{"id":6690,"date":"2016-02-05T03:37:47","date_gmt":"2016-02-05T08:37:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/testimonio\/"},"modified":"2016-02-05T03:37:47","modified_gmt":"2016-02-05T08:37:47","slug":"testimonio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/testimonio\/","title":{"rendered":"TESTIMONIO"},"content":{"rendered":"<p>v. Estatuto, Juicio, Pacto, Testigo<br \/>\nGen 21:30 sirvan de t de que yo cav\u00e9 este pozo<br \/>\nExo 16:34 lo puso delante del T para guardarlo<br \/>\nExo 20:16; Deu 5:20 no hablar\u00e1s contra .. falso t<br \/>\nExo 25:16 pondr\u00e1s en el arca el t que yo te dar\u00e9<br \/>\nExo 31:18 dio .. dos tablas del t, tablas de piedra<br \/>\nNum 9:15 la nube cubri\u00f3 .. sobre la tienda del t<br \/>\nDeu 4:45 estos son los t .. que habl\u00f3 Mois\u00e9s a los<br \/>\nDeu 6:20 \u00bfqu\u00e9 significan los t .. Dios mand\u00f3?<br \/>\nJos 22:27 sino para que sea un t entre nosotros<br \/>\nJob 29:11 y los ojos que me ve\u00edan me daban t<br \/>\nPsa 19:7 el t de Jehov\u00e1 es fiel, que hace sabio al<br \/>\nPsa 78:5 \u00e9l estableci\u00f3 t en Jacob, y puso ley en<br \/>\nPsa 93:5 t son muy firmes; la santidad conviene<br \/>\nPsa 99:7 guardaban sus t, y el estatuto que les<br \/>\nPsa 119:2 los que guardan sus t, y con todo el<br \/>\nPsa 119:24 tus t son mis delicias y mis consejeros<br \/>\nPsa 119:46 hablar\u00e9 de tus t delante de los reyes<br \/>\nPsa 119:99 m\u00e1s .. porque tus t son mi meditaci\u00f3n<br \/>\nPsa 119:111 por heredad he tomado tus t para<br \/>\nPsa 119:129 maravillosos son tus t; por tanto, los<br \/>\nPsa 119:144 justicia eterna son tus t; dame<br \/>\nPsa 119:146 a ti clam\u00e9; s\u00e1lvame, y guardar\u00e9 tus t<br \/>\nPsa 122:4 conforme al t dado a Israel, para<br \/>\nPsa 132:12 si tus hijos guardaren mi pacto, y mi t<br \/>\nIsa 8:16 ata el t, sella la ley entre mis disc\u00edpulos<br \/>\nMat 8:4; Mar 1:44; Luk 5:14 presenta la ofrenda .. para t a ellos<br \/>\nMat 10:18; Mar 13:9 ser\u00e9is llevados .. para t a ellos<br \/>\nMat 19:18; Mar 10:19; Luk 18:20 no dir\u00e1s falso t<br \/>\nMat 24:14 predicado .. para t a todas las naciones<br \/>\nMat 26:59; Mar 14:55 buscaban falso t contra<br \/>\nMar 6:11; Luk 9:5 sacudid el polvo .. para t a ellos<br \/>\nLuk 21:13 y esto os ser\u00e1 ocasi\u00f3n para dar t<br \/>\nLuk 22:71 ellos dijeron: \u00bfQu\u00e9 mas t necesitamos?<br \/>\nJoh 1:7 \u00e9ste vino por t, para que diese t de la luz<br \/>\nJoh 1:34 he dado t de que \u00e9ste es el Hijo de Dios<br \/>\nJoh 3:26 quien t\u00fa diste t, bautiza, y todos vienen<br \/>\nJoh 3:32 y oy\u00f3, esto testifica; y nadie recibe su t<br \/>\nJoh 5:31 doy t acerca de .. mi t no es verdadero<br \/>\nJoh 5:34 pero yo no recibo t de hombre alguno<br \/>\nJoh 5:36 yo tengo mayor t que el de Juan; porque<br \/>\nJoh 5:37 el Padre que me envi\u00f3 ha dado t de m\u00ed<br \/>\nJoh 5:39 eterna; y ellas son las que dan t de m\u00ed<br \/>\nJoh 8:13 das t acerca de ti mismo; tu t no es<br \/>\nJoh 8:17 que el t de dos hombres es verdadero<br \/>\nJoh 8:18 doy t de m\u00ed mismo .. y el Padre .. da t<br \/>\nJoh 15:26 el Esp\u00edritu de .. \u00e9l dar\u00e1 t acerca de m\u00ed<br \/>\nJoh 15:27 y vosotros dar\u00e9is t .. porque hab\u00e9is<br \/>\nJoh 18:37 he venido al .. para dar t a la verdad<br \/>\nJoh 19:35 el que lo vio da t, y su t es verdadero<br \/>\nJoh 21:24 da t .. y sabemos que su t es verdadero<br \/>\nAct 4:33 daban t de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or<br \/>\nAct 6:3 buscad, pues .. a siete varones de buen t<br \/>\nAct 14:3 el cual daba t a la palabra de su gracia<br \/>\nAct 14:17 si bien no se dej\u00f3 a s\u00ed mismo sin t<br \/>\nAct 16:2 y daban buen t de \u00e9l los hermanos que<br \/>\nAct 20:23 salvo que el Esp\u00edritu Santo .. me da t<br \/>\nAct 20:24 para dar t del evangelio de la gracia<br \/>\nAct 22:18 porque no recibir\u00e1n tu t acerca de m\u00ed<br \/>\nAct 26:22 persevero .. dando t a peque\u00f1os y a<br \/>\nRom 2:15 en sus corazones, dando t su conciencia<br \/>\nRom 8:16 el Esp\u00edritu .. da t a nuestro esp\u00edritu, de<br \/>\n1Co 1:6 as\u00ed como el t acerca de Cristo ha sido<br \/>\n1Co 2:1 cuando fui a .. anunciaros el t de Dios<br \/>\n2Co 1:12 el t de nuestra conciencia, que con<br \/>\n2Th 1:10 por cuanto nuestro t ha sido cre\u00eddo<br \/>\n1Ti 2:6 de lo cual se dio t a su debido tiempo<br \/>\n1Ti 3:7 es necesario que tenga buen t de los de<br \/>\n1Ti 5:10 tenga t de buenas obra; si ha criado<br \/>\n1Ti 6:13 de Jesucristo, que dio t de la buena<br \/>\n2Ti 1:8 no te averg\u00fcences de dar t de .. Se\u00f1or<br \/>\nHeb 11:2 por ella alcanzaron buen t los antiguos<br \/>\nHeb 11:39 alcanzaron buen t mediante la fe, no<br \/>\n1Jo 5:7 tres son los que dan t en el cielo: el<br \/>\n1Jo 5:8 y tres son los que dan t en la tierra; el<br \/>\n1Jo 5:9 si recibimos el t de los hombres, mayor<br \/>\n1Jo 5:10 el que cree en .. tiene el t en s\u00ed mismo<br \/>\n3Jo 1:3. dieron t de tu verdad, de c\u00f3mo andas en<br \/>\n3Jo 1:12 todos dan t de Demetrio, y aun la verdad<br \/>\nRev 1:2 ha dado t de la palabra de Dios, y del t<br \/>\nRev 6:9 hab\u00edan sido muertos .. por el t que ten\u00edan<br \/>\nRev 12:11 vencido por .. la palabra del t de ellos<br \/>\nRev 15:5 en el cielo el templo del tabern\u00e1culo del t<br \/>\nRev 19:10 el t de Jes\u00fas es el esp\u00edritu de la profec\u00eda<br \/>\nRev 22:16 he enviado mi \u00e1ngel para daros t de<br \/>\nRev 22:20 que da t de estas cosas dice .. vengo<\/p>\n<hr>\n<p>Generalmente, una solemne afirmaci\u00f3n para establecer alg\u00fan hecho. Y com\u00fanmente, entre los creyentes, la declaraci\u00f3n de la experiencia cristiana de uno. En las Escrituras se refiere generalmente a aquello que fue colocado en el arca del pacto (Exo 25:21), o a la palabra de Dios (Psa 119:14, Psa 119:88, Psa 119:99; comparar Mar 6:11).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>[801]<br \/>\n   Palabra o declaraci\u00f3n que se hace para demostrar o acreditar una afirmaci\u00f3n, una postura o aserci\u00f3n ante quien demanda garant\u00ed\u00adas o avales.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\n\u00abEl testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de la misi\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, el hombre contempor\u00e1neo cree m\u00e1s a los testigos que a los maestros; cree m\u00e1s en la experiencia que en la doctrina, en la vida y en los hechos que en la teor\u00ed\u00ada\u00bb (Redemptoris missio,  42). De hecho la categor\u00ed\u00ada testimonio cristiano reaparece con fuerza en los textos del Vaticano II, ya que los cristianos deben \u00abdar testimonio de aquella esperanza que est\u00e1 en ellos\u00bb (GE 2) y por esto se convierte en uno de los motivos dominantes en la reflexi\u00f3n eclesiol\u00f3gica contempor\u00e1nea. En efecto, la palabra testimonio aparece 133 veces en los textos conciliares, m\u00e1s a\u00fan, la misma vocaci\u00f3n general a la santidad (cf LG c. V) se traduce frecuentemente en clave de testimonio para evocar el compromiso de toda la vida y de toda la persona en un marco de una relaci\u00f3n m\u00e1s interpersonal e interpelante.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n contempor\u00e1nea sobre el testimonio pone de relieve sus tres dimensiones: la emp\u00ed\u00adrica, ya que la acci\u00f3n de testimoniar reside en reportar lo que se ha visto u o\u00ed\u00addo mediante un relato o narraci\u00f3n; la jur\u00ed\u00addica, ya que el testimonio est\u00e1 dentro de un proceso o de una acci\u00f3n jur\u00ed\u00addica, y la \u00e9tica, puesto que el testimonio entra\u00f1a un sentido \u00e9tico, a causa de su interioridad, ya que el testigo queda implicado en su testimonio y testimonia en conciencia comprometi\u00e9ndose p\u00fablicamente con lo que dice. A su vez conviene discernir la posibilidad racional de un testimonio del absoluto que sea plenamente hist\u00f3rico y as\u00ed\u00ad llegar a una reflexi\u00f3n en clave de \u00abmetaf\u00ed\u00adsica del testimonio\u00bb.<\/p>\n<p>Por otro lado debe tenerse en cuenta que el testimonio es siempre teol\u00f3gico. Lo que puede variar es el gradode objetivaci\u00f3n consciente de la realidad teol\u00f3gica de cada testimonio. De hecho puede existir oscuridad tanto por parte del testigo como por parte de quien lo ve. Pero la interpretaci\u00f3n cristiana atribuye validez objetiva al testimonio, a pesar de que pueda no haber exacta correspondencia entre lo atestiguado y la vida del testigo. Y esto porque tal testimonio se realiza en el interior de una comunidad, como testimonio de esta comunidad, que en su conjunto realiza aquello que atestigua. La \u00absanta Iglesia\u00bb es, seg\u00fan la comprensi\u00f3n cristiana, el presupuesto de que el testimonio de la Iglesia \u2014aun cuando sea realizado por un individuo \u00abindigno\u00bb\u2014es realmente testimonio, es decir, realiza aquello que atestigua.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el testimonio aparece en el marco de la relaci\u00f3n interpersonal y acoge los interrogantes sobre el valor y el sentido global de la vida. Adem\u00e1s aparece con una dimensi\u00f3n no s\u00f3lo emp\u00ed\u00adrica y jur\u00ed\u00addica, sino tambi\u00e9n \u00e9tica y, a su vez, trascendente-teol\u00f3gica que se puede discernir en su realidad viviente a trav\u00e9s de indicios, signos, huellas&#8230; He aqu\u00ed\u00ad en s\u00ed\u00adntesis un texto paradigm\u00e1tico de la Evangelii nuntiandi:  \u00abLa buena nueva debe ser proclamada, en primer lugar, mediante el testimonio. Supongamos un cristiano o un grupo de cristianos que, dentro de la comunidad humana donde viven, manifiestan su capacidad de comprensi\u00f3n y de aceptaci\u00f3n, su comuni\u00f3n de vida y de destino con los dem\u00e1s, su solidaridad en los esfuerzos de todos en cuanto existe de noble y bueno. Supongamos que irradian de manera sencilla y espont\u00e1nea su fe en los valores que van m\u00e1s all\u00e1 de los valores corrientes y su esperanza en algo que no se ve ni osar\u00ed\u00adan so\u00f1ar. A trav\u00e9s de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: \u00bfPor qu\u00e9 son as\u00ed\u00ad? \u00bfPor qu\u00e9 viven de esa manera? \u00bfQu\u00e9 es o qui\u00e9n es el que los inspira? \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1n con nosotros? Pues bien: este testimonio constituye ya de por s\u00ed\u00ad una proclamaci\u00f3n silenciosa, pero tambi\u00e9n muy clara y eficaz, de la buena nueva. Hay en ello un gesto inicial de evangelizaci\u00f3n. Son posiblemente las primeras preguntas que se plantear\u00e1n muchos no cristianos&#8230; Todos los cristianos est\u00e1n llamados a este testimonio y, en este sentido, pueden ser verdaderos evangelizadores\u00bb (EN 21).<\/p>\n<p>\u00abY, sin embargo, esto sigue siendo insuficiente, pues el m\u00e1s hermoso testimonio se revelar\u00e1 a la larga impotente si no es esclarecido, justificado \u2014lo que Pedro llamaba dar \u00abraz\u00f3n de vuestra esperanza\u00bb (lPe 3,15)\u2014, explicitado por un anuncio claro e inequ\u00ed\u00advoco del Se\u00f1or Jes\u00fas&#8230; No hay evangelizaci\u00f3n verdadera mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jes\u00fas de Nazaret, Hijo de Dios\u00bb (EN 22).<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o pues que en el S\u00ed\u00adnodo sobre el Concilio de 1985 se afirmara en clave eclesiol\u00f3gica que \u00abla Iglesia es m\u00e1s cre\u00ed\u00adble si da testimonio con la propia vida&#8230; La Evangelizaci\u00f3n se hace por testigos, pero el testigo no da s\u00f3lo testimonio con las palabras sino con su vida. No debemos olvidar que en griego testimonio se dice martyrium\u00bb.  Con esta orientaci\u00f3n, pues, la categor\u00ed\u00ada testimonio se convierte tambi\u00e9n en clave para la Eclesiolog\u00ed\u00ada, especialmente en su perspectiva de >Eclesiolog\u00ed\u00ada fundamental, con sus reflexiones sobre la >Iglesia: \u00bfpor qu\u00e9?, y sobre la >credibilidad de la misma Iglesia.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Testimonio y evangelizaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tDar \u00abtestimonio\u00bb (\u00abmartiria\u00bb) es el lenguaje de una vida, en la que se ha plasmado un mensaje o unas creencias. Se origina entonces una relaci\u00f3n interpersonal entre quien da testimonio y quien lo recibe, favoreciendo la credibilidad. Quien anuncia de verdad una doctrina, compromete la propia vida a modo de \u00abmartirio\u00bb (testimonio aut\u00e9ntico y radical). En el mensaje de la revelaci\u00f3n, los \u00absignos\u00bb acompa\u00f1an a las palabras (cfr. Mc 16,20).<\/p>\n<p>\tJes\u00fas \u00abhizo y ense\u00f1\u00f3\u00bb (Hech 1,1), \u00abpas\u00f3 haciendo el bien\u00bb (Hech 10,38), dando testimonio de su relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con el Padre (Jn 3,11), porque ha venido al mundo como Hijo de Dios, \u00abpara dar testimonio de la verdad\u00bb (Jn 18,37). Los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas quedar\u00e1n misionados para \u00abdar testimonio\u00bb de \u00e9l con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu (Jn 15,26-27). Es m\u00e1s, su predicaci\u00f3n se basar\u00e1 en la experiencia de haber \u00abvisto\u00bb a Jes\u00fas, \u00abla Palabra de vida\u00bb (1Jn 1,1ss). As\u00ed\u00ad ser\u00e1n \u00abtestigos\u00bb cualificados de Cristo resucitado (Hech 1,8; 2,32). Por esto la misi\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu consiste en \u00abtransmitir a los dem\u00e1s la propia experiencia de Jes\u00fas y la esperanza que les anima\u00bb (RMi 24).<\/p>\n<p>\tEl testimonio de vida es \u00abel primer medio de evangelizaci\u00f3n\u00bb (EN 41) y \u00abla primera e insustituible forma de la misi\u00f3n\u00bb (RMi 42), en cuanto que es signo personificado del mismo mensaje de Cristo anunciado con las palabras. Como la santidad, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el testimonio apost\u00f3lico es una exigencia del bautismo \u00abTodos los fieles cristianos, donde\u00c2\u00acquiera que vivan, est\u00e1n obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de la palabra el hombre nuevo de que se revistieron por el bautismo\u00bb (AG 11).<\/p>\n<p>\tEl testimonio evang\u00e9lico<\/p>\n<p>\tEl mensaje de las bienaventuradas se ha de proclamar de suerte que aparezca en la vida de los creyentes como una \u00abl\u00e1mpara sobre el candelero\u00bb o una \u00abluz\u00bb que d\u00e9 a conocer los planes salv\u00ed\u00adficos del Padre (Mt 5,15-16).<\/p>\n<p>\tEl testimonio se concreta en la transparencia del mensaje en la propia persona, coherencia de vida, experiencia de relaci\u00f3n personal con Cristo a quien se anuncia, autenticidad o \u00absencillez de vida, esp\u00ed\u00adritu de oraci\u00f3n, caridad para con todos, especialmente para los peque\u00f1os y los pobres, obediencia y humildad, desapego de s\u00ed\u00ad mismos y renuncia\u00bb (EN 76).<\/p>\n<p>\tPor el seguimiento evang\u00e9lico radical, el evangelizador da \u00abun testimonio magn\u00ed\u00adfico y extraordinario de que sin el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas no se puede transformar este mundo y ofrecerlo a Dios\u00bb (LG 31).<\/p>\n<p>\tEl testimonio cristiano se hace llamada acuciante a aceptar libremente el mensaje, precisamente porque ese mismo mensaje se ha convertido en compromiso concreto en quien lo atestigua. La fuerza del testimonio radica en esa autenticidad de gracia y en \u00abel Esp\u00ed\u00adritu Santo que Dios comunica a los que le obedecen\u00bb abri\u00e9ndose al mensaje de la fe (Hech 5,32). Quien acepta el mensaje cristiano por el testimonio de un testigo aut\u00e9ntico, se convierte \u00e9l mismo en testigo para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\tEl testimonio en la evangelizaci\u00f3n actual<\/p>\n<p>\tEn una sociedad \u00abic\u00f3nica\u00bb (de signos), que \u00abtiene sed de autenticidad\u00bb (EN 76), \u00abel hombre contempor\u00e1neo cree m\u00e1s en los testigos que en los maestros\u00bb (RMi 42). El testimonio de vida es \u00abuna condici\u00f3n esencial en vistas a una eficacia real de la predicaci\u00f3n\u00bb (EN 76).<\/p>\n<p>\tEn las situaciones actuales \u00abla Iglesia est\u00e1 llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y prof\u00e9ticas\u00bb (RMi 43). Pero esta actitud, como en el caso de los documentos magisteriales sobre la justicia social y la moral cristiana, la suerte del ap\u00f3stol no ser\u00e1 diferente de la del Maestro (Jn 13,16). Evangelizar ser\u00e1 siempre  y ante todo, \u00abdar testimonio de una manera sencilla y directa, de Dios revelado por Jesucristo mediante el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (EN 26).<\/p>\n<p>Referencias Anuncio, martirio.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 35; AG 11-12; EN 21, 26, 41,76; RMi 42-43; CEC 642-643, 995, 1303, 2044-2046, 2471-2474.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada D. GRASSO, Testimonianza ed evangelizzazione, en Le missioni nel Decreto Ad Gentes del concilio Vaticano II (Roma, Pont. Univ. Urbaniana, 1966) 175-185; P. LIEGE, Le t\u00e9moignage de la vie, source d&#8217;efficacit\u00e9 missionnaire, en La formatione del missionario oggi (Roma, Pont. Univ. Urbaniana, 1978) 91-100; L. LEGRAND, Good News and Witness, The New testament Understanding of Evangelization (Bangalore 1973); S. PIE-NINOT, Hacia una eclesiolog\u00ed\u00ada fundamental basada en le testimonio Rev. Catalana de Teologia 9 (1984) 401-461; J.O. TU\u00ed\u2018I, Testimonio, en Diccionario Teol\u00f3gico de la Vida Consagrada (Madrid, Pub. Claretianas, 1989) 1722-1737.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n. &#8211; 1. Testimonio, Revelaci\u00f3n, Salvaci\u00f3n: a) El testimonio humano; b) El testimonio revelado; c) Testimonio en \u00abhechos y palabras- (DV 21); d) El testimonio de lo comunidad y de los cristianos. &#8211; 2. Testimonio y Evangelizaci\u00f3n: a) El testimonio cristiano, punto de partida de la evangelizaci\u00f3n; b) El testimonio en el campo de la acci\u00f3n apost\u00f3lica-misionera; c) El testimonio en el campo de la Palabra; d) El testimonio de vida de los santos; e) El lenguaje testimonial en la catequesis. El Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nEn la vida diaria, siempre se ha cotizado mucho a aquellas personas cuya forma de obrar responde habitualmente a sus convicciones humanas ampliamente conocidas. Son personas no s\u00f3lo \u00abde palabra\u00bb, sino \u00abde hechos\u00bb concordantes con su palabra. Cuando pasamos al orden religioso, este tipo de personas-testigos es tan importante, que la Iglesia, a las m\u00e1s cualificadas las eleva al honor de los altares, como beatas o santas canonizadas y, a much\u00ed\u00adsimas otras tambi\u00e9n sobresalientes los creyentes las consideran como modelos de identificaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>El testimonio cristiano es una realidad cristiana que merece un tratamiento sucinto, pero claro. Lo presentamos en dos partes. En la primera aclaramos la concepci\u00f3n de testimonio descubriendo, sobre todo, la conexi\u00f3n teol\u00f3gico-existencial entre testimonio, revelaci\u00f3n y salvaci\u00f3n cristiana. En la segunda aparte ponemos de relieve la relaci\u00f3n del testimonio con la evangelizaci\u00f3n y la importancia del lenguaje testimonial para una eficaz evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. Testimonio, revelaci\u00f3n y salvaci\u00f3n<br \/>\na) El testimonio humano. Cuando alguien da su testimonio sobre algo, lo que hace es atestiguar personalmente -ponerse por testigo personal- de un hecho, de una obra que merece la pena, de un valor. As\u00ed\u00ad, quiere aportar la verdad objetiva de un hecho controvertido. Se compromete personalmente con una causa. Garantiza, mediante unos comportamientos de vida, una verdad cre\u00ed\u00adda y anunciada.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s importante en todo testigo es la autoridad de que \u00e9ste est\u00e1 revestido para que su testimonio sea cre\u00ed\u00adble. Esa autoridad le viene, bien de la confianza de que goza en la sociedad, bien de la coherencia entre la verdad que afirma como verdadera y la praxis de su vida.<\/p>\n<p>b) El testimonio revelado. El mensaje cristiano se ha presentado ya desde sus or\u00ed\u00adgenes como testimonio. Su n\u00facleo central: que Cristo ha resucitado y vive despu\u00e9s de haber muerto y que su Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 actuando en la historia como fuerza de liberaci\u00f3n para el hombre que lo acoja en la fe (cf 1 Co 15, 1-28; Rm 8, 1-39). Este es el anuncio que testimoniaron los Ap\u00f3stoles bajo la luz y fuerza del Esp\u00ed\u00adritu de Pentecost\u00e9s. Pero esta Buena Noticia no hubiera sido anunciada eficazmente, si los que la proclamaron no hubiesen sido \u00abhombres nuevos\u00bb, que manifestaban en sus actitudes y en sus obras los signos del poder salv\u00ed\u00adfico de Dios (cf F. PACER, Testimonio, en J. GEVAERT, Diccionario de Catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, 786).<\/p>\n<p>En realidad, toda la historia de la revelaci\u00f3n salvadora se desarrolla en este dinamismo testimonial y as\u00ed\u00ad lo afirma la propia Sda. Escritura. Asom\u00e1ndonos tan s\u00f3lo al N. Testamento \u00abdescubrimos -dice J. M. Abrego- dos l\u00ed\u00adneas interpretativas principales del concepto de testigo o testimonio: la de la obra de Lucas y la de Juan. Lucas, se fij\u00f3 m\u00e1s directamente en los ap\u00f3stoles y creyentes en cuanto testigos de la obra de Dios realizada en Cristo; Juan (que no utiliza el sustantivo testigo, sino el concepto de testimonio o el verbo dar testimonio) subraya la funci\u00f3n testifical de Jes\u00fas, acerca del amor y salvaci\u00f3n del Padre\u00bb (J. M. ABREGO, Testimonio, en Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid 1999, 2203-2205).<\/p>\n<p>Para Lucas, los Ap\u00f3stoles son establecidos como \u00abtestigos de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb (Hch 1,8. 22; 4,33, 10,41), de todo el sentido de su vida terrena: \u00abHay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perd\u00f3n de los pecados a todas las naciones\u00bb (Lc 24,47). Esto supone que los ap\u00f3stoles han convivido con Jes\u00fas, desde el principio (cf Hch 1,21). M\u00e1s a\u00fan, por haber recibido el Esp\u00ed\u00adritu (Hch 2,1-13), los ap\u00f3stoles reciben la tarea de testimoniar la obra del Padre realizada en Jes\u00fas y afirmada en su resurrecci\u00f3n de entre los muertos (cf Hch 1,6-8; 2,14-36).