{"id":6630,"date":"2016-02-05T03:36:03","date_gmt":"2016-02-05T08:36:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/silencio\/"},"modified":"2016-02-05T03:36:03","modified_gmt":"2016-02-05T08:36:03","slug":"silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/silencio\/","title":{"rendered":"SILENCIO"},"content":{"rendered":"<p>v. Callar, Enmudecer<br \/>\nPsa 37:7 guarda s ante Jehov\u00e1, y espera en \u00e9l<br \/>\nPsa 83:1 oh Dios, no guardes s; no calles, oh<br \/>\n1Ti 2:11 la mujer aprenda en s, con toda<br \/>\nRev 8:1 abri\u00f3 el s\u00e9ptimo sello, se hizo s en el<\/p>\n<hr>\n<p>ver TRANQUILO<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>[551]<\/p>\n<p>    Cualidad de saber callar cuando es m\u00e1s conveniente que el hablar.<\/p>\n<p>    Como virtud cristiana se halla asociada a las cardinales de la fortaleza y de la prudencia. En determinados c\u00ed\u00adrculos asc\u00e9ticos se cultivo desde antiguo como homenaje a Dios y un sacrificio para poder escuchas mejor la voz divina en alma. Es proverbial el silencio de los monjes cartujos, religiosos fundados por San Bruno.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>El ser humano se expresa con palabras y actitudes. A veces, su actitud de silencio es m\u00e1s elocuente que las palabras. El silencio est\u00e1, pues, relacionado con el lenguaje, como contraste, complemento, preparaci\u00f3n, potenciaci\u00f3n. Puede ser incluso la fuente original del lenguaje. No es el silencio vac\u00ed\u00ado, sino lleno de contenidos. Se habla de silencio como ambiente de estudio, descanso, oraci\u00f3n, trabajo, escucha&#8230;<\/p>\n<p>\tCuando el silencio es positivo, no solamente potencia la palabra, indicando la autenticidad del lenguaje, sino que es tambi\u00e9n la medida de la propia donaci\u00f3n. La capacidad de silencio equivale a la capacidad de acci\u00f3n constructiva. Callando o hablando, el hombre expresa su libertad.<\/p>\n<p>\tEl silencio contemplativo (como \u00abamor silencioso\u00bb) potencia la capacidad de anuncio, servicio y acogida. En las celebraciones lit\u00fargicas, el silencio forma parte del ambiente cultual, como actitud de escucha y de respeto. El verdadero silencio puede llegar a ser \u00absilencio cargado de una presencia adorada\u00bb (OL 16, VC 38). Este silencio introduce en la relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios y, consecuentemente, en la \u00abmirada contemplativa\u00bb (EV 83) y respetuosa a todo ser humano.<\/p>\n<p>\tEn la Escritura, el silencio es una actitud de adoraci\u00f3n y tambi\u00e9n un ambiente en que Dios habla y manifiesta su misterio (cfr. Sab 8,14-15). Jes\u00fas, el Verbo encarnado, es la Palabra personal de Dios, pronunciada en el silencio. Los silencios de una vida escondida en Nazaret, de los momentos de \u00abdesierto\u00bb o de las noches pasadas en oraci\u00f3n (cfr. Mc 1,35), forman tambi\u00e9n parte del mensaje evang\u00e9lico \u00abEste es ni Hijo amado, escuchadle\u00bb (Mt 17,5).<\/p>\n<p>Referencias Adoraci\u00f3n, contemplaci\u00f3n, desierto, Ejercicios espirituales, experiencia de Dios, Lectio divina, monacato, Nazaret, retiro espiritual, San Jos\u00e9, oraci\u00f3n, vida contemplativa<\/p>\n<p>Lectura de documentos CEC 533-534, 635, 920, 2186, 2628, 2717.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada H.U. Von BALTHASAR, Palabra y silencio, en Ensayos teol\u00f3gicos. Verbum Caro (Madrid, Taurus, 1964) 167-190; C. KAUFMANN, Silencio, en Diccionario de la Vida Consagrada (Madrid, Pub. Claretianas, 1989) 1655-1667; K. RAHNER, Palabras al silencio (Estella, Verbo Divino, 1992); D. SARTORE, Silencio, en Nuevo Diccionario de Liturgia (Madrid, Paulinas, 1987) 1921-1930; E. STEIN, Los caminos del silencio interior (Madrid, Edit. Espiritualidad, 1988).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Si en principio era la Palabra, y de la Palabra de Dios, venida a nosotros, ha empezado a hacerse realidad nuestra redenci\u00f3n, est\u00e1 claro que por nuestra parte, al comienzo de cada historia personal de salvaci\u00f3n tiene que haber silencio: el silencio que escucha, que acoge, que se deja vivificar. Claro que a la Palabra que se manifiesta tendr\u00e1n que corresponder luego nuestras palabras de agradecimiento, de adoraci\u00f3n, de s\u00faplica; pero antes est\u00e1 el silencio.  Si, como ocurri\u00f3 con Zacar\u00ed\u00adas, padre de Juan el Bautista, el segundo milagro del Verbo de Dios es el de hacer hablar a los mudos \u2014es decir, desatar la lengua del hombre terrena!, que est\u00e1 encerrado en s\u00ed\u00ad mismo, y hacerle cantar las maravillas del Se\u00f1or\u2014, el primero es el de hacer enmudecer al hombre charlat\u00e1n y disperso00  \u00abLa Palabra acall\u00f3 mis chacharas\u00bb: as\u00ed\u00ad es como Clemente Rebora, poeta milan\u00e9s de nuestros tiempos, de esp\u00ed\u00adritu noble, describe con claridad y rudeza los comienzos de su conversi\u00f3n. Es m\u00e1s, podemos decir que la capacidad de vivir un poco del silencio interior distingue al verdadero creyente y lo arranca del mundo de la incredulidad. El hombre que ha desterrado de sus pensamientos, siguiendo los dict\u00e1menes de la cultura dominante, al Dios vivo que llena cada espacio de s\u00ed\u00ad, no puede soportar el silencio. Para \u00e9l, que cree que est\u00e1 viviendo al borde de la nada, el silencio es el signo terror\u00ed\u00adfico del vac\u00ed\u00ado. En cambio, el hombre \u00abnuevo\u00bb \u2014que ha recibido de la fe un ojo penetrante que ve m\u00e1s all\u00e1 de la escena, y que ha recibido de la caridad un coraz\u00f3n capaz de amar al Invisible\u2014 sabe que el vac\u00ed\u00ado no existe, y que la nada es eternamente vencida por la divina Infinitud; sabe que el universo est\u00e1 poblado de criaturas gozosas; sabe que es espectador, y ya de alg\u00fan modo part\u00ed\u00adcipe, del j\u00fabilo c\u00f3smico, reflejo del misterio de luz, amor y felicidad que sustenta la vida inagotable del Dios Trino.  Por eso el hombre nuevo, como el Se\u00f1or Jes\u00fas que al amanecer sub\u00ed\u00ada hasta la cima de la monta\u00f1a, aspira a reservarse alg\u00fan espacio libre de todo ruido alienante, donde pueda tender el o\u00ed\u00addo y percibir algo de la fiesta eterna y de la voz del Padre.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>\u00abNo hay peor ch\u00e1chara que la que se debe al discurrir o escribir sobre el silencio\u00bb. As\u00ed\u00ad escrib\u00ed\u00ada M. Heidegger en su El camino hacia el lenguaje; sin embargo, lo cierto es que hay que hablar del silencio, ya que s\u00f3lo as\u00ed\u00ad podr\u00e1 percibirse la grandeza de su ser. El silencio es lenguaje: m\u00e1s a\u00fan, constituye la fuente original de todo lenguaje verdadero y su fin \u00faltimo. El silencio no llega cuando la palabra se ha cansado de ser pronunciada o cuando no se encuentran ya palabras para continuar el discurso; al contrario, marca el comienzo de toda palabra verdadera y la posibilidad para alcanzar su profundo significado. Sin el silencio, la palabra quedar\u00ed\u00ada hu\u00e9rfana, estar\u00ed\u00ada privada de un lugar donde ponerse de manera significativa y s\u00f3lo dejar\u00ed\u00ada sitio al rumor, es decir, a la palabra interrumpida y privada de sentido; pero sin la palabra, tambi\u00e9n el silencio ser\u00ed\u00ada un simple sentimiento de vac\u00ed\u00ado y de generalidades, al estar privado de un correspondiente preciso al que dirigirse. Todos sabemos por experiencia lo que es el silencio; sin embargo, hay que dar un paso de estos silencios al Silencio original, que es el que engloba y significa todo. Es \u00e9ste el silencio que crea la reflexi\u00f3n y la sostiene, el silencio que existe sic et simpliciter como existe la vida, la muerte, el amor&#8230; Este silencio pertenece constitutivamente al hombre y lo caracteriza como ser en el mundo.<\/p>\n<p>El hombre est\u00e1 determinado por el silencio; lo cualifica y condiciona y le permite expresarse a s\u00ed\u00ad mismo en su intimidad y profundidad. El silencio, a su vez, se deja reconocer en un doble referente: la palabra y el hombre que lo realiza. Respecto a la palabra, el silencio es lo que confiere el sentido definitivo, va que permite la pronunciaci\u00f3n completa. Respecto al hombre, es lo que le consiente experimentar su libertad. El hombre parece estar casi suspendido en el silencio; en \u00e9l cumple sus opciones fundamentales sobre el proyecto de su propia existencia; puede escoger salir del silencio, y por tanto decidir de s\u00ed\u00ad mismo, o permanecer en el silencio y, en este caso, perderse por ser incapaz de decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La Escritura pone el silencio como el escenario fundamental en que su contenido adquiere sentido. No existe una sola terminolog\u00ed\u00ada para expresarlo; en el Antiguo Testamento hay por lo menos siete t\u00e9rminos distintos para indicar las situaciones de silencio: desde el silencio de la noche hasta el del mudo, desde el silencio de la muerte hasta el del caos o del hombre perezoso; de todas formas, expresa el lugar privilegiado para la revelaci\u00f3n, va que indica el silencio que se debe mantener ante la Palabra. Cuando se habla de Dios, el silencio se toma como sin\u00f3nimo de misterio y se pide a Yahveh que \u00abno mantenga su rostro en silencio\u00bb, es decir, que no se esconda dejando solo a su pueblo.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento est\u00e1 escrito a la sombra de la palabra que habla y que revela el misterio de Dios; el silencio marca muchas de las etapas fundamentales de la vida de Jes\u00fas: cuando reza, cuando se retira \u00bb solo\u00bb, a un \u00bb lugar solitario\u00bb, cuando obedece al Padre&#8230; todos estos silencios encuentran su referente en la contemplaci\u00f3n intratrinitaria. De todas formas, el silencio m\u00e1s expresivo es el de la cruz; el silencio que llega despu\u00e9s del \u00abgrito\u00bb dirigido al Padre por su abandono. Este silencio revela la grandeza del amor y de la revelaci\u00f3n, ya que introduce en la percepci\u00f3n del sentido profundo y original de la relaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>En la sociedad de nuestros d\u00ed\u00adas, que ha crecido a la sombra del ruido y de la multiplicaci\u00f3n de las palabras, el silencio parece adquirir cada vez m\u00e1s valor hasta llegar a convertirse su b\u00fasqueda en uno de los signos de nuestro tiempo.<\/p>\n<p> R. