{"id":7394,"date":"2016-02-05T03:58:38","date_gmt":"2016-02-05T08:58:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosidad-popular\/"},"modified":"2016-02-05T03:58:38","modified_gmt":"2016-02-05T08:58:38","slug":"religiosidad-popular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosidad-popular\/","title":{"rendered":"RELIGIOSIDAD POPULAR"},"content":{"rendered":"<p>Creencias de la poblaci\u00f3n. Seg\u00fan Enrique Dussel, se trata \u00abde un momento de la cultura popular \u2020\u00a6 creencias subjetivas populares, s\u00ed\u00admbolos y ritos, junto a comportamientos o pr\u00e1cticas objetivas con sentido, producto de historia \u2020\u00a6 que no debe confundirse con la religi\u00f3n oficial\u00bb.<br \/>\nEn el contexto latinoamericano, puede entenderse como todo lo anterior, pero en relaci\u00f3n directa con una poblaci\u00f3n de origen catolicorromano. Sus cr\u00ed\u00adticos se\u00f1alan las formas idol\u00e1tricas y supersticiosas de practicar la fe (con elementos de superstici\u00f3n, magia, fatalismo, fetichismo, ritualismo y de evangelizaci\u00f3n parcial prevalecen en ese ambiente), y apuntan generalmente a la tolerancia con la que la iglesia oficial contempla el fen\u00f3meno.<br \/>\nEn realidad, el sincretismo religioso predomina en grandes sectores de la poblaci\u00f3n latinoamericana y de otras regiones del mundo. No puede estudiarse la cultura de esos pueblos sin observar su religiosidad popular, contrastada con la religi\u00f3n oficial.<br \/>\nEn Cuba, la religiosidad popular es, como en muchos otros lugares, eminentemente sincr\u00e9tica, y agrupa elementos de catolicismo, espiritismo y religiones afrocubanas. Esa situaci\u00f3n es muy similar a la de otras regiones del Caribe y del Brasil. En naciones con grandes poblaciones ind\u00ed\u00adgenas, la religiosidad popular, en vez de asociar a los santos del calendario cat\u00f3lico con deidades de origen africano, es rica en elementos extra\u00ed\u00addos de las creencias de sus diversas tribus y pueblos. Los santos sustituyen all\u00ed\u00ad a las divinidades aut\u00f3ctonas.<br \/>\nEs importante recalcar que la religiosidad popular se puede entender como la suma de las expresiones religiosas populares. El contacto entre diversas religiosidades produce una s\u00ed\u00adntesis inevitable en ciertos niveles, como se demuestra aun en el caso de religiones universales como el Islam, resultado no solo del profetismo de Mahoma, sino de la suma de creencias antiguas de los \u00e1rabes, del juda\u00ed\u00adsmo y de las iglesias cristianas establecidas en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Religiones Denominaciones y Sectas<\/b><\/p>\n<p>Expresiones de la religiosidad popular<\/p>\n<p>\tLas actitudes fundamentales de todo cultura religiosa, en su relaci\u00f3n con Dios, con los semejantes y con el cosmos, tiene sus manifestaciones caracter\u00ed\u00adsticas en el pueblo creyente fiestas, im\u00e1genes, reliquias, santuarios, peregrinaciones, procesiones, danzas, plegarias, cantos, poes\u00ed\u00adas, refranes, costumbres&#8230; Son manifestaciones que quieren responder a los grandes interrogantes y preocupaciones sobre la vida, el hombre, la historia, la trascendencia.<\/p>\n<p>\tEl cristianismo no es una excepci\u00f3n, pero sus manifestaciones de religiosidad popular indican una sabidur\u00ed\u00ada del coraz\u00f3n del pueblo, en la que sobresalen los valores del humamismo cristiano, a la luz del misterio de la Encarnaci\u00f3n del Verbo, nacido de Mar\u00ed\u00ada y expresado en la vida de los santos. Ordinariamente estas manifestaciones est\u00e1n en armon\u00ed\u00ada con los misterios salv\u00ed\u00adficos celebrados durante el a\u00f1o lit\u00fargico. En la piedad popular cristiana, se manifiesta la adhesi\u00f3n a la fe por medio de expresiones culturales, en vistas a un encuentro vivencial (personal y comunitario) con Dios en Jesucristo.<\/p>\n<p>\tValor de inculturaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tEl tema de la inculturaci\u00f3n, de tanta importancia y urgencia para la evangelizaci\u00f3n, est\u00e1 estrechamente relacionado con la religiosidad popular, como inserci\u00f3n del evangelio en el coraz\u00f3n del pueblo. Una se\u00f1al para conocer el grado de \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb en los valores de pueblo es precisamente la expresi\u00f3n de los valores cristianos a trav\u00e9s de los signos populares.<\/p>\n<p>\tPara poder hacer una cr\u00ed\u00adtica constructiva, habr\u00e1 que reconocer previamente los valores cristianos de la piedad popular \u00abRefleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el hero\u00ed\u00adsmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos de Dios la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, adaptaci\u00f3n de los dem\u00e1s, devoci\u00f3n\u00bb (EN 48).<\/p>\n<p>\tCuando los valores evang\u00e9licos se expresan con manifestaciones de piedad o religiosidad popular, ello significa que el evangelio ha llegado a las ra\u00ed\u00adces y al coraz\u00f3n de la cultura de un pueblo. Sin esta inserci\u00f3n del evangelio de la cultura popular (que es la \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb m\u00e1s profunda), la acci\u00f3n evangelizadora quedar\u00ed\u00ada en la superficie. \u00abLa aut\u00e9ntica piedad popular, basada en la Palabra de Dios, contiene valores evangelizadores que ayudan a profundizar la fe del pueblo\u00bb (Puebla 935).<\/p>\n<p>\tDiscernir, renovar y formar<\/p>\n<p>\tEn el momento de discernir y guiar estas manifestaciones populares, habr\u00e1 que tener en cuenta, adem\u00e1s de la existencia de aut\u00e9nticos valores (relaci\u00f3n Dios y con los hermanos, manifestaciones art\u00ed\u00adsticas), las limitaciones o defectos (supersticiones, falta de formaci\u00f3n y de compromiso personal y social, rutina, formulismos) y las posibilidades de renovaci\u00f3n (formaci\u00f3n doctrinal, compromisos personales, familiares y sociales, solidaridad con otros pueblos).<\/p>\n<p>\tEste objetivo se consigue cuando la piedad popular se redimensiona a la luz de la Palabra de Dios, en relaci\u00f3n con la celebraci\u00f3n lit\u00fargica y en sinton\u00ed\u00ada con los problemas de la comunidad humana. Entonces recupera su dimensi\u00f3n b\u00ed\u00adblica, lit\u00fargica, antropol\u00f3gica. Es necesaria una formaci\u00f3n catequ\u00e9tica permanente, puesto que \u00abbien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez m\u00e1s, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo\u00bb (EN 48). \u00abJunto a elementos que se han de eliminar, hay otros que, bien utilizados, podr\u00ed\u00adan servir muy bien para avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo o de su mensaje\u00bb (CT 54).<\/p>\n<p>\tEl valor evangelizador de la piedad mariana popular<\/p>\n<p>\tLa piedad mariana popular, si es aut\u00e9ntica, es un dato privilegiado para saber si el evangelio ha llegado al coraz\u00f3n del pueblo. \u00abMar\u00ed\u00ada debe encontrarse en todas las v\u00ed\u00adas de la vida de la Iglesia\u00bb (RH 22) y, consiguientemente, en las manifestaciones populares de la religiosidad. Esa piedad, bien cultivada, se convierte en fuerza renovadora y evangelizadora, capaz de resistir los embates de la historia.<\/p>\n<p>\tEn la piedad mariana popular, se puede constatar una cierta \u00abpresencia\u00bb de Mar\u00ed\u00ada que tiene su predilecci\u00f3n por los \u00abpobres\u00bb, como prolongaci\u00f3n en el tiempo de su misma actuaci\u00f3n en vida mortal, desde la anunciaci\u00f3n hasta Pentecost\u00e9s, en calidad de asociada a Cristo, que vino \u00abpara evangelizar a los pobres\u00bb (Lc 4,18; Mt 11,5). Ella es el \u00abTipo\u00bb o personificaci\u00f3n del Pueblo de Dios, como epifan\u00ed\u00ada y cercan\u00ed\u00ada de Cristo para los pobres y \u00abpeque\u00f1os\u00bb (Mt 11,25).<\/p>\n<p>\tUna piedad popular de matiz mariano, si est\u00e1 bien fundamentada, recalca estas l\u00ed\u00adneas la imitaci\u00f3n del ejemplo de Mar\u00ed\u00ada, cercana a las propias circunstancias de fe y de dificultad; la transparencia de Mar\u00ed\u00ada respecto al misterio de Cristo, que ha tomado de ella carne y sangre y que la ha asociado a su obra salv\u00ed\u00adfica como figura de la Iglesia; la funci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada como Madre que acompa\u00f1a, ama, ayuda, intercede, como expresi\u00f3n de la misma acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo. Esta dimensi\u00f3n mariana comunica a la piedad popular un fuerte sentido de Iglesia contemplativa, caritativa y misionera. Al relacionar la maternidad de la Iglesia con la de Mar\u00ed\u00ada, ayuda a renovarse en Cristo para evangelizar el mundo.