<\/p>\n<p>Juan evangelista toma otro rumbo. Su t\u00e9rmino preferente es testimonio. Todos sus escritos son fruto de su testimonio: \u00abEl que lo vio (Juan) lo atestigua y su testimonio es v\u00e1lido, y el sabe que dice la verdad, para que tambi\u00e9n vosotros cre\u00e1is\u00bb (19,35). Juan da fe de lo que ha visto y experimentado en su relaci\u00f3n con Cristo (Jn 21,24). Ya dentro de su evangelio, el Padre da testimonio del Hijo (Jn 5,32). El testimonio del Hijo es verdadero porque coincide con el Padre (Jn 5,19 ss); \u00e9l testifica lo que ha visto en el Padre (Jn 8,38). A su vez, el Esp\u00ed\u00adritu da testimonio de \u00e9l (Jn 15,26). Y tambi\u00e9n sus Ap\u00f3stoles (Jn 15, 27), a quienes \u00e9l mismo env\u00ed\u00ada al Esp\u00ed\u00adritu de la verdad (Jn 14,16-17). \u00c2\u00a1Jes\u00fas es el verdadero testigo del amor salv\u00ed\u00adfico del Padre!<br \/>\nc) Testimonio en \u00abhechos y palabras\u00bb (DV, 2). Sea con uno u otros t\u00e9rminos, aparece claro, que Cristo Vivo es el testigo revelador del Proyecto amoroso y solidario del Padre y que sus Ap\u00f3stoles y disc\u00ed\u00adpulos son tambi\u00e9n verdaderos testigos de la Obra salvadora y liberadora realizada en Cristo, Muerto y Resucitado, a favor de toda la humanidad.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se realiza ese m\u00faltiple testimonio revelador? Si la revelaci\u00f3n de Dios se redujera a comunicar unas verdades conceptualmente expresadas, ser\u00ed\u00ada suficiente el veh\u00ed\u00adculo de la palabra articulada y escrita para dar pie a su conocimiento. Pero la revelaci\u00f3n de Dios es la comunicaci\u00f3n de Dios mismo, de su ser, y de su amor comprometido en salvar. Esta \u00abcondescendencia\u00bb de Dios para encontrarse con los seres humanos, necesitaba de un lenguaje v\u00e1lido, de unos signos elocuentes capaces de llamarles a los o\u00ed\u00addos del coraz\u00f3n y lograr una respuesta personal de apertura y aceptaci\u00f3n amorosa: la fe teologal (cf DV 1-10. Dt 3,24; 4,7. 32-36).<\/p>\n<p>Y el Dios Salvador, tanto en el A. como en el N. Testamento, utiliz\u00f3 como mediaciones sensibles, las obras de la Naturaleza y, sobre todo, los hechos hist\u00f3ricos de la Salvaci\u00f3n en favor de la liberaci\u00f3n de Israel, llegando al cenit de su autocomunicaci\u00f3n con la humanidad en la Encarnaci\u00f3n, Vida, Pasi\u00f3n, Muerte, Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y en el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu de Pentecost\u00e9s. Con estos acontecimientos liberadores, acompa\u00f1ados y atestiguados por la mediaci\u00f3n de los \u00abpadres de la fe\u00bb de Israel, de los profetas y del Hijo encarnado y sus Ap\u00f3stoles, Dios manifiesta con cierta nitidez a la humanidad su poder amoroso y salvador.<\/p>\n<p>Pero, adem\u00e1s de los acontecimientos salv\u00ed\u00adficos, Dios se sirve tambi\u00e9n de la mediaci\u00f3n de una palabra que los anuncie, los explique y los proclame a los oyentes de buena voluntad. \u00abEl signo asombra e interroga; la palabra interpreta, revela y convoca. De hecho, la Sda. Escritura recoge la memoria verbalizada de unos hechos, transmite en palabra su significado e invita a traducir en hechos (obras) la sinton\u00ed\u00ada con dicho mensaje\u00bb (J. M. ABREGO, o.c., 2206-2207).<\/p>\n<p>\u00abLos hechos y las palabras intr\u00ed\u00adnsecamente unidas\u00bb (cf DV 2,4, 7-8, 17-18), constatadas en la Biblia y proclamadas entre los creyentes, son los dos componentes del testimonio cristiano, que invitan a acoger en la fe al Dios Salvador y Liberador.<\/p>\n<p>d) El testimonio de la comunidad y de los cristianos. El testimonio cristiano no queda encerrado en la Sda Escritura y en la Tradici\u00f3n, es decir, en la Palabra de Dios. El Vaticano II (LG 35) afirma: \u00abCristo, que por el testimonio de su vida y por la virtud de su palabra proclam\u00f3 el Reino del Padre, cumple su misi\u00f3n prof\u00e9tica por medio de los laicos a quienes por ello, constituye en testigos (Hch 2,17-18)\u00bb. El Vaticano II habla aqu\u00ed\u00ad de la Iglesia. Cristo resucitado, presente en la Iglesia, se hace visible y cercano entre los hombres continuando hoy su obra de salvaci\u00f3n y liberaci\u00f3n. El Esp\u00ed\u00adritu que alentaba su testimonio entre las gentes de Palestina, (Lc 3,22; 4, 4. 14-15; 18-21), es el mismo que sostiene ahora el testimonio de su Cuerpo, la Iglesia, entre las gentes de hoy. La Iglesia es la comunidad de testigos de la salvaci\u00f3n integral de Cristo, pero de testigos cre\u00ed\u00adbles por la coherencia de sus \u00abobras y palabras\u00bb. El testimonio de Cristo Salvador hoy es tarea de todo bautizado.<\/p>\n<p>Es admirable el vigor con que Pablo VI reclama de los cristianos este testimonio de vida:<\/p>\n<p>\u00abT\u00e1citamente o a grandes gritos, pero siempre con fuerza se nos pregunta: \u00bfCre\u00e9is verdaderamente lo que anunci\u00e1is? \u00bfViv\u00ed\u00ads lo que cre\u00e9is? \u00bfPredic\u00e1is verdaderamente lo que viv\u00ed\u00ads? Hoy m\u00e1s que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condici\u00f3n esencial con vistas a una eficacia real de la predicaci\u00f3n. Sin andar con rodeos, podemos decir que, en cierta medida nos hacemos responsables del Evangelio que proclamamos\u00bb (EN 76,2\u00c2\u00b0).<\/p>\n<p>a) El testimonio cristiano, punto de partida de la evangelizaci\u00f3n<br \/>\nAunque este punto ya est\u00e1 tocado m\u00e1s arriba, conviene ahondar un poco m\u00e1s en \u00e9l.<\/p>\n<p>Pablo VI advierte que la finalidad de la evangelizaci\u00f3n es el cambio interior de los hombres en hombres nuevos, con la novedad del bautismo (cf Rm 64) y de la vida seg\u00fan el Evangelio (cf Ef 4,23-24). Dicho de otro modo, \u00abla Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama (cf Rm 1,16), trata de convertir, al mismo tiempo, la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos est\u00e1n comprometidos, su vida y ambiente concretos\u00bb (EN 18).<\/p>\n<p>Sin embargo, el mismo Papa recuerda que, en la acci\u00f3n evangelizadora, forman parte de ella diversos elementos y aspectos de los que no se puede prescindir. Algunos de ellos \u00abrevisten tal importancia que se tiene la tendencia a identificarlos simplemente con la evangelizaci\u00f3n\u00bb (EN 17). De ah\u00ed\u00ad que a veces se define la evangelizaci\u00f3n en t\u00e9rminos de anuncio de Cristo a los no creyentes, de conversi\u00f3n, de predicaci\u00f3n y catequesis, de bautismo y de administraci\u00f3n de otros sacramentos, de entrada en la comunidad. \u00abResulta imposible comprender (la evangelizaci\u00f3n) si no se trata de abarcar de golpe todos sus elementos esenciales\u00bb (EN 17, final).<\/p>\n<p>Seg\u00fan el pensamiento de EN, tampoco es neutro el lugar que cada uno de sus elementos integrantes ocupan el proceso de evangelizaci\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad que \u00abla Buena Nueva debe ser proclamada, en primer lugar, mediante el testimonio\u00bb (EN 21). El anuncio expl\u00ed\u00adcito, claro e inequ\u00ed\u00advoco de Jes\u00fas es imprescindible. Sin embargo, podr\u00e1 quedar infecundo, si previamente la Buena Noticia hablada no ha sido precedida -preparada- por el testimonio perseverante y sin palabras de cristianos coherentes. Estos \u00abhacen plantearse a quienes contemplan su vida, interrogantes irreprimibles: \u00bfPor qu\u00e9 son as\u00ed\u00ad? \u00bfPor qu\u00e9 viven de esa manera? \u00bfQu\u00e9 es o qui\u00e9n es el que los inspira? \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1n con nosotros? Este testimonio constituye ya de por s\u00ed\u00ad una proclamaci\u00f3n silenciosa, pero tambi\u00e9n muy clara y eficaz, de la Buena Nueva. Hay en ello un gesto inicial de evangelizaci\u00f3n\u00bb (EN 21).<\/p>\n<p>Esta primac\u00ed\u00ada del testimonio para una eficaz evangelizaci\u00f3n, est\u00e1 atestiguada, antes de EN (1975), por el Decreto conciliar Ad Gentes (AG, 11, 1965) y despu\u00e9s en numerosas ocasiones: el testimonio, el primer anuncio y las acciones transformadoras son las acciones que pide Juan Pablo II que se promuevan para una \u00abnueva evangelizaci\u00f3n\u00bb en Am\u00e9rica Latina (Hait\u00ed\u00ad, 1983 y S. Domingo 1984), en Europa (VI Simposio de Conferencias Episcopales de Europa 1985) y en todos los continentes (1985 y en Christifideles laici, 34-44, 1988), \u00faltimamente la prioridad del testimonio para la evangelizaci\u00f3n se reivindica en Redemptoris Missio (RM, 42, 1990) y en el Directorio General para la Catequesis (DGC, 47, 1997). \u00bfQu\u00e9 sucede en la praxis?<br \/>\nb) El testimonio en el campo de la acci\u00f3n apost\u00f3lico-misionera<br \/>\nSi se contempla la acci\u00f3n, por ejemplo, de los movimientos apost\u00f3licos de A.C., la primac\u00ed\u00ada del testimonio es obvia. En concreto:<\/p>\n<p>\u00abLa HOAC, en coherencia con la fe de la Iglesia, ha comprendido que su actividad evangelizadora ha de tener estas caracter\u00ed\u00adsticas inseparables\u00bb (y se enuncian por orden de prioridad): encarnaci\u00f3n, testimonio personal y comunitario, compromiso personal y comunitario, encaminado a la transformaci\u00f3n de las personas, los ambientes y las estructuras en la perspectiva del Reino de Dios, (y, en un segundo momento) anuncio expl\u00ed\u00adcito de Jesucristo y su Evangelio y la invitaci\u00f3n a entrar en la comunidad de los seguidores de Jes\u00fas\u00bb (Pleno General de Representantes: Preparaci\u00f3n VIII Asamblea General, 2.a Fase: \u00abLa Iglesia y el Mundo Obrero\u00bb, Madrid, 1990, p. 18).<\/p>\n<p>\u00abEl testimonio es el comienzo del anuncio. Es un anuncio no verbalizado, no explicitado. Es palabra de vida\u00bb (Carlos G. de Ando\u00ed\u00adn).<\/p>\n<p>c) El testimonio en el campo de la Palabra<br \/>\nSabemos que, desde la cuna del cristianismo, la Tradici\u00f3n Viva de la Iglesia, que recoge la revelaci\u00f3n del Proyecto solidario de Dios para la humanidad por la mediaci\u00f3n de Cristo Vivo, se ha ido comunicando de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Recibida de los Ap\u00f3stoles, la Iglesia conserva y comunica con fidelidad la herencia de su Se\u00f1or, pues, siendo portadora del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, ella misma es el Testimonio, la Memoria Viva y Permanente del Acontecimiento Salvador que abarca de la Encarnaci\u00f3n a Pentecost\u00e9s.<\/p>\n<p>Dicho de otro modo, la comunicaci\u00f3n de la fe, la Iglesia la realiza bajo el signo de la comuni\u00f3n. Quien da a Cristo es la Iglesia. Bajo el Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas Vivo, ella elabor\u00f3 unos escritos para \u00abdecir su fe\u00bb y nos los ha ido comunicando -como primeros documentos de la fe- para que tambi\u00e9n nosotros creamos. Sin embargo, el cristianismo no es tanto la \u00abreligi\u00f3n del libro\u00bb, cuanto la \u00abreligi\u00f3n de la comunidad\u00bb provista de un libro \u00abque leemos e interpretamos seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu que habita en la Iglesia\u00bb (MPD-77, 9,3\u00c2\u00b0). Es por el Esp\u00ed\u00adritu por el que la Iglesia mantiene Viva la Tradici\u00f3n de su Se\u00f1or Jes\u00fas y la actualiza y hace progresar al contacto con los \u00absignos de los tiempos\u00bb (cf J. M. OCHOA, La transmisi\u00f3n de la fe, hoy: algunos criterios teol\u00f3gicos, \u00abTeolog\u00ed\u00ada y Catequesis\u00bb 30 [1989] 225-226).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se desarrolla y se expresa la Tradici\u00f3n Viva? Por los datos de la historia, la fe se desarroll\u00f3 y transmiti\u00f3 en pluralidad de expresiones, signo a la vez de su dinamismo envolvente y de su tendencia inculturadora:<\/p>\n<p>1) En primer lugar, se encarn\u00f3 en expresiones de experiencia de fe, de espiritualidad: Estas expresiones son resultado del encuentro del Evangelio con la \u00abcultura\u00bb de cada creyente, pueblo y comunidad, como reacci\u00f3n vital de cada uno de ellos ante el reto de la Buena Nueva. Mientras no se da esta reacci\u00f3n \u00abexpresiva\u00bb del encuentro con el Dios cristiano, la fe permanece superficial.<\/p>\n<p>2) En segundo lugar, la Tradici\u00f3n eclesial se manifest\u00f3 en la liturgia, que es la primera y aut\u00e9ntica expresi\u00f3n de la espiritualidad seg\u00fan el talante de cada cultura.<\/p>\n<p>3) El testimonio y el compromiso son otras tantas expresiones \u00e9ticas de la Tradici\u00f3n Viva, como estilo arm\u00f3nico del vivir personal y comunitario de las gentes creyentes tanto hacia dentro de la comunidad cristiana, como hacia el campo misionero.<\/p>\n<p>4) Por fin, la doctrina o la teolog\u00ed\u00ada fue la expresi\u00f3n intelectual que traduce en palabras y conceptos \u00abcomunicables\u00bb la experiencia de fe, bien vivida en su radicalidad (la espiritualidad), bien expresada en la liturgia y en la praxis cristiana de la vida divina del testimonio y del compromiso (cf L. SARTORI, Tradici\u00f3n, en J. GEVAERT, (Dir) Diccionario de Catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, 790-793).<\/p>\n<p>Por lo dicho, se ve que el lenguaje en que se expresa la Tradici\u00f3n Viva Eclesial desde su cuna no es monocorde, sino pluriforme. Y uno de los lenguajes m\u00e1s eficaces en la comunicaci\u00f3n de la fe o evangelizaci\u00f3n es el testimonio individual y comunitario de los cristianos.<\/p>\n<p>d) El testimonio de vida de los Santos<br \/>\nTan importante es el uso de este lenguaje testimonial en la comunicaci\u00f3n de la Buena Nueva, que se llega a decir que:<\/p>\n<p>\u00abUna catequesis -una evangelizaci\u00f3n catequ\u00e9tica- que no proponga con todo su vigor, con el convencimiento que alimentan tantos siglos de cristianismo, la palabra reveladora y estimulante, atractiva, que emerge de los plurales y excepcionales casos de santidad, faltar\u00ed\u00ada seriamente a la Palabra de Dios y a los mismos destinatarios de la Palabra, priv\u00e1ndoles de lo que debe dar sentido global y profundo a su vida de creyentes: \u00abSed santos porque yo, el Se\u00f1or, vuestro Dios, soy santo\u00bb (Lev 19,2)\u00bb (M. HERRAIZ, Vida de los santos y catequesis, en Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid 1999, 2272-2273).<\/p>\n<p>Llamados a la santidad (LG 39-42), el santo es signo de la presencia operante de Dios en la vida de la persona o de la comunidad y una invitaci\u00f3n generosa para todos a aceptar el imperativo amoroso de Dios a ser santos: \u00abEl Evangelio es vivible\u00bb -parece decirnos-. Este se hace carne en quienes llamamos santos canonizados; el don que ellos acogen se hace para nosotros compromiso de vida, que salva a la misma vida (R. Latourelle, 1965). Rescatar del pasado a los testigos vivientes del Viviente en la labor catequ\u00e9tica es rememorar la obra de Dios y sus caminos en los corazones. Y seguir a un testigo no es mirar al pasado y olvidarse del presente. El modelo hace mirar hacia delante, no favorece la repetici\u00f3n de su \u00abvida\u00bb, sino que nos invita a la creaci\u00f3n. \u00abEn un momento hist\u00f3rico de mayor experiencia de desvalimiento personal, de ahogamiento en la propia soledad, y tambi\u00e9n de m\u00e1s agudo sentimiento comunitario, la Iglesia santa (con sus miembros santos reconocidos) puede y debe ser respuesta a desviaciones individualistas y a esperanzas de solidaridad\u00bb (cf M. HERR\u00ed\u0081IZ, o.c., p. 2278).<\/p>\n<p>e) El lenguaje testimonial en la catequesis. El Esp\u00ed\u00adritu de la Iglesia.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n catequ\u00e9tica, como momento estelar de la evangelizaci\u00f3n, adem\u00e1s del lenguaje de la experiencia espiritual, de la liturgia y de los conceptos intelectuales, utiliza tambi\u00e9n el lenguaje vigoroso del testimonio de la Iglesia a lo largo de su historia proponiendo las acciones: de sus miembros m\u00e1s preclaros, de sus instituciones consagradas al servicio de los pobres, de la cultura, de las misiones e, incluso de sus hijos e hijas actuales, cualificados por la coherencia de su fe y su vida.<\/p>\n<p>Efectivamente, el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, en el A. Testamento, a\u00fan no es revelado como persona trinitaria, pero s\u00ed\u00ad como fuerza divina que transforma personalidades humanas para hacerlas capaces de gestos excepcionales y de llevar adelante la Historia de la Salvaci\u00f3n a partir de Israel: jueces, reyes, y sobre todo, profetas. El \u00ablugar\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu es la historia salv\u00ed\u00adfica en el A. Testamento. Y se perfila tambi\u00e9n como alentador de la Historia de la Salvaci\u00f3n en el N. Testamento: \u00abYo pondr\u00e9 en vosotros mi Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Ez, 36); \u00abDerramar\u00e9 mi Esp\u00ed\u00adritu sobre toda carne\u00bb (II 2-3). Y en Pentecost\u00e9s, efectivamente, el Esp\u00ed\u00adritu se derrama sobre la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios (Hch 1-2 y passim), enviado por Cristo Vivo que, por su misterio pascual, se ha convertido en fuente del Esp\u00ed\u00adritu (Hch 1-2).<\/p>\n<p>Desde entonces, la Iglesia es el \u00ablugar de acci\u00f3n\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas en nuestra historia, como su Cuerpo en el que Cristo contin\u00faa la Historia de la Salvaci\u00f3n. Si el Esp\u00ed\u00adritu transform\u00f3 en otro tiempo a personalidades humanas en instrumentos de Salvaci\u00f3n, ahora, \u00aben el tiempo de la Iglesia\u00bb sigue promoviendo, entre los cristianos, testigos de Cristo Vivo, Salvador y Liberador hoy de sus hermanos.<\/p>\n<p>Por tanto no extra\u00f1a que la catequesis evoque a Abrah\u00e1n, el creyente; a Mois\u00e9s, el amigo de Dios y su fiel colaborador en la liberaci\u00f3n de Israel; a David, antecesor de Cristo y anticipo simb\u00f3lico de su Reino, a las primeras comunidades cristianas, como modelos de identificaci\u00f3n de la Iglesia; a S. Agust\u00ed\u00adn, a S. Ambrosio y a Juan Cris\u00f3stomo, como Obispos ejemplares de sus Iglesias; a la Iglesia de las invasiones b\u00e1rbaras, como recreadora del Plan de Dios en situaciones devastadoras; a Francisco de As\u00ed\u00ads y Domingo de Guzm\u00e1n, como regeneradores de la Iglesia en una sociedad de pocos se\u00f1ores feudales ricos, y muchos plebeyos pobres; a los abundantes m\u00e1rtires cristianos en la \u00faltima mitad del siglo XX, como testigos cruentos contra la injusticia y la indiferencia religiosa de fines del segundo milenio.<\/p>\n<p>Como la revelaci\u00f3n se verifica con \u00abobras y palabras \u00ed\u00adntimamente unidas\u00bb (DV 2), tambi\u00e9n la evangelizaci\u00f3n, que transmite al mundo la revelaci\u00f3n, \u00abse realiza con obras y palabras\u00bb (DGC 39). Obras y palabras son los componentes fundamentales del testimonio: \u00abEllos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Se\u00f1or con ellos y confirmando la Palabra con las se\u00f1ales que la acompa\u00f1aban\u00bb (Mc 16,20).<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, PPC, Madrid 1975; J. M. ABREGO, Testimonio, V. Ma PEDROSA, Ma NAVARRO, R. L\u00ed\u0081ZARO, J. SASTRE, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid 1999, 2201-2210; M. HERRAIZ, Vida de los Santos y catequesis, IBIDEM, 2272-2278; R. SAUER, Lenguaje religioso, IBIDEM, 1353-1360; J. BESTARD, Nuevas sensibilidades y catequesis, IBIDEM, 1653-1666-68; A. Ma UNZUETA, Tradici\u00f3n y Catequesis, IBIDEM, 2210-2224; C. Ma MARTINI, Comunicar a Cristo, hoy. U.P. de Salamanca, 1998; C. GARC\u00ed\u008dA DE ANDOIN, El anuncio expl\u00ed\u00adcito de jesucristo, E. HOAC, Madrid 1997; V. M\u00c2\u00b0 PEDROSA, El lenguaje audiovisual para una triple fidelidad: a Dios, a los hombres de hoy y a la \u00abTraditio\u00bb, \u00abActualidad Catequ\u00e9tica\u00bb 149 (1991) 99-159; F. PAJER, Testimonio, J. GEVAERT, Diccionario de Catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, 786-787; L. SARTORI, Tradici\u00f3n, Ibidem, 790-793; M. VAN CASTER, Dios habla hoy. Catequesis y di\u00e1logo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1971, 131-135; Dios habla hoy, 1, Ibidem, 129-136; M. D. CHENU, El Evangelio en el tiempo, Estela, Barcelona 1966, 51-65.<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00b0 Pedrosa Ar\u00e9s<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Es la traducci\u00f3n de la palabra griego martyr\u00ed\u00ada (de donde procede la palabra m\u00e1rtir); indica la capacidad de entrar en una relaci\u00f3n interpersonal sobre la base de la narraci\u00f3n de un hecho. El testimonio es ante todo lenguaje; pertenece al modo de expresarse del hombre y en algunos aspectos, es la expresi\u00f3n privilegiada del lenguaje humano, ya que crea actos concretos que la palabra hablada por s\u00ed\u00ad sola no es capaz de indicar.<\/p>\n<p>El testimonio surge en primer lugar en un contexto jur\u00ed\u00addico; es decir, se convierte en un acto mediante el cual se refiere lo que ha sido objeto de experiencia. Hay dos elementos que caracterizan a esta posici\u00f3n: el comunicar y el contenido de la comunicaci\u00f3n; para que, adem\u00e1s, la comunicaci\u00f3n sea completa, se necesita la presencia de quien recibe el testimonio. As\u00ed\u00ad pues, se puede pensar en \u00e9l como en una relaci\u00f3n que, en virtud de un contenido, se crea entre un sujeto que se expresa y otro sujeto que recibe. En este horizonte, la relaci\u00f3n interpersonal entre los dos pertenece a la esfera m\u00e1s alta y profunda de la relaci\u00f3n, ya que, en el terreno del contenido, los dos sujetos arriesgan la credibilidad de su propio ser.<\/p>\n<p>El testigo, seg\u00fan su fidelidad o no fidelidad al proponer el hecho, manifiesta la veracidad o la fals\u00ed\u00ada de su propio ser; el receptor del testimonio, al juzgar el grado de sinceridad del testigo, expresa su voluntad de salir de s\u00ed\u00ad mismo para fiarse de la persona que le habla. En cada uno de los dos casos, los sujetos revelan su personalidad y su intimidad.<\/p>\n<p>Esto explica por qu\u00e9 el testimonio no puede limitarse a ser una simple narraci\u00f3n de hechos; se convierte m\u00e1s bien en compromiso, en empe\u00f1o, en lenguaje performativo que, por su naturaleza, exige al sujeto que llegue hasta las \u00faltimas consecuencias : dar la propia vida por atestiguar la verdad de lo que atestigua. En este caso, el testimonio alcanza, incluso sem\u00e1nticamente, la expresividad total y coherente, ya que se convierte en martirio.<\/p>\n<p>La Escritura recurre tambi\u00e9n de un modo privilegiado a la categor\u00ed\u00ada de testimonio; su uso es rico y pluriforme.