{"id":6544,"date":"2016-02-05T03:33:26","date_gmt":"2016-02-05T08:33:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reconciliacion\/"},"modified":"2016-02-05T03:33:26","modified_gmt":"2016-02-05T08:33:26","slug":"reconciliacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reconciliacion\/","title":{"rendered":"RECONCILIACION"},"content":{"rendered":"<p>v. Expiaci\u00f3n, Perd\u00f3n, Propiciaci\u00f3n<br \/>\nLev 9:7 haz la r por ti y por .. y haz la r por ellos<br \/>\n16:6<\/p>\n<hr>\n<p>(gr., katallagu\u00e9). La reconciliaci\u00f3n es un cambio de relaci\u00f3n entre Dios y el hombre basado en el cambio de posici\u00f3n del hombre a trav\u00e9s de la obra redentora de Cristo. En el NT se sugieren tres aspectos de este cambio:<br \/>\n1.  Una reconciliaci\u00f3n de personas entre quienes ha existido un estado de enemistad; Dios establece en la obra redentora de Cristo la base de esta cambiada relaci\u00f3n de personas (Rom 5:10; 2Co 5:19).<\/p>\n<p>Nunca se dice que Dios se reconcilia con el hombre, sino que el hombre lo hace con Dios, debido a que es lo pecaminoso del hombre que crea la enemistad (Rom 8:7; Col 1:21) y precipita la ira de Dios (Eph 2:3, Eph 2:5).<br \/>\n2.   Una reconciliaci\u00f3n de condici\u00f3n de modo que todas las bases de la relaci\u00f3n de enemistad son quitadas y las bases de un compa\u00f1erismo completo se establecen (2Co 5:18-20; Eph 2:16).<br \/>\n3.  Una reconciliaci\u00f3n que surge del cambio en el hombre inducido por la acci\u00f3n de Dios. El hombre no es reconciliado meramente porque su relaci\u00f3n ha cambiado, sino porque Dios lo ha cambiado a \u00e9l a trav\u00e9s de Cristo de modo que \u00e9l pueda ser reconciliado (Rom 5:11; Rom 11:15; 2Co 5:18; Eph 2:5). La reconciliaci\u00f3n proviene, por lo tanto, de Dios, a trav\u00e9s de Cristo, para el hombre, de modo que no solamente las barreras de oposici\u00f3n al compa\u00f1erismo que pudiesen existir en la gente pecaminosa sean removidas, sino que la base positiva para el compa\u00f1erismo pudiese ser establecida a trav\u00e9s de la justicia de Cristo imputada al hombre.<\/p>\n<p>Aunque el fundamento suficiente de la reconciliaci\u00f3n est\u00e1 establecida en la obra redentora completa de Cristo, la reconciliaci\u00f3n es la base sobre la que se establece el continuo compa\u00f1erismo (Rom 5:10).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(volver a conciliarse).<\/p>\n<p> 1- Entre Dios y el hombre: Por medio de la Sangre de Cristo, es \u00abgratis\u00bb, por \u00abfe\u00bb, 1Jn 1:7, Efe 2:8-10, 16, Hec 10:43, 2Co 5:19.<\/p>\n<p> &#8211; Efectuada por Cristo, como Sumo Sacerdote, Heb 2:17.<\/p>\n<p> &#8211; Por su muerte, Rom 5:10, Efe 2:16.<\/p>\n<p> &#8211; Por su Sangre, Efe 2:13, Col 1:20.<\/p>\n<p> &#8211; Cuando \u00e9ramos enemigos de Dios, Rom 5:10.<\/p>\n<p> &#8211; Encomendada a los ministros, el ministerio de reconciliaci\u00f3n, 2Co 5:20.<\/p>\n<p> 2- Entre los hombres entre s\u00ed\u00ad:  Mat 5:23-25, Mat 6:14-15.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Acto de eliminar un estado de enemistad entre dos personas, convirti\u00e9ndolas en amigas. En el AT, la idea de r. estaba envuelta en los sacrificios expiatorios por el pecado (\u2020\u0153Mas si fuere pobre &#8230; tomar\u00e1 un cordero para ser ofrecido como ofrenda mecida por la culpa, para reconciliarse\u2020\u009d [Lev 14:21]). En el NT, la palabra katallag\u00eb y apokatallass\u00f6 se traducen como r. y reconciliar, respectivamente. El pecado del hombre le puso en situaci\u00f3n de enemistad con Dios (\u2020\u0153Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios\u2020\u009d [Rom 8:7]). El Se\u00f1or Jes\u00fas vino al mundo para hacer una obra de r. entre los hombres y Dios (\u2020\u0153Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho m\u00e1s, estando reconciliados, seremos salvos por su vida\u2020\u009d [Rom 5:10]).<\/p>\n<p>Para resolver el conflicto entre los hombres y Dios, \u00e9ste tuvo que tomar la iniciativa (\u2020\u0153Y todo esto proviene de Dios\u2020\u009d [2Co 5:18]). Es \u00e9l quien hace la r. en la persona del Se\u00f1or Jes\u00fas, de una forma tal que lo que resta es que el hombre se arrepienta de sus pecados y consienta por la fe, diga que s\u00ed\u00ad, a esa obra que Dios ha hecho. Para hacer entender esta maravilla a los seres humanos, Dios ha encargado a otros seres humanos que lo pregonen por el mundo, que ofrezcan la paz, el arreglo que Dios pone a disposici\u00f3n de los hombres. Pablo dice que Dios ha dado a los creyentes \u2020\u0153el ministerio de la r.\u2020\u009d, que anuncia al mundo \u2020\u0153que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo\u2020\u009d. Y que ahora es \u2020\u0153como si Dios rogase por medio de nosotros &#8230;: Reconcili\u00e1os con Dios\u2020\u009d (2Co 5:18-21).<br \/>\nr. entre los hombres y Dios, ahora posible, tiene tambi\u00e9n como resultado otra r. entre los hombres mismos. Para comenzar, la divisi\u00f3n entre jud\u00ed\u00ados y gentiles fue eliminada por el Se\u00f1or Jes\u00fas en la cruz del Calvario (\u2020\u0153Porque \u00e9l es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separaci\u00f3n, aboliendo en su carne las enemistades &#8230; y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo\u2020\u009d [Efe 2:14-18]).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT<\/p>\n<p>ver, PROPICIATORIO<\/p>\n<p>vet, Habi\u00e9ndose alejado el hombre de Dios, su Creador, al desobedecerlo, la justicia y santidad de Dios deb\u00ed\u00adan ser vindicadas. El Se\u00f1or rompi\u00f3 la comuni\u00f3n con el pecador (Gn. 3:23-24), juzgando un mundo lleno de violencia por el pecado en el Diluvio (Gn. 6:5-7) y dejando tras Babel que las naciones siguieran sus propios caminos (Gn. 11:8-9). Para Israel, es en la expiaci\u00f3n que se muestra la posibilidad de la reconciliaci\u00f3n. Se trata de una propiciaci\u00f3n: una vez que se hab\u00ed\u00ada hecho expiaci\u00f3n por el pecado, y la sangre de la v\u00ed\u00adctima estaba sobre el propiciatorio, la Ley quedaba cumplida, la justicia satisfecha y vindicada, y Dios pod\u00ed\u00ada libremente exhibir Su misericordia y amor. El propiciatorio (v\u00e9ase PROPICIATORIO) es el \u00fanico lugar dado en el que Dios se puede encontrar con Aar\u00f3n, que representa a todo el pueblo (Ex. 25:22). El gran D\u00ed\u00ada de la Expiaci\u00f3n expresaba as\u00ed\u00ad de una manera simb\u00f3lica y prof\u00e9tica la gran amnist\u00ed\u00ada que se proclamar\u00ed\u00ada un d\u00ed\u00ada con la venida del Mes\u00ed\u00adas (Lv. 16). \u00abDios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo\u00bb (2 Co. 5:19). Por la cruz, Cristo quit\u00f3 el pecado, destruy\u00f3 la enemistad, estableci\u00f3 la paz y reconcili\u00f3 a los hombres (jud\u00ed\u00ados y paganos), no s\u00f3lo con Dios, sino tambi\u00e9n entre ellos (Ef. 2:16). La reconciliaci\u00f3n operada en el Calvario tuvo efectos hasta en el cielo (Col. 1:20- 22; Ef. 1:10). Es el mismo Jesucristo que pag\u00f3 el precio de nuestra reconciliaci\u00f3n, la paga del pecado que demandaba la vindicaci\u00f3n de la justicia divina para mantener Su santidad. Desde entonces puede tomar la mano del pecador arrepentido, y ponerla en la del Dios de santidad y de amor con toda justicia (cfr. Ro. 3:23-25). Sin embargo, es de todo punto necesario que el rebelde reconozca su culpa y que acepte \u00abser reconciliado con Dios\u00bb. En efecto, \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1n reconciliarse con Dios los que pretenden \u00abno haber hecho nunca nada malo\u00bb? El coraz\u00f3n de Israel era \u00abfalso y rebelde\u00bb (Jer. 5:23), y somos todos por naturaleza \u00abhijos de desobediencia\u00bb (Ef. 2:2-3). Es una gracia suprema saber que \u00absiendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo\u00bb (Ro. 5:10). Y este acto no pertenece s\u00f3lo al pasado: el que cree de coraz\u00f3n en Jesucristo, obtiene la reconciliaci\u00f3n de una manera actual y presente (Ro. 5:10-11). Adem\u00e1s, Dios conf\u00ed\u00ada a los creyentes \u00abel ministerio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb. Hace de ellos embajadores de Cristo, que suplican a los hombres en todo lugar que se reconcilien con El (2 Co. 5:18-20). No se trata de una simple proclamaci\u00f3n de una salvaci\u00f3n universal que todos los hombres ya posean. La reconciliaci\u00f3n es para todos aquellos que no rechacen la provisi\u00f3n de Dios para su salvaci\u00f3n. El hecho tr\u00e1gico es que son muchos los que no dan la respuesta de obediencia de fe a Dios en Cristo, y de los que, por tanto, se puede decir que permanece la ira de Dios sobre ellos (cfr. Jn. 3:36 y Mt. 23:37).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[432]<\/p>\n<p>     Concepto b\u00ed\u00adblico y cristiano que fundamenta la Historia de la salvaci\u00f3n, en cuanto se concibe al hombre como pecador, que misericordiosamente recibe el perd\u00f3n y la restauraci\u00f3n del orden inicial. La idea de reconciliaci\u00f3n se identifica con la de redenci\u00f3n, perd\u00f3n, justificaci\u00f3n, restauraci\u00f3n, rescate. Late en los Profetas y en los libros sapienciales.<\/p>\n<p>    Y en el Nuevo Testamento surgen cientos de veces las ideas de perd\u00f3n o reparaci\u00f3n. De manera especial con el t\u00e9rmino preciso de reconciliaci\u00f3n (katallage) 15 veces, de ellas 14 en San Pablo: y con expresiones como expiaci\u00f3n o propiciaci\u00f3n (ilasmos) 8 veces, todas en S. Pablo, o simplemente como perd\u00f3n (afesis o afeimi) 64 veces. (Ver Penitencia 7.1)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Reconciliarse con Dios, con los hermanos y consigo mismo<\/p>\n<p>\tEn el contexto del serm\u00f3n de la monta\u00f1a, Jes\u00fas invita a reconciliarse con los hermanos para poder orar y ofrecer un sacrificio agradable a Dios (Mt 5,24) y para superar las rupturas y los pleitos innecesarios (Mt 5,25). La reconciliaci\u00f3n con los hermanos es el presupuesto y el signo de la reconciliaci\u00f3n con Dios. Esta reconciliaci\u00f3n comienza en el propio coraz\u00f3n, evitando la dispersi\u00f3n y la dicotom\u00ed\u00ada interior, pero se concreta pr\u00e1cticamente en la convivencia y colaboraci\u00f3n fraterna. La convivencia humana necesita la acogida fraterna y el perd\u00f3n sincero.<\/p>\n<p>\tEn los momentos de dificultades y tensiones eclesiales o comunitarias en general, el punto de referencia obligado es Dios como fuente de donde brota la unidad. La reconciliaci\u00f3n proviene de Dios, porque \u00e9l \u00abperdona todas las culpas\u00bb (Sal 103,3). Entonces el gozo del perd\u00f3n es capaz de sanar todas las heridas.<\/p>\n<p>\tReconciliaci\u00f3n interior y sacramental<\/p>\n<p>\tLa verdadera reconciliaci\u00f3n es \u00abinterior\u00bb, es decir, radica en los criterios, escala de valores, motivaciones y actitudes. Pero, precisamente por ello, debe expresarse concreta y exteriormente en la vida personal, comunitaria y social. A partir de un coraz\u00f3n unificado, se construye la verdadera paz. Todas las guerras y divisiones tienen su origen en un coraz\u00f3n dividido (cfr. GS 78). Para llegar a la reconciliaci\u00f3n es necesario el reconocimiento de la verdad (incluso del propio pecado) y la disponibilidad para un proceso de reparaci\u00f3n que no destruya la dignidad personal. \u00abLa unidad debe ser resultado de una verdadera conversi\u00f3n de todos, del perd\u00f3n&#8230; de la plena docilidad a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo que es tambi\u00e9n Esp\u00ed\u00adritu de reconciliaci\u00f3n\u00bb (RP 9).<\/p>\n<p>\tEl proceso interior de reconciliaci\u00f3n es un itinerario de penitencia, como virtud y actitud de conversi\u00f3n, de reparaci\u00f3n y de sacrificio. El sacramento de la reconciliaci\u00f3n o de la \u00abpenitencia\u00bb es un momento privilegiado para expresar la actitud de reconciliaci\u00f3n con Dios, con los hermanos y consigo mismo. La experiencia del perd\u00f3n de Dios es sanante y se convierte en fuente inagotable de perd\u00f3n respecto a los hermanos.<\/p>\n<p>\tEl anuncio de la reconciliaci\u00f3n en Cristo crucificado<\/p>\n<p>\tPara las situaciones de divisi\u00f3n, como las que ten\u00ed\u00adan lugar en Corinto, San Pablo ha dejado este principio orientador \u00abDejaos reconciliar con Dios\u00bb (2Cor 5,20). Cristo crucificado es nuestra reconciliaci\u00f3n y el garante de toda reconciliaci\u00f3n \u00abDios quiso reconciliar por \u00e9l y para \u00e9l todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos\u00bb (Col 1,20).<\/p>\n<p>\tEn el campo de la evangelizaci\u00f3n, la reconciliaci\u00f3n tiene lugar especialmente en el construcci\u00f3n de la unidad apost\u00f3lica dentro de la comunidad eclesial y entre comunidades cristianas; pero es tambi\u00e9n indispensable en el encuentro con las otras religiones, para iniciar con ellas un proceso de cercan\u00ed\u00ada, de di\u00e1logo, de inculturaci\u00f3n y de cooperaci\u00f3n. La Iglesia es signo e instrumento de reconciliaci\u00f3n entre todos los pueblos (RP 6). Su mensaje se resume en estas palabras \u00abOfrece el perd\u00f3n, recibe la paz\u00bb (Juan Pablo II, 1.1.97).<\/p>\n<p>Referencias Caridad, conversi\u00f3n, di\u00e1logo, ecumenismo, Iglesia comuni\u00f3n, misericordia, paz, penitencia, perd\u00f3n, unidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>Lectura de documentos CEC 822, 1422-1424, 2608, 2844; RP 6-10.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., El misterio del pecado y del perd\u00f3n (Santander, Sal Terrae, 1972); D. BOROBIO, Perd\u00f3n, en Conceptos fundamentales del cristianismo (Madrid, Trotta, 1993) 1019-1030; J. ESQUERDA BIFET, Caminos de renovaci\u00f3n (Barcelona, Balmes, 1983); G. FLOREZ, Penitencia y Unci\u00f3n de los enfermos ( BAC, Madrid, 1993). Ver penitencia (sacramento).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Acci\u00f3n mediante la cual los que est\u00e1n desunidos vuelven a la concordia. En el N. T. s\u00f3lo hay dos textos que hablan de reconciliaci\u00f3n humana entre dos desavenidos (Mt 5,24; 1 Cor 7,11). Todos los dem\u00e1s textos se refieren a una reconciliaci\u00f3n espiritual de los hombres -incluso de la naturaleza entera- entre s\u00ed\u00ad y con Dios. El que hace la reconciliaci\u00f3n es siempre Dios, sin que ni siquiera tenga parte decisiva la disposici\u00f3n de los reconciliados (2 Cor 5,18). Dios hace una reconciliaci\u00f3n universal, de todos los hombres, jud\u00ed\u00ados y gentiles, incluso de sus enemigos, y de todas las cosas, de la creaci\u00f3n entera (Rom 5,10.11; 11,15; 2 Cor 5,18-20; Ef 2,16; Col 1,20.22). Hace la reconciliaci\u00f3n en Jesucristo, por su muerte, por su sangre vertida en la cruz (Rom 5,10; 2 Cor 5,18-19) y en su cuerpo de carne (Col 1,22). Dios ha encomendado a los ap\u00f3stoles el misterio de la reconciliaci\u00f3n (2 Cor 5,19); por eso deben ser incansables predicadores de la reconciliaci\u00f3n (2 Cor 5,20). Despu\u00e9s de la muerte y de la resurrecci\u00f3n de Jesucristo todo ha cambiado, porque todo est\u00e1 reconciliado; el desorden hostil que reinaba en el mundo despu\u00e9s del pecado ha quedado destruido. Las cosas viejas han quedado tambi\u00e9n destruidas (2 Cor 5,14-17); todas las cosas han sido puestas en paz; una paz de Jesucristo, que debe reinar entre los hombres -en el hombre nuevo y recreado- y con Dios. Esta reconciliaci\u00f3n lo abarca todo: reconciliaci\u00f3n de jud\u00ed\u00ados y gentiles, de toda la comunidad humana. de la creaci\u00f3n entera.