<\/p>\n<p>Referencias Apariciones, culto, devoci\u00f3n mariana, inculturaci\u00f3n, Pueblo de Dios, religi\u00f3n, santuarios, santuarios marianos.<\/p>\n<p>Lectura de documentos SC 12-13; EN 48; CT 54; Puebla 444-469, 935-937; Santo Domingo 36; CEC 1674-1676.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Fundamentos teol\u00f3gicos de la piedad popular Estudios Marianos 48 (1983); AA.VV., Religiosidad popular y evangelizaci\u00f3n universal (Burgos 1978); AA.VV., Iglesia y religiosidad popular e Am\u00e9rica Latina (Bogot\u00e1, Paulinas, 1978); AA.VV., La religiosit\u00ed\u00a0 popolare, valore spirituale permanente (Roma, Teresianum, 1978); AA.VV., Mar\u00ed\u00ada en la pastoral popular (Bogot\u00e1, Paulinas, 1976); V. BO, Religiosit\u00ed\u00a0 popolare, studi, ricognizione storica, orientamenti pastorali, documenti (Assisi, Cittadella, 1979); M. CHANG SE-HYUN, La religiosit\u00ed\u00a0 popolare come una via dell&#8217;evangelizzazione (Roma, Pont. Univ. Urbaniana, 1990); J. ESQUERDA BIFET, Dimensi\u00f3n misionera de la piedad mariana popular Euntes Docete 35 (1982) 431-448; L. GAMBERO, La Madonna e la religiosit\u00ed\u00a0 popolare Ephemerides Mariologicae 30 (1980) 141-166; L. MALDONADO, Introducci\u00f3n a la religiosidad popular (Santander, Sal Terrae, 1985).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>En nuestros d\u00ed\u00adas se ha hecho problem\u00e1tica la definici\u00f3n de religiosidad popular. No basta con decir que se trata de la religi\u00f3n del pueblo o de las clases subalternas, ya que el concepto mismo de \u00abpueblo\u00bb ha conocido profundos cambios en el curso de las \u00e9pocas hist\u00f3ricas. El inter\u00e9s actual por la religiosidad popular es fruto de una sensibilidad completamente moderna y su estudio se hace hoy dentro de una optica multidisciplinar, sobre todo bajo el impulso de la antropolog\u00ed\u00ada cultural y de la psicolog\u00ed\u00ada social. Al mismo tiempo surge una conciencia m\u00e1s clara del hecho de que la religiosidad popular interpela a la teolog\u00ed\u00ada, tanto en sus aspectos mejores y prof\u00e9ticos como en sus limitaciones evidentes.<\/p>\n<p>Las formas cl\u00e1sicas de la religiosidad popular son las diferentes formas de devoci\u00f3n vinculadas a los santuarios (sobre todo las peregrinaciones), las fiestas patronales, las procesiones, las diversas formas de culto a los santos locales, los votos, las bendiciones, las variadas manifestaciones de culto mariano y de folclore religioso (que a menudo, como es sabido, constituyen reviviscencias palpables de cultos paganos, a veces disfrazadas muy superficialmente de ingredientes cristianos), Respecto a las formas oficiales de culto, la religiosidad popular se caracteriza sobre todo por unos gestos m\u00e1s intensos, de mayor implicaci\u00f3n emotiva, de un sentido m\u00e1s fuerte de la fiesta; se encuentra a menudo un v\u00ed\u00adnculo profundo entre la religi\u00f3n y los problemas concretos del grupo humano. Existe adem\u00e1s una forma \u00abmixta\u00bb: un modo popular de usar la religi\u00f3n tradicional de manera eminentemente supersticiosa y propiciatoria.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n son evidentes los l\u00ed\u00admites y los riesgos de este tipo de religiosidad, que pueden sintetizarse en la tendencia a utilizar lo sagrado de manera formal y autotranquilizante, a menudo con resabios m\u00e1gicos.<\/p>\n<p>Superada va la actitud de suficiencia \u00abilustrada\u00bb que ve\u00ed\u00ada en la religiosidad popular solamente los aspectos infantiles, m\u00e1gicos, supersticiosos y paganos (o todo lo m\u00e1s, formas at\u00e1vicas de desahogo del sentimiento o de la angustia colectiva), as\u00ed\u00ad como la opini\u00f3n de que se trataba de una mera manifestaci\u00f3n de la \u00abcultura del pueblo\u00bb, alternativa a la oficial o hegem\u00f3nica, portadora por tanto de contestaci\u00f3n (al contrario, muchas veces la religiosidad popular se presenta sumamente tradicionalista y conservadora), se empieza a comprender que es tambi\u00e9n portadora en su g\u00e9nero de una experiencia humana y religiosa profunda y a menudo de una aut\u00e9ntica fantas\u00ed\u00ada creadora y de \u00abteolog\u00ed\u00ada narrativa\u00bb, aunque advertida y expresada de formas distintas de las habituales. Pablo VI en la Evangelii nuntiandi observa que en la religiosidad popular se manifiesta muchas veces una aut\u00e9ntica sed de Dios, que s\u00f3lo pueden conocer los pobres y los sencillos. A veces se advierte en ella el eco de problemas existenciales no resueltos racionalmente. Diversas manifestaciones de religiosidad popular se configuran como rituales ligados a momentos de crisis y de transici\u00f3n, o dotados de especiales valores de liberaci\u00f3n. En este sentido se puede recordar, aunque esto se salga de nuestro \u00e1mbito, la importancia especial que se atribuye a la celebraci\u00f3n de ciertos sacramentos, percibidos tambi\u00e9n como ritos de afianzamiento o de paso, ligados a los momentos fuertes de la existencia biol\u00f3gica (el nacimiento, la muerte, la uni\u00f3n sexual, la fertilidad&#8230;).<\/p>\n<p>L. Sebastiani<\/p>\n<p>Bibl.: F A. Pastor, Religi\u00f3n popular, en DTF 1169-1172; L. Maldonado, Religiosidad popular. Nostalgia de lo m\u00e1gico Cristiandad, Madrid 1975; R. \u00ed\u0081lvarez Gast\u00f3n, La religi\u00f3n del pueblo. Defensa de sus valores, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1976; S, Galilea. Religiosidad popular &#8211; y pastoral, Cristiandad, Madrid 1980.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La religiosidad popular en el contexto socio-cultural actual &#8211; II. An\u00e1lisis descriptivo de la religiosidad popular: 1. Caracteres de la religiosidad popular: 2. Formas de la religiosidad popular: 3. Funciones de la religiosidad popular: 4. Valores espirituales presentes en la religiosidad popular: a) Aspectos peculiares y valores de la fiesta religiosa popular. b) Significados cristianos de las peregrinaciones populares a los santuarios. e) Valores que aparecen en otras formas de la piedad popular &#8211; III. Interpretaciones socio-psicol\u00f3gicas de la religiosidad popular meridional: 1. Interpretaci\u00f3n de la magia: 2. Hip\u00f3tesis interpretativa de la religiosidad popular meridional: 3. Relaciones entre religiosidad popular y religiosidad \u00aboficial\u00bb: 4. Relaciones entre religiosidad popular y poder pol\u00ed\u00adtico &#8211; IV. Introducci\u00f3n a una lectura teol\u00f3gica de la religiosidad popular: 1. A la luz del Evangelio: 2. En el cuadro de la renovaci\u00f3n teol\u00f3gica: 3. Aportaci\u00f3n de una religiosidad popular renovada a la comunidad eclesial v civil.<\/p>\n<p>I. La religiosidad popular en el contexto socio-cultural actual<br \/>\nLas corrientes culturales de nuestros d\u00ed\u00adas no manifiestan actitudes un\u00ed\u00advocas frente a la religiosidad popular. En los lugares en que predomina la cultura burguesa, como sucede en algunos pa\u00ed\u00adses protestantes, o donde se mantiene como subcultura en la que, por otra parte, se ha \u00abculturizado\u00bb el cristianismo oficial, los modelos subyacentes a la religiosidad popular se rechazan por regla general, pues de hecho privilegian los valores de extemporaneidad, fantas\u00ed\u00ada creadora, riqueza gesticular y narrativa, esp\u00ed\u00adritu festivo, anticonformismo, comuni\u00f3n social y estrecha fusi\u00f3n entre culto y vida cotidiana, lo que contrasta especialmente con los modelos culturales de los ambientes que, por el contrario. acreditan mayor racionalidad, eficiencia, planificaci\u00f3n, conformismo y est\u00e9tica, incluso en el plano religioso y lit\u00fargico. con el consiguiente rechazo de lo in\u00e9dito y de la sorpresa. as\u00ed\u00ad como la neta separaci\u00f3n entre el momento del culto y la compleja trama de la existencia cotidiana \u00ablaica\u00bb. De aqu\u00ed\u00ad la tendencia a cultivar mecanismos de rechazo frente a las manifestaciones cultuales de car\u00e1cter popular o, cuando menos, a fomentar preocupaciones que impidan acercamientos \u00abemp\u00e1ticos\u00bb a las culturas subalternas, de las que seria una expresi\u00f3n significativa la religiosidad popular, seg\u00fan un modo bastante difundido de entender este t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n las culturas que pretenden ser antagonistas de la cultura burguesa manifiestan frecuentemente actitudes an\u00e1logas, aunque sea partiendo de otras motivaciones. Por un lado, por ejemplo, los marxistas ortodoxos -salvo alguna excepci\u00f3n como la de Gramsci, que ha sido uno de los primeros marxistas en descubrir las potencialidades positivas de la religiosidad popular-, incluyen en su