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: Silencio, en NDL, 1921-1930; R, Fisichella, Silencio, en DTF, 1368-1375; H, U von Balthasar. Palabra y silencio, en Ensayos teol\u00f3gicos, Verbum caro, Taurus, Madrid 1964, 167-190; F. Ulrich, El hombre y la palabra, en MS, II\/2, 737-794; K Rahner Palabras al silencio, Verbo Divino, Estella \u00ab1992.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El redescubrimiento del silencio en la liturgia &#8211; II. Conjunto de textos normativos posconciliares sobre el silencio &#8211; III. Significado y tipolog\u00ed\u00ada del silencio lit\u00fargico: 1. El silencio, elemento estructural; 2. Motivos del silencio lit\u00fargico; 3. Tipolog\u00ed\u00ada del silencio lit\u00fargico: a) Silencio de recogimiento, b) Silencio de apropiaci\u00f3n, c) Silencio meditativo, d) Silencio de adoraci\u00f3n &#8211; IV. Conclusiones sistem\u00e1ticas.<\/p>\n<p>\u00abSi alguien me preguntase d\u00f3nde comienza la vida lit\u00fargica, yo responder\u00ed\u00ada: con el aprendizaje del silencio. Sin \u00e9l, todo carece de seriedad y es vano&#8230;; este silencio&#8230; es condici\u00f3n primera de toda acci\u00f3n sagrada\u00bb&#8216;. La experiencia lit\u00fargica de estos \u00faltimos a\u00f1os ha devuelto actualidad a esta afirmaci\u00f3n de Romano Guardini. La iglesia del Vat. II, que ha redescubierto \u00aben la celebraci\u00f3n lit\u00fargica la importancia de la Sagrada Escritura\u00bb (SC 24) y ha reafirmado su fe en Cristo \u00abpresente en su palabra\u00bb (SC 7), tambi\u00e9n ha prestado una atenci\u00f3n renovada al silencio como momento de la acci\u00f3n lit\u00fargica (volviendo a tomar as\u00ed\u00ad los valores de una venerable tradici\u00f3n inspirada en la biblia: cf bibl.), en el \u00e1mbito de una situaci\u00f3n socio-religiosa donde el silencio a menudo se siente como una necesidad vital.<\/p>\n<p>I. El redescubrimiento del silencio en la liturgia<br \/>\nLa constituci\u00f3n SC, tratando de las modalidades concretas de la participaci\u00f3n activa de los fieles, destaca la importancia del silencio: \u00abPara promover la participaci\u00f3n activa se fomentar\u00e1n las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las ant\u00ed\u00adfonas, los cantos, y tambi\u00e9n las acciones o gestos y posturas corporales. Gu\u00e1rdese, adem\u00e1s, a su debido tiempo, el silencio sagrado\u00bb (n. 30).<\/p>\n<p>La referencia al silencio no estaba en el esquema originario de la constituci\u00f3n: la a\u00f1adi\u00f3 la comisi\u00f3n seg\u00fan el deseo expresado en el aula conciliar, retomando y ampliando la prescripci\u00f3n de la instrucci\u00f3n De musica sacra, del 3 de sept. de 1958.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os precedentes, la necesidad y la funci\u00f3n del silencio en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica hab\u00ed\u00adan sido afirmadas con frecuencia. Aun subrayando el car\u00e1cter de acci\u00f3n comunitaria de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica y la posibilidad de colocar fuera de la liturgia el momento de la meditaci\u00f3n, C. Vagaggini llamaba la atenci\u00f3n sobre algunos aspectos significativos de la tradici\u00f3n m\u00e1s antigua, lamentando que en la misa ya no hubiera \u00abning\u00fan rasgo de semejantes momentos suspensivos oficiales de oraci\u00f3n y de meditaci\u00f3n privada\u00bb&#8216;. En v\u00ed\u00adsperas del concilio la praxis lit\u00fargica m\u00e1s com\u00fan nos la describe as\u00ed\u00ad uno de los primeros comentaristas de la SC: el silencio es \u00abel elemento m\u00e1s descuidado, o incluso sacrificado expresamente en nombre de una participaci\u00f3n activa, concebida falsamente en el muy limitado sentido de voz o gesto. Se olvida que por la intensidad con que se vive este silencio se puede medir el grado de capacidad y de preparaci\u00f3n de los fieles para la verdadera participaci\u00f3n. Un punto de llegada de la reflexi\u00f3n y de la pastoral lit\u00fargica anterior al Vat. II nos lo parece el Directoire pour la pastorale de la messe, del episcopado franc\u00e9s. Registrando el deseo de muchos fieles de tener momentos de silencio, considera la cosa \u00abtal vez justificada por una falta de discreci\u00f3n en los comentarios, por las exigencias mal reguladas de la participaci\u00f3n activa que ya no dejan sitio a un solo espacio de silencio (n. 140). Por eso se invita a \u00abnotar la diferencia profunda entre el silencio de inercia de asambleas individualistas e informales, que es necesario hacer desaparecer, y el silencio comunitario, alimentado y preparado por el canto y la catequesis. El silencio es la culminaci\u00f3n de la oraci\u00f3n; por su calidad se mide el esfuerzo de participaci\u00f3n\u00bb (n. 141).<\/p>\n<p>II. Conjunto de textos normativos posconciliares sobre el silencio<br \/>\nLa norma establecida por SC 30 acerca del silencio ha tenido una amplia resonancia en diversos documentos de la reforma lit\u00fargica actual despu\u00e9s del Vat. II. Presentamos aqu\u00ed\u00ad la serie de estos textos normativos, mientras que en el p\u00e1rrafo siguiente analizaremos su contenido. Para la explicaci\u00f3n de las siglas nos remitimos al elenco de las mismas que se encuentra al comienzo del Diccionario.<\/p>\n<p>Musicam sacram (instrucci\u00f3n de la S. Cong. de Ritos, 1967); en EDIL 275-291; tr. cast. en \u00abPastoral lit\u00fargica\u00bb 9: \u00abSe observar\u00e1 tambi\u00e9n, en su momento, un silencio sagrado. Por medio de este silencio los fieles no se ven reducidos a asistir a la acci\u00f3n lit\u00fargica como espectadores mudos y extra\u00f1os, sino que son asociados m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente al misterio que se celebra gracias a aquella disposici\u00f3n interior que nace de la palabra de Dios escuchada, de los cantos y de las oraciones que se pronuncian y de la uni\u00f3n espiritual con el celebrante en las partes que dice \u00e9l mismo\u00bb (n. 17).<\/p>\n<p>Eucharisticum mysterium (instrucci\u00f3n de la S. Congr. de Ritos, 1967); en EDIL 320-351; tr. cast. A. Pardo, Liturgia de la eucarist\u00ed\u00ada, 167-198; cf infra, Ritual de la sagrada comuni\u00f3n y del culto a la eucarist\u00ed\u00ada fuera de la misa, que cita los textos de la instrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>RO (ed. typica lat., 1968); la ed. oficial castellana a cargo de la CEE, 1977: \u00abEl consagrante principal impone en silencio las manos sobre la cabeza del electo. Del mismo modo, a continuaci\u00f3n, hacen los restantes\u00bb (c. VII, n. 24, p. 119). Cf c. V, n. 20, p. 73 (para los presb\u00ed\u00adteros), y c. IV, n. 20, p. 56 (para los di\u00e1conos). \u00abY todos oran en silencio durante un breve espacio de tiempo\u00bb (c. 1, n. 5, p. 33; c. II, n. 5, p. 37 [para los lectores y ac\u00f3litos]).<\/p>\n<p>RBN (ed. typica lat., 1969); ed. oficial castellana 1970, a cargo de la CEE (v\u00e9ase A. Pardo, Liturgia de los nuevos rituales y del oficio divino, 31-46): \u00abEsta celebraci\u00f3n de la palabra de Dios consta de una o varias lecturas de la Sagrada Escritura; de la homil\u00ed\u00ada, que puede acompa\u00f1arse de un momento de silencio&#8230;\u00bb (n. 17 de las Observaciones generales previas, II).<\/p>\n<p>RE (ed. typica lat., 1969) ed. oficial castellana a cargo de la CEE, 1971 (v\u00e9ase A. Pardo, o.c., 263-270): \u00abEl celebrante introduce este rito [de la \u00faltima recomendaci\u00f3n y despedida] con una monici\u00f3n; siguen unos momentos de silencio&#8230;\u00bb (n. 10).<\/p>\n<p>OGMR (1969; texto latino en el Missale Romanum, ed. typica altera, 1975); en el Misal Romano, ed. oficial cast. de la CEE: en la misa \u00abtambi\u00e9n, como parte de la celebraci\u00f3n, ha de guardarse en su tiempo silencio sagrado. La naturaleza de este silencio depende del momento de la misa en que se observa; por ejemplo, en el acto penitencial y despu\u00e9s de la invitaci\u00f3n a orar, los presentes se concentran en s\u00ed\u00ad mismos; al terminarse la lectura a la homil\u00ed\u00ada, reflexionan brevemente sobre lo que han o\u00ed\u00addo; despu\u00e9s de la comuni\u00f3n, alaban a Dios en su coraz\u00f3n y oran\u00bb (n. 23). \u00abA continuaci\u00f3n, el sacerdote invita al pueblo a orar; y todos, a una con el sacerdote, permanecen un rato en silencio para hacerse conscientes de estar en la presencia de Dios y formular interiormente sus s\u00faplicas. Entonces el sacerdote lee la oraci\u00f3n que se suele denominar colecta\u00bb(n. 32). Cf n. 88. \u00abLa asamblea entera expresa su s\u00faplica o con una invocaci\u00f3n com\u00fan, que se pronuncia despu\u00e9s de cada intenci\u00f3n, o con la oraci\u00f3n en silencio\u00bb (n. 47). \u00abLa plegaria eucar\u00ed\u00adstica exige que todos la escuchen con reverencia y en silencio, y que tomen parte en ella por medio de las aclamaciones previstas en el mismo rito\u00bb (n. 55, h). \u00ab&#8230; El sacerdote se prepara con una oraci\u00f3n en secreto para recibir con fruto el cuerpo y sangre de Cristo; los fieles hacen lo mismo, orando en silencio\u00bb (n. 56,f). \u00abCuando se ha terminado de distribuir la comuni\u00f3n, el sacerdote y los fieles, si juzgan oportuno, pueden orar un rato recogidos\u00bb (n. 56 j). Cf nn. 21, 121, 230.<\/p>\n<p>Missale Romanum (1970; ed. typica altera, 1975); ed. oficial castellana a cargo de la CEE. V\u00e9ase el Viernes santo, celebraci\u00f3n de la pasi\u00f3n del Se\u00f1or: \u00abEl sacerdote y el di\u00e1cono&#8230; se dirigen al altar&#8230; y se postran rostro en tierra o, si se juzga mejor, se arrodillan, y todos oran en silencio durante alg\u00fan espacio de tiempo\u00bb (n. 4). \u00abLa liturgia de la palabra se concluye con la oraci\u00f3n universal, que se hace de este modo: el di\u00e1cono, desde el amb\u00f3n, dice la invitaci\u00f3n que expresa la intenci\u00f3n. Despu\u00e9s todos oran en silencio durante un espacio de tiempo, y seguidamente el sacerdote, desde la sede o, si parece m\u00e1s oportuno, desde el altar, con las manos extendidas, dice la oraci\u00f3n. Los fieles pueden permanecer de rodillas o de pie durante todo el tiempo de las oraciones\u00bb (n. 10). \u00abEl sacerdote&#8230; toma la cruz&#8230;, comenzando la invitaci\u00f3n a la adoraci\u00f3n de la cruz&#8230; Todos responden: Venid a adorarlo, y acabado el canto se arrodillan y adoran en silencio, durante unos momentos, la cruz, que el sacerdote, de pie, mantiene en alto\u00bb (n. 15). Cf nn. 17 y 19. Vigilia pascual, despu\u00e9s de cada una de las lecturas: \u00ab&#8230; el sacerdote dice: Oremos y, despu\u00e9s que todos han orado en silencio durante alg\u00fan tiempo, dice la oraci\u00f3n colecta\u00bb (n. 23).