<\/p>\n<p>Pero esta pacificaci\u00f3n universal en la perfecta sumisi\u00f3n a Dios llegar\u00e1 a su plenitud cuando todos seamos transformados tras la resurrecci\u00f3n universal, cuando Dios ser\u00e1 todo en todas las cosas. -> arrepentimiento; conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>El cultivo de la vida espiritual nos hace estar atentos a los obst\u00e1culos pecaminosos que nosotros oponemos a la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo. De ah\u00ed\u00ad procede la actitud penitencial, que encuentra su sello y sustento en la celebraci\u00f3n del sacramento de la penitencia.  Se dice que este sacramento est\u00e1 en crisis, porque est\u00e1 en crisis la conciencia de los valores morales y, por consiguiente, la conciencia de los pecados que niegan los valores morales.  Puede que haya que considerar tambi\u00e9n una perspectiva complementaria: estamos atravesando una peligrosa crisis de la conciencia moral, porque est\u00e1 en crisis la celebraci\u00f3n del sacramento de la penitencia. En efecto, la percepci\u00f3n de nuestros pecados est\u00e1 relacionada con la percepci\u00f3n del bien que es violado por el pecado.  La percepci\u00f3n del bien, a su vez, s\u00f3lo se produce en esa actitud espiritual rica y compleja, con    la que nosotros, a partir de la experiencia de los bienes parciales, provisionales, secundarios, nos abrimos al reconocimiento y a la acogida del Bien \u00faltimo y definitivo, que es el misterio de Dios. El Bien, por tanto, m\u00e1s que descrito y precisado, puede ser buscado, invocado, celebrado, acogido. En particular, el cristiano busca, celebra, acoge la revelaci\u00f3n definitiva del Bien en Jes\u00fas, en su vida y en su pascua. Tambi\u00e9n el descubrimiento, el reconocimiento, la superaci\u00f3n de los pecados, aunque radiquen en actitudes que salen del interior del coraz\u00f3n, al final se producen en presencia de Jes\u00fas y se sellan en la celebraci\u00f3n del amor misericordioso del Padre.  Por eso la tradici\u00f3n considera la celebraci\u00f3n de este sacramento no solamente como un acontecimiento excepcional por culpas muy graves, que han producido una ruptura irreparable de la alianza, sino tambi\u00e9n como un gesto que se ha de repetir con frecuencia para tomar conciencia de nuestra cotidiana miseria ante Dios, para intuir la distancia entre nuestra vida y los ideales evang\u00e9licos, para experimentar la fuerza renovadora de la pascua, para disipar esa niebla interior que no nos permite descubrir y llevar a cabo las tareas que el evangelio nos encomienda.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: Premisa. I. Confesi\u00f3n: 1. En el AT; 2. En el NT. II. El pecado. III. Contrici\u00f3n: 1. Reconocer y confesar; 2. Arrepentimiento y \u00abretorno\u00bb: a) Alejarse; b) Coraz\u00f3n nuevo; c) La acci\u00f3n divina. IV. Los salmos penitenciales. V. La reconciliaci\u00f3n en el NT: 1. Juan Bautista; 2. Predicaci\u00f3n de Jes\u00fas. VI. La reconciliaci\u00f3n en la ense\u00f1anza de san Pablo: 1. La iniciativa divina; 2. Efectos de la reconciliaci\u00f3n; 3. El misterio de la reconciliaci\u00f3n; 4. La reconciliaci\u00f3n universal; 5. Reconciliaci\u00f3n entre jud\u00ed\u00ados y gentiles.<\/p>\n<p>PREMISA. En la palabra reconciliaci\u00f3n subyacen t\u00e9rminos hebreos y griegos con notables matices, que no afloran normalmente en nuestro lenguaje. Los t\u00e9rminos m\u00e1s ordinarios interesados en nuestra palabra son el griego met\u00e1noia y el hebreo tes\u00fchbah, adem\u00e1s del verbo s\u00fab. Las diversas ediciones espa\u00f1olas de la Biblia atestiguan la variedad de las acepciones de estos t\u00e9rminos: arrepentirse, hacer penitencia, convertirse, cambiar de idea, cambiar de sentimientos. Cada una de esas versiones expresa en parte el sentido que encontramos en el AT, y luego en el NT, y nos pone en la necesidad de especificar lo que la Biblia quiere decirnos: necesidad radical, ya que para Jes\u00fas la palabra met\u00e1noia define el mismo ser cristiano (Mar 1:15). El t\u00e9rmino, una vez bien entendido, nos introducir\u00e1 mejor en el significado de lo que habitualmente llamamos arrepentimiento y penitencia, si los confrontamos con el valor original del mensaje de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En el griego com\u00fan, el sustantivo met\u00e1noia y el verbo metano\u00e9\u00ed\u00adn designan siempre el cambio de juicio o el pesar y la desaprobaci\u00f3n de una acci\u00f3n que antecedentemente se hab\u00ed\u00ada aprobado; pero en la Biblia se trata siempre del cambio de todo el hombre. Este cambio de significado tuvo lugar cuando la Biblia fue traducida del hebreo al griego. Sin entrar ulteriormente en particulares hist\u00f3rico-ling\u00fc\u00ed\u00adsticos, estas indicaciones intentan exclusivamente justificar el esquema aqu\u00ed\u00ad seguido.<\/p>\n<p>I. CONFESI\u00ed\u201cN. Para reconciliar es preciso haberse adherido a algo o a alguien; para volver es preciso haber tenido un punto de partida.<\/p>\n<p>1. EN EL AT. La tradici\u00f3n hist\u00f3rica del AT se caracteriza por una profesi\u00f3n de fe que se desarroll\u00f3 a partir de unas pocas f\u00f3rmulas conocidas como credo hist\u00f3rico o profesi\u00f3n de fe. En ellas se reconocen las intervenciones de Yhwh en la historia del antiguo Israel. El acto fundamental que m\u00e1s frecuentemente se trae a la memoria es la liberaci\u00f3n de Egipto. A esta primera profesi\u00f3n de fe (Exo 20:2; Lev 19:36; N\u00fam 23:22; N\u00fam 24:8; Deu 5:6; Deu 8:14) se juntan otras que reconocen la promesa divina a los patriarcas, la gu\u00ed\u00ada a trav\u00e9s del desierto, la revelaci\u00f3n en el Sina\u00ed\u00ad. En formas literarias diversas, la continua confesi\u00f3n de la asistencia divina a lo largo de todos los momentos de su historia es un elemento t\u00ed\u00adpico de la fe de Israel, que tiene su formulaci\u00f3n cl\u00e1sica en Deu 26:5-9 : \u00abMi padre era un arameo errante, que baj\u00f3 a Egipto. All\u00ed\u00ad se qued\u00f3 con unas pocas personas m\u00e1s; pero pronto se convirti\u00f3 en una naci\u00f3n grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una cruel esclavitud. Pero nosotros clamamos al Se\u00f1or, Dios de nuestros padres, que escuch\u00f3 nuestra plegaria, volvi\u00f3 su rostro hacia nuestra miseria, nuestros trabajos y nuestra opresi\u00f3n, nos sac\u00f3 de Egipto con mano poderosa y brazo fuerte en medio de gran terror, prodigios y portentos, nos trajo hasta aqu\u00ed\u00ad y nos dio esta tierra que mana leche y miel\u00bb.<\/p>\n<p>Manifestaciones h\u00ed\u00admnicas de esta fe surgen en la exposici\u00f3n detallada de la historia, por ejemplo, en Jue 5:6; Jos 24:2ss; Sal 105; 135; 136. Son profesiones de fe que dicen estrecha relaci\u00f3n hist\u00f3rica con hechos pasados que dan una orientaci\u00f3n a la historia presente e infunden confianza para la historia futura.<\/p>\n<p>2. EN EL NT. Tampoco en el NT se deja la profesi\u00f3n de fe a la libre elecci\u00f3n del hombre, porque es necesaria para la salvaci\u00f3n: \u00abCon la fe del coraz\u00f3n se cree para la justicia, y con la boca se confiesa la fe para la salvaci\u00f3n\u00bb (Rom 10:10). Como la fe, tambi\u00e9n la confesi\u00f3n est\u00e1 continuamente presente en la comunidad (lTim 6,12-14); y se distingue, porque no se trata de la adhesi\u00f3n a una verdad cualquiera, sino a la persona hist\u00f3rica de Jes\u00fas. Como ya en el AT, tambi\u00e9n en el NT el mensaje de la fe se articula en unas pocas frases esenciales, pero puramente cristol\u00f3gicas, que miran a la afirmaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n y exaltaci\u00f3n de Jesucristo (lCor 15,1-11; Heb 10:36-43; etc.).<\/p>\n<p>El dato central de la primera fe cristiana se ampl\u00ed\u00ada luego por la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, y es tambi\u00e9n formulado del modo m\u00e1s conciso en la confesi\u00f3n \u00abJes\u00fas es Se\u00f1or\u00bb: \u00abSi confiesas con tu boca que Jes\u00fas es el Se\u00f1or y crees en tu coraz\u00f3n que Dios lo resucit\u00f3 de entre los muertos, te, salvar\u00e1s\u00bb (Rom 10:9; Flp 2:11). El que confiesa es por el hecho mismo introducido como miembro en la comunidad de los creyentes, en la Iglesia. \u00abColumna y fundamento de la verdad, la Iglesia debe confesar su fe, que es su naturaleza y la raz\u00f3n de su ser. El martirio es la forma m\u00e1s perfecta del p\u00fablico testimonio que la Iglesia debe dar ante el mundo; por eso el martirio fue pronto considerado, al principio del cristianismo, la forma m\u00e1s perfecta de p\u00fablico testimonio de los cristianos, y por tanto de la Iglesia. Pero al lado del testimonio del martirio en per\u00ed\u00adodos de excepci\u00f3n existi\u00f3 siempre para todos la confesi\u00f3n de cada d\u00ed\u00ada, que corresponde a la vida vivida en armon\u00ed\u00ada con la fe de la Iglesia. En todo cristiano est\u00e1 vivo el dicho: `Yo creo lo que cree la Iglesia\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>II. EL PECADO. Desviaci\u00f3n de la confesi\u00f3n del fiel, desviaci\u00f3n de su nuevo ser en la comunidad de Israel iniciado con la alianza y la circuncisi\u00f3n o desviaci\u00f3n del cristiano de su nuevo ser en la t Iglesia iniciado en el \/ bautismo es el \/ pecado. Ya sea que se tome en consideraci\u00f3n el pecado original, ya que se prescinda de \u00e9l, el pecado -en ambos casos (del israelita y del cristiano)- marca una ruptura, una desviaci\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad la necesidad de la conversi\u00f3n, no de la fe o de la alianza, sino del pecado: la admisi\u00f3n ante la comunidad de una ruptura de los v\u00ed\u00adnculos con ella, y por medio de ella, con Dios. La necesidad de reconciliarse con la comunidad y con Dios es evidente: es el restablecimiento de las nuevas y ya naturales relaciones. Y aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la esencia de la reconciliaci\u00f3n en sus m\u00faltiples contenidos, como se ver\u00e1 a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. CONTRICI\u00ed\u201cN. Reconocer las culpas propias, confesarlas abiertamente, arrepentirse, restablecer nuevamente las relaciones normales con Dios es lo que los profetas del AT suelen encerrar en un \u00fanico verbo, s\u00fab, de complejo significado, como se ver\u00e1. El mismo significado se contiene en metanoein en el NT, con s\u00f3lo dos excepciones: Luc 17:3-4 y 2Co 7:9-10, donde el verbo griego tiene nuestro significado de \u00abarrepentirse\u00bb. Sin embargo, para llegar a una visi\u00f3n m\u00e1s clara de las sucesivas fases de la contrici\u00f3n, es preciso proceder por grados.<\/p>\n<p>1. RECONOCER Y CONFESAR. La autoacusaci\u00f3n es el supuesto necesario para la reconciliaci\u00f3n, y designa sobre todo aceptaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n de penitencia. Un texto ejemplar de este g\u00e9nero lo tenemos en la confesi\u00f3n p\u00fablica y solemne de Nehem\u00ed\u00adas. El largo cap\u00ed\u00adtulo comienza con la confesi\u00f3n de Dios, creador del universo, que llam\u00f3 a Abrah\u00e1n de Urde los caldeos, libr\u00f3 a Israel de Egipto, se manifest\u00f3 y dio su ley en el Sina\u00ed\u00ad, gui\u00f3 al pueblo a trav\u00e9s del desierto y lo introdujo en la tierra de promisi\u00f3n. El orante llega luego a la confesi\u00f3n de los pecados: \u00abPero nuestros padres se obstinaron, endurecieron su cabeza, no obedecieron tus \u00f3rdenes. No quisieron obedecer, olvid\u00e1ndose de las maravillas que t\u00fa hab\u00ed\u00adas realizado para ellos\u00bb. La continuaci\u00f3n de la oraci\u00f3n intercala los beneficios divinos y las culpas del pueblo: \u00abSe rebelaron contra ti y echaron tu ley a sus espaldas&#8230;\u00bb Es todo un alternarse de faltas, de castigos, de oraciones escuchadas, de nuevas faltas, de nuevos castigos, etc.: \u00abLos soportaste muchos a\u00f1os, los amonestaste pero no hicieron caso&#8230;\u00bb El recuerdo de la alianza por una parte, y de la presente desventura por otra, anuncia el fin de la oraci\u00f3n en el m\u00e1s cl\u00e1sico de los modos, es decir, con la renovaci\u00f3n de la misma alianza: \u00abAceptamos hoy un compromiso firme&#8230; Y todos juntos juraron y prometieron caminar en la ley que Dios hab\u00ed\u00ada dado por medio de Mois\u00e9s \u00aby observar fielmente todos los mandamientos de nuestro Se\u00f1or\u00bb (Neh 9:6-10.31).<\/p>\n<p>2. ARREPENTIMIENTO Y \u00abRETORNO\u00bb. Veamos el proceso de la reconciliaci\u00f3n de modo m\u00e1s detallado, desde el punto de vista psicol\u00f3gico y religioso, dej\u00e1ndonos llevar sobre todo por las observaciones de los dos profetas Jerem\u00ed\u00adas y Ezequiel, que m\u00e1s profundizaron este proceso y resumieron preferentemente los actos con el verbo s\u00fbb, \u00abretornar\u00bb, \u00abconvertirse\u00bb.<\/p>\n<p>a) Alejarse. El alejamiento del mal, del camino hasta entonces seguido, es el primer acto que prepara para la reconciliaci\u00f3n. Dice \/ Jerem\u00ed\u00adas: a veces Dios decide arrancar, destruir, aniquilar; pero si el malvado se convierte de su maldad, Dios se arrepiente del mal que hab\u00ed\u00ada pensado hacer (Jer 18:8). Ante las dudas y las vacilaciones del profeta, Dios lo anima: \u00abTal vez te escuchen y se conviertan cada uno de su mal camino; entonces yo retirar\u00e9 el castigo que pensaba darles por sus malas acciones&#8230;\u00bb (Jer 26:3; cf 36,3).<\/p>\n<p>M\u00e1s anal\u00ed\u00adtico en medir la conducta que debe asumir el pecador para llegar a la reconciliaci\u00f3n, pero igualmente aseverativo de la primera actitud, es el profeta \/ Ezequiel: \u00abSi el delincuente se convierte de todos los delitos que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica la justicia y el derecho, no morir\u00e1&#8230;; debido a la justicia que ha practicado, vivir\u00e1. \u00bfEs que yo me complazco en la muerte del delincuente&#8230; y no m\u00e1s bien en que se convierta y viva?