cr\u00ed\u00adtica de la religi\u00f3n tambi\u00e9n las manifestaciones populares porque alienan al hombre de su compromiso pol\u00ed\u00adtico y revolucionario. Por otro lado, no pocos cat\u00f3licos achacan a la religiosidad popular una serie de involuciones m\u00e1gico-sacrales, exterioridad festiva y consumista, hibridismo pagano-cristiano. Apreciaciones negativas que ya encontramos en L. A. Muratori&#8217;, en no pocas comunicaciones episcopales, antiguas y recientes, y en todos aquellos que, considerando sobre todo los aspectos m\u00e1s vistosos y folcl\u00f3ricos de tal religiosidad, la acusan de favorecer la interiorizaci\u00f3n de una antropolog\u00ed\u00ada dominada por la fatalidad y la resignaci\u00f3n, de una teolog\u00ed\u00ada centrada en el Dios-tapagujeros, de una piedad que desconoce por completo la renovaci\u00f3n lit\u00fargica introducida por el Vat. II. Actualmente se va difundiendo, sin embargo, a todos los niveles una actitud profundamente distinta, que, arrancando del an\u00e1lisis socio-cultural m\u00e1s refinado, llega a unas valoraciones sustancialmente positivas de la religiosidad popular. Lejos de limitar las investigaciones a aspectos arcaicos y en cierto sentido ahist\u00f3ricos, como las pr\u00e1cticas m\u00e1gicas y supersticiosas, o a las manifestaciones pomposas y folcl\u00f3ricas, se intenta poner de relieve la relaci\u00f3n existente entre la religiosidad popular y las clases proletarias y subproletarias, especialmente la \u00abcultura de la miseria\u00bb, que parece caracterizarlas.<\/p>\n<p>Con estos an\u00e1lisis, a la vez que se facilita la comprensi\u00f3n de los valores. manifiestos o latentes, que aparecen dentro de esta cultura, se evita el peligro de un rechazo global y preconcebido de la religi\u00f3n de los pobres, rechazo que podr\u00ed\u00ada reducirnos a todos a ser m\u00e1s pobres de religi\u00f3n. Existe, sin embargo, el riesgo de mitificar a las clases subalternas y canonizar todas sus manifestaciones religiosas. olvidando o haciendo caso omiso de los limites innegables y del car\u00e1cter negativo que tales manifestaciones presentan.<\/p>\n<p>II. An\u00e1lisis descriptivo de la religiosidad popular<br \/>\nDefinir de forma precisa y circunscrita la religiosidad popular es tarea nada f\u00e1cil, ya que las acepciones usuales de este t\u00e9rmino son un tanto diversas: religiosidad t\u00ed\u00adpica de las clases subalternas, religiosidad tradicional y folcl\u00f3rica. religiosidad del hombre medio desprovisto de una especial formaci\u00f3n teol\u00f3gica y m\u00e1s bien marginal frente a la religiosidad oficial y sus indicaciones m\u00e1s comprometedoras. La primera de estas acepciones parece preferible, ya que los que m\u00e1s intensamente viven en primera persona la religiosidad que se llama precisamente popular son las clases excluidas del tener, del poder y del saber. Los gestos rituales, actos de culto, peregrinaciones y fiestas, relatos y celebraciones son realidades que estas clases populares consideran como \u00abpropias\u00bb y \u00abdistintas\u00bb de las que caracterizan a la religiosidad oficial o la de otras clases por lo que respecta al lenguaje, a los gestos concretos, a la intensidad emocional y participativa. Por \u00faltimo, el car\u00e1cter popular de esta religiosidad se desprende tambi\u00e9n del an\u00e1lisis de sus modelos organizativos, que son los de la cultura tradicional (asociaciones profesionales y hermandades), y de las formas de gesti\u00f3n seglar, que, aunque no excluyan en los actos cultuales de car\u00e1cter sacramental la mediaci\u00f3n sacerdotal, rechazan las injerencias de tipo clerical.<\/p>\n<p>1, CARACTERES DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR &#8211; La religiosidad popular se nos presenta como \u00abdistinta\u00bb de la religiosidad oficial porque sintoniza con lo diverso y con las caracter\u00ed\u00adsticas peculiares de los pobres; sus notas especificativas muestran, por lo tanto, la discriminaci\u00f3n, la imposibilidad de elecci\u00f3n y el escaso disfrute de bienes culturales, caracter\u00ed\u00adsticos precisamente de la \u00abcultura de la miseria\u00bb, aunque sea con notables variaciones en proporci\u00f3n con las mayores o menores disponibilidades econ\u00f3micas. Sin embargo, parece innegable que estas caracter\u00ed\u00adsticas se pueden ver en todos los discriminados por las clases dominantes a nivel de lenguaje, atuendo y comportamiento cotidiano y festivo&#8217;. Los soci\u00f3logos y antrop\u00f3logos ponen de relieve las profundas diferencias existentes entre la festividad burguesa y la popular, entre el culto de car\u00e1cter conservador y las expresiones cultuales del pueblo, de las cuales emerger\u00ed\u00ada una protesta profunda contra el poder opresivo&#8217;. Pero m\u00e1s que insistir en estos aspectos, bastante discutibles en el sentido de que en estos an\u00e1lisis no siempre es riguroso el concepto de religiosidad, sino que frecuentemente carece de una diagnosis cr\u00ed\u00adtica, tras una breve clasificaci\u00f3n de formas y funciones de la religiosidad popular, intentaremos destacar los rasgos y los valores espirituales de la misma.<\/p>\n<p>2. FORMAS DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR &#8211; Sin pretender hacer una lista exhaustiva y reserv\u00e1ndonos una profundizaci\u00f3n ulterior de la magia y de la festividad, parece que las formas de la religiosidad popular, especialmente las de tipo latino-meridional, pueden reducirse a las siguientes: pr\u00e1cticas m\u00e1gico-supersticiosas, que no raras veces se unen a ritos cristianos (hechicer\u00ed\u00adas, mal de ojo y cosas parecidas); culto acentuado a la Virgen y a los santos, que encuentra su expresi\u00f3n t\u00ed\u00adpica en las fiestas a veces de mucha duraci\u00f3n (\u00abfiestas largas\u00bb); peregrinaciones a los santuarios; cultos y ritos de car\u00e1cter sentimental, preferentemente los que se celebran con motivo de importantes acontecimientos biol\u00f3gicos de la existencia (nacimiento, fecundidad y muerte); cultos extralit\u00fargicos dirigidos a personas muertas o todav\u00ed\u00ada en vida a las que se atribuyen poderes especiales&#8217;.<\/p>\n<p>FUNCIONES DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR &#8211; Los actos con que se expresa la piedad popular manifiestan la exigencia de establecer una relaci\u00f3n con Dios y tienen, por tanto, en primer lugar, una funci\u00f3n t\u00ed\u00adpicamente cultual. Sin embargo. ha de observarse que, lejos de considerar a Dios como valor supremo y principio incondicional, el pueblo lo contempla como un poder que puede plegarse en beneficio propio mediante determinadas habilidades y mediaciones. Tal actitud utilitarista, aunque no excluye lo m\u00e1s genuinamente espiritual v religioso de la dedicaci\u00f3n desinteresada, que, junto a otros rasgos espirituales, est\u00e1 muy presente en la religiosidad popular (como ilustraremos m\u00e1s adelante), favorece una gesti\u00f3n m\u00e1gico-sacral de la religi\u00f3n con las consiguientes desviaciones.<\/p>\n<p>Otra funci\u00f3n manifiesta en la religiosidad popular es la que se observa en la respuesta que da a la exigencia, sentida muchas veces por las clases obreras, de la impetraci\u00f3n de favores materiales y espirituales y de la ostentosa manifestaci\u00f3n de gratitud por parte de quienes creen haber sido escuchados en sus oraciones y haber obtenido la \u00abgracia\u00bb. A estas instancias responden lugares y tiempos como son las fiestas, las peregrinaciones, los santuarios y los exvotos.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la religiosidad popular responde a un complejo muy variado y cargado de exigencias t\u00ed\u00adpicas de las clases que se expresan y se realizan en ella: exigencia de asegurarse contra las incertidumbres que marcan la vida del pobre por lo que ata\u00f1e al trabajo y a la salud; exigencia de diversi\u00f3n y de contacto comunitario en compensaci\u00f3n por la rutina degradante de todos los d\u00ed\u00adas y por el aislamiento de clase; exigencia -muchas veces latente o atrofiada por las manipulaciones externas, que H. Cox califica como \u00abseducci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu\u00bb y estigmatiza como el \u00abm\u00e1s cruel abuso de la religi\u00f3n\u00bb&#8216;- de innovaci\u00f3n social y religiosa.