{"id":7942,"date":"2016-02-05T04:14:42","date_gmt":"2016-02-05T09:14:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/concupiscencia\/"},"modified":"2016-02-05T04:14:42","modified_gmt":"2016-02-05T09:14:42","slug":"concupiscencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/concupiscencia\/","title":{"rendered":"CONCUPISCENCIA"},"content":{"rendered":"<p>v. Apetito, Deseo, Pasi\u00f3n, Placer<br \/>\nRom 6:12 de modo que le obedezc\u00e1is en sus c<br \/>\n1Th 4:5 no en pasi\u00f3n de c, como los gentiles<br \/>\nTit 3:3 extraviados, esclavos de c y deleites<br \/>\nJam 1:14 cuando de su propia c es atra\u00eddo y<br \/>\n1Pe 4:2 para no vivir .. conforme a las c de los<br \/>\n2Pe 1:4 la corrupci\u00f3n que hay .. a causa de la c<br \/>\n2Pe 2:18 hablando .. seducen con c de la carne<\/p>\n<hr>\n<p>Apetito desordenado de placeres. Dios aborrece ese pecado, y es raz\u00f3n de nuestras tentaciones: Mat 5:28, Mar 4:19, Luc 4:38, Stg 1:14, Rom 6:12, 1 Ts.4; 5, Tit 3:3.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino griego epithumia se traduce como \u2020\u0153deseos\u2020\u009d (Rom 13:14; Efe 2:3), pero siempre con la idea de exageraci\u00f3n en ese sentimiento o inclinaci\u00f3n. Cuando el Se\u00f1or Jes\u00fas dice: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Cu\u00e1nto he deseado comer esta pascua con vosotros antes que padezca!\u2020\u009d est\u00e1 usando esa misma palabra (epithumia =cu\u00e1nto he deseado [Luc 22:15]). Pero mayormente la palabra es utilizada para se\u00f1alar la inclinaci\u00f3n al mal de nuestra naturaleza ca\u00ed\u00adda, que produce apetencias, codicia ileg\u00ed\u00adtima, deseos exagerados, recurrentes, desordenados, vehementes y siempre pecaminosos. As\u00ed\u00ad, los hombres viven \u2020\u0153en la c. de sus corazones\u2020\u009d (Rom 1:24), pero los creyentes no deben obedecer las c. del pecado en sus cuerpos mortales (Rom 6:14; 1Pe 4:2-3).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>vet, Una codicia ileg\u00ed\u00adtima y desordenada (Ro. 1:24; 6:12; 1 Ts. 4:5; Stg. 1:14, 15; 1 P. 4:2, 3; 2 P. 1:4; 2:10, 18; 3:3).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[301]<br \/>\n   Tendencia de la naturaleza hacia lo que agrada a los sentidos, incluso aunque no sea conforma a la raz\u00f3n o a la voluntad de Dios. Se identifica este concepto con el deseo hacia el placer sensorial, no s\u00f3lo sexual, pero tambi\u00e9n responde al af\u00e1n de poseer, de dominar, de sobresalir y a cuantos movimientos desordenados se escapan del sereno control de la voluntad.<\/p>\n<p>    En la Sagrada Escritura se habla a veces de esa tendencia al desorden \u00e9tico mediante el goce hed\u00f3nico. No se describe con el verbo latino \u00abconcupiscere\u00bb, desear, sino que en el Antiguo Testamento se recoge con el verbo \u00ab\u00e4w\u00e4\u00bb (Ex. 20.17; Prov. 6. 25), que indica desear algo que no est\u00e1 bien; y en el Nuevo Testamento se usa el t\u00e9rmino griego \u00abepizumia\u00bb (Rom. 1.24-32; Gal 5.16-26; San. 1.14; 1 Jn. 2. 15-17), el cual se traduce por deseo de la carne, inclinaci\u00f3n natural, af\u00e1n de placer, que son formas de expresar esa inclinaci\u00f3n que conduce al pecado.<\/p>\n<p>    La asc\u00e9tica cristiana suele relacionar la concupiscencia con el pecado original y el desorden introducido por el alejamiento de Dios desde la infidelidad primera al plan de Dios en el Para\u00ed\u00adso. En esa creencia se basa la necesidad de luchar contra las propias inclinaciones.