{"id":6591,"date":"2016-02-05T03:34:57","date_gmt":"2016-02-05T08:34:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santo\/"},"modified":"2016-02-05T03:34:57","modified_gmt":"2016-02-05T08:34:57","slug":"santo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santo\/","title":{"rendered":"SANTO"},"content":{"rendered":"<p>En un sentido religioso, significa lo que est\u00e1 separado para o dedicado a Dios y, por lo tanto, apartado de uso secular. La palabra se aplica a personas, lugares y cosas (p. ej., el templo, vasijas, vestiduras, la ciudad de Jerusal\u00e9n, los sacerdotes). En un sentido personal, significa santo.<\/p>\n<p>En el NT, la palabra hagioi se aplica a los creyentes del AT (Mat 27:52) y del NT (p. ej., Act 26:10; Rom 8:27; Rom 12:13; Rom 16:2; 2Co 1:1; Eph 1:1; 1Th 3:13; Jud 1:3; Rev 13:7, Rev 13:10). La iglesia est\u00e1 compuesta de personas llamadas a salir del mundo (Rom 1:7; 1Co 1:2) por la elecci\u00f3n de la gracia de Dios a ser su propio pueblo. Todos los que est\u00e1n en una relaci\u00f3n de pacto con \u00e9l a trav\u00e9s del arrepentimiento y de la fe en su Hijo son considerados como santos. Objetivamente, los santos son el pueblo peculiar y escogido de Dios, que pertenecen exclusivamente a \u00e9l. Subjetivamente, ellos est\u00e1n separados de toda contaminaci\u00f3n y pecado y part\u00ed\u00adcipes de la santidad de Dios.<\/p>\n<p>A los santos, se les urge a vivir vidas correspondientes a su posici\u00f3n (Eph 4:1, Eph 4:12; Eph 5:3; Col 1:10; comparar 2Co 8:4).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>a) V\u00e9ase SANTIDAD. b) SANTO, LUGAR. (V\u00e9anse TABERN\u00ed\u0081CULO, TEMPLO.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[267]<\/p>\n<p>     T\u00e9rmino empleado por costumbre y tradici\u00f3n como definici\u00f3n de consagraci\u00f3n, segregaci\u00f3n y dedicaci\u00f3n a Dios. Es el centro de referencia religiosa que se asocia a multitud de acciones, toponimias, gentilicios y apellidos de personas o de entidades sociales.<\/p>\n<p>    Se usa tambi\u00e9n en forma femenina (santa) y en formas superlativas (sant\u00ed\u00adsimo, sant\u00ed\u00adsima), estando el lenguaje lleno de tales alusiones terminol\u00f3gicas tanto en la denominaci\u00f3n de lugares, como de personas o de actividades.<\/p>\n<p>    Algunas de las expresiones m\u00e1s significativas del concepto de \u00absanto\u00bb pueden ser las siguientes:<\/p>\n<p>   &#8211; Santo Cristo, alusiva a una imagen venerada por los fieles, como la de Limpias, la de Burgos, la pintada por Vel\u00e1zquez, por El Greco o por Dal\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>   &#8211; Santo Sepulcro, que recuerda el lugar donde estuvo el sepulcro de Jes\u00fas y hoy ocupa un sitio preferente en la Bas\u00ed\u00adlica de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>   &#8211; Santo Sudario, o santa Faz, que alude al pa\u00f1o que la leyenda o la tradici\u00f3n identific\u00f3 con el lienzo con el que la Ver\u00f3nica enjug\u00f3 el rostro de Jes\u00fas en el Calvario. El rostro divino qued\u00f3 grabado en \u00e9l pa\u00f1o. La leyenda procedente de la Edad Media lo sit\u00faa en el sanctasanctorum de la iglesia de San Juan de Letr\u00e1n, de Roma, aunque otros lugares se disputaron desde antiguo la posesi\u00f3n de tal reliquia, como acontece en el Monasterio de la Santa Faz, en las cercan\u00ed\u00adas de Valencia. El hecho de que tal leyenda sea m\u00e1s o menos fantasiosa no impide que la tradici\u00f3n considere santo tal lienzo.<\/p>\n<p>   &#8211; Santo S\u00ed\u00adndone, o S\u00e1bana Santa, que, tambi\u00e9n seg\u00fan la tradici\u00f3n, se conserva en la catedral de Tur\u00ed\u00adn. Ser\u00ed\u00ada, de ser cierta, el lienzo o s\u00e1bana con que se envolvi\u00f3 el cuerpo de Cristo en el Sepulcro, en espera de amortajarlo al pasar el d\u00ed\u00ada del descanso sab\u00e1tico. Tal reliquia fue tra\u00ed\u00adda de Oriente y estuvo en posesi\u00f3n de los templarios, lo que explicar\u00ed\u00ada su llegada a Tur\u00ed\u00adn, despu\u00e9s de variados avatares.<\/p>\n<p>   &#8211; Santo Padre, que alude al Papa en cuanto m\u00e1xima autoridad de la Iglesia y sucesor de Pedro a la cabeza el cuerpo apost\u00f3lico, rasgos suficientes para ser considerado santo el que tal sucesi\u00f3n representa.<\/p>\n<p>   &#8211; Santo Oficio, o tribunal creado en 1542 por Paulo III para combatir la Reforma protestante. En el seno de este Tribunal est\u00e1 la referencia a otros \u00absantos\u00bb tribunales, como el de la Rota Romana o el de, en otros tiempos, santa inquisici\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Santo Domingo de Silos, referido al monasterio fundado en el 919 por el Conde Fern\u00e1n Gonz\u00e1lez en la zona burgalesa. Es uno m\u00e1s de los miles de monasterios, santuarios, centros de oraci\u00f3n o de caridad, en el que se hacen cosas santas y se veneran a figura santas, como los fue el ermita\u00f1o y monje Domingo, situado y santificado en la localidad de Silos.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La santidad cristiana consiste en la uni\u00f3n con Cristo: Las ense\u00f1anzas del Vat. II &#8211; II. Santidad ontol\u00f3gica y santidad moral &#8211; lll. La santidad es una, pero debe ser cultivada seg\u00fan la vocaci\u00f3n de cada uno &#8211; IV. Dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la santidad &#8211; V. Dimensi\u00f3n eclesial de la santidad: uni\u00f3n con los que son de Cristo &#8211; VI. Uni\u00f3n y comuni\u00f3n con los que est\u00e1n en Cristo en la gloria.<\/p>\n<p>Para comprender exactamente lo que es un santo, cu\u00e1l es su relaci\u00f3n con nosotros y, por tanto, cu\u00e1les son nuestras relaciones con \u00e9l, es preciso remontarse a la realidad de la santidad cristiana en s\u00ed\u00ad misma.<\/p>\n<p>I. La santidad cristiana consiste en la uni\u00f3n con Cristo<br \/>\nEl Vat. II, adapt\u00e1ndose sabiamente a las costumbres de una prolongada praxis conciliar, no quiso dar una definici\u00f3n t\u00e9cnica, y mucho menos escatol\u00f3gica, de los conceptos clave, entre los que hay que enumerar precisamente el de la santidad. Tampoco era oportuno avanzar por ese camino, pues ello habr\u00ed\u00ada conducido casi ineludiblemente a la necesidad de adoptar una postura frente a algunos aspectos correlativos del problema que son objeto de pareceres libremente disputables entre escuelas y te\u00f3logos cat\u00f3licos. No obstante, aun sin dar una definici\u00f3n te\u00f3rica o escol\u00e1stica, el concilio propuso inequ\u00ed\u00advocamente -de forma positiva- una doctrina acerca de la naturaleza de la santidad cristiana, que, por otra parte, se encuentra en perfecta armon\u00ed\u00ada con la tradici\u00f3n y con lo que \u00e9sta ha ense\u00f1ado en su magisterio aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>Efectivamente, aunque los autores que hab\u00ed\u00adan tratado de esta materia (enla exposici\u00f3n sistem\u00e1tica de la teolog\u00ed\u00ada de la santidad) hab\u00ed\u00adan procedido diversamente tomando en consideraci\u00f3n aspectos formales diversos; aunque la terminolog\u00ed\u00ada usada por ellos estaba lejos de ser id\u00e9ntica en todos, por lo cual se advert\u00ed\u00adan m\u00faltiples matizaciones en la presentaci\u00f3n y elaboraci\u00f3n de esta doctrina, no obstante, es innegable que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, todos los te\u00f3logos cat\u00f3licos hab\u00ed\u00adan ense\u00f1ado m\u00e1s o menos expl\u00ed\u00adcitamente que la santidad cristiana consiste en la uni\u00f3n con Cristo, Verbo encarnado y redentor nuestro, \u00fanico mediador entre Dios y los hombres, y fuente de toda gracia y santificaci\u00f3n. Uno de los grandes m\u00e9ritos de este concilio consiste en haber expuesto claramente esta doctrina y haberla insertado y desarrollado org\u00e1nicamente, a la luz de la eclesiolog\u00ed\u00ada renovada, en la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia.<\/p>\n<p>LAS ENSESANZAS DEL VAT. II &#8211; Que en la constituci\u00f3n Lumen gentium la tem\u00e1tica de nuestra santidad y santificaci\u00f3n se ha desarrollado a base de la categor\u00ed\u00ada de nuestra uni\u00f3n con Cristo, resulta evidente ante todo por el planteamiento del cap\u00ed\u00adtulo quinto, que trata expresamente de este tema. De hecho, dicho cap\u00ed\u00adtulo plantea la argumentaci\u00f3n de fondo en los t\u00e9rminos siguientes: \u00abLa Iglesia, cuyo misterio expone el sagrado concilio, es indefectiblemente santa en la opini\u00f3n de todos. Efectivamente, Cristo, Hijo de Dios, que con el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu es proclamado `el solo santo&#8217;, am\u00f3 a la Iglesia como a su esposa, se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por ella para santificarla (cf Ef 5,25-26) y la uni\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo como su cuerpo llen\u00e1ndola del don del Esp\u00ed\u00adritu Santo para la gloria de Dios. Por ello todos los miembros de la Iglesia, tanto si pertenecen a la jerarqu\u00ed\u00ada como si son dirigidos por \u00e9sta, est\u00e1n llamados a la santidad, seg\u00fan las palabras del Ap\u00f3stol: `Ahora bien, \u00e9sta es la voluntad de Dios: vuestra santificaci\u00f3n&#8217; (1 Tes 4,3; cf Ef 1,4)\u00bb (LG 39).<\/p>\n<p>Analizando este texto, advertimos en primer lugar que la obligaci\u00f3n moral de tender a la santidad es com\u00fan a todos los miembros de la Iglesia, y se deduce precisamente de su pertenencia y uni\u00f3n ontol\u00f3gica a ella, la cual es proclamada como indefectiblemente santa. Todos los fieles deben ser santos en su conducta moral, porque deben actuar en conformidad con lo que son en el orden del ser: como hombres que viven en la Iglesia, que es santa. Pero, seg\u00fan se desarrolla en el p\u00e1rrafo inmediatamente siguiente, la Iglesia misma es santa porque Cristo, \u00abel solo santo\u00bb, la ha amado como a su esposa y se ha entregado a ella para santificarla. Con esto se dice que la santidad de la Iglesia deriva totalmente de la santidad de Cristo y de su amor hacia ella, amor que le impuls\u00f3 al sacrificio de la cruz para que ella pudiera ser su esposa. Es de advertir que en esta descripci\u00f3n de las relaciones existentes entre Cristo y su Iglesia, sobre las cuales se fundamenta y de las cuales resulta la santidad de la misma Iglesia, se recurre expl\u00ed\u00adcitamente a la categor\u00ed\u00ada del amor, que, seg\u00fan su naturaleza, procede del deseo de la uni\u00f3n mutua y la establece de hecho. As\u00ed\u00ad pues, queda explicada muy certeramente la intensidad y la intimidad de esta uni\u00f3n recurriendo a la imagen b\u00ed\u00adblica de los esponsales entre Dios y su pueblo elegido.<\/p>\n<p>Pero ni siquiera esta descripci\u00f3n es suficiente para expresar todas las riquezas de la uni\u00f3n amorosa que existe entre Cristo y su Iglesia, ni la profundidad que de ello se deriva para la santidad de la Iglesia; por eso se introduce un segundo concepto y se dice que Cristo le ha unido a s\u00ed\u00ad mismo como a su cuerpo. Con esta especificaci\u00f3n ulterior, la santidad de la Iglesia se describe todav\u00ed\u00ada m\u00e1s clara y expl\u00ed\u00adcitamente mediante la categor\u00ed\u00ada de la \u00abuni\u00f3n\u00bb con Cristo, es decir, por medio de la categor\u00ed\u00ada que de manera eminente expresa la identificaci\u00f3n de Cristo con su Iglesia y que, al mismo tiempo, revela con una profundidad insuperable el misterio de la Iglesia, su naturaleza y finalidad, su dinamismo sobrenatural y las m\u00faltiples manifestaciones de la vitalidad que le caracteriza.<\/p>\n<p>El tercer motivo aducido para explicar la santidad de la Iglesia, es decir, el hecho de que Cristo la ha colmado con el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, est\u00e1 \u00ed\u00adntima y org\u00e1nicamente conectado con la consideraci\u00f3n anterior; el poner de relieve otro aspecto m\u00e1s ayuda a comprender mejor por qu\u00e9 la santidad de la Iglesia consiste precisamente en la uni\u00f3n con Cristo. Efectivamente, el Esp\u00ed\u00adritu Santo (que es presentado como el principio de la santidad de la Iglesia) es el alma del cuerpo m\u00ed\u00adstico, que lo penetra todo y lo vivifica uni\u00e9ndolo a Cristo. A la luz de la teolog\u00ed\u00ada trinitaria y de lo que ella ense\u00f1a sobre el Esp\u00ed\u00adritu Santo como Esp\u00ed\u00adritu de amor y v\u00ed\u00adnculo de caridad, se intuye f\u00e1cilmente el profundo valor de la doctrina, seg\u00fan la cual el Esp\u00ed\u00adritu Santo nos comunica la santidad precisamente porque y en cuanto nos une a Cristo y en \u00e9l nos hace part\u00ed\u00adcipes de la vida divina.