{"id":6501,"date":"2016-02-05T03:32:13","date_gmt":"2016-02-05T08:32:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/predestinacion\/"},"modified":"2016-02-05T03:32:13","modified_gmt":"2016-02-05T08:32:13","slug":"predestinacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/predestinacion\/","title":{"rendered":"PREDESTINACION"},"content":{"rendered":"<p>ver ELECCION<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Dios tiene todo \u00abpresente\u00bb, el pasado y el futuro, por lo tanto ya sabe qui\u00e9nes se van a salvar. y esto no quita en nada ni la libertad, ni la justicia, ni el amor de Dios. porque, de todas formas, siempre es m\u00e1s y mejor, \u00abel ser, que el no ser\u00bb, Rom 8:2, Rom 8:9-11, Efe 1:5.<\/p>\n<p> De todas formas, es un \u00abmisterio\u00bb, que Dios nos ha revelado, pero que no lo entendemos, como no entendemos otros \u00abmisterios\u00bb, como las estreIlas, los atomos, el por qu\u00e9 tenemos cinco dedos.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>\u2020\u00a2Elecci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT<\/p>\n<p>ver, ELECCI\u00ed\u201cN<\/p>\n<p>vet, (del gr. \u00abprooriz\u00f5\u00bb, \u00abmarcar de antemano, predeterminar\u00bb). En Ro. 8:29, 30 forma un enlace en la cadena que conecta el previo conocimiento de Dios en el pasado con la gloria en el futuro. La elecci\u00f3n es el se\u00f1alamiento que Dios hace de individuos; la predestinaci\u00f3n es a bendici\u00f3n (cfr. Ef. 1:5, 11, donde los creyentes son predestinados a ser adoptados hijos, seg\u00fan el prop\u00f3sito de Dios). La predestinaci\u00f3n no implica que Dios haya marcado a algunos para ira. En realidad, el deseo de Dios es \u00abque todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad\u00bb (1 Ti. 2:4). Para asegurar que algunos lo sean, El los predestin\u00f3, llam\u00f3, justific\u00f3 y glorific\u00f3 en Sus consejos soberanos (cfr. Ro. 8:29, 30). (V\u00e9ase ELECCI\u00ed\u201cN para un examen m\u00e1s detallado de estas cuestiones, y bibliograf\u00ed\u00ada.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[278]<br \/>\n  Misterio cristiano que alude a la previsi\u00f3n divina sobre la salvaci\u00f3n humana. Es tema que inquiet\u00f3 a los hombres siempre y a los te\u00f3logos de forma particular. Y tambi\u00e9n es cuesti\u00f3n teol\u00f3gica que puede hacer reflexionar profundamente a los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>    Dios conoce antes de que suceda todo lo que va a suceder. Dios sabe de cada hombre si se va a salvar o a condenar. \u00bfC\u00f3mo armonizar la ciencia divina, infinita y total, hasta llegar a conocer eso que est\u00e1 por venir y lo que  depende de la voluntad libre de los hombres? \u00bfC\u00f3mo hacer compatible el saber divino con la propia libertad actual del ser humano? A veces los j\u00f3venes pueden interrogarse: \u00abSi Dios lo sabe todo, sabe si me voy a salvar o a condenar. \u00bfPara qu\u00e9, entonces, esforzarme en tratar de lograr la salvaci\u00f3n?\u00bb<br \/>\n    1. Conceptos claros<br \/>\n    Es necesario que entendamos que el misterio de la predestinaci\u00f3n es, seg\u00fan declar\u00f3 el Concilio de Trento, \u00abun profundo misterio, indescifrable mientras vivamos en este mundo\u00bb. (Denz. 805) Tal vez en el cielo lo entendamos, pero en este mundo es un interrogante insoluble, aunque podemos plantearnos unos postulados muy claros que se condensan en los siguientes:<\/p>\n<p>     + Postulados por parte de Dios son:<br \/>\n   &#8211; Que Dios lo sabe todo. La ciencia divina previa a los hechos es indiscutible a la luz de la naturaleza de Dios y de su infinita sabidur\u00ed\u00ada<br \/>\n   &#8211; Dios sabe todo tambi\u00e9n si cada uno nos salvaremos o nos condenaremos.<\/p>\n<p>   &#8211; Pero Dios quiere y querr\u00e1 que todos los hombres se salven, aunque sepa que alguno no van a querer salvarse.<\/p>\n<p>    + La libertad humana es dogma igualmente indiscutible en el mensaje cristiano:<br \/>\n   &#8211; Dios nos ha creado libres y capaces de optar. El que se salve ser\u00e1 porque, con la gracia divina, quiere salvarse. El que se condene se condenar\u00e1 porque, a pesar de la gracia divina, quiso condenarse.<\/p>\n<p>  &#8211; La salvaci\u00f3n propia o condenaci\u00f3n necesariamente tiene que ser un resultado de la propia libertad.<\/p>\n<p>    + La compatibilidad entre esas dos realidades teol\u00f3gicas es posible, aunque misteriosa. Por eso no lo entenderemos nunca del todo. Dios quiere que todos  se salven. Dios sabe si cada uno querr\u00e1 salvarse. Dios nos ha hecho libres y respeta nuestra libertad. Nos salvamos o condenamos no porque Dios lo sabe, sino que lo sabe porque nosotros querremos condenarnos o salvarnos.<\/p>\n<p>      No hay que confundir \u00abpredestinaci\u00f3n\u00bb y \u00abconocimiento previo divino\u00bb de lo que va a pasar. Predestinaci\u00f3n es concepto activo: Dios salva y Dios condena: conocimiento es concepto pasivo: Dios sabe si habr\u00e1 condenaci\u00f3n o salvaci\u00f3n. En el hombre es diferente querer y conocer. En Dios es la misma cosa porque es infinitamente simple.<\/p>\n<p>      Pero, desde nuestra \u00f3ptica humana, el que Dios lo sepa no quiere decir que Dios lo quiera. Dios no quiere que nadie se condene, pero ha hecho al ser inteligente libre porque ha querido misteriosamente hacerlo as\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>     2. Explicaciones hist\u00f3ricas<br \/>\n    + Intentos teol\u00f3gicos e hist\u00f3ricos de explicaci\u00f3n han existido diversos. Unos han sido condenados por la doctrina de la Iglesia como inaceptables.<\/p>\n<p>    El Concilio de Trento condeno la doctrina de Calvino, y en parte de Lutero, de que Dios salva y condena a los hombres s\u00f3lo por su voluntad y no por los m\u00e9ritos o las acciones de los hombres. Calvino y los radicales postestantes defendieron la salvaci\u00f3n o condenaci\u00f3n \u00abante previsa merita\u00bb, antes de tener en cuenta los m\u00e9ritos: Dios condena o salva, porque quiere, sin m\u00e1s.<\/p>\n<p>    Y dej\u00f3 claramente definida la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios y la libertad radical del hombre. Conden\u00f3 claramente a aqu\u00e9llos que sostengan que \u00abla gracia de la justificaci\u00f3n no se da sino s\u00f3lo a los predestinados a la vida eterna y que los dem\u00e1s, aunque son llamados, no reciben la gracia por estar predestinados al mal por el poder divino\u00bb (Denz. 827).<\/p>\n<p>      +  Entre los intentos cat\u00f3licos de clarificaci\u00f3n est\u00e1n la doctrina de B\u00e1\u00f1ez, dominico, defendida por muchos dominicos, y la doctrina de Molina, jesuita, defendida por muchos jesuitas.<\/p>\n<p> &#8211; Luis Molina (1535-1601, en sus obras como \u00abConcordia entre el libro arbitrio y la gracia divina respecto a la divina presciencia y la predestinaci\u00f3n\u00bb, vino a decir las cosas claras a su manera. Dios conoce la libertad del hombre y la respeta. Sabe todo, pero deja al hombre libre. Con plena claridad hay que defender que Dios le deja al hombre actuar y espera a ver lo que su voluntad decide. Y nada determina sin la libre elecci\u00f3n del hombre, pura y simplemente porque le ha hecho libre. Hemos de actuar como si Dios no supiera qu\u00e9 va a suceder.<\/p>\n<p>    Y hemos de pedir la gracia para que nos inclinemos al bien y queramos salvarnos. As\u00ed\u00ad de simple es la realidad.<\/p>\n<p> &#8211; Domingo B\u00e1\u00f1ez (1528-1604), en la \u00abRelecci\u00f3n sobre el m\u00e9rito y la caridad\u00bb y en sus \u00abComentarios sobre Sto. Tom\u00e1s\u00bb, ense\u00f1a que Dios lo sabe y quiere todo.<\/p>\n<p>   Como Ser Supremo no puede quedar marginado de las decisiones de las criaturas. Ha hecho al hombre libre, pero conoce todo lo que va a hacer, aunque no le fuerce a hacer lo que hace. Sabe si se va a salvar o condenar porque sabe lo que va a decidir.<\/p>\n<p>      3. La aclaraci\u00f3n<\/p>\n<p>     En Teolog\u00ed\u00ada, estas dos posturas son irreconciliables. Es misterio incomprensible y no tiene aclaraci\u00f3n. Pero pastoral y pedag\u00f3gicamente hay que resaltar, al presentarlo, el efecto de la libertad y la conveniencia de obrar el bien<br \/>\n    Es dogma de fe que Dios nos da todas las gracias necesarias para ser salvados. Se preocupa por nosotros d\u00ed\u00ada y noche, cada instante de nuestra vida. Y est\u00e1 pendiente de cada hombre: de los buenos y de cada pecador para que se arrepienta y se salve.<\/p>\n<p>    En la Escritura est\u00e1 claro ese deseo de Dios \u00abAunque sus pecados sean rojos, quedar\u00e1n blancos como la nieve\u00bb (Is. 1. 18). Dios nos ha predestinado a nadie para la condenaci\u00f3n. Al contrario ha creado a todos para la salvaci\u00f3n. Es la \u00abVoluntad Salv\u00ed\u00adfica Universal de Dios\u00bb claramente ense\u00f1ada por la Sda. Escritura \u00abNo quiere Dios la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva.\u00bb  (1 Tim. 2. 4). Porque \u00abDios nos eligi\u00f3 desde antes de la creaci\u00f3n del mundo y determin\u00f3 desde toda la eternidad que nosotros fu\u00e9ramos sus hijos adoptivos\u00bb (Ef. 1, 4-5). Y tambi\u00e9n escrib\u00ed\u00ada San Pablo: \u00abA los que de antemano conoci\u00f3, tambi\u00e9n los destin\u00f3 a ser como su Hijo, semejantes a El&#8230; Por eso, a los que eligi\u00f3 de antemano, tambi\u00e9n los llama, y cuando los llama los hace justos, y despu\u00e9s de hacerlos justos, les dar\u00e1 la gloria\u00bb. (Rom. 8. 29-30).<\/p>\n<p>    Es cierto lo que dice S. Pablo: \u00abPor gracia de Dios hab\u00e9is sido salvados, por medio de la fe. No ten\u00e9is m\u00e9rito en este asunto: es un don de Dios\u00bb (Ef. 2, 8). \u00abEs quien produce en vosotros tanto el querer como el actuar tratando de agradarle.\u00bb (Filip. 2. 13). Pero tambi\u00e9n es cierto lo que Jes\u00fas dijo: \u00ab\u00c2\u00a1Cu\u00e1ntas veces he querido acogeros como la gallina acoge a sus polluelos y no hab\u00e9is querido vosotros!\u00bb (Mt. 23.37)<\/p>\n<p>     En consecuencia, en la educaci\u00f3n cristiana hay que hacer siempre un esfuerzo de claridad junto a otro de humildad, si se quiere educar convenientemente en este punto a los cristianos. El de claridad debe intentar dejar clara la voluntad salvadora de Dios y la realidad de la elecci\u00f3n libre del hombre. En la humildad hay que dejar claro que nunca podemos entender la realidad de este misterio y por lo tanto que hemos de pedir a Dios que nos de su ayuda.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Los contenidos del concepto \u00abpredestinaci\u00f3n\u00bb se pueden resumir en dos una elecci\u00f3n previa, gratuita y amorosa de Dios desde la eternidad; un destino de salvaci\u00f3n en Cristo para la vida eterna (cfr. Efes 1,3-12; Rom 8,28-30). Este destino de salvaci\u00f3n incluye la adopci\u00f3n a ser hijos de Dios por Jesucristo, la configuraci\u00f3n con \u00e9l y la \u00abrecapitulaci\u00f3n de todas las cosas en Cristo\u00bb (Ef 1,10) por medio de la Iglesia.<\/p>\n<p>\tEn la \u00abpredestinaci\u00f3n\u00bb hay, pues, un dato previo (la elecci\u00f3n) y un dato escatol\u00f3gico (el destino final), tanto en el plano personal como comunitario. \u00abEl Padre Eterno, por una disposici\u00f3n lib\u00e9rrima y arcana de su sabidur\u00ed\u00ada y bondad, cre\u00f3 todo el universo, decret\u00f3 elevar a los hombres a participar de la vida divina\u00bb (LG 12). Despu\u00e9s del pecado de Ad\u00e1n, el mismo Dios a cuantos hab\u00ed\u00ada sido elegidos desde la eternidad, \u00ablos predestin\u00f3 a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que este sea el primog\u00e9nito entre muchos herma\u00c2\u00acnos\u00bb (Rom 8,19).<\/p>\n<p>\tEsta elecci\u00f3n previa y gratuita suscita, por una parte, la gratitud y confianza, mientras que, por otra parte, ayuda a asumir la propia responsabilidad para ser fiel a los designios de Dios. Nadie, salvo por revelaci\u00f3n especial, puede estar seguro de la salvaci\u00f3n final; pero tampoco nadie queda excluido de la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios. Todos los que se salvan, lo consiguen por un don de Dios, que hace posible la colaboraci\u00f3n libre de cada uno. Dios respeta la libertad y responsabilidad de cada uno. La gracia de Dios no elimina la libertad humana, sino que la hace posible y la sostiene.<\/p>\n<p>\tApoyados en el amor de Dios, se evita tanto la presunci\u00f3n, como la desesperaci\u00f3n. Jes\u00fas invita tanto a la confianza en la bondad de Dios que nos \u00abquiere dar el Reino\u00bb (Lc 12,32), como a la \u00abvigilancia y oraci\u00f3n\u00bb para no caer en tentaci\u00f3n (Mt 26,41). Se ha de trabajar con confianza, \u00abcon temor y temblor\u00bb para conseguir la salvaci\u00f3n (Fil 2,12).<\/p>\n<p>\tQuerer descifrar \u00abconceptualmente\u00bb el problema de la relaci\u00f3n entre la ciencia divina sobre el futuro y su bondad infinita, conjugando, al mismo tiempo, una historia humana de libertad y de posibilidad de condenaci\u00f3n, es entrar en conceptos filos\u00f3ficos tal vez inexplicables, que constituyen el misterio del hombre. La revelaci\u00f3n (que corrobora la raz\u00f3n y la trasciende) nos habla tanto del amor infinito de Dios, como de nuestra voluntad libre y responsable. El \u00abmisterio\u00bb del hombre s\u00f3lo se desvela en el misterio de Cristo, Verbo Encarnado y Redentor, que asume como propia la historia de cada ser humano (cfr. GS 22).<\/p>\n<p>\tEsta tensi\u00f3n entre la confianza y la responsabilidad, no debe hacer olvidar la voluntad salv\u00ed\u00adfica y universal por parte de Dios, \u00abque quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad\u00bb (1Tim 2,4). Esta voluntad divina, salv\u00ed\u00adfica y universal, es la misma que ha querido la Encarnaci\u00f3n del Verbo para nuestra redenci\u00f3n y la fundaci\u00f3n de una Iglesia para continuar la misi\u00f3n de Cristo. Dios Amor sigue siendo \u00abmisterio\u00bb, precisamente por ser Amor que sostiene la dignidad de la persona y de la historia humana.<\/p>\n<p>Referencias Elecci\u00f3n, gracia, misterio, Providencia, vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 2; GS 41.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada A. ALONSO, De la predestinaci\u00f3n divina (Madrid, Studium, 1964); K. RAHNER, Predestinaci\u00f3n, en Mysterium Salutis (Madrid, Cristiandad, 1969ss), V, 527-535. Ver bibliograf\u00ed\u00ada en elecci\u00f3n, gracia, etc.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Predestinaci\u00f3n y \u00abconcentraci\u00f3n cristol\u00f3gica\u00bb.-II. Historia y teolog\u00ed\u00ada.-III. Predestinaci\u00f3n y horizonte trinitario.-IV. Gloria hominis, praedestinatio Dei.<\/p>\n<p>Por predestinaci\u00f3n, ha dicho san Agust\u00ed\u00adn con una c\u00e9lebre f\u00f3rmula, se entiende \u00abesto y nada m\u00e1s: a saber, la presciencia y la preparaci\u00f3n de los beneficios de Dios (praescientia scilicet, et praeparatio beneficiorum Dei), merced a los cuales ciert\u00ed\u00adsimamente son liberados todos aquellos que son liberados\u00bb (De dono pers., 14, 35: PL 10, 1014). \u00abEn efecto -contin\u00faa el Doctor gratiae en su presciencia, que no puede enga\u00f1arse ni cambiar, predestinar es para Dios disponer sus obras futuras (opera sua futura disponere): esto exactamente y nada m\u00e1s (id omnino, nec aliud quidquam est)\u00bb (De dono pers. 17, 41: PL 10, 1019).<\/p>\n<p>I. Predestinaci\u00f3n y \u00abconcentraci\u00f3n cristol\u00f3gica\u00bb<br \/>\nLa doctrina de la predestinaci\u00f3n no ha estado, es verdad, entre aquellas que se han desarrollado de modo tranquilo y arm\u00f3nico a lo largo de los siglos. Ha suscitado demasiados debates, controversias y laceraciones, para que, tambi\u00e9n hoy, no se hable sin el m\u00e1s agudo y cr\u00ed\u00adtico conocimiento. Presupuestos de orden cultural y filos\u00f3fico, confesional o teol\u00f3gico han determinado, o sucesivamente influido, con relativa frecuencia, en la comprensi\u00f3n de este tema, que es y permanece originariamente b\u00ed\u00adblico, y, de modo especial, neotestamentario, el cual deber\u00ed\u00ada haber sido estudiado como tal. Es m\u00e1s, en este caso sobre todo, la pertenencia eclesi\u00e1stica o la apolog\u00e9tica de una tradici\u00f3n pasivamente experimentada, m\u00e1s que creativamente revivida, no deber\u00ed\u00adan atrofiar y empobrecer con nefastas consecuencias la multiforme y liberadora riqueza de la palabra revelada. El problema de la predestinaci\u00f3n no deber\u00ed\u00ada ser comprendido e ilustrado fuera de la palabra divina y volviendo siempre a cuanto sobre ella nos transmite la sagrada Escritura, en la b\u00fasqueda incesante por configurarse a este mensaje en el que primordialmente se encuentra y se descubre al Dios que habla de s\u00ed\u00ad mismo y, al mismo tiempo, tambi\u00e9n de nosotros. Incluso los pronunciamientos del magisterio, producidos en el decurso de los siglos como respuesta a las diversas urgencias del momento, no han tenido otra finalidad que la de un servicio a la recta comprensi\u00f3n y justa defensa de aquella misma palabra de la revelaci\u00f3n, que sin duda supera al mismo magisterio como norma normas et non normata, pero m\u00e1s todav\u00ed\u00ada, como inagotable fuente de inteligibilidad. Por otra parte, san Agust\u00ed\u00adn, santo Tom\u00e1s y por qu\u00e9 no, los mismos Lutero y Calvino y el Concilio de Trento \u00bfno miraban acaso, cada uno a su modo, a captar el sentido y el alcance de cuanto la misma Escritura proclama acerca de la predestinaci\u00f3n?<br \/>\nComo enanos sobre las espaldas de gigantes, hoy nos encontramos en mejor situaci\u00f3n para ver que a las buenas intenciones no siempre, o no siempre correctamente, ha correspondido en los hechos una concreta comprensi\u00f3n de aquello que es y permanece \u00abmisterio\u00bb y, como tal, debe ser presentado; pero no por eso debe ser deformado o recortado seg\u00fan nuestra medida. Ahora bien, sobre la pista de la Escritura, la predestinaci\u00f3n no puede ser comprendida e interpretada m\u00e1s que desde \u00abuna concentraci\u00f3n cristol\u00f3gica\u00bb, es decir, seg\u00fan la medida de la insondable y desbordante plenitud de Cristo, aun admitiendo todo aquello que de inicialmente oscuro e inquietante parecer\u00ed\u00ada comportar. Jesucristo es el contenido y la sustancia misma de la predestinaci\u00f3n. De manera que se deber\u00ed\u00ada suponer una pr\u00e1ctica coincidencia entre la cristolog\u00ed\u00ada y la exposici\u00f3n de aquella que san Agust\u00ed\u00adn defin\u00ed\u00ada praescientia et dispositio beneficiorum Dei. Precisamente a la luz que es Cristo, lo que a veces se ha hecho pasar por el mysterium tremendum de un decretum aeternum incognoscible se nos manifiesta por el contrario como la positiva proclamaci\u00f3n, el alegre anuncio, decretado desde la eternidad y realizado en la historia, de la elecci\u00f3n libre y graciosa, que abraza e incluye a la humanidad entera, m\u00e1s a\u00fan, todo el cosmos y la historia como creaci\u00f3n, redenci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n. Ahora bien, afirmar esto equivale a sostener que, si la predestinaci\u00f3n no es escrutada y comprendida en un horizonte cristoc\u00e9ntrico y, por lo mismo, trinitario, vendr\u00e1 a ser, ipso facto, una penosa e insolente caricatura del mensaje de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De acuerdo con la Escritura, el poder y la munificencia de la gloria y de los dones prometidos y otorgados existen y se difunden de parte de Dios, porque \u00e9l, en la libertad y en el exceso de su agape, ha concebido y decidido as\u00ed\u00ad, y todo esto, en Cristo Jes\u00fas, es decir, en Aquel que en la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo es el Am\u00e9n anticipado antes de todos los siglos y refrendado en la plenitud de los tiempos con su encarnaci\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n por nosotros, los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n. Este es el evangelio, y con \u00e9l, la suma de las profec\u00ed\u00adas y de sus realizaciones. Este es y debe seguir siendo el principio y el fin de todo pensamiento y de todo discurso en torno al tema de la predestinaci\u00f3n, como lo ha sido, por ejemplo, para san Pablo. El Ap\u00f3stol emplea el t\u00e9rmino \u00abpredestinaci\u00f3n\u00bb cinco veces y siempre para indicar el proyecto de Dios en relaci\u00f3n con Cristo (Rom 1, 4) o en relaci\u00f3n con la salvaci\u00f3n de los hombres (Rom 8, 29-30; 1 Cor 2, 7; Ef 1, 5.11). Precisamente en la carta a los Romanos (9-11), hablando de la universal participaci\u00f3n en los bienes mesi\u00e1nicos, san Pablo desarrolla el argumento de la elecci\u00f3n de la que fluyen todas las bendiciones otorgadas precisamente a aquel Israel que, continuamente, ha opuesto su \u00abno\u00bb obstinado a Dios. Dios, por el contrario, ha insistido fielmente en colmarlo de sus dones, y esto precisamente en el colmo de su rechazo de Jesucristo y de su cruz. El hecho de que la ampliaci\u00f3n de la gracia del Israel seg\u00fan la carne se extienda ahora al Israel seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, no excluye sino que incluye la promesa una vez pronunciada (1 Pe 2, 9), ya que todos son destinados a la salvaci\u00f3n en tanto que llamados, justificados e, incluso, glorificados (Rom 8, 30) por el Dios y Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo (Ef 1, 3 s.).