{"id":6427,"date":"2016-02-05T03:30:04","date_gmt":"2016-02-05T08:30:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/padrenuestro\/"},"modified":"2016-02-05T03:30:04","modified_gmt":"2016-02-05T08:30:04","slug":"padrenuestro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/padrenuestro\/","title":{"rendered":"PADRENUESTRO"},"content":{"rendered":"<p>Espec\u00ed\u00adficamente era la oraci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos ya que Jes\u00fas se la ense\u00f1\u00f3 a ellos (Mat 6:9-13; Luk 11:2-4). En Lucas, Jes\u00fas, accediendo al pedido de un disc\u00ed\u00adpulo, les dio en forma modificada lo que antes hab\u00ed\u00ada presentado espont\u00e1neamente en el Serm\u00f3n del monte. La primera versi\u00f3n es m\u00e1s completa y entonces m\u00e1s corriente. Como oraci\u00f3n modelo no hay cual la supere en lo conciso y riqueza, mientras que demuestra la manera correcta de acercarse a la oraci\u00f3n y el orden de la misma.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Oraci\u00f3n que nos ensen\u00f3 Jes\u00fas en el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, cuando los disc\u00ed\u00adpulos le pidieron \u00abens\u00e9nanos a orar\u00bb: Mat 6:9-13, Lc.ll:l4. Es la Oraci\u00f3n Perfecta que encierra, y es el resumen, de toda la vida cristiana; con una \u00abintroducci\u00f3n\u00bb corta, pero preciosa, y 7 peticiones: (\u00c2\u00a1qu\u00e9 importante es la \u00aboracion de peticion\u00bb!).<\/p>\n<p> Introduccion.<\/p>\n<p> &#8211; Padre: Dios es tu Padre, tu \u00abpap\u00e1\u00bb, que se ocupa tanto de ti, que hasta los cabellos de tu cabeza tiene contados: (Mt.:0:30). \u00c2\u00a1No tengas nunca envidia a nadie!: No eres hijo de un millonario, ni del presidente de la Naci\u00f3n, \u00c2\u00a1eres \u00abhijo de Dios\u00bb!.<\/p>\n<p> &#8211; \u00abNuestro\u00bb: Dios es tu padre y el m\u00ed\u00ado, por eso es que todos somos \u00abhermanos\u00bb. El mismo Dios que hizo las manos del jud\u00ed\u00ado, hizo las del cristiano y las del musulm\u00e1n. por eso todos tenemos que amarnos.<\/p>\n<p> &#8211; \u00abQue estas en los cielos\u00bb: Nos ama y bendice, con toda su gloria de los cielos. No con cositas terrenales, sino con amor eterno. y cuando pienses en los cielos, no pienses en algo muy alto o que est\u00e1 muy lejos. los cielos est\u00e1n donde est\u00e1 Dios, si Dios est\u00e1 en tu coraz\u00f3n, los cielos enteros est\u00e1n dentro de tu coraz\u00f3n.<\/p>\n<p> 7 Peticiones:  Las Tres primeras peticiones son para el Padre, las cfuatro ultimas para nosotros.<\/p>\n<p> 1- \u00abSantificado sea tu nombre\u00bb: Este es \u00abel fin\u00bb nuestro, para lo que fuimos creados, para dar gloria y alabar el nombre de Dios, en la tierra y en los cielos.<\/p>\n<p> 2- \u00abVenga a nosotros tu Reino\u00bb: Es la \u00abmeta\u00bb de todo hombre y mujer.<\/p>\n<p> 3- \u00abH\u00e1gase tu voluntad\u00bb: Es el \u00abcamino\u00bb para llegar a la meta, y para cumplir nuestro fin: Hacer yo la voluntad de Dios, no que Dios haga la m\u00ed\u00ada, como quer\u00ed\u00ada Judas, y como a veces nosotros queremos cuando oramos falsamente.<\/p>\n<p> 4- \u00abE1 pan nuestro de cada d\u00ed\u00ada, d\u00e1nosle hoy\u00bb: Danos nuestro pan material y espiritua: Fiarnos \u00abcada d\u00ed\u00ada\u00bb enteramente de nuestro Padre, lo mismo que hace un nino de 3 a\u00f1os: El nos dar\u00e1 nuestro pan material, todo lo que necesitamos. y nuestro pan espiritual, la Eucarist\u00ed\u00ada; Jes\u00fas es el \u00abPan de Vida\u00bb de Jua 6:35-48, que quiere darsenos \u00abcada d\u00ed\u00ada\u00bb, \u00abtodos los d\u00ed\u00adas\u00bb en la Eucarist\u00ed\u00ada, en la Santa Misa. Son los \u00abmedios\u00bb para andar el camino. \u00c2\u00a1Tr\u00e1talo todos los d\u00ed\u00adas, \u00abcada d\u00ed\u00ada\u00bb!.<\/p>\n<p> 5- Las 3 siguientes peticiones, son los \u00abobst\u00e1culos\u00bb en el camino. Le pedimos a nuestro Padre que nos quite los obst\u00e1culos de nuestras \u00abdeudas\u00bb, de la \u00abtentaci\u00f3n\u00bb y del \u00abmal\u00bb.<\/p>\n<p> En cuanto a las \u00abdeudas\u00bb, le pedimos algo impresionante: Que nos perdone tal como perdonamos; si no perdonamos, le pedimos que no nos perdone. Hasta insiste una vez m\u00e1s en eso despu\u00e9s de la oraci\u00f3n en Mat 6:14.36: En cuanto a la \u00abtentaci\u00f3n\u00bb: \u00c2\u00a1Tendremos tentaciones!, hasta el d\u00ed\u00ada de la muerte, porque esta vida en la tierra es un per\u00ed\u00adodo de prueba. Y no le pedimos que no las tengamos, sino que \u00abno nos deje caer\u00bb en las que con seguridad tendremos, porque \u00abtentacion\u00bb es la vida del hombre sobre la tierra\u00bb: (Job 7:1). \u00c2\u00a1tentaci\u00f3n con lucha!. el mismo Jes\u00fas fue tentado, y cuando estaba orando y haciendo ayuno y penitencia por 40 d\u00ed\u00adas, Mat.4, Luc.4: En cuanto al \u00abmal\u00bb, el \u00fanico mal del cristiano y del pagano es el \u00abpecado\u00bb, y aqu\u00ed\u00ad s\u00ed\u00ad, aqu\u00ed\u00ad le pedimos que nos libre del \u00abmal\u00bb, que nunca pequemos.<\/p>\n<p> Y, si se da cuenta, en el cristianismo todo va en \u00abplural\u00bb \u00abNuestro\u00bb, \u00abv\u00e9nganos\u00bb, \u00abd\u00e1nosle\u00bb, \u00abperd\u00f3nanos\u00bb, \u00abperdonamos\u00bb, \u00abno nos dejes\u00bb, \u00abl\u00ed\u00adbranos\u00bb .\u00c2\u00a1y as\u00ed\u00ad debemos orar los cristianos! No s\u00f3lo por m\u00ed\u00ad, sino por todos los hermanos, por los buenos, y por los que parecen malos o desviados.<\/p>\n<p> Am\u00e9n: As\u00ed\u00ad sea, como te lo pedimos, Senor y Padre nuestro.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Durante mucho tiempo, entre los hebreos no se acostumbraba escribir oraciones para ser repetidas. Los rabinos lo prohib\u00ed\u00adan, porque se trataba de una pr\u00e1ctica pagana. Se ense\u00f1aba que la oraci\u00f3n deb\u00ed\u00ada salir del coraz\u00f3n. Por eso el Se\u00f1or Jes\u00fas dijo a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Y orando, no us\u00e9is vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrer\u00ed\u00ada ser\u00e1n o\u00ed\u00addos\u2020\u009d (Mat 6:7). Pero la Biblia misma reconoce que la oraci\u00f3n no es una actividad f\u00e1cil. Pablo escribi\u00f3: \u2020\u0153&#8230; pues qu\u00e9 hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Esp\u00ed\u00adritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles\u2020\u009d (Rom 8:26). \u2020\u00a2Juan el Bautista entren\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos en esta dif\u00ed\u00adcil disciplina. Y los ap\u00f3stoles pidieron al Se\u00f1or Jes\u00fas que hiciera lo mismo, dici\u00e9ndole: \u2020\u0153Se\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar, como tambi\u00e9n Juan ense\u00f1\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos\u2020\u009d (Luc 11:1). Por eso, Cristo les mostr\u00f3 un modelo de oraci\u00f3n. No un patr\u00f3n para ser memorizado y repetido tal cual, sino una gu\u00ed\u00ada de lo que deb\u00ed\u00ada ser el contenido de sus oraciones. Eso es el P.<\/p>\n<p>Lo primero que se nota en el P., que es modelo de oraci\u00f3n para el NT, es el sentido de intimidad que se establece entre el orante y Dios, al llamar a \u00e9ste \u2020\u0153Padre\u2020\u009d. Adem\u00e1s, todo el patr\u00f3n de oraci\u00f3n presentado por el Se\u00f1or Jes\u00fas tiene un alto sentido social. El que ora debe entender que el Dios al cual se dirige es Dios de \u00e9l y de los dem\u00e1s. Por eso dice: \u2020\u0153Padre nuestro\u2020\u009d. Es decir, que Dios es Padre del que ora y de los otros. Por lo tanto, nadie puede pedir cosas al Padre en beneficio de uno de sus hijos y en detrimento de otro de ellos. El pan que se pide es \u2020\u0153el pan nuestro\u2020\u009d, pues nadie puede pedir pan para s\u00ed\u00ad mismo si eso implica quit\u00e1rselo a los dem\u00e1s. Igual cosa se entiende cuando se pide perd\u00f3n por \u2020\u0153nuestras deudas\u2020\u009d, porque debemos querer que Dios nos perdone tanto a nosotros como a los otros. Tampoco debemos querer ser librados de los problemas sin que los dem\u00e1s tambi\u00e9n queden libres. Por eso el Se\u00f1or Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 diciendo: \u2020\u0153No nos metas en tentaci\u00f3n\u2020\u009d. Por otra parte, el \u00e9nfasis que hace el P. en la segunda persona del singular, \u2020\u0153t\u00fa\u2020\u009d, es otra caracter\u00ed\u00adstica de la verdadera oraci\u00f3n. Mientras el humanismo pone al hombre como centro y medida de todas las cosas, el creyente pone a Dios. Por eso dice: \u2020\u0153&#8230; tu nombre&#8230;. tu reino&#8230;. tu voluntad\u2020\u009d.<br \/>\npalabras \u2020\u0153Padre nuestro\u2020\u009d indican la relaci\u00f3n que debe existir entre el que ora y el que escucha la oraci\u00f3n. El Se\u00f1or estaba hablando a aquellos que son hijos de Dios por la fe en su nombre. Ellos pod\u00ed\u00adan llamar \u2020\u0153Padre\u2020\u009d a Dios. El pueblo de Israel reconoc\u00ed\u00ada que Dios era su p., en sentido colectivo, como naci\u00f3n. Se lee en Isa\u00ed\u00adas (\u2020\u0153Pero t\u00fa eres nuestro p., si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce; t\u00fa, oh Jehov\u00e1, eres nuestro p.\u2020\u009d [Isa 63:16]). Lo que no ten\u00ed\u00adan los israelitas era el concepto de Dios como padre de una persona. Ese sentido de la paternidad de Dios lo revel\u00f3 nuestro Se\u00f1or Jesucristo (\u2020\u0153&#8230; ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar\u2020\u009d [Mat 11:27]). As\u00ed\u00ad oraba el mismo Se\u00f1or, diciendo en arameo \u2020\u00a2Abba (\u2020\u0153Padre, si quieres, pasa de m\u00ed\u00ad esta copa\u2020\u009d [Luc 22:42]; \u2020\u0153Padre, la hora ha llegado&#8230;. Padre, glorif\u00ed\u00adcame&#8230;. Padre justo, el mundo no te ha conocido\u2020\u009d [Jua 17:1-25]).<br \/>\nembargo, al decir \u2020\u0153que est\u00e1s en los cielos\u2020\u009d, se reconoce que ese Dios que es nuestro Padre, est\u00e1 en la c\u00faspide y m\u00e1s all\u00e1 de todo lo creado. Son palabras que reconocen la excelsitud de Dios. El apelativo de Padre, aunque demostrativo de gran intimidad, no significa que se puede hablar con Dios sin el respeto debido a su alt\u00ed\u00adsima dignidad. \u2020\u0153T\u00fa est\u00e1s en los cielos&#8230;. y yo aqu\u00ed\u00ad, en el polvo de la tierra\u2020\u009d, debe querer decir el orante. Esto indica el grado de humildad en la actitud del que hace la oraci\u00f3n, lo cual trae como consecuencia que diga: \u2020\u0153&#8230; santificado sea tu nombre\u2020\u009d, tratando as\u00ed\u00ad de expresar su inmenso respeto y temor hacia Dios. Al hablar del nombre de Dios se hace referencia a todo aquello que \u00e9l ha revelado de s\u00ed\u00ad mismo. Su nombre es su revelaci\u00f3n, lo que a \u00e9l le ha placido decirnos de su naturaleza y car\u00e1cter. Entonces, cuando oramos, debemos tener en cuenta que no podemos pedir nada que en su forma y prop\u00f3sito no vaya de acuerdo con el car\u00e1cter de Dios.<br \/>\nel orante debe demostrar su inter\u00e9s preferencial por el desarrollo del reino de Dios. Por eso dice: \u2020\u0153Venga tu reino\u2020\u009d. Aqu\u00ed\u00ad se incluir\u00e1, entonces, todo aquello que el creyente sabe o desea saber sobre la obra de Dios, el desarrollo de sus planes en su entorno y en el mundo. El \u00e9nfasis en \u2020\u0153tu reino\u2020\u009d debe entenderse correctamente. Se trata lo que Dios est\u00e1 haciendo en la historia, no de la planificaci\u00f3n nuestra ni de los asuntos para los cuales tenemos personal preferencia. Como el centro de todo el prop\u00f3sito divino est\u00e1 en la persona del Se\u00f1or Jes\u00fas, la oraci\u00f3n del creyente incluir\u00e1 aqu\u00ed\u00ad todo lo que se relacione con la exaltaci\u00f3n de su nombre entre los hombres.<br \/>\ndice: \u2020\u0153H\u00e1gase tu voluntad\u2020\u009d. La oraci\u00f3n es un gran misterio, puesto que Dios es soberano y su voluntad siempre se hace. No se trata, entonces, de tratar de \u2020\u0153torcer el brazo a Dios\u2020\u009d para que haga lo que quiere el orante, pues eso no es posible. Sin embargo, por medio de la oraci\u00f3n el creyente expresa a Dios su deseo de estar siempre de acuerdo con esa voluntad, que es agradable y perfecta, mientras que, al mismo tiempo, le comunica sus propios deseos. Esta paradoja es inevitable, pues ambas cosas las ense\u00f1a la Escritura: que Dios es soberano y su voluntad siempre se cumple, pero que debemos expresarle nuestros deseos. \u00bfC\u00f3mo se hace Dios para complacer alguna petici\u00f3n de nuestro coraz\u00f3n y, al mismo tiempo, seguir siendo el soberano? No lo sabemos. Pero la Escritura nos exhorta: \u2020\u0153Del\u00e9itate asimismo en Jehov\u00e1 y \u00e9l te dar\u00e1 las peticiones de tu coraz\u00f3n\u2020\u009d (Sal 37:4). El ejercicio de la oraci\u00f3n y la vida piadosa ir\u00e1n conduciendo poco a poco al creyente a modular y sincronizar su voluntad con la de Dios. La perfecci\u00f3n con la cual se cumple la voluntad de Dios \u2020\u0153en el cielo\u2020\u009d es la que desea el creyente que se realice tambi\u00e9n \u2020\u0153en la tierra\u2020\u009d.<br \/>\nlos deseos del orante est\u00e1n, por supuesto, sus necesidades materiales. \u2020\u0153El pan nuestro de cada d\u00ed\u00ada\u2020\u009d. La provisi\u00f3n que se pide es la necesaria para la subsistencia. El \u2020\u0153cada d\u00ed\u00ada\u2020\u009d no implica una prohibici\u00f3n de pedir por las necesidades del futuro, pero s\u00ed\u00ad elimina toda excusa para la ansiedad. La idea es: \u2020\u0153danos lo necesario para vivir\u2020\u009d, que incluye comida, ropa, techo, etc\u00e9tera. Pero el creyente no pide riquezas, ni siquiera abundancia (\u2020\u0153As\u00ed\u00ad que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto\u2020\u009d [1Ti 6:8]).<br \/>\nmedida para el cumplimiento de la voluntad de Dios se toma del cielo (\u2020\u0153como en el cielo\u2020\u009d). As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n hay una medida para el perd\u00f3n que el orante pide por sus faltas (\u2020\u0153&#8230; como nosotros perdonamos a nuestros deudores\u2020\u009d). La solicitud de perd\u00f3n es, en s\u00ed\u00ad, un reconocimiento de los pecados cometidos, los cuales deben ser confesados delante del Se\u00f1or. Pero el perd\u00f3n de Dios est\u00e1 condicionado a que nosotros, a nuestra vez, perdonemos a aquellos que hayan hecho algo malo contra nosotros. \u2020\u00a2Perd\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2020\u0153No nos metas en tentaci\u00f3n, mas l\u00ed\u00adbranos del mal\u2020\u009d es la expresi\u00f3n natural del ser humano que no desea verse en problemas. La palabra \u2020\u00a2tentaci\u00f3n tiene el significado de prueba. Luego, Dios no espera que nosotros mismos nos metamos en problemas, ni que nos gusten las pruebas, ni que amemos el peligro. \u00e9l entiende que nuestro ser prefiere la calma, la tranquilidad y la vida suave. \u2020\u0153No me des pobreza ni riquezas; mant\u00e9nme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: \u00bfQui\u00e9n es Jehov\u00e1? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios\u2020\u009d (Pro 30:8-9). Nadie debe buscar el sufrimiento, sino ser librado de \u00e9l. El padecimiento se acepta \u2020\u0153si la voluntad de Dios as\u00ed\u00ad lo quiere\u2020\u009d (1Pe 3:17), pero nunca debe buscarse.<br \/>\n, la oraci\u00f3n debe terminar con la alabanza. \u2020\u0153Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Am\u00e9n.\u2020\u009d Esta expresi\u00f3n denota una especie de corona del proceso de oraci\u00f3n, que termina con un alma exultante que quiere manifestar su admiraci\u00f3n por el Dios al cual se ha dirigido, reconociendo su excelsa grandeza.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>ver, ORACI\u00ed\u201cN, PADRE, REINO DE DIOS<\/p>\n<p>vet, Nombre tradicional que se da en las iglesias cristianas a una serie de peticiones y doxolog\u00ed\u00adas ense\u00f1adas por Jes\u00fas a Sus disc\u00ed\u00adpulos y consignadas en los Evangelios seg\u00fan San Mateo (Mt. 6:9-13) y seg\u00fan San Lucas (Lc. 11:2-4). Este es uno de los pasajes m\u00e1s conocidos de la Biblia y ha figurado en los sermones, catecismos y formularios de cultos desde los Padres apost\u00f3licos. Es tan conocido por los cristianos, que en todos los idiomas se le cita por sus primeras palabras. Las palabras de Jes\u00fas han sido transmitidas en dos formas distintas por los evangelistas, que tambi\u00e9n describen diversas circunstancias en el marco del per\u00ed\u00adodo de entrenamiento de los disc\u00ed\u00adpulos por el Maestro. Cristo pone delante de los suyos un modelo de oraci\u00f3n en el que despu\u00e9s de la invocaci\u00f3n al \u00abPadre\u00bb, tan grata a Jes\u00fas y tan caracter\u00ed\u00adstica del cristianismo, coloca siete peticiones. La versi\u00f3n que nos trae el Evangelio de San Mateo es m\u00e1s apta para la recitaci\u00f3n comunitaria, mientras que Lucas nos la transmite con las caracter\u00ed\u00adsticas propias de una oraci\u00f3n m\u00e1s personal como la que hiciera el Se\u00f1or Jes\u00fas en Getseman\u00ed\u00ad. Numerosos son los tratados y exposiciones de esta oraci\u00f3n cristiana por excelencia. El gran aprecio de los Padres de la Iglesia se puede compendiar en la frase de Tertuliano: \u00abes el compendio de todo el Evangelio\u00bb (PL 1:1255). Las Iglesias Reformadas que siguen las ense\u00f1anzas de Calvino, cuando desecharon las antiguas liturgias, mantuvieron el Padrenuestro engastado en las f\u00f3rmulas m\u00e1s \u00e1giles de sus cultos. El Catecismo de Heidelberg la usa como ejemplo de oraci\u00f3n y hace una larga exposici\u00f3n pr\u00e1ctica de sus peticiones. Numerosas son las versiones de esta oraci\u00f3n al espa\u00f1ol, pero el pueblo gusta repetir una cl\u00e1sica que viene del siglo XVI. Cuando Cristo la ense\u00f1\u00f3, mostraba a los suyos un modelo de pedir al Padre, y no ense\u00f1aba a repetir la f\u00f3rmula como si por s\u00ed\u00ad misma ella tuviese eficacia m\u00e1gica. (V\u00e9anse ORACI\u00ed\u201cN, PADRE, REINO DE DIOS.) Bibliograf\u00ed\u00ada: Vila, D.: \u00abEl Padrenuestro\u00bb (Ed. Cl\u00ed\u00ade, Terrassa, 1972).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. Cuestiones generales. -11. Invocaci\u00f3n: Padre nuestro que est\u00e1s en los cielos. 1. Padre: ABBA. 2. Nuestro. 3. \u00abQue est\u00e1s en los cielos\u00bb. -11L Peticiones. 1. Santificado sea tu nombre. 2. Venga tu reino. 3. H\u00e1gase tu voluntad, como en el cielo, tambi\u00e9n en la tierra. 4. El pan nuestro, que necesitamos, d\u00e1noslo hoy. 5. Perd\u00f3nanos nuestras deudas como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a nuestros deudores. 6. No nos metas en tentaci\u00f3n. 7. Mas l\u00ed\u00adbranos del mal.<\/p>\n<p>1. CUESTIONES GENERALES<br \/>\nEl Padrenuestro (PN) aparece dos veces, en Mateo (6, 9-13) y en Lucas (11, 2-4). Lo m\u00e1s probable es que Jes\u00fas lo ense\u00f1\u00f3 una sola vez y que el texto original y m\u00e1s antiguo es el de Lucas que Mateo ampl\u00ed\u00ada imprimi\u00e9ndole un car\u00e1cter lit\u00fargico m\u00e1s acorde con las oraciones jud\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Se ha venido diciendo que el PN consta de dos partes, a la manera de las tablas de la Ley. En la primera est\u00e1n los derechos de Dios y en la segunda los derechos del hombre. Pero el hombre no puede hablar nunca de derechos ante Dios. Tanto en la primera parte, como en la segunda, s\u00f3lo se consideran los intereses del hombre. Las siete peticiones son antropoc\u00e9ntricas.<\/p>\n<p>El PN no es una oraci\u00f3n de alabanza, ni de acci\u00f3n de gracias, sino una oraci\u00f3n de s\u00faplica. Todo es pedir. Probablemente terminaba con una doxologia, la recogida en la Didaj\u00e9: \u00abPues tuyos son el reino, el poder y la gloria por la eternidad. Am\u00e9n\u00bb. Es como el carnet de identidad del cristiano. Nos define lo que somos: hijos de Dios y hermanos unos de otros. Es el resumen de todo el evangelio. Jesucristo oraba con el PN, como lo prueba la oraci\u00f3n sacerdotal (Jn 17).<\/p>\n<p>El PN no es un meteorito ca\u00ed\u00addo del cielo. Tiene sus antecedentes en el A. T. y en la literatura jud\u00ed\u00ada: En la Tefill\u00e1 o Semon\u00e9 Esreh (las dieciocho bendiciones que el jud\u00ed\u00ado rezaba tres veces al d\u00ed\u00ada) y en el Qaddis (la oraci\u00f3n con que terminaba la reflexi\u00f3n sobre las Sagradas Escrituras en la sinagoga). El PN es una oraci\u00f3n enteramente jud\u00ed\u00ada y enteramente cristiana.<\/p>\n<p>El PN es la oraci\u00f3n por excelencia, \u00aben \u00e9l se encierra todo lo que es voluntad de Dios y todo lo que nos conviene\u00bb (San Juan de la Cruz, S3, 44, 4). El PN es \u00abLA ORACI\u00ed\u201cN\u00bb. No hay otro modo de hacer oraci\u00f3n, pues Jesucristo no dijo \u00abpod\u00e9is rezar as\u00ed\u00ad\u00bb, sino \u00abrezad as\u00ed\u00ad\u00bb. Las dem\u00e1s oraciones en tanto son v\u00e1lidas en cuanto tienen como punto de referencia el PN.<\/p>\n<p>El PN es una oraci\u00f3n p\u00fablica que se hace en comunidad y por la comunidad y, a la vez, es privada, porque tambi\u00e9n hay que recitarlo en privado (Mt 6, 6-7), aunque al hacerlo as\u00ed\u00ad, se hace en nombre de todos y por todos. No es una oraci\u00f3n est\u00e1tica y muerta, sino viva y din\u00e1mica, en continuo desarrollo, por ser la oraci\u00f3n de m\u00e1s alto rango de un reino que es tambi\u00e9n vivo y en continuo desarrollo. Este dinamismo exige que sea interpretado a la luz del momento hist\u00f3rico presente. Cada d\u00ed\u00ada aparecen nuevos males f\u00ed\u00adsicos, sociales, pol\u00ed\u00adticos y morales, y nuevos peligros, de los que pedimos a Dios que nos libere.<\/p>\n<p>Todos los comentarios, antiguos y modernos, han puesto de relieve el car\u00e1cter escatol\u00f3gico del PN. Hasta se ha llegado a decir que en \u00e9l s\u00f3lo pedimos una cosa: la realizaci\u00f3n de la escatolog\u00ed\u00ada, el fin de este mundo lleno de maldad, la tierra nueva y el cielo nuevo, la venida del mundo trasformado. Su realizaci\u00f3n s\u00f3lo tendr\u00e1 lugar en el m\u00e1s all\u00e1. Creo que esto es un grave error, pues el acento excesivo en su sentido escatol\u00f3gico nos hace correr el riesgo de dejarlo todo para la otra vida y evadirnos de los compromisos temporales, a los que el PN nos obliga. Por esta raz\u00f3n, sobre el PN se ha efectuado un proceso de descatologizaci\u00f3n, iniciada ya en la f\u00f3rmula lucana con que ahora lo recitamos: \u00abVenga a nosotros tu reino\u00bb. Este \u00aba nosotros\u00bb lo ha a\u00f1adido la Iglesia para temporalizar el PN.<\/p>\n<p>El PN no es una oraci\u00f3n para repetirla de modo mec\u00e1nico. Es una ense\u00f1anza de la actitud humana, espiritual y existencial que hemos de adoptar ante Dios y ante los hombres. \u00abHermanas, mirad que hac\u00e9is mucho m\u00e1s con una palabra de cuando en cuando del patern\u00f3ster, que decirlo muchas veces y apriesa y no os entendiendo\u00bb (Santa Teresa de Jes\u00fas, C 53, 9).