<\/p>\n<p>    A esas pasiones de la concupiscencia se las llama \u00abconcupiscibles\u00bb o tranquilas, pues buscan el placer sin m\u00e1s. Y a las que suscitan reacciones agresivas se las denomina \u00abirascibles\u00bb o violentas. En ambas, la persuasi\u00f3n de que algo (la concupiscencia) en nosotros nos lleva al mal es la base de la lucha asc\u00e9tica.<\/p>\n<p>    Pero no es f\u00e1cil en ambos casos diferenciar perfectamente lo que es tendencia del hombre conforme con su naturaleza animal: instintos de conservaci\u00f3n, de defensa, de reproducci\u00f3n, de posesi\u00f3n; y lo que realmente es desajuste de la naturaleza: pasi\u00f3n de envidia, avaricia, lujuria, ira, etc. Por eso no es f\u00e1cil por raz\u00f3n detectar lo que es bueno y lo que es malo, aunque la experiencia \u00ed\u00adntima bien lo discierne.<\/p>\n<p>    La llamada carta I del Ap\u00f3stol Juan condensa las malas inclinaciones en las tres concupiscencias (epizumia): \u00abla concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia (alathoneia) de la vida.\u00bb (1 Juan 2. 15-17)<\/p>\n<p>    Sea lo que sea de la identidad de la concupiscencia, lo importante en educaci\u00f3n es cultivar la recta raz\u00f3n y la libertad de la voluntad para obrar conforme al ideal cristiano y no conforme a la inclinaci\u00f3n natural, como puede actuar cualquier animal irracional. Para eso est\u00e1 la virtud, que es h\u00e1bito de bien obrar, y la conciencia, que es capacidad de juzgar la bondad o malicia de los actos.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. castidad, sexualidad, vicios capitales)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La concupiscencia puede ser el apetito desordenado de placeres carnales (Mt 5,28) o el deseo ambicioso y seductor de bienes terrenos (Mc 4,19). San Juan distingue tres clases de concupiscencia: la de la carne, la de los ojos y la jactancia de las riquezas (1 Jn 2,16).<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>Del lat\u00ed\u00adn concupiscere (desear ardientemente, ansiar), este t\u00e9rmino indica el deseo intenso de conseguir algo agradable o de un bien (tanto real como aparente). Seg\u00fan la Escritura, est\u00e1 siempre presente en la vida del hombre y tiene de suyo un car\u00e1cter ambivalente, aunque no puede negarse que se la presenta sobre todo en su significado negativo de inclinaci\u00f3n al mal. Los autores sagrados no refieren la concupiscencia s\u00f3lo a la esfera sexual, sino a diversas situaciones humanas.<\/p>\n<p>A lo largo de la historia del pensamiento teol\u00f3gico se dan dos orientaciones de fondo en la comprensi\u00f3n de la concupiscencia: la primera, fuertemente influida por el helenismo, hace remontar la concupiscencia a la conflictividad entre el esp\u00ed\u00adritu y la materia que est\u00e1 presente en el hombre; a pesar de estar orientado hacia el bien y la verdad, el esp\u00ed\u00adritu del hombre est\u00e1 fuertemente condicionado por la tendencia a las cosas sensibles y al placer.<\/p>\n<p>en esta perspectiva, la concupiscencia se configura como \u00abun conjunto de inclinaciones espont\u00e1neas e irracionales\u00bb (M. Flick &#8211; Z. Alszeghv), que se escapa del control de la razon o que puede conducir al hombre a lo que la raz\u00f3n misma juzga que no es verdadero o bueno. La segunda orientaci\u00f3n concibe la concupiscencia como la deficiencia o el debilitamiento de la capacidad de dirigirse con equilibrio y decisi\u00f3n hacia el bien o hacia los fines justos; no debe entenderse como una inclinaci\u00f3n natural al mal o al bien limitado, sino como un signo de la falta de armon\u00ed\u00ada que es \u00abconsecuencia de la debilidad de la raz\u00f3n y de la voluntad libre, que no logran someter a las fuerzas inferiores, sino que incluso se ven absorbidas por ellas\u00bb (M. Flick &#8211; Z. Alszeghy).