{"id":7888,"date":"2016-02-05T04:13:09","date_gmt":"2016-02-05T09:13:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adolescencia\/"},"modified":"2016-02-05T04:13:09","modified_gmt":"2016-02-05T09:13:09","slug":"adolescencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adolescencia\/","title":{"rendered":"ADOLESCENCIA"},"content":{"rendered":"<p>(Per\u00ed\u00adodo de la juventud).<\/p>\n<p> &#8211; David fue ungido en su juventud, y Manas\u00e9s comenz\u00f3 a reinar a los doce a\u00f1os, 1 Sam. 16, 2 Reyes 21.<\/p>\n<p> &#8211; La Virgen Mar\u00ed\u00ada fue elegida para Madre de Dios cuando era joven, Lc. 1, Mt. 1.<\/p>\n<p> &#8211; El joven rico no quiso seguir a Jes\u00fas, porque ten\u00ed\u00ada muchas riquezas, Mat 19:16-30, Mc. 10, Lc. 16.<\/p>\n<p> &#8211; El canto de los tres j\u00f3venes en el horno ardiente, Dan 3:51-90.<\/p>\n<p> &#8211; El Libro de los Proverbios dedica los diez primeros cap\u00ed\u00adtulos a dar consejos a los j\u00f3venes.<\/p>\n<p> &#8211; La Iglesia ha canonizado como Santos a varias personas que murieron j\u00f3venes: San Estanislao de Kostka,: (l551-1568), Santo Domingo Savio: (1842-1857), Santa Mar\u00ed\u00ada Goretti: (1890-1902).<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[642]<\/p>\n<p>     Las actitudes religiosas de los j\u00f3venes son complejas y originales. Descubren los valores y los compromisos religiosos, morales y sociales del creyente y se inician en ellos con una religiosidad proyectiva, camino de madurez.<\/p>\n<p>    A partir de los 15 y 16 a\u00f1os, al terminar la preadolescencia, la religiosidad est\u00e1 ya configurada en sus aspectos b\u00e1sicos. En adelante se desarrollar\u00e1 en procesos de fortalecimiento y de proyecci\u00f3n de forma original: o bien se conserva fr\u00e1gil, \u00e1tona y vac\u00ed\u00ada, incluso se apaga casi del todo, si la formaci\u00f3n no ha sido adecuada; o bien los sentimientos y criterios que se han fraguado en los a\u00f1os anteriores se ponen en juego siguiendo est\u00ed\u00admulos externos o los impulsos del propio coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>    Se puede decir que la religiosidad ya no crece m\u00e1s, desde esta edad, aunque s\u00ed\u00ad se profundiza, se define y, sobre todo, se proyecta en la vida de cada joven. En adelante se van a atravesar itinerarios diversificados y personales, oscilantes al principio y m\u00e1s estables despu\u00e9s, de forma similar a lo que acontece en los adultos: unos ser\u00e1n m\u00e1s creyentes y otros resultar\u00e1n m\u00e1s esc\u00e9pticos; unos parecer\u00e1n introvertidos y otros m\u00e1s exteriores; los habr\u00e1 profundos y otros ser\u00e1n superficiales; algunos tender\u00e1n a una religiosidad m\u00e1s de ideas y criterios, otros se desenvolver\u00e1n m\u00e1s en afectos y los habr\u00e1s m\u00e1s dados a la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Con todo, entre los 15 y los 25 a\u00f1os, se suele recorrer un camino de consolidaci\u00f3n y personalizaci\u00f3n. En la medida de lo posible, se reclamar\u00e1 por parte de los animadores de j\u00f3venes, formaci\u00f3n, catequesis, apoyos oportunos.<br \/>\n  1. Dos momentos juveniles   El primero ser\u00e1 m\u00e1s inestable y turbulento en general. Ser\u00e1 el propia de la adolescencia o primera juventud. El segundo, el juvenil maduro, tendr\u00e1 m\u00e1s a la estabilidad.<\/p>\n<p>   1.1. Etapa adolescente (15-18 a\u00f1os)<\/p>\n<p>    Se caracteriza por actitudes sociales y morales todav\u00ed\u00ada dependientes de los adultos, aun cuando se multipliquen los episodios y las declaraciones de autonom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Con frecuencia se halla \u00e9sta frenada por las limitaciones de todo orden, tanto de la familia como de las instituciones docentes en donde se vive. Es \u00e9poca de estudios medios, m\u00e1s precisos y disciplinados, menos elegidos por el individuo. Aun cuando la muchacha madura algo m\u00e1s r\u00e1pidamente que el var\u00f3n, los rasgos de ambos son hoy similares.<\/p>\n<p>    Ella advierte que su distancia con los chicos de su edad se va acortando. Los muchachos son conscientes de su protagonismo social y asumen con cierto placer su responsabilidad religiosa, sobre todo si pertenecen a estructuras familiares o escolares flexibles.<\/p>\n<p>    Su pensamiento es ya bastante consistente, pues los niveles culturales aumentan y los medios de comunicaci\u00f3n que asimila acr\u00ed\u00adticamente le conceden una informaci\u00f3n diversificada.<\/p>\n<p>    Las relaciones intersexuales resultan ya naturales en este momento en los terrenos afectivos y convivenciales, cultivando el respeto, la tolerancia y el pluralismo, a no ser que se pertenezca a grupos integristas o marginales.<\/p>\n<p>     La religiosidad llega a la autonom\u00ed\u00ada casi total, pues el individuo asume sus decisiones con independencia creciente de su entorno, a pesar de las interferencias de lo adultos.