<\/p>\n<p>4. VALORES ESPIRITUALES PRESENTES EN LA RELIGIOSIDAD POPULAR &#8211; Despu\u00e9s de un largo per\u00ed\u00adodo de olvido, si no de desprecio, a consecuencia de un cambio de sensibilidad religiosa y pol\u00ed\u00adtica, de las amargas decepciones que acompa\u00f1an a la crisis de la civilizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica y de la b\u00fasqueda de nuevas s\u00ed\u00adntesis antropol\u00f3gicas y teol\u00f3gicas, la religiosidad popular suscita hoy d\u00ed\u00ada un enorme inter\u00e9s, precisamente por los valores humanos y religiosos que se ponen de manifiesto en ella. Justamente un importante documento oficial, la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Evangelii nuntiandi, subraya que en la piedad popular se manifiesta \u00abuna sed de Dios que s\u00f3lo pueden conocer los sencillos y los pobres\u00bb. Por otra parte, esta religiosidad \u00abhace capaz de generosidad y sacrificio hasta el hero\u00ed\u00adsmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptaci\u00f3n de los dem\u00e1s, devoci\u00f3n\u00bb. Como se puede f\u00e1cilmente advertir, nos encontramos frente a valores de aut\u00e9ntica y profunda espiritualidad cristiana que, sin embargo, no aparecen jam\u00e1s separados de otros aspectos que, aunque a veces los exaltan, no es raro que los ensombrezcan. Esto es lo que se desprende especialmente del an\u00e1lisis de las fiestas y de las peregrinaciones, que constituyen las formas celebrativas m\u00e1s importantes de la piedad popular.<\/p>\n<p>a) Aspectos peculiares y valores de la fiesta religiosa popular. Si en un primer momento la atenci\u00f3n de los estudiosos se desentendi\u00f3 de los aspectos folcl\u00f3ricos y de las reminiscencias paganas de las fiestas religiosas populares, actualmente el an\u00e1lisis que de \u00e9stas se hace es m\u00e1s profundo; soci\u00f3logos, antrop\u00f3logos y te\u00f3logos nos han ayudado a comprender que las fiestas religiosas de los pobres, lejos de resolverse en superficialidades exteriores, responden a sus profundas exigencias y constituyen una \u00abcelebraci\u00f3n\u00bb rica en s\u00ed\u00admbolos, en fantas\u00ed\u00ada creadora y en \u00abteolog\u00ed\u00ada narrativa\u00bb, que ser\u00ed\u00ada una aut\u00e9ntica desdicha el ignorar o rechazar por causa de aquellos aspectos esp\u00fareos innegables, pero no aislables en abstracto, presentes en las fiestas.<\/p>\n<p>A diferencia del modo de celebrar las fiestas de la burgues\u00ed\u00ada -cuya decadenc\u00ed\u00ada y languidecimiento han puesto de manifiesto ensayistas de gran relevancia como Huizinga, H. Cox, H. Rahner y Moltmann \u00ab-, la fiesta popular no representa una \u00abfuga\u00bb de lo cotidiano, del dolor y del trabajo que lo componen. Un n\u00famero importante de fiestas religiosas populares tiene de hecho car\u00e1cter penitencial; en el \u00e9xodo peregrinante hacia el santuario, lejos de ignorar el aspecto negativo de la vida, el pueblo lo reconoce y lo afirma. Los gestos y los comportamientos de los participantes revelan situaciones culturales familiarizadas con el dolor; de ah\u00ed\u00ad el caminar descalzos, llevar pesos a los santuarios, gritar, llorar, flagelarse, restregar la lengua por la tierra. Mientras la fiesta \u00abburguesa\u00bb nace de la oposici\u00f3n entre lo festivo y lo cotidiano, entre el tiempo de trabajo y el tiempo libre, en la cultura popular lo festivo no se desentiende del trabajo (por ejemplo, las ferias en d\u00ed\u00adas festivos), sino que se convierte en el tiempo id\u00f3neo para desarrollar la capacidad de convivencia y entablar relaciones nuevas. En la fiesta, el pueblo encuentra fuerza para vivir y la capacidad de volver con renovada esperanza a la lucha cotidiana. La fiesta es la explosi\u00f3n de una solidaridad profunda, la recuperaci\u00f3n de la conciencia de no estar solos en la lucha y de trabajar por una convivencia humana distinta.<\/p>\n<p>En la fiesta religiosa popular, sobre todo, esta dimensi\u00f3n de alegr\u00ed\u00ada, de esperanza, de solidaridad es exaltada por el hecho de sentirnos cercanos y familiares a los santos, y especialmente a la Virgen. He aqu\u00ed\u00ad c\u00f3mo una ni\u00f1a manifiesta ingenuamente el car\u00e1cter intensamente participativo de una fiesta religiosa popular en N\u00e1poles (Nuestra Se\u00f1ora del Arco, en el barrio Trajano): \u00abLa gente estima mucho esta fiesta&#8230;, el lunes de Pascua ponen las banderas en todo el barrio; luego, construyen un carro, encima del cual colocan a la Virgen; luego, se visten de blanco y hacen la procesi\u00f3n. La comitiva, compuesta de ancianos, j\u00f3venes y ni\u00f1os, da vueltas por la ma\u00f1ana por los barrios y luego van al santuario de la Virgen junto con toda la gente del barrio. Hacen tambi\u00e9n una fiesta grande, y tambi\u00e9n los ni\u00f1os nos divertimos mucho&#8230; La gente le tiene mucha devoci\u00f3n a esta Virgen porque creen en los milagros que hace; de hecho, los que van all\u00ed\u00ad quieren obtener gracias, porque en mi barrio hay una iglesia, pero la gente no acude a ella casi nunca; mientras que a la Virgen del Arco van casi todos\u00bb<br \/>\nLa fiesta constituye una revancha de la fantas\u00ed\u00ada -aunque s\u00f3lo sea en la repetici\u00f3n de gestos rituales arcaicos-sobre la rutina cotidiana de la vida. Novedad es el viaje, novedad es la indumentaria, muchas veces ritual, las formas de la comida y del reposo cuando las fiestas se prolongan mucho; novedad es la intercomunicaci\u00f3n entre gentes lejanas y el sentimiento de unidad en las aspiraciones y en los est\u00ed\u00admulos.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, en aquellos casos en que todav\u00ed\u00ada no se han visto totalmente enredadas en las pegajosas redes del consumismo, en las fiestas populares afloran no s\u00f3lo energ\u00ed\u00adas latentes abiertas a la renovaci\u00f3n social, sino tambi\u00e9n aut\u00e9nticos valores espirituales. En efecto, en ellas encuentran espacio suficiente las actitudes de relaci\u00f3n confiada y filial en Dios, de devoci\u00f3n familiar a los santos, en especial a Mar\u00ed\u00ada, Virgen y Madre, con la intensidad de que s\u00f3lo son capaces los sencillos y los pobres.<\/p>\n<p>b) Significados cristianos de las peregrinaciones populares a los santuarios. Es cierto que la fe cristiana supera la sacralizaci\u00f3n de los lugares; sin embargo, la Iglesia. como pueblo peregrinante, se sirve. adem\u00e1s de los sacramentos, de muchas otras motivaciones para evangelizar y llevar la fe a su madurez. La instituci\u00f3n cultual y la teolog\u00ed\u00ada no han sido capaces de expresar o interpretar toda la vida de la Iglesia. El santuario es un florecimiento popular que no nace de la instituci\u00f3n, aunque se quede en el \u00e1mbito de \u00e9sta; la oraci\u00f3n que all\u00ed\u00ad se hace es una oraci\u00f3n espont\u00e1nea. sencilla y de car\u00e1cter devocional; es dif\u00ed\u00adcil decir si se trata de formas que todav\u00ed\u00ada no han sido cristianizadas o m\u00e1s bien de formas creativas no previstas por la instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la subida al santuario est\u00e1 ya presente una innegable espiritualidad, una especie de ascesis, una prefiguraci\u00f3n de la \u00absubida a la Jerusal\u00e9n celeste\u00bb, una \u00abhuida del mundo\u00bb, una nostalgia del cielo unida a la nostalgia de un tipo de convivencia humana \u00abdistinta\u00bb. No siempre este gesto de peregrinar se comprende en su justa interpretaci\u00f3n ni est\u00e1 exento de ambig\u00fcedades: b\u00fasqueda del elemento consolador, de lo milagroso, evasi\u00f3n de la realidad para buscar lo que hay de gratificante en la fe, individualismo que elude los compromisos, sentimentalismo, emoci\u00f3n y cosas semejantes. Sin embargo, si se acoge y se dispone correctamente, la peregrinaci\u00f3n puede convertirse en una preciosa experiencia, que desarrolla aut\u00e9nticos valores de espiritualidad, creatividad, agrupaci\u00f3n y participaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Existen aspectos negativos en la religiosidad popular y en todas sus manifestaciones. La Iglesia oficialmente no lo oculta. Y de ah\u00ed\u00ad la necesidad de evangelizaci\u00f3n dentro de ese inmenso campo. Pero todo ello no nos debe hacer olvidar las abundantes aportaciones. correctivos e integraciones equilibradoras que, para la vida de la Iglesia. se derivan de las oraciones, relaciones y celebraciones de los peregrinos. No podemos menospreciar, por ejemplo, la funci\u00f3n espiritual de la maternidad de Mar\u00ed\u00ada, presente en todas las manifestaciones de la religiosidad popular y que se manifiesta de una manera oculta y callada, pero soberanamente patente, en las oraciones que los mismos fieles han dejado an\u00f3nimamente en los santuarios marianos por ellos visitados\u00bb. Algunos pa\u00ed\u00adses intensamente marcados por la opresi\u00f3n (Polonia, Am\u00e9rica Latina en general, etc.) han dado un profundo testimonio en esas peregrinaciones de su fe popular y profunda, por m\u00e1s que est\u00e9 mezclada con elementos siempre ulteriormente