<\/p>\n<p>II. INVOCACI\u00ed\u201cN: Padre nuestro que est\u00e1s en los cielos<br \/>\n1. Padre: ABBA<br \/>\nLa palabra \u00abpadre\u00bb aparece diez veces en el cap. 6 de Mt. La primera al principio (6, 1), y luego nueve veces; la quinta, la central, es el \u00abPadre\u00bb nuestro. Es una de las palabras que ciertamente pronunci\u00f3 Jes\u00fas, la palabra m\u00e1s densa de todo el N. T., la plenitud de la revelaci\u00f3n cristiana. Si el PN es el resumen de todo el evangelio, la palabra \u00abPADRE\u00bb es el resumen del PN. S\u00f3lo Dios es nuestro Padre, el \u00fanico. A nadie m\u00e1s debemos llamar padre (Mt 23, 9). He aqu\u00ed\u00ad estas palabras de Santa Teresa: \u00abBuen padre os ten\u00e9is, que os lo da el Buen Jes\u00fas; no se conozca ac\u00e1 otro padre&#8230; Con toda humildad hablarle como a Padre, pedirle como a Padre, regalarse con \u00e9l como con Padre\u00bb (C 46, 2). \u00abEn siendo padre, nos ha de sufrir, por graves que sean las ofensas&#8230; hanos de perdonar, hanos de consolar, hanos de regalar\u00bb (C 44, 1).<\/p>\n<p>2. Nuestro<br \/>\nSi la palabra \u00abpadre\u00bb nos habla del amor a Dios, la palabra \u00abnuestro\u00bb nos habla del amor al pr\u00f3jimo. El PN es la oraci\u00f3n de los hijos y de los hermanos. Si los dem\u00e1s no son nuestros hermanos, Dios no es nuestro padre. Cuando el cristiano reza, no dice \u00abpadre m\u00ed\u00ado\u00bb, sino \u00abpadre nuestro\u00bb. Si dijera \u00abpadre m\u00ed\u00ado\u00bb no ser\u00ed\u00ada cristiano.<\/p>\n<p>3. \u00abQue est\u00e1s en los cielos\u00bb<br \/>\nLa expresi\u00f3n es una met\u00e1fora que designa la excelsitud divina, la augusta majestad de Dios, su cualidad de \u00abceleste\u00bb. Dios es nuestro padre, pero un padre que est\u00e1 en los cielos, un lugar muy alto y muy distante. Dios es un padre celeste, el inaccesible, el trascendente.<\/p>\n<p>Entre Dios y el hombre hay una distancia insalvable. Dios es el cercano y el lejano, el inmanente y el trascendente. Est\u00e1 dentro de nosotros, y, a la vez, muy lejos de nosotros, porque es Padre y Se\u00f1or:\u00bbCon una mano nos atrae y con la otra nos mantiene a distancia\u00bb (Cabodevilla).<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Dios? Dios no est\u00e1 circunscrito a un lugar. Los te\u00f3logos dicen que est\u00e1 en todas partes por esencia, presencia y potencia. Aunque est\u00e1 en todo, est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de todo, est\u00e1 en el misterio, en lo incor\u00f1prensible. Santa Teresa dec\u00ed\u00ada a sus monjas que le busquen en ellas mismas, en el cielo de su alma: \u00abDonde est\u00e1 Dios es el cielo&#8230; un alma no ha menester para hablar con su padre eterno ir al cielo&#8230; ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de s\u00ed\u00ad\u00bb (C 46, 2).<\/p>\n<p>Es el Dios escondido, al que hay que buscar en todas partes y no ir a buscarle m\u00e1s all\u00e1 de las estrellas, porque est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad, a nuestro lado, est\u00e1 entre los pucheros, aunque de una manera especial est\u00e1 en los pobres, en los marginados, en los enfermos, en los emigrantes&#8230; (Mt 25).<\/p>\n<p>III. PETICIONES<br \/>\n1. Santificado sea tu nombre<br \/>\nEl nombre de Dios es santo (Lev 20, 3), fuente de toda santidad, todo lo que es santo est\u00e1 relacionado con \u00e9l. Por tanto, no necesita ser santificado, como si fuera profano o imperfecto. Por otra parte, \u00bfqui\u00e9n podr\u00ed\u00ada santificarlo? \u00bfY c\u00f3mo el hombre pecador podr\u00ed\u00ada santificar a Dios que es la misma santidad?<br \/>\n\u00abSantificado sea tu nombre vale tanto como glorificado sea tu nombre\u00bb (S. Juan Cris\u00f3stomo). Al pedir que Dios santifique su nombre, pedimos que se glorifique a s\u00ed\u00ad mismo, que se manifieste al mundo como lo que es, Padre y Santo. Y en consecuencia que los hombres le aceptemos como \u00abPadre Santo\u00bb. Dios manifiesta su santidad, su divinidad, su gloria, llevando a cabo sus \u00abmirabilia\u00bb, las acciones salv\u00ed\u00adficas en favor de los hombres; que intervenga en la historia humana, revelando su nombre poderoso, haciendo que todo el mundo reconozca ese poder de Padre.<\/p>\n<p>Esta petici\u00f3n tiene una doble significaci\u00f3n:<\/p>\n<p>1\u00c2\u00aa) Israel es pertenencia exclusiva de Yav\u00e9, el cual se despos\u00f3 con \u00e9l con amor eterno. Los dos vienen a ser una sola carne, hasta el punto que el pueblo pasa a ser el \u00abnombre del Se\u00f1or\u00bb, \u00abel pueblo que lleva el nombre del Se\u00f1or\u00bb (Si 36, 11), igual que la esposa recibe el nombre o el apellido del esposo y el hijo el nombre del Padre, pues Dios es padre y esposo y el pueblo es hijo y esposa. Hasta tal punto esto es as\u00ed\u00ad, que cuando el pueblo peca, est\u00e1 profanando el nombre de Dios. Y de hecho pec\u00f3 (Ez 36, 10). Este pecado le hizo merecedor de un castigo que Dios materializa en el destierro de Babilonia donde el pueblo sigue profanando el nombre santo de Yav\u00e9 (Ez 36, 18-10). Dios levanta el castigo en consideraci\u00f3n a su propio nombre: \u00abSantificar\u00e9 mi gran Nombre, profanado entre las naciones\u00bb (Ez 36, 23). El pueblo recobrar\u00e1 la libertad y una santidad santificadora del Nombre: \u00abVer\u00e9 en medio de \u00e9l la obra de mis manos y santificar\u00e1 mi nombre\u00bb (ls 29, 30). \u00abManifestar\u00e9 mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, no permitir\u00e9 que vuelva a ser profanado mi santo nombre\u00bb (Ez 39, 7). Por tanto, lo que se pide es algo que interesa al pueblo y no a Dios, pues la santificaci\u00f3n del Nombre de Dios es la liberaci\u00f3n del pueblo.<\/p>\n<p>2\u00c2\u00aa) Jesucristo es el nombre de Dios manifestado a los hombres. Esto est\u00e1 claro en estos dos textos paralelos: \u00abPadre, glorifica tu Nombre\u00bb (Jn 12, 28), \u00abPadre, glorifica a tu Hijo\u00bb (Jn 17, 1). Jesucristo es el nuevo templo donde moran, de manera permanente, el Nombre y la Gloria de Dios. Ese nombre debe ser santificado, es decir, la divinidad de Jesucristo debe ser manifestada. Eso es lo que Jesucristo pide al Padre al final de su vida: \u00abPadre, glorifica tu Nombre. Entonces dijo una voz del cielo: lo he glorificado y lo glorificar\u00e9 de nuevo\u00bb (Jn 12, 28). La santificaci\u00f3n del Nombre de Dios, anunciada por Ezequiel (16, 23) tuvo su cumplimiento en Cristo, santo por su origen (Lc 1, 35; Jn 6, 69). El nombre del Padre fue santificado en Cristo, a trav\u00e9s de su vida y milagros que manifestaban su divinidad. Y esta glorificaci\u00f3n del Nombre lleg\u00f3 a su plenitud en la cruz. Ahora, en el PN, pedimos que Jesucristo sea glorificado, manifestado (santificado) como Dios y que, en consecuencia, sea reconocido como tal por todo el mundo.<\/p>\n<p>Si esta petici\u00f3n se lleva a cabo, tanto er\u00ed\u00ad lo espiritual, como en lo social, estaremos en pleno reinado universal de Dios, se cumplir\u00e1 la voluntad de Dios, habr\u00e1 pan para todos, nadie sucumbir\u00e1 a la tentaci\u00f3n, habr\u00e1 desaparecido el mal del mundo.<\/p>\n<p>2. Venga tu reino<br \/>\nA pesar de que su predicaci\u00f3n se centr\u00f3 en el reino, Jes\u00fas nunca explic\u00f3 de manera clara y precisa en qu\u00e9 consiste el reino.<\/p>\n<p>El reino de Dios es un misterio lleno de misterios (Mc 4, 11) incomprensibles, un secreto oculto, indescifrable; sabemos que, con la venida de Jesucristo, el reino est\u00e1 ya entre nosotros funcionando y desarroll\u00e1ndose, pero de una manera misteriosa; que caminamos hacia su pleno desarrollo, pero no sabemos ni cu\u00e1ndo, ni c\u00f3mo ese reino funcionar\u00e1 en plenitud. Jesucristo no nos dio una definici\u00f3n del reino, tal vez, porque el reino es tan complejo, que no se deja encerrar en una definici\u00f3n concisa y estricta. Describi\u00f3 el reino bajo diversos aspectos con par\u00e1bolas; por eso, para llegar a una aproximaci\u00f3n de lo que es, se hace imprescindible acudir a las par\u00e1bolas. Pero las mismas par\u00e1bolas indican que el reino es un misterio, que dejan sin descifrar de manera absoluta. En el cap. 13 de Mateo encontramos siete par\u00e1bolas: El sembrador, donde se indican las diversas actitudes ante el reino; el trigo y la ciza\u00f1a que simbolizan a los hijos del reino y a los hijos del Maligno; la semilla de mostaza y la levadura que ponen de relieve la peque\u00f1ez inicial y la grandeza final del reino, as\u00ed\u00ad como el dinamismo en su desarrollo; el tesoro escondido y el mercader de perlas que ense\u00f1an que por el reino hay que jug\u00e1rselo todo; la red del pescador que se\u00f1ala la fase final del reino, la escatolog\u00ed\u00ada. Pero son par\u00e1bolas llenas de misterios, pues: \u00bfQui\u00e9n sabe c\u00f3mo germina el grano y produce hasta el ciento por uno, c\u00f3mo nace y crece la semilla m\u00e1s peque\u00f1a de las hortalizas hasta hacerse la m\u00e1s grande, c\u00f3mo un poco de levadura hace fermentar toda la masa? \u00bfQui\u00e9n lo sabe? As\u00ed\u00ad es el reino que crece empujado por el poder oculto y misterioso de Dios.<\/p>\n<p>El reino de Dios es un reino pol\u00ed\u00adtico, temporal y humano, y a la vez, un reino espiritual, escatol\u00f3gico y eterno. Y si fue un error de los jud\u00ed\u00ados interpretar el reino como puramente terreno, es tambi\u00e9n un error de los cristianos que lo interpretan s\u00f3lo como puramente espiritual. Est\u00e1 muy claro que el reino, del que hablan los evangelios sin\u00f3pticos, es espiritual y eterno, pues se identifica con lo que Juan llama vida eterna, la vida espiritual que ya poseemos aqu\u00ed\u00ad y que se perpet\u00faa en el m\u00e1s all\u00e1. Pero igualmente es muy claro que se trata de un reino sociopol\u00ed\u00adtico que tiene que presencializarse y actuar en el campo de lo social y de la pol\u00ed\u00adtica. Jesucristo fue condenado por blasfemo, porque se hizo igual a Dios, pero lo fue tambi\u00e9n por revolucionario, por proclamarse rey y porque su doctrina exige un cambio radical en las estructuras injustas de este mundo. Se trata de un reino que no sale de este mundo, porque procede del Dios del cielo, viene del cielo, pero para realizarse en la tierra. Si Jesucristo nos manda pedir que venga el reino, es porque se trata de un reino terreno, pues en el cielo ya est\u00e1 instalado y lo estar\u00e1 eternamente, no hace falta pedir que lo est\u00e9.<\/p>\n<p>Los cuatro pilares del reino son la libertad, la igualdad, la justicia y la fraternidad. Y lo m\u00e1s fundamental es la justicia. Sin justicia, ni hay libertad, ni hay igualdad, ni hay solidaridad, ni puede haber paz. El fin ultimo del reino es el establecimiento de la justicia. Por eso, lo primero que tiene que hacer un cristiano es \u00abbuscar el reino de Dios y su justicia\u00bb (Mt 6, 33). El reino establecido por Jesucristo no es otro que el que anunciaron los profetasy ese reino no es otro que el reino de la justicia social. Hasta que esta justicia no sea una realidad, la redenci\u00f3n de Jesucristo no alcanzar\u00e1 su plenitud.<\/p>\n<p>Los miembros preferidos del reino son los pobres, los d\u00e9biles, los ningunos, los excluidos, los tenidos oficialmente como pecadores p\u00fabbicos, los publicanos y las prostitutas, los que son perseguidos. Los que encontrar\u00e1n dificultades para entrar en el reino son los ricos y los fariseos.<\/p>\n<p>El reino est\u00e1 en etapa de desarrollo y se encuentra en dificultades. Frente a los que claman \u00abvenga tu reino\u00bb est\u00e1n los que gritan \u00abno le queremos por rey\u00bb (Lc 19, 14), \u00abno tenemos m\u00e1s rey que el C\u00e9sar\u00bb (Jn 19, 15). El proceso es lento, la fermentaci\u00f3n de la masa no se hace de una manera espectacular (Lc 17, 20-21). Una prueba de que el reino est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad y de que avanza con gran poder y fuerza es \u00e9ste: \u00abLos ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia el evangelio a los pobres\u00bb (Lc 7, 22).<\/p>\n<p>La Iglesia no es el reino. El reino es m\u00e1s que la Iglesia, la cual es s\u00f3lo \u00abel germen y el principio del reino\u00bb (LG 5) \u00aby ha nacido con este fin: propagar el reino de Jesucristo en toda la tierra para gloria de Dios Padre (AA 2). \u00abEs menester separar Iglesia y reino de Dios para que aqu\u00e9lla pueda quedar configurada por \u00e9ste, para que la Iglesia pueda verse cada vez m\u00e1s libre de su \u00abversi\u00f3n al mundo\u00bb mediante una aut\u00e9ntica \u00abconversi\u00f3n al Reino\u00bb (1. ELLACUR\u00ed\u008dA, Conversi\u00f3n de la Iglesia al reino de Dios, ed. Sal Terrae, 1984, 13).<\/p>\n<p>3. H\u00e1gase tu voluntad, como en el cielo, tambi\u00e9n en la tierra<br \/>\n1) H\u00e1gase tu voluntad. Pedimos que sea Dios el que haga su voluntad, su querer m\u00e1ximo. Este querer m\u00e1ximo de Dios est\u00e1 expresado en el himno trinitario del Ef 1, 13-14, una de las p\u00e1ginas m\u00e1s bellas y profundas del N. T., donde San Pablo resume, de manera magistral, la doctrina de la salvaci\u00f3n del mundo que pasa por un triple estadio: 1\u00c2\u00b0) El Padre decide el proyecto de salvaci\u00f3n del mundo (3-6). 2\u00c2\u00b0) El<br \/>\nHijo realiza el proyecto con su muerte en cruz (7-12). 3\u00c2\u00b0) El Esp\u00ed\u00adritu garantiza y lleva a plenitud el proyecto.<\/p>\n<p>Este proyecto es el designio de Dios, el misterio de Dios revelado por Jesucristo que es centra en la salvaci\u00f3n del mundo. Dios, origen y destino del hombre, s\u00f3lo ha querido y quiere una cosa: \u00abQue todos los hombres se salven\u00bb (1 Tim 2, 4), pues \u00abno nos ha destinado al castigo, sino a la salvaci\u00f3n por nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (1 Tes 5, 9). Estamos salvados gracias a la voluntad del Padre y a los m\u00e9ritos de Jesucristo que muri\u00f3 por nosotros para que nosotros vivamos (1 Tes 5, 10).<\/p>\n<p>Y si la voluntad de Dios consiste en la salvaci\u00f3n del mundo, est\u00e1 bien claro que es algo que depende absolutamente de \u00e9l el \u00fanico que puede salvar al mundo. El hombre no puede salvarse a s\u00ed\u00ad mismo. Le pedimos, pues, que cumpla su proyecto, que haga su voluntad, que nos salve. Ya lo hizo a trav\u00e9s de Cristo, y lo sigue haciendo con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo y a trav\u00e9s de los hombres, en cuanto estos aceptan su propia salvaci\u00f3n y trabajan por la salvaci\u00f3n de todos.<\/p>\n<p>Nosotros debemos cumplir tambi\u00e9n la voluntad de Dios, querer lo que Dios quiere que no es otra cosa que nuestra santificaci\u00f3n (1 Tes 4, 3). Hacer la voluntad de Dios no es anular nuestra voluntad, sino hacerla coincidir con la de Dios, identificar nuestro querer con el suyo. Santa Teresa lo expresaba y lo viv\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad: \u00abC\u00famplase, Se\u00f1or, en m\u00ed\u00ad vuestra voluntad de todos los modos y maneras que Vos, Se\u00f1or m\u00ed\u00ado, quisiereis. Si quer\u00e9is con trabajos, dadme trabajos&#8230; Si con persecuciones y enfermedades, deshonras y necesidades, aqu\u00ed\u00ad estoy, no volver\u00e9 el rostro, Padre m\u00ed\u00ado, ni es raz\u00f3n vuelva la espalda&#8230; Disponed en m\u00ed\u00ad como cosa vuestra\u00bb (C 55, 4).<\/p>\n<p>2) Como en el cielo, tambi\u00e9n en la tierra. Esta frase admite una doble interpretaci\u00f3n: la Que se cumpla en la tierra la voluntad de Dios del mismo modo que los \u00e1ngeles y los santos la cumplen en el cielo, que la tierra se haga cielo. 2a Que la voluntad, que Dios decidi\u00f3 desde toda laeternidad en el cielo, la lleve a efecto de manera plena, de verdad y cuanto antes, en la tierra; que no lo deje s\u00f3lo para el cielo; que lo que ha hecho all\u00ed\u00ad, lo haga tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad. Si los de all\u00ed\u00ad ya est\u00e1n plenamente redimidos, salvados, liberados, lo estemos tambi\u00e9n los que estamos aqu\u00ed\u00ad, libres de toda esclavitud; que la redenci\u00f3n de Jesucristo llegue a su plenitud en la tierra.<\/p>\n<p>4. El pan nuestro, que necesitamos, d\u00e1noslo hoy<br \/>\nLas cuatro peticiones de la segunda parte del PN son como un grito de socorro, una voz de auxilio, porque somos pobres y pedimos pan, pecadores e imploramos perd\u00f3n, d\u00e9biles y suplicamos ayuda para no sucumbir en el peligro. En esta petici\u00f3n hay cinco palabras: pan, nuestro, que necesitamos, hoy y dar.<\/p>\n<p>la) Pan. La palabra \u00abpan\u00bb aparece 75 veces en el N. T. y con diversas significaciones. La primera y m\u00e1s generalizada es la del pan com\u00fan, necesario para el sostenimiento de nuestra vida f\u00ed\u00adsica (Mt 4, 3; 7, 9; Lc 11, 5). El hombre lo primero que necesita es comer por eso, lo primero que pedimos es el pan: El pan se refiere tambi\u00e9n al alimento espiritual, el pan de la palabra de Dios (Mt 4, 4), al pan de vida (La Eucarist\u00ed\u00ada Jn 6, 35. 51. 54. 58) al pan del banquete escatol\u00f3gico (Lc 13, 29; 21, 16; Ap 19, 9).<\/p>\n<p>2a) Que necesitamos: Epiousion. Esta palabra -epiousion- es la cruz de los exegetas, la traducci\u00f3n de una palabra aramea que desconocemos. S\u00f3lo aparece aqu\u00ed\u00ad (Mt 6, 11; Lc 11, 13), por lo que se hace muy dif\u00ed\u00adcil su traducci\u00f3n, ya que carece de lugares paralelos para contrastar y precisar su significado. Estas son sus posibles significaciones etimol\u00f3gicas: a) Epi &#8211; einai: ser, existir. Se trata del ser, del existir presente. Por tanto, significar\u00ed\u00ada el pan del presente, el de hoy, el de cada d\u00ed\u00ada -el pan cotidiano- en armon\u00ed\u00ada con lo que dice Jesucristo: \u00abA cada d\u00ed\u00ada le bastan sus problemas\u00bb (Mt 6, 14). Pedimos s\u00f3lo el pan de hoy. La traducci\u00f3n ser\u00ed\u00ada \u00e9sta: \u00abDanos hoy nuestro pan de cada d\u00ed\u00ada. b) Epi &#8211; ienai: venir, sobrevenir. Se trata de lo que ser\u00e1, de lo que sobrevendr\u00e1, del pan del d\u00ed\u00ada que viene -el pan de ma\u00f1ana-. Pedimos la harina para hacer el pan de mi ma\u00f1ana. La traducci\u00f3n ser\u00ed\u00ada \u00e9sta: \u00abEl pan de ma\u00f1ana, d\u00e1noslo hoy\u00bb, lo que parece que no se compagina bien con las palabras de Jes\u00fas en este mismo contexto: \u00abNo os inquiet\u00e9is por el d\u00ed\u00ada de ma\u00f1ana, que el ma\u00f1ana tendr\u00e1 su inquietud\u00bb (Mt 6, 34). c) Epi &#8211; ousia: esencia, substancia. Se trata del pan esencial, substancial, necesario para nuestra subsistencia, -el pan subsistencial, necesario- lo que cada d\u00ed\u00ada necesitamos para seguir viviendo. La traducci\u00f3n ser\u00ed\u00ada \u00e9sta: \u00abEl pan que necesitamos, d\u00e1noslo hoy\u00bb, lo suficiente, lo necesario para un d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>3a) Dar y Hoy. Mateo dice \u00abdos\u00bb, en aoristo, y se refiere a un acto puntual, a \u00abhoy\u00bb. Lucas cambia el aoristo por el presente \u00abdidou\u00bb y el \u00abhoy\u00bb -semeron- de Mateo por \u00abcada d\u00ed\u00ada\u00bb -kaz&#8217;emeran-, d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada, indicando la acci\u00f3n permanente, el don continuo de pan. D\u00e1noslo cada d\u00ed\u00ada. Mateo pide s\u00f3lo para hoy y Lucas para cada d\u00ed\u00ada. El \u00abhoy\u00bb es el d\u00ed\u00ada solar, de veinticuatro horas, pero tambi\u00e9n puede ser el \u00abhoy\u00bb de esta vida temporal, en contraposici\u00f3n al \u00abma\u00f1ana\u00bb, al \u00abgran ma\u00f1ana\u00bb, es decir, la eternidad.<\/p>\n<p>Todos los sentidos enumerados son posibles, pero el m\u00e1s probable es el siguiente: Se trata del pan material, el pan f\u00ed\u00adsico, alimento del cuerpo, el pan subsistencial el que necesitamos para vivir; y el de la palabra \u00abhoy\u00bb es el del d\u00ed\u00ada presente, de veinticuatro horas. La traducci\u00f3n, por tanto, es \u00e9sta: \u00abEl pan, que necesitamos, d\u00e1noslo hoy\u00bb. Pedimos s\u00f3lo pan para hoy, porque s\u00f3lo el \u00abhoy\u00bb nos pertenece. El futuro no est\u00e1 en nuestras manos, hay que conformarse con tener para hoy y fiarse de la Providencia: \u00abNo os angusti\u00e9is por vuestra vida, qu\u00e9 vais a comer&#8230;\u00bb (Mt 6, 25). Aparte de ese sentido literal, el pan tiene tambi\u00e9n un sentido pleno referido a la Eucarist\u00ed\u00ada (Jn 6).<\/p>\n<p>4a) Nuestro. El pan es \u00abnuestro\u00bb, porque es fruto de nuestro trabajo. Pedimosque no nos falte el trabajo para ganarnos el pan. No queremos que nos caiga llovido del cielo. Adem\u00e1s, sin nuestro trabajo, Dios no nos da el pan. El pan es \u00abnuestro\u00bb, porque es de todos y porque pedimos el pan para todos. El acento no s\u00f3lo hay que ponerlo en la fe, en la confianza en que Dios nos va a dar el pan, sino en la caridad, en establecer una comunidad de bienes en la que se reparte el pan, pues sin esa comunidad de bienes, podr\u00e1 haber una comunidad religiosa, pero no una comunidad cristiana. Esto estaba muy claro para los primeros cristianos que lo ten\u00ed\u00adan todo en com\u00fan (He 2, 44; 4, 32). Por eso, esta petici\u00f3n pod\u00ed\u00adamos traducirla a semejanza de la siguiente: \u00abDanos hoy el pan que necesitamos, as\u00ed\u00ad como nosotros damos de nuestro pan a los que lo necesitan\u00bb. Repartimos el trabajo y el pan.<\/p>\n<p>5. Perd\u00f3nanos nuestras deudas como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a nuestros deudores<br \/>\nEl hombre tiene una naturaleza pecadora (Sal 51, 7). Un cristiano sin conciencia de pecador es un imposible. Santa Teresa dec\u00ed\u00ada esto: \u00abNunca nos culpan sin culpas, que siempre andamos llenos de ellas, pues cae siete veces cada d\u00ed\u00ada el justo y ser\u00ed\u00ada mentira decir que no tenemos pecado\u00bb (C 22, 4). Dios es el perd\u00f3n, el padre de las misericordias (2 Cor, 1, 3). Dios es el poder hecho perd\u00f3n, lo perdona todo, porque lo puede todo (Sab 11, 23-26). En Jesucristo tenemos la remisi\u00f3n de todos nuestros pecados (Ef 1, 7-8). El perd\u00f3n, puesto de relieve en las tres par\u00e1bolas de la misericordia de Dios (Lc 15), junto con el amor, es el alma del evangelio. Pedimos perd\u00f3n a Dios y que nos d\u00e9 fuerzas y generosidad para que nosotros seamos capaces de perdonar. No se trata de que nosotros perdonamos para que \u00e9l nos perdone -do ut des-. Es justamente al rev\u00e9s. Puesto que Dios nos ha perdonado, nosotros debemos perdonar. \u00abLa regla es que imitemos nosotros a Dios y no Dios a nosotros cuando perdonamos\u00bb (J. Maldonado). La par\u00e1bola del criado perdonado y no perdonador (Mt 18 23-35) clarifica todo esto. El criado fue perdonado, antes de que \u00e9l perdonara o no perdonara. Lo que sucede es que el perd\u00f3n de Dios no surte efecto, si nosotros no perdonamos. Dios perdona primero, pero exige nuestra preparaci\u00f3n para recibir el perd\u00f3n, cosa que hacemos perdonando. He aqu\u00ed\u00ad estas palabras de Santa Teresa: \u00abNo decimos perd\u00f3nanos, Se\u00f1or, porque hacemos mucha penitencia, o porque rezamos mucho y ayunamos y lo hemos dejado todo por Vos y os amamos mucho&#8230;, sino s\u00f3lo porque perdonamos\u00bb (CV 36, 7).