<\/p>\n<p>  1.2. La etapa juvenil (18- 25 a\u00f1os)<\/p>\n<p>    Se presenta ya como plena y aut\u00f3noma. El joven, maduro o no, se ve arropado por los estudios superiores o inicia la actividad laboral, con lo que supone de autonom\u00ed\u00ada en todos los campos. Se sabe due\u00f1o de una cultura y de una experiencia original, m\u00e1s o menos distante del adulto. Por eso prescinde de normas ajenas. Si se aceptan, es por conveniencia o por considerarlas asumibles en su situaci\u00f3n familiar.<\/p>\n<p>    El pensamiento se vuelve con insistencia hacia las opciones de vida: trabajo, matrimonio, profesi\u00f3n, pertenencias. En el terreno religioso, el joven ya no acepta interferencias o curiosidades ajenas. Su situaci\u00f3n y sus creencias dependen de los procesos anteriores de formaci\u00f3n m\u00e1s o menos asimilados y de la sinton\u00ed\u00ada cultural, social y familiar, en la que cuenta lo afectivo y lo tradicional, m\u00e1s que el c\u00e1lculo expl\u00ed\u00adcito.<\/p>\n<p>   2. Rasgos adolescentes   Tradicionalmente se ha considerado la conmoci\u00f3n som\u00e1tica que acontece en la pubertad como signo de un tr\u00e1nsito brusco hacia la adultez. Pero es s\u00f3lo el anuncio de una primera madurez. A partir de ella, emergen los valores definitivos de cada persona. Afecta ese salto o crisis a todas las dimensiones, sobre todo a lo moral y social.<\/p>\n<p>   Y esto supone nuevas perspectivas en todos los terrenos: afectividad, imaginaci\u00f3n, capacidad de opci\u00f3n, criterios, sociabilidad, intereses, etc.<\/p>\n<p>    La preadolescencia, con todas sus riquezas, no fue m\u00e1s que una puerta abierta y un anuncio de nueva vida. La adolescencia ser\u00e1 el tr\u00e1nsito un tanto alborotado hacia la primera vida adulta, a la cual llamaremos juventud madura. Cada uno de los rasgos ir\u00e1 desarroll\u00e1ndose de forma original. &#8211; Se consolidan las ideas, los sentimientos y las relaciones con cierto tono objetivo y din\u00e1mico, con apertura a lo mundanal y con apoyos experienciales firmes. No siempre se hace con serenidad. Es frecuente el negativismo y la agresividad ante la vida. El adolescente se vuelve muchas veces taciturno y triste, sin que se pueda determinar las causas, ni siquiera ante s\u00ed\u00ad mismo. Ello le hace un tanto ingrato en las relaciones sociales, inseguro y obstinado, desconcertante en sus reacciones. No son estados duraderos, pero s\u00ed\u00ad lo suficientemente frecuentes para que \u00e9l mismo se sienta inseguro.<\/p>\n<p>   &#8211; Es sensible ante el afecto y se irrita con la injusticia o las discriminaciones. Reclama austeridad y se vuelve ambicioso. Protesta cuando se siente v\u00ed\u00adctima de limitaciones y muchas veces es duro cuando impone sus normas a los dem\u00e1s. Habla de democracia, pero se resiste a ser pluralista. Sue\u00f1a con ideales y sucumbe ante los reclamos de los sentidos. Se vuelve m\u00e1s rom\u00e1ntico y ut\u00f3pico que trabajador y sacrificado. Se refugia con frecuencia en el ensue\u00f1o como evasi\u00f3n compensatoria ante sus propias contradicciones.<\/p>\n<p>   &#8211; Su principal desconcierto es la debilidad moral. Se propone con frecuencia empresas, trabajos o resoluciones que, sin \u00e9l explic\u00e1rselo, duran poco en su voluntad. Se siente fr\u00e1gil. Hasta es a veces pesimista y se desprecia ante s\u00ed\u00ad mismo por ello. No acierta a hallar remedio.<\/p>\n<p>   &#8211; Es a veces desconcertante en sus proyectos y tambi\u00e9n inconstante en el cumplimiento de sus deberes o de sus compromisos. No se pueden describir siempre sus caminos, pues ni \u00e9l mismo los entiende con claridad. Se puede decir con raz\u00f3n que sabe o intuye lo que no quiere, pero no acierta a expresar en cada momento lo que desea. Improvisador por din\u00e1mico y tambi\u00e9n impulsivo por riqueza afectiva, el adolescente no es propenso al orden ni a la previsi\u00f3n; y sus decisiones se fraguan con frecuencia sobre la marcha.<\/p>\n<p>   &#8211; Por eso aparece como conflictivo en la vida familiar y tambi\u00e9n en la escolar. Altamente sensible a la autonom\u00ed\u00ada y a la libertad, se vuelve exigente cuando asume un puesto de mando, pues le atenaza el complejo de su propia debilidad o el miedo al fracaso. Con todo, la conflictividad no es ordinariamente profunda y se amortigua con el paso del tiempo, sobre todo si se mueve con educadores tolerantes y comprensivos.<\/p>\n<p>    Sus fuerzas afectivas son ricas y explosivas, pero no violentas. Cultiva la amistad y la solidaridad como valores ideales, pero a veces es inconsecuente con ellos. Es fiel, pero no constante, ante lo prometido. Se enreda con frecuencia en simpat\u00ed\u00adas por el otro sexo, con enamoramientos plat\u00f3nicos e irrealizables, que no son duraderos.<\/p>\n<p>    A veces se pierde en el romanticismo: gestos t\u00ed\u00admidos o audaces, solidaridad ut\u00f3pica, admiraci\u00f3n por h\u00e9roes o empresas ambiciosas, amor a la naturaleza y a la vida, cultivo de la literatura, del periodismo, de la pol\u00ed\u00adtica o del arte, tambi\u00e9n de la religi\u00f3n. Y muchas veces se refugia en s\u00ed\u00ad mismo: diarios, cartas personales e \u00ed\u00adntimas, autodescripciones, etc.  &#8211;  Est\u00e1 propenso a evasiones que le alejan de la realidad: juego, espect\u00e1culo ruidoso, cine de aventura, novela, incluso alcoholismo o toxicoman\u00ed\u00ada. Llega a situaciones de riesgo por su af\u00e1n de novedad, por el atractivo del riesgo, o por la persuasi\u00f3n, m\u00e1s o menos subconsciente, del entorno.<\/p>\n<p>    Prefiere la evasi\u00f3n en grupo y rompe muchas veces con las normas prudenciales, sobre todo para no ser menos que los compa\u00f1eros. Pero sus diversiones m\u00e1s espectaculares le dejan con frecuencia vac\u00ed\u00ado interior, sobre todo si tiene elevados valores morales; mas trata de llenarlo con suced\u00e1neos y experiencias desbordantes.<\/p>\n<p>   &#8211;  Tambi\u00e9n se siente arrebatado por compromisos idealizados, los cuales muchas veces no son calculados en todas las consecuencias: empresas exigentes, pertenencias a grupos novedosos, reacciones contra las normas o los usos sociales, provocaciones innecesarias a la autoridad, invitaciones irresistibles a colaboraciones no siempre bien definidas, etc. Se siente mayor cuando puede hablar de lo que ha visto, experimentado, gustado. Con frecuencia magnifica sus logros o sus proyectos, con el deseo de parecer m\u00e1s fuerte o h\u00e1bil que los otros.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los adolescentes se diferencian notablemente por la situaci\u00f3n social en la que se mueven. Sus compromisos y sus actividades condicionan su identidad personal desde el momento en que se sienten aprisionados en determinados roles o empresas exigentes. Por eso son tan diferentes las exigencias y reacciones de los adolescentes estudiantes, trabajadores, marginados, l\u00ed\u00adderes, miembros de bandas, participantes en grupos pol\u00ed\u00adticos, etc. Seg\u00fan el contexto en el que se mueve, cada adolescente se proyecta para el bien o para el mal y se siente propenso a la serenidad o la violencia, al equilibrio o al desajuste.<br \/>\n  3. Religiosidad<\/p>\n<p>     Es \u00e9poca en que transita inconscientemente por una religiosidad subjetiva, camino de la objetivaci\u00f3n. El adolescente posee grandes riquezas emotivas. Es sensible, imaginativo y social. No solamente se muestra din\u00e1mico y comunicativo, sino que necesita tambi\u00e9n la apertura hacia y desde los dem\u00e1s. Ello equivale a decir que tiene facilidad para captar y reaccionar ante los valores espirituales.<\/p>\n<p>     Su religiosidad por lo general no es todav\u00ed\u00ada definitiva y madura. Se halla muy sujeta a transformaciones asociadas a sus alteraciones emocionales. Por eso tiene el riesgo de ser tornadiza y sufrir rupturas, o al menos vaivenes, en las decisiones, adhesiones o valores.<\/p>\n<p>     3.1. Rasgos<br \/>\n   &#8211;  Su inclinaci\u00f3n frecuente es el moralismo. Se multiplican las vinculaciones con los aspectos \u00e9ticos en sus reflexiones y planteamientos de vida. Algunos temas le afectan con insistencia: justicia social, conciencia, solidaridad, derechos humanos, sobre todo la sexualidad. En muchos adolescentes de ambientes creyentes se establece estrecha vinculaci\u00f3n entre sexualidad y compromiso religioso, siendo frecuente la aversi\u00f3n agresiva hacia la ley moral a causa de la dificultad de su aceptaci\u00f3n pr\u00e1ctica en los terrenos sensoriales.<\/p>\n<p>   &#8211;  Se siente tambi\u00e9n la estructura eclesial como un estorbo, sobre todo por la espont\u00e1nea relaci\u00f3n que se configura entre personas y dogmas, entre evangelizadores y Evangelio, entre tradiciones sociales y creencias de conciencia.<\/p>\n<p>   &#8211;  Muestra una religiosidad muy vinculada tambi\u00e9n a est\u00ed\u00admulos ocasionales y a per\u00ed\u00adodos de efervescencia sentimental. Una persona, una vivencia, un encuentro, una invitaci\u00f3n, una lectura, una necesidad ajena, un acto religioso que conmueve su sensibilidad, pueden ser ocasi\u00f3n de exaltaci\u00f3n espiritual o de adhesi\u00f3n intensa. El riesgo es la provisionalidad, ya que la inconstancia suele ser, m\u00e1s que amenaza, tropiezo en los caminos de su crecimiento espiritual.<\/p>\n<p>   &#8211; La religiosidad adolescente tiende mucho a personalizarse y vincularse a nombres concretos y a eslogans de cierto sabor ut\u00f3pico, incluso m\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>    Particular relieve cobra en esta edad la figura humana de Jes\u00fas, que sintetiza el mito, el h\u00e9roe, la fortaleza, la bondad y la honradez, que admiran a todo adolescente. Jes\u00fas se presenta como alguien distinto y en la adolescencia se valora m\u00e1s su figura que su doctrina, se experimenta m\u00e1s atractivo por sus hechos que por sus palabras.