<\/p>\n<p>Sobre la relaci\u00f3n entre la concupiscencia y el pecado original, mientras que Agust\u00ed\u00adn establece una especie de equivalencia entre las dos realidades, Tom\u00e1s de Aquino afirma que es consecuencia del pecado original, que es \u00abla pasi\u00f3n sostenida por un fuerte deseo\u00bb y aunque no es necesariamente negativa y o mala, en la actual condici\u00f3n de la humanidad se configura sobre todo como impulso hacia el mal y no hacia el bien: \u00abLa concupiscencia es desordenada -se\u00f1ala el Ang\u00e9lico- en cuanto que contrasta con la raz\u00f3n inclinando hacia el mal o suscitando dificultades para el bien\u00bb.<\/p>\n<p>En el pensamiento luterano se niega todo posible aspecto \u00abpositivo\u00bb o \u00abnatural\u00bb de la concupiscencia; en el ser humano, cuya naturaleza ha quedado \u00bb tremendamente arruinada \u00bb (Lutero), la concupiscencia se concibe como pecado fundamental que, a partir de Ad\u00e1n, est\u00e1 presente en todos los hombres, en los que permanece incluso despu\u00e9s del bautismo.<\/p>\n<p>El concilio de Trento, en contra de la concepci\u00f3n luterana, afirma que la concupiscencia permanece ciertamente en los hombres redimidos, inclin\u00e1ndolos al pecado; por eso hay que combatir contra ella, pero sin confundirla con el pecado mismo, mientras el hombre no siga sus impulsos (cf. DS 1515).<\/p>\n<p>Cuando en 1567 p\u00ed\u00ado Y conden\u00f3 algunas proposiciones de Miguel Bayo (.71 bayanismo), afirm\u00f3 entre otras cosas que el hombre pudo haber sido creado por Dios tambi\u00e9n con concupiscencia; de esto se deduce que la concupiscencia no es de suyo negativa.<\/p>\n<p>Precisamente esta \u00faltima afirmaci\u00f3n del Magisterio puede constituir la base para una valoraci\u00f3n equilibrada de la concupiscencia. Si se la entiende como desequilibrio o como impulso que el hombre prueba hacia el bien aparente o hacia valores y fines relativos y no absolutos, no se la puede considerar como algo que pertenezca necesariamente a la condici\u00f3n humana; tampoco se la puede considerar solamente en un sentido negativo, es decir, unida exclusivamente con el pecado.<\/p>\n<p>La concupiscencia debe considerarse ante todo en relaci\u00f3n con la condici\u00f3n singular de sujeto encamado, que quiso el Creador para el hombre: precisamente como tal, est\u00e1 llamado a ejercer su propia responsabilidad, procurando ante todo reconstruir fatigosamente el equilibrio y la armon\u00ed\u00ada perdidos, sin renunciar a priori a aquellos elementos de su personalidad que m\u00e1s f\u00e1cilmente podr\u00ed\u00adan orientarse hacia fines realmente buenos. En el ejercicio de la responsabilidad y en el esfuerzo por construirse a s\u00ed\u00ad mismo, las propias \u00abpasiones \u00bb pueden tener una funci\u00f3n positiva.