{"id":7517,"date":"2016-02-05T04:02:16","date_gmt":"2016-02-05T09:02:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/supersticion\/"},"modified":"2016-02-05T04:02:16","modified_gmt":"2016-02-05T09:02:16","slug":"supersticion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/supersticion\/","title":{"rendered":"SUPERSTICION"},"content":{"rendered":"<p>Del lat\u00ed\u00adn superstitio, \u2014 onis.<\/p>\n<p>1. Creencia extra\u00f1a a la fe religiosa y contraria a la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Fe desmedida o valoraci\u00f3n excesiva respecto de una cosa o a una pr\u00e1ctica. As\u00ed\u00ad se puede hablar de superstici\u00f3n de la ciencia cuando se apela irrazonablemente a esta para defender una posici\u00f3n.<\/p>\n<p>Superstici\u00f3n es la desviaci\u00f3n del sentimiento y del culto religioso que debemos al verdadero Dios. Conduce a la idolatr\u00ed\u00ada y a distintas formas de adivinaci\u00f3n y de magia.<\/p>\n<p>Atribuirle a pr\u00e1cticas leg\u00ed\u00adtimas un valor err\u00f3neo. Muchas veces atribuyendo valor a los sacramentales y oraciones, confiando en la materialidad del acto sin la necesaria disposici\u00f3n interior.<\/p>\n<p>Nuestra cultura est\u00e1 llena de supersticiones. Ej.: la \u2020\u0153maldici\u00f3n del n\u00famero 13, de los gatos negros, de pasar bajo una escalera, etc.. Todo eso demuestra una mente dominada por miedos irrazonables y una falta de conocimiento de la fe. Hay fiestas que re\u00fanen un conjunto de supersticiones, por ejemplo, Halloween.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es superstici\u00f3n el mal uso de un objeto religioso, cuando, en vez de valorarlo por lo que representa, se le atribuye un poder intr\u00ed\u00adnseco.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Apolog\u00e9tico<\/b><\/p>\n<p>Atribuci\u00f3n de un poder sobrenatural, que da \u00absuerte\u00bb, a objetos o acontecimientos que no lo tienen. Es un error serio, producto de la fantas\u00ed\u00ada, de la autosugesti\u00f3n, o mentira del Diablo.<\/p>\n<p> &#8211; Dios abomina las supersticiones, magia, adivinaci\u00f3n, santer\u00ed\u00ada, amuletos, astrolog\u00ed\u00ada, Deu 18:10-12. Ver \u00abEspiritismo\u00bb, \u00abAstrolog\u00ed\u00ada\u00bb, \u00abSanter\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p> &#8211; Dios lo abomina, porque es poner fe, la confianza, en algo que no vale para nada, despreciando a Dios, que es nuestro enamorado, y en quien tenemos que poner toda nuestra fe, nuestra confianza.<\/p>\n<p> Ejemplos en la Biblia: Hec 16:16-18, Hec 19:18-19, Hec 28:3, Hec 28:1 52Cr 4:3-11, 1Re 20:23.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>ver, ADIVINACI\u00ed\u201cN, IDOLATR\u00ed\u008dA<\/p>\n<p>vet, (gr. \u00abdeisidaimonia\u00bb: \u00abtemer, o reverenciar a demonios\u00bb, esto es, dioses paganos). En la revisi\u00f3n 1909 aparece como adjetivo, \u00absupersticioso\u00bb (Hch. 17:22), en la calificaci\u00f3n que Pablo da a los atenienses; efectivamente, ellos aceptar\u00ed\u00adan que eran adoradores de demonios en el sentido que ellos daban al t\u00e9rmino, en tanto que Pablo usa la palabra \u00abdaim\u00f5n\u00bb en el sentido peyorativo, desde la perspectiva monote\u00ed\u00adsta. En otro pasaje lo usa Festo, refiri\u00e9ndose al juda\u00ed\u00adsmo (Hch. 25:19). Se puede aplicar propiamente el t\u00e9rmino de superstici\u00f3n a todo sistema de creencias que no se relaciona directamente con el Dios Trino y Uno, sino que sit\u00faa seres intermedios en una falsa cadena mediadora y con influencias sobre diferentes aspectos de la vida y del medio en que se desenvuelven las personas. As\u00ed\u00ad, la magia, la adivinaci\u00f3n, los sortilegios, la evocaci\u00f3n a los muertos, y una multitud de pr\u00e1cticas paganas entran dentro de lo que se puede designar como superstici\u00f3n. (V\u00e9anse ADIVINACI\u00ed\u201cN, IDOLATR\u00ed\u008dA.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[219]<br \/>\n   Creencia m\u00ed\u00adtica por la que se atribuyen poderes divinos a elementos, personas o circunstancias terrenas. La credulidad religiosa, o fantasmag\u00f3rica, ha sido connatural al hombre primitivo, sobre todo cuando se enfrentaba a fuerzas naturales de las que no ten\u00ed\u00ada suficiente explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Por eso ha sido tanto m\u00e1s abundante cuando menor fue la cultura en el tiempo o en los diversos pueblos o lugares. Y sigue siendo tanto m\u00e1s intensa cuanto las personas tienen menos recursos culturales para explicar hechos naturales: enfermedades, acontecimientos, hechos preternaturales, fuerzas c\u00f3smicas, paraf\u00ed\u00adsicas o parapsicol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. culto, espiritismo, magia, religiosidad popular, religi\u00f3n, religiones)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Este t\u00e9rmino indica generalmente y en sentido amplio un conjunto de creencias o de pr\u00e1cticas rituales basadas en el pensamiento m\u00e1gico o en una religiosidad en cierto modo degradada, instrumental y embaucadora. Estas actitudes, seg\u00fan la definici\u00f3n m\u00e1s cl\u00e1sica, deber\u00ed\u00adan ser propias de ambientes cultural y socialmente retrasados y l\u00e1biles. Hoy esta definici\u00f3n tradicional resulta incompleta en muchos aspectos: entre otras cosas, es bien sabido que toda religi\u00f3n \u00absuperior\u00bb ha tenido siempre cierta tendencia a definir o considerar como supersticiosas las actitudes t\u00ed\u00adpicas de otra religi\u00f3n que m\u00e1s se apartan de su forma mentis, y que toda persona irreligiosa tiende de buena gana a confundir la actitud religiosa con la superstici\u00f3n. Hoy la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s avanzada y sensible se est\u00e1 interesando por la superstici\u00f3n y por las actitudes supersticiosas, tanto desde el punto de vista de 5us causas como del de sus manifestaciones, a fin de profundizar en el conocimiento de la misma vivencia religiosa y de sus posibles aspectos inmaduros o desviados.<\/p>\n<p>Se tiene adem\u00e1s conciencia de c\u00f3mo muchas veces, sobre todo en el pasado, no s\u00f3lo por parte de las personas m\u00e1s incultas, se han vivido de forma supersticiosa y m\u00e1gica, fundamentalmente materialista, algunos aspectos fundamentales de la religi\u00f3n cristiana (por ejemplo, los sacramentos). Esto se verifica siempre que se tiende a hacer depender la eficacia de unas palabras o de unos gestos de la ejecuci\u00f3n o de la reiteraci\u00f3n de los mismos. llegando por este camino a olvidar sus significados humanos y espirituales m\u00e1s profundos.<\/p>\n<p>L. Sebastiani<\/p>\n<p>Bibl.: G. Silvestri, Superstici\u00f3n, en NDTM, 1747-1762; p, Siwek, Herej\u00ed\u00adas y supersticiones de hoy, Herder. Barcelona 1965; J Guitton, La superstici\u00f3n superada, Ceme, Salamanca 1973; J G, Frazer, La rama dorada, Fondo Cultura Econ\u00f3mica, Madrid s1981; J. Caro Baroja, De la superstici\u00f3n al ateismo, Taurus, Madrid 1974.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Definici\u00f3n.<br \/>\nII. Fenomenolog\u00ed\u00ada.<br \/>\nIII. Aproximaci\u00f3n te\u00f3rica:<br \/>\n1. Psicol\u00f3gico;<br \/>\n2. Sociol\u00f3gico;<br \/>\n3. Antropol\u00f3gico.<br \/>\nIV. Superstici\u00f3n, fe y valoraci\u00f3n moral.<\/p>\n<p>1. Definici\u00f3n<br \/>\nCon el t\u00e9rmino superstici\u00f3n se indica, en general, un complejo de fen\u00f3menos, no siempre homog\u00e9neos, cuyo denominador com\u00fan lo constituye el situarse como referente negativo y pol\u00e9mico respecto al contexto cultural-religioso en que se colocan. Por eso la noci\u00f3n se caracteriza sobre todo por lo artificioso de sus contenidos. Esto significa que una definici\u00f3n de superstici\u00f3n se articula m\u00e1s bien negativamente, e indica lo que contrasta constantemente de modo m\u00e1s o menos abierto con la concepci\u00f3n religiosa dominante o lo que de ella se considera no integrable en su doctrina y en su praxis.<\/p>\n<p>En la noci\u00f3n entran todos los elementos de religiosidad, por ejemplo, pr\u00e1cticas, devociones, gestos, ritos, comportamientos, etc.; pero tambi\u00e9n determinados comportamientos profanos -a los que se atribuye una funci\u00f3n religiosa o pararreligiosa impl\u00ed\u00adcita- que, oponi\u00e9ndose a la religi\u00f3n oficial y marginados por ella, tienen una especie de vida paralela y latente, estimada siempre peligrosa y capaz de contaminar la verdad y la pr\u00e1ctica oficial.<\/p>\n<p>Si la categor\u00ed\u00ada tiene un car\u00e1cter abstracto y artificial, entonces s\u00f3lo puede adquirir car\u00e1cter concreto y tener aplicaci\u00f3n en relaci\u00f3n con el contexto definitorio y valorativo de la realidad. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, es bien sabido que el cristianismo consider\u00f3 superstici\u00f3n todas las dem\u00e1s religiones, especialmente las paganas; pero a su vez fue juzgado como superstici\u00f3n por los romanos, los cuales, por su parte, consideraron supersticioso al juda\u00ed\u00adsmo. Por otro lado, dentro del mismo contexto cristiano, la misma religi\u00f3n cat\u00f3lica ha sido considerada supersticiosa por la confesi\u00f3n protestante en muchos aspectos de ritualidad sacramental, del culto de los santos y de las im\u00e1genes, de creencias varias (p.ej., indulgencias, reliquias, etc.). Por lo dem\u00e1s, ampliando el razonamiento, si el cuadro valorativo de su referencia es el de quienes se mueven en la \u00f3ptica de una religiosidad natural o te\u00ed\u00adsta, la misma religi\u00f3n positiva o revelada viene a ser juzgada supersticiosa; en cambio, para quienes se mueven en el \u00e1mbito de una concepci\u00f3n atea verdadera y propiamente tal, para las formas de pensamiento racionalista, cientifista y positivista, es la religi\u00f3n misma simpliciter la que es valorada como fen\u00f3meno de superstici\u00f3n. Por consiguiente, seg\u00fan var\u00ed\u00ade el contexto desde el que se juzga, var\u00ed\u00ada la determinaci\u00f3n del fen\u00f3meno supersticioso desde la perspectiva hist\u00f3rica y del contenido. Queda, desde el punto de vista formal, aquel denominador com\u00fan para el cual superstici\u00f3n es toda forma de manifestaci\u00f3n religiosa -o con funci\u00f3n pararreligiosa- que no corresponde al tipo de definici\u00f3n, religiosa o no, de la realidad; o, mejor, que no corresponde a aquel tipo de definici\u00f3n religiosa o no, que ha conseguido imponerse socialmente y afirmarse como la \u00fanica leg\u00ed\u00adtima y ortodoxa.