<\/p>\n<p>Partiendo de esta consideraci\u00f3n de la santidad, tendremos que decir, pues, que Dios es llamado \u00absanto\u00bb porque, en virtud de su misma naturaleza divina, es siempre en todo su ser y hacer perfectamente id\u00e9ntico a s\u00ed\u00ad mismo, a su majestad, a su justicia y a su bondad; la humanidad de Cristo es \u00absanta\u00bb porque est\u00e1 hipost\u00e1ticamente unida a la persona del Verbo divino; la Iglesia es \u00absanta\u00bb porque mediante el Esp\u00ed\u00adritu Santo est\u00e1 unida a Cristo como a su cuerpo m\u00ed\u00adstico; por \u00faltimo, los seres humanos son \u00absantos\u00bb porque y en cuanto al estar unidos a Cristo por el Esp\u00ed\u00adritu Santo a trav\u00e9s de la Iglesia viven ontol\u00f3gica y moralmente de la vida de Cristo.<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo en este texto fundamental de la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica se concibe y se presenta la santidad de los cristianos como uni\u00f3n con Cristo en el seno de la Iglesia. La misma idea aparece all\u00ed\u00ad donde la LG habla de la santidad y de nuestra santificaci\u00f3n. Para convencerse de esta afirmaci\u00f3n, basta leer en su totalidad la constituci\u00f3n y sustituir, donde ocurran, los t\u00e9rminos \u00absantidad\u00bb y \u00absantificaci\u00f3n\u00bb por los de \u00abuni\u00f3n\u00bb y \u00abunificaci\u00f3n\u00bb con Cristo. Se ver\u00e1 entonces que todos los textos, que ya de por s\u00ed\u00ad tienen un sentido plausible y profundo. adquieren entonces una mayor claridad, porque as\u00ed\u00ad se logra apreciar mejor el verdadero sentido de lo que el concilio quer\u00ed\u00ada expresar y de hecho expres\u00f3.<\/p>\n<p>El recurso que se hace algunas veces a la categor\u00ed\u00ada de nuestra participaci\u00f3n de la vida divina y a otras semejantes demuestra esta misma realidad; se trata, en efecto, de expresiones y formas de hablar que, cada una con matices diversos, describen el hecho y la naturaleza de nuestra uni\u00f3n con Cristo y, en \u00e9l, con la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad. Merecen especial atenci\u00f3n en este contexto los verbos usados por la LG para hacer comprender la forma en que debe efectuarse la tendencia de los cristianos a la santidad: coniungi, consecrari, conformes fieri, sequi, imitan y otros semejantes que pertenecen claramente a la categor\u00ed\u00ada de la uni\u00f3n y de la unificaci\u00f3n tanto en el orden ontol\u00f3gico como en el orden intencional y moral.<\/p>\n<p>A los resultados de estas indagaciones terminol\u00f3gicas corresponden plenamente las investigaciones llevadas a cabo sobre los grandes temas que en el \u00e1mbito de la teolog\u00ed\u00ada de la santidad de los cristianos son desarrollados en dicha constituci\u00f3n dogm\u00e1tica. Basta pensar en toda la teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos y, especialmente, en lo que se expone acerca del bautismo y de la eucarist\u00ed\u00ada, para ver que la importancia de los sacramentos -y en forma totalmente especial de la eucarist\u00ed\u00ada- se explica precisamente mediante la funci\u00f3n que tienen de unirnos a Cristo mediante el don especial del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que nos confieren. Otro tanto puede decirse de todos los dem\u00e1s medios de santificaci\u00f3n y de las m\u00faltiples instituciones de la Iglesia, que tienden en su totalidad a promover la santidad de los fieles; estos medios se describen, cada uno a su modo, como otras tantas ayudas o condiciones orientadas a ponernos en contacto cada vez m\u00e1s \u00ed\u00adntimo y vivo con la persona del Verbo encarnado y redentor.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, t\u00e9ngase presente que la importancia primordial que se atribuye a la actividad del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la obra de nuestra santificaci\u00f3n, queda sistem\u00e1ticamente explicada por la doctrina de que \u00e9l mismo procede del Padre y nos conduce a \u00e9l, recapitul\u00e1ndolo todo en Cristo. El mismo recurso a la categor\u00ed\u00ada de la naturaleza de nuestra uni\u00f3n con Cristo aparece justamente -en estrecha conexi\u00f3n con la doctrina pneumatol\u00f3gica- all\u00ed\u00ad donde el concilio habla de la caridad teologal, que por su misma naturaleza une a los hombres con Dios y entre ellos mismos en el seno del cuerpo m\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>No tiene nada de extra\u00f1o, pues, que en algunos textos la santidad aparezca expl\u00ed\u00adcitamente identificada con la uni\u00f3n con Cristo, como ocurre, por ejemplo, en el n\u00famero 49 de la constituci\u00f3n, donde dice que, \u00aba causa de su m\u00e1s \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Cristo, los bienaventurados consolidan a toda la Iglesia en la santidad\u00bb; y un poco m\u00e1s adelante se ofrece una especie de definici\u00f3n de la santidad al hablar de la \u00abv\u00ed\u00ada segur\u00ed\u00adsima por la que, entre las vicisitudes del mundo, podremos llegar a la perfecta uni\u00f3n con Cristo, es decir, a la santidad\u00bb (LG 50).<\/p>\n<p>II. Santidad ontol\u00f3gica y santidad moral<br \/>\nAceptadas como premisas seguras las nociones que ofrece la Sagrada Escritura y la tradici\u00f3n, aut\u00e9nticamente interpretadas por el magisterio de la Iglesia, seg\u00fan las cuales la santidad se describe y se define mediante la categor\u00ed\u00ada de la uni\u00f3n con Dios (santo es todo lo que est\u00e1 unido a Dios en la forma debida, y profano o pecaminoso es lo que no est\u00e1 unido a \u00e9l o incluso est\u00e1 separado y apartado de \u00e9l), pensamos que basta subrayar que, examinando m\u00e1s de cerca este concepto, no se tarda mucho en descubrir la necesidad de una especificaci\u00f3n fundamental. Aunque hablemos con raz\u00f3n de una santidad ontol\u00f3gica por la que se pueden llamar santas todas las criaturas, incluso las inanimadas e infrapersonales (porque proceden de Dios creador y como tales est\u00e1n unidas a \u00e9l), en un sentido m\u00e1s espec\u00ed\u00adfico s\u00f3lo se llaman santos los seres personales, aquellos que est\u00e1n dotados de una inteligencia y una voluntad, que les permiten poner en pr\u00e1ctica y realizar su uni\u00f3n con Dios de una forma consciente y libre.<\/p>\n<p>El concepto de santidad se extiende, pues, desde el plano ontol\u00f3gico al plano moral y aparece en su verdadera riqueza como una realidad vivida deliberadamente, que penetra la existencia misma de una persona precisamente porque, con la riqueza de su ser y con la espontaneidad de su libre voluntad, se une a Dios entreg\u00e1ndose a \u00e9l con el calor del amor. Por eso, siendo personal la santidad, se apropia necesariamente las caracter\u00ed\u00adsticas t\u00ed\u00adpicas de toda persona y tiene incluso como nota esencial un continuo dinamismo. Efectivamente, como el ser personal del hombre se enriquece o se empobrece en su desarrollo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la uni\u00f3n del hombre con Dios, al estar ligada al desarrollo de la persona misma, se encuentra en continua fase de enriquecimiento o empobrecimiento. Pero igual que el desarrollo de una personalidad debiera seguir una l\u00ed\u00adnea de ascensi\u00f3n constante, lo mismo se puede decir de la santificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ser\u00ed\u00ada, sin embargo, err\u00f3neo -por incompleto- quedarse parados en estos conceptos y hablar de santidad o de uni\u00f3n con Dios bas\u00e1ndonos en la simple consideraci\u00f3n de nuestra cualidad de personas. Es obligado considerarnos tal como somos; es decir, personas reales existentes en un orden hist\u00f3rico concreto; personas humanas que viven en el orden sobrenatural y est\u00e1n dotadas y enriquecidas con una vida divina que se nos comunica en Cristo.<\/p>\n<p>Efectivamente, la revelaci\u00f3n nos lleva a considerar nuestra uni\u00f3n con Dios bajo una luz nueva: la que proviene del misterio de la encarnaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n. Ahora bien, el hecho de que el Verbo divino, la segunda persona de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, se haya encarnado, no tiene como \u00fanico resultado que exista una naturaleza humana sant\u00ed\u00adsima por estar unida a Dios de una forma tan \u00ed\u00adntima que trasciende nuestras posibilidades de comprensi\u00f3n; este hecho ejerce tambi\u00e9n una profunda influencia en toda la humanidad. El Verbo divino se ha hecho verdaderamente carne propter nos homines et propter nostram salutem: se ha hecho uno de nosotros para darnos tambi\u00e9n a nosotros la posibilidad de que nos unamos a Dios de una forma esencialmente nueva, puesto que somos miembros del g\u00e9nero humano, en el que \u00e9l mismo ha querido insertarse, constituy\u00e9ndose en cabeza del mismo. El vino \u00abpara que tengan vida y la tengan abundante\u00bb (In 10,10); es decir, para dar a los hombres su vida divina, a fin de que ellos puedan entregarse y unirse a Dios no ya s\u00f3lo como meros seres humanos, sino como personas introducidas y elevadas a la intimidad sobrenatural, con las notas y riquezas t\u00ed\u00adpicas de quien participa de la vida divina.<\/p>\n<p>Pero dado que la elevaci\u00f3n del hombre al orden sobrenatural no suprime su personalidad, tambi\u00e9n el proceso de su santificaci\u00f3n en Cristo tiene lugar de una forma propia de las personas, es decir, en un plano tanto ontol\u00f3gico como moral. Por ello, san Pablo, a quien le resulta especialmente grato llamar con el sencillo apelativo de \u00absantos\u00bb a aquellos que est\u00e1n bautizados por estar unidos a Cristo, no cesa de exhortar a los cristianos a que vivan conscientemente y con verdadero sentido de responsabilidad la vida divina, de la que han sido hechos part\u00ed\u00adcipes, y les incita por ello a que se apropien los mismos sentimientos de Cristo y a \u00abrevestirse\u00bb de \u00e9l.<\/p>\n<p>En este sentido preciso, todos los cristianos est\u00e1n llamados a su plena e integral santificaci\u00f3n, que es tanto como decir a la uni\u00f3n m\u00e1s \u00ed\u00adntima y profunda posible con Dios en Cristo, uni\u00f3n a la que ellos pueden acceder con la respuesta personal a la gracia que Dios mismo les ha dado. Queda, por tanto, excluido todo minimalismo y toda forma o actitud de mediocridad, que pudiera inducir a contentarse con lo estrictamente necesario o mandado. Muy al contrario, el verdadero cristiano se debe entregar con impulso generoso a<br \/>\nDios y a Cristo. No puede ni debe decir nunca \u00abbasta\u00bb, sino que ha de vivir constantemente su consagraci\u00f3n y su uni\u00f3n a Jesucristo y al cuerpo m\u00ed\u00adstico, que es la Iglesia.<\/p>\n<p>Por ello la vocaci\u00f3n del cristiano a la santidad puede llamarse verdaderamente una invitaci\u00f3n al >hero\u00ed\u00adsmo. El mismo sacramento de nuestra incorporaci\u00f3n a Cristo nos obliga de hecho a estar dispuestos en todo al sacrificio m\u00e1s sublime de la caridad, es decir, el de la inmolaci\u00f3n cruenta por amor de Cristo y de su Iglesia. Se comprende entonces que la vocaci\u00f3n a la santidad, tal como se desprende de la inserci\u00f3n en Cristo, compromete tanto, que todo cristiano, precisamente por serlo, est\u00e1 llamado a ser santo en el sentido m\u00e1s estricto de la palabra.<\/p>\n<p>Es, pues, err\u00f3nea la concepci\u00f3n seg\u00fan la cual pocos elegidos estar\u00ed\u00adan llamados a la santidad perfecta. Es err\u00f3nea toda concepci\u00f3n que induzca a pensar que los santos oficialmente reconocidos por la Iglesia son lo que son gracias a unos dones totalmente extraordinarios, como el don de los milagros o de la profec\u00ed\u00ada, o a los favores especiales de la vida m\u00ed\u00adstica y otros similares. En virtud de los sencillos principios ya expuestos, estamos capacitados para comprender cu\u00e1n ajenas son estas ideas al verdadero concepto teol\u00f3gico de la santidad cristiana. Pero gracias a estos mismos principios estamos en posici\u00f3n de captar tambi\u00e9n -y as\u00ed\u00ad queremos repetirlo- que la santidad cristiana consiste en la uni\u00f3n cada vez mayor con Dios en Cristo y, por lo tanto, en una participaci\u00f3n consciente de la vida de Cristo, al cual estamos ontol\u00f3gicamente unidos por misericordia y ben\u00e9vola voluntad de Dios.