{"id":6837,"date":"2016-02-05T03:42:08","date_gmt":"2016-02-05T08:42:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/albigenses\/"},"modified":"2016-02-05T03:42:08","modified_gmt":"2016-02-05T08:42:08","slug":"albigenses","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/albigenses\/","title":{"rendered":"ALBIGENSES"},"content":{"rendered":"<p>(Tambi\u00e9n se les conoce como \u00c2\u00ae \u00abC\u00ed\u0081TAROS\u00bb.)<br \/>\nSecta her\u00e9tica medieval. El movimiento c\u00e1taro, establecido en Bulgaria, parece tener or\u00ed\u00adgenes maniqueos, pero sus creencias, en forma modificada, fueron divulgadas por el Asia Menor y pasaron a los Balcanes en la Edad Media. El mayor grupo c\u00e1taro recibe el nombre de albigense porque ten\u00ed\u00ada su base en la regi\u00f3n de Albi, Languedoc, al sur de Francia, donde llegaron a ser un movimiento fuerte a partir del siglo XI.<br \/>\nEsta religi\u00f3n dualista, con un dios de luz y verdad (el del Nuevo Testamento) y otro de tinieblas y error (el del Antiguo Testamento), predicaba una lucha entre estos dioses y otra entre el esp\u00ed\u00adritu y la materia. Los creyentes se divid\u00ed\u00adan en perfecti y credentes, es decir, el clero y los simples feligreses. Estos deb\u00ed\u00adan imitar el ascetismo de los perfecti. Para alcanzar tal condici\u00f3n era necesario someterse a su \u00fanico sacramento, el consolamentum. Los albigenses rechazaban el matrimonio, la procreaci\u00f3n, la guerra, el \u00e9nfasis en lo material y se negaban a consumir ciertos alimentos. Se opon\u00ed\u00adan a los gobiernos y los juramentos. Estas pr\u00e1cticas no eran comunes a todos los creyentes, sino a los m\u00e1s consagrados. Como el \u00fanico infierno era el encarcelamiento del alma dentro del cuerpo, algunos viv\u00ed\u00adan de manera inmoral, mientras que otros eran sumamente rigurosos.<br \/>\nSe extendieron por el sur de Francia bajo el patrocinio del conde Raimundo VI de Tolosa. Santo Domingo de Guzm\u00e1n trat\u00f3 de llevarlos a la obediencia romana, pero fracas\u00f3; tambi\u00e9n lo intent\u00f3 la orden cisterciense. El papa Inocencio III lanz\u00f3 una cruzada contra ellos, en la que se distingui\u00f3 Sim\u00f3n de Monfort. Los albigenses fueron condenados por diversos concilios, pero se mantuvieron activos en algunas regiones hasta el siglo XVI.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Religiones Denominaciones y Sectas<\/b><\/p>\n<p>Los >c\u00e1taros franceses recibieron el nombre de \u00abalbigenses\u00bb por un grupo muy unido e importante de estos que se fund\u00f3 en Albi (Francia) 1. En su forma pura su doctrina era fuertemente dualista, no muy distinta de la maniquea: el esp\u00ed\u00adritu y la materia se hab\u00ed\u00adan formado respectivamente de los dos principios eternos del bien y del mal. El alma deb\u00ed\u00ada por tanto ser liberada de su prisi\u00f3n. Rechazaban la encarnaci\u00f3n, la Iglesia y muchas de sus doctrinas y pr\u00e1cticas sacramentales.<\/p>\n<p>Hubo dos grupos dentro de la secta. Los observantes estrictos, que hab\u00ed\u00adan recibido el consolamentum  (la \u00abconsolaci\u00f3n\u00bb: un bautismo espiritual), eran vegetarianos rigurosos y se absten\u00ed\u00adan del matrimonio. Eran llamados los \u00abperfectos\u00bb. El segundo grupo, formado por los \u00abcreyentes\u00bb, llevaba una vida m\u00e1s ordinaria, permaneciendo algunos incluso dentro de la Iglesia cat\u00f3lica; esperaban recibir el consolamentum  en la vejez o en el lecho de muerte. Los albigenses tuvieron una gran difusi\u00f3n por Francia, el norte de Espa\u00f1a e Italia. Eran muy admirados por el pueblo porque la austeridad de su vida contrastaba con la vida a menudo disoluta del clero.