{"id":6313,"date":"2016-02-05T03:23:24","date_gmt":"2016-02-05T08:23:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/matrimonio\/"},"modified":"2016-02-05T03:23:24","modified_gmt":"2016-02-05T08:23:24","slug":"matrimonio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/matrimonio\/","title":{"rendered":"MATRIMONIO"},"content":{"rendered":"<p>Heb 13:4 honroso sea en todos el m, y el lecho<\/p>\n<hr>\n<p>Formalizar y santificar la uni\u00f3n del hombre y la mujer para la procreaci\u00f3n de hijos. El t\u00e9rmino m\u00e1s com\u00fan en heb. es laqah, tomar en matrimonio. Debe ser considerado junto con el verbo ba\u2020\u2122al, ser due\u00f1o, gobernar, o poseer en matrimonio tanto como con el sustantivo ba\u2020\u2122al, due\u00f1o, se\u00f1or, esposo.<\/p>\n<p>El padre estaba a cargo de encontrar una novia adecuada para su hijo. Los deseos o sentimientos de los j\u00f3venes eran mayormente irrelevantes en la decisi\u00f3n. El matrimonio de Isaac fue arreglado entre el siervo de su padre y el hermano de su futura esposa. A ella le consultaron al final (Gen 24:33-53, Gen 24:57, 58), aunque a lo mejor s\u00f3lo porque su padre ya hab\u00ed\u00ada muerto. En raras ocasiones el consejo de los padres era ignorado, rehusado o no solicitado (Gen 26:34-35), y, en una ocasi\u00f3n muy rara, Mical, la hija de Sa\u00fal, expres\u00f3 su amor por David (1Sa 18:30).<\/p>\n<p>El casamiento con un extranjero era generalmente no aconsejado, aunque algunos hebreos tomaban esposas de entre las mujeres capturadas en guerra.<\/p>\n<p>Los padres de Sans\u00f3n le dieron permiso para casarse con una mujer filistea (Jdg 14:2-3). Siempre se expresaba el temor de que el matrimonio con un no israelita debilitar\u00ed\u00ada la fe del pacto debido a la presencia de ideas y pr\u00e1cticas relacionadas con otros dioses (1Ki 11:4).<\/p>\n<p>Debido a que matrimonios entre parientes cercanos eran comunes, hab\u00ed\u00ada l\u00ed\u00admites de consanguinidad que los israelitas deb\u00ed\u00adan seguir (Lev 18:6-18).<\/p>\n<p>Antiguamente, un hombre pod\u00ed\u00ada casarse con su media hermana del lado de su padre (Gen 20:12; comparar 2Sa 13:13), aunque estaba prohibido en Lev 20:17. Primos, como Isaac con Rebeca y tambi\u00e9n Jacob con Raquel y Lea, frecuentemente se casaban, aunque un matrimonio simult\u00e1neo con dos hermanas estaba espec\u00ed\u00adficamente prohibido (Lev 18:18). La uni\u00f3n de t\u00ed\u00ada y sobrino produjo a Mois\u00e9s (Exo 6:20; Num 26:59), aunque un matrimonio entre tales parientes fue prohibido posteriormente por la ley de Mois\u00e9s.<\/p>\n<p>Jacob, ya casado con las dos hermanas, Raquel y Lea, recibi\u00f3 las siervas de cada una como esposas (Gen 30:3-9), mientras que su hermano Esa\u00fa tuvo tres esposas (Gen 26:34; Gen 28:9; Gen 36:1-5). De Gede\u00f3n se dice que tuvo muchas mujeres (Jdg 8:30-31) y Salom\u00f3n tuvo 700 esposas y 300 concubinas (1Ki 11:1-3).<\/p>\n<p>a pesar de estos ejemplos de poligam\u00ed\u00ada, la forma de matrimonios m\u00e1s com\u00fan y aceptable era la monogamia, la cual recibi\u00f3 la sanci\u00f3n de la ley de Mois\u00e9s (comparar Exo 20:17; Exo 21:5; Deu 5:21, et al.). La ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre el matrimonio enfatizaba el hecho de que es un compromiso de por vida y, aunque reconoc\u00ed\u00ada que Mois\u00e9s hab\u00ed\u00ada reglamentado la pr\u00e1ctica del divorcio que ya exist\u00ed\u00ada en sus tiempos ante vuestra dureza de coraz\u00f3n (Mar 10:4-5), \u00e9l ense\u00f1\u00f3 la monogamia hebrea tradicional y agreg\u00f3 que el matrimonio de una persona divorciada mientras que el c\u00f3nyuge estuviera todav\u00ed\u00ada vivo constitu\u00ed\u00ada adulterio (Mar 10:11-12).<\/p>\n<p>El matrimonio levir\u00e1tico ayud\u00f3 a mantener y a proteger el nombre de familia y la propiedad de la misma. Cuando un hombre mor\u00ed\u00ada sin dejar hijo, era la responsabilidad del pariente var\u00f3n m\u00e1s cercano, generalmente el hermano, de casarse con la viuda. El primer var\u00f3n que naciera de esta uni\u00f3n ser\u00ed\u00ada considerado hijo del muerto y le corresponder\u00ed\u00ada por ley su nombre y todos los derechos a su propriedad. Inclusive, si la viuda ya ten\u00ed\u00ada hijos, todav\u00ed\u00ada se esperaba que el pariente var\u00f3n se casara con ella y la mantuviera.<\/p>\n<p>Antes de casarse, una mujer era miembro de la familia de su padre y, como tal, estaba sujeta a su autoridad. Al casarse, su esposo se convert\u00ed\u00ada en su protector y, cuando \u00e9ste mor\u00ed\u00ada, por medio de su matrimonio levir\u00e1tico ella encontraba su nuevo redentor. Tal como muchas otras tradiciones hebreas, el matrimonio levir\u00e1tico era tambi\u00e9n conocido por los cananeos, las asirios y los heteos. El matrimonio levir\u00e1tico m\u00e1s conocido en el AT es el de Rut la moabita, quien se cas\u00f3 con Boaz despu\u00e9s de que el pariente m\u00e1s cercano rehus\u00f3 tomar la responsabilidad (Deu 25:5-10; Rth 4:1-12).<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de desposarse (Deu 28:30; 2Sa 3:14) involucraba cierto estado legal que la hac\u00ed\u00ada casi id\u00e9ntica al matrimonio. La ley demandaba que un hombre que cometiera adulterio con una virgen desposada con otro deb\u00ed\u00ada ser apedreado por violar a la mujer de su pr\u00f3jimo (Deu 22:23-24). Era normal que una pareja estuviera desposada por un a\u00f1o, y este a\u00f1o contaba como parte de la relaci\u00f3n matrimonial permanente (Mat 1:18; Luk 1:27; Luk 2:5). Durante el primer a\u00f1o de su matrimonio el novio estaba exento del servicio militar (Deu 24:5) para que el matrimonio fuera establecido sobre una base s\u00f3lida. El padre de la novia se refer\u00ed\u00ada a su yerno como tal desde el momento que la pareja se desposaba (Gen 19:14), una costumbre que fortalec\u00ed\u00ada el concepto de la solidaridad de la familia. En el per\u00ed\u00adodo antes del cristianismo, el divorcio era una opci\u00f3n siempre disponible al esposo y a veces tambi\u00e9n a la esposa.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del regreso de la cautividad, se demand\u00f3 el divorcio al por mayor de todos los hebreos que se hab\u00ed\u00adan casado con mujeres extranjeras para evitar la influencia de la idolatr\u00ed\u00ada en el pueblo de Dios. Sin embargo, bajo circunstancias normales, en la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada una tendencia a disuadir a los israelitas de divorciarse. Siguiendo la costumbre egipcia, se exig\u00ed\u00ada una multa pesada de dinero de divorcio como fuerza disuasiva. El estado de la esposa no era muy elevado, sin embargo; un certificado de divorcio pod\u00ed\u00ada tomar la forma de un rechazo muy simple del esposo con una expresi\u00f3n tal como: Ella ya no es mi mujer, ni yo soy su marido (Hos 2:2). En el primer per\u00ed\u00adodo cristiano, el divorcio pod\u00ed\u00ada ser considerado solamente cuando exist\u00ed\u00ada un matrimonio mixto entre un creyente y un pagano y, hasta en este caso, no se le permit\u00ed\u00ada al creyente casarse de nuevo mientras que el c\u00f3nyuge estuviera vivo. La iglesia primitiva fue criticada por ser demasiado indulgente cuando empez\u00f3 a dejar que las viudas se casaran de nuevo.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Las costumbres matrimoniales israelitas compart\u00ed\u00adan muchas de las costumbres comunes de otros pueblos del Cercano Oriente. El padre, como cabeza de la familia, normalmente seleccionaba una novia para su hijo y hac\u00ed\u00ada los arreglos para el matrimonio (v\u00e9ase Gn. 24:4). El papel de la muchacha era pasivo, ya que ella era dada como esposa al hombre que su padre escog\u00ed\u00ada. El amor rom\u00e1ntico no estaba ausente necesariamente, y un padre bondadoso tendr\u00ed\u00ada en cuenta los deseos de su hija. Se dice, por ejemplo, que Mical amaba a David (1 S. 18:20).<br \/>\nEl concepto del *Matrimonio de levirato puede verse reflejado en la costumbre antigua en la que una novia era comprada por el padre del hijo para \u00e9ste. En el caso de la muerte del hijo, la viuda era dada al siguiente hijo. La palabra b\u00ed\u00adblica mohar se usaba para el regalo dado al padre (\u00bfo hermanos<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Arqueol\u00f3gico<\/b><\/p>\n<p>Es el \u2020\u00a2pacto entre un hombre y una mujer para hacer vida en com\u00fan. Mediante este pacto, con la bendici\u00f3n de Dios, unen placenteramente sus cuerpos y almas para expresar mutuamente su amor, reproducir la especie humana y constituir la sociedad comenzando con la familia.<\/p>\n<p>El estado matrimonial se utiliza en distintas porciones b\u00ed\u00adblicas para ilustrar la relaci\u00f3n de Dios con su pueblo (\u2020\u0153Y te desposar\u00e9 conmigo para siempre&#8230;\u2020\u009d [Ose 2:19]; \u2020\u0153&#8230; como el gozo del esposo con la esposa, as\u00ed\u00ad se gozar\u00e1 contigo el Dios tuyo\u2020\u009d [Isa 62:5]). En el libro del profeta Oseas, su m. con \u2020\u00a2Gomer y la posterior infidelidad de \u00e9sta sirve para explicar en resumen la historia de Israel, a quien Dios tom\u00f3 como quien toma una esposa, para recibir luego su deslealtad ( \u2020\u00a2Oseas, Libro de).<br \/>\nel NT, se recurre tambi\u00e9n a la figura del m. para se\u00f1alar la relaci\u00f3n de Cristo con su iglesia (\u2020\u0153&#8230; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo\u2020\u009d [2Co 11:2]). Pablo habla de la grandeza de un misterio: el m. \u2020\u0153de Cristo y de la iglesia\u2020\u009d. Y a partir de ese ejemplo amonesta a los maridos que amen a sus mujeres \u2020\u0153como tambi\u00e9n Cristo a la iglesia\u2020\u009d (Efe 5:28-33).<br \/>\ntomaron esto en cuenta algunas personas que intentaron colocar el celibato como un estado superior al matrimonial. Esta idea se introdujo en c\u00ed\u00adrculos cristianos desde sus primeros a\u00f1os. Los ap\u00f3stoles tuvieron que combatirla. Pablo advirti\u00f3 que \u2020\u0153en los postreros tiempos\u2020\u009d vendr\u00ed\u00adan \u2020\u0153esp\u00ed\u00adritus enga\u00f1adores\u2020\u009d que \u2020\u0153prohibir\u00e1n casarse\u2020\u009d (1Ti 4:1-3). El escritor de Hebreos exhort\u00f3: \u2020\u0153Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla\u2020\u009d (Heb 13:4). \u2020\u00a2Celibato.<\/p>\n<p>Monogamia y poligamia. La voluntad de Dios fue que el m. se hiciera entre un solo hombre con una sola mujer. Cuando quiso buscar compa\u00f1\u00ed\u00ada para el hombre, no cre\u00f3 varias mujeres, sino solamente una: Eva (\u2020\u0153Jehov\u00e1 ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compa\u00f1era, y la mujer de tu pacto. \u00bfNo hizo \u00e9l uno, habiendo en \u00e9l abundancia de esp\u00ed\u00adritu?\u2020\u009d [Mal 2:14-15]). La poligamia es una consecuencia del pecado. El primero que la practic\u00f3 fue el violento \u2020\u00a2Lamec, quien \u2020\u0153tom\u00f3 para s\u00ed\u00ad dos mujeres\u2020\u009d (Gen 4:19-24). Desde entonces, los hombres han practicado la poligamia. Entre los israelitas esto era bastante com\u00fan entre las clases pudientes. Pero se reconoc\u00ed\u00ada que lo ideal era la monogamia. As\u00ed\u00ad, en distintas porciones que hablan del m., es t\u00e1cito que se trata de una sola mujer (\u2020\u0153Tu mujer ser\u00e1 como vid que lleva fruto a los lados de tu casa\u2020\u009d [Sal 128:3]; \u2020\u0153La mujer virtuosa es corona de su marido\u2020\u009d [Pro 12:4]; etc\u00e9tera). El Se\u00f1or Jes\u00fas, hablando del m., pon\u00ed\u00ada como modelo de Dios a la pareja inicial: un hombre y una mujer (\u2020\u0153&#8230; al principio de la creaci\u00f3n, var\u00f3n y hembra los hizo Dios\u2020\u009d [Mar 10:6]). Es evidente, por las palabras del Se\u00f1or Jes\u00fas, que ciertas alteraciones al orden divino, como es la poligamia, no fueron castigadas por Dios por su paciencia. As\u00ed\u00ad, dio instrucciones para poner ciertos controles a esa pr\u00e1ctica, por medio de Mois\u00e9s. Esos estatutos que reconocen la existencia de la poligamia no fueron dados como para implantar un ideal o un modelo (\u2020\u0153Por la dureza de vuestro coraz\u00f3n os escribi\u00f3 este mandamiento\u2020\u009d [Mar 10:5]).<\/p>\n<p>Endogamia. La preferencia de los hebreos de casar a sus hijos con mujeres de su misma naci\u00f3n viene de una antiqu\u00ed\u00adsima tradici\u00f3n. Abraham envi\u00f3 a su siervo a buscar una esposa para Isaac (\u2020\u0153&#8230; no tomar\u00e1s para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos\u2020\u009d [Gen 24:3]). Rebeca dijo a Isaac: \u2020\u0153Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como \u00e9stas &#8230; \u00bfpara qu\u00e9 quiero la vida?\u2020\u009d (Gen 27:46). La principal raz\u00f3n para esto se encontraba en que los dem\u00e1s pueblos practicaban la idolatr\u00ed\u00ada y el polite\u00ed\u00adsmo, con su secuela de corrupci\u00f3n moral. Por eso se prohibieron los m. con los habitantes de Cana\u00e1n (\u2020\u0153No emparentar\u00e1s con ellas &#8230; porque desviar\u00e1 a tu hijo de en pos de m\u00ed\u00ad, y servir\u00e1n a dioses ajenos\u2020\u009d [Deu 7:3-4]).<br \/>\nrealidad, no exist\u00ed\u00ada una prohibici\u00f3n general de casamientos con extranjeros. Con los \u00fanicos que no estaba permitido casarse era con personas de las siete naciones que habitaban Cana\u00e1n. Un hebreo pod\u00ed\u00ada casarse con una prisionera tomada en guerra con cualquier pa\u00ed\u00ads que no fuera de Cana\u00e1n, para evitar el contagio con sus malas costumbres (\u2020\u0153&#8230; para que no os ense\u00f1en a hacer seg\u00fan todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses\u2020\u009d [Deu 20:10-28]). Las motivaciones, entonces, no estaban guiadas por un sentido racial. Abarcaban expl\u00ed\u00adcitamente a aquellos pueblos a los cuales Israel ten\u00ed\u00ada que destruir y no mezclarse con ellos.<br \/>\nmujeres de Mois\u00e9s fueron de pueblos no israelitas. \u2020\u00a2S\u00e9fora era madianita (Exo 2:21) y otra, cuyo nombre no se conoce, era \u2020\u00a2cusita o et\u00ed\u00adope (Num 12:1). \u2020\u00a2Caleb, que era miembro de una tribu no israelita, los \u2020\u00a2cenezeos (Num 32:12), cas\u00f3 con mujeres israelitas. Se realizaron muchos m. con personas de otras naciones, como los casos de \u2020\u00a2Rahab (Mat 1:5), los hijos de \u2020\u00a2Noem\u00ed\u00ad (Rut 1:4) y otros. Los reyes israelitas casaban a veces con mujeres extranjeras para fines de hacer alianzas pol\u00ed\u00adticas. David cas\u00f3 con \u2020\u00a2Maaca, hija del rey de Gesur (2Sa 3:3; 2Sa 13:1; 1Cr 3:2). Salom\u00f3n con una hija de Fara\u00f3n (1Re 3:1; 1Re 7:8). Pero despu\u00e9s del exilio, y a partir de la \u00e9poca de \u2020\u00a2Esdras, se reforzaron las antiguas leyes referentes a los m. con personas de otros pueblos.<\/p>\n<p>El desposorio. La costumbre antigua entre los hebreos era que los padres arreglaban los m. de sus hijos. \u2020\u00a2Agar \u2020\u0153le tom\u00f3 mujer de la tierra de Egipto\u2020\u009d a su hijo \u2020\u00a2Ismael (Gen 21:21). Abraham envi\u00f3 a buscar a \u2020\u00a2Rebeca a lejanas tierras, para casarla con \u2020\u00a2Isaac (Gen 24:1-8). Esto no descartaba la posibilidad de que surgiera una relaci\u00f3n rom\u00e1ntica entre dos j\u00f3venes, como fue el caso de Jacob y \u2020\u00a2Raquel (Gen 29:20). Tampoco quiere decir que la voluntad de la potencial novia no era tomada en cuenta. A \u2020\u00a2Rebeca le preguntaron: \u2020\u0153\u00bfIr\u00e1s t\u00fa con este var\u00f3n?\u2020\u009d. Y ella dio su consentimiento. Pero, en t\u00e9rminos generales, el entendimiento era entre los progenitores, b\u00e1sicamente la decisi\u00f3n del padre. \u2020\u00a2Sa\u00fal prometi\u00f3 dar su hija \u2020\u00a2Merab a David, pero \u2020\u0153llegado el tiempo &#8230; fue dada por mujer a Adriel meholatita\u2020\u009d. Sin embargo, su otra hija \u2020\u00a2Mical se enamor\u00f3 del joven pastor-guerrero y m\u00e1s tarde Sa\u00fal tuvo que d\u00e1rsela por esposa (1Sa 18:19-20). Los hijos formaban parte del patrimonio de la familia, bajo la administraci\u00f3n del padre. Cuando se arreglaba un m., el novio (o su padre) ten\u00ed\u00ada que adquirir del padre de la novia ese derecho mediante el pago de una suma de dinero o entregando algunos bienes. Eso constitu\u00ed\u00ada la \u2020\u00a2dote (Exo 22:17).<br \/>\ndesposorio era una instituci\u00f3n social muy particular de los hebreos, puesto que una vez hecha la promesa de m., en la ley jud\u00ed\u00ada los contrayentes pasaban legalmente a un estado de cuasi matrimonio, hasta el punto de que el rompimiento del arreglo implicaba un \u2020\u00a2d. \u2020\u00a2Mar\u00ed\u00ada, la madre del Se\u00f1or Jes\u00fas, estaba desposada con \u2020\u00a2Jos\u00e9 (Mat 1:18). Por lo tanto, aunque no se hab\u00ed\u00ada celebrado todav\u00ed\u00ada la boda, la comunidad la consideraba como mujer casada. \u2020\u00a2Desposar.<\/p>\n<p>La boda. No se dan detalles en la Biblia sobre ninguna ceremonia especial para el acto del m. Se hace referencia a \u00e9l mediante la frase \u2020\u0153tomar por esposa\u2020\u009d (Exo 21:8; Lev 21:13), o \u2020\u0153tomar por mujer\u2020\u009d (Deu 24:1). Pero en ese d\u00ed\u00ada especial se hac\u00ed\u00ada una alegre celebraci\u00f3n. \u2020\u00a2Boda. \u2020\u00a2Familia. \u2020\u00a2Herencia.<\/p>\n<p>El divorcio. \u2020\u00a2Divorcio.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, LEYE COST TIPO<\/p>\n<p>ver, ANCIANO, DI\u00ed\u0081CONO, OBISPO<\/p>\n<p>vet, Instituci\u00f3n divina, establecida desde la creaci\u00f3n. Mediante el matrimonio, Dios impide que la humanidad venga a ser una confusa multitud de individuos dispersos; queda as\u00ed\u00ad organizada sobre la base de la familia, de la que la c\u00e9lula es la pareja, unida seg\u00fan su voluntad. (a) El prop\u00f3sito del matrimonio, seg\u00fan la Biblia, es cu\u00e1druple: (A) la continuaci\u00f3n de la raza humana (Gn. 1:27-28); (B) la necesaria colaboraci\u00f3n. El hombre es esencialmente un ser social. Dios dijo: \u00abNo es bueno que el hombre est\u00e9 solo; le har\u00e9 ayuda id\u00f3nea para \u00e9l\u00bb (Gn. 2:18); (C) la unidad de los c\u00f3nyuges: la mujer ha sido tomada del hombre (de la misma manera que el hombre existe por la mujer, 1 Co. 11:12); abandonando padre y madre para fundar un nuevo hogar, los dos vienen a ser una sola carne (Gn. 2:21-24); (D) la santificaci\u00f3n de ambos mediante la preservaci\u00f3n de lo que es para ellos el lazo conyugal (1 Co. 7:2-9). El Se\u00f1or quiere que el matrimonio sea honrado por todos y santo (He. 13:4). Trata de ap\u00f3statas a aquellos que, predicando el ascetismo, se permiten prohibirlo (1 Ti. 4:1-3). (b) El celibato. Si el matrimonio se halla en el orden de la creaci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 sucede con aquellos que permanecen solteros? Algunos entre ellos lo hacen voluntariamente, \u00abpor causa del reino de los cielos\u00bb (Mt. 19:12), como Pablo (1 Co. 9:5, 15). En efecto, el c\u00e9libe se halla menos implicado en los asuntos de la vida y menos limitado por el deseo de complacer a su c\u00f3nyuge; puede as\u00ed\u00ad consagrarse a un servicio determinado para el Se\u00f1or sin distracciones de ning\u00fan tipo (1 Co. 7:32-35). Ello no significa que el celibato sea puesto a un nivel m\u00e1s elevado en la escala de la santidad que el matrimonio. Cada uno tiene que discernir el llamamiento particular y el don personal que haya recibido del Se\u00f1or (1 Co. 7:7). El cap. 7 de 1 Corintios es el \u00fanico pasaje dedicado al celibato; se comprende que Pablo, al justificarlo plenamente, dice: \u00abEl que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor\u00bb (1 Co. 7:38); \u00e9l desear\u00ed\u00ada, desde su punto de vista, que todos los hombres fueran como \u00e9l y que se ahorraran muchos dolores (1 Co. 7:7, 26-31); pero afirma que no hay mal alguno en el matrimonio, sino todo lo contrario (1 Co. 7:27, 28, 36, 39). Cada uno debe buscar la voluntad de Dios de manera individual (1 Co. 7:7-9). Si alguien se siente llamado al celibato, es que el Se\u00f1or se lo ha dado como don; su solter\u00ed\u00ada podr\u00e1 quedar ricamente compensada, como en el caso de Pablo, con una gran familia espiritual (1 Co. 4:14-15). Si alguien se siente llamado al matrimonio, ser\u00e1 en este estado que glorificar\u00e1 verdaderamente a Dios. (c) Monogamia: La monogamia es el ideal prescrito por las Escrituras (Gn. 2:18-24; Mt. 19:5; 1 Co. 6:16). S\u00f3lo ella permite la unidad total de los dos c\u00f3nyuges, en tanto que la poligamia la hace imposible. El Creador confirma este hecho al hacer nacer un n\u00famero aproximadamente igual de varones que de hembras. El quiere tambi\u00e9n que el matrimonio sea una relaci\u00f3n permanente (Mt. 19:6). Normalmente, el afecto entre marido y mujer se va desarrollando con el paso de los a\u00f1os. La moral reprueba la rotura del contrato. A causa de las obligaciones que les incumben, los esposos deben disciplinarse y criar a sus hijos ense\u00f1\u00e1ndoles a predicar el bien. El matrimonio es indisoluble antes de la muerte, excepto en caso de adulterio (Ro. 7:2, 3; Mt. 19:3-9). Pablo constata que hay rupturas arbitrarias, asimilables a una deserci\u00f3n (1 Co. 7:15). Los casos a los que hace alusi\u00f3n el ap\u00f3stol iban probablemente acompa\u00f1ados de infidelidad conyugal. Est\u00e1 prohibido el nuevo matrimonio de personas divorciadas ileg\u00ed\u00adtimamente (Mt. 5:32; 19:9; 1 Co. 7:10, 11). La sentencia de un tribunal civil no anula el matrimonio delante de Dios; declara si la ruptura ha sido causada por el pecado de uno de los c\u00f3nyuges o por ambos. Parece que Ad\u00e1n, Ca\u00ed\u00adn, No\u00e9 y sus tres hijos fueron mon\u00f3gamos. (d) Poligamia: La poligamia apareci\u00f3 con Lamec (Gn. 4:19), y as\u00ed\u00ad qued\u00f3 manchada la pureza de los matrimonios, al dejarse los hombres ser dominados por impulsos carnales en la elecci\u00f3n de sus compa\u00f1eras (Gn. 6:1-2). Cuando Abraham tom\u00f3 para s\u00ed\u00ad una segunda mujer para conseguir el cumplimiento de la promesa, actu\u00f3 insensatamente (Gn. 16:4). Isaac tuvo una sola esposa, pero Jacob fue pol\u00ed\u00adgamo, en parte debido al enga\u00f1o de Lab\u00e1n (Gn. 29). Mois\u00e9s reprimi\u00f3 los abusos, pero no los aboli\u00f3 de golpe. Los israelitas estaban poco crecidos espiritualmente, y encadenados a los usos y costumbres de la \u00e9poca, que no se correspond\u00ed\u00adan en absoluto con la voluntad de Dios. El gran legislador rindi\u00f3 un gran servicio a la causa del matrimonio, prohibiendo las uniones entre consangu\u00ed\u00adneos y parientes pol\u00ed\u00adticos (Lv. 18); desalent\u00f3 la poligamia (Lv. 18:18; Dt. 17:17); asegur\u00f3 los derechos de las esposas de condici\u00f3n inferior (Ex. 21:2-11; Dt. 21:10-17); reglament\u00f3 el divorcio (Dt. 22:19, 29; 24:1); exigi\u00f3 el respeto al v\u00ed\u00adnculo matrimonial (Ex. 20:14, 17; Lv. 20:10; Dt. 22:22). Despu\u00e9s de Mois\u00e9s, hubo a\u00fan los que se dieron a la poligamia: Gede\u00f3n, Elcana, Sa\u00fal, David, Salom\u00f3n, Roboam, y otros (Jue. 8:30; 1 S. 1:2; 2 S. 5:13; 12:8; 21:8; 1 R. 11:3). Sin embargo, la Escritura expone los males inherentes a la poligamia, las m\u00ed\u00adseras rivalidades que se daban entre las esposas de Abraham, de Jacob, de Elcana (Gn. 16:6; 30; 1 S. 1:6); en cambio, se destaca la belleza de las familias felices (Sal. 128:3; Pr. 5:18; 31:10-29; Ec. 9:9; cfr. Eclo. 26:1-27). Abraham se cas\u00f3 con una medio hermana suya; Jacob tuvo dos esposas que eran hermanas entre s\u00ed\u00ad (Gn. 20:12; 29:26). En Egipto, no era raro casarse con una hermana de padre y madre; los persas lo permit\u00ed\u00adan (Herodoto 3:31). Los atenienses pod\u00ed\u00adan casarse con una medio hermana del mismo padre, en tanto que los espartanos pod\u00ed\u00adan casarse con sus medio hermanas nacidas de la misma madre. La Ley de Mois\u00e9s prohibi\u00f3 estas uniones e incluso los matrimonios con parientes m\u00e1s alejados (Lv. 18:6-18). El estatuto matrimonial de los romanos se parec\u00ed\u00ada al de los israelitas; denunciaba como incesto la uni\u00f3n de parientes pr\u00f3ximos (por ejemplo, entre hermano y hermana) o entre parientes pol\u00ed\u00adticos (como suegro y nuera). Todos los textos del NT hablan formalmente en contra de la poligamia. Hablando a los jud\u00ed\u00ados acerca del divorcio, Cristo afirm\u00f3 que Mois\u00e9s lo hab\u00ed\u00ada permitido por la dureza de sus corazones y que, excepto en caso de infidelidad, un nuevo matrimonio era un adulterio (Mt. 19:8-9). Se puede llegar a la conclusi\u00f3n de que la poligamia hab\u00ed\u00ada sido permitida en la \u00e9poca del AT por la misma raz\u00f3n, aunque con las restricciones se\u00f1aladas; sin embargo, queda claro que no tiene lugar alguno en el Evangelio. El caso especial de los pol\u00ed\u00adgamos convertidos al Evangelio se trataba con la aceptaci\u00f3n de la situaci\u00f3n familiar de hecho; sin embargo, el pol\u00ed\u00adgamo quedaba excluido de la posibilidad de ejercer cargo alguno de responsabilidad en la iglesia (cfr. 1 Ti. 3:2, 12; Tit. 1:6). (e) Concubinato: El concubinato era una forma m\u00e1s baja de poligamia. La concubina era una mujer de rango inferior, quiz\u00e1 una esclava o una prisionera de guerra (Gn. 16:3; 22:24; 36:12; Dt. 21:10-11; Jue. 5:30; 2 S. 5:13; etc.). Agar, p. ej. no ten\u00ed\u00ada la posici\u00f3n social de Sara (G\u00e1. 4:22, 23), y los hijos de las concubinas, aunque plenamente reconocidos, no ten\u00ed\u00adan el mismo derecho a la herencia que los hijos de la esposa principal (G\u00e1. 4:30; Gn. 25:6). (f) Levirato. El levirato (lat. \u00ablege vir\u00bb, \u00abhermano del marido\u00bb). La Ley de Mois\u00e9s prescrib\u00ed\u00ada que la viuda del hermano muerto sin hijos ten\u00ed\u00ada que ser tomada como esposa por el hermano sobreviviente. El primog\u00e9nito de los hijos de esta nueva uni\u00f3n deb\u00ed\u00ada heredar los bienes y el nombre del fallecido (Dt. 25:5-6). El interesado se pod\u00ed\u00ada librar de esta obligaci\u00f3n, pero en tal caso deb\u00ed\u00ada soportar una reprensi\u00f3n p\u00fablica (Dt. 25:7-10); el deber de casarse pod\u00ed\u00ada entonces transmitirse a un pariente m\u00e1s alejado (cfr. Rt. 4:1-10). Con ello se buscaba mantener la integridad de la familia, e impedir la extinci\u00f3n de la raza y del nombre de un hombre muerto prematuramente o privado de descendencia. (g) Casamientos posteriores. Una vez que el v\u00ed\u00adnculo matrimonial queda roto con la muerte, el c\u00f3nyuge superviviente queda libre para casarse con quien quiera, siempre que ello sea \u00aben el Se\u00f1or\u00bb (1 Co. 7:39); ello significa que se debe contraer matrimonio con una persona verdaderamente creyente, y buscando los dos glorificar a Dios y servir al Se\u00f1or con sus vidas. La declaraci\u00f3n de Pablo acerca de los obispos y di\u00e1conos, que \u00absea[n]&#8230; maridos de una sola mujer\u00bb (1 Ti. 3.1, 12), ha sido interpretada diversamente. La Iglesia Ortodoxa griega, que permite el casamiento de los grados bajos de su clero, proh\u00ed\u00adbe que puedan contraer segundas nupcias. De ah\u00ed\u00ad el proverbio en Grecia: \u00abMimada como la esposa de un pope.\u00bb Sin embargo, lo que parece ser el caso en estos textos de Pablo es impedir el acceso a cargos de autoridad o responsabilidad a los que vivieran en situaciones de poligamia o concubinato, en un momento en que las presiones del paganismo ambiental propiciaban estas formas de vida. Si es cierto que para que las viudas pudieran tener un papel en la Iglesia primitiva era necesario que \u00abhaya sido esposa de un solo marido\u00bb (1 Ti. 5:9). Habiendo pertenecido a dos familias, ser\u00ed\u00ada en este contexto que tendr\u00ed\u00ada que dar sus servicios. Sin embargo, los di\u00e1conos y obispos ten\u00ed\u00adan que ser maridos de una sola mujer al empezar a ejercer sus funciones (v\u00e9anse ANCIANO, DI\u00ed\u0081CONO, OBISPO). (h) Prohibici\u00f3n de ciertos matrimonios. Adem\u00e1s de las disposiciones que tratan del incesto (Lv. 18), la ley prohib\u00ed\u00ada formalmente a los israelitas que se unieran con personas paganas, que los arrastrar\u00ed\u00adan a la idolatr\u00ed\u00ada y a la inmoralidad (Ex. 34:15-16; Dt. 7:3-4). Y es, efectivamente, lo que sucedi\u00f3 cada vez que desobedecieron (Jue. 3:6; 1 R. 11:1-2; Esd. 9:1-2; 10:2-3). En el NT, el texto de 2 Co. 6:14-7:1 se aplica tambi\u00e9n al matrimonio. Un hijo de Dios, renacido de El, no puede casarse con una persona inconversa. Muchos han sido los casos en que j\u00f3venes bien dispuestos, habiendo profesado fe en Jesucristo, se han visto totalmente apartados de la fe por un c\u00f3nyuge no creyente. Y si han permanecido personalmente fieles, han tenido que pasar por m\u00faltiples sufrimientos personales, y han tenido que ver las desagradables consecuencias que todo ello ha tenido para sus hijos. La \u00fanica seguridad y dicha est\u00e1 en casarse \u00aben el Se\u00f1or\u00bb (1 Co. 7:39). (i) Elecci\u00f3n de la esposa y desposorios. En Israel eran los padres (sobre todo el padre) los que eleg\u00ed\u00adan a la esposa del joven (Gn. 21:21; 24: 38:6); en ocasiones el hijo manifestaba sus preferencias, pero el padre era el que se encargaba de formalizar el asunto (Gn. 34:4, 8; Jue. 14:1-10). El joven no pod\u00ed\u00ada ocuparse de ello directamente m\u00e1s que en circunstancias excepcionales (Gn. 29:18). No siempre se consultaba a la joven; la voluntad de su padre y de su hermano mayor decid\u00ed\u00adan el asunto (Gn. 24:51, 57-58; 34:11). En ocasiones un pariente m\u00e1s alejado buscaba un marido para la hija, o la ofrec\u00ed\u00ada a un buen partido (Ex. 2:21; Jos. 15:17; Rt. 3:1, 2; 1 S. 18:27). Se daban regalos a la parentela de la futura esposa, y en ocasiones a ella misma (Gn. 24:22, 53; 29:18, 27; 34:12; 1 S. 18:25). Otro joven, llamado el amigo del esposo (Jn. 3:29), serv\u00ed\u00ada de intermediario entre las dos partes interesadas, pero no ten\u00ed\u00ada, excepto en esto, contacto alguno antes de las bodas. Se trataba, como se ve, de un compromiso m\u00e1s preciso y formal que nuestros compromisos modernos, y que ya ten\u00ed\u00ada ciertas consecuencias legales. Si la prometida se dejaba seducir, era castigada con la muerte por adulterio, y su c\u00f3mplice tambi\u00e9n, \u00abporque humill\u00f3 a la mujer de su pr\u00f3jimo\u00bb (Dt. 22:23-24). Los soldados quedaban dispensados de luchar si los esperaba una prometida en casa (Dt. 20:7), de la misma manera que el reci\u00e9n casado quedaba dispensado por un a\u00f1o del servicio militar (Dt. 24:5). Esto explica que en Mt. 1:18-25 se empleen simult\u00e1neamente los t\u00e9rminos de desposados y de marido y mujer acerca de Mar\u00ed\u00ada y Jos\u00e9 antes de la consumaci\u00f3n de su matrimonio. (j) Celebraci\u00f3n de las bodas. Ten\u00ed\u00ada lugar sin ceremonia religiosa, con la posible excepci\u00f3n de la ratificaci\u00f3n por juramento (Pr. 2:17; Ex. 16:8; Mal. 2:14). Despu\u00e9s del exilio se concertaba y sellaba un contrato (Tob. 7:14). Antes de la boda, la novia se ba\u00f1aba (cfr. Jud. 10:3; Ef. 5:26, 27), se revest\u00ed\u00ada de ropas blancas, adornadas frecuentemente con preciosos bordados (Ap. 19:8; Sal. 45:13, 14), se cubr\u00ed\u00ada de joyas (Is. 61:10; Ap. 21:2), se ce\u00f1\u00ed\u00ada la cintura con un cintur\u00f3n nupcial (Is. 3:24; 49:18; Jer. 2:32), y se velaba (Gn. 24:65). El novio, ataviado tambi\u00e9n con sus mejores ropajes, y con una corona en su cabeza (Cnt. 3:11; Is. 61:10), sal\u00ed\u00ada de su casa con sus amigos (Jue. 14:11; Mt. 9:15), dirigi\u00e9ndose, al son de la m\u00fasica y de canciones, a la casa de los padres de la novia. Si se trataba de un cortejo nocturno, hab\u00ed\u00ada portadores de l\u00e1mparas (1 Mac. 9; 39; Mt. 25:7; cfr. Gn. 31:27; Jer. 7:34). Los padres de la desposada la confiaban, velada, al joven, con sus bendiciones. Los amigos daban sus parabienes (Gn. 24:60; Rt. 4:11; Tob. 7:13). El casado invitaba a todos a su casa, o a la casa de su padre, en medio de c\u00e1nticos, de m\u00fasica y de danzas (Sal. 45:15, 16; Cnt. 3:6-11; 1 Mac. 9:37). Los acompa\u00f1aban j\u00f3venes (Mt. 25:6). Se serv\u00ed\u00ada un banquete en la casa del esposo o de sus padres (Mt. 22:1-10; Jn. 2:1, 9) o en casa de la joven, si el marido viv\u00ed\u00ada lejos (Mt. 25:1). El mismo o los padres de la novia hac\u00ed\u00adan los agasajos (Gn. 29:22; Jue. 14:10; Tob. 8:19). La novia aparec\u00ed\u00ada por vez primera al lado del esposo (Jn. 3:29). Al caer la noche, los padres acompa\u00f1aban a su hija hasta la c\u00e1mara nupcial (Gn. 29:23; Jue. 15:1; Tob. 7:16, 17). El esposo acud\u00ed\u00ada acompa\u00f1ado de sus amigos o de los padres de su mujer (Tob. 8:1). Las fiestas se reanudaban al d\u00ed\u00ada siguiente, y duraban una o dos semanas (Gn. 29:27; Jue. 14:12; Tob. 8:19, 20). (k) Sentido espiritual: El matrimonio, y los desposorios, simbolizan con frecuencia las relaciones espirituales de Jehov\u00e1 con su pueblo (Is. 62:4, 5; Os. 2:18). La apostas\u00ed\u00ada del pueblo de Dios, debido a la idolatr\u00ed\u00ada y a otras formas de pecado, se compara con el adulterio de una esposa (Is. 1:21; Jer. 3:1-20; Ez. 16:24; Os. 2), que lleva al divorcio (Sal. 73:27; Jer. 2:20; Os. 4:12). El NT emplea la misma imagen: Cristo es el esposo (Mt. 9:15; Jn. 3:29), la Iglesia, la esposa (2 Co. 11:2; Ap. 19:7; 21:2, 9; 22:17). Cristo, cabeza de la Iglesia, la ama y se cuida de su santificaci\u00f3n. All\u00ed\u00ad se halla el modelo que se presenta para el matrimonio cristiano (Ef. 5:23-32).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[450]<\/p>\n<p>    El matrimonio naturalmente es la uni\u00f3n conyugal estable de un var\u00f3n y de una mujer (monogamia) para llevar vida en com\u00fan. El matrimonio en algunas culturas admite variedad de mujeres (poligamia); y en escasas ocasiones ha sido usual el tener varios varones con una mujer (poliandria).<\/p>\n<p>    Implica enlace afectivo, sexual y social. Por naturaleza tiende a la procreaci\u00f3n y al mantenimiento de la especie humana. Es la forma natural de encauzar la sexualidad, como facultad reproductora, y de propagar la sociedad.<\/p>\n<p>    El matrimonio cristiano a\u00f1ade al simple enlace natural la dimensi\u00f3n sobrenatural del compromiso por motivos superiores. Se define como el sacramento por el cual dos personas de distinto sexo, h\u00e1biles fisiol\u00f3gica y psicol\u00f3gicamente para con su fin natural, se unen por mutuo consentimiento en comunidad de vida, por amor humano y como reflejo del amor divino que Cristo tuvo a su Iglesia.<\/p>\n<p>    El Catecismo Romano (II. 8. 3), siguiendo a te\u00f3logos como Pedro Lombardo, se qued\u00f3 en definirlo como lo hac\u00ed\u00ada el derecho romano: \u00abUni\u00f3n marital de var\u00f3n y mujer aptos legalmente para formar comunidad de vida desde la personalidad de cada uno de ellos.\u00bb  (Sent. IV. 27. 2).<\/p>\n<p>    Siglos despu\u00e9s, este concepto se complet\u00f3 en el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica: \u00abLa alianza por la que el var\u00f3n y la mujer constituyen entre s\u00ed\u00ad un consorcio de vida, ordenado al bien de los c\u00f3nyuges y a la educaci\u00f3n de la prole y elevado por Cristo a la dignidad de sacramento.\u00bb (N\u00c2\u00ba 1601)<\/p>\n<p>    1. Origen divino del matrimonio<br \/>\n    El matrimonio es una uni\u00f3n tan radicalmente humana que surge como necesidad de la especie y como tendencia espont\u00e1nea de cada persona. No implica s\u00f3lo tendencia a la relaci\u00f3n sexual entre dos seres superiores, como acontece en los animales no racionales, sino algo m\u00e1s profundo, consciente y permanente.<\/p>\n<p>    Por s\u00ed\u00ad mismo tiende a la permanencia; pero sobre todo reclama la conciencia de libertad, de comunidad de vida, de satisfacci\u00f3n afectiva, de apertura a la fecundidad con la generaci\u00f3n de nuevos seres a los que se ama, cr\u00ed\u00ada y educa por algo m\u00e1s que por instinto. El matrimonio, instituci\u00f3n natural, es querido por Dios, autor de la naturaleza.<\/p>\n<p>    1.1. Plan de Dios Creador<br \/>\n    Queda recogida esta propensi\u00f3n universal y permanente de la especie humana en el mismo relato b\u00ed\u00adblico de la creaci\u00f3n del hombre: \u00abHizo Dios a la mujer de su misma naturaleza, carne de sus carne y hueso de sus huesos\u00bb (Gn. 1. 27). Uni\u00f3 a ambos en la convivencia del para\u00ed\u00adso: \u00abNo es bueno que el hombre est\u00e9 solo. Hag\u00e1mosle una ayuda a su imagen y semejanza.\u00bb (Gen. 2.18) Le dio la orden de \u00abcrecer y multiplicarse y llenar la tierra\u00bb (Gn. 1 28).<\/p>\n<p>    Como autor de la naturaleza inteligente y libre del hombre, Dios es autor del instinto reproductor y de la tendencia unitiva de los sexos diferentes y complementarios. Es autor de la bisexualidad como coronaci\u00f3n de toda la obra creadora del cosmos: mineral, vegetal y animal.<\/p>\n<p>    Los prejuicios gn\u00f3sticos, maniqueos y neoplat\u00f3nicos de los primeros tiempos cristianos hicieron mirar el matrimonio como un \u00abremedio a la concupiscencia\u00bb y provocaron cierta desconfianza sobre la bondad de la sexualidad. Pero nada m\u00e1s alejado del plan divino que el juzgar la materia o el cuerpo como algo malo y relegar la bondad natural en el esp\u00ed\u00adritu o alma.<\/p>\n<p> Incluso alg\u00fan autor tan profundo como S. Gregorio Niseno lleg\u00f3 a declarar (De opif. hom. 17) que \u00abla diferenciaci\u00f3n sexual de las personas y el matrimonio son consecuencia del pecado que Dios hab\u00ed\u00ada ya previsto\u00bb. Esta idea, renovada por el mismo San Jer\u00f3nimo que tambi\u00e9n hac\u00ed\u00ada depender el matrimonio del pecado del primer hombre (Ep. 22. 16), fue vigorosamente refutada desde antiguo, por ejemplo por Sto. Tom\u00e1s de Aquino. (Summa. Th. I. 98. 2).<\/p>\n<p>    En el momento en que los hombres fueron hechos var\u00f3n y mujer naci\u00f3 en la historia el amor. Se despert\u00f3 la posibilidad de fabricar un mundo con personas humanas. Y los hombres comenzaron a caminar con normalidad por la tierra.<\/p>\n<p>    El amor y la posibilidad de hacer del mundo el hogar en que se llenara de los frutos del amor han sido siempre el gran desaf\u00ed\u00ado de los hombres.<\/p>\n<p>    1.2. Fecundidad y amor<br \/>\n    El hombre es proyectivo y fecundo por misma naturaleza. No es un simple ser vivo, por perfecto que se le considere. Es un ser espiritual, libre e inmortal, al mismo tiempo que inteligente y social. La sexualidad, fisiol\u00f3gica, afectiva, moral y espiritual, debe ser analizada desde la \u00f3ptica de la dignidad sobrenatural del hombre. S\u00f3lo en ese contexto se puede entender como algo superior al emparejamiento animal.<\/p>\n<p>   La fecundidad del hombre en consecuencia es efecto de toda su personalidad. Puede manifestarse en diversas \u00e1reas o dimensiones:<\/p>\n<p>   &#8211; En la intelectual y entonces hace de su mente, cada vez m\u00e1s poderosa, el motor de sus operaciones de ser libre. Produce riquezas y grandezas para s\u00ed\u00ad y para los dem\u00e1s. Puede perfilar un prOyecto de familia y es capaz de buscar al ser del otro sexo para su realizaci\u00f3n<\/p>\n<p>   &#8211; En la social y en la afectiva, el hombre se siente proyectado a relaciones con los dem\u00e1s hombres de forma responsable, en actitud de acogida y con protagonismo en las propias actuaciones. Busca a una persona del otro sexo para realizarse ante s\u00ed\u00ad, dando rienda a sus sentimientos; y para significarse ante los dem\u00e1s, ostentando su feminidad o su masculinidad ofreciendo sus atractivos y cualidades ante el otro.<\/p>\n<p>   &#8211; En la est\u00e9tica y en la \u00e9tica, que implican aspectos complementarios que hace posible abrirse a la vida con una impresi\u00f3n gratificante de belleza, nobleza y virtud. Cada sexo se siente responsable de la felicidad ajena, del placer fisiol\u00f3gico y sobre todo de la riqueza superior y espiritual. La vinculaci\u00f3n intersexual por el amor culmina con la acogida por amor de los seres nuevos que brotan de la fecundidad que se agradece y desea como don de Dios.<\/p>\n<p>   &#8211; Y tambi\u00e9n en la espiritual, que abre la puerta a la sobrenatural. Al encontrar en el c\u00f3nyuge un portador de gracia divina, se nutre la propia vida sobrenatural y se genera un amplio abanico de dones m\u00ed\u00adsticos, que hacen del matrimonio un estado de vida gratificante y santificante.<\/p>\n<p>    1.3. El plan de Dios<br \/>\n    El ejercicio de la sexualidad y la conquista de la fecundidad implican en el ser humano la solidaridad con el ser de distinto sexo que Dios ha puesto a su lado. La \u00ed\u00adntima vinculaci\u00f3n del concepto de sexualidad con el de dignidad humana lleva a la valoraci\u00f3n adecuada de la fidelidad y estabilidad de la uni\u00f3n entre var\u00f3n y mujer, a la cual llamamos \u00abmatrimonio\u00bb.<\/p>\n<p>    Por eso en el plan divino, los v\u00ed\u00adnculos matrimoniales son ecos de su creatividad eterna. Y en el lenguaje cristiano, tales v\u00ed\u00adnculos son reflejo del amor divino a los hombres, concretado en el amor de Cristo a su Iglesia.<\/p>\n<p>    Matrimonio es pues mucho m\u00e1s que \u00abpareja\u00bb, t\u00e9rmino con el que muchos hoy rebajan la grandeza del enlace matrimonial. Quienes no lo descubren prefieren emplear eufemismos por temor a las implicaciones \u00e9ticas y espirituales que el concepto de matrimonio conlleva.<\/p>\n<p>    La uni\u00f3n matrimonial adquiere su grandeza al ser expresi\u00f3n del plan creacional de Dios sobre los hombres.<\/p>\n<p> &#8211; Este plan entre de lleno en la obra de la Creaci\u00f3n del mundo habitado por hombres inteligentes. Es querido desde el comienzo por Dios, Autor de la naturaleza. El mismo Dios hizo al hombre var\u00f3n y mujer para que se unieran corporal y espiritualmente y resultaran fecundos y creadores de nuevos hombres que poblaran la tierra.<\/p>\n<p>    Al margen del mito que recoge el G\u00e9nesis, lo importante es ver al ser humano en la estrecha conexi\u00f3n con los dem\u00e1s seres vivos, minerales, plantas y animales. El es la cumbre de la escala evolutiva promovida por el Autor de la naturaleza.<\/p>\n<p>   &#8211; Es un plan que tiene una dimensi\u00f3n sobrenatural. A diferencia de las dem\u00e1s criaturas, Dios ha creado al hombre en nivel sobrenatural. Le ha hecho portador de la gracia sobrenatural que le hace hijo suyo y llamado a la felicidad eterna.<\/p>\n<p>    Por voluntad del mismo Dios, el matrimonio se convierte en cauce de santificaci\u00f3n, de acercamiento a Dios, de elevaci\u00f3n sobrenatural, al ser signo sensible del amor de Cristo a la Iglesia. Dios, en cuanto nos regala su Revelaci\u00f3n, nos comunica que el Matrimonio es don sobrenatural y no s\u00f3lo hecho natural. Lo convierte en colaboraci\u00f3n con su plan creador, salvador y santificador, al servirse de \u00e9l como plataforma fecundante de otros seres que del matrimonio nace, tambi\u00e9n con vocaci\u00f3n de vida sobrenatural.<\/p>\n<p>    Los esposos cristianos colaboran con Dios en la tarea maravillosa de formar nuevos seres para la vida natural y para la sobrenatural, para la existencia y para la gracia, ya que los hombres que engendran son, ante todo y sobre todo, hijos de Dios.<\/p>\n<p>   1.4. Respuesta del hombre<br \/>\n    El hombre inteligente y moralmente sano, comprometido o no en el estado matrimonial, debe contemplar en el plan de Dios una obra merecedora de respeto, adhesi\u00f3n y agradecimiento.<\/p>\n<p>    Sabe ver el matrimonio como expresi\u00f3n del amor humano. En cuanto reflejo del divino, ese amor es una riqueza digna de ser conquistada, si responde a la voluntad divina para quien la mira en lontananza o en cercan\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Desde la ternura de los novios hasta la entrega conyugal de los desposados, todo es hermoso y delicado en la expresi\u00f3n intersexual del amor. Por eso el hombre debe buscar sus dimensiones trascendentes y no quedarse en elementos naturales para entender su realidad.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo desde la madurez humana y espiritual, se puede mirar el matrimonio donaci\u00f3n y entrega al otro y no como conquista, contrato o adquisici\u00f3n.<\/p>\n<p>    El hombre que sabe juzgar con esa grandeza espiritual y humana, intuye que nada obligado puede haber en el amor, para que pueda ser realmente tal: ni coacciones de tradiciones, ni enga\u00f1os de conveniencias, ni opresi\u00f3n de creencias, ni chantaje de intereses materiales.<\/p>\n<p>    Las hermosas palabras que San Juan Cris\u00f3stomo (344-407), Patriarca de Constantinopla, sugiere decir a los j\u00f3venes esposos, pueden reflejar el peRmanente sentido cristiano del matrimonio: \u00abTe he tomado en mis brazos, te amo y te prefiero a mi vida. Puesto que la vida presente no es nada, mi deseo m\u00e1s ardiente es pasarla contigo de tal manera que estemos seguros de no separarnos en la vida eterna&#8230; Pongo tu amor por encima de todo; y nada me doler\u00e1 tanto como no tener los mismos pensamientos que t\u00fa consigues\u00bb. (A Ef. 20. 8)<\/p>\n<p>    2. Sacramentalidad del matrimonio<\/p>\n<p>     El matrimonio es sacramento, que equivale a decir que es signo sensible de la gracia, porque Cristo lo ha querido as\u00ed\u00ad. A trav\u00e9s de \u00e9l, otorga su gracia para vivir en plenitud la uni\u00f3n conyugal, no s\u00f3lo en lo que se refiere a la paternidad y maternidad, sino ante todo en lo que significa de acci\u00f3n santificadora de la vivencia del amor humano.<\/p>\n<p>    En este sentido, el matrimonio no es un acto pasajero que Dios bendice: el compromiso; es m\u00e1s bien un estado que comienza en el acto del mutuo consentimiento y se prolonga toda la vida en la convivencia y en el amor.  A lo largo de esa vida la gracia matrimonial desciende copiosa.<\/p>\n<p>    La uni\u00f3n conyugal consentida es el eje del sacramento, el signo sensible. Lo que conduce a ella: amor, compromiso, aceptaci\u00f3n, noviazgo; y, sobre todo, lo que contin\u00faa: convivencia marital, paternidad y maternidad, fidelidad, es reflejo de la uni\u00f3n de Cristo y de la Iglesia.<\/p>\n<p>    Por eso el sacramento, como signo sensible, es un acto temporal. Pero la vida nacida el sacramento, como cauce de gracia, es un estado que se prolonga mientras viven los dos contrayentes.<\/p>\n<p>    Para que sea sacramento, la uni\u00f3n ha de ser voluntaria entre los protagonistas. Por lo tanto invalidan el sacramento las coacciones, los enga\u00f1os o la inmadurez para optar. Es una uni\u00f3n amorosa, de modo que cualquier otro motivo, inter\u00e9s o condici\u00f3n que no sea el amor, perturba y, incluso, anula la misma identidad del matrimonio.<\/p>\n<p>    Es uni\u00f3n equivalente y rec\u00ed\u00adproca, en la que ninguno de los dos contrayentes tiene primac\u00ed\u00ada, al margen de costumbres antiguas o incluso de leyes discriminadoras. Tanto el esposo como la esposa se dan y se reciben mutuamente, en igualdad de derechos y de deberes.<\/p>\n<p>    Y es uni\u00f3n abierta, no s\u00f3lo \u00ed\u00adntima. No hay sacramento sin testigos, es decir sin apertura, sin significatividad eclesial. Por eso la Iglesia establece la norma de que el compromiso matrimonial se formule en la comunidad, con el testigo autorizado, que es el p\u00e1rroco o sacerdote delegado, y con los otros testigos, que son los padrinos y dem\u00e1s asistentes al enlace.<\/p>\n<p>    Condici\u00f3n de sacramentalidad es la madurez suficiente de las personas, para que el consentimiento sea libre y comprobable. El entorno familiar y los consejos pueden ser influyentes y cauces para una reflexi\u00f3n prudente. Pero el compromiso es inalienable y la responsabilidad intransferible a nadie.<\/p>\n<p>     El matrimonio es verdadero y propio sacramento instituido por Cristo. Jes\u00fas restaur\u00f3 el matrimonio como unidad monog\u00e1mica e indisoluble con sus ense\u00f1anzas; y proclam\u00f3 la dignidad de cada miembro que lo contrae (Mt. 19. 3). Pero adem\u00e1s lo instituy\u00f3 como cauce de gracia santificante, como sacramento para todos sus seguidores.<\/p>\n<p>  2.1. Doctrina eclesial<\/p>\n<p> La Iglesia, siguiendo su ense\u00f1anza, entiende que entre los cristianos no puede haber verdadero matrimonio que no sea sacramento. Por lo tanto, para ella la uni\u00f3n conyugal extrasacramental entre cristianos es simple concubinato. Respeta las costumbres de otros grupos y culturas; pero no puede admitir cualquier tradici\u00f3n o norma religiosa que infravalore a la mujer: poligamia o poliginia, compraventa de esposas, repudio, aunque hayan existido con frecuencia.<\/p>\n<p>    Las exigencias del matrimonio cristiano son las mismas que las del matrimonio natural: unidad, libertad, igualdad, dignidad, indisolubilidad, fidelidad. Son rasgos reclamados por la misma dignidad humana. Pero en el matrimonio cristiano esas cualidades naturales adquieren categor\u00ed\u00ada de deberes religiosos en virtud de la palabra sagrada y de la dignidad del sacramento.<\/p>\n<p>    El matrImonio radica en el consentimiento de los esposos manifestado entre personas libres y maduras, consentimiento que ning\u00fan poder humano: ley, costumbre, inter\u00e9s social, puede imponer. Ese consentimiento es el acto de la voluntad libre por el que el var\u00f3n y la mujer se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable.<\/p>\n<p>    Pueden contraer matrimonio todos aquellos que son capaces ese consentimiento como acto humano pleno. Deben contraerlo s\u00f3lo quienes se sienten llamados por Dios a ese estado.<\/p>\n<p>    El Matrimonio de los cat\u00f3licos, aunque s\u00f3lo uno de los dos contrayentes est\u00e9 bautizado, se rige no s\u00f3lo por el derecho natural que viene de Dios creador del hombre, sino tambi\u00e9n por la ley de la Iglesia, que recoge la Palabra de Dios Revelada. Si se aleja en lo esencial de esa ley de la Iglesia, deja de ser sacramento para limitarse a ser arreglo social entre personal libres. (cc. 1055 a 1060)<\/p>\n<p>    2.2. Prueba de Escritura<br \/>\n    Dios quiso que el Matrimonio fuera un cauce de la gracia. A trav\u00e9s de toda la Escritura, pero sobre todo de la plenitud de la Revelaci\u00f3n tra\u00ed\u00adda por Jes\u00fas, Hijo de Dios encarnado, expres\u00f3 c\u00f3mo debe ser el matrimonio. Encontramos sus palabras en los textos evang\u00e9licos y en las cartas de los Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>    Como no pod\u00ed\u00ada se de otra forma, los texto del nuevo Testamento hablan con frecuencia de la uni\u00f3n familiar. Jes\u00fas aludi\u00f3 con frecuencia a cuestiones que le planteaban con relaci\u00f3n al matrimonio. Hasta 56 veces se alude a los casados en los escritos del Nuevo Testamento: amor de esposos, divorcio, infidelidad, paternidad, etc.<\/p>\n<p>    San Pablo recuerda repetidamente el car\u00e1cter religioso del compromiso del esposo y de la esposa: 1. Cor. 7. 8; 1. Tim. 4. 3 y 5.11; Hebr. 13.4, etc. Exige que se contraiga \u00aben presencia del Se\u00f1or\u00bb (1 Cor. 7. 39) y recuerda su indisolubilidad como precepto del Se\u00f1or mismo (1 Cor. 7. 10). La elevada dignidad y santidad del matrimonio cristiano se funda, seg\u00fan San Pablo, en ser s\u00ed\u00admbolo de la uni\u00f3n de Cristo con su Iglesia. \u00abGran misterio es \u00e9ste, mas lo digo con respecto a Cristo y su Iglesia.\u00bb (Ef. 5. 2)<\/p>\n<p>    2.3. Ecos en la Tradici\u00f3n<br \/>\n    Los antiguos Padres consideraron el matrimonio como v\u00ed\u00adnculo sagrado. Ya San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (+ 107) dec\u00ed\u00ada al comienzo del siglo II que \u00abconviene que el novio y la novia contraigan matrimonio con anuencia del Obispo, a fin de que sea conforme al Se\u00f1or y no conforme a la concupiscencia.\u00bb (Pol. 5. 2) Un siglo m\u00e1s tarde Tertuliano alud\u00ed\u00ada al car\u00e1cter eclesial y santificador del matrimonio:\u00bb\u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00adamos describir la dicha de un matrimonio contra\u00ed\u00addo ante la  Iglesia, confirmado por la oblaci\u00f3n, sellado por la bendici\u00f3n, proclamado por los \u00e1ngeles y ratificado por el Padre celestial?\u00bb (Ad uxorem II.6)   Y S. Agust\u00ed\u00adn desarroll\u00f3 una extensa doctrina sobre el matrimonio, como camino de santificaci\u00f3n para los cristianos. En diversidad de escritos (\u00abDel bien conyugal\u00bb, \u00abDe las nupcias y de la concupiscencia\u00bb, \u00abDe las costumbres de la Iglesia\u00bb y \u00abContra los maniqueos\u00bb, etc.) insiste en la doctrina evang\u00e9lica aplicada a los esponsales y a sus consecuencias, sobre todo con sus reflexiones sobre los tres bienes matrimoniales: la prole, la fidelidad conyugal, el ser signo de la uni\u00f3n entre Cristo y la Iglesia.<\/p>\n<p> 3. Instituci\u00f3n por Cristo<\/p>\n<p>  Por voluntad expl\u00ed\u00adcita de Jes\u00fas, la uni\u00f3n entre el var\u00f3n y la mujer que responde a un compromiso consciente de signo religioso es un sacramento de la gracia divina. Ese sacramento se identifica con el valor testimonial que tiene el amor humano entre los bautizados del amor que Cristo tiene a su Iglesia y del amor inmenso con el que la Iglesia responde a Cristo.<\/p>\n<p>     No es necesario centrar el momento de la instituci\u00f3n del sacramento en la presencia de Cristo en las Bodas de Cana y en referencia al primer milagro all\u00ed\u00ad hecho por el Se\u00f1or (Jn. 2. 1-11), pero no cabe duda que fue aquel un gesto singular y significativo, tal como lo coment\u00f3 la mayor parte de los Padres y escritores antiguos.<\/p>\n<p>    Debemos recordar otras referencias evang\u00e9licas de gran valor. Defendi\u00f3 su estabilidad contra la costumbre de repudiar a la mujer: \u00abPor la dureza de vuestro coraz\u00f3n os permiti\u00f3 Mois\u00e9s despedir a vuestra mujeres; pero al principio no fue as\u00ed\u00ad. Yo os declaro que cualquiera que se separa de su mujer y se casa con otra, comete adulterio&#8230; Y si la mujer separada se casa con otro, tambi\u00e9n comete adulterio\u00bb. (Mt. 19.8-9) y Mc. 10. 6-9)<\/p>\n<p>    Resalt\u00f3 la primera voluntad divina de la unidad plena entre los esposos: \u00abAl principio Dios los hizo hombre y mujer y por esta raz\u00f3n dejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre y se unir\u00e1 con su mujer y ambos llegar\u00e1n a ser uno. De modo que ya no ser\u00e1n dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios ha unido no debe separarlo el hombre\u00bb. (Mc. 10 7-8)<\/p>\n<p>    3.1. Riesgos y dificultades<\/p>\n<p>    Jes\u00fas no ocult\u00f3 que el matrimonio pod\u00ed\u00ada tener dificultades para la fidelidad y la unidad querida por Dios (monogamia, pureza de intenci\u00f3n, dedicaci\u00f3n en el amor) y dej\u00f3 en claro la posibilidad de otros estados o caminos en la vida de sus seguidores.<\/p>\n<p>    Reconoci\u00f3 ante los asombrados disc\u00ed\u00adpulos que el matrimonio, vivido en la plenitud, puede parecer dif\u00ed\u00adcil por sus exigencias de entrega plena y mutua entre los esposos, sobre todo por su indisolubilidad. Los mismos Ap\u00f3stoles le dijeron: \u00abSi tal es la condici\u00f3n del hombrecon respeto a su mujer, vale m\u00e1s no casarse. Y Jes\u00fas les respondi\u00f3: Pero no todos lo entienden as\u00ed\u00ad, sino aquellos a quienes Dios da esta inteligencia. Hay hombres que nacen incapacitados para el matrimonio. Otros son mutilados por la malicia de los hombres. Algunos se limitan a s\u00ed\u00ad mismos para estar m\u00e1s disponibles para el Reino de los cielos. El que sea capaz de hacer eso \u00faltimo que lo haga\u00bb. (Mt. 19. 10-12). Este mismo sentimiento o temor expresan a veces muchas personas que contemplan el matrimonio con insuficiente actitud \u00e9tica y que no han descubierto la belleza moral y espiritual del amor pleno. Pero la doctrina matrimonial de la Iglesia a lo largo de los siglos ha sido clara y exigente, siempre reflejo de la misma ense\u00f1anza de Jes\u00fas<\/p>\n<p>LEYES DE LA IGLESIA SOBRE IMPEDIMENTOS MATRIMONIALES.C.D.C. Libro IV T\u00ed\u00adtulo VI CAP\u00ed\u008dTULO III De los impedimentos dirimentes en particular C. 1083  \u00c2\u00a7  1.<\/p>\n<p>   No puede contraer matrimonio v\u00e1lido el var\u00f3n antes de los diecis\u00e9is a\u00f1os cumplidos, ni la mujer antes de los catorce, tambi\u00e9n cumplidos.<\/p>\n<p>    Puede la Conferencia Episcopal establecer una edad superior para la celebraci\u00f3n l\u00ed\u00adcita del matrimonio. C. 10841  \u00c2\u00a7 1. La impotencia antecedente y perpetua para realizar el acto conyugal, tanto por parte hombre como de la mujer, ya absoluta ya relativa, hace nulo el matrimonio por su misma naturaleza.<\/p>\n<p> &#038; 2. Si el impedimento de impotencia es dudoso, con duda de derecho o de hecho, no se debe impedir el matrimonio ni, mientras persista la duda, declararlo nulo.<\/p>\n<p>      &#038; 3. La esterilidad no proh\u00ed\u00adbe ni dirime el matrimonio sin perjuicio de lo que se prescribe en el can. 1098.  C. 1085. \u00c2\u00a7 1. Atenta inv\u00e1lidamente el matrimonio quien est\u00e1 ligado por el v\u00ed\u00adnculo de un matrimonio anterior, aunque no haya sido consumado.<\/p>\n<p>      $ 2 Aun cuando el matrimonio anterior sea nulo o haya sido haya sido disuelto por cualquier causa, no por eso es l\u00ed\u00adcito contraer otro antes de que conste leg\u00ed\u00adtimamente y con certeza la nulidad o disoluci\u00f3n del precedente.<\/p>\n<p>   C. 1087. Atenta inv\u00e1lidamente el matrimonio quien ha recibido las Ordenes Sagradas.  Atenta inv\u00e1lidamente el matrimonio quien est\u00e1 ligado por voto p\u00fablico perpetuo de castidad.<\/p>\n<p>   C. 1088. No puede haber matrimonio entre un hombre y una mujer raptada, o al menos retenida con miras a contraer matrimonio con ella, a no ser que luego la mujer, separada del raptor y en lugar seguro y libre, elija voluntariamente el matrimonio. C. 1090 $ 1. Quien con el fin de contraer matrimonio con una  determinada  persona,  causa muerte del c\u00f3nyuge de \u00e9sta o de su propio c\u00f3nyuge atenta inv\u00e1lidamente ese matrimonio.<\/p>\n<p> \u00c2\u00a7 2. Tambi\u00e9n atentan inv\u00e1lidamente el matrimonio entre si quienes con una cooperaci\u00f3n mutua, f\u00ed\u00adsica o moral, causaron la muerte del c\u00f3nyuge.  C. 1091  En l\u00ed\u00adnea recta de consanguinidad, es nulo el matrimonio entre todos los ascendientes y descendientes, tanto leg\u00ed\u00adtimos como naturales.<\/p>\n<p> \u00c2\u00a7 2. En l\u00ed\u00adnea colateral, es nulo hasta el cuarto grado inclusive.<\/p>\n<p> \u00c2\u00a7 3. El impedimento de consanguinidad no se multiplica.<\/p>\n<p> &#038; 4. Nunca debe permitirse el matrimonio cuando subsiste alguna duda sobre si las partes son consangu\u00ed\u00adneas en alg\u00fan grado de l\u00ed\u00adnea recta o en segundo grado de l\u00ed\u00adnea colateral. C. 1092. La afinidad en l\u00ed\u00adnea recta dirime el matrimonio en cualquier grado. C. 1093. El impedimento de p\u00fablica honestidad surge del matrimonio inv\u00e1lido despu\u00e9s de instaurada la vida en com\u00fan, o del concubinato notorio o p\u00fablico: y dirime el matrimonio en el primer grado de l\u00ed\u00adnea recta entre el var\u00f3n y las consangu\u00ed\u00adneas c\u00ed\u00ade la mujer y viceversa.  C. 1094.  Pueden contraer v\u00e1lidamente matrimonio entre s\u00ed\u00ad quienes est\u00e1n unidos por parentesco legal proveniente de la adopci\u00f3n, en l\u00ed\u00adnea recta o en segundo grado de l\u00ed\u00adnea colateral.<\/p>\n<p> CAP\u00ed\u008dTULO IV. Del consentimiento matrimonial C. 1095.<\/p>\n<p> Son incapaces de contraer matrimonio:<\/p>\n<p>  1\u00c2\u00b0 quienes carecen de suficiente uso de raz\u00f3n<\/p>\n<p>  2\u00c2\u00b0 quienes tienen un grave defecto de discreci\u00f3n de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio que mutuamente se han de dar y aceptar;<\/p>\n<p>  3\u00c2\u00ba quienes no pueden asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza ps\u00ed\u00adquica  C. 1096. \u00c2\u00a7 1. Para que pueda haber consentimiento matrimonial, es necesario que los contrayentes no ignoren al menos que el matrimonio es un consorcio permanente entre un var\u00f3n y una mujer, ordenado a procreaci\u00f3n de la prole mediante una cierta cooperaci\u00f3n sexual<\/p>\n<p> 3.2. El amor como ra\u00ed\u00adz.<\/p>\n<p>    El amor de los esposos es exigente adem\u00e1s de gratificante; pero es tambi\u00e9n por s\u00ed\u00ad mismo santificador, desde la compenetraci\u00f3n corporal hasta la intimidad afectiva, moral y espiritual. Todo lo que el matrimonio es, representa y simboliza la entrega misma de Jes\u00fas a la humanidad, especialmente a la comunidad de sus seguidores.<\/p>\n<p>    Nada hay que no sea hermoso, santificador y elegante en el ejercicio recto de la sexualidad matrimonial. Gracias a ella se realizan en plenitud las personas, se desarrollan las comunidades y se prolonga la vida en el mundo y en la Iglesia.