<\/p>\n<p>II. Historia y Teolog\u00ed\u00ada<br \/>\nEs cierto que en decurso de los siglos no han faltado aquellos que han percibido y se\u00f1alado este car\u00e1cter cristol\u00f3gico y, por tanto, radicalmente positivo de la predestinaci\u00f3n, tal como es entendida por la Escritura. Entre \u00e9stos se distingue san Agust\u00ed\u00adn. Jesucristo, ha dicho el Obispo de Hipona, es el \u00abpraeclarum lumen praedestinationis et gratiae\u00bb (De corrupt. et gr. 9, 21; cf. 9, 22 s.). \u00abAl cristiano -a\u00f1ade san Agust\u00ed\u00adn- el cual vive todav\u00ed\u00ada en la fe sin ver lo que es perfecto, y conoce todav\u00ed\u00ada parcialmente, b\u00e1stele por ahora saber y creer que Dios no salva a nadie si no es en virtud de su gratuita bondad por medio de Jesucristo nuestro Se\u00f1or, y no condena a nadie si no es en raz\u00f3n de su just\u00ed\u00adsima verdad por medio del mismo Jesucristo nuestro Se\u00f1or (Ep. 194, 6, 24). Al llegar a este punto hay que subrayar que muchas de las responsabilidades que le son atribuidas al Obispo de Hipona, en realidad derivan de una superficial y deformada lectura de sus escritos. Por ejemplo, como ha sido ya observado (Trap\u00e9, p. CXXVI), no es cierto que la predestinaci\u00f3n ocupe un puesto primario y vistoso en el complejo de la enorme y decisiva reflexi\u00f3n teologica agustiniana, incluso de aquella relativa a la gracia. En el mismo \u00e1mbito de la pol\u00e9mica contra los pelagianos, el Santo Doctor declaraba: \u00abtres son los puntos, como sab\u00e9is, que con toda energ\u00ed\u00ada la Iglesia cat\u00f3lica defiende contra ellos. El primero es que la gracia de Dios no es otorgada seg\u00fan nuestros m\u00e9ritos, ya que incluso todos los m\u00e9ritos de los justos son dones de Dios y por gracia de Dios son otorgados; el segundo es que, por grande que sea su justicia, ninguno puede vivir en este cuerpo corruptible sin alguna suerte de pecado; el tercero, en fin, es que todo individuo nace culpable del pecado del primer hombre y atrapado en el v\u00ed\u00adnculo de la condena, a menos que la culpa que se contrae con la generaci\u00f3n no sea eliminada por la regeneraci\u00f3n\u00bb (De dono pers., 2, 4; cf. 21, 54; Contra duas ep. Pelag., 3, 8, 24; 4, 7, 19; etc.). Se constata lo siguiente: entre las tres verdades mantenidas como fundamentales por la doctrina cat\u00f3lica falta precisamente la predestinaci\u00f3n, y esto porque, seg\u00fan el Obispo de Hipona, no desempe\u00f1a una funci\u00f3n diversa de aquella que permite construir un \u00faltimo baluarte en defensa precisamente de la doctrina de la gracia: \u00ab\u00bfQu\u00e9 cosa ha habido -se pregunta san Agust\u00ed\u00adn- que en este nuestro trabajo nos ha constre\u00f1ido a defender con mayor plenitud y claridad los pasajes de la Escritura en los cuales se subraya la predestinaci\u00f3n, si no es el hecho que los pelagianos dicen que la gracia de Dios nos es dada seg\u00fan nuestros m\u00e9ritos?\u00bb (De dono pers., 20, 53). Lo que en verdad cuenta para san Agust\u00ed\u00adn es, por tanto, una recta comprensi\u00f3n de la gracia: la presciencia y la predisposici\u00f3n de este don representan solamente una premisa; nada m\u00e1s. \u00abLa predestinaci\u00f3n &#8211; declara san Agust\u00ed\u00adn- es la preparaci\u00f3n de la gracia; la gracia, el don mismo\u00bb o \u00abel efecto de la predestinaci\u00f3n\u00bb (De praed. sanct. 10, 19). \u00abNing\u00fan hombre -a\u00f1ade-, puede obrar rectamente sin la ayuda divina, y ninguno [&#8230;] puede obrar injustamente si no lo permite el juicio divino, absolutamente justo\u00bb (De civ. Dei, 20, 1, 2). Pero decir gracia, para el Obispo de Hipona, significa decir muchas cosas: fe gratuita ya desde el inicio y despu\u00e9s justificaci\u00f3n y, en fin, perseverancia final. Canonizando precisamente el pensamiento agustiniano, el Concilio de Quierzy, del 853, declaraba: Dios quiere que todos los hombres se salven, Jesucristo ha muerto por todos y, por tanto, \u00abquod quidam salvantur, salvantis est donum: quod autem quidam pereunt, pereuntium est meritum\u00bb (DS 623).<\/p>\n<p>Si la predestinaci\u00f3n ha recibido tal \u00e9nfasis en el decurso de la historia, se ha debido a una serie de reacciones en cadena. Han comenzado los denominados semipelagianos, respondiendo a las intervenciones de san Agust\u00ed\u00adn. Durante un siglo se ha multiplicado una densa panfleter\u00ed\u00ada hasta que el segundo concilio de Orange distingui\u00f3 entre la doctrina de la gracia, reafirmada en los mismos t\u00e9rminos agustinianos, y la predestinaci\u00f3n subrayada solamente para excluir la predestinaci\u00f3n al mal (DS 370-397). No fue san Agust\u00ed\u00adn, sino los denominados predestinacianos, por ejemplo L\u00facido (t 474) o Godescalco (t 869), quienes se atrevieron a sostener una doble predestinaci\u00f3n: una, al mal y, por tanto, a la perdici\u00f3n, diversa de la predestinaci\u00f3n al bien, y, por tanto a la gloria, negando, por lo mismo, que Cristo haya muerto realmente por todos (cf. DS 330; 340). M\u00e1s tarde la Escol\u00e1stica medieval, al organizar las summae del saber teol\u00f3gico, desgaj\u00f3 el tema de la predestinaci\u00f3n del de la gracia. As\u00ed\u00ad, entre otras cosas, se perdi\u00f3 aquella distinci\u00f3n tan subrayada por san Agust\u00ed\u00adn, entre presciencia y predestinaci\u00f3n, distinci\u00f3n que Calvino consider\u00f3 m\u00e1s bien un \u00abescr\u00fapulo\u00bb (Instit. 3, 21). Los te\u00f3logos postridentinos, por \u00faltimo, elaboraron una sistem\u00e1tica teol\u00f3gica de implantaci\u00f3n muy diversa de aquella agustiniana y tambi\u00e9n de la tomista, cargando la predestinaci\u00f3n de ulteriores interrogantes. En tanto que, por poner un ejemplo, contra los pelagianos, viejos y nuevos, se estaba de acuerdo en que la predestinaci\u00f3n en su complejidad (elecci\u00f3n, justificaci\u00f3n y glorificaci\u00f3n) era ante praevisa merita, se discuti\u00f3 si la predestinaci\u00f3n a la gloria, tomada en s\u00ed\u00ad, aisladamente, era tambi\u00e9n ante praevisa merita. Se hicieron alambicadas sutilezas sobre la gracia \u00abeficaz\u00bb, aquella que logra infaliblemente el fin de la salvaci\u00f3n, interrog\u00e1ndose si consigue este fin por su fuerza intr\u00ed\u00adnseca o por el previsto consenso de la voluntad a trav\u00e9s de la presciencia divina. As\u00ed\u00ad, entre la scientia visionis y la scientia simplicis intelligentiae se pens\u00f3 en acu\u00f1ar una scientia media.<\/p>\n<p>En la vor\u00e1gine de tanta discusi\u00f3n y sutileza los te\u00f3logos no se percataron de que se entraba en un peligroso y funesto deslizamiento sobre el modo de afrontar el tema de la predestinaci\u00f3n. Mientras se intentaba elaborar un concepto m\u00e1s amplio y omnicomprensivo, se habl\u00f3, por una parte, de la elecci\u00f3n, pero, por otra, tambi\u00e9n de la reprobaci\u00f3n, como si se tratase de dos l\u00ed\u00adneas paralelas del libre y gratuito comportamiento divino en su relaci\u00f3n con el hombre, y, m\u00e1s grave a\u00fan, elaborando todo esto remoto Christo. Se termin\u00f3 por pensar en la posibilidad de un consejo y decreto divino que prescindiese del Verbum incarnatum y del Spiritus sanctificationis. Por tanto, el Dios de aquella predestinaci\u00f3n que san Agust\u00ed\u00adn hab\u00ed\u00ada definido praescientia scilicet, et praeparatio beneficiorum parec\u00ed\u00ada estar pronto a disponer la maldici\u00f3n y la venganza, en lugar de la bendici\u00f3n y el perd\u00f3n. De esta forma se perdieron lasconnotaciones del Dios Padre, el cual por medio del Dios Hijo y en el Dios Esp\u00ed\u00adritu Santo, en la libertad soberana de su amor, y desde toda la eternidad, proyecta y decide el mundo y la historia precisamente como econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n. Esto, que est\u00e1 suficientemente claro en Isidoro o Godescalco, y tambi\u00e9n, aunque un poco m\u00e1s difuminado, en Pedro Lombardo y santo Tom\u00e1s de Aquino, se radicalizar\u00e1 en Zuinglio y Calvino.<\/p>\n<p>Para el Doctor Ang\u00e9lico la doctrina de la predestinaci\u00f3n constituye de hecho un momento interno de una doctrina m\u00e1s amplia de la providencia: \u00abest quaedam pars providentiae\u00bb. La providencia, a su vez, es entendida como el \u00abordo\u00bb desplegado por la sabidur\u00ed\u00ada divina, seg\u00fan el cual Dios, en su conocer y querer, dirige cada cosa a su propio fin. Al conocimiento y a la voluntad divinos est\u00e1 sometido todo, \u00abnon tantum in universali, sed etiam in particulari\u00bb (SumTh, I, q. 22, a. 2). Tambi\u00e9n el hombre es comprendido en este \u00abordo\u00bb, en su condicion de ser libre para el bien y para el mal. La predestinaci\u00f3n, en este caso, concierne al hombre en su ser, que es dirigido por la providencia divina al fin al que est\u00e1 destinado; fin que no puede lograr con sus propias fuerzas y que es el fin sobrenatural de la vida eterna. La predestinaci\u00f3n, por tanto, no es otra cosa que \u00abel plan existente en la mente divina, que destina a algunos a la salvaci\u00f3n eterna\u00bb (SumTh, 1, q. 23, a. 1; cf. III, q. 24). Esta determinaci\u00f3n particular de la providencia, al igual que la universal, tiene en Dios una \u00abratio\u00bb preliminar que, por lo que respecta al hombre, es precisamente la \u00abratio transmissionis creaturaerationalis in finem vitae aeternae\u00bb (SumTh, I, q. 23, a. 1). Es precisamente al interior de este dise\u00f1o conceptual como santo Tom\u00e1s busca afrontar y resolver los problemas espec\u00ed\u00adficos que conciernen a la doctrina de la predestinaci\u00f3n. El Doctor Ang\u00e9lico se preocupa esencialmente de mostrar c\u00f3mo el Dios creador se comporta con todas las criaturas particulares en el interior del \u00abordo\u00bb de su providencia general. El Ang\u00e9lico permanece de tal suerte fiel a este planteamiento que no duda en afirmar que el concepto de gracia no entra en la definici\u00f3n rigurosa de la predestinaci\u00f3n. La gracia es considerada \u00fanicamente en cuanto representa aqu\u00ed\u00ad el efecto y el sentido de la acci\u00f3n divina en relacion con el hombre (SumTh., 1, q. 23, a. 3, ad 4). No es, pues, una casualidad ni carece de consecuencias el hecho de que en la Summa Theologiae el tratado de Christo ocupe la tercera parte despu\u00e9s de la primera dedicada al de Deo y la segunda al de homine. Santo Tom\u00e1s no es ciertamente el \u00fanico en esta opci\u00f3n metodol\u00f3gica que implica por s\u00ed\u00ad misma una eleccion teol\u00f3gica: se podr\u00ed\u00ada decir que una buena parte de la escol\u00e1stica concibe y organiza el tratado de praedestinatione bajo el signo del de providentia, relegando a un segundo plano e incluso a la sombra el desarrollo efectivo de la historia salutis.<\/p>\n<p>III. Predestinaci\u00f3n y horizonte trinitario<br \/>\nNo podemos, sin embargo, evitar una cuesti\u00f3n y preguntarnos si todo esto es perfectamente compatible con la aut\u00e9ntica regula fidei. En un horizonte teol\u00f3gico \u00abcristiano\u00bb, cuyo centro de inteligibilidad es Jesucristo y, en consecuencia, necesariamente con \u00e9l el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, \u00bfes precisamente la mejor esta opci\u00f3n que subordina la predestinaci\u00f3n a una providencia general en la que no se habla para nada de Jesucristo? El hecho es que precisamente esta opci\u00f3n, que favorece el distanciamiento del desarrollo efectivo de la oikonom\u00ed\u00ada, nos lleva a discutir de predestinaci\u00f3n como si tuvi\u00e9ramos que tratar con un Dios, y en consecuencia con un hombre, para quienes Jesucristo se convierte en un accesorio secundario y contingente. En este caso no podr\u00ed\u00adamos escandalizarnos si miramos a la elecci\u00f3n y juntamente a la reprobaci\u00f3n como si se tratase de dos cuestiones sim\u00e9tricas y la segunda no estuviese subordinada a la primera, mientras que todo el conjunto est\u00e1 referido a un Dios inescrutable, que no tiene en absoluto el rostro del Dios y Padre de Jesucristo, el cual con el poder de su Esp\u00ed\u00adritu crea y reconcilia consigo al mundo y al hombre.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, seg\u00fan la Escritura y en especial el NT, el aspecto negativo de la reprobaci\u00f3n no puede dejar de estar cometido al aspecto positivo de la elecci\u00f3n. \u00bfAcaso no coincide la fe con el \u00abevangelio\u00bb, o sea, con el alegre anuncio de la gracia y de la misericordia? Si el fin es \u00abultimus in executione\u00bb, no menos es \u00abprimus in intentione\u00bb. Entonces, \u00bfno ser\u00ed\u00ada verdad que la predestinaci\u00f3n a la gloria precede a la presciencia de la condenaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como, en el proyecto de Dios, la alianza viene antes de la creaci\u00f3n que tiene como fin a aqu\u00e9lla y en vistas a ella ha sido llevada a cabo? Ciertamente la gracia es libre y la misericordia indebida. De lo contrario, \u00bfc\u00f3mo podr\u00ed\u00ada decirse que Dios es verdaderamente Dios, el Se\u00f1or del hombre y del mundo? Por otra parte, se debe proclamar igualmente la posibilidad de que la creatura oponga su rechazo frente al benepl\u00e1tico divino que se le ha manifestado. En efecto, \u00bfqu\u00e9 gloria podr\u00ed\u00ada dar a Dios alguien que no sea esencialmente libre para pronunciar, a su vez, su \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb, pero tambi\u00e9n su \u00abno\u00bb?<br \/>\nEn la historia no ha habido ni pod\u00ed\u00ada haber un te\u00f3logo aut\u00e9nticamente cristiano que no se haya propuesto celebrar la libertad soberana de Dios y, en consecuencia, la inaccesibilidad de su designio de gracia y misericordia. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 se ha desviado de la originaria revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, sobre todo neotestamentaria, en la que la reprobaci\u00f3n queda siempre sometida a la eleccion y todo se desenvuelve bajo el signo del agape trinitario, o sea, del amor absoluto e incondicional de Dios mediante Jesucristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo? Entre las respuestas m\u00e1s persuasivas a esta pregunta no puede descuidarse \u00e9sta: a saber, que poco a poco el tema de la elecci\u00f3n y, en consecuencia, el de la predestinaci\u00f3n ha sido incluido dentro de la doctrina de la providencia, mientras se ha venido organizando un tratado de Deo uno no s\u00f3lo distinto del de Deo trino, sino tambi\u00e9n, y m\u00e1s todav\u00ed\u00ada, separado del tratado de Christo. Se perdieron as\u00ed\u00ad los textos escritur\u00ed\u00adsticos que insertan siempre la predestinaci\u00f3n en un contexto cristol\u00f3gico y consecuentemente trinitario mientras celebran la oikonom\u00ed\u00ada en cuanto historia benignitatis et humanitatis salvatoris nostri Dei.<\/p>\n<p>En cambio, como ha recordado en nuestros d\u00ed\u00adas con ejemplar energ\u00ed\u00ada Karl Barth, es el nombre de Cristo el que seg\u00fan el NT representa el centro focal hacia el que convergen, como rayos luminosos, las dos l\u00ed\u00adneas de la verdad de la predestinaci\u00f3n que deben ser siempre reconocidas y confirmadas, a saber: que es Dios quien elige y es el hombre quien es elegido, pero siempre en Cristo Jes\u00fas (KD, 1I\/2, 32.2). Pero todo esto no deber\u00ed\u00ada despu\u00e9s arrinconarse u oscurecerse nunca, cediendo a una indagaci\u00f3n sobre la predestinaci\u00f3n que se desenvuelva sobre la base de unos presupuestos abstractos y lleve a consecuencias igualmente abstractas relativas a Dios y al hombre remoto Christo. Es cierto que en su tiempo san Agust\u00ed\u00adn y despu\u00e9s incluso Lutero y Calvino no han ignorado el car\u00e1cter cristol\u00f3gico de la elecci\u00f3n. Es m\u00e1s, Calvino no se content\u00f3 con la necesidad de un marco cristol\u00f3gico del problema: siguiendo a san Agust\u00ed\u00adn se esforz\u00f3 tambi\u00e9n en mostrar que Jesucristo es el speculum electionis en el sentido de que en la encarnaci\u00f3n de la Palabra divina en el hombre Jesucristo nos encontramos de alg\u00fan modo con el prototipo y la suma de todo acto de elecci\u00f3n que tenga a Dios por sujeto y al hombre por objeto. Esta doctrina de origen agustiniano, retomada a su vez por los reformadores, ha querido poner en evidencia la soberana libertad de Dios en relaci\u00f3n con los elegidos, los cuales en todo caso son elegidos en Cristo por pura gracia y no por m\u00e9ritos propios.<\/p>\n<p>Sin embargo, cuando hemos olvidado o infravalorado el desenvolvimiento real de la historia salutis, que obligar\u00ed\u00ada a configurar sobre ella, y no al rev\u00e9s, lainteligencia del eterno proyecto y decreto divino, entonces nos hemos considerado autorizados a presentar la predestinaci\u00f3n como una doctrina relativa a la presciencia y a la decisi\u00f3n divina m\u00e1s all\u00e1 de la revelaci\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de Jesucristo. Pero \u00bfc\u00f3mo se podr\u00e1 saber algo de Dios sino a partir de Dios y de lo que Dios ha querido manifestar de s\u00ed\u00ad mismo, y todo esto en Cristo Jes\u00fas? Y a pesar de todo se termin\u00f3 viendo en la eleccion la obra de un Deus absconditus, que al principio habr\u00ed\u00ada decretado salvar unos individuos determinados, dejando para confirmar sucesivamente la propia elecci\u00f3n con una decisi\u00f3n, por as\u00ed\u00ad decir, s\u00f3lo formal y t\u00e9cnica de llamar a estos elegidos y de llevarlos a la salvaci\u00f3n por medio de su Hijo y de su Esp\u00ed\u00adritu. Sin embargo, si nos atenemos a la revelaci\u00f3n neotestamentaria, es verdad que la elecci\u00f3n del hombre es la elecci\u00f3n en Jesucristo, ser elegidos significa ser elegidos en \u00e9l. S\u00f3lo dentro, y no al lado o fuera, de la elecci\u00f3n, cuyo objeto primordial y eterno es Jesucristo, se inserta la elecci\u00f3n de toda la humanidad a la gracia y a la vida eterna. Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s en el interior de esta elecci\u00f3n universal en Jesucristo est\u00e1 la elecci\u00f3n de cada uno. Dicho de otro modo, la elecci\u00f3n de todo hombre no se da sino dentro de la elecci\u00f3n de todo el g\u00e9nero humano y \u00e9sta no subsiste sino dentro de la elecci\u00f3n de Jesucristo. La praescientia et dispositio beneficiorum Dei, como defin\u00ed\u00ada san Agust\u00ed\u00adn la predestinaci\u00f3n, no puede ser sino la presciencia y la disposici\u00f3n del acontecimiento de la salvaci\u00f3n en Jesucristo. He aqu\u00ed\u00ad, como bien ha dicho Karl Barth, la quintaesencia del evangelio, o sea, del anuncio de aquel agape, de aquel amor de Dios que no tiene otro nombre que este: Jesucristo (KD, II\/2, 5, 9, 13).<\/p>\n<p>Con todo, no basta tampoco con decir que Jesucristo es el objeto y el \u00f3rgano: hay que a\u00f1adir que El es el sujeto o el autor del gratuito proyectar y obrar divino en favor del hombre. Ciertamente Jesucristo en cuanto a su humanidad es objeto de la elecci\u00f3n. Ya lo hab\u00ed\u00ada comprendido claramente san Agust\u00ed\u00adn: \u00abCon raz\u00f3n habr\u00e1 que decir que El no ha sido predestinado en cuanto Verbo de Dios junto a Dios. En efecto, \u00bfc\u00f3mo habr\u00ed\u00ada podido ser predestinado, si ya era lo que era eterno, sin principio ni fin? De \u00e9l ten\u00ed\u00ada que ser predestinado, sin embargo, lo que El no era todav\u00ed\u00ada, para que llegase a ser a su tiempo lo que hab\u00ed\u00ada sido predestinado antes de todos los tiempos. As\u00ed\u00ad, pues, quien niega que el Hijo de Dios ha sido predestinado, niega que El es el Hijo del hombre (In Io. ev. tr., 105, 8). Y, con todo, si es persona divina, Jesucristo no es s\u00f3lo objeto, sino tambi\u00e9n sujeto de la elecci\u00f3n, el Se\u00f1or de los elegidos y, por tanto, el principio y el fin de nuestra elecci\u00f3n. Jesucristo es el hombre-elegido, pero tambi\u00e9n el Dios-que-elige y en cuanto tal el Deus pro nobis y al mismo tiempo el Emmanuel. Como ha sugerido Barth, Jesucristo es \u00abel prototipo y el compendio de todo acto de elecci\u00f3n que tiene a Dios por sujeto y al hombre por objeto\u00bb (KD, II\/ 2, 66). \u00bfLa consustancialidad (homoous\u00ed\u00ada) trinitaria no obliga acaso a proclamar el primado de la subjetividad divina tambi\u00e9n en la elecci\u00f3n, que implica, seg\u00fan el orden (taxis) intradivino, junto con el Padre al mismo Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu Santo? As\u00ed\u00ad, si el Padre ad intra, en el dinamismo de la vida intradivina, es el \u00abprincipio sin principio\u00bb, no menos el Hijo es tambi\u00e9n \u00abprincipio\u00bb, aunque precisamente sea \u00abprincipio principiado\u00bb, mientras que el Esp\u00ed\u00adritu Santo es simplemente \u00abprincipiado\u00bb. Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 tambi\u00e9n el Hijo no deber\u00ed\u00ada ser proclamado sujeto, precisamente porque tiene del Padre este ser sujeto de la elecci\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu Santo? Adem\u00e1s, ya que por raz\u00f3n de la consustancialidad las obras divinas ad extra son indivisibles, aunque no indiferenciadas, \u00bfno se deber\u00ed\u00ada concluir igualmente que Jesucristo, no s\u00f3lo en cuanto Hijo eterno, sino tambi\u00e9n en cuanto Verbo encarnado, es sujeto y no s\u00f3lo objeto de la elecci\u00f3n?<br \/>\nLa elecci\u00f3n no puede menos de implicar sea a la \u00abTrinidad inmanente\u00bb, sea a la \u00abTrinidad econ\u00f3mica\u00bb y, en consecuencia, al Padre mediante el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo o, si se quiere, con la f\u00f3rmula declarada por san Basilio como equivalente, al Padre, al Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu Santo. Sin embargo, todo esto no ha sido pensado ni expresado por san Agust\u00ed\u00adn o santo Tom\u00e1s como tampoco por Lutero o Calvino. Sobre todo estos \u00faltimos se han limitado a ver en Jesucristo un executor, de quien se sirve la voluntad divina para conducir a los elegidos a su fin \u00faltimo, pero su poder y su funci\u00f3n no los conocemos bien. De este modo, entre la decisi\u00f3n eterna de Dios y su aplicaci\u00f3n hist\u00f3rica en Cristo se ha abierto un gran vac\u00ed\u00ado y los reformadores, pero no s\u00f3lo ellos, lo han llenado recurriendo al gratuitum beneplacitum, a la paterna miseratio, o a la voluntas maiestatis. Lo cual equivale a decir que la elecci\u00f3n misma viene antes de Jesucristo. Es cierto que Jesucristo no ha sido ignorado, pero se ha pretendido remontarse a una voluntad divina independiente, que en todo caso permanecer\u00e1 oculta e insondable para nosotros. He aqu\u00ed\u00ad, pues, la doctrina calvinista del decretum absolutum, en la cual al fin de cuentas es la presciencia la que ordena la elecci\u00f3n y el decreto divino. Por otra parte, aun cuando la \u00abortodoxia\u00bb luterana ha buscado hacer depender la doctrina de la predestinaci\u00f3n de la benevolentia Dei universalis, no se puede dejar de observar que, en definitiva, se trata de una f\u00f3rmula vac\u00ed\u00ada y de todas formas ambigua, m\u00e1s emparentada con la praevisa fide y la scientia media cat\u00f3lica que con los datos neotestamentarios. No es una casualidad el que Barth haya podido encontrar buenas razones para criticar, a pesar de ser protestante, tanto la doctrina luterana como la calvinista de la predestinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando se ense\u00f1a la existencia de un consejo y de un decreto divino independientes de Jesucristo, no se ve para qu\u00e9 deber\u00ed\u00ada servir una comunidad cuya misi\u00f3n consistir\u00ed\u00ada en predicar una voluntad divina absoluta junto a la que ha sido manifestada y realizada en Cristo y por Cristo. En cambio, si hay un \u00fanico proyecto y una \u00fanica decision divina, y todo esto en Jesucristo, entonces est\u00e1 clara tambi\u00e9n la misi\u00f3n de aquella comunidad que es la Iglesia, es decir, la proclamaci\u00f3n del evangelio en el cual cada uno recibe la promesa de la propia elecci\u00f3n. No existen, pues, dos grupos contrapuestos, por una parte, la massa perditionis, para la que Jesucristo con su cruz y resurrecci\u00f3n no significa pr\u00e1cticamente nada, y, por otra, la massa electionis, para la cual s\u00f3lo Jesucristo es el redentor que ha muerto y ha resucitado. Si, por el contrario, Jesucristo es el origen eterno y a la vez hist\u00f3rico de todos los caminos y las obras de Dios, entonces es imposible admitir ning\u00fan tipo de indiferencia y neutralidad con respecto a \u00e9l. En consecuencia, ni siquiera se plantea el problema de diferenciar el anuncio seg\u00fan se dirija a unos o a otros, dividiendo dr\u00e1sticamente a los hombres en grupos contrapuestos de buenos y malos. El evangelio, como anuncio del reino por parte de Jesucristo, no es selectivo, es para todos: por s\u00ed\u00ad no excluye a nadie. En tal caso es el hombre quien puede rechazarlo. Como le gustaba repetir a san Agust\u00ed\u00adn (De natura et gr. 26, 29; cfr. Sol. 1, 1, 6; Conf. 4, 9; De corrupt. et gr. 11, 31 y 13, 42; De civ. Dei 13, 15) y despu\u00e9s de \u00e9l han repetido el Concilio de Trento (DS, 1536) y el Vaticano I (DS, 3014): \u00abnon deserit, si non deseratur\u00bb. El reino de los cielos est\u00e1 abierto y todos pueden entrar en \u00e9l. El infierno est\u00e1 cerrado, y s\u00f3lo quien lo quiere a toda costa puede entrar en \u00e9l. La Iglesia y la teolog\u00ed\u00ada deben hacerse cargo de esta verdad liberadora: en el anuncio y el testimonio, en la reflexi\u00f3n y especulaci\u00f3n no se tiene el derecho de excluir a nadie, si se sabe y se reconoce que la \u00abgloria misericordiae et justitiae Dei\u00bb como el \u00abaeternum beneplacitum Dei\u00bb no tienen nada de an\u00f3nimo e indiferente, si se llaman Jesucristo.