{"id":6740,"date":"2016-02-05T03:39:18","date_gmt":"2016-02-05T08:39:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vidente\/"},"modified":"2016-02-05T03:39:18","modified_gmt":"2016-02-05T08:39:18","slug":"vidente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vidente\/","title":{"rendered":"VIDENTE"},"content":{"rendered":"<p>v. Profeta, Sacerdote<br \/>\n1Sa 9:9 vamos al v .. profeta .. se le llamaba v<br \/>\n1Sa 9:19 yo soy el v; sube delante de m\u00ed al lugar<br \/>\n2Sa 24:11; 1Ch 21:9 Gad v de David<br \/>\n2Ch 33:19 escritas en las palabras de los v<br \/>\nIsa 30:10 que dicen a los v: No ve\u00e1is; y a los<\/p>\n<hr>\n<p>ver OFICIOS<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(ver visiones celestiales).<\/p>\n<p> En la Biblia hay muchas.<\/p>\n<p> &#8211; Mois\u00e9s, Exo 3:2, Exo 3:19.<\/p>\n<p> &#8211; Abraham,Exo 17:1.<\/p>\n<p> &#8211; Jacob, Gen 32:24-32.<\/p>\n<p> &#8211; Gede\u00f3n, Jue 6:12.<\/p>\n<p> &#8211; El profeta, 1Sa 9:9, 1Sa 9:2 52Cr 24:11.<\/p>\n<p> &#8211; Isa\u00ed\u00adas, Isa 6:1.<\/p>\n<p> &#8211; Ezequiel, Ez.l-2.<\/p>\n<p> &#8211; Daniel, Dan.7-8.<\/p>\n<p> &#8211; Zacar\u00ed\u00adas, Luc 1:11.<\/p>\n<p> &#8211; La Virgen Mar\u00ed\u00ada, Luc 1:26-38.<\/p>\n<p> &#8211; Pedro, Juan y Santiago en la transfiguraci\u00f3n, Mt. 17.<\/p>\n<p> &#8211; San Pedro, Hec 10:9-24.<\/p>\n<p> &#8211; Cornelio, Hec 10:23.<\/p>\n<p> &#8211; San Pablo, Hch.9.<\/p>\n<p> &#8211; San Juan, Ap.4-6.<\/p>\n<p> En el cristianismo tambi\u00e9n ha habido muchos videntes.<\/p>\n<p> &#8211; Al indito Diego, la Virgen de Guadalupe, en M\u00e9xico.<\/p>\n<p> &#8211; A San Sim\u00f3n Stock, en Londres, la Virgen del Carmen, con el Escapulario.<\/p>\n<p> &#8211; A Santa Margarita Maria de Alacoque, Jesucristo, en Parai le Monial.<\/p>\n<p> &#8211; A Santa Catalina Labour\u00e9, en Par\u00ed\u00ads, la Virgen con la Medalla Milagrosa.<\/p>\n<p> &#8211; En Lourdes a Santa Bernardita.<\/p>\n<p> &#8211; En F\u00e1tima, la Virgen del Rosario.<\/p>\n<p> &#8211; A Santa Teresa, a San Ignacio, a San Francisco de As\u00ed\u00ads , etc. etc.<\/p>\n<p> Ver: (\u00abMistcismo\u00bb).<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>\u2020\u00a2Profec\u00ed\u00ada. Profeta.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>V\u00e9ase PROFETA.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[010]<br \/>\n Personaje con cierto sentido religioso o, al menos, intuitivo y misterioso. Ve lo que no ven los dem\u00e1s. Se asocia a la idea de vidente cierto contacto con lo divino y en ocasiones con lo diab\u00f3lico.<\/p>\n<p>    En la Biblia se llama vidente (\u00abro&#8217;eh\u00bb o \u00abh\u00f6zeh\u00bb) a los primeros mensajeros que hablan en nombre de la divinidad. Mois\u00e9s lo fue de manera singular (Ex. 3. 1-12) y luego habl\u00f3 cara a cara con Yaweh. (Ex. 33. 11 y 34. 29-35). Lo fue tambi\u00e9n Samuel (1 Sam. 3. 10-14). M\u00e1s adelante las visiones se convirtieron en profec\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Se multiplican los pasajes primitivos, o referentes a la primera Historia del pueblo: Num. 24. 38; 1 Sam. 9.6 y 9; Is. 30. 10). En los tiempos posteriores se prefer\u00ed\u00ada hablar de profeta (\u00abnabi\u00bb o \u00abnebi&#8217;im\u00bb en plural) y todos los profetas recibieron una visi\u00f3n o una llamada divina.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Un fen\u00f3meno actual &#8211; II. Videntes y visiones a la luz de la Biblia: 1. En el AT: 2. En el NT: a) Relaci\u00f3n entre fe y visi\u00f3n. b) Cristo, suprema y definitiva revelaci\u00f3n, c) Visiones y carismas &#8211; III. Continuidad y vicisitudes a lo largo de la historia de la Iglesia: 1. Per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico: 2. En el Medioevo: 3. En los ss. XVI-XVIII: 4. Del s. XIX a nuestros d\u00ed\u00adas &#8211; IV. Orientaciones espirituales: 1. Verificar la propia precomprensi\u00f3n: 2. Acoger los signos de Dios en su significado existencial: 3. Referirlo todo a Cristo y a su mensaje.<\/p>\n<p>I. Un fen\u00f3meno actual<br \/>\nEn nuestro tiempo, no es dif\u00ed\u00adcil encontrar personas que creen poseer carismas particulares y dones extraordinarios. Visiones, coloquios, l\u00e1grimas. curaciones, profec\u00ed\u00adas y mensajes se suceden a gran ritmo hasta comprobarse una verdadera explosi\u00f3n de carismas extraordinarios o supuestos como tales: \u00abEl hecho carism\u00e1tico se ha convertido casi en una costumbre&#8217;.<\/p>\n<p>Encontramos videntes que afirman tener apariciones al estilo de las de Lourdes o F\u00e1tima; incluso asistimos hoy a una proliferaci\u00f3n de apariciones marianas no reconocidas: m\u00e1s de 200 desde 1930 a 1971. Un caso t\u00ed\u00adpico es el de la se\u00f1ora Rosa Quattrini, la cual, desde 1964, tendr\u00ed\u00ada citas y coloquios regulares con la Virgen en San Damiano Piacentino; son numerosos los peregrinos, sobre todo suizos y franceses, que acuden a este lugar, a pesar de las repetidas prohibiciones del obispo de la di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, a nivel de >religiosidad popular, en la que resulta m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil distinguir entre fe cristiana y elementos m\u00e1gico-sacrales, vemos diversos l\u00ed\u00adderes religiosos que crean en torno a s\u00ed\u00ad movimientos m\u00e1s o menos amplios: Giuseppina Gonnella (+ 1927) cre\u00ed\u00ada ser como la encarnaci\u00f3n de su sobrino Alberto, al cual se tributa culto religioso en Serradace (Salerno). y sosteniendo que hablaba en nombre de aqu\u00e9l, relataba cosas del m\u00e1s all\u00e1; Natuzza Evolo de Paravati (Catanzaro) suda sangre, dice que est\u00e1 en contacto con las almas de los difuntos y da a los padres de \u00e9stos noticias sobre su vida ultraterrena; en Stornarella (Foggia), desde 1959 un campesino de humilde condici\u00f3n, Domenico Masselli, dice que habla con la Virgen, y una muchedumbre cada vez m\u00e1s numerosa de personas esperan respuesta de la Virgen a los problemas que las angustian.<\/p>\n<p>Finalmente, en una dimensi\u00f3n m\u00e1s colectiva se han formado \u00abcen\u00e1culos carism\u00e1ticos\u00bb, en los que los videntes reciben mensajes destinados a grupos enteros. Desde 1967, el movimiento neopentecostal cat\u00f3lico se ha extendido a m\u00e1s de cien naciones, y cuenta con medio mill\u00f3n de seguidores. En sus reuniones hablan en lenguas, realizan curaciones, hacen profec\u00ed\u00adas y, sobre todo, oran confesando el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Este revival carism\u00e1tico de implicaciones tan complejas no puede pasar desapercibido al cristiano que pretenda vivir seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu y construir su propia espiritualidad abierto a los signos de Dios en la historia. Habr\u00e1 de evitarse toda confusi\u00f3n y toda sobrevaloraci\u00f3n del fen\u00f3meno para no dar en un estado mental \u00e1vido de prodigios y mal protegido contra la irrupci\u00f3n de la superstici\u00f3n; gu\u00e1rdese mucho el cristiano del rechazo esc\u00e9ptico o del desprecio hipercr\u00ed\u00adtico de las posibles manifestaciones de Dios en nuestro tiempo, a fin de no convertir en obst\u00e1culo lo que podr\u00ed\u00ada ser est\u00ed\u00admulo y ayuda en el camino de la fe. Para una orientaci\u00f3n segura, es necesario un cotejo con la palabra de Dios, transmitida en la Iglesia y actualizada a lo largo de los siglos. En la fuente genuina de la revelaci\u00f3n ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil librarse de los prejuicios corrientes y encontrar la orientaci\u00f3n precisa. De acuerdo con el enunciado de la voz, centraremos nuestra reflexi\u00f3n en el vidente, el cual presenta una rica problem\u00e1tica en la Biblia y en la historia de la Iglesia, dejando para la voz >Carism\u00e1ticos la valoraci\u00f3n global de los fen\u00f3menos extraordinarios.