<\/p>\n<p>III. La santidad es una, pero debe ser cultivada seg\u00fan la vocaci\u00f3n de cada uno<br \/>\nA prop\u00f3sito de la unidad de la santidad cristiana y de sus diversificaciones y diferenciaciones, la LG ense\u00f1a lo siguiente: \u00abEn los diversos g\u00e9neros de vida y en las diversas profesiones, hay una sola santidad, cultivada por quienes est\u00e1n movidos por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios y, obedientes a la voz del Padre y adorando en esp\u00ed\u00adritu y verdad a Dios Padre, siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz para merecer ser participantes de su gloria. Cada uno, seg\u00fan sus propios dones y gracias, debe avanzar sin demora por el camino de la fe viva, la cual enciende la esperanza y act\u00faa por medio de la caridad\u00bb (LG 41).<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 entiende el concilio cuando afirma que una sola santidad es cultivada por todos los cristianos? La respuesta a esta pregunta no es dificil, si tenemos presente cuanto se ha dicho m\u00e1s arriba y si pensamos que el t\u00e9rmino \u00absantidad\u00bb significa en la mente del concilio la uni\u00f3n de los fieles con Cristo operada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia.<\/p>\n<p>Decir que la santidad cristiana es \u00abuna\u00bb equivale a afirmar que la vida de uni\u00f3n con Cristo es una. Esta verdad es precisamente la que ha sido ilustrada por el concilio no s\u00f3lo con las escuetas palabras del texto antes citado, sino con toda la ense\u00f1anza de la LG acerca de nuestra existencia en el seno de la Iglesia. Todos los fieles participan de hecho de la vida del \u00fanico Se\u00f1or y son miembros del \u00fanico cuerpo m\u00ed\u00adstico suyo, que es la Iglesia. Lo que el concilio ha dicho en este contexto acerca de la funci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, acerca de la naturaleza y los efectos de la gracia y su dinamismo. acerca del bautismo, la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00ed\u00ada, acerca del culto lit\u00fargico y la oraci\u00f3n privada, acerca de la fe, la esperanza, la caridad y todo el complejo org\u00e1nico de las virtudes, como tambi\u00e9n sobre las dimensiones escatol\u00f3gicas y eclesiales de nuestra vida cristiana: en una palabra, todo lo que ha propuesto como esencia de la vida cristiana en cuanto tal o como propiedades, cualidades o caracter\u00ed\u00adsticas t\u00ed\u00adpicas de aquellos que, movidos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, viven su uni\u00f3n con Cristo en la Iglesia, explica y profundiza el sentido de la afirmaci\u00f3n seg\u00fan la cual la vida de uni\u00f3n con Cristo y la santidad de todos los fieles es una.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo desde el punto de vista estrictamente teol\u00f3gico, sino tambi\u00e9n desde el punto de vista de la vida pastoral, resulta sumamente importante concebir y proponer toda la doctrina de la santidad de los cristianos en la perspectiva de su uni\u00f3n con Cristo en la Iglesia, insistiendo en este contexto sobre el hecho de que la santidad de los cristianos es una. Efectivamente, est\u00e1 claro que la insistencia en las dimensiones cristoc\u00e9n[ricas, pneum\u00e1ticas y eclesiales de la vida y santidad cristiana, comunes a todos los fieles, confiere a toda la ense\u00f1anza te\u00f3rica y pr\u00e1ctica sobre la tendencia de los cristianos a la santidad una orientaci\u00f3n sana y f\u00e9rtil, porque se fundamenta en principios dogm\u00e1ticos s\u00f3lidos y profundos, mientras que elimina los peligros nada imaginarios de un divorcio entre la teolog\u00ed\u00ada y la espiritualidad, que, como demuestra ampliamente la historia, implica siempre un empobrecimiento, si no la definitiva esterilidad de ambos. Disminuye tambi\u00e9n los inconvenientes de una divisi\u00f3n exagerada y unilateral en el campo de las diferencia, cienes de la vida y santidad cristiana, que -si se han acentuado en exceso-impiden una apreciaci\u00f3n ponderada y sabia del complemento reciproco y org\u00e1nico que resulta de ellas en beneficio de todo el cuerpo m\u00ed\u00adstico y de todos sus miembros.<\/p>\n<p>Pero a la vez que proporciona las premisas de estas conclusiones, la misma concepci\u00f3n teol\u00f3gica de la LG ofrece tambi\u00e9n los principios basilares para otra ense\u00f1anza no menos importante, que no puede ser menospreciada: la que se refiere a las diversificaciones y diferenciaciones de la santidad cristiana. Las palabras a\u00f1adidas inmediatamente despu\u00e9s del miembro de la frase en que se inserta la palabra \u00abuna sanctitas\u00bb, suponen de hecho que la santidad cristiana, radicalmente \u00fanica en cuanto uni\u00f3n con Cristo, se diferencia, sin embargo, \u00abseg\u00fan los dones y las obligaciones propias de cada uno\u00bb.<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza de la Sagrada Escritura sobre la soberana libertad y liberalidad de Dios en la distribuci\u00f3n de sus \u00abgracias\u00bb y de sus \u00abdones\u00bb, otorgados a nosotros seg\u00fan la medida de la donaci\u00f3n de Cristo, es inequ\u00ed\u00advocamente clara a este prop\u00f3sito, y queda, por otra parte, ampliamente confirmada a trav\u00e9s de toda la historia de nuestra salvaci\u00f3n. De hecho, encontramos en ella numerosos ejemplos de \u00abvocaciones\u00bb o \u00abllamadas\u00bb del Se\u00f1or dirigidas solamente a algunas personas y que, lejos de referirse exclusivamente a determinados cometidos externos o a ministerios de la Iglesia, son, por el contrario, llamadas aut\u00e9nticas a un tipo de santidad personal particular o, como vemos en el ejemplo de la Sant\u00ed\u00adsima Virgen Mar\u00ed\u00ada, de una santidad totalmente \u00fanica e irrepetible. En todos estos casos se trata siempre de la llamada a una santidad que no cabe dentro de los c\u00e1lculos de quien no ha recibido una llamada semejante.<\/p>\n<p>Por otro lado, estas \u00abllamadas\u00bb, a la vez que subrayan el aspecto de la absoluta libertad de Dios al tomar la iniciativa de establecer una uni\u00f3n con las criaturas, nos recuerdan que Dios dirige a cada uno su llamada y quiere establecer con cada uno una uni\u00f3n personal. Ahora bien, toda uni\u00f3n entre personas lleva impl\u00ed\u00adcita una impronta t\u00ed\u00adpica, \u00fanica, irrepetible, determinada por todos aquellos factores en virtud de los cuales se distingue cada persona de todas las dem\u00e1s. Por ello, considerando las relaciones personales y la uni\u00f3n que tienen dos personas con una tercera, nunca podremos hablar de identidad, sino que debemos recurrir m\u00e1s bien a la categor\u00ed\u00ada de la semejanza. En otros t\u00e9rminos, nos encontramos en el terreno de la analog\u00ed\u00ada y no en el de la univocidad.<\/p>\n<p>Todo esto puede decirse, naturalmente. tambi\u00e9n de nuestras relaciones personales con Cristo y de nuestra uni\u00f3n con \u00e9l. Incluso se puede decir aqu\u00ed\u00ad de una forma totalmente especial, preeminente y \u00fanica, porque las relaciones y la uni\u00f3n personal corresponden a las tendencias m\u00e1s \u00ed\u00adntimas de nuestra persona como tal y la comprometen totalmente en todas las manifestaciones de la existencia y de la vida.<\/p>\n<p>Tampoco se puede afirmar que esta ley, basada en la constituci\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica de la persona humana, no tenga valor en el orden sobrenatural. La gracia, en efecto, no destruye la naturaleza, sino que la presupone, se inserta en ella y la ennoblece. M\u00e1s a\u00fan: precisamente en el orden de nuestra uni\u00f3n con Cristo, esta diversificaci\u00f3n de las relaciones de las diversas personas con \u00e9l es acentuada y se hace todav\u00ed\u00ada m\u00e1s operante por el hecho de que la nueva vida no se nos da seg\u00fan las r\u00ed\u00adgidas leyes de la justicia distributiva, sino seg\u00fan la soberana liberalidad del Se\u00f1or: \u00abA cada uno de nosotros ha sido dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo\u00bb (Ef 4,7). Y todo ello confiere a la misma persona humana elevada al orden sobrenatural unas caracter\u00ed\u00adsticas personales todav\u00ed\u00ada m\u00e1s marcadas de lo que est\u00e1n en el mero orden natural.<\/p>\n<p>Precisamente en nuestros d\u00ed\u00adas, en que se manifiesta la tendencia a transferir al orden de la vida sobrenatural y, por tanto, al de nuestras relaciones con Cristo, los criterios de la igualdad democr\u00e1tica, resulta tanto m\u00e1s oportuno recordar este principio b\u00e1sico de la teolog\u00ed\u00ada de la gracia y de la elecci\u00f3n, que -tomando como punto de partida famosos textos escritur\u00ed\u00adsticos- pone de relieve el hecho de que nuestra participaci\u00f3n en la vida \u00ed\u00adntima y personal de Dios deriva \u00fanica y totalmente de la graciosa voluntad que \u00e9l tiene de,autorrevelarse y de autocomunicarse con nosotros.<\/p>\n<p>Naturalmente, tambi\u00e9n este aspecto de la doctrina sobre la santidad y sobre la santificaci\u00f3n de los cristianos encuentra su \u00faltima explicaci\u00f3n en la naturaleza del cuerpo m\u00ed\u00adstico, en el que el Esp\u00ed\u00adritu Santo une a los hombres con Cristo, dando a cada uno de ellos el puesto y la funci\u00f3n que mejor se adaptan a la arm\u00f3nica edificaci\u00f3n de todo el organismo vivo. Precisamente esta diversificaci\u00f3n entre los diversos miembros, proveniente de la diversidad de las cualidades y dotes personales y de la diferente medida de la donaci\u00f3n del Se\u00f1or, es lo que contribuye notablemente a la vitalidad y a la belleza de toda la Iglesia.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la doctrina seg\u00fan la cual todos los cristianos est\u00e1n llamados a la santidad cristiana no significa en absoluto que todos est\u00e9n llamados a la misma santidad, ni que est\u00e9n llamados a la misma intensidad y profundidad en su uni\u00f3n con Cristo, sino que ense\u00f1a precisamente lo contrario.<\/p>\n<p>Por este motivo expl\u00ed\u00adcito, el concilio no se ha contentado con ofrecer ense\u00f1anzas claras y profundas sobre la santidad com\u00fan a todos los fieles, sino que ha cuidado tambi\u00e9n de tratar ampliamente de la santidad y santificaci\u00f3n propia de los laicos, de los miembros de la jerarqu\u00ed\u00ada y de los religiosos.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta estos hechos importantes e indiscutibles, resulta hasta cierto punto desconcertante constatar que no s\u00f3lo algunos comentadores de este documento del concilio contin\u00faan afirmando que todos los cristianos est\u00e1n llamados a la misma e id\u00e9ntica santidad, sino tambi\u00e9n que en no pocas versiones de la LG se traduce la expresi\u00f3n \u00abin variis vitae generibus et officiis una sanctitas excolitur\u00bb, como si el concilio hubiera escrito: \u00abin variis vitae generibus et officiis eadem sanctitas excolitur\u00bb.<\/p>\n<p>Por otra parte, la doctrina que nos presenta la santidad de los cristianos como \u00abuna\u00bb y \u00abdiferenciada seg\u00fan la medida de la donaci\u00f3n de Cristo\u00bb -la cual, a su vez, es la ra\u00ed\u00adz de la rica variedad de funciones, obligaciones y estados de vida dentro de la Iglesia- aparece enf\u00e1tica y reiteradamente puesta de relieve en la LG, y precisamente en los pasajes m\u00e1s destacados, que tratan de la vocaci\u00f3n universal a la santidad. A t\u00ed\u00adtulo de ejemplo, citemos algunos de estos p\u00e1rrafos: \u00ab[La santidad de la Iglesia] se expresa en varias formas en los individuos que en su estado de vida tienden a la perfecci\u00f3n de la caridad\u00bb (LG 39); \u00abpara llegar a esta perfecci\u00f3n, los fieles apliquen las fuerzas recibidas seg\u00fan la medida con que Cristo quiere entreg\u00e1rselas\u00bb (LG 40); \u00abtodos los fieles est\u00e1n, por lo tanto, invitados y obligados a perseguir la santidad y la perfecci\u00f3n del propio estado\u00bb (LG 42).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el concepto teol\u00f3gico de que la santidad de los cristianos es una, aunque al mismo tiempo diversificada y diferenciada, se encuentra en la base de todo lo que el concilio ense\u00f1a no s\u00f3lo en el n\u00famero 41 de la constituci\u00f3n acerca del \u00abejercicio multiforme de la santidad\u00bb, sino tambi\u00e9n en el n\u00famero 42 acerca de \u00abel camino y los medios de santidad\u00bb. Dicho concepto debe ser tenido presente y considerado como subyacente a cualquier afirmaci\u00f3n del concilio acerca de este tema, incluso y especialmente en la proposici\u00f3n que no raras veces se cita err\u00f3neamente para sostener la sentencia de que la santidad de los cristianos ser\u00ed\u00ada la misma e id\u00e9ntica para todos: \u00abA todos resulta, pues, evidente que todos los fieles de cualquier estado y grado est\u00e1n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad\u00bb (LG 40).