<\/p>\n<p>RPR (ed. typica lat., 1970); ed. oficial cast. de la CEE, 1979: \u00abDespu\u00e9s el celebrante pide el auxilio divino [una vez que ha interrogado a los candidatos a la profesi\u00f3n religiosa], diciendo: Oremos. Y todos, oportunamente, oran en silencio unos momentos\u00bb (I, n. 29; II, n. 32).<\/p>\n<p>RC (ed. typica lat., 1971); ed. oficial castellana a cargo de la CEE, 1975: \u00ab`El obispo&#8230; [antes de imponer las manos sobre los confirmandos], de pie, con las manos juntas y de cara al pueblo, dice&#8230; Todos oran en silencio unos instantes\u00bb (n. 31).<\/p>\n<p>OGLH (1971; texto lat. en el vol. I de la Liturgia Horarum, ed. typica, 1972); ed. oficial castellana a cargo de la CEE en el primer volumen de la Liturgia de las Horas: \u00abIgualmente, si se juzga oportuno, puede dejarse tambi\u00e9n un espacio de silencio a continuaci\u00f3n de la lectura o de la homil\u00ed\u00ada\u00bb (n. 48). \u00ab&#8230; concluido el salmo y observado un momento de silencio, se concluye con una oraci\u00f3n que sintetiza los sentimientos de los participantes\u00bb (n. 112). \u00ab[En las preces]&#8230; la asamblea interponga una respuesta uniforme o una pausa de silencio, o que el sacerdote o el ministro digan tan s\u00f3lo la primera parte y la asamblea la segunda\u00bb (n. 193). \u00abComo se ha de procurar de un modo general que en las acciones lit\u00fargicas se guarde asimismo, a su debido tiempo, un silencio sagrado, tambi\u00e9n se ha de dar cabida al silencio en la liturgia de las Horas\u00bb (n. 201). \u00abPor lo tanto, seg\u00fan la oportunidad y la prudencia, para lograr la plena resonancia de la voz del Esp\u00ed\u00adritu Santo en los corazones y para unir m\u00e1s estrechamente la oraci\u00f3n personal con la palabra de Dios y la voz p\u00fablica de la iglesia, es l\u00ed\u00adcito dejar un espacio de silencio despu\u00e9s de cada salmo, una vez repetida su ant\u00ed\u00adfona, seg\u00fan la costumbre tradicional, sobre todo si despu\u00e9s del silencio se a\u00f1ade la oraci\u00f3n s\u00e1lmica (cf n. 112), o despu\u00e9s de las lecturas, tanto breves como largas, indiferentemente antes o despu\u00e9s del responsorio. Se ha de evitar, sin embargo, que el silencio introducido sea tal que deforme la estructura del oficio o resulte molesto o fatigoso para los participantes\u00bb (n. 202). \u00abCuando la recitaci\u00f3n haya de ser hecha por uno solo, se concede una mayor libertad para hacer una pausa en la meditaci\u00f3n de alguna f\u00f3rmula que suscite sentimientos espirituales, sin que por eso el oficio pierda su car\u00e1cter p\u00fablico\u00bb (n. 203).<\/p>\n<p>RUE (ed. typica lat., 1972), ed. oficial castellana a cargo de la CEE, 1974: \u00abAhora el sacerdote, en silencio, impone las manos sobre la cabeza del enfermo\u00bb (n. 139).<\/p>\n<p>RP (ed. typica lat., 1974); ed. oficial castellana a cargo de la CEE, 1975 (v\u00e9ase el rito para reconciliar a varios penitentes&#8230;): \u00abEl sacerdote invita a todos a la oraci\u00f3n&#8230; Todos oran en silencio durante algunos momentos. Luego el sacerdote recita la siguiente plegaria\u00bb (n. 111). \u00ab&#8230; puede intercalarse [entre las lecturas] un salmo&#8230; o un momento de silencio para conseguir as\u00ed\u00ad que la palabra de Dios sea mejor comprendida por cada uno, y se le preste una mayor adhesi\u00f3n\u00bb (n. 117). \u00abEs conveniente que se guarde un tiempo de silencio para examinar la conciencia y suscitar la verdadera contrici\u00f3n de los pecados\u00bb (n. 129).<\/p>\n<p>Eucharistiae participationem (carta circular de la S. Congr. para el Culto divino a los presidentes de las conferencias episcopales sobre la plegaria eucar\u00ed\u00adstica, 1973); en EDIL 941947; tr. castellana en A. Pardo, Liturgia de la eucarist\u00ed\u00ada, 216-223: \u00abDicha oraci\u00f3n [eucar\u00ed\u00adstica] es recitada por el sacerdote ministerial, que interpreta la voluntad de Dios que se dirige al pueblo, y la voz del pueblo, que eleva los \u00e1nimos a Dios. Solamente ella debe resonar, mientras que la asamblea, reunida para la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, mantiene un silencio religioso\u00bb (n. 8). \u00abPara obtener, adem\u00e1s, mayor eficacia de palabra y m\u00e1s abundante fruto espiritual, debe respetarse siempre, como muchos desean, el silencio sagrado, que se observar\u00e1 en los tiempos establecidos, como parte de la acci\u00f3n lit\u00fargica, a fin de que los asistentes, en respuesta al momento particular en que aqu\u00e9l se coloca, entren nuevamente en s\u00ed\u00ad mismos o bien reflexionen brevemente sobre todo lo que han o\u00ed\u00addo, o alaben y rueguen al Se\u00f1or en la intimidad de su propio esp\u00ed\u00adritu\u00bb (n. 18).<\/p>\n<p>DMN = Directorio para las misas con ni\u00f1os (ed. typica lat., 1973); ed. oficial castellana a cargo de la CEE, 1974 (cf A. Pardo, o.c., 225-238): \u00abTambi\u00e9n en las misas con ni\u00f1os `debe guardarse un tiempo de silencio como parte constitutiva de la celebraci\u00f3n&#8217; (OGMR 23) para que no se conceda lugar excesivo a la acci\u00f3n externa, pues tambi\u00e9n los ni\u00f1os a su manera son realmente capaces de meditar. Sin embargo, tienen necesidad de una cierta formaci\u00f3n para que aprendan seg\u00fan los diversos momentos (por ejemplo, despu\u00e9s de la comuni\u00f3n o tambi\u00e9n despu\u00e9s de la homil\u00ed\u00ada) a entrar en s\u00ed\u00ad mismos y meditar y alabar y rezar a Dios en su coraz\u00f3n\u00bb (n. 37). \u00abEntre las lecturas&#8230; nada impide que alguna vez reemplace al canto un silencio meditativo\u00bb (n. 46).<\/p>\n<p>Ritual de la sagrada comuni\u00f3n y del culto a la eucarist\u00ed\u00ada fuera de la misa (ed. typica lat., 1973); ed. oficial castellana a cargo de la CEE, 1974: \u00abLas exposiciones breves del sant\u00ed\u00adsimo sacramento deben ordenarse de tal manera que, antes de la bendici\u00f3n&#8230;, se dedique un tiempo conveniente a la lectura de la palabra de Dios, a los c\u00e1nticos, a las preces y a la oraci\u00f3n en silencio prolongada durante alg\u00fan tiempo\u00bb (n. 89). \u00ab&#8230; cuando la adoraci\u00f3n ante Cristo, el Se\u00f1or, se tenga con participaci\u00f3n de toda la comunidad, se haga con sagradas lecturas, c\u00e1nticos y alg\u00fan tiempo de silencio, para fomentar m\u00e1s eficazmente la vida espiritual de la comunidad\u00bb (n. 90).<\/p>\n<p>OLM = Ordo Lectionum Missae (ed. typica altera, 1981); ed. oficial castellana a cargo de la CEE, en las primeras p\u00e1ginas de los Leccionarios oficiales: \u00abLa liturgia de la palabra se ha de celebrar de manera que favorezca la meditaci\u00f3n, y, por esto, hay que evitar totalmente cualquier forma de apresuramiento que impida el recogimiento. El di\u00e1logo entre Dios y los hombres, con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, requiere unos breves momentos de silencio, acomodados a la asamblea presente, para que en ellos la palabra de Dios sea acogida interiormente y se prepare la respuesta por medio de la oraci\u00f3n. Pueden guardarse estos momentos de silencio, por ejemplo, antes de empezar dicha liturgia de la palabra, despu\u00e9s de la primera y segunda lectura y, por \u00faltimo, al terminar la homil\u00ed\u00ada\u00bb (n. 28).<\/p>\n<p>III. Significado y tipolog\u00ed\u00ada del silencio lit\u00fargico<br \/>\nConfrontando entre s\u00ed\u00ad estos diferentes textos, intentamos ahora dar unas l\u00ed\u00adneas maestras que ayuden a interpretar el significado y la funci\u00f3n del silencio en la liturgia renovada despu\u00e9s del Vat. II.<\/p>\n<p>1. EL SILENCIO, ELEMENTO ESTRUCTURAL. Se presenta repetidamente el silencio como \u00abparte de la celebraci\u00f3n\u00bb (OGMR 23; OGLH 201; Eucharistiae participationem 18; DMN 37); condici\u00f3n para que los fieles \u00abno se vean reducidos a asistir a la acci\u00f3n lit\u00fargica como espectadores mudos y extra\u00f1os\u00bb (Musicam sacram 17), para evitar a los ni\u00f1os dar \u00ablugar excesivo a la acci\u00f3n externa\u00bb (DMN 37).<\/p>\n<p>En clave pedag\u00f3gica, se indica el silencio entre los \u00abelementos lit\u00fargicos\u00bb, que deben tenerse presentes \u00aben la formaci\u00f3n lit\u00fargica de los ni\u00f1os y en su preparaci\u00f3n para la vida lit\u00fargica de la iglesia\u00bb (DMN 13). De este silencio, recomendado \u00abcomo muchos desean\u00bb (Eucharistiae participationem 18), se dan unas motivaciones positivas que analizaremos, pero para la liturgia de las Horas se se\u00f1alan tres criterios negativos, oportunos en toda acci\u00f3n lit\u00fargica: efectivamente, se afirma que el uso del silencio debe ser tal que no deforme la estructura del oficio, ni cause molestias o resulte fatigoso a los participantes (cf OGLH 202), de manera que el oficio no pierda su caracter\u00ed\u00adstica de oraci\u00f3n p\u00fablica (cf OGLH 203).<\/p>\n<p>2. MOTIVOS PARA EL SILENCIO. \u00abLa naturaleza de este silencio depende del momento de la misa en que se observa\u00bb (OGMR 23), pero de los textos citados se desprenden tambi\u00e9n motivos de car\u00e1cter general. El motivo m\u00e1s general del silencio lit\u00fargico es \u00abpara promover la participaci\u00f3n activa\u00bb (SC 30), para que los fieles \u00absean asociados m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente al misterio que se celebra\u00bb (Musicam sacram 17). En particular, el silencio favorece la escucha de la palabra de Dios y la respuesta de la meditaci\u00f3n y de la oraci\u00f3n, \u00abpara lograr la plena resonancia de la voz del Esp\u00ed\u00adritu Santo en los corazones y para unir m\u00e1s estrechamente la oraci\u00f3n personal con la palabra de Dios&#8230;\u00bb (OGLH 202). Cf OLM 28. Las finalidades inmediatas del silencio en la liturgia est\u00e1n resumidas en la carta Eucharistiae participationem, de 1973: \u00ab&#8230; debe respetarse siempre, como muchos desean, el silencio sagrado, que se observar\u00e1 en los tiempos establecidos, como parte de la acci\u00f3n lit\u00fargica, a fin de que los asistentes, en respuesta al momento particular en que aqu\u00e9l se coloca, entren nuevamente en s\u00ed\u00ad mismos o bien reflexionen brevemente sobre todo lo que han o\u00ed\u00addo, o alaben y rueguen al Se\u00f1or en la intimidad de su propio esp\u00ed\u00adritu\u00bb (n. 18).