<\/p>\n<p>>Inocencio III trat\u00f3 de convertirlos, pero con poco \u00e9xito. Hubo una >cruzada contra ellos hacia 1208-1218. Fueron condenados por concilios locales, por el de >Letr\u00e1n III 2 e impl\u00ed\u00adcitamente por el de >Letr\u00e1n IV, que reanud\u00f3 la cruzada contra ellos y otros herejes, con una indulgencia aneja equivalente a dos a\u00f1os de servicio en Tierra Santa 3.<\/p>\n<p>La >Inquisici\u00f3n dominicana recibi\u00f3 el encargo en 1223 de acabar con la herej\u00ed\u00ada, que finalmente desapareci\u00f3 a finales del siglo siguiente. Sus notas dualistas y rigoristas volver\u00ed\u00adan a aparecer de distintos modos a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>NOTAS:<br \/>\n1. H. WOLTER, en H. JEDIN (dir.), Manual de historia de la Iglesia IV,  Herder, Barcelona 1986, p\u00e1ssim; M. D. KNowLEs, La Iglesia en la Edad media,  en J. RoGIER-R. AUBERTM. D. KNOwLES, Nueva historia de la Iglesia  II, Cristiandad, Madrid 1977, 373ss.; T. JANSEN, Albigenses,  en L. PAcoMio (ed.), Diccionario teol\u00f3gico enciclop\u00e9dico,  Verbo Divino, Estella 1995, 30; M. MENENDEZ PELAYO, Albigenses, c\u00e1taros-Valdenses, pobres de Le\u00f3n \u00abinsabattatos\u00bb,  en Historia de los heterodoxos espa\u00f1oles 1,  BAC, Madrid 1998, 447ss; OxDCC 31.\u00c2\u00a0<br \/>\n2 Cf H. WOLTER, en H. JEDIN (dir.), o.c., 224.\u00c2\u00a0<br \/>\n3 DENZINGER-H\u00dcNERMANN, 800-802; cf S. DEL CuRA, La declaraci\u00f3n del IV Concilio de Letr\u00e1n (1215) en el cuadro de las controversias del tiempo, sobre todo con valdenses y c\u00e1taros,  Aldecoa, Burgos 1983.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino albigenses se usa para designar a los herejes del Languedoc que viv\u00ed\u00adan en el tri\u00e1ngulo formado por las ciudades de Toulouse, Albi Y Carcasona. Los encontramos en los- ss. Xll y Xlll sobre todo en el sur de Francia, pero tambi\u00e9n en Espa\u00f1a y en Italia. Est\u00e1n animados de una necesidad de austeridad y de perfecci\u00f3n: frente al lujo de los cl\u00e9rigos escogen una vida de pobreza y de ascesis. aunque alej\u00e1ndose de la doctrina cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Al comienzo sostuvieron un dualismo moderado, basado en la creencia en dos principios, de los cuales uno, el Bien, es superior al otro, el Mal. Pero alrededor del 1170, bajo el influjo de Nicetas de Constantinopla, aceptaron un dualismo radical, que opon\u00ed\u00ada a los dos principios creadores, igualmente poderosos, del Bien y del Mal. Sobre este fondo metaf\u00ed\u00adsico, los albigenses elucubraron varios mitos, negando por ejemplo la encarnaci\u00f3n de Cristo. Se organizaron en comunidades o Iglesias distintas, con sus propios obispos y ministros, aceptando como \u00fanico sacramento el consolamentum o bautismo del Esp\u00ed\u00adritu, que se confer\u00ed\u00ada s\u00f3lo a los adeptos m\u00e1s comprometidos, los \u00abperfectos\u00bb.<\/p>\n<p>Para combatir esta herej\u00ed\u00ada fueron enviados a Toulouse algunos monjes cistercienses como legados. Tras el<\/p>\n<p>asesinato de uno de ellos, Pedro de Castelnau, el papa Inocencio III convoc\u00f3 una cruzada contra los albigenses, que dur\u00f3 del 1208 al 1229. Al conocer la situaci\u00f3n deplorable provocada por los albigenses, santo Domingo de Guzm\u00e1n comenz\u00f3 un apostolado para reconciliar a los herejes, dando comienzo entonces a la Orden de Hermanos Predicadores. Los albigenses tuvieron, en su \u00e9poca. una gran influencia en la Iglesia, pero en el s. XlV desaparecieron sin dejar huellas.<\/p>\n<p>T Jansen<\/p>\n<p>Bibl.: R. Manselli &#8211; Y Dossat, Albigenser, en Lexikon des Mittelalters, 1, M\u00fanich-Z\u00farich 1980, 302-307. R. Garc\u00ed\u00ada Villoslada, Historia de la Iglesta, II, BAC, Madrid 1953, 578585, 803-814.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Los albigenses (herederos de las herej\u00edas dualistas de los bogomiles y paulicianos) se centraron en Albi, ciudad al sur de Francia. Tambi\u00e9n florecieron en el norte de Espa\u00f1a y el norte de Italia durante el d\u00e9cimo segundo siglo, y tambi\u00e9n fueron conocidos por el nombre de c\u00e1taros o patarenses.