<\/p>\n<p>De hecho, tal como se deduce de la nota cuarta, que explica el sentido de esta afirmaci\u00f3n y que se refiere expl\u00ed\u00adcitamente a dos textos de P\u00ed\u00ado XI y a otros tres de P\u00ed\u00ado X11, la plenitud de la vida cristiana y la perfecci\u00f3n de la caridad de que se habla va unida y depende intr\u00ed\u00adnsecamente de la diversificaci\u00f3n y diferenciaci\u00f3n de los diversos estados y \u00f3rdenes de la Iglesia, por los cuales est\u00e1 tambi\u00e9n esencialmente condicionada. El sentido de esta afirmaci\u00f3n no es, por tanto, que todos los cristianos est\u00e1n llamados a la misma plenitud de la vida cristiana y a la misma perfecci\u00f3n de la caridad, entendiendo los t\u00e9rminos \u00abplenitud\u00bb y \u00abperfecci\u00f3n\u00bb no en un sentido absoluto, sino m\u00e1s bien en el sentido relativo de que cada uno est\u00e1 llamado a la plenitud de vida cristiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad, que corresponde a la medida del don que \u00e9l ha recibido del Se\u00f1or y que, como es obvio, puede variar y varia realmente seg\u00fan los m\u00faltiples factores que diversifican y diferencian la vida de los cristianos individualmente considerados.<\/p>\n<p>Mirando a esta luz las cosas, no habr\u00e1 ninguna dificultad en admitir -y admitirlo gozosamente- que no todos estamos llamados a la misma santidad, es decir, a la misma forma y tipo de uni\u00f3n con Cristo, ni, por tanto, tampoco a la misma plenitud de la vida cristiana o a la misma perfecci\u00f3n de la caridad.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n se atreve, por otra parte, a afirmar que todos estamos llamados a la misma plenitud de la santidad, es decir, de la uni\u00f3n con Cristo, que es t\u00ed\u00adpicamente propia de Mar\u00ed\u00ada Sant\u00ed\u00adsima?<br \/>\n\u00bfY qui\u00e9n podr\u00ed\u00ada afirmar con seriedad que todos los cristianos, al tener que amar a Dios por encima de todas las cosas y amarlo con todo el coraz\u00f3n, con toda el alma, con toda la mente y con todas sus fuerzas (cf Mc 12,30). estar\u00ed\u00adan por ello llamados en virtud de esta com\u00fan vocaci\u00f3n cristiana a la misma perfecci\u00f3n de la caridad, es decir, a una forma de caridad que ser\u00ed\u00ada absolutamente id\u00e9ntica para todos en modalidad, intensidad y profundidad y que no se diferenciar\u00ed\u00ada en modo alguno de las vocaciones y gracias especiales del Se\u00f1or? Ciertamente, no es \u00e9sta la doctrina propuesta por la LG, que, fund\u00e1ndose en las palabras del Evangelio y en el sentir un\u00e1nime de la tradici\u00f3n, ense\u00f1a expl\u00ed\u00adcitamente que, por ejemplo, el martirio -el cual lleva a la perfecci\u00f3n m\u00e1s elevada de la caridad- es un don especial del Se\u00f1or concedido por \u00e9l no a todos los cristianos, sino s\u00f3lo a unos pocos elegidos (cf LG 42) [>M\u00e1rtir].<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, santo es aquel que en el \u00e1mbito de sus limitadas pero irrepetibles caracter\u00ed\u00adsticas, cualidades y circunstancias personales y en el marco de su vocaci\u00f3n y de la gracia que Dios le ha dado \u00abseg\u00fan la medida de la donaci\u00f3n de Cristo\u00bb (Ef 4,7), se abre y corresponde a la gracia que se le ha otorgado y, conform\u00e1ndose con Cristo, vive plenamente y permite que Cristo viva en \u00e9l la forma de vida determinada que se le ha dado.<\/p>\n<p>Se comprende entonces por qu\u00e9 aquellas personas que en sus situaciones existenciales concretas participan y comparten de forma profundamente personal la vida y el amor de Cristo, difunden en torno a s\u00ed\u00ad el calor de su amor, el esplendor de su vida y la amabilidad propia de Cristo en las circunstancias en que se encuentran, atrayendo por eso a muchos hombres a Cristo, que es la fuente de esta bondad.<\/p>\n<p>Pero se impone todav\u00ed\u00ada la consideraci\u00f3n de otro aspecto de la vida cristiana, que imprimir\u00e1 una profundidad a\u00fan mayor a las observaciones expuestas hasta aqu\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>IV. Dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la santidad<br \/>\n\u00abAs\u00ed\u00ad pues, unidos con Cristo en la Iglesia y marcados por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, `que es prenda de nuestra herencia&#8217; (Ef 1,14), somos llamados y en verdad somos hijos de Dios (cf 1 Jn 3,1), pero todav\u00ed\u00ada no hemos aparecido con Cristo en la gloria (cf Col 3,4), en la cual seremos semejantes a Dios porque lo veremos tal como es (cf 1 Jn 3,2)\u00bb (LG 48).<\/p>\n<p>De este hecho fundamental del cristianismo, que es la participaci\u00f3n real de una vida que alcanzar\u00e1 su plenitud tan s\u00f3lo en la eternidad, se deriva toda la tensi\u00f3n dial\u00e9ctica que caracteriza nuestra existencia de peregrinos. Ya estamos verdaderamente justificados y santificados, ya participamos de la luz y de la fuerza del Se\u00f1or, que nos ilumina, nos sostiene y nos inspira en toda obra buena; pero todav\u00ed\u00ada \u00abllevamos este tesoro en vasos de barro\u00bb (2 Cor 4,7). Ya estamos unidos a Dios y \u00e9l habita en nosotros, pero tan s\u00f3lo le vemos \u00abcomo en un espejo, confusamente\u00bb (1 Cor 13,12); todo lo que conocemos en la fe nos parece grande y estupendo; pero muchas veces no nos atrae ni nos conmueve, porque todav\u00ed\u00ada somos carnales y estamos vendidos y sujetos al pecado (cf Rom 7,14). Estamos regenerados y nutridos por el cuerpo y por la sangre de nuestro Salvador; pero todav\u00ed\u00ada sufrimos los efectos del pecado original y sucumbimos f\u00e1cilmente a las tentaciones de todos los d\u00ed\u00adas, hasta el punto de que ning\u00fan cristiano podr\u00e1 afirmar jam\u00e1s que est\u00e1 libre de pecado y que no necesita del perd\u00f3n de Dios (cf 1 Jn 1,8-10; Sant 3,2; Mt 6,12).<\/p>\n<p>Por tanto, se puede decir en verdad que los miembros de la Iglesia terrestre, precisamente porque est\u00e1n vivificados por el Cristo glorioso, son de veras santos; pero esta santidad es por el momento fr\u00e1gil, imperfecta y se encuentra en estado germinal, si la comparamos con aquella uni\u00f3n indefectible con Cristo que los mismos miembros de la Iglesia est\u00e1n llamados a disfrutar en la Jerusal\u00e9n celeste.<\/p>\n<p>De esta presencia simult\u00e1nea de lo divino y de lo humano en nuestras existencias se deriva el continuo anhelo y la pena, el gozo de ser y el sufrir por no poder ser todav\u00ed\u00ada totalmente aquello a lo que estamos destinados; el ser felices de tener, pero experimentar la amargura de no poder tener todav\u00ed\u00ada plenamente lo que ya poseemos; en una palabra, saber que Cristo est\u00e1 cercano y al mismo tiempo lejano: \u00abPor tanto, mientras habitamos en este cuerpo, caminamos lejos del Se\u00f1or&#8217; (2 Cor 5,6), y teniendo las primicias del Esp\u00ed\u00adritu, gemimos dentro de nosotros (cf Rom 8,23), anhelando estar con Cristo (cf Flp 1,23)\u00bb (LG 48).<\/p>\n<p>Y esto se debe precisamente a que \u00abno tenemos aqu\u00ed\u00ad abajo ciudad permanente, sino que buscamos la futura\u00bb (Heb 13,14).<\/p>\n<p>Para apreciar mejor de d\u00f3nde procede este anhelo y este dinamismo intr\u00ed\u00adnseco a la vida del cristiano, es preciso hacer una reflexi\u00f3n ulterior.<\/p>\n<p>Sabemos que Cristo ha venido a la tierra para que los hombres tengan la vida y la tengan m\u00e1s abundantemente. Sabemos que esta vida de la que Dios quiere hacernos participantes es su misma vida divina, es la vida de Cristo, el cual, haci\u00e9ndose hombre \u00abpor nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n\u00bb, rez\u00f3, sufri\u00f3 y trabaj\u00f3 hasta morir en la cruz, para resucitar despu\u00e9s de entre los muertos, sentarse a la derecha del Padre y reinar con \u00e9l en la gloria de los cielos. Pero no todos valoran con la misma claridad el hecho de que participar de la vida de Dios significa concretamente participar de la vida gloriosa del Se\u00f1or, que estar unidos al Hijo de Dios significa estar unidos a Cristo resucitado y que ser miembros de su Iglesia quiere decir ser miembros del cuerpo m\u00ed\u00adstico del Se\u00f1or resucitado.<\/p>\n<p>Todo impulso vital, toda gracia que recibimos de Cristo es, en efecto, una comunicaci\u00f3n de su vida gloriosa, que prepara, refuerza y confirma la glorificaci\u00f3n definitiva de su Iglesia y de aquellos que est\u00e1n unidos a ella: el sacramento que nos inserta en el cuerpo m\u00ed\u00adstico es el sacramento de nuestra iniciaci\u00f3n en el misterio pascual, en el cual morimos con Cristo para resucitar con \u00e9l; en \u00e9l, Cristo resucitado, nos hace participantes de su esp\u00ed\u00adritu y nos comunica la \u00abprenda de nuestra herencia\u00bb, es decir, de la herencia incorruptible, sin mancha e inaccesible, que se nos reserva en los cielos (1 Pe 1,4). Y de la misma forma que en el bautismo, tambi\u00e9n en cada contacto sucesivo y en cada encuentro vital con el Se\u00f1or se refuerza no s\u00f3lo nuestra fe y nuestra esperanza en \u00e9l, que ha triunfado del pecado y de la muerte, sino que hundimos m\u00e1s s\u00f3lidamente a\u00fan nuestras ra\u00ed\u00adces en su caridad y quedamos unidos cada vez m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente con aquel que es el \u00abprimog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rom 8,29) y que est\u00e1 glorioso en los cielos. Lo cual resulta especialmente evidente en el sacramento a cuyo alrededor gravita toda nuestra vida, el \u00absignum efficax\u00bb por excelencia de nuestra uni\u00f3n salv\u00ed\u00adfica con el Se\u00f1or, es decir, el sacramento de la eucarist\u00ed\u00ada, en el que nos alimentamos del cuerpo y de la sangre de nuestro Salvador, que triunfa ahora en la gloria del Padre; el mismo Jesucristo nos dice precisamente de ella: \u00abYo soy el pan vivo bajado del cielo. Si alguien come de este pan, vivir\u00e1 eternamente&#8230; El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitar\u00e9 en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada\u00bb (Jn 6,51-54).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, en espera de aquel d\u00ed\u00ada, el que se encuentra inserto en Cristo y se alimenta de la carne del Se\u00f1or posee una verdadera prenda de la vida gloriosa futura y, aunque se encuentre en camino, participa realmente de la vida de Cristo resucitado, a pesar de que esta vida, a causa de nuestra condici\u00f3n, tan s\u00f3lo pueda tener su pleno desarrollo en la resurrecci\u00f3n final.<\/p>\n<p>V. Dimensi\u00f3n ecleslal de la santidad: uni\u00f3n con los que son de Cristo<br \/>\nSin embargo, estar\u00ed\u00adamos muy lejos de poseer una noci\u00f3n completa de la santidad y de su naturaleza escatol\u00f3gica si no extendi\u00e9ramos nuestras consideraciones a un horizonte m\u00e1s amplio. Limitarse a considerarla \u00fanicamente bajo el aspecto individualista, por muy rico y fecundo que sea, querr\u00ed\u00ada decir que no habr\u00ed\u00adamos descubierto su \u00faltima raz\u00f3n de ser.<\/p>\n<p>No debemos olvidar, en efecto, que la participaci\u00f3n de la vida divina, la cual, concedida ya aqu\u00ed\u00ad en la tierra, es el origen de nuestras aspiraciones escatol\u00f3gicas, nos es dada por Dios no como a individuos aislados, sino como a personas que son miembros de un pueblo; m\u00e1s todav\u00ed\u00ada, como a miembros de ese organismo sobrenatural que es la Iglesia, cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo.<\/p>\n<p>Evidentemente, no debemos cometer nunca el error de despreciar el hecho de que cada uno de nosotros, como persona, est\u00e1 destinado a encontrarse \u00abcara a cara\u00bb con el Se\u00f1or (cf 1 Cor 13,12); que cada uno de nosotros, como persona, es ya hoy hijo de Dios y gozar\u00e1 ma\u00f1ana como tal de su intimidad a la manera propia del amor entre personas. En otros t\u00e9rminos, no debemos concebir nuestra inserci\u00f3n en la Iglesia y nuestra condici\u00f3n de miembros del cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo como si se tratase de una inserci\u00f3n despersonalizante en un mero organismo f\u00ed\u00adsico. Pero tampoco debemos desestimar el hecho de que, aun participando como personas de la vida divina, recibimos esta vida en cuanto miembros del cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo; por lo cual todos debemos dar, en cuanto tales, nuestra aportaci\u00f3n y contribuir al crecimiento y a la evoluci\u00f3n de este organismo, que est\u00e1 destinado a constituir, junto con su cabeza, el \u00abCristo total, cabeza y miembros\u00bb.