<\/p>\n<p>   &#8211;  El esp\u00ed\u00adritu participativo y solidario de esta edad abre las puertas tambi\u00e9n a la relaci\u00f3n religiosa con otros compa\u00f1eros en similares condiciones. Esos v\u00ed\u00adnculos pueden desenvolverse por intercambios individuales o cauces asociativos.<\/p>\n<p>   &#8211; En los c\u00ed\u00adrculos \u00ed\u00adntimos, en los que predomina la confianza, no se siente inhibici\u00f3n para el cumplimiento religioso. La vida sacramental tiende a ser convivencial y fomenta, incluso, la solidaridad con el grupo. Si no hay confianza, lo religioso se relega al fuero de la conciencia y el respeto humano impide exteriorizarla. Del mismo modo nacen afanes apost\u00f3licos, sobre todo en los grupos de amigos con los que se convive.<\/p>\n<p>   &#8211;  Con todo, la expresi\u00f3n de la fe del adolescente tiende a ser preferentemente personal, aun cuando le cuesta todav\u00ed\u00ada desprenderse de las concomitancias sociol\u00f3gicas: familiares, escolares, convivenciales. Rechaza cauces de expresi\u00f3n impuestos y no llega a sentir la necesidad de respetar la fe ajena, si estas formulaciones chocan con la suya. Por eso su fe no se manifiesta todav\u00ed\u00ada madura, serena, estable. 3.2. Religiosidad de desarrollo<br \/>\n    La religiosidad se presenta en la etapa adolescente como m\u00e1s personal y m\u00e1s proyectiva que la configurada en la etapa anterior: manifiesta mucho de tensi\u00f3n, se asocia con reflejos de autoafianzamiento, posee carga afectiva m\u00e1s que doctrinal, se condensa en la pr\u00e1ctica cultual como elemento primordial de referencia.<\/p>\n<p>    Es fruto de los procesos educativos seguidos hasta el momento; pero va adquiriendo tonos ya personalizados, los cuales conllevan actitudes diferenciadas. Hay ya adolescentes creyentes y practicantes; los hay creyentes y no practicantes; no muchos son los practicantes no creyentes; y los hay en abundancia que ni creen en nada concreto ni practican nada religioso.<\/p>\n<p>    Es cierto que la fe en este momento no debe ser identificada con el mero cumplimiento religioso; pero no ha de ser f\u00e1cilmente separada de \u00e9l. El adolescente se siente ya libre en sus cumplimientos, al menos f\u00ed\u00adsicamente. Otra cosa es que lo sea moralmente y no pesen las tradiciones familiares o las mismas convenciones sociales.<\/p>\n<p>   3.3. Religiosidad diferencial<br \/>\n   &#8211; A su situaci\u00f3n ha llegado de muchas formas y por diversas influencias; pero su cumplimiento depende de las opciones adoptadas. De aqu\u00ed\u00ad que la educaci\u00f3n religiosa habr\u00e1 de valorar mucho la instrucci\u00f3n doctrinal y moral.<\/p>\n<p>    3.3.1. Diferencia por situaci\u00f3n<\/p>\n<p>   &#8211; En general, sea cual sea la actitud habitual, en este momento predomina la permanencia serena y sin excesivos vaivenes en el comportamiento y en las creencias.<\/p>\n<p>   &#8211; En los estudiantes de orientaci\u00f3n humanista suelen surgir con alguna frecuencia replanteamientos ideol\u00f3gicos o revisiones peri\u00f3dicas, al menos en terrenos o aspectos relacionados con sus estudios literarios, hist\u00f3ricos o filos\u00f3ficos.<\/p>\n<p>   &#8211;  En los que viven ambientes laborales o en los mismos estudiantes de orientaci\u00f3n t\u00e9cnica, cient\u00ed\u00adfica o econ\u00f3mica, las conmociones o replanteamientos religiosos son menos frecuentes. Al menos no poseen las cargas dial\u00e9cticas que reflejan los primeros, teniendo ellos el riesgo del pragmatismo.<\/p>\n<p>      3.3.2 Diferencias por sexo<br \/>\n   &#8211; Hay que recordar las variaciones religiosas en relaci\u00f3n a las peculiaridades de cada sexo.<\/p>\n<p>   &#8211; Si la joven tiende a exteriorizar con m\u00e1s sensibilidad las reacciones y las opiniones, no hay que concluir que es m\u00e1s religiosa que el var\u00f3n, sino que tiene formas expresivas propias para transferir al exterior sus creencias y sus actitudes.<\/p>\n<p>   &#8211; El comportamiento religioso de la muchacha influye notablemente en el var\u00f3n, incluso m\u00e1s que la influencia familiar, cuando con ella se relaciona en clima de homogeneidad y de confianza.<\/p>\n<p>      3.3.3. Por forma evolutiva<\/p>\n<p>    La evoluci\u00f3n religiosa de los adolescentes y j\u00f3venes no es homog\u00e9nea. Se puede manifestar de manera muy diferente, incluso m\u00e1s que en la infancia o tambi\u00e9n m\u00e1s que en los adultos.<\/p>\n<p>    En los diversos estadios repercuten las actitudes y las capacidades ps\u00ed\u00adquicas de cada persona: Tambi\u00e9n inciden inevitablemente las formas sociales que influyen de m\u00faltiples formas o en las que debe traslucirse la misma religiosidad.<\/p>\n<p>    Ni todos son id\u00e9nticos en ritmo y en reflejos, ni todos sufren cambios equivalentes en su maduraci\u00f3n. Podemos hacer una clasificaci\u00f3n de j\u00f3venes seg\u00fan algunas referencias o criterios que permiten entender mejor sus transformaciones interiores.