{"id":6111,"date":"2016-02-05T02:36:21","date_gmt":"2016-02-05T07:36:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/herencia\/"},"modified":"2016-02-05T02:36:21","modified_gmt":"2016-02-05T07:36:21","slug":"herencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/herencia\/","title":{"rendered":"HERENCIA"},"content":{"rendered":"<p>v. Heredad, Posesi\u00f3n<br \/>\nNum 27:8 sin hijos, traspasar\u00e9is su h a su hija<br \/>\nJob 27:13 la h que los violentos han de recibir<br \/>\nPsa 2:8 p\u00eddeme, y te dar\u00e9 por h las naciones, y<br \/>\nPsa 16:5 Jehov\u00e1 es la porci\u00f3n de mi h y de mi copa<br \/>\nPsa 127:3 he aqu\u00ed, h de Jehov\u00e1 son los hijos; cosa<br \/>\nPro 19:14 la casa y las riquezas son h de los<br \/>\nEcc 7:11 buena es la ciencia con h; y provechosa<br \/>\nIsa 54:17 esta es la h de los siervos de Jehov\u00e1<br \/>\nLuk 12:13 d\u00ed a mi hermano que parta conmigo la h<br \/>\nAct 20:32 y daros h con todos los santificados<br \/>\nAct 26:18 que reciban .. h entre los santificados<br \/>\nEph 1:11 en \u00e9l asimismo tuvimos h, habiendo sido<br \/>\nEph 1:14 las arras de nuestra h hasta la redenci\u00f3n<br \/>\nEph 1:18 cu\u00e1les las riquezas de la gloria de su h<br \/>\nEph 5:5 ning\u00fan .. avaro .. tiene h en el reino de<br \/>\nCol 1:12 participar de la h de los santos en luz<br \/>\nCol 3:24 recibir\u00e9is la recompensa de la h, porque<br \/>\nHeb 9:15 reciban la promesa de la h eterna<br \/>\nHeb 10:34 ten\u00e9is una .. perdurable h en los cielos<br \/>\nHeb 11:8 al lugar que hab\u00eda de recibir como h<br \/>\n1Pe 1:4 para una h incorruptible .. en los cielos<\/p>\n<hr>\n<p>En el AT este t\u00e9rmino significa algo que es heredado, una propiedad o dote. Un principio fundamental en la sociedad hebrea era que una propiedad real, en contraste con una propiedad personal, pertenec\u00ed\u00ada a la familia y no al individuo. Esto surgi\u00f3 de la idea de que la tierra hab\u00ed\u00ada sido dada por Dios a su gente y, por lo mismo, deb\u00ed\u00ada permanecer en la familia. S\u00f3lo los hijos de una mujer leg\u00ed\u00adtima ten\u00ed\u00adan el derecho de heredar. El hijo primog\u00e9nito pose\u00ed\u00ada el derecho de la primogenitura; es decir, el derecho a una doble porci\u00f3n de la posesi\u00f3n del padre; y \u00e9l tambi\u00e9n ten\u00ed\u00ada la obligaci\u00f3n de velar por las mujeres de la familia (Deu 21:15-17). Los otros hijos recib\u00ed\u00adan partes iguales.<\/p>\n<p>Si no hab\u00ed\u00ada hijos, la propiedad se repart\u00ed\u00ada entre las hijas (Num 27:8), con la condici\u00f3n de que no se casaran fuera de su propia tribu (Num 36:6 ss.). Si la viuda quedaba sin hijos, el pariente m\u00e1s cercano por parte del esposo ten\u00ed\u00ada el derecho de casarse con ella; y si \u00e9ste no quer\u00ed\u00ada hacerlo, el derecho era para el pariente que segu\u00ed\u00ada en l\u00ed\u00adnea (Rth 3:12-13). Si nadie se casaba con ella, la herencia permanec\u00ed\u00ada con la mujer hasta su muerte, y despu\u00e9s se devolv\u00ed\u00ada al pariente m\u00e1s cercano (Num 27:9-11). Una propiedad no se pod\u00ed\u00ada pasar de una tribu a otra. Por eso no se necesitaban las disposiciones testamentarias, pero las genealog\u00ed\u00adas familiares se preservaban cuidadosamente.<\/p>\n<p>Al principio, en el AT \u2020\u0153herencia\u2020\u009d se refer\u00ed\u00ada a la herencia que Dios hab\u00ed\u00ada prometido a Abraham y a sus descendientes; es decir, la tierra de Cana\u00e1n (1Ki 8:36; comparar Num 34:2; Deu 4:21, Deu 4:38; Deu 12:9-10; Deu 15:4; Psa 47:4; Psa 105:9-11).<\/p>\n<p>Los israelitas llegaron a comprender que Dios mismo era la herencia de su pueblo (Jer 10:16) e individualmente del creyente (Psa 16:5-6; Psa 73:26; Psa 142:5), y que su herencia eran sus elegidos (Deu 4:20; compararDeu 32:9). M\u00e1s tarde este concepto se ampli\u00f3 para incluir a los gentiles (Psa 2:8; Isa 19:25; Isa 47:6; Isa 63:17).<\/p>\n<p>En el NT Cristo es el heredero en virtud de ser el Hijo (Mar 12:7; Heb 1:2). Por medio de la obra redentora de Cristo, los creyentes son hechos hijos de Dios por adopci\u00f3n y coherederos con Cristo (Rom 8:17; Gal 4:7). Como una garant\u00ed\u00ada de la promesa de la herencia eterna (Heb 9:15), Cristo les ha dado el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Eph 1:14). En el Nuevo Pacto hay una mejor herencia para todos los verdaderos creyentes, incluyendo a los gentiles (Heb 3:6). La herencia es el reino de Dios con todas sus bendiciones (Mat 25:34; 1Co 6:9; Gal 5:21), tanto presente como escatol\u00f3gicamente hablando (Rom 8:17-23; 1Co 15:50; Heb 11:13; 1Pe 1:3-4). Es un regalo que depende totalmente de la gracia soberana de Dios.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(Propiedades heredadas).<\/p>\n<p> 1- En el A.T. era muy importante ser \u00abprimog\u00e9nito\u00bb, porque suced\u00ed\u00ada al padre como cabeza de familia: (o tribu), y recib\u00ed\u00ada doble porci\u00f3n de la herencia: (Deu 21:17). Si era \u00abprimog\u00e9nito\u00bb y \u00abunig\u00e9nito\u00bb, lo heredaba todo, como Jes\u00fas: (Mat 1:25, Luc 2:23, Heb 1:6, Ap.<\/p>\n<p> 5).<\/p>\n<p> 2- La \u00abherencia\u00bb se deja en un \u00abtestamento\u00bb; y el Antiguo y Nuevo Testamentos, es lo que nos deja Dios en herencia. As\u00ed\u00ad es que los tenemos que leer con tanto inter\u00e9s como leer\u00ed\u00adamos el testamento de un t\u00ed\u00ado rico, que nos deja su herencia, y con tanto carino como el testamente de nuestro padre, donde nos expresa sus \u00faltimos deseos m\u00e1s entranables.<\/p>\n<p> 3- En el Nuevo Testamento, se refiere al Reino de Dios con todos sus bienes presentes y eternos, Rom 8:17-23, Mat 25:34, 1Co 6:9, 1Co 15:50, Hec 11:13, 1Pe 1:3-4, Gal 5:21.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Entre los hebreos se practicaba la poligamia, lo cual creaba una diferencia importante al respecto entre las esposas y las concubinas. Los hijos de las que ten\u00ed\u00adan condici\u00f3n de esposa eran los que recib\u00ed\u00adan herencia del padre. Los hijos de las concubinas no heredaban. As\u00ed\u00ad, Sara dijo: \u2020\u0153El hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo\u2020\u009d (Gen 21:10; Gal 4:30). Abraham dio bienes a los hijos que tuvo con concubinas, pero los mand\u00f3 lejos de Isaac (Gen 25:6). El orden de sucesi\u00f3n que se estableci\u00f3 en la ley fue que de los bienes repartidos se daba el doble al hijo mayor. Si no hab\u00ed\u00adan varones, entonces los bienes se daban a las hijas. De faltar \u00e9stas, se entregaban al hermano del difunto. Y si no ten\u00ed\u00ada hermano, se entregaban a su t\u00ed\u00ado paterno (Num 27:7-10). Las hijas que heredaban no pod\u00ed\u00adan casarse con personas de una tribu diferente (Num 36:2-12).