<\/p>\n<p>Mateo pone en la primera parte de la petici\u00f3n \u00abofeilemata\u00bb (deudas) y en la segunda \u00abofeileteis\u00bb (deudores). Lucas en la primera pone \u00abamart\u00ed\u00adas\u00bb (pecados) y en la segunda \u00abofeilonti\u00bb (deudor). Lucas, con el cambio, quiere decir que no s\u00f3lo hay que perdonar las deudas \u2014pero tambi\u00e9n las deudas, pues en la segunda parte pone \u00abdeudor\u00bb\u2014, como cabr\u00ed\u00ada esperar de Mateo, sino tambi\u00e9n todos los pecados y ofensas que nos hagan. La palabra \u00abofeilema\u00bb s\u00f3lo aparece dos veces en el N. T. y en ambas con sentido pecuniario: aqu\u00ed\u00ad y en Rom 4, 4: \u00abAl que trabaja no se le abona el jornal como una gratificaci\u00f3n, sino como una deuda\u00bb (ofeilema). Por tanto, la palabra \u00abdeudas\u00bb hay que interpretarla de deudas pecuniarias que hay que perdonar. Esto, adem\u00e1s, est\u00e1 muy claro en las dos par\u00e1bolas, la del prestamista (Lc 7, 41-43) y la del criado despiadado (Mt 18, 21-35).<\/p>\n<p>Perdonamos como El perdona: todo, deudas, ofensas, injurias. Y sin que quede el menor resentimiento en el coraz\u00f3n (Mt 18, 35). Perdonamos siempre. \u00abSi tu hermano peca contra ti siete veces al d\u00ed\u00ada, y otras tantas se acerca a ti diciendo: me arrepiento, perd\u00f3nale\u00bb (Lc 17, 4). Hay que perdonar incluso al que no se arrepiente, no s\u00f3lo al hijo pr\u00f3digo arrepentido, sino al hermano mayor endurecido. Y morir perdonando, como Jesucristo (Lc 23, 34) y como San Esteban (He 7, 60).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n nosotros perdonamos. La comunidad cristiana tiene poder para perdonar los pecados. \u00abNo s\u00f3lo Pedro, sinotoda la Iglesia ata y desata los pecados\u00bb S. Agust\u00ed\u00adn, PL 36, 387). Los pecados cometidos contra el pr\u00f3jimo deben ser tambi\u00e9n perdonados por el pr\u00f3jimo ofendido, no s\u00f3lo por Dios. Si se falta al pr\u00f3jimo, hay que pedir perd\u00f3n al pr\u00f3jimo, no basta con ir al confesonario, pues si se va al confesonario, sin haber ido antes al pr\u00f3jimo, habr\u00e1 que cumplir la penitencia de ir a reconciliarse con el hermano para que la absoluci\u00f3n sacramental tenga la debida eficacia. El hombre, pues, por pura concesi\u00f3n divina, participa del poder de Dios, porque \u00abs\u00f3lo Dios puede perdonar los pecados\u00bb (Lc 5, 21).<\/p>\n<p>Esta petici\u00f3n es la \u00fanica que exige una respuesta: para ser perdonados, tenemos que perdonar. El cristiano, adem\u00e1s, no se siente nunca ofendido, responde con generosidad al que le agrede; al que le quiere quitar la t\u00fanica, le da tambi\u00e9n el manto (Mt 5, 40); al que le abofetea en una mejilla, le presenta la otra (Mt 5, 39); da lo que le piden y no reclama lo que le han robado (Lc 6, 30); hace bien a los que le odian, bendice a los que le maldicen y ora por los que le persiguen y calumnian (Mt 5, 39-42); no se conforma, da un salto cualitativo y ama al ofensor por s\u00ed\u00ad mismo, pues un amor, que ama al hermano \u00fanicamente por Dios, no es el verdadero amor. El buen samaritano ama, sin m\u00e1s, al hombre desgraciado, porque es un necesitado (Lc 10, 30-37).<\/p>\n<p>6. No nos metas en tentaci\u00f3n<br \/>\nEsta es la \u00fanica petici\u00f3n formulada en negativo, lo que encuentra sus antecedentes en esta oraci\u00f3n jud\u00ed\u00ada anterior a Jesucristo: \u00abNo nos conduzcas al pecado, ni a la transgresi\u00f3n, ni al delito, ni a la tentaci\u00f3n, ni a la deshonra\u00bb.<\/p>\n<p>Esta petici\u00f3n ha sido traducida de diversas maneras: no nos dejes caer en la tentaci\u00f3n; no permitas que seamos vencidos en la tentaci\u00f3n; no nos sometas a la tentaci\u00f3n; haz que no entremos en tentaci\u00f3n; no nos induzcas a tentaci\u00f3n que no podamos soportar; no permitas que seamos llevados a la tentaci\u00f3n por el tentador. El verbo \u00abeisfero\u00bb significa: llevar a&#8230;, meter en&#8230;, inducir a&#8230; En el N. T. aparece s\u00f3lo ocho veces y casi siempre seguido de la preposici\u00f3n \u00abeis\u00bb con acusativo, como aqu\u00ed\u00ad, lo que refuerza la idea de meter dentro de algo; en este caso \u00abmeter dentro de la tentaci\u00f3n\u00bb. La palabra \u00abpeirasmos\u00bb tiene dos significaciones un tanto diferentes: 1a) Prueba, experimento, intento de corrupci\u00f3n. Pedimos que no nos dejemos corromper, que no queramos experimentar lo que se nos propone, que no nos dejemos seducir, que salgamos airosos de la prueba (Ver Sant 1, 2; Lc 22, 28; He 26, 19; 1 Pe 1, 6). 2a) Tentaci\u00f3n, inducci\u00f3n al mal. Tambi\u00e9n abundan los textos en este sentido (1Tim 6, 9; Lc 22, 40; Mt 6, 41). S\u00f3lo hay un texto claramente paralelo con esta petici\u00f3n: \u00abVelad y orad para que no entr\u00e9is en tentaci\u00f3n\u00bb (Mt 26, 41). En todo caso, es dif\u00ed\u00adcil limitar la frontera entre prueba y tentaci\u00f3n, pues frecuentemente son intercambiables, hasta el punto que la prueba termina en tentaci\u00f3n y la tentaci\u00f3n es s\u00f3lo prueba.<\/p>\n<p>Si la oraci\u00f3n es la vida del alma, como el aire que respiramos lo es para el cuerpo, la tentaci\u00f3n es el despertador que nos avisa para que el alma no deje de respirar. Tan necesaria como la gracia de Dios, lo es la tentaci\u00f3n para el alma. Tan \u00fatiles como las virtudes son las tentaciones. El ser humano est\u00e1 en continua tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El origen fundamental de las tentaciones lo tenemos en nosotros mismos: \u00abCada uno es tentado por el propio deseo que lo atrae y lo seduce\u00bb (Sant 1, 14; Lc 11, 39). San Juan se\u00f1ala tres fuentes de tentaciones (1 Jn 2, 16): 1 a) Las pasiones carnales: Se trata de la orientaci\u00f3n equivocada y perversa de los impulsos humanos en sus diversas manifestaciones incluidas las sexuales. 2a) Los deseos de los ojos: El ansia de las cosas, el apetito insaciable de bienes, el af\u00e1n de poder, las miradas lascivas. 3a) El alarde de las riquezas: la arrogancia del rico, el ego\u00ed\u00adsmo, la autosuficiencia o jactancia, el olvido de Dios y de los hombres.<\/p>\n<p>Satan\u00e1s, el Diablo, aparece en la Biblia como el gran tentador (1 Pe 5, 8; He 5,3; Ap 3, 10). Su funci\u00f3n es la de tentar, pero, cuando tienta,, lo hace con el permiso de Dios (Job 1, 12), un permiso temporal, no indefinido (Ap 13, 7; 12, 12). Dios lo permite para que el hombre salga victorioso de la tentaci\u00f3n (Ap 2, 26; 3, 12).<\/p>\n<p>Dios no tienta, pero s\u00ed\u00ad prueba al hombre. Ya sabe si le amamos o no, pero nos pone a prueba para que nosotros caigamos en la cuenta de si le amamos o no, para que nos examinemos a nosotros mismos y ver si damos la talla. La prueba es tambi\u00e9n una correcci\u00f3n de padre a hijo, para que el hijo tome conciencia de su fragilidad y recurra a \u00e9l pidiendo que le libre del peligro que le amenaza (Heb 12, 7).<\/p>\n<p>Si Dios utiliza con nosotros la t\u00e9cnica pedag\u00f3gica de la prueba, es para que seamos m\u00e1s suyos y poder premiarnos: \u00abDichoso el hombre que soporta la prueba, porque, si la supera, recibir\u00e1 la corona de la gloria\u00bb (Sant 1, 21; Lc 22, 28).<\/p>\n<p>A Dios no le podemos pedir que estemos libres de tentaciones y de pruebas, pues eso ser\u00ed\u00ada tanto como pedirle que nos sacara de este mundo, cosa que Jesucristo no quiso pedir al Padre para nosotros (Jn 17, 15). \u00abHay que orar, no para dejar de ser tentados, cosa imposible, sino para no ser enredados en la tentaci\u00f3n\u00bb (Or\u00ed\u00adgenes). La tentaci\u00f3n es la prueba de la fe y de la debilidad humana. En ella el hombre toma conciencia de que por s\u00ed\u00ad s\u00f3lo y por sus propias fuerzas la ca\u00ed\u00adda es inevitable.<\/p>\n<p>Tentar es escandalizar, servir de tropiezo a los dem\u00e1s. El esc\u00e1ndalo es una incitaci\u00f3n al mal (Mt 18,7). Hay que evitar todo lo que pueda ser ocasi\u00f3n de ca\u00ed\u00adda para los dem\u00e1s (Rom 14, 20-21). Por esta raz\u00f3n, esta petici\u00f3n la podemos formular en paralelo con la anterior: \u00abNo nos metas en tentaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como nosotros tampoco metemos en tentaci\u00f3n a nuestros hermanos\u00bb.<\/p>\n<p>7. Mas l\u00ed\u00adbranos del mal<br \/>\nEsta petici\u00f3n hace unidad literaria con la anterior: \u00abAl librarnos del mal, no nos deja caer en la tentaci\u00f3n y al no dejarnos caer en la tentaci\u00f3n nos libra del mal\u00bb (S. Agust\u00ed\u00adn). Pedimos tres cosas: 1) Que nos libre del mal en general, del mal f\u00ed\u00adsico, del mal moral y social. 2) Que nos libre de las influencias del Maligno. 3) Que, si hemos ca\u00ed\u00addo, nos rescate del estado en que nos encontramos.<\/p>\n<p>1\u00c2\u00b0 L\u00ed\u00adbranos. El verbo \u00abryomai\u00bb significa traer hac\u00ed\u00ada s\u00ed\u00ad, arrancar del peligro, salvar. Aparece diez veces en el N. T. Unas veces significa s\u00e1canos del peligro en el que estamos metidos (Mt 27, 43); otras, se refiere a un peligro, del que ya hemos sido liberados (Col 1, 13); otras, que seamos preservados de un peligro que nos amenaza, pero en el que no hemos ca\u00ed\u00addo (Rom 15, 31); evoca tambi\u00e9n la parus\u00ed\u00ada, cuando Jesucristo nos liberar\u00e1 del \u00faltimo desastre: De manera general podemos decir que se trata de liberar al esclavizado, salvar al que est\u00e1 perdido o a punto de perderse, f\u00ed\u00adsica o moralmente, sacar de la opresi\u00f3n al oprimido. Se trata siempre de liberar de un peligro.<\/p>\n<p>2\u00c2\u00b0 El mal. La palabra \u00abponer\u00f3s\u00bb significa mal, maligno, inicuo, perverso. Se puede referir al mal en general y al Maligno. Las dos versiones son leg\u00ed\u00adtimas. En lat\u00ed\u00adn es la misma palabra: \u00abmalum\u00bb; si se escribe con may\u00fascula se refiere al Maligno, al Diablo, y si con min\u00fascula, se refiere al mal en general. Un texto claramente paralelo es 2 Tes 3, 2.<\/p>\n<p>Vivimos en un mundo de maldad, lleno de maldad, aunque, en s\u00ed\u00ad mismo es bueno. La maldad no puede emanar de Dios, que es la bondad misma, sino del hombre que es un productor de maldad, aunque tambi\u00e9n lo sea de bondad. En todo el entramado de nuestra vida est\u00e1 presente el mal f\u00ed\u00adsico, el dolor del cuerpo, el mal moral, el dolor del alma, el mal social, los pecados sociales, la insolidaridad, la injusticia, la agresividad, la violencia, el mal de la naturaleza -el pecado c\u00f3smico y ecol\u00f3gico- que insensatamente provocamos.<\/p>\n<p>La ra\u00ed\u00adz del mal est\u00e1 en el amor al dinero (1 Tim 6, 16), el antidi\u00f3s, el dios Mammona, incompatible con el Dios de la Biblia (Mt 6, 24). Y junto al dinero, el poder y la gloria. El Maligno es el antiamor. Y s\u00f3locon el amor, que es el sumo bien, se puede acabar con el mal, \u00abponiendo amor, donde no hay amor, para producir amor\u00bb (San Juan de la Cruz).<\/p>\n<p>Pedimos a Dios que nos libere de todos los males: enfermedades, injusticias, abusos de poder, opresiones, conculcaci\u00f3n de los derechos humanos, cat\u00e1strofes c\u00f3smicas, intransigencias religiosas, fanatismos, y tantas crueldades que azotan por doquier a los seres humanos<br \/>\n3\u00c2\u00b0 El Maligno. El Maligno es el due\u00f1o del poder, la encarnaci\u00f3n de la tiran\u00ed\u00ada (Lc 4, 5-9; Jn 5, 19). Ansiar el poder es caer en sus redes. Es el pervertido y el pervertidor, el enemigo n\u00famero uno (1 Pe 5, 8-9), el seductor del mundo (Ap 12, 9). La maldad esencial, el origen del mal (Mt 13, 38), el pr\u00ed\u00adncipe de este mundo (Jn 12, 31), el dios de este siglo (2 Cor 4, 4), el adversario (2 Tes 2, 3), el asesino (Jn 8, 44), el \u00ed\u00addolo repugnante (Mt 13, 14), el esclavizador de los hombres (He 10, 38), un misterioso personaje que recibe diversos nombres: Satan\u00e1s (Mc 3, 16), Diablo (He 10, 38), Beelzeb\u00fa (Mt 12, 24), Mammona (Mt 6, 24), Anticristo (1 Jn 4, 3).<\/p>\n<p>Todas estas denominaciones simbolizan y representan las fuerzas del mal que continuamente act\u00faan en el mundo. En ellas el hombre descarga lo que es fruto de su propia maldad y todas las dem\u00e1s maldades que no encuentran explicaci\u00f3n razonable y que de ninguna manera pueden venir de Dios, el cual todo lo hizo bien, pero \u00abpor la envidia del Diablo entr\u00f3 la muerte en el mundo\u00bb (Sab 2, 24) y con ella una interminable reata de infortunios y dolores.<\/p>\n<p>4\u00c2\u00b0 Jesucristo, el liberador. El Dios de la Biblia es un Dios liberador, interviene en la historia humana para salvar, para liberar, nunca para esclavizar. El proyecto eterno de Dios, realizado en Cristo, no es otra cosa que el de una liberaci\u00f3n integral, es decir, una liberaci\u00f3n del pecado en su aspecto social y religioso. Ambos aspectos van indisolublemente unidos, de tal forma que no es posible realizar uno sin realizar el otro.<\/p>\n<p>La liberaci\u00f3n cristiana es una liberaci\u00f3n, corporativa, comunitaria, pretende un cambio substancial de la sociedad a todos los niveles, crear una sociedad nueva, donde no haya esclavitudes ni opresiones, donde reine la justicia y el amor. La liberaci\u00f3n que pedimos afecta a lo espiritual y a lo material, al pecado social y al pecado religioso.<\/p>\n<p>El PN empieza con la palabra m\u00e1s bella y amable -ABBA, Padre- y termina con la m\u00e1s horrenda y odiosa -MALIGNO, MAL, la suma de todos los males-. Y en medio est\u00e1 el hombre, amado por Dios-Padre y odiado por el Diablo-enemigo. El hombre que lucha para no dejarse atrapar por las garras del Diablo que, como le\u00f3n rugiente, est\u00e1 siempre al acecho de la presa (1 Pd 5, 8) y para echarse confiadamente en los brazos de Dios Padre. oraci\u00f3n; abba; reino.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; J. ALONSO D\u00ed\u00adAZ, Teolog\u00ed\u00ada del Padre Nuestro, Casa de la Biblia, Madrid, 1967; L. BOFF, El Padrenuestro, oraci\u00f3n de los hijos, Ed, Paulinas, Madrid, 1982; S. SABUGAL, Abba, la oraci\u00f3n del Se\u00f1or, BAC Madrid, 1985; El Padrenuestro en la interpretaci\u00f3n catequ\u00e9tica antigua y moderna, S\u00ed\u00adgueme, 1990; J. Ma CABODEVILLA, Discurso del Padrenuestro, ruegos y preguntas, Madrid, 1986; E. MART\u00ed\u008dN NIETO, El Padre Nuestro, la oraci\u00f3n de la utop\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1996; SANTA TERESA DE JES\u00daS, Camino de perfecci\u00f3n, cap. 43-68.<\/p>\n<p>E. Mart\u00ed\u00adn Nieto<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> Abba, oraci\u00f3n, perd\u00f3n). Oraci\u00f3n fundamental de Jes\u00fas y de sus seguidores, conservada en dos versiones, una m\u00e1s breve (Lc 11,2-4) y otra m\u00e1s larga (Mt 6,9-13). En su forma externa es (o podr\u00ed\u00ada ser) una oraci\u00f3n jud\u00ed\u00ada, de manera que todas sus palabras pueden y deben entenderse en perspectiva israelita. Pero es, al mismo tiempo, una oraci\u00f3n cristiana (\u00c2\u00a1ella define el cristianismo!) y universal, pues la pueden  asumir y emplear todos los que creen en Dios y le pueden invocar con el s\u00ed\u00admbolo padre. No hay en esta oraci\u00f3n nada espec\u00ed\u00adficamente jud\u00ed\u00ado (nombre de Yahv\u00e9, patriarcas, Mois\u00e9s, Ley, templo, ciudad\/tierra sagrada, expiaci\u00f3n ritual, tradiciones nacionales, alimentos puros, purificaciones, fiestas o mes\u00ed\u00adas especiales&#8230;). Tampoco hay en ella nada espec\u00ed\u00adficamente cristiano (Jes\u00fas, Iglesia, Esp\u00ed\u00adritu Santo, eucarist\u00ed\u00ada). Todo es universal en la oraci\u00f3n de Jes\u00fas siendo, al mismo tiempo, muy jud\u00ed\u00ado, muy cristiano, muy humano, lo mismo que en otros textos b\u00e1sicos del Nuevo Testamento (Magn\u00ed\u00adficat*, Mandato fundamental de Mc 12,28-34 par). En su forma extensa, recreada, sin duda por la iglesia de Mateo, dice as\u00ed\u00ad (Mt 6,9-13): \u00abPadre nuestro, que est\u00e1s en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, h\u00e1gase tu voluntad, como en el cielo tambi\u00e9n en la tierra. Nuestro pan cotidiano, d\u00e1nosle hoy; y perd\u00f3nanos nuestras deudas, como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos hagas entrar en tentaci\u00f3n, mas l\u00ed\u00adbranos del mal (Malo)\u00bb (Mt 6,9-13). La oraci\u00f3n consta de una invocaci\u00f3n introductoria, a la que siguen dos grupos de peticiones (peticiones t\u00fa y peticiones nosotros), que concluyen con una llamada escatol\u00f3gica de liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>(1) Invocaci\u00f3n: Padre nuestro que est\u00e1s en los cielos (Mt 6,9). El paralelo de Lc 11,2 es m\u00e1s sobrio y reza simplemente Pat\u00e9r \u00c2\u00a1Padre! A Jes\u00fas le basta as\u00ed\u00ad. Ha dejado a un lado los restantes t\u00ed\u00adtulos y nombres de Dios, vinculados a la tradici\u00f3n de Israel (Yahv\u00e9, Dios de patriarcas o templo, de Ley o pueblo) y pone de relieve aquello que le vincula con todos los hombres que empiezan diciendo: \u00c2\u00a1Padre! Por situarse en un contexto m\u00e1s lit\u00fargico, Mt ha querido ampliar la invocaci\u00f3n: \u00ab\u00c2\u00a1Padre nuestro que est\u00e1s en los cielos!\u00bb. De esa forma se acerca a los modos de orar del judaismo, pues resulta posible, aunque no frecuente, que palabras como estas aparezcan en textos rab\u00ed\u00adnicos que empiezan Abinu slie-ba-shamayim (\u00c2\u00a1Nuestro Padre de los cielos!) o, de un modo m\u00e1s usual, Abinu Malkenu (\u00c2\u00a1Padre nuestro, rey nuestro!), como en la plegaria de las Dieciocho Bendiciones*. El orante de Lucas dice simplemente \u00abPadre\u00bb, en actitud de confianza radical, en gesto de nuevo nacimiento. Es co mo si la historia anterior hubiera desaparecido o no hiciera falta: cada ser humano empieza desde Dios, est\u00e1 en manos de su Padre. Las palabras que Mt a\u00f1ade explicitan el sentido del Padre: (a) Nuestro. Algunos jud\u00ed\u00ados habr\u00ed\u00adan entendido el t\u00e9rmino de un modo nacional conforme al principio del Shem\u00e1 (\u00abEscucha Israel, Yahv\u00e9, nuestro Dios&#8230;\u00bb, es decir, el Dios de los israelitas: Dt 6,4). Tambi\u00e9n algunos cristianos han podido entender ese \u00abnuestro\u00bb como referido a ellos, los cristianos. Pues bien, aqu\u00ed\u00ad falta toda especificaci\u00f3n, tanto israelita como cristiana: el nosotros de la oraci\u00f3n, el nosotros de Dios, son todos los hombres a los que Jes\u00fas ofrece el reino de Dios, especialmente los pobres y expulsados de todas las \u00abbuenas\u00bb sociedades del mundo. En uni\u00f3n con ellos quiere Jes\u00fas que vivamos y oremos, (b) Que est\u00e1s en los cielos. El Dios jud\u00ed\u00ado de las Dieciocho Bendiciones* estaba vinculado a la historia israelita: a patriarcas, pueblo, Ley, ciudad y templo. Este Dios de Jes\u00fas deja a un lado esas referencias. No es que las niegue, pero las toma como secundarias, situ\u00e1ndose en el \u00abcielo\u00bb, es decir, en su propia divinidad, en su trascendencia salvadora. Este Dios del cielo es, sin duda, el Dios c\u00f3smico; pero, al mismo tiempo, y de forma mucho m\u00e1s precisa, es el Dios de la esperanza de los hombres, aquel que les ofrece con su propia vida una garant\u00ed\u00ada de humanidad, sin distinciones ni fronteras.<\/p>\n<p>(2) Peticiones t\u00fa. Est\u00e1n dirigidas de manera directa a Dios, para que \u00e9l mismo act\u00fae y realice su obra que consiste en santificar su Nombre y traer su Reino (el paralelo de Mt 7,10 a\u00f1ade cumplir su Voluntad), (a) Santificado sea tu Nombre (hagiasth\u00e9t\u00f3 to onoma son). Este es un tema tradicional israelita, que aparece ya en Ez 36,23, donde el profeta le pide a Dios que manifieste su santidad liberando y salvando a los jud\u00ed\u00ados oprimidos bajo el orgullo y prepotencia (\u00c2\u00a1impureza!) de otros hombres. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad se pide a Dios que ofrezca pan, perd\u00f3n y libertad a los hombres. Santificar significa ofrecer reverencia, honrar, glorificar y alabar. Eso es lo que hace Jes\u00fas: pide a Dios que manifieste su honor y su gloria, la gloria que aqu\u00ed\u00ad se pide es directamente del Padre (aunque un jud\u00ed\u00ado puede leer Yahv\u00e9 y un hind\u00fa otro apelativo). Que  santifique su nombre de Padre significa que muestre en plenitud su realidad creadora-engendradora, amando y liberando de un modo especial a sus hijos m\u00e1s oprimidos. Evidentemente, quien as\u00ed\u00ad pide se compromete a querer que el rostro del Padre se exprese y revele como santidad salvadora en el mundo, (b) Venga tu Reino (elthet\u00f3 he basileia son). La tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada conoce ya la relaci\u00f3n entre Santidad y Reino. Ella se expresa aqu\u00ed\u00ad de un modo directo, pues la revelaci\u00f3n de la santidad de Dios es precisamente su reino de Padre. No se pide que llegue el reino de un rey poderoso en l\u00ed\u00adnea militar, de imposici\u00f3n o prepotencia, sino el reino del Padre, que ofrece a todos su vida engendradora y amorosa. Este Dios Padre a quien se pide el Reino, es PadreMadre que expresa y expande su vida en los hombres; no es un padre\/rey, patriarca impositivo que triunfa con violencia; no es un padre\/nacional que protege los intereses de un determinado grupo, sino el Padre-Madre de todos los vivientes, (c) H\u00e1gase tu Voluntad, como en el cielo tambi\u00e9n en la tierra (geneth\u00e9t\u00f3 to thel\u00e9ma son&#8230;). Posiblemente no era necesaria esta petici\u00f3n (que no aparece en Lc 11,2), pues se encuentra incluida en las dos anteriores, pero el texto de Mateo la ha explicitado y de esa forma nos enra\u00ed\u00adza en el principio de la creaci\u00f3n, cuya primera palabra es la misma que se emplea aqu\u00ed\u00ad, conforme a los LXX: gen\u00e9th\u00e9to (h\u00e1gase). Dios fue diciendo \u00abh\u00e1gase\u00bb y todo se hizo. Ahora se le pide tambi\u00e9n que su voluntad de amor se abra y exprese plenamente. Pero el que dice gen\u00e9th\u00e9to (\u00c2\u00a1h\u00e1gase!) ya no es Dios, sino el mismo ser humano, situado por Jes\u00fas en el centro del proceso creador, el hombre que eleva su voz y se dirige a Dios con fuerza, dici\u00e9ndole: \u00c2\u00a1haz ya del todo, act\u00faa seg\u00fan eres! Esta petici\u00f3n nos introduce en la intimidad del Padre. Existen diversos tipos de thel\u00e9ma o voluntad, como sabe Jn 1,13, pero, en perspectiva de Nuevo Testamento, la voluntad fundante es la de Dios. Por eso, la tarea principal del cristiano est\u00e1 en cumplirla (cf. Mt 7,21; 12,50; 21; 31), poniendo su vida en las manos del Padre, como hizo Jes\u00fas en Getseman\u00ed\u00ad (cf. Mt 26,42), cuya palabra y gesto de oraci\u00f3n asume de esta forma el Padrenuestro, identificando as\u00ed\u00ad a los cristianos con su Cristo, pero de un modo velado, sin nombrar lo. Desde una perspectiva radical, esta petici\u00f3n (h\u00e1gase tu voluntad), parece m\u00e1s cercana a las grandes oraciones musulmanas, centradas en el \u00abDios lo quiere\u00bb, que a las cristianas.