<\/p>\n<p>Es claro que todas las formas del fen\u00f3meno supersticioso, por presentarse como exorbitantes y heterog\u00e9neas respecto al tipo dominante de definici\u00f3n de la realidad, son manifiestamente despreciadas, reprobadas, pero tambi\u00e9n condenadas y perseguidas con rigor; y esto ocurre tambi\u00e9n aunque su presencia se halle extendida en varios estratos de la sociedad, e incluso, desde el punto de vista cultural, conserven una vitalidad robusta y densa. Hist\u00f3ricamente ese juicio asume formas y tonos muy dispares, y a menudo tambi\u00e9n contradictorios; en efecto, el juicio p\u00fablico puede ir acompa\u00f1ado de una actitud pr\u00e1ctica de tolerancia y de comprensi\u00f3n, si no de t\u00e1cita condescendencia.<\/p>\n<p>Por lo que ata\u00f1e al aspecto exorbitante del fen\u00f3meno supersticioso, puede decirse de forma preliminar que la superstici\u00f3n, juzgada desde el punto de vista religioso, desvirt\u00faa tanto los fines como los medios ofrecidos por la religi\u00f3n ortodoxa. Es claro que si la manipulaci\u00f3n afecta a los fines, se tiene una falsificaci\u00f3n de la realidad \u00faltima y esencial de la relaci\u00f3n religiosa y se confunde y falsea la naturaleza \u00ed\u00adntima de la constituci\u00f3n del sentimiento religioso. Consiguientemente, tenemos tambi\u00e9n una alteraci\u00f3n tanto de la concepci\u00f3n como de la pr\u00e1ctica efectiva de los medios religiosos en los que se exterioriza la relaci\u00f3n o el sentimiento religioso; es decir, viene a deformarse tanto la ejecuci\u00f3n ritual y celebrativa de tales medios como el sentido de la eficacia que se les atribuye; esos medios, en \u00faltimos an\u00e1lisis, son valorados y utilizados de modo distinto por las reglas oficiales e institucionales.<\/p>\n<p>Algunos autores han intentado rastrear en la etimolog\u00ed\u00ada misma del t\u00e9rmino la caracterizaci\u00f3n sem\u00e1ntica del fen\u00f3meno. Entre las varias interpretaciones propuestas se pueden enumerar sucintamente: el t\u00e9rmino superstici\u00f3n es relacionado con el latino super-stare, e indicar\u00ed\u00ada el acto subjetivo de ponerse en pie estupefacto y temeroso ante divinidades o potencias, y que indicar\u00ed\u00ada inquietud y perplejidad; el t\u00e9rmino, referido igualmente a super-stare, indicar\u00ed\u00ada una cierta realidad a\u00f1adida y superpuesta; un \u00abde m\u00e1s\u00bb respecto al dato objetivo exigido por la relaci\u00f3n religiosa normal con la divinidad; el t\u00e9rmino se derivar\u00ed\u00ada del lat\u00ed\u00adn superstites, e hist\u00f3ricamente equivaldr\u00ed\u00ada al uso romano de orar ininterrumpidamente por la supervivencia de los hijos, a los que hay que poner a seguro de la ira amenazadora de los dioses; con el tiempo el t\u00e9rmino habr\u00ed\u00ada adquirido el significado de realidades preservadas, de testimonios supervivientes, de residuos ocultos perdurantes, de desechos avanzados que vuelven a aflorar y se mezclan o se superponen indebidamente con lo nuevo de la realidad religiosa; finalmente, el t\u00e9rmino superstici\u00f3n, del lat\u00ed\u00adn superstitio, referido tambi\u00e9n vagamente el t\u00e9rmino griego ek-stasis, indicar\u00ed\u00ada un complejo de actitudes subjetivas, ligadas a formas de experiencias religiosas de obsesi\u00f3n personal, de misticismo visionario, de embriaguez religiosa irracional y extra\u00f1a. La investigaci\u00f3n etimol\u00f3gica, seg\u00fan se ve, es compleja e incierta. Si ofrece una aportaci\u00f3n clarificadora, no puede decirse que sea decisiva para una categor\u00ed\u00ada que, sin embargo, hist\u00f3rica y culturalmente se ha determinado con una valencia sem\u00e1ntica espec\u00ed\u00adfica e indiscutible; si acaso, habr\u00ed\u00ada que decir que, en muchos casos, es esa evidencia sem\u00e1ntica la que gu\u00ed\u00ada la misma investigaci\u00f3n etimol\u00f3gica. En s\u00ed\u00adntesis, la caracterizaci\u00f3n sem\u00e1ntica de la superstici\u00f3n incluye: por una parte, aquel complejo de fen\u00f3menos que, desde el punto de vista de la religi\u00f3n oficial, nacen de y\/ o revelan una concepci\u00f3n err\u00f3nea y ambigua de la relaci\u00f3n con la divinidad, as\u00ed\u00ad como una credulidad generalizada, unida a una gran ignorancia religiosa; por otra, incluye manifestaciones de religiosidad que se estima exagerada, excesiva, caprichosa, superflua y fundada en actitudes de adhesi\u00f3n arbitraria y obstinada a residuos tradicionales y superados.<\/p>\n<p>II. Fenomenolog\u00ed\u00ada<br \/>\nUn an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico de la superstici\u00f3n se presenta complejo y polivalente, dada la relatividad de la categor\u00ed\u00ada en cuanto a su contenido. As\u00ed\u00ad pues, hay que historizar el fen\u00f3meno, coincidiendo el intento de una descripci\u00f3n tipol\u00f3gica en el fondo con una reconstrucci\u00f3n hist\u00f3ricosem\u00e1ntica de la categor\u00ed\u00ada. En todo caso, es cierto que el fen\u00f3meno, dentro de los distintos acentos, matices e interpretaciones, ha conservado sustancialmente la valencia sem\u00e1ntica ya subrayada. As\u00ed\u00ad, para los griegos el fen\u00f3meno, designado con el t\u00e9rmino deisidaimonia, indicaba aquel comportamiento religioso que nac\u00ed\u00ada de un miedo no racional, inmotivado, y por ello fruto de ignorancia, en presencia de los dioses, a los cuales se atribu\u00ed\u00ada la facultad o la voluntad caprichosa de intervenir en las vicisitudes humanas. Tambi\u00e9n para los romanos el t\u00e9rmino indicaba comportamientos religiosos inmotivados. Sin embargo, para ellos m\u00e1s propiamente indicaba el elemento de exageraci\u00f3n, de exceso de la pr\u00e1ctica religiosa. As\u00ed\u00ad pues, el t\u00e9rmino hace de paralelo de religio, expresi\u00f3n concreta de la verdadera relaci\u00f3n con los dioses. El exceso de evidencia en estos comportamientos religiosos que la divinidad no exige son superfluos, inoportunos, in\u00fatiles, denotan arbitrio y desorden en quien los pone en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>En conjunto, para los griegos como para los romanos, la superstici\u00f3n es fruto del miedo y de la ignorancia a la vez, que llevan a poner en pr\u00e1ctica acciones rituales ypr\u00e1cticas religiosas encaminadas, adem\u00e1s de a alejar el miedo mismo bajo cuya amenaza se est\u00e1 o las intervenciones nocivas de los dioses, a obtener tambi\u00e9n protecci\u00f3n y benevolencia en determinadas circunstancias, o bien, por motivos de escr\u00fapulo interior, a satisfacer de modo sobreabundante la deuda religiosa con los dioses.<\/p>\n<p>Sustancialmente esta sem\u00e1ntica del t\u00e9rmino puede observarse tambi\u00e9n en los escritos neotestamentarios donde se quiere indicar, con una valoraci\u00f3n en todo caso no siempre negativa, una religiosidad sobreabundante y curiosa, nacida de un temor excesivo a las potencias y divinidades desconocidas o inexistentes (el t\u00e9rmino usado es deisidaimon\u00ed\u00ada; cf Heb 17:22; Heb 25:19). En otras partes, con valoraci\u00f3n decididamente m\u00e1s negativa, se quiere indicar el complejo de pr\u00e1cticas y de usos religiosos descaminados de origen humano, o de cultos amanerados y extra\u00f1os (el t\u00e9rmino usado es ethelothresk\u00ed\u00ada; cf Col 2:8.20). Tales cultos, ritos y comportamientos, dictados m\u00e1s por filosof\u00ed\u00adas humanas o por prudencia de la carne -ah\u00ed\u00ad entran, en el contexto neotestamentario, observancias jud\u00ed\u00adas, comportamientos legalistas y fariseos, cte&#8212;, son considerados perjudiciales y vanos, porque corren peligro de comprometer la vida aut\u00e9ntica del creyente.<\/p>\n<p>Con la consolidaci\u00f3n del cristianismo la categor\u00ed\u00ada conservar\u00e1 el conjunto de los significados expresados por el mundo cl\u00e1sico y por la conceptualizaci\u00f3n neotestamentaria. Mas con el tiempo se producir\u00e1, ya desde los primeros siglos, una profundizaci\u00f3n que lleva a una clasificaci\u00f3n cada vez m\u00e1s sistem\u00e1tica de las varias manifestaciones del fen\u00f3meno supersticioso. Esta sistematizaci\u00f3n, que puede estimarse v\u00e1lida todav\u00ed\u00ada hoy, se funda en una distinci\u00f3n fundamental entre dos clases de supersticiones: las cultuales (o religiosas) y las no cultuales (o profanas). La clase de las supersticiones cultuales se articula en dos especies distintas: la del culto tributado a falsas divinidades (idolatr\u00ed\u00ada) y la del culto indebido al verdadero Dios. Esta \u00faltima especie se divide a su vez en dos subespecies, ya que culto \u00abindebido\u00bb puede considerarse bien un culto falso, bien un culto superfluo. Por su parte, se definen como supersticiones no cultuales los fen\u00f3menos de la magia, de la adivinaci\u00f3n y las vanas observancias.<\/p>\n<p>Se trata de una distinci\u00f3n tipol\u00f3gica general\u00ed\u00adsima, ya que la fenomenolog\u00ed\u00ada de la superstici\u00f3n es compleja e hist\u00f3ricamente relativa al diverso contexto cultural y religioso. La clasificaci\u00f3n nace evidentemente en contexto cristiano, y en particular cat\u00f3lico. Esta sistematizaci\u00f3n tipol\u00f3gica se inici\u00f3, seg\u00fan se ha dicho, ya en los primeros siglos de la vida de la Iglesia. Hay que observar, sin embargo, que se producir\u00e1 una progresiva ampliaci\u00f3n del campo sem\u00e1ntico de la categor\u00ed\u00ada. En efecto, inicialmente superstici\u00f3n es un t\u00e9rmino usado para designar exclusivamente el culto idol\u00e1trico o bien todas las formas de religiosidad pagana. Ser\u00e1 san Agust\u00ed\u00adn sobre todo el que ampl\u00ed\u00ade la valencia sem\u00e1ntica de la categor\u00ed\u00ada, que se extender\u00e1 progresivamente hasta designar todas las restantes formas desviadas de religiosidad presentes en el ambiente cristiano mismo. Sucesivamente se considerar\u00e1 supersticiones todas las pr\u00e1cticas vanas, caprichosas, sobrecargadas; los comportamientos religiosos inspirados entemores inmotivados o en miedos o en escr\u00fapulos, e igualmente todas aquellas formas de culto que proven\u00ed\u00adan de abusos varios y engendradas por curiosidad malsana y piedad exterior. Para algunos aspectos, esas supersticiones se explicar\u00e1n recurriendo a la persistencia subterr\u00e1nea de residuos supersticiosos paganos o a contaminaciones de cultos idol\u00e1tricos precristianos.