{"id":6484,"date":"2016-02-05T03:31:45","date_gmt":"2016-02-05T08:31:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pobres\/"},"modified":"2016-02-05T03:31:45","modified_gmt":"2016-02-05T08:31:45","slug":"pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pobres\/","title":{"rendered":"POBRES"},"content":{"rendered":"<p>El amor y el cuidado de los pobres por parte de Dios son factores centrales de su providencia (Psa 34:6; Psa 68:10; Ecc 5:8). Y nos anima a nosotros a hacer lo mismo (Exo 22:22-23). La ley mosaica tiene reglas espec\u00ed\u00adficas para beneficio de los pobres (Exo 22:25-27; Exo 23:11; Lev 19:9-10, Lev 19:13, Lev 19:15; Lev 25:6, Lev 25:25-30; Deu 14:28-29; Deu 15:12-13; Deu 16:11-14; Rth 2:1-7; Neh 8:10). Israel, como naci\u00f3n, surgi\u00f3 de la m\u00e1s profunda pobreza (Exo 1:8-14; Exo 2:7-10) y jam\u00e1s se le permiti\u00f3 olvidarlo (p. ej., 1Ki 8:50-53). Si Israel cumpl\u00ed\u00ada las condiciones del pacto hecho por Dios, no habr\u00ed\u00ada pobres entre ellos; pero Dios sab\u00ed\u00ada que esto nunca se cumplir\u00ed\u00ada (Deu 15:4-11; RVA, necesitados). No se aceptaba la dejadez voluntaria que llevaba a la pobreza (Pro 13:4-18). Los desastres nacionales hicieron que pobreza se volviera sin\u00f3nimo de piedad (p. ej., Psa 68:10; Isa 41:17). Los malos tratos que sufr\u00ed\u00adan los pobres preocupaban a los profetas (p. ej., Isa 1:23; Isa 10:1-2; Ezequiel 34; Amo 2:6; Amo 5:7; Amo 8:6; Mic 2:1-2; Hab 3:14; Mal 3:5).<\/p>\n<p>Al comienzo de su ministerio, Jes\u00fas, tomando como texto Isa 61:1-2, presenta como su primer objetivo el predicar las buenas nuevas a los pobres.<\/p>\n<p>En este caso habla de la pobreza material (Luk 6:20-26). En Mat 5:3, Jes\u00fas destaca a los pobres en esp\u00ed\u00adritu, los humildes. Jes\u00fas anduvo entre los pobres y los humildes. El se identific\u00f3 con ellos en su forma de vivir y en su independencia de las preocupaciones que trae el tener posesiones (Luk 8:20). El comprendi\u00f3 y apreci\u00f3 la ofrenda sacrificial de la viuda pobre (Mar 12:41-44). La iglesia de los pri-meros tiempos se movi\u00f3 entre los pobres, los cuales no eran demasiado pobres como para preocuparse por el bienestar de los dem\u00e1s (2Co 8:2-5, 2Co 8:9-15), inspir\u00e1ndose en Cristo que dej\u00f3 la riqueza celestial para cambiarla por la pobreza terrenal. El origen del diaconado se relaciona con una necesidad especial (Act 6:1-6).<\/p>\n<p>Los que ten\u00ed\u00adan posesiones contribu\u00ed\u00adan al fondo com\u00fan (Act 2:45; Act 4:32-37). El concilio de Jerusal\u00e9n pidi\u00f3 a Pablo y Bernab\u00e9 que recordaran a los pobres (Gal 2:10). Santiago tiene palabras duras sobre las relaciones entre ricos y pobres (Jam 1:9-11; Jam 2:1-13; Jam 5:1-6).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>tip, LEYE<\/p>\n<p>ver, JUBILEO (a\u00f1o del)<\/p>\n<p>vet, La desigual distribuci\u00f3n de los bienes materiales no se corresponde con el ideal deseado por Dios. Al otorgar la tierra de Cana\u00e1n a Su pueblo (Ex. 6:4, 8), asegura de principio una distribuci\u00f3n equitativa de las tierras. La Ley de Mois\u00e9s permit\u00ed\u00ada a los israelitas vender sus bienes, pero con respecto a las tierras, exige que al cabo de cada per\u00ed\u00adodo de 50 a\u00f1os, cada familia pudiera retornar libremente a la propiedad que ten\u00ed\u00ada como herencia. As\u00ed\u00ad, la tierra no pod\u00ed\u00ada ser vendida, sino s\u00f3lo su usufructo hasta el final del per\u00ed\u00adodo jubilar (v\u00e9ase JUBILEO; cfr. Lv. 23:13, 23). Esta ordenanza, que ten\u00ed\u00ada la intenci\u00f3n de impedir el acaparamiento de las tierras, no suprimi\u00f3 enteramente la pobreza, debida bien a la culpa del individuo o de sus antecesores, bien a circunstancias de las que s\u00f3lo Dios sabe la raz\u00f3n. En la teocracia israelita queda te\u00f3ricamente excluida la indigencia resultante de la pereza o de un crimen; los pobres son considerados como personas desventuradas y sufriendo pruebas, pero amadas por Dios. Todos los indigentes, especialmente las viudas, los hu\u00e9rfanos y los extra\u00f1os, son objeto de la especial atenci\u00f3n del Se\u00f1or y de los israelitas piadosos, seg\u00fan las instrucciones precisas de la Ley. Toda persona que tuviera hambre ten\u00ed\u00ada derecho a satisfacerla con las uvas o espigas recogidas en la propiedad de otros, pero se le proh\u00ed\u00adbe que se las lleve (Dt. 23:24, 25). Los pobres son autorizados a espigar detr\u00e1s de los segadores, a recoger las espigas dejadas en las lindes del campo y los rincones, que el propietario ten\u00ed\u00ada que dejar para ellos (Lv. 19:9). Igualmente con la recolecci\u00f3n de la vid (Lv. 19:11; cfr. 23:22; Dt. 24:19-21). La tierra no deb\u00ed\u00ada ser cultivada ni segada durante el a\u00f1o s\u00e9ptimo ni en el de jubileo. Lo que produjera de suyo durante aquel reposo pertenec\u00ed\u00ada de derecho a la colectividad, que se alimentaba gratuitamente (Lv. 25:4-7, 11, 12). El israelita ca\u00ed\u00addo en la miseria puede vender su trabajo a un patr\u00f3n durante un cierto n\u00famero de a\u00f1os, pero en el a\u00f1o del jubileo recobraba su libertad (Lv. 25:38-42). El pr\u00e9stamo solicitado por una pobre le ten\u00ed\u00ada que ser concedido, incluso al acercarse el a\u00f1o sab\u00e1tico que permit\u00ed\u00ada al deudor cancelar su deuda (Dt. 15:7-10). Cuando se efectuaba un censo, cada israelita de veinte o m\u00e1s a\u00f1os, var\u00f3n rico o pobre, ten\u00ed\u00ada que pagar un rescate de su persona de medio siclo de plata destinado, al principio al Tabern\u00e1culo (Ex. 30:11-16) y posteriormente para el mantenimiento del Templo (2 R. 12:4-5). En cuanto a las ofrendas presentadas en el santuario por los pobres, pod\u00ed\u00adan ser en algunas ocasiones inferiores a las de los ricos (Lv. 12:8; 14:21; 27:8). La Ley exhorta a los israelitas a invitar a sus mesas a los menos privilegiados, durante las solemnidades religiosas y en las ocasiones de regocijo (Dt. 16:11, 14). La Biblia muestra numerosos gestos de compasi\u00f3n para el pobre (Jb. 31:16-22). La Ley prohibe la opresi\u00f3n de los d\u00e9biles (Ex. 22:21-27), sin embargo, en caso de que haya de ser juzgado, se exhorta a que se haga caso omiso a su condici\u00f3n de pobre, debi\u00e9ndose examinar objetivamente la acusaci\u00f3n en contra de \u00e9l. La exigencia de la justicia debe prevalecer (Ex. 23:3; Lv. 19:15) Los per\u00ed\u00adodos de decadencia religiosa coincidieron frecuentemente con la violaci\u00f3n de los preceptos caritativos de la Ley, lo que constituy\u00f3 motivo para las proclamaciones de los profetas en contra de la dureza y de la injusticia (Is. 1:23; 10:2; Ez. 22:7, 29; Mal. 3:5). Los que se aferran a la letra de la Ley, pero descuidan su esp\u00ed\u00adritu, dan la limosna por orgullo, para ser vistos por los hombres (Mt. 6:1-2). Hay numerosas promesas de gracia y de protecci\u00f3n a los israelitas piadosos pero pobres (1 S. 2:8; Jb. 5:15; 34:28; 36:15; Sal. 9:18; 10:14; 12:5; 34:6; 35:10). El que tiene piedad del indigente es objeto de bendiciones divinas (Sal. 41:1; Pr. 14:21, 31; 29:7). Durante Su ministerio, el Se\u00f1or Jes\u00fas dio testimonio de amor hacia los pobres (Mt. 19:21; Lc. 18:22; Jn. 13:29; etc.); es a ellos, de una manera especial, que se dirige la Buena Nueva (Mt. 11:5; Lc. 14:21-23). La Iglesia primitiva considera como uno de sus deberes m\u00e1s sagrados el de socorrer a sus miembros sin recursos, y de ayudar asimismo, en la medida de lo posible, a los pobres que no pertenecieran a la comunidad cristiana (Hch. 2:45; 4:32; 6:1-6; 11:27-30; 24:17; 1 Co .16:1-3; G\u00e1. 2:10; 1 Ts. 3:6). El esp\u00ed\u00adritu de pobreza, de humildad, tiene que caracterizar a los ricos as\u00ed\u00ad como a los pobres (Mt. 5:3). Se exhorta de una manera expresa a no hacer acepci\u00f3n de personas y a no menospreciar a los pobres, que Dios ha elegido para que sean ricos en fe y herederos del reino (cfr. Stg. 2:1-5). Aunque se ha de recalcar que no es la pobreza lo que lleve a nadie a la salvaci\u00f3n, s\u00ed\u00ad que es m\u00e1s f\u00e1cil a un pobre aceptar la gracia de Dios que a los que est\u00e1n aferrados a abundantes riquezas (Lc. 18:24-27). El cristiano debe ser siempre consciente de que cualquier bien que tenga en su propiedad no le pertenece de una manera absoluta, sino que le ha sido dado para su fiel administraci\u00f3n en conformidad a la voluntad de Dios (cfr. Mt. 25:15-28; Lc. 19:13-25; 1 Co. 4:7 y Ef. 4:28).