\u00bb (18,21-23). Un pensamiento sobre el cual le gusta volver es el de la alegr\u00ed\u00ada divina por la reconciliaci\u00f3n y su tristeza por la muerte del pecador: \u00abNo me complazco en la muerte del malvado, sino en que se convierta de su conducta y viva. Convert\u00ed\u00ados de vuestros perversos caminos; \u00bfpor qu\u00e9 quer\u00e9is morir?\u00bb (Eze 33:10-11). M\u00e1s a\u00fan; el profeta se siente como un centinela ante el pueblo para amonestarlo, a fin de que se aparte \u00abde su mal camino\u00bb y viva (Eze 3:16-19): \u00abSi t\u00fa adviertes al justo para que no peque y \u00e9l no peca, vivir\u00e1\u00bb (Eze 3:21). Este cambio interior exigido por Jerem\u00ed\u00adas y por Ezequiel no es un aspecto exclusivo de ellos. V\u00e9ase, por ejemplo, tambi\u00e9n Am\u00f3 5:14-15 e Isa 1:11-19. Ciertamente es singular su insistencia y el an\u00e1lisis interior que manifiestan. En parte se debe al per\u00ed\u00adodo dram\u00e1tico en el que ambos vivieron, al menos por alg\u00fan tiempo; son los a\u00f1os en que el reino de Jud\u00e1 ha perdido la libertad (Jerem\u00ed\u00adas) y de comienzos del destierro babil\u00f3nico (Ezequiel). En conclusi\u00f3n, escribe Ezequiel: \u00abSi yo digo al injusto: \u00c2\u00a1Morir\u00e1s!, y \u00e9l se convierte de sus pecados y practica la justicia y el derecho&#8230;, vivir\u00e1 y no morir\u00e1\u00bb (Eze 33:14-16).<\/p>\n<p>De una manera m\u00e1s bien oscura, a su modo, y sin embargo bien inteligible, subraya un texto gn\u00f3stico, al tratar de la ca\u00ed\u00adda y de la reconciliaci\u00f3n, el aspecto misterioso de todo esto: \u00abEs un misterio de ca\u00ed\u00adda, es un misterio que deja de alzarse, gracias al descubrimiento del que ha venido por el que quiere hacer volver. Este retorno se llama conversi\u00f3n\u00bb (Evangelio de la verdad 35,18-19).<\/p>\n<p>b) Coraz\u00f3n nuevo. Este aspecto misterioso de la reconciliaci\u00f3n no escap\u00f3 a los profetas. El cambio y la confesi\u00f3n, el reconocimiento de las culpas propias, el alejamiento del mal y la vuelta al Dios abandonado, la reconciliaci\u00f3n no son cosas de poca monta; se trata de un cambio profundo e innovador. Pero es un retorno f\u00e1cil de comprender superficialmente y dif\u00ed\u00adcil de realizar. \u00abConvert\u00ed\u00ados\u00bb, exclamaba Ezequiel apostrofando a los exiliados, \u00abde todos vuestros pecados&#8230;, formaos un coraz\u00f3n nuevo y un esp\u00ed\u00adritu nuevo&#8230; Convert\u00ed\u00ados y vivir\u00e9is\u00bb (Eze 18:30-32). Una mayor reflexi\u00f3n sobre el esp\u00ed\u00adritu humano y sobre la realidad que le rodeaba, junto con la consideraci\u00f3n de la grandeza de Dios, lo llevaron f\u00e1cilmente a comprender c\u00f3mo aquella conversi\u00f3n-retorno era imposible sin una acci\u00f3n divina profunda en el esp\u00ed\u00adritu humano. La reconciliaci\u00f3n es indispensable para el hombre, pero es imposible sin la ayuda divina. Jerem\u00ed\u00adas lo hab\u00ed\u00ada reconocido en una de sus penetrantes reflexiones: \u00ab\u00bfPuede un negro cambiar su piel o un leopardo sus manchas? \u00bfY vosotros, habituados al mal, podr\u00e9is hacer el bien?\u00bb (Jer 13:23). Se comprende por qu\u00e9 los profetas expresan la reconciliaci\u00f3n lapidariamente con las palabras: \u00abHaz que vuelva y volver\u00e9, pues t\u00fa eres el Se\u00f1or, mi Dios\u00bb (Jer 31:18).<\/p>\n<p>c) La acci\u00f3n divina. Para los profetas, pues, la reconciliaci\u00f3n era no una acci\u00f3n, sino una cadena de acciones, un comportamiento, una vida; ten\u00ed\u00ada exigencias profundas y que involucraban todo el ser. Incluso se dieron cuenta de que aquel retorno era imposible si Dios no hab\u00ed\u00ada realmente preparado la reconciliaci\u00f3n del hombre: \u00abLes dar\u00e9 un coraz\u00f3n capaz de conocerme&#8230;\u00bb (Jer 24:6); \u00ables dar\u00e9 un solo coraz\u00f3n e infundir\u00e9 en ellos un esp\u00ed\u00adritu nuevo&#8230; para que caminen conforme a mis leyes&#8230; Ellos ser\u00e1n mi pueblo y yo ser\u00e9 su Dios\u00bb (Eze 11:19-20); y tambi\u00e9n: \u00abInfundir\u00e9 en vosotros mi esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Eze 36:26-27). S\u00f3lo luego, en el NT, encontraremos intuiciones tan profundas sobre la reconciliaci\u00f3n. Se trata, en efecto, de una obra que el hombre inicia, pero no sin una acci\u00f3n divina, y que s\u00f3lo Dios lleva a cumplimiento; una obra en la cual Dios act\u00faa con el hombre desde el principio al fin: \u00abPondr\u00e9 mi ley en su interior, la escribir\u00e9 en su coraz\u00f3n, y yo ser\u00e9 su Dios y ellos ser\u00e1n mi pueblo\u00bb (Jer 31:33).<\/p>\n<p>Si en la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica todo est\u00e1 de acuerdo en afirmar que no se puede realizar la reconciliaci\u00f3n, y por tanto obtener la salvaci\u00f3n, sin una especial intervenci\u00f3n divina, en el per\u00ed\u00adodo del rabinismo, o sea en el posexilio tard\u00ed\u00ado, se abrir\u00e1 camino una convicci\u00f3n en la cual la confianza total en Dios -caracter\u00ed\u00adstica de los profetas- para una verdadera reconciliaci\u00f3n se habr\u00e1 desvanecido en gran medida; la reconciliaci\u00f3n es considerada todav\u00ed\u00ada una acci\u00f3n de Dios en el hombre, pero se afianza la convicci\u00f3n de que, el primado es del hombre: el primero en obrar es el hombre; luego, Dios.<\/p>\n<p>IV. LOS SALMOS PENITENCIALES. La expresi\u00f3n literaria m\u00e1s po\u00e9tica del ansia de reconciliaci\u00f3n en el AT, la encontramos en los \/ Salmos. Religiosamente, la l\u00ed\u00adnea espiritual sigue siendo la de los profetas, con los cuales concuerdan en ver el camino de la reconciliaci\u00f3n no en pr\u00e1cticas externas, tales como sacrificios, ayunos y formas m\u00faltiples de penitencia. En ellos no encontramos una pol\u00e9mica est\u00e9ril contra tales pr\u00e1cticas ni tampoco una espiritualizaci\u00f3n unilateral de ellas, sino que constantemente se subraya que lo importante no es colocarse superficialmente en el gran n\u00famero de los penitentes, sino sentirse personalmente tocados por el Dios que se dirige al particular antes que a la comunidad. De los Salmos se desprende claramente que no es tanto el pecado particular lo que se ha de expiar en el sufrimiento cuanto la necesidad de que la persona del pecador sienta la urgencia de una nueva relaci\u00f3n con Dios. En los salmos penitenciales, despu\u00e9s de una invocaci\u00f3n a Dios, el fiel presenta su estado interior, los motivos de su tormento, entre los cuales el mayor es sentir lejano a su Dios; por eso la parte m\u00e1s extensa suele reservarse a la descripci\u00f3n de los propios males, a la confesi\u00f3n de las culpas propias y a la petici\u00f3n de perd\u00f3n. En las invocaciones a Dios, del cual se siente lejano de un modo innatural, el salmista no recuerda solamente sus desventuras, sino que intenta enternecer a Dios record\u00e1ndole la bondad tantas veces demostrada, la fragilidad del hombre, la brevedad de la vida; termina su oraci\u00f3n expresando la certeza de ser escuchado, la promesa del agradecimiento, que a menudo incluso se anticipa tambi\u00e9n con la respuesta divina que asegura al orante. Estos salmos son el n\u00facleo m\u00e1s humano y cautivador de todo el Salterio, pues en ellos se expresa con claridad y sinceridad el esfuerzo del hombre solo, la lenta ascensi\u00f3n a Dios a trav\u00e9s del sufrimiento, el sentido profundo de extrav\u00ed\u00ado por el alejamiento de Dios y el deseo ardiente y sincero de reconciliaci\u00f3n. Se trata de salmos que muy pronto individu\u00f3 la oraci\u00f3n cristiana (son m\u00e1s de una treintena), demostrando hacia ellos sus preferencias, y de los cuales eligi\u00f3 siete, los m\u00e1s sentidos y universales de todos, que al menos desde el siglo tv constituyen un peque\u00f1o librito entra\u00f1able para todos los cristianos y predilecto tambi\u00e9n de la liturgia: son los siete salmos penitenciales, a saber: los salmos 6; 32; 38; 51; 102; 130; 143. Entre ellos los m\u00e1s c\u00e9lebres son el Miserere (Sal 51) y el De profundis (Sal 130).<\/p>\n<p>V. LA RECONCILIACI\u00ed\u201cN EN EL NT. Tambi\u00e9n en el NT la reconciliaci\u00f3n constituye un problema central para el hombre en su indispensable relaci\u00f3n con Dios; su necesidad y su naturaleza se ilustran de un modo nuevo, pero adem\u00e1s ampliadas a todo el universo.<\/p>\n<p>1. JUAN BAUTISTA. El precursor reanuda la voz de los antiguos profetas con acentos todav\u00ed\u00ada m\u00e1s fuertes, porque siente que la acci\u00f3n definitiva de Dios supera inmediatamente al hombre: \u00abPor aquellos d\u00ed\u00adas apareci\u00f3 Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea y diciendo: &#8216;Convert\u00ed\u00ados [metanoe\u00eete]&#8217; \u00ab(Mat 3:2). La invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n va dirigida no s\u00f3lo a los pecadores y a los paganos, sino tambi\u00e9n a las personas piadosas que piensan que no tienen necesidad de ello: \u00abDad frutos dignos de conversi\u00f3n, y no os ilusion\u00e9is con decir en vuestro interior: Tenemos por padre a Abrah\u00e1n\u00bb (Mat 3:8). Enseguida se ve que se trata de una reconciliaci\u00f3n que debe durar toda la vida. Adem\u00e1s, Juan une la predicaci\u00f3n con el bautismo, y la presenta como una oferta escatol\u00f3gica de Dios ( Mat 3:7-12).<br \/>\n2. PREDICACI\u00ed\u201cN DE JES\u00daS. Tambi\u00e9n la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas comienza con la misma invitaci\u00f3n, a la cual se a\u00f1ade, sin embargo, algo que en parte desconcierta y en parte precisa: \u00abDespu\u00e9s de ser Juan encarcelado, Jes\u00fas fue a Galilea a predicar el evangelio de Dios; y dec\u00ed\u00ada: `Se ha cumplido el tiempo y el t reino de Dios est\u00e1 cerca. Convert\u00ed\u00ados [metanoeite] y creed en el evangelio\u00bb&#8216; (Mar 1:15). Los hombres deben escuchar la buena nueva (el evangelio), que establece un di\u00e1logo nuevo con Dios; es un di\u00e1logo en el cual la intervenci\u00f3n de Dios es de primaria importancia; s\u00f3lo despu\u00e9s viene la conversi\u00f3n, la reconciliaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>Para comprender el contenido de la conversi\u00f3n y reconciliaci\u00f3n en el anuncio de Jes\u00fas no es posible limitarse a unas cuantas citas, sino que hay que considerar tambi\u00e9n las diversas par\u00e1bolas. La reconciliaci\u00f3n supone siempre lo que est\u00e1 oculto en la palabra y en la acci\u00f3n de Jes\u00fas, a saber: por una parte la presencia de Dios, y por otra el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb del hombre ca\u00ed\u00addo, que puede aceptar o rehusar. La par\u00e1bola del sembrador enumera una larga serie de \u00abnoes\u00bb (Mar 4:1-9). En la reconciliaci\u00f3n se ve verificada la ley de la historia de la salvaci\u00f3n, seg\u00fan la cual Dios ensalza a los humildes y rebaja a los soberbios (Luc 1:52-53, 1Co 1:26-28). Tambi\u00e9n la par\u00e1bola de los invitados a la boda repite la distinci\u00f3n entre los llamados (Mat 22:1ss; Luc 14:16ss).<\/p>\n<p>Las figuras de los dos grupos hacen resaltar la necesidad de la respuesta, pero tambi\u00e9n la naturaleza de los llamados que responden a la invitaci\u00f3n a la reconciliaci\u00f3n: unos est\u00e1n al margen de la sociedad religiosa y social. Seg\u00fan el juicio usual y tradicional, saben que no tienen nada que esperar de los hombres, y de Dios no se atreven a esperar nada; son realmente siervos in\u00fatiles (Luc 17:10). Se encuentran en condiciones de conocer su poquedad y tienen aquella apertura de mente que corresponde al obrar de Dios. Los dos estados de \u00e1nimo emblem\u00e1ticos son descritos esculturalmente en la par\u00e1bola del fariseo y del publicano (Luc 18:9-14), en la prontitud de los ap\u00f3stoles en secundar la llamada de Jes\u00fas y en la negativa del joven rico, que \u00abse fue muy triste porque ten\u00ed\u00ada muchos bienes\u00bb (Mar 10:17-22). En la reconciliaci\u00f3n, Dios se dirige a cada uno de modo diverso, pero todos se encuentran situados ante el mismo problema.<\/p>\n<p>La esencia de la reconciliaci\u00f3n la expresa Jes\u00fas, de manera simple y ejemplar, en las dos par\u00e1bolas del tesoro y de la perla: el pobre jornalero encuentra el tesoro de modo absolutamente inesperado, mientras que el rico comerciante lo encuentra buscando. La fortuna descubierta es para ambos un don por su actividad cotidiana; para ambos el encuentro es fuente de alegr\u00ed\u00ada, y en su alegr\u00ed\u00ada lo venden todo para adquirir el campo con el tesoro o la perla. Dicho sin im\u00e1genes: la invitaci\u00f3n a la reconciliaci\u00f3n se hace al que es activo; exige una condici\u00f3n de esp\u00ed\u00adritu capaz de comprender y al mismo tiempo de renunciar al resto. La expresi\u00f3n reiterada \u00abvendedlo todo&#8230;\u00bb es muy densa, y se la debe entender partiendo de la expresi\u00f3n: \u00abEl que intente salvar su vida la perder\u00e1, y el que la pierda la encontrar\u00e1\u00bb (Luc 17:33; cf Mar 8:35; Mat 10:39; Mat 16:25; Luc 9:24; Jua 12:25). Para la reconciliaci\u00f3n el hombre debe desembarazarse de toda clase de seguridades y posesiones, para entrar sin reservas en la aventura de lo que ha encontrado y construir su historia con la \u00abhistoria\u00bb del Dios con nosotros.<\/p>\n<p>La exigencia de la reconciliaci\u00f3n corresponde tambi\u00e9n al mensaje de la conversi\u00f3n sentido por los profetas, y adem\u00e1s con la presencia determinante de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>VI. LA RECONCILIACI\u00ed\u201cN EN LA ENSE\u00ed\u2018ANZA DE SAN PABLO. La reconciliaci\u00f3n perfecta y definitiva la realiz\u00f3 Jes\u00fas: \u00abHay un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jes\u00fas, tambi\u00e9n \u00e9l hombre\u00bb (lTim 2,5). La reconciliaci\u00f3n no es m\u00e1s que un aspecto de la \/ redenci\u00f3n, pero hay motivos justificados para considerarla desde este \u00e1ngulo.<\/p>\n<p>1. LA INICIATIVA DIVINA. El hombre es incapaz de reconciliarse con su creador, del cual se ha alejado, por un conjunto de elementos que forman parte de la historia de la salvaci\u00f3n. La acci\u00f3n divina est\u00e1 en el principio de la reconciliaci\u00f3n y tiene un efecto decisivo: \u00abTodo viene de Dios, que nos reconcili\u00f3 con \u00e9l por medio de Cristo\u00bb (2Co 5:18); cuando \u00e9ramos enemigos nos amaba, y Cristo ha muerto por nosotros (Rom 5:8-10); el misterio de la reconciliaci\u00f3n se une al de la cruz (Efe 2:4).