectiva tan iluminadora, el interrogante teol\u00f3gico acerca de la singularidad y originalidad de la Escritura. Puesto que sin el Esp\u00ed\u00adritu Santo ni siquiera se podr\u00ed\u00ada decir \u2020\u0153Jes\u00fas es Se\u00f1or\u2020\u009d (1Co 12,3), toda palabra que evangeliza el misterio de Jes\u00fas suscitando la fe y llamando a la esperanza est\u00e1 dicha en el Esp\u00ed\u00adritu. \u00bfEn qu\u00e9 consiste, pues, el car\u00e1cter inconfundiblemente espec\u00ed\u00adfico de la Biblia, por el cual es palabra de Dios y est\u00e1 inspirada por \u00e9l?; \u00bfqu\u00e9 es la \u00ed\u00adndole espec\u00ed\u00adfica que la doctrina de la inspiraci\u00f3n justamente se esfuerza por diversos caminos en enunciar? La renovaci\u00f3n profunda del planteamiento de la problem\u00e1tica nos deja ante este interrogante desguarnecidos de soluciones teol\u00f3gicas ya acreditadas. Repetir simplemente la teolog\u00ed\u00ada de la dictatio, del autor, del instrumento no ser\u00ed\u00ada decir cosas falsas, pero significar\u00ed\u00ada dar respuestas que no atinan con la pregunta.<br \/>\nParece m\u00e1s bien necesario permanecer fieles a los caminos de la historia de salvaci\u00f3n y al car\u00e1cter central que en ella tiene el misterio de Jes\u00fas. Puesto que el Esp\u00ed\u00adritu, al suscitar la Biblia como animando toda predicaci\u00f3n del evangelio, no nos da una palabra de Dios ulterior o alternativa respecto a Jes\u00fas (iser\u00ed\u00ada monstruoso!), sino totalmente relativa a \u00e9l y al servicio de su misterio, no deberemos buscar un significado teol\u00f3gico independiente del misterio de la inspiraci\u00f3n, distinto de esta relaci\u00f3n de la Escritura a Jesucristo. La singularidad de su \u00ed\u00adndole inspirada no ser\u00e1 otra cosa, como se dec\u00ed\u00ada desde el principio, que el fundamento de la necesidad y normatividad (canonici-dad) de la Escritura para la memoria de Jes\u00fas y para la fe en \u00e9l. Toda buena explicaci\u00f3n teol\u00f3gica de la inspiraci\u00f3n deber\u00ed\u00ada dar cuenta ante todo de esta relaci\u00f3n, es decir, de esta funci\u00f3n memorial, en la cual est\u00e1 esencialmente incluida la relectura del AT como profec\u00ed\u00ada de Jesucristo.<br \/>\n925<br \/>\nc) Inspiraci\u00f3n y revelaci\u00f3n.<br \/>\nLa DV deja abierto precisamente en este punto el problema teol\u00f3gico de la inspiraci\u00f3n de la Escritura. A la ubicaci\u00f3n de la doctrina acerca de la Escritura en el contexto de la transmisi\u00f3n de la divina revelaci\u00f3n no corresponde, en efecto, una elaboraci\u00f3n particular del tema; m\u00e1s bien (cosa muy comprensible en un documento conciliar) se reiteran, no sin oportunos retoques, los desarrollos doctrinales de los documentos papales del \u00faltimo siglo, recibidos ya sustancial-mente por la teolog\u00ed\u00ada de los manuales. Pero a partir de la ubicaci\u00f3n de la Biblia en el contexto de la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n, el problema de definir la Biblia en relaci\u00f3n con Jes\u00fas se plantea como problema de definir la Biblia en relaci\u00f3n con la revelaci\u00f3n. Pues la DV ense\u00f1a precisamente que Jes\u00fas es la plenitud de la revelaci\u00f3n. A partir de Lessio, seg\u00fan se ha dicho, la relaci\u00f3n inspiraci\u00f3n-revelaci\u00f3n no se puede pensaren t\u00e9rminos de identidad sustancial.<br \/>\nEl problema propiamente es \u00e9ste: \u00bfqu\u00e9 sentido tiene que la Biblia sea palabra de Dios como transmisi\u00f3n de una palabra m\u00e1s originaria, si bien siendo ella tan originaria que se la debe llamar precisamente palabra de Dios? Parece necesario responder pensando la inspiraci\u00f3n de la Escritura como componente del momento mismo originario de la revelaci\u00f3n, aunque teniendo en cuenta el hecho de que la Biblia es documento, es decir, forma\u2020\u2122 escrita para que se transmita la revelaci\u00f3n. Si la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica pertenece a la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n y no a la misma revelaci\u00f3n, la Escritura, en cambio, pertenece indisolublemente a ambos momentos. Justamente este su modo de ser dentro de un proceso (la historia de la salvaci\u00f3n) que est\u00e1 sostenido y animado por el Esp\u00ed\u00adritu desde el principio al fin caracteriza su inspiraci\u00f3n. De suyo, si bien se mira, el problema es el de c\u00f3mo est\u00e1 Dios en el origen del libro, pero con estas precisiones: que el libro no es pensado como entidad literaria de suyo consistente, sino como expresi\u00f3n y documentaci\u00f3n de aquel acontecimiento personal e hist\u00f3rico que es la revelaci\u00f3n; y que Dios no es identificado como causalidad eficiente absoluta, sino como el Dios que se ha revelado: en concreto, como el Padre que env\u00ed\u00ada el Esp\u00ed\u00adritu para hacer memoria de su Verbo Jesucristo.<br \/>\nComo documento, pues, la Biblia pertenece a la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n y trasciende los tiempos; pero es momento intr\u00ed\u00adnseco del expresarse originario sin el cual la revelaci\u00f3n no ser\u00ed\u00ada real. Pues el lenguaje humano no es envoltorio casual de la revelaci\u00f3n; en ella Dios se dirige a nosotros precisamente asumiendo las formas de nuestro modo de expresarnos. Entre esas formas, la verbal, reproduci-ble en el documento escrito, aunque no la \u00fanica, tiene una funci\u00f3n expli-citadora decisiva e insustituible. As\u00ed\u00ad pues, la palabra, hablada y escrita, es momento esencial del ser, y no s\u00f3lo de la sucesiva reformulaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n; pero \u00e9sta no puede reducirse a palabra verbal.<br \/>\n926<br \/>\nFrecuentemente, la palabra que ha confluido en la Escritura es la primera enunciaci\u00f3n del momento de la historia de la revelaci\u00f3n que se expresa en aquella determinada p\u00e1gina; otras veces es reenunciado de una revelaci\u00f3n ya aclarada en s\u00ed\u00ad misma, ya formulada. Tambi\u00e9n en este segundo caso el paso de una formulaci\u00f3n a otra, por hip\u00f3tesis m\u00e1s apta para la transmisi\u00f3n can\u00f3nica, o laimisma reiteraci\u00f3n redaccional de una formulaci\u00f3n ya estabilizada, no pueden dejar de suponer una clarificaci\u00f3n, una precisi\u00f3n, una selecci\u00f3n de sentido, guiadas por el carisma inspirativo.. En el primer caso m\u00e1s claramente a\u00fan, el carisma inspirador interviene activamente en el progreso de la revelaci\u00f3n originaria. . Una comprensi\u00f3n teol\u00f3gicamente satisfactoria de la inspiraci\u00f3n no puede, pues, prescindir de una comprensi\u00f3n correspondientemente atenta de la revelaci\u00f3n. La concepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n divina como comunicaci\u00f3n en forma conceptual y asevera-tiva de verdades perennes llevaba casi inevitablemente a la teolog\u00ed\u00ada de la inspiraci\u00f3n a fluctuar entre pensarla como notificaci\u00f3n de nuevas verdades o como simple impulso a transmitir por escrito verdades precedentemente reveladas. Pero si la revelaci\u00f3n, como ense\u00f1a la DV, ocurre en una historia por medio de \u2020\u0153palabras y acontecimientos intr\u00ed\u00adnsecamente conexos\u2020\u009d (DV 2), ya que la palabra es esencialmente repetible, mientras que el acontecimiento es por su naturaleza \u00fanico (a menos que se reproduzca en el \u00c2\u00a1s\u00ed\u00admbolo, y puede que en el sacramento), no ser\u00e1 imposible pensar la inspiraci\u00f3n como carisma que, generando una palabra en conexi\u00f3n con el acontecimiento de los or\u00ed\u00adgenes, ofrece a trav\u00e9s del documento que la representa la posibilidad de ser interpelados directamente por aquellos mismos or\u00ed\u00adgenes, y en concreto por Cristo, plenitud de la revelaci\u00f3n.<br \/>\nQuedar\u00e1 por determinar ulteriormente esa conexi\u00f3n necesaria, es de-c\u00ed\u00adt, propiamente la \u00ed\u00adndole prof\u00e9tica y apost\u00f3lica de la palabra b\u00ed\u00adblica. En especial el AT es palabra que, al acompa\u00f1ar la preparaci\u00f3n de Cristo, ya lo ha ido formulando en la esperanza, proporcionando as\u00ed\u00ad el humus teol\u00f3gico y ling\u00fc\u00ed\u00adstico necesario para su revelaci\u00f3n (por continuidad o por contraste). Est\u00e1, pues, inspirado con vistas y en referencia a \u00e9l. El NT recoge el testimonio originario sobre \u00e9l, memoria y anuncio; sin esa palabra, Cristo no ser\u00ed\u00ada para nosotros plenamente revelaci\u00f3n, porque la plenitud del acontecimiento revelador que es \u00e9l permanecer\u00ed\u00ada prisionera de su singularidad hist\u00f3rica. Sin esta palabra tampoco la plenitud de presencia ofrecida por el sacramento conseguir\u00ed\u00ada permanecer en la continuidad visible de la memoria y estar\u00ed\u00ada privada de una de sus dimensiones esenciales. Por eso \u2020\u0153la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como lo ha hecho con el cuerpo mismo del Se\u00f1or\u2020\u009d (DV 21); ellas de alg\u00fan modo son cuerpo del Se\u00f1or, su voz: \u2020\u0153El es el que habla cuando en la Iglesia se lee la Sagrada Escritura\u2020\u009d (SC 7). A trav\u00e9s de ellas, hechas eficaces en la Iglesia, \u2020\u0153Dios, el cual ha hablado en el pasado, no cesa de hablar con la esposa de su Hijo querido\u2020\u009d DV 8); a trav\u00e9s de su palabra y la celebraci\u00f3n de la memoria eucar\u00ed\u00ads-tica nos congregamos en la iglesia, para ser nosotros mismos cuerpo de Cristo.<br \/>\n927<br \/>\nIII. TEXTO.<br \/>\nLa consideraci\u00f3n del texto b\u00ed\u00adblico y de sus problemas completa aquella atenci\u00f3n a la materialidad de la Biblia, para la cual ha sido ya necesario examinar la cuesti\u00f3n del canon. T)e los significados y de los l\u00ed\u00admites por los cuales est\u00e1 marcada la cuesti\u00f3n del canon es casi veh\u00ed\u00adculo extremo el problema del texto. Evidentemente, no se suscitar\u00ed\u00adan problemas si la materialidad del texto no presentase dificultades y estuviera con indiscutible seguridad conforme con el original. Sin embargo, el acceso a toda obra antigua plantea problemas textuales en medida notable; ciertamente bastante m\u00e1s notables de lo que cualquier errata corrige est\u00e1 en condiciones de se\u00f1alar, ofreciendo una soluci\u00f3n sustancialmente adecuada para las obras contempor\u00e1neas, y m\u00e1s para las posteriores a la invenci\u00f3n de la imprenta. La Biblia no escapa a la condici\u00f3n de cualquier obra antigua; ciertamente, no escapa en nombre de su \u00ed\u00adndole sacra.<br \/>\nDe suyo la mayor parte de los problemas relativos al texto b\u00ed\u00adblico es de orden cr\u00ed\u00adtico, y no inmediatamente teol\u00f3gico. Sin embargo, en el origen de toda gran orientaci\u00f3n de la misma cr\u00ed\u00adtica textual de la Biblia hay opciones teol\u00f3gicas ineludibles. Si no determinan inmediatamente los m\u00e9todos, s\u00ed\u00ad deciden los objetivos de la cr\u00ed\u00adtica, por lo que no pueden menos de orientar sus caminos. En efecto, no es indiferente el modo en que se precisa el valor can\u00f3nico que hay que reconocer a los diversos momentos y a las diversas formas de la transmisi\u00f3n del texto mismo; siempre que, desde un punto de vista cr\u00ed\u00adtico, se consiga establecer efectivamente una estratificaci\u00f3n de tal suerte. Por otra parte, no podr\u00ed\u00ada menos de ser abstracta una consideraci\u00f3n teol\u00f3gica de la problem\u00e1tica del texto b\u00ed\u00adblico que no prestase suma atenci\u00f3n a la condici\u00f3n concreta de los mismos textos; si la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica no puede resolverse en empirismo, tampoco le es l\u00ed\u00adcito ignorarlo o descuidarlo. Por tanto, es aqu\u00ed\u00ad oportuno recordar, al menos a grandes rasgos, la condici\u00f3n efectiva de la transmisi\u00f3n del texto b\u00ed\u00adblico; y luego, en un segundo momento, indicar las l\u00ed\u00adneas fundamentales de las sugerencias teol\u00f3gicas que plantea y de los problemas teol\u00f3gicos que suscita.<br \/>\n928<br \/>\n1. Los hechos.<br \/>\nDesde el punto de vista de la investigaci\u00f3n del sentido teol\u00f3gico del problema del texto b\u00ed\u00adblico, los hechos de mayor relieve, y que por tanto m\u00e1s estimulan la investigaci\u00f3n, son, por un lado, la cantidad de los manuscritos y de las formas textuales, y por otro el panorama que ofrece el fen\u00f3meno de las traducciones. La cantidad se ha de medir sobre el fondo de la condici\u00f3n general de la transmisi\u00f3n de los textos antiguos. Lo imponente de la tradici\u00f3n manuscrita del AT y del NT no admite comparaci\u00f3n con ninguna otra obra de la antig\u00fcedad, entre otras cosas por el m\u00e1s que comprensible motivo de que la cultura medieval de Occidente fue cristiana, y en particular mon\u00e1stica. Pero no s\u00f3lo hemos de tener en cuenta la solicitud de la<br \/>\nIglesia, sino tambi\u00e9n la de las comunidades jud\u00ed\u00adas; fuera de ellas hubiera sido, si no imposible, del todo improbable la transmisi\u00f3n del texto hebreo del AT. Luego si el canon del AT, en su \u00faltima determinaci\u00f3n, no nos viene del judaismo posterior a Jes\u00fas, sino del mismo Jes\u00fas y de la Iglesia apost\u00f3lica, ciertamente somos deudores al judaismo posterior del texto. Es verdad que, en principio, las mismas Iglesias hubieran podido conservarlo, pero de hecho ha llegado a nosotros a trav\u00e9s de manuscritos sinagogales.<br \/>\nRespecto a la cristiana, la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada es m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente \u2020\u0153religi\u00f3n del libro\u2020\u009d, incluso por la fenomenolog\u00ed\u00ada de los manuscritos b\u00ed\u00adblicos: antiqu\u00ed\u00adsima, y en alguna medida ya precristiana, es la fijaci\u00f3n de un texto est\u00e1ndar (texto masor\u00e9tico, TM), y m\u00faltiples los art\u00ed\u00adfices que aseguraron su copia minuciosamente fiel. Los manuscritos cristianos, y en particular los del NT, presentan una mayor variedad de formas y de familias textuales, signo de una genealog\u00ed\u00ada m\u00e1s compleja de errores, pero tambi\u00e9n de un af\u00e1n de recensi\u00f3n m\u00e1s reiterado, es decir, de revisi\u00f3n programada, m\u00e1s o menos cr\u00ed\u00adtica. Una y otra condici\u00f3n del texto tienen sus ventajas: la mayor fijaci\u00f3n hace m\u00e1s fiel la transmisi\u00f3n del texto exacto, pero hace tambi\u00e9n m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil enmendar eventuales errores que en \u00e9l se pueden introducir. Uno y otro m\u00e9todo manifiestan tambi\u00e9n una teolog\u00ed\u00ada diversa. La adhesi\u00f3n jud\u00ed\u00ada m\u00e1s minuciosa a la letra no se ha de interpretar ciertamente a trav\u00e9s de las categor\u00ed\u00adas paulinas de la letra y el esp\u00ed\u00adritu (cf \u00bfCor 3,6), cuyo significado no es pertinente para el problema textual. M\u00e1s bien se ha de tener presente la gran importancia de los libros sagrados para la identidad misma del pueblo jud\u00ed\u00ado despu\u00e9s de haberse visto \u00e9ste privado de la tierra, del templo y de todas las instituciones conexas.<br \/>\nJunto a esta minuciosa fidelidad textual, el judaismo (y el judeo-cris-tianismo mientras existi\u00f3) conoci\u00f3 el fen\u00f3meno targ\u00famico, es decir, de traducciones parafr\u00e1sticas, destinadas sobre todo al uso lit\u00fargico. Pertenece al \u00e1rea de las traducciones, pero revela una libertad que nuestra mentalidad moderna encuentra desconcertante en mayor grado que la misma multiplicidad de las variantes que hacen incierto el texto sagrado. Sin embargo, esta libertad probablemente corresponde a la minuciosidad de que se ha hablado: precisamente el car\u00e1cter sagrado de la lengua cl\u00e1sica del pueblo de Dios engendra aquella adhesi\u00f3n al car\u00e1cter f\u00ed\u00adsico del texto que la fe jud\u00ed\u00ada no estima deber cultivar igualmente en las traducciones. Y viceversa, la fe cristiana parece establecer una mayor soltura, sin llegar a una desenvoltura incompatible con la veneraci\u00f3n del documento sagrado; pero tambi\u00e9n transfiere esta veneraci\u00f3n con mayor espontaneidad a cualquier traducci\u00f3n a las lenguas de las gentes, a las cuales reconoce llamadas todas ellas a expresar la fe seg\u00fan se lo da el Esp\u00ed\u00adritu (Hch 2,11).<br \/>\n929<br \/>\nEl valor de las traducciones del texto b\u00ed\u00adblico es en principio relativo a su fidelidad al original, y esto se ha sobrentendido siempre, aunque en la Iglesia se estableciera una condici\u00f3n jur\u00ed\u00addica privilegiada para cualquier versi\u00f3n oficial (en particular para la Vulgata latina: DS 1506; DS 3825). Desde este punto de vista, a la cr\u00ed\u00adtica textual no le interesa servirse de las traducciones sino en la medida en que permiten ir m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad mismas, y puede que m\u00e1s all\u00e1 de la actual condici\u00f3n textual ofrecida por los manuscritos m\u00e1s antiguos en lengua m\u00e1s primitiva. (Evidentemente, en direcci\u00f3n diametralmente opuesta se mueve toda la problem\u00e1tica pastoral de las traducciones en cuanto servicio al actual frescor de la palabra.) Sin embargo, el principio de la relatividad al texto original se ha tomado en consideraci\u00f3n generalmente en referencia inmediata a las traducciones m\u00e1s recientes, y en todo caso posteriores a la redacci\u00f3n conclusiva de la literatura can\u00f3nica, entre las cuales, en todo caso se encuentra la Vulgata. No necesariamente id\u00e9ntica es la condici\u00f3n de las traducciones m\u00e1s antiguas, y por tanto en cierta medida del mismo fen\u00f3meno targ\u00famico. El problema m\u00e1s destacado a este prop\u00f3sito se refiere a la Biblia griega llamada \u2020\u0153Setenta\u2020\u009d (LXX), como principal transmisor de la lectura neotesta-mentaria del AT. Evidentemente, una cr\u00ed\u00adtica textual que persiga prop\u00f3sitos preferentemente historiogr\u00e1-ficos, es decir, encaminada a determinar formas m\u00e1s antiguas y m\u00e1s recientes del texto, y eventualmente una red motivada de dependencias, valorar\u00e1 las traducciones s\u00f3lo a partir de su diversa fenomenolog\u00ed\u00ada. Pero una cr\u00ed\u00adtica que sea momento de la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica sobre la Biblia, y por tanto a la cual le interese primariamente el texto can\u00f3nico justo en cuanto tal, no podr\u00e1 simplemente identificar original con antiguo. Al dato historiogr\u00e1ficamente comprobable o comprobado deber\u00e1 hacerle ulteriores preguntas, que no ser\u00e1n independientes del modo en que se conciban la inspiraci\u00f3n y la canonicidad de la Biblia.<br \/>\n930<br \/>\n2. Texto? inspiraci\u00f3n.<br \/>\nEn particular, no ser\u00e1 indiferente definir la inspiraci\u00f3n a partir del proceso que genera el libro sagrado o del resultado de tal proceso, es decir, del libro sagrado o can\u00f3nico, consignado como tal a la Iglesia y reconocido por su fe. En el primer caso se tender\u00e1 a privilegiar lo que es m\u00e1s antiguo; en el segundo, a lo que es definitivo. Si inspiraci\u00f3n es proceso que contin\u00faa hasta la plena definici\u00f3n can\u00f3nica del libro sagrado, texto b\u00ed\u00adblico (\u2020\u0153original\u2020\u009d, pues, en sentido teol\u00f3gico, y no redactivamente historiogr\u00e1fico) ser\u00e1 el que expresa esta \u00faltima determinaci\u00f3n. Habr\u00e1 que pensar que el proceso de esta estabilizaci\u00f3n no ha sido id\u00e9ntico para todas las partes de la Escritura. En la medida en que la Iglesia apost\u00f3lica, tambi\u00e9n por medio de su testimonio en los escritos neotestamentarios, da el \u00faltimo sello a la canonicidad del AT, no se puede excluir que procesos de traducci\u00f3n se vean envueltos, intr\u00ed\u00adnsecamente en esta cuesti\u00f3n. La paradoja teol\u00f3gica del canon cristiano de las Escrituras no puede menos de reflejarse en la cuesti\u00f3n del texto; pues la Escritura, para la fe cristiana, es documento del origen escatol\u00f3gico de la nueva alianza, es decir, tiene funci\u00f3n memorial de un principio que tiene \u00ed\u00adndole \u00faltima.<br \/>\nSi la teolog\u00ed\u00ada de la inspiraci\u00f3n y de la canonicidad plantea problemas y avanza exigencias a la investigaci\u00f3n del texto, la reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica sobre las condiciones del texto no deja por su parte de formular interrogantes a la teolog\u00ed\u00ada de la inspiraci\u00f3n y de la canonicidad. En primer lugar, entre los aspectos de la genuina humanidad de la Biblia se impone considerar su fragilidad textual, elemento que, a priori, no tender\u00ed\u00adamos ciertamente a tener en cuenta, y que incluso nos da un cierto fastidio porque choca contra los c\u00e1nones m\u00e1s comunes de lo sagrado. Desde luego, no hay inconveniente en creer en una providencia divina eficaz, en una singular solicitud del Esp\u00ed\u00adritu para que el documento b\u00ed\u00adblico se transmita genuinamente; pero es obligado pensar esta providencia de tal manera que explique la situaci\u00f3n concreta del texto b\u00ed\u00adblico. Es oportuno y correcto (y \u00fatil para no razonar en t\u00e9rminos demasiado mitol\u00f3gicos) pensar que la solicitud del Esp\u00ed\u00adritu es mediata a trav\u00e9s de la solicitud de la tradici\u00f3n de la comunidad creyente, jud\u00ed\u00ada y cristiana; sin embargo, es necesario darse cuenta tambi\u00e9n de los frutos negativos de la solicitud torpe o, viceversa, de la negligencia de los creyentes.<br \/>\n931<br \/>\nPero adem\u00e1s podemos percatamos una vez m\u00e1s de los equ\u00ed\u00advocos con que se enfrenta la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la Escritura si se deja guiar por una concepci\u00f3n apriorista de lo que es documento y qu\u00e9 es sacralidad m\u00e1s que por la concepci\u00f3n concreta de este documento que la fe confiesa como sagrado. Con frecuencia nos vemos forzados en realidad a preguntarnos (sin tener, al menos por ahora, una respuesta clara y un\u00ed\u00advoca) qu\u00e9 texto se ha de considerar teol\u00f3gicamente original. Tenemos tambi\u00e9n escritos cuyas tradiciones textuales son discretamente diferentes entre s\u00ed\u00ad (Rahlfs, en la edici\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de los LXX, no encuentra muchas veces mejor soluci\u00f3n que juntarlas por extenso). De algunos escritos s\u00f3lo poseemos la traducci\u00f3n, no un texto en lengua original. De una manera m\u00e1s general, las variantes m\u00e1s o menos significativas son miles.<br \/>\nAdem\u00e1s debemos rechazar tambi\u00e9n la tentaci\u00f3n del docetismo b\u00ed\u00adblico, que ciertamente eliminar\u00ed\u00ada en su conjunto el sentido de la Escritura. En otras palabras: un espiritualismo que simplemente eludiera las cuestiones suscitadas por las dificultades textuales en nombre del primado indiscutible del contenido, del mensaje, del significado global, tendr\u00ed\u00ada por un lado raz\u00f3n: las dificultades de interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica de la Biblia s\u00f3lo rara vez hunden sus ra\u00ed\u00adces en problemas de orden textual. Pero por otro lado destruir\u00ed\u00ada el sentido mismo del documento, que est\u00e1 ligado intr\u00ed\u00adnsecamente, aunque no exclusivamente, a.su materialidad. Desvirtuar\u00ed\u00ada, entre otras cosas, un dato estimulante de la experiencia exeg\u00e9tica, a saber: So interesantes que son con frecuencia positivamente los caminos que se abren precisamente por los resultados de la investigaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica del texto.<br \/>\nEntre un materialismo b\u00ed\u00adblico sofocante, que puede tambi\u00e9n no suponer ciertamente una teor\u00ed\u00ada del dictado verbal, y un docetismo que atento s\u00f3lo a los contenidos redujera al l\u00ed\u00admite la Biblia a un documento cualquiera de la tradici\u00f3n de la fe, la teolog\u00ed\u00ada de la inspiraci\u00f3n debe buscar a\u00fan (debe encontrar a\u00fan) los caminos que hagan justicia a la condici\u00f3n real, tambi\u00e9n textual, del documento. Probablemente deber\u00e1 tambi\u00e9n tomar en cuenta, de manera m\u00e1s consciente, la diferente importancia que la materialidad del texto reviste seg\u00fan los g\u00e9neros literarios, aunque ciertamente los problemas de cr\u00ed\u00adtica textual no se distribuyen adecuadamente seg\u00fan un criterio de este g\u00e9nero. Pues habitualmente nacen de factores extr\u00ed\u00adnsecos seg\u00fan la degeneraci\u00f3n de lo f\u00ed\u00adsico, contra lo cual, o en relaci\u00f3n a la cual, el pensamiento occidental desde hace dos milenios y medio se esfuerza en captar y afirmar la verdad del hombre. En particular, parece justo que se siga (por los caminos que L. Alonso Sch\u00f3kel ha allanado), tomando directamente en consideraci\u00f3n la complejidad de las Escrituras como fen\u00f3meno literario.<br \/>\n932<br \/>\nIV. VERDAD (INERRANCIA) DE LA ESCRITURA.<br \/>\nEl problema de la verdad de la Biblia es de por s\u00ed\u00ad un problema, mejor es el problema de la \/ hermen\u00e9utica; por tanto, su consideraci\u00f3n global no se deber\u00ed\u00ada buscar significativamente m\u00e1s que en esa voz. Pero en realidad puede existir alguna raz\u00f3n para no omitir alguna indicaci\u00f3n al respecto a manera de ap\u00e9ndice de estas consideraciones. En los manuales m\u00e1s recientes, de la verdad de la Biblia se hablaba en los t\u00e9rminos negativos de la inerrancia en un cap\u00ed\u00adtulo dedicado a los \u2020\u0153efectos de la inspiraci\u00f3n\u2020\u009d. Como motivo para tratar aqu\u00ed\u00ad el tema, esto de suyo es bastante extr\u00ed\u00adnseco, y por lo tanto se podr\u00ed\u00ada descartar. Sin embargo, la historia entera de la reflexi\u00f3n cat\u00f3lica sobre la inspiraci\u00f3n en el \u00faltimo siglo ha estado muy condicionada, y casi presidida, por la problem\u00e1tica de la inerrancia; por lo cual no se podr\u00ed\u00adan hoy separar los dos discursos sin hacer que de este modo perdiera la teolog\u00ed\u00ada de la inspiraci\u00f3n la memoria de sus recientes itinerarios. Adem\u00e1s, la hermen\u00e9utica no tiene motivos para comprometerse m\u00e1s que positivamente con los caminos para la apropiaci\u00f3n de la verdad de la Biblia. Las cuestiones relativas precisamente a la inerrancia como no-no-verdad podr\u00ed\u00adan verse acantonadas, perdiendo tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad, si no otra cosa, la memoria \u00fatil de los caminos err\u00f3neos que no hay que seguir.<br \/>\n933<br \/>\nJ. La inerrancia contra la sospecha de error.<br \/>\nLa muy estrecha conexi\u00f3n entre la reflexi\u00f3n sobre la inspiraci\u00f3n y sobre la inerrancia se puede documentar por contraste del mismo modo en que el Vaticano 1 rechaza la tesis de la simple identificaci\u00f3n:<br \/>\nlos libros de la Biblia, ense\u00f1a, son considerados sagrados y can\u00f3nicos entre otras cosas \u2020\u0153no s\u00f3lo porque contienen la revelaci\u00f3n misma sin error\u2020\u009d (DS 3006); esto ciertamente est\u00e1 lejos de excluirse, pero se considera insuficiente. Para una buena comprensi\u00f3n teol\u00f3gica del sentido de este texto dogm\u00e1tico, es \u00fatil considerarlo sobre el fondo de la problem\u00e1tica general del Vaticano 1. El concilio se preparaba a hablar de infalibilidad a prop\u00f3sito del magisterio del papa en el momento de su m\u00e1ximo compromiso. El concepto de infalibilidad no es muy diverso del de inerrancia, si no es en cuanto que \u00e9sta se refiere a la Biblia como hecho ya acabado, mientras que la infalibilidad mira tambi\u00e9n a eventuales formulaciones de la doctrina ubicadas en el futuro, y por tanto se mueve en el \u00e1rea de lo posible. Afirmar en este contexto que la inerrancia no es suficiente para explicar la inspiraci\u00f3n de la Escritura significaba colocar la Biblia inconfundiblemente m\u00e1s all\u00e1 de cualquier expresi\u00f3n de la tradici\u00f3n cristiana, y en particular m\u00e1s all\u00e1 del dogma.<br \/>\nPor consiguiente (en cuanto es posible hablar en m\u00e1s o en menos sobre conceptos negativos), la misma inerrancia requer\u00ed\u00ada ser afirmada en t\u00e9rminos m\u00e1s absolutos que los de la infalibilidad de la tradici\u00f3n y del magisterio dogm\u00e1tico que la rige y la expresa. En particular, esta infalibilidad, seg\u00fan la tesis un\u00e1nime de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica y la formulaci\u00f3n misma que el Vaticano 1 usa a prop\u00f3sito del papa (cf tambi\u00e9n el Vaticano II, LG 25), es limitada al \u00e1mbito de la fe y de la moral, con vistas al cual tiene sentido la tradici\u00f3n de la Iglesia y para cuya custodia se ha constituido el magisterio. En cambio, la inerrancia de la Biblia, anclada en la verdad de Dios que es su autor, requiere ser afirmada sin limitaciones de ninguna clase; y as\u00ed\u00ad, en particular, sin limitaciones de \u00e1mbito, de competencia. Precisamente en estos t\u00e9rminos se entend\u00ed\u00ada y expresaba la trascendencia de la verdad de la Escritura en el contexto teol\u00f3gico en la transici\u00f3n del siglo.<br \/>\nLa afirmaci\u00f3n de esta ilimitada inerrancia de la Biblia en cuanto palabra de Dios ha servido de fondo a debates nada f\u00e1ciles. Los problemas se suscitaban partiendo de la confrontaci\u00f3n del texto b\u00ed\u00adblico con las conclusiones a menudo nuevas y sorprendentes de diversas disciplinas: las ciencias f\u00ed\u00adsicas, paleontol\u00f3gicas, la arqueolog\u00ed\u00ada, la historia, etc., parec\u00ed\u00adan oponer-sus resultados a las declaraciones de la Biblia. Los desarrollos eventualmente originados por la discusi\u00f3n del dato cient\u00ed\u00adfico interesan menos directamente al problema b\u00ed\u00adblico. A lo sumo, en particular a partir de la arqueolog\u00ed\u00ada, se ha podido observar repetidamente que \u2020\u0153la Biblia ten\u00ed\u00ada raz\u00f3n. En cambio, merece tomarse en cuenta el principio propuesto incansablemente por el magisterio (desde Le\u00f3n XIII al Vaticano II) sobre el aspecto de la verdad de la Escritura. El principio es que lo que afirma la Biblia como escrito humano, por estar afirmado por Dios autor principal de la Escritura, no puede menos de ser absolutamente cierto; es necesario, por otra parte, preguntarse cuidadosamente qu\u00e9 es lo que afirma la Biblia, siendo criterio de ello la intenci\u00f3n de los hagi\u00f3-grafos, valorada tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con las diversas formas de decir.<br \/>\nLo que s\u00f3lo lentamente se ha ido adquiriendo en la hermen\u00e9utica cat\u00f3lica, y en particular en las declaraciones y directrices del magisterio a su respecto, es el sentido de la variabilidad hist\u00f3rico-cultural de estas formas de decir. Por ejemplo, las directrices de Le\u00f3n XIII (Providentis-simus Deus: DS 3288) acerca de las relaciones entre verdad de la Biblia y ciencias de la naturaleza conoc\u00ed\u00adan diversos modos de hablar de las realidades de orden f\u00ed\u00adsico, pero ten\u00ed\u00adan a su disposici\u00f3n s\u00f3lo criterios objeti-vistas para valorar la verdad o la falsedad de esos modos de decir. (N\u00f3tese que aqu\u00ed\u00ad lo verdadero y lo falso no se verifican s\u00f3lo dentro de los modos de decir; hay modos verdaderos y modos falsos de hablar de ciertos temas.)<br \/>\n934<br \/>\n&#8211; 2. La inerrancia como problema DE verdad.<br \/>\nLentamente se ha hecho de dominio com\u00fan, y ha sido sancionada por P\u00ed\u00ado XII (Divino afflante Spiritu) y por el Vaticano II (DV 12), la conciencia de que las formas de decir del Oriente antiguo no se pueden decidir apriorio valorarse con los criterios del Occidente moderno. Y sobre todo que el \u00e1ngulo de perspectiva del sujeto hablante (el de su intenci\u00f3n comunicativa, no el de sus opiniones personales, \u00e1ngulo de perspectiva que no queda inexpresa-do, sino que constituye, para decirlo en t\u00e9rminos escol\u00e1sticos, el objeto formal de la comunicaci\u00f3n) puede ser sumamente vario, y por tanto informar de modo muy diverso la materialidad de las palabras. De ah\u00ed\u00ad la imposibilidad de hablar de la inerrancia de la Biblia prescindiendo de la consideraci\u00f3n de los g\u00e9neros literarios hist\u00f3ricamente estudiados; y, todav\u00ed\u00ada m\u00e1s puntualmente, de la intenci\u00f3n comunicativa del hagi\u00f3grafo, es decir, de la \u00ed\u00adndole cultural e hist\u00f3rica de la acci\u00f3n hagiogr\u00e1fica, de las cuales se ha hablado antes. De ah\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el impulso a hablar no tanto de inerrancia cuanto de verdad de la Escritura, orientando la atenci\u00f3n ala rica variedad de lo verdadero y de sus formas, de sus significados y de su alcance existencial y salv\u00ed\u00adfico, concebido en t\u00e9rminos intelectualistas, y en todo caso con la doble y r\u00ed\u00adgida univocidad de un concepto formalmente dos veces negativo (inerrante como no-no-verdadero).<br \/>\nTambi\u00e9n el famoso texto del Vaticano II sobre la verdad de la Biblia se ha de entender en el marco de este desarrollo del estado de la cuesti\u00f3n. Ense\u00f1a DV 11: \u2020\u0153As\u00ed\u00ad pues, como quiera que cuanto los autores inspirados o hagi\u00f3grafos afirman ha de tenerse como afirmado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, sig\u00faese deberse profesar que los libros de la Sagrada Escritura ense\u00f1an con firmeza, con fidelidad y sin error aquella verdad que, por nuestra salud, quiso Dios quedara consignada en las letras sagradas\u2020\u009d. Ya durante el debate conciliar se declar\u00f3 sol\u00ed\u00adcita y oficialmente que el inciso \u2020\u0153por nuestra salud\u2020\u009d no pretend\u00ed\u00ada tener car\u00e1cter limitativo a la inerrancia, sino s\u00f3lo declarativo de la finalidad y de la orientaci\u00f3n de la Escritura y de su verdad. Se not\u00f3 tambi\u00e9n ampliamente que la inerrancia en este texto se entend\u00ed\u00ada oportunamente como una simple caracterizaci\u00f3n de la verdad de la Biblia.<br \/>\nSi esto est\u00e1 claro, parece tambi\u00e9n bastante transparente qu\u00e9 es lo que en cambio requiere ulterior indagaci\u00f3n para una aclaraci\u00f3n que quiz\u00e1 no ser\u00e1 f\u00e1cil. En primer lugar, \u00bfc\u00f3mo se ha de concebir la verdad de la Biblia all\u00ed\u00ad donde las formas de decir no tienen car\u00e1cter aseverativo? Ciertamente, con vistas a este interrogante se ha de leer el principio de la correspondencia entre la intenci\u00f3n del hagi\u00f3grafo y la intenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu a trav\u00e9s de una mediaci\u00f3n no obvia. En segundo lugar, \u00bfel fin de la comunicaci\u00f3n (y en nuestro caso el fin salv\u00ed\u00adfico) es tan extr\u00ed\u00adnseco respecto a la misma comunicaci\u00f3n que no nos permite satisfacernos \u00faltimamente con la distinci\u00f3n entre car\u00e1cter limitativo y car\u00e1cter declarativo del inciso \u2020\u0153por nuestra salvaci\u00f3n\u2020\u009d? Pero de esta segunda etapa nace una tercera: \u00bfqu\u00e9 relaci\u00f3n se puede establecer en general (y especialmente para los diversos textos) entre el fin perseguido por Dios, del cual formalmente hablaba el concilio, y el fin entendido por el hagi\u00f3grafo? Pues dif\u00ed\u00adcilmente se podr\u00ed\u00ada prescindir de este \u00faltimo fin como criterio caracterizador, y por ello tambi\u00e9n a su modo delimitador del sentido humano del texto. Pero esta tercera pregunta no se podr\u00ed\u00ada afrontar seriamente sin abrir una cuarta: qui\u00e9n es propiamente el hagi\u00f3grafo que se ha tomado en consideraci\u00f3n m\u00e1s arriba a prop\u00f3sito de la inspiraci\u00f3n.