<\/p>\n<p>Por otra parte, hay que decir que la ampliaci\u00f3n sem\u00e1ntica de la categor\u00ed\u00ada corre en san Agust\u00ed\u00adn paralelamente a la de la categor\u00ed\u00ada de la idolatr\u00ed\u00ada. Como en c\u00ed\u00adrculo gen\u00e9tico, se considerar\u00e1 todo supersticioso, porque se reducir\u00e1 todo, directa o indirectamente, a la actitud fundamental de la idolatr\u00ed\u00ada. Si idolatr\u00ed\u00ada es culto negado a Dios y tributado a las criaturas, entonces -se argumentatoda forma de religiosidad impropia podr\u00e1 considerarse como ejecuci\u00f3n de un culto tributado m\u00e1s a las criaturas que a Dios, y por lo tanto, en el fondo, como pr\u00e1ctica de un culto idol\u00e1trico. Partiendo de esta argumentaci\u00f3n agustiniana se impondr\u00e1 entonces aquel juicio valorativo, del que hemos hablado, que identificar\u00e1 sencillamente religi\u00f3n pagana y superstici\u00f3n; juicio que har\u00e1 superflua una distinci\u00f3n, sin embargo leg\u00ed\u00adtima y obligada, entre superstici\u00f3n y religi\u00f3n en el mundo pagano y, con mayor\u00ed\u00ada de raz\u00f3n, en el mundo jud\u00ed\u00ado. En cualquier caso, la manera de ver agustiniana se impondr\u00e1 de hecho en la reflexi\u00f3n sucesiva, si bien esa reflexi\u00f3n se concentrar\u00e1 progresivamente a lo largo de los siglos sobre todo en el esclarecimiento de las caracter\u00ed\u00adsticas esenciales del fen\u00f3meno supersticioso, entendido cada vez m\u00e1s como simulaci\u00f3n de la verdadera religi\u00f3n.<\/p>\n<p>La adulteraci\u00f3n supersticiosa de la verdadera fe y del verdadero culto se reducir\u00e1 a dos elementos decisivos, ya aludidos: el componente de falsedad y el de exceso. De la superstici\u00f3n entendida como culto falso al verdadero Dios se har\u00e1 una fenomenolog\u00ed\u00ada a partir de aquellas formas religiosas que, si bien expresan un culto tributado a menudo con buena fe por el sujeto, revelan, sin embargo, una sustancial inadecuaci\u00f3n y falsedad, no s\u00f3lo en el sentido de servirse de signos y de s\u00ed\u00admbolos que son impropios e ineficaces, y por lo mismo no significativos, sino tambi\u00e9n en el sentido de que tales signos son puestos de un modo del todo arbitrario. El origen de tales supersticiones se har\u00e1 remontar en el fondo a formas de reviviscencias paganas, a exageraciones de cultos idol\u00e1tricos; pero se consignar\u00e1 tambi\u00e9n la existencia de abusos varios, de iniciativas arbitrarias sugeridas por la fantas\u00ed\u00ada individual y por la imaginaci\u00f3n humana, de comportamientos desviados o del todo ajenos a las reglas eclesi\u00e1sticas. Ser\u00e1 sobre todo santo Tom\u00e1s quien ponga en claro en la fenomenolog\u00ed\u00ada del culto falso, por una parte, el elemento del arbitrio privado, y por otra, el elemento que hace de la superstici\u00f3n un uso err\u00f3neo de signos, es decir, un error ling\u00fc\u00ed\u00adstico. Esta \u00faltima adquisici\u00f3n, aunque hist\u00f3ricamente no fue enseguida fecunda en interpretaciones m\u00e1s cr\u00ed\u00adticas del fen\u00f3meno supersticioso en toda su variopinta fenomenolog\u00ed\u00ada, hoy es particularmente importante y decisiva.<\/p>\n<p>La superstici\u00f3n como culto indebido ser\u00e1 considerada adem\u00e1s en el aspecto del componente superfluo. Una reflexi\u00f3n sobre el elemento de demas\u00ed\u00ada en la religi\u00f3n estaba presente, como se sabe, tambi\u00e9n en la mentalidad griega y romana. M\u00e1s a\u00fan: fueron sobre todo los romanos quienes introdujeron la categor\u00ed\u00ada superstici\u00f3n para indicar la exageraci\u00f3n formalista y meticulosa de la piedad para con los dioses. La reflexi\u00f3n cristiana, en este aspecto, al recibir contenidos de reflexi\u00f3n precristiana, pero tambi\u00e9n vetero y neotestamentaria, ya desde los primeros siglos, coloca el acento en la justa medida y en el equilibrio razonable que deben caracterizar al culto tributado a Dios por un esp\u00ed\u00adritu aut\u00e9nticamente religioso e iluminado por la fe. Ahora bien, la superstici\u00f3n contradice esa exigencia de razonabilidad, porque se funda en la pretensi\u00f3n de dar a Dios un culto que en realidad es caprichoso y extra\u00f1o. Hay que considerar entonces supersticiosas todas las pr\u00e1cticas inhabituales o exc\u00e9ntricas, las formas devocionales afectadas e inconvenientes, las manifestaciones de piedad extravagantes, las repeticiones in\u00fatiles de ritos, gestos y oraciones; las observancias meticulosas y la ejecuci\u00f3n escrupulosa de ritos sacramentales, de f\u00f3rmulas, de ejercicios morbosos de penitencia, etc. En resumen, hay que notar que ese car\u00e1cter de exageraci\u00f3n -que obviamente puede mezclarse con todas las formas de culto de suyo v\u00e1lidas- se estimar\u00e1 vicioso y aberrante respecto a tres exigencias claramente surgidas en la reflexi\u00f3n cristiana. Ante todo se destacar\u00e1 el aspecto de diversidad de la tradici\u00f3n de la Iglesia y de la costumbre general de los fieles; es decir, se trata de posici\u00f3n de actos de culto extra\u00f1os a la instituci\u00f3n divina o eclesi\u00e1stica y lejanos de la tradici\u00f3n y del sentir com\u00fan de los fieles. En segundo lugar se destacar\u00e1 un elemento de irracionalidad: las supersticiones son expresiones desordenadas desde el punto de vista del fin racional del culto en s\u00ed\u00ad que se ha de tributar a Dios. Finalmente, se percibir\u00e1 en el culto superfluo el elemento decisivo de la inoportunidad de las condiciones en que se realiza; ese exceso, obviamente, no ha de considerarse relativamente a la exigencia de limitar la plenitud de la relaci\u00f3n cultual con Dios -pues la piedad no est\u00e1 nunca sujeta a excesos-, sino relativamente ala medida propia de todo gesto humano; al equilibrio arm\u00f3nico de las oportunidades y de las circunstancias de tiempo, de lugar y de modalidades expresivas, as\u00ed\u00ad como a las condiciones de posibilidad f\u00ed\u00adsica, psicol\u00f3gica y mental del hombre. En resumen, el culto superfluo tiene s\u00f3lo la apariencia del verdadero culto. En realidad niega el culto verdadero y sincero, destruyendo los planos de valor propios de la religiosidad, a saber: el equilibrio entre medios y fin, lo interior y lo exterior, la cantidad y la calidad, el signo y el significado, el rito y la vida, el deber y la libertad, la letra y el esp\u00ed\u00adritu. El exceso act\u00faa temerariamente como inversi\u00f3n de las prioridades esenciales y sobrecarga insensatamente la vida espiritual del creyente.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n cristiana, adem\u00e1s de interesarse por las supersticiones cultuales, se ha preocupado tambi\u00e9n de la fenomenolog\u00ed\u00ada de las supersticiones profanas; no s\u00f3lo porque no es f\u00e1cil distinguir r\u00ed\u00adgidamente las unas de las otras -en las pr\u00e1cticas cultuales conviven m\u00e1s o menos manifiestamente aspectos consistentes de supersticiones profanas-, sino tambi\u00e9n porque, si bien se trata de supersticiones profanas, revisten un significado religioso impl\u00ed\u00adcito. Partiendo de esta premisa, la reflexi\u00f3n cristiana ha considerado la importancia y la peligrosidad de las varias supersticiones profanas y comunes, distinguiendo tres categor\u00ed\u00adas fundamentales: magia, adivinaci\u00f3n y vanas observancias. Se trata tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad de indicaciones muy el\u00e1sticas, habida cuenta de que en muchos aspectos son fen\u00f3menos que se entrecruzan rec\u00ed\u00adprocamente y considerando que se trata de t\u00e9rminos que incluyen, tambi\u00e9n singularmente, una pluralidad heterog\u00e9nea de fen\u00f3menos de vario desarrollo hist\u00f3rico-fenomenol\u00f3gico y diversamente interpretados seg\u00fan los diferentes contextos hist\u00f3ricos, culturales y religiosos y seg\u00fan las diversas adquisiciones de pensamiento o cient\u00ed\u00adficas maduradas en el curso de los siglos. Por eso ser\u00e1 preciso no s\u00f3lo dejar abierta la clasificaci\u00f3n tipol\u00f3gica, sino sobre todo volver a aquel com\u00fan denominador que, en el fondo, representa el elemento formal de toda conceptualizaci\u00f3n sobre la superstici\u00f3n.<\/p>\n<p>Mientras, en el contexto cristiano se juzgan supersticiosos los fen\u00f3menos m\u00e1s varios: el espiritismo (intento de comunicarse con los esp\u00ed\u00adritus en el contexto de sesiones de medios, que se realizan en determinadas condiciones de participaci\u00f3n y de r\u00ed\u00adgido ritualismo), ocultismo (complejo de t\u00e9cnicas consideradas capaces de poner en contacto con el mundo oculto), esoterismo (complejo de doctrinas inici\u00e1ticas propias de ciertos grupos o sectas religiosas), oniromancia (interpretaci\u00f3n de los sue\u00f1os), teosof\u00ed\u00ada y antroposof\u00ed\u00ada (doctrinas filos\u00f3fico-religiosas que, bas\u00e1ndose en conocimientos directamente revelados o adquiridos, ofrecen medios o t\u00e9cnicas para comunicarse \u00ed\u00adntimamente con la divinidad o para acceder directamente al mundo suprasensible), brujer\u00ed\u00ada (fen\u00f3meno muy complejo, fundado en creencias y ritos que pretenden hacer intervenir a potencias o esp\u00ed\u00adritus malignos en las vicisitudes humanas o naturales; con ella enlazan maleficios, encantamientos, sortilegios, exorcismos, conjuros, etc.), astrolog\u00ed\u00ada (conjunto de t\u00e9cnicas encaminadas a descubrir determinismos e influjos astrales en acontecimientos humanos, dirigidas a prever acontecimientos futuros), horoscopia (aplicaci\u00f3n de los principios de la astrolog\u00ed\u00ada a los detalles del tiempo y del calendario), quiromancia (t\u00e9cnica de previsi\u00f3n del futuro partiendo de la interpretaci\u00f3n de los signos de la mano), necromancia (t\u00e9cnica adivinatoria fundada en la evocaci\u00f3n de los muertos o de los esp\u00ed\u00adritus), c\u00e1bala (pretensi\u00f3n de conocer el futuro interpretando signos, figuras, n\u00fameros, letras, etc.), uso de llevar amuletos (objetos considerados capaces de alejar los maleficios) y talismanes (mascotas), etc. Un c\u00famulo, pues, de fen\u00f3menos, de clasificaci\u00f3n abierta, de fenomenolog\u00ed\u00ada singular, no siempre un\u00ed\u00advoca, pero que puede reducirse en su conjunto a la conceptualizaci\u00f3n formal del fen\u00f3meno: a aquel sustrato mental que denuncia, en la \u00f3ptica del contexto que juzga, una visi\u00f3n de la realidad radicada en una actitud irracional, no cient\u00ed\u00adfica, no positiva, no iluminada por la fe, fuertemente condicionada por la ignorancia, el miedo, prejuicios, fruto de mentalidad ingenua y primitiva, que reh\u00fasa tenazmente discutir creencias y pr\u00e1cticas at\u00e1vicas.