{"id":7924,"date":"2016-02-05T04:14:10","date_gmt":"2016-02-05T09:14:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/caridad\/"},"modified":"2016-02-05T04:14:10","modified_gmt":"2016-02-05T09:14:10","slug":"caridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/caridad\/","title":{"rendered":"CARIDAD"},"content":{"rendered":"<p>\u00ed\u0081gape,\u00bb compartir, amor, \u00abdarse\u00bb; Jes\u00fas en la cruz es amor.<\/p>\n<p> Dios es Caridad.<\/p>\n<p> 1Jn 4:8, 1Jn 4:16. y nos ama tanto que nos da el cuerpo, el aire, el sol. todo. y nos am\u00f3 tanto que. Jua 3:16.<\/p>\n<p> Amor fraterna: Es el distintivo de los cristianos: Jua 13:34-35. y es la \u00fanica prueba de que tenemos fe verdadera y no falsa: Mat 7:21-27, 1Jn 4:20, 1 Cor. 13, Stg 2:19-20.<\/p>\n<p> Pr\u00e1ctica de la caridad: Mat 5:21-48, Mat 7:1-2, Mat 18:19-20, Luc 6:27-46, 1 Cor. 13.<\/p>\n<p> Faltas contra la caridad: Mat 5:22, Mat 6:14, Mat 7:1, Mat 25:31-46, Luc 9:54-56, Luc 14:1-6.<\/p>\n<p> Caridad de la Virgen: Luc 1:39.<\/p>\n<p> Ver \u00abAmor.\u00bb<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>vet, Amor inspirado por Dios a los dem\u00e1s (1 Co. 13). Es una traducci\u00f3n del vocablo griego \u00abagapao\u00bb, que significa amor divino, inmerecido, espont\u00e1neo, abnegado (Jn. 3:16; 1 Jn. 4:8). La versi\u00f3n de Casiodoro de Reina, en sus revisiones, usa la palabra \u00abamor\u00bb en vez de \u00abcaridad\u00bb.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[324][330]<\/p>\n<p>     Es la virtud esencial del cristiano. La que le lleva a amar a Dios sobre todas las cosas y a los hombres por Dios. Se la llama en la asc\u00e9tica cristiana \u00abteologal\u00bb, por tener a Dios por objeto y tambi\u00e9n por origen; pues, en cuanto virtud misteriosa, es infundida por Dios en el alma de una forma sobrenatural.<\/p>\n<p>    La voluntad del hombre es, seg\u00fan el modo de hablar de los te\u00f3logos tomistas, la sede en la que radica esta virtud. Hoy se tiende m\u00e1s a hacer toda la personalidad el soporte consciente y libre del amor, y no una facultad o aspecto.<\/p>\n<p>    La palabra b\u00ed\u00adblica sobre el amor cristiano es lo que m\u00e1s clarifica su presentaci\u00f3n para quien intenta descubrir su naturaleza y sus exigencias.<\/p>\n<p>    En el Antiguo Testamento aparece el amor de Dios al hombre cuando le crea a su imagen y semejanza (Gn. 1,26). Y luego, a lo largo de la Historia de la salvaci\u00f3n, se repite constantemente el reclamo a amar a Dios y el deber de amar al pr\u00f3jimo<br \/>\n    La caridad es presentada como deber del hombre: \u00abAmar\u00e1s a Yaveh tu Dios con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma, con todo tu poder\u00bb (Deut. 6, 5) y \u00abAmar\u00e1s al pr\u00f3jimo como a ti mismo (Lev. 19,18) Incluso tambi\u00e9n en el Antiguo Testamento se manda amar al enemigo: \u00abSi tu enemigo tiene hambre, dale de comer\u00bb (Prov. 25. 21)<\/p>\n<p>    Con la llegada de la Nueva Alianza, el sentido del amor llega a su perfecci\u00f3n: \u00abDios es amor\u00bb (1 Jn. 4.18). Y por eso se dice: \u00abEl amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00ed\u00adritu Santo que nos ha sido dado\u00bb (Rom. 5.5.)   El nuevo Testamento se rige por el \u00fanico mandamiento de Jes\u00fas, el mandamiento del amor (Mt. 22. 35-38) \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma, con toda tu mente. Este es el m\u00e1s grande y el primer mandamiento. El segundo, semejante a este es amar\u00e1s al pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb. Y sobre todo su mensaje final: \u00abUn precepto nuevo os doy que os am\u00e9is unos a otros como yo os he amado. En esto conocer\u00e1n que sois mis disc\u00ed\u00adpulos\u00bb.(Jn 13. 34)<\/p>\n<p>    San Pablo tiene tal vez el texto m\u00e1s hermoso de todo el nuevo Testamento sobre la caridad como virtud: 1 Cor. 13. En el se dice como es: paciente, sufrida, desinteresada&#8230; generosa, sufrida, bien pensada. Y sobre todo permanente y fiel: \u00abAhora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza y la caridad; pero la m\u00e1s excelente de todas es la caridad\u00bb.<\/p>\n<p>    La historia cristiana y sus testigos siempre fueron conscientes de lo que es el mensaje de Jes\u00fas sobre el amor.<\/p>\n<p>    San Juan Cris\u00f3stomo, San Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada, San Agust\u00ed\u00adn, todos los Padres Antiguos, as\u00ed\u00ad lo entendieron. Y siempre explicaron el amor referido a Dios, al pr\u00f3jimo y a uno mismo:<br \/>\n  1. Para con Dios   Es el alma de la caridad. Se identifica con la gracia divina. Se habla del amor puro en referencia a uni\u00f3n con Dios en este mundo y sobre todo por toda la eternidad.<\/p>\n<p>    La caridad habitual, o estado permanente de amor divino, es necesaria para la salvaci\u00f3n con necesidad de medio. Se deduce de la identidad entre gracia santificante y estado de caridad. Si alguien ama m\u00e1s a otro ser que a Dios, no est\u00e1 en gracia. Otra cosa es que la expresi\u00f3n de ese amor luego est\u00e9 llena de imperfecciones por los afectos terrenos que impide que ese amor sea puro, real, operativo en la vida.<\/p>\n<p>    La caridad, como estado actual, es necesaria como medio de salvaci\u00f3n para los que tienen uso de raz\u00f3n. Toda virtud est\u00e1 destinada a producir actos, de acuerdo con la libertad humana que hace uso de esa virtud responsablemente. Pero la caridad, virtud suprema, regalada por Dios mismo, produce como primer acto la uni\u00f3n con Dios. Esta disposici\u00f3n s\u00f3lo es posible del todo por un don divino. Por eso identificamos caridad virtud y gracia santificadoras.<\/p>\n<p>    Pero  el hombre puede y debe hacer lo posible por poner de su parte lo que le corresponde. Frecuentemente debe actualizar esa actitud en la vida. Sobre todo expresarlo en peligro de muerte.<\/p>\n<p>    El primer mandamiento divino consiste precisamente en el amor a Dios: Deut. 6.5; Mt. 22, 37; Lc. 10.27.  El termino amar\u00e1s implica conciencia de deber y debe ser actualizado lo que ese terminado representa con frecuencia. No basta decirlo ocasionalmente.<\/p>\n<p>    Las expresiones evang\u00e9licas \u00abcon todo tu coraz\u00f3n, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas\u00bb, expresan la plenitud y la intensidad. No es la exclusividad, pues es amor compatible con el justo y debido amor a las criaturas. Pero debe ser superior incluso al amor al padre o a la madre (Mt. 10, 37). Si ese amor no se da, no hay vida, sino que \u00abel hombre permanece en la muerte\u00bb (1 Jn. 3.14) y el plan de Dios queda frustrado.<\/p>\n<p>    Por eso el amor a Dios es \u00abel mayor y el primero de los mandamientos\u00bb (Mt. 22. 38) y Jes\u00fas recuerda que al final todos ser\u00e1n examinados del amor real mostrado a los hombres (Mt. 23.34)<\/p>\n<p>    2. Para el pr\u00f3jimo<br \/>\n    Se discute en la asc\u00e9tica si el segundo objeto del amor debe ser prioritariamente uno mismo o el pr\u00f3jimo. Las dos posturas ser\u00ed\u00adan v\u00e1lidas, siempre que se respete todo lo relativo a la importancia del objeto y a la supeditaci\u00f3n al amor divino, que es lo primero.<\/p>\n<p>    En un amor normal y natural, \u00abla caridad bien entendida empieza por uno mismo\u00bb. Pero con actitudes heroicas, \u00abmuchas veces es posible el preferir al pr\u00f3jimo sobre s\u00ed\u00ad mismo\u00bb.<\/p>\n<p>    En lo referente al pr\u00f3jimo hay que diferenciar objetos y momentos. Por lo que mira a las personas, las m\u00e1s allegadas son las primeras a quienes se debe amor. En igualdad de condiciones estamos obligados a amar preferentemente a los que nos han amado: padres, amigos, bienhechores.<\/p>\n<p>    Aunque la caridad fraterna, entendida al modo cristiano, tiene que abarcar a todos los hijos de Dios en el cielo, en la tierra y en el purgatorio, el amor no implica igual intensidad para con todos. Es natural, y sobrenatural, que los m\u00e1s cercanos sean los m\u00e1s merecedores del amor de las personas.<\/p>\n<p>    En cuanto a los objetos, es evidente que los bienes espirituales deben ser preferidos sobre los materiales; y que los morales est\u00e1n por encima de los meramente corporales.<\/p>\n<p>    Las formas pr\u00e1cticas y concretas de expresar el deber del amor al pr\u00f3jimo son muy varias: aportaciones, consejos, correcciones fraternas y otras.<\/p>\n<p>    El apostolado o servicios moral y espiritual es la mejor manifestaci\u00f3n de amor al pr\u00f3jimo, pues le ofrece un bien que es ayudarle a conocer y amar a Dios.<\/p>\n<p>    El amor al pr\u00f3jimo es un distintivo singular del mensaje cristiano, por voluntad expl\u00ed\u00adcita de Jes\u00fas. El fiel cumplimiento del \u00abnuevo mandamiento\u00bb es el criterio del verdadero discipulado cristiano (Jn. 13. 34). En conformidad con ese distintivo, habremos de ser juzgados al final de la vida (Mt. 25.34). En ese amor esta toda la Ley y los profetas. (2 Jn. 3.10)<\/p>\n<p>    Todo el que ve en sus semejantes la presencia divina y no sus limitaciones o rasgos humanos, no puede restringir su amor a los hombres, pues es capaz de ver en ellos a Dios. Incluso hasta a los enemigos (Mt. 5. 23) es debido el amor en el esp\u00ed\u00adritu cristiano del Evangelio.<\/p>\n<p>    3. Para uno mismo<\/p>\n<p>     Es deber el amarse a s\u00ed\u00ad mismo, en cuanto cada uno somos un objeto del amor divino.<\/p>\n<p>     Los seres libres hemos recibido dones como la vida y situaciones como la luz de la fe. Somos dep\u00f3sitos del amor de Dios al margen del sexo, de la raza, de la cultura, de la situaci\u00f3n social. Y debemos amar lo que Dios ama, incluidos nosotros mismos.<\/p>\n<p>     El que no se ama a s\u00ed\u00ad mismo falla en algo esencial. Acaso se deba a que ignora o niega su propia dignidad de Hijo de Dios. Por eso carece de una disposici\u00f3n que naturalmente brota de la autoestima: primero de la natural conformidad con las propias cualidades; y tambi\u00e9n de la espiritual,  que implica tranquilidad en la propia conciencia de ser criatura divina, seguridad de estar santificado por la elecci\u00f3n de Dios y satisfacci\u00f3n por haber sido objeto de sus gracias y de sus predilecciones.<\/p>\n<p>   .  )<\/p>\n<p> 4. La negaci\u00f3n del amor   En las tres dimensiones advertidas podemos faltar al amor y por eso hemos de examinar la conciencia con miras a restaurar el orden espiritual interior, si en algo se ha fgallado.<\/p>\n<p>    4.1. Contra el amor a Dios<\/p>\n<p>    Pecamos por acci\u00f3n o disposici\u00f3n contra la caridad si preferimos algunas otra cosa por encima de El: posesiones, placeres, criaturas, etc.<\/p>\n<p>    Pero tambi\u00e9n se peca por omisi\u00f3n, por indiferencia, si no se da la debida importancia a la supremac\u00ed\u00ada divina, al cumplimiento de su voluntad, al respeto a sus mandamientos, al aprovechamiento de los medios de comunicaci\u00f3n que Dios pone en nuestras manos.<\/p>\n<p>    Se suele llamar \u00abacedia\u00bb al fastidio o tristeza ante la dificultad de los bienes espirituales y medios para conseguirlos y, por lo tanto, al abandono de la amistad divina por \u00abdistanciamiento\u00bb de la relaci\u00f3n con \u00e9l.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s de la indiferencia, de la indolencia espiritual y del ego\u00ed\u00adsmo, existe la posibilidad de llegar al peor de los pecado que el ser humano puede cometer, que es el \u00abodio a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>   4.2. Contra el amor al pr\u00f3jimo   Se puede pecar cuando no se fomentan los sentimientos de acogida y adhesi\u00f3n que el bien del pr\u00f3jimo requiere. Contra el amor al pr\u00f3jimo se puede pecar por omisi\u00f3n, cuando no se ofrecen las muestras, los servicios y las relaciones a las que estamos obligados.<\/p>\n<p>   Y tambi\u00e9n se puede faltar por exageraci\u00f3n en ese amor, si es que impide cumplir con los propios deberes para con Dios o para consigo mismo; o cuando las muestras y los v\u00ed\u00adnculos se muestras desproporcionados en funci\u00f3n de las personas y de las situaciones.<\/p>\n<p>   El odio al pr\u00f3jimo, la malevolencia, la agresividad, el desprecio, la enemistad, incluso la abominaci\u00f3n o rechazo formal y persistente de alguien que es pr\u00f3jimo, por desgracia son actitudes, m\u00e1s que actos, muy frecuente entre los hombres. Algunas de disposiciones como la envidia, o tristeza del bien ajeno; la ira o la violencia en el trato son destructivas del amor al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>   Especial agresi\u00f3n al pr\u00f3jimo es el esc\u00e1ndalo, que es la incitaci\u00f3n al mal que se hace a quien no es capaz de defender por s\u00ed\u00ad mismo. Puede ser activo y directo, si se busca el pecado ajeno; y puede ser indirecto, si se da mal ejemplo o con la propia acci\u00f3n u omisi\u00f3n se promueve el mal.<\/p>\n<p>   4.3. Contra el amor a s\u00ed\u00ad mismo   Se puede faltar por exageraci\u00f3n en ese amor o autopredilecci\u00f3n, si todo lo dem\u00e1s se margina por no mirarse m\u00e1s que a s\u00ed\u00ad mismo (narcisismo, egolatr\u00ed\u00ada). Esa actitud de ego\u00ed\u00adsmo implica una vuelta de las facultades superiores e inferiores hacia los propios beneficios.<\/p>\n<p>    En ocasiones puede darse el pecado de la falta de amor suficiente a s\u00ed\u00ad mismo, como en el caso de quien fomenta actitudes de autodesprecio o autodestrucci\u00f3n que pueden llegar hasta el suicidio o el abandono total. Habr\u00e1 que diferenciar bien lo que en esa carencia de amor haya de patolog\u00ed\u00ada, que es involuntaria, y lo que es realmente actitud fr\u00ed\u00ada y consciente de infravaloraci\u00f3n, siempre posible pero poco frecuente<br \/>\n   5. Catequesis de la caridad.<\/p>\n<p>    Debe ser el centro de toda catequesis, pues es el alma del mensaje cristiano. Lo primero de toda formaci\u00f3n es abrir el camino al amor a Dios. Amar a Dios es desearle honor, gloria y el cumplimiento de su voluntad en el mundo.