<br \/>\nCiertamente, ya a priori la intenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios tiene horizontes m\u00e1s vastos que la de cualquier hombre posible por inspirado que est\u00e9: esto no admite discusi\u00f3n para cualquier teolog\u00ed\u00ada razonable. Parece tambi\u00e9n claro a posteriorique los autores sagrados, tanto del ATcomo del NT, tuvieron ciertamente alguna conciencia del destino salv\u00ed\u00adfico de sus escritos, pero no dotada de aquella profundidad de perspectiva que se nos ha dado a nosotros gracias al desarrollo del tiempo de la salvaci\u00f3n desde los profetas y los ap\u00f3stoles hasta nuestra \u00e9poca posapost\u00f3l\u00ed\u00adca. Si ni los hag\u00ed\u00ad\u00f3grafos del AT ni los de NT escribieron expl\u00ed\u00adcitamente, por hip\u00f3tesis, para nosotros, hombres del siglo XX (mientras que Dios quiso sin duda tambi\u00e9n espec\u00ed\u00adficamente la Escritura para nosotros, pero justamente como cuerpo de aquellos escritos, de aquellos autores, con aquel significado pr\u00f3ximo y con aquellos destinatarios directos), se puede presumir, sin embargo, y conviene que se verifique lo m\u00e1s puntualmente posible en los diversos textos, que ellos han escrito conscientemente dentro de una tradici\u00f3n abierta al futuro de Dios, mientras que la \u00ed\u00adndole documentar\u00ed\u00ada de sus escritos los destina connaturalmente tambi\u00e9n a lectores no contempor\u00e1neos suyos, y eso desde el principio. En estos t\u00e9rminos hay que resolver presumiblemente la cuesti\u00f3n muchas veces suscitada de la conciencia que tuvieron los hagi\u00f3-grafos o que no tuvieron de su inspiraci\u00f3n. C\u00f3mo interviene este contexto de los escritos en la tradici\u00f3n de la alianza antigua y nueva en la determinaci\u00f3n de la intencionalidad ha-giogr\u00e1fica, es problema sutil pero ineludible para la hermen\u00e9utica, para la cual el problema de la verdad de la Escritura se le plantea expl\u00ed\u00adcitamente como problema suyo.<br \/>\n935<br \/>\nParece claro tambi\u00e9n por qu\u00e9 no es indiferente a este prop\u00f3sito preguntar qui\u00e9n es el hagi\u00f3grafo. El primado atribuido no a este o a aquel escritor o redactor m\u00e1s significativo, sino al escrito can\u00f3nico en su forma definitiva, aunque estratificada, permite tambi\u00e9n ver incorporada en la \u00faltima redacci\u00f3n y en la \u00faltima relectura inspirada de los escritos sagrados una conciencia de su funci\u00f3n a lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n que no se puede presumir tan expl\u00ed\u00adcita en los autores m\u00e1s antiguos, y que s\u00f3lo en el NT se puede comprender m\u00e1s plenamente tambi\u00e9n en referencia al AT. No se ha de excluir que el destino \u2020\u0153para nuestra salvaci\u00f3n\u2020\u009d, no en cuanto oculto en el misterio de Dios o simplemente notificado a nosotros en t\u00e9rminos generales, sino en cuanto incorporado as\u00ed\u00ad a la intenci\u00f3n hagiogr\u00e1fica definitiva, y por tanto a la Biblia, sirva de criterio hermen\u00e9u-tico verdadero y propio. De \u00e9l deber\u00ed\u00adamos servirnos no ya para admitir errores en la Biblia fuera de tal \u00e1rea, sino para excluir como verdadero sentido b\u00ed\u00adblico lo que manifiestamente no tiene nada que ver con ello.<br \/>\nLa inerrancia de la Biblia quedar\u00ed\u00ada establecida de manera absoluta, y al mismo tiempo se podr\u00ed\u00ada evidenciar el alma de la verdad oculta en aquella apelaci\u00f3n a la fe y la moral (es decir, a los temas relativos a la salvaci\u00f3n) que a su tiempo se refut\u00f3 como indebidamente limitativo. La problem\u00e1tica quedar\u00ed\u00ada limpia de falsas cuestiones justamente por leerla en su aspecto m\u00e1s correcto. Podr\u00ed\u00ada resultar claro c\u00f3mo entender que los confines de la inerrancia b\u00ed\u00adblica coinciden con los confines de la misma Biblia, pero Sin distinguirse materialmente de los de la pertenencia de la tradici\u00f3n y del dogma. Pues no existe separaci\u00f3n en-tre.la intenci\u00f3n can\u00f3nica \u00faltima de la Biblia y la tradici\u00f3n de la fe. La tarea de afirmar aquella trascendencia de la verdad de la Biblia que la teolog\u00ed\u00ada a caballo del siglo tend\u00ed\u00ada a formular en t\u00e9rminos de contenido recaer\u00ed\u00ada en la relaci\u00f3n hermen\u00e9utica, que no se podr\u00e1 eludir, entre nuestra precomprensi\u00f3n de \u2020\u0153nuestra salvaci\u00f3n\u2020\u009d y la presentaci\u00f3n que de ella da la Escritura incluso por el solo hecho de ser esta Escritura. Esa relaci\u00f3n irreductiblemente no es paritaria: no puede ser nuestra fe criterio del significado y de la verdad de la Biblia; pero la Biblia, palabra de Dios, es canon de nuestra fe.<br \/>\n936<br \/>\nBIBL.: Artola A.M.-S\u00e1nchez Caro J.M., Introducci\u00f3n al estudio de la Biblia, Verbo Divino, Estella 1989; AA.W., \/ libri di Dio. Introdu-zione gen\u00e9rale alia sacra Scriltura, Marietti, Tur\u00ed\u00adn 1975; AA.W., La \u2020\u0153venta\u2020\u009d della Bibbia neldibattito attuale, Queriniana, Brescia 1968; Alonso Schokel L., La palabra inspirada. La Biblia ala luz de la ciencia del lenguaje, Cristiandad, Madrid 19863; Barbaglio G., Biblia e Iglesia, en Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada 1, Cristiandad, Madrid 1982, 93-1 04; Bea ?., La palabra de Dios yla doctrina del concilio sobre la revelaci\u00f3n, Raz\u00f3n y Fe, 5. ?., 1968; Bonatti P.-Martini CM., II messaggio della salvezza. Introduzionegen\u00e9rale, LDC, Tur\u00ed\u00adn-Leumann 1976\u2020\u009d; Bret\u00f3n 5., Ecriture et r\u00e9v\u00e9lation, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1979; Burtchaell, Catholic theories of b\u00ed\u00adblica! inspiration since 1810. 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Dokumentation und krilische Analyse zurgegenwarligen Dis-kussion Vandenhoeck &#038; Ruprecht, Gotinga 1970; Lambiasi F., Breve introducci\u00f3n a la Sagrada Escritura, Herder, Barcelona 1988; Lo-retzO., La veritadella Bibbia. Pensiero sem\u00ed\u00adtico e cultura greca, Ed. Dehoniane, Bolonia 1970; Mannucci V., La Biblia como palabra de Dios, DDB, Bilbao 1985; Perrella G.M., Introducci\u00f3n general a la 5. Escritura, Perpetuo Socorro, Madrid 1954; Rahner K.., Inspiraci\u00f3n de la Sagrada Escritura, Herder, Barcelona 1970; Skehan P.W.-Mac Rae G.W.-Brown RE., Textos y versiones, en Comentario b\u00ed\u00adblico 5. Jer\u00f3nimo V; Cristiandad, Madrid 1972, 161-240; Turro J.C-Brown RE., C\u00e1nonicidad, en Comentario b\u00ed\u00adblico 5. Jer\u00f3nimo V, Cristiandad, Madrid 1972,49-98.<br \/>\nT. Citrini<br \/>\n937<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>I. Antiguo Testamento<br \/>\nII. Nuevo Testamento<br \/>\nIII. Sobre la teolog\u00ed\u00ada de la sagrada Escritura<\/p>\n<p>I. Antiguo Testamento<\/p>\n<p>1. Nombre y contenido<\/p>\n<p>Para Jes\u00fas, para la Iglesia primitiva y para la generaci\u00f3n postapost\u00f3lica la sagrada Escritura era una colecci\u00f3n de libros que, cuando la cristiandad fij\u00f3 la extensi\u00f3n del -> canon, recibi\u00f3 el nombre de ->Antiguo Testamento. Esta denominaci\u00f3n con que se distingue del NT (cf. II, 1) y que significa el primer orden de salvaci\u00f3n dispuesto anteriormente por Dios (cf. Heb 9, 15), tiene su origen en Pablo, que habla (2 Cor 3, 14) de \u00abla lectura (de los documentos) de la antigua alianza\u00bb. Con la traducci\u00f3n latina de este pasaje queda acu\u00f1ada la expresi\u00f3n Vetus Testamentum (AT), que recalca m\u00e1s a\u00fan que aca6\u00ed\u00adxn el car\u00e1cter gratuito de la alianza de Dios. Con su pareja el NT, se convierte en nombre que designa la Escritura, cuyo conjunto, bajo el influjo de 1 Mac 12, 9 ((i4ix(a), es caracterizado con el concepto de \u00abBiblia\u00bb. Seg\u00fan la mente y la terminolog\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00adas, el AT comprende tres grandes grupos de obras: la ley (Tor\u00e1), es decir, los cinco libros de Mois\u00e9s (->Pentateuco, en -+ AT; los profetas (nebiim), divididos en profetas primeros (Jos, Jue, 1-2 Sam, 1-2 Re) y posteriores (Is, Jer, Ez, los doce profetas); las escrituras (ketubim): Sal, Job, Prov, Cant, Ed, Lam, Est, Rut, Dan, Esd, Neh, 1-2 Par. El hecho de que los libros hist\u00f3ricos de Jos a 2 Reg se clasificaran entre las obras prof\u00e9ticas, no deja de tener su buena raz\u00f3n, pues ellos ofrecen palabras y hechos de profetas como Samuel, Nat\u00e1n, Gad, Ah\u00ed\u00adas de Silo, El\u00ed\u00adas, Eliseo y otros, y no contienen simple historia, sino historia interpretada por la palabra de Dios y por la fe. La Iglesia acept\u00f3 adem\u00e1s de los. libros de la Biblia hebraica los adicionales de la griega, de acuerdo con el canon alejandrino, que era m\u00e1s amplio. Estos escritos adicionales son los libros deuterocan\u00f3nicos: Tob, Jdt, 1-2 Mac, Sab, Eclo, Bar. Al recibir la colecci\u00f3n entera el nombre de AT, se la puso junto al NT y as\u00ed\u00ad ambos testamentos fueron recibidos como palabra de Dios. S\u00f3lo puede hablar de AT quien acepte esta valoraci\u00f3n y relaci\u00f3n teol\u00f3gica. AT es necesariamente una denominaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>2. Origen del AT<br \/>\nEl AT contiene las escrituras de Israel, pueblo que se sent\u00ed\u00ada llamado a o\u00ed\u00adr la palabra de Dios y a percibir su acci\u00f3n. En el AT no se ha conservado toda la literatura del pueblo de Yahveh, no ha entrado en \u00e9l todo lo que se puso por escrito. En \u00e9l se recogi\u00f3 todo lo que fue reconocido como palabra y testimonio de Yahveh mismo, y todo lo que pareci\u00f3 importante y esencial como respuesta humana a la fe. Con ello est\u00e1 dicho que la g\u00e9nesis de esta colecci\u00f3n tiene una larga historia, que muestra incertidumbre sobre la inclusi\u00f3n de ciertas partes (p. ej., Cant) y no termin\u00f3 hasta la \u00e9poca del NT.<\/p>\n<p>Israel estaba convencido de que el est\u00ed\u00admulo y el mandato de fijar por escrito acontecimientos (Ex 17, 14), instrucciones (Ex 34, 27) y palabras divinas (Is 30, 8; Jer 30, 2; 36) hab\u00ed\u00adan partido de Yahveh. Lo escrito deb\u00ed\u00ada ser testimonio vivo y eficaz para tiempos venideros (Is 30, 8). All\u00ed\u00ad el Se\u00f1or quiere hablar a los hombres para quienes todo eso se escribi\u00f3 (Jer 36, 2). Tal vez lo primero que en el pueblo de Yahveh se consign\u00f3 por escrito fueron las prescripciones legales. A eso parece aludir la noticia seg\u00fan la cual Mois\u00e9s escribi\u00f3 la ley (Ex 24, 4; Dt 31, 24). La relaci\u00f3n de alianza con Yahveh en que se hallaban las tribus requer\u00ed\u00ada disposiciones fijas. Sin embargo, el dec\u00e1logo (Ex 20; Dt 5), el libro de la alianza (Ex 20, 22-23, 33), la ley deuteron\u00f3mica (Dt 12-26) y la ley de santidad (Lev 17-26), que recibieron muchos complementos y modificaciones, en su forma actual deben situarse sucesivamente en fechas posteriores: sobre los siglos Ix-vi a.C.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n de Yahveh tal como la hab\u00ed\u00adan experimentado las tribus de Israel, fue predicada en las solemnidades del culto. En G\u00e1lgala se recordaba particularmente la toma de posesi\u00f3n del pa\u00ed\u00ads (Jos 4-6), en Siquen se celebraba la alianza con Dios (Jos 24), sobre el Tabor se conmemoraba la victoria de Tanac (Jue 5), y el culto de Silo sin duda tra\u00ed\u00ada a la memoria todas las antiguas tradiciones de la alianza. En santuarios como Betel, Hebr\u00f3n y otros se conservaban vivas las tradiciones de los patriarcas y las promesas que Dios les hiciera.<\/p>\n<p>Pero bajo Salom\u00f3n se despert\u00f3 el inter\u00e9s de consignar por escrito lo que hab\u00ed\u00ada acontecido en el pueblo de Yahveh. En la historia de la sucesi\u00f3n en el trono de David (2 Sam 9-2; 1 Re 2) se quiso hacer constar c\u00f3mo Dios dio al gran rey un sucesor digno. La admiraci\u00f3n por la vida de David y la convicci\u00f3n de que Dios lo hab\u00ed\u00ada guiado, crearon la historia de su carrera ascensional (1 Sam 16 &#8211; 2 Sam 5). Estimulado, por estas obras, el yahvista escribi\u00f3 la primera exposici\u00f3n de la historia de salvaci\u00f3n, y antepuso a las tradiciones sobre la salida de Egipto, la peregrinaci\u00f3n por el desierto, el Sina\u00ed\u00ad y la ocupaci\u00f3n de la tierra prometida (que quiz\u00e1 ya estaban unidas en una narraci\u00f3n fundamental), la historia de los patriarcas y de los or\u00ed\u00adgenes.<\/p>\n<p>Importante para la fijaci\u00f3n escrita de las tradiciones veterotestamentarias fue luego la segunda mitad del siglo viii. Apenas compuesta la obra del eloh\u00ed\u00adsta (sobre el 750), los llamados profetas escritores (Am, Os, Is) y sobre todo sus disc\u00ed\u00adpulos comenzaron a fijar por escrito palabras prof\u00e9ticas. Al ser conquistado el reino del norte y convertirse en provincia asiria, sus tradiciones llegaron a Jud\u00e1, donde el rey Ezequ\u00ed\u00adas (cf. Prov 25, 1) se interes\u00f3 por reunir material tradicional. Seguramente all\u00ed\u00ad se unieron el yahvista y el eloh\u00ed\u00adsta para la llamada obra yehov\u00ed\u00adstica. Tal vez \u00e9sta fue continuada en una exposici\u00f3n hist\u00f3rica hasta el final del siglo VIII (o de Israel), de suerte que ya entonces se habr\u00ed\u00ada escrito lo principal de Jos &#8211; 2 Re 17. Otras materias (particularmente legales), enriquecidas con elementos procedentes de Jerusal\u00e9n, quedaron coleccionados en el Dt, cuya forma original (621) fue hallada en el templo.<\/p>\n<p>La \u00e9poca del exilio fue muy fecunda literariamente. Poco antes de la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n (587), jerem\u00ed\u00adas compuso el n\u00facleo de su propio libro dictando a Baruc el as\u00ed\u00ad llamado rollo primitivo (Jer 36). Ezequiel escribi\u00f3 en el exilio a manera de diario sus visiones y palabras. Y tambi\u00e9n los disc\u00ed\u00adpulos de Isa\u00ed\u00adas escribieron todav\u00ed\u00ada en el exilio el mensaje del Deuteroisa\u00ed\u00adas (Is 40-55). Hacia 550 se concluy\u00f3 (\u00bfen Palestina?) la obra deuteron\u00f3mica (Dt hasta 2 Re), que se hab\u00ed\u00ada formado en varias etapas. Pero se hicieron sobre todo colecciones y redacciones, ordenaciones y reelaboraciones de dichos y escritos prof\u00e9ticos.<\/p>\n<p>Esta actividad fue proseguida en el tiempo postex\u00ed\u00adlico. A ella se dedicaron los sacerdotes lev\u00ed\u00adticos, privados de su oficio en la reforma religiosa de Jos\u00ed\u00adas por la supresi\u00f3n de los santuarios de las alturas, y sin duda tambi\u00e9n los sacerdotes no sadoquitas de Jerusal\u00e9n, que se convirtieron en escribas. Todav\u00ed\u00ada en Babilonia fue compuesto y elaborado el escrito sacerdotal, empleando material antiguo. Esdras pudo traerse de la di\u00e1spora persa todo el Pentateuco como ley. En el destierro y en la patria (Lam) se recogieron y compusieron salmos.<\/p>\n<p>La comunidad cultual de Jerusal\u00e9n, desde su nueva organizaci\u00f3n, despleg\u00f3 una copiosa actividad literaria (539-22). Ella prosigui\u00f3 el trabajo sobre los libros prof\u00e9ticos. Surgi\u00f3 la colecci\u00f3n de proverbios del llamado Tritoisa\u00ed\u00adas (Is 56-66). Zacar\u00ed\u00adas concibi\u00f3 su obra (1-6), que fue completada (7s) y ampliada con dos escritos prof\u00e9ticos menores (9-11, 12-14). Se compusieron Malaqu\u00ed\u00adas y Joel y se redactaron las palabras de Ageo. Antiguas sentencias prof\u00e9ticas fueron ordenadas en escritos unitarios (Abd, Miq, Nah, Hab, Sof); adem\u00e1s se a\u00f1adieron himnos cultuales (p. ej., Is 33s; Hab 3). Hacia el 350, aprovechando Sam y Re, noticias y documentos antiguos, las memorias de Esdras y el memorial de Nehem\u00ed\u00adas, la comunidad de Jerusal\u00e9n cre\u00f3 la obra hist\u00f3rica de las Cr\u00f3nicas (1-2 Par; Esd; Neh). Los autores de Job y Ecl plantearon las cuestiones cr\u00ed\u00adticas de sus obras. Se escribieron, en parte en la di\u00e1spora, narraciones novelescas edificantes (Tob, Rut, Est, Jdt, Bar, Jon). La visi\u00f3n prof\u00e9tica del futuro tend\u00ed\u00ada a convertirse en apocal\u00ed\u00adptica (Zac, Jn, Ez 38s, apocalipsis de Isa\u00ed\u00adas: Is 24-27).<\/p>\n<p>La \u00e9poca de los macabeos dio nuevo impulso a la producci\u00f3n literaria. Ya en la tensi\u00f3n entre juda\u00ed\u00adsmo y helenismo (hacia el 190) escribi\u00f3 Sir\u00e1 (Eclo) bajo el lema: la ley es la verdadera sabidur\u00ed\u00ada. Posteriormente (siglo i a.C.), el autor de Sab busca en Alejandr\u00ed\u00ada la armon\u00ed\u00ada por otro camino: sabidur\u00ed\u00ada son (tambi\u00e9n) la fe y la tradici\u00f3n de Israel. A los comienzos de la persecuci\u00f3n religiosa, se desarrolla plenamente la visi\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica (Dan 7-12). Con exorno edificante, 1 y 2 Mac ofrecen una exposici\u00f3n de los sufrimientos, las luchas y las victorias. Las otras obras de los piadosos (hasidim) y de los grupos que de ellos proceden se hallan entre los escritos extracan\u00f3nicos (->Ap\u00f3crifos). La frontera entre lo aceptado y lo rechazado queda trazada con la formaci\u00f3n del canon, que pone fin a la evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Corrientes espirituales y l\u00ed\u00adneas teol\u00f3gicas fundamentales<br \/>\nEl AT no creci\u00f3 desde el principio de manera tan unitaria y a la vez multiforme como podr\u00ed\u00ada sospecharse por la redacci\u00f3n final. Para la \u00e9poca preex\u00ed\u00adlica cabe se\u00f1alar dos corrientes fundamentales que imprimieron sus rasgos esenciales a los escritos de ese tiempo. Los clanes y grupos que, pasando el Jord\u00e1n, inmigraron a Palestina central, llevaron consigo la experiencia de una especial acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Yahveh en la salida de Egipto y en la marcha hacia la tierra de Canc\u00e1n. Ellos hubieron de sostener desde el principio una viva pol\u00e9mica con los pueblos y dioses cananeos. En medio de ellos formularon las tesis teol\u00f3gicas sobre la singularidad del pueblo de Yahveh, sobre la alianza, sobre la predilecci\u00f3n de Dios, sus exigencias y su gobierno salv\u00ed\u00adfico. Esta tendencia teol\u00f3gica aparece clara en la obra del eloh\u00ed\u00adsta. Se reitera en Os con la tradici\u00f3n del \u00e9xodo y la predicaci\u00f3n del amor de Dios. Es base del Dt con su insistencia en la elecci\u00f3n de Israel, en la gracia y obligaci\u00f3n de la alianza. Tambi\u00e9n Jer, influido por Os y por la lengua y el esp\u00ed\u00adritu deuteron\u00f3micos, est\u00e1 determinado por esta teolog\u00ed\u00ada procedente del norte de Israel, pues se preocupa por la relaci\u00f3n de Israel con Dios en la peregrinaci\u00f3n del desierto y por el pensamiento de una nueva alianza. Los deuteronomistas, en su juicio sobre las causas de la p\u00e9rdida de la salvaci\u00f3n, se gu\u00ed\u00adan por el pensamiento director de dicha tendencia teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Jerusal\u00e9n y Jud\u00e1, seguramente desde la alianza de las tribus, recibieron las tesis fundamentales de la fe de Israel, pero cambiaron los acentos y centros de gravedad. Situadas en el gran reino de David, que ofrec\u00ed\u00ada para ellas y para sus vecinos amplio espacio vital en la tierra de Cana\u00e1n, dada por Dios, vieron un horizonte de salvaci\u00f3n para todos los pueblos. Se aceptaron y aprovecharon influencias de corrientes espirituales del contorno. La creaci\u00f3n, la casa real y el lugar en que \u00e9sta radicaba eran objeto de la mirada de Yahveh. Esa actitud espiritual informa la narraci\u00f3n de la carrera ascensional de David y de la sucesi\u00f3n en su trono, as\u00ed\u00ad como la historia del arca (1 Sam 4-6; 2 Sam 6), que, junto con 2 Sam 24, constituye la leyenda fundamental sobre la fundaci\u00f3n del santuario de Jerusal\u00e9n. Bajo el pensamiento director de la salvaci\u00f3n de los pueblos, de la donaci\u00f3n salvadora del pa\u00ed\u00ads y del gobierno divino respecto de cada uno, deducido del camino seguido por David, el yahvista expuso nuevamente las antiguas tradiciones de Israel. La teolog\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n lo movi\u00f3 a escribir la historia primigenia. A Isa\u00ed\u00adas, el profeta jerosolimitano, le preocupan sobre todo la teolog\u00ed\u00ada de Si\u00f3n (7s; 28-31), que prosigue en el D\u00e9utero y Tritoisa\u00ed\u00adas (52; 54; 60-62), y el Ungido de Yahveh (7,11). El Deuteroisa\u00ed\u00adas construye su imagen de Dios partiendo de la idea de la creaci\u00f3n. Ezequiel traza el plano de la nueva Jerusal\u00e9n. Estas dos tendencias fundamentales no corrieron meramente yuxtapuestas sin relaci\u00f3n mutua. Is conoce la historia del \u00e9xodo, que en el Deuteroisa\u00ed\u00adas posibilita el cuadro de la promesa del nuevo \u00e9xodo, y, como Miqueas (2s), el derecho de alianza de Yahveh (Is 5). Jer hace resonar la expectaci\u00f3n de un Ungido justo del Se\u00f1or (23, 1-6), y Ez asume la idea de la nueva alianza (36, 26ss). En ambos, lo mismo que en el Dt, desempe\u00f1a papel importante el tema de la tierra dada por Yahveh, que ya antes hab\u00ed\u00ada iniciado el yahvista en la historia de los patriarcas. En la llamada ley de centralizaci\u00f3n del culto, que prescribe su pr\u00e1ctica en el lugar \u00fanico escogido por Dios (especialmente Dt 12), el Dt en su redacci\u00f3n final representa los intereses jerosolimitanos. Al producirse el ocaso del reino del norte, la teolog\u00ed\u00ada norte-israel\u00ed\u00adtica fue introducida en la judeo-jerosolimitana. Desde entonces y particularmente desde el exilio, domin\u00f3 esta \u00faltima. Prueba de ello es la obra cron\u00ed\u00adstica, cuyo centro ocupan el templo y sus fundadores, David y Salom\u00f3n, y para la que Israel, con la separaci\u00f3n del reino, se sale de la historia del reino de Dios. De la teolog\u00ed\u00ada de Jerusal\u00e9n recibieron los libros del Antiguo Testamento su forma definitiva, de suerte que ya s\u00f3lo se destacan ciertas ideas t\u00ed\u00adpicas de la fe de Israel (del norte). En qu\u00e9 medida influjos sapienciales y sacerdotales imprimieron all\u00ed\u00ad su sello en las tesis teol\u00f3gicas, es una cuesti\u00f3n que apenas puede ya analizarse.<\/p>\n<p>Bajo Salom\u00f3n se organiz\u00f3 en Jerusal\u00e9n una escuela de maestros de sabidur\u00ed\u00ada, que recogi\u00f3 la ciencia de la vida y de la naturaleza difundida en su contorno, particularmente la egipcia y la cananea, cuyo fin era configurar con \u00e9xito la vida diaria en las relaciones con hombres y cosas, y formar la personalidad. El estudio de la sabidur\u00ed\u00ada, ordenado primeramente a la instrucci\u00f3n de empleados del Estado, pero abierto luego a todo el mundo, tend\u00ed\u00ada a regular un \u00e1mbito que no estaba relacionado ni con actos cultuales ni con preceptos expresos de Yahveh. La sabidur\u00ed\u00ada ten\u00ed\u00ada como meta el dominio del mundo y de la vida. De sus reglas de vida salieron prescripciones para la convivencia. Tambi\u00e9n los enunciados sobre la creaci\u00f3n est\u00e1n determinados por ella en cuanto a su orientaci\u00f3n, formulaci\u00f3n y contenido.<\/p>\n<p>La obra sapiencial influy\u00f3 en otros sectores de ideas y de la tradici\u00f3n. Especialmente el mundo espiritual y la teolog\u00ed\u00ada sacerdotales tienen puntos de contacto con la sabidur\u00ed\u00ada, como lo prueban sus enunciados sobre el orden de la creaci\u00f3n y la naturaleza del hombre (G\u00e9n 1; Sal 8; 104). Pero la misi\u00f3n del sacerdote era, a par del cuidado del culto y del santuario, el conocimiento, la guarda y la exposici\u00f3n de los preceptos divinos. Si al sabio incumb\u00ed\u00ada dar consejo y al profeta anunciar la palabra de Dios, deber del sacerdote era dar tara -instrucci\u00f3n- (Jer 18, 18). A \u00e9l estaba encomendada la vigilancia sobre las prescripciones relativas al culto y, particularmente desde fines del reino de Jud\u00e1, tambi\u00e9n sobre las relativas a la ley. La santidad de Dios, del templo y del ministerio cumplido con pureza ritual era su inter\u00e9s primero; y su esfuerzo iba dirigido a expiar los pecados y asegurar la salvaci\u00f3n. La peculiaridad de este modo de pensar y querer se comunicaba a las tradiciones nacidas y custodiadas en el lugar santo. Y esa peculiaridad aparece igualmente en el escrito sacerdotal, el cual, en la narraci\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica y en la ley de santidad, dice a los desterrados que Yahveh devolver\u00e1 el pa\u00ed\u00ads a la comunidad santa y pura, le devolver\u00e1 la tierra que con alianza eterna prometi\u00f3 a los padres. La circuncisi\u00f3n y el s\u00e1bado, el cumplimiento de la ley y el culto verdadero de Dios son la condici\u00f3n para que Dios habite en su pueblo y d\u00e9 la salvaci\u00f3n prometida en la alianza. El orden irrevocable de la naturaleza debe despertar confianza en la tambi\u00e9n irrevocable promesa divina. La teolog\u00ed\u00ada sacerdotal se manten\u00ed\u00ada viva en Jerusal\u00e9n. Desde la edificaci\u00f3n del templo posey\u00f3 fuerte influjo; y despu\u00e9s de la reconstrucci\u00f3n su influjo fue decisivo. Asumiendo una tradici\u00f3n cananea, que veneraba aqu\u00ed\u00ad, en su sede firme e inexpugnable, a un dios alt\u00ed\u00adsimo como creador y, por tanto, se\u00f1or del cielo y de la tierra (G\u00e9n 14, 19), se desarroll\u00f3 una teolog\u00ed\u00ada del lugar sagrado determinada por la fe en Yahveh: Si\u00f3n fue escogida para que Yahveh estuviera presente e hiciera morar all\u00ed\u00ad su nombre, para que el pueblo y reino de Dios tuvieran un punto central. Esta visi\u00f3n penetra la obra deuteron\u00f3mica y cron\u00ed\u00adstica. Pero la teolog\u00ed\u00ada de Si\u00f3n es subordinada a la ideolog\u00ed\u00ada mon\u00e1rquica de cu\u00f1o judaico. El heredero de David es el ungido de Yahveh, el escogido, designado e instituido por \u00e9l como administrador y mediador de bendiciones en la sede real de Dios. El ritual y la lengua cortesana sin duda fueron tomados de Egipto (en parte a trav\u00e9s de la antigua Jerusal\u00e9n), pero acomod\u00e1ndolos a la fe de Israel (Sal 2; 110). El rey es hijo adoptivo de Yahveh, de quien recibe el nombre (cf. Is 9, 6), el acta de instituci\u00f3n, el sentarse a su diestra y el cetro. Dios lo pone en la especial relaci\u00f3n salvifica de la alianza dav\u00ed\u00addica. La posici\u00f3n del heredero de David ante Yahveh y sus t\u00ed\u00adtulos se fundan en la promesa de Nat\u00e1n (2 Sam 7), que es la consecuencia prof\u00e9tica de la carrera ascensional de David. Ella es la fuente de toda la expectaci\u00f3n mesi\u00e1nica, tal como irrumpe en Is, se fortalece al fin de la monarqu\u00ed\u00ada (Ez 34) y aplica luego textos de la ideolog\u00ed\u00ada mon\u00e1rquica (particularmente salmos) al salvador que ha de venir. A las dos tendencias fundamentales, al mundo de ideas sapienciales y sacerdotales, a la teolog\u00ed\u00ada de la ciudad y de la corte, se a\u00f1adieron pensamientos de c\u00ed\u00adrculos lev\u00ed\u00adticos y prof\u00e9ticos. No falt\u00f3 cierta influencia mutua, como la atestiguan por doquier los escritos veterotestamentarios. Pero \u00e9stos solo abren el acceso a sus tesis y fines esenciales al lector que tenga ante los ojos las importantes corrientes teol\u00f3gicas de Israel.<\/p>\n<p>4. La teolog\u00ed\u00ada del AT en sus escritos y grupos de libros<br \/>\nEl Pentateuco expresa su teolog\u00ed\u00ada en el contenido de sus cuatro fuentes (yahvista, eloh\u00ed\u00adsta, Dt, escrito sacerdotal). Su uni\u00f3n produjo una obra que, hasta Ex 19, casi s\u00f3lo comprende materia narrativa, y a partir de all\u00ed\u00ad contiene principalmente materia legal, de suerte que, aun exteriormente, la alianza del Sina\u00ed\u00ad representa el punto cumbre y central, y a la vez un viraje en todo el conjunto. La narraci\u00f3n comprende el tiempo desde la creaci\u00f3n hasta la ocupaci\u00f3n del pa\u00ed\u00ads por Israel; la voluntad y acci\u00f3n de Dios en ese tiempo es enfocada como historia de salvaci\u00f3n, si bien por causa del pecado y de la infidelidad humanas se convierte a menudo en historia de perdici\u00f3n. Sin embargo, Yahveh impone su voluntad salv\u00ed\u00adfica. Esto es expuesto en los cinco temas sobre la experiencia israelita de la salvaci\u00f3n (era de los patriarcas, \u00e9xodo, peregrinaci\u00f3n por el desierto, alianza con Dios, concesi\u00f3n de la tierra prometida), resumidos a manera de breve \u00abcredo\u00bb en Dt 26, 5-9, e igualmente en el tema antepuesto de la prehistoria de Israel. Ligado en la alianza tanto a la salvaci\u00f3n como a la voluntad de Yahveh, Israel recibe la ley. Esta es un don de Dios que hace posible la relaci\u00f3n de alianza y, por ende, la proximidad de Dios (Dt 4, 7s) y la vida misma del pueblo (Dt 30, 15-19); y es tambi\u00e9n signo de la elecci\u00f3n (Dt 7). De ah\u00ed\u00ad que los acontecimientos del desierto y la voz de \u00abMois\u00e9s\u00bb (Dt 5-11) exhorten a Israel al fiel cumplimiento de esta ley. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad experimenta \u00e9l y obtiene siempre de nuevo su llamada salv\u00ed\u00adfica como pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Los profetas escritores entienden su predicaci\u00f3n como transmisi\u00f3n de la palabra de Yahveh, que es comunicada en estilo directo a manera de mensaje (\u00abas\u00ed\u00ad habla Yahveh\u00bb). Esta palabra est\u00e1 llena de fuerza irresistible (Jer 23, 29) y opera lo que contiene. Por ella ejecuta el Se\u00f1or lo que ha decidido (Is 55, 11). El profeta habla por mandato e incluso como boca de Yahveh (Jer 15, 19). Pronuncia palabras de infortunio que ponen la acci\u00f3n y el comportamiento del hombre bajo el juicio de Dios. Este mensaje de juicio se dirige al pueblo del Se\u00f1or y a sus jefes. Con ello se previene a Israel. La palabra de juicio acarrear\u00e1 castigo, si la voluntad de Yahveh sigue sin cumplirse. Tambi\u00e9n el mensaje salv\u00ed\u00adfico est\u00e1 condicionado. Cierto que el Se\u00f1or no hace depender sus dones de previas prestaciones humanas; pero condiciona la concesi\u00f3n estable y la renovaci\u00f3n y el aumento de sus dones a la voluntad probada de servirle. Por su contenido, las palabras prof\u00e9ticas de salvaci\u00f3n giran sobre todo en torno a los grandes temas de la promesa: formaci\u00f3n del pueblo, concesi\u00f3n de la tierra prometida, ungido de Yahveh y alianza con Dios. Puesto que Yahveh es se\u00f1or de todo el mundo, tambi\u00e9n los otros pueblos son puestos bajo el juicio de Dios. Esto puede convertirse para Israel en palabra de salvaci\u00f3n, en cuanto tales pueblos, como enemigos suyos, se han hecho adversarios de Yahveh. Su castigo es salvaci\u00f3n del pueblo de Yahveh. Sin embargo, tampoco ellos quedan excluidos de la promesa de salvaci\u00f3n. La palabra prof\u00e9tica es mensaje en una situaci\u00f3n hist\u00f3rica y para los hombres de un tiempo determinado, y no doctrina abstracta y atemporal. Llega en el momento actual advirtiendo, castigando, condenando, orientando y levantando a aquellos a quienes es enviado el heraldo de Dios. Los acontecimientos del tiempo son interpretados como llamada de Yahveh a su pueblo; se indica la actitud que all\u00ed\u00ad pide Yahveh; se hace ver lo que en ellos es culpa y castigo. Am\u00f3s, p. ej., ve en la sequ\u00ed\u00ada y mala cosecha la respuesta de Yahveh contra el culto al Baal de la fecundidad, y una invitaci\u00f3n renovada a que se considere al Dios de la alianza como \u00fanico dispensador de todos los bienes de la vida (4, 6-9). Seg\u00fan Is, la guerra siroefraim\u00ed\u00adtica es una prueba de la fe (7, 9), y la tormenta de Senaquerib constituye una admonici\u00f3n para que se conf\u00ed\u00ade s\u00f3lo en Yahveh (30, 15). Jer reconoce en la marcha triunfal de Nabucodonosor que Dios le ha concedido el dominio universal y que, por tanto, Israel debe somet\u00e9rsele (Jer 27). Ez dice que Jerusal\u00e9n ha de perecer, y a\u00f1ade el porqu\u00e9. El Deuteroisa\u00ed\u00adas puede ver en Ciro, por su carrera victoriosa, al ungido del Se\u00f1or (Is 45, 1). El car\u00e1cter temporal de la palabra prof\u00e9tica no amengua lo que ella tiene de v\u00e1lido y permanente, sino que lo pone ejemplarmente de relieve: como Yahveh obra en este momento salvando y castigando, as\u00ed\u00ad lo har\u00e1 siempre. 11 es siempre Se\u00f1or de la historia, su voluntad se impone, y los acontecimientos han sido dispuestos por \u00e9l a fin de llamar a los hombres. Los profetas no son innovadores en el sentido de que intenten poner una base nueva para la fe y vida de Israel. Lo que les interesa es imponer el viejo derecho de Dios, particularmente las exigencias sociales de la alianza: \u00ab\u00c2\u00a1Oh hombre!, yo te mostrar\u00e9 lo que conviene hacer, y lo que el Se\u00f1or pide de ti: que obres con justicia, y que ames la misericordia, y que andes sol\u00ed\u00adcito en el servicio de tu Dios\u00bb (Miq 6, 8). Condenan en\u00e9rgicamente un culto que quiere asegurar la salvaci\u00f3n con actos meramente externos y hasta con magia, para erigir un culto a Dios que sea expresi\u00f3n de la obediencia interna (Am 5, 21ss; Is 1, 11-17; Jer 7; Os 6, 6). Los profetas argumentan por el pasado de Israel para combatir una falsa fe en la elecci\u00f3n (Am 3, ls; 9, 7) y renovar al pueblo partiendo de los or\u00ed\u00adgenes (Os 2; Jer 2-4). Pero no est\u00e1n pegados al \u00abahora\u00bb ni al \u00abanta\u00f1o\u00bb. A su mirada y a su fe se abre el futuro, pues ellos se sienten llamados a anunciar lo que har\u00e1 Yahveh por raz\u00f3n de su fidelidad a la alianza y en vista de la conducta de su pueblo. Su palabra de amenaza y de promesa de salvaci\u00f3n est\u00e1 necesariamente referida al futuro, y \u00abel Se\u00f1or no hace nada sin que se lo manifieste a sus siervos los profetas\u00bb (Am 3, 7).