<\/p>\n<p>Ciertamente en la \u00abconcentraci\u00f3n cristol\u00f3gica\u00bb, que significa inequ\u00ed\u00advoca y necesariamente \u00abdespliegue trinitario\u00bb del tema de la predestinaci\u00f3n, no se podr\u00e1 negar la libertad soberana de la elecci\u00f3n y de la gracia; al contrario, habr\u00e1 que exaltarla. Pero se deber\u00e1 sostener siempre que Jesucristo, en cuanto verdadero Dios y verdadero hombre, es el evento mismo tanto de la elecci\u00f3n eterna como de la elecci\u00f3n hist\u00f3rica. Jesucristo no es s\u00f3lo la manifestato o el speculum nostrae electionis. La elecci\u00f3n no deriva de una voluntad de Dios diversa y oculta de aquella que fue dada a conocer y est\u00e1 representada en El. No, Jesucristo revela que nuestra elecci\u00f3n se cumple en \u00e9l, en virtud de su obra, y, todav\u00ed\u00ada antes, en virtud de su voluntad id\u00e9ntica a la de Dios. As\u00ed\u00ad se nos permite y manda mantenernos unidos a El con confianza absoluta, aqu\u00ed\u00ad y ahora, en nuestra existencia hist\u00f3rica, porque tampoco en la eternidad ha existido ni podia existir otra previsi\u00f3n y otra decisi\u00f3n de Dios diversa de la que existe en El. Antes de cualquier relaci\u00f3n entre Dios y la realidad diversa de El existe el ser y la subjetividad del Dios trinitario: Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo, y, por as\u00ed\u00ad decirlo, inmediatamente despu\u00e9s el objeto de su presciencia y elecci\u00f3n: Jesucristo, que en cuanto tal representa el fundamento eterno de cualquier predestinaci\u00f3n. Como ha dicho bien Karl Barth, \u00aben s\u00ed\u00ad mismo, en la decisi\u00f3n primera y fundamental en virtud de la cual El quiere ser Dios y efectivamente lo es, en el misterio de lo que ha acontecido desde toda la eternidad y por siempre en su ser m\u00e1s \u00ed\u00adntimo, en su esencia trinitaria, Dios no es otro que el Dios-que-elige en su Hijo o en la Palabra, el Dios que se auto-elige y que, en s\u00ed\u00ad y consigo mismo, elige el pueblo de los suyos. Dios elige en el acto de su amor, que determina fundamentalmente su esencia. Y porque tal acto es una elecci\u00f3n, es tambi\u00e9n contempor\u00e1neamente y como tal el acto de su libertad\u00bb (KD, II\/2, 82). Pero decir esto equivale tambi\u00e9n a decir que aquel Dios que no es sino el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, no es ni quiere estar sin los suyos, sin el Pueblo unido en su nombre y que le pertenece, sin los elegidos desde la eternidad, y creados, redimidos y reconciliados en la historia.&#8217;<\/p>\n<p>IV. Gloria hominis praedestinatio Dei<br \/>\nSi esta verdad hubiera sido claramente percibida y sostenida, la historia de la doctrina de la predestinaci\u00f3n y, quiz\u00e1, la misma historia del cristianismo pod\u00ed\u00ada ser diversa. Es cierto que Jesucristo, seg\u00fan su naturaleza humana, ha sido considerado el primero de los elegidos por un santo Tom\u00e1s como por los mismos reformadores. Y sin embargo el Ang\u00e9lico sostiene que \u00abpraedestinatio nostra ex simplici voluntate Dei dependet\u00bb (S. Th., III, q. 24, a. 2), de tal modo que, \u00absi Christus non fuisset incarnatus, Deus praeordinasset Nomines salvari per aliam causam\u00bb (ibid., ad 3). Pero si el eterno consejo y decreto, el benepl\u00e1cito y la voluntad divina de salvaci\u00f3n no est\u00e1n indisolublemente ligados tambi\u00e9n al nombre de Jesucristo, si se piensa en los elegidos como \u00abelecti Patris antequam Christi\u00bb, si la elecci\u00f3n del Padre de car\u00e1cter general no es vista en sentido positivo y activo como la misma del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, mientras que Jesucristo es considerado como un simple medium electionis, \u00bftodo esto no quiere decir acaso que no estamos demasiado lejos del decretum absolutum y, en la mejor de las hip\u00f3tesis, que estamos predestinados \u00abpor medio de Cristo\u00bb, y no propiamente \u00aben Cristo\u00bb? Excluida o dejada en la sombra una radical y coherente \u00abconcentraci\u00f3n cristol\u00f3gica\u00bb y en consecuencia una \u00abarticulaci\u00f3n trinitaria\u00bb, el debate sobre la predestinaci\u00f3n, que parecer\u00ed\u00ada inicialmente exaltar una opci\u00f3n teoc\u00e9ntrica, toma en cambio inevitablemente un sesgo antropol\u00f3gico, es m\u00e1s, antropoc\u00e9ntrico, con todo el conjunto de angustiosos y arduos interrogantes entre los que resulta en extremo dif\u00ed\u00adcil, si no imposible, encontrar una soluci\u00f3n equilibrada, que tenga cogidos los dos cabos de la cadena: la libertad de la gracia de Dios y la consistencia de la libertad del hombre. El paulino \u00abmisterio de la sabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb (Rom 11, 33) tiende en efecto a saldarse sin obst\u00e1culos decisivos con la exaltaci\u00f3n de la libre soberan\u00ed\u00ada de la gracia y de la elecci\u00f3n (Rom 9, 14-24), pero para derivar de ah\u00ed\u00ad un arbitrario decretum absolutum inescrutable, que permite que se establezca la pretensi\u00f3n de iguales derechos para la salvaci\u00f3n como para la condenaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo se podr\u00e1 evitar la doctrina de la praedestinatio gemina, o sea, la simetr\u00ed\u00ada de la doble predestinaci\u00f3n, a la gracia y a la reprobaci\u00f3n, y, en consecuencia, el miedo, el terror y el individualismo en el que se est\u00e1 encerrado por la tenaza elegidos-reprobados?<br \/>\nPero, si miramos bien san Pablo ha declarado que el siempre libre decreto de Dios nada tiene de oscuro o temeroso. Al contrario, manifestado y realizado en Jesucristo, ya seamos amigos de Dios como Mois\u00e9s o enemigos de Dios como el Fara\u00f3n, ya nos llamemos Isaac o Ismael, Jacob o Esa\u00fa, en cualquier caso, por todos y por cada uno se da y muere Jesucristo, para que se realice aquella justificaci\u00f3n por la cual El ha resucitado (Rom 4, 25). Tenemos as\u00ed\u00ad todas las razones para dar gracias por la misericordia como para dolernos por el rechazo, consider\u00e1ndonos agradecidos por la elecci\u00f3n y responsables de la reprobaci\u00f3n. Centrada consiguientemente en Cristo, la predestinaci\u00f3n no puede ya reconducirse a un concepto abstracto del cual se deduce, por una parte, la elecci\u00f3n y, por otra, la reprobaci\u00f3n, en una palabra, la tristemente famosa praedestinatio gemina. Si encontramos siempre y en todas partes a Jesucristo, entonces el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb y el \u00abno\u00bb de Dios no pueden ser ya sim\u00e9tricos, y el \u00abno\u00bb, que debe ser tambi\u00e9n hipot\u00e9tico, no puede ser sino relativo y sometido al \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb.<\/p>\n<p>Pero, llegados a este punto, debemos separarnos, y con firmeza, de Karl Barth. Ciertamente Barth fue quien propuso la tesis de que Jesucristo es el sujeto y a la vez el objeto de la elecci\u00f3n. Pero a\u00f1adi\u00f3 tambi\u00e9n que Jesucristo ser\u00ed\u00ada igualmente el sujeto y el objeto de la reprobaci\u00f3n. De este modo Barth intentar\u00ed\u00ada ser consecuente con los principios mismos de la Reforma: s\u00f3lo si antes Jesucristo es el elegido pero tambi\u00e9n el reprobado, seg\u00fan \u00e9l, se podr\u00ed\u00ada hablar despu\u00e9s del homo simul iustus et peccator y, por tanto, tambi\u00e9n de sola gratia, sola fides, sola iustitita. Pero vuelven aqu\u00ed\u00ad con mayor fuerza, si es posible, las objeciones de fondo que de parte cat\u00f3lica (cfr. DS 1545) no se pueden dejar de reproponer a Barth, a saber, que su, por as\u00ed\u00ad decirlo, ad maiorem Dei gloriam infravalora demasiado la criatura, limit\u00e1ndose a considerar la acci\u00f3n humana en relaci\u00f3n con la gracia como puramente pasiva, receptiva, sin posibilidad alguna de cooperaci\u00f3n. Parvus error in principio: en Barth permanece y no es superada aquella desconfianza t\u00ed\u00adpicamente protestante con respecto a la naturaleza, la libertad, el m\u00e9rito. El honor que se debe reconocer a la sublime majestad de Dios excluir\u00ed\u00ada por principio y sin t\u00e9rminos medios cualquier reconocimiento de poder salv\u00ed\u00adfico atribuible al hombre. El hombre, seg\u00fan Barth, es introducido por Dios en el acontecimiento de la revelaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n, pero lo ser\u00ed\u00ada como aquel que simplemente acoge o, mejor, experimenta, no colabora (H. Bouillard, III, 26). Y esto ser\u00ed\u00ada v\u00e1lido incluso cuando se trata de Jesucristo. \u00bfNo es acaso verdad que para Barth \u00abla salvaci\u00f3n es de tal modo s\u00f3lo obra de Dios que la humanidad de Cristo no coopera en ella?\u00bb (Id., II, 115; cfr. p. 122). En fin de cuentas la cristolog\u00ed\u00ada barthiana se desarrolla bajo el signo de un \u00abmonoergismo\u00bb o, si se quiere, \u00abmonoactualismo\u00bb, donde tiene subsistencia y valor s\u00f3lo la divinidad y su obrar, y jam\u00e1s la humanidad y su operaci\u00f3n, ni siquiera la de Jesucristo. Pero as\u00ed\u00ad, por una singular coherencia, Jesucristo, el aut\u00e9ntico representante (Stellvertreter) de Dios, para que se d\u00e9 gloria a Dios, tiene que convertirse en el sustituto total (Platzwechsler), aquel que toma el lugar (eine Stelle einnimmt) del hombre no s\u00f3lo como elegido, sino tambi\u00e9n como reprobado, es m\u00e1s, como el \u00fanico reprobado desde toda la eternidad en nuestro lugar (an unsere Stelle). El vaciamiento del ser creatural lleva a emplear y, en consecuencia, a deformar el concepto de \u00absatisfacci\u00f3n vicaria\u00bb en una \u00absustituci\u00f3n vicaria\u00bb equivalente a un \u00abcambio de situaci\u00f3n\u00bb. Por pura gracia en Jesucristo, sin cooperaci\u00f3n alguna efectiva de su misma humanidad, Dios se pondr\u00ed\u00ada en el lugar del hombre y el hombre se pondr\u00ed\u00ada en el lugar de Dios. Como se ha sugerido, precisamente este concepto de intercambio constituye el leitmotiv de la cristolog\u00ed\u00ada barthiana, pero eso contrasta no s\u00f3lo con la postura de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica (H. Bouillard, II, 155-164), sino tambi\u00e9n con el dogma de Calcedonia y m\u00e1s todav\u00ed\u00ada con el mismo NT. Barth entiende el \u00abpor nosotros\u00bb o \u00aben bien nuestro\u00bb (hyper hem\u00f3n) como \u00aben vez de nosotros\u00bb, \u00aben nuestro lugar\u00bb (an unsere Stelle). Y esto para poder decir que, hecho Jesucristo pecado en lugar nuestro, nosotros a su vez lleguemos a ser justicia en su lugar (an seine Stelle) (KD, IV\/1, 80, 180, 261, 268). En resumen, convirti\u00e9ndose nuestro pecado en su mismo pecado, Jesucristo ser\u00ed\u00ada el s\u00f3lo indiscutible rechazado, el \u00fanico verdadero pecador. As\u00ed\u00ad en la elecci\u00f3n de Jesucristo (que es la voluntad divina eterna) Dios ha destinado el s\u00ed\u00ad para el hombre (o sea, la elecci\u00f3n, la salvaci\u00f3n y la vida) y ha reservado para s\u00ed\u00ad el no (o sea, la reprobaci\u00f3n, la condena y la muerte). La condena merecida por el hombre cae sobre Dios y Dios mismo soporta la prueba del deshonor y de la maldici\u00f3n. El hombre, en conformidad con la predestinaci\u00f3n eterna de Dios, es sustra\u00ed\u00addo de la reprobaci\u00f3n, y ello en perjuicio del mismo Dios. \u00c2\u00a1He aqu\u00ed\u00ad hasta d\u00f3nde podr\u00ed\u00adan llegar el amor y la misericordia de Dios! La grandeza de la divinidad se mostrar\u00ed\u00ada precisamente, como hab\u00ed\u00ada dicho Lutero, en poder esconderse sub contraria specie, en su absoluto contrario, en la m\u00e1s desoladora miseria, en la m\u00e1s repugnante abyecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero no es nada provechosa, es m\u00e1s, no es en absoluto correcta esta inversi\u00f3n de funciones entre Dios y el hombre, para que el hombre quede predestinado y Dios sea glorificado. El principio de que quod non est assumptum non est sanatum, el admirabile commercium entre Dios y hombre que ha tenido lugar en Cristo Jes\u00fas no puede llegar a semejante intercambio (katallag\u00e9) entre gracia y pecado! \u00bfAcaso no es verdad que las dos naturalezas unidas en la \u00fanica persona del Verbo permanecen \u00abinconfusas e inmutables, indivisas, inseparables\u00bb, mientras que este mismo Verbo hecho carne condivide con nosotros absolutamente todo \u00abexcepto el pecado\u00bb? \u00bfY Dios no es igualmente Dios, es m\u00e1s, si es l\u00ed\u00adcito decirlo, Dios no es mayormente Dios, el Se\u00f1or, si concede al hombre obrar por s\u00ed\u00ad, otorg\u00e1ndole actuar libre y meritoriamente, y si hace esto antes que a cualquier otro al hombre Jesucristo? Ciertamente, como dec\u00ed\u00ada san Agust\u00ed\u00adn, \u00abipsum hominis meritum donum est gratuitum\u00bb (Ep. 186, 10). Pero sin el poder obrar y merecer, siempre otorgado por gracia, \u00bfc\u00f3mo se podr\u00ed\u00ada evitar que la historia de la salvacion, que realiza en el tiempo la predestinaci\u00f3n, una vez descartado del todo el hombre, no se transforme en fin de cuentas en un asunto entre Dios y Dios, \u00abun mon\u00f3logo del amor que quema bajo la forma de c\u00f3lera y revela as\u00ed\u00ad la victoria conseguida sobre el pecado, desde toda la eternidad?\u00bb (H. Bouillard, II, 119). \u00bfQu\u00e9 cosa es id quo maius concipi nequit, seg\u00fan la definici\u00f3n de san Anselmo, un autor por lo dem\u00e1s tan querido de Barth, un Dios que teme y revoca, o un Dios que sostiene y exalta la autonom\u00ed\u00ada y hasta lacapacidad de gracia del hombre? Para poder proclamar: gloria Dei praedestinatio hominis, a la vez y por eso mismo es preciso sostener seriamente: gloria hominis praedestinatio Dei. Precisamente arraigada dentro de la elecci\u00f3n a la vez eterna e hist\u00f3rica en Jesucristo, la predestinaci\u00f3n se revela como el reconocimiento m\u00e1ximo de la gloria del Padre por el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo porque significa la llamada del hombre viviente a la comuni\u00f3n plena y sin l\u00ed\u00admites de aquella misma gloria. \u00bfSer\u00e1 acaso temerario apropiarse aqu\u00ed\u00ad unas palabras de san Agust\u00ed\u00adn: \u00abYo s\u00e9 esto, que nadie ha podido discutir jam\u00e1s, si no es errando, contra esta predestinaci\u00f3n que nosotros sostenemos sobre la base de las santas Escrituras\u00bb? (De dono pers. 19, 48).<\/p>\n<p>[Agust\u00ed\u00adn, san; Amor; Barth, K; Biblia; Concilios; Creaci\u00f3n; Cruz; Econom\u00ed\u00ada; Encarnaci\u00f3n; Escol\u00e1stica; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Fe; Gloria; Gracia; Hijo; Historia; Iglesia de la Trinidad; Jesucristo; Misterio; Padre; Pascua; Protestantismo; Reforma; Reino de Dios; Revelaci\u00f3n; Salvaci\u00f3n; S\u00ed\u00admbolos de fe; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Tom\u00e1s de Aquino; Trinidad; Vida eterna.]<br \/>\nAndrea Milano<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Designio eterno y amoroso de Dios de hacer al hombre part\u00ed\u00adcipe de su naturaleza divina en el Hijo y de recapitular todas las cosas en Cristo mediante la Iglesia.<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento no aparece la palabra \u00abpredestinaci\u00f3n\u00bb; la idea m\u00e1s cercana es la de elecci\u00f3n. Dios quiso en su benevolencia escoger libremente a un pueblo, sin constricciones ni condicionamientos humanos, La elecci\u00f3n de los patriarcas, as\u00ed\u00ad como la del pueblo hebreo, desconcierta las categor\u00ed\u00adas humanas; Dios muestra que su plan de salvaci\u00f3n es totalmente suyo. La elecci\u00f3n de Israel es una llama\u00e9la a la alianza con Dios y los nombres de los elegidos est\u00e1n escritos en el \u00ablibro de la vida\u00bb (Ex 32,32; Dn 12,1; Sal 69 29). En el Nuevo Testamento, en los sin\u00f3pticos aparece la idea del Reino como comuni\u00f3n del hombre con Dios.<\/p>\n<p>El Padre ha preparado un reino para los elegidos desde toda la eternidad (Mt 25,34; 20,23). Tambi\u00e9n en Juan aparece el tema de la predestinaci\u00f3n en relaci\u00f3n con los disc\u00ed\u00adpulos que el Padre ha \u00abdado\u00bb al Hijo J y que nadie \u00abarrebatar\u00e1 de su mano\u00bb (Jn 10,27.<\/p>\n<p>17,12). La doctrina de la predestinaci\u00f3n es desarrollada particularmente por Pablo en Ef 1,3-12 y Rom 8,28-30. Dios nos ha elegido desde antes de la creaci\u00f3n del mundo para ser santos e inmaculados en el amor y nos ha predestinado a la adopci\u00f3n de hijos suyos en Cristo (Ef 1,4-5). Dios ha llamado, justificado y glorificado a los que ha predestinado para que sean conformes a su Hijo (Rom 8,28-30). As\u00ed\u00ad pues, el fundamento de la predestinaci\u00f3n es la voluntad insondable de Dios que tiene misericordia con quien quiere y endurece al que quiere (Rom 9,18). La iniciativa divina no elimina la libertad humana y, si Israel ha sido reprobado, esto se debe a su incredulidad (Rom 10,21). Sin embargo, el designio de Dios es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2,4). La elecci\u00f3n universal de Dios trasciende toda distinci\u00f3n de pueblos y su misericordia se extiende a todos- los que lo invocan (Rom 10,12-13). Por eso la predestinaci\u00f3n a la salvaci\u00f3n es universal, gratuita y eficaz. El planteamiento de Pablo es cristoc\u00e9ntrico y eclesial, en cuanto que se ve a la humanidad en sus relaciones constitutivas con Cristo (Ef 4,7- 16).<\/p>\n<p>Agust\u00ed\u00adn profundiz\u00f3 en el tema de la predestinaci\u00f3n en su lucha contra los semipelagianos. Seg\u00fan Agust\u00ed\u00adn, la predestinaci\u00f3n es \u00bb la presciencia de Dios y la preparaci\u00f3n de sus beneficios, mediante los cuales se salvan con seguridad todos los que son salvados\u00bb (De dorto perseverartiae 14,35). Agust\u00ed\u00adn supo conjugar dos ense\u00f1anzas aparentemente opuestas de la Escritura: la gratuidad de la predilecci\u00f3n divina por los elegidos y el amor de Dios a todos los hombres. En sus \u00faltimos a\u00f1os Agust\u00ed\u00adn propuso una interpretaci\u00f3n exeg\u00e9tica restrictiva del trozo paulino de 1 Tim 2,4 (De praedestirtatiorte sanctorum 8,13). Dios posee una gracia que ning\u00fan coraz\u00f3n podr\u00ed\u00ada rechazar, pero no se la da a todos y permite que algunos se pierdan. Sin embargo, Agust\u00ed\u00adn no ense\u00f1\u00f3 nunca la predestinaci\u00f3n a la perdici\u00f3n; afirm\u00f3 que los pecados son objeto de la presciencia divina, pero no de la predestinaci\u00f3n; que Dios es justo y no puede condenar a nadie sin culpa. Agust\u00ed\u00adn considera adem\u00e1s los aspectos pastorales de la predestinaci\u00f3n: puesto que es desconocida para el hombre peregrino, est\u00e1 destinada a evitar tanto la presunci\u00f3n como la desesperaci\u00f3n (Irt Joh. 53,8) y a fomentar la oraci\u00f3n, la confianza y la acci\u00f3n (De dorto persev. 16,39; 22,59). Santo Tom\u00e1s trata el tema de la predestinaci\u00f3n a prop\u00f3sito de la providencia, defini\u00e9ndola como el designio de Dios que ordena a la criatura racional hacia el fin de la vida eterna, el cual supera totalmente las posibilidades humanas (S. Th. 1, q.23, a. 1).<\/p>\n<p>En el per\u00ed\u00adodo postridentino se encuentran dos tendencias teol\u00f3gicas fundamentales a prop\u00f3sito de la predestinaci\u00f3n: la molinista, que resalta m\u00e1s bien la libertad del hombre y considera que la predestinaci\u00f3n de los adultos a la vida eterna sigue a la previsi\u00f3n de sus m\u00e9ritos (posc praevisa merica), y la que sostiene B\u00e1\u00f1ez en sinton\u00ed\u00ada con los escotistas, que subravan la gratuidad absoluta de la predestinaci\u00f3n a la gloria (artte praevisa merita) y la eficacia intr\u00ed\u00adnseca de la gracia.<\/p>\n<p>El Magisterio de la Iglesia ha condenado la doble predestinaci\u00f3n a la salvaci\u00f3n y a la perdici\u00f3n, en el concilio de Arl\u00e9s (473) (DS 335) y en el de Orange (529) (DS 397). En el siglo IX, el concilio de Quiercv (853) afirma contra Godescalco de Orbais que los que se salvan son salvados por un don de Dios, mientras que los que se pierden, se pierden por su propia culpa (DS 623). El concilio de Trento afirma contra Huss, Wycliff y sobre todo contra Calvino que no hay una predestinaci\u00f3n al mal (DS 1556; 1567). Frente a la doctrina de los reformadores, seg\u00fan la cual cada uno tiene que creer en su predestinaci\u00f3n, establece que no hay ninguna certeza infalible de ello, a no ser por una revelaci\u00f3n particular de Dios (DS 1540). El motivo de esta incertidumbre reside en la posibilidad que tenemos de rechazar el amor que Dios ofrece a todos los hombres.