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El dualismo c\u00e1taro ense\u00f1aba que un poder bueno hab\u00eda hecho un mundo espiritual y que un poder malo hab\u00eda creado un mundo material. Rechazaron parte del AT, a la vez que hac\u00edan \u00e9nfasis en el Evangelio de Juan. Hicieron una protesta en contra del sacerdocio en vista de los males de la iglesia medioeval.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los albigenses se dividieron en dos grupos, los <em>perfecti<\/em> y los <em>credenti<\/em>. Los \u00faltimos eran una orden inferior, quienes pod\u00edan casarse, ser due\u00f1os de alguna propiedad, y participar en los sacramentos de la iglesia Romana. Estos esperaban el <em>consolamentum<\/em> que les dar\u00eda plena salvaci\u00f3n. Muchos pospusieron la experiencia de este <em>consolamentum<\/em> hasta un momento antes de la muerte. Los <em>perfecti<\/em> eran aquellos que hab\u00edan experimentado el <em>consolamentum<\/em>. A ellos se les hab\u00eda perdonado todos sus pecados y, por tanto, deb\u00edan permanecer en el celibato, separados de sus esposas. Se les prohib\u00eda comer carne, leche o huevos, ya que todo esto era resultado de la actividad sexual. No pod\u00edan hacer la guerra ni tener propiedades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque protegidos por Enrique IX y el Duque de Aquitania, Inocencio III orden\u00f3 a los cisterciences predicar una cruzada contra ellos en 1209, pero fracas\u00f3. La guerra termin\u00f3 en 1229 con los albigenses todav\u00eda en existencia. La Inquisici\u00f3n del siglo catorce tuvo \u00e9xito en su exterminio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Schmidt, <em>Histoire de la secte des Cathares ou Albigeois<\/em>; H.J. Warner, <em>The Albigensian Heresy<\/em>, 2 tomos; H Soederburg, <em>La religion des Cathari<\/em>; S. Runciman, <em>The Medieval Manicee<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sherman Roddy<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (18). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">(De Albi, en lat\u00edn Albiga, la actual capital del departamento del Tarn).<br \/>\nUna secta neo-maniquea que floreci\u00f3 en el sur de Francia en los Siglos XII y XIII. El nombre de albigenses, que les dio el Concilio de Tours (1163) prevaleci\u00f3 hacia el fin del Siglo XII y fue durante mucho tiempo aplicado a todos los herejes del sur de Francia. Tambi\u00e9n se les llam\u00f3 c\u00e1taros (katharos, puro), aunque en realidad fueron s\u00f3lo una rama del movimiento c\u00e1taro. El surgimiento y extensi\u00f3n de la nueva doctrina en la Francia meridional fue favorecido por diversas circunstancias, entre las cuales pueden mencionarse: la fascinaci\u00f3n ejercida por el f\u00e1cilmente comprensible principio dualista; el residuo de elementos doctrinales jud\u00edos y mahometanos; la riqueza, ocio, y mente imaginativa de los habitantes de Languedoc; su desprecio por el clero cat\u00f3lico, causada por la ignorancia y la vida mundana, demasiado frecuentemente escandalosa, de \u00e9ste; la protecci\u00f3n de una abrumadora mayor\u00eda de la nobleza, y la \u00edntima combinaci\u00f3n local de aspiraciones nacionales y sentimientos religiosos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">I. PRINCIPIOS\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a) Doctrinales<br \/>\nLos albigenses afirmaban la coexistencia de dos principios opuestos entre s\u00ed, uno bueno, y el otro malo. El primero es el creador del mundo espiritual, el segundo del material. El mal principio es la fuente de todo mal; fen\u00f3menos naturales, bien ordinarios como el crecimiento de las plantas, o bien extraordinarios como los terremotos, al igual que los des\u00f3rdenes morales (guerra), deben serle atribuidos. \u00c9l cre\u00f3 el cuerpo humano y es el autor del pecado, que nace de la materia y no del esp\u00edritu. El Antiguo Testamento debe serle parcial o totalmente atribuido; mientras que el Nuevo Testamento es la revelaci\u00f3n del Dios benefactor. Este \u00faltimo es el creador de las almas humanas, a las que el mal principio encerr\u00f3 en cuerpos materiales tras haberles enga\u00f1ado para dejar el reino de la luz. Esta tierra es un lugar de castigo, el \u00fanico infierno que existe para el alma humana. El castigo, sin embargo, no es eterno; pues todas las almas, al ser de naturaleza divina, deben ser liberadas a la larga. Para llevar a cabo esta liberaci\u00f3n Dios envi\u00f3 a la tierra a Jesucristo, quien, aunque perfect\u00edsimo, como el Esp\u00edritu Santo, es aun as\u00ed una mera criatura. El Redentor no habr\u00eda podido tomar un cuerpo humano genuino, porque de ese modo habr\u00eda ca\u00eddo bajo el control del principio del mal. Su cuerpo fue, por tanto, de esencia celestial, y con ella penetr\u00f3 por la oreja de Mar\u00eda. S\u00f3lo aparentemente naci\u00f3 de ella y s\u00f3lo aparentemente padeci\u00f3. Su redenci\u00f3n no fue operativa, sino solamente instructiva. Para disfrutar de sus beneficios, uno deb\u00eda hacerse miembro de la Iglesia de Cristo (los Albigenses). Aqu\u00ed abajo, no son los sacramentos cat\u00f3licos sino la peculiar ceremonia de los albigenses conocida como consolamentum, o \u201cconsolaci\u00f3n\u201d, la que purifica el alma de todo pecado y asegura su inmediata vuelta al cielo. La resurrecci\u00f3n  del cuerpo no tendr\u00e1 lugar, puesto que por su naturaleza toda carne es mala.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b) Morales<br \/>\nEl dualismo de los albigenses fue tambi\u00e9n la base de su ense\u00f1anza moral. El hombre, ense\u00f1aban, es una contradicci\u00f3n viviente. De ah\u00ed que la liberaci\u00f3n del alma de su cautividad en el cuerpo sea la verdadera finalidad de nuestro ser. Para alcanzar \u00e9sta, el suicidio es recomendable; era costumbre entre ellos en la forma de la endura (inanici\u00f3n). La extinci\u00f3n de la vida corporal en el mayor grado compatible con la existencia humana es tambi\u00e9n una finalidad perfecta. Como la generaci\u00f3n propaga la esclavitud del alma al cuerpo, debe practicarse la castidad perpetua. La relaci\u00f3n matrimonial es ilegal; el concubinato, al ser de naturaleza menos permanente, es preferible al matrimonio. El abandono de la mujer por su marido, o viceversa, es deseable. La generaci\u00f3n era aborrecida por los albigenses incluso en el reino animal. Por consiguiente, se ordenaba la abstenci\u00f3n de todo alimento animal, excepto el pescado. Su creencia en la metempsicosis, o trasmigraci\u00f3n de las almas, resultado l\u00f3gico de su rechazo del purgatorio, suministra otra explicaci\u00f3n para la misma abstinencia. A esta pr\u00e1ctica a\u00f1adieron largos y rigurosos ayunos. La necesidad de absoluta fidelidad a la secta era fuertemente inculcada. La guerra y el castigo capital eran absolutamente condenados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II. ORIGEN E HISTORIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El contacto del Cristianismo con la mente y las religiones orientales hab\u00eda producido varias sectas (Gn\u00f3sticos, Maniqueos, Paulicianos, Bogomiles) cuyas doctrinas eran semejantes a los dogmas de los albigenses. Pero la relaci\u00f3n hist\u00f3rica entre los nuevos herejes y sus predecesores no se puede averiguar claramente. En Francia, donde fueron introducidas por una mujer de Italia, las doctrinas neo-maniqueas se difundieron secretamente durante varios a\u00f1os antes de que aparecieran, casi simult\u00e1neamente, cerca de Toulouse y en el s\u00ednodo de Orl\u00e9ans (1022). A los que las propon\u00edan se les hizo sufrir