<\/p>\n<p>II. Videntes y visiones a la luz de la Biblia<br \/>\nVER-OIR<br \/>\n1. EN EL AT &#8211; El deseo de ver a Dios es una de las aspiraciones religiosas m\u00e1s persistentes de la humanidad. Por lo mucho que estimaban la vista, \u00abel m\u00e1s agudo de los sentidos permitidos a nuestro cuerpo\u00bb (Plat\u00f3n), los griegos fueron de un modo muy particular \u00abun pueblo del ojo\u00bb (Rudberg); ver tuvo entre ellos una notable importancia religiosa, hasta el punto de definirse la religi\u00f3n griega como \u00abuna religi\u00f3n de la vista\u00bb&#8216;. De Homero a Plotino, lo divino por su propia naturaleza no es algo que creer o escuchar, sino algo que ver. Si bien los dioses se revelan s\u00f3lo a unos pocos elegidos, que se sienten presa de un temeroso estupor, falta entre los griegos la idea de que quien ha visto a la divinidad debe morir.<\/p>\n<p>En cambio, la religi\u00f3n del AT es la religi\u00f3n de la palabra escuchada: \u00abLa expresi\u00f3n `palabra de Yahv\u00e9&#8217; es la privilegiada, la m\u00e1s frecuente y significativa para manifestar la comunicaci\u00f3n divina. En las teofan\u00ed\u00adas, la manifestaci\u00f3n sensible est\u00e1 al servicio de la palabra. Lo principal no es el hecho de ver la divinidad, sino el de o\u00ed\u00adr su palabra&#8230; Esta primac\u00ed\u00ada del o\u00ed\u00adr sobre el ver constituye uno de los caracteres esenciales de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>La preeminencia del aspecto auditivo sobre el visivo es consecuencia necesaria de la concepci\u00f3n de Dios y del hombre en el AT; existe un abismo entre la santidad de Dios y la indignidad del hombre, que solamente puede ser salvado por gracia e iniciativa de Dios: \u00abNo puede verme hombre alguno y vivir\u00bb (Ex 33,20). Ver se relaciona con el eros, es decir, con la tentaci\u00f3n humana de tomar posesi\u00f3n de Dios provocando su revelaci\u00f3n; o\u00ed\u00adr, en cambio, es una actitud receptiva que respeta la iniciativa de Dios y lleva a la obediencia de fe. Por eso la fe b\u00ed\u00adblica se expresa en la oraci\u00f3n preferida de la piedad jud\u00ed\u00ada: \u00abEscucha, Israel\u00bb (Dt 6,4), que se traduce en amor y obediencia cordial a Dios (cf Dt 6,5-6).<\/p>\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n a la vista hay que reconocerle una funci\u00f3n dial\u00e9ctica en orden a la revelaci\u00f3n y a la fe. El AT habla con frecuencia de \u00abhombres que se abrogan el privilegio de haber o\u00ed\u00addo al que no se puede o\u00ed\u00adr y de haber visto al que no se puede ver, y del cual se presentan como embajadores\u00bb. Son los profetas u hombres de Dios, a los cuales se llama tambi\u00e9n videntes. Samuel goza del don de la clarividencia y la gente va a \u00e9l para tener informaciones: \u00abVamos al vidente\u00bb (1 Sam 9,11). En un plano m\u00e1s alto, los profetas, en sue\u00f1os y visiones, entran en contacto con algo que no es de este mundo (N\u00fam 24,4.16-17; 2 Cr\u00f3n 18,18; Am 9,1; Is 6,1-13; Ez 1-3). La forma de visi\u00f3n de Dios m\u00e1s privilegiada la disfruta Mois\u00e9s. Dice el Se\u00f1or: \u00abYo le hablo cara a cara, y a las claras, no en enigmas, y \u00e9l contempla el semblante de Yahv\u00e9\u00bb (N\u00fam 12,8). Pero, como para Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob (Ex 6,3) y El\u00ed\u00adas (1 Re 19,13), tampoco para Mois\u00e9s se trata de visi\u00f3n directa de Dios, sino de una comunicaci\u00f3n particularmente \u00ed\u00adntima; los textos b\u00ed\u00adblicos o son procedimientos literarios o aten\u00faan el sentido de la visi\u00f3n inmediata, afirmando que el profeta ve al \u00e1ngel o la gloria del Se\u00f1or (Jue 6.11; Sal 27,4; 96,6) o sus espaldas (Ex 33,23) o el lugar en que se encontraba el Dios de Israel (Ex 2410, traducci\u00f3n de los LXX).<\/p>\n<p>Sobre las manifestaciones visibles del AT se perfilan algunas orientaciones significativas: a) Ninguna visi\u00f3n de Dios es capaz de dar una descripci\u00f3n completa del mismo que satisfaga el deseo humano, y menos a\u00fan la curiosidad. Dios permanece invisible e inaccesible para el hombre pecador; es el Dios oculto (Is 45,15), y cualquier imagen o visi\u00f3n suya es siempre aproximativa y simb\u00f3lica. Queda, pues, en pie la afirmaci\u00f3n neotestamentaria: \u00abA Dios nadie lo vio jam\u00e1s\u00bb (Jn 1,18). b) El aspecto visivo de la revelaci\u00f3n est\u00e1 en funci\u00f3n de la comunicaci\u00f3n del mensaje; es ocasi\u00f3n o simple fondo sobre el cual Dios da a conocer su voluntad por medio de la palabra. La imagen va siempre acompa\u00f1ada de la palabra, para la cual se reivindica una primac\u00ed\u00ada incuestionable; ella es el distintivo de los profetas, los hombres de la palabra (Re 17,2,8; 18,1; 21.17-28), que comienzan los or\u00e1culos divinos con la f\u00f3rmula: \u00abAs\u00ed\u00ad habla Yahv\u00e9\u00bb (N\u00fam 22,16; Jue 6,8; Os 1,1-2; Am 1,3.6.9.11.13). c) Finalmente, las visiones \u00abno constituyen el objetivo supremo de la piedad y de la fe, la cumbre de la ascesis y de la m\u00ed\u00adstica, sino que, por el contrario, son un punto de partida: no el fin, sino la primera intervenci\u00f3n de Dios, que se revela con poder a fin de arrastrar a su pueblo en la historia de la salvaci\u00f3n\u00bb<br \/>\n. Los videntes, despu\u00e9s del terror frente a lo divino, son reconfortados, colmados de gracia y encargados de una misi\u00f3n (G\u00e9n 15,1; Dan 7,13; Ex 3,10-12; Jue 6,12-14; Jer 1,4-10): las visiones son el origen de la revelaci\u00f3n verbal y de la misi\u00f3n. S\u00f3lo en algunos textos se perfila la aparici\u00f3n final de Dios (Is 60,2; 40,5; 52,10; y, sobre todo, Job 19,26-27: \u00abDesde mi carne a Dios tengo de ver. Aquel a quien ver\u00e9 ha de ser m\u00ed\u00ado\u00bb); pero s\u00f3lo con muchas limitaciones se puede definir la visi\u00f3n de Dios como acontecimiento escatol\u00f3gico. En todo caso, la manifestaci\u00f3n de la gloria de Dios se realiza anticipadamente en la adoraci\u00f3n cultual y en la contemplaci\u00f3n del Se\u00f1or en el templo (Sal 63,3; 27,4).<\/p>\n<p>2. EN EL NT &#8211; Ver asume un relieve cuantitativo mayor que escuchar (680 veces frente a 425). Este dato estad\u00ed\u00adstico invita a considerar m\u00e1s atentamente el significado del momento visivo en la revelaci\u00f3n neotestamentaria, aunque sin atribuirle de entrada un primado cualitativo.<\/p>\n<p>a) Relaci\u00f3n entre fe y visi\u00f3n. Si la fe cristiana nace de la escucha (Rom 10,17), supone, sin embargo, la experiencia ocular de los testigos de la palabra (Lc 1,2; 2 Pe 1,8; 1 Jn 1,1). El proceso f\u00ed\u00adsico de ver expresa el car\u00e1cter concreto de la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas frente a todo docetismo (Jn 7,29; 10,24-28; 12,19), pero resulta en s\u00ed\u00ad mismo insuficiente para producir la fe; puede desembocar en el rechazo de Cristo (\u00abMe hab\u00e9is visto y no cre\u00e9is\u00bb, Jn 6,36) o en acogida del mismo (Jn 1,12), mediante la perfecta comprensi\u00f3n del significado de su persona (\u00abEl que vea al Hijo y crea&#8230;\u00bb, Jn 6,40). Los evangelios oscilan entre la valoraci\u00f3n de ver como proped\u00e9utica de la fe (\u00abDichosos vuestros ojos, porque ven\u00bb, Mt 13,16) y su superaci\u00f3n por la acogida de la palabra de Jes\u00fas sin basarse en los signos (Jn 4,48-53): \u00abDichosos los que creyeron sin haber visto\u00bb (Jn 20,29). Se puede. pues, establecer una graduaci\u00f3n ascendente de los varios tipos de fe: la imperfecta, que responde a una b\u00fasqueda insaciable de \u00abmilagros y portentos\u00bb (Jn 4,48); la intermedia, que pasa de los signos a la percepci\u00f3n de la gloria de Dios en Cristo (Jn 1,14); la perfecta, que, sin basarse en los signos, consiste en un encuentro existencial y en un confiado abandono a la persona y palabra de Jes\u00fas (Mt 8,10-12; Jn 3,17-18). En definitiva, son dichosos los que captan el contenido del ver, el significado de los acontecimientos; los que, a trav\u00e9s de \u00ablos ojos de la mente\u00bb, llegan a un conocimiento m\u00e1s profundo de Cristo y del plan de la salvaci\u00f3n (Ef 1.18-23). Aun prescindiendo de la visi\u00f3n como base, la fe mantiene un elemento cognoscitivo y contemplativo. Percepci\u00f3n interior de la persona de Cristo, la fe es una mirada: \u00abVer\u00e1n al que traspasaron\u00bb (Jn 19,37); \u00abCorrer&#8230;, fijando nuestra mirada en Jes\u00fas, el autor y consumador de la fe\u00bb (Heb 12.1-2). La condici\u00f3n de fe, y no de visi\u00f3n (2 Cor 5,7), implica un conocimiento opaco e indirecto (1 Cor 13,12), al cual suceder\u00e1 el conocimiento perfecto y claro en la vida eterna (1 Jn 3,2; 2 Cor 3,18).