<\/p>\n<p>El concepto de adopci\u00f3n vino a practicarse m\u00e1s frecuentemente entre los jud\u00ed\u00ados tras el contacto con las culturas griega y romana, especialmente esta \u00faltima. De ese modo, se introdujeron los usos y costumbres que el NT recoge para ilustrar relaciones entre Dios y el creyente como las de un padre y su hijo, la idea de testamento (Heb 9:16-17), etc\u00e9tera. \u2020\u00a2Testamento.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, LEYE COST TIPO<\/p>\n<p>vet, Abraham ya conoci\u00f3 esta costumbre de transmisi\u00f3n de bienes a la muerte (Gn. 15:3, 4). S\u00f3lo los hijos de la esposa leg\u00ed\u00adtima ten\u00ed\u00adan derecho a herencia. Los hijos de una concubina quedaban excluidos de ella. Ismael, hijo de la esclava, no pod\u00ed\u00ada heredar con el hijo de la libre (Gn. 21:10). Abraham despidi\u00f3, con dones, a los hijos tenidos con sus concubinas (Gn. 25:5, 6). En cambio, todos los hijos de Jacob recibieron iguales derechos. Las hijas heredaban en ocasiones con el mismo derecho que los hijos (Jb. 42:15). Seg\u00fan la ley de Mois\u00e9s, los bienes de un hombre eran divididos, a su muerte, entre sus hijos. El primog\u00e9nito recib\u00ed\u00ada el doble de lo que recib\u00ed\u00adan los dem\u00e1s (Dt. 21:15-17). Si no hab\u00ed\u00ada hijos, la herencia era para las hijas (Nm. 27:1-8), que en tal caso no pod\u00ed\u00adan casarse fuera de su tribu (Nm. 36; Tob. 6: 10-13). Si las circunstancias exig\u00ed\u00adan que alguien de otra familia se casara con una heredera \u00fanica, los hijos nacidos de este casamiento llevaban el nombre de su abuelo materno (1 Cr. 2:34-41; Esd. 2:61). Si el difunto no hab\u00ed\u00ada tenido hijos, la herencia iba a su\/s hermano\/s; si no los hab\u00ed\u00ada, iba al pariente m\u00e1s pr\u00f3ximo (Nm. 27:9-11). Las administraciones griega y romana introdujeron nuevos usos y costumbres, y los t\u00e9rminos testamento y testador se hicieron familiares entre los jud\u00ed\u00ados (He. 9:16, 17). En sentido espiritual, somos herederos de Dios, habiendo venido a ser realmente hijos de El por la adopci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, el cual nos hace clamar \u00ab\u00c2\u00a1Abba!\u00bb (Padre, lit. \u00abpap\u00e1\u00bb, Ro. 8:17). Ya Abraham hab\u00ed\u00ada recibido, por la fe, la promesa de que ser\u00ed\u00ada \u00abheredero del mundo\u00bb, lo que tambi\u00e9n nos est\u00e1 reservado (Ro. 4:13-16). El creyente estaba sometido antes a la esclavitud de la Ley del AT, pero ahora, como dice Pablo \u00abya no eres esclavo sino hijo y si hijo tambi\u00e9n heredero de Dios por medio de Cristo\u00bb (G\u00e1. 3:18; 4:1-7 cp. G\u00e1. 4:30, 31). Cristo, el Hijo unig\u00e9nito del Padre, es de derecho, el heredero de todas las cosas (He. 1:2) Por su gracia somos tambi\u00e9n herederos juntamente con El (Ro. 8:17; Ef. 1:11). Estando justificados, hemos venido a ser en esperanza herederos de la salvaci\u00f3n y de la vida eterna (He. 1:14; Tit. 3:7). Dios mismo nos garantiza esta herencia al darnos el sello y la prenda de su Esp\u00ed\u00adritu (Ef. 1:13-14), confirmando la promesa con un solemne juramento (He. 6:17-18). En su bondad, Dios ya nos revela ahora \u00ablas riquezas de la gloria de su herencia en los santos\u00bb (Ef. 1:18), y nos hace \u00abaptos para participar de la herencia de los santos en luz\u00bb (Col. 1:12), prometi\u00e9ndonos \u00abla recompensa de la herencia\u00bb (Col. 3:24), por cuanto \u00abnos ha hecho renacer &#8230; para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible reservada en los cielos para vosotros\u00bb (1 P. 1:3, 4). Se debe destacar el hecho de que el mismo Dios es la herencia de los creyentes (Dt. 10:9; 18:2; Jos. 13:14; Sal. 16:5-6) as\u00ed\u00ad como nosotros somos herencia de El (Dt. 9:26, 29; 1 R. 8:53; Sal. 2:8; 33:12).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[604]<\/p>\n<p>    Es lo que se recibe de los padres por derecho natural de participaci\u00f3n y pertenencia. En sentido metaf\u00f3rico se alude a lo que se recibe de Dios, que es el cielo y la salvaci\u00f3n.  En el Nuevo Testamento es un concepto frecuentemente citado: 67 veces, de las que 7 se dan en boca de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    San Pablo es quien m\u00e1s emplea la idea de que hay una herencia celeste que Dios, due\u00f1o del universo, tiene reservada para los que le aman. Esta persuadido de que el cristiano \u00abya no es esclavo, sino hijo y heredero por voluntad de Dios\u00bb (Gal. 7.2). (Ver Mendel. Gregorio)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(-> promesa, Reino). El tema de la herencia constituye uno de los elementos centrales de la Biblia, entendida como \u00abtestamento\u00bb o promesa de Dios, y as\u00ed\u00ad aparece desde el principio de la historia de la salvaci\u00f3n: los israelitas han heredado la tierra de Cana\u00e1n como un don, conforme a la promesa de Dios a los patriarcas (cf. Gn 12,1-3). En esa l\u00ed\u00adnea, debemos afirmar que la tierra es la primera herencia, nahala, que Dios ha ofrecido a los antepasados de su pueblo (cf. Gn 13,14-15; 15,18; 24,7). Ese tema, expresado en varias formas, constituye la espina dorsal del Deuteronomio: en nombre de Dios, Mois\u00e9s ordena al pueblo que venga y tome en posesi\u00f3n la tierra (cf. Dt 4,1.22; 11,8; etc.). Siguiendo  en esa l\u00ed\u00adnea, el Sal 37,7 ha acu\u00f1ado la expresi\u00f3n que tendr\u00e1 m\u00e1s influjo en el Nuevo Testamento: los mansos heredar\u00e1n la tierra. Mansos son en hebreo los anawim, es decir, aquellos pobres que no pueden ni quieren imponerse por la fuerza sobre los dem\u00e1s. La Biblia griega traducepraeis (cf. LXX Sal 36,7). As\u00ed\u00ad lo ha retomado el evangelio de Mateo, convirtiendo esta palabra del salmo en bienaventuranza: \u00abBienaventurados los mansos (praeis) porque ellos heredar\u00e1n la tierra\u00bb (Mt 5,5). El t\u00e9rmino heredar (kl\u00e9ronomein) era para el judaismo tard\u00ed\u00ado un t\u00e9rmino t\u00e9cnico de escatolog\u00ed\u00ada: designaba la