<\/p>\n<p>3. TIPOLOG\u00ed\u008dA DEL SILENCIO LIT\u00daRGICO. Como ya hemos mostrado, la naturaleza y las funciones del silencio lit\u00fargico dependen de los momentos en que entra a formar parte de la acci\u00f3n lit\u00fargica. Algunos textos (OGMR 23; Musicam sacram 17; DMN 37; Eucharistiae participationem 18) dan una visi\u00f3n de conjunto de estos diversos momentos y sugieren una tipolog\u00ed\u00ada del silencio lit\u00fargico, que posteriormente se confirma con el an\u00e1lisis de todos los dem\u00e1s documentos citados: silencio de recogimiento: para la oraci\u00f3n personal; silencio de apropiaci\u00f3n: sobre todo durante la oraci\u00f3n presidencial; silencio de meditaci\u00f3n: despu\u00e9s de la palabra o despu\u00e9s de la homil\u00ed\u00ada; silencio de adoraci\u00f3n: en la comuni\u00f3n o en el culto eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>a) Silencio de recogimiento. Se produce cuando se invita a toda la asamblea a recogerse \u00abpara hacerse conscientes de estar en la presencia de Dios y formular interiormente sus s\u00faplicas\u00bb (OGMR 32). El DMN habla de \u00e9l como de una invitaci\u00f3n a los ni\u00f1os \u00aba entrar en s\u00ed\u00ad mismos y meditar\u00bb (n. 37). Esta \u00abrecollectio silentiosa\u00bb asume en la liturgia renovada varias formas, unidas a muchos aspectos de la tradici\u00f3n:<br \/>\n\u2020\u00a2 Comienzo de un rito: la forma m\u00e1s solemne es la de la postraci\u00f3n que abre la acci\u00f3n lit\u00fargica del viernes santo, pero encontramos otros ejemplos de ella en el rito de las exequias (RE 10) y en la celebraci\u00f3n comunitaria de la penitencia (RP 111). Una variaci\u00f3n intensa del mismo es el \u00abacto penitencial\u00bb de la misa, cuyas finalidades se definen con toda claridad en las palabras que el RP refiere al silencio despu\u00e9s de la homil\u00ed\u00ada: \u00abpara examinar la conciencia y suscitar la verdadera contrici\u00f3n de los pecados\u00bb (n. 129).<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Oraci\u00f3n silenciosa: se invita a la asamblea a un momento de oraci\u00f3n silenciosa, que concluye con la oraci\u00f3n del celebrante. Aparecen cuatro variantes: se exhorta a los fieles a orar por los hermanos que van a participar de un rito, como por ejemplo la confirmaci\u00f3n (RC 31), la profesi\u00f3n religiosa (RPR I, 29; II, 32) o los ministerios (RO, c. I, n. 5, p. 33; c. II, n. 5, p. 37); antes de la colecta de la misa, al final de los ritos introductorios y al comienzo de la liturgia de la palabra, el celebrante invita a la asamblea a la oraci\u00f3n silenciosa que \u00e9l \u00abrecoge\u00bb en la colecta (OGMR 32); en la oraci\u00f3n universal o de los fieles, de tipo griego, despu\u00e9s de cada una de las intenciones propuestas puede sustituirse la respuesta de los fieles por una pausa de silencio: est\u00e1 previsto en la misa (OGMR 47) y en la liturgia de las Horas (OGLH 193); en las \u00aboraciones solemnes\u00bb la plegaria de la asamblea se desarrolla de manera articulada: intenci\u00f3n del di\u00e1cono, plegaria silenciosa, oraci\u00f3n del celebrante, \u00abvenerable tradici\u00f3n romana\u00bb en la que se indica el modelo m\u00e1s significativo en el viernes santo (Misal Romano 10-11).<\/p>\n<p>b) Silencio de apropiaci\u00f3n. Es un silencio de escucha y de interiorizaci\u00f3n durante las grandes plegarias presidenciales, en \u00abuni\u00f3n espiritual con el celebrante en las partes que dice \u00e9l mismo\u00bb (Musicam sacram 17). El ejemplo m\u00e1s frecuente de este silencio sagrado lo tenemos en la plegaria eucar\u00ed\u00adstica: \u00abDicha oraci\u00f3n -se\u00f1ala la carta Eucharistiae participationem- es recitada por el sacerdote ministerial, que interpreta la voluntad de Dios que se dirige al pueblo, y la voz del pueblo, que eleva los \u00e1nimos a Dios. Solamente ella debe resonar, mientras que la asamblea, reunida para la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, mantiene un silencio religioso\u00bb (n. 8); pero lo encontramos tambi\u00e9n durante la oraci\u00f3n consecratoria de las ordenaciones (RO, c. VII, n. 24, p. 119; c. V, n. 20, p. 73; c. IV, n. 20, p. 56). A prop\u00f3sito de este gesto consecratorio, que en la ordenaci\u00f3n episcopal y sacerdotal lo prolongan y repiten respectivamente los obispos concelebrantes y los sacerdotes presentes, ya comentaba Hip\u00f3lito de Roma: \u00abTodos estar\u00e1n en silencio y rezar\u00e1n en su coraz\u00f3n para que descienda el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb8. En la misa crismal (RO, pp. 216, 217, 219), en la profesi\u00f3n religiosa (RPR, I, 29; II, 32). Es particularmente significativo el gesto silencioso de la \u00abimposici\u00f3n de manos\u00bb, acompa\u00f1ado de la oraci\u00f3n de los presentes, en la unci\u00f3n de los enfermos (RUE 139).<\/p>\n<p>c) Silencio meditativo. Es el silencio de respuesta a la proclamaci\u00f3n de la palabra de Dios: invita a \u00abreflexionar brevemente sobre lo que han o\u00ed\u00addo\u00bb (OGMR 23); a \u00ablograr la plena resonancia de la voz del Esp\u00ed\u00adritu Santo en los corazones y [&#8230;] unir m\u00e1s estrechamente la oraci\u00f3n personal con la palabra de Dios\u00bb (OGLH 202); favorece \u00abque la palabra de Dios sea mejor comprendida por cada uno, y se le preste una mayor adhesi\u00f3n\u00bb (RP 117). Cf OLM 28.<\/p>\n<p>Varios textos recomiendan este silencio meditativo: despu\u00e9s de la proclamaci\u00f3n de la palabra: OGMR 23; OGLH 48; 202; Musicam sacram 17; DMN 46; Eucharistiae participationem 18; RP 117; despu\u00e9s de la homil\u00ed\u00ada: RBN 116; OGMR 23; OGLH 48; DMN 37; RP 129 9; despu\u00e9s de los salmos: OGLH 112 (\u00absobre todo si despu\u00e9s del silencio se a\u00f1ade la oraci\u00f3n s\u00e1lmica\u00bb: OGLH 202). Semejante a las antiguas colectas salmicas [7 Salmos, V, 2, e] es la oraci\u00f3n que cierra la plegaria silenciosa despu\u00e9s de cada una de las lecturas de la solemne vigilia pascual: en ambos casos las oraciones resumen la plegaria de la asamblea y dan una interpretaci\u00f3n actualizante a los textos b\u00ed\u00adblicos proclamados y rezados en la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>d) Silencio de adoraci\u00f3n. El silencio orante, que brota de la palabra y hace m\u00e1s consciente nuestra vida \u00aboculta con Cristo en Dios\u00bb (Col 3:3), asume una expresi\u00f3n m\u00e1s intensa en nuestro encuentro con el misterio eucar\u00ed\u00adstico: sea que los fieles se preparan \u00abpara recibir con fruto el cuerpo y sangre de Cristo\u00bb (OGMR 56, f), sea que se detengan despu\u00e9s de la comuni\u00f3n para \u00abalabar y rezar a Dios en su coraz\u00f3n\u00bb (DMN 37; cf OGMR 56, j; Musicam sacram 17), sea cuando prolongan \u00abla uni\u00f3n con \u00e9l conseguida en la comuni\u00f3n\u00bb con la oraci\u00f3n ante Cristo \u00abpresente en el sacramento\u00bb (Rito de la sagrada comuni\u00f3n y del culto a la eucarist\u00ed\u00ada fuera de la misa 81). Esta adoraci\u00f3n extra missam, en su forma m\u00e1s completa, se articula en \u00ablecturas, c\u00e1nticos y alg\u00fan tiempo de silencio, para fomentar m\u00e1s eficazmente la vida espiritual de la comunidad. De esta manera se promueve&#8230; el esp\u00ed\u00adritu de unidad y fraternidad de que es signo y realizaci\u00f3n la eucarist\u00ed\u00ada\u00bb (Ib, 90). Semejante a este silencio de adoraci\u00f3n es el que acompa\u00f1a a la adoraci\u00f3n de la cruz del viernes santo, sobre todo en la forma colectiva, cuando se presenta la cruz en silencio a toda la asamblea.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de estos textos que han interpretado y desarollado la directriz de SC 30 nos lleva a constatar que la reforma lit\u00fargica ha puesto fin al mutismo de la asamblea cristiana y a la marginaci\u00f3n de la palabra, y en cambio ha hecho florecer nuevamente el silencio como momento celebrativo y como forma plena de participaci\u00f3n lit\u00fargica. Se prev\u00e9n formas diversas de este silencio lit\u00fargico sin esquematismos r\u00ed\u00adgidos y con amplios espacios de adaptaci\u00f3n: toda asamblea, junto con su presidente, deber\u00e1 encontrar los ritmos adecuados para una celebraci\u00f3n que sea expresi\u00f3n de su propia fe y de su propia vida.<\/p>\n<p>IV. Conclusiones sistem\u00e1ticas<br \/>\nEn los a\u00f1os en que se han promulgado los documentos que hemos citado y en los inmediatamente posteriores ha habido un reflorecimiento de publicaciones sobre el silencio en la liturgia (cf la bibl.). Sirvi\u00e9ndonos de estos autores y valorando la savia de la tradici\u00f3n, presentamos algunas conclusiones sistem\u00e1ticas.<\/p>\n<p>1. Es innegable un redescubrimiento del silencio lit\u00fargico. Silencio sagrado: no como elemento absoluto e insustituible, de car\u00e1cter m\u00e1gico, necesario y significativo en s\u00ed\u00ad mismo, sino silencio de participaci\u00f3n: condici\u00f3n espiritual para la inserci\u00f3n en el misterio celebrado, para la escucha de la palabra y para la respuesta de la asamblea, momento privilegiado del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que hace crecer la comunidad como templo consagrado; silencio expresivo: que rodea la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios y su palabra, signo de fe y de reverencia profunda de la comunidad; silencio pedag\u00f3gico: \u00absilencio de iniciaci\u00f3n\u00bb, como dec\u00ed\u00ada Dionisio Areopagita, capaz de crear el clima y las actitudes espirituales necesarias para la experiencia lit\u00fargica y de ofrecer a cada uno, comprometido en la acci\u00f3n comunitaria, un espacio vital para su inserci\u00f3n, apropiaci\u00f3n e interiorizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Esta renovada sensibilidad hacia el silencio es, ante todo, fruto de una familiaridad m\u00e1s profunda con la biblia: Dios se hace o\u00ed\u00adr en el silencio (1Re 19:11-13); precediendo, interrumpiendo y prolongando la palabra, el silencio inspira el di\u00e1logo entre Dios y los hombres, se hace manifestaci\u00f3n del respeto debido al Se\u00f1or que se revela, necesidad cultual para su presencia: de la liturgia del templo a la del cielo (Abd 1:2; Sof 1:7; Apo 8:1.3-4). Pero Cristo es el verdadero modelo de los cristianos en la b\u00fasqueda del Padre en el silencio (Mat 14:23; Mar 1:35; Luc 9:18; Jua 6:15); \u00e9l ha venido para manifestar el misterio de salvaci\u00f3n de Dios, \u00abmantenido en secreto\u00bb durante siglos (cf Rom 16:25). Del Verbo \u00absalido del silencio\u00bb, Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada dir\u00e1 que \u00abtambi\u00e9n lo que callando hizo son cosas dignas de su Padre\u00bb, afirmando que \u00abel que de verdad posee la palabra de Jes\u00fas, puede tambi\u00e9n escuchar su silencio, a fin de ser perfecto\u00bb \u00ab. Por su parte, Ambrosio de Mil\u00e1n, que dedic\u00f3 un amplio estudio al silencio, llegar\u00e1 a decir: \u00abEl diablo busca el estr\u00e9pito; Cristo, el silencio\u00bb.