<\/p>\n<p>(3) Peticiones nosotros. Est\u00e1n dedicadas a las necesidades principales de la vida sobre el mundo: el Pan cotidiano, que constituye el alimento b\u00e1sico, y el Perd\u00f3n de los pecados, vinculado a la gratuidad, culminando con la llamada de libertad escatol\u00f3gica. (a) Danos hoy nuestro pan cotidiano (ton arton h\u00e9mon&#8230;). Del Padre nuestro pasamos al pan nuestro, es decir, al alimento compartido. El primer signo del Padre Dios no es la Ley, Torah de Israel, ni es la Iglesia cristiana, ni ning\u00fan tipo de instituci\u00f3n religiosa, sino el pan* universal y fraterno, es decir, la comida compartida, nuestra. Si no buscamos el \u00abpan nuestro\u00bb no podemos decir \u00abpadre nuestro\u00bb, porque el primer deseo del Padre es que los hijos puedan alcanzar y compartir el pan. Jes\u00fas nos hace pedir por el pan (arton), que es la comida* elaborada, hecha de trigo que se siembra y de harina que se muele, en una serie de procesos colectivos de cultivo y producci\u00f3n cultural, en contra del Bautista que s\u00f3lo com\u00ed\u00ada saltamontes y miel silvestre (Mc 1,6), es decir, alimentos puramente naturales. Por eso, al decir a Dios que nos conceda el \u00abpan nuestro\u00bb nos estamos comprometiendo a cultivarlo, elaborarlo y compartirlo, en un proceso de comunicaci\u00f3n que no es s\u00f3lo econ\u00f3mica, pero que es tambi\u00e9n econ\u00f3mica, (b) Perd\u00f3nanos nuestras deudas&#8230; (apiles h\u00e9min ta opheil\u00e9mata h\u00e9m\u00f3n&#8230;). Del pan pasamos al perd\u00f3n*, entendido como principio de solidaridad social. La oraci\u00f3n supone que en la vida surgen deudas, no s\u00f3lo en la relaci\u00f3n entre los hombres, sino tambi\u00e9n en la relaci\u00f3n con Dios. Por encima de todas las leyes y normas concretas, de tipo social o religioso, esta oraci\u00f3n ha puesto s\u00f3lo de relieve el principio del perd\u00f3n, como experiencia de amor* originario, donde se vinculan Dios y los hombres. Dios perdona por s\u00ed\u00ad mismo antes de toda metanoia o conversi\u00f3n humana, sin necesidad de un ritual de sacrificios*, sin necesidad de ritos religiosos especiales. Por eso le decimos que perdone nuestras deudas (opheil\u00e9mata), en las que se incluye todo (pecados, ofensas, omisiones); le decimos a Dios que no  nos exija nada, que no utilice con nosotros ning\u00fan tali\u00f3n, ninguna ley, sino s\u00f3lo su amor de Padre, haci\u00e9ndonos capaces de ser hijos suyos. Por eso a\u00f1adimos: \u00abcomo nosotros perdonamos\u00bb. La comunidad que surge en torno a Jes\u00fas tiene como ley suprema el perd\u00f3n, tanto en plano religioso como social, personal como econ\u00f3mico, pues la palabra deudas incluye todo lo que enfrenta a unos hombres con otros. Llevada hasta el final, esta ley del perd\u00f3n iguala a jud\u00ed\u00ados y gentiles, a creyentes y no creyentes, a hombres religiosos y a no religiosos, de manera que pide a todos s\u00f3lo que se perdonen unos a otros. Esta es la religi\u00f3n de Jes\u00fas, \u00e9ste su culto. No hay otro mandamiento ni otro rito, sino s\u00f3lo el amor mutuo expresado en el pan compartido y el perd\u00f3n interhumano. En principio no hay lugar para ritos e iglesias, para ceremonias ni poderes religiosos especiales: el Dios del Padrenuestro es el Dios de la oraci\u00f3n que se expresa en forma de perd\u00f3n universal (cf. Mc 11,22-26). (c)Yno nos hagas entrar (me eisenenk\u00e9s) en tentaci\u00f3n, mas l\u00ed\u00adbranos del mal (Malo). El texto resulta dif\u00ed\u00adcil de traducir. Si el me eisenenk\u00e9s se toma de forma activa, le decimos al Padre que no nos introduzca en la tentaci\u00f3n: lo normal ser\u00ed\u00ada que lo hiciera, como hizo en el principio (Gn 2-3); pues bien, nosotros, d\u00e9biles humanos, le decimos que no ponga a prueba nuestra vida, que no nos lleve al peirasmos, entendido aqu\u00ed\u00ad a manera de tribulaci\u00f3n escatol\u00f3gica. En el fondo pedir\u00ed\u00adamos a Dios que nos libere del gran c\u00e1liz que Jes\u00fas debi\u00f3 beber en la hora de su tentaci\u00f3n (cf. Mt 26,39-41). Pero el texto se puede interpretar en clave permisiva: no nos dejes (no nos hagas caer) en la tentaci\u00f3n. Se supone que existe tentaci\u00f3n, que hay prueba; pero el Padre puede y quiere ayudamos; por eso le pedimos que no nos abandone ni rechace en medio de ella. Posiblemente las dos traducciones resultan semejantes. En este contexto, ha a\u00f1adido Mt 6,13 su nueva petici\u00f3n \u00abm\u00e1s l\u00ed\u00adbranos del mal (Malo o Maligno)\u00bb, destacando el car\u00e1cter apocal\u00ed\u00adptico del mensaje de Jes\u00fas y su plegaria. Pero el texto de Lucas, que parece m\u00e1s fiel al mensaje original del Evangelio, se contenta con hablar del peirasm\u00f3s \u00abno nos dejes caer en la tentaci\u00f3n\u00bb que amenaza a los humanos, con sus dos problemas prin cipales, que son la comida compartida (nuestro pan) y la comunicaci\u00f3n social (nuestro perd\u00f3n). S\u00f3lo el Padre Dios, que se revela como Santidad y Reino, abriendo a los hombres un camino de pan y perd\u00f3n compartido, puede liberarnos de la gran tentaci\u00f3n o pmeba apocal\u00ed\u00adptica que hab\u00ed\u00ada puesto de relieve Juan Bautista.<\/p>\n<p>Cf. A. APARICIO (ed.), El padrenuestro, Publicaciones Claretianas, Madrid 1999; O. CULLMANN, La oraci\u00f3n en el Nuevo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1999; L. A. MONTES PERAL, El Padrenuestro. La oraci\u00f3n trinitaria de Jes\u00fas y los cristianos. Verbo Divino, Estella 2001; X. PIKAZA, La oraci\u00f3n cristiana, Verbo Divino, Estella 1996; S. SABUGAL, Abba. La oraci\u00f3n del Se\u00f1or, BAC 467, Madrid 1985; C. DI SANTE, El Padre Nuestro: la experiencia de Dios en la tradici\u00f3n judeocristiana, Sec. Trinitario, Salamanca 1988, H. Scn\u00fcRMANN, Padre Nuestro, Sec. Trinitario, Salamanca 1982.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Dos hechos (o ejercicios) motivadores: 1. \u00abPara que conozcas el fundamento de las ense\u00f1anzas que has recibido\u00bb (Le 1,4); 2. Nombre y apellidos del padrenuestro. II. El texto del padrenuestro y su contexto. III. El tejido del texto. IV. Mensaje global y catequesis del padrenuestro. V. El padrenuestro en las etapas de la catequesis: 1. Etapa de la familia: el padrenuestro vivido; 2. Etapa de la infancia y de la ni\u00f1ez: el padrenuestro aprendido; 3. Etapa de la juventud: el padrenuestro comprendido; 4. La catequesis de adultos: el padrenuestro encarnado.<\/p>\n<p>El tratamiento de esta catequesis del padrenuestro se ha intentado elaborar no de forma expositiva, sino m\u00e1s bien de manera catequ\u00e9tica. As\u00ed\u00ad, el propio catequista en su ejercicio de asimilaci\u00f3n de estas p\u00e1ginas reelaborar\u00e1 creativamente en cada lectura todas las tem\u00e1ticas implicadas en la expresi\u00f3n catequesis del padrenuestro. El \u00faltimo apartado no quiere ser final de esta catequesis, sino punto de partida de un nuevo itinerario catequ\u00e9tico del padrenuestro, porque, como se indica en el Directorio general para la catequesis, \u00abes pedag\u00f3gicamente eficaz hacer referencia a la catequesis de adultos y, a su luz, orientar la catequesis de las otras etapas de la vida\u00bb (DGC 171).<\/p>\n<p>I. Dos hechos (o ejercicios) motivadores<br \/>\n1. \u00abPARA QUE CONOZCAS EL FUNDAMENTO DE LAS ENSE\u00ed\u2018ANZAS QUE HAS RECIBIDO\u00bb (Lc 1,4). En todas las \u00e9pocas de la historia de la comunidad cristiana, y desde todas las \u00f3pticas y lenguas, puede hoy un catequista encontrar y saborear un comentario al padrenuestro. El espacio aqu\u00ed\u00ad dedicado no ser\u00ed\u00ada suficiente para citar tan solo las referencias bibliogr\u00e1ficas de tales comentarios1. Resulta gratificante descubrir que en todo tiempo y lugar, los seguidores de Jes\u00fas han expresado de formas y maneras tan variadas la experiencia de la fe, la certeza de saberse y de sentirse hijos del \u00fanico Padre y hermanos de la misma familia. Esta confesi\u00f3n de fe, hecha tradici\u00f3n viva en los comentarios al padrenuestro, es testimonio existencial del te\u00f3logo y del catequista, del exegeta y del historiador, del pastor y del liturgista, del educador y del homileta, del m\u00ed\u00adstico y del misionero, del profeta y del fil\u00f3sofo, del cat\u00f3lico y del protestante, del oriental y del occidental&#8230; \u00bfC\u00f3mo no ver, pues, en este hecho un signo de unidad que rompe toda frontera de lengua, ideolog\u00ed\u00ada, sexo, religi\u00f3n, rito, cultura&#8230; y hace de los seguidores de Jes\u00fas una comunidad de hermanos?<br \/>\nEsta elemental constataci\u00f3n hist\u00f3rica y teol\u00f3gica nos indica que fueron (y siguen siendo) firmes aquellos cimientos s\u00f3lidos de la fe cristiana que se iban colocando en las etapas de la catequesis bautismal, como nos lo recuerdan y actualizan estos textos del \u00faltimo y significativo documento eclesial sobre la catequesis: \u00abEl tiempo de purificaci\u00f3n e iluminaci\u00f3n, que proporciona una preparaci\u00f3n m\u00e1s intensa a los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, y en el que tiene lugar la entrega del S\u00ed\u00admbolo y la entrega de la oraci\u00f3n del Se\u00f1or\u00bb (DGC 88). \u00abLa preparaci\u00f3n inmediata al bautismo, por medio de una catequesis doctrinal, que explicaba el S\u00ed\u00admbolo y el padrenuestro, reci\u00e9n entregados, con sus implicaciones morales\u00bb (DGC 89). \u00abLa riqueza de la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y la de los catecismos confluye en la catequesis actual de la Iglesia, enriqueci\u00e9ndola tanto en su misma concepci\u00f3n como en sus contenidos. Recuerdan a la catequesis los siete elementos b\u00e1sicos que la configuran: las tres etapas de la narraci\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n: el Antiguo Testamento, la vida de Jesucristo y la historia de la Iglesia; y los cuatro pilares de la exposici\u00f3n: el s\u00ed\u00admbolo, los sacramentos, el dec\u00e1logo y el padrenuestro. Con estas siete piezas maestras, base tanto del proceso de la catequesis de iniciaci\u00f3n como del proceso permanente de maduraci\u00f3n cristiana, pueden construirse edificios de diversa arquitectura o articulaci\u00f3n, seg\u00fan los destinatarios o las diferentes situaciones culturales\u00bb (DGC 130; cf IC 40-43).<\/p>\n<p>2. NOMBRE Y APELLIDOS DEL PADRE NUESTRO. Junto al primer ejercicio realizado con el objetivo de constatar la pluralidad de comentarios del padrenuestro, resultar\u00ed\u00ada interesante acercarse a alguno de ellos e ir tomando nota de c\u00f3mo se le denomina al padrenuestro, es decir, con qu\u00e9 apellidos se va precisando su nombre de padrenuestro y su identidad dentro de la fe cristiana. A modo de inicio de esta propuesta, ofrecemos algunas sugerencias. Nos acercamos al amplio comentario del \u00faltimo catecismo eclesial, y lo primero que encontramos, ya en el t\u00ed\u00adtulo, es esta identidad de nombre y apellidos del padrenuestro: la oraci\u00f3n del Se\u00f1or. Poco despu\u00e9s, el siguiente texto nos lo aclara: \u00ab\u00bbLa oraci\u00f3n dominical es, en verdad, el resumen de todo el evangelio\u00bb (Tertuliano, Or. 1). \u00abCuando el Se\u00f1or hubo legado esta f\u00f3rmula de oraci\u00f3n, a\u00f1adi\u00f3: `Pedid y se os dar\u00e1&#8217; (Lc 11,9). Por tanto, cada uno puede dirigir al cielo diversas oraciones seg\u00fan sus necesidades, pero comenzando siempre por la oraci\u00f3n del Se\u00f1or que sigue siendo la oraci\u00f3n fundamental\u00bb (Tertuliano, Or. 10)\u00bb (CCE 2761).<\/p>\n<p>Esta oraci\u00f3n dominical, resumen de todo el evangelio, es la m\u00e1s perfecta de las oraciones, la oraci\u00f3n del cristiano o \u00abel compendio de toda nuestra oraci\u00f3n\u00bb, como bien expresaba santo Tom\u00e1s (Sum. Theol. II-II 83, 14 ad 3); y confirma el \u00faltimo Directorio: \u00abEl padrenuestro, condensando la esencia del evangelio, sintetiza y jerarquiza las inmensas riquezas de oraci\u00f3n contenidas en la Sagrada Escritura y en toda la vida de la Iglesia. Esta oraci\u00f3n, propuesta a sus disc\u00ed\u00adpulos por el propio Jes\u00fas, trasluce la confianza filial y los deseos m\u00e1s profundos con que una persona puede dirigirse a Dios\u00bb (DGC 115).<\/p>\n<p>Con apellidos semejantes califica la identidad del padrenuestro santa Teresa, que exhortaba a sus hermanas a rezar el padrenuestro como gu\u00ed\u00ada segura de oraci\u00f3n vocal y contemplativa (Camino de perfecci\u00f3n, 24). En este mismo sentido, y sirvi\u00e9ndose de una preciosa imagen evang\u00e9lica y bautismal, se expresaba la Asamblea sinodal de Berna (Suiza) en 1532: \u00abEl padrenuestro es la verdadera oraci\u00f3n cristiana, el odre o recipiente de agua para que extraigamos la gracia de su fuente, que es Jesucristo, y llene nuestro coraz\u00f3n\u00bb (BRSK 53). Y es conveniente recordar, por su profundo y significativo sentido ecum\u00e9nico, que para Lutero el padrenuestro es fuente perenne de espiritualidad: \u00abPues yo, a\u00fan hoy en d\u00ed\u00ada, mamo del padrenuestro como un lactante, bebo y engullo como un viejo y no puedo saciarme\u00bb2.<\/p>\n<p>Una vez esbozado el ejercicio de b\u00fasqueda de los que hemos llamado apellidos del padrenuestro, dejamos que sea el lector y catequista quien lo prosiga en su tarea de permanente formaci\u00f3n y enriquecimiento. Pero antes, y a modo de s\u00ed\u00adntesis, podemos retener estas dos sugerencias de los estudiosos. La primera, de Ulrich Luz: \u00abEl uso constante del padrenuestro ha hecho que apenas exista un texto cristiano con tan amplia influencia en la espiritualidad, culto divino, instrucci\u00f3n y dogm\u00e1tica\u00bb3. La segunda, de Santos Sabugal: \u00abEl padrenuestro, incesantemente comentado y explicado a lo largo de su veintisecular historia, es la plegaria propia y exclusiva del cristiano, la oraci\u00f3n paradigm\u00e1tica del cristianismo y del ecumenismo, la m\u00e1s bella y sublime oraci\u00f3n de la Iglesia\u00bb4.<\/p>\n<p>Por fin, antes de adentrarnos en la abundante riqueza del texto del padrenuestro, y siguiendo al dictado la pedagog\u00ed\u00ada de los tradicionales catecismos, podemos decir del padrenuestro que es el modelo de oraci\u00f3n, un compendio de dogm\u00e1tica, la s\u00ed\u00adntesis de la catequesis, la oraci\u00f3n personal y de la Iglesia y la teolog\u00ed\u00ada del evangelio.<\/p>\n<p>II. El texto del padrenuestro y su contexto<br \/>\nEl texto del padrenuestro s\u00f3lo aparece en dos libros del Nuevo Testamento: en los evangelios de Mateo y de Lucas. Seg\u00fan Lucas (Le 11,1-4), una vez que Jes\u00fas hubo acabado su oraci\u00f3n, uno de los disc\u00ed\u00adpulos le pide que les ense\u00f1e a orar al igual que Juan ense\u00f1\u00f3 a orar a los suyos. La respuesta de Jes\u00fas a la petici\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo es: \u00abPadre, santificado sea tu nombre, venga tu reino. Danos cada d\u00ed\u00ada el pan que necesitamos; perd\u00f3nanos nuestros pecados porque tambi\u00e9n nosotros perdonamos a todo el que nos ofende; y no nos dejes caer en la tentaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Mateo (Mt 5,1-7,29), es el propio Jes\u00fas quien proclama a los disc\u00ed\u00adpulos y a la muchedumbre reunida en el monte las novedosas bienaventuranzas. Dentro de este largo primer discurso, que parece dibujar un programa alternativo al dec\u00e1logo del Sina\u00ed\u00ad, se\u00f1ala Jes\u00fas las tres nuevas pr\u00e1cticas religiosas frente a las tres viejas pr\u00e1cticas del actuar del creyente (limosna-oraci\u00f3n-ayuno). Este, el padrenuestro, es el modo peculiar de orar que propone Jes\u00fas: \u00abCuando rec\u00e9is, no se\u00e1is como los hip\u00f3critas (juda\u00ed\u00adsmo)&#8230; No os convirt\u00e1is en charlatanes como los paganos (gentilidad)&#8230; Vosotros orad as\u00ed\u00ad: \u00abPadre nuestro que est\u00e1s en los cielos, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; h\u00e1gase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada d\u00ed\u00ada, perdona nuestras ofensas como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentaci\u00f3n y l\u00ed\u00adbranos del mal [del Malo]\u00bb. Porque si vosotros perdon\u00e1is a los hombres sus ofensas&#8230;\u00bb (Mt 6,5-15).<\/p>\n<p>Probablemente a finales del siglo 1 d.C. el texto del padrenuestro circulaba tambi\u00e9n en algunas comunidades cristianas, seg\u00fan se recoge en el escrito de la Didaj\u00e9 (8, 2s.), tambi\u00e9n llamada Doctrina de los doce ap\u00f3stoles, que es para muchos estudiosos como el primer catecismo posapost\u00f3lico: \u00abPadre nuestro, que est\u00e1s en el cielo: santificado sea tu nombre, venga tu Reino. H\u00e1gase tu voluntad, como en el cielo tambi\u00e9n sobre la tierra. El pan nuestro cotidiano d\u00e1nosle hoy. Y perd\u00f3nanos nuestra deuda, como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y haz que no sucumbamos a la tentaci\u00f3n, sino l\u00ed\u00adbranos del mal. \u00c2\u00a1Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos!\u00bb. Esta \u00faltima a\u00f1adidura de la Didaj\u00e9, utilizada siempre por los protestantes y adoptada como aclamaci\u00f3n al final del embolismo en la liturgia de la misa cat\u00f3lica, se ha incluido tambi\u00e9n recientemente en el padrenuestro \u00abecum\u00e9nico\u00bb.<\/p>\n<p>Por fin, en la larga historia de la Iglesia de Jes\u00fas el texto del padrenuestro ha ido experimentando ligeros retoques. En nuestros d\u00ed\u00adas (27.11.1989), este texto en castellano, adoptado por todas las Conferencias episcopales de los 22 pa\u00ed\u00adses de lengua espa\u00f1ola \u00abpara la unificaci\u00f3n de la liturgia\u00bb queda fijado as\u00ed\u00ad: \u00abPadre nuestro, que est\u00e1s en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; h\u00e1gase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada d\u00ed\u00ada; perdona nuestras ofensas, como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentaci\u00f3n, y l\u00ed\u00adbranos del mal\u00bb.<\/p>\n<p>III. El tejido del texto<br \/>\nLa forma o composici\u00f3n literaria de todas estas diferentes versiones del padrenuestro posee elementos comunes (semejanzas) que conviene tener en cuenta para comprender en toda su extensi\u00f3n el contenido central y las peculiaridades (diferencias) del mensaje de esta oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La atenta lectura de estos textos pone en evidencia la presencia de algunos elementos configuradores del padrenuestro. Los dos elementos mayores ser\u00ed\u00adan: La invocaci\u00f3n (Padre) y las s\u00faplicas. Y, estas s\u00faplicas son, a su vez, de dos tipos: las primeras, de alabanza (santificaci\u00f3n del nombre, venida del Reino&#8230;) y las segundas, de petici\u00f3n (del pan, del perd\u00f3n, de no caer en tentaci\u00f3n&#8230;). Algunos exegetas prefieren no establecer diferencias entre las s\u00faplicas. Muchos otros investigadores s\u00f3lo califican como peticiones todo lo que sigue a la invocaci\u00f3n. Y todos se\u00f1alan las dos partes o grupos en que se organizan dichas s\u00faplicas o peticiones: las formuladas en singular y las expresadas en plural.<\/p>\n<p>Las diferencias en las diversas versiones del texto del padrenuestro est\u00e1n presentes, a modo de precisiones o de ampliaciones, en los tres elementos configuradores antes indicados. La invocaci\u00f3n (Padre) se completa en cada versi\u00f3n del padrenuestro con precisiones t\u00ed\u00adpicas (\u00abnuestro\u00bb, \u00abque est\u00e1s en el cielo\u00bb, \u00abque est\u00e1s en los cielos\u00bb). Las s\u00faplicas de alabanza se precisan (\u00aba nosotros\u00bb) o se ampl\u00ed\u00adan (\u00abh\u00e1gase tu voluntad&#8230;\u00bb). Tambi\u00e9n las s\u00faplicas de petici\u00f3n se precisan (\u00abel pan-nuestro pan\u00bb, \u00abpecados-deudas-ofensas\u00bb) o se ampl\u00ed\u00adan (\u00abl\u00ed\u00adbranos del mal [del Malo]\u00bb, \u00abpues si perdon\u00e1is sus culpas a los dem\u00e1s&#8230;\u00bb, \u00abporque tuyo es el poder&#8230;\u00bb).<\/p>\n<p>La constataci\u00f3n de estas semejanzas y diferencias, puesta de relieve por los estudios exeg\u00e9ticos, ilumina el objetivo a tener en cuenta por la catequ\u00e9tica y se\u00f1ala la acci\u00f3n y las tareas del catequista, para que el padrenuestro llegue a ser no s\u00f3lo un texto que se memoriza y repite rutinariamente, sino la aut\u00e9ntica expresi\u00f3n de la experiencia cristiana, que es la relaci\u00f3n con el Padre (filiaci\u00f3n) y con los hermanos (fraternidad).<\/p>\n<p>Las semejanzas apuntan hacia el objetivo de toda catequesis del padrenuestro, que no ser\u00ed\u00ada otro que conocer en toda su dimensi\u00f3n la identidad del Dios cristiano, que es un Padre entra\u00f1able a quien todos podemos acercarnos con la plena confianza de los hijos queridos. Esto es, en s\u00ed\u00adntesis, lo que se desea confesar cada vez que las personas o las comunidades proclaman, como creyentes y seguidoras de Jes\u00fas, en la oraci\u00f3n, en la eucarist\u00ed\u00ada y en toda acci\u00f3n lit\u00fargica y a una sola voz, el padrenuestro. Un primer paso para acceder a esta comprensi\u00f3n significativa del padrenuestro ser\u00e1 saber (memorizar) el padrenuestro para llegar progresivamente a saberlo saborear y hacerlo experiencia existencial.<\/p>\n<p>Las diferencias textuales del padrenuestro detectadas, desde los or\u00ed\u00adgenes, en la historia de la transmisi\u00f3n del texto, orientan las tareas de toda acci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica empe\u00f1ada en acompa\u00f1ar el proceso de fe del catequizando. Estas diferencias est\u00e1n presentes en lo que se destaca como a\u00f1adidos textuales. Aqu\u00ed\u00ad no entramos en el estudio exeg\u00e9tico de tales variantes textuales, que ya est\u00e1 realizado, y cuyos resultados pueden consultarse en las referencias bibliogr\u00e1ficas. Prestamos atenci\u00f3n a estas diferencias y a las conclusiones de los exegetas desde la \u00f3ptica de la catequesis, con el fin de iluminar la tarea de todo catequista.