<\/p>\n<p>En algunos momentos, sirve para definir a la misma revelaci\u00f3n; en otros, su transmisi\u00f3n; y en otros, su credibilidad. Es sobre todo la teolog\u00ed\u00ada de Juan la que hace del testimonio un contenido privilegiado de su evangelio. Atestiguar es sin\u00f3nimo de revelar, ya que se recibe el testimonio como el atestado solemne de una experiencia realizada por el Hijo junto al Padre (cf Jn 3,1 1; 8,38; 8,40; 18,37).<\/p>\n<p>Cristo Jes\u00fas es el testigo perfecto y fiel de Dios; por eso, no tiene necesidad que nadie le d\u00e9 testimonio sobre la verdad de su persona y de su mensaje, ya que el Padre mismo atestigua la verdad que le manifiesta (Jn 8,7). En ese mismo acto, Jes\u00fas de Nazaret es testigo y testimonio, como consecuencia del hecho de ser al mismo tiempo revelador y revelaci\u00f3n del Padre.<\/p>\n<p>Por la intimidad de vida que hab\u00ed\u00adan disfrutado con Jes\u00fas (1 Jn 1,1 -3), sus disc\u00ed\u00adpulos son los primeros testigos de la resurrecci\u00f3n del crucificado (1 Cor 15,3) y, en virtud de esta experiencia, son enviados al mundo para ser testigos acreditados de todo lo que \u00e9l hizo (Hch 1,8; 10,41).<\/p>\n<p>De la perspectiva b\u00ed\u00adblica se deducen algunas notas esenciales que constituyen el concepto teol\u00f3gico de testimonio; se pueden sintetizar de este modo: a) El testigo es depositario de una llamada que lo habilita para ser tal; por consiguiente, recibe una misi\u00f3n inderogable para el testimonio. b) El testimonio no se detiene en unos hechos espor\u00e1dicos o contingentes; al contrario, afecta al sentido definitivo de la existencia personal. c) El testimonio no se da para uno mismo, sino que se ofrece al otro para provocarlo a la fe o a la reflexi\u00f3n; en este sentido se convierte en una nproclamaci\u00f3n\u00bb. d) El testimonio es un compromiso concreto de vida; se realiza a trav\u00e9s de las modalidades comunes de la existencia personal, por lo que puede decirse que es la vida la que atestigua. e) El testimonio cristiano es fruto de la gracia; por tanto, es primariamente iniciativa de Dios, que escoge y delega para esta misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Los creyentes, en virtud del bautismo, se insertan en la fe de la Iglesia y se convierten a su vez en testigos que transmiten y contin\u00faan el testimonio original de Jesucristo y de sus disc\u00ed\u00adpulos. Se debe particularmente a la acci\u00f3n del concilio Vaticano II la recuperaci\u00f3n de la categor\u00ed\u00ada del testimonio en t\u00e9rminos nuevos y actuales. Este t\u00e9rmino aparece m\u00e1s de 100 veces en los documentos del concilio (cf. LG 12. 31. 35; AA 13; AG 6. 11. 15.21&#8230;), pero sobre todo es interesante ver que se le describe como la forma y la expresi\u00f3n unitaria del ser y del obrar cristiano.<\/p>\n<p>Al ser lenguaje, es necesario que el testimonio se concrete plenamente en la condici\u00f3n hist\u00f3rica y en el contexto en que debe expresarse, so pena de resultar incomprensible e ineficaz. Esto significa que existe una dial\u00e9ctica entre las diversas formas de testimonio que se presentan en cada ocasi\u00f3n. Su tarea ser\u00e1 \u00abconvencer\u00bb al otro de la bondad y verdad de su contenido, para hacerle participar de la propia felicidad. La expresi\u00f3n de Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi es un \u00ed\u00adndice de esta condici\u00f3n: \u00abEl hombre de hoy escucha de mejor grado a los testigos que a los maestros; si escucha a los maestros, es porque son testigos\u00bb (EN 40).<\/p>\n<p>El testimonio no puede ser s\u00f3lo personal; posee esencialmente el elemento eclesial que lo califica siempre y en todas partes cuando, al ser testimonio, es la fe de toda la Iglesia.<\/p>\n<p>El cumplimiento del testimonio se lleva a cabo en el momento en que quienes lo reciben se convierten a su vez en testigos; aqu\u00ed\u00ad es, por consiguiente, donde se juzga de la veracidad y de la convicci\u00f3n del propio testimonio.<\/p>\n<p>R. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: C. Florist\u00e1n, Testimonio, en CFP, 989-1000: R, Latourelle, Testimonio, en DTF 1523-1542; \u00ed\u008dd., Ei testimonio de la vida, en Cristo y la Iglesia, signos de salvaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, salamanca 1971; 329-369; M, Rossi, Testimonio, en DTEM, 1070-1075.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Concepto de testimonio. II. Vocabulario usado en la Biblia: 1. El testigo en Lucas; 2. El testigo en Juan. III. Hermen\u00e9utica del hecho humano. IV. Hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica del testimonio. V. El testimonio de la Iglesia.<\/p>\n<p>I. Concepto de testimonio<br \/>\nEl concepto de testimonio es polis\u00e9mico en nuestra lengua, con un uso complejo. 1) La etimolog\u00ed\u00ada de testis subraya la funci\u00f3n del testigo en cuanto presente al hecho y posible repetidor de la realidad: del testigo se espera que aporte la verdad objetiva de un hecho controvertido. Nos hallamos con naturalidad en el \u00e1mbito jur\u00ed\u00addico e incluso forense. 2) Adem\u00e1s, tachamos de testimonial una postura significativa, pero ineficaz. Este uso sem\u00e1ntico penetra en el significado del acontecimiento: implica a la vez una cierta admiraci\u00f3n por lo que conlleva de coherencia y autenticidad, aunque se reconozca su inoperancia. 3) Un uso intermedio entre los ya citados ocurre cuando afirmamos que una actitud, un hecho, un acontecimiento es testimonial porque confirma una l\u00ed\u00adnea previamente expresada. Aqu\u00ed\u00ad el testimonio es un acontecimiento externo que revela la existencia de una interioridad. Por otra parte, esta no existe sin gestos que la expresen. Sin la interioridad, el hecho carece de sentido (hay gestos que revelan amor, odio, incomprensi\u00f3n, acogida, etc.) y, al mismo tiempo, dif\u00ed\u00adcilmente podemos imaginar estas realidades sin exteriorizaciones que la testifiquen. En este sentido debemos relacionar el testimonio con conceptos como revelaci\u00f3n, signo, se\u00f1al, milagro, etc. 4) Finalmente, tomando ejemplo de las carreras de relevos, alguien pasa el testigo cuando transmite algo a alguien: se transmite un encargo, un sentido, un mensaje o una vivencia. En este sentido el testimonio tiene relaci\u00f3n con otros conceptos catequ\u00e9ticos como misi\u00f3n o apostolado. De estos usos del concepto cabe deducir una conclusi\u00f3n: la realidad es ambigua y el testimonio pretende objetivarla, expresarla o iluminarla tanto respecto al hecho externo mismo cuanto, m\u00e1s a\u00fan, a su sentido.<\/p>\n<p>En a\u00f1os recientes el testimonio ha sufrido tambi\u00e9n una evoluci\u00f3n en su valoraci\u00f3n dentro del \u00e1mbito de nuestra cultura. Si el testimonio (en sentido un tanto apolog\u00e9tico) era lo importante en la vida de una persona, poco a poco fue cediendo terreno en favor del compromiso. M\u00e1s recientemente ambos conceptos han vuelto a relacionarse: el testimonio comprometido es la actitud que sirve para iluminar la realidad desde su profundidad.<\/p>\n<p>En un ambiente tildado de posmodernista, el testimonio sufre una nueva erosi\u00f3n. En la cultura posmoderna el testimonio parece quedar relegado al \u00e1mbito privado de las necesidades subjetivas del individuo, sin valor para los dem\u00e1s. En una cultura de la fragmentaci\u00f3n no resulta significativo seguir el rastro que une la acci\u00f3n concreta con su motivaci\u00f3n profunda; nada necesita motivaci\u00f3n. Como mucho, cabe el respeto o la admiraci\u00f3n ante lo que intuimos como coherencia individual, pero sin reconocerle ning\u00fan sentido de interpelaci\u00f3n. Con todo, la cultura posmoderna sigue buscando y creando testigos.<\/p>\n<p>II. Vocabulario usado en la Biblia<br \/>\na) En hebreo (Antiguo Testamento), la ra\u00ed\u00adz que soporta el concepto de testimonio (`ud) es indudablemente semita, pues est\u00e1 atestiguada en diversas lenguas, aunque con significados a veces tan lejanos sem\u00e1nticamente del hebreo como rodear o auxiliar. En hebreo se mantiene fundamentalmente dentro del \u00e1mbito jur\u00ed\u00addico, bien como funci\u00f3n notarial en un proceso civil, bien como acusaci\u00f3n en un proceso criminal (resulta curioso que no exista la figura de un testigo de descargo). 1) En su funci\u00f3n notarial, un testigo asiste a un pacto o transacci\u00f3n comercial y su presencia confirma el hecho (G\u00e9n 23,18), incluso por escrito (Jer 32); un altar atestigua que \u00abel Se\u00f1or es Dios\u00bb (Jos 22,34; Is 19,19-20); unas piedras son testigos de la alianza entre Jacob y Lab\u00e1n (G\u00e9n 31,48); incluso un c\u00e1ntico puede dejar constancia a la siguiente generaci\u00f3n del pecado cometido por la anterior (Dt 31,19.21.26); la luna, obediente a las leyes de la naturaleza (= de Dios), confirma la perpetuidad de la promesa divina (Sal 89,38; Dt 31,28); Dios mismo puede ser invocado como testigo (Mal 2,14; 3,5; G\u00e9n 31,50) o act\u00faa de acusador contra su pueblo (Miq 1,2); los israelitas son testigos en la historia de la potencia o bondad de Dios (Is 43,10; 48,8-9), incluso contra s\u00ed\u00ad mismos (Jos 24,22). Toda esta funci\u00f3n notarial se resume en la posibilidad de ser convocados en el futuro como testigos de cargo (Dt 30,19). 2) La funci\u00f3n de testigo en una causa criminal est\u00e1 mucho m\u00e1s definida y detallada en la ley: tiene obligaci\u00f3n de comparecer (Ley 5,1), no puede mentir (Ex 20,16; Dt 5,20) y, en caso de pena de muerte, es necesaria la coincidencia de dos o tres testigos (N\u00fam 35,30; Dt 17,6; 19,15). La detallada legislaci\u00f3n (Dt 19,15-21) no niega la existencia real de testigos falsos (Jer 18,18; 20,10; Sal 37,32; 1Re 21,10).<\/p>\n<p>b) En griego b\u00ed\u00adblico (Antiguo y Nuevo Testamento). La ra\u00ed\u00adz griega mart- traduce en el Antiguo Testamento la ra\u00ed\u00adz hebrea que hemos visto y sostiene su mismo significado. El Nuevo Testamento conserva evidentemente la acepci\u00f3n forense (Mt 18,16; 26,62; 27,13; Mc 14,56; Rom 3,21; 2Cor 13,1), pero parece notarse una p\u00e9rdida en la intensidad de su uso, de modo que adquiere mayor relevancia la funci\u00f3n notarial. As\u00ed\u00ad puede explicarse la evoluci\u00f3n sem\u00e1ntica que en castellano conduce a m\u00e1rtir, carente de todo valor forense. Ya en la antig\u00fcedad cl\u00e1sica el m\u00e1rtir no s\u00f3lo atestigua hechos, sino verdades. Dentro del Nuevo Testamento descubrimos dos l\u00ed\u00adneas interpretativas principales del concepto de testigo o testimonio: la de la obra de Lucas y la de Juan. Lucas se fija m\u00e1s directamente en los ap\u00f3stoles y creyentes en cuanto testigos de la obra de Dios realizada en Cristo; Juan (que no utiliza el sustantivo testigo, sino el concepto de testimonio o el verbo dar testimonio) subraya la funci\u00f3n testifical de Jes\u00fas acerca del amor y salvaci\u00f3n del Padre.<\/p>\n<p>1. EL TESTIGO EN LUCAS. Como Isa\u00ed\u00adas identifica al pueblo como testigo de Dios (Is 43,8-13), Lucas contempla a la Iglesia como comunidad de testigos. En primer lugar, los ap\u00f3stoles son establecidos como \u00abtestigos de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb (He 1,8.22; 4,33; 10,41; 13,31), de todo el sentido de su vida terrena: \u00abhay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perd\u00f3n de los pecados a todas las naciones\u00bb (Lc 24,47). Para esta funci\u00f3n se requiere haber convivido con Jes\u00fas desde el principio (\u00abuno de los que nos han acompa\u00f1ado todo el tiempo que Jes\u00fas estuvo con nosotros\u00bb [He 1,21; cf 1 3,30]). Su testimonio est\u00e1 sostenido y ratificado por el testimonio de los profetas (He 10,43; 13,22), y muy particularmente por el del Esp\u00ed\u00adritu, que es coincidente (He 1,8; 5,32; 20,23). Tambi\u00e9n lo avalan los signos que realizaba el Se\u00f1or por su medio (He 14,3). Con su predicaci\u00f3n, atestiguan no s\u00f3lo la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, sino tambi\u00e9n con ella su mesianismo (He 18,5), su soberan\u00ed\u00ada (He 10,42; 20,21) y el reinado de Dios (He 28,23). Pablo recibe una misi\u00f3n muy similar de parte del resucitado (He 9,15; 13,2) y puede tambi\u00e9n ser testigo (He 22,15; 26,16), aunque s\u00f3lo recibe tal denominaci\u00f3n cuando ya est\u00e1 sufriendo el proceso; Esteban la recibe por su ejecuci\u00f3n (He 22,20). Evidentemente quien ha recibido el Esp\u00ed\u00adritu, recibe la tarea de testimoniar la obra del Padre realizada en Jes\u00fas y confirmada en su resurrecci\u00f3n de entre los muertos (cf 1Cor 15,15). El destino del Maestro implica tambi\u00e9n a los disc\u00ed\u00adpulos (Lc 11,47-51). En su persecuci\u00f3n se cumple la profec\u00ed\u00ada mesi\u00e1nica (Lc 24,26; He 4,25-26) y la comunidad se alegra (He 5,41).<\/p>\n<p>2. EL TESTIGO EN JUAN. En el evangelio de Juan las cosas discurren de otro modo. El conjunto de sus escritos es la obra de un testigo (Jn 19,35; 21,24; Ap 1,2; lJn 1,3). En el evangelio de los signos, el testimonio es necesario para la interpretaci\u00f3n. En primer lugar, el Padre da testimonio del Hijo (Jn 5,32; 8,18); por tanto, la verdad de lo que dice no se funda \u00fanicamente en su propio testimonio (Jn 5,31-32; 8,13-14; 1Jn 5,9). Por otra parte el sentido de la vida de Cristo consiste en dar testimonio de lo que ha visto y conoce (Jn 3,32; 8,38.55), comunicar lo que ha escuchado (Jn 8,26; 17,8); para testimoniar la verdad ha venido al mundo (Jn 18,37). Su testimonio es verdadero porque coincide con el del Padre (Jn 5,19ss). El es testigo veraz, pues conoce al Padre y testifica lo que ha visto (Jn 8,38).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del Padre, Juan da testimonio de Jes\u00fas (Jn 1,7-8; 5,33); sus propias obras atestiguan tambi\u00e9n su verdad (Jn 5,36; 10,25.38; 14,11); incluso la Escritura coincide (Jn 5,39); el Esp\u00ed\u00adritu da testimonio de \u00e9l (Jn 15,26; Un 5,6; Ap 22,16) y tambi\u00e9n sus disc\u00ed\u00adpulos (Jn 15,27), a quienes env\u00ed\u00ada el esp\u00ed\u00adritu de la verdad (Jn 14,1617; 16,13). El Apocalipsis reconoce a Cristo, primog\u00e9nito de entre los muertos, como el \u00abtestigo fiel\u00bb (Ap 1,5; 3,14). La tarea del ap\u00f3stol evangelista es dar testimonio veraz de lo que ha vivido (Jn 21,24; Ap 1,2). En la cruz Cristo narra el amor del Padre, la Escritura se cumple y el testigo lo acredita (Jn 19,35). En la tribulaci\u00f3n se debe mantener la mirada fija en el Testigo (Ap 1,5) y seguirle hasta el final (Ap 20,4).<\/p>\n<p>III. Hermen\u00e9utica del hecho humano<br \/>\nAdem\u00e1s de las acciones automatizadas, rutinarias e irrelevantes, existen otras en las que las personas van realizando su existencia, de ordinario en interacci\u00f3n. Para el espectador, el hecho humano suele asumir una radical ambig\u00fcedad, enigm\u00e1tica o desconcertante. Lo prueba la inagotable capacidad de enga\u00f1o del hombre, que incluso se convierte en autoenga\u00f1o. Sin embargo, hay situaciones en las que la persona se manifiesta en su autenticidad. Son como la punta de un iceberg, que se\u00f1ala una realidad m\u00e1s importante y m\u00e1s profunda. M\u00e1s a\u00fan: tales hechos no s\u00f3lo muestran, sino que realizan. Dice Ben Sira que en la desgracia se conoce a los amigos (Si 6,7-12; 12,8); en ella se realiza y crece la amistad. Dios pone a prueba a su pueblo \u00abpara conocer los sentimientos de su coraz\u00f3n\u00bb (Dt 8); si el resultado es positivo, se robustece su calidad de pueblo. \u00bfC\u00f3mo entender el significado profundo de tales actos? Hay personas intuitivas o sensibles que muestran tal capacidad; otros la desarrollan con la t\u00e9cnica y el entrenamiento. Entre estas se cuentan los expertos en determinadas materias, tambi\u00e9n en humanidad. Este es un hecho en todas las artes y en todas las capacidades: m\u00fasica, literatura, cine, pol\u00ed\u00adtica, etc. Son personas que saben leer un hecho aislado como signo de una realidad m\u00e1s profunda.<\/p>\n<p>Finalmente hay hechos que, como parte constitutiva de su realidad, nos lanzan una llamada, exigen una respuesta de acci\u00f3n o de actitud. Dicha llamada es parte integrante de su sentido, quiz\u00e1 su mejor parte. Sirven como ejemplo las campa\u00f1as de sensibilizaci\u00f3n, pero el caso verdaderamente ejemplar es el amor: exige respuesta.<\/p>\n<p>El amor aut\u00e9ntico es gratuito, pero bien sabemos que exige amor. Los gestos que le acompa\u00f1an transmiten su realidad y suelen resultar insignificantes para quien se encuentra en otra tesitura. El amor condensa plenitud de sentido y univocidad en detalles sin valor en s\u00ed\u00ad mismos. No captarlo as\u00ed\u00ad es no captar la realidad que se est\u00e1 manifestando. Si el amor se realiza en el sacrificio, se manifiesta con claridad extrema. El amor exige amor y s\u00f3lo amor; la exigencia es parte integral de su sentido y quien no la escucha desoye su verdadero sentido. Quien proclama, anuncia, testifica este sacrificio como revelaci\u00f3n de amor, tiene que proclamar al mismo tiempo la exigencia que conlleva, empezando por s\u00ed\u00ad mismo. Si el narrador del amor adopta una actitud neutra, neutralizando la llamada, falsifica el sentido del hecho. Un informe objetivo sobre este tema no ser\u00ed\u00ada objetivo.<\/p>\n<p>IV. Hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica del testimonio<br \/>\nEl uso b\u00ed\u00adblico del concepto testigo o testimonio y la hermen\u00e9utica del hecho humano nos permiten dar un paso m\u00e1s en la importancia que en teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica tiene el testimonio y los conceptos con \u00e9l relacionados. Precisamente por la amplitud sem\u00e1ntica que en la Biblia adquiere este concepto y los conceptos afines a \u00e9l, podemos afirmar que el testimonio es, en ella, omnipresente. La revelaci\u00f3n, como el testimonio, pretende provocar una reacci\u00f3n: bien la aceptaci\u00f3n, la fe, bien el rechazo. Aceptar el testimonio es propio de la sabidur\u00ed\u00ada (Sab 8,8), viene de ella; es decir, la fe es don de Dios.<\/p>\n<p>a) Signos o se\u00f1ales. Si la revelaci\u00f3n consistiera en una serie de verdades conceptualmente expresadas, bastar\u00ed\u00ada la palabra como su soporte transmisor; la respuesta adecuada ser\u00ed\u00ada el conocimiento. Pero no es as\u00ed\u00ad; la revelaci\u00f3n es la comunicaci\u00f3n de Dios mismo, de su ser, de su amor, de su compromiso en salvar. Un acercamiento personal exige una respuesta personal de fe, aceptaci\u00f3n, entrega; en una palabra, amor. Su manifestaci\u00f3n necesita de unas se\u00f1ales para hablar nuestro lenguaje (Dt 3,24; 4,7.32-36).<\/p>\n<p>La grandeza de Dios y su salvaci\u00f3n est\u00e1n avaladas fundamentalmente por dos clases de testigos: la naturaleza y sus obras hist\u00f3ricas en favor de Israel. 1) Los astros y sus leyes son signos de Dios (Is 42,5-8; Job 5,9-10; 9,10 o el texto cl\u00e1sico de Rom 1,20). Dicho con palabras del Salmista: \u00abLos cielos narran la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos&#8230;, no son voces que puedan escucharse, mas su sonido se extiende por la tierra entera\u00bb (Sal 43,9). Ellos se\u00f1alan los tiempos (G\u00e9n 1,4) y provocan admiraci\u00f3n (Sal 92,6; 136,1-9). Los falsos dioses no pueden aportarlos como testigos de su poder (Is 43,9; 44,7), de modo que sus fieles son ciegos y no comprenden (Is 44,18). 2) Adem\u00e1s, Dios se da a conocer en los hechos de la historia. La liberaci\u00f3n del pueblo hebreo de la opresi\u00f3n egipcia fue acompa\u00f1ada de signos prodigiosos que desvelaban su sentido: vencer y convencer al Fara\u00f3n (Ex 4,21; 7,3; 8,6, \u00abpara que sepas que no hay otro como el Se\u00f1or, nuestro Dios\u00bb [11,91), confirmar a su pueblo (\u00aby sep\u00e1is que yo soy el Se\u00f1or\u00bb [Ex 7,5.17; 8,6.18; 9,14.29; 10,2.71; \u00abpara que ve\u00e1is y sep\u00e1is\u00bb [Is 41,20; 45,3.6; 49,23.16; cf Ex 4,8; Dt 6,22; 7,19; 11,2-41) y asegurarle que en el futuro le seguir\u00e1 salvando (Jer 32,20-22; Is 46,8). \u00abSe\u00f1ales y prodigios\u00bb es f\u00f3rmula repetida frecuentemente en el Antiguo Testamento (30 veces; Ex 7,3; 11,9s.; Dt 4,34; 6,22, etc.) y en la obra de Lucas (He 2,19.22.43; 4,30; 5,12, etc). Las obras hist\u00f3ricas de Dios en favor de su pueblo convierten a este en testigo: \u00abVosotros sois mis testigos&#8230; mis siervos, a quienes yo he elegido\u00bb (Is 44,8; cf 43,10.12; Dt 29,12).<\/p>\n<p>A estos signos nuestra cultura los ha llamado milagros, acontecimientos en los que el hombre descubre la mano de Dios. De modo espec\u00ed\u00adfico denominamos as\u00ed\u00ad a los hechos en que con cierta nitidez se manifiesta el poder salvador y liberador de Dios. La mentalidad moderna, uno de cuyos mayores logros es haber penetrado y, en cierto modo, dominado las leyes de la naturaleza, corre el peligro de identificar los milagros con acontecimientos que se saltan dichas leyes. El hecho de que los antiguos utilizaran un m\u00e9todo narrativo como soporte de su mensaje no debe equivocarnos: ellos centran su atenci\u00f3n en que Dios act\u00faa y, narrativamente, no ten\u00ed\u00adan mejor modo de expresarlo que negando cualquier otra actuaci\u00f3n. A su vez, los milagros no tienen que ver con la magia. Mois\u00e9s tuvo que enfrentarse al Fara\u00f3n con signos que tambi\u00e9n pod\u00ed\u00adan realizar los egipcios con sus encantamientos (Ex 7,11); tambi\u00e9n expulsaban demonios quienes no pertenec\u00ed\u00adan al grupo de Jes\u00fas (Lc 9,49). Por s\u00ed\u00ad misma, ni la multiplicaci\u00f3n de los panes ni la resurrecci\u00f3n de un muerto producen el efecto de seguir a Jes\u00fas (Jn 3,20; 6,26; 7,21; 11,45-46). Para algunos fueron signo de lo contrario (Jn 7,21.41-43). Jes\u00fas tuvo que ense\u00f1ar a sus disc\u00ed\u00adpulos, que entend\u00ed\u00adan de signos clim\u00e1ticos, c\u00f3mo leer los signos del reinado de Dios (Mt 16,1-12), y ciertamente les cost\u00f3 trabajo aprenderlo (Lc 9,41; Jn 20,27). Las se\u00f1ales que ofrece a los enviados del Bautista (Mt 11,4-6) o las que permiten a Mar\u00ed\u00ada leer la acci\u00f3n prodigiosa de Dios (Lc 1,51-55; cf Job 5,9-16; 1 Sam 2,4-8) no corren peligro de entenderse m\u00e1gicamente. Jes\u00fas mismo agradece al Padre que haya escondido estas cosas a los entendidos y se las haya revelado a los ignorantes (Lc 10,21-22). Los evangelios cuentan c\u00f3mo Jes\u00fas expulsa demonios, cura enfermos, resucita muertos, etc., pero todo esto es para que sepamos \u00abque el reino de Dios ha llegado a vosotros\u00bb (Lc 11,20). Todos los signos testifican que Jes\u00fas era \u00abun profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo\u00bb (Lc 24,19) y que \u00abpas\u00f3 haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con \u00e9l. Nosotros somos testigos&#8230;\u00bb (He 10,38-39.42).