<\/p>\n<p>La definici\u00f3n de estos fen\u00f3menos -reducidos a las categor\u00ed\u00adas de la magia, la adivinaci\u00f3n y las vanas observancias- intentada por la reflexi\u00f3n cristiana, suficientemente amplia y al mismo tiempo comprensiva, pone de manifiesto que se trata de un complejo de procedimientos y de t\u00e9cnicas humanas, de naturaleza profana, m\u00e1s o menos articuladas, en su mayor\u00ed\u00ada secretas, que, aunque en niveles distintos, pero siempre relacionados en cuanto a las premisas y a las consecuencias pr\u00e1cticas, miran a obtener, a menudo con la pretendida intervenci\u00f3n de fuerzas superiores o demoniacas, resultados cognoscitivos y pr\u00e1cticos de intereses profanos del todo desproporcionados a la naturaleza y a la eficacia propia de los medios puestos en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>En lo que se refiere a la magia, se reconoce que es el intento torpe de querer dominar y someter la naturaleza y las fuerzas ocultas en ella. Se la llama negra si persigue procurar el mal a personas, animales o cosas; blanca, si se orienta a finalidades benignas.<\/p>\n<p>Adivinaci\u00f3n define aquel complejo de t\u00e9cnicas generadas por una curiosidad morbosa e indiscreta de pretender anticipar el conocimiento de acontecimientos futuros y desconocidos. Se sirve de la consulta de realidades f\u00ed\u00adsicas, de astros, de animales, de esp\u00ed\u00adritus, de sue\u00f1os, de coincidencias gratuitas y de circunstancias casuales.<\/p>\n<p>En las vanas observancias entre todos aquellos comportamientos f\u00fatiles, aquellas precauciones vanas, aquellas expectativas irrazonables de hechos y acontecimientos afortunados o desafortunados, de coincidencias fortuitas a las que se atribuyen significados \u00abdistintos\u00bb. Los medios a los que se recurre pueden ser figuras, cartas, palabras, hombres, d\u00ed\u00adas faustos o infaustos, ritos m\u00e1gicos; presagios obtenidos de casualidades, de afirmaciones de astr\u00f3logos, de quiromantes, de sue\u00f1os, de la observancia de ciertos acontecimientos meteorol\u00f3gicos o de hor\u00f3scopos; us\u00f3 de amuletos y talismanes; recurso a signos particulares; atribuci\u00f3n de virtudes curativas a objetos varios, tambi\u00e9n religiosos, a reliquias de santos, etc.<\/p>\n<p>El inter\u00e9s de la reflexi\u00f3n cristiana est\u00e1 ligado, seg\u00fan se ha indicado, a la dimensi\u00f3n impl\u00ed\u00adcita de tales pr\u00e1cticas y al reconocimiento de un oculto significado religioso o pararreligioso en estas supersticiones; es decir, se lee en ellas el intento de satisfacer necesidades humanas fundamentales; el esfuerzo, aunque desafortunado, de encontrar respuesta a los interrogantes profundos de la existencia humana, la necesidad de una vivencia ritual o celebrativa en los momentos decisivos de la vida o en la toma de opciones importantes; la necesidad de hacer frente a crisis existenciales de \u00ed\u00adndole varia, individuales o colectivas; o, en cualquier caso, la oportunidad de tomar cautelas ante la amenaza siempre constante de riesgos del futuro, ante las incertidumbres que hacen temible e imponderable la verificaci\u00f3n de ciertos acontecimientos extraordinarios y ante la precariedad de fondo que caracteriza a toda la vida humana. Magia, adivinaci\u00f3n, vanas observancias, con frecuencia imitando o manipulando inadecuadamente la estructura fundamental del acto religioso y su traducci\u00f3n simb\u00f3lica y ritual, responden, pues, en conjunto, a necesidades fundamentalmente religiosas.<\/p>\n<p>Mas si para el conjunto de estas supersticiones profanas se subraya su oculta funcionalidad religiosa y su naturaleza de acci\u00f3n sustitutiva de la verdadera fe, por otra parte se pone de manifiesto la inconsistencia, lo irrazonable, lo vano de la b\u00fasqueda, el desorden de los deseos y la ingenuidad rid\u00ed\u00adcula que las caracteriza; y se reconoce que, en formas que ciertamente hay que diferenciar desde el punto de vista de la valoraci\u00f3n \u00e9tica, se ve afectado y tocado el ser del hombre, el significado profundo de su vida, la dimensi\u00f3n aut\u00e9ntica de los actos humanos y por lo mismo, en \u00faltima instancia, tambi\u00e9n la dimensi\u00f3n religiosa de la existencia. En las diversas formas supersticiosas el hombre pierde el camino aut\u00e9ntico de lo que puede salvarlo y pone su confianza en remedios completamente ineficaces, ilusorios y que privan de la responsabilidad, quedando as\u00ed\u00ad prisionero de la vanidad de su presunci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. Aproximaci\u00f3n te\u00f3rica<br \/>\nLa complejidad del fen\u00f3meno, ya repetidamente subrayada, hace necesaria una aproximaci\u00f3n te\u00f3rica interdisciplinar a la problem\u00e1tica de la g\u00e9nesis y de la din\u00e1mica de los fen\u00f3menos reducibles a la categor\u00ed\u00ada de \u00absuperstici\u00f3n\u00bb. Nos detenemos aqu\u00ed\u00ad sint\u00e9ticamente en las interpretaciones que se han dado de la superstici\u00f3n desde el punto de vista psicol\u00f3gico, sociol\u00f3gico y antropol\u00f3gico.<\/p>\n<p>1. PSICOL\u00ed\u201cGICO. Desde el punto de vista psicol\u00f3gico la actitud supersticiosa tiene siempre como ra\u00ed\u00adz el sentido de inseguridad, de temor, de incapacidad para afrontar la realidad. Este temor y esta incapacidad son proyectados en la concepci\u00f3n de la divinidad en general, dando origen a una forma err\u00f3nea y desviada de religiosidad que corresponde a la necesidad psicol\u00f3gica de seguridad, a exigencias inconfesadas de protecci\u00f3n o a la necesidad de neutralizar sentimientos de angustia y de frustraci\u00f3n, desviaciones internas de equilibrio, perturbaciones ps\u00ed\u00adquicas de adaptaci\u00f3n, manifestaciones de inmadurez. Es decir, el hombre prefiere refugiarse en actitudes de cautela ante supuestas potencias ocultas, poderes dominantes y amenazadores, acontecimientos inciertos e imprevisibles, situaciones l\u00ed\u00admite no tolerables e incontrolables.<\/p>\n<p>La superstici\u00f3n ser\u00ed\u00ada, pues, la manifestaci\u00f3n de una forma patol\u00f3gica de religiosidad que tiene su origen en la psique misma del hombre, en la ca\u00f3tica y compleja realidad de represi\u00f3n ps\u00ed\u00adquica y en la naturaleza proyectiva de los fen\u00f3menos ps\u00ed\u00adquicos. El error objetivo y la ilusi\u00f3n radical de la pr\u00e1ctica supersticiosa parecen consistir, desde el punto de vista psicol\u00f3gico, en la confianza ingenua de poder conseguir neutralizar lo que no se quiere o no se puede afrontar directamente; de poder manipular una realidad por la cual somos de hecho manejados y manipulados; de conseguir dominar un mundo que por miedo rehusamos mirar de frente.<\/p>\n<p>En este contexto es de sobra conocida la explicaci\u00f3n que da del fen\u00f3meno la teor\u00ed\u00ada piscoanal\u00ed\u00adtica. Para S. Freud la superstici\u00f3n est\u00e1 radicada en factores internos al hombre y en los procesos ps\u00ed\u00adquicos de la represi\u00f3n inconsciente. Obviamente se da por descontada la existencia en el hombre de factores ps\u00ed\u00adquicos primordiales en continua expansi\u00f3n simb\u00f3lica y, por otro lado, tambi\u00e9n la relaci\u00f3n mec\u00e1nica de determinados acontecimientos y hechos humanos y naturales. Partiendo de tales supuestos, el hombre pondr\u00ed\u00ada concretamente en pr\u00e1ctica aquel mecanismo de represi\u00f3n en virtud del cual se eximir\u00ed\u00ada de su responsabilidad directa y se liberar\u00ed\u00ada de la angustia insoportable de la decisi\u00f3n personal. El determinismo m\u00e1gico y supersticioso de los acontecimientos asegurar\u00ed\u00ada de tal modo un estatuto objetivo a la propia voluntad oculta y una legitimaci\u00f3n indiscutible al propio comportamiento.<\/p>\n<p>El punto de vista psicol\u00f3gico y psicoanal\u00ed\u00adtico de la superstici\u00f3n logra indiscutiblemente dar explicaciones v\u00e1lidas y tambi\u00e9n sugestivas de muchos fen\u00f3menos supersticiosos, especialmente de los que m\u00e1s claramente manifiestan el ser del hombre presa del miedo, de la fragilidad ps\u00ed\u00adquica, de la vulnerabilidad emotiva, de la sintomatolog\u00ed\u00ada patol\u00f3gica. Sin embargo, es dif\u00ed\u00adcil hacer entrar en tales hip\u00f3tesis de explicaci\u00f3n todos los fen\u00f3menos supersticiosos, en especial los que no se pueden f\u00e1cilmente reducen al \u00e1mbito restringido de la psique individual y que encuentran amplia difusi\u00f3n y estratificaci\u00f3n en el nivel social, cultural y religioso. Por otra parte, ser\u00ed\u00ada dif\u00ed\u00adcil establecer, especialmente en el cuadro te\u00f3rico del psicoan\u00e1lisis, la diferencia real entre superstici\u00f3n y religi\u00f3n, ya que a menudo esta \u00faltima se interpreta de hecho como fen\u00f3meno proyectivo derivado del mecanismo de la represi\u00f3n inconsciente. En conjunto, puede decirse que la interpretaci\u00f3n psicol\u00f3gica de la superstici\u00f3n corre el riesgo de hacerse psicologista y aparece como fuertemente reductiva de la pregnancia humana de muchos fen\u00f3menos que sin embargo pueden definirse gen\u00e9ricamente como supersticiosos.