<\/p>\n<p>3. La importancia del silencio va unida a la palabra, de la que es tierra privilegiada. \u00abHay que ejercitarse en el silencio para bien de la palabra. Porque la liturgia consiste en gran medida en palabras dichas por Dios o dirigidas a Dios&#8230;, estas palabras deben ser inmensas, llenas de calma y de silencio interior&#8230; El silencio abre la fuente interior de la que brota la palabra\u00bb \u00ab. Muchas liturgias antiguas conocieron moniciones diaconales que exhortaban a una escucha reverente antes de la proclamaci\u00f3n de la palabra: \u00abSilentium facite!\u00bb; \u00abState cum silentio, audientes attente!\u00bb \u00bb En este silencio reverente y meditativo ante la palabra, la iglesia sigue el ejemplo de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, primera disc\u00ed\u00adpula del Se\u00f1or, que \u00abguardaba todas estas cosas, medit\u00e1ndolas en su coraz\u00f3n\u00bb (Luc 2:19).<\/p>\n<p>4. Una mayor b\u00fasqueda del silencio en la liturgia es tambi\u00e9n signo de una mayor madurez celebrativa. \u00abUna celebraci\u00f3n que amontona un rito sobre otro, que procede con un ritmo sin paradas, cansa a la comunidad, sin edificarla\u00bb \u00ab. No se debe olvidar que \u00abla liturgia est\u00e1 hecha de ritmos, de alternancias, es como una respiraci\u00f3n\u00bb \u00ab. No se pueden establecer y programar taxativamente tiempos y espacios, sobre todo considerando que aqu\u00ed\u00ad no se trata de duraci\u00f3n cronol\u00f3gica, sino m\u00e1s bien de duraci\u00f3n psicol\u00f3gica, que se percibe y se vive en lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo del alma. Ser\u00e1 tambi\u00e9n un problema de direcci\u00f3n, de programaci\u00f3n ritual, que exige sensibilidad, tacto, sobriedad y discreci\u00f3n. Por otra parte, el silencio lit\u00fargico es un silencio constructivo, coeficiente fundamental para edificar y formar la comunidad celebrante: \u00abLlena el espacio con tanta fuerza como la palabra o el canto\u00bb; \u00abno separa a los miembros del grupo, sino que m\u00e1s bien los une en un clima de compromiso com\u00fan\u00bb.<\/p>\n<p>5. Finalmente, querr\u00ed\u00adamos subrayar la correspondencia de esta nueva o, mejor dicho, renovada praxis lit\u00fargica con la orientaci\u00f3n contemplativa de la espiritualidad contempor\u00e1nea, en la que se puede apreciar una fuerte exigencia de recogimiento, de silencio, de desierto, como condici\u00f3n de libertad, de escucha, de disponibilidad, para abrirse al Esp\u00ed\u00adritu y recorrer nuevamente el camino de oraci\u00f3n de Cristo. \u00abTibi silentium laus! -concluimos con monse\u00f1or A. Bugnini-. No queremos espectadores inertes y mudos, sino participantes activos, conscientes, orantes, que saben embriagarse y vivir el misterio con la plegaria, con el canto, con la acci\u00f3n, con el silencio de espera ansiosa y de adoraci\u00f3n. Un silencio que no es \u00ed\u00adndice de mutismo espiritual, sino un momento de gracia vivificante en el que calla la criatura, pero habla el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>D. Sartore<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA. Busquets P., El silencio en la celebraci\u00f3n, en \u00abPhase\u00bb 92 (1976) 144-148; Lack R., Desierto, en NDE, Paulinas, Madrid 1983, 336-348; VV.AA., Participaci\u00f3n en la liturgia por el canto, la aclamaci\u00f3n v el silencio. PPC, Madrid 1970, 63-65.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada se ha olvidado del silencio. Llevada por el af\u00e1n de convertirse en ciencia, ha relegado a la m\u00ed\u00adstica y a la espiritualidad la realidad esencial de su reflexionar, corriendo continuamente el peligro de caer en la inexperiencia de su objeto de investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es parad\u00f3jica la situaci\u00f3n del que tiene que hablar o escribir sobre el silencio. Por un lado, resulta poco agradable hablar de \u00e9l, ya que siente uno colgada sobre s\u00ed\u00ad como la espada de Damocles, aquella sentencia de Heidegger: \u00abNo hay peor conversaci\u00f3n que la que se basa en discurrir o en escribir sobre el silencio\u00bb (In cammino verso il linguaggio, 123); por otro lado, se siente con fuerza el deseo de hablar de \u00e9l para permitir que una reflexi\u00f3n sobre el silencio favorezca la recuperaci\u00f3n de una conciencia sobre su esencialidad para el hombre contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Pero hablar del silencio resulta un intento casi contradictorio, ya que para ello es preciso romperlo, o al menos suspenderlo por alg\u00fan tiempo. Sin embargo, \u00e9ste es el \u00fanico camino que se puede recorrer para que el silencio resulte significativo y para que su relaci\u00f3n con el sujeto cree espacios de sentido.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada fundamental puede recuperar el estudio del silencio al menos en un doble plano. Primeramente, como epistemolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, tendr\u00e1 que mostrar que el silencio es un m\u00e9todo en teolog\u00ed\u00ada en cuanto expresi\u00f3n \u00faltima que relaciona al objeto de investigaci\u00f3n con el sujeto epist\u00e9mico. Adem\u00e1s, convirti\u00e9ndolo en un tocus theologicus, para que el creyente y el hombre contempor\u00e1neo tengan la posibilidad de encontrarse con un signo que expresa y remite a la presencia de Dios.<br \/>\nI. FENOMENOLOGfA DEL SILENCIO. \u00bfQu\u00e9 es el silencio? Todos tienen experiencia de \u00e9l. Conocemos un silencio-que divide y otro que niega; uno que crea angustia y otro que expresa amor; uno que nos hace sospechosos y otro&#8217;que es el fundamento de una amistad y de una comprensi\u00f3n. Conocemos momentos de silencio que son fr\u00ed\u00ados y glaciales, y otros que nos gustar\u00ed\u00ada que no acaaran nunca porque engendran serenidad y paz. Pues bien, todos \u00e9stos no son m\u00e1s que fragmentos de un silencio mayor que los engloba y significa, un silencio que garantiza al hombre que es \u00e9l mismo y que se autocomprende como persona libre.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, es preciso remontarse de los, silencios al silencia original, el que -como tal- est\u00e1 privado todav\u00ed\u00ada de toda determinaci\u00f3n emotiva, y que, sin embargo constituye la condici\u00f3n de posibilidad misma de lo que se est\u00e1 escribiendo.<\/p>\n<p>Existe primariamente el silencio que. crea la reflexi\u00f3n y la sostiene. Este silencio no es s\u00f3lo objeto de especulaci\u00f3n te\u00f3rica, sino m\u00e1s bien lo que hace que la reflexi\u00f3n sea lo que es. Es la condici\u00f3n previa para que la mente pueda reflexionar; es la intuici\u00f3n original que se presenta visualmente a la inteligencia, y que por tanto ha sido ya puesta en la existencia,.aun cuando todav\u00ed\u00ada no tenga la posibilidad de hacerse palabra hablada..<\/p>\n<p>El silencio es una realidad; es un hecho que existe as\u00ed\u00ad, simplemente; que permite reflexionar y expresarse y volver sobre uno mismo para dar un significado pleno a la propia reflexi\u00f3n y expresi\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, podr\u00ed\u00adamos decir que el silencio es un acontecimiento original, que existe lo mismo que la vida, la muerte, la fe, el amor&#8230;; que quiz\u00e1 de alguna forma contiene a todos los dem\u00e1s, porque se identifica con el misterio mismo del propio ser. Sumergi\u00e9ndonos fuera del tiempo y del espacio, nos insertamos en aquel acto creador original por el que nos relacionamos inmediatamente con el Creador.<\/p>\n<p>El silencio no es una pausa debida al cansancio del hablar, ni se presenta cuando la palabra ha dejado de existir; al contrario, constituye la esencia de todo lenguaje humano, ya que representa su fuente original y su fin \u00faltimo.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la palabra y el silencio no pueden considerarse como t\u00e9rminos opuestos, como si la presencia del uno determinase la exclusi\u00f3n y la huida del otro; son m\u00e1s bien dos aspectos que forman el lenguaje humano como dato constitutivo del ser hombre. Por tanto, no existe conflictividad alguna entre el silencio y la palabra, sino unidad e integraci\u00f3n, en la que el silencio tiene una prioridad temporal y ontol\u00f3gica. No se dar\u00ed\u00ada palabra sin silencio; pero tampoco se dar\u00ed\u00ada verdadero silencio m\u00e1s que como suspensi\u00f3n de la palabra.<\/p>\n<p>La primera tarea que habr\u00ed\u00ada que desarrollar es la de una epistemolog\u00ed\u00ada del silencio. En efecto, no basta con mostrar su existencia ni tampoco con reclamar su valor; ante todo es preciso destacar que el silencio pertenece constitutivamente al sujeto humano y que sin \u00e9l no se da humanidad.<\/p>\n<p>Si se acepta la expresi\u00f3n de Heidegger de que \u00abel hombre es hombre en cuanto que habla\u00bb (In cammino verso illinguaggio, 27), hay que estar, sin embargo, dispuesto a no detenerse :en esta etapa de la reflexi\u00f3n, y es preciso avanzar en la b\u00fasqueda de un principio todav\u00ed\u00ada m\u00e1s fundamental: el lenguaje est\u00e1 sostenido por el silencio.<\/p>\n<p>Por tanto, es preciso reducir el silencio al silencio, para ser capaces de comprender c\u00f3mo es en s\u00ed\u00ad y de qu\u00e9 manera se relaciona el sujeto con \u00e9l.<\/p>\n<p>2. SILENCIO Y PALABRA. El primer acto de reconocimiento del silencio es su relaci\u00f3n con la palabra. Como se ha dicho, la palabra y el silencio constituyen un binomio para la constituci\u00f3n del lenguaje humano y del mismo hombre. La palabra llega a encontrar en el silencio su Sitz im Leben genuino.