purificables. Significativa a este respecto resulta la experiencia religiosa de Guadalupe para los mejicanos y para todos los sudamericanos, que ven \u00aben el rostro mestizo de Mar\u00ed\u00ada de Guadalupe\u00bb algo \u00abque se yergue al inicio de la evangelizaci\u00f3n\u00bb de un pueblo: \u00abLo mismo que en Bel\u00e9n el Hijo de Dios se hizo hombre en Jes\u00fas e inici\u00f3 un viraje en el poder del imperio romano, as\u00ed\u00ad en Tepeyac Cristo entr\u00f3 en la tierra de los americanos e inici\u00f3 un viraje en la dominaci\u00f3n europea sobre las gentes de estos pa\u00ed\u00adses. Tepeyac marca el comienzo de la reconquista y el nacimiento del cristianismo mejicano. El proceso de conversi\u00f3n se inicia en los pobres, que se hacen heraldos de una nueva humanidad. El reto cr\u00ed\u00adtico lanzado por nuestra Madre compasiva y liberadora a los poderosos de cualquier tiempo y lugar de Am\u00e9rica sigue siendo hoy la voz y la fuerza din\u00e1mica de los pobres y oprimidos de Am\u00e9rica, que gimen y luchan por una existencia m\u00e1s humana. La presencia de la Virgen de Guadalupe no es un tranquilizante, sino un estimulante que da sentido, dignidad y esperanza a los marginados y oprimidos de la sociedad actual&#8230; Este es el permanente milagro de Tepeyac, en verdad la madre-reina de Am\u00e9rica. La nueva Iglesia y el nuevo mundo en que tanto hemos so\u00f1ado, por los que tanto hemos rezado y trabajado, han comenzado de veras\u00bb.<\/p>\n<p>c) Valores surgidos de otras formas de piedad popular. No s\u00f3lo en estas formas m\u00e1s vistosas y difundidas de la religiosidad popular aparecen valores espirituales dignos de atenci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en los relatos. tan frecuentes especialmente en la religiosidad popular rural, en los que adquiere particular relieve la humanidad de Cristo y de Mar\u00ed\u00ada, y en los que se caracteriza con viva fantas\u00ed\u00ada el temperamento del ap\u00f3stol Pedro; en los oratorios, capillas y exvotos, que injustamente son condenados al ostracismo, mientras que un an\u00e1lisis m\u00e1s atento permitir\u00ed\u00ada evidenciar en ellos no s\u00f3lo vivacidad de fantas\u00ed\u00ada art\u00ed\u00adstica, sino tambi\u00e9n intensa piedad espiritual. En definitiva, ciertos elementos religiosos y espirituales pueden encontrarse incluso en las clases populares que, impulsadas por la necesidad y la ignorancia, llevan un estilo de vida inmoral, como la prostituci\u00f3n y el robo. Los estudios m\u00e1s recientes sobre los elementos religiosos presentes en la experiencia de las prostitutas napolitanas y en la historia de la camorra son especialmente instructivos a este respecto.<\/p>\n<p>III. Interpretaciones socio-psicol\u00f3gicas de la religiosidad popular meridional<br \/>\nUna realidad tan compleja exige un planteamiento interdisciplinar; una interpretaci\u00f3n exclusivamente sociol\u00f3gica. por ejemplo, y especialmente si es de tipo iluminista o positivista, correr\u00ed\u00ada el riesgo de graves incomprensiones y lagunas. sobre todo al someter a examen fen\u00f3menos \u00abdiversos\u00bb, \u00abdiferentes\u00bb y \u00abextra\u00f1os\u00bb respecto a la cultura de la que se forma parte y de la que no se tiene una exacta informaci\u00f3n, al menos por lo que respecta a los componentes religiosos. Ahora bien, seg\u00fan la opini\u00f3n de no pocos estudiosos, la religiosidad popular, especialmente la de tipo meridional, presentar\u00ed\u00ada caracteres diversos no s\u00f3lo con respecto a las culturas nacionales respectivas, sino tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con la cultura occidental; basta pensar en la diversidad de las fiestas y las peregrinaciones populares. Las deficiencias de la sociolog\u00ed\u00ada, excesivamente preocupada por los aspectos materiales y objetivos de la sociedad y condicionada por los modelos occidentales, se ven suplidas por la antropolog\u00ed\u00ada cultural, que, despu\u00e9s de haber reunido una gran masa de material en torno a la religiosidad de los pueblos primitivos, se interesa cada vez m\u00e1s por la religiosidad popular, y la psicolog\u00ed\u00ada social, que por estar m\u00e1s desligada de actitudes positivistas, ofrece mejores posibilidades interpretativas de los fen\u00f3menos que escapan a los m\u00f3dulos occidentales.<\/p>\n<p>1. INTERPRETACI\u00ed\u201cN DE LA MAGIA &#8211; En la religiosidad popular prevalece una modalidad de la experiencia de lo sagrado en que lo humano y lo natural tienden a perder su autonom\u00ed\u00ada y a quedar absorbidos en lo meta-hist\u00f3rico. En consecuencia, se crea la convicci\u00f3n de que podemos \u00abservirnos\u00bb de lo divino -a trav\u00e9s de intermediarios- para manipularlo en orden a la propia utilidad y capricho. La religiosidad que de ello resulta es preferentemente m\u00e1gico-supersticiosa, utilitarista e instrumental; lo divino se presenta al alcance de la mano en determinados tiempos y lugares, se lo puede evocar mediante la repetici\u00f3n ritual de gestos religiosos y se hace presente en objetos y personas privilegiadas. Ernesto de Martino, tomando como punto de partida el examen de un rico material documental relativo a las supervivencias m\u00e1gicas de Loca, recogidas en los a\u00f1os cincuenta, ha intentado una interpretaci\u00f3n de las formas m\u00e1gicas presentes en la religiosidad meridional, as\u00ed\u00ad como una hip\u00f3tesis explicativa de las relaciones entre magia e Iglesia cat\u00f3lica del Mediod\u00ed\u00ada, con la f\u00f3rmula del sincretismo pagano-cat\u00f3lico. El clero meridional habr\u00ed\u00ada ejercido una funci\u00f3n de empalme entre los exorcismos cristianos (y los grandes temas m\u00ed\u00adticos que ocupan el centro del cristianismo) y los exorcismos paganos. realizando de esta forma una especie de hegemon\u00ed\u00ada religiosa y cultural en el contexto de una sociedad atrasada como la meridional. Seg\u00fan este autor. que inserta la magia en una din\u00e1mica de aseguraci\u00f3n contra lo negativo y de deshistorizaci\u00f3n del acontecer en cuanto negativo actual o posible, las supervivencias m\u00e1gicas de la religiosidad popular meridional, tales como la fascinaci\u00f3n, la posesi\u00f3n, el exorcismo, la hechicer\u00ed\u00ada y la contrahechiceria, \u00abdeben atribuirse a la inseguridad de la vida cotidiana, al enorme poder de lo negativo y a la falta de una perspectiva de acci\u00f3n realistamente orientada a afrontar los momentos cr\u00ed\u00adticos de la existencia; pero, sobre todo, al reflejo psicol\u00f3gico de estar-movido-por con sus riesgos ps\u00ed\u00adquicos correlativos. En estas condiciones, el momento m\u00e1gico adquiere particular relieve, ya que satisface la necesidad de reintegraci\u00f3n psicol\u00f3gica mediante t\u00e9cnicas que circunscriben la crisis a unos horizontes m\u00ed\u00adtico-rituales definidos y ocultan la historicidad del devenir y la conciencia de la responsabilidad individual. permitiendo afrontar de tal forma, en un r\u00e9gimen protegido, el poder de lo negativo en la historia\u00bb<br \/>\nGabriel de Rossa reconoce lo sugestivas que resultan estas tesis interpretativas, pero considera que el sincretismo pagano-cat\u00f3lico, aceptable a nivel de historia del folclore religioso meridional, no deja de ser un elemento secundario con respecto a la realidad hist\u00f3rica e institucional de la iglesia meridional. Mediante un minucioso an\u00e1lisis de las relaciones de obispos de Campania, a partir del a\u00f1o 1700. este erudito intenta demostrar que si existe una historia del sincretismo pagano-cat\u00f3lico del sur perteneciente al folclore, existe igualmente \u00abuna historia institucional de la piedad, que tiene su punto de partida en una concepci\u00f3n religiosa y cristiana del hombre y que es historia de liberaci\u00f3n de la magia por la afirmaci\u00f3n de una racionalidad fundada en la experiencia de lo absoluto\u00bb. Sin embargo. tambi\u00e9n para De Rosa la magia, considerada en sus relaciones con la sociedad, aparece como s\u00ed\u00adntoma de una aspiraci\u00f3n de las poblaciones rurales. proclives a la b\u00fasqueda de seguridad y a la fuga de una realidad dura y carente de perspectivas.<\/p>\n<p>2. HIP\u00ed\u201cTESIS INTERPRETATIVA DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR MERIDIONAL. &#8211; Entre los pa\u00ed\u00adses del llamado Tercer Mundo, especialmente de Am\u00e9rica Latina, y la situaci\u00f3n meridional de Occidente existen interesantes analog\u00ed\u00adas incluso a nivel de religiosidad popular. Los an\u00e1lisis socio-psicol\u00f3gicos han puesto de relieve. en efecto, unas motivaciones primarias y secundarias muy semejantes en las diversas \u00e1reas del subdesarrollo.