<\/p>\n<p>   &#8211; Hay que ense\u00f1ar el amor m\u00e1s con obras que con palabras. Es decir, si no se traduce en obras, los meros sentimientos no llegan a clarificar lo que de verdad es la caridad cristiana.<\/p>\n<p>   &#8211;  La salvaci\u00f3n personal debe preferirse a todo lo dem\u00e1s. Nada justifica el perder la propia conciencia. y no es verdadero amor lo que no respeta este principio<br \/>\n   &#8211; La caridad profunda, radical, teol\u00f3gica, no es f\u00e1cilmente asequible a una personalidad no formada, como es el caso del ni\u00f1o o de las personas demasiado sensoriales o carentes de cierta capacidad de abstracci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Es importante acomodarse a las situaciones y no ofrecer mensajes, por sublimes que sean, que no pueden ser entendidos y asumidos por una persona o un catequizando. Por eso hay que ir despacio cuando se trata del amor divino.<\/p>\n<p>   &#8211; Los ni\u00f1os peque\u00f1os entienden mejor que nada el amor a s\u00ed\u00ad mismos. Los adolescentes y j\u00f3venes encuentran en la din\u00e1mica del amor proyectivo (amigos, pareja, familiares) el campo preferente del amor. Las personas ya maduras, formadas, profundas y reflexivas, y sobre todo espirituales, llegan a captar el mensaje del amor a Dios.<\/p>\n<p>   &#8211; Por eso conviene tener cierta paciencia y ofrecer el amor sobre todo con ejemplos y no con consideraciones. Aqu\u00ed\u00ad viene bien el valor de los testigos del Evangelio, es decir de las figuras que todo lo dieron por amar a los dem\u00e1s y de quienes hicieron del amor a Dios su raz\u00f3n de ser en la vida.<\/p>\n<p>    (Ver Virtudes; ver Caridad<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Virtud teologal, don de Dios Amor<\/p>\n<p>\tAcostumbramos a hablar de la virtud de la \u00abcaridad\u00bb (o del amor) como virtud teologal, es decir, una de las tres virtudes que se refieren directamente a Dios fe, esperanza y caridad. San Pablo advierte que \u00abla mayor de ellas es la caridad\u00bb (1Cor 13,13). Esta misma virtud tiene dos objetivos relacionados entre s\u00ed\u00ad y que constituyen el resumen de los mandamientos amor a Dios por s\u00ed\u00ad mismo y al pr\u00f3jimo como a nosotros mismos y por amor de Dios.<\/p>\n<p>\tPuesto que Dios es Amor (1Jn 4,8.16), el verdadero amor \u00abviene de Dios\u00bb (1Jn 4,7), es un don de Dios, porque se trata de amar como \u00e9l nos ha amado, al darnos a su Hijo y hacernos participar en esa misma filiaci\u00f3n. El amor se nos comunica por Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, para que lo demostremos en el amor a los hermanos (1Jn 4,11). \u00abDios ha derramado su amor en nuestros corazones, d\u00e1ndonos el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Rom 5,5). Por la infusi\u00f3n de ese amor divino, que conlleva la fe y la esperanza, quedamos justificados.<\/p>\n<p>\tEn el conjunto de las virtudes (teologales y morales), la caridad es como \u00abla fuente y la ra\u00ed\u00adz\u00bb de todas ellas (Santo Tom\u00e1s, I-II, q.62, a. 4). Por esto, \u00abtoda virtud est\u00e1 en el orden del amor\u00bb (ib\u00ed\u00addem a.2; cfr. San Agust\u00ed\u00adn, De Civitate Dei, 15,22). Para un creyente en Cristo, \u00abbautizarse\u00bb significa \u00abconfigurarse\u00bb con Cristo, en un proceso permanente de fe, esperanza y caridad (cfr. Hech 2,38).<\/p>\n<p>\tVida en Cristo<\/p>\n<p>\tLa vida cristiana es \u00abvida en Cristo\u00bb (Col 3,3; Gal 2,20) y apunta a la \u00abperfecci\u00f3n de la caridad\u00bb (LG 40; cfr. Mt 5,48). Por esto, la vida cristiana consiste en pensar, valorar las cosas y amar como Cristo (virtudes teologales), obrando consecuentemente en la vida pr\u00e1ctica (virtudes morales), bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (dones del Esp\u00ed\u00adritu). \u00abLa culminaci\u00f3n de todas nuestras obras es el amor\u00bb (San Agust\u00ed\u00adn).<\/p>\n<p>\tLa caridad, para el cristiano, se pone en pr\u00e1ctica seg\u00fan las pautas trazadas por Cristo las bienaventuranzas (Mt 5,48) y el mandamiento del amor (Jn 13,34-35). El modelo supremo es el Padre (\u00abcomo vuestro Padre\u00bb) y en la conducta concreta se sigue el ejemplo de Cristo (\u00abcomo yo os he amado\u00bb). Esta es la novedad cristiana de la verdadera \u00abcaridad\u00bb (\u00abagap\u00e9\u00bb), que est\u00e1 en Dios y s\u00f3lo proviene de \u00e9l. Sin esta caridad, el cristianismo no tendr\u00ed\u00ada consistencia (cfr. 1Cor 13, 1-4).<\/p>\n<p>\tAl dirigirse hacia Dios, la caridad participa de la caracter\u00ed\u00adstica del amor de Dios la donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. Es la caridad que aparece en la vida de Jes\u00fas darse, sin pertenecerse, seg\u00fan los designios salv\u00ed\u00adficos del Padre en el Esp\u00ed\u00adritu de amor. Entonces la caridad se expresa en el amor a los hermanos, con las caracter\u00ed\u00adsticas de comprensi\u00f3n, sinton\u00ed\u00ada, perd\u00f3n, colaboraci\u00f3n, don de s\u00ed\u00ad mismo&#8230; En resumen, \u00abno vivir para s\u00ed\u00ad\u00bb y \u00abno buscar el propio inter\u00e9s\u00bb (Rom 12,9-21; 1Cor 13,1-13). Entonces \u00abla caridad tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia\u00bb (CEC 1829).<\/p>\n<p>\tMisi\u00f3n y obras de caridad<\/p>\n<p>\tEs conocida la actitud cristiana de las \u00abobras de caridad\u00bb. Los campos en que se aplica son siempre muy diversificados enfermos, pobres, pecadores, d\u00e9biles, marginados&#8230; Son los campos en los que se oye la voz de Cristo \u00abA m\u00ed\u00ad me lo hicisteis\u00bb (Mt 25,40.45). La caridad fraterna de ayuda a los necesitados tiene siempre dos facetas asistencial de ayuda inmediata a los hermanos que padecen necesidad (enfermos, pobres, marginados&#8230;); promocional o de proporcionar a todos los medios necesarios para valerse por s\u00ed\u00ad mismos (trabajo, cultura, libertad, familia&#8230;).<br \/>\n\tEl campo m\u00e1s importante de esta acci\u00f3n caritativa es siempre el de hacer llegar a todos la posibilidad de escuchar el mensaje cristiano para disponerse a recibir libremente el don de la fe y de la salvaci\u00f3n integral en Cristo. Por esto la l\u00ed\u00adnea espec\u00ed\u00adfica de la actividad misionera de la Iglesia, en todas sus \u00abv\u00ed\u00adas operativas\u00bb o \u00abcaminos de misi\u00f3n\u00bb (RMi V), es la de la caridad, como realizaci\u00f3n de los valores evang\u00e9licos contenidos en las bienaventuranzas y en el mandato del amor. \u00abFiel al esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas, la Iglesia est\u00e1 llamada a compartir con los pobres y los oprimidos de todo tipo&#8230; En efecto, son estas numerosas obras de caridad las que atestiguan el esp\u00ed\u00adritu de toda la actividad misionera. El amor, que es y sigue siendo la fuerza de la misi\u00f3n\u00bb (RMi 60).<\/p>\n<p>\tPor esta caridad incondicional, se manifiesta que la persona humana es el \u00fanico ser a quien Dios ha amado por s\u00ed\u00ad mismo (cfr. GS 22,24). Por esto, la caridad cristiana hacia los hermanos necesitados, no puede hacer distinci\u00f3n de razas, culturas y religi\u00f3n; en cada pobre y enfermo est\u00e1 el Se\u00f1or \u00abA m\u00ed\u00ad me lo hicisteis\u00bb (Mt 25,40). La misi\u00f3n nace siempre de la caridad y tiende a la construcci\u00f3n de la comunidad en ese amor que refleja la vida trinitaria (cfr. SRS 40; AG 12).<\/p>\n<p>Referencias Dios Amor, bienaventuranzas, caridad pastoral, gracia, mandamiento nuevo, misericordia, obras de misericordia, opci\u00f3n por los pobres, perd\u00f3n, santidad, virtudes.<\/p>\n<p>Lectura de documentos AG 12; RMi 60; CEC 826, 953, 1822-1829, 2093-2094.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Caridad y vida cristiana (Madrid, Apostolado de la Prensa, 1973); A. ANCEL, Caridad aut\u00e9ntica (Bilbao, Descl\u00e9e, 1966); H.U. von BALTHASAR, S\u00f3lo el amor es digno de fe (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1971); D. BARSOTTI, La revelaci\u00f3n del amor (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1966); C. CARRETTO, Lo que importa es amar (Madrid, Paulinas, 1974); J. EGERMAN, La charit\u00e9 dans la Bible (Paris-Tournai, Casterman, 1963); A. FEUILLET, La mission de l&#8217;amour divin la th\u00e9ologie johannique (Paris, Gabalda, 1972); J. LAFRANCE, Mi vocaci\u00f3n es el amor (Madrid, Espiritualidad, 1985); L.J. LEBRET, Dimensiones de la caridad (Barcelona, Herder, 1961); St. LYONNET, El amor, plenitud de la ley (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1981); S.A. PANIMOLLE, Amor, en Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica (Madrid, Paulinas, 1990) 60-93; S. RAMIREZ, La esencia de la caridad (Salamanca, San Esteban, 1978); A. ROYO, Teolog\u00ed\u00ada de la caridad ( BAC, Madrid, 1963); M. SBAFFI, Caridad, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991) 151-167; C. SPIC, Agape en el Nuevo Testamento (Madrid, Cares 1977).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>->Amor, agape<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>El estilo inconfundible de la caridad es el estilo que Jes\u00fas nos ha ense\u00f1ado en la par\u00e1bola del buen samaritano: estar en presencia de cada hombre con la misma pureza desinteresada e incondicional del amor de Dios; acoger a cada hombre simplemente porque es un hombre; hacerse pr\u00f3jimo de cada hombre, m\u00e1s all\u00e1 de toda diferencia cultural, racial, ps\u00ed\u00adquica, religiosa; anticiparse a sus deseos; descubrir las necesidades siempre nuevas en las que nadie hab\u00ed\u00ada pensado todav\u00ed\u00ada; dar preferencia a los m\u00e1s marginados; conferir dignidad y valor al que tiene menos t\u00ed\u00adtulos y capacidades.  El reconocimiento de todo hombre como hijo de Dios, inundado por los misteriosos dones de la gracia, nos permite acoger a todo el que sufre como un hermano que da y recibe, seg\u00fan las maravillosas leyes de la comuni\u00f3n de los santos.  La comuni\u00f3n en Cristo es el inesperado y trascendente sello de las distintas formas de comunicaci\u00f3n humana; la fuente inagotable de formas de comunicaci\u00f3n siempre nuevas; el exigente paradigma en el que la comunidad cristiana tiene que medir su propio comportamiento con los minusv\u00e1lidos y los enfermos, sus formas de acogida: la catcquesis, la vida lit\u00fargica, la valoraci\u00f3n de los carismas, etc.  La comuni\u00f3n en Cristo es fuente de unidad y garant\u00ed\u00ada de ben\u00e9fica diversidad. Gracias a ella \u00abya no hay distinci\u00f3n entre jud\u00ed\u00ado o no jud\u00ed\u00ado, entre esclavo o libre, entre var\u00f3n o mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas\u00bb; pero, al mismo tiempo, \u00abnosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo al quedar unidos a Cristo&#8230; tenemos dones diferentes, seg\u00fan la gracia que Dios nos ha confiado\u00bb.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>Este t\u00e9rmino procede del lat\u00ed\u00adn carus (querido, amado) y es de los m\u00e1s usados en el lenguaje cristiano. Su car\u00e1cter esencial se pone de manifiesto en la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s; pero esta expresi\u00f3n aparece muchas veces privada de su especificidad teol\u00f3gica y revelada. Sin embargo, la \u00abcaridad\u00bb cristiana tiene su origen en el amor de Dios (1 Jn 4,7), que se nos ha dado a trav\u00e9s de Cristo (1 Jn 4,9s) y del Esp\u00ed\u00adritu para que el cristiano pu\u00e9da a su vez amar a Dios y  al pr\u00f3jimo (1 Jn 4,1 1-19). Se trata por eso mismo de un don y, como tal, va ligado a la justificaci\u00f3n, como ense\u00f1a el concilio de Trento \u00bb \u00aben la justificaci\u00f3n el hombre, por medio de su inserci\u00f3n en Jesucristo, recibe con el perd\u00f3n de los pecados la infusi\u00f3n de la fe, de la esperanza y de la caridad\u00bb (DS 1530). La declaraci\u00f3n del concilio se basa sobre todo en Rom 5,5: \u00abAl darnos el Esp\u00ed\u00adritu Santo, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones\u00bb. El don de la virtud teologal de la caridad pone al cristiano en un camino de seguimiento que tiene como fin la identificaci\u00f3n con Cristo en una superaci\u00f3n continua del \u00abamor sui\u00bb. La caridad cristiana es por tanto original, la que se enriquece de nuevos contenidos que la filantrop\u00ed\u00ada no conoce. El elemento nuevo de la caridad cristiana es el \u00abamaos como yo os he amado\u00bb. es el \u00abmandamiento nuevo\u00bb (Jn l3,34)~ Este amor se ensancha infinitamente por que se apova igualmente en la identificaci\u00f3n de Cristo con los que tienen hambre, con los que tienen sed, con los enfermos (cf Mt 25,35-40). El mandamiento de la caridad fraterna recibe por tanto su car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico de su fundamentaci6n cristol\u00f3gica. El discurso moral cristiano tiene entonces en su base la fe en Dios, que nos ha amado y que nos ama a trav\u00e9s de su Hijo. Es una perspectiva nueva para hacer las mismas cosas que los otros : es un estilo particular que no cambia la fenomenolog\u00ed\u00ada, pero que diferencia la conducta del cristiano de la del que no lo es. La caridad cristiana, en una palabra, es m\u00e1s rica que una actitud filantr\u00f3pica en general, ya que est\u00e1 cargada de m\u00e1s motivaciones que desconoce la benevolencia humana. No nace en su origen del hombre, sino que es don y consecuencia de todo lo que uno ha visto y o\u00ed\u00addo: \u00abEl amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que \u00e9l nos am\u00f3 a nosotros, y envi\u00f3 a su hijo para librarnos de nuestros pecados\u00bb (1 Jn 4,10).