{"id":7945,"date":"2016-02-05T04:14:46","date_gmt":"2016-02-05T09:14:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/confirmacion\/"},"modified":"2016-02-05T04:14:46","modified_gmt":"2016-02-05T09:14:46","slug":"confirmacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/confirmacion\/","title":{"rendered":"CONFIRMACION"},"content":{"rendered":"<p>Rth 4:7 para la c de cualquier negocio, el uno<br \/>\nHeb 6:16 el fin de toda .. es el juramento para c<\/p>\n<hr>\n<p>Uno de los 7 Sacramentos de la Iglesia, en el que se recibe de forma especial el Esp\u00ed\u00adritu Santo, para ser testigo de Cristo, soldado del Senor, como en Hch.2, 8:14-20, 10:44-48, 19:1-7.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>En la Biblia, es el acto de alentar, animar, infundir fuerza o vigor. El Se\u00f1or Jes\u00fas dijo a Pedro: \u2020\u0153Confirma a tus hermanos\u2020\u009d (Luc 22:32). Pablo, en su tercer viaje misionero, fue por \u2020\u0153la regi\u00f3n de \u2020\u00a2Galacia y de Frigia, confirmando a todos los disc\u00ed\u00adpulos\u2020\u009d (Hch 18:23). Aparece luego en la historia de la Iglesia un rito llamado de la c. con el prop\u00f3sito de reconocer o renovar el bautismo. Algunos piensan que la expresi\u00f3n de Heb 6:1-2, \u2020\u0153no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento &#8230; la doctrina de bautismos, de la imposici\u00f3n de manos&#8230;\u2020\u009d es una alusi\u00f3n al rito de la c. El catolicismo romano sigue todav\u00ed\u00ada en el d\u00ed\u00ada de hoy esa corriente.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>vet, Pablo y Bernab\u00e9 fueron a Listra, Iconio y Antioqu\u00ed\u00ada, confirmando las almas de los disc\u00ed\u00adpulos, y exhort\u00e1ndoles a que persistieran en la fe. Judas y Silas, mensajeros de Jerusal\u00e9n a Antioqu\u00ed\u00ada, siendo profetas, exhortaron a los hermanos con abundancia de palabras, y confirm\u00e1ndolos. Nuevamente Pablo y Silas pasaron por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias (Hch. 14:22; 15:32, 41). Estos pasajes, con el de Hch. 28:23, son la totalidad en los que aparece la palabra \u00abepisteriz\u00f5\u00bb. No hay aqu\u00ed\u00ad idea de ning\u00fan rito; ni nada que tenga que ver con lo que en la actualidad recibe el nombre de \u00abconfirmaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[414]<\/p>\n<p>     La Confirmaci\u00f3n es un sacramento por el cual el bautizado es colmado de gracias por el Esp\u00ed\u00adritu Santo a trav\u00e9s de la imposici\u00f3n de manos y de la unci\u00f3n del santo crisma. Es el signo sensible de una plenitud sobrenatural, que se expresa con la invocaci\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu Santo a quien se reclama para que invada con sus dones el alma y planifique la obra de la santificaci\u00f3n iniciada por el Bautismo en Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Santo Tom\u00e1s desarroll\u00f3 ampliamente la Teolog\u00ed\u00ada de la Confirmaci\u00f3n. La defini\u00f3: \u00abSacramento por el que se concede a los bautizados la fortaleza del Esp\u00ed\u00adritu.\u00bb (Summa Th. III. 72. 1). Por eso se la mira como el signo que otorga la plenitud y profundiza la gracia del Bautismo.<\/p>\n<p>   &#8211; En la Confirmaci\u00f3n se refuerza por dentro al cristiano, con todo el c\u00famulo de las riquezas sobrenaturales, de virtudes y de dones espirituales.<\/p>\n<p>   &#8211; En el exterior de su alma, el confirmado se siente lanzado al servicio de la Iglesia y al testimonio de la vida que exige el mensaje del Evangelio.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas quiso establecer este sacramento suplementario, no complementario, del Bautismo. Es decir al Bautismo nada le falta, no necesita complementos. Pero Dios quiso variedad y abundancia de medios, de a\u00f1adiduras; por ello hablamos de suplementos.<\/p>\n<p>    Como los dem\u00e1s sacramentos, tiene por misi\u00f3n el otorgar al cristiano la gracia. Pero su peculiar misi\u00f3n es dar la plenitud de la entrega a Cristo.<\/p>\n<p>  1. Su sacramentalidad<\/p>\n<p>    Es de fe cristiana que es distinto, verdadero y propio sacramento. El Concilio de Trento lo proclam\u00f3 as\u00ed\u00ad: \u00abSi alguno indica que la Confirmaci\u00f3n es superflua, por no ser verdadero sacramento, debe ser condenado.\u00bb (Denz. 871). Sal\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad al paso de la \u00abConfesi\u00f3n de Ausburgo\u00bb, redactada por Felipe Melanchton y por Lutero en 1530. (Art. 13. 6)<\/p>\n<p>    Mas tarde, algunos racionalistas, como Harnack (1851-1930) en \u00abHistoria de los dogmas\u00bb, volver\u00ed\u00adan a negar que tal sacramento hubiera existido al principio; y lo miraron como simple ceremonia desgajada del Bautismo en los primeros siglos cristianos.<\/p>\n<p>    Pero la Iglesia explor\u00f3 y clarific\u00f3 lo que de la Confirmaci\u00f3n hab\u00ed\u00ada en las Escrituras y en la Tradici\u00f3n y declar\u00f3 de forma continua, y cada vez m\u00e1s clara y clarificadora, la doctrina cristiana sobre la Confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   1.1. En la Escritura<\/p>\n<p>   En la Escritura apenas si aparece como signo expl\u00ed\u00adcito. Pero se multiplican las referencias a la confirmaci\u00f3n de la fe por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Y abundan las palabras y los gestos que hacen pensar en la presencia divina en los signos de Jes\u00fas que aluden al fortalecimiento del a fe en sus seguidores.<\/p>\n<p>    Por eso se puede admitir que en la Escritura s\u00f3lo hay algunas pruebas indirectas de que Cristo constituy\u00f3 un sacramento diferente del Bautismo.<\/p>\n<p>    Alguna referencia incluso se halla en el Antiguo Testamento. Los Profetas preanunciaron que el Esp\u00ed\u00adritu de Dios se derramar\u00ed\u00ada sobre toda la redondez de la tierra, como se\u00f1al de la \u00e9poca mesi\u00e1nica de la salvaci\u00f3n. (Joel 2. 28, Is. 44. 3-5; Ez. 39. 29)   Y en los Evangelio se refleja con m\u00e1s precisi\u00f3n que Jes\u00fas prometi\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles la llegada de la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu: Jn. 14. 16 y 26; 16. 7; Lc. 24. 49; Hech. 1. 5). Incluso se dice que el Esp\u00ed\u00adritu abarcar\u00ed\u00ada a todos los seguidores de los Ap\u00f3stoles: Jn. 7. 38.<\/p>\n<p>    En el d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s se cumpli\u00f3 esa promesa con abundancia en todos los presentes: \u00abQuedaron todos llenos del Esp\u00ed\u00adritu Santo; y comenzaron a hablar en lenguas extra\u00f1as, seg\u00fan que el Esp\u00ed\u00adritu Santo les mov\u00ed\u00ada a expresarse.\u00bb (Hech. 2. 4)<\/p>\n<p>    Despu\u00e9s consta que los mismos Ap\u00f3stoles se lo transfirieron a los otros disc\u00ed\u00adpulos que se fueron agregando. Y lo hicieron, sobre todo, con la imposici\u00f3n de las manos, incluso a los que ya estaban bautizados y eran ya miembros de la comunidad de los seguidores: \u00abCuando los Ap\u00f3stoles, que estaban en Jerusal\u00e9n, oyeron c\u00f3mo hab\u00ed\u00ada recibido Samaria la palabra de Dios, enviaron all\u00e1 a Pedro y Juan, los cuales, bajando, oraron sobre ellos para que recibiesen el Esp\u00ed\u00adritu Santo, pues a\u00fan no hab\u00ed\u00ada venido sobre ninguno de ellos; s\u00f3lo hablan sido bautizados en el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Esp\u00ed\u00adritu Santo.\u00bb (Hech. 8. 14)<\/p>\n<p>    San Pablo impuso las manos a unos seguidores reci\u00e9n bautizados; y \u00abal imponerles Pablo las manos, baj\u00f3 sobre ellos el Esp\u00ed\u00adritu Santo, y hablaban lenguas y profetizaban\u00bb. (Hech. 19. 6)<\/p>\n<p> 1. 2. Prueba de la Tradici\u00f3n<\/p>\n<p>    La sacramentalidad de la Confirmaci\u00f3n no fue siempre igualmente interpretada por los cristianos. La manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo por la imposici\u00f3n de las manos, se podr\u00ed\u00adan explicar de diversas formas sin aludir a un \u00absacramento\u00bb semejante al Bautismo.<\/p>\n<p>   Y, de no haberse mantenido la interpretaci\u00f3n de la Tradici\u00f3n de la Iglesia, sobre su existencia, no hubiera sido se\u00f1al de una instituci\u00f3n sacramental concreta. Pero la realidad hist\u00f3rica es que la Iglesia entendi\u00f3 esa presencia como fruto de un gesto sensible y es preciso reconocer su fuerza argumental y aceptar la sacramentalidad que, por voluntad divina, posee la Confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Santo Tom\u00e1s fue el que m\u00e1s resalt\u00f3 esa permanente ense\u00f1anza de la Iglesia como argumento. Ense\u00f1\u00f3 que Cristo instituy\u00f3 el sacramento de la Confirmaci\u00f3n, (\u00abnon exhibiendo, sed promittendo\u00bb), \u00abno haciendo un gesto suyo como el del Bautismo, sino prometiendo enviar el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb y dando a sus Ap\u00f3stoles la capacidad para conferirlo a otros seguidores. (Suma Th. III 72. 1 ad 1).<\/p>\n<p>    Tertuliano ya lo hab\u00ed\u00ada explicado diez siglos antes de Sto. Tom\u00e1s: \u00abNo hemos recibido  en el agua al Esp\u00ed\u00adritu Santo, sino que en el agua&#8230; nos purificamos y nos disponemos para recibirlo luego &#8230; Por eso, al salir del ba\u00f1o bautismal, somos ungidos con unci\u00f3n sagrada&#8230; Se imponen las manos, llamando e invitando al Esp\u00ed\u00adritu Santo por medio de una bendici\u00f3n.\u00bb (Del Bautismo 6 y 7)<\/p>\n<p>    Y S. Cipriano (+ 258) comentaba en este sentido: \u00abEnte nosotros ocurre que aquellos que han sido bautizados en la Iglesia son conducidos a los que presiden la Iglesia y, por nuestra oraci\u00f3n y nuestra imposici\u00f3n de manos, reciben el Esp\u00ed\u00adritu Santo y son consumados por el sello del Se\u00f1or.\u00bb (Epist. 73. 9)<\/p>\n<p>  2. El signo sensible<br \/>\n    El signo sensible de la Confirmaci\u00f3n es el doble gesto de la unci\u00f3n con el crisma y de la imposici\u00f3n de las manos, reclamando la plenitud del Esp\u00ed\u00adritu sobre el confirmando.<\/p>\n<p>    Las palabras que acompa\u00f1an son la invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo con la invocaci\u00f3n sobre esa venida divina. El ritual cat\u00f3lico de la Liturgia de la confirmaci\u00f3n indica: \u00abRecibe por esta se\u00f1al el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo.\u00bb<br \/>\n    2.1. La materia<br \/>\n    No existe ninguna definici\u00f3n dogm\u00e1tica de la Iglesia sobre la materia o elemento sensible esencial del sacramento de la Confirmaci\u00f3n. Las opiniones de los te\u00f3logos est\u00e1n divididas a este respecto y la pr\u00e1ctica lit\u00fargica tambi\u00e9n:<\/p>\n<p>   &#8211;  Unos, invocando el testimonio de la Escritura (Hech 8. 17; 19. 6; Hebr. 6. 2), defienden que estrictamente el gesto de la Confirmaci\u00f3n es la imposici\u00f3n de la manos por el ministro.<\/p>\n<p>   &#8211;  Otros, por el contrario, reclaman la unci\u00f3n del santo crisma como lo importante y ofrecen en su favor algunas explicaciones tradicionales de la Iglesia, como el Decreto llamado de los Armenios de Eugenio IV del 22 de Noviembre de 1439 (Denz. 697), en donde se explicita que el signo es la unci\u00f3n. A esta tendencia parecen inclinarse las expresiones del Concilio de Trento (Denz. 872), el Catecismo Romano, llamado de S. P\u00ed\u00ado V (II 3, 7), y la tradici\u00f3n de la Iglesia griega que resalta la unci\u00f3n y no la imposici\u00f3n de las manos.<\/p>\n<p>   &#8211; Y no faltan quienes sospechan que los dos elementos, en cuanto gestos sensibles, son los propios signos; y que, incluso, cualquiera de los dos por separado es suficiente para significar la gracia divina que se concede. Sea de ello lo que fuere, lo importante es que hay sacramento, precisamente por haber signo sensible y por responder al plan divino de conferir una gracia de plenitud y una vinculaci\u00f3n singular al Esp\u00ed\u00adritu divino.<\/p>\n<p>    Se puede considerar como ense\u00f1anza com\u00fan de la Iglesia que el signo est\u00e1 en la uni\u00f3n de ambos actos o gestos, de forma inclusiva m\u00e1s que superpuesta. En favor de esta opini\u00f3n se pueden invocar algunos hechos hist\u00f3ricos antiguos, como la f\u00f3rmula de fe impuesta a Miguel Pale\u00f3logo en el Concilio de Lyon en 1245; en ella se enumera la imposici\u00f3n de manos y la unci\u00f3n con el santo crisma como elemento del rito de la confirmaci\u00f3n. (Denz. 450)<\/p>\n<p>     En los tiempos recientes se recoge la dualidad del signo en el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, aunque se resalta el gesto de la unci\u00f3n (N\u00c2\u00ba 1290 y 1293): \u00abEl Obispo extiende las manos sobre los confirmandos, gesto que desde tiempo de los Ap\u00f3stoles es el signo del don del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Sigue luego el rito esencial, que es la unci\u00f3n del santo crisma, hecha imponiendo la mano y diciendo las palabras: \u00abRecibe por esta se\u00f1al el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo.\u00bb (N\u00c2\u00ba 1300)<\/p>\n<p>    2.2.  La forma<br \/>\n    Las palabras del Confirmaci\u00f3n son aquellas que acompa\u00f1an a la imposici\u00f3n de las manos y a la unci\u00f3n del santo crisma. Y recogen la intenci\u00f3n del Ministro de conferir la fortaleza en la fe, mediante la invocaci\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>    En la liturgia latina se dice esta doble expresi\u00f3n: \u00abRecibe por esta se\u00f1al el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Para luego a\u00f1adir: \u00abN&#8230;, yo te signo con esta se\u00f1al de la cruz y te confirmo con el santo crisma en el Nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>    Pero las diversas liturgias han diversificado las expresiones y los modos de invocaci\u00f3n. En el Oriente antiguo se sol\u00ed\u00ada decir: \u00abYo te unjo con este santo \u00f3leo en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>    Lo cierto es que la f\u00f3rmula, incluso la referencia a la Trinidad, no constituye lo esencial de este Sacramento, sino que es la intenci\u00f3n de expresar la comunicaci\u00f3n de la se\u00f1al de la fe.<\/p>\n<p>    Unos escritores antiguos resaltan m\u00e1s la acci\u00f3n individual, sacramental, de conferir el Esp\u00ed\u00adritu Santo al confirmando. Por eso miran la unci\u00f3n como soporte claro de las palabras de la Confirmaci\u00f3n. Otros escritores resaltan la acci\u00f3n comunitaria o eclesial y por eso ensalzan m\u00e1s el gesto de la imposici\u00f3n de las manos a todos los que se confirman.<\/p>\n<p>   3. Los efectos.<\/p>\n<p>     Los efectos son profundos en el alma del que recibe este sacramento: el Esp\u00ed\u00adritu Santo con sus dones, las gracia y amistad divina, la plenitud de la fe en cuanto regalo celeste y cierta consagraci\u00f3n a la vida de apostolado, es decir a dar a los dem\u00e1s las riquezas que uno mismo ha conseguido. Algo en este Sacramento queda para siempre en quien lo ha recibido, que no puede volver a repetir el sacramento: lo llamamos car\u00e1cter.<\/p>\n<p>    Y en ocasiones se manifiesta hasta visiblemente la energ\u00ed\u00ada espiritual que el confirmando recibe en su alma.  Se manifiesta en los m\u00e1rtires, en los ap\u00f3stoles que ejercen su ministerio en condiciones dif\u00ed\u00adciles, cuando se han de atravesar situaciones de especial dificultades, y acaso en tiempos de persecuci\u00f3n y cuando se ha de luchar con personas enemigas y opuestas el mensaje cristiano.\u00bb<br \/>\n    S. Pablo nos aclara el significado del sacramento: \u00abDios es quien nos confirma en Cristo, a nosotros junto con vosotros. El nos ha ungido con su Esp\u00ed\u00adritu Santo.