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea pone de manifiesto una doble problem\u00e1tica: por una parte, el error de considerar la causalidad divina y la humana como dos fuerzas competitivas, sin tener en cuenta que la gracia no elimina la libertad, sino que la afianza y la desarrolla. Por otra parte, la necesidad de establecer un v\u00ed\u00adnculo m\u00e1s estrecho entre la predestinaci\u00f3n de Cristo y la del hombre, en cuanto que el hombre est\u00e1 llamado va desde antes de la creaci\u00f3n del mundo a convertirse en hijo de Dios en Jesucristo. En esta perspectiva se subraya adem\u00e1s la predestinaci\u00f3n de toda la humanidad a la salvaci\u00f3n: el resultado de la existencia terrena de cada individuo se verificar\u00e1 solamente en el juicio universal. La predestinaci\u00f3n general y la particular se diferencian solamente en el hecho de que esta \u00faltima incluye la colaboraci\u00f3n concreta del hombre con Dios, prevista eternamente por \u00e9l.<br \/>\nE.C Rava<\/p>\n<p>Bibl.: K. Rahner, Predestinaci\u00f3n, en SM, Y, 527-535; L. Serenth\u00e1, Predestinaci\u00f3n, en DTI, III, 876-895; A, Milano, Predestinaci\u00f3n, en DTDC, III9-1132: M. LOhrer, Acci\u00f3n de la gracia de Dios como elecci\u00f3n del hombre, en MS, III1, 345-359; L. Boff, Gracia y liberaci\u00f3n del hombre, Cristiandad, Madrid 1978; A. Alonso, De la predestinaci\u00f3n divina, studium, Madrid 1964.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Concepto e historia del problema<br \/>\nAnte todo hay que distinguir claramente dos aspectos del problema: la presciencia divina pertenece s\u00f3lo al orden del conocimiento, pero la p. implica mucho m\u00e1s. A saber: Dios, causa primera, mueve las causas segundas, aun las voluntades humanas, de tal forma que sus libres decisiones son a la postre efecto de una causalidad suprema de Dios, y esta causalidad tiene por objeto el conjunto de una vida, no menos que las opciones particulares; y, sin embargo, el hombre permanece libre bajo la acci\u00f3n divina. Estas ideas generales est\u00e1n confirmadas y precisadas en la sagrada Escritura.<\/p>\n<p>El AT evoca a menudo la ciencia infinita del creador. Recuerda tambi\u00e9n su omnipotencia, que le permite usar sus criaturas como instrumentos de su c\u00f3lera (Is 10, 5s15) o de su misericordia (45, 1). Muestra como instrumentos de su c\u00f3lera (Is 10, 5ss (Ex 7, 3), pero insiste igualmente sobre la libertad del hombre y la misericordia divina, que puede crear en \u00e9l un coraz\u00f3n nuevo (Ez 36, 26). Tambi\u00e9n el NT presenta a Dios cegando a los hombres y endureciendo al pecador (Jn 9, 39), pero habla tambi\u00e9n de la gracia liberadora (8, 36). Los textos m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticos est\u00e1n en la teolog\u00ed\u00ada de -\u203a Pablo. Dios es absolutamente independiente, salva al que quiere y endurece a quien le place (Rom 9, 14-18). Nadie puede oponerse a su voluntad, ni discutir con \u00e9l. Como el alfarero, es due\u00f1o del barro que ha plasmado (9, 19-24). Antes de que nacieran, am\u00f3 a Jacob y rechaz\u00f3 a Esa\u00fa (9, 11ss).<\/p>\n<p>Los padres griegos interpretaron estos y otros textos sobre todo de cara a la libertad humana. Pero, como escribieron antes del -> pelagianismo, no desarrollaron aquellos conceptos que permiten precisar las relaciones entre -> naturaleza y gracia, as\u00ed\u00ad como una distinci\u00f3n de los diversos aspectos de la gracia y una reflexi\u00f3n sobre el problema del initium fidei y de la perseverancia final. De ah\u00ed\u00ad que, sin raz\u00f3n, se haya podido acusar a alguno de ellos de haber ca\u00ed\u00addo en el error del semipelagianismo.<\/p>\n<p>Agust\u00ed\u00adn es pr\u00e1cticamente el primero que vio y abord\u00f3 este problema con todas sus implicaciones. Aunque afirm\u00f3 la necesidad de la cooperaci\u00f3n del hombre a su salvaci\u00f3n, puso todo su ah\u00ed\u00adnco en recordar la independencia de Dios. Al principio desconoc\u00ed\u00ada la necesidad de una gracia interior en el llamamiento a la salvaci\u00f3n; pero, desde 397 (Quaestiones ad Simplicianum, PL 40), corrigi\u00f3 su concepci\u00f3n. Por esta \u00e9poca, la mayor\u00ed\u00ada de los padres tend\u00ed\u00adan a unir directamente el llamamiento al bautismo con la perseverancia final, como si todos los cristianos (fuera del caso de herej\u00ed\u00ada, cisma o apostas\u00ed\u00ada) tuvieran segura su salvaci\u00f3n. Tanto en sus sermones como en diversos tratados (De fide et operibus, PL 40), Agust\u00ed\u00adn hizo ver que un cristiano puede condenarse. As\u00ed\u00ad el problema de la p. quedaba unido con el de la perseverancia final. Hacia el fin de su vida, respondiendo a preguntas de diversos monjes, Agust\u00ed\u00adn precis\u00f3 su doctrina sobre la gracia en De correptione et gratia (426: PL 44, 915-946), De praedestinatione sanctorum (ibid., 959-992) y De dono perseverantiae (429: PL 45, 993-1027). Como consecuencia del pecado original, la humanidad est\u00e1 entregada a la condenaci\u00f3n; pero Dios rescata de esta massa damnationis a los que ha destinado a la salvaci\u00f3n, los cuales se salvan infaliblemente. El n\u00famero de los elegidos est\u00e1 fijado desde la eternidad. Sin reprobar positivamente a los no predestinados, Dios permite que \u00e9stos se condenen libremente por raz\u00f3n de sus pecados.<\/p>\n<p>Aceptada en principio por occidente, la s\u00ed\u00adntesis agustiniana fue fuente de conflictos. As\u00ed\u00ad, en el siglo ix, provoc\u00f3 la disputa carolingia de la predestinaci\u00f3n (Gottschalk), en que dos concilios igualmente ortodoxos se opon\u00ed\u00adan entre s\u00ed\u00ad (Quiercy y Valence, Dz 316-325). A fines de la edad media, Wiclef y Juan Hus se apropiaron nuevamente las tesis agustinianas, y las interpretaron en conexi\u00f3n con su eclesiolog\u00ed\u00ada d\u00e1ndoles el sentido de que un mal papa o un obispo infiel a sus deberes no pertenece al cuerpo de los predestinados y, por tanto, no puede exigir ninguna autoridad en la Iglesia (Dz 588 606 646ss).<\/p>\n<p>En el siglo xvi, Lutero y Calvino sacaron de contexto esta concepci\u00f3n. Para Calvino (-> calvinismo), como para Agust\u00ed\u00adn, unos est\u00e1n elegidos y otros condenados desde toda la eternidad; pero la p. y la reprobaci\u00f3n son entendidas aqu\u00ed\u00ad independientemente del problema del pecado original. Dios, ser infinito, creador y due\u00f1o soberano de las criaturas, dispone de ellas como le place para su gloria (p. supralapsaria: Institutio christiana, III, 21-24). En el s\u00ed\u00adnodo de Dordrecht (1618-1619), los calvinistas intransigentes, disc\u00ed\u00adpulos de Gomar, vencieron a los arminianos, que hab\u00ed\u00adan reaccionado contra esta tesis despiadada.<\/p>\n<p>En la Iglesia cat\u00f3lica, Jansenio intent\u00f3 superar las disputas sobre la gracia volviendo directamente a Agust\u00ed\u00adn (-3 jansenismo). Sin llegar a la p. supralapsaria del calvinismo, basa su sistema en el pecado original, la impotencia del hombre, la gratuidad de la gracia y la independencia de Dios. As\u00ed\u00ad se viene a negar la eficaz voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios. Contra tales afirmaciones, la Iglesia declara que Cristo muri\u00f3 por todos los hombres, no s\u00f3lo por los predestinados, y ni siquiera por los justos o los creyentes solamente (Dz 1096 1294 1379).<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica postridentina batalla mucho en torno a la eficacia de la graciay en torno a la p. y reprobaci\u00f3n. A decir verdad, el problema se abord\u00f3 entonces sobre una base demasiado estrecha. Se cre\u00ed\u00ada que a los herejes, cism\u00e1ticos e infieles les esperan las penas del infierno. En este contexto se discuti\u00f3 el problema bajo el punto de vista de si los justos son predestinados antes o despu\u00e9s de considerar sus futuros m\u00e9ritos. Lessio hace depender la p. de la consideraci\u00f3n del m\u00e9rito. Esta tesis, rechazada no s\u00f3lo por la escuela tomista, sino tambi\u00e9n por Belarmino y Su\u00e1rez, prevaleci\u00f3 finalmente en la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas y en muchos otros te\u00f3logos. La escuela dominicana, que se orienta m\u00e1s fuertemente por Agust\u00ed\u00adn, subraya ante todo la presciencia y omnipotencia de Dios, y afirma precisamente que el -\u00bb m\u00e9rito del hombre es tambi\u00e9n fruto de la gracia y que la perseverancia final es un don especial. Pero tiende a admitir una reprobaci\u00f3n negativa de quienes no caen bajo la p., que es indebida por esencia. Los te\u00f3logos de esta escuela no quieren a ning\u00fan precio que Dios pueda parecer dependiente de sus criaturas. Seg\u00fan ellos, hay una alternativa ineludible \u00abentre un Dios (soberano) que determina, o un Dios determinado\u00bb (por la criatura).<\/p>\n<p>En nuestros d\u00ed\u00adas, los mejores tomistas piensan que se debe abandonar esta perspectiva del problema. Pues de hecho Dios no est\u00e1 en el tiempo; su trascendencia lo sit\u00faa en una eternidad que no sabe de pasado ni futuro, sino que es un eterno presente, y todav\u00ed\u00ada este concepto es inadecuado. Agust\u00ed\u00adn lo hab\u00ed\u00ada dicho ya, pero las necesidades de la pol\u00e9mica le obligaron a bajar al terreno de sus contrarios y hablar como si Dios hubiera escogido a Jacob y reprobado a Esa\u00fa antes de todo acontecer. Este antes s\u00f3lo es admisible a condici\u00f3n de que se entienda metaf\u00ed\u00adsica y no hist\u00f3ricamente. Seg\u00fan Tom\u00e1s, \u00abDios en un solo acto conoce todas las cosas en su esencia y las quiere a todas en su bondad. Si, pues, en Dios el entender la causa no es causa del conocimiento de los efectos, ya que los entiende en la causa, tampoco el querer el fin es causa de que quiera los medios; no obstante lo cual, quiere que los medios est\u00e9n ordenados al fin. Por consiguiente, quiere que esto sea para aquello, pero no por aquello quiere esto\u00bb (ST i q. 19 a. 5). En este sentido explicaba la relaci\u00f3n entre gracia, m\u00e9rito y gloria (ST t q. 23 a 5). Y dentro de esta visi\u00f3n hay que ordenar tambi\u00e9n la oraci\u00f3n intercesora de los santos, a los que se atribuye la posibilidad de intervenir en la p. (ST I q. 23 a. 8). Cuando se dice que el n\u00famero de elegidos est\u00e1 inmutablemente fijado, eso s\u00f3lo significa que Dios no tiene que esperar el fin del mundo para conocer la suerte final de cada uno. Pero Tom\u00e1s mismo no fue capaz de mantener su punto de partida fundamental en esta pregunta, pues usa f\u00f3rmulas que falsean las perspectivas, como si Dios, antes de todos los tiempos, hubiera dibujado en su mente un cuadro del mundo en que la luz exig\u00ed\u00ada las sombras (ST i q. 23, a. 5 ad 3).<\/p>\n<p>El verdadero problema est\u00e1 en nuestra impotencia para expresar en t\u00e9rminos humanos la manera c\u00f3mo Dios, causa primera de todo lo que es, obra por las causas segundas, en particular a trav\u00e9s de nuestra libertad, para hacer un mundo en que unos se salvan y otros se condenan, sin que nadie pueda acusar a Dios de injusticia ni de parcialidad (Dz 142 2007 805ss).<\/p>\n<p>Como la Iglesia misma, los autores espirituales hablan deliberadamente un lenguaje antropom\u00f3rfico, asiendo &#8211; como dijo Bossuet &#8211; los dos cabos de la cadena, sin saber c\u00f3mo se juntan (cf. De Imitatione Jesu Christi, lib. i, c. 25, n. 2). Lo que a primera vista se presenta como una abstracta verdad metaf\u00ed\u00adsica, es la armonizaci\u00f3n concreta de la sutil yuxtaposici\u00f3n y compenetraci\u00f3n entre la gracia y la libertad. En los siglos XVII y XVIII, algunos te\u00f3logos pensaron que Dios, cansado de las resistencias de ciertos pecadores, pod\u00ed\u00ada abandonarlos desde esta vida a su triste suerte y dejar que se condenaran. Sacaban una consecuencia demasiado r\u00e1pida de una f\u00f3rmula agustiniana recogida por el concilio de Trento: Deus neminem deserit nisi prius deseratur (Dz 804). Hoy comprendemos mejor que las afirmaciones de la Escritura sobre la omnipotencia de Dios y la eficacia de la gracia deben equilibrarse por la consideraci\u00f3n de la libertad del hombre y de la infinita -a misericordia divina.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada de la p. debe tener siempre ante sus ojos los dos momentos. Cuanto hacemos de bueno viene de Dios; en el orden sobrenatural nada positivo puede hacerse sin la gracia; el llamamiento a la salvaci\u00f3n eterna y la perseverancia en la gracia, recibida en el bautismo o recuperada por el sacramento de la penitencia, son don de Dios. Es m\u00e1s, hay que pensar que la perseverancia final es don m\u00e1s grande que la totalidad de los otros dones (cf. Dz 806). En realidad, nuestra vida entera est\u00e1 en las manos misericordiosas de Dios. Sin embargo, nuestra vida espiritual es un di\u00e1logo con un Dios personal, no una simple relaci\u00f3n con el ser absoluto.<\/p>\n<p>Estas reflexiones nos remiten al problema de la -> encarnaci\u00f3n redentora en relaci\u00f3n con el problema de la p. en general, que Tom\u00e1s desarrolla hablando de la p. de Jesucristo y de nuestra p. en \u00e9l: \u00abSi en la p. se considera la acci\u00f3n predestinante, la p. de Cristo no es la causa de nuestra p., pues Dios en un mismo acto ha establecido su p. y la nuestra. Si consideramos, en cambio, la p. seg\u00fan su fin, la p. de Cristo es la causa de la nuestra. Pues por la p. Dios ha ordenado desde la eternidad nuestra salvaci\u00f3n de tal manera, que \u00e9sta sea operada por Jesucristo. En efecto, cae bajo la p. eterna no s\u00f3lo lo que ha de acontecer en el tiempo, sino tambi\u00e9n la manera y el orden de realizaci\u00f3n de esto en el tiempo\u00bb (ST ni q. 24 a 4).<\/p>\n<p>Henry Rondet<br \/>\nII. Reflexi\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\nLa p., que est\u00e1 dada ya con el misterio de la causalidad universal de Dios en su relaci\u00f3n con la libertad aut\u00f3noma de la criatura, es s\u00f3lo la aplicaci\u00f3n (en el plano del obrar) del misterio de la coexistencia de la infinita realidad divina con el ente creado, que es verdaderamente y tiene, por tanto, realidad aut\u00e9ntica, distinta de Dios, v\u00e1lida ante \u00e9l mismo, y que precisamente como tal est\u00e1 sostenido totalmente por Dios (cf. relaci\u00f3n entre -> Dios y el mundo). As\u00ed\u00ad, pues, la p. designa el eterno designio divino respecto del fin sobrenatural del -> hombre como individuo, en cuanto este estado final (y los acontecimientos que lo deciden en la historia del hombre) es querido por Dios con absoluta voluntad, no s\u00f3lo como meramente debido, sino como meta que efectivamente ha de alcanzarse. A este respecto, la p. se entiende de manera que incluya la reprobaci\u00f3n como una modalidad (aunque de otra especie) de p. junto a la p. para la gloria, o que, como p. para la gloria, constituya la ant\u00ed\u00adtesis de la reprobaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dios, como fundamento absoluto que por su acci\u00f3n libre confiere realidad a todo (->creaci\u00f3n), no s\u00f3lo contempla el mundo en su marcha, sino que debe quererlo para que sea lo que es. Este querer divino tiende de antemano al todo de la realidad querida y es igualmente inmediato respecto de cualquiera de sus momentos particulares. Ese querer no puede estar determinado por nada m\u00e1s que por la libertad sabia y santa de Dios mismo, que es necesariamente incomprensible e inapelable. S\u00f3lo el reconocimiento de esta libertad no fundada que es fundamento de todo, logra la criatura la recta relaci\u00f3n religiosa con Dios como Dios. Por eso hay una p. a la gloria para los hombres que se salvan, porque \u00e9ste es el punto culminante y el t\u00e9rmino de la historia del mundo y de la humanidad (Dz 805 825 827). En cuanto la p. se refiere al todo de la salvaci\u00f3n humana como tal (por buena decisi\u00f3n moral y [oil por situaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica gratuitamente concedida, ambas cosas posibilitadas por la gracia eficaz; por la perseverancia y por la gloria que de ella se sigue), la p. tiene como origen \u00fanico el libre -> amor de Dios. Pero en cuanto tal amor quiere la gloria del hombre (en el caso del que ha llegado al uso de la libertad racional) como dependiente de su decisi\u00f3n moral (d., sin embargo, -> limbo); quiere, pues, sin fundamento una salvaci\u00f3n eterna cuyos momentos tienen entre s\u00ed\u00ad una relaci\u00f3n de fundamentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La p. a la gloria de la criatura racional en conjunto es una realidad que se ha hecho ya escatol\u00f3gicamente patente en -> Jesucristo (-> escatolog\u00ed\u00ada). Referida a cada hombre peregrinante en particular, la p. es desconocida, pero es objeto de confianza y oraci\u00f3n. La p. no suprime la libertad de la criatura, su responsabilidad y su relaci\u00f3n dialog\u00ed\u00adstica con Dios, sino que es fundamento de todo ello, porque la voluntad de Dios puede tender precisamente -y tiende de hecho en la trascendencia de su causalidad &#8211; a la constituci\u00f3n del hombre libre y de su acto. Donde se entiende la p. como eliminaci\u00f3n de la responsabilidad y libertad humanas en la obra de la salvaci\u00f3n eterna (determinismo teol\u00f3gico), se da un predestinacianismo her\u00e9tico (Dz 300 316ss 320ss 816 827). No hay p. positiva y activa al pecado ni, consiguientemente, al abuso de la libertad. Tal p. es incompatible conla santidad de Dios y su voluntad salv\u00ed\u00adfica universal (-> salvaci\u00f3n), y tampoco es teol\u00f3gicamente necesaria, porque la maldad de la acci\u00f3n pecadora como tal, por ser deficiencia \u00f3ntica, no requiere causalidad divina positiva. Dios no quiere el pecado, aun cuando lo \u00abprev\u00e9\u00bb; lo permite simplemente; y quiere de manera positiva las penas del pecado (p. a la condenaci\u00f3n como pena) en cuanto consecuencia de \u00e9ste, no como raz\u00f3n del designio divino de permitir el pecado (Dz 300 316 322).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: F. Saint-Martin, La pens\u00e9e de St. Augustin sur la pr\u00e9destination (426-430) (P 1930); X. M. Le Bachelet, Pr\u00e9destination et gr\u00e4ce efficace. Une controverse dans la Compagnie de J6sus (1610-30), 2 vols. (Lv 1931); S. Tromp (P. en Belarmino): Gr 14 (1933) 248-268 313-355; P. Vignaux, Justification et Pr\u00e9destination au XIV&#8217; si\u00e9cle (P 1934); F. Stegm\u00fcller, Die Pr\u00e4destinationslehre des jungen V\u00e1zquez (Mr 1935); ThW IV 175-197, V 453-457; K. Barth, Gottes Gnadenwahl: ThEx 47 (1936); Barth KD II\/2; L. Pellaud, Prosperi Aquitani doctrina de praedestinatione (Montreal 1936); N. Karbach, Der allgemeine Heilswille Gottes und seine Stellung im Pr\u00e4destinationsproblem (Simpelveld 1937); L. G\u00f3mez Hellin, Praedestinatio apud I. Card. de Lugo (R 1938); E. Elorduy (P. en Su\u00e1rez): AAG 10 (1943) 5-150; H. Rondet, Gratia Christi (P 1948) ; A. Arbeola, La doctrina de la predestinaci\u00f3n&#8230; en J. M. de Ripalda (Pamplona 1950); L. Ciappi, La Predestinazione (R 1954); W. Pannenberg, Die Pr\u00e4destinationslehre des Duns Skotus im Zusammenhang mit der scholastischen Lehrentwicklung (G\u00f6 1954); A. Alonso Antimio, De la predestinaci\u00f3n divina y de su conciliaci\u00f3n con la libertad humana (Ma 1955); A. Zumkeller (P. en Ugolino de Orvieto): Augustiniana 4 (1954) 109-156; G. W. Locher (P. en Zuinglio): ThZ 12 (1956) 526-548; G. Gloege (P. en K. Barth): KuD 2 (1956) 193-217; G. Nygren, Das Pr8destinationsproblem in der Theologie Augustins (G\u00f6 1956); J. Rabeneck (P. en L. de Molina): Scholastik 31 (1956) 351-369; Schmaus D III\/2 \u00c2\u00a7\u00c2\u00a7 213-216 (bibl.); D. Imman, Die Erw\u00e4hlungslehre in der gegenw\u00e4rtigen Theologie (tesis mecan. Mz 1957); E. Dinkler, Pr\u00e4destination bei Paulus: homenaje a G. Dehn (Nenkirchen 1957) 81-102; L. W\u00e4chter, Rabbinischer Vorsehungs- und Schicksalsglaube (tesis metan. Je 1958); W. Pannenberg, Der Einflu\u00df der Anfechtungserfahrung auf den Pr\u00e4destinationsbegriff Luthers: KuD 5 (1959) 218-237 259-288; S. Grabowski (P. en Agust\u00ed\u00adn): Augustinus 4 (P 1959) 329-352; C. Zimara (P. en Agust\u00ed\u00adn): FZPhTh 6 (1959) 271-299 361-394; J. Moltmann, Pr\u00e4destination und Perseveranz (Neukirchen 1961); C. H. Ratschow-E. Diaklee-E. K\u00e4hler-W. Pannenberg: RGG3 V 479-489 (bibl.); V. Boubl\u00ed\u00adk, La predestinazione (R 1961); \u00ed\u00addem, (P. en Duns Escoto): Miscellanea Antonio Piolanti I (R 1963) 207-225; A. Trap\u00e9,A proposito di predestinazione S. Agostino ed i suoi critici moderni: Divinitas 7 (R 1963) 243-284; M. J. Farrelly, Predestination, Grace and Free Will (Westminster [Maryland] 1964); H. Rondet, La gracia de Cristo (Estela Ba 1964); W. Pannenberg, Grundz\u00fcge der Christologie (G\u00f6 1964); A. Alonso, De la predestinaci\u00f3n divina (Studium Ma 1964); J. Rossignoli, El determinismo en la sociolog\u00ed\u00ada positiva (Casals Ba 1903); V. Solano, La predestinaci\u00f3n y reprobaci\u00f3n de los hombres seg\u00fan el sentido genuino de las escrituras y la raz\u00f3n (U. de Cuenca [Ecuador] 21965); R. Bernard (P. en Agust\u00ed\u00adn): Recherches Augustiniennes III (P 1965) 1-58; A. Bsteh, Zur Frage nach der Universalit\u00e4t der Erl\u00f6sung. Unter besonderer Ber\u00fccksichtigung bei den V\u00e4tern des 2. Jh. (W 1966); H. Rondes (P en Agust\u00ed\u00adn): Sciences eccl\u00e9siastiques 18 (Montr\u00e9al 1966) 229-251; R. Sch\u00e4fer, Zur Pr\u00e4destinationslehre beim jungen Melanchthon: ZThK 63 (1966) 352-378; U. Luz, Das Geschichtsverst\u00e4ndnis des Paulus (Mn 1968)227-264.