<\/p>\n<p>L. Padovese<\/p>\n<p>Bibl.: c. Spicq, Agap\u00e9 en el Nuevo Testamento, Cares, Madrid 1977; M, Rovo Mar\u00ed\u00adn, Teologia de la caridad, BAC, Madrid 1960: A Pigna, Caridad. en DE, 313-329<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Pre\u00e1mbulo &#8211; II. La caridad en el mundo precristiano y no cristiano: 1. Entre los egipcios y en el mundo grecorromano; 2. En las grandes religiones no cristianas &#8211; III. La caridad en el AT: 1. Amor de Dios al hombre; 2. Amor del hombre a Dios; 3. Amor del hombre al pr\u00f3jimo &#8211; IV. La caridad en el NT: 1. Los verbos usados en el griego prebiblico para expresar el concepto de amor; 2. La terminolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica; 3. Cristo Jes\u00fas, revelaci\u00f3n hist\u00f3rica de la caridad de Dios; 4. La caridad en los evangelios sin\u00f3pticos: 5. La caridad en los escritos de Juan; 6. La caridad en las ep\u00ed\u00adstolas neotestamentarias; 7. El himno de san Pablo a la caridad &#8211; V. Caracter\u00ed\u00adsticas cristianas de la caridad; 1. La caridad en relaci\u00f3n con las otras virtudes teologales; 2. Car\u00e1cter universal de la caridad; 3. La caridad, medio de conocimiento; 4. La caridad como realidad creadora &#8211; VI. La caridad, principio activo de vida espiritual: 1. Caridad y acci\u00f3n caritativa; 2. La caridad, superaci\u00f3n de la ant\u00ed\u00adtesis fe-obras; 3. Caridad y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; 4. Caridad y perfecci\u00f3n cristiana &#8211; VII. La caridad en la inculturaci\u00f3n eclesial de hoy: 1. La caridad, signo de credibilidad del mensaje cristiano; 2. La caridad en el contexto sociol\u00f3gico de nuestro tiempo; 3. La caridad, elemento primario para el di\u00e1logo.<\/p>\n<p>   I. Pre\u00e1mbulo<br \/>\n   El tema de la caridad es constante e insistente en la asamblea cristiana; se subraya su car\u00e1cter esencial, afirmando que no es posible ser cristianos aut\u00e9nticos si no se vive la caridad, y que no se puede testimoniar ning\u00fan \/apostolado eclesial sin una vida caritativa personal.<\/p>\n<p>   Sin embargo, parece que los fieles conocen muy poco la caridad en su \u00ed\u00adndole especifica revelada y teol\u00f3gica, a pesar de que se la recuerde con insistencia; que tienen de ella una idea vaga y gen\u00e9rica; que la consideran las m\u00e1s de las veces concretamente como el gesto de dar limosna o de socorrer con misericordia al hermano necesitado. Tampoco como praxis aparece la caridad practicada de forma ejemplar. Quiz\u00e1 se hable mucho de ella, ya que todos ven su necesidad al comprobar su ausencia concreta. A menudo el cristiano se lamenta de que los dem\u00e1s no practiquen la caridad, o de que \u00e9sta se descuide en la misma comunidad eclesial, y luego \u00e9l mismo no se preocupa de vivirla con el ejemplo. Todo esto sugiere la oportunidad de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica espiritual sobre la caridad con vistas a su mejor pr\u00e1ctica eclesial.<\/p>\n<p>   II. La caridad en el mundo precristiano y no cristiano<br \/>\n   Por lo menos es superficial el juicio de que las civilizaciones precristianas s\u00f3lo conocen la violencia y la crueldad. Tambi\u00e9n en ellas, aunque sea a r\u00e1fagas, brotan destellos de la exigencia de la caridad, los cuales dan testimonio de la ley interior suscitada por la acci\u00f3n divina en todos los hombres. El ap\u00f3stol Pablo nos lo confirma al decir: \u00abCuando los gentiles, que no tienen Ley (mosaica), practican espont\u00e1neamente lo que ordena la Ley, vienen a convertirse en Ley para s\u00ed\u00ad mismos, a pesar de no poseer la Ley. Y ellos dan prueba de que la realidad de la Ley est\u00e1 grabada en sus corazones, cuando su conciencia se convierte a su vez en testigo de un juicio interior, en el que las reflexiones se acusan y se defienden alternativamente en el tribunal en el que Dios juzga las interioridades de los hombres -seg\u00fan mi evangelio- por medio de Cristo Jes\u00fas\u00bb (Rom 2,14-16).<\/p>\n<p>   1. ENTRE LOS EGIPCIOS Y EN EL MUNDO GRECORROMANO &#8211; Entre las antiguas civilizaciones, la egipcia es sin duda la que tuvo una idea humanitaria m\u00e1s alta: Igualdad en la justicia, derechos de la mujer y los ni\u00f1os, derechos de los esclavos, ayuda debida a los miserables. Sobre todo el culto de la divinidad estaba ligado a la asistencia a los pobres, como preanuncio de la caridad de Cristo. En una inscripci\u00f3n de la V dinast\u00ed\u00ada (2563-2422 a.C.) declara un funcionario: \u00abHe distribuido el pan a todos los hambrientos del monte Arato, he vestido al que estaba desnudo\u00bb. M\u00e1s de mil a\u00f1os despu\u00e9s, es decir, en los tiempos en que reinaba David en Israel, bajo la dinast\u00ed\u00ada XXI (1085-950 a.C.), en la inscripci\u00f3n del gran sacerdote de Ani\u00f3n, Bakenkhonsua, encontramos un lenguaje que refleja la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica del Pentateuco: \u00abFui un padre para mis subordinados, porque instru\u00ed\u00ad a sus j\u00f3venes, tend\u00ed\u00ad la mano a los infieles, asegur\u00e9 la existencia de los necesitados. No engendr\u00e9 terror entre mis siervos, sino que fui un padre para ellos; asegur\u00e9 los funerales a los que no ten\u00ed\u00adan herederos y un f\u00e9retro al que no pose\u00ed\u00ada ninguno. Proteg\u00ed\u00ad al hu\u00e9rfano que me imploraba y tom\u00e9 en mis manos los intereses de la viuda\u00bb. Este esp\u00ed\u00adritu de caridad se inspiraba en el pensamiento de la divinidad, que pone en el coraz\u00f3n de los hombres el conocimiento de su ley, y en la idea de una resurrecci\u00f3n despu\u00e9s de la muerte, en la cual quien haya obrado bien recibir\u00e1 el premio.<\/p>\n<p>   Aunque en el mundo grecorromano no faltan ejemplos de caridad, debemos observar que se trata casi siempre de un intercambio de intereses; de una filantrop\u00ed\u00ada, en la cual el individuo o la comunidad buscan su propio inter\u00e9s. Jenofonte, exhortando a Heracles, pone en boca de la virtud estas afirmaciones: \u00abEl que desee la protecci\u00f3n de los dioses debe ser piadoso con ellos; el que quiera ser amado por los amigos, debe hacerles bien; el que quiera ser honrado por la ciudad, debe servirla; el que quiera ser admirado por toda Grecia, debe ayudarla; el que quiera coger frutos abundantes de un terreno, debe cultivarlo\u00bb (Mem. II, 1-28). El mismo Jenofonte pone en labios de Isc\u00f3maco estas palabras a su joven esposa: \u00abSi Dios nos da hijos, debemos educarlos lo mejor que sea posible. Nos interesa a los dos asegurarnos compa\u00f1eros de trabajo, sost\u00e9n de nuestra vejez, que sean los mejores posibles\u00bb (Ecom. 7-12). Pero en el mundo grecorromano est\u00e1 completamente ausente el significado cristiano de la caridad con los pobres. El pobre es considerado un da\u00f1o para la ciudad y para la humanidad. Arist\u00f3teles afirmaba que la pobreza es \u00abla fuente de las sediciones y de los cr\u00ed\u00admenes\u00bb. Si se socorre al pobre no es por amor, sino para neutralizar el peligro que constituye su vivir asociado. Escribe un erudito sobre la beneficencia y la asistencia a los pobres en la antig\u00fcedad precristiana: \u00abEn Grecia hab\u00ed\u00ada muchas fundaciones antiguas que ten\u00ed\u00adan por fin socorrer a algunos grupos de habitantes de una ciudad; pero los pobres, como tales, no son nunca objeto de esta beneficencia\u00bb1.<\/p>\n<p>   2. EN LAS GRANDES RELIGIONES NO CRISTIANAS &#8211; En las breves alusiones que siguen no tendremos en cuenta, naturalmente, al juda\u00ed\u00adsmo, del que trataremos al hablar del AT. [No obstante, v\u00e9ase \/Jud\u00ed\u00ada (espiritualidad)].<\/p>\n<p>   a) El \/budismo. Por lo que se refiere al concepto de caridad, el budismo, con sus doctrinas del Gran Veh\u00ed\u00adculo (Mahayana) y con su concepci\u00f3n activa de la benevolencia (maitri), ocupa un puesto muy particular entre las grandes religiones no cristianas. Baste esta sola cita: \u00abNo hay nada m\u00e1s poderoso que la maitri. Jam\u00e1s el odio ha extinguido al odio. La benevolencia ha extinguido al odio. Esta es la ley eterna\u00bb. Los motivos inspiradores del budismo se distinguen, sin embargo, de la caridad cristiana porque, si bien ambos afirman la exigencia de amar a los dem\u00e1s como a nosotros mismos, el \u00abyo\u00bb budista es, en \u00faltimo an\u00e1lisis, un \u00abyo\u00bb ilusorio, que intenta aniquilarse y liberarse de la propia individualidad: \u00abLa importancia nula del individuo es para el budismo un axioma fundamental, como lo es para el cristiano el valor infinito del alma humana\u00bb. El valor positivo que el budismo vincula al amor se debe a que es una redenci\u00f3n del coraz\u00f3n m\u00e1s que una fuente de acci\u00f3n. Los actos caritativos son una t\u00e9cnica que permite al hombre subyugar el propio \u00abyo\u00bb individual. Lo cual no quita para que el concepto de amor alcance en la espiritualidad del budismo cimas muy altas, como en la poes\u00ed\u00ada religiosa: \u00abEl me ha ultrajado y me ha herido,\/me ha despojado de todo y me ha vencido:\/en quien deseche de s\u00ed\u00ad este pensamiento,\/desaparecer\u00e1 el esp\u00ed\u00adritu del odio.\/Puesto que en el mundo nunca la enemistad\/ser\u00e1 vencida por la enemistad.\/S\u00f3lo el amor puede apagar el odio,\/y esta ley vigir\u00e1 eternamente\u00bb (Dhammapada, estr. 4,5). Es justo recordar tambi\u00e9n que las filosofias religiosas de Confucio y de Lao-Tse, aunque por motivaciones diversas, han proclamado el principio de la benevolencia universal y del completo desinter\u00e9s.<\/p>\n<p>   b). \/Hindutsmo. La \u00e9tica, en el hinduismo, est\u00e1 estrechamente ligada a las nociones de dharma y de karman, de las cuales depende el destino del hombre: \u00abLa conducta buena y justa es el dharma. Todo lo que se comporta antidh\u00e1rmicamente se pierde en este mundo y en el otro; ni la ascesis ni el sacrificio pueden salvarle\u00bb (Vasistha 6,1). El dharma es el que suscita un karman positivo o negativo, bueno o malo, favorable o desfavorable. El que pone al hombre frente a su propia responsabilidad personal, aunque siempre en la soledad del propio esfuerzo: \u00abEl ser viene al mundo solo, solo desaparece, solo recibe el fruto de sus actos buenos o de sus actos malos. Cuando abandona en el suelo el cuerpo sin vida, como una part\u00ed\u00adcula de madera o de tierra, sus parientes se van moviendo la cabeza; s\u00f3lo el m\u00e9rito le sigue\u00bb (Manu, IV, 239). Por eso, el \u00abno-apego\u00bb es uno de los motivos fundamentales de la \u00e9tica hinduista. La idea del m\u00e9rito se deriva principalmente de evitar el \u00abmal-impureza\u00bb y de la sanci\u00f3n legalista del acto pecaminoso realizado. No faltan, sin embargo, corrientes m\u00e1s modernas para las cuales el m\u00e9rito nace de un compromiso del hombre con los dem\u00e1s hombres y con el mundo. La acci\u00f3n moralmente v\u00e1lida se abre as\u00ed\u00ad a una benevolencia activa (maitri), a una capacidad de tolerancia respecto a todo y a todos, a un impulso de altruismo y de compasi\u00f3n (karuna) que se inspira en ideas religiosas del budismo y muestra indicios de caridad.<\/p>\n<p>   c) \/Islamismo. De los cinco pilares que sostienen la doctrina del islam, el segundo puesto lo ocupa la limosna (zakat). La zakat, etimol\u00f3gicamente \u00abpureza\u00bb, es la caridad entendida por el Cor\u00e1n como un acto que purifica las riquezas de la gloria mundana y propicia el premio eterno. La zakat, como los diezmos judeo-cristianos, es una contribuci\u00f3n obligatoria; pero con fines diversos. Est\u00e1 destinada a ayudar a los pobres, a los esclavos que pretenden liberarse, a los viajeros carentes de medios, a los voluntarios de la guerra santa, as\u00ed\u00ad como a estimular la conversi\u00f3n de los pobres al islam. Sin embargo, esta contribuci\u00f3n obligatoria no excluye las formas espont\u00e1neas de limosna y beneficencia. El texto cor\u00e1nico promete la \u00abmansi\u00f3n final\u00bb a los que \u00abotorgan de lo que Nuestra Providencia les provee, en secreto y manifiestamente\u00bb (XII, 22), a los \u00abque de sus bienes han fijado la parte debida para el pobre y el mendigo\u00bb (LXX, 24) y a los que \u00abalimentan por amor de \u00e9l (Allah) al infeliz, al prisionero y al hu\u00e9rfano\u00bb (LXXVI, 8). El islamismo, aunque hunde sus ra\u00ed\u00adces en el terreno religioso jud\u00ed\u00ado, no ha comprendido la predisposici\u00f3n a la historizaci\u00f3n de la relaci\u00f3n del hombre con Dios, es decir, de las intervenciones de Dios en el tiempo. Por eso la relaci\u00f3n hombre-Allah se concibe en t\u00e9rminos de distancia infinita. La criatura ante Allah es como nada. Entre el hombre y Allah hay un abismo que ni siquiera la contemplaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica consigue llenar. La idea cristiana de Dios como fuente de amor est\u00e1, pues, completamente ausente.