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[870]<br \/>\n  Todos los que no son ricos pueden ser llamados pobres. La gama o abanico de formas y niveles de ellos van desde los mendigos absolutos hasta los hombres que, en contraste con los potentados, viven de su trabajo o sienten limitaciones en sus aficiones, deseos o ansias de posesi\u00f3n.<\/p>\n<p>    El t\u00e9rmino griego \u00abptojos\u00bb, que aparece 38 veces en el Nuevo Testamento, el de \u00abpenes\u00bb (1 vez) o el de \u00abptapeinos\u00bb (33 veces) con el que se traduce el hebreo de \u00abanawin\u00bb, no tienen tanta variedad de matices como el t\u00e9rmino castellano (o latino) de \u00abpobre\u00bb. Este se aplica de forma diferente a pobres de esp\u00ed\u00adritu, de bienes, de afectos, de sabidur\u00ed\u00ada, de salud, de seguridad, de fe.  (Ver Evang\u00e9licos. Grupos 13 y ver  Pobreza)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. opci\u00f3n preferencial por los pobres)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>(Jes\u00fas, profeta, Evangelio, hu\u00e9rfanos, viudas). Jes\u00fas centr\u00f3 su mensaje en la llegada del reino de Dios, de un Reino que es buena nueva para los pobres y expulsados del sistema social y sanitario, religioso y pol\u00ed\u00adtico de su tiempo. De una forma l\u00f3gica, sus disc\u00ed\u00adpulos, sobre todo los de tendencia helenista, interpretaron su vida y mensaje como evangelio, tal como indican, de un modo especial, Pablo* (cf. Gal 1,6-11; Rom 1,15-17) y Marcos (cf. Mc 1,14-15; 13,10; 14,9). Jes\u00fas no teoriz\u00f3 sobre el sentido del Reino, sino que hizo algo mucho m\u00e1s importante: asumi\u00f3 y actualiz\u00f3 con su vida y con sus obras la promesa de evangelio, que se expresaba, sobre todo, en el libro de Isa\u00ed\u00adas, ofreciendo a los pobres de su entorno la buena noticia pr\u00e1ctica de la llegada de Dios, es decir, de la curaci\u00f3n y plenitud de los m\u00e1s pobres.<\/p>\n<p>(1) Se ha cumplido el tiempo, es tiempo de buena noticia para los pobres. Esta certeza de que el tiempo se ha cumplido y de que irrumpe el reino de Dios como victoria de la vida y de la gracia de Dios sobre la muerte llena toda la historia de Jes\u00fas y fundamenta, de manera radical, sus gestos y palabras. Esta certeza es la raz\u00f3n de su mensaje, su ipsissima vox, el signo b\u00e1sico de su proyecto. A partir de aqu\u00ed\u00ad han de interpretarse sus restantes palabras de promesa y esperanza: el perd\u00f3n, las curaciones y, sobre todo, el anuncio de la bienaventuranza para los pobres, que ahora destacamos: \u00abFelices vosotros, los pobres, porque es vuestro el reino de Dios. Felices vosotros, los que ahora ten\u00e9is hambre, porque os saciar\u00e9is. Felices los que ahora llor\u00e1is, porque reir\u00e9is\u00bb (Lc 6,20-21). Como enviado escatol\u00f3gico de Dios, al final del curso de los tiempos, Jes\u00fas proclama el reino de Dios y lo presenta como buena noticia para los pobres (del pueblo que fueren) y no como triunfo pol\u00ed\u00adtico, social o religioso del propio pueblo. Ese evangelio de los pobres no habla de aquello que siempre exist\u00ed\u00ada sobre el mundo; no es una ense\u00f1anza misteriosa o esot\u00e9rica que sirve para desvelar los valores ocultos o profundos de la peque\u00f1ez m\u00ed\u00adstica, sino la voz definitiva de Dios, que irrumpe sobre el mundo y crea lo que dice, ofreciendo bienaventuranza a los pobres reales. En este contexto se sit\u00faa la escena en la que Jes\u00fas responde a los mensajeros de Juan Bautista. Parece una escena creada para mostrar las semejanzas y las diferencias entre los dos mensajeros de Dios: Juan, profeta del juicio; Jes\u00fas, evangelizador de los pobres. Los disc\u00ed\u00adpulos del Bautista le preguntan: \u00ab\u00bfEres t\u00fa el que ha de venir?\u00bb. Jes\u00fas responde: \u00abAnunciad a Juan lo que o\u00ed\u00ads y veis: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados \u00c2\u00a1Y feliz aquel que no se escandalice de m\u00ed\u00ad!\u00bb (Mt 11,4-6; Lc 7,22-23).<\/p>\n<p>(2) Los pobres del Evangelio. Las palabras del texto anterior, formuladas probablemente por la Iglesia, definen el sentido y tarea del Evangelio de Jes\u00fas, tal como lo han vivido y expandido las comunidades m\u00e1s antiguas, presen  tando a los enfermos, a los pobres y a los muertos como destinatarios de las \u00abobras* del Mes\u00ed\u00adas\u00bb, (a) Curara los enfermos (cf. Is 35,5-6; 41,7). Ellos son, sin duda, los primeros pobres. Es indudable que Jes\u00fas ha curado a cojos y ciegos, sordos y leprosos; pues bien, esa curaci\u00f3n aparece aqu\u00ed\u00ad enmarcada en un contexto de evangelio, es decir, de buena noticia salvadora, (b) Evangelizar a los pobres (cf. Is 61,1). Esta palabra asume el mensaje de la palabra anterior (curar al los enfermos) y la ampl\u00ed\u00ada, pues el concepto de pobre asume e incluye el signo anterior de los enfermos: pobres son todos los que sufren por diversas carencias materiales y sociales, como los hambrientos y llorosos de Lc 6,20-21. (c) Resurrecci\u00f3n de los muertos. Los muertos son los pobres de los pobres, aquellos que no tienen ni salud, ni medios econ\u00f3micos, ni vida; son los derrotados por la dura condici\u00f3n humana que destruye a todos los vivientes. Pues bien, el evangelio de Jes\u00fas que se inicia como curaci\u00f3n de los enfermos y bienaventuranza de los despose\u00ed\u00addos culmina en la esperanza de resurrecci\u00f3n de los muertos. Al anunciar la resurrecci\u00f3n de los muertos, la Iglesia ha vinculado el evangelio de los pobres con la esperanza pascual de Jes\u00fas, que se expresa como triunfo de la vida sobre la muerte. De esa manera, la resurrecci\u00f3n final, que ser\u00e1 luego el centro del mensaje de la Iglesia, s\u00f3lo puede entenderse y proclamarse all\u00ed\u00ad donde se asume el camino de Jes\u00fas, con su evangelio o buena noticia para los enfermos y los pobres. As\u00ed\u00ad lo ha interpretado Lc 4,18ss, cuando presenta la misi\u00f3n de Jes\u00fas en Nazaret, su pueblo. Entra en la sinagoga, toma el rollo de Isa\u00ed\u00adas y proclama: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed\u00ad; por eso me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos, para dar la vista a los ciegos, para liberar a los contribulados, para anunciar el a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or\u00bb (Lc 4,18-19). La buena noticia para los pobres se vincula aqu\u00ed\u00ad con la curaci\u00f3n de los enfermos, la liberaci\u00f3n de los cautivos y el anuncio del a\u00f1o del Jubileo, es decir, el perd\u00f3n universal de Dios, abierto a todos, sin venganza contra los enemigos de Israel, como supon\u00ed\u00ada el texto base de Is 61,2. Eso significa que los pobres no se identifican con los israelitas, sino con todos los necesi tados del mundo, superando las fronteras entre Israel y las naciones. El Evangelio no ratifica la distinci\u00f3n entre jud\u00ed\u00ados y gentiles, sino que se abre, desde los pobres, a todos los hombres y mujeres. Por eso suscita esc\u00e1ndalo, de forma que los nazarenos quieren matar a Jes\u00fas, pues rechazan su forma de anunciar la salvaci\u00f3n a los pobres (cf. Lc 4,22-30). Los nazarenos de todos los tiempos han querido silenciar el Evangelio; pero el mensaje y camino de Jes\u00fas ha seguido resonando en el mundo.