<\/p>\n<p>Si, pues, experimentamos en nosotros mismos un anhelo de plenitud de vida en Cristo orientado a \u00abestar con \u00e9l\u00bb; si, en consecuencia, nos sentimos impulsados a actuar, a trabajar y a prodigarnos \u00abpara obtener una corona eterna\u00bb (cf 1 Cor 9,25), ello se debe a que participamos de la vida, de las aspiraciones y del dinamismo de la misma Iglesia. Si palpamos en nosotros mismos la tensi\u00f3n dial\u00e9ctica que acabamos de describir, es debido a que participamos del destino de la Iglesia, que no \u00abtendr\u00e1 su consumaci\u00f3n sino en la gloria del cielo\u00bb (LG 48).<\/p>\n<p>Precisamente por esta raz\u00f3n, toda evoluci\u00f3n aut\u00e9ntica de nuestras posibilidades humanas y cristianas significa y constituye un paso ulterior hacia la consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica del g\u00e9nero humano y una aportaci\u00f3n hacia la plenitud definitiva del Cristo total.<\/p>\n<p>Ahora bien, si cualquier realizaci\u00f3n cristiana de nuestras posibilidades humanas aut\u00e9nticas contribuye a la instauraci\u00f3n de todo el universo en Cristo, es evidente que esto se puede aplicar en grado eminente a la actuaci\u00f3n de nuestras relaciones con los dem\u00e1s; si Cristo mismo ha tenido y tiene necesidad de los hombres para completar y enriquecer la perfecci\u00f3n de su humanidad, mucho m\u00e1s necesitar\u00e1 cada hombre de los dem\u00e1s para desarrollarse e integrar su ser, en virtud de la misma ley metaf\u00ed\u00adsica, derivada de la limitaci\u00f3n de todo ser individual. Siendo todo hombre un ser finito y limitado, est\u00e1 abierto a posibilidades de enriquecimiento ontol\u00f3gico y psicol\u00f3gico mediante sus contactos con las dem\u00e1s personas, y especialmente con los miembros de la misma comunidad sobrenatural del cuerpo m\u00ed\u00adstico, en donde esta intercomunicabilidad aparece sublimada, elevada y valedera en el orden de la gracia. Luego toda persona que para responder a su vocaci\u00f3n en la Iglesia quiera poner en pr\u00e1ctica verdaderamente sus posibilidades t\u00ed\u00adpicamente humanas, debe vivir sus relaciones con los dem\u00e1s para poder ofrecer a Cristo su m\u00e1xima aportaci\u00f3n. Es Dios mismo quien por haberlo creado as\u00ed\u00ad quiere que reciba y d\u00e9, quiere que en este intercambio de bienes con los dem\u00e1s, se enriquezca y se perfeccione; m\u00e1s a\u00fan, es Dios mismo quien, apoy\u00e1ndose en una de las m\u00e1s profundas necesidades y aspiraciones de la naturaleza humana: la del amor mutuo, hace que se convierta en una ley operante en el orden sobrenatural y, consiguientemente, en orden a la realizaci\u00f3n de su mismo plan de unir en Cristo a todo el g\u00e9nero humano, de convertirlo incluso en su cuerpo m\u00ed\u00adstico y en su mismo complemento.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed\u00ad precisamente se encuentra la raz\u00f3n de la uni\u00f3n de los dos mandamientos del amor cristiano, en virtud de la cual el amor mismo de Dios postula el amor del pr\u00f3jimo y, viceversa, el amor de \u00e9ste lleva a unirse m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente con Dios.<\/p>\n<p>De esta ra\u00ed\u00adz profunda nace la f\u00e9rtil corriente de pensamiento teol\u00f3gico y de espiritualidad que, a la luz de lo que ser\u00e1 el hombre perfecto, el Cristo total (en el que las relaciones sobrenaturales y humanas existentes entre los miembros del cuerpo m\u00ed\u00adstico ser\u00e1n vividas de manera consciente y al m\u00e1ximo para constituirse en una de sus expresiones m\u00e1s t\u00ed\u00adpicas), urge a los que son de Cristo a amarse entre s\u00ed\u00ad, con un amor operante y unificador, a sostenerse mutuamente, comunic\u00e1ndose el bien que cada uno posee, a asociarse en la b\u00fasqueda de Cristo y a unirse en su glorificaci\u00f3n del Padre.<\/p>\n<p>VI. Uni\u00f3n y comuni\u00f3n con los que est\u00e1n en Cristo en la gloria<br \/>\nRealmente, si la orientaci\u00f3n pastoral actual, derivada de estos principios, se orienta precisamente a desarrollar cada vez m\u00e1s en los fieles el sentido eclesial y social, ser\u00ed\u00ada un grave y da\u00f1oso error para la Iglesia como para cada uno en particular restringir y limitar esta uni\u00f3n de los miembros entre s\u00ed\u00ad y las relaciones que de ella se derivan a la mera uni\u00f3n de cuantos constituyen la Iglesia peregrinante.<\/p>\n<p>Si en verdad la Iglesia es una y la forman todos aquellos que son de Cristo, es evidente que abarca no s\u00f3lo a los seres humanos que viven en este Inundo, sino tambi\u00e9n a cuantos en el purgatorio se preparan ulteriormente para su ingreso en la gloria; y, con mayor raz\u00f3n a\u00fan, a todos los bienaventurados, es decir, aquellos que despu\u00e9s de haber vivido cristianamente y haber coronado la existencia terrena aceptando santamente la muerte, hechos ya part\u00ed\u00adcipes de la gloria del Se\u00f1or, est\u00e1n tan profundamente arraigados y fundados en la caridad, que se encuentran gloriosamente transformados en el Se\u00f1or y unidos indefectiblemente con \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed\u00ad pues, hasta que el Se\u00f1or no venga en su gloria y todos los \u00e1ngeles con \u00e9l (cf Mt 25,31), y una vez destruida la muerte, no se sometan a \u00e9l todas las cosas (cf 1 Cor 15,26-27), algunos de sus disc\u00ed\u00adpulos se encuentran como peregrinos en la tierra, mientras que otros, que han pasado de esta vida, est\u00e1n purific\u00e1ndose y otros gozan de la gloria contemplando `claramente al Dios uno y trino tal como es&#8217;. Pero todos, aunque en grado y modo diverso, comulgamos en la misma caridad de Dios y del pr\u00f3jimo y cantamos a nuestro Dios el mismo himno de gloria. Efectivamente, todos aquellos que son de Cristo, por tener el Esp\u00ed\u00adritu Santo, forman una sola Iglesia y est\u00e1n unidos entre s\u00ed\u00ad en \u00e9l (cf Ef 4,16). As\u00ed\u00ad pues, la uni\u00f3n de los peregrinantes con los hermanos muertos en la paz de Cristo no queda deteriorada en ning\u00fan momento, sino que, seg\u00fan la fe permanente de la Iglesia, queda fortalecida por la comunicaci\u00f3n de bienes espirituales. A causa realmente de su m\u00e1s \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Cristo, los bienaventurados consolidan a toda la Iglesia en la santidad y ennoblecen el culto que ella rinde a Dios en la tierra contribuyendo de muchas formas a su m\u00e1s amplia edificaci\u00f3n (cf 1 Cor 12,12-27)\u00bb (LG 49).<\/p>\n<p>No debemos olvidar, pues, que la Iglesia es una realidad mayor que esa parte integrante suya que trabaja, gime y sufre en la tierra; incluso su parte m\u00e1s viva es la que reina ya con Cristo en el cielo.<\/p>\n<p>Luego si, en virtud de nuestra pertenencia a la Iglesia y de nuestra participaci\u00f3n en su vida y en el intento de participar tambi\u00e9n de su anhelo de corresponder a su m\u00e1s profunda vocaci\u00f3n, que la impele a ser complemento de su redentor y de su esposo, debemos procurar desarrollar cristianamente todas nuestras posibilidades aut\u00e9nticas y, por lo mismo, aquellas relaciones humanas y sobrenaturales que nos unen a los dem\u00e1s miembros del cuerpo m\u00ed\u00adstico y que constituyen uno de los aspectos m\u00e1s ricos de nuestra existencia; tambi\u00e9n debemos, evidentemente, dar vida de forma consciente y real a nuestras relaciones con aquellas personas que, precisamente por participar en un grado m\u00e1s intenso de la vida de Cristo, contribuyen en mayor medida a la glorificaci\u00f3n que ofrece a Dios el cuerpo m\u00ed\u00adstico juntamente con la cabeza.<\/p>\n<p>Se comprende, pues, f\u00e1cilmente por qu\u00e9, incluso antes de que la especulaci\u00f3n teol\u00f3gica y la sistematizaci\u00f3n doctrinal profundizaran y elaboraran estos principios, la Iglesia, movida y guiada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, descubri\u00f3 la belleza de esta relaci\u00f3n y la vivi\u00f3 constantemente en el curso de los siglos como una de las cosas que le eran m\u00e1s connaturales y, por tanto, m\u00e1s queridas. Pero, al mismo tiempo, se comprende tambi\u00e9n por qu\u00e9 la Iglesia desde sus or\u00ed\u00adgenes ha proclamado a algunos fieles como \u00absantos\u00bb por excelencia, declarando as\u00ed\u00ad autorizadamente que ellos, al haber recibido y seguido hasta el fondo las invitaciones amorosas del Se\u00f1or, se encuentran ahora en la patria celeste unidos a \u00e9l de forma particularmente \u00ed\u00adntima y destacada: \u00abLa Iglesia de los peregrinantes, reconociendo perfectamente esta comuni\u00f3n de todo el cuerpo m\u00ed\u00adstico de Jesucristo, desde los primeros tiempos de la religi\u00f3n cristiana cultiv\u00f3 con gran piedad la memoria de los difuntos&#8230; La Iglesia siempre ha cre\u00ed\u00addo que los ap\u00f3stoles y los m\u00e1rtires de Cristo, al dar pleno testimonio de su fe y de su caridad con la efusi\u00f3n de su sangre, est\u00e1n estrechamente unidos a nosotros en Cristo, y por ello los ha venerado con particular afecto, junto con la sant\u00ed\u00adsima Virgen Mar\u00ed\u00ada y los santos \u00e1ngeles&#8230; A ellos se a\u00f1adieron en poco tiempo otros que hab\u00ed\u00adan imitado m\u00e1s de cerca la virginidad y pobreza de Cristo; y, por \u00faltimo, aquellos otros cuyo especial ejercicio de las virtudes cristianas y de los carismas divinos los hac\u00ed\u00ada merecedores de la piadosa devoci\u00f3n e imitaci\u00f3n por parte de los fieles\u00bb (LG 50).<\/p>\n<p>La convicci\u00f3n, radicada en la fe, de que aquellos que hab\u00ed\u00adan ofrecido su vida por Cristo y le hab\u00ed\u00adan dado el supremo testimonio de amor estaban admitidos a la plenitud de la vida y a la intimidad con \u00e9l; la convicci\u00f3n y la certeza de que los que hab\u00ed\u00adan entrado en la vida eterna y se encontraban indefectiblemente unidos a Cristo y, por lo tanto, a todos aquellos que son de Cristo, llev\u00f3 a los cristianos de la Iglesia de los primeros siglos, todav\u00ed\u00ada perseguidos y vejados, a sentirse unidos a estos amigos y hermanos de Cristo. M\u00e1s a\u00fan, precisamente aquella profunda penetraci\u00f3n espiritual, que debe atribuirse a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia, fue la que, haci\u00e9ndonos percibir la uni\u00f3n existente entre las verdades fundamentales de nuestra fe (bautismo y martirio &#8211; inserci\u00f3n en Cristo e inserci\u00f3n en la Iglesia &#8211; eucarist\u00ed\u00ada y vida eterna &#8211; sacrificio eucar\u00ed\u00adstico y glorificaci\u00f3n), llev\u00f3 a comprender desde los comienzos que el encuentro por excelencia de la Iglesia peregrinante con la Iglesia celeste deb\u00ed\u00ada tener lugar en la acci\u00f3n lit\u00fargica y, sobre todo, en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. En \u00e9sta, en la cual la Iglesia peregrinante, teniendo ya germinalmente la vida de la cabeza, se une a \u00e9l ofreci\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad misma y anticipa su participaci\u00f3n en el \u00absacrificio de alabanza\u00bb que Cristo ofrecer\u00e1 durante la eternidad al Padre como cabeza de toda la humanidad recapitulada en \u00e9l, no pod\u00ed\u00ada dejar de sentirse unida a aquellos que, estando en la gloria, se encuentran ya asociados de forma m\u00e1s plena a Cristo y a la glorificaci\u00f3n que \u00e9l da a Dios.<\/p>\n<p>Pero es evidente que la actualizaci\u00f3n de nuestras relaciones con los miembros de la Iglesia celestial, y especialmente con los santos, no se agota ni se puede agotar en los actos de alabanza que ofrecemos a Dios solidariamente con ellos, sobre todo cuando nos unimos rec\u00ed\u00adprocamente en el sacrificio de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Sin embargo, mientras \u00abcaminemos lejos del Se\u00f1or\u00bb (2 Cor 5,6), experimentando en nosotros la tensi\u00f3n dial\u00e9ctica que se deriva de la condici\u00f3n escatol\u00f3gica de peregrinos, nuestras relaciones con aquellos que est\u00e1n en la patria deber\u00e1n hallar necesariamente expresi\u00f3n tambi\u00e9n en otras formas y habr\u00e1n de ser vividas de otras muchas maneras, si queremos que sean completas y nos lleven a la plenitud de vida que Dios quiere: y ello precisamente porque quienes est\u00e1n en el cielo, y los santos especialmente como miembros eminentes del cuerpo m\u00ed\u00adstico, contribuyen de muchas maneras a nuestra misma ascensi\u00f3n a Dios, a nuestra transformaci\u00f3n en Cristo y a la m\u00e1s completa edificaci\u00f3n del \u00abnuevo hombre perfecto\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, nosotros sabemos que, en virtud de la ley fundamental que rige nuestra incorporaci\u00f3n a Cristo, cuanto m\u00e1s se abre una persona a su Esp\u00ed\u00adritu y le ofrece la posibilidad de vivir en ella algunos de aquellos modos existenciales que Cristo no pudo vivir en su naturaleza humana individual, tanto m\u00e1s disfruta de la posibilidad de completar en s\u00ed\u00ad misma su obra salv\u00ed\u00adfica en favor del cuerpo m\u00ed\u00adstico, la Iglesia.