<\/p>\n<p>Como ense\u00f1a Tom\u00e1s de Aquino, la vida moral alcanza su cima cuando todo el hombre se orienta hacia el bien; escribe: \u00abEntra dentro de la perfecci\u00f3n misma del bien moral que el hombre se dedique a \u00e9l no s\u00f3lo con su esfuerzo volitivo, sino tambi\u00e9n con el sensitivo\u00bb. Pero esto requiere equilibrio, madurez, realismo. Las \u00abpasiones\u00bb pueden realmente obstaculizar el camino de maduraci\u00f3n y de perfecci\u00f3n del hombre, bien sea impidiendo la decisi\u00f3n justa, bien confundiendo a la inteligencia en el reconocimiento de la verdad, o bien frenando el impulso de la voluntad hacia el bien aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>G. M. Salvati<\/p>\n<p>Bibl.: K. Rahner Sobre el concepto teol\u00f3gico de concupiscencia. en Escritos de teolog\u00ed\u00ada, Taurus, Madrid 1961, 379-416; M. Flick &#8211; Z.<\/p>\n<p>Alszeg.hy, El pecado original, Barcelona 1961 : 1d., El hombre bajo el signo del pecado, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972: J B. Metz, Concupiscencia, en CFT 1, 255-264<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>La c. es un dato fundamental de la antropolog\u00ed\u00ada cristiana. P-sta entiende al hombre como ser dotado de fuerza meramente finita, pero orientado hacia lo infinito, de modo que por constituci\u00f3n lleva en s\u00ed\u00ad mismo un factor de contradicci\u00f3n y de tensi\u00f3n (entre esencia y existencia, entre -> naturaleza y persona). Pero la antropolog\u00ed\u00ada cristiana sabe tambi\u00e9n que este ser se halla bajo las consecuencias del pecado (-> pecado original, &#8211;> pecado y culpa) y por tanto vive en una profunda escisi\u00f3n. El hecho de esa escisi\u00f3n es tan accesible y familiar a la experiencia universal del hombre, que juega su papel en las filosof\u00ed\u00adas m\u00e1s antit\u00e9ticas (p. ej., en el -> marxismo y en el &#8211;> existencialismo), aun cuando su explicaci\u00f3n y fundamentaci\u00f3n sean totalmente diversas. Sin embargo, la concepci\u00f3n cristiana de la c. debe trazarse partiendo, no de una definici\u00f3n puramente metaf\u00ed\u00adsica del hombre, sino de la historia de la acci\u00f3n de Dios en la humanidad.<\/p>\n<p>Ya en el AT, dentro del contexto de las manifestaciones de la conciencia humana de pecado, aparece la idea de un poder que determina negativamente al hombre en el orden moral, poder que es considerado como un apetito interno, el cual, si bien no es formalmente pecado en s\u00ed\u00ad mismo, estimula sin embargo a contradecir a Dios (G\u00e9n 8, 21; Jer 17, 9 ). En la literatura sapiencial esta idea se desenvuelve en la representaci\u00f3n del \u00abinstinto malo\u00bb (Eclo 15, 14), que en el rabinismo llega a presentarse como una magnitud demon\u00ed\u00adaca. La mala inclinaci\u00f3n, que no es deducida todav\u00ed\u00ada de una culpa general, no va inherente a la vida corporal y sensible en cuanto tal, sino, de acuerdo con la antropolog\u00ed\u00ada unitaria de los jud\u00ed\u00ados, al hombre en su totalidad.<\/p>\n<p>Tampoco en el NT se llega a establecer una ant\u00ed\u00adtesis entre el apetito sensible y el esp\u00ed\u00adritu. Aun cuando Pablo se vale en ocasiones de un lenguaje dualista, emparentado con el helenismo, el deseo (\u00e9treeu~tta) que se manifiesta en el orden de la \u00abcarne\u00bb (a\u00bbpE), es para \u00e9l expresi\u00f3n del orgullo imp\u00ed\u00ado del hombre entero frente al poder redentor del nveGi,ac. As\u00ed\u00ad, por una parte lo corporal y sensible queda libre de todo desprecio, y por otra parte no se excluye que el mal deseo se manifieste particularmente en el \u00e1mbito vital de lo sensible (G\u00e1l 5, 13ss; Ef 2, 3 ). Pero si el hombre entero en su constituci\u00f3n terrena aparece como sujeto del apetito, \u00e9ste adquiere de hecho una fuerza mucho mayor que si se redujera al campo de lo sensible. Ante esa acentuaci\u00f3n del car\u00e1cter antidivino de la