\u00bb (2 Cor. 1.21)<\/p>\n<p>    3.1. La gracia santificante<br \/>\n    La mayor gracia santificante y amistad divina es el primero de los efectos. Tradicionalmente se habl\u00f3, sobre todo, de la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, pues se entend\u00ed\u00ada que la gracia era donaci\u00f3n inicial del Bautismo. Lo que hace la confirmaci\u00f3n es fortalecer y profundizar lo antes iniciado. Por eso la Confirmaci\u00f3n era posterior siempre al Bautismo.<\/p>\n<p>    Aumentar la gracia quiere decir que se ahondan las ra\u00ed\u00adces en que se sustenta: el amor, la amistad divina; y quiere decir que se fortalece el esp\u00ed\u00adritu humano: la inteligencia (conocimiento) con luces; y la voluntad (opciones) con nuevas fuerzas. Lo que se quiere decir es que la vida divina, que fluye como regalo al alma, aumenta sorprendentemente.<\/p>\n<p>    El regalo de la gracia es tan sublime como misterioso, y es tan real como sobrenatural. S\u00f3lo con la luz de la fe se puede sospechar lo que hay de enriquecimiento en este sentido.<\/p>\n<p>    3.2. La presencia del Esp\u00ed\u00adritu<br \/>\n    A la gracia santificante acompa\u00f1an los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo y las virtudes infusas o regaladas al alma, al igual que en el Bautismo. Al decir dones del Esp\u00ed\u00adritu, se presupone que la Tercera divina Persona se establece en el ama santificada de manera muy especial.<\/p>\n<p>    La venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo ha sido siempre un reclamo especial de la Iglesia, pues para ella es tan fundamental la figura de Jes\u00fas que la inici\u00f3 en su vida terrena, como la presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que la lanz\u00f3 al mundo con su venida sensible en Pentecost\u00e9s.<\/p>\n<p>    Por eso, si la ascesis cristiana dio siempre importancia al Bautismo como enlace inicial con Cristo, autor de la salvaci\u00f3n de los hombres, no menos ha insistido en todos los tiempos en la necesidad de que el Esp\u00ed\u00adritu Santo resida en las almas de los fieles. Precisamente el Sacramento de la Confirmaci\u00f3n se asocia con la plenitud del Esp\u00ed\u00adritu y con la transformaci\u00f3n de los corazones de los fieles.<\/p>\n<p>    3.2. El efecto espec\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>    Entre los dones, el que mejor refleja la presencia del Esp\u00ed\u00adritu y define lo que es el Sacramento es el de fortaleza, don que dispone para la lucha contra el mal y contra los enemigos de la salvaci\u00f3n. El que ha recibido el Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 dispuesto a proclamar su fe en el amor de Dios, se abre a los dem\u00e1s para compartir su riqueza y se siente dispuesto a defender su fe incluso con el martirio.<\/p>\n<p>    Lo m\u00e1s \u00abespec\u00ed\u00adfico o propio\u00bb de la Confirmaci\u00f3n es precisamente esa fortaleza en la posici\u00f3n de la fe. Los que han recibido la confirmaci\u00f3n cuentan con una energ\u00ed\u00ada sobrenatural especial para mantener s\u00f3lida la fe y para comunicar a los dem\u00e1s con entusiasmo lo que con plenitud han recibido.  Por eso la Confirmaci\u00f3n plenifica la gracia recibida en el Bautismo y, de alguna forma, la proyecta a la comunidad creyente a la que se pertenece.<\/p>\n<p>    El Sacramento dispone, pues, a dar testimonio de Cristo, como hicieron los primeros cristianos (Hech. 1. 5). Es misterioso el c\u00f3mo esto se consigue. En lo humano, tiene que ver con la firmeza y persuasi\u00f3n que se apodera del coraz\u00f3n y de la mente del que ha recibido el Sacramento. En lo sobrenatural, pertenece al misterio de las almas, pero verdaderamente existe y, en ocasiones, se manifiesta en los creyentes con portentos, sin que se pueda decir m\u00e1s.<\/p>\n<p>     3. 3. Imprime car\u00e1cter.<\/p>\n<p>    La confirmaci\u00f3n es uno de los tres sacramentos que deja grabada el alma con un sello indeleble, que es el car\u00e1cter. Quiere ello decir que el que ha sido confirmado, lo seguir\u00e1 siendo toda la vida y toda la eternidad. No es un escal\u00f3n m\u00e1s en el camino de la fe. Es un nuevo estado lo que se genera con este Sacramento. Es como la confirmaci\u00f3n de la fecundidad espiritual, cualidad que no se tiene todav\u00ed\u00ada en el Bautismo.<\/p>\n<p>    El car\u00e1cter de la Confirmaci\u00f3n no es igual que el del Bautismo, aunque sean de la misma naturaleza sobrenatural. No es una renovaci\u00f3n del sello bautismal. Es misteriosamente una se\u00f1al diferente: el Bautismo abre los ojos a la fe; ilumina la mente. La Confirmaci\u00f3n consolida la voluntad ante la grandeza del don recibido.<\/p>\n<p>    Esto lo ense\u00f1aron los Padres antiguos. Dec\u00ed\u00ada S. Cirilo invocando el Esp\u00ed\u00adritu: \u00abQue El[Dios] os conceda por toda la eternidad el sello imborrable del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que es singular.\u00bb (Procat. 17)<\/p>\n<p>    La Iglesia ortodoxa, en la pr\u00e1ctica, niega ese car\u00e1cter del sacramento y por eso vuelve a confirmar a los que se han ido a otra religi\u00f3n y regresan a su seno. Por ejemplo, la rusa reconfirma a los que se han hecho jud\u00ed\u00ados, paganos o mahometanos. La griega, incluso a los que se han hecho cat\u00f3licos o protestantes. Pero esta costumbre reciente contradice su misma tradici\u00f3n, que siempre vio en este Sacramento un reforzamiento indeleble del Bautismo.<\/p>\n<p>     4. Necesidad de la confirmaci\u00f3n<br \/>\n    La Iglesia siempre ha ense\u00f1ado que la Confirmaci\u00f3n, a diferencia del Bautismo, no es necesaria para salvarse. Pero s\u00ed\u00ad lo es para llegar a la madurez. Por eso se puede mirar la Confirmaci\u00f3n como un sacramento de adultos en la fe, no de ni\u00f1o en el esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>    4.1. Para la comunidad<br \/>\n    Se puede considerar como sacramento necesario para la Iglesia. Sin en ella no hay cristianos fecundos, la esterilidad se apodera del cuerpo y languidece.<\/p>\n<p>   Por eso se ve la Confirmaci\u00f3n como una garant\u00ed\u00ada de superaci\u00f3n de la muerte espiritual, al igual que acontece en el orden natural con los aspectos biol\u00f3gicos de la sociedad. Si en la humanidad no hay fecundidad, desaparece. Si en la Iglesia no hay fortaleza, agoniza.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad pues, Cristo ha instituido la confirmaci\u00f3n con una dimensi\u00f3n comunitaria. Es un don para la Iglesia: por eso en ella hay santos, sabios, m\u00e1rtires, misioneros, h\u00e9roes. Sin la plenitud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, la Iglesia no habr\u00ed\u00ada tenido una \u00abhistoria\u00bb tan brillante en el mundo. Por eso decimos que la Confirmaci\u00f3n es un sacramento de plenitud eclesial.<\/p>\n<p>    Esa plenitud estuvo anunciada por Cristo en diferentes ocasiones: \u00abOs he destinado para que deis fruto y lo deis en abundancia.\u00bb (Mt. 10 16; Jn. 15. 20)<\/p>\n<p>    4.2. Para el individuo<br \/>\n    El bautizado puede obtener la salvaci\u00f3n sin haber recibido la Confirmaci\u00f3n. Pero no puede llegar a la perfecci\u00f3n espiritual sin ella. Por eso interesa que adquiera conciencia de la grandeza que le proporciona no s\u00f3lo el recibir el sacramento, sino el descubrir y vivir sus grandes dones sobrenaturales.<\/p>\n<p>    Al igual que acontece con la vida natural, en donde se sobrevive con s\u00f3lo lo m\u00ed\u00adnimo de alimento, pero no se llega a la perfecci\u00f3n y a la salud, a la sabidur\u00ed\u00ada, a la elegancia y a la fuerza contra las adversidades, en lo espiritual la confirmaci\u00f3n es conveniente para crecer en la fe y en el amor.<\/p>\n<p>    Precisamente por eso no es obligatoria como puerta de entrada en la fe. Pero es muy conveniente como fuente rica de gracia para crecer en el esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>    La Iglesia la considera obligatoria para recibir el Orden Sacerdotal, pues entiende que el sacerdote debe ser fuerte para ayudar al pr\u00f3jimo; y la considera muy aconsejable para elegir un estado de vida de especial entrega: matrimonio, profesi\u00f3n religiosa, entrega misionera, catequesis, educaci\u00f3n de la fe. etc.<\/p>\n<p>  5. El ministro<\/p>\n<p>   Siendo la confirmaci\u00f3n un sacramento de plenitud, es l\u00f3gico que el administrado de ese signo sea quien ejerce una funci\u00f3n eclesial de autoridad.<\/p>\n<p>    5.1. El ministro ordinario<br \/>\n    El ministro ordinario de la confirmaci\u00f3n es \u00fanicamente el Obispo, en cuanto ocupa el ministerio del mayor servicio en la Iglesia y es sucesor de los Ap\u00f3stoles directamente.<\/p>\n<p>    En los tiempos medievales hubo quien se opon\u00ed\u00ada a la autoridad de los Obispos, como era el caso de los valdenses, wiclefitas y husitas; negaban que ellos tuvieran ninguna misi\u00f3n de confirmar a los dem\u00e1s. En los tiempos actuales hay, incluso en la Iglesia, personas que miran con recelo las autoridades eclesiales, como si de dignidades terrenas se tratara y no de servidores del Pueblo de Dios. Tambi\u00e9n miran con recelo el que sean ellos los encargados de confirmar la fe de los hermanos y prefieren atribuir este ministerio a la solidaridad de la comunidad o al apoyo de la mayor\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Ni los antiguos ni los recientes antijer\u00e1rquicos, aunque sean presb\u00ed\u00adteros o evangelistas de vanguardia, captan lo que es el ministerio de la autoridad y, en consecuencia, lo que vale este sacramento de la plenitud cristiana.<\/p>\n<p>    5.2. El ministro extraordinario<br \/>\n    Cuando no es posible confirmar desde el Orden jer\u00e1rquico, es usual en la Iglesia delegar esa funci\u00f3n en otra persona que pueda ser tambi\u00e9n significativa de la plenitud de la fe que el sacramento representa.<\/p>\n<p>    La condici\u00f3n que pone la Iglesia es que  el reemplazante del Obispo sea un \u00absacerdote\u00bb de autoridad manifiesta y de virtud probada, y que proceda en nombre de la autoridad apost\u00f3lica del Obispo que le delega esa funci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Desde 1947, por decisi\u00f3n de P\u00ed\u00ado IX, esos sacerdotes significativos deben ser los p\u00e1rrocos en primer lugar y ocasionalmente los que hacen labor pastoral de tales: vicarios, ec\u00f3nomos, administradores parroquiales o sacerdotes, que por diversos motivos ejercen el ministerio en lugares sometidos a su exclusiva atenci\u00f3n pastoral. Esto suele acontecer en zonas misionales y cuando la presencia del Obispo se hace dif\u00ed\u00adcil o remota, en virtud de las circunstancias.<\/p>\n<p>    5.3. En la Iglesia Oriental<br \/>\n    En el Oriente se estableci\u00f3 desde antiguo que la confirmaci\u00f3n fuera unida a las ceremonias del Bautismo. Todav\u00ed\u00ada hoy se administrara al mismo tiempo que el agua de la regeneraci\u00f3n. Por ello el ministro ordinario es y fue el mismo sacerdote que bautiza, aunque es preferible que sea el mismo Obispo, si es posible, el administrador de ambos.<\/p>\n<p>    Nada hay que objetar a esta pr\u00e1ctica inveterada que merece el respeto de todo lo que es plural en la Iglesia extendida por el mundo. Pero siempre es recomendable que el creyente que llega a cierta plenitud de juicio y de fe, se haga consciente de su dignidad.<\/p>\n<p>    Por eso, tambi\u00e9n en las Iglesias orientales, es preciso ayudar al creyente, al terminar sus a\u00f1os infantiles e iniciar su madurez eclesial, para que se haga consciente y responsable de su significaci\u00f3n eclesial. Aunque el mejor camino es un buen Catecumenado de confirmaci\u00f3n, tambi\u00e9n se pueden seguir otros cauces catequ\u00e9ticos, pedag\u00f3gicos y espirituales.<\/p>\n<p> 6. El sujeto<br \/>\n    La Confirmaci\u00f3n s\u00f3lo puede ser recibida por quien ha sido bautizado y s\u00f3lo debe ser aprovechada por quien sabe lo que hace, es consciente de su situaci\u00f3n de madurez y libremente elige ese don para aumentar su plenitud cristiana.<\/p>\n<p>    La costumbre de confirmar a los ni\u00f1os desde muy peque\u00f1os tambi\u00e9n se mantuvo en Occidente durante muchos siglos. Pero, como el fin del sacramento es confirmar la plenitud de la fe, se fue orientando la praxis pastoral a retrasar su recepci\u00f3n hasta la llegada de la conciencia plena de la dignidad del cristiano. Por eso, desde el siglo XIII en Occidente ya se demor\u00f3 la recepci\u00f3n del sacramento hasta el uso de raz\u00f3n, entre los 7 y 10 a\u00f1os. Y en los tiempos actuales se prefiere el inicio de la juventud, cuando el hombre y la mujer adoptan ya posturas firmes ante la vida: estudios, relaciones, profesi\u00f3n, compromisos y creencias.<\/p>\n<p>    Es bueno que el sujeto, si ha tenido antes una buena iniciaci\u00f3n catequ\u00e9tica, se halle ya en la situaci\u00f3n de advertir su dignidad cristiana y sea capaz de superar el egocentrismo infantil con las posturas altruistas del amor humano y divino. Se recomienda, con todo, que, si un p\u00e1rvulo se halla en peligro de muerte, se le administre la confirmaci\u00f3n, ya que adem\u00e1s de sacramento de plenitud, tambi\u00e9n lo es de gracia, de fortaleza y de riqueza espiritual.<\/p>\n<p> 7. Catequesis de Confirmaci\u00f3n<br \/>\n    Cuando un cristiano llega a cierta madurez de fe, se da cuenta de que tiene que hacer algo por los dem\u00e1s. Entonces se hace reflexivo en su vida cristiana y siente la necesidad de comunicar a los otros la riqueza de su esp\u00ed\u00adritu<br \/>\n    La Confirmaci\u00f3n se presenta como el Sacramento que recibe el cristiano en este momento de tr\u00e1nsito a la madurez inicial. Se puede, en cierto sentido, decir que el Bautismo es Sacramento de iniciaci\u00f3n en la vida cristiana y la Confirmaci\u00f3n es consolidaci\u00f3n proyectada hacia los dem\u00e1s. No es teol\u00f3gicamente exacto, pero catequ\u00ed\u00adsticamente es pr\u00e1ctico. Por eso, los catecumenados confirmacionales tienden a fortalecer los compromisos eclesiales, del mismo modo que las catequesis bautismales buscan la ilustraci\u00f3n de la fe m\u00e1s personal.<\/p>\n<p>    No deja, por ello, de ser la Confirmaci\u00f3n un signo de predilecci\u00f3n divina, un regalo singular, al estilo del que manifestaban los primeros cristianos cuando recib\u00ed\u00adan con gozo al Esp\u00ed\u00adritu Santo y se lanzaban por el mundo a proclamar el Reino de Dios. Esto requiere cierta disponibilidad y clara conciencia por parte de quien lo va a recibir. Y ello implica tres disposiciones b\u00e1sicas<br \/>\n    La primera es disposici\u00f3n de firmeza en Jes\u00fas. Esto significa que el Sacramento de la Confirmaci\u00f3n es un v\u00ed\u00adnculo profundo con Jes\u00fas. El mismo es quien lo instituy\u00f3. Y El mismo fue quien mand\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles confirmar la fe de sus hermanos. A Pedro le dijo: \u00abCuando te conviertas, confirma en la fe a tus hermanos.\u00bb (Lc. 22.33 y Jn. 21.18).  Por eso la Confirmaci\u00f3n se ha llamado el \u00absacramento de los fuertes\u00bb.<\/p>\n<p>    La segunda es la fidelidad al Esp\u00ed\u00adritu Santo. Implica dar respuesta positiva a las invitaciones que de El proceden para hacer el bien, para practicar la virtud, para cumplir con el deber, para vivir conforme a las consignas del Evangelio. \u00abHijos de Dios son los que se dejan guiar por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb (Rom. 8. 23) Es tambi\u00e9n llamado el \u00abSacramento de los fieles.\u00bb<br \/>\n    Y la tercera es la apertura a los dem\u00e1s por amor a Dios. Cuando el cristiano se da cuenta de lo que posee como regalo de Dios, advierte que debe compartir su riqueza interior con los dem\u00e1s. Entiende los que dice Jes\u00fas: \u00abDad gratis lo que gratuitamente hab\u00e9is recibido.