<\/p>\n<p>Si el padrenuestro es la oraci\u00f3n del Se\u00f1or, la \u00fanica entregada y ense\u00f1ada por Jes\u00fas a sus disc\u00ed\u00adpulos, la plegaria que los distingue de otros grupos o personas creyentes, \u00bfc\u00f3mo explicarse los diferentes textos de la misma? \u00bfAcaso el mismo Jes\u00fas les ense\u00f1\u00f3 dos veces el padrenuestro? \u00bfPor qu\u00e9 entonces la tradici\u00f3n paulina y las comunidades eclesiales a quienes se dirigen los evangelios de Marcos y de Juan no transmitieron ni conservaron ni entregaron el texto de la oraci\u00f3n del Se\u00f1or? \u00bfTal vez el propio Jes\u00fas, en vez de fijar un texto oracional, comunic\u00f3, ense\u00f1\u00f3 y comparti\u00f3 con los suyos un modo, un estilo, un talante, una experiencia nueva de oraci\u00f3n, es decir, de relaci\u00f3n filial con el Padre maternal? Y, en este sentido, la comunicaci\u00f3n de una experiencia que abarca en su totalidad a la persona \u00bfresulta posible encerrarla en unas expresiones que sean v\u00e1lidas para siempre y en todo tiempo y lugar?<br \/>\nDe nuevo se sugiere otro ejercicio de pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00ed\u00adstica, que aporta no pocas luces para quienes se adentren en la respuesta a estas preguntas. Mart\u00ed\u00adn Irure, en el pr\u00f3logo de una de sus m\u00e1s valiosas y hermosas aportaciones a la pastoral y a la catequesis, afirma que \u00abel padrenuestro no es una f\u00f3rmula de oraci\u00f3n para decirla indefinidamente, sino que es un modelo, un camino de oraci\u00f3n, en el que Jes\u00fas nos compromete\u00bb5. El ejercicio consiste en acercarse a las 173 expresiones del padrenuestro que \u00e9l ha recogido en su publicaci\u00f3n. En cada una de estas expresiones puede rastrearse un proceso existencial de crecimiento en la fe de aquel o aquellos que se atrevieron a expresarla en fr\u00e1giles y precisas palabras. Cada uno de estos 173 padrenuestros, con sus luces y sombras, expresa la experiencia global de relaci\u00f3n con Dios y con los hermanos de personas concretas en tiempos y espacios determinados. La experiencia globalizante y totalizadora es \u00fanica y su expresi\u00f3n, m\u00faltiple.<\/p>\n<p>Por tanto, la catequesis del padrenuestro introduce al catequizando en la \u00fanica y apasionante experiencia de encontrarse con el Dios Padre como hijo suyo y como hermano de Jes\u00fas y de todos los humanos.<\/p>\n<p>IV. Mensaje global y catequesis del padrenuestro<br \/>\nProbablemente, tomado en su conjunto, el texto del padrenuestro sorprende por su sencillez, equilibrio y perfecci\u00f3n, m\u00e1s en la versi\u00f3n de Mateo que en la de Lucas. Resulta f\u00e1cil de aprenderlo y comprenderlo. Y si se hace el esfuerzo mental de colocarse en el contexto hist\u00f3rico de los tiempos de Jes\u00fas y de la primera comunidad cristiana, a\u00fan resaltar\u00e1 m\u00e1s la sencillez, perfecci\u00f3n y facilidad comprensiva del padrenuestro. Aquellos eran tiempos muy propicios para la transmisi\u00f3n oral y la comunicaci\u00f3n del boca a boca. La estructura interna del padrenuestro: la innovaci\u00f3n, las dos o tres peticiones en singular y las tres o cuatro peticiones en plural facilitan la r\u00e1pida apropiaci\u00f3n nemot\u00e9cnica del texto. Adem\u00e1s de esta estructura general, el vocabulario es t\u00ed\u00adpicamente jud\u00ed\u00ado. Estructura y vocabulario del padrenuestro est\u00e1n emparentados con las oraciones jud\u00ed\u00adas m\u00e1s sagradas y populares como la Sem\u00e1 (=escucha), los Semone Esre (=dieciocho bendiciones) o tambi\u00e9n llamada Amida (=estar de pie) y, sobre todo, el Qaddis (=santo), oraci\u00f3n que siempre se rezaba (y se reza a\u00fan) al terminar la lectura de la Tor\u00e1 (=Ley) en la liturgia del templo y en el ritual sinagogal.<\/p>\n<p>Los temas del mensaje del padrenuestro son los temas centrales de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, que los evangelios nos presentan. Podr\u00ed\u00ada decirse con raz\u00f3n que los contenidos de la fe anunciada por Jes\u00fas se hacen expresi\u00f3n celebrativa en la oraci\u00f3n del Se\u00f1or. El padrenuestro es la oraci\u00f3n que expresa en su m\u00e1s radiante sencillez la universalidad de la paternidad divina, el reino de Dios y su justicia, la realizaci\u00f3n de la voluntad de Dios, la gratuidad de su pan de vida y salvaci\u00f3n, el amor fraternal que se actualiza en el perd\u00f3n de las ofensas y la confianza esperanzada en el Dios que nos sostiene y cuida. As\u00ed\u00ad, pues, el contenido de la oraci\u00f3n del padrenuestro (lex orandi) no es m\u00e1s que el mensaje de la fe (lex credendi). Y el creyente que ora con la plegaria del Se\u00f1or sabe y siente que toda su vida personal y comunitaria quedan gozosamente revestidas de la identidad y existencia cristiana (lex vivendi).<\/p>\n<p>Curiosamente, estas tres orientaciones \u00ed\u00adntimamente relacionadas -fe, oraci\u00f3n, vida- han sido las gu\u00ed\u00adas maestras de la interpretaci\u00f3n exeg\u00e9tica global del padrenuestro. Estas comprensiones globales del padrenuestro se han llamado dogm\u00e1tica, \u00e9tica o espiritual y escatol\u00f3gica. Posiblemente, toda interpretaci\u00f3n o comprensi\u00f3n del padrenuestro tiene en cuenta estas tres orientaciones, pero se suele acentuar y subrayar m\u00e1s una de ellas, seg\u00fan las \u00e9pocas de la historia, porque se tiende a poner de relieve alguno de los elementos textuales del padrenuestro. El mismo Tertuliano destaca los rasgos dogm\u00e1ticos y \u00e9ticos del padrenuestro. Gregorio de Nisa representa a los mejores defensores de la interpretaci\u00f3n \u00e9tica. La interpretaci\u00f3n escatol\u00f3gica se ha impuesto en la mayor\u00ed\u00ada de los comentaristas del siglo XX. A la luz de estas tres gu\u00ed\u00adas de interpretaci\u00f3n, l\u00f3gicamente, van apareciendo m\u00faltiples formas mixtas de comprensi\u00f3n del padrenuestro. Consecuentemente, la catequesis del padrenuestro ha quedado, en cada tiempo de la historia, fecundada, en sus objetivos y m\u00e9todos, por estas orientaciones interpretativas de la ex\u00e9gesis.<\/p>\n<p>En este sentido, la tarea de la catequesis ha estado marcada por la entrega y la comunicaci\u00f3n del padrenuestro para descubrir en \u00e9l el coraz\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico (interpretaci\u00f3n dogm\u00e1tica); o para hacer del padrenuestro la oraci\u00f3n de la comunidad que nos re\u00fane como hijos del mismo Padre y hermanos de todos los vivientes (interpretaci\u00f3n \u00e9tico-espiritual); o para expresar la osad\u00ed\u00ada de adelantar y actualizar en el aqu\u00ed\u00ad y ahora el Reino y la voluntad de Dios, que quiere que todos sus hijos se salven y alcancen el conocimiento pleno de la salvaci\u00f3n (interpretaci\u00f3n escatol\u00f3gica).<\/p>\n<p>Por fin, esta visi\u00f3n global del mensaje del padrenuestro articula y organiza los diversos temas del contenido y, en nuestro caso, de la catequesis del padrenuestro. El tema inicial lo sugiere el propio texto en la invocaci\u00f3n \u00abPadre\u00bb: fuente, r\u00ed\u00ado y mar de toda vida, plegaria y esperanza cristianas. Esta paternidad entra\u00f1able de Dios se hace, como se\u00f1alan muchos comentarios, eje vertebrador de los dem\u00e1s temas, que vienen se\u00f1alados por las sucesivas siete peticiones, seg\u00fan la versi\u00f3n eclesial del texto, inspirada en la tradici\u00f3n del evangelio de Mateo: santificado sea tu nombre, venga tu reino, h\u00e1gase tu voluntad, danos el pan cada d\u00ed\u00ada, perdona nuestras ofensas, no dejes que caigamos en tentaci\u00f3n, l\u00ed\u00adbranos del mal.<\/p>\n<p>V. El padrenuestro en las etapas de la catequesis<br \/>\n1. ETAPA DE LA FAMILIA: EL PADRE NUESTRO VIVIDO. El estudio, ex\u00e9gesis y teolog\u00ed\u00ada del padrenuestro, como en s\u00ed\u00adntesis se acaba de realizar, siempre pondr\u00e1 en primer plano dos de las realidades constitutivas e integradoras de toda persona: la filiaci\u00f3n y la fraternidad. Ambas realidades existenciales, antes de ser comprendidas en todas sus dimensiones objetivas, son realidades vividas y experimentadas subjetivamente en el \u00e1mbito familiar. Por eso, en este hogar familiar echa sus ra\u00ed\u00adces m\u00e1s profundas la experiencia-expresi\u00f3n cristianas del padrenuestro. Tambi\u00e9n el padrenuestro, antes de aprenderse de memoria o formularse como expresi\u00f3n de la fe de los seguidores de Jes\u00fas, es sentido y vivido en el amor y ternura de unos padres, en el espacio humanizado de una casa y en el calor de hogar que es la mesa familiar. Todo el complejo entramado de relaciones interpersonales que se van tejiendo en la familia vienen a ser la primera, y tal vez la m\u00e1s estructurante, catequesis del padrenuestro. Los primeros catequistas expl\u00ed\u00adcitos, pues, son los propios padres y, a su modo, lo son tambi\u00e9n los hermanos. As\u00ed\u00ad lo viene a recordar una vez m\u00e1s en la historia de la catequesis el Directorio general para la catequesis: \u00abEl testimonio de vida cristiana, ofrecido por los padres en el seno de la familia, llega a los ni\u00f1os envuelto en el cari\u00f1o y el respeto materno y paterno. Los hijos perciben y viven gozosamente la cercan\u00ed\u00ada de Dios y de Jes\u00fas que los padres manifiestan, hasta tal punto que esta primera experiencia cristiana deja frecuentemente en ellos una huella decisiva que dura toda la vida. Este despertar religioso infantil en el ambiente familiar tiene, por ello, un car\u00e1cter insustituible\u00bb (DGC 226).<\/p>\n<p>2. ETAPA DE LA INFANCIA Y DE LA NI\u00ed\u2018EZ: EL PADRENUESTRO APRENDIDO. A lo largo de esta etapa, el campo de experiencias de relaci\u00f3n interpersonal se ampl\u00ed\u00ada desde el \u00e1mbito de la familia hasta el espacio escolar, parroquial&#8230; y, por tanto, social. En estos a\u00f1os, la educaci\u00f3n de la fe se enriquece con la tarea de la ense\u00f1anza religiosa escolar y con la catequesis expl\u00ed\u00adcita dentro de una comunidad eclesial. La catequesis del padrenuestro ir\u00e1 asumiendo progresivamente, en sus objetivos y m\u00e9todos, aquellos aspectos que ayudan al ni\u00f1o a percibir cr\u00ed\u00adticamente y dar sentido a la propia experiencia de saberse hijo y hermano.<\/p>\n<p>Los educadores de la fe, padres-maestros-catequistas, pondr\u00e1n ya en manos de los ni\u00f1os tanto la palabra de Dios como la observaci\u00f3n de la realidad personal y de su entorno. En el ejercicio continuado de este di\u00e1logo ir\u00e1 creciendo la capacidad de interiorizaci\u00f3n en el ni\u00f1o, por un lado; y, por otro, se ir\u00e1n edificando las m\u00faltiples posibilidades de expresi\u00f3n y comunicaci\u00f3n de su vida y de su fe. Por ello, la catequesis del padrenuestro en esta etapa, adem\u00e1s de procurar la memorizaci\u00f3n del texto eclesial del padrenuestro, favorecer\u00e1 las primeras lecturas del padrenuestro en los textos b\u00ed\u00adblicos de Mateo y Lucas. Estas lecturas concretas y puntuales, junto a otras de la misma Biblia y junto a otras tareas educativas y catequ\u00ed\u00adsticas, ir\u00e1n despertando y creando el rico mundo de im\u00e1genes, gestos, acciones, personas, experiencias, relaciones&#8230;, vividas en la familia, en la escuela, en la sociedad y evocadas en los dem\u00e1s relatos de la Escritura. La tarea de los educadores de la fe es, m\u00e1s que cualquier otra, suscitar y despertar. Probablemente, aquello que el adulto considera como anecd\u00f3tico. perif\u00e9rico o de normal ropaje ling\u00fc\u00ed\u00adstico, sea para el ni\u00f1o el modo natural de acercamiento y comprensi\u00f3n de la realidad que se observa, de la Palabra que se acoge, del padrenuestro que se lee o memoriza y de las m\u00faltiples formulaciones incompletas y limitadas con las que expresa lo que siente y comprende.<\/p>\n<p>En el tramo final de esta etapa de infancia y ce\u00f1idos a la catequesis del padrenuestro, el ni\u00f1o tendr\u00e1 que ser capaz de observar, por ejemplo, las diferencias y semejanzas en las formulaciones del padrenuestro (eclesial, Mateo y Lucas). De esta observaci\u00f3n ir\u00e1n naciendo, en el ni\u00f1o, preguntas y respuestas a las que todo catequista prestar\u00e1 atenci\u00f3n, no tanto para responder de forma autom\u00e1tica, sino m\u00e1s bien para situar en todo momento al ni\u00f1o en su propio proceso de iniciaci\u00f3n cristiana y acompa\u00f1arlo como hermano mayor.<\/p>\n<p>Formulado en t\u00e9rminos generales, lo que acabamos de decir sobre la catequesis de infancia, es expresado por el Directorio de esta manera: \u00abEl proceso catequ\u00e9tico en el tiempo de la infancia ser\u00e1 eminentemente educativo, atento a desarrollar las capacidades y aptitudes humanas, base antropol\u00f3gica de la vida de fe, como el sentido de la confianza, de la gratuidad, del don de s\u00ed\u00ad, de la invocaci\u00f3n, de la gozosa participaci\u00f3n&#8230; La educaci\u00f3n a la oraci\u00f3n y la iniciaci\u00f3n a la Sagrada Escritura son aspectos centrales de la formaci\u00f3n cristiana de los peque\u00f1os\u00bb (DGC 178).<\/p>\n<p>3. ETAPA DE LA JUVENTUD: EL PADRENUESTRO COMPRENDIDO. El Directorio, que nos viene sirviendo de gu\u00ed\u00ada en todo este apartado, indica respecto a la catequesis de esta etapa que \u00aben general se ha de proponer a los j\u00f3venes una catequesis con itinerarios nuevos, abiertos a la sensibilidad y a los problemas de esta edad, que son de orden teol\u00f3gico, \u00e9tico, hist\u00f3rico, social&#8230; En particular, deben ocupar un puesto adecuado la educaci\u00f3n para la verdad y la libertad seg\u00fan el evangelio, la formaci\u00f3n de la conciencia, la educaci\u00f3n para el amor, el planteamiento vocacional, el compromiso cristiano en la sociedad y la responsabilidad misionera en el mundo\u00bb (DGC 185).<\/p>\n<p>La catequesis del padrenuestro, dentro de la larga etapa de la catequesis de j\u00f3venes, deber\u00e1 continuamente retomar el propio texto del padrenuestro y las puntuales preguntas, muy posiblemente preguntas de sentido, que en cada di\u00e1logo se susciten. Las respuestas a estos interrogantes por el sentido del mensaje (del Reino, de la voluntad de Dios, del pan compartido, del perd\u00f3n de las ofensas&#8230;) del padrenuestro, ir\u00e1n profundizando y completando la iniciaci\u00f3n a la fe, realizada en la etapa de infancia, hasta culminar en la comprensi\u00f3n del padrenuestro. En este conocimiento del mensaje, que se hace experiencia de acogida compartida, el Dios de Jes\u00fas, entra\u00f1ablemente misericordioso, y la persona del joven se encuentran all\u00ed\u00ad donde florece la confianza, resplandece la verdad, se vive la libertad, se comparte la misma mesa de la historia, se tiende la mano al perd\u00f3n&#8230; y nos reconocemos como hermanos.<\/p>\n<p>De manera natural, estas humanizadoras experiencias existenciales en la historia de los j\u00f3venes iluminan todos los aspectos del contenido cristiano del padrenuestro, suscitan creativas expresiones celebrativas y alumbran nuevas opciones de compromiso por sembrar el reino de Dios en la historia al estilo de Jes\u00fas. Tal vez, llegados a este punto de iluminaci\u00f3n del contenido, celebraci\u00f3n de la fe en el Dios maternal que los llama y opci\u00f3n por la fraternidad como signo vivo de la voluntad de Dios, puede decirse que la catequesis del padrenuestro ha alcanzado su objetivo.<\/p>\n<p>En resumen, el padrenuestro vivido en la familia, aprendido en la infancia y comprendido en todas sus dimensiones en la juventud, termina por ser encarnado en el cristiano adulto, hermano en la comunidad y padre-madre (catequista, educador de la fe&#8230;), que sigue engendrando en la fe a los m\u00e1s peque\u00f1os, y, sobre todo, a los marginados y abandonados por no haber tenido posibilidad de interiorizar estas experiencias desde su llegada a nuestra familia humana del mundo.<\/p>\n<p>4. LA CATEQUESIS DE ADULTOS: EL PADRENUESTRO ENCARNADO. El final del apartado anterior ya adelanta, como en s\u00ed\u00adntesis, lo peculiar de la catequesis de adultos en relaci\u00f3n con la catequesis del padrenuestro. De nuevo recordamos la orientaci\u00f3n del Directorio respecto a esta etapa catequ\u00e9tica: \u00abPara que la catequesis de adultos pueda responder a las necesidades m\u00e1s profundas de nuestro tiempo, debe proponer la fe cristiana en su integridad, autenticidad y sistematicidad, de acuerdo con la comprensi\u00f3n que de ella tiene la Iglesia, proponiendo en un primer plano el anuncio de la salvaci\u00f3n; iluminando con su luz las dificultades, oscuridades, falsas interpretaciones, prejuicios y objeciones hoy presentes; mostrando las implicaciones y exigencias morales y espirituales del mensaje; introduciendo a la lectura creyente de la Sagrada Escritura y a la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n&#8230;\u00bb (DGC 175).<\/p>\n<p>Sin lugar a dudas, consideramos adultos en la fe a todas aquellas personas a quienes hac\u00ed\u00adamos referencia en los comienzos de este art\u00ed\u00adculo. Personas creyentes que se atrevieron a poner por escrito, en su comentario publicado, la comprensi\u00f3n encamada del padrenuestro. Ciertamente, en el horizonte de su propuesta escrita est\u00e1 la pretensi\u00f3n de integridad, autenticidad y sistematicidad del mensaje del padrenuestro. Por ello, la confesi\u00f3n de fe de estos hermanos adultos ilumina los contenidos y m\u00e9todos de la catequesis del padrenuestro en esta etapa de la adultez. Teniendo muy presentes sus aportaciones, y a modo de esbozo curricular, puede ofrecerse un itinerario de contenidos (conceptos, procedimientos y actitudes) del padrenuestro para la catequesis de adultos.<\/p>\n<p>Este itinerario catequ\u00e9tico, que nos permite el acceso a la totalidad del mensaje evang\u00e9lico del padrenuestro, podr\u00ed\u00ada constar, al menos, de estas diez panor\u00e1micas tem\u00e1ticas: 1) Oraci\u00f3n y vida de Jes\u00fas: \u00abPas\u00f3 (Jes\u00fas) la noche orando a Dios. Cuando lleg\u00f3 el d\u00ed\u00ada llam\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos&#8230;\u00bb (Lc 6,12-13). 2) Nuestro Padre maternal: \u00abDios es amor\u00bb (Un 4,8). 3) Santificado tu nombre&#8230;: \u00abTe he glorificado en la tierra llevando a t\u00e9rmino la obra que me encomendaste\u00bb (Jn 17,4). 4) &#8230;En la presencia del Reino&#8230;: \u00abLa ley y los profetas llegan hasta Juan; desde entonces se anuncia el reino de Dios&#8230;\u00bb (Le 16,16). 5) &#8230;Porque en ella se realiza tu voluntad: \u00abPues yo he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado, que yo no pierda a ninguno de los que \u00e9l me ha dado, sino que los resucite en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada\u00bb (Jn 6,38-39). 6) Danos el pan de cada d\u00ed\u00ada: \u00abEllos contaron lo del camino y c\u00f3mo lo reconocieron al partir el pan\u00bb (Le 24,35). 7) Perd\u00f3nanos nuestras ofensas: \u00abTened sal en vosotros y vivid en paz los unos con los otros\u00bb (Mc 9,50). 8) No nos dejes caer en la tentaci\u00f3n: \u00abPedro contest\u00f3: T\u00fa eres el mec\u00ed\u00adas. Y Jes\u00fas les orden\u00f3 que no se lo dijeran a nadie\u00bb (Mc 8,29-39). 9) L\u00ed\u00adbranos del mal: \u00abNo te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal\u00bb (Jn 17,15). 10) Oraci\u00f3n y existencia cristianas: \u00abMar\u00ed\u00ada&#8230;, sentada a los pies del Se\u00f1or, escuchaba sus palabras\u00bb (Lc 10,39).<\/p>\n<p>Las diez panor\u00e1micas tem\u00e1ticas del padrenuestro, como f\u00e1cilmente se comprende, est\u00e1n constituidas por la invocaci\u00f3n y las siete peticiones que articulan la expresi\u00f3n eclesial del padrenuestro. Se a\u00f1ade una primera tem\u00e1tica que sit\u00faa al padrenuestro en el contexto de la vida y de la oraci\u00f3n de Jes\u00fas, como nos lo indican las tradiciones evang\u00e9licas de Mateo y de Lucas. La \u00faltima de las sugerencias tem\u00e1ticas plantea las significativas interrelaciones de la existencia humana y la oraci\u00f3n cristiana en la vida de todo creyente.<\/p>\n<p>Cada vez que, como adultos, una comunidad cristiana o un seguidor de Jes\u00fas se acercan al padrenuestro, o lo proclaman conscientemente, o lo estudian sistem\u00e1ticamente seg\u00fan las panor\u00e1micas tem\u00e1ticas sugeridas, en sus corazones contemplativos se dibujar\u00e1 alguno de estos interrogantes: \u00bfqu\u00e9 leemos?, \u00bfqu\u00e9 queremos decir?, \u00bfc\u00f3mo lo interpretamos?, \u00bfqu\u00e9 nos dice a nosotros en este contexto de la historia?, \u00bfc\u00f3mo nos atrevemos a expresarlo con la vida?, \u00bfqu\u00e9 se desea cambiar?, \u00bfesperamos que el deseo se torne realidad para todos?&#8230; El catequista, animador y hermano de los adultos, encontrar\u00e1 entre estas preguntas el hilo invisible de la pedagog\u00ed\u00ada religiosa y las din\u00e1micas de procedimiento que en cada catequesis llenen de sentido la vida, la fe y la esperanza del creyente. Quiz\u00e1 estos tres interrogantes, y por este orden, sirvan como pasos metodol\u00f3gicos para cada panor\u00e1mica tem\u00e1tica: 1) \u00bfQu\u00e9 leemos en la Palabra, en la tradici\u00f3n&#8230; y c\u00f3mo lo interpretamos?; 2) \u00bfQu\u00e9 nos dice a nosotros en nuestro contexto existencial o c\u00f3mo se actualiza esta palabra hoy?; 3)\u00bfPor qu\u00e9 nos atrevemos a expresarlo o compartirlo o celebrarlo o vivirlo?<br \/>\nEste itinerario catequ\u00e9tico que se acaba de esbozar en las l\u00ed\u00adneas precedentes, puede enriquecerse y, sobre todo, completarse, desarrollarse e, incluso, aplicarse siguiendo las acertad\u00ed\u00adsimas propuestas del trabajo realizado durante dos a\u00f1os en la Escola de teolog\u00ed\u00ada de T\u00e1rrega bajo la animaci\u00f3n de Ferr\u00e1n Manresa6.<\/p>\n<p>Para este itinerario catequ\u00e9tico, estructurado en las diez panor\u00e1micas tem\u00e1ticas, conviene estar equipado en todo momento de la cercan\u00ed\u00ada de la Sagrada Escritura, los documentos del Vaticano II, el CCE (2759-2865) y algunos comentarios b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gicos del padrenuestro por los que se tenga especial estima.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Invito al lector, como primer ejercicio de motivaci\u00f3n, a acercarse y hojear, al menos una vez, S. SABUGAL, El padrenuestro: catequesis antigua y moderna, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 19943, 13-46. &#8211; 2. Weimar Ausgabe (WA), Martin Luthers Werke, Kritische Ausgabe, vol. 38, 364. &#8211; 3. U. Luz, El evangelio seg\u00fan san Mateo 1, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1993, 472. &#8211; 4. S. SABUGAL, o.c., 18. &#8211; 5. IRURE M., Padrenuestros, CCS, Madrid 1996, 3. &#8211; 6. Estas propuestas han sido publicadas en la colecci\u00f3n Praxis de Cuadernos Institut de Teologia Fonamental de St. Cugat del Vall\u00e9s (Barcelona), con el t\u00ed\u00adtulo Padre Nuestro.