<\/p>\n<p>    Si a veces no se mir\u00f3 como algo noble, debido a las influencias maniqueas o gn\u00f3sticas, o si algunos movimientos falsamente espirituales infravaloraron ese amor conyugal por pensar que era m\u00e1s material que espiritual por ser \u00abtambi\u00e9n\u00bb corporal, la Iglesia volvi\u00f3 pronto los ojos a los planes divinos y resalt\u00f3 insistentemente su dignidad.<\/p>\n<p>    Por eso, el mensaje cristiano insta a todos, a los j\u00f3venes y a los adultos, a formarse en el verdadero amor, para que no se dejen manipular por criterios o sentimientos er\u00f3ticos o pragm\u00e1ticos, que deterioran con frecuencia la imagen del amor en determinados ambientes, lenguajes o costumbres sociales.<\/p>\n<p>    Pide a los esposos, que ya lo son o que se preparan a serlo, que dignifiquen su sexualidad a la luz de la fe. Resalta la visi\u00f3n, no m\u00ed\u00adstica ni ut\u00f3pica sino evang\u00e9lica, de la intimidad conyugal.<\/p>\n<p>    4. Finalidad del matrimonio<br \/>\n    Durante mucho tiempo la doctrina de la Iglesia cristiana, a la luz de las exigencias naturales y bajo la influencia de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica, pareci\u00f3 sostener que la procreaci\u00f3n era el \u00fanico fin del matrimonio. La sexualidad se miraba como tolerado recurso para conservar la especie humana; y, desde esa conservaci\u00f3n, se juzgaba su moralidad y se elaboraba la m\u00ed\u00adstica matrimonial.<\/p>\n<p>    Los tiempos recientes, m\u00e1s humanistas y personalistas, han abierto la mente a otras dimensiones antropol\u00f3gicas de la conyugalidad, de la sexualidad, de la afectividad y de la sociabilidad familiar. Hoy se tiende a considerar que la primera finalidad del matrimonio es la realizaci\u00f3n personal de los contrayentes.<\/p>\n<p>    Se mira m\u00e1s a la persona que a la sociedad, al hombre en concreto m\u00e1s que de la humanidad en abstracto. Se valora el matrimonio como plenitud en el desarrollo madurativo, en la donaci\u00f3n, en la fecundidad como opci\u00f3n de vida, y no tanto en la capacidad procreadora.<\/p>\n<p>    La generaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole se presenta m\u00e1s bien como consecuencia de ese fin primario del amor. Y por lo tanto es fin natural primario, consecuente y no originante, de la expresi\u00f3n del amor. Hay hijos porque hay amor, no viceversa.<\/p>\n<p>    No es correcto decir que la procreaci\u00f3n es el fin secundario del matrimonio; pero tampoco lo es considerar fin secundario la ayuda mutua y la satisfacci\u00f3n moralmente ordenada del apetito sexual, como tantas veces se ha sostenido por parte de los te\u00f3logos cristianos.<\/p>\n<p>    La ley positiva de la Iglesia, heredera de tradiciones milenarias, se desenvuelve, como es natural, en exigencias m\u00e1s precisas y jur\u00ed\u00addicas que psicol\u00f3gicas y pastorales. Pero el esp\u00ed\u00adritu recogido en los documentos del Concilio Vaticano II reclama creciente atenci\u00f3n a la dimensi\u00f3n moral y espiritual de la convivencia conyugal: \u00abEl matrimonio y el amor conyugal est\u00e1n ordenados por su propia naturaleza a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole&#8230;  Pero el matrimonio no ha sido instituido s\u00f3lo para la procreaci\u00f3n, sino que la propia naturaleza del v\u00ed\u00adnculo indisoluble entre las personas y el bien de la prole requiere que tambi\u00e9n el amor mutuo de los esposos se manifieste, progrese y madure ordenadamente.\u00bb (Gaud. et spes. 50)<\/p>\n<p>     El mismo Concilio recuerda que Dios hizo a la pareja humana para \u00abcrecer y henchir la tierra,\u00bb (Gen 1. 28) y que el mismo Se\u00f1or reclam\u00f3 la presencia de Eva, por lo inconveniente de la soledad de Ad\u00e1n: \u00abNo es bueno que est\u00e9 solo. Hag\u00e1mosle una ayuda semejante a \u00e9l (Gn. 2. 18)<\/p>\n<p>    La compa\u00f1\u00ed\u00ada del otro sexo es pues necesidad natural en el ser humano y por eso tambi\u00e9n S. Pablo recordaba la bondad de la compa\u00f1\u00ed\u00ada, expresando con realismo antropol\u00f3gico que: \u00aba causa de la fornicaci\u00f3n (o m\u00e1s bien para evitarla), debe tener cada uno su mujer y cada una debe tener su marido\u00bb. (1. Cor. 7. 2)<\/p>\n<p>    Por lo tanto, en clave evang\u00e9lica, el fin del matrimonio es ante todo la santificaci\u00f3n mutua de los esposos por la gracia matrimonial que se consigue en el amor. La primera raz\u00f3n de la uni\u00f3n conyugal y la primera fuerza de su permanencia es el amor entre los esposos. Ese amor cristianamente se convierte en signo del amor entre Jes\u00fas y su Iglesia.<\/p>\n<p>    Como consecuencia del amor aut\u00e9ntico, es condici\u00f3n de bondad en el Matrimonio la apertura a la vida mediante los hijos que, inteligente y libremente, decidan asumir los esposos y quiere Dios concederles. Las dem\u00e1s razones de tipo afectivo, moral, psicol\u00f3gico, social y hasta corporal, resultan s\u00f3lo complementarias y no justifican de forma independiente el compromiso sacramental.<\/p>\n<p>     5. Condiciones y propiedades<br \/>\n    En funci\u00f3n de esa dignidad y finalidad del matrimonio, tendremos que recordar algunas de sus principales cualidades y condiciones de grandeza.<\/p>\n<p>    La vinculaci\u00f3n o compromiso libre de los contrayentes es condici\u00f3n del enlace aut\u00e9ntico entre los esposos. Implica que s\u00f3lo hay \u00abvivencia matrimonial cristiana\u00bb cuando se ha contra\u00ed\u00addo el compromiso o v\u00ed\u00adnculo matrimonial. Se llama fornicaci\u00f3n a la acci\u00f3n sexual sin tal compromiso; y se denomina meretricio o prostituci\u00f3n a la que se busca o tolera por intereses econ\u00f3micos o materiales y no por verdadero y maduro amor.<\/p>\n<p>    Tres rasgos son b\u00e1sicos en el matrimonio cristiano, desde una perspectiva natural, pero tambi\u00e9n revelacional, tal como se expres\u00f3 por el mismo Jes\u00fas: unidad, indisolubilidad, fidelidad.<\/p>\n<p>    5.1. Unidad<br \/>\n    La unidad es la singularidad de miembros de diverso sexo. Por imperativo natural, pero tambi\u00e9n por voluntad del mismo Jes\u00fas que quiso restaurar la misma ley natural, el Matrimonio s\u00f3lo se puede realizar con unidad de c\u00f3nyuge: un var\u00f3n y una mujer.<\/p>\n<p>    En el relato b\u00ed\u00adblico de la creaci\u00f3n del hombre y de la mujer esa unidad qued\u00f3 perfectamente reflejada: Dios instituy\u00f3 el matrimonio s\u00f3lo como uni\u00f3n mon\u00f3gama (Gen. 1. 28 y 2. 24), sin que puedan entenderse de ninguna otra forma.<\/p>\n<p>    Cuando este texto se redactaba, la cultura oriental, babil\u00f3nica, persa, hitita, asiria y siria, egipcia e incluso grecorromana, se hab\u00ed\u00ada apartado del primitivo ideal (Gn. 4. 16) y practicaba la poliginia como derecho social reconocido.<\/p>\n<p>    Fuera de la referencia monog\u00e1mica inicial del G\u00e9nesis, el resto de textos b\u00ed\u00adblicos refleja la familia patriarcal polig\u00e1mica (Abraham, Isaac, Jacob, Sa\u00fal, David, etc.), en la que la fecundidad es la m\u00e1xima bendici\u00f3n divina: \u00abTu descendencia ser\u00e1 numerosa, como las estrellas del cielo y las arenas de la playa.\u00bb (Gn. 22.17). Incluso se halla reconocida por la ley divina (Deut. 21. 15) como se\u00f1al de abundante fecundidad. Tambi\u00e9n se hallaba reforzada por la facilidad del despido o repudio legal de la mujer y de la inexistencia de libertad en la mujer. (Mt. 19. 8-9)<\/p>\n<p>    Cristo volvi\u00f3 a restaurar el matrimonio en toda su pureza primitiva: \u00abAl principio no fue as\u00ed\u00ad&#8230; De manera que ya no son dos, sino una sola carne.  Por tanto, lo que Dios uni\u00f3 no lo separe el hombre.\u00bb (Gen. 2. 24; Mt. 16. 6). Incluso a\u00f1adi\u00f3 exigencias m\u00e1s precisas, restrictivas y contundentes: el casarse de nuevo despu\u00e9s de haber repudiado a la mujer (o dejado al marido) lo considera adulterio (Mt. 19.8-9). El deseo de otra mujer (o de otro var\u00f3n), fuera del c\u00f3nyuge, lo declara adulterio (Mt. 5. 27-28).<\/p>\n<p>    Los cristianos fueron conscientes de esta restauraci\u00f3n y defendieron siempre el matrimonio monog\u00e1mico, indisoluble y equivalente para los dos miembros que lo contraen. Desde la doctrina de San Pablo (Rom. 7. 3; 1 Cor. 7. 2; Ef. 5. 3) hasta el Derecho can\u00f3nico actual de la Iglesia (cc. 1055 y 1057) no hubo la m\u00e1s m\u00ed\u00adnima vacilaci\u00f3n al respecto.<\/p>\n<p>    Por lo tanto toda situaci\u00f3n pol\u00ed\u00adgama es radicalmente inmoral, sea socialmente aceptable (tener varias esposas equivalentes en un ambiente mahometano, por ejemplo), o bien se disfrace de determinados usos sociales inaceptables (tener varias esposas de diferente nivel, la principal y las concubinas).<\/p>\n<p>   Los principios monog\u00e1micos son aplicables, evidentemente, a cualquier uso o abuso poli\u00e1ndrico, menos frecuente en la Historia, salvo en algunos grupos primitivos apoyados en el matriarcado.<\/p>\n<p>   Todas las confesiones cristianas han sido un\u00e1nimes en este terreno. Por eso, no dejan de resultar sorprendentes y aberrantes las formas matrimoniales de algunas sectas, como la de los Mormones (fundados por J. Smith 1830 en Ohio, USA), quienes admiten como natural la poliginia, aunque no la poliandria, a pesar de surgir en una cultura occidental que tiende a equiparar la dignidad de la mujer y la del var\u00f3n.<\/p>\n<p>   Del mismo modo, resultan peregrinos los argumentos morales de Lutero, en base a textos del Antiguo Testamento, para justificar demag\u00f3gicamente el doble matrimonio del landgrave Felipe de Hessen. Fue lo que hizo recordar al  Concilio de Trento que est\u00e1 prohibido a los cristianos por la misma ley divina el tener al mismo tiempo varias esposas. (Denz. 972)<br \/>\n   La oposici\u00f3n cristiana a la poligamia no se extiende a las nuevas nupcias, o poligamia sucesiva, que siempre se vio amparada por la opini\u00f3n favorable de la Iglesia (segundas o posteriores nupcias), en el caso de que uno de los c\u00f3nyuges fallezca o que el matrimonio anterior sea declarado nulo.<\/p>\n<p>   Es cierto que determinados Padres y escritores antiguos consideraron m\u00e1s perfecto el estado de viudez, aludiendo a la fidelidad al primer amor; pero la mayor perfecci\u00f3n no implic\u00f3 que se condenara el nuevo matrimonio, existiera o no prole en el matrimonio anterior.<\/p>\n<p>   5.2. Indisolubilidad<\/p>\n<p>   La indisolubilidad es la propiedad del matrimonio de no poder romperse, en cuanto al compromiso o v\u00ed\u00adnculo, si \u00e9ste ha sido pleno y definitivo, tal como lo dijo el mismo Jes\u00fas. (Mt. 9. 6)<br \/>\n   El divorcio y el repudio se oponen al plan divino y nunca la Iglesia puede concederlo por la misma instituci\u00f3n del sacramento por parte de Cristo. Lo que s\u00ed\u00ad reconoce a veces a sus fieles es la nulidad de un matrimonio, si hay pruebas de que no fue un acto pleno y consciente: por falta de madurez, como en los contra\u00ed\u00addos sin edad o instrucci\u00f3n suficiente; por falta de libertad, si ha existido coacci\u00f3n; por falta de conocimiento, si ha habido error de persona o enga\u00f1o en la intenci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Desde otro punto de vista, tambi\u00e9n consiente, con motivos justos, la separaci\u00f3n de vida (\u00abde mesa y lecho\u00bb), por ejemplo cuando la convivencia matrimonial resulta insostenible por el car\u00e1cter de uno de ellos y otras circunstancias; o cuando se quiere llevar vida m\u00e1s perfecta de oraci\u00f3n o de apostolado, con el consentimiento mutuo de los c\u00f3nyuges.<\/p>\n<p>   En la Teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica se habla de una indisolubilidad radical o intr\u00ed\u00adnseca al matrimonio; y de la extr\u00ed\u00adnseca o circunstancial, con el fin de explicar algunas formas de separaci\u00f3n que en la Iglesia hist\u00f3ricamente se reconocieron.<\/p>\n<p>   5.2.1. Indisolubilidad radical<\/p>\n<p>   La doctrina cat\u00f3lica es tajante y clara respecto a la indisolubilidad del matrimonio: por s\u00ed\u00ad mismo es indisoluble.<\/p>\n<p>   El Derecho Can\u00f3nico declara con claridad: \u00abEl matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ning\u00fan poder humano, ni por ninguna causa, fuera de la muerte.\u00bb (c. 1141)<br \/>\n   La raz\u00f3n de esta contundencia de la Iglesia es la voluntad manifiesta de Cristo, que, preguntado sobre si era l\u00ed\u00adcito al hombre repudiar a su mujer, respondi\u00f3 con el recuerdo b\u00ed\u00adblico: \u00abLo que Dios uni\u00f3 no lo separe el hombre.\u00bb (Mt. 16. 6) Y dio la consigna: \u00abEl que se separa de su mujer y se casa con otra, comete adulterio&#8230; Y la mujer separada que se casa con otro, comete adulterio\u00bb. (Mt. 19. 8-9). Con ello Jes\u00fas rectific\u00f3 la Ley de Mois\u00e9s: \u00abSi un hombre se casa con una mujer y luego encuentra en ella algo desagradable, la dar\u00e1 un libelo de repudio y la devolver\u00e1 a su familia.\u00bb (Deut. 24.1).<\/p>\n<p>   Con ello Jes\u00fas no hizo otra cosa que seguir la l\u00ed\u00adnea de completar a Mois\u00e9s, completando la ley de Mois\u00e9s, conforme hab\u00ed\u00ada hecho en otras ocasiones. Las cinco superaciones de \u00abhab\u00e9is o\u00ed\u00addo que se dijo&#8230; yo os digo m\u00e1s\u00bb (Mt. 5.27-47) que constan en el Evangelio, se hallan en esta din\u00e1mica de \u00abNuevo Testamento, superador del Viejo\u00bb.<\/p>\n<p>   Y la raz\u00f3n que Jes\u00fas invocaba para expresar su capacidad de completar o rectificar los usos mosaicos estaba en su conciencia prof\u00e9tica: \u00abAqu\u00ed\u00ad hay uno que es m\u00e1s que Mois\u00e9s\u00bb (Mt. 11.13; Mt. 5. 17; 1. Jn 1. 17). El se sab\u00ed\u00ada \u00abse\u00f1or del s\u00e1bado\u00bb (Mt. 12. 8; Mc. 2. 28; Lc. 6. 5) y se consideraba incluso \u00abanterior a Abraham.\u00bb (Jn. 8. 58)<\/p>\n<p>    El texto evang\u00e9lico explicita dos aspectos claves en lo relativo a la indisolubilidad matrimonial:<\/p>\n<p>   5.2.1.1. Aspecto de la tolerancia<\/p>\n<p>   Jes\u00fas clarific\u00f3 que el uso legal del divorcio, al igual que el de la poligamia, era una \u00abtolerancia\u00bb mosaica: \u00abPor la dureza de vuestro coraz\u00f3n os permiti\u00f3 Mois\u00e9s repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue as\u00ed\u00ad.\u00bb (Mt 16. 8).<\/p>\n<p>   Y declar\u00f3 que El, con su autoridad, daba por terminada esa tolerancia y restablec\u00ed\u00ada la indisolubilidad matrimonial: \u00abYo os digo que el que se separa y se casa con otra es ad\u00faltero.\u00bb (Mt. 19.8)<br \/>\n   San Pablo lo entendi\u00f3 perfectamente y expres\u00f3 con claridad que \u00abes precepto del Se\u00f1or para los casados el que la mujer no se separe del marido ni el marido repudie a su mujer. Y si una de las partes se separa de la otra, no se puede volver a casar\u00bb (1 Cor. 7. 10). Es ad\u00faltera la mujer que, en vida del marido, se casa con otro (Rom. 7. 3); s\u00f3lo la muerte del marido deja libre a la mujer para nuevas nupcias (Rom. 7. 4) La ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica no deja lugar a dudas sobre indisolubilidad matrimonial.<\/p>\n<p>    El concilio de Trento resalt\u00f3 el valor indisoluble del v\u00ed\u00adnculo conyugal, incluso en caso de herej\u00ed\u00ada, por dificultades en la convivencia o por ausencia mal\u00e9vola de un c\u00f3nyuge (Denz. 975). Record\u00f3 que, ni en caso de adulterio, se puede romper el v\u00ed\u00adnculo matrimonial en s\u00ed\u00ad mismo, interpretando as\u00ed\u00ad el discutido texto llamado \u00abcl\u00e1usula de la fornicacion\u00bb (Denz. 977).<\/p>\n<p>    Pero sali\u00f3 tambi\u00e9n al paso de las costumbres introducidas en la Ortodoxia griega, la cual toler\u00f3 desde antiguo en caso de adulterio probado la disoluci\u00f3n del v\u00ed\u00adnculo, fund\u00e1ndose en Mt. 5. 32 y en Mt. 16.9 y en opiniones de algunos de los antiguos Padres griegos.<\/p>\n<p>     5.2.1.2. Cl\u00e1usula de la fornicaci\u00f3n<\/p>\n<p>En Mt. 5. 31-32, se indica: \u00abSi alguno despide a su mujer, a no ser en caso de \u00abpecado sexual\u00bb, y se casa con otra, es adultero&#8230; Las variadas traducciones del t\u00e9rmino original griego de \u00abforneia\u00bb, literalmente \u00abfornicatio\u00bb, pero en sentido m\u00e1s amplio \u00abinfidelidad, adulterio, meretricio, uni\u00f3n ileg\u00ed\u00adtima\u00bb, han hecho de este texto un centro de discusiones y origen de diversidad de opiniones. Al margen de los problemas de autenticidad y originalidad que presenta esta cl\u00e1usula, deja abierto un resquicio a la ruptura, discordantemente comentado por los escritores de todos los tiempos.<\/p>\n<p>   Las interpretaciones han cubierto un amplio abanico bastante multiforme: desde la r\u00ed\u00adgida interpretaci\u00f3n de que, en caso de acci\u00f3n sexual extramarital en la mujer (no en el var\u00f3n), se permite sin m\u00e1s el repudio de ella (no de \u00e9l), hasta la m\u00e1s moderada de que, en ese caso de producirse ruptura por tal motivo, s\u00f3lo afectar\u00e1 a la separaci\u00f3n \u00abde mesa y lecho\u00bb y s\u00f3lo eso: el v\u00ed\u00adnculo sigue indisoluble para la autoridad humana, si el matrimonio es pleno en compromiso (rato) y en realizaci\u00f3n (consumado).<\/p>\n<p>   Este texto, que dif\u00ed\u00adcil de interpretar, debe ser contemplado desde la doble regla de la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica: su relaci\u00f3n con otros textos y la perspectiva hist\u00f3rica de la tradici\u00f3n, sobre todo primitiva, que desemboca en las decisiones jer\u00e1rquicas (de Concilios o de los Papas).<\/p>\n<p>   Algunos Padres antiguos como S. Basilio (Ep. 188) o S. Epifanio (Haer. 59. 4), entendieron el texto de Mt. 5. 32, influidos por la legislaci\u00f3n civil y aceptaron que el marido (no la mujer) puede proceder a la disoluci\u00f3n del matrimonio y volver casarse si la mujer cometiere adulterio. Otros, como San Agust\u00ed\u00adn, fueron defensores de la indisolubilidad incluso en caso de adulterio, aceptando la simple separaci\u00f3n, no desvinculaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   En lo que se refiere a la interpretaci\u00f3n cat\u00f3lica, qued\u00f3 decidido dogm\u00e1ticamente en el Concilio de Trento: no se puede entender el texto en el sentido de posible ruptura del v\u00ed\u00adnculo en caso de \u00abfornicatio\u00bb. Adem\u00e1s, no se debe entender s\u00f3lo de la dimensi\u00f3n religiosa revelada y sacramental, sino que la indisolubilidad hay que verla como una exigencia natural. Esto significa que cualquier matrimonio cristiano o no cristiano es \u00abnaturalmente\u00bb indisoluble.<\/p>\n<p>   Esta aclaraci\u00f3n, expresada por P\u00ed\u00ado XI en la Enc\u00ed\u00adclica \u00abCasti connubii\u00bb, del 31 de Diciembre de 1930 (Denz. 2234 y 2235), sigue todav\u00ed\u00ada en discusi\u00f3n, incluso por parte cat\u00f3lica. Las posturas dependen de la \u00f3ptica m\u00e1s o menos liberal de quienes las defienden y promueven.<\/p>\n<p>   5.2.2. Disolubilidad extr\u00ed\u00adnseca.<\/p>\n<p>   Con todo, ese anuncio de posible excepci\u00f3n, en boca de Jes\u00fas ha dado origen a dos situaciones coyunturales que hacen, al menos en la pr\u00e1ctica, soluble el mismo v\u00ed\u00adnculo. Por muy excepcionales que se las considere, reflejan el poder de la Iglesia en dos circunstancias: ante el llamado \u00abprivilegio paulino\u00bb, que se apoya en una referencia de S. Pablo; y el por algunos llamado \u00abprivilegio petrino\u00bb, que alude a la autoridad del Papa, sucesor de S. Pedro, para promover un bien mayor.<\/p>\n<p>   Lo com\u00fan en ambos casos es la realidad de la ruptura del v\u00ed\u00adnculo. Y presupone la aceptaci\u00f3n de la autoridad eclesial por motivos concretos de fe o de bien espiritual, con referencia explicita a la autoridad eclesial que proviene de Cristo.<\/p>\n<p>   5.2.2.1. Privilegio paulino<\/p>\n<p>   Este concepto alude a la posibilidad expresada por S. Pablo (1 Cor. 7. 12-16) de que, si alguien se convierte y su c\u00f3nyuge no cristiano acepta vivir con \u00e9l en paz, deben separarse. Deben seguir unidos por el amor, si se logra armon\u00ed\u00ada, pues el cristiano santifica al no cristiano. Pero \u00absi el no cristiano quiere separarse que se separe, porque el cristiano o la cristiana en ese caso ya no est\u00e1n vinculados.\u00bb<br \/>\n   El principio es claro y sin discusi\u00f3n, basado en que la vida en la fe est\u00e1 por encima de la vida en el matrimonio, y la propia paz est\u00e1 por encima de la discrepancia en opciones religiosas.<\/p>\n<p>   Con todo no fue siempre igualmente interpretada esta norma paulina para cuando un hombre o una mujer reciben el bautismo y el c\u00f3nyuge no acepta ya la convivencia por este motivo de ese hecho de fe.<\/p>\n<p>   Escritores antiguos hubo que entendieron el hecho como evidente supremac\u00ed\u00ada de la fe por encima del v\u00ed\u00adnculo matrimonial generador de la convivencia. La defensa de la propia fe en el bautizado y la oposici\u00f3n del no bautizado a la misma fe suponen la disoluci\u00f3n del v\u00ed\u00adnculo. Pero otros, como S. Agust\u00ed\u00adn, aludieron que s\u00f3lo se deb\u00ed\u00ada aludir a la separaci\u00f3n de convivencia mientras durara la discrepancia, pero no a la ruptura del matrimonio en s\u00ed\u00ad mismo. Pero la mayor parte de los escritores se fue inclinando a una interpretaci\u00f3n m\u00e1s tajante: a la ruptura del mismo matrimonio y a la posibilidad de nuevo enlace nupcial.<\/p>\n<p>   La Iglesia se inclin\u00f3 definitivamente por esta interpretaci\u00f3n m\u00e1s radical y ofreci\u00f3 la explicaci\u00f3n m\u00e1s sistem\u00e1tica y razonada en la Carta \u00abGaudeamus in Dominio\u00bb de Inocencio III, en 1201 (Denz. 405). En ella se declar\u00f3 la interpretaci\u00f3n que es habitual en el mundo cat\u00f3lico desde finales de la Edad Media y se recoge en el actual Derecho Can\u00f3nico. (cc. 1143-1155): imposible convivencia por causa de la conersi\u00f3n, peligro para el convertido, aceptaci\u00f3n de otras nupcias, respeto a otros deberes habidos como los derivados de la existencia de hijos y los derechos de justicia de la parte no convertida.<\/p>\n<p>   5.2.2.2. Poder primacial<\/p>\n<p>   Mejor llamado \u00abde autoridad pontificia\u00bb, que \u00abprivilegio\u00bb, como algunos lo denominaron, es un planteamiento disciplinar que reclam\u00f3 un estudio doctrinal, cuando en tiempos medievales algunos Pont\u00ed\u00adfices reconocieron ruptura de v\u00ed\u00adnculo en el matrimonio contra\u00ed\u00addo de palabra, pero no consumado por cohabitaci\u00f3n marital.<\/p>\n<p>   En el matrimonio \u00abrato y consumado\u00bb la Iglesia nunca se declar\u00f3 con autoridad para romper el v\u00ed\u00adnculo. En el matrimonio rato y no consumado, por un motivo razonable, la Iglesia se consider\u00f3 con autoridad para \u00abdeshacer la palabra dada\u00bb, si el deseo de una de las partes as\u00ed\u00ad lo demanda, aun cuando la otra se oponga y niegue su aprobaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Un motivo para esta \u00abdesvinculaci\u00f3n\u00bb ser\u00ed\u00ada el deseo de llevar una vida m\u00e1s perfecta, como el ingreso en el monacato o en la vida religiosa, o tal vez la dedicaci\u00f3n apost\u00f3lica comprometida.<\/p>\n<p>   Esta pr\u00e1ctica apenas si hoy se puede entender en las culturas desarrolladas en donde los compromisos se disponen con tiempo y se realizan con autonom\u00ed\u00ada de decisi\u00f3n. Pero en tiempos antiguos, en que la inferioridad de opci\u00f3n de la mujer era manifiesta o las convenciones sociales implicaban demasiado a los entornos familiares a costa de la libertad de las personas, resultaba natural.<\/p>\n<p>   Fue el Papa Alejandro III (1159-1181) el que claramente precis\u00f3 esta \u00abdoctrina de la libertad\u00bb en la Carta \u00abEx publico instrumento\u00bb. Declar\u00f3 que, antes de la consumaci\u00f3n del matrimonio, uno de los c\u00f3nyuges podr\u00ed\u00ada entrar en religi\u00f3n, incluso contra la voluntad del otro. La importancia otorgada entonces a la \u00abposesi\u00f3n carnal\u00bb de la mujer, como s\u00ed\u00adntoma de plenitud matrimonial, motivaba posturas de este tipo, as\u00ed\u00ad como la situaci\u00f3n social en que la mujer era llevada al matrimonio o al monasterio al margen de su voluntad libre. (Denz. 395-397)<br \/>\n   La autoridad pontificia en esta desvinculaci\u00f3n se hizo extensiva a otros aspectos o \u00e1mbitos que no fueran el ingreso en el claustro. Tal fue el caso de matrimonios concertados en edades prematuras por presiones o convenciones sociales o tambi\u00e9n de matrimonios pol\u00ed\u00adticos incluidos en pactos de Estado. En algunos ambientes, aspectos econ\u00f3micos relacionados con las dotes de los contrayentes implicaban pactos matrimoniales complejos, que m\u00e1s que expresiones de consentimiento entre personas resultaban apalabramiento entre grupos interesados.<\/p>\n<p>   Desde el siglo XV, con  Antonino de Florencia (+ 1459) y Juan de Torquemada (+ 1468) entre otros, la defensa de esta doctrina fue habitual. Desde Benedicto XIV (1740-1758), con la Declaraci\u00f3n \u00abMatrimonia\u00bb, del 4 de Noviembre de 1741, la doctrina se hizo oficial en la Iglesia y la pr\u00e1ctica, cuando hubo precisi\u00f3n de aplicarla, result\u00f3 habitual.<\/p>\n<p>   El Derecho actual de la Iglesia determina que \u00abel matrimonio no consumado entre bautizados, o entre parte bautizada y no bautizada, puede ser disuelto por causa justa por el Romano Pont\u00ed\u00adfice, a petici\u00f3n de ambas parte o de una de ella, aunque la otra parte se oponga.\u2020\u009d (C.D.C. c. 1142)\u00bb<\/p>\n<p>   5.3. Fidelidad<\/p>\n<p>  La fidelidad es la permanencia en el amor sin oscilaci\u00f3n o ruptura del mismo. Es la exclusividad y total entrega al propio c\u00f3nyuge, sin complementos ni afectivos ni sexuales de otro tipo. Es adulterio la actividad sexual con otra persona que no sea el c\u00f3nyuge: es desorden, abuso, injusticia y violaci\u00f3n de la palabra dada.<\/p>\n<p>   Ni que decir tiene que, contra algunas costumbres o criterios sociales frecuentes, tan detestable es el adulterio del esposo como el de la esposa, por ser ambos atentados a la justicia, a la sinceridad y al honor. La fidelidad alude a la estabilidad y exclusividad en la entrega amorosa, no s\u00f3lo en los hechos, sino tambi\u00e9n en deseos y en intenciones.<\/p>\n<p>   En el mensaje evang\u00e9lico se declara con claridad: \u00abHab\u00e9is o\u00ed\u00addo que se os dijo que no cometer\u00e1s adulterio&#8230; Yo os digo m\u00e1s: quien mira a una mujer con deseos hacia ella, ya adultera en su coraz\u00f3n.\u2020\u009d (Mt. 5. 27-28)<br \/>\n   Sin la fidelidad en el amor, no se puede vivir el matrimonio en su plenitud sacramental, pues no se revive y se refleja el amor de Cristo a la Iglesia y de la Iglesia a Cristo, que fue total y \u00abhasta la muerte\u00bb.<\/p>\n<p>   Es importante ense\u00f1ar a los contrayentes, antes del enlace sacramental, y a los ya esposos, despu\u00e9s del compromiso, a vivir la plenitud matrimonial con la comunidad de vida, con la continua formaci\u00f3n en el amor, con la actitud altruista que la madurez humana exige. Esto nunca se consigue del todo, pero lograrlo de modo suficiente es condici\u00f3n de felicidad.<\/p>\n<p>   Adem\u00e1s, el continuo descubrimiento de las dimensiones \u00e9ticas, est\u00e9ticas y espirituales de la misma sexualidad, hacen al hombre seguro ante s\u00ed\u00ad mismo y testigo de los valores superiores ante los dem\u00e1s, cosa que implica ver en el amor mucho m\u00e1s que las meras satisfacciones sensoriales y la posesi\u00f3n de los bienes que la convivencia implican.<\/p>\n<p> 6. Signo sacramental.<\/p>\n<p>   El signo sensible del sacramento consiste en la expresi\u00f3n p\u00fablica del consentimiento ante la comunidad cristiana y ante los testigos designado por la ley de la Iglesia.<\/p>\n<p>   Por eso el matrimonio sacramental es algo muy diferente al simple compromiso o contrato conyugal. El sacramento pertenece al orden de la gracia y el compromiso responde a la demanda de la naturaleza.<\/p>\n<p>   6.1. Hecho natural<\/p>\n<p>   Si el hombre es libre para hacer cualquier contrato con otro ser humano, incluso un contrato conyugal, amparado y regulado por todas las legislaciones vigentes en el \u00e1mbito civil y social y en el que los t\u00e9rminos acordados s\u00f3lo dependen de quienes lo formulan, en el contrato matrimonial hay dos limitaciones: una natural y otra sobrenatural.<\/p>\n<p>   La natural viene dada por la misma esencia y finalidad del contrato matrimonial: conyugalidad, intimidad, posible fecundidad. Su base es la raz\u00f3n. Su objeto la convivencia intersexual. Con \u00e9l, el ser humano, var\u00f3n o mujer, ofrece parte de su libertad al conyuge (entrega, exclusividad, fidelidad) y acepta lo mismo del otro.<\/p>\n<p>   Y por su naturaleza, tal compromiso implica tambi\u00e9n a los otros seres humanos que pueden surgir de la uni\u00f3n conyugal. No es un contrato como otro cualquiera, que se establece o se disuelve de com\u00fan acuerdo sin m\u00e1s.<\/p>\n<p>   La sobrenatural proviene de la identidad de sacramento del mismo matrimonio, que es m\u00e1s que aun acuerdo natural. Es un hecho de fe y de gracia y su identidad s\u00f3lo se define por la revelaci\u00f3n (la Palabra de Jes\u00fas) y seg\u00fan la ense\u00f1anza de la Iglesia (leyes can\u00f3nicas). Este contrato es, por voluntad de Cristo, sacramento. Ello quiere decir que es veh\u00ed\u00adculo de gracia y origen de v\u00ed\u00adnculo indisoluble querido por Dios.<\/p>\n<p>   Diversos Pont\u00ed\u00adfices recientes: P\u00ed\u00ado IX, Le\u00f3n XIII y P\u00ed\u00ado XI (Denz. 1854, 1640, 1766, 1773, 2237), ante las tendencias a secularizar el matrimonio y reducirlo a contrato civil entre partes, recordaron y actualizaron la tradicional doctrina cristiana de que, en el matrimonio entre bautizados, el sacramento es inseparable del contrato o compromiso.<\/p>\n<p>   Por tanto, todo matrimonio entre cristianos es, en s\u00ed\u00ad y por s\u00ed\u00ad mismo, sacramento y debe ser realizado conforme a las exigencias evang\u00e9licas, pues no otra cosa son las leyes de la Iglesia.<\/p>\n<p>   Los cristianos respetan y comprenden cualquier uni\u00f3n matrimonial entre los no cristianos, siempre que sea compatible con la dignidad humana, por ejemplo con la libertad e igualdad de la mujer.<\/p>\n<p>   Pero, ante los ojos de los creyentes, no pasa de mero concubinato cualquier uni\u00f3n entre bautizados que no responda a esas leyes eclesiales.<\/p>\n<p>   6.2. El consentimiento sacramental<\/p>\n<p>   El signo sensible, el sacramento, radica en la expresi\u00f3n externa del consentimiento, de modo que no es suficiente la intenci\u00f3n, el hecho de la cohabitaci\u00f3n o la concertaci\u00f3n oculta o secreta.<\/p>\n<p>   La vinculaci\u00f3n sacramental reclama la formulaci\u00f3n abierta e implica el testimonio de la comunidad, a trav\u00e9s de sus testigos autorizados. No ser\u00e1 signo v\u00e1lido el consentimiento en ausencia de testigos que, seg\u00fan la normativa de la Iglesia, son el sacerdote (obispo o p\u00e1rroco) con cura de almas, o su delegado autorizado, y los otros testigos, los cuales son suficientes, si el sacerdote no puede hacerse presente en un plazo de tiempo prudencial (el plazo exige el derecho can\u00f3nico, c. 1116 &#038; 2).<\/p>\n<p>   La bendici\u00f3n sacerdotal, los interrogatorios y declaraciones, las exhortaciones y los otros ritos lit\u00fargicos, no pertenecen a la esencia del sacramento, si bien configuran las hermosas y expresivas maneras de hacer p\u00fablica la uni\u00f3n.<\/p>\n<p>   Lo radicalmente constitutivo del enlace matrimonial es el consentimiento. Por eso se requiere clara se\u00f1al de entrega y de aceptaci\u00f3n mutua por parte de cada c\u00f3nyuge, con palabras (s\u00ed\u00ad quiero) o con signos de consentimiento.<\/p>\n<p>   No existe en el sacramento estrictamente \u00abmateria y forma\u00bb, hablando en terminolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica. Algunos te\u00f3logos quisieron ver en los derechos y deberes del matrimonio algo similar: el ejercicio sexual, ius in corpus, como materia; y la aceptaci\u00f3n mutua del mismo derecho, como forma.<\/p>\n<p>   Melchor Cano (+ 1560) pon\u00ed\u00ada la materia en el contrato matrimonial y la forma en la bendici\u00f3n del sacerdote. Entre los galicanos se considera que el sacramento est\u00e1 constituido por la bendici\u00f3n sacerdotal y miran el contrato matrimonial como presupuesto del sacramento. En la teolog\u00ed\u00ada ortodoxa griega predomina la opini\u00f3n de que el contrato y el sacramento del matrimonio son realidades diferentes. El sacramento se constituye, seg\u00fan ellos, por el consentimiento de los esposos y miran como forma la oraci\u00f3n y bendici\u00f3n del sacerdote.<\/p>\n<p>   7. Los efectos del sacramento<\/p>\n<p>El sacramento del matrimonio es una fuente de gracias divinas y de efectos sobrenaturales para los creyentes que lo contraen, bajo el impulso natural del amor, pero con la \u00f3ptica espiritual de dar testimonio del amor divino.<\/p>\n<p>   7.1. La gracia santificante<\/p>\n<p>   Los cristianos que reciben este sacramento se enriquecen con una amistad divina mayor y con riqueza sobrenatural de m\u00e1s elevaci\u00f3n. Como sacramento de vivos, el matrimonio requiere ser recibido en gracia de Dios y, por lo tanto, es previa la conversi\u00f3n penitencial y la renuncia al pecado si ese estado no existiera.<\/p>\n<p>   La gracia se incrementa, pues, en el sacramento y con ella se reciben con mayor abundancia los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo y las virtudes sobrenaturales, regalos divinos que acompa\u00f1an al aumento de ese don celeste.<\/p>\n<p>   Al ser una acci\u00f3n compartida, la peculiaridad de esta gracia tiene tambi\u00e9n cierto sentido de bien solidario e individuo y une sobrenaturalmente a quienes se benefician de ella, haciendo a los esposos m\u00e1s conscientes de su uni\u00f3n en el Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo<br \/>\n   Como miembros de la Iglesia, van a necesitar m\u00e1s esa riqueza sobrenatural para cumplir con los deberes de su nuevo estado y con los reclamos de la comunidad de fe a la que pertenecen.<\/p>\n<p>   Con la gracia santificante se les concede tambi\u00e9n el derecho a las gracias actuales, necesarias para cumplir los deberes conyugales y paternales: convivencia, ejemplaridad, fecundidad, procreaci\u00f3n, educaci\u00f3n de los hijos.<\/p>\n<p>   En algunas \u00e9pocas antiguas, esta valoraci\u00f3n de la gracia \u00abconyugal\u00bb qued\u00f3 eclipsada por cierta impresi\u00f3n de que el matrimonio era una \u00abtolerancia\u00bb con la \u00abbajeza\u00bb de los instintos sexuales y ante el ardor de la carne. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, los disc\u00ed\u00adpulos de Abelardo: Armando, Pedro Lombardo, Pedro Cantor, entre otros, pensaron que el sacramento del matrimonio era un remedio contra el mal instinto y por eso no pod\u00ed\u00ada conferir gracia. Santo Tom\u00e1s combati\u00f3 semejante opini\u00f3n y resalt\u00f3 el car\u00e1cter de medio sobrenatural del sacramento matrimonial, ensalzando la dignidad sobrenatural de la conyugalidad. (Summa contra Gent. IV. 78)<\/p>\n<p>   7.2. El v\u00ed\u00adnculo conyugal<\/p>\n<p>   Adem\u00e1s de la gracia, el sacramento genera un v\u00ed\u00adnculo o atadura moral y religiosa, que une los esposos durante toda su vida en indisoluble comunidad de vida. S. Agust\u00ed\u00adn compar\u00f3 ese v\u00ed\u00adnculo sagrado con el car\u00e1cter del bautismo, que nunca se borra ni aun despu\u00e9s de la muerte. Del mismo modo, los c\u00f3nyuges quedan unidos para siempre por un signo religioso, que es el sacramento. (De nuptiis et concupiscencia I. 10. 2)<br \/>\n   Sin embargo, el matrimonio no es tan eterno como el car\u00e1cter bautismal. Se termina con la muerte de uno de los conyuges y se puede repetir con las mismas caracter\u00ed\u00adsticas, dones y exigencias en veces posteriores, siendo tan perfectos sacramentalmente los posteriores como el primero. (Rom. 7. 2; 1 Cor. 7. 8 y 39; 1 Tim. 5. 14)<\/p>\n<p>   7.3. La gracia matrimonial<\/p>\n<p>   El Matrimonio es don de Dios y Cristo lo quiso como tal. Adem\u00e1s de motivo de alegr\u00ed\u00ada humana y divina, es fuente de una gracia singular para convertir en sobrenatural la mutua entrega natural.<\/p>\n<p>   Como sacramento, es cauce importante de ayudas divinas particulares para dar sentido santificador al hecho de la convivencia conyugal, a fin de vivir el amor humano de forma creadora.<\/p>\n<p>   Esa gracia sacramental hace del amor mutuo un cauce de santificaci\u00f3n personal y compartida con el c\u00f3nyuge, dispone la vida de cada esposo para ser compatible con la santidad y  para ser reflejo del amor de Dios, ante los hijos sobre todo; y abre a los dem\u00e1s creyentes el testimonio de la fecundidad.<\/p>\n<p>   Hasta se puede pensar que se suavizan las dificultades normales de la convivencia, logrando incrementar los aspectos positivos en el orden espiritual. En el nivel psicol\u00f3gico, como es natural, nada aporta esa gracia si las personas libremente no cooperan con ella.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s el Matrimonio, vivido como proyecto y como vocaci\u00f3n, hace posible el compartir con otros la propia riqueza espiritual y humana. Se purifica la afectividad y se difunde la paz de que se disfruta, se abre la persona a nuevas perspectivas de servicio eclesial y de donaci\u00f3n social y se comparte con todos la felicidad.<\/p>\n<p>   Lo importante es que el Matrimonio no se empobrezca con actitudes restrictivas, limitadas o frustrantes, como en el caso de considerarlo como restricci\u00f3n de la libertad o simple ocasi\u00f3n de placer genital. Quien s\u00f3lo viera esto denotar\u00ed\u00ada una pobreza \u00e9tica cercana al trastorno psicop\u00e1tico.<\/p>\n<p>   8. Ministros y sujetos<\/p>\n<p>   Los contrayentes se administran mutuamente el sacramento del matrimonio. No hay m\u00e1s ministros que los mismos cristianos que se enlazan matrimonialmente.<\/p>\n<p>   Y bueno ser\u00e1 que los contrayentes se preparen para hacerse conscientes de esa dignidad ministerial, purificando con suficiente instrucci\u00f3n sus terminolog\u00ed\u00adas y captando su protagonismo en el orden cristiano, como habitualmente lo descubren pronto en el orden social.<\/p>\n<p>   Como la esencia del sacramento del matrimonio consiste exclusivamente en el contrato matrimonial, los dos contrayentes son ministros y sujetos al mismo tiempo de este sacramento. Cualquier forma o tradici\u00f3n social que pretenda dar primac\u00ed\u00ada al var\u00f3n sobre la mujer se aparta de la realidad sacramental, aunque se halle en uso en algunas culturas o haya sido tradicional en la historia.<\/p>\n<p>   El sacerdote, que como representante de la Iglesia, asiste, testifica y bendice el matrimonio, perno no administra. No es ministro sino testigo. Ratifica el consentimiento mutuo de los esposos y bendice el matrimonio como ministro especial de la Iglesia.<\/p>\n<p>   Por eso, en la liturgia actual de la Iglesia latina, acoge en la iglesia a los novios, sondea sus disposiciones, bendice los signos de la alianza y recoge las palabras de consentimiento.<\/p>\n<p>   Pero su funci\u00f3n no es necesaria, pues puede existir el sacramento sin su presencia. Sin embargo s\u00ed\u00ad es ministro de las acciones religiosas que acompa\u00f1an: plegarias, eucarist\u00ed\u00ada, bendiciones, etc.<\/p>\n<p>   8.1. Validez<\/p>\n<p>   Con todo es importante entender que, como sacramento cristiano y para que sea v\u00e1lido como tal, con sacerdote testigo o sin sacerdote testigo, tienen que darse unas condiciones impuestas por la Iglesia, que es quien tiene autoridad para administrar los sacramentos y clarificar sus exigencias.<\/p>\n<p>   Ella pues, posee el poder y el deber de regular el matrimonio, aunque los ministros sean los contrayentes.<\/p>\n<p>   La Iglesia tiene normas; unas son tan condicionantes que, si no se cumplen, no hay sacramento. Son los \u00abimpedimentos dirimentes\u00bb o condiciones de validez. Est\u00e1n expresados en el C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico (Cc. 1073 a 1094) o Ley de la Iglesia.<\/p>\n<p>   Hay otras normas que son obligatorias, pero su incumplimiento hacen el matrimonio il\u00ed\u00adcito (ilegal) pero v\u00e1lido. La Iglesia por justo motivo puede dispensar de su cumplimiento o existencia.<\/p>\n<p>   Los principales impedimentos dirimentes, o invalidantes del matrimonio si no existen, son los siguientes:<br \/>\n      &#8211; El bautismo. Es evidentemente que si los contrayentes no son cristianos, no existe sacramento, aunque haya compromiso y amor mutuo.<\/p>\n<p>      &#8211; La consanguinidad. No puede haber parentesco natural en l\u00ed\u00adnea recta ascendente o descendente y en l\u00ed\u00adnea colateral hasta el segundo grado (ser hermanos).<\/p>\n<p>      &#8211; La edad. Se precisa tener una edad suficiente, que el Derecho de la Iglesia pone en los 14 a\u00f1os para la mujer y en los 16 para el var\u00f3n. Las Conferencias episcopales puede retrasar esas edad y las leyes civiles tambi\u00e9n suelen demorarla seg\u00fan las costumbres de cada pa\u00ed\u00ads.<\/p>\n<p>    &#8211; La aptitud matrimonial. La incapacidad fisiol\u00f3gica (la impotencia, por ejemplo, no la esterilidad) o ps\u00ed\u00adquica (subnormalidad) de tal nivel que incapaciten para el ejercicio matrimonial impiden un consentimiento claro o suficiente para el compromiso que se adquiere. Con todo los niveles de incapacidad var\u00ed\u00adan mucho y plantean muchos problemas que se deben resolver en clave de aptitud para el amor, que es mucho m\u00e1s decisivo que la aptitud copulatoria.<\/p>\n<p>     &#8211; El v\u00ed\u00adnculo sagrado. El haber recibido el Orden sacerdotal o haber emitido Profesi\u00f3n perpetua en Orden mon\u00e1stica de votos solemnes, impiden, si no se obtiene dispensa especial de la Sede apost\u00f3lica, el nuevo v\u00ed\u00adnculo matrimonial.<\/p>\n<p>    &#8211; El delito espec\u00ed\u00adfico contra \u00e9l v\u00ed\u00adnculo. Invalida el matrimonio el crimen contra conyuge propio o del contrayente, cometido para poder dejar libre el camino al nuevo matrimonio.<\/p>\n<p>    &#8211; La libertad de consentimiento. Si no hay tal situaci\u00f3n por coacci\u00f3n o dolo, por error sobre la persona o ignorancia invencible sobre el compromiso, se invalida el acto de aceptaci\u00f3n y el matrimonio no puede ser v\u00e1lido.<\/p>\n<p>    &#8211;  La presencia real y personal. Tienen que asistir f\u00ed\u00adsicamente o por procurador (matrimonio por poderes) ambos contrayentes. No es reconocida como v\u00e1lida la presencia simulada (por Televisi\u00f3n o internet). Y la presencia por representaci\u00f3n s\u00f3lo es posible si el motivo de la ausencia es grave, si hay mutuo consentimiento y si la urgencia de proceder al matrimonio es evidente.<\/p>\n<p>   8.2. Licitud y dignidad<\/p>\n<p>   Otras muchas normas rigen el matrimonio por parte de la Iglesia, que en todo caso pretende salvar la santidad del v\u00ed\u00adnculo, la dignidad de las personas y la naturaleza del signo sacramental.<\/p>\n<p>   Entre las principales normas eclesiales para que el matrimonio sea l\u00ed\u00adcito, se pueden recordar las siguientes:<br \/>\n    &#8211; El consentimiento y la colaboraci\u00f3n en la investigaci\u00f3n previa sobre posibles inconvenientes (obst\u00e1culos), mediante informaciones y proclamas en la comunidad cristiana a la que se pertenece.<\/p>\n<p>   &#8211; La aceptaci\u00f3n de registros escritos posteriores al consentimiento por parte de los contrayentes y de los testigos (padrinos), salvo que se autorice por de la autoridad competente un matrimonio reservado, m\u00e1s que secreto, por motivo grave. En este caso la constancia se hace en documento tambi\u00e9n reservado.<br \/>\n  &#8211; El no tener consanguinidad. Las de primer grado, hermanos y ascendientes o descendientes nunca es tolerable. La colateral de tercer o cuarto grado (ser primos) puede ser objeto de dispensa general o particular.<br \/>\n  &#8211; El contraer el matrimonio en la comunidad parroquial a que pertenece uno de los contrayentes o en lugar sagrado diferente, si se obtiene autorizaci\u00f3n para ello.<\/p>\n<p>     8.3. La disparidad de cultos<\/p>\n<p>Es objeto de controversia entre te\u00f3logos si el matrimonio de una persona bautizada con otra que no lo est\u00e1 es sacramento para la bautizada.<\/p>\n<p>   Cuando uno de los dos no est\u00e1 bautizado, no hay plenitud sacramental, pero la parte cat\u00f3lica recibe un apoyo \u00abcuasisacramental\u00bb que es muy importante para su vida sobrenatural. Incluso se debe afirmar que s\u00f3lo el contrayente bautizado es capaz de recibir el sacramento y el contrayente no bautizado es capaz de administrarlo.<\/p>\n<p>    Si una parte est\u00e1 bautizada, pero no es cat\u00f3lica (disparidad de culto), se precisa autorizaci\u00f3n del Obispo correspondiente. S\u00f3lo la otorga si hay compromiso de educar cristianamente a los hijos que se tuvieren. En este punto la Iglesia asume la primac\u00ed\u00ada de la conciencia de los padres como criterio.<\/p>\n<p>    Cuando dos personas casadas se convierten a la fe cristiana, es posible que el matrimonio puramente natural que en su momento realizaron se eleva a la categor\u00ed\u00ada de sacramento matrimonial, con las gracias sacramentales correspondientes. Tal vez se d\u00e9 esta elevaci\u00f3n al recibir el sacramento del Bautismo o acaso en el primer acto expresivo de su amor mutua despu\u00e9s de recibido el sacramento.<\/p>\n<p>   8.4 Sanaci\u00f3n matrimonial<\/p>\n<p>   Si un matrimonio ha sido contra\u00ed\u00addo con algunos impedimentos y llegan luego a conocerse, se debe regularizar la situaci\u00f3n si es posible hacerlo.<\/p>\n<p>   Se denomina \u00absanaci\u00f3n matrimonial\u00bb a la declaraci\u00f3n eclesial de validez, que se da, o puede darse, si los impedimentos eran de tal naturaleza que pod\u00ed\u00adan dispensarse.<\/p>\n<p>Si eran impedimentos no dispensables, (dirimentes), la sanaci\u00f3n no puede existir, por cuanto el matrimonio no puede contraerse.<\/p>\n<p>  9. Potestad de la Iglesia<\/p>\n<p>    La Iglesia posee derecho propio y exclusivo para legislar y juzgar en las cuestiones relativas al matrimonio de los bautizados, en cuanto se trata de un sacramento instituido por Jes\u00fas.<\/p>\n<p>   El Concilio de Trento fue el que en los c\u00e1nones aprobados en la sesi\u00f3n del 11 de Noviembre de 1563 (Denz. 982) proclam\u00f3 el derecho y el deber de la autoridad de la Iglesia a juzgar y dirimir todas las causas matrimoniales entre cristianos. Esta doctrina eclesial fue renovada por P\u00ed\u00ado VI en 1782 y por P\u00ed\u00ado IX, en el Syllabus de 1867 (Denz. 1774).<\/p>\n<p>   Ni que decir tiene que esta referencia a la autoridad judicial de la Iglesia en las causas sacramentales se refiere a sus aspectos sacramentales y no a las concomitancias civiles: sociales, econ\u00f3micas o legales, que dependen de la legislaci\u00f3n de cada pa\u00ed\u00ads.<\/p>\n<p>   Por eso la Iglesia dict\u00f3 normas concretas y precisas sobre el sacramento del matrimonio ya desde los primeros d\u00ed\u00adas del cristianismo (1 Cor. cap 7) y fue resolviendo los diversos problemas que se presentaron en algunas cristiandades a lo largo de los siglos.<br \/>\n  Los pa\u00ed\u00adses cristianos que reconocieron su autoridad en este terreno evitaron legislaciones civiles opuestas a las religiosas. Y la misma Iglesia por lo general no se inmiscuy\u00f3 en la normativa matrimonial que no afectara a la dimensi\u00f3n sacramental: nombre de los hijos y bienes de los esposos, tiempos y formas del enlace, efectos hereditarios, etc.<\/p>\n<p>   10. Preparaci\u00f3n matrimonial<\/p>\n<p>   Si el Matrimonio es una realidad, un estado y un compromiso tan importante, resulta l\u00f3gico que las personas que aspiren a vivir esa situaci\u00f3n en plenitud se preparen para ella.<br \/>\n  Se llama Noviazgo, o per\u00ed\u00adodo de descubrimiento de novedades, al tiempo en que dura el acercamiento y al conocimiento entre los que van a ser esposos.<br \/>\n  Comienza por una acercamiento afectivo que hilvana simpat\u00ed\u00adas, preferencias, atractivos naturales. Continua por un conocimiento cada vez m\u00e1s personal e \u00ed\u00adntimo que llega desde los aspectos corporales hasta los morales e intelectuales. Termina en compromisos firmes, que van desde los proyectos hasta las decisiones irreversibles.<\/p>\n<p>   El noviazgo supone madurez suficiente en quien lo inicia, pues no es un juego ni un entretenimiento. Supone el respeto mutuo, ya que es un proceso que puede avanzar o retroceder, seg\u00fan la conciencia y las disposiciones de ambos miembros de la pareja y no s\u00f3lo de uno de ellos.<\/p>\n<p>   El noviazgo, como el matrimonio, afecta por igual al var\u00f3n y a la mujer. Cualquier discriminaci\u00f3n entre ellos ha de ser rechazada por injusta. Ni la mujer es posesi\u00f3n del marido ni el marido lo es de la mujer.<\/p>\n<p>   Requiere una verdadera intenci\u00f3n de educarse para la vida de amor, entendiendo por tal la conquista de valores mucho m\u00e1s profundos que la mera instrucci\u00f3n sexual, org\u00e1nica, afectiva, legal o social.<\/p>\n<p>   Cristianamente el noviazgo se presenta, no s\u00f3lo como tiempo de conocimiento mutuo, sino como un deber de prudencia cristiana ante la naturaleza sagrada del v\u00ed\u00adnculo matrimonial. Por eso los novios deben orientar sus planes formativos tambi\u00e9n a los aspectos religiosos y sacramentales, los cuales descubiertos con claridad y aceptados con libertad llevan el sacramento a su plenitud.<\/p>\n<p>    10.1. Educaci\u00f3n en el amor<\/p>\n<p>   Es importante ver el matrimonio como una llamada de Dios al amor mutuo entre personas libres y como el cauce del Creador para la propagaci\u00f3n de la vida y la realizaci\u00f3n de las personas.<\/p>\n<p>   Ni el matrimonio tiene s\u00f3lo por fin la procreaci\u00f3n de abundante prole ni el matrimonio queda sano, si se elimina la natural tendencia a transmitir la vida.<br \/>\n  Es el proyecto compartido entre ambos esposos el que puede dar la clave de la familia que brotar\u00e1 del amor y de la vida matrimonial. El amor egoc\u00e9ntrico y parcial no es pleno amor.<\/p>\n<p>   Los progresos de la biolog\u00ed\u00ada, de la sociolog\u00ed\u00ada, de la psicolog\u00ed\u00ada, incluso la flexibilidad de los criterios morales de signo cristiano que cada vez ha ido resaltando m\u00e1s el valor de la conciencia de los esposos en este terreno, han permitido resaltar que la cantidad de hijos en s\u00ed\u00ad misma no es un bien matrimonial, sino el amor con el que se les engendra, educa y catequiza.<\/p>\n<p>   Los hombres deben usar su inteligencia y su libertad en todas sus acciones, incluso en sus actitudes y actos matrimoniales. Es la conciencia y la raz\u00f3n las que deben primar sobre el instinto en los proyectos familiares.<\/p>\n<p>   Se tiende a llamar paternidad responsable e inteligente al uso de esas facultades superiores para superar la mera instintividad biol\u00f3gica. Cuando los esposos eligen tener hijos, usando todos medios que son conformes con la naturaleza y con la vida, no hacen otra cosa que poner su inteligencia y su coraz\u00f3n al servicio del plan divino.<\/p>\n<p>   Esta actitud cristiana, alejada de cualquier postura integrista poblacionista y mucho m\u00e1s de ideas maltusianas y antipoblacionistas, contribuye a resaltar el ideal matrimonial. A veces se incurre en la ofensa matrimonial de considerar l\u00ed\u00adcito cualquier sistema de freno poblacional en pa\u00ed\u00adses de amplia natalidad. Y se alaba como ventajosa la promoci\u00f3n de nacimientos en otros lugares cuya poblaci\u00f3n envejece.<\/p>\n<p>   La moral matrimonial que promueve el cristianismo se halla por encima de intereses o coyunturas pragm\u00e1ticas o locales. Mira sobre todo a la dignidad de los esposos, a los planes de Dios sobre los hombres que descubrimos en su Palabra revelada y a la misma ense\u00f1anza de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>   10.2. Celebraci\u00f3n del sacramento<\/p>\n<p>   Tradicionalmente y en todas las culturas, los desposorios han revestido siempre car\u00e1cter festivo y celebrativo.<\/p>\n<p>   La Iglesia tambi\u00e9n ha visto y ve en la celebraci\u00f3n del sacramento matrimonial una acci\u00f3n gozosa que merece la pena solemnizar con los protagonistas, tanto por lo que significa de compromiso religioso, como por la esperanza en el porvenir que todo matrimonio augura.<\/p>\n<p>   Al ser un acto de consagraci\u00f3n y compromiso, la Iglesia lo ha rodeado de diversas normas y plegarias lit\u00fargicas.<\/p>\n<p>   &#8211; En cuanto a las normas, la Iglesia ha querido siempre cerciorarse de las condiciones de libertad, de consentimiento y de autenticidad.<\/p>\n<p>   &#8211; Por lo que se refiere a las plegarias, la Iglesia celebra la liturgia matrimonial con sentido de gozo y acci\u00f3n de gracias.<\/p>\n<p>   Por eso suele hoy realizarla en la Eucarist\u00ed\u00ada que la comunidad celebra como regocijo por el consentimiento de los contrayentes.<\/p>\n<p>   Con ese gozo, en el que se hace vivo y como visible el amor de Cristo a la Iglesia y el que la Iglesia siempre profesa con fidelidad al mismo Cristo, el sacramento llega a su plenitud.<\/p>\n<p>   10.3. Defensa matrimonial<\/p>\n<p>   M\u00faltiples atentados a la dignidad del Matrimonio se producen en los tiempos recientes: en la frivolidad de los films y reportajes televisivos, en la prensa y en los intereses econ\u00f3micos de formas comerciales que manipulan los valores de la intimidad, en las costumbres menos elegantes que se establecen en las sociedades consumistas.<\/p>\n<p>   Muchas veces se disfrazan de mitos de libertad y de autenticidad. Sin embargo s\u00f3lo los necios se dejan enga\u00f1ar por los reclamos de personas que no puede ni conocer de lejos lo que es el amor ni lo que de grandeza humana se esconde detr\u00e1s de sus armoniosos himnos de alegr\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>   Entre algunos atentados de los que los j\u00f3venes tienen que aprender a defenderse o protegerse, podemos citar entre nosotros<\/p>\n<p>   10.3.1. Las falsas im\u00e1genes.<\/p>\n<p>   Detr\u00e1s de la sonrisa reflejada en el \u00ed\u00addolo fotografiado en un p\u00f3ster, siempre hay que sospechar un hombre que sufre, goza, llora, espera, teme y vive como los dem\u00e1s. No hay pensar que su vida de amor es hermosa porque su sonrisa vac\u00ed\u00ada brille entre oropeles en la policrom\u00ed\u00ada impresa o en los seriales televisivos. La felicidad en el amor siempre tiene un l\u00ed\u00admite: la fidelidad. Y tiene un precio: la intimidad. Lo dem\u00e1s es mentira.<\/p>\n<p>  10.3.2. La homosexualidad.<\/p>\n<p>  Se defienden a veces otras alternativas a lo que ha hecho la naturaleza, como acontece con los movimientos influyentes que promueven otros tipos de amor que rompen las exigencias naturales.  Hablar de matrimonios homosexuales, de parejas de hecho, de comunas promiscuas, etc. como alternativa matrimonial, no deja de ser una farsa de mal gusto ante la dignidad del sacramento.<\/p>\n<p>   Quien pretende ser m\u00e1s sabio que la naturaleza, la cual perfil\u00f3 los dos sexos durante millones de a\u00f1os, est\u00e1 condenado a no gozar nunca de la belleza y de la intimidad. Puede destruir la misma naturaleza en poco tiempo y descubrir tarde el alto precio de su error.<\/p>\n<p>   10.3.3. La liberaci\u00f3n sexual.<\/p>\n<p>   Muchas veces se le presenta con palabras falaces de revoluci\u00f3n, de libertad, de autenticidad, de destrucci\u00f3n de inhibiciones o de barreras, de normas arcaicas o de prejuicios de clase.<\/p>\n<p>   El amor es tan fuerte que ata. Quien no es capaz de dejarse atar por sus reclamos, confunde sensaci\u00f3n con amor. Se inhabilita a s\u00ed\u00ad mismo para el amor de la paternidad, de la maternidad, de la feminidad, de la virilidad.<\/p>\n<p>   La trampa del erotismo ambiental afecta a muchas personas que se creen libres por dejarse arrastrar por el libertinaje. Es demasiado noble el amor para que puede reducirse a un envoltorio fr\u00e1gil de sensaciones que, una vez usado, se desprecia y se abandona.<\/p>\n<p>   10.3.4. El divorcio.<\/p>\n<p>   Cuando alguien se niega a vivir la palabra de fidelidad que un d\u00ed\u00ada se ofreci\u00f3 a una persona amada, algo sagrado se rompe en su interior y se destruye en su entorno. Despu\u00e9s de la disensi\u00f3n, viene la separaci\u00f3n; y se intenta arreglar con la anulaci\u00f3n, como si en la vida o en la historia se pudiera volver hacia atr\u00e1s.<\/p>\n<p>   Se pretende conseguir una pretendida libertad para nuevas aventuras de infidelidad. Se dejan en el camino jirones de la propia dignidad. A veces, sobre todo si los hijos tienen que sufrir los efectos de las disensiones, lo que hay detr\u00e1s de la separaci\u00f3n es falta de valores humanos.<\/p>\n<p>   La infidelidad o el fracaso, que laten en la ra\u00ed\u00adz de todo divorcio, deben ser tratados con respeto como la Iglesia lo hace; pero no deben ser ocultados ante los que deben aprender de los errores o debilidades ajenos para protegerse de caer en su repetici\u00f3n.<\/p>\n<p>  10.4. Realizaci\u00f3n en el amor<\/p>\n<p>  El matrimonio s\u00f3lo se puede entender como sacramento, como misterio, del cual Dios en la Escritura Sagrada ha dicho una palabra.<\/p>\n<p>   Por ejemplo, S. Pablo escrib\u00ed\u00ada: \u00abVosotros, los maridos, amad a vuestra mujeres, como Cristo am\u00f3 a su Iglesia, que por ella entreg\u00f3 su vida a fin de consagrarla a Dios, purific\u00e1ndola por el agua y por la palabra&#8230;<\/p>\n<p>   Se prepar\u00f3 as\u00ed\u00ad una Iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni nada semejante, una Iglesia santa e inmaculada. Este es el modelo seg\u00fan el cual los maridos deben amar a sus mujeres.<\/p>\n<p>   Y por esta raz\u00f3n, dice la Escritura, \u00abdejar\u00e1 el hombre a sus padres y se unir\u00e1 a su mujer y ambos llegar\u00e1n a ser como una sola persona\u00bb (Ef. 5. 27-32)<\/p>\n<p>CELEBRACION LITURGICA DEL MATRIMONIO<\/p>\n<p>Entrada.<\/p>\n<p> Puestos en pie los asistentes, estando los testigos a los lados de los novios, el Celebrante se dirige a ello y dice:<br \/>\n \u2020\u0153Hab\u00e9is venido aqu\u00ed\u00ad, queridos hermanos, para que Dios garantice con su sello vuestra voluntad de contraer Matrimonio ante el ministro de la Iglesia (ante m\u00ed\u00ad como delegado del Obispo para este acto) y ante la comunidad, y fortalezca vuestro amor con su bendici\u00f3n, para que os guard\u00e9is siempre mutua fidelidad y pod\u00e1is cumplir con las dem\u00e1s obligaciones del Matrimonio. Por tanto, ante la comunidad eclesial, os pregunto sobre vuestra intenci\u00f3n.<\/p>\n<p> Escrutinio<\/p>\n<p>  El que preside interroga acerca de la libertad, la fidelidad y la aceptaci\u00f3n y las intenciones sobre la educaci\u00f3n de la prole. Cada uno de ellos responde:<\/p>\n<p> &#8211;  N. y N., \u00bfven\u00ed\u00ads a contraer Matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente?<br \/>\n    R.   S\u00ed\u00ad, venimos libremente.<br \/>\n \u2014  \u00bfEst\u00e1is decididos a amaros y respetaros mutuamente, siguiendo e] modo de vida propio del Matrimonio, durante toda la vida?<br \/>\n    R. S\u00ed\u00ad, estamos decididos.<br \/>\n (La siguiente pregunta se puede omitir si las circunstancias lo aconsejan, por ejemplo si los novios son edad avanzada)<br \/>\n  &#8211; \u00bfEst\u00e1is dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos seg\u00fan la ley de Cristo y de su Iglesia?<br \/>\n     R. S\u00ed\u00ad, estamos dispuestos.<\/p>\n<p>Consentimiento<\/p>\n<p>   El que preside invita a los novios a expresar el consentimiento:<br \/>\n   \u2020\u0153As\u00ed\u00ad, pues, ya que quer\u00e9is contraer santo Matrimonio, unid vuestras manos, y manifestad vuestro consentimiento ante Dios y su Iglesia\u2020\u009d.<\/p>\n<p>   Se dan la mano derecha.<\/p>\n<p>    El var\u00f3n dice:<br \/>\n    Yo, N., te recibo a ti, N., como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y as\u00ed\u00ad amarte y respetarte todos los d\u00ed\u00adas de mi vida.<\/p>\n<p>    La mujer dice:<br \/>\n    Yo, N., te recibo a ti, N., como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la alud y en la enfermedad, y as\u00ed\u00ad amarte y respetarte todos los d\u00ed\u00adas de mi vida.<\/p>\n<p>   Si parece m\u00e1s oportuno, el que preside puede solicitar el consentimiento de los contrayentes por medio de un interrogatorio.