<\/p>\n<p>   III. La caridad en el AT<br \/>\n   El AT para expresar el concepto de \u00abamor\u00bb se sirve sobre todo de la ra\u00ed\u00adz &#8216;hb y de su derivado &#8216;ahabah. Este sustantivo, como el verbo, aheb, se utiliza para indicar en sentido positivo ya sea las relaciones familiares y de amistad, ya las relaciones entre el hombre y la mujer. Puede tener tambi\u00e9n un significado altamente religioso, como, por ejemplo, en la imagen del matrimonio entre Yahv\u00e9 e Israel. Otra ra\u00ed\u00adz usada es rhm, com\u00fan a todas las lenguas semitas, de la cual se deriva el apelativo rah\u00fam, que significa \u00abmisericordioso\u00bb, reservado casi exclusivamente a Dios. El AT conoce la idea del amor de Dios al hombre, la del amor del hombre a Dios y la del amor del hombre al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>   1. AMOR DE Dios AL HOMBRE &#8211; En el AT el amor de Dios no es un sentimiento ni un simple comportamiento, sino la acci\u00f3n de Yahv\u00e9, que se acuerda de su pueblo prisionero en tierra extra\u00f1a y que interviene hist\u00f3ricamente en su favor. Salva a Mois\u00e9s para dar un caudillo a su pueblo, lo saca de Egipto, le defiende de los ataques del ej\u00e9rcito egipcio, lo salva de las aguas del Mar Rojo, le conduce a trav\u00e9s del Jord\u00e1n a la tierra prometida a sus padres. La afirmaci\u00f3n de que la acci\u00f3n de Yahv\u00e9 respecto a Israel es la manifestaci\u00f3n de su amor encuentra una clara explicitaci\u00f3n en Oseas: \u00abCuando Israel era ni\u00f1o, yo le amaba y de Egipto llam\u00e9 a mi hijo\u00bb (11,1). Es, pues, un amor activo dirigido a una colectividad (Jer 31,3; Dt 4,37; 10,15; Sal 41,12). Tambi\u00e9n puede revestir el aspecto de un juicio severo; pero siempre se resuelve con una tonalidad positiva, de lo cual es ejemplo el sorprendente mon\u00f3logo de Yahv\u00e9 consigo mismo: \u00ab\u00bfEs para m\u00ed\u00ad Efraim un hijo tan querido, un ni\u00f1o tan predilecto? Pues cuantas veces le amenazo, me vuelvo a acordar de \u00e9l. S\u00ed\u00ad, mis entra\u00f1as por \u00e9l se conmueven y tendr\u00e9 compasi\u00f3n de \u00e9l, dice Yahv\u00e9\u00bb (Jer 31,20). Este amor, que se renueva de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, tiene un plan y un designio eternos. Es, adem\u00e1s, un amor efectivo y creador. Yahv\u00e9 crea al pueblo que quiere amar y salvar libremente: \u00abYahv\u00e9, tu Dios, te ha elegido para ser pueblo suyo entre todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra&#8230; no por ser el pueblo m\u00e1s numeroso entre todos los pueblos&#8230;, sino porque Yahv\u00e9 os am\u00f3\u00bb (Dt 7,6-8). Este concepto, reiterado en Dt (4,37; 8,13; 10,15; etc.), se encuentra a menudo tambi\u00e9n en los profetas (Is 41,8; 54,5-8; Os 11,1; Mal 1,2; etc.). Pero sobre todo se trata de un amor misericordioso, que salva, socorre y perdona: \u00abT\u00fa eres un Dios pronto a perdonar, clemente y misericordioso, tardo a la ira y lleno de bondad\u00bb (Neh 9,17; cf tambi\u00e9n: Dt 23,5; Sal 86,5; Is 43,25; 54,10; 63,9; Os 11,7-9; 14,4; etc.). Este amor dirigido ante todo al pueblo elegido, llega individualmente a cualquiera de sus miembros (Is 41,8; Mal 1,2; Sal 41,12; Prov 3,12; etc.), y se manifiesta con su car\u00e1cter de universalidad a trav\u00e9s de la acci\u00f3n de Dios en favor de su pueblo (Is 42,1; 49,7; etc.). Observemos, finalmente, que mientras que en Dt el amor de Dios es testimoniado sobre todo en relaci\u00f3n con el pasado (4,37; 7,8; 10, 15, etc.), en los profetas se anuncia esencialmente en funci\u00f3n del futuro y asume, por tanto, su dimensi\u00f3n mesi\u00e1nica (Is 9,1-6; 11,1-9; Jer 33,10-11).<\/p>\n<p>   2. AMOR DEL HOMBRE A Dios &#8211; En todo el AT encontramos huellas de la respuesta del hombre al amor electivo y misericordioso de Dios. Dios es amado como libertador y socorredor (Sal 18,2-4), porque escucha la s\u00faplica de su servidor (Sal 116,1). Este amor se expresa en el servicio y en la obediencia (Dt 10,12ss), observando sus mandamientos (Ex 20,6; Dt 5,10; 7,9; 11,1; Dan 9,4; Neh 1,5) y siguiendo sus caminos (Dt 10,12; 11,22; 19,9; etc.). Se trata de un amor que implica una obediencia personal y total, que compromete todas las facultades del hombre en un servicio que constituye su felicidad y su gloria (Dt 6,5). Es, finalmente, un amor puesto continuamente a prueba: \u00abQuiere Yahv\u00e9, vuestro Dios, probaros, para ver si realmente am\u00e1is a Yahv\u00e9, vuestro Dios, con todo vuestro coraz\u00f3n y con toda vuestra alma\u00bb (Dt 13,4), y que carecer\u00e1 de defecto s\u00f3lo gracias a la acci\u00f3n misma de Dios: \u00abYahv\u00e9, tu Dios, circuncidar\u00e1 tu coraz\u00f3n y el de tus descendientes de manera que ames a Yahv\u00e9, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n y toda tu alma y vivas\u00bb (Dt 30,6). Sobre todo con Am\u00f3s (hacia 750 a.C.) y con Oseas (hacia 730 a.C.), aparece claramente el precepto de amar a Dios, preparando as\u00ed\u00ad el clima de su formulaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita en el mandamiento: \u00abAma a Yahv\u00e9, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas\u00bb (Dt 6,5; cf 10,12; 11,1.22; 19,8; etc.). Ellos, en efecto, predican a Israel que Dios le ama como \u00abpadre\u00bb y como \u00abesposo\u00bb, y que es injusto no responder a este amor (Os 2 y 11; Am 9,11-15).<\/p>\n<p>   3. AMOR DEL HOMBRE AL PR\u00ed\u201cJIMO &#8211; El precepto del amor al pr\u00f3jimo aparece expl\u00ed\u00adcitamente en el AT en un periodo m\u00e1s bien tard\u00ed\u00ado, a saber, en Lev\u00ed\u00adtico: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (19,18). Esta formulaci\u00f3n, sin embargo, es resultado de una tradici\u00f3n que se hab\u00ed\u00ada ido formando y ampliando desde los tiempos del \u00e9xodo. De todas formas, el AT contiene todos los matices del amor al pr\u00f3jimo. Ante todo, el amor a los pobres y menesterosos, que deben ser objeto de un tratamiento caritativo (Ex 23,6; Lev 19,10.15; 25,5-6.35; Dt 15,7-8; 24,10-13; etc.). Las prescripciones relativas a los a\u00f1os jubilares y sab\u00e1ticos (Ex 23,10-11; Lev 25,23-34) ponen particularmente de relieve la posici\u00f3n de los pobres como sujetos de caridad, la cual alcanza tambi\u00e9n a los esclavos con derecho al rescate. El extranjero que hab\u00ed\u00ada fijado su residencia en el pa\u00ed\u00ads no s\u00f3lo gozaba de igualdad ante la ley, sino que ten\u00ed\u00ada derecho al amor fraterno del israelita (Ex 22,21; 23,9; Lev 19,33-34; N\u00fam 19,29; etc.). La motivaci\u00f3n de este amor era constante: \u00abYa que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto\u00bb (Dt 10,19; etc.). Este socorro debido al extranjero se une casi siempre al socorro caritativo debido a los hu\u00e9rfanos y a las viudas (Ex 22,21-27; Dt 10,18; 15,7; 16,11; etc.). A las personas ancianas se les debe honor y respeto (Lev 19,32), y con los disminuidos f\u00ed\u00adsicamente se pide una actitud de miramiento (Lev 19,14; Dt 27,18). La actitud para con los enemigos, si se except\u00faa Ex 23,4-5, es, en cambio, de odio y venganza (Ex 15,6; N\u00fam 23,11; Sal 7,6; 69,23-29; 109,6-16, etc.). Pero estas invectivas est\u00e1n dictadas a menudo para apelar a la liberaci\u00f3n que viene de Dios (Sal 18,46-48; 22,19; etc.) y, en la mayor parte de los casos, brotan de la concepci\u00f3n jud\u00ed\u00ada seg\u00fan la cual el que ofende o desprecia al pueblo de Dios o al servidor del Eterno se hace enemigo de Dios mismo (N\u00fam 10,35; Jue 5,31; Sal 92,9; etc.). El amor de los padres a los hijos (G\u00e9n 37,3) y de los hijos a los padres (Ex 20,12), aunque no se expresa, est\u00e1 impl\u00ed\u00adcito en toda la \u00e9tica veterotestamentaria. El amor conyugal es contemplado a la luz de la concepci\u00f3n del G\u00e9nesis (2,18-25), para la cual la pareja forma una unidad que se realiza en el ofrecimiento rec\u00ed\u00adproco. Este v\u00ed\u00adnculo, que abarca tambi\u00e9n la esfera de la sexualidad, es exaltado por el Cantar de los Cantares, el cual expresa aleg\u00f3ricamente asimismo el amor de Dios a su pueblo. Las expresiones de amor en este terreno est\u00e1n a menudo entrelazadas una con otra, sin distinguir entre lo profano y lo religioso.<\/p>\n<p>   1. VERBOS USADOS EN EL GRIEGO PREB\u00ed\u008dBLICO PARA EXPRESAR EL CONCEPTO DE AMOR &#8211; Los griegos usaban tres verbos para expresar el concepto de amor: eran, philein y agap\u00e1n.<\/p>\n<p>   a) Eran. De \u00e9l se deriva el sustantivo \u00aberos\u00bb, e indicaba esencialmente el amor pasional, el amor deseo. No s\u00f3lo deseo de la mujer por parte del hombre, sino deseo de todo cuanto era digno de ser pose\u00ed\u00addo. Este amor posesivo fue en el mundo grecorromano el motor principal de la vida moral (amor de las virtudes), de la vida art\u00ed\u00adstica (amor de lo bello), de la vida filos\u00f3fica (amor a la verdad), de la vida religiosa (amor de la divinidad, de la inmortalidad, etc.).<\/p>\n<p>   b) Philein. Su sustantivo \u00abphilia\u00bb ha dado lugar al t\u00e9rmino \u00abfilantr\u00f3pico\u00bb. Expresaba el concepto de amistad y designaba el amor desinteresado por el hombre, por un amigo, por la patria, etc. El pensamiento griego se servir\u00e1 de \u00e9l sobre todo para indicar hombres en los cuales la voluntad y la nobleza del coraz\u00f3n se hab\u00ed\u00ada ense\u00f1oreado de las pasiones humanas (por ej., Ant\u00ed\u00adgona).<\/p>\n<p>   c) Agap\u00e1n. Se usa con significados m\u00e1s bien vagos, entre los cuales, el m\u00e1scaracter\u00ed\u00adstico es el de predilecci\u00f3n, preferir, tener a alguien en mayor consideraci\u00f3n que a otros. Se lo puede traducir, pues, por \u00abdemostrar afecto\u00bb. Plotino lo utiliz\u00f3 para indicar el amor que irradia de Dios, el amor que eleva al humilde o lo alza por encima de los otros (cf GLNT 1, 98). Este verbo es el que prefirieron los autores del AT para expresar el concepto contenido en el correspondiente &#8216;aheb hebreo. Este verbo, con su correspondiente sustantivo \u00abagape\u00bb, pas\u00f3 del AT al lenguaje neotestamentario, adquiriendo un significado nuevo e inmensamente rico, que expresa toda la plenitud de la relaci\u00f3n entre Dios y el hombre, y de la nueva relaci\u00f3n que el mensaje cristiano estableci\u00f3 entre hombre y hombre. El amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo son, en efecto, en el mensaje cristiano dos aspectos de la misma agape.<\/p>\n<p>   2. TERMINOLOG\u00ed\u008dA B\u00ed\u008dBLICA &#8211; En su versi\u00f3n latina del NT, denominada \u00abVulgata\u00bb, san Jer\u00f3nimo traduce el griego agape (amor) por los t\u00e9rminos dilectio y charitas. Generalmente se usa dilectio cuando prevalece el sentido de una relaci\u00f3n afectuosa y se indica la persona a la cual se refiere: amor a Dios (Jn 5,42), amor de Dios Padre al Hijo (Jn 17,26), amor entre Dios, Cristo y los disc\u00ed\u00adpulos (Jn 13,17), amor al pr\u00f3jimo (Rom 12,9; 13,10; etc.). El t\u00e9rmino chantas, en la mayor parte de los casos, se utiliza cuando agape no tiene un objeto determinado; adquiere en cierto modo un sentido t\u00e9cnico cristiano: \u00abDios es amor\u00bb (1 Jn 4,16), \u00abel amor de Cristo nos urge\u00bb (2 Cor 5,14), etc.; lo mismo que en el \u00abhimno a la caridad\u00bb paulino (1 Cor 13). Cuando el amor fraterno se expresa en griego con el t\u00e9rmino philadelphia, los traductores usan el casi sin\u00f3nimo agape traduci\u00e9ndolo por \u00abcaridad\u00bb.<\/p>\n<p>   El t\u00e9rmino griego eleos (compasi\u00f3n, piedad), en los LXX, es normalmente la traducci\u00f3n del hebreo hered, que indica una relaci\u00f3n de reciprocidad, el comportamiento que uno puede esperar de otro, el gesto de socorro inspirado por la fidelidad. En el NT, en cambio, eleos indica por lo general la relaci\u00f3n que Dios quiere que exista entre hombre y hombre: bondad, piedad, compasi\u00f3n. En la par\u00e1bola del \u00abbuen samaritano\u00bb se utiliza para expresar un sentimiento de misericordia (Le 10,37; cf Le 6,36; Ef 4,32; Sant 2,13; etc.). Referido a Dios, el eleos expresa la fidelidad misericordiosa (Le 1,58.72.78; 1 Pe 1,13), la acci\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica (Rom 11,30,32; G\u00e1l 6,15. etc.), as\u00ed\u00ad como la obra escatol\u00f3gica en Cristo, que tiene su formulaci\u00f3n dogm\u00e1tica en Tit 3,5: \u00abNos salv\u00f3, no por las obras justas que hubi\u00e9remos practicado, sino por su misericordia\u00bb.<\/p>\n<p>   As\u00ed\u00ad pues, en el lenguaje b\u00ed\u00adblico el t\u00e9rmino \u00abcaridad\u00bb expresa en su m\u00e1s alto nivel el concepto de \u00abamor\u00bb y abarca el de \u00abmisericordia\u00bb, ya se trate de la relaci\u00f3n entre Dios y los hombres, entre los hombres y Dios y de los hombres entre s\u00ed\u00ad. El amor es la fuente de la caridad, y la misericordia, su manifestaci\u00f3n. Conviene, adem\u00e1s, subrayar que en la espiritualidad cristiana el t\u00e9rmino \u00abcaridad\u00bb no tiene el significado superficial con que corrientemente se emplea para indicar la pr\u00e1ctica de la beneficencia, aunque \u00e9sta sea uno de sus frutos, sino que quiere expresar la forma cristiana de la misericordia y del amor.<\/p>\n<p>   3. CRISTO JES\u00daS. REVELACI\u00ed\u201cN HIST\u00ed\u201cRICA DE LA CARIDAD DE Dlos &#8211; Revelador de la caridad de Dios es Cristo Jes\u00fas: \u00abEn esto se ha manifestado el amor de Dios por nosotros, en que ha mandado a su Hijo unig\u00e9nito al mundo para que nosotros vivamos por \u00e9l\u00bb (1 Jn 4,9). Este amor, iniciativa de Dios, se ha manifestado en el don de Cristo por nosotros pecadores y ha tenido su cumplimiento en la cruz: \u00abEn esto consiste su amor: No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino Dios el que nos ha amado a nosotros, y ha enviado a su Hijo como v\u00ed\u00adctima propiciatoria por nuestros pecados\u00bb (1 Jn 4,10). Escribe un exegeta: \u00abLa palabra amor requiere siempre un diccionario, y para los cristianos el diccionario es Cristo Jes\u00fas\u00bb. Esta caridad de Dios se ha revelado en un acontecimiento hist\u00f3rico: el hecho de Jesucristo, que inaugura el tiempo de la misericordia divina. Este acontecimiento hist\u00f3rico, revelaci\u00f3n \u00fanica y suficiente del amor de Dios (Rom 5,8; 8,28.31ss; Jn 3,16; 1 Jn 4,9; etc.), manifiesta tambi\u00e9n que Dios no s\u00f3lo ha amado (pasado) y ama (presente), sino que \u00abes amor\u00bb (1 Jn 4,8), por lo cual su acci\u00f3n es en el tiempo. Este acontecimiento hist\u00f3rico tiene un car\u00e1cter electivo, puesto que su Hijo unig\u00e9nito fue escogido para una misi\u00f3n particular (Me 12,6) y se funda en una perfecta correspondencia de amor entre lo que Dios piensa y decide y lo que Jes\u00fas realiza al servicio de los hombres (Jn 3,35; 5,20; 10,17; 14,31; 17,23-36). La caridad de Cristo,en efecto, se resume en su persona y en su obra. Ella nos revela el secreto de su uni\u00f3n con Dios y de su uni\u00f3n con los hombres; es el instrumento de su iniciativa salv\u00ed\u00adfica, que hace de \u00e9l, incluso hist\u00f3ricamente, el salvador del mundo.