<\/p>\n<p>2. EFECTOS DE LA RECONCILIACI\u00ed\u201cN. No s\u00f3lo Dios no tiene en cuenta el pecado, sino que la acci\u00f3n reconciliadora de Dios \u00abcrea una nueva criatura\u00bb (2Co 5:17), porque la reconciliaci\u00f3n implica una renovaci\u00f3n completa y coincide con la justificaci\u00f3n (Rom 5:9-10) y la santificaci\u00f3n (Col 1:21-22). De enemigos que \u00e9ramos por nuestra conducta (Rom 1:30; Rom 8:7), ahora podemos \u00abgloriarnos en Dios\u00bb (Rom 5:11), que nos hace comparecer en su presencia sin mancha e irreprensibles (Col 1:22). Cristo es as\u00ed\u00ad nuestra t paz, por habernos reconciliado con Dios en un \u00fanico cuerpo \u00abpor medio de la cruz, destruyendo en s\u00ed\u00ad mismo la enemistad&#8230;; por \u00e9l tenemos acceso al Padre en un mismo esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Efe 2:14-18).<br \/>\n3. EL MISTERIO DE LA RECONCILIACI\u00ed\u201cN. Como el misterio de la salvaci\u00f3n, tambi\u00e9n el de la reconciliaci\u00f3n ha tenido ya cumplimiento por parte de Dios; pero por parte del hombre prosigue hasta la parus\u00ed\u00ada. Por eso san Pablo puede en cierto modo definir la actividad apost\u00f3lica como un ministerio de reconciliaci\u00f3n: \u00abPues Dios, por medio de Cristo, estaba reconciliando el mundo, no teniendo en cuenta sus pecados y haci\u00e9ndonos a nosotros depositarios de la palabra de la reconciliaci\u00f3n\u00bb (2Co 5:19). De ah\u00ed\u00ad la apremiante exhortaci\u00f3n del ap\u00f3stol: \u00abEn nombre de Cristo os rogamos: reconciliaos con Dios\u00bb (2Co 5:20). En su ministerio los ap\u00f3stoles se aplicar\u00e1n a ser los art\u00ed\u00adfices de la paz que anuncian (2Co 6:4-13).<\/p>\n<p>La reconciliaci\u00f3n es un misterio, como ya lo hab\u00ed\u00adan entrevisto los profetas. El hecho de que Dios sea el autor primero y principal de la reconciliaci\u00f3n no induce a creer que el hombre tenga una parte meramente pasiva; debe acoger el don divino de la reconciliaci\u00f3n. La acci\u00f3n divina s\u00f3lo se realiza en quienes la acogen con fe operante.<\/p>\n<p>Al un\u00ed\u00adsono con el pensamiento de san Pablo, afirma un antiguo texto cristiano: \u00abEl fin consiste en conocer a aquel que est\u00e1 oculto. Y \u00e9ste es el Padre, del cual proviene el principio y al cual volver\u00e1n todos los que de \u00e9l provienen\u00bb (Evangelio de la verdad 38, lss; cf 1Co 15:24-28).<\/p>\n<p>4. LA RECONCILIACI\u00ed\u201cN UNIVERSAL. Probablemente cuando Pablo escrib\u00ed\u00ada que la \u00abp\u00e9rdida\u00bb de los jud\u00ed\u00ados \u00abha servido para la reconciliaci\u00f3n del mundo\u00bb (Rom 11:15), y que \u00abDios, por medio de Cristo, estaba reconciliando el mundo\u00bb (2Co 5:19), ten\u00ed\u00ada presentes sobre todo a los hombres. Pero en las cartas de la cautividad (\/ Col, \/ Ef) el horizonte del ap\u00f3stol se ha ampliado; en estas cartas la reconciliaci\u00f3n, como todo lo hace creer, designa la salvaci\u00f3n colectiva del universo. Despu\u00e9s de la plena reconciliaci\u00f3n con Dios, los seres se reconcilian entre s\u00ed\u00ad: \u00abEn \u00e9l quiso el Padre que habitase toda la plenitud. Quiso tambi\u00e9n por medio de \u00e9l reconciliar consigo todas las cosas, tanto las de la tierra como las del cielo, pacific\u00e1ndolas por la sangre de su cruz\u00bb (Col 1:19-20). Tambi\u00e9n el mundo material es solidario del hombre en la reconciliaci\u00f3n, como lo fue en su ca\u00ed\u00adda. Enlazamos con el pensamiento expresado en la carta a los \/ Romanos: \u00abLa creaci\u00f3n fue sometida al fracaso no por su propia voluntad&#8230;; la misma creaci\u00f3n ser\u00e1 librada de la esclavitud de la destrucci\u00f3n para ser admitida a la libertad gloriosa de los hijos de Dios\u00bb (Rom 8:20-21). Del mismo modo es sometido a Cristo aquel turbio y oscuro mundo de las potencias intermedias enemigas del hombre: \u00abDestituy\u00f3 a los principados y a las potestades&#8230;\u00bb (Col 2:15), contra las cuales lucha el cristiano con \u00abla armadura de Dios\u00bb (Efe 6:12-13).<\/p>\n<p>5. RECONCILIACI\u00ed\u201cN ENTRE JUD\u00ed\u008dOS Y GENTILES. San Pablo corona su ense\u00f1anza sobre la reconciliaci\u00f3n ilustrando la acci\u00f3n de Cristo \u00abnuestra paz\u00bb: los gentiles son integrados en el pueblo elegido por el mismo t\u00ed\u00adtulo que los jud\u00ed\u00ados; la \u00e9poca de la separaci\u00f3n y del odio ha terminado. Todos los hombres forman ya, dice Pablo, un solo gran templo y un solo cuerpo en Cristo, el cual cre\u00f3 en s\u00ed\u00ad mismo de los dos un solo \u00abhombre nuevo\u00bb y estableci\u00f3 la paz. \u00abCon su venida anunci\u00f3 la paz a los que estabais lejos y a los que estaban cerca\u00bb (Efe 2:14-18) [\/ Pueblo\/ Pueblos].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Grandi temi biblici, Edizioni Paoline 19694; AA.VV., La conversi\u00f3n (met\u00e1noia), inicio y forma de la vida cristiana, en Mysterium salutisV, Cristiandad, Madrid 1984, 109-123; AA. V V., Reconciliaci\u00f3n, en DTNT IV, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1980, 36-48; AA.VV., Con-versi\u00f3n, penitencia, arrepentimiento, en DTNT 1, S\u00ed\u00adgueme, 1980, 331-338; BEHM J.-WURTWEIN E., metano\u00e9o, met\u00e1noia, en GLNT VII, 1106-1195; BOCHSEL J., katal\u00e1sso, katallagh\u00e9, en GLNT I, 680-693; CULMANN O., Christologie du Nouveau Testament, Neuch\u00e1tel 1958; ID, Las primeras confesiones de la fe cristiana, en La fe v el culto en la Iglesia primitiva, Stvdium, Madrid 1971, 63-121; DELORME J. (dir.), El ministerio y los ministerios seg\u00fan el NT, Cristiandad, Madrid 1975; POHLMANN H., Die Metanoia als Zentralbegriff der christlichen Fr\u00f3mmigkeit, Leipzig 1938. SJOBERT, Gott und S\u00fcnder in paldstinischen Judentum, Stuttgart 1938; WOLFF, Das Thema Umkehr in der alttestamentilichen Prophetie, en \u00abZTK\u00bb 48 (1952) 129-148.<\/p>\n<p>L. Moraldi<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>Acci\u00f3n de volver a la concordia, de atraer y acordar los \u00e1nimos desunidos. Las palabras griegas relacionadas con el t\u00e9rmino reconciliaci\u00f3n se derivan del verbo al\u00c2\u00b7l\u00e1s\u00c2\u00b7so, que significa b\u00e1sicamente \u2020\u0153cambiar; alterar\u2020\u009d. (Hch 6:14; G\u00e1l 4:20, Int.)<br \/>\nPor lo tanto, aunque la forma compuesta ka\u00c2\u00b7tal\u00c2\u00b7l\u00e1s\u00c2\u00b7so significa esencialmente \u2020\u0153cambiar\u2020\u009d o \u2020\u0153canjear\u2020\u009d, adquiri\u00f3 el significado de \u2020\u0153reconciliar\u2020\u009d. (Ro 5:10.) Pablo emple\u00f3 este verbo al hablar de la mujer separada que deb\u00ed\u00ada \u2020\u02dcreconciliarse\u2020\u2122 con su esposo. (1Co 7:11.) En las instrucciones de Jes\u00fas registradas en Mateo 5:24 en cuanto a que se deber\u00ed\u00adan \u2020\u02dchacer primero las paces\u2020\u2122 con el hermano antes de presentar una ofrenda sobre el altar, aparece un t\u00e9rmino de la misma familia: di\u00c2\u00b7al\u00c2\u00b7l\u00e1s\u00c2\u00b7so\u00c2\u00b7mai.<\/p>\n<p>Reconciliaci\u00f3n con Dios. Pablo utiliza los t\u00e9rminos ka\u00c2\u00b7tal\u00c2\u00b7l\u00e1s\u00c2\u00b7so y a\u00c2\u00b7po\u00c2\u00b7ka\u00c2\u00b7tal\u00c2\u00b7l\u00e1s\u00c2\u00b7so (una forma intensificada) en la carta a los Romanos y en otras varias, al tratar el tema de la reconciliaci\u00f3n del hombre con Dios por medio del sacrificio de Cristo Jes\u00fas.<br \/>\nLa reconciliaci\u00f3n con Dios es necesaria porque ha existido un alejamiento, una separaci\u00f3n, una falta de armon\u00ed\u00ada y de relaciones amistosas, m\u00e1s que eso, enemistad. Esta mala relaci\u00f3n se produjo como consecuencia del pecado del primer hombre, Ad\u00e1n, y la consiguiente pecaminosidad e imperfecci\u00f3n que heredaron todos sus descendientes. (Ro 5:12; comp\u00e1rese con Isa 43:27.) Por esa raz\u00f3n el ap\u00f3stol pod\u00ed\u00ada decir que \u2020\u0153el tener la mente puesta en la carne significa enemistad con Dios, porque esta no est\u00e1 sujeta a la ley de Dios, ni, de hecho, lo puede estar [debido a la naturaleza imperfecta y pecaminosa que ha heredado]. Por eso los que est\u00e1n en armon\u00ed\u00ada con la carne no pueden agradar a Dios\u2020\u009d. (Ro 8:7, 8.) Existe enemistad porque las normas perfectas de Dios no permiten que El apruebe o tolere el mal. (Sl 5:4; 89:14.) En cuanto a su Hijo, quien reflej\u00f3 las cualidades perfectas de su Padre, est\u00e1 escrito: \u2020\u0153Amaste la justicia, y odiaste el desafuero\u2020\u009d. (Heb 1:9.) Por consiguiente, aunque \u2020\u0153Dios es amor\u2020\u009d y \u2020\u0153tanto am\u00f3 [&#8230;] al mundo [de la humanidad] que dio a su Hijo unig\u00e9nito\u2020\u009d a favor de \u00e9l, el hecho es que toda la humanidad ha estado enemistada con Dios, y El ha manifestado al mundo de los hombres el amor que se tiene a los enemigos, el amor que est\u00e1 fundado sobre los principios (gr. a\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pe) m\u00e1s bien que sobre el afecto o la amistad (gr. fi\u00c2\u00b7l\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7a). (1Jn 4:16; Jn 3:16; comp\u00e1rese con Snt 4:4.)<br \/>\nComo la norma de justicia de Dios es perfecta, no puede tolerar ni aprobar el pecado, pues este consiste en la violaci\u00f3n de su voluntad expresa. El es \u2020\u0153ben\u00e9volo y misericordioso\u2020\u009d, y \u2020\u0153rico en misericordia\u2020\u009d (Sl 145:8, 9; Ef 2:4); pero no antepone la misericordia a la justicia. Como se observa correctamente en la Cyclop\u00e6dia, de M\u2020\u2122Clintock y Strong (1894, vol. 8, p\u00e1g. 958), la relaci\u00f3n entre Dios y el hombre pecaminoso es por ello una relaci\u00f3n \u2020\u0153legal, como la de un soberano en calidad de juez y un delincuente que ha infringido sus leyes y se ha alzado contra su autoridad, y al que por tanto se trata como enemigo\u2020\u009d. Esta era la situaci\u00f3n en la que qued\u00f3 la humanidad como consecuencia del pecado heredado de su primer padre, Ad\u00e1n.<\/p>\n<p>La base para la reconciliaci\u00f3n. \u00danicamente puede haber una reconciliaci\u00f3n completa con Dios por medio del sacrificio de rescate de Cristo Jes\u00fas; \u00e9l es \u2020\u0153el camino\u2020\u009d y nadie va al Padre sino por \u00e9l. (Jn 14:6.) Su muerte sirvi\u00f3 de \u2020\u0153sacrificio propiciatorio [gr. hi\u00c2\u00b7la\u00c2\u00b7sm\u00f3n] por nuestros pecados\u2020\u009d. (1Jn 2:2; 4:10.) La palabra hi\u00c2\u00b7la\u00c2\u00b7sm\u00f3s significa \u2020\u0153medio de apaciguamiento; expiaci\u00f3n\u2020\u009d. Est\u00e1 claro que el sacrificio de Jesucristo no era un \u2020\u0153medio de apaciguamiento\u2020\u009d en el sentido de que calmara los sentimientos heridos que Dios pudiera tener o le aplacara, pues es patente que la muerte de su amado Hijo no producir\u00ed\u00ada tal efecto. M\u00e1s bien, ese sacrificio apacigu\u00f3 o satisfizo las exigencias de la justicia perfecta de Dios al sentar la base recta y justa para el perd\u00f3n del pecado, a fin de que Dios \u2020\u0153sea justo hasta al declarar justo al hombre [pecaminoso por herencia] que tiene fe en Jes\u00fas\u2020\u009d. (Ro 3:24-26.) Al suministrar el medio para la expiaci\u00f3n o compensaci\u00f3n completa de los pecados y acciones il\u00ed\u00adcitas humanas, el sacrificio de Cristo cre\u00f3 una situaci\u00f3n propicia para que a partir de ese momento el hombre procurara y consiguiera restablecer una buena relaci\u00f3n con el Dios Soberano. (Ef 1:7; Heb 2:17; v\u00e9ase RESCATE.)<br \/>\nAs\u00ed\u00ad que, por medio de Cristo, Dios ha abierto el camino que le permite \u2020\u0153reconciliar de nuevo consigo mismo todas las otras cosas, haciendo la paz mediante la sangre que [Jes\u00fas] derram\u00f3 en el madero de tormento\u2020\u009d. Como resultado, los que en un tiempo estaban \u2020\u0153alejados y eran enemigos\u2020\u009d debido a que ten\u00ed\u00adan la mente fija en la maldad pod\u00ed\u00adan beneficiarse de la reconciliaci\u00f3n, que se logra \u2020\u0153por medio del cuerpo carnal de [Jes\u00fas] mediante su muerte\u2020\u009d, lo que permite que se les presente \u2020\u0153santos y sin tacha y no expuestos a ninguna acusaci\u00f3n delante de \u00e9l\u2020\u009d. (Col 1:19-22.) A partir de ese momento, Jehov\u00e1 Dios pod\u00ed\u00ada \u2020\u02dcdeclarar justos\u2020\u2122 a los que seleccionase para ser sus hijos espirituales, quienes no estar\u00ed\u00adan bajo ninguna acusaci\u00f3n, pues ya estaban completamente reconciliados con Dios y en paz con El. (Comp\u00e1rese con Hch 13:38, 39; Ro 5:9, 10; 8:33.)<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 podemos decir entonces de hombres que sirvieron a Dios antes de la muerte de Cristo? Por ejemplo: Abel, de quien se dijo que \u2020\u0153se le dio testimonio de que era justo, pues Dios dio testimonio respecto a sus d\u00e1divas\u2020\u009d; Enoc, quien \u2020\u0153tuvo el testimonio de haber sido del buen agrado de Dios\u2020\u009d; Abrah\u00e1n, quien \u2020\u0153vino a ser llamado \u2020\u02dcamigo de Jehov\u00e1\u2020\u2122\u2020\u009d; Mois\u00e9s, Josu\u00e9, Samuel, David, Daniel, Juan el Bautista y los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo, a quienes Jes\u00fas dijo antes de su muerte: \u2020\u0153El Padre mismo les tiene cari\u00f1o\u2020\u009d. (Heb 11:4, 5; Snt 2:23; Da 9:23; Jn 16:27.) Jehov\u00e1 mantuvo una relaci\u00f3n con todos ellos y los bendijo. Por tanto, \u00bfc\u00f3mo es que tales personas necesitar\u00ed\u00adan una reconciliaci\u00f3n por medio de la muerte de Cristo?<br \/>\nEstas personas obviamente se reconciliaron hasta cierto grado con Dios. No obstante, al igual que el resto del mundo de la humanidad, todav\u00ed\u00ada eran pecadores por herencia, como de hecho lo reconoc\u00ed\u00adan al ofrecer los sacrificios de animales. (Ro 3:9, 22, 23; Heb 10:1, 2.) Es verdad que algunos hombres han pecado de manera m\u00e1s abierta o grave que otros, y hasta se han vuelto manifiestamente rebeldes; pero el pecado sigue siendo pecado, sin importar su grado o alcance. Por lo tanto, como todos son pecadores, todos los descendientes de Ad\u00e1n, sin excepci\u00f3n, necesitan la reconciliaci\u00f3n con Dios que el sacrificio de su Hijo ha hecho posible.<br \/>\nLa relativa amistad de Dios con hombres como los mencionados antes se basaba en la fe que ellos mostraron, fe que abarcaba la creencia de que Dios proveer\u00ed\u00ada al debido tiempo el medio para librarlos por completo de su condici\u00f3n pecaminosa. (Comp\u00e1rese con Heb 11:1, 2, 39, 40; Jn 1:29; 8:56; Hch 2:29-31.) Por consiguiente, la relativa reconciliaci\u00f3n de la que disfrutaron estaba supeditada al rescate que Dios proveer\u00ed\u00ada en el futuro. Como se muestra en el art\u00ed\u00adculo DECLARAR JUSTO, Dios \u2020\u02dccont\u00f3\u2020\u2122, \u2020\u02dcimput\u00f3\u2020\u2122 o abon\u00f3 en cuenta su fe como justicia, y, sobre esa base, teniendo en mira la absoluta certeza de que proveer\u00ed\u00ada un rescate, pod\u00ed\u00ada considerarlos provisionalmente sus amigos sin violar sus normas de justicia perfecta. (Ro 4:3, 9, 10; NM, Besson; comp\u00e1rese tambi\u00e9n con 3:25, 26; 4:17.) Sin embargo, las exigencias propias de su justicia con el tiempo tendr\u00ed\u00adan que satisfacerse, de manera que se saldar\u00ed\u00adan con el pago real del precio de rescate requerido. Todo esto exalta la importancia del papel de Cristo en el prop\u00f3sito de Dios, y demuestra que, aparte de Cristo Jes\u00fas, no hay ning\u00fan hombre que pueda alcanzar una posici\u00f3n de justo ante Dios por m\u00e9ritos propios. (Comp\u00e1rese con Isa 64:6; Ro 7:18, 21-25; 1Co 1:30, 31; 1Jn 1:8-10.)