<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Definimos la predestinaci\u00f3n como la doctrina teol\u00f3gica, asociada primeramente con el calvinismo, que afirma que Dios ha preordenado todas las cosas desde la eternidad, incluyendo la salvaci\u00f3n o reprobaci\u00f3n final del hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina de la predestinaci\u00f3n est\u00e1 contenida en los credos de muchas iglesias evang\u00e9licas, y ha tenido una marcada influencia tanto en la iglesia como en el estado. Probablemente su expresi\u00f3n m\u00e1s completa se encuentre en la Confesi\u00f3n de Fe de Westminster, que es la norma autoritativa de la mayor\u00eda de las iglesias presbiterianas y reformadas a trav\u00e9s del mundo. La iglesia estatal en Inglaterra y la Iglesia Episcopal en EE.UU. tienen un credo levemente calvinista en los Treinta y Nueve Art\u00edculos. Y en tanto que los bautistas as\u00ed como las iglesias congregacionales generalmente no tienen credos oficiales, la doctrina aparece en los escritos de muchos de los te\u00f3logos representativos de estas iglesias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante los primeros tres siglos de la iglesia cristiana, los escritores patr\u00edsticos dejaron esta doctrina casi sin desarrollo. Recibi\u00f3 su primera y positiva exposici\u00f3n de las manos de Agust\u00edn, quien hizo de la gracia divina la \u00fanica base de la salvaci\u00f3n del hombre. En la Edad Media, Anselmo, Pedro Lombardo y Tom\u00e1s de Aquino siguieron la posici\u00f3n de Agust\u00edn hasta cierto punto, identificando la predestinaci\u00f3n m\u00e1s o menos con el control amplio de Dios sobre todas las cosas. En el per\u00edodo anterior a la Reforma, Wycliffe y Huss expusieron la predestinaci\u00f3n en forma estricta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el tiempo de la Reforma Protestante, esta doctrina fue mantenida con \u00e9nfasis por Lutero, Calvino, Zuinglio, Melanchton, Knox y todos los l\u00edderes sobresalientes de ese per\u00edodo. Melanchton modific\u00f3 m\u00e1s tarde sus conceptos y, bajo su liderazgo, la Iglesia Luterana lleg\u00f3 a oponerse a esta doctrina. La obras principales de Lutero, <em>El siervo arbitrio<\/em> y su <em>Comentario a los romanos<\/em>, muestran que \u00e9l se compenetr\u00f3 tanto como Calvino de esta doctrina. Fue, sin embargo, Calvino quien la defini\u00f3 con tal claridad y \u00e9nfasis que siempre ha sido llamada \u00abCalvinismo\u00bb, y ha llegado a ser una parte indispensable del sistema de la teolog\u00eda reformada. Los puritanos de Inglaterra y aquellos que se establecieron en Norteam\u00e9rica, as\u00ed como los <em>Covenanters<\/em> (Seguidores del Pacto) en Escocia y los hugonotes en Francia, fueron totalmente calvinistas. En tiempos m\u00e1s recientes, la doctrina ha sido formulada por Whitefield, Hodge. Dabney, Cunningham, Smith, Shedd, Strong, Kuyper y Warfield.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Confesi\u00f3n de Fe de Westminster formula as\u00ed la doctrina: \u00abDios desde la eternidad orden\u00f3 libre e inalterablemente todo lo que sucede. Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios no es ni el autor del pecado; ni hace ninguna violencia al libre albedr\u00edo de sus criaturas inteligentes, ni quita la libertad ni contingencia de los medios o causas secundarias, sino m\u00e1s bien las establece\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina de la predestinaci\u00f3n representa as\u00ed, el prop\u00f3sito de Dios como absoluto e incondicional, independiente de toda la creaci\u00f3n finita, y como originado \u00fanicamente en el eterno consejo de su voluntad. \u00c9l se\u00f1ala el curso de la naturaleza y dirige el curso de la historia hasta en los detalles m\u00ednimos. Sus decretos son eternos, inmutables, santos, sabios y soberanos. Se los representa como siendo la base del conocimiento anticipado divino de todos los acontecimientos futuros y no condicionado por ese conocimiento o por cualquier otra cosa originada por los acontecimientos mismos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las objeciones contra la doctrina de la predestinaci\u00f3n van de la mano con las que atacan el conocimiento de Dios, porque lo que Dios conoce anticipadamente debe ser tan fijo y cierto como lo que ha sido predestinado. Cuando nosotros decimos que sabemos lo que haremos, es evidente que ya lo hemos determinado, y que nuestro conocimiento anticipado no precede a la determinaci\u00f3n, sino que sigue a \u00e9sta y est\u00e1 basado en ella. Dios conoce anticipadamente el futuro porque \u00e9l ha determinado el futuro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunas referencias de la Escritura que apoyan la doctrina son: \u00ab\u2026 en amor habi\u00e9ndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio Jesucristo, seg\u00fan el puro afecto de su voluntad\u00bb (Ef. 1:5); \u00ab\u2026 En \u00e9l asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al prop\u00f3sito del que hace todas las cosas seg\u00fan el designio de su voluntad\u00bb (Ef. 1:11); \u00ab\u2026 Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jes\u00fas, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo hab\u00edan antes determinado que sucediera\u00bb (Hch. 4:27, 28); \u00ab\u2026 a \u00e9ste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucific\u00e1ndole\u00bb (Hch. 2:23). V\u00e9ase tambi\u00e9n Hch. 13:48; Ro. 8:29, 30; 9:11, 12, 23; 1 Co. 2:7; Ef. 2:10; Sal. 139:16; etc.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Incluso las acciones pecaminosas de los hombres est\u00e1n incluidas en el plan divino. Ellas son vistas anticipadamente, permitidas, y tienen sus lugares exactos. Ellas son controladas y gobernadas para la gloria divina. La crucifixi\u00f3n de Cristo, reconocidamente el peor crimen en toda la historia humana, tuvo, como lo hemos afirmado, su lugar exacto y necesario en el plan (Hch. 2:23; 4:28).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina de la elecci\u00f3n (v\u00e9ase), relacionada con la elecci\u00f3n particular de personas, debe mirarse como una aplicaci\u00f3n particular de la doctrina general de la predestinaci\u00f3n, ya que se relaciona con la salvaci\u00f3n de los pecadores. Y puesto que las Escrituras tienen que ver ante todo con la redenci\u00f3n de los pecadores, esta parte de la doctrina es puesta en un lugar de especial prominencia; la palabra elecci\u00f3n se encuentra alrededor de cuarenta y ocho veces en el NT solamente. Proclama un decreto divino y eternal que antecede cualquier diferencia o m\u00e9ritos en los hombres mismos, separando a los hombres en dos porciones, una que es escogida para vida eterna en tanto que la otra es abandonada a la muerte eterna. En lo que a los seres humanos se refiere, este decreto apunta al consejo de Dios respecto a quienes tuvieron una oportunidad supremamente favorable en Ad\u00e1n para ganar la salvaci\u00f3n, pero que la perdieron en esa ocasi\u00f3n. Como un resultado de la ca\u00edda, son culpables y corruptos; sus motivos son malos, y no pueden lograr su salvaci\u00f3n. Ellos han perdido todo derecho a la misericordia de Dios y con justicia se los podr\u00eda haber dejado sufrir el castigo de su desobediencia, as\u00ed como lo fueron todos los \u00e1ngeles ca\u00eddos. En lugar de eso, a una parte de la raza humana, a los elegidos, se los rescata de su estado de culpa y de pecado y son puestos en un estado de bienaventuranza y santidad. Los no elegidos son simplemente dejados en su estado previo de ruina. Ellos no sufren un castigo inmerecido, ya que Dios no los est\u00e1 tratando meramente como a hombres, sino como a pecadores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el asunto de la salvaci\u00f3n, las buenas obras (v\u00e9ase) siguen, pero no constituyen una causa meritoria de la salvaci\u00f3n. Cristo mismo dijo: \u00abno me elegisteis vosotros a m\u00ed, sino que yo os eleg\u00ed a vosotros, y os he puesto para que vay\u00e1is y llev\u00e9is fruto\u00bb (Jn. 15:16). Y Pablo afirma: \u00abPorque somos hechura suya, creados en Cristo Jes\u00fas para buenas obras, las cuales Dios prepar\u00f3 de antemano para que anduvi\u00e9semos en ellas\u00bb (Ef. 2:10). Las buenas obras son, por lo tanto, los frutos y pruebas de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre los calvinistas ha habido una diferencia de opiniones en cuanto al orden de los eventos en el plan divino. La pregunta es, \u00bfconsideraba el decreto de Dios a los seres humanos como criaturas ya ca\u00eddas o los consideraba s\u00f3lo seres humanos a quienes Dios crear\u00eda, siendo todos seres iguales?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los infralapsarios afirman que aquellos escogidos para la salvaci\u00f3n fueron contemplados como miembros de una raza ca\u00edda. El orden de los eventos es entonces as\u00ed: Dios se propuso (1) crear; (2) permitir la ca\u00edda; (3) elegir a algunos de entre la masa ca\u00edda para salvaci\u00f3n, y dejar a los dem\u00e1s en dicho estado; (4) proveer un redentor para los elegidos; y (5) enviar el Esp\u00edritu Santo para aplicar esta redenci\u00f3n a los elegidos. Seg\u00fan este plan, la elecci\u00f3n sigue a la ca\u00edda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De acuerdo con los supralapsarios el orden de los eventos es: Dios se propuso (1) elegir algunos hombres (que deb\u00edan ser creados) para vida y condenar a otros a la destrucci\u00f3n; (2) crear; (3) permitir la ca\u00edda; (4) enviar a Cristo a redimir a los elegidos; y (5) enviar el Esp\u00edritu Santo para aplicar esta redenci\u00f3n a los elegidos. Seg\u00fan este plan, la elecci\u00f3n precede a la ca\u00edda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El orden infralapsario de los eventos parece ser el m\u00e1s escritural y l\u00f3gico. En cuestiones que tienen que ver con la salvaci\u00f3n o castigo, el pecado debe por lo menos ser el trasfondo del decreto que asigna a los seres humanos a destinos diferentes. Es cierto que la discriminaci\u00f3n en s\u00ed no requiere por necesidad la presencia del pecado, pero una elecci\u00f3n como la que aqu\u00ed se hace (para salvaci\u00f3n o perdici\u00f3n), debe tener como su base l\u00f3gica la consideraci\u00f3n de los seres humanos como pecadores. Dios es verdaderamente soberano, pero su soberan\u00eda no se ejercita en un modo arbitrario. Es antes una soberan\u00eda ejercida en armon\u00eda con sus otros atributos, en este caso, su justicia, santidad y sabidur\u00eda. No est\u00e1 en armon\u00eda con las ideas que la Escritura presenta acerca de Dios afirmar que personas inocentes, esto es, que seres humanos que no son tenidos como pecadores, son destinados a la miseria y muerte eternas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las Escrituras son pr\u00e1cticamente infralapsarias: dicen que los cristianos han sido \u00abescogidos\u00bb del mundo (Jn. 15:19); y tambi\u00e9n se dice del alfarero que \u00abdel mismo barro\u00bb hace un vaso para honra y otro para deshonra (Ro. 9:21). El elegido y el no elegido son vistos como estando en el mismo estado de miseria. El sufrimiento y la muerte son representados como la paga del pecado. Ninguna confesi\u00f3n reformada ense\u00f1a el punto de vista supralapsario. Cierto n\u00famero ense\u00f1a expl\u00edcitamente la posici\u00f3n infralapsaria, la cual emerge as\u00ed como la t\u00edpica posici\u00f3n reformada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Boettner, <em>The Reformed Doctrine of Predestination<\/em>; C. Hodge, <em>Systematic Theology<\/em>, I, pp. 535\u2013549; B.B. Warfield, <em>Biblical Doctrines<\/em>, pp. 3\u201367; <em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">HERE<\/a><\/em>; <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">ISBE<\/a><\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Loraine Boettner<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><em>HERE <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Encyclopaedia of Religion and Ethics<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>ISBE <\/em><\/a><em>International Standard Bible Encyclopaedia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (479). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Vocabulario b\u00edblico<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La voz \u201cpredestinar\u201d viene del <etiqueta id=\"#_ftn762\" name=\"_ftnref762\" title=\"\">lat. <\/etiqueta><i>praedestino<\/i>, que emplea la Vg. para traducir el gr. <\/span><span style=' '>prohoriz&#333;<\/span><span lang=ES style=''>. <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> traduce <\/span><span style=''>prohoriz&#333;<\/span><span lang=ES style=''> como \u201cpredestinar\u201d en Ro. 8.29\u201330; 1 Co. 2.7; Ef. 1.5, 12; y \u201cdeterminar\u201d en Hch. 4.28.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span style=''>prohoriz&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, que el NT utiliza solamente con Dios como sujeto, expresa la idea de establecer de antemano (<i>pro-<\/i>) una situaci\u00f3n para una persona, o una persona para una situaci\u00f3n. El NT emplea otros compuestos de <i>pro-<\/i> en sentido similar: (1) <\/span><span style=''>protass&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, arreglar de antemano, \u2018prefijar\u2019 (Hch. 17.26); (2) <\/span><span style=' '>protithemai<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018proponer\u2019 (Ef. 1.9; para una propuesta humana, Ro. 1.13; cf. el uso del sustantivo relacionado <\/span><span style=''>prothesis<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018prop\u00f3sito\u2019, Ro. 8.28; 9.11; Ef. 1.11; 3.11; 2 Ti. 1.9); (3) <\/span><span style=''>prohetoimaz&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018preparar de antemano\u2019 (Ro. 9.23; Ef. 2.10); (4) <\/span><span style=''>projeiriz&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018anunciar, escoger de antemano\u2019 (Hch. 3.20; 22.14); (5) <\/span><span style=''>projeirotone&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018ordenar de antemano\u2019 (Hch. 10.41). <\/span><span style=''>problep&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018prever\u2019, comunica el sentido del preordenamiento efectivo de Dios en G\u00e1. 3.8; He. 11.40, como lo muestra el contexto. Tambi\u00e9n lo hace <\/span><span style=''>progin&#333;sk&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018conocer de antemano\u2019 (Ro. 8.29; 11.2; 1 P. 1.20) y el sustantivo relacionado <\/span><span style=''>progn&#333;sis<\/span><span lang=ES style=''> (1 P. 1.2; Hch. 2.23). A veces se comunica el mismo sentido por medio de los verbos no compuestos <\/span><span style=''>tass&#333;<\/span><span lang=ES style=''> (Hch. 13.48; 22.10) y <\/span><span style=''>horiz&#333;<\/span><span lang=ES style=''> (Lc. 22.22; Hch. 2.23), el primero de los cuales indica una precisa colocaci\u00f3n en orden, y el \u00faltimo un se\u00f1alamiento preciso. Este vocabulario tan variado bien sugiere las diferentes facetas de la idea expresada.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El NT formula de otra manera el pensamiento de la preordenaci\u00f3n divina, al decirnos que lo que motiva y determina las acciones de Dios en su mundo, y entre ellas, la suerte y el destino que asigna a los hombres, es su propia voluntad (sustantivos, <\/span><span style=''>boul&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, Hch. 2.23; 4.28; Ef. 1.11; He. 6.17; <\/span><span style=''>boul&#333;ma<\/span><span lang=ES style=''> Ro. 9.19; <\/span><span style=''>thel&#275;ma<\/span><span lang=ES style=''>, Ef. 1.5, 9, 11; <\/span><span style=''>thel&#275;sis<\/span><span lang=ES style=''>, He. 2.4; verbos, <\/span><span style=''>boulomai<\/span><span lang=ES style=''>, He. 6.17; Stg. 1.18; 2 P. 3.9; <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>thel&#333;<\/span><span lang=ES style=' '>, Ro. 9.18, 22; Col. 1.27), o \u201cel puro afecto de su voluntad\u201d, \u201cbenepl\u00e1cito\u201d (sust., <\/span><span style=''>eudokia<\/span><span lang=ES style=''>, Ef. 1.5, 9; Mt. 11.26; verbo, <\/span><span style=''>eudoke&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, Lc. 12.32; 1 Co. 1.21; G\u00e1. 1.15; Col. 1.19), e. d. su propia y deliberada resoluci\u00f3n previa. No se trata, por supuesto, del \u00fanico sentido en que el NT habla de la voluntad de Dios. La Biblia considera que el prop\u00f3sito de Dios para los hombres est\u00e1 expresado tanto en los mandamientos que les ha revelado, como en el ordenamiento de sus circunstancias. De este modo, su \u201cvoluntad\u201d en las Escrituras abarca su ley y sus planes; de all\u00ed surge el uso de algunos de los t\u00e9rminos mencionados con respecto a determinadas demandas divinas (p. ej. <\/span><span style=''>boul&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, Lc. 7.30; <\/span><span style=''>thel&#275;ma<\/span><span lang=ES style=''>, 1 Ts. 4.3; 5.18). Pero en los textos mencionados en lo que antecede es el plan de Dios para los acontecimientos lo que est\u00e1 en consideraci\u00f3n, y a esto se refiere la predestinaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Faltan palabras en el AT para expresar la idea de predestinaci\u00f3n en forma abstracta y generalizada, pero a menudo expresa la idea de que Dios se propone, determina, u ordena ciertas cosas, en contextos que llaman la atenci\u00f3n sobre la absoluta prioridad e independencia de sus prop\u00f3sitos en relaci\u00f3n con la existencia o la realizaci\u00f3n de lo que se propone (cf. Sal. 139.16; Is. 14.24\u201327; 19.17; 46.10s; Jer. 49.20; Dn. 4.24s).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El uso del grupo de palabras neotestamentarias favorece la pr\u00e1ctica tradicional de definir la predestinaci\u00f3n en funci\u00f3n del prop\u00f3sito de Dios con respecto a las circunstancias y el destino de los hombres. Podemos resumir m\u00e1s convenientemente los aspectos m\u00e1s amplios de su plan y gobierno c\u00f3smicos bajo el t\u00edtulo general de *providencia. Sin embargo, para captar el significado de la predestinaci\u00f3n tal como lo presenta la Escritura es preciso ubicarla en su lugar en los planes totales de Dios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. Presentaci\u00f3n biblica<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. En el Antiguo Testamento<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El AT presenta a Dios, el Creador, como un ser personal, poderoso, que tiene metas concretas; y nos asegura que as\u00ed como su poder es ilimitado, tambi\u00e9n sus metas o prop\u00f3sitos se cumplir\u00e1n indefectiblemente (Sal. 33.10s; Is. 14.27; 43.13; Job 9.12; 23.13; Dn. 4.35). \u00c9l es Se\u00f1or en todas las situaciones, que ordena y encamina todas las cosas hacia el fin para el cual han sido creadas (Pr. 16.4), y determina todos los acontecimientos, grandes y peque\u00f1os, desde el pensamiento de los reyes (Pr. 21.1), y las palabras y hechos premeditados de todos los hombres (Pr. 16.1, 9), hasta la aparentemente casual ca\u00edda de una suerte (Pr. 16.33). Nada de lo que Dios se propone le es demasiado dif\u00edcil (Gn. 18.14; Jer. 32.17); la idea de que la oposici\u00f3n organizada del hombre de alguna manera podr\u00eda torcer sus planes es simplemente absurda (Sal. 2.1\u20134). La profec\u00eda de Isa\u00edas ampl\u00eda m\u00e1s claramente que ninguno de los otros libros del AT la idea del plan de Dios como factor decisivo en la historia. Isa\u00edas hace notar que los prop\u00f3sitos de Dios son eternos, que Yahv\u00e9h ha planeado \u201cdesde tiempos antiguos\u201d, \u201cdesde el principio\u201d, los acontecimientos presentes y futuros (cf. Is. 22.11; 37.26; 44.6\u20138; 46.10s), y que, justamente porque es \u00e9l, y no otro, el que ordena todos los acontecimientos (Is. 44.7), nada puede evitar que ocurra lo que ha predicho (Is. 14.24\u201327; 44.24\u201345.25; cf. 1 R. 22.17\u201338; Sal. 33.10s; Pr. 19.21; 21.30). La capacidad de Yahv\u00e9h para predecir que van a suceder cosas aparentemente incre\u00edbles prueba su pleno control de la historia, mientras que la incapacidad de los \u00eddolos de predecirlas demuestra que no tienen control alguno sobre ella (Is. 44.6\u20138; 45.21; 48.12\u201314).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>A veces parecer\u00eda que Yahv\u00e9h reacciona, ante ciertas situaciones, como si no las hubiera previsto (p. ej. cuando se arrepiente, y rectifica su acci\u00f3n anterior, Gn. 6.5; Jer. 18.8, 10; 26.3, 13; Jl. 2.13; Jon. 4.2). Pero por el contexto b\u00edblico resulta claro que el prop\u00f3sito de dichos antropomorfismos, y lo que los mismos quieren destacar, es simplemente que el Dios de Israel es un Dios realmente personal, y no arrojar dudas sobre si realmente preordena y rige los asuntos humanos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El que Yahv\u00e9h gobierna teleol\u00f3gicamente la historia humana a fin de llevar a cabo sus propios prop\u00f3sitos, predestinados para el bienestar de la humanidad, surge claramente de la historia b\u00edblica ya en el protoevangelio (Gn. 3.15), y en la promesa a Abraham (Gn. 12.3). El tema se va desenvolviendo por medio de las promesas, dadas en el desierto, de prosperidad y protecci\u00f3n en Cana\u00e1n (cf. Dt. 28.1\u201314), y de los cuadros prof\u00e9ticos de la gloria mesi\u00e1nica que suceder\u00eda a la obra divina de juzgamiento (Is. 9.1ss; 11.1ss; Jer. 23.5ss; Ez. 34.20ss; 37.21ss; Os. 3.4s, etc.); y llega a su punto m\u00e1ximo en la visi\u00f3n de Daniel, en la que Dios determina los momentos de grandeza y de decadencia de los imperios mundiales a fin de establecer el gobierno del Hijo del hombre (Dn. 7; cf. 2.31\u201345). No ser\u00eda posible proponer con alguna seriedad una escatolog\u00eda global de este orden, salvo que se adopte como presuposici\u00f3n el que Dios sea Se\u00f1or absoluto de la historia, que prev\u00e9 y preordena todo su curso.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Es en funci\u00f3n de esta visi\u00f3n de la relaci\u00f3n entre Dios y la historia de la humanidad que el AT describe la elecci\u00f3n divina de Israel como pueblo de su pacto, y objeto e instrumento de su obra de salvaci\u00f3n. Esta elecci\u00f3n fue <i>inmerecida<\/i> (Dt. 7.6s; Ez. 16.1ss), y fruto, exclusivamente, de su gracia. Fue hecha <i>con un prop\u00f3sito<\/i>; Israel recibi\u00f3 un destino, el de ser bendecida, y de esa manera convertirse en bendici\u00f3n para las dem\u00e1s naciones (cf. Sal. 67; Is. 2.2\u20134; 11.9ss; 60; Zac. 8.20ss; 14.16ss). Sin embargo, por el momento era <i>exclusiva<\/i>; la selecci\u00f3n de Israel significaba que las otras naciones hab\u00edan sido deliberadamente dejadas de lado (Dt. 7.6; Sal. 147.19s; Am. 3.2; cf. Ro. 9.4; Ef. 2.11s). Durante m\u00e1s de un milenio Dios los mantuvo fuera del pacto, y solamente fueron objeto de sus juicios punitorios por sus cr\u00edmenes nacionales (Am. 1.3\u20132.3), y por su mala disposici\u00f3n para con el pueblo elegido (cf. Is. 13\u201319, etc.).