\u00bb (Mt. 10.8). Por eso se siente comprometido a trabajar por los dem\u00e1s. Y es capaz de hacerlo de forma generosa y desinteresada: \u00abNo llev\u00e9is oro ni plata ni alforja para el camino. El que trabaja, merece vivir de su trabajo. (Mt. 10.9)<\/p>\n<p>    7.2. Catecumenado de Confirmaci\u00f3n<br \/>\n    El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica indica a quien quiere recibir la Confirmaci\u00f3n: \u00abLa preparaci\u00f3n para la Confirmaci\u00f3n debe tener como meta conducir al cristiano a una uni\u00f3n \u00ed\u00adntima con Cristo, a una familiaridad m\u00e1s viva con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, su acci\u00f3n, sus dones, sus llamadas, a fin de poder asumir mejor las responsabilidades apost\u00f3licas de la vida cristiana. Por ello la catequesis de la Confirmaci\u00f3n se esforzar\u00e1 por suscitar el sentido de la pertenencia a la Iglesia de Jes\u00fas, tanto a universal como a la comunidad parroquial.\u00bb (N\u00c2\u00ba 1309)<\/p>\n<p>    Los catecumenados confirmacionales son formas privilegiadas de ahondar en el mensaje de Jes\u00fas. Se han extendido en los tiempos recientes, sobre todo para preparar a los j\u00f3venes a una mejor vida cristiana, los estilos y los programas de confirmaci\u00f3n orientados a renovar la vida bautismal, acci\u00f3n conveniente al llegar a la edad en que se hacen otras opciones vitales.<\/p>\n<p>    Deben ser mirados con singular esmero, pues son plataformas de gracia y de formaci\u00f3n. La responsabilidad de estos catecumenados debe ser compartida por toda la comunidad cristiana: padres, pastores, educadores y, sobretodo, los mismos j\u00f3venes que pueden hacerse m\u00e1s del don de la gracia y de la presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo en sus vidas.<\/p>\n<p>    Quien quiera vivir en plenitud su dignidad cristiana necesita una buena preparaci\u00f3n, la cual va m\u00e1s all\u00e1 del sacramento. No basta mejorar la instrucci\u00f3n religiosa. Es preciso reforzar la vida cristiana: la de caridad, la de oraci\u00f3n, la de generosidad eclesial.<\/p>\n<p>    7.3.  Plan de formaci\u00f3n catecumenal<br \/>\n    Los catecumenados confirmacionales son de muchos tipos, seg\u00fan las circunstancias: edad, duraci\u00f3n tem\u00e1tica, intenci\u00f3n, organizaci\u00f3n, etc. Es una oportunidad catequ\u00e9tica singular de formaci\u00f3n y de vida cristiana. Algunas consignas pedag\u00f3gicas pueden ser las siguientes:<br \/>\n   &#8211; Se debe preferir la edad oportuna para esta formaci\u00f3n. Los 15 a 17 a\u00f1os parecen los mejores a\u00f1os  para un buen planteamiento personalizado de vida religiosa.<\/p>\n<p>   &#8211; Reclama este catecumenado compromisos serios, conscientes y con intenci\u00f3n de permanencia. Esa edad es buena para conseguir esos objetivos.<\/p>\n<p>   &#8211; Debe ser un catecumenado m\u00e1s vivencial que teol\u00f3gico y conviene apoyarlo m\u00e1s en el Evangelio que en las doctrinas o en la explicaci\u00f3n de normas morales.<\/p>\n<p>   &#8211; Precisa catequistas preparados, abiertos, tolerantes, responsables y sobre todo testimoniales y firmes. No se hace m\u00e1s que una vez en la vida. Todos los que entran en juego tienes que est\u00e1s persuadidos de su responsabilidad.<\/p>\n<p> RITO DE LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN<\/p>\n<p>  *  Presentaci\u00f3n de confirmando<\/p>\n<p>    Despu\u00e9s del Evangelio, el Obispo (los presb\u00ed\u00adteros) se sienta. El p\u00e1rroco o un presb\u00ed\u00adtero presenta al Obispo a los confirmandos. Si es posible, se llama a cada uno por su nombre. Sube al presbiterio. Si los confirmandos son ni\u00f1os, les acompa\u00f1a uno de los padrinos o sus padres   Se  puede presentar a los confirmandos con palabras parecidas a \u00e9stas:   Estos ni\u00f1os (o j\u00f3venes) fueron bautizados con la promesa de que ser\u00ed\u00adan educados en la fe. Y de que un d\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00adan confirmados. Como responsable de la catequesis, tengo la satisfacci\u00f3n de decir a la comunidad aqu\u00ed\u008d reunida, y a su pastor nuestro Obispo, que estos ni\u00f1os ya han recibido la catequesis adecuada a su edad.<\/p>\n<p>  *  Homil\u00ed\u00ada o Exhortaci\u00f3n   El Obispo hace una breve homil\u00ed\u00ada, explicando las lecturas a fin de preparar a los confirmandos, a sus padres y padrinos y a toda la asamblea defieres a una mejor inteligencia del significado del a Conformaci\u00f3n<\/p>\n<p>  *  RENOVACI\u00ed\u201cN DE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO<br \/>\n   Formulario 1<br \/>\n   &#8211;   \u00bfRenunci\u00e1is a Satan\u00e1s y a todas sus obras y acciones?<br \/>\n   &#8211;  S\u00ed\u00ad, renuncio.<br \/>\n   &#8211;   \u00bfCre\u00e9is en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y del a tierra?<br \/>\n   &#8211; Si, creo<\/p>\n<p>   &#8211;  \u00bfCre\u00e9is en  Jesucristo, su \u00fanico Hijo, nuestro Se\u00f1or, que naci\u00f3 de Santa Mar\u00ed\u00ada Virgen, muri\u00f3, fue sepultado, resucit\u00f3 de entre los muertos, est\u00e1 sentado a la derecha del Padre?<\/p>\n<p>   &#8211; Si, creo.<\/p>\n<p>   &#8211;  \u00bfCre\u00e9is en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, Se\u00f1or y dador de vida, que hoy os ser\u00e1 comunicado de un modo singular por e! sacramento de la Confirmaci\u00f3n, como fue dado a los Ap\u00f3stoles el d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s?<br \/>\n   &#8211; \u00abSi creo\u00bb<br \/>\n   &#8211; \u00bfCre\u00e9is en la santa Iglesia cat\u00f3lica, en la comuni\u00f3n de los Santos, en el perd\u00f3n de los pecados, en la resurrecci\u00f3n de los muertos y en la vida eterna?<br \/>\n   &#8211; S\u00ed\u00ad, creo.<\/p>\n<p>   A esta profesi\u00f3n de fe asiente el Obispo proclamando la fe de la Iglesia:<br \/>\n   &#8211; Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en Cristo Jes\u00fas, nuestro Se\u00f1or. *  IMPOSICI\u00ed\u201cN DE MANOS<br \/>\n    Se avisa a los confirmados as\u00ed\u00ad:   \u00abDespu\u00e9s de la profesi\u00f3n de fe de los confirmandos, el Obispo, repitiendo el mismo gesto que usaban los ap\u00f3stoles, va a imponer las manos sobre confirmandos, pidiendo al Esp\u00ed\u00adritu Santo que los consagre como piedras vivas del Iglesia.  Nos unimos a su plegaria\u00bb   El Obispo, tiende a sus lados a los presb\u00ed\u00adteros presentes, de cara al pueblo dice:<\/p>\n<p>    \u00abOremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso y pidamos que derrame su Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre estos hijos de adopci\u00f3n, los cu\u00e1les renacieron ya a la vida con el Bautismo y para que ahora la fortaleza del Esp\u00ed\u00adritu y la abundancia de sus gracias, haga de ellos imanten perfecta de Jesucristo.\u00bb  Dice la oraci\u00f3n:   \u00abDios todopoderoso, Padre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que regeneraste por el agua y el Esp\u00ed\u00adritu Santo a estos siervos tuyos y los libraste del pecado. Escucha nuestra oraci\u00f3n y env\u00ed\u00ada sobre ellos al Esp\u00ed\u00adritu Santo Par\u00e1clito. Ll\u00e9nalos del Esp\u00ed\u00adritu de Sabidur\u00ed\u00ada y de inteligencia, de consejo y de fortaleza, de ciencia, de piedad y de temor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Se\u00f1or\u00bb  Todos. Am\u00e9n<br \/>\n  * CRISMACION<br \/>\n    Se les dice a los presentes<br \/>\n    \u00abHemos llegado al momento culminante de la celebraci\u00f3n. El Obispo los impondr\u00e1 la manos y los acercar\u00e1 con la cruz gloriosa de Cristo para se\u00f1alar  que son propiedad del Se\u00f1or. Los ungir\u00e1 con \u00f3leo perfumado. Ser crismado es lo mismo que  ser Cristo, ser Mes\u00ed\u00adas. Y eso significa tener la misma misi\u00f3n de Cristo que fue dar testimonio de la verdad, por medio de las buenas obras,  y ser fermento mundo.\u00bb<br \/>\n    Seguidamente el di\u00e1cono presente  acerca al Obispo a los confirmandos, o bien el mismo Obispo, pasando ante cada uno de ellos, y les unge diciendo:<\/p>\n<p>     N, recibe por esta se\u00f1al el Don del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>     El confirmando dice: Amen Despu\u00e9s de unas palabras finales de animaci\u00f3n, se concluye el acto con la oraci\u00f3n final y la bendici\u00f3n de los presentes<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl volumen de publicaciones sobre cualquier aspecto de la confirmaci\u00f3n es enorme: los or\u00ed\u00adgenes; el rito; el receptor, en particular la edad que hay que tener para recibirla; los efectos del sacramento y su dimensi\u00f3n eclesial; la pr\u00e1ctica de otras Iglesias. Este art\u00ed\u00adculo se centrar\u00e1 en la dimensi\u00f3n eclesial del sacramento y tomar\u00e1 como fuentes principales el Vaticano II, la constituci\u00f3n apost\u00f3lica que sirve de introducci\u00f3n al rito revisado y el texto lit\u00fargico mismo.<\/p>\n<p>El Vaticano II pidi\u00f3 la renovaci\u00f3n del sacramento de la confirmaci\u00f3n, de modo que se pusiera de relieve el lugar que ocupa dentro del rito global de la iniciaci\u00f3n (SC 71). En LG 11 hay tres comparativos (se\u00f1alados con cursiva) que muestran el punto clave de la confirmaci\u00f3n, a saber, su relaci\u00f3n con el bautismo: \u00abPor el sacramento de la confirmaci\u00f3n se vinculan m\u00e1s estrechamente  a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial  del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y con ello quedan obligados m\u00e1s estrictamente (arctius obligantur)  a difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, con su palabra y sus obras\u00bb. Parece haber aqu\u00ed\u00ad un primer efecto individual (el fortalecimiento) y dos efectos eclesiales (la vinculaci\u00f3n a la Iglesia y la obligaci\u00f3n del testimonio). Casi todas las obras sobre la confirmaci\u00f3n se\u00f1alan a Fausto de Riez (siglo V) como el responsable de la idea de la fuerza (ad robur).<br \/>\nEn la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Divinae consortium naturae  (DCN), de 1971, que hac\u00ed\u00ada de introducci\u00f3n al rito revisado, Pablo VI manten\u00ed\u00ada esta teolog\u00ed\u00ada b\u00e1sica del Vaticano II, como hac\u00ed\u00ada la Introducci\u00f3n General (IG) y el rito mismo. El rito revisado fue obra casi enteramente de B. Botte, con algunas aportaciones de B. Kleinheyer, de ah\u00ed\u00ad la importancia de sus estudios. La base escritur\u00ed\u00adstica tradicional de la confirmaci\u00f3n (He 8,15-17) es reforzada en DCN conuna presentaci\u00f3n de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la vida de Jes\u00fas y en Pentecost\u00e9s. Despu\u00e9s de hacer un estudio hist\u00f3rico del rito, Pablo VI adopta una f\u00f3rmula bizantina modificada: Accipe signaculum doni Spiritus Sancti  (\u00abRecibe por esta se\u00f1al el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb). Para consternaci\u00f3n de algunos liturgistas, el Papa declar\u00f3 que la tradicional imposici\u00f3n de la mano estaba contenida en la unci\u00f3n con el pulgar del obispo. Su perplejidad fue a\u00fan mayor ante el hecho de que la imposici\u00f3n de manos sobre todos los confirmados con la antigua oraci\u00f3n \u00abDios todopoderoso\u00bb no se considerara parte de la esencia del sacramento. En el nuevo rito se pone especial empe\u00f1o en marcar la vinculaci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n con el bautismo: son muy numerosas las referencias de DCN y de IG, as\u00ed\u00ad como del rito. Se ponen tambi\u00e9n de manifiesto los efectos individuales, como la gracia o el fortalecimiento del receptor, as\u00ed\u00ad como su funci\u00f3n eclesial de cara a la difusi\u00f3n del mensaje cristiano (IG 9).<\/p>\n<p>Los problemas teol\u00f3gicos empiezan a plantearse cuando nos preguntamos de qu\u00e9 modo preciso est\u00e1 vinculada la confirmaci\u00f3n con el bautismo, en parte porque LG 11 parece atribuir una funci\u00f3n semejante de cara al testimonio a ambos sacramentos. Se plantean adem\u00e1s problemas teol\u00f3gicos muy importantes en torno a la relaci\u00f3n de este sacramento con la eucarist\u00ed\u00ada, especialmente porque en muchos pa\u00ed\u00adses los ni\u00f1os reciben la eucarist\u00ed\u00ada antes que el segundo sacramento de iniciaci\u00f3n. Una posible soluci\u00f3n estriba en la doctrina tradicional del car\u00e1cter sacramental. Los tres caracteres sacramentales otorgan cada uno un estado dentro de la Iglesia: miembro, testigo oficial, ministro ordenado. Es el car\u00e1cter el que determina el tipo de gracia recibida; la recepci\u00f3n del car\u00e1cter de la confirmaci\u00f3n aumenta l\u00e1 capacidad para recibir la gracia, gracia que en este caso es para una misi\u00f3n p\u00fablica en la Iglesia. Es este mismo car\u00e1cter el que permite que la eucarist\u00ed\u00ada produzca efectos m\u00e1s hondos en un confirmado que en alguien simplemente bautizado. Puede decirse que esta doctrina tiene bases s\u00f3lidas en la ense\u00f1anza de santo Tom\u00e1s.<\/p>\n<p>Se podr\u00ed\u00ada ir m\u00e1s lejos y afirmar que la confirmaci\u00f3n tiene un efecto distinto (dentro de la categor\u00ed\u00ada del testimonio p\u00fablico) seg\u00fan el estado de vida del individuo que la reciba: soltero, casado, viudo, religioso, di\u00e1cono, sacerdote u obispo. En cada uno de estos estados el sacramento tiene distintas posibilidades de efectividad.<\/p>\n<p>Los principales problemas teol\u00f3gicos relacionados con la confirmaci\u00f3n derivan de la pobreza de la pneumatolog\u00ed\u00ada y de la falta de atenci\u00f3n al car\u00e1cter sacramental. Los principales problemas pastorales proceden del hecho de ser la conveniencia, m\u00e1s que la teolog\u00ed\u00ada, la que determina por lo general las cuestiones de la recepci\u00f3n, la edad, la preparaci\u00f3n adecuada y la catequesis.<\/p>\n<p>Las cuestiones pr\u00e1cticas acerca del ministro se tratan en el nuevo ritual y en el C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico  (CIC 879-896). El C\u00f3digo  rechaza la doctrina del Vaticano II de que los obispos son los ministros originarios (ministri originarii,  LG 26), prefiriendo la f\u00f3rmula de Trento, \u00abministros ordinarios\u00bb (ordinarium ministrum, CIC  882). Sin embargo, el obispo puede ser asistido por un sacerdote que le ayude a administrar el sacramento si el n\u00famero de candidatos es muy elevado (IG 8; Rito 28; CIC 814). El sacerdote que bautiza a uno que no es ya un ni\u00f1o, o recibe a una persona ya bautizada en la plena comuni\u00f3n con la Iglesia, lo confirma al mismo tiempo (CIC 883). Los sacerdotes pueden confirmar tambi\u00e9n en peligro de muerte y en algunas otras situaciones (CIC 883 \u00c2\u00a7 3; 884). La Iglesia latina concede, por tanto, mucho valor al ministro episcopal que introduce al candidato en una vida eclesial m\u00e1s plena y que representa en su persona el v\u00ed\u00adnculo apost\u00f3lico con Pentecost\u00e9s (IG 7). En las Iglesias de Oriente el inter\u00e9s se ha centrado m\u00e1s en la integridad de los tres sacramentos de iniciaci\u00f3n, aunque la vinculaci\u00f3n con el obispo se mantiene por la necesidad de usar el crisma elaborado por \u00e9l (CCEO 693). En Oriente la \u00abcrismaci\u00f3n con el santo myron\u00bb,  como se denomina, puede ser realizada v\u00e1lidamente por cualquier sacerdote (CCEO 696 \u00c2\u00a7 1). La mayor\u00ed\u00ada de las Iglesias de Oriente celebran juntos los tres sacramentos de iniciaci\u00f3n. De esto se sigue que la teolog\u00ed\u00ada de la crismaci\u00f3n no est\u00e1 muy desarrollada en Oriente; con algunas excepciones, los orientales suelen considerar la iniciaci\u00f3n sacramental en su conjunto. De hecho las liturgias antiguas y modernas, orientales y occidentales, son tan diversas, que lo \u00fanico que se puede afirmar con certeza en relaci\u00f3n con todos los textos es que hay siempre un don del Esp\u00ed\u00adritu Santo y cierta conexi\u00f3n con el obispo.