c., ten\u00ed\u00ada que pasar a segundo t\u00e9rmino la idea de su \u00abcondici\u00f3n natural\u00bb y de su posible funci\u00f3n positiva en la realizaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n humana. Y, sin embargo, en el reconocimiento de la existencia de la c. aun en los redimidos (Rom 7, 5; 8, 8; 13, 14; G\u00e1l 5, 24), as\u00ed\u00ad como en el hecho de deducirla del pecado de Ad\u00e1n en el plano de la historia de la salvaci\u00f3n (Rom 7, 8), germinalmente hab\u00ed\u00ada pensamientos que llegar\u00ed\u00adan a plantear la cuesti\u00f3n sobre la relaci\u00f3n de la c. con la naturaleza humana como tal (estados del &#8211;> hombre) y sobre su forma concreta de realizarse.<\/p>\n<p>En la patr\u00ed\u00adstica, bajo el influjo de la psicolog\u00ed\u00ada estoica y del &#8211;> dualismo plat\u00f3nico, la concepci\u00f3n unitaria de la Biblia qued\u00f3 suplantada por una acentuaci\u00f3n unilateral de la realidad sensible y corp\u00f3rea. Sin embargo, Agust\u00ed\u00adn, p. ej., conoce todav\u00ed\u00ada la concepci\u00f3n unitaria cuando designa la cupiditas como la aspiraci\u00f3n ego\u00ed\u00adsta del esp\u00ed\u00adritu a lo que est\u00e1 fuera de Dios, concepci\u00f3n que form\u00f3 una l\u00ed\u00adnea tradicional hasta la edad media (Bernardo de Claraval). En los padres se mantuvo viva la cuesti\u00f3n que acabamos de indicar en el sentido de que, la libertad de la c. atribuida al hombre en su estado natural, fue considerada siempre como un don preternatural de la gracia y, consecuentemente, la c. fue entendida en s\u00ed\u00ad misma como una consecuencia natural de la estructura esencial del hombre, de modo que tambi\u00e9n habr\u00ed\u00ada existido en el status naturae purae, te\u00f3ricamente posible. De todos modos, frente al -> pelagianismo, se afirm\u00f3 tambi\u00e9n que en la c. no se trata de un vigor naturae, sino de un defecto de la naturaleza misma.<\/p>\n<p>Si el concilio de Trento declar\u00f3, en contradicci\u00f3n aparente con esta concepci\u00f3n \u00abnatural\u00bb, que la c. \u00abprocede del pecado e incita al pecado\u00bb (Dz 792), hemos de advertir c\u00f3mo sus palabras se hallan encuadradas en una perspectiva hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica, en la cual la forma concreta de la c. se presenta en estrecha dependiera del pecado. Pero, como quiera que, aun dentro de esa forma desarrollada con suma intensidad en la historia de la salvaci\u00f3n, la c. tiene como presupeusto una estructura natural, es posible seguir afirmando esta estructura natural y, con ello, tambi\u00e9n cierta ambivalencia \u00e9tica de la misma. Lo cual permite una valoraci\u00f3n positiva de los actos espont\u00e1neos del apetito para la propia realizaci\u00f3n personal y una rehabilitaci\u00f3n general de la \u00absensibilidad\u00bb humana. Y, sin embargo, en la \u00abcondici\u00f3n natural\u00bb hemos de ver solamente un elemento formal o estructural de la c., el cual no llega a su plenitud material m\u00e1s que en virtud de la tendencia desencadenada por el pecado. Esta tendencia s\u00f3lo es comprendida rectamente si la c. se entiende como un dinamismo, dirigido contra lo \u00absobrenatural\u00bb, del hombre que se afirma a s\u00ed\u00ad mismo en forma absoluta. Solamente as\u00ed\u00ad adquiere la c. su sello caracter\u00ed\u00adstico en la presente situaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, el matiz de la oposici\u00f3n del hombre que se halla bajo la acci\u00f3n del pecado a su destinaci\u00f3n \u00absobrenatural\u00bb, a su orientaci\u00f3n hacia lo infinito. De esa manera la c. se convierte en un &#8211;> \u00abexistencial negativo\u00bb, que estrangula al hombre en lo relativo a su consumaci\u00f3n, la cual es natural y sobrenatural a la vez.