participaci\u00f3n de la gloria futura. En este sentido lo ha empleado Jes\u00fas o por lo menos el Nuevo Testamento. Pues bien, en esa misma l\u00ed\u00adnea, el Jes\u00fas de Mt 25,34 dice: \u00abVenid, benditos de mi padre, heredad el Reino&#8230;\u00bb, unificando de un modo \u00ed\u00adntimo la herencia y el Reino. Significativamente, parece que el judaismo nunca hab\u00ed\u00ada hablado de la herencia del Reino, que estaba demasiado ligado a Dios y a su Mes\u00ed\u00adas; por el contrario, dentro del Nuevo Testamento, la expresi\u00f3n de la herencia del Reino est\u00e1 bien establecida, de manera que es casi un t\u00f3pico (cf. 1 Cor 6,9-10; 15,50; Gal 5,21; Sant 2,5). En ese campo se sit\u00faa la palabra de Mt 25,34. Eso significa que seg\u00fan el Nuevo Testamento los hombres han sido enriquecidos por Dios con la suprema herencia: la herencia del reino de Dios. Ese tema se encuentra estrechamente vinculado con el Hijo que es el Heredero (cf. Mc 12,7; Mt 21,38). L\u00f3gicamente, en el momento en que los cristianos se descubren hijos en Cristo, se descubren y afirman tambi\u00e9n como herederos: \u00abYa no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo tambi\u00e9n heredero\u00bb (Gal 4,7).<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>Conjunto de bienes que, al morir su propietario, pasa a sus herederos; inclinaciones, costumbres, car\u00e1cter o temperamento que se hereda de los progenitores o de los antecesores. El verbo hebreo que se utiliza con mayor frecuencia es na\u00c2\u00b7j\u00e1l (sustantivo, na\u00c2\u00b7jal\u00e1h). Tiene que ver con la obtenci\u00f3n o transmisi\u00f3n de una herencia o posesi\u00f3n hereditaria, por lo general debido a una sucesi\u00f3n. (N\u00fa 26:55; Eze 46:18.) El verbo ya\u00c2\u00b7r\u00e1sch se usa a veces con el sentido de \u2020\u0153suceder como heredero\u2020\u009d, aunque suele significar \u2020\u0153tomar posesi\u00f3n\u2020\u009d, sin tener que ver con sucesi\u00f3n. (G\u00e9 15:3; Le 20:24.) En el contexto militar tiene el sentido de \u2020\u0153desposeer; expulsar\u2020\u009d. (Dt 2:12; 31:3.) Las palabras griegas para \u2020\u0153herencia\u2020\u009d est\u00e1n relacionadas con kle\u00c2\u00b7ros, que originalmente significaba \u2020\u0153suerte\u2020\u009d; luego, \u2020\u0153participaci\u00f3n\u2020\u009d, y por \u00faltimo, \u2020\u0153herencia\u2020\u009d. (Mt 27:35; Hch 1:17; 26:18.)<br \/>\nEn Israel la herencia consist\u00ed\u00ada principalmente en posesiones territoriales, aunque tambi\u00e9n inclu\u00ed\u00ada bienes muebles. Adem\u00e1s, la Biblia habla de la herencia de cosas de naturaleza espiritual. Por ejemplo, a los cristianos ungidos por esp\u00ed\u00adritu se les llama \u2020\u0153herederos por cierto de Dios, pero coherederos con Cristo\u2020\u009d. Si permanecen fieles, les espera \u2020\u0153la herencia eterna\u2020\u009d. (Ro 8:17; Heb 9:15.)<\/p>\n<p>Per\u00ed\u00adodo patriarcal. Los fieles patriarcas hebreos, Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob, no pose\u00ed\u00adan tierra alguna, excepto el campo donde estaba la cueva que se us\u00f3 como sepultura y el terreno que Jacob compr\u00f3 cerca de Siquem. (G\u00e9 23:19, 20; 33:19.) El m\u00e1rtir cristiano Esteban dijo sobre la residencia de Abrah\u00e1n en Cana\u00e1n: \u2020\u0153Sin embargo, no le dio ninguna posesi\u00f3n heredable en ella, no, ni lo ancho de un pie; pero prometi\u00f3 d\u00e1rsela como posesi\u00f3n, y despu\u00e9s de \u00e9l a su descendencia, cuando todav\u00ed\u00ada no ten\u00ed\u00ada hijo\u2020\u009d. (Hch 7:5.) Estos hombres legaron como herencia material su ganado y sus bienes muebles. El primog\u00e9nito heredaba dos partes de la propiedad, en comparaci\u00f3n con la que se asignaba a los otros hijos. Las hijas del patriarca Job recibieron una herencia de entre sus hermanos, aunque no se dice si esta inclu\u00ed\u00ada o no una posesi\u00f3n territorial. (Job 42:15.)<br \/>\nEl padre pod\u00ed\u00ada transferir el derecho de primogenitura si ten\u00ed\u00ada razones v\u00e1lidas, dando la herencia del primog\u00e9nito a un hijo m\u00e1s joven. En los casos registrados en la Biblia, el cambio que se produjo no obedeci\u00f3 a capricho o favoritismo, sino a una raz\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. Ismael, el hijo mayor de Abrah\u00e1n, fue el futuro heredero durante catorce a\u00f1os. (G\u00e9 16:16; 17:18-21; 21:5.) No obstante, a petici\u00f3n de Sara, y con la aprobaci\u00f3n de Jehov\u00e1, Abrah\u00e1n despidi\u00f3 a Ismael, que para entonces ten\u00ed\u00ada diecinueve a\u00f1os. El derecho de primog\u00e9nito recay\u00f3 sobre Isaac, quien con el tiempo recibi\u00f3 todo lo que pertenec\u00ed\u00ada a Abrah\u00e1n, con la excepci\u00f3n de los regalos que este dio a los hijos que m\u00e1s tarde tuvo con Quetur\u00e1. (Ge 21:8-13; 25:5, 6.) Rub\u00e9n, el primog\u00e9nito de Jacob, perdi\u00f3 su derecho de primog\u00e9nito por tener relaciones con la concubina de su padre. (G\u00e9 49:3, 4; 1Cr 5:1, 2.) Jacob dio la bendici\u00f3n m\u00e1s importante a Efra\u00ed\u00adn, el hijo menor de Jos\u00e9, y no a Manas\u00e9s, el mayor. (G\u00e9 48:13-19.)<br \/>\nEl concubinato era legal. De hecho, a veces en la Biblia se llama \u2020\u0153esposa\u2020\u009d a la concubina, y al hombre con quien vive, \u2020\u0153esposo\u2020\u009d. Tambi\u00e9n se utilizan los t\u00e9rminos yerno y suegro para designar sus respectivas relaciones familiares. (G\u00e9 16:3; Jue 19:3-5.) A los hijos de las concubinas se les reconoc\u00ed\u00ada como leg\u00ed\u00adtimos, de modo que ten\u00ed\u00adan una posici\u00f3n hereditaria igual a la de los hijos de la esposa.<br \/>\nAntes de tener hijos, Abrah\u00e1n se refiri\u00f3 a su esclavo Eliezer como el futuro heredero de sus bienes, pero Jehov\u00e1 le dijo que tendr\u00ed\u00ada un hijo como heredero. (G\u00e9 15:1-4.)