<\/p>\n<p>b) Cristo, suprema y definitiva revelaci\u00f3n. Tambi\u00e9n para el NT Dios permanece invisible (Jn 6,46; 1 Tim 1,17; 6,16; Col 1.15); sin embargo, adem\u00e1s de en la creaci\u00f3n y en la historia de su pueblo, se revela de modo definitivo en Cristo, \u00abimagen de Dios invisible\u00bb (Col 1,15). La gloria divina \u00abbrilla en el rostro de Cristo\u00bb (2 Cor 4,6), de forma que puede ser contemplada por los disc\u00ed\u00adpulos (Jn 1,14); revelaci\u00f3n suprema del Padre, Cristo es ya la v\u00ed\u00ada obligada para llevar a El (Jn 14.6-11). Dios ya no es accesible m\u00e1s que en Jes\u00fas, \u00fanico lugar de encuentro con El (Jn 4,21-24); verlo, contemplarlo, es ver al Padre. Por encima de las manifestaciones de Cristo resucitado y de su \u00faltima aparici\u00f3n (2 Tes 2,8; 1 Tit 6,14; 2,13), puede llegarse a su conocimiento a trav\u00e9s de la apertura al Esp\u00ed\u00adritu, la adhesi\u00f3n a su palabra (Jn 14,20-21.23-26) y. sobre todo, mediante el amor: \u00abAl que me ama lo amar\u00e1 mi Padre y yo lo amar\u00e9 y me manifestar\u00e9 a \u00e9l\u00bb (Jn 14,21).<\/p>\n<p>c) Visiones y carismas. El NT refiere varias comunicaciones divinas a trav\u00e9s de visiones: angelofan\u00ed\u00adas (en los relatos de la infancia, Mt 1,20; 2.13-19; Le 1,11-28; 21,9-13; de la resurrecci\u00f3n, Mt 28,2-7; Mc 16,5; Le 24,4-23; Jn 20,12; y de la ascensi\u00f3n, He 1,10&#8230;); cristofan\u00ed\u00adas (en la transfiguraci\u00f3n, Mt 17,1-8; apariciones de Cristo resucitado, Mt 29,9-10; Le 2415-16.36-51; Jn 20 y 21; a Esteban, He 7,55; a Pablo, He 9,4-5; a Anan\u00ed\u00adas, He 9,10-15); im\u00e1genes simb\u00f3licas (He 10,9-16: Ap 4.1 &#8211; 22,5). Esta larga lista atestigua la importancia que han tenido las visiones en la Iglesia primitiva. Son dignas de consideraci\u00f3n \u00ablas visiones y revelaciones\u00bb de Pablo (2 Cor 12,1-6), especialmente su encuentro con Cristo resucitado en el camino de Damasco, tan decisivo para su vocaci\u00f3n y para su doctrina (He 9,4-5; 22,5-16; 26,9-18; G\u00e1l 1,12-17). Todas estas visiones est\u00e1n unidas a un mensaje y a una misi\u00f3n, que constituyen su fin: \u00abLas apariciones van constantemente ligadas a una revelaci\u00f3n verbal, y en ning\u00fan caso se destaca \u00fanicamente el momento visivo. Podemos concluir que la revelaci\u00f3n verbal es un elemento constitutivo de las apariciones\u00bb Lo mismo los \u00e1ngeles que Cristo son siempre portadores de un mensaje y hacen un encargo; las visiones llevan al reconocimiento de Cristo y a una fe m\u00e1s aut\u00e9ntica, al testimonio y a la misi\u00f3n. Otras veces se limitan a indicar el camino misionero o el comportamiento que ha de observarse en determinadas circunstancias (He 10,9-16; 16,10; 27,23), o bien comunican los secretos de la historia, el triunfo de Cristo y la condici\u00f3n escatol\u00f3gica de la Iglesia (Apocalipsis).<\/p>\n<p>Respecto a la valoraci\u00f3n de las visiones, no existe en el NT par\u00e1metro diverso al de los carismas, en particular la profec\u00ed\u00ada, a la que van unidas por implicar siempre un mensaje verbal. San Pablo, beneficiario de visiones y revelaciones personales, se cuida de desconfiar o despreciar los dones provenientes del Esp\u00ed\u00adritu; por eso amonesta: \u00abNo exting\u00e1is el Esp\u00ed\u00adritu. No despreci\u00e9is las profec\u00ed\u00adas\u00bb (1 Tes 5,19-20), y positivamente: \u00abAspirad a los dones espirituales, pero sobre todo al don de profec\u00ed\u00ada\u00bb (1 Cor 14,1). Con todo, frente a los corintios, tentados a apreciar sobre todo los dones m\u00e1s espectaculares y a utilizarlos en una atm\u00f3sfera an\u00e1rquica, como en ciertas ceremonias paganas, san Pablo da normas precisas:<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Es necesario someter a examen los diversos carismas para verificar su autenticidad a trav\u00e9s del \u00abdiscernimiento de esp\u00ed\u00adritus\u00bb (1 Cor 12,10). Criterio fundamental de discernimiento es que el verdadero carisma lleva a confesar que Jes\u00fas es el Se\u00f1or (1 Cor 12.3); es esencialmente cristoc\u00e9ntrico, porque une a Cristo en la fe.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Se precisa, adem\u00e1s, relativizar los carismas, en especial los dones llamativos, porque el \u00abcamino superior\u00bb (1 Cor 12,31) es la >caridad. San Pablo traza luego una jerarqu\u00ed\u00ada de valores, en cuyo v\u00e9rtice se encuentra el amor fraterno. en el que reina la sinceridad, el olvido y el don de s\u00ed\u00ad (1 Cor 13.1-13); viene a continuaci\u00f3n la profec\u00ed\u00ada, debido a su utilidad para la asamblea (1 Cor 14,1-5). quedando reservado el \u00faltimo puesto para el carisma m\u00e1s espectacular: la glosolalia (1 Cor 12,28; 14,5). Forzado a gloriarse de sus visiones, Pablo confiesa que eso puede conducir a la soberbia, y s\u00f3lo con renuencia habla de estas cosas (2 Cor 12,1-6).<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Finalmente, los carismas est\u00e1n ordenados a la edificaci\u00f3n de la comunidad (1 Cor 14,12): \u00abA cada uno se le da la manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu para el bien com\u00fan\u00bb (1 Cor 12,7). Todo don espiritual ha de ser a la vez un servicio responsable para el bien de la Iglesia.<\/p>\n<p>A diferencia de los otros autores del NT, la eclesiolog\u00ed\u00ada de 1 Jn no contiene la enumeraci\u00f3n de muchos carismas. Uno solo es el don: la revelaci\u00f3n del Padre en el Hijo por medio del Esp\u00ed\u00adritu (1 Jn 2,20.23); los ministerios son sustituidos por una situaci\u00f3n fundamental \u00fanica: el discipulado, que no tiene necesidad de maestros (1 Jn 2,21): \u00abSe trata de proposiciones extremas, que estar\u00ed\u00adan encuadradas en un contexto que, por desgracia, es dif\u00ed\u00adcil de reconstruir; en todo caso, se las entiende como cr\u00ed\u00adtica extrema dentro del mismo cuadro eclesiol\u00f3gico y eclesial neotestamentario\u00bb<br \/>\nPara concluir, el NT confirma dos datos del AT acerca de las visiones y de su significado: Dios permanece invisible e inaccesible incluso cuando se manifiesta; las visiones est\u00e1n en funci\u00f3n del mensaje y de la misi\u00f3n. Adem\u00e1s, el NT agudiza la tensi\u00f3n entre fe y visi\u00f3n. contempla la visi\u00f3n de Dios como t\u00e9rmino definitivo del camino cristiano, presenta a Cristo como imagen del Dios invisible y plenitud de revelaci\u00f3n y encuadra los dones extraordinarios en la doctrina de los carismas. Las visiones son apreciadas en el NT. pero su valor es relativo; en efecto, se afirma el primado de la escucha, de la caridad, del ver espiritual y de la visi\u00f3n escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>III Continuidad y vicisitudes a lo largo de la historia de la Iglesia<br \/>\nLos siglos cristianos presentan una serie casi ininterrumpida de videntes. portadores de mensajes y revelaciones. En cambio, es discontinua la valoraci\u00f3n de los mismos, la cual pasa del entusiasmo a la desconfianza seg\u00fan los varios periodos.