<\/p>\n<p>Como creyentes no podemos terminar de hablar del pueblo o comunidad de testigos sin hacer una simple referencia al concepto que la define: la comunidad de testigos es sacramento; expresa sacramentalmente a Cristo resucitado; este prolonga su presencia en la comunidad que lo testimonia.<\/p>\n<p>b) Hechos y palabras. Si el hecho hist\u00f3rico fuera un\u00ed\u00advoco en su sentido, la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica de Dios no tendr\u00ed\u00ada problemas. La realidad es bien distinta: todo acontecimiento necesita una palabra que lo anuncie, lo explique y lo proclame, y \u00fanicamente quien est\u00e9 en esa sinton\u00ed\u00ada de onda puede captar el mensaje. La salida de Egipto es un suceso que pod\u00ed\u00ada ser interpretado como huida o vagancia (Ex 5,8.17), pero que, seg\u00fan la fe de Israel, deb\u00ed\u00ada interpretarse como liberaci\u00f3n. Por eso necesitaba de una palabra que le diera el sentido, rompiendo su ambig\u00fcedad. El signo asombra e interroga; la palabra interpreta, revela y convoca. Efectivamente, todo lenguaje tiene tres funciones: informar, expresar y llamar o apelar. Es lo que la palabra proporciona al hecho. Un acontecimiento hist\u00f3rico puede ser revelador, si la palabra le presta unos servicios de int\u00e9rprete.<\/p>\n<p>A la palabra se le pueden reconocer hasta seis funciones principales respecto al hecho. En tres de ellas la palabra precede al hecho como profec\u00ed\u00ada, mandato o exhortaci\u00f3n; en su momento, el hecho adquiere un sentido determinado en funci\u00f3n de la palabra que le ha precedido. En las otras tres, la palabra sigue al hecho: como proclamaci\u00f3n, narraci\u00f3n o explicaci\u00f3n. Cuando la palabra brota de la experiencia puede proclamar el hecho de varias maneras: asumida en el s\u00ed\u00admbolo de fe, lo profesa; narrada en la liturgia, lo actualiza; la narraci\u00f3n no s\u00f3lo interpreta, sino representa el hecho, lo vuelve a hacer presente; la explicaci\u00f3n camina hacia la did\u00e1ctica y puede convertirse en doctrina. De hecho, la Sagrada Escritura recoge la memoria verbalizada de unos hechos, transmite en palabra su significado e invita a traducir en hechos la sinton\u00ed\u00ada con dicho mensaje. Con raz\u00f3n se afirma repetidamente en Dei Verbum la intr\u00ed\u00adnseca relaci\u00f3n de \u00abobras y palabras\u00bb (DV 2) en la revelaci\u00f3n de Dios (DV 14), en la obra de Cristo (DV 4, 7, 17, 18) y en la vida de la Iglesia (DV 7, 8).<\/p>\n<p>c) La palabra prof\u00e9tica. Caso peculiar del servicio que la palabra presta al acontecimiento en su funci\u00f3n de signo y testimonio es el caso de los profetas. Estos mediadores de la palabra tienen la doble misi\u00f3n de explicar la realidad al pueblo para conseguir su conversi\u00f3n, y denunciar de parte de Dios la injusticia que ocurre en el pueblo, de modo que \u00e9l no se vea involucrado en ella. Los profetas, por tanto, testifican la justicia de Dios y dan sentido a los acontecimientos hist\u00f3ricos. En palabras de Ezequiel, los profetas existen \u00abpara que sepan que yo soy el Se\u00f1or\u00bb (Ez 6,7.13-14; 7,4.9.27; 13,9.21.23), es decir, son testigos de la divinidad de Yav\u00e9. Proclamando la salvaci\u00f3n -o el juicio- de parte de Dios, anuncian tambi\u00e9n se\u00f1ales que ratifican sus palabras (Is 7,9; 13,9; 24): los hechos son testigos de la verdad de su mensaje. A veces, sus palabras van acompa\u00f1adas con acciones significativas: Isa\u00ed\u00adas anda desnudo como signo contra Egipto y Nubia (Is 20,2-4); Jerem\u00ed\u00adas se unce un yugo para significar el destierro que anuncia (Jer 28); Ezequiel permanece tumbado y en huelga de hambre por los pecados de su pueblo (Ez 4). Como su palabra no es aceptada, la ponen por escrito para que conste (Is 8,1.16; Jer 36). M\u00e1s a\u00fan, su misma vida se convierte en testimonio o signo de que Dios ha hablado: Isa\u00ed\u00adas y sus hijos son testimonio de la palabra de Dios (Is 7,1; 8,10); Jerem\u00ed\u00adas es c\u00e9libe en funci\u00f3n de su anuncio (Jer 16); Ezequiel cumple su misi\u00f3n para que sepan que \u00aben medio de ellos se encuentra un profeta\u00bb (Ez 2,5; 33,33); Am\u00f3s se siente arrancado de su tierra, de acuerdo con el anuncio de destierro que hace al pueblo (Am 7,15); Oseas experimenta su mensaje en su propio matrimonio (Os 3).<\/p>\n<p>Los profetas testimoniaron en su vida el mensaje, que no predicaron como un acto de coherencia o de voluntarismo. El mensaje pertenec\u00ed\u00ada a su vida. El rechazo de su palabra por parte del pueblo signific\u00f3 su propio rechazo. Jerem\u00ed\u00adas lo expresa con duras palabras (Jer 15,15ss.; 20,7-18), pero la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada lo completa con la narraci\u00f3n de la muerte violenta de todos ellos. Hechos y palabras se unifican en los profetas. Su vida de testigos les convierte en m\u00e1rtires. El Antiguo Testamento, lo mismo que el Nuevo, los denomina siervos.<\/p>\n<p>V. El testimonio de la Iglesia<br \/>\n\u00abCristo, que por el testimonio de su vida y por la virtud de su palabra proclam\u00f3 el reino del Padre, cumple su misi\u00f3n prof\u00e9tica&#8230; por medio de los laicos a quienes, por ello, constituye en testigos&#8230; (He 2,17-18; Ap 19,10)\u00bb (LG 35). As\u00ed\u00ad expresa el Vaticano II el sentido de la Iglesia. La necesidad de dar testimonio de la salvaci\u00f3n de Dios no es algo accidental para la Iglesia, algo conveniente para la coherencia o algo aconsejable para la propagaci\u00f3n. Pertenece a su misma esencia, pues brota de su sacramentalidad como comunidad del resucitado: la Iglesia es sacramento universal de salvaci\u00f3n, o sea, signo e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano (LG 1, 15; GS 43, 45). No hay interioridad humana sin manifestaci\u00f3n externa, ni hay interioridad cristiana sin manifestaci\u00f3n externa. En Cristo, Dios se ha hecho visible y cercano (Heb 1,2); en la Iglesia sigue Cristo -y Dios- visible y cercano entre los hombres (Heb 2,3-4.11-13). El testimonio es la obra del Esp\u00ed\u00adritu, del mismo Esp\u00ed\u00adritu que se manifestaba en Jes\u00fas y que \u00e9l entreg\u00f3 a su Iglesia (Lc 24,48-49; In 15,26-27).<\/p>\n<p>Este sacramento de Dios realiza su designo salvador de muchas maneras, prolongando as\u00ed\u00ad la \u00abnube de testigos\u00bb que acreditan su obra (Heb 12,1). El testimonio cristiano se realiza en toda obra buena (LG 34) que los cristianos realizan a trav\u00e9s de las estructuras de la vida secular, en las condiciones comunes del mundo (LG 35), como miembros del grupo humano (AG 11). Evidentemente el amor es el principal signo del Dios-Amor (Jn 15,9; 1Jn 4,7-21). Pero el amor se manifiesta en hechos. El Nuevo Testamento describe de varias formas los frutos que brotan del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8,9; 12,6-21; G\u00e1l 5,16-17.22-26). El Vaticano II cita otros hechos-signos: \u00abtodas sus obras, sus oraciones e iniciativas apost\u00f3licas, la vida conyugal y familiar e incluso las pruebas mismas de la vida\u00bb (LG 34). Llega a situar el testimonio en \u00e1mbitos como la dignidad del hombre, la igualdad de todos los hombres y el bien com\u00fan, el trabajo, la familia, la promoci\u00f3n de la cultura, la vida econ\u00f3mica y social junto a la ecolog\u00ed\u00ada, la vida en la comunidad pol\u00ed\u00adtica, la promoci\u00f3n de la paz y la edificaci\u00f3n de la comunidad internacional (GS). Documentos posteriores apelan al testimonio a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n social (CP [1971]), la inculturaci\u00f3n, el di\u00e1logo, la opci\u00f3n preferencial por los pobres, el racismo y la xenofobia (S\u00ed\u00adnodo 1985). En esa misma \u00f3rbita se sit\u00faa el documento Para una pastoral de la cultura, del Consejo pontificio de la cultura (1999).<\/p>\n<p>El testimonio de Cristo es tarea de todo bautizado, de los obispos (CD 1 1), sacerdotes (PO 2) y seglares. Pero un testimonio espec\u00ed\u00adfico se realiza en la Iglesia mediante la identificaci\u00f3n con Cristo (Flp 2,7-8; 2Cor 8,9) en la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos (LG 39, 42). La vida religiosa manifiesta \u00abante todos los fieles que los bienes celestiales se hallan ya presentes en este mundo\u00bb, da testimonio de \u00abla vida nueva y eterna conquistada por la redenci\u00f3n de Cristo\u00bb y prefigura \u00abla futura resurrecci\u00f3n y la gloria del reino celestial\u00bb. Este estado \u00abimita m\u00e1s de cerca y representa&#8230; el estado de vida que el Hijo de Dios tom\u00f3 cuando vino a este mundo&#8230; Proclama de modo especial la elevaci\u00f3n del reino de Dios sobre lo terreno&#8230;, muestra ante todos los hombres la soberana grandeza del poder de Cristo&#8230;, que obra maravillas en la Iglesia\u00bb (LG 44). El martirio es el testimonio supremo (LG 42; AG 24), pero si esto est\u00e1 reservado para pocos, todos deben estar dispuestos a confesar a Cristo y a seguirle en el camino de la cruz en medio de las persecuciones, que nunca faltan (LG 42).<\/p>\n<p>El testimonio de la Iglesia se realiza tambi\u00e9n en obras y en palabras (LG 35; AA 6, 13, 16). Junto a las manifestaciones de su vida est\u00e1 tambi\u00e9n la palabra evangelizadora que anuncia a Cristo. Compartiendo las tristezas y alegr\u00ed\u00adas de todos los hombres, la Iglesia experimenta y testimonia el alumbramiento de la nueva humanidad nacida en la resurrecci\u00f3n y que todav\u00ed\u00ada sufre dolores de parto hasta que se manifieste su verdadera condici\u00f3n filial (Rom 8,22-23).<\/p>\n<p>\u00bfEs visible el testimonio de la Iglesia? Tendremos que decir que s\u00f3lo quien ama capta los signos de amor. Para captarlo habr\u00e1 que estar en sinton\u00ed\u00ada. Pero tambi\u00e9n hay que afirmar que la Iglesia conoce la debilidad de sus miembros y experimenta que el pecado oscurece la claridad de su testimonio. Muchas veces la comunidad creyente se ha visto en la necesidad de pedir perd\u00f3n; sabe que en la historia y en la actualidad \u00abes mucha la distancia que se da entre el mensaje que ella anuncia y la fragilidad de los mensajeros a quienes est\u00e1 confiado el evangelio\u00bb (GS 43). Por eso, tambi\u00e9n el Esp\u00ed\u00adritu se manifiesta en las exhortaciones a la purificaci\u00f3n y a la renovaci\u00f3n \u00abpara que brille con mayor claridad la se\u00f1al de Cristo en el rostro de la Iglesia\u00bb (LG 15; GS 43). Tal vez esta disposici\u00f3n a la conversi\u00f3n sea uno de los mejores testimonios de novedad que la Iglesia puede aportar al mundo de hoy desde la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>BIBL.: ALONSO SCH\u00ed\u201cKEL L., Car\u00e1cter hist\u00f3rico de la revelaci\u00f3n en La palabra de Dios en la historia de los hombres. Comentario a la Constituci\u00f3n Dei Verbutn, Mensajero, Bilbao 1991; FLORIST\u00ed\u0081N C., Testimonio, en FLORIST\u00ed\u0081N C.-TAMAYO J. J. (eds.), Conceptos fundamentales de pastoral, Cristiandad, Madrid 19832; Testimonio, en FLORIST\u00ed\u0081N C.-TAMAYO J. J. (dirs.), Diccionario abreviado de pastoral, Verbo Divino, Estella 1988; GROSSI M., Testimonio, en ROSSI L.-VALSECCHI A. (dirs.), Diccionario enciclop\u00e9dico de teolog\u00ed\u00ada moral, San Pablo, Madrid 19865; J\u00ed\u0081UREGUI J. A., Testimonio-Apostolado-Misi\u00f3n, Mensajero, Bilbao 1973; KOCH R., Testimonio, en BAUER, Diccionario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona 1967; LATOURELLE R., Testimonio, en LATOURELLE R.-FISICHELLA R. (dirs.), Diccionario de teolog\u00ed\u00ada fundamental, San Pablo, Madrid 1992, 1523-1542; LEON-DUFOUR X., Vocabulario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona 1993&#8242;, especialmente AUGRAIN CH., M\u00e1rtir y PRAT M.-GRELOT P., Testimonio; PAJER F., Testimonio, en GEVAERT J. (dir.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, 786s.; TU\u00ed\u2018I VANCELLS J. O., El testimonio en el evangelio de Juan, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1983; VAN LEEUWEN DE J., Testigo, en JENNI E.-WESTERMANN C., Diccionario teol\u00f3gico manual del Antiguo Testamento II, Cristiandad, Madrid 1985.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 M\u00c2\u00b0 \u00ed\u0081brego de Lacy<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO:<br \/>\nI. FORMA DE REVELACION:<br \/>\n1. El testimonio en contexto profano;<br \/>\n2. El testimonio como v\u00ed\u00ada de acceso al misterio de las personas;<br \/>\n3. El testimonio en contexto b\u00ed\u00adblico;<br \/>\n4. El testimonio apost\u00f3lico;<br \/>\n5. El tema del testimonio en san Juan;<br \/>\n6. Del testimonio-revelaci\u00f3n al testimonio-motivo de ctedibilidad.<br \/>\nII. MOTIVO DE CREDIBILIDAD:<br \/>\n1. El testimonio en el Vaticano II;<br \/>\n2. El testimonio en la exhortaci\u00f3n \u00abChristi fideles laici\u00bb;<br \/>\n3. Fecundidad del testimonio personal;<br \/>\n4. El testimonio comunitario;<br \/>\n5. Necesidad del testimonio;<br \/>\n6. Dinamismo del testimonio;<br \/>\n7. Especificidad del testimonio contempor\u00e1neo<br \/>\n8. La eucarist\u00ed\u00ada, tiempo fuerte del testimonio<br \/>\nR. Latourelle<br \/>\nI. Forma de revelaci\u00f3n<br \/>\nDesde hace cosa de un siglo la categor\u00ed\u00ada de testimonio ha ido entrando progresivamente en el vocabulario eclesial. El t\u00e9rmino aparece discretamente en el \/Vaticano I para designar a la Iglesia en cuanto que constituye, por s\u00ed\u00ad misma y con toda su presencia en el mundo, \u00abun motivo grande y perpetuo de credibilidad y un testimonio irrefutable de su mi si\u00f3n divina\u00bb (l Iglesia). Con el t Vaticano II se produjo una irrupci\u00f3n masiva de la terminolog\u00ed\u00ada del testimonio. El tema es omnipresente. Los vocablos de testimonio, atestiguar, testigo, aparecen m\u00e1s de cien veces, y se aplican tanto a la Iglesia entera como a cada grupo de cristianos. En el s\u00ed\u00adnodo de 1974 volvi\u00f3 a aparecer este tema con una nueva instancia, esta vez en el contexto de la l evangelizaci\u00f3n. En fin, la categor\u00ed\u00ada de testimonio est\u00e1 en el coraz\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada fundamental de nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>1.EL TESTIMONIO EN CONTEXTO PROFANO. El testimonio pertenece al grupo de analog\u00ed\u00adas empleadas por la Escritura para introducir al hombre en las riquezas del misterio divino, por ejemplo las categor\u00ed\u00adas de alianza, de palabra, de paternidad y de filiaci\u00f3n. Si la revelaci\u00f3n misma se apoya en la experiencia humana del testimonio para expresar una de las relaciones fundamentales que unen al hombre con Dios, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica se encuentra entonces autorizada a explorar los datos de esta experiencia. No cabe duda de que, en este trabajo de an\u00e1lisis, la revelaci\u00f3n ha de ser normativa y debe indicar a la teolog\u00ed\u00ada el tipo de purificaci\u00f3n y de sublimaci\u00f3n que ha de sufrir la realidad humana para aplicarse al misterio divino. Por otra parte, si la experiencia humana no tuviera ninguna relaci\u00f3n con el misterio del ser divino, ser\u00ed\u00ada imposible el encuentro entre Dios y el hombre; no habr\u00ed\u00ada sitio m\u00e1s que para mon\u00f3logos paralelos.<\/p>\n<p>En un grado m\u00e1s d\u00e9bil, atestiguar significa referir lo que uno ha visto y o\u00ed\u00addo. El testigo es aquel que puede informar sobre unos sucesos en los que ha participado, sobre unas personas o unos hechos que ha conocido; entonces es capaz de dar cuenta verbalmente de lo que sabe, por haberlo visto y o\u00ed\u00addo. El testimonio se basa, por tanto, en una experiencia ocular o auricular. El contexto m\u00e1s frecuente de este tipo de testimonio es el de un proceso. Ya en este primer nivel, la fe en el testimonio exige cierto rebajamiento de la raz\u00f3n y cierta confianza, ya que la palabra del testigo se convierte para el que no ha visto ni o\u00ed\u00addo en sustitutivo de la propia experiencia.<\/p>\n<p>Debido a este contexto judicial, el testimonio no tiene un simple valor de informaci\u00f3n; es un relato con vistas a un juicio que hay que dar sobre unos sucesos, sobre los motivos de un acto, sobre el car\u00e1cter de una persona. El testimonio est\u00e1 destinado a influir en los jurados y en el juez, que se apoyan en \u00e9l como en un argumento para pensar, valorar y decidir. Por eso el relato del testigo, m\u00e1s que un hecho mental (constataci\u00f3n y descripci\u00f3n, informaci\u00f3n y reportaje). es un hecho moral: una deposici\u00f3n, a la que el juramento confiere una gravedad especial. Atestiguar en un proceso es declarar y declararse en favor de alguien o contra alguien. No se trata simplemente de narrar o de describir a la manera de un periodista, sino de comprometerse uno a s\u00ed\u00ad mismo con plena libertad, y de dar un juicio de valor.<\/p>\n<p>Llegamos as\u00ed\u00ad al segundo nivel del testimonio, aquel en que el testigo se compromete por entero en su palabra. As\u00ed\u00ad, en un testimonio en el que est\u00e1 en juego la vida de alguien, el testigo no solamente expresa su convicci\u00f3n \u00ed\u00adntima sobre la inocencia o la culpabilidad del acusado, sino que se compromete por entero en su deposici\u00f3n. Su palabra es autoimplicativa. Dice en t\u00e9rminos equivalentes: \u00abYo declaro a esta persona inocente: negar esta inocencia ser\u00ed\u00ada negarme a m\u00ed\u00ad mismo\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad coinciden el ser y el decir.<\/p>\n<p>Sucede a veces -y es \u00e9ste el tercer nivel del testimonio- que el testigo sella su adhesi\u00f3n a la causa que defiende mediante una profesi\u00f3n p\u00fablica de su convicci\u00f3n interior, que puede llegar hasta el sacrificio de su vida. Esta confesi\u00f3n se hace ordinariamente en un contexto de hostilidad, de odio, por parte de los que no comparten la misma causa. Cuando el testigo muere as\u00ed\u00ad para apoyar su testimonio, se convierte en martyr (l Martirio), es decir, en testigo. Este compromiso hasta el peligro de muerte repercute en el testimoniopalabra, que entonces no es ya una simple narraci\u00f3n de algo visto u o\u00ed\u00addo, sino acci\u00f3n y muerte tr\u00e1gica. Se llega entonces insensiblemente a llamar testimonio a la acci\u00f3n misma de arriesgar la vida; en cuanto que esa entrega es la prueba viviente de la convicci\u00f3n interior y de la consagraci\u00f3n del testigo a la causa que defiende. En este momento, en el nivel sem\u00e1ntico, hay un paso del testimonio-palabra al testimonio-acci\u00f3n. Y es el testimonioacci\u00f3n el que da sentida y valor al testimonio-palabra. El punto fijo a cuyo alrededor gira el cambio de sentido es el compromiso del testigo en su testimonio. Coincidimos as\u00ed\u00ad con el contexto b\u00ed\u00adblico, en donde el testimonio de Cristo, \u00e9l testigo por excelencia, es aqu\u00ed\u00ad en el que se identifican el decir y el obrar, en la transparencia de su ser.<\/p>\n<p>2. EL TESTIMONIO COMO V\u00ed\u008dA DE ACCESO AL MISTERIO DE LAS PERSONAS. Cuando el testigo se compromete por entero, con su palabra y su acci\u00f3n, se expresa a s\u00ed\u00ad mismo como libre en la plenitud de su existencia. Entonces el testimonio adquiere una profundidad y una dignidad singular, cuando tiene como objeto el misterio \u00ed\u00adntimo del ser personal. En ese nivel, m\u00e1s que en un proceso, el testigo s\u00f3lo forma una cosa con, lo que dice. La persona quiere estar presente y transparente al oyente en la verdad de su misterio interior. Puede enga\u00f1arse, hacerse ilusiones sobre s\u00ed\u00ad mismo; pero en virtud de la intenci\u00f3n que lo anima, su testimonio es irrechazable. Nada prevalece contra \u00e9l.<\/p>\n<p>En efecto, cuando dejamos el mundo de las cosas materiales para acceder al nivel de las personas, dejamos el mundo de la evidencia para entrar en el del testimonio. En este nivel pierde ya su valor el ideal cient\u00ed\u00adfico, que no reina, por otra parte, m\u00e1s que sobre uno de los focos de la reflexi\u00f3n humana.<\/p>\n<p>En el nivel de la intersubjetividad, que es el de las personas, chocamos con el misterio. En efecto, las personas no son problemas que es posible encerrar en unas f\u00f3rmulas y resolver en una ecuaci\u00f3n. No tenemos acceso a la intimidad personal m\u00e1s que por el testimonio libre de la persona sobre s\u00ed\u00ad misma, a trav\u00e9s de una confidencia que es propiamente una revelaci\u00f3n, un descubrimiento de su misterio interior. Decir que el testimonio es un tipo de conocimiento inferior porque no produce m\u00e1s que probabilidades y no certezas y porque escapa a las normas de cierto ideal cient\u00ed\u00adfico ser\u00ed\u00ada manifestar una lamentable ignorancia de la cuesti\u00f3n. El conocimiento por testimonio no es inferior m\u00e1s que cuando, debido a la naturaleza del objeto, somos incapaces de llegar a un conocimiento directo e inmediato de su realidad; pero no es inferior cuando se trata de esas realidades que son las personas, en donde el testimonio es la \u00fanica manera de entrar en comuni\u00f3n con la persona y de participar en su misterio.<\/p>\n<p>El testimonio pertenece al misterio de la libertad. Por ser humana, esta libertad es ciertamente fr\u00e1gil y est\u00e1 siempre amenazada. S\u00f3lo Dios puede dar a su palabra una garant\u00ed\u00ada absoluta, debida a su identidad eterna y absoluta consigo mismo. De hecho, la experiencia humana nos informa de la multiplicidad de errores involuntarios, incluso entre los seres m\u00e1s aut\u00e9nticos. Sin embargo, a pesar de estos riesgos, el testimonio pertenece a la grandeza y a la dignidad del hombre. Le hace participar de la autonom\u00ed\u00ada y de la libertad misma de Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues se da en el testimonio una soledad de la que el propio testigo no puede liberarse, y que lo hace vulnerable y expuesto -al rechazo. Incluso en Jes\u00fas, en quien la experiencia que tiene de su identidad de Hijo del Padre da a su palabra una certeza y un valor absoluto su testimonio no tiene la seguridad de recibir la acogida que merece, aun cuando est\u00e9 sellado con su sangre.