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. En el Nuevo Testamento<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Los escritores neotestamentarios aceptan sin reservas el testimonio veterotestamentario de que Dios es el soberano Se\u00f1or de los acontecimientos, que dirige la historia para dar cumplimiento a sus prop\u00f3sitos. Su invariable insistencia en el hecho de que el ministerio de Cristo y la dispensaci\u00f3n cristiana representaban el cumplimiento de las profec\u00edas b\u00edblicas, pronunciadas siglos antes (Mt. 1.22; 2.15, 23; 4.14; 8.17; 12.17ss; Jn. 12.38ss; 19.24, 28, 36; Hch. 2.17ss; 3.22ss; 4.25ss; 8.30ss; 10.43; 13.27ss; 15.15ss; G\u00e1. 3.8; He. 5.6; 8.8ss; 1 P. 1.10ss, etc.), y que el objetivo \u00faltimo de Dios al inspirar las Escrituras heb. fue el de instruir a los creyentes cristianos (Ro. 15.4; 1 Co. 10.11; 2 Ti. 3.15ss), es prueba suficiente de ello. (N\u00f3tese que ambas convicciones derivan de nuestro Se\u00f1or mismo: cf. Lc. 18.31ss; 24.25ss, 44ss; Jn. 5.39.) Rasgo nuevo, sin embargo, es que la idea de la elecci\u00f3n, que ahora se aplica no al Israel nacional, sino a los creyentes cristianos, se individualiza en forma consistente (cf. Sal. 65.4), y se le asigna una referencia pretemporal. El AT asimila la elecci\u00f3n al \u201cllamamiento\u201d hist\u00f3rico de Dios (cf. Neh. 9.7), pero el NT distingue netamente ambas cosas al representar la elecci\u00f3n como el acto de Dios de predestinar a los pecadores a la salvaci\u00f3n en Cristo \u201cantes de la fundaci\u00f3n del mundo\u201d (Ef. 1.4; cf. Mt. 25.34; 2 Ti. 1.9), acto correlativo con su preconocimiento de Cristo \u201cdesde antes de la fundaci\u00f3n del mundo\u201d (1 P. 1.20). El concepto neotestamentario invariable es que toda la gracia salvadora dada a los hombres en el tiempo (conocimiento del evangelio, comprensi\u00f3n del mismo como tambi\u00e9n la capacidad para responder al mismo, preservaci\u00f3n y gloria final) emana de la elecci\u00f3n divina en la eternidad.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El lenguaje de Lucas en el relato de Hechos es un extraordinario testimonio de su creencia de que la salvaci\u00f3n es fruto de una gracia preventiva (2.47; 11.18, 21\u201323; 14.27; 15.7ss; 16.14; 18.27), otorgada de acuerdo con la preordenaci\u00f3n divina (13.48; 18.10), y no simplemente que Cristo fue predestinado a morir, resucitar, y reinar (Hch. 2.23, 30s; 3.20; 4.27s).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el Evangelio de Juan, Cristo dice que fue enviado para salvar cierto n\u00famero de individuos que su Padre le hab\u00eda \u201cdado\u201d (Jn. 6.37ss; 17.2, 6, 9, 24; 18.9). Estas son sus \u201covejas\u201d, las suyas propias (10.14ss, 26ss; 13.1). Por ellas or\u00f3 en forma espec\u00edfica (17.20). Se ocup\u00f3 de \u201catraerlas\u201d hacia s\u00ed mismo por medio de su Esp\u00edritu (12.32; cf. 6.44; 10.16, 27; 16.8ss); de darles vida eterna, en comuni\u00f3n consigo y con el Padre (10.28; cf. 5.21; 6.40; 17.2; Mt. 11.27); de mantenerlas, sin perder ni una sola (6.39; 19.28s; cf. 17.11, 15; 18.9), de llevarlas a su gloria (14.2s; cf. 17.24), y de levantar sus cuerpos en el d\u00eda final (6.39s; cf. 5.28s). Aqu\u00ed se hace expl\u00edcito el principio de que los que disfrutan de la salvaci\u00f3n lo hacen gracias a la predestinaci\u00f3n divina.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La aclaraci\u00f3n m\u00e1s completa de este principio la encontramos en los escritos de Pablo. Desde toda la eternidad, declara Pablo, Dios tiene preparado un plan (<\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>prothesis<\/span><span lang=ES style=''>) para salvar a una iglesia, aunque en tiempos antiguos dicho plan no se dio a conocer plenamente (Ef. 3.3\u201311). El prop\u00f3sito del plan es que los hombres sean adoptados como hijos por Dios y sean renovados a la imagen de Cristo (Ro. 8.29), y que la iglesia, el grupo de los as\u00ed renovados, crezca hasta alcanzar la plenitud de Cristo (Ef. 4.13). Los creyentes pueden regocijarse en la certeza de que, como parte de su plan, Dios los predestin\u00f3 personalmente para compartir dicho destino (Ro. 8.28ss; Ef. 1.3ss; 2 Ts. 2.13; 2 Ti. 1.9; cf. 1 P. 1.1s). La elecci\u00f3n fue enteramente por gracia (2 Ti. 1.9), y de ninguna manera se relaciona con nuestros m\u00e9ritos; en realidad se hizo contrariando el merecido castigo previsto (cf. Jn. 15.19; Ef. 2.1ss). Como Dios es soberano, su elecci\u00f3n predestinada es garant\u00eda de salvaci\u00f3n. De aqu\u00ed surge un \u201cllamamiento\u201d efectivo, que despierta la respuesta de fe requerida (Ro. 8.28ss; cf. 9.23s; 1 Co. 1.26ss; Ef. 1.13; 2 Ts. 2.14); la justificaci\u00f3n (Ro. 8.30); la santificaci\u00f3n (1 Ts. 2.13); y la glorificaci\u00f3n (Ro. 8.30, pasaje este en el cual el tiempo pasado indica la certidumbre de su cumplimiento; 2 Ts. 2.14). Pablo imparte esta ense\u00f1anza a los cristianos, personas que eran \u201cllamadas\u201d ellas mismas, para confirmar su actual seguridad y su salvaci\u00f3n final, y para hacerles comprender la magnitud de su deuda para con la misericordia de Dios. Los \u201celegidos\u201d, a quienes y sobre quienes se habla en cada ep\u00edstola paulina, son \u00e9l mismo y\/o los creyentes a quienes escribe (\u201cvosotros\u201d, \u201cnosotros\u201d).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Se ha argumentado que el conocimiento previo de Dios no significa preordenaci\u00f3n, y que la *elecci\u00f3n personal en el NT est\u00e1 fundada en la previsi\u00f3n de Dios de que las personas elegidas responder\u00e1n al evangelio por s\u00ed mismas. Las dificultades que presenta este punto de vista parecer\u00edan ser: (1) afirma, en efecto, la elecci\u00f3n de acuerdo con las obras y los m\u00e9ritos, mientras que la Escritura indica que la elecci\u00f3n es por gracia (Ro. 9.11; 2 Ti. 1.9), y la gracia excluye toda consideraci\u00f3n de lo que hace el hombre por s\u00ed mismo (Ro. 4.4; 11.6; Ef. 2.8s; Tit. 3.5); (2) si la elecci\u00f3n es <i>para<\/i> la fe (2 Ts. 2.13) y las buenas obras (Ef. 2.10), no puede depender de la previsi\u00f3n de estas cosas; (3) seg\u00fan esta perspectiva, Pablo deber\u00eda apuntar, no a la elecci\u00f3n de Dios, sino a la propia fe del cristiano como fundamento de su seguridad de salvaci\u00f3n final; (4) aparentemente la Escritura equipara el conocimiento previo con la preordenaci\u00f3n (cf. Hch. 2.23).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. Elecci\u00f3n y reprobaci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El concepto vinculado con la idea de reprobar (* <span style='text-transform:uppercase'>Reprobado<\/span>) aparece por primera vez en Jer. 6.30 (\u201cdesechar\u201d en <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '>) (cf. Is. 1.22), en una met\u00e1fora tomada de la refinaci\u00f3n de metales. La idea es de algo que, por su condici\u00f3n corrupta, no pasa el examen instituido por Dios y que, por consiguiente, es rechazado. La met\u00e1fora vuelve a aparecer en el NT. Se la aplica al mundo gentil (Ro. 1.28) y a los cristianos profesantes (1 Co. 9.27, <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> \u201celiminar\u201d; 2 Co. 13.5s; cf. 2 Ti. 3.8; Tit. 1.16). Sin embargo, a partir de Agust\u00edn la teolog\u00eda cristiana habla de la reprobaci\u00f3n, no como el rechazo por Dios de determinados pecadores en la historia, sino como lo que (seg\u00fan se sostiene) est\u00e1 por detr\u00e1s de ella: la determinaci\u00f3n de Dios, desde toda la eternidad, de pasarlos por alto, y no darles su gracia salvadora (cf. 1 P. 2.8; Jud. 4). Por ello se ha hecho costumbre definir la predestinaci\u00f3n como algo que consiste en la elecci\u00f3n y la reprobaci\u00f3n juntas.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Se disputa si debe incluirse la reprobaci\u00f3n en la eterna <\/span><span style=''>prothesis<\/span><span lang=ES style=''> de Dios. Algunos justifican su inclusi\u00f3n apelando a Ro. 9.17s, 21s; 11.7s. Parecer\u00eda dif\u00edcil negar, sobre la base de 9.22, que el endurecimiento y la consiguiente perdici\u00f3n de algunos, que en los <etiqueta id=\"#_ftn763\" name=\"_ftnref763\" title=\"\">vv. 19\u201321 Pablo indic\u00f3 como un derecho de Dios, sea realmente parte de su prop\u00f3sito de predestinaci\u00f3n;<\/etiqueta> aunque debemos notar que Pablo se ocupa de destacar, no la implacabilidad de Dios hacia el reprobado, sino el prolongado refrenamiento de su ira para con las personas que est\u00e1n listas para la destrucci\u00f3n (cf. 2.4). Pero no es f\u00e1cil determinar el alcance exacto de estos vers\u00edculos en su contexto; v\u00e9anse los comentarios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0J. Calvino, <i>Instituci\u00f3n de la religi\u00f3n cristiana<\/i>, 1967, 2 t(t).; \u00b0E.. Jacob, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1969; L. Coenen, \u201cElecci\u00f3n\u201d, <i>\u00b0DTNT<\/i>, t(t). II, pp. 62\u201372; J. Auer, <i>El evangelio de la gracia<\/i>, 1975; L. Boettner, \u201cPredestinaci\u00f3n\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn764\" name=\"_ftnref764\" title=\"\"><i>\u00b0DT<\/i><\/etiqueta>, 1985, pp. 418\u2013420; L. Berkhof, <i>Teolog\u00eda sistem\u00e1tica<\/i>, 1972, pp. 128\u2013147; C. Spicq, \u201cPredestinaci\u00f3n\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn765\" name=\"_ftnref765\" title=\"\"><i>\u00b0DTB<\/i><\/etiqueta>, 1967, cols. 838\u2013847; W. Eichrodt,<i> Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975, t(t). I, pp. 45\u201351; J. Calvino, <i>La ep\u00edstola a los romanos<\/i>, 1977; J. M. Bover, <i>Teolog\u00eda de san Pablo<\/i>, 1961, pp. 270\u2013280; 493\u2013507.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Arndt; B. B. Warfield, \u201cPredestination\u201d, y J. Denney, \u201cReprobation\u201d, en <etiqueta id=\"#_ftn766\" name=\"_ftnref766\" title=\"\"><i>HDB<\/i><\/etiqueta>; Calvin,<i> Institutes<\/i>, 3. 21\u201324; <etiqueta id=\"#_ftn767\" name=\"_ftnref767\" title=\"\">id., <\/etiqueta><i>Concerning the Eternal Predestination of God<\/i>, trad. <etiqueta id=\"#_ftn768\" name=\"_ftnref768\" title=\"\">ing. por J. K. S. Reid, 1960; E. Jacob, <\/etiqueta><i>Theology of tbe Old Testament<\/i>, trad. ing. 1958, pp. 183\u2013207; G. C. Berkouwer, <i>Divine Election<\/i>, 1960; comentarios sobre Ro. 9\u201311, esp. W. Sanday y A. C. Headlam, <etiqueta id=\"#_ftn769\" name=\"_ftnref769\" title=\"\"><i>ICC<\/i><\/etiqueta>, 1902; P. Jacobs, H. Krienke, <i>NIDNTT<\/i> 1, pp. 692\u2013697.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn770\" name=\"_ftnref770\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>J.I.P.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Predestinaci\u00f3n (Lat\u00edn pr\u00e6, destinare), en su m\u00e1s amplio sentido es un decreto divino por el que Dios, debido a su infalible presciencia del futuro, ha elegido y ordenado desde la eternidad todos  los eventos que ocurren en el tiempo, especialmente los que proceden directamente o al menos est\u00e1n influidos por la voluntad libre del hombre. Incluye todos los hechos hist\u00f3ricos, como por ejemplo, la aparici\u00f3n de Napole\u00f3n o la fundaci\u00f3n de los Estados Unidos, y particularmente momentos decisivos en la historia de la salvaci\u00f3n sobrenatural, como la misi\u00f3n de Mois\u00e9s y de los Profetas o la elecci\u00f3n de Mar\u00eda para ser madre de Dios. Tomada en este sentido general, predestinaci\u00f3n coincide claramente con Divina Providencia y con el gobierno del mundo, que no cae dentro de prop\u00f3sito de este art\u00edculo. (ver DIVINA PROVIDENCIA).\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Noci\u00f3n de Predestinaci\u00f3n\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-2\">1.1 A.  Al Cielo<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-3\">1.2 B. Al Infierno<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">2 El Dogma Cat\u00f3lico\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">2.1 La Predestinaci\u00f3n de los Elegidos<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-6\">2.2 La Reprobaci\u00f3n de los Malvados<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">3 Controversias Teol\u00f3gicas\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-8\">3.1 La Teor\u00eda de la Predestinaci\u00f3n ante Pr\u00e6visa Merita<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-9\">3.2 La Teor\u00eda de la Reprobaci\u00f3n Negativa de los Malvados<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-10\">3.3 Teor\u00eda de la Predestinaci\u00f3n Post Pr\u00e6visa Merita<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h3>Noci\u00f3n de Predestinaci\u00f3n<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La teolog\u00eda restringe el t\u00e9rmino a esos decretos divinos que hacen referencia al fin sobrenatural de los seres racionales, especialmente del hombre. Considerando que no todos los hombres logran su fin sobrenatural en el cielo, sino que hay muchos eternamente perdidos por su propia culpa, debe haber una doble predestinaci\u00f3n: (a) una al cielo para todos los que mueren en estado de gracia; (b) otra a las penas del infierno para todos los que parten  en pecado o con el descontento de Dios. Sin embargo, seg\u00fan los usos actuales a los que nos adherimos en el curso del art\u00edculo, es mejor llamar  al \u00faltimo decreto de \u201creprobaci\u00f3n\u201d divina, de manera que el t\u00e9rmino predestinaci\u00f3n se reserva para el decreto divino de la felicidad de los elegidos.\n<\/p>\n<p>A.  Al Cielo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La noci\u00f3n de predestinaci\u00f3n comprende dos elementos esenciales: El conocimiento anterior infalible de Dios (pr\u00e6scientia), y Su decreto inmutable (decretum) de felicidad eterna. El te\u00f3logo que, siguiendo los pasos de los pelagianos, limitara la actividad divina a conocimiento eterno y excluyera la divina voluntad, caer\u00eda inmediatamente en el De\u00edsmo, que afirma que Dios, habiendo creado todas las cosas, deja al hombre y al universo a su suerte, desistiendo de interferir activamente. Aunque los dones puramente naturales de Dios, como descender de padres piadosos, buena educaci\u00f3n y la gu\u00eda providencial de la carrera externa del hombre, pueden tambi\u00e9n llamarse efectos de la predestinaci\u00f3n, sin embargo, estrictamente hablando, el t\u00e9rmino implica solamente aquellas buenas cosas que est\u00e1n en la esfera sobrenatural, como la gracia santificante, todas las gracias actuales, y entre ellas, en particular  las que conllevan la perseverancia final y la muerte feliz. Puesto que en realidad solo llegan al cielo aquellos que mueren en estado de justificaci\u00f3n  o gracia santificante, todos \u00e9stos y s\u00f3lo \u00e9stos deben ser contados entre los predestinados, en el sentido estricto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esto se sigue que debemos incluir entre ellos tambi\u00e9n a los ni\u00f1os que mueren en la gracia bautismal., as\u00ed como los adultos que, despu\u00e9s de una vida manchada por pecado, se convierten en su lecho de muerte. Lo mismo es verdad para a los numeroso predestinados que, aunque fuera de la luz de la verdadera iglesia de Cristo, sin embargo parten de esta vida en estado de gracia  como catec\u00famenos, protestantes de buena fe, cism\u00e1ticos, jud\u00edos, mahometanos y paganos. Los afortunados cat\u00f3licos que al final de una larga vida est\u00e1n aun vestidos con la inocencia bautismal o que despu\u00e9s de muchas ca\u00eddas en pecado mortal perseveran hasta el fin, no est\u00e1n predestinados m\u00e1s firmemente, pero son favorecidos de forma m\u00e1s significativa que las categor\u00edas de personas citadas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero aun cuando se tiene en cuanta solamente el fin sobrenatural, el t\u00e9rmino predestinaci\u00f3n  no siempre es utilizado por los te\u00f3logos en un sentido un\u00edvoco. Esto no debe asombrarnos, viendo que la predestinaci\u00f3n puede incluir cosas completamente diferentes. Si se toma en su sentido adecuado (pr\u00e6destinatio ad\u00e6quata o completa),  entonces se refiere tanto a la gracia y la gloria como un todo, incluyendo no solo la elecci\u00f3n a la gloria como fin, sino tambi\u00e9n la elecci\u00f3n a la gracia como medio, la vocaci\u00f3n a la fe, justificaci\u00f3n y perseverancia final con al que una muerte feliz est\u00e1 inseparablemente unida. Esto es lo que significan las palabras de S. Agust\u00edn (De dono persever., xxxv): \u00abPr\u00e6destinatio nihil est aliud quam pr\u00e6scientia et pr\u00e6paratio beneficiorum, quibus certissime liberantur [i.e.salvantur], quicunque liberantur\u00bb (Predestici\u00f3n no es otra cosa que el conocimiento previo y la previa preparaci\u00f3n de esos dones gratuitos  que hacen cierta la salvaci\u00f3n de los que se salvan).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero los dos conceptos  de gracia y Gloria pueden ser separados y cada uno de ellos puede ser considerado objeto de predestinaci\u00f3n especial. El resultado es la llamada predestinaci\u00f3n inadecuada (pr\u00e6destinatio inad\u00e6quata o incompleta), ya a la gracia solo o a la gloria solo. Como S. Pablo, tambi\u00e9n agust\u00edn habla de una elecci\u00f3n a la gracia aparte de la gloria celestial (loc. cit., xix): \u00abPr\u00e6destinatio est grati\u00e6 pr\u00e6paratio, gratia vero jam ipsa donatio.\u00bb Sin embargo es evidente que esta  (inadecuada) predestinaci\u00f3n  no excluye la posibilidad de que uno elegido para la gracia, fe y justificaci\u00f3n vaya a pesar de todo al infierno. Por ello podemos dejarlo aparte, puesto que en el fondo es simplemente otro t\u00e9rmino para la universalidad de la voluntad salifica de Dios y de la distribuci\u00f3n de la gracia entre los hombres (ver GRACIA).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De forma semejante la elecci\u00f3n s\u00f3lo para la gloria, es decir, sin tener en cuenta los meritos anteriores a trav\u00e9s de la gracia, debe ser designada como predestinaci\u00f3n (inadecuada). Aunque la posibilidad de \u00e9sta \u00faltima enseguida est\u00e1 clara para la mente que reflexiona, sin embargo es fuertemente contestada por la mayor\u00eda de los te\u00f3logos como se ver\u00e1 m\u00e1s adelante (en sect. III). Parece pues claro, por estas explicaciones que el dogma real de la elecci\u00f3n eterna se preocupa solo de la predestinaci\u00f3n adecuada, que abarca tanto la gracia como la gloria y cuya esencia define Santo Tom\u00e1s (I, Q. xxiii, a. 2) como: \u00abPr\u00e6paratio grati\u00e6 in pr\u00e6senti et glori\u00e6 in futuro\u00bb (preparaci\u00f3n, preordenaci\u00f3n de la gracia en el presente y de la gloria en el futuro.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para enfatizar cu\u00e1n misteriosa e inaccesible es la elecci\u00f3n divina, el Concilio de Trento llama a la predestinaci\u00f3n \u201cmisterio oculto\u201d. Que la predestinaci\u00f3n es un misterio sublime est\u00e1 claro no solo por el hecho de que las profundidades del consejo divino no pueden ser ni imaginadas, y externamente visible en lo desigual de la elecci\u00f3n divina. El criterio desigual por el que la gracia bautismal es distribuida entre los ni\u00f1os y las gracias eficaces entre los adultos est\u00e1 oculto  para nosotros por un velo impenetrable. Si pudi\u00e9ramos atisbar las razones de esta desigualdad, inmediatamente tend\u00edamos la clave para la soluci\u00f3n del misterio. \u00bfPor qu\u00e9 este ni\u00f1o es bautizado y no el del vecino? \u00bfPor qu\u00e9 el ap\u00f3stol Pedro se levant\u00f3 despu\u00e9s de su ca\u00edda y persever\u00f3 hasta su muerte mientras Judas Iscariote, ap\u00f3stol como \u00e9l, se colg\u00f3  y as\u00ed frustr\u00f3 su salvaci\u00f3n? Aunque sea correcta la repuesta  de que Judas se fue hacia la perdici\u00f3n por su libre voluntad, mientras que Pedro cooper\u00f3 fielmente con la gracia de la conversi\u00f3n que se le ofrec\u00eda, esto no aclara el enigma, ya que se puede seguir preguntando \u00bfPor qu\u00e9 Dios no le dio a Judas la misma gracia eficaz, la infaliblemente victoriosa gracia de la conversi\u00f3n como a S. Pedro, cuyo blasfema negaci\u00f3n  del Se\u00f1or era un pecado no menos grave que el del traidor Judas? A \u00e9stas u otras cuestiones parecidas, la \u00fanica respuesta razonable es la palabra de S. Agust\u00edn (loc. cit., 21): \u00abInscrutabilia sunt judicia Dei\u00bb (los juicios de Dios son inescrutables).\n<\/p>\n<p>B. Al Infierno<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La contrapartida a la predestinaci\u00f3n de los buenos es la reprobaci\u00f3n de los malvados o el eterno decreto de Dios de arrojar al infierno a todos los hombres a los que El previ\u00f3 que morir\u00edan en el estado de pecado mortal, como enemigos suyos. Este plan de reprobaci\u00f3n divina puede ser concebido como absoluto e incondicional y como hipot\u00e9tico y condicional, seg\u00fan que se considere como pendiente o independiente del infalible conocimiento del pecado, raz\u00f3n real de la reprobaci\u00f3n. Si entendemos que la condenaci\u00f3n eterna es un decreto absoluto incondicional de Dios, su posibilidad teol\u00f3gica se afirma o niega seg\u00fan que la pregunta se conteste de forma positiva o negativa, si implica una reprobaci\u00f3n positiva o solo una negativa. La diferencia conceptual entre las dos clases de reprobaci\u00f3n est\u00e1 en que la reprobaci\u00f3n negativa implica meramente la voluntad absoluta  de no conceder la felicidad del cielo mientras que la reprobaci\u00f3n negativa significa la voluntad absoluta de condenar al infierno. En otras palabras, los que son reprobados solo negativamente est\u00e1n entre los no predestinados desde toda la eternidad; los que son reprobados positivamente est\u00e1n directamente predestinaos al infierno desde toda la eternidad y han sido creados para este  fin.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue Calvino quien elabor\u00f3 la doctrina repulsiva de que un decreto absoluto de Dios desde toda la eternidad destin\u00f3 positivamente a parte de la humanidad al infierno y para conseguir este fin de forma efectiva, tambi\u00e9n al pecado. Los cat\u00f3licos que defienden una reprobaci\u00f3n incondicional se escapan del la herej\u00eda solamente poniendo un restricci\u00f3n doble  s sus hip\u00f3tesis&#160;:(a) que el castigo del infierno puede, con el tiempo, ser afligido solamente por los pecados y desde toda la eternidad puede decretarse solamente debido a la malicia pre-vista, mientras que el pecado en s\u00ed  no se ha de ver como el puro efecto de la absoluta voluntad divina, sino solamente como el resultado del permiso divino; (b) que el plan eterno de Dios nunca puede tener la intenci\u00f3n de de una reprobaci\u00f3n positiva al infierno, son solamente una reprobaci\u00f3n negativa, es decir, una exclusi\u00f3n del cielo. Estas restricciones son requeridas evidentemente por la formulaci\u00f3n del concepto mismo, puesto que los atributos de la santidad y justicia divinas deben mantenerse invioladas ( ver DIOS).