<\/p>\n<p>El acto mediante el cual se act\u00faa la palabra pone de suyo fin al silencio; pero la palabra pronunciada, casi por encanto, retorna y permanece en el silencio, porque \u00e9ste es el que le confiere sentido. Precisamente en el momento en que surge la palabra del silencio de la mente refleja y en el momento en que la palabra acaba proponiendo otra vez un nuevo silencio, es cuando adquiere el sentido pleno de su ser. Una palabra no completa, es decir, interrumpida y bajo la superposici\u00f3n de otra, no podr\u00ed\u00ada ser nunca sensata, ya que se encontrar\u00ed\u00ada constantemente bajo diversas interpretaciones y se har\u00ed\u00ada inevitablemente equ\u00ed\u00advoca..Estar\u00ed\u00adamos en presencia tan s\u00f3lo del \u00abrumor\u00bb, esto es, de una palabra an\u00f3nima e impersonal, privada de un referente, y por tanto irresponsable.<\/p>\n<p>Una palabra completa, es decir, en relaci\u00f3n con el silencio que la origina y que la contiene, es plenamente significativa, ya que evoca el silencio que la origina y que le imprime fuerzas siempre nuevas.<\/p>\n<p>La palabra interviene a su vez para sacar al silencio de la vaguedad, del vac\u00ed\u00ado y de lo indefinido, aunque de nuevo el silencio restituye a la palabra dicha su precisi\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, la palabra se quedar\u00ed\u00ada hu\u00e9rfana sin su referente silencio, carecer\u00ed\u00ada de profundidad y se dispersar\u00ed\u00ada en lo superficial, en lo indicativo, pero sin poder caracterizar nunca a la relaci\u00f3n interpersonal. En una palabra, en cada palabra hay un sentido original, que es el que remite inmediatamente al pensamiento que la engendra. Creemos que es aqu\u00ed\u00ad donde la palabra adquiere su significado aut\u00e9ntico, ya que se constituye aquella relaci\u00f3n con el silencio que se convierte en \u00abespacio\u00bb, en \u00ablugar\u00bb en donde se relacionan el pensamiento que engendra, la palabra que se expresa y el significado que asume.<\/p>\n<p>3. SILENCIO Y PERSONA. La relaci\u00f3n silencio-palabra remite necesariamente a aquel que parece ser el creador del uno y de la otra. \u00abParece\u00bb ser el creador, ya que en el fondo es precisamente en esta relaci\u00f3n con el lenguaje donde cada uno descubre tanto el l\u00ed\u00admite de s\u00ed\u00ad mismo como la propia trascendencia.<\/p>\n<p>Es verdad que el hombre crea su palabra, pero nunca como en este caso realiza la experiencia de la gratuidad. No es \u00e9l el que crea; es \u00e9l m\u00e1s bien el que pertenece al lenguaje. En todo caso, es deudor de otro, ya que recibe la palabra del otro. Si habla, es s\u00f3lo porque naturalmente se ha visto obligado al silencio; si quiere comprender, s\u00f3lo podr\u00e1 hacerlo creando el silencio.<\/p>\n<p>En el silencio el hombre aguarda la palabra y la acoge; en ciertos aspectos la crea, porque la hace ser \u00absuya\u00bb sin embargo, en el mismo silencio que le permite la intuici\u00f3n y la reflexi\u00f3n descubre tambi\u00e9n la imposibilidad de poder pronunciarlo todo. Una gran parte de \u00e9l mismo permanece en el silencio, ya que la intimidad del pensamiento y del coraz\u00f3n no se expresa con palabras.<\/p>\n<p>El silencio constituye adem\u00e1s para el hombre la condici\u00f3n para expresar su propia libertad y para experimentarse como persona libre. En efecto, el silencio suscita en el sujeto reacciones antit\u00e9ticas: no sabe el porqu\u00e9 del silencio ni tampoco qu\u00e9 habr\u00e1 despu\u00e9s del silencio. Su estar colgado del silencio le obliga a tener que elegir. Situaci\u00f3n dram\u00e1tica, ya que podr\u00ed\u00ada realizarse o aniquilarse a s\u00ed\u00ad mismo. Solamente su libertad le permite al silencio hacerse movimiento hacia la palabra o estaticidad cerrada en s\u00ed\u00ad misma. Si es verdad que el silencio realiza al hombre en la palabra, tambi\u00e9n es verdad que se le puede aniquilar si permanece siempre y s\u00f3lo con \u00e9l.<\/p>\n<p>Estos elementos permiten verificar que el lenguaje constituye al hombre, pero solamente cuando se toma al silencio como uno de sus elementos constitutivos, pero no absoluto.<\/p>\n<p>En este contexto resulta significativa la norma del Qoh\u00e9let 3,7 (Si 20,18): \u00ab(Hay) un tiempo para callar y un tiempo para hablar\u00bb; porque en la sabidur\u00ed\u00ada humana iluminada por la gracia se llega a crear un equilibrio entre los dos, con vistas a la unidad.<\/p>\n<p>EL SILENCIO EN LA ESCRITURA. La Biblia ha hecho del silencio un leitmotiv de su hablar de Dios. \u00abEl silencio constituye el paisaje de la Biblia\u00bb, ha dicho agudamente el te\u00f3logo jud\u00ed\u00ado A. Neher en su sugerente estudio sobre L \u00e9xil de la Parole; pero quiz\u00e1 se podr\u00ed\u00ada llevar m\u00e1s all\u00e1 la paradoja, diciendo que la Biblia es el libro del silencio de Dios.<\/p>\n<p>Se ha helenizado demasiado al logos para comprender lo que expresa de verdad. Nos lo recuerda con claridad Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada en su carta Ad Ephesios: \u00abUna palabra pronunci\u00f3 el Padre, y fue su Hijo; esa palabra habla siempre en el eterno silencio y en el, silencio tiene que ser escuchada por el alma\u00bb.<\/p>\n<p>La Escritura expresa el silencio original, que es la primera expresi\u00f3n de amor del Padre, que se hace luego Palabra obediencial del Hijo y Esp\u00ed\u00adritu de amor como nuevo silencio que llega \u00abm\u00e1s all\u00e1. del Verbo\u00bb y que encierra en s\u00ed\u00ad el misterio trinitario. De este silencio nace la revelaci\u00f3n, que se hace luego palabra hist\u00f3rica y prof\u00e9tica, y finalmente palabra definitiva en la encarnaci\u00f3n del Hijo, pero que desemboca en un nuevo silencio como contemplaci\u00f3n y respuesta de fe.<\/p>\n<p>La Biblia es el primer gran testigo de la grandeza del silencio ya que no lo califica s\u00f3lo como realidad para el hombre y para la creaci\u00f3n, sino que lo convierte en el horizonte privilegiado sobre el cual hay que poner el misterio de la revelaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>El AT, en la pluralidad de sus formas terminol\u00f3gicas, expresa preferentemente los estados que se relacionan con el silencio m\u00e1s que la realidad en s\u00ed\u00ad. Los t\u00e9rminos dama, sataq, haso, haras, alam, haster panim, cubren una amplia gama de significados que van desde el silencio entendido como expresi\u00f3n de la noche, del sue\u00f1o y de la muerte hasta el silencio del caos y del sheol o indicar al hombre mudo o perezoso. Pero al menos 25 veces haster panim indica el escondimiento-silencio de Dios.<\/p>\n<p>En efecto, desde el punto de vista hist\u00f3rico destaca el tema del silencio de Dios vinculado a su escondimiento. El pueblo pide que Dios no se esconda, que no se aleje de \u00e9l, pues en ese caso se acabar\u00ed\u00ada la historia y dejar\u00ed\u00ada de ser un pueblo (cf Dt 31,1718; Jer 33,5-6; Is 54,7; Ez 24,23);1os Salmos indican esta misma realidad y ponen de manifiesto este sentido de temor como una oraci\u00f3n de invocaci\u00f3n (cf Sal 30,8; 104,28; 143,7; 27,9; 102,3; 69,18).<\/p>\n<p>Hay un texto de Isa\u00ed\u00adas que puede considerarse como el intento de dar cuerpo al tema del silencio del hombre ante el misterio de Dios: \u00abS\u00ed\u00ad, en ti hay un Dios escondido\u00bb (Is 45,15; cf Is 8,17) indica al mismo tiempo la realidad del misterio y la esperanza que suscita en el creyente.<\/p>\n<p>El silencio se designa igualmente como el lugar privilegiado de la revelaci\u00f3n de Dios. La permanencia en el desierto y el silencio que naturalmente recuerda esta imagen marca todas las relaciones entre Israel y Yhwh como relaciones que se realizan en el silencio. Pero es la misma experiencia de los profetas la que nos orienta a leer en este mismo horizonte. De forma m\u00e1s directa, el relato teof\u00e1nico de El\u00ed\u00adas en 1Re 19, 11-12: el profeta siente en la cueva un viento impetuoso; pero Dios no estaba en el viento, ni tampoco en el terremoto ni en el fuego; s\u00f3lo cuando lleg\u00f3 \u00abun ligero susurro de aire\u00bb o, como m\u00e1s bien leen pl\u00e1sticamente algunos int\u00e9rpretes, \u00aben la voz del silencio\u00bb, s\u00f3lo entonces se cubri\u00f3 El\u00ed\u00adas el rostro por saber que estaba en la presencia de Dios.<\/p>\n<p>Igualmente, Ezequiel propone una expresiva simboIog\u00ed\u00ada en este sentido: su silencio se convierte en signo del reproche de Yhwh contra un pueblo que no quiere escuchar. El que quiera escuchar, como el que no quiera, tendr\u00e1 que referirse al silencio del profeta, ya que \u00e9ste se convierte en. contenido de revelaci\u00f3n y en signo de discernimiento (cf Ez 3,26-27).<\/p>\n<p>Diferente del silencio humano, que a menudo se confunde con el descanso y la falta de movimiento, el silencio de Dios es m\u00e1s bien fuente din\u00e1mica de diversas reacciones. Cuando Dios se revela, hay que postrarse ante \u00e9l en el silencio de la adoraci\u00f3n: \u00abA ti se debe el silencio de la alabanza\u00bb (Sal 65,2).<\/p>\n<p>En Jes\u00fas de Nazaret el silencio de Dios se abre a una palabra definitiva sobre la vida. El es la palabra de Dios, en laque parece cesar el silencio; sin embargo, hay en los evangelios varias expresiones que demuestran c\u00f3mo en esta palabra sigue estando el silencio de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El hablar de Jes\u00fas es tambi\u00e9n su silencio; en \u00e9l se descubre quiz\u00e1 la dimensi\u00f3n m\u00e1s profunda de su revelar. Es tambi\u00e9n un texto de Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada el que ilustra esta idea: \u00abEs mejor callarse y ser que hablando no ser. Es bueno ense\u00f1ar si el que ense\u00f1a act\u00faa. Hay, pues, un solo maestro que habl\u00f3, haci\u00e9ndose todo lo que dijo; pero las cosas que \u00e9l hizo callando son dignas del Padre. El que posee la palabra de Jes\u00fas puede escuchar tambi\u00e9n su silencio, para que sea perfecto, para que act\u00fae a trav\u00e9s de las cosas que dice y sea conocido por medio de las cosas que calla\u00bb (PG V, 657-658).<\/p>\n<p>Para ser palabra definitiva del Padre, Jes\u00fas tuvo que poder expresar ante todo su silencio: \u00c2\u00a1el que da paso al amor trinitario. El silencio de Cristo se basa en aquel silencio de la obediencia trinitaria que acepta ser pronunciado primordialmente por el Padre. En esta perspectiva podemos leer los diferentes momentos de la vida de Jes\u00fas, en donde el elemento del silencio parece ser -el m\u00e1s aut\u00e9ntico para indicar su relaci\u00f3n con el Padre: \u00abSe fue a un lugar solitario, y all\u00ed\u00ad estuvo rezando\u00bb (Mc 1,35; cf Mt 14,23).<\/p>\n<p>La noche y la soledad evocan de suyo el concepto y la realidad del silencio; la oraci\u00f3n entre Jes\u00fas y el Padre, en esa intimidad, s\u00f3lo pod\u00ed\u00ada ser la del silencio de la adoraci\u00f3n amorosa.