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad contemplan lo venidero y lo traducen a palabras. Anuncian al Dios que viene a juzgar (y a salvar) en su \u00abd\u00ed\u00ada\u00bb, en que \u00e9l obra, d\u00ed\u00ada de tinieblas y perdici\u00f3n para sus adversarios (Am 5, 20). Esperan su intervenci\u00f3n desde el futuro. Lo presente ha de juzgarse por lo futuro. Pero lo venidero se decide en el presente. Cada profeta tiene su propia visi\u00f3n y tendencia teol\u00f3gica, y as\u00ed\u00ad en el centro de su pensamiento puede estar: el amor de Yahveh a Israel (Os); su acci\u00f3n directa sobre los pueblos (Am); el gobierno soberano del Santo desde Si\u00f3n (Is); su solicitud por el pueblo de la alianza, pueblo ap\u00f3stata y seducido (Jer); o el individuo atribulado por el juicio divino del destierro; el Se\u00f1or de la creaci\u00f3n y de la historia como \u00fanico Dios y salvador (D\u00e9utero-Is); su justicia (Hab); su recto culto (Trito-Is, Mal); la erecci\u00f3n de su reino (Ag, Zac). Todos miran a una aut\u00e9ntica relaci\u00f3n con Dios. Am pide que se busque a Yahveh, Os que se ame y conozca a Dios, Is fe y confianza, Jer conversi\u00f3n de todo coraz\u00f3n, Ez cumplimiento responsable de la voluntad divina. Todos predican al Dios trascendente y personal que rige cuanto existe, que impone deberes morales y da misericordiosamente su gracia, al Dios que Israel experiment\u00f3 desde el principio.<\/p>\n<p>La obra deuteron\u00f3mica juzga teol\u00f3gicamente la historia de Israel, bajo la perspectiva del exilio, seg\u00fan las ideas directrices del Dt. Israel, por la alianza que Dios le otorg\u00f3, es pueblo de Yahveh; por tanto tiene que servirle a \u00e9l solo y guardar su ley. La obediencia acarrea bendici\u00f3n y vida; la desobediencia trae maldici\u00f3n y ruina. La calamidad del destierro fue merecida; ten\u00ed\u00ada que venir, pues el pueblo (particularmente sus reyes), a pesar de los frecuentes avisos y castigos, no obedeci\u00f3, es decir, se apart\u00f3 de Yahveh, sirvi\u00f3 a otros dioses, no destruy\u00f3 los santuarios de las alturas, o camin\u00f3 en el pecado de Jerobo\u00e1n (\u00ed\u00addolo del becerro en Bet-El). Sin embargo, como lo prueba el favor hecho al rey Joaqu\u00ed\u00adn (2 Re, 27ss), el Se\u00f1or puede, si quiere, comenzar de nuevo con Israel. Pero se requiere como condici\u00f3n la aut\u00e9ntica conversi\u00f3n a Dios (1 Re 8, 47s).<\/p>\n<p>La obra cron\u00ed\u00adst\u00ed\u00adca considera la comunidad postex\u00ed\u00adlica de Jerusal\u00e9n, cuyo fin era servir santamente a Dios con culto puro en el templo y fuera de \u00e9l, como la realizaci\u00f3n del reino de Dios sobre la tierra y el fin mismo de la historia. Seg\u00fan lo pretend\u00ed\u00ada ya David, ella eleva la voz de los salmos como alabanza de ayuda divina, de la gracia de la alianza y de los dones salv\u00ed\u00adficos.<\/p>\n<p>La doctrina sapiencial m\u00e1s antigua (Prov 10, 1-22; 16; 25-29) da reglas de vida fundadas en la experiencia, que suponen un orden del mundo en virtud del cual las propias obras condicionan el destino personal. En las exhortaciones aparece la motivaci\u00f3n religiosa y moral, que luego predomina. Job, que padece sin culpa, critica la conexi\u00f3n entre las obras y el propio destino. Yahveh, que lo hace todo, es enteramente libre, no est\u00e1 ligado a ning\u00fan orden c\u00f3smico, Su acci\u00f3n es imprevisible, pero \u00e9l se mantiene fiel a su justicia y su bondad. Por eso Job se refugia en el Dios que parece enemigo, buscando en \u00e9l a su salvador. El Predicador (Ecl), que es tambi\u00e9n un representante de la l\u00ed\u00adnea sapiencial, impugna rotundamente el principio de que se puede reconocer una ley en los hechos y aprovecharla para configurar la vida. Quedan la moderaci\u00f3n propia, el temor de Dios y el goce agradecido de los buenos dones divinos. Pero cuando la sabidur\u00ed\u00ada se identific\u00f3 con la fe y ley de Israel, Yahveh mismo habl\u00f3 a trav\u00e9s de ella. La sabidur\u00ed\u00ada se hizo maestra del hombre (Prov 1-9), mediadora de la revelaci\u00f3n (Eclo 24), configuradora de la historia (Eclo 44-50; Sab 10) y de la creaci\u00f3n (Prov 8; 3, 19; Sab 7, 22).<\/p>\n<p>La narraci\u00f3n edificante, que tiene en parte color sapiencial, recoge diversos temas teol\u00f3gicos. Jon\u00e1s anuncia la voluntad salvadora de Dios con relaci\u00f3n a los gentiles. Rut muestra la providencia electiva de Yahveh, que responde a la fidelidad humana, en la familia de los antepasados de David. Ester ensalza la represalia divina contra los enemigos de su pueblo. Judit describe la acci\u00f3n salvadora de Dios por mano de una d\u00e9bil mujer. Tob\u00ed\u00adas presenta el ejemplo de una vida temerosa de Dios en ambiente pagano (cf. Dan 1-6).<\/p>\n<p>Hacia el final de la \u00e9poca veterotestamentaria, la visi\u00f3n prof\u00e9tica del futuro, que se ampl\u00ed\u00ada constantemente (escatolog\u00ed\u00ada en sentido lato), desemboca en la apocal\u00ed\u00adptica (Dan 7-12). Ella traza una frontera clara entre este mundo malo, dominado por potencias hostiles a Dios, y el mundo venidero de la salvaci\u00f3n eterna, que traer\u00e1 Dios y en que \u00e9l erigir\u00e1 su reino. El fin es un cielo nuevo y una tierra nueva (Is 66, 22), despu\u00e9s del juicio universal y de la resurrecci\u00f3n de los muertos (Apocalipsis).<\/p>\n<p>5. Unidad del Antiguo Testamento<br \/>\nLa mirada de conjunto a la g\u00e9nesis y al contenido del AT ha mostrado c\u00f3mo sus concepciones y tesis teol\u00f3gicas presentan estratos muy diversos. Las distintas l\u00ed\u00adneas de pensamiento, que a menudo argumentan de manera francamente antit\u00e9tica, quedan unificadas por la confesi\u00f3n: Yahveh es nuestro Dios y nosotros somos su pueblo. Para todos los autores y escritos, Yahveh es el Dios que se inclina hacia el hombre, que lo quiere salvar y que lo juzga. Su pueblo es el \u00fanico y mismo Israel. El futuro pertenece a Dios en su reinado. El AT est\u00e1 abierto a esta perspectiva. Aqu\u00ed\u00ad comienza el NT, que ve y valora todo el Antiguo Testamento como promesa del reino de Dios, que ya se ha realizado y todav\u00ed\u00ada ha de realizarse m\u00e1s plenamente en Jesucristo. Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada conciencia de ser el proclamador (cf. Mc 1, 14s) y portador de este reino por la acci\u00f3n y la palabra. El se sab\u00ed\u00ada mediador de una nueva y eficaz relaci\u00f3n a Dios, de una relaci\u00f3n que en el AT estaba presente m\u00e1s como promesa que como realidad lograda. Se debe, pues, a su persona y mensaje el que la comunidad neotestamentaria considerara que el AT tiene en \u00e9l su meta y centro. En los escritos veterotestamentarios Cristo est\u00e1 anunciado como ungido del Se\u00f1or (Mes\u00ed\u00adas) e hijo de David, como rey escatol\u00f3gico -bajo la figura del Hijo del hombre- en el futuro reino de Dios, como \u00absiervo de Dios que exp\u00ed\u00ada los pecados. Y seg\u00fan Mateo (5, 17), Jes\u00fas ha venido a dar cumplimiento a la ley y los profetas (es decir, al AT). Tambi\u00e9n los dem\u00e1s evangelistas ven vinculado el AT a la figura de Jes\u00fas: Mc por el misterio del Mes\u00ed\u00adas y la predicci\u00f3n de la pasi\u00f3n; Lc (4, l4ss) por la plenitud del Esp\u00ed\u00adritu predicho en Is y Juan por la autopresentaci\u00f3n de Cristo como luz, camino, verdad, vida (cf. Sal 119). Ya la antigua profesi\u00f3n de fe donde se afirmaba que Jes\u00fas muri\u00f3 \u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb (1 Cor 15, 3s), anunciaba el cumplimiento de predicciones esenciales del AT en el fin que les da unidad; y la historia de la pasi\u00f3n desarroll\u00f3 detalladamente la misma tesis. Seg\u00fan Pablo, en Jes\u00fas ha quedado sellado el cumplimiento definitivo de la promesa fundamental del AT (cf. G\u00e1l 3); todas las promesas de Dios, en \u00e9l se hicieron \u00abS\u00ed\u00ad\u00bb (2 Cor 1, 20). As\u00ed\u00ad, pues, la comunidad neotestamentaria le\u00ed\u00ada los escritos del AT como un solo libro en que se anuncia a Cristo, y, consecuentemente, la Iglesia se atribuy\u00f3 el derecho de interpretar este libro y de fijar sus l\u00ed\u00admites. Para la teolog\u00ed\u00ada cristiana el AT junto con el NT pasa a constituir una unidad en que est\u00e1n contenidos m\u00faltiples esbozos y verdades teol\u00f3gicas, las cuales atestiguan y llevan en s\u00ed\u00ad la revelaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>6. Epocas de la interpretaci\u00f3n<br \/>\nEl empleo del AT en el NT, toda traducci\u00f3n y la predicaci\u00f3n doctrinal y lit\u00fargica son ya interpretaci\u00f3n. La interpretaci\u00f3n comienza en el AT mismo con la redacci\u00f3n de los escritos prof\u00e9ticos, y contin\u00faa dentro del juda\u00ed\u00adsmo en el Targum, el Midr\u00e1s y la Misn\u00e1. En la era patr\u00ed\u00adstica y la edad media, a imitaci\u00f3n del m\u00e9todo seguido en el NT predomina sobre la b\u00fasqueda del sentido literal la interpretaci\u00f3n aleg\u00f3rica y tipol\u00f3gica. Por el recurso a la alegor\u00ed\u00ada, una \u00abrepresentaci\u00f3n en que se trasluce algo distinto de lo inmediatamente designado\u00bb (LThK2 I 342), la inteligencia cristiana del AT y la unidad de ambos testamentos, que ha de mostrarse en la predicaci\u00f3n, pasan a ser factores decisivos de la interpretaci\u00f3n. Mediante un oculto sentido superior, se buscan, se interpolan y se encuentran contenidos neotestamentarios y cristianos en los textos del AT. La visi\u00f3n de la tipolog\u00ed\u00ada, m\u00e1s sobria, aunque guiada por un m\u00f3vil parecido (de suyo leg\u00ed\u00adtimo en la teolog\u00ed\u00ada cristiana), procura conservar el sentido hist\u00f3rico literal y a la vez enfoca el texto hacia Cristo, que es el centro de toda la Escritura. Un mismo texto, junto a las afirmaciones referidas al tiempo -en que \u00e9l surgi\u00f3, contiene tambi\u00e9n rasgos que, por una figuraci\u00f3n tipol\u00f3gica, representan anticipadamente a la correspondiente figura del futuro mesi\u00e1nico. La edad media us\u00f3 estos m\u00e9todos, los sigui\u00f3 desarrollando y matiz\u00f3 sus diferencias en el as\u00ed\u00ad llamado cu\u00e1druple sentido de la Escritura.<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtica del AT abri\u00f3 una nueva perspectiva. Comenz\u00f3 con la cr\u00ed\u00adtica del Pentateuco, iniciada eficazmente por R. Simon. Al lado de la investigaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtico-literaria, que alcanz\u00f3 un punto cumbre en J. Wellhausen, entraron tambi\u00e9n en juego los siguientes m\u00e9todos: el de la historia de las formas con H. Gunkel; el de la historia de la religi\u00f3n (Gunkel, H. Gressmann), y luego el de la historia de la tradici\u00f3n y de la redacci\u00f3n (M. Noth, G. von Rad). Recientemente, la cr\u00ed\u00adtica del estilo ha procurado analizar la obra literaria en su unidad total, buscando su sentido y su contenido. La meta de todo este esfuerzo es comprender lo que se pretende afirmar en cada escrito y en cada una de sus partes. Se evita la interpolaci\u00f3n de contenidos neotestamentarios, y no se admite f\u00e1cilmente el sentido tipol\u00f3gico. S\u00f3lo mediante este cuidadoso examen de los contenidos veterotestamentarios se hace posible una teolog\u00ed\u00ada del AT que capte y exponga en su conjunto el testimonio revelado de la antigua alianza. As\u00ed\u00ad se pone tambi\u00e9n de manifiesto cu\u00e1l es el mundo creyente que el NT presupone, asume, interpreta y corrige. Aparece igualmente de qu\u00e9 manera Dios comunic\u00f3 su revelaci\u00f3n y la condujo hacia aquel que es su \u00faltima palabra (Heb 1, 2) y su oferta definitiva de salvaci\u00f3n (cf. Mt 11, 25-30 junto con Eclo 51, 23-27; 6, 24-30). El m\u00e9todo hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico abre la posibilidad de ver y entender el AT seg\u00fan el puesto que \u00e9l ocupa dentro de la Iglesia de Cristo. Y \u00e9l conduce a una visi\u00f3n teol\u00f3gica del AT que constituye un elemento indispensable y necesario en el edificio total de la teolog\u00ed\u00ada cristiana.<\/p>\n<p>7. M\u00e9todos actuales<br \/>\nLa ex\u00e9gesis del AT se hace hoy mediante el m\u00e9todo hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico con todas las modalidades mencionadas (cf. 6), y tomando como base la cr\u00ed\u00adtica textual practicada desde siempre. Esta se esfuerza por lograr en lo posible el texto original, y prepara las ediciones cr\u00ed\u00adticas. La cr\u00ed\u00adtica literaria busca deslindar los estratos de una obra, determinar su origen, autores y fuentes, y fijar el tiempo de su composici\u00f3n y el orden sucesivo en que tales estratos surgieron. Ella hace perceptibles las muchas voces particulares que Dios hace sonar en el mensaje b\u00ed\u00adblico y simult\u00e1neamente hace percibir la palabra divina. La cr\u00ed\u00adtica de las formas toma en serio el hecho de que \u00abDios habl\u00f3 antiguamente de muchas maneras a los padres\u00bb (Heb 1, 1). Ella estudia los g\u00e9neros literarios (proverbio, c\u00e1ntico, salmo, or\u00e1culo prof\u00e9tico, contrato, documento, lista, carta, ley, narraci\u00f3n, midr\u00e1s, etc.), su puesto en la vida y el contenido all\u00ed\u00ad expresado. As\u00ed\u00ad capta en cada pieza literaria el contenido y los fines de la predicaci\u00f3n. Y descubre igualmente c\u00f3mo tambi\u00e9n se usaron g\u00e9neros que en el \u00e1mbito de la historia de las formas deben calificarse como \u00abf\u00e1bulas\u00bb o \u00ableyendas\u00bb. A base de ellas Israel pudo describir los tiempos de los or\u00ed\u00adgenes y de la prehistoria a la luz de su fe y expresar la santidad de una persona o de un lugar llenos de Dios. La historia de la redacci\u00f3n estudia los motivos de la fusi\u00f3n de las piezas particulares. La historia de la tradici\u00f3n investiga los principios por los que se han guiado el crecimiento y la unificaci\u00f3n final de las materias previamente informadas. La visi\u00f3n hist\u00f3rico-cultual averigua las fuerzas y tendencias que emanaban de la vida religiosa del pueblo de Yahveh. El m\u00e9todo hist\u00f3rico-religioso establece comparaciones con las religiones del mundo circundante, para destacar lo peculiar del Antiguo Testamento. Mediante su conjugaci\u00f3n mutua, todos estos m\u00e9todos parciales sirven en la &#8211;>ex\u00e9gesis para llevar a cabo aquella interpretaci\u00f3n que, bajo la luz conjunta arrojada por la palabra de Dios en ambos testamentos, procura que la voz del AT sea o\u00ed\u00adda actualmente por el pueblo de Dios.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: 1. OBRAS: INTRODUCTORIAS: J. Schreiner (dir), Palabra y mensaje del AT. Introducci\u00f3n a su problem\u00e1tica (Herder Ba 1972); N. Lohfink, Das Siegeslied am Schilfmeer (F 21966). &#8211; Kittel GVI; Histrlsr; Galling TGI; Noth GI; Schedl, Vaux; J. Bright, A History of Israel (NY 1959). &#8211; 2. INTRODUCCIONES AL AT: Robert Feuillet; EiJ3feldt; E. Sellin-G. Fohrer, Einleitung in das AT (He\u00c2\u00a1 \u00ed\u00ado1965); Weiser. A. Fern\u00e1ndez Truyols, Breve introducci\u00f3n a la cr\u00ed\u00adtica textual del A. Testamento (R 1917); R. R\u00e1banos, Proped\u00e9utica b\u00ed\u00adblica. Introducci\u00f3n general a la Sagrada Escritura (Ma 1960); S. Mu\u00f1oz Iglesias, Introducci\u00f3n a la lectura del A. Testamento (Ma 1965); B. Mart\u00ed\u00adn S\u00e1nchez, Introducci\u00f3n general a la Sagrada Escritura (Ma 1966). &#8211; 3. Uxicos: Cfr. los correspondientes art\u00ed\u00adculos en: DBS; Galling BRL; Haag BL; RGG3; LThK2. &#8211; 4. COMENTARIOS Y MANUALES DE TEOLOG\u00ed\u008dA B\u00ed\u00adBLICA: HK; ICC; KAT; HSAT; HAT; EB; ATD; BK; Pirot-Clamer; Heinisch ThAT; Procksch; Imschoot; Kraus GAT; Vriezen; Elchrodt; Rad; K<Yhler AT. - S. CF. ADEMAS LA BIBLIOORAFIA de: >r teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica; Jr Biblia, A, E; ]r Antiguo Testamento, A, B I-IV; >r Hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica; ]r ex\u00e9gesis.<\/p>\n<p>Joseph Schreiner<\/p>\n<p>II. Nuevo Testamento<\/p>\n<p>1. Significaci\u00f3n del nombre<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n NT designa los 27 escritos llamados can\u00f3nicos que hacia finales del siglo ii quedaron unificados en una colecci\u00f3n (evangelios y cartas apost\u00f3licas: cf. -> sin\u00f3pticos, evangelio de &#8211;> Juan, &#8211;> Hechos de los ap\u00f3stoles, cartas de ->Pablo, carta de ->Santiago, -> ep\u00ed\u00adstolas de -> Pedro, ep\u00ed\u00adstola de ->judas, ->Apocalipsis de Juan). La expresi\u00f3n \u00abNuevo Testamento\u00bb tiene su origen en Jer 31, 31 (citado directamente en Heb 8, 8) y es usada en el NT por la tradici\u00f3n de Pablo y de Lucas al hablar del c\u00e1liz en el relato sobre la \u00faltima cena (1 Cor 11, 25; Lc 22, 20); aparece adem\u00e1s en 2 Cor 3, 6; Heb 9, 15; 12, 24. Y tambi\u00e9n hallamos por primera vez en Pablo el concepto parejo palaia diazeke (2 Cor 3, 14). En todo caso palaia diazeke es el nuevo orden de salvaci\u00f3n fundado por la muerte de Jes\u00fas o por la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (2 Cor 3, 6), en contraposici\u00f3n al procedente de Mois\u00e9s. En el NT el concepto de diazeke coincide en gran parte con el significado de la palabra hebrea berit (en el sentido teol\u00f3gico: la ->alianza concedida por Dios). Mientras que diazeke en el \u00e1mbito helen\u00ed\u00adstico s\u00f3lo raramente (Arist\u00f3fanes, Dinarco) significa \u00abdisposici\u00f3n\u00bb y las m\u00e1s de las veces tiene el sentido de \u00abtestamento\u00bb, ese t\u00e9rmino en los LXX y en el NT tom\u00f3 al significado m\u00e1s amplio de berit (excepto G\u00e1l 3, 15.17), en el sentido de \u00aborden de salvaci\u00f3n\u00bb. La traducci\u00f3n del vocablo mediante novum testamentum (por primera vez en Tertuliano) vuelve a reducir el sentido de diazeke al de \u00ab\u00faltima disposici\u00f3n\u00bb (lo mismo que en el t\u00ed\u00adtulo de algunos escritos ap\u00f3crifos, como el Test XII y el Testamento de nuestro Se\u00f1or Jesucristo). La denominaci\u00f3n \u00abNuevo Testamento\u00bb como t\u00ed\u00adtulo de libro es una abreviaci\u00f3n de enlaces en genitivo, en los cuales se habla primero de escritos \u00abdel Nuevo Testamento\u00bb; y luego la expresi\u00f3n se independiza. As\u00ed\u00ad, hacia el a\u00f1o 180 Melit\u00f3n de Sardes redact\u00f3 una lista de libros tes palaias diazeke. Sobre el a\u00f1o 192, en las palabras o tes tou euanggelion kaines diazeques logos y en la expresi\u00f3n de Tertuliano \u00abtotum instrumentum utriusque testamenti\u00bb, estaba ya preparada la designaci\u00f3n de esta colecci\u00f3n de escritos como \u00abNuevo Testamento\u00bb; pero todav\u00ed\u00ada Eusebio (Hist. Eccl. v 16, 3) habla del \u00abevangelio de la nueva alianza\u00bb. La expresi\u00f3n se hizo, pues, usual cuando los escritos de la nueva alianza fueron yuxtapuestos a los de la antigua &#8211; llamados ya \u00abAntiguo Testamento\u00bb &#8211; y se les atribuy\u00f3 igual rango.<\/p>\n<p>Jes\u00fas y los autores neotestamentarios por e graph\u00e9 hab\u00ed\u00adan entendido s\u00f3lo el AT. Ahora bien, los escritos neotestamentarios no fueron primariamente el canon interpretativo del AT, sino que surgieron como testimonios del mensaje escatol\u00f3gico de salvaci\u00f3n, cuyo contenido no se pod\u00ed\u00ada ni pretend\u00ed\u00ada deducir del AT, sino que fue experimentado por primera vez en el tiempo que hab\u00ed\u00ada hecho su irrupci\u00f3n con Jes\u00fas. Por eso el AT es para Jes\u00fas y, despu\u00e9s de la experiencia de la resurrecci\u00f3n, para la comunidad: lo procedente de la \u00e9poca de salvaci\u00f3n que entretanto ya ha pasado, lo imperfecto en comparaci\u00f3n con lo nuevo, que constituye otro jal\u00f3n de la historia de salvaci\u00f3n y, como tal, tiene un contenido superior al de la antigua \u00e9poca. El AT comienza a convertirse en un problema a resolver para la comunidad cuando los jud\u00ed\u00ados, ahora \u00abincr\u00e9dulos\u00bb, argumentan contra los cristianos bas\u00e1ndose en su Escritura. Con ello se inici\u00f3 la lucha por la legitimaci\u00f3n secundaria, frente a los jud\u00ed\u00ados, del mensaje de Cristo, lo cual oblig\u00f3 a los cristianos a dar una positiva y consecuente interpretaci\u00f3n cristiana de todo el AT. El principio de todo eso lo constituye la afirmaci\u00f3n de que la pasi\u00f3n y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas acontecieron \u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb. De esta afirmaci\u00f3n positiva saldr\u00e1 aquella otra negativa de que los jud\u00ed\u00ados no entienden las Escrituras, cosa que despu\u00e9s, en un paso ulterior, es demostrado con relaci\u00f3n a lugares particulares. As\u00ed\u00ad Mateo en sus citas usa el esquema prof\u00e9tico y deuteron\u00f3mico \u00abcumplimiento-promesa\u00bb, el cual en Mt 5, 17 es aplicado a la interpretaci\u00f3n de la ley por parte de Jes\u00fas. Por tanto, mientras que originalmente la vida y la doctrina de Jes\u00fas hab\u00ed\u00adan sido considerados dentro del horizonte de la -+ apocal\u00ed\u00adptica, como consumaci\u00f3n de la historia de salvaci\u00f3n del pueblo jud\u00ed\u00ado, desde ese momento se convierten en principio exeg\u00e9tico para interpretar el AT. A este respecto el esquema promesa-cumplimiento pronto es sustituido en gran parte por el m\u00e9todo aleg\u00f3rico (Bern). Pero, en principio, la prueba de Escritura tiene una funci\u00f3n secundaria y en parte antijud\u00ed\u00ada, pues, en realidad, la autoridad de los escritos neotestamentarios se debe primariamente al hecho de que pas\u00f3 a ellos la autoridad escatol\u00f3gica del Kyrios o de los ap\u00f3stoles. En 2 Clem se cita por primera vez un lugar neotestamentario como \u00abEscritura\u00bb.<\/p>\n<p>2. Distintos g\u00e9neros de escritos<br \/>\nEn el NT los distintos g\u00e9neros literarios de alg\u00fan modo dependen del m\u00f3vil teol\u00f3gico en el respectivo escrito. Una creaci\u00f3n nueva de Marcos es el g\u00e9nero \u00abevangelio\u00bb, como colecci\u00f3n de tradiciones sobre el Jes\u00fas terreno, reelaboradas desde el punto de vista de una teolog\u00ed\u00ada posterior a pascua. Todo el acervo teol\u00f3gico de una comunidad es configurado con ayuda de datos biogr\u00e1ficos para describir la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas. Por la inclusi\u00f3n de las historias de la infancia, Mateo y Lucas ampl\u00ed\u00adan considerablemente este esbozo y lo convierten ya en una especie de vida de Jes\u00fas. Mientras que todo el saber teol\u00f3gico de Mc est\u00e1 anclado en el tiempo prepascual, Mt distingue ya entre el tiempo de Jes\u00fas en Israel antes de su muerte y la misi\u00f3n de los doce a los gentiles despu\u00e9s de pascua (Mt 28). Con ello el g\u00e9nero evangelio queda esencialmente modificado, pues, en principio, ahora puede abarcar tambi\u00e9n encuentros y palabras de Jes\u00fas posteriores a pascua. Lc lleva adelante esta tendencia continuando en los Hechos la historia de Jes\u00fas como historia del evangelio entre jud\u00ed\u00ados y paganos. La doble obra literaria de Lc es expresi\u00f3n de la concepci\u00f3n teol\u00f3gica que ve en Jes\u00fas el centro de los tiempos. Juan, a semejanza de Marcos, interpola el tiempo posterior a pascua entre la predicaci\u00f3n prepascual, a base, evidentemente, de una amplia reflexi\u00f3n teol\u00f3gica. Por la anteposici\u00f3n del pr\u00f3logo el g\u00e9nero \u00abevangelio\u00bb, experimenta una nueva modificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero, mientras que en todos los evangelios se conserva todav\u00ed\u00ada la forma del transcurso hist\u00f3rico, las teolog\u00ed\u00adas expresadas en la parte epistolar del NT son ampliamente independientes, por su contenido, de las noticias hist\u00f3ricas sobre Jes\u00fas. Por el car\u00e1cter distinto de estas teolog\u00ed\u00adas, parece imposible que, p. ej., Pablo hubiera querido o podido escribir un evangelio. Pablo manifiesta sus pensamientos, orientados totalmente hacia el Kyrios resucitado, en ep\u00ed\u00adstolas a comunidades (p. ej., G\u00e1l), en ep\u00ed\u00adstolas m\u00e1s doctrinales (Rom), en cartas abiertas (Col) y en cartas privadas (Flm). Estas distinciones tambi\u00e9n tienen validez con relaci\u00f3n a otras cartas neotestamentarias: Heb puede considerarse como ep\u00ed\u00adstola, Ef, 1 y 2 Pe y Jud son \u00abcartas abiertas\u00bb, 1 Jn y otras tienen forma de serm\u00f3n; y las ep\u00ed\u00adstolas pastorales, aunque est\u00e1n dirigidas a personas particulares, sin embargo tienen forma de cartas a comunidades. Un g\u00e9nero que ya exist\u00ed\u00ada anteriormente en el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado hall\u00f3 su traducci\u00f3n cristiana en el Apocalipsis.<\/p>\n<p>La medida de la independencia literaria de los autores es diversa. En los cuatro evangelios se deben presuponer necesariamente fuentes escritas (Mc para Mt y Lc; las fuentes llamadas semeia para Jn); tambi\u00e9n en \u00e9l Ap y en las ep\u00ed\u00adstolas pastorales las materias tomadas de alguna fuente abundan m\u00e1s (himno lit\u00fargico en 1 Tim 3, 16; Ap 12) que en las cartas de Pablo (1 Cor 15, 3s; 11). El problema de la pseudoepigraf\u00ed\u00ada hay que decidirlo separadamente en relaci\u00f3n con cada escrito. En principio, se debe contar necesariamente con la posibilidad de que bajo el nombre de ap\u00f3stoles se hayan transmitido escritos que proceden solamente de una tradici\u00f3n en que ha influido un determinado ap\u00f3stol (cf. los evangelios ->ap\u00f3crifos de Pedro, de Santiago y de Tom\u00e1s).<\/p>\n<p>3. Los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n<br \/>\nLos m\u00e9todos cient\u00ed\u00adficos para la investigaci\u00f3n del NT deben usarse seg\u00fan un orden determinado (cf. tambi\u00e9n cr\u00ed\u00adtica de los evangelios). La cr\u00ed\u00adtica textual, a base de una comparaci\u00f3n de los -> manuscritos, tiene la misi\u00f3n de descubrir los m\u00e1s importantes tipos fundamentales de transmisi\u00f3n de un texto (el texto original apenas puede alcanzarse plenamente), de decidir sobre el valor de cada variante y de hacer a veces ciertas conjeturas. El siguiente estadio es la cr\u00ed\u00adtica literaria, o sea, la investigaci\u00f3n de un texto (o de todo un libro) en cuanto a su unidad literaria, tomando como base la observaci\u00f3n de discrepancias relativas a la gram\u00e1tica, al estilo o al contenido en sentido amplio, o de simples repeticiones (p. ej., despu\u00e9s de \u00aby les dice\u00bb en Mc 2, 25, en el vers\u00ed\u00adculo 27 se repite \u00aby les dijo\u00bb, sin que aparezca que Jes\u00fas haya sido interrumpido) y duplicados del texto. As\u00ed\u00ad el texto se descompone en los elementos que fueron empleados para su construcci\u00f3n literaria (t\u00e9cnica de la exposici\u00f3n). A la cr\u00ed\u00adtica literaria sigue la fijaci\u00f3n de las \u00abunidades m\u00e1s peque\u00f1as\u00bb, es decir, de determinados giros, que comparados con otros textos se evidencian como f\u00f3rmulas (medios auxiliares: concordancias). El paso siguiente sirve para poner de relieve las formas literarias (p. ej., disputa, di\u00e1logo doctrinal, himno). Si se compara el desarrollo de una forma a trav\u00e9s de distintos textos, se habla de historia de las ->formas. Una forma seg\u00fan donde sea empleada, tiene distintos \u00abpuestos en la vida\u00bb. As\u00ed\u00ad la forma de disputa tiene su sede originaria en la discusi\u00f3n de Jes\u00fas con los fariseos y su sede posterior en la general pol\u00e9mica antijud\u00ed\u00ada de la comunidad. Los -+ g\u00e9neros literarios (p. ej., narraci\u00f3n) y la historia de los g\u00e9neros en general no son distinguidos suficientemente de la forma literaria, y no pueden definirse con facilidad. Normalmente un g\u00e9nero contiene varias formas y, adem\u00e1s, est\u00e1 determinado esencialmente por una funci\u00f3n sociol\u00f3gica m\u00e1s fija, y por eso su contenido se halla delimitado con m\u00e1s claridad. As\u00ed\u00ad el evangelio constituye un g\u00e9nero que est\u00e1 ligado a una manera biogr\u00e1fica de exposici\u00f3n, y no es apropiado para el desarrollo de un contenido meramente doctrinal. El puesto en la vida es sobre todo la liturgia de la comunidad. Una comparaci\u00f3n con Lucas desde el punto de vista de la historia de los g\u00e9neros muestra que \u00e9l se aproxima a un g\u00e9nero ajeno al NT, al de la biograf\u00ed\u00ada. Hay que tener en cuenta c\u00f3mo las formas y los g\u00e9neros no pueden aplicarse desde fuera a una determinada literatura (p. ej., el concepto de \u00ableyenda\u00bb y de \u00abf\u00e1bula\u00bb est\u00e1 tomado de un \u00e1mbito cultural totalmente distinto y por eso no es apto para calificar los textos b\u00ed\u00adblicos), y c\u00f3mo el uso de m\u00e9todos nada tiene que ver con la pregunta por la historicidad de lo expuesto, pues se trata solamente de t\u00e9cnicas literarias. Para la ilustraci\u00f3n del \u00abcontenido\u00bb de un texto pueden exponerse la historia del concepto y la historia del motivo, con ayuda del m\u00e9todo de la historia de la religi\u00f3n y de la historia de la tradici\u00f3n. Por otro lado, la historia de la tradici\u00f3n se refiere tambi\u00e9n a estadios primitivos de la transmisi\u00f3n de un texto y as\u00ed\u00ad, complementada con el enfoque de la historia de la redacci\u00f3n, sirve para poner de relieve los estratos en el texto y sus respectivas teolog\u00ed\u00adas. La historia de la redacci\u00f3n pregunta en qu\u00e9 medida la tradici\u00f3n recibida por un autor ha sido transformada seg\u00fan su propio \u00absistema\u00bb, el cual representa otra tradici\u00f3n. La finalidad del m\u00e9todo hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico es as\u00ed\u00ad el poner de relieve la teolog\u00ed\u00ada de cada autor, y su reconstrucci\u00f3n y penetraci\u00f3n intelectual.<\/p>\n<p>Es ya asunto distinto la investigaci\u00f3n de la historia de la interpretaci\u00f3n de un texto (en la liturgia, en los padres de la Iglesia, en los exegetas de las distintas confesiones). Llevado a una situaci\u00f3n diferente, el texto presenta un matiz nuevo en cada caso. El exegeta s\u00f3lo investiga la historia de la tradici\u00f3n de un texto hasta el punto final de su fijaci\u00f3n literaria.<\/p>\n<p>4. El problema de la unidad teol\u00f3gica<br \/>\nS\u00f3lo en forma esquem\u00e1tica y abreviada podemos hablar aqu\u00ed\u00ad de la pluralidad de teolog\u00ed\u00adas en el NT. Y con ello no se pone en duda que, en el primer origen y \u00faltimo fin de esas teolog\u00ed\u00adas, late una unidad sobre la cual la teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica basa justamente su reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>El NT mismo no es una unidad teol\u00f3gica. Esta diversidad no solamente afecta a las teolog\u00ed\u00adas desarrolladas tal como aparecen ahora, sino tambi\u00e9n a las tradiciones que laten tras ellas. As\u00ed\u00ad, p. ej., ya Pablo unifica dos derivaciones distintas del concepto central \u00abnueva alianza\u00bb: seg\u00fan 2 Cor \u00e9sta consiste en la ley pneum\u00e1tica de los corazones; seg\u00fan 1 Cor (caudal recibido), ella consiste en la purificaci\u00f3n por la sangre de Jes\u00fas. Otro ejemplo t\u00ed\u00adpico es la pregunta relativa al acto por el que se transmite el bien salv\u00ed\u00adfico, el &#8211;>Esp\u00ed\u00adritu Santo: seg\u00fan Mc 1, 8 y Act 1, 2 por el bautismo escatol\u00f3gico del Esp\u00ed\u00adritu; seg\u00fan Mateo y Pablo por el bautismo cristiano de agua; seg\u00fan el Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos por la imposici\u00f3n de manos a partir de pentecost\u00e9s. Sobre el terreno de tradiciones diversas, entre las cuales cabe distinguir una sin\u00f3ptica de tipo judeocristiano, otra del juda\u00ed\u00adsmo helenista y otra del cristianismo gentil, se configuraron distintas teolog\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Las distintas teolog\u00ed\u00adas del NT se dividen en tres grupos fundamentales: teolog\u00ed\u00ada de Pablo (surgida entre los a\u00f1os 35 y 60 d.C.), teolog\u00ed\u00ada sin\u00f3ptica (del a\u00f1o 70 al 90 d.C.) y teolog\u00ed\u00ada de ->Juan (hacia el a\u00f1o 100; cf. tambi\u00e9n: -> teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica ii). Heb es un esbozo de tipo peculiar. Pero en todas estas modalidades fundamentalmente distintas el punto de partida com\u00fan de la sistem\u00e1tica teol\u00f3gica es la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Mientras que Mc retrocede desde ah\u00ed\u00ad hasta la vida de Jes\u00fas, matiz\u00e1ndola seg\u00fan su propia interpretaci\u00f3n de esos sucesos (procedimiento que culmina en Juan), la literatura epistolar del NT y el Apocalipsis desarrollan el significado teol\u00f3gico de dichos sucesos sin preocuparse del material biogr\u00e1fico. S\u00f3lo en tres lugares invoca Pablo una palabra de Jes\u00fas, y en Sant 5, 12 aparece como exhortaci\u00f3n de Santiago lo que en Mt (5, 33ss) era palabra de Jes\u00fas (una tradici\u00f3n com\u00fan del juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado sobre la prohibici\u00f3n de jurar es transmitida en Mt como palabra de Jes\u00fas, en Santiago como palabra de este ap\u00f3stol y en Hen[eslav] como palabra de Dios o de Henoc). Pablo ense\u00f1a por la autoridad de su condici\u00f3n de ap\u00f3stol (que \u00e9l fundamenta en el se\u00f1or glorificado), mientras que en los sin\u00f3pticos toda doctrina s\u00f3lo puede proceder inmediatamente de Jes\u00fas mismo. Es adem\u00e1s com\u00fan a los tres tipos fundamentales que hemos mencionado el hecho de que los bienes salv\u00ed\u00adficos de la comunidad consisten en la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que es la decisiva e innegable realidad nueva y el v\u00ed\u00adnculo de uni\u00f3n entre un pasado cada vez m\u00e1s remoto (la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas) y un futuro todav\u00ed\u00ada invisible. Evidentemente esta concepci\u00f3n sobre el Esp\u00ed\u00adritu como bien salv\u00ed\u00adfico est\u00e1 relacionada con diversas perspectivas acerca de la manera como el pr\u00f3ximo &#8211;>reino de Dios se halla ya presente o es todav\u00ed\u00ada futuro. Mientras que en el mensaje de Jes\u00fas el reino de Dios que est\u00e1 llegando es el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico central del futuro, despu\u00e9s de la ->resurrecci\u00f3n se considera que en principio la salvaci\u00f3n se ha dado ya con la persona de Jes\u00fas. Sin duda Jes\u00fas en su propia posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu vio ya la irrupci\u00f3n del reino de Dios; y aqu\u00ed\u00ad tenemos tambi\u00e9n un germen prepascual de la cristolog\u00ed\u00ada. Pero el peligro de las teolog\u00ed\u00adas posteriores a pascua en parte consist\u00ed\u00ada en centrar unilateralmente la historia en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, con p\u00e9rdida de la perspectiva escatol\u00f3gica; los gn\u00f3sticos sucumbieron ante este peligro (cf. p. ej., 2 Tim 2, 18). Frente a tales grupos Pablo acent\u00faa la vinculaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n, por una parte, a la existencia hist\u00f3rica de Jes\u00fas y a su muerte, y, por otro lado, al juicio, que todav\u00ed\u00ada tiene un car\u00e1cter futuro. Mc soluciona el problema del siguiente modo: El Esp\u00ed\u00adritu ha sido infundido ya en Jes\u00fas y se muestra tambi\u00e9n en la operaci\u00f3n de los doce; pero hasta el final no se comunicar\u00e1 a todos (Mc 1, 8). Seg\u00fan Act 2, este final fundamentalmente ya ha hecho su irrupci\u00f3n con la infusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en pentecost\u00e9s. La pregunta por la legitimaci\u00f3n de un tiempo intermedio tan prolongado antes del final, en la teolog\u00ed\u00ada que sigue a Mc se hace cada vez m\u00e1s apremiante como el problema del as\u00ed\u00ad llamado retraso de la parus\u00ed\u00ada. Le y Jn ven el tiempo de la Iglesia como el planeado y necesario per\u00ed\u00adodo de salvaci\u00f3n. Seg\u00fan Jn este tiempo es el del Par\u00e1clito, que esclarece y consuma las palabras de Jes\u00fas. Pero ya en Pablo la presencia del Esp\u00ed\u00adritu en la comunidad no es distinguida de la presencia del Se\u00f1or glorificado. As\u00ed\u00ad el problema del tiempo intermedio y el de la funci\u00f3n de la comunidad reciben una soluci\u00f3n positiva independientemente del reino de Dios: con relaci\u00f3n al reino de Dios la comunidad no se caracteriza solamente por el \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb en lo referente a la universalidad, sino tambi\u00e9n por el hecho de que ya se ha producido en ella el retorno del Se\u00f1or en virtud de la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, la cual coincide con los l\u00ed\u00admites de la comunidad.