incluso la pena de muerte. El Concilio de Arras (1025), el de Charroux, departamento de Vienne (ca. 1028), y el de Reims (1049) tuvieron que tratar de la herej\u00eda. En el de Beauvais (1114) se suscit\u00f3 el caso de los neo-maniqueos de la di\u00f3cesis de Soissons, pero se remiti\u00f3 al concilio a celebrar poco despu\u00e9s en esta ciudad. El Petrobrusianismo se familiariz\u00f3 ahora en el sur con algunos de los dogmas de los albigenses. Su condena por el Concilio de Toulouse (1119) no evit\u00f3 que el mal se extendiera. El Papa Eugenio III (1145-53) envi\u00f3 un legado, el cardenal Alberico de Ostia, a Languedoc (1145), y San Bernardo secund\u00f3 los esfuerzos del legado. Pero su predicaci\u00f3n no produjo efectos duraderos. El Concilio de Reims (1148) excomulg\u00f3 a los protectores \u201cde los herejes de Gascu\u00f1a y Provenza\u201d. El de Tours (1163) decret\u00f3 que los albigenses deb\u00edan ser encarcelados y sus propiedades confiscadas. Se celebr\u00f3 una discusi\u00f3n religiosa en Lombez (1165), con el habitual resultado insatisfactorio de tales conferencias. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, los albigenses celebraron un concilio general en Toulouse, su principal centro de actividad. El cardenal legado Pedro hizo otro intento de arreglo pac\u00edfico (1178), pero fue recibido con burlas. El Tercer Concilio Ecum\u00e9nico de Letr\u00e1n (1179) renov\u00f3 las severas medidas anteriores y public\u00f3 un llamamiento a usar la fuerza contra los herejes, que estaban saqueando y devastando Albi, Toulouse, y los alrededores. A la muerte (1194) del cat\u00f3lico conde de Toulouse, Raimundo V, su sucesi\u00f3n recay\u00f3 en Raimundo VI (1194-1222), que favorec\u00eda la herej\u00eda. Con el acceso de Inocencio III (1198) la obra de conversi\u00f3n y represi\u00f3n fue emprendida vigorosamente. En 1205-6 tres acontecimientos auguraban el buen \u00e9xito de los esfuerzos hechos en esa direcci\u00f3n. Raimundo VI, frente a las amenazadoras operaciones militares emprendidas contra \u00e9l por Inocencio III, prometi\u00f3 bajo juramento desterrar de sus dominios a los disidentes. El monje Fulco de Marsella, anteriormente un trovador, se convirti\u00f3 ahora en arzobispo de Toulouse (1205-31). Dos espa\u00f1oles, Diego, obispo de Osma y su compa\u00f1ero, Domingo de Guzm\u00e1n (Santo Domingo), volviendo de Roma, visitaron a los legados papales en Montpellier. Por consejo suyo el excesivo esplendor externo de los predicadores cat\u00f3licos, que ofend\u00eda a los herejes, fue reemplazado por una austeridad apost\u00f3lica. Se reanudaron las disputas religiosas. Santo Domingo, percibiendo las grandes ventajas derivadas para sus oponentes de la cooperaci\u00f3n de mujeres, fund\u00f3 (1206) en Pouille, cerca de Carcassonne, una congregaci\u00f3n religiosa para mujeres, cuyo objeto era la educaci\u00f3n de las chicas m\u00e1s pobres de la nobleza. No mucho despu\u00e9s de esto fund\u00f3 la Orden Dominicana. Inocencio III, en vista de la inmensa extensi\u00f3n de la herej\u00eda, que infectaba unas 1000 ciudades o pueblos, pidi\u00f3 ayuda (1207) al rey de Francia, como soberano del condado de Toulouse, para utilizar la fuerza. Renov\u00f3 su apelaci\u00f3n al recibir la noticia del asesinato de su legado, Pierre de Castelnau, un monje cisterciense (1208), que a juzgar por las apariencias, atribuy\u00f3 a Raimundo VI. Numerosos barones del norte de Francia, Alemania, y B\u00e9lgica se unieron a la cruzada, se puso a los legados papales al frente de la expedici\u00f3n, Arnaldo, abad del C\u00edster, y dos obispos. Raimundo VI, a\u00fan bajo la pena de excomuni\u00f3n pronunciada contra \u00e9l por Pierre de Castelnau, ofreci\u00f3 ahora someterse, se reconcili\u00f3 con la Iglesia, y se puso en campa\u00f1a contra sus antiguos amigos. Roger, vizconde de B\u00e9ziers, fue atacado en primer lugar, y sus principales fortalezas; B\u00e9ziers y Carcassonne, fueron tomadas (1209). Las monstruosas palabras: \u201cMatadlos a todos; Dios reconocer\u00e1 a los suyos\u201d, que supuestamente habr\u00eda proferido el legado papal en la captura de B\u00e9ziers, no fueron pronunciadas nunca (Tamizey de Larroque, \u201cRev. des quest. hist.