<\/p>\n<p>2. SOCIOL\u00ed\u201cGICO. El punto de vista sociol\u00f3gico no ha tenido, en cuanto intento de interpretaci\u00f3n te\u00f3rica del fen\u00f3meno, un desarrollo espec\u00ed\u00adficamente aut\u00f3nomo. La lectura sociol\u00f3gica ha ido acompa\u00f1ada casi siempre del intento de comprensi\u00f3n hist\u00f3rico-antropol\u00f3gico del fen\u00f3meno. En general, desde el punto de vista sociol\u00f3gico, se subraya el origen popular del fen\u00f3meno, y en general su ubicaci\u00f3n social subalterna, o sea propia de los estratos sociales inferiores. Por eso el fen\u00f3meno es connotado negativamente como fen\u00f3meno de residuidad clasista: fen\u00f3meno t\u00ed\u00adpico de la religiosidad peyorativa de los estratos marginales, m\u00e1s pobres, menos instruidos, de la realidad social: religiosidad cargada, por otra parte, de expresiones y de posiciones acr\u00ed\u00adticas, de reacciones instintivas, de mentalidad retrasada. La superstici\u00f3n parece ser entonces el lenguaje expresivo y ritualista que brota del estrato ideol\u00f3gico de una estratificaci\u00f3n social negativamente privilegiada, y la connotaci\u00f3n popular expresa casi siempre un juicio de valor verdadero y propio.<\/p>\n<p>En este contexto es de sobra sabido la comparaci\u00f3n entre fen\u00f3meno supersticioso y fen\u00f3meno de la religiosidad popular. Sin entrar en el fondo de una problem\u00e1tica, tambi\u00e9n muy compleja, como es la de la religiosidad popular, se puede aludir a las interpretaciones que la han considerado -ciertamente de forma seductiva- como fen\u00f3meno cargado de pr\u00e1cticas, de ritos, de tradiciones, de expresiones inspiradas todas ellas en actitudes supersticiosas y en una mentalidad m\u00e1gica; consiguientemente, tambi\u00e9n en la religiosidad popular se ha visto un campo privilegiado de alienaci\u00f3n popular y la proyecci\u00f3n ideol\u00f3gica de las clases subalternas.<\/p>\n<p>En todo caso la identificaci\u00f3n de un estrato social que ser\u00ed\u00ada portador de actitudes supersticiosas encontrar\u00ed\u00ada fundamento por lo dem\u00e1s, seg\u00fan algunos, en la naturaleza del fen\u00f3meno que se afirma, tambi\u00e9n hist\u00f3ricamente, como reivindicaci\u00f3n de exigencias no satisfechas del sistema dominante y por la definici\u00f3n religiosa ortodoxa de la realidad. Es decir, que el \u00e1mbito institucional no ofrecer\u00ed\u00ada las respuestas adecuadas al conjunto de motivaciones espont\u00e1neas, de necesidades inmediatas que son propias de lo popular, especialmente de algunos estratos sociales marginados o de algunas clases sociales no integradas (p.ej., campesinos, pastores, etc.).<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de la sociolog\u00ed\u00ada religiosa se afirma adem\u00e1s que la superstici\u00f3n tiene sus ra\u00ed\u00adces en actitudes que no consiguen integrarse en el contexto progresivamente espiritualizados de la religi\u00f3n oficial. Por eso frente a una religi\u00f3n cada vez m\u00e1s refinada espiritualmente, la superstici\u00f3n hace valer las exigencias de lo concreto, de lo terreno, de lo visible, de lo \u00fatil y de lo inmediato. Se encarna en creencias, pr\u00e1cticas, gestos y ritos que piden respuestas concretas a los problemas de lo cotidiano, a los intereses y a los c\u00e1lculos m\u00e1s individuales, a las necesidades m\u00e1s urgentes. Desde el punto de vista de la religiosidad oficial, el juicio Pol\u00e9mico sobre la superstici\u00f3n se funda en la opini\u00f3n de que se identifica con un complejo de actitudes y de rituales pseudorreligiosos, de manifestaciones no purificadas y que no expresan una fe verdadera y madura; m\u00e1s a\u00fan: manifestaciones frecuentemente de signo contrario, o sea, expresiones de verdadera y aut\u00e9ntica incredulidad, actitudes de increencia temeraria, manipulaciones y falsificaciones interesadas de los fines y de los medios religiosos; negaciones radicales de la genuinidad de la fe, obviamente pensada -desde el punto de vista ortodoxo-en t\u00e9rminos de vida interior, de fe simple y humilde, de \u00e9tica profunda, de afinamiento espiritual.<\/p>\n<p>Este juicio de valor, formulado por la religi\u00f3n oficial, aunque matizado y diversificado seg\u00fan las varias manifestaciones supersticiosas, se explica sociol\u00f3gicamente como mecanismo de defensa propio del cuerpo religioso dominante. Es decir, el grupo pone en marcha un sistema de defensa ideol\u00f3gica del patrimonio de verdad afirmado sobre los otros y realiza un estrecho control social, a menudo cargado de condena y reprobaci\u00f3n, de aquellos elementos religiosos residuales considerados amenazadores y peligrosos. Ese control social es generado entonces por el proceso de institucionalizaci\u00f3n de la religi\u00f3n oficial, con el que, mientras se va definiendo de modo cada vez m\u00e1s r\u00ed\u00adgido el contenido doctrinal, dogm\u00e1tico, \u00e9tico, ritual y normativo, se opera por lo mismo una represi\u00f3n de los elementos rituales y doctrinales extra\u00f1os y una repulsa de actitudes y de valores no integrables y desviados.<\/p>\n<p>En este sentido la superstici\u00f3n es asimilable, en la perspectiva del an\u00e1lisis socio-cultural, a aquellos numerosos fen\u00f3menos -p.ej., la herej\u00ed\u00ada, el cisma, etc- que se generan en el acto de la institucionalizaci\u00f3n y de la afirmaci\u00f3n r\u00ed\u00adgida de los caracteres constitutivos de la religi\u00f3n ortodoxa. La actitud de defensa y de control de los elementos desviados var\u00ed\u00ada, obviamente, seg\u00fan la naturaleza de los elementos supersticiosos. Si, como ocurre a menudo, se trata s\u00f3lo de un uso indebido de elementos religiosos de suyo l\u00ed\u00adcitos, o si se trata de observancias vanas, pero ligeras y superficiales, la actitud oficial puede hacerse flexible y comprensiva, y puede tender tambi\u00e9n a la purificaci\u00f3n mental de las actitudes o a la correcci\u00f3n de los usos impropios y arbitrarios de los medios religiosos. Adem\u00e1s, no raramente se puede establecer una forma de compromiso t\u00e1cito con las formas de superstici\u00f3n partiendo de determinadas necesidades o de intereses constituidos, m\u00e1s o menos abiertamente confesados.<\/p>\n<p>La interpretaci\u00f3n sociol\u00f3gica del fen\u00f3meno de la superstici\u00f3n es v\u00e1lida en muchos aspectos, sobre todo por lo que ata\u00f1e a los fen\u00f3menos vinculados a la problem\u00e1tica de la institucionalizaci\u00f3n de la religi\u00f3n y de la progresiva imposici\u00f3n del aparato ideol\u00f3gico y doctrinal con ella relacionado. De esto, en efecto, se generan los consiguientes procesos de control social, de eliminaci\u00f3n de elementos culturales y de residuos no integrables, de marginaci\u00f3n social de los grupos que son portadores de ellos. Es v\u00e1lida asimismo la analog\u00ed\u00ada que desde el punto de vista sociol\u00f3gico se puede establecer entre fen\u00f3meno de la superstici\u00f3n y g\u00e9nesis de fen\u00f3menos particulares (herej\u00ed\u00adas, cismas, sectas, formas de religiosidad popular, etc.) sobre la base de desviaciones posibles e hist\u00f3ricamente determinantes entre fines institucionales y motivaciones espont\u00e1neas, entre respuestas institucionales y necesidades concretas.<\/p>\n<p>Con todo, hay que considerar seductiva la interpretaci\u00f3n sociol\u00f3gica, ante todo en relaci\u00f3n con la caracterizaci\u00f3n subalterna del fen\u00f3meno supersticioso; an\u00e1logamente, por lo dem\u00e1s, a las teor\u00ed\u00adas que habitualmente se formulan -aunque de modo fuertemente descaminado y discutiblesobre la religiosidad popular. En segundo lugar, la interpretaci\u00f3n sociol\u00f3gica respecto a la identificaci\u00f3n de una mentalidad primitiva o prel\u00f3gica subyacente a la pr\u00e1ctica supersticiosa se presenta manifiestamente viciada por apriorismos iluministas.<\/p>\n<p>Por eso hay que observar, de una parte, la necesidad de una aproximaci\u00f3n m\u00e1s adecuada a la complejidad t\u00ed\u00adpica de lo popular en sus varias manifestaciones, como lo requiere por lo dem\u00e1s la comprobaci\u00f3n de una presencia sorprendente difundida en todos los estratos sociales de la pr\u00e1ctica supersticiosa, hoy como en el pasado; por la otra, resulta necesaria una aproximaci\u00f3n adecuada para captar la valencia simb\u00f3lica de ritos, gestos, pr\u00e1cticas y comportanllentos humanos universalmente verificables, como lo exige una consideraci\u00f3n te\u00f3rica no evolucionista ni racionalista de la historia del hombre, as\u00ed\u00ad como la comprobaci\u00f3n de correspondencia, de ausencia de pr\u00e1ctica supersticiosa en contextos hist\u00f3ricoreligiosos que no son modernos.<\/p>\n<p>En este contexto se podr\u00e1 luego iluminar adecuadamente la relaci\u00f3n entre fen\u00f3meno de la superstici\u00f3n y religiosidad popular. Ciertamente, no se podr\u00e1 negar que esta \u00faltima se expone a menudo a ser terreno fecundo de pr\u00e1cticas y de actitudes reducibles a residuos culturales arcaicos, incluso paganos, a verdaderos y aut\u00e9nticos avances de mentalidad m\u00e1gico-supersticiosa, a actitudes y a pr\u00e1cticas manipuladoras de lo sagrado, a ca\u00ed\u00addas degenerativas del sentimiento religioso aut\u00e9ntico y de las expresiones de la fe; pero no se podr\u00e1 dejar de observar que varias interpretaciones del fen\u00f3meno est\u00e1n claramente viciadas por concepciones aprioristas e ideol\u00f3gicas de lo popular pensado en t\u00e9rminos de polaridad irreductible a la concepci\u00f3n contrapuesta de la clase dominante o hegem\u00f3nica y en clave preferentemente pol\u00ed\u00adtica; por otra parte, algunas interpretaciones se caracterizan por una ambig\u00fcedad de fondo relativa a la religiosidad popular, ya sea en el sentido de la otra polaridad irreductible que se establece con la dimensi\u00f3n de la fe o del culto lit\u00fargico, ya en el sentido de su reducci\u00f3n simplista a una acumulaci\u00f3n de residuos arcaicos, paganos o idol\u00e1tricos.<\/p>\n<p>3. ANTROPOL\u00ed\u201cGICO. La investigaci\u00f3n antropol\u00f3gica sobre el fen\u00f3meno de la superstici\u00f3n se ha desarrollado sustancialmente en torno a dos problemas fundamentales: g\u00e9nesis y din\u00e1mica del fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>Ante todo, desde el punto de vista hist\u00f3rico, los autores est\u00e1n de acuerdo en considerar que la superstici\u00f3n va acompa\u00f1ada de la progresiva difusi\u00f3n de las religiones de car\u00e1cter positivo o revelado y con objetivos expansionistas y de proselitismo; es decir, la superstici\u00f3n no estar\u00ed\u00ada presente en las religiones primitivas, especialmente en las de car\u00e1cter animista, que, por presentar un alto grado de difusi\u00f3n social y de integraci\u00f3n simb\u00f3lica, dif\u00ed\u00adcilmente presentan formas de manifestaci\u00f3n desviadas o fen\u00f3menos de residuidad cultural. Semejante tesis se funda, obviamente, en una hip\u00f3tesis que, sin embargo, tiene dificultad para encontrar verificaci\u00f3n adecuada, y que s\u00f3lo parece ser un supuesto de las teor\u00ed\u00adas evolucionistas sobre la religi\u00f3n, que afirman la existencia hist\u00f3rica y la consistencia en estado puro de tales religiones animistas. Adem\u00e1s, muchos autores limitan la aplicabilidad de la categor\u00ed\u00ada de la superstici\u00f3n tambi\u00e9n en sentido geogr\u00e1fico-cultural, excluyendo que se pueda hablar de superstici\u00f3n para las religiones o para las culturas orientales, que se presentan siempre altamente integradas en las respectivas sociedades y con relativa especializaci\u00f3n doctrinal y normativa de los contenidos religiosos.