<\/p>\n<p>Entre las motivaciones primarias de la religiosidad popular latinoamericana se cuentan las siguientes: motivaciones cosmol\u00f3gicas, es decir, el profundo sentido del l\u00ed\u00admite que se acusa en el pobre, vinculado a la tierra y a los ciclos estacionales, frente a las fuerzas de la naturaleza que lo dominan; motivaciones psicol\u00f3gicas, correspondientes a las instancias de af\u00e1n de seguridad y de reintegraci\u00f3n frente al poder de lo negativo: motivaciones escatol\u00f3gicas, que le impulsan a la esperanza consoladora del m\u00e1s all\u00e1, entendido como recuperaci\u00f3n del m\u00e1s ac\u00e1, humillante y despersonalizador, y a realizar ritos religiosos contemplados como p\u00f3liza de seguros para esta situaci\u00f3n consoladora nueva y definitiva.<\/p>\n<p>En cambio, las motivaciones secundarias se identifican con la fidelidad al grupo, atribuible a razones socio-culturales de tipo espont\u00e1neo, unas veces. v racionalizado, otras. De este orden de motivos no habr\u00ed\u00ada que excluir los m\u00e1s profundos de car\u00e1cter religioso y espiritual, que impelen a la renovaci\u00f3n socio-religiosa.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de los elementos se\u00f1alados en las r\u00e1pidas referencias relativas a los aspectos m\u00e1gico-sacrales de la religiosidad popular, es f\u00e1cil advertir la analog\u00ed\u00ada existente entre la situaci\u00f3n latino-americana y la del sur de los pa\u00ed\u00adses mediterr\u00e1neos, sobre todo Espa\u00f1a e Italia. Sin embargo, respecto a estas \u00faltimas se han avanzado recientemente algunas hip\u00f3tesis interpretativas de car\u00e1cter psicol\u00f3gico que resultan extensibles a la religiosidad popular meridional en t\u00e9rminos generales, si bien teniendo presentes las diversas modalidades del ambiente rural.<\/p>\n<p>En la cultura meridional desempe\u00f1an un papel fundamental la simbiosis madre-hijo y la pluralidad de rostros, constatable en la casa archiconcurrida y las callejuelas donde, entre rumores y sin expresivas tutelas privadas, se desarrolla la vida y perdura esa \u00abvecindad\u00bb que las an\u00f3nimas megal\u00f3polis tienden a eliminar de forma definitiva. Sobre estos rostros, cuando su presencia le resulta gratificante el ni\u00f1o deja deslizarse la imagen materna. La adhesi\u00f3n y la fidelidad al grupo cristalizan en los momentos en que, abandonado a la econom\u00ed\u00ada del barrio, es sostenido primero por la hermana mayor y despu\u00e9s, de una forma casi exclusiva, por la vecindad. Durante toda su vida, el ni\u00f1o convertido en adulto continuar\u00e1 deseando a la madre, a pesar de que sea requerido por este ambiente a formar parte del grupo. En esta nostalgia de la intensarelaci\u00f3n emp\u00e1tica vivida s\u00f3lo en los primeros a\u00f1os con la madre, habr\u00ed\u00ada que buscar, seg\u00fan esta hip\u00f3tesis relacionada con el arquetipo jungiano. la fuente de la fantas\u00ed\u00ada y el sentido de lo trascendente, t\u00ed\u00adpica del meridional en general.<\/p>\n<p>3. RELACIONES ENTRE RELIGIOSIDAD POPULAR Y RELIGIOSIDAD \u00abOFICIAL\u00bb &#8211; LOS gestos rituales, especialmente los no lit\u00fargicos. los edificios y las fiestas tienen en el pueblo un protagonista directo: \u00e9ste \u00abgesticula\u00bb su propia religiosidad. Por ello, lejos de excluir al clero, reclama su presencia para los actos sacramentales que le competen, con el fin de tener en la mediaci\u00f3n sacerdotal la garant\u00ed\u00ada de que la s\u00faplica de favores y las oraciones de acci\u00f3n de gracias hallar\u00e1n ben\u00e9vola acogida ante Dios: al pueblo no le gusta intervenir directamente en la gesti\u00f3n espiritual del ritual festivo, de las propiedades y de los aspectos econ\u00f3micos que implica el culto. Esta es una de las razones -y no ciertamente la \u00faltima- de los frecuentes contrastes que marcan la historia de la religiosidad popular en sus relaciones con la religiosidad oficial: conflictos entre clero y hermandades, clero y \u00abbeatas\u00bb, iglesias diocesanas e iglesias de patronazgo laical, y as\u00ed\u00ad sucesivamente. Con actitudes oscilantes entre la ben\u00e9vola (y a veces no desinteresada) condescendencia y la intransigencia m\u00e1s firme, la Iglesia oficial ha intentado dirigir e institucionalizar las formas de religiosidad popular. para regular sus impulsos ambiguos y favorecer su evoluci\u00f3n hacia actitudes de piedad m\u00e1s aut\u00e9nticas, liber\u00e1ndolas de las reminiscencias m\u00e1gico-supersticiosas y de los aspectos verbeneros y paganizantes de sus manifestaciones externas. Un an\u00e1lisis hist\u00f3rico m\u00e1s profundo distingue en t\u00e9rminos generales entre las actitudes de los obispos y el comportamiento de los sacerdotes, m\u00e1s cercanos a la vida y al sentir de las poblaciones rurales urbanas. Entre los primeros encontramos ya a partir del s. xvu y xvul ciertos pastores que. convencidos plenamente de las normas tridentinas, manifiestan una gran severidad en relaci\u00f3n con la religiosidad popular: entre los sacerdotes, en cambio, se adopta una postura indulgente frente a tales mentalidades.<\/p>\n<p>A nivel sociol\u00f3gico, las interpretaciones de la relaci\u00f3n entre religiosidad popular y religiosidad oficial no son un\u00ed\u00advocas; a ciertos estudiosos, sean o no de inspiraci\u00f3n marxista, las actitudes de la Iglesia se les antojan una adulteraci\u00f3n e instrumentalizaci\u00f3n del mensaje religioso por obra del poder eclesi\u00e1stico; \u00e9ste, en efecto, en nombre de la prudencia, de un proceso gradual y a despecho de ciertos gestos formales, acabar\u00ed\u00ada descendiendo a compromisos con la religiosidad popular para no perturbar el orden social establecido ni correr el riesgo de convertirse en minor\u00ed\u00ada \u00ab. Seg\u00fan otros, el encuentro conflictivo entre las dos formas de religiosidad se deber\u00ed\u00ada atribuir preponderantemente al hecho de que mientras la piedad popular. m\u00e1s cercana a la religiosidad \u00abstatu nascenti\u00bb, tiene un car\u00e1cter carism\u00e1tico, la oficial estar\u00ed\u00ada marcada, en cambio, por el predominio del oficio sobre el carisma. En sinton\u00ed\u00ada con esta l\u00ed\u00adnea, que arranca de la interpretaci\u00f3n weberiana de la religi\u00f3n, F. Alberoni, en pol\u00e9mica con Bellah. subraya el hecho de que en la religiosidad popular italiana no se da tan s\u00f3lo continuidad, repetici\u00f3n de gestos arcaicos preestablecidos, sino tambi\u00e9n una poderosa innovaci\u00f3n debida a personalidades santas y taumat\u00fargicas que entran en conflicto con la Iglesia oficial. Adem\u00e1s, casi todos los santuarios son expresi\u00f3n de la religiosidad popular, por m\u00e1s que hayan sido absorbidos en su mayor\u00ed\u00ada por la Iglesia cat\u00f3lica romana. Finalmente, Alberoni avanza la hip\u00f3tesis de que las disensiones no cuajan en conflictos sino cuando las comunidades religiosas populares, en vez de quedarse en simples movimientos, pretenden transformarse en instituciones y en iglesias alternativas a la oficial; en este \u00faltimo caso, el conflicto abierto viene a ser inevitable. La Iglesia intenta, sin embargo, salvarlo mediante un modus vivendi que pueda asumir la forma de un concordato.<\/p>\n<p>4. RELACIONES ENTRE RELIGIOSIDAD POPULAR Y PODER POL\u00ed\u008dTICO &#8211; Consciente del potencial renovador y revolucionario inherente a la fantas\u00ed\u00ada y a la utop\u00ed\u00ada del cristianismo popular, el poder pol\u00ed\u00adtico ha intentado por todos los modos posibles encuadrarlo en la din\u00e1mica del consenso y reducirlo a la condici\u00f3n de instrumentum regni para fines conservadores. A este respecto, las reminiscencias m\u00e1gico-supersticiosas presentes en la religiosidad popular resultaban especialmente agradables a los soberanos y a las clases dominantes, ya que, lejos de impulsar a la contestaci\u00f3n y a la lucha pol\u00ed\u00adtica para resolver los problemas del m\u00e1s ac\u00e1, las pr\u00e1cticasm\u00e1gicas, como se ha visto, favorec\u00ed\u00adan lo contrario, evitando la b\u00fasqueda de las verdaderas matrices de la injusticia y el consiguiente compromiso hist\u00f3rico. De ah\u00ed\u00ad que, en conjunto, la religi\u00f3n popular, si bien representaba en cierta medida una elevaci\u00f3n hacia lo divino, contribu\u00ed\u00ada a mantener a la gente \u00abquieta y disciplinada\u00bb<br \/>\nEn la actualidad, sin embargo, tambi\u00e9n bajo este punto de vista empiezan a cambiar las cosas; por una parte, el estado moderno contempor\u00e1neo dispone de otros medios para obtener el consenso popular, como, por ejemplo, los medios de comunicaci\u00f3n social, por lo