<\/p>\n<p>La diversidad de las teolog\u00ed\u00adas neotestamentarias tiene su origen, no s\u00f3lo en la interpretaci\u00f3n distinta del mensaje sobre el fin pr\u00f3ximo, sino tambi\u00e9n en la diversa interpretaci\u00f3n de la persona de Jes\u00fas y, junto con eso, en la concepci\u00f3n diferente que cada comunidad tiene de s\u00ed\u00ad misma. Las cristolog\u00ed\u00adas quedan expresadas en una serie de t\u00ed\u00adtulos que en cada caso s\u00f3lo designan un aspecto del contenido y que, en buena parte a causa de su prehistoria, no admiten una interpretaci\u00f3n precisa. De origen prepascual son los t\u00ed\u00adtulos: rabbi, maestro, profeta, hijo de David, rey de los jud\u00ed\u00ados; en boca de Jes\u00fas mismo aparece el t\u00ed\u00adtulo \u00abHijo del hombre\u00bb (pero solamente en tercera persona). El t\u00ed\u00adtulo m\u00e1s importante para el desarrollo posterior es \u00abHijo de Dios\u00bb. Otros nombres son: siervo de Dios, Mes\u00ed\u00adas, Kyrios, Cristo, redentor, el santo y el justo, cordero de Dios, sumo sacerdote.<\/p>\n<p>Los t\u00ed\u00adtulos que las comunidades se dan a s\u00ed\u00ad mismas est\u00e1n orientados a la relaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos con el rabbi Jes\u00fas antes de Pascua, como el concepto \u00c2\u00b5athetai (disc\u00ed\u00adpulos), o establecen una analog\u00ed\u00ada entre la comunidad e Israel, as\u00ed\u00ad, p. ej., los santos (Pablo, Act), los peque\u00f1os, los pobres (en el \u00e1mbito judeocristiano), los elegidos, los llamados, xristianoi, \u00abecclesia\u00bb, hermanos y hermanas, pueblo de Dios, dom\u00e9sticos y amigos de Dios, extranjeros, nazareos, galileos. Sorprende el que el t\u00ed\u00adtulo de car\u00e1cter personal en plural (santos, etc.) prevalezca sobre los conceptos singulares colectivos (ecclesia, pueblo).<\/p>\n<p>Se interpreta diversamente en las distintas teolog\u00ed\u00adas sobre todo la muerte de Jes\u00fas. Los sin\u00f3pticos s\u00f3lo germinalmente desarrollan la importancia de la muerte de Jes\u00fas para la salvaci\u00f3n de los cristianos; \u00fanicamente la f\u00f3rmula \u00abpor muchos\u00bb en Mc 10, 45 y 14, 24 insin\u00faa una funci\u00f3n representativa de su muerte. Prevalece la interpretaci\u00f3n del justo paciente. La muerte y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas todav\u00ed\u00ada no son consideradas como una misma acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. En la cuesti\u00f3n de la salvaci\u00f3n el acento principal recae sobre la resurrecci\u00f3n. Juan en general evita los t\u00e9rminos que indican \u00abpasi\u00f3n\u00bb, e interpreta la muerte de Jes\u00fas como glorificaci\u00f3n y partida necesaria para la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Aten\u00faa lo escandaloso de la muerte de Jes\u00fas en la cruz mediante circunlocuciones teol\u00f3gicas, entre las cuales se hallan expresiones \u00abamar\u00bb, \u00abponer la vida\u00bb y \u00abcordero de Dios\u00bb, t\u00ed\u00adtulo indicador de dignidad tomado del AT (Is 53). Fue principalmente Pablo el que concibi\u00f3 la muerte de Jes\u00fas como decisiva condici\u00f3n previa para hacer posible la salvaci\u00f3n: Por su muerte Jes\u00fas ha cargado con el poder del pecado, que desde Ad\u00e1n pesaba sobre la humanidad, y ha llevado la maldici\u00f3n de todos. Sin duda tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la muerte tiene la funci\u00f3n de eliminar la maldici\u00f3n y la amart\u00ed\u00ada. Tambi\u00e9n en Pablo la posesi\u00f3n positiva de la salvaci\u00f3n est\u00e1 ligada a la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, comunicada por la resurrecci\u00f3n y la presencia del Se\u00f1or glorificado. Bajo este aspecto la esfera de la sarx queda reprimida solamente en virtud de la esfera del Pneuma. Frente a la teolog\u00ed\u00ada paulina el peculiar pensamiento fundamental de la ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos es: que la muerte de cruz fue para Jes\u00fas una acci\u00f3n de sumo sacerdote, pues por esta muerte \u00e9l pudo ganar la sangre en virtud de la cual le fue posible entrar en el santuario celestial y purificar la conciencia de los creyentes (Heb 9, 11-14). El Apocalipsis considera igualmente la sangre de Cristo como lo m\u00e1s importante en la muerte de Jes\u00fas, pues con ella son purificados los cristianos y es vencido su acusador; y, por otra parte, tambi\u00e9n la glorificaci\u00f3n es concebida como victoria.<\/p>\n<p>Aparte de estas diferencias doctrinales entre los autores, no hay que olvidar c\u00f3mo los escritos neotestamentarios son tanto testimonios de la historia global del cristianismo primitivo como productos teol\u00f3gicos de sus autores particulares. Se da ah\u00ed\u00ad un proceso de desarrollo que no s\u00f3lo afecta a lo doctrinal, sino tambi\u00e9n a la constituci\u00f3n, a la liturgia y a la \u00e9tica de las comunidades. Una mente dogm\u00e1tica no se admirar\u00e1 por las diferencias neotestamentarias en la interpretaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n iniciada con Jes\u00fas, pues las teolog\u00ed\u00adas particulares en medio de la temporalidad y diversidad, dan testimonio de la revelaci\u00f3n en Jesucristo, la cual de suyo es \u00fanica, pero antes de la manifestaci\u00f3n definitiva de la gloria se presenta necesariamente de manera multiforme. Seg\u00fan esto la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica podr\u00ed\u00ada tener la misi\u00f3n de unificar de alg\u00fan modo estas teolog\u00ed\u00adas, preparando as\u00ed\u00ad la unidad de la revelaci\u00f3n final. Sin duda ese procedimiento de la tradici\u00f3n en lo referente a la direcci\u00f3n del movimiento difiere de la acci\u00f3n del exegeta, pues \u00e9ste, al exponer las peculiaridades de las teolog\u00ed\u00adas, aunque reconoce la validez de la unidad creada por dicho procedimiento, sin embargo, muestra su car\u00e1cter transitorio con relaci\u00f3n al eskhaton. Ambos movimientos se complementan, puesto que la Iglesia, hasta que llegue el final ansiado, tiene que volver siempre la mirada hacia sus or\u00ed\u00adgenes.<\/p>\n<p>5. La historia de la interpretaci\u00f3n<br \/>\nTodo uso de un escrito es ya una determinada interpretaci\u00f3n. Los escritos del NT en primer lugar fueron usados (y son usados todav\u00ed\u00ada) en la liturgia, donde quedan interpretados por su uni\u00f3n con otros textos. Una interpretaci\u00f3n parecida se dio ya en la colecci\u00f3n de los diversos escritos para constituir el -> canon, pues con ello se presupon\u00ed\u00ada que estos escritos son de origen apost\u00f3lico y no contienen herej\u00ed\u00adas (gn\u00f3sticas), de modo que pudieron ser aceptados por la Iglesia cat\u00f3lica (canon Muratori); y se presupon\u00ed\u00ada tambi\u00e9n que en esencia su contenido es id\u00e9ntico. Luego fue especialmente la teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica la que se apropi\u00f3 esta interpretaci\u00f3n del NT, incluyendo tambi\u00e9n el AT. Una manera muy determinada de interpretaci\u00f3n se da igualmente en la amplia historia del texto del NT, puesto que aqu\u00ed\u00ad se han realizado interpretaciones de mayor o menor importancia mediante modificaciones del texto mismo. En conjunto de manuscritos actualmente conocidos comprende 76 papiros, 250 c\u00f3dices unciales, 2595 min\u00fasculos y 1909 leccionarios. Una especial exposici\u00f3n exeg\u00e9tica del NT se ha realizado bajo la forma de traducci\u00f3n, de par\u00e1frasis, de glosas, de escolios, de cadenas, de comentarios y apostillas. Una investigaci\u00f3n propiamente cient\u00ed\u00adfica del texto, cuyo fin no sea su utilizaci\u00f3n, sino la cuesti\u00f3n de la opini\u00f3n del autor mismo, pr\u00e1cticamente se da desde Richard Simon (1693). Sus est\u00ed\u00admulos fueron recogidos en la \u00e9poca siguiente principalmente por autores protestantes, en primer lugar por J.S. Semler y J.D. Michaelis. El comienzo del siglo xix estuvo dominado por la tendencia cr\u00ed\u00adtica de Tubinga, sobre todo bajo la gu\u00ed\u00ada de F.C. Baur, y por la explicaci\u00f3n m\u00ed\u00adtica de D.F. Strauss. Las corrientes m\u00e1s importantes de la ex\u00e9gesis protestante de nuestro siglo son la \u00abescatolog\u00ed\u00ada consecuente\u00bb (J. Weiss, A. Schweitzer), la escuela hist\u00f3rica de la religi\u00f3n (Bousset), la escuela de la historia de las formas (Dibelius, Bultmann), y el retorno a la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica en el programa de -> desmitizaci\u00f3n de R. Bultmann.<\/p>\n<p>La ex\u00e9gesis cat\u00f3lica floreci\u00f3 en el humanismo del siglo xvi; Richard Simon y la problem\u00e1tica planteada en la \u00e9poca de la ilustraci\u00f3n tuvieron que quedar sin eficacia. Desde principios de nuestro siglo empieza a renacer la &#8211;> ex\u00e9gesis cat\u00f3lica, particularmente con J.-M. Lagrange. Se han realizado trabajos especialmente importantes con relaci\u00f3n a la historia del texto, a la historia de las traducciones y a la arqueolog\u00ed\u00ada. La investigaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de los textos mismos ha sido estimulada sobre todo por la enc\u00ed\u00adclica Divino of Plante Spiritu, de P\u00ed\u00ado xii (1943), y por la Constituci\u00f3n sobre la revelaci\u00f3n del concilio Vaticano II.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: E. Kdsemann, Begr\u00fcndet der ntl. Kanon die Einheit der Kirche?: EvTheol 11 (1951-52) 13-21; M. Dibelius, Die Formgeschichte des Evangeliums (T 31959); R. Bultmann, Die Geschichte der synoptischen Tradition (Go 51961); Wikenhauser E; Bultmann; R. Schnackenburg, Neutestamentliche Theologie (Mn 1963); F. Hahn, Christologische Hoheitstitel. Ihre Gescbichte im fr\u00fchen Christentum (Go 1963); K. Koch, Was ist Formgeschichte? (Neukirchen 1964); W. G. K\u00fcmmel, Einleitung in das Neue Testament (Hei 141965); H. Ristow &#8211; K. Matthiae (dir.), Der historische Jesus und der kerygmatische Christus (B 1960); J. Schreiner, Forma y prop\u00f3sito del NT. Introducci\u00f3n a su problem\u00e1tica (Herder Ba 1972).<\/p>\n<p>Klaus Berger<\/p>\n<p>III. Sobre la teolog\u00ed\u00ada de la sagrada Escritura<\/p>\n<p>1. Punto de partida<\/p>\n<p>a) Ante todo hemos de pensar que para nosotros, como cristianos, el punto de partida puede y debe ser espec\u00ed\u00adficamente cristiano; y s\u00f3lo desde ah\u00ed\u00ad es posible asumir el AT como parte de nuestra s. E. Nuestra situaci\u00f3n es, pues, diametralmente opuesta a la del tiempo del NT, cuando la importancia salv\u00ed\u00adfica de lo acontecido en Cristo deb\u00ed\u00ada legitimarse por la Escritura del AT, como instancia considerada v\u00e1lida con toda naturalidad. Esta historicidad del punto de partida no puede ser superada ni olvidada. As\u00ed\u00ad, tambi\u00e9n el Vaticano 11, Dei Verbum, n .o 2 [cf. n\u00c2\u00b0 71), al exponer el concepto de revelaci\u00f3n, parte de la que se produjo en Jesucristo y no de una revelaci\u00f3n general, sobre la cual habla por primera vez en el n.\u00c2\u00b0 3. Consecuentemente hemos de preguntar en primer lugar por el punto de partida teol\u00f3gico para la teolog\u00ed\u00ada del NT. Aqu\u00ed\u00ad hemos de presuponer que est\u00e1n resueltas las cuestiones acerca de la relaci\u00f3n entre la fe y la fundamentaci\u00f3n racional e hist\u00f3rica de la misma, entre la dogm\u00e1tica y la teolog\u00ed\u00ada fundamental. O sea, aqu\u00ed\u00ad se trata de una cuesti\u00f3n teol\u00f3gica y no de un problema de teolog\u00ed\u00ada fundamental.<\/p>\n<p>b) Tambi\u00e9n la inteligencia teol\u00f3gica de la Escritura (en lo referente a su &#8211;>inspiraci\u00f3n, al ->canon, a la inerrancia, a su relaci\u00f3n con la -+ tradici\u00f3n, a su car\u00e1cter normativo para la Iglesia y para su profesi\u00f3n de fe y teolog\u00ed\u00ada) se debe solamente a la fe en que, seg\u00fan se manifiesta hist\u00f3ricamente en Cristo, por un lado, Dios, comunic\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo y perdonando, a trav\u00e9s de toda la historia de salvaci\u00f3n se acerca con su gracia a la humanidad como su origen y fin, y en que, por otro lado, esta historia y victoriosa autocomunicaci\u00f3n de Dios, en Jesucristo, el crucificado y resucitado, ha alcanzado su manifestaci\u00f3n irreversible y su estadio definitivo. Esta manifestaci\u00f3n hist\u00f3rica irreversible de la voluntad ben\u00e9vola de Dios implica la existencia permanente de la comunidad que cree en Jesucristo, la -> Iglesia, que por la profesi\u00f3n de fe y el culto est\u00e1 siempre referida al hecho escatol\u00f3gico de la salvaci\u00f3n, que es Jesucristo, y con ello a su propia historia. Por tanto ella s\u00f3lo puede permanecer fiel a su esencia si, en medio de las necesarias concesiones a su cambio hist\u00f3rico, se entiende a s\u00ed\u00ad misma como Iglesia del tiempo apost\u00f3lico, pues s\u00f3lo alcanza a Jesucristo a trav\u00e9s de esta Iglesia apost\u00f3lica y de su testimonio de fe.<\/p>\n<p>c) La presencia normativa de la Iglesia del tiempo apost\u00f3lico en la Iglesia posterior se produce por la -> tradici\u00f3n (como vida y doctrina), que incluye la leg\u00ed\u00adtima misi\u00f3n autoritativa del oficio eclesi\u00e1stico (d\u00e1ndose un condicionamiento mutuo entre la predicaci\u00f3n que engendra la fe en la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu y la autoridad formal de la misi\u00f3n). Pero precisamente este regreso constante de la comunidad creyente al tiempo de la primera Iglesia por la tradici\u00f3n, exige, puesto que aqu\u00e9lla ha de ser la norma cr\u00ed\u00adtica de su propia acci\u00f3n y ense\u00f1anza, la posibilidad de distinci\u00f3n entre el propio testimonio sobre la acci\u00f3n y doctrina de la Iglesia apost\u00f3lica, por un lado, y lo testimoniado (la acci\u00f3n y la fe de la primera Iglesia), por otro lado. Esta posibilidad se da si existe un testimonio escrito normativo acerca de la fe y acci\u00f3n de la Iglesia primitiva. Con ello no disminuye la importancia de la tradici\u00f3n autoritativa, pues la explicaci\u00f3n de ese testimonio escrito debe hacerla, exigiendo fe en ella, el magisterio vivo de la Iglesia, mediante una -> interpretaci\u00f3n existencial (la cual conserva la vinculaci\u00f3n hist\u00f3rica a la Iglesia primitiva, y as\u00ed\u00ad a Jesucristo), y, adem\u00e1s, esa instancia que ha de ser norma cr\u00ed\u00adtica debe transmitirse a trav\u00e9s de la tradici\u00f3n, tanto en lo relativo a su esencia (-> inspiraci\u00f3n) como en lo relativo a su extensi\u00f3n (-> canon). Por tanto este testimonio escrito no es una dimensi\u00f3n que est\u00e9 simplemente fuera de la tradici\u00f3n y de su portador autoritativo (-> magisterio), sino que es un momento en ella misma. A este respecto, la unidad y la diferencia, que siguen ejerciendo una funci\u00f3n activa por el permanente car\u00e1cter normativo de la Escritura, en \u00faltimo t\u00e9rmino s\u00f3lo est\u00e1n garantizadas por la constante fuerza victoriosa del Esp\u00ed\u00adritu, que es cre\u00ed\u00adda junto con la victoria escatol\u00f3gica de Dios en Cristo. Por tanto, s\u00f3lo puede darse sagrada Escritura en la tradici\u00f3n autoritativa; pero \u00e9sta, para poder existir, se antepone a s\u00ed\u00ad misma la sagrada Escritura como su propio criterio, como un momento interno suyo y, sin embargo, distinto de ella (->Escritura y tradici\u00f3n).<\/p>\n<p>d) Por consiguiente de momento podemos decir: la sagrada Escritura es la objetivaci\u00f3n de la Iglesia apost\u00f3lica, con su acci\u00f3n y profesi\u00f3n de fe, en la palabra escrita, como momento y norma interna de la tradici\u00f3n en la que la Iglesia de tiempos posteriores atestigua el suceso escatol\u00f3gico de la salvaci\u00f3n en Jesucristo. En cuanto el \u00abprincipio\u00bb de la Iglesia (entendido como fundamentaci\u00f3n de su existencia permanente y no s\u00f3lo como primera fase temporal) debe darse de manera permanente y estar presente en la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de la Iglesia (\u00c2\u00a1y no s\u00f3lo en \u00e9sta! ), en su profesi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de fe y en la comprensi\u00f3n intelectual de lo cre\u00ed\u00addo, en la norma de fe que obliga a todos conjuntamente y en la posibilidad de una referencia retrospectiva, demostrable en el terreno humano, a este constante comienzo normativo de los tiempos finales; tiene que existir, en consecuencia, una objetivaci\u00f3n pura y por tanto absolutamente normativa, una norma non normata, de ese principio permanente. Esta objetivaci\u00f3n se da de hecho en la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica y se llama Escritura.<\/p>\n<p>2. Inspiraci\u00f3n de la Escritura<br \/>\nEn virtud de lo dicho el nacimiento de la Escritura no ha de concebirse como un \u00abdictado\u00bb del Dios que inspira de tal manera que los hagi\u00f3grafos hubieran sido meros secretarios que recibieron pasivamente, pues en realidad ellos fueron verdaderos \u00abautores\u00bb (Dei Verbum, n .o 11) que, bajo el influjo del Esp\u00ed\u00adritu Santo, escribieron cada uno su propia obra. Pero escribieron su propia obra de modo que &#8211; en cada caso seg\u00fan la situaci\u00f3n del escritor &#8211; quedara atestiguada la fe de la comunidad a la cual ellos pertenec\u00ed\u00adan, comunidad que con raz\u00f3n se sab\u00ed\u00ada miembro v\u00e1lido de la \u00fanica Iglesia. As\u00ed\u00ad estos escritos son, como unidad diferenciada, el testimonio de la fe de la Iglesia apost\u00f3lica, la cual es la norma permanentemente v\u00e1lida para la fe de la Iglesia posterior. En cuanto estos escritos son frutos de la voluntad de Dios, que en Jesucristo quiso la existencia de la Iglesia como permanentemente apost\u00f3lica (como norma y como conforme con la norma: Iglesia apost\u00f3lica e Iglesia posterior), y con una predefinici\u00f3n formal fueron pretendidos en cuanto norma, ellos est\u00e1n \u00abinspirados\u00bb. En tanto la Iglesia entiende estos escritos como los adecuados a su Kerygma y se sabe permanentemente ligada a ellos como libros de la Iglesia normativa, mediante ese acto no constituye su -> \u00abinspiraci\u00f3n\u00bb, pero s\u00ed\u00ad la \u00abconoce\u00bb, sin necesidad de revelaciones detalladas para cada escrito, las cuales, dado el car\u00e1cter hist\u00f3ricamente \u00abcasual\u00bb de algunos libros y su origen reciente -en comparaci\u00f3n con los aut\u00e9nticos ap\u00f3stoles -, no parecen probables en relaci\u00f3n con ciertas partes de la Escritura.<\/p>\n<p>3. Canon y formaci\u00f3n del canon<br \/>\nCon ello est\u00e1 dicho lo teol\u00f3gicamente decisivo sobre el ->canon y su conocimiento por la Iglesia. El problema dogm\u00e1tico y el de la historia de los dogmas con relaci\u00f3n al canon es la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo \u00e9ste pudo ser conocido, es decir, la de c\u00f3mo la revelaci\u00f3n del mismo (de la cual se trata, puesto que la verdad del canon no puede concebirse como objeto de la lides ecclesiastica a diferencia de la lides divina) presenta un aspecto hist\u00f3ricamente probable y puede conciliarse en concreto con la realidad de su formaci\u00f3n lenta y vacilante. En primer lugar el concepto de \u00abIglesia apost\u00f3lica\u00bb (la \u00abIglesia de la primera generaci\u00f3n\u00bb, en la que todav\u00ed\u00ada se produc\u00ed\u00ada la revelaci\u00f3n \u00abhasta la muerte del \u00faltimo ap\u00f3stol\u00bb) no ha de formularse en manera demasiado estrecha, si no se quiere topar con el problema de la redacci\u00f3n tard\u00ed\u00ada de algunos escritos neotestamentarios. Pero cabe tambi\u00e9n entender la \u00abprimera\u00bb generaci\u00f3n, no en un sentido biol\u00f3gico, sino como- una dimensi\u00f3n de la historia del esp\u00ed\u00adritu; y entonces no es posible hablar de una norma tan delimitada que se puedan se\u00f1alar a priori el a\u00f1o y el d\u00ed\u00ada. Por otro lado la formaci\u00f3n (el conocimiento) del canon todav\u00ed\u00ada tiene una larga historia despu\u00e9s de la era apost\u00f3lica, aunque en este tiempo ya no era posible una nueva revelaci\u00f3n. Pero la lenta y vacilante conclusi\u00f3n de la formaci\u00f3n del canon exigir\u00ed\u00ada una nueva revelaci\u00f3n en el tiempo postapost\u00f3lico, solamente si \u00e9sta hubiera de entenderse como una comunicaci\u00f3n directa con frases concretas acerca de cada escrito en particular. La cuesti\u00f3n es, pues, si cabe pensar en una revelaci\u00f3n originaria sobre el canon de tal modo que, por un lado, ella se produjera en el tiempo apost\u00f3lico, y, por otro lado, fuera tan impl\u00ed\u00adcita que su explicaci\u00f3n necesitara tiempo y llevara consigo vacilaciones (evoluci\u00f3n de los ->dogmas). Si de antemano se cifra la naturaleza de la Escritura en que ella, por esencia, en cuanto momento de la Iglesia primitiva, normativa para todos los tiempos, ha sido querida por Dios como un aspecto de la constituci\u00f3n eclesi\u00e1stica y una norma para el futuro, de modo que su inspiraci\u00f3n haya sido revelada originariamente en la revelaci\u00f3n de este amplio hecho del car\u00e1cter normativo de la Iglesia primitiva; entonces tenemos ya el pensamiento expl\u00ed\u00adcito a base del cual la Iglesia posterior pudo, conocer los l\u00ed\u00admites del canon sin necesidad de una nueva revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. \u00abSuficiencia\u00bb de la Escritura<br \/>\nA base del breve esbozo sobre la relaci\u00f3n entre ->Escritura y tradici\u00f3n que aqu\u00ed\u00ad hemos hecho, en cierto modo puede darse respuesta tambi\u00e9n a la cuesti\u00f3n de la \u00absuficiencia\u00bb de la Escritura y al principio protestante de la sola Scriptura. En primer lugar es evidente que el -> kerygma de la Iglesia en el tiempo apost\u00f3lico precede a la Escritura. Este kerygma autoritario de la Iglesia, que implica una constante mirada hacia la predicaci\u00f3n anterior, no cesa con la constituci\u00f3n de la Escritura, y as\u00ed\u00ad es \u00abtradici\u00f3n\u00bb, pero una tradici\u00f3n que no consiste en una mera relaci\u00f3n retrospectiva a la Escritura en cuanto tal (Dei Verbum, n .o 7 y 8). Esta tradici\u00f3n transmite tambi\u00e9n la Escritura como inspirada, junto con la verdad relativa a sus l\u00ed\u00admites (canon), y as\u00ed\u00ad atestigua su naturaleza y extensi\u00f3n. En este sentido est\u00e1 claro que la Escritura \u00abno se basta a s\u00ed\u00ad misma\u00bb (ibid., n\u00c2\u00b0 8) y \u00abque la Iglesia no saca solamente de la sagrada Escritura su certeza sobre todo lo revelado\u00bb (ibid. n.\u00c2\u00b0 9). La pregunta concreta s\u00f3lo puede ser, por tanto, si de hecho la tradici\u00f3n apost\u00f3lica, aparte de esta testificaci\u00f3n de la esencia y extensi\u00f3n de la Escritura, posey\u00f3 originariamente verdades particulares que de ning\u00fan modo est\u00e1n contenidas en la Escritura y se transmitieron como obligatorias para la fe por mera \u00abtradici\u00f3n oral\u00bb. En caso afirmativo, prescindiendo del testimonio que la tradici\u00f3n da de la Escritura, la revelaci\u00f3n fluir\u00ed\u00ada hacia nosotros dividiendo su caudal en dos cauces (llamados a veces \u00abfuentes\u00bb, t\u00e9rmino expuesto a tergiversaciones). A esta cuesti\u00f3n as\u00ed\u00ad planteada el Tridentino no le dio una respuesta clara (Dz 783); o por lo menos la interpretaci\u00f3n de este texto se ha discutido hasta hoy. El Vaticano ii en la constituci\u00f3n Dei Verbum ha evitado rotundamente una toma de posici\u00f3n ante esta cuesti\u00f3n. Para la soluci\u00f3n objetiva del problema en primer lugar ha de tenerse en cuenta lo que sigue: Es una cuesti\u00f3n oscura, que dista mucho de estar resuelta, la de c\u00f3mo ha de concebirse exactamente la evoluci\u00f3n de los ->dogmas, o sea, la explicaci\u00f3n de lo implicado en la revelaci\u00f3n originaria. Pero s\u00f3lo con el presupuesto de una respuesta a esta pregunta ser\u00e1 posible establecer a posteriori si un determinado dogma actual, el cual se halle expl\u00ed\u00adcitamente en la Escritura, puede o no puede estar impl\u00ed\u00adcitamente en ella. Mas, por otro lado, no parece hist\u00f3ricamente probable que un dogma definido luego por la Iglesia existiera en el tiempo apost\u00f3lico como enunciado expl\u00ed\u00adcito de una verdad de fe y no entrara a formar parte de la Escritura, y que nosotros podamos demostrar por medios hist\u00f3ricos la existencia de tal enunciado expl\u00ed\u00adcito (lo cual ser\u00ed\u00ada necesario para que la apelaci\u00f3n a una tradici\u00f3n apost\u00f3lica materialmente distinta de la Escritura tuviera alg\u00fan sentido y no se quedara en mero postulado dogm\u00e1tico). Por consiguiente, la apelaci\u00f3n a una tradici\u00f3n apost\u00f3lica materialmente distinta no soluciona ning\u00fan problema concreto con relaci\u00f3n a la historia y evoluci\u00f3n de los dogmas. Por lo menos desde este punto de vista nada impide la afirmaci\u00f3n de una suficiencia material de la Escritura (dentro de los l\u00ed\u00admites se\u00f1alados). Si una verdad no est\u00e1 contenida expl\u00ed\u00adcitamente o de alg\u00fan modo impl\u00ed\u00adcitamente en la Escritura, no podemos demostrar hist\u00f3ricamente que ella estuviera en el originario kerygma apost\u00f3lico. La definici\u00f3n de una frase por el magisterio garantiza ciertamente que ella est\u00e1 contenida all\u00ed\u00ad (por lo menos de un modo impl\u00ed\u00adcito), pero no dispensa al te\u00f3logo de preguntarse en qu\u00e9 manera est\u00e1 contenida. Y la respuesta a esta cuesti\u00f3n no resulta m\u00e1s f\u00e1cil recurriendo a una tradici\u00f3n oral que buscando una implicaci\u00f3n en la Escritura.<\/p>\n<p>5. Los escritos del AT en el canon<br \/>\nEn cuanto la antigua alianza es el \u00abhorizonte\u00bb del suceso de Cristo y como tal es querida por Dios, y en cuanto la antigua alianza fue entendida y asumida por la Iglesia primitiva como su propia prehistoria leg\u00ed\u00adtima, los escritos del AT (como momento de esa antigua alianza) obedecen a la intenci\u00f3n divina y est\u00e1n inspirados de antemano. Pero en esta afirmaci\u00f3n hemos de tener en cuenta a la vez que en el AT no hab\u00ed\u00ada ni pod\u00ed\u00ada haber una instancia autoritativa e infalible para la delimitaci\u00f3n del canon (pues tal instancia es una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica que s\u00f3lo puede existir despu\u00e9s de Cristo). Por tanto, en el absoluto sentido neotestamentario de \u00abEscritura\u00bb (a diferencia del sentido vago que la expresi\u00f3n \u00abescritos sagrados\u00bb presenta en la historia de las religiones), antes de Cristo la s.E. del AT estaba todav\u00ed\u00ada constituy\u00e9ndose, pues para la constituci\u00f3n de la Escritura se requiere necesariamente la constituci\u00f3n del sujeto de su conocimiento (en el sentido de una norma normans definitiva que la delimite claramente frente a otros escritos). En sentido pleno el AT es \u00abEscritura\u00bb solamente en cuanto la nueva alianza est\u00e1 ya ocultamente presente en la antigua (en forma ya y todav\u00ed\u00ada oculta: Dei Verbum, n .o 16) y, por eso, los escritos de la antigua alianza \u00abreciben y revelan\u00bb su sentido pleno \u00fanicamente en la nueva alianza (ibid.). Es importante ver esto, porque as\u00ed\u00ad la -> hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica del AT en principio puede fundamentarse en Cristo (cf. Dei Verbum, n\u00c2\u00b0 l4ss). Eso no significa, naturalmente, que la experiencia de la historia salv\u00ed\u00adfica y de la relaci\u00f3n entre Dios y el hombre, tal como se refleja en el AT tenga importancia para el hombre de la nueva alianza tan s\u00f3lo por sus implicaciones espec\u00ed\u00adficamente cristol\u00f3gicas. Pues \u00e9stas, adem\u00e1s de \u00abiluminar e interpretar\u00bb el suceso de Cristo (ibid, n\u00c2\u00b0 16), tienen tambi\u00e9n validez permanente en s\u00ed\u00ad mismas, a pesar \u00abde la imperfecci\u00f3n y del condicionamiento por el tiempo\u00bb (ibid., n\u00c2\u00b0 15) que iban anejos a la \u00e9poca salv\u00ed\u00adfica que estaba transcurriendo, \u00e9poca que ya no es la nuestra. Hay, pues, una teolog\u00ed\u00ada veterotestamentaria de los escritos del AT y una teolog\u00ed\u00ada neotestamentaria de los mismos, as\u00ed\u00ad como hay unidad, diversidad y referencia mutua entre ambas alianzas. Pero tambi\u00e9n hemos de resaltar otro punto de vista, en cuanto en la nueva alianza la revelaci\u00f3n se identifica con el Jesucristo concreto, que en su Esp\u00ed\u00adritu escatol\u00f3gicamente victorioso mueve los corazones a la fe y manifiesta su victoria en la comunidad; la revelaci\u00f3n neotestamentaria rebasa esencialmente las \u00abletras\u00bb de una \u00abEscritura\u00bb. Por eso, el car\u00e1cter \u00abescrito\u00bb, es m\u00e1s esencial para la antigua alianza que para la nueva, y el nuevo testamento no contin\u00faa sin m\u00e1s los libros del AT en una l\u00ed\u00adnea recta.<\/p>\n<p>6. \u00abInerrancia\u00bb de la Escritura<br \/>\nLa inspiraci\u00f3n, el que Dios sea autor de la Escritura, y su funci\u00f3n como norma non normata en la Iglesia y para su magisterio infalible, el cual no est\u00e1 por encima de la Escritura, sino que se halla a su servicio (Dei Verbum, n\u00c2\u00b0 10), tienen como consecuencia la inerrancia de los escritos sagrados. Esa inerrancia es doctrina de fe, con relaci\u00f3n a la doctrina verdaderamente afirmada por la Escritura como verdad que se debe creer (Dz 5705 1787 1809 1950 2180). Pero con esta afirmaci\u00f3n no est\u00e1 resuelta todav\u00ed\u00ada la pregunta exacta de la inerrancia. En lo referente a esta pregunta exacta, lo m\u00e1s adecuado es partir de la declaraci\u00f3n contenida en la constituci\u00f3n Dei Verbum, n\u00c2\u00b0 11: \u00abHay que confesar que los libros de la Escritura ense\u00f1an firmamente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvaci\u00f3n\u00bb (cf. a este respecto los textos aqu\u00ed\u00ad citados en Dz 787 y EB 121, 124, 126s; 539). Sin duda esta frase no est\u00e1 redactada intencionadamente en un sentido restrictivo, como si ella se refiriera a las verdades salv\u00ed\u00adficas en contraposici\u00f3n a las profanas; pero ese sentido tampoco est\u00e1 claramente excluido, pues no consta con certeza que las citas a\u00f1adidas hayan de tomarse como una interpretaci\u00f3n obligatoria del texto. La distinci\u00f3n, que se introdujo sobre todo en el tiempo del -> modernismo (y que fue rechazada por los papas desde Le\u00f3n XIII hasta P\u00ed\u00ado xii) en esta cuesti\u00f3n, entre verdades salv\u00ed\u00adficas y afirmaciones profanas, presuponiendo que tales afirmaciones se dan de manera absoluta en la Escritura, seguramente lleva en la pr\u00e1ctica a un dilema superfluo e irreal. Si los textos b\u00ed\u00adblicos hacen afirmaciones de esta \u00ed\u00adndole, deberemos sostener (con Le\u00f3n XIII y P\u00ed\u00ado xii entre otros): tambi\u00e9n esos enunciados profanos gozan de inerrancia. Pero la aut\u00e9ntica pregunta es la siguiente: si aplicamos las reglas de la -> hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica con rigor y exactitud (-> g\u00e9neros literarios; cf. tambi\u00e9n Dei Verbum, n 12, 19; Dz 2294; EB 557-562; Instrucci\u00f3n de la Comisi\u00f3n B\u00ed\u00adblica Sancta Mater Ecclesia: AAS 56 [1964] 715), \u00bfhay realmente en la Escritura afirmaciones puramente profanas, en cuya exactitud el hagi\u00f3grafo empe\u00f1e absolutamente su palabra, como si \u00e9l manejara el moderno concepto hist\u00f3rico (y cient\u00ed\u00adfico) de verdad? \u00bfHace verdaderamente la Escritura aquellas afirmaciones cuya exactitud nos plantea un problema? Si es posible dar una respuesta negativa a esta pregunta, la frase de la constituci\u00f3n Dei Verbum (n\u00c2\u00b0 11) puede leerse tranquilamente en el sentido de que ella afirma una inerrancia tan s\u00f3lo en las verdades salv\u00ed\u00adficas de la Escritura, sin que por ello se entre en conflicto real con las declaraciones hechas desde Le\u00f3n xiii hasta P\u00ed\u00ado xii. En frases con contenido teol\u00f3gico y profano donde la Escritura afirme algo en forma contundente y obligatoria, hemos de guardarnos de ver all\u00ed\u00ad precipitadamente un error. Para evitar esa conclusi\u00f3n precipitada hemos de tener en cuenta lo siguiente: a) tomando en consideraci\u00f3n el exacto ->g\u00e9nero literario (Dz 1980 2302 2329), debe preguntarse d\u00f3nde est\u00e1n los l\u00ed\u00admites precisos de la intenci\u00f3n de afirmar, o sea, qu\u00e9 dice y afirma exactamente la frase. b) Se debe atender al inevitable margen de imprecisi\u00f3n que forma parte de todo enunciado humano y, con ello, tambi\u00e9n de toda frase verdadera; lo cual no equivale a un \u00aberror\u00bb (eso puede advertirse, p. ej., en las narraciones dobles). c) Hay que distinguir exactamente entre forma y contenido de la afirmaci\u00f3n, entre la cosa significada y el modelo de representaci\u00f3n, utilizado pero no afirmado (horizonte de la afirmaci\u00f3n y esquemas conceptuales presupuestos pero no enjuiciados), entre afirmaci\u00f3n propia y mero relato de opiniones corrientes y de meras apariencias (citas impl\u00ed\u00adcitas: Dz 1979 2090 2188). d) Hemos de pensar c\u00f3mo un no saber que se trasluzca en la forma de expresi\u00f3n todav\u00ed\u00ada no equivale a una negaci\u00f3n de lo ignorado, c\u00f3mo la imposibilidad de hacer coincidir dos frases en el terreno del modelo de representaci\u00f3n todav\u00ed\u00ada no significa la imposibilidad de que sus contenidos sean id\u00e9nticos, c\u00f3mo el factor de la perspectiva en la declaraci\u00f3n y el error no son lo mismo.