<\/p>\n<p>   4. LA CARIDAD EN LOS EVANGELIOS SIN\u00ed\u201cPTICOS &#8211; En los sin\u00f3pticos, los pasajes en los cuales se habla del amor de Dios y de la relaci\u00f3n entre Dios y el hombre y entre hombre y hombre, culminan siempre en la exhortaci\u00f3n a la misericordia y al esp\u00ed\u00adritu de reconciliaci\u00f3n. Esta misericordia de Dios se expresa en el perd\u00f3n de los pecados, que debe suscitar por parte del hombre una actitud id\u00e9ntica hacia el pr\u00f3jimo (Mt 6,12.14-15; 18,35; Le 6,37; etc.). El perd\u00f3n de nuestros semejantes es, pues, un aspecto de la caridad activa como respuesta reconocida al perd\u00f3n recibido: \u00abSi es cierto que la vida cristiana es la continuaci\u00f3n de la vida de Cristo en los cristianos, nuestra caridad no es solamente la imitaci\u00f3n de su caridad, sino, m\u00e1s profundamente, la participaci\u00f3n de esa caridad y su prolongaci\u00f3n; no podemos amar cristianamente si no es por medio de Jes\u00fas y en Jes\u00fas\u00bb. Hay que destacar la parte preponderante que tienen en el evangelio de Lucas los pobres, los desheredados y los humildes. Ellos son el objeto principal de la preocupaci\u00f3n amorosa de Jes\u00fas, el cual naci\u00f3 pobremente en un establo, en un c\u00ed\u00adrculo de israelitas de modesta condici\u00f3n. Su misi\u00f3n es \u00abevangelizar\u00bb a los pobres (4,18; 7,22): la primera bienaventuranza es para los pobres (6,20), mientras que se pronuncia un juicio severo contra los ricos (6,24-25). Varias par\u00e1bolas y ense\u00f1anzas ponen en guardia contra el peligro de las riquezas no condivididas, expresan el deber de favorecer a los pobres y los se\u00f1alan como privilegiados en la vida futura (12,13-21; 16,19-31; 19,2-10). Adem\u00e1s, es Lucas el que nos transmite la par\u00e1bola del samaritano como modelo de amor al pr\u00f3jimo (10,30-37).<\/p>\n<p>   5. LA CARIDAD EN LOS ESCRITOS DE JUAN &#8211; En los escritos de Juan \u00abel amor se concibe como una energ\u00ed\u00ada primordial de la vida, un modo de ser, una realizaci\u00f3n de Dios en este mundo\u00bb. Presentan el amor en su sentido absoluto (1 Jn 3,14.18; 4,7-8.19) y en su aspecto de amor fraterno (1 Jn 2,10; 3,10; 4,20; etc.) como el cumplimiento y el sello de autenticidad de toda la vida cristiana. Para Juan el amor es la piedra angular del reino de Cristo, que se va realizando en la crisis del mundo (Jn 3,16). Pone el acento en el amor del Padre al Hijo (Jn 3,35; 10,17), el cual es en todo y por todo el mediador del amor divino (Jn 17,23ss; 14,21ss), y subraya el amor del Hijo a aquellos que el Padre le ha dado como \u00abamigos\u00bb (Jn 15,14-15). Coronamiento y fuente de este amor es el sacrificio del Hijo, por medio del cual Dios lleva a cabo la salvaci\u00f3n del mundo (Jn 13,1). Al subrayar el car\u00e1cter activo, en Cristo, del amor de Dios, Juan insiste en el amor a los hermanos, que tiene en Cristo su modelo y su fuente (Jn 13,34; 14,15; 21,15ss). Exhorta, pues, a los hermanos al amor rec\u00ed\u00adproco (2 Jn 5-6) y a la caridad con los extra\u00f1os (3 Jn 5-6). Esta sublimaci\u00f3n del amor a los propios hermanos, para la cual es indispensable la entrega al pr\u00f3jimo a fin de vivir en la caridad de Dios (1 Jn 4,20-21), la ha puesto de manifiesto el ap\u00f3stol Juan como un eco de cuanto hab\u00ed\u00ada expresado Jes\u00fas en su discurso sobre el \u00abjuicio final\u00bb (Mt 25,31-36). Tambi\u00e9n est\u00e1 viva la preocupaci\u00f3n por una vida comunitaria concreta expresada en un servicio fraterno (1 Jn 4,21). El Apocalipsis, abierto con un himno entonado por el fiel testigo de Cristo a aquel \u00abque nos ama y nos ha lavado de nuestros pecados\u00bb, ve el amor sobre todo a la luz de la teolog\u00ed\u00ada del martirio (12,11).<\/p>\n<p>   6. LA CARIDAD EN LAS EP\u00ed\u008dSTOLAS NEOTESTAMENTARIAS &#8211; Para san Pablo la caridad es el fundamento de la realidad futura. Describe \u00e9l la nueva situaci\u00f3n creada por el acto de amor de Dios desarrollando el tema de la nueva era de la historia del mundo iniciada con Cristo (Rom 8,28.31ss). \u00abEl eterno amor de Dios, a trav\u00e9s del amor y el sacrificio de Cristo se convierte en el hecho central de la historia del mundo&#8217;. Este amor, que mira a crear al hombre nuevo, es capaz de obrar seg\u00fan el querer divino (Flp 2,13), que es querer de amor a todos (G\u00e1l 6,10; 1 Tes 4,9; Col 1,4). Pablo, en efecto, resume lo esencial de la vida de caridad en un amor que se inspira en el de Cristo \u00abmuerto por el hermano\u00bb (1 Cor 8,11-12; 11,20-34; etc.). Este amor se extiende a los enemigos, porque tiene como supuesto el amor que Dios nos ha manifestado a nosotros, que \u00e9ramos sus enemigos (Rom 5,10); manifestaci\u00f3n que el mundo llama locura, y cuyo testimonio supremo es la cruz (1 Cor 1,18-21). El don amoroso de Dios Padre, en Cristo Jes\u00fas muerto y resucitado por nosotros, supera y consuma todos sus dones precedentes; constituye la salvaci\u00f3n \u00fanica, el camino \u00fanico para una vida de comuni\u00f3n con Dios y, por tanto, para una vida aut\u00e9nticamente humana (Rom 5,12-21; G\u00e1l 3,25-29; Flp 3,2-11). Pablo evidencia tambi\u00e9n el aspecto de la caridad que consiste en \u00abno hacer mal al pr\u00f3jimo\u00bb (Rom 13,10), e insiste en que el amor es el cumplimiento de la ley (Rom 13,8-9). Tambi\u00e9n Santiago pone de relieve que el amor es la ley del nuevo reino (2,8), deduciendo de ah\u00ed\u00ad toda una serie de deberes pr\u00e1cticos: no despreciar al pobre (2,5-6), vestir a los desnudos y dar de comer a los que no tienen (2,15-16), dar al obrero su justo salario (5,1ss, etc.). En las cartas de Pedro la exhortaci\u00f3n a la caridad fraterna encuentra aplicaci\u00f3n sobre todo en relaci\u00f3n con los ultrajes a que puede verse sometido el creyente por su fidelidad a Cristo (1 Pe 3,8-9).<\/p>\n<p>   7. EL HIMNO DE SAN PABLO A LA CARIDAD &#8211; La din\u00e1mica de la caridad, que asume aspectos diversos seg\u00fan las circunstancias en que act\u00faa y las situaciones en que somos llamados a vivir, la expresa con fuerza Pablo en 1 Cor 13. En este himno se afirma que, sin la caridad, incluso los m\u00e1s altos valores de la vida cristiana pierden su mordiente y est\u00e1n privados de autenticidad (vv. 1-3). Al abordar el aspecto de la caridad en sus aplicaciones concretas, subraya que no es s\u00f3lo un modo activo de ser (vv. 4-7), sino tambi\u00e9n un modo activo de no ser (vv. 5-6). Al proclamar su car\u00e1cter permanente y su triunfo incluso frente a aquellos dones carism\u00e1ticos que constituyen tantas veces el orgullo de la Iglesia y de los creyentes (vv. 8-10), opone a nuestra visi\u00f3n imperfecta de Dios justamente el conocimiento de amor (vv. 11-13). Barth ha escrito que el mejor modo de comprender la noci\u00f3n de caridad expresada en este himno paulino es sustituir el t\u00e9rmino \u00abcaridad\u00bb por el nombre de Jesucristo&#8217;. Debemos observar, sin embargo, que el Ap\u00f3stol, al anteponer a su himno las palabras: \u00abYo os voy a mostrar un camino muy superior\u00bb (12,31), ha querido indicarnos un camino que es necesario recorrer precisamente a imitaci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>   V. Caracter\u00ed\u00adsticas cristianas de la caridad<br \/>\n   Si quisi\u00e9ramos expresar en una sola idea lo que distingue profundamente ala caridad cristiana de la filantrop\u00ed\u00ada del humanismo pagano o de la benevolencia de las grandes religiones no cristianas, sobre todo del budismo, el cual destaca entre ellas por sus elevadas ense\u00f1anzas sobre el amor, podr\u00ed\u00adamos decir que su caracter\u00ed\u00adstica distintiva es Cristo. Es \u00e9l su fuente, su centro y su fin: \u00abA trav\u00e9s de su fe en Cristo y de su comuni\u00f3n viviente con \u00e9l, el cristiano est\u00e1 en condiciones de amar a los hombres como Cristo mismo los am\u00f3 y sigue am\u00e1ndolos a\u00fan\u00bb&#8216;. Ahora bien, precisamente de la riqueza de la caridad que es Cristo y que est\u00e1 en Cristo brotan peculiaridades propias de la caridad cristiana. S\u00f3lo expondremos algunas.<\/p>\n<p>   1. LA CARIDAD EN RELACI\u00ed\u201cN CON LAS OTRAS VIRTUDES TEOLOGALES &#8211; Es propio del mensaje neotestamentario haber establecido la fe, la esperanza y la caridad en su indisoluble unidad como las realidades fundamentales de la vida cristiana. Si la esperanza es abrirse a Dios (1 Pe 1,3) y la fe apropiarse las cosas esperadas (Heb 11,1), la caridad es vivir las realidades de la esperanza lo mismo que las de la fe: \u00abLa caridad&#8230; lo cree todo, todo lo espera\u00bb (1 Cor 13,7). Si la vida cristiana forma un todo indisoluble y original, es porque cada una de estas virtudes se completa rec\u00ed\u00adprocamente y la una no puede subsistir sin la otra. Podr\u00ed\u00adamos decir que si la caridad es el punto culminante de la vida cristiana, la fe es su soporte indispensable, y la esperanza, su anticipaci\u00f3n. Antes de las certezas de la fe y de las armon\u00ed\u00adas del amor, la esperanza es la manifestaci\u00f3n de la posibilidad de creer y de amar. Pero la esperanza cristiana, a diferencia de las esperanzas humanas, desemboca no en una conclusi\u00f3n, sino en un principio: es la aurora de una plenitud que se realizar\u00e1. Si la fe \u00abobra por medio de la caridad\u00bb (G\u00e1l 5,6), la esperanza en la esfera cristiana no puede ser nunca ego\u00ed\u00adsta, porque se espera lo que se espera tambi\u00e9n para los otros (2 Cor 1,7). La esperanza obra por medio de la caridad, porque no es posible amar al pr\u00f3jimo sin esperar con \u00e9l y por \u00e9l. Y no podemos amar verdaderamente si no nos anima la fe. Pero la fe y la esperanza, estrechamente ligadas a nuestra vida terrena, entran en la eternidad asumiendo la forma de la caridad. El cumplimiento de todas las cosas es la caridad (1 Cor 13,13). \u00abEn Dios mismo&#8230; no hay fe ni esperanza, sino solamente amor. La fe y la esperanza son mayores que los otros dones espirituales&#8230;; pero por encima de ellas est\u00e1 el amor como expresi\u00f3n de la eterna y perfecta comuni\u00f3n de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>   2. CAR\u00ed\u0081CTER UNIVERSAL DE LA CARIDAD &#8211; La caridad se dirige a todos los hombres. Rechaza como una tentaci\u00f3n de parcialidad la idea misma de una elecci\u00f3n, de una preferencia y, mucho m\u00e1s, de una exclusi\u00f3n. Es para todos, como para todos es la luz del sol que Dios, a manera de reflejo de su amor, hace salir \u00absobre buenos y malos\u00bb, lo mismo que hace \u00abllover sobre justos e injustos\u00bb (Mt 5,45). La caridad es por su naturaleza universal, pues Dios ama a todos y, en su amor paterno, nos hace uno con \u00e9l: \u00abTodos vosotros sois hermanos\u00bb (Mt 23,8). Se distingue del amor humanamente entendido porque \u00e9ste es por su naturaleza limitativo y posesivo, mientras que la caridad tiene como caracter\u00ed\u00adstica la universalidad: Jes\u00fas \u00absuprime para siempre la restricci\u00f3n del amor al pr\u00f3jimo limitado a los connacionales y lo concentra en los humildes y los menesterosos; hace de una cuesti\u00f3n jur\u00ed\u00addica controvertida (\u00bfqui\u00e9n es mi pr\u00f3jimo?) una cuesti\u00f3n de coraz\u00f3n; y de modo tan categ\u00f3rico, que excluye reservas y excepciones\u00bb\u00bb. Esta universalidad, perfecta en Dios, puede convertirse para el hombre en astucia sutil, evasi\u00f3n y generalizaci\u00f3n, por las cuales, manifestando el deseo de amar a todos, no se ama concretamente a nadie. El criterio de la \u00abprojimidad\u00bb tiene, pues, un sentido pr\u00e1ctico. En la sobreabundancia de su riqueza natural, la caridad dirigida a todos se dirige tambi\u00e9n a cada uno: familiares, conciudadanos, pertenecientes al mismo n\u00facleo social o religioso: \u00abHagamos el bien a todos, y especialmente a los hermanos en la fe\u00bb (G\u00e1l 6,10). Pues la caridad no es sentimiento vago, sino compromiso concreto.<\/p>\n<p>   3. LA CARIDAD, MEDIO DE CONOCIMIENTO &#8211; Siendo la caridad un camino que viene de Dios y que va a Dios, es el camino del verdadero conocimiento (1 Jn 4,7-14). Centro focal del conocimiento es la iniciativa divina de nuestra salvaci\u00f3n, que no se funda ya en el criterio de la justicia, sino de la justificaci\u00f3n, o sea, del amor y la misericordia (Ef 2,4-10). Nosotros no podemos alcanzar toda su plenitud y perfecci\u00f3n; pero Dios nos hace capaces de \u00abcomprender con todos los santos cu\u00e1l es la anchura, la longitud, la altura y adem\u00e1s la profundidad, y conocer el amor de Cristo que sobrepuja todo conocimiento, a fin de que se\u00e1is llenos de toda plenitud de Dios\u00bb (Ef 3,18-19). Este conocimiento consiste ante todo en conseguir la verdad que est\u00e1 en Cristo Jes\u00fas: \u00abYo soy la verdad\u00bb (Jn 14,6) y en regocijarse con ella por medio de la caridad: \u00abLa caridad&#8230; se alegra de la verdad\u00bb (1 Cor 13,6). Seguir \u00abla verdad en la caridad\u00bb significa no dejarse llevar \u00abpor ning\u00fan viento de doctrina\u00bb, sino crecer \u00aben el amor de todas las cosas hacia el que es la cabeza, Cristo\u00bb (Ef 4,14-15). La caridad \u00abes el lazo de la perfecci\u00f3n\u00bb (Col 3,14) no s\u00f3lo en el aspecto \u00e9tico, sino tambi\u00e9n en el cognoscitivo, puesto que la caridad orienta y juzga el verdadero conocimiento: \u00abLa ciencia hincha, mas la caridad edifica\u00bb (1 Cor 8,1). En efecto, el conocimiento sin amor llena de s\u00ed\u00ad mismo y puede ser motivo tambi\u00e9n de esc\u00e1ndalo (1 Cor 8,11-12), mientras que el conocimiento orientado por la caridad nos pone en condiciones de encontrar al pr\u00f3jimo en su efectiva realidad haci\u00e9ndonos todo para todos (1 Cor 9,19-22). Un conocimiento sin amor, una doctrina sin caridad, una ortodoxia glacial no tienen valor alguno ante Dios (1 Cor 13,1-2). Puesto que en el lenguaje b\u00ed\u00adblico \u00abconocer\u00bb no es s\u00f3lo observar, saber, sino sobre todo encontrar, participar, es evidente que en el plano de las relaciones humanas amar supone conocer y que no es posible un verdadero conocimiento sin amar.