<br \/>\n  En primer lugar interroga al var\u00f3n:<br \/>\n   N &#8211; \u00bfQuieres recibir a N., como esposa, y prometes serle \u00c2\u00a1el en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y as\u00ed\u00ad amarla y respetarla todos los d\u00ed\u00adas de tu vida?<br \/>\n   El var\u00f3n responde: S\u00ed\u00ad, quiero.<\/p>\n<p>   N. \u00bfQuieres recibir a N., como esposo, y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud v en la enfermedad y as\u00ed\u00ad amarlo todos los d\u00ed\u00adas de tu vida?<br \/>\n  Ella responde. \u2020\u0153S\u00ed\u00ad, quiero<\/p>\n<p>Confirmaci\u00f3n del consentimiento.<\/p>\n<p>  El que preside recita la siguiente plegaria al recibir el consentimiento de los esposos:<\/p>\n<p>   Les dice a los esposos. \u2020\u0153El Se\u00f1or confirme con su bondad este consentimiento vuestro que hab\u00e9is manifestado ante la Iglesia y os otorgue su copiosa bendici\u00f3n.<br \/>\nLo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.<br \/>\nEl Dios de Abrah\u00e1n, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios que uni\u00f3 a nuestros primeros padres en el para\u00ed\u00adso, confirme este consentimiento mutuo que os hab\u00e9is manifestado ante la Iglesia y, en Cristo, os d\u00e9 su bendici\u00f3n, de forma que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.\u2020\u009d<br \/>\n     Bendigamos al Se\u00f1or.<\/p>\n<p> Todos responden:  Demos gracias a Dios.<\/p>\n<p> Bendici\u00f3n y entrega de los anillos<\/p>\n<p> El Se\u00f1or bendiga estos anillos que vais a entregaros uno al otro en se\u00f1al de amor y de fidelidad.<br \/>\n R.   Am\u00e9n.<br \/>\n N., recibe esta alianza, en se\u00f1al de mi amor y fidelidad a ti.<br \/>\n  Si es cristiano puede a\u00f1adir: En e] nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<br \/>\n N., recibe esta alianza,<br \/>\n en se\u00f1al de mi amor y fidelidad a ti. En el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p> Bendici\u00f3n y entrega de las arras<\/p>\n<p>  El sacerdote dice:<br \/>\n  Bendice, Se\u00f1or, estas arras, que N. y N. se entregan,<br \/>\n  y derrama sobre ellos la abundancia de tus bienes.<\/p>\n<p>  El esposo toma las arras y las entrega a la esposa diciendo:<br \/>\n   N., recibe estas arras como prenda de la bendici\u00f3n de Dios y signo de los bienes que vamos a compartir.<\/p>\n<p>   La esposa igualmente toma las arras y se les entrega al esposo diciendo:<br \/>\n   N., recibe estas arras como prenda de la bendici\u00f3n de Dios y signo de los bienes que vamos a compartir<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>En el contexto de la \u00abAlianza\u00bb<\/p>\n<p>\tEl \u00abmatrimonio\u00bb es uni\u00f3n estable entre var\u00f3n y mujer (\u00abc\u00f3nyuges\u00bb), que tiene como objetivo el bien de los mismos c\u00f3nyuges y la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los hijos. De hecho, ya todo matrimonio recuerda la \u00abAlianza\u00bb de Dios con toda la humanidad desde el principio de la creaci\u00f3n. En el matrimonio se expresa de modo especial la realidad de que el ser humano, hombre y mujer, ha sido creado como \u00abimagen de Dios\u00bb (Gen 1,27) para la fecundidad y la convivencia sobre la tierra (cfr. Gen 1,28). En el Antiguo Testamento o Antigua Alianza, el matrimonio se inspira en el amor fiel de Dios para con su pueblo; el amor humano es reflejo del amor de Dios (cfr. Os 1-3; Cant 8,6-7).<\/p>\n<p>\tEl \u00abv\u00ed\u00adnculo\u00bb que se origina en el \u00abpacto\u00bb (\u00abcontrato\u00bb, \u00abalianza\u00bb) del matrimonio es estable como la fidelidad del amor de Dios para con su Pueblo y para con toda la humanidad. Dios ha creado al hombre (\u00abhombre y mujer\u00bb) por amor. Por esto, el amor mutuo entre los \u00abc\u00f3nyuges\u00bb es \u00abimagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre\u00bb (CEC 1604). \u00abYa no son dos, sino una sola carne\u00bb (Mt 19,6; Gen 2,24). El \u00abv\u00ed\u00adnculo\u00bb del matrimonio es sagrado, en cuanto que Dios mismo es su autor. Por esto, \u00abno depende del arbitrio humano\u00bb (GS 48)<\/p>\n<p>\tSacramento cristiano encuentro con Cristo Esposo<\/p>\n<p>\tEn el cristianismo, gracias a la encarnaci\u00f3n del Verbo, el matrimonio es \u00absacramento\u00bb, es decir, signo eficaz de gracia, que refleja el amor de Cristo. La Antigua Alianza se ha renovado en Cristo, Mediador de la Nueva Alianza. En el matrimonio cristiano, por ser sacramento, se expresa de modo especial el amor de Cristo \u00abEsposo\u00bb a su esposa la Iglesia (cfr. Ef 5,25-33). La vivencia de la Alianza, desde la encarnaci\u00f3n del Verbo, tiene estas dos modalidades el matrimonio como sacramento y el seguimiento evang\u00e9lico radical (sacerdocio y vida consagrada). La nueva Alianza, sellada con la sangre de Jes\u00fas, indica que el mismo Verbo hecho hombre es el Esposo desde el d\u00ed\u00ada de la encarnaci\u00f3n (Jn 1,14; cfr. GS 22)). Por este desposorio de Cristo con toda la humanidad, el matrimonio humano es elevado a la categor\u00ed\u00ada de sacramento, es decir, signo eficaz del encuentro con \u00e9l.<\/p>\n<p>\tLos esposos son mutuamente signo personal de Jes\u00fas, de su amor y de su presencia. Con su consentimiento, libre y consciente, ante los testigos cualificados de parte de la Iglesia, los mismos esposos son los ministros del sacramento y, por tanto, se dan el consentimiento mutuo en nombre de Cristo Esposo. El consentimiento, indispensable para la validez del matrimonio, es \u00abun acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente\u00bb (GS 48). El v\u00ed\u00adnculo matrimonial indisoluble es una gracia indicadora de que \u00abel aut\u00e9ntico amor conyugal es asumido en el amor divino\u00bb (GS 48). La gracia del sacramento hace posible la fidelidad al mismo. La celebraci\u00f3n sacramental requiere una formaci\u00f3n prematrimonial.<\/p>\n<p>\tEn el conjunto de sacramentos que hacen de la Iglesia un signo transparente y portador de Cristo, el sacramento del matrimonio hace que la familia sea comuni\u00f3n eclesial, \u00abIglesia dom\u00e9stica\u00bb (LG 11). Los esposos se recuerdan continuamente la donaci\u00f3n total de Cristo. Por esto, es una donaci\u00f3n fiel, generosa y fecunda, que fundamenta una \u00ab\u00ed\u00adntima comunidad de vida y amor\u00bb (GS 48), \u00abcomo reflejo del amor de Dios y del amor de Cristo por la Iglesia su esposa\u00bb (FC 17).<\/p>\n<p>\tUnidad, fidelidad, indisilubilidad, fecundidad<\/p>\n<p>\tLa comuni\u00f3n entre los c\u00f3nyuges es indisoluble, como indicando la \u00abperennidad del amor conyugal que tiene en Cristo\u00bb (FC 20). La presencia activa de Cristo, especialmente a partir del sacramento del matrimonio, hace posible la unidad, fidelidad, indisolubilidad y fecundidad. Los padres son los primeros testigos y educadores de la fe para sus hijos. El amor entre esposo y esposa encuentra al mismo Cristo, Esposo de la Iglesia, como modelo de entrega. Se trata de \u00abamar como Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por ella\u00bb (Ef 5,25). Este es el \u00abgran sacramento\u00bb, que se inspira en el amor entre Cristo y su Iglesia (Ef 5,32).<\/p>\n<p>\tEl amor de Cristo es punto necesario de referencia, como amor de donaci\u00f3n gratuita, perenne, irrepetible, fiel. A ejemplo de Cristo, se busca el bien de la persona, amada por s\u00ed\u00ad misma, sin utilizarla (cfr. Jn 15,13). La donaci\u00f3n implica todo el ser. En la vida matrimonial, todo el ser, cuerpo y alma, expresa esta donaci\u00f3n fecunda. Por el sacramento del matrimonio, esta donaci\u00f3n es camino de santidad, camino de configuraci\u00f3n con Cristo. El amor de donaci\u00f3n tiende siempre al olvido de s\u00ed\u00ad mismo, para buscar el bien de la persona amada, sin condicionarla. El matrimonio es escuela de esta unidad de donaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\tEl amor matrimonial, a la luz del amor de Cristo Esposo, es siempre \u00abapertura a la fecundidad\u00bb (CEC 1652). Es fecundidad responsable, donde ninguna autoridad humana puede intervenir. Esta apertura generosa a la fecundidad va acompa\u00f1ada de la propia responsabilidad y prudencia respecto al n\u00famero de hijos, para hacer posible la educaci\u00f3n integral de los mismos. \u00abEn la procreaci\u00f3n de una nueva vida los padres descubren que el hijo, si es fruto de una rec\u00ed\u00adproca donaci\u00f3n de amor, es a su vez un don para ambos, un don que brota del don\u00bb (EV 92). Por el sacramento, el matrimonio es colaborador tambi\u00e9n en la nueva creaci\u00f3n, que es vida en Cristo. Los hijos se engendran para que puedan ser hijos adoptivos de Dios por el Esp\u00ed\u00adritu (Gal 4,5-6), \u00abhijos en el Hijo\u00bb (Ef 1,5; cfr. GS 22).<\/p>\n<p>\tEl amor matrimonial est\u00e1 en la din\u00e1mica escatol\u00f3gica de la Iglesia peregrina. Se camina hacia un amor pleno y definitivo en el m\u00e1s all\u00e1. El sacramento del matrimonio sella y hace posible este paso \u00abescatol\u00f3gico\u00bb o final, caminando hacia \u00ablas bodas del Cordero\u00bb (Ap 19,7). El amor, sellado de modo indisoluble en el sacramento, queda custodiado para la eternidad. El amor que proviene de Dios tiende a ser eterno y definitivo. La muerte no puede romper este v\u00ed\u00adnculo de amor. Unas eventuales segundas nupcias, siendo leg\u00ed\u00adtimas, se integran, gracias a Cristo, en esa unidad indisoluble del amor. La viudez puede ser una nueva fuente de santidad, de obras de caridad y de disponibilidad misionera.<\/p>\n<p>\tSu puesto en la Iglesia misionera<\/p>\n<p>\tCristo Esposo se hace presente en la Iglesia, por medio del matrimonio cristiano y por medio de la vida consagrada y sacerdotal. La fidelidad de una vocaci\u00f3n necesita el testimonio y la ayuda de parte de las otras vocaciones. La fidelidad o infidelidad de un sector repercute en el otro. Los divorcios son correlativos a las secularizaciones. En el matrimonio est\u00e1 en juego el amor de la Iglesia a Cristo Esposo, de quien es signo, en modo diverso y complementario, la vida matrimonial y la del seguimiento evang\u00e9lico radical.<\/p>\n<p>\tEl matrimonio es una memoria viviente que recuerda que toda la vida cristiana, desde el bautismo, tiene sentido de desposorio con Cristo para compartir su misma suerte. \u00abToda la vida cristiana est\u00e1 marcada por el amor esponsal de Cristo y de la Iglesia\u00bb (CEC 1617). Este desposorio se hace signo sacramental (signo eficaz y portador) por medio del sacramento del matrimonio. Pablo recuerda a la comunidad eclesial que ha sido desposada con Cristo \u00abCeloso estoy de vosotros con celos de Dios, pues os tengo desposados con un solo esposo para presentaros cual casta virgen a Cristo\u00bb (2Cor 11,2). Este desposorio supone compartir los amores y la misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo.<\/p>\n<p>Referencias Castidad, divorciados, familia, hombre, mujer, Nazaret, Sagrada Familia, vida, virginidad.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 42; GS 47-52; CEC 1601-1666, 2360-2400; CIC 1055-1165.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Il matrimonio via alla santit\u00ed\u00a0 (Milano, Ancora, 1980); J.P. BAGOT, Para vivir el matrimonio (Estella, Verbo Divino, 1993); D. BOUREAU, La mission des parents, perspectives conciliaires (Paris, Cerf, 1970); G. COLOMBO, Matrimonio, en Nuevo Diccionario de Liturgia (Madrid, Paulinas, 1987) 1240-1253; G. FLOREZ, Matrimonio y familia ( BAC, Madrid, 1995); J.M\u00c2\u00aa IRABURU, El matrimonio cristiano (Pamplona, Fund. Gratis Date, 1996); W. KASPER, Teolog\u00ed\u00ada del matrimonio cristiano (Santander, Sal Terrae, 1975); (Pontificio Consejo para la Familia) Preparaci\u00f3n para el sacramento del matrimonio (Lib. Edit. Vaticana 1996); E. SCHILLEBEECKX, El matrimonio, realidad terrena y misterio de salvaci\u00f3n (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1968); T. TETTAMANZI, Il ministero coniugale (Roma, AVE, 1977).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEn Israel el matrimonio no es algo religioso, sino un asunto privado entre las familias del novio y de la novia. El padre es el que elige la novia para su hijo, de acuerdo con el padre de la novia. Los dos establecen tambi\u00e9n el precio de la novia, es decir, la dote (G\u00e9n 24,2-3; 38,6; Dt 7,3). La esposa se elige ordinariamente de la propia sangre o de la propia tribu (G\u00e9n 24,4-5; 29,12.19; Tob 4,2.12). Una vez que el novio ha pagado la dote, se celebran los esponsales; ya son esposos, pero cada cual sigue viviendo en la casa de sus padres. M\u00e1s tarde se celebran las bodas propiamente dichas, con la solemne conducci\u00f3n de la esposa a casa del esposo; se realiza el matrimonio, se casan.<\/p>\n<p>Los fines del matrimonio son esencialmente dos: la ayuda mutua, la entrega mutua en el amor (G\u00e9n 2,18) y la procreaci\u00f3n de los hijos (G\u00e9n 1,28; 3,20; Mt 22,24-28; Mc 12,19-23; Lc 20,28-33). El matrimonio es el estado normal al que el hombre y la mujer est\u00e1n destinados (Sal 127,3; G\u00e9n 24,60; 30,9; Rom 7,2-3; Ef 5,22; Col 3,18). El celibato por el reino de los cielos (Mt 19,12; Lc 18,29) es un don, un carisma especial (1 Cor 7,7). Hubo una \u00e9poca en que la poligamia se consider\u00f3 como cosa normal (Dt 21,15). En la \u00e9poca de los profetas, que ilustran las relaciones amorosas de Dios con su pueblo con la met\u00e1fora del matrimonio (Dios es el esposo y el pueblo es la esposa), se da por supuesto la monogamia (Os 2, 18-23; Jer 2,2; Ez 16,8; Is 50,1).<\/p>\n<p>El matrimonio es mon\u00f3gamo y estable (Mt 19,3-12). El divorcio, en tiempos de Mois\u00e9s, se debi\u00f3 a la dureza de coraz\u00f3n de los hombres (Mt 5,28-32; 19, 3-12). Jesucristo, al fundar con su sangre la Nueva Alianza (Lc 22,20), se constituye en el esposo de la Iglesia. Este matrimonio real, espiritual, m\u00ed\u00adstico, de Jesucristo y de la Iglesia, debe ser la norma de las relaciones de la mujer y del marido en el matrimonio, lo que es un gran misterio (Ef 5,32; Mc 2,19; Jn 3,29). ->divorcio.<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> mujer, var\u00f3n, homosexualidad, adulterio). En el principio de las relaciones humanas ha colocado la Biblia   la uni\u00f3n del hombre y la mujer (Gn 2,24: \u00abDejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre, se unir\u00e1 a su mujer y ser\u00e1n una sola carne\u00bb). El signo esponsal del amor mutuo (sin necesidad de matrimonio expreso) recorre y define gran parte de la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, desde Gn 2-3 y Cantar de los Cantares hasta el Apocalipsis.<\/p>\n<p>(1) Visi\u00f3n general. El Antiguo Testamento ha entendido el matrimonio a la luz de las costumbres y normas del antiguo Oriente. Ha permitido la poligamia, que aparece sobre todo en la historia de los patriarcas* y reyes antiguos, aunque ya en tiempos de Jes\u00fas era poco practicada, y ha regulado el divorcio* (Dt 24,1-2). La mujer es importante, sobre todo, como madre (geb\u00ed\u00adra*), pero el Cantar* de los Cantares ha ofrecido uno de los testimonios supremos del amor monog\u00e1mico como experiencia existencial y teol\u00f3gica, presentando a la mujer como valor en s\u00ed\u00ad, al lado del var\u00f3n, sin necesidad de verla como madre. Por otra parte, el testimonio de la historia original, tanto en Gn 1,27 (\u00abvar\u00f3n y mujer los cre\u00f3&#8230;\u00bb) como en Gn 2,24 (\u00abdejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer y ser\u00e1n una sola carne\u00bb), se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea de la monogamia y la fidelidad matrimonial. Jes\u00fas ha situado e interpretado el matrimonio a la luz de esas palabras del G\u00e9nesis, tomando como modelo la monogamia y prohibiendo el divorcio (Mt 10,6-9; 19,1-10 par). L\u00f3gicamente, siguiendo un proceso que es normal en todo el Nuevo Testamento, la Iglesia ha interpretado y valorado el matrimonio a la luz de la entrega de Jes\u00fas, como una concreci\u00f3n del mismo amor de Cristo. Pablo asume la visi\u00f3n monog\u00e1mica de Jes\u00fas y la prohibici\u00f3n del divorcio (1 Cor 7,10).<\/p>\n<p>(2) Ef 5,21-33. Un matrimonio jer\u00e1rquico. La escuela de Pablo acepta y desarrolla esta visi\u00f3n en Ef 5, ratificando desde Cristo el valor sacramental (escatol\u00f3gico y liberador) del matrimonio, aunque corre el riesgo de introducirlo dentro de unos esquemas jerarquizantes, de tipo patriarcalista, como ponemos de relieve destacando los tres momentos del texto: \u00ab[1. Principio], Someteos unos a los otros en el temor de Cristo. [2. Argumento central]. Las mujeres a sus maridos como al Se\u00f1or, porque el marido es cabeza de la mu    jer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, es salvador del cuerpo. As\u00ed\u00ad como la Iglesia est\u00e1 sumisa a Cristo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo am\u00f3 a su Iglesia y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por ella, para santificarla, purific\u00e1ndola mediante el ba\u00f1o de su sangre&#8230; As\u00ed\u00ad deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a s\u00ed\u00ad mismo. Porque nadie aborreci\u00f3 jam\u00e1s su propia carne; antes bien la alimenta y la cuida con cari\u00f1o, lo mismo que Cristo a la Iglesia. [3. Conclusi\u00f3n], Por eso dejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer y los dos se har\u00e1n una sola carne. Gran misterio es \u00e9ste, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia. En todo caso, en cuanto a vosotros, que cada uno ame a su mujer como a s\u00ed\u00ad mismo; y la mujer que respete a su marido\u00bb (Ef 5,21-33). Estamos ante una visi\u00f3n jerarquizada del matrimonio, pues el marido se presenta como revelaci\u00f3n del Se\u00f1or para la esposa, de modo que la mujer ama al Se\u00f1or amando sobre el mundo a su marido (cosa que no se dice, de forma reversible, del marido respecto a la mujer). De esta forma, el matrimonio se interpreta como realizaci\u00f3n simb\u00f3lica del encuentro salvador de Cristo con la Iglesia, retomando un motivo cl\u00e1sico de la tradici\u00f3n israelita.<\/p>\n<p>(3) Novedad y riesgo de Ef 5,21-33. En el Antiguo Testamento, Dios aparec\u00ed\u00ada como esposo de su pueblo. Pero, seg\u00fan Ef 5, el Dios esposo es Cristo; el pueblo esposa es la Iglesia. Hasta aqu\u00ed\u00ad todo parece normal y se puede seguir hablando de igualdad entre varones y mujeres. El problema empieza cuando se aplica ese modelo a la relaci\u00f3n matrimonial interpretada en clave jer\u00e1rquica: marido y mujer dejan de encontrarse ya en un mismo plano, para ocupar lugares diferentes dentro de la uni\u00f3n del matrimonio: el marido representa a Cristo y cumple una funci\u00f3n salvadora, apareciendo como cabeza de una mujer interpretada como cuerpo, por el que el marido debe entregarse hasta la muerte. La mujer representa a la Iglesia, es decir, a la humanidad; por eso, ella ha de portarse de manera receptiva, dej\u00e1ndose transformar (santificar) por su marido, como la Iglesia se deja santificar por Cristo. L\u00f3gicamente, ella es cuerpo regido por una cabeza; no ama sino teme, recibe con respeto agradecido el don de su esposo. De un modo normal, Ef 5 ha tomado un modelo patriarcal que parec\u00ed\u00ada l\u00f3gico en su tiempo. Pero eso no lo explica todo, pues tambi\u00e9n Jes\u00fas y Pablo conoc\u00ed\u00adan ese modelo, pero no lo aplican a la visi\u00f3n del matrimonio, ni en Mc 10,2-12 ni en 1 Cor 7. Pues bien, este nuevo texto de la escuela paulina (Ef 5) lo ha hecho, iniciando as\u00ed\u00ad un camino nuevo y peligroso dentro de la simbolog\u00ed\u00ada cristiana. Antes, dentro del mensaje de Jes\u00fas (cf. Mc 2,18-19) o en la predicaci\u00f3n de Pablo (2 Cor 11,1), tanto varones como mujeres formaban la esposa mesi\u00e1nica del Cristo, sin diferencia entre unos y otras. Ahora, la misma l\u00f3gica del s\u00ed\u00admil (un Cristo var\u00f3n como esposo de una humanidad-mujer) y el patriarcalismo del ambiente han separado jer\u00e1rquicamente las funciones, de manera que dentro del matrimonio el var\u00f3n es Cristo (y cabeza), la mujer Iglesia (y cuerpo). Eso significa que las mujeres han de tomarse como inferiores, dentro de una perspectiva org\u00e1nica donde la uni\u00f3n de la Iglesia se construye no a partir de la igualdad de sus miembros, sino desde su misma desigualdad. Ciertamente, var\u00f3n y mujer son uno en Cristo (como sabe Gal 3,28); pero en Ef 5, a diferencia de Gal 3,28, ya no se puede afirmar que no existen var\u00f3n y mujer (como distintos y contrapuestos). En el mismo lugar donde Cristo hab\u00ed\u00ada suprimido la desigualdad, haciendo surgir un nuevo ser humano (sin var\u00f3n ni mujer, sin esclavo ni libre), se introduce una nueva desigualdad parad\u00f3jica en Cristo: el esposo es superior a su esposa, porque es cabeza y signo de Cristo, aunque no para mandar sobre ella, sino para servirla y entregarse por ella hasta la muerte; por su parte, la mujer es inferior, de tal manera que debe dejarse guiar por el esposo, como la Iglesia por Cristo.<\/p>\n<p>(4) Ef 5,21-33. Un texto parad\u00f3jico. Tres lecturas. De todas formas, el texto se encuentra construido de manera parad\u00f3jica, y puede interpretarse de diversas maneras, conforme se acent\u00fae una de las partes que hemos destacado al traducirlo, (a) Le\u00ed\u00addo desde su f\u00f3rmula inicial, entendida como tesis o resumen de todo lo que sigue (\u00c2\u00a1someteos unos a otros en el temor de Cristo!), el  texto deber\u00ed\u00ada interpretarse de forma igualitaria y reversible: var\u00f3n y mujer han de entregarse (someterse) uno a otro, en gesto de amor servicial fundado en Cristo. En este principio no hay jerarqu\u00ed\u00ada, uno arriba y otra abajo, uno cabeza y otro cuerpo&#8230; Ambos forman el mismo cuerpo mesi\u00e1nico de Cristo y en ese cuerpo constituyen una sola carne, de tal manera que deben subordinarse mutuamente, uno al otro (\u00c2\u00a1someteos!), sin que uno de ellos sea superior al otro, seg\u00fan el m\u00e1s hondo mensaje de Jes\u00fas (cf. Mc 10,42-45 par) y la par\u00e9nesis fundante de san Pablo (cf. Flp 2,1-4: \u00c2\u00a1considerando cada uno al otro como superior!), (b) Le\u00ed\u00addo desde su argumento central, el texto introduce una jerarquizaci\u00f3n ontol\u00f3gica o quiz\u00e1 mejor \u00abm\u00ed\u00adtica\u00bb de los sexos (el esp\u00ed\u00adritu ser\u00ed\u00ada masculino, la materia femenina), de tal forma que el esposo aparece como mes\u00ed\u00adas de la esposa, como si \u00e9l fuera principio y garant\u00ed\u00ada de la uni\u00f3n matrimonial. Llevada la comparaci\u00f3n al l\u00ed\u00admite habr\u00ed\u00ada que decir que el marido es salvador del cuerpo (de la mujer) por su misma condici\u00f3n masculina: as\u00ed\u00ad la limpia y purifica, conserv\u00e1ndola sin mancha (Ef 5,26-27). Es evidente que, entendidas de esa forma, fuera del contexto, esas afirmaciones son anticristianas (har\u00ed\u00adan al marido en mediador exclusivo de Dios y figura de Cristo para su mujer), (c) Le\u00ed\u00addo desde su parte final, el texto acaba interpretando todo el texto a la luz de Gn 2,24 y as\u00ed\u00ad supera tambi\u00e9n la visi\u00f3n jerarquizada de los esponsales. De esa forma empalma con el tema de la subordinaci\u00f3n mutua (reversible, igualitaria) de los esposos, de tal forma que cada uno es, a su manera, cabeza del otro, sin que ninguno de los dos sea superior. Es como si, de pronto, el autor de Ef 5,21-33 hubiera juzgado insuficiente el argumento anterior de cabeza y cuerpo (soma), que ha venido empleando en el centro del texto y se sintiera obligado a recordar con Gn 1,26-27 y 2,2324 que ambos (var\u00f3n y mujer) han de realizar un \u00fanico camino y forman as\u00ed\u00ad una sola carne (sarks) en la que ya no hay cabeza y cuerpo.<\/p>\n<p>(5) Conclusi\u00f3n. Ef 5,21-33: un texto abierto. Evidentemente, la mujer de Ef 5 pertenece a la humanidad, no es una diosa. No es la expresi\u00f3n suprahist\u00f3rica del eterno femenino, sino una persona concreta, redimida por Jes\u00fas en un mo mento de su historia. Su figura no puede interpretarse como un momento del mito hierog\u00e1mico intradivino. Ella forma parte de la humanidad rnesi\u00e1nica y su esposo simb\u00f3lico no es Dios (como en Ez 16), sino el nuevo Ad\u00e1n que es Cristo. Le\u00ed\u00addo as\u00ed\u00ad, este texto ha sido y puede seguir siendo positivo para el conjunto de la Iglesia, pues se atreve a interpretar el matrimonio (uni\u00f3n var\u00f3n \/mujer) en clave cristol\u00f3gica: la vinculaci\u00f3n afectiva de los hombres (especialmente el matrimonio) forma parte del misterio mesi\u00e1nico. Es tambi\u00e9n bueno que la mujer quede valorada por su referencia al marido y el marido por su referencia a la mujer, sin necesidad de entenderla como madre (es decir, a partir de los hijos), pues en Ef 5 no son necesarios los hijos para que se valore en el Cristo el amor del matrimonio. Pero son muchos los que piensan que ese texto ha sido y sigue siendo peligroso porque define al Mes\u00ed\u00adas como var\u00f3n y a la comunidad como mujer y porque utiliza simbolog\u00ed\u00ada de cabeza y cuerpo. Ese lenguaje est\u00e1 determinado por el contexto cultural y significa una vuelta atr\u00e1s (una regresi\u00f3n) respecto al mensaje de Jes\u00fas y a la misma experiencia y pr\u00e1ctica de Pablo. Pienso que en la catcquesis actual deber\u00ed\u00ada desaparecer toda referencia al esposo como Cristo\/cabeza y a la mujer como Iglesia\/cuerpo, a no ser que esos s\u00ed\u00admbolos se vuelvan reversibles. La misi\u00f3n del verdadero Cristo se expresa por igual a trav\u00e9s del var\u00f3n y de la mujer; el misterio corporal de la Iglesia alude a ambos. Eso significa que el texto ha de reformularse en lenguaje reversible de manera que all\u00ed\u00ad donde se dice que el esposo es Cristo para la esposa se pueda a\u00f1adir que la esposa es Cristo para el esposo; y all\u00ed\u00ad donde se dice que el esposo es cabeza se pueda a\u00f1adir que es tambi\u00e9n cuerpo de la esposa y viceversa.<\/p>\n<p>Cf. S. F. Milettc, One Flescli: Epli 5,22-24.31. Marriage and the New Cr\u00e9ation, AnBib 115, Roma 1988; R. Radford Ruether, Mujer nueva, Tierra nueva, La Aurora, Buenos Aires 1977; E. Sch\u00fcssler Fiorenza, En memoria de ella, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1988.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>El matrimonio constituye una innata e irremediable vocaci\u00f3n a \u00c2\u00a1a unidad de pareja y de familia,  una unidad que hay que ir construyendo d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada. Por eso, las palabras de Jes\u00fas valen para todas las familias: \u00abTe pido que todos sean uno, Padre, lo mismo que t\u00fa est\u00e1s en m\u00ed\u00ad y yo en ti, de tal manera que puedan ser uno, como lo somos nosotros\u00bb.  La experiencia de los primeros a\u00f1os de matrimonio es precisamente aquella en la que se busca con ah\u00ed\u00adnco construir esta unidad, con el entusiasmo, la alegr\u00ed\u00ada de ver que estamos hechos el uno para el otro, pero tambi\u00e9n con la dificultad que supone descubrir que no somos lo que pens\u00e1bamos, y que, por tanto, nos espera un largo camino de integraci\u00f3n, de ascesis, de perd\u00f3n, de paciencia. Porque la unidad no es obvia; que dos personas vivan juntas durante mucho tiempo sin cansarse la una de la otra, sino reconociendo cada vez m\u00e1s el don de Dios, es un milagro, es un don que Dios nos da, es una gracia.  Llevarse bien en familia no es obvio, ni natural; lo natural es lo contrario. Es la gracia del sacramento del matrimonio la que nos compromete a vivir \u00aben dos\u00bb y \u00aba dos\u00bb un camino \u00fanico, llevando a cabo todas las acciones de la jornada no ya con la mirada de la persona sola, libre de elegir y hacer lo que le da \u00c2\u00a1a gana exigiendo que la otra la respete; por el contrario, es preciso que todo, directa o indirectamente, se haga \u00aben dos\u00bb y \u00aba dos\u00bb, o al menos en funci\u00f3n el uno del otro.  Esto es muy dif\u00ed\u00adcil: hay personas que, incluso despu\u00e9s de a\u00f1os de matrimonio, siguen sin entenderlo; se quejan de que tienen problemas, no se    sienten comprendidos, y lo que ocurre es que no han entendido esta regla fundamental.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>El sacramento del matrimonio es el pacto con que un hombre y una mujer bautizados establecen entre s\u00ed\u00ad la comunidad de toda su vida, ordenada por su propia naturaleza al bien de los c\u00f3nyuges y a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole. Nos dice el G\u00e9nesis que fue el Dios creador el que quiso la pareja humana sexuada. La uni\u00f3n entre el hombre y la mujer es buena y est\u00e1 destinada a la fecundidad: la manera de expresar la imagen de Dios y la condici\u00f3n para realizar el dominio sobre el mundo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de citar a Gn 2,24 (\u00abpor eso el hombre dejar\u00e1 a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer y ser\u00e1n los dos una sola carne\u00bb, Pablo a\u00f1ade en Ef 5, 32: \u00abEste es un gran misterio; lo digo en relaci\u00f3n con Cristo y con la Iglesia\u00bb). Es grande el misterio porque es importante y sublime la realidad a la que se refiere: la uni\u00f3n del hombre y de la mujer, querida por Dios creador es figura de la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia. Este es el profundo significado que hay que reconocer a las palabras de la Escritura, y aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la raz\u00f3n de la sumisi\u00f3n y del respeto que la mujer debe al marido, del amor y de la entrega total del marido a la mujer, de la grandeza del matrimonio y de los deberes que impone. El amor de Cristo a la Iglesia se ha convertido en punto de referencia obligado y sacramental de la comunidad conyugal. Por eso el matrimonio cristiano se sit\u00faa en el coraz\u00f3n del misterio de Cristo y vive de la gratuidad y de la fidelidad del amor de Cristo.<\/p>\n<p>En los siglos primeros de la Iglesia no exist\u00ed\u00ada una liturgia nupcial espec\u00ed\u00adfica. Los cristianos usaban las ceremonias tradicionales propias de su ambiente, convencidos de que en definitiva era el consentimiento lo que hac\u00ed\u00ada leg\u00ed\u00adtimas las bodas y de que el acto que realizaban quedaba \u00abtransfigurado\u00bb desde dentro en virtud del bautismo: se un\u00ed\u00adan \u00aben Cristo\u00bb. Pero a partir del siglo 1V se fueron dibujando progresivamente los elementos caracter\u00ed\u00adsticos de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica del matrimonio. Sobre todo se impuso la bendici\u00f3n de la esposa. Este rito fue escogido como expresi\u00f3n lit\u00fargica de las bodas, mientras que se continu\u00f3 haciendo consistir su valor jur\u00ed\u00addico en el intercambio de consentimiento, que s\u00f3lo m\u00e1s tarde habr\u00ed\u00ada de insertarse en la liturgia.<\/p>\n<p>Frente a la postura de los reformadores, el concilio de Trento (sesi\u00f3n XXIV, a\u00f1o 1563) declar\u00f3 que el matrimonio es un sacramento instituido por Cristo y que por eso mismo confiere la gracia. Afirm\u00f3 su unidad y fij\u00f3 los impedimentos para su validez. En el decreto de reforma introdujo la forma can\u00f3nica, que normalmente es la \u00fanica forma v\u00e1lida para contraer matrimonio entre cristianos (delante del p\u00e1rroco y de dos testigos). Por tanto, entre los bautizados no puede haber un contrato matrimonial v\u00e1lido que no sea por eso mismo sacramento.<\/p>\n<p>La causa eficiente del matrimonio es el consentimiento, acto de voluntad y acto jur\u00ed\u00addico. Si como acto psicol\u00f3gico de la voluntad es transitorio y se extingue una vez realizado, como acto jur\u00ed\u00addico es un pacto mutuo que produce un efecto irrevocable que perdura toda la vida de los c\u00f3nyuges, en cuanto indisoluble. El acto de la voluntad presupone un acto del entendimiento, que le presente el objeto sobre el que ha de actuar. Y es un acto \u00abhumano\u00bb (GS 48), que debe brotar por consiguiente de una opci\u00f3n libre y consciente por parte de ambos c\u00f3nyuges, y que tiene como objeto la total entrega mutua de ellos mismos, de toda su persona, en todas sus dimensiones (espirituales , corporales, interiores y exteriores),a fin de constituir una comuni\u00f3n \u00ed\u00adntima de vida, \u00abordenada por su misma naturaleza al bien de los c\u00f3nyuges y a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole \u00bb (can. 1055, \u00c2\u00a7 1).<\/p>\n<p>La unidad (bonum fidei) y la indisolubilidad (bonum sacramenti) son las propiedades esenciales del matrimonio. Propiamente hablando, la unidad en el matrimonio se ve excluida por la poligamia: pero se puede extender este atentado contra la unidad a los casos en que el c\u00f3nyuge, a pesar de querer permanecer ligado a una sola persona, no pretende reservarle s\u00f3lo a ella el derecho propio del matrimonio. Se verifica aqu\u00ed\u00ad la exclusi\u00f3n del \u00abbien de la fidelidad\u00bb, que supone la invalidez del mismo matrimonio. La segunda propiedad esencial es la indisolubilidad, en virtud de la cual el matrimonio es s\u00ed\u00admbolo (imagen y participaci\u00f3n) de la uni\u00f3n esponsal indisoluble entre Cristo y la Iglesia. El matrimonio no puede existir sin la perpetuidad del v\u00ed\u00adnculo. Por eso la indisolubilidad pertenece a la esencia del matrimonio, como propiedad suya; y el que se casa proponi\u00e9ndose intentar una especie de \u00bb matrimonio de prueba \u00ab, que pudiera romperse en el caso de que las cosas no fueran bien, o se reserva el derecho a pedir el divorcio para su propio matrimonio, no contrae ciertamente un matrimonio v\u00e1lido.<\/p>\n<p>De todo lo dicho se deduce la extraordinaria importancia de la preparaci\u00f3n para el matrimonio, a fin de que se tenga conciencia del misterio que se celebra. Los novios deben ser instruidos sobre el significado del matrimonio cristiano y sobre la tarea de los c\u00f3nyuges y de los padres cristianos; tienen que prepararse personalmente para la celebraci\u00f3n, para que sea fructuosa: tienen que recibir toda la ayuda necesaria para que, observando y &#8211; guardando con fidelidad el pacto conyugal, consigan llevar una vida familiar cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s santa y m\u00e1s intensa. La preparaci\u00f3n al matrimonio supone adem\u00e1s que se pongan en acto toda una serie de intervenciones, para que se pueda estar seguro de que no hay nada que se oponga a su v\u00e1lida y l\u00ed\u00adcita celebraci\u00f3n. Por tanto, hay que indagar sobre los eventuales impedimentos.<\/p>\n<p>R. Gerardi<\/p>\n<p>BibI.: E. Schillebeeckx, El matrimonio, realidad terrena y misterio de salvaci\u00f3n, s\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1965; P. Evdokimov El sacramento del amor. Libros del Nopal, Barcelona 1966; W Kasper, Teolog\u00ed\u00ada del matrimonio, cristiano, Sal Terrae, Santander 1975: J. P Bagot, Para vivir el matrimonio, Verbo Divino, Estella 1993.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Ideal y realidad en el matrimonio: 1. Sombras&#8230;; 2. &#8230; Y luces en la experiencia matrimonial. II. La ense\u00f1anza matrimonial de los profetas: 1. La alegor\u00ed\u00ada nupcial para expresar la alianza de Dios con Israel; 2. Alcance teol\u00f3gico de la alegor\u00ed\u00ada; 3. El matrimonio como alianza. II1. La literatura sapiencia[: 1. El \u00abdon\u00bb de los hijos; 2. La mujer virtuosa y la mujer ad\u00faltera; 3. El mensaje nupcial del Cantar de los Cantares. IV. El proyecto original de Dios sobre el matrimonio: 1. La tradici\u00f3n yahvista; 2. La tradici\u00f3n sacerdotal. V. La doctrina sobre el matrimonio en el NT: 1. El inter\u00e9s de Jes\u00fas por la familia; 2. La familia puede trascenderse; 3. Matrimonio y divorcio en el pensamiento de Jes\u00fas. VI. El matrimonio en la doctrina de san Pablo: 1. La dignidad del matrimonio; 2. \u00abPrivilegio paulino\u00bb: \u00bfexcepci\u00f3n a la ley de la indisolubilidad?; 3. Matrimonio y virginidad; 4. Matrimonio como signo sacramental de la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia; 5. Pastoral familiar en san Pablo; 6. Inter\u00e9s por las viudas. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes, del Vaticano II, enfrent\u00e1ndose con algunos problemas urgentes de la sociedad contempor\u00e1nea, comienza precisamente por el matrimonio y por la familia: \u00abLa salvaci\u00f3n de la persona y de la sociedad humana y cristiana va estrechamente unida a una situaci\u00f3n feliz de la comunidad conyugal y familiar\u00bb. Pero inmediatamente despu\u00e9s afirma que \u00abno en todas partes brilla con la misma claridad la dignidad de esta instituci\u00f3n, ya que est\u00e1 oscurecida por la poligamia, la plaga del divorcio, el llamado amor libre y otras deformaciones\u00bb (n. 47).<\/p>\n<p>I. IDEAL Y REALIDAD EN EL MATRIMONIO. Podemos decir que algo parecido encontramos en la Biblia, donde se nos ofrece indudablemente un cuadro teol\u00f3gico muy elevado del matrimonio y de la familia, que se deriva del matrimonio y se fundamenta en \u00e9l; pero nos hace ver adem\u00e1s c\u00f3mo no siempre se realiza ese ideal, tan dif\u00ed\u00adcil de conseguir. As\u00ed\u00ad que en la Biblia coexisten el \u00abproyecto ideal\u00bb, que es en el que insistiremos m\u00e1s, ya que es el mensaje teol\u00f3gico v\u00e1lido para siempre, y la \u00abrealidad\u00bb, que, sobre todo en el AT, es m\u00e1s bien decepcionante.<\/p>\n<p>Por otra parte, la experiencia b\u00ed\u00adblica quiere ser did\u00e1ctica y pedag\u00f3gica al mismo tiempo: lentamente, a trav\u00e9s de errores y de abusos de personajes incluso de relieve (pensemos en David), Dios quiere ense\u00f1ar a los creyentes el verdadero sentido del matrimonio y de la familia, hasta llegar al alt\u00ed\u00adsimo mensaje del NT.<\/p>\n<p>1. SOMBRAS&#8230; Procederemos s\u00f3lo por breves alusiones, al menos en lo que se refiere al aspecto hist\u00f3rico de la experiencia matrimonial y familiar.<\/p>\n<p>Inmediatamente despu\u00e9s de describir el cuadro ideal del matrimonio, G\u00e9n nos describe el asesinato de Abel a manos de Ca\u00ed\u00adn: \u00c2\u00a1el hermano mata al hermano! En la familia de Ca\u00ed\u00adn, su hijo Lamec es el primero en violar la ley de la monogamia tomando dos mujeres (G\u00e9n 4:19). Pero, a diferencia de Lamec y de los llamados \u00abhijos de Dios\u00bb (G\u00e9n 6:1-4), que se entregan sin ning\u00fan recato a las intemperancias sexuales, No\u00e9 es mon\u00f3gamo ytiene tres hijos (G\u00e9n 5:32; G\u00e9n 8:15). Precisamente por su bondad y rectitud Dios, justo juez, lo salva del diluvio \u00abcon toda su familia\u00bb (G\u00e9n 7:1), a la que, como germen y s\u00ed\u00admbolo de la humanidad nueva, renueva la bendici\u00f3n que ya se hab\u00ed\u00ada concedido a la primera pareja humana: \u00abSed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra\u00bb (G\u00e9n 9:1; cf 1,28).<\/p>\n<p>Con Abrah\u00e1n comienza una cadena directa de familias, que pasa a trav\u00e9s de la de David, para desembocar en la de Nazaret.<\/p>\n<p>G\u00e9n tiene como espina dorsal tres familias: las de Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob. Al presentar a estas tres familias, el autor sagrado se muestra m\u00e1s interesado en hacer resaltar el plan divino a trav\u00e9s de ellas que su ejemplaridad.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, por ejemplo, Abrah\u00e1n practica una especie de poligamia uni\u00e9ndose a la esclava Agar para tener un hijo, Ismael. Tampoco es correcto su comportamiento al presentar a Sara como hermana suya, y no como esposa, a fin de no tener problemas cuando se la piden para satisfacer los apetitos de Abimelec (G\u00e9n 12:10-20) o del fara\u00f3n (G\u00e9n 20).<\/p>\n<p>Menos ejemplar todav\u00ed\u00ada es la familia de Jacob, a quien Dios mismo cambi\u00f3 el nombre por el de Israel (G\u00e9n 32:23-32; G\u00e9n 35:10) para convertirlo en patriarca de su pueblo; sus hijos, que dan origen a las doce tribus, nacen de dos mujeres de primer grado, L\u00ed\u00ada y Raquel, y de otras dos de segundo grado, Zilpa y Bihl\u00e1 (G\u00e9n 29:15-30).<\/p>\n<p>Si pasamos a David, la situaci\u00f3n es peor todav\u00ed\u00ada. Valiente soldado y guerrillero, h\u00e1bil diplom\u00e1tico, de fuerte religiosidad, se siente, sin embargo, f\u00e1cilmente atra\u00ed\u00addo por la seducci\u00f3n de las mujeres y es d\u00e9bil con sus hijos. Tuvo consigo un verdadero \u00abhar\u00e9n\u00bb de mujer-1s y concubinas (2Sa 3:2-5.15; 1. ,2-27; 2Sa 15:16). Sus numerosos hijos, que fueron causade enormes sufrimientos para el padre, m\u00e1s que las virtudes heredaron sus vicios: Amn\u00f3n viola a su hermanastra Tamar (2Sa 13:1-22), a la cual venga Absal\u00f3n asesinando a su hermano (2Sa 12:23-38). Absal\u00f3n se rebela contra su padre, disput\u00e1ndole el trono y oblig\u00e1ndole a huir de Jerusal\u00e9n (cc. 15-19). Del rey Salom\u00f3n se dice que ten\u00ed\u00ada 700 mujeres y 300 concubinas (lRe 11,3).<\/p>\n<p>2. &#8230; Y LUCES EN LA EXPERIENCIA MATRIMONIAL. Pero junto a estas familias que hemos recordado hay otras que viven el matrimonio de manera ejemplar, con todas las riquezas de amor, de fidelidad, de fecundidad y de educaci\u00f3n de los hijos que se derivan del proyecto original de Dios. Pensemos en la familia de Rut, que se nos describe en el libro hom\u00f3nimo. O pensemos en el elevado sentido del matrimonio que respira el libro de Tob\u00ed\u00adas. Es especialmente significativa la plegaria que Tob\u00ed\u00adas y Sara dirigen al Se\u00f1or al comienzo de su convivencia nupcial: \u00abT\u00fa creaste a Ad\u00e1n y le diste a Eva, su mujer, como ayuda y compa\u00f1era; y de los dos ha nacido toda la raza humana&#8230; Ahora, Se\u00f1or, yo no me caso con esta mujer por lujuria, sino con elevados sentimientos. Ten misericordia de los dos y haz que vivamos larga vida\u00bb (Tob 8:6-7).<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 decir de la madre de los Macabeos (2Mac 7), que con gran fuerza de \u00e1nimo exhorta a sus siete hijos para que arrostren el martirio antes que ceder a los halagos del tirano profanador Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes?<br \/>\nEsto significa que, a pesar de las muchas sombras debidas al ambiente cultural que rodeaba al mundo hebreo, el ideal del matrimonio monog\u00e1mico, vivido en el amor y en la alegr\u00ed\u00ada de los hijos, no s\u00f3lo era sentido por algunos, sino que se practicaba normalmente en Israel.<\/p>\n<p>II. LA ENSE\u00ed\u2018ANZA MATRIMONIAL DE LOS PROFETAS. Para que este ideal permaneciera siempre limpio, los profetas se encargaron de ofrecer una aportaci\u00f3n decisiva, presentando la alegor\u00ed\u00ada nupcial como expresi\u00f3n de las relaciones de amor y de fidelidad entre Dios y el pueblo de Israel.<\/p>\n<p>Si es \u00e9sta la imagen que utilizan los profetas con mayor frecuencia, hay que decir que, en realidad, todas las im\u00e1genes que emplean para expresar las relaciones entre Dios y el pueblo est\u00e1n de alg\u00fan modo sacadas del ambiente familiar. As\u00ed\u00ad, para anunciar de antemano la salvaci\u00f3n inesperada y la repoblaci\u00f3n de Jerusal\u00e9n, Isa\u00ed\u00adas hace decir al Se\u00f1or: \u00ab\u00bfIba yo a abrir el seno para no hacer nacer?&#8230; O yo, que hago nacer, \u00bflo iba a cerrar?\u00bb (Isa 66:9). Dios se presenta aqu\u00ed\u00ad como una madre que da a luz a sus hijos. En otro texto, el amor de Dios por Israel se compara de nuevo con el de una madre: \u00ab\u00bfPuede acaso una mujer olvidarse del ni\u00f1o que cr\u00ed\u00ada, no tener compasi\u00f3n del hijo de sus entra\u00f1as? Pues aunque ella lo olvidara, yo no me olvidar\u00ed\u00ada de ti\u00bb (Isa 49:15). Para expresar la alegr\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n del destierro, se pone el ejemplo de la exultaci\u00f3n nupcial (Isa 61:10; cf 62,5).<\/p>\n<p>1. LA ALEGOR\u00ed\u008dA NUPCIAL PARA EXPRESAR LA ALIANZA DE DIOS CON ISRAEL. Este \u00faltimo texto nos devuelve a la imagen nupcial, que los profetas utilizan preferentemente para describir las relaciones de Dios con Israel: \u00e9l es el \u00abesposo\u00bb, o tambi\u00e9n el \u00abnovio\u00bb, siempre fiel; mientras que Israel es la \u00abesposa\u00bb o la \u00abnovia\u00bb, que con frecuencia cae en la infidelidad.<\/p>\n<p>Oseas es el primero en emplear esta imagen, partiendo quiz\u00e1 de su propia experiencia matrimonial fracasada. En efecto, su mujer, Gomer, se entrega a la prostituci\u00f3n (Ose 1:2). La \u00abprostituci\u00f3n\u00bb de la mujer se convierte en s\u00ed\u00admbolo de la infidelidad de Israel, que llega incluso a rendir culto a las divinidades extranjeras, lo cual sol\u00ed\u00ada llevar consigo aut\u00e9nticas aberraciones sexuales. Pero Dios, siempre fiel, no se rinde y proyecta un nuevo noviazgo con su pueblo: \u00abPero yo la atraer\u00e9 y la guiar\u00e9 al desierto, donde hablar\u00e9 a su coraz\u00f3n\u00bb (Ose 2:16).<\/p>\n<p>El recuerdo del \u00abdesierto\u00bb nos trae a la memoria el per\u00ed\u00adodo del enamoramiento, cuando Israel segu\u00ed\u00ada m\u00e1s de cerca a su Dios. El nuevo noviazgo, sin embargo, no deber\u00e1 ya romperse por nuevas infidelidades: \u00abEntonces me casar\u00e9 contigo para siempre, me casar\u00e9 contigo en la justicia y el derecho, en la ternura y el amor; me casar\u00e9 contigo en la fidelidad, y t\u00fa conocer\u00e1s al Se\u00f1or\u00bb (Ose 2:21-22).<\/p>\n<p>Jerem\u00ed\u00adas recoge este mismo tema de Yhwh esposo, pero de una forma todav\u00ed\u00ada m\u00e1s tierna, recordando sobre todo las efusiones del primer amor: \u00abMe he acordado de ti, en los tiempos de tu juventud, de tu amor de novia, cuando me segu\u00ed\u00adas en el desierto, en una tierra sin cultivar\u00bb (Jer 2:2). Precisamente por esto es m\u00e1s agudo el reproche que se dirige al pueblo infiel (Jer 2:32).<\/p>\n<p>Esta imagen es recogida por Ezequiel, que nos presenta a Israel bajo la imagen de una muchacha abandonada, de la que Dios se enamora hasta hacerla suya: \u00abYo pas\u00e9 junto a ti y te vi. Estabas ya en la edad del amor; entonces extend\u00ed\u00ad el velo de mi manto sobre ti y recubr\u00ed\u00ad tu desnudez; luego te prest\u00e9 juramento, me un\u00ed\u00ad en alianza contigo, dice el Se\u00f1or Dios, y t\u00fa fuiste m\u00ed\u00ada\u00bb (Eze 16:8).<\/p>\n<p>Esta imagen aparece todav\u00ed\u00ada con mayor frecuencia en el Segundo y en el Tercer Isa\u00ed\u00adas, en donde las dificultades tanto del destierro como del reasentamiento en la patria se ven suavizadas precisamente por el recuerdo de que Yhwh es el esposo, y por tanto no podr\u00e1 abandonar a su pueblo: \u00abNo temas, pues no tendr\u00e1s ya que avergonzarte&#8230; Pues tu esposo ser\u00e1 tu creador, cuyo nombre es Se\u00f1or todopoderoso; tu redentor, el santo de Israel, que se llama Dios de toda la tierra\u00bb (Isa 54:4-6; cf 62,4-5; etc\u00e9tera).<\/p>\n<p>2. ALCANCE TEOL\u00ed\u201cGICO DE LA ALEGOR\u00ed\u008dA. La imagen nupcial es importante por un doble reflejo: por un lado, Dios no habr\u00ed\u00ada podido tomar como s\u00ed\u00admbolo de su amor a Israel la realidad matrimonial si esta realidad no hubiera sido sentida y vivida, al menos normalmente, como realidad de amor y de fidelidad total. El s\u00ed\u00admbolo es siempre algo aproximativo; pero carecer\u00ed\u00ada de sentido si, en principio, tuviera ya alguna cosa que obnubilase la comprensi\u00f3n de la comparaci\u00f3n. Por otro lado, Dios quiere dar una aut\u00e9ntica ense\u00f1anza sobre el matrimonio: el matrimonio tiene significado en la medida en que refleja las \u00abcostumbres\u00bb de Dios, imita sus actitudes, asume sus valores. Se da una rec\u00ed\u00adproca trabaz\u00f3n entre la \u00abrealidad\u00bb matrimonial tomada como s\u00ed\u00admbolo y el \u00abproyecto\u00bb matrimonial que Dios propone a los creyentes.<br \/>\n3. EL MATRIMONIO COMO\u00bbALIANZA\u00bb. Quiz\u00e1 sea precisamente por este motivo por lo que Malaqu\u00ed\u00adas, en un pasaje que ofrece no pocas dificultades de cr\u00ed\u00adtica textual, presenta el matrimonio como \u00abalianza\u00bb.<\/p>\n<p>Efectivamente, recriminando al pueblo, que se lamenta de no ser escuchado a pesar de que ofrec\u00ed\u00ada sacrificios irreprensibles, Dios le acusa precisamente de infidelidad en el matrimonio: \u00abY dec\u00ed\u00ads: `\u00bfPor qu\u00e9?&#8217; Porque el Se\u00f1or es testigo entre ti y la esposa de tu juventud, a la que t\u00fa fuiste infiel, siendo as\u00ed\u00ad que ella era tu compa\u00f1era y la mujer de tu alianza (berit)&#8230;\u00bb (Mal 2:14-15). De este modo la alianza, que es la espina dorsal de las relaciones entre Dios y su pueblo, se proyecta, y de alguna manea se encarna, en la familia.<\/p>\n<p>III. LA LITERATURA SAPIENCIAL. Todo el fil\u00f3n de la literatura sapiencial exalta, incluso con referencias a la vida cotidiana, los valores del matrimonio y de la familia.<\/p>\n<p>1. EL \u00abDON\u00bb DE LOS HIJOS. As\u00ed\u00ad el Sal 127 afirma que la \u00abbendici\u00f3n\u00bb de Dios est\u00e1 en la base de la familia y que los hijos son un \u00abdon\u00bb: \u00abSi el Se\u00f1or no construye la casa, en vano trabajan los que la construyen&#8230; Los hijos son un regalo del Se\u00f1or; el fruto de las entra\u00f1as, una recompensa\u00bb (Sal 127:1.3-4).<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de los hijos, se insiste mucho tanto en el deber de educarlos -incluso con rigor, si es necesario-como en la obligaci\u00f3n que ellos tienen de respetar a sus padres: \u00abEl que ama a su hijo no le escatimar\u00e1 los azotes, para que al fin pueda complacerse en \u00e9l. El que educa bien a su hijo se gozar\u00e1 en \u00e9l, y en medio de sus conocidos podr\u00e1 enorgullecerse\u00bb (Sir 30:1-2; cf Pro 1:8). \u00abPorque el Se\u00f1or honra al padre en sus hijos, y confirma el derecho de la madre sobre las hijas. El que honra al padre repara su pecado, el que honra a su madre amontona tesoros\u00bb (Sir 3:2-4).<\/p>\n<p>2. LA MUJER VIRTUOSA Y LA MUJER AD\u00daLTERA. El Sir\u00e1cida exalta la felicidad del hombre que ha encontrado una mujer virtuosa: \u00abDichoso el marido de una mujer buena; el n\u00famero de sus d\u00ed\u00adas se duplicar\u00e1. La mujer animosa es la alegr\u00ed\u00ada del marido, que llenar\u00e1 de paz sus a\u00f1os. La mujer buena es una gran herencia; ser\u00e1 dada en dote a los que temen al Se\u00f1or\u00bb (Sir 26:1-3).<br \/>\nAl mismo tiempo condena con toda severidad el adulterio, tanto si proviene del hombre como de la mujer: \u00abEl hombre infiel al lecho conyugal, que dice para s\u00ed\u00ad: `\u00bfQui\u00e9n me ve? La oscuridad me envuelve y las paredes me ocultan; \u00bfqu\u00e9 tengo que temer? De mis pecados no se acordar\u00e1 el Alt\u00ed\u00adsimo&#8217;, s\u00f3lo teme los ojos de los hombres, pero no advierte que los ojos del Se\u00f1or son mil veces m\u00e1s claros que el sol, ven todos los pasos de los hombres y penetran los rincones m\u00e1s secretos\u00bb (Sir 23:18-19).<\/p>\n<p>M\u00e1s duro es todav\u00ed\u00ada el juicio sobre la mujer ad\u00faltera: \u00abAs\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la esposa que abandon\u00f3 a su marido y tuvo un hijo con otro. Porque, primero, desobedeci\u00f3 la ley del Alt\u00ed\u00adsimo; en segundo lugar, pec\u00f3 contra su marido; en tercer lugar, se manch\u00f3 con adulterio d\u00e1ndole hijos de otro hombre\u00bb (Sir 23:22-23).<\/p>\n<p>El libro de los Proverbios habla con frecuencia del peligro que representan las seducciones de la mujer \u00abextra\u00f1a\u00bb (zarah) y de la mujer \u00abforastera\u00bb (nokriyyah), t\u00e9rminos que deber\u00ed\u00adan expresar la misma cosa, es decir, la mujer que pertenece a otro hombre. Pero si la \u00absabidur\u00ed\u00ada\u00bb entra en el coraz\u00f3n del hombre, Dios lo librar\u00e1 \u00abde la mujer ajena, de la desconocida que halaga con palabras; ella ha abandonado al compa\u00f1ero de su juventud, se ha olvidado de la alianza (berit) de su Dios\u00bb (Pro 2:16-17). En una palabra, la mujer \u00abforastera\u00bb tiene que ser evitada por el hecho de que el matrimonio guarda relaci\u00f3n con la alianza; y como no es l\u00ed\u00adcito traicionar la alianza sina\u00ed\u00adtica, tampoco es posible violar la matrimonial.<\/p>\n<p>3. EL MENSAJE NUPCIAL DEL CANTAR DE LOS CANTARES. Pero hay en la literatura sapiencial un libro dedicado por completo al amor humano, al impulso del deseo que desembocar\u00e1 luego en el matrimonio: el Cantar de los Cantares.<\/p>\n<p>Entre los exegetas no reina unanimidad sobre la clave interpretativa de este peque\u00f1o poema, que es todo \u00e9l un di\u00e1logo entre dos \u00abenamorados\u00bb que se buscan mutuamente con gozo y con temblor: \u00bfse trata de la exaltaci\u00f3n del amor humano o bien de una alegor\u00ed\u00ada del amor de Dios a Israel? Nosotros creemos que se trata a la vez de ambas cosas, lo cual hace todav\u00ed\u00ada m\u00e1s grande el amor, al vincularlo con el tema de la alianza. Por esto precisamente el amor no puede menos de ser duradero, como se expresa la esposa al final con im\u00e1genes atrevidas: \u00abPonme como sello sobre tu coraz\u00f3n, como sello sobre tu brazo; porque es fuerte el amor como la muerte; inflexibles, como el infierno, son los celos. Flechas de fuego son sus flechas, llamas divinas son sus llamas. Aguas inmensas no podr\u00ed\u00adan apagar el amor ni los r\u00ed\u00ados ahogarlo\u00bb (Cnt 8:6-7). Las \u00faltimas palabras se refieren a las aguas del caos primitivo, amenazantes y destructoras: \u00c2\u00a1pero ni siquiera esas aguas podr\u00ed\u00adan extinguir las \u00abllamas\u00bb del amor aut\u00e9ntico!<br \/>\nEs un mensaje indudablemente muy profundo, en el que se funden entre s\u00ed\u00ad la experiencia humana, capaz ya de vislumbrar las exigencias del amor verdadero, que es preciso purificar y reforzar continuamente, y el mensaje prof\u00e9tico, que asumi\u00f3 esta experiencia como s\u00ed\u00admbolo del amor indefectible de Dios a su pueblo.<\/p>\n<p>IV. EL PROYECTO ORIGINAL DE DIOS SOBRE EL MATRIMONIO. Una visi\u00f3n tan elevada del amor conyugal, incluso en sus elementos de atracci\u00f3n f\u00ed\u00adsica, tal como nos lo transmite el Cantar de los Cantares, corresponde al proyecto original de Dios, que encontramos delineado en el segundo relato de la creaci\u00f3n transmitido por el libro del t G\u00e9nesis (2,18-23).<\/p>\n<p>1. LA TRADICI\u00ed\u201cN YAHVISTA. Este relato se remonta a la tradici\u00f3n yahvista (siglo x a.C.) y nos atestigua c\u00f3mo durante alg\u00fan tiempo se reflexion\u00f3 en Israel sobre el sentido de la sexualidad y sobre la misteriosa fuerza de atracci\u00f3n entre el hombre y la mujer. Todo ello expresado con el lenguaje pl\u00e1stico del yahvista, que con su simbolismo expresa unas realidades teol\u00f3gicas muy profundas.<\/p>\n<p>En primer lugar, el hombre es llamado a salir de su soledad: \u00abNo es bueno que el hombre est\u00e9 solo; le dar\u00e9 una ayuda apropiada\u00bb (2,18). Pero los animales que Dios crea y pone a disposici\u00f3n del hombre no son una ayuda adecuada para \u00e9l. \u00abEntonces el Se\u00f1or Dios hizo caer sobre el hombre un sue\u00f1o profundo, y mientras dorm\u00ed\u00ada le quit\u00f3 una de sus costillas, poniendo carne en su lugar. De la costilla tomada del hombre, el Se\u00f1or Dios form\u00f3 a la mujer y se la present\u00f3 al hombre\u00bb (vv. 21-22).<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que el lenguaje, todo \u00e9l cargado de im\u00e1genes, no intenta narrar un suceso hist\u00f3rico, sino afirmar simplemente que la mujer no es extra\u00f1a al hombre, que es m\u00e1s bien una parte de \u00e9l, con la misma dignidad, capaz de dialogar y de amar. Por eso el hombre entona lo que se ha llamado el primer \u00abcanto nupcial\u00bb de la humanidad: \u00abEsta s\u00ed\u00ad que es hueso de mis huesos y carne de mi carne; \u00e9sta ser\u00e1 llamada hembra porque ha sido tomada del hombre\u00bb (v. 23). La \u00faltima frase contiene en hebreo un juego de palabras que no puede reproducirse adecuadamente en castellano: &#8216;is = hombre, &#8216;issah = mujer. Incluso con esta asonancia ling\u00fc\u00ed\u00adstica el autor intenta expresar la unidad de los dos sexos, a pesar de su distinci\u00f3n.<\/p>\n<p>El vers\u00ed\u00adculo final describe, en estilo sapiencial, no s\u00f3lo el hecho de la mutua atracci\u00f3n del hombre y de la mujer, sino sobre todo el sentido de esta atracci\u00f3n: \u00abPor eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y son los dos una sola carne\u00bb (v. 24). Aunque se exalta sobre todo el amor, que en la uni\u00f3n sexual tiende casi simb\u00f3licamente a reconstruir la unidad primordial (\u00abcarne de mi carne\u00bb), no est\u00e1 ni mucho menos ausente la dimensi\u00f3n procreativa. Sobre todo se pone de relieve la unicidad exclusiva de las relaciones (contra la poligamia) y su indisolubilidad: la frase \u00abson los dos una sola carne\u00bb expresa una situaci\u00f3n permanente de unidad de los esp\u00ed\u00adritus, m\u00e1s all\u00e1 de los cuerpos.<\/p>\n<p>2. LA TRADICI\u00ed\u201cN SACERDOTAL. El primer relato de la creaci\u00f3n, que se remonta a la tradici\u00f3n sacerdotal (por el siglo vi a.C.), expresa de una forma m\u00e1s solemne todav\u00ed\u00ada la unidad del hombre y de la mujer, aun dentro de la diferenciaci\u00f3n de los sexos, que es querida por Dios en primer lugar para la procreaci\u00f3n del g\u00e9nero humano. Por eso mismo el sexo es una realidad \u00abintegradora\u00bb, que se comprende s\u00f3lo en di\u00e1logo con la pareja.<\/p>\n<p>En efecto, como coronaci\u00f3n de la obra de la creaci\u00f3n, Dios crea al \u00abhombre\u00bb, que es tal solamente en cuanto macho-hembra: \u00ab`Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las fieras campestres y los reptiles de la tierra&#8217;. Dios cre\u00f3 al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre\u00f3, macho y hembra los cre\u00f3. Dios los bendijo y les dijo: `Sed fecundos y multiplicaos, poblad la tierra&#8230;'\u00bb (G\u00e9n 1:26-28).<\/p>\n<p>Sin entrar en detalles exeg\u00e9ticos, nos interesa aqu\u00ed\u00ad poner en evidencia dos cosas en relaci\u00f3n con el tema que estamos tratando.<\/p>\n<p>La primera es que el hombre es \u00abimagen de Dios\u00bb en la dualidad de \u00abmacho y hembra\u00bb: ni el var\u00f3n ni la mujer, tomados por separado, son imagen de Dios. El car\u00e1cter \u00abdialogal\u00bb de los sexos distintos abre ya al don, al amor, a la fecundidad, reproduciendo de este modo la \u00abimagen de Dios\u00bb, que es esencialmente amor que se da.<\/p>\n<p>Lo segundo que hay que subrayar es la orden de tener hijos: \u00abSed fecundos y multiplicaos&#8230;\u00bb. Esto significa que la sexualidad tiene indicado aqu\u00ed\u00ad su desenlace y su finalidad espec\u00ed\u00adfica, es decir, la transmisi\u00f3n de la vida; funci\u00f3n \u00e9sta tan grande que, para realizarla, tiene necesidad de la \u00abbendici\u00f3n\u00bb de Dios.<\/p>\n<p>Aunque acent\u00faa la finalidad procreativa, este texto no excluye la finalidad afectiva, que se subraya de manera particular, como hemos visto, en el yahvista: \u00abY son los dos una sola carne\u00bb. El hecho de que Dios haya creado al hombre a su \u00abimagen\u00bb precisamente en cuanto \u00abmacho y hembra\u00bb incluye necesariamente en s\u00ed\u00ad la fuerza atractiva del amor.<\/p>\n<p>Es el equilibrio de estos dos elementos (unitivo y procreativo) lo que debe marcar para siempre al matrimonio, tal como Dios lo ha concebido en su designio original.<\/p>\n<p>Pero sabemos que el pecado \u00aboriginal\u00bb rompi\u00f3 este equilibrio alterando la serenidad de las relaciones entre el hombre y la mujer; efectivamente, tambi\u00e9n la sexualidad quedar\u00e1 apartada de sus propios fines, como se insin\u00faa poco despu\u00e9s, al describirse el castigo de Dios a la mujer: \u00abMultiplicar\u00e9 los trabajos de tus pre\u00f1eces. Con dolor parir\u00e1s a tus hijos; tu deseo te arrastrar\u00e1 hacia tu marido, que te dominar\u00e1\u00bb (G\u00e9n 3:16). En vez de ser don rec\u00ed\u00adproco y sereno, la sexualidad se convertir\u00e1 en instrumento para tiranizarse mutuamente.<\/p>\n<p>Sobre este fondo de p\u00e9rdida de sentido de la sexualidad se explican todas las desviaciones que marcaron la historia de Israel y de la humanidad en general: poligamia, divorcio, explotaci\u00f3n de la mujer, violencia sexual, etc., tal como record\u00e1bamos al principio.<\/p>\n<p>V. LA DOCTRINA SOBRE EL MATRIMONIO EN EL NT. Cristo, como revelador \u00faltimo de la voluntad del Padre, nacido entre los hombres para llevar a cabo nuestra salvaci\u00f3n, ser\u00e1 sobre todo el que intentar\u00e1 situar de nuevo el matrimonio dentro del proyecto original de Dios.