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Consiguientemente,  si consideramos que la santidad de Dios nunca le permitir\u00e1 querer el pecado positivamente aunque El ve de antemano en su decreto permisivo con certeza infalible y que su justicia puede preordenar y con el tiempo infligir realmente como castigo el infierno, solamente por razones del pecado previsto, podemos entender la definici\u00f3n de reprobaci\u00f3n eterna dada por Pedro Lombardo (I. Sent., dist. 40): \u00abEst pr\u00e6scientia iniquitatis quorundam et pr\u00e6paratio damnationis eorundem\u00bb (es el conocimiento previo de la maldad de algunos hombres y la preordenaci\u00f3n de su condena). Cf. Scheeben, \u00abMysterien des Christentums\u00bb (2\u00aa ed., Freiburg, 1898), 98\u2014103.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h3>El Dogma Cat\u00f3lico<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dejando las controversias teol\u00f3gicas para la siguiente secci\u00f3n, aqu\u00ed se trata s\u00f3lo de los art\u00edculos de fe relacionados a la predestinaci\u00f3n y la reprobaci\u00f3n, cuya negaci\u00f3n supondr\u00eda una herej\u00eda.\n<\/p>\n<p>La Predestinaci\u00f3n de los Elegidos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquel que pone la raz\u00f3n de la predestinaci\u00f3n exclusivamente ya en el hombre ya en Dios acabar\u00eda inevitablemente sacando conclusiones her\u00e9ticas sobre la elecci\u00f3n eterna. En un caso sobre el \u00faltimo fin y en el otro en los medios para ese fin. N\u00f3tese que no hablamos de la \u201ccausa\u201d de la predestinaci\u00f3n, que ser\u00eda o la causa eficiente (Dios) o la causa instrumental (gracia) o la causa final (honor de Dios) o la primera causa meritoria, sino de la raz\u00f3n o motivo que indujo a Dios desde toda la eternidad a elegir a ciertos individuos concretos a la gracia y a la gloria. La principal cuesti\u00f3n es esta: \u00bfEl merito natural del hombre ejerce alguna influencia en la elecci\u00f3n divina a la gracia y a la gloria? Si recordamos el dogma de la absoluta gratuidad de la gracia cristiana, nuestra respuesta debe ser  totalmente negativa(ver GRACIA). A la pregunta sobre si la predestinaci\u00f3n divina no toma al menos en consideraci\u00f3n las buenas obras sobrenaturales, la Iglesia contesta con la doctrina de que el cielo no es dado a los elegidos por un pacto de Dios puramente arbitrario, sino que es tambi\u00e9n el premio de los meritos personales de los justificados (ver MERITO). Los que, como los Pelagianos, buscan la raz\u00f3n de la predestinaci\u00f3n solamente en las buenas obras naturales del hombre, evidentemente cometen un error de juicio sobre la naturaleza del cielo cristiano que es un destino totalmente sobrenatural. Puesto que lo pelagianos ponen toda la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n en una base puramente natural, ven las predestinaci\u00f3n en particular no como una gracia especial  y mucho menos como la gracia suprema, sino como un premio por un merito natural.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Semipelagianos, despreciaban tambi\u00e9n la gratuidad y el car\u00e1cter estrictamente sobrenatural de la felicidad eterna, puesto que atribu\u00edan el principio de la fe  (initium fidei) y la perseverancia final (donum perseveranti\u0153) al ejercicio de los dones naturales del hombre y no a la iniciativa de prevenci\u00f3n de la gracia.<br \/>\nEsta es una clase de herej\u00eda que rehusando de Dios y su gracia hace que la salvaci\u00f3n del hombre dependa de \u00e9l solo. Pero no son menos graves los errores el os que caen un segundo grupo haciendo a Dios el \u00fanico responsable de todo y anulando la libre cooperaci\u00f3n de la voluntad para obtener la felicidad eterna. Esto es lo que hacen los que defienden el Predestinacionismo, incorporado en su forma m\u00e1s pura al Calvinismo y al Jansenismo. Los que buscan la raz\u00f3n de la predestinaci\u00f3n en la voluntad absoluta de Dios se ven forzados l\u00f3gicamente a admitir una gracia eficaz irresistible (gratia irresistibilis), par anegar la libertad de la voluntad cuando est\u00e1 influida por la gracia y a rechazar totalmente los meritos sobrenaturales (como raz\u00f3n secundaria de la felicidad eterna). Y puesto que en este sistema, la condenaci\u00f3n eterna, adem\u00e1s, halla su explicaci\u00f3n exclusivamente en la voluntad divina, se sigue la concupiscencia act\u00faa en la voluntad pecadora con fuerza irresistible y que no hay voluntad libre para pecar y que los dem\u00e9ritos no pueden ser al causa de la condenaci\u00f3n eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre estos dos extremos, el dogma cat\u00f3lico sobre la predestinaci\u00f3n mantiene la regla de oro, porque ve la felicidad eterna primariamente como la obra de Dios y de su gracia, pero secundariamente como el fruto del premio a las acciones meritorias de los predestinados. El proceso de la predestinaci\u00f3n consiste en los siguientes cinco pasos: (a) la primera gracia de la vocaci\u00f3n, especialmente la fe como el principio, fundamento y ra\u00edz de la justificaci\u00f3n&#160;;(b) unas ciertas gracias adicionales, gracias actuales, para lograr con \u00e9xito la justificaci\u00f3n; (c) la justificaci\u00f3n en si misma como principio del estado de gracia y amor; (d)la perseverancia final o al menos la gracia de una feliz muerte; (e) por fin, la admisi\u00f3n a la felicidad eterna. Si es una verdad revelada que hay muchos que, siguiendo este camino, buscan y encuentran su salvaci\u00f3n eterna con infalible certeza, entonces la existencia de una predestinaci\u00f3n divina queda probada. (cf. Mateo 25:34; Apocalipsis 20:15). S. Pablo dice muy expl\u00edcitamente (Rom. 8:28 ss.): \u00abPor lo dem\u00e1s, sabemos que en todas las cosas interviene; de aquellos que han sido llamados seg\u00fan su designio. Pues a los que antemano conoci\u00f3, tambi\u00e9n los predestin\u00f3 a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera \u00e9l el primog\u00e9nito entre muchos hermanos; y a los que predestin\u00f3, a esos tambi\u00e9n los llam\u00f3; y a los que llam\u00f3 a esos tambi\u00e9n los justific\u00f3; a los que justific\u00f3, a \u00e9sos tambi\u00e9n los glorific\u00f3.\u201d (Ver Efes. 1:4-11) Adem\u00e1s del pre-conocimiento y la pre-ordenaci\u00f3n eternos el Ap\u00f3stol menciona varios pasos en la predestinaci\u00f3n: \u201cvocaci\u00f3n\u201d, \u201cjustificaci\u00f3n\u201d y \u201cglorificaci\u00f3n\u201d. Esta creencia ha sido fielmente preservada por la Tradici\u00f3n  a lo largo de los siglos, especialmente desde el tiempo de Agust\u00edn.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay otras cualidades de la predestinaci\u00f3n que hay que tener en cuenta porque son importantes e interesantes desde el punto de vista teol\u00f3gico: su inmutabilidad, que el n\u00famero de los predestinados est\u00e1 fijado, y su incertidumbre individual.<br \/>\n(1).La primera cualidad, la inmutabilidad del decreto Divino se basa tanto en el preconocimiento infalible de Dios de que ciertos y determinados individuos dejar\u00e1n esta vida en el estado de Gracia y en la inmutable voluntad de Dios de dar precisamente a esos hombres y no a otros la felicidad eterna como premio por sus m\u00e9ritos sobrenaturales. Consecuentemente todo el futuro n\u00famero de miembros del cielo, hasta su detalles m\u00e1s \u00ednfimos, con todas las diferencias de medidas de gracia y varios grados de felicidad, ha sido invariablemente fijado desde toda la eternidad. Y no pod\u00eda ser de otra manera. Porque si fuera posible que un individuo predestinado fuera despu\u00e9s de todo arrojado al infierno o que uno no predestinado llegara al cielo, entonces Dios se habr\u00eda equivocado  en su conocimiento anterior de los sucesos fututos; dejar\u00eda de ser omnisciente. De ah\u00ed que Dios  pastor, dice de sus ovejas (Juan 10:28): \u201cYo les doy la vida eterna y no perecer\u00e1n jam\u00e1s y nadie las arrebatar\u00e1 de mi mano\u201d. Pero debemos tener cuidado con la inamovilidad de la predestinaci\u00f3n ya como algo fatal\u00edstico, como el kismet mahometano o como un pretexto conveniente para la pasiva resignaci\u00f3n  ante el destino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El conocimiento infalible de Dios no puede forzar al hombre en una coerci\u00f3n inevitable por la simple raz\u00f3n de que en el fondo no es otra cosa que la visi\u00f3n eterna de la futura actualidad hist\u00f3rica. Dios pre-ve la actividad libre de un hombre precisamente tal como ese individuo quier darle forma. Todo aquello que promueva la obra de nuestra salvaci\u00f3n , ya sean nuestras propias oraciones y buenas obras o las oraciones de otros en nuestro favor est\u00e1 eo ipso incluido en el conocimiento infalible de Dios y por consiguiente en el esquema de la predestinaci\u00f3n. (cf. Sto. Thomas, I, Q. xxiii, a. 8).  En ese sentido pr\u00e1ctico, es donde se originaron las m\u00e1ximas asc\u00e9ticas (falsamente atribuidas a S. Agust\u00edn): \u00abSi non es pr\u00e6destinatus, fac ut pr\u00e6destineris\u00bb (si no est\u00e1s predestinado, act\u00faa de manera que lo est\u00e9s). La teolog\u00eda, es cierto, no puede probar estrictamente este dicho a no ser que el  decreto original de predestinaci\u00f3n  sea concebido como primer decreto hipot\u00e9tico que despu\u00e9s cambia a un decreto absoluto e irrevocable por las oraciones, buenas obras y perseverancia de aquel que est\u00e1 predestinado, seg\u00fan las palabras del Ap\u00f3stol (\u201cPedro 1:10):\u201dPor tanto, hermanos, poned el mayor empe\u00f1o en afianzar vuestra vocaci\u00f3n y vuestra elecci\u00f3n\u201d).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El conocimiento previo  inerrable de Dios y el pre-ordenamiento se designa en la Biblia con la bella figura del \u201cLibro de la Vida\u201d (liber vit\u00e6, to biblion tes zoes). Este libro de la vida es una lista que contiene los nombres de todos los elegidos y no admite a\u00f1adiduras y borraduras. En el Antiguo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este s\u00edmbolo fue tomado del Antiguo Testamento ( Exodo 32:32; Psalmos 68:29) por el Nuevo Testamento  y su ap\u00f3stol Pablo (Lucas 10:20; Hebreos 12:23), y agrandado por Juan en el Apocalipsis [Apoc., xxi, 27: \u00abNada profano \u2026sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero\u201d (Apocalipsis 13:8; 20:15)].  La explicaci\u00f3n correcta de este libro simb\u00f3lico, la da S, Agust\u00edn: (Ciudad de Dios XX,13): \u00abPr\u00e6scientia Dei qu\u00e6 non potest falli, liber vit\u00e6 est\u00bb (la presciencia de Dios que no puede errar, es el libro de la vida). Sin embargo, seg\u00fan la Biblia, existe un Segundo y m\u00e1s voluminoso libro  en el que est\u00e1n no solo los nombres de los elegidos, sino tambi\u00e9n los nombres de todos los fieles de la tierra. Tal libro metaf\u00f3rico se supone siempre que se insin\u00faa la posibilidad de que un nombre, aunque inscrito,  puede ser borrado de nuevo (Apoc., iii, 5: \u00ab\u2026y no borrar\u00e9 su nombre del libro de la vida\u201d(Exodo 32:33)]. El nombre ser\u00e1 borrado sin misericordia cuando un cristiano se hunde en la infidelidad o en el ateismo y muere en pecado. Finalmente hay una tercera clase de libros en los que se escriben los hechos de los malvados y los cr\u00edmenes de los pecadores individuales y por el que los r\u00e9probos ser\u00e1n juzgados en el \u00faltimo d\u00eda para ser arrojados al infierno ( Apoc.20:12):\u201d\u2026fueron abiertos unos libros\u2026y los muertos fueron juzgados seg\u00fan lo escrito en los libros conforme a sus obras\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue este gran simbolismo de la divina omnisciencia lo que inspir\u00f3 el conmovedor verso del Diaes Irae, seg\u00fan el cual  todos seremos juzgados seg\u00fan ese libro \u201cLiber scriptus proferetur: in quo totum continetur\u00bb. Respecto al libro de la vida , ver Sto. Tom\u00e1s I, Q. xxiv, a. 1\u20143, y Heinrich-Gutberlet, \u00abDogmat. Theologie\u00bb, VIII (Maguncia, 1897), seccion 453.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) La segunda cualidad de la predestinaci\u00f3n, lo definitivo del n\u00famero de elegidos, se sigue naturalmente de la primera.  Porque si el consejo eterno de Dios respecto a los predestinados es invariable, entonces el n\u00famero de los predestinados debe igualmente ser invariable y definido, sin estar sujeto ni a a\u00f1adidos ni a cancelaciones. Algo indefinido  en el n\u00famero implicar\u00eda eo ipso una falta de certeza en el conocimiento de Dios y destruir\u00eda Su omnisciencia. M\u00e1s a\u00fan la misma naturaleza de la omnisciencia demanda no solo el n\u00famero abstracto de los elegidos sino tambi\u00e9n que los individuos, con su nombre y su carrera entera en la tierra, est\u00e9n presentes en la mente divina desde toda la eternidad. Naturalmente, la curiosidad humana desea tener infamaci\u00f3n sobre el n\u00famero absoluto de elegidos as\u00ed como del n\u00famero relativo. \u00bfC\u00f3mo estimar el n\u00famero absoluto? Ser\u00eda una p\u00e9rdida de tiempo in\u00fatil intentar calcular y averiguar cuantos millones o billones hay de predestinados. Sto. Tom\u00e1s (I, Q. xxiii, a. 7) menciona la opini\u00f3n de algunos te\u00f3logos de que habr\u00e1 el mismo n\u00famero de hombres salvados que de \u00e1ngeles ca\u00eddos, mientras que otros manten\u00edan el n\u00famero de predestinados ser\u00e1 igual al de \u00e1ngeles fieles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fin hubo optimistas que, combinando estas dos opiniones en una tercera dec\u00edan que el n\u00famero total de elegidos ser\u00e1 igual que las innumerables mir\u00edadas de esp\u00edritus rechazados. Pero hasta si concedi\u00e9ramos que el principio de nuestros c\u00e1lculos es correcto, ning\u00fan matem\u00e1tico ser\u00eda capaz de  lograr un n\u00famero absoluto sobre base tan vaga, puesto que el n\u00famero de \u00e1ngeles y demonios nos es desconocido. De aqu\u00ed que la mejor respuesta es decir que \u201cs\u00f3lo Dios sabe el n\u00famero de sus elegidos\u201d. Por n\u00famero relativo se quiere decir la relaci\u00f3n num\u00e9rica entre los predestinados y los r\u00e9probos. \u00bfSe salvar\u00e1 o se perder\u00e1 la mayor\u00eda de la raza humana?, \u00bfla mitad salvada y la mitad condenada? En este asunto la opini\u00f3n de los rigoristas se opone a la de los optimistas que tienen opiniones m\u00e1s suaves. Se\u00f1alando varios textos de la Biblia (Mat 7:14; 22:14) y dichos de los grandes doctores espirituales, los rigoristas defienden como probable la tesis de que no solo la mayor\u00eda de los cristianos, sino que hasta la mayor\u00eda de los cat\u00f3licos ser\u00e1n condenados eternamente. El serm\u00f3n de Massillon sobre el menor n\u00famero de los elegidos tiene un tono casi repulsivo. Pero hasta Santo Tom\u00e1s (loc. cit., a. 7) afirm\u00f3: \u00abPauciores sunt qui salvantur\u00bb (son menos los que se salvan). El jesuita P. Castelein, (\u00abLe rigorisme, le nombre des \u00e9lus et la doctrine du salut\u00bb, 2nd ed., Brussels, 1899) impugnaba esta teor\u00eda con argumentos de peso. Se le opuso el redentorista P. Godts (\u00abDe paucitate salvandorum quid docuerunt sancti\u00bb, 3rd ed., Brussels, 1899).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que el numero de los elegidos no puede ser tan peque\u00f1o  es evidente por el Apocalipsis (vii, 9).  Cuando se oye a los rigoristas, se siente un tentado a repetir la amarga observaci\u00f3n de Dieringer: \u00bf\u00bbPuede ser que la iglesia exista en esto momento solo para poblar el infierno? La verdad es que ni lo uno ni lo otro se puede probar por la Escritura ni por la Tradici\u00f3n ni unos ni otros (cf. Heinrich-Gutberlet, \u00abDogmat. Theologie\u00bb, Maguncia 1897, VIII, 363 ss.). Por para completar estas dos fuentes de argumentos sacados de la raz\u00f3n podemos defender como probable con seguridad la opini\u00f3n de que la mayor\u00eda de los cristianos, especialmente los cat\u00f3licos, se salvar\u00e1n. Si a\u00f1adimos a estos la abrumadora mayor\u00eda de no-cristianos (jud\u00edos, mahometanos, paganos), entonces Gener (\u00abTheol. dogmat. scholast.\u00bb, Roma, 1767, II, 242 ss.) tiene probablemente raz\u00f3n cuando asume que la salvaci\u00f3n de la mitad de la humanidad , para que no se pueda decir  en ofensa a la divina majestad  y su clemencia que el futuro reino de Sat\u00e1n  es m\u00e1s grande que el de Cristo (cf. W. Schneider, \u00abDas andere Leben\u00bb, 9\u00aa ed., Paderborn, 1908, 476 ss.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) La tercera cualidad de la predestinaci\u00f3n, su incertidumbre individual, est\u00e1 \u00edntimamente relacionada su inmutabilidad objetiva. No sabemos si estamos incluidos entre los predestinados o no. Todo lo que repodemos decir  es: Solo Dios lo sabe. Cuando los Reformadores, confundiendo la predestinaci\u00f3n con la absoluta certeza de la salvaci\u00f3n,  exig\u00edan a los cristianos una fe inamovible en su propia predestinaci\u00f3n  si quer\u00edan salvarse, el concilio de Trento opuso  es esta presuntuosa creencia el canon (Sess. VI, can. xv): \u00abS. q. d., hominem renatum et justificatum teneri ex fide ad credendum, se certo esse in numero pr\u00e6destinatorum, anathema sit\u00bb (si alguien dijera que el hombre regenerado y justificado est\u00e1 obligado por fe a creer que est\u00e1 entre el n\u00famero de los predestinados, sea anatema). En verdad, tal presunci\u00f3n no solo es irracional sino tambi\u00e9n contrario a las Escrituras (1 Corinthians 4:4; 9:27; 10:12; Filip 2:12).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Solo una revelaci\u00f3n privada como la que se concedi\u00f3 al buen ladr\u00f3n en la cruz podr\u00eda darnos la certeza de la fe: de ah\u00ed que  el Concilio de Trento insista  (loc. cit., cap. xii): \u00abNam nisi ex speciali revelatione sciri non potest, quos Deus sibi elegerit\u00bb (porque aparte de una revelaci\u00f3n especial, no se puede saber a qui\u00e9n ha elegido Dios). Sin embargo, la Iglesia condena solamente la asunci\u00f3n blasfema que presume de una certeza como la de la fe en  materia de predestinaci\u00f3n. Decir que existen signos probables de predestinaci\u00f3n que excluyen toda la ansiedad excesiva no va contra sus ense\u00f1anzas. Los siguientes son alguna de los criterios establecidos por los te\u00f3logos: pureza de coraz\u00f3n, gusto en la oraci\u00f3n , paciencia en el sufrimiento, frecuente recepci\u00f3n de los sacramentos, amor de Cristo y de su Iglesia, devoci\u00f3n a al madre de Dios etc.\n<\/p>\n<p>La Reprobaci\u00f3n de los Malvados<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Calvino ense\u00f1\u00f3 una predestinaci\u00f3n positiva e incondicional de los r\u00e9probos no solo al infierno, sino tambi\u00e9n al pecado (Instit., III, c. xxi, xxiii, xxiv). Sus seguidores en Holanda se dividieron en dos sectas, los Supralapsarios y los Infralapsarios. Estos \u00faltimos consideraban el pecado original como motivo de una condenaci\u00f3n positiva, mientras que los primeros (con Calvino) no consideraban este factor y derivaban el decreto divino de reprobaci\u00f3n de la voluntad inescrutable de Dios  \u00fanicamente. El Infralapsarianismo tambi\u00e9n era defendido por Jansenio (De gratia Christi, l. X, c. ii, xi ss.),  que ense\u00f1aba que Dios hab\u00eda pre-ordenado de entre la massa damnata de la humanidad una parte para la felicidad eterna y otra para la pena eterna, decretando al mismo tiempo negar a los positivamente condenados las gracias necesarias por las que pudieran convertirse y guardar los mandamientos; por esta raz\u00f3n, dec\u00eda, Cristo muri\u00f3 solamente por los predestinados (Denzinger, \u00abEnchiridion\u00bb, n. 1092-6).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contra tales ense\u00f1anzas blasfemas el segundo s\u00ednodo de Orange ,en 529 y de nuevo el Concilio de Trento, hab\u00eda pronunciado el anatema eclesi\u00e1stico (Denzinger, nn. 200, 827). Esta condenaci\u00f3n estaba perfectamente justificada, porque la herej\u00eda del Predestinacionismo, en directa oposici\u00f3n a los m\u00e1s claros textos de la Escritura, negaba la universalidad de la voluntad salv\u00edfica de Dios as\u00ed como la redenci\u00f3n por medio de Cristo. (cf. Sabidur\u00eda 11:24 ss.; 1 Tim. 2:1 ss.), anulaba la misericordia de Dios hacia el pecador endurecido (Ezequiel 33:11; Rom. 2:4; 2 Pedro 3:9), hacia desaparecer la libertad de la voluntad para hacer el bien o el mal y por ello el merito de las buenas acciones y la culpa de las malas, y finalmente destru\u00eda los atributos divinos de sabidur\u00eda, justicia, veracidad, bondad y santidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El verdadero esp\u00edritu de la Biblia Deb\u00eda haber sido suficiente para disuadir a Calvino de la falsa explicaci\u00f3n de Rom. ix y a su sucesor Beza del maltrato exeg\u00e9tico de I Pedro ii, 7\u20148.<br \/>\nDespu\u00e9s de sopesar todos los textos b\u00edblicos que tratan de la reprobaci\u00f3n eterna, un ex\u00e9geta protestante llega a la conclusi\u00f3n: \u201cno hay una elecci\u00f3n al infierno paralela a la elecci\u00f3n a la gracia; por el contrario, el juicio pronunciado  sobre el impenitente supone la culpa humana\u2026Solo despu\u00e9s de que se haya rechazado la salvaci\u00f3n de Cristo sigue la reprobaci\u00f3n \u201c (\u00abRealencyk. f\u00fcr prot. Theol.\u00bb, XV, 586, Leipzig, 1904).