<\/p>\n<p>De esta forma Cristo, viviendo en aquellos que se dejan animar en toda su actividad por su Esp\u00ed\u00adritu, contin\u00faa haci\u00e9ndose presente en el mundo; precisamente porque son part\u00ed\u00adcipes en un sentido profundo de la vida de Cristo, estas personas difunden en torno a s\u00ed\u00ad el calor de su amor y hacen sentir su amabilidad, manifestando su esplendor y haci\u00e9ndolo visible en las circunstancias concretas del ambiente y del mundo en que viven.<\/p>\n<p>\u00abEn la vida de aquellos que, si bien participan de nuestra naturaleza humana, se encuentran m\u00e1s a\u00fan perfectamente transformados en la imagen de Cristo (cf 2 Cor 3,18), manifiesta Dios con gran vitalidad a los hombres su presencia y su rostro. En ellos nos habla \u00e9l mismo y nos muestra la contrase\u00f1a de su reino, hacia el cual nos sentimos poderosamente atra\u00ed\u00addos por tener en torno a nosotros semejante multitud de testigos (cf Heb 12,1) y semejante afirmaci\u00f3n de la verdad del Evangelio\u00bb (LG 50).<\/p>\n<p>\u00abMientras consideramos la vida de aquellos que han seguido fielmente a Cristo, nos sentimos inclinados por otro motivo m\u00e1s a buscar la ciudad futura (cf Heb 13,14 y 11,10), y al mismo tiempo se nos ense\u00f1a el camino m\u00e1s seguro por el que, entre las cosas transitorias del mundo, podremos llegar a la perfecta uni\u00f3n con Cristo, es decir, a la santidad, seg\u00fan el estado y la condici\u00f3n propia de cada uno\u00bb (LG 50).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad es como, a trav\u00e9s de la libre y generosa contribuci\u00f3n de actividades, sacrificios y oraciones ofrecidos por estos miembros de su cuerpo m\u00ed\u00adstico, Cristo puede aplicar los frutos de su apostolado, de su pasi\u00f3n, de su muerte y de su resurrecci\u00f3n tambi\u00e9n en las formas que por su voluntad dependen de la aportaci\u00f3n y del complemento que los miembros est\u00e1n llamados a dar a la actividad de la cabeza.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad es como la ben\u00e9fica influencia ejercida, en Cristo, por estos miembros eminentes sobre todos los dem\u00e1s, constituye el fundamento de aquel complejo de actos con que \u00e9stos sienten el deber de manifestar admiraci\u00f3n, reconocimiento y confianza a quien les proporciona tantos bienes. Y si estos sentimientos se manifiestan espont\u00e1neamente entre aquellos que viven abajo, otro tanto es l\u00f3gico, e incluso obligado, que se realice tambi\u00e9n con aquellos que, una vez terminada su existencia terrena y entrados en la gloria del Se\u00f1or, permanecen siempre vitalmente unidos a sus hermanos peregrinantes y contin\u00faan, por lo tanto, \u00abcon Cristo, por Cristo y en Cristo\u00bb, interes\u00e1ndose por ellos y manifestando as\u00ed\u00ad su uni\u00f3n y su afecto hacia ellos.<\/p>\n<p>\u00abAdmitidos en la patria y en presencia del Se\u00f1or (cf 2 Cor 5,8), por medio de \u00e9l, con \u00e9l y en \u00e9l, no cesan de interceder por nosotros ante el Padre, ofreciendo los m\u00e9ritos conseguidos en la tierra por Jesucristo, \u00fanico mediador entre Dios y los hombres (cf 1 Tim 2,5), sirviendo al Se\u00f1or en todas las cosas y cumpliendo en su carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo en favor de su cuerpo que es la Iglesia (cf Col 1,24). Nuestra debilidad queda, pues, mucho m\u00e1s socorrida por su fraterna solicitud\u00bb (I.G 49).<\/p>\n<p>\u00abEs, por lo tanto, sumamente justo que amemos a estos amigos y coherederos de Jesucristo, y tambi\u00e9n hermanos nuestros a la vez que insignes bienhechores, y que por ellos demos las debidas gracias a Dios, `les dirijamos s\u00faplicas y oraciones, recurriendo a sus plegarias y a su poderosa ayuda para impetrar gracias de Dios mediante su hijo Jesucristo, Se\u00f1or nuestro, que es nuestro \u00fanico redentor y salvador&#8217;. Efectivamente, todo nuestro testimonio de amor a los santos tiende y termina por su naturaleza en Cristo, que es la corona de todos los santos&#8217;, y a trav\u00e9s de \u00e9l en Dios, que es admirable en sus santos y es glorificado en ellos\u00bb (LG 50).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, cuando se enmarcan tambi\u00e9n estos aspectos de dirigirse a los santos en una visi\u00f3n completa de la rica realidad de la Iglesia; cuando se ve que su actividad intensa de colaboraci\u00f3n con Cristo tiende a conseguir que su intento de unir a los hombres consigo mismo se realice m\u00e1s plenamente; cuando se ve, en fin, que la cooperaci\u00f3n de los santos pretende sobre todo hacer que la vida sobrenatural de los otros miembros crezca y se desarrolle, se comprende entonces f\u00e1cilmente que actualizar nuestras relaciones con ellos, en vez de apartar de aquella orientaci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica que debe ser t\u00ed\u00adpica de la vida cristiana, la enriquece en cuanto que lleva a tener un contacto m\u00e1s rico con Cristo. Pero se comprende tambi\u00e9n que el recurso a los santos y su invocaci\u00f3n deben estar inspirados y dictados por el mismo motivo, que es el deseo de vivir m\u00e1s intensamente como miembros del cuerpo m\u00ed\u00adstico, y por la necesidad de desarrollar y vivir todas aquellas posibilidades y aquellos v\u00ed\u00adnculos humanos y sobrenaturales que nos hagan m\u00e1s aptos para cumplir la funci\u00f3n que nos corresponde en el seno del Cristo total.<\/p>\n<p>Establecidas todas estas reflexiones que, partiendo de la consideraci\u00f3n de nuestra tendencia escatol\u00f3gica, nos han llevado a ver las riquezas de las relaciones existentes entre nosotros y los santos, y nos han hecho comprender que tales contactos no son la expresi\u00f3n de un piadoso devocionalismo, sino el fruto de una profunda penetraci\u00f3n en el misterio de la Iglesia, se comprende por qu\u00e9 la Iglesia peregrinante reunida en concilio para definirse a s\u00ed\u00ad misma sinti\u00f3 la necesidad de manifestar su conciencia de estar ontol\u00f3gicamente unida a la Iglesia celestial. Se comprende por qu\u00e9, al querer afirmar su modo de ser, experiment\u00f3 la necesidad de hablar de ese impulso vital que la incita a actuar de forma que todas las posibilidades inherentes a sus relaciones ontol\u00f3gicas sean enteramente vividas para dar a Cristo, yen Cristo a Dios, la m\u00e1xima glorificaci\u00f3n. Por ello ha querido dar a conocer que, siempre y en todos los tiempos, en el af\u00e1n de hacer cada vez m\u00e1s rico su movimiento hacia Cristo y su uni\u00f3n con \u00e9l, no ha podido ni podr\u00e1 dejar de vivir y desarrollar las relaciones que unen a sus miembros entre s\u00ed\u00ad; am\u00e1ndolo, no ha podido ni podr\u00e1 dejar de amar a cuantos son \u00absuyos\u00bb, es decir, a cuantos \u00abcon \u00e9l y en \u00e9l\u00bb forman el Cristo total, la cabeza y los miembros.<\/p>\n<p>Es, por tanto, evidente que tambi\u00e9n nosotros s\u00f3lo podremos tener una apreciaci\u00f3n completa de la grandeza de la Iglesia, de su vitalidad y santidad, cuando dirijamos nuestra mirada a aquellos que ya son indefectiblemente de Cristo, y especialmente a los santos y a la Reina de todos los santos. Mas para ello es necesario que sepamos ver a estos nuestros hermanos en una luz adecuada y justa; es decir, no como seres separados y desunidos de Cristo o contrapuestos a \u00e9l, sino como personas que son \u00abde Cristo\u00bb; verdaderas personas a las que podemos dirigirnos y podemos amar, pero personas en las que vive Cristo y que, vivificadas por \u00e9l, contribuyen de una forma eminente a constituir junto con \u00e9l la cabeza, el Cristo total.<\/p>\n<p>Fijando la vista en ellos y sinti\u00e9ndonos unidos a ellos, nos veremos espont\u00e1neamente inducidos a pensar en el m\u00e1s all\u00e1, en la vida que nos espera; adquiriremos una conciencia m\u00e1s viva de nuestra condici\u00f3n de personas que \u00abtodav\u00ed\u00ada peregrinan lejos del Se\u00f1or\u00bb; aprenderemos de ellos c\u00f3mo viviendo en las mismas circunstancias en que ellos vivieron se puede y se debe realizar lo que Cristo nos ha ense\u00f1ado. Pensando en ellos nos daremos cuenta m\u00e1s vivamente de que la Iglesia peregrinante, y, por lo tanto, cada uno de nosotros, se encuentra en camino hacia la patria que ellos ya han conseguido; comprenderemos que nosotros y ellos constituimos una sola Iglesia, la misma Iglesia, el cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, aquella que en la plenitud de los tiempos se transformar\u00e1 y quedar\u00e1 iluminada con la luz que se deriva para ella de la cabeza, que es el Cordero inmaculado, Cristo Se\u00f1or.<\/p>\n<p>P. Molinari<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Santidad y vida en el siglo, Herder, Barcelona 1969.-AA. VV., Modelos de Santidad, en \u00abConcilium\u00bb, 149 (1979).-AA. VV., Presencia y memoria de los santos, en \u00abRev. de Espiritualidad\u00bb, 155 (1980).-AA. VV., Francisco de As\u00ed\u00ads hoy, en \u00abConcilium\u00bb, 129 (1981).-Cayuela, R, Cristo te llama. El Val. II. Universal vocaci\u00f3n a la santidad en la Iglesia, Tip. Cat. Casals, Barcelona 1967.-Dani\u00e9lou. J, Santidad y acci\u00f3n temporal, Nava Terra, Barcelona 1963.-Gonz\u00e1lez Ruiz, J. M, Los santos que nunca ser\u00e1n canonizados, Planeta, Barcelona 1979.-Guardini, R, El santo en nuestro mundo, Guadarrama, Madrid 1960.-Hildebrand, D. von, Santidad y virtud en el mundo, Rialp, Madrid 1972.-Jim\u00e9nez Duque, B, Santidad y vida seglar, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1965.-Llad\u00f3 Santacreu, J, Santidad al alcance de todos, s.l., 1977.-Mart\u00ed\u00adnez Aranc\u00f3n, S, Santoral extravagante, Editora Nacional, Madrid 1978.-Molinari, P, Los santos y su culto, Raz\u00f3n y Fe, Madrid 1965.-Moreno J, Santidad en el mundo, Mensajero, Bilbao 1988.-Ord\u00f3\u00f1ez, V, Los santos, noticia diaria, Herder, Barcelona 1980.-Pardo, A: Angula, J, El libro de los santos, seg\u00fan el nuevo calendario, PPC, Madrid 1977.-Sobrino, J, Mons. Romero, verdadero profeta, Descl\u00e9e, Bilbao 1981.-Urteaga Loidi, J. Los defectos de los santos, Rialp, Madrid 1978.-Vivas Llorens, E, La santidad, Balmes. Barcelona 1975.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>V\u00e9ase LUGAR SANTO.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>C. Adjetivo qado\u00ed\u2020sh (v\/dq; , 6918), \u00absanto\u00bb. Las lenguas sem\u00ed\u00adticas tienen dos formas originales de la ra\u00ed\u00adz que son distintas. Una significa \u00abpuro\u00bb y \u00abconsagrado\u00bb como en el ac\u00e1dico qadistu y el hebreo qadesh (\u00absanto\u00bb). La palabra describe algo o alguien. La otra quiere decir \u00absantidad\u00bb como una circunstancia o como un abstracto, de la misma manera que en ar\u00e1bigo al-qaddus (\u00ablo m\u00e1s santo o puro\u00bb). En hebreo el verbo qadash y la palabra qadesh combinan ambos elementos: descriptivo y est\u00e1tico. La comprensi\u00f3n tradicional de \u00abseparado\u00bb es solo un significado derivado y no el principal. Qado\u00ed\u2020sh es importante en el Pentateuco, en los escritos po\u00e9ticos y prof\u00e9ticos, y se encuentra poco en la literatura hist\u00f3rica. El primero de 116 casos se encuentra en Exo 19:6 (rva): \u00abY vosotros me ser\u00e9is un reino de sacerdotes y una naci\u00f3n santa\u00bb. En el Antiguo Testamento qado\u00ed\u2020sh tiene una fuerte connotaci\u00f3n religiosa. En uno de sus sentidos el vocablo describe un objeto, lugar o d\u00ed\u00ada como \u00absanto\u00bb, en el sentido de \u00abdedicado\u00bb a un prop\u00f3sito especial: \u00abLuego tomar\u00e1 el sacerdote del agua santa en un vaso de barro\u00bb (Num 5:17). En particular, el s\u00e1bado se ha \u00abdedicado\u00bb como un d\u00ed\u00ada de descanso: \u00abSi apartas tu pie por respeto al s\u00e1bado, para no hacer tu capricho en mi d\u00ed\u00ada santo; si al s\u00e1bado llamas delicia, consagrado a Jehovah y glorioso; y si lo honras, no haciendo seg\u00fan tus propios caminos ni buscando tu propia conveniencia ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitar\u00e1s en Jehovah\u00bb (Isa 58:13-14 rva). Esta prescripci\u00f3n se basa en Gen 2:3, donde el Se\u00f1or \u00absantific\u00f3\u00bb o \u00abdedic\u00f3\u00bb el s\u00e1bado. Dios dedic\u00f3 a Israel para que fuera su pueblo. Son \u00absantos\u00bb por su relaci\u00f3n con el Dios \u00absanto\u00bb. En cierto sentido, todo el pueblo es \u00absanto\u00bb por ser miembros de la comunidad del pacto, independientemente de su fe y obediencia: \u00abY se juntaron contra Mois\u00e9s y contra Aar\u00f3n y les dijeron: \u00c2\u00a1Basta ya de vosotros! Porque toda la congregaci\u00f3n, todos ellos son santos, y en medio de ellos est\u00e1 Jehov\u00e1; \u00bfpor qu\u00e9, pues, os levant\u00e1is vosotros sobre la congregaci\u00f3n de Jehov\u00e1?