<\/p>\n<p>1. EL INTERES DE JES\u00daS POR LA FAMILIA. En este sentido resulta ya interesante el hecho de que Jes\u00fas acepte nacer dentro de una familia, aunque sea una familia muy particular, en donde el elemento determinante es la aceptaci\u00f3n de la voluntad de Dios, como medida de las acciones y de los comportamientos de los miembros que la componen.<\/p>\n<p>Pensemos en Mar\u00ed\u00ada, que ante el anuncio asombroso de su maternidad virginal pronuncia unas palabras que manifiestan una fe incondicionada: \u00abAqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed\u00ad seg\u00fan tu palabra\u00bb (Luc 1:38). 0 pensemos tambi\u00e9n en Jos\u00e9, que en todas las circunstancias, incluso las m\u00e1s embarazosas, obedece a las palabras del \u00e1ngel: \u00abJos\u00e9, hijo de David, no tengas ning\u00fan reparo en recibir en tu casa a Mar\u00ed\u00ada, tu mujer, pues el hijo que ha concebido viene del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Mat 1:20-24). El mismo Jes\u00fas, en el episodio de su extrav\u00ed\u00ado en el templo, reivindicar\u00e1 para s\u00ed\u00ad la primac\u00ed\u00ada absoluta de la voluntad de Dios, incluso frente al sufrimiento de sus padres (Luc 2:49).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la familia de Jes\u00fas es una familia en la que la palabra de Dios goza de una primac\u00ed\u00ada absoluta y en la que el amor, totalmente desinteresado, es la regla para todos.<\/p>\n<p>Incluso en su actividad p\u00fablica, Jes\u00fas manifestar\u00e1 todo su inter\u00e9s por la familia, demostrando que conoce sus ventajas y sus defectos, sus gozos y sus sufrimientos.<\/p>\n<p>Pensemos en el episodio de las bodas de Can\u00e1, donde su presencia no es solamente bendici\u00f3n, sino tambi\u00e9n ayuda material para que no se viera turbada la alegr\u00ed\u00ada de aquel d\u00ed\u00ada (Jua 2:1-11): el primero de sus milagros es para una pareja de esposos. Es igualmente conmovedora su amistad con L\u00e1zaro y con sus hermanas: amistad que \u00e9l exalta resucitando incluso al hermano muerto (Jua 11:1-44). Cura tambi\u00e9n a la suegra enferma de Pedro (Mar 1:29-31). Conoce el drama de un padre que se ve abandonado por el hijo para seguir los caminos de la perversi\u00f3n, como lo demuestra la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo (Lev 15:11-32). Ama a los ni\u00f1os con un cari\u00f1o m\u00e1s que maternal y reprende a los disc\u00ed\u00adpulos cuando intentan apartarlos; m\u00e1s a\u00fan, los propone como ejemplo para todos los que quieran entrar en el reino de los cielos: \u00abOs aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un ni\u00f1o no entrar\u00e1 en \u00e9l\u00bb (Mar 10:13-16).<\/p>\n<p>2. LA FAMILIA PUEDE TRASCENDERSE. A pesar de ello, Jes\u00fas no hace de la familia un absoluto; quiere que la familia est\u00e9 abierta a las exigencias superiores de Dios, que puede incluso exigir en algunas ocasiones abandonarla o, de todas formas, subordinarla siempre a sus proyectos. Es lo que responde a quien le anuncia que su madre y sus parientes lo estaban buscando: \u00ab\u00bfQui\u00e9nes son mi madre y mis hermanos?&#8230; El que hace la voluntad de Dios, \u00e9se es mi hermano, mi hermana y mi madre\u00bb (Mar 3:31-35 y par).<br \/>\nCon esto Jes\u00fas asienta las premisas de una opci\u00f3n de vida distinta del matrimonio: si la familia es la m\u00e1xima expresi\u00f3n del amor entre los hombres, \u00bfpor qu\u00e9 no va a ser posible renunciar a la propia familia para cooperar en la formaci\u00f3n de la \u00abfamilia\u00bb m\u00e1s amplia de los hijos de Dios, en la que todos puedan ser para m\u00ed\u00ad \u00abhermanos, hermanas y madres\u00bb?<br \/>\n3. MATRIMONIO Y DIVORCIO EN EL PENSAMIENTO DE JES\u00daS. Pero examinemos ahora el texto cl\u00e1sico en que Jes\u00fas manifiesta su pensamiento sobre el matrimonio, en la redacci\u00f3n de Mt, incluso por las dificultades particulares que plantea esta redacci\u00f3n. Durante su viaje a Jerusal\u00e9n, algunos fariseos, \u00abpara ponerlo a prueba\u00bb, le preguntan si est\u00e1 permitido al hombre repudiar a su mujer \u00abpor cualquier motivo\u00bb(Mat 19:3). La insidia de la pregunta estaba en el intento de obligar a Jes\u00fas a tomar partido por una de las dos escuelas que se enfrentaban a prop\u00f3sito de la interpretaci\u00f3n de la ley sobre el divorcio (Deu 24:11 : la de Hillel, m\u00e1s rigurosa, y la de Sammai, m\u00e1s ancha, que admit\u00ed\u00ada pr\u00e1cticamente el divorcio \u00abpor cualquier motivo\u00bb.<\/p>\n<p>Pero Jes\u00fas se sit\u00faa por encima de toda controversia y, apelando al \u00abprincipio\u00bb, proclama que no es l\u00ed\u00adcita ninguna forma de divorcio: \u00ab`\u00bfNo hab\u00e9is le\u00ed\u00addo que el Creador desde el principio los hizo macho y hembra, y que dijo: Por esto el hombre dejar\u00e1 a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer y ser\u00e1n los dos una sola carne? De tal manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre&#8217;. Le replicaron: `Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 Mois\u00e9s orden\u00f3 darle el acta de divorcio cuando se separa de ella?&#8217; Les dijo: `Mois\u00e9s os permiti\u00f3 separaros de vuestras mujeres por la dureza de vuestro coraz\u00f3n, pero al principio no era as\u00ed\u00ad. Por tanto, os digo que el que se separe de su mujer, excepto en el caso de concubinato, y se case con otra, comete adulterio'\u00bb(Mat 19:4-9).<\/p>\n<p>Las afirmaciones m\u00e1s destacadas de este p\u00e1rrafo son tres. La primera es que el matrimonio estable entra en el proyecto primordial de Dios, el cual no prev\u00e9 ninguna excepci\u00f3n a la indisolubilidad, precisamente por estar inscrita en la naturaleza misma del hombre y de la mujer en cuanto que son seres complementarios. Citando los dos pasajes de G\u00e9n 1:27 y 2,24, Jes\u00fas intenta referirlo todo al cuadro original. La segunda afirmaci\u00f3n es que la disposici\u00f3n mosaica sobre el divorcio (Deu 24:1) ten\u00ed\u00ada un valor transitorio, y mostraba no tanto una condescendencia de Dios como la \u00abdureza\u00bb de coraz\u00f3n de los hebreos, cerrados a las exigencias de la voluntad aut\u00e9ntica divina. La tercera afirmaci\u00f3n es que el divorcio, con la transici\u00f3n a otro matrimonio, es simplemente \u00abadulterio\u00bb, bien sea el hombre el que da este paso o bien la mujer, como se especifica mejor en Mar 10:11-12. Y el adulterio est\u00e1 expresamente prohibido por el sexto mandamiento (Exo 20:14; Deu 5:18).<\/p>\n<p>Pero el texto de Mateo parece prever una excepci\u00f3n a la ley de la indisolubilidad (\u00abexcepto en el caso de concubinato\u00bb), en contra de lo que se dice en Marcos (Deu 10:11-12), en Lucas (Deu 16:18) y en Pablo (2Co 7:10-11), que no conocen ninguna excepci\u00f3n. Este testimonio concorde en contra de Mt nos puede ayudar a comprender mejor el texto mateano: en realidad, no deber\u00ed\u00ada tratarse de una excepci\u00f3n, sino m\u00e1s bien de un caso particular que se verificaba en la comunidad a la que Mateo dirige su evangelio. Por tanto, se tratar\u00ed\u00ada de un a\u00f1adido introducido por el evangelista.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino griego que se emplea en esta ocasi\u00f3n no es moije\u00ed\u00ada (adulterio), sino porne\u00ed\u00ada (\u00abexcepto en el caso de porne\u00ed\u00ada\u00bb, cf tambi\u00e9n 5,32), que tiene un significado m\u00e1s gen\u00e9rico y puede designar cualquier uni\u00f3n ileg\u00ed\u00adtima, debida, por ejemplo, a un cierto grado de parentesco (cf Lev 10:6). Estas uniones, consideradas como leg\u00ed\u00adtimas entre los paganos y toleradas por los mismos jud\u00ed\u00ados en relaci\u00f3n con los pros\u00e9litos, debieron crear algunas dificultades, cuando algunas de esas personas se convirtieron, en algunos ambientes judeo-cristianos legalistas, como el de la comunidad de Mateo; de aqu\u00ed\u00ad la orden de romper esas uniones irregulares, que eran solamente falsos matrimonios, es decir, una especie de \u00abconcubinato\u00bb, que deb\u00ed\u00ada simplemente ser eliminado.<\/p>\n<p>Sin embargo, para algunos se tratar\u00ed\u00ada de una aut\u00e9ntica excepci\u00f3n, y se referir\u00ed\u00ada al adulterio; en ese caso, por respeto a la sacralidad del matrimonio (C. Marucci), deber\u00ed\u00ada disolverse la uni\u00f3n conyugal. Esta es tambi\u00e9n, al menos en parte, la interpretaci\u00f3n de las Iglesias ortodoxas y protestantes; interpretaci\u00f3n que, a nuestro juicio, no logra dar raz\u00f3n del texto, y sobre todo va en contra de la l\u00ed\u00adnea rigurosa de los otros evangelistas, y especialmente de Pablo, el cual, a pesar de introducir ciertas mitigaciones en la praxis del matrimonio, no conoce una excepci\u00f3n de este g\u00e9nero.<\/p>\n<p>VI. EL MATRIMONIO EN LA DOCTRINA DE SAN PABLO. San Pablo habla del matrimonio para responder a una pregunta que le hab\u00ed\u00adan planteado los cristianos de Corinto, entre los que parece ser que cund\u00ed\u00ada cierta forma de encratismo, tendente a despreciar el matrimonio y a privilegiar la virginidad. Aun exaltando la virginidad por sus valores de libertad interior y de anticipaci\u00f3n de la situaci\u00f3n escatol\u00f3gica, Pablo reafirma la dignidad del matrimonio y recuerda sus derechos y sus deberes, entre los que se encuentra el deber de la fidelidad y de la indisolubilidad.<\/p>\n<p>1. LA DIGNIDAD DEL MATRIMONIO. \u00abSobre lo que me hab\u00e9is escrito, os digo lo siguiente. Est\u00e1 bien renunciar al matrimonio; pero para evitar la lujuria, que cada uno tenga su mujer, y cada mujer su marido. Tanto el marido como la mujer deben cumplir la obligaci\u00f3n conyugal. La mujer no es due\u00f1a de su cuerpo, sino el marido; igualmente, el marido no es due\u00f1o de su cuerpo, sino la mujer. No os negu\u00e9is el uno al otro esa obligaci\u00f3n, a no ser de com\u00fan acuerdo y por cierto tiempo, para dedicaron a la oraci\u00f3n&#8230; A los casados les mando (es decir, no yo, sino el Se\u00f1or) que la mujer no se separe del marido; y si se separa, que no se case o que se reconcilie con su marido; y que el marido no se divorcie de la mujer\u00bb (lCor 7,1-10).<\/p>\n<p>En este texto, por lo que a nosotros se refiere, hay que destacar dos cosas: La primera es que el marido y la mujer tienen los mismos derechos y deberes, y por tanto deben sentirse cada uno de ellos como parte del otro; no son ya dos seres, sino un solo ser. La segunda es que el ap\u00f3stol se refiere a una orden expresa de Jes\u00fas: \u00abA los casados les mando (es decir, no yo, sino el Se\u00f1or)&#8230;\u00bb (v. 10), para recalcar la condenaci\u00f3n del divorcio; la \u00fanica soluci\u00f3n, en caso de emergencia, es la \u00abseparaci\u00f3n\u00bb, que deber\u00ed\u00ada ser tan s\u00f3lo temporal. La meta final sigue siendo la \u00abreconciliaci\u00f3n\u00bb con el marido (v. 11).<\/p>\n<p>2. \u00abPRIVILEGIO PAULINO\u00bb: \u00bfEXCEPCI\u00ed\u201cN A LA LEY DE LA INDISOLUBILIDAD? Otro caso, totalmente especial, pero que pod\u00ed\u00ada verificarse f\u00e1cilmente en una ciudad como Corinto, era el del matrimonio con un pagano o una pagana. San Pablo lo admite, y admite incluso una cierta sacralidad del mismo, previendo sus riesgos. Pero en la hip\u00f3tesis de que la parte pagana no consienta ya la convivencia con la parte cristiana, se pueden \u00abseparar\u00bb. La iniciativa tiene que partir del c\u00f3nyuge no cristiano: \u00abSi el c\u00f3nyuge no cristiano se separa, que se separe; en ese caso el otro c\u00f3nyuge creyente queda en plena libertad, porque el Se\u00f1or nos ha llamado a vivir en paz\u00bb (vv. 15-16).<\/p>\n<p>Se trata del llamado \u00abprivilegio paulino\u00bb, que todav\u00ed\u00ada sigue vigente en el derecho can\u00f3nico (can. 1143). A nuestro juicio, aunque da la impresi\u00f3n de ser una excepci\u00f3n a la ley de la indisolubilidad, de hecho no lo es, en el sentido de que deber\u00ed\u00ada tratarse de una situaci\u00f3n tan anormal que la parte cristiana no se encuentre ya en condiciones de vivir su propio matrimonio; en este punto se hace como nulo, precisamente por estar privado de un significado cristiano, que la otra parte quiz\u00e1 hab\u00ed\u00ada reconocido inicialmente, pero que ahora no reconoce. La fe es un hecho determinante tambi\u00e9n en el matrimonio.<\/p>\n<p>3. MATRIMONIO Y VIRGINIDAD. Igualmente resulta determinante la fe para captar el razonamiento que hace Pablo sobre la t virginidad precisamente en conexi\u00f3n con el matrimonio; si \u00e9ste es un \u00abdon\u00bb (j\u00e1risma), lo es mucho m\u00e1s a\u00fan la virginidad, que permite ampliar los espacios del amor y trabajar, \u00absin estar dividido\u00bb, por el reino de los cielos.<\/p>\n<p>No es nuestro prop\u00f3sito en esta ocasi\u00f3n desarrollar el tema de la \u00abvirginidad\u00bb, sino se\u00f1alar simplemente c\u00f3mo el ap\u00f3stol lo pone en relaci\u00f3n con el tema del matrimonio, no ya para contraponerlo a \u00e9l, sino como superaci\u00f3n; tanto el uno como la otra se han de desarrollar en la l\u00ed\u00adnea del amor, aun cuando la virginidad, como ofrenda total de uno mismo a Dios y a los hermanos, se abre a un amor \u00abm\u00e1s grande\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, san Pablo no hace otra cosa que proponer de nuevo la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, quien, precisamente frente a ciertas dificultades de los ap\u00f3stoles relativas al matrimonio, propone una meta m\u00e1s elevada: \u00abPorque hay eunucos que nacieron as\u00ed\u00ad del vientre de su madre, los hay que fueron hechos eunucos por los hombres y los hay que a s\u00ed\u00ad mismos se hicieron tales por el reino de Dios. \u00c2\u00a1El que sea capaz de hacer esto, que lo haga!\u00bb (Mat 19:13). Si hay algunos que \u00abpor el reino de Dios\u00bb se hacen voluntariamente \u00abeunucos\u00bb, es decir, renuncian al matrimonio, los que viven en el matrimonio deber\u00ed\u00adan superar con mayor facilidad las dificultades inherentes a su estado. La virginidad se convierte de este modo en est\u00ed\u00admulo para vivir mejor el mismo matrimonio.<\/p>\n<p>4. MATRIMONIO COMO SIGNO SACRAMENTAL DE LA UNI\u00ed\u201cN DE CRISTO CON LA IGLESIA. Pero hay otro texto en san Pablo en donde nos ofrece una teolog\u00ed\u00ada m\u00e1s profunda todav\u00ed\u00ada del matrimonio.<\/p>\n<p>Al hablar de los deberes de la familia cristiana, en la carta a los Efesios comienza precisamente por los deberes mutuos entre los esposos: \u00abRespetaos unos a otros por fidelidad a Cristo. Que las mujeres sean sumisas a sus maridos como si se tratara del Se\u00f1or&#8230; Maridos, amad a vuestras esposas, como Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 \u00e9l mismo por ella, a fin de santificarla por medio del agua del bautismo y de la palabra&#8230; As\u00ed\u00ad los maridos deben tambi\u00e9n amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer se ama a s\u00ed\u00ad mismo. Porque nadie odia jam\u00e1s a su propio cuerpo, sino que, por el contrario, lo alimenta y lo cuida como hace Cristo con la Iglesia, pues somos miembros de su cuerpo. Por eso el hombre dejar\u00e1 a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer, y los dos ser\u00e1n una sola carne. Este es un gran misterio (myst\u00e9rion), que yo aplico a Cristo y a la Iglesia&#8230;\u00bb (Efe 5:21-33; cf Col 3:18-19; 1Pe 3:1-8).<\/p>\n<p>Este texto es muy denso en teolog\u00ed\u00ada y no podemos analizarlo detalladamente. Subrayemos tan s\u00f3lo algunos de los conceptos que nos parecen m\u00e1s relevantes.<\/p>\n<p>En primer lugar, hay que decir que el discurso sobre el matrimonio se desarrolla por completo bajo el signo del amor; por eso mismo la \u00absumisi\u00f3n\u00bb del uno al otro no es signo de dependencia de esclavitud, sino de dependencia en el amor, de la que ninguno se escapa, ni siquiera el marido, a pesar de que se le presenta abiertamente como \u00abcabeza de la mujer\u00bb (v. 23).<\/p>\n<p>En segundo lugar, la relaci\u00f3n marido-mujer se define sobre la relaci\u00f3n Cristo-Iglesia, que es esencialmente una relaci\u00f3n de amor: \u00abCristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 \u00e9l mismo por ella\u00bb (v. 25). \u00bfQu\u00e9 significa esto? \u00bfSolamente que la relaci\u00f3n Cristo-Iglesia se convierte en un modelo de amor rec\u00ed\u00adproco entre los esposos? \u00bfO bien que, adem\u00e1s de esto, Cristo asume el amor humano de los bautizados, lo hace fermentar desde dentro, lo purifica de todas las escorias inevitables que lleva consigo todo amor humano, para convertirlo en un reflejo, en una imagen de su relaci\u00f3n con la Iglesia? Creo que \u00e9ste es exactamente el pensamiento de Pablo.<\/p>\n<p>Y he aqu\u00ed\u00ad entonces la tercera idea que se deriva del texto: el matrimonio cristiano se sumerge en el \/ \u00abmisterio\u00bb mismo de Dios (v. 32), el cual, seg\u00fan el lenguaje paulino, es su proyecto de salvaci\u00f3n que culmina en la encarnaci\u00f3n, de la que es dilataci\u00f3n la Iglesia en cuanto \u00abesposa\u00bb de Cristo. Por eso mismo el matrimonio no es un asunto privado, sino que entra en la dimensi\u00f3n de la \u00abeclesialidad\u00bb y tiene que servir para el crecimiento de la Iglesia, de la que es como un comienzo en la medida en que sabe crear relaciones de amor y de fe entre todos sus miembros. Es aqu\u00ed\u00ad donde se perfila la \u00absacramentalidad\u00bb del matrimonio cristiano, como fuente y reserva de gracia para vivir en el amor y educar en el amor [\/ Iglesia II].<\/p>\n<p>5. PASTORAL FAMILIAR EN SAN PABLO. Me parece que en esta direcci\u00f3n se mueve san Pablo en los vers\u00ed\u00adculos siguientes al dirigirse a todos los dem\u00e1s miembros de la familia, incluidos los esclavos: \u00abHijos, obedeced a vuestros padres por amor al Se\u00f1or, porque esto es de justicia&#8230; Y vosotros, padres, no exasper\u00e9is a vuestros hijos, sino educadlos en la disciplina y en la correcci\u00f3n como quiere el Se\u00f1or. Esclavos, obedeced a vuestros amos temporales con respeto, lealtad y de todo coraz\u00f3n, como si fuera a Cristo&#8230; Y vosotros, amos, haced con ellos las mismas cosas, dej\u00e1ndoos de amenazas, considerando que vosotros y ellos ten\u00e9is un mismo amo en el cielo, para el que todos son iguales\u00bb (Efe 6:1-9).<\/p>\n<p>Como se ve, no se olvida a nadie; la familia no se agota en la pareja, sino que se abre necesariamente a los hijos, como fruto del amor mutuo, a los que hay que dar tambi\u00e9n una justa \u00abeducaci\u00f3n\u00bb que responda a las exigencias de la fe cristiana: \u00abEducadlos en la disciplina y en la correcci\u00f3n como quiere el Se\u00f1or\u00bb (v. 4). Con la educaci\u00f3n cristiana los padres engendran por segunda vez a sus hijos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n las relaciones, no siempre f\u00e1ciles, entre amos y esclavos se ense\u00f1an dentro del marco familiar, cuya ley fundamental es el amor: aun permaneciendo esclavos, se exalta su dignidad de hijos de Dios, que ha de ser reconocida por los \u00abamos\u00bb, que tienen tambi\u00e9n \u00abun mismo amo en el cielo\u00bb, el cual no siente preferencias por nadie. En este punto es evidente que el problema de la esclavitud queda abierto a una soluci\u00f3n radical.<\/p>\n<p>La valoraci\u00f3n de la familia en su conjunto, para que se desarrolle armoniosamente en el amor, se pone de relieve en un p\u00e1rrafo de la carta a Tito, donde se ofrece una verdadera \u00abcatequesis\u00bb familiar, dirigida a las diversas categor\u00ed\u00adas de personas que componen la familia: \u00abQue los ancianos sean sobrios, hombres ponderados, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia; que las ancianas, igualmente, observen una conducta digna de personas santas; que no sean calumniadoras ni dadas a la bebida, sino capaces de instruir en el bien, a fin de que ense\u00f1en a las mujeres j\u00f3venes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, honestas, cuidadosas de los quehaceres dom\u00e9sticos, buenas, sumisas a sus maridos, de modo que no den ocasi\u00f3n a que se blasfeme contra la palabra de Dios. A los j\u00f3venes, de la misma manera, exh\u00f3rtalos a que sean prudentes en todo, present\u00e1ndote como ejemplo&#8230; Los esclavos, que se muestren sumisos en todo a sus amos&#8230;, para hacer honor en todo a la doctrina de Dios, nuestro salvador\u00bb (Tit 2:1-9).<\/p>\n<p>El motivo de esta conducta \u00ed\u00adntegra de los diversos miembros de la familia es esencialmente religioso: \u00abHacer honor a la doctrina de Dios\u00bb (v. 10), \u00abno dar ocasi\u00f3n a que se blasfeme contra la palabra de Dios\u00bb (v. 5). Esto presupone, l\u00f3gicamente, que la gracia matrimonial impregna a toda la familia, derram\u00e1ndose de los esposos sobre las dem\u00e1s personas que la componen..<\/p>\n<p>6. INTERES POR LAS VIUDAS. Nadie queda excluido de esta preocupaci\u00f3n \u00abpastoral\u00bb por la familia; especialmente las viudas son objeto de atenci\u00f3n por su situaci\u00f3n precaria y llena de peligros, sobre todo si son j\u00f3venes.<\/p>\n<p>La 1Tim considera tres categor\u00ed\u00adas de viudas. Las que tienen familia y viven con ella; se les recomienda sobre todo que cumplan con sus obligaciones familiares (Tit 5:4). Las que son \u00abverdaderamente viudas\u00bb, es decir, que est\u00e1n solas, y que por eso mismo necesitan ser asistidas por la Iglesia (Tit 5:5-16). Finalmente, las viudas que, asistidas o no, desempe\u00f1an funciones particulares en la Iglesia, y por eso mismo deben tener cualidades especiales (Tit 5:9-15).<\/p>\n<p>Estas sugerencias concretas tienen la finalidad de valorar a la viuda, que estaba bastante marginada en la sociedad de la \u00e9poca, dentro de la actividad pastoral, abri\u00e9ndola a la preocupaci\u00f3n de aquella otra familia mayor que es la Iglesia. De esta manera podr\u00e1 recuperar la confianza en s\u00ed\u00ad misma y descubrir\u00e1 que puede ser \u00fatil a muchos de sus hermanos.<\/p>\n<p>CONCLUSI\u00ed\u201cN. Si es verdad que la sociedad es normalmente el espejo de la familia, la Biblia nos ense\u00f1a c\u00f3mo es posible darle un nuevo fundamento, inspir\u00e1ndole aquel aliento de amor totalmente gratuito y desinteresado que es el \u00fanico capaz de hacer m\u00e1s humano el mundo en que vivimos.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Matrimonio e virginit\u00e1, Venegono Inf. 1963; AA.VV., II matrimonio cristiano. 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Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. El matrimonio, entre \u00abrealidad terrena \u00aby \u00abmisterio de salvaci\u00f3n\u00bb:<br \/>\nII. La fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la \u00e9tica conyugal.<br \/>\nIII. La \u00e9tica conyugal en la tradici\u00f3n de la Iglesia y en las ense\u00f1anzas recientes del magisterio.<br \/>\nIV. Forma y contenidos de la \u00e9tica conyugal La `primac\u00ed\u00ada\u00bb del amor en el matrimonio y el paso de la \u00ab\u00e9tica del contrato\u00bba la \u00ab\u00e9tica del pacto\u00bb.<br \/>\nV. Matrimonio, sexualidad, procreaci\u00f3n.<br \/>\nVI. El matrimonio como \u00abmisi\u00f3n \u00aby como \u00abministerio\u00bb.<\/p>\n<p>I. El matrimonio, entre \u00abrealidad terrena\u00bb<br \/>\n    y \u00abmisterio de salvaci\u00f3n\u00bb<br \/>\nRealidad eminentemente terrena -presente en todas las \u00e9pocas y latitudes- el matrimonio es al mismo tiempo \u00abmisterio de salvaci\u00f3n-\u00bb (E. Schillebeeckx); es, pues, dato \u00abnatural\u00bb o \u00abde creaci\u00f3n\u00bb, y un \u00ablugar teol\u00f3gico\u00bb a la vez. No es casual, desde este punto de vista, que el matrimonio, como el trabajo, aparezca en la Biblia ya desde el comienzo.<\/p>\n<p>Esta inseparable conexi\u00f3n entre la dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica y la teol\u00f3gica plantea una serie de problemas -y tambi\u00e9n una serie de exigencias fundamentales- a cualquier \u00e9tica cristiana del matrimonio. Esta \u00e9tica no podr\u00e1 nunca fundamentarse s\u00f3lo en la palabra expl\u00ed\u00adcita de Dios tal como puede extraerse de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n de la Iglesia sino que antes de nada y sobre todo, deber\u00e1 \u00ableer\u00bb (o \u00abreleer&#8217; el matrimonio como dato hist\u00f3rico. La revelaci\u00f3n, desde luego, ilumina y ayuda a captar y a interpretar en profundidad este dato; pero nunca pretende sobreponerse desde fuera, ya que el matrimonio es una realidad que pone ya por s\u00ed\u00ad misma, de alguna manera, al hombre en relaci\u00f3n con Dios y por lo tanto, es una realidad \u00aboriginalmente\u00bb religiosa, aunque independientemente de la referencia a una fe expl\u00ed\u00adcita.<\/p>\n<p>En este sentido la \u00e9tica cristiana del matrimonio asume como propios, para reinterpretarlos y proponerlos de nuevo con una luz y perspectiva nuevas capaz de captar su intencionalidad profunda, algunos valores \u00e9ticos b\u00e1sicos, a los que hace, o deber\u00ed\u00ada hacer, referencia toda relaci\u00f3n aut\u00e9ntica de pareja.<\/p>\n<p>De los tres bienes tradicionales del matrimonio (proles, fides, sacramentum: prole, fidelidad, `misterio&#8217;, solamente el tercero, y \u00e9ste tambi\u00e9n s\u00f3lo en parte -puesto que ha existido y existe una dimensi\u00f3n sacral o religiosa tambi\u00e9n del matrimonio de los no cristianos y hasta de los no creyentes-, se manifiesta como espec\u00ed\u00adficamente cristiano; pero la \u00e9tica cristiana se extiende a los tres \u00e1mbitos y debe asumirlos todos.<\/p>\n<p>Brota de aqu\u00ed\u00ad la estrecha relaci\u00f3n que se da entre el matrimonio como instituci\u00f3n (natural) y el matrimonio como sacramento (es decir, como don que viene de lo alto y que dirige a los c\u00f3nyuges la llamada a vivir su vocaci\u00f3n cristiana y a realizar su santificaci\u00f3n en el estado conyugal). Historia del matrimonio instituci\u00f3n y desarrollo de la comprensi\u00f3n del matrimonio sacramento se superponen continuamente, y no hay \u00e9poca hist\u00f3rica o movimiento cultural que no haya dejado su huella en el mismo matrimonio cristiano: no ser\u00ed\u00ada dif\u00ed\u00adcil -y, se ha intentado en numerosos estudios sobre la historia del matrimonio cristiano- identificar cu\u00e1ntos y qu\u00e9 elementos ha asumido del juda\u00ed\u00adsmo, del mundo grecorromano, del germ\u00e1nico, de la cultura moderna. El mismo paso de una visi\u00f3n institucionalista a otra personalista del matrimonio -paso que no se habr\u00ed\u00ada podido dar de no haberse producido el encuentro entre la \u00e9tica cristiana y el sentimiento del amor que aparece en la cultura moderna- confirma esta dependencia de las culturas y, a la vez, esta creatividad respecto a sus elaboraciones. En cierto sentido el rasgo original del matrimonio cristiano est\u00e1 precisamente en mantener y desarrollar progresivamente sus caracter\u00ed\u00adsticas fundamentales propias por encima de los cambios de \u00e9pocas, culturas y estilos de vida. Hay un \u00abduro n\u00facleo\u00bb del matrimonio cristiano, al que no le afecta ni le debilita la sucesi\u00f3n de las \u00abformas\u00bb con las que el matrimonio como instituci\u00f3n de cuando en cuando se reviste. Tarea fundamental de la \u00e9tica cristiana del matrimonio es dejar claros los datos de toda cultura y penetrar su esp\u00ed\u00adritu profundo, redescubriendo, a trav\u00e9s de los distintos proyectos del hombre, el definitivo pero siempre renovado \u00abproyecto\u00bb de Dios sobre el matrimonio.<\/p>\n<p>II. La fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la \u00e9tica conyugal<br \/>\nLa mencionada estrecha relaci\u00f3n entre el matrimonio como realidad humana (aunque, desde los or\u00ed\u00adgenes del hombre, dotado de sentido, y hasta de sentido religioso) y el matrimonio como misterio de salvaci\u00f3n es el elemento que caracteriza la visi\u00f3n b\u00ed\u00adblica del matrimonio a lo largo del espacio que va de G\u00e9n 1:27s -o m\u00e1s propiamente G\u00e9n 2,24- a Efe 5:3132, en donde no es casualidad que se haga una referencia expl\u00ed\u00adcita a G\u00e9n 2:24, es decir, al mismo texto al que Jes\u00fas se remite para afirmar su doctrina sobre el matrimonio (cf Mat 19:5; Mar 10:7-8). Lo sustancial del mensaje b\u00ed\u00adblico sobre el matrimonio puede afirmarse, pues, que gira en torno a este \u00abcentro\u00bb que marca la sustancial continuidad entre AT y NT.<\/p>\n<p>En este denso texto (\u00abAbandonar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer y ser\u00e1n dos en una sola carne&#8217; se afirman tres criterios fundamentales que regulan la \u00e9tica judeo-cristiana del matrimonio: O la sustancial \u00abautonom\u00ed\u00ada\u00bb de la pareja -condici\u00f3n necesaria para que pueda expresar toda su creatividadcomo se hace expl\u00ed\u00adcito en el establecimiento de una relaci\u00f3n \u00fanica y preferente entre el hombre y la mujer, del que el \u00abdejar\u00e1n a su padre y a su madre\u00bb es signo, dado que s\u00f3lo la separaci\u00f3n de la familia de origen permite a la pareja realizarse plenamente como nueva unidad; 17 el fuerte car\u00e1cter sexual de este encuentro: \u00e9ste no es una mera relaci\u00f3n de amistad ni una relaci\u00f3n ocasional, sino un \u00ed\u00adntima y mutuo conocerse, un formar \u00abuna sola carne\u00bb, que marca en profundidad a las personas que realizan esta experiencia y todas sus relaciones; 0 la invitaci\u00f3n a realizar una profunda unidad, inseparable en su intenci\u00f3n, de manera que marque, de alguna manera, para siempre al hombre y a la mujer elevados a protagonistas de esta relaci\u00f3n y, a la vez, realiz\u00e1ndose a trav\u00e9s de la comuni\u00f3n de vida a todos los niveles de la relaci\u00f3n interpersonal, tambi\u00e9n en los que no est\u00e1n directamente relacionados con el ejercicio de la sexualidad.<\/p>\n<p>El citado vers\u00ed\u00adculo de G\u00e9n 2:24, que indica la direcci\u00f3n fundamental del matrimonio, traza al mismo tiempo las coordenadas fundamentales de la \u00e9tica matrimonial y anuncia de forma sint\u00e9tica sus tres caracter\u00ed\u00adsticas esenciales: autonom\u00ed\u00ada, integraci\u00f3n de la sexualidad en la vida personal y unidad radical y din\u00e1mica. Toda la \u00e9tica cristiana del matrimonio est\u00e1 basada en estos tres pilares, pretendiendo incluir aqu\u00ed\u00ad la apertura a la vida -expl\u00ed\u00adcitamente afirmada en el texto paralelo de G\u00e9n 1:28, \u00absed fecundos y multiplicaos\u00bb- dentro de la sexualidad espec\u00ed\u00adficamente conyugal, como componente estructural e intr\u00ed\u00adnseco, por estar dirigida la ! sexualidad directamente tambi\u00e9n a la procreaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El segundo y tercer componente han sido asumidos hist\u00f3ricamente antes que el primero (quiz\u00e1 tambi\u00e9n como consecuencia de los condicianamientos que sobre el matrimonio cristiano ha ejercido una cultura fuertemente anclada por mucho tiempo en el sentido familiar y propensa, por lo tanto, a infravalorar y minimizar el \u00ababandono\u00bb del grupo familiar de origen por parte de la pareja); pero en su conjunto se puede decir que la \u00e9tica cristiana del matrimonio ha estado estructurada en torno a estos valores centrales desde siempre. De ah\u00ed\u00ad la preocupaci\u00f3n por salvaguardar la libertad de los novios en la elecci\u00f3n del c\u00f3nyuge y, despu\u00e9s, la de los esposos para asumir la responsabilidad de la vida de familia; de ah\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el cuidado para que los esposos pudieran realizar de forma plenamente humana los distintos significados de la sexualidad; de ah\u00ed\u00ad, finalmente, su empe\u00f1o en favorecer la realizaci\u00f3n de una profunda unidad de la pareja, con la absoluta reciprocidad de la l fidelidad y con la exclusi\u00f3n del adulterio, de la ruptura de la comuni\u00f3n conyugal, del divorcio. La historia de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el matrimonio se manifiesta como el acontecer de un progresivo desvelar las potencialidades impl\u00ed\u00adcitas en el arquetipo, tanto teol\u00f3gico como antropol\u00f3gico, representado por el libro del G\u00e9nesis.<\/p>\n<p>Los dem\u00e1s textos b\u00ed\u00adblicos sobre el matrimonio -extremadamente sobrios, sobre todo en el NT -recogen y profundizan esta intuici\u00f3n fundamental, y alguna vez la oscurecen (pi\u00e9nsese en los textos del AT que admiten el divorcio) por la \u00abdureza del coraz\u00f3n\u00bb del pueblo hebreo (cf Mar 10:5; Mat 19:8), y no s\u00f3lo de \u00e9l; sklerocord\u00ed\u00ada por la que el ideal de la \u00e9tica conyugal contemplado en el G\u00e9nesis se pone de alguna manera entre par\u00e9ntesis a medida que se van haciendo m\u00e1s fuertes los condicionamientos que en Israel se ejercen sobre el matrimonio, y tambi\u00e9n por la enorme influencia que en la cultura hebrea tuvieron los ritos y costumbres del \u00e1mbito mediterr\u00e1neo, corriendo \u00faltimamente el riesgo de quedar oscurecida (aunque nunca lleg\u00f3 a desaparecer de la conciencia de Israel) el car\u00e1cter laico del matrimonio, que de por s\u00ed\u00ad no pone en comunicaci\u00f3n con lo sagrado, sino que es una realidad humana que el creyente israelita debe tratar de vivir y realizar con actitud aut\u00e9nticamente religiosa. La palabra de Jes\u00fas, que invita, m\u00e1s a\u00fan, impone la vuelta a los or\u00ed\u00adgenes (\u00ab\u00bfNo hab\u00e9is le\u00ed\u00addo que el Creador al principio&#8230;? Pero al principio no fue as\u00ed\u00ad\u00bb: Mat 19:4-8 y par.), hace justicia a un largo per\u00ed\u00adodo de oscurecimiento del mensaje del G\u00e9nesis y vuelve a proponer en su integridad y pureza la voluntad de Dios sobre el matrimonio, aunque partiendo del reconocimiento de la realidad del pecado y de la imposibilidad para el hombre, si se abandona a s\u00ed\u00ad mismo, de ser plenamente fiel a la ley moral en general y a la exigente y dif\u00ed\u00adcil \u00e9tica conyugal cristiana en particular.<\/p>\n<p>Todo el perfil b\u00ed\u00adblico del matrimonio (H. Baltensweiler) puede leerse desde esta perspectiva de progresiva y, a veces, fatigosa \u00abreactualizaci\u00f3n\u00bb de la indicaci\u00f3n fundamental de G\u00e9n 2:24. &#8211; El texto habla de \u00abun\u00bb hombre y \u00abuna\u00bb mujer; pero Israel conoce hist\u00f3ricamente, como todos los pueblos del Oriente Medio, la poligamia; ser\u00e1 Jes\u00fas quien vuelva a proponer la r\u00ed\u00adgida monogamia del origen (entendido este \u00faltimo en sentido ideal de \u00abdeber ser\u00bb, m\u00e1s que en sentido hist\u00f3rico propio). &#8211; El texto del G\u00e9nesis proclama el distanciamiento del grupo familiar por parte de la nueva pareja, para que pueda realizarse en su peculiaridad y originalidad; pero la historia de Israel registrar\u00e1 casi solamente matrimonios preparados o, por lo menos, condicionados por los grupos familiares de origen; a su vez, Jes\u00fas reafirmar\u00e1 con fuerza, tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con el matrimonio, la absoluta libertad del creyente respecto a la familia de origen. &#8211; Finalmente, la narraci\u00f3n dei G\u00e9nesis sanciona el encuentro entre hombre y mujer en la profundidad de la \u00abcarne\u00bb y proclama un \u00abfuerte sentido\u00bb de la sexualidad, que indirectamente Jes\u00fas rescatar\u00e1 contra la preponderancia de su \u00absentido d\u00e9bil\u00bb, a la vez que indicar\u00e1 como condici\u00f3n fundamental para el acceso al reino la pureza de coraz\u00f3n, actitud que no excluye de por s\u00ed\u00ad el uso de la sexualidad, pero que es incompatible con la mistificaci\u00f3n y la comercializaci\u00f3n del sexo.<\/p>\n<p>Hay que subrayar que los tres valores centrales de la \u00e9tica del matrimonio antes se\u00f1alados -autonom\u00ed\u00ada, integraci\u00f3n de la sexualidad en la plenitud de la vida personal, unidadno son de por s\u00ed\u00ad exclusivamente cristianos, ya que se pueden compartir, y de hecho se comparten, con muchos no creyentes. Lo que caracteriza, en los cristianos, la realizaci\u00f3n de estos valores es la referencia al reino; es la capacidad de asumir y vivir \u00aben el Se\u00f1or\u00bb, seg\u00fan la repetida frase paulina, esta experiencia vital. La \u00e9tica conyugal cristiana implica, desde este aspecto, una peculiar relaci\u00f3n con Dios, autor del matrimonio; una relaci\u00f3n a la luz de la cual los diversos valores de la vida de pareja se vuelven a proponer y vivir desde una nueva luz.<\/p>\n<p>El mensaje b\u00ed\u00adblico sobre el matrimonio es m\u00e1s \u00abindicativo\u00bb que \u00abimperativo\u00bb, orientado a la presentaci\u00f3n de los valores de fondo de la convivencia conyugal m\u00e1s que a la adopci\u00f3n de determinados comportamientos. Corresponde adem\u00e1s al estilo de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas tal como nos la presentan los evangelios; y el mismo Pablo, al que se deben los \u00abc\u00f3digos familiares\u00bb a los que es indispensable hacer referencia para identificar las l\u00ed\u00adneas b\u00e1sicas de la \u00e9tica familiar (! Familia), se sit\u00faa tambi\u00e9n en este nivel de las indicaciones pr\u00e1cticas (cf ,1; ,9 y citas semejantes) sobre todo por razones pastorales, y quiz\u00e1 por responder a problemas concretos que le hab\u00ed\u00adan planteado las primeras comunidades cristianas, sin pretensi\u00f3n alguna de agotar el tema y con la preocupaci\u00f3n de ofrecer algunas orientaciones de fondo.<\/p>\n<p>Si exceptuamos la fuerte reafirmaci\u00f3n del deber de la l fidelidad conyugal, con exclusi\u00f3n de la separaci\u00f3n y del divorcio, la \u00e9tica matrimonial del NT parece callar sobre temas \u00e9ticos fundamentales, como la relaci\u00f3n entre amor y procreaci\u00f3n, el respeto de la vida no nacida, la reciprocidad de los derechos y deberes de los c\u00f3nyuges, etc. Pero lo que sobre estos temas se ha ido construyendo a lo largo de la historia de la \u00e9tica matrimonial cristiana no se sit\u00faa fuera de la l\u00ed\u00adnea del dato b\u00ed\u00adblico, sino en la l\u00ed\u00adnea de una progresiva explicitaci\u00f3n de exigencias e indicaciones contenidas in nuce en el mensaje b\u00ed\u00adblico y como traducci\u00f3n, a nivel normativo, de la propuesta de valores que se deducen de la Biblia.<\/p>\n<p>III. La \u00e9tica conyugal en la tradici\u00f3n de la Iglesia<br \/>\n         y en las ense\u00f1anzas recientes del magisterio<br \/>\nLa \u00abtraducci\u00f3n normativa\u00bb del dato b\u00ed\u00adblico sobre el matrimonio comienza ya desde el inicio del cristianismo y contin\u00faa ininterrumpidamente. ay numerosos textos de los Padres apost\u00f3licos que indican ya esta direcci\u00f3n (cf Didaj\u00e9, 4,9, a prop\u00f3sito del deber de educar a los hijos; Carta a Diogneto, 5,6, sobre la negativa a la exposici\u00f3n de los ni\u00f1os reci\u00e9n nacidos; la Carta de Bernab\u00e9, 19,5, sobre la condena del aborto, etc\u00e9tera). Se va construyendo as\u00ed\u00ad una \u00e9tica cristiana del matrimonio que pone como base la mutua fidelidad, la apertura a la vida, el compromiso educativo, la acogida y la hospitalidad, el compromiso en la evangelizaci\u00f3n y en el servicio a la Iglesia. El \u00e9nfasis se traslada gradualmente de la vida de la pareja conyugal al de la l familia, y \u00e9tica matrimonial y \u00e9tica familiar terminan en muchos aspectos por coincidir.<\/p>\n<p>Contribuyen a que se d\u00e9 este cambio de \u00e9nfasis -en una direcci\u00f3n que terminar\u00e1 por ir muy lejos del texto de G\u00e9n 2,24-, por una parte, la cultura dominante, tanto en el mundo jud\u00ed\u00ado como en el grecorromano, que tiende a dejar en la sombra la relaci\u00f3n de pareja respecto a la realidad familiar ampliamente entendida; por otro, la gradual entrada en la \u00e9tica conyugal cristiana de normas jur\u00ed\u00addicas, que el incipiente derecho can\u00f3nico tiende a traducir y, a veces, a asumir acr\u00ed\u00adticamente de la legislaci\u00f3n vigente (hasta hacer que los l\u00ed\u00admites del derecho y la moral no se distingan). En la misma onda de santo Tom\u00e1s -que tambi\u00e9n significa, sobre todo en algunos textos fundamentales de las dos Summae, un aut\u00e9ntico salto cualitativo respecto a las posiciones hasta entonces dominantes en el campo del derecho can\u00f3nico- la relaci\u00f3n de pareja queda un poco en la sombra en algunos aspectos, aunque no faltan referencias magn\u00ed\u00adficas a la \u00abamistad conyugal\u00bb y a una relaci\u00f3n entre hombre y mujer, dentro de la cual ya la tradici\u00f3n mon\u00e1stica del siglo xii (J. Leclerq) recuperaba el valor central del amor (tambi\u00e9n en este caso en paralelismo con el \u00abamor cort\u00e9s\u00bb casi contempor\u00e1neo). La aparici\u00f3n del tema del amar y de su estrecha relaci\u00f3n con el matrimonio ilumina y rescata ya en el medievo un modo de ver que est\u00e1 y seguir\u00e1 por mucho tiempo dominado por preocupaciones ora jur\u00ed\u00addicas, ora funcionales, y que induce a la \u00e9tica matrimonial a concentrarse mucho m\u00e1s en los \u00abfines\u00bb (objetivos) de la instituci\u00f3n que en su -sentido\u00bb (subjetivo) profundo.<\/p>\n<p>En conjunto, en el largo per\u00ed\u00adodo que va desde el final del per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico al comienzo de una visi\u00f3n personalista del matrimonio con Rosmini y Scheeben, la \u00e9tica conyugal estuvo empobrecida y reducida a la mera dimensi\u00f3n sexual-procreadora. La \u00abesencia\u00bb del matrimonio queda en la sombra, mientras que del matrimonio mismo se examinan, analizan y, de alguna manera, se regulan sobre todo sus funciones. Ni la reforma protestante cambia esta tendencia, puesto que el rechazo de la sacramentalidad del matrimonio termina por legitimar posteriormente un aspecto \u00abnaturalista\u00bb en la relaci\u00f3n de pareja; el matrimonio, en el esquema de los reformadores, y sobre todo de Lutero, aparece como una realidad que tiene referencia con la \u00abnaturaleza\u00bb (con la sexualidad de un lado, con la procreaci\u00f3n de otro) m\u00e1s que con la \u00abgracia\u00bb. Bien es verdad que Lutero plantea el matrimonio como Beruf -y, por lo tanto, como tarea mundana y como \u00abmandato\u00bb, pero a la vez como \u00abvocaci\u00f3n, como acto religioso, pues, aunque no propiamente sacramental\u00bb (A. Bellin)-; pero no con la fuerza suficiente como para fundar una \u00e9tica conyugal espec\u00ed\u00adficamente cristiana.<\/p>\n<p>Aunque ya en el xix hubo algunos anticipos, la \u00e9tica conyugal experiment\u00f3 un aut\u00e9ntico \u00abgiro\u00bb, o en todo caso un salto cualitativo, en torno a 1930, por el doble empuje que produjo un magisterio m\u00e1s atento a la dimensi\u00f3n propiamente espiritual de la vida de pareja (Caso connubii, de P\u00ed\u00ado XI, 1930) y unos nuevos planteamientos de la filosof\u00ed\u00ada (M. Scheler) y de la teolog\u00ed\u00ada (D. von Hildebrand y H. Doms). Lo que hasta entonces hab\u00ed\u00ada permanecido un poco al margen de la \u00e9tica, la relaci\u00f3n de pareja, se propuso como \u00abcentro\u00bb de la \u00e9tica conyugal. Se deriv\u00f3 de ah\u00ed\u00ad una serie de problemas, sobre todo en referencia a dos aspectos centrales de la \u00e9tica del matrimonio: la uni\u00f3n, pero a la vez la dial\u00e9ctica, entre \u00absentimiento\u00bb e \u00abinstituci\u00f3n\u00bb seg\u00fan una relaci\u00f3n que se hizo cada vez m\u00e1s problem\u00e1tica por la afirmaci\u00f3n de una cultura cr\u00ed\u00adtica contra todo lo institucional en nombre de unos derechos, considerados inalienables, del amor; y la integraci\u00f3n entre gratificaci\u00f3n sexual y afectiva de la pareja, por una parte, y apertura a la vida, por otra. Las ense\u00f1anzas del Vat. II sobre todo las indicaciones de GS 47ss, pretenden realizar una dif\u00ed\u00adcil s\u00ed\u00adntesis de valores que la cultura moderna tend\u00ed\u00ada a presentar como antit\u00e9ticos.<\/p>\n<p>El trato que la GS da al matrimonio se caracteriza porque ahora el centro, en el marco de la reflexi\u00f3n cristiana del matrimonio, lo ocupa la pareja conyugal. La definici\u00f3n del matrimonio como \u00ab\u00ed\u00adntima comunidad de vida y de amor conyugal\u00bb (intima communitas vitae et amoris coniugalis) ya indica en la comuni\u00f3n profunda que se realiza entre hombre y mujer el primer y fundamental \u00absentido\u00bb del matrimonio, hecho que es de por s\u00ed\u00ad \u00abnatural\u00bb -dado que la familia, incluso la de los no creyentes, la \u00abfund\u00f3 el Creador\u00bb (a Creatore condita: GS 48)-, pero que es reinterpretado y asumido con una nueva luz en la historia de la salvaci\u00f3n. La riqueza y la plenitud del amor humano no constituyen impedimento, sino m\u00e1s bien una ayuda potencial en el camino que lleva al definitivo encuentro con Dios, sientan de alguna manera sus bases y, por lo tanto, ayudan a los c\u00f3nyuges cristianos a ponerse en camino hacia una m\u00e1s profunda comprensi\u00f3n del misterio mismo del amor de Dios. En este sentido el amor es para los c\u00f3nyuges cristianos fuente de \u00abmutua santificaci\u00f3n\u00bb (GS 48). Un criterio fundamental de la \u00e9tica matrimonial, en la perspectiva de un amor mutuo vivido en la fe, es la actitud de favorecer la plena realizaci\u00f3n del otro y el ejercicio de la sexualidad en conformidad con el proyecto del amor de Dios sobre el hombre; los gestos concretos por los que se expresa la sexualidad en el matrimonio, si se realizan \u00abde un modo aut\u00e9nticamente humano\u00bb, no s\u00f3lo son \u00abhonorables y dignos\u00bb, sino que \u00abenriquecen mutuamente, en alegre gratitud, a los mismos esposos\u00bb (GS 49).<\/p>\n<p>A nivel de la \u00e9tica conyugal, el Vat. II se limita a la reafirmaci\u00f3n de algunos valores fundamentales, repitiendo el criterio por el cual \u00abel matrimonio y el amor conyugal est\u00e1n ordenados por su naturaleza a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole\u00bb (GS 50). M\u00e1s directamente se plantea el nivel \u00e9tico la enc\u00ed\u00adclica Humanae vitae, de Pablo VI (1968), que afirma el principio de la \u00abrelaci\u00f3n inseparable, que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por iniciativa suya, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreativo\u00bb (n. 12). Se afirma aqu\u00ed\u00ad un principio fundamental de la \u00e9tica conyugal cristiana, no ya en el sentido de que las dimensiones unitiva y procreadora deban ir cronol\u00f3gicamente juntas siempre (la enc\u00ed\u00adclica reconoce el posible recurso de los m\u00e9todos naturales para la regulaci\u00f3n de los nacimientos), sino m\u00e1s bien en el sentido de que, en t\u00e9rminos de valor, est\u00e1n tan estrechamente unidos que el rechazo de una dimensi\u00f3n repercute negativamente en el significado profundo de la otra. En la medida en que se oriente a romper esta estructural y vital relaci\u00f3n, la anticoncepci\u00f3n va contra el sentido profundo del amor conyugal.<\/p>\n<p>Sin embargo, no s\u00f3lo en orden a la relaci\u00f3n entre amor y procreaci\u00f3n dicta esta enc\u00ed\u00adclica una serie de criterios \u00e9ticos. De especial importancia es la reflexi\u00f3n global sobre la \u00e9tica del amor conyugal, del que se evidencian como caracter\u00ed\u00adsticas la \u00abtotalidad\u00bb, la \u00abfidelidad\u00bb y la \u00abfecundidad\u00bb (n. 49). En el matrimonio, vida cristiana significa esencialmente desarrollar en profundidad estas caracter\u00ed\u00adsticas del amor conyugal y vivirlas en la presencia de Dios, de manera que \u00abse haga manifiesta a todos la viva presencia del salvador en el mundo\u00bb (GS 48); por este camino los c\u00f3nyuges cristianos contribuyen a \u00abhacer visible a los hombres la santidad y la suavidad de la ley que une el amor mutuo de los esposos con su cooperaci\u00f3n al amor de Dios, autor de la vida humana\u00bb (Humanae vitae, 25).<\/p>\n<p>Estos temas han sido ampliamente desarrollados en el magisterio de Juan Pablo II tanto en la Familiaris consortio (1981) (en especial donde reafirma el principio de la \u00abtotalidad\u00bb del amor conyugal y el car\u00e1cter del matrimonio como \u00ablugar \u00fanico\u00bb que hace posible la rec\u00ed\u00adproca donaci\u00f3n \u00abseg\u00fan su verdad completa\u00bb: n. 11) como en las Catequesis sobre el amor humano (1979ss), donde todos los temas fundamentales de la \u00e9tica conyugal -desde la reciprocidad de la relaci\u00f3n hombre-mujer, ala fidelidad y a la apertura a la vida- se plantean con un lenguaje y una argumentaci\u00f3n de tipo personalista que unen la reflexi\u00f3n sobre los datos b\u00ed\u00adblicos con elementos sacados de la antropolog\u00ed\u00ada y la filosof\u00ed\u00ada moderna. Precisamente por su radical fundamentaci\u00f3n en la estructura profunda del hombre, adem\u00e1s de la positiva voluntad de Dios, el matrimonio puede definirse como \u00abel sacramento m\u00e1s antiguo\u00bb, en el sentido de que \u00abya en su origen desarrolla una funci\u00f3n de significaci\u00f3n, plenamente alcanzado en relaci\u00f3n a Cristo y a la Iglesia\u00bb (JUAN PABLO II, Hombre y mujer los cre\u00f3, 365).<\/p>\n<p>IV. Forma y contenidos de la \u00e9tica conyugal.<\/p>\n<p>La \u00abprimac\u00ed\u00ada\u00bb del amor en el matrimonio y el paso de la \u00ab\u00e9tica del contrato\u00bb a la \u00ab\u00e9tica del pacto\u00bb<br \/>\nConsiderada desde otra \u00f3ptica, la historia de la \u00e9tica cristiana del matrimonio (y la misma historia de la evoluci\u00f3n del magisterio de la Iglesia sobre este tema concreto) podr\u00ed\u00ada leerse en t\u00e9rminos de progresivo \u00abretorno\u00bb a la categor\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de \u00abpacto\u00bb, con la progresiva superaci\u00f3n del aspecto jur\u00ed\u00addico (y, m\u00e1s todav\u00ed\u00ada, del derecho romano) de \u00abcontrato\u00bb. El matrimonio es y queda inseparablemente como \u00absacramento\u00bb e \u00abinstituci\u00f3n\u00bb, y por lo tanto como \u00abpacto\u00bb y \u00abcontrato\u00bb a la vez; pero el \u00e9nfasis se pone ahora en los planteamientos m\u00e1s recientes de la teolog\u00ed\u00ada, en el primero m\u00e1s que en el segundo. Es muy significativo que en el nuevo CIC la definici\u00f3n de \u00abpacto\u00bb preceda, y en alg\u00fan modo d\u00e9 fundamento, a la de contrato (can. 1055,1, foedus; 1055,2, contractus); sucesi\u00f3n indicativa de lo que puede considerarse no una inversi\u00f3n de planteamiento (E. Cappellini), sino m\u00e1s bien un desarrollo de las l\u00ed\u00adneas que ya est\u00e1n presentes en el mensaje b\u00ed\u00adblico, y que s\u00f3lo una correspondiente madurez de la cultura, antes incluso que de la teolog\u00ed\u00ada, ha permitido sacar plenamente a la luz, dentro tambi\u00e9n de la normativa canonista, obviamente m\u00e1s pendiente de los aspectos objetivos de la instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se puede verificar -en relaci\u00f3n con la estrecha relaci\u00f3n que se establece entre dato b\u00ed\u00adblico y culturala validez de lo dicho al comienzo [\/antes, I] sobre la coincidencia en el matrimonio de una \u00abconstante\u00bb, es decir, el misterio, y una \u00abvariante\u00bb, la historia; la comprensi\u00f3n del magisterio est\u00e1 de alguna manera unida a la evoluci\u00f3n de la historia y de la cultura; en el caso espec\u00ed\u00adfico de la afirmaci\u00f3n de la visi\u00f3n personalista del matrimonio -como consecuencia de la cual, en el centro de la instituci\u00f3n tiende a colocarse, no la sociedad que pretende asumir determinadas funciones, sino un sentimiento de amor y de mutua pertenencia que exige poder expresarse plenamente- ha sido posible gracias a la superaci\u00f3n de una cultura familiar que antepon\u00ed\u00ada los intereses del grupo social a las exigencias de los novios-esposos y que consideraba la \u00abforma\u00bb del matrimonio, es decir, la aportaci\u00f3n de una serie de garant\u00ed\u00adas destinadas a salvaguardar la validez del contrato y a asegurarle eficacia jur\u00ed\u00addica, sobre todo por su relaci\u00f3n a los hijos y la sucesi\u00f3n hereditaria, mucho m\u00e1s importante que la que, a los ojos de la cultura contempor\u00e1nea, es la sustancia profunda del matrimonio, es decir, la garant\u00ed\u00ada que la instituci\u00f3n ofrece a la libre y alegre expresi\u00f3n del amor mutuo.<\/p>\n<p>Est\u00e1 fuera de toda discusi\u00f3n la importancia del cristianismo en la afirmaci\u00f3n de una visi\u00f3n personalista del matrimonio, elaborada principalmente en el \u00e1rea cultural influida por la \u00e9tica evang\u00e9lica; pero tambi\u00e9n han influido en la realizaci\u00f3n de este profundo cambio las aportaciones culturales de ideolog\u00ed\u00adas y filosof\u00ed\u00adas que se han ido alejando del cristianismo, causa y, a la vez, efecto de un vasto y extendido proceso de secularizaci\u00f3n, que ha influido profundamente en la misma concepci\u00f3n del matrimonio. No debe sorprender, pues, que hasta hace poco tiempo la teolog\u00ed\u00ada haya estado m\u00e1s pendiente de los riesgos que de las posibilidades de la nueva visi\u00f3n personalista del matrimonio, y haya tenido que someterse al fatigoso trabajo de una profunda reconsideraci\u00f3n de las posiciones \u00abtradicionales\u00bb (pero no en todo y del todo b\u00ed\u00adblicas) sobre el matrimonio, sobre todo en lo que se refiere a la cuesti\u00f3n de los fines. Decir \u00abfines del matrimonio\u00bb, sobre todo desde un planteamiento extrinsecista, pero no por eso siempre y necesariamente legalista, significaba poner la atenci\u00f3n en sus `objetivos o en sus \u00abfunciones\u00bb m\u00e1s que en su sentido profundo. Haber puesto en el centro de la reflexi\u00f3n sobre el matrimonio y de la misma \u00e9tica conyugal el problema de la esencia del matrimonio mismo, y por lo tanto de su sentido profundo, en lugar de poner el de sus objetivos, ha significado la aut\u00e9ntica revoluci\u00f3n que en los \u00faltimos sesenta a\u00f1os ha cambiado radicalmente los t\u00e9rminos de la discusi\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Si partiendo de una teor\u00ed\u00ada de los fines del matrimonio era relativamente f\u00e1cil identificar los contenidos fundamentales de la \u00e9tica conyugal -ya que se trataba fundamentalmente de estructurar la \u00e9tica conyugal como un conjunto de medios aptos para conseguir los fines-, era y es dif\u00ed\u00adcil, en cambio, trazar las l\u00ed\u00adneas de una \u00e9tica conyugal que se proponga hacer expl\u00ed\u00adcita la esencia del matrimonio: tarea por otra parte irrenunciable para una \u00e9tica cristiana que quiera aceptar el desaf\u00ed\u00ado que en varios frentes le lanza la cultura moderna, caracterizada por una parad\u00f3jicamente relaci\u00f3n de amor-odio ante la herencia de los valores evang\u00e9licos, en algunos aspectos aceptada y en otros rechazada.<\/p>\n<p>Desde una \u00f3ptica que asigna a la \u00e9tica cristiana del matrimonio la tarea de poner a la pareja conyugal en condiciones de poder realizar, en el Se\u00f1or, todas las posibilidades propias, el imperativo \u00e9tico fundamental es el que ha indicado Juan Pablo II en la Familiaris consortio, aunque en un sentido m\u00e1s propiamente familiar: \u00abFamilia, `s\u00e9&#8217; lo que `eres\u00bb&#8216;. A la pareja cristiana se le encomienda \u00abser cada vez m\u00e1s lo que ya es, o sea, comunidad de vida y amor, en una tensi\u00f3n que, como toda la realidad creada y redimida, encontrar\u00e1 su cumplimiento en el reino de Dios\u00bb (n. 17). Lo sustancial de la \u00e9tica conyugal cristiana no hay que buscarlo fuera de la pareja conyugal, sino dentro de ella, a trav\u00e9s del desarrollo de las posibilidades que al mismo nivel de Dios se le han confiado. Existe, en esta perspectiva, el riesgo del subjetivismo, y por lo tanto de la inutilizaci\u00f3n de una moral objetiva; pero la objetividad de los valores puede recuperarse igualmente a trav\u00e9s de una reflexi\u00f3n profunda sobre lo que el matrimonio cristiano es y est\u00e1 llamado a ser: una forma de \u00abimitaci\u00f3n de Cristo\u00bb que se realiza no individual, sino conyugalmente, a trav\u00e9s de un camino que recorre y vuelve a ser, en dimensi\u00f3n matrimonial, el tradicional camino del cristiano. En este sentido la \u00e9tica conyugal cristiana debe llegar de nuevo a asumir la \u00abmisi\u00f3n de guardar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participaci\u00f3n real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Se\u00f1or por la Iglesia, su esposa\u00bb (ib). No hay aspecto de la \u00e9tica conyugal -no hay \u00abnorma\u00bb moral a la cual los c\u00f3nyuges deban someterse- que no haga referencia a esta triple realidad.<\/p>\n<p>Guardar el amor significa nutrir y alimentarlo cada d\u00ed\u00ada en la fidelidad al proyecto de Dios sobre la pareja y, a la vez, en la mutua disponibilidad al di\u00e1logo, a la relaci\u00f3n, a la conversi\u00f3n. En esta fidelidad, la pareja cristiana se realiza a s\u00ed\u00ad misma y encuentra su verdad m\u00e1s profunda.<\/p>\n<p>Revelar el amor significa proyectarlo fuera de las paredes del hogar para ponerlo al servicio de la Iglesia y de la sociedad, en una perspectiva que excluye el sentido cerrado del amor y el replegarse exclusivamente en el interior de la pareja conyugal, en la b\u00fasqueda de una felicidad vivida de forma privada, y que transforma la relaci\u00f3n de amor en compromiso, en servicio, en dedicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Comunicar el amor significa expresarlo a trav\u00e9s del don de la vida f\u00ed\u00adsica y su prolongaci\u00f3n en la educaci\u00f3n, en el anuncio de los valores religiosos a los hijos, en el amor y el respeto de la vida en todas sus fases y en todo momento. La procreaci\u00f3n pierde su antigua y reducida connotaci\u00f3n de servicio a la especie y a la supervivencia del grupo para asumir su significado m\u00e1s aut\u00e9ntico de servicio a la persona, condici\u00f3n necesaria para el mantenimiento y difusi\u00f3n en la tierra del amor del hombre, signo e imagen del amor de Dios.<\/p>\n<p>V. Matrimonio, sexualidad, procreaci\u00f3n<br \/>\nDe esta manera resulta m\u00e1s f\u00e1cil, aunque siempre est\u00e9 marcada por aspectos problem\u00e1ticos, la integraci\u00f3n de la sexualidad y de la procreaci\u00f3n en el matrimonio y, por lo tanto, la fundamentaci\u00f3n de una \u00e9tica de la sexualidad y, a la vez, de una \u00e9tica de la transmisi\u00f3n de la vida.<\/p>\n<p>La sexualidad tiene, indudablemente, una funci\u00f3n importante en la constituci\u00f3n y en la continuidad de la existencia del matrimonio. Si el sentimiento de amor, al menos desde una \u00f3ptica como la moderna que asume ampliamente el planteamiento personalista, es su centro, sin embargo este sentimiento, a diferencia de lo que ocurre con la \/ amistad, es encarnado y sexuado, tiende a la plena integraci\u00f3n de las personas a trav\u00e9s de la profunda comuni\u00f3n de los cuerpos y, sobre todo, de los corazones. La \u00e9tica sexual no coincide, desde luego, con la \u00e9tica conyugal, pero constituye una parte esencial de ella y, en algunos aspectos, determinante.<\/p>\n<p>Una \u00e9tica sexual cristiana no puede identificarse con un sistema de reglas, tampoco dentro del matrimonio, sino que se expresa fundamentalmente como una propuesta de valores. En el pasado esta \u00e9tica, en el marco de un deber general de rec\u00ed\u00adproca \/ fidelidad, se reduc\u00ed\u00ada fundamentalmente al respeto de dos importantes normas: la integridad y la naturalidad\u00bb del acto conyugal, por una parte, y su apertura a la vida, por otra. Paralelamente, las violaciones de la \u00e9tica se reduc\u00ed\u00adan fundamentalmente a la no naturalidad del acto conyugal, por un lado, y a los obst\u00e1culos que deliberadamente se pon\u00ed\u00adan a su fecundidad. Ambas normas fundamentalmente permanecen; pero, desde la perspectiva abierta por el Vat. II, adquieren m\u00e1s bien la forma de una propuesta de valor en un doble sentido: la plena integraci\u00f3n de la sexualidad dentro de la relaci\u00f3n de pareja y la disponibilidad a una \/procreaci\u00f3n responsable proporcional a la situaci\u00f3n existencial de los c\u00f3nyuges. Los valores tradicionales permanecen, pero asumen un significado especial de propuesta positiva, precisamente por esto m\u00e1s pr\u00f3xima al esp\u00ed\u00adritu evang\u00e9lico, en lugar de asumir la forma de una serie de \u00abprohibiciones\u00bb o l\u00ed\u00admites marcados en la explicaci\u00f3n de la sexualidad del matrimonio (y con tentaciones moralizantes y legalistas). No se trata de una propuesta \u00abminimalista\u00bb o, peor a\u00fan, laxista, sino de una tarea severa y exigente; el puro respeto de la \u00abmaterialidad\u00bb del acto sexual en su estructura objetiva y en su finalidad para la transmisi\u00f3n de la vida representa, en cierto modo, la culminaci\u00f3n y la premisa de una \u00e9tica sexual cristiana, pero no garantiza su cualidad profunda, que deriva, en cambio, de una orientaci\u00f3n global de toda la existencia del cristiano, y por lo tanto tambi\u00e9n de la existencia conyugal, al servicio de Dios, y por consiguiente al servicio del amor y de la vida.