<\/p>\n<p>El te\u00f3logo parte del origen de la Escritura como testimonio normativo de la revelaci\u00f3n y desde ah\u00ed\u00ad formula de manera global el principio de su inerrancia. El exegeta parte de los escritos particulares, de sus frases y de su sentido inmediato, y desde aqu\u00ed\u00ad pregunta cr\u00ed\u00adticamente por la exactitud de cada enunciado. As\u00ed\u00ad se produce una tensi\u00f3n, que no siempre puede suprimirse en cada caso concreto, entre los postulados del te\u00f3logo y los resultados del exegeta, tanto m\u00e1s por el hecho de que, met\u00f3dicamente, el primero decidir\u00e1 el sentido de cada frase desde su principio general de la inerrancia, y el segundo, desde el sentido de cada frase determinado exeg\u00e9ticamente, establecer\u00e1 el significado y los l\u00ed\u00admites de dicho principio general. El te\u00f3logo, si comprende debidamente el sentido y los l\u00ed\u00admites de su propio m\u00e9todo, no tiene por qu\u00e9 discutir al exegeta el derecho a calificar de inexactas algunas frases que tomadas por s\u00ed\u00ad solas no afectan directamente a ninguna realidad salv\u00ed\u00adfica, y que \u00e9l enjuicia seg\u00fan los c\u00e1nones del actual concepto de verdad. Esto no contradice a lo realmente afirmado en la doctrina eclesi\u00e1stica de la \u00ed\u00adnerrancia de la Escritura. Se dan en \u00e9sta tales frases, y el m\u00e9todo de la ex\u00e9gesis no puede renunciar a ese enjuiciamiento, pues cada enunciado ha de ser examinado en su sentido y exactitud atendiendo a lo que \u00e9l dice por s\u00ed\u00ad mismo, y no s\u00f3lo a lo que dice bajo la perspectiva total de la Escritura y de ciertos g\u00e9neros literarios.<\/p>\n<p>7. Teolog\u00ed\u00ada en el NT<br \/>\nLa Iglesia est\u00e1 formada por personas que siempre son hist\u00f3ricamente libres y singulares. La singularidad personal (que no puede reducirse como un mero caso particular al concepto general de \u00abhombre\u00bb) repercute tambi\u00e9n en la realizaci\u00f3n de la fe. La Iglesia es en todos los tiempos la unidad de Iglesias distintas, con su propia fisonom\u00ed\u00ada temporal, espacial, cultural y teol\u00f3gica. Ambos pensamientos tienen validez tambi\u00e9n con relaci\u00f3n a la Iglesia de la \u00e9poca apost\u00f3lica. Y por tanto, en virtud de la esencia de la Iglesia, ambos aspectos deben mostrarse tambi\u00e9n en los escritos del NT, que son la objetivaci\u00f3n de la Iglesia de esta \u00e9poca; y deben mostrarse all\u00ed\u00ad sobre todo por el hecho de que esos escritos no constituyen una mera reproducci\u00f3n fiel del suceso originario de la revelaci\u00f3n, sino que contienen ya una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre ella. As\u00ed\u00ad, pues, por la esencia de la Iglesia y de la Escritura, ya en el Nuevo Testamento tiene que haber diversas teolog\u00ed\u00adas; y las hay de hecho, o sea, hay all\u00ed\u00ad lo que m\u00e1s tarde en la historia de la Iglesia ha recibido el nombre de \u00abescuelas teol\u00f3gicas\u00bb, cuya naturaleza aut\u00e9ntica no se manifiesta en su eventual oposici\u00f3n contradictoria (entonces s\u00f3lo una tendr\u00ed\u00ada raz\u00f3n), sino en la diversidad del horizonte sistem\u00e1tico, de los conceptos usados, etc., en cosas, por tanto, que no se oponen contradictoriamente, pero que, en concreto, tampoco pueden superarse simplemente por una \u00abs\u00ed\u00adntesis\u00bb m\u00e1s alta. Es derecho y tarea del exegeta ver y elaborar este pluralismo de teolog\u00ed\u00adas en el NT. Antes de componer una &#8211;>\u00bbteolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica\u00bb \u00e9l debe exponer las teolog\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblicas. Aunque, desde la perspectiva dogm\u00e1tica, se da una unidad suprema de estas teolog\u00ed\u00adas la cual est\u00e1 garantizada por la conciencia creyente de la Iglesia, que delimita el canon y as\u00ed\u00ad entiende la Escritura como una unidad, sin embargo, esto no significa que el te\u00f3logo b\u00ed\u00adblico pueda prescindir del pluralismo de teolog\u00ed\u00adas en el NT, y tampoco que \u00e9l (o el dogm\u00e1tico) deba superar completamente este pluralismo y suprimirlo por completo en un plano superior, en un sistema, ya que eso es imposible por diversas razones por m\u00e1s que esta \u00absupresi\u00f3n\u00bb sea una finalidad a la que la teolog\u00ed\u00ada ha de aspirar \u00abasint\u00f3ticamente\u00bb. Lo que el exegeta no puede hacer es solamente esto: sostener que en la Escritura can\u00f3nica cabe hallar frases que se oponen contradictoriamente aun despu\u00e9s de una recta interpretaci\u00f3n (que tenga en cuenta la ->analog\u00ed\u00ada de la fe: Dei Verbum, n. 12), de modo que nos veamos en la necesidad de aceptar una frase y rechazar la otra. Es, ciertamente, posible pensar en un \u00abcanon dentro del canon\u00bb (como una cierta norma cr\u00ed\u00adtica que haga posible una interpretaci\u00f3n m\u00e1s exacta), en el sentido en que el Decreto sobre el ecumenismo, n\u00c2\u00b0 11, habla del \u00abfundamento de la fe\u00bb. Pero ese canon no puede establecerse como norma contra la Escritura, contra alguna de sus partes o ciertas teolog\u00ed\u00adas en ella (p. ej., la de un \u00abprimitivo catolicismo\u00bb en los escritos posteriores del NT).<\/p>\n<p>8. Escritura (teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica) y dogm\u00e1tica<br \/>\na) Toda tradici\u00f3n es siempre una unidad, no sometida a plena reflexi\u00f3n, entre tradici\u00f3n divina y humana. Cada paso de la evoluci\u00f3n de los dogmas y de la historia de la teolog\u00ed\u00ada confirma este hecho. Pero en toda tradici\u00f3n concreta se requiere, para el pensamiento teol\u00f3gico que reflexiona sobre ella y apela a ella, un criterio que permita discernir cu\u00e1l es su parte de traditio divina y su parte de traditio humana. Sobre todo cuando se busca el esclarecimiento de una frase que eventualmente haya de definirse como verdad de fe y que no haya sido ense\u00f1ada en cuanto tal en la tradici\u00f3n anterior, y en otras cuestiones anteriormente discutidas que el magisterio oficial deba dilucidar, la tradici\u00f3n f\u00e1ctica no da claramente por s\u00ed\u00ad misma esa distinci\u00f3n. En la Escritura, por el contrario, no se da esta mezcla de tradici\u00f3n divina y humana; ella es, por as\u00ed\u00ad decir, pura tradici\u00f3n divina. Y as\u00ed\u00ad la Escritura puede constituir (por lo menos) un criterio para esa distinci\u00f3n dentro de la restante tradici\u00f3n (con lo cual, naturalmente, no queda excluido que tal proceso de distinci\u00f3n y esclarecimiento exija largo tiempo, pues la posesi\u00f3n de dicho criterio no es un mero hecho que obedezca a leyes f\u00ed\u00adsicas o una mera operaci\u00f3n l\u00f3gica, sino que ella misma es una acci\u00f3n hist\u00f3rica). Sin duda la Escritura, como toda verdad humana, ostenta tambi\u00e9n las notas caracter\u00ed\u00adsticas de la ->historia e historicidad. En efecto, usa conceptos que ella ha encontrado elaborados, los cuales quiz\u00e1 no sean los m\u00e1s aptos bajo todos los aspectos para la idea que se trata de expresar; ve la verdad que ella atestigua bajo aspectos y en medio de un horizonte intelectual que no son \u00fanicos posibles; desde muchos puntos de vista sus declaraciones pueden implicar cierta dosis de condicionamiento hist\u00f3rico; y proclama una verdad que tendr\u00e1 una historia ulterior, la de los -> dogmas. Pero la Escritura es (a diferencia de otra literatura posible o real del tiempo apost\u00f3lico) pura objetivaci\u00f3n de la verdad divina encarnada en formas humanas. En ella el conocimiento de la verdad divina tiene ciertamente un punto de partida humano-divino, pero esto no implica la necesidad de separar de antemano un determinado elemento humano a fin de no falsificar la verdad en el punto mismo de partida, como sucede en una tradici\u00f3n no \u00abpurificada\u00bb. Y por eso, aunque la Escritura sea para la teolog\u00ed\u00ada una magnitud que ha de interpretarse en el esp\u00ed\u00adritu y bajo la direcci\u00f3n y garant\u00ed\u00ada de la Iglesia y su magisterio, sin embargo, propiamente esa interpretaci\u00f3n no es una cr\u00ed\u00adtica a la Escritura, sino a su lector. El magisterio mismo, que interpreta la Escritura autoritativamente bajo la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, no por esto se coloca por encima de ella, sino que permanece sometido a ella (cf. Dei Verbum, n\u00c2\u00b0 10). El magisterio sabe que la Escritura le dice la verdad cuando \u00e9l la lee bajo la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu que dirigi\u00f3 su consignaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad la Escritura permanece norma non normata para la teolog\u00ed\u00ada y la Iglesia.<\/p>\n<p>b) Desde aqu\u00ed\u00ad hay que ver la posici\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica con relaci\u00f3n a la dogm\u00e1tica. Por un lado, la -> dogm\u00e1tica no puede renunciar a cultivar por s\u00ed\u00ad misma la -> teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. Pues si la -> dogm\u00e1tica es la audici\u00f3n sistem\u00e1tica y consciente de la revelaci\u00f3n de Dios en Jesucristo (y no s\u00f3lo una deducci\u00f3n de conclusiones a partir de unos principios de fe que se presuponen como premisas, tal como la teolog\u00ed\u00ada medieval se entendi\u00f3 a s\u00ed\u00ad misma toer\u00e9ticamente y en contra de su praxis real), consecuentemente ella debe escuchar sobre todo all\u00ed\u00ad donde est\u00e1 la m\u00e1s inmediata y \u00faltima fuente de la revelaci\u00f3n cristiana, en la Escritura. Naturalmente, la teolog\u00ed\u00ada siempre lee la Biblia bajo la direcci\u00f3n del magisterio, pues ella lee la Escritura en la Iglesia y, as\u00ed\u00ad, en todo momento emprende su lectura adoctrinada por la actual predicaci\u00f3n creyente de la Iglesia. En este sentido la teolog\u00ed\u00ada siempre lee la Escritura a la luz de un determinado saber, que en su modalidad concreta no puede sacarse simplemente de la Biblia, pues el te\u00f3logo debe reflexionar en todo instante desde la actual conciencia creyente de la Iglesia y, adem\u00e1s, ha habido una aut\u00e9ntica evoluci\u00f3n de los &#8211;>dogmas. Sin embargo, la teolog\u00ed\u00ada no tiene la simple misi\u00f3n de legitimar a base de la Biblia esa ense\u00f1anza actual del magisterio eclesi\u00e1stico, buscando dicta probantia para la doctrina de la Iglesia. Su tarea dentro del dogma, en lo que se refiere a la Escritura, va m\u00e1s all\u00e1 de esa misi\u00f3n (que por desgracia ha sido cumplida a veces en una forma demasiado exclusiva) bajo un doble aspecto. En primer lugar no puede olvidarse que la Iglesia actual misma es la que lee, proclama y manda leer la Escritura. Por tanto, no es que solamente lo ense\u00f1ado en la Iglesia a trav\u00e9s de concilios, enc\u00ed\u00adclicas, catecismos, etc., pertenezca a la doctrina actual del magisterio eclesi\u00e1stico. Pues tambi\u00e9n la Escritura misma es siempre lo proclamado ahora oficialmente en la Iglesia. Por tanto, si se le asigna al dogm\u00e1tico la doctrina actual de la Iglesia como el objeto inmediato de su reflexi\u00f3n, tambi\u00e9n se le asigna precisamente la Escritura como objeto igualmente inmediato de su esfuerzo teol\u00f3gico. Consecuentemente, la Escritura no es f ons remotus, o sea, aquello con lo que el dogm\u00e1tico a la postre respalda la doctrina eclesi\u00e1stica, sino aquello de lo que \u00e9l debe ocuparse inmediatamente, puesto que, en el fondo, no puede separar adecuadamente la Escritura de la actual doctrina eclesi\u00e1stica como una cosa y una fuente distinta de \u00e9sta.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s, la ocupaci\u00f3n teol\u00f3gica con la revelaci\u00f3n de Dios en la predicaci\u00f3n presente de la Iglesia, en su magisterio y en su actual conciencia creyente debe conducir necesariamente a la Escritura incluso cuando esa predicaci\u00f3n no tenga un car\u00e1cter completamente b\u00ed\u00adblico. En efecto, la inteligencia plena de la ense\u00f1anza actual exige una y otra vez el retorno a la fuente de donde aqu\u00e9lla pretende haber salido, a la doctrina que el magisterio eclesi\u00e1stico quiere ense\u00f1ar y actualizar, o sea, a la Escritura (cf. sobre esto Optatam totius, n .o 16). Mas aunque la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica sea un momento interno en la dogm\u00e1tica misma y, por cierto, no s\u00f3lo un factor junto a otros factores de la teolog\u00ed\u00ada \u00abhist\u00f3rica\u00bb, sino un momento absolutamente destacado y singular, sin embargo con ello no se discute que la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica puede establecerse, por distintas razones, como ciencia independiente en el todo de la teolog\u00ed\u00ada. Eso es muy conveniente, ya por simples motivos pr\u00e1cticos, pues, concretamente, s\u00f3lo en casos muy raros puede el te\u00f3logo dogm\u00e1tico ser un exegeta con suficiente competencia para desarrollar por s\u00ed\u00ad solo la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. Adem\u00e1s la posici\u00f3n destacada que la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica ocupa dentro de la dogm\u00e1tica en comparaci\u00f3n con las restantes especialidades de \u00e9sta (teolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstica, pensamiento escol\u00e1stico del medioevo, escol\u00e1stica moderna), se mantiene mejor si la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica no es elaborada tan s\u00f3lo dentro de la dogm\u00e1tica. Quiz\u00e1s en el curso de la reforma de los estudios eclesi\u00e1sticos se constituya una especialidad aut\u00f3noma, la cual cultive la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, no como mera continuaci\u00f3n de la ex\u00e9gesis normal, ni como mero momento de la dogm\u00e1tica, sino realizando una recta mediaci\u00f3n entre la ex\u00e9gesis y la dogm\u00e1tica.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: H. Schlier, Kerygma und Sophia &#8211; zur ntl. Grundlegung des Dogmas: Die Zeit der Kirche (Fr 1955 y frec.) 206 ss.; J. R. Geiselmann, Das Konzil von Trient \u00fcber das Verh\u00e1ltnis der Heiligen Schrift und der nicht geschriebenen Tradition: Die m\u00fcndliche \u00dcberlieferung, bajo la dir. de M. Schmaus (Mn 1957) 123-207; H. Bacht, Die Rolle der Tradition in der Kanonbildung: Cath 12 (1958) 16-37; K. Rahner, Inspiraci\u00f3n de la Sagrada Escritura (Herder Ba 1970); Rahner 151 ss., IV 13 ss., V 33 ss. 55 ss. 83 ss., VI 108 ss. 118 ss.; H. U. v. Balthasar, Palabra, Escritura, Tradici\u00f3n: Verbum Caro (Guad Ma 1964); P. Lengsfeld, Tradici\u00f3n, escritura e Iglesia en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico (Fax Ma 1967); J. R. Geiselmann, Sagrada Escritura y tradici\u00f3n (Herder Ba 1968); V. Warnach, Was ist cine exegetische Aussage: Cath 16 (1962) 103-130; Exegese and Dogmatik, bajo la dir. de H. Vorgrimler (Mz 1962); H. Schlier, \u00dcber Sinn and Aufgabe einer Theologie des NT: Besinnung auf das NT (Fr 1964) 7 ss.; idem, Biblische and dogmatische Theologie: ibid. 25 ss.; H. Kruse, Die Heilige Schrift in der theol. Erkenntnislehre. Grundfragen des kath. Schriftverst\u00fcndnisses (Pa 1964) (bibl); G. Ebeling, Wort Gottes and Tradition (GS 1964); B. Welte, Vom historischen Zeugnis zum christlichen Glauben: Auf der Spur des Ewigen (Fr 1965) 337 ss.; W. Kasper, Dogma y palabra de Dios (Mens C J Bil 1968); idem, Schrift &#8211; Tradition &#8211; Verk\u00fcndigung: Umkehr and Erneuerung, bajo la dir. de Th. Filthaut (Mz 1966) 13 ss.; O. Semmelroth, Gottes Wort &#8211; in der Heiligen Schrift oder in der Kirche (Theol. Akademie III, bajo la dir. de K. Rahner-O. Semmelroth) (F 1966) 51 ss.; L. Scheffczyk, Die Auslegung der Heiligen Schrift als dogmatische Aufgabe: Was heil3t Auslegung der Heiligen Schrift? (Rb 1966) 135 ss. ; J. Beumer, Die kath. Inspirationslehre zwischen Vaticanum I and II (St 1966); A. Grillmeier, Die Wahrheit der Heiligen Schrift and ihre Erschliel3ung: ThPh 41 (1966) 161-187; H. Petri, Exegese and Dogmatik in der Sicht der kath. Theologie (Pa 1966); L. Arnaldich, Los estudios b\u00ed\u00adblicos en Espa\u00f1a desde el a\u00f1o 1900 al a\u00f1o 1955 (Ma 1957).<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>I. EL PRECIO DE LA ESCRITURA. En Babilonia o en Egipto, donde el material para escribir es caro y engorroso, donde el sistema de escritura es sumamente complicado, la ciencia de la escritura es privilegio de una casta, la de los escribas, y pasa por ser un invento de los dioses, Nebo y Thut. Estar iniciado en su secreto es estar admitido en la zona misteriosa en que se fijan los destinos del mundo. Algunos reyes de Asiria se jactar\u00e1n de haber tenido acceso a la escritura. Hasta en nuestros d\u00ed\u00adas, el ni\u00f1o, y sobre todo el adulto, que aprende a escribir, atraviesa un umbral.<\/p>\n<p>En Palestina, entre el Sina\u00ed\u00ad y Fenicia, precisamente all\u00ed\u00ad donde el genio del hombre invent\u00f3 el alfabeto, Israel halla desde sus or\u00ed\u00adgenes una escritura al alcance de todos, que le dio una ventaja decisiva respecto a las antiguas culturas de Egipto y de Mesopotamia, prisioneras de sus escrituras arcaicas. En tiempos de Gede\u00f3n, mucho antes de David, un joven de Sukkot es capaz de proporcionar una lista de los ancianos de su peque\u00f1a ciudad (Jue 8,14). Ya en los primeros tiempos la escritura, si no est\u00e1 propagada, es por lo menos conocida en Israel y se convierte eu uno de los instrumentos esenciales de su religi\u00f3n. Mucho antes de que Samuel consignara por escrito \u00abel derecho de la realeza\u00bb (ISa 10,25), no es anacr\u00f3nico el que Josu\u00e9 pudiera escribir las cl\u00e1usulas de la alianza de Siquem (Jos 24,26), o Mois\u00e9s las leyes del Sina\u00ed\u00ad (Ex 24,4) y el re-cuerdo de la victoria sobre Amalec (17,14).<\/p>\n<p>II. EL PESO DEL ESCRITO. \u00abLO que he escrito, est\u00e1 escrito\u00bb (Jn 19,22), responde Pilato a los sumos sacerdotes que acuden a quejarse de la inscripci\u00f3n fijada en la cruz de Jes\u00fas. El romano, los jud\u00ed\u00ados y el evangelista est\u00e1n concordes en ver un signo en aquel r\u00f3tulo: en la cosa escrita hay algo de irrevocable; es una expresi\u00f3n solemne y definitiva de la *palabra, por lo cual se presta natural-mente a expresar el car\u00e1cter infalible e intangible de la palabra divina, la que permanece para siempre (Sal 119,89). \u00c2\u00a1Ay del que la altere! (Ap 22,18s). Loco es quien se imagine hacerla \u00ed\u00adrrita destruy\u00e9ndola (cf. Jer 36,23).<\/p>\n<p>Si el rito de las \u00abaguas amargas\u00bb (N\u00fam 5,23), a pesar del progreso que representa respecto a las ordal\u00ed\u00adas primitivas, supone todav\u00ed\u00ada un pensar arcaico, la inscripci\u00f3n de las palabras divinas prescrita sobre el dintel de la puerta de cada casa (Dt 6,9; I1,20), sobre el rollo &#8216;confiado al rey a su advenimiento (17,18), sobre la diadema del sumo sacerdote (Ex 39,30) expresa de manera muy pura la soberan\u00ed\u00ada de la palabra de Yahveh sobre Israel, la exigencia irrevocable de su *voluntad.<\/p>\n<p>Es sumamente natural que los *profetas conf\u00ed\u00aden a la escritura el texto de sus or\u00e1culos. El escrito, forma solemne e irrevocable de la palabra, es utilizado constantemente en Oriente por los que pretenden fijar el destino. Los profetas de Israel, as\u00ed\u00ad como tienen conciencia de recibir la palabra de Yahveh, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n atestiguan que si la conf\u00ed\u00adan a la escritura, es tambi\u00e9n por orden de Dios (Is 8,1; Jer 36,1-4; Hab 2,2; Ap 14,13, 19,9) a fin de que tal *testimonio sellado p\u00fablicamente (Is 8,16) atestig\u00fce, cuando sucedan los acontecimientos, que s\u00f3lo Yahveh los hab\u00ed\u00ada revelado anteriormente (Is 41,26). As\u00ed\u00ad la escritura da testimonio de la *fidelidad de Dios.<\/p>\n<p>III. LAS SAGRADAS ESCRITURAS. La transcripci\u00f3n de la palabra divina, expresi\u00f3n permanente y oficial de la acci\u00f3n de Dios, de sus exigencias y de sus promesas, es sagrada como la palabra misma: las Escrituras de Israel son \u00ablas Sagradas Escrituras\u00bb. La palabra no se halla todav\u00ed\u00ada en el AT, pero ya las tablas de piedra que contienen lo esencial de la ley (Ex 24,12) son consideradas como \u00abescritas por el dedo de Dios\u00bb (31,18), cargadas de su *santidad.<\/p>\n<p>El NT emplea ocasionalmente la expresi\u00f3n rab\u00ed\u00adnica \u00ablas Sagradas Escrituras\u00bb (Rom 1,2; cf. \u00ablas Sagradas Letras\u00bb, 2Tim 3,15), pero habla generalmente de las Escrituras o tambi\u00e9n de la Escritura en singular, ya para alegar o enfocar un texto preciso (Mc 12,10; Lc 4,21), ya para designar incluso el conjunto del AT (7n 2,22; 10,35; Act 8,32; G\u00e1l 3,22). As\u00ed\u00ad se expresa la conciencia viva de la unidad profunda de los diferentes escritos del AT, que ser\u00e1 traducida en forma todav\u00ed\u00ada m\u00e1s sugestiva por el nombre cristiano tradicional de \u00abBiblia\u00bb para designar la colecci\u00f3n de los *libros sagrados. Pero la f\u00f3rmula m\u00e1s frecuente es el mero \u00abest\u00e1 escrito\u00bb, donde la forma impersonal designa a Dios sin nombrarlo, y que afirma as\u00ed\u00ad a la vez la santidad inaccesible de Dios, la infalible certeza de su mirada y la inquebrantable fidelidad de sus *promesas.<\/p>\n<p>IV. EL CUMPLIMIENTO DE LAS ESCRITURAS. \u00abEs preciso que se cumpla todo lo que est\u00e1 escrito de m\u00ed\u00ad\u00bb (Le 24,44) ; es preciso que se cumplan las Escrituras (cf. Mt 26,54). Dios no habla en vano (Ez 6,10) y su Escritura \u00abno puede ser abolida\u00bb (Jn 10,35). Jes\u00fas, al que s\u00f3lo una vez se le ve en actitud de escribir, sobre la arena (Jn 8,6), no dej\u00f3 ning\u00fan escrito, pero consagr\u00f3 solemnemente el valor de la Escritura hasta el m\u00e1s menudo signo gr\u00e1fico: \u00abuna sola tilde\u00bb (Mt .5,18), y defini\u00f3 su significado: la escritura no puede borrarse, permanece.<\/p>\n<p>Pero s\u00f3lo puede permanecer cumpli\u00e9ndose; hay en la Escritura la permanencia viva de la palabra eterna de Dios, pero puede tambi\u00e9n haber en ella la supervivencia de condiciones antiguas destinadas a pasar; hay un *Esp\u00ed\u00adritu que vivifica y una letra que mata (2Cor 3,6). Cristo es quien hace pasar de la letra al Esp\u00ed\u00adritu (3,14); reconociendo a Cristo a trav\u00e9s de las Escrituras de Israel es como se halla en ellas la vida eterna (Jn 5,39), y los que se niegan a creer en las palabras de Jes\u00fas de-muestran con ello. que, si bien ponen su esperanza en Mois\u00e9s y su orgullo en sus escritos, sin embargo, no creen en \u00e9l ni lo laman en serio (5,45ss).<\/p>\n<p>V. LA LEY ESCRITA EN LOS CORAZONES. La nueva alianza no es la de la letra, sino la del esp\u00ed\u00adritu (2Cor 3,6); la nueva *ley est\u00e1 \u00abinscrita en los corazones\u00bb del nuevo pueblo (Jer 31,33), que no tiene ya necesidad de ser *ense\u00f1ado por un texto impuesto desde fuera (Ez 36,27; Is 54,13; Jn 6,45). Sin embargo, el NT comporta todav\u00ed\u00ada escritos, a los cuales la Iglesia reconoci\u00f3 muy pronto la misma autoridad y dio el mismo nombre que a las Escrituras (cf. 2Pe 3,16), hallando en ellas la misma pa-labra de Dios (cf. Lc 1,2) y el mismo Esp\u00ed\u00adritu. En efecto, estos escritos no s\u00f3lo est\u00e1n en la l\u00ed\u00adnea de las Escrituras de Israel, sino que ilustran su sentido y su alcance. Sin ellas, los escritos del NT ser\u00ed\u00adan ininteligibles, hablar\u00ed\u00adan un lenguaje cuya clave no poseer\u00ed\u00ada nadie; pero sin ellos, los libros jud\u00ed\u00ados s\u00f3lo contendr\u00ed\u00adan mitos: una ley divina que no pasar\u00ed\u00ada de ser letra muerta, una promesa incapaz de responder a la esperanza que suscita, una aventura sin resultado.<\/p>\n<p>Todav\u00ed\u00ada hay Escrituras en la nueva alianza: en efecto, todav\u00ed\u00ada no est\u00e1 abolido el tiempo, hay que fijar en la memoria de las generaciones el recuerdo de lo que es Jesucristo y de lo que hace. Pero las Escrituras no son ya para el cristiano un libro que \u00e9l descifra p\u00e1gina por p\u00e1gina, sino un *libro totalmente desplegado, en el que todas las p\u00e1ginas se abarcan de una sola mirada y transmiten su misterio, Cristo, alfa y omega, principio y fin de toda Escritura.<\/p>\n<p>-> Cumplir &#8211; Libro &#8211; Ley &#8211; Memoria &#8211; Palabra &#8211; Profeta &#8211; Tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><div><span lang=\"es\">V\u00e9ase <\/span><i><span lang=\"es\">Biblia<\/span><\/i><i><span lang=\"es\">, <\/span><\/i><i><span lang=\"es\">Inspiraci\u00f3n<\/span><\/i><i><span lang=\"es\">, <\/span><\/i><i><span lang=\"es\">Escrito<\/span><\/i><span lang=\"es\">.<\/span><\/div>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>En todo el antiguo Cercano Oriente, por lo menos desde <etiqueta id=\"#_ftn485\" name=\"_ftnref485\" title=\"\">ca. 3100 a.C. en adelante, el arte de escribir constitu\u00eda el sello de l<\/etiqueta>a civilizaci\u00f3n y el progreso. En el 2\u00ba milenio a.C. hubo varios experimentos que llevaron a la formaci\u00f3n del alfabeto, con el consiguiente aumento general del alfabetismo. Si bien el n\u00famero de documentos del per\u00edodo preex\u00edlico que se ha encontrado en Palestina es peque\u00f1o cuando se lo compara con los muchos miles procedentes de Egipto, la Mesopotamia, y Siria, demuestran no obstante que es razonable suponer que la proximidad a otros centros culturales estimul\u00f3 all\u00ed el arte de escribir en todas las \u00e9pocas. Las palabras m\u00e1s comunes para el arte de escribir (heb. <\/span><span style=''>k&#257;&#7791;a&#7687;<\/span><span lang=ES style=''>; <etiqueta id=\"#_ftn486\" name=\"_ftnref486\" title=\"\">arm. <\/etiqueta><\/span><span style=''>k<sup>e<\/sup>&#7791;a&#7687;<\/span><span lang=ES style=''>; gr. graf\u00f5) aparecen m\u00e1s de 450 veces en la Biblia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Referencias b\u00edblicas<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Se afirma que Mois\u00e9s escribi\u00f3 (Ex. 17.14) el Dec\u00e1logo (Ex. 24.12; 34.27), las palabras de Yahv\u00e9h (Ex. 24.4), la ley (Tor\u00e1, Jos. 8.31), como tambi\u00e9n que habl\u00f3 de una copia escrita de la misma (Dt. 27). Tambi\u00e9n escribi\u00f3 todos los estatutos (Dt. 30.10) y juicios (Ex. 34.27; cf. 2 R. 17.37), como tambi\u00e9n normas legales (Dt. 24.1; Mr. 10.4), detalles de los viajes realizados por los israelitas (Nm. 33.2), y las palabras del c\u00e1ntico de victoria (Dt. 31.19, 22). En estas actividades fue ayudado por oficiales (probablemente <\/span><span style=''>\u0161&#333;&#7789;<sup>e<\/sup>r&#305;&#770;m<\/span><span lang=ES style=''>, Nm. 11.16, \u201cprincipales\u201d o \u201cmagistrados\u201d (<\/span><etiqueta id=\"#_ftn487\" name=\"_ftnref487\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''> ); cf. <etiqueta id=\"#_ftn488\" name=\"_ftnref488\" title=\"\">ac. <\/etiqueta><\/span><span style=''>\u0161a&#7789;&#257;ru<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018escribir\u2019) que, en raz\u00f3n de su capacidad para anotar las decisiones, estaban \u00edntimamente ligados a la judicatura (Dt. 16.18; 1 Cr. 23.4; Jos. 8.33). Durante la peregrinaci\u00f3n del \u00e9xodo los sacerdotes tambi\u00e9n anotaban las maldiciones (Nm. 5.23) y nombres de objetos (17.3). Josu\u00e9 escribi\u00f3 una copia de los diez mandamientos (Jos. 8.32) y del pacto renovado (24.26).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Samuel hizo las anotaciones de la c\u00e9dula de la flamante monarqu\u00eda creada con Sa\u00fal (1 S. 10.25). David le escribi\u00f3 cartas a su comandante Joab (2 S. 11.14), y detalles de la administraci\u00f3n del templo, como lo hizo tambi\u00e9n su hijo Salom\u00f3n (2 Cr. 35.4), que mantuvo correspondencia con Hiram de Tiro por escrito (2 Cr. 2.11). El rey de Siria le escribi\u00f3 una carta al rey de Israel acerca de Naam\u00e1n (2 R. 5.5). Como en todos los per\u00edodos, con frecuencia se empleaban *escribas reales para escribir listas de personas (1 Cr. 4.41; 24.6; v\u00e9ase <etiqueta id=\"#_ftn489\" name=\"_ftnref489\" title=\"\">tamb. Nm. 11.26; Is. 10.19; Jer. 22.30; Neh. 12.22).<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='text-indent:18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Isa\u00edas el profeta escrib\u00eda (2 Cr. 26.22; Is. 8.1), y le dictaba a un escribiente (30.8). En su \u00e9poca Ezequ\u00edas escribi\u00f3 cartas (<\/span><span style=' '>&#722;iggere&#7791;<\/span><span lang=ES style=''>) a Efra\u00edn y a Manas\u00e9s (2 Cr. 30.1; cf. Is. 38.9, titulada \u201cescritura [<\/span><span style=''>mi&#7733;t&#257;&#7687;<\/span><span lang=ES style=''>] de Ezequ\u00edas\u201d), y recibi\u00f3 cartas del rey <etiqueta id=\"#_ftn490\" name=\"_ftnref490\" title=\"\">as. Senaquerib (Is. 37.14; 39.1; 2 Cr. 32.17). Jerem\u00edas le dictaba a su amanuense Baruc (<\/etiqueta>Jer. 30.2; 36.27; 45.1), como tambi\u00e9n lo hac\u00edan probablemente Oseas (8.12) y Malaqu\u00edas (3.16), dado que la palabra escrita constitu\u00eda parte importante de la profec\u00eda (2 Cr. 21.12). Tambi\u00e9n Job destac\u00f3 su valor (19.23).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Daniel y los sabios de Babilonia sab\u00edan leer el arameo y, por lo tanto, presumiblemente tambi\u00e9n escribirlo (Dn. 5.24s). En el seno del imperio se llevaba a cabo una activa correspondencia, como en per\u00edodos anteriores (* <span style='text-transform:uppercase'>Correo<\/span>; * <span style='text-transform:uppercase'>Asiria<\/span>; * <span style='text-transform: uppercase'>Babilonia<\/span>.). Nehem\u00edas anot\u00f3 el pacto (Neh. 9.38), mientras que sus opositores en Samaria le escribieron al rey persa (Esd. 4.6\u20137), como lo hicieron otros gobernadores de distrito (Esd. 5.7; 6.2). Esdras mismo era escribiente, y escrib\u00eda decretos o documentos estatales en los dialectos locales (8.34), en el estilo de los oficiales reales, incluyendo Mordecai, por cuenta del rey (Est. 9.28s), el que agregaba su *sello (Dn. 6.25).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Jes\u00fas y sus disc\u00edpulos hac\u00edan referencia constantemente a las Escrituras (<etiqueta id=\"#_ftn491\" name=\"_ftnref491\" title=\"\">p. ej.<\/etiqueta> \u201cescrito est\u00e1\u201d\u2014<i>gegraptai<\/i>\u2014aparece 106 veces). Nuestro Se\u00f1or era instruido (Jn. 7.14\u201315), registr\u00e1ndose que ley\u00f3 (Lc. 4.16\u201319) y escribi\u00f3 en p\u00fablico por lo menos en una oportunidad (Jn. 8.6). Zacar\u00edas el sacerdote escribi\u00f3 en una tabla recubierta de cera (Lc. 1.63), y el gobernador romano Pilato hizo escribir una inscripci\u00f3n triling\u00fce para colocar en la cruz (Jn. 19.19, 22).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Juan (21.24), Lucas (1.3; Hch. 1.1), y Pablo mismo (G\u00e1. 6.11; Flm. 10; Ro. 15.15), que si bien con frecuencia se vali\u00f3 de un amanuense tal como Tercio (Ro. 16.22), escribieron los documentos y cartas que han llegado hasta nosotros. En todo el Apocalipsis se hacen referencias constantemente a la escritura en su uso para la confecci\u00f3n de cartas, pruebas legales y registros (Ap. 1.11; 21.5). Desde que la escritura, por su naturaleza, es un medio de comunicaci\u00f3n, de declaraci\u00f3n y de testimonio, se la usa para ilustrar la impresi\u00f3n, escrita en (<\/span><span style=' '>engraf&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, 2 Co. 3.2s) o sobre (<\/span><span style=''>epigraf&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, He. 8.10; 10.16) la mente y el coraz\u00f3n (<etiqueta id=\"#_ftn492\" name=\"_ftnref492\" title=\"\">cf. Jer. 31.33; Pr. 3.3) por el Esp\u00edritu Santo.<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. Materiales<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Casi cualquier superficie suave se utilizaba para escribir.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. Piedra<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Se grababan inscripciones en la superficie de piedras o rocas (Job 19.24), y los textos para monumentos se inscrib\u00edan en estelas, obeliscos, o superficies de acantilados preparados (p. ej. inscripci\u00f3n sepulcral <etiqueta id=\"#_ftn493\" name=\"_ftnref493\" title=\"\">heb., * <\/etiqueta><span style='text-transform:uppercase'>Sebna<\/span>, <etiqueta id=\"#_ftn494\" name=\"_ftnref494\" title=\"\">IBA <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn495\" name=\"_ftnref495\" title=\"\">fig(s). 53, cf. 43, 48). Las superficies m\u00e1s blandas o rugosas pod\u00edan cubrirse con una capa de <\/etiqueta>cal, antes de su inscripci\u00f3n, como en Egipto, y en las piedras de los altares (Jos. 8.32; Dt. 27.2s). Para los textos reales, conmemorativos o religiosos, y para las copias p\u00fablicas de edictos legales, normalmente se usaban tablillas de piedra (* <span style='text-transform:uppercase'>Hamurabi<\/span>). Tablillas de piedra rectangulares de este tipo, aparentemente de no m\u00e1s de 45 x 30 <etiqueta id=\"#_ftn496\" name=\"_ftnref496\" title=\"\">cm., se usaron para los diez mandamientos (Ex. 32.16). Dichas tablillas (<\/etiqueta><\/span><span style=''>l\u00fb&#7717;&#333;&#7791;<\/span><span lang=ES style=''>: <\/span><etiqueta id=\"#_ftn497\" name=\"_ftnref497\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''> \u201ctablas\u201d) fueron \u201cescritas con el dedo de Dios\u201d o la \u201cescritura de Dios\u201d (<\/span><span style=''>mi&#7733;t&#257;&#7687; &#722;<sup>e<\/sup>l&#333;h&#305;&#770;m<\/span><span lang=ES style=''>), lo que generalmente se toma como indicaci\u00f3n de que se trataba de una escritura clara bien hecha, a diferencia de los garrapatos del hombre. La palabra \u201ctablilla\u201d (<\/span><span style=''>l\u00fba&#7717;<\/span><span lang=ES style=''>) probablemente describe la forma (rectangular) m\u00e1s bien que el material, y no hay ninguna certidumbre de que en el <etiqueta id=\"#_ftn498\" name=\"_ftnref498\" title=\"\">AT denote tablilla de arcilla, aun cuando se sabe del uso de ellas en Palestina en el 2\u00ba milenio <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn499\" name=\"_ftnref499\" title=\"\">a.C. (v\u00e9ase c, <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn500\" name=\"_ftnref500\" title=\"\">inf.).<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. Tablas de escribir<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Las tablas empleadas por Isa\u00edas (Is. 30.8) y Habacuc (2.2) pueden haber sido tablas hechas de madera o marfil con una depresi\u00f3n para acomodar una superficie de cera (ac. <\/span><span style=''>l\u00ea&#722;u<\/span><span lang=ES style=''>). Tales tablas, generalmente con bisagras para formar un d\u00edptico o un pol\u00edptico, pod\u00edan usarse para escribir con cualquier tipo de letra. La hoja suelta se llamaba \u201cpuerta\u201d, t\u00e9rmino empleado para una columna de escritura tambi\u00e9n (Jer. 36.23, <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> \u201cplanas\u201d). La m\u00e1s antigua que se ha encontrado hasta ahora, en Nimrud, Asiria, est\u00e1 inscripta con una larga composici\u00f3n de 6000 l\u00edneas fechada <etiqueta id=\"#_ftn501\" name=\"_ftnref501\" title=\"\">ca. del 705 a.C. (Iraq 17, <\/etiqueta>1955, <etiqueta id=\"#_ftn502\" name=\"_ftnref502\" title=\"\">pp. 3\u201313) y es un tipo que aparece tambi\u00e9n en las esculturas en uso por los escribas para las notas de campo (IBA, fig(s). 