<\/p>\n<p>Es que el testimonio, arraigado en el coraz\u00f3n de la libertad humana, apela a la libertad del que lo recibe. Mientras que la demostraci\u00f3n apela ante todo a la inteligencia, el testimonio compromete en, grados diversos a la voluntad y al amor. Apela a la confianza: una confianza m\u00e1s o menos profunda, que se mide por la importancia del objeto atestiguado y de los valores por los que se arriesga la palabra. Cuando una persona recurre al testimonio para expresarse, apela a la confianza de los otros y se compromete a decir la verdad. Se compromete a no traicionar esta confianza y promete, al menos impl\u00ed\u00adcitamente, ser sincero y veraz. Por otra parte, acoger el testimonio de alguien como verdad es ya tener confianza en \u00e9l, porque es pasar de la autonom\u00ed\u00ada a la heteronom\u00ed\u00ada, es renunciar a uno mismo para ponerse en manos del otro. La posibilidad de un trato entre los hombres se basa, en definitiva, en esa confianza que reclama el testigo y en la promesa, t\u00e1citamente hecha por \u00e9l, de no traicionarla. As\u00ed\u00ad pues, por una parte est\u00e1 el compromiso moral del testigo; por otra, la confianza -que es ya un comienzo de amor- del que se adhiere a su testimonio-. Considerado tanto del lado del oyente como del lado del testigo, el testimonio sigue siendo un hecho moral m\u00e1s a\u00fan que un hecho mental.<\/p>\n<p>En el caso extremo en que el hombre compromete su vida entera por la palabra del testigo, manifiesta una confianza, una fe total, que es amor profundo al testigo. En este caso, la fe en Cristo es donaci\u00f3n total de la persona a Cristo, decisi\u00f3n que compromete la existencia entera personal y toda la existencia humana. El hombre entero se entrega al testimonio absoluto.<\/p>\n<p>Entonces no tenemos ya que extra\u00f1arnos de que el cristianismo sea la religi\u00f3n del testimonio y de la fe. En efecto, la revelaci\u00f3n es esencialmente manifestaci\u00f3n del misterio personal de: Dios, que es la interioridad por excelencia. El cristianismo es la religi\u00f3n del testimonio, precisamente porque es manifestaci\u00f3n del misterio de las personas divinas. Lo que Cristo revel\u00e1 es, en definitiva, el misterio personal que \u00e9l constituye como Hijo del Padre, en la carne y el lenguaje del hombre Jes\u00fas. Los ap\u00f3stoles, a su vez, dan testimonio de su intimidad con Cristo, Palabra de vida: Hijo del Padre, en relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con e1 Padre y el Esp\u00ed\u00adritu, pero en una comunicaci\u00f3n tan reservada que nadie la puede compartir. Todo el evangelio se presenta como una confidencia de amor, como un testimonio de Cristo sobre s\u00ed\u00ad mismo, sobre la vida de las personas divinas y sobre el misterio de nuestra condici\u00f3n de hijos.<\/p>\n<p>3. EL TESTIMONIO EN CONTEXTO BIBLICO. Globalmente se puede decir que el testimonio b\u00ed\u00adblico asume, pero al mismo tiempo exalta hasta sublimarlos, los rasgos del testimonio humano. Bajo la presi\u00f3n de la realidad nueva que lo impregna, hay una irrupci\u00f3n de l sentido: en altura, en profundidad y en extensi\u00f3n.<\/p>\n<p>En el AT el testigo es ante todo el profeta. Lo que constituye su originalidad como testigo es que ha sido escogido y enviado por Dios en el seno de una experiencia privilegiada. Conoce a Yhwh, porque Yhwh le ha hablado y le ha confiado su palabra. Ha sido admitido a una intimidad particular con Dios; llamado a compartir su conocimiento, sus designios, su voluntad, para ser su heraldo entre los hombres. El profeta ha recibido la palabra de Dios no para guardarla, sino para transmitirla, para publicarla. Es la boca de Yhwh, el servidor de la palabra, el int\u00e9rprete autorizado de todo lo que acontece en el mundo entre los hombres y en la historia, el testigo de Yhwh, en un clima muchas veces de hostilidad y de persecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>El testigo es tambi\u00e9n el pueblo de Israel, escogido y llamado por Yhwh. El Segundo Isa\u00ed\u00adas agrupa en un mismo texto todos los rasgos que caracterizan a Israel como testigo: \u00abTraed al pueblo ciego, aunque tiene ojos; a los sordos, aunque tienen o\u00ed\u00addos. Congr\u00e9guense todas las naciones, re\u00fananse los pueblos. \u00bfQui\u00e9n, entre ellos, puede anunciar esto y lo ha proclamado desde antiguo? Presenten sus testigos para justificarse, d\u00e9jense o\u00ed\u00adr para que digamos: \u00c2\u00a1Es verdad! Vosotros sois mis testigos -dice el Se\u00f1or- y mis siervos, a quienes yo he elegido, para que me conozc\u00e1is y cre\u00e1is en m\u00ed\u00ad y comprend\u00e1is que soy yo; antes de m\u00ed\u00ad no existi\u00f3 ning\u00fan dios, y ning\u00fan otro existir\u00e1 despu\u00e9s. Yo, yo soy el Se\u00f1or; fuera de m\u00ed\u00ad no hay salvador. Yo lo anunci\u00e9 y lo proclam\u00e9, yo los salv\u00e9; yo, y no un extra\u00f1o entre vosotros. Vosotros sois mis testigos -dice el Se\u00f1or y yo soy Dios; desde la eternidad lo soy; nadie se puede librar de mi mano; yo act\u00fao sin que nadie lo impida\u00bb (Is 43,8-13).<\/p>\n<p>Hay cuatro rasgos que distinguen al pueblo-testigo: a) El testigo no es uno cualquiera que se presenta a deponer, sino aquel que ha sido escogido y enviado a dar testimonio.<\/p>\n<p>b) El testimonio recae sobre el sentido radical de la experiencia humana: Yhwh da testimonio de s\u00ed\u00ad mismo y se propone como aquel que da sentido y consistencia a toda la realidad humana. No hay m\u00e1s salvador que Yhwh. c) El testimonio est\u00e1 orientado a la proclamaci\u00f3n, a la divulgaci\u00f3n: tiene una importancia social. d) Esta proclamaci\u00f3n implica un compromiso, no s\u00f3lo en las palabras, sino tambi\u00e9n en los actos y en la vida del profeta.<\/p>\n<p>De esta forma se conserva en sus principales aspectos el sentido profano del testimonio. Sin embargo, el AT aporta una novedad: la autoridad del testigo no viene de \u00e9l, sino de su vocaci\u00f3n privilegiada y de su env\u00ed\u00ado. En la misi\u00f3n del testigo-profeta se distinguen como dos polos de actividad, que- a veces se suceden, pero ordinariamente se recubren: la actividad de la proclamaci\u00f3n y la del compromiso de vida.<\/p>\n<p>4. EL TESTIMONIO APOST\u00ed\u201cLICO. El recurso de la categor\u00ed\u00ada de testimonio no es ocasional en el NT, sino repetida e intencional. Una -simple estad\u00ed\u00adstica sobre la frecuencia d\u00e9 la palabra martys (testigo) y de sus derivados (sustantivos y verbos) es altamente significativa: este t\u00e9rmino aparece 198 veces.<\/p>\n<p>Atestiguar y testigo pertenecen ante todo a la terminolog\u00ed\u00ada de los Hechos y a la teolog\u00ed\u00ada de Lucas. \u00abAtestiguar\u00bb caracteriza a la actividad apost\u00f3lica posterior a la resurrecci\u00f3n. El t\u00ed\u00adtulo de \u00abtestigos\u00bb designa en primer lugar a los ap\u00f3stoles. Hay cuatro rasgos que los definen como tales: a) Como los profetas, han sido elegidos por Dios (He 1,26; 10,41). b) Han visto y o\u00ed\u00addo a Cristo (He 4,20), han vivido en su intimidad (He 1,21-22) y, por consiguiente, poseen una experiencia viva, directa, de su persona, de su ense\u00f1anza, de sus obras. Comieron y bebieron con \u00e9l antes y despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n (He 10,41). En una palabra, fueron los \u00ed\u00adntimos y los comensales de Cristo. Los otros pueden predicar; en sentido estricto, s\u00f3lo los ap\u00f3stoles pueden atestiguar. c) Han recibido de Cristo la misi\u00f3n de dar testimonio (He 10,41) y han sido investidos del poder del Esp\u00ed\u00adritu para poder cumplir este mandato (He 1,8). d) El \u00faltimo rasgo de los ap\u00f3stoles como testigos es el compromiso, actitud que se traduce en una fidelidad absoluta a Cristo y a su ense\u00f1anza, reconocida como la verdad y la salvaci\u00f3n del hombre. Los Hechos no .dejan de repetir que los ap\u00f3stoles anuncian la palabra de Dios con seguridad (parres\u00ed\u00ada), esto es, con un coraje sobrenatural, fruto dei Esp\u00ed\u00adritu que act\u00faa en ellos y triunfa de las reacciones demasiado humanas ante las dificultades del apostolado: timidez, respeto humano, miedo a las persecuciones y a la muerte. Bajo el efecto de este coraje interior, los ap\u00f3stoles declaran: \u00abNosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y o\u00ed\u00addo\u00bb (He 4,20). A ello le hace eco san Juan: \u00abLo que hemos o\u00ed\u00addo, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que han tocado nuestras manos acerca de la palabra de la vida&#8230;, damos testimonio de ello\u00bb (1Jn 1,1-3).<\/p>\n<p>Para suceder a Judas y convertirse en \u00abtestigo de la resurrecci\u00f3n\u00bb, Mat\u00ed\u00adas tuvo que cumplir estos requisitos. Fue compa\u00f1ero de los ap\u00f3stoles \u00abtodo el tiempo que Jes\u00fas, el Se\u00f1or, estuvo entre nosotros\u00bb (He 1,21), es decir, desde el bautismo, que marca el comienzo de su ministerio, hasta su glorificaci\u00f3n como Cristo y Se\u00f1or (He 1,22; 2,36). Por consiguiente, no hay soluci\u00f3n de continuidad entre el Jes\u00fas terreno y el Cristo glorificado. Los ap\u00f3stoles son como la bisagra entre el tiempo de Jes\u00fas y el tiempo de la Iglesia. Por otra parte, es significativo que Lucas, al comienzo de los Hechos (He 1,13), repita la lista de los ap\u00f3stoles, manifestando de esta manera que son ellos los que aseguran la continuidad entre la comunidad de antes y de despu\u00e9s de pascua. El nombre de Judas est\u00e1 ausente de esta lista; en adelante es sustituido por el de Mat\u00ed\u00adas, designado por Dios (He 1,26). La autoridad del testigo no procede de \u00e9l, sino de Dios, que lo env\u00ed\u00ada o lo designa. As\u00ed\u00ad, llamado por Dios, despu\u00e9s de haber visto y o\u00ed\u00addo a Jes\u00fas, abierto a la inteligencia de las. Escrituras y robustecido por el Esp\u00ed\u00adritu, Mat\u00ed\u00adas est\u00e1 cualificado para transmitir con fidelidad lo que concierne a Jes\u00fas y para ser testigo de su resurrecci\u00f3n (He 1,21-26).<\/p>\n<p>Efectivamente, el testimonio se refiere a la vez a las cosas vistas y o\u00ed\u00addas y al sentido de los acontecimientos sucedidos. Es a la vez narraci\u00f3n y confesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Por otra parte, como los ap\u00f3stoles vivieron en la intimidad de Cristo; son los testigos oculares y auriculares de toda su carrera, desde el bautismo hasta la resurrecci\u00f3n (He 4,20). \u00abNosotros somos testigos -dice Pedrode todo lo que hizo en el pa\u00ed\u00ads de los jud\u00ed\u00ados (Galilea) y en Jerusal\u00e9n\u00bb (He 10,39). Pero son ante todo testigos de la resurrecci\u00f3n, porque \u00e9sta es el hecho esencial que autoriza todo lo que precede y todo lo que sigue. Ese Jes\u00fas a quien los jud\u00ed\u00ados han crucificado, ha resucitado (He 5,31) y se les ha aparecido (He 10,40). \u00abNosotros somos testigos de estas cosas\u00bb (He 5,32): es la expresi\u00f3n que se repite en la primera parte de los Hechos-como si se tratara de un leitmotiv.<\/p>\n<p>Pero el testimonio no recae solamente sobre la realidad emp\u00ed\u00adrica, fenom\u00e9nica, de los dichos y de las obras de Jes\u00fas. Los ap\u00f3stoles dan testimonio ante todo del valor salv\u00ed\u00adfico de esos hechos: son testigos del sentido profundo de su existencia terrena, a saber: la salvaci\u00f3n inaugurada por su muerte y su resurrecci\u00f3n (He 5,31; 10,42).<\/p>\n<p>He 10,37-43 re\u00fane en un mismo texto estos dos elementos esenciales del testimonio apost\u00f3lico. Pedro recuerda en primer lugar los sucesos de la vida terrena de Jes\u00fas: su ministerio, sus milagros, su crucifixi\u00f3n, su muerte, su resurrecci\u00f3n, sus apariciones: \u00abVosotros conoc\u00e9is lo que ha pasado en Judea, comenzando por Galilea, despu\u00e9s del bautismo que predic\u00f3 Juan: c\u00f3mo Dios ungi\u00f3 con el Esp\u00ed\u00adritu Santo y llen\u00f3 de poder a Jes\u00fas de Nazaret, el cual pas\u00f3 haciendo.el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con \u00e9l. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el pa\u00ed\u00ads de los jud\u00ed\u00ados y en Jerusal\u00e9n. Ellos lo mataron colg\u00e1ndolo de un madero. Pero Dios lo resucit\u00f3 al tercer d\u00ed\u00ada y le concedi\u00f3 que se manifestase no a todo el pueblo, sino a los testigos elegidos de antemano por Dios, a nosotros, que hemos comido y bebido con \u00e9l despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n de entre los muertos\u00bb (He 10,37-41).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este testimonio sobre la actividad terrena de Jes\u00fas, el texto enlaza con un testimonio que recae esta vez sobre la dimensi\u00f3n interior y sobrenatural de esta realidad hist\u00f3rica: \u00abY (Jes\u00fas de Nazaret) nos encarg\u00f3 predicar al pueblo y proclamar que Dios lo ha constituido juez de vivos y de muertos. Todos los profetas testifican que el que crea en \u00e9l recibir\u00e1, por su nombre, el perd\u00f3n de los pecados\u00bb (He 10,42-43). El vocabulario de esta segunda parte sigue siendo el del testimonio, pero la realidad atestiguada escapa a la observaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica; pertenece, sin embargo, al mismo objeto, ya que expresa el sentido profundo, el ser \u00ed\u00adntimo de lo que percibieron, sus ojos y sus o\u00ed\u00addos. Ese Jes\u00fas de Nazaret, a quien los ap\u00f3stoles y el pueblo jud\u00ed\u00ado vieron y escucharon, es identificado ahora como el juez de vivos y de muertos. Su muerte no es una muerte banal, como las dem\u00e1s: nos salva del pecado, lleva a cabo nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el testimonio apost\u00f3lico que describen los Hechos se da una uni\u00f3n indisoluble entre el acontecimiento hist\u00f3rico (dimensi\u00f3n horizontal) y su alcance religioso y salv\u00ed\u00adfico (dimensi\u00f3n vertical). Lo mismo ocurre con el kerigma de Pablo. Para \u00e9l, Jes\u00fas perseguido, crucificado, muerto, resucitado y glorificado es el Cristo. As\u00ed\u00ad, lejos de negar o de reducir la realidad hist\u00f3rica, el testimonio apost\u00f3lico la reafirma y la confirma, para descubrir su dimensi\u00f3n interior, que escapa de todas las miradas. No confiere historicidad a un acontecimiento no sucedido, sino que describe el alcance trascendente de lo que ha ocurrido. Sin Jes\u00fas (sus obras y sus palabras), el testimonio se queda sin soporte: se viene abajo.<\/p>\n<p>Para ser completos, hemos de a\u00f1adir al testimonio apost\u00f3lico un tercer elemento. En efecto, cuando declara el sentido del acontecimiento hist\u00f3rico, el testimonio no da una interpretaci\u00f3n arbitraria de \u00e9l, sino que se apoya en la historia vivida: la de Jes\u00fas y la del pueblo jud\u00ed\u00ado. As\u00ed\u00ad, el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s, Pedro, al declarar la identidad de Jes\u00fas, apoya su interpretaci\u00f3n, en los hechos de la vida de Jes\u00fas que la autorizan, a saber: sus milagros, su resurrecci\u00f3n y sus apariciones. En efecto, Pedro precisa: \u00abVosotros lo matasteis (a Jes\u00fas de Narazet) crucific\u00e1ndolo&#8230; Pero Dios lo ha resucitado, de lo que todos nosotros somos testigos\u00bb (He 2,23.32). Dice adem\u00e1s: \u00abDios acredit\u00f3 ante vosotros a Jes\u00fas el Nazareno con los milagros, prodigios y se\u00f1ales que hizo por medio de \u00e9l, como bien sab\u00e9is&#8230; Dios lo ha resucitado\u00bb (He 2,22-24). La resurrecci\u00f3n misma se basa en las apariciones (He 10,40-41) y \u00e9stas, a su vez, se basan en unas experiencias de un intenso realismo, tal como comer, beber (He 10,41; Lc 24,42) y palpar (Jn 20,27). El testimonio de Pedro sobre la identidad de Jes\u00fas de Nazaret como mes\u00ed\u00adas y Se\u00f1or se apoya, por consiguiente, en la realidad hist\u00f3rica de su vida y de sus obras. Esta misma es la preocupaci\u00f3n que se observa en el evangelio de Juan (Jn 20, 30-31)&#8212;El testimonio apost\u00f3lico se refiere, pues, a la historia por un doble t\u00ed\u00adtulo: porque declara el sentido de un acontecimiento que supone y que reafirma al interpretarlo, y porque la interpretaci\u00f3n que da de \u00e9l se basa a su vez en la autenticidad de los dichos y de las obras de Jes\u00fas. La categor\u00ed\u00ada del testimonio dice no solamente referencia a Jes\u00fas, sino voluntad de referencia a Jes\u00fas. Si Jes\u00fas no hubiera realizado las obras que hizo, el testimonio apost\u00f3lico no tendr\u00ed\u00ada valor y el evangelio dejar\u00ed\u00ada de existir.<\/p>\n<p>5. EL TEMA DEL TESTIMONIO EN SAN JUAN. En san Juan el testimonio culmina como narraci\u00f3n, como confesi\u00f3n, como compromiso y como interiorizaci\u00f3n. El testigo es Cristo (Ap 1,5; 3,14); y para Cristo, atestiguar equivale a manifestar al Padre, a revelar al Padre. El testimonio designa la funci\u00f3n reveladora de Cristo, y este testimonio tiene como objeto al mismo Cristo en su misterio personal de Hijo. Por eso Cristo da testimonio con toda su presencia y durante toda su existencia. Para \u00e9l dar testimonio es revelarse, darse a conocer: todo lo que es y de d\u00f3nde viene, es decir, del Padre. Si esta revelaci\u00f3n culmina en la cruz, es porque en la cruz se opera la suprema revelaci\u00f3n de Cristo, a saber: el amor supremo del Padre a los hombres, manifestado en el amor supremo de Cristo a los suyos.<\/p>\n<p>En la perspectiva de Juan, el testimonio de Cristo, m\u00e1s a\u00fan que el de los profetas, tiene un car\u00e1cter p\u00fablico y jur\u00ed\u00addico. Su testimonio se presenta como una deposici\u00f3n p\u00fablica en el vasto proceso que opone al reino de Dios y al reino de Satan\u00e1s, a Cristo y al mundo. En favor de Cristo est\u00e1 el testimonio de Juan Bautista, el de la Escritura, el del ap\u00f3stol, el del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Pero la palabra de Cristo choca con la contestaci\u00f3n y el odio. Enfrentados con Cristo, los jud\u00ed\u00ados, que representan al conjunto del mundo hostil a la verdad, rechazan su testimonio y se juzgan a s\u00ed\u00ad mismos. De esta manera el testimonio de Cristo lleva a cabo el discernimiento entre los hombres. As\u00ed\u00ad Cristo llev\u00f3 su testimonio hasta el l\u00ed\u00admite: fue el testigo fiel y verdadero (Ap 13,8).<\/p>\n<p>Cristo es, por tanto; el testigo absoluto, el que lleva en s\u00ed\u00ad mismo la garant\u00ed\u00ada de su testimonio. El hombre, sin embargo, no ser\u00ed\u00ada capaz de acoger por la fe este testimonio del absoluto, manifestado en la carne y el lenguaje de Jes\u00fas, sin una atracci\u00f3n interior (Jn 6,44), que es un don del Padre y.un testimonio del Esp\u00ed\u00adritu (Un 5,9-10). En este momento, el testimonio se interioriza casi por completo, ya que se dice que el que cree en Cristo tiene dentro de s\u00ed\u00ad el testimonio de Dios. El testimonio que el creyente posee en s\u00ed\u00ad mismo es el testimonio que el Esp\u00ed\u00adritu da del Hijo. Si el testimonio se interioriza, es siempre en relaci\u00f3n con la palabra de Cristo, que exterioriza la intimidad de su di\u00e1logo con el Padre. Y Juan, del mismo modo, anuncia lo que \u00e9l ha visto y o\u00ed\u00addo del .Verbo de vida, para que por la fe en su testimonio los hombres entren en comuni\u00f3n de vida con el Padre y con su Hijo: El testimonio-confesi\u00f3n no rompe jam\u00e1s sus v\u00ed\u00adnculos con el testimonionarraci\u00f3n.<\/p>\n<p>De esta forma el testimonio b\u00ed\u00adblico es esencialmente religioso. Se trata de un testimonio sobre alguien: el Dios salvador (AT) o el Dios-salvaci\u00f3n-en-Jesucristo (NT). Es a la vez proclamaci\u00f3n exterior de la buena nueva de la salvaci\u00f3n y compromiso de la persona (palabras y obras), que pueden llejar hasta el don de la vida por el martirio. Es incluso este aspecto de compromiso el que mantiene la continuidad entre el testimonio profano y el testimonio religioso. El testimonio exterior va acompa\u00f1ado de un testimonio interior del Esp\u00ed\u00adritu, que hace al hombre capaz de abrirse al evangelio y de adherirse a \u00e9l por la fe. Sin ese testimonio interior del Esp\u00ed\u00adritu, el testimonio exterior sigue siendo vano y est\u00e9ril. La noci\u00f3n neot\u00e9stamentaria de testimonio no comprende todav\u00ed\u00ada expl\u00ed\u00adcitamente el testimonio de la sangre, excepto en el Apocalipsis, cuando se dice que los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo han triunfado \u00abpor la sangre del cordero y por el testimonio que proclamaron, despreciando su vida hasta sufrir a muerte\u00bb (Ap12,11). Sin embargo el paso es leg\u00ed\u00adtimo, ya que la verdad atestiguada en el testimonio cristiano es la verdad de, la muerte como redenci\u00f3n. El testigo-m\u00e1rtir da testimonio de la victoria de Cristo sobre la muerte y de su vida indestructible. Atestigua lo absoluto de Cristo, testigo absoluto.- &#8211; . . .<\/p>\n<p>6. DEL TESTIMONIO-REVELACI\u00ed\u201cN Al TESTIMONIO-MOTIVO DE CREDIBILIDAD. Despu\u00e9s de lo que hemos dicho del testimonio profano y del testimonio religioso, entendemos mejor que la revelaci\u00f3n se comprenda como \u00abtestimonio\u00bb. En el trato de las tres personas divinas con los hombres existe un intercambio de testimonios que tiene la finalidad de proponerla revelaci\u00f3n y de alimentar la fe. Son tres los que revelan o dan testimonio, y esos tres no son m\u00e1s que uno. Cristo da testimonio del Padre, mientras que el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu dan testimonio del Hijo. Los ap\u00f3stoles, a su vez, dan testimonio de lo que han visto y o\u00ed\u00addo del Verbo de vida. Pero su testimonio no es la comunicaci\u00f3n de una ideolog\u00ed\u00ada, de un descubrimiento cient\u00ed\u00adfico, de una t\u00e9cnica in\u00e9dita, sino la proclamaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n prometida y finalmente realizada.<\/p>\n<p>En esta perspectiva, el testimonio designa ante todo el compromiso de una vida aut\u00e9nticamente cristiana. Este acuerdo entre el evangelio y la vida le da al evangelio credibilidad y eficacia. La salvaci\u00f3n anunciada se ha cumplido de verdad, ya que el hombre nuevo anunciado por el evangelio, vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu, est\u00e1 verdaderamente entre nosotros. Gracias al testimonio, el hombre encuentra el evangelio ante s\u00ed\u00ad como una realidad encarnada en unos seres de carne y hueso. La verdad y la vida se hacen eco mutuamente y llegan a coincidir. El evangelio se hace transparencia. El mensaje forma cuerpo con el testimonio: la: salvaci\u00f3n anunciada se convierte en la salvaci\u00f3n presente. Esta armon\u00ed\u00ada entre el anuncio y la contemplaci\u00f3n d\u00e9 la salvaci\u00f3n es tambi\u00e9n signo de la presencia de Dios y de la verdad del evangelio. Cuando el testimonio se convierte as\u00ed\u00ad en estilo de vida filial, vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu, pasamos del testimonio-revelaci\u00f3n al testimonio-motivo de credibilidad.