<\/p>\n<p>La atenci\u00f3n a la dimensi\u00f3n objetiva de la castidad conyugal -sobre todo por la uni\u00f3n entre valor \u00e9tico del acto conyugal y respeto de las normas que regulan la transmisi\u00f3n de la vida- se confirma y se avala, pero queda integrada en una consideraci\u00f3n m\u00e1s profunda de la relaci\u00f3n que hay entre gesto sexual y vida conyugal en su globalidad. Se hace una valoraci\u00f3n de la castidad matrimonial m\u00e1s amplia y, a la vez, m\u00e1s exigente, que hace referencia no s\u00f3lo a la pura objetividad del gesto, sino tambi\u00e9n y sobre todo a la integraci\u00f3n arm\u00f3nica de la sexualidad en todo el contexto de una vida conyugal realizada en presencia de Dios. De esta manera se perfila, paralelamente al abandono de una cierta desconfianza de la sexualidad -en muchos aspectos \u00abtradicional\u00bb en la cultura y tambi\u00e9n en la misma reflexi\u00f3n teol\u00f3gica cat\u00f3lica del pasado-, una nueva atenci\u00f3n a la calidad y autenticidad de la relaci\u00f3n de pareja, tambi\u00e9n en su dimensi\u00f3n sexual y afectiva.<\/p>\n<p>Vivir la sexualidad matrimonial como cristianos se convierte de este modo en capacidad de llevar la sexualidad misma a sus dimensiones positivas y a su significado de realizaci\u00f3n personal. En este sentido, la misma castidad matrimonial no se identifica con la continencia (sin por eso excluirla en circunstancias y situaciones particulares), sino que se sit\u00faa en el marco del gesto sexual, proponi\u00e9ndola como llamada a realizarla de forma aut\u00e9nticamente interpersonal, como modo de enriquecimiento de la vida de pareja.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, se podr\u00ed\u00ada pervertir el sentido profundo de la \u00e9tica cristiana del matrimonio, aunque se respetara formalmente la objetividad del acto sexual realizado conforme a la naturaleza y abierto a sus posibilidades procreadoras, si no expresase un deseo de aut\u00e9ntica relaci\u00f3n interpersonal y fuese fruto del ego\u00ed\u00adsmo, del predominio de los instintos sexuales, de la voluntad de dominio de un c\u00f3nyuge sobre el otro; precisamente por eso Juan Pablo II ha hablado de una radical infidelidad al proyecto de Dios dentro de la sexualidad matrimonial cuando el hombre se relaciona con su mujer, o viceversa, consider\u00e1ndola como \u00abobjeto del que puede apropiarse y no como don\u00bb (Hombre y mujer los cre\u00f3, 145). Eso significa la reducci\u00f3n del otro a pura corporeidad, que altera de ra\u00ed\u00adz el significado interpersonal de la relaci\u00f3n de pareja, impidi\u00e9ndole expresar todas sus posibilidades y resquebrajando as\u00ed\u00ad la orientaci\u00f3n general de reciprocidad propia del matrimonio cristiano. Se abre de esta forma el amplio campo de una \u00e9tica de la ternura, que adquiere un papel muy importante en las expresiones de la sexualidad propias de la pareja cristiana.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n por lo que se refiere a la compleja y delicada relaci\u00f3n entre sexualidad y procreaci\u00f3n -limitada al problema de los fines y prescindiendo de la cuesti\u00f3n de los medios con los que ejercitar una fecundidad responsable-, la \u00e9tica conyugal cristiana, cuyas l\u00ed\u00adneas maestras est\u00e1n marcadas por el magisterio conciliar (GS 47ss) y por la Humanae vitae, de Pablo VI, es hoy m\u00e1s d\u00factil y a la vez m\u00e1s exigente que la del pasado. Permanece, y esto lo subraya con fuerza el magisterio reciente, la uni\u00f3n entre dimensi\u00f3n unitiva y dimensi\u00f3n procreadora; pero las formas y, por as\u00ed\u00ad decir, la medida de esta uni\u00f3n no se manifiesta como algo predeterminado desde lo abstracto, sino que se deja un amplio campo para el ejercicio de la conciencia recta de los c\u00f3nyuges, sobre todo teniendo en cuenta una serie de situaciones que son cada vez m\u00e1s complejas y dif\u00ed\u00adcilmente reducibles a normas de car\u00e1cter universal. Una \u00e9tica cristiana de la fecundidad, bajo este aspecto, puede marcar con m\u00e1s elasticidad el marco dentro del cual la pareja debe madurar sus propias decisiones -la generosa apertura a la vida, por un lado; el decidido rechazo del aborto, por otro-, en lugar de establecer reglas de comportamiento absolutamente v\u00e1lidas en cada momento de la pareja.<\/p>\n<p>Esto no excluye que, sobre la base de los citados textos del magisterio, no se pueda ofrecer algunas indicaciones b\u00e1sicas.<\/p>\n<p>&#8211; Ante todo debe recuperarse el sentido y el valor de la continencia matrimonial. Vivida en la perspectiva del reino, no como externo y legal cumplimiento de una norma, la continencia adquiere tambi\u00e9n en el matrimonio un significado profundamente personal y eclesial; el amor conyugal aumenta, de forma distinta, en la continencia su deseo de unidad por encima de la limitaci\u00f3n del don corporal. Si los tiempos del alegre compartir la vida conyugal dan ritmo a las estaciones de la plenitud humana del amor, tambi\u00e9n las fases del sufrimiento, de la renuncia, de la espera forman parte de la melod\u00ed\u00ada. De aqu\u00ed\u00ad nace una llamada a vivir en el matrimonio una sexualidad cuaftativamente m\u00e1s rica, no necesariamente coincidente con la plenitud de la uni\u00f3n sexual; la vida conyugal experimenta una radical pobreza, pero tambi\u00e9n una nueva y quiz\u00e1 insospechada riqueza.<\/p>\n<p>&#8211; En segundo lugar, la superaci\u00f3n de la antinomia potencial -y, para casi todas las parejas, real- entre las leg\u00ed\u00adtimas exigencias del amor conyugal y el tomarse en serio las propias responsabilidades respecto a los hijos y la sociedad puede encontrar una forma de soluci\u00f3n en el recurso a la continencia peri\u00f3dica, asumida como criterio preferencia\u00c2\u00a1 para una responsable regulaci\u00f3n de los nacimientos y entendida como forma privilegiada de solucionar el conflicto y la tensi\u00f3n entre plena salvaguardia de la intimidad conyugal y apertura a la vida. Para que la elecci\u00f3n de este m\u00e9todo carezca de cualquier tipo de tecnicismo y no se viva como una pesada carga, es necesario que la continencia peri\u00f3dica sepa transformarse de simple instrumento de regulaci\u00f3n de la natalidad en consciente decisi\u00f3n moral; no para empobrecer el significado personalizador de la sexualidad, sino para descubrir una nueva dimensi\u00f3n del matrimonio, la que capta en la renuncia temporal a las expresiones t\u00ed\u00adpicas del amor conyugal una continuaci\u00f3n por otro camino, y quiz\u00e1 un apoyo y un crecimiento, de este mismo amor.<\/p>\n<p>&#8211; Finalmente hay que tener en cuenta un conjunto de situaciones que, bien por factores objetivos, bien por una insuperable actitud de indisponibilidad subjetiva de uno u otro c\u00f3nyuge o de los dos, no pueden resolverse con serenidad y por mucho tiempo recurriendo a la continencia peri\u00f3dica. En estas situaciones pueden aparecer conflictos serios y \u00e1speros, que son a la vez conflictos de deberes y valores entre ellos, al menos en ciertos aspectos opuestos y no f\u00e1cilmente solucionables, con problemas de conciencia que han sido objeto, sobre todo en los a\u00f1os posteriores a la publicaci\u00f3n de la Humanae vitae, de un amplio y todav\u00ed\u00ada no concluido debate. M\u00e1s que a la teolog\u00ed\u00ada moral, quiz\u00e1 corresponda a la sabidur\u00ed\u00ada pastoral de la comunidad cristiana y de quien en ella tiene responsabilidad como maestro de la fe y gu\u00ed\u00ada en la vida cristiana, proponer de cuando en cuando soluciones posibles y pr\u00e1cticas. En este \u00e1mbito de la \u00e9tica conyugal debe tenerse en cuenta y es muy importante para su aplicaci\u00f3n reconocer la pobreza y los l\u00ed\u00admites de la pareja y de su incapacidad normalmente para adecuarse totalmente a los valores. De aqu\u00ed\u00ad la necesidad de una amplia y prolongada formaci\u00f3n de las conciencias, para que cada pareja sepa interrogarse seriamente sobre el sentido de sus propias decisiones, con actitud sencilla y serena, pero tambi\u00e9n en la constante disponibilidad al arrepentimiento y a la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n. La mayor parte de las veces se tratar\u00e1 de buscar el mayor bien posible en las situaciones concretas de la vida, evitando el oscurecimiento de los valores -cuya reafirmaci\u00f3n no puede resquebrajarse por la constataci\u00f3n pr\u00e1ctica de las dificultades que las parejas encuentran para su realizaci\u00f3n-,.que conducir\u00ed\u00ada a legitimar el ejercicio de la sexualidad en el matrimonio dej\u00e1ndolo exclusivamente a las decisiones de las personas y lo privar\u00ed\u00ada de la necesaria mediaci\u00f3n de la ley moral. La llamada a la conciencia (GS 50) como \u00faltimo reducto de la decisi\u00f3n moral en este \u00e1mbito no puede confundirse nunca con la absolutizaci\u00f3n de un punto de vista subjetivo ni puede descargar de una sincera y constante confrontaci\u00f3n con los valores que propone la \u00e9tica cristiana, en una actitud de b\u00fasqueda y de oraci\u00f3n, de disposici\u00f3n \u00e1 revisar las propias decisiones de vida, de constante disposici\u00f3n para verificar las aut\u00e9nticas intenciones propias.<\/p>\n<p>VI. El matrimonio como \u00abmisi\u00f3n\u00bb y como \u00abministerio\u00bb<br \/>\nNi el ejercicio de la castidad ni una responsable apertura a la vida agotan el sentido de conjunto de la vida conyugal tal como se expresa en una fidelidad creadora entendida como respeto profundo del otro en las distintas situaciones de la vida conyugal, como respuesta a las exigencias del otro, como capacidad de integrar la misma comuni\u00f3n sexual dentro de la vida de la pareja para construir su profunda unidad. Esta tensi\u00f3n hacia la unidad es quiz\u00e1 la dimensi\u00f3n m\u00e1s espec\u00ed\u00adfica de la \u00e9tica conyugal (D. Tettamanzi, 1979), entendida como don del Esp\u00ed\u00adritu y a la vez como tarea encargada a la conciencia de los esposos. Tarea de la pareja cristiana es promover y favorecer todo lo que facilita el logro de esta profunda unidad, y contrastar y alejar todo lo que la obstaculiza.<\/p>\n<p>En este contexto se inscriben algunas formas de la existencia cristiana t\u00ed\u00adpicas del matrimonio, tales como el sentido laico, la solidaridad y la originalidad.<\/p>\n<p>&#8211; El sentido laico, entendido como respeto profundo a las realidades mundanas y seculares (LG 31), que se convierten en instrumentos a trav\u00e9s de los cuales el Esp\u00ed\u00adritu llama incesantemente a los esposos a caminar juntos en el amor de Dios; realidades en las que la \u00e9tica conyugal se encarna y se expresa sin evasiones peligrosas a la esfera de lo sagrado percibido como externo y lejano.<\/p>\n<p>&#8211; Solidaridad expresada a trav\u00e9s de la capacidad de \u00abllevar cada uno el peso del otro\u00bb tambi\u00e9n a nivel espiritual, compartiendo las alegr\u00ed\u00adas y las limitaciones de la convivencia entre dos, con la capacidad constante de \u00abhacer frente\u00bb, como pareja unida \u00ed\u00adntimamente, a los est\u00ed\u00admulos que vienen del exterior y que conviene transformar en motivos de crecimiento com\u00fan y de servicio, no de cerraz\u00f3n sobre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>&#8211; Originalidad en el sentido de que, a partir de la vocaci\u00f3n com\u00fan a la unidad en Cristo propia de todos los esposos bautizados, toda pareja est\u00e1 llamada a desarrollar su propio itinerario de crecimiento, a trav\u00e9s de las ocasiones que les aportan los acontecimientos externos y las decisiones cotidianas con las que la pareja reacciona ante ellos, encontrando as\u00ed\u00ad el modo de expresarse m\u00e1s plenamente en su propia identidad.<\/p>\n<p>En este contexto se sit\u00faa la misi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de la pareja cristiana, misi\u00f3n cuyo cumplimiento es el fruto maduro de una \u00e9tica conyugal dirigida no tanto al \u00abhacer\u00bb, sino al \u00abser\u00bb. Vivir como cristianos la experiencia alegre y creativa del matrimonio significa, desde este punto de vista, hacerse juntos agentes de humanizaci\u00f3n del mundo y piedras vivas para la construcci\u00f3n del reino.<\/p>\n<p>En una sociedad caracterizada por la tendencia al tener, la \u00e9tica conyugal cristiana es la percepci\u00f3n de los valores que hacen del matrimonio de los creyentes el lugar privilegiado del primado del ser; un lugar en el que se ponen entre par\u00e9ntesis en cierto modo las presuntas leyes universales de la eficacia, de la productividad, de la reciprocidad y, por lo tanto, del intercambio comercial, en nombre de una ampliaci\u00f3n de la esfera de las relaciones aut\u00e9nticas y profundas entre las personas; de las que \u00abcuentan\u00bb y \u00abvalen\u00bb humanamente, pero sobre todo de quienes, como los ni\u00f1os, los disminuidos y los ancianos, la sociedad de consumo tiende a marginar. La l\u00f3gica del matrimonio cristiano es la del don y de la gracia, de los valores que la humanidad necesita para crecer en la conciencia de s\u00ed\u00ad y en sus posibilidades de liberaci\u00f3n y de realizaci\u00f3n de la justicia. Por este camino el matrimonio cristiano funda una capacidad de relaci\u00f3n entre el yo y el t\u00fa que termina por enriquecer, en la reciprocidad del don, a toda la sociedad; y al mismo tiempo, en cuanto transmisor de la vida y de los valores, integra en el mundo, a trav\u00e9s de las nuevas generaciones, nuevos agentes de humanizaci\u00f3n de la historia.<\/p>\n<p>La misma Iglesia se beneficia, en sus distintos niveles, de los frutos de esta existencia cristiana del matrimonio, que no s\u00f3lo asegura la continuaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica de la comunidad cristiana a trav\u00e9s del tiempo, sino que le garantiza, de alguna manera, su \u00abcalidad\u00bb, recreando continuamente dentro de la Iglesia la aptitud de la relaci\u00f3n, el respeto profundo por el otro, el sentido de la disponibilidad y del servicio. El matrimonio cristiano se hace as\u00ed\u00ad \u00abmisi\u00f3n\u00bb y parte integrante de la misi\u00f3n general de la Iglesia; son tambi\u00e9n y sobre todo los c\u00f3nyuges cristianos los laicos a los que \u00abse les llama particularmente a hacer presente y eficaz a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en los que ella no puede ser sal de la tierra si no es por medio de ellos\u00bb (LG 33). De aqu\u00ed\u00ad nace el \u00abministerio\u00bb de la pareja cristiana, desde el momento en que \u00abpor la fuerza del sacramento los esposos son consagrados para ser ministros de santificaci\u00f3n en la familia y de edificaci\u00f3n de la Iglesia\u00bb (Evangelizaci\u00f3n y sacramento del matrimonio, 104).<\/p>\n<p>La \u00e9tica conyugal cristiana puede considerarse, en la perspectiva general de la misi\u00f3n de la Iglesia en el mundo, como una propuesta de valores inspirada en la palabra de Dios y continuamente actualizada por su relaci\u00f3n con la historia, a trav\u00e9s de la cual los c\u00f3nyuges cristianos realizan su propia santificaci\u00f3n y expresan su servicio en la Iglesia en favor del mundo.<\/p>\n<p>[l Divorcio civil; l Familia; l Fidelidad e indisolubilidad; l Noviazgo; l Procreaci\u00f3n responsable].<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; Documentos del magisterio: CoMISI\u00f3N TEOL\u00ed\u201cGICA INTERNACIONAL, Documentos, 1970-1979, Doctrina cat\u00f3lica sobre el matrimonio, CETE, Madrid 1984; VAT. II, Gaudium et spes. Dignidad del matrimonio y de la familia, no. 47-52; GIL F., El lugar propio del amor conyugal en la estructura del matrimonio seg\u00fan la GS, en \u00abAnales Valentinos\u00bb I I-12 (1980) 1-35. Sobre la enc\u00ed\u00adclica Humanae vitae, cf MIE7N D., Geburtenregelung. Ein Konflikt in der katolis chen Kirchen, Patmos, Magancia 1980; TETTwMANZI D., la lectura dell \u00e9nciclica da parte delle conferenze episcopali, en AA.VV. (coord., Ch. VELLA), La coppia e l \u00e1more. A diece anni delta \u00abHumanae vitae&#8217;; Librer\u00ed\u00ada dellafamiglia, Mil\u00e1n 1978, I SSss. Sobre la GS, Cf CAMPANINI G., Gaudium et spes, Piemme, Casale Monferrato 1986, 112-129, con bibl.; VILLAREJO A., El matrimonio y la familia en la \u00abFamiliares consorcio\u00bb; Paulinas, Madrid 1984. El Vol\u00famenes de orientaci\u00f3n general: A~S P., El matrimonio, Herder, Barcelona 1969; CAMPANINIG., (coord.), Dossier su lla famiglia, Citt\u00e1 Nuova, Roma 1979; CIPRIANI S., Matrimonio, en Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, Paulinas Madrid 1990; RGNDET H., Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada del matrimonio, Herder, Barcelona 1962.<br \/>\n&#8211; Sobre el matrimonio: AA.VV., El libro de la familia. Enciclopedia de los novios, esposos y padres cristianos, Mensajero, Bilbao 1974; CwMPANINI G., Il matrimonio nena societ\u00e1 secolare, Ave, Roma 1972; In, Quale futuro per il matrimonio cristiano?, en AA.VV. (coord., E. QUARELLO), Argomenti morali in prospettiva di futuro, Las, Roma 1981; EVOORIMOV P., Sacramento del amor. Misterio conyugal, Ariel, Barcelona 1966; HORTELANO A., Yo-t\u00fa, comunidad de amor, Paulinas, Madrid 1983&#8242;; ID, El amor y la familia en las nuevas perspectivas cristianas, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1974; KASPER W., Teolog\u00ed\u00ada del matrimonio cristiano, Sal Terrae, Santander 1984; LARRAEE J. L., Matrimonio y familia. Cuestiones actuales, BAC Madrid 1986; RwHNER K., Sul matrimonio, Queriniana, Brescia 1969; SCNILLEEEECKX E., El matrimonio. Realidad terrena y misterio de salvaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1970; SANCHEZ GARC\u00ed\u008dA U., Matrimonio, familia yfelicidad, Atenas, Madrid 1990; TETTAMANZI D., ll matrimonia cristiano. Studio storico-teologico, Venegono Inf., 1980; VIOAL M., Moral del amor y de la sexualidad (t. II, 2 ff parte de Moral de actitudes), PS, Madrid 1991&#8242; WOJTYLA K., Amor y responsabilidad. Estudio de moral sexual, Raz\u00f3n y Fe, Madrid 197911.<br \/>\n&#8211; Sobre la historia del matrimonio: AA.VV. (coord., R. CANTALAMES sA), Etica sessuale e matrimonio nel cristianesimo delle origine, Vita e Pensiero, Mil\u00e1n 1976; BELLINI A., Il matrimonio nel protestantesimo, en Enciclopedia del matrimonio, Cit.; CAMI&#8217;wNINI G., Potere pol\u00ed\u00adtico e immagine paterna, Vita e Pensiero, Mil\u00e1n 1985 (\u00abHistoria de la familia e historia de las instituciones\u00bb 123ss); DAQUINO P., Storia del matrimonio cristiano al\u00ed\u00ada luce delta Bibbia, 2 tomos, Leumann 1984-1988; GoonrJ., Evoluci\u00f3n de la familia y del matrimonio en Europa, Herder, Barcelona 1986; HORTELANO A., Problemas actuales de mora\/ II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 19827 231-270; LARRABEJ.L., Matrimonioyfamtlia. Cuestiones actuales, BAC, Madrid 1986; MILITELLO C., Donna e Chiesa. La testimonianza di Giovanni Crisostomo, Edi Oftes, Palermo 1986; OGGIGNI G., La dottrina del matrimonio da\u00c2\u00a1 Padre ol\u00ed\u00ada scolastica, en Enciclopedia del matrimonio, cit.; D&#8217;RIORDANJ., Evoluzione delta teolog\u00ed\u00ada del matrimonio, Cittadella, As\u00ed\u00ads 1974; PAMPALONI P., II matrimonio pella scolastica, ib; TET7AMwNZI D., I due saranno una carne sola. Saggi teologice su matrimonio e famiglia, Ldc, Tur\u00ed\u00adn 1986 (cf en particular la parte I,\u00bbStudistorici\u00bb 11.71).<\/p>\n<p>&#8211; Sobre la \u00e9tica conyugal cristiana: AA.VV., Algunas cuestiones de \u00e9tica sexual, BAC popular (I), Madrid 1976 (cf comentarios a Persona humana); BAGOTJ.P., Para vivir el matrimonio, Verbo Divino, Estepa 1987; CALVO G., Energ\u00ed\u00ada familiar, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1991; In Cara a cara para llegar a ser un matrimonio feliz, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1989; GOFFI T., Etica sexual cristiana, Atenas, Madrid 1973; JUAN PABLO II, Sexualidad y amor. Catequesis del papa sobre la teolog\u00ed\u00ada del cuerpo, PPC, Madrid 1982; L6PEZ AZPITARTE E., Sexualidad y matrimonio hoy, Santander 1975; ID, en Praxis cristiana II, Paulinas, 1981^; VALSECCHI A., Nuevos caminos de la \u00e9tica sexual, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976; VIDAL M., Moral del matrimonio, PS, Madrid 1980.<\/p>\n<p>G. Campanini<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>Uni\u00f3n de un hombre y una mujer como esposos, seg\u00fan la norma de Dios. El matrimonio es una instituci\u00f3n divina, originada por Jehov\u00e1 en Ed\u00e9n, y n\u00facleo del c\u00ed\u00adrculo familiar. El prop\u00f3sito fundamental del matrimonio era la multiplicaci\u00f3n del g\u00e9nero humano. Jehov\u00e1, el Creador del hombre y de la mujer, decret\u00f3 que esta multiplicaci\u00f3n se efectuara por medio del matrimonio (G\u00e9 1:27, 28), y solemniz\u00f3 la primera boda humana (G\u00e9 2:22-24).<br \/>\nEl matrimonio formar\u00ed\u00ada un v\u00ed\u00adnculo permanente entre el hombre y la mujer, de modo que pudieran ayudarse mutuamente. Al vivir juntos en amor y confianza, podr\u00ed\u00adan disfrutar de gran felicidad. Jehov\u00e1 cre\u00f3 a la mujer como una compa\u00f1era del hombre, y al formarla de la costilla de este, la convirti\u00f3 en su pariente carnal m\u00e1s cercano, su propia carne. (G\u00e9 2:21.) Como Jes\u00fas coment\u00f3, no fue Ad\u00e1n, sino Dios, quien dijo: \u2020\u0153Por esto el hombre dejar\u00e1 a su padre y a su madre y se adherir\u00e1 a su esposa, y los dos ser\u00e1n una sola carne\u2020\u009d. Estas palabras muestran sin lugar a dudas que desde el principio la norma de Jehov\u00e1 Dios para el matrimonio ha sido la monogamia. (Mt 19:4-6; G\u00e9 2:24.)<br \/>\nEl matrimonio era el estado com\u00fan en la sociedad hebrea. En las Escrituras Hebreas no existe ninguna palabra para soltero. Siendo que el prop\u00f3sito b\u00e1sico del matrimonio era tener hijos, se comprende la declaraci\u00f3n de la familia de Rebeca cuando la bendijeron: \u2020\u0153Que llegues a ser millares de veces diez mil\u2020\u009d (G\u00e9 24:60); tambi\u00e9n, el ruego de Raquel a Jacob: \u2020\u0153Dame hijos, o si no ser\u00e9 mujer muerta\u2020\u009d. (G\u00e9 30:1.)<br \/>\nEl matrimonio no solo afectaba a la familia, sino tambi\u00e9n a toda la tribu o comunidad patriarcal, pues pod\u00ed\u00ada incidir en la fuerza de la tribu, as\u00ed\u00ad como en su econom\u00ed\u00ada. Por esta raz\u00f3n, la selecci\u00f3n de una esposa y todos los acuerdos, lo que abarcaba los econ\u00f3micos, ten\u00ed\u00adan que fijarlos los padres o tutores implicados, aunque a veces se buscaba el consentimiento de los contrayentes (G\u00e9 24:8) y no se sol\u00ed\u00adan pasar por alto los sentimientos rom\u00e1nticos de ambos. (G\u00e9 29:20; 1Sa 18:20, 27, 28.) Por lo general, los padres del joven llevaban a cabo los primeros pasos o proposiciones, pero a veces eran los padres de la muchacha, en especial si hab\u00ed\u00ada diferencia de rango. (Jos 15:16, 17; 1Sa 18:20-27.)<br \/>\nParece que la costumbre general consist\u00ed\u00ada en que un hombre buscase una esposa entre sus propios parientes o dentro de su tribu, como se deduce de lo que Lab\u00e1n le dijo a Jacob referente a su hija: \u2020\u0153Mejor me es darla a ti que darla a otro hombre\u2020\u009d. (G\u00e9 29:19.) Los adoradores de Jehov\u00e1, sobre todo, segu\u00ed\u00adan esta costumbre, como Abrah\u00e1n, quien envi\u00f3 a buscar de entre sus parientes en su propio pa\u00ed\u00ads una esposa para su hijo Isaac, m\u00e1s bien que tomar una de las hijas de los cananeos, en medio de los que estaba morando. (G\u00e9 24:3, 4.) Se desaprobaban y se desanimaban con firmeza los matrimonios con los que no adoraban a Jehov\u00e1. Era una forma de deslealtad. (G\u00e9 26:34, 35.) Bajo la Ley, estaban prohibidas las alianzas matrimoniales con personas de las siete naciones cananeas. (Dt 7:1-4.) Sin embargo, un soldado pod\u00ed\u00ada casarse con una virgen cautiva de otra naci\u00f3n extranjera despu\u00e9s de un per\u00ed\u00adodo de purificaci\u00f3n, durante el cual ella estaba de duelo por sus padres muertos y se deshac\u00ed\u00ada de todas sus conexiones religiosas del pasado. (Dt 21:10-14.)<\/p>\n<p>Dote. Antes de que se concertase el contrato matrimonial, el joven, o su padre, ten\u00ed\u00ada que pagar al padre de la muchacha la dote o precio de la novia. (G\u00e9 34:11, 12; Ex 22:16; 1Sa 18:23, 25.) Este hecho se consideraba una compensaci\u00f3n por la p\u00e9rdida de los servicios de la hija y por los problemas y gastos que los padres hab\u00ed\u00adan tenido al cuidarla y educarla. A veces se pagaba la dote con ciertos servicios a favor del padre. (G\u00e9 29:18, 20, 27; 31:15.) En la Ley hab\u00ed\u00ada un precio de compra determinado para una virgen que no estaba comprometida y a la que seduc\u00ed\u00ada un hombre. (Ex 22:16.)<\/p>\n<p>Formalizaci\u00f3n del matrimonio. El rasgo central y caracter\u00ed\u00adstico de la boda propiamente dicha era la manera solemne de llevar a la novia de la casa de su padre a la casa de su esposo en la fecha acordada; con este acto se manifestaba el significado del matrimonio, representado por la admisi\u00f3n de la novia en la familia del esposo. (Mt 1:24.) Antes de la Ley, en los d\u00ed\u00adas de los patriarcas, la boda consist\u00ed\u00ada simplemente en lo antedicho. Era un acontecimiento totalmente civil. No hab\u00ed\u00ada ninguna ceremonia o rito religioso, y ning\u00fan sacerdote oficiaba o daba validez al matrimonio. El novio llevaba a la novia a su casa, o a la tienda o casa de sus padres. Se daba a conocer p\u00fablicamente, se reconoc\u00ed\u00ada y se registraba, y el matrimonio ya era v\u00e1lido. (G\u00e9 24:67.)<br \/>\nSin embargo, tan pronto como se concertaba el casamiento y los contrayentes estaban comprometidos, se les consideraba como si estuvieran unidos en matrimonio. Por ejemplo: las hijas de Lot todav\u00ed\u00ada estaban en su casa, bajo la jurisdicci\u00f3n de su padre, pero a los hombres que estaban comprometidos con ellas se les llam\u00f3 los \u2020\u0153yernos [de Lot] que hab\u00ed\u00adan de tomar a sus hijas\u2020\u009d. (G\u00e9 19:14.) Aunque Sans\u00f3n nunca se cas\u00f3 con cierta mujer filistea, sino que solo estuvo comprometido con ella, se la llama su esposa. (Jue 14:10, 17, 20.) La Ley decretaba que si una muchacha comprometida comet\u00ed\u00ada fornicaci\u00f3n, hab\u00ed\u00ada que darle muerte a ella y al hombre culpable. Si hab\u00ed\u00ada sido violada, se ten\u00ed\u00ada que dar muerte al hombre. Sin embargo, cualquier caso que tuviera que ver con una muchacha que no estuviese comprometida se trataba de manera diferente. (Dt 22:22-27.)<br \/>\nLos matrimonios se registraban. Bajo la Ley, tanto los matrimonios como los nacimientos que resultaban de la uni\u00f3n se inscrib\u00ed\u00adan en registros oficiales de la comunidad. Por esta raz\u00f3n tenemos una genealog\u00ed\u00ada exacta de Jesucristo. (Mt 1:1-16; Lu 3:23-38; comp\u00e1rese con Lu 2:1-5.)<\/p>\n<p>Celebraci\u00f3n. Aunque en Israel las bodas no iban acompa\u00f1adas de ninguna ceremonia, se celebraban con gran gozo. El d\u00ed\u00ada de la boda, la novia se arreglaba con esmero en su propia casa. Primero se ba\u00f1aba y se untaba con aceite perfumado. (Comp\u00e1rese con Rut 3:3 y con Eze 23:40.) A veces, ayudada por sirvientas, se pon\u00ed\u00ada \u2020\u0153fajas para los pechos\u2020\u009d y un vestido blanco espl\u00e9ndidamente bordado, dependiendo de su condici\u00f3n social. (Jer 2:32; Rev 19:7, 8; Sl 45:13, 14.) Si pod\u00ed\u00ada, se engalanaba con adornos y joyas (Isa 49:18; 61:10; Rev 21:2), y despu\u00e9s se cubr\u00ed\u00ada con una prenda fina, una especie de velo, que se extend\u00ed\u00ada de la cabeza a los pies. (Isa 3:19, 23.) Esto explica por qu\u00e9 Lab\u00e1n pudo enga\u00f1ar f\u00e1cilmente a Jacob, de manera que este no se dio cuenta de que se le daba a Lea en lugar de a Raquel. (G\u00e9 29:23, 25.) Rebeca se puso una mantilla cuando se dirig\u00ed\u00ada al encuentro de Isaac. (G\u00e9 24:65.) Este acto simbolizaba la sumisi\u00f3n de la novia a la autoridad del novio. (1Co 11:5, 10.)<br \/>\nEl novio se vest\u00ed\u00ada tambi\u00e9n con su mejor atav\u00ed\u00ado y frecuentemente con una prenda hermosa para la cabeza y una guirnalda encima. (Can 3:11; Isa 61:10.) Part\u00ed\u00ada de su casa al anochecer y se dirig\u00ed\u00ada a la casa de los padres de la novia acompa\u00f1ado por sus amigos. (Mt 9:15.) Desde all\u00ed\u00ad, la procesi\u00f3n, acompa\u00f1ada de m\u00fasicos, cantores y, normalmente, de personas que llevaban l\u00e1mparas, se dirig\u00ed\u00ada hacia la casa del novio o la casa de su padre.<br \/>\nAquellos que se encontraban a lo largo de la ruta tomaban gran inter\u00e9s en la procesi\u00f3n. Las voces de la novia y del novio se o\u00ed\u00adan con alborozo. Algunos se un\u00ed\u00adan a la procesi\u00f3n, en especial doncellas que llevaban l\u00e1mparas. (Jer 7:34; 16:9; Isa 62:5; Mt 25:1.) El novio pod\u00ed\u00ada pasar un tiempo considerable en su casa y despu\u00e9s la procesi\u00f3n tambi\u00e9n pod\u00ed\u00ada demorarse antes de partir de la casa de la novia, por lo que ser\u00ed\u00ada bastante tarde y algunos de los que esperaban a lo largo del camino podr\u00ed\u00adan adormecerse, como en la ilustraci\u00f3n de Jes\u00fas sobre las diez v\u00ed\u00adrgenes. El cantar y el alborozo se pod\u00ed\u00adan o\u00ed\u00adr a cierta distancia, y los que lo o\u00ed\u00adan gritaban: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 el novio!\u2020\u009d. Los servidores estaban preparados para dar la bienvenida al novio cuando llegase, y los que estaban invitados a la cena de bodas pod\u00ed\u00adan entrar en la casa. Despu\u00e9s que el novio y su s\u00e9quito hab\u00ed\u00adan entrado en la casa y se cerraba la puerta, era demasiado tarde para que entraran los invitados que se hab\u00ed\u00adan retrasado. (Mt 25:1-12; 22:1-3; G\u00e9 29:22.) Se consideraba un gran insulto rehusar la invitaci\u00f3n a un banquete de bodas. (Mt 22:8.) En algunas ocasiones, a los invitados se les proporcionaban trajes (Mt 22:11), y con frecuencia aquel que hab\u00ed\u00ada extendido la invitaci\u00f3n era quien designaba los lugares que se deb\u00ed\u00adan ocupar. (Lu 14:8-10.)<\/p>\n<p>El amigo del novio. \u2020\u0153El amigo del novio\u2020\u009d desempe\u00f1aba un papel muy importante en la celebraci\u00f3n de la boda, y se le consideraba como aquel que un\u00ed\u00ada a los novios. Se regocijaba cuando o\u00ed\u00ada la voz del novio conversando con la novia, y se sent\u00ed\u00ada contento de haber visto su labor bendecida con un final feliz. (Jn 3:29.)<\/p>\n<p>Prueba de virginidad. Despu\u00e9s de la cena, el esposo llevaba a su novia a la c\u00e1mara nupcial. (Sl 19:5; Joe 2:16.) En la noche de bodas se usaba una tela o prenda, y despu\u00e9s se guardaba o se daba a los padres de la esposa para que las se\u00f1ales de la sangre de la virginidad de la muchacha constituyeran una protecci\u00f3n legal para ella en el caso de que m\u00e1s tarde se la acusase de no haber sido virgen o de haber sido una prostituta antes de la boda. De otra manera, pod\u00ed\u00adan lapidarla por haberse presentado en matrimonio como una virgen sin mancha y haber acarreado gran oprobio a la casa de su padre. (Dt 22:13-21.) Esta costumbre de guardar la tela ha continuado vigente en algunos pueblos del Oriente Medio hasta tiempos recientes.<\/p>\n<p>Privilegios y responsabilidades. El esposo era el cabeza de la casa, y a \u00e9l se le dejaba la decisi\u00f3n final en cuanto a los asuntos que afectaban al bienestar y la econom\u00ed\u00ada de la familia. Si cre\u00ed\u00ada que la familia se ver\u00ed\u00ada afectada de manera adversa, hasta pod\u00ed\u00ada anular un voto de su esposa o hija. El hombre comprometido con una mujer tambi\u00e9n deb\u00ed\u00ada tener esta autoridad. (N\u00fa 30:3-8, 10-15.) El esposo era el se\u00f1or, el amo de la casa, y se le consideraba el due\u00f1o (heb. b\u00e1\u00c2\u00b7`al) de la mujer. (Dt 22:22.)<br \/>\nEl cap\u00ed\u00adtulo 31 de Proverbios enumera algunas de las responsabilidades de la esposa para con su esposo o due\u00f1o, que inclu\u00ed\u00adan el trabajo de la casa, hacer y cuidar la ropa, algunas compras y ventas y la supervisi\u00f3n general del hogar. Aunque la mujer estaba en sujeci\u00f3n y en cierto sentido era propiedad del esposo, disfrutaba de una excelente posici\u00f3n y muchos privilegios. Su esposo ten\u00ed\u00ada que amarla, aun en el caso de que fuese la esposa secundaria o de que se la hubiese tomado cautiva. No la deb\u00ed\u00ada maltratar ni discriminar en el d\u00e9bito conyugal, y ten\u00ed\u00ada que darle alimento, ropa y protecci\u00f3n. Asimismo, el esposo no pod\u00ed\u00ada constituir como primog\u00e9nito al hijo de su esposa favorita a costa del hijo de la esposa \u2020\u0153odiada\u2020\u009d (es decir, menos querida). (Ex 21:7-11; Dt 21:11, 14-17.) Los hebreos fieles amaban a sus esposas, y si la esposa era sabia y viv\u00ed\u00ada en armon\u00ed\u00ada con la ley de Dios, el esposo la escuchaba y aprobaba sus acciones. (G\u00e9 21:8-14; 27:41-46; 28:1-4.)<br \/>\nSe proteg\u00ed\u00ada incluso a la virgen no comprometida a la que hab\u00ed\u00ada seducido un hombre que no estaba casado, pues, si el padre lo permit\u00ed\u00ada, el seductor ten\u00ed\u00ada que casarse con la muchacha y no se pod\u00ed\u00ada divorciar de ella en todos sus d\u00ed\u00adas. (Dt 22:28, 29.) Si el esposo acusaba formalmente a la esposa de no haber sido virgen cuando se casaron y la acusaci\u00f3n resultaba falsa, se le impon\u00ed\u00ada una multa al esposo y nunca se pod\u00ed\u00ada divorciar de ella. (Dt 22:17-19.) En caso de que resultase inocente una mujer acusada de cometer adulterio en secreto, su esposo ten\u00ed\u00ada que dejarla encinta para que pudiera dar a luz un hijo y as\u00ed\u00ad demostrar en p\u00fablico su inocencia. Se respetaba la dignidad de la persona de la esposa. Estaba prohibido tener relaciones con ella durante la menstruaci\u00f3n. (Le 18:19; N\u00fa 5:12-28.)<\/p>\n<p>Matrimonios prohibidos. Adem\u00e1s de estar prohibidas las alianzas matrimoniales con los que no adoraban a Jehov\u00e1, en especial con las siete naciones de la tierra de Cana\u00e1n (Ex 34:14-16; Dt 7:1-4), estaba prohibido casarse dentro de ciertos grados de consanguinidad o afinidad. (Le 18:6-17.)<br \/>\nA un sumo sacerdote le estaba prohibido casarse con una viuda, una mujer divorciada, una violada o una prostituta, pues se ten\u00ed\u00ada que casar solo con una virgen de su pueblo. (Le 21:10, 13, 14.) A los otros sacerdotes tampoco se les permit\u00ed\u00ada casarse con una prostituta, una mujer violada o una mujer divorciada de su esposo. (Le 21:1, 7.) Seg\u00fan Ezequiel 44:22, se pod\u00ed\u00adan casar con una virgen de la casa de Israel o una viuda de otro sacerdote.<br \/>\nSi una hija heredaba propiedades, no se pod\u00ed\u00ada casar con alguien que no fuera de su tribu. De esta manera se evitaba que la posesi\u00f3n hereditaria pasase de tribu en tribu. (N\u00fa 36:8, 9.)<\/p>\n<p>Divorcio. Cuando el Creador instituy\u00f3 el matrimonio, no dispuso que hubiese divorcio. El hombre ten\u00ed\u00ada que adherirse a su esposa y ten\u00ed\u00adan \u2020\u0153que llegar a ser una sola carne\u2020\u009d. (G\u00e9 2:24.) De modo que el hombre tendr\u00ed\u00ada una sola esposa que ser\u00ed\u00ada una carne con \u00e9l. El divorcio tuvo su comienzo despu\u00e9s de la ca\u00ed\u00adda del hombre en el pecado, y de la imperfecci\u00f3n y degradaci\u00f3n consecuentes.<br \/>\nCuando Dios dio la Ley a Israel, no oblig\u00f3 a seguir la norma original, sino que regul\u00f3 el divorcio para que no afectara negativamente a la familia israelita. Sin embargo, a su debido tiempo Dios restableci\u00f3 la norma original. Jes\u00fas declar\u00f3 el principio que deb\u00ed\u00ada regir en la congregaci\u00f3n cristiana: la \u2020\u0153fornicaci\u00f3n\u2020\u009d (gr. por\u00c2\u00b7n\u00e9i\u00c2\u00b7a) es la \u00fanica base v\u00e1lida para el divorcio. Explic\u00f3 que Dios no oblig\u00f3 a los israelitas por medio de Mois\u00e9s a seguir esta norma debido a su dureza de coraz\u00f3n. (Mt 19:3-9; Mr 10:1-11.)<br \/>\nPor lo tanto, la \u00fanica causa que puede romper el matrimonio en la congregaci\u00f3n cristiana, aparte de la muerte, que lo deja sin efecto, es la fornicaci\u00f3n, que hace que el ofensor llegue a ser il\u00ed\u00adcitamente una sola carne con otra persona. La parte inocente puede usar este hecho como base para disolver el matrimonio, si as\u00ed\u00ad lo desea, y volver a casarse. (Mt 5:32; Ro 7:2, 3.) Aparte de esta concesi\u00f3n en caso de \u2020\u0153fornicaci\u00f3n\u2020\u009d (gr. por\u00c2\u00b7n\u00e9i\u00c2\u00b7a), las Escrituras Griegas aconsejan a los cristianos que no se separen de sus c\u00f3nyuges, sean creyentes o incr\u00e9dulos, y requiere que si lo hacen, no tengan relaciones sexuales con nadie m\u00e1s. (1Co 7:10, 11; Mt 19:9.)<br \/>\nBajo la Ley, el esposo pod\u00ed\u00ada divorciarse de su esposa si hallaba algo \u2020\u0153indecente\u2020\u009d en ella. Esto no inclu\u00ed\u00ada el adulterio, pues este se castigaba con la muerte. Pod\u00ed\u00ada ser una grave falta de respeto al esposo o a la casa de su padre, o algo que acarreara oprobio a la familia. El esposo ten\u00ed\u00ada que darle un certificado escrito de divorcio, lo que implica que a la vista de la comunidad el divorcio ten\u00ed\u00ada que estar justificado. Como el certificado era un documento legal, tendr\u00ed\u00ada que contar con la aprobaci\u00f3n de los ancianos o autoridades de la ciudad. La mujer pod\u00ed\u00ada volver a casarse y el certificado la proteg\u00ed\u00ada de ser acusada por ello de adulterio. No se permit\u00ed\u00ada el divorcio al hombre que seduc\u00ed\u00ada a una muchacha antes de casarse o que acusaba falsamente a su mujer de no ser virgen cuando se hab\u00ed\u00ada dado en matrimonio. (Dt 22:13-19, 28, 29.)<br \/>\nSi despu\u00e9s del divorcio una mujer se casaba con otro hombre y este m\u00e1s tarde se divorciaba de ella o mor\u00ed\u00ada, el esposo original no pod\u00ed\u00ada casarse con ella de nuevo. Esta ley imped\u00ed\u00ada que se provocara el divorcio o quiz\u00e1s incluso hasta que se tramara la muerte del segundo esposo para que la pareja original pudiera volver a casarse. (Dt 24:1-4.)<br \/>\nJehov\u00e1 odiaba el divorcio injusto, sobre todo cuando se traicionaba a una adoradora fiel con el objeto de casarse con una mujer pagana, que no pertenec\u00ed\u00ada a su pueblo escogido. (Mal 2:14-16; v\u00e9ase DIVORCIO.)<\/p>\n<p>Poligamia. La norma original de Dios para la humanidad no contemplaba la poligamia, ya que el esposo y la esposa ten\u00ed\u00adan que llegar a ser una sola carne, y esa pr\u00e1ctica se prohibi\u00f3 expresamente en la congregaci\u00f3n cristiana. Los superintendentes y siervos ministeriales, que han de ser ejemplos en la congregaci\u00f3n, deben ser hombres que no tengan m\u00e1s de una esposa viva. (1Ti 3:2, 12; Tit 1:5, 6.) Este hecho est\u00e1 en armon\u00ed\u00ada con lo que el verdadero matrimonio tendr\u00ed\u00ada que representar: la relaci\u00f3n de Jesucristo y su congregaci\u00f3n, la \u00fanica esposa que Jes\u00fas posee. (Ef 5:21-33.)<br \/>\nAl igual que ocurri\u00f3 con el divorcio, aunque en un principio la poligamia no entraba en los planes de Dios, se toler\u00f3 hasta el tiempo de la congregaci\u00f3n cristiana. La poligamia dio comienzo poco despu\u00e9s del pecado de Ad\u00e1n. La primera vez que se menciona en la Biblia es con respecto a un descendiente de Ca\u00ed\u00adn, Lamec, de quien se dice: \u2020\u0153Procedi\u00f3 a tomar para s\u00ed\u00ad dos esposas\u2020\u009d. (G\u00e9 4:19.) Con respecto a algunos de los \u00e1ngeles, la Biblia menciona que antes del Diluvio \u2020\u0153los hijos del Dios verdadero [&#8230;] se pusieron a tomar esposas para s\u00ed\u00ad, a saber, todas las que escogieron\u2020\u009d. (G\u00e9 6:2.)<br \/>\nBajo la ley patriarcal y bajo el pacto de la Ley se practic\u00f3 el concubinato. La concubina estaba en una condici\u00f3n reconocida legalmente: su situaci\u00f3n no era de fornicaci\u00f3n ni adulterio. Seg\u00fan la Ley, si el hijo primog\u00e9nito era el de la concubina, recib\u00ed\u00ada de igual modo la herencia que correspond\u00ed\u00ada al primog\u00e9nito. (Dt 21:15-17.)<br \/>\nSin duda el concubinato y la poligamia permitieron que los israelitas se multiplicaran con m\u00e1s rapidez, de modo que, si bien Dios no los hab\u00ed\u00ada instituido, sino simplemente permitido y regulado, sirvieron en aquel tiempo para cierto prop\u00f3sito. (Ex 1:7.) Incluso Jacob, que entr\u00f3 en una relaci\u00f3n pol\u00ed\u00adgama por enga\u00f1o de su suegro, fue bendecido con doce hijos y algunas hijas de sus dos esposas y las criadas de estas, quienes llegaron a ser sus concubinas. (G\u00e9 29:23-29; 46:7-25.)<\/p>\n<p>El matrimonio cristiano. Jesucristo mostr\u00f3 que aprobaba el matrimonio cuando asisti\u00f3 al banquete de bodas en Can\u00e1 de Galilea. (Jn 2:1, 2.) Como ya se ha indicado, la monogamia es la norma original de Dios, restablecida por Jesucristo en la congregaci\u00f3n cristiana. (G\u00e9 2:24; Mt 19:4-8; Mr 10:2-9.) Puesto que tanto al hombre como a la mujer se les dot\u00f3 originalmente con la capacidad de expresar amor y afecto, esta instituci\u00f3n ten\u00ed\u00ada que ser feliz, bendita y pac\u00ed\u00adfica. El ap\u00f3stol Pablo usa la ilustraci\u00f3n de Cristo como esposo y cabeza de la congregaci\u00f3n, su novia. El es un ejemplo perfecto de la tierna bondad y el cuidado que el esposo deber\u00ed\u00ada tener a su esposa, am\u00e1ndola como a su propio cuerpo. Pablo tambi\u00e9n se\u00f1ala que la esposa, por su parte, debe tenerle profundo respeto a su esposo. (Ef 5:21-33.) El ap\u00f3stol Pedro aconseja a las esposas que se sometan a sus esposos y los atraigan por medio de su conducta casta, profundo respeto y esp\u00ed\u00adritu tranquilo y apacible. Pone a Sara \u2014quien llamaba \u2020\u0153se\u00f1or\u2020\u009d a su esposo Abrah\u00e1n\u2014 como ejemplo digno de imitar. (1Pe 3:1-6.)<br \/>\nEn todas las Escrituras Griegas Cristianas se resalta la limpieza y la lealtad en el v\u00ed\u00adnculo matrimonial. Pablo dice: \u2020\u0153Que el matrimonio sea honorable entre todos, y el lecho conyugal sea sin contaminaci\u00f3n, porque Dios juzgar\u00e1 a los fornicadores y a los ad\u00falteros\u2020\u009d. (Heb 13:4.) Asimismo, aconseja el respeto mutuo entre el esposo y la esposa, y que cumplan con el d\u00e9bito conyugal.<br \/>\nEl consejo del ap\u00f3stol de \u2020\u02dccasarse en el Se\u00f1or\u2020\u2122 est\u00e1 en armon\u00ed\u00ada con la pr\u00e1ctica de los antiguos siervos de Jehov\u00e1 de casarse solo con los que tambi\u00e9n eran adoradores verdaderos. (1Co 7:39.) Sin embargo, el ap\u00f3stol aconseja a los que no est\u00e1n casados que pueden servir al Se\u00f1or sin distracci\u00f3n si permanecen solteros. Menciona que en vista del tiempo, los que se casan deber\u00ed\u00adan vivir \u2020\u02dccomo si no tuviesen esposas\u2020\u2122, es decir, no deber\u00ed\u00adan dedicarse completamente a los privilegios y responsabilidades maritales para hacer de ellos el inter\u00e9s primordial de su vida, sino que deber\u00ed\u00adan buscar y atender los intereses del Reino, al tiempo que no descuidaban sus responsabilidades matrimoniales. (1Co 7:29-38.)<br \/>\nPablo aconsej\u00f3 que no se incluyera a las viudas m\u00e1s j\u00f3venes en la lista de personas a las que la congregaci\u00f3n ayudaba solo porque expresaran el deseo de dedicarse en exclusiva a las actividades ministeriales cristianas; era mejor que se casaran de nuevo. Explica que sus impulsos sexuales pod\u00ed\u00adan inducirlas a desatender su expresi\u00f3n de fe, de modo que aceptaran el apoyo econ\u00f3mico de la congregaci\u00f3n como si fueran buenas trabajadoras, al tiempo que intentaban casarse y se volv\u00ed\u00adan unas desocupadas y entremetidas. De ese modo incurrir\u00ed\u00adan en un juicio desfavorable. El matrimonio, los hijos y el atender una casa, adem\u00e1s de afianzarse en la fe cristiana, las mantendr\u00ed\u00adan ocupadas y las proteger\u00ed\u00adan de caer en el chisme y en las habladur\u00ed\u00adas. Esto permitir\u00ed\u00ada a la congregaci\u00f3n socorrer a las viudas que tuvieran derecho a tal ayuda. (1Ti 5:9-16; 2:15.)<\/p>\n<p>Celibato. El ap\u00f3stol Pablo advierte que uno de los rasgos caracter\u00ed\u00adsticos de la apostas\u00ed\u00ada que ten\u00ed\u00ada que venir ser\u00ed\u00ada el celibato obligatorio, \u2020\u02dcel que se prohibiera casarse\u2020\u2122. (1Ti 4:1, 3.) Algunos de los ap\u00f3stoles estaban casados. (1Co 9:5; Lu 4:38.) Cuando Pablo expone los requisitos para los superintendentes y los siervos ministeriales de la congregaci\u00f3n cristiana, dice que estos hombres, si estaban casados, solo deber\u00ed\u00adan tener una esposa. (1Ti 3:1, 2, 12; Tit 1:5, 6.)<\/p>\n<p>Los cristianos y las leyes civiles sobre el matrimonio. En la mayor\u00ed\u00ada de los pa\u00ed\u00adses de la Tierra hoy d\u00ed\u00ada el matrimonio est\u00e1 regulado por leyes de las autoridades civiles, el \u2020\u0153C\u00e9sar\u2020\u009d, que el cristiano normalmente debe cumplir. (Mt 22:21.) La Biblia no dice en ning\u00fan lugar que el matrimonio requiera una ceremonia religiosa o los servicios de un cl\u00e9rigo. Como se hac\u00ed\u00ada en tiempos b\u00ed\u00adblicos, el matrimonio debe legalizarse seg\u00fan las leyes del pa\u00ed\u00ads, y tanto los matrimonios como los nacimientos han de registrarse siempre que la ley lo requiera. Ya que los gobiernos del \u2020\u0153C\u00e9sar\u2020\u009d regulan de este modo el matrimonio, el cristiano tiene que recurrir a ellos para legalizar su matrimonio, y a\u00fan si quisiera utilizar el adulterio de su c\u00f3nyuge como base b\u00ed\u00adblica para poner fin a su matrimonio, tendr\u00ed\u00ada que conseguir un divorcio legal si fuera posible. El cristiano que volviera a casarse sin mostrar el debido respeto a los requisitos b\u00ed\u00adblicos y legales violar\u00ed\u00ada las leyes de Dios. (Mt 19:9; Ro 13:1.)<\/p>\n<p>El matrimonio y la resurrecci\u00f3n. Un grupo de opositores de Jes\u00fas que no cre\u00ed\u00adan en la resurrecci\u00f3n le hicieron una pregunta con el prop\u00f3sito de ponerlo en un aprieto. En su respuesta revel\u00f3 que \u2020\u0153los que han sido considerados dignos de ganar aquel sistema de cosas y la resurrecci\u00f3n de entre los muertos ni se casan ni se dan en matrimonio\u2020\u009d. (Lu 20:34, 35; Mt 22:30.)<\/p>\n<p>Usos simb\u00f3licos. A trav\u00e9s de las Escrituras Jehov\u00e1 se presenta a s\u00ed\u00ad mismo como un esposo. Se consider\u00f3 casado con la naci\u00f3n de Israel. (Isa 54:1, 5, 6; 62:4.) Cuando Israel se rebel\u00f3 al practicar la idolatr\u00ed\u00ada o alg\u00fan otro tipo de pecado contra Dios, se dijo que hab\u00ed\u00ada cometido prostituci\u00f3n al igual que una esposa infiel, de modo que Dios estaba justificado para divorciarse de esa naci\u00f3n. (Isa 1:21; Jer 3:1-20; Os 2.)<br \/>\nEn el cap\u00ed\u00adtulo 4 de G\u00e1latas, el ap\u00f3stol Pablo asemeja la naci\u00f3n de Israel a la esclava Agar, la concubina de Abrah\u00e1n, y al pueblo jud\u00ed\u00ado, a Ismael, el hijo de Agar. Tal como Ismael era el hijo de la esposa secundaria de Abrah\u00e1n, as\u00ed\u00ad los jud\u00ed\u00ados eran los hijos de la \u2020\u0153esposa\u2020\u009d secundaria de Jehov\u00e1. El lazo que vinculaba a Israel con Jehov\u00e1 era el pacto de la Ley. Pablo asemeja la \u2020\u0153Jerusal\u00e9n de arriba\u2020\u009d, la \u2020\u0153mujer\u2020\u009d de Jehov\u00e1, a Sara, la esposa libre de Abrah\u00e1n. Los cristianos son los hijos espirituales libres de esta mujer tambi\u00e9n libre, la \u2020\u0153Jerusal\u00e9n de arriba\u2020\u009d. (G\u00e1l 4:21-31; comp\u00e1rese con Isa 54:1-6.)<br \/>\nAl igual que Abrah\u00e1n, el gran Padre, Jehov\u00e1 Dios, supervisa la selecci\u00f3n de una novia para su hijo Jesucristo, no una mujer terrestre, sino la congregaci\u00f3n cristiana. (G\u00e9 24:1-4; 2Te 2:13; 1Pe 2:5.) El \u2020\u0153amigo del novio\u2020\u009d, Juan el Bautista, a quien Jehov\u00e1 hab\u00ed\u00ada mandado delante de su Hijo, le present\u00f3 a este los primeros miembros de su congregaci\u00f3n. (Jn 3:28, 29.) Esta novia congregacional es \u2020\u0153un solo esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d con Cristo, como su cuerpo. (1Co 6:17; Ef 1:22, 23; 5:22, 23.) Tal como en Israel la novia se ba\u00f1aba y se adornaba, Jesucristo se asegura de que su novia, al prepararse para la boda, se ba\u00f1e de manera que est\u00e9 perfectamente limpia sin mancha o tacha. (Ef 5:25-27.) En el Salmo 45 y en Revelaci\u00f3n 21 se la describe adornada con hermosura para la boda.<br \/>\nEn el libro de Revelaci\u00f3n, Jehov\u00e1 predice el tiempo en el que la boda de su Hijo se habr\u00ed\u00ada acercado y la novia estar\u00ed\u00ada preparada: ataviada de lino fino, brillante y limpio. Se dice que los invitados a la cena de las bodas del Cordero est\u00e1n felices. (Rev 19:7-9; 21:2, 9-21.) La noche antes de morir, Jes\u00fas instituy\u00f3 la Cena del Se\u00f1or, es decir la Conmemoraci\u00f3n de su muerte, y mand\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos que siguieran observ\u00e1ndola. (Lu 22:19.) Esta observancia se ten\u00ed\u00ada que guardar \u2020\u02dchasta que \u00e9l llegase\u2020\u2122. (1Co 11:26.) Del mismo modo que en tiempos antiguos el novio llegaba a la casa de la novia con el fin de sacarla de casa de sus padres y llevarla al hogar que \u00e9l hab\u00ed\u00ada preparado para ella en la casa de su padre, as\u00ed\u00ad Jesucristo viene para sacar a sus compa\u00f1eros ungidos de su anterior hogar terrestre y llevarlos consigo, para que donde \u00e9l est\u00e9, ellos tambi\u00e9n est\u00e9n, en la casa de su Padre, en el cielo. (Jn 14:1-3.)<br \/>\nV\u00e9ase MATRIMONIO DE CU\u00ed\u2018ADO.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. Idealy realidad en elmatrimonio:<br \/>\n1976<br \/>\n1. Sombras&#8230;; 2. &#8230; Y luces en la experiencia matrimonial. II. La ense\u00f1anza matrimonial de los profetas:<br \/>\n1. La alegor\u00ed\u00ada nupcial para expresar la alianza de Dios con Israel; 2. Alcance teol\u00f3gico de la alegor\u00ed\u00ada; 3. El matrimonio como alianza. III. La literatura sapiencial: 1. El don de los hijos; 2. La mujer virtuosa y la mujer ad\u00faltera; 3. El mensaje nupcial del Cantar de los Cantares. IV. El proyecto original de Dios sobre el matrimonio: 1. La tradici\u00f3n yahvista; 2. La tradici\u00f3n sacerdotal. V. La doctrina sobre el matrimonio en el NT<br \/>\n1. El inter\u00e9s de Jes\u00fas por la familia; 2. La familia puede trascenderse; 3. Matrimonio y divorcio en el pensamiento de Jes\u00fas. VI. El matrimonio en la doctrina de san Pablo: 1. La dignidad del matrimonio; 2. \u2020\u02dcPrivilegio paulino\u2020\u009d: \u00bfexcepci\u00f3n a la ley de la indisolubilidad?; 3. Matrimonio y virginidad; 4. Matrimonio como signo sacramental de la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia; 5. Pastoral familiar en san Pablo; 6. Inter\u00e9s por las viudas. Conclusi\u00f3n.<br \/>\nLa constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes, del Vaticano II, enfrent\u00e1ndose con algunos problemas urgentes de la sociedad contempor\u00e1nea, comienza precisamente por el matrimonio y por la familia: \u2020\u0153La salvaci\u00f3n de la persona y de la sociedad humana y cristiana va estrechamente unida a una situaci\u00f3n feliz de la comunidad conyugal y familiar\u2020\u009d. Pero inmediatamente despu\u00e9s afirma que \u2020\u0153no en todas partes brilla con la misma claridad la dignidad de esta instituci\u00f3n, ya que est\u00e1 oscurecida por la poligamia, la plaga del divorcio, el llamado amor libr\u00e9 y otras deformaciones\u2020\u009d (?\u2020\u02dc4.7).<br \/>\n1977<br \/>\n1. IDEAL Y REALIDAD EN EL MATRIMONIO.<br \/>\nPodemos decir que algo parecido encontramos en la Biblia, donde se nos ofrece indudablemente un cuadro teol\u00f3gico muy elevado del matrimonio y de la familia, que se deriva del matrimonio y se fundamenta en \u00e9l; pero nos hace ver adem\u00e1s c\u00f3mo no siempre se realiza ese ideal, tan dif\u00ed\u00adcil de conseguir. As\u00ed\u00ad que en la Biblia coexisten el \u2020\u0153proyecto ideal\u2020\u009d, que es en el que insistiremos m\u00e1s, ya que es el mensaje teol\u00f3gico v\u00e1lido para siempre, y la \u2020\u0153realidad\u2020\u009d, que, sobre todo en el AT, es m\u00e1s bien decepcionante.<br \/>\nPor otra parte, la experiencia b\u00ed\u00adblica quiere ser did\u00e1ctica y pedag\u00f3gica al mismo tiempo: lentamente, a trav\u00e9s de errores y de abusos de personajes incluso de relieve (pensemos en David), Dios quiere ense\u00f1ar a los creyentes el verdadero sentido del matrimonio y de la familia, hasta llegar al alt\u00ed\u00adsimo mensaje del NT.<br \/>\n1978<br \/>\n1. Sombras&#8230;<br \/>\nProcederemos s\u00f3lo por breves alusiones, al menos en lo que se refiere al aspecto hist\u00f3rico de la experiencia matrimonial y familiar.<br \/>\nInmediatamente despu\u00e9s de describir el cuadro ideal del matrimonio, Gen nos describe el asesinato de Abel a manos de Ca\u00ed\u00adn: el hermano mata al hermano! En la familia de Ca\u00ed\u00adn, su hijo Lamec es el primero en violar la ley de la monogamia tomando dos mujeres (Gn 4,19). Pero, a diferencia de Lamec y de los llamados \u2020\u0153hijos de Dios \u2020\u0153.(Gn 6,1-4), que se entregan sin ning\u00fan recato a las intemperancias sexuales, No\u00e9 es mon\u00f3gamo y tiene tres hijos (5,32; 8,15). Precisamente por su bondad y rectitud Dios, justo juez, lo salva del diluvio \u2020\u0153con toda su familia\u2020\u009d (7,1), a la que, como germen y s\u00ed\u00admbolo de la humanidad nueva, renueva la bendici\u00f3n que ya se hab\u00ed\u00ada concedido a la primera pareja humana: \u2020\u0153Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra\u2020\u009d (9,1; cf 1,28); #1979<br \/>\nCon Abrah\u00e1n comienza una cadena directa de familias, que pasa a trav\u00e9s de la de David, para desembocar en la de Nazaret.<br \/>\nGen tiene como espina dorsal tres familias: las de Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob. Al presentar a estas tres familias, el autor sagrado se muestra m\u00e1s interesado en hacer resaltar el plan divino a trav\u00e9s de ellas que su ejempla-ridad.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad, por ejemplo, Abrah\u00e1n practica una especie de poligamia uni\u00e9ndose a la esclava Agar para tener un hijo, Ismael. Tampoco es correcto su comportamiento al presentar a Sara como hermana suya, y no como esposa, a fin de no tener problemas cuando se la piden para satisfacer los apetitos de Abimelec Gn 12,10-20) o del fara\u00f3n (Gn 20).<br \/>\nMenos ejemplar todav\u00ed\u00ada es la familia de Jacob, a quien Dios mismo cambi\u00f3 el nombre por el de Israel<br \/>\nGn 32,23-32; Gn 35,10) para convertirlo en patriarca de su pueblo; sus hijos, que dan origen a las doce<br \/>\ntribus, nacen de dos mujeres de primer grado, L\u00ed\u00ada y Raquel, y de otras dos de segundo grado, Zilpa y Bihl\u00e1<br \/>\n(Gn 29,15-30).<br \/>\nSi pasamos a David, la situaci\u00f3n es peor todav\u00ed\u00ada. Valiente soldado y guerrillero, h\u00e1bil diplom\u00e1tico, de fuerte religiosidad, se siente, sin embargo, f\u00e1cilmente atra\u00ed\u00addo por la seducci\u00f3n de las mujeres y es d\u00e9bil con sus hijos. Tuvo consigo un verdadero \u2020\u0153har\u00e9n\u2020\u009d de mujeres y concubinas (2S 3,2-5; 2S 3,15; 2S 11,2-27; 2S 15,16). Sus numerosos hijos, que fueron causa de enormes sufrimientos para el padre, m\u00e1s que las virtudes heredaron sus vicios: Amn\u00f3n viola a su hermanastra Tamar (2S 13,1-22), a la cual venga Absal\u00f3n asesinando a su hermano (12,23-38). Absal\u00f3n se rebela contra su padre, disput\u00e1ndole el trono y oblig\u00e1ndole a huir de Jerusa-l\u00e9n (cc. 15-19). Del rey Salom\u00f3n se dice que ten\u00ed\u00ada 700 mujeres y 300 concubinas (IR 11,3).<\/p>\n<p>2. &#8230;Y LUCES EN LA EXPERIENCIA MATRIMONIAL.<br \/>\nPero junto a estas familias que hemos recordado hay otras que viven el matrimonio de manera ejemplar, con todas las riquezas de amor, de fidelidad, de fecundidad y de educaci\u00f3n de los hijos que se derivan del proyecto original de Dios. Pensemos en la familia de Rt, que se nos describe en el libro hom\u00f3nimo. O pensemos en el elevado sentido del matrimonio que respira el libro de Tob\u00ed\u00adas. Es especialmente significativa la plegaria que Tob\u00ed\u00adas y Sara dirigen al Se\u00f1or al comienzo de su convivencia nupcial: \u2020\u0153T\u00fa creaste a Ad\u00e1n y le diste a Eva, su mujer, como ayuda y compa\u00f1era; y de los dos ha nacido toda la raza humana&#8230; Ahora, Se\u00f1or, yo no me caso con esta mujer por lujuria, sino con elevados sentimientos. Ten misericordia de los dos y haz que vivamos larga vida\u2020\u009d (Tb 8,6-7).<br \/>\n\u00bfY qu\u00e9 decir de la madre de los Macabeos (2M 7), que con gran fuerza de \u00e1nimo exhorta a sus siete hijos para que arrostren el martirio antes que ceder a los halagos del tirano profanador Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes?<br \/>\nEsto significa que, a pesar de las muchas sombras debidas al ambiente cultural que rodeaba al mundo hebreo, el ideal del matrimonio mono-g\u00e1mico, vivido en el amor y en la alegr\u00ed\u00ada de los hijos, no s\u00f3lo era sentido por algunos, sino que se practicaba normalmente en Israel.<br \/>\n1981<br \/>\nII. LA ENSENANZA MATRIMONIAL DE LOS PROFETAS.<br \/>\nPara que este ideal permaneciera siempre limpio, los profetas se encargaron de ofrecer una aportaci\u00f3n decisiva, presentando la alegor\u00ed\u00ada nupcial como expresi\u00f3n de las relaciones de amor y de fidelidad entre Dios y el pueblo de Israel.<br \/>\nSi es \u00e9sta la imagen que utilizan los profetas con mayor frecuencia, hay que decir que, en realidad, todas las im\u00e1genes que emplean para expresar las relaciones entre Dios y el pueblo est\u00e1n de alg\u00fan modo sacadas del ambiente familiar. As\u00ed\u00ad, para anunciar de antemano la salvaci\u00f3n inesperada y la repoblaci\u00f3n de Jerusal\u00e9n, Isa\u00ed\u00adas hace decir al Se\u00f1or: ,lba yo a abrir el seno para no hacer nacer?&#8230; O yo, que hago nacer, \u00bflo iba a cerrar?\u2020\u009d (\u00ed\u00ads 66,9). Dios se presenta aqu\u00ed\u00ad como una madre que da a luz a sus hijos. En otro texto, el amor de Dios por Israel se compara de nuevo con el de una madre: \u2020\u0153,Puede acaso una mujer olvidarse del ni\u00f1o que cr\u00ed\u00ada, no tener compasi\u00f3n del hijo de sus entra\u00f1as? Pues aunque ella lo olvidara, yo no me olvidar\u00ed\u00ada de ti\u2020\u009d (Is 49.15). Para expresar la alegr\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n del destierro, se pone el ejemplo de la exultaci\u00f3n nupcial (Is 61,10 cf Is 62,5).<br \/>\n1982<br \/>\n1. La alegor\u00ed\u00ada nupcial para expresar la alianza de dios con Israel.<br \/>\nEste \u00faltimo texto nos devuelve a la imagen nupcial, que los profetas utilizan preferentemente para describir las relaciones de Dios con Israel: \u00e9l es el \u2020\u0153esposo\u2020\u2122, o tambi\u00e9n el \u2020\u0153novio\u2020\u2122, siempre fiel; mientras que Israel es la \u2020\u0153esposa\u2020\u2122 o la \u2020\u0153novia\u2020\u2122, que con frecuencia cae en la infidelidad.<br \/>\nOseas es el primero en emplear esta imagen, partiendo quiz\u00e1 de su propia experiencia matrimonial fracasada. En efecto, su mujer, Gomer, se entrega a la prostituci\u00f3n (Os 1,2). La \u2020\u0153prostituci\u00f3n\u2020\u009d de la mujer se convierte en s\u00ed\u00admbolo de la infidelidad de Israel, que llega incluso a rendir culto a las divinidades extranjeras, lo cual sol\u00ed\u00ada llevar consigo aut\u00e9nticas aberraciones sexuales. Pero Dios, siempre fiel, no se rinde y proyecta un nuevo noviazgo con su pueblo: \u2020\u0153Pero yo la atraer\u00e9 y la guiar\u00e9 al desierto, donde hablar\u00e9 a su coraz\u00f3n\u2020\u2122 (Os 2,16).