<\/p>\n<p>Pasos necesarios para conseguir la reconciliaci\u00f3n. Dado que Dios es el ofendido y es su ley la que se ha infringido vez tras vez, el hombre es quien debe reconciliarse con Dios y no Dios con el hombre. (Sl 51:1-4.) El hombre no est\u00e1 en un plano de igualdad con Dios, y la norma de la justicia divina no est\u00e1 sujeta a cambios, enmiendas o modificaciones. (Isa 55:6-11; Mal 3:6; comp\u00e1rese con Snt 1:17.) Por lo tanto, sus condiciones para la reconciliaci\u00f3n no son negociables, no est\u00e1n sujetas a juicio o componenda. (Comp\u00e1rese con Job 40:1, 2, 6-8; Isa 40:13, 14.) Aunque muchas versiones traducen Isa\u00ed\u00adas 1:18: \u2020\u0153El Se\u00f1or dice: Vengan, vamos a discutir este asunto\u2020\u009d (VP), o emplean expresiones parecidas (BJ, SA, Str), una traducci\u00f3n m\u00e1s adecuada y coherente es: \u2020\u0153Vengan, pues, y enderecemos los asuntos entre nosotros [\u2020\u0153Vengan, para que arreglemos cuentas\u2020\u009d, RH; v\u00e9anse tambi\u00e9n CB, CI, EMN] \u2014dice Jehov\u00e1\u2014\u2020\u009d. La culpa de esta falta de armon\u00ed\u00ada con Dios la tiene exclusivamente el hombre, no Dios. (Comp\u00e1rese con Eze 18:25, 29-32.)<br \/>\nEste hecho no impide que Dios demuestre su misericordia tomando la iniciativa de abrir el camino para la reconciliaci\u00f3n por medio de su Hijo. El ap\u00f3stol escribe: \u2020\u0153Porque, de hecho, Cristo, mientras todav\u00ed\u00ada \u00e9ramos d\u00e9biles, muri\u00f3 por imp\u00ed\u00ados al tiempo se\u00f1alado. Porque apenas muere alguien por un hombre justo; en realidad, por el hombre bueno, quiz\u00e1s, alguien hasta se atreva a morir. Pero Dios recomienda su propio amor [a\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pen] a nosotros en que, mientras todav\u00ed\u00ada \u00e9ramos pecadores, Cristo muri\u00f3 por nosotros. Mucho m\u00e1s, pues, dado que hemos sido declarados justos ahora por su sangre, seremos salvados mediante \u00e9l de la ira. Porque si, cuando \u00e9ramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios mediante la muerte de su Hijo, mucho m\u00e1s, ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida. Y no solo eso, sino que tambi\u00e9n nos alborozamos en Dios mediante nuestro Se\u00f1or Jesucristo, mediante quien ahora hemos recibido la reconciliaci\u00f3n\u2020\u009d. (Ro 5:6-11.) Jes\u00fas, quien \u2020\u0153no conoci\u00f3 pecado\u2020\u009d, fue hecho \u2020\u0153pecado por nosotros\u2020\u009d y muri\u00f3 como ofrenda humana a fin de librar a las personas de la acusaci\u00f3n y la pena del pecado. Librados de tal acusaci\u00f3n, tienen la oportunidad de parecer justos a los ojos de Dios, y, por lo tanto, de \u2020\u0153[llegar] a ser justicia de Dios por medio de \u00e9l [Jes\u00fas]\u2020\u009d. (2Co 5:18, 21.)<br \/>\nAdem\u00e1s, Dios demuestra su misericordia y amor enviando embajadores a la humanidad pecaminosa. En la antig\u00fcedad se enviaban embajadores principalmente en tiempos de hostilidad (comp\u00e1rese con Lu 19:14), no de paz, y su misi\u00f3n sol\u00ed\u00ada consistir en ver si pod\u00ed\u00ada evitarse la guerra o en fijar las condiciones que propiciaran la paz cuando exist\u00ed\u00ada un estado de guerra. (Isa 33:7; Lu 14:31, 32; v\u00e9ase EMBAJADOR.) Dios env\u00ed\u00ada a sus embajadores cristianos a los hombres para que puedan aprender sus condiciones de reconciliaci\u00f3n y para que se valgan de ellas. El ap\u00f3stol escribe: \u2020\u0153Somos, por lo tanto, embajadores en sustituci\u00f3n de Cristo, como si Dios estuviera suplicando mediante nosotros. Como sustitutos por Cristo rogamos: \u2020\u02dcReconc\u00ed\u00adliense con Dios\u2020\u2122\u2020\u009d. (2Co 5:20.) Esta s\u00faplica no significa que se debilite la posici\u00f3n de Dios o su oposici\u00f3n al mal; es una invitaci\u00f3n misericordiosa a los ofensores para que busquen la paz y escapen de las inevitables consecuencias de la justa ira divina, que sobrevendr\u00e1 a los que persistan en oponerse a Su santa voluntad y que supondr\u00e1 su segura destrucci\u00f3n. (Comp\u00e1rese con Eze 33:11.) Incluso los cristianos tienen que cuidarse de \u2020\u02dcno aceptar la bondad inmerecida de Dios y dejar de cumplir su prop\u00f3sito\u2020\u2122, es decir, no buscar continuamente el favor y la buena voluntad de Dios durante el \u2020\u0153tiempo acepto\u2020\u009d y el \u2020\u0153d\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n\u2020\u009d que El provee misericordiosamente, como muestran las siguientes palabras de Pablo. (2Co 6:1, 2.)<br \/>\nAl reconocer la necesidad de reconciliarse y aceptar la provisi\u00f3n de Dios para ello, a saber, el sacrificio de su Hijo, la persona debe arrepentirse de su proceder de pecado y convertirse o volverse de seguir el camino del mundo pecaminoso de la humanidad. Apelando a Dios sobre la base del rescate de Cristo, puede obtener perd\u00f3n de pecados y reconciliaci\u00f3n, y como resultado, \u2020\u0153tiempos de refrigerio [&#8230;] de la persona de Jehov\u00e1\u2020\u009d (Hch 3:18, 19), as\u00ed\u00ad como paz mental y de coraz\u00f3n. (Flp 4:6, 7.) Como ha dejado de ser un enemigo con quien Dios est\u00e1 encolerizado, puede decirse que en realidad ha \u2020\u0153pasado de la muerte a la vida\u2020\u009d. (Jn 3:16; 5:24.) Despu\u00e9s, a fin de mantener la buena voluntad de Dios, ha de \u2020\u02dcinvocarle en apego a la verdad\u2020\u2122, \u2020\u02dccontinuar en la fe y no dejarse mover de la esperanza de las buenas nuevas\u2020\u2122. (Sl 145:18; Flp 4:9; Col 1:22, 23.)<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 sentido ha reconciliado Dios consigo mismo a un mundo?<br \/>\nEl ap\u00f3stol Pablo dice que \u2020\u0153mediante Cristo [Dios] estaba reconciliando consigo mismo a un mundo, no imput\u00e1ndoles sus ofensas\u2020\u009d. (2Co 5:19.) Estas palabras no deber\u00ed\u00adan interpretarse mal y concluir que todas las personas se reconcilian autom\u00e1ticamente con Dios en virtud del sacrificio de Jes\u00fas, pues seguidamente el ap\u00f3stol contin\u00faa hablando de la obra de embajadores, que consiste en suplicar a los hombres: \u2020\u0153Reconc\u00ed\u00adliense con Dios\u2020\u009d. (2Co 5:20.) Lo que en realidad se provey\u00f3 es el medio para que puedan reconciliarse todos los del mundo de la humanidad que deseen responder. Por consiguiente, Jes\u00fas vino \u2020\u0153para dar su alma en rescate en cambio por muchos\u2020\u009d, y \u2020\u0153el que ejerce fe en el Hijo tiene vida eterna; el que desobedece al Hijo no ver\u00e1 la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre \u00e9l\u2020\u009d. (Mt 20:28; Jn 3:36; comp\u00e1rese con Ro 5:18, 19; 2Te 1:7, 8.)<br \/>\nNo obstante, Jehov\u00e1 Dios se propuso \u2020\u0153reunir todas las cosas de nuevo en el Cristo, las cosas en los cielos y las cosas en la tierra\u2020\u009d. (Ef 1:10.) Aunque es necesaria la destrucci\u00f3n de los que se niegan a \u2020\u02dcenderezar los asuntos\u2020\u2122 (Isa 1:18) con Jehov\u00e1 Dios, el resultado ser\u00e1 un universo en completa armon\u00ed\u00ada con Dios, en el que la humanidad volver\u00e1 a disfrutar de Su amistad y de bendiciones continuas, como ocurr\u00ed\u00ada al principio en Ed\u00e9n. (Rev 21:1-4.)<br \/>\nJehov\u00e1 Dios puso fin a la relaci\u00f3n que manten\u00ed\u00ada con la naci\u00f3n de Israel en virtud de Su pacto, debido a que fueron infieles y rechazaron a su Hijo. (Mt 21:42, 43; Heb 8:7-13.) El ap\u00f3stol debe referirse a este hecho cuando dice que el \u2020\u02dcdesecharlos signific\u00f3 reconciliaci\u00f3n para el mundo\u2020\u2122 (Ro 11:15), pues, como muestra el contexto, de este modo se abri\u00f3 el camino para el mundo ajeno a la comunidad o congregaci\u00f3n jud\u00ed\u00ada. En otras palabras, las naciones no jud\u00ed\u00adas ten\u00ed\u00adan la oportunidad de unirse a un resto fiel jud\u00ed\u00ado, con el que se hab\u00ed\u00ada hecho el nuevo pacto, y formar la nueva naci\u00f3n de Dios, el Israel espiritual. (Comp\u00e1rese con Ro 11:5, 7, 11, 12, 15, 25.)<br \/>\nComo pueblo de Dios, su \u2020\u0153propiedad especial\u2020\u009d (Ex 19:5, 6; 1Re 8:53; Sl 135:4), el pueblo jud\u00ed\u00ado hab\u00ed\u00ada disfrutado de una relativa reconciliaci\u00f3n con Dios, aunque a\u00fan ten\u00ed\u00ada la necesidad de una reconciliaci\u00f3n plena por medio del predicho Redentor, el Mes\u00ed\u00adas. (Isa 53:5-7, 11, 12; Da 9:24-26.) Las naciones no jud\u00ed\u00adas, por otra parte, estaban \u2020\u02dcalejadas del estado de Israel, eran extra\u00f1as a los pactos de la promesa, no ten\u00ed\u00adan esperanza y estaban sin Dios en el mundo\u2020\u2122, pues no ten\u00ed\u00adan una posici\u00f3n reconocida ante El. (Ef 2:11, 12.) No obstante, de acuerdo con el secreto sagrado relacionado con la Descendencia, Dios se propuso bendecir a personas de \u2020\u0153todas las naciones de la tierra\u2020\u009d. (G\u00e9 22:15-18.) El medio para hacerlo, el sacrificio de Cristo Jes\u00fas, abri\u00f3 por tanto el camino para que personas de las naciones no jud\u00ed\u00adas alejadas de Dios \u2020\u02dcestuvieran cerca por la sangre del Cristo\u2020\u2122. (Ef 2:13.) No solo esto, sino que aquel sacrificio tambi\u00e9n elimin\u00f3 la divisi\u00f3n entre el jud\u00ed\u00ado y el que no lo era, pues cumpli\u00f3 el pacto de la Ley y lo quit\u00f3 del camino, lo que permiti\u00f3 a Cristo \u2020\u0153reconciliar plenamente con Dios a ambos pueblos en un solo cuerpo mediante el madero de tormento, porque hab\u00ed\u00ada matado la enemistad [la divisi\u00f3n producida por el pacto de la Ley] por medio de s\u00ed\u00ad mismo\u2020\u009d. A partir de entonces, tanto el jud\u00ed\u00ado como el que no lo era pod\u00ed\u00ada acercarse a Dios mediante Cristo Jes\u00fas, y con el tiempo se introdujo en el nuevo pacto como herederos del Reino con Cristo a los que no eran jud\u00ed\u00ados. (Ef 2:14-22; Ro 8:16, 17; Heb 9:15.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: Premisa. 1. Confesi\u00f3n: 1. En el AT; 2. En el NT. II. El pecado. III. Contrici\u00f3n: 1. Reconocer y confesar; 2. Arrepentimiento y retorno: a) Alejarse; b) Coraz\u00f3n nuevo; c) La acci\u00f3n divina. IV. Los salmos penitenciales. V. La reconciliaci\u00f3n en el NT: 1. Juan Bautista; 2. Predicaci\u00f3n de Jes\u00fas. VI. La reconciliaci\u00f3n en la ense\u00f1anza de san Pablo: 1. La iniciativa divina; 2. Efectos de la reconciliaci\u00f3n; 3. El misterio de la reconciliaci\u00f3n; 4. La reconciliaci\u00f3n universal; 5. Reconciliaci\u00f3n entre jud\u00ed\u00ados y gentiles.<br \/>\nPremisa.<br \/>\nEn la palabra reconciliaci\u00f3n subyacen t\u00e9rminos hebreos y griegos con notables matices, que no afloran normalmente en nuestro lenguaje. Los t\u00e9rminos m\u00e1s ordinarios interesados en nuestra palabra son el griego met\u00e1noia y el hebreo te-s\u00fchbah, adem\u00e1s del verbo s\u00fcb. Las diversas ediciones espa\u00f1DIAS de la Biblia atestiguan la variedad de las acepciones de estos t\u00e9rminos: arrepentirse, hacer penitencia, convertirse, cambiar de idea, cambiar de sentimientos. Cada una de esas versiones expresa en parte el sentido que encontramos en el AT, y luego en el NT, y nos pone en la necesidad de especificar lo que la Biblia quiere decirnos: necesidad radical, ya que para Jes\u00fas la palabra met\u00e1noia define el mismo ser cristiano (Mc 1,15). El t\u00e9rmino, una vez bien entendido, nos introducir\u00e1 mejor en el significado de lo que habitualmente llamamos arrepentimientoypenitencia, si los confrontamos con el valor original del mensaje de Jes\u00fas.<br \/>\nEn el griego com\u00fan, el sustantivo met\u00e1noia y el verbo metano\u00e9in designan siempre el cambio de juicio o el pesar y la desaprobaci\u00f3n de una acci\u00f3n que antecedentemente se hab\u00ed\u00ada aprobado; pero en la Biblia se trata siempre del cambio de todo el hombre. Este cambio de significado tuvo lugar cuando la Biblia fue traducida del hebreo al griego. Sin entrar ulteriormente en particulares hist\u00e9rico-ling\u00fc\u00ed\u00adsticos, estas indicaciones intentan exclusivamente justificar el esquema aqu\u00ed\u00ad seguido.<br \/>\n2713<br \/>\n1. CONFESION.<br \/>\nPara reconciliares preciso haberse adherido a algo o a alguien; para volver es preciso haber tenido un punto de partida.<br \/>\n2714<br \/>\n1. En el AT.<br \/>\nLa tradici\u00f3n hist\u00f3rica del AT se caracteriza por una profesi\u00f3n de fe que se desarroll\u00f3 a partir de unas pocas f\u00f3rmulas conocidas como credo hist\u00f3rico o profesi\u00f3n de fe. En ellas se reconocen las intervenciones de Yhwh en la historia del antiguo Israel. El acto fundamental que m\u00e1s frecuentemente se trae a la memoria es la liberaci\u00f3n de Egipto. A esta primera profesi\u00f3n de fe (Ex 20,2; Lv 19,36 N\u00fam Lv 23,22; Lv 24,8; Dt 5,6; Dt 8,14) se juntan otras que reconocen la promesa divina a los patriarcas, la gu\u00ed\u00ada a trav\u00e9s del desierto, la revelaci\u00f3n en el Sina\u00ed\u00ad. En formas literarias diversas, la continua confesi\u00f3n de la asistencia divina a lo largo de todos los momentos de su historia es un elemento t\u00ed\u00adpico de la fe de Israel, que tiene su formulaci\u00f3n cl\u00e1sica en Dt 26,5-5: \u2020\u0153Mi padre era un arameo errante, que baj\u00f3 a Egipto. All\u00ed\u00ad se qued\u00f3 con unas pocas personas m\u00e1s; pero pronto se convirti\u00f3 en una naci\u00f3n grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una cruel esclavitud. Pero nosotros clamamos al Se\u00f1or, Dios de nuestros padres, que escuch\u00f3 nuestra plegaria, volvi\u00f3 su rostro hacia nuestra miseria, nuestros trabajos y nuestra opresi\u00f3n, nos sac\u00f3 de Egipto con mano poderosa y brazo fuerte en medio de gran terror, prodigios y portentos, nos trajo hasta aqu\u00ed\u00ad y nos dio esta tierra que mana leche y miel.<br \/>\nManifestaciones h\u00ed\u00admnicas de esta fe surgen en la exposici\u00f3n detallada de la historia, por ejemplo, en Jg 5,6; Jos24,2ss; Ps 105; 135; 136. Son profesiones de fe que dicen estrecha relaci\u00f3n hist\u00f3rica con hechos pasados que dan una orientaci\u00f3n a la historia presente e infunden confianza para la historia futura.<br \/>\n2715<br \/>\n2. En el NT.