<\/p>\n<p>   4. LA CARIDAD COMO REALIDAD CREADORA &#8211; La caridad, elemento fundamental de todos los aspectos de la vida cristiana, es tambi\u00e9n su realidad creadora y el principio fecundante de la misma. Donde ella est\u00e1 ausente, se vuelven est\u00e9riles todos los aspectos de la vida cristiana; donde ella suscita nuestro obrar e inspira nuestro hablar, un soplo de autenticidad penetra cuanto decimos y hacemos. La caridad es potencia creadora porque dimana de Dios creador, el cual hizo buenas todas las cosas (G\u00e9n 1,4.12,18.21.25.31), expresando desde el momento creador un fin amoroso. Cuando \u00abla creaci\u00f3n fue sometida a la vanidad\u00bb (Rom 8,20) a causa del pecado, la intervenci\u00f3n de Dios en Cristo Jes\u00fas se convirti\u00f3 en el centro de una renovaci\u00f3n total de todo el cosmos (Col 1,20) y en el punto de partida de una nueva creaci\u00f3n (2 Cor 5,17). En \u00e9l, a trav\u00e9s de la cruz, se ha realizado para todo el mundo el plan reconciliador de Dios (2 Cor 5,19). La caridad es creadora en orden a la vida eterna (Mt 10,42; Mc 9,41), a la verdadera libertad (G\u00e1l 5,13-14); lo es de la alegr\u00ed\u00ada (He 20,35), porque es plenitud de armon\u00ed\u00ada incluso en nosotros mismos (Jn 16,22); lo es respecto a la justicia, pero superando el concepto legalista de la misma: la justicia da a cada uno lo suyo, mientras que la caridad da tambi\u00e9n de lo propio (Mt 20,1-16). Si la caridad es poder creador de un orden nuevo en el entramado social, lo es de modo particular para la comunidad de los creyentes: \u00abEn esto reconocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00ed\u00adpulos, si os am\u00e1is unos a otros\u00bb (Jn 13,35). Lo recordaba Pablo VI en su alocuci\u00f3n a una parroquia de la periferia romana: \u00ab\u00bfC\u00f3mo se llama esta fuerza cohesiva apta para mantener unido el cuerpo parroquial, el cuerpo eclesi\u00e1stico, la humanidad deseosa de estar unida? Todos lo saben: se llama la caridad. Es la gran ley constitutiva de la Iglesia\u00bb 12.<\/p>\n<p>   VI. La caridad, principio activo de vida espiritual<br \/>\n   La caridad no es una sabia relaci\u00f3n de equilibrio entre nosotros y los dem\u00e1s. Por inspirarse en la caridad de Cristo (Jn 13,34-35), es m\u00e1s exigente y m\u00e1s generosa. Arroja en nuestro coraz\u00f3n todo el sufrimiento del mundo y bajo el asalto de esta marea dolorosa rompe las resistencias de nuestro ego\u00ed\u00adsmo, revel\u00e1ndonos que existimos para amar como el mundo existe para ser amado: \u00abEl amor est\u00e1 por encima de todo otro bien&#8230; Es generoso; hace emprender cosas grandes e incita a todo lo que hay de m\u00e1s perfecto y mejor en los cielos y en la tierra, porque el amor ha nacido de Dios y no puede aquietarse sino con el mismo Dios&#8230; El que ama corre, vuela y se alegra; es libre; nada le detiene, nada le pesa, nada le cuesta; intenta m\u00e1s de lo que puede; no considera nada imposible, porque todo lo cree posible y licito. Por eso lo puede todo y realiza muchas cosas en las cuales el que no ama desfallece y cae\u00bb (1mit. de Cristo, III, 5). Se trata. pues, de un principio activo de vida espiritual que tiene su origen en la acci\u00f3n preveniente de Dios (Jn 15,16; Rom 5,8).<\/p>\n<p>   1. CARIDAD Y ACCI\u00ed\u201cN CARITATIVA &#8211; La caridad cristiana no se agota en la asc\u00e9tica, en la m\u00ed\u00adstica o en las devociones, sino que se realiza en la \u00abcaritas\u00bb, que es la forma suprema de la actividad delcristiano, determinando su dinamismo, que ha de realizarse en el terreno concreto de la acci\u00f3n caritativa. Es una actitud del esp\u00ed\u00adritu que expresa su realidad transform\u00e1ndose en acci\u00f3n: \u00abAm\u00e9monos no de palabra ni de lengua, sino con obras y de verdad\u00bb (1 Jn 3,18). De esta acci\u00f3n caritativa se nos dan algunos ejemplos pr\u00e1cticos: \u00abEl que tenga dos t\u00fanicas reparta con el que no tiene ninguna, y el que tiene alimentos, que haga igual\u00bb (Lc 3,11); \u00abDa a quien te pida; y no vuelvas la espalda al que desea que le prestes algo\u00bb (Mt 5,42); \u00abCuando des un banquete invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos\u00bb (Lc 14,13); etc. En todo caso, hay formas caritativas que, en apariencia, son el equivalente del amor; pero, al no estar suscitadas por un genuino esp\u00ed\u00adritu de caridad, le son extra\u00f1as (1 Cor 13,3). La caridad supone no s\u00f3lo una victoria sobre nuestro ego\u00ed\u00adsmo, sino tambi\u00e9n un ejercicio de humildad. La filantrop\u00ed\u00ada puede ocultar tambi\u00e9n un ego\u00ed\u00adsmo refinado. Puede brotar no de la preocupaci\u00f3n por el bien de la persona a que se dirige, sino del deseo, aunque sea inconsciente, de recibir alabanza por ello: \u00abCuando des limosna, no toques la trompeta delante de ti, como hacen los hip\u00f3critas&#8230; para que los hombres los alaben&#8230; T\u00fa, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha\u00bb (Mt 6,2-3). Tambi\u00e9n puede ser que, como en el episodio de Anan\u00ed\u00adas y Safira (He 5,1-11), est\u00e9 dictada por una b\u00fasqueda del propio inter\u00e9s. El esp\u00ed\u00adritu de caridad, al inspirarse en la caridad de Dios que nos ha amado como somos, debe expresarse en la capacidad de separar al hombre del mal que ha cometido o que sigue cometiendo (Rom 5,7-8). Nuestra caridad debe ser, pues, instrumento para devolver al hombre a s\u00ed\u00ad mismo; para descubrirlo como Dios quiere que sea, ayud\u00e1ndole a serlo. Puesto que nuestra respuesta a la caridad de Cristo debe expresarse acogiendo la acci\u00f3n de su gracia, estamos llamados tambi\u00e9n a manifestar esp\u00ed\u00adritu de caridad no s\u00f3lo sabiendo dar, sino igualmente sabiendo recibir.<\/p>\n<p>   2. LA CARIDAD. SUPERACI\u00ed\u201cN DE LA ANT\u00ed\u008dTESIS FE-OBRAS &#8211; La ant\u00ed\u00adtesis fe-obras, objeto frecuente de controversias teol\u00f3gicas y de disputas entre las varias confesiones cristianas, no s\u00f3lo queda superada, sino tambi\u00e9n disipada con una recta concepci\u00f3n de la caridad (Sant2,18). La fe no es s\u00f3lo firme certeza de las promesas divinas, sino asentimiento a una vida nueva que tiene su fuente en Cristo, y asentimiento a la creaci\u00f3n en nosotros de una vida que brota de la suya y que san Pablo define \u00abla fe que obra por medio de la caridad\u00bb (G\u00e1l 5,6): Si la fe no depende de las obras, porque las precede, a trav\u00e9s de ellas es como se manifiesta su autenticidad: \u00abHermanos, \u00bfde qu\u00e9 le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras? \u00bfAcaso podr\u00e1 salvarle la fe?\u00bb (Sant 2,14). No puede, porque \u00abla fe, sin las obras, est\u00e1 muerta\u00bb (Sant 2,26). Y estas obras son las obras del amor (Sant 2,15-16). \u00abEs Dios quien nos salva. Pero nuestras obras, el comportamiento de una vida renovada por Dios, indican que la salvaci\u00f3n de Dios ha bajado a nosotros, que hemos entrado en un nuevo d\u00ed\u00ada, el d\u00ed\u00ada de Jesucristo. Sin este signo de las obras buenas, estaremos todav\u00ed\u00ada sumidos en las tinieblas del pecados 13,<br \/>\n   3. CARIDAD Y ACCI\u00ed\u201cN DEL ESP\u00ed\u008dRITU SANTO &#8211; Siendo la caridad la manifestaci\u00f3n m\u00e1s alta de Dios y el don m\u00e1s sublime otorgado al hombre, se la puede comprender y resultar operante donde obra el Esp\u00ed\u00adritu Santo. El ap\u00f3stol Pablo afirma que \u00abel amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo que nos ha sido dado\u00bb (Rom 5,5). Su fuerza no es, pues, la de los hombres, sino la potencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, del cual es fruto: \u00abEl fruto del Esp\u00ed\u00adritu es: caridad, alegr\u00ed\u00ada, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia\u00bb (G\u00e1l 5,22-23). El singular indica que se trata de un fruto \u00fanico, del cual todas las virtudes enumeradas no son m\u00e1s que su extensi\u00f3n o desarrollo: el fruto del amor. El Ap\u00f3stol habla tambi\u00e9n de \u00abamor del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Rom 15,30) y de \u00abcaridad en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Col 1,8). Nuestra participaci\u00f3n en la \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n entre el Padre y el Hijo est\u00e1 sellada y garantizada por el don del Esp\u00ed\u00adritu (2 Cor 1,21-22), mediante el cual se difunde en nuestros corazones el amor de Dios (Rom 5,5). El Esp\u00ed\u00adritu es el que atestigua, juntamente con nuestro esp\u00ed\u00adritu, que somos hijos de Dios (Rom 8,17), haci\u00e9ndonos comprender la realidad del amor de Dios y permiti\u00e9ndonos asimilar los mandamientos de amor para vivirlos y vivir de ellos.<\/p>\n<p>   4. CARIDAD Y PERFECCI\u00ed\u201cN CRISTIANA &#8211; El mandamiento de Jes\u00fas: \u00abSed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb (Mt 5,48), se nos aparece tambi\u00e9n, con la luminosidad de horizontes que abre ante el creyente, entre los m\u00e1s desconcertantes, poni\u00e9ndonos delante nada menos que el ejemplo de Dios. \u00bfQu\u00e9 perfecci\u00f3n es, pues, \u00e9sta? Ciertamente no se trata de imitar las perfecciones metaf\u00ed\u00adsicas de Dios, lo cual trasciende nuestra condici\u00f3n de criaturas. Se trata de imitar la perfecci\u00f3n moral del amor de Dios, \u00abque hace nacer el sol sobre buenos y malos\u00bb (Mt 5,45), o sea, aquella inmensa benevolencia hacia los hombres que encuentra eco en el mandamiento: \u00abSed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso\u00bb (Lc 6,36). Se trata de imitar la perfecci\u00f3n que se ha revelado en la encarnaci\u00f3n y en la cruz, a saber, la perfecci\u00f3n del amor que se da. Es obvio que el mandamiento no se dirige al hombre natural, sino a la nueva criatura, que en cuanto tal est\u00e1 llamada a recorrer \u00abun camino muy superior\u00bb (1 Cor 12,31). En los tiempos apost\u00f3licos, la nueva fe encendida por Cristo entre los hombres era llamada \u00abel camino\u00bb o el \u00abnuevo camino\u00bb (He 9,2), lo cual sugiere la idea de un camino que recorrer y una meta que alcanzar. El camino es \u00abvivir en el amor\u00bb (Ef 5,2), y la meta comprender \u00abcu\u00e1l es la anchura, la longitud, la altura y adem\u00e1s la profundidad, y conocer el amor de Cristo\u00bb (Ef 3,18-19), a fin de que \u00abel amor (de Dios) en nosotros sea perfecto\u00bb (1 Jn 4,12). La caridad, pues, no es s\u00f3lo una virtud que realizar, sino un camino que recorrer; un itinerario espiritual por el cual, bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo, podemos acercarnos a Dios y a sus perfecciones morales. El ap\u00f3stol Pedro, exhortando a practicar las virtudes cristianas, afirma: \u00ab(Mostrad) en la paciencia piedad, en la piedad amor fraterno, en el amor fraterno caridad\u00bb (2 Pe 1,6-7). Y el ap\u00f3stol Pablo, despu\u00e9s de haber hablado de algunos signos de la vida nueva que el creyente realiza en Cristo (benignidad, humildad, bondad, soportarse rec\u00ed\u00adprocamente, perd\u00f3n), concluye: \u00abPero ante todo revest\u00ed\u00ados de caridad, que es el lazo de la perfecci\u00f3n\u00bb (Col 3,14). La escuela agustiniana, al poner en la caridad la base de la espiritualidad, la articula en \u00abcaridad deseosa\u00bb, o sea, anhelante de adaptarse al Ser supremo; \u00abcaridad ascendente\u00bb, que nos conduce gradualmente a las cimas de la perfecci\u00f3n; \u00abcaridad combatiente\u00bb, que contrasta las inclinaciones malas; y, finalmente, \u00abcaridad generante\u00bb, que, partiendo de la premisa de la caridad con Dios alimentada por la oraci\u00f3n, la humildad y el recogimiento, indica como signo de madurez espiritual la caridad con el pr\u00f3jimo. Se trata de la posibilidad de referirnos al T\u00fa divino para transferir este T\u00fa al t\u00fa de nuestro pr\u00f3jimo. As\u00ed\u00ad la perfecci\u00f3n cristiana en la caridad se convierte en imitaci\u00f3n de Cristo (2 Cor 8,9) e identificaci\u00f3n de Cristo con nuestro pr\u00f3jimo (Mt 25,35-40). Este es el camino grato a Dios como \u00abofrenda de suave olor\u00bb(Fip 4,18). Esta maduraci\u00f3n espiritual en la caridad es indispensable no s\u00f3lo para la vida del creyente, sino tambi\u00e9n para la de la Iglesia: \u00abSi la fe y la caridad son los principios de su vida (de la Iglesia), est\u00e1 claro que no se debe descuidar nada para dar a la fe gozosa seguridad y alimento nuevo, a fin de hacer eficaz la iniciaci\u00f3n y la pedagog\u00ed\u00ada cristiana indispensable para este fin; un estudio m\u00e1s asiduo y el culto m\u00e1s devoto de la palabra de Dios ser\u00e1n ciertamente fundamento de esta renovaci\u00f3n. Y la educaci\u00f3n en la caridad tendr\u00e1 sucesivamente el puesto de honor; habremos de anhelar la ecclesia caritatis, si queremos que est\u00e9 en condiciones de renovarse profundamente y de renovar al mundo que la rodea; tarea inmensa, incluso porque, como es sabido, la caridad es la reina y la ra\u00ed\u00adz de las otras virtudes cristianas: la humildad, la pobreza, la religiosidad, el coraje de la verdad y el amor de la justicia y de toda otra forma operativa del hombre nuevo\u00bb 14<br \/>\n   VII. La caridad en la inculturacl\u00f3n eclesial de hoy<br \/>\n   El hombre moderno parece que desea cada vez m\u00e1s tener el mundo en sus manos: lo ampl\u00ed\u00ada, lo domina, lo plasma en el plano f\u00ed\u00adsico, ps\u00ed\u00adquico y social. Sin embargo, es un mundo que da la impresi\u00f3n de querer prescindir de la soberan\u00ed\u00ada redentora y liberadora de Cristo, sin la cual no puede realizarse nada permanentemente v\u00e1lido y sustancialmente beneficioso (Mt 28,20). Cometido de la Iglesia es fermentarlo con la caridad.