<\/p>\n<p>La Iglesia est\u00e1 todav\u00ed\u00ada en proceso de comprensi\u00f3n de este segundo, y secundario, sacramento de iniciaci\u00f3n, por lo que las distintas aportaciones de los te\u00f3logos, los liturgistas y los agentes pastorales son contribuciones importantes.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>El sacramento de la confirmaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tLos convertidos de la comunidad de Samar\u00ed\u00ada, que ya hab\u00ed\u00adan sido \u00abbautizados en el nombre de Jes\u00fas\u00bb (Hech 8,16), recibieron una nueva gracia del Esp\u00ed\u00adritu \u00abPedro y Juan&#8230; oraron por ellos para que recibieran el Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; les impusieron las manos y recibieron el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Hech 8,14-17). Es, pues, en este comunidad donde aparece por primera vez el sacramento de la confirmaci\u00f3n, como sacramento especial y en relaci\u00f3n con el bautismo. Los obispos \u00abson los ministros originarios de la confirmaci\u00f3n\u00bb (LG 26). En Oriente, es el presb\u00ed\u00adtero quien ordinariamente administra la confirmaci\u00f3n (despu\u00e9s de conferir el bautismo). En el rito latino, los obispos pueden permitir que este sacramento sea administrado por los presb\u00ed\u00adteros.<\/p>\n<p>\tLa \u00abconfirmaci\u00f3n\u00bb (o \u00abcrismaci\u00f3n\u00bb) es uno de los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, juntamente con el bautismo y la Eucarist\u00ed\u00ada. La gracia especial del Esp\u00ed\u00adritu Santo, recibida en este sacramento, convierte los creyentes en defensores y ap\u00f3stoles de la fe \u00abPor el sacramento de la confirmaci\u00f3n se vinculan m\u00e1s a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Esp\u00ed\u00adritu y con ello quedan obligados m\u00e1s estrictamente a difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra y juntamente con las obras\u00bb (LG 11).<\/p>\n<p>\tTodo bautizado ha recibido la \u00abprenda\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Ef 1,14; 2Cor 1,22; 5,5), para vivir la filiaci\u00f3n divina participada o adoptiva \u00abLa prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo que clama \u00c2\u00a1Abb\u00e1, Padre!\u00bb (Gal 4,6). El cristiano es \u00abtemplo del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (1Cor 3,16), vive seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu (Gal 5,25) y obra con la libertad del Esp\u00ed\u00adritu de amor (2Cor 3,17). El crecimiento en la vida nueva necesita el refuerzo de nuevas gracias del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>\tLa \u00abunci\u00f3n\u00bb para vivir y defender la fe<\/p>\n<p>\tPor medio del sacramento de la confirmaci\u00f3n, se recibe una nueva \u00abse\u00f1al\u00bb (\u00abcar\u00e1cter\u00bb) o prenda del Esp\u00ed\u00adritu, con abundancia de sus gracias y dones, que robustecen al cristiano para incorporarse m\u00e1s plenamente a la Iglesia, para luchar contra el mal y para defender y comunicar la fe. El \u00abconfirmado\u00bb asume la responsabilidad de colaborar m\u00e1s responsablemente en la comunidad eclesial, que es misionera por su misma naturaleza.<\/p>\n<p>\tEl \u00abcar\u00e1cter\u00bb y la gracia del sacramento de la confirmaci\u00f3n son dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo para completar o \u00abconfirmar\u00bb las gracias recibidas en el bautismo. El rito de la imposici\u00f3n de las manos y de la unci\u00f3n con el santo crisma en la frente indican una comunicaci\u00f3n especial de la unci\u00f3n y consagraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, como participaci\u00f3n en la misma unci\u00f3n de Cristo (el \u00abungido\u00bb o Mes\u00ed\u00adas). La f\u00f3rmula sacramental es as\u00ed\u00ad \u00abRecibe por esta se\u00f1al el don del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. La comunidad de los bautizados y confirmados constituye el pueblo \u00abmesi\u00e1nico\u00bb (Ez 36,25-27), hecho part\u00ed\u00adcipe de la misma unci\u00f3n sacerdotal de Cristo por el Esp\u00ed\u00adritu (Hech 10,39; Lc 4,18).<\/p>\n<p>\tEsta nueva \u00abunci\u00f3n\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu indica que su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica penetra todo el ser humano, purific\u00e1ndolo, embelleci\u00e9ndolo, haci\u00e9ndolo m\u00e1s \u00e1gil, santific\u00e1ndolo, haci\u00e9ndolo part\u00ed\u00adcipe de la misma vida divina, comunic\u00e1ndole el gozo de la esperanza. En el sacramento de la confirmaci\u00f3n se comunica la fortaleza del Esp\u00ed\u00adritu para vivir, defender y comunicar la fe, asumiendo la responsabilidad de construir la comunidad eclesial como comunidad prof\u00e9tica, sacerdotal y real.<\/p>\n<p>\tUnci\u00f3n y dones del Esp\u00ed\u00adritu para la misi\u00f3n<\/p>\n<p>\tEste \u00absello\u00bb es marca indeleble, como en los sacramentos del bautismo y orden. En la confirmaci\u00f3n significa especialmente la pertenencia total a Cristo, a modo de opci\u00f3n fundamental y decisiva. La presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo har\u00e1 posible afrontar las dificultades de la existencia humana y transformarlas seg\u00fan la verdad y el amor. Los efectos de esta comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu se manifiestan en el crecimiento o profundizaci\u00f3n de la gracia y filiaci\u00f3n divina recibidas en el bautismo. Los dones del Esp\u00ed\u00adritu se comunican con un nuevo impulso, para que el creyente reaccione m\u00e1s espont\u00e1neamente seg\u00fan el programa de amor de las bienaventuranzas.<\/p>\n<p>\tLa fortaleza para vivir, confesar, defender y difundir la fe, manifiesta una cierta adultez, no tanto unida a la edad cuanto a la madurez de la vida cristiana iniciada en el bautismo. Por el sacramento de la confirmaci\u00f3n, el creyente se integra o incorpora m\u00e1s responsablemente a la Iglesia particular (presidida por un sucesor de los Ap\u00f3stoles) y a la Iglesia universal (presidida por el sucesor de Pedro). Esta incorporaci\u00f3n se traduce en disponibilidad para la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Referencias Bautismo, dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, Esp\u00ed\u00adritu Santo, martirio, sacramentos, testimonio.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 11, 26, 33; SC 71; CEC 1285-1321; CIC 879-896<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada A. ADAM, La confirmaci\u00f3n y la cura de almas (Barcelona, Herder, 1962); D. BOROBIO, Confirmar hoy (Bilbao, Descl\u00e9e, 1979); T. CAMELOT, Bautismo y confirmaci\u00f3n en la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea (Barcelona 1961); R. FALSINI, Confirmaci\u00f3n, en Nuevo Diccionario de Liturgia (Madrid, Paulinas, 1987) 423-452; P. FRANSEN, Confirmaci\u00f3n, en Sacramentum Mundi (Barcelona, Herder, 1972ss) 912-925; A. HAMMAN, Bautismo y confirmaci\u00f3n (Barcelona, Herder, 1971); B. NEUNHEUSER, Bautismo y confirmaci\u00f3n, en Historia de lo dogmas IV\/2 ( BAC, Madrid, 1974); S. VERGES, El bautismo y la confirmaci\u00f3n (Santander, Sal Terrae, 1972).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: 1. La pastoral de la Confirmaci\u00f3n a lo largo de la historia. a) El bautismo de adultos y de ni\u00f1os b) El obispo, ministro de la Confirmaci\u00f3n en Occidente. c) La Eucaristia, en la edad de la discreci\u00f3n. d) Un problema a\u00f1adido. &#8211; 2. Los senderos de la recuperaci\u00f3n. a) La orientaci\u00f3n de santo Tom\u00e1s. b) Erasmo y los Reformadores. c) Trento y postrento. &#8211; 3. Orientaciones teol\u00f3gicas para una pastoral de la Confirmaci\u00f3n. a) La Confirmaci\u00f3n, parte de la iniciaci\u00f3n cristiana. b) Catecumenado. c) La Confirmaci\u00f3n, sacramento que vincula de un modo nuevo con la Iglesia.-4. Algunas cuestiones m\u00e1s urgentes de la pastoral actual de Confirmaci\u00f3n. a) Posposici\u00f3n de la Confirmaci\u00f3n a la Eucarist\u00ed\u00ada. b) Catecumenado. c) El ministro de la Confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. La pastoral de la Confirmaci\u00f3n a lo largo de la historia<br \/>\nLa pastoral de la Confirmaci\u00f3n en la Iglesia latina est\u00e1 estrechamente vinculada a tres factores: la evoluci\u00f3n de la praxis del bautismo de adultos y de ni\u00f1os, la reserva del sacramento al obispo en Occidente cuando se multiplicaron las comunidades cristianas lejanas a la sede episcopal, y la fijaci\u00f3n de la edad para recibir la primera comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>a) El bautismo de adultos y de ni\u00f1os. Durante los primeros siglos, la norma consisti\u00f3 en enmarcar el Bautismo, la Confirmaci\u00f3n y la Primera Eucarist\u00ed\u00ada en el contexto m\u00e1s amplio, la iniciaci\u00f3n cristiana y celebrarlos durante la Vigilia Pascual que presid\u00ed\u00ada el obispo rodeado de su presbiterio, tanto si eran adultos como si eran ni\u00f1os, fuesen o no infantes, con tal que fuesen hijos de padres cristianos. Los adultos recib\u00ed\u00adan el Bautismo, la Confirmaci\u00f3n y primera Eucarist\u00ed\u00ada despu\u00e9s de varios a\u00f1os de catecumenado; los ni\u00f1os, en cambio, s\u00f3lo se un\u00ed\u00adan a ellos en el momento de los sacramentos. Unos y otros segu\u00ed\u00adan el mismo ritual, el cual establec\u00ed\u00ada que el obispo impusiera la mano sobre los ne\u00f3fitos y los ungiera con crisma, y de este modo les diera el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Esta situaci\u00f3n perdur\u00f3 hasta la paz constantiniana. Durante este per\u00ed\u00adodo la Confirmaci\u00f3n segu\u00ed\u00ada al Bautismo, preced\u00ed\u00ada a la Eucarist\u00ed\u00ada y estaba \u00ed\u00adntimamente vinculada con ambos, m\u00e1s a\u00fan, con toda la iniciaci\u00f3n cristiana en el plano teol\u00f3gico, lit\u00fargico y pastoral.<\/p>\n<p>Cuando en el siglo IV comenzaron las conversiones masivas, se opt\u00f3 por abreviar el catecumenado, reduci\u00e9ndolo al tiempo de Cuaresma. Sin embargo, esto no afect\u00f3 a los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana: los tres siguieron celebr\u00e1ndose durante la Vigilia Pascual presidida por el obispo, y \u00e9ste sigui\u00f3 dando el Esp\u00ed\u00adritu Santo mediante la crismaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A finales del siglo V y principios del VI se hab\u00ed\u00ada llegado a esta situaci\u00f3n: las conversiones ininterrumpidas hab\u00ed\u00adan provocado que el n\u00famero de adultos que recib\u00ed\u00adan el bautismo fuese muy escaso, mientras que el de ni\u00f1os era el habitual. Esto trajo consigo la desaparici\u00f3n pr\u00e1ctica del catecumenado. No obstante, los ni\u00f1os continuaron recibiendo los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n durante la Vigilia Pascual, por lo que se refiere a la ciudad de Roma y a las comunidades de los lugares en los que resid\u00ed\u00ada el obispo. En Roma, no se present\u00f3 ninguna dificultad. En cambio, fuera de Roma surgieron dificultades, como consecuencia de la evangelizaci\u00f3n del medio rural y la primera dispersi\u00f3n del presbiterio; pues, mientras en la ciudad donde resid\u00ed\u00ada el obispo, \u00e9ste pod\u00ed\u00ada seguir celebrando los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n durante la Vigilia Pascual, en el campo no pod\u00ed\u00ada hacerse presente. Pod\u00ed\u00ada haberse seguido la costumbre de Oriente, donde los presb\u00ed\u00adteros celebraban habitualmente la Confirmaci\u00f3n, pero se prefiri\u00f3 seguir la costumbre de que \u00e9sta se reservara al obispo. Por este motivo se separaron \u00abla administraci\u00f3n de este sacramento y la del bautismo\u00bb.<\/p>\n<p>Es verdad que \u00aba veces se invitaba a los bautizados a trasladarse a la ciudad episcopal durante la octava de pascua para recibir del obispo la confirmaci\u00f3n\u00bb (R. BERAUDY, La iniciaci\u00f3n cristiana, en A. G. MARTIMORT (dir), La Iglesia en oraci\u00f3n, Barcelona 1967, 613), pero \u00ablas m\u00e1s de las veces se difer\u00ed\u00ada \u00e9sta hasta el pr\u00f3ximo paso del obispo por las parroquias, uso que se practicaba ya en el siglo VI en la ciudad de Arl\u00e9s\u00bb (ibidem), y presumiblemente en Espa\u00f1a no mucho tiempo despu\u00e9s. La situaci\u00f3n resultante, por tanto, fue \u00e9sta: el Bautismo y la Primera comuni\u00f3n siguieron unidos y vinculados a la Vigilia Pascual, mientras que la Confirmaci\u00f3n se celebr\u00f3 de modo independiente, antes o despu\u00e9s de la Primera Comuni\u00f3n, seg\u00fan el tiempo de la visita pastoral del obispo, aunque con la clara conciencia de que se pospon\u00ed\u00ada a la Eucarist\u00ed\u00ada \u00fanicamente por estar reservada al obispo. La evoluci\u00f3n natural de las cosas trajo consigo que desde el siglo IX existiese un Ordo aut\u00f3nomo de la Confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las consecuencias que esto trajo consigo fueron fundamentalmente estas tres: ruptura del ritmo unitario de la iniciaci\u00f3n cristiana, modificaciones profundas de car\u00e1cter ritual y pastoral y, sobre todo, un cambio de perspectiva, al recibirse los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, sobre todo el Bautismo, para asegurar la salvaci\u00f3n personal escatol\u00f3gica. Esto \u00faltimo trajo consigo ciertas repercusiones teol\u00f3gico-pastorales.<\/p>\n<p>En primer lugar, pierde vigor progresivamente la relaci\u00f3n Iglesia-salvaci\u00f3n, pues aunque todos saben que el Bautismo introduce en la comunidad cristiana, \u00e9sta corre el peligro de ser entendida como agregaci\u00f3n a un grupo religioso. Adem\u00e1s, como se sabe que el Bautismo confiere el perd\u00f3n de los pecados y el don del Esp\u00ed\u00adritu -los dos requisitos para obtener la salvaci\u00f3n eterna- el Bautismo pasa a ser considerado no s\u00f3lo como sacramento necesario sino suficiente para garantizar la posesi\u00f3n de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El desarrollo que experiment\u00f3 el bautismo de adultos est\u00e1, por tanto, en la base de los primeros cambios importantes de la pastoral de la Confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) El obispo, ministro de la Confirmaci\u00f3n en Occidente. En Oriente, el cristianismo se propag\u00f3 en seguida en los medios rurales, haciendo inviable la presencia del obispo en la celebraci\u00f3n de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n durante la Vigilia Pascual. Pero no se cre\u00f3 un problema especial, al establecerse la norma de que fuera el presb\u00ed\u00adtero quien realizara dicha celebraci\u00f3n. Al contrario, esta disciplina hizo posible que continuaran unidos los tres sacramentos y que la Confirmaci\u00f3n manifestara su originaria vinculaci\u00f3n con los Ap\u00f3stoles, dado que la consagraci\u00f3n del myron estaba reservada al obispo. Este planteamiento se ha mantenido invariable hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>En Occidente, en cambio, las cosas siguieron otros derroteros, al reservarse al obispo no s\u00f3lo la consagraci\u00f3n del crisma sino la celebraci\u00f3n de la Confirmaci\u00f3n. Es verdad que no hubo plena uniformidad en la praxis de las Iglesias de Roma, Mil\u00e1n, Galia y Espa\u00f1a, pero todas subrayaron la conexi\u00f3n entre la Confirmaci\u00f3n y el obispo. La Iglesia romana fue, sin duda, la que m\u00e1s insisti\u00f3 en este punto.<\/p>\n<p>Mientras las comunidades cristianas estuvieron radicadas en el casco urbano de Roma no existi\u00f3 ning\u00fan problema especial para mantener unidos los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n, que siguieron celebr\u00e1ndose en el curso de la Vigilia Pascual. Por otra parte, no se plante\u00f3 variar el orden de los sacramentos ni menos a\u00fan posponer la Confirmaci\u00f3n a la Eucarist\u00ed\u00ada, bien se tratase de adultos o de ni\u00f1os. La Confirmaci\u00f3n sigui\u00f3 ocupando un discreto lugar respecto al Bautismo y a la Eucarist\u00ed\u00ada, y apareciendo como un sacramento relacionado de modo especial con el Esp\u00ed\u00adritu y como una perfecci\u00f3n del Bautismo.