<br \/>\nTampoco en el NT se deja la profesi\u00f3n de fe a la libre elecci\u00f3n del hombre, porque es necesaria para la salvaci\u00f3n: \u2020\u0153Con la fe del coraz\u00f3n se cree para la justicia, y con la boca se confiesa la fe para la salvaci\u00f3n\u2020\u009d (Rm 10,10). Como la fe, tambi\u00e9n la confesi\u00f3n est\u00e1 continuamente presente en la comunidad (lTm 6,12-14 ); y se distingue, porque no se trata de la adhesi\u00f3n a una verdad cualquiera, sino a la persona hist\u00f3rica de Jes\u00fas. Como ya en el AT, tambi\u00e9n en el NT el mensaje de la fe se articula en unas pocas frases esenciales, pero puramente cristol\u00f3gicas, que miran a la afirmaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n y exaltaci\u00f3n de Jesucristo (lCo 15,1-11;Hch 10,36-43 etc. ).<br \/>\nEl dato central de la primera fe cristiana se ampl\u00ed\u00ada luego por la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, y es tambi\u00e9n formulado del modo m\u00e1s conciso en la confesi\u00f3n \u2020\u0153Jes\u00fas es Se\u00f1or\u2020\u009d: \u2020\u0153Si confiesas con tu boca que Jes\u00fas es el Se\u00f1or y crees en tu coraz\u00f3n que Dios lo resucit\u00f3 de entre los muertos, te, salvar\u00e1s\u2020\u009d (Rm 10,9; Flp 2,11). El que confiesa es por el hecho mismo introducido como miembro en la comunidad de los creyentes, en la Iglesia. \u2020\u0153Columna y fundamento de la verdad, la Iglesia debe confesar su fe, que es su naturaleza y la raz\u00f3n de su ser. El martirio es la forma m\u00e1s perfecta del p\u00fablico testimonio que la Iglesia debe dar ante el mundo; por eso el martirio fue pronto considerado, al principio del cristianismo, la forma m\u00e1s perfecta de p\u00fablico testimonio de los cristianos, y por tanto de la Iglesia. Pero al lado del testimonio del martirio en per\u00ed\u00adodos de excepci\u00f3n existi\u00f3 siempre para todos la confesi\u00f3n de cada d\u00ed\u00ada, que corresponde a la vida vivida en armon\u00ed\u00ada con la fe de la Iglesia. En todo cristiano est\u00e1 vivo el dicho: \u2020\u02dcYo creo lo que cree la Iglesia\u2020\u009d.<br \/>\n2716<br \/>\nII. EL PECADO.<br \/>\nDesviaci\u00f3n de la confesi\u00f3n del fiel, desviaci\u00f3n de su nuevo ser en la comunidad de Israel iniciado con la alianza y la circuncisi\u00f3n o desviaci\u00f3n del cristiano de su nuevo ser en la \u00c2\u00a1Iglesia iniciado en el \u00c2\u00a1bautismo es el \u00c2\u00a1pecado. Ya sea que se tome en consideraci\u00f3n el pecado original, ya que se prescinda de \u00e9l, el pecado -en ambos casos (del israelita y del cristiano)- marca una ruptura, una desviaci\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad la necesidad de la conversi\u00f3n, no de la fe o de la alianza, sino del pecado: la admisi\u00f3n ante la comunidad de una ruptura de los v\u00ed\u00adnculos con ella, y por medio de ella, con Dios. La necesidad de reconciliarse con la comunidad y con Dios es evidente: es el restablecimiento de las nuevas y ya naturales relaciones. Y aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la esencia de la reconciliaci\u00f3n en sus m\u00faltiples contenidos, como se ver\u00e1 a continuaci\u00f3n.<br \/>\n2717<br \/>\nIII. CONTRICION.<br \/>\nReconocer las culpas propias, confesarlas abiertamente, arrepentirse, restablecer nuevamente las relaciones normales con Dios es lo que los profetas del AT suelen encerrar en un \u00fanico verbo, s\u00fcb, de complejo significado, como se ver\u00e1. El mismo significado se contiene en metanoe\u00ed\u00adn en el NT, con s\u00f3lo dos excepciones: Lc 17,3-4 y 2Co 7,9-10, donde el verbo griego tiene nuestro significado de \u2020\u0153arrepentirse\u2020\u009d. Sin embargo, para llegar a una visi\u00f3n m\u00e1s clara de las sucesivas fases de la contrici\u00f3n, es preciso proceder por grados.<br \/>\n2718<br \/>\n1. Reconocer y confesar.<br \/>\nLa autoacusaci\u00f3n es el supuesto necesario para la reconciliaci\u00f3n, y designa sobre todo aceptaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n de penitencia. Un texto ejemplar de este g\u00e9nero lo tenemos en la confesi\u00f3n p\u00fablica y solemne de Nehe-m\u00ed\u00adas. El largo cap\u00ed\u00adtulo comienza con la confesi\u00f3n de Dios, creador del universo, que llam\u00f3 a Abrah\u00e1n de Ur de los caldeos, libr\u00f3 a Israel de Egipto, se manifest\u00f3 y dio su ley en el Sina\u00ed\u00ad, gui\u00f3 al pueblo a trav\u00e9s del desierto y lo introdujo en la tierra de promisi\u00f3n. El orante llega luego a la confesi\u00f3n de los pecados: \u2020\u0153Pero nuestros padres se obstinaron, endurecieron su cabeza, no obedecieron tus \u00f3rdenes. No quisieron obedecer, olvid\u00e1ndose de las maravillas que t\u00fa hab\u00ed\u00adas realizado para ellos\u2020\u009d. La continuaci\u00f3n de la oraci\u00f3n intercala los beneficios divinos y las culpas del pueblo: \u2020\u0153Se rebelaron contra ti y echaron tu ley a sus espaldas&#8230;\u2020\u009d Es todo un alternarse de faltas, de castigos, de oraciones escuchadas, de nuevas faltas, de nuevos castigos, etc.: \u2020\u0153Los soportaste muchos a\u00f1os, los amonestaste pero no hicieron caso&#8230;\u2020\u009d El recuerdo de la alianza por una parte, y de la presente desventura por otra, anuncia el fin de la oraci\u00f3n en el m\u00e1s cl\u00e1sico de los modos, es decir, con la renovaci\u00f3n de la misma alianza: \u2020\u0153Aceptamos hoy un compromiso firme&#8230;\u2020\u009d Y todos juntos juraron y prometieron caminar en la ley que Dios hab\u00ed\u00ada dado por medio de Mois\u00e9s \u2020\u0153y observar fielmente todos los mandamientos de nuestro Se\u00f1or\u2020\u009d (Ne 9,6-10; Ne 9,31).<br \/>\n2719<br \/>\n2. Arrepentimiento y \u2020\u0153retorno.<br \/>\nVeamos el proceso de la reconciliaci\u00f3n de modo m\u00e1s detallado, desde el punto de vista psicol\u00f3gico y religioso, dej\u00e1ndonos llevar sobre todo por las observaciones de los dos profetas Jerem\u00ed\u00adas y Ezequiel, que m\u00e1s profundizaron este proceso y resumieron preferentemente los actos con el verbo s\u00fcb, \u2020\u0153retornar, \u2020\u0153convertirse\u2020\u2122.<br \/>\n2720<br \/>\na) Alejarse.<br \/>\nEl alejamiento del mal, del camino hasta entonces seguido, es el primer acto que prepara para la reconciliaci\u00f3n. Dice \u00c2\u00a1Jerem\u00ed\u00adas: a veces Dios decide arrancar, destruir, aniquilar; pero si el malvado se convierte de su maldad, Dios se arrepiente del mal que hab\u00ed\u00ada pensado hacer (Jr 18,8). Ante las dudas y las vacilaciones del profeta, Dios lo anima: \u2020\u0153Tal vez te escuchen y se conviertan cada uno de su mal camino; entonces yo retirar\u00e9 el castigo que pensaba darles por sus malas acciones&#8230;\u2020\u009d (Jr26,3 cf Jr36,3).<br \/>\nM\u00e1s anal\u00ed\u00adtico en medir la conducta que debe asumir el pecador para llegar a la reconciliaci\u00f3n, pero igualmente aseverativo de la primera actitud, es el profeta \u00c2\u00a1 Ezequiel: \u2020\u0153Si el delincuente se convierte de todos los delitos que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica la justicia y el derecho, no morir\u00e1&#8230;; debido a la justicia que ha practicado, vivir\u00e1. \u00bfEs que yo me complazco en la muerte del delincuente.., y no m\u00e1s bien en que se convierta y viva?\u2020\u009d (18,21-23). Un pensamiento sobre el cual le gusta volver es el de la alegr\u00ed\u00ada divina por la reconciliaci\u00f3n y su tristeza por la muerte del pecador: \u2020\u0153No me complazco en la muerte del malvado, sino en que se convierta de su conducta y viva. Convertios de vuestros perversos caminos; \u00bfpor qu\u00e9 quer\u00e9is morir?\u2020\u009d (Ez 33,10-11). M\u00e1s a\u00fan; el profeta se siente como un centinela ante el pueblo para amonestarlo, a fin de que se aparte \u2020\u0153de su mal camino\u2020\u2122 y viva (Ez 3,16-19 ): \u2020\u0153Si t\u00fa adviertes al justo para que no peque y \u00e9l no peca, vivir\u00e1\u2020\u009d (Ez 3,21). Este cambio interior exigido por Jerem\u00ed\u00adas y por Eze-quiel no es un aspecto exclusivo de ellos. V\u00e9ase, por ejemplo, tambi\u00e9n Am 5,14- 15 e Is 1,11 -19. Ciertamente es singular su insistencia y el an\u00e1lisis interior que manifiestan. En parte se debe al per\u00ed\u00adodo dram\u00e1tico en el que ambos vivieron, al menos por alg\u00fan tiempo; son los a\u00f1os en que el reino de Jud\u00e1 ha perdido la libertad (Jerem\u00ed\u00adas) y de comienzos del destierro babil\u00f3nico (Ezequiel). En conclusi\u00f3n, escribe Ezequiel: \u2020\u0153Si yo digo al injusto: \u00c2\u00a1Morir\u00e1s!, y \u00e9l se convierte de sus pecados y practica la justicia y el derecho&#8230;, vivir\u00e1 y no morir\u00e1\u2020\u009d (Ez 33,14-16).<br \/>\nDe una manera m\u00e1s bien oscura, a su modo, y sin embargo bien inteligible, subraya un texto gn\u00f3stico, al tratar de la ca\u00ed\u00adda y de la reconciliaci\u00f3n, el aspecto misterioso de todo esto: \u2020\u0153Es un misterio de ca\u00ed\u00adda, es un misterio que deja de alzarse, gracias al descubrimiento del que ha venido por el que quiere hacer volver. Este retorno se llama conversi\u00f3n (Evangelio de la verdad 35,18-19).<br \/>\n2721<br \/>\nb) Coraz\u00f3n nuevo.<br \/>\nEste aspecto misterioso de la reconciliaci\u00f3n no escap\u00f3 a los profetas. El cambio y la confesi\u00f3n, el reconocimiento de las culpas propias, el alejamiento del mal y la vuelta al Dios abandonado, la reconciliaci\u00f3n no son cosas de poca monta; se trata de un cambio profundo e innovador. Pero es un retorno f\u00e1cil de comprender superficialmente y dif\u00ed\u00adcil de realizar. \u2020\u0153Convertios\u2020\u2122, exclamaba Ezequiel apostrofando a los exiliados, \u2020\u0153de todos vuestros pecados&#8230;, formaos un coraz\u00f3n nuevo y un esp\u00ed\u00adritu nuevo&#8230; Convertios y vivir\u00e9is\u2020\u2122 (Ez 18,30-32). Una mayor reflexi\u00f3n sobre el esp\u00ed\u00adritu humano y sobre la realidad que le rodeaba, junto con la consideraci\u00f3n de la grandeza de Dios, lo llevaron f\u00e1cilmente a comprender c\u00f3mo aquella conversi\u00f3n-retorno era imposible sin una acci\u00f3n divina profunda en el esp\u00ed\u00adritu humano. La reconciliaci\u00f3n es indispensable para el hombre, pero es imposible sin la ayuda divina. Jerem\u00ed\u00adas lo hab\u00ed\u00ada reconocido en una de sus penetrantes reflexiones: \u2020\u02dccPuede un negro cambiar su piel o un leopardo sus manchas? \u00bfY vosotros, habituados al mal, podr\u00e9is hacer el bien?\u2020\u009d (Jr 13,23). Se comprende por qu\u00e9 los profetas expresan la reconciliaci\u00f3n lapidariamente con las palabras: \u2020\u0153Haz que vuelva y volver\u00e9, pues t\u00fa eres el Se\u00f1or, mi Dios\u2020\u009d (Jr 31,18).<br \/>\n2722<br \/>\nc) La acci\u00f3n divina.<br \/>\nPara los profetas, pues, la reconciliaci\u00f3n era no una acci\u00f3n, sino una cadena de acciones, un comportamiento, una vida; ten\u00ed\u00ada exigencias profundas y que involucraban todo el ser. Incluso se dieron cuenta de que aquel retorno era imposible si Dios no hab\u00ed\u00ada realmente preparado la reconciliaci\u00f3n del hombre: \u2020\u02dcLes dar\u00e9 un coraz\u00f3n capaz de conocerme&#8230;\u2020\u009d (Jr24,6); \u2020\u02dcles dar\u00e9 un solo coraz\u00f3n e infundir\u00e9 en ellos un esp\u00ed\u00adritu nuevo.., para que caminen conforme a mis leyes&#8230; Ellos ser\u00e1n mi pueblo y yo ser\u00e9 su Dios\u2020\u009d (Ez 11,19-20); y tambi\u00e9n: \u2020\u0153Infundir\u00e9 en vosotros mi esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d (36,26-27). S\u00f3lo luego, en el NT, encontraremos intuiciones tan profundas sobre la reconciliaci\u00f3n. Se trata, en efecto, de una obra que el hombre inicia, pero no sin una acci\u00f3n divina, y que s\u00f3lo Dios lleva a cumplimiento; una obra en la cual Dios act\u00faa con el hombre desde el principio al fin: \u2020\u0153Pondr\u00e9 mi ley en su interior, la escribir\u00e9 en su coraz\u00f3n, y yo ser\u00e9 su Dios y ellos ser\u00e1n mi pueblo\u2020\u009d (Jr31,33).<br \/>\nSi en la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica todo est\u00e1 de acuerdo en afirmar que no se puede realizar la reconciliaci\u00f3n, y por tanto obtener la salvaci\u00f3n, sin una especial intervenci\u00f3n divina, en el per\u00ed\u00adodo del rabinismo, o sea en el posexilio tard\u00ed\u00ado, se abrir\u00e1 camino una convicci\u00f3n en la cual la confianza total en Dios -caracter\u00ed\u00adstica de los profetas- para una verdadera reconciliaci\u00f3n se habr\u00e1 desvanecido en gran medida; la reconciliaci\u00f3n es considerada todav\u00ed\u00ada una acci\u00f3n de Dios en el hombre, pero se afianza la convicci\u00f3n de que el primado es del hombre: el primero en obrar es el hombre; luego, Dios.<br \/>\n2723<br \/>\nIV. LOS SALMOS PENITENCIALES.<br \/>\nLa expresi\u00f3n literaria m\u00e1s po\u00e9tica del ansia de reconciliaci\u00f3n en el AT, la encontramos en los \/ Salmos. Religiosamente, la l\u00ed\u00adnea espiritual sigue siendo la de los profetas, con los cuales concuerdan en ver el camino de la reconciliaci\u00f3n no en pr\u00e1cticas externas, tales como sacrificios, ayunos y formas m\u00faltiples de penitencia. En ellos no encontramos una pol\u00e9mica est\u00e9ril contra tales pr\u00e1cticas ni tampoco una espiritualizaci\u00f3n unilateral de ellas, sino que constantemente se subraya que lo importante no es colocarse superficialmente en el gran n\u00famero de los penitentes, sino sentirse personalmente tocados por el Dios que se dirige al particular antes que a la comunidad. De los Salmos se desprende claramente que no es tanto el pecado particular lo que se ha de expiar en el sufrimiento cuanto la necesidad de que la persona del pecador sienta la urgencia de una nueva relaci\u00f3n con Dios. En los salmos penitenciales, despu\u00e9s de una invocaci\u00f3n a Dios, el fiel presenta su estado interior, los motivos de su tormento, entre los cuales el mayor es sentir lejano a su Dios; por eso la parte m\u00e1s extensa suele reservarse a la descripci\u00f3n de los propios males, a la confesi\u00f3n de las culpas propias y a la petici\u00f3n de perd\u00f3n.<br \/>\nEn las invocaciones a Dios, del cual se siente lejano de un modo innatural, el salmista no recuerda solamente sus desventuras, sino que intenta enternecer a Dios record\u00e1ndole la bondad tantas veces demostrada, la fragilidad del hombre, la brevedad de la vida; termina su oraci\u00f3n expresando la certeza de ser escuchado, la promesa del agradecimiento, que a menudo incluso se anticipa tambi\u00e9n con la respuesta divina que asegura al orante. Estos salmos son el n\u00facleo m\u00e1s humano y cautivador de todo el Salterio, pues en ellos se expresa con claridad y sinceridad el esfuerzo del hombre solo, la lenta ascensi\u00f3n a Dios a trav\u00e9s del sufrimiento, el sentido profundo de extrav\u00ed\u00ado por el alejamiento de Dios y el deseo ardiente y sincero de reconciliaci\u00f3n. Se trata de salmos que muy pronto individu\u00f3 la oraci\u00f3n cristiana (son m\u00e1s de una treintena), demostrando hacia ellos sus preferencias, y de los cuales eligi\u00f3 siete, los m\u00e1s sentidos y universales de todos, que al menos desde el siglo iv constituyen un peque\u00f1o librito entra\u00f1able para todos los cristianos y predilecto tambi\u00e9n de la liturgia: son los siete salmos penitenciales, a saber: los salmos 6; 32; 38; 51; 102; 130; 143. Entre ellos los m\u00e1s c\u00e9lebres son el Miserere (Sal 51) y el Depro\/wn\u00ed\u00ad\/ij( 5a1130).