<\/p>\n<p>(3) Profundizaci\u00f3n. Una primera terminolog\u00ed\u00ada de la pobreza. Seg\u00fan la Biblia, hay una riqueza que es don de Dios, muy positiva, tal como suponen Gn 1 y Gn 2-3, cuando afirman que Dios ha concedido a los hombres todos los bienes de la tierra. Pero la riqueza puede convertirse en contraria a Dios, haci\u00e9ndose principio de idolatr\u00ed\u00ada* (mamona), all\u00ed\u00ad donde domina y enfrenta a los hombres, dirigiendo y definiendo su existencia individual y social. En ese sentido, la salvaci\u00f3n de Dios se expresa y realiza a trav\u00e9s de una pobreza que se entiende no como negaci\u00f3n asc\u00e9tica de bienes, sino como gratuidad, es decir, como experiencia de vida compartida. De manera consecuente, la pobreza evang\u00e9lica forma parte de una experiencia de amor y s\u00f3lo tiene sentido all\u00ed\u00ad donde se vincula con un gesto de servicio a los dem\u00e1s, a favor de la vida. B\u00ed\u00adblicamente, los pobres tienen un sentido y una esperanza porque Dios se pone al servicio de ellos, iniciando un camino de liberaci\u00f3n, que se expresa a trav\u00e9s de la Iglesia. Desde aqu\u00ed\u00ad podemos empezar evocando algunos t\u00e9rminos m\u00e1s significativos para hablar de la pobreza en el Nuevo Testamento y especialmente en Mateo, (a) Penes es el pobre en sentido b\u00e1sicamente material, como hombre necesitado, pero que puede vivir de su trabajo, sin mendigar, (b) Piojos es aquel que carece de todo, de manera que s\u00f3lo puede vivir como pordiosero. Esa palabra puede recibir, adem\u00e1s, un sentido espiritual, de manera que puede hablarse de los pobres de esp\u00ed\u00adritu, es decir, por opci\u00f3n propia (cf. Mt 5,3; 11,5; 19,21; 26,9.11; cf. viuda pobre de Mc 12,42). De todas formas, en tiempo de Jes\u00fas, ambos tipos de pobres (el necesitado y el pordiosero) se vinculan e identifican de alg\u00fan modo, (c) Paidion es el ni\u00f1o en sentido f\u00ed\u00adsico y social; aparece en sentido b\u00e1sico como ser necesitado que ha  de hallarse en el centro del cuidado de la Iglesia (cf. Mt 18,2-4; 19,13-14). (d) Mikros es el peque\u00f1o, en un sentido m\u00e1s social; significadamente el Evangelio ha vinculado a los ni\u00f1os con los peque\u00f1os, es decir, con los poco importantes, dentro de la comunidad; ellos han de ser objeto especial del cuidado de la Iglesia, (e) Nepios es tambi\u00e9n el peque\u00f1o, pero en sentido m\u00e1s social y espiritual. Junto a estos tipos de pobreza, el Evangelio ha presentado otras muchas, vinculadas a la impureza y al pecado, a la exclusi\u00f3n social y a la enfermedad. Pues bien, todas las pobrezas de la humanidad aparecen condensadas de manera cl\u00e1sica en Mt 25,31-46 (hambre-sed, exilio-desnudez, enfermedad-c\u00e1rcel). Ellas son las que definen al hombre como ser necesitado. Ellas deciden el sentido del juicio final, donde se descubrir\u00e1 que el mismo juez divino se ha identificado con ellos, es decir, con los elakhistoi, los m\u00e1s peque\u00f1os. Sobre esa base, partiendo de Mt 25,3146 (juicio* 2), queremos identificar la pobreza con la peque\u00f1ez, ampliando y precisando el vocabulario anterior, especialmente en el evangelio de Mateo. De un modo especial, queremos destacar el hecho de que los pobres mesi\u00e1nicos de Cristo son valiosos en cuanto pobres, no en cuanto cristianos. En este contexto debemos indicar que los pobres de Jes\u00fas no son los trabajadores sobrios y escasos (los penes), sino los piojo;, los expulsados y mendigos, los que no tienen nada. Con ellos comienza Jes\u00fas su camino.<\/p>\n<p>(4) El pobre como el m\u00e1s peque\u00f1o (elakhistos). Ese t\u00e9rmino, que se empleaba originalmente como superlativo de mikros (peque\u00f1o), ha pasado a tener fuerza elativa y significa lo m\u00e1s peque\u00f1o, lo insignificante y sin importancia. Mt ha conservado este sentido, convirti\u00e9ndolo en punto de partida de un proceso de profundizaci\u00f3n parad\u00f3jica. (a) La peque\u00f1ez de Bel\u00e9n (Mt 2,6; elakhist\u00e9) aparece como lugar de surgimiento mesi\u00e1nico. (b) Los mandamientos m\u00e1s peque\u00f1os de la ley (Mt 5,19: elakhist\u00f3n) son campo donde se juega y define la grandeza del hombre, (c) Algo semejante sucede en Mt 25,40.45: los elakhistoi, peque\u00f1os, forman el espacio de presencia del gran juez, son mediadores de Reino o de condena. Mt 5,19 llama grande a quien observa los mandatos m\u00e1s peque\u00f1os de la ley, que se pudieran entender en un contexto legalista, en fondo fariseo. Pues bien, en contra de eso, Mt 20,25s y 23,9s quiebra el modelo legalista y supone que grande es el que sirve a los dem\u00e1s y ayuda a los que est\u00e1n necesitados. En esta segunda perspectiva se sit\u00faa Mt 25,31-46: la grandeza o salvaci\u00f3n del hombre est\u00e1 relacionada con las obras de asistencia que se hacen a los m\u00e1s peque\u00f1os; por eso, la peque\u00f1ez como lugar de referencia salvadora no se relaciona con el cumplimiento de los mandatos de la ley (Mt 5,19) ni con la grandeza de las ciudades de Israel (Mt 2,6), sino con el comportamiento humano: la peque\u00f1ez salvadora es propia del hambriento y el sediento, del necesitado. En el principio no est\u00e1n los hombres que se hacen peque\u00f1os, sino los que son peque\u00f1os-peque\u00f1os, a quienes los otros han de ayudar, haci\u00e9ndose peque\u00f1os con ellos.<\/p>\n<p>(5) El pobre como carente econ\u00f3mico (ptokhos). A la luz de la gran proclamaci\u00f3n mesi\u00e1nica de Lc 4,18, ptokhoi, pobres, son originalmente los necesitados: su pertenencia eclesial o condici\u00f3n creyente es secundaria; lo que importa y lo que tiene sentido de transformaci\u00f3n evang\u00e9lica es, parad\u00f3jicamente, su miseria. Mateo asume esa certeza cuando afirma que los ptokhoi son evangelizados (Mt 11,5): sobre el mundo de ceguera, impotencia, enfermedad y muerte humana emerge la gracia del Evangelio como poder universal de acogimiento y esperanza (cf. Lc 7,22). Antes de toda referencia eclesial, la pobreza por s\u00ed\u00ad misma es fundamento de salvaci\u00f3n, \u00e1mbito del Reino. Esto es lo que Mt 25,31-46 asume cuando afirma en solemne revelaci\u00f3n escatol\u00f3gica que los necesitados (los seis tipos de pobres: hambrientos, sedientos, desnudos&#8230;) son lugar de reino, hermanos del juez resucitado. Esta referencia al valor preeclesial, o mejor supraeclesial, de la pobreza aparece de manera clara en Mt 19,21: \u00abSi quieres ser perfecto vete, vende lo que tienes, d\u00e1selo a los pobres&#8230; y luego s\u00ed\u00adgueme\u00bb (cf. Mc 10,21; Lc 18,22). Los ptokhoi o pobres a los que se alude aqu\u00ed\u00ad no son miembros de la comunidad, cristianos o jud\u00ed\u00ados. Son sencillamente los necesitados, sea cual fuere su actitud social o religiosa. Frente a los iniciados de Qumr\u00e1n, que interpretan el valor de la pobreza de manera b\u00e1sicamente comunitaria (cada uno tiene que dar sus  bienes al grupo), Jes\u00fas abre una exigencia universal: los bienes han de ser para los pobres, sin exclusivismos ni limitaciones. Situado en esta perspectiva, Mt 25,31-46 habla muy claro: el encuentro mesi\u00e1nico del hombre con Jes\u00fas se realiza en el servicio universal de ayuda a los necesitados, dentro o fuera de la Iglesia. Lo que importa es el hombre en cuanto necesitado, no en cuanto cristiano o miembro de la propia comunidad. S\u00f3lo desde aqu\u00ed\u00ad, en un segundo momento, se entiende aquello que podr\u00ed\u00ada llamarse la eclesializaci\u00f3n mateana de la pobreza, tanto en perspectiva de opci\u00f3n personal como en l\u00ed\u00adnea de apertura comunitaria. Por lo que respecta a la opci\u00f3n personal por la pobreza, el tema es claro: frente al macarismo abierto de Lc 6,20 (bienaventurados los pobres), Mt 5,3 ha concretado la palabra y dice \u00abpobres en esp\u00ed\u00adritu\u00bb (ptoklioi t\u00f3 pnet\u00ed\u00adniati)&#8217;, de esa forma alude a los que asumen personalmente la pobreza como \u00e1mbito de salvaci\u00f3n, esto es, la eligen, aceptan o cultivan como signo y expresi\u00f3n de gracia (de un modo especial en un contexto de Iglesia). El mismo proceso de eclesializaci\u00f3n sem\u00e1ntica ha sufrido el t\u00e9rmino de ni\u00f1o (pa.id.ion) en Mt 18,2-3. En un primer momento, el texto habla de un ni\u00f1o-ni\u00f1o (cristiano o no cristiano), como s\u00ed\u00admbolo y lugar de reino (Mt 18,2); pero, en un segundo momento, el texto habla de aquellos que se hacen como ni\u00f1os en plano de elecci\u00f3n y compromiso voluntarios (Mt 18,3), lo cual nos sit\u00faa en \u00e1mbito de Iglesia (Mt 18,4s), de tal forma que podemos suponer que los cristianos se hacen ni\u00f1os en la Iglesia en la medida en que sirven a los ni\u00f1os, pertenezcan o no a la Iglesia. (a) Hay un punto de partida universal: fundado en el mensaje de Jes\u00fas, Mateo sabe, igual que Lucas, que los pobres deben entenderse en sentido universal (cf. Mt 11,5; 19,21); lo que en ellos cuenta no es la fe, ni la apertura eclesial, sino la misma condici\u00f3n de desamparo. (b) En un segundo momento, Mt eclesializa el tema: la Iglesia asume el valor de la pobreza y la exigencia de la ayuda mutua entre los hombres; ella es precisamente aquel lugar donde los hombres pueden cultivar, en vocaci\u00f3n personal y apertura comunitaria, el sentido radical de la pobreza y peque\u00f1ez humana, (c) Mt 25,31-46, asumiendo como evidente la condensaci\u00f3n eclesial, vuelve a proyectar el tema en campo universal: so bre la pobreza del mundo, como lugar de manifestaci\u00f3n del Reino, emerge la exigencia de una ayuda interhumana abierta; aquello que la Iglesia ha buscado en su experiencia se vendr\u00e1 a mostrar al fin como principio y base de la humanidad en cuanto tal.