<\/p>\n<p>Los problemas surgieron cuando el cristianismo se extendi\u00f3 a los campos e hizo imposible la presencia del obispo en la Vigilia Pascual; pues no se adopt\u00f3 la soluci\u00f3n de Oriente sino que el obispo continu\u00f3 siendo el \u00fanico ministro de la Confirmaci\u00f3n. Ya hemos visto antes cu\u00e1l fue el rumbo que siguieron los acontecimientos y sus repercusiones en la pastoral de la iniciaci\u00f3n cristiana en general y, m\u00e1s en concreto, de la Confirmaci\u00f3n. Es m\u00e1s que probable que si en Occidente se hubiese seguido la opci\u00f3n de Oriente, se habr\u00ed\u00adan evitado casi todos los problemas posteriores anejos a la Confirmaci\u00f3n, sobre todo su excesiva autonom\u00ed\u00ada y posposici\u00f3n a la Primera Comuni\u00f3n. Es verdad que habr\u00ed\u00ada quedado menos subrayada la eclesialidad de la Confirmaci\u00f3n y su vinculaci\u00f3n con la Iglesia local, pero incluso estas dimensiones se habr\u00ed\u00adan salvaguardado suficientemente, reservando al obispo la consagraci\u00f3n del Crisma y la celebraci\u00f3n de la Confirmaci\u00f3n cuando estuviese presente.<\/p>\n<p>c) La Eucarist\u00ed\u00ada, en la edad de la discreci\u00f3n. En 1215, el IV concilio de Letr\u00e1n estableci\u00f3 que la primera comuni\u00f3n se recibiese a la \u00abedad de la discreci\u00f3n\u00bb (D 812). Esta circunstancia trajo consigo una reorganizaci\u00f3n de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, con este resultado: enseguida del nacimiento, el Bautismo -dado que desde hac\u00ed\u00ada dos siglos se hab\u00ed\u00ada generalizado el bautismo de ni\u00f1os quam primum y no en la noche de Pascua-; la Confirmaci\u00f3n, en la primera visita pastoral del obispo; y la Eucarist\u00ed\u00ada, a la edad de la discreci\u00f3n, antes o despu\u00e9s de la Confirmaci\u00f3n, dependiendo de la presencia del obispo. Como quiera que desde hac\u00ed\u00ada m\u00e1s de un siglo, concretamente desde el 1080, la liturgia romana era la liturgia de todo el Occidente y se trataba de un concilio ecum\u00e9nico, la norma lateranense afect\u00f3 a toda la Iglesia latina. Con ella, quedaba truncada completamente la unidad celebrativa de la iniciaci\u00f3n, aunque, de otro lado, hizo m\u00e1s viable seguir la secuencia tradicional de Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Primera comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Por otra parte, el rito de la Confirmaci\u00f3n, que ten\u00ed\u00ada ya su autonom\u00ed\u00ada desde hac\u00ed\u00ada tiempo (s. IX), experiment\u00f3 algunas variaciones importantes en la di\u00f3cesis de Metz, donde Durando cre\u00f3 un Pontifical, que pronto ser\u00ed\u00ada asumido como el Pontifical oficial romano. Poco a poco fue decreciendo la conciencia teol\u00f3gica y pastoral sobre la relaci\u00f3n de la Confirmaci\u00f3n con los otros dos sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, y la teolog\u00ed\u00ada fue insistiendo cada vez m\u00e1s en que el confirmado es un miles Christi, sin ahondar sobre otras consecuencias teol\u00f3gico-pastorales de la doctrina de Santo Tom\u00e1s sobre la Confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>d) Un problema a\u00f1adido. La pastoral de la Confirmaci\u00f3n sufri\u00f3 un nuevo golpe cuando fue instrumentada por la catequesis en algunas di\u00f3cesis de Francia duran-te el siglo XVII. Hasta ese momento, en efecto, exist\u00ed\u00ada la conciencia de que la Confirmaci\u00f3n debe preceder a la Primera Comuni\u00f3n, incluso cuando se pospon\u00ed\u00ada por la ausencia del obispo. Si \u00e9ste pod\u00ed\u00ada hacerse presente en la comunidad, el orden celebrativo de los sacramentos era \u00e9ste: Bautismo, Confirmaci\u00f3n, Primera Comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>El Bautismo segu\u00ed\u00ada consider\u00e1ndose como el sacramento-puerta de la Iglesia y la Eucarist\u00ed\u00ada como la cumbre de los sacramentos. Por otra parte, exist\u00ed\u00ada la conciencia de que si un cristiano pod\u00ed\u00ada recibir la primera comuni\u00f3n, con mayor motivo pod\u00ed\u00ada recibir la Confirmaci\u00f3n. Este estado de cosas vari\u00f3 sustancialmente cuando el S\u00ed\u00adnodo de Toulon estableci\u00f3 que \u00abpara asegurar que los ni\u00f1os que se presentan en esta di\u00f3cesis para confirmar est\u00e9n suficientemente instruidos, se ordena que s\u00f3lo se confirmen despu\u00e9s de haber hecho la primera comuni\u00f3n\u00bb (R. LEVET, L&#8217;\u00e1ge de la Confirmation, \u00abLa Maison Dieu\u00bb 54 (1958) 121-128). Esta disposici\u00f3n, en efecto, no s\u00f3lo comportaba una inversi\u00f3n pr\u00e1ctica sino teol\u00f3gica de la iniciaci\u00f3n cristiana, al perder la Confirmaci\u00f3n su originaria y radical orientaci\u00f3n hacia la Eucarist\u00ed\u00ada y quedar condicionada por la catequesis, concebida, por lo dem\u00e1s, como instrucci\u00f3n doctrinal. Benedicto XIV desautoriz\u00f3 esta praxis y Le\u00f3n XIII apoy\u00f3 la propuesta pastoral del obispo de Marsella, tendente a restaurar en su di\u00f3cesis los usos vigentes en el resto de la Iglesia Latina, pues los usos que all\u00ed\u00ad y en otros lugares se segu\u00ed\u00ada estaba \u00aben abierta oposici\u00f3n con la antigua y constante praxis eclesial\u00bb (Epist. Abro-gata. Leonis XIII Pontifici Maximi Acta, XIII, Romae 1889, 205-206).<\/p>\n<p>En las d\u00e9cadas posteriores al Vaticano II no siempre se ha tenido en cuenta esta sabia disposici\u00f3n, cuyo \u00faltimo fundamento teol\u00f3gico no es otro que la Eucarist\u00ed\u00ada es la cumbre de todo el organismo sacramental, puesto que posee no s\u00f3lo la gracia (sacramentos) sino al mismo autor de la gracia, seg\u00fan la ense\u00f1anza cl\u00e1sica.<\/p>\n<p>2. Los senderos de la recuperaci\u00f3n<br \/>\nLa principal objeci\u00f3n que se hac\u00ed\u00ada a la Confirmaci\u00f3n era que no aportaba nada al Bautismo, respecto a los fines de la salvaci\u00f3n. Esto explica que la teolog\u00ed\u00ada se esforzase en resaltar los dones espec\u00ed\u00adficos de santificaci\u00f3n subjetiva que a\u00f1ade la Confirmaci\u00f3n a los conferidos por el Bautismo. Tal tendencia ya aparece impl\u00ed\u00adcita en el famoso serm\u00f3n de Pentecost\u00e9s de Fausto de Riez (segunda mitad del siglo V), donde, con una imagen bastante novedosa en la tradici\u00f3n cristiana, contempla el Bautismo como el alistamiento en el ej\u00e9rcito cristiano y la Confirmaci\u00f3n como el armamento para la lucha. El Bautismo recluta los soldados de Cristo y la Confirmaci\u00f3n les da las armas para combatir.<\/p>\n<p>Esta explicaci\u00f3n tuvo gran \u00e9xito y sirvi\u00f3 para acentuar la separaci\u00f3n entre la pastoral y la teolog\u00ed\u00ada de la Confirmaci\u00f3n. Mientras la teolog\u00ed\u00ada seguir\u00e1 el camino de ilustrar los efectos de la Confirmaci\u00f3n, la pastoral, en cambio, -sin los elementos operativos que ofrec\u00ed\u00ada el catecumenado y sin una apoyatura doctrinal que presentase los significados y compromisos hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adficos derivados de la Confirmaci\u00f3n- tiene que contentarse con que los cristianos, adem\u00e1s del Bautismo, reciban la Confirmaci\u00f3n. De este modo, aunque sin pretenderlo, la pastoral contribuir\u00e1 a que el sacramento sea m\u00e1s un &#8216;rito de despedida&#8217; que de reclutamiento y compromiso.<\/p>\n<p>a) La orientaci\u00f3n de santo Tom\u00e1s. Santo Tom\u00e1s es una excepci\u00f3n en la historia de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la Confirmaci\u00f3n y su doctrina podr\u00ed\u00ada haber sido una premisa para el correcto desarrollo de la teolog\u00ed\u00ada y de la pastoral de este sacramento.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n tomista gira sobre estos tres ejes: 1) la estrecha conexi\u00f3n existente entre el Bautismo y la Confirmaci\u00f3n: \u00abEste sacramento es casi la plena realizaci\u00f3n del Bautismo (STh., 3, 72, .2 ad 11); 2) la Confirmaci\u00f3n es al Bautismo lo que el crecimiento es al nacimiento (STh., 3, q.72, a.2 ad 2 et ad 6); 3) el confirmado es un \u00abadultus spiritualiter\u00bb y del mismo modo que se puede nacer por el B. estando en la madurez o vejez, se puede madurar espiritualmente en la edad infantil\u00bb (STh., 3, q.72, a.8 in corp).<\/p>\n<p>La doctrina tomista fue el punto de referencia en los siglos posteriores. Pero el hecho de que el mismo santo Tom\u00e1s no hubiese desarrollado los puntos eclesiol\u00f3gicos subyacentes y, sobre todo, el que su doctrina fuera recibida en un contexto cultural que facilitaba una lectura preconcebida, dar\u00ed\u00adan lugar a equ\u00ed\u00advocas interpretaciones teol\u00f3gicas y a problem\u00e1ticas opciones pastorales.<\/p>\n<p>b) Erasmo y los Reformadores. El punto cr\u00ed\u00adtico que puede unas y otras es, sobre todo, el tercero. Precisamente, apoyado en que la Confirmaci\u00f3n es un momento de crecimiento y maduraci\u00f3n, Erasmo propuso convertir este sacramento en una especie de \u00abratificaci\u00f3n\u00bb del Bautismo recibido en edad infantil; propuesta que encontr\u00f3 una acogida muy favorable en la Reforma, pues sin necesidad de reconocer la sacramentalidad de la Confirmaci\u00f3n, ofrec\u00ed\u00ada a los creyentes una ocasi\u00f3n para realizar una elecci\u00f3n de fe personal refleja.<\/p>\n<p>c) Trento y postrento. El concilio de Trento conden\u00f3 la doctrina de los Reformadores. Ahora bien, como quiera que la preocupaci\u00f3n principal de los padres conciliares era la de salvaguardar la sacramentalidad de la Confirmaci\u00f3n, continu\u00f3 serpeteando dentro de la pastoral cat\u00f3lica la inconfesada aspiraci\u00f3n de utilizar este sacramento para favorecer una opci\u00f3n m\u00e1s consciente de la fe y de la vida cristiana.<\/p>\n<p>Esta tendencia emergi\u00f3 por primera vez en Francia, durante el siglo XVIII, donde se pospuso la Confirmaci\u00f3n hasta los doce o m\u00e1s a\u00f1os por estos motivos. Sin embargo, la tendencia cobr\u00f3 especial vigor en fechas m\u00e1s recientes, sobre todo a partir del decreto Quam singulari de P\u00ed\u00ado X. Dado que permit\u00ed\u00ada admitir a la primera comuni\u00f3n a los ni\u00f1os que hubiesen llegado al uso de raz\u00f3n (hacia los siete a\u00f1os), muchos vieron en la Confirmaci\u00f3n el \u00fanico sacramento de la iniciaci\u00f3n cristiana disponible, de hecho, para impartir una instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica m\u00e1s profunda y una opci\u00f3n de fe m\u00e1s personalizada. Las opciones pastorales siguieron ahondando el foso que las separaba de la teolog\u00ed\u00ada, y crearon nuevos problemas, sin resolver apenas la situaci\u00f3n de crisis que sufr\u00ed\u00ada el sacramento de la Confirmaci\u00f3n. Un hecho concreto es la explosi\u00f3n de lo que alguien ha calificado como \u00abpseudoproblema de la edad de la Confirmaci\u00f3n\u00bb (p. 196), dado que el verdadero problema es el de la Confirmaci\u00f3n pospuesta a la Eucarist\u00ed\u00ada, puesto que si \u00e9sta es el v\u00e9rtice de la iniciaci\u00f3n, no se ve c\u00f3mo pueda recibirlo el que todav\u00ed\u00ada no est\u00e1 plenamente iniciado.<\/p>\n<p>El nuevo Ordo confirmationis (1971) -publicado como consecuencia de la reforma lit\u00fargica reciente y que debe ser le\u00ed\u00addo a la luz del posterior Ordo Initiationis christianae adultorum (1972) &#8211; abre perspectivas doctrinales interesantes, adem\u00e1s de resolver algunas cuestiones de relieve sobre el signo sacramental y el ministro. No obstante, desde el punto de vista pr\u00e1ctico, todav\u00ed\u00ada no ha sido capaz de sacar a la pastoral del estado de incertidumbre y fluidez en que se encuentra.<\/p>\n<p>3. Orientaciones teol\u00f3gicas para una pastoral de la Confirmaci\u00f3n<br \/>\nPara superar esta situaci\u00f3n, se requiere un esfuerzo conjunto de la teolog\u00ed\u00ada y de la pastoral, capaz de remover los procesos disociantes ya aludidos. Esta reflexi\u00f3n debe orientarse a la luz de algunos datos que pueden considerarse adquiridos, seg\u00fan los cuales la Confirmaci\u00f3n aparece como un sacramento de la iniciaci\u00f3n cristiana, un sacramento del Esp\u00ed\u00adritu y un sacramento que tiene una especial vinculaci\u00f3n con la Iglesia.<\/p>\n<p>a) La Confirmaci\u00f3n, parte de la iniciaci\u00f3n cristiana. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica actual ha puesto de relieve tanto la especificidad de la Confirmaci\u00f3n como su conexi\u00f3n e interdependencia con los sacramentos del Bautismo y de la Eucarist\u00ed\u00ada. Los tres forman el &#8216;todo&#8217; de la iniciaci\u00f3n cristiana. La Confirmaci\u00f3n no puede, por tanto, llevar una vida independiente ni aut\u00f3noma del Bautismo y de la Eucarist\u00ed\u00ada, puesto que del primero es perfecci\u00f3n y al segundo est\u00e1 intr\u00ed\u00adnsecamente ordenada.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad lo entendi\u00f3 y vivi\u00f3 la Iglesia de los primeros siglos, que prepar\u00f3 los tres sacramentos en un marco com\u00fan de catecumenado y mistagogia, y los celebr\u00f3 en el mismo contexto: la noche de Pascua. La Iglesia actual ha recuperado este marco para los adultos, dado que lo previsto como normal en el Ritual de la Iniciaci\u00f3n cristiana de adultos es que los tres sacramentos se vivan nuevamente en el contexto m\u00e1s amplio del catecumenado por etapas y en el de la mistagogia, y tengan lugar en el mismo acontecimiento celebrativo de la Vigilia Pascual.<\/p>\n<p>Este contexto ha de iluminar la pastoral del supuesto de los ni\u00f1os que reciben el Bautismo a los pocos d\u00ed\u00adas de su nacimiento y la Confirmaci\u00f3n en la adolescencia. No se trata, ciertamente, de reproducir literalmente los pasos que siguen los adultos, entre otras razones porque \u00e9stos se preparan a recibir el Bautismo y aqu\u00e9llos ya lo han recibido. Se trata, m\u00e1s bien, de tener siempre presente que quien ahora se prepara para celebrar la Confirmaci\u00f3n es un bautizado que viene a recibir de un modo m\u00e1s pleno el Esp\u00ed\u00adritu Santo y a iniciarse para poder recibir el Cuerpo y la Sangre del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>El adagio cl\u00e1sico de la \u00e9poca de los Padres: &#8216;Confirmatione baptisma perficitur&#8217; (&#8216;el Bautismo se perfecciona por la Confirmaci\u00f3n&#8217;, &#8216;la Confirmaci\u00f3n perfecciona el Bautismo&#8217;) ha de iluminar cualquier opci\u00f3n pastoral de la Confirmaci\u00f3n. Entre las muchas implicaciones que esto conlleva, \u00e9sta la principal: Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu son dos Personas inseparables. Inseparables en su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y tambi\u00e9n en nuestro camino de adhesi\u00f3n del uno al otro: es Cristo quien nos da el Esp\u00ed\u00adritu -nos lo da a conocer y nos lo env\u00ed\u00ada- porque es &#8216;su&#8217; Esp\u00ed\u00adritu y, al mismo tiempo, es el Esp\u00ed\u00adritu quien revela a Cristo a los creyentes y quien realiza su inserci\u00f3n efectiva en Cristo (cf. Ef 1, 17). Baste pensar que Pentecost\u00e9s, que sella la mayor manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, es, a la vez, el coronamiento del Misterio Pascual y el comienzo de la Iglesia y de los sacramentos, frutos ambos de la Pascua.<\/p>\n<p>Desde Pentecost\u00e9s la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 en acto y se revela a cuantos, creyendo en Cristo, reciban el Bautismo (cf. Act 2, 15-21, 38-41). Por eso, desde ese momento el Bautismo cristiano es designado siempre como &#8216;Bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu&#8217;, es decir, como un evento salv\u00ed\u00adfico complejo que, renovando al hombre y agreg\u00e1ndolo a la comunidad nueva, estructura esta comunidad en la multiplicidad de carismas.