<br \/>\n2724<br \/>\nV. LA RECONCILIACION EN EL NT.<br \/>\nTambi\u00e9n en el NT la reconciliaci\u00f3n constituye un problema central para el hombre en su indispensable relaci\u00f3n con Dios; su necesidad y su naturaleza se ilustran de un modo nuevo, pero adem\u00e1s ampliadas a todo el universo.<br \/>\n2725<br \/>\n1. Juan Bautista.<br \/>\nEl precursor reanuda la voz de los antiguos profetas con acentos todav\u00ed\u00ada m\u00e1s fuertes, porque siente que la acci\u00f3n definitiva de Dios supera inmediatamente al hombre: \u2020\u0153Por aquellos d\u00ed\u00adas apareci\u00f3 Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea y diciendo: \u2020\u02dcConvenios [metanoeiteY\u2020\u2122(Mt3,2). La invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n va dirigida no s\u00f3lo a los pecadores y a los paganos, sino tambi\u00e9n a las personas piadosas que piensan que no tienen necesidad de ello: \u2020\u0153Dad frutos dignos de conversi\u00f3n, y no os ilusion\u00e9is con decir en vuestro interior: Tenemos por padre a Abrah\u00e1n\u2020\u2122 (Mt 3,8). Enseguida se ve que se trata de una reconciliaci\u00f3n que debe durar toda la vida. Adem\u00e1s, Juan une la predicaci\u00f3n con el bautismo, y la presenta como una oferta escatol\u00f3gica de Dios (Mt 3,7-12).<br \/>\n2726<br \/>\n2. Predicaci\u00f3n de Jes\u00fas.<br \/>\nTambi\u00e9n la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas comienza con la misma invitaci\u00f3n, a la cual se a\u00f1ade, sin embargo, algo que en parte desconcierta y en parte precisa: \u2020\u0153Despu\u00e9s de ser Juan encarcelado, Jes\u00fas fue a Galilea a predicar el evangelio de Dios; y dec\u00ed\u00ada: Se ha cumplido el tiempo y el \/ reino de Dios est\u00e1 cerca. Convertios (metanoeit\u00e9J y creed en el evangelio\u2020\u009d (Mc 1,15). Los hombres deben escuchar la buena nueva (el evangelio), que establece un di\u00e1logo nuevo con Dios; es un di\u00e1logo en el cual la intervenci\u00f3n de Dios es de primaria importancia; s\u00f3lo despu\u00e9s viene la conversi\u00f3n, la reconciliaci\u00f3n del hombre.<br \/>\nPara comprender el contenido de la conversi\u00f3n y reconciliaci\u00f3n en el anuncio de Jes\u00fas no es posible limitarse a unas cuantas citas, sino que hay que considerar tambi\u00e9n las diversas par\u00e1bolas. La reconciliaci\u00f3n supone siempre lo que est\u00e1 oculto en la palabra y en la acci\u00f3n de Jes\u00fas, a saber: por una parte la presencia de Dios, y por otra el \u2020\u0153s\u00ed\u00ad\u2020\u2122 del hombre ca\u00ed\u00addo, que puede aceptar o rehusar. La par\u00e1bola del sembrador enumera una larga serie de \u2020\u0153noes\u2020\u009d (Mc 4,1-9). En la reconciliaci\u00f3n se ve verificada la ley de la historia de la salvaci\u00f3n, seg\u00fan la cual Dios ensalza a los humildes y rebaja a los soberbios (Lc 1,52- 53, ico 1,26-28). Tambi\u00e9n la par\u00e1bola de los invitados a la boda repite la distinci\u00f3n entre los llamados (Mt22, 1 ss;Lc14, l6ss).<br \/>\nLas figuras de los dos grupos hacen resaltar la necesidad de la respuesta, pero tambi\u00e9n la naturaleza de los llamados que responden a la invitaci\u00f3n a la reconciliaci\u00f3n: unos est\u00e1n al margen de la sociedad religiosa y social. Seg\u00fan el juicio usual y tradicional, saben que no tienen nada que esperar de los hombres, y de Dios no se atreven a esperar nada; son realmente siervos in\u00fatiles (Lc 17,10). Se encuentran en condiciones de conocer su poquedad y tienen aquella apertura de mente que corresponde al obrar de Dios. Los dos estados de \u00e1nimo emblem\u00e1ticos son descritos escultu-ralmente en la par\u00e1bola del fariseo y del publicano (Lc 18,9-14), en la prontitud de los ap\u00f3stoles en secundar la llamada de Jes\u00fas y en la negativa del joven rico, que \u2020\u0153se fue muy triste porque ten\u00ed\u00ada muchos bienes\u2020\u009d (Mc 10,17-22). En la reconciliaci\u00f3n, Dios se dirige a cada uno de modo diverso, pero todos se encuentran situados ante el mismo problema.<br \/>\nLa esencia de la reconciliaci\u00f3n la expresa Jes\u00fas, de manera simple y ejemplar, en las dos par\u00e1bolas del tesoro y de la perla: el pobre jornalero encuentra el tesoro de modo absolutamente inesperado, mientras que el rico comerciante lo encuentra buscando. La fortuna descubierta es para ambos un don por su actividad cotidiana; para ambos el encuentro es fuente de alegr\u00ed\u00ada, y en su alegr\u00ed\u00ada lo venden todo para adquirir el campo con el tesoro o la perla. Dicho sin im\u00e1genes: la invitaci\u00f3n a la reconciliaci\u00f3n se hace al que es activo; exige una condici\u00f3n de esp\u00ed\u00adritu capaz de comprender y al mismo tiempo de renunciar al resto. La expresi\u00f3n reiterada \u2020\u0153vended lo todo&#8230;\u2020\u009d es muy densa, y se la debe entender partiendo de la expresi\u00f3n: \u2020\u0153El que intente salvar su vida la perder\u00e1, y el que la pierda la encontrar\u00e1\u2020\u009d (Lc 17,33; Mc 8,35; Mt 10,39; Mt 16,25; Lc 9,24; Jn 12,25). Para la reconciliaci\u00f3n el hombre debe desembarazarse de toda clase de seguridades y posesiones, para entrar sin reservas en la aventura de lo que ha encontrado y construir su historia con la \u2020\u0153historia del Dios con nosotros.<br \/>\nLa exigencia de la reconciliaci\u00f3n corresponde tambi\u00e9n al mensaje de la conversi\u00f3n sentido por los profetas, y adem\u00e1s con la presencia determinante de Jes\u00fas.<br \/>\n2727<br \/>\nIV. LA RECONCILIACION EN LA ENSENANZA DE SAN PABLO.<br \/>\nLa reconciliaci\u00f3n perfecta y definitiva la realiz\u00f3 Jes\u00fas: \u2020\u0153Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jes\u00fas, tambi\u00e9n \u00e9l hombre\u2020\u2122 (lTm 2,5). La reconciliaci\u00f3n no es m\u00e1s que un aspecto de la \/ redenci\u00f3n, pero hay motivos justificados para considerarla desde este \u00e1ngulo.<br \/>\n2728<br \/>\n1. La iniciativa divina.<br \/>\nEl hombre es incapaz de reconciliarse con su creador, del cual se ha alejado, por un conjunto de elementos que forman parte de la historia de la salvaci\u00f3n. La acci\u00f3n divina est\u00e1 en el principio de la reconciliaci\u00f3n y tiene un efecto decisivo: \u2020\u0153Todo viene de Dios, que nos reconcili\u00f3 con \u00e9l por medio de Cristo\u2020\u009d (2Co 5,18); cuando \u00e9ramos enemigos nos amaba, y Cristo ha muerto por nosotros (Rm 5,8-10); el misterio de la reconciliaci\u00f3n se une al de la cruz (Ef 2,4).<\/p>\n<p>2729<br \/>\n2. Efectos de la reconciliaci\u00f3n.<br \/>\nNo s\u00f3lo Dios no tiene en cuenta el pecado, sino que la acci\u00f3n reconciliadora de Dios \u2020\u0153crea una nueva criatura\u2020\u009d (2Co 5,17), porque la reconciliaci\u00f3n implica una renovaci\u00f3n completa y coincide con la justificaci\u00f3n (Rm 5,9-10) y la santificaci\u00f3n (Col 1,2 1-22). De enemigos que \u00e9ramos por nuestra conducta Rm 1,30; Rm 8,7), ahora podemos \u2020\u0153gloriamos en Dios\u2020\u009d (Rm 5,11), que nos hace comparecer en su presencia sin mancha e irreprensibles (Col 1,22). Cristo es as\u00ed\u00ad nuestra \/ paz, por habernos reconciliado con Dios en un \u00fanico cuerpo \u2020\u0153por medio de la cruz, destruyendo en s\u00ed\u00ad mismo la enemistad&#8230;; por \u00e9l tenemos acceso al Padreen un mismo esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d (Ef 2,14-18).<br \/>\n2730<br \/>\n3. El misterio de la reconciliaci\u00f3n.<br \/>\nComo el misterio de la salvaci\u00f3n, tambi\u00e9n el de la reconciliaci\u00f3n ha tenido ya cumplimiento por parte de Dios; pero por parte del hombre prosigue hasta la parus\u00ed\u00ada. Por eso san Pablo puede en cierto modo definir la actividad apost\u00f3lica como un ministerio de reconciliaci\u00f3n: \u2020\u0153Pues Dios, por medio de Cristo, estaba reconciliando el mundo, no teniendo en cuenta sus pecados y haci\u00e9ndonos a nosotros depositarios de lapalabradela reconciliaci\u00f3n\u2020\u009d (2Co 5,19). De ah\u00ed\u00ad la apremiante exhortaci\u00f3n del ap\u00f3stol: \u2020\u0153En nombre de Cristo os rogamos: reconciliaos con Dios\u2020\u009d (2Co 5,20). En su ministerio los ap\u00f3stoles se aplicar\u00e1n a ser los art\u00ed\u00adfices de la paz que anuncian (2Co 6,4-13).<br \/>\nLa reconciliaci\u00f3n es un misterio, como ya lo hab\u00ed\u00adan entrevisto los profetas. El hecho de que Dios sea el autor primero y principal de la reconciliaci\u00f3n no induce a creer que el hombre tenga una parte meramente pasiva; debe acoger el don divino de la reconciliaci\u00f3n. La acci\u00f3n divina s\u00f3lo se realiza en quienes la acogen con fe operante.<br \/>\nAl un\u00ed\u00adsono con el pensamiento de san Pablo, afirma un antiguo texto cristiano: \u2020\u0153El fin consiste en conocer a aquel que est\u00e1 oculto. Y \u00e9ste es el Padre, del cual proviene el principio y al cual volver\u00e1n todos los que de \u00e9l provienen\u2020\u009d (Evangelio de la verdad 38, lss;cf ico 15,24-28).<br \/>\n2731<br \/>\n4. La reconciliaci\u00f3n universal.<br \/>\nProbablemente cuando Pablo escrib\u00ed\u00ada que la \u2020\u0153p\u00e9rdida\u2020\u009d de los jud\u00ed\u00ados \u2020\u0153ha servido para la reconciliaci\u00f3n del mundo\u2020\u009d (Rm 11,15), y que \u2020\u0153Dios, por medio de Cristo, estaba reconciliando el mundo\u2020\u009d (2Co 5,19), ten\u00ed\u00ada presentes sobre todo a los hombres. Pero en las cartas de la cautividad (1 Col, \/ Ep) el horizonte del ap\u00f3stol se ha ampliado; en estas cartas la reconciliaci\u00f3n, como todo lo hace creer, designa la salvaci\u00f3n colectiva del universo. Despu\u00e9s de la plena reconciliaci\u00f3n con Dios, los seres se reconcilian entre s\u00ed\u00ad: \u2020\u0153En \u00e9l quiso el Padre que habitase toda la plenitud. Quiso tambi\u00e9n por medio de \u00e9l reconciliar consigo todas las cosas, tanto las de la tierra como las del cielo, pacific\u00e1ndDIAS por la sangre de su cruz\u2020\u009d (Col 1,19-20). Tambi\u00e9n el mundo material es solidario del hombre en la reconciliaci\u00f3n, como lo fue en su ca\u00ed\u00adda. Enlazamos con el pensamiento expresado en la carta a los \/ Romanos: \u2020\u0153La creaci\u00f3n fue sometida al fracaso no por su propia voluntad&#8230;; la misma creaci\u00f3n ser\u00e1 librada de la esclavitud de la destrucci\u00f3n para ser admitida a la libertad gloriosa de los hijos de Dios\u2020\u009d (Rm 8,20-21). Del mismo modo es sometido a Cristo aquel turbio y oscuro mundo de las potencias intermedias enemigas del hombre: \u2020\u0153Destituy\u00f3 a los principados y a las potestades&#8230;\u2020\u009d (Col 2,15), contra las cuales lucha el cristiano con \u2020\u0153la armadura de Dios\u2020\u009d<br \/>\nEf 6,12-13).<br \/>\n2732<br \/>\n5. Reconciliaci\u00f3n entre jud\u00ed\u00ados Y gentiles.<br \/>\nSan Pablo corona su ense\u00f1anza sobre la reconciliaci\u00f3n ilustrando la acci\u00f3n de Cristo \u2020\u0153nuestra paz\u2020\u009d: los gentiles son integrados en el pueblo elegido por el mismo t\u00ed\u00adtulo que los jud\u00ed\u00ados; la \u00e9poca de la separaci\u00f3n y del odio ha terminado. Todos los hombres forman ya, dice Pablo, un solo gran templo y un solo cuerpo en Cristo, el cual cre\u00f3 en s\u00ed\u00ad mismo de los dos un solo \u2020\u0153hombre nuevo\u2020\u009d y estableci\u00f3 la paz. \u2020\u0153Con su venida anunci\u00f3 la paz a los que estabais lejos y a los que estaban cerca\u2020\u009d (Ef 2,14-18) [1 Pueblo! Pueblos].<\/p>\n<p>2733<br \/>\nBIBL.: AA.W., Granditemibiblici, Edizioni Paoline 19694; AA.W., La conversi\u00f3n (mel\u00e1-noia), inicio y forma de la vida cristiana, en Mysterium salutisV, Cristiandad, Madrid 1984, 109-1 23; AA.VV., Reconciliaci\u00f3n, en DTNT1V, Sig\u00faeme, Salamanca 1980,36-48; AA.W., Conversi\u00f3n, penitencia, arrepentimiento, en DTNT1, Sig\u00faeme, 1980, 331-338; Behm J.-Wortwein E., metano\u00e9o, met\u00e1noia, en GLNT VII, 1106-1195; B\u00fcchsel J., katal\u00e1sso, katallagh\u00e9, en GLNTI, 680-693; Culmann O., Christologiedu Nouveau Testament, Neuch\u00e1tel 1958; Id, Las primeras confesiones de la fe cristiana, en La fe y el culto en la Iglesia primitiva, Stvdium, Madrid 1971, 63-121; Delorme J. (dir.), El ministerio ylos ministerios seg\u00fan el NT, Cristiandad, Madrid 1975; Pohlmann H., Die Met\u00e1noia ais Zentralbegriffderchrisiichen Fr\u00f3mmigkeit, Leipzig 1938. SjObert, Gott und S\u00ed\u00adinder inpa-l\u00e1stinischen Judentum, Stuttgart 1938; Wolff, Das Thema Umkehr in der alttestamentiichen Prophetie, en \u2020\u0153ZTK\u2020\u009d48 (1952) 129-148.<br \/>\nL. Moraldi<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>Ya en el AT prepar\u00f3 Dios la reconciliaci\u00f3n de los hombres con \u00e9l ofreci\u00e9ndoles incesantemente su perd\u00f3n. El mismo se revel\u00f3 como el \u00abDios de ternura y de piedad\u00bb (Ex 34,6), que de buena gana aplaca \u00abel ardor de su *ira\u00bb (Sal 85,4; cf. 103, 8-12) y habla de *paz a su pueblo (cf. Sal 85,9). Aunque no utilice la palabra, Yahveh ofrece ciertamente una reconciliaci\u00f3n a su *esposa infiel (Os 2,16-22), a sus hijos rebeldes (Ez 18,31s). Y todos &#8216;los ritos de *expiaci\u00f3n del culto mosaico, ordenados a la purificaci\u00f3n de las m\u00e1s variadas faltas, tend\u00ed\u00adan finalmente a la reconciliaci\u00f3n del hombre con Dios. Sin embargo, \u2020\u00a2no hab\u00ed\u00ada llegado todav\u00ed\u00ada el tiempo de la completa remisi\u00f3n de los pecados, y los fieles del verdadero Dios estaban en espera de algo mejor (cf. 2Mac 1,5; 7,33; 8,29).<\/p>\n<p>La reconciliaci\u00f3n perfecta y definitiva fue llevada a cabo por Cristo Jes\u00fas, \u00abel *mediador entre Dios y los hombres\u00bb (lTim 2,5), la cual por lo dem\u00e1s no es sino un aspecto de su obra de *redenci\u00f3n. Sin embargo, se puede leg\u00ed\u00adtimamente enfocar el misterio de la *salvaci\u00f3n, desde este punto, de vista especial, a la &#8216;luz de algunos textos de Pablo (Rom 5, 10s; 2Cor 5,18ss; Ef 2,16s; Col 1, 20ss): tal es el objeto propio de estas l\u00ed\u00adneas.<\/p>\n<p>I. NUESTRA RECONCILIACI\u00ed\u201cN CON DIOS POR CRISTO. 