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., El Padrenuestro, Biblia y Fe 25 (enero-abril 1983); ALEIXANDRE D., Orar con el padrenuestro, Proyecto Catequista 6-21 (octubre 1985-mayo 1987); ALONSO D\u00ed\u008dAZ J., Teolog\u00ed\u00ada del Padre nuestro, Casa de la Biblia, Madrid 1967; BONNARD P., Evangelio seg\u00fan san Mateo, Cristiandad, Madrid 1983, 129-139; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, Edice, Madrid 1999; ESPINEL J. L., El Padre nuestro, Ciencia Tomista 403 (1997) 205-220; HARING B., El padrenuestro. Alianza, plegaria, programa de vida, PPC, Madrid 1996; IRURE M., Padrenuestros, CCS, Madrid 1996; Luz U., El evangelio seg\u00fan san Mateo 1, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1993, 465-494; MANRESA F., Padre nuestro, Cristianisme i Justicia, Barcelona 1989; MART\u00ed\u008dN NIETO E., El Padre nuestro. La oraci\u00f3n de la utop\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1995; PoUILLY J., Dios, nuestro Padre. La revelaci\u00f3n de Dios Padre y el padrenuestro, Verbo Divino, Estella 1990; SALAS A., El padrenuestro, Biblia y Fe, Madrid 1994; SCHWEIZER E., El serm\u00f3n de la monta\u00f1a, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1990, 81-98; TARE H. J. DE, El Padrenuestro&#8230; Un itinerario b\u00ed\u00adblico, Narcea, Madrid 1994.<\/p>\n<p>Carmelo Bueno Heras<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Orientaci\u00f3n exeg\u00e9tica &#8211; II. Padre (iAbbal) &#8211; lll. Que est\u00e1s en los cielos &#8211; IV. Santificado sea tu nombre &#8211; V. Venga tu reino &#8211; VI. H\u00e1gase tu voluntad as\u00ed\u00ad en la tierra como en el cielo &#8211; VII. El pan nuestra de cada d\u00ed\u00ada d\u00e1nosle hoy &#8211; VIII. Y perd\u00f3nanos nuestras deudas &#8211; IX. As\u00ed\u00ad como nosotros perdonamos a nuestros deudores &#8211; X. Y no nos dejes caer en la tentaci\u00f3n &#8211; XI. Mas l\u00ed\u00adbranos del mal (maligno) &#8211; XII. El Padrenuestro, oraci\u00f3n universal.<\/p>\n<p>I. Orientaci\u00f3n exeg\u00e9tica<br \/>\nLa oraci\u00f3n del Padrenuestro, ense\u00f1ada por Jes\u00fas a sus disc\u00ed\u00adpulos, se halla en los evangelios en una doble redacci\u00f3n: la de Mateo (6,9-13) y la de Lucas (11,2-4). En ambas se inserta en el conjunto de las ense\u00f1anzas que Jes\u00fas imparte a sus disc\u00ed\u00adpulos acerca del modo de orar&#8217;. Mateo, despu\u00e9s de haber presentado a Jes\u00fas en escena, y desde el monte, como nuevo Mois\u00e9s promulga la Nueva Ley: las Bienaventuranzas (5,1-12), que exigen una serie de actitudes, un nuevo estilo de ser: \u00abHab\u00e9is o\u00ed\u00addo que se dijo a los antepasados&#8230; Pues yo os digo\u00bb (5,21-22.27-28.31.32.33.34, etc.). Todo el pre\u00e1mbulo de la narraci\u00f3n del Padrenuestro habla de una nueva forma de actuar; cuanto le sigue confirma este nuevo estilo 4. Y en medio de este peque\u00f1o evangelio se inserta en la plegaria que los hijos de la Ley Nueva van a dirigir a su Dios, a quien cambiar\u00e1n el nombre, porque la primicia gozosa aportada por Jes\u00fas arranca de \u00e9l mismo. Un Dios nuevo (Abba), una oraci\u00f3n nueva (el Padrenuestro) y una \u00e9tica nueva: \u00abPorque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrar\u00e9is en el Reino de los Cielos\u00bb (Mt 5,20). Toda esta secci\u00f3n. en la que viene incrustada la oraci\u00f3n dominical, se extiende desde el cap\u00ed\u00adtulo quinto hasta el octavo, delimitada por una clara inclusi\u00f3n: \u00abViendo la muchedumbre, subi\u00f3 al monte, se sent\u00f3 y sus disc\u00ed\u00adpulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les ense\u00f1aba diciendo&#8230;\u00bb (Mt 5,1). \u00abCuando baj\u00f3 del monte, fue sigui\u00e9ndole una gran muchedumbre\u00bb (Mt 8,1). Al modo de Mois\u00e9s, Jes\u00fas proclama una Ley: la del Evangelio. Esa Ley anuncia un Dios, un culto y una \u00e9tica, hasta ahora desconocidos.<\/p>\n<p>No es el momento de se\u00f1alar la vinculaci\u00f3n tan estrecha que deja entrever el evangelio de Mateo entre la oraci\u00f3n y las actitudes que la deben acompa\u00f1ar, pero s\u00ed\u00ad de no pasarla por alto. El Padrenuestro s\u00f3lo puede brotar de un coraz\u00f3n nuevo, al igual que ese coraz\u00f3n limpio y transparente es el que se suplica en la oraci\u00f3n de Jes\u00fas\u00c2\u00b0.<\/p>\n<p>Lucas, por su parte, sit\u00faa el enclave de esta ense\u00f1anza en la respuesta de Jes\u00fas a la s\u00faplica de uno de sus disc\u00ed\u00adpulos que le pide un modelo oracional: \u00abY sucedi\u00f3 que estando \u00e9l orando en cierto lugar, cuando termin\u00f3, le dijo uno de sus disc\u00ed\u00adpulos: Se\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar&#8230;\u00bb (11,1). Aconteci\u00f3 esto en la larga marcha lucana de Jes\u00fas hacia Jerusal\u00e9n. En Mateo precede una introducci\u00f3n explicativa (6,5-8), en la que se resalta la cercan\u00ed\u00ada del Padre con respecto a sus disc\u00ed\u00adpulos; en cambio, en Lucas va seguida de un ep\u00ed\u00adlogo con similar contenido al de la introducci\u00f3n mateana, pero a\u00f1adiendo al amor del Padre el de la amistad (11,5-13). Por el contexto se infiere que la oraci\u00f3n dominical va a ser presentada como t\u00ed\u00adpicamente cristiana.<\/p>\n<p>El Padrenuestro refleja claramente el pensamiento de Jes\u00fas sobre la oraci\u00f3n, aunque es imposible hoy determinar con precisi\u00f3n sus palabras exactas. Parece que la f\u00f3rmula de Lucas se aproxima m\u00e1s que la de Mateo a la expresi\u00f3n original, bien que en este punto a\u00fan no se ha llegado a la unanimidad entre los exegetas. Aunque sustancialmente las dos redacciones son coincidentes, existen diferencias que orientan en ciertos aspectos la oraci\u00f3n hacia perspectivas distintas. Lucas omite, en la invocaci\u00f3n al Padre, el posesivo nuestro y la determinaci\u00f3n que est\u00e1s en los cielos, as\u00ed\u00ad como las siguientes frases: h\u00e1gase tu voluntad as\u00ed\u00ad en la tierra como en el cielo; mas l\u00ed\u00adbranos del mal (maligno); adem\u00e1s, cambia d\u00e1nosle hoy (chis s\u00e9meron) por d\u00e1ndonoslo cada d\u00ed\u00ada (d\u00ed\u00addou to kath em\u00e9ran).<\/p>\n<p>La versi\u00f3n de Mateo prevaleci\u00f3 en la liturgia de la Iglesia, y en algunos c\u00f3dices y leccionarios suplant\u00f3 a la tradici\u00f3n lucana. Sin \u00e1nimo concordista, hay que sostener que los dos textos se necesitan y complementan mutuamente y nos introducen en el misterio original de la plegaria de Jes\u00fas. Por ello nosotros, aunque estructuremos nuestra reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el texto de Mateo, tendremos tambi\u00e9n en cuenta las perspectivas de Lucas.<\/p>\n<p>A lo largo de los siglos los cristianos han descubierto en esta admirable oraci\u00f3n todo cuanto hab\u00ed\u00adan so\u00f1ado suplicar a su Dios y jam\u00e1s se han cansado de encomiarla. Ya Tertuliano la defini\u00f3 como \u00abBreviarium totius evangelii\u00bb. Y santo Tom\u00e1s, haciendo suyo el pensamiento agustiniano, escribi\u00f3: \u00abLa oraci\u00f3n del Se\u00f1or es perfect\u00ed\u00adsima; porque, como dice san Agust\u00ed\u00adn, si oramos recta y congruentemente, nada absolutamente podemos decir que no est\u00e9 contenido en esta oraci\u00f3n. Porque como la oraci\u00f3n es como un int\u00e9rprete de nuestros deseos ante Dios, solamente podemos pedir con rectitud lo que rectamente podemos desear. Ahora bien, en la oraci\u00f3n dominical no s\u00f3lo se piden todas las cosas que rectamente podemos desear, sino hasta por el orden mismo con que hay que desearlas; y as\u00ed\u00ad esta oraci\u00f3n no s\u00f3lo nos ense\u00f1a a pedir, sino que informa y rectifica todos nuestros afectos y deseos\u00bb. Santa Teresa, por su parte, escribe admirada: \u00abEs cosa espantosa cu\u00e1n subida en perfecci\u00f3n es esta oraci\u00f3n evangelical, bien como el Maestro que nos la ense\u00f1a&#8230; Espant\u00e1bame yo hoy hallando aqu\u00ed\u00ad en tan pocas palabras toda la contemplaci\u00f3n y perfecci\u00f3n metida, que parece no hemos menester otro libro, sino estudiar en \u00e9ste\u00bb. Un conocido escriturista de nuestros d\u00ed\u00adas, que ha estudiado a fondo la oraci\u00f3n del Se\u00f1or, comenta: \u00abSi pretendi\u00e9semos recapitular en una expresi\u00f3n los misterios inagotables que encierran las pocas frases del Padrenuestro, la m\u00e1s apropiada ser\u00ed\u00ada una que ha ocupado notablemente la investigaci\u00f3n neotestamentaria de los \u00faltimos decenios: escatolog\u00ed\u00ada en realizaci\u00f3n\u00bb (J. Jerem\u00ed\u00adas).<\/p>\n<p>II. Padre (\u00c2\u00a1Abba!)<br \/>\nLa oraci\u00f3n que Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos es ante todo una invocaci\u00f3n o, mejor, una explosi\u00f3n incontenible de gozo y alabanza: \u00c2\u00a1Abba! Todas las oraciones que se nos han conservado del Se\u00f1or comienzan por esta palabra. Aunque muchos siglos antes de \u00e9l, en las diversas religiones, Dios fue invocado ya con el t\u00ed\u00adtulo de Padre, hay que convenir en que dicho t\u00e9rmino estaba en relaci\u00f3n con el de creador. Esto mismo suced\u00ed\u00ada en Israel. El mero hecho de que en el AT se denomine al pueblo de Dios, Israel, primog\u00e9nito entre todos los pueblos, significa que vinculaban su filiaci\u00f3n a la creaci\u00f3n-elecci\u00f3n. En muchos de los textos que poseemos en este sentido, si se leen con la debida detenci\u00f3n, podr\u00e1 observarse que la paternidad atribuida a Yahv\u00e9 est\u00e1 hondamente marcada por la idea de soberan\u00ed\u00ada (Mal 1,6). Sin embargo, no se puede pasar por alto que existen pasajes -muy pocos- en los que se sit\u00faa la paternidad divina en gran proximidad afectiva con su pueblo. Escribe Oseas: \u00abCuando Israel era ni\u00f1o, yo lo am\u00e9&#8230; Yo ense\u00f1\u00e9 a Efra\u00ed\u00adm a caminar, tom\u00e1ndole por los brazos&#8230; con cuerdas humanas los atra\u00ed\u00ada, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a un ni\u00f1o contra su mejilla, me inclinaba hacia \u00e9l y le daba de comer\u00bb (11,1.3-4). No menos expl\u00ed\u00adcito es Jerem\u00ed\u00adas: \u00ab\u00bfEs un hijo tan querido para m\u00ed\u00ad Efra\u00ed\u00adm, o ni\u00f1o tan mimado, que tras haberme dado tanto que hablar tenga que recordarle todav\u00ed\u00ada? Pues, en efecto, se han conmovido mis entra\u00f1as por \u00e9l; ternura hacia \u00e9l no ha de faltarme\u00bb (31,20). \u00abA pesar de todos estos textos conmovedores, el nombre padre dado a Dios no es determinanteen el presenta Generalmente la palabra padre se presenta como apelativo de Se\u00f1or&#8230; La relaci\u00f3n se siente a partir de todo el pueblo, y no tanto a partir de cada persona\u00bb&#8217;.<\/p>\n<p>Su gran sentido de la trascendencia imped\u00ed\u00ada al israelita ahondar individualmente en la idea de paternidad divina, no pasando m\u00e1s all\u00e1 de la predilecci\u00f3n de Yahv\u00e9 para con su pueblo. Parece seguro que Jes\u00fas utiliz\u00f3 un t\u00e9rmino propio para designar a Dios: \u00abAbba\u00bb (Mc 14.36: G\u00e1l 4,6: Rom 8,15)\u00bb. El hecho de que en el NT se haya conservado esta palabra aramea, deja suponer que los autores no encontraron otra que tradujera adecuadamente su contenido.<\/p>\n<p>Jes\u00fas se ha sentido vinculado a Dios con tal intensidad, que s\u00f3lo lo ha podido expresar utilizando la categor\u00ed\u00ada de filiaci\u00f3n. El no habla del Padre porque lo sea de Israel o del mundo, sino que a ese Dios que los otros confiesan creador o redentor (goel), \u00e9l le siente como Padre. En esta confesi\u00f3n intensa de Jes\u00fas se vislumbra el mismo misterio trinitario. S\u00f3lo desde ah\u00ed\u00ad podr\u00e1 exclamar y sentir: \u00abTodo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar\u00bb (Mt 11,27).<\/p>\n<p>La conciencia humana de Jes\u00fas se siente trascendida y ensanchada por esta experiencia en la que se percibe originado en Dios ontol\u00f3gica y afectivamente: es el unig\u00e9nito y predilecto. Esto le imposibilitaba el dirigirse a Dios con los t\u00e9rminos comunes; ni siquiera con las f\u00f3rmulas sacrales de los profetas pod\u00ed\u00ada expresar su interioridad. Su experiencia de filiaci\u00f3n desbordaba todo el contenido de la Biblia. S\u00f3lo la palabra Abba lograba transmitir lo que le acontec\u00ed\u00ada cuando miraba a Dios. \u00abAbba es sin duda -escribe un autor de nuestros d\u00ed\u00adas- la palabra teol\u00f3gicamente m\u00e1s densa de todo el NT, ya que ella nos revela el misterio \u00faltimo de Jes\u00fas, que al atreverse a llamar a Dios con este t\u00e9rmino denotador de la familiaridad m\u00e1s absoluta, nos ha entregado su propia autoconciencia y con ello el secreto de su ser.<\/p>\n<p>La comunidad primitiva siempre tuvo conciencia de esta intimidad de Jes\u00fas con Dios. Por ello, cuando pone en sus labios el t\u00e9rmino Padre, suele a\u00f1adirle el posesivo m\u00ed\u00ado (Jn 20,17), nunca nuestro. De este modo Dios quedaba definido como el Padre de Jes\u00fas. En adelante, Dios no podr\u00e1 expresarse sino en relaci\u00f3n con Cristo; y esto en una doble vertiente: desde \u00e9l, no se revelar\u00e1 m\u00e1s que a trav\u00e9s de Jes\u00fas; y desde nosotros, que no podremos definirle y describirle sin referencia a la historia del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Tanto Mateo como Lucas, que nos han transmitido los evangelios de la infancia, han querida poner de relieve que los or\u00ed\u00adgenes de Jes\u00fas son trascendentes: viene de Dios (Mt 1,1-25; Lc 1,26-38; 2,1-38). Esa exclamaci\u00f3n al Padre no es fruto s\u00f3lo de una experiencia prof\u00e9tica intensa de intimidad con \u00e9l, sino que su unidad es tan estrecha que alcanza a su propia ontolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Lucas resalta que uno de los disc\u00ed\u00adpulos interrog\u00f3 a Jes\u00fas acerca de la oraci\u00f3n mientras el Se\u00f1or estaba orando (Lc 11,1), quien al terminar le dio la respuesta. \u00bfCarecer\u00e1 de importancia este detalle? Creemos que no. Posiblemente el evangelista pretende insinuar que Jes\u00fas instant\u00e1neamente, sin un momento de reflexi\u00f3n, transmiti\u00f3 al disc\u00ed\u00adpulo la experiencia en que se hallaba inmerso: \u00ab\u00c2\u00a1Padre! (Abba), santificado sea tu Nombre&#8230;\u00bb. En este sentido, huelga el a\u00f1adido nuestro de Mateo, aunque en aquel evangelio el posesivo no deje de tener sentido, como veremos. Jes\u00fas transmite su mismo modo de orar o, mejor, su oraci\u00f3n, y le dice al disc\u00ed\u00adpulo, que le ha contemplado en actitud orante y que probablemente ha escuchado su plegaria, que \u00e9l puede hacer otro tanto. El cristiano podr\u00e1 orar con los mismos sentimientos y palabras de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino usado por el Se\u00f1or para dirigirse a Dios es un vocablo lleno de ternura y cercan\u00ed\u00ada, el mismo que \u00fatilizaban los ni\u00f1os peque\u00f1itos para dirigirse al padre. Aunque el \u00ababba\u00bb no era exclusivo de los ni\u00f1os, como ha descubierto recientemente J. Jeremias, denotaba siempre cari\u00f1o y proximidad con el progenitor. Con esta preciosa palabra Jes\u00fas abr\u00ed\u00ada una brecha en el misterio de Dios. A partir de ahora, Dios quedaba esencialmente orientado al hombre en la l\u00ed\u00adnea de la ternura. Esta experiencia del Maestro pas\u00f3 a los cristianos, que no la pod\u00ed\u00adan sentir sin infinita conmoci\u00f3n. Pablo lo testifica asombrado: \u00abDios ha enviado a nuestros corazones el Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo, que clama: \u00c2\u00a1Abba, Padre!\u00bb (G\u00e1l 4,6).<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n a\u00f1adi\u00f3 Mateo el posesivo nuestro: Padre nuestro. Porque, adem\u00e1s de su preocupaci\u00f3n lit\u00fargica, la paternidad de Dios se extiende a todos aquellos que acogen y llevan a la pr\u00e1ctica las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas, que participan de su Esp\u00ed\u00adritu, el \u00fanico que puede suscitar en nosotros y hacernos sentir esta inaudita experiencia de filiaci\u00f3n, como acabamos de escuchar a Pablo.<\/p>\n<p>La palabra Padre revela la cercan\u00ed\u00ada y proximidad de Dios, su ternura para con el hombre y su cuidado. \u00abMirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan. ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. \u00bfNo val\u00e9is vosotros m\u00e1s que ellas?\u00bb (Mt 6,26). Los evangelios presentan al Padre tan cercano al disc\u00ed\u00adpulo, que parece que siempre le est\u00e1 mirando: \u00abT\u00fa, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que est\u00e1 all\u00ed\u00ad. en lo secreto\u00bb (Mt 6.17-18). Es m\u00e1s, se nos avisa de que no seamos locuaces en la oraci\u00f3n, pues \u00e9l sabe todo lo que necesitamos (Mt 6,7-8). Todos los hermosos textos del NT que ponen de manifiesto esa proximidad afectiva de Dios para con los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, sus hijos, quedan plasmados en una frase: \u00abConfiadle todas vuestras preocupaciones, pues \u00e9l cuida de vosotros\u00bb (1 Pe 5.7). Nuestra filiaci\u00f3n divina quiz\u00e1 sea la aportaci\u00f3n m\u00e1s grandiosa de todo el NT\u00bb.<\/p>\n<p>Cuanto venimos diciendo pone en cuesti\u00f3n si el t\u00e9rmino Padre es la palabra m\u00e1s precisa para traducir a nuestro mundo la experiencia y revelaci\u00f3n de Jes\u00fas. Desde esa connotaci\u00f3n de proximidad, ternura y confianza que emergen del t\u00e9rmino Abba, posiblemente su traducci\u00f3n m\u00e1s cercana consistir\u00ed\u00ada en la invocaci\u00f3n de Dios como Madre. Es posible que la imagen de Dios que nos revel\u00f3 Jes\u00fas se exprese aptamente en la relaci\u00f3n de confianza y gozo del ni\u00f1o en brazos de la madre, en cuyo seno materno se ha generado, as\u00ed\u00ad como en la dependencia afectiva de la madre con respecto a su tierno reto\u00f1o, al que siente como un trozo de su mismo ser. Se trata desde luego de una imagen-s\u00ed\u00admbolo, aproximativa s\u00f3lo de la cercan\u00ed\u00ada del trascendente Yahv\u00e9 con respecto a su criatura. Esta figura maternal de Dios no es ajena a la Biblia, ni a la doctrina de la Iglesia ; no era viable. sin embargo, en una cultura masculinizada y con tantos prejuicios hacia lo femenino. S\u00f3lo era posible enunciarla por modo de excepci\u00f3n. En la m\u00ed\u00adstica cristiana nunca ha desaparecido el intento de contemplar al Padre trascendente bajo la figura de una tierna mujer que amamanta, acaricia y lleva de la mano a su hijo. El gran destructor de sensibler\u00ed\u00adas espirituales, Juan de la Cruz, discretamente la ha insinuado.<\/p>\n<p>El posesivo nuestro de Mateo nos introduce en ese misterio de filiaci\u00f3n, participada por todos los bautizados. El mismo Cristo al final de los tiempos se identificar\u00e1 con cada uno de los suyos (Mt 25,31-46). \u00abTodos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jes\u00fas\u00bb, escribir\u00e1 Pablo (G\u00e1l 3,26). Hecho que fue previsto por el Padre: \u00abEligi\u00e9ndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo\u00bb (Ef 1,5). Ser\u00ed\u00ada interminable la lista de textos que proclaman esta realidad. En la invocaci\u00f3n de cada uno a Dios como Padre se reconoce la fraternidad de todos aquellos que se han acogido a la gracia de Cristo (G\u00e1l 4,4-7). De este modo. el Padrenuestro rezado en privado suena a comunitario, porque lleva escondida en su misma esencia la dimensi\u00f3n universal de la paternidad de Dios.<\/p>\n<p>Bell\u00ed\u00adsimo el comentario de Teresa de Jes\u00fas: \u00ab\u00c2\u00a1Oh hijo de Dios y Se\u00f1or m\u00ed\u00ado! \u00bfC\u00f3mo dais tanto junto a la primera palabra?&#8230; Pues en siendo Padre nos ha de sufrir, por graves que sean las ofensas. Si nos tornamos a \u00e9l como el hijo pr\u00f3digo. llanos de perdonar, hanos de consolar&#8230; llanos de regalar, hanos de sustentar\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>III. Que est\u00e1s en los cielos<br \/>\nCircunloquio semita equivalente a celestial, muy caracter\u00ed\u00adstico de Mateo. Vendr\u00ed\u00ada a significar: Padre Dios o Padre Yahv\u00e9. El Dios de Jes\u00fas y el de los cristianos es el Yahv\u00e9 trascendente, que ahora se ha manifestado en perspectivas de cercan\u00ed\u00ada. A su vez ese ep\u00ed\u00adteto -que est\u00e1s en los cielos- recordar\u00ed\u00ada al cristiano que, si bien Dios se ha aproximado tanto al hombre, ello no significa que no sea el Otro, el Trascendente, el Misterio. La espiritualidad cristiana siempre ha sabido conjugar admirablemente la piedad filial con el santo temor de Dios. La proximidad y la filantrop\u00ed\u00ada del Padre produce en el hombre el temor de ofenderle y el miedo de perderlo. Tambi\u00e9n le recordar\u00e1 que porque \u00e9l est\u00e1 en la tierra y el Padre en el cielo, los juicios de ambos no ser\u00e1n siempre coincidentes, pues Dios sigue caminos de eternidad y nosotros de tiempo. Por eso se nos proh\u00ed\u00adbe expresar su ternura para con nosotros en meras categor\u00ed\u00adas terrenas. La confianza del hijo se ha de manifestar muchas veces en la aparente actuaci\u00f3n de Dios al margen de su amor para con el hombre. Los lectores de Mateo no necesitaban en este sentido muchas explicaciones, pues el predilecto hab\u00ed\u00ada sido abandonado, entre terribles tormentos y oscuridades en el suplicio de la cruz, a la ira de sus enemigos. La ternura del Padre no desplaza su misterio ni lo vulgariza a la simple comprensi\u00f3n humana.<\/p>\n<p>IV. Santificado sea tu nombre<br \/>\nEn el lenguaje de la Biblia, el nombre expresa la realidad \u00ed\u00adntima de la persona. Conocer el nombre es entrar en el misterio de quien lo lleva e incluso dominarlo. Discuten los exegetas si cuando Dios revel\u00f3 a Mois\u00e9s el tetragrammton sagrado YHWH, quiso manifestarle su nombre o m\u00e1s bien darle una evasiva. De todos modos, los jud\u00ed\u00ados lo entendieron como una manifestaci\u00f3n del secreto de Yahv\u00e9; por ello nunca se atrevieron a pronunciarlo y en su lugar hac\u00ed\u00adan otras lecturas.<\/p>\n<p>Es costumbre en la Biblia que casi siempre que se escoge a una persona para una misi\u00f3n especial, se le cambie el nombre por otro que explique su nueva dimensi\u00f3n o funci\u00f3n en el pueblo. As\u00ed\u00ad aconteci\u00f3 con Abrah\u00e1n (G\u00e9n 17,5), con Jacob (G\u00e9n 32,29), con Pedro (Mt 16,18), etc.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad Jes\u00fas pide al Padre que sea santificado su nombre, es decir, Dios mismo. Pero \u00bfqu\u00e9 quiere decir santificar? La Biblia entiende por santidad una cualidad exclusiva de la divinidad que puede ser participada por la criatura. En este sentido, santificar una cosa equivale a sacarla de su uso profano y orientarla y reservarla para Yahv\u00e9. Pero no es posible que Jes\u00fas pida al Padre que su nombre, o sea, \u00e9l mismo se reserve para s\u00ed\u00ad, lo que ser\u00ed\u00ada un contrasentido. Por ello muchos entienden santificar por exaltar, al modo como la oraci\u00f3n jud\u00ed\u00ada qaddish lo hac\u00ed\u00ada y como parece deducirse de algunos textos b\u00ed\u00adblicos en los que se santifica el nombre de Yahv\u00e9 d\u00e1ndole culto y siguiendo su Ley (Lv 22,31-52) o reconociendo su manifestaci\u00f3n en la creaci\u00f3n y en la historia (N\u00fam 20,12; Dt 32,15-17; Is 29,23). Resumiendo estos conceptos se Puede decir que santificar el nombre de Yahv\u00e9 significa vivir conforme a su alianza y preceptos y, desde esa vivencia y sumisi\u00f3n, proclamar que se ha manifestado en la historia de Israel.