<\/p>\n<p>(6) El pobre como ni\u00f1o. Paidion. Cercanos a los pobres (ptokhoi) est\u00e1n los paidia, ni\u00f1os, tanto por su impotencia como por su valor en \u00e1mbito de reino. De ellos habla un pasaje clave de la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica (Mc 10,13-16 y Lc 18,15-17) que Mt reproduce en parte en 19,13-15 y que explicita en 18,1-6. Si unimos ambos textos obtenemos una visi\u00f3n de conjunto que consta de tres momentos, (a) En el punto de partida est\u00e1 el valor del ni\u00f1o como ni\u00f1o, antes de toda pertenencia eclesial, antes de todo esfuerzo propio o de toda fe objetivada de forma confesional. Lo que cuenta es la impotencia, es la necesidad de un ni\u00f1o cualquiera que se acerca a Jes\u00fas y recibe su bendici\u00f3n, porque \u00abde \u00e9stos es el reino de los cielos\u00bb (Mt 19,14-15). Por eso, cuando en \u00e1mbito eclesial preguntan: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es el mayor en el reino de los cielos?\u00bb, Jes\u00fas quiebra con fuerza el c\u00ed\u00adrculo cerrado de la Iglesia, esto es, de sus disc\u00ed\u00adpulos: toma un ni\u00f1o cualquiera y lo pone en el centro (Mt 18,1; cf. Mc 9,36; Lc 9,47). Ese gesto vale m\u00e1s que todas las sentencias: importa el ni\u00f1o, esto es, el hombre como necesitado, peque\u00f1o e impotente. Frente a las palabras de autojustificaci\u00f3n del legalismo jud\u00ed\u00ado o cristiano, frente al orgullo clasista del que mide al hombre por sus obras, Jes\u00fas asume al ni\u00f1o como \u00e1mbito de reino, como signo de presencia trascendente. S\u00f3lo a partir de aqu\u00ed\u00ad se entiende todo el Evangelio, (b) El ni\u00f1o como signo de evangelio. Rompiendo el deseo de justificaci\u00f3n por las obras, el Evangelio invierte el sentido de la acci\u00f3n: frente al hombre que se quiere hacer mayor, Jes\u00fas sit\u00faa la exigencia de volverse como ni\u00f1os. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad puede acogerse el Reino en gesto de apertura y gracia (cf. Mc 10,15; Lc 18,17): \u00abEn verdad os digo, si no cambi\u00e1is y os volv\u00e9is como ni\u00f1os no entrar\u00e9is en el reino de los cielos\u00bb (Mt 18,3). Lo mismo que se hablaba antes de \u00abpobres en esp\u00ed\u00adritu\u00bb ha de hablarse ahora de \u00abni\u00f1os en esp\u00ed\u00adritu\u00bb: son los hombres que, viviendo en este mundo y superando todo gesto de conquista impositiva, saben recibir en gratuidad  el don del Reino. Hay una especie de ni\u00f1ez espiritual que es propia del disc\u00ed\u00adpulo de Cristo y se precisa en actitud de aceptaci\u00f3n y cultivo de la gracia, (c) Acoger al ni\u00f1o. Esa infancia de esp\u00ed\u00adritu ha de abrirse a la exigencia de \u00abayudar al ni\u00f1o\u00bb (Mt 18,5; cf. Mc 9,37; Lc 9,48). No basta con hacerse como ni\u00f1o, hay que acoger al ni\u00f1o porque es signo y expresi\u00f3n del Cristo. En un primer momento se corr\u00ed\u00ada el riesgo de entender al ni\u00f1o como expresi\u00f3n sentimental de plenitud; el seguimiento de Jes\u00fas podr\u00ed\u00ada acabar tom\u00e1ndose como puro infantilismo. Pues bien, con esta nueva perspectiva cambia el orden del conjunto: s\u00f3lo ha descubierto el valor del ni\u00f1o -y del necesitadoaquel que lo acoge como signo de Jes\u00fas, realizando en su favor un gesto de familia, de ayuda, de servicio. Del valor b\u00e1sico del ni\u00f1o derivan dos grandes consecuencias: una personal: exigencia de acoger al ni\u00f1o, en gratuidad, en apertura, en esperanza no impositiva; otra social: urgencia de ayudar gratuitamente a los necesitados, esto es, a los peque\u00f1osni\u00f1os. Nos hallamos todav\u00ed\u00ada en un nivel que podemos llamar supraeclesial: antes de crear su propia comunidad, Jes\u00fas ofrece un campo de evangelio y reino a todos los hombres marginados, peque\u00f1os, incapaces de vivir por s\u00ed\u00ad mismos. Ellos son el gran destinatario del amor de Dios, lugar de su actuaci\u00f3n privilegiada sobre el mundo. Esto significa que la urgencia de volverse como ni\u00f1os y acogerles (ayudarles; Mt 18,35) se encuentra antes del mismo surgimiento de la Iglesia, es una especie de cimiento de Evangelio en el que debe sustentarse la existencia de todos los creyentes. Dicho de otra forma: no son los ni\u00f1os para la Iglesia, sino la Iglesia para extender el Evangelio de los ni\u00f1os (cristianos o no) que Jes\u00fas ha pregonado. S\u00f3lo en un segundo momento puede y debe aplicarse el tema en la Iglesia, entendida como espacio donde, partiendo del mensaje y presencia de Jes\u00fas, se vive en toda intensidad la gracia de la propia peque\u00f1ez como lugar de Dios y la exigencia de ayudar a los peque\u00f1os del entorno. Este es el tema que subyace en el cuerpo del discurso de Mt 18, precisado a trav\u00e9s de la conversi\u00f3n delpaidion (ni\u00f1o en general) en mikros (peque\u00f1o; cf. Mt 18,5-6). En ese contexto avanza Mt25,31-46: los seis tipos de pobres (en los que se incluyen evidentemente los ni\u00f1os) no valen por ser cristianos, sino por ser necesitados, viniendo a presentarse de esa forma como signo del Dios de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(7) El pobre como sencillo, peque\u00f1o (nepioi). Jes\u00fas entra en el templo y expulsa a los mercaderes, enfrent\u00e1ndose con los sacerdotes y escribas, que responden como si fueran due\u00f1os del lugar, hombres importantes. Pues bien, Jes\u00fas les responde diciendo que la alabanza de Dios brota de los nepioi, de los sencillos, de los ni\u00f1os de pecho (cf. Mt 21,16, con cita de Sal 8,3 LXX). Para Jes\u00fas, la casa de Dios no es lugar de sabios y grandes, sino de cojos, mancos, ciegos, de ni\u00f1os y sencillos. Ellos son los verdaderos se\u00f1ores y beneficiados de la santidad de Dios, el nuevo templo de Jes\u00fas, su Iglesia (Mt 21,1416). En este contexto se sit\u00faan los peque\u00f1os y los ni\u00f1os. En un primer momento se les llama paidas (21,15): son los de peque\u00f1a edad, aquellos que no tienen a\u00f1os para conocer la ley, ni para cumplirla. Pues bien, estos ignorantes descubren con j\u00fabilo mesi\u00e1nico el misterio de Jes\u00fas y le aclaman diciendo \u00abhosanna al hijo de David\u00bb. En este contexto, los mismos ni\u00f1os que antes aparec\u00ed\u00adan como necesitados vienen a presentarse como los verdaderos creyentes: son aquellos que est\u00e1n libres de prejuicios y as\u00ed\u00ad pueden abrirse a la gracia de Jes\u00fas y confiar en \u00e9l; \u00e9stos son los verdaderos nepioi, son peque\u00f1os y sencillos. En ese contexto recibe su sentido la palabra clave de Mt 11,25 (cf. Lc 10,21): \u00abgracias te doy, Padre&#8230; porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has revelado a los sencillos o peque\u00f1os (nepioi)\u00bb. Precisamente aquellos que son como ni\u00f1os (paidia) aparecen aqu\u00ed\u00ad como nepioi, sencillos-peque\u00f1os; son aquellos que pueden aclamar a