1. La iniciativa de Dios. Por s\u00ed\u00ad mismo el hombre es incapaz de reconciliarse con el Creador al que ha ofendido con su *pecado. La acci\u00f3n de Dios es aqu\u00ed\u00ad primera y decisiva, \u00aby todo viene de Dios que nos ha reconciliado consigo por Cristo\u00bb (2Cor 5,18). El nos amaba ya cuando \u00e9ramos sus \u00abenemigos\u00bb (Rom 5,10), y entonces su Hijo \u00abmuri\u00f3 por nosotros\u00bb (5,8). El misterio de nuestra reconciliaci\u00f3n empalma con el de la *cruz (cf. Ef 2,16) y del \u00abgran amor\u00bb con que hemos sido amados (cf. Ef 2,4).<\/p>\n<p>2. Los efectos de la reconciliaci\u00f3n. Dios no tendr\u00e1 ya en cuenta las faltas de los hombres (cf. 2Cor 5,19). Pero lejos de ser una simple ficci\u00f3n jur\u00ed\u00addica, la acci\u00f3n de Dios es m\u00e1s bien, al decir de Pablo, como \u00abuna nueva *creaci\u00f3n\u00bb (2Cor 5,17). La reconciliaci\u00f3n implica una renovaci\u00f3n completa para los que disfrutan de ella y coincide con la *justificaci\u00f3n (Rom 5,9s), la santificaci\u00f3n (Col 1. 21s). \u00abEnemigos hasta aqu\u00ed\u00ad de Dios por nuestra mala conducta\u00bb (Rom 1,30: 8,7), podemos ahora \u00abgloriarnos en Dios\u00bb (Rom 5,11), que quiere \u00abhacernos aparecer delante de \u00e9l santos, sin mancha y sin reproche\u00bb (Col 1,22); tenemos \u00abtodos, en un solo Esp\u00ed\u00adritu, acceso cerca del Padre\u00bb (Ef 2,18).<\/p>\n<p>3. \u00abEl ministerio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb. Toda la obra de la *salvaci\u00f3n est\u00e1 ya realizada por parte de Dios, pero desde otro punto de vista se contin\u00faa actualmente hasta la parus\u00ed\u00ada, y Pablo puede definir la actividad apost\u00f3lica como \u00abel ministerio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb (2Cor 5,18). \u00abEn embajada por Cristo\u00bb los ap\u00f3stoles son mensajeros de \u00abla palabra de la reconciliaci\u00f3n\u00bb (5,19s). Un antiguo papiro habla incluso aqu\u00ed\u00ad del \u00abevangelio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb, y tal es ciertamente el tenor del mensaje apost\u00f3lico (cf. Ef 6,15: \u00abel Evangelio de la paz\u00bb. Por tanto, los servidores del *Evangelio se aplicar\u00e1n en su ministerio, a ejemplo de Pablo, a ser por su parte los art\u00ed\u00adfices de la paz que anuncian (2Cor 6,4-13).<\/p>\n<p>4. La acogida del don de Dios. Del hecho de ser Dios el autor primero y principal de la reconciliaci\u00f3n, no se sigue que el hombre tenga en ella una actitud meramente pasiva: debe acoger el don de Dios. La acci\u00f3n divina no ejerce su eficacia sino para los que est\u00e1n dispuestos a aceptarla por la *fe. De ah\u00ed\u00ad el grito apremiante de Pablo : \u00abOs suplicamos en nombre de Cristo, dejaos reconciliar con Dios\u00bb (2Cor 5,20).<\/p>\n<p>II. LA RECONCILIACI\u00ed\u201cN UNIVERSAL. 1. La creaci\u00f3n reconciliada. Hablando Pablo de la reconciliaci\u00f3n del *mundo (2Cor 5,19; Rom 11,15) se fijaba sobre todo hasta ahora en los hombres pecadores. En las cartas de la cautividad, en Col y en Ef se ampl\u00ed\u00ada el horizonte del Ap\u00f3stol. La reconciliaci\u00f3n parece designar la salvaci\u00f3n colectiva del universo. Los seres, perfectamente reconciliados con Dios, son reconciliados entre s\u00ed\u00ad (Col 1,20).<\/p>\n<p>Finalmente, el mismo mundo material aparece solidario con el hombre,&#8217; en su resurgir como lo fue en su ca\u00ed\u00adda (cf. Rom 8,19-22). Se ha acabado incluso con la actitud hostil que pod\u00ed\u00adan adoptar frente a nosotros los poderes *ang\u00e9licos bajo el r\u00e9gimen ya caduco de la *ley (cf. Col 2,15).<\/p>\n<p>2. La reconciliaci\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados y de los paganos. Pablo corona su ense\u00f1anza en Ef 2,11-22. La acci\u00f3n de Cristo \u00abnuestra paz\u00bb (2,14) se pone aqu\u00ed\u00ad en plena luz, y sobre todo los maravillosos beneficios que procura a los paganos de ayer: ahora son integrados en el pueblo elegido con el mismo t\u00ed\u00adtulo que los jud\u00ed\u00ados, ha terminado la era de la separaci\u00f3n y del *odio, todos los hombres no forman ya sino un solo *cuerno en Cristo (2,16), un solo *templo santo (2,21).<\/p>\n<p>Poco importan al Ap\u00f3stol de las gentes los *sufrimientos gloriosos que le acarrea el anuncio de este *misterio (Ef 3,1-13).<\/p>\n<p>Pablo fue el te\u00f3logo inspirado y el ministro infatigable de la reconciliaci\u00f3n, pero Cristo fue por su *sacrificio el art\u00ed\u00adfice de la misma \u00aben su *cuerpo de carne\u00bb (Col 1,22); tambi\u00e9n fue Cristo el primero que subray\u00f3 sus exigencias profundas: el pecador reconciliado con Dios no puede tributarle un *culto agradable si no va primero a reconciliarse \u00e9l mismo con su hermano (Mt 5,23s).<\/p>\n<p>-> Ira &#8211; Expiaci\u00f3n &#8211; Justificaci\u00f3n &#8211; Paz &#8211; Perd\u00f3n &#8211; Redenci\u00f3n &#8211; Salvaci\u00f3n &#8211; Sangre.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Reconciliaci\u00f3n es un cambio de relaciones personales entre seres humanos (1 S. 29:4; Mt. 5:24; 1 Co. 7:11); o entre Dios y el hombre (Ro. 5:1\u201311; 2 Co. 5:18s.; Col. 1:20; Ef. 2:5) Por este cambio se reemplaza un estado de enemistad y alejamiento por uno de paz y comuni\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abTodo proviene de Dios\u00bb (2 Co. 5:18, cf. Ef. 2:4; Jn. 3:16) en la restauraci\u00f3n de las relaciones rotas entre \u00e9l mismo y el hombre rebelde. \u00c9l es el sujeto de todo el proceso de reconciliaci\u00f3n, cuyo amor de gracia se extiende aun a los enemigos. Los hombres no reconcilian a Dios, sino que Dios ha cambiado de tal modo la situaci\u00f3n entre \u00e9l mismo y los hombres que reconcili\u00f3 consigo al mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dios obr\u00f3 esta reconciliaci\u00f3n para con nosotros en Cristo, de modo que sin el Pacificador y su pasi\u00f3n, Dios no ser\u00eda para nosotros lo que \u00e9l es. Somos reconciliados con Dios por medio de la muerte de su Hijo (Ro. 5:10; Col. 1:22); a trav\u00e9s de la sangre de su cruz (Col. 1:20; Ef. 2:16). Adem\u00e1s en Ro. 5 y 2 Co. 5, la reconciliaci\u00f3n es tan estrictamente paralela con la justificaci\u00f3n (v\u00e9ase), que parecen diferentes descripciones del mismo suceso. Como Cristo muri\u00f3 por los imp\u00edos, as\u00ed somos reconciliados por su muerte y justificados por su sangre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La rebelde enemistad del hombre contra Dios (Col. 1:21; Ro. 8:7s.) ha provocado su santa enemistad contra el mal (1 Co. 15:25s.; Ro. 11:28; Stg. 4:4), su ira (Ro. 1:18; 2:5, 8\u20139; Ef. 2:3, 5; Col. 3:6), sus juicios (Ro. 1:24\u201332; 2:3, 16; 3:6, 19; 2 Co. 5:10); su venganza (Ro. 12:19; 2 Ts. 2:8), y la maldici\u00f3n de la ley quebrantada (G\u00e1. 3:10). La ira de Dios (v\u00e9ase) en el juicio final est\u00e1 en conexi\u00f3n inmediata con la enemistad que es quitada por la reconciliaci\u00f3n (Ro. 5:9\u201310). As\u00ed, Dios actu\u00f3 de tal manera al dar su Hijo para que fuese hecho pecado y maldici\u00f3n por nosotros, que su ira fue apartada y su justicia fue manifestada aun perdonando a los creyentes (Ro. 3:25\u201326). La gracia del Se\u00f1or Jesucristo les asegura que la sentencia de condenaci\u00f3n ya no est\u00e1 en contra de ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al derramar el amor de Dios en nuestros corazones, el Esp\u00edritu Santo hace efectiva en nosotros la reconciliaci\u00f3n obrada por Cristo. As\u00ed, \u00e9l trae de regreso al pr\u00f3digo de la rebeli\u00f3n ego\u00edsta hacia una obediencia al Padre de la familia, la que procede del amor agradecido. Conociendo el temor de Dios, el creyente se regocija al recibir y proclamar la palabra de la reconciliaci\u00f3n (2 Co. 5:11s.).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Arndt; E. Buechsel y W. Foerster en <em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">TWNT<\/a><\/em>; O. Michel, P. Althaus, M.J. Laganje y C.K. Barrett sobre Romanos; K. Barth, <em>Church Dogmatics<\/em>, IV, 1; Leon Morris, <em>Apostolic Preaching of the Cross<\/em>; James Denney, <em>Reconciliation<\/em>; Wm. C. Robinson, <em>The Word of the Cross<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">William Childs Robinson<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><em>TWNT <\/em><\/a><em>Theologisches Woerterbuch zum Neuen Testament<\/em> (Kittel)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (511). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Cuatro importantes pasajes del NT tratan la obra de Cristo bajo la figura de la reconciliaci\u00f3n, a saber Ro. 5.10s; 2 Co. 5.18ss; Ef. 2.11ss; Col. 1.19ss. Los t\u00e9rminos gr. de importancia son el sustantivo <\/span><span style=''>katallag&#275;<\/span><span lang=ES style=''> y los verbos <\/span><span style=''>katallass&#333;<\/span><span lang=ES style=''> y <\/span><span style=''>apokatallass&#333;<\/span><span lang=ES style=''>. La reconciliaci\u00f3n se aplica propiamente, no a las buenas relaciones en general, sino a la anulaci\u00f3n de una enemistad, la soluci\u00f3n de una disputa. Denota que las partes reconciliadas anteriormente fueron hostiles entre s\u00ed. La Biblia nos dice claramente que los pecadores son \u201cenemigos\u201d de Dios (Ro. 5.10; Col. 1.21; Stg. 4.4). Nunca debemos minimizar la seriedad de estos pasajes y otros similares. El enemigo no es alguien que por poco es nuestro amigo, sino alguien ubicado en el campo enteramente opuesto. El NT nos muestra a Dios en vigorosa oposici\u00f3n a todo lo que sea malo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La forma de terminar con la enemistad es quitar aquello que la caus\u00f3. Podemos pedir disculpas por la palabra dicha sin reflexi\u00f3n, podemos pagar el dinero que debemos, podemos llevar a cabo la reparaci\u00f3n o restituci\u00f3n que corresponde. Pero en todos los casos, en el camino a la reconciliaci\u00f3n se encuentra una efectiva eliminaci\u00f3n de la causa de la enemistad. Cristo muri\u00f3 para anular nuestros pecados. De esta manera se ocup\u00f3 \u00e9l de la enemistad entre el hombre y Dios. La quit\u00f3 del camino. Abri\u00f3 ampliamente el camino para que los hombres pudieran volver a Dios. Es esto lo que se describe por medio del t\u00e9rmino \u201creconciliaci\u00f3n\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Es interesante notar que ning\u00fan pasaje neotestamentario habla de que Cristo haya reconciliado a Dios con el hombre. Invariablemente se pone el acento en que es el hombre el que se reconcilia. Esto es muy importante para entender la naturaleza de lo que nos ocupa. Es el pecado del hombre lo que ha habido que solucionar. Es al hombre al que se llama, en las palabras de 2 Co. 5.20, a que se \u201creconcilie con Dios\u201d. Algunos estudiosos parten de esto para sugerir que las actividades de reconciliaci\u00f3n de Cristo se relacionan solamente con el hombre. Pero es dif\u00edcil armonizar esto con la posici\u00f3n general del NT. Lo que cre\u00f3 la barrera fue la demanda de rectitud en el hombre por parte de la santidad de Dios. El hombre, cuando est\u00e1 en libertad de elegir, se conforma con olvidar el pasado, y no se preocupa mayormente por su pecado. Por cierto que no siente hostilidad hacia Dios por culpa de su pecado. En consecuencia, cuando se ha efectuado la reconciliaci\u00f3n, es imposible decir que est\u00e1 completamente dirigido hacia el hombre y no hacia Dios tambi\u00e9n, en alg\u00fan sentido. Tiene que haber un cambio por parte de Dios, si todo lo que envuelven expresiones como \u201cla ira de Dios\u201d ya no se dirige m\u00e1s al hombre.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Esto no significa que haya habido cambio alguno en el amor de Dios. La Biblia nos dice muy claramente que el amor que Dios siente hacia el hombre nunca var\u00eda, a pesar de lo que el hombre pueda hacer. Por cierto que toda la obra expiatoria de Cristo surge del gran amor de Dios. Fue \u201csiendo a\u00fan pecadores\u201d que \u201cCristo muri\u00f3 por nosotros\u201d (Ro. 5.8). Se trata de una verdad que debemos guardar celosamente. Pero, al mismo tiempo, no debemos llegar al punto de sostener que la reconciliaci\u00f3n es un proceso puramente subjetivo. En cierto sentido la reconciliaci\u00f3n se realiza fuera del hombre, antes que haya ocurrido nada dentro de \u00e9l. Pablo puede hablar de Cristo, \u201cpor quien hemos recibido ahora la reconciliaci\u00f3n\u201d (Ro. 5.11). Una reconciliaci\u00f3n que puede ser \u201crecibida\u201d debe ser ofrecida (y por consiguiente en alg\u00fan sentido lograda) antes de que pueda recibirla el hombre. En otras palabras, debemos pensar que la reconciliaci\u00f3n tiene efectos que se manifiestan hacia el hombre como hacia Dios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> H.-G. Link, H. Vorl\u00e4nder, \u201cReconciliaci\u00f3n\u201d, <i>\u00b0DTNT<\/i>, t(t). IV, pp. 36\u201348; G. von Rad, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1978, t(t). I, pp. 331\u2013342; W. Eichrodt, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975, t(t). II, pp. 440\u2013448; K H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1977, t(t). II, pp. 164\u2013181; L. Berkhof, <i>Teolog\u00eda sistem\u00e1tica<\/i>, 1972, pp. 443\u2013474; C. Rutenber, <i>El evangelio de la restituci\u00f3n<\/i>, 1973.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Arndt; J. Denney, <i>The Christian Doctrine of Reconciliation<\/i>, 1917; L. Morris, <i>The Apostolic Preaching of the Cross<\/i>\u00b3, 1965; H.-G. Link, C. Brown, H. Vorl\u00e4nder, <i>NIDNTT <\/i>3, pp. 145\u2013176; F. B\u00fcchsel, <etiqueta id=\"#_ftn111\" name=\"_ftnref111\" title=\"\"><i>TDNT <\/i><\/etiqueta>1, pp. 254\u2013258.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn112\" name=\"_ftnref112\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>L.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Expiaci\u00f3n, Perd\u00f3n, Propiciaci\u00f3n Lev 9:7 haz la r por ti y por .. y haz la r por ellos 16:6 (gr., katallagu\u00e9). La reconciliaci\u00f3n es un cambio de relaci\u00f3n entre Dios y el hombre basado en el cambio de posici\u00f3n del hombre a trav\u00e9s de la obra redentora de Cristo. En el NT se &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reconciliacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abRECONCILIACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6544","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6544","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6544"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6544\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6544"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6544"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6544"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}