<\/p>\n<p>Cuando Jes\u00fas pide que sea santificado el nombre de Dios, dice algo m\u00e1s y lo mismo. Algo m\u00e1s porque el nombre que \u00e9l predica de Dios ya no es el de Israel, es el \u00abAbba\u00bb. Santificar su nombre significa que todos los hombres le acepten como Padre, que se acerquen a \u00e9l desde esta filiaci\u00f3n y que lo proclamen as\u00ed\u00ad. Santifican su nombre, seg\u00fan esto, aquellos que acogen a Dios como el Padre de Jes\u00fas y de los hombres. El Se\u00f1or ora y exhorta a hacer lo mismo a sus disc\u00ed\u00adpulos para que Dios se revele como Abba, es decir, que manifieste su reino sobre todos (Mt 18,4; Lc 18,17), el reino que se hace presente ya en Jes\u00fas y que los hombres rechazan. La petici\u00f3n siguiente no ser\u00e1 sino una explicaci\u00f3n de \u00e9sta. El nuevo nombre de Dios es \u00abAbba\u00bb y lo santifica o exalta aquel que lo comprende as\u00ed\u00ad y se vive con respecto a Dios desde la filiaci\u00f3n. Por ello a nuevo nombre se impone nuevo estilo de santificaci\u00f3n del mismo. De este modo todo va constituyendo una novedad en el Padrenuestro.<\/p>\n<p>V. Venga tu reino<br \/>\nM\u00e1s que de reino, por el contexto se infiere que se trata de reinado. Es el reinado de Dios sobre aquellos que aceptan la persona de su mensajero, Jes\u00fas, que revela en el tiempo el proyecto eterno de Dios, concebido desde la eternidad y que ahora ha alcanzado ya su plenitud (Ef 1,4; 1 Cor 2,7; G\u00e1l 4,4). Consiste el reinado de Dios en su se\u00f1or\u00ed\u00ado sobre cada uno de los hombres cuando \u00e9stos le dan culto con la \u00e9tica ense\u00f1ada por Jes\u00fas y le confiesan y proclaman como Abba. El reino se halla en tensi\u00f3n, pues est\u00e1 ya presente, pero todav\u00ed\u00ada no se ha manifestado en todo su esplendor. \u00abVenga tu reino\u00bb es la s\u00faplica de quien pide que lo que ha comenzado Dios a manifestar en Jes\u00fas se consume, y la petici\u00f3n del mismo Jes\u00fas de que Dios o, mejor, el Padre siga con su plan adelante, que se manifieste a todos como Padre, que el hombre no se considere ya extra\u00f1o ni forastero, porque es familiar de Dios (Ef 2,19-22). La oraci\u00f3n dominical lleva en s\u00ed\u00ad dimensiones individuales y sociales, pues la transformaci\u00f3n del cristiano, que suplica que la verdad de Jes\u00fas se haga vida en \u00e9l (Jn 16,13), conducir\u00ed\u00ada a la sociedad entera hacia su consumaci\u00f3n. El reinado de Dios toca primero el coraz\u00f3n del hombre, al que invita a la conversi\u00f3n, y desde all\u00ed\u00ad alcanza el cosmos.<\/p>\n<p>Para aceptar este reinado de Dios hay que hacerse como ni\u00f1os (Mc 10,15), naciendo de nuevo y de lo alto (Jn 3,3). No se olvide que Jes\u00fas ha comenzado su oraci\u00f3n afirmando que Dios es Padre, lo que significa que solamente acoger\u00e1 agradecido las s\u00faplicas de quienes se dirigen a \u00e9l consider\u00e1ndole como tal, es decir, orando con actitud de hijos. Desde esa confianza que significa proclamarle Abba se le puede pedir la vida nueva que \u00e9l promete y anuncia, e incluso en un momento de audacia la consumaci\u00f3n final, \u00abporque yo os aseguro: si ten\u00e9is fe como un grano de mostaza, dir\u00e9is a este monte: &#8216;Despl\u00e1zate de aqu\u00ed\u00ad all\u00e1&#8217;, y se desplazar\u00e1, y nada os ser\u00e1 imposible\u00bb (Mt 17,20).<\/p>\n<p>En el primer estadio de composici\u00f3n de la oraci\u00f3n dominical, la petici\u00f3n iba orientada a que Dios llevara adelante su proyecto salvador sobre Jes\u00fas: despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, bajo la iluminaci\u00f3n interior del Esp\u00ed\u00adritu, los evangelios abr\u00ed\u00adan a\u00fan m\u00e1s las expectativas del reino: se ped\u00ed\u00ada que se consumara en nosotros aquello que ya se hab\u00ed\u00ada verificado en la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. El \u00abMarana tha\u00bb (1 Cor 16,22) es un grito de fe y un anhelo de esperanza cristol\u00f3gicos. S\u00f3lo con esta vuelta de Jes\u00fas se implantar\u00e1 de verdad el reinado de Dios, porque \u00fanicamente \u00e9l puede reinar cuando sea todo en todos (1 Cor 15,28). Dios reinar\u00e1 celebrando las bodas de su Hijo con la humanidad (Mt 25,6). Pero el reinado se anticipa cuando el disc\u00ed\u00adpulo percibe que le invaden los sentimientos de Jes\u00fas (Flp 2,5), practica las bienaventuranzas (Mt 5,1-12) y se siente impelido a invocar a Dios como Abba (G\u00e1l 4,6). \u00abY, en fin, dicho de modo completamente realista -escribe R. Guardini-, el reino de Dios significar\u00ed\u00ada que le perteneci\u00e9ramos, que fu\u00e9ramos en cuerpo y alma propiedad suya\u00bb. La interpretaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica, a su vez, comenta: \u00abEl gran bien que hay en el reino del cielo&#8230; es ya no tener cuenta con cosas de la tierra: un sosiego y gloria en s\u00ed\u00ad mismo, un alegrarse de que se alegren todos, una paz perpetua, una santificaci\u00f3n grande en s\u00ed\u00ad mismos, que les viene de ver que todos santifican y alaban al Se\u00f1or y bendicen su nombre\u00bb (Camino de Perfecci\u00f3n 52, 2).<\/p>\n<p>VI. H\u00e1gase tu voluntad as\u00ed\u00ad en la tierra como en el cielo<br \/>\nEsta petici\u00f3n es exclusiva de Mateo, quien, \u00abremedando probablemente la oraci\u00f3n misma de Jes\u00fas, quiso interpretar el sentido de la petici\u00f3n anterior: el Padre reina sobre quien hace su voluntad. en quien la realiza &#8216;en la tierra&#8217; con la perfecci\u00f3n que los \u00e1ngeles la cumplen &#8216;en el cielo&#8217; . Mateo pretende ense\u00f1arnos que el cristiano conoce que el reino ha venido a \u00e9l si hace la voluntad de Dios, si vive adherido a su proyecto. El hombre ha de someterse al plan de Dios; s\u00f3lo de este modo Dios reina y el reino viene sobre los hombres\u00bb Creemos que cuando Mateo emplea la palabra cielo est\u00e1 pensando en los bienaventurados que viven con Dios. Viven ya en la casa del Padre-Dios-Rey, gozosos y en comuni\u00f3n plena con el querer divino.<\/p>\n<p>Pero \u00bfcu\u00e1l es la voluntad de Dios?; o mejor, \u00bfen qu\u00e9 consiste? La voluntad de Dios es Cristo; y consiste en aceptarle y seguir el camino por \u00e9l trazado: \u00abEste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle\u00bb (Mt 17,6). Tambi\u00e9n Juan parece esclarecernos el misterio de la vida eterna donde los bienaventurados cumplen la voluntad divina: \u00abEsta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el \u00fanico Dios verdadero, y al que t\u00fa has enviado, Jesucristo\u00bb (Jn 17,3).<\/p>\n<p>En la uni\u00f3n con Cristo, el hombre hace la voluntad de Dios. Pero la uni\u00f3n con el Se\u00f1or no s\u00f3lo tiene connotaciones psicol\u00f3gicas. No vale decir: Se\u00f1or, Se\u00f1or (Mt 7,21); es necesario cumplir los mandamientos: \u00abVosotros sois mis amigos si hac\u00e9is lo que yo os mando\u00bb (Jn 15,14). Por otra parte, Jes\u00fas siempre hace lo que agrada a Dios, vive pendiente de su mandato, que es vida eterna. Entramos en comuni\u00f3n con la voluntad de Dios comulgando con la de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En el momento de Jes\u00fas, la petici\u00f3n que comentamos ten\u00ed\u00ada unas caracter\u00ed\u00adsticas muy concretas; iba orientada a que el proyecto mesi\u00e1nico del Padre fuera adelante. Mateo y Lucas nos han recordado c\u00f3mo el tentador quer\u00ed\u00ada desviar el mesianismo del Se\u00f1or y c\u00f3mo Jes\u00fas rechaz\u00f3 la tentaci\u00f3n y proclam\u00f3 que el supremo alimento se halla en la palabra de Dios. Tampoco pasar\u00ed\u00ada por alto a los evangelistas, a la hora de redactar estas frases, la escena de Getseman\u00ed\u00ad en la que Jes\u00fas proclama con su actitud la soberan\u00ed\u00ada de la voluntad del Padre sobre la suya. As\u00ed\u00ad, el cristiano tiene que santificar el nombre de Dios, pleg\u00e1ndose en toda circunstancia a su voluntad; entonces Dios es Padre, su nombre es santificado y su reinado viene.<\/p>\n<p>En la tradici\u00f3n espiritual esta petici\u00f3n resume la esencia de la santidad cristiana. La santidad queda reducida al cumplimiento de esta voluntad. Incluso los grandes m\u00ed\u00adsticos hallar\u00ed\u00adan aqu\u00ed\u00ad el criterio m\u00e1s seguro para determinar la obra de Dios en las personas. Esta misma tradici\u00f3n situar\u00ed\u00ada la voluntad de Dios primeramente en la as\u00ed\u00ad llamada imitaci\u00f3n de Cristo y m\u00e1s tarde en el seguimiento. El cristiano ahora no tiene que mirar al Padre para descubrir su querer, pues en Cristo se ha expresado con toda claridad. \u00abSed imitadores m\u00ed\u00ados como yo lo soy de Cristo\u00bb, escribir\u00ed\u00ada Pablo (1 Cor 11,1). Cristo. pues, es la voluntad de Dios y su expresi\u00f3n viviente. En este mismo sentido y contexto se expresa san Juan de la Cruz: \u00abPorque en darnos como nos dio a su Hijo, que es una palabra suya -que no tiene otra-, todo nos lo habl\u00f3 junto y de una vez\u00bb<br \/>\nVII. El pan nuestro de cada d\u00ed\u00ada d\u00e1nosle hoy<br \/>\nEn este inciso nos encontramos con alguna divergencia entre la tradici\u00f3n de Mateo y la de Lucas. Mateo dice que se nos d\u00e9 hoy (s\u00e9meron) el pan; Lucas, por su parte, especifica que se nos d\u00e9 cada d\u00ed\u00ada (kath em\u00e9ran). Adem\u00e1s, en ambas redacciones nos topamos con una palabra de dif\u00ed\u00adcil traducci\u00f3n y que es pr\u00e1cticamente desconocida fuera del NT. Me estoy refiriendo al calificativo del pan que pedimos, epio\u00fasion. Las versiones de que ha sido objeto se reducen a las siguientes: de cada d\u00ed\u00ada, del ma\u00f1ana, necesario, supersustancial, etc.<\/p>\n<p>Joachim Jeremias, apoyado en la autoridad de san Jer\u00f3nimo, que sostiene que en el Evangelio de los Nazarenos se interpretaba del pan del ma\u00f1ana, acepta esta lectura, y lo interpreta en sentido escatol\u00f3gico: pan de la salvaci\u00f3n. Es indudable que el pan puede significar aqu\u00ed\u00ad el banquete, la comida, etc., y en el NT se alude a este banquete escatol\u00f3gico. A pesar de ello, este autor no niega que no quede impl\u00ed\u00adcito el pan material, el que proporciona al hombre su sustento.<\/p>\n<p>Creo, sin embargo, que no es necesario acudir a tal lectura para llegar a conclusiones similares. Esa palabra extra\u00f1a, introducida intencionadamente por los dos autores para traducir el pensamiento de Jes\u00fas, nos lleva a pensar en un pan especial, cuyo significado se esclarece, a mi parecer, en la respuesta de Jes\u00fas al tentador, que le sugiere precisamente convertir las piedras en pan: \u00abNo s\u00f3lo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios\u00bb (Mt 4,4; Lc 4,4). Jes\u00fas habla del pan de la palabra como verdadero sustento del hombre, pero por ello no descuida el multiplicarlo para dar de comer a quienes se han olvidado de llevarlo por escuchar su evangelio&#8217;. Es el mejor comentario: \u00abNo and\u00e9is, pu\u00e9s, preocupados diciendo: \u00bfQu\u00e9 vamos a comer?, \u00bfqu\u00e9 vamos a beber?, \u00bfcon qu\u00e9 vamos a vestirnos?&#8230; Pues ya sabe vuestro Padre celestial que ten\u00e9is necesidad de todo eso. Buscad primero su reino y su justicia, y todas esas cosas se os dar\u00e1n por a\u00f1adidura. As\u00ed\u00ad que no os preocup\u00e9is del ma\u00f1ana: el ma\u00f1ana se preocupar\u00e1 de s\u00ed\u00ad mismo. Cada d\u00ed\u00ada tiene bastante con su propio mal\u00bb (Mt 6,31-34).<\/p>\n<p>En el pasaje de Mateo, adem\u00e1s del pan material o, mejor, junto con \u00e9l, al mismo tiempo, se pide el espiritual, el reino que viene, la palabra de Dios y el cuerpo de Cristo. Este es el pan necesario. Si s\u00f3lo se pidiera el material, se pod\u00ed\u00ada contradecir al mismo Se\u00f1or, que nos dice que no s\u00f3lo de \u00e9l vive el hombre; si s\u00f3lo el espiritual, habr\u00ed\u00ada lugar para pensar que al Padre no le importa la vida terrena de sus hijos, y se har\u00ed\u00ada una aut\u00e9ntica vivisecci\u00f3n en la existencia humana. En el material, sin duda, se incluye el espiritual, pues es su s\u00ed\u00admbolo. Por consiguiente, aun cuando el disc\u00ed\u00adpulo s\u00f3lo pidiera el pan terreno, si vive en el esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, suspirar\u00ed\u00ada por el del cielo. Un conocido escriturista de nuestros d\u00ed\u00adas nos aclara el enigma: \u00abEl pan de nuestras mesas -escribe-guarda relaci\u00f3n con el &#8216;pan verdadero&#8217;, de manera que los Padres no sab\u00ed\u00adan si hab\u00ed\u00ada que interpretar de aqu\u00e9l o de \u00e9ste aquella petici\u00f3n del Padrenuestro: &#8216;Danos hoy nuestro pan&#8217;. Una comida fraternal no deja de guardar cierta relaci\u00f3n con el banquete del reino, de la misma manera que dos esposos que se aman viven a su manera el misterio de Cristo y de la Iglesia. Toda comuni\u00f3n humana aut\u00e9ntica es un bosquejo de la \u00faltima realidad; es ya el reino en su sombra, que se proyecta anticipadamente, en su realidad esperada. Todas las comidas que Jes\u00fas celebraba con los suyos, con los pecadores, la multiplicaci\u00f3n de los panes entre las turbas que le segu\u00ed\u00adan, todo aquello llevaba consigo el secreto del reino. Sin un vinculo entre los comienzos y la escatolog\u00ed\u00ada, \u00bfhabr\u00ed\u00ada podido Cristo definirse como el verdadero pan, el verdadero esposo? \u00bfHabr\u00ed\u00ada sido el reino el verdadero banquete?\u00bb. Parafraseando el pasaje de Mateo, podemos traducirlo de la siguiente manera: \u00abDanos el pan necesario, vital: tu palabra, tu cuerpo y por a\u00f1adidura el alimento sin el cual no entendemos el evangelio de tu palabra ni el gusto de tu cuerpo\u00bb. Un pan nos invita al otro, y viceversa. No podemos olvidar que, a la hora de redactarse los evangelios, los disc\u00ed\u00adpulos viv\u00ed\u00adan la experiencia del resucitado con gran intensidad.<\/p>\n<p>Lucas parece esclarecer el significado de este vocablo al pedir el pan para cada d\u00ed\u00ada (kath em\u00e9ran), alusi\u00f3n velada a aquel otro pan, el man\u00e1 (Ex 16,4), que el pueblo deb\u00ed\u00ada recoger cada d\u00ed\u00ada. Su mejor comentario se halla en He: \u00abAcud\u00ed\u00adan al templo todos los d\u00ed\u00adas con perseverancia y con un mismo esp\u00ed\u00adritu, part\u00ed\u00adan el pan por las casas y tomaban el alimento con alegr\u00ed\u00ada y sencillez de coraz\u00f3n\u00bb (2,46).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, ambos evangelistas parecen esclarecer su pensamiento al hablar de la eficacia de la oraci\u00f3n. Mateo afirma que el Padre dar\u00e1 bienes a quienes se los pidan (7,11), y Lucas concreta estos bienes en el Esp\u00ed\u00adritu Santo (11,13). El Padrenuestro -oraci\u00f3n de Jes\u00fas- debe expresar su pensamiento central: \u00abBreviarium totius evangelii\u00bb; por eso debe ser le\u00ed\u00addo en el contexto del mismo. En el Evangelio, como hemos visto, los banquetes en general, y principalmente las comidas de Jes\u00fas con sus disc\u00ed\u00adpulos, preanuncian el banquete mesi\u00e1nico. As\u00ed\u00ad ha le\u00ed\u00addo la patr\u00ed\u00adstica este pasaje. Se trata del pan de Dios, que \u00abbaja del cielo y da vida al mundo&#8230; Se\u00f1or, danos siempre de ese pan\u00bb (Jn 6,33-34).<\/p>\n<p>VIII. Y perd\u00f3nanos nuestras deudas<br \/>\nJes\u00fas sabe que el disc\u00ed\u00adpulo puede no responder a las exigencias del reino y a las del Padre, que tan particularmente se le ha revelado. Por ello nos ense\u00f1a la petici\u00f3n del perd\u00f3n. La palabra deudas (opheil\u00e9mata) es un t\u00e9rmino griego que en su sentido cl\u00e1sico equivale a la deuda material. Por el contexto del pasaje, sin embargo, se ve claro que se refiere a la no correspondencia al don de Dios. Por ello Lucas ha preferido denominar este hecho amart\u00ed\u00adas (pecados). El pecado consiste en no haberse dejado guiar siempre por el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas, que, como dijimos, son la ley evang\u00e9lica. La constante invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n deja entrever que el cristiano se halla en un aut\u00e9ntico combate espiritual, del que no siempre sale tan victorioso como ser\u00ed\u00ada de esperar. Tambi\u00e9n la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo manifiesta a las claras esta realidad. Como reconoce el conocido exegeta C. Spicq, todo el NT prev\u00e9 una segunda met\u00e1noia. Estar en deuda con Dios significa no mantener siempre la actitud de hijo, ni comportarse desde la experiencia del Abba, ni haberle imitado \u00abcomo hijos car\u00ed\u00adsimos\u00bb (Ef 5,1-2). No solamente la deuda ha de consistir en la ruptura con el Padre, sino tambi\u00e9n en la disminuci\u00f3n de la intensidad afectiva hacia \u00e9l, porque \u00absi existen grados en la vida (Jn 10,10), es decir, en la gracia (Rom 5,17) y en la caridad (Lc 7.47), los ha de haber tambi\u00e9n en el pecado y en la muerte\u00bb. Gracias a la operaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que hace vivir (2 Cor 3,6), los cristianos \u00abson liberados del pecado y de la muerte\u00bb (Rom 8,2); pero en virtud del foco de concupiscencia que permanece en su carne, cada uno de ellos es un herido, un enfermo o, mejor, un convaleciente que necesita explotar las nuevas fuerzas de que dispone para consumar su liberaci\u00f3n de la amart\u00ed\u00ada\u00bb. De todas estas deficiencias y faltas de amor pedimos al Padre nos perdone. Aunque al principio de este apartado dec\u00ed\u00adamos que la palabra deuda es de origen profano, no es desacertado emplearla aqu\u00ed\u00ad, pues todo nuestro ser le pertenece; cuando nos lo reservamos se lo adeudamos, estamos en deuda con \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>IX. As\u00ed\u00ad como nosotros perdonamos a nuestros deudores<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 quiere decir \u00abas\u00ed\u00ad como nosotros perdonamos\u00bb? \u00bfSer\u00e1 una condici\u00f3n que, de cumplirse, exigir\u00ed\u00ada el perd\u00f3n de Dios? Casi todos los comentaristas se plantean esta cuesti\u00f3n y la resuelven negativamente. No se trata de una condici\u00f3n desvinculada de la acci\u00f3n divina. Esta condici\u00f3n la pone el mismo Dios en el hombre, ayud\u00e1ndole con el auxilio de su gracia a que se abra a su hermano y le acoja. El Evangelio insiste con mucha frecuencia en este perd\u00f3n previo con frases muy similares a esta que comentamos. Con lo cual se ense\u00f1a que el disc\u00ed\u00adpulo que se atreve a pedir perd\u00f3n al Padre para s\u00ed\u00ad, debe \u00e9l, a su vez, tener entra\u00f1as de misericordia para con su hermano; en otros t\u00e9rminos, ha de mostrar para con el otro la misma actitud que le gustar\u00ed\u00ada tuviera el Padre hacia \u00e9l. No puede ser de otro modo, pues, como antes record\u00e1bamos, el disc\u00ed\u00adpulo tiene que imitar al Padre como \u00abhijo car\u00ed\u00adsimo\u00bb (Ef 5,1-2). No se trata, pues, de una condici\u00f3n, sino m\u00e1s bien de una actitud que revela que su plegaria se origina en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, pues su alma se halla envuelta en la caridad sin l\u00ed\u00admites hacia los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Ser\u00ed\u00ada un contrasentido que alguien se atreviera a pedir perd\u00f3n al Padre y no lo ofreciera a su vez a los otros hijos de Dios. La petici\u00f3n, adem\u00e1s, a mi entender. entra\u00f1a un claro sentido psicol\u00f3gico. No olvidemos que el Se\u00f1or est\u00e1 ense\u00f1ando a orar a sus disc\u00ed\u00adpulos y quiere manifestarles las actitudes que \u00e9l exige: acercarse a la oraci\u00f3n perdonando: \u00absi, pues, al presentar tu ofrenda en el altar. te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda all\u00ed\u00ad, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda\u00bb (Mt 5,23-24).<\/p>\n<p>Pero es m\u00e1s; en el contexto de los evangelios, el perd\u00f3n no s\u00f3lo se refiere al hermano, sino que debe alcanzar a todo hombre; ser universal\u00bb. La palabra deudores tiene aqu\u00ed\u00ad el mismo matiz que la deuda del inciso anterior. Todo cristiano se debe a su hermano, y cuando no le corresponde en la l\u00ed\u00adnea del Evangelio, se le sustrae y queda en deuda con \u00e9l.<\/p>\n<p>Como hemos dicho, el perd\u00f3n debe ser sin l\u00ed\u00admites, siempre que se nos lo suplique (Mt 18,21-22), al igual que el de Dios. De este modo, a trav\u00e9s de nuestro perd\u00f3n llega el del Padre a nuestros hermanos y a todos los hombres.<\/p>\n<p>X. Y no nos dejes caer en la tentaci\u00f3n<br \/>\nReconoce J. Jeremias que esta petici\u00f3n es sorprendente. Adem\u00e1s, seg\u00fan el mismo autor, parece que no guarda el paralelismo de las anteriores. En este sentido, escribe: \u00abEste final conciso y de un solo miembro tiene sonido abrupto y duro\u00bb. Pero la sorpresa se acrecienta si tenemos en cuenta el sentido literal de la misma, que es como sigue: \u00abY no nos introduzcas en la tentaci\u00f3n\u00bb. Sabido es que el concepto de tentaci\u00f3n en algunos textos significa algo muy pr\u00f3ximo al pecado (Mt 26,41). Ya Santiago advierte que nadie diga que es tentado por Dios (1,13). Pero en otros pasajes la tentaci\u00f3n es sin\u00f3nimo de prueba; quien la soporta es alabado: \u00abPorque eras acepto a Dios fue necesario que la tentaci\u00f3n te probara\u00bb (Tob 12,13-14). La palabra introduzcas (eisenegkes) puede y debe ser traducida, como se infiere de textos paralelos, por permitir. Indudablemente se trata de un semitismo. El sentido ser\u00ed\u00ada: no permitas que caigamos en la tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n tiene aqu\u00ed\u00ad una connotaci\u00f3n muy especial. Se refiere principalmente a la prueba definitiva y escatol\u00f3gica; est\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea de la sufrida por el mismo Jes\u00fas al comienzo de su vocaci\u00f3n mesi\u00e1nica, y que podr\u00ed\u00adamos versar por no permitas que caigamos en la tentaci\u00f3n de rechazar tu reino que viene.<\/p>\n<p>Junto con esta tentaci\u00f3n de marcado car\u00e1cter escatol\u00f3gico se hallan la otras, las de cada d\u00ed\u00ada. que pueden obstaculizar en mayor o menor grado la apertura a ese reino que ya se manifiesta en Jes\u00fas, la alegr\u00ed\u00ada del hermano y la difusi\u00f3n de la palabra.<\/p>\n<p>Se incluye aqu\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la tentaci\u00f3n de no llevar a la pr\u00e1ctica esas ense\u00f1anzas de Cristo que tanto Lucas como Mateo han situado alrededor de la plegaria dominical (Mt 5.13-17; 1,29. Lc 6,27-49; 12,4-48). El cristiano sabe que Satan\u00e1s no descansa; \u00ab\u00c2\u00a1Sim\u00f3n, Sim\u00f3n! Mira que Satan\u00e1s ha solicitado el poder de cribaros como trigo\u00bb (Lc 22,31); no ignora que anda dando vueltas en torno a ellos. buscando a quien devorar (1 Pe 5.8). De todas estas tentaciones le pide a Dios que le saque victorioso.