<\/p>\n<p>Per\u00ed\u00adodo de la Ley. Bajo la Ley no se permit\u00ed\u00ada que un padre considerase como primog\u00e9nito al hijo de la esposa m\u00e1s amada en lugar de al verdadero primog\u00e9nito nacido de una esposa menos amada. Ten\u00ed\u00ada que darle al primog\u00e9nito una porci\u00f3n doble de todo lo que pose\u00ed\u00ada. (Dt 21:15-17.) Cuando no hab\u00ed\u00ada hijos varones, recib\u00ed\u00adan la herencia las hijas. (N\u00fa 27:6-8; Jos 17:3-6.) Sin embargo, cuando las hijas heredaban tierras, se requer\u00ed\u00ada solo que se casasen dentro de la familia de la tribu de su padre, a fin de evitar que su herencia circulase de tribu en tribu. (N\u00fa 36:6-9.) En los casos en los que no hubiese prole, el orden hereditario era el siguiente: 1) los hermanos del difunto, 2) los hermanos de su padre y 3) el pariente consangu\u00ed\u00adneo m\u00e1s cercano. (N\u00fa 27:9-11.) La esposa no recib\u00ed\u00ada ninguna herencia de su esposo. Cuando no hab\u00ed\u00ada descendencia, la esposa pasaba a ser la propietaria de la tierra hasta que la redimiese el que ten\u00ed\u00ada el derecho de recompra. En tal caso, se recompraba a la esposa junto con la propiedad. (Rut 4:1-12.) Bajo la ley del matrimonio de cu\u00f1ado, el primer hijo que la mujer ten\u00ed\u00ada con el recomprador llegaba a ser el heredero del esposo fallecido y conservaba su nombre. (Dt 25:5, 6.)<\/p>\n<p>Tierras hereditarias. Jehov\u00e1 dio su herencia a los hijos de Israel y especific\u00f3 a Mois\u00e9s los l\u00ed\u00admites de la tierra. (N\u00fa 34:1-12; Jos 1:4.) Los hijos de Gad y de Rub\u00e9n y la media tribu de Manas\u00e9s recibieron su territorio de Mois\u00e9s. (N\u00fa 32:33; Jos 14:3.) El resto de las tribus recibieron su herencia por sorteo bajo la direcci\u00f3n de Josu\u00e9 y Eleazar. (Jos 14:1, 2.) En armon\u00ed\u00ada con la profec\u00ed\u00ada de Jacob registrada en G\u00e9nesis 49:5, 7, a Sime\u00f3n y Lev\u00ed\u00ad no se les dio como herencia una secci\u00f3n separada de territorio: el territorio de Sime\u00f3n se hallaba dentro del de Jud\u00e1, en donde ten\u00ed\u00ada algunas ciudades (Jos 19:1-9), mientras que a Lev\u00ed\u00ad se le dieron 48 ciudades por todo Israel. En el caso de los levitas, se dijo que Jehov\u00e1 era su herencia, debido a que hab\u00ed\u00adan recibido el nombramiento para servicio especial en el santuario. A cambio de su servicio, recib\u00ed\u00adan el diezmo como su porci\u00f3n o herencia. (N\u00fa 18:20, 21; 35:6, 7.) Dentro del seno de cada tribu, las familias recibieron su territorio asignado. A medida que estas aumentaban y los hijos heredaban, la tierra se divid\u00ed\u00ada progresivamente en parcelas cada vez m\u00e1s peque\u00f1as.<br \/>\nLa tierra no pod\u00ed\u00ada venderse a perpetuidad, puesto que permanec\u00ed\u00ada como propiedad de la misma familia de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. En realidad, la venta de la tierra consist\u00ed\u00ada tan solo en su arrendamiento por el valor de las cosechas que producir\u00ed\u00ada, y el precio de compra se computaba dependiendo del n\u00famero de a\u00f1os que quedasen hasta el Jubileo m\u00e1s cercano. Con la llegada de este acontecimiento, todas las posesiones de tierra volver\u00ed\u00adan a su propietario original, a no ser que la tierra ya se hubiese recomprado antes del Jubileo. (Le 25:13, 15, 23, 24.) En esta reglamentaci\u00f3n se inclu\u00ed\u00adan las casas que estaban en ciudades no amuralladas, pues se las consideraba parte del campo abierto. Para la casa que estaba dentro de una ciudad amurallada, el derecho de recompra tan solo duraba un a\u00f1o (contando desde el tiempo de la venta), y a partir de este momento se convert\u00ed\u00ada en propiedad del comprador. En el caso de las casas en las ciudades levitas, el derecho de recompra se perpetuaba indefinidamente debido a que los levitas no ten\u00ed\u00adan ninguna herencia de tierra. (Le 25:29-34.)<br \/>\nLa inviolabilidad de la posesi\u00f3n hereditaria se ilustra en el caso de la vi\u00f1a de Nabot. Este rehus\u00f3 vend\u00e9rsela al rey o cambi\u00e1rsela por otra vi\u00f1a, y la corona no ten\u00ed\u00ada el derecho de apropi\u00e1rsela. (1Re 21:2-6.) Sin embargo, una persona pod\u00ed\u00ada dar por entero una parte de su herencia a Jehov\u00e1 para el santuario. Si lo hac\u00ed\u00ada, no pod\u00ed\u00ada ser redimida, sino que permanec\u00ed\u00ada como propiedad del santuario y de su sacerdocio. No obstante, si alguien deseaba santificar parte de su propiedad para uso temporal del santuario, pod\u00ed\u00ada hacerlo, y si m\u00e1s tarde deseaba redimirla, pod\u00ed\u00ada recomprarla si a\u00f1ad\u00ed\u00ada una quinta parte de su valoraci\u00f3n. Todo esto, sin duda, proteg\u00ed\u00ada de p\u00e9rdidas a la tesorer\u00ed\u00ada del santuario, y tambi\u00e9n generaba gran respeto hacia el santuario y hacia lo que all\u00ed\u00ad se ofrec\u00ed\u00ada para la adoraci\u00f3n de Jehov\u00e1. Si el campo santificado se vend\u00ed\u00ada a otro hombre, en el Jubileo era como un campo dado por entero y no regresaba al propietario original, permaneciendo como propiedad del santuario y su sacerdocio. (Le 27:15-21, 28; v\u00e9ase SANTIFICACI\u00ed\u201cN [Santificaci\u00f3n de la tierra].)<br \/>\nDe lo dicho se infiere que los testamentos no ten\u00ed\u00adan raz\u00f3n de ser y que ni siquiera exist\u00ed\u00ada dicha expresi\u00f3n en la terminolog\u00ed\u00ada hebrea, puesto que las leyes de la herencia eliminaban cualquier necesidad de tal documento. El propietario incluso repart\u00ed\u00ada los bienes muebles durante su vida, o se repart\u00ed\u00adan seg\u00fan las leyes de la herencia a su muerte. En la ilustraci\u00f3n de Jes\u00fas del hijo pr\u00f3digo, el hijo m\u00e1s joven solicit\u00f3 y recibi\u00f3 su porci\u00f3n de la propiedad antes de la muerte de su padre. (Lu 15:12.)<\/p>\n<p>Beneficios de las leyes hereditarias. Las leyes que regulaban las posesiones hereditarias, y el que estas se dividieran en porciones m\u00e1s peque\u00f1as a medida que la poblaci\u00f3n aumentaba, eran en s\u00ed\u00ad mismas un factor que contribu\u00ed\u00ada a una mayor unidad familiar. En una tierra como la de Israel, muy monta\u00f1osa, al igual que la de Judea, esto era una ventaja, puesto que propiciaba el que los israelitas hiciesen un uso \u00f3ptimo de la tierra, incluso formando terrazas en las laderas de las colinas, lo que resultaba en revestir la tierra de belleza y vegetaci\u00f3n. De esta forma, el olivo, la higuera, la palmera y la vid suministraban alimento para una gran poblaci\u00f3n. El que cada hombre fuese propietario de su tierra originaba un gran amor a la tierra en la que viv\u00ed\u00ada e incentivaba la diligencia. Adem\u00e1s, la reglamentaci\u00f3n del Jubileo restauraba a la naci\u00f3n a su condici\u00f3n original teocr\u00e1tica cada quincuag\u00e9simo a\u00f1o. De este modo se ayudaba a mantener una econom\u00ed\u00ada equilibrada. Sin embargo, igual que ocurri\u00f3 con otros aspectos de la Ley, con el tiempo los abusos se fueron introduciendo paulatinamente.