<\/p>\n<p>BIBL.: BAeeoTId E., Le t\u00e9moignage spirituel, Par\u00ed\u00ads 1964; BRETON S., Philosophie du t\u00e9moignage, en E. CASTELLI (e d.), La testimonianza, Roma 1972 38-84; Bitois N., Zeuge und Mdrtyrer,Munich 1961; GeFFR\u00e9 G., Le t\u00e9moignage comme exp\u00e9rience de langage, en E. CASTELLI (ed.), o.c., 291-294;, LATOURELLE R. Le t\u00e9moignage chr\u00e9tien, Tournai-Montreal 1971; In, Teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n, Salamanca 1989&#8217;x, 53-62. 77-86; ID, Evang\u00e9lisation el t\u00e9moignage, en Evangelisation (Documenta missionalia 9), Roma 1975, 77-110; In, A Jes\u00fas el Cristo por los evangelios, Salamanca 1982, 175-182; LE CHEVALIER C., La confidente de la personne,Par\u00ed\u00ads 1960; MENOUD P.H., J\u00e9sus el se r\u00e9moras, en \u00ab$glise et th\u00e9ologie\u00bb (junio. 1969) 1-14; NEDONCELLE M., Communieqtion el interpr\u00e9tation du t\u00e9moignage, en E. CASTELLl (ed.), o. c., 280-290; TILLIETTE x., Valeur el limite d&#8217;une philosophie du t\u00e9moignage, en E. t&#8217;ASTELLI (ed.), o.c., 89-92; TxErANIEa B.,: L&#8217; id\u00e9e de r\u00e9mora dans les \u00e9crits johanniqtres, en *Revtte de 1&#8217;Universit\u00e9 d&#8217;Ottawa\u00bb 15 (1945)27-63.<\/p>\n<p>R. Latourelle<br \/>\nII. Motivo de credibilidad<br \/>\nLa noci\u00f3n de compromiso, inherente a la de testimonio, establece u\u00f1a continuidad entre los dos \u00e1spectos del testimonio: uno activo, cuando designa la revelaci\u00f3n o la confidencia de Dios al hambre; e1 otro pasivo . cu\u00e1ndo designa la atracci\u00f3n ejercida por fina existencia plenamente de \u00e1cu\u00e9rdo con el evangelio. Cuando el evangeliowivido y \u00e9l evangelio predicado se responden perfectamente, la existencia vivida se convierte en motivo de t credibilidad, en signo (l Semiolog\u00ed\u00ada, I) de la verdad del evangelio.<\/p>\n<p>Este tipo de acci\u00f3n -silenciosa y efic\u00e1z, con el t\u00e9rmino que lo cualifica, es decir, el de \u00abtestimonio\u00bb, se fue imponiendo poco a poco. en el per\u00ed\u00adodo preconciliar gracias a los movimientos de acci\u00f3n cat\u00f3lica (JEC, JOC, JAC), que ense\u00f1aban que la influencia de los laicos en la sociedad tiene que ejercerse no por los caminos de la dominaci\u00f3n, sino los de la presencia y animaci\u00f3n. En un mundo secularizado, la Iglesia tiene que ser una comunidad de miembros vivos, activos; responsables, que lleven el evangelio y-el&#8217;esp\u00ed\u00adritu del evangelio al seno de sus ocupaciones familiares, profesionales, sociales. El testimonio act\u00faa por infusi\u00f3n&#8217; d\u00e9 s\u00e9fltido e irradiaci\u00f3n d\u00e9 vida. La categor\u00ed\u00ada del testimonio ha conocido ,tanta popularidad qu\u00e9 ha llegado \u00e1 suplantar a la expresi\u00f3n corriente d\u00e9 \u00absantidad\u00bb. Efectivamente, despu\u00e9s del \u00bfoncilio, se habla con gusto de testimonio de vida para designar la santidad de vida, en cuanto que es fuerza de atracci\u00f3n para los que viven fuera de la Iglesia. Esta preferencia dada a la categor\u00ed\u00ada de testimonio se manifiesta claramente en los documentos conciliares, as\u00ed\u00ad como en la reciente exhortaci\u00f3n possinodal de Juan Pablo II, Christifideles laici, del 30 de diciem. bre de 1988.<\/p>\n<p>1. EL TESTIMONIO EN EL VATICANO II. Esta, transferencia sem\u00e1ntica expresa el cambio profundo, en el nive\u00c2\u00a1 de las perspectivas, que se ha operado en la Iglesia entre el Vaticano I y el Vaticano Il. Donde el Vaticano I propon\u00ed\u00ada a la l Iglesia (unidad, santidad, expansi\u00f3n, estabilidad, fecundidad) como un signo alzado a la vista de las naciones, el Vaticano II personaliza e interioriza el signo de la Iglesia y habla m\u00e1s bien del testimonio de los cristianos: Son los mismos cristianos, por su vida santa, y las comunidades cristianas, por s\u00fc vida de unidad y caridad,&#8217;los&#8217;que ponen el signo de la Iglesia. Viviendo perfectamente su condici\u00f3n de hijos del Padre, rescatados porCristo y santificados por el Esp\u00ed\u00adritu, es como los cristianos dan a entender a los dem\u00e1s hombres que la salvaci\u00f3n est\u00e1 verdaderamente entre nosotros. Lo que el Vaticano I entend\u00ed\u00ada por el signo de la Iglesia, se concentra ahora en la categor\u00ed\u00ada de testimonio. Una vez percibida esta trasposici\u00f3n, se constata que. el tema del testimonio es uno de los temas principales y privilegiados del Vaticano II. Como un leitmotiv, aparece en todas las constituciones y en todos los decretos. A los ojos del concilio, \u00e1testi\u00e1uar significa acreditar el evangelio como verdad y salvaci\u00f3n del hombre mediante una vida conforme con el evangelio.<\/p>\n<p>Este testimonio tiene que revestir una forma individual y comunitaria al mismo tiempo. Es todo el pueblo de Dios el que ha de difundir su testimonio vivo mediante una vida teologal fervorosa. Pero \u00abcomo el pueblo de Dios vive en comunidades, sobre todo diocesanas y parroquiales&#8230;, a ellas corresponde tambi\u00e9n el dar testimonio de Cristo delante de las gentes\u00bb (AG 37). Estas afirmaciones generales se recogen y se aplican a continuaci\u00f3n a cada grupo de cristianos. Los obispos y pastores tienen que presentar una imagen de la Iglesia que permita a los hombres juzgar de la fuerza y de la verdad del mensaje cristiano; \u00abcon su vida y con sus palabras, ayudados por los religiosos y por sus fieles, demuestran que la Iglesia, aun por su sola presencia, portadora de todos sus dones, es fuente inagotable de las virtudes de que tan necesitado anda el mundo de hoy\u00bb (GS 43): Los sacerdotes \u00abdeben ofrecer a todos un testimonio vivo de Dios\u00bb (LG 41); \u00abcon su conducta de cada d\u00ed\u00ada y con su solicitud deben mostrar a los fieles e infieles, a los cat\u00f3licos y no cat\u00f3licos, la imagen del verdadero ministerio sacerdotal y pastoral, y est\u00e1n obligados a dar a todos el testimonio de verdad y de vida\u00bb (LG 28). A prop\u00f3sito de los religiosos, el concilio declara: \u00abLos religiosos todos, por la integridad de la fe, por la caridad para con Dios y el pr\u00f3jimo, por el amor a la cruz y la esperanza de la gloria venidera, han de difundir por todo el mundo la buena nueva de Cristo, a fin de que su testimonio aparezca a los ojos de todos y sea glorificado nuestro Padre, qu\u00e9 est\u00e1 en los cielos\u00bb (PC 25). Los laicos est\u00e1n invitados a dar este mismo testimonio de una vida santa; cada uno de ellos \u00abdebe ser ante el mundo el testigo de la resurrecci\u00f3n y de la vida del Se\u00f1or Jes\u00fas y signo del Dios vivo,\u00bb (LG 38). En las escuelas p\u00fablicas, los profesores \u00abhan de dar testimonio por su vida tanto como por su ense\u00f1anza del maestro \u00fanico, Jesucristo`(GE 8). En tierras de misi\u00f3n sobre todo es donde la vida de unidad y de caridad de los cristianos se convierte en un signo particularmente urgente, ya que en ellos se concentra entonces toda la Iglesia como presencia y manifestaci\u00f3n de Cristo. El primero de todos, el misionero, \u00abcon una vida verdaderamente evang\u00e9lica, con una gran paciencia, con su longanimidad, su mansedumbre, su caridad sincera (2Cor 6,4ss), tiene que dar testimonio de su Se\u00f1or, incluso, si es necesario, con su derramamiento de sangre\u00bb (AG 24). En este papel de testigos, los laicos son solidarios del misionero, \u00abya que todos los cristianos, dondequiera que vivan, est\u00e1n obligados a manifestar por el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra al hombre nuevo de que han sido revestidos por el bautismo y la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (AG 11). Este tema general del testimonio recibe con frecuencia determinaciones que precisan su objeto y su orientaci\u00f3n. Las m\u00e1s frecuentes son la caridad, la humildad, el servicio, la unidad, la pobreza.<\/p>\n<p>No cabe duda de que en el pensamiento del Vaticano II el gran signo de la llegada de la salvaci\u00f3n a este mundo es la vida de unidad y de caridad de los cristianos: es el testimonio de su vida realmente comprometida, es decir, propia de hombres que viven una vida de hijos, de nuevas criaturas, transformados y vivificados por el Esp\u00ed\u00adritu. En estas declaraciones lo que es nuevo no es la doctrina misma, que es tradicional, sino la manera de expresarla: los vocablos y el acento. Para designar esta santidad de vida por la que Dios nos da un signo del establecimiento de su reino en Jesucristo, el concilio suele utilizar las expresiones testimonio de vida, testigos vivos de Cristo. Este recurso a la categor\u00ed\u00ada de testimoniocompromiso por parte del hombre como respuesta al testimonio-confidencia de Dios que es la revelaci\u00f3n, manifiesta la preocupaci\u00f3n del concilio por hablar un lenguaje que responda a la sensibilidad y a la mentalidad del hombre del siglo xx. Pues bien, \u00e9ste, formado en un contexto de pensamiento personalista y existencial, rechaza un tipo de santidad plat\u00f3nica y abstracta. Si est\u00e1 \u00abtocado\u00bb y \u00abse rinde\u00bb, ser\u00e1 ante la experiencia de una consagraci\u00f3n total a Dios y a los hombres. Pero, precisamente, hablar de santidad en t\u00e9rminos de testimonio es evocar un compromiso de toda la persona, \u00abcuerpo y alma\u00bb, al servicio de Cristo y de los que \u00e9l ha asumido en s\u00ed\u00ad, aun a costa del martirio. En los textos del concilio, el l martirio es una \u00abgracia eminente y una prueba suprema de caridad\u00bb (LG 42; PO 13; AG 24; UR 4).<\/p>\n<p>Este signo de la llegada de la salvaci\u00f3n a trav\u00e9s del testimonio parece que es el que m\u00e1s seduce al hombre contempor\u00e1neo. A un hombre celoso de sus derechos, de su autonom\u00ed\u00ada, el testimonio se presenta bajo los rasgos de la discreci\u00f3n: act\u00faa por atracci\u00f3n, sin violentar. A un hombre que lo mide todo por el par\u00e1metro de la eficacia, el testimonio propone actos, hechos: la condici\u00f3n humana puede cambiarse, puesto que de hecho ya ha cambiado. A un hombre t\u00e9cnicamente desarrollado, pero subdesarrollado en el plan moral y de una fragilidad psicol\u00f3gica desconcertante, el testigo se presenta como un ser sano, \u00abfeliz en su pellejo\u00bb, irradiando gozo y paz a pesar del sufrimiento y de la muerte. Este encuentro puede suscitar el deseo de. participar de esa plenitud de vida. A\u00f1adamos que, en una sociedad pluralista y secularizada, el testimonio-compromiso es m\u00e1s urgente que anta\u00f1o, Por su estilo de vida m\u00e1s que por sus discursos, el cristiano atestigua la presencia de la salvaci\u00f3n en el mundo. Por su manera distinta de vivir las situaciones comunes, puede llevar a los que le rodean a interrogarse por el esp\u00ed\u00adritu que lo inspira.<\/p>\n<p>2. EL TESTIMONIO EN LA EXHORTACI\u00f3N \u00abCHRISTIFIDELES LAICI\u00bb (1988). La ascensi\u00f3n del laicado en la Iglesia representa un movimiento irreversible. La actividad de los laicos se ejerce en todas las esferas de la vida: no s\u00f3lo a nivel de las obras sociales, caritativas y pastorales, sino en todos los niveles de la ense\u00f1anza propiamente religiosa: desde la catequesis hasta las funciones de investigaci\u00f3n y de ense\u00f1anza universitaria. Efectivamente, centenares de hombres y de mujeres ense\u00f1an teolog\u00ed\u00ada en las facultades del mundo entero. En algunos pa\u00ed\u00adses son claramente mayoritarios. A esta mayor presencia e influencia de los laicos en la Iglesia corresponde evidentemente una responsabilidad creciente a nivel del testimonio. Es el aspecto que subray\u00f3 el s\u00ed\u00adnodo de 1987 y la exhortaci\u00f3n Christifideles laici que lo sigui\u00f3 en 1988.<\/p>\n<p>\u00abUnidos a Cristo, el gran profeta (Lc 7,16), y constituidos en el Esp\u00ed\u00adritu testigos de Cristo resucitado, los fieles laicos&#8230; est\u00e1n llamados a hacer brillar la novedad y la fuerza del evangelio en su vida cotidiana, familiar y social\u00bb (CL 14). Inmersos en el mundo que es su ambiente habitual de trabajo, es en el mundo donde manifiestan a Cristo por \u00abel testimonio de su vida de fe, de esperanza y de caridad\u00bb (CL 15; LG 31). Est\u00e1n invitados a dar este testimonio hasta las cimas de la santidad, ya que \u00abel santo es el testigo m\u00e1s esplendoroso de la dignidad conferida al disc\u00ed\u00adpulo de Cristo\u00bb (CL 16). Incluso puede afirmarse que la renovaci\u00f3n esperada del concilio depender\u00e1 en gran parte de la influencia creciente de los laicos en la Iglesia y de la calidad de su testimonio. El papel de los laicos es especialmente importante en los pa\u00ed\u00adses del primer mundo, que tienen una necesidad urgente de una segunda evangelizaci\u00f3n. \u00abA ellos en particular corresponde atestiguar que la fe constituye la \u00fanica respuesta que&#8230; todos entrev\u00e9n y que todos piden ante los problemas y esperanzas que la vida suscita en cada individuo y en cada sociedad\u00bb (CL 34). La exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica subraya que \u00abla s\u00ed\u00adntesis vital que los fieles laicos sabr\u00e1n realizar entre el evangelio y los deberes cotidianos de la vida ser\u00e1 el testimonio m\u00e1s hermoso y m\u00e1s convincente para mostrar que no es el miedo, sino la b\u00fasqueda de Cristo y la adhesi\u00f3n a su persona lo que constituye el factor determinante para que el hombre viva y crezca\u00bb (CL 34).<\/p>\n<p>3. FECUNDIDAD DEL TESTIMONIO PERSONAL. El lenguaje de los hechos viene a corroborar las declaraciones del concilio y del s\u00ed\u00adnodo sobre los laicos. Para el hombre contempor\u00e1neo, el testimonio de una vida comprometida es el m\u00e1s decisivo de todos los signos de la venida de la salvaci\u00f3n en Jesucristo. Se le disputa a Dios, a menudo con dureza,el derecho a hacer milagros, el derecho a intervenir en un mundo que se considera \u00abcoto cerrado\u00bb, reservado a la especie humana; pero se acepta con mayor agrado que Dios puede actuar directamente en el coraz\u00f3n del hombre para convertirlo y transformarlo. Si la voz de Juan XXIII encontr\u00f3 un eco tan grande en el coraz\u00f3n de los hombres de todas las razas y de todas las confesiones, un eco que todav\u00ed\u00ada repercute, \u00bfno es porque esa voz ten\u00ed\u00ada el acento del amor aut\u00e9ntico, de la caridad del buen pastor que llama a sus ovejas? \u00abEst\u00e1s encargado de gritar el evangelio sobre los tejados -dec\u00ed\u00ada Charles de Foucauld-, no con tus palabras, sino con tu vida\u00bb. S\u00ed\u00ad, los hombres de hoy piden no tanto predicadores como testigos silenciosos del amor de Cristo, hombres y mujeres en quienes el evangelio aparezca en ejercicio como valor atractivo. Si se produce este encuentro, puede despertar el deseo de la salvaci\u00f3n y hacer posible la fe.<\/p>\n<p>Algunos ejemplos bastar\u00e1n para ilustrar esta fuerza de atracci\u00f3n del testimonio. Primero, entre los convertidos. Casi siempre la l conversi\u00f3n encuentra su ocasi\u00f3n, su provocaci\u00f3n, su impulso o su aceleraci\u00f3n en un choque inicial. Pues bien, este primer choque, seg\u00fan dicen los mismos convertidos, se produce ordinariamente por el encuentro con una vida profundamente comprometida, en el esp\u00ed\u00adritu del radicalismo evang\u00e9lico. Es lo que pas\u00f3 con Charles de Foucauld, Gabriel Marcel, G.K. Chesterton, Raisa y Jacques Maritain, Ernest Psichari, Henri Gh\u00e9on, Thomas Merton, Edith Stein, Karl Stern. G. Marcel declara: \u00abLos encuentros han jugado un papel capital en mi vida. Me he encontrado con seres en los que sent\u00ed\u00ada la realidad de Cristo tan viva que no me era l\u00ed\u00adcito dudar de ella\u00bb. Y Daniel-Rops: \u00abNo hay nada tan decisivo como ver con los propios ojos lo que es un cristianismo vivo y encarnado\u00bb. A veces el encuentro con Cristo se hace \u00aben directo\u00bb, en una experiencia m\u00ed\u00adstica, como en el caso de A. Frossard. Pero la mayor parte de las veces lo decisivo es el encuentro y la confrontaci\u00f3n con una vida arraigada en Cristo. En este tipo de encuentro la salvaci\u00f3n se hace transparente. No se deduce la salvaci\u00f3n; se la palpa en ejercicio.<\/p>\n<p>En efecto,, no son discursos lo que hemos de presentar a unos hombres que gritan por su desgracia, sino el precio de una vida personalmente dada, consagrada a nuestros semejantes. No se explica de otro modo la fuerza de atracci\u00f3n de unos hombres y mujeres como el P. Kolbe, muerto en Auschwitz en 1941 por haber sacrificado su vida sustituyendo voluntariamente a un padre de familia, condenado a morir de hambre; o como el arzobispo Oscar Romero, del Salvador, muerto en 1980, asesinado mientras celebraba misa, m\u00e1rtir de su defensa de los pobres, de los sin voz, y de su protesta contra las expulsiones, las persecuciones, las torturas. \u00bfY c\u00f3mo explicar la irradiaci\u00f3n del humilde hermano Andr\u00e9s, que atrae hacia el oratorio dedicado a san Jos\u00e9, de Montreal a caravanas humanas venidas de las dos Am\u00e9ricas y hasta de Europa? \u00bfY el fen\u00f3meno m\u00e1s desconcertante todav\u00ed\u00ada de Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, la joven carmelita encerrada en su claustro, proclamada patrona de las misiones?<\/p>\n<p>Pero no vayamos tan lejos: pensemos en la madre Teresa. Los musulmanes, los budistas, los creyentes, los indiferentes, los ateos, se inclinan ante este foco de amor que ella enciende a su paso. Por ella todos se sienten interrogados, cuestionados, llamados a una revisi\u00f3n de sus valores y hasta a una conversi\u00f3n total. En ella Cristo vive y pasa haciendo el bien. Dirigi\u00e9ndose a los pa\u00ed\u00adses del primer mundo, ella declara: \u00abLa mayor enfermedad actual no es ni la lepra ni la tuberculosis, sino el sentimiento de ser indeseable y estar abandonado de todos; el mayor pecado es la falta de amor y de caridad, la terrible indiferencia por ese pr\u00f3jimo que, a la orilla del camino, es presa de la explotaci\u00f3n, de la corrupci\u00f3n, de la indigencia y de la enfermedad&#8230; Entre vosotros, los pa\u00ed\u00adses. ricos, hay una pobreza de amor, de soledad, de inmortalidad; es la enfermedad peor del mundo\u00bb. La madre Teresa quiere llevar al mundo occidental a salir de las aguas glaciales del ego\u00ed\u00adsmo y del c\u00e1lculo. Ella no es soci\u00f3loga, ni economista, ni pol\u00ed\u00adtica. No hace propaganda. Para ella el amor prima sobre la \u00abeficacia\u00bb: poco importan los resultados inmediatos. Ella es el amor que irradia, ilumina, calienta, que da sin esperar nada a cambio. Vislumbramos en ella una densidad de amor que se abre a una luz capaz de desgarrar las tinieblas m\u00e1s opacas. Como en tiempos de Cristo, ella es el amor presente entre nosotros. Quiere que la \u00faltima mirada del m\u00e1s desventurado de los, moribundos-sea el encuentro con otra mirada que lo cubra de amor. Est\u00e1 convencida de ello: el mundo de hoy tiene mucha m\u00e1s necesidad de corazones cargados de amor que de barcos cargados de trigo. La madre Teresa nos habla de amor con gestos de amor. Su vida no es una demostraci\u00f3n, sino una muestra del amor que la llena y la hace vivir. Y por ese mismo hecho \u00abdemuestra\u00bb que es posible vivir en el mundo si el amor logra penetrar en \u00e9l.<\/p>\n<p>4. EL TESTIMONIO COMUNITARIO. El testimonio de una vida personal de acuerdo con el evangelio constituye ya un signo de la presencia de la salvaci\u00f3n en el mundo. Pero este signo es mucho m\u00e1s convincente si el testimonio es obra no solamente de unos cuantos individuos, sino de un grupo, y hasta de toda una comunidad, y hasta de toda la Iglesia. En ese caso la calidad de los miembros de la comunidad afecta a la calidad de la comunidad misma y a la imagen que le da al mundo. Si esa comunidad vive del evangelio, afirma al mismo tiempo la fuerza sobre ella del evangelio reconocido como valor supremo. Cuando todos sus miembros o la mayor\u00ed\u00ada viven del evangelio, de aqu\u00ed\u00ad se sigue una imagen fiel de Cristo y de su esp\u00ed\u00adritu. El testimonio dado por cada uno de sus miembros se alimenta a su vez de cada uno de los testimonios recibidos. Se produce entre el individuo y la comunidad una especie de flujo y reflujo incesante. Se establece entre los miembros de la comunidad como una red de relaciones interpersonales, hecha de justicia, de caridad, de paz, de pureza, de mansedumbre, de serenidad, de misericordia. El testimonio comunitario es una resultante, y no una simple a\u00f1adidura o yuxtaposici\u00f3n de testimonios individuales. Es una realidad nueva, original.<\/p>\n<p>El testimonio dado por los miembros santos de una comunidad constituye una comunidad santa, que irradia en todos los que se le acercan el esp\u00ed\u00adritu de Cristo. El que entra en contacto con ese ambiente tiene la impresi\u00f3n de respirar un aire m\u00e1s vivo, m\u00e1s tonificante. Al contrario, el pecado establece entre los miembros de una comunidad dividida unas relaciones interpersonales pecaminosas. El lenguaje popular, por otra parte, no se enga\u00f1a: presenta un cuerpo y un rostro de pecado. No es posible callar o reducir la importancia de este aspecto del testimonio, sobre todo a nivel eclesial. Porque, en definitiva, es la imagen que presenta al mundo la Iglesia lo que hace de ella un signo expresivo y contagioso o un signo negativo de la salvaci\u00f3n que predica. El Vaticano II ha subrayado ante la conciencia cristiana la responsabilidad de los miembros de la Iglesia en la formaci\u00f3n de la imagen que da al mundo. El signo del evangelio puede verse oscurecido y hasta anulado por el antitestimonio de un cristianismo escandaloso. En el decreto sobre la actividad misionera, el concilio declara: \u00abLa divisi\u00f3n de los cristianos perjudica a la causa sacrat\u00ed\u00adsima de la predicaci\u00f3n del evangelio a toda criatura y, para muchos, les cierra el acceso a la fe\u00bb (AG 6). Y en el decreto sobre el ecumenismo, el concilio declara que la divisi\u00f3n de los cristianos \u00abes para el mundo un objeto de esc\u00e1ndalo y un obst\u00e1culo para la m\u00e1s noble de las causas: la predicaci\u00f3n del evangelio a toda criatura\u00bb (UR 1). Cuando la Iglesia no ofrece el testimonio de la unidad y de la caridad, sino el de la divisi\u00f3n y el odio, las facciones, los clanes, los exclusivismos, no solamente no atrae ya a los hombres, sino que los aparta de ella y, por tanto, de Cristo, ya que por la Iglesia conocemos a Cristo y tambi\u00e9n por ella medimos la eficacia real del evangelio.