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Respecto a los Padres de la Iglesia solo S. Agust\u00edn parece causar dificultades en la prueba de la Tradici\u00f3n\u2026 De hecho tanto Calvino como Jansenio afirman que est\u00e1 de acuerdo con ellos. En esta cuesti\u00f3n. No es este el lugar para examinar su doctrina sobre la reprobaci\u00f3n; pero no hay duda de que sus obras contienen expresiones que, por decir lo  menos, pueden ser interpretadas en el sentido de una reprobaci\u00f3n negativa. Probablemente con la intenci\u00f3n de rebajar el tono de las palabras de su maestro, S. Pr\u00f3spero en su apolog\u00eda contra Vicente Lerin (Resp. ad 12 obj. Vincent.), explicaba as\u00ed el esp\u00edritu de Agust\u00edn:\u201dVoluntate exierunt, voluntate ceciderunt, et quia pr\u00e6sciti sunt casuri, non sunt pr\u00e6destinati; essent autem pr\u00e6destinati, si essent reversuri et in sanctitate remansuri, ac per hoc pr\u00e6destinatio Dei multis est causa standi, nemini est causa labendi\u00bb (salieron por su propia voluntad; por su propia voluntad cayeron y porque su caida era conocida de antemano, no estaban predestinados; estar\u00edan predestinados, sin embargo, si fueran a volver y a perseverar en la santidad; de aqu\u00ed que la predestinaci\u00f3n de Dios es para muchos la pause de la perseverancia y para nadie la causa de la caida). Respecto a la tradici\u00f3n de Petavius, \u00abDe Deo\u00bb, X, 7 ss.; Jacquin en \u00abRevue de l&#8217;histoire eccl\u00e9siastique\u00bb, 1904, 266 ss.; 1906, 269 ss.; 725 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podemos ahora resumir brevemente toda la doctrina cat\u00f3lica, que est\u00e1 en armon\u00eda con nuestra raz\u00f3n as\u00ed como con nuestros sentimientos morales Seg\u00fan las decisiones doctrinales de s\u00ednodos particulares y generales, Dios, infaliblemente pre-ve e inmutablemente pre-ordena desde la eternidad todos los futuros sucesos (Denzinger, n. 1784), pero no existe la necesidad fatal\u00edstica y la libertad humana permanece intacta (Denz., n. 607). En consecuencia, el hombre es libre si acepta la gracia y hace el bien o si la rechaza y hace el mal (Denz., n. 797). As\u00ed como Dios quiere que todos los hombres, sin exceptuar ninguno, obtengan la felicidad eterna, as\u00ed tambi\u00e9n Cristo muri\u00f3 por todos (Denz., n. 794),  no solo por los predestinados (Denz., n. 1096), o por los fieles (Denz., n. 1294), aunque es verdad que en realidad no todos aprovechan los beneficios de la redenci\u00f3n (Denz., n. 795). Aunque Dios pre-orden\u00f3 tanto la felicidad eterna y las buenas obras de los elegidos (Denz., n. 322),  sin embargo por otra parte no predestin\u00f3 a nadie positivamente al infierno, y mucho menos al pecado (Denz., nn. 200, 816). Consiguientemente as\u00ed como nadie se salva contra su voluntad (Denz., n. 1363), tampoco los reprobados perecer\u00e1n solamente por su maldad (Denz., nn. 318, 321). Dios previ\u00f3 las penas eternas de los imp\u00edos desde toda la eternidad y preorden\u00f3 este castigo por sus pecados (Denz., n. 322), aunque El no deja de ofrecer la gracia de la conversi\u00f3n  los pecadores (Denz., n. 807),  ni siquiera a los que no est\u00e1n predestinados (Denz., n. 827).  Mientras viven en la tierra, los r\u00e9probos pueden ser contados como verdaderos cristianos y miembros de la Iglesia, de la misma forma que los predestinados pueden est\u00e1s fuera de la cristiandad y de la iglesia (Denz., nn. 628, 631). Sin una revelaci\u00f3n especial, nadie puede saber con certeza que pertenece al n\u00famero de los elegidos (Denz., nn. 805 ss., 825 ss.).\n<\/p>\n<h3>Controversias Teol\u00f3gicas<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debido a las infalibles decisiones tomadas por la iglesia, toda teor\u00eda ortodoxa sobre la predestinaci\u00f3n y la reprobaci\u00f3n debe estar dentro de los l\u00edmites marcados por las siguientes tesis: (a)  Al menos en el orden de la ejecuci\u00f3n en el tiempo (in ordine executionis) las obras meritorias de los predestinados son la causa parcial de su felicidad eterna; (b) el infierno no puede, ni en el orden de la intenci\u00f3n (in ordine intentionis) haber sido decretado positivamente para los condenados, aunque se les inflija con el tiempo como el castigo justo  de dos malas obras; (c) no hay en absoluto predestinaci\u00f3n  al pecado como medio de la condenaci\u00f3n eterna.<br \/>\nGuiados por estos principio, trataremos en un breve esquema y examinaremos, las tres teor\u00edas producidas por los te\u00f3logos cat\u00f3licos.\n<\/p>\n<p>La Teor\u00eda de la Predestinaci\u00f3n ante Pr\u00e6visa Merita<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta teor\u00eda defendida por todos los tomistas y unos pocos molinistas (como Belarmino, Francisco Su\u00e1rez, Francisco de Lugo), afirman que Dios, por un decreto absoluto y sin tener en cuenta ning\u00fan merito futuro sobrenatural, predestin\u00f3  desde toda la eternidad a c8ertos hombres a la gloria del cielo y como consecuencia de este decreto, decidi\u00f3 darles la gracia necesaria para su cumplimiento. En el orden del tiempo, sin embargo, el decreto divino se lleva a cabo en orden inverso, recibiendo primero el predestinado las gracias preparadas para el caso y finalmente la gloria del cielo como premio por sus buenas obras. Esta teor\u00eda est\u00e1 caracterizada por dos elementos: primero, lo absoluto del decreto eterno y segundo, el revertir la relaci\u00f3n de la gracia y de la gloria en los dos \u00f3rdenes diferentes de la intenci\u00f3n divina (ordo intentionis) y la ejecuci\u00f3n en el tiempo (ordo executionis). Porque mientras la gracia ( y el merito), en el orden de la intenci\u00f3n eterna, no es otra cosa que el resultado o efecto de la gloria decretada absolutamente, sin embargo, en el orden de la ejecuci\u00f3n, se convierte en la raz\u00f3n  y causa parcial de la felicidad eterna, como requiere el dogma de la meritoriedad de las buenas obras. (Ver MERITO). Es m\u00e1s, la gloria celestial es la primera cosa querida en el orden de la intenci\u00f3n eterna y despu\u00e9s se convierte en la raz\u00f3n o motivo de las gracias ofrecidas, mientras que en el orden de la ejecuci\u00f3n debe concebirse como el resultado o efecto de los meritos sobrenaturales. Esta concesi\u00f3n es importante, puesto  que sin ella la teor\u00eda ser\u00eda intr\u00ednsecamente imposible y teol\u00f3gicamente insostenible.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPero donde est\u00e1n las pruebas positivas? La teor\u00eda puede encontrar pruebas decisivas en la Escritura solamente suponiendo  que la predestinaci\u00f3n a la gloria celestial se menciona inequ\u00edvocamente en la Biblia como el motivo divino para la concesi\u00f3n de gracias especiales a los elegidos. Ahora bien, aunque hay varios textos (por ejemplo. Mat.24:22 ss.; Hechos 13:48, y otros) que pueden ser interpretados, sin forzarlos, en este sentido, sin embargo  esos pasajes pierden su fuerza ante el hecho de que otras explicaciones, que no faltan, son posibles y aun m\u00e1s probables.  El cap\u00edtulo noveno de la Ep\u00edstola a los Romanos, en particular, es mencionado por los defensores de la predestinaci\u00f3n absoluta como el pasaje \u201ccl\u00e1sico\u201d en el que S. Pablo parece representar la felicidad eterna de los elegidos no solo como una obra de la misericordia pura de Dios , sino como un acto  de la voluntad m\u00e1s arbitraria, de manera que gracia, fe, justificaci\u00f3n  deben ser vistas como efectos puros de un decreto divino absoluto (cf. Rom. 9:18: \u00abAs\u00ed pues usa de misericordia con quien quiere y endurece a quien quiere\u00bb).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero es bastante atrevido citar uno d los m\u00e1s dif\u00edciles y oscuros pasajes de la Biblia como \u201ctexto cl\u00e1sico\u201d y a continuaci\u00f3n basar en \u00e9l  un argumento de atrevida especulaci\u00f3n. Para  ser m\u00e1s espec\u00edficos, es imposible dibujar los detalles de una pintura en la que el ap\u00f3stol compara a Dios con el alfarero que tiene poder sobre el barro\u2026O \u00bfes que el alfarero  no es due\u00f1o de hacer de una misma masa objetos para usos nobles y otros para usos despreciables? (Rom. 9:21)\u201d, sin caer en la blasfemia calvinista de que Dios predestine a algunos hombres al infierno y al pecado de la misma manera que  pre-elige positivamente a otros a la vida eternal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es admisible leer en el pensamiento del ap\u00f3stol un reprobaci\u00f3n negativa de ciertos hombres, porque la primera intenci\u00f3n de la Ep\u00edstola a los Romanos  es insistir en la gratuidad de la vocaci\u00f3n al cristianismo y rechazar la presunci\u00f3n jud\u00eda de que la posesi\u00f3n de la ley Mosaica y la descendencia carnal de Abraham dio a los jud\u00edos una preferencia esencial  sobre los paganos. Pero la Ep\u00edstola nada tiene que ver con la especulaci\u00f3n sobre si la libre vocaci\u00f3n a la gracia  debe ser considerada  como el resultado necesario de la predestinaci\u00f3n eterna a la gloria celestial [cf. Franzelin, \u00abDe Deo uno\u00bb, thes. lxv (Roma, 1883)].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es igualmente dif\u00edcil encontrar en los escritos de los padres un argumento s\u00f3lido para la predestinaci\u00f3n absoluta. El \u00fanico que se puede citar que tiene alg\u00fan parecido a la verdad es S. Agust\u00edn, quien permanece casi solo entre sus predecesores y sucesores. Ni siquiera sus m\u00e1s fieles disc\u00edpulos, Pr\u00f3spero y Fulgencio, siguieron a su maestro en todas sus exageraciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero un problema tan profundo y misterioso, que no pertenece a la sustancia de la fe y que, por utilizar la expresi\u00f3n del papa Celestino I (m 432), se ocupa de profundiores difficilioresque partes incurrentium qu\u00e6stionum (cf. Denz., n. 142), no puede decidirse con la sula autoridad de Agust\u00edn. M\u00e1s aun, la verdadera opini\u00f3n del doctor africano es una cuesti\u00f3n disputada entre los mejores autores, de manera que todas las partes afirman que Agust\u00edn est\u00e1 de acuerdo con opiniones tan encontradas y dispares [cf. O. Rottmanner, \u00abDer Augustinismus\u00bb (Munich, 1892); Pf\u00fclf, \u00abZur Pr\u00e4destinationslehre des hl. Augustinus\u00bb en \u00abInnsbrucker Zeitschrift f\u00fcr kath. Theologie\u00bb, 1893, 483 ss.].  Y respecto al fracasado intento de Gonet y Billuart de probar con un argumento de raz\u00f3n la predestinaci\u00f3n absoluta ante pr\u00e6visa merita\u00bb, ver Pohle, \u00abDogmatik\u00bb, II, 4th ed., Paderborn, 1909, 443 ss.\n<\/p>\n<p>La Teor\u00eda de la Reprobaci\u00f3n Negativa de los Malvados<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que nos impide m\u00e1s claramente abrazar la teor\u00eda reci\u00e9n discutida no es el hecho de que no puede  probarse dogm\u00e1ticamente desde la Escritura ni desde la Tradici\u00f3n, sino la necesidad l\u00f3gica que nos obliga, de asociar una absoluta predestinaci\u00f3n a la gloria con una reprobaci\u00f3n igualmente absoluta, aunque no sea sino negativa. Los bien intencionados esfuerzos de algunos te\u00f3logos (por ejemplo Billot) para distinguir entre los dos conceptos, y as\u00ed escapar de las malas consecuencias de la reprobaci\u00f3n negativa, no pueden ocultar en un an\u00e1lisis m\u00e1s profundo la vulnerabilidad de tales artificios l\u00f3gicos. De ah\u00ed que los primeros partidarios de la predestinaci\u00f3n  absoluta nunca negaran que su teor\u00eda les obligaba a asumir para los condenados, una reprobaci\u00f3n negativa \u2013 es decir, asumir que, aunque no positivamente predestinados al infierno, sin embargo est\u00e1n absolutamente predestinados  a no ir al cielo (ver arriba I, B).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que para los Tomistas era f\u00e1cil  poner esta teor\u00eda en armon\u00eda  l\u00f3gica  con su  pr\u00e6motio physica, los pocos Molinistas se las ve\u00edan y se las deseaban para trata de armonizar la reprobaci\u00f3n negativa con su scientia media. Para disfrazar la dureza y crueldad de la decreto Divino, los te\u00f3logos inventaron  expresiones m\u00e1s o menos paliativas, diciendo que la reprobaci\u00f3n negativa es la voluntad absoluta de Dios de \u201cignorar\u201d a priori a los no predestinados, de \u201cno tenerlos en cuenta\u201d, de \u201cno elegirlos\u201d, de no \u201cadmitirlos en absoluto\u201d al cielo. Solo Gonet tuvo la valent\u00eda de llamar a las cosas por su nombre:\u201dexclusi\u00f3n del cielo\u201d (exclusio a gloria).<br \/>\nEn otro aspecto, adem\u00e1s, los seguidores de la reprobaci\u00f3n negativa no est\u00e1n de acuerdo entre ellos mismos, en lo que respecta a cual sea el motivo de la reprobaci\u00f3n Divina. Los rigoristas (como \u00c1lvarez, Estius, Sylvius) ven el motivo en la voluntad soberana de Dios quien, sin tener en cuenta los posibles pecados  y dem\u00e9ritos, determin\u00f3 a priori mantener a los no predestinados fuera del cielo, aunque no los cre\u00f3 para el infierno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una segunda opini\u00f3n , m\u00e1s suave ( la de Lemos, Gotti, Gonet), apelando a la doctrina agustiniana de la massa damnata, halla la raz\u00f3n \u00faltima de la exclusi\u00f3n del cielo en el pecado original, en el que Dios pudo, sin ser injusto, dejar a cuantos considere oportuno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tercera y a\u00fan m\u00e1s suave opini\u00f3n  (Goudin, Graveson, Billuart) deriva la reprobaci\u00f3n no de la exclusi\u00f3n directa del cielo sino de la omisi\u00f3n de una \u201celecci\u00f3n efectiva al cielo\u201d; representan a Dios como decretando ante pr\u00e6visa merita , dejando a los no9 predestinados en su debilidad pecadora, sin negarles las gracias necesarias suficientes, as\u00ed perecer\u00edan infaliblemente (cf. \u00abInnsbrucker Zeitschrift f\u00fcr kath. Theologie\u00bb, 1879, 203 ss.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cualquier postura que tomemos sobre la probabilidad interna del al reprobaci\u00f3n negativa es incompatible con la certeza dogm\u00e1tica de la universalidad y sinceridad  de la voluntad salv\u00edfica de Dios, puesto que la predestinaci\u00f3n absoluta de los elegidos es al mismo tiempo la absoluta voluntad de Dios \u201cde no elegir\u201d a priori al resto de la humanidad (Su\u00e1rez) o, lo que viene a ser lo mismo, \u201cexcluirles del cielo\u201d (Gonet), en otras palabras no salvarles. Mientras que ciertos Tomistas (B\u00e1\u00f1ez, \u00c1lvarez, Gonet) aceptan esta conclusi\u00f3n hasta degradas la \u201c\u00bbvoluntas salv\u00edfica\u00bb a una inefectiva \u00abvelleritas\u00bb, que entra en conflicto con doctrinas evidentes de la revelaci\u00f3n, Francisco Su\u00e1rez se esfuerza para salvaguardar la sinceridad de la voluntad salv\u00edfica de Dios, hasta hacia aquellos que son reprobados negativamente. Pero en vano. \u00bfC\u00f3mo puede llamarse seria y sincera esa voluntad de salvar que ha decretado desde la eternidad la imposibilidad metaf\u00edsica de la salvaci\u00f3n? El que ha sido reprobado negativamente puede agotarse en sus esfuerzos para salvarse, pero in\u00fatilmente. M\u00e1s aun, para realizar infaliblemente el decreto, Dios est\u00e1 obligado a frustrar la felicidad eterna de todos los excluidos del cielo y preocuparse de que mueren en pecado. \u00bfEs este el lenguaje con el que nos habla la Escritura? No: all\u00ed encontramos a un padre amoroso preocupado \u201cno queriendo que algunos perezcan sino que todos lleguen a la conversi\u00f3n \u201c(2 P.D. 3:9) Lessius dice correctamente que ser\u00eda indiferente para \u00e9l si estaba entre los r\u00e9probos positiva o negativamente, porque, en cualquier caso, su condenaci\u00f3n eterna ser\u00eda cierta. La raz\u00f3n de esto es que en la presente econom\u00eda la exclusi\u00f3n del cielo significa para los adultos pr\u00e1cticamente la misma cosa que la condenaci\u00f3n. No existe un estado intermedio, una felicidad meramente natural.\n<\/p>\n<p>Teor\u00eda de la Predestinaci\u00f3n Post Pr\u00e6visa Merita<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta teor\u00eda defendida por los primeros escol\u00e1sticos (Alexandro de Hales, Alberto Magno), as\u00ed como por la mayor\u00eda de los Molinistas y recomendad con calor por S. Francisco de Sales \u201ccomo la opini\u00f3n m\u00e1s verdadera y m\u00e1s atractiva\u201d, propone como su m\u00e1s importante distinci\u00f3n que est\u00e1 libre de la necesidad l\u00f3gica de mantener la reprobaci\u00f3n negativa. Difiere de la predestinaci\u00f3n ante pr\u00e6visa merita en dos puntos: primero, rechaza el decreto absoluta y asume una predestinaci\u00f3n hipot\u00e9tica a la gloria; en segundo lugar,  no revierte la sucesi\u00f3n de gracia y gloria en los dos \u00f3rdenes de la eterna intenci\u00f3n  y de la ejecuci\u00f3n en el tiempo. Este decreto hipot\u00e9tico dir\u00eda as\u00ed: Justamente como en el tiempo la felicidad eterna de pende del m\u00e9rito como condici\u00f3n, as\u00ed Yo planifiqu\u00e9 el cielo desde toda la eternidad solamente para el m\u00e9rito previsto.\u2014Solamente por raz\u00f3n del infalible pre-conocimiento de estos m\u00e9ritos el decreto hipot\u00e9tico se cambia a un decreto absoluto: \u00e9sos y no otros se salvar\u00e1n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta postura no solo salvaguarda la universalidad y sinceridad del al voluntad salv\u00edfica de Dios sino que coincido admirablemente con las ense\u00f1anzas de S. Pablo (cf. 2 Tim 4:8), que sabe que: \u201cDesde Ahora me aguarda la corona de la justicia  (reposita est, apokeitai) que aquel d\u00eda me entregar\u00e1 (reddet, apodosei) el Se\u00f1or, el justo juez  y no solamente a mi sino tambi\u00e9n a todos los que hayan esperado con amor su Manifestaci\u00f3n\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y aun est\u00e1 m\u00e1s clara la conclusi\u00f3n de la sentencia del juez universal ( (Mat 25:34 ss.): \u201cVenid benditos de mi padre, recibid la herencia del reino preparado para vosotros desde al creaci\u00f3n del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, etc.\u201d.  Como la \u201cposesi\u00f3n \u201c del reino de los cielos con el tiempo est\u00e1 ligada a las obras de misericordia,  como condici\u00f3n,  as\u00ed la \u201cpreparaci\u00f3n \u201c para el reino de los cielos en la eternidad , es decir, predestinaci\u00f3n par ala gloria se concibe como dependiente del pre-conocimiento de que se realizar\u00e1n las buenas obras.<br \/>\nLa misma conclusi\u00f3n se sigue de la sentencia paralela de condenaci\u00f3n (Mat.25:41 ss.): \u201cApartaos de mi, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus \u00e1ngeles, porque tuve hambre y no me disteis de comer etc. Es evidente que \u201cel eterno fuego del infierno\u201d solo pudo haber sido preparado desde toda la eternidad para el pecado y el dem\u00e9rito, es decir, para la negaci\u00f3n de la caridad cristiana, en el mismo sentido en el que se infringe en el tiempo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Concluyendo \u201ca pari\u201d, debemos decir lo mismo de la felicidad eterna. La explicaci\u00f3n  est\u00e1 espl\u00e9ndidamente confirmada por los Padres griegos. Hablando en general, los griegos son los principales defensores de la predestinaci\u00f3n condicional, dependiente de los meritos  pre-vistos. Los latinos tambi\u00e9n tienen una postura un\u00e1nime, siendo S. Agust\u00edn el \u00fanico discrepante en occidente. S. Hilario (In Ps. lxiv, n. 5) expresamente describe la elecci\u00f3n eterna como precedente de \u201cla elecci\u00f3n del m\u00e9rito\u201d (ex meriti delectu), y S. Ambrosio ense\u00f1a en sus par\u00e1frasis de Rom., iii, 29 (De fide, V, vi, 83): \u00abNon enim ante pr\u00e6destinavit quam pr\u00e6scivit, sed quorum merita pr\u00e6scivit, eorum pr\u00e6mia pr\u00e6destinavit\u00bb (no predestin\u00f3 antes de saber de antemano, excepto a aquellos cuyos meritos previo, a esos los predestin\u00f3 al premio). Para terminar, nadie nos puede acusar de atrevimiento si afirmamos que la teor\u00eda presentada aqu\u00ed tiene una base m\u00e1s irme en la Escritura y en la Tradici\u00f3n que la  opini\u00f3n opuesta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  Adem\u00e1s de las obras citadas, Pedro Lombardo, Sent., I, dist. 40-41: STO. TOMAS, I, Q. xxiii; RUIZ, De pr\u00e6dest. et reprobatione (Lyon, 1828); RAM\u00cdREZ, De pr\u00e6d. et reprob. (2 vols., Alcal\u00e1, 1702); PETAVIUS, De Deo, IX\u2014X; IDEM, De incarnatione, XIII; LESSIUS, De perfectionibus moribusque divinis, XIV, 2; IDEM, De pr\u00e6d. et reprob., Opusc. II (Paris, 1878); TOURNELY, De Deo, qq. 22-23; SCHRADER, Commentarii de pr\u00e6destinatione (Vienna, 1865); HOSSE, De notionibus providenti\u00e6 pr\u00e6destinationisque in ipsa Sacra Scriptura exhibitis (Bonn, 1868); BALTZER, Des hl. Augustinus Lehre \u00fcber Pr\u00e4destination und Reprobation (Viena, 1871); MANNENS, De voluntate Dei salvifica et pr\u00e6destinatione (Lovaina 1883); WEBER, Kritische Gesch. der Exegese des 9 Kap. des R\u00f6merbriefes (W\u00fcrzburg, 1889). Adem\u00e1s de estas monograf\u00edas, FRANZELIN, De Deo uno (Roma 1883); OSWALD, Die Lehre von der Gnade, d. i. Gnade, Rechtfertigung, Gnadenwahl (Paderborn, 1885); SIMAR, Dogmatik, II, section 126 (Freiburg, 1899); TEPE, Institut. theol., III (Paris, 1896); SCHEEBEN-ATZBERGER, Dogmatik, IV (Freiburg, 1903); PESCH, Pr\u00e6l. Dogmat., II (Freiburg, 1906); VAN NOORT, De gratia Christi (Amsterdam, 1908); P0HLE, Dogmatik, II (Paderborn, 1909).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente:<\/b>  Pohle, Joseph. \u00abPredestination.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 12. New York: Robert Appleton Company, 1911. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/12378a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Pedro Royo\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ver ELECCION Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano Dios tiene todo \u00abpresente\u00bb, el pasado y el futuro, por lo tanto ya sabe qui\u00e9nes se van a salvar. y esto no quita en nada ni la libertad, ni la justicia, ni el amor de Dios. porque, de todas formas, siempre es m\u00e1s y mejor, \u00abel ser, que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/predestinacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPREDESTINACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6501","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6501","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6501"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6501\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6501"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6501"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6501"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}