\u00bb (Num 16:3). Dios se propuso que esta naci\u00f3n \u00absanta\u00bb fuera un sacerdocio real \u00absanto\u00bb entre las naciones (Exo 19:6). Sobre la base de una \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n, Dios esperaba que su pueblo cumpliera con sus elevadas expectativas para ellos, demostrando que era una una naci\u00f3n \u00absanta\u00bb: \u00abMe ser\u00e9is santos, porque yo, Jehovah, soy santo y os he separado de los pueblos para que se\u00e1is mios\u00bb (Lev 20:26 rva). Los sacerdotes fueron escogidos para servir en el Lugar Santo del tabern\u00e1culo o templo. Por su funci\u00f3n de mediadores entre Dios e Israel y por su cercan\u00ed\u00ada al templo, Dios los dedic\u00f3 al oficio sacerdotal: \u00abSer\u00e1n santos para su Dios y no profanar\u00e1n el nombre de su Dios; porque ellos presentar\u00e1n las ofrendas quemadas, el pan de su Dios; por tanto, ser\u00e1n santos. El sacerdote no tomar\u00e1 mujer prostituta o privada de su virginidad. Tampoco tomar\u00e1 mujer divorciada de su marido, porque \u00e9l est\u00e1 consagrado a su Dios. Por tanto, lo tendr\u00e1s por santo, pues \u00e9l ofrece el pan de tu Dios. Ser\u00e1 santo para ti, porque santo soy yo, Jehovah, que os santific\u00f3\u00bb (Lev 21:6-8 rva). Aar\u00f3n, el sumo sacerdote, era \u00abel santo del Se\u00f1or\u00bb (Psa 106:16 lba). El Antiguo Testamento clara y enf\u00e1ticamente ense\u00f1a que Dios es \u00absanto\u00bb moralmente (Lev 11:44) y en poder (1Sa 6:20). Es el \u00absanto de Israel\u00bb (Isa 1:4), \u00abDios santo\u00bb (Isa 5:16) y \u00abel Santo\u00bb (Isa 40:25). Su nombre es \u00abSanto\u00bb: \u00abPorque as\u00ed\u00ad dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de esp\u00ed\u00adritu, para hacer vivir el esp\u00ed\u00adritu de los humildes, y para vivificar el coraz\u00f3n de los quebrantados\u00bb (Isa 57:15). La declaraci\u00f3n negativa: \u00abNo hay santo como Jehov\u00e1, porque no hay ninguno aparte de ti; no hay roca como nuestro Dios\u00bb (1Sa 2:2 rva), se\u00f1ala que El es \u00absant\u00ed\u00adsimo\u00bb y que nadie es tan \u00absanto\u00bb como El. Algunas pocas veces qado\u00ed\u2020sh se aplica a seres no humanos, alejados de este mundo y dotados de gran poder (Job 5:1; Dan 8:13). Los \u00e1ngeles del s\u00e9quito celestial son \u00absantos\u00bb: \u00abY el valle de los montes ser\u00e1 rellenado, porque el valle de los montes llegar\u00e1 hasta Azal. Y huir\u00e9is como huisteis a causa del terremoto que hubo en los d\u00ed\u00adas de Uz\u00ed\u00adas, rey de Jud\u00e1. As\u00ed\u00ad vendr\u00e1 Jehov\u00e1 mi Dios, y todos sus santos con El\u00bb (Zec 14:5 rva). Los serafines proclamaban el uno al otro la \u00absantidad\u00bb de Dios: \u00abY el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehov\u00e1 de los ej\u00e9rcitos: toda la tierra est\u00e1 llena de su gloria\u00bb (Isa 6:3). En la Septuaginta el t\u00e9rmino hagios (\u00absanto\u00bb) representa el vocablo hebreo qado\u00ed\u2020sh.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Antiguo Testamento<\/b><\/p>\n<p>SANTO<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>La liturgia aclama al Dios tres veces Santo; proclama a Cristo, \u00absolus sanctus\u00bb; celebra a los santos. Nosotros hablamos tambi\u00e9n de los santos evangelios, de la semana santa; estamos adem\u00e1s llamados a ser santos. La santidad parece, pues, ser una realidad compleja que ata\u00f1e al misterio de Dios, pero tambi\u00e9n al culto y a la moral; engloba las nociones de sagrado y de puro, pero las des-borda. Parece reservada a Dios, inaccesible, pero constantemente se atribuye a las criaturas.<\/p>\n<p>La voz sem\u00ed\u00adtica qodes, cosa santa, santidad, derivada de una ra\u00ed\u00adz que significa sin duda \u00abcortar, separar\u00bb, orienta hacia una idea de separaci\u00f3n de lo profano; las cosas santas son las que no se tocan, o a las que no nos acercamos sino en ciertas condiciones de *pureza ritual. Estando cargadas de un dinamismo, de un misterio y de una majestad en la que se puede ver algo sobrenatural, provocan un sentimiento mixto de sobrecogimiento y de fascinaci\u00f3n, que hace que el hombre adquiera conciencia de su peque\u00f1ez ante estas manifestaciones de lo \u00abnuminoso\u00bb.<\/p>\n<p>La noci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de santidad es mucho m\u00e1s rica. La Biblia, no contenta con comunicar las reacciones del hombre frente a lo divino y con definir la santidad por negaci\u00f3n de lo profano, contiene la revelaci\u00f3n de *Dios mismo: define la santidad en su misma fuente, en Dios, de quien deriva toda santidad. Pero por el hecho mismo la Escritura plantea el problema de la naturaleza de la santidad, que es finalmente el del misterio de Dios y de su comunicaci\u00f3n a los hombres. Esta santidad deriva-da, primeramente exterior a las personas, a los lugares y objetos que hace \u00absagrados\u00bb, no resulta real e interior sino por el don del mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo; entonces el *amor que es Dios mismo (Un 4,18) ser\u00e1 comunicado, triunfando del *pecado que imped\u00ed\u00ada la irradiaci\u00f3n de su santidad.<\/p>\n<p>AT. I. DIos ES SANTO; SE MUESTRA SANTO. La santidad de Dios es inaccesible al hombre. Para que \u00e9ste la reconozca es preciso que Dios \u00abse santifique\u00bb, es decir, \u00abse muestre santo\u00bb, manifestando su *gloria. Creaci\u00f3n, teofan\u00ed\u00adas, *pruebas, *castigos y *calamidades (N\u00fam 20,1-13; Ez 38, 2lss), pero tambi\u00e9n protecci\u00f3n milagrosa y liberaciones inesperadas re-velan en qu\u00e9 sentido es Dios santo.<\/p>\n<p>La santidad de Yahveh, manifestada primero en las majestuosas teofan\u00ed\u00adas del Sina\u00ed\u00ad (Ex 19,3-20), aparece como un poder a la vez aterrador y misterioso, capaz de aniquilar todo lo que se le acerque (1Sa 6,19s), pero tambi\u00e9n capaz de bendecir a los que reciben el arca donde reside (2Sa 6, 7-11). No se confunde, pues, con la trascendencia o con la *ira divina, puesto que se manifiesta tanto en el *amor como en el *perd\u00f3n: \u00abNo desencadenar\u00e9 todo el furor de mi ira&#8230; porque yo soy Dios, no soy un hombre: en medio de ti est\u00e1 el Santo\u00bb (Os 11,9).<\/p>\n<p>En el templo aparece Yahveh a Isa\u00ed\u00adas como un *rey de majestad in-finita, como el *creador cuya gloria llena toda la tierra, como objeto de un culto que s\u00f3lo los serafines pueden tributarle. Por otra parte \u00e9stos no son bastante santos para contemplar su *rostro, y el hombre no puede verlo sin morir (Is 6,1-5; Ex 33, 18-23). Y, sin embargo, este Dios in-accesible colma la distancia que le separa de las criaturas: es el \u00absanto de Israel\u00bb, *gozo, *fuerza, apoyo, *salvaci\u00f3n, *redenci\u00f3n de este pueblo al que se ha unido por la *Alianza (l s 10,20; 17,7; 41,14-20).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad la santidad divina, lejos de reducirse a la separaci\u00f3n o a la trascendencia, incluye todo lo que Dios posee en cuanto a riqueza y vida, poder y bondad. No es uno de tan-tos atributos divinos, sino que caracteriza a Dios mismo. Consiguientemente su *nombre es santo (Sal 33,21; Am 2,7; cf. Ex 3,14), Yahveh jura por su santidad (Am 4,2). La lengua misma refleja esta convicci\u00f3n cuando, ignorando el adjetivo \u00abdivino\u00bb, considera como sin\u00f3nimos los nombres de Yahveh y de santo (Sal 71,22; Is 5,24; Hab 3,3).<\/p>\n<p>II. DIOS QUIERE SER SANTIFICADO. Dios, celoso de su derecho exclusivo al *culto y a la obediencia, quiere ser reconocido como santo, ser tratado como \u00fanico verdadero Dios, y manifestar as\u00ed\u00ad por los hombres su propia santidad. Si reglamenta minuciosamente los detalles de los sacrificios (Lev 1-7) y las condiciones de *pureza necesarias para el culto (Lev 12-15), si exige que no sea profana-do su santo nombre (Lev 22,32), es porque una liturgia bien celebrada hace que resplandezca su gloria (Lev 9,6-23; 1Re 8,10ss; cf. Lev 10,1ss; 1Sa 2,17; 3,11ss) y pone de relieve su majestad. Pero este culto s\u00f3lo vale si expresa la obediencia a la *ley (Lev 22,31ss), la fe profunda (Dt 20, 12), la alabanza personal (Sal 99,3-9): esto es *temer a Dios, santificarlo (Is 8,13).<\/p>\n<p>III. DIOS SANTIFICA, COMUNICA LA SANTIDAD. 1. Santidad y consagraci\u00f3n. Yahveh, prescribiendo las reglas *cultuales por las que se muestra santo, se reserv\u00f3 lugares (*tierra santa, santuarios, *templo), personas (sacerdotes, levitas, primog\u00e9nitos, nazires, *profetas), objetos (ofrendas, vestidos y objetos de *culto), *tiempos (*s\u00e1bados, a\u00f1os jubilares) que le est\u00e1n consagrados con ritos precisos (ofrendas, *sacrificios, dedicaciones, *unciones, aspersiones de sangre) y, por lo mismo, prohibidos a los usos profanos. As\u00ed\u00ad el *arca de la alianza no debe ser mirada ni siquiera por los levitas (N\u00fam 4,1.20); los s\u00e1bados no se deben \u00abprofanar\u00bb (Ez 20,12-24); el comportamiento de los sacerdotes est\u00e1 regulado por reglas particulares, m\u00e1s exigentes que las leyes comunes (Lev 21).<\/p>\n<p>Todas estas cosas son santas, pero pueden serlo &#8211; en diferentes grados, seg\u00fan el v\u00ed\u00adnculo que las une con Dios. La santidad de estas personas y de estos objetos consagrados no es de la misma naturaleza que la de Dios. En efecto, a diferencia de la impureza contagiosa (Lev 11,31; 15, 4.27), no se recibe autom\u00e1ticamente por contacto con la santidad divina. Es resultado de una decisi\u00f3n libre de Dios, seg\u00fan su ley, seg\u00fan los ritos fijados por \u00e9l. La distancia infinita que la separa de la santidad divina (Job 15,15) se expresa en los ritos: as\u00ed\u00ad el sumo sacerdote s\u00f3lo puede penetrar una vez al a\u00f1o en el santo de los santos despu\u00e9s de minuciosas purificaciones (Lev 16,1-16). Hay, pues, que distinguir entre la santidad verdadera que es propia de Dios y el car\u00e1cter sagrado que sustrae a lo pro-fano a ciertas personas y ciertos objetos, situ\u00e1ndolos en un estado intermedio, que vela y manifiesta a la vez la santidad de Dios.<\/p>\n<p>2. El pueblo santo. Elegido y puesto a parte entre las *naciones, Israel viene a ser la propiedad particular de Dios, pueblo de *sacerdotes, \u00abpueblo santo\u00bb. Dios, por un amor inexplicable, vive y marcha en medio de su pueblo (Ex 33,12-17); se le manifiesta por la *nube, el *arca de la alianza, el *templo, o sencillamente su *gloria, que le acompa\u00f1a aun en el exilio (Ez 1,1-28): \u00aben medio de ti yo soy el santo\u00bb (Os 11,9). Esta *presencia activa de Dios confiere al pueblo una santidad que no es mera-mente ritual, sino una dignidad que exige una vida santa. Para santificar al pueblo promulga Yahveh la *ley (Lev 22,31ss). Israel no podr\u00ed\u00ada dejar-se arrastrar a los vicios de las gentes cananas; debe rechazar todo matrimonio con muchachas extranjeras y aniquilar por anatema todo lo que pudiera contaminarlo (Dt 7,1-6). Su *fuerza reside, no en los ej\u00e9rcitos o en una h\u00e1bil diplomacia, sino en su fe en Yahveh, el Santo de Israel (Is 7,9). Este da no s\u00f3lo lo que lo distingue de los otros pueblos, sino todo lo que posee en cuanto a seguridad (Is 41,14-20; 54,1-5) de orgullo (Is 43,3-14; 49,7), finalmente en cuanto a esperanza invencible (Is 60,9-14).<\/p>\n<p>IV. ISRAEL DEBE SANTIFICARSE. A la libre elecci\u00f3n de Dios que quiere su santificaci\u00f3n debe responder Israel santific\u00e1ndose.<\/p>\n<p>1. Debe en primer lugar purificarse, es decir, lavarse de toda impureza incompatible con la santidad de Dios, antes de asistir a teofan\u00ed\u00adas o participar en el culto (Ex 19,10-15). Pero en definitiva es Dios solo quien le da la *pureza, por la sangre del sacrificio (Lev 17,11) o purificando su coraz\u00f3n (Sal 51).<\/p>\n<p>2. Los profetas y el Deuteronomio repitieron sin cesar que los sacrificios por el pecado no bastaban para agradar a Dios, sino que se requer\u00ed\u00ada la *justicia, la *obediencia y el *amor (ls 1,4-20; Dt 6,4-9). As\u00ed\u00ad el mandamiento : \u00abSed santos, pues yo, Yahveh, soy santo\u00bb (Lev 19,2; 20,26) debe entenderse no s\u00f3lo de una pu-reza cultual, sino ciertamente de una santidad vivida seg\u00fan las m\u00faltiples prescripciones familiares, sociales y econ\u00f3micas, como tambi\u00e9n rituales, contenidas en los diferentes c\u00f3digos (p.e. Lev 17-26).