<\/p>\n<p>De todas formas, otros textos permiten ver la actitud de Jes\u00fas ante el silencio. La teolog\u00ed\u00ada de Marcos prefiri\u00f3 precisamente esta actitud hist\u00f3rica propia de Jes\u00fas; en varias ocasiones nos dice que exig\u00ed\u00ada, incluso con energ\u00ed\u00ada (cf Mc 1,43), el silencio a sus disc\u00ed\u00adpulos e interlocutores, especialmente sobre los hechos que m\u00e1s se\u00f1alaban su mesianismo (cf Secreto mesi\u00e1nico; i Cristolog\u00ed\u00ada: t\u00ed\u00adtulos). En esta misma l\u00ed\u00adnea encontramos un silencio de fondo en los relatos lucanos de la infancia, o bien el silencio de los procesos, sin olvidar el silencio del juicio que al mismo tiempo pone fin a las acusaciones de los malvados y revela la misericordia del perd\u00f3n (Jn 8;1-11).<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s que cualquier otro silencio, el que empieza con el \u00abgrito\u00bb en la cruz y se prolonga durante todo el s\u00e1bado santo es el mejor \u00ed\u00adndice de revelaci\u00f3n. Este silencio, en el que s\u00f3lo aparentemente parece como si Dios no hablara ya a trav\u00e9s de la palabra del Hijo, es, por el contrario, el silencio que se hace lenguaje de revelaci\u00f3n m\u00e1s eminente, que cualifica al mismo acontecimiento.<\/p>\n<p>El silencio de la muerte y del sepulcro revela la profundidad del amor tr\u00ed\u00adnitario. El Hijo comparte la condici\u00f3n humana hasta el extremo momento del silencio en el sheol.<\/p>\n<p>El Dios que se calla es realmente el Dios que grita su c\u00e1ntico de victoria sobre el pecado y la muerte. El amor trinitario, que hab\u00ed\u00ada salido del silencia del dinamismo entre el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu, se expresa ahora como silencio que comparte la condici\u00f3n de muerte. El Dios que muere en Jes\u00fas es el Dios que ama; pero su silencio indica hasta qu\u00e9 punto ama: hasta darlo todo, hasta hacerse muerto entre los muertos, para que se exprese as\u00ed\u00ad el l\u00ed\u00admite, el punto extremo, que es luego el punta original, del amor de Dios.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ese silencio absoluto, ya que es el \u00fanico que puso Dios en el mundo, cualquier otro silencio del sufrimiento, incluso el silencio extremo de Auschwitz o de los campos de exterminio, tiene que referirse, para ser plenamente comprensible, al silencio del G\u00f3lgota y del s\u00e1bado santo, ya que s\u00f3lo aqu\u00ed\u00ad el silencio de Dios sobre s\u00ed\u00ad mismo se hace palabra clarificadora sobre el dolor, el sufrimiento y el drama de la existencia humana.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, tambi\u00e9n el silencio -mejor dicho, sobre todo el silenciohabla y expresa la revelaci\u00f3n de Dios. No estamos aqu\u00ed\u00ad ante una lectura apaf\u00e1tica que tienda a la inefabilidad de Dios, sino m\u00e1s bien ante la asunci\u00f3n positiva del silencio, que se convierte as\u00ed\u00ad en el instrumento y el lenguaje que mejor expresa la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero no se trata dei silencio como falta de palabra, como si fuese una imposici\u00f3n del silencio para obedecer al mandato de no hacerse ninguna imagen de Dios, sino m\u00e1s bien del silencio como lenguaje que se asume para hacer comprender en plenitud los signos y las palabras expresadas. En una palabra, se ve realizada la dial\u00e9ctica expresada por Agust\u00ed\u00adn: \u00abVerbo crescente, verba deficiunt\u00bb.<\/p>\n<p>5. EL SILENCIO COMO UN SIGNO DE LOS TIEMPOS. La teolog\u00ed\u00ada fundamental puede recuperar tambi\u00e9n el silencio como un signo de los tiempos capaz de expresar una tensi\u00f3n de la humanidad hacia formas de vida humanamente m\u00e1s dignas. Si, por una parte, es verdad que las sociedades y culturas contempor\u00e1neas est\u00e1n creando cada vez m\u00e1rgenes m\u00e1s restringidos para relacionarse con el silencio, tambi\u00e9n es verdad, por otra parte, que se est\u00e1 realizando una conciencia que impulsa a la recuperaci\u00f3n del silencio.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n tan dif\u00ed\u00adcil hombre-silencio no debe exasperarse, sin embargo, como si fuese un producto nocivo s\u00f3lo de los \u00faltimos decenios. El hombre ha tenido siempre temor al silencio y ha intentado huir de \u00e9l. Pascal recuerda en varias ocasiones que sus contempor\u00e1neos, para no pensar en los graves problemas recurr\u00ed\u00adan a la caza (cf Pens\u00e9es, 194; 168; 171); Kierkegaard en un precioso fragmento dice que \u00abel estado actual del mundo, la vida entera, est\u00e1 enferma. Si yo fuera m\u00e9dico y alguien me pidiera un remedio, responder\u00ed\u00ada: crea el silencio, lleva al hombre al silencio\u00bb. Y tambi\u00e9n R. Guardini observaba a principios de este siglo: \u00abBasta con mirar alrededor de nosotros, al mundo que nos rodea, para ver en qu\u00e9 medida tan terrible ha desaparecido el silencio y c\u00f3mo seguir\u00e1 desapareciendo cada vez con el incremento de las habladur\u00ed\u00adas\u00bb. Jung parece hacer eco a Pascal: \u00abEl ruido es bienvenido, porque se impone a la advertencia instintiva del peligro que hay en nosotros. El que tiene miedo de s\u00ed\u00ad mismo, busca compa\u00f1\u00ed\u00adas ruidosas y rumores estrepitosos. El ruido da cierto sentido de seguridad, como la locura; por eso se lo busca. El ruido nos protege de penosas reflexiones, destruye los sue\u00f1os inquietantes&#8230;, es tan inmediato y tan predominantemente real que todo lo dem\u00e1s se convierte en un p\u00e1lido fantasma\u00bb.<\/p>\n<p>La falta de silencio aparece hoy m\u00e1s dram\u00e1tica, porque ha crecido la conciencia de una presencia de formas inhumanas. La cr\u00ed\u00adtica de los ruidos, la defensa de lo verde y de la naturaleza en general no son m\u00e1s que el indicio de una conciencia cr\u00ed\u00adtica m\u00e1s grande que est\u00e1 dentro de nosotros y que progresivamente se ha visto obligada a callar por la imposici\u00f3n del bienestar. El hombre de hoy, especialmente el que est\u00e1 inmerso en la metr\u00f3poli, se halla continuamente bajo el impacto de palabras y rumores vac\u00ed\u00ados y variados que lo destruyen: ruidos de m\u00e1quinas, alaridos de los que pasan, desorden de un turismo fren\u00e9tico de masa, prisa por llegar a punto a la cita y no dejar pasar los plazos, se\u00f1ales de circulaci\u00f3n, publicidad por todos los rincones, escritos en las paredes&#8230;, toda una org\u00ed\u00ada de estr\u00e9pitos y algarab\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Parece difundirse como una mancha de aceite un nuevo sentido de respeto a la naturaleza y a la vida bajo sus diversas formas. Pues bien, todo este movimiento est\u00e1 destinado al fracaso si no se relaciona fundamentalmente con el silencio.<\/p>\n<p>La creaci\u00f3n de espacios de silencio puede permitir un nuevo encuentro con uno mismo y con los que nos rodean; es \u00e9sta una condici\u00f3n necesaria para poder salir del t\u00fanel del ruido en que nos encontramos, con la consiguiente p\u00e9rdida de identidad.<\/p>\n<p>El comportamiento de Jes\u00fas de Nazaret cuando, despu\u00e9s de que sus disc\u00ed\u00adpulos volvieron de su primer trabajo de evangelizaci\u00f3n y no encontraban facilidades para hablar con \u00e9l a solas, ni siquiera tiempo para poder comer ante el bullicio de la gente, les invit\u00f3 a ir a \u00abun lugar retirado y descansar un poco\u00bb (Mc 6,30-32), deber\u00ed\u00ada ser tomado muy en serio por los creyentes de hoy.<br \/>\nNo solamente el monje es el signo concreto del que ama el silencio. Es t\u00ed\u00adpico del hombre maduro, que ha comprendido el valor de la vida, el deseo de dejar por un momento las palabras para recuperar el silencio. La recuperaci\u00f3n de relaciones interpersonales aut\u00e9nticas que superen el escollo del individualismo, una nueva forma de enfrentarse con la realidad, pasa a trav\u00e9s del silencio.<\/p>\n<p>No se invoca la permanencia en el silencio; el silencio deber\u00e1 ser siempre un \u00abmomento\u00bb, un \u00abespacio\u00bb de donde salir luego y reemprender la comunicaci\u00f3n. En el desierto s\u00f3lo es posible estar cuarenta d\u00ed\u00adas o cuarenta a\u00f1os; pero no toda la duraci\u00f3n de la vida; porque el hombre ha sido creado para estar en relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La autoconciencia de una p\u00e9rdida o de una recuperaci\u00f3n del silencio se convierte en una forma de maduraci\u00f3n que est\u00e9 en disposici\u00f3n de producir una conciencia de pertenencia y de solidaridad mucho m\u00e1s eficaz para un humanismo nuevo, m\u00e1s all\u00e1 de las barreras ideol\u00f3gicas y de las diferencias de lenguaje.<\/p>\n<p>El silencio :parece entonces constituir una especie de zona de conf\u00ed\u00adn para la recuperaci\u00f3n del sentido y del significado de la grandeza del lenguaje humano. Esto parece hoy m\u00e1s evidente todav\u00ed\u00ada por la multiplicaci\u00f3n y la diferenciaci\u00f3n de los lenguajes, desde el humano hasta el inform\u00e1tico, que es ya de dominio com\u00fan. Cuando dentro de poco lleguemos a los ordenadores de la \u00abquinta generaci\u00f3n\u00bb, es decir, capaces de autoprogramarse, entonces precisamente, ante las maravillas del lenguaje de la m\u00e1quina, el hombre estar\u00e1 finalmente en disposici\u00f3n de comprender el valor del silencio. Efectivamente, descubrir\u00e1 entonces que, en todo caso, el lenguaje humano ser\u00e1 el \u00fanico que pueda crear el silencio y darle sentido. La m\u00e1quina producir\u00e1 lenguajes y f\u00f3rmulas, fruto de la precisi\u00f3n y de la inteligencia artificial; pero el hombre producir\u00e1 sentido, porque ser\u00e1 capaz de escoger y de pronunciar el silencio.<\/p>\n<p>BIBL.: BALDINI M., Le parole del silenzio, Tur\u00ed\u00adn 1986; ID, Le dimensioni del silenzio: nella poes\u00ed\u00ada, nella filosof\u00ed\u00ada, nella musica, nella linguistica, nella psicanalisi, nella pedagog\u00ed\u00ada e nella mistica, Roma 1988; BALTHASAR H.U. von, Palabra y silencio, en Ensayos teol\u00f3gicos 1, VerbumCaro, Madrid 1964, 167-190; ID, II tutto nel frammento, Mil\u00e1n 1972; HEIDEGGER M., Unterwegs zur Sprache, 19602; NEHER A., L \u00e9silio della parola, Casale Monferrato.1983; PICARD M., 11 mondo del silenzio, Mil\u00e1n 1951; RAHNER K., Tu se\u00c2\u00a1 il silenzio, Brescia 1967; RASSAM J., Le silence comme introduction \u00e1 la m\u00e9thaphysique, Toulouse 1980; ULRICH F., El hombre y la palabra, en Mysterium Salutls 11 \/ 2, Madrid 1970, 737794:<br \/>\nR. Fisichella<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>A. NOMBRES 1. sige (sighv, 4602), aparece en Act 21:40 y Rev 8:1: En este \u00faltimo pasaje el silencio es introductorio a los juicios que siguen a la apertura del s\u00e9ptimo sello.