60). Tablas similares, predecesoras de las pizarras escolares, se usaron con frecuencia en tiempos <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn503\" name=\"_ftnref503\" title=\"\">gr. y <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn504\" name=\"_ftnref504\" title=\"\">rom. (Lc. 1.63; <\/etiqueta><\/span><span style=''>pinakidion<\/span><span lang=ES style=''>, peque\u00f1a tablilla de escribir, <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''> \u201ctablilla\u201d).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>c. Tablillas de arcilla (v\u00e9ase <etiqueta id=\"#_ftn505\" name=\"_ftnref505\" title=\"\">tamb. <\/etiqueta><b>IV<\/b>. a)<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El \u201cadobe\u201d (<\/span><span style=''>l<sup>e<\/sup>&#7687;&#275;n\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>) utilizado por Ezequiel (4.1) probablemente fuera de arcilla, similar a las tablillas utilizadas para planos y mediciones en Babilonia, aunque esta palabra pod\u00eda usarse para describir cualquier teja plana. La \u201ctabla\u201d grande en la que ten\u00eda que escribir Isa\u00edas con \u201cestilo de hombre\u201d (<\/span><etiqueta id=\"#_ftn506\" name=\"_ftnref506\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv1<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''>) (por oposici\u00f3n a la tabla del escriba experto [?]) era una l\u00e1mina o \u201csuperficie en blanco\u201d de un material no especificado (Is. 8.1, <\/span><span style=''>gill&#257;y\u00f4n<\/span><span lang=ES style=''>).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>d. El papiro<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El papiro no se menciona directamente en el AT como material para escribir (egp. <\/span><span style=''>ni[t]r[w]<\/span><span lang=ES style=''>; ac, <\/span><span style=''>ni\u2019aru<\/span><span lang=ES style=''>,). Sin embargo, se obten\u00eda en Fenicia, el lago Hul\u00e9, y el Jord\u00e1n (* <span style='text-transform: uppercase'>Papiros<\/span>) desde el <etiqueta id=\"#_ftn507\" name=\"_ftnref507\" title=\"\">ss. XI a.C. en adelante, y su uso est\u00e1 comprobado por las marcas en los reversos de impresiones de sellos originalmente adheridas a esta substancia perecedera (<\/etiqueta>p. ej. el reverso del sello de * <span style='text-transform: uppercase'>Gedal\u00edas<\/span>). Un ejemplo de escritura hebrea antigua en papiro se encontr\u00f3 en una cueva cerca del mar Muerto (v\u00e9ase Gibson, 1, pp. 31ss . El papiro (del que se deriva la palabra \u201cpapel\u201d) les era conocido a los asirios y babilonios en el ss. VII (R. P. Dougherty, \u201cWriting on Parchment and Papyrus among the Babylonians and the Assyrians\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn508\" name=\"_ftnref508\" title=\"\">JAOS 48, 1928, pp. 109\u2013135). El papiro se emple\u00f3 extensamente en Egipto en todos los per\u00edodos, y se encontraron papiros entre los rollos del *m<\/etiqueta>ar Muerto pertenecientes al per\u00edodo que va del ss. II a.C. al II <etiqueta id=\"#_ftn509\" name=\"_ftnref509\" title=\"\">d.C. La \u201cca\u00f1a del papel\u201d de Isa\u00edas (19.7 [ <\/etiqueta><\/span><etiqueta id=\"#_ftn510\" name=\"_ftnref510\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>av<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''> ], <\/span><span style=''>&#723;&#257;r\u00f4&#7791;<\/span><span lang=ES style=''>; cf. <\/span><etiqueta id=\"#_ftn511\" name=\"_ftnref511\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0bla<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''>, \u201cplanta\u201d), aun cuando posiblemente sea una referencia indirecta al papiro, se interpreta mejor como \u201clugar desnudo\u201d (<etiqueta id=\"#_ftn512\" name=\"_ftnref512\" title=\"\">vss. <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn513\" name=\"_ftnref513\" title=\"\">cas<\/etiqueta>t. en gral. \u201cpradera\u201d, \u201cprado\u201d). El \u201cpapel\u201d empleado por Juan (2 Jn. 12) probablemente fuera papiro (gr. <\/span><span style=' '>jart&#275;s<\/span><span lang=ES style=''>).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>e. El cuero y el pergamino<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El cuero se usaba a veces en Egipto para llevar registros de trabajo, porque la tinta pod\u00eda eliminarse para volver a usar la superficie (K. A. Kitchen, <etiqueta id=\"#_ftn514\" name=\"_ftnref514\" title=\"\">TynB 27, 1976, pp. 141). Por lo menos durante el per\u00edodo persa en Babilonia se preparaban pieles para escribir porque all\u00ed no crec\u00eda el papiro. Los israelitas seguramente dispon\u00edan de pieles de cabras y de ovejas, y su <\/etiqueta>uso para hacer copias de los textos b\u00edblicos en el per\u00edodo neotestamentario (* <span style='text-transform:uppercase'>Mar Muerto, Rollo del<\/span>) podr\u00eda reflejar pr\u00e1ctica anterior.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>f. \u00d3straca<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Los tiestos u \u00f3straca constitu\u00edan tambi\u00e9n materiales de escritura comunes, por cuanto su bajo costo y su disponibilidad los hac\u00edan muy \u00fatiles para escribir memorandos breves con pluma o pincel y tinta. Tiestos de esta clase se han recuperado en cantidades considerables en Palestina, y son pr\u00e1cticamente indestructibles, a menos que se borrase la tinta. Del per\u00edodo de la monarqu\u00eda se han encontrado alrededor de 240. V\u00e9ase A. Lemaire, Inscriptions Hebr\u00e4iques, 1, Les Ostraca, 1977 (* <span style='text-transform:uppercase'>Papiros<\/span> y <span style='text-transform:uppercase'>\u00f3straca<\/span>).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La cer\u00e1mica a veces se inscrib\u00eda con caracteres antes o despu\u00e9s de ser sometida al horno. Generalmente proporcionan el nombre del propietario o el contenido o la capacidad del recipiente (* <span style='text-transform:uppercase'>Pecado<\/span>; * <span style='text-transform: uppercase'>Sello<\/span>, <b>I<\/b>. f).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. Instrumentos para escribir<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>1. Los cinceles y buriles met\u00e1licos para grabar en piedra, metal, marfil, o arcilla exist\u00edan en abundancia (* <span style='text-transform:uppercase'>Artes<\/span> y <span style='text-transform:uppercase'>oficios<\/span>; * <span style='text-transform:uppercase'>Sello<\/span>). El \u201ccincel\u201d (<\/span><span style=''>&#7717;ere&#7789;<\/span><span lang=ES style=''>) o \u201cpunz\u00f3n\u201d (<\/span><span style=''>&#723;&#275;&#7789;<\/span><span lang=ES style=''>; <\/span><etiqueta id=\"#_ftn515\" name=\"_ftnref515\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''>) usado por Jerem\u00edas (17.1) con su punta de \u201chierro\u201d se ha interpretado en el sentido de que se usaba ya sea para escribir con una \u201cpluma\u201d blanda o como punta dura (esmeril [?]) para escribir sobre hierro, plomo, u otra superficie dura (Is. 8.1, <etiqueta id=\"#_ftn516\" name=\"_ftnref516\" title=\"\">Vg. <\/etiqueta><i>stylus;<\/i> v\u00e9ase tamb. Job 19.24). Ninguno de los muchos instrumentos con punta excavados hasta ahora puede establecerse incuestionablemente como destinado a escribir caracteres lineales. La \u201cpluma \u2026 de los escribas\u201d (Jer. 8.8) utilizada para escribir con tinta sobre \u00f3straca, papiro, u otras superficies suaves era una ca\u00f1a, partida o cortada, para que obrase como pincel. En el antiguo Egipto dichas plumas se cortaban de los juncos (<\/span><span style=' '>Juncus maritimus<\/span><span lang=ES style=''>) de 15\u201340 cm. de largo, y la punta se recortaba para darle forma de cincel plano, a fin de que los trazos gruesos o finos se pudieran hacer con los lados anchos o angostos seg\u00fan el caso. En la \u00e9poca grecorromana las ca\u00f1as (<\/span><span style=''>Fragmites communis<\/span><span lang=ES style=''>) se cortaban en punta y se tajaban como plumas de ave (A. Lucas, <i>Ancient Egyptian Materials and Industries<\/i>, 1948, pp. 417). Este tipo de pluma es el <\/span><span style=''>kalamos<\/span><span lang=ES style=''> empleado en la \u00e9poca del <etiqueta id=\"#_ftn517\" name=\"_ftnref517\" title=\"\">NT (3 Jn. 13<\/etiqueta>). El estilo utilizado para escribir con la escritura cuneiforme era una ca\u00f1a con extremo cuadrado. Para una consideraci\u00f3n de la forma, el m\u00e9todo del uso, e ilustraciones de escribas con plumas, cinceles, y estilos, v\u00e9ase G. R. Driver, <i>Semitic Writing<\/i>\u00b3, 1976, pp. 17ss.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>2. La tinta era generalmente un carb\u00f3n (vegetal) negro, mezclado con resina o aceite para uso en pergamino, o con una sustancia met\u00e1lica para papiro. Se lo conservaba en forma de torta seca en la que el escriba hund\u00eda su pluma humedecida. La tinta de los \u00f3straca de Laquis era una mezcla de carb\u00f3n y hierro (tal como la que se obtiene de las agallas del roble o de la caparrosa). Los romanos usaban tambi\u00e9n el jugo de la jibia (Persio, S\u00e1tiras 3.13), el que, como la mayor\u00eda de las tintas, pod\u00eda borrarse f\u00e1cilmente mediante lavado (Nm. 5.23), o raspando con el \u201ccortaplumas\u201d (Jer. 36.23, heb. <\/span><span style=''>ta&#723;ar s&#333;f&#275;r<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018cuchillo de escriba\u2019) que normalmente se usaba para recortar o cortar plumas o rollos. Se ha sugerido que el heb. <\/span><span style=' '>d<sup>e<\/sup>y\u00f4<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018tinta\u2019 (Jer. 36.18), deber\u00eda enmendarse a <\/span><span style=''>r<sup>e<\/sup>y\u00f4<\/span><span lang=ES style=''> (= <etiqueta id=\"#_ftn518\" name=\"_ftnref518\" title=\"\">egp. <\/etiqueta><\/span><span style=''>ryt<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018tinta\u2019; T, Lambdin, <i>JAOS <\/i>73, 1953, pp. 154), pero sobre esto no hay seguridad. La tinta usada por Pablo (2 Co. 3.3) y Juan (2 Jn. 12) se designa simplemente \u201cnegro\u201d (<\/span><span style=''>melan<\/span><span lang=ES style=''>).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El \u201ctintero\u201d (Ez. 9.2\u20133, 11; heb. <\/span><span style=''>qese&#7791;<\/span><span lang=ES style=''>) podr\u00eda ser la paleta (egp. <\/span><span style=''>gst&#305;&#787;<\/span><span lang=ES style=''>), la tabla de madera, rectangular y angosta, con una larga acanaladura para contener las plumas de junco, y huecos circulares para las tortas de tinta negra y roja. Para ilustraciones de dichas paletas, etc., v\u00e9ase W. C. Hayes, <i>The Sceptre of Egypt<\/i>, 1, 1953, pp. 292\u2013296; J. B. Pritchard, <i>The Ancient Near East<\/i>, 1958, fig(s). 52, 55; <i>IBA<\/i>, pp. 32, fig(s). 27. Paletas similares se usaban en Siria, y las llevaba el escriba \u201ca su cintura\u201d (Ez. 9.2\u20133, 11), como se ve en la estela aramea de Bar-Rekub (<etiqueta id=\"#_ftn519\" name=\"_ftnref519\" title=\"\"><i>ANEP<\/i><\/etiqueta>, pp. 460).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. Formas de los documentos<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. Tablillas<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Los documentos de arcilla en los que se inscrib\u00eda con la escritura cuneiforme var\u00edan en tama\u00f1o (alrededor de 6 <etiqueta id=\"#_ftn520\" name=\"_ftnref520\" title=\"\">mm de lado hasta 45 x 30 cm.), seg\u00fan la cantidad de espacio requerida po<\/etiqueta>r el texto. La inscripci\u00f3n, de izquierda a derecha, se hac\u00eda en l\u00edneas (a veces rayadas) a lo largo del anverso (lado plano), siguiendo el borde inferior, luego segu\u00eda del reverso (lado convexo) por los bordes superior e izquierdo. Cuando se necesitaba m\u00e1s de una tablilla para completar el trabajo cada texto en la serie se ligaba mediante una frase vinculadora y colof\u00f3n (v\u00e9ase <b>VI<\/b>, inf.) para indicar su ubicaci\u00f3n correcta.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los contratos con frecuencia se guardaban en un sobre de arcilla en el que se repet\u00eda el texto y se colocaban los *sellos de los testigos. Las inscripciones hist\u00f3ricas o conmemorativas m\u00e1s grandes se escrib\u00edan en prismas de arcilla, o en cilindros con forma de barriles, que a menudo se colocaban como dep\u00f3sitos en las fundaciones. Las tablillas o tablas de escribir de madera variaban tanto en tama\u00f1o como en el n\u00famero de hojas, seg\u00fan la necesidad.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. El rollo<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La forma usual del \u201clibro\u201d de la \u00e9poca b\u00edblica era un rollo (<\/span><span style=''>m<sup>e<\/sup>&#7713;ill\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>) de papiro, cuero, o pergamino, en el que hab\u00eda texto escrito \u201cpor delante\u2019 (recto) y, cuando se hac\u00eda necesario, continuaba \u201cpor detr\u00e1s\u201d (verso), como lo describe Ezequiel (2.10). A veces se le daba el nombre de \u201crollo del libro\u201d (<\/span><span style=''>m<sup>e<\/sup>&#7713;illa&#7791; s&#275;fer<\/span><span lang=ES style=''>; Sal. 40.8; Ez. 2.9); la <span style='text-transform:uppercase'>lxx<\/span> (B) de Jer. 36.2, 4 (<\/span><span style=''>jartion biblion<\/span><span lang=ES style=''>) supone el uso de papiro. El t\u00e9rmino para rollo (cf. <etiqueta id=\"#_ftn521\" name=\"_ftnref521\" title=\"\">bab. <\/etiqueta><\/span><span style=' '>magallatu<\/span><span lang=ES style=' '>) no es necesariamente un t\u00e9rmino tard\u00edo en heb. (<etiqueta id=\"#_ftn522\" name=\"_ftnref522\" title=\"\">BDB), y es probable que la tradici\u00f3n jud\u00eda que exig\u00eda que las copias de la ley se hiciesen en un rollo de cuero (Soferim 1.1\u20133) refleje una costumbre<\/etiqueta> m\u00e1s antigua.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El heb. <\/span><span style=' '>s&#275;fer<\/span><span lang=ES style=' '>, traducido generalmente \u201clibro\u201d en <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '>, podr\u00eda referirse a un rollo (as\u00ed <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> en Is. 34.4, correctamente). Denota cualquier documento en pergamino o papiro (R. P. Dougherty, op, cit., pp. 114) y significa un \u201cescrito, documento, misiva, o libro\u201d (cf. <etiqueta id=\"#_ftn523\" name=\"_ftnref523\" title=\"\">ac. <\/etiqueta><\/span><span style=' '>\u0161ipru<\/span><span lang=ES style=' '>). Es sin\u00f3nimo del t\u00e9rmino para \u201ccarta\u201d (<\/span><span style=''>&#722;iggere&#7791;<\/span><span lang=ES style=''>, Est. 9.25), y se usaba tambi\u00e9n para una carta u orden del rey (2 S. 11.14; 2 R. 5.10; 10.1; Is. 37.14) o decreto publicado (Est. 1.22).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span style=''>s&#275;fer<\/span><span lang=ES style=''>, como t\u00e9rmino general para la escritura, se usa con referencia a la comunicaci\u00f3n del profeta (Jer. 25.13; 29.1; Dn. 12.4); al certificado legal de divorcio (Dt. 24.1; Jer. 3.8; Is. 50.1); al contrato relacionado con la compra de propiedad inmueble (Jer. 32.11); o a los sumarios judiciales (Job 31.35). Tambi\u00e9n denota un registro general (Neh. 7.5; Gn. 5.1), un pacto (Ex. 24.7) o libro de la ley (Dt. 28.61; Jos. 8.31), un libro de poemas (Nm. 21.14; Jos. 10.13), adem\u00e1s de colecciones de datos hist\u00f3ricos (1 R. 11.41; 14.19; 1 Cr. 27.24; 2 Cr. 16.11; 25.26). Una vez \u201clos libros\u201d (plural <\/span><span style=' '>s<sup>e<\/sup>f&#257;r&#305;&#770;m<\/span><span lang=ES style=''>) se refiere a las escrituras can\u00f3nicas de la \u00e9poca (Dn. 9.2). Se refiere a los registros divinos (Sal. 69.28; 139.16; Mal. 3.16; Ex. 32.32; Dn. 12.1), y una vez al conocimiento libresco en general (Is. 29.11; cf. Dn. 1.4). Esta palabra y sus cognados era corriente con significados similares en los textos de *Ugarit, y <\/span><span style=''>s&#275;fer<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018escriba\u2019, aparece como pr\u00e9stamo en Egipto durante el ss. XIII a.C.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El rollo, como las tablas de escribir y las tablillas de arcilla, se inscrib\u00eda con tantas columnas (<\/span><span style=''>d<sup>e<\/sup>l&#257;&#7791;\u00f4&#7791;<\/span><span lang=ES style=''>) como hiciera falta (Jer. 36.23), y por lo tanto pod\u00eda tener cualquier longitud.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En la \u00e9poca del NT el \u201clibro\u201d (<\/span><span style=''>biblion<\/span><span lang=ES style=''>) era un rollo como el que se usaba para la ley (Mr. 12.26; Lc. 4.17\u201320). Se enrollaba (Ap. 6.14), y estaba formado por secciones de *papiro, del que se usaba la corteza interior (<\/span><span style=''>byblos<\/span><span lang=ES style=''>). Como el heb. <\/span><span style=''>s&#275;fer<\/span><span lang=ES style=''>, el gr. <\/span><span style=''>biblion<\/span><span lang=ES style=''> se pod\u00eda usar con referencia a cualquier forma (incluso no especificada) de documento escrito, incluyendo listas de inscripci\u00f3n (Fil. 4.3; Ap. 13.8). \u201cLos libros\u201d (plural <\/span><span style=''>ta biblia<\/span><span lang=ES style=''>; Jn. 21.25; 2 Ti. 4.13, de all\u00ed nuestra \u201cBiblia\u201d) se convirti\u00f3 con el tiempo en el t\u00e9rmino para la colecci\u00f3n total de las Escrituras. Para hacer referencia a un rollo peque\u00f1o se usaba la palabra <\/span><span style=' '>biblaridion<\/span><span lang=ES style=''> (Ap. 10.2, 8\u201310).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>c. El c\u00f3dice<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Alrededor del ss. II d.C. el rollo comenz\u00f3 a ser reemplazado por el c\u00f3dice, colecci\u00f3n de hojas de material de escribir plegadas y aseguradas en un extremo, y con frecuencia protegidas por cubiertas. Este fue un paso importante en el proceso de creaci\u00f3n del \u201clibro\u201d moderno, y se basaba en la forma f\u00edsica de la escritura en tablillas. Al principio estos anotadores de papiro o pergamino se usaron poco para la literatura pagana, pero se usaron en Palestina (Misn\u00e1, Kelim 24.7), y especialmente en Egipto, para escritos b\u00edblicos, donde la adaptaci\u00f3n del \u201cformato del c\u00f3dice para recibir todos los textos tanto del AT como del NT utilizados en las comunidades cristianas \u2026 se complet\u00f3, hasta donde puedan determinarlo las pruebas documentales con las que se cuenta hasta ahora, antes de la finalizaci\u00f3n del ss. II, si no antes\u201d. Fuera de los c\u00edrculos cristianos el formato del c\u00f3dice tuvo aceptaci\u00f3n general en el ss. IV d.C. Hasta se ha sugerido, aunque no est\u00e1 probado, que dicho formato fue ideado por los cristianos primitivos debido a la facilidad para transportarlos y consultarlos. Por cierto que los <\/span><span style=''>membranai<\/span><span lang=ES style=''> pedidos por Pablo (2 Ti. 4.13) pueden haber constituido un anotador de papiro con sus propios discursos u otros escritos o, m\u00e1s probablemente, alg\u00fan escrito cristiano primitivo, tal vez el segundo evangelio o el Libro de Testimonios, antolog\u00eda de pasajes del AT empleados para apoyar la tesis cristiana. Estos escritos contrastaban con los \u201clibros\u201d (<\/span><span style=' '>ta biblia<\/span><span lang=ES style=' '>), en general probablemente rollos (de la <etiqueta id=\"#_ftn524\" name=\"_ftnref524\" title=\"\"><span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span><\/etiqueta> [?]). Para la significaci\u00f3n de los c\u00f3dices primitivos en la historia del *canon de la Escritura, v\u00e9ase C. H. Roberts en P. R. Ackroyd (<etiqueta id=\"#_ftn525\" name=\"_ftnref525\" title=\"\">eds.), Cambridge History of the Bible, 1, 1<\/etiqueta>970, pp. 57.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>V. Tipos de escritura<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. Jerogl\u00edficos<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(i)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''>Egipcios. La escritura nativa del Egipto fara\u00f3nico aparece en tres formas: jerogl\u00edfica (gr. <\/span><span style=''>hieros<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018sagrado\u2019, y <\/span><span style=''>glyf&#275;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018talladura\u2019), hier\u00e1tica (gr. <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>hieratikos<\/span><span lang=ES style=' '>, \u2018sacerdotal\u2019), y dem\u00f3tica (gr. <\/span><span style=''>demotikos<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018popular\u2019).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>1. El sistema <i>jerogl\u00edfico<\/i>. Los caracteres jerogl\u00edficos egipcios son signos pict\u00f3ricos, originalmente figuras destinadas a expresar las cosas que representaban; muchas de ellas comenzaron a usarse pronto para expresar sonidos, espec\u00edficamente las consonantes de la palabra egipcia para la cosa representada por la figura jerogl\u00edfica. Tales signos pod\u00edan entonces ser usados para representar dichas consonantes en la representaci\u00f3n de otras palabras. Algunos de estos signos fon\u00e9ticos terminaron por representar un solo y mismo sonido conson\u00e1ntico, convirti\u00e9ndose as\u00ed en los primeros signos alfab\u00e9ticos del mundo. Sin embargo, los egipcios no llegaron a aislarlos para formar un alfabeto independiente, como lo hicieron sus vecinos los semitas occidentales. A continuaci\u00f3n de la mayor\u00eda de las palabras egipcias representadas por signos fon\u00e9ticos, viene un signo-figura o \u201cdeterminativo\u201d que representa la clase general a la cual corresponde la palabra. Con todo, en muchos casos ser\u00eda m\u00e1s correcto decir que los signos fon\u00e9ticos eran agregados que se colocaban delante del signo-figura (el as\u00ed llamado \u201cdeterminativo\u201d) como complementos para determinar la lectura o sonido preciso de este \u00faltimo, y por ello su significado correcto, m\u00e1s bien que decir que el signo-figura actuaba como clasificador para la palabra escrita fon\u00e9ticamente (cf. H. W. Fairman, <i>Annales du Service des Antiquit\u00e9s de l\u2019\u00c9gypte<\/i> 43, 1943, pp. 297\u2013298; cf. P. Lacau, <i>Sur le Syst\u00e8me hi\u00e9roglyphique<\/i>, 1954, pp. 108). Cuando un signo fon\u00e9tico pod\u00eda tener m\u00e1s de un valor f\u00f3nico, se pod\u00edan agregar signos alfab\u00e9ticos complementarios para mostrar cu\u00e1l lectura correspond\u00eda, aunque dichos signos se agregaban a veces incluso cuando no exist\u00eda ninguna ambig\u00fcedad.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>2. La escritura <i>hier\u00e1tica y la dem\u00f3tica<\/i>. Los otros dos tipos de escritura egipcia, la hier\u00e1tica y la dem\u00f3tica, son adaptaciones de la escritura jerogl\u00edfica, que retuvo sus espl\u00e9ndidas formas pict\u00f3ricas a lo largo de la historia egipcia. La escritura hier\u00e1tica es un tipo de escritura jerogl\u00edfica cursiva, que se escrib\u00eda con pluma y tinta sobre papiro, reducida a s\u00edmbolos formales que dejaron de ser pict\u00f3ricos, para facilitar la escritura r\u00e1ida. Los caracteres hier\u00e1ticos son a los caracteres jerogl\u00edficos lo que nuestra escritura a mano es a los caracteres de imprenta. Los jerogl\u00edficos aparecieron primeramente en Egipto poco antes de la fundaci\u00f3n de la monarqu\u00eda fara\u00f3nica (1\u00aa dinast\u00eda) ca. 3000 a.C., y los caracteres hier\u00e1ticos se comenzaron a usar poco despu\u00e9s. La tercera forma de escritura egipcia, la dem\u00f3tica, es simplemente una forma m\u00e1s r\u00e1pida y abreviada de la escritura hier\u00e1tica manual, que aparece primeramente alrededor del ss. VII a.C., y, como los dos tipos anteriores, perdur\u00f3 hasta el ss. V d.C.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>3. <i>Desciframiento<\/i>. Los antiguos sistemas de escritura de Egipto se dejaron de usar definitivamente en el ss. IV (el jerogl\u00edfico) y el V (el dem\u00f3tico) d.C., y constituyeron libros cerrados durante trece siglos, hasta que el descubrimiento de la piedra de Rosetta en 1799 durante la expedici\u00f3n de Napole\u00f3n a Egipto hizo posible el desciframiento de la lengua y los sistemas de escritura del antiguo Egipto. La piedra de Rosetta es un decreto biling\u00fce de Tolomeo V, 196 a.C., en gr. y egp., este \u00faltimo en escritura jerogl\u00edfica y dem\u00f3tica. Esta piedra y el obelisco de Bankes finalmente permitieron al franc\u00e9s J. F. Champollion lograr el desciframiento b\u00e1sico de los jerogl\u00edficos egp. en 1822, demostrando que eran fundamentalmente fon\u00e9ticos en su uso, y que la lengua egp. era en realidad simplemente la lengua de la que se deriva el copto, la lengua de la iglesia egp. aut\u00f3ctona.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>4. <i>Uso<\/i>. Desde el comienzo mismo los jerogl\u00edficos egp. se usaron para muy diversos fines: para llevar registros de car\u00e1cter hist\u00f3rico, para asentar textos religiosos, y para los usos cotidianos de la administraci\u00f3n. En consecuencia, se dibujaban sobre papiro u \u00f3straca, se grababan en monumentos de piedra, como tambi\u00e9n en madera o metal, dondequiera se requiriesen inscripciones. Sin embargo, desde los comienzos del 3\u00ba milenio se puso en boga la escritura cursiva m\u00e1s r\u00e1pida\u2014la hier\u00e1tica\u2014para escribir sobre papiro, y en consecuencia para todos los registros de actividades de la vida diaria y la administraci\u00f3n, mientras que los jerogl\u00edficos se siguieron usando para todos los textos formales, inscripciones en piedra y en monumentos. Con el tiempo, a partir del ss. VII a.C., el dem\u00f3tico reemplaz\u00f3 en buena medida al hier\u00e1tico en el comercio y la administraci\u00f3n, y desde el ss. X a.C. el hier\u00e1tico se us\u00f3 en forma preferente para los papiros religiosos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> Sobre los tipos egp. de escritura, v\u00e9ase A. H. Gardiner, <i>Egyptian Grammar<\/i>, 1957, pp. 5\u20138. Sobre los jerogl\u00edficos mismos como figuras, v\u00e9ase N. M. Davies, <i>Picture Writing in Ancient Egypt<\/i>, 1958, ilustrado en colores. Sobre el origen y la evoluci\u00f3n primitiva del sistema jerogl\u00edfico, v\u00e9ase S. Schott, <i>Hieroglyphen: Untersuchungen zum Ursprung der Schrift<\/i>, 1950, y P. Lacau, <etiqueta id=\"#_ftn526\" name=\"_ftnref526\" title=\"\">op. cit. Para la piedra de Rosetta, v\u00e9ase el folleto del <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn527\" name=\"_ftnref527\" title=\"\">MB <\/etiqueta><i>The Rosetta Stone<\/i>, y, para su descubridor, W. R. Dawson, <etiqueta id=\"#_ftn528\" name=\"_ftnref528\" title=\"\"><i>JEA <\/i><\/etiqueta>43, 1957, pp. 117, con <etiqueta id=\"#_ftn529\" name=\"_ftnref529\" title=\"\">ibid., 44, 1958, pp. 123. Sobre el desciframiento de los jerogl\u00edficos, v\u00e9ase F. Ll. Griffith, <\/etiqueta><i>JEA <\/i>37, 1951, pp. 38\u201346, o A. H. Gardiner, op. cit., pp. 9\u201311; <i>Egypt of the Pharaohs<\/i>, 1961, pp. 11\u201314, 19\u201326.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(ii)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><i><span lang=ES style=''>Hititas<\/span><\/i><span lang=ES style=''>. El sistema de jerogl\u00edficos que usaban los hititas en Anatolia y Siria, principalmente en la segunda mitad del 2\u00ba milenio a.C., fue descifrado en 1946 (v\u00e9ase <etiqueta id=\"#_ftn530\" name=\"_ftnref530\" title=\"\"><i>AS<\/i><\/etiqueta> 3, 1953, pp. 53\u201395) y se est\u00e1 estudiando actualmente en detalle, como tambi\u00e9n se usa para compararlo con los dialectos hititas escritos con caracteres cuneiformes. Es un sistema compuesto simplemente de s\u00edlabas (ba, da, etc.), con signos especiales para los sustantivos comunes (tierra, rey); v\u00e9ase E. Laroche, <i>Les Hi\u00e9roglyphes Hittites<\/i>, 1, 1960.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. Tipos cuneiformes<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(i)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''>Ac\u00e1dico. En Babilonia se usaron las pictograf\u00edas para escribir sobre arcilla y piedra a partir de ca. 3100 a.C. Sin embargo, se descubri\u00f3 pronto que resultaba dif\u00edcil dibujar l\u00edneas curvas en arcilla, y la pictograf\u00eda fue gradualmente remplazada por su representaci\u00f3n hecha mediante una serie de incisiones en forma de cu\u00f1a. Un cambio adicional, debido a la comodidad, hizo que en lugar de escribir en columnas verticales y de derecha a izquierda se comenzara a escribir con los caracteres cl\u00e1sicos en forma horizontal y de izquierda a derecha. En un paso importante de su formaci\u00f3n, los signos-palabras (ideogramas) se usaron para representar palabras con el mismo sonido pero con significados diferentes (p. ej. cima, sima), o s\u00edlabas de otras palabras (p. ej. sala, salado). Ciertos signos se usaban como determinativos colocados antes o despu\u00e9s de palabras de una clase determinada (p. ej. deidades, nombres de personas o de lugares, animales, objetos de madera, etc.). Hacia el 2800 a.C. la escritura cuneiforme ya estaba plenamente perfeccionada, aun cuando las formas de los signos fueron modificadas en diversos per\u00edodos (para una tabla que ilustra su evoluci\u00f3n v\u00e9ase <i>IBA<\/i>, fig(s). 22).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>A partir del 3\u00ba milenio a.C. la escritura cuneiforme, con por lo menos 500 signos diferentes, se us\u00f3 ampliamente fuera de la Mesopotamia (donde se us\u00f3 para las lenguas sumeria, babil\u00f3nica, y asiria). Se la adapt\u00f3 para transcribir otras lenguas tambi\u00e9n, especialmente dialectos semitas <etiqueta id=\"#_ftn531\" name=\"_ftnref531\" title=\"\">occ., el hurreo, las diversas l<\/etiqueta>enguas hititas. Durante los ss. XV-XIII a.C. en Palestina las ciudades principales la usaron para la diplomacia y la administraci\u00f3n. Se han encontrado tablillas cuneiformes en *Taanac (12), Siquem (2), Afec (3), Tell el-Hesi, Gezer, Hazor, Jeric\u00f3. El descubrimiento de una copia de parte de la \u00e9pica de Gilgam\u00e9s en Meguido en 1955 (\u2018<i>Atiqot<\/i> 2, 1959, pp. 121\u2013128) demuestra que en esta \u00e9poca los pocos escribas capacitados para usar estos caracteres ten\u00edan a su disposici\u00f3n los principales textos literarios y obras de consulta babil\u00f3nicos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(ii)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><i><span lang=ES style=''>Ugar\u00edtico<\/span><\/i><span lang=ES style=''>. En Ras Shamra los escribas emplearon el cuneiforme ac\u00e1dico para la correspondencia internacional y algunos textos econ\u00f3micos en los ss. XV-XIII a.C. Paralelamente, empero, se form\u00f3 un sistema de escritura excepcional. Combinaba la simplicidad del alfabeto cananeo (fenicio) que ya exist\u00eda, con el sistema mesopot\u00e1mico de escritura sobre arcilla, con estilo, pudi\u00e9ndose transcribir de este modo el alfabeto conson\u00e1ntico por medio de la escritura cuneiforme. Puesto que se emple\u00f3 tanto para lenguas sem\u00edticas como no sem\u00edticas (hurreas), se idearon 29 signos (mediante el agregado de unas cuantas cu\u00f1as en un esquema sencillo que ten\u00eda poca o ninguna relaci\u00f3n con el ac\u00e1dico) para representar los signos conson\u00e1nticos, y tres <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>&#722;&#257;lef<\/span><span lang=ES style=' '> con diversas vocales (\u2019a \u2019i \u2019u). Varias tablillas destinadas a ejercitaci\u00f3n proporcionan el orden del alfabeto que prefiguraba el orden hebreo (C. Virolleaud, <i>Palais royal d\u2019Ugarit<\/i>, 2, 1957).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Este sistema se us\u00f3 tanto para textos religiosos y literarios (mitol\u00f3gicos), como para los de car\u00e1cter administrativo, adem\u00e1s de algunas cartas. Si bien era m\u00e1s f\u00e1cil de aprender que el ac\u00e1dico, por el momento existen pocas pruebas de que se usara ampliamente; pero se han encontrado unos cuantos ejemplos de una forma variante en lugares tan distantes como Bet-semes, Tabor, y Taanac en Palestina, y en algunos lugares del <etiqueta id=\"#_ftn532\" name=\"_ftnref532\" title=\"\">S de Siria. Su invenci\u00f3n parece haber llegado demasiado tarde como para desalojar la escritura lineal fenicia simplificada, que ya estaba estab<\/etiqueta>lecida. Para un panorama general, v\u00e9ase C. H. Gordon, <i>Ugaritic Textbook<\/i>, 1967.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(iii)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><i><span lang=ES style=''>Persa antiguo<\/span><\/i><span lang=ES style=''>. Hacia fines del ss. VII a.C. en buena medida la escritura alfab\u00e9tica aramea ya hab\u00eda desplazado a la escritura cuneiforme, excepto en unos cuantos centros tradicionales, y en ciertos tipos de documentos sacerdotales para los que, como en Babilonia hasta el 75 d.C., se sigui\u00f3 usando la escritura cuneiforme babil\u00f3nica.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Bajo los persas aquem\u00e9nidas, a la par de la escritura aramea se emple\u00f3 un sistema especial, derivado del cuneiforme bab., para la lengua indoirania (aria). Este sistema cuneiforme simplificado se conoce principalmente por los textos hist\u00f3ricos de los reinados de Dar\u00edo I y Jerjes. Una inscripci\u00f3n del primero, escrito en una roca de Bisut\u00fan en persa antiguo, babil\u00f3nico, y elamita, proporcion\u00f3 la clave para el desciframiento de los sistemas cuneiformes, cuando la versi\u00f3n en persa antiguo fue descifrada poco despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n en 1845 de la copia hecha por Rawlinson. Este sistema cuneiforme comprende tres signos vocales, 33 signos conson\u00e1nticos con vocal inherente, adem\u00e1s de ocho ideogramas y dos divisores de palabras. Otra variante de escritura cuneiforme se us\u00f3 para la lengua elamita (SO de Persia) en sus formas m\u00e1s primitivas, y posteriormente en m\u00e1s de 2000 textos econ\u00f3micos de Pers\u00e9polis ca. 492\u2013460 a.C. (G. G. Cameron, <i>Persepolis Treasury Tablets<\/i>, 1948; R. T, Hallock, <i>Persepolis Fortification Tablets<\/i>, 1969).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>c. Sistemas lineales<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(i)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''> El uso extenso de los jerogl\u00edficos egp. y de los caracteres cuneiformes bab. en Siropalestina desde el 3\u00ba milenio a.C. en adelante (p. ej. * <span style='text-transform:uppercase'>Ebla<\/span>) estimul\u00f3 la producci\u00f3n de sistemas m\u00e1s simples para las lenguas locales. En Biblos (* <span style='text-transform:uppercase'>Gebal<\/span>) floreci\u00f3 durante el 2\u00ba milenio a.C. un sistema de unos 100 signos sil\u00e1bicos, pero no se ha logrado entenderlos plenamente todav\u00eda. Al mismo tiempo surgieron en Creta los sitemas denominados lineal A y lineal B, con un sistema relacionado en Chipre, de los que se han encontrado ejemplos en Ugarit (ciprominoico). Descubrimientos aislados demuestran la existencia de otros sistemas en este mismo per\u00edodo, especialmente tres tablillas de arcilla procedentes de Tell Deir Alla en el valle del Jord\u00e1n, y una estela de Baluah en Moab.