<\/p>\n<p>Este aspecto total de la c., que parte de la resistencia contra el orden sobrenatural, incluye tambi\u00e9n una consecuencia de orden natural, en virtud de la cual el aspecto negativo de la c. se manifiesta en todo el orden natural del hombre (no s\u00f3lo en la esfera sensible). Efectivamente, cuando la existencia dirigida al \u00faltimo fin sobrenatural se opone a \u00e9l y trata de encerrarse en s\u00ed\u00ad misma, origina una frustraci\u00f3n de su consumaci\u00f3n definitiva y, con ello, a la vez un efecto destructivo de la c. en el orden natural del hombre entero. Por aqu\u00ed\u00ad se ofrece la posibilidad de comprender tambi\u00e9n la c. como tendencia natural a la destrucci\u00f3n, de entenderla en su dinamismo negativo contra los diversos fines naturales del hombre que busca su propia realizaci\u00f3n, dinamismo que se manifiesta en el af\u00e1n de una autoafirmaci\u00f3n absoluta o (como extremo contrario) en la tendencia regresiva, en el impulso suicida hacia la muerte y en los fen\u00f3menos mani\u00e1ticos. Por otra parte, no debe exagerarse el poder de la tendencia destructiva, ni en la dimensi\u00f3n sobrenatural ni en la natural. Pues bajo ambos aspectos hemos de tener en cuenta c\u00f3mo la c. no es mala en s\u00ed\u00ad misma (Rom 7, 8; Dz 792), y c\u00f3mo el pecado que late tras ella no ha corrompido internamente la naturaleza. Con relaci\u00f3n a su dinamismo negativo en el \u00e1mbito sobrenatural, hay que sostener que aqu\u00e9l est\u00e1 contenido por una fuerza contraria, a saber, por el desiderium naturale, que encierra en s\u00ed\u00ad la afinidad permanente del esp\u00ed\u00adritu finito con el Dios absoluto y de la voluntad humana con el bien absoluto (fin del &#8211;> hombre). Por esta confrontaci\u00f3n la c. del hombre experimenta una limitaci\u00f3n en el orden pr\u00e1ctico. Por eso no puede en absoluto concebirse como una magnitud fija a manera de un objeto, sino que ha de ser entendida como un movimiento fluctuante que est\u00e1 atravesado y configurado de m\u00faltiples formas por la tendencia de la -> voluntad al -> bien y por su realizaci\u00f3n en la -> gracia (-> redenci\u00f3n, &#8211;> predestinaci\u00f3n). As\u00ed\u00ad se comprende tambi\u00e9n la significaci\u00f3n positiva de la c. como fuerza agonal para el hombre, que tiene aqu\u00ed\u00ad la posibilidad de una asimilaci\u00f3n a la pasi\u00f3n de Cristo y, por ende, de una cooperaci\u00f3n en la redenci\u00f3n. Para una forma hist\u00f3rica de pensar se sigue de ah\u00ed\u00ad la necesidad de superar la c. por una progresiva integraci\u00f3n moral de la misma mediante la gracia. S\u00f3lo que esa superaci\u00f3n no debe entenderse como una mera evoluci\u00f3n inmanente, como un fin a conseguir en este mundo. Se trata de un fin que s\u00f3lo puede conseguirse pasando a trav\u00e9s de la -> muerte.