<\/p>\n<p>XI. Mas l\u00ed\u00adbranos del mal (maligno)<br \/>\nEste inciso final es exclusivo de Mateo. Su \u00faltima palabra, \u00abmal\u00bb, puede ser traducida tambi\u00e9n, y as\u00ed\u00ad lo hacen gran n\u00famero de exegetas, por maligno. Desde un punto de vista lexicogr\u00e1fico, e incluso ideol\u00f3gico, caben ambas traducciones. No pocas veces en el NT Satan\u00e1s viene designado con este t\u00e9rmino. Dada su presencia en las tentaciones del Se\u00f1or que se hallan al fondo de este pasaje, nos inclinamos a pensar que la palabra ponero\u00fa se refiere al diablo como ser personal (l\u00ed\u00adbranos del maligno). En esta petici\u00f3n se incluye el deseo de ser librados de todo mal. Satan\u00e1s personificar\u00ed\u00ada aqu\u00ed\u00ad todas las fuerzas que se oponen al Evangelio. El clamor por la liberaci\u00f3n del maligno recorre la Biblia de un polo al otro (G\u00e9n 3,16; Ap 3,10).<\/p>\n<p>XII. El Padrenuestro, oraci\u00f3n universal<br \/>\nTienen raz\u00f3n Agust\u00ed\u00adn y Tom\u00e1s: la oraci\u00f3n del Se\u00f1or es perfect\u00ed\u00adsima, pues en ella se hallan expresados los sentimientos de Jes\u00fas, de los ap\u00f3stoles y de la Iglesia entera. Ella recoge el tiempo anterior a Pascua cuando Jes\u00fas oraba e invitaba a hacer lo mismo a sus disc\u00ed\u00adpulos para que Dios llevara adelante su proyecto mesi\u00e1nico, viniera su reino y fuera proclamado Abba por todos los hombres. En el Padrenuestro tambi\u00e9n resuena el clamor de los disc\u00ed\u00adpulos, que en los d\u00ed\u00adas posteriores a la resurrecci\u00f3n y Pentecost\u00e9s anhelan la vuelta definitiva de Jes\u00fas. Venga tu reino significa ahora \u00abMarana tha\u00bb: Ven, Se\u00f1or. Eran los tiempos en que san Pablo suspiraba por verse desatado de este cuerpo para estar con Cristo (2 Cor 5,8), o cuando los autores neotestamentarios ense\u00f1aban que Dios no retrasaba su llegada (2 Pe 3,9).<\/p>\n<p>Es la oraci\u00f3n de la Iglesia de todos los tiempos. En ella se contiene el deseo de la gloria de Dios. En medio de un mundo de ateos y agn\u00f3sticos, la oraci\u00f3n dominical es una melod\u00ed\u00ada extra\u00f1a que le advierte al cristiano que Dios est\u00e1 cerca, que, aunque a oscuras y en la noche, se deja sentir. Es la oraci\u00f3n de la comunidad, en la que, \u00abal partir el pan\u00bb de la Eucarist\u00ed\u00ada, Dios responde a la demanda de sus hijos: \u00abel pan nuestro de cada d\u00ed\u00ada d\u00e1nosle hoy\u00bb, invit\u00e1ndoles, a su vez, a compartir el pan del sustento terreno. Es la oraci\u00f3n ecum\u00e9nica; recit\u00e1ndola, los cristianos se sienten hermanos y las diferencias suenan extra\u00f1as. Es la oraci\u00f3n del perd\u00f3n universal, pues cuando pedimos al Padre que olvide nuestros pecados, le ofrecemos el perd\u00f3n para todo hombre, sin distinci\u00f3n. Es universal tambi\u00e9n, porque proclamamos el se\u00f1or\u00ed\u00ado del Padre, la universalidad del pecado, la debilidad del hombre, el deseo de que el cosmos se transforme, la necesidad de vivir en fraternidad. En el Padrenuestro se une lo de arriba (Dios) con lo de abajo (el hombre), el cielo donde se halla el Padre y la tierra donde estamos nosotros. Porque el reino viene de arriba, pero no se implanta sin la colaboraci\u00f3n de abajo: Dios y el hombre, la naturaleza y la gracia, la creaci\u00f3n y la redenci\u00f3n. \u00abBreviarium totius Evangelii\u00bb: Un compendio perfecto del Evangelio.<\/p>\n<p>S. Castro<\/p>\n<p>BIBL.-Alonso D\u00ed\u00adaz. J., Padre Nuestro, Sal Terrae. Santander 1954.-Boff. L, El Padrenuestro. La oraci\u00f3n de la liberaci\u00f3n integral, Paulinas. Madrid 1982.-Bonhoeffer, D. El precio de la gracia, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1968. 172-180.-Bro. B, Ens\u00e9\u00f1anos a orar, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1969.-Caba, J. La oraci\u00f3n de petici\u00f3n Estudio exeg\u00e9tico sobre los evangelios sin\u00f3pticos y los escritos joaneos, Biblical Institute Press, Romae 1974.-Ceba, .1, Pedid y recibir\u00e9is, Ed. Cat\u00f3lica. Madrid 1980.-Cabodevilla: J. M.&#8217;, Discurso del Padrenuestro, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1971.-Carretto. C, Padre; me pongo en tus manos, Paulinas. Madrid 1981&#8242;.-Garc\u00ed\u00ada Cordero, M, El Padrenuestro, en Teolog\u00ed\u00ada de la Biblia, 111, Ed. Cat\u00f3lica. Madrid 1972, 253-265.-Guardini, R. Meditaciones teol\u00f3gicas, Cristiandad, Madrid 1965, 271-474.-Hamman, A. La oraci\u00f3n, Herder. Barcelona 1969, 102-141.-Jeremias. J,Teolog\u00ed\u00ada del NT, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1974, 80-87; 210-238.-Jeremias, J. Abba. El mensaje central del NT, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981.-Marche&#8217;. W. Abba, Padre, Herder. Barcelona 1967.-Pikaza, X, 25 temas de oraci\u00f3n, Inst. Teol. de Vida Religiosa, Madrid 1982, 98-110.-Sabugal, S, El Padrenuestro en la interpretaci\u00f3n catequ\u00e9tica antigua y moderna, Sigueme. Salamanca 1982.-Sebasti\u00e1n, F. Abba, .Padre nuestro, Narcea, Madrid 1981.-Sch\u00fcrmann. FI, Padrenuestro, Secr. Trinitario, Salamanca 1982&#8242;.-Silanes, N, El Padre, Secr. Trinitario, Salamanca 1980.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>La oraci\u00f3n llamada p. se encuentra en dos tradiciones concurrentes, en Mt 6, 9-13 (con comentario en 14-15) y en Lc 11, 2ss. Ambas redacciones son no s\u00f3lo espejo de cada \u00e1mbito lit\u00fargico de tradici\u00f3n, sino tambi\u00e9n expresi\u00f3n de una posici\u00f3n distinta frente al final pr\u00f3ximo. En conjunto, el p. seg\u00fan Mt parece haberse conservado m\u00e1s originariamente (hasta la s\u00faplica final en Mt). Pero entonces el aut\u00e9ntico problema teol\u00f3gico del p. consiste en que, siendo la plegaria de la comunidad (o un modelo de oraci\u00f3n; Mt 6, 9: o\u00fatos), no contiene ning\u00fan elemento originariamente cristiano: en \u00e9l no se habla de la persona de Jes\u00fas ni de la redenci\u00f3n obrada por \u00e9l; \u00e9sta se espera m\u00e1s bien para el futuro, y vendr\u00e1 por la irrupci\u00f3n del reinado de Dios. Para la actualidad se pide la preservaci\u00f3n de la angustia y la culpa escatol\u00f3gicas ante el juicio que se aproxima. Este tipo de plegarias se encuentra tambi\u00e9n, p. ej., en las \u00abdieciocho oraciones\u00bb del juda\u00ed\u00adsmo coet\u00e1neo (cf. 3: t\u00fa eres santo, y tu nombre es terrible; 4: Padre nuestro, danos en la gracia el conocimiento de ti; 5: t\u00fa cuidas de los vivos; 6: perd\u00f3nanos, Padre, porque hemos pecado contra ti. Lava nuestras maldades; 7: red\u00ed\u00admenos por tu nombre; 9: bendice tambi\u00e9n este a\u00f1o para el bien en toda clase de beneficios. Harta al mundo; 11: reina sobre nosotros, t\u00fa s\u00f3lo; 18: da tu paz a Israel; 13: danos buena retribuci\u00f3n, porque hacemos s\u00f3lo tu voluntad). Ser\u00ed\u00ada una apolog\u00e9tica falsa el sostener que las plegarias jud\u00ed\u00adas son s\u00f3lo nacionales, pero que el p., por el contrario, est\u00e1 orientado religiosamente. La ausencia de elementos espec\u00ed\u00adficamente cristianos en el p. es una de las razones de su lugar inseguro en las liturgias.<\/p>\n<p>La versi\u00f3n de Mt est\u00e1 encuadrada en una par\u00e9nesis sobre la pr\u00e1ctica religiosa (limosnas, oraci\u00f3n, ayuno) que abarca 6, 2-18; aqu\u00e9lla se articula por reglas de la comunidad seg\u00fan el esquema \u00f3tan + 2\u00c2\u00aa. persona. Mt comenta el p. ya antes de ofrecer el texto. El p. se distingue de las profusas oraciones de los paganos. Los justos saben que Dios conoce sus preocupaciones antes de que ellos oren (v. 8). Para Mt el p. no es una s\u00faplica por las necesidades, sino m\u00e1s bien una llamada a Dios para que preserve la comunidad de los justos en el tiempo final, y con ello glorifique su nombre, es decir, se glorifique a s\u00ed\u00ad mismo. Las dos mitades del p. (invocaci\u00f3n con tres imperativos en 3\u00c2\u00aa. persona; tres imperativos en 2\u00c2\u00aa. persona unidos por \u00aby\u00bb, cuyo objeto es pedido para \u00abnosotros\u00bb) est\u00e1n, por consiguiente, subordinadas en su contenido: la ostensi\u00f3n del poder divino (objeto de las tres primeras s\u00faplicas), seg\u00fan las tradiciones mismas que parten de Dt, Ez y Dan, s\u00f3lo puede realizarse por el hecho de que Dios guarde seguro y puro a Israel, o a la comunidad de los justos, en todas las calamidades del tiempo final. La comunidad de los justos es el medio por el que Dios demuestra la santidad de su nombre y el hecho de que \u00e9l reina; cuando esta comunidad, para la cual \u00e9l es padre, supera victoriosamente el tiempo final y el juicio, se habr\u00e1 mostrado esa santidad.<\/p>\n<p>Parece que la invocaci\u00f3n se ha conservado m\u00e1s originariamente en Mt que en Lc (cf. Lc 6, 35 y Mt 5, 45; Lc 11, 13 y Mt 7, 11; cf. adem\u00e1s Mt 5, 45 y 48; 6, 1 9 14 y 26). La invocaci\u00f3n \u00abpadre nuestro\u00bb no es aqu\u00ed\u00ad t\u00ed\u00adpica para la relaci\u00f3n de Jes\u00fas o de los disc\u00ed\u00adpulos con Dios, sino que se encuentra en las f\u00f3rmulas jud\u00ed\u00adas de oraci\u00f3n. Como ejemplos del AT podemos aducir: Is 63, 16 (LXX: emon e\u00ed\u00ad pater); 64, 7 (pater emon sy); es importante el texto de 1 Par 29, 10 en los LXX: \u00f3 pater emon (texto masor\u00e9tico: Dios de nuestro padre Israel); en el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado esa invocaci\u00f3n se encuentra en Sab 14, 3 (pater), en el ap\u00f3crifo de Ezequiel (= 1 Clem 8, 3: pater), en 3 Mac 6, 3 (pater al final de la plegaria), en Testls 8, 10 (pater), en las oraciones del schemone esre (b Rez 5; p Rez 4.6: abinu) y en la plegaria de a\u00f1o nuevo abinu malkenu. La invocaci\u00f3n \u00abnuestro padre en el cielo\u00bb se halla en el seder eliyabu 7 (33j y en tama debe eliyahu 21. La localizaci\u00f3n \u00aben el cielo\u00bb no designa la trascendencia de Dios, sino que inicia el principio &#8211; desarrollado a continuaci\u00f3n &#8211; seg\u00fan el cual lo que sucede en el cielo ha de realizarse tambi\u00e9n en la tierra. Por consiguiente, el cielo es el \u00e1mbito especial del dominio de Dios, en el cual su poder est\u00e1 ya asegurado (cf. para ello 1QM 12, Iss 7). El pensamiento de esta correspondencia entre cielo y tierra no es en modo alguno meramente escatol\u00f3gico y futuro, sino que corresponde a las concepciones de la -> apocal\u00ed\u00adptica y se halla en TestSal 20, 15 (lo que acontece en el cielo sucede tambi\u00e9n en la tierra) y en Ascls 7, 10 (Quia sicut est in terca, ita est et in firmamento).<\/p>\n<p>La s\u00faplica de la santificaci\u00f3n del nombre de Dios se encuentra ya en la tradici\u00f3n que parte de Ez (20, 41; 28, 22; 36, 23). Dios muestra que su nombre es santo en cuanto al final de los tiempos (o sea, en el juicio) hace que Israel triunfe sobre los pueblos. Aqu\u00ed\u00ad la \u00dfasileia que viene no es un reino, sino el hecho de que Dios reinar\u00e1 (cf. el targum sobre Miq 4, 7: \u00abSe manifestar\u00e1 el reinado de Dios\u00bb, en lugar del texto masor\u00e9tico: \u00abYahveh dominar\u00e1 como rey\u00bb). De una venida del reinado de Dios se habla tambi\u00e9n en Mc 9, 1; Lc 22, 18; cf. Mt 12, 28; Lc 11, 20. Por lo que se refiere al contenido del reinado de Dios, \u00e9ste no significa otra cosa que la imposici\u00f3n de la voluntad divina; un lugar verbalmente paralelo, apenas tenido en cuenta, se encuentra en JosAnt vr 11 (Abraham pide la realizaci\u00f3n de un juicio justo: Fiat voluntas Dei). Mt 26, 42b, frente a la base de Mc, ha configurado tambi\u00e9n la oraci\u00f3n del huerto de los olivos gui\u00e1ndose por el texto del p., y as\u00ed\u00ad pone en boca de Jes\u00fas: genetheto to thelema sou. Con esto Jes\u00fas se convierte en modelo de la comunidad orante; \u00e9l entiende su pasi\u00f3n como una parte necesaria en la serie de los \u00faltimos acontecimientos que conducir\u00e1n finalmente al triunfo de Dios. Tambi\u00e9n en otras partes acent\u00faa Mt el sufrimiento de los justos, que despu\u00e9s recibir\u00e1 su oportuna recompensa. Por tanto, Mt entiende esta frase no s\u00f3lo en el sentido de la imposici\u00f3n de la gloria de Dios (seg\u00fan el sentido originario del p.), sino que, en el marco de su teolog\u00ed\u00ada de la retribuci\u00f3n, incluye adem\u00e1s en el \u00abh\u00e1gase tu voluntad\u00bb el sufrimiento necesario para alcanzar el premio.<\/p>\n<p>Indirectamente, con la significaci\u00f3n originaria de esta petici\u00f3n se alude tambi\u00e9n a la oposici\u00f3n a Dios que se da en la voluntad pervertida de las criaturas ca\u00ed\u00addas, las cuales eligen su propio deseo (cf. Hen[eslavl 7, 3; JosAnt 44, 1).<\/p>\n<p>Las s\u00faplicas dirigidas a la comunidad en la segunda parte de la f\u00f3rmula empiezan con la petici\u00f3n del pan apara ma\u00f1ana\u00bb (o bien: el \u00abnormal\u00bb, as\u00ed\u00ad m\u00f3tar en este lugar del Evangelio de los nazareos; o bien: el \u00abnecesario\u00bb o el \u00abdel e\u00f3n futuro\u00bb; la significaci\u00f3n de epio\u00fasios es discutida debido a la documentaci\u00f3n escasa), que Dios ha de dar hoy a la comunidad. Puesto que en las \u00abdieciocho oraciones\u00bb se encuentran claros paralelismos, de hecho podr\u00ed\u00ada tratarse ante todo de la petici\u00f3n de la sustentaci\u00f3n necesaria, formulada mediante la representaci\u00f3n de que Dios alimenta la comunidad d\u00ed\u00ada por d\u00ed\u00ada. Esta concepci\u00f3n se deriva del cuidado de Dios respecto de la creaci\u00f3n seg\u00fan los libros sapienciales (cf. Sal 104); y en consecuencia queda expresada en formulaciones sapienciales y no primariamente escatol\u00f3gicas, como en Mt 6, 34 (cf. tambi\u00e9n la petici\u00f3n de pan en Prov 30, 8, texto masor\u00e9tico). La s\u00faplica tiene un sentido especial para el fin de los tiempos, cuando se producir\u00e1 una conmoci\u00f3n general de las ordenaciones del mundo. Pero en todo caso Dios cuida de una manera concreta de los justos y, por cierto, cada d\u00ed\u00ada de una manera nueva.<\/p>\n<p>La s\u00faplica siguiente de la remisi\u00f3n de la culpa se caracteriza por el hecho de que la acci\u00f3n de Dios en los justos es comparada con la de \u00e9stos respecto de sus deudores. Detr\u00e1s de la formulaci\u00f3n de la comparaci\u00f3n podr\u00ed\u00ada estar la concepci\u00f3n del condicionamiento rec\u00ed\u00adproco de ambos perdones de la culpa. El pensamiento es frecuente en Mt (5, 21-26; 18, 23-35), se encuentra tambi\u00e9n en el fragmento de Mt 11, 25, formalmente emparentado con Mt 6, y a su vez est\u00e1 ya prefigurado en el juda\u00ed\u00adsmo (Arist 208; Eclo 16, 14; TestZab 8, 1). Mt comenta esta s\u00faplica en los vers\u00ed\u00adculos 14, 15, presentando un condicionamiento mutuo por el que el perd\u00f3n divino depende del concedido a los hombres (es distinto 18, 23ss, donde se presupone que Dios ha perdonado al justo). M\u00e1s claramente que las dos s\u00faplicas anteriores se puede interpretar la s\u00faplica de la preservaci\u00f3n contra la tentaci\u00f3n en sentido escatol\u00f3gico. La concepci\u00f3n ah\u00ed\u00ad latente corresponde a aquellos estratos m\u00e1s antiguos del AT (Yahvista) seg\u00fan las cuales Yahveh mismo examina y tienta; en estratos m\u00e1s recientes esta funci\u00f3n es asumida por seres intermedios ca\u00ed\u00addos (-> demonios, -> diablo). En el p. no se trata de una tentaci\u00f3n de tipo educativo, como en la literatura sapiencial; m\u00e1s bien, en el NT las tradiciones apocal\u00ed\u00adpticas (p. ej., Mc 13; Lc 22, 31; Ap 3, 10) hablan de tentaciones para los justos al final de los tiempos.<\/p>\n<p>La s\u00faplica final, que falta en Lc, podr\u00ed\u00ada ser originaria de Mt. Con la ra\u00ed\u00adz pon\u00e9r\u00f3s Mt designa todo lo que, como ant\u00ed\u00adpoda de Dios, se opone a la comunidad cristiana al fin de los tiempos (cf. Mt 13, 19 y Mc 4, 15; Mt 5, 37 39; 13, 38). Por el contenido la s\u00faplica final corresponde exactamente a las tres primeras peticiones del padrenuestro.<\/p>\n<p>Para la redacci\u00f3n lucana del p. se debe contar con la posibilidad de que la segunda s\u00faplica originariamente sonara: \u00abVenga tu Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre nosotros y nos purifique\u00bb, a lo que segu\u00ed\u00ada la petici\u00f3n del pan. Esta forma de lectura est\u00e1 documentada en los c\u00f3dices min\u00fasculos 162 y 170, en Gregorio de Nisa (PG 22, 1157 C), en M\u00e1ximo el Confesor (PG 90, 840) y en Marci\u00f3n (seg\u00fan TERTULIANO, Adv. Marc. iv 26, 3). Con esta formulaci\u00f3n Lc ha sustituido la s\u00faplica del reino, pues en \u00e9l la expectaci\u00f3n de un fin pr\u00f3ximo deja paso a la idea de una irrupci\u00f3n segura y repentina del fin (por esto se debe orar en todo momento; 18, 1-8); y, por otro lado, la oraci\u00f3n de la comunidad se refiere primariamente al Esp\u00ed\u00adritu, cuya venida presente sustituye ahora la aparici\u00f3n del reino (cf. Act 4, 31 y especialmente Lc 11, 13 contra Mt 7, 9ss; Act 1, 6ss). Lc modifica la petici\u00f3n del pan por la adici\u00f3n t\u00f3 kath&#8217;em\u00e9ran. Puesto que este giro se encuentra igualmente en Act 2, 46, y tambi\u00e9n en Lc 9, 23 es signo de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica; se ha pensado sobre la posibilidad de que la s\u00faplica del pan aqu\u00ed\u00ad se entienda ya en sentido eucar\u00ed\u00adstico. Puede decirse con certeza, cosa que hasta ahora ha pasado desapercibida, que la secuencia de la petici\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y la del pan en la forma originaria de Lc est\u00e1 en relaci\u00f3n con la constituci\u00f3n de la epiclesis. Insin\u00faa esto ya el aspecto formal de que bastantes epiclesis empiezan con \u00e9lthato o veni, palabra que introduce la petici\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu para la transformaci\u00f3n del pan. Sin duda, pues, la petici\u00f3n lucana del pan fue interpretada aqu\u00ed\u00ad eucar\u00ed\u00adsticamente.<\/p>\n<p>En la tradici\u00f3n siguiente el p. fue primero una oraci\u00f3n privada. Seg\u00fan Did 8, 3 (texto con doxolog\u00ed\u00ada ya) debe rezarse tres veces al d\u00ed\u00ada (igual AMBROSIO, De Virg. Jll 4, 19; al levantarse y al acostarse; tambi\u00e9n Agust\u00ed\u00adn, Nicetas de R., Teodulfo de Orle\u00e1ns). En esta funci\u00f3n el p. ha sustituido el schema jud\u00ed\u00ado, el cual debido a su introducci\u00f3n (\u00abOye, Israel&#8230;\u00bb) no era utilizable para los cristianos. El p. tiene gran importancia ya en tiempos de Tertuliano (De Orat. 1: legitima oratio) y de Cipriano (publica et communis oratio). Tertuliano es tambi\u00e9n el primero que interpreta eucar\u00ed\u00adsticamente la petici\u00f3n del pan (De Orat. 6). Dentro de esa l\u00ed\u00adnea el p. aparece a finales del siglo IV como oraci\u00f3n de comuni\u00f3n (Cirilo de Jerusal\u00e9n, Jer\u00f3nimo, Ambrosio); pero ya mucho antes la petici\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y del pan (Lc) influye en el principio de las epiclesis (cf. el Veni sanctificator de la misa). Y fue igualmente operante la s\u00faplica de perd\u00f3n. El enlace de la petici\u00f3n del pan con la de perd\u00f3n antes de recibir la comuni\u00f3n, repercuti\u00f3 f\u00e9rtilmente en el desarrollo de confesiones de las culpas y de s\u00faplicas de perd\u00f3n en relaci\u00f3n con el rito de la comuni\u00f3n y de la misa.<\/p>\n<p>En la liturgia bautismal el p. se confi\u00f3 a los candidatos poco antes del bautismo (disciplina del arcano). En la edad media el p. en parte fue rezado al final de las intercesiones y en relaci\u00f3n con la predicaci\u00f3n. Esta situaci\u00f3n insegura del p. en el marco de la liturgia se debe a la dificultad de armonizar las concepciones jud\u00ed\u00adas sobre el reinado de Dios y la comunidad de los justos con las ideas sobre el sacramento en el paulinismo vulgar. La inclusi\u00f3n de la petici\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu por parte de Lc y, en relaci\u00f3n con ello, la interpretaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica de la s\u00faplica del pan, son ya indicios de un intento de armonizaci\u00f3n, eliminando la expectaci\u00f3n del reino de Dios. Una interpretaci\u00f3n adecuada del p. como plegaria de preparaci\u00f3n a la comuni\u00f3n deber\u00e1 enlazar la interpretaci\u00f3n de la petici\u00f3n del pan con el pensamiento del futuro banquete celestial en el \u00abreino\u00bb, por cuya venida se ruega. En este sentido, las tres primeras s\u00faplicas pueden influir en una comprensi\u00f3n m\u00e1s b\u00ed\u00adblica y escatol\u00f3gica de la cena del Se\u00f1or, puesto que \u00e9sta es una anticipaci\u00f3n de la comuni\u00f3n celeste con el Hijo del hombre.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: J. Jeremias, Das Gebetsleben Jesu: ZNW 25 (1926) 123-170; R. Gyllenberg, Gott der Vater im AT und in der Predigt Jesu: StudOrient 1 (1926) 3-140; G. Dalman, Die Worte Jesu I (L 21930) 281-365; J. Herrmann, Der atl. Urgrund des Vaterunser: O.-Procksch-Festschrift (L 1934) 71-98; E. Lohmeyer, Das Vaterunser (G\u00f6 1946, 41960); K. G. Kuhn, Achtzehngebet und Vaterunser und der Reim (Tn 1950); J. Jeremias, Abba: ThLZ 79 (1954) 213 s; T. W. Manson, The Lord&#8217;s Prayer: BullJohnRyPLibr 38 (1955) 99-113 436-448; R. Leaney, The Lucan Text of the Lord&#8217;s Prayer: NovT 1 (1956) 103-111; H. Sch\u00fcrmann, DasGebet des Herrn (Fr 1958); J. Jeremias, The Lord&#8217;s Prayer in Modern Research: ExpT 71 (1959-60) 141-146; idem Das Vaterunser im Lichte der neueren Forschung (St 21963); W. Ott, Gebet und Heil (Mn 1965); S. U. Barbiert, EI Padrenuestro (Aurora B. Aires 1967); A. M. Carr\u00e9, El Padrenuestro rezado y vivido (Mensaj. Bil 1968); H. van den Bussche, El \u00abPadrenuestro\u00bb (Descl\u00e9e Bil 1965); J. Alonso, El Padrenuestro. Estudio exg\u00e9tico (Sant 1954); idem, El padrenuestro dentro del problema general de la escatolog\u00ed\u00ada, en Misc. de Com, 35-36, 1960, 297-308; A. G\u00f3mez, Asi en la tierra&#8230; (comentarios al padrenuestro (Ma 1967).<\/p>\n<p>Klaus Berger<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Espec\u00ed\u00adficamente era la oraci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos ya que Jes\u00fas se la ense\u00f1\u00f3 a ellos (Mat 6:9-13; Luk 11:2-4). En Lucas, Jes\u00fas, accediendo al pedido de un disc\u00ed\u00adpulo, les dio en forma modificada lo que antes hab\u00ed\u00ada presentado espont\u00e1neamente en el Serm\u00f3n del monte. La primera versi\u00f3n es m\u00e1s completa y entonces m\u00e1s corriente. 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