<\/p>\n<p>1. PERIODO PATR\u00ed\u008dSTICO &#8211; Las comunidades cristianas del siglo II viven el paso de la estructura apost\u00f3lica-prof\u00e9tica a la pastoral-jer\u00e1rquica. La instituci\u00f3n carism\u00e1tica entra en crisis, pero sigue siendo privilegiada y preferida, por ejemplo, por la Didaj\u00e9, para la cual los obispos y los di\u00e1conos \u00abrealizan el mismo ministerio que los profetas y los doctores\u00bb (XV, 1); el mismo documento supone un n\u00famero destacado de profetas, ya que pone en guardia contra el falso profeta, al que describe como \u00abalguien que hace comercio con Cristo\u00bb (XII, 5). En la l\u00ed\u00adnea de la apocal\u00ed\u00adptica, lo mismo el Pastor de Hermas que la Ascensi\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas, los dos de mediados del siglo n. se presentan como relaci\u00f3n de visiones, a las que se pide prestar atenci\u00f3n para huir de las prevaricaciones precedentes a la parus\u00ed\u00ada (Ase. de Isa\u00ed\u00adas 111, 31); en cambio, hay que evitar al pseudoprofeta, porque obra como un brujo, \u00abque no tiene en s\u00ed\u00ad el Esp\u00ed\u00adritu divino&#8230; y no sabe responder a las preguntas que se le hacen m\u00e1s que seg\u00fan la humana vanidad&#8230;: \u00bfes posible que el Esp\u00ed\u00adritu divino se haga pagar para profetizar?\u00bb (Pastor, precepto XI).<\/p>\n<p>Hacia el a\u00f1o 172 estalla en Oriente la \u00abnueva profec\u00ed\u00ada\u00bb de Montano y de algunas mujeres, los cuales cre\u00ed\u00adan que eran visitados de modo \u00fanico y definitivo por el Esp\u00ed\u00adritu Santo y que hablaban en su nombre durante la agitaci\u00f3n ext\u00e1tica. Seg\u00fan observa L. Volken,\u00bbhubiera sido f\u00e1cil, so pretexto de combatir eficazmente la nueva profec\u00ed\u00ada, condenar todo viso de profetismo. Pero las iglesias no cedieron a esta tentaci\u00f3n\u00bb. Hacia 180-192, san Ireneo enumera las visiones entre los dones concedidos a los cristianos: \u00abLos verdaderos disc\u00ed\u00adpulos del Hijo de Dios, en virtud de su nombre y de la gracia recibida, obran en beneficio de los dem\u00e1s seg\u00fan el don que Jes\u00fas ha impartido a cada uno de ellos. Algunos ahuyentan a los demonios&#8230;, otros poseen la presciencia del futuro, visiones o palabras prof\u00e9ticas\u00bb&#8216;. El mismo san Ireneo afirma que aquellos \u00abpobres de esp\u00ed\u00adritu que, por no querer admitir a los falsos profetas, le niegan tambi\u00e9n a la Iglesia la gracia de la profec\u00ed\u00ada\u00bb caen en el pecado imperdonable contra el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>A la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica, concretamente a san Gregorio Niseno (+ 394), se debe el primer relato de una aparici\u00f3n mariana; la Virgen se habr\u00ed\u00ada aparecido a san Gregorio Taumaturgo (+ 270) para instruirle en lo tocante a los misterios de la fe. Las visiones esmaltan la vida de san Cipriano de Cartago (+ 258), el cual atestigua, entre otras cosas, la existencia de ni\u00f1os videntes: \u00abEntre nosotros, la edad inocente recibe del Esp\u00ed\u00adritu Santo visiones nocturnas y otras a pleno d\u00ed\u00ada y ve en el \u00e9xtasis con sus propios ojos, escucha y dice aquellas cosas por medio de las cuales el Se\u00f1or se digna amonestarnos e instruirnos&#8217;. San Gregorio Magno (+ 604) narra que Mar\u00ed\u00ada se apareci\u00f3 de noche a una ni\u00f1a para anunciarle su pr\u00f3xima muerte; an\u00e1logamente san Gregorio de Tours (+ 594) refiere dos visiones de la Madre de Jes\u00fas, una de ellas a san Mart\u00ed\u00adn moribundo; el relato de una aparici\u00f3n mariana se encuentra asimismo en la vida de san Ildefonso de Toledo (+ 567)<br \/>\n2. EN El. MEDIOEVO &#8211; El Medioevo es un per\u00ed\u00adodo particularmente apto para la proliferaci\u00f3n de visiones y profec\u00ed\u00adas; encontramos en \u00e9l abundantes comunicaciones de milagros, leyendas y apariciones. En particular, el movimiento joaquinita, al dar la preferencia a la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, favoreci\u00f3 el pulular de videntes y profetas, contra los cuales reaccionaron los te\u00f3logos de la \u00e9poca. El franciscano David de Augusta observ\u00f3: \u00abParece que la revelaci\u00f3n de cosas secretas y futuras es cada vez m\u00e1s frecuente, con lo cual muchos se dejan seducir por ella, como ha acontecido en las visiones mencionadas, y creen que es obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo lo que han creado por sugesti\u00f3n de los sentidos o les ha sido sugerido por el esp\u00ed\u00adritu del error. Por eso estamos hartos hasta el hast\u00ed\u00ado de los innumerables vaticinios&#8230;\u00bb. Sin embargo, la cr\u00e9dula aceptaci\u00f3n de las revelaciones no prejuzga nada sobre su posibilidad y utilidad en la Iglesia: \u00abEn todas las \u00e9pocas -admite santo Tom\u00e1s- no han faltado jam\u00e1s hombres dotados de esp\u00ed\u00adritu prof\u00e9tico, no ya para desarrollar una nueva doctrina de fe, sino para guiar la actividad humana\u00bb. Hay que observar que para santo Tom\u00e1s la profec\u00ed\u00ada m\u00e1s perfecta es la que,tiene lugar mediante el di\u00e1logo entre dos personas, como ocurre en las apariciones.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del caso de santa Juana de Arco (+ 1431) con sus \u00abvoces\u00bb y visiones, tuvieron gran resonancia en la Edad Media las revelaciones de varias santas, como santa Catalina de Siena (+ 1380), santa Angela de Foligno (+ 1309), santa Gertrudis (+ 1302) y, sobre todo, santa Br\u00ed\u00adgida (+ 1373). Las revelaciones de esta \u00faltima ejercieron gran influencia a finales del Medioevo, hasta el punto de ser comparadas a la Sagrada Escritura; provocaron tambi\u00e9n una disputa teol\u00f3gica entre Gers\u00f3n (ti 429), canciller de la universidad de Par\u00ed\u00ads, y Torquemada (+ 1498), maestro de los sagrados palacios de Roma. El primero era contrario a cualquier fanatismo por las revelaciones, mientras que el segundo era favorable a las obras de la m\u00ed\u00adstica sueca; ambos elaboraron las primeras exposiciones sistem\u00e1ticas sobre el discernimiento de las verdaderas revelaciones. Bonifacio IX (1389-1404), al canonizar a la santa, aprob\u00f3 tambi\u00e9n sus revelaciones; pero la problem\u00e1tica medieval se prolongar\u00ed\u00ada durante los siglos siguientes.<\/p>\n<p>3. EN LOS SS. XVI-XVIII &#8211; En nombre del principio de la \u00absola Escritura\u00bb, la Reforma adopt\u00f3 una postura negativa frente a las revelaciones. Lutero las ridiculiz\u00f3 y se mostr\u00f3 inflexible con ellas: \u00abAhora que poseemos la Escritura de los ap\u00f3stoles, no queda nada por revelar despu\u00e9s de lo que ellos han escrito. No tenemos necesidad de ninguna revelaci\u00f3n particular, ni de milagros\u00bb. Calvino afirma igualmente: \u00abEs cierto que cuando tenemos la Sda. Escritura nada puede faltarnos; sobre todo en la claridad del evangelio tenemos, como dice san Pablo, la perfecci\u00f3n de la sabidur\u00ed\u00ada. Estando as\u00ed\u00ad las cosas, los que todav\u00ed\u00ada se sienten adulados por el vano deseo de tener visiones demuestran claramente que no han comprendido lo que es la Sda. Escritura\u00bb. De distinto parecer es T. M\u00fcntzer (+ 1525), quien rechaza el argumento de Lutero: \u00abCasi todos afirman: tenemos de sobra con la Escritura, no queremos creer en ninguna revelaci\u00f3n, Dios ya no habla. \u00bfCrees que si esa gente hubiera vivido en tiempo de los profetas hubiera cre\u00ed\u00addo en ellos o los hubiera golpeado hasta matarlos? S\u00ed\u00ad, est\u00e1n tan obcecados por