<\/p>\n<p>b) La Confirmaci\u00f3n, sacramento del Esp\u00ed\u00adritu. Los textos lit\u00fargicos de todos los tiempos, desde los sacramentarios medievales hasta el actual Ordo Confirmationis, no dejan lugar a dudas respecto a la vinculaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y la Confirmaci\u00f3n. Esta simple constataci\u00f3n exige que la teolog\u00ed\u00ada aporte a la pastoral los datos precisos sobre el papel que el Esp\u00ed\u00adritu juega en la historia de la salvaci\u00f3n, tal y como aparecen en el Antiguo y Nuevo Testamento, para que, desde ellos, pueda realizar opciones v\u00e1lidas de acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los datos m\u00e1s relevantes que ambos Testamentos ofrecen sobre la presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la historia de la salvaci\u00f3n pueden sintetizarse as\u00ed\u00ad. En primer lugar, el Esp\u00ed\u00adritu Santo aparece como el que trasformar\u00e1 a los hombres, sac\u00e1ndoles de un estado de aridez y muerte para introducirlos en una vida nueva (cf. Ez 37, 4-11); vida que dar\u00e1 a los hombres una sensibilidad tan nueva como la del que antes ten\u00ed\u00ada un coraz\u00f3n de piedra y ahora lo tiene de carne (cf. Ez 11, 19; 36, 26-27). En segundo t\u00e9rmino, el Esp\u00ed\u00adritu constituir\u00e1 a los hombres en una comunidad de profetas, de testigos de la fidelidad y santidad de Dios y, en \u00faltima instancia, de la salvaci\u00f3n que Dios quiere realizar (Joel 3, 1-5). En consecuencia -y esta ser\u00ed\u00ada su tercera gran tarea- el Esp\u00ed\u00adritu Santo trasformar\u00e1 la tierra, convirti\u00e9ndola en una verdadera tierra prometida, es decir, en un reino de santidad, paz y justicia (cf. Is 32, 15-16).<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, Dios, por medio del Esp\u00ed\u00adritu, realizar\u00e1 en la \u00e9poca mesi\u00e1nica y escatol\u00f3gica una renovaci\u00f3n radical. Pero tal renovaci\u00f3n no ser\u00e1 tanto estructural o ideol\u00f3gica, cuanto antropol\u00f3gica. No obstante, &#8216;el lugar&#8217; hist\u00f3rico de esa renovaci\u00f3n antropol\u00f3gica es la comunidad nueva suscitada por el Esp\u00ed\u00adritu; a trav\u00e9s de esta comunidad nueva de profetas y testigos el Esp\u00ed\u00adritu renovar\u00e1 la tierra. Estamos, pues, ante las grandes coordenadas de la salvaci\u00f3n y de la acci\u00f3n que en ella desempe\u00f1a el Esp\u00ed\u00adritu. La pastoral de la Confirmaci\u00f3n s\u00f3lo ser\u00e1 adecuada en la medida en que sepa caminar a la luz de esta presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la comunidad de salvaci\u00f3n que es la Iglesia, en la que dicho sacramento introduce de un modo y con una finalidad nuevos.<\/p>\n<p>c) La Confirmaci\u00f3n, sacramento que vincula de un modo nuevo con la Iglesia. La Iglesia aparece siempre en el Nuevo Testamento como una comunidad que se estructura sobre la base de dos magnitudes: la unidad y la multiplicidad. Ambas est\u00e1n tan indisolublemente unidas, que la una no puede realizarse sin la otra y, todav\u00ed\u00ada menos, a costa de la otra.<\/p>\n<p>La unidad viene dada por la \u00fanica Palabra de Dios, en torno a la cual converge una \u00fanica respuesta humana, la fe; y del \u00fanico Cristo, del cual recibe la gracia. La multiplicidad, en cambio, procede o bien de que el servicio a esta \u00fanica Palabra de Dios -que ha de ser anunciada y actualizada en todos los lugares y tiempos de la historia- s\u00f3lo puede hacerse mediante la pluralidad de testimonios, o bien porque la experiencia salv\u00ed\u00adfica de la \u00fanica gracia de Cristo no puede consumarse m\u00e1s que en la multiplicidad de situaciones y estados de vida cristiana. En otras palabras, la unidad est\u00e1 postulada y garantizada por la acci\u00f3n de Dios y la fidelidad del hombre a ella; la multiplicidad est\u00e1 exigida por la historicidad del hombre y garantizada por la fidelidad de Dios a esta misma historicidad. Ahora bien, el Esp\u00ed\u00adritu es el alma de esta doble dimensi\u00f3n de la Iglesia como comunidad de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Baste pensar que san Pablo, que encuentra el fundamento de la unidad en el Esp\u00ed\u00adritu en que hemos sido bautizados, se remite al mismo Esp\u00ed\u00adritu para justificar la multiplicidad de los carismas y exigir su aceptaci\u00f3n y respeto (cf. 1 Cor 123, 4-11). Estas dimensiones de unidad-pluralidad que estructuran a la Iglesia no provienen de la iniciativa humana sino de la iniciativa divina, de la cual las celebraciones sacramentales son signo constitutivo. La unidad y la pluralidad tienen, pues, una connotaci\u00f3n sacramental.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, es plenamente coherente con el dato neotestamentario, afirmar no s\u00f3lo que el Esp\u00ed\u00adritu nos viene dado por un doble evento sacramental -el Bautismo y la Confirmaci\u00f3n-, cada uno de los cuales confirma al otro, sino que mientras el Esp\u00ed\u00adritu que nos otorga el Bautismo constituye a la Iglesia en su unidad, el Esp\u00ed\u00adritu donado en la Confirmaci\u00f3n la constituye en la multiplicidad. En otras palabras, la Confirmaci\u00f3n es la donaci\u00f3n de un Esp\u00ed\u00adritu que confirma la agregaci\u00f3n -ya realizada en el Bautismo- a un \u00fanico Pueblo, confiando a cada uno la multiplicidad de fidelidades a la \u00fanica Palabra de Dios y a la \u00fanica gracia de Cristo, indispensable para llevar a cabo la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva puede hablarse, en cierto sentido, de la Confirmaci\u00f3n como &#8216;sacramento de las vocaciones&#8217;. Decimos &#8216;en cierto sentido&#8217;, para evitar que sea malentendido, como lo fue durante mucho tiempo lo de &#8216;sacramento de la madurez cristiana&#8217;. Ser el &#8216;sacramento de las vocaciones cristianas&#8217; no quiere decir que la Confirmaci\u00f3n descubra a cada cristiano de modo expl\u00ed\u00adcito y directo cu\u00e1l es su papel en la Iglesia -que equivaldr\u00ed\u00ada a una concepci\u00f3n cuasim\u00e1gica del sacramento-, sino que cada bautizado debe buscar e individuar su propio carisma eclesial, seg\u00fan la medida del don del Esp\u00ed\u00adritu, como camino hist\u00f3ricamente concreto de realizaci\u00f3n del Bautismo y de plena y madura pertenencia a la Iglesia. Fuera de los casos extraordinarios, cada uno descubre su propio carisma o vocaci\u00f3n por medio de un conjunto de factores, le\u00ed\u00addos e interpretados a la luz de la fe, vivida en la comunidad a la que los sacramentos nos han dado pertenecer. En t\u00e9rminos semejantes hay que entender la relaci\u00f3n entre Confirmaci\u00f3n y madurez. Apart\u00e1ndose de esta recta orientaci\u00f3n trazada por santo Tom\u00e1s, la teolog\u00ed\u00ada intent\u00f3 justificar durante mucho tiempo praxis pastorales diversas -como eran las de celebrar la Confirmaci\u00f3n en la infancia y en la edad adulta- recurriendo a explicaciones puramente metaf\u00f3ricas o psicol\u00f3gicas de la madurez cristiana.<\/p>\n<p>En realidad, la \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n existente entre el Bautismo y la Confirmaci\u00f3n deber\u00ed\u00ada haber hecho pensar que la madurez cristiana debe ser entendida en clave eclesial, a saber: como pertenencia a la comunidad de salvaci\u00f3n hasta el extremo de hacerse responsable de su misi\u00f3n. Es verdad que el Bautismo implica ya al bautizado en la misi\u00f3n, al agregarlo a la Iglesia; no obstante, es la Confirmaci\u00f3n la que lleva dicha implicaci\u00f3n a plena madurez, especific\u00e1ndola en sentido vocacional.<\/p>\n<p>En este punto es necesario referirse tambi\u00e9n al compromiso cristiano que deriva de la Confirmaci\u00f3n, para no reducirlo a mero testimonio y entenderlo en sentido vocacional. El testimonio, ciertamente, es necesario. Pero la contribuci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del cristiano a la salvaci\u00f3n de la humanidad y a la construcci\u00f3n de un mundo nuevo comporta un modo nuevo de ver el mundo y la historia y, por ello, un esp\u00ed\u00adritu nuevo para construirla. Esto no supone, en contra de lo que aparentemente puede parecer, una justificaci\u00f3n teol\u00f3gica de las instancias pastorales que postulan retrasar la Confirmaci\u00f3n hasta la edad adulta. Pues la Confirmaci\u00f3n no es el aval de un compromiso cristiano ya en acto, sino la acci\u00f3n de Dios que, en su Esp\u00ed\u00adritu funda y constituye un &#8216;poder ser&#8217; dilatado en el tiempo. Seg\u00fan esto, el compromiso que deriva de la Confirmaci\u00f3n ha de entenderse en sentido vocacional, como se hace con el Bautismo de ni\u00f1os y la vida cristiana. As\u00ed\u00ad lo entendieron la literatura y praxis cristianas de los primeros siglos, para quienes el compromiso cristiano consist\u00ed\u00ada es testificar con la vida los misterios salv\u00ed\u00adficos de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu, no como simple coherencia o buen ejemplo.<\/p>\n<p>5. Algunas cuestiones m\u00e1s urgentes de la pastoral actual de Confirmaci\u00f3n<br \/>\nTres son, al parecer, los principales problemas que tiene planteada actualmente la pastoral de la Confirmaci\u00f3n: la posposici\u00f3n a la Eucarist\u00ed\u00ada, la ausencia total de un catecumenado y el ministro.<\/p>\n<p>a) Posposici\u00f3n de la Confirmaci\u00f3n a la E. El mayor problema, quiz\u00e1, consiste en haber aceptado -de modo pasivo o activo, pero siempre cuasi definitivo- posponer la C. a la Eucarist\u00ed\u00ada, que es tanto como dar por buena la ruptura del ritmo teol\u00f3gico y celebrativo de la iniciaci\u00f3n cristiana. El problema se agudiza cuando dicha preterici\u00f3n se postula como el ideal al que debe tender una &#8216;pastoral madura y responsable de la Confirmaci\u00f3n&#8217;.<\/p>\n<p>Cuatro son las razones que justifican este grave aserto. En primer lugar, la infidelidad sacramental que comporta esta praxis, pues la pastoral sacramental no debe servirse de, sino servir a los sacramentos; \u00e9stos nunca deben instrumentalizarse, aunque sea por intenciones y objetivos nobles. En segundo t\u00e9rmino, porque los argumentos que se aducen para justificarla son s\u00f3lo aparentemente objetivos y no resisten una lectura de fe de la situaci\u00f3n. Adem\u00e1s, porque los fines que se propone esta pastoral, no los alcanza frecuentemente. Por \u00faltimo, porque en lugar de resolver los actuales problemas pastorales crea otros mayores. Baste pensar, por ejemplo, en los ni\u00f1os que se bautizan en la edad escolar y en los esposos que reciben la Confirmaci\u00f3n despu\u00e9s del matrimonio. En el primer supuesto, que ya comienza a presentarse en las grandes ciudades y tiende a incrementarse, podr\u00ed\u00ada resultar que -seg\u00fan el Ritual de la Iniciaci\u00f3n cristiana de adultos- unos ni\u00f1os que proceden ordinariamente de familias escasamente practicantes y con una praxis cristiana no luminosa, se encontrar\u00ed\u00adan en una situaci\u00f3n privilegiada respecto a los ni\u00f1os de su misma edad, que han recibido el Bautismo nada m\u00e1s nacer, precisamente porque sus padres eran practicantes e incluso militantes cristianos.<\/p>\n<p>En el segundo caso puede suceder que la Confirmaci\u00f3n se posponga al matrimonio para posibilitar que los esposos tengan una preparaci\u00f3n que ahora resulta imposible por la proximidad de las nupcias. Esta postura, comprensible en cuanto a intenciones, no deja de poner de relieve que la Confirmaci\u00f3n es una especie de motivo ornamental, que se quita y pone en el lugar que m\u00e1s convenga. Parece que la l\u00f3gica cristiana pide que, en supuesto de diferir, deber\u00ed\u00ada ser el Matrimonio, no la Confirmaci\u00f3n. Todos estos problemas y planteamientos incorrectos se obviar\u00ed\u00adan si la Confirmaci\u00f3n quedara bien integrada en un catecumenado, como ahora diremos.<\/p>\n<p>b) Catecumenado. Los datos que aporta la pastoral de la Confirmaci\u00f3n realizada a lo largo de los siglos ponen de manifiesto, de una u otra manera, la preocupaci\u00f3n de dotar a este sacramento de alg\u00fan tipo de catecumenado. El objetivo parece laudable, con tal de que, por una parte, no se quiera copiar al pie de la letra el catecumenado que practic\u00f3 la Iglesia en unos momentos y situaciones culturales y religiosas tan distintas de las nuestras y, por otra, se contemple la idea de un catecumenado prevalentemente, aunque no exclusivamente, postsacramental. Las grandes coordenadas de este catecumenado son dos: su funci\u00f3n formativa y el compromiso de toda la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>Funci\u00f3n formativa del catecumenado de Confirmaci\u00f3n. El catecumenado es, ante todo, una realidad pastoral que consiente tener una experiencia gradual e integral del hecho y de la existencia cristiana. Ciertamente, comporta &#8216;la entrega&#8217; y &#8216;aceptaci\u00f3n&#8217; de unos contenidos catequ\u00e9ticos; pero la actividad catequ\u00e9tica no es ni la \u00fanica ni la m\u00e1s importante. Junto a los contenidos doctrinales b\u00e1sicos, el catecumenado debe proporcionar la educaci\u00f3n necesaria para que la Palabra de Dios, tal y como la entiende la Iglesia, se convierta en el criterio supremo para enjuiciar y valorar cualquier situaci\u00f3n hist\u00f3rica. Se trata, por tanto, de formar una mentalidad, un modo de ver y sentir la realidad seg\u00fan la novedad cristiana. Adem\u00e1s, ha de favorecer un estilo de vida cristiana, que se manifiesta en la fidelidad a la voluntad de Dios como Padre, en la pr\u00e1ctica de las virtudes, en la oraci\u00f3n personal y comunitaria, y en participaci\u00f3n en la vida comunitaria para realizar la misi\u00f3n que le es propia, mediante un continuo apostolado en el propio ambiente, trabajo y familia.<\/p>\n<p>La comunidad cristiana. Precisamente, porque el catecumenado no se limita a una docencia doctrinal, no se agota en la relaci\u00f3n catequista-catequizando\/s sino que abarca a toda la comunidad. En este sentido, es preciso correlacionar los diversos contextos catequ\u00e9ticos: la familia, la parroquia, el colegio, las asociaciones apost\u00f3licas, etc. En una sociedad tan abierta y plural como la presente, la coordinaci\u00f3n, entre parroquia y familia es imprescindible. De hecho, una familia cristiana es, de modo ordinario, la \u00fanica y verdadera garant\u00ed\u00ada de un catecumenado postscramental. Situada en este horizonte, la pastoral despejar\u00ed\u00ada en buena medida las dificultades y problemas que conllevar\u00ed\u00ada celebrar la Confirmaci\u00f3n antes de la Primera Comuni\u00f3n, puesto que la Confirmaci\u00f3n s\u00f3lo se diferir\u00ed\u00ada en el caso de los que pertenecen a familias que no dan ninguna garant\u00ed\u00ada o las dan insuficientes; bien entendido, que en este supuesto, habr\u00ed\u00ada que diferir la Primera Comuni\u00f3n. Por lo dem\u00e1s, la comunidad cristiana es necesaria para realizar, en la pr\u00e1ctica, la b\u00fasqueda y descubrimiento de la propia vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) El ministro de la Confirmaci\u00f3n. La praxis eclesial no presenta ninguna duda sobre este particular: la Confirmaci\u00f3n est\u00e1 vinculada con el obispo. En Oriente, \u00e9l es el que bendice el myron, aunque el presb\u00ed\u00adtero sea ministro ordinario; en Occidente, el obispo es el ministro originario y ordinario, aunque el presb\u00ed\u00adtero sea en ocasiones ministro extraordinario. Hay dos casos que pueden iluminar el problema pastoral del ministro: el de los presb\u00ed\u00adteros que pueden confirmar en peligro de muerte y en la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos.<\/p>\n<p>Dado que el obispo no puede estar presente, podr\u00ed\u00ada pensarse en una concesi\u00f3n ordinaria a los p\u00e1rrocos para confirmar en el supuesto que aqu\u00ed\u00ad se contempla, es decir, en una nueva situaci\u00f3n en la que la Confirmaci\u00f3n preceder\u00ed\u00ada a la Primera Comuni\u00f3n, tanto si ambos sacramentos se celebraban en la misma ocasi\u00f3n como en dos momentos distintos. Desde el punto de vista teol\u00f3gico no hay ninguna dificultad, como atestigua la praxis de Oriente. Por lo dem\u00e1s, si el presb\u00ed\u00adtero puede celebrar el sacramento-cumbre de la iniciaci\u00f3n cristiana -la Eucarist\u00ed\u00ada- y el que da acceso y es fundamento de todos los dem\u00e1s -el Bautismo-, con mayor raz\u00f3n podr\u00ed\u00ada conferir el de la Confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Ritual de la Confirmaci\u00f3n, Madrid 1976; la gestaci\u00f3n y problem\u00e1tica fundamental en A. BUGNINI, La reforma lit\u00fargica, Madrid, BAC 1999, 523-543; COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Sobre algunos aspectos doctrinales del Sacramento de la Confirmaci\u00f3n (24.10.1991).<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Antonio Abad Ib\u00e1\u00f1ez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Iluminaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica: 1. Misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu; 2. Imposici\u00f3n de manos; 3. Crismaci\u00f3n; 4. \u00ab&#8216;Sello\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu.-II. Teolog\u00ed\u00ada de la confirmaci\u00f3n.-III. Celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al exponer en este art\u00ed\u00adculo algunos aspectos del sacramento de la confirmaci\u00f3n, no olvidamos su estrecha vinculaci\u00f3n con el bautismo ni su dinamismo interno hacia la eucarist\u00ed\u00ada. Esta intercomuni\u00f3n de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n es el horizonte en que debe situarse la explicaci\u00f3n de cada uno de ellos, puesto que la vinculaci\u00f3n de la c. \u00abcon el bautismo y con la eucarist\u00ed\u00ada subraya la unidad de la iniciaci\u00f3n sacramental que se ha de entender como un todo\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>I. Iluminaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica<br \/>\nSi los sacramentos son sacramentos de la nueva alianza tienen que fundarse en Cristo. Ciertamente, no se puede buscar para cada sacramento una palabra institucional de Jes\u00fas, pero -si no son un invento de la Iglesia- todos ellos tendr\u00e1n que remitirse a Cristo como a su principio y ra\u00ed\u00adz. Esto vale de una manera particular para la confirmaci\u00f3n. Es doctrina oficial de la Iglesia que la c. es uno de los siete sacramentos de la nueva alianza (DS 1310. 1317. 1628. 3444); oficial es tambi\u00e9n la doctrina de su instituci\u00f3n por Cristo (DS 1601); luego el sacramento de la confirmaci\u00f3n, como segundo sacramento (DS 1317), encuentra su fundamento y raz\u00f3n de ser en el misterio y obra redentora de Cristo.<\/p>\n<p>Que en el NT no hay datos claros y definitivos para &#8216;localizar&#8217; el sacramento de la c. como signo sacramental independiente, es algo en lo que parecen coincidir la mayor\u00ed\u00ada de los autores posconciliares que han estudiado esta cuesti\u00f3n. Porque si el asunto hubiera estado claro desde el principio, la historia de la c. no hubiera sido tan accidentada3. Los datos que aporta el NT para la fundamentaci\u00f3n de la c. como sacramento de la nueva alianza, son los siguientes:<\/p>\n<p>1. MISI\u00ed\u201cN DEL ESP\u00ed\u008dRITU. A la realizaci\u00f3n plena de la obra de la salvaci\u00f3n pertenece, en primer lugar, la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo como don escatol\u00f3gico de Cristo resucitado. El mismo Esp\u00ed\u00adritu por el cual fue concebido Jes\u00fas (cf. Mt 1,18.20; Lc 1,35), que descendi\u00f3 visiblemente sobre \u00e9l con ocasi\u00f3n del bautismo (cf. Mc 1,10; Mt 3,16; Lc 3,22; Jn 1,32s) y que interiormente le impulsaba en el cumplimiento de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica (cf. Mc 1,12; Mt 4,1; Lc 4,1.14.18); el mismo Esp\u00ed\u00adritu en virtud del cual \u00abse ofreci\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo sin tacha a Dios\u00bb (Heb 9,14) y que actu\u00f3 en su resurrecci\u00f3n (cf. Rom 8,11), es el que desciende sobre los ap\u00f3stoles como fruto de la partida de Cristo, en el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s (cf. He 1,5; 2,lss). Es el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo el que suscita a la Iglesia, transforma a los disc\u00ed\u00adpulos, los impulsa y dirige en su misi\u00f3n apost\u00f3lica. El Esp\u00ed\u00adritu \u00ab&#8216;confirma\u00bb a los disc\u00ed\u00adpulos, es decir, hace de aquel peque\u00f1o grupo de pescadores &#8211; ignorantes y apocados- los testigos del Resucitado. Desde esta perspectiva, la obra de Cristo se cumple con la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. El ser\u00e1 el que d\u00e9 a conocer a Cristo, el que ilumine el sentido de sus palabras y mantenga viva su memoria (cf. Jn 14,26; 16,13). Su misi\u00f3n en la Iglesia est\u00e1 referida a Cristo, para dar pleno cumplimiento a su obra de salvaci\u00f3n en la historia hasta su consumaci\u00f3n final. Por eso, si el bautismo nos incorpora a la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo (cf. Rom 6,4), forzosamente tendr\u00e1 que incorporarnos a su pleno cumplimiento en pentecost\u00e9s. El bautismo nos introduce en el misterio de Cristo por el don de su Esp\u00ed\u00adritu. Pero este don tiene tal relevancia que el bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu (cf. He 1,5; Mt 3,11p), que para los ap\u00f3stoles se cumple en pentecost\u00e9s, habr\u00e1 de terminar configur\u00e1indose como un verdadero y propio sacramento.<\/p>\n<p>2. IMPOSICI\u00ed\u201cN DE MANOS. Las razones del despliegue del bautismo hacia la confirmaci\u00f3n est\u00e1n en la misma plenitud del don del Esp\u00ed\u00adritu. Pero tambi\u00e9n hay pistas en el NT que apoyen esta evoluci\u00f3n. La tradici\u00f3n, a partir de San Cipriano, suele aducir dos pasajes de los Hechos de los Ap\u00f3stoles&#8217; en que se comunica el Esp\u00ed\u00adritu por la imposici\u00f3n de manos (8,14-17; 19,1-7).<\/p>\n<p>Hoy la ex\u00e9gesis no considera generalmente tales textos en referencia directa a la confirmaci\u00f3n, sino a la Iglesia; no les concede relevancia sacramentol\u00f3gica, sino eclesiol\u00f3gica: por la imposici\u00f3n de las manos aquel grupo de bautizados son recibidos en la Iglesia apost\u00f3lica, y el signo de esta plena recepci\u00f3n es la comunicaci\u00f3n del don del Esp\u00ed\u00adritu. Sin embargo, aun suponiendo y aceptando que esta ex\u00e9gesis sea correcta, no tenemos por qu\u00e9 rechazar de plano la interpretaci\u00f3n que de estos pasajes hicieron tempranamente los Padres en relaci\u00f3n con la confirmaci\u00f3n, sobre todo si mantenemos la peculiaridad de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia, que es lo que celebra este sacramento. Que en los pasajes citados se da una comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu independiente del bautismo no puede ponerse en duda; que esta comunicaci\u00f3n se da por mediaci\u00f3n de la Iglesia apost\u00f3lica tampoco; que de estos datos pueda fundarse un sacramento para la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, diferente de la que se da en el bautismo, es algo sobre lo que se dan pareceres encontrados: la tradici\u00f3n y los textos oficiales apelan a ellos en relaci\u00f3n a la c., mientras la ex\u00e9gesis reciente descarta la referencia sacramental de los mismos.<\/p>\n<p>3. CRISMACI\u00ed\u201cN. Otro concepto neotestamentario que jugar\u00e1 un papel decisivo para la evoluci\u00f3n de los ritos bautismales hacia la confirmaci\u00f3n es la \u00abcrismaci\u00f3n\u00bb, de tal manera que andando el tiempo este rito sustituir\u00e1 en la mayor parte de las liturgias al de la imposici\u00f3n de manos (DS 1318), y ser\u00e1 entendido como la sustancia de la confirmaci\u00f3n. El rito de crismar o ungir es conocido en el AT: se unge a los reyes, a los sacerdotes, a los profetas como signo de la misi\u00f3n que se les encomienda; as\u00ed\u00ad son equipados con un don especial para la realizaci\u00f3n de una determinada misi\u00f3n. El mismo Jes\u00fas aparece como el ungido por el Esp\u00ed\u00adritu Santo conforme a la profec\u00ed\u00ada mesi\u00e1nica de Isa\u00ed\u00adas: \u00abSaldr\u00e1 un v\u00e1stago del tronco de Jes\u00e9, y un reto\u00f1o de sus ra\u00ed\u00adces brotar\u00e1. Reposar\u00e1 sobre \u00e9l el esp\u00ed\u00adritu de Yahv\u00e9h: esp\u00ed\u00adritu de sabidur\u00ed\u00ada e inteligencia, esp\u00ed\u00adritu de consejo y fortaleza, esp\u00ed\u00adritu de ciencia y temor de Yahv\u00e9h\u00bb(Is 11,1-2). Jes\u00fas, en la sinagoga de Nazaret, se declara p\u00fablicamente como el ungido con el Esp\u00ed\u00adritu refiriendo a s\u00ed\u00ad mismo las palabras del profeta (cf. Lc 4,18ss; Is 61,1-2). Pedro interpreta la vida de Jes\u00fas desde el descenso del Esp\u00ed\u00adritu sobre \u00e9l con ocasi\u00f3n del bautismo: entonces Dios lo ungi\u00f3 con el Esp\u00ed\u00adritu Santo y con poder\u00bb(He 10,38), unci\u00f3n que m\u00e1s tarde ser\u00e1 experimentada tambi\u00e9n por los disc\u00ed\u00adpulos (cf. 2 Cor 1, 21s; 1 Jn 2, 20.27). Ciertamente, en el NT esta unci\u00f3n no es todav\u00ed\u00ada ritual, sino mist\u00e9rica, es decir, se trata de un lenguaje referencial, explica lo que sucede a los bautizados en Cristo. Pero como al fondo est\u00e1 la unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (cf. 1 Jn 2,20.27), no extra\u00f1ar\u00e1 que andando el tiempo esta unci\u00f3n espiritual fuese adquiriendo espesor ritual hasta lograr un peso propio y una relevancia particular en relaci\u00f3n a la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>4. SELLO DEL ESP\u00ed\u008dRITU. Finalmente, el NT ofrece otro concepto que influir\u00e1 en la comprensi\u00f3n de la confirmaci\u00f3n como sacramento independiente del bautismo: se trata de la noci\u00f3n de &#8216;sfragis&#8217; o &#8216;sello'(2 Cor 1,21s; Ef 1,13s; 4,30). Todo el ritual de la iniciaci\u00f3n, como lo conocemos por los m\u00e1s antiguos testimonios, termina con el &#8216;sello&#8217; del obispo que es como la certificaci\u00f3n de la Iglesia al final del camino de la iniciaci\u00f3n: aquel que ha recibido el bautismo es sellado con el Esp\u00ed\u00adritu y as\u00ed\u00ad puede ya acceder plenamente a la eucarist\u00ed\u00ada. El signo de pertenencia a Cristo que acontece en el bautismo, es el sello del Esp\u00ed\u00adritu reservado al obispo. Si en los Hechos, los ap\u00f3stoles daban el Esp\u00ed\u00adritu, con el correr del tiempo ser\u00e1n los obispos en cuanto sucesores de los ap\u00f3stoles, los que se reservar\u00e1n el rito de la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en el sacramento (DS 215) que, a partir de los siglos IV y V, se llamar\u00e1 de la confirmaci\u00f3n. La autonom\u00ed\u00ada que los ritos posbautismales van adquiriendo poco a poco, la profundizaci\u00f3n en la teolog\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo impulsada por las controversias pneumatol\u00f3gicas y la reserva de la unci\u00f3n con el crisma al obispo dar\u00e1 lugar, sobre todo en Occidente con la propagaci\u00f3n de la fe en el \u00e1mbito rural y la generalizaci\u00f3n del bautismo de los ni\u00f1os, a la configuraci\u00f3n de la c. como sacramento independiente y separado del bautismo.<\/p>\n<p>Ciertamente, los datos aportados por el NT para fundamentar la confirmaci\u00f3n como sacramento independiente son escasos y no un\u00ed\u00advocos; por eso no se puede descargar todo el peso de la argumentaci\u00f3n sobre ellos. Es la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia, es la experiencia de su presencia y de su gu\u00ed\u00ada, la que ir\u00e1 encaminando los ritos bautismales que unen a Cristo muerto y resucitado, hacia un signo que introduzca al bautizado en el misterio de pentecost\u00e9s. Y de este modo, as\u00ed\u00ad como pentecost\u00e9s aparece como culminaci\u00f3n de la pascua, como su perfecci\u00f3n \u00faltima, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la c. ser\u00e1 entendida como plenitud del bautismo&#8217;\u00c2\u00b0.<\/p>\n<p>II. Teolog\u00ed\u00ada de la confirmaci\u00f3n<br \/>\nLa conclusi\u00f3n del p\u00e1rrafo anterior ya nos encamina a la comprensi\u00f3n teol\u00f3gica de la confirmaci\u00f3n. Todos los sacramentos est\u00e1n interrelacionados y mutuamente referidos, puesto que todos traducen, cada uno a su modo y seg\u00fan su signo, la riqueza insondable que es Cristo (cf. Ef 3,8), la cual se despliega en el misterio de la Iglesia como lugar y presencia del Esp\u00ed\u00adritu. Decir, por tanto, que la c. completa al bautismo no puede significar deficiencia alguna en el bautismo o en la c., porque el punto de referencia de esta relaci\u00f3n es el que va de pascua a pentecost\u00e9s. En el esquema de alianza que caracteriza la historia de la salvaci\u00f3n, cada acontecimiento es un punto de apoyo para el siguiente y entre todos se teje la \u00fanica historia salv\u00ed\u00adfica. Pues el bautismo,siendo el principio de la salvaci\u00f3n, no es toda la salvaci\u00f3n. En \u00e9l se nos da el perd\u00f3n de los pecados, la gracia de la filiaci\u00f3n, del don del Esp\u00ed\u00adritu, pero ah\u00ed\u00ad no termina la historia para el que acaba de recibir el bautismo, sino que empieza\u00bb. Por eso la c. es el signo de la pascua completada con el don del Esp\u00ed\u00adritu. Desde este planteamiento, la c. debe ser entendida como el sacramento del don del Esp\u00ed\u00adritu (DS 1319), puesto que, \u00abseg\u00fan la fe cat\u00f3lica, el sacramento de la c. es la acci\u00f3n lit\u00fargica simb\u00f3lica que transmite sensiblemente el Esp\u00ed\u00adritu divino'\u00bb&#8216;; es la celebraci\u00f3n sacramental del don del Esp\u00ed\u00adritu, de tal modo que cualquiera que sean los ritos y f\u00f3rmulas con que se celebra en las distintas liturgias, este sacramento \u00absiempre est\u00e1 definido por su relaci\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu Santo. \u00ab[Aqu\u00ed\u00ad se funda] la unidad del sacramento a pesar de las diferencias de vocabulario y la diversidad de ritos\u00bb. Su entronque en la historia de la salvaci\u00f3n es el acontecimiento de pentecost\u00e9s y desde aqu\u00ed\u00ad ha de explicarse todo lo que \u00e9l significa en relaci\u00f3n con la Iglesia. Por la c., el cristiano experimenta la gracia de pentecost\u00e9s, la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, para hacer de \u00e9l un disc\u00ed\u00adpulo adulto, capacit\u00e1ndolo para el testimonio valiente y veraz de Cristo (DS 1319; LG 11; AA 3). El sacramento de la c. est\u00e1 en relaci\u00f3n con la misi\u00f3n: la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu prolonga la de Cristo y hace que la misi\u00f3n apost\u00f3lica encargada por Jes\u00fas alcance su objetivo. Por eso la confirmaci\u00f3n inserta al cristiano en la misi\u00f3n de la Iglesia; no s\u00f3lo se recibe el Esp\u00ed\u00adritu para el aprovechamiento personal, sino para la realizaci\u00f3n de la misi\u00f3n eclesial que a todo cristiano corresponde seg\u00fan su vocaci\u00f3n propia. Ser crismados o ungidos con el Esp\u00ed\u00adritu es ser cristianos en plenitud para el cumplimiento de una misi\u00f3n, la misma que Cristo, el ungido, confi\u00f3 a su Iglesia: ser &#8216;sacramento universal de salvaci\u00f3n&#8217; (LG 48), para que la gracia de la redenci\u00f3n, que brota del misterio pascual, alcance a todos los hombres de todos los tiempos. Es cierto que el Esp\u00ed\u00adritu act\u00faa en todos los sacramentos para hacer de ellos signos de la salvaci\u00f3n de Cristo, pero en la c. su acci\u00f3n es totalmente singular, pues en este sacramento se pone de manifiesto la peculiaridad propia de la tercera persona divina y su propia intervenci\u00f3n en la historia de la salvaci\u00f3n. En el misterio insondable de la Trinidad, el Esp\u00ed\u00adritu es el v\u00ed\u00adnculo de amor y de unidad entre el Padre y el Hijo; es la persona-don, es la comuni\u00f3n personal del Padre y del Hijo. Esta peculiaridad propia de la tercera persona divina se pone de relieve en aquel sacramento que es acontecimiento suyo, la confirmaci\u00f3n: por ella, el cristiano es configurado a Cristo (cf. AG 36), pues el Esp\u00ed\u00adritu es enviado para hacer de los disc\u00ed\u00adpulos viva representaci\u00f3n de Cristo; por la c., el bautizado est\u00e1 llamado a ser y hacer Iglesia mediante la participaci\u00f3n personal y activa en su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. La obra del Esp\u00ed\u00adritu es la edificaci\u00f3n de la Iglesia de Cristo; esto es pentecost\u00e9s. Y es precisamente a trav\u00e9s de la c. como el Esp\u00ed\u00adritu sigue actualizando aquella primera intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica que est\u00e1 en el origen de la Iglesia. El sacramento del don del Esp\u00ed\u00adritu no es un mero complemento del bautismo, sino la celebraci\u00f3n del memorial de su intervenci\u00f3n en pentecost\u00e9s; tiene, pues, que ver con la plenificaci\u00f3n del misterio pascual que se inicia en el bautismo, y con la edificaci\u00f3n de la Iglesia mediante la perfecta incorporaci\u00f3n a ella como disc\u00ed\u00adpulos activos y responsables.