cual demuestra menor inter\u00e9s hacia el viejo instrumentum regni y puede mostrarse incluso disponible a que desaparezca en nombre de un progreso neoiluminista. Por otro lado, la religiosidad popular se muestra cada vez m\u00e1s en\u00e9rgica ante las instrumentalizaciones con fines conservadores y, bajo la acci\u00f3n de animadores socio-religiosos, se vuelve m\u00e1s consciente de sus posibilidades renovadoras a nivel social y religioso, debido tambi\u00e9n al \u00e9xito de l\u00ed\u00adderes prestigiosos como Gandhi y Martin Lutero King<br \/>\nAl poner punto final a esta breve rese\u00f1a de hip\u00f3tesis interpretativas avanzadas por las ciencias del hombre, adem\u00e1s de los interrogantes siempre abiertos acerca de su verificaci\u00f3n o de su eventual satisfacci\u00f3n, urge una lectura m\u00e1s profunda de la religiosidad popular, que, a la luz de la palabra de Dios y de sus aut\u00e9nticas interpretaciones, nos permita fundamentar mejor, a trav\u00e9s de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica contempor\u00e1nea, los valores de espiritualidad aflorados en nuestro an\u00e1lisis de la experiencia religiosa vivida en el seno de la \u00abcultura de los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>IV. Introducci\u00f3n a una lectura teol\u00f3gica de la religiosidad popular<br \/>\nLa actual tendencia de las ciencias humanas a revalorizar los valores manifiestos o latentes de la religiosidad popular constituye un signo de los tiempos significativo. No hay que eludir, sin embargo, el hecho de que en algunas de las perspectivas socio-psicol\u00f3gicas que hemos rese\u00f1ado brevemente, surjan incompresiones y actitudes que no pueden dejar de suscitar perplejidad y desacuerdo. Con frecuencia, la religiosidad popular se contempla en una forma demasiado exclusivista, como fen\u00f3meno de clases subordinadas y oprimidas, y se enarbola pol\u00e9micamente como estandarte de liberaci\u00f3n y de revoluci\u00f3n frente a la religiosidad \u00aboficial&#8217;, a la que se juzga totalmente sujeta a los intereses de las clases hegem\u00f3nicas\u00bb. Sin embargo, prescindiendo de estas radicalizaciones pol\u00e9micas, que desbordan una interpretaci\u00f3n rigurosa de los datos, el est\u00ed\u00admulo merece que se lo acoja y profundice a nivel teol\u00f3gico. A esta lectura nos impulsan y nos ayudan tanto el mensaje evang\u00e9lico como la actual reflexi\u00f3n teol\u00f3gica postconciliar.<\/p>\n<p>1. A LA LUZ DEL EVANGELIO &#8211; Jes\u00fas conden\u00f3 sin ambig\u00fcedades la religiosidad formal exterior e hip\u00f3crita de las clases y de las capas que en aquel tiempo ostentaban el poder. Por el contrario, tuvo acentos de admiraci\u00f3n conmovida, y a veces entusiasta, ante la fe de los humildes, de quienes -prescindiendo de todo par\u00e1metro nacional o religioso- acept\u00f3 su exuberancia gestual, la l\u00ed\u00adrica o fantas\u00ed\u00ada de su lenguaje, la ingenuidad de sus exigencias, las apasionadas demandas de liberaci\u00f3n de la enfermedad y la muerte, y, sobre todo, la encantadora disponibilidad interior ante el Dios de los pobres, que hace de ellos los anawim (pobres de Dios o pobres de \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb). Por m\u00e1s que las recientes (y discutidas) lecturas \u00abmaterialistas\u00bb de los evangelios puedan ayudarnos de alguna forma a comprender los contextos socio-culturales de la \u00e9poca de Jes\u00fas y a valorar mejor sus actitudes, parece establecido que la primera bienaventuranza (\u00abbienaventurados los pobres&#8230;\u00bb) no debe entenderse corno exaltaci\u00f3n de una clase proletaria entendida en el sentido moderno. En coherencia con el mensaje b\u00ed\u00adblico-prof\u00e9tico, Jes\u00fas subraya con palabras y gestos que la actitud de aut\u00e9ntica fe y piedad se encuentra y florece m\u00e1s f\u00e1cilmente entre las clases humildes y oprimidas que en los niveles superiores, donde s\u00f3lo se encuentra a modo de excepci\u00f3n (Mc 10,23ss).<\/p>\n<p>Si de estas premisas evang\u00e9licas se deduce la l\u00f3gica consecuencia de que, incluso en la actualidad, la actitud de fe Y de culto de las clases marginadas y oprimidas debe tomarse en atenta consideraci\u00f3n y ha de estudiarse en profundidad, superando las dificultades que ha acumulado sobre ellas la situaci\u00f3n secular de alienaci\u00f3n, no se deduce de ah\u00ed\u00ad que todo deba ser aceptado en bloque y canonizado sin proceso alguno. Volviendo sin biblismos ingenuos al paradigma evang\u00e9lico, se advierte, en efecto, que tampoco Jes\u00fas aval\u00f3 todos los comportamientos de los humildes, comenzando por la negativa a la invitaci\u00f3n que \u00e9stos le propon\u00ed\u00adan, despu\u00e9s de la multiplicaci\u00f3n de los panes, de que se convirtiera en su rey (Jn 6,15), para llegar a las frecuentes recusaciones de Pedro y de cuantos individuos del pueblo se mostraban reticentes a aceptar la perspectiva mesi\u00e1nica que inclu\u00ed\u00ada la cruz (Mc 8,33). La invitaci\u00f3n evang\u00e9lica a la conversi\u00f3n, el cambio profundo de mentalidad religiosa y, por tanto, de los esquematismos artificiosos, de los que tambi\u00e9n eran prisioneros los revolucionarios de aquel tiempo\u00bb, se dirige indistintamente a pobres y ricos, a las capas dominantes y subalternas. Una fe renovada interpela incesantemente a la religi\u00f3n en la que se encarna, como complejo de creencias, ritos y comunidades, bien sea que tal religi\u00f3n la viva el pueblo sencillo o las capas elevadas; la fe es est\u00ed\u00admulo a la reforma incesante de la religi\u00f3n, ya que es transcultural y no puede agotarse en las formas hist\u00f3ricas, de las que, sin embargo, tiene necesidad para que pueda ser vivida por el hombre.<\/p>\n<p>Establecido este principio, parece que se deduce de la buena nueva otra indicaci\u00f3n, en el sentido de que ninguna instituci\u00f3n religiosa puede hacer de la fe un monopolio exclusivo. En cuanto don gratuito de Dios, la fe sobrepasa las barreras humanas. En el \u00e1mbito de la Iglesia, que es precisamente sacramento de salvaci\u00f3n, tampoco los guardianes del \u00abdep\u00f3sito\u00bb de la fe (1 Tim 6,20), los int\u00e9rpretes autorizados de los carismas (1 Cor 12,10), pueden considerar la fe como monopolio propio. En este sentido, afirma Pablo: \u00abNo pretendemos dominar sobre vuestra fe\u00bb (2 Cor 1,24).<\/p>\n<p>2. EN EL CUADRO DE LA RENOVACI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA &#8211; Las nuevas corrientes teol\u00f3gicas ofrecen un caldo de cultivo propicio para el redescubrimiento de los valores espirituales insertos en la religiosidad popular, as\u00ed\u00ad como para su elaboraci\u00f3n mental y su innovaci\u00f3n pastoral. El antiguo desprecio que sent\u00ed\u00adan los grupos elitistas y las condenas demasiado f\u00e1ciles o radicales dirigidas contra la piedad del pueblo, no pueden encontrar apoyo alguno en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica que se mantenga fiel a las sugerencias del Vat. II. Efectivamente, el concilio reconoce en sus documentos el destello de verdad de las diversas religiones (NA 2), acepta en determinadas condiciones la validez del pluralismo lit\u00fargico y cultual (AG 22), exhorta a buscar nuevas s\u00ed\u00adntesis entre fe y religi\u00f3n, entre lo profano y lo sagrado, entre la vida cotidiana y la vida festiva. Por lo tanto, se puede decir certeramente con Metz que \u00abapenas hay nada que la teolog\u00ed\u00ada necesite con tanta urgencia como la experiencia religiosa condensada en los s\u00ed\u00admbolos y narraciones del pueblo. Nada le es m\u00e1s necesario, si no quiere morir de inanici\u00f3n dentro de sus propios conceptos, que tan rara vez son expresi\u00f3n de experiencias religiosas nuevas y tantas veces repiten simplemente conceptos de experiencias pasadas\u00bb. En efecto, mientras que la religiosidad oficial tiende a anular las dimensiones narrativas y celebrativas de la religi\u00f3n, la piedad popular urge a la teolog\u00ed\u00ada y a la pastoral lit\u00fargica a proyectar la debida luz sobre la relaci\u00f3n que debe existir entre la historia de la salvaci\u00f3n y la historia particular de quienes participan en el culto. Estimula, adem\u00e1s, a no olvidar que la celebraci\u00f3n no consiste solamente en el desarrollo de una acci\u00f3n seg\u00fan determinadas r\u00fabricas, sino que es ante todo festejar mediante ritos y s\u00ed\u00admbolos una realidad en otro tiempo vivida, una fe en acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al hilo de estas consideraciones, la teolog\u00ed\u00ada actual tiende a subrayar el valor liberador de la religiosidad popular, puesto que bajo las cenizas de los ritos. contagiados tal vez por los residuos de la magia y de la superstici\u00f3n, se esconde la llama de una fe aut\u00e9ntica en Cristo liberador de la injusticia y la opresi\u00f3n. La teolog\u00ed\u00ada tiene su punto de partida en la \u00abpraxis de liberaci\u00f3n\u00bb, encuentra aqu\u00ed\u00ad precisamente su lugar teol\u00f3gico: en el hombre o, mejor, en el no-hombre, explotado y oprimido en sus aspiraciones. Por eso la religiosidad popular, contemplada en su contexto, nos ayuda tambi\u00e9n a efectuar una nueva lectura, bajo otra luz y otra perspectiva, de la palabra de Dios y nos estimula a un modo nuevo de hacer teolog\u00ed\u00ada, alimentando una nueva espiritualidad.