<\/p>\n<p>    Podemos recordar lo que Blas Pascal dec\u00ed\u00ada sobre la fe de los hombres y tambi\u00e9n de los j\u00f3venes :<\/p>\n<p>    \u00abNo hay en el mundo m\u00e1s que tres clases de personas:<\/p>\n<p>  * unas que sirven a Dios, habi\u00e9ndole encontrado;<br \/>\n  * otras que se dedican a buscarle, al no haberle encontrado;<br \/>\n  *  y algunas que viven sin buscarle ni haberle encontrado.<\/p>\n<p>   &#8211; Las primeras son razonables y felices; las \u00faltimas son locas y desdichadas; las del medio son razonables, aunque sufran en vida\u00bb. (Pensamientos 257)<\/p>\n<p>  4. Su tipolog\u00ed\u00ada religiosa<\/p>\n<p>    Una tipolog\u00ed\u00ada interesante de los tipos religiosos adolescentes es la que hace a\u00f1os formulaba un educador, Luis Guittard en \u00abLa Evoluci\u00f3n religiosa de los adolescentes\u00bb (Barcelona. Herder 1961). Desde criterios estad\u00ed\u00adsticos de comportamiento y cumplimiento religioso, reflej\u00f3 cinco grandes modelos juveniles:<\/p>\n<p>    4.1. Los arreligiosos.<\/p>\n<p>    Se marginan de todo lo espiritual y se sienten dominados por el escepticismo. Evitan el factor trascendente en su vida y sus actos o planteamientos y s\u00f3lo se apoyan en intereses inmediatos.<\/p>\n<p>    4.2. Los indiferentes.<\/p>\n<p>    Se independizan de lo religioso sin negarlo expl\u00ed\u00adcitamente. Su postura es la aton\u00ed\u00ada espiritual. No niegan la existencia de lo trascendente. No se sienten dominados por sentimientos y actitudes que tengan que ver con la divinidad o con sus misterios.<\/p>\n<p>    4.3. Los tradicionalistas.<\/p>\n<p>    Se hacen eco de la sociedad en la que viven y ordenan sus criterios y sobre todo sus actos en funci\u00f3n de las costumbres mayoritarias de la familia o de la entidad escolar a la que acuden. Cumplen desde fuera ritos y asumen m\u00ed\u00adnimos sin especial problema.<\/p>\n<p>    4.4. Los indecisos y volubles.<\/p>\n<p>    Sufren oscilaciones tanto en formas de pensar y de sentir como en modos de comportarse en lo referente a la religiosidad. No pueden prescindir de lo religioso, pero son inconstantes en sus l\u00ed\u00adneas de acci\u00f3n y en sus criterios. 4.5. Los fervorosos.<\/p>\n<p>    Ven y sienten en la religi\u00f3n un condicionante fuerte de sus modos de pensar, de querer y de actuar, interior y exteriormente. Asumen los misterios religiosos y los convierten en fuerzas vitales, con intensa tonalidad afectiva y con actuaciones consecuentes.<\/p>\n<p>    Son m\u00e1s abundantes los tres intermedios: tradicionalistas, indiferentes e inestables. Pero existen adolescentes de todos los tipos. Y en tiempos recientes se han incrementado los tipos agn\u00f3sticos tambi\u00e9n entre personas de estas edades de apertura a la vida. Pero en general la religiosidad adolescente var\u00ed\u00ada seg\u00fan las circunstancias que envuelven a las personas. No es bueno reducir mucho la clasificaci\u00f3n de los procesos religiosos adolescentes, pues las manifestaciones son m\u00faltiples, sobre todo teniendo en cuenta el pluralismo religioso de los tiempos actuales y las diversas perspectivas que se plantean al respecto.<\/p>\n<p>    Por otra parte, en los tiempos actuales y en ambientes desarrollados se incrementan cada vez m\u00e1s los modelos agresivos de cierta religiosidad pol\u00e9mica y antijer\u00e1rquica, aunque procedan sus promotores de familias creyentes y adheridas a lo religioso. Por eso en la adolescencia es frecuente la oscilaci\u00f3n entre la turbulencia y el reconocimiento del valor religioso, entre la credulidad y el desconcierto, entre la aceptaci\u00f3n y el olvido, entre el peso del entorno social o familiar y la ruptura jactanciosa con lo que rodea.<\/p>\n<p>     Es preciso tambi\u00e9n reconocer que las influencias de los medios modernos de comunicaci\u00f3n social (cine, m\u00fasica, Televisi\u00f3n, tecnolog\u00ed\u00adas), con la promoci\u00f3n de mitos y criterios de signo consumista, est\u00e1 influyendo mucho en los modos de comportamiento religioso y en el \u00e1rea de los criterios, al menos en ambientes desarrollados y pragmatistas.<\/p>\n<p> 5. Comportamientos religiosos<br \/>\n    Podemos tambi\u00e9n dise\u00f1ar los diversos modelos de comportamiento religioso adolescente, que son hoy frecuentes en consecuencia con las creencias propias de esa edad.<\/p>\n<p>    5.1. Rutinarios.<\/p>\n<p>    Hay muchachos de religiosidad tradicionalista, que reducen su fe al cumplimiento cultual. No son muchos, pero aparecen con frecuencia en los \u00e1mbitos escolares. Son mim\u00e9ticos m\u00e1s que pac\u00ed\u00adficos. Viven de la herencia, del entorno y de cierta pasividad convivencial.<\/p>\n<p>    Siguen criterios y hasta sentimientos ajenos. En ellos pesan menos las convicciones que los ejemplos que imitan con facilidad, sobre todo en procedentes del marco familiar. Consideran una se\u00f1al de equilibrio adaptarse sin m\u00e1s.<\/p>\n<p>    5.2. Moralistas.<\/p>\n<p>    Otros adolescentes son tributarios de una religiosidad moralista. Identifican las creencias con la aceptaci\u00f3n y el cumplimiento de las leyes. Su religiosidad es una fuente de satisfacci\u00f3n para su conciencia.