Jes\u00fas en su templo (cf. Mt 21,15), porque han recibido un conocimiento m\u00e1s alto del don de la vida. Frente al sabio Israel, representado en las ciudades de Cafarna\u00fan, Coroza\u00ed\u00adm y Betsaida, que en su af\u00e1n de elevarse hasta el cielo, negando a Jes\u00fas, se pierden a s\u00ed\u00ad mismas (cf. Mt 11,23), frente a la seguridad y prudencia de aquellos que buscan su propia justificaci\u00f3n, se elevan ahora los peque\u00f1os, los pobres verdaderos, los que nada tienen. Estos son los kopi\u00f3ntes (fatigados) y pephortism\u00e9noi (cargados). No son ni\u00f1os en la edad; pero lo  siguen siendo en apertura y confianza ante el misterio. Jes\u00fas mismo, como pratis y tapeinos (manso y humilde), es uno de ellos: forma parte del grupo de los que no quieren destacar, sobresalir violentamente. Por eso, su comunidad no est\u00e1 formada por sabios y entendidos, como pasa en Qumr\u00e1n, sino por aquellos que son por necesidad peque\u00f1os (ni\u00f1os, necesitados) y por aquellos que saben hacerse peque\u00f1os en actitud de acogimiento, esto es, los praeis y por los nepioi (cf. Mt 5,5; 11,25.29). Desde esta base se entienden los elakhistoi, los m\u00e1s pobres y peque\u00f1os de Mt 25,40.45: ellos son ante todo los necesitados, esto es, los hambrientos y sedientos, y, a su lado, con ellos, los sencillos (nepioi), es decir, aquellos que no se dan importancia a s\u00ed\u00ad mismos y acogen en amor a los otros, a los necesitados. S\u00f3lo porque el Reino (Jes\u00fas) est\u00e1 presente en los peque\u00f1os (hambrientos, sedientos, exiliados&#8230;) tiene sentido la actitud de peque\u00f1ez acogedora, agradecida, de los nepioi, es decir, de aquellos que viven en sencillez y acogen a los pobres.<\/p>\n<p>(8) Los pobres como menores (mikroi). Las observaciones anteriores se explicitan y culminan en la palabra mikros-mikroi (peque\u00f1o, peque\u00f1os), que expresa y concreta el sentido de los ni\u00f1os (paidia) y de los pobres dentro de la Iglesia (cf. Mt 18,6.10.14). Este es el signo de los seguidores de Jes\u00fas, su nota distintiva frente a Juan Bautista (Mt 11,11), su aut\u00e9ntica grandeza (Mt 10,42). En un sentido, los mikroi son peque\u00f1os sin m\u00e1s, de manera que no se pueden identificar con los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas (lo mismo que pasa en Mt 25,40.45 con los elekliistoi). Pero, en otro sentido, la forma de ser del mikros o peque\u00f1o define a los creyentes en la Iglesia. En ese contexto se entiende el pasaje ya citado de Mt 11,11 (cf. Lc 7,28), originario de Q, donde se muestra que la superioridad de los cristianos frente a Juan Bautista no se funda en alg\u00fan tipo de m\u00e9ritos o acciones m\u00e1s excelsas, sino en su misma peque\u00f1ez de disc\u00ed\u00adpulos mesi\u00e1nicos del Cristo que ha querido asumir la condici\u00f3n de siervo y peque\u00f1o sobre el mundo. Por eso, mikroteros (el m\u00e1s peque\u00f1o en el Reino) es aquel que est\u00e1 m\u00e1s necesitado e indefenso: precisamente all\u00ed\u00ad donde, en \u00e1mbito de reino, falta la grandeza personal y el valor conquistado por uno mismo, all\u00ed\u00ad donde el hombre se limita a vivir del don de Jesucristo emerge la aut\u00e9ntica grandeza. De esa forma, el m\u00e1s peque\u00f1o viene a presentarse como el m\u00e1s grande, como sabe el texto program\u00e1tico de Mt 18,6-14. Jes\u00fas ha comenzado hablando de los ni\u00f1os (paidia: cf. Mt 18,2.5). Pero muy pronto pasa de los ni\u00f1os en general a los peque\u00f1os dentro de la Iglesia (cf. Mt 18,6) y as\u00ed\u00ad lo supone todo lo que sigue (cf. 18,10.14). Estos peque\u00f1os no son un tipo de disc\u00ed\u00adpulos especiales, con m\u00e9ritos propios, sino aquellos que por una raz\u00f3n especial se encuentran en condiciones de inferioridad frente al resto de los creyentes: son mikroi, los simples, los que carecen de firmeza y vagan en las mismas fronteras de la Iglesia, oprimidos por la tentaci\u00f3n, el desaliento o el deseo de encontrar otros caminos en la vida. Pues bien, el Evangelio, dirigi\u00e9ndose a los grandes, los seguros, \u00abbien fundados en la fe\u00bb, les recuerda la exigencia de no escandalizar ni despreciar a los otros, m\u00e1s peque\u00f1os, pues Dios mismo cuida de ellos. En esta misma l\u00ed\u00adnea se sit\u00faan las palabras fundamentales de Mt 10,42, donde se habla de los misioneros-ap\u00f3stoles y ni\u00f1os en la Iglesia. Ciertamente, representan a Jes\u00fas sus enviados-ap\u00f3stoles (cf. Mt 10,40), es decir, los profetas y justos, aquellos que realizan una tarea activa al servicio del evangelio (cf. Mt 10,41). Pero, dicho eso, Mateo ha juzgado absolutamente necesario introducir un correctivo, pues no quiere dar la impresi\u00f3n de que el valor y la importancia de la Iglesia depende de sus grandes personajes. Por eso a\u00f1ade: \u00abY el que diere de beber un vaso de agua fr\u00ed\u00ada a uno de estos peque\u00f1os [mikroii], en raz\u00f3n de que es disc\u00ed\u00adpulo, en verdad os digo que recibir\u00e1 su recompensa\u00bb (Mt 10,42). Estos peque\u00f1os o mikroi de la Iglesia no son los creyentes sin m\u00e1s, ni mucho menos aquellos que destacan dentro de ella (profetas-justos), sino la parte despreciada de la Iglesia, aquellos que parece que no aportan nada y s\u00f3lo tienen nombre de disc\u00ed\u00adpulos. Pues bien, en contra de los que piensan que son superiores porque pueden o realizan algo mayor que los otros, el Jes\u00fas de Mateo responde que los m\u00e1s grandes en la Iglesia son los m\u00e1s peque\u00f1os, pues no tienen riqueza material o sabidur\u00ed\u00ada. La Iglesia viene a presentarse  as\u00ed\u00ad como hogar para pobres y excluidos, para menores y sencillos.<\/p>\n<p>(9) Una Iglesia de pobres. La iglesia de Jes\u00fas no puede postular una verdad exclusivista, no se puede arrogar ninguna especie de ventaja o primac\u00ed\u00ada que la venga a convertir en un objeto de servicio para el resto de los hombres, sino que asume y cumple, de manera condensada, una verdad que le desborda, el don y la exigencia del Mes\u00ed\u00adas de los pobres. Sobre esta base pueden ponerse de relieve tres rasgos, (a) Fundarnentaci\u00f3n rnesi\u00e1nica. Lo que Jes\u00fas dice de los pobres vale para todos los necesitados, sean o no cristianos, y as\u00ed\u00ad lo pone de relieve Mt 25,31-46, donde los pobres-pobres, por hecho de serlo (por ser hambrientos, sedientos, exiliados, enfermos o encarcelados), son presencia rnesi\u00e1nica de Dios sobre la tierra, (b) Experiencia eclesial. La Iglesia no tiene ventajas sobre los pobres, ni sobre los restantes hombres y mujeres, pero ella sabe de hecho que el Mes\u00ed\u00adas de Dios son los pobres, (c) Acci\u00f3n misionera. Desde el momento en que ella sabe que el Mes\u00ed\u00adas se identifica con los pobres, la Iglesia puede y debe comportarse de manera correspondiente. Los cristianos saben que Jes\u00fas est\u00e1 en los m\u00e1s necesitados (cf. Mt 18,6.10.14; 10,42); por eso, ellos deben presentar y desplegar la Iglesia como hogar donde los pobres son evangelizados, es decir, donde ellos vivan la buena nueva del Reino (cf. Mt 11,5). Desde aqu\u00ed\u00ad debe entenderse el mensaje de Mt 25,31-46. En un primer momento, los cristianos no tienen ninguna ventaja respecto a los restantes hombres y mujeres de la tierra, pues a todos se les dice y se les pide lo mismo: se les dice que Dios est\u00e1 en los pobres y se les pide que les ayuden. Pero en un segundo momento ellos tienen una ventaja, que se puede convertir en desventaja, si es que no act\u00faan en consecuencia: los cristianos saben lo que otros quiz\u00e1 no saben: ellos saben que todos los hombres y mujeres de la tierra se vinculan y pueden dialogar entre s\u00ed\u00ad a partir de los pobres. En este contexto ha dicho Mt 25,31-46 su palabra: p\u00e1nta ta ethn\u00e9, vinculando as\u00ed\u00ad a todos los pueblos, por encima de razas y credos religiosos, iniciando as\u00ed\u00ad el \u00fanico verdadero ecumenismo humano: todos los hombres y mujeres de la tierra pueden encontrarse y se encuentran en el   servicio a los pobres. Ciertamente, el evangelio de Mateo sabe que es preciso abrir el discipulado y ofrecer la Iglesia a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 29,18), para que todos puedan vivir el Evangelio. Pero esa apertura del mensaje a todos los pueblos s\u00f3lo es posible all\u00ed\u00ad donde los pobres aparecen como privilegiados (cf. Mt 10,42; 18,6.10.14) y como destinatarios del Evangelio, que es buena nueva de salvaci\u00f3n y plenitud para ellos (cf. Mt 11,5). En base a esto, la humanidad se divide en dos grupos que son: por un lado los pobres (hambrientos, sedientos) y por otro lado aquellos que sirven a los pobres, conforme a la palabra clave de Mt 25,44: \u00ab\u00bfCu\u00e1ndo te vimos hambriento, sediento, desnudo, extranjero, enfermo o encarcelado y no te servimos (kai lio cli\u00e9kon\u00e9samen soi)?