<br \/>\nComo Jehov\u00e1 le hab\u00ed\u00ada dicho a los israelitas, El era el verdadero Propietario de la tierra. Desde su punto de vista, ellos eran pobladores y residentes forasteros. Por lo tanto, pod\u00ed\u00ada sacarlos de la tierra en cualquier momento que estimase oportuno. (Le 25:23.) Por ejemplo, debido a sus numerosas violaciones de la ley de Dios, se les mand\u00f3 al exilio en Babilonia durante setenta a\u00f1os, y permanecieron bajo dominaci\u00f3n gentil incluso despu\u00e9s de ser repatriados en 537 a. E.C. Finalmente, en el a\u00f1o 70 E.C., los romanos los desarraigaron por completo del pa\u00ed\u00ads, vendiendo a miles de ellos como esclavos. Hasta sus registros geneal\u00f3gicos se perdieron o fueron destruidos.<\/p>\n<p>Herencia cristiana. Jesucristo, en calidad de hijo de David, hereda su trono. (Isa 9:7; Lu 1:32.) Como Hijo de Dios, hereda la gobernaci\u00f3n celestial mediante el pacto que Jehov\u00e1 hizo con \u00e9l. (Sl 110:4; Lu 22:28-30.) As\u00ed\u00ad, hereda las naciones para hacer a\u00f1icos a todos los opositores y con el fin de gobernar para siempre. (Sl 2:6-9.)<br \/>\nSe dice que los miembros ungidos de la congregaci\u00f3n cristiana tienen una herencia celestial y que comparten la herencia de Jes\u00fas por ser sus \u2020\u0153hermanos\u2020\u009d. (Ef 1:14; Col 1:12; 1Pe 1:4, 5.) Esta herencia incluye la Tierra. (Mt 5:5.)<br \/>\nComo Dios redimi\u00f3 a Israel de Egipto, este pueblo lleg\u00f3 a ser su posesi\u00f3n o \u2020\u0153herencia\u2020\u009d (Dt 32:9; Sl 33:12; 74:2; Miq 7:14), y adem\u00e1s prefigur\u00f3 a la \u2020\u0153naci\u00f3n\u2020\u009d del Israel espiritual, a la que Dios considera su \u2020\u0153herencia\u2020\u009d porque la posee, habi\u00e9ndola comprado mediante la sangre de Jesucristo, su Hijo unig\u00e9nito. (1Pe 2:9; 5:2, 3; Hch 20:28.)<br \/>\nJesucristo se\u00f1al\u00f3 que las personas que dejan cosas valiosas por causa de su nombre y por causa de las buenas nuevas \u2020\u0153[heredar\u00e1n] la vida eterna\u2020\u009d. (Mt 19:29; Mr 10:29, 30; v\u00e9anse MATRIMONIO DE CU\u00ed\u2018ADO; PRIMOGENITO; PRIMOGENITURA.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>\/Abrah\u00e1n II, 1 \/Alianza II, II Tierra II, 2c-d<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>V\u00e9ase HEREDAR, HEREDERO, HEREDAD, HERENCIA.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>La noci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de herencia desborda el sentido jur\u00ed\u00addico de la palabra en nuestro idioma. Designa la posesi\u00f3n de un bien a t\u00ed\u00adtulo estable y permanente; no ya de un bien cualquiera, sino del que permite al hombre y a su familia desarrollar su personalidad sin estar a merced de otro.<\/p>\n<p>En concreto, es una civilizaci\u00f3n agr\u00ed\u00adcola y pastoril ser\u00e1 un m\u00ed\u00adnimo de tierras y de ganados. En cuanto a la manera de entrar en posesi\u00f3n de esta herencia, variar\u00e1 seg\u00fan los casos: conquista, don, repartici\u00f3n regulada por la ley, y en particular herencia en sentido estricto (cf. IRe 21,3s). Tal es la experiencia humana, a partir de la cual el AT y el NT expresan con su vocabulario religioso un aspecto fundamental del don de Dios al hombre.<\/p>\n<p>AT. I. ORIGEN DEL TEMA. Desde los or\u00ed\u00adgenes la noci\u00f3n de herencia est\u00e1 estrechamente ligada con la de *alianza. Caracteriza en el plan divino una relaci\u00f3n triple: Israel es la herencia de Yahveh, la tierra prometida es la herencia de Israel, y con ello viene a ser la herencia de Yahveh mismo.<\/p>\n<p>1. Israel, herencia de Yahveh. De estas tres relaciones, la primera es la m\u00e1s fundamental: Israel es la herencia de Yahveh (cf. Ex 34,9; lSa 10,1; 26,19; 2Sa 20,19; 21,3). Esta expresi\u00f3n sugiere una relaci\u00f3n de intimidad entre Dios y su pueblo, que es su \u00abbien particular\u00bb (Ex 19,5). La f\u00f3rmula de la alianza, \u00abvosotros ser\u00e9is mi pueblo y yo ser\u00e9 vuestro Dios\u00bb (Jer 24,7; Ez 37,27) quiere decir pr\u00e1cticamente lo mismo; pero la noci\u00f3n de herencia le a\u00f1ade la idea de una pertenencia especial, que hace que Israel pase de la esfera de lo profano (la de los otros pueblos) al mundo de Dios.<\/p>\n<p>2. La tierra prometida, herencia de Israel. Esta segunda relaci\u00f3n est\u00e1 igualmente ligada con el tema de la alianza, como lo muestra el relato de la alianza patriarcal en G\u00e9n 15. En este pasaje la *promesa de Dios a Abraham tiene un objeto doble: un heredero, Isaac y su descendencia; una herencia, la tierra de Cana\u00e1n. Naturalmente, los herederos de Abraham heredar\u00e1n tambi\u00e9n la promesa (G\u00e9n 26,3; 35,12; Ex 6,8). Notemos que Cana\u00e1n no se da todav\u00ed\u00ada en herencia a Abraham, sino \u00fanicamente se promete a sus herederos. Esta promesa y la espera de Israel que de ella resulta ayudar\u00e1n a profundizar progresivamente el tema de la herencia : las decepciones consecutivas, junto con esperanzas materiales desmentidas por los acontecimientos contribuir\u00e1n a elevar el nivel de la espera de Israel, hasta hacerle desear la verdadera herencia, la \u00fanica que puede colmar el coraz\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>3. La tierra prometida, herencia de Yahveh. De las dos primeras relaciones se desprende una tercera : la *tierra prometida es herencia de Yahveh. La f\u00f3rmula no expresa un nexo de naturaleza entre Yahveh y Cana\u00e1n, y en esto se distingue Israel de los pueblos circundantes, que ven en los diversos pa\u00ed\u00adses dominios propios de ciertos dioses. En realidad, toda la tierra es de Yahveh (Ex 19, 5; Dt 10,14); Si Cana\u00e1n ha venido a ser su herencia con un t\u00ed\u00adtulo especial, es porque \u00e9l ha dado este pa\u00ed\u00ads a Israel y, a manera de consecuencia, ha decidido establecer all\u00ed\u00ad su residencia (cf. Ex 15,17). De ah\u00ed\u00ad el sentido profundo de la repartici\u00f3n de la tierra santa; en que cada tribu de Israel recibe su lote, su parte de herencia (Jos 13-21). De Dios es de quien la recibe; as\u00ed\u00ad los l\u00ed\u00admites de cada parte son intangibles (cf. N\u00fam 36); en caso de venta forzada, el a\u00f1o jubilar permitir\u00e1 que cada tierra retorne a su propietario primitivo (Lev 25,10): \u00abLa tierra no se vender\u00e1 con p\u00e9rdida de derecho, pues la tierra me pertenece y vosotros no sois para m\u00ed\u00ad m\u00e1s que *extranjeros y *hu\u00e9spedes\u00bb (Lev 25,23). Israel es en la tierra el aparcero de Dios; para Dios, no para s\u00ed\u00ad. debe vivir en ella.