\u201d 1866, I, 168-91). Se le dio a Sim\u00f3n de Monfort, conde de Leicester, el control del territorio conquistado, y se convirti\u00f3 en el caudillo militar de la cruzada. En el Concilio de Avi\u00f1\u00f3n (1209) Raimundo VI fue de nuevo excomulgado por no cumplir las condiciones de la reconciliaci\u00f3n eclesi\u00e1stica. Fue a Roma en persona, y el Papa orden\u00f3 una investigaci\u00f3n. Tras infructuosos intentos en el Concilio de Arles (1211) de un acuerdo entre los legados papales y el conde de Toulouse, \u00e9ste abandon\u00f3 el concilio y se prepar\u00f3 a resistir. Fue declarado enemigo de la Iglesia y sus posesiones dadas como prenda a cualquiera que las conquistara. Lavaur, departamento del Tarn, cay\u00f3 en 1211, en medio de una terrible carnicer\u00eda, en manos de los cruzados. Estos, exasperados por la rumoreada matanza de 6.000 de sus seguidores, no perdonaron ni edad ni sexo. La cruzada degener\u00f3 ahora en una guerra de conquista, e Inocencio III, a pesar de sus esfuerzos, fue impotente para volverla a llevar a su finalidad original.. Pedro de Arag\u00f3n, cu\u00f1ado de Raimundo, se interpuso para obtener su perd\u00f3n, pero sin \u00e9xito. Entonces tom\u00f3 las armas para defenderle. Las tropas de Pedro y de Sim\u00f3n de Montfort se enfrentaron en Muret (1213). Pedro fue derrotado y muerto. Los aliados del rey ca\u00eddo estaban tan debilitados ahora que ofrecieron someterse. El Papa envi\u00f3 como su representante al cardenal-di\u00e1cono Pedro de Santa Mar\u00eda in Aquiro, quien llev\u00f3 a cabo s\u00f3lo parte de sus instrucciones, recibiendo de hecho a Raimundo, a los habitantes de Toulouse, y a otros de vuelta en la Iglesia, pero promoviendo al mismo tiempo los planes de conquista de Sim\u00f3n. Este jefe continu\u00f3 la guerra y fue nombrado por el Concilio de Montpellier (1215) se\u00f1or de todo el territorio adquirido. El Papa, informado de que era el \u00fanico medio efectivo de aplastar la herej\u00eda, aprob\u00f3 la elecci\u00f3n. A la muerte de Sim\u00f3n (1218), su hijo Amalrico hered\u00f3 sus derechos y continu\u00f3 la guerra pero con poco \u00e9xito. Finalmente el territorio fue cedido casi totalmente al rey de Francia tanto por Amalrico como por Raimundo VII, mientras que el Concilio de Toulouse (1229) confiaba a la Inquisici\u00f3n, que pronto pas\u00f3 a manos de los Dominicos (1233), la represi\u00f3n de la herej\u00eda albigense. La herej\u00eda desapareci\u00f3 hacia el fin del Siglo XIV.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. ORGANIZACI\u00d3N Y LITURGIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los miembros de la secta se divid\u00edan en dos clases: Los \u201cperfectos\u201d(perfecti) y los meros \u201ccreyentes\u201d (credentes). Los \u201cperfectos\u201d eran los que se hab\u00edan sometido al rito de iniciaci\u00f3n (consolamentum). Eran pocos en n\u00famero y eran los \u00fanicos obligados a la observancia de la r\u00edgida ley moral arriba descrita. Mientras que los miembros femeninos de esta clase no viajaban, los hombres iban, por parejas, de sitio en sitio, realizando la ceremonia de iniciaci\u00f3n. El \u00fanico lazo que ligaba a los \u201ccreyentes\u201d al albigenismo era la promesa de recibir el consolamentum antes de la muerte. Eran muy numerosos, pod\u00edan casarse, hacer la guerra, etc., y generalmente cumpl\u00edan los diez mandamientos. Muchos segu\u00edan siendo \u201ccreyentes\u201d durante a\u00f1os y s\u00f3lo se iniciaban en su lecho de muerte. Si la enfermedad no terminaba