<\/p>\n<p>Esta espiritualidad, seg\u00fan un autorizado exponente de la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n, es una forma concreta, suscitada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, de vivir el Evangelio: un modo preciso de vivir \u00abante Dios\u00bb en solidaridad con todos los hombres, \u00abcon el Se\u00f1or\u00bb y ante los hombres. Se trata de una espiritualidad \u00abnueva\u00bb, porque ordena de nuevo los grandes pernios de la vida cristiana en funci\u00f3n de un presente hist\u00f3rico que no puede ser desatendido por m\u00e1s tiempo. Tal espiritualidad se encuentra ante un desaf\u00ed\u00ado: \u00abAll\u00ed\u00ad donde la opresi\u00f3n y la liberaci\u00f3n del hombre parecen hacer olvidar a Dios -un Dios tamizado por nuestra propia y larga indiferencia ante estas cuestiones- debe brotar la fe y la esperanza en aquel que viene a arrancar de ra\u00ed\u00adz la injusticia y a aportar, en forma imprevisible, la liberaci\u00f3n total\u00bb.<\/p>\n<p>3. APORTACI\u00ed\u201cN DE UNA RELIGIOSIDAD POPULAR RENOVADA A LA COMUNIDAD ECLESIAI. CIVIL &#8211; Adem\u00e1s de sus aspectos teol\u00f3gicos, la relaci\u00f3n entre religiosidad popular y religiosidad oficial resulta fecunda y necesaria de cara a un crecimiento de la fe en todo el pueblo de Dios y en la misma comunidad civil. En contacto con la piedad popular redescubierta y comprendida en sus valores espirituales. las clases burguesas medias toman conciencia de sus hipocres\u00ed\u00adas y formalismos, del pecaminoso distanciamiento frente a la praxis de liberaci\u00f3n, de las flagrantes contradicciones entre una presunta ortodoxia y la ortopraxis. Toda la religiosidad eclesial est\u00e1 orientada. como sucede en este \u00faltimo per\u00ed\u00adodo de tiempo, a encontrar una conexi\u00f3n m\u00e1s s\u00f3lida y coherente entre evangelizaci\u00f3n y promoci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Por otro lado, la religiosidad popular en su liturgia renovada, y especialmente en la experiencia vivida y comunitaria de una Escritura que se lee de nuevo en primera persona, a la vez que se va purificando de las escorias alienantes de \u00ed\u00adndole m\u00e1gico-supersticiosa, puede, en virtud de la conciencia reconquistada de la \u00abdimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica\u00bb de la fe, abrirse a una fe m\u00e1s aut\u00e9ntica, cristol\u00f3gicamente rica por hallarse en sinton\u00ed\u00ada con las perspectivas comprometidas y entusiasmantes de la liberaci\u00f3n integral.<\/p>\n<p>Una religiosidad popular renovada en estos t\u00e9rminos resulta de inestimable val\u00ed\u00ada para toda la Iglesia en orden a comprender y a actualizar mejor los valores de liberaci\u00f3n del Evangelio. Hace surgir la esperanza de una condici\u00f3n humana distinta de la que comparten los oprimidos; un ansia profunda de justicia; una tensi\u00f3n hacia una comunidad \u00abconvival\u00bb; la aspiraci\u00f3n a una fiesta que no sea solamente evasi\u00f3n del \u00abreino de la necesidad\u00bb, sino tambi\u00e9n participaci\u00f3n aut\u00e9ntica del \u00abreino de la libertad\u00bb; una expresi\u00f3n de fe que implique a todo el hombre. El impacto de semejante religiosidad, rica en estos valores espirituales, no puede dejar de resultar positivo en la comunidad de los creyentes y de suscitar en ella beneficiosas reacciones en cadena, sobre todo si la comunidad de base y los grupos cristianos m\u00e1s sensibles a las instancias conciliares y a la relaci\u00f3n entre fe y pol\u00ed\u00adtica son tambi\u00e9n capaces de poner en pr\u00e1ctica un intercambio y una estrecha vinculaci\u00f3n con la conciencia religiosa popular en orden a que su proceso de purificaci\u00f3n y maduraci\u00f3n se vea acelerado.<\/p>\n<p>La consideraci\u00f3n m\u00e1s atenta y la renovaci\u00f3n de la religiosidad de las clases populares no interesan exclusivamente al discurso de la fe de los creyentes, sino que interfieren positivamente incluso en toda la comunidad civil. Ya en el pasado la religiosidad popular fue matriz fecunda de innovaciones y fermentos que contribuyeron a desencadenar nuevos dinamismos religiosos y civiles, como, por ejemplo, se desprende de la historia de las \u00f3rdenes religiosas mendicantes del per\u00ed\u00adodo medieval. Tampoco hoy, en una comunidad tan sensible a la instancia participativa, se ve raz\u00f3n alguna para que la religiosidad del pueblo no pueda igualmente hacer fermentar desde abajo la exigencia de un tipo de convivencia pol\u00ed\u00adtica y social que sintonice con el ideal evang\u00e9lico, con la profunda cohesi\u00f3n entre fe y vida, entre liturgia festiva y compromiso cotidiano, entre evangelizaci\u00f3n y promoci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>En una sociedad donde la r\u00e1pida evoluci\u00f3n trastorna los equilibrios tradicionales entre clases sociales, no es presunci\u00f3n. totalmente infundada el establecer una hip\u00f3tesis en el sentido de que las clases que ahora son subalternas, una vez que se liberen de esta su condici\u00f3n, puedan en \u00e9pocas no demasiado lejanas influir positivamente en la evoluci\u00f3n y superaci\u00f3n de la mentalidad burguesa, ello en virtud de la espiritualidad subyacente a su experiencia religiosa. Despreciada y repudiada en otros tiempos por sus escorias m\u00e1gico-supersticiosas, por la ignorancia y el barroquismo gestual enf\u00e1tico, ser\u00e1 precisamente esta piedad popular la que podr\u00e1 contribuir a la \u00abconversi\u00f3n\u00bb de aquellas clases que, despu\u00e9s de haber exorcizado orgullosamente la naturaleza y lo \u00abnegativo\u00bb (de donde nac\u00ed\u00ada la magia de los pobres), intentan ahora exorcizar los nuevos miedos surgidos del desmesurado y deshumano desarrollo t\u00e9cnico con nuevos reflujos hacia el irracionalismo y la brujer\u00ed\u00ada\u00bb. Pero mientras el recurso a la magia por parte de los pobres manten\u00ed\u00ada una cierta tensi\u00f3n religiosa, este nuevo retorno al brujo se inserta en un clima cultural de secularismo avanzado. En consecuencia, tan s\u00f3lo una experiencia espiritual nueva, fuerte y genuina, podr\u00e1 permitir su superaci\u00f3n.<\/p>\n<p>G. Mattai<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Religiosidad popular, Sigueme. Salamanca 1976.-AA. VV., Una iglesia que nace del pueblo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1979.-AA. VV.. Religiosidad postsecular, Mensajero, Bilbao 1978.-AA. VV., Religiosidad y pedagog\u00ed\u00ada de la fe, Marova, Madrid 1973.-AA. VV.. Pr\u00e1ctica religiosa y proyecto hist\u00f3rico. Hip\u00f3tesis para un estudio de la religiosidad popular en Am\u00e9rica Latina, Centro de Estudios y Publicaciones, Lima 1975.-AA. VV., La evangelizaci\u00f3n en el mundo rural, Nova Terra. Barcelona 1965.-Acquaviva,S. S. El eclipse de lo sagrado en la civilizaci\u00f3n industrial, Mensajero, Bilbao 1972.-Alvarez Cest\u00f3n, R, La religi\u00f3n del pueblo. Defensa de sus valores, BAC Popular. Madrid 1976.-Boasso, F. \u00bfQu\u00e9 es la pastoral popular?, Patria Grande, B. Aires 1974.-Cox, H. La seducci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu. Uso y abuso de la religi\u00f3n del pueblo, Sal Terrae, Santander 1979.-Maldonado. L, Religiosidad popular. Nostalgia de lo m\u00e1gico, Cristiandad. Madrid 1975.-Maldonado, L, G\u00e9nesis del catolicismo popular. El inconsciente colectivo de un proceso hist\u00f3rico, Cristiandad, Madrid 1979.-Orensanz, A, Religiosidad popular espa\u00f1ola (1949-1965), Editora Nacional, Madrid 1974.-Pannet, R, El catolicismo popular, Marova, Madrid 1976.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Creencias de la poblaci\u00f3n. Seg\u00fan Enrique Dussel, se trata \u00abde un momento de la cultura popular \u2020\u00a6 creencias subjetivas populares, s\u00ed\u00admbolos y ritos, junto a comportamientos o pr\u00e1cticas objetivas con sentido, producto de historia \u2020\u00a6 que no debe confundirse con la religi\u00f3n oficial\u00bb. 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