<\/p>\n<p>II. DESARROLLO DEI TEMA. El desarrollo del tema en el AT comporta dos aspectos: su referencia a un contexto escatol\u00f3gico y su espiritualizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. Herencia escatol\u00f3gica. La conquista de Cana\u00e1n pod\u00ed\u00ada parecer una realizaci\u00f3n de la promesa de G\u00e9n 15. Ahora bien, a partir del siglo vill la herencia de Yahveh cae parcela por parcela en poder de los paganos. No ya que Dios haya faltado a su promesa; pero los pecados de Israel han comprometido provisionalmente el resultado. S\u00f3lo en los \u00faltimos tiempos el pueblo de Dios. reducido al *resto, poseer\u00e1 la tierra en herencia para siempre y disfrutar\u00e1 en ella de felicidad perfecta (Dt 28,62s; 30,5). Esta doctrina deuteron\u00f3mica se descubre tambi\u00e9n en los profetas del per\u00ed\u00adodo del exilio (Ez 45-48; n\u00f3tese en 47.14 la alusi\u00f3n a G\u00e9n 15) y de despu\u00e9s del exilio (Zac 8,12; Is 60,21): s\u00f3lo los justos ser\u00e1n finalmente beneficiarios de la herencia (cf. Sal 37,9.11.18.22.34: 25,13: 61,6; 69,37).<\/p>\n<p>En esta transformaci\u00f3n de la *esperanza de Israel cabe mencionar el lugar especial que se reserva al *rey, ungido de Yahveh. Es posible que en un primer tiempo prometiera el salmista al monarca en vida \u00ablas *naciones como herencia. y como posesi\u00f3n las extremidades de la tierra\u00bb (Sal 2,8). Pero la promesa, rele\u00ed\u00adda despu\u00e9s del exilio, se entendi\u00f3 del rey futuro, del *Mes\u00ed\u00adas (cf. Sal 2,2).<\/p>\n<p>Herencia de la tierra, herencia de las naciones: esta escatolog\u00ed\u00ada no se sale siempre de las perspectivas terrenas. Este \u00faltimo paso se dar\u00e1 en \u00e9poca tard\u00ed\u00ada, cuando haya tomado cuerpo la doctrina de la *retribuci\u00f3n de ultratumba. Entonces se situar\u00e1 despu\u00e9s de la muerte, en el \u00abmundo venidero\u00bb, la entrada en posesi\u00f3n de la herencia, prometida por Dios a los justos (Dan 12,13; Sab 3,14; 5, 5). Pero entonces se tratar\u00e1 de una herencia transfigurada.<\/p>\n<p>2. Herencia espiritualizada. El punto de partida de la espiritualizaci\u00f3n de la herencia es la condici\u00f3n de los levitas que, seg\u00fan la f\u00f3rmula de Dt 10,9, \u00abno tienen herencia con sus hermanos, pues Yahveh es su herencia\u00bb. En un principio se entiende esta f\u00f3rmula en un sentido bastante material: la herencia de los levitas est\u00e1 constituida por las ofrendas de los fieles (Dt 18,1s). Pero progresivamente adquiere mayor densidad y acaba por aplicarse al pueblo entero : Yahveh es su parte de herencia (Jer 10,16; cf. el nombre Hilqiyah, \u00abYah es mi parte\u00bb). Convicci\u00f3n que adquiere todo su sentido en el momento en que la herencia material, la tierra de Cana\u00e1n, es retirada al pueblo de Dios (cf. Lam 3,24).<\/p>\n<p>A partir de este momento la noci\u00f3n de herencia se espiritualiza completamente. Cuando los salmistas dicen: \u00abYahveh es mi parte\u00bb (Sal 16, 5; 73,26) muestran en \u00e9l el bien perfecto, cuya posesi\u00f3n colma el coraz\u00f3n. Se completa que esta herencia completamente interior se reserve al resto fiel: la herencia no es ya una recompensa extr\u00ed\u00adnseca otorgada a la *fidelidad, sino el *gozo mismo que fluye de esta fidelidad (cf. Sal 119). En esta nueva perspectiva la vieja f\u00f3rmula \u00abposeer la tierra\u00bb viene a ser cada vez m\u00e1s una expresi\u00f3n convencional de la dicha perfecta (cf. Sal 25,13), un preludio de la segunda *bienaventuranza evang\u00e9lica (Mt 5, 4; cf. Sal 37,11 LXX). Se comprende tambi\u00e9n que la posesi\u00f3n de Dios por el coraz\u00f3n creyente anticipe para \u00e9l, en cierto modo, la herencia que recibir\u00e1 en el \u00abmundo venidero\u00bb.<\/p>\n<p>NT. EL HEREDERO DE LAS PROMESAS. 1. Cristo, heredero \u00fanico. El AT hab\u00ed\u00ada reservado la calidad de heredero de la promesa, primero a s\u00f3lo el pueblo de Dios, luego al resto de los justos. En el NT se comprueba en primer lugar que este resto es Cristo. En \u00e9l se ha concentrado la descendencia de Abraham (G\u00e1l 3, 16). Siendo el *Hijo, pose\u00ed\u00ada por derecho de nacimiento el derecho a la herencia (Mt 21,38 p), hab\u00ed\u00ada sido constituido por Dios \u00abheredero de todas las cosas\u00bb (Heb 1,2), porque hab\u00ed\u00ada heredado un *nombre superior al de los \u00e1ngeles (1,4), el nombre mismo de Yahveh (cf. Flp 2,9).<\/p>\n<p>Sin embargo, para entrar Jes\u00fas en posesi\u00f3n efectiva de esta herencia, debi\u00f3 pasar por la pasi\u00f3n y por la muerte (Heb 2,1-10; cf. Flp 2,7-11). Con esto mostr\u00f3 qu\u00e9 obst\u00e1culo se pon\u00ed\u00ada al cumplimiento de las antiguas promesas: el estado de *esclavitud en que se hallaban los hombres (G\u00e1l 4,3.8; 5,1; Jn 8,34), el r\u00e9gimen de tutela a que Dios los somet\u00ed\u00ada (G\u00e1l 3,23; 4,lss). Con su *cruz puso Jes\u00fas fin a esta disposici\u00f3n provisional para hacernos pasar del estado de esclavos al de hijos, y por tanto de herederos (G\u00e1l 4,5ss). Gracias a su muerte podemos ahora recibir la herencia eterna prometida (Heb 9,15).<\/p>\n<p>2. Los creyentes, herederos en Cristo. Tal es, en efecto, el estado actual de los cristianos: hijos adoptivos de Dios por estar animados por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, son por este t\u00ed\u00adtulo herederos de Dios y coherederos de Cristo (Rom 8,14-17). La promesa hecha a los patriarcas la heredan ellos (Heb 6,12.17), como en otro tiempo Isaac y Jacob (11,9), porque ellos son la verdadera descendencia de Abraham (G\u00e1l 3,29). La sumisi\u00f3n a la ley mosaica no tiene nada que ver con ello, como tampoco la pertenencia a *Israel seg\u00fan la *carne, sino \u00fanicamente la adhesi\u00f3n a Cristo por la fe (Rom 4,13s). De ah\u00ed\u00ad resulta que en el *misterio de Cristo \u00ablos paganos son admitidos a la misma herencia, son beneficiarios de la misma promesa\u00bb (Ef 3,6; cf. G\u00e1l 3, 28s). En torno a Cristo, heredero \u00fanico, se construye un *pueblo nuevo, al que se da por *gracia el derecho a la herencia (Rom 4,16).