<\/p>\n<p>    Determinan lo que es bueno y malo de forma afectiva m\u00e1s que reflexiva y lo religioso se reduce a no romper la norma interior, que suele tener m\u00e1s de sentimiento que recta iluminaci\u00f3n a la luz de la fe.<\/p>\n<p>    Van a misa, pero no oran. No hieren al pr\u00f3jimo, pero no cultivan el amor. Respetan al pr\u00f3jimo, pero no distinguen el sentido de la caridad. Sienten paz si cumplen sus obligaciones religiosas y les remuerde la conciencia si abandonan sus \u00abdeberes\u00bb religiosos.<\/p>\n<p>    Algunos imperativos morales pueden absorber su fe: solidaridad, justicia, honradez, deberes escolares, autodominio sexual, etc. Identifican su fe con su moral.<\/p>\n<p>    5.3. Racionales<br \/>\n    No son muchos los adolescentes de religiosidad cr\u00ed\u00adtica y l\u00f3gica, que identifican su fe con el conocimiento del dogma, del mensaje revelado, de la doctrina aprendida, retenida y practicada.<\/p>\n<p>    Respetan y hasta admiran las verdades y olvidan que no basta el saber para cree ni es suficiente el respetar para expresar amor.<\/p>\n<p>    En algunos domina la religiosidad dial\u00e9ctica, es decir, m\u00e1s empe\u00f1ada en demostrar creencias que en aceptar misterios, en conocer verdades que en convertirlas en vida.<\/p>\n<p>    5.4. Proselitistas<br \/>\n    En no muchos la religiosidad se convierte en un motivo de acci\u00f3n conquistadora, llegando en ocasiones a la fogosidad sectaria por motivos m\u00e1s afectivos que racionales. Hacen de lo religioso motivo de lucha m\u00e1s que de oferta.<\/p>\n<p>    Tales adolescentes son creyentes persuadidos y tratan de dominar y cautivar a otros, sin examinar lo que creen. No quiere ello decir que sean inconsecuentes, sino que su inmadurez no dan para posturas m\u00e1s consistentes, al no entender que la fe es un don divino y no una conquista humana.<\/p>\n<p>   A veces, estos proselitistas se mueven por dinamismos turbulentos, llegan a los umbrales del fanatismo conflictivo y agresivo. Hacen de los mensajes y de las normas motivo de tensi\u00f3n tanto en s\u00ed\u00ad mismos, por sus dudas y angustias, como en los dem\u00e1s, por el contagio de sus zozobras.<\/p>\n<p>   La l\u00e1stima es que hay grupos, incluso cat\u00f3licos, un tanto integristas, que fomentan estas actitudes, sin entender que no responden a lo que el Evangelio tiene de oferta y de servicio. Hacen mal servicio a los adolescentes que reclaman para este tipo de religiosidad.<\/p>\n<p>    5.5. Los piadosos<br \/>\n    De cuando en cuando domina en la mente y en la conciencia de algunos adolescentes una religiosidad de devociones m\u00e1s que adhesiones profundas. Con ella se genera una de infantilizada, cr\u00e9dula, informal, hasta ingenua y supersticiosa.<\/p>\n<p>    Se muestra en gestos de simpleza espiritual, que no son otra cosa que reflejo de estadios no superados de la infancia o de influencias ambientales no convertidas en actitudes personales.<\/p>\n<p>    La piedad verdadera supone algo m\u00e1s que f\u00f3rmulas y ritos. Implica conversi\u00f3n, coherencia, servicio y entrega. Si no lo es, puede ser mero pragmatismo religioso y conducir a la superstici\u00f3n empobrecedora.<\/p>\n<p>    5.6. Los fantasiosos<br \/>\n    Tambi\u00e9n hay en ocasiones adolescentes dominados por una religiosidad m\u00ed\u00adstica, intimista, en donde el mito se sit\u00faa en el centro de los sentimientos y de las creencias, sin filtro alguno racional, eclesial o social.<\/p>\n<p>    En el comportamiento de estas personas influye con exceso la fantas\u00ed\u00ada o la mitolog\u00ed\u00ada, sin que se susciten reacciones proyectadas a la vida.<\/p>\n<p>   Son actitudes frecuentemente cultivadas en sectas religiosas o pararreligiosas que no ayudan al equilibrio de la personalidad.<\/p>\n<p>    5.7. Los fil\u00e1ntropos<br \/>\n    La religiosidad antropoc\u00e9ntrica, social y benefactora, altruista y comprometedora, puede tentar a muchos adolescentes comprometidos en tareas y en servicios solidarios. Se justifican por los reclamos de la sensibilidad, pero no se basan en los imperativos de la doctrina.<\/p>\n<p>    Es dif\u00ed\u00adcil diferenciar en estas personas lo que hay de humano y lo que es espiritual en sus comportamientos.<\/p>\n<p>    Cuando se dan estas actitudes en los niveles adolescentes siempre hay un factor fuerte de influencia externa.<\/p>\n<p>    5.8. Asumir la originalidad<\/p>\n<p>    La alusi\u00f3n a estos comportamientos no agota todas las formas de describir las respuestas religiosas de la adolescencia. Pero hace posible entender que es \u00e9poca de grandes diferencias personales y de variedad de respuestas. Lo m\u00e1s frecuente en el adolescente es la tendencia al cambio y a la inestabilidad, el nacimiento de la intimidad en este terreno y la natural necesidad de justificar los propios valores.<\/p>\n<p>    Este cambio y esta inestabilidad se hacen m\u00e1s presentes en personalidades fr\u00e1giles y superficiales, sobre todo si la educaci\u00f3n religiosa infantil no ha sido serena y equilibrada.