<\/p>\n<p>   1. LA CARIDAD, SIGNO DE CREDIBILIDAD DEL MENSAJE CRISTIANO &#8211; No somos nosotros quienes podemos hacer cre\u00ed\u00adble el mensaje cristiano; es Cristo, \u00abpoder y sabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb (1 Cor 1,24). Pero s\u00ed\u00adestamos llamados a hacer cre\u00ed\u00adble nuestra fe y el testimonio que de ella damos, vivi\u00e9ndola en la pr\u00e1ctica del amor (Jn 13,35; He 4,3). En la oraci\u00f3n sacerdotal de Jes\u00fas hay una referencia expl\u00ed\u00adcita a la necesidad de dar un signo bien preciso para que el mundo crea: ser \u00abperfectos en la unidad\u00bb (Jn 17,23). Y ello tiene un supuesto: \u00abComo T\u00fa, Padre, en m\u00ed\u00ad, y yo en Ti, que tambi\u00e9n ellos sean una sola cosa en Nosotros, para que crea el mundo que T\u00fa me enviaste\u00bb (Jn 17,21). Es un itinerario de amor bien preciso: del Padre al Hijo, del Hijo a nosotros y de nosotros a nuestro pr\u00f3jimo. Es una f\u00e1cil deformaci\u00f3n concebir el amor de Dios como dirigido exclusivamente a nosotros. La caridad es verdaderamente tal y signo para el mundo cuando provoca el descubrimiento de un \u00abt\u00fa\u00bb que entra en nosotros para hacernos salir de nosotros mismos. Requiere, pues, una doble conversi\u00f3n: a Dios y al pr\u00f3jimo. En este sentido, la caridad hace cre\u00ed\u00adble al mundo el mensaje cristiano, siendo en el mundo el signo del reino de Dios que viene: \u00abLa caridad es Dios entre nosotros; es la vida que \u00e9l quiere de nosotros, el impulso ascensional que nos lleva a \u00e9l y hace de nuestra experiencia en la sociedad la experiencia del amor a \u00e9l. Y hasta donde ella se realiza, se actualiza en el mundo el reino de Dios. La sociedad dirigida por la caridad es el reino de Dios en la tierra&#8217;.<\/p>\n<p>   2. LA CARIDAD EN EL CONTEXTO SOCIOL\u00ed\u201cGICO DE NUESTRO TIEMPO &#8211; El principio de la caridad es particularmente necesario en un tiempo en el que la humanidad se muestra sensible a los problemas sociales, tanto para inspirarlos como para evitar que se solucionen en una direcci\u00f3n \u00fanica. La \u00e9tica social moderna intenta resolver estos problemas no ya, o simplemente, en t\u00e9rminos de filantrop\u00ed\u00ada o de transferencia de bienes materiales, sino en t\u00e9rminos de mutaci\u00f3n de estructuras que creen una justicia nueva y nuevas relaciones humanas. Se trata, incluso inconscientemente, de traducir a t\u00e9rminos actuales el precepto evang\u00e9lico \u00abtodos vosotros sois hermanos\u00bb (Mt 23,8). La Iglesia, que en el curso de los siglos ha sido suscitadora e inspiradora de obras caritativas que han aliviado sufrimientos y miserias de todo g\u00e9nero, est\u00e1 descubriendo hoy su propia responsabilidad en un \u00e1mbito m\u00e1s vasto que el del socorro. V\u00e9anse, por ejemplo, las enc\u00ed\u00adclicas Pacem in terris y Mater et magistra, la lucha mantenida por el Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias contra el racismo, la evocaci\u00f3n de la \u00abiglesia de los pobres\u00bb, el problema de la \u00abpromoci\u00f3n humana\u00bb, que, en Cristo vivificador, muestran la preocupaci\u00f3n por permitirle al hombre acceder a una nueva dimensi\u00f3n, confiri\u00e9ndole su verdadera dignidad. Las iglesias de Am\u00e9rica Latina hablan a este respecto de \u00abespiritualidad del desarrollo\u00bb, refiri\u00e9ndose con esta expresi\u00f3n a una espiritualidad capaz de alimentar al cristianismo en su esfuerzo social y econ\u00f3mico para el desarrollo de los recursos de este mundo. Y ello, a fin de permitir a todos los hombres tener no s\u00f3lo pan suficiente, sino dignidad humana y despertar psicol\u00f3gico. Pero el evangelio no es un tratado de \u00e9tica social; es un principio de vida fundado en el amor. Lo cual no quita que sea posible sacar de \u00e9l algunas ense\u00f1anzas espec\u00ed\u00adficas para una \u00e9tica social que sepa inspirarse en \u00e9l. Hay, por ejemplo, referencias precisas sobre los derechos y los deberes del trabajador (1 Tes 4,11: 2 Tes 3,10.12; 2 Tim 2,16; Sant 5,4). No se nos dice nada sobre la manera de afrontar y conducir la lucha por la promoci\u00f3n humana; pero en el precepto de amar tambi\u00e9n al enemigo (Mt 5,44-47; Lc 6,27-35) se nos da al respecto una orientaci\u00f3n precisa. En un r\u00e9gimen de odio, de avaricia, de despiadada competencia a todos los niveles, que empuja al hombre a vivir en una atm\u00f3sfera de miedo: miedo al hambre, al desempleo, a los abusos, a la violencia, nos llega el mensaje del amor, que \u00abdesecha el temor\u00bb (1 Jn 4,18). En las justas aspiraciones a la libertad se nos recuerda que no se trata s\u00f3lo de un derecho de nuestra parte, sino tambi\u00e9n de un deber ante los otros (1 Cor 8,9; 9,19; G\u00e1l 5,13; 1 Pe 2,16). En las luchas por la justicia se nos recuerda que la caridad no la sustituye, sino que la supera (Mt 20,15). La caridad, en efecto, no se vuelve est\u00e9ril con c\u00e1lculos de \u00abdar\u00bb y \u00abtener\u00bb; no se deja condicionar por las modas corrientes de pensamiento y de costumbres, sino que transforma la justicia legalista en justicia justificante, es decir, capaz de perd\u00f3n (Lc 6,37; Ef 4,32). Saber perdonar es el acto de caridad que necesitan todas las luchas sociales, incluso las m\u00e1s justas, si no quieren desmentir su matriz cristiana.<\/p>\n<p>   3. LA CARIDAD, ELEMENTO PRIMARIO PARA EL DI\u00ed\u0081LOGO &#8211; El di\u00e1logo, exigencia acentuada en una sociedad pluralista, lleva a una colisi\u00f3n, en vez de a un encuentro, si est\u00e1 ausente el esp\u00ed\u00adritu de caridad. Jes\u00fas, encarnaci\u00f3n del amor, representa el restablecimiento del di\u00e1logo entre Dios y el hombre. Su ministerio terreno es un testimonio de su pedagog\u00ed\u00ada del di\u00e1logo (Mt 7,1-10; 15,21-28; 19,18-21; Mc 8,27-33; Lc 10,23-37; Jn 3,1-10; 4,7-26, etc.). El di\u00e1logo no es encuentro de personas que piensan del mismo modo. Incluso comienza necesariamente con el enfrentamiento de dos personalidades (individuales o colectivas), que tienen un pasado, prejuicios y tradiciones, formaci\u00f3n cultural y espiritual diversas y una visi\u00f3n distinta de la sociedad y de la fe. Di\u00e1logo no es nivelaci\u00f3n, sino enriquecimiento rec\u00ed\u00adproco. No s\u00f3lo tomar conciencia de lo que une, sino tambi\u00e9n de lo que divide, respet\u00e1ndolo. Renunciar a la instrumentalizaci\u00f3n de las posiciones ajenas para hacer triunfar las nuestras. Todo esto requiere esp\u00ed\u00adritu de caridad; pues s\u00f3lo la caridad permite superar las viejas barreras hist\u00f3ricas, sociales, culturales, \u00e9tnicas y religiosas (G\u00e1l 3,27-29; Rom 3,22-23; etc.). El di\u00e1logo entre creyentes y entre las iglesias es constructivo s\u00f3lo cuando se atiene a la ense\u00f1anza paulina sobre la caridad, la cual \u00abes paciente, es servicial, no es envidiosa, no se pavonea, no se engr\u00ed\u00ade, no ofende, no busca el propio inter\u00e9s, no se irrita, no toma en cuenta el mal\u00bb (1 Cor 13,4-5). Con este esp\u00ed\u00adritu, aprendamos a ser disc\u00ed\u00adpulos antes que maestros, a comprender antes de juzgar, a valorar antes de rechazar, a tener en cuenta el pasado antes de hacer hip\u00f3tesis sobre el futuro. En el di\u00e1logo con el mundo, el Vat. II ha puesto de manifiesto el deber de la Iglesia de estar atenta no s\u00f3lo a dar, sino tambi\u00e9n a recibir. El ecumenismo, que es una nueva dimensi\u00f3n de la vida de la Iglesia, se funda, respira, avanza en la atm\u00f3sfera de la caridad, seg\u00fan la inspirada f\u00f3rmula agustiniana; en las cosas esenciales la unidad, en las secundarias libertad, en todo la caridad.<\/p>\n<p>   Notas-(&#8216;) H. Bolkestein, Wohit\u00e1tigkeit und Armenpflege, Utrecht 1939, 231-235.-(&#8216;) Majihima Nikaja, 1, 129; cf R. Grousset, Sur les traces de Bouddha.-(&#8216;) H. De Lubac, Aspect du bouddhisrne, Par\u00ed\u00ads 1951, 1, 49.-(&#8216;) A. M. Hunter, The Gospel according to St. Paul, Londres 1966, 109.-(&#8216;) AA. VV., Teolog\u00ed\u00ada e storia della carita, Ed. Caritas, Roma 1965, 34.-(\u00c2\u00b0) E. Staulfer en GLNT, 1, 141.-(&#8216;) Ib,130.-(\u00c2\u00b0) K. Barth, Dogmatique, Labor et Fides, Ginebra, 1, 2, 120.-(\u00c2\u00b0) M. Riquet, La carita di Cristo in atto, Ed. Paoline, Catania 1962, 21.-(10) H. D. Wendland, Die Briefe an die Korinter, Gotinga 1948, 82.-(\u00ab) E. Stauffer, o. c. (nota 6), 1, 121.-e&#8217;) Del discurso de Pablo VI en la parroquia de Casalbertone (Roma), en \u00abOsservatore Romano\u00bb, 26-3-1964.-(\u00ab) E. Thurneysen, La foi et les oeuvres, Delachaux-Niestl\u00e9, Neuch\u00e1tel, 89.-(\u00ab) Del dicurso de Pablo VI en la apertura de la 11 ses. del Vat. II, en \u00abOsservatore Romano\u00bb, 30\/9-1\/10-1963.-(\u00ab) 1. Giordani, La carita e la vita sociale en o. c. (nota 5). 290.<\/p>\n<p>   BIBL.-AA. VV., Caridad y vida cristiana, Apostolado Prensa, Madrid 1973.-Ancel, A, Caridad aut\u00e9ntica y otras cuestiones, Descl\u00e9e, Bilbao 1966.-Cabodevilla, J. M, Carta de la caridad. Fechada en liorna, Vaticano II, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1967.-Carretto, C, Lo que importa es amar, Paulinas. Madrid 1974.-Guardini, R, El servicio al pr\u00f3jimo en peligro, Guadarrama, Madrid 1960.-Heyer, G, Caridad, Argos-Vergara, Barcelona 1979.-Laurentin, R. El amor y sus disfraces, Paulinas, Madrid 1970.-Lebrel, L.-J, Dimensiones de la caridad, Herder. Barcelona 1961.-Ram\u00ed\u00adrez, S, La esencia de la caridad, San Esteban, Salamanca 1978.-Spicq, C, Agape en el Nuevo Testamento: an\u00e1lisis de textos, Cares, Madrid 1977.-Vieujean, J, Para vivir en el amor, Descl\u00e9e, Bilbao 1971.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p><div><span lang=\"es\">V\u00e9ase <\/span><i><span lang=\"es\">Amor<\/span><\/i><span lang=\"es\">.<\/span><\/div>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es la tercera y m\u00e1s importante de las virtudes Divinas enumeradas por San Pablo (1 Cor, 13,13),  usualmente  llamada caridad y es definida como:   h\u00e1bito divinamente infundido, inclinaci\u00f3n de la voluntad del hombre a amar a Dios por S\u00ed mismo sobre todas las cosas y al hombre por el amor a Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La definici\u00f3n realza las caracter\u00edsticas principales de la caridad:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)  Su origen, por infusi\u00f3n divina:   \u201cel amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que nos ha sido dado.\u201d (Rom. 5,5). Es, por lo tanto, distinto de y superior a la inclinaci\u00f3n innata o el h\u00e1bito adquirido de amar a Dios en el orden natural.  Los te\u00f3logos  (v. Teolog\u00eda) concuerdan al decir  que es infundida  junto con la gracia santificante, con la cual est\u00e1 \u00edntimamente relacionada ya sea por identidad real, como algunos sostienen o, de acuerdo a una idea m\u00e1s com\u00fan, por medio de una emanaci\u00f3n connatural.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2)  Su morada es la voluntad humana. Aunque a veces la caridad es intensamente emocional y frecuentemente reacciona sobre nuestras facultades sensoriales, reside propiamente en la voluntad racional, un hecho que no deben olvidar  aquellos que la hacen una virtud imposible.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Su acto espec\u00edfico, es decir, el amor de benevolencia y amistad. Amar a Dios es desearle todo honor, gloria y todo bien; y esforzarnos, en la medida que podemos, obtenerlo para \u00c9l. San Juan (14,23; 15,14) enfatiza el rasgo de reciprocidad que hace de la caridad una aut\u00e9ntica amistad del hombre con Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4) Su motivo, es decir, la bondad Divina o amabilidad tomada absolutamente y como dada a conocer a nosotros por la fe. No importa si esa bondad es vista en uno, o varios, o todos los atributos Divinos, sino que en todos los casos, nos debemos adherir a ella, no como una fuente de ayuda o premio o felicidad para nosotros mismos, sino como un bien en s\u00ed mismo, infinitamente  (v. infinito) merecedor de nuestro amor, en este \u00fanico sentido, Dios es amado por S\u00ed mismo.  Sin embargo, la distinci\u00f3n de los dos amores: concupiscencia, la cual incita la esperanza; y benevolencia, la cual anima la caridad, no deben ser forzadas a un tipo de exclusi\u00f3n mutua, pues la Iglesia ha condenado repetidamente cualquier intento por desacreditar las obras de la esperanza cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(5) Su alcance:   Es decir, ambos, Dios y el hombre. Mientras solo Dios es todo amable, puesto que como todos los hombres, por gracia y gloria, ya sea que realmente comparten o al menos son capaces de compartir la bondad divina, se deduce que el amor sobrenatural (. orden sobrenatural) m\u00e1s bien los incluye que excluye, de acuerdo a Mateo 22,39 y Lucas 10,27. Por lo tanto, una y la misma virtud de la caridad concluyen en ambos, Dios y el hombre, en Dios principalmente y en el hombre secundariamente.\n<\/p>\n<h2>El amor de Dios<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El  deber supremo  de amar a Dios est\u00e1 concisamente expresado en Deut. 6,5; Mt. 22,37; y Lc. 10, 27.     Es bastante obvio  el car\u00e1cter imperativo de las palabras \u201cDeber\u00e1s\u201d.   Inocencio XI  (Denzinger, n\u00fams. 1155-57) declara que el precepto no est\u00e1 cumplido por un acto de caridad realizado una vez en la vida, o cada cinco a\u00f1os, o en las muy indefinidas ocasiones cuando la justificaci\u00f3n no  se puede conseguir de otra forma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los moralistas apremian  la obligaci\u00f3n al comienzo de la vida moral cuando la raz\u00f3n ha logrado su desarrollo total; en el momento de la muerte; y de tiempo en tiempo durante la vida, no siendo ni posible ni necesario un c\u00e1lculo exacto dado que el h\u00e1bito cristiano de la oraci\u00f3n diaria seguramente cubre la obligaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La violaci\u00f3n del precepto es generalmente negativa, es decir, por omisi\u00f3n o indirecta, es decir, impl\u00edcita en cada falta grave; sin embargo, hay pecados directamente opuestos al amor de Dios: la pereza espiritual, al menos cuando conlleva una aborrecimiento  voluntario a los  bienes espirituales, y el odio a Dios, ya sea como abominaci\u00f3n a Sus leyes restrictivas y punitivas o una aversi\u00f3n a Su Sagrada Persona. (v. pereza, odio).