\u00bb. Servir al Mes\u00ed\u00adas de Dios en los pobres: \u00e9sa es la verdad del Evangelio, \u00e9sta es la verdad de toda la Biblia.<\/p>\n<p>Cf. I. Ellacur\u00ed\u00ada y J. Sobrino, Mysterium liberationis. Conceptos fundamentales de la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n, Trotta, Madrid 1990; X. Pikaza, Hermanos de Jesils y servidores de los m\u00e1s peque\u00f1os. Mt 25,31-45, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1984.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>Personas que tienen poco dinero o pocos bienes de cualquier clase. El adjetivo \u2020\u0153pobre\u2020\u009d a veces se aplica a algo humilde o a la persona o cosa que tiene carencia o escasez de algo, sea material o espiritual, y con frecuencia expresa compasi\u00f3n por el que se halla en tal situaci\u00f3n.<br \/>\nEl problema de la pobreza ha existido desde la antig\u00fcedad. A trav\u00e9s de los siglos, la proporci\u00f3n de personas necesitadas por lo general ha sido mayor que la de personas solventes. Despu\u00e9s de aceptar un acto de generosidad, Jes\u00fas reconoci\u00f3 la dura realidad de que la pobreza segu\u00ed\u00ada existiendo entre los humanos imperfectos, cuando dijo a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Porque siempre tienen a los pobres con ustedes, y cuando quieran pueden hacerles bien, pero a m\u00ed\u00ad no siempre me tienen\u2020\u009d. (Mr 14:7.) La Biblia presenta un punto de vista equilibrado sobre ese problema: expresa compasi\u00f3n por los que sufren en condiciones opresivas, al mismo tiempo que reprende a los que en realidad \u2020\u02dccomen su propia carne\u2020\u2122 debido a su indolencia. (Ec 4:1, 5; Pr 6:6-11.) Concede mayor importancia a la prosperidad espiritual que a la material (1Ti 6:17-19); por eso el ap\u00f3stol escribi\u00f3: \u2020\u0153Porque nada hemos tra\u00ed\u00addo al mundo, y tampoco podemos llevarnos cosa alguna. Teniendo, pues, sustento y con qu\u00e9 cubrirnos, estaremos contentos con estas cosas\u2020\u009d. (1Ti 6:7, 8.) No obstante, las Escrituras no dicen que la pobreza material sea una virtud en s\u00ed\u00ad misma, y previenen de la tentaci\u00f3n de robar a la que podr\u00ed\u00ada conducir un grado extremo de pobreza. (Pr 6:30, 31; 30:8, 9; contr\u00e1stese con Ef 4:28.)<\/p>\n<p>Los pobres en Israel. Jehov\u00e1 no quer\u00ed\u00ada que ning\u00fan israelita se sumiera en la pobreza. El dio a la naci\u00f3n una herencia de tierra. (N\u00fa 34:2-12.) A excepci\u00f3n de los levitas, que recib\u00ed\u00adan un diezmo del producto de la tierra por su servicio en el santuario, todas las familias israelitas ten\u00ed\u00adan una parte en esa herencia, de modo que dispon\u00ed\u00adan de un medio de mantenerse a s\u00ed\u00ad mismas. (N\u00fa 18:20, 21.) La posesi\u00f3n de la tierra era segura y las leyes de la herencia garantizaban que la tierra seguir\u00ed\u00ada como propiedad de la familia a la que pertenec\u00ed\u00ada. (N\u00fa 27:7-11; 36:6-9; Dt 21:15-17; v\u00e9ase HERENCIA.) No pod\u00ed\u00ada venderse a perpetuidad (Le 25:23), de ah\u00ed\u00ad que en el a\u00f1o de Jubileo todas las tierras hereditarias que se hab\u00ed\u00adan vendido se devolv\u00ed\u00adan a sus leg\u00ed\u00adtimos propietarios. (Le 25:13.) As\u00ed\u00ad pues, hasta en el caso de que un hombre hubiera derrochado sus bienes, sus descendientes no perder\u00ed\u00adan su herencia de manera definitiva.<br \/>\nLa adherencia fiel a la ley de Dios habr\u00ed\u00ada evitado de modo considerable la pobreza entre los israelitas. (Dt 15:4, 5.) Sin embargo, en caso de desobedecer, no recibir\u00ed\u00adan la bendici\u00f3n de Jehov\u00e1, y eso los llevar\u00ed\u00ada a caer en la pobreza debido a calamidades, como invasiones de ej\u00e9rcitos armados o extrema sequ\u00ed\u00ada. (Dt 28:22-25; comp\u00e1rese con Jue 6:1-6; 1Re 17:1; 18:17, 18; Snt 5:17, 18.) Debido a ser perezosos (Pr 6:10, 11; 10:4; 19:15; 20:13; 24:30-34), borrachos, glotones (Pr 23:21) o ir tras los placeres (Pr 21:17), algunas personas se conducir\u00ed\u00adan a s\u00ed\u00ad mismas y a sus familias a la pobreza. Adem\u00e1s, tambi\u00e9n podr\u00ed\u00adan surgir circunstancias imprevistas que sumieran a alguien en la pobreza. La muerte pod\u00ed\u00ada hacer que algunas personas quedaran hu\u00e9rfanas o viudas. Los accidentes y la enfermedad podr\u00ed\u00adan impedir que alguien efectuase el trabajo necesario, temporal o permanentemente. Por esas razones, Jehov\u00e1 pudo decir a Israel: \u2020\u0153Porque nunca dejar\u00e1 de haber alguien pobre en medio de la tierra\u2020\u009d. (Dt 15:11.)<br \/>\nNo obstante, la Ley ayudaba de manera notable a los pobres a enfrentarse con su situaci\u00f3n. Durante la cosecha, ten\u00ed\u00adan el derecho de espigar en los campos ya segados y de rebuscar en los huertos y en las vi\u00f1as, de modo que no tuvieran que mendigar pan o recurrir al robo. (Le 19:9, 10; 23:22; Dt 24:19-21.) Un israelita necesitado pod\u00ed\u00ada pedir dinero prestado sin tener que pagar inter\u00e9s, y deb\u00ed\u00ada trat\u00e1rsele con generosidad. (Ex 22:25; Le 25:35-37; Dt 15:7-10; v\u00e9ase DEUDA, DEUDOR.) Un israelita pod\u00ed\u00ada vender su tierra o venderse a s\u00ed\u00ad mismo como esclavo por un tiempo, para incrementar sus recursos econ\u00f3micos. (Le 25:25-28, 39-54.) Con el fin de no poner una carga sobre los pobres, la Ley les permit\u00ed\u00ada presentar una ofrenda de menos valor en el santuario. (Le 12:8; 14:21, 22; 27:8.)<br \/>\nLa ley de Dios exig\u00ed\u00ada igual justicia para los ricos que para los pobres, y por lo tanto, no favorec\u00ed\u00ada a ninguno de los dos debido a su posici\u00f3n. (Ex 23:3, 6; Le 19:15.) Pero como la naci\u00f3n de Israel se volvi\u00f3 infiel, los pobres fueron muy oprimidos. (Isa 10:1, 2; Jer 2:34.)<\/p>\n<p>En el siglo I E.C. Parece ser que entre los jud\u00ed\u00ados del siglo I E.C. imperaba una considerable pobreza. La dominaci\u00f3n extranjera desde el tiempo del exilio en Babilonia impidi\u00f3 la plena aplicaci\u00f3n de la ley mosaica, que proteg\u00ed\u00ada las posesiones hereditarias. (Comp\u00e1rese con Ne 9:36, 37.) Los l\u00ed\u00adderes religiosos, en especial los fariseos, estaban m\u00e1s preocupados por la tradici\u00f3n que por inculcar el verdadero amor al pr\u00f3jimo y la debida consideraci\u00f3n a los padres necesitados y de edad avanzada. (Mt 15:5, 6; 23:23; comp\u00e1rese con Lu 10:29-32.) Los fariseos amaban el dinero y ten\u00ed\u00adan poco inter\u00e9s en los pobres. (Lu 16:14.)<br \/>\nSin embargo, Cristo Jes\u00fas \u2020\u02dcse compadeci\u00f3 de las muchedumbres, porque estaban desolladas y desparramadas como ovejas sin pastor\u2020\u2122. (Mt 9:36.) Declar\u00f3 las buenas nuevas a los pobres y los oprimidos, lo que supuso un contraste tan marcado con la actitud de los l\u00ed\u00adderes religiosos del juda\u00ed\u00adsmo, que constituy\u00f3 una de las pruebas de que efectivamente era el Mes\u00ed\u00adas. (Mt 11:5; Lu 4:18; 7:22.) La obra de Jes\u00fas abri\u00f3 el glorioso privilegio de heredar el Reino celestial a los que respondieron favorablemente. (Mt 5:3; Lu 6:20.)