<\/p>\n<p>3. Finalmente, la santificaci\u00f3n de los hombres es susceptible de progreso; por eso s\u00f3lo podr\u00e1n llamarse \u00absantos\u00bb los que hayan pasado por la *prueba y tengan participaci\u00f3n en el reino escatol\u00f3gico (Dan 7,18-22). Ser\u00e1n los sabios que hayan temido a Yahveh (Sal 34,10), el \u00abpeque\u00f1o resto\u00bb de los salvados de Si\u00f3n, a los que haya Dios \u00abinscrito para sobrevivir\u00bb (Is 4,3).<\/p>\n<p>NT. La comunidad apost\u00f3lica se asimil\u00f3 las doctrinas y el vocabulario del AT. As\u00ed\u00ad Dios es el Padre Santo (Jn 17,11), el Pantocrat\u00f3r trascendente y el juez escatol\u00f3gico (Ap 4,8; 6, 10). Santo es su nombre (Lc 1,49), as\u00ed\u00ad como su ley (Rom 7,12) y su alianza (Lc 1,72). Santos tambi\u00e9n los \u00e1ngeles (Mc 8,38), los profetas y los hagi\u00f3grafos (Lc 1,70; Mc 6,20; Rom 1,2). Santo es su templo, as\u00ed\u00ad como la Jerusal\u00e9n celestial (ICor 3,17; Ap 21,2). Puesto que Dios es santo, los que ha *elegido deben ser santos (IPe 1,15s = Lev 19,2), y la santidad de su *nombre debe manifestarse en el advenimiento de su reino (Mt 6,9). Sin embargo, parece que pentecost\u00e9s, manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, dio origen a la concepci\u00f3n propia-mente neotestamentaria de la santidad.<\/p>\n<p>I. JES\u00daS, EL SANTO. La santidad de Cristo est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente ligada con su *filiaci\u00f3n divina y con la presencia del Esp\u00ed\u00adritu de Dios en \u00e9l: \u00abconcebido del Esp\u00ed\u00adritu Santo, ser\u00e1 santos y llamado Hijo de Dios (Lc 1,35; Mt 1;18). En el bautismo de Juan el \u00abHijo muy amado\u00bb recibe la *unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Act 10,38; Lc 3, 22). Expulsa los esp\u00ed\u00adritu impuros y \u00e9stos lo proclaman \u00abel santo de Dios\u00bb o \u00abel Hijo de Dios\u00bb (Mc 1,24; 3,11), dos expresiones que ahora ya son equivalentes (Jn 6,69; cf. Mt 16,16). Cristo, \u00ablleno del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Lc 4,1), se manifiesta por sus *obras; milagros y ense\u00f1anzas no quieren tanto ser signos de poder, que se ad-miren, cuanto signos de su santidad; delante de \u00e9l se siente uno pecador como delante de Dios (Lc 5,8; cf. Is 6,5).<\/p>\n<p>Cristo, \u00absanto *siervos de Dios (Act 4,27.30), habiendo sufrido la muerte con ser autor de la vida, es por excelencia \u00abel santo\u00bb (Act 3,14s). \u00abPor lo cual Dios lo exalt\u00f3\u00bb (Flp 2,9); resucitado seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de santidad (Rom 1,4), no es de este mundo (Jn 17,11). Consiguientemente, el que est\u00e1 est\u00e1 sentado a la diestra de Dios (Mc 16,19) puede ser llama-do \u00abel santo\u00bb al igual que Dios (Ap 3,7; 6,10). La santidad de Cristo es por tanto de un orden muy distinto que la de los santos personajes del AT, totalmente relativa; es id\u00e9ntica a la de Dios, su Padre santo (Jn 17, 11): igual poder espiritual, iguales manifestaciones prodigiosas, igual profundidad misteriosa; esta santidad le &#8216;hace amar a los suyos hasta comunicarles su gloria recibida del Padre y hasta sacrificarse por ellos; as\u00ed\u00ad es como se muestra santo: \u00abYo me santifico&#8230; para que ellos sean santificados\u00bb (Jn 17,19-24).<\/p>\n<p>II. CRISTO SANTIFICA A LOS CRISTIANOS. El *sacrificio de Cristo, a diferencia de las v\u00ed\u00adctimas y del culto del AT, que s\u00f3lo purificaban exteriormente a los hebreos (Heb 9,11-14; 10,10), santifica a los creyentes \u00aben verdad\u00bb (Jn 17,19), comunic\u00e1ndoles verdaderamente la santidad. En efecto, los cristianos participan de la vida de Cristo resucitado, por la *fe y por el *bautismo, que les da \u00abla unci\u00f3n venida del santo\u00bb (ICor 1,30; Ef 5,26; lJn 2,20). Igualmente son \u00absantos en Cristo\u00bb (ICor 1,2; Flp 1,1), por la presencia del Esp\u00ed\u00adritu en ellos (iCor 3,16s; Ef 2,22); son, en efecto, \u00abbautizados en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, como lo hab\u00ed\u00ada anunciado Juan Bautista (Le 3,16; Act .1,5; 11,16).<\/p>\n<p>III. EL ESP\u00ed\u008dRITU SANTO. El agente principal de la santificaci\u00f3n del cristiano es por tanto el *Esp\u00ed\u00adritu Santo; a las primeras comunidades las colma de \u00abdones y de *carismas. Su acci\u00f3n en la Iglesia difiere, sin embargo, de la del Esp\u00ed\u00adritu de Dios en el AT. La amplitud y la universalidad de su efusi\u00f3n significan que los tiempos mesi\u00e1nicos se han cumplido a partir de la resurrecci\u00f3n de Cristo (Act 2,16-38). Por otra parte, su venida est\u00e1 ligada con el bautismo y la fe en el misterio de Cristo muerto y resucitado (Act 2,38; 10,47; 19;1-7). Su presencia es permanente, y Pablo puede afirmar que los rescatados son \u00ab*templos del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, \u00abtemplos de Dios\u00bb (ICor 6,11.20; cf. 3, 16s) y que tienen verdadera comuni\u00f3n con \u00e9l (2Cor 13,13). Y como \u00abtodos los que anima el Esp\u00ed\u00adritu de Dios son hijos de Dios\u00bb (Rom 8,14-17), los cristianos no son \u00fanicamente profetas sometidos a la acci\u00f3n temporal del Esp\u00ed\u00adritu (Le 1,15; 7,28), sino hijos de Dios, que tienen siempre en s\u00ed\u00ad mismos la fuente de la santidad divina.<\/p>\n<p>IV. LOS SANTOS. Esta palabra, empleada absolutamente, era excepcional en el AT; estaba reservada a los elegidos de los tiempos escatol\u00f3gicos. En el NT designa a los cristianos. Atribuida primeramente a los miembros de la comunidad primitiva de Jerusal\u00e9n y especialmente al peque\u00f1o grupo de *pentecost\u00e9s (Act 9,13; lCor 16,1; Ef 3,5), fue extendida a los hermanos de Judea (Act 9,31-41) y luego a todos los fieles (Rom 16,2; 2Cor 1,1; 13,12). En efecto, por el Esp\u00ed\u00adritu Santo participa el cristiano de la misma santidad divina. Formando los cristianos la verdadera \u00abnaci\u00f3n santa\u00bb y el \u00ab*sacerdocio regio\u00bb, constituyendo el \u00abtemplo santo\u00bb (IPe 2,9; Ef 2,21), deben tributar a Dios el *culto verdadero, ofreci\u00e9ndose con Cristo en \u00absacrificio santo\u00bb (Rom 12, 1; 15,16; Flp 2,17).<\/p>\n<p>Finalmente, la santidad de los cristianos, que proviene de una *elecci\u00f3n (Rom 1,7; lCor 1,2), les exige la ruptura con el *pecado y con las costumbres paganas (lTes 4,3): deben obrar \u00abseg\u00fan la santidad que viene de Dios y no seg\u00fan la prudencia carnal\u00bb (2Cor 1,12; cf. ICor 6, 9ss; Ef 4,30-5,1; Tit 3,4-7; Rom 6, 19). Esta exigencia de vida santa forma la base de toda la tradici\u00f3n asc\u00e9tica cristiana; no reposa en un ideal de una ley todav\u00ed\u00ada exterior, sino en el hecho de que el cristiano, \u00abalcanzado por Cristo\u00bb, \u00abdebe participar en sus sufrimientos y en su muerte para llegar a su resurrecci\u00f3n\u00bb (F1p 3,10-14).<\/p>\n<p>V. LA CIUDAD SANTA. La santidad de Dios, adquirida ya de derecho, lucha en realidad contra el pecado. Todav\u00ed\u00ada no ha llegado el tiempo, en el que \u00ablos santos juzgar\u00e1n al mundo\u00bb (iCor 6,2s). Los santos pueden y deben todav\u00ed\u00ada santificarse para estar prontos para la parus\u00ed\u00ada del Se\u00f1or . (lTes 3,13; Ap 22,11). Ese *d\u00ed\u00ada aparecer\u00e1 la nueva Jerusal\u00e9n, \u00abciudad santa\u00bb (Ap\u2020\u00a2 21,2), en la que florecer\u00e1 el *\u00e1rbol de vida y de la que ser\u00e1 excluido todo lo que es impuro y profano (Ap 21-22; cf. Zac 14,20s); y el Se\u00f1or Jes\u00fas ser\u00e1 glorificado en sus santos (2Tes 1,10; 2,14).<\/p>\n<p>-> Culto &#8211; Elecci\u00f3n &#8211; Esp\u00ed\u00adritu de Dios &#8211; Puro &#8211; Sacrificio.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Esta es la traducci\u00f3n que en el AT se le da a <em>\u1e25\u0101s\u00ee\u1e0f<\/em> (\u00abpiadoso, bueno\u00bb) y a <em>q\u0101\u1e0f\u00f4\u0161<\/em> (\u00absanto\u00bb). La idea b\u00e1sica de <em>q\u0101\u1e0f\u00f4\u0161<\/em> es la de separaci\u00f3n para Dios, mientras que <em>\u1e25\u0101s\u00ee\u1e0f<\/em> acent\u00faa la piedad basada en la recepci\u00f3n de la misericordia divina. La palabra en el NT es <em>hagios<\/em> (\u00absanto\u00bb), y se usa regularmente en la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a> para traducir <em>q\u0101\u1e0f\u00f4\u0161<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Salmo 85:8, la palabra <em>santos<\/em> parece ser sin\u00f3nimo con el pueblo de Dios. De esto se puede concluir que el \u00e9nfasis no recae en el car\u00e1cter de la persona de manera notable (ya que no todos eran piadosos), sino en la elecci\u00f3n divina y en la d\u00e1diva de la gracia de Dios. Pero otros pasajes usan el t\u00e9rmino para apuntar a la porci\u00f3n piadosa de la naci\u00f3n. Con todo, si la connotaci\u00f3n \u00e9tica fuera suprema, se esperar\u00eda que la palabra apareciera regularmente en su forma absoluta\u2014los santos. Por el contrario, una y otra vez hallamos \u00abtus santos\u00bb, o \u00ablos santos del Alt\u00edsimo\u00bb, o, como en el NT, \u00absantos en Cristo Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los santos adquieren su posici\u00f3n por llamamiento divino (Ro. 1:7). Sin duda est\u00e1 latente en este uso del t\u00e9rmino la idea que la relaci\u00f3n con Dios envuelve conformidad a su voluntad y car\u00e1cter (Ef. 5:3). En esta forma, el t\u00e9rmino viene a estar ligado con el de fidelidad (Ef. 1:1; Col. 1:1).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La siguiente etapa de desarrollo aparece en el Libro de Apocalipsis, donde la separaci\u00f3n para el Se\u00f1or, la que caracteriza a los santos, produce la persecuci\u00f3n inspirada por Satan\u00e1s y llevada a cabo por el mundo (Ap. 13:7; 14:12), y aun produce el martirio (Ap. 16:6; 17:6). Aqu\u00ed se encuentran las semillas para el concepto cat\u00f3lico romano en cuanto a los santos, a saber, una persona peculiarmente santa y sacrificada que es digna de veneraci\u00f3n (v\u00e9ase <em>Canonizaci\u00f3n<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, el NT aplica la palabra santos a todos los creyentes. Es sin\u00f3nimo de hermano cristiano (Col. 1:2). Con la excepci\u00f3n de Fil. 4:21, no se usa en el singular, y aun en ese pasaje proyecta una idea colectiva\u2014\u00abtodo santo\u00bb. Los santos son la iglesia (1 Co. 1:2). En Efesios, donde se hace un fuerte \u00e9nfasis en la unidad de la iglesia, \u00abtodos los santos\u00bb llega a ser casi un refr\u00e1n (1:15; 3:8; 3:18; 6:18). El Credo de los Ap\u00f3stoles conserva este significado de la palabra en la afirmaci\u00f3n, \u00abCreo \u2026 en la comuni\u00f3n de los santos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V\u00e9ase tambi\u00e9n <em>Santidad<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">Blunt<\/a>; R.H. Strachan en <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">HDAC<\/a><\/em>; O.S. Rankin en <em><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">RTWB<\/a><\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Everett F. Harrison<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">Blunt <\/a>Blunt\u2019s <em>Dictionary of Doctrinal and Historical Theology<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>HDAC <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Dictionary of the Apostolic Church<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><em>RTWB <\/em><\/a><em>Richardson\u2019s Theological Word Book<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (561). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un sentido religioso, significa lo que est\u00e1 separado para o dedicado a Dios y, por lo tanto, apartado de uso secular. La palabra se aplica a personas, lugares y cosas (p. ej., el templo, vasijas, vestiduras, la ciudad de Jerusal\u00e9n, los sacerdotes). En un sentido personal, significa santo. En el NT, la palabra hagioi &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSANTO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6591","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6591","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6591"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6591\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6591"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6591"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6591"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}