<br \/>\nEl recuerdo del \u2020\u0153desierto\u2020\u2122 nos trae a la memoria el per\u00ed\u00adodo del enamoramiento, cuando Israel segu\u00ed\u00ada m\u00e1s de cerca a su Dios. El nuevo noviazgo, sin embargo, no deber\u00e1 ya romperse por nuevas infidelidades:<br \/>\n\u2020\u0153Entonces me casar\u00e9 contigo para siempre, me casar\u00e9 contigo en la justicia y el derecho, en la ternura y el amor; me casar\u00e9 contigo en la fidelidad, y t\u00fa conocer\u00e1s al Se\u00f1or\u2020\u009d (Os 2,21-22).<br \/>\nJerem\u00ed\u00adas recoge este mismo tema de Yhwh esposo, pero de una forma todav\u00ed\u00ada m\u00e1s tierna, recordando sobre todo las efusiones del primer amor: \u2020\u0153Me he acordado de ti, en los tiempos de tu juventud, de tu amor de novia, cuando me segu\u00ed\u00adas en el desierto, en una tierra sin cultivar\u2020\u009d (Jr 2,2). Precisamente por esto es m\u00e1s agudo el reproche que se dirige al pueblo infiel (Jr2,32).<\/p>\n<p>Esta imagen es recogida por Eze-quiel, que nos presenta a Israel bajo la imagen de una muchacha abandonada, de la que Dios se enamora hasta hacerla suya: \u2020\u0153Yo pas\u00e9 junto a ti y te vi. Estabas ya en la edad del amor; entonces extend\u00ed\u00ad el velo de mi manto sobre ti y recubr\u00ed\u00ad tu desnudez; luego te prest\u00e9 juramento, me un\u00ed\u00ad en alianza contigo, dice el Se\u00f1or Dios, y t\u00fa fuiste m\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Ez 16,8).<br \/>\nEsta imagen aparece todav\u00ed\u00ada con mayor frecuencia en el Segundo y en el Tercer Isa\u00ed\u00adas, en donde las dificultades tanto del destierro como del reasentamiento en la patria se ven suavizadas precisamente por el recuerdo de que Yhwh es el esposo, y por tanto no podr\u00e1 abandonar a su pueblo: \u2020\u0153No temas, pues no tendr\u00e1s ya que avergonzarte&#8230; Pues tu esposo ser\u00e1 tu creador, cuyo nombre es Se\u00f1or todopoderoso; tu redentor, el santo de Israel, que se llama Dios de toda la tierra\u2020\u009d (Is 54,4-6 cf Is 62,4-5 etc\u00e9tera).<br \/>\n1983<br \/>\n2. Alcance teol\u00f3gico de la alegor\u00ed\u00ada.<br \/>\nLa imagen nupcial es importante por un doble reflejo: por un lado, Dios no habr\u00ed\u00ada podido tomar como s\u00ed\u00admbolo de su amor a Israel la realidad matrimonial si esta realidad no hubiera sido sentida y vivida, al menos normalmente, como realidad de amor y de fidelidad total. El s\u00ed\u00admbolo es siempre algo aproximativo; pero carecer\u00ed\u00ada de sentido si, en principio, tuviera ya alguna cosa que obnubilase la comprensi\u00f3n de la comparaci\u00f3n. Por otro lado, Dios quiere dar una aut\u00e9ntica ense\u00f1anza sobre el matrimonio: el matrimonio tiene significado en la medida en que refleja las costumbres\u2020\u009d de Dios, imita sus actitudes, asume sus valores. Se da una rec\u00ed\u00adproca trabaz\u00f3n entre la \u2020\u0153realidad\u2020\u2122 matrimonial tomada como s\u00ed\u00admbolo y el \u2020\u0153proyecto\u2020\u009d matrimonial que Dios propone a los creyentes.<br \/>\n1984<br \/>\n3. EL MATRIMONIO COMO \u2020\u0153ALIANZA\u2020\u009d.<br \/>\nQuiz\u00e1 sea precisamente por este motivo por lo que Malaqu\u00ed\u00adas, en un pasaje que ofrece no pocas dificultades de cr\u00ed\u00adtica textual, presenta el matrimonio como alianza.<br \/>\nEfectivamente, recriminando al pueblo, que se lamenta de no ser escuchado a pesar de que ofrec\u00ed\u00ada sacrificios irreprensibles, Dios le acusa precisamente de infidelidad en el matrimonio: \u2020\u0153Y dec\u00ed\u00ads: cPor qu\u00e9?\u2020\u2122 Porque el Se\u00f1or es testigo entre ti y la esposa de tu juventud, a la que t\u00fa fuiste infiel, siendo as\u00ed\u00ad que ella era tu compa\u00f1era y la mujer de tu alianza (berit)..\u2020\u009d (MI 2,14-15). De este modo la alianza, que es la espina dorsal de las relaciones entre Dios y su pueblo, se proyecta, y de alguna manea se encarna, en la familia.<br \/>\n1985<br \/>\nIII. LA LITERATURA SAPIENCIAL.<br \/>\nTodo el fil\u00f3n de la literatura sapiencial exalta, incluso con referencias a la vida cotidiana, los valores del matrimonio y de la familia.<br \/>\n1986<br \/>\n1. El \u2020\u0153don\u2020\u009d de los hijos.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad el Ps 127 afirma que la \u2020\u0153bendici\u00f3n\u2020\u009d de Dios est\u00e1 en la base de la familia y que los hijos son un \u2020\u0153don\u2020\u2122:<br \/>\n\u2020\u0153Si el Se\u00f1or no construye la casa, en vano trabajan los que la construyen&#8230; Los hijos son un regalo del Se\u00f1or; el fruto de las entra\u00f1as, una recompensa (SaI 127,1; SaI 127,3-4).<br \/>\nA prop\u00f3sito de los hijos, se insiste mucho tanto en el deber de educarlos -incluso con rigor, si es necesario- como en la obligaci\u00f3n que ellos tienen de respetar a sus padres: \u2020\u0153El que ama a su hijo no le escatimar\u00e1 los azotes, para que al fin pueda complacerse en \u00e9l. El que educa bien a su hijo se gozar\u00e1 en \u00e9l, y en medio de sus conocidos podr\u00e1 enorgullecerse\u2020\u009d (Si 30,1-2; Pr 1,8). \u2020\u0153Porque el Se\u00f1or honra al padre en sus hijos, y confirma el derecho de la madre sobre las hijas. El que honra al padre repara su pecado, el que honra a su madre amontona tesoros\u2020\u009d (Si 3,2-4).<br \/>\n1987<br \/>\n2. La mujer virtuosa y la mujer ad\u00faltera.<\/p>\n<p>El Sir\u00e1cida exalta la felicidad del hombre que ha encontrado una mujer virtuosa: \u2020\u0153Dichoso el marido de una mujer buena; el n\u00famero de sus d\u00ed\u00adas se duplicar\u00e1. La mujer animosa es la alegr\u00ed\u00ada del marido, que llenar\u00e1 de paz sus a\u00f1os. La mujer buena es una gran herencia; ser\u00e1 dada en dote a los que temen al Se\u00f1or\u2020\u009d (Si 26,1-3).<br \/>\nAl mismo tiempo condena con toda severidad el adulterio, tanto si proviene del hombre como de la mujer:<br \/>\n\u2020\u0153El hombre infiel al lecho conyugal, que dice para s\u00ed\u00ad: \u2020\u02dc,Qui\u00e9n me ve? La oscuridad me envuelve y las paredes me ocultan; \u00bfqu\u00e9 tengo que temer? De mis pecados no se acordar\u00e1 el Alt\u00ed\u00adsimo\u2020\u2122, s\u00f3lo teme los ojos de los hombres, pero no advierte que los ojos del Se\u00f1or son mil veces m\u00e1s claros que el sol, ven todos los pasos de los hombres y penetran los rincones m\u00e1s secretos\u2020\u009d (Si 23,18-19).<br \/>\nM\u00e1s duro es todav\u00ed\u00ada el juicio sobre la mujer ad\u00faltera: \u2020\u0153As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la esposa que abandon\u00f3 a su marido y tuvo un hijo con otro. Porque, primero, desobedeci\u00f3 la ley del Alt\u00ed\u00adsimo; en segundo lugar, pec\u00f3 contra su marido; en tercer lugar, se manch\u00f3 con adulterio d\u00e1ndole hijos de otro hombre\u2020\u009d (Si 23,22-23).<br \/>\nEl libro de los Proverbios habla con frecuencia del peligro que representan las seducciones de la mujer \u2020\u0153extra\u00f1a\u2020\u009d (zarah) y de la mujer \u2020\u0153forastera\u2020\u009d (nokriyyah), t\u00e9rminos que deber\u00ed\u00adan expresar la misma cosa, es decir, la mujer que pertenece a otro hombre. Pero si la \u2020\u0153sabidur\u00ed\u00ada\u2020\u009d entra en el coraz\u00f3n del hombre, Dios lo librar\u00e1 \u2020\u0153de la mujer ajena, de la desconocida que halaga con palabras; ella ha abandonado al compa\u00f1ero de su juventud, se ha olvidado de la alianza (ber\u00ed\u00adt) de su Dios\u2020\u009d (Pr 2,16-17). En una palabra, la mujer \u2020\u0153forastera\u2020\u009d tiene que ser evitada por el hecho de que el matrimonio guarda relaci\u00f3n con la alianza; y como no es l\u00ed\u00adcito traicionar la alianza sina\u00ed\u00adtica, tampoco es posible violar la matrimonial.<br \/>\n1988<br \/>\n3. El mensaje nupcial del Cantar de los Cantares.<br \/>\nPero hay en la literatura sapiencial un libro dedicado por completo al amor humano, al impulso del deseo que desembocar\u00e1 luego en el matrimonio: el Cantar de los Cantares.<br \/>\nEntre los exegetas no reina unanimidad sobre la clave interpretativa de este peque\u00f1o poema, que es todo \u00e9l un di\u00e1logo entre dos \u2020\u0153enamorados\u2020\u009d que se buscan mutuamente con gozo y con temblor: \u00bfse trata de la exaltaci\u00f3n del amor humano o bien de una alegor\u00ed\u00ada del amor de Dios a Israel? Nosotros creemos que se trata a la vez de ambas cosas, lo cual hace todav\u00ed\u00ada m\u00e1s grande el amor, al vincularlo con el tema de la alianza. Por esto precisamente el amor no puede menos de ser duradero, como se expresa la esposa al final con im\u00e1genes atrevidas: \u2020\u0153Ponme como sello sobre tu coraz\u00f3n, como sello sobre tu brazo; porque es fuerte el amor como la muerte; inflexibles, como el infierno, son los celos. Flechas de fuego son sus flechas, llamas divinas son sus llamas. Aguas inmensas no podr\u00ed\u00adan apagar el amor ni los r\u00ed\u00ados ahogarlo\u2020\u009d Ct 8,6-7). Las \u00faltimas palabras se refieren a las aguas del caos primitivo, amenazantes y destructoras:<br \/>\npero ni siquiera esas aguas podr\u00ed\u00adan extinguir las \u2020\u0153llamas\u2020\u009d del amor aut\u00e9ntico!<br \/>\nEs un mensaje indudablemente muy profundo, en el que se funden entre s\u00ed\u00ad la experiencia humana, capaz ya de vislumbrar las exigencias del amor verdadero, que es preciso purificar y reforzar continuamente, y el mensaje prof\u00e9tico, que asumi\u00f3 esta experiencia como s\u00ed\u00admbolo del amor indefectible de Dios a su pueblo.<br \/>\n1989<br \/>\nIV. EL PROYECTO ORIGINAL DE DIOS SOBRE EL MATRIMONIO.<br \/>\nUna visi\u00f3n tan elevada del amor conyugal, incluso en sus elementos de atracci\u00f3n f\u00ed\u00adsica, tal como nos lo transmite el Cantar de los Cantares, corresponde al proyecto original de Dios, que encontramos delineado en el segundo relato de la creaci\u00f3n transmitido por el libro del \u00c2\u00a1G\u00e9nesis (2,18-23).<br \/>\n1990<br \/>\n1. La tradici\u00f3n yah vista.<br \/>\nEste relato se remonta a la tradici\u00f3n yah-vista (siglo X a.C.) y nos atestigua c\u00f3mo durante alg\u00fan tiempo se reflexion\u00f3 en Israel sobre el sentido de la sexualidad y sobre la misteriosa fuerza de atracci\u00f3n entre el hombre y la mujer. Todo ello expresado con el lenguaje pl\u00e1stico del yahvista, que con su simbolismo expresa unas realidades teol\u00f3gicas muy profundas.<br \/>\nEn primer lugar, el hombre es llamado a salir de su soledad: \u2020\u0153No es bueno que el hombre est\u00e9 solo; le dar\u00e9 una ayuda apropiada\u2020\u009d (2,18). Pero los animales que Dios crea y pone a disposici\u00f3n del hombre no son una ayuda adecuada para \u00e9l. \u2020\u0153Entonces el Se\u00f1or Dios hizo caer sobre el hombre un sue\u00f1o profundo, y mientras dorm\u00ed\u00ada le quit\u00f3 una de sus costillas, poniendo carne en su lugar. De la costilla tomada del hombre, el Se\u00f1or Dios form\u00f3 a la mujer y se la present\u00f3 al hombre\u2020\u009d (Vv. 21-22).<br \/>\nEst\u00e1 claro que el lenguaje, todo \u00e9l cargado de im\u00e1genes, no intenta narrar un suceso hist\u00f3rico, sino afirmar simplemente que la mujer no es extra\u00f1a al hombre, que es m\u00e1s bien una parte de \u00e9l, con la misma dignidad, capaz de dialogar y de amar. Por eso el hombre entona lo que se ha llamado el primer \u2020\u0153canto nupcial\u2020\u009d de la humanidad: \u2020\u0153Esta s\u00ed\u00ad que es hueso de mis huesos y carne de mi carne; \u00e9sta ser\u00e1 llamada hembra porque ha sido tomada del hombre\u2020\u009d (y. 23). La \u00faltima frase contiene en hebreo un juego de palabras que no puede re-\u2020\u2122 producirse adecuadamente en castellano: \u2020\u02dcis = hombre, \u2020\u02dcissah &#8211; mujer. Incluso con esta asonancia ling\u00fc\u00ed\u00adstica el autor intenta expresar la unidad de los dos sexos, a pesar de su distinci\u00f3n.<br \/>\nEl vers\u00ed\u00adculo final describe, en estilo sapiencial, no s\u00f3lo el hecho de la mutua atracci\u00f3n del hombre y de la mujer, sino sobre todo el sentido de esta atracci\u00f3n: \u2020\u0153Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y son los dos una sola carne\u2020\u009d (y. 24). Aunque se exalta sobre todo el amor, que en la uni\u00f3n sexual tiende casi simb\u00f3licamente a reconstruir la unidad primordial (\u2020\u0153carne de mi carne\u2020\u009d), no est\u00e1 ni mucho menos ausente la dimensi\u00f3n procreativa. Sobre todo se pone de relieve la unicidad exclusiva de las relaciones (contra la poligamia) y su indisolubilidad: la frase \u2020\u0153son los dos una sola carne\u2020\u009d expresa una situaci\u00f3n permanente de unidad de los esp\u00ed\u00adritus, m\u00e1s all\u00e1 de los cuerpos.<br \/>\n1991<br \/>\n2. La tradici\u00f3n sacerdotal.<br \/>\nEl primer relato de la creaci\u00f3n, que se remonta a la tradici\u00f3n sacerdotal (por el siglo vi a.C), expresa de una forma m\u00e1s solemne todav\u00ed\u00ada la unidad del hombre y de la mujer, aun dentro de la diferenciaci\u00f3n de los sexos, que es querida por Dios en primer lugar para la procreaci\u00f3n del g\u00e9nero humano. Por eso mismo el sexo es una realidad \u2020\u0153integradora\u2020\u009d, qu\u00e9 se comprende s\u00f3lo en di\u00e1logo con la pareja.<br \/>\nEn efecto, como coronaci\u00f3n de la obra de la creaci\u00f3n, Dios crea al \u2020\u0153hombre\u2020\u009d, que es tal solamente en cuanto macho-hembra: \u2020\u0153Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las fieras campestres y los reptiles de la tierra\u2020\u2122. Dios cre\u00f3 al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre\u00f3, macho y hembra los cre\u00f3. Dios los bendijo y les dijo: \u2020\u02dcSed fecundos y multiplicaos, poblad la tierra&#8230;\u2020\u009d (Gn 1,26-28).<br \/>\nSin entrar en detalles exeg\u00e9ticos, nos interesa aqu\u00ed\u00ad poner en evidencia dos cosas en relaci\u00f3n con el tema que estamos tratando.<br \/>\nLa primera es que el hombre es \u2020\u0153imagen de Dios\u2020\u009d en la dualidad de \u2020\u0153macho y hembra\u2020\u009d: ni el var\u00f3n ni la mujer, tomados por separado, son imagen de Dios. El car\u00e1cter \u2020\u0153dialogal\u2020\u009d de los sexos distintos abre ya al don, al amor, a la fecundidad, reproduciendo de este modo la \u2020\u0153imagen de Dios\u2020\u009d, que es esencialmente amor que se da.<br \/>\nLo segundo que hay que subrayar es la orden de tener hijos: \u2020\u0153Sed fecundos y multiplicaos&#8230;\u2020\u009d. Esto significa que la sexualidad tiene indicado aqu\u00ed\u00ad su desenlace y su finalidad espec\u00ed\u00adfica, es decir, la transmisi\u00f3n de la vida; funci\u00f3n \u00e9sta tan grande que, para realizarla, tiene necesidad de la \u2020\u0153bendici\u00f3n\u2020\u009d de Dios.<br \/>\nAunque acent\u00faa la finalidad pro-creativa, este texto no excluye la finalidad afectiva, que se subraya de manera particular, como hemos visto, en el yahvista: \u2020\u0153Y son los dos una sola carne\u2020\u009d. El hecho de que Dios haya creado al hombre a su \u2020\u0153imagen\u2020\u009d precisamente en cuanto \u2020\u0153macho y hembra\u2020\u009d incluye necesariamente en s\u00ed\u00ad la fuerza atractiva del amor.<br \/>\nEs el equilibrio de estos dos elementos (unitivo y procreativo) lo que debe marcar para siempre al matrimonio, tal como Dios lo ha concebido en su designio original.<br \/>\nPero sabemos que el pecado \u2020\u0153original\u2020\u009d rompi\u00f3 este equilibrio alterando la serenidad de las relaciones entre el hombre y la mujer; efectivamente, tambi\u00e9n la sexualidad quedar\u00e1 apartada de sus propios fines, como se insin\u00faa poco despu\u00e9s, al describirse el castigo de Dios a la mujer: \u2020\u0153Multiplicar\u00e9 los trabajos de tus pre\u00f1eces. Con dolor parir\u00e1s atus hijos; tu deseo te arrastrar\u00e1 hacia tu marido, que te dominar\u00e1\u2020\u009d (Gn 3,16). En vez de ser don rec\u00ed\u00adproco y sereno, la sexualidad se convertir\u00e1 en instrumento para tiranizarse mutuamente.<br \/>\nSobre este fondo de p\u00e9rdida de sentido de la sexualidad se explican todas las desviaciones que marcaron la historia de Israel y de la humanidad en general: poligamia, divorcio, explotaci\u00f3n de la mujer, violencia sexual, etc., tal como record\u00e1bamos al principio.<br \/>\n1992<br \/>\nV. LA DOCTRINA SOBRE EL MATRIMONIO EN EL NT.<br \/>\nCristo, como revelador \u00faltimo de la voluntad del Padre, nacido entre los hombres para llevar a cabo nuestra salvaci\u00f3n, ser\u00e1 sobre todo el que intentar\u00e1 situar de nuevo el matrimonio dentro del proyecto original de Dios.<br \/>\n1993<br \/>\n1. El inter\u00e9s de Jes\u00fas por la familia.<br \/>\nEn este sentido resulta ya interesante el hecho de que Jes\u00fas acepte nacer dentro de una familia, aunque sea una familia muy particular, en donde el elemento determinante es la aceptaci\u00f3n de la voluntad de Dios, como medida de las acciones y de los comportamientos de los miembros que la componen.<br \/>\nPensemos en Mar\u00ed\u00ada, que ante el anuncio asombroso de su maternidad virginal pronuncia unas palabras que manifiestan una fe incondiciona-da: \u2020\u0153Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed\u00ad seg\u00fan tu palabra\u2020\u009d Lc 1,38). 0 pensemos tambi\u00e9n en Jos\u00e9, que en todas las circunstancias, incluso las m\u00e1s embarazosas, obedece a las palabras del \u00e1ngel: \u2020\u0153Jos\u00e9, hijo de David, no tengas ning\u00fan reparo en recibir en tu casa a Mar\u00ed\u00ada, tu mujer, pues el hijo que ha concebido viene del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u2020\u009d (Mt 1,20-24). El mismo Jes\u00fas, en el episodio de su extrav\u00ed\u00ado en el templo, reivindicar\u00e1 para s\u00ed\u00ad la primac\u00ed\u00ada absoluta de la voluntad de Dios, incluso frente al sufrimiento de sus padres (Lc 2,49).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, la familia de Jes\u00fas es una familia en la que la palabra de Dios goza de una primac\u00ed\u00ada absoluta y en la que el amor, totalmente desinteresado, es la regla para todos.<br \/>\nIncluso en su actividad p\u00fablica, Jes\u00fas manifestar\u00e1 todo su inter\u00e9s por la familia, demostrando que conoce sus ventajas y sus defectos, sus gozos y sus sufrimientos.<br \/>\nPensemos en el episodio de las bodas de Cana, donde su presencia no es solamente bendici\u00f3n, sino tambi\u00e9n ayuda material para que no se viera turbada la alegr\u00ed\u00ada de aquel d\u00ed\u00ada (Jn 2,1-11): el primero de sus milagros es para una pareja de esposos. Es igualmente conmovedora su amistad con L\u00e1zaro y con sus hermanas: amistad que \u00e9l exalta resucitando incluso al hermano muerto (Jn 11,1-44). Cura tambi\u00e9n a la suegra enferma de Pedro (Mc 1,29-31). Conoce el drama de un padre que se ve abandonado por el hijo para seguirlos caminos de la perversi\u00f3n, como lo demuestra la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo (Lc 15,11-32). Ama a los ni\u00f1os con un cari\u00f1o m\u00e1s que maternal y reprende a los disc\u00ed\u00adpulos cuando intentan apartarlos; m\u00e1s a\u00fan, los propone como ejemplo para todos los que quieran entrar en el reino de los cielos: \u2020\u0153Os aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un ni\u00f1o no entrar\u00e1 en \u00e9l\u2020\u009d (Mc 10,13-16).<br \/>\n1994<br \/>\n2. La familia puede trascenderse.<br \/>\nA pesar de ello, Jes\u00fas no hace de la familia un absoluto; quiere que la familia est\u00e9 abierta a las exigencias superiores de Dios, que puede incluso exigir en algunas ocasiones abandonarla o, de todas formas, subordinarla siempre a sus proyectos. Es lo que responde a quien le anuncia que su madre y sus parientes lo estaban buscando: \u2020\u0153,Qui\u00e9nes son mi madre y mis hermanos?&#8230; El que hace la voluntad de Dios, \u00e9se es mi hermano, mi hermana y mi madre\u2020\u009d (Mc 3,31-35 y par).<br \/>\nCon esto Jes\u00fas asienta las premisas de una opci\u00f3n de vida distinta del matrimonio: si la familia es la m\u00e1xima expresi\u00f3n del amor entre los hombres, \u00bfpor qu\u00e9 no va a ser posible renunciar a la propia familia para cooperar en la formaci\u00f3n de la \u2020\u0153familia\u2020\u009d m\u00e1s amplia de los hijos de Dios, en la que todos puedan ser para m\u00ed\u00ad \u2020\u0153hermanos, hermanas y madres\u2020\u009d?<br \/>\n1995<br \/>\n3. Matrimonio y divorcio en el pensamiento de Jes\u00fcs.<br \/>\nPero examinemos ahora el texto cl\u00e1sico en que Jes\u00fas manifiesta su pensamiento sobre el matrimonio, en la redacci\u00f3n de Mt, incluso por las dificultades particulares que plantea esta redacci\u00f3n. Durante su viaje a Jerusal\u00e9n, algunos fariseos, \u2020\u0153para ponerlo a prueba\u2020\u009d, le preguntan si est\u00e1 permitido al hombre repudiar a su mujer \u2020\u0153por cualquier motivo\u2020\u009d (Mt 19,3). La insidia de la pregunta estaba en el intento de obligar a Jes\u00fas a tomar partido por una de las dos escuelas que se enfrentaban a prop\u00f3sito de la interpretaci\u00f3n de la ley sobre el divorcio (Dt 24,1): la de Hillel, m\u00e1s rigurosa, y la de Sammai, m\u00e1s ancha, que admit\u00ed\u00ada pr\u00e1cticamente el divorcio \u2020\u0153por cualquier motivo\u2020\u009d.<br \/>\nPero Jes\u00fas se sit\u00faa por encima de toda controversia y, apelando al \u2020\u0153principio\u2020\u009d, proclama que no es l\u00ed\u00adcita ninguna forma de divorcio: \u2020\u0153,No hab\u00e9is le\u00ed\u00addo que el Creador desde el principio los hizo macho y hembra, y que dijo: Por esto el hombre dejar\u00e1 a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer y ser\u00e1n los dos una sola carne? De tal manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre\u2020\u2122. Le replicaron: \u2020\u02dcEntonces, \u00bfpor qu\u00e9 Mois\u00e9s orden\u00f3 darle el acta de divorcio cuando se separa de ella?\u2020\u2122 Les dijo: \u2020\u02dcMois\u00e9s os permiti\u00f3 separaros de vuestras mujeres por la dureza de vuestro coraz\u00f3n, pero al principio no era as\u00ed\u00ad. Por tanto, os digo que el que se separe de su mujer, excepto en el caso de concubinato, y se case con otra, comete adulterio\u2020\u009d(Mt 19,4-9).<br \/>\nLas afirmaciones m\u00e1s destacadas de este p\u00e1rrafo son tres. La primera es que el matrimonio estable entra en el proyecto primordial de Dios, el cual no prev\u00e9 ninguna excepci\u00f3n a la indisolubilidad, precisamente por estar inscrita en la naturaleza misma del hombre y de la mujer en cuanto que son seres complementarios. Citando los dos pasajes de Gen 1,27 y 2,24, Jes\u00fas intenta referirlo todo al cuadro original. La segunda afirmaci\u00f3n es que la disposici\u00f3n mosaica sobre el divorcio (Dt 24,1) ten\u00ed\u00ada un valor transitorio, y mostraba no tanto una condescendencia de Dios como la \u2020\u0153dureza\u2020\u009d de coraz\u00f3n de los hebreos, cerrados a las exigencias de la voluntad aut\u00e9ntica divina. La tercera afirmaci\u00f3n es que el divorcio, con la transici\u00f3n a otro matrimonio, es simplemente \u2020\u0153adulterio\u2020\u2122, bien sea el hombre el que da este paso o bien la mujer, como se especifica mejor en Mc 10,11-12. Y el adulterio est\u00e1 expresamente prohibido por el sexto mandamiento (Ex 20,14; Dt 5,18).<br \/>\nPero eltexto de Mateo parece prever una excepci\u00f3n a la ley de la indisolubilidad (\u2020\u0153excepto en el caso de concubinato\u2020\u009d), en contra de lo que se dice en Marcos (10,11-12), en Lucas (16,18) y en Pablo (2Co 7,10-11 ), que no conocen ninguna excepci\u00f3n. Este testimonio concorde en contra de Mt nos puede ayudar a comprender mejor el texto mateano: en realidad, no deber\u00ed\u00ada tratarse de una excepci\u00f3n, sino m\u00e1s bien de un caso particular que se verificaba en la comunidad a la que Mateo dirige su evangelio. Por tanto, se tratar\u00ed\u00ada de un a\u00f1adido introducido por el evangelista.<br \/>\nEl t\u00e9rmino griego que se emplea en esta ocasi\u00f3n no es moije\u00ed\u00ada (adulterio), sino porne\u00ed\u00ada (\u2020\u0153excepto en el caso de porne\u00ed\u00ada\u2020\u009d, cf tambi\u00e9n 5,32), que tiene un significado m\u00e1s gen\u00e9rico y puede designar cualquier uni\u00f3n ileg\u00ed\u00adtima, debida, por ejemplo, a un cierto grado de parentesco (Lv 10,6). Estas uniones, consideradas como leg\u00ed\u00adtimas entre los paganos y toleradas por los mismos jud\u00ed\u00ados en relaci\u00f3n con los pros\u00e9litos, debieron crear algunas dificultades, cuando algunas de esas personas se convirtieron, en algunos ambientes judeo-cristianos legalistas, como el de la comunidad de Mateo; de aqu\u00ed\u00ad la orden de romper esas uniones irregulares, que eran solamente falsos matrimonios, es decir, una especie de \u2020\u0153concubinato\u2020\u2122, que deb\u00ed\u00ada simplemente ser eliminado.<br \/>\nSin embargo, para algunos se tratar\u00ed\u00ada de una aut\u00e9ntica excepci\u00f3n, y se referir\u00ed\u00ada al adulterio; en ese caso, por respeto a la sacralidad del matrimonio (C. Marucci), deber\u00ed\u00ada disolverse la uni\u00f3n conyugal. Esta es tambi\u00e9n, al menos en parte, la interpretaci\u00f3n de las Iglesias ortodoxas y protestantes; interpretaci\u00f3n que, a nuestro juicio, no logra dar raz\u00f3n del texto, y sobre todo va en contra de la l\u00ed\u00adnea rigurosa de los otros evangelistas, y especialmente de Pablo, el cual, a pesar de introducir ciertas mitigaciones en la praxis del matrimonio, no conoce una excepci\u00f3n de este g\u00e9nero.<br \/>\n1996<br \/>\nVI. EL MATRIMONIO EN LA DOCTRINA DE SAN PABLO.<br \/>\nSan Pablo habla del matrimonio para responder a una pregunta que le hab\u00ed\u00adan planteado los cristianos de Corinto, entre los que parece ser que cund\u00ed\u00ada cierta forma de encratismo, tendente a despreciar el matrimonio y a privilegiar la virginidad. Aun exaltando la virginidad por sus valores de libertad interior y de anticipaci\u00f3n de la situaci\u00f3n escatol\u00f3gica, Pablo reafirma la dignidad del matrimonio y recuerda sus derechos y sus deberes, entre los que se encuentra el deber de la fidelidad y de la indisolubilidad.<br \/>\n1997<br \/>\n1. La dignidad del matrimonio.<br \/>\n\u2020\u0153Sobre lo que me hab\u00e9is escrito, os digo lo siguiente. Est\u00e1 bien renunciar al matrimonio; pero para evitar la lujuria, que cada uno tenga su mujer, y cada mujer su marido. Tanto el marido como la mujer deben cumplir la obligaci\u00f3n conyugal. La mujer no es due\u00f1a de su cuerpo, sino el marido; igualmente, el marido no es due\u00f1o de su cuerpo, sino la mujer. No os negu\u00e9is el uno al otro esa obligaci\u00f3n, a no ser de com\u00fan acuerdo y por cierto tiempo, para dedicaros a la oraci\u00f3n&#8230; A los casados les mando (es decir, no yo, sino el Se\u00f1or) que la mujer no se separe del marido; y si se separa, que no se case o que se reconcilie con su marido; y que el marido no se divorcie de la mujer\u2020\u009d (lCD 7,1-10).<br \/>\nEn este texto, por lo que a nosotros se refiere, hay que destacar dos cosas: La primera es que el marido y la mujer tienen los mismos derechos y deberes, y por tanto deben sentirse cada uno de ellos como parte del otro; no son ya dos seres, sino un solo ser. La segunda es que el ap\u00f3stol se refiere a una orden expresa de Jes\u00fas: \u2020\u0153A los casados les mando (es decir, no yo, sino el Se\u00f1or)&#8230;\u2020\u2122(v. 10), para recalcar la condenaci\u00f3n del divorcio; la \u00fanica soluci\u00f3n, en caso de emergencia, es la \u2020\u0153separaci\u00f3n\u2020\u2122, que deber\u00ed\u00ada ser tan s\u00f3lo temporal. La meta final sigue siendo la \u2020\u0153reconciliaci\u00f3n\u2020\u2122 con el marido (y. 11).<br \/>\n1998<br \/>\n2. \u2020\u0153Privilegio paulino\u2020\u2122: \u00bfexcepci\u00f3n A LA LEY DE LA INDISOLUBILIDAD?<br \/>\nOtro caso, totalmente especial, pero que pod\u00ed\u00ada verificarse f\u00e1cilmente en una ciudad como Corinto, era el del matrimonio con un pagano o una pagana. San Pablo lo admite, y admite incluso una cierta sacralidad del mismo, previendo sus riesgos. Pero en la hip\u00f3tesis de que la parte pagana no consienta ya la convivencia con la parte cristiana, se pueden \u2020\u0153separar\u2020\u2122. La iniciativa tiene que partir del c\u00f3nyuge no cristiano: \u2020\u0153Si el c\u00f3nyuge no cristiano se separa, que se separe; en ese caso el otro c\u00f3nyuge creyente queda en plena libertad, porque el Se\u00f1or nos ha llamado a vivir en paz\u2020\u009d (Vv. 15-16).<br \/>\nSe trata del llamado \u2020\u0153privilegio paulino\u2020\u2122, que todav\u00ed\u00ada sigue vigente en el derecho can\u00f3nico (can. 1143). A nuestro juicio, aunque da la impresi\u00f3n de ser una excepci\u00f3n a la ley de la indisolubilidad, de hecho no lo es, en el sentido de que deber\u00ed\u00ada tratarse de una situaci\u00f3n tan anormal que la parte cristiana no se encuentre ya en condiciones de vivir su propio matrimonio; en este punto se hace como nulo, precisamente por estar privado de un significado cristiano, que la otra parte quiz\u00e1 hab\u00ed\u00ada reconocido inicialmente, pero que ahora no reconoce. La fe es un hecho determinante tambi\u00e9n en el matrimonio.<br \/>\n1999<br \/>\n3. Matrimonio y virginidad.<br \/>\nIgualmente resulta determinante la fe para captar el razonamiento que hace Pablo sobre la \/ virginidad precisamente en conexi\u00f3n con el matrimonio; si \u00e9ste es un \u2020\u0153don\u2020\u009d (c\u00e1risma), lo es mucho m\u00e1s a\u00fan la virginidad, que permite ampliar los espacios del amor y trabajar, \u2020\u0153sin estar dividido\u2020\u2122, por el reino de los cielos.<br \/>\nNo es nuestro prop\u00f3sito en esta ocasi\u00f3n desarrollar el tema de la \u2020\u0153virginidad\u2020\u2122, sino se\u00f1alar simplemente c\u00f3mo el ap\u00f3stol lo pone en relaci\u00f3n con el tema del matrimonio, no ya para contraponerlo a \u00e9l, sino como superaci\u00f3n; tanto el uno como la otra se han de desarrollar en la l\u00ed\u00adnea del amor, aun cuando la virginidad, como ofrenda total de uno mismo a Dios y a los hermanos, se abre a un amor \u2020\u0153m\u00e1s grande\u2020\u2122.<br \/>\nPor lo dem\u00e1s, san Pablo no hace otra cosa que proponer de nuevo la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, quien, precisamente frente a ciertas dificultades de los ap\u00f3stoles relativas al matrimonio, propone una meta m\u00e1s elevada: \u2020\u0153Porque hay eunucos que nacieron as\u00ed\u00ad-del vientre de su madre, los hay que fueron hechos eunucos por los hombres y los hay que a s\u00ed\u00ad mismos se hicieron tales por el reino de Dios. \u00c2\u00a1El que sea capaz de hacer esto, que lo haga!\u2020\u009d (Mt 19,13). Si hay algunos que \u2020\u0153por el reino de Dios\u2020\u009d se hacen voluntariamente \u2020\u0153eunucos\u2020\u2122, es decir, renuncian al matrimonio, los que viven en el matrimonio deber\u00ed\u00adan superar con mayor facilidad las dificultades inherentes a su estado. La virginidad se convierte de este modo en est\u00ed\u00admulo para vivir mejor el mismo matrimonio.<br \/>\n2000<br \/>\n4. Matrimonio como signo sacramental DE LA UNI\u00ed\u201cN DE CRISTO con la Iglesia.<br \/>\nPero hay otro texto en san Pablo en donde nos ofrece una teolog\u00ed\u00ada m\u00e1s profunda todav\u00ed\u00ada del matrimonio.<br \/>\nAl hablar de los deberes de la familia cristiana, en la carta abs Efe-sios comienza precisamente por los deberes mutuos entre los esposos: \u2020\u0153Respetaos unos a otros por fidelidad a Cristo. Que las mujeres sean sumisas a sus maridos como si se tratara del Se\u00f1or&#8230; Maridos, amad a vuestras esposas, como Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 \u00e9l mismo por ella, a fin de santificarla por medio del agua del bautismo y de la palabra&#8230; As\u00ed\u00ad los maridos deben tambi\u00e9n amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer se ama a s\u00ed\u00ad mismo. Porque nadie odia jam\u00e1s a su propio cuerpo, sino que, por el contrario, lo alimenta y lo cuida como hace Cristo con la Iglesia, pues somos miembros de su cuerpo. Por eso el hombre dejar\u00e1 a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer, y los dos ser\u00e1n una sola carne. Este es un gran misterio (myst\u00e9rion), que yo aplico a Cristo ya la Iglesia&#8230;\u2020\u009d (Ef 5,21-33; Col 3,18-19; IP 3,1-8).<br \/>\nEste texto es muy denso en teolog\u00ed\u00ada y no podemos analizarlo detalladamente. Subrayemos tan s\u00f3lo algunos de los conceptos que nos parecen m\u00e1s relevantes.<br \/>\nEn primer lugar, hay que decir que el discurso sobre el matrimonio se desarrolla por completo bajo el signo del amor; por eso mismo la \u2020\u0153sumisi\u00f3n\u2020\u009d del uno al otro no es signo de dependencia de esclavitud, sino de dependencia en el amor, de la que ninguno se escapa, ni siquiera el marido, a pesar de que se le presenta abiertamente como \u2020\u0153cabeza de la mujer\u2020\u009d (y. 23).<br \/>\nEn segundo lugar, la relaci\u00f3n marido-mujer se define sobre la relaci\u00f3n Cristo-Iglesia, que es esencialmente una relaci\u00f3n de amor: \u2020\u0153Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 \u00e9l mismo por ella\u2020\u009d (y. 25). \u00bfQu\u00e9 significa esto? \u00bfSolamente que la relaci\u00f3n Cristo-Iglesia se convierte en un modelo de amor rec\u00ed\u00adproco entre los esposos? \u00bfO bien que, adem\u00e1s de esto, Cristo asume el amor humano de los bautizados, lo hace fermentar desde dentro, lo purifica de todas las escorias inevitables que lleva consigo todo amor humano, para convertirlo en un reflejo, en una imagen de su relaci\u00f3n con la Iglesia? Creo que \u00e9ste es exactamente el pensamiento de Pablo.<br \/>\nY he aqu\u00ed\u00ad entonces la tercera idea que se deriva del texto: el matrimonio cristiano se sumerge en el \/ \u2020\u0153misterio\u2020\u009d mismo de Dios (y. 32), el cual, seg\u00fan el lenguaje paulino, es su proyecto de salvaci\u00f3n que culmina en la encarnaci\u00f3n, de la que es dilataci\u00f3n la Iglesia en cuanto \u2020\u0153esposa\u2020\u009d de Cristo. Por eso mismo el matrimonio no es un asunto privado, sino que entra en la dimensi\u00f3n de la \u2020\u0153eclesialidad\u2020\u009d y tiene que servir para el crecimiento de la Iglesia, de la que es como un comienzo en la medida en que sabe crear relaciones de amor y de fe entre todos sus miembros. Es aqu\u00ed\u00ad donde se perfila la \u2020\u0153sacramentalidad\u2020\u009d del matrimonio cristiano, como fuente y reserva de gracia para vivir en el amor y educar en el amor [1 Iglesia<br \/>\nII].<br \/>\n2001<br \/>\n5. Pastoral familiar en san Pablo.<br \/>\nMe parece que en esta direcci\u00f3n se mueve san Pablo en los vers\u00ed\u00adculos siguientes al dirigirse a todos los dem\u00e1s miembros de la familia, incluidos los esclavos: \u2020\u0153Hijos, obedeced a vuestros padres por amor al Se\u00f1or, porque esto es de justicia&#8230; Y vosotros, padres, no exasper\u00e9is a vuestros hijos, sino educadlos en la disciplina y en la correcci\u00f3n como quiere el Se\u00f1or. Esclavos, obedeced a vuestros amos temporales con respeto, lealtad y de todo coraz\u00f3n, como si fuera a Cristo&#8230; Y vosotros, amos, haced con ellos las mismas cosas, dej\u00e1ndoos de amenazas, considerando que vosotros y ellos ten\u00e9is un mismo amo en el cielo, para el que todos son iguales\u2020\u009d (Ef 6,1-9).<br \/>\nComo se ve, no se olvida a nadie; la familia no se agota en la pareja, sino que se abre necesariamente a los hijos,como fruto del amor mutuo, a los que hay que dar tambi\u00e9n una justa \u2020\u0153educaci\u00f3n\u2020\u009d que responda a las exigencias de la fe cristiana: \u2020\u0153Educadlos en la disciplina y en la correcci\u00f3n como quiere el Se\u00f1or\u2020\u009d (y. 4). Con la educaci\u00f3n cristiana los padres engendran por segunda vez a sus hijos.<br \/>\nTambi\u00e9n las relaciones, no siempre f\u00e1ciles, entre amos y esclavos se ense\u00f1an dentro del marco familiar, cuya ley fundamental es el amor: aun permaneciendo esclavos, se exalta su dignidad de hijos de Dios, que ha de ser reconocida por los \u2020\u0153amos\u2020\u009d, que tienen tambi\u00e9n \u2020\u0153un mismo amo en el cielo\u2020\u009d, el cual no siente preferencias por nadie. En este punto es evidente que el problema de la esclavitud queda abierto a una soluci\u00f3n radical.<br \/>\nLa valoraci\u00f3n de la familia en su conjunto, para que se desarrolle armoniosamente en el amor, se pone de relieve en un p\u00e1rrafo de la carta a Tito, donde.se ofrece una verdadera \u2020\u0153catequesis\u2020\u009d familiar, dirigida a las diversas categor\u00ed\u00adas de personas que componen la familia: \u2020\u0153Que los ancianos sean sobrios, hombres ponderados, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia; que las ancianas, igualmente, observen una conducta digna de personas santas; que no sean calumniadoras ni dadas a la bebida, sino capaces de instruir en el bien, a fin de que ense\u00f1en a las mujeres j\u00f3venes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, honestas, cuidadosas de los quehaceres dom\u00e9sticos, buenas, sumisas a sus maridos, de modo que no den ocasi\u00f3n a que se blasfeme contra la palabra de Dios. A los j\u00f3venes, de la misma manera, exh\u00f3rtalos a que sean prudentes en todo, present\u00e1ndote como ejemplo&#8230; Los esclavos, que se muestren sumisos en todo a sus amos&#8230;, para hacer honor en todo a la doctrina de Dios, nuestro salvador\u2020\u009d (Tt2,1-9).<br \/>\nEl motivo de esta conducta \u00ed\u00adntegra de los diversos miembros de la familia es esencialmente religioso:<br \/>\n\u2020\u0153Hacer honor a la doctrina de Dios\u2020\u009d (y. 10), \u2020\u0153no dar ocasi\u00f3n a que se blasfeme contra la palabra de Dios\u2020\u009d (y. 5). Esto presupone, l\u00f3gicamente, que la gracia matrimonial impregna a toda la familia, derram\u00e1ndose de los esposos sobre las dem\u00e1s personas que la componen.<br \/>\n2002<br \/>\n6. Inter\u00e9s por las viudas.<br \/>\nNadie queda excluido de esta preocupaci\u00f3n \u2020\u0153pastoral\u2020\u009d por la familia; especialmente las viudas son objeto de atenci\u00f3n por su situaci\u00f3n precaria y llena de peligros, sobre todo si son j\u00f3venes.<br \/>\nLa lTm considera tres categor\u00ed\u00adas de viudas. Las que tienen familia y viven con ella; se les recomienda sobre todo que cumplan con sus obligaciones familiares (5,4). Las que son \u2020\u0153verdaderamente viudas\u2020\u009d, es decir, que est\u00e1n sDIAS, y que por eso mismo necesitan ser asistidas por la Iglesia (5,5-16). Finalmente, las viudas que, asistidas o no, desempe\u00f1an funciones particulares en la Iglesia, y por eso mismo deben tener cualidades especiales (5,9-15).<br \/>\nEstas sugerencias concretas tienen la finalidad de valorar a la viuda, que estaba bastante marginada en la sociedad de la \u00e9poca, dentro de la actividad pastoral, abri\u00e9ndola a la preocupaci\u00f3n de aquella otra familia mayor que es la Iglesia. De esta manera podr\u00e1 recuperar la confianza en s\u00ed\u00ad misma y descubrir\u00e1 que puede ser \u00fatil a muchos de sus hermanos.<br \/>\nCONCLUSI\u00ed\u201cN. Si es verdad que la sociedad es normalmente el espejo de la familia, la Biblia nos ense\u00f1a c\u00f3mo es posible darle un nuevo fundamento, inspir\u00e1ndole aquel aliento de amor totalmente gratuito y desinteresado que es el \u00fanico capaz de hacer m\u00e1s humano el mundo en que vivimos.<br \/>\n2003<br \/>\nBIBL.: AA.W., Matrimonio e virginita, Ve-negono lnf. 1963; AA.W., II matrimonio cristiano. Studi biblia, teologicie pastorali, LDC, Tur\u00ed\u00adn 1978; Adinolfi M., GesCte ilmatrimonio, en \u2020\u0153BibOr\u2020\u009d 14 (1972) 13-29; Id, La coppia nel C\u00e1ntico dei Cantici, en ib 22 (1980); Id, La donna e u matrimoni nel giudaismo ai tempi di Cristo, en \u2020\u0153RBit\u2020\u009d 20(1972)362-390; Baltensweiler H., 1\/matrimonio nelNuovo Testamento, Paideia, Brescia 1982; Cipriani 5., Alcune riflessionibi-bliche sulla \u2020\u0153Humanae Vitae\u2020\u009d, en \u2020\u0153Lateranum\u2020\u009d 44(1978) 1-31; Crocetti G., Lafamigliasecondola Bibbia, Ancora, Mil\u00e1n 1983; Dacquino P., Storia del matrimonio cristiano alia luce della Bibbia, LDC, Tur\u00ed\u00adn 1984; Danieli G., Ipotesi recenti suU\u2020\u2122indissolubilita del matrimonio nel N. Testamento, en \u2020\u0153Asprenas\u2020\u009d22 (1975) 148-168; Deen E., Thefamulyin the Bible, Nueva York 1978; De KruiyfT.C., Lasessualita nella Bibbia, Ed. 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Visto sociol\u00f3gicamente el m. es una comunidad sexual cuyas estructuras var\u00ed\u00adan considerablemente de acuerdo con las circunstancias sociales generales. Es cierto que las teor\u00ed\u00adas evolucionistas del s. xix (especialmente Morgan), seg\u00fan las cuales el m. se desarrolla desde formas primitivas de promiscuidad, a trav\u00e9s de varios grados de matrimonios de grupos (uni\u00f3n sexual de todos los hombres con todas las mujeres de un grupo), pasando por la poligamia hasta la monogamia, han sido refutadas por los estudios modernos en el campo de la etnograf\u00ed\u00ada. Por otro lado, sin embargo, no se puede negar que las formas de m. que de hecho se dan son extraordinariamente m\u00faltiples, y que la definici\u00f3n cat\u00f3lica de m., a saber, comunidad indisoluble de vida entre un hombre y una mujer, en su forma estricta s\u00f3lo es reconocida por los cat\u00f3licos. El m. mon\u00f3gamo, pero disoluble en ciertas circunstancias, tiene no obstante la m\u00e1s amplia extensi\u00f3n y no est\u00e1 ligado a ninguna forma de cultura. Los m. polig\u00ed\u00adnicos vienen favorecidos por unas relaciones sociol\u00f3gicas diferenciadas, en las que desempe\u00f1an un papel importante la gran necesidad de fuerzas laborales femeninas, los motivos de prestigio y el deseo de una descendencia numerosa. Las formas poli\u00e1ndricas, que son muy raras, se ven favorecidas por el derecho acentuado del primog\u00e9nito, en virtud del cual a los hermanos nacidos posteriormente se les reconocen ciertos derechos matrimoniales en el m. del mayor, o por la escasez de mujeres, entre otros motivos.<\/p>\n<p>Los factores que determinan las estructuras concretas del m. hay que buscarlos no s\u00f3lo en el \u00e1mbito de la vida e higiene sexuales; tampoco se refieren \u00fanicamente a las relaciones entre var\u00f3n y mujer, sino que est\u00e1n condicionados sobre todo por las necesidades de la -> familia y de la -> sociedad; o sea, por las necesidades de la -> educaci\u00f3n, de la econom\u00ed\u00ada, de las posesiones, de la seguridad social, de la moralidad p\u00fablica, y otras semejantes. Y eso porque las circunstancias generales de la sociedad est\u00e1n a su vez condicionadas decisivamente por las circunstancias del m. y de la familia. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se comprende que el m. nunca haya sido visto aisladamente como asunto exclusivo de los contrayentes. Por el contrario, siempre ha estado ordenado \u00e9tica y religiosamente en el contexto supraindividual de la comunidad humana y de la familia, de modo que, en lo relativo a la ley, la moralidad y la norma \u00e9tica, este aspecto ha tenido generalmente la primac\u00ed\u00ada sobre las necesidades del m. en cuanto tal.<\/p>\n<p>2. Desde aqu\u00ed\u00ad aparece claro que bajo un punto de vista hist\u00f3rico-religioso el m. se presenta como un orden objetivo previamente establecido que sit\u00faa a los contrayentes en un contexto c\u00f3smico. Muchas veces es considerado como una instituci\u00f3n del ser supremo, constituyendo como tal un estadio peculiar de la realidad, el cual s\u00f3lo puede alcanzarse por una iniciaci\u00f3n ritual. El rito matrimonial posibilita el tr\u00e1nsito del hombre al nuevo estado y, junto al nacimiento, a la pubertad (entrada en la vida de adultos) y a la muerte, representa uno de los acontecimientos m\u00e1s importantes de la vida humana y es decisiva para poder hablar de matrimonio.<\/p>\n<p>Por lo com\u00fan, el rito matrimonial se realiza una sola vez entre un hombre y una mujer, aunque con frecuencia de una u otra forma hayan existido relaciones sexual\u00e9s en un marco m\u00e1s amplio. Pero es precisamente el rito matrimonial el que otorga validez al m. ante la sociedad. Junto a este m. realizado por la ceremonia esponsalicia entre un hombre y una mujer apenas si existen relaciones personales equivalentes. Cuando, p. ej., en el caso de esterilidad de la mujer, se permite la relaci\u00f3n sexual con una esclava para dar hijos a la mujer (G\u00e9n 16, 1-6; 30, 1-13), no hay que considerar esto como un nuevo m., sino, m\u00e1s bien, como un suceso intramatrimonial. Eso demuestra que la idea de que Dios quiere el m. est\u00e1 radicada en la conciencia religiosa del hombre m\u00e1s profundamente de lo que a primera vista permite sospechar la variedad de relaciones sexuales permitidas en las distintas formas de cultura. Hay que tener en cuenta las muchas posibilidades de configuraci\u00f3n del m. y, al propio tiempo, los elementos presentes en las distintas culturas para lograr una visi\u00f3n lo m\u00e1s amplia posible de la idea eclesi\u00e1stica del mismo, con sus implicaciones teol\u00f3gicas y jur\u00ed\u00addico-naturales (-> derecho natural).<\/p>\n<p>II. El matrimonio en la historia de la revelaci\u00f3n<br \/>\n1. Antiguo Testamento<br \/>\na) Relato de la creaci\u00f3n. La idea eclesi\u00e1stica del m. est\u00e1 en relaci\u00f3n inmediata con la concepci\u00f3n hebrea del mismo que presenta el Antiguo Testamento, cuya ley fundamental est\u00e1 contenida en el relato de la creaci\u00f3n, con sus afirmaciones sobre las relaciones entre hombre y mujer; si bien, seg\u00fan las palabras de Jes\u00fas que nos han sido transmitidas, en el transcurso de la historia del pueblo elegido esa ley no pudo llegar a desarrollarse totalmente por la dureza del coraz\u00f3n humano (Mt 19, 6). Seg\u00fan ese relato de la creaci\u00f3n, la mujer ha sido creada por causa del var\u00f3n; al tiempo que \u00e9ste se nos presenta como necesitado de ayuda y complemento. En consecuencia la mujer es creada como una ayuda para Ad\u00e1n, \u00abcomo un t\u00fa que est\u00e1 frente a \u00e9l\u00bb. Ella debe ser la compa\u00f1era del hombre en toda su vida. As\u00ed\u00ad, el hombre abandona a su padre y a su madre por causa de la mujer y se hace un solo cuerpo con ella, precisamente porque s\u00f3lo en ella puede encontrar lo que es totalmente suyo, y con ella puede entrar en una unidad que en el \u00e1mbito humano no conoce ning\u00fan paralelo, ya que es incluso m\u00e1s \u00ed\u00adntima que la relaci\u00f3n de procedencia frente al padre y a la madre. Al hombre, creado como var\u00f3n y mujer, se le confiere la misi\u00f3n de la fecundidad y del dominio del mundo.<\/p>\n<p>Para la comprensi\u00f3n veterotestamentariadel m. es fundamental adem\u00e1s la afirmaci\u00f3n del relato de la creaci\u00f3n sobre una ordenaci\u00f3n \u00abjer\u00e1rquica\u00bb de los sexos (Reidick). De acuerdo con ello, la esencia de Ad\u00e1n pasa a ser arquetipo de la esencia de Eva. Esta superioridad e inferioridad en virtud de la creaci\u00f3n es el fundamento de la relaci\u00f3n entre los sexos, en el que se basa la posibilidad de llegar a ser una sola cosa. Por consiguiente, la superioridad no tiende a que se d\u00e9 la preferencia a uno de los individuos, sino que est\u00e1 orientada a la perfecci\u00f3n en la uni\u00f3n. Con ello, la diversidad en la posici\u00f3n del var\u00f3n y de la mujer debe valorarse desde la unidad que es finalidad y fruto de la diferenciaci\u00f3n. Ella fundamenta la dignidad sexual y presupone a la vez una igualdad en el valor. La dignidad del var\u00f3n es ser cabeza de la mujer, y la dignidad de la mujer es ser esplendor y gloria del var\u00f3n. Esta superioridad e inferioridad de los sexos pertenece, pues, al orden de la creaci\u00f3n, sin que el juicio punitivo contra la mujer (G\u00e9n 3, 16) implique, p. ej., una subordinaci\u00f3n \u00e9tico-jur\u00ed\u00addica. M\u00e1s bien en ese juicio se constata simplemente un hecho; a saber, que por causa del pecado la mujer no s\u00f3lo estar\u00e1 sujeta a las molestias de la maternidad, sino tambi\u00e9n al poder y explotaci\u00f3n del var\u00f3n. Pero con ello no se formula ninguna norma de conducta.<\/p>\n<p>b) Tradici\u00f3n veterotestamentaria. Sobre este trasfondo el m. aparece en la tradici\u00f3n veterotestamentaria, como una instituci\u00f3n que sirve a la conservaci\u00f3n de la estirpe del var\u00f3n, de manera que no se pretende fundar una nueva familia, sino continuar la ya existente. Por eso los hijos son don y bendici\u00f3n de Dios, en tanto que la esterilidad es un oprobio y castigo. La solter\u00ed\u00ada se convierte en s\u00ed\u00admbolo de la decadencia del pueblo, y se desconoce la virginidad como forma santificada de vida. Adem\u00e1s, la ayuda y el cuidado mutuos, as\u00ed\u00ad como la complacencia en lo sexual se ven como sentido y finalidad del matrimonio.<\/p>\n<p>El m. es una instituci\u00f3n divina ya dada, pero no es una realidad espec\u00ed\u00adficamente sacra. Por ello, la estructura del m. viene totalmente determinada por las necesidades de la estirpe, a las que se subordina la relaci\u00f3n personal. As\u00ed\u00ad, en inter\u00e9s de la estirpe y en vistas a las circunstancias sociales y econ\u00f3micas se permiten algunas formas de poligamia (cf. entre otros lugares Ex 21, 7-11; Dt 21, 10-15) y de matrimonios simult\u00e1neos con esclavas; y la mujer en los pactos matrimoniales es entregada al marido como propiedad por su estirpe contra el pago de dinero o la ejecuci\u00f3n de ciertas obras. Con todo, la mujer no se convierte en esclava del marido ni \u00e9ste puede hacer con ella lo que quiera; la mujer sigue siendo una persona libre y debe ser respetada como esposa. Pero el adulterio con la mujer de otro se ve ahora como una infracci\u00f3n del derecho de posesi\u00f3n del hombre, y la prohibici\u00f3n de trato carnal con una virgen (cf. moral sexual, en -> sexualidad) se fundamenta en la valoraci\u00f3n inferior de \u00e9sta. Consecuentemente, el var\u00f3n en principio s\u00f3lo puede cometer adulterio violando los derechos de otro marido y la mujer s\u00f3lo puede cometerlo violando los derechos del propio marido. Con ello se da evidentemente una cierta libertad sexual. A causa de la extraordinaria importancia de las necesidades de la estirpe el m. es en principio disoluble, aunque s\u00f3lo por parte del var\u00f3n, y desde luego no s\u00f3lo por causa de esterilidad, sino tambi\u00e9n por falta de atracci\u00f3n, incompatibilidad y adulterio. Si no puede exigirse razonablemente a la mujer la prosecuci\u00f3n del m., ella puede pedir el repudio. As\u00ed\u00ad, pues, la concepci\u00f3n hebrea del m. fue \u00abnaturalista\u00bb; es decir, acept\u00f3 la \u00abnaturaleza\u00bb con todas sus implicaciones como dada e impuesta por Dios, y se enfrent\u00f3 afirmativamente con el m., los hijos y el coito en el marco de sus l\u00ed\u00admites forzosos.<\/p>\n<p>2. Nuevo Testamento<br \/>\na) Los sin\u00f3pticos. En el Nuevo Testamento Jes\u00fas da mayor profundidad en un doble aspecto a la concepci\u00f3n hebrea del m.: por un lado, lo espiritualiza y prohibe el repudio de la mujer, no s\u00f3lo cuando declara que \u00e9ste atenta contra la ley fundamental del m., consignada en el relato de la creaci\u00f3n e inserta en la naturaleza del hombre, que hace del var\u00f3n y de la mujer una sola carne, sino tambi\u00e9n cuando, al calificar de adulterio el m. entre separados, declara que la separaci\u00f3n no rompe el v\u00ed\u00adnculo matrimonial. Con ello explica que el sentido m\u00e1s profundo del m., querido por Dios, es la unidad entre var\u00f3n y mujer. El Evangelio de Mateo parece interpretar pr\u00e1cticamente esta doctrina, sin suavizarla, cuando permite la separaci\u00f3n por causa de adulterio, pero calificando de adulterio todo m. nuevo por la raz\u00f3n de que permanece el vinculo matrimonial (Mt 5, 22 ha de entenderse en este caso a partir de Mt 19, 9; y entonces el repudio, que en opini\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados significa separaci\u00f3n con derecho a nuevo m., seria interpretado por Jes\u00fas como separaci\u00f3n de mesa y lecho [Dupont]; de todos modos se discute esta explicaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Por otro lado, Jes\u00fas considera claramente el m. como forma de vida de esta \u00e9poca del mundo, forma que pasa con \u00e9l. En el cielo los hombres no se casan, y los resucitados ser\u00e1n como \u00e1ngeles (Mc 12, 25 par). La importancia del m. ha de considerarse secundaria de cara al reino de Dios y a sus exigencias, de modo que quien recibe la revelaci\u00f3n de los misterios del reino hace mejor permaneciendo c\u00e9libe que cas\u00e1ndose. Ante las exigencias de la parus\u00ed\u00ada los intereses del m. deben quedar postergados (Lc 14, 20; cf. tambi\u00e9n Mt 24, 28s; Lc 17, 27). Ante la actitud y la expectaci\u00f3n esencialmente escatol\u00f3gicas de Jes\u00fas, esta visi\u00f3n del m., que lo relativiza de cara al fin, estuvo seguramente en el primer plano de la conciencia de Jes\u00fas, pero no de modo que con ello se desfigurase la visi\u00f3n del significado propio del m. La dignidad que por designio de Dios corresponde al m. fue descubierta por Jes\u00fas bajo una luz singular, aunque mostrando al mismo tiempo la limitaci\u00f3n de su valor de cara al reino de Dios.<\/p>\n<p>b) Los escritos paulinos, que son la segunda fuente importante de afirmaciones neotestamentarias sobre el m., est\u00e1n determinados con mayor fuerza a\u00fan por esta visi\u00f3n ambivalente del mismo. De un lado se esfuerzan por descubrir a la luz de la -> antropolog\u00ed\u00ada neotestamentaria la ley fundamental sobre la relaci\u00f3n de los sexos contenida en el relato de la creaci\u00f3n. Reviste importancia ante todo el hecho de que, seg\u00fan 1 Cor 6, 12-20, la uni\u00f3n sexual no es una simple funci\u00f3n ven\u00e9rea m\u00e1s o menos perif\u00e9rica, sino que en ella se trata de un acto que por su misma naturaleza reclama toda la personalidad y le da expresi\u00f3n, constituyendo as\u00ed\u00ad una forma totalmente singular de manifestaci\u00f3n y entrega de la persona. Adem\u00e1s ahora se acent\u00faa en\u00e9rgicamente la igualdad espiritual entre var\u00f3n y mujer, y se destaca que la diversidad de sexos con las consecuencias inherentes son en Cristo relativamente poco importantes. Tambi\u00e9n es signicativo que en 1 Cor 11, 3-15 el problema, condicionado por el tiempo y la disciplina comunitaria, del velo de las mujeres en los actos de culto se discute sobre el trasfondo fundamentalmente teol\u00f3gico de la relaci\u00f3n de los sexos.<\/p>\n<p>Pero, sobre todo en Ef 5, 21-33, el m. cristiano se interpreta como una imagen del m. de Cristo con la Iglesia, el cual, a su vez, es prefigurado t\u00ed\u00adpicamente por las relaciones de Ad\u00e1n con Eva (Ad\u00e1n es typus Christi). Pero esto significa que var\u00f3n y mujer en su m. conservan la relaci\u00f3n de Cristo con la Iglesia, y que la representan en sus mutuas relaciones. Con ello el trato entre los esposos no s\u00f3lo se compara a la relaci\u00f3n de Cristo con la Iglesia, sino que se fundamenta en ella. As\u00ed\u00ad, pues, si los maridos aman a sus esposas como a su propia carne, hacen simplemente lo que Cristo realiza con su Iglesia. Pero este gran misterio del amor de Cristo a su Iglesia es prefigurado ya misteriosamente, seg\u00fan Pablo, en G\u00e9n 2, 24 (sobre la subordinaci\u00f3n de los sexos) y constituye el m. de los cristianos. Estos deben por su parte imitarlo en sus relaciones mutuas. Con ello se distinguen teol\u00f3gicamente las relaciones entre los esposos de las otras relaciones humanas &#8211; p. ej., las que median entre padres e hijos -, acerca de las cuales se dice solamente que deben suceder \u00aben el Se\u00f1or\u00bb. Con ello se expone un concepto de m. que hace posible y necesario considerarlo en sentido dogm\u00e1tico como un -> sacramento. Ahora bien, seg\u00fan el lugar citado, a esta relaci\u00f3n debe corresponder la conducta, y as\u00ed\u00ad las mujeres han de someterse \u00aben todo\u00bb a sus maridos. Esta sumisi\u00f3n se refiere ciertamente al marido, quien, como Cristo, debe ser se\u00f1or para salvaci\u00f3n de la mujer. S\u00f3lo mediante este se\u00f1or\u00ed\u00ado para la salvaci\u00f3n se hace plenamente posible la obediencia. As\u00ed\u00ad a la exigencia de amor a la propia mujer corresponde la exigencia de sumisi\u00f3n (H. SCHLIER, Der Brief an die Ephesier [D 21958] 252-280). De modo parecido se exhorta a las mujeres en Col 3, 18s a someterse a sus maridos como a Cristo, y se solicita de \u00e9stos un amor cristiano hacia sus mujeres (seg\u00fan 1 Pe 3, 1-7, los esposos deben ganarse mutuamente para la fe por el cumplimiento ejemplar de sus deberes de estado en el esp\u00ed\u00adritu cristiano).<\/p>\n<p>Pr\u00e1cticamente debi\u00f3 repercutir de modo especial en las relaciones matrimoniales el que la situaci\u00f3n de la mujer en las Iglesias fundadas por Pablo &#8211; de acuerdo con las ideas y normas del tiempo &#8211; fuera en muchos aspectos excepcional. Su equiparaci\u00f3n e igualdad de derechos se subrayan como jam\u00e1s antes; y el m. pasa del \u00e1mbito de las cosas a la esfera de lo espiritual y personal. De ah\u00ed\u00ad que en las ep\u00ed\u00adstolas paulinas se encuentren ya atisbos precisos de una espiritualidad matrimonial espec\u00ed\u00adficamente cristiana, que m\u00e1s tarde no merecieron ciertamente suficiente atenci\u00f3n ni se desarrollaron en la forma debida.<\/p>\n<p>Por otro lado, Pablo desea en 1 Cor 7 que los fieles, en la expectaci\u00f3n de la venida decisiva del Se\u00f1or, que el ap\u00f3stol considera inminente, renuncien como \u00e9l al m. en favor de la virginidad, puesto que los azares de la vida presente comportan el peligro de dejar demasiado al margen las \u00fanicas cosas necesarias. Es cierto que no todos est\u00e1n llamados a la virginidad y que es posible casarse sin pecar; pero el casado, que por su v\u00ed\u00adnculo matrimonial se halla m\u00e1s ligado al mundo que el soltero, no est\u00e1 tan dispuesto por su r\u00e9gimen de vida y convivencia a la entrega indivisa a Cristo como el soltero, el cual no se deja enga\u00f1ar por la figura transitoria de este mundo y se dedica por entero al servicio del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Con ello no s\u00f3lo se relativiza el valor del m. con vistas a la parus\u00ed\u00ada, sino que tambi\u00e9n se acent\u00faan fuertemente los peligros de la vida matrimonial. Al \u00abno es bueno que el hombre est\u00e9 solo\u00bb del relato de la creaci\u00f3n Pablo opone: \u00abEs bueno para el hombre no tocar mujer.\u00bb Pero en este contexto no se deja arrastrar a condenar el m., sino que con sabidur\u00ed\u00ada pastoral y visi\u00f3n teol\u00f3gica destaca c\u00f3mo a causa de la constituci\u00f3n humana el m. es necesario, y c\u00f3mo para evitar peligros no se debe renunciar sin causa justificada y por largo tiempo al encuentro conyugal. Puesto que los esposos ya no se pertenecen a s\u00ed\u00ad mismos, no pueden abstenerse el uno del otro sin consentimiento mutuo y, seg\u00fan la prescripci\u00f3n de Cristo, no pueden abandonarse. El v\u00ed\u00adnculo matrimonial s\u00f3lo se rompe con la muerte de uno de los esposos. Con ello la visi\u00f3n \u00abnaturalista\u00bb que los jud\u00ed\u00ados ten\u00ed\u00adan del m. no s\u00f3lo queda espiritualizada, sino que al mismo tiempo es presentada por Pablo en toda su fragilidad.<\/p>\n<p>III. Historia teol\u00f3gica del matrimonio<br \/>\n1. Patr\u00ed\u00adstica<br \/>\nEsta actitud ambivalente frente al m. se agudiza todav\u00ed\u00ada m\u00e1s en el per\u00ed\u00adodo postapost\u00f3lico. Si el relato de la creaci\u00f3n hab\u00ed\u00ada visto en el m. una magn\u00ed\u00adfica instituci\u00f3n de Dios, aunque a consecuencia del pecado original hubiese ca\u00ed\u00addo en el \u00e1mbito de la tribulaci\u00f3n humana; si Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada interpretado el m. como una indisoluble instituci\u00f3n querida por Dios, pero al mismo tiempo como un orden de cosas que vale para este mundo y que fenece con \u00e9l, debiendo subordinarse a las exigencias radicales de la parus\u00ed\u00ada; si, finalmente, Pablo hab\u00ed\u00ada echado los cimientos de una espiritualidad matrimonial espec\u00ed\u00adficamente cristiana, oponi\u00e9ndose a la visi\u00f3n terrena del m.; ahora \u00e9ste se va juzgando cada vez m\u00e1s desde el punto de vista de c\u00f3mo puede justificarse el ejercicio de la sexualidad, herida por el -> pecado original. La finalidad del m., y con ello la comprensi\u00f3n del dogma relativo a \u00e9l, viene ampliamente condicionada por la moral matrimonial, por la doctrina de la motivaci\u00f3n subjetiva que induce al m. Esta visi\u00f3n alcanza un cierto punto culminante en la doctrina matrimonial de Agust\u00ed\u00adn, de cuyas opiniones teol\u00f3gicas s\u00f3lo con gran dificultad consiguieron separarse 1as generaciones posteriores.