<\/p>\n<p>El planteamiento te\u00f3rico subyacente ya en el problema de los or\u00ed\u00adgenes hist\u00f3ricos del fen\u00f3meno permite, evidentemente, volver a la definici\u00f3n de la esencia del fen\u00f3meno, a la que se relaciona con la hip\u00f3tesis gen\u00e9tica. Desde el punto de vista antropol\u00f3gico todo fen\u00f3meno de superstici\u00f3n es resultado de la superposici\u00f3n progresiva de diversos sistemas religiosos. Se definen entonces como supersticiones aquellos residuos de religiosidad decadente, a los que sin embargo ninguna marginaci\u00f3n cultural puede nunca destruir del todo, que por lo mismo est\u00e1n presentes, vitales y prontos a emerger de varios modos, entrando en complej a dial\u00e9ctica con el sistema religioso dominante u oficial. Las modalidades y el \u00e9xito de esta dial\u00e9ctica cultural -y procesos relativos de aculturaci\u00f3n, deculturaci\u00f3n y reculturaci\u00f3n&#8230;- son varios, y los modelos tipol\u00f3gicos que se siguen, los propios de todo fen\u00f3meno de contacto cultural. De cualquier modo la reaparici\u00f3n de contenidos religiosos residuales constituir\u00ed\u00ada antropol\u00f3gicamente el paradigma predominante de la g\u00e9nesis del fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter residual tiene evidentes consecuencias en la estructura generalmente precaria y desintegrada de los elementos supersticiosos, ya considerados en s\u00ed\u00ad mismos, ya en relaci\u00f3n con el sistema cultural oficial. Ese car\u00e1cter residual y fragmentario lleva naturalmente a valoraciones negativas sobre todos los fen\u00f3menos supersticiosos, juzgados siempre como formas pseudorreligiosas en cuanto formas pseudoculturales. Esto no quita para que, desde el punto de vista funcional y estructural, se deba plantear cr\u00ed\u00adticamente el problema ante todo de la fuerza inexplicablemente persistente de tales residuos culturalmente desintegrados; en segundo lugar, no se puede eludir la necesidad de ofrecer un paradigma te\u00f3rico v\u00e1lido que explique la g\u00e9nesis de los fen\u00f3menos que no se presentan, al menos claramente, como residuos o como permanencia de temas y modelos preexistentes y sucesivamente emergentes, y que en cambio parecen presentarse como elementos nuevos, sin lazos identificables ni reducibles a herencias culturales precedentes.<\/p>\n<p>Tal es el caso de ese amplio fen\u00f3meno que parece caracterizar, a menudo de modo sorprendentemente difundido, especialmente en el ambiente fuertemente urbanizado, la vida del hombre contempor\u00e1neo. Es decir, se asiste a un pulular de ritos, pr\u00e1cticas, t\u00e9cnicas varias, fundados en actitudes supersticiosas y en creencias m\u00e1gicas. Curioso -y todav\u00ed\u00ada por explicar- es el hecho de que tales pr\u00e1cticas (magia blanca, magia negra, hor\u00f3scopos, zen, etc.) susciten adhesiones cada vez m\u00e1s masivas y parezcan jugar un papel cada vez m\u00e1s importante tambi\u00e9n en las culturas m\u00e1s evolucionadas y racionalizadas, as\u00ed\u00ad como en las sociedades m\u00e1s altamente industrializadas de hoy. Seg\u00fan se sabe, la presencia de tales fen\u00f3menos, definidos como survival, no s\u00f3lo ha hecho retroceder las hip\u00f3tesis apresuradas sobre el eclipse de lo sagrado en los contextos fuertemente racionalizados de la sociedad tecnol\u00f3gica, sino que ha impulsado a realizar profundizaciones te\u00f3ricas m\u00e1s adecuadas de estos fen\u00f3menos como del fen\u00f3meno de la religiosidad popular.<\/p>\n<p>Mas tambi\u00e9n en la explicaci\u00f3n ofrecida sobre la manifestaci\u00f3n de tales fen\u00f3menos supersticiosos extempor\u00e1neos se vuelve a una interpretaci\u00f3n gen\u00e9tica -por lo dem\u00e1s, ling\u00fc\u00ed\u00adsticamente indicada por el t\u00e9rmino mismo survival- que, sin embargo, debiera valerse de mayor plausibilidad emp\u00ed\u00adrica m\u00e1s bien que de argumentaciones preconcebidas o de afirmaciones axiom\u00e1ticas. Es decir, se afirma que se trata de la reaparici\u00f3n de un sustrato m\u00e1gico, connatural al hombre y latente siempre en \u00e9l, y por lo mismo siempre dispuesto a aparecer, especialmente en los momentos de crisis personales y sociales, de conflictos individuales y colectivos, de desintegraci\u00f3n de los mundos culturales tradicionales, de ca\u00ed\u00adda de ideolog\u00ed\u00adas y utop\u00ed\u00adas. La g\u00e9nesis de estas formas supersticiosas se interpreta por ello como din\u00e1mica de regresi\u00f3n cultural y, a nivel l\u00f3gico, como rechazo de racionalizaci\u00f3n, como incapacidad de tentar un an\u00e1lisis cr\u00ed\u00adtico de la realidad. El hombre -seg\u00fan una hip\u00f3tesis, que sin embargo no podr\u00e1 explicar c\u00f3mo es que situaciones iguales generan fen\u00f3menos ambivalentes o, en todo caso, con resultados diversos, y comprobables, de genuina religiosidad- se refugia, por una parte, en una consideraci\u00f3n fatalista de la realidad y, por otra, en una actitud manipuladora de lo que puede subrepticiamente enderezarla o modificarla en beneficio propio.<\/p>\n<p>Es evidente que, partiendo de esta interpretaci\u00f3n te\u00f3rica, los que hacen del componente irracional el denominador com\u00fan de las varias manifestaciones religiosas (como de la religiosidad popular), est\u00e1n consiguientemente obligados a considerar fluida la distinci\u00f3n entre supersticiones cultuales y supersticiones profanas. Pues si el cuadro de referencia sem\u00e1ntico se convierte en la esfera de la irracionalidad y en el de la incapacidad humana para elevarse a una percepci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la realidad, habr\u00e1 que definir como supersticiosos todos los fen\u00f3menos que manifiestan niveles de conciencia reducidos, componentes instintivos e inconscientes, y habr\u00e1 que reducir como a clase \u00fanica a todos los fen\u00f3menos irreflejos, cualquiera que sea la esfera a la que pertenecen.<\/p>\n<p>Se debe notar aqu\u00ed\u00ad que una comprensi\u00f3n antropol\u00f3gica del fen\u00f3meno supersticioso atenta al diverso desplegarse del fen\u00f3meno -complejo en su origen hist\u00f3rico, en su g\u00e9nesis antropol\u00f3gica, en su manifestaci\u00f3n variada y polivalente en su generalizada presencia en todas las sociedades, que interesa a la vida del hombre en muchas de sus direcciones-, tiene necesidad de fundarse en hip\u00f3tesis plausibles y en firmes supuestos emp\u00ed\u00adricos; pero sobre todo deber\u00e1 proceder con an\u00e1lisis articulados desde el punto de vista ling\u00fc\u00ed\u00adstico y estructural. A condici\u00f3n, obviamente, de rehuir ante todo cualquier aproximaci\u00f3n de tipo iluminista, que se sit\u00faa fatalmente como petitio princip\u00fc, por la sencilla raz\u00f3n de que, supuesta la polaridad irreductible racionalidad\/irracionalidad, se confina consecuentemente en el \u00e1mbito de lo supersticioso lo que exactamente se ha querido introducir all\u00ed\u00ad y lo que previamente se ha definido como irracional; en segundo lugar, hay que proceder a una investigaci\u00f3n antropol\u00f3gica que sondee la naturaleza y la consistencia de las necesidades humanas, y evidentemente su elaboraci\u00f3n necesariamente simb\u00f3lica, para destacar la presencia significativa y la pregnancia antropol\u00f3gica en sus varias manifestaciones supersticiosas. La cualificaci\u00f3n ipso facto negativa del fen\u00f3meno es a menudo fruto de una \u00f3ptica iluminista duradera que, al acercarse a fen\u00f3menos culturales y religiosos, separa sin remedio lo que tiene significado de lo que no lo tiene, lo que es racional de lo que no lo es, marginando as\u00ed\u00ad de la conciencia con fr\u00ed\u00ada intelectualidad una parte consistente de la historicidad, de la concretez, de la tangibilidad de la vida humana y de sus vivencias experienciales. Por eso la aproximaci\u00f3n deber\u00ed\u00ada ceder el puesto a una comprensi\u00f3n m\u00e1s abierta, m\u00e1s matizada, m\u00e1s articulada desde el punto de vista antropol\u00f3gico.<\/p>\n<p>IV. Superstici\u00f3n, fe y valoraci\u00f3n moral<br \/>\nSi la tentaci\u00f3n iluminista se puede comprobar f\u00e1cilmente e impugnar en ese juicio pronunciado sobre la religi\u00f3n simpliciter en el cuadro de referencia de la mentalidad l\u00f3gico-racionalista, seg\u00fan la cual toda religi\u00f3n es forma de superstici\u00f3n, no lo es menos en el cuadro de referencia religiosa, que se afirma como \u00f3rgano de juicio exclusivo del fen\u00f3meno supersticioso.