<br \/>\nComo los jud\u00ed\u00ados estaban en una relaci\u00f3n de pacto con Dios, ten\u00ed\u00adan la obligaci\u00f3n de ayudar a sus compa\u00f1eros israelitas necesitados. (Pr 14:21; 28:27; Isa 58:6, 7; Eze 18:7-9.) D\u00e1ndose cuenta de este hecho, despu\u00e9s de aceptar a Jes\u00fas como el Mes\u00ed\u00adas, Zaqueo exclam\u00f3: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Mira! La mitad de mis bienes, Se\u00f1or, la doy a los pobres\u2020\u009d. (Lu 19:8.) Por la misma raz\u00f3n, Cristo Jes\u00fas pudo decir: \u2020\u0153Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y ser\u00e1s feliz, porque ellos no tienen con qu\u00e9 pag\u00e1rtelo\u2020\u009d. (Lu 14:13, 14.) En otra ocasi\u00f3n, Jes\u00fas anim\u00f3 a un joven gobernante rico a hacer lo siguiente: \u2020\u0153Vende todas las cosas que tienes y distribuye entre los pobres, y tendr\u00e1s tesoro en los cielos; y ven, s\u00e9 mi seguidor\u2020\u009d. (Lu 18:22.) El hecho de que este hombre no quisiera deshacerse de sus posesiones para ayudar a otros mostraba que no ten\u00ed\u00ada verdadero inter\u00e9s en los oprimidos, y, por consiguiente, no reun\u00ed\u00ada las cualidades necesarias para ser disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas. (Lu 18:23.)<br \/>\nEl que Jes\u00fas promoviese la ayuda a los pobres concordaba con lo que \u00e9l mismo hab\u00ed\u00ada hecho. En los cielos, como Hijo de Dios, lo hab\u00ed\u00ada tenido todo, pero \u2020\u0153aunque era rico, se hizo pobre\u2020\u009d. Debido a que vivi\u00f3 en la Tierra como hombre pobre, pudo redimir a la raza humana, haciendo disponible la mayor de las riquezas: la posibilidad de que sus seguidores llegaran a ser hijos de Dios. (2Co 8:9.) Adem\u00e1s, tambi\u00e9n se les hicieron disponibles otras grandes riquezas espirituales. (Comp\u00e1rese con 2Co 6:10; Rev 2:9; 3:17, 18.)<br \/>\nCuando Jes\u00fas estuvo en la Tierra, se interes\u00f3 personalmente en los que eran pobres en sentido econ\u00f3mico. El y sus ap\u00f3stoles ten\u00ed\u00adan un fondo com\u00fan del que daban a los israelitas necesitados. (Mt 26:9-11; Mr 14:5-7; Jn 12:5-8; 13:29.) Los cristianos siguieron manifestando ese mismo inter\u00e9s amoroso por los pobres a\u00f1os despu\u00e9s, pues daban ayuda material a sus hermanos pobres. (Ro 15:26; G\u00e1l 2:10.) Pero algunos lo olvidaron; por esa raz\u00f3n, al disc\u00ed\u00adpulo Santiago se le hizo necesario reprenderlos por mostrar favoritismo a los ricos y despreciar a los pobres. (Snt 2:2-9.)<br \/>\nPor supuesto, solo recib\u00ed\u00adan ayuda material los que la merec\u00ed\u00adan. Nunca se fomentaba la pereza, como indic\u00f3 el ap\u00f3stol Pablo al escribir a los Tesalonicenses: \u2020\u0153Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma\u2020\u009d. (2Te 3:10; v\u00e9anse D\u00ed\u0081DIVAS DE MISERICORDIA; MENDIGO, MENDICIDAD.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Los pobres, a menudo olvidados en nuestras literaturas cl\u00e1sicas, ocupan en la Biblia un puesto considerable. El vocabulario concreto del hebreo permite ya evocar su lastimoso cortejo: al lado de ras, \u00abel indigente\u00bb, tenemos dal, el \u00abflaco\u00bb o el \u00abraqu\u00ed\u00adtico\u00bb, eby\u00f3n, el \u00abmendigo\u00bb insaciado, &#8216;ani y &#8216;anav (en plural &#8216;anavim), el hombre \u00ababajado\u00bb y afligido. Pero la \u00abpobreza\u00bb de que habla la Biblia no es solamente una condici\u00f3n econ\u00f3mica y social, sino que puede tambi\u00e9n ser una disposici\u00f3n interior, una actitud del alma; el AT nos revela as\u00ed\u00ad las riquezas espirituales de la pobreza, y el NT reconoce en los verdaderos pobres a los herederos privilegiados del reino de Dios.<\/p>\n<p>AT. I. EL ESC\u00ed\u0081NDALO DE LA POBREZA. Israel, lejos de considerar espont\u00e1neamente la pobreza como un ideal espiritual, ve\u00ed\u00ada m\u00e1s bien en ella un mal menor que hab\u00ed\u00ada que so-portar, y hasta un estado despreciable, en la medida en que tina concepci\u00f3n durante largo tiempo imperfecta de la *retribuci\u00f3n divina miraba las *riquezas materiales como recompensa cierta de la fidelidad a Dios (cf. Sal 1,3; 112,1.3).<\/p>\n<p>Existen, sin embargo &#8211; los sabios lo saben -, pobres virtuosos (Prov 19,1.22; 28,6; Ecl 4,13), pero la experiencia ense\u00f1a que la miseria es a menudo consecuencia de la pereza (Prov 6,6-11; 10,4s) o del desorden (13,18; 21,17), o tambi\u00e9n que la misma se convierte en ocasi\u00f3n de peca-do. El ideal parece ser un justo me-dio, \u00abni pobreza ni riqueza\u00bb (Prev 30,8s; cf. Tob 5,18ss).<\/p>\n<p>II. LAS CONSIDERACIONES DEBIDAS A LOS POBRES. Otro hecho se impone tambi\u00e9n con no menos evidencia: muchos pobres son sobre todo v\u00ed\u00adctimas de la suerte o de la injusticia de los hombres, como el proletario rural cuya terrible aflicci\u00f3n describe Job 24,2-12. Estos desheredados hallaron en los profetas a sus defensores natos. Despu\u00e9s de Am\u00f3s, que \u00abruge\u00bb contra los cr\u00ed\u00admenes de Israel (Am 2,6ss; 4,1; 5,11), los portavoces de Yahveh denuncian sin tregua \u00abla violencia y el bandidaje\u00bb (Ez 22, 29) que inficionan el pa\u00ed\u00ads: fraudes desvergonzados en el comercio (Am 8,5s; Os 12,8), acaparamiento de las tierras (Miq 2,2; Is 5,8), esclaviza-miento de los peque\u00f1os (Jer 34,8-22; cf. Neh 5,1-13), abuso del poder y perversi\u00f3n de la justicia misma (Am 5,7; Is 10,1s; Jer 22,13-17). Una de las misiones del Mes\u00ed\u00adas ser\u00e1 la de defender los derechos de los m\u00ed\u00adseros y de los pobres (Is 11,4; Sal 72,2ss.12ss).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, en este punto coincid\u00ed\u00adan los profetas con la ley (cf. Ex 20.15ss; 22,21-26; 23,6); en particular el Deuteronomio prescribe todo un conjunto de actitudes caritativas y de medidas sociales para atenuar el sufrimiento de los indigentes (Dt 15,1-15; 24,10-15; 26,12). Tampoco los sabios dejan de recordar los sagrados derechos del pobre (Prov 14,21; 17,5; 19,17), cuyo defensor poderoso es el Se\u00f1or (Prov 22,22s; 23, 10s). Y es sabido que la *limosna es un elemento esencial de la verdadera piedad b\u00ed\u00adblica (Tob 4,7-11; Eclo 3,30-4, 6).<\/p>\n<p>III. LA ORACI\u00ed\u201cN Y EL ALMA DE LOS \u00abPOBRES DE YAHVEH\u00bb. \u00abEl grito de los pobres\u00bb que se eleva hasta los o\u00ed\u00addos de Dios (cf. Job 34,28) resuena con frecuencia en los salmos. Es cierto que en ellos no o\u00ed\u00admos s\u00f3lo los lamentos de los indigentes, sino tambi\u00e9n la oraci\u00f3n de los perseguidos, de los desgraciados, de los afligidos; todos \u00e9stos no dejan de formar partes de la familia de los pobres, cuya alma com\u00fan nos revelan los salmos (Sal 9-10; 22; 25; 69). Se da el caso de que expresen violentamente sus aspiraciones, sus ansias de un ma\u00f1ana mejor, en el que se inviertan las situaciones (54,7ss; 69,23-30), pe-ro esperan su salvaci\u00f3n de Yahveh, del que se reconocen solidarios, como el \u00abpobre\u00bb Jerem\u00ed\u00adas, que le con-fiaba su causa (Jer 20,12s). Sus *enemigos son los de Dios, los *soberbios (cf. Sal 18,28) y los *imp\u00ed\u00ados (9,14-19). Y su aflicci\u00f3n es un t\u00ed\u00adtulo a su amor (cf. 10,14).<\/p>\n<p>El pobre de los salmos aparece as\u00ed\u00ad como el amigo y el *servidor de Yahveh (cf. 86,Is), en quien se refugia con *confianza, al que *teme y *busca (cf. 34,5-11). Los traductores griegos del salterio comprendieronbien que no se trata aqu\u00ed\u00ad de la sola miseria material: para traducir &#8216;anav no pensaron en utilizar pt\u00f3khos, ((indigente\u00bb, o penes, pobre \u00abmenesteroso\u00bb, sino que prefirieron praus, que evoca la idea de un hombre \u00abmanso\u00bb, \u00absosegado\u00bb aun en la prueba. Con toda raz\u00f3n podemos nosotros tambi\u00e9n con frecuencia traducir &#8216;atavint por \u00abhumildes\u00bb (Sal 10,17; 18, 28; 37,11; cf. Is 26,5s). En efecto, su disposiei\u00f3n fundamental es la *humildad, esa anavah que ciertos textos del AT relacionan con la justicia (Sof 2,3), con el \u00abtemor de Dios\u00bb (Prov 15,33; 22,4) y con la fe o la fidelidad (Eclo 45,4 heb.; cf. 1, 27; N\u00fam 12,3).