<\/p>\n<p>    No resulta f\u00e1cil determinar cu\u00e1l de las formas religiosas es la mejor para cada uno o la m\u00e1s conveniente para la eficacia educativa de cada persona. Hay que saber acogerlas todas con respeto a sus protagonistas y tratar de sacar el mejor partido de cada una.<\/p>\n<p>    Lo \u00fanico que es indiscutible es lo improcedente que resulta cualquier exceso. Los valores espirituales, como todo lo moral y lo superior, se presta a diversidad de expresiones y, por lo tanto, a pluralidad de interpretaciones. Mientras queden satisfechas las exigencias psicol\u00f3gicas m\u00ed\u00adnimas, como son el respeto a la doctrina, la serenidad en los sentimientos, la compatibilidad de las actitudes religiosas con los deberes profesionales, su dimensi\u00f3n positiva en la convivencia, la satisfacci\u00f3n interior que se apoya en ellas, habr\u00e1 que respetar cada postura en la medida en que aparezcan en cada persona.<\/p>\n<p>    Del mismo modo, es conveniente afirmar que el vac\u00ed\u00ado religioso o la expl\u00ed\u00adcita marginaci\u00f3n de todo lo trascendente provoca un lamentable vac\u00ed\u00ado espiritual, que repercute en las dem\u00e1s dimensiones de la personalidad. Este vac\u00ed\u00ado es particularmente perjudicial en los a\u00f1os de tr\u00e1nsito y de consolidaci\u00f3n como son los de la preadolescencia.<\/p>\n<p>     6. Catequesis adolescentes<br \/>\n    Si el adolescente se halla en transici\u00f3n hacia la madurez total y hacia el desarrollo de las facultades, la educaci\u00f3n religiosa debe ser valorada como una palanca que facilita el camino.<\/p>\n<p>    La catequesis adolescente es una forma de ayudar a la persona a descubrir el valor de su fe y la responsabilidad de la propia maduraci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>    Es preciso hacerla ver como don de Dios que es bueno cultivar. Por eso no basta ya en esa edad una catequesis de mantenimiento, de simple instrucci\u00f3n, de lucha o de razonamiento.<\/p>\n<p>    La mejor estrategia de la catequesis de esta edad es promover formas personales y libres de aceptar el anuncio evang\u00e9lico, de promover la esperanza en Dios que act\u00faa en cada ser humano y despertar la adhesi\u00f3n a Jes\u00fas, centro del mensaje revelado, y a la comunidad eclesial, que es la intermediaria de Dios y de Cristo en la tierra.<\/p>\n<p>    Olvidar uno de estos polos: conciencia libre, misterio revelado, Dios providente, Cristo personal, Iglesia mediadora, conduce a la confusi\u00f3n y al fracaso.<\/p>\n<p>    6.1. Criterios b\u00e1sicos<br \/>\n    La superaci\u00f3n de las estructuras, incluso de las tradicionales, ha de ser criterio de partida. Una catequesis estandardizada, unificada, monovalente, no es v\u00e1lida para el \u00e1mbito adolescente, en el que cada uno es diferente.<\/p>\n<p>   La catequesis no se puede reducir a un proselitismo religioso. No debe limitarse a ense\u00f1ar al adolescente a conformar sus creencias y sus comportamientos con las referencias de la colectividad (catequesis sociol\u00f3gica) o con los intereses de los grupos cristianos (catequesis eclesial), ni siquiera con los intereses moralizadores de la colectividad (catequesis moralista).<\/p>\n<p>    M\u00e1s bien debe orientarse a promover el compromiso personal y la actitud profunda y libre, respetando los ritmos, las preferencias y las opciones.<\/p>\n<p>    Tampoco se puede limitar al aprendizaje de una doctrina (catequesis doctrinal), ya que el Evangelio no es un libro de sociolog\u00ed\u00ada o de filosof\u00ed\u00ada religiosa, sino el testimonio de una persona divina, la de Jes\u00fas, que anunci\u00f3 un mensaje de salvaci\u00f3n (la buena noticia)<\/p>\n<p>     Por eso la catequesis de esa etapa ha de conducir hacia la adhesi\u00f3n generosa y dadivosa a la persona de Jes\u00fas y hacia su mensaje concreto y real y no a la integraci\u00f3n en una sociedad, la Iglesia comunidad.<\/p>\n<p>     Ha de ser catequesis vital, evang\u00e9lica y personalizada. S\u00f3lo lo conseguir\u00e1, si es libre, abierta, kerigm\u00e1tica, evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>     6.2. Procedimientos<br \/>\n    La efervescencia adolescente, as\u00ed\u00ad como sus fluctuaciones, le llevan al riesgo del subjetivismo. Hay que facilitarle el descubrimiento por s\u00ed\u00ad mismo de las diferentes actitudes profundas del alma y dejarle obrar de forma responsable.<\/p>\n<p>    Sin pol\u00e9mica, hay que saber presentarle las actitudes que conducen a la fe, como son la humildad, la sinceridad, la caridad, la sensibilidad espiritual. En cierto sentido, hay que prepararle el camino para que sea \u00e9l mismo el que asuma sus compromisos religiosos y acepte el misterio cristiano que le ha de dar una vida personal y transformadora.