<\/p>\n<p>Ante todo, esa tentaci\u00f3n lleva al riesgo -nada remoto, como lo demuestra la historia- de valoraciones y de interpretaciones funcionales a la voluntad de imponer un dominio ideol\u00f3gico y de referirlo todo al propio sistema doctrinal y normativo. En segundo lugar, la tentaci\u00f3n iluminista se vuelve grave all\u00ed\u00ad donde, dando por supuesta una pureza absoluta, as\u00e9ptica, acultural de la fe religiosa, por el hecho mismo la desencarna de sus contenidos expresivos, de su bagaje simb\u00f3lico, de su cuadro de signos, relegando as\u00ed\u00ad lo que es objetivaci\u00f3n expresiva ,y significativa del hombre al campo de la cosalidad alienante de la superstici\u00f3n (ver el juicio discriminante sobre la religiosidad popular, que s\u00f3lo desde hace algunos a\u00f1os es tomado seriamente en consideraci\u00f3n desde el punto de vista teol\u00f3gico, doctrinal y pastoral&#8230;). Por eso el planteamiento de la relaci\u00f3n fe-superstici\u00f3n, que podr\u00e1 luego fundar un adecuado planteamiento del problema \u00e9tico, no puede hacerse a partir de una ignorancia te\u00f3rico-pr\u00e1ctica de la necesaria afirmaci\u00f3n de la fe siempre por mediaciones simb\u00f3licas y culturales, o por una conciencia adulterada que cree exorcizar contenidos culturales no integrables ni asimilables instrumentalmente, con el pretexto de considerarlos residuos esp\u00fareos y contaminantes de suyo. La naturaleza artificial de la categor\u00ed\u00ada &#8211;como un\u00e1nimemente se estima- pone en guardia contra todo prejuicio ideol\u00f3gico diversamente legitimado, igual que contra todo manique\u00ed\u00adsmo de cu\u00f1o racionalista. La relaci\u00f3n fe\/superstici\u00f3n ha de colocarse por ello en un contexto que recoja enteramente la dimensi\u00f3n cultural, simb\u00f3lica y expresiva, t\u00ed\u00adpica de la antropolog\u00ed\u00ada; que asuma, diacr\u00f3nica y sincr\u00f3nicamente, toda la riqueza de lo diverso cultural. Lo aut\u00e9ntico y lo inaut\u00e9ntico tienen necesidad, ciertamente, de ser verificados; pero no han de inducirse directa y unilateralmente desde paradigmas impuestos de normalidad doctrinal, abstracta e intelectual, ni desde \u00f3pticas preconcebidas y etnoc\u00e9ntricas del sistema cultural religioso oficial que se afirmen desde el exterior o desde arriba.<\/p>\n<p>Entonces el punto de vista \u00e9tico sobre la superstici\u00f3n, sobre el auxilio de las adquisiciones ofrecidas por los adelantos de las ciencias humanas, en particular de la antropolog\u00ed\u00ada cultural, deber\u00e1 hacerse m\u00e1s cr\u00ed\u00adtico y m\u00e1s preciso ante la creciente complejidad de an\u00e1lisis y de interpretaciones del fen\u00f3meno. Por supuesto, no hay que modificar el juicio \u00e9tico-normativo, que, seg\u00fan es sabido, establece una escala de gravedad a partir del prototipo de las manifestaciones religiosas, a saber: la idolatr\u00ed\u00ada, para terminar en el complejo de las supersticiones definidas como vanas observancias. Esa gravedad, obviamente, ha de considerarse en relaci\u00f3n con la existencia y el cruce efectivo de las coordenadas propias del obrar humano (1 actitudes, \/ comportamientos) y con las condiciones o los elementos relevantes desde el punto de vista del juicio moral. El elemento determinante de la valoraci\u00f3n \u00e9tica parece ser en todo caso el que reduce el fen\u00f3meno de la superstici\u00f3n en conjunto -donde claramente no aparecen fen\u00f3menos de mala fe, el enredo consciente o la ignorancia culpable- a un complejo de errores cognoscitivos te\u00f3ricos y pr\u00e1cticos, o sea, posici\u00f3n de signos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos inadecuados.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, por una parte, hay un vasto complejo de fen\u00f3menos que es dif\u00ed\u00adcil reducir a la fenomenolog\u00ed\u00ada tradicional de la superstici\u00f3n, porque se puede reconocer hoy en \u00e9l, a diferencia del pasado, un \u00e1mbito a\u00fan no profundizado y conocido cient\u00ed\u00adficamente, como el de las fuerzas ocultas de la naturaleza y de la materia y el de las potencias humanas reales (capacidad psico-f\u00ed\u00adsica, energ\u00ed\u00adas magn\u00e9ticas, habilidades manipuladoras&#8230;), con las que conectan fen\u00f3menos de parapsicolog\u00ed\u00ada, hipnotismo, radiestesia, telepat\u00ed\u00ada, etc.<\/p>\n<p>Por otra parte, existe&#8217; una variedad de fen\u00f3menos llamados supersticiosos, pero que en realidad hay que reducir no a actitudes o a comportamientos espec\u00ed\u00adficamente supersticiosos, sino m\u00e1s bien a formas de h\u00e1bitos mentales y ps\u00ed\u00adquicos, a sugesti\u00f3n inconsciente, a comportamientos sociales ritualizados (p.ej., uso de ciertos amuletos, observancias de d\u00ed\u00adas en la realizaci\u00f3n de determinadas operaciones, lecturas de hor\u00f3scopos, etc.).<\/p>\n<p>Finalmente tenemos otros fen\u00f3menos, con clara fenomenolog\u00ed\u00ada supersticiosa, pero que hay que tomar indudablemente como c\u00f3digos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos de determinadas y aut\u00e9nticas necesidades humanas, religiosas, sociales y culturales, que por tanto hay que descifrar debidamente m\u00e1s que exorcizarlos.<\/p>\n<p>En resumen, es preciso que la valoraci\u00f3n moral est\u00e9 hoy m\u00e1s atenta: a la complejidad antropol\u00f3gica de fen\u00f3menos que, demasiado simplista y reductivamente, han sido marginados y asignados al campo de lo irracional, de lo prel\u00f3gico, de lo arcaico; a la densidad del lenguaje simb\u00f3lico en su rico despliegue cultural y subcultural, concebido a menudo expeditivamente como l\u00e9xico t\u00ed\u00adpico y exclusivo de lo imaginario; a la dial\u00e9ctica entre fines institucionales y motivaciones espont\u00e1neas; dial\u00e9ctica siempre dilem\u00e1tica, pero hist\u00f3ricamente resolutiva, que no obstante hay que construir con mediaciones din\u00e1micas e inteligentes; a la necesidad de hacer las valoraciones \u00e9ticas precisas al vario conjugarse hist\u00f3rico-cultural de las convicciones morales, partiendo de las condiciones espec\u00ed\u00adficas de vida y de la diversa posibilidad descriptiva de los valores y de su modo concreto de relacionarse; a la necesidad de contextualizar y de verificar la din\u00e1mica efectiva de los procesos de aculturaci\u00f3n de los valores cristianos, que podr\u00e1 denominarse \u00ab\u00e9xito\u00bb si ha habido verdadera promoci\u00f3n del hombre en situaci\u00f3n y jam\u00e1s expropiaci\u00f3n de lenguaje, de signos y de valores; a la oportunidad de no delegitimar o deshumanizar las necesidades concretas, cotidianas, pr\u00e1cticas e inmediatas, partiendo de visiones espiritualizantes sumamente ajenas a la \u00ed\u00adndole espec\u00ed\u00adfica de la fe cristiana.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el cometido de la valoraci\u00f3n \u00e9tica se abre a nuevas exigencias. Desde luego, las de siempre; pero que sepan conjugar sabia y pacientemente en el hoy, en esp\u00ed\u00adritu y en verdad, fidelidad a Dios y fidelidad al hombre, dentro de la irrenunciable prioridad de los valores evang\u00e9licos de la justicia y de la misericordia.<\/p>\n<p>[\/Oraci\u00f3n; \/Religi\u00f3n y moral].<\/p>\n<p>BIBL.: ALONSO DEL REAL Y RAMOS C., Superstici\u00f3n y supersticiones, Espasa-Calpe, Madrid 1965; BUROIO A., Di zionario della superstizione, Mil\u00e1n 1965; CARDINI F., Magia, brujer\u00ed\u00ada y supersticiones en el occidente medieval, Ediciones 62, Barcelona 1982; DUPRONT A., Anthropologie religieuse, en AA.VV., Faire de 1histoire (ed. p. J. LE GOFF y P. NORA) II, Par\u00ed\u00ads 1974; FRAZER J.G., La rama dorada, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 19818; GRAFA., Miti, leggendeesuperstizioni del Medioevo, Mondadori, Mil\u00e1n 1984; GRODZYNSKY D., Superstitio, en \u00abRevue des \u00c2\u00a3tudes Anciennes\u00bb 74 (1976) 36-60; GUITTON J., La superstici\u00f3n superada, Ceme, 1973; HARING B., La ley de Cristo II, Herder, Barcelona 19654, 224-245; RODRIGUEZ J., Supersticiones, brujos y astr\u00f3logos, Boreal, La Coru\u00f1a 1989; ROMEYER B., L \u00e1ction religieuse et sa d\u00e9viation superstiLieuse, en Etudes philosophiques, 1952, 421-436; RUFFAT A., La superstition \u00e1 travers les \u00e1ges, Par\u00ed\u00ads 1951; SIWEK P., Herej\u00ed\u00adas y supersticiones de hoy, Herder, Barcelona 1965.<\/p>\n<p>G. Silvestri<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>I. Concepto<br \/>\nPor s. se entiende primariamente una fe \u00abfalsa\u00bb, y luego tambi\u00e9n una actitud \u00abinaut\u00e9ntica\u00bb, deficiente, de la fe. Lo que en un caso particular se se\u00f1ale como s. depende de la orientaci\u00f3n ideol\u00f3gica del que juzga. En principio toda religi\u00f3n o toda ideolog\u00ed\u00ada corre el riesgo de descalificar como s. las manifestaciones de una \u00abfe\u00bb que se oponga a sus normas o a su conciencia creyente. Desde el punto de vista de una imagen del mundo establecida absolutamente como \u00abcient\u00ed\u00adfica\u00bb, cualquier religi\u00f3n aparece como s. Prescindiendo de que tal suposici\u00f3n de una explicaci\u00f3n totalmente racional del mundo deber\u00ed\u00ada ser juzgada ella misma como s., puesto que una respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida trasciende las posibilidades de una ciencia particular, precisamente este \u00abpresupuesto\u00bb trae consigo una y otra vez formas supletorias de \u00abreligi\u00f3n\u00bb. Dentro del cristianismo la s. consiste primero en entender mal, m\u00e1gicamente, afirmaciones fundamentales del mensaje cristiano, o sea, en un aferrarse inexplicablemente a elementos paganos (de una religi\u00f3n natural) dentro de la realizaci\u00f3n cristiana de la fe; y luego consiste en el abuso \u00abposcristiano\u00bb de contenidos y formas cristianos de fe para escapar a la inseguridad de la vida y para defenderse contra la exigencia de decisi\u00f3n en algunas de sus situaciones.<\/p>\n<p>Momentos \u00absupersticiosos\u00bb son inevitables en toda religi\u00f3n por cuanto la religiosidad trascendental (y, por tanto, tambi\u00e9n la fe cristiana) tiene que objetivarse necesariamente en un mundo categorial que, por ser en principio inadecuado a su esencia, debe superarse continuamente y, sin embargo, nunca puede ser abandonado totalmente (-> analog\u00ed\u00ada del ser; ->misterio). S. ser\u00ed\u00ada, pues, primero la renuncia a este trascender constantemente exigido y el aferrarse (consciente o inconscientemente) a un mundo categorial de lo religioso que ya no \u00abtransparente\u00bb (es decir, que ya no intente despojarse de s\u00ed\u00ad mismo).<\/p>\n<p>II. Historia de las religiones<br \/>\nLa s. presupone una imagen m\u00e1gica del mundo o restos de tal imagen, es decir, la creencia en fuerzas y poderes que no se explican por leyes naturales (prescindiendo de c\u00f3mo se conciban en cada caso particular), y de los cuales el hombre se siente dependiente, intentando manipularlos mediante una acci\u00f3n m\u00e1gica. Observaciones hechas por la ciencia comparada de las religiones han mostrado el car\u00e1cter ahist\u00f3rico de la s. y de sus formas de expresi\u00f3n (p. ej., adivinaci\u00f3n, or\u00e1culos, interpretaciones populares de sue\u00f1os, importancia de determinados tiempos y d\u00ed\u00adas, entre otras cosas). El conocimiento de la -> magia y de la s. exige una distancia consciente respecto de la experiencia m\u00e1gica del mundo, la cual se debe al logro de un grado m\u00e1s alto y cultivado de religi\u00f3n o al progresivo estudio racional-cient\u00ed\u00adfico del mundo. Acreditan esto, p. ej., los textos cl\u00e1sicos griegos y latinos sobre la s. (deisidaimon\u00ed\u00ada &#8211; temor servil ante los dioses, en lugar de veneraci\u00f3n racional): HIP\u00ed\u201cCRATES, Morb. sacr. I; PLAT\u00ed\u201cN, Rep. 364B-365A; TEOFRASTO, Char. 16; PLUTARCO, De superstitione; CICER\u00ed\u201cN, Div. 2, 148; PLINIO EL VIEJO, Hist. nat.