la Sda. Escritura, que no quieren ver ni o\u00ed\u00adr con cu\u00e1nta firmeza insiste ella en el hecho de que podemos y debemos ser ense\u00f1ados s\u00f3lo por Dios\u00bb. Precisamente bas\u00e1ndose en la Escritura, que refiere muchas visiones, se podr\u00ed\u00ada concluir: \u00abCiertamente, es verdadero esp\u00ed\u00adritu apost\u00f3lico, patriarcal y prof\u00e9tico esperar visiones y obtenerlas con dolorosa tribulaci\u00f3n\u00bb\u00bb. La posici\u00f3n m\u00fcntzeriana se impondr\u00ed\u00ada luego a la de Lutero; los movimientos espirituales o iluministas, desde los baptistas a los mormones, los adventistas y los pentecostales, se suceder\u00e1n en el contexto protestante atrayendo numerosos adeptos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el campo cat\u00f3lico se encuentran los dos bandos en pro y en contra de las revelaciones. Los fen\u00f3menos extraordinarios salpican la vida de santos como Ignacio de Loyola (+ 1556) y Teresa de Avila (+ 1582), y algunos te\u00f3logos sostienen que las revelaciones privadas pueden determinar un asentimiento de fe\u00bb. En cambio, san Juan de la Cruz (+ 1591) muestra hacia las visiones una severidad casi igual a la de Lutero. Aunque admite la posibilidad y la utilidad de revelaciones particulares como \u00abmedio y modo\u00bb de camino espiritual, el doctor m\u00ed\u00adstico las considera fen\u00f3menos no necesarios y que es preciso superar\u00bb. Un c\u00e9lebre texto de la Subida del Monte Carmelo nos descubre el pensamiento de san Juan de la Cruz: \u00abPero ya que est\u00e1 fundada la ley en Cristo y manifiesta la ley evang\u00e9lica en esta era de gracia, no hay para qu\u00e9 preguntarle de aquella manera, ni para qu\u00e9 El hable ya ni responda como entonces, porque en darnos como nos dio a su Hijo, que es una palabra suya -que no tiene otra-, todo nos lo habl\u00f3 junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene m\u00e1s&#8230; Por lo cual el que ahora quisiere preguntar a Dios o querer alguna visi\u00f3n o revelaci\u00f3n, no s\u00f3lo har\u00ed\u00ada una necedad, sino har\u00ed\u00ada agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra cosa alguna o novedad. Porque le podr\u00e1 responder Dios de esta manera, diciendo: Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra,que es mi Hijo, y no tengo otra, \u00bfqu\u00e9 te puedo yo revelar que sea m\u00e1s que eso? Pon los ojos s\u00f3lo en \u00e9l, porque en \u00e9l te lo tengo todo dicho y revelado, y hallar\u00e1s en \u00e9l a\u00fan m\u00e1s de lo que pides y deseas. Porque t\u00fa pides locuciones y revelaciones en parte y, si pones los ojos en \u00e9l, la hallar\u00e1s en todo&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>El movimiento que reduce el valor de las apariciones y los hechos extraordinarios se nutre de las prescripciones de los concilios Lateranense V (1516) y Tridentino (1563), los cuales reservan al obispo y, en \u00faltima instancia, a la Sede apost\u00f3lica el examen de todo nuevo milagro; desemboca en el tratado cl\u00e1sico de Pr\u00f3spero Lambertini, luego Benedicto XIV (+ 1758), seg\u00fan el cual \u00aba las revelaciones, incluso aprobadas por la Iglesia, no se debe ni se puede otorgar un asentimiento de fe cat\u00f3lica\u00bb<br \/>\nEn Francia, la renovaci\u00f3n religiosa postridentina adopta una andadura m\u00ed\u00adstica, con manifestaciones de gusto por lo maravilloso, e incluso por lo diab\u00f3lico. La veneraci\u00f3n de los fieles envuelve durante el s. xvu a varias m\u00ed\u00adsticas, cuyos \u00e9xtasis y revelaciones se nos han transmitido: Marie de Valence, Mme. Acarie, Marie des Vall\u00e9es, sor In\u00e9s de Langeac se encuentran entre las m\u00e1s ilustres. A todas las super\u00f3 en fama santa Margarita Mar\u00ed\u00ada Alacoque con las apariciones del Sagrado Coraz\u00f3n los a\u00f1os 1673-1675. Los autores espirituales de aquellos siglos aceptaron f\u00e1cilmente relatos de milagros y leyendas; incluso algunos de ellos, como Olier, conf\u00ed\u00adan en las visiones y revelaciones como mensajes enviados por Dios para ayudarles a tomar las decisiones precisas\u00bb. Sin embargo, a partir de 1660 cambia la atm\u00f3sfera y la posici\u00f3n de los m\u00ed\u00adsticos se hace m\u00e1s delicada; el intelectualismo y el psicologismo invaden la piedad, se desconf\u00ed\u00ada de todo lo que no es raz\u00f3n, el esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico hace tabla rasa de las leyendas medievales y el movimiento unionista pide a los cat\u00f3licos menos credulidad frente a las apariciones \u00ab. A finales del s. xvii, la condena de Mme. Guyon, de las M\u00e1ximas de los Santos, de F\u00e9nelon, y de la M\u00ed\u00adstica ciudad de Dios, de Mar\u00ed\u00ada de Agreda, marca el triunfo del antimisticismo y del predominio de la instituci\u00f3n sobre los carismas, como puede verse por una frase incisiva de L. Tronson (+ 1700): \u00abEl seminario de San Sulpicio no est\u00e1 a favor de visiones, ni de revelaciones. La fe y las reglas comunes de la Iglesia nos bastan\u00bb.<\/p>\n<p>En Italia, durante el s. xviii, se reanuda la pol\u00e9mica con L. A. Muratori (+ 1750), el cual como gran erudito exhorta a los predicadores a no divulgar \u00abmilagros falsos\u00bb y a no sobrevalorar los verdaderos, puesto que la Iglesia ha canonizado a los santos por sus virtudes: \u00abLos milagros son lo que menos importa de los santos\u00bb. En cambio, san Alfonso de Ligorio (+ 1787) es propenso a aceptar relatos o ejemplos de milagros y de revelaciones, como se ve en su conocida obra Las glorias de Mar\u00ed\u00ada; en ella, al presentar una colecci\u00f3n de 89 ejemplos, declara y precisa su pensamiento: \u00abAlgunos, preci\u00e1ndose de carecer de prejuicios, tienen a honra no creer m\u00e1s milagros que los que han sido registrados en las santas Escrituras, estimando los otros casi como novelas o f\u00e1bulas de mujercillas. Mas.., as\u00ed\u00ad como es debilidad dar cr\u00e9dito a todas las cosas, as\u00ed\u00ad por lo contrario rechazar los milagros atestiguados por hombres graves y piadosos, o huele a infidelidad, pensando que son imposibles a Dios, o huele a temeridad, negando cr\u00e9dito a estos autores\u00bb.<\/p>\n<p>4. DEL S. XIX A NUESTROS D\u00ed\u008dAS &#8211; Precisamente en este per\u00ed\u00adodo, que bajo la presi\u00f3n del racionalismo y del control cient\u00ed\u00adfico hubiera debido registrar un eclipse de las revelaciones, se advierte un aumento de apariciones, algunas de las cuales dan lugar a continuas peregrinaciones y ejercen una profunda influencia en la vida de los fieles. Es la era de las grandes apariciones marianas, examinadas y aprobadas a nivel diocesano, y aceptadas o recomendadas por los romanos pont\u00ed\u00adfices; comienzan con las visiones de santa Catalina Labour\u00e9 (1803), siguen con las de La Salette (1846), Lourdes (1858), Pontmain (1871). F\u00e1tima (1917), Beauraing (1932) y Banneux (1933). Estas apariciones, a diferencia de las l\u00e1grimas marianas de Siracusa (1953), no acompa\u00f1adas de ninguna revelaci\u00f3n verbal, van siempre unidas a mensajes y a veces a \u00absecretos\u00bb; adem\u00e1s, los videntes no pertenecen a las categor\u00ed\u00adas de los ap\u00f3stoles y profetas como en los primeros tiempos, ni a los religiosos y a las mujeres como desde la Edad Media en adelante, sino que son generalmente ni\u00f1os de \u00ed\u00adnfima extracci\u00f3n social. Si el pueblo sintoniz\u00f3 inmediatamente con ellos y acogi\u00f3 su mensaje, los te\u00f3logos se ocuparon de establecer el tipo de fe que se deb\u00ed\u00ada prestar a tales videntes. De ordinario se ha permanecido fieles al pensamiento de Benedicto XIV, el cual admit\u00ed\u00ada respecto a las revelaciones s\u00f3lo \u00abun asentimiento de fe humana seg\u00fan las reglas de la prudencia\u00bb; sin