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(ii)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><i><span lang=ES style=''>Alfab\u00e9tica<\/span><\/i><span lang=ES style=''>. En los comienzos del 2\u00ba milenio a.C. parecer\u00eda que un escriba que viv\u00eda en Siropalestina, quiz\u00e1 en Biblos, se dio cuenta de que su lengua pod\u00eda representarse con un n\u00famero mucho menor de signos que cualquiera de los silabarios que se empleaban en ese entonces y que resultaban engorrosos; cada consonante pod\u00eda representarse con un s\u00edmbolo. Los s\u00edmbolos que se adaptaron eran figuras que segu\u00edan el modelo egipcio. La escritura jerogl\u00edfica inclu\u00eda figuras que representaban los sonidos iniciales de sus nombres solamente, p. ej. r\u2019, \u201cboca\u201d, para r. El valor del principio alfab\u00e9tico radicaba en la reducci\u00f3n del n\u00famero de s\u00edmbolos hasta llegar a uno solo para cada sonido conson\u00e1ntico en la lengua. Las vocales no se representaron separadamente hasta que los griegos adoptaron el alfabeto. Es probable que los s\u00edmbolos fueran tratados inicialmente como consonantes m\u00e1s la vocal correspondiente (p. ej. <\/span><span style=''>ba<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span style=''>du<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span style=''>gi<\/span><span lang=ES style=''>). Con este notable invento la humanidad adquiri\u00f3 un medio sencillo de escribir que finalmente quebr\u00f3 el monopolio de los *escribas y puso la educaci\u00f3n al alcance de todos (v\u00e9ase <b>VI<\/b>, inf.).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Ejemplos de este antecesor de todos los alfabetos se han encontrado en Palestina, y pueden fecharse poco antes del 1500 a.C. Dichos ejemplos exhiben unos cuantos signos \u00fanicamente, probablemente nombres de personas, toscamente grabados en arcilla y en metal. La serie completa de signos\u2014alrededor de 30\u2014aparece en el \u00fanico grupo de textos primitivos que se ha logrado recuperar hasta la fecha, escritos en una forma de este alfabeto, las inscripciones \u201cprotosina\u00edticas\u201d. Se trata de breves oraciones y dedicatorias grabadas superficialmente por cananeos empleados en las minas de turquesa egipcias en Serbit el-Khadim en el <etiqueta id=\"#_ftn533\" name=\"_ftnref533\" title=\"\">SO del Sina\u00ed durante el ss. XVI a.C. Durante los siguientes 500 a\u00f1os los signos fueron simpli<\/etiqueta>ficados, perdiendo su forma pict\u00f3rica. Los ejemplos obtenidos en diversos sitios de Cana\u00e1n evidencian un uso extendido y una creciente estandarizaci\u00f3n (p. ej. restos cer\u00e1micos de Laquis, Hazor, puntas de flechas encontradas cerca de Bel\u00e9n y en el L\u00edbano; v\u00e9ase A. R. Millard, <i>Kadmos<\/i> 15, 1976, pp. 130\u2013144).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El orden de las letras lo demuestra el alfabeto cuneiforme de Ugarit (s. XIII a.C.), un imitador primitivo, y un \u00f3straca de Izbet Sartah, cerca de Afec (ca. 1100 a.C.; M. Kochari, <i>Tel Aviv<\/i> 4, 1977, pp. 1\u201313). Hay acr\u00f3sticos hebreos que tambi\u00e9n lo exhiben (Nah. 1.2\u201314; Sal. 9, 10, 25, 34, 37, 111, 112, 119, 145; Lm. 1\u20134; Pr. 31.10\u201331; Ecl. 5.13, 19). Los griegos adoptaron las letras en el mismo orden. La raz\u00f3n de esta disposici\u00f3n es incierta. Se han sugerido ya sea necesidades mnem\u00f3nicas y las semejanzas en los nombres o la naturaleza de los sonidos expresados (Driver, op. cit., pp. 180\u2013185, 271\u2013273).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(iii)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><i><span lang=ES style=''>Fenicio-hebrea primitiva<\/span><\/i><span lang=ES style=''>. A partir del 1000 a.C. podemos rastrear la historia de las letras con claridad, si bien existen pocos espec\u00edmenes escritos entre 1000 y 800 a.C. La direcci\u00f3n de la escritura era invariablemente de derecha a izquierda, como en Egipto. La mayor\u00eda de los documentos eran de papiro, y por lo tanto han desaparecido en la tierra h\u00fameda. Los que sobreviven, en piedra, cer\u00e1mica, y metal, demuestran la gran aceptaci\u00f3n que tuvo este sistema para todos los fines. Evidentemente ya estaba muy bien afirmado antes de la finalizaci\u00f3n del 2\u00ba milenio a.C., constituy\u00e9ndose en \u00fatil herramienta para que los israelitas pudieran utilizarla para registrar y ense\u00f1ar las leyes de Dios y la historia de sus obras a favor de ellos (v\u00e9ase A. R. Millard, <etiqueta id=\"#_ftn534\" name=\"_ftnref534\" title=\"\"><i>EQ<\/i><\/etiqueta> 50, 1978, pp. 67ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>1. Las inscripciones <i>monumentales<\/i> principales para el estudio de la epigraf\u00eda hebrea son: (<i>a<\/i>) El calendario agr\u00edcola de *Gezer, atribuido diversamente a una mano arcaica o poco h\u00e1bil, y fechada al ss. X a.C. (<etiqueta id=\"#_ftn535\" name=\"_ftnref535\" title=\"\"><i>DOTT<\/i><\/etiqueta>, pp. 201\u2013203). (<i>b<\/i>) La estela de Mesa, rey de Moab (* <span style='text-transform: uppercase'>Moabita, Piedra<\/span>). Esta inscripci\u00f3n de 34 l\u00edneas es importante hist\u00f3ricamente, y constituye un ejemplo de la evoluci\u00f3n de los caracteres monumentales hebreos en uso en un lugar remoto ca. 850 a.C. Las letras bien cortadas muestran ya una tendencia a volverse cursivas. Esto se ve tambi\u00e9n en (<i>c<\/i>) la inscripci\u00f3n de *Silo\u00e9 (<i>IBA<\/i>, fig(s). 56), fechada en el reino de Ezequ\u00edas, ca. 710 a.C., y (<i>d<\/i>) la inscripci\u00f3n sepulcral del mayordomo real en Silo\u00e9, de la misma fecha aproximadamente (* <span style='text-transform: uppercase'>Sebna<\/span>; <i>IBA<\/i>, fig(s). 53). Para la forma lapidaria de la escritura, v\u00e9ase *sellos. Para esta \u00e9poca las cartas <etiqueta id=\"#_ftn536\" name=\"_ftnref536\" title=\"\">fn. y <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn537\" name=\"_ftnref537\" title=\"\">arm. ya hab\u00edan adoptado sus propias formas distintivas.<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>2. La escritura de tipo <i>cursivo<\/i> que probablemente usaron originalmente los escritores del AT se ve en las puntas de flechas inscriptas, y en otros escritos m\u00e1s peque\u00f1os de ca. 1000 a.C. El conjunto m\u00e1s primitivo de textos est\u00e1 constituido por 75 \u00f3straca de Samaria, algunos asignados al reinado de Jeroboam II (ca. 760 a.C.; Y. Yadin, <i>Studies in the Bible<\/i>, 1960, pp. 9\u201317; <i>DOTT<\/i>, pp. 204\u2013208). Dichos textos evidencian una escritura clara y fluida, hecha por escribas con mucha pr\u00e1ctica en el arte de escribir. Las palabras desvocalizadas se dividen mediante peque\u00f1os puntos. Unos cuantos restos cer\u00e1micos desparramados procedentes de Jerusal\u00e9n, Bet-semes, Tell el-Hesi, Meguido, y Ezi\u00f3n-geber muestran que esta escritura est\u00e1 muy cerca de la que aparece en la inscripci\u00f3n del t\u00fanel de Silo\u00e9, y que cambi\u00f3 muy poco en su forma exterior para la \u00e9poca de las cartas de *Laquis fechadas en ca. 590\u2013587 a.C., y la mayor\u00eda de los \u00f3straca de *Arad al final de la historia de Jud\u00e1, que evidencian una etapa m\u00e1s avanzada de la escritura corriente (<i>DOTT<\/i>, pp. 212\u2013215; <etiqueta id=\"#_ftn538\" name=\"_ftnref538\" title=\"\"><i>ANET<\/i><\/etiqueta>, pp. 568\u2013569; A. Lemaire, op. cit.).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(iv)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><i><span lang=ES style=''>Aramea<\/span><\/i><span lang=ES style=''>. Los arameos adoptaron el alfabeto cananeo cuando se asentaron en Siria, y gradualmente le dieron rasgos distintivos. Los textos m\u00e1s antiguos (ca. 850\u2013800 a.C.) son la parcialmente ilegible estela de Melcart de Bar-hadad (* <span style='text-transform:uppercase'>Benadad<\/span>; <i>DOTT<\/i>, pp. 239\u2013241, pero n\u00f3tese que la segunda l\u00ednea no puede leerse \u201chijo de Tabrim\u00f3n\u201d), y dos pedazos de marfil con el nombre de *Hazael. Poco despu\u00e9s del 800 a.C. Zakur, rey de *Hamat, erigi\u00f3 una estela con 46 l\u00edneas de inscripci\u00f3n, y alrededor de 750 a.C. se registr\u00f3 un tratado entre el desconocido Bar-gaayah y Matiel de *Arfad en tres estelas. La estela de Bar-rakkab (<i>ANEP<\/i>, pp. 460), evidencia la existencia de un estilo crecientemente cursivo. A medida que se iba difundiendo el arameo, el alfabeto adquiri\u00f3 r\u00e1pidamente ra\u00edces en Asiria y Babilonia, con el consiguiente deterioro de la escritura cuneiforme. Los documentos en papiro han desaparecido, pero una lista de nombres en un trozo de cer\u00e1mica de Nimrud (* <span style='text-transform:uppercase'>Cala<\/span>) en Asiria, perteneciente a la primera parte del ss. VII a.C. (J. B. Segal, Iraq 19, 1957, pp. 139\u2013145), notas grabadas en tablillas de arcilla, y una larga carta escrita sobre un trozo cer\u00e1mico y enviado de Erec a Asur alrededor del 650 a.C., atestiguan su uso. Los documentos en papiro encontrados en Egipto muestran la evoluci\u00f3n del sistema desde ca. 600 a.C. (carta de Filistea a Egipto) hasta el final del per\u00edodo persa, principalmente en los documentos del ss. V procedentes de Elefantina (<i>DOTT<\/i>, pp. 256\u2013269) y otros lugares (G. R. Driver, <i>Aramaic Documents of the Fifth Century<\/i> <\/span><etiqueta id=\"#_ftn539\" name=\"_ftnref539\" title=\"\"><i><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0bc<\/span><\/i><\/etiqueta><span lang=ES style=''>, 1954).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(v)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><i><span lang=ES style=''>Escritura judaica primitiva<\/span><\/i><span lang=ES style=''>. El descubrimiento de <etiqueta id=\"#_ftn540\" name=\"_ftnref540\" title=\"\">ms(s). del uadi Qumr\u00e1n (* <\/etiqueta><span style='text-transform:uppercase'>Mar Muerto, Rollos del<\/span>), en cuevas de Jud\u00e1 (especialmente los textos fechados de Murabbaat), y los osarios inscriptos de la zona de Jerusal\u00e9n han producido una abundancia de material para el estudio de los caracteres formales y cursivos paleohebreos y judaicos primitivos del ss. III a.C. al siglo II d.C. La ca\u00edda del imperio persa y el desplazamiento del arameo com\u00fan de la corte imperial condujeron a la formaci\u00f3n de muchas variedades locales.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>1. La escritura arcaica o protojudaica de Jud\u00e1, ca. 250\u2013150 a.C., tal como aparece en los ms(s). de Qumr\u00e1n, es de caligraf\u00eda formal derivada del arameo persa que, hacia fines del ss. III, es una cruza entre los tipos formal y cursivo, parecida a los tipos arameos comunes de Palmira y Nabatea, que tambi\u00e9n surgieron en esa \u00e9poca. Si bien estos sistemas nacionales no pueden fecharse aun en forma m\u00e1s precisa, pueden distinguirse a veces los tipos formales, semiformales, y verdaderamente cursivos. Es el tipo de escritura que tambi\u00e9n puede verse en monedas de la \u00e9poca.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>2. El per\u00edodo asmoneo (ca. 150\u201330 a.C.) vio la formaci\u00f3n de un tipo de escritura formal, m\u00e1s cuadrado y m\u00e1s angular, que aparece en sus primeras etapas en el papiro de Nash, que ahora se fecha en ca. 150 a.C.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>3. El per\u00edodo herodiano (30 a.C.-70 d.C.) fue una \u00e9poca de veloz evoluci\u00f3n, y en consecuencia los textos pueden fecharse en forma pecisa.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>4. El per\u00edodo posherodiano (despu\u00e9s del 70 d.C.) se conoce muy bien en la actualidad sobre la base de documentos comerciales y legales fechados. La letra cursiva no es de tipo literario sino sumamente complicada. La evoluci\u00f3n de todos estos tipos judaicos se ilustra y analiza detalladamente por F. M. Cross (<i>The Bible and the Ancient Near East<\/i>, eds. G. E. wright, 1961, pp. 133\u2013202). El estudio de los escritos heb. antiguos, de los h\u00e1bitos de los escribas, y de las formas de las letras, es de valor especial en la consideraci\u00f3n de la forma en que pueden haberse deslizado o no errores en el texto del AT.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(vi)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><i><span lang=ES style=''>Griega<\/span><\/i><span lang=ES style=''>. El alfabeto gr. se atribuy\u00f3 por tradici\u00f3n a un comerciante fenicio Cadmo (Herodoto, <etiqueta id=\"#_ftn541\" name=\"_ftnref541\" title=\"\"><i>Hist.<\/i><\/etiqueta> 5.58\u201359) y, comparando entre los alfabetos gr. primitivos de Atenas, Creta, Tera, Corinto, y Naxos, y textos fenicios fechados (v\u00e9ase <etiqueta id=\"#_ftn542\" name=\"_ftnref542\" title=\"\">sup.), resulta ser una teor\u00eda justificada. Parecer\u00eda probable, por la forma de las letras, que los griegos, ya para mediados del ss. IX a.C., hab\u00edan adaptado el sistema a las necesidades de su lengua indoeuropea. Usaron los s\u00edmbolos fenicios p<\/etiqueta>ara sonidos que ellos no pose\u00edan (\u2019 <\/span><span style=''>h &#7717; &#723; u [w] y<\/span><span lang=ES style=''>), para los sonidos voc\u00e1licos que necesitaban (<\/span><span style=' '>a e &#275; o y i<\/span><span lang=ES style=''>, respectivamente), y de este modo crearon el primer alfabeto verdadero, en el que las consonantes y las vocales se representaban con signos distintos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La abundancia de las pruebas monumentales y manuscritas hacen que el estudio de la epigraf\u00eda y la paleograf\u00eda griegas constituyan una ciencia importante y exacta para el trasfondo de los textos b\u00edblicos griegos. Desde el <etiqueta id=\"#_ftn543\" name=\"_ftnref543\" title=\"\">O de Grecia el alfabeto lleg\u00f3 a <\/etiqueta>los etruscos, y de este modo a trav\u00e9s de la escritura romana ingres\u00f3 en Europa.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(vii)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><i><span lang=ES style=''>Otros tipos de escritura<\/span><\/i><span lang=ES style=''>. A la vez que la escritura fenicia se fue adaptado para uso en la lengua griega, luego en la romana, y subsiguientemente en las europeas, la escritura cananea primitiva se adapt\u00f3 para representar los dialectos sem\u00edticos meridionales. Se han encontrado ejemplos en el S de la Palestina y de Babilonia pertenecientes a ca. 600 a.C., y en sitios en el S de Arabia pertenecientes a una fecha levemente posterior.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>VI. Alfabetizaci\u00f3n y m\u00e9todos literarios<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Es dif\u00edcil determinar el grado de alfabetizaci\u00f3n, que de todos modos variaba de conformidad con la \u00e9poca y el lugar. Gede\u00f3n pudo contar con un joven de Sucot, quien confeccion\u00f3 una lista de los ancianos de la ciudad (Jue. 8.14; heb. \u201cescribir\u201d; <\/span><etiqueta id=\"#_ftn544\" name=\"_ftnref544\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0sba<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=' '> \u201cinjustificadamente se\u00f1alar\u201d; <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>av<\/span><span lang=ES style=' '>, <\/span><etiqueta id=\"#_ftn545\" name=\"_ftnref545\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>rv<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''>, tambi\u00e9n injustificadamente, \u201cdescribir\u201d). Esta capacidad de escribir entre los j\u00f3venes (Is. 10.19) aument\u00f3 con el advenimiento del alfabeto y la iniciaci\u00f3n de *escuelas para escribas, adscriptas a los templos y otros lugares sagrados. Cada jefe de familia israelita ten\u00eda que escribir las palabras de la ley (Dt. 6.9; 11.20). El arte de escribir, si bien no tan comprobado en occidente como en Babilonia, estaba ampliamente extendido en Siria y Palestina ya para el 2\u00ba milenio, en que por lo menos se usaban cinco tipos de escritura, a saber, los jerogl\u00edficos egipcios, el silabario de Biblos, la escritura cuneiforme ac\u00e1dica, el alfabeto cananeo, y el cuneiforme alfab\u00e9tico ugar\u00edtico (v\u00e9ase sup.).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los encargados de escribir eran generalmente los *escribas preparados para ello, que pod\u00edan provenir de cualquier clase de la poblaci\u00f3n (por oposici\u00f3n a E. Nielsen, <i>Oral Tradition<\/i>, 1954, pp. 25, 28), si bien la mayor parte de los funcionarios jer\u00e1rquicos en la administraci\u00f3n sab\u00edan leer y escribir. La gran cantidad de tablillas cuneiformes, \u00f3straca, y papiros encontrados hasta el momento demuestra el lugar prominente de la palabra escrita en todo el antiguo Cercano Oriente. Resulta dif\u00edcil estimar el porcentaje debido a lo incompleto de los registros, pero los seis escribas para una poblaci\u00f3n de unos 2000 en Alalak, Siria, ca. 1800\u20131500 a.C. probablemente indiquen el grado de alfabetizaci\u00f3n en ciudades importantes (D. J. Wiseman, <i>The Alalakh Tablets<\/i>, pp. 13). Estudios recientes muestran que los escribas pueden haber aprendido el ac\u00e1dico en centros \u201cuniversitarios\u201d principales tales como Alepo en Siria, o en Babilonia misma.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los documentos se guardaban en canastas, cajas, o vasijas (Jer. 32.14), y se almacenaban en el templo local (1 S. 10.25; Ex. 16.34; cf. 2 R. 22.8) o dep\u00f3sitos especiales que hac\u00edan de archivos (Esd. 6.1). Los escribas ten\u00edan obras de consulta espec\u00edficas (como, p. ej., en Nippur, ca. 1950 a.C.). Tiglat-pileser I (ca. 1100 a.C.) en Asur, y Asurbanipal (ca. 650 a.C.) en N\u00ednive, coleccionaban copias de textos o los hac\u00edan escribir para sus bibliotecas. Al copiar textos con frecuencia el escriba citaba la fuente, indicando la condici\u00f3n del documento del que copiaba, y mencionando si el texto hab\u00eda sido cotejado con el documento original, o simplemente anotado sobre la base de la tradici\u00f3n oral, lo cual se consideraba menos confiable (J. L\u00e6ss\u00f8e, \u201cLiteracy and Oral Tradition in Ancient Mesopotamia\u201d, <i>Studia Orientalia Ioanni Pedersen<\/i>, 1953, pp. 205\u2013218). Se consideraba que la tradici\u00f3n oral exist\u00eda a la par de la palabra escrita, pero sin ocupar el lugar de autoridad primaria. El colof\u00f3n (tanto ac. como egp.) tambi\u00e9n indicaba el t\u00edtulo o la frase inicial que designaba la obra; pero la paternidad literaria era con frecuencia, aunque no siempre, an\u00f3nima. Es probable que los escritores heb. usaran m\u00e9todos parecidos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> S. N. Kramer, <i>La historia empieza en Sumer<\/i>, 1974, pp. 313ss; S. Moscati, <i>Las antiguas civilizaciones sem\u00edticas<\/i>, 1960; J. S. Croatto, <i>Origen y evoluci\u00f3n del alfabeto<\/i>, 1968; M. Noth, <i>El mundo del Antiguo Testamento<\/i>, 1976, pp. 213\u2013234; L. del Olmo, <i>Mitos y leyendas de Cana\u00e1n<\/i>, 1981, pp. 82\u201387. V\u00e9anse las referencias citadas en el texto; tamb., para una descripci\u00f3n completa, G. R. Driver, <i>Sem\u00edtic Writing<\/i>\u00b3, 1976; I. J. Gelb, <i>A Study of Writing<\/i>\u00b2, 1963; D. Diringer, <i>The Alphabet<\/i>, 1948; J. Cerny, <i>Paper and Books in Anceint Egypt<\/i>, 1952. Respecto a libros en la antig\u00fcedad, v\u00e9ase <i>Cambridge History of the Bible<\/i>, 1, 1970, pp. 30\u201366; J. C. L. Gibson, <i>Syrian Semitic Inscriptions<\/i>, 1, Hebrew, 1971; 2, <i>Aramaic<\/i>, 1975.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn546\" name=\"_ftnref546\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>D.J.W.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn547\" name=\"_ftnref547\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>K.A.K.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn548\" name=\"_ftnref548\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>A.R.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Sagrada Escritura es uno de los varios nombres que designan los escritos inspirados que componen el Antiguo y el Nuevo Testamento.\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Uso de la Palabra<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Naturaleza de la Escritura<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Colecci\u00f3n de Libros Sagrados<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Divisi\u00f3n de la Escritura<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Escritura<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Actitud de la Iglesia Hacia la Lectura de la Biblia en el Vern\u00e1culo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Otros Asuntos B\u00edblicos<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Uso de la Palabra<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La correspondiente palabra en lat\u00edn scriptura aparece en algunos pasajes de la Vulgata en el sentido general de \u201cescritura\u201d; por ejemplo, \u00c9xodo 32,16: \u201cla escritura, grabada sobre las mismas, era escritura de Dios\u201d; adem\u00e1s, 2 Cr\u00f3n. 36,22: \u201c(Ciro) que mand\u00f3 publicar de palabra y por escrito en todo su reino.\u201d.  En otros pasajes de la Vulgata la palabra denota un documento privado (Tob\u00edas 8,24) o p\u00fablico (Esdras 2,62; Nehem\u00edas 7,64), un cat\u00e1logo o \u00edndice (Sal. 87(86),6), o finalmente porciones de la Escritura, tal como el c\u00e1ntico de Ezequ\u00edas (Isa\u00edas 38,5), y los dichos de los sabios (Sir\u00e1cides 44,5).  El escritor de 2 Cr\u00f3nicas 30,5.18 se refiere a las prescripciones de la Ley con la f\u00f3rmula \u201ccomo est\u00e1 escrito\u201d, que los traductores de Los Setenta traducen como kata ten graphen; para ten graphen, \u201cseg\u00fan la Escritura\u201d.  La misma expresi\u00f3n se halla en Esdras 3,4 y Neh. 8,15; aqu\u00ed tenemos el comienzo de la \u00faltima forma de apelaci\u00f3n a la autoridad de los libros inspirados \u201cgegraptai\u201d (Mt. 4,4.6.10; 21,13; etc.), o \u201ckathos gegraptai\u201d (Rom 1,11; 2,24, etc.), \u201cest\u00e1 escrito\u201d, \u201ccomo est\u00e1 escrito\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como el verbo graphein se usaba para denotar pasajes de los escritos sagrados, as\u00ed el nombre correspondiente he graphe gradualmente vino a significar lo que es principalmente el escrito, o el escrito inspirado.  Ese uso de la palabra se puede ver en Juan 7,38 y 10,35; Hch. 8,32; Rom. 4,3 y 9,17; G\u00e1l. 3,8 y 4,30; 2 Tim. 3,16; Stgo. 2,8; 1 Pedro 2,6; 2 Ped. 1,20; la forma plural del nombre, ai graphai, se usa en el mismo sentido en Mt. 21,42; 22,29; 26,54; Mc. 12,24; 14,49; Lc. 24,27.45; Juan 5,39; Hch. 17,2.17 y 18,24-28; 1  Cor. 15,3-4.  En un sentido similar se emplean las expresiones graphai hagiai (Rom. 1,2), ai graphai ton propheton (Mt. 26,56), graphai prophetikai (Rom. 16,26).  La palabra tiene un sentido algo modificado en la pregunta de Cristo, \u201c\u00bfno hab\u00e9is le\u00eddo esta Escritura? (Mc. 12,10).  En el lenguaje de Cristo y los Ap\u00f3stoles la expresi\u00f3n \u201cescritura\u201d o \u201cescrituras\u201d denota los libros sagrados de los jud\u00edos.  El Nuevo Testamento usa las expresiones en este sentido cerca de cincuenta veces; pero ocurren m\u00e1s frecuentemente en el Cuarto Evangelio y en las Ep\u00edstolas que en los Evangelios Sin\u00f3pticos.  A veces el contenido de la Escritura se indica m\u00e1s exactamente como que incluye la Ley y los Profetas (Rom. 3,21; Hch. 28,23), o la Legislaci\u00f3n de Mois\u00e9s, los Profetas y los Salmos (Lc. 24,44).  El ap\u00f3stol San Pedro extiende la designaci\u00f3n Escritura tambi\u00e9n a \u201ctas loipas graphas\u201d (2  Pedro 3,16), denotando las Ep\u00edstolas Paulinas; San Pablo (1 Tim. 5,18) parece referirse con la misma expresi\u00f3n tanto a Deut. 25,4 y  Lc. 10,7.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha disputado si la palabra graphe en el singular se ha usado en el Antiguo Testamento como un todo.  Lightfoot ( G\u00e1l. 3,22) expresa la opini\u00f3n que el singular graphe\u201d en el Nuevo Testamento siempre significa un pasaje particular de la Escritura.  Pero en Rom. 4,3, \u00e9l modifica su opini\u00f3n y apela a la declaraci\u00f3n sobre el caso del Dr. Vaughan.  \u00c9l cree que el uso de San Juan puede admitir alguna duda, aunque esa no es su opini\u00f3n personal; pero la pr\u00e1ctica de San Pablo es absoluta y uniforme.  Mr. Hort dice (1 Pedro 2,6) que en San Juan y San Pablo he graphe puede ser entendido como aproximado al sentido colectivo (cf. Westcott, \u00abHebr.\u00bb, p\u00e1gs. 474 ss.; Deissmann, \u00abBibelstudien\u00bb, p\u00e1gs. 108 ss., Eng. tr., p\u00e1gs. 112 ss., Warfield, \u00abPres. and Reform. Review\u00bb, X, julio de 1899, p\u00e1gs. 472 ss.).  Aqu\u00ed surge la pregunta de si la expresi\u00f3n de San Pedro (2 Ped. 3,16) \u201ctas loipas graphas\u201d se refiere a la colecci\u00f3n de las Ep\u00edstolas Paulinas.  Spitta sostiene que el t\u00e9rmino \u201cgraphai\u201d se usa en un sentido general no t\u00e9cnico, y que denota s\u00f3lo los escritos de los asociados de San Pablo (Spitta, \u00abDer zweite Brief des Petrus und der Brief des Judas\u00bb, 1885, p. 294).  Zahn refiere el t\u00e9rmino a escritos de car\u00e1cter religioso que podr\u00edan reclamar respeto en c\u00edrculos cristianos ya sea debido a sus autores o a su uso en el culto p\u00fablico.   (Einleitung, p\u00e1gs. 98 ss., 108). Pero Mr. F.H. Chase se adhiere al principio de que la frase \u201cai graphai\u201d usada absolutamente se\u00f1ala a una colecci\u00f3n de escritos definida y reconocida, es decir, Escrituras.  Las palabras acompa\u00f1antes, kai, tas loipas, y el verbo streblousin  en el contexto confirma la convicci\u00f3n de Mr. Chase (cf. Dicc. de la Biblia, III, p. 810b).\n<\/p>\n<h2>Naturaleza de la Escritura<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Seg\u00fan los Jud\u00edos<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si los t\u00e9rminos graphe, graphai, y sus expresiones sin\u00f3nimas to biblion ( Neh. 8,8), ta biblia (Daniel 9,2), kephalis bibliou (Sal. 40(39),8), he iera biblos (2 Mac. 8,23), ta biblia ta hagia (1 Mac. 12,9), ta iera grammata (2  Tim. 3,15) se refieren a escritos particulares o a una colecci\u00f3n de libros, al menos muestran la existencia de un n\u00famero de documentos escritos cuya autoridad era generalmente aceptada como suprema.  Se puede inferir la naturaleza de esta autoridad por un n\u00famero de otros pasajes.  Seg\u00fan  Deut. 31,9-13, Mois\u00e9s escribi\u00f3 el Libro de la Ley (del Se\u00f1or), y se lo entreg\u00f3 a los sacerdotes para que lo guardaran y se lo leyeran al pueblo; vea tambi\u00e9n  Ex. 17,14; Deut. 17,18-19; 27,1; 28,1; 58-61; 29,20; 30,10; 31,26; 1 Samuel 10,25; 1 Reyes 2,3; 2 Rey. 22,8.  Es claro por 2 Rey. 23,1-3 que hacia fines del reinado  jud\u00edo el Libro de la Ley del Se\u00f1or era tenido en el m\u00e1s alto honor porque conten\u00eda los preceptos del Se\u00f1or mismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De Nehem\u00edas 8,1-9.13.14.18 se puede inferir que \u00e9ste era tambi\u00e9n el caso despu\u00e9s del Cautiverio; el libro mencionado ah\u00ed conten\u00eda los mandatos respecto a la Fiesta de las Tiendas de Lev. 23,34 ss; Deut. 16,13 ss., y es por lo tanto id\u00e9ntico con los Libros Sagrados pre ex\u00edlicos.  Seg\u00fan 1 Mac. 1,57-59, Ant\u00edoco orden\u00f3 que se quemaran los Libros de la Ley del Se\u00f1or y se condenaba a muerte al poseedor.  Por 2 Mac. 2,13 sabemos que en el tiempo de Nehem\u00edas exist\u00eda una colecci\u00f3n de libros que conten\u00edan escritos hist\u00f3ricos, prof\u00e9ticos y salm\u00f3dicos; puesto que se representa la colecci\u00f3n como uniforme, y puesto que las partes se consideraban ciertamente como de autoridad divina, podemos inferir que esta caracter\u00edstica se le adscrib\u00eda a todos, por lo menos en cierto grado.  Llegando al tiempo de  Cristo encontramos que Flavio Josefo le atribuye autoridad divina a los veintid\u00f3s libros protocan\u00f3nicos del Antiguo Testamento, sosteniendo que hab\u00edan sido escritos bajo  inspiraci\u00f3n divina y que conten\u00edan las ense\u00f1anzas de Dios (Contra Appion., I, VI-VIII).  El helenista Filo Judeo tambi\u00e9n estaba familiarizado con las tres partes de los libros sagrados jud\u00edos, a los cuales le atribuye una autoridad irrefragable, porque contienen los or\u00e1culos de Dios expresados a trav\u00e9s del escritor sagrado como instrumento (\u00abDe vit. Mosis\u00bb, p\u00e1gs. 469, 658 ss.; \u00abDe monarchia\u00bb, p. 564).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Seg\u00fan la vida cristiana<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ense\u00f1anza  cristiana sostiene completamente este concepto de escritura.  Jesucristo mismo apel\u00f3 a la autoridad de la Escritura, \u201cinvestigad las Escrituras\u201d ( Jn. 5,39); \u00c9l afirma que \u201cuna i o una tilde no pasar\u00e1n de la ley, hasta que todo se cumpla\u201d ( Mt. 5,18); \u00c9l considera como principio que \u201cla Escritura no puede fallar\u201d (Jn. 10,35); presenta la palabra de la Escritura como la palabra del Padre eterno (Jn. 5,33-41), como la palabra del escritor inspirado por el Esp\u00edritu Santo (Mt. 22,43), como la palabra de Dios (Mt. 19,4-5; 22,31); declara que \u201ces  necesario que se cumpla todo lo que est\u00e1 escrito en la  Ley de Mois\u00e9s, en los  Profetas y en los Salmos acerca de m\u00ed\u201d ( Lc. 24,44).  Los Ap\u00f3stoles sab\u00edan que \u201cninguna profec\u00eda ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Esp\u00edritu Santo, han hablado de parte de Dios\u201d (2  Ped. 1,21); consideraban \u201ctoda Escritura inspirada por Dios\u201d como \u201cprovechosa para ense\u00f1ar, reprobar, corregir e instruir en la justicia\u201d (2 Tim. 3,16).  Consideraban las palabras de la Escritura como palabras de Dios hablando en el escritor inspirado o por boca del escritor inspirado (Hebreos 4,7;  Hch. 1,15-16; 4,25).  Finalmente, apelaban a la Escritura como a una autoridad irresistible (Rom., passim), supon\u00edan que las partes de la Escritura tienen un sentido t\u00edpico que s\u00f3lo Dios puede usar (Jn. 19,36; Heb. 1,5; 7,3 ss), y derivaban la mayor\u00eda de las conclusiones importantes incluso de unas pocas palabras o ciertas formas gramaticales de la Escritura ( G\u00e1l. 3,16;  Heb. 12,26-27).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es sorprendente entonces que los Padres de la Iglesia hablen de las Escrituras en el mismo tenor.  San Clemente de Roma (1 Cor. 45) le dice a sus lectores que busquen en las Escrituras las verdaderas expresiones del Esp\u00edritu Santo.  San Ireneo (Contra Herej\u00edas II.38.2) considera las Escrituras como proclamadas por el Verbo de Dios y su Esp\u00edritu. Or\u00edgenes testifica que tanto jud\u00edos como cristianos aceptan que la Biblia fue escrita bajo la influencia del Esp\u00edritu Santo (Contra Celso, V.10); adem\u00e1s, considera como probado por la Encarnaci\u00f3n que la Ley y los Profetas fueron escritos por un carisma celestial, y que los escritos considerados como palabras de Dios no son obra del hombre (De princ., IV, VI).  Clemente de Alejandr\u00eda recibe la voz de Dios quien ha dado las Escrituras como una prueba confiable (Stromata I.2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Seg\u00fan documentos eclesi\u00e1sticos<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin multiplicar el testimonio patr\u00edstico para la autoridad divina de la Escritura, podemos a\u00f1adir la doctrina oficial de la Iglesia sobre la naturaleza de las Sagradas Escrituras.  El Quinto Concilio Ecum\u00e9nico conden\u00f3 a Teodoro de Mopsuestia por su oposici\u00f3n a la autoridad divina de los libros de Salom\u00f3n, el Libro de Job, y el Cantar de los Cantares.  Desde el siglo IV la ense\u00f1anza de la Iglesia respecto a la naturaleza de la Biblia es pr\u00e1cticamente resumida en la f\u00f3rmula dogm\u00e1tica de que Dios es el autor de la Sagrada Escritura.  Seg\u00fan el primer cap\u00edtulo del Concilio de Cartago (398 d.C.), antes de su consagraci\u00f3n los obispos deben expresar su creencia en esta f\u00f3rmula, y esta profesi\u00f3n de fe se les exige incluso en la actualidad.  En el siglo XIII el Papa Inocencio III le impuso esta f\u00f3rmula a los valdenses; Clemente IV le exigi\u00f3 esta aceptaci\u00f3n a Miguel Pale\u00f3logo y el emperador realmente la acept\u00f3 en su carta al Segundo Concilio de Lyons (1272).  La misma f\u00f3rmula fue repetida en el siglo XV por el Papa Eugenio IV en su Decreto para los jacobitas, en el siglo XVI por el Concilio de Trento (Ses. IV, decr. De can. Script.), y en el siglo XIX por el Concilio Vaticano I.  Lo que se implica con esta autor\u00eda divina de la Sagrada Escritura, y c\u00f3mo se explica, se ha establecido en el art\u00edculo Inspiraci\u00f3n de la Biblia.\n<\/p>\n<h2>Colecci\u00f3n de Libros Sagrados<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que se ha dicho implica que Escritura no se refiere a un solo libro, sino que comprende un n\u00famero de libros escritos en diferentes tiempos y por diferentes escritores obrando bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.  De ah\u00ed la pregunta \u00bfc\u00f3mo pudo haber sido hecha esa colecci\u00f3n y c\u00f3mo fue construida de hecho?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Cuesti\u00f3n de Derecho:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La principal dificultad en cuanto a la primera pregunta (quoestio juris) surge del hecho de que un libro debe ser divinamente inspirado para que pueda reclamar la dignidad de ser considerado como Escritura.  Se han sugerido varios m\u00e9todos para afirmar el hecho de la  inspiraci\u00f3n.  Se ha pretendido que el llamado criterio interno es suficiente para llevarnos al conocimiento de este hecho.  Pero en una investigaci\u00f3n minuciosa prueba ser inadecuado.\n<\/p>\n<ul>\n<li> Los milagros y profec\u00edas requieren una intervenci\u00f3n divina para poder suceder, no para que puedan ser registrados; de ah\u00ed que una obra respecto a milagros o profec\u00edas necesariamente no es inspirada.<\/li>\n<li> El llamado criterio \u00e9tico-est\u00e9tico es inadecuado.  Falla en establecer que ciertas partes de la Escritura son escritos inspirados, por ejemplo, las tablas geneal\u00f3gicas y los relatos resumidos de los reyes de Jud\u00e1, mientras que favorece la inspiraci\u00f3n de ciertas obras post apost\u00f3licas, por ejemplo la \u201cImitaci\u00f3n de Cristo\u201d y las ep\u00edstolas de San Ignacio de Antioqu\u00eda m\u00e1rtir.  <\/li>\n<li> Lo mismo puede decirse del criterio psicol\u00f3gico, o el efecto que la lectura atenta produce en el coraz\u00f3n del lector.  Tales emociones son subjetivas, y var\u00edan en diferentes lectores.  La Ep\u00edstola de Santiago le pareci\u00f3 ficticia a Mart\u00edn Lutero y divina a Juan Calvino.<\/li>\n<li> Estos criterios interiores son inadecuados incluso si fuesen tomados colectivamente.  Las llaves equivocadas no podr\u00e1n abrir una cerradura ya se usen solas o en conjunto.  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros estudiantes de este asunto han intentado establecer la autor\u00eda apost\u00f3lica como un criterio de inspiraci\u00f3n.  Pero esta respuesta no nos da un criterio para la inspiraci\u00f3n de los libros del Antiguo Testamento, ni toca la inspiraci\u00f3n de los Evangelios de San Marcos y San Lucas, ninguno de los cuales fue un ap\u00f3stol.  Adem\u00e1s, los Ap\u00f3stoles estaban dotados con el don de la infalibilidad en su ense\u00f1anza, y en sus escritos en la medida en que formaban parte de su ense\u00f1anza; pero infalibilidad en la escritura no implica inspiraci\u00f3n.  Ciertos escritos del Papa pueden ser infalibles, pero no son inspirados; Dios no es su autor.  Ni el criterio de inspiraci\u00f3n puede ser colocado en el testimonio de la historia, pues la inspiraci\u00f3n es un hecho sobrenatural, conocido s\u00f3lo por Dios y probablemente por el escritor inspirado.  Por lo tanto el testimonio humano respecto a la inspiraci\u00f3n est\u00e1 basado, a lo mejor, en el testimonio de una persona que es, naturalmente hablando, una parte interesada en el asunto respecto al cual testifica.  La historia de los falsos profetas de tiempos antiguos as\u00ed como los de nuestros d\u00edas nos ense\u00f1a la futilidad de tal testimonio.  Es cierto que los milagros y las profec\u00edas a veces pueden confirmar tal testimonio humano sobre la inspiraci\u00f3n de una obra.  Pero, en primer lugar, no todos los escritores inspirados han sido profetas u obradores de milagros; en segundo lugar, para que los milagros y profec\u00edas puedan servir como prueba de inspiraci\u00f3n, debe estar claro que los milagros se realizaron y las profec\u00edas se profirieron, para establecer el hecho en cuesti\u00f3n; en tercer lugar, si esta condici\u00f3n se verifica, el testimonio para la inspiraci\u00f3n ya no es meramente humano, sino que se ha vuelto divino.  Nadie dudar\u00e1 de la suficiencia del testimonio divino para establecer el hecho de la inspiraci\u00f3n; por otro lado, nadie puede negar la necesidad de tal testimonio para poder distinguir con certeza entre un libro inspirado y uno no inspirado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Cuesti\u00f3n de Hecho:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es un problema bastante dif\u00edcil establecer con certeza c\u00f3mo y cu\u00e1ndo la comunidad  religiosa recibi\u00f3 como sagrados los libros del Antiguo y Nuevo Testamento.  Deuteronomio 31,9.24 ss., nos informa que Mois\u00e9s le entreg\u00f3 el Libro de la Ley a los levitas y a los ancianos de Israel para ser depositados \u201cal lado del Arca de la Alianza\u201d; seg\u00fan Deut. 17,18, el rey deb\u00eda tener consigo una copia de por lo menos parte del libro para que \u201cla leyera todos los d\u00edas de su vida\u201d.  Josu\u00e9 (24,26) a\u00f1adi\u00f3 su parte al Libro de la Ley de Israel, y \u00e9ste debe ser considerado como el segundo paso en la recopilaci\u00f3n de los escritos del.  Seg\u00fan Isa\u00edas 34,16 y Jerem\u00edas 36,4, los Profetas Isa\u00edas y Jerem\u00edas coleccionaron sus respectivos pronunciamientos prof\u00e9ticos.  Las palabras de 2 Cr\u00f3n. 29,30 nos lleva a suponer que en los d\u00edas del rey Ezequ\u00edas existi\u00f3 o se origin\u00f3 una colecci\u00f3n de los Salmos de David y de Asaf.  De Proverbios 25,1 se puede inferir que al mismo tiempo se hizo una colecci\u00f3n de los escritos de Salom\u00f3n, que pudieron haber sido a\u00f1adidos a la colecci\u00f3n de Salmos.  En el siglo II a.C. los profetas menores ya hab\u00edan sido juntados en una obra (Ecclus., XLIX, 12) la cual se cita en  Hch. 7,42 como \u201clos libros de los profetas\u201d.  Las expresiones en Daniel 9,2 y en 1 Mac. 12,9 sugieren que incluso estas peque\u00f1as colecciones hab\u00edan sido recopiladas en un cuerpo mayor de libros sagrados.  Tal colecci\u00f3n mayor est\u00e1 ciertamente impl\u00edcita en las palabras de 2 Mac. 2,13 y en el pr\u00f3logo del Eclesi\u00e1stico.  Puesto que estos dos pasajes mencionan las divisiones principales del Canon del Antiguo Testamento, \u00e9ste debi\u00f3 haber sido completado, por lo menos respecto a los primeros libros, durante el curso del siglo II a.C.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se admite generalmente que los jud\u00edos del tiempo de Jesucristo reconoc\u00edan como can\u00f3nicos o incluidos en su colecci\u00f3n de escritos sagrados todos los llamados libros protocan\u00f3nicos del Antiguo Testamento.  Cristo y los Ap\u00f3stoles respaldaron esta fe de los jud\u00edos, de modo que tenemos autoridad divina para su car\u00e1cter b\u00edblico.  Puesto que hay s\u00f3lidas razones para afirmar que algunos de los escritores del Nuevo Testamento usaron la Versi\u00f3n de los Setenta, la cual conten\u00eda los libros deuterocan\u00f3nicos del Antiguo Testamento, estos \u00faltimos tambi\u00e9n son atestiguados como parte de las  Sagradas Escrituras.  Adem\u00e1s, 2  Pedro 2,15-16 clasifica todas las Ep\u00edstolas de San Pablo con las \u201cotras escrituras\u201d y 1  Tim. 5,18 parece citar a Lucas 10,7, y ponerlo a nivel de Deuteronomio 25,4.  Pero estos argumentos para la cualidad de can\u00f3nicos de los libros deuterocan\u00f3nicos del Antiguo Testamento, de las Ep\u00edstolas Paulinas y del Evangelio seg\u00fan San Lucas no excluyen toda duda razonable.  S\u00f3lo la Iglesia, la portadora infalible de la tradici\u00f3n, puede proveer certeza invencible en cuanto al n\u00famero de libros divinamente inspirados del Antiguo y del Nuevo Testamento.  Vea Canon del Nuevo Testamento.\n<\/p>\n<h2>Divisi\u00f3n de la Escritura<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Antiguo y Nuevo Testamentos:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puesto que las dos dispensaciones de la gracia separadas entre s\u00ed por la venida de Jes\u00fas son llamadas el Antiguo y Nuevo Testamento ( Mt. 26,28; 2 Cor. 3,14), as\u00ed desde tiempos antiguos los libros inspirados pertenecientes a la econom\u00eda de la gracia fueron llamados libros del Antiguo o del Nuevo Testamento, o simplemente el Antiguo o el Nuevo Testamento.  Este nombre de las dos grandes divisiones de los escritos inspirados pr\u00e1cticamente ha sido com\u00fan entre los cristianos latinos desde el tiempo de Tertuliano, aunque Tertuliano mismo a menudo emplea el nombre \u201cInstrumentum\u201d o documento legalmente aut\u00e9ntico; Casiodoro usa el t\u00edtulo \u201cPandectas Sagradas\u201d o sagrado digesto de la ley.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Protocan\u00f3nicos y Deuterocan\u00f3nicos:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al principio la palabra \u201ccanon\u201d designaba la regla material o instrumento usado en varios oficios; en sentido metaf\u00f3rico significaba la forma o perfecci\u00f3n que deb\u00eda ser lograda en las varias artes u oficios.  En este sentido metaf\u00f3rico algunos de los primeros Padres propusieron el canon de la verdad, el canon de la tradici\u00f3n, el canon de la fe, el canon de la Iglesia contra los dogmas err\u00f3neos de los primeros herejes (San Clemente, 1 Cor. 7; Clemente de Alejandr\u00eda, Stromata I.16; Or\u00edgenes, De Principiis IV.9; etc.)  San Ireneo emple\u00f3 otra met\u00e1fora, y llam\u00f3 al Cuarto Evangelio el canon de la verdad (Contra Herej\u00edas, III.11); San Isidoro de Pelusio aplica el nombre a todos los escritos inspirados (Epist., IV, 14).  En la \u00e9poca de San Agust\u00edn (Contra Crescent., II, XXXIX) y San Jer\u00f3nimo (Prolog. Gal.), la palabra \u201ccanon\u201d comenz\u00f3 a denotar la colecci\u00f3n de las  Sagradas Escrituras; entre escritores posteriores se us\u00f3 pr\u00e1cticamente en el sentido de cat\u00e1logo de libros inspirados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XVI Sixto Senensis, O.P., distingui\u00f3 entre libros protocan\u00f3nicos y deuterocan\u00f3nicos.  Esta distinci\u00f3n no indica una diferencia de autoridad, sino s\u00f3lo una diferencia de tiempo en el cual la Iglesia reconoc\u00eda los Libros como divinamente inspirados.  Por lo tanto, los deuterocan\u00f3nicos son aquellos libros cuya inspiraci\u00f3n fue puesta en duda por algunas iglesias m\u00e1s o menos seriamente por un tiempo, pero que fueron aceptados por toda la Iglesia como realmente inspirados, luego de que el asunto fue minuciosamente investigado.  En cuanto al Antiguo Testamento, los Libros de Tob\u00edas, Judit, Sabidur\u00eda, Eclesi\u00e1stico, Baruc, 1 y 2 Macabeos, y tambi\u00e9n Ester 10,4 &#8211; 16,24, Daniel 3,24-90, 13,1 &#8211; 14,42, son en este sentido deuterocan\u00f3nicos; lo mismo se puede decir de los siguientes libros y porciones del Nuevo Testamento:  Hebreos, Santiago, 2 de Pedro, 3 de Juan, Judas, Apocalipsis,  Mc. 13,9-20,  Lc. 22,43-44,  Juan 7,53 &#8211; 8,11.  Los escritores protestantes a menudo llaman a los libros deuterocan\u00f3nicos del Nuevo Testamento los ap\u00f3crifos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Divisi\u00f3n Tripartita de los Testamentos:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pr\u00f3logo del Eclesi\u00e1stico muestra que los libros del Antiguo Testamento eran divididos en tres partes:  la Ley, los Profetas y los Escritos (la hagi\u00f3grafa).  Esa misma divisi\u00f3n se menciona en Lc. 24,44 y ha sido mantenida por los jud\u00edos posteriores.  La Ley o Tor\u00e1 consta s\u00f3lo del Pentateuco.  La segunda parte contiene dos secciones:  los primeros profetas (Josu\u00e9, Jueces, Samuel y Reyes), y los profetas posteriores (Isa\u00edas, Jerem\u00edas, Ezequiel, y los profetas menores, llamados los Doce, y contados como un solo libro).  La tercera divisi\u00f3n comprende tres clases de libros;  primero, los libros po\u00e9ticos (Salmos, Proverbios, Job); segundo, los cinco Megilloth o Rollos (Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiast\u00e9s, Ester); tercero, los tres libros restantes (Libro de Daniel, Esdras, Paralip\u00f3menos.  Por lo tanto, al a\u00f1adir los cinco libros de la primera divisi\u00f3n a los ocho de la segunda, m\u00e1s los once de la tercera, el Canon completo de las Escrituras jud\u00edas consta de veinticuatro libros.  Otro arreglo conecta a Rut con el Libro de los Jueces, y Lamentaciones con Jerem\u00edas, y as\u00ed reduce el n\u00famero de libros en el canon a veintid\u00f3s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La divisi\u00f3n de los libros del Nuevo Testamento en Evangelios y el Ap\u00f3stol (Evangelium et Apostolus, Evangelia et Apostoli, Evangelica et Apostolica) comenz\u00f3 en los escritos de los Padres Apost\u00f3licos (San Ignacio, \u00abAd Philad.\u00bb, V; \u00abEpist. ad Diogn., XI) y fue com\u00fanmente adoptada a fines del siglo II (San Ireneo, Contra Herej\u00edas, I.3; Tertuliano, \u00abDe praescr.\u00bb, XXXIV; Clemente de Alejandr\u00eda, Stromata VII.3, etc.); pero los Padres posteriores no se adhirieron a ella.  Se ha hallado conveniente dividir tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo en cuatro, o a\u00fan mejor en tres partes.  Las cuatro partes distinguen entre libros legales, hist\u00f3ricos, did\u00e1cticos o doctrinales, mientras que la divisi\u00f3n tripartita a\u00f1ade los libros legales (el Pentateuco y los Evangelios) a los hist\u00f3ricos, y retiene las dos otras clases, es decir, la did\u00e1ctica y los libros prof\u00e9ticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Organizaci\u00f3n de los Libros:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cat\u00e1logo del Concilio de Trento organiza los libros inspirados parte en orden topol\u00f3gico y en parte en orden cronol\u00f3gico.  En el Antiguo Testamento, tenemos primero todos los libros hist\u00f3ricos, excepto los dos libros de los Macabeos, que se supone fueron escritos \u00faltimo que todos.  Estos libros hist\u00f3ricos fueron organizados de acuerdo al orden de tiempo sobre el que tratan; los libros de Tob\u00edas, Judit y Ester, sin embargo, ocupan el \u00faltimo lugar porque se refieren a historias personales.  El cuerpo de obras did\u00e1cticas ocupa el segundo lugar en el Canon, siendo arreglada en el orden del tiempo en que se supone que vivieron los escritores.  El tercer lugar se le asigna a los profetas, primero los cuatro mayores y luego los doce menores, seg\u00fan su respectivo orden cronol\u00f3gico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Concilio sigue un m\u00e9todo similar en la organizaci\u00f3n de los libros del Nuevo Testamento.  El primer lugar se le da a los libros hist\u00f3ricos, es decir, los Evangelios y los Hechos; los Evangelios siguen el orden de su composici\u00f3n estimada.  Los libros did\u00e1cticos ocupan el segundo lugar, las Ep\u00edstolas Paulinas siguiendo a las Cat\u00f3licas.  Las primeras son enumeradas seg\u00fan el orden de dignidad de la alocuci\u00f3n y seg\u00fan la importancia del asunto tratado.  De ah\u00ed resulta la serie:  Romanos; 1 y 2 Corintios; G\u00e1latas; Efesios; Filipenses; Colosenses; 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo; Tito; Filem\u00f3n; la Ep\u00edstola a los Hebreos ocupa el \u00faltimo lugar debido a su recepci\u00f3n tard\u00eda en el canon.  En su disposici\u00f3n de las Ep\u00edstolas Cat\u00f3licas el Concilio sigue el llamado orden occidental:  1 y 2 Pedro; 1, 2 y 3 de Juan; Santiago; Judas; nuestra edici\u00f3n de la Vulgata sigue el orden oriental (Santiago; 1, 2 y 3 de Juan; Judas) el cual parece basarse en G\u00e1latas 2,9.  En el Nuevo Testamento, el Apocalipsis ocupa el lugar correspondiente al de los Profetas en el Antiguo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Divisi\u00f3n Lit\u00fargica:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las necesidades de la liturgia ocasionaron una divisi\u00f3n de los libros inspirados en partes m\u00e1s peque\u00f1as.    En tiempos de los Ap\u00f3stoles era una costumbre aceptada en el servicio sabatino de la sinagoga leer una porci\u00f3n del Pentateuco (Hch. 15,21) y una parte de los Profetas (Lc. 4,16; Hch. 13,15.27).  As\u00ed el Pentateuco fue dividido en cincuenta y cuatro parashas seg\u00fan el n\u00famero de s\u00e1bados en el a\u00f1o lunar intercalar.  A cada parasha corresponde una divisi\u00f3n de los escritos prof\u00e9ticos, llamada haphtara.  El Talmud habla de m\u00e1s divisiones peque\u00f1as, pesukim, que casi se asemejan a nuestros vers\u00edculos.  La Iglesia transfiri\u00f3 al domingo cristiano la costumbre jud\u00eda de leer parte de las Escrituras en las reuniones de los fieles, pero pronto le a\u00f1adi\u00f3, o sustituy\u00f3, las lecturas jud\u00edas por partes del Nuevo Testamento (San Justino, \u201cI Apol.\u201d, LXVII; Tert., \u201cDe praescr.\u201d, XXXVI, etc.).  Puesto que las iglesias particulares difer\u00edan en la selecci\u00f3n de las lecturas dominicales, esta costumbre no ocasion\u00f3 ninguna divisi\u00f3n generalmente aceptada en los libros del Nuevo Testamento.  Adem\u00e1s, desde fines del siglo V, estas lecturas dominicales ya no se tomaron en orden, sino que se escog\u00eda las secciones seg\u00fan se adaptaban a las temporadas y fiestas eclesi\u00e1sticas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Divisiones para facilitar la referencia:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para la conveniencia de los lectores y estudiantes el texto tuvo que ser dividido m\u00e1s uniformemente de lo que hemos visto hasta ahora.  Tales divisiones se remontan al tiempo de Taciano en el siglo II.  En el siglo III Amonio dividi\u00f3 el texto del Evangelio en 1162 \u201ckephalaia\u201d para facilitar una armon\u00eda en los Evangelios.  Eusebio, Eutalio y otros llevaron a cabo este trabajo de divisi\u00f3n en los siglos siguientes, de modo que en el siglo V o VI los Evangelios quedaron divididos en 318 partes (tituli), las Ep\u00edstolas en 254 (capitula), y el Apocalipsis en 96 (24 sermones, 72 capitula).  Casiodoro relata que el texto del Antiguo Testamento estaba dividido en varias partes (De inst. div. Lit., I, II).  Pero todas estas variadas divisiones eran demasiado imperfectas y demasiado desiguales para el uso pr\u00e1ctico, especialmente cuando en el siglo XIII se comenz\u00f3 a construir concordancias (vea Concordancias de la Biblia).  Alrededor de este tiempo, el cardenal Stephen Langton, arzobispo de Canterbury (m. 1228), dividi\u00f3 uniformemente todos los libros de la Escritura, una divisi\u00f3n que hall\u00f3 su camino casi inmediatamente en los c\u00f3dices de la versi\u00f3n de la Vulgata e incluso en los c\u00f3dices de textos originales, y pas\u00f3 a todas las ediciones impresas luego de la invenci\u00f3n de la imprenta.  Como los cap\u00edtulos eran demasiado largos para una pronta referencia, el cardenal Hugo de San Cher los dividi\u00f3 en secciones m\u00e1s peque\u00f1as, las cuales indic\u00f3 con las letras may\u00fasculas A, B, etc.  Robert Stephens, probablemente imitando a R. Nathan (1437), dividi\u00f3 los cap\u00edtulos en vers\u00edculos, y public\u00f3 su divisi\u00f3n completa en cap\u00edtulos y vers\u00edculos primero en el texto de la Vulgata (1548) y luego tambi\u00e9n en el original griego del Nuevo Testamento (1551).\n<\/p>\n<h2>Escritura<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puesto que la Escritura es la palabra de Dios escrita, sus contenidos son verdades divinamente garantizadas, reveladas ya sea en el sentido amplio de la palabra o en el estricto.  Adem\u00e1s, puesto que la  inspiraci\u00f3n de un escrito no se puede conocer sin el testimonio divino, Dios debe haber revelado cu\u00e1les son los libros que constituyen la  Sagrada Escritura.  Adem\u00e1s, los te\u00f3logos ense\u00f1an que la Revelaci\u00f3n  cristiana estaba completa con los Ap\u00f3stoles, y que su dep\u00f3sito fue confiado a los Ap\u00f3stoles para guardarlo y promulgarlo.  Por lo tanto, el dep\u00f3sito apost\u00f3lico de la revelaci\u00f3n no conten\u00eda meramente la Sagrada Escritura en lo abstracto, sino tambi\u00e9n el conocimiento sobre sus libros constituyentes.  La Escritura, entonces, es un dep\u00f3sito apost\u00f3lico confiado a la Iglesia, y a la Iglesia pertenece su leg\u00edtima administraci\u00f3n.  Esta posici\u00f3n de la Sagrada Escritura en la Iglesia implica las siguientes consecuencias:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)  Los Ap\u00f3stoles promulgaron tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento como un documento recibido de Dios.  Es anteriormente probable que Dios no lanzar\u00eda su Palabra escrita sobre los hombres como una mera fruta arrastrada por el viento, proveniente de una autoridad desconocida, sino que confiar\u00eda su publicaci\u00f3n al cuidado de aquellos que \u00c9l estaba enviando a predicar el  Evangelio a todas las naciones, y a quienes les hab\u00eda prometido estar con ellos por siempre, incluso hasta la consumaci\u00f3n del mundo.  En conformidad con este principio, San Jer\u00f3nimo (De Script. Eccl.) dijo del Evangelio seg\u00fan San Marcos: \u201cCuando  Pedro lo oy\u00f3, ambos lo aprobaron y ordenaron que se leyera en las iglesias\u201d.  Los Padres testifican la promulgaci\u00f3n de la Escritura por los Ap\u00f3stoles donde tratan sobre la transmisi\u00f3n de los escritos inspirados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2)  La transmisi\u00f3n de los escritos inspirados consiste en la entrega de la Escritura por los Ap\u00f3stoles a sus sucesores con el derecho, el deber y el poder de continuar su promulgaci\u00f3n, de preservar su integridad e identidad, de explicar su significado, de usarla para ilustrar y probar la ense\u00f1anza cat\u00f3lica, de oponerse y condenar cualquier ataque a su doctrina, o cualquier abuso de su significado.  Podemos inferir todo esto por el car\u00e1cter de los escritos inspirados y la naturaleza del apostolado; pero tambi\u00e9n es atestiguado por alguno de los importantes escritores de la Iglesia primitiva.  San Ireneo insiste sobre estos puntos contra los gn\u00f3sticos, quienes apelaron a la Escritura como a documentos hist\u00f3ricos privados.  \u00c9l excluye la opini\u00f3n gn\u00f3stica, primero al insistir en la misi\u00f3n de los Ap\u00f3stoles y en la sucesi\u00f3n en el apostolado, especialmente seg\u00fan visto en la Iglesia de Roma (Haer., III, 3-4); segundo, al mostrar que la predicaci\u00f3n de los Ap\u00f3stoles continuada por sus sucesores contiene una garant\u00eda sobrenatural de infalibilidad a trav\u00e9s de la morada del Esp\u00edritu Santo (Haer., III, 24); tercero, al combinar la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica y la garant\u00eda sobrenatural del Esp\u00edritu Santo (Haer., IV, 26).  Parece claro que, si la Escritura no puede ser considerada como un documento hist\u00f3rico privado debido a la misi\u00f3n oficial de los Ap\u00f3stoles, debido a la sucesi\u00f3n oficial en el apostolado de sus sucesores, y debido a la ayuda del Esp\u00edritu Santo prometido a los Ap\u00f3stoles y sus sucesores, la promulgaci\u00f3n de la Escritura, la preservaci\u00f3n de su integridad e identidad, y la explicaci\u00f3n de su significado debe pertenecer a los Ap\u00f3stoles y sus leg\u00edtimos sucesores.   Los mismos principios fueron defendidos por el gran doctor alejandrino, Or\u00edgenes (De princ., Praef.).  \u201cQue s\u00f3lo\u201d, dice \u00e9l, \u201cse debe creer como verdad lo que no difiere en nada de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica y eclesi\u00e1stica.\u201d  En otro pasaje (in Matth. tr. XXIX, n. 46-47), \u00e9l rechaza el alegato presentado por los  herejes \u201ctan a menudo como presenten Escrituras can\u00f3nicas en que todos los cristianos concuerden y  crean\u201d, que \u201cen las casas est\u00e9 la palabra de verdad\u201d; \u201cpues de ella (la Iglesia]] solamente ha salido el sonido a toda la tierra, y sus palabras hasta el fin del mundo\u201d.  Que la Iglesia africana concuerda con la alejandrina es claro por las palabras de Tertuliano (De praescript., nn, 15, 19). \u00c9l protesta contra la admisi\u00f3n de los herejes \u201ca cualquier discusi\u00f3n tocante a las Escrituras\u201d.  \u201cPrimero se debe proponer esta pregunta, que es ahora la \u00fanica a ser discutida, \u201c\u00bfA qui\u00e9n pertenece la fe misma?, \u00bfde qui\u00e9n son las Escrituras?&#8230; Pues las verdaderas Escrituras y las verdaderas exposiciones y todas las verdadera regla cristiana estar\u00e1n donde est\u00e9n tanto las verdaderas reglas y fe cristianas\u201d.  San Agust\u00edn endosa la misma posici\u00f3n cuando dice:  \u201cYo no le creer\u00eda al Evangelio excepto sobre la autoridad de la Iglesia Cat\u00f3lica\u201d (Con epist. Manichaei, fundam., n. 6).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3) En virtud de su promulgaci\u00f3n oficial y permanente, la Escritura es un documento p\u00fablico, cuya autoridad divina es evidente para todos los miembros de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4) La Iglesia necesariamente posee un texto de la Escritura que es internamente aut\u00e9ntico, o substancialmente id\u00e9ntico al original.  Cualquier forma o versi\u00f3n del texto, cuya  autenticidad la Iglesia ha aprobado ya sea por su uso universal y constante o por una declaraci\u00f3n formal, disfruta del car\u00e1cter de autenticidad externa o p\u00fablica, es decir, su conformidad con el original no puede ser meramente presumida jur\u00eddicamente, sino que debe ser aceptada como cierta debido a la infalibilidad de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(5) El texto aut\u00e9ntico, leg\u00edtimamente promulgado, es una fuente y regla de fe, aunque permanece s\u00f3lo como un medio o instrumento en las manos del cuerpo docente de la Iglesia, el cual es el \u00fanico con el derecho a interpretar autoritativamente la Escritura.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(6)  La administraci\u00f3n y custodia de la Escritura no se conf\u00eda directamente a toda la Iglesia, sino a su cuerpo docente, aunque la Escritura misma es propiedad com\u00fan de los miembros de toda la Iglesia.   Aunque el uso privado de la Escritura est\u00e1 opuesto al hecho de que es propiedad com\u00fan, sus administradores est\u00e1n obligados a comunicar su contenido a todos los miembros de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(7)  Aunque la Escritura es propiedad eclesi\u00e1stica solamente, aquellos fuera de su l\u00edmite la pueden usar como medio de descubrir o entrar a la Iglesia.  Pero Tertuliano muestra que ellos no tienen derecho a aplicar la Escritura a sus propios prop\u00f3sitos o a tornarla contra la Iglesia.  \u00c9l tambi\u00e9n ense\u00f1a a los cat\u00f3licos c\u00f3mo disputar el derecho de los herejes a apelar del todo a la Escritura (por una especie de objeci\u00f3n), antes de arg\u00fcir con ellos sobre puntos \u00fanicos de la doctrina b\u00edblica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(8) Los derechos del cuerpo docente de la Iglesia incluyen tambi\u00e9n el de emitir y poner en vigor decretos para promover el uso correcto, o prevenir el abuso de la Escritura.  Sin mencionar la definici\u00f3n del Canon (vea Canon del Nuevo Testamento), el Concilio de Trento emiti\u00f3 dos decretos respecto a la  Vulgata, y un decreto respecto a la interpretaci\u00f3n de la Escritura.  (Vea ex\u00e9gesis b\u00edblica, hermen\u00e9utica, y esta \u00faltima aprobaci\u00f3n y sanci\u00f3n fue repetida de forma m\u00e1s concluyente por el Concilio Vaticano I (Ses. III, Conc. Trid., Ses. IV).  Las varias decisiones de la Comisi\u00f3n B\u00edblica derivan su poder coercitivo del mismo derecho del cuerpo docente de la Iglesia (cf. Thomas Stapleton, Princ. Fid. Demonstr., X-XI; Wilhelm y Scannel, \u201cManual de Teolog\u00eda Cat\u00f3lica\u201d, Londres, 1890, I, 61 ss.; Scheeben, \u00abHandbuch der katholischen Dogmatik\u00bb, Friburgo, 1873, I, 126 ss.).\n<\/p>\n<h2>Actitud de la Iglesia Hacia la Lectura de la Biblia en el Vern\u00e1culo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La actitud de la Iglesia en cuanto a la lectura de la Biblia en el vern\u00e1culo puede ser inferida de la pr\u00e1ctica y legislaci\u00f3n de la Iglesia.  Ha sido su pr\u00e1ctica proveer a las naciones reci\u00e9n convertidas, tan pronto sea posible, con versiones de la Escritura en su idioma vern\u00e1culo; de ah\u00ed las versiones orientales y latinas tempranas, las versiones existentes entre los armenios, los eslavos, los ostrogodos, los italianos, los franceses y las traducciones parciales al ingl\u00e9s.  En cuanto a la legislaci\u00f3n de la Iglesia sobre este asunto, podemos dividir su historia en tres grandes per\u00edodos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) Durante el curso del primer milenio de su existencia, la Iglesia no promulg\u00f3 ninguna ley respecto a la lectura de la Biblia en el vern\u00e1culo.  M\u00e1s bien se alentaba a los fieles a leer los Libros Sagrados de acuerdo a sus necesidades espirituales (cf. San Ireneo, Contra Herej\u00edas, III.4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Los pr\u00f3ximos quinientos a\u00f1os muestran s\u00f3lo regulaciones locales respecto al uso de la Biblia en el vern\u00e1culo.  El 2 de enero de 1080, el Papa San Gregorio VII le escribi\u00f3 al Duque de Bohemia que no permitir\u00eda la publicaci\u00f3n de las Escrituras en el lenguaje de su pa\u00eds.  Esta carta fue escrita principalmente para rechazar la petici\u00f3n de los bohemios de un permiso para conducir el servicio divino en el lenguaje eslavo.  El Papa tem\u00eda que la lectura de la Biblia en el vern\u00e1culo podr\u00eda llevar a irreverencia y falsas interpretaciones del texto inspirado (San Gregorio VII, \u201cEpist.\u201d, VII, XI).  El segundo documento pertenece al tiempo de los valdenses y de las herej\u00edas albigenses.  El obispo de Metz le hab\u00eda escrito al Papa Inocencio III que exist\u00eda en su di\u00f3cesis un frenes\u00ed perfecto por la Biblia en el vern\u00e1culo.  En 1199 el Papa le contest\u00f3 que en general, el deseo de leer las Escrituras era digno de encomio, pero que la pr\u00e1ctica era peligrosa para los simples e incultos (\u00abEpist., II, CXLI; Hurter, \u00abGesch. des. Papstes Innocent III\u00bb, Hamburgo, 1842, IV, 501 ss.).  Luego de la muerte de Inocencio III, en 1229 el S\u00ednodo de Tolosa dirigi\u00f3 su d\u00e9cimo cuarto canon contra el mal uso de la Sagrada Escritura de parte de los c\u00e1taros: &#160;: \u00abprohibemus, ne libros Veteris et Novi Testamenti laicis permittatur habere\u00bb (Hefele, \u00abConcilgesch\u00bb, Friburgo, 1863, V, 875).  En 1233 el S\u00ednodo de Tarragona emiti\u00f3 una prohibici\u00f3n similar en su segundo canon, pero ambas leyes estaban destinadas s\u00f3lo para los pa\u00edses sujetos a la jurisdicci\u00f3n de los respectivos s\u00ednodos (Hefele, ibid., 918).  En 1408 el Tercer S\u00ednodo de Oxford, debido a los des\u00f3rdenes de los lolardos, quienes en adici\u00f3n a sus cr\u00edmenes de violencia y anarqu\u00eda, hab\u00edan introducido virulentas interpolaciones en el texto sagrado en su vern\u00e1culo, emiti\u00f3 una ley en virtud de la cual s\u00f3lo se permitir\u00eda a los laicos leer las versiones aprobadas por el ordinario local o el consejo provincial (Hefele, op. cit., VI, 817).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Es s\u00f3lo al comienzo de los \u00faltimos cinco centurias que encontramos una ley general de la Iglesia respecto a la lectura de la Biblia en el vern\u00e1culo.  El 24 de marzo de 1564 elPapa P\u00edo IV promulg\u00f3 en su Constituci\u00f3n \u201cDominici gregis\u201d el \u00cdndice de Libros Prohibidos.  Seg\u00fan la tercera regla, el Antiguo Testamento puede ser le\u00eddo en el vern\u00e1culo por hombres piadosos e instruidos, seg\u00fan el juicio del obispo, como una ayuda para el mejor entendimiento de la Vulgata.  La regla cuarta coloca en manos del obispo o inquisidor el poder de permitir la lectura del Nuevo Testamento en el vern\u00e1culo a laicos que seg\u00fan el juicio de su confesor o pastor se pueden beneficiar de esta pr\u00e1ctica.  El Papa Sixto V se reserv\u00f3 este poder para s\u00ed mismo o la Sagrada Congregaci\u00f3n del \u00cdndice, y Clemente VIII le a\u00f1adi\u00f3 esta restricci\u00f3n a la cuarta regla del \u00cdndice, a modo de ap\u00e9ndice.  Benedicto XIV requiri\u00f3 que la versi\u00f3n vern\u00e1cula le\u00edda por los laicos deb\u00eda ser aprobada por la Santa Sede o provista con notas tomadas de los escritos de los Padres o de autores instruidos y piadosos.  Entonces se volvi\u00f3 una pregunta abierta si este orden de Benedicto XIV intentaba sustituir la legislaci\u00f3n anterior o restringirla m\u00e1s.  Esta duda no fue aclarada por los tres documentos siguientes:  la condena de ciertos errores del jansenista Pasquier Quesnel en cuanto a la necesidad de leer la Biblia, la Bula Unig\u00e9nito emitida por Clemente XI el 8 de septiembre de 1713 (cf. Denzinger, \u201cEnchir.\u201d, nn. 1294-1300); la condena de la misma ense\u00f1anza sostenida en el S\u00ednodo de Pistoia por la Bula \u201cAuctorem Fidei\u201d emitida el 28 de agosto de 1794 por el Papa P\u00edo VI; la advertencia contra el permitir a los laicos leer indiscriminadamente las Escrituras en el vern\u00e1culo, dirigida al obispo de Mohileff por el Papa P\u00edo VII el 3 de septiembre de 1816.  Pero el Decreto emitido por la Sagrada Congregaci\u00f3n del \u00cdndice el 7 de enero de 1836 parece haber dejado claro que de ah\u00ed en adelante los laicos pod\u00edan leer versiones de la Biblia en el vern\u00e1culo, si estaban aprobadas por la Santa Sede o si pose\u00edan notas tomadas de los escritos de los Padres o de autores cat\u00f3licos instruidos.  La misma regulaci\u00f3n fue repetida por el Papa Gregorio XVI en su Enc\u00edclica del 8 de mayo de 1844.  En general, la Iglesia ha permitido siempre la lectura de la Biblia en el vern\u00e1culo, si es deseable para las necesidades espirituales de sus hijos; s\u00f3lo lo ha prohibido cuando ha sido casi cierto que causa da\u00f1o espiritual serio.\n<\/p>\n<h2>Otros Asuntos B\u00edblicos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia de la preservaci\u00f3n y la propagaci\u00f3n del texto de la Escritura se describe en los art\u00edculos Manuscritos de la Biblia, C\u00f3dice Alejandrino (etc.), Versiones de la Biblia, Ediciones de la Biblia, Cr\u00edtica Textual; la interpretaci\u00f3n de la Escritura se trata en los art\u00edculos Hermen\u00e9utica, Ex\u00e9gesis B\u00edblica, Comentarios a la Biblia, y Alto Criticismo.  Informaci\u00f3n adicional sobre estos asuntos aparece en los art\u00edculos Introducci\u00f3n B\u00edblica, Antiguo Testamento, Nuevo Testamento.  La historia de la versi\u00f3n inglesa se trata en el art\u00edculo Versiones de la Biblia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  Una lista de literatura cat\u00f3lica sobre temas b\u00edblicos ha sido publicada en la Revista Eclesi\u00e1stica Americana, XXXI (agosto de 1904), 194-201; esta lista est\u00e1 bastante completa hasta la fecha de su publicaci\u00f3n.  Vea tambi\u00e9n las obras citadas a trav\u00e9s del curso del art\u00edculo.  Muchas de los asuntos relacionados  con la Escritura se tratan en art\u00edculos especiales a trav\u00e9s del curso de la Enciclopedia, por ejemplo, adem\u00e1s de los mencionados arriba, vea San Jer\u00f3nimo, Canon de las Sagradas Escrituras; Concordancias de la Biblia, Inspiraci\u00f3n de la Biblia, Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, etc.  Cada uno de estos art\u00edculos tiene abundante gu\u00eda literaria hacia su propio aspecto de las Escrituras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Maas, Anthony. \u00abScripture.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. New York: Robert Appleton Company, 1912. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/13635b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eze 32:16 eran obra de Dios, y la e era e de Dios Dan 5:25 la e que traz\u00f3 es: Mene, Mene, Tekel Mat 22:29; Mar 12:24 ignorando las E y el poder de Mar 12:10 \u00bfni aun esta e hab\u00e9is le\u00eddo: La piedra Luk 4:21 hoy se ha cumplido esta E delante de Luk &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escritura\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abESCRITURA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6014","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6014","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6014"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6014\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6014"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6014"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6014"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}