<\/p>\n<p>a) Caracter\u00ed\u00adstica de Agust\u00ed\u00adn es que reduce la -> sexualidad al \u00e1mbito animal, sin adscribirle ning\u00fan aspecto espec\u00ed\u00adficamente humano. El fin del m. es la procreaci\u00f3n. El m. ha sido da\u00f1ado en lo m\u00e1s profundo por el pecado original, que se manifiesta en la -> concupiscencia. Esto se prueba ante todo por la erecci\u00f3n aut\u00f3noma de los \u00f3rganos sexuales, por el car\u00e1cter resueltamente indomable del orgasmo y por el intenso movimiento ven\u00e9reo de la emotividad, que llevan a la merma y al dominio del esp\u00ed\u00adritu por la sexualidad y hacen que incluso la generaci\u00f3n, en s\u00ed\u00ad buena, no pueda producirse sin una cierta medida de \u00abmovimiento animal\u00bb. Agust\u00ed\u00adn fue tan lejos que equipar\u00f3 en gran parte el pecado original, la concupiscencia y la emoci\u00f3n ven\u00e9rea, sacando la conclusi\u00f3n de que en teor\u00ed\u00ada hay que calificar como buena la uni\u00f3n conyugal, pero hay que ver cada encuentro conyugal concreto al menos como materialmente malo; por lo que cabe decir que cada ni\u00f1o ha sido engendrado literalmente en el \u00abpecado\u00bb de sus padres, puesto que la procreaci\u00f3n s\u00f3lo puede producirse mediante el est\u00ed\u00admulo seductor del placer carnal. Pero a causa de la descendencia querida por Dios se trata de una especie de pecado permitido o tolerado, de manera que para Agust\u00ed\u00adn la uni\u00f3n conyugal dirigida subjetivamente a la procreaci\u00f3n est\u00e1 moralmente justificada. Lo mismo debe decirse sobre el cumplimiento del d\u00e9bito conyugal, pues por el m. se ha otorgado a la otra parte el derecho sobre el propio cuerpo. Los abrazos conyugales que no se dan expresamente con una de estas dos intenciones, pero que impiden las consecuencias naturales del coito, son pecados \u00abveniales\u00bb, precisamente porque el m., entre otras cosas, tiene el fin de moderar los deseos carnales.<\/p>\n<p>Con todo, el m. es un estado honroso y en cierto modo santificador; Agust\u00ed\u00adn no puede ni quiere negar esto en virtud de los testimonios de la Escritura y de la tradici\u00f3n que se apoya en ellos. Pero a su juicio es as\u00ed\u00ad por los bienes que lo disculpan y ante todo por el amor espiritual de los esposos. Como bienes del sacramento se\u00f1ala la prole, la fidelidad y el sacramento, y los explica como sigue: \u00abLa fidelidad quiere decir que fuera del lazo matrimonial no se tenga trato con otro o con otra. La prole significa que el ni\u00f1o ha de ser recibido con amor cordial, cuidado con bondad cari\u00f1osa y educado en el temor de Dios. El sacramento significa, finalmente, que el m. no puede separarse&#8230; Ese ha de ser el principio del m. por medio del cual se ennoblezca la fertilidad querida por la naturaleza y al mismo tiempo se mantenga en los l\u00ed\u00admites debidos el apetito desordenado\u00bb (De Genesi ad litt. ix 7, 12).<\/p>\n<p>b) Este cambio en la concepci\u00f3n del m. se hizo posible por la influencia del dualismo helen\u00ed\u00adstico sobre los padres de la Iglesia, el cual ve\u00ed\u00ada esencialmente la vida recta en la &#038;-rapa Ea, en el ideal de impasibilidad y de soberan\u00ed\u00ada estoicos frente a todos los afectos y, especialmente, frente a los sensibles, el m\u00e1s fuerte de los cuales es el placer sexual. Principalmente la modalidad encratita y la gn\u00f3stica de este -\u00bb dualismo encontraron puntos de apoyo en la concepci\u00f3n cristiana del m. Mientras que el encratismo, en virtud de una acentuaci\u00f3n unilateralmente asc\u00e9tica del principio de la \u00e1taraxia, del dominio de s\u00ed\u00ad mismo, de la continencia, tend\u00ed\u00ada a una sobrevaloraci\u00f3n perfeccion\u00ed\u00adstica de la virginidad y a una infravaloraci\u00f3n del m., el -> gnosticismo, con sus premisas dual\u00ed\u00adsticas de que la materia es intr\u00ed\u00adnsecamente mala, dio al encratismo algo as\u00ed\u00ad como un fundamento dogm\u00e1tico. Defend\u00ed\u00ada que el m. y el coito s\u00f3lo sirven para encerrar m\u00e1s almas en la c\u00e1rcel del cuerpo, y recomendaba la continencia para fracasar este prop\u00f3sito, por un lado, del demiurgo y para someter la carne al esp\u00ed\u00adritu, por otro. El gnosticismo refrendaba con ello &#8211; de manera ciertamente her\u00e9tica &#8211; la concepci\u00f3n cristiana del riesgo de lo sexual como secuela del pecado y del car\u00e1cter secundario de las exigencias del m. frente a las del reino de Dios.<\/p>\n<p>Se comprende as\u00ed\u00ad que los padres de la Iglesia, en su com\u00fan posici\u00f3n emocional frente al m. y al coito estuvieran fuertemente influenciados por el esp\u00ed\u00adritu de su tiempo, en el que se configur\u00f3 la tradici\u00f3n cristiana, precisamente porque en su mayor\u00ed\u00ada viv\u00ed\u00adan en estrecho contacto con el mundo circundante. As\u00ed\u00ad los l\u00ed\u00admites de su tiempo fueron tambi\u00e9n los suyos. Con todo, nunca fueron tan lejos que traicionaran lo esencial de la tradici\u00f3n cristiana, y as\u00ed\u00ad a trav\u00e9s de siglos defendieron con palabras semejantes a las de 1 Tim 4, 15 el valor fundamental y la santidad del m. A pesar de todo no se puede discutir que los padres ejercieron una influencia negativa tanto en la teolog\u00ed\u00ada matrimonial como en la predicaci\u00f3n del medievo.<\/p>\n<p>2. Escol\u00e1stica<br \/>\nAs\u00ed\u00ad no es de extra\u00f1ar que muy pronto y sin grandes dificultades el m. se contara entre los siete sacramentos cuando en el siglo xii se estableci\u00f3 el concepto de sacramento en el sentido dogm\u00e1tico actual, aunque inicialmente no todos los escol\u00e1sticos supieran explicarse si el sacramento del m. confiere la gracia y c\u00f3mo la confiere. As\u00ed\u00ad Abelardo (t 1142) dice del m., que \u00e9l une con el bautismo, la confirmaci\u00f3n, la eucarist\u00ed\u00ada y la extremauci\u00f3n: \u00abEntre ellos (es decir, entre estos sacramentos) hay uno que no gu\u00ed\u00ada hacia la salvaci\u00f3n, pero que es sacramento de una cosa importante, a saber, el matrimonio. Tomar esposa no es ciertamente meritorio para la salvaci\u00f3n, sino que fue permitido a causa de la incontinencia para la salvaci\u00f3n\u00bb (Ep. theol. 28; PL 178, 1738).<\/p>\n<p>Sin embargo, la sacramentalidad del m. pronto se expresa en las decisiones doctrinales eclesi\u00e1sticas: en el Decretum pro Armenis (1439) del concilio de Florencia se ense\u00f1a claramente que este sacramento contiene gracia y que la confiere a quien lo recibe piadosamente (Dz 695 698); y el Tridentino (Dz 971) define expresamente la sacramentalidad del m. contra los protestantes.<\/p>\n<p>IV. Exposici\u00f3n sistem\u00e1tica<br \/>\n1. Teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica<br \/>\na) Por esta doctrina de la sacramentalidad se establece y garantiza que el m. es un estado leg\u00ed\u00adtimo e incluso santo; y as\u00ed\u00ad queda preservado de una profanaci\u00f3n falsificadora. Pues dicha doctrina afirma que por el m. el hombre participa en cierta manera de la redenci\u00f3n, ya que a trav\u00e9s de cada sacramento alcanzamos siempre una asimilaci\u00f3n con Cristo y su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, asimilaci\u00f3n que no pueden realizar por sf mismos ni el hombre ni el signo, sino, \u00fanicamente, la gracia divina comunicada por Cristo. Puesto que en adelante al m. cristiano como tal se le atribuye esta gracia, en consecuencia s\u00f3lo el m. de los bautizados es considerado como -> sacramento, es decir, como signo que confiere ex opere operato la gracia espec\u00ed\u00adfica del sacramento, con tal no se le oponga ning\u00fan \u00f3bice que anule la disposici\u00f3n suficiente para la actualizaci\u00f3n del mismo. Pero esto significa tambi\u00e9n que s\u00f3lo este m. posee &#8211; al menos de un modo pleno &#8211; aquel car\u00e1cter de signo, y por ello de testimonio, para el cual capacita la asimilaci\u00f3n con Cristo por la gracia en el m. S\u00f3lo ese m. se encuentra por completo en situaci\u00f3n de imitar de tal modo el v\u00ed\u00adnculo de Cristo con su Iglesia, que en \u00e9l opere el misterio mismo del amor encarnado de Dios.<\/p>\n<p>b) Seg\u00fan esto el signo sacramental es el pacto matrimonial entre cristianos. Este pacto se establece por la manifestaci\u00f3n de la voluntad de casarse (matrimonium ratum), y se realiza con la mutua entrega total (matrimonium consummatum). La manifestaci\u00f3n de la voluntad de enlace debe darse ciertamente en la forma prescrita por el derecho sacramental, puesto que el m. como sacramento representa tambi\u00e9n un acto eclesi\u00e1stico, y en consecuencia puede y debe ser ordenado por la Iglesia, de acuerdo con la misma Iglesia y con la misi\u00f3n que en ella corresponde al m. Esta ordenaci\u00f3n del m. est\u00e1 reglamentada en el derecho can\u00f3nico, el cual por su parte debe estar al servicio del cometido sacramental representativo de salvaci\u00f3n que tiene la Iglesia.<\/p>\n<p>c) Seg\u00fan Ef 5, 21-23, el m. es hasta cierto punto una ramificaci\u00f3n del \u00abgran matrimonio\u00bb de Cristo con la Iglesia. Los es-posos cristianos tienen el cometido, frente al mundo y especialmente frente a sus propios hijos, de presentar una imagen clara y visible del amor de Cristo y la Iglesia, de modo que se pueda decir: res et sacramentum del m. consisten en el v\u00ed\u00adnculo visible del amor definitivo e indisoluble de los esposos hasta que la muerte rompa dicho v\u00ed\u00adnculo.<\/p>\n<p>La consecuencia es que del estado matrimonial cristiano se deriva el \u00abderecho\u00bb a una ayuda constante de la gracia que haga posible el buen cumplimiento de las obligaciones de dicho estado, si es que puede llamarse derecho a la exigencia de un don inmerecido que s\u00f3lo depende de la libre voluntad del donante. En este sentido el v\u00ed\u00adnculo matrimonial puede compararse con el car\u00e1cter sacramental de los dem\u00e1s sacramentos que fundamentan un estado de redenci\u00f3n. Pero con ello tambi\u00e9n queda claro que los esposos, viviendo su m., en el que deben representar el misterio de la redenci\u00f3n, reciben una funci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. De ah\u00ed\u00ad tambi\u00e9n que la Iglesia tenga el derecho y el deber de influir de manera correspondiente en la forma del matrimonio.<\/p>\n<p>d) La gracia producida por el sacramento (res sacramenti) consiste seg\u00fan esto en que, para los esposos que no se cierran en s\u00ed\u00ad mismos, el misterio del amor de Dios encamado se hace tan eficaz que ellos sobrenaturalmente est\u00e1n unidos con Dios y entre s\u00ed\u00ad en Cristo, tal como \u00e9ste lo est\u00e1 con la Iglesia. Es verdad que ya por el -> bautismo toda la vida cristiana recibe un car\u00e1cter sacramental y que por lo mismo nuestras relaciones con Dios y con los hombres quedan transformadas fundamentalmente por la gracia bautismal; pero por el m. el hombre alcanza adem\u00e1s una incorporaci\u00f3n nueva y m\u00e1s perfecta al misterio de la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cuanto el cristiano por la gracia matrimonial alcanza una semejanza con Cristo que va m\u00e1s all\u00e1 de la dada en el bautismo, es evidente que queda vinculado de una forma nueva a su salvaci\u00f3n y glorificaci\u00f3n, las cuales, ciertamente, est\u00e1n marcadas por la cruz y la muerte como estadio de transici\u00f3n. Tambi\u00e9n la gracia del m. es, pues, una gracia marcada por la cruz. De ah\u00ed\u00ad que esa gracia y la responsabilidad consiguientes s\u00f3lo con la fe puedan verse en definitiva como un don beatificante. Puesto que la -> gracia no destruye la naturaleza sino que la lleva a la perfecci\u00f3n transform\u00e1ndola y elev\u00e1ndola esencialmente, tampoco la gracia matrimonial puede ser vista como algo que se a\u00f1ade al m. y que en cierto modo lo completa y perfecciona desde fuera, sino que ha de verse como un dinamismo que lo transforma y penetra desde dentro con su realidad creadora, de manera que el m. pasa a ser un estado propio no s\u00f3lo de los redimidos sino tambi\u00e9n de la -> redenci\u00f3n. La realidad creadora del m. no queda con ello suprimida o destruida, sino que es perfeccionada con la modalidad cristol\u00f3gica. Esto significa que el m. cristiano se rige de una forma esencialmente m\u00e1s intensa, nueva y singular, por el amor informado por la gracia, como es el que reina entre Cristo y la Iglesia (Volk).<\/p>\n<p>e) Justamente se designa a los esposos como ministros del sacramento. Aqu\u00ed\u00ad, sin embargo, hay que tener en cuenta que es esencial para la realizaci\u00f3n del m. la intervenci\u00f3n de la Iglesia en su celebraci\u00f3n &#8211; normalmente mediante un sacerdote facultado -, aunque el modo de la participaci\u00f3n eclesi\u00e1stica puede ser m\u00e1s o menos expl\u00ed\u00adcito, y en el transcurso de la historia e incluso hoy presenta formas muy diferentes.<\/p>\n<p>Ahora bien, sin duda ocurre a veces que los novios s\u00f3lo quieren celebrar un m. sin pretender al propio tiempo recibir o administrar un sacramento. En consecuencia, se plantea la cuesti\u00f3n de si los cristianos pueden celebrar un m. sin que se realice el sacramento. En realidad esta cuesti\u00f3n est\u00e1 ligada al problema de qui\u00e9n es el ministro del sacramento, cosa que, especialmente despu\u00e9s del concilio tridentino, se ha discutido largo tiempo y a veces con violencia; entretanto, en virtud de algunas declaraciones oficiales de P\u00ed\u00ado ix y de la precisi\u00f3n del CIC (can. 1012), la pregunta se ha resuelto de acuerdo con la antigua tradici\u00f3n cristiana en el sentido de que el contrato matrimonial entre cristianos ha sido elevado a la dignidad de sacramento y, en consecuencia, quien se casa recibe necesariamente el sacramento. Por tanto, seg\u00fan que predomine la intenci\u00f3n de celebrar el m. o de excluir el sacramento, se realiza o no un m. sacramental. Seg\u00fan esto, el m. se realiza por la manifestaci\u00f3n de la voluntad de casarse, por la cual se concluye un pacto cuyas condiciones no pueden establecer las partes, sino que resultan del sentido y finalidad del m. previamente dados.<\/p>\n<p>f) Este sentido y finalidad subordina el pacto matrimonial a las normas del -> derecho natural, de la Iglesia y del Estado, de manera que un m. puede ser il\u00ed\u00adcito e incluso inv\u00e1lido si no cumple de manera suficiente estas exigencias. El contrato matrimonial es por ello un pacto sui generis. Lo esencial es que la prosecuci\u00f3n del m. no depende de la persistencia de la voluntad de m., como admit\u00ed\u00ada el derecho romano, sino que el m. s\u00f3lo puede celebrarse con la voluntad de unirse para toda la vida y sin condiciones de futuro, porque s\u00f3lo esto responde adecuadamente a la naturaleza del v\u00ed\u00adnculo matrimonial.<\/p>\n<p>Sobre esta base se puede decir que el sentido del m. consiste, seg\u00fan G\u00e9n 2, 18 y Ef 5, 21-33, en el complemento mutuo y en el mutuo perfeccionamiento de los esposos, en su uni\u00f3n, que alcanza su punto m\u00e1s alto en la elevaci\u00f3n y perfecci\u00f3n sacramental, y su expresi\u00f3n m\u00e1s fuerte en el encuentro sexual. Pero el sentido inmanente del m. remite, por encima de s\u00ed\u00ad mismo, a su finalidad trascendental; es decir, a la fecundidad personal y f\u00ed\u00adsica que brota de la unidad y, con ello, al servicio com\u00fan del mundo y especialmente a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole, y por tanto a la -> familia. Esta finalidad, que determina intr\u00ed\u00adnsecamente el m. al tiempo que lo trasciende, se fundamenta en el modo de ordenaci\u00f3n mutua entre hombre y mujer en el m. y deriva necesariamente de la esencia de la uni\u00f3n y de la -> sexualidad, con su ordenamiento a la fecundidad. Pues por la mutua ordenaci\u00f3n matrimonial entre var\u00f3n y mujer los esposos no se perfeccionan s\u00f3lo en sus caracter\u00ed\u00adsticas sexuales sino sobre todo en la unidad espec\u00ed\u00adfica del m. Ahora bien, puesto que toda perfecci\u00f3n personal abre m\u00e1s hacia Dios y hacia el pr\u00f3jimo, el m. en su uni\u00f3n personal debe tambi\u00e9n ordenar m\u00e1s fuertemente hacia Dios y el pr\u00f3jimo. Mas esta uni\u00f3n que abarca la persona entera con todas sus dimensiones incluye tambi\u00e9n la finalidad sexual de la fecundidad. Puesto que el m. est\u00e1 intr\u00ed\u00adnsecamente orientado hacia la paternidad y la maternidad, el amor sexual toma ya desde el principio &#8211; como lo demuestra la conducta sexual &#8211; rasgos paternales y maternales. As\u00ed\u00ad la perfecci\u00f3n de la uni\u00f3n, por cuanto hace participar de manera humana en la fuerza creadora de Dios, se ordena a los hombres que produce.<\/p>\n<p>Cierto que tal ordenaci\u00f3n del m. al hijo no puede tergiversarse como si el m. sin esta din\u00e1mica careciera de sentido y ni siquiera pudiese establecerse. En tal caso serian inv\u00e1lidos todos los matrimonios en los que se supiera de antemano, o se comprobase posteriormente, que no pueden engendar hijos. Lo cual evidentemente no es exacto. Por otro lado, es tan esencial al m. la orientaci\u00f3n no s\u00f3lo al encuentro sexual sino tambi\u00e9n a la procreaci\u00f3n, que en todo caso &#8211; como es bien notorio &#8211; nadie que excluya por principio estas dos posibilidades puede contraer un m. v\u00e1lido. Incluso en el llamado \u00abmatrimonio josefino\u00bb se reconoce el derecho al encuentro sexual, y la exclusi\u00f3n radical de los hijos hace inv\u00e1lido el matrimonio.<\/p>\n<p>Esta exposici\u00f3n del sentido y finalidad del m. querr\u00ed\u00ada evitar las tendencias tan extendidas del \u00abjerarquismo\u00bb y del \u00abdualismo\u00bb en la teor\u00ed\u00ada de los fines matrimoniales, la cual es importante de cara a la interpretaci\u00f3n de los problemas morales y teol\u00f3gicos de la doctrina matrimonial. Mientras que la tendencia \u00abjer\u00e1rquica\u00bb se inclina a ver el m. como instituido primariamente para la procreaci\u00f3n y s\u00f3lo secundaria y dependientemente por causa de los esposos, la tendencia \u00abdualista\u00bb corre siempre el peligro de ver demasiado al ni\u00f1o como una finalidad meramente externa al m. Pero en realidad la procreaci\u00f3n y la perfecci\u00f3n de los esposos no son tanto \u00abfines\u00bb subordinados o distintos, cuanto principios estructurales (l\u00f3gicamente coordinados entre s\u00ed\u00ad) del m., que debe entenderse primordialmente como una realidad global.<\/p>\n<p>Esta interpretaci\u00f3n del sentido y finalidad del m. se hace posible y natural con las declaraciones del concilio Vaticano ir (constituci\u00f3n pastoral La Iglesia en el mundo de hoy, n.\u00c2\u00b0 47-52), que ven el amor mutuo como elemento por el que el m. recibe su norma y sentido, acentuando al mismo tiempo la ordenaci\u00f3n cong\u00e9nita del m. a los hijos. Tal interpretaci\u00f3n tampoco contradice la doctrina tradicional, expresada en el CIC (can. 1013) y en otros documentos eclesi\u00e1sticos oficiales, puesto que en ellos la ordenaci\u00f3n puramente biol\u00f3gica de la sexualidad a la procreaci\u00f3n jam\u00e1s se separa del encuentro personal y total de los sexos, ni \u00e9ste se subordina a aqu\u00e9lla. Incluso se puede decir que tal interpretaci\u00f3n moral del fin biol\u00f3gico de la sexualidad falsificar\u00ed\u00ada los \u00abvalores de la personalidad\u00bb como medios subordinados a los valores biol\u00f3gicos. Precisamente para impedir semejante interpretaci\u00f3n P\u00ed\u00ado xii prohibi\u00f3 la fecundaci\u00f3n artificial (AAS 41 [1949] 557-561, 47 [1956] 467-474).<\/p>\n<p>g) Del sentido y finalidad del sacramento &#8211; principalmente en su constituci\u00f3n sacramental &#8211; derivan como notas necesarias y esenciales la unidad y la indisolubilidad. Por unidad hay que entender aqu\u00ed\u00ad la mutua ordenaci\u00f3n exclusiva y total entre un hombre y una mujer. Indisolubilidad significa que tal ordenaci\u00f3n es para toda la vida. Estas notas resultan ya de la ordenaci\u00f3n de los contrayentes por la misma creaci\u00f3n y no del car\u00e1cter sacramental del in., que por su naturaleza es una entrega total de la persona completa al otro y para toda la vida. Es comprensible una entrega condicionada por ciertos l\u00ed\u00admites, dado el car\u00e1cter contingente, fr\u00e1gil e hist\u00f3rico de nuestra naturaleza, ya que en decisiones morales cualificadas podemos disponer sujetivamente de nosotros mismos, pero no podemos hacerlo objetivamente y de modo definitivo. Pues, efectivamente, es posible para el hombre retractarse de sus decisiones, ya que \u00e9l no puede ponderar con seguridad sus implicaciones en el futuro ni mantener plenamente los presupuestos subjetivos que desde el pasado desembocan en la situaci\u00f3n actual. Sin embargo, s\u00f3lo una entrega incondicional responde por completo a la dignidad de la persona humana, porque s\u00f3lo en ella el contrayente es afirmado y aceptado tan plenamente como conviene a la uni\u00f3n total, corporal y espiritual, y a la complementaci\u00f3n en el matrimonio. Por eso mismo la bigamia y la poligamia deforman la comunidad de vida y la entrega sexual de una manera actualista y perif\u00e9rica. Estas perjudican por lo com\u00fan m\u00e1s a la mujer, que con su comportamiento m\u00e1s fuertemente unitario y con su mayor vinculaci\u00f3n a la famil\u00ed\u00ada, derivada de su funci\u00f3n de madre y de su papel social, s\u00f3lo con gran dificultad puede romper con el estado social ya abrazado y encontrar otro nuevo.<\/p>\n<p>La unidad e indisolubilidad del m. quedan todav\u00ed\u00ada m\u00e1s resaltadas por la constituci\u00f3n sacramental del m., puesto que \u00e9ste no s\u00f3lo representa plenamente la unidad entre Cristo y la Iglesia, sino que en virtud del sacramento produce adem\u00e1s un lazo sobrenatural tan \u00ed\u00adntimo que por \u00e9l los esposos son introducidos de manera singular y espec\u00ed\u00adfica en el misterio de la redenci\u00f3n. Al consumarse este m. sacramental, el v\u00ed\u00adnculo matrimonial se refuerza de manera nueva y m\u00e1s perfecta. En realidad la importancia de la consumaci\u00f3n del m., a pesar de las largas discusiones medievales, no ha logrado una perfecta elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica ni siquiera en nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Por estos motivos la Iglesia ense\u00f1a tambi\u00e9n sin limitaci\u00f3n la indisolubilidad interna del m.; es decir, ense\u00f1a que los casados, sean o no cristianos, no pueden disolver su m. y contraer leg\u00ed\u00adtimamente nuevas nupcias. Sin embargo, por motivos graves y justificados se puede suprimir la convivencia matrimonial (separatio tori, mensae et habitationis: CIC, can. 1128-1132) para impedir mayores males; es decir, cuando el mantenimiento de la convivencia, que de suyo responde al sentido y finalidad del m., produce el efecto contrario en una situaci\u00f3n concreta y va por consiguiente contra la dignidad de uno de los esposos o de los dos, contra el bien de la familia, o contra ambas cosas. El derecho de la parte inocente a la separaci\u00f3n encuentra, pues, sus limites en los deberes del amor, precisamente porque el m. es entrega total, lo cual naturalmente no incluye sino que excluye la autodestrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, seg\u00fan la afirmaci\u00f3n de la Iglesia, el m. sacramental consumado es indisoluble tambi\u00e9n exteriormente; es decir, no puede ser disuelto por ning\u00fan poder humano y s\u00f3lo termina con la muerte de uno de los esposos (CIC, can. 1118; cf. DS 1805 1807). El fundamento para ello habr\u00ed\u00ada seguramente que buscarlo en el hecho de que este m. imita sacramentalmente y sin limitaciones el v\u00ed\u00adnculo real de Cristo con su Iglesia; adem\u00e1s de que el hacerse los contrayentes una sola carne consuma por la gracia divina una uni\u00f3n con Dios y de los esposos entre s\u00ed\u00ad que escapa a cualquier intervenci\u00f3n humana. Todos los dem\u00e1s matrimonios pueden disolverse en ciertas circunstancias externamente, es decir, por autoridades humanas. As\u00ed\u00ad el m. no consumado de un bautizado puede ser disuelto por la emisi\u00f3n de votos solemnes en una orden religiosa. En virtud del privilegio paulino puede disolverse incluso un m. natural consumado, cuando uno de los esposos se convierte a la fe y el otro no quiere convivir con el convertido en el esp\u00ed\u00adritu de la ley moral natural (sine contemptu Creatoris). En virtud del privilegio petrino, por motivos graves el papa dispensa adem\u00e1s bajo ciertas circunstancias en un m. puramente natural y en el m. entre un contrayente bautizado y otro no bautizado en favor de la fe.<\/p>\n<p>El problema de la disolubilidad externa del m. no se lo ha planteado la Iglesia siempre de la misma forma y hasta ahora no se ha discutido todav\u00ed\u00ada en todos sus detalles. Hay que decir incluso que este problema apenas si tuvo importancia para la Iglesia en el primer milenio. Porque no hay duda de que originariamente se tuvo una idea m\u00e1s estricta de la indisolubilidad del m., de manera que el repudio permitido seg\u00fan Mt 5, 32 y 19, 9 en caso de deshonestidad se aplic\u00f3 al principio \u00fanicamente al caso de adulterio y s\u00f3lo poco a poco a otras conductas antimatrimoniales. Incluso el privilegio paulino no se aplic\u00f3 en un principio a la disolubilidad externa del m., sino a la separaci\u00f3n de mesa y lecho, y s\u00f3lo como consecuencia del movimiento de reforma inspirado por Gregorio vii y de la reestructuraci\u00f3n del derecho can\u00f3nico se impuso en general la concepci\u00f3n del privilegio paulino que tenemos hoy. Las inseguridades parciales que antes surgieron &#8211; especialmente en la Iglesia oriental y m\u00e1s tarde en el \u00e1mbito anglosaj\u00f3n, franco y germ\u00e1nico &#8211; acerca de c\u00f3mo se debla tratar a quienes despu\u00e9s de la separaci\u00f3n por distintos motivos quer\u00ed\u00adan contraer una nueva uni\u00f3n, se debieron a razones m\u00e1s pastorales que dogm\u00e1ticas, puesto que el nuevo casamiento era considerado ciertamente , como contrario a la ley divina, pero en ciertos casos como un mal menor. As\u00ed\u00ad desde principios del siglo iv hubo ciertas diferencias entre la Iglesia oriental y la occidental en el tratamiento disciplinar de la separaci\u00f3n y de las segundas nupcias.<\/p>\n<p>El motivo de que el problema de la disolubilidad externa del m. no se tratase antes tan a fondo hay que buscarlo seguramente sobre todo en el hecho de que por primera vez en el siglo II la Iglesia tuvo conciencia mucho m\u00e1s clara de su potestad jurisdiccional y de sus deberes frente al m., y en consecuencia empez\u00f3 a preocuparse en mayor medida del derecho matrimonial. A ello se vio empujada en general por el pensamiento legalista, tan caracter\u00ed\u00adstico del esp\u00ed\u00adritu de la edad media, y por su af\u00e1n de ordenaci\u00f3n social y concretamente por el hecho de que la Iglesia se hizo cargo de toda la jurisdicci\u00f3n matrimonial. Porque si anteriormente se hab\u00ed\u00ada visto en el m. ante todo un asunto de los contrayentes, en el que est\u00e1n sujetos a la ley divina, entonces se empez\u00f3 a reflexionar con mayor detenimiento acerca de los derechos y obligaciones de la Iglesia en la ordenaci\u00f3n institucional del matrimonio. Tambi\u00e9n ayud\u00f3 esencialmente a ello la formaci\u00f3n de nuestro actual concepto dogm\u00e1tico de sacramento. Ocurri\u00f3 as\u00ed\u00ad que, tras un largo proceso ideol\u00f3gico en el que de momento chocaron fuertemente las opiniones de te\u00f3logos y canonistas, se vio claro por primera vez que el sacramento se realiza por la declaraci\u00f3n de la voluntad de los contrayentes cristianos, manifestada jur\u00ed\u00addicamente; pero que la indisolubilidad externa s\u00f3lo llega con la consumaci\u00f3n del matrimonio. Al mismo tiempo no s\u00f3lo se impuso el consentimiento sobre el hecho de que otros m. pueden ser disueltos a favor de la fe (in favorem fidei), sino que adem\u00e1s la validez del contrato matrimonial se limit\u00f3 considerablemente por la legislaci\u00f3n y la ampliaci\u00f3n de los impedimentos matrimoniales.<\/p>\n<p>La discusi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el poder de la Iglesia en orden a la realizaci\u00f3n del m. y a su disolubilidad externa no ha cesado desde entonces. Est\u00e1 claro con todo que la intervenci\u00f3n de la Iglesia para la realizaci\u00f3n y la perduraci\u00f3n del m. es esencial en una forma que se debe precisar m\u00e1s. Est\u00e1 claro asimismo que la Iglesia en los m. no sacramentales s\u00f3lo ejerce jurisdicci\u00f3n con vistas a la fe. Pero no se ha aclarado definitivamente el alcance jurisdiccional de las comunidades religiosas no cristianas y de la sociedad civil en los m. no sacramentales, ni la interpretaci\u00f3n m\u00e1s detallada de la jurisdicci\u00f3n eclesi\u00e1stica sobre los m. que son sacramento. La cuesti\u00f3n de hasta d\u00f3nde se debe interpretar el principio in favorem fidei habr\u00e1 que continuar en estudio, habida cuenta del ordenamiento, proclamado por el Vaticano II, de los acat\u00f3licos a la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Teolog\u00ed\u00ada moral<br \/>\na) Doctrina sobre el fin del matrimonio y moral matrimonial. La moral matrimonial debe desarrollarse a partir del sentido y fin del m. y de los elementos estructurales esenciales que de ah\u00ed\u00ad se derivan. Esto debe acentuarse muy especialmente porque &#8211; como ya hemos visto &#8211; los padres, y especialmente Agust\u00ed\u00adn, partiendo a la inversa de una determinada visi\u00f3n negativa de la \u00e9tica sexual, concibieron los bona excusantia, los bienes del m. que lo hacen honorable. En Tom\u00e1s de Aquino ciertamente que estos bona excusantia se convierten ya en principios estructurales que determinan internamente el m.; pero, por otro lado, \u00e9l est\u00e1 todavfa tan influenciado por la \u00e9tica matrimonial de Agust\u00ed\u00adn, rigurosamente pesimista y de exclusiva orientaci\u00f3n sexual, que en la moral matrimonial del Aquinate ocupa tambi\u00e9n el primer plano el problema de la licitud de la consumaci\u00f3n del matrimonio. Lo fundamental del m. es tambi\u00e9n para \u00e9l engendrar hijos. Cierto que este aspecto fundamental y m\u00e1s profundo se introduce siempre en el orden superior de la sociedad matrimonial y del sacramento, y adquiere en ellos una forma de realidad siempre m\u00e1s significativa y rica. Pero estas dimensiones frente a lo m\u00e1s originario y \u00abm\u00e1s natural\u00bb, se presentan siempre como una circumstantia, como un superaddictum. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se puede entender que en la moral matrimonial a partir de los siglos xvi y xvzi la doctrina de los bienes del m. en el fondo fuera un enjuiciamiento \u00e9tico de la consumaci\u00f3n del m., de modo que el criterio decisivo pas\u00f3 a ser la copula per se apta ad generationem. Con esta acentuaci\u00f3n unilateral del aspecto sexual se redujo en una medida muy considerable el \u00e1ngulo visual de la moral matrimonial, e incluso en el enjuiciamiento del acto conyugal se carg\u00f3 el acento de forma muy unilateral en la estructura formal de la consumaci\u00f3n fisiol\u00f3gica del m., pasando por completo a segundo plano una actitud matrimonial que abarcase mejor todo el m. y apuntase a la intenci\u00f3n \u00ed\u00adntima. En consecuencia la moral matrimonial de la neoescol\u00e1stica, especialmente por la introducci\u00f3n del concepto de los actus perfecti et imperfecti, recibe un matiz casu\u00ed\u00adstico y anal\u00ed\u00adtico, y establece una norma prevalentemente negativa: nada puede hacerse contra la consumaci\u00f3n\u00bbnatural\u00bb del matrimonio. Hay que mantener, por el contrario, que la moral matrimonial no puede reducirse a la -> moral sexual (en -> sexualidad), aunque \u00e9sta, naturalmente, es esencial y, a su vez, no constituye tan s\u00f3lo una parte de la moral matrimonial. Si no se quiere reducir de forma inadecuada la moral matrimonial, \u00e9sta debe orientarse por el dogma del m. con todas sus implicaciones antropol\u00f3gicas. \u00danicamente as\u00ed\u00ad es posible una \u00e9tica adecuada a la dignidad del sacramento y estado del m., puesto que las m\u00faltiples y polifac\u00e9ticas dimensiones del mismo s\u00f3lo pueden llegar a una armon\u00ed\u00ada equilibrada con la ordenaci\u00f3n consciente a su sentido y finalidad.<\/p>\n<p>b) Estado matrimonial e ideal de perf ecci\u00f3n. Hay que partir del hecho de que el m. es un estado de salvaci\u00f3n, por el cual los llamados a \u00e9l deben llegar a la perfecci\u00f3n cristiana que les corresponde. Esto significa que las posibilidades y tareas abiertas por el m., y s\u00f3lo por el m., deben verlas los esposos como parte constitutiva y esencial de sus afanes de perfecci\u00f3n, de manera que para ellos \u00fanicamente haya perfecci\u00f3n en el m. y no al margen del mismo. As\u00ed\u00ad todas las decisiones salv\u00ed\u00adficas de los c\u00f3nyuges deben ser tomadas con vistas tambi\u00e9n a su m., de modo que a trav\u00e9s de \u00e9l entran en un campo de relaciones totalmente nuevo de cara a su plena salvaci\u00f3n individual, y en todas sus decisiones deben asimismo tener siempre en cuenta la salvaci\u00f3n de su c\u00f3nyuge. Por ello se puede decir con raz\u00f3n que para los esposos el m. se convierte en el estado decisivo de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, el m. da la perfecci\u00f3n, pero no la perfecci\u00f3n suma, a quien vive seg\u00fan su sentido y finalidad. Aun estando presente la gracia debe decirse que el m. sacramental s\u00f3lo asemeja a Cristo bajo una determinada relaci\u00f3n personal. O sea, lo dicho anteriormente no puede entenderse como si el m. fuera el camino \u00fanico o el m\u00e1s sublime para la perfecci\u00f3n humana. Porque \u00e9sta abarca todas las dimensiones del hombre; por ello es inagotable y nosotros s\u00f3lo podemos alcanzarla de una forma limitada; justo porque en raz\u00f3n de nuestra contingencia, individualidad y situaci\u00f3n concreta no todas nuestras posibilidades se desarrollan por igual y de forma arm\u00f3nica. As\u00ed\u00ad el m. perfecciona ciertamente el ser humano, pero desde la forma especifica de aqu\u00e9l, y no desde cualquier punto de vista. Por esto no hay que ver el m. como estado salv\u00ed\u00adfico para la perfecci\u00f3n religiosa y moral en oposici\u00f3n a la -> virginidad. Ambas cosas perfeccionan al hombre a su manera, y la virginidad, en el caso concreto en que se dan todos los requisitos para ella, es m\u00e1s adecuada para acercarnos a la perfecci\u00f3n por antonomasia, a la uni\u00f3n total con Dios. Mas no por ello es el camino mejor para que todos alcancen la perfecci\u00f3n que les est\u00e1 asignada; es el camino mejor s\u00f3lo para los llamados a ella. Debe ser para el m. un signo alentador de amor abnegado, as\u00ed\u00ad como el m., por su parte, debe ser un signo privilegiado del amor que se entrega. Por consiguiente, m. y virginidad desde este punto de vista no est\u00e1n en oposici\u00f3n, sino en una mutua relaci\u00f3n de tensi\u00f3n fecunda.<\/p>\n<p>La conciencia del m. como estado positivo de salvaci\u00f3n, por el cual los llamados a \u00e9l alcanzan la perfecci\u00f3n cristiana que les corresponde, se ha impuesto por primera vez en la teolog\u00ed\u00ada de nuestros d\u00ed\u00adas, partiendo de los principios presentes en la sagrada Escritura; pero se ha impuesto con tal fuerza que ahora se desarrolla una espiritualidad matrimonial positiva y aut\u00f3noma, desplazando la concepci\u00f3n de que el m. es algo que debe tolerarse a causa de la contingencia y fragilidad de nuestra naturaleza y que, propiamente, no acerca a la perfecci\u00f3n moral religiosa, sino que aparta m\u00e1s bien de ella.<\/p>\n<p>c) Funci\u00f3n de mutuo complemento. Considerando al m. como estado de salvaci\u00f3n para la perfecci\u00f3n religiosa y moral, se impone como su ley \u00e9tica fundamental el que los esposos se esfuercen por promover todo aquello que desarrolle el amor completivo y unificante y por superar cuanto lo paralice o destruya, disponi\u00e9ndose en com\u00fan a aquel fin del m. hecho posible por esa unidad completiva, pero a la vez superior a ella, a saber: la fecundidad no s\u00f3lo en un sentido biol\u00f3gico, sino, en virtud de la nueva situaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, tambi\u00e9n en el \u00e1mbito religioso y moral.<\/p>\n<p>El criterio decisivo para saber qu\u00e9 acci\u00f3n concreta promueve u obstaculiza el m. debe ser en \u00faltimo t\u00e9rmino el de si esa acci\u00f3n corresponde o contradice a las personas implicadas. Es verdad que la posibilidad espec\u00ed\u00adfica de complemento y uni\u00f3n en el m. est\u00e1 condicionada sexualmente; pero nuestra -> sexualidad determina de manera diferenciada todo nuestro ser humano, ya que s\u00f3lo podemos realizarlo en una determinaci\u00f3n sexual, a pesar de que por otro lado es nuestro ser humano el que primeramente posibilita nuestra sexualidad.<\/p>\n<p>En particular el complemento mutuo exige la promoci\u00f3n de los c\u00f3nyuges en su condici\u00f3n de hombre o de mujer. Por tanto, los contrayentes deben afirmarse mutuamente en su diversidad y as\u00ed\u00ad ayudarse rec\u00ed\u00adprocamente a encontrar lo que les es propio. La posibilidad espec\u00ed\u00adfica de complementarse en el m. est\u00e1 condicionada sexualmente, y por ello hay que buscarla tambi\u00e9n en el \u00e1mbito sexual. Hay que pensar, sin embargo, que lo sexual nos determina de una manera directa en el \u00e1mbito biol\u00f3gico, pero de una forma indirecta nos determina asimismo en lo socio-econ\u00f3mico, lo ps\u00ed\u00adquico y, por ende, tambi\u00e9n en lo moral y religioso. Por consiguiente el complemento debe buscarse de una manera adecuadamente diferenciada en todos estos \u00e1mbitos, fomentando a la vez lo peculiar. O sea que el m., aun siendo una uni\u00f3n, no ha de conducir a una igualaci\u00f3n, sino que debe ayudar incluso con mayor vigor a la aut\u00e9ntica virilidad y feminidad, intr\u00ed\u00adnsecamente ordenadas a la condici\u00f3n de padre y de madre. Uno de los mayores problemas de nuestra actual espiritualidad matrimonial consiste sin duda alguna en que, a causa del desarrollo cultural, se dificulta el acceso al papel espec\u00ed\u00adfico de marido y de mujer, especialmente de mujer. Numerosas crisis matrimoniales tienen su origen en la nivelaci\u00f3n o en la interpretaci\u00f3n inadecuada a los tiempos de la diferencia de sexos, y en consecuencia uno de los cometidos capitales de la moral matrimonial es encontrar aquello que en cada \u00e9poca responda al complemento de los sexos, para que los esposos puedan realizarlo en su m. de un modo personal.<\/p>\n<p>Por otro lado, el complemento presupone comunidad y armon\u00ed\u00ada, empezando por el \u00e1mbito espec\u00ed\u00adficamente humano, y ante todo por el religioso-moral, pasando despu\u00e9s al ps\u00ed\u00adquico, al socioecon\u00f3mico y, finalmente, al biol\u00f3gico. De ah\u00ed\u00ad la responsabilidad en la elecci\u00f3n del c\u00f3nyuge, la cual debe satisfacer desde los intereses religiosos hasta los eugen\u00e9sicos. La atenci\u00f3n a los factores eugen\u00e9sicos resulta tanto m\u00e1s importante hoy d\u00ed\u00ada, habida cuenta de los progresos de la medicina y del aumento de medios de mutaci\u00f3n, cuanto que la situaci\u00f3n de equilibrio entre mutaci\u00f3n y eliminaci\u00f3n en el hombre actualmente no est\u00e1 desde luego demasiado lejos de la frontera en que la agravaci\u00f3n de la tara hereditaria podr\u00ed\u00ada poner en peligro la subsistencia de la humanidad.<\/p>\n<p>d) Matrimonios mixtos. Ofrecen un problema especial los matrimonios religiosamente mixtos. Sin duda que en virtud del desarrollo religioso y social \u00e9stos no pueden ser impedidos en su n\u00famero cada vez mayor; pero constituyen siempre una seria dificultad para la comunidad necesaria a los c\u00f3nyuges en general, y m\u00e1s todav\u00ed\u00ada cuando los c\u00f3nyuges est\u00e1n fuertemente arraigados en lo religioso y la dimensi\u00f3n religiosa del m. ha penetrado en la conciencia de ambos. El m. no s\u00f3lo est\u00e1 determinado religiosamente por su constituci\u00f3n sacramental, sino que \u00e9sta da expresi\u00f3n plena a su orientaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnsecamente religiosa. El car\u00e1cter religioso late ya fundamentalmente en el hecho de que el m. abarca al hombre total, y por lo mismo en la dimensi\u00f3n \u00e9tica y religiosa. Como exigencia total y comunidad que afecta a lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo, el m. a su vez est\u00e1 expuesto muy particularmente al pecado y a sus secuelas. Por ello el postergar o reprimir los elementos religiosos repercute siempre en desventaja para todo el matrimonio. Por lo com\u00fan apenas se podr\u00e1 decir que la diversidad religiosa no sea necesariamente perjudicial a la unidad de los esposos cuando \u00e9stos se comportan con verdadera tolerancia, porque la tolerancia s\u00f3lo posibilita la coexistencia, pero no la unidad.<\/p>\n<p>Naturalmente las desventajas de los m. religiosos mixtos ser\u00e1n todav\u00ed\u00ada m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles de superar si el m. recibe la bendici\u00f3n de alg\u00fan hijo, puesto que el hijo no s\u00f3lo es fruto de la unidad f\u00ed\u00adsica de los padres, sino que en su desarrollo personal lleva la marca decisiva de la unidad total del m. de los padres. De ah\u00ed\u00ad que resulte capcioso ver en los m. religiosos mixtos un campo misional privilegiado, pues la promoci\u00f3n de los esposos en su propia manera de ser presupone en alto grado una comunidad de pensamientos y sentimientos, y dicha promoci\u00f3n resulta tanto m\u00e1s efectiva cuanto m\u00e1s fuerte sea la comunidad humana. Por lo cual, igualdad de pensamiento y de acci\u00f3n es m\u00e1s un requisito que no un fruto del m. En este sentido 1 Cor 7, 16 previene contra una falsa seguridad sobre la posible conversi\u00f3n de c\u00f3nyuges infieles. Por otro lado, Pablo acent\u00faa en el mismo contexto la santificaci\u00f3n del c\u00f3nyuge infiel por el c\u00f3nyuge fiel cuando aqu\u00e9l quiere convivir con \u00e9ste (cf. tambi\u00e9n 1 Pe 3, 1: las esposas deben intentar ganar a sus maridos para la fe no con palabras sino con el buen ejemplo de su vida).<\/p>\n<p>Si hay una aut\u00e9ntica carencia de prejuicios religiosos, que es distinta de la tolerancia, se justificar\u00e1 mejor un m. mixto, especialmente si esta carencia de prejuicios va unida con una apertura religiosa. Por esto no hay que generalizar ni acentuar de una manera precipitada las dificultades de los m. mixtos; y eso no s\u00f3lo porque con ello tales m. quedar\u00ed\u00adan gravados de una manera que pastoralmente no se puede justificar, aumentando as\u00ed\u00ad el peligro de la exclusi\u00f3n de lo religioso, sino, sobre todo, porque con la correspondiente apertura tambi\u00e9n los m. mixtos pueden contribuir a la santificaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>e) La uni\u00f3n de los esposos exige una sociedad \u00ed\u00adntima, que \u00e9sta no es ni posible ni deseable fuera del m. Debe acreditarse con una estricta solidaridad, una fidelidad absoluta y la compenetraci\u00f3n m\u00e1s \u00ed\u00adntima hasta en lo corporal. Desde aqu\u00ed\u00ad cobran toda su importancia el adulterio en sus diversas gradaciones y los distintos grados del \u00abd\u00e9bito\u00bb en la entrega conyugal. Habitaci\u00f3n, mesa y lecho comunes son en general tan exigibles por causa de la unidad como lo son la planificaci\u00f3n, la actuaci\u00f3n y la administraci\u00f3n en com\u00fan. En el marco de esta sociedad, hegemon\u00ed\u00ada y subordinaci\u00f3n s\u00f3lo tienen sentido cuando contribuyen a fortalecer la unidad. Por lo mismo, el pudor conyugal tiene la funci\u00f3n de proteger esta unidad \u00ed\u00adntima contra malentendidos de fuera y la de no ponerla en peligro ad infra con exigencias excesivas. Igualmente en el encuentro conyugal la sexualidad debe ejercerse en la medida en que promueva esta unidad, y debe sublimarse en el mismo grado en que impida tal unidad. Esa es la ley de la castidad matrimonial. Aqu\u00ed\u00ad hay que pensar, naturalmente, que la relaci\u00f3n sexual s\u00f3lo es posible y deseable en la medida en que se promueve la dignidad y peculiariedad de los esposos, o al menos en la medida en que no se obstaculiza.<\/p>\n<p>Comunidad e independencia en el m. no son factores opuestos, sino que se promueven y condicionan mutuamente, porque el amor habla al otro en su libertad, intentando convencer sin obligar all\u00ed\u00ad donde se imponen las renuncias a causa de la comunidad. De donde resulta que la comunidad tiene sus limites all\u00ed\u00ad donde uno de los c\u00f3nyuges intenta abusar ego\u00ed\u00adstamente del otro. Tanto este intento como la disposici\u00f3n a dejarse manipular obedientemente por el otro son pecaminosos, y desde luego con una gravedad tanto mayor cuanto con ello m\u00e1s se lesionen la visi\u00f3n, la libertad y la responsabilidad personales. El cometido de los esposos de integrar de la manera m\u00e1s personal posible estas m\u00faltiples dimensiones del m. choca a menudo con graves dificultades precisamente en el \u00e1mbito sexual, puesto que el dominio de esta fuerza originaria y emocional que conmueve hasta lo m\u00e1s profundo presupone una gran madurez personal, y a menudo se ve adicionalmente dificultado por las circunstancias de nuestra civilizaci\u00f3n concreta.<\/p>\n<p>En este \u00e1mbito, sin embargo, debemos precavernos de querer determinar con excesivo detalle de una manera objetiva y general qu\u00e9 pertenece y qu\u00e9 no pertenece a la dignidad de la persona, puesto que esto depende en gran parte de factores individuales; y se debe ser todav\u00ed\u00ada m\u00e1s cuidadoso al determinar aquello que en la situaci\u00f3n concreta cae en el \u00e1mbito de la responsabilidad subjetiva y lo que transcurre en \u00e1mbitos prepersonales. De modo parecido, en las dificultades de adaptaci\u00f3n en otros \u00e1mbitos del m. se ha de pensar que \u00e9stas pueden estar condicionadas por el origen y la educaci\u00f3n distintos, por costumbres muy arraigadas, por condiciones de vivienda reducidas, por el deficiente conocimiento mutuo, etc., y que s\u00f3lo son superables con amor y con una visi\u00f3n que madure lentamente, la cual paso a paso integra cada vez aspectos m\u00e1s amplios de la moral matrimonial en la esfera personal. Una moral matrimonial no orientada unilateralmente desde el punto de vista \u00e9tico-sexual ha de dirigir la conciencia con mayor decisi\u00f3n a la importancia moral de todas estas dimensiones del m., puesto que con frecuencia el \u00e9xito de un m. depende decisivamente de ello.<\/p>\n<p>f) La orientaci\u00f3n del m. m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad mismo exige primordialmente que los esposos no entiendan su vinculo exclusivo y para toda la vida como una uni\u00f3n que les separa de Dios y de los dem\u00e1s hombres. En consecuencia el m. no puede vivirse como la soledad de dos, puesto que la uni\u00f3n y el complemento en el m. posibilitan precisamente una m\u00e1s perfecta apertura hacia Dios y hacia el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Dado que el m. de suyo tambi\u00e9n perfecciona en una forma espec\u00ed\u00adfica la naturaleza del hombre y, en virtud del sacramento, introduce m\u00e1s profundamente en el misterio de Cristo y de Dios; consecuentemente incluye por su propia indole la exigencia de una, relaci\u00f3n personal con Dios y con los hombres y la de una afirmaci\u00f3n personal de los mismos. Pero el sentido de este amor mayor que objetivamente se ha hecho posible, y de la mayor disposici\u00f3n y capacidad subjetiva para amar que de ah\u00ed\u00ad debe brotar, no puede ser la total entrega corporal a cualquiera. Pues, debido a nuestra corporeidad y a que estamos ligados al tiempo, \u00fanicamente una vez podemos entregarnos total y definitivamente, ya que, en oposici\u00f3n a los bienes espirituales, los bienes sujetos al espacio y al tiempo s\u00f3lo est\u00e1n a disposici\u00f3n de una persona excluyendo a los dem\u00e1s. Se puede conceder una participaci\u00f3n en los bienes espirituales sin que esa participaci\u00f3n los fragmente o disminuya; incluso se debe decir que con tal participaci\u00f3n logran mejor su pleno objetivo. Pero un objeto espacial s\u00f3lo puede ser pose\u00ed\u00addo por una persona en un momento determinado, de manera que nadie podr\u00e1 disponer de \u00e9l mientras ella lo retenga.<\/p>\n<p>En el m. el hombre se da total y definitivamente, incluida su corporeidad, de forma que si estuviera tambi\u00e9n a disposici\u00f3n de un tercero retirar\u00ed\u00ada el don al c\u00f3nyuge. A ello se a\u00f1ade que jam\u00e1s podemos realizar definitivamente nuestra existencia en un momento, sino en instantes sucesivos; y, en consecuencia, la donaci\u00f3n definitiva s\u00f3lo puede realizarse con una entrega de por vida. Por consiguiente, el sentido de esta mayor apertura m\u00e1s bien debe ser que el hombre, en virtud del encuentro nuevo y profundo de s\u00ed\u00ad mismo que realiza en el m., y que es resultado de la uni\u00f3n entre var\u00f3n y mujer, est\u00e1 tambi\u00e9n en mejor disposici\u00f3n de afirmar con voluntad m\u00e1s decidida a todos los dem\u00e1s en su diversidad, am\u00e1ndolos as\u00ed\u00ad y acept\u00e1ndolos de forma m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita en su limitaci\u00f3n, incluso en la limitaci\u00f3n de su capacidad amorosa.<\/p>\n<p>La fecundidad moral y religiosa, si se dan las condiciones necesarias, debe adem\u00e1s concretarse en la fecundidad f\u00ed\u00adsica, ampliando el m. a -> familia. La finalidad no puede ser aqu\u00ed\u00ad el llamar a la vida la mayor cantidad posible de hijos, sino que el prop\u00f3sito debe ser la fundaci\u00f3n de una familia que cualitativamente sea lo mejor posible. Pues la acci\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente humana, y en consecuencia la acci\u00f3n moral, debe tener siempre como norma directa aquello de lo que personalmente nos podemos responsabilizar. De cara al m. esto significa que el n\u00famero de hijos deseable es el que posibilita el desarrollo personal \u00f3ptimo de todos los miembros de la familia y satisface adem\u00e1s las necesidades cada vez mayores de la sociedad.<\/p>\n<p>Por ello ser\u00e1 necesaria en general una regulaci\u00f3n de nacimientos. Pero, de acuerdo con el fin de la fecundidad matrimonial, la regulaci\u00f3n deber\u00e1 estar siempre inspirada por la actitud de un amor que se da y comunica generosamente. Si el m. deja de alcanzar su fin, que no se agota ciertamente en la fecundidad f\u00ed\u00adsica, aunque la abarca en el marco de lo f\u00ed\u00adsicamente posible y moralmente responsable, se falsea tambi\u00e9n su sentido, deslig\u00e1ndolo de su finalidad en una manera \u00abdualista\u00bb y convirti\u00e9ndolo en un ego\u00ed\u00adsmo de grupo hostil a la vida. Si el fin del m. se tergiversa en sentido \u00abjer\u00e1rquico\u00bb, viendo como su ideal aut\u00e9ntico el mayor n\u00famero posible de hijos, en el encuentro sexual un c\u00f3nyuge puede no \u00abpensar\u00bb en el otro personalmente, por s\u00ed\u00ad mismo, sino \u00abusarlo\u00bb para una finalidad meramente natural. Adem\u00e1s, en este caso los derechos a la vida y al desarrollo de los hijos que eventualmente haya ya en la familia, y quiz\u00e1s tambi\u00e9n en la sociedad, pueden ser violados de manera irresponsable; el m. degenerar\u00ed\u00ada en una mera instituci\u00f3n para criar ni\u00f1os (cf. -> natalidad, control de la).<\/p>\n<p>3. Derecho can\u00f3nico<br \/>\nEl derecho can\u00f3nico matrimonial tiene el cometido de ordenar los fieles a la salvaci\u00f3n que han de lograr a trav\u00e9s del m., de modo que con ayuda del oficio pastoral sean preservados del desconocimiento o abuso del m., al tiempo que se vean alentados a la realizaci\u00f3n del estado matrimonial. A este fin el derecho can\u00f3nico debe ordenar el m. en sus dimensiones sociales referidas a la salvaci\u00f3n, haci\u00e9ndolo de modo tal que corresponda al bien com\u00fan religioso y moral del pueblo de Dios y promueva el desarrollo religioso y moral de cada fiel. A la sociedad civil incumbe la ordenaci\u00f3n de los intereses del m. que ata\u00f1en al bien com\u00fan profano.<\/p>\n<p>a) La concepci\u00f3n del CIC. El derecho matrimonial vigente en la actualidad se halla formulado esencialmente en los c\u00e1nones 1012-1143 del CIC, donde est\u00e1n codificados de manera jur\u00ed\u00addicamente obligatoria la naturaleza y los efectos del m., las presecripciones sobre la voluntad de contraerlo, los impedimentos matrimoniales, la forma de celebraci\u00f3n y las leyes sobre la separaci\u00f3n de los esposos. As\u00ed\u00ad dichos c\u00e1nones dan criterios fijos sobre la ordenaci\u00f3n del m. sacramental.<\/p>\n<p>Especialmente por motivos pastorales ser\u00ed\u00ada deseable una divisi\u00f3n m\u00e1s clara y rigurosa. En las determinaciones del CIC se trata directamente de enunciados no dogm\u00e1ticos, sino pastorales. Tales enunciados est\u00e1n concebidos sobre un trasfondo teol\u00f3gico en parte superado (tanto en lo referente a la concepci\u00f3n del m., como en lo que se refiere a la edesiolog\u00ed\u00ada) por los resultados de la teolog\u00ed\u00ada actual y por las declaraciones del concilio Vaticano ii. Hay que reprochar a esta mentalidad: que no se encuentra a la altura de Ios tiempos; y que las f\u00f3rmulas jur\u00ed\u00addicas frecuentemente est\u00e1n en tensi\u00f3n con las exigencias pastorales. Ahora bien, esas f\u00f3rmulas no son necesarias ni por la naturaleza del asunto ni por motivos de claridad, y resultan psicol\u00f3gica y objetivamente repulsivas.<\/p>\n<p>Para ver la diferencia que media entre el punto de vista del CIC y el concilio Vaticano ir comp\u00e1rense, p. ej., Ios c\u00e1nones 1013 y 1081 con las explicaciones sobre el m. en la constituci\u00f3n pastoral La Iglesia en el mundo de hoy, n.\u00c2\u00b0 48; o bien las disposiciones sobre el m. mixto con el esp\u00ed\u00adritu ecum\u00e9nico de nuestros d\u00ed\u00adas. De cara a la nueva concepci\u00f3n de la Iglesia y a las necesidades de hoy tambi\u00e9n resulta problem\u00e1tica la tendendencia a regular de un modo tan centralista las cuestiones de derecho matrimonial. Un cierto desplazamiento de acento desde el legalismo a la posibilidad de juicio propio responder\u00ed\u00ada mejor a la comprensi\u00f3n actual del alcance de la propia responsabilidad y posibilitar\u00ed\u00ada soluciones justas para casos no previstos o imprevisibles, sin que la legislaci\u00f3n hubiera de modificarse tan frecuentemente. Adem\u00e1s distintas prescripciones arrancan de presupuestos sociol\u00f3gicos y pastorales ya superados por la evoluci\u00f3n. Desde este punto de vista ser\u00ed\u00ada deseable, p. ej., una reflexi\u00f3n imparcial sobre la funci\u00f3n de las reglamentaciones estatales del m., que antes no era posible a causa de algunas resistencias (cf. can. 1016). Por ello es extraordinariamente importante una m\u00e1s profunda comprensi\u00f3n del cometido del derecho matrimonial para medir correctamente su importancia en orden a la soluci\u00f3n de problemas pastorales y al mismo tiempo para poder juzgar mejor sobre los l\u00ed\u00admites reales del derecho matrimonial vigente. Esto \u00faltimo es deseable precisamente con vistas a la reforma del derecho can\u00f3nico iniciada por la Santa Sede.<\/p>\n<p>b) Los c\u00e1nones sobre la esencia y los efectos del m. ponen de relieve las diferencias entre m. sacramentales y no sacramentales, ratos y consumados, v\u00e1lidos e inv\u00e1lidos; cuentan asimismo los bienes matrimoniales y los efectos de cara a la unidad e indisolubilidad, as\u00ed\u00ad como los deberes y los derechos de los c\u00f3nyuges. A este respecto seg\u00fan el canon 1111 existe para la mujer en el \u00e1mbito de la comunidad de cuerpos estricta igualdad de derechos; mientras que en el \u00e1mbito de la comunidad de vida, seg\u00fan el canon 1112, en lo relativo a los efectos can\u00f3nicos ella participa del estado del marido, siempre que un derecho especial no prevea otra cosa. Con ello se adjudica al marido el derecho de dirigir la familia. Ser\u00ed\u00ada deseable una formulaci\u00f3n expresa del derecho de la mujer, debiendo excluir las tendencias a un derecho unilateral del var\u00f3n.<\/p>\n<p>c) Los c\u00e1nones 1081-1093 tratan de la voluntad matrimonial que constituye el m., con vistas a sus implicaciones jur\u00ed\u00addicas. Parten del hecho de que para la celebraci\u00f3n v\u00e1lida del m. esta voluntad matrimonial: 1.0, debe existir realmente por ambas partes; 2\u00c2\u00b0, ha de haber capacidad para el m. por ambas partes; 30, la voluntad tiene que manifestarse en forma jur\u00ed\u00addicamente vinculante. La voluntad misma de contraer m. debe referirse: 1\u00c2\u00ba, a la esencia del m. 2\u00c2\u00b0, a una persona determinada; 3\u00c2\u00b0, ser libre. El derecho matrimonial determina luego bajo qu\u00e9 condiciones pueden presumirse jur\u00ed\u00addicamente estas cualidades de la voluntad matrimonial, y describe por ello qu\u00e9 conocimiento y afirmaci\u00f3n m\u00ed\u00adnimos de la esencia del m. se presuponen; introduce el concepto de error sobre la persona y de error simple, y determina bajo qu\u00e9 supuestos se considera jur\u00ed\u00addicamente inv\u00e1lida la voluntad de m. por ileg\u00ed\u00adtima violencia externa y por temor grave.<\/p>\n<p>La aplicaci\u00f3n de estos c\u00e1nones al campo judicial en muchos casos se muestra dif\u00ed\u00adcil, porque tales criterios s\u00f3lo en parte son apropiados para determinar que realmente existe la voluntad matrimonial; y la mera presunci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de esa voluntad, cuando realmente no existe, resulta problem\u00e1tica bajo muchos aspectos de cara a la importancia salv\u00ed\u00adfica que tiene el matrimonio. La dificultad principal est\u00e1 quiz\u00e1s en el hecho de que hoy la mayor\u00ed\u00ada de edad para el m. no se puede presuponer tan f\u00e1cil y generalmente como lo hace el CIC, puesto que, por una parte, la comprensi\u00f3n personal de la indisolubilidad del m. viene dificultada extraordinariamente por errores muy extendidos acerca de sus notas esenciales y por des\u00f3rdenes f\u00e1cticos en su realizaci\u00f3n; y, por otro lado, la madurez moral personal que el v\u00ed\u00adnculo total del m. presupone est\u00e1 m\u00e1s retardada de lo que hasta ahora se tend\u00ed\u00ada a creer, como lo comprueban los resultados actuales de la psicolog\u00ed\u00ada y de las ciencias sociales. A ello se a\u00f1ade que la distinci\u00f3n conceptual entre error sobre la persona y error sobre las &#8216;caracter\u00ed\u00adsticas de una persona es quiz\u00e1s demasiado formal y no siempre muy convincente. Vicios graves u otras circunstancias totalmente fingidas por parte de un c\u00f3nyuge, que de ser conocidas habr\u00ed\u00adan excluido la celebraci\u00f3n del m., no encuentran aqu\u00ed\u00ad una atenci\u00f3n adecuada.<\/p>\n<p>d) Las prescripciones sobre los impedimentos matrimoniales enumeran, por un lado, los factores que en virtud del derecho natural o por mandato divino excluyen la capacidad para el m. (la excluyen por derecho divino: el v\u00ed\u00adnculo conyugal, la impotencia, el parentesco de consanguinidad en l\u00ed\u00adnea recta y tambi\u00e9n en primer grado colateral) o limitan la licitud del mismo; y, por otro lado, aquellos factores que en virtud del derecho can\u00f3nico limitan la capacidad para el m. Aqu\u00ed\u00ad se trata de las prohibiciones de contraer m. que m\u00e1s o menos derivan de la naturaleza del asunto. S\u00f3lo por motivos graves pueden estos impedimentos matrimoniales jur\u00ed\u00addico-eclesi\u00e1sticos limitar el derecho natural al m., que pertenece a los derechos fundamentales del -> hombre; por otro lado, el pastor de almas tiene tambi\u00e9n el deber de exponer tales impedimentos matrimoniales en cuanto convenga al inter\u00e9s del bien com\u00fan del pueblo de Dios y de los fieles en particular.