embargo, en 1949 K. Rahner avanza la tesis de que las revelaciones, con demasiada ligereza denominadas privadas, exigen un asentimiento de fe divina: \u00abSeg\u00fan los principios de la teolog\u00ed\u00ada habitual, no se ve por qu\u00e9 una `revelaci\u00f3n privada no se impone a la fe de cuantos han tenido conocimiento de ella y admiten con suficiente certeza que viene de Dios; no se puede exigir para la revelaci\u00f3n privada una certeza mayor de la considerada suficiente para garantizar la revelaci\u00f3n oficial&#8230; No se comprende por qu\u00e9 el origen divino de diversas revelaciones privadas no podr\u00ed\u00ada ser reconocido por todos y por qu\u00e9 este reconocimiento no implicar\u00ed\u00ada para todos el derecho y el deber de la adhesi\u00f3n de fe divina\u00bb. En una perspectiva espiritual se coloca una importante afirmaci\u00f3n de Juan XXIII: \u00abSiguiendo a los papas que desde hace un siglo han recomendado a los cat\u00f3licos prestar atenci\u00f3n al mensaje de Lourdes, os estimulamos a escuchar con sencillez de coraz\u00f3n y rectitud de esp\u00ed\u00adritu los avisos saludables -y siempre actuales- de la Madre de Dios. No se maraville nadie de que los romanos pont\u00ed\u00adfices insistan en esta gran lecci\u00f3n espiritual transmitida por la ni\u00f1a de Massabielle. Constituidos custodios e int\u00e9rpretes de la divina revelaci\u00f3n, contenida en la Sagrada Escritura y en la tradici\u00f3n, es para ellos un deber recomendar a la atenci\u00f3n de los fieles -cuando despu\u00e9s de maduro examen lo estiman oportuno para el bien com\u00fan- las luces sobrenaturales que Dios se complace en dispensar libremente a ciertas almas privilegiadas, no para proponer nuevas doctrinas, sino para guiar nuestra conducta&#8230;\u00bb Habr\u00e1 que valorizar esta l\u00ed\u00adnea de aceptaci\u00f3n de los carismas si se quieren evitar actitudes demasiado entusiastas o excesivamente restrictivas.<\/p>\n<p>IV. Orientaciones espirituales<br \/>\nRara vez ha tenido lugar, frente a los videntes y los relatos de visiones y revelaciones, una contraposici\u00f3n de tendencias tan marcada como la existente en nuestro tiempo. El hombre del s. XX es al\u00e9rgico a los milagros, considera inveros\u00ed\u00admil que Dios rompa las leyes naturales por \u00e9l establecidas; los videntes ser\u00ed\u00adan simples visionarios y los fen\u00f3menos prodigiosos ser\u00ed\u00adan tenidos por tales hasta tanto no se descubra su explicaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica. En cambio, a nivel popular se propende a buscar y admitir tales intervenciones extraordinarias, a propagarlas con convicci\u00f3n entusiasta y a dejarse interpelar por ellas hasta transformar la propia existencia. Para una postura correcta frente a las visiones, seg\u00fan se desprende de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, de la tradici\u00f3n eclesial y del progreso cient\u00ed\u00adfico de nuestro tiempo, pueden proponerse las siguientes orientaciones espirituales:<\/p>\n<p>1. VERIFICAR LA PROPIA PRECOMPRENSI\u00ed\u201cN &#8211; El primer paso a dar es explicarse las razones de la propia cultura y mentalidad, de esa serie de actitudes y de opciones condensadas en la palabra \u00abprecomprensi\u00f3n\u00bb. En las dos tendencias arriba recordadas, la precomprensi\u00f3n posee un car\u00e1cter restrictivo; en la primera se limita el espacio de intervenci\u00f3n de Dios en la historia; en la otra se dejan de lado las mediaciones cr\u00ed\u00adtico-cient\u00ed\u00adficas. Un encuentro en profundidad exige dos convergencias ideol\u00f3gicas:<\/p>\n<p>a) Es preciso admitir que Dios, se\u00f1or del universo, es libre de intervenir en la historia, no por el gusto de romper el ordenamiento del mundo o de quebrantar la creaci\u00f3n, sino para manifestarse al hombre y atraerlo a un di\u00e1logo religioso de salvaci\u00f3n. M\u00e1s que ruptura de las leyes naturales, el milagro es liberaci\u00f3n del universo f\u00ed\u00adsico de los l\u00ed\u00admites a que est\u00e1 normalmente sometido, para que pueda insertarse mejor en un orden superior y total. \u00abPor una parte, es perfectamente inteligible que el universo f\u00ed\u00adsico alcance su sentido habitual en el determinismo de sus leyes; pero, por otra, no es menos comprensible que Dios manifieste, con una iniciativa totalmente gratuita en la historia y en el cosmos, la iniciativa a\u00fan m\u00e1s gratuita de la salvaci\u00f3n comunicada en Jesucristo\u00bb. En principio es, pues, posible que Dios se revele a trav\u00e9s de visiones, concediendo al hombre la facultad de percibir cosas normalmente inaccesibles a su experiencia visiva y auditiva. Atrincherarse tras la afirmaci\u00f3n de que el milagro es un hecho cultural, ligado a la visi\u00f3n particular del mundo y del hombre, contradice la experiencia b\u00ed\u00adblica de Dios, que es el centro irrenunciable de la revelaci\u00f3n veterotestamentaria: \u00abEl israelita no ten\u00ed\u00ada la idea de un cosmos con leyes fijas, a la manera de un reloj de cuerda, que sigue solo su curso. Al contrario, ten\u00ed\u00ada viv\u00ed\u00adsima la idea de un Dios que obra en la naturaleza&#8217;. Rechazar los gestos ins\u00f3litos de Dios es, en \u00faltimo an\u00e1lisis, quitarle a Dios la conducci\u00f3n de la historia y hacer de \u00e9l un ser sin inventiva o indiferente. Todo se reduce en el fondo a esta pregunta: la historia \u00bfes s\u00f3lo obra del hombre o es tambi\u00e9n historia de salvaci\u00f3n, en la que Dios, respetando la autenticidad del hombre, es su protagonista? S\u00f3lo el que acepta una historia de la salvaci\u00f3n puede discernir los signos que en ella Dios ha sembrado. La alergia al milagro debe sustituirse por una apertura a Dios y a los varios modos en que le place revelarse.<\/p>\n<p>b) Se debe, por otra parte, renunciar a todo entusiasmo acr\u00ed\u00adtico. que corre el riesgo de tomar como signos de Dios fen\u00f3menos atribuibles a causas del todo naturales, cuando no a errores y enga\u00f1os. Ya la Biblia pone en guardia contra los falsos profetas (Mt 7,15; Mc 13,22; 1 Jn 4,1), y san Pablo recuerda la necesidad de examinar los carismas (1 Tes 5,12.19-21); el discernimiento es particularmente necesario hoy, cuando el progreso de las ciencias humanas ofrece mayor espacio para una verificaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de los fen\u00f3menos extraordinarios y un examen psicol\u00f3gico de los videntes. Si la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica remite a la santidad de la vida, a la ortodoxia del mensaje y a los frutos de vida cristiana para juzgar sobre la veracidad o la falta de veracidad de las apariciones, hoy es preciso atender tambi\u00e9n a la personalidad, a los condicionamientos y al equilibrio ps\u00ed\u00adquico de los videntes. Partiendo de la totalidad de los fen\u00f3menos, se procede a analizar sus diversos elementos y las varias interpretaciones. hasta que, despu\u00e9s de un continuo movimiento dial\u00e9ctico del hecho al contexto, se consigue retener como \u00fanica hip\u00f3tesis coherente la de una intervenci\u00f3n divina. En el caso de una persona que afirma haber tenido apariciones, el esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico moderno se hace al punto preguntas: \u00ab\u00bfSe trata de un caso de supercher\u00ed\u00ada o de enga\u00f1o? \u00bfEs un tipo patol\u00f3gico, hist\u00e9rico o mit\u00f3mano?