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los requisitos de  \u201ccon todo tu coraz\u00f3n, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas\u201d no significan un m\u00e1ximo en intensidad, porque la intensidad de una acci\u00f3n nunca cae bajo su mandato; y mucho menos implican la necesidad de experimentar un amor m\u00e1s sensible por Dios que por las criaturas, porque las criaturas visibles, aunque imperfectas,   atraen nuestra sensibilidad mucho m\u00e1s que Dios invisible.  Su verdadero significado es que, tanto en nuestra apreciaci\u00f3n mental como en nuestra decisi\u00f3n voluntaria, Dios debe estar por sobre todo el resto, sin exceptuar padre o madre, hijo o hija (Mt. 10,37).   Santo Tom\u00e1s  (II-II, Q. XLIV, a. 5) asign\u00f3 un significado especial a cada una de las cuatro frases b\u00edblicas; otros, con mayor raz\u00f3n, toman la oraci\u00f3n completa en su sentido acumulativo y ven en ella el prop\u00f3sito, no s\u00f3lo de elevar la caridad sobre el bajo materialismo de los saduceos o el ritualismo  oficial de los fariseos, sino tambi\u00e9n declarando que \u201camar a Dios sobre todas las cosas es  asegurar la santidad de toda nuestra vida.\u201d (Le Camus, \u00abVie de Notre-Seigneur Jesus-Christ\u00bb, III, 81.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amor a Dios es incluso mas que un precepto que ata  la conciencia humana; es tambi\u00e9n, como observa Le Camus, \u201cel principio y meta de la perfecci\u00f3n moral.\u201d<br \/>\nComo el principio de perfecci\u00f3n moral en el orden sobrenatural, con la fe como fundamento y la esperanza como incentivo, el amor a Dios ocupa el primer lugar entre los medios de salvaci\u00f3n que los te\u00f3logos llaman necesario   \u201cnecesitate medii\u201d.   Al establecer  que \u201cla caridad no acaba nunca\u201d (1 Cor. 13,8), San Pablo da a entender claramente  que no hay diferencia de clase, sino s\u00f3lo de grado, entre la caridad aqu\u00ed abajo y la gloria all\u00e1 arriba; como consecuencia, el amor Divino, se torna en un comienzo  necesario de aquella vida semejante a  la de Dios que alcanza su plenitud s\u00f3lo en el Cielo.  La necesidad de la caridad habitual se infiere de su intima comuni\u00f3n con la gracia santificante. La necesidad de la caridad verdadera  no es menos evidente.   Fuera de los casos de recepci\u00f3n real en el bautismo, la penitencia,  o la extremaunci\u00f3n donde el amor de caridad por un  acto especial de la voluntad  de Dios, admite atrici\u00f3n como substituto, todos los adultos la necesitan, seg\u00fan  1  Jn.  3,14: \u201cquien no ama permanece en la  muerte\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como el objetivo de la perfecci\u00f3n moral, siempre en el orden sobrenatural, el amor a Dios es llamado \u201cel mas importante y el primero de los mandamientos\u201d (Mt. 22,38), \u201cel fin del mandamiento\u201d (1 Tim. 1,5), \u201cel v\u00ednculo  de la perfecci\u00f3n\u201d (Col. 3,14.)   Se yergue  como el factor m\u00e1s importante en las dos fases principales de nuestra vida espiritual:   la  justificaci\u00f3n y la adquisici\u00f3n de m\u00e9ritos. El poder justificante de la caridad,  tan bien expresado en Lc. 7, 47 y en  1 Ped. 4,8,  no ha sido de modo alguno abolido o reducido por la instituci\u00f3n de los Sacramentos del bautismo y penitencia, como medios necesarios de rehabilitaci\u00f3n moral; s\u00f3lo se ha hecho  para incluir una buena disposici\u00f3n de recibir estos sacramentos donde y cuando sea posible.  Su  poder meritorio, enfatizado por San Pablo (Rom. 8, 28) cubre ambos,  los actos producidos o los  ordenados  por caridad.  San Agust\u00edn (De laudibus quartets) llama a la caridad  la \u201cvida de las virtudes\u201d   (vita virtutum); y Santo Tom\u00e1s (II-II, Q. 8), \u201cla forma de las virtudes\u201d (forma virtutum.)   Lo que significa que las otras virtudes, aunque poseen un valor real propio, derivan una m\u00e1s fresca y  mayor  excelencia de su uni\u00f3n con la caridad, la cual, alcanzando directamente a Dios, ordena todas nuestras acciones virtuosas hacia  \u00c9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto  a la forma y grado de influencia que la caridad debe ejercer sobre nuestras acciones virtuosas, para hacerlas meritorias del  cielo, los te\u00f3logos est\u00e1n lejos de ponerse de acuerdo, algunos sostienen que se requiere s\u00f3lo el  estado de gracia, o caridad habitual; otros insisten sobre la m\u00e1s o menos frecuente renovaci\u00f3n de los distintos actos de amor divino.  Por supuesto,  el poder meritorio de la caridad es, como la virtud misma, susceptible de crecimiento indefinido. Santo Tom\u00e1s (II-II, Q. XXIV, 24 a. 4 y 8) menciona tres etapas  principales:   (1) liberarse del  pecado mortal a trav\u00e9s de la tenaz resistencia frente a la tentaci\u00f3n,<br \/>\n(2)  evadir los pecados veniales deliberados por la asidua pr\u00e1ctica de la virtud, (3) uni\u00f3n con Dios a trav\u00e9s de la repetici\u00f3n frecuente  de actos de amor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A \u00e9stos, escritores asc\u00e9ticos como Alvarez de Paz, Santa Teresa, San Francisco de Sales, agregan muchos m\u00e1s grados, anticipando as\u00ed  aun  en este mundo las \u201cmuchas mansiones en la casa del Padre\u201d.  Sin embargo, las prerrogativas de la caridad no deben ser  interpretadas de forma que incluyan  la inadmisibilidad.   Lo dicho por  San Juan (1 Jn. 3,6) \u201cQuien permanece en El (en Dios), no peca\u201d, significa ciertamente la especial permanencia de la caridad principalmente en sus grados mas altos, pero no es garant\u00eda absoluta contra la posibilidad de perderla; mientras el habito infundido nunca es disminuido por el pecado venial, una sola falta grave es suficiente para destruirla  y terminar as\u00ed la uni\u00f3n y amistad del hombre con Dios.\n<\/p>\n<h2>El amor  al hombre<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras la caridad abarca  a todos los hijos de Dios en el cielo, en la tierra y en el purgatorio (v.  Comuni\u00f3n de los Santos), aqu\u00ed es considerado como el amor sobrenatural del hombre hacia  el hombre en este mundo; como tal, incluye tanto el amor a s\u00ed mismo como el amor al pr\u00f3jimo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.1.   Amor a s\u00ed mismo:    San Gregorio el Grande (Hom. XIII en Evang.) se opone a  la expresi\u00f3n \u201ccaridad hacia uno mismo\u201d argumentando que la caridad requiere dos t\u00e9rminos, y San Agust\u00edn (De bono viduitatis, XXI) comenta que no es necesario ning\u00fan mandamiento que ordene al hombre  amarse  a s\u00ed mismo. Obviamente, la objeci\u00f3n de San Gregorio es puramente gramatical; la observaci\u00f3n de San Agust\u00edn se aplica al amor propio natural.   De hecho, el precepto del amor sobrenatural a s\u00ed mismo no es solamente posible o necesario, sino  tambi\u00e9n claramente contenido en el mandato de Cristo  de amar a nuestro pr\u00f3jimo como a nosotros mismos.   Sin embargo, su obligaci\u00f3n afecta vagamente sobre  la salvaci\u00f3n de nuestra alma. (Mat., 16,26), la adquisici\u00f3n de los m\u00e9ritos (Mt. 6,19ss), el uso cristiano del cuerpo (Rom. 6,13; 1 Cor. 6,19; Col., 3.5) y dif\u00edcilmente puede reducirse a puntos pr\u00e1cticos que no hayan sido ya cubiertos por preceptos mas espec\u00edficos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.2   Amor al Pr\u00f3jimo.   La idea cristiana de amor fraternal, comparado al concepto pagano (v. paganismo) o jud\u00edo (v. juda\u00edsmo), ha sido tocada en otras partes.  (v. Caridad y Caridades).  Brevemente, su rasgo distintivo, como tambi\u00e9n su superioridad, se encuentra menos  en sus mandamientos o prohibiciones, o incluso en sus resultados, que  en el motivo que impulsa sus  leyes y prepara sus logros. El fiel cumplimiento del \u201cnuevo mandamiento\u201d es llamado el criterio del verdadero discipulado cristiano (Jn. 13,34ss.), el criterio por el cual seremos juzgados (Mt. 25,34ss.), la mejor prueba que amamos a Dios Mismo (1 Jn. 3,10) y el cumplimiento de toda la ley (Gal. 5,14) porque, viendo al pr\u00f3jimo en Dios y a trav\u00e9s de Dios, tiene el mismo valor que el amor a Dios. La expresi\u00f3n \u201camar al pr\u00f3jimo por el amor a Dios\u201d significa que nos elevamos por sobre la  consideraci\u00f3n de una mera solidaridad natural  y el sentido fraternal, a una visi\u00f3n m\u00e1s elevada de nuestra com\u00fan adopci\u00f3n sobrenatural y herencia celestial; s\u00f3lo en ese sentido nuestro amor fraternal puede llevarnos cerca del amor que Cristo tuvo por nosotros (Jn. 13,35) y  una especie de identidad moral entre Cristo y el pr\u00f3jimo (Mt. 13,50).   De este elevado motivo la universalidad de la caridad fraternal sigue como consecuencia necesaria. Quienquiera que vea en su pr\u00f3jimo, no las peculiaridades humanas, sino los dones y privilegios de Dios, ya no podr\u00e1 restringir su amor a miembros de la familia, o correligionarios, o conciudadanos, o extranjeros dentro de las fronteras (Lev. 19,34), sino que necesitar\u00e1 extenderla sin distinci\u00f3n de jud\u00edo o gentil (Rom. 10,12), a todas las unidades de la especie humana, a todos socialmente marginados (Lc. 10,33ss.), e incluso a los enemigos (Mt. 5,23ss). Muy en\u00e9rgica es la lecci\u00f3n donde Cristo llama a sus oyentes a reconocer, en el muy menospreciado samaritano (v. Samaria), al verdadero tipo de pr\u00f3jimo y verdaderamente nuevo es el mandato a trav\u00e9s del cual \u00c9l nos impela a perdonar a nuestros enemigos, reconciliarnos con ellos, asistirlos y amarlos.  El ejercicio de la caridad podr\u00eda r\u00e1pidamente transformarse en imprudente e inoperante a no ser que haya en ella, como en todas las virtudes morales, un orden bien definido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ordo caritatis, como lo catalogan los te\u00f3logos, posiblemente de una errada interpretaci\u00f3n al Latin de Cant., II, 4 (ordinavit in me charitatem), toma en consideraci\u00f3n los siguientes tres factores diferentes:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. las [pe[rsonas]] que reclaman nuestro amor,<br \/>\n2. las ventajas que deseamos procurarles y,<br \/>\n3. la necesidad en la que son ubicadas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo anterior es lo suficientemente simple cuando estos factores son considerados en forma separada. Considerando solo a las personas el orden es de alg\u00fan modo como sigue: s\u00ed mismo, esposa, ni\u00f1os, padres, hermanos y hermanas, amigos, dom\u00e9sticos, vecinos, paisanos y todos los dem\u00e1s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Considerando los bienes en s\u00ed mismos existe un orden triple:<br \/>\n1. los bienes espirituales m\u00e1s importantes en relaci\u00f3n a la salvaci\u00f3n del alma, deben ser los primeros que deben despertar nuestro af\u00e1n; luego<br \/>\n2. los bienes intr\u00ednsecos y naturales del alma y el cuerpo, como la vida, la salud, el conocimiento, la libertad, etc.;<br \/>\n3. finalmente, los bienes extr\u00ednsecos como la reputaci\u00f3n, la riqueza, etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Considerando aparte los varios tipos de necesidades, el siguiente orden obtendr\u00eda:<br \/>\n1. primero, extrema necesidad, all\u00ed donde un hombre est\u00e9 en peligro de condenaci\u00f3n, o de muerte, o de p\u00e9rdida de otros bienes de m\u00e1s o menos igual importancia y no puede hacer nada por ayudarse;<br \/>\n2. Segundo, necesidad grave, cuando alguien est\u00e9 en peligro similar puede salir de ella solo por esfuerzos heroicos;<br \/>\n3. tercero, necesidad com\u00fan, tales como aquellas que afectan a pecadores ordinarios o limosneros que pueden ayudarse a s\u00ed mismos, sin gran dificultad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando los tres factores se combinan, surgen reglas complicadas, la principal de ellas, son estas:<br \/>\n1. El amor de complacencia y el amor de beneficencia no siguen el mismo criterio, el primero guiado por el m\u00e9rito, y el \u00faltimo por la cercan\u00eda y necesidad del pr\u00f3jimo.<br \/>\n2. Nuestra salvaci\u00f3n personal es la que debe ser preferida por sobre todas. Nunca somos justificados de cometer ni el mas m\u00ednimo pecado por el amor a nadie o a nada, tampoco debemos exponernos a peligro espiritual excepto en algunos casos con tal precauci\u00f3n de estar en lo moralmente correcto y con la garant\u00eda de la protecci\u00f3n de Dios.<br \/>\n3. Estamos obligados a socorrer a nuestro pr\u00f3jimo en extrema necesidad espiritual incluso aunque nos cueste nuestra vida. Una obligaci\u00f3n que, sin embargo supone la certeza de la necesidad de nuestro pr\u00f3jimo y la efectividad de nuestro servicio a \u00e9l.<br \/>\n4. Excepto en muy raros casos descritos m\u00e1s arriba, no estamos obligados a arriesgar nuestra vida o miembros por el pr\u00f3jimo, sino solo de padecer la cantidad de inconvenientes que son justificados por la necesidad y cercan\u00eda al pr\u00f3jimo. Los casuistas no concuerdan respecto a lo correcto de dar nuestra propia vida por otra vida de igual importancia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">TANQUEREY, De virtute caritatis en Synopsis Theologiae Moralis, II (New York, 1906), 426; SLATER, A Manual of Moral Theology, I (New York, 1909), 179 sqq.; BATIFFOL, L&#8217;Enseignement de J\u00e9sus (Paris 1905); NORTHCOTE, The Bond of Perfection (London, 1907); GAFFRE, La Loi d&#8217;Amour (Paris, 1908); DE SALES, Trait\u00e9 de l&#8217;amour de Dieu; PESCH Praelectiones Dogmaticae, VIII (Freiburg im Br., 1898), 226 sqq.; DUBLANCHY in Dict. de Th\u00e9ol. Cath. s. v. Charit\u00e9, con una exhaustiva bibliograf\u00eda de te\u00f3logos y m\u00edsticos que han tratado esta materia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luc\u00eda Lessan.  Revisado y corregido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00ed\u0081gape,\u00bb compartir, amor, \u00abdarse\u00bb; Jes\u00fas en la cruz es amor. Dios es Caridad. 1Jn 4:8, 1Jn 4:16. y nos ama tanto que nos da el cuerpo, el aire, el sol. todo. y nos am\u00f3 tanto que. Jua 3:16. 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