<\/p>\n<p>La legislaci\u00f3n actualmente vigente sobre los impedimentos matrimoniales exige sin duda desde este punto de vista una mejor adecuaci\u00f3n a las necesidades pastorales de nuestro tiempo, de forma que el derecho natural al m. se reduzca tan poco como sea posible, y tanto como sea necesario. Al respecto se han hecho ya t\u00ed\u00admidos planteamientos en la Instrucci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe sobre el m. mixto (19-3-1966; cf.. Bibl. 1). Por lo dem\u00e1s, hay que preguntarse si precisamente con la legislaci\u00f3n de los impedimentos matrimoniales se acredita el principio de la regulaci\u00f3n lo m\u00e1s unitaria posible para toda la Iglesia (cf. can. 1038-1041), y podemos esperar que se alcance una mayor precisi\u00f3n y claridad en los motivos que excluyen el m. As\u00ed\u00ad, p. ej., no est\u00e1 muy claro por qu\u00e9 el impedimento matrimonial dirimente del rapto (can. 1074), es aducido de nuevo en un contexto totalmente diverso con motivo del canon 1087, en el que la Iglesia declara nula la voluntad matrimonial por coacci\u00f3n externa y temor grave. Igualmente parece innecesario un impedimento de impotencia (can. 1068), porque seg\u00fan el can. 1081 S 2 en tal caso no puede haber ning\u00fan consentimiento matrimonial. M\u00e1s bien se podr\u00ed\u00ada esperar un verdadero impedimento matrimonial para casos de homosexualidad, en que existe de hecho una potencia f\u00ed\u00adsica, pero ya no es posible la correspondiente ordenaci\u00f3n personal a la mujer en lo sexual. En determinadas circunstancias tambi\u00e9n las exigencias eugen\u00e9sicas podr\u00ed\u00adan hacer necesarias ciertas limitaciones del derecho al m. Por lo menos en nuestras regiones se deber\u00ed\u00ada tender a la ense\u00f1anza adecuada de los antecedentes y secuelas hereditarias.<\/p>\n<p>No se puede dispensar de la ley moral natural ni del precepto divino, mas no cualquier infracci\u00f3n de los mismos invalida el matrimonio. As\u00ed\u00ad un m. de religi\u00f3n mixta contra\u00ed\u00addo con mala conciencia est\u00e1 moralmente prohibido aun cuando la Iglesia dispense del impedimento matrimonial can\u00f3nico, pero no es inv\u00e1lido. Esto no significa, naturalmente, que est\u00e9 moralmente prohibido todo m. de confesi\u00f3n diversa. En los impedimentos matrimoniales de derecho eclesi\u00e1stico en principio siempre puede haber dispensa; pero del impedimento matrimonial de la consagraci\u00f3n episcopal no se dispensa nunca, y s\u00f3lo muy dif\u00ed\u00adcilmente se dispensa del impedimento de asesinato del c\u00f3nyuge, del de afinidad de primer grado en la l\u00ed\u00adnea recta despu\u00e9s de consumado el m. y del de la ordenaci\u00f3n sacerdotal. La pr\u00e1ctica de la dispensa para la convalidaci\u00f3n de m. nulos (ad convalidandum matrimonium) se puede demostrar ya en el siglo vi; pero la pr\u00e1ctica de la dispensa para contraer m. (pro matrimonio contrahendo) no aparece antes de los siglos xi-xii. En el derecho matrimonial de la Iglesia ortodoxa griega no es todav\u00ed\u00ada habitual la dispensa de impedimentos matrimoniales.<\/p>\n<p>Las dispensas son dadas, seg\u00fan se trate de impedimentos matrimoniales p\u00fablicos o secretos, en el fuero interno o en el externo, y son otorgadas de acuerdo con ello por distintos \u00f3rganos de la administraci\u00f3n eclesi\u00e1stica. En detalle la forma de la dispensa es muy complicada. Si en un m. nulo desaparece el impedimento dirimente, tal m. puede sanarse por la renovaci\u00f3n de la voluntad matrimonial (can. 1133-1137) o, en el caso de sanatio in radice (can. 1138-1141), perdurando el consentimiento matrimonial tambi\u00e9n sin renovaci\u00f3n expresa de la voluntad de matrimonio.<\/p>\n<p>La distinci\u00f3n entre impedimentos can\u00f3nicos impedientes y dirimentes no se refiere directamente a la posibilidad de dispensa, sino a la validez o invalidez can\u00f3nica del m. Por ello se explica que a los impedimentos matrimoniales pueda corresponderles indirectamente la funci\u00f3n de dirimir desde fuera matrimonios intentados, pero indeseables por cualquier motivo. Con este fin precisamente se multiplicaron notablemente los impedimentos matrimoniales en la vasta reordenaci\u00f3n y ampliaci\u00f3n del derecho matrimonial que tuvo lugar en la edad media. De ello se encuentran rastros todav\u00ed\u00ada hoy en el derecho matrimonial vigente; tal ocurre con el impedimento matrimonial de afinidad (can. 1077) y de parentesco espiritual (can. 1079), que antiguamente se entendieron mucho m\u00e1s ampliamente que hoy. Esto fue a su vez &#8211; al menos en parte &#8211; consecuencia de una posici\u00f3n err\u00f3nea frente a la sexualidad, en virtud de la cual se supuso que con el hacerse \u00abuna sola carne\u00bb surg\u00ed\u00ada un lazo metaf\u00ed\u00adsico de tipo familiar, y que por la relaci\u00f3n de padrinazgo en el bautismo (nuevo nacimiento) se realizaba igualmente un v\u00ed\u00adnculo cuasipaternal que fundamentaba todas las posibles relaciones de parentesco de tipo \u00abmetaf\u00ed\u00adsico\u00bb que excluyen el m. Por esto debemos preguntarnos hasta qu\u00e9 punto son todav\u00ed\u00ada hoy adecuados a nuestro tiempo unos impedimentos matrimoniales recibidos de anta\u00f1o, surgidos de unas condiciones sociales y espirituales distintas, fuera de las cuales no tienen sentido. As\u00ed\u00ad, p. ej., tambi\u00e9n el impedimento matrimonial de diferencia de confesi\u00f3n (can. 1060-1064) se debe entender en parte desde el trasfondo sociol\u00f3gico de regiones estructuradas confesionalmente de una forma unitaria (cuius regio, eius religio) y de unas circunstancias sociales m\u00e1s cerradas, que hoy por la movilidad de la poblaci\u00f3n y por el pluralismo sociol\u00f3gico han cambiado fundamentalmente.<\/p>\n<p>Los impedimentos dirimentes equivalen en sus efectos a la prohibici\u00f3n de m.; los m\u00e1s importantes se refieren a los m. con cat\u00f3licos ap\u00f3statas o pertenecientes a sectas prohibidas (can. 1065) o a la celebraci\u00f3n del m. con un pecador p\u00fablico o un excomulgado notorio (can. 1066). Adem\u00e1s en un caso particular, supliendo un impedimento matrimonial no existente, puede dictarse una prohibici\u00f3n de matrimonio (cf. can. 1039).<\/p>\n<p>e) El derecho de la Iglesia a determinar la forma de contraer m. deriva de su deber de ordenar la uni\u00f3n matrimonial tambi\u00e9n desde un punto de vista social; y por cierto de tal manera que se impidan en el marco de lo necesario y deseable los m. dobles, las disoluciones arbitrarias del m., etc., con medidas que correspondan a la esencia de la Iglesia; y deriva asimismo del cometido de hacer valer de forma adecuada el car\u00e1cter sacramental del m. y la vinculaci\u00f3n de los esposos ante Dios. Por un lado, la Iglesia debe guardarse aqu\u00ed\u00ad de favorecer por falta de iniciativa inconvenientes morales en la convivencia de los sexos, inconvenientes que en parte predominaron durante la edad media; y, por otro lado, ha de cuidarse de no impedir por un perfeccionismo indebido la libertad de contraer m., y de no obscurecer el papel de la decisi\u00f3n de los novios mismos para la realizaci\u00f3n del mismo. Desde este punto de vista, p. ej., los cr\u00ed\u00adticos ponen en litigio la sabidur\u00ed\u00ada de las determinaciones hoy vigentes sobre los m. de c\u00f3nyuges de confesi\u00f3n distinta.<\/p>\n<p>Hist\u00f3ricamente las prescripciones sobre la forma de celebrar el m. se han desarrollado a partir del rito lit\u00fargico de la boda. Sus elementos fundamentales son la vinculaci\u00f3n libre de los contrayentes y la vinculaci\u00f3n simult\u00e1nea por parte de Dios que se expresa por la asistencia de la Iglesia. En la Iglesia latina a veces se acentu\u00f3 tanto esa vinculaci\u00f3n de los contrayentes, que no se resalt\u00f3 suficientemente la importancia que tiene la forma de contraer m., y as\u00ed\u00ad se multiplicaron enormemente los m. clandestinos. Como la asistencia activa y no meramente pasiva del sacerdote representante de la autoridad eclesi\u00e1stica normalmente es necesaria, no se resalt\u00f3 en forma oficial hasta el decreto Ne temere del 2-8-1907. Desde entonces la teolog\u00ed\u00ada sobre la participaci\u00f3n esencial de la Iglesia en la celebraci\u00f3n del m. se ha profundizado considerablemente. En la Iglesia oriental, por el contrario, la importancia de la bendici\u00f3n nupcial se acentu\u00f3 tan fuertemente que en parte se descuid\u00f3 la exploraci\u00f3n sobre la voluntad de m., y no siempre se impidi\u00f3 una cierta alienaci\u00f3n clerical del sacramento del m. Seg\u00fan el derecho matrimonial vigente, la Iglesia prescribe (can. 1099, MP de P\u00ed\u00ado xii del 1-8-48) a todos los bautizados cat\u00f3licamente y a los convertidos al catolicismo que contraigan su m. en la forma ordinaria (can 1094) o en la extraordinaria (can. 1098). Fuera de un caso de necesidad, la celebraci\u00f3n del m. debe hacerse seg\u00fan el rito nupcial (can. 1100). No est\u00e1n obligados a la forma los acat\u00f3licos bautizados o no bautizados que jam\u00e1s han pertenecido a la Iglesia cat\u00f3lica cuando se casan entre s\u00ed\u00ad. Seg\u00fan la forma ordinaria de contraer m. la boda debe celebrarse, observando las normas de los c\u00e1nones 1095-1099, ante un sacerdote facultado y dos testigos. Seg\u00fan el derecho de la Iglesia oriental, para la validez &#8211; fuera del caso de necesidad &#8211; se requiere adem\u00e1s la bendici\u00f3n nupcial. Para la forma extraordinaria de celebraci\u00f3n del m. no es precisa la asistencia de un sacerdote facultado; aqu\u00ed\u00ad la asistencia de la Iglesia se da solamente mediante sus prescripciones jur\u00ed\u00addicas. Esta forma extraordinaria de celebrar el m. s\u00f3lo es l\u00ed\u00adcita cuando no puede asistir un sacerdote facultado por imposibilidad f\u00ed\u00adsica o por un peligro que amenace gravemente a los fieles, y puede usarse en caso de peligro de muerte o cuando se prev\u00e9 razonablemente que tal situaci\u00f3n durar\u00e1 por lo menos cuatro semanas.<\/p>\n<p>f) Las prescripciones sobre la separaci\u00f3n del m. consideran primordialmente las condiciones en que el v\u00ed\u00adnculo conyugal puede deshacerse externamente &#8211; aqu\u00ed\u00ad es central el concepto in favorem fidei -; y luego aquellas que deben observarse en el caso de separaci\u00f3n de lecho y mesa. Lo decisivo aqu\u00ed\u00ad es que se trate de un motivo de tanto peso que haga desaconsejable la convivencia y que, en la medida de lo posible, se atienda a los hijos. El canon 1132 subraya especialmente que, en cualquier circunstancia, debe garantizarse la educaci\u00f3n cat\u00f3lica de los hijos.<\/p>\n<p>g) Los c\u00e1nones 1960-1992 tratan despu\u00e9s del proceso matrimonial can\u00f3nico. Este, en sus detalles, y no s\u00f3lo en algunos aspectos, necesita reforma, especialmente en el sentido de que se hagan valer m\u00e1s los derechos del procesado; y ante todo deber\u00ed\u00adan responsabilizarse m\u00e1s quienes participan en el proceso. El derecho matrimonial de la Iglesia oriental coincide aqu\u00ed\u00ad en lo esencial con el latino (DMIO can. 1-131; DPrIO can 468-500).<\/p>\n<p>4. Teolog\u00ed\u00ada pastoral<br \/>\nDesde el punto de vista de la teolog\u00ed\u00ada pastoral el aspecto m\u00e1s urgente es fortalecer la conciencia de que el m. constituye un estado positivo de salvaci\u00f3n para adquirir la perfecci\u00f3n propia de los llamados a \u00e9l. Las tendencias ya existentes a una aut\u00e9ntica espiritualidad matrimonial deben seguir desarroll\u00e1ndose. Aqu\u00ed\u00ad ha de atenderse sobre todo a que el campo de tensi\u00f3n entre el car\u00e1cter \u00abprofano\u00bb y el sacral del m. no quede reducido; hay que comprender el alcance de esa polaridad, que siempre incluye la relaci\u00f3n mutua de ambos polos. A este respecto desempe\u00f1a papel importante la superaci\u00f3n de prejuicios hostiles a la sexualidad, todav\u00ed\u00ada muy extendidos. La profundizaci\u00f3n, adecuada a los tiempos, de los conocimientos sexuales y de la -> pedagog\u00ed\u00ada sexual (en -> sexualidad) es muy saludable en este contexto. Seria lamentable que ciertas concomitancias menos bellas dentro del trabajo de esclarecimiento, ya muy intenso, indujeran a reprimir algunos intentos positivos de superar el falso tab\u00fa de lo sexual; tanto m\u00e1s por el hecho de que con ello se promueve sin querer la irrupci\u00f3n en forma insana e ind\u00f3mita de la sexualidad reprimida. El arte de hablar y de comunicarse mutuamente de una manera adecuada a la dignidad y a la realidad de lo sexual a menudo no lo poseen ni los esposos mismos, con lo que frecuentemente se derivan inconvenientes graves para el matrimonio.<\/p>\n<p>Pero es sobre todo el papel de la mujer en el m. y en la familia el que necesita de una revisi\u00f3n a fondo. Adem\u00e1s la alienaci\u00f3n religiosa de amplios c\u00ed\u00adrculos matrimoniales s\u00f3lo se podr\u00e1 impedir cuando, por un lado, se reformen durezas y falsas cautelas innecesarias en el derecho matrimonial; y, por otro, se desarrollen nuevos m\u00e9todos adecuados de pastoral para m. mixtos o religiosamente indiferentes. Puntos de partida para esto podr\u00ed\u00adan ofrecerlos la erecci\u00f3n por especialistas calificados de asesor\u00ed\u00adas y ayudas eclesi\u00e1sticas para matrimonios y la organizaci\u00f3n de cursos para novios. La idea de que el polifac\u00e9tico desarrollo social introduce el m. y la familia de una manera m\u00e1s fuerte en las complejas relaciones sociales, deber\u00ed\u00ada ayudar a reconocer que hoy, en comparaci\u00f3n con los tiempos anteriores, a menudo es mucho m\u00e1s indicado recurrir a las ayudas sociales para resolver los problemas del m. Tambi\u00e9n la Iglesia deber\u00ed\u00ada prestar mayor atenci\u00f3n a los problemas de elecci\u00f3n de c\u00f3nyuge y de los m. prematuros, as\u00ed\u00ad como a los de la salud y la normalidad f\u00ed\u00adsicas y espirituales, que son necesarias para el m.; concretamente rechazando en ciertas circunstancias formas de pensamiento que se han puesto de moda pero que la realidad no respalda. La formaci\u00f3n de la conciencia y la pr\u00e1ctica de la confesi\u00f3n, que son los m\u00e9todos del di\u00e1logo pastoral, deber\u00e1n orientarse por las ideas profundas de nuestro tiempo sobre el m. sacramental, que marca y exige al hombre en su totalidad.<\/p>\n<p>1. DOCUMENTOS: Le\u00f3n XIII, \u00abArcanum divinas\u00bb del 10 -2 -1880: ASS 12 (1879-80) 388 ss; P\u00ed\u00ado XI, \u00abCasti connubii\u00bb del 31-12-1930: AAS 22 (1930) 539-592; Pio XII, Discorsi a gli sposi (La Civilt\u00ed\u00adl Cattolica R 1939-1951) 5 vols.; Vaticano 71, De ecclesia in mundo huius temporis, del 7-12-1965 (diversas ediciones); S. Congregatio pro doctrina fidel: Instructio de matrimoniis mixtis \u00abMatrimon\u00fc Sacramentum\u00bb: AAS 58 (1966) 235-239.<\/p>\n<p>2.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: R. Guardini, Ehe und Jungfr\u00e4ulichkeit (Mz 1926); D. v. Hildebrand, Die Ehe (Mn 1929); G. H. Joyce, Die christliche Ehe (L 1934); J.-M. Perrin, Perfection chr\u00e9tienne et vie conjugale (P 1946); J. Fuchs, Die Sexualethik des hl. Thomas von Aquin (K\u00f6 1949); D. v. Hildebrand, Reinheit und Jungfr\u00e4ulichkeit (Ei 1950), tr. cast.: Pureza y virginidad, 4.$ ed. (Descl\u00e9e Bil); H. Muckermann, Der Sinn der Ehe (Fr 31952); G. 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Matussek, Ideologie, Glaube und Gewissen (Mn 1965); L. Weber, Ehe-not, Ehegnade (Fr 1965).<\/p>\n<p>3. REVISTA con publicaciones sobre el tema matrimonio. Zentralblatt f\u00fcr Ehe-und Familienforschung (Berna &#8211; T 1960 ss).<\/p>\n<p>Waldemar Molinski<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>A. NOMBRE gamos (gavmo\u00bb, 1062), v\u00e9ase BODA, N\u00c2\u00ba 1. B. Verbo gameo (gamevw, 1060), v\u00e9ase CASAR, A, N\u00c2\u00ba 1.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La ense\u00f1anza b\u00edblica acerca del matrimonio puede resumirse en la declaraci\u00f3n: \u00abdejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre, y se unir\u00e1 a su mujer, y ser\u00e1n una sola carne\u00bb (Gn. 2:24). Esta frase es citada por nuestro Se\u00f1or (Mt. 19:5) y por el ap\u00f3stol Pablo (Ef. 5:31) como su autoridad para sus ense\u00f1anzas acerca del matrimonio. La frase clave es la expresi\u00f3n \u00abuna carne (<em>b\u0101\u015b\u0101r e\u1e25\u0101\u1e0f<\/em>). \u00abCarne\u00bb aqu\u00ed implica una relaci\u00f3n o comuni\u00f3n con el cuerpo como medio (<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">Crem<\/a>. pp. 846\u2013847), se\u00f1alando as\u00ed al \u00abmatrimonio como la unidad corporal y espiritual m\u00e1s profunda de un hombre con una mujer \u2026\u00bb (<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">KD<\/a> sobre Gn. 2:24). Con ocasi\u00f3n de la creaci\u00f3n de Eva, Dios observa, \u00abno es bueno que el hombre est\u00e9 solo\u00bb (Gn. 2:18). En este sentido, indica el estado incompleto del hombre o de la mujer aparte el uno del otro y se\u00f1ala al matrimonio como el medio por el cual pueden alcanzar esta calidad de un ser completo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El matrimonio es una relaci\u00f3n <em>exclusiva<\/em>. La uni\u00f3n total de las personas\u2014f\u00edsica, emocional, intelectual y espiritualmente\u2014descrita por el t\u00e9rmino \u00abuna carne\u00bb, elimina la poligamia como una opci\u00f3n. Uno no puede relacionarse de coraz\u00f3n en este sentido con m\u00e1s de una persona a la vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n esto se deduce de las palabras de nuestro Se\u00f1or, \u00abpor tanto, lo que Dios junt\u00f3, no lo separe el hombre\u00bb (Mt. 19:6), por lo que el matrimonio debe <em>durar<\/em> mientras vivan los c\u00f3nyuges. (Para una discusi\u00f3n de las condiciones en las que puede prescindirse del principio de indisolubilidad, v\u00e9ase el articulo <em>Divorcio<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De igual manera se proh\u00edbe la promiscuidad. Tales uniones no son ni exclusivas ni duraderas. Adem\u00e1s, violan la santidad inherente del matrimonio b\u00edblico. Dios instituy\u00f3 el matrimonio de modo que los hombres y las mujeres pudieran complementarse unos a otros y compartieran su trabajo creativo a trav\u00e9s de la procreaci\u00f3n de los hijos. (El celibato no es una condici\u00f3n m\u00e1s alta y santa; un punto de vista que encuentra sus ra\u00edces en el dualismo griego antes que en la Biblia.). La uni\u00f3n f\u00edsica en el matrimonio tiene un significado espiritual, en el sentido que se\u00f1ala m\u00e1s all\u00e1, hacia la uni\u00f3n total del esposo y la esposa, que es esencialmente una uni\u00f3n espiritual. Esto es subrayado por Pablo cuando usa la uni\u00f3n conyugal para simbolizar la uni\u00f3n de Cristo con su iglesia (Ef. 5:22, 23). Pero para mantener su santidad, esta uni\u00f3n debe tener lugar en una exclusividad permanente. Las uniones sexuales il\u00edcitas son reprobables debido a que establecen temporal y superficialmente relaciones de <em>una sola carne<\/em> (1 Co. 6:16) sin ser acompa\u00f1adas de las intenciones y compromisos apropiados. Un acto sin un significado espiritual es hecho con fines inapropiados. Otra persona es explotada ego\u00edstamente. Lo que debe ser una relaci\u00f3n constructiva que sirva como medio hacia una comuni\u00f3n interpersonal profunda llega a ser una relaci\u00f3n promiscua que destruye la capacidad de la persona para la uni\u00f3n con un miembro del sexo opuesto y la relaci\u00f3n matrimonial si \u00e9sta existe. De ah\u00ed que nuestro Se\u00f1or pusiera al adulterio como la base para la disoluci\u00f3n de un matrimonio (Mt. 5:32).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfCu\u00e1ndo est\u00e1 casada una pareja? \u00bfO qu\u00e9 es lo que hace que una pareja est\u00e9 finalmente casada? Algunos argumentan a partir de 1 Co. 6:16, entendiendo que el matrimonio se efect\u00faa a trav\u00e9s del contacto sexual. Ante los ojos de Dios, una persona se considera casada con el miembro del sexo opuesto con la primera persona con quien haya tenido relaciones sexuales (p. ej., O. Piper, <em>The Christian Interpretation of Sex<\/em>, Macmillan, New York, 1946). El acto sexual se entiende como el agente a trav\u00e9s del cual Dios efect\u00faa el matrimonio en una forma aparentemente an\u00e1loga al modo en que los adherentes a la doctrina de la regeneraci\u00f3n bautismal lo ven a \u00e9l haciendo del sacramento del bautismo el agente que efect\u00faa la regeneraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros consideran que el matrimonio se realiza como resultado de una declaraci\u00f3n del deseo de casarse acompa\u00f1ada por la expresi\u00f3n de mutuas intenciones de fidelidad \u00fanica y permanente y responsabilidad hacia el otro, preferentemente enmarcada por una entrega de amor, en presencia de testigos acreditados. Este punto de vista no rebaja la validez del matrimonio en el caso que la pareja no puede consumarlo f\u00edsicamente. Esto subraya el hecho que el matrimonio nunca puede mirarse como una cuesti\u00f3n que \u00fanicamente interesa a la pareja individualmente. Esto se observa, por ejemplo, en la permanencia de las leyes de la comunidad que proh\u00edben el incesto y que regulan el grado de consanguinidad permisible para el matrimonio. Puesto que el hogar es el medio adecuado para la procreaci\u00f3n y la crianza de los hijos, la iglesia y la comunidad ocupan un lugar importante en la estabilidad y \u00e9xito de los matrimonios que ocurren entre sus miembros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El matrimonio relega otros lazos humanos a un lugar secundario. Las satisfacciones emocionales y espirituales que antes se encontraban en la relaci\u00f3n con los padres, los c\u00f3nyuges ahora las encuentran dentro del matrimonio. Romper la relaci\u00f3n con los padres y unirse en una uni\u00f3n \u00edntima y para toda la vida con una persona que ha sido extra\u00f1a, demanda un considerable grado de madurez; la cual se expresa en una capacidad para dar amor, estabilidad emocional, y la capacidad de comprender lo que est\u00e1 involucrado al comprometer la vida de uno a la de otro en el matrimonio. El matrimonio es para aquellos que han madurado. Esto excluye a los ni\u00f1os, los que tienen defectos mentales, y a los que son psic\u00f3patas en el momento de entrar en la relaci\u00f3n matrimonial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La principal contribuci\u00f3n del NT al punto de vista b\u00edblico acerca del matrimonio fue subrayar los principios originales de la indisolubilidad del matrimonio (<em>supra<\/em>), y de la dignidad igualitaria de la mujer (G\u00e1. 3:3\u20138; 1 Co. 7:4; 11:11, 12). Al situar a la mujer en una posici\u00f3n de dignidad personal igual a la del hombre, el matrimonio fue hecho verdaderamente una carne porque la unidad implicada en esta expresi\u00f3n necesariamente presupone que cada persona debe tener la oportunidad de desarrollar plenamente sus potencialidades. Esto no es posible en un sistema social en el que los hombres o las mujeres no est\u00e9n de acuerdo en la dignidad humana total.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfNo se presentan dificultades con la doctrina b\u00edblica de la subordinaci\u00f3n de las mujeres casadas (Ef. 5:22, 23)? No del todo, porque esta doctrina tiene que ver con la jerarqu\u00eda de funciones y no con la dignidad o el valor. No existe una inferioridad de personas impl\u00edcita en la doctrina. Dios ha designado una jerarqu\u00eda de responsabilidades, por lo tanto, de autoridad dentro de la familia y lo ha hecho seg\u00fan el orden de la creaci\u00f3n. Pero la dignidad de la mujer est\u00e1 preservada no \u00fanicamente por el hecho que ella est\u00e1 en una posici\u00f3n de igualdad en Cristo sino tambi\u00e9n en el mandamiento en que se le pide que se someta a su marido. Se le pide que lo haga voluntariamente como un acto de devoci\u00f3n espiritual (Ef. 5:22) y no en respuesta a una presi\u00f3n externa. Ella debe hacerlo porque Dios pone la responsabilidad primeramente sobre el marido en cuanto al cuidado de la relaci\u00f3n matrimonial y de la familia como un todo. Por cierto, \u00e9l re\u00fane las condiciones para dirigir la iglesia, en parte, cuando demuestra su aptitud para \u00abpastorear\u00bb a su familia (1 Ti. 3:4, 5).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D.S. Bailey, <em>The Mystery of Love and Marriage<\/em>; K.E. Kirk, <em>Marriage and Divorce<\/em>; O. Piper (supra).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lars I. Granberg<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">Crem <\/a>Cremer\u2019s <em>Biblico-Theological Lexicon of NT Greek<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">KD <\/a>Keil and Delitzsch, <em>Commentary on the OT<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (381). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>El matrimonio es el estado en el cual un hombre y una mujer pueden vivir juntos en relaci\u00f3n sexual con la aprobaci\u00f3n de su grupo social. El adulterio y la fornicaci\u00f3n son relaciones sexuales que la sociedad no reconoce como matrimonio. Esta definici\u00f3n es necesaria para demostrar que en el AT la poligamia no constitu\u00eda inmoralidad sexual, ya que era un estado reconocido como matrimonio, aunque generalmente aparece como inconveniente.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. El estado matrimonial<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El matrimonio se considera normal, y no hay palabra para \u201csoltero\u201d en el AT. La narraci\u00f3n de la creaci\u00f3n de Eva (Gn. 2.18\u201324) indica la relaci\u00f3n \u00fanica de marido y mujer, y sirve como ejemplo de la relaci\u00f3n entre Dios y su pueblo (Jer. 3; Ez. 16; Os. 1\u20133), y entre Cristo y su iglesia (Ef. 5.22\u201333). El llamamiento a Jerem\u00edas a que permaneciera soltero (Jer. 16.2) es una se\u00f1al prof\u00e9tica \u00fanica, pero en el NT se reconoce que para fines espec\u00edficos el celibato puede constituir un llamamiento de Dios para determinados cristianos (Mt. 19.10\u201312; 1 Co. 7.7\u20139), aunque el matrimonio y la vida de familia constituyen el llamamiento normal (Jn. 2.1\u201311; Ef. 5.22\u20136.4; 1 Ti. 3.2; 4.3; 5.14).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La monogamia est\u00e1 impl\u00edcita en el relato de Ad\u00e1n y Eva, ya que Dios cre\u00f3 una sola mujer para Ad\u00e1n. Pero se adopt\u00f3 la poligamia a partir de la \u00e9poca de Lamec (Gn. 4.19), y la Escritura no la proh\u00edbe. Parecer\u00eda que Dios dej\u00f3 que el hombre descubriera por experiencia que su instituci\u00f3n original de la monogamia es la relaci\u00f3n que conviene. Se deja ver que la poligamia trae aparejados problemas, y que a menudo es motivo de pecado; p. ej. Abraham (Gn. 21); Gede\u00f3n (Jue. 8.29\u20139.57); David (2 S. 11; 13); Salom\u00f3n (1 R. 11.1\u20138). A causa de las costumbres orientales se advierte a los reyes hebreos contra ella (Dt. 17.17). Produce celos familiares, como ocurri\u00f3 con las dos mujeres de Elcana, una de las cuales se convierte en adversaria de la otra (1 S. 1.6; cf. Lv. 18.18). Resulta dif\u00edcil saber hasta qu\u00e9 punto se practicaba la poligamia, pero desde el punto de vista econ\u00f3mico es probable que se haya practicado m\u00e1s entre los hombres de buena posici\u00f3n que entre las gentes ordinarias. Herodes el Grande tuvo nueve esposas a la vez (<etiqueta id=\"#_ftn347\" name=\"_ftnref347\" title=\"\">Jos., <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn348\" name=\"_ftnref348\" title=\"\"><i>Ant.<\/i><\/etiqueta> 17.19). La poligamia persiste hasta nuestros d\u00edas entre los jud\u00edos que viven en pa\u00edses musulmanes.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En la \u00e9poca en que se practicaba la poligamia podemos inferir la posici\u00f3n y la relaci\u00f3n de las esposas sobre la base de las narraciones y la ley. Es natural que el esposo se sintiera atra\u00eddo m\u00e1s a una que a otra. As\u00ed vemos que Jacob, quien practic\u00f3 la poligamia por haber sido enga\u00f1ado, amaba m\u00e1s a Raquel que a Lea (Gn. 29). Elcana prefiri\u00f3 a Ana, a pesar de que no le hab\u00eda dado hijos (1 S. 1.1\u20138). En Dt. 21.15\u201317 se admite que el esposo pueda amar a una esposa y odiar a la otra.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Como los ni\u00f1os eran importantes, dado que perpetuaban el nombre de la familia, una mujer que no tuviera hijos pod\u00eda permitir que su esposo tuviera hijos con su esclava. Esto se practic\u00f3 legalmente en la Mesopotamia civilizada (p. ej. el c\u00f3digo de Hamurabi, \u00a7\u00a7 144\u2013147), y fue practicado por Sara y Abraham (Gn. 16), y Raquel y Jacob (Gn. 30.1\u20138), aunque Jacob fue aun m\u00e1s all\u00e1 y acept\u00f3 la sierva de Lea tambi\u00e9n, a pesar de que Lea ya le hab\u00eda dado hijos (Gn. 30.9). En estos casos se salvaguardan los derechos de la esposa; ella es la que entrega su sierva a su esposo para una ocasi\u00f3n espec\u00edfica. Es dif\u00edcil darle nombre al estado de la sierva en tales relaciones; es una esposa secundaria m\u00e1s bien que una segunda esposa, aunque si el esposo continuaba teniendo relaciones con ella ocupaba la posici\u00f3n de concubina. Esto explica, quiz\u00e1s, por qu\u00e9 se llama a Bilha concubina de Jacob en Gn. 35.22, mientras que Agar no figura como concubina de Abraham en Gn. 25.6.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Normalmente se eleg\u00eda a las esposas entre las mujeres hebreas (p. ej. Neh. 13.23\u201328). El compromiso y el casamiento segu\u00edan luego un modelo normal (v\u00e9ase <etiqueta id=\"#_ftn349\" name=\"_ftnref349\" title=\"\">inf.). A veces eran compradas como esclavas hebreas (Ex. 21.7\u201311; Neh. 5.5). Com\u00fanmente se afirma que el jefe de familia ten\u00eda derechos sexuales sobre todas sus <\/etiqueta>esclavas. Sin duda hubo flagrantes ejemplos de promiscuidad de esa naturaleza, pero la Biblia no dice nada al respecto. Es digno de notar que Ex. 21.7\u201311 y Dt. 15.12 hacen distinci\u00f3n entre una esclava ordinaria, que deb\u00eda ser dejada en libertad despu\u00e9s de siete a\u00f1os, y la que deliberadamente ha sido tomada como esposa o concubina, y que no puede pedir autom\u00e1ticamente su liberaci\u00f3n. Ya que en este caso la ley establec\u00eda los derechos de la esclava, el jefe de familia o su hijo deb\u00edan someterse a alg\u00fan tipo de ceremonia, por simple que fuera, previsto en la ley. Al hablar de los derechos de la esclava este pasaje no dice que los mismos dependan de su palabra, por oposici\u00f3n a la del jefe de familia, ni aun del hecho de que le hubiese dado un hijo a \u00e9l o a su hijo. Es dif\u00edcil establecer la posici\u00f3n que ocupaba. Sin duda variaba seg\u00fan fuera la primera, la segunda, o la \u00fanica \u201cesposa\u201d del jefe de familia. Cuando se la entregaba al hijo del jefe de familia, bien pod\u00eda tener categor\u00eda plena de esposa. El hecho es que esta ley, como lo muestra el contexto, se ocupa de sus derechos como esclava, y no fundamentalmente como esposa.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Tambi\u00e9n se pod\u00eda tomar esposa entre las mujeres capturadas en guerra, siempre que no fueran palestinas (Dt. 20.14\u201318). Algunos autores las consideran concubinas, pero las reglamentaciones de Dt. 21.10\u201314 las colocan en la situaci\u00f3n de esposas normales.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No hay ley que se ocupe de las concubinas, y no sabemos cu\u00e1les eran sus derechos. Evidentemente ocupaban una posici\u00f3n inferior a la de las esposas, pero sus hijos pod\u00edan heredar seg\u00fan determinara el padre (Gn. 25.6). El libro de Jueces muestra la manera en que lleg\u00f3 al poder Abimelec, que era hijo de la concubina de Gede\u00f3n (Jue. 8.31\u20139.57), libro en el que tamb. vemos la tr\u00e1gica historia del levita y su concubina (Jue. 19). La impresi\u00f3n que da 19.2\u20134 es que esta concubina ten\u00eda libertad de abandonar a su \u201cesposo\u201d, y que el hombre confi\u00f3 en su capacidad de persuasi\u00f3n para recuperarla. David y Salom\u00f3n copiaron a los monarcas orientales al tomar muchas esposas y concubinas (2 S. 5.13; 1 R. 11.3; Cnt. 6.8\u20139). En los dos \u00faltimos pasajes al parecer las concubinas provienen de una clase inferior de la poblaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En los casamientos normales la esposa se trasladaba al hogar de su marido. Tenemos, sin embargo, otra forma de casamiento en Jue. 14\u201315. Se practicaba entre los filisteos, y no lo vemos registrado entre los israelitas. Aqu\u00ed la mujer de Sans\u00f3n permanece en la casa de su padre, y Sans\u00f3n la visita. Podr\u00eda argumentarse que Sans\u00f3n pensaba llevarla a su casa despu\u00e9s de la boda pero que se fue solo, enojado por la jugada que le hab\u00eda hecho. Y sin embargo, ella todav\u00eda est\u00e1 en casa de su padre en 15.1, apesar de que en el \u00ednterin se hab\u00eda casado con un filisteo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. Costumbres matrimoniales<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Las costumbres matrimoniales de la Biblia giran alrededor de los acontecimientos del compromiso y la boda.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. El compromiso<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En el Cercano Oriente el compromiso (el talm\u00fadico <\/span><span style=''>&#722;&#275;r\u00fbs&#305;&#770;n<\/span><span lang=ES style=''> y <\/span><span style=''>qidd\u00fb\u0161&#305;&#770;n<\/span><span lang=ES style=''>) crea casi tanta obligaci\u00f3n como el casamiento mismo. En la Biblia se llama a veces \u201cesposa\u201d a la mujer comprometida, y se encontraba bajo la misma obligaci\u00f3n de ser fiel (Gn. 29.21; Dt. 22.23\u201324; Mt. 1.18, 20), y al hombre comprometido se le llamaba \u201cesposo (Jl. 1.8; Mt. 1.19). La Biblia no legisla acerca de la ruptura del compromiso, pero el c\u00f3digo de Hamurabi (\u00a7\u00a7 159\u2013160) estipula que si el futuro marido romp\u00eda el compromiso, el padre de la novia conservaba el regalo de bodas; mientras que si el padre cambiaba de idea, devolv\u00eda el doble de lo que val\u00eda el regalo (v\u00e9anse tambi\u00e9n los c\u00f3digos legales de Lipit-istar, 29, y Esnunna, 25). Probablemente hab\u00eda alguna declaraci\u00f3n formal, pero el grado de publicidad depend\u00eda seguramente del novio. As\u00ed que Jos\u00e9 quiso romper su compromiso con Mar\u00eda lo m\u00e1s discretamente posible (Mt. 1.19).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El amor y la fidelidad de Dios hacia su pueblo quedan reflejados en los t\u00e9rminos de un compromiso en Os. 2.19\u201320. El compromiso inclu\u00eda los siguientes pasos:<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(i) <i>Elecci\u00f3n de c\u00f3nyuge<\/i>. Habitualmente los padres del joven eleg\u00edan su esposa y preparaban el casamiento, como hizo Agar con Ismael (Gn. 21.21), y Jud\u00e1 con Er (Gn. 38.6). A veces el joven mismo eleg\u00eda, y sus padres se encargaban de las negociaciones, como es el caso de Siquem (Gn. 34.4, 8) y Sans\u00f3n (Jue. 14.2). Raramente se casaba un hombre contrariando la voluntad de sus padres, como hizo Esa\u00fa (Gn. 26.34\u201335). A veces se preguntaba a la joven si consent\u00eda, como en el caso de Rebeca (Gn. 24.58). Ocasionalmente los padres de la doncella eleg\u00edan a un joven que pudiera ser su esposo, como hicieron Noem\u00ed (Rt. 3.1\u20132) y Sa\u00fal (1 S. 18.21).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(ii) <i>Intercambio de regalos<\/i>. Tres tipos de obsequios se relacionan con el compromiso en la Biblia: 1. El <\/span><span style=''>m&#333;har<\/span><span lang=ES style=''> traducido \u201cdote\u201d (<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vp<\/span><span lang=ES style=''> \u201ccompensaci\u00f3n\u201d) (Gn. 34.12, para Dina; Ex. 22.17, para una joven seducida; 1 S. 18.25, para Mical). El <\/span><span style=''>m&#333;har<\/span><span lang=ES style=''> est\u00e1 impl\u00edcito, pero no se lo nombra, en pasajes tales como Gn. 24.53, para Rebeca; 29.18, los siete a\u00f1os de trabajo realizados por Jacob para Raquel. El trabajo de Mois\u00e9s como pastor de las ovejas de su suegro podr\u00eda interpretarse de la misma manera (Ex. 3.1). Se trataba de un regalo compensatorio del novio a la familia de la novia, adem\u00e1s de que sellaba el pacto y un\u00eda a ambas familias. Algunos eruditos han considerado que el <\/span><span style=' '>m&#333;har<\/span><span lang=ES style=' '> era el precio de la novia, pero no se compraba a la esposa como se compraba una esclava. 2. La dote. Era el presente que daba el padre de la novia a su hija o futuro yerno, y que a veces consist\u00eda en siervos (Gn. 24.59, 61, a Rebeca; 29.24, a Lea) o tierras (Jue. 1.15, a Acsa; 1 R. 9.16, a la hija de Fara\u00f3n, esposa de Salom\u00f3n) u otra clase de valores (Tob\u00edas 8.21, a Tob\u00edas). 3. El regalo del novio a la novia consist\u00eda a veces en alhajas y vestiduras, como las que recibi\u00f3 Rebeca (Gn. 24.53). Ejemplos b\u00edblicos de contratos orales son la oferta de Jacob de trabajar siete a\u00f1os al servicio de Lab\u00e1n (Gn. 29.18) y la promesa de Siquem de entregar presentes a la familia de Dina (Gn. 34.12). En <etiqueta id=\"#_ftn350\" name=\"_ftnref350\" title=\"\">TB se llama <\/etiqueta><\/span><span style=' '>\u0161<sup>e<\/sup>&#7789;ar qidd\u00fb\u0161&#305;&#770;n<\/span><span lang=ES style=''> (Moed Katan 18b) o <\/span><span style=''>\u0161<sup>e<\/sup>&#7789;ar &#722;&#275;r\u00fbs&#305;&#770;n<\/span><span lang=ES style=' '> (<\/span><span style=' '>Kiddushin<\/span><span lang=ES style=' '> 9a) al contrato de compromiso. Actualmente, en el Cercano Oriente se fijan las contribuciones de cada familia en un contrato escrito de compromiso.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. Ceremonias nupciales<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Un rasgo importante de muchas de estas ceremonias era el reconocimiento p\u00fablico de la relaci\u00f3n matrimonial. Debemos entender que no en todos los casamientos se cumpl\u00edan todos los pasos siguientes.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(i) <i>Vestiduras del novio y de la novia<\/i>. La novia llevaba a veces vestiduras bordadas (Sal. 45.13\u201314), joyas (Is. 61.10), una faja especial o \u201cgalas\u201d (Jer. 2.32), y velo (Gn. 24.65). Entre los adornos que llevaba el novio pod\u00eda figurar una guirnalda (Is. 61.10). Ef. 5.27; Ap. 19.8; 21.2 se refieren figuradamente a las blancas vestiduras de la iglesia como la esposa de Cristo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(ii) <i>Damas de honor y amigos<\/i>. El Sal. 45.14 habla de las damas de honor para una novia real, y podemos suponer que tambi\u00e9n las novias de menor categor\u00eda ten\u00edan sus damas de honor. Por cierto que el novio iba acompa\u00f1ado por un grupo de amigos (Jue. 14.11). Uno de ellos correspond\u00eda al padrino en nuestras bodas, y en Jue. 14.20; 15.2, se le llama \u201ccompa\u00f1ero\u201d, y en Jn. 3.29 \u201camigo del esposo\u201d. Puede tratarse de una misma persona que el \u201cmaestresala\u201d de la fiesta en Jn. 2.8\u20139.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(iii) <i>La procesi\u00f3n<\/i>. Al atardecer del d\u00eda fijado para la boda, el novio y sus amigos se dirig\u00edan en procesi\u00f3n a la casa de la novia. All\u00ed pod\u00eda tener lugar la cena nupcial; a veces las circunstancias obligaban a que as\u00ed fuera (Gn. 29.22; Jue. 14), pero puede haber sido bastante com\u00fan, desde el momento que la par\u00e1bola de las diez v\u00edrgenes en Mt. 25.1\u201313 se interpreta m\u00e1s f\u00e1cilmente como que el novio fue a la casa de la novia para el banquete. Se podr\u00eda pensar, sin embargo, que con mayor frecuencia el novio acompa\u00f1ara a la novia a su propia casa, o a la de sus padres, para el banquete, aunque las \u00fanicas referencias al respecto en las Escrituras se encuentran en Sal. 45.14s; Mt. 22.1\u201314 (bodas reales), y probablemente en Jn. 2.9s.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La procesi\u00f3n pod\u00eda realizarse con c\u00e1nticos, m\u00fasica y danzas (Jer. 7.34; 1 Mac. 9.39), y con l\u00e1mparas si se hac\u00eda de noche (Mt. 25.7).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(iv) <i>La fiesta de bodas<\/i>. Generalmente ten\u00eda lugar en la casa del novio (Mt. 22.1\u201310; Jn. 2.9), y a menudo de noche (Mt. 22.13; 25.6). Muchos parientes y amigos asist\u00edan, de modo que era f\u00e1cil que se acabara el vino (Jn. 2.3). Un maestresala o amigo supervisaba la fiesta (Jn. 2.9\u201310). Rechazar una invitaci\u00f3n a la fiesta era un insulto (Mt. 22.7). Se esperaba que los invitados fueran vestidos de fiesta (Mt. 22.11\u201312). En circunstancias especiales pod\u00eda realizarse la fiesta en la casa de la novia (Gn. 29.22; Tob\u00edas 8.19). La gloriosa reuni\u00f3n de Cristo y sus santos en el cielo se conoce figuradamente como \u201cla cena de las bodas del Cordero\u201d (Ap. 19.9).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(v) <i>Cubrimiento de la novia<\/i>. En dos casos en el AT (Rt. 3.9; Ez. 16.8) el hombre cubre a la mujer con su manto o capa, quiz\u00e1s como se\u00f1al de que la toma bajo su protecci\u00f3n. D. R. Mace sigue lo expresado por J. L. Burckhardt (<i>Notes on the Bedouin<\/i>, 1830, pp. 264) cuando dice que en los casamientos \u00e1rabes esto lo hace uno de los parientes del novio. J. Eisler, en <i>Weltenmantel und Himmelszelt<\/i>, 1910, dice que entre los beduinos el novio cubre a la novia con una capa especial y pronuncia las siguientes palabras: \u201cDe ahora en adelante nadie sino yo te cubrir\u00e1.\u201d Las referencias b\u00edblicas sugieren que se segu\u00eda la segunda costumbre.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(vi) <i>La bendici\u00f3n<\/i>. Los parientes y amigos bendec\u00edan a la pareja y les expresaban sus buenos deseos (Gn. 24.60; Rt. 4.11; Tob\u00edas 7.13).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(vii) <i>La promesa<\/i>. Otro elemento religioso era el pacto de fidelidad que se desprende de Pr. 2.17; Ez. 16.8; Mal. 2.14. Seg\u00fan Tob\u00edas 7.14, el padre de la novia redactaba un contrato matrimonial que la Misn\u00e1 llama <\/span><span style=''>k<sup>e<\/sup>&#7791;\u00fb&#7687;\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(viii) <i>La c\u00e1mara nupcial<\/i>. Se preparaba especialmente una c\u00e1mara nupcial (Tob\u00edas 7.16). El nombre heb. de esta habitaci\u00f3n es <\/span><span style=''>&#7717;upp\u00e2<\/span><span lang=ES style=''> (Sal. 19.5; Jl. 2.16), que originalmente era un pabell\u00f3n o tienda, y la voz <etiqueta id=\"#_ftn351\" name=\"_ftnref351\" title=\"\">gr. es <\/etiqueta><\/span><span style=''>nymf&#333;n<\/span><span lang=ES style=''> (Mr. 2.19). La palabra <\/span><span style=''>&#7717;upp\u00e2<\/span><span lang=ES style=''> se usa todav\u00eda entre los jud\u00edos para describir el pabell\u00f3n bajo el cual se sientan o est\u00e1n en pie los novios durante la ceremonia nupcial.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(ix) <i>La consumaci\u00f3n<\/i>. El novio y la novia eran escoltados hasta la c\u00e1mara nupcial, a menudo por los padres (Gn. 29.23; Tob\u00edas 7.16\u201317; 8.1). Marido y mujer ofrec\u00edan una plegaria (Tob\u00edas 8.4) antes de unirse, acto para el que el heb. emplea el t\u00e9rmino \u201cconocer\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(x) <i>La prueba de la virginidad<\/i>. Se exhib\u00eda un pa\u00f1o de tela o una camisa femenina manchado con sangre como prueba de la virginidad de la novia (Dt. 22.13\u201321). Esta costumbre contin\u00faa en algunos lugares del Cercano Oriente.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(xi) <i>Las festividades<\/i>. Los festejos de la boda continuaban durante una semana (Gn. 29.27, Jacob y Lea), o a veces dos (Tob\u00edas 8.20, Tob\u00edas y Sara). Estas celebraciones contaban con m\u00fasica (Sal. 45; 78.63) y chistes, como los acertijos de Sans\u00f3n (Jue. 14.12\u201318). Algunos interpretan el Cantar de los cantares a la luz de una costumbre de los campesinos sirios de llamar al novio y a la novia \u201crey\u201d y \u201creina\u201d durante las festividades que siguen a la boda, y de cantarles loas.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. Grados prohibidos de matrimonio<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Los encontramos en detalle en la lista de Lv. 18, y en menor grado en Lv. 20.17\u201321; Dt. 27.20\u201323. David Mace, <i>Hebrew Marriage<\/i>, pp. 152s, los analiza detalladamente. Presumimos que la prohibici\u00f3n reg\u00eda tanto para una segunda esposa durante la vida de la primera, como para cualquier casamiento subsiguiente despu\u00e9s de la muerte de la esposa, excepto para el casamiento con la hermana de la esposa, porque Lv. 18.18, al decir que no se debe tomar en casamiento a la hermana de la esposa durante la vida de esta \u00faltima, da a entender que puede hacerlo despu\u00e9s de su muerte.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Abraham (Gn. 20.12) y Jacob (Gn. 29.21\u201330) se casaron con grados de parentesco que posteriormente fueron prohibidos. El esc\u00e1ndalo en la iglesia de Corinto (1 Co. 5.1) puede haber sido causado por el casamiento de una madrastra despu\u00e9s de la muerte del padre; pero como se describe a la mujer como \u201cmujer de su padre\u201d (y no <i>viuda<\/i>) y al acto se le llama <i>fornicaci\u00f3n<\/i>, es m\u00e1s probable que se trate de un caso de relaci\u00f3n inmoral con una segunda esposa joven de su padre.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. La ley del levirato<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La palabra deriva del <etiqueta id=\"#_ftn352\" name=\"_ftnref352\" title=\"\">lat. <\/etiqueta><i>levir<\/i>, que significa \u201chermano del esposo\u201d. Cuando un hombre casado mor\u00eda sin tener hijos, se esperaba que su hermano se casara con la mujer. Los hijos del matrimonio figuraban como del primer esposo. Esta costumbre existe en otros pueblos adem\u00e1s de los hebreos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Se supone esta costumbre en el relato de On\u00e1n en Gn. 38.8\u201310. On\u00e1n tom\u00f3 a la esposa de su hermano, pero no quiso que ella tuviera un hijo de \u00e9l porque \u201cla descendencia no habr\u00eda de ser suya\u201d (v. 9) y sus propios hijos no disfrutar\u00edan de la herencia primaria. Este vers\u00edculo no enjuicia el control de la natalidad en s\u00ed.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Dt. 25.5\u201310 dice que la ley se aplica a los hermanos que habitan juntos, pero permite al hermano la opci\u00f3n de rehusar.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El libro de Rut muestra que la costumbre se hab\u00eda extendido m\u00e1s all\u00e1 del hermano del esposo. Aqu\u00ed vemos que a un pariente al que no se menciona le correspond\u00eda el deber primario, y que s\u00f3lo cuando \u00e9l reh\u00fasa Booz se casa con Rut. Otra ampliaci\u00f3n de la costumbre en este caso es que es Rut, y no Noem\u00ed, la que se casa con Booz, presumiblemente debido a que Noem\u00ed era demasiado vieja para tener hijos. Se dice que \u201cle ha nacido un hijo a Noem\u00ed\u201d (4.17).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La ley del levirato no se aplicaba si hab\u00edan nacido hijas, y se les da a las hijas de Zelofehad, en Nm. 27.1\u201311, reglamentaciones para la herencia de las hijas. Podr\u00eda parecer extra\u00f1o que los vv. 9\u201311 aparentemente ignoran, o aun contradicen, la ley del levirato. Podr\u00edamos argumentar que todav\u00eda no se hab\u00eda promulgado el contenido de Dt. 25.5\u201310. Por otra parte, cuando surge una ley a ra\u00edz de una circunstancia espec\u00edfica, es necesario conocer las circunstancias exactas para poder juzgar lo que la ley pretende cubrir. No habr\u00eda contradicci\u00f3n con la ley del levirato si la esposa de Zelofehad hubiera muerto antes que \u00e9l, y la ley se limita aqu\u00ed a casos similares. Nm. 27.8\u201311 se aplicar\u00eda cuando s\u00f3lo hubiera hijas, cuando una mujer sin hijos hubiera muerto antes que su esposo, cuando el hermano del marido que hubiere muerto rehusara tomar a la viuda sin hijos, o cuando la esposa siguiera sin tener hijos despu\u00e9s de haberse desposado con el hermano de su marido.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En Lv. 18.16; 20.21 se le proh\u00edbe al hombre casarse con la mujer de su hermano. A la luz de la ley del levirato, esto quiere decir claramente que no puede tomarla como su propia esposa, aunque ella hubiese sido divorciada durante la vida de su marido, o hubiera quedado con o sin hijos al morir su esposo. Juan el Bautista censur\u00f3 a Herodes Antipas por haberse casado con la mujer de su hermano Herodes Felipe (Mt. 14.3\u20134), que a\u00fan viv\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el NT los saduceos aplican la ley del levirato para presentar a Jes\u00fas un problema sobre la resurrecci\u00f3n (Mt. 22.23ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>V. Divorcio<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. En el Antiguo Testamento<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En Mt. 19.8 Jes\u00fas dice que Mois\u00e9s hab\u00eda \u201cpermitido\u201d el divorcio a causa de la dureza del coraz\u00f3n de la gente. Esto quiere decir que Mois\u00e9s no orden\u00f3 el divoracio, sino que reglament\u00f3 una pr\u00e1ctica ya existente, y desde esta perspectiva podemos entender mejor el contenido de la ley en Dt. 24.1\u20134. <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '>, <\/span><span lang=ES style='font-size: 10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vp<\/span><span lang=ES style=''> y otras <etiqueta id=\"#_ftn353\" name=\"_ftnref353\" title=\"\">vss. dan a entender que hay un mandato en la segunda mitad del vv. 1, pero <\/etiqueta><\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0nbe<\/span><span lang=ES style=' '> sigue a Keil, Delitzsch, S. R. Driver y la <etiqueta id=\"#_ftn354\" name=\"_ftnref354\" title=\"\"><span style='text-transform: uppercase'>LXX<\/span><\/etiqueta>, al hacer que el \u201csi\u201d de la pr\u00f3tasis se extienda hasta el final del vv. 3, de modo que el mandato se encuentra realmente en el vv. 4. Cualquiera sea la traducci\u00f3n que adoptemos, al analizar esta secci\u00f3n llegaremos a la conclusi\u00f3n de que el divorcio se practicaba, que se le daba a la esposa alg\u00fan tipo de contrato, y que desde ese momento ella estaba libre para volver a casarse.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los motivos de divorcio est\u00e1n expuestos aqu\u00ed en t\u00e9rminos tan generales que no podemos darles una interpretaci\u00f3n precisa. El marido encuentra \u201calguna cosa indecente\u201d (<\/span><etiqueta id=\"#_ftn355\" name=\"_ftnref355\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0bj<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''> \u201calgo que le desagrada\u201d) en su esposa. Aparte de la cita anterior los t\u00e9rminos heb. <\/span><span style=''>&#723;erwa&#7791; d&#257;&#7687;&#257;r<\/span><span lang=ES style=''> (literalmente, \u201cdesnudez de una cosa\u201d), s\u00f3lo aparecen juntas formando una frase en Dt. 23.14. Poco tiempo antes de Cristo, la escuela de Shammai lo interpretaba solamente como infidelidad, mientras que la escuela de Hillel lo extend\u00eda a todo lo que resultara desagradable al esposo. Debemos recordar que Mois\u00e9s no se propone dar aqu\u00ed los motivos de divorcio, sino que lo est\u00e1 aceptando como un hecho que se da.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Hay dos situaciones en las que se proh\u00edbe el divorcio: cuando el hombre ha acusado falsamente a su esposa de infidelidad premarital (Dt. 22.13\u201319); y cuando un hombre ha tenido relaciones con una joven, y el padre de ella lo ha obligado a casarse con ella (Dt. 22.28\u201329; Ex. 22.16\u201317).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En dos ocasiones excepcionales se insisti\u00f3 sobre la necesidad del divorcio. Uno fue el caso de los exiliados que retornaron casados con mujeres paganas (Esd. 9\u201310, y probablemente Neh. 13.23ss, aunque aqu\u00ed la referencia al divorcio est\u00e1 impl\u00edcita y no explicita). En Mal. 2.10\u201316 algunos hab\u00edan abandonado a sus mujeres jud\u00edas para casarse con paganas.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. En el Nuevo Testamento<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Al comparar las palabras de Jes\u00fas en Mt. 5.32; 19.3\u201312; Mr. 10.2\u201312; Lc. 16.18, encontramos que el Se\u00f1or considera el divorcio y el nuevo casamiento como adulterio, pero no dice que el hombre no puede separar lo que ha unido Dios. En los dos pasajes de Mt. se menciona la fornicaci\u00f3n (<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0nbe<\/span><span lang=ES style=' '> \u201cuni\u00f3n ilegal\u201d; <\/span><etiqueta id=\"#_ftn356\" name=\"_ftnref356\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0ba<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''> \u201cinfidelidad\u201d) como la \u00fanica raz\u00f3n por la cual un hombre puede desvincularse de su esposa, mientras que en Mr. y Lc. no aparece esa salvedad. Com\u00fanmente se toma fornicaci\u00f3n aqu\u00ed como equivalente de adulterio; en forma similar, la conducta de la naci\u00f3n como esposa de Yahv\u00e9h se considera adulterio (Jer. 3.8; Ez. 23.45) y fornicaci\u00f3n (Jer. 3.2\u20133; Ez. 23.43); en Ecl. 23.23 se dice que una esposa infiel ha cometido adulterio en fornicaci\u00f3n (cf. tambi\u00e9n 1 Co. 7.2, donde \u201cinmoralidad\u201d [ <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0nbe<\/span><span lang=ES style=''> ] es \u201cfornicaci\u00f3n\u201d [as\u00ed <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''> ] en gr.).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La raz\u00f3n por la cual Marcos y Lucas omiten la cl\u00e1usula de excepci\u00f3n podr\u00eda ser que ning\u00fan jud\u00edo, griego, o romano dud\u00f3 jam\u00e1s que el adulterio constituyese causal de divorcio, y los evangelistas lo dieron por sentado. Igualmente, Pablo en Ro. 7.1\u20133, al referirse a la ley jud\u00eda y la romana, ignora la posibilidad del divorcio en casos de adulterio, cosa que ambas leyes inclu\u00edan.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Se han sostenido otras teor\u00edas relativas al significado de las palabras de Cristo. En algunas, <i>fornicaci\u00f3n<\/i> se refiere a la infidelidad prematrimonial que el esposo descubre despu\u00e9s del casamiento. Otros han sugerido que los c\u00f3nyuges descubren que se han casado dentro de los grados prohibidos de parentesco, cosa que por su poca frecuencia no habr\u00eda merecido una excepci\u00f3n especial en las palabras de Cristo. Los cat\u00f3licos romanos sostienen que la declaraci\u00f3n sanciona la separaci\u00f3n, pero no el nuevo matrimonio. Es dif\u00edcil excluir de Mt. 19.9 la autorizaci\u00f3n para volver a casarse, y entre los jud\u00edos no exist\u00eda la separaci\u00f3n sin permiso para volverse a casarse.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Algunos han dudado de la autenticidad de Mr. 10.12, ya que normalmente una mujer jud\u00eda no pod\u00eda divorciarse de su marido. Pero s\u00ed pod\u00eda apelar al tribunal por el trato que le daba su marido, y el tribunal pod\u00eda obligar al esposo a divorciarla. M\u00e1s aun, Cristo puede haber estado pensando en las leyes griegas y romanas, seg\u00fan las cuales la esposa pod\u00eda divorciarse, como lo hizo Herod\u00edas de su primer marido.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Hay una fuerte corriente de opini\u00f3n, tanto entre los protestantes como entre los cat\u00f3licos romanos, seg\u00fan la cual 1 Co. 7.10\u201316 ofrece otra causal de divorcio. Aqu\u00ed Pablo repite la ense\u00f1anza que hab\u00eda impartido el Se\u00f1or en la tierra, y luego, bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu, ofrece ense\u00f1anza que va m\u00e1s all\u00e1 de lo que el Se\u00f1or hab\u00eda ense\u00f1ando, dado que se hab\u00eda presentado una situaci\u00f3n nueva. Cuando uno de los c\u00f3nyuges de un matrimonio pagano se convierte a Cristo, \u00e9l o ella no debe abandonar al otro. Pero si el otro insiste en dejar al cristiano, \u201cno est\u00e1 el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso\u201d. Esta \u00faltima cl\u00e1usula no puede significar simplemehte que tienen libertad para abandonarse el uno al otro, sino que debe querer decir que est\u00e1n en libertad de volver a casarse. Esta nueva causal, que a primera vista es de aplicaci\u00f3n limitada, se ronoce como el \u201cprivilegio paulino\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En la confusa situaci\u00f3n actual en lo concerniente al casamiento, el divorcio, y el nuevo casamiento, la iglesia cristiana, al tratar con los conversos y los miembros arrepentidos, a menudo se ve obligada a aceptar la situaci\u00f3n seg\u00fan se haya presentado. Un converso que previamente se hab\u00eda divorciado sobre una base suficiente o insuficiente, y que se ha vuelto a casar, no puede volver a su c\u00f3nyuge original, y no puede llamarse adulterio al nuevo matrimonio (1 Co. 6.9, 11).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0R. de Vaux, <i>Instituciones del Antiguo Testamento<\/i>, 1985; A. Andreu, \u201cMatrimonio\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn357\" name=\"_ftnref357\" title=\"\"><i>\u00b0EBDM<\/i><\/etiqueta>, t(t). IV, cols. 1379\u20131383; <i>W. G\u00fcnther, H. Reisser<\/i>, <i>\u201cMatriminio\u201d<\/i>, <etiqueta id=\"#_ftn358\" name=\"_ftnref358\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). III, pp. 45\u201354; J.-J. von Allmen, \u201cMatrimonio\u201d, <i>Vocabulario b\u00edblico<\/i>, 1973, pp. 191\u2013196; D. R. Mace, <i>A los que Dios ha juntado en matrimonio<\/i>, 1977; A. Hortelano, <i>El amor y la familia en las nuevas perspectivas cristianas<\/i>, 1979; J. B. Bauer, \u201cMatrimonio\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn359\" name=\"_ftnref359\" title=\"\"><i>\u00b0DTB<\/i><\/etiqueta>, 1967, cols. 616\u2013623; R. K. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1975, t(t). III, pp. 348\u2013380; V. J. Cabrera, <i>Divorcio vincular<\/i>, 1986; \u00b0J. Murray, <i>El divorcio<\/i>, 1979; J. Montserrat Torrents, <i>Matrimonio<\/i>, <i>divorcio y separaci\u00f3n<\/i>, 1970.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>W. R. Smith, <i>Kinship and Marriage in Early Arabia<\/i>, 1903; E. A. Westermarck, <i>The History of Human Marriage<\/i>, 3 t(t). 1922; H. Grandquist, <i>Marriage Conditions in a Palestinian Village<\/i>, 2 t(t). 1931, 1935; M. Burrows, <i>The Basis of Israelite Marriage<\/i>, 1938; E. Neufeld, <i>Ancient Hebrew Marriage Laws<\/i>, 1944; D. R. Mace, <i>Hebrew Marriage<\/i>, 1953; J. Murray, <i>Divorce<\/i>, 1953; D. S. Bailey, <i>The Man-Woman Relation in Christian Thought<\/i>, 1959; R. de Vaux, Ancient Israel, 1961; E. Stauffer, <etiqueta id=\"#_ftn360\" name=\"_ftnref360\" title=\"\"><i>TDNT<\/i><\/etiqueta> 1, pp. 648\u2013657; W. G\u00fcnther et <etiqueta id=\"#_ftn361\" name=\"_ftnref361\" title=\"\">al., <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn362\" name=\"_ftnref362\" title=\"\"><i>NIDNTT<\/i><\/etiqueta> 2, pp. 575\u2013590; M. J. Harris, C. Brown, <i>NIDNTT<\/i> 3, pp. 534\u2013543.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn363\" name=\"_ftnref363\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>J.S.W.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn364\" name=\"_ftnref364\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>J.T.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Heb 13:4 honroso sea en todos el m, y el lecho Formalizar y santificar la uni\u00f3n del hombre y la mujer para la procreaci\u00f3n de hijos. El t\u00e9rmino m\u00e1s com\u00fan en heb. es laqah, tomar en matrimonio. Debe ser considerado junto con el verbo ba\u2020\u2122al, ser due\u00f1o, gobernar, o poseer en matrimonio tanto como con &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/matrimonio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMATRIMONIO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6313","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6313","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6313"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6313\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6313"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6313"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6313"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}