\u00bb. La hip\u00f3tesis del enga\u00f1o deliberado puede desaparecer despu\u00e9s de examinar la sinceridad habitual del vidente en cuesti\u00f3n, la ausencia de fines segundos, tales como el beneficio o la afirmaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, as\u00ed\u00ad como la convergencia sustancial de sus diversas declaraciones. Tambi\u00e9n el diagn\u00f3stico patol\u00f3gico puede arrinconarse si se encuentran en el vidente signos diversos a los de los enfermos ps\u00ed\u00adquicos: sentido de la realidad, serenidad de \u00e1nimo, exclusi\u00f3n de exhibicionismo. Con todo, desde el punto de vista fenomenol\u00f3gico est\u00e1 comprobado que \u00ablas visiones y audiciones de tipo imaginario no ofrecen en cuanto a su mecanismo ninguna diferencia en el m\u00ed\u00adstico y en el alucinado corriente\u00bb, es decir, entran en el mecanismo alucinatorio, en el cual \u00abel inconsciente del sujeto se expresa utilizando s\u00ed\u00admbolos visuales para manifestar su deseo profundo&#8230; Se trata de un fen\u00f3meno subjetivo condicionado por todo un mundo cultural, emocional, familiar, inconsciente; fen\u00f3meno subjetivo, en el cual el inconsciente se expresa bien aisladamente, bien de modo colectivo y contagioso. Esto se corresponde con mecanismos electroqu\u00ed\u00admicos muy complejos, que tienen lugar en el cerebro y lo modifican a nivel de las c\u00e9lulas occipitales\u00bb. Circunscribir estos fen\u00f3menos al an\u00e1lisis cl\u00ed\u00adnico-psicol\u00f3gico ser\u00ed\u00ada, seg\u00fan una comparaci\u00f3n de Jung, como estudiar la catedral de Colonia deteni\u00e9ndose en el an\u00e1lisis qu\u00ed\u00admico de las piedras que la componen. Es importante examinarlos en el contexto religioso inmediato, en el cual pueden asumir valor de signos divinos que autentican una misi\u00f3n o coronan una vida santa, lo mismo que en el contexto m\u00e1s amplio del cristianismo como historia de salvaci\u00f3n. Aunque siempre faltar\u00e1 una certeza matem\u00e1tica, al creyente le es posible alcanzar la convicci\u00f3n de que un fen\u00f3meno, sea o no explicable naturalmente, representa una aut\u00e9ntica intervenci\u00f3n de Dios en la historia. Se diferencia de acontecimientos an\u00e1logos ajenos a la l\u00f3gica estricta de la fe en su principio y en sus consecuencias. Se nos remite, pues, al contexto general de la historia de la salvaci\u00f3n; vidente, mensaje y efectos han de ser un claro testimonio de Cristo y una palabra homog\u00e9nea con la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>2. ACOGER LOS SIGNOS DE DIOS EN SU SIGNIFICADO EXISTENCIAL &#8211; A veces ha prevalecido en la Iglesia una actitud severa y represiva con los videntes, las apariciones y todo g\u00e9nero de profetismo, sobre todo en el per\u00ed\u00adodo postridentino, en el que hab\u00ed\u00ada que proteger las instituciones de los posibles abusos del carisma. Despu\u00e9s del Vat. II se concede mayor espacio al elemento carism\u00e1tico, puesto que \u00abel Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condici\u00f3n, `distribuyendo a cada uno seg\u00fan quiere&#8217; (1 Cor 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean \u00fatiles para la renovaci\u00f3n y la mayor edificaci\u00f3n de la Iglesia\u00bb (LG 12). Si la Iglesia es criatura del Esp\u00ed\u00adritu, el cual despierta o suscita los carismas en los fieles, negarlos o cerrarse ante ellos equivale a no tener en cuenta el plan de Dios y sus sol\u00ed\u00adcitas atenciones. Por eso el Vat. II, aunque recuerda la necesidad de examinar los carismas extraordinarios por parte de la autoridad eclesi\u00e1stica, invita a una actitud de aceptaci\u00f3n prudente y gozosa: \u00abEstos carismas, tanto los extraordinarios como los m\u00e1s comunes y difundidos, deben ser recibidos con gratitud y consuelo, porque son muy adecuados y \u00fatiles a las necesidades de la Iglesia. Los dones extraordinarios no deben pedirse temerariamente ni hay que esperar de ellos con presunci\u00f3n los frutos del trabajo apost\u00f3lico. Y, adem\u00e1s, el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable pertenece a quienes tienen la autoridad de la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el Esp\u00ed\u00adritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno (cf. 1 Tes 5,12 y 19-21)\u00bb (LG 12). Parece, pues, decretado el fin de la lucha negativa con que se reaccionaba ante visionarios, videntes e iluminados. El m\u00e9todo represivo, adem\u00e1s de no ser evang\u00e9lico ni estar de acuerdo con la libertad religiosa (DH 1-2), no tiene \u00e9xito, puesto que lleva a la formaci\u00f3n de sectas o grupos cerrados, y no a su eliminaci\u00f3n: adem\u00e1s descuida el contenido positivo y los valores de que son portadores los videntes, privando a la comunidad de \u00fatiles est\u00ed\u00admulos para remediar las carencias y anormalidades de la praxis eclesial en una determinada \u00e9poca hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Tales est\u00ed\u00admulos surgen hoy en la Iglesia ciertamente de aquel nuevo tipo de profetismo que descubre la voluntad de Dios y sus llamadas en los \u00absignos de la tierra\u00bb. es decir, en los >\u00bbsignos de los tiempos\u00bb. Son conocidas las interpelaciones de personalidades religiosas de nuestro siglo que han le\u00ed\u00addo prof\u00e9ticamente en historia, han indicado por anticipado su movimiento y han sacudido las conciencias para que salieran de su tranquila indolencia y adoptaran un compromiso concreto y actual. Porque \u00abllevamos en la sangre la desconfianza, ciertamente nada cristiana, frente a los profetas\u00bb, hemos de \u00abtemer muy seriamente no prestar atenci\u00f3n a los profetas, burlarnos de ellos y darles muerte\u00bb\u00bb, content\u00e1ndonos luego con honrarles mediante una f\u00e1cil glorificaci\u00f3n p\u00f3stuma. Aunque m\u00e1s problem\u00e1tico para nuestra \u00e9poca secularizada, existe un profetismo de tipo m\u00ed\u00adstico. que lee m\u00e1s bien los \u00absignos del cielo\u00bb; a la b\u00fasqueda laboriosa de la presencia de Dios en la historia prefiere la apertura a los mensajes divinos y la transparencia para interferir lo menos posible su contenido, destinado a los hombres.<\/p>\n<p>En la vida espiritual del vidente, la experiencia de las revelaciones no puede ser desvalorizada o reducida a algo accesorio; marca profundamente el itinerario religioso como un cambio decisivo y determinante. Un ejemplo cl\u00e1sico nos lo ofrece santa Teresa de Avila, a quien bastaba una sola visi\u00f3n para sentirse claramente transformada: \u00abYo me ve\u00ed\u00ada otra en todo&#8230; Jam\u00e1s me pod\u00ed\u00ada pesar de haber visto estas visiones celestiales y por todos los bienes y deleites del mundo sola una vez no lo trocara; siempre lo ten\u00ed\u00ada por gran merced del Se\u00f1or y me parece un grand\u00ed\u00adsimo tesoro y el mismo Se\u00f1or me aseguraba muchas veces. Yo me ve\u00ed\u00ada crecer en amarle muy mucho\u00bb&#8217;.<\/p>\n<p>Cambios radicales semejantes a \u00e9stos tienen lugar en cuantos se ponen en contacto con fen\u00f3menos de revelaci\u00f3n, siempre que de la impresi\u00f3n inicial se pase a ahondar en el significado profundo de tales acontecimientos: signos interpeladores de Dios, el cual se interesa personalmente por la salvaci\u00f3n humana; llamadas de estilo prof\u00e9tico, que sacuden de la inercia e infunden esperanza; invitaciones a la conversi\u00f3n y a la vida evang\u00e9lica y. a menudo, manifestaciones de la maternal solicitud de Mar\u00ed\u00ada por sus hijos en momentos hist\u00f3ricos particulares. Responden tambi\u00e9n a la irreprimible necesidad humana de hechos, de intervenciones concretas y existenciales de Dios en el mundo; a esa sed de prodigios, que es un acercamiento. imperfecto pero aut\u00e9ntico, a la fe exigida al cristiano.