\u00c2\u00b6 2. esuquia (hJsuciva, 2271), t\u00e9rmino relacionado con esuquios (v\u00e9ase REPOSADAMENTE) y con hiesucazo (v\u00e9ase CALLAR, N\u00c2\u00ba 1), denota silencio, sosiego. Se traduce \u00absosegadamente\u00bb en 2Th 3:12, referido al trabajo; en Act 22:2  \u00abguardaron m\u00e1s silencio\u00bb; 1Ti 2:11,12: \u00aben silencio\u00bb.\u00c2\u00b6 B. Verbo kataseio (kataseivw, 2678), se traduce \u00abhecha se\u00f1al de silencio\u00bb (Act 13:16); \u00abpedido silencio\u00bb (19.33). V\u00e9ase SE\u00ed\u2018AL, C, N\u00c2\u00ba 2.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>El silencio, precediendo, interrumpiendo o prolongando la *palabra, ilumina a su manara el di\u00e1logo entablado entre Dios y el hombre.<\/p>\n<p>1. El silencio de Dios. Antes de que el hombre oyera la palabra, \u00abla palabra estaba en Dios\u00bb (Jn 1,1); luego vino la \u00ab*revelaci\u00f3n de un *misterio envuelto en el silencio en los siglos eternos\u00bb (Rom 16,25). Esta maduraci\u00f3n secreta de la palabra se expresa en el tiempo por la predestinaci\u00f3n de los *elegidos : aun antes de hablarles los *conoce Dios desde el seno materno (Jer 1,5; cf. Rom 8,29). Hay, sin embargo, otro silencio de Dios, que no parece ya cargado de un misterio de amor, sino gr\u00e1vido de la *ira divina. Para inquietar a su pueblo pecador no habla Dios ya por sus profetas (Ez 3,26). \u00bfPor qu\u00e9 Dios, despu\u00e9s de haber hablado tantas veces y con tanto *poder, se ralla ante el triunfo de la impiedad (Hab 1,13) y no responde ya a la *oraci\u00f3n de Job Job 30,20) ni a la de los salmistas (Sal 83,2; 109,1)? Para Israel que quiere *escuchar a su Dios, este silencio es un *castigo (Is 64,11); significa el alejamiento de su Se\u00f1or (Sal 35,22); equivale a una cesaci\u00f3n de la palabra (cf. Sal 28,1); anuncia el \u00absilencio\u00bb del seol, donde Dios y el hombre no se hablan ya (Sal 94,17; 115, 17). Sin embargo, el di\u00e1logo no se ha interrumpido definitivamente, pues el silencio de Dios puede ser tambi\u00e9n un reflejo de su *paciencia en los d\u00ed\u00adas de infidelidad de los hombres (Is 57,11).<\/p>\n<p>2. El silencio del hombre. \u00abHay tiempo de callar y tiempo de hablar\u00bb (Ecl 3,7). Esta m\u00e1xima se puede entender a diferentes grados de profundidad. En la sucesi\u00f3n de los d\u00ed\u00adas el silencio puede significar la indecisi\u00f3n (G\u00e9n 24,21), la aprobaci\u00f3n (N\u00fam 30, 5-16), la confusi\u00f3n (Neh 5,8), el miedo (Est 4,14); el hombre acent\u00faa su libertad reteniendo su *lengua para evitar la falta (Prov 10,19), sobre todo en medio de palabrer\u00ed\u00adas o de juicios inconsiderados (Prov 11,12s; 17, 28; cf. Jn 8,6).<\/p>\n<p>Por encima de esta sabidur\u00ed\u00ada que pudiera parecer puramente humana, es Dios quien funda en el hombre los tiempos del silencio y de la palabra. El silencio delante de Dios traduce la *verg\u00fcenza despu\u00e9s del pecado (Job 40,4; 42,6; cf. 6,24; Rom 3,19; Mt 22,12) o la *confianza en la salvaci\u00f3n (Lam 3,26; Ex 14,14); significa que ante la injusticia de los hombres, Cristo, como *fiel *siervo (ls 53,7), puso su causa en manos de Dios (Mt 26,63 p; 27,12.14 p). Pero en otras circunstancias dejar absolutamente de hablar ser\u00ed\u00ada falta de *orgullo y omitir la *confesi\u00f3n de Dios (Mt 26,64 p; Act 18,9; 2Cor 4,13): entonces no es posible callarse (Jer 4,19; 20,9; Is 62,6; Lc 19,40).<\/p>\n<p>Finalmente, cuando Dios va a *visitar al hombre la tierra guarda silencio (Hab 2,20; Sof 1,7; Is 41,1; Zac 2,17; Sal 76,9; Ap 8,1); una vez que ha venido, un silencio de temor o de respeto significa la *adoraci\u00f3n del hombre (Lam 2,10; Ex 15, 16; Lc 9,36). El di\u00e1logo con Dios se completa con el *reposo colmado en la *humildad (Sal 131,2) y con la meditaci\u00f3n de las cosas de Dios (cf. Lc 2,19.51).<\/p>\n<p>-> Confesar &#8211; Escuchar &#8211; Lengua &#8211; Palabra &#8211; Revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify\">Todos los escritores sobre la vida espiritual uniformemente recomiendan, no, ordenan bajo pena de total fracaso, la pr\u00e1ctica del silencio.  Y, sin embargo, a pesar de esto no hay ninguna regla para el progreso espiritual contra la que se hayan lanzado m\u00e1s invectivas, por los que ni siquiera han dominado sus rudimentos, que la del silencio.  Incluso en la antigua Ley se conoc\u00eda, ense\u00f1aba y practicaba su valor.  La  Sagrada Escritura nos advierte de los peligros de la lengua, puesto que \u00abmuerte y vida est\u00e1n en poder de la lengua\u00bb (Prov. 18,21).   En el Nuevo Testamento tampoco se insiste menos en este consejo; testigo: \u00abSi alguno no ofende en palabra, \u00e9ste es var\u00f3n perfecto\u00bb (Stgo. 3,2 ss.).  La misma  doctrina se inculca en innumerables otros lugares de los escritos  inspirados.  Los  paganos mismos entend\u00edan los peligros que surgen de la expresi\u00f3n imprudente.   Pit\u00e1goras les impuso una estricta regla de silencio a sus disc\u00edpulos; las  v\u00edrgenes vestales tambi\u00e9n estaban obligadas a guardar silencio severo por muchos a\u00f1os.  Se pueden citar muchos ejemplos similares.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El silencio puede ser visto desde un punto de vista triple:\n<\/p>\n<ul>\n<li>(1) Como una ayuda para la pr\u00e1ctica del bien, pues guardamos silencio ante el hombre, para poder hablar mejor con Dios, porque una lengua sin vigilancia disipa el alma, lo que hace a la mente casi, si no del todo, incapaz de oraci\u00f3n.  La mera abstenci\u00f3n del discurso, sin ese prop\u00f3sito, ser\u00eda \u00abel silencio inactivo\u00bb, que San Ambrosio condena tan en\u00e9rgicamente.  <\/li>\n<li> (2)  Como preventivo del mal.  S\u00e9neca, citado por Tom\u00e1s de Kempis, se queja de que \u00abSiempre que he estado entre los hombres, he vuelto menos hombre\u00bb (Imitaci\u00f3n de Cristo, Libro I, c. 20).  <\/li>\n<li> (3) La pr\u00e1ctica del silencio implica mucho la abnegaci\u00f3n y la moderaci\u00f3n, por lo que es una penitencia edificante, y como tal es necesaria para todos.  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">De lo anterior se entiende f\u00e1cilmente por qu\u00e9 todos los fundadores de \u00f3rdenes y congregaciones  religiosas, incluso las destinadas al servicio de los  pobres, los enfermos, los  ignorantes y otras obras exteriores, han insistido en \u00e9sta, m\u00e1s o menos severamente seg\u00fan la naturaleza de sus ocupaciones, como una de las normas fundamentales de sus institutos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Fue  San Benito el primero que estableci\u00f3 las leyes m\u00e1s claras y estrictas respecto a la observancia del silencio.  En todos los monasterios, de todas las \u00f3rdenes, hay lugares especiales, llamados \u00abLugares Regulares\u00bb (iglesia, refectorio[1], dormitorio, etc.) y momentos concretos, especialmente las horas nocturnas, llamados el \u00abGran Silencio\u00bb, en los que hablar se proh\u00edbe m\u00e1s estrictamente.   Fuera de estos lugares y tiempos, por lo general hay \u00abrecreaciones\u00bb acordadas durante las cuales se permite la conversaci\u00f3n, que se rige por las normas de la caridad y la moderaci\u00f3n, aunque las palabras in\u00fatiles y ociosas est\u00e1n universalmente prohibidas en todo momento y lugar.   Por supuesto que en las \u00f3rdenes activas los miembros hablan de acuerdo con las necesidades de sus diversos deberes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Fue quiz\u00e1s la  Orden Cisterciense la \u00fanica que no admiti\u00f3 la relajaci\u00f3n de la estricta regla del silencio, cuya severidad se mantiene todav\u00eda entre los Cistercienses Reformados (Trapenses), aunque todas las otras \u00f3rdenes contemplativas (cartujos,  carmelitas, Camaldulenses, etc.) son mucho m\u00e1s estrictas en este punto que las que se dedican a obras activas.  A fin de evitar la necesidad de hablar, muchas \u00f3rdenes (cistercienses,  dominicos, carmelitas descalzos, etc.) tienen un cierto n\u00famero de signos, mediante el cual los religiosos pueden tener una comunicaci\u00f3n limitada para las necesidades que son inevitables.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  La Santa Biblia, especialmente los Salmos, Proverbios, Eclesi\u00e1stico y la Ep\u00edstola Cat\u00f3lica de Santiago; La Imitaci\u00f3n de Cristo de Tom\u00e1s de Kempis; Holsteinio, Codex Regularum quas S. Patres Monachis et Virginibus prascripere (Par\u00eds, 1663),  La Santa Regla de San Benito de Nursia, caps. VI y VII; Schott, Fundamentder Grundrisse der Vollokommenheit (Constanza, 1680); Rodr\u00edguez, Christian Perfection (Londres, 1861).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Fuente<\/b>:  Obrecht, Edmond. \u00abSilence.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. New York: Robert Appleton Company, 1912.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/13790a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina.  rc\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>NOTAS<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[1]  Refectorio:  En las comunidades y en algunos colegios, habitaci\u00f3n destinada para reunirse a comer.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Callar, Enmudecer Psa 37:7 guarda s ante Jehov\u00e1, y espera en \u00e9l Psa 83:1 oh Dios, no guardes s; no calles, oh 1Ti 2:11 la mujer aprenda en s, con toda Rev 8:1 abri\u00f3 el s\u00e9ptimo sello, se hizo s en el ver TRANQUILO Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano [551] Cualidad de saber callar &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/silencio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSILENCIO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6630","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6630","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6630"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6630\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6630"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6630"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6630"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}