<\/p>\n<p>II. LA HERENCIA PROMETIDA. La herencia que \u00abDios procura a los hombres con los santificados\u00bb (Act 20, 32), \u00abla herencia entre los santos\u00bb en la *luz (Ef 1,18) revela por lo mismo su verdadera naturaleza. La tierra de Cana\u00e1n no era el objeto adecuado de las promesas; no era sino una *figura de la ciudad celestial (Heb 11,8ss). La herencia \u00abpreparada\u00bb por el Padre a sus elegidos \u00abdesde el comienzo del mundo\u00bb (Mt 25,34), es la *gracia (lPe 3,7), es la *salvaci\u00f3n (Heb 1,14), es el *reino de Dios (Mt 25,34; ICor 6,9; 15, 50; Sant 2,5), es la *vida eterna (Mt 19,29; Tit 3,7).<\/p>\n<p>Estas expresiones subrayan el car\u00e1cter trascendente de la herencia. No est\u00e1 al alcance \u00abde la *carne y de la sangre\u00bb, exige un ser que est\u00e9 transformado a *imagen de Cristo (ICor I5,49&#8217;s). En cuanto es *reino, es una participaci\u00f3n en su realeza universal (cf. Mt 5,4; 25,34; Rom 4,13, comp. con G\u00e9n 15 y Sal 2,8). En cuanto es *vida eterna, es participaci\u00f3n de la vida de Cristo resucitado (cf. ICor 15,45-50), y consiguientemente de la vida de Dios mismo. Tendremos perfectamente acceso a ella m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, cuando nos reunamos con Cristo en su gloria. Actualmente s\u00f3lo lo tenemos en *esperanza (Tit 3,7); sin embargo, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que nos ha sido dado, constituye ya sus arras (Ef 1,14) en espera de que en la parus\u00ed\u00ada nos procure Cristo su posesi\u00f3n perfecta.<\/p>\n<p>&#8211;> Alianza &#8211; Don &#8211; Esperanza &#8211; Promesas.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. En el Antiguo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En el AT hay dos ra\u00edces b\u00e1sicas para herencia, <\/span><span style=' '>n&#257;&#7717;al<\/span><span lang=ES style=''> y <\/span><span style=''>y&#257;ra\u0161<\/span><span lang=ES style=''>. En todos los casos el acento reca\u00eda mucho m\u00e1s sobre la posesi\u00f3n en general que en el procedimiento de la sucesi\u00f3n, aunque esta idea no est\u00e1 totalmente ausente. Estos t\u00e9rminos aparecen raramente en Gn. y Ex., y son mucho m\u00e1s frecuentes en Nm. y Dt., que contemplan ya la asignaci\u00f3n de tierras en Cana\u00e1n, y en <etiqueta id=\"#_ftn271\" name=\"_ftnref271\" title=\"\">Jos., que relata la forma en que se llev\u00f3 a cabo la tarea. La ley de la herencia era como sigue: La tierra pertenec\u00eda a la familia m\u00e1s que al individuo. Hab\u00eda, por consiguiente, un mayorazgo estricto. El hijo mayor recib\u00eda una porci\u00f3n dob<\/etiqueta>le y los dem\u00e1s partes iguales. Si un hombre mor\u00eda sin dejar hijos la herencia pasaba a las hijas; si no ten\u00eda hijas, a sus propios hermanos; si no ten\u00eda hermanos, a los hermanos de su padre; si el padre no ten\u00eda hermanos, al pariente m\u00e1s cercano (Nm. 27.8\u201311). Si las hijas heredaban ten\u00edan que casarse dentro de su propia tribu (Nm. 36.6). El \u00e9nfasis de la palabra <\/span><span style=' '>y&#257;ra\u0161<\/span><span lang=ES style=' '> est\u00e1 en la posesi\u00f3n, porque el heredero suced\u00eda por derecho y no por disposici\u00f3n. Los testamentos no se conocieron en Israel antes de la \u00e9poca de Herodes. Antes de que se diera a conocer la ley, los patriarcas pod\u00edan saltear al *primog\u00e9nito, a favor de alg\u00fan hijo menor. Abraham, Isaac, y Jacob eran todos hijos menores. Jos\u00e9 fue preferido antes que Rub\u00e9n (1 Cr. 5.1\u20132), y Efra\u00edn antes que Manas\u00e9s (Gn. 48.8\u201320). El paso de los derechos del primog\u00e9nito al primog\u00e9nito de una segunda esposa favorita estaba prohibido en Dt. 21.15\u201317. No obstante, en el caso de la sucesi\u00f3n real David fue preferido antes que sus hermanos mayores (1 S. 16.11), y Salom\u00f3n antes que Adon\u00edas (1 R. 2.15), aunque lo corriente era que el primog\u00e9nito sucediera (2 Cr. 21.3).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Si un hombre mor\u00eda sin dejar hijos su hermano deb\u00eda casarse con la viuda (Gn. 38.8\u20139; Dt. 25.5\u201310; Mt. 22.23\u201325). El primer hijo de esa uni\u00f3n deb\u00eda considerarse como el primog\u00e9nito del hermano muerto, y, por lo tanto, si hab\u00eda un solo hijo, el hermano que hab\u00eda sobrevivido no ten\u00eda heredero. Era posible, por consiguiente, que el hermano no se casase con la esposa del hermano, y entonces el derecho pasaba al pariente m\u00e1s cercano (Rt. 2.20; 3.9\u201313; 4.1\u201312). En el libro de Rut, Rut representa el papel de Noem\u00ed, que hab\u00eda excedido la edad para casarse (Rt. 4.17). La tierra no se pod\u00eda vender a perpetuidad (Lv. 25.23\u201324). Si se la vend\u00eda pod\u00eda ser redimida por el pariente m\u00e1s cercano (Lv. 25.25). Nabot sab\u00eda que el ofrecimiento de Acab era contrario a la ley (1 R. 21.3).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Se consideraba que la tierra de Cana\u00e1n era la herencia de Yahv\u00e9h en un sentido particular (Ex. 15.17; cf. Jos. 22.19; Sal. 79.1), aun cuando era Dios de toda la tierra (Sal. 47.2, etc.). Esa es la raz\u00f3n por la que Israel pudo disfrutarla como su herencia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Las promesas hechas a Abraham se relacionaban con la posesi\u00f3n de la tierra, adem\u00e1s de descendientes (Gn. 12.7; 15.18\u201321, etc.) La fe de Abraham se evidenci\u00f3 en que crey\u00f3 que tendr\u00eda descendencia cuando no ten\u00eda hijos, y a pesar de que su esposa hab\u00eda pasado la edad en que pod\u00eda tenerlos, y en que crey\u00f3 que poseer\u00eda tierra, aunque durante su vida fue n\u00f3mada sin posesi\u00f3n estable (Hch. 7.5). Los hijos de Israel fueron sacados de Egipto no s\u00f3lo para escapar de la esclavitud sino tambi\u00e9n para heredar tierra (Ex. 6.6\u20138). Dicha tierra fue conquistada por ellos, pero era regalo de Yahv\u00e9h (Jos. 21.43\u201345). En ella les asign\u00f3 una herencia que deb\u00eda durar para siempre (Gn. 13.15, etc.).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Se echaron suertes para descubrir la distribuci\u00f3n que Dios propondr\u00eda para la entrega de porciones a las tribus individuales (Jos. 18.2\u201310). Finalmente habr\u00eda de ser un remanente el que regresar\u00eda del exilio para heredar la tierra (Is. 10.20\u201321, etc.). Los que formaran ese remanente fiel habr\u00edan de heredar las naciones tambi\u00e9n (Sal. 2.8).