<\/p>\n<p>3. REFERIRLO TODO A CRISTO Y A SU MENSAJE &#8211; Acoger las interpelaciones de las revelaciones no significa absolutizarlas y aislarlas del conjunto de la vida cristiana; ser\u00ed\u00ada dispersivo e irrespetuoso con la jerarqu\u00ed\u00ada de valores no vincularlas a la revelaci\u00f3n definitiva realizada por Dios en Cristo, palabra \u00faltima y acontecimiento final, en el cual \u00fanicamente est\u00e1 \u00abel camino, la verdad y la vida\u00bb (cf Jn 14,16). Efectuando una concentraci\u00f3n cristol\u00f3gica. el Vat. II supera la doctrina preconciliar de la clausura de la revelaci\u00f3n con la muerte del \u00faltimo ap\u00f3stol\u00bb y afirma que es Cristo \u00abla plenitud de la revelaci\u00f3n\u00bb (DV 7). Si permanece cerrado el camino a una revelaci\u00f3n m\u00e1s perfecta o en contraste con la econom\u00ed\u00ada cristiana, que. \u00abpor ser alianza nueva y definitiva, nunca pasar\u00e1\u00bb (DV 4), no ha de olvidarse la obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, el cual lleva a la plenitud de la verdad (Jn 16.13), siempre en armon\u00ed\u00ada con el evangelio de Cristo (Jn 14,16). La revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica sigue siendo normativa, si bien no es un mensaje cerrado, sino un anuncio al que todo cristiano est\u00e1 llamado a darle forma en consonancia con las nuevas exigencias de los tiempos. Por tanto, las apariciones han de resolverse, en \u00faltima instancia, en un encuentro personal con Cristo y en la plena adhesi\u00f3n a su palabra: \u00abPor esto distinguir\u00e9is el esp\u00ed\u00adritu de Dios: Todo esp\u00ed\u00adritu que confiesa a Jes\u00fas, el Cristo, venido en carne, es de Dios; y todo esp\u00ed\u00adritu que no confiesa a Jes\u00fas, no es de Dios\u00bb (1 Jn 4,2-3). Un factor discriminante entre las apariciones verdaderas y las presuntas es que las primeras hacen revivir el evangelio; en los santuarios relacionados con ellas se renuevan los prodigios, reaparecen las multitudes, renacen la esperanza y la alegr\u00ed\u00ada, se perdonan los pecados, vuelve a escucharse el mensaje de Cristo y se reafirman los compromisos cristianos. Tales apariciones \u00abson como signos y mediaciones espirituales que nos permiten acercarnos y recibir el \u00fanico don de la gracia en el Se\u00f1or Jes\u00fas. A su modo, nos hacen presente el evangelio\u00bb.<\/p>\n<p>Los mayores riesgos que amenazan a una espiritualidad nutrida de apariciones son la actitud pesimista y temerosa, y el comportamiento intimista y evasivo. A tales peligros se pone remedio recurriendo asiduamente a las ense\u00f1anzas b\u00ed\u00adblicas sobre la vida filial en libertad y alegr\u00ed\u00ada, que ninguna previsi\u00f3n, por t\u00e9trica que sea, puede turbar, y sobre la primac\u00ed\u00ada de la caridad con respecto a los carismas y de la fe con respecto a la visi\u00f3n. Sobre todo, no hay que otorgar confianza a videntes o a mensajes que confinan con el \u00abnaufragio de la misma presencia individual\u00bb o con \u00abla experiencia de ser-manejado-por\u00bb los factores propios de la existencia m\u00e1gica; el recurso a Dios, a Mar\u00ed\u00ada o a los videntes no debe tender a una confianza irresponsable, sino a establecer una comuni\u00f3n de amor que lleve a la realizaci\u00f3n del reino de Dios en la justicia y en la caridad. La presencia de Dios en el mundo no ha de verse en t\u00e9rminos de evasi\u00f3n, sino de realizaci\u00f3n hist\u00f3rica del hombre y de transformaci\u00f3n de la realidad. Si es cierto que \u00abel hombre no vive sin visiones\u00bb, tambi\u00e9n lo es que ellas no bastan para la salvaci\u00f3n; \u00e9sta se alcanza s\u00f3lo por una fe expresada en el amor (G\u00e1l 5,6; 1 Cor 13,1-13), o sea, en una presencia religiosa hist\u00f3ricamente significativa.<\/p>\n<p>S. De Fiores<br \/>\nBIBL.-AA. VV.. \u00c2\u00a1La Virgen siempre! Significado e influjo de sus mensajes en la historia de la salvaci\u00f3n, Apostolado Prensa, Madrid 1969.-AA. VV.. Vraies et fausses apparitions dans VEglise, P. Lathielleux, Par\u00ed\u00ads 1973.-AA. VV., Les visions mystiques (febrero 1977, de Nouvelles de l&#8217;Institut catholique de Par\u00ed\u00ads).-AA. VV.. Revelaci\u00f3n y experiencia, en \u00abConcilium\u00bb, 133 (1978).-Barth, K, La revelaci\u00f3n como abolici\u00f3n de la religi\u00f3n, Marova, Madrid 1973.-Cox, H, La seducci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu, Sal Terrae, Santander 1979.-Gadamer, H.-G, Verdad y m\u00e9todo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977.-Guillan, J. La superstici\u00f3n superada, Ceme, Salamanca 1973.-Iturrioz, D, Revelaciones privadas. Estudio teol\u00f3gico, Raz\u00f3n y Fe. Madrid 1988.-L\u00e9vi-Straus, C. El pensamiento salvaje, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico 1964.-Lhermitte, J, M\u00ed\u00adsticos y falsos m\u00ed\u00adsticos, Studium, Madrid 1958.-Rahner, K, Visiones y profec\u00ed\u00adas, Dinar, Pamplona 1958.-Royo Campos, Z, La revelaci\u00f3n privada, Granada 1969.-Staehlin, J. M, Apariciones. Ensayo cr\u00ed\u00adtico, Raz\u00f3n y Fe, Madrid 1954.&#8211;Votken, L. Las revelaciones en la Iglesia, Madrid 1962.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>Persona a la que Dios permite discernir Su voluntad; la que tiene tal percepci\u00f3n; persona a la que se ha dado clarividencia para ver o entender lo que no est\u00e1 al alcance de los hombres en general. La palabra hebrea ro\u00c2\u00b7\u00c2\u00b4\u00e9h, \u2020\u0153vidente\u2020\u009d, se deriva de una ra\u00ed\u00adz que significa \u2020\u0153ver\u2020\u009d, bien literalmente o de manera figurada. El vidente era un hombre al que otros consultaban para recibir consejo sabio sobre los problemas a los que se enfrentaban. (1Sa 9:5-10.) La Biblia llama \u2020\u0153videntes\u2020\u009d a Samuel (1Sa 9:9, 11, 18, 19; 1Cr 9:22; 29:29), Sadoc (2Sa 15:27) y Hanan\u00ed\u00ad (2Cr 16:7, 10).<br \/>\nLas designaciones \u2020\u0153vidente\u2020\u009d, \u2020\u0153profeta\u2020\u009d y \u2020\u0153hombre de visiones\u2020\u009d est\u00e1n relacionadas estrechamente en las Escrituras. \u2020\u0153Vidente\u2020\u009d posiblemente tenga que ver con el discernimiento, mientras que \u2020\u0153hombre de visiones\u2020\u009d aplique a c\u00f3mo se dio a conocer la voluntad divina, y \u2020\u0153profeta\u2020\u009d se relaciona m\u00e1s bien con el hecho de pronunciar o proclamar la voluntad de Dios. A Samuel, Nat\u00e1n y Gad se les llama profetas (1Sa 3:20; 2Sa 7:2; 24:11), pero en 1 Cr\u00f3nicas 29:29 se hace una distinci\u00f3n entre las tres designaciones: \u2020\u0153Entre las palabras de Samuel el vidente y entre las palabras de Nat\u00e1n el profeta y entre las palabras de Gad el hombre de visiones\u2020\u009d.<br \/>\nPrimero de Samuel 9:9 dice: \u2020\u0153Al profeta de hoy se le llamaba vidente en tiempos pasados\u2020\u009d. Puede que esto se haya debido a que hacia el final de los d\u00ed\u00adas de los jueces y durante los reinados de los reyes de Israel (que empezaron en los d\u00ed\u00adas de Samuel), adquiri\u00f3 m\u00e1s relevancia el profeta como proclamador p\u00fablico de la voluntad de Dios. Por lo general, a Samuel se le llama el primero de la l\u00ed\u00adnea de hombres conocida como \u2020\u0153los profetas\u2020\u009d. (Hch 3:24; 13:20; v\u00e9ase PROFETA.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Profeta, Sacerdote 1Sa 9:9 vamos al v .. profeta .. se le llamaba v 1Sa 9:19 yo soy el v; sube delante de m\u00ed al lugar 2Sa 24:11; 1Ch 21:9 Gad v de David 2Ch 33:19 escritas en las palabras de los v Isa 30:10 que dicen a los v: No ve\u00e1is; y a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vidente\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVIDENTE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6740","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6740","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6740"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6740\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6740"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6740"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6740"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}