<\/p>\n<p>Al contrario, los hechos demuestran cu\u00e1n atractivo es el testimonio de los hombres reunidos en la unidad y la caridad. Pensemos, por ejemplo, en la comunidad de j\u00f3venes de San Egidio (San Gil), en Roma, convertida en lugar de encuentro entre no-creyentes y creyentes, debido al fervor de la oraci\u00f3n y a los servicios caritativos muy diversos de un grupo de cristianos. O tambi\u00e9n en la comunidad mon\u00e1stica de Taiz\u00e9, fundada en 1940 y convertida en cita de oraci\u00f3n para visitantes de todas las comunidades religiosas. Pensemos tambi\u00e9n en la irradiaci\u00f3n mundial del movimiento del Arca, fundado por Jean Vanier en 1964, en TroslyBreuil (Francia), que acoge a los m\u00e1s desvalidos de los desvalidos, a saber: a personas afectadas de deficiencia mental y condenadas a vivir y a morir sin esperanzas de \u00absalir de all\u00ed\u00ad\u00bb. Lo que caracteriza al Arca es un compromiso absoluto, y hasta heroico, al servicio de esos enfermos, acompa\u00f1ado de un esp\u00ed\u00adritu de oraci\u00f3n que pueden envidiar los monjes m\u00e1s fervorosos. J\u00f3venes de treinta a\u00f1os, como media, que consagran los a\u00f1os m\u00e1s hermosos de su vida a atender a unas necesidades capaces de hacer temblar a las sensibilidades m\u00e1s equilibradas. En el Arca se intenta crear focos de amor para hacer \u00abpalpar\u00bb algo del amor del Verbo de vida. Para los hombres que tienen ya demasiadas teor\u00ed\u00adas en la cabeza esto es \u00ablo nunca visto\u00bb, capaz de abrir los corazones y hacer que entre en ellos el amor. Recordemos, finalmente, el testimonio fulminante que han dado las familias campesinas de la regi\u00f3n de Macambria, al nordeste del Brasil. Esos pobres son portadores de una fuerza in\u00e9dita, la fuerza misma de Dios, que obliga a los ricos a interrogarse y a convertirse. Esas poblaciones oprimidas del Brasil no tienen m\u00e1s armas en la mano que su sufrimiento: sufrimiento que podr\u00ed\u00ada llevarlos al odio, a la matanza, pero que les ha hecho escoger m\u00e1s bien el camino del petd\u00f3n; ven en el perd\u00f3n una acci\u00f3n creadora, capaz de vencer la injusticia en su ra\u00ed\u00adz, transformando al injusto en justo, al opresor en amigo y hermano. El perd\u00f3n derriba las murallas de la separaci\u00f3n y restablece el amor fraternal. El perd\u00f3n es semilla de justicia. Los opresores, convertidos por el testimonio de los oprimidos que perdonan, reconocen sus faltas y se salvan, se liberan, quedan curados por el testimonio tenaz y fiel de los oprimidos que no dejan de perdonar. Esas comunidades locales, que dan testimonio de Cristo en el fondo de su miseria, se encuentran por todos los rincones del mundo: en India, en Nigeria, en Am\u00e9rica central, en Am\u00e9rica Latina. El testimonio de su perd\u00f3n es germen de un amor que nace: el del opresor al oprimido. Cristo no conoci\u00f3 otro testimonio ante sus enemigos.<\/p>\n<p>Simples sondeos, estos ejemplos son, sin embargo, significativos. Manifiestan que el testimonio-compromiso de una vida consagrada a Cristo es el gran motivo de credibilidad de la revelaci\u00f3n. No se deduce de la existencia de la salvaci\u00f3n: se la ve y se la palpa, viva, de pie, ante nosotros.<\/p>\n<p>5. NECESIDAD DEL TESTIMONIO. El testimonio de una vida en perfecta consonancia con el evangelio no es, para el cristianismo, algo simplemente deseable y altamente recomendable, sino una exigencia absoluta, una necesidad natural. Son varios los motivos:<br \/>\na) En primer lugar, porque el cristianismo no es un puro sistema de pensamiento, filos\u00f3fico o cient\u00ed\u00adfico, que pueda comunicarse por una ense\u00f1anza que no comprometa ni al profesor ni al oyente, sino un mensaje de salvaci\u00f3n, relacionado con un acontecimiento que ha cambiado el sentido de la condici\u00f3n humana y que cuestiona la existencia de quien lo recibe. El evangelio nos dice que el hombre, en Jesucristo, se ha salvado; que somos hijos de Dios y que participamos ya de la vida de las personas divinas. Entonces, si el cristianismo fuera incapaz de mostrar este cambio de la condici\u00f3n humana anunciado por el evangelio, confesar\u00ed\u00ada su propio fracaso. No basta con pretender que ha tenido lugar el acontecimiento de la salvaci\u00f3n, pero que es imposible de captar; que la santidad se ha dado, pero que, parad\u00f3jicamente, no hay nada que la revele por fuera en el comportamiento de los que han recibido el Esp\u00ed\u00adritu. No; la santidad tiene que existir y existe de hecho; se la puede encontrar si se la busca con un coraz\u00f3n humilde y disponible. Se puede comprobar por los frutos \u00abde caridad, de gozo, de paz, de servicialidad, de bondad, de confianza, de mansedumbre, de dominio de s\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 5,22). Igualmente, la Iglesia no puede contentarse con afirmar que es santa y que ha recibido de Cristo los medios de santificar a los hombres, pero sin poder santificarlos efectivamente. Cuanto m\u00e1s habla la Iglesia de santidad, m\u00e1s tiene que producir testigos de salvaci\u00f3n. Cuanto m\u00e1s narra la historia de la salvaci\u00f3n en Jesucristo, m\u00e1s tiene que poder contar las victorias de la gracia de la salvaci\u00f3n sobre el pecado de los hombres. Tal es el sentido profundo de las beatificaciones y canonizaciones. La Iglesia no ser\u00ed\u00ada lo que es si no produjera santos, es decir, frutos de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) En segundo lugar, es necesaria la consonancia entre el evangelio y la vida, porque lo esencial del mensaje cristiano es la revelaci\u00f3n del amor infinito de Dios a los hombres a trav\u00e9s del amor en Jesucristo. Pues bien, \u00bfc\u00f3mo pueden creer en su amor los hombres que no conocen a Jesucristo, si no tienen ante la vista el espect\u00e1culo de otros hombres que han sido ya conquistados por ese amor y que han arriesgado por \u00e9l toda su vida? \u00bfC\u00f3mo introducir en el amor a una persona a no ser por el contagio del amor? Cuando unos cristianos llevan una vida perfectamente evang\u00e9lica, los que son testigos de ese espect\u00e1culo contemplan a Dios que es amado y a Dios que los ama. Tienen en ese amor la revelaci\u00f3n del amor de Dios. El amor de los hombres entre s\u00ed\u00ad se convierte en el sacramento o en el signo del amor de Dios, en la expresi\u00f3n visible del amor de Dios a los hombres.<\/p>\n<p>c) Finalmente, la consonancia entre el evangelio y la vida es necesaria, porque el evangelio es la revelaci\u00f3n de una nueva forma de existencia, de un nuevo estilo de vida. Pues bien, ese estilo de vida en el que Dios quiere formar a los hombres, al ser al mism\u00f3 tiempo sublime e in\u00e9dito, \u00bfc\u00f3mo podr\u00ed\u00ada Dios ense\u00f1\u00e1rselo a los hombres a no ser por una presentaci\u00f3n concreta y ejemplar? Por eso Cristo, el Hijo de Dios, el testigo por excelencia, no s\u00f3lo e9 el que revela a los hombres su condici\u00f3n filial, sino tambi\u00e9n el que los inicia en esa vida filial, llevando \u00e9l mismo, entre ellos, a sus ojos, una vida de Hijo. Por eso se necesitan testigos de Cristo, santos que perpet\u00faen en la Iglesia esa vida filial revelada y vivida por Cristo y que ilustren para cada generaci\u00f3n ese nuevo estilo de vida que es la existencia cristiana plenamente vivida.<\/p>\n<p>En el \/milagro s\u00f3lo se toca a la naturaleza. Aqu\u00ed\u00ad cambia el hombre mismo. Por el testimonio-compromiso se revela a nuestros ojos la transformaci\u00f3n de la humanidad que ha realizado la invasi\u00f3n de la gracia en Jesucristo.<\/p>\n<p>6. DINAMISMO DEL TESTIMONIO. Se trata aqu\u00ed\u00ad de mostrar c\u00f3mo el testimonio de la vida act\u00faa sobre el esp\u00ed\u00adritu y el coraz\u00f3n del hombre para hacerle comprender que la salvaci\u00f3n anunciada por el evangelio, atestiguada por Cristo, por los ap\u00f3stoles, por los cristianos aut\u00e9nticos, est\u00e1 verdaderamente entre nosotros.<\/p>\n<p>Lo que caracteriza el testimonio de la vida es su discreci\u00f3n. El santo no exige nada ni pide nada; se contenta con expresar por toda su vida la realidad sobrenatural en que se mueve. El santo, observa Bergson, \u00abha sentido c\u00f3mo la verdad se met\u00ed\u00ada en \u00e9l como una fuerza activa. El tiene la misma necesidad de difundirla que el sol de derramar su luz. Pero no la propagar\u00e1 con simples discursos\u00bb (Les deux sources de la morale et de la religion, Par\u00ed\u00ads 19322, 249). La santidad act\u00faa sin violentar. Su fuerza de atracci\u00f3n se debe a su discreci\u00f3n misma. Signo aparentemente el m\u00e1s fr\u00e1gil, puede ser tambi\u00e9n el m\u00e1s eficaz, ya que act\u00faa a nivel de las personas y apela a la experiencia moral de cada uno.<\/p>\n<p>La santidad act\u00faa primero como un valor: por atracci\u00f3n y seducci\u00f3n de un bien. Revela al que la encuentra una calidad de vida que el hombre ni siquiera habr\u00ed\u00ada sospechado sin ella, y de la que secretamente desea participar. Le muestra al hombre, en una vida semejante a la suya, un ideal cuyo atractivo no est\u00e1 nunca totalmente ausente en el fondo de su coraz\u00f3n. No explica el valor del cristianismo por una demostraci\u00f3n o un paneg\u00ed\u00adrico; lo muestra presente y operante en una existencia que ha transformado. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 los santos &#8211;dice tambi\u00e9n Bergson- tienen imitadores?&#8230; No piden nada, pero lo obtienen todo. No tienen necesidad de exhortar; no tienen m\u00e1s que existir: su existencia es una llamada\u00bb (ib, 29-30).<\/p>\n<p>Si es verdad que los valores m\u00e1s altos son los que dejan m\u00e1s juego a la libertad (ya que la exigencia del valor est\u00e1 en raz\u00f3n inversa de su elevaci\u00f3n), su fuerza de atracci\u00f3n est\u00e1 en raz\u00f3n directa de su altura. En este sentido, el espect\u00e1culo de una vida cristiana aut\u00e9ntica suscita entre los que no se cierraxl a ello un deseo de participar de este esplendor. La santidad es una llamada, no una presi\u00f3n; se ofrece al hombre como una, promesa de plenitud y de superaclon a la que se aspira. Pocos hombres responder\u00e1n efectivamente a esta llamada tan discreta, porque se trata de una llamada a un nuevo estilo de vida adquirido a costa de grandes sacrificios. Poco importa: sin ruido, casi sin respirar, el testimonio de una vida despierta la atenci\u00f3n, suscita la simpat\u00ed\u00ada e inicia, sin forzarlo, el movimiento por el que quiz\u00e1 las personas sacudan su inercia y se pongan en marcha hacia Dios. En adelante queda planteada una cuesti\u00f3n. El que ha encontrado la santidad, \u00ab\u00bfva a dar la preferencia a la vida seg\u00fan el amor de la que acaba de recibir una revelaci\u00f3n por medio de otro, experimentando su atractivo y como su tentaci\u00f3n, o bien va a preferir la vida seg\u00fan el ego\u00ed\u00adsmo? Esta opci\u00f3n es plenamente libre&#8230; Pero el hombre se ve sacudido de su indiferencia para verse colocado ante una decisi\u00f3n que no puede soslayar\u00bb (Y. de Montcheuil).<\/p>\n<p>A los ojos m\u00e1s atentos, la santidad descubre una armon\u00ed\u00ada entre el evangelio y la vida. La santidad da cuerpo al evangelio y lo hace pasar al orden de la existencia. El evangelio dice que Cristo es el Hijo de Dios que ha venido al mundo a hacer de nosotros hijos del Padre, llamados a llevar una vida de hijos y a compartir la gloria de Cristo. Pues bien, he aqu\u00ed\u00ad que en el santo aparece ese hombre nuevo anunciado por el evangelio, todo impregnado de caridad, viviendo y actuando bajo la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu. El santo deja ver, por transparencia, la salvaci\u00f3n anunciada y operada por Cristo. En \u00e9l el evangelio y la vida se hacen eco y llegan a coincidir. El santo muestra, y por eso mismo demuestra, la aptitud del evangelio para transformar la existencia humana. Esta consonancia entre el evangelio anunciado y el evangelio vivido es un signo de la verdad del evangelio. El santo atestigua.con su presencia en el mundo que la salvaci\u00f3n se ha cumplido de verdad, puesto que el hombre nuevo, vivificado por el esp\u00ed\u00adritu de amor, est\u00e1 verdaderamente entre nosotros.<\/p>\n<p>Esta consonancia entre el evangelio y la vida constituye un signo tanto m\u00e1s impresionante cuanto que no se trata de una consonancia cualquiera, a escala com\u00fan, sino de una consonancia en la superaci\u00f3n. Hay una superaci\u00f3n en el ideal; o sea en el evangelio, y una superaci\u00f3n en la realidad. En un mundo en el que reina el pecado, la divisi\u00f3n, el ego\u00ed\u00adsmo, la envidia, destaca la figura del santo. Hombre como nosotros, domina, sin embargo, nuestro nivel de mezquindad y de mediocridad. Respira un aire m\u00e1s puro., que viene de otro mundo. Representa, en el mundo actual y respecto al obrar concreto y habitual de los hombres, una superaci\u00f3n. Se sabe que el hombre puede ser generoso; pero la generosidad de Pedro Claver con los negros, la de Vicente de Pa\u00fal con los pobres, la de Juan de Br\u00e9beuf con los hurones, la de Carlos de Foucauld con los tuaregs, la de la madre Teresa con la \u00abbasura\u00bb de la humanidad, superan toda medida com\u00fan y da verdadero v\u00e9rtigo.<\/p>\n<p>A\u00f1adamos adem\u00e1s que esta superaci\u00f3n no es una superaci\u00f3n vertical y simple, como puede ser el hero\u00ed\u00adsmo del m\u00e1rtir, sino una superaci\u00f3n multiforme yparad\u00f3jica. La vida del santo reproduce como en miniatura las paradojas de la vida de Cristo. Presente al mundo y a todas sus miserias, el santo da, sin embargo, la impresi\u00f3n de venir de islas extra\u00f1as y de traer unos productos ex\u00f3ticos. Totalmente de Dios, es tambi\u00e9n todo cari\u00f1o con los hombres. Abismo de humildad y de sencillez, es muchas veces intr\u00e9pido y fogoso para hablar de Dios y reivindicar sus derechos. Coloso de pureza y de penitencia, tiene, sin embargo, el convencimiento de ser el m\u00e1s grande pecador. Une la obediencia m\u00e1s filial a la iniciativa m\u00e1s exuberante y creadora.<\/p>\n<p>Se concibe f\u00e1cilmente que el hombre que contempla esta armon\u00ed\u00ada, en la superaci\u00f3n, entre el evangelio y la vida, esta intensidad, esta plenitud, esta constancia y esta fecundidad de la caridad, sienta el deseo de comulgar en ese mundo de valores que descubre en el testimonio de una vida aut\u00e9nticamente cristiana. El espect\u00e1culo de la santidad dispone para o\u00ed\u00adr el evangelio, puesto que el santo es ya el evangelio que se despliega a nuestra vista. En definitiva, lo que constituye la fuerza del testimonio de la vida es que muestra la salvaci\u00f3n ejerci\u00e9ndose en nuestro mundo. El signo es aqu\u00ed\u00ad el resplandor de la transformaci\u00f3n realizada. El mismo hombre queda cambiado y vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu de amor. El .mundo espera el paso de los santos., Si la santidad y los santos son invisibles o est\u00e1n ausentes, los hombres viven en la oscuridad y se mueren de fr\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>7. ESPECIFICIDAD DEL TESTIMONIO CONTEMPOR\u00ed\u0081NEO. Se\u00f1alemos en qu\u00e9 condiciones el testimonio personal y comunitario puede llegar a ser para los hombres de nuestro tiempo un signo. de la venida de la salvaci\u00f3n en Jesucristo. Para ser eficaz es preciso que este testimonio revista unas modalidades nuevas y muy especificas.<\/p>\n<p>a) El hombre contempor\u00e1neo es m\u00e1s sensible que en otros tiempos al respeto, por parte del cristiano, de los valores humanos reconocidos en el mundo secular. Por ejemplo: la competencia profesional, la eficacia del trabajo, la preocupaci\u00f3n y el respeto por la :verdad, la probidad y la humildad en la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica, la franqueza y la sinceridad en las relaciones humanas, el respeto a la palabra dada, el respeto a la libertad de conciencia, el respeto al bien de los dem\u00e1s, el sentido de servicio p\u00fablico&#8230; El hombre contempor\u00e1neo siente respeto por la persona. comprometida en su tarea y la cumple con fidelidad de conciencia. Se inclina ante el que sabe participar de los gozos, pero tambi\u00e9n de los sufrimientos, de las angustias de los hombres de su ambiente; ante el que se esfuerza por mejorar las instituciones sociales de su pa\u00ed\u00ads. Al contrario, si el cristiano no manifiesta respeto o se muestra desde\u00f1oso ante estos valores reconocidos por el mundo secular, su profesi\u00f3n de fe cristiana, por muy abierta y vehemente que sea, corre el peligro de no encontrar eco.<\/p>\n<p>b) En otros tiempos, en una cristiandad homog\u00e9nea o en el seno de naciones enteramente cat\u00f3licas, la caridad no ten\u00ed\u00ada que ejercerse m\u00e1s que entre cat\u00f3licos y eran s\u00f3lo los misioneros los que asum\u00ed\u00adan la responsabilidad de llevar el evangelio fuera de las fronteras visibles de la Iglesia. No ocurre lo mismo en nuestros d\u00ed\u00adas. En un mundo cada vez m\u00e1s unificado, no existen ya los muros de separaci\u00f3n: todas las familias espirituales (protestantes, jud\u00ed\u00ados, musulmanes, budistas, hinduistas, etc.), todas las formas de creencia y de increencia se rozan, se tratan, se entremezclan. En el coraz\u00f3n de esta humanidad nueva (donde ya no hay zonas cerradas de cristiandad) es donde los miembros de la Iglesia tienen que dar testimonio de la caridad de Cristo. Seg\u00fan la expresi\u00f3n tan hermosa de Carlos de Foucauld, cada uno tiene que hacerse \u00abel hermano universal\u00bb. En este mismo sentido escrib\u00ed\u00ada R. Schutz: \u00abDadnos la prueba existencial de que cre\u00e9is en Dios, de que vuestra seguridad est\u00e1 en \u00e9l. Probadnos que viv\u00ed\u00ads el evangelio en su primera fragancia, con esp\u00ed\u00adritu de pobreza, en solidaridad con todos y no solamente con vuestra familia confesional\u00bb.<\/p>\n<p>c) Por otra parte, si el testimonio de la caridad tiene que hacerse m\u00e1s universal, m\u00e1s ecum\u00e9nico y m\u00e1s misionero que anta\u00f1o, debe tambi\u00e9n intensificarse entre los mismos cat\u00f3licos. La Iglesia, en sus comunidades locales y como comunidad mundial, tiene que aparecer ante las dem\u00e1s comunidades y junto con ellas como una comuni\u00f3n especialmente ferviente en el Esp\u00ed\u00adritu. Tiene que hacerse cada vez m\u00e1s lo que ya es (a saber: mesi\u00e1nica y divina), d\u00e1ndole al mundo con la irradiaci\u00f3n ardiente de su caridad el signo eficaz del amor de Dios entre los hombres. \u00abPara un cat\u00f3lico -observa tambi\u00e9n R. Schutz-, ser solidario de todos los bautizados significa ante todo ser solidario, en el interior de su Iglesia, de todas las familias espirituales que animan al catolicismo. En este per\u00ed\u00adodo de la historia esperamos de los cat\u00f3licos que no se nieguen unos a otros. Si las diversas corrientes que se manifiestan impidiesen el di\u00e1logo, eso ser\u00ed\u00ada una prueba muy dura para el ecumenismo\u00bb. En este sentido, el cisma de mons. Lefebvre, as\u00ed\u00ad como las actitudes intolerantes de los que no reconocen m\u00e1s paradigma doctrinal que sus propios esquemas mentales considerados como absolutos, constituyen sin duda el m\u00e1s grave anti-testimonio de la Iglesia en nuestros d\u00ed\u00adas. Es verdad que el testimonio del cat\u00f3lico ha de ser un testimonio de pertenencia a,la Iglesia; pero tambi\u00e9n es verdad que la Iglesia, en el seno de los grupos que la forman, tiene que promover ese di\u00e1logo que ha proclamado con tanta fuerza en el Vaticano II.<\/p>\n<p>8. LA EUCARISTIA, TIEMPO FUERTE DEL TESTIMONIO. El lugar por excelencia de la unidad de caridad que constituye el testimonio personal y comunitario es la eucarist\u00ed\u00ada como asamblea y como sacrificio. La celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica recoge efectivamente todos los momentos de la vida de Cristo y todos los momentos de la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>La eucarist\u00ed\u00ada recoge en primer lugar todos los momentos de la presencia de Cristo: presupone la presencia de Cristo entre los hombres durante su vida mortal y nos la recuerda por la lectura del evangelio. Reproduce adem\u00e1s, por la presencia real de Cristo en el sacramento en que se da en comida, la s\u00ed\u00adntesis de la presencia personal y espiritual del Cristo glorioso con el Cristo Verbo encarnado en la historia.<\/p>\n<p>La eucarist\u00ed\u00ada recoge igualmente todos los momentos de la vida de la Iglesia. Es la cena del recuerdo, el memorial de la pasi\u00f3n y de la muerte salv\u00ed\u00adfica de Cristo, que dio nacimiento a su Iglesia. En el presente, es comuni\u00f3n de todos los fieles con Cristo vivo y glorificado, y comuni\u00f3n de los fieles entre s\u00ed\u00ad en la caridad. Finalmente, cena de esperanza, figura y anticipa el banquete escatol\u00f3gico en el que todos los elegidos se sentar\u00e1n a la mesa del Se\u00f1or. Por tanto, lo que se cumple en la eucarist\u00ed\u00ada es ya una reuni\u00f3n en la unidad de amor; pero al mismo tiempo una llamada a una extensi\u00f3n de esa unidad a todos los hombres, ya que la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica no representa solamente la unidad real y actual de los miembros del mismo cuerpo, sino que est\u00e1 adem\u00e1s animada de un dinamismo unificador que tiende a reunir a los hombres para constituir el cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo. Mediante aquellos a los que alimenta y vivifica, Cristo act\u00faa y lleva a cabo el crecimiento de su cuerpo. Si es verdad que la Iglesia es el signo de la comuni\u00f3n de amor que la Trinidad intenta establecer entre los hombres, hay que decir que este signo se concentra y encuentra su expresividad m\u00e1s elevada en la asamblea eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>Los hombres de nuestro tiempo quieren encontrar en la Iglesia, en las comunidades cristianas, en cada cristiano, un reflejo del amor de Cristo; de ese amor puro y sin sombras, ardiente, fiel, entregado hasta el sacrificio de la vida por la salvaci\u00f3n de todos. Si los hombres de hoy encuentran, gracias al compromiso del testimonio cristiano, la existencia de este amor que ama al hombre en s\u00ed\u00ad mismo, sin sombra alguna de rechazo, entonces descubrir\u00e1n un mundo nuevo; desear\u00e1n participar de esa plenitud, porque habr\u00e1n descubierto que Dios es amor.