<\/p>\n<p>Leo Scheffczyk<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>epithumia (ejpiqumiva, 1939), denota un intenso deseo de cualquier tipo, especific\u00e1ndose frecuentemente los varios tipos con alg\u00fan adjetivo; v\u00e9ase en el siguiente p\u00e1rrafo. Este vocablo se usa de un buen deseo en Luk 22:15; Phi 1:23, y 1Th 2:1 solamente. En todos los otros pasajes tiene un sentido malo. En Rom 6:12, el requerimiento a no dejar que reine el pecado en nuestro cuerpo mortal para obedecerle en sus concupiscencias, se refiere a aquellos malos deseos que est\u00e1n listos para expresarse en una actividad corporal. Son igualmente las concupiscencias de la carne (\u00abdeseos\u00bb, RV, RVR; Gl 5.16: \u00abdeseos\u00bb, RV: \u00abconcupiscencia\u00bb; v. 24: \u00abdeseos\u00bb, RV: \u00abconcupiscencias\u00bb; Eph 2:3  \u00abdeseos\u00bb, RV, RVR; 2Pe 2:18  \u00abconcupiscencias\u00bb, RV, RVR; 1 Joh 2:16), frase que describe las emociones del alma, la tendencia natural hacia lo malo. Tales concupiscencias no son necesariamente ruines e inmorales; pueden ser de car\u00e1cter refinado, pero son malas si son incoherentes con la voluntad de Dios. Otras descripciones adem\u00e1s de las ya mencionadas son: \u00abde los pensamientos\u00bb (Eph 2:3); \u00abmalos deseos\u00bb (Col 3:5); \u00abpasi\u00f3n de\u00bb (1Th 4:5); \u00abnecias y da\u00f1osas\u00bb (1Ti 6:9); \u00abjuveniles\u00bb (2Ti 2:22); \u00abdiversas\u00bb (2Ti 3:6); \u00absus propias\u00bb (2Ti 4:3; 2Pe 3:3; Jud_16); \u00abmundanos\u00bb (Tit 2:12); \u00absu propia\u00bb (Jam 1:14); \u00abque antes ten\u00ed\u00adais\u00bb; \u00abcarnales\u00bb (2.11); \u00abde los hombres\u00bb; \u00abde inmundicia\u00bb (2Pe 2:10, VM); \u00abde los ojos\u00bb (1 Joh 2:16); \u00abdel mundo\u00bb (sus), v. 17; \u00absus malvados\u00bb (Jud_18). En Rev 18:14  \u00ablos frutos codiciados por tu alma\u00bb es, lit., \u00abla concupiscencia de tu alma\u00bb. V\u00e9anse CODICIA, DESEO.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La concupiscencia es el equivalente del griego <em>epizumia<\/em> que se traduce generalmente \u00ablascivia\u00bb pero ocasionalmente \u00abconcupiscencia\u00bb y en un buen sentido, \u00abdeseo\u00bb. Identifica a la mayor parte de las inclinaciones pecaminosas del pecador que caracterizan su naturaleza y le conducen a actos contra la ley de Dios. A la vez que aceptan la pecaminosidad en el no regenerado, los te\u00f3logos medievales y romanistas argumentan que esto es solamente una marca y material combustible en el bautizado en quien el pecado original supuestamente es borrado. Pero la teolog\u00eda de la Reforma no acepta esta distinci\u00f3n o su presuposici\u00f3n. Aunque no imputado, el pecado original permanece en los creyentes y por lo tanto la concupiscencia puede y debe decirse que tiene en s\u00ed misma (verdadera y apropiadamente) la naturaleza del pecado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Geoffrey W. Bromiley<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (115). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Apetito, Deseo, Pasi\u00f3n, Placer Rom 6:12 de modo que le obedezc\u00e1is en sus c 1Th 4:5 no en pasi\u00f3n de c, como los gentiles Tit 3:3 extraviados, esclavos de c y deleites Jam 1:14 cuando de su propia c es atra\u00eddo y 1Pe 4:2 para no vivir .. conforme a las c de los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/concupiscencia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCONCUPISCENCIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-7942","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7942","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7942"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7942\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7942"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7942"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7942"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}