<\/p>\n<p>Los que sufren y oran con tales sentimientos merecen, s\u00ed\u00ad, el nombre de \u00abpobres de Yahveh\u00bb (cf. Sal 74, 19; 149,4s): son objeto de su amor ben\u00e9volo (cf. Is 49,13; 66,2) y constituyen las primicias del \u00abpueblo humilde y modesto\u00bb (Sof 3,12s), de \u00abla Iglesia de los pobres\u00bb que reunir\u00e1 el Mes\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>NT. I. EL MES\u00ed\u008dAS DE LOS POBRES. Al comenzar Jes\u00fas su serm\u00f3n inaugural con la *bienaventuranza de los pobres (Mt 5,3; Le 6,20), quiere hacer que se reconozca en ellos a los privilegiados del reino que anuncia (cf. Sant 2,5). Como lo cantaba Mar\u00ed\u00ada, la humilde sierva del Se\u00f1or (Lc 1,46-55), ha llegado ya la hora en que se van a realizar las promesas de otros tiempos: \u00ablos pobres comer\u00e1n y quedar\u00e1n saciados\u00bb (Sal 22,27), son convidados a la mesa de Dios (cf. Lc 14,21). Jes\u00fas aparece as\u00ed\u00ad como el Mes\u00ed\u00adas de los pobres, consagrados por la unci\u00f3n para ]levarte la buena nueva (Is 61,1 Lc 4,18; cf. Mt 11,5).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el mismo Mes\u00ed\u00adas de los pobres es tambi\u00e9n un pobre. Bel\u00e9n (Le 2,7), Nazaret (Mt 13,55), la vida p\u00fablica (8,20), la cruz (27,35) son otras tantas formas diversas de la pobreza, abrazadas y consagradas por Jes\u00fas hasta el desamparo total. Y a todos los que penan puede invitarlos a acudir a \u00e9l, pues es \u00abmanso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (Mt 11, 29: praus y tapeinos, cf. &#8216;anav y &#8216;ani en los salmos). Incluso en su triunfo del domingo de Ramos es el rey \u00abmodesto\u00bb anunciado por Zac 9,9 (= Mt 21,5). Y sobre todo en su pasi\u00f3n asume el sufrimiento y repite la oraci\u00f3n de todos los pobres de Yahveh (Sal 22; cf. Mt 27,35.43.46).<\/p>\n<p>II. LA POBREZA ESPIRITUAL. Si ya bajo el AT una minor\u00ed\u00ada religiosa selecta consideraba la pobreza como una actitud espiritual, es normal que se diga lo mismo de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, y tal es sin duda el aspecto subrayado por san Mateo: \u00abBienaventurados los pobres de esp\u00ed\u00adritu\u00bb (5,3), es decir, \u00ablos que tienen un alma de pobre\u00bb. Jes\u00fas pide a los suyos el desasimiento interior respecto a los bienes temporales (ya los posean o ya est\u00e9n desprovistos de ellos) a fin de ser capaces de desear y de recibir las verdaderas riquezas (cf. Mt 6,24.33; 13,22; Ap 2,9; 3,17). Por lo dem\u00e1s, las posesiones materiales no son sino uno de los objetos de la renuncia total que hay que aceptar, por lo menos interiormente, para ser disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas (cf. Mt 10,37ss). Pero para esbozar la fisonom\u00ed\u00ada completa de los \u00abpobres de esp\u00ed\u00adritu\u00bb, herederos de los &#8216;anavim, hay que notar tambi\u00e9n la conciencia que tienen de su miseria personal en el plano religioso, de su necesidad del auxilio divino. Lejos de manifestar la suficiencia ilusoria del *fariseo confiado en su propia *justicia, comparten la *humildad del publicano de la par\u00e1bola (Lc 18,9-14). Por el sentimiento de su indigencia y de su debilidad se asemejan as\u00ed\u00ad a los *ni\u00f1os y, como a \u00e9stos, les pertenece el reino de Dios (cf. Lc 18,15ss; Mt 19, 13-24).<\/p>\n<p>III. LA POBREZA EFECTIVA. El acento que pone el Evangelio en el aspecto espiritual de la pobreza no debe hacer olvidar el valor religioso de la pobreza efectiva, en la medida en que \u00e9sta es signo y medio de des-asimiento interior. Esta pobreza material es buena cuando &#8216;es inspirada por la confianza filial en Dios, por el deseo de seguir a Jes\u00fas, por la generosidad para con nuestros hermanos; puede servir para acoger con m\u00e1s libertad el don de Dios y consagrarse m\u00e1s completamente al servicio de su reino: otros tantos motivos que sobre todo san Lucas, entre los escritores del NT, se complace en recordar (p.c. Lc 12,32ss).<\/p>\n<p>1. La pobreza voluntaria. Si Jes\u00fas pone en guardia a todos sus disc\u00ed\u00adpulos contra el peligro de las *riquezas (Mt 6,19ss; Lc 8,14), a los que quieren seguirle m\u00e1s de cerca, y en primer lugar a sus ap\u00f3stoles, les pide que abracen la pobreza efectiva (Le 12,33; Mt 19,21.27 p), y as\u00ed\u00ad los misioneros de \u00abla casa de Israel\u00bb no deben llevar consigo \u00aboro, plata ni cobre\u00bb (Mt 10,9; cf. Act 3,6). Es cierto que la aplicaci\u00f3n literal de semejante consigna no ser\u00e1 siempre posible, y as\u00ed\u00ad san Pablo tendr\u00e1 un presupuesto misionero y caritativo (cf. 2Cor 8,20; 11,8s; Act 21,24; 28,30); con todo, el Ap\u00f3stol sigue anunciando gratuitamente el Evangelio (lCor 9,18; cf. Mt 10,8), y sabe vivir en la carencia de todo (Flp 4,lls). La comunidad de los primeros cristianos agrupados en Jerusal\u00e9n en torno a los ap\u00f3stoles se esforzaba tambi\u00e9n por imitar su pobreza, y la Iglesia conserv\u00f3 siempre la nostalgia y la pr\u00e1ctica de esta vita apostolica, en la que \u00abninguno ten\u00ed\u00ada por propia cosa alguna\u00bb (Act 4,32; cf. 2,44s).<\/p>\n<p>2. \u00abLa eminente dignidad de los pobres\u00bb. Al igual que los pobres \u00abvoluntarios\u00bb, aquellos cuya pobreza efectiva es debida a las circunstancias o a la persecuci\u00f3n son tambi\u00e9n bienaventurados en el reino de Dios, si por lo menos son generosos en su indigencia (cf. Mc 12,41-44) y si aceptan de buena gana su suerte \u00abcon miras a una riqueza mejor y estable\u00bb (Heb 10,34).<\/p>\n<p>Lucas puso en claro las maravillosas compensaciones que Dios les reserva en la vida futura (Lc 6,20s); como el pobre L\u00e1zaro hallar\u00e1n cerca de Dios una eterna consolaci\u00f3n (16,19-25).<\/p>\n<p>Pero no por eso deja de ser la miseria una condici\u00f3n inhumana, y as\u00ed\u00ad el Evangelio tiene las mismas exigencias de justicia social que los profetas (cf. Mt 23,23; Sant 5,4). Los ricos tienen ac\u00e1 en la tierra imperiosos deberes para con los pobres y ser\u00e1n asociados a su felicidad eterna si saben acogerlos a ejemplo de Dios (Le 14,13.21) y hacerse de ellos amigos con el \u00abdinero de mala ley\u00bb (16,9). M\u00e1s a\u00fan, ahora ya el servicio de los pobres es expresi\u00f3n de nuestro amor a Jes\u00fas: en ellos le socorremos verdaderamente a \u00e9l mientras se aguarda su retorno glorioso (Mt 25,34-46; 26,11). \u00abSi alguien.. ve a su hermano en necesidad y le cierra las entra\u00f1as \u00bfc\u00f3mo morar\u00e1 en \u00e9l el amor de Dios?\u00bb (1Jn 3,17).<\/p>\n<p>Desde los profetas hasta Jes\u00fas se interes\u00f3 la Biblia por el sufrimiento de los pobres, y sobre todo nos re-vel\u00f3 su sentido. Hay una pobreza espiritual y bienaventurada, que est\u00e1 abierta al don de Dios en la fe confiada y en la *humildad paciente. La pobreza real es ciertamente un camino privilegiado para esta pobreza de alma. Pero su principio y su fin es la comuni\u00f3n en el misterio de la \u00abliberalidad de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb: \u00absiendo rico, se hizo pobre por vosotros a fin de enriqueceros con su pobreza\u00bb (2Cor 8,9).<\/p>\n<p>-> Limosna &#8211; Ni\u00f1o &#8211; Humildad &#8211; Misericordia &#8211; Piedad &#8211; Riquezas.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El amor y el cuidado de los pobres por parte de Dios son factores centrales de su providencia (Psa 34:6; Psa 68:10; Ecc 5:8). Y nos anima a nosotros a hacer lo mismo (Exo 22:22-23). La ley mosaica tiene reglas espec\u00ed\u00adficas para beneficio de los pobres (Exo 22:25-27; Exo 23:11; Lev 19:9-10, Lev 19:13, Lev &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pobres\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPOBRES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6484","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6484","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6484"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6484\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6484"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6484"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6484"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}