fatalmente, la inanici\u00f3n o el veneno imped\u00edan con bastante frecuencia subsiguientes transgresiones morales. En algunos casos la reconsolatio se administraba a los que, tras la iniciaci\u00f3n, hab\u00edan reca\u00eddo en el pecado. La jerarqu\u00eda consist\u00eda en obispos y di\u00e1conos. La existencia de una Papa albigense no es universalmente admitida. Los obispos eran elegidos de entre los \u201cperfectos\u201d. Ten\u00edan dos ayudantes, el hijo mayor y el menor (filius major y filius minor), y eran sucedidos generalmente por el primero. El consolamentum, o ceremonia de iniciaci\u00f3n, era una especie de bautismo espiritual, an\u00e1logo en rito y equivalente en significado a varios de los sacramentos cat\u00f3licos (Bautismo, Penitencia, Orden). Su recepci\u00f3n, de la que estaban excluidos los ni\u00f1os, era precedida, si era posible, por un cuidadoso estudio religioso y pr\u00e1cticas penitenciales. En este periodo de preparaci\u00f3n, los candidatos realizaban ceremonias que ten\u00edan un chocante parecido con el antiguo catecumenado cristiano. El rito esencial del consolamentum era la imposici\u00f3n de manos. El compromiso que los \u201ccreyentes\u201d tomaban para ser iniciados antes de la muerte era conocido como la convenenza (promesa).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IV. ACTITUD DE LA IGLESIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Propiamente hablando, el albigenismo no fue una herej\u00eda cristiana, sino una religi\u00f3n extra-cristiana. La autoridad eclesi\u00e1stica, despu\u00e9s de que la persuasi\u00f3n hubo fracasado, adopt\u00f3 una direcci\u00f3n de severa represi\u00f3n, que condujo a veces a lamentables excesos. Sim\u00f3n de Montfort tuvo al principio buenas intenciones, pero despu\u00e9s utiliz\u00f3 el pretexto de la religi\u00f3n para usurpar el territorio de los condes de Toulouse. La pena de muerte fue, realmente, infligida demasiado libremente a los albigenses, pero debe recordarse que el c\u00f3digo penal de la \u00e9poca era considerablemente m\u00e1s riguroso que el nuestro, y que los excesos fueron a veces provocados. Raimundo VI y su sucesor, Raimundo VII, estaban siempre dispuestos, cuando estaban en apuros, a prometer, pero nunca a enmendarse seriamente. El Papa Inocencio III estaba justificado al decir que los albigenses eran \u201cpeores que los sarracenos\u201d; y aun as\u00ed aconsej\u00f3 moderaci\u00f3n y desaprob\u00f3 la ego\u00edsta pol\u00edtica adoptada por Sim\u00f3n de Montfort. Lo que la Iglesia combat\u00eda eran principios que conduc\u00edan directamente no s\u00f3lo a la ruina del cristianismo, sino a la propia extinci\u00f3n de la raza humana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">N.A. WEBER<br \/>\nTranscrito por Tim Drake<br \/>\nTraducido por Francisco V\u00e1zquez\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Tambi\u00e9n se les conoce como \u00c2\u00ae \u00abC\u00ed\u0081TAROS\u00bb.) Secta her\u00e9tica medieval. El movimiento c\u00e1taro, establecido en Bulgaria, parece tener or\u00ed\u00adgenes maniqueos, pero sus creencias, en forma modificada, fueron divulgadas por el Asia Menor y pasaron a los Balcanes en la Edad Media. El mayor grupo c\u00e1taro recibe el nombre de albigense porque ten\u00ed\u00ada su base en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/albigenses\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abALBIGENSES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-6837","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6837","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6837"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6837\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6837"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6837"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6837"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}