<\/p>\n<p>El Antiguo Testamento rechaza rigurosamente cualquier forma de s. (p. ej., Ex 22, 18; Lev 19, 26.31; 1 Sam 28; Is 8, 20; Ter 27, 9; Dan 2, 27s), ya que \u00e9sta revela una fe deficiente en Yahv\u00e9h, \u00fanico Dios, y le ofende. El Antiguo Testamento conoce la amenaza constante a que la fe revelada se halla expuesta por causa de la s., amenaza proveniente ante todo del encuentro del mundo jud\u00ed\u00ado con la fe natural de los cananeos. El mensaje del Nuevo Testamento es el juicio sobre toda s,, sobre todo diablo y demonio (Mc 1, 25ss par; 3, 15; 5, 13; 6, 7 par; Mt 12, 28 par; Lc 8, 29; cf. Act 13, 10ss; 19, 13-19). La idolatr\u00ed\u00ada pertenece, seg\u00fan Pablo, a las obras de la carne (G\u00e1l 5, 20; cf. 1 Cor 10, 14; Col 3, 5).<\/p>\n<p>III. El fen\u00f3meno<br \/>\nLa s. aparece especialmente en las situaciones l\u00ed\u00admite de la vida, en el nacimiento, el amor, la enfermedad, la muerte, en situaciones de angustia espiritual o en decisiones dif\u00ed\u00adciles del destino (magia de la fertilidad, de la dependencia del hombre, respecto de la ->. trascendencia. Pero la s. obstruye la mirada al Dios absolutamente soberano, pues el hombre en ella cree que mediante sus propias palabras y acciones rituales puede hacerse propicios a los dioses, virtudes y potestades de los que se sienten dependientes de la existencia impenetrable. Con este egocentrismo el hombre impide la posibilidad de una confianza religiosa que lo espere todo de la bondad y del poder absolutamente libres de Dios. La s. y la magia, entre otras cosas, pueden proporcionar una seguridad aparente en la que enmudecen las cuestiones propiamente vitales antes de haberse planteado. Esto explica tambi\u00e9n por qu\u00e9 hoy tantas personas son aficionados a la s. (p. ej., al hor\u00f3scopo).<\/p>\n<p>El mundo, en sus entrelazamientos econ\u00f3micos, sociales y cient\u00ed\u00adficos, se ha hecho inabarcable para el hombre particular. Esta falta de transparencia produce la sensaci\u00f3n de estar entregado a poderes an\u00f3nimos, la conciencia de ser s\u00f3lo un factor intercambiable en el gran proceso de los acontecimientos sociales que transcurren con aparente necesidad. Esta conciencia tiene como consecuencia una pasividad que recurre con agrado a las explicaciones de la s. Se acepta la idea de que todo depende de un destino inexplicable, que, sin embargo, lo abarca todo y da tambi\u00e9n significado a lo que no lo tiene. Esa actitud ahorra el esfuerzo intelectual, as\u00ed\u00ad como el compromiso de la libertad y responsabilidad. As\u00ed\u00ad la s. es uno de los factores que dificultan, o incluso hacen imposible, la formaci\u00f3n de la personalidad religiosa, moral y social del bombre. Es siempre s\u00ed\u00adntoma de una crisis de la existencia. La actitud de aceptar pasivamente el estado de cosas, la satisfacci\u00f3n que hoy siente el hombre comercialmente dirigido (junto con otras causas, que aqu\u00ed\u00ad no hay que discutir m\u00e1s de cerca, como el escepticismo general, la saciedad econ\u00f3mica, etc.), seguramente no permitir\u00e1n que esa s., dada la pobreza de sus explicaciones sobre los trasfondos de la existencia humana, se purifique para llegar a la fe verdadera (aunque esta posibilidad en principio existe), pues precisamente su superficialidad obstaculizar\u00e1 el riesgo de la verdadera fe, y con ello la superaci\u00f3n creyente de la angustia, de la duda y de la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>IV. Superstici\u00f3n y fe cristiana<br \/>\nPara la fe cristiana se plantea el problema de la frontera (que debe trazarse siempre de nuevo) con la superstici\u00f3n. Los usos y la fe de la Iglesia corren siempre el riesgo de convertirse en magia y s. Esto puede tener diversas causas. Los usos y la fe que los fundamente pueden: a) ser restos de una mentalidad pagana, a los cuales la fe cristiana no pudo dar ninguna legitimaci\u00f3n seria; pero tambi\u00e9n pueden ser b) reliquias de grados anteriores y de fe y saber hoy superados (p. ej., creencia en las -> brujas, -> astrolog\u00ed\u00ada); y finalmente, c) un uso leg\u00ed\u00adtimo puede convertirse en s. a causa de una fe entendida falsamente (p. ej., la se\u00f1al de la cruz como conjuro m\u00e1gico, la recitaci\u00f3n mec\u00e1nica de cadenas de oraciones, ciertas representaciones sobre el sacrificio de la misa y la comuni\u00f3n, etc.). Puesto que el hombre, como ser corporal y espiritual, tiene la tendencia a expresarse y comunicarse no s\u00f3lo en palabras, sino tambi\u00e9n en s\u00ed\u00admbolos e im\u00e1genes, ciertos usos asimilados pueden justificarse, con tal que en la fe y en la pr\u00e1ctica no contradigan al esp\u00ed\u00adritu de aqu\u00e9lla, seg\u00fan el cual la salvaci\u00f3n se da solamente en Jesucristo y en la decisi\u00f3n permanente personal por \u00e9l. Obscurecer esto es el peligro de un cristianismo que se agote en el cultivo rutinario de tradiciones (gravosas y perjudiciales), puesto que tambi\u00e9n esos h\u00e1bitos crean aquella seguridad aparente que se quiebra r\u00e1pidamente ante conflictos serios, y, ciertamente, no siempre a favor de una m\u00e1s profunda comprensi\u00f3n de la fe y de una realizaci\u00f3n de la libertad y de la responsabilidad propias. Por ello es tarea de la Iglesia educar en un constante control de s\u00ed\u00ad mismo para una fe consciente, la cual conozca la esencia de la existencia cristiana y a partir de esta fe sea capaz de soportar y transformar la angustia y la desesperaci\u00f3n. En los casos particulares, la pastoral s\u00f3lo lograr\u00e1 superar la s. si no se limita a descubrirla y condenarla, sino que la esclarece tambi\u00e9n como signo de necesidades humanas m\u00e1s profundas, que ante todo deben tomarse en serio y entenderse, para poderlas curar luego (cf. acomodaci\u00f3n; -> usos religiosos).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: A. Wutzke, Der deutsche Volks-Aberglaube der Gegenwart (B 31900); A. Lehmann, Aberglaube und Zauberei von der \u00e4ltesten Zeit bis in die Gegenwart (St 21908); E. W. Budget, Amu]ets and Superstitions (0 1930); F. Hempler, Psychologie des Volksglaubens (K\u00f6nigsberg 1930); J. v. Negelein, Weltgeschichte des Aberglaube, 2 vols. (B 1931-35); J. Trachtenberg, Jewish Magic and Superstition (O 1939) (bibl.); E. Hoffmann-Krayer &#8211; H. B\u00e4chtold-St\u00e4ubli (dir.), Handw\u00f6rter-buch des deutschen A., 10 vols. (B &#8211; L 1927-42); K. Zucker, Psychologie des Aberglaube (Hei 1948); E. und M. A. Radford, Encyclopaedia of Superstitions (1948, Lo 21961); P. Bauer, Der moderne Aberglaube und seine \u00dcberwindung (St 1950); G. F. Hartlaub, Das Unerkl\u00e4rliche. Studien zum magischen Weltbild (St 1951); C. H. Ratschote, Magie und Religion (G\u00fc 1955); Ph. Schmidt, Dunkle M\u00e4chte (F 1956); F. Buri, Glaube und Aberglaube: ThZ 12 (1956) 206-236; K\u00f6nig W 1-5; L. R\u00f6hrich &#8211; P. Bauer: RGG&#8217; I 53-63 (bibl.); W.-E. Peuckert, Pansophie. Ein Versuch zur Geschichte der wei\u00dfen und schwarzen Magie (1936. B 21956); Th. W. Adorno, Aberglaube aus zweiter Hand: Psyche 12 (St 1958-59) 561-614; W. Bitter (dir.), Magie und Wunder in der Heilkunde (St 1959); P. Bauer, Horoskop und Talisman. 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Com\u00fanmente, la superstici\u00f3n est\u00e1 en el \u00e1rea de la religi\u00f3n (v\u00e9ase); es una creencia o pr\u00e1ctica religiosa que se juzga irracional. Pero el t\u00e9rmino a veces se usa con m\u00e1s amplitud. As\u00ed, pues, Spencer escribi\u00f3 sobre una superstici\u00f3n <em>pol\u00edtica<\/em>, y en el uso contempor\u00e1neo todo lo que no es <em>cient\u00edficamente<\/em> aceptable es f\u00e1cilmente clasificado como superstici\u00f3n. Todo juicio de esta clase implica una evaluaci\u00f3n que depende de una aceptaci\u00f3n anticipada de alguna verdad como normativa. La norma puede ser nada m\u00e1s que un mero prejuicio irreflexivo o un punto de vista cuidadosamente razonado. Puede ser la ciencia, o una ciencia especial, o una posici\u00f3n filos\u00f3fica, o una religi\u00f3n, tal como el cristianismo se entiende dentro de una tradici\u00f3n teol\u00f3gica; o puede ser un punto de vista dentro de cualquiera de estas \u00e1reas m\u00e1s amplias. Por ejemplo, L.T. More, un f\u00edsico laboratorista, caracteriza el cuadro de la realidad que se deriva de la relatividad y del qu\u00e1ntum de la f\u00edsica como \u00abuna fantasmagor\u00eda en lugar de un mundo\u00bb, con lo cual est\u00e1 diciendo que en realidad es mera superstici\u00f3n, y cuando un te\u00f3logo liberal se encuentra con algunas de las creencias de un conservador o fundamentalista \u00e9l puede llamarlas superstici\u00f3n. En Hch. 25:19 el t\u00e9rmino griego <em>deisidaimonia<\/em> (de <em>deid\u014d<\/em>, \u00abtemer\u00bb, y <em>daim\u014dn<\/em>) debe probablemente traducirse por \u00absuperstici\u00f3n\u00bb (<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">RV60<\/a> traduce \u00abreligi\u00f3n\u00bb). Pero no es claro si el comparativo de la misma palabra tiene esa misma connotaci\u00f3n en Hch. 17:22.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Andrew Kerr Rule<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">RV60 <\/a>Reina-Valera, Revisi\u00f3n 1960<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (588). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Del lat\u00ed\u00adn superstitio, \u2014 onis. 1. Creencia extra\u00f1a a la fe religiosa y contraria a la raz\u00f3n. 2. Fe desmedida o valoraci\u00f3n excesiva respecto de una cosa o a una pr\u00e1ctica. As\u00ed\u00ad se puede hablar de superstici\u00f3n de la ciencia cuando se apela irrazonablemente a esta para defender una posici\u00f3n. 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