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los levitas no deb\u00edan tener territorio propio porque Yahv\u00e9h era su herencia (Dt. 18.1\u20132). Materialmente esto significaba que su porci\u00f3n consist\u00eda en los aportes y las primicias entregados por el pueblo a Yahv\u00e9h (Dt. 18.3\u20135). Espiritualmente la idea se extend\u00eda a todo Israel (Sal. 16.5\u20136, etc.). Igualmente, Israel deb\u00eda ser la herencia de Yahv\u00e9h, como un pueblo que le pertenec\u00eda en forma especial (Dt. 7.6; 32.9). (* <span style='text-transform:uppercase'>Tierra prometida<\/span> )<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. En el Nuevo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En el NT \u201cherencia\u201d traduce el gr. <\/span><span style=' '>kl&#275;ronomos<\/span><span lang=ES style=''> y sus cognados, derivados de <\/span><span style=''>kl&#275;ros<\/span><span lang=ES style=''>, que significa \u2018porci\u00f3n\u2019. La herencia se restringe a la Israel verdadera, Cristo mismo, quien es \u201cel heredero\u201d (Mr. 12.7). Como heredero de Dios adquiere una posesi\u00f3n que le es dada en raz\u00f3n de su relaci\u00f3n. Ha sido hecho heredero de todo (He. 1.2). Los creyentes comparten, en un sentido, el car\u00e1cter de hijo divino mediante la adopci\u00f3n, y, por consiguiente, tambi\u00e9n la herencia divina (Ro. 8.17). Siguen los pasos del fiel Abraham como herederos de la promesa (Ro. 4.13\u201314), y, como Isaac, son sus hijos, herederos conforme a la promesa (G\u00e1. 3.29). Su herencia es algo que les viene por la gracia de Dios, debido a la posici\u00f3n que ocupan a la vista de \u00e9l, y en ning\u00fan sentido es ganada.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El objeto de la herencia cristiana es todo lo que simbolizaba la tierra de Cana\u00e1n, y m\u00e1s. Los creyentes heredan el reino de Dios (Mt. 25.34; 1 Co. 6.9\u201310; 15.50; G\u00e1. 5.21; Ef. 5.3; Stg. 2.5). Heredan \u201cla tierra\u201d (Mt. 5.5; cf. Sal. 37.29). Heredan la salvaci\u00f3n (He. 1.14), una bendici\u00f3n (1 P. 3.9), gloria (Ro. 8.17\u201318), e incorrupci\u00f3n (1 Co. 15.50). Estas son todas \u201clas promesas (He. 6.12), que no recibieron los creyentes del AT (He. 11.39\u201340). En Hebreos se da realce al nuevo \u201cpacto\u201d o \u201ctestamento\u201d. Es en dicho pacto que est\u00e1 basada la herencia prometida, especialmente dado que requer\u00eda la muerte del testador (He. 9.15\u201317). Dos hombres le preguntaron a Jes\u00fas qu\u00e9 deb\u00edan hacer a fin de heredar la vida eterna (Lc. 10.25; 18.18), y Cristo dijo que eso formaba parte del nuevo mundo (Mt. 19.29). El marido y la mujer cristianos son herederos de la gracia de la vida (1 P. 3.7).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La consumaci\u00f3n de las bendiciones prometidas no se har\u00e1 realidad hasta la parus\u00eda. La herencia est\u00e1 reservada en el cielo (1 P. 1.4). El que venciere recibir\u00e1 la herencia de Dios (Ap. 21.7). Sin embargo, esto no altera el hecho de que muchas de las bendiciones de la herencia puedan disfrutarse por anticipado. El Esp\u00edritu Santo es el agente que hace que nuestra posici\u00f3n como herederos sea real (Ro. 8.16\u201317), el cual nos ha sido dado como \u201clas arras de nuestra herencia hasta la redenci\u00f3n de la posesi\u00f3n adquirida\u201d (Ef. 1.14). El Esp\u00edritu fue enviado a la iglesia despu\u00e9s de que Cristo hubo entrado en su propia herencia al ascender al cielo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el NT todav\u00eda vemos al pueblo de Dios como su herencia (Ef. 1.18), y todas las bendiciones mencionadas arriba indican que \u00e9l mismo sigue siendo la herencia prometida.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Pero dicha herencia no es por derecho, es por la libre disposici\u00f3n de Dios, quien puede, en su soberano benepl\u00e1cito, privar de la herencia a los que parecer\u00edan tener m\u00e1s derecho a ella, y d\u00e1rsela a otros, seg\u00fan su elecci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> R. de Vaux, <i>Instituciones del Antiguo Testamento<\/i>, 1985, pp. 91\u201393, 235\u2013237; E. Eichler, W. Mundle, \u201cHerencia, suerte, parte\u201d, <i>\u00b0DTNT<\/i>, t(t). II, pp. 264\u2013270; H. H. Schmidt, \u201cHeredar\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn272\" name=\"_ftnref272\" title=\"\"><i>\u00b0DTMAT<\/i><\/etiqueta>, t(t). I, cols. 1068\u20131073; G. Wanke, \u201cParticipaci\u00f3n en la propiedad\u201d, <i>\u00b0DTMAT<\/i>, t(t). II, cols. 82\u201388; W. Pesch, \u201cHerencia\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn273\" name=\"_ftnref273\" title=\"\"><i>\u00b0DTB<\/i><\/etiqueta>, 1967, cols. 439\u2013443.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><etiqueta id=\"#_ftn274\" name=\"_ftnref274\" title=\"\"><i><span lang=ES style=''>TWBR<\/span><\/i><\/etiqueta><span lang=ES style=''>, pp. 112\u2013114; J. Herrmann, W. Foerster, <i>TDNT<\/i> 3, pp. 758\u2013785; J. Eichler, W. Mundle, <etiqueta id=\"#_ftn275\" name=\"_ftnref275\" title=\"\"><i>NIDNTT<\/i><\/etiqueta> 2, pp. 295\u2013304; James D. Hester, <i>Paul\u2019s Concept of Inheritance<\/i>, 1968; W. D. Davies, <i>The Gospel and the Land: Early Christianity and Jewish Territorial Doctrine<\/i>, 1974.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn276\" name=\"_ftnref276\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>R.E.N.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Heredad, Posesi\u00f3n Num 27:8 sin hijos, traspasar\u00e9is su h a su hija Job 27:13 la h que los violentos han de recibir Psa 2:8 p\u00eddeme, y te dar\u00e9 por h las naciones, y Psa 16:5 Jehov\u00e1 es la porci\u00f3n de mi h y de mi copa Psa 127:3 he aqu\u00ed, h de Jehov\u00e1 son &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/herencia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHERENCIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6111","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6111","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6111"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6111\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6111"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6111"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6111"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}