<\/p>\n<p>BIBL.: BARBOTIN E., Le t\u00e9moignage spirituel, Par\u00ed\u00ads 1964; BLANCHARD P., Saintet\u00e9 aujourd hu\u00ed\u00ad, Par\u00ed\u00ads 1953; COTUGNO N., La testimonianza della vita del Popolo di Dio, segno di Rivelazione alla luce del Concilio Vaticano II, en R. FISICHELLA (ed.), Ges\u00fa Rivelatore, Casale Monferrato 1988, 227-240; FROSSARD A., Dieu existe. Je 1 \u00e1i rencontr\u00e9, Par\u00ed\u00ads 1969; LATOURELLE R., La saintet\u00e9, signe de la R\u00e9v\u00e9lation, en \u00abGregorianum\u00bb 46 (1965) 36-65; ID, La testimonianza della vita, segno di salvezza, en Laici sulle vie del Concilio, As\u00ed\u00ads 1966 377-394; ID Le t\u00e9moignage chr\u00e9tien, Tournai-Montreal 1971; ID, El testimonio de la vida, en Cristo y la Iglesia, signos de salvaci\u00f3n, Salamanca 1971, 329-369; ID, Evang\u00e9lisation et t\u00e9moignage, en Evangelisation, Roma 1975, 77110; ID Ausencia y presencia de la fundamental en el Vaticano II, en R. LATOURELLE (ed.), Vaticano II. Balance yperspectivas, Salamanca 1989, 1047-1068; LELOTTE F., Convertidos del siglo XX, Barcelona 1966; MARTELET G., Santidad de la Iglesia y vida religiosa, Bilbao 1968; MESTERS C., La misi\u00f3n del pueblo que sufre, Madrid 19862; MONTCHEUIL Y. de, Probl\u00e9mes de vio spirituelle, Par\u00ed\u00ads 19473; N\u00ed\u008d;DONCELLE M. y GIRAULT R., J\u00e1i rencontr\u00e9 le Dieu vivant, Par\u00ed\u00ads 1952; RAHNER K., La Iglesia de los santos, en Escritos de teolog\u00ed\u00ada III, Madrid 1961, 109-123; SCHILLEBEECxx E., Cristo, sacramento del encuentro con Dios, Pamplona 19715.<\/p>\n<p>R. Latourelle<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>A. NOMBRES 1. marturion (martuvrion, 3142), testimonio. Se traduce siempre as\u00ed\u00ad en la RV, y lo mismo en la RVR con la \u00fanica excepci\u00f3n de Jam 5:3  \u00absu moho testificar\u00e1\u00bb, que RV traduce ajust\u00e1ndose m\u00e1s al original: \u00absu or\u00ed\u00adn os ser\u00e1 en testimonio\u00bb. En 2Th 1:10  \u00abnuestro testimonio\u00bb se refiere al hecho de que los misioneros, adem\u00e1s de proclamar las verdades del evangelio, hab\u00ed\u00adan dado testimonio del poder de estas verdades. El kerugma, aquello que ellos predicaban, el mensaje, ten\u00ed\u00ada como especial objetivo el efecto en los oyentes; marturion es principalmente subjetivo, teniendo que ver especialmente con la experiencia personal del predicador. En 1Ti 2:6, la VM es importante: \u00abel testimonio (esto es, del evangelio) [hab\u00ed\u00ada de darse] a sus propias sazones\u00bb, esto es, en las sazones divinamente se\u00f1aladas para ello, o sea, la presente era, desde Pentecost\u00e9s hasta que la iglesia est\u00e9 completa. En Rev 15:5, en la frase \u00abel templo del tabern\u00e1culo del testimonio en el cielo\u00bb, el testimonio trata de los derechos de Dios, negados y rechazados en la tierra, pero que est\u00e1n para ser vindicados mediante el ejercicio de los juicios por el derramamiento de las siete copas de retribuci\u00f3n divina. 2. marturia (marturiva, 3141), evidencia, testimonio. Se traduce \u00abtestimonio\u00bb en todos los pasajes. En Rev 19:10 \u00abel testimonio de Jes\u00fas\u00bb es objetivo, el testimonio dado de El (cf.1.2, 9; en cuanto a aquellos que lo dar\u00e1n, v\u00e9ase Rev 12:17). La afirmaci\u00f3n \u00abel testimonio de Jes\u00fas es el esp\u00ed\u00adritu de la profec\u00ed\u00ada\u00bb debe ser entendida bajo la luz, p.ej., del testimonio acerca de Cristo e Israel en los Salmos, que ser\u00e1n empleados por el piadoso remanente jud\u00ed\u00ado en el tiempo venidero de \u00abla angustia de Jacob\u00bb. Todo testimonio de este tipo se centra en y se\u00f1ala a Cristo. \u00abLa iglesia, en la ausencia del Se\u00f1or Jes\u00fas, es el instrumento del testimonio de Cristo, por lo que los cristianos debieran en toda su vida y conducta ser verdaderos testigos del Cristo rechazado. El testimonio de la iglesia queda caracterizado por: (a) separaci\u00f3n de mundo; (b) dedicaci\u00f3n a los intereses del Se\u00f1or Jes\u00fas en la tierra; (c) fidelidad a la verdad; (d) una conducta moral intachable; y (e) como columna y baluarte de la verdad, por todo aquello que pertenece a la piedad\u00bb (New Concise Bible Dictionary, art\u00ed\u00adculo \u00abWitness\u00bb, p. 822). 3. psudomarturia (yeudomarturiva, 5577), falso testimonio. Se emplea en Mat 15:19; 26.59.\u00c2\u00b6 Nota: Los siguientes verbos se traducen con la frase \u00abdar testimonio\u00bb: (a) martureo, para lo cual v\u00e9ase DAR TESTIMONIO, N\u00c2\u00ba 1, TESTIFICAR, A, N\u00c2\u00ba 1; (b) summartureo, para lo cual v\u00e9ase DAR TESTIMONIO, N\u00c2\u00ba 2; (c) marturomai, para lo cual v\u00e9anse DAR TESTIMONIO, N\u00c2\u00ba 3, TESTIFICAR, A, N\u00c2\u00ba 3; (d) diamarturomai, para lo cual v\u00e9anse DAR TESTIMONIO, N\u00c2\u00ba 4, TESTIFICAR, A, N\u00c2\u00ba 4; por otra parte, (e) para pseudomartureo, v\u00e9ase DAR FALSO TESTIMONIO. B. Adjetivo amarturos (ajmavrturo\u00bb, 267), denota sin testimonio (a, privativo, y martus), (Act 14:17).\u00c2\u00b6<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>AT. I. EL TESTIMONIO DE LOS HOMBRES. Testimoniar es atestiguar la realidad de un hecho dando a la afirmaci\u00f3n toda la solemnidad que exigen las circunstancias. Un *proceso, un litigio, son el marco natural del testimonio. Ciertos objetos pueden desempe\u00f1ar este oficio en virtud de una convenci\u00f3n: as\u00ed\u00ad el t\u00famulo de Galaad, para el tratado entre Jacob y Lab\u00e1n (G\u00e9n 31,45-52), y las prendas recibidas por Tam\u00e1r cuando se la acusa de vida inmoral (38,25). Pe-ro la Biblia se ocupa sobre todo del testimonio de los hombres, cuya gravedad subraya. La ley reglamenta su uso: no hay condenaci\u00f3n posible sin deposici\u00f3n de testigos (N\u00fam 5,13); para precaver el error o la malevolencia se exige que sean por lo menos dos (N\u00fam 35,30; Dt 17,6; 19,15; cf. Mt 18,16); en las causas capitales, en las que cargan con la responsabilidad de la condenaci\u00f3n, deben ser los primeros en ejecutarla (Dt 17,7; cf. Act 7,58). Ahora bien, la *mentira puede insinuarse en este acto, en el que el hombre empe\u00f1a su *palabra: los salmistas se quejan de los falsos testimonios que los abruman (Sal 27,12; 35,11), y se conocen procesos tr\u00e1gicos en los que desempe\u00f1aron un papel esencial (1 Re 21,10-13; Dan 13,34-41). Ya en el dec\u00e1logo se prohibe severamente el falso testimonio (Dt 19,16s; Dt 5, 20); el Deuteronomio lo sanciona conforme al principio del tali\u00f3n (Dt 19,18s); la ense\u00f1anza de los sabios lo estigmatiza (Prov 14,5.25; 19,5.9; 21,28; 24,28; 25,18), pues es una cosa abominada por Dios (Prov 6,19).<\/p>\n<p>II. EL TESTIMONIO DE DIOS. 1. Dios es testigo. Por encima del testimonio de los hombres se halla el testimonio de Dios, al que nadie puede contradecir. En el matrimonio es testigo entre el hombre y la mujer de su juventud (Mal 2,14). Igualmente es garante de los compromisos humanos contra\u00ed\u00addos delante de \u00e9l (G\u00e9n 31,53s; Jer 42,5). Puede ser tomado por testigo en una afirmaci\u00f3n solemne (ISa 12,5; 20,12). Es el testigo supremo al que se puede apelar para refutar los falsos testimonios de los hombres (Job 16,7s.19).<\/p>\n<p>2. El testimonio de Dios en la ley y por los profetas. Sin embargo, el testimonio de Dios se entiende sobre todo en otro sentido, estrechamente ligado con la doctrina de la *palabra. Designa en primer lugar los mandamientos que encierra la *ley (2Re 17,13; Sal 19,8; 78,5.56; 119, passim). Por eso a las tablas de la ley se las llama el testimonio (Ex 25, 16&#8230;; 31,18); depositadas en el *arca de la alianza hacen de ella el arca del testimonio (25,22; 40,3.5.21s), y el tabern\u00e1culo se convierte en la morada del testimonio (38,21; N\u00fam 1, 50-53). Finalmente, hay un testimonio divino, cuyos portadores son los profetas. Se trata &#8216;de una testificaci\u00f3n solemne (cf. Jer 42,18) que tiene por marco el *proceso entablado por Dios a su pueblo infiel (cf. Sal 50,7). Dios, testigo al que nada se escapa, denuncia todos los pecados de Israel (Jer 29,23); se convierte en testigo de cargo (Miq 1,2; Am 3,13; Mal 3,5) para obtener la conversi\u00f3n de los pecadores.<\/p>\n<p>III. LOS TESTIGOS DE Dios. Como en los pactos humanos, los compromisos de Israel con su Dios son atestiguados por objetos-signo que dan testimonio contra el pueblo en caso de infidelidad : as\u00ed\u00ad el libro de la ley (Dt 31,26) y el c\u00e1ntico de Mois\u00e9s (Dt 31,19ss). Incluso el cielo y la tierra podr\u00ed\u00adan dar este testimonio (Dt 4,26; 31,28). Hay, sin embargo, una Misi\u00f3n de testigo que s\u00f3lo los hombres pueden desempe\u00f1ar. Y todav\u00ed\u00ada se requiere que Dios los llame a ello. Tal es el caso de los *profetas. Es tambi\u00e9n el caso de David, al que Dios estableci\u00f3 como testigo *fiel (Sal 89,37s; cf. ISa 12,5), testigo para las *naciones (Is 55,4). Es el caso del pueblo entero de Israel, que est\u00e1 encargado de testimoniar por Dios en la tierra delante de los otros pueblos, de testificar que s\u00f3lo \u00e9l es Dios (Is 43,10ss; 44,8), contrariamente a los \u00ed\u00addolos, que no pueden presentar testigos en su favor (43,9). Las infidelidades de Israel a esta vocaci\u00f3n de pueblo testigo constituyen, pese a todo, la raz\u00f3n de ser de su situaci\u00f3n especial de apartamiento, en la cual debe \u00e9l hallar una fuente de confianza (44,8).<\/p>\n<p>NT. I. DEL TESTIMONIO DE LOS HOMBRES AL TESTIMONIO DE DIOS. Como el AT, el NT condena el falso testimonio, del que todav\u00ed\u00ada se hallan ejemplos en el proceso de Jes\u00fas (Mt 26,59-65 p) y de Esteban (Act 6,11ss). Para su disciplina interior recurre la comunidad cristiana a la regla de los dos o tres testigos formulada por el Deuteronomio (Mt 18,16; 2Cor 13,1; ITim 5,19). Pero la noci\u00f3n de testimonio se ampl\u00ed\u00ada sobre todo en una direcci\u00f3n menos jur\u00ed\u00addica: los que conocen al hombre bueno dan buen testimonio de \u00e9l. As\u00ed\u00ad los jud\u00ed\u00ados acerca de Jes\u00fas (Lc 4, 22), de Cornelio (Act 10,22) de Anan\u00ed\u00adas (22,12); la comunidad cristiana acerca de los primeros di\u00e1conos (6,3), de Timoteo (16,2), de Demetrio (3 Jn 12; cf. vv. 3.6), de Pablo mismo (lTes 2,10); y Pablo por su parte acerca de las iglesias de Corinto (2Cor 8,3) y de Galacia (G\u00e1l 4,15). Aqu\u00ed\u00ad el testimonio adopta netamente un valor religioso. Nuestra vida cristiana no nos convierte en individuos aislados de los otros. Se desarrolla en presencia de una multitud de testigos que nos estimulan al fervor; no s\u00f3lo los vivos (ITim 6,12), sino tambi\u00e9n los que nos han precedido en la fe (Heb 12,1ss). Dios mismo es el primero de estos testigos: da buen testimonio a los santos del AT (Act 13,22; Heb 11,2.4s.39), como a los nuevos convertidos venidos del paganismo (Act 15,18).<\/p>\n<p>II. EL TESTIMONIO DE JES\u00daS. En torno a Jes\u00fas se crea ahora el problema del testimonio, en el sentido que ten\u00ed\u00ada en la ley y en la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica. Jes\u00fas es el testigo fiel por excelencia (Ap 1,5; 3,14); vino al mundo para dar testimonio de la verdad (Jn 18,37). Da testimonio de lo que ha *visto y o\u00ed\u00addo al lado del Padre (3,11.32s); da testimonio contra el *mundo maligno (7,7), da testimonio de lo que \u00e9l mismo es (8, 13s) Su *confesi\u00f3n delante de Pilato es un testimonio supremo (ITim 6, 13) que pone de manifiesto el plan divino de la salvaci\u00f3n (2,6). Ahora bien, este testimonio, discutido por el *mundo incr\u00e9dulo (Jn 3,11; 8,13), posee jur\u00ed\u00addicamente un valor incontestable porque lo apoyan otros testimonios: testimonio de Juan Bautista, que resume toda su misi\u00f3n (1,6ss. 15.19; 3,26ss; 5,33-36); testimonio de las *obras, realizadas por Jes\u00fas por orden del Padre (5,36; 10,25); testimonio del Padre mismo (5,31s. 37s; 8,16ss), manifestado claramente por el de las *Escrituras (5,39; cf. Heb 7,8.17; Act 10,43; lPe 1,11), y que debe aceptarse si no se quiere hacer a Dios mentiroso (1Jn 5,9ss). A todo esto se a\u00f1ade en la experiencia cristiana el testimonio del *agua bautismal y de la *sangre eucar\u00ed\u00adstica, que atestiguan en su lenguaje de signos lo mismo que testimonia en nosotros el Esp\u00ed\u00adritu Santo (IJn 5,6ss). Porque el Esp\u00ed\u00adritu que nos es dado da testimonio de Jes\u00fas (Jn 15,26) y testimonia tambi\u00e9n que nosotros somos hijos de Dios (Rom 8,6). Tal es el haz de testimonios que corroboran el de Jes\u00fas. Acept\u00e1ndolos se hace uno d\u00f3cil al testimonio de Jes\u00fas y se entra en la vida de fe.<\/p>\n<p>III. Los TESTIGOS DE JES\u00daS. 1. El testimonio apost\u00f3lico. Para llegar a los hombres adopta el testimonio una forma concreta: la *predicaci\u00f3n del *Evangelio (Mt 24,14). Para llevarla al mundo entero son constituidos los *ap\u00f3stoles testigos de Jes\u00fas (Act t,8): deber\u00e1n testificar solemne-. mente delante de los hombres todos los hechos acaecidos desde el bautismo de Juan hasta la ascensi\u00f3n de Jes\u00fas, y especialmente la *resurrecci\u00f3n que consagr\u00f3 su se\u00f1or\u00ed\u00ado (1,22; 2,32; etc.). La misi\u00f3n de Pablo se define en los mismos t\u00e9rminos: en el camino de Damasco fue constituido testigo de Cristo delante de todos los hombres (22,15; 26,16); en tierra pa-gana testimonia en todas partes la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (lCor 15,15), y la fe nace en las comunidades por la aceptaci\u00f3n de este testimonio (2Tes 1,10; ICor 1,6). Igual identificaci\u00f3n del Evangelio y del testimonio en los escritos jo\u00e1nnicos. El relato evang\u00e9lico es una testificaci\u00f3n hecha por un testigo ocular (Jn 19,35; 21,24); pero el testimonio, inspirado por el Esp\u00ed\u00adritu (Jn 16,13), versa tambi\u00e9n sobre el *misterio que ocultan los hechos: el misterio del Verbo de vida venido en carne (lJn 1,2; 4,14). Los creyentes que aceptaron este testimonio apost\u00f3lico poseen ahora ya en s\u00ed\u00ad mismos el testimonio mismo de Jes\u00fas, que es la profec\u00ed\u00ada de los tiempos nuevos (Ap 12,17; 19,21). Por eso los testigos encargados de transmitirlo adoptan los rasgos de los *profetas de anta\u00f1o (11,3-7).<\/p>\n<p>2. Del testimonio al martirio. El papel de los testigos de Jes\u00fas se pone todav\u00ed\u00ada m\u00e1s en evidencia cuando tienen que dar testimonio delante de las autoridades y de los tribunales, seg\u00fan la perspectiva que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada abierto ya a los doce (Me 13,9; Mt 10,18; Lc 21,13s). Entonces la testificaci\u00f3n adquiere un tenor solemne, pero con frecuencia es un preludio del *sufrimiento. En efecto, si los creyentes son *perseguidos, es \u00abpor causa del testimonio de Jes\u00fas\u00bb (Ap 1,9). Esteban fue el primero que sell\u00f3 su testimonio con la sangre derramada (Act 22,20). La misma suerte aguarda ac\u00e1 en la tierra a los testigos del Evangelio (Ap 11,7): cu\u00e1ntos ser\u00e1n degollados \u00abpor el testimonio de Jes\u00fas y por la palabra de Dios\u00bb (6,9; 17,6)! *Babilonia, el poder enemigo encarnizado contra la ciudad celestial, se embriagar\u00e1 de la sangre de estos testigos, de estos m\u00e1rtires (17,6). Pero s\u00f3lo tendr\u00e1 la victoria en apariencia. En realidad ser\u00e1n ellos los que con Cristo venzan al *diablo \u00abpor la sangre del cordero y la palabra de su testimonio\u00bb (12,11). El *martirio es el testimonio de la fe consagrado por el testimonio de la sangre.<\/p>\n<p>-> Ap\u00f3stol &#8211; Confesar &#8211; M\u00e1rtir &#8211; Misi\u00f3n &#8211; Palabra &#8211; Proceso.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>En las <etiqueta id=\"#_ftn264\" name=\"_ftnref264\" title=\"\">vss. <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn265\" name=\"_ftnref265\" title=\"\">cast. \u201ctestificar\u201d, \u201cdar <\/etiqueta>testimonio\u201d, \u201ctestigo\u201d, \u201ctestimonio\u201d (con unas pocas traducciones adicionales) representan versiones m\u00e1s bien arbitrarias y no siempre consecuentes de las siguientes palabras heb. y gr. En el <etiqueta id=\"#_ftn266\" name=\"_ftnref266\" title=\"\">AT: <\/etiqueta><\/span><span style=''>&#723;an\u00e2<\/span><span lang=ES style=''> (<etiqueta id=\"#_ftn267\" name=\"_ftnref267\" title=\"\">lit. \u2018contestar\u2019), <\/etiqueta><\/span><span style=''>&#723;\u00fb&#7695;<\/span><span lang=ES style=''> (verbo), <\/span><span style=''>&#723;&#275;&#7695;<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span style=''>&#723;e&#7695;\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span style=''>&#723;e&#7695;\u00fb&#7791;<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span style=''>t<sup>e<\/sup>\u00fb&#7695;\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>; en el <etiqueta id=\"#_ftn268\" name=\"_ftnref268\" title=\"\">NT: <\/etiqueta><\/span><span style=''>martyre&#333;<\/span><span lang=ES style=''> (verbo) y compuestos, <i>martys<\/i>, <i>martyria<\/i>, <i>martyrion<\/i>. Aunque \u201ctestificar\u201d se usa con una amplia gama de connotaciones, con frecuencia quedando la forense virtualmente olvidada, nunca se la emplea en el frecuente uso moderno como sin\u00f3nimo de \u201cver\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span style=''>&#723;&#275;&#7695;<\/span><span lang=ES style=''> y su sin\u00f3nimo infrecuente <\/span><span style=''>&#723;&#275;&#7695;\u00e2<\/span><span lang=ES style=''> siempre se refieren a la persona o cosa que da testimonio, siendo ejemplos del \u00faltimo caso Gn. 31.48, 52; Jos. 22.27\u201328, 34; 24.27; Is. 19.20. El equivalente neotestamentario, <i>martys<\/i>, se usa s\u00f3lo para personas, no existiendo ning\u00fan ejemplo del uso de cosas como testigos.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El heb., con su aversi\u00f3n a lo abstracto, raras veces habla de testimonio en el sentido de aporte de pruebas. En los tres casos en que lo hace (Rt. 4.7; Is. 8.16, 20) se vale de <\/span><span style=''>t<sup>e<\/sup>&#723;\u00fb&#7695;\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>. El gr. usa el concepto frecuentemente, pero distingue entre <i>martyria<\/i>, el acto de testificar o el testimonio, y <i>martyrion<\/i>, aquello que puede servir como prueba o evidencia, o el hecho determinado por medio de las pruebas.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span style=''>&#723;&#275;&#7695;\u00fb&#7791;<\/span><span lang=ES style=''>, siempre vertido \u201ctestimonio\u201d, ha perdido completamente su sentido forense y se ha convertido en t\u00e9rmino t\u00e9cnico religioso (* <span style='text-transform:uppercase'>Pacto<\/span>), traducido por <etiqueta id=\"#_ftn269\" name=\"_ftnref269\" title=\"\"><i>KB <\/i><\/etiqueta>\u201cse\u00f1al admonitoria, recordatorio, exhortaci\u00f3n\u201d. Ejemplo notable de <\/span><span style=''>&#723;&#275;&#7695;\u00fb&#7791;<\/span><span lang=ES style=''> lo constituyen las tablas de los Diez Mandamientos (Ex. 16.34; 25.16, 21, etc.). De all\u00ed que el arca que las conten\u00eda se llamara \u201carca del testimonio\u201d (Ex. 25.22, etc.), la tienda que las amparaba \u201ctabern\u00e1culo del testimonio\u201d (Nm. 17.7), y el velo que separaba el lugar sant\u00edsimo \u201cvelo del testimonio\u201d (Lv. 24.3). Luego el t\u00e9rmino se ampl\u00eda para abarcar la ley en su conjunto, <etiqueta id=\"#_ftn270\" name=\"_ftnref270\" title=\"\">p. ej. Sal. 78.5; 119.2 y frecuentemente. El significado en 2 R. 11.12 es dudoso (v\u00e9ase <\/etiqueta><i>ICC<\/i>, <etiqueta id=\"#_ftn271\" name=\"_ftnref271\" title=\"\">ad loc.).<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La versi\u00f3n en <\/span><span lang=ES style='font-size: 10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><span lang=ES style=''> mg, m\u00e1rtir, en Hch. 22.20; Ap. 2.13; 17.6, dif\u00edcilmente pueda justificarse, si bien <i>martys <\/i>adquiri\u00f3 r\u00e1pidamente este significado; cf. <etiqueta id=\"#_ftn272\" name=\"_ftnref272\" title=\"\">Arndt, pp. 493b.<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> C. van Leeuwen, \u201cTestigo\u201d, <i>\u00b0DTMAT<\/i>, t(t). II, cols. 273\u2013287; L. Coenen, \u201cTestimonio\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn273\" name=\"_ftnref273\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). IV, pp. 254\u2013261; R. de Vaux, <i>Instituciones del Antiguo Testamento<\/i>, 1985, pp. 222; F. L. Fisher, \u201cTestigo, Testimonio\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn274\" name=\"_ftnref274\" title=\"\"><i>\u00b0DT<\/i><\/etiqueta>, pp. 523.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>L. Coenen, A. A Trites, en <etiqueta id=\"#_ftn275\" name=\"_ftnref275\" title=\"\"><i>NIDNTT <\/i><\/etiqueta>3, pp. 1038\u20131051; A A Trites, <i>The New Testament Concept of Witness<\/i>, 1977; H. Strathmann, <etiqueta id=\"#_ftn276\" name=\"_ftnref276\" title=\"\"><i>TDNT <\/i><\/etiqueta>4, pp. 474\u2013514.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn277\" name=\"_ftnref277\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>H.L.E.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Estatuto, Juicio, Pacto, Testigo Gen 21:30 sirvan de t de que yo cav\u00e9 este pozo Exo 16:34 lo puso delante del T para guardarlo Exo 20:16; Deu 5:20 no hablar\u00e1s contra .. falso t Exo 25:16 pondr\u00e1s en el arca el t que yo te dar\u00e9 Exo 31:18 dio .. dos tablas del t, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/testimonio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTESTIMONIO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6690","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6690","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6690"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6690\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6690"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6690"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6690"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}