<\/p>\n<p>    Conviene facilitar al adolescente una cultura religiosa amplia para hacerla paralela, si no superior, a los otros sectores cient\u00ed\u00adficos en que se desenvuelve por sus estudios y experiencias. Es bueno recordar que la cultura religiosa no equivale a la fe aut\u00e9ntica, pero le prepara el camino con facilidad.<\/p>\n<p>    Los adolescentes y los j\u00f3venes agradecen claridad de ideas, solidez de planteamientos, profundidad de argumentos. La catequesis de la adolescencia ha de tener en cuenta la libertad y los rasgos espirituales de cada uno. Debe huir de cualquier preferencia proselitista o de la simple colonizaci\u00f3n espiritual, como si pretendiera ganar adeptos a una causa sin m\u00e1s. Hay que educar al creyente para protagonizar las opciones personales y no para imitar las que otros asumen. Aun cuando fueran negativas y empobrecedoras, deben ser respetadas si son personales.<\/p>\n<p>    Es peligroso en la adolescencia promocionar cualquier forma de fanatismo religioso o actitudes intransigentes, las cuales conducen a la anulaci\u00f3n de los verdaderos valores espirituales.<\/p>\n<p>    La tarea del catequista est\u00e1 en ense\u00f1arle a descubrir lo que \u00e9l puede aportar y animarle a hacerlo, aunque sea poco. De manera muy especial la catequesis de esta edad debe orientarse preferentemente hacia dimensiones generosas de servicio personal. Las invitaciones apost\u00f3licas son las formas m\u00e1s excelentes de preparar y dar consistencia a la educaci\u00f3n de la fe en el hombre.<\/p>\n<p>    Convendr\u00e1 tambi\u00e9n no reducir los cauces participativos a la acci\u00f3n social y filantr\u00f3pica. Suelen ser provechosos los est\u00ed\u00admulos grupales de otro signo: por ejemplo, de reflexi\u00f3n cristiana, de oraci\u00f3n y penitencia, de celebraciones sacramentales, etc.<\/p>\n<p>    El adolescente religiosamente cultivado suele encontrar en la fe de los dem\u00e1s compa\u00f1eros un apoyo tonificador de la propia actitud de creyente. Por eso es tan positivo facilitar a los j\u00f3venes y adolescentes encuentros, convivencias y relaciones aut\u00e9nticamente cristianas.<\/p>\n<p>   Ciertamente esta catequesis requiere gran paciencia y fortaleza, debido a las reacciones desconcertantes que manifiestan a veces los sujetos en esta \u00e9poca de tr\u00e1nsito. Los vaivenes afectivos, y las respuestas agresivas a que est\u00e1n propensos, requieren mucha comprensi\u00f3n y paciencia por parte de los educadores.<\/p>\n<p>  Incluso, aunque parezca que el tiempo se pierde al ver destruidos multitud de esfuerzos realizados con ilusi\u00f3n, no debe el educador dejarse dominar por el desaliento. Tratando con adolescentes, hay que estar siempre volviendo a empezar. Hay que hacerlo sin margen.<\/p>\n<p>(Ver Juventud)<\/p>\n<p>Diferencias entre sexos ( propensiones en forma de contraste)<\/p>\n<p>Rasgos del chico<\/p>\n<p>M\u00e1s abstracto, Generaliza y teoriza<br \/>\nSe refugia en el grupo: se excusa<br \/>\nConfunde las ideas: se evade<br \/>\nOculta sus sentimientos. Se evade<br \/>\nReservado, no transparente. Se oculta<br \/>\n M\u00e1s individual y aislado. Se inhibe<br \/>\nVive lo inmediato. Improvisa<br \/>\nReflexiona m\u00e1s que expone. Piensa<br \/>\nReacciona con violencia. Ataca<br \/>\nSe irrita, aguanta. Protesta<\/p>\n<p>Es activo y es impulsivo.<br \/>\nDesea el protagonismo y el riesgo.<br \/>\nPrefiere ver y mirar ante de que le miren y le controlen a \u00e9l.<\/p>\n<p>Rasgos de la chica<\/p>\n<p>M\u00e1s intuitiva. Personaliza y concreta<br \/>\nAsume sus opciones. Se explica bien<br \/>\nPrefiere las razones s\u00f3lidas. Clarifica<br \/>\nPublica sus actitudes. Se explica<br \/>\nEs expansiva y solidaria. Se vincula<br \/>\nM\u00e1s relacionada y abierta. Se vincula<br \/>\nPiensa en lo venidero. Se prepara<br \/>\nHabla m\u00e1s que reflexiona. Comunica<br \/>\nAct\u00faa con precauci\u00f3n. Se defiende<br \/>\nSe retuerce, reclama, a veces llora<\/p>\n<p>Es receptiva y reservada.<br \/>\nGusta de actuar, pero con moderaci\u00f3n<br \/>\nEs m\u00e1s inclinada a dejarse ver y<br \/>\nLe agrada ser observada.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Per\u00ed\u00adodo de la juventud). &#8211; David fue ungido en su juventud, y Manas\u00e9s comenz\u00f3 a reinar a los doce a\u00f1os, 1 Sam. 16, 2 Reyes 21. &#8211; La Virgen Mar\u00ed\u00ada fue elegida para Madre de Dios cuando era joven, Lc. 1, Mt. 1. &#8211; El joven rico no quiso seguir a Jes\u00fas, porque ten\u00ed\u00ada muchas &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adolescencia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abADOLESCENCIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-7888","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7888","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7888"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7888\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7888"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7888"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7888"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}