<\/p>\n<p>III. Celebraci\u00f3n<br \/>\nLa renovaci\u00f3n del ritual de la confirmaci\u00f3n ha puesto de relieve su peculiaridad como sacramento del don del Esp\u00ed\u00adritu. Seg\u00fan dispuso Pablo VI en la Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica \u00abDivinae consortium naturae\u00bb (15-8-1971), en la Iglesia latina este sacramento se imparte con las palabras: \u00abACCIPE SIGNACULUM DONI SPIRITUS SANCTI\u00bb, que ha sido traducido en el ritual castellano de la siguiente forma: \u00abRECIBE POR ESTA SE\u00ed\u2018AL EL DON DEL ESPIRITU SANTO\u00bb. El gesto ritual que acompa\u00f1a las palabras es \u00abla unci\u00f3n del crisma en la frente, que se hace con la imposici\u00f3n de la mano\u00bb. En la misma celebraci\u00f3n de este sacramento resuenan los ecos b\u00ed\u00adblicos que marcaron su configuraci\u00f3n: la imposici\u00f3n de manos, el crisma y el sello. Lo que en el Nuevo Testamento evoca la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu entra en la administraci\u00f3n de este sacramento. As\u00ed\u00ad, \u00abpor la imposici\u00f3n de manos [&#8230;] se actualiza el gesto b\u00ed\u00adblico, con el que se invoca el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb(Ritual, 9), y \u00aben la unci\u00f3n del crisma y en las palabras que la acompa\u00f1an se significa claramente el efecto del don del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb(ib.). Por eso se opt\u00f3 por abandonar la vieja f\u00f3rmula usada en la Iglesia latina desde el siglo XII (\u00bb Yo te signo con el signo de la cruz y te confirmo con el crisma de la salvaci\u00f3n; en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00ed\u00adritu Santo), demasiado gen\u00e9rica en relaci\u00f3n a la especificidad pneumatol\u00f3gica de este sacramento, para adoptar una m\u00e1s cercana al NT y que procede de la tradici\u00f3n bizantina del siglo V\u00bb.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n de la c. tiene un doble car\u00e1cter cristol\u00f3gico y pneumatol\u00f3gico, pues por este sacramento el bautizado es confirmado con la se\u00f1al indeleble de Cristo (car\u00e1cter sacramental) y recibe el don del Esp\u00ed\u00adritu \u00abque le configura m\u00e1s perfectamente con Cristo y le confiere la gracia de derramar &#8216;el buen olor&#8217; [de Cristo: cf. 2 Cor 2,14-27] entre los hombres\u00bb(Ritual, 9). El Esp\u00ed\u00adritu act\u00faa en la confirmaci\u00f3n haciendo de nosotros \u00abimagen perfecta de Jesucristo\u00bb(Ritual, 31). La dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica de este sacramento del Esp\u00ed\u00adritu aparece notablemente subrayada en la misma crismaci\u00f3n: la se\u00f1al de la cruz con el santo crisma sobre la frente del confirmando quiere \u00absignificar que son propiedad del Se\u00f1or\u00bb; m\u00e1s a\u00fan, \u00abser crismado es lo mismo que ser Cristo, ser mes\u00ed\u00adas, ser ungido. Y ser Mes\u00ed\u00adas y Cristo comporta la misma misi\u00f3n que el Se\u00f1or\u00bb(Ritual, 33). Por la c., el bautizado se une m\u00e1s estrechamente y participa m\u00e1s plenamente de la misi\u00f3n de Cristo sacerdote, profeta y rey. As\u00ed\u00ad, pues, el don del Esp\u00ed\u00adritu que comunica este sacramento, es para hacer del confirmando otro Cristo, pues \u00abel que no tiene el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, no le pertenece Rm 8,9).<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n de la c. tiene su lugar m\u00e1s adecuado dentro de la misa \u00abpara que se manifieste m\u00e1s claramente la fundamental conexi\u00f3n de este sacramento con toda la iniciaci\u00f3n cristiana, que alcanza su culmen en la comuni\u00f3ndel Cuerpo y de la Sangre de Cristo\u00bb (Ritual, 13). La vinculaci\u00f3n de este sacramento del Esp\u00ed\u00adritu con el bautismo se hace de manera solemne cuando, antes de proceder al rito de la confirmaci\u00f3n los candidatos renuevan la fe y las promesas bautismales como orden\u00f3 el Vaticano II (SC 71). La fe que los padres y padrinos profesaron por ellos y los compromisos que adquirieron ante la Iglesia cuando presentaron al ni\u00f1o para ser bautizado, ahora es el propio candidato a la confirmaci\u00f3n quien los asume de manera consciente, personal y libre. Se da, pues, una actualizaci\u00f3n del bautismo, no una mera ratificaci\u00f3n como si el primer sacramento fuera una cosa provisional hasta tanto el que fue bautizado de ni\u00f1o no lo ratifique en la confirmaci\u00f3n\u00bb. Semejante planteamiento har\u00ed\u00ada depender la gracia del sacramento de la iniciativa del individuo invirtiendo as\u00ed\u00ad el orden salv\u00ed\u00adfico de la gracia que siempre nos precede [antecedit], nos acompa\u00f1a [comitatur] y nos sigue [subsequitur] (cf. DS 1546). Tanto las oraciones como las moniciones que enmarcan las distintas partes de la celebraci\u00f3n de este sacramento destacan la petici\u00f3n que hace la Iglesia para que Dios Padre env\u00ed\u00ade el Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre los que van a ser confirmados. En la solemne oraci\u00f3n que precede a la colaci\u00f3n del sacramento esta invocaci\u00f3n est\u00e1 llena de referencias al bautismo: el obispo pide el don del Esp\u00ed\u00adritu para \u00abestos hijos de adopci\u00f3n que renacieron ya a la vida eterna en el bautismo\u00bb(Ritual, 31), para aquellos que \u00abregeneraste, por el agua y el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb(Ritual, 32; y en otros muchos lugares a lo largo de la celebraci\u00f3n). El bautismo nos hace hijos de Dios por el don del Esp\u00ed\u00adritu del Hijo; \u00bfqu\u00e9 don pide ahora la Iglesia para estos hijos? Es \u00abel Esp\u00ed\u00adritu Santo como un don personal\u00bb(Ritual, 30), es el Esp\u00ed\u00adritu septiforme que nos configura con el Mes\u00ed\u00adas y nos asocia y habilita para su misma misi\u00f3n mesi\u00e1nica: \u00abll\u00e9nalos de esp\u00ed\u00adritu de sabidur\u00ed\u00ada y de inteligencia, de esp\u00ed\u00adritu de consejo y fortaleza, de esp\u00ed\u00adritu de ciencia y de piedad, y c\u00f3lmalos del esp\u00ed\u00adritu de tu santo temor\u00bb(Ritual, 32). Por el bautismo fuimos librados del pecado y recibimos la adopci\u00f3n filial; por la confirmaci\u00f3n recibimos el don personal del Esp\u00ed\u00adritu, \u00e9l mismo viene a nosotros como lo que es, como persona-don.<\/p>\n<p>La vinculaci\u00f3n m\u00e1s estrecha y comprometida con la Iglesia que se significa en este sacramento (LG 11) est\u00e1 asegurada por el obispo como ministro &#8216;originario'(LG 26) de la c. en la tradici\u00f3n occidental. Desde muy temprano, los obispos reclamaron para s\u00ed\u00ad el signo ritual de la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y, por tanto, el ser ellos los ministros ordinarios de la confirmaci\u00f3n, apoy\u00e1ndose en el acontecimiento de pentecost\u00e9s y en los textos de la imposici\u00f3n de manos por los ap\u00f3stoles. En su calidad de sucesores de los ap\u00f3stoles, \u00ablos obispos [&#8230;] transmiten desde entonces el Esp\u00ed\u00adritu Santo como un don personal por medio del sacramento de la confirmaci\u00f3n\u00bb(Ritual, 30; cf. 37). Adem\u00e1s, la presencia del obispo, en cuanto pastor de la iglesia local, hace visible la vinculaci\u00f3n-incorporaci\u00f3n a la Iglesia que la confirmaci\u00f3n expresa. Como los ap\u00f3stoles en los relatos de los Hechos, es el obispo el que da el Esp\u00ed\u00adritu y as\u00ed\u00ad los bautizados entran a formar parte de la Iglesia \u00abcomo piedras vivas\u00bb (Ritual,30). La figura del obispo como ministro originario de la confirmaci\u00f3n contribuye a destacar el valor simb\u00f3lico del don del Esp\u00ed\u00adritu que nos vincula m\u00e1s estrechamente a la Iglesia para continuar la misi\u00f3n que Cristo le confi\u00f3. El don del Esp\u00ed\u00adritu a la Iglesia en pentecost\u00e9s se renueva y se actualiza constantemente en la c.; este sacramento es el memorial de aquel acontecimiento salv\u00ed\u00adfico que hizo de los disc\u00ed\u00adpulos la Iglesia del Se\u00f1or edificada sobre la mesa del pan y del vino de nuestra salvaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, el memorial del Esp\u00ed\u00adritu en la c. abre el camino al memorial del Se\u00f1or que celebramos en la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>[ &#8212;> Bautismo; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Eucarist\u00ed\u00ada; Iglesia; Jesucristo; Liturgia; Pascua; Pentecost\u00e9s.]<br \/>\nJos\u00e9 Mar\u00ed\u00ada de Miguel<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>La confirmaci\u00f3n (llamada a veces \u00abcrismaci\u00f3n\u00bb) es el sacramento de la iniciaci\u00f3n y de la plena incorporaci\u00f3n en la Iglesia. En ella el bautizado recibe el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que fue enviado por el Se\u00f1or resucitado sobre los ap\u00f3stoles el d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s (Hch 2). Se realiz\u00f3 as\u00ed\u00ad la promesa de Jes\u00fas: \u00abVosotros recibir\u00e9is la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que vendr\u00e1 sobre vosotros, y ser\u00e9is mis testigos en Jerusal\u00e9n, en toda Judea, en Samar\u00ed\u00ada y hasta los confines de la tierra\u00bb (Hch 1,8).<\/p>\n<p>Pedro y los once comenzaron entonces su misi\u00f3n con el anuncio de la salvaci\u00f3n: \u00abArrepent\u00ed\u00ados y bautizaos cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, para que queden perdonados vuestros pecados. Entonces recibir\u00e9is el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Hch 2,38). En efecto, cuando uno llega a la fe en Cristo despu\u00e9s de su ascensi\u00f3n, es necesario que se realice un gesto de inserci\u00f3n en la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos que han recibido el \u00abbautismo de la Pascua\u00bb. Su adhesi\u00f3n al Dios de Jesucristo tiene as\u00ed\u00ad un valor sacramental y eclesial.<\/p>\n<p>En Hch 8,14-17 se habla tambi\u00e9n de Pedro y de Juan, que fueron enviados a Samar\u00ed\u00ada para imponer las manos sobre algunos cristianos, bautizados solamente \u00aben el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb; cuando los dos ap\u00f3stoles \u00ables impusieron las manos, recibieron el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. La inmersi\u00f3n bautismal se completa con la imposici\u00f3n de manos y con una oraci\u00f3n, necesaria para la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Aparecen aqu\u00ed\u00ad los mismos elementos de \u00bb integraci\u00f3n\u00bb en la comunidad que en el d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s. Pero se presentan de una manera bastante distinta: hay una actitud interior (los samaritanos que creen en el mensaje de Felipe: Hch 8,13), dos gestos eclesiales (bautismo e imposici\u00f3n de manos) y finalmente el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Mientras que el bautismo fue administrado por el di\u00e1cono Felipe, el don del Esp\u00ed\u00adritu (fue enviado por medio de la imposici\u00f3n de manos de los ap\u00f3stoles. Lucas quiere subrayar de este modo que la verdadera Iglesia es la de los ap\u00f3stoles, y que es necesario ser miembros de una ~ Iglesia unida a la comunidad apost\u00f3lica de Jerusal\u00e9n, si se quiere ser verdadera , plenamente cristianos.<\/p>\n<p>En Efeso (cf. Hch 19,2-6), por el contrario, es el ap\u00f3stol Pablo el que anuncia del bautismo de Jes\u00fas e impone las manos sobre aquellos a los que Apolo hab\u00ed\u00ada \u00bb ense\u00f1ado con exactitud lo referente a Jes\u00fas\u00bb (Hch 18,25); pero s\u00f3lo hab\u00ed\u00adan sido bautizados en el nombre de Juan y nunca hab\u00ed\u00adan o\u00ed\u00addo hablar del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Los dos episodios que nos refieren los Hechos, le\u00ed\u00addos sobre el trasfondo del cap\u00ed\u00adtulo 2, prueban la existencia en la Iglesia primitiva de un doble gesto de iniciaci\u00f3n: el bautismo y la imposici\u00f3n de las manos o de la mano. Esta se difunde sobre todo en Occidente, pero despu\u00e9s del siglo y empieza a perder relieve. La unci\u00f3n con \u00f3leo bendecido -usada tambi\u00e9n para administrar este sacramento- tiene ciertamente un trasfondo b\u00ed\u00adblico.<\/p>\n<p>Aunque los profetas no eran ungidos realmente con \u00f3leo, se les proclamaba \u00abungidos\u00bb (cf. 1s 61 ,1 ), por haber sido consagrados y elegidos por Dios para una misi\u00f3n particular. Este mismo es el lenguaje que aparece en la tradici\u00f3n cristiana: Cirilo de Jerusal\u00e9n habla de los cristianos como de los \u00abungidos\u00bb consagrados para una misi\u00f3n prof\u00e9tica, como lo fue Jes\u00fas despu\u00e9s del bautismo. As\u00ed\u00ad en Oriente, patria del simbolismo, a finales del siglo II, junto al gesto de la imposici\u00f3n de manos se desarrolla una unci\u00f3n ritual con aceite perfumado, el myron consagrado por el obispo. M\u00e1s tarde este uso se difundi\u00f3 tambi\u00e9n por Occidente, pasando a ser el principal. En el gesto de la unci\u00f3n se integr\u00f3 igualmente el signo de la cruz (signatio, sphragis).<br \/>\nDebido a la generalizaci\u00f3n del bautismo de los ni\u00f1os (y a la imposibilidad por parte del obispo de presidir todas las celebraciones), en Oriente, a partir del siglo IV es el presb\u00ed\u00adtero el que cumple todos los ritos de la iniciaci\u00f3n, para mantener la unidad del rito sacramental. Al contrario, en Roma se reservaron al obispo, cabeza de la Iglesia local y signo de unidad, los gestos \u00abconclusivos\u00bb de la celebraci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n: la imposici\u00f3n de manos, la unci\u00f3n en la frente con referencia expl\u00ed\u00adcita al don del Esp\u00ed\u00adritu, la signatio. Pero la distinci\u00f3n entre el bautismo y la confirmaci\u00f3n no dej\u00f3 de plantear problemas y vacilaciones a la hora de introducirse en la Iglesia de Occidente.<\/p>\n<p>El concilio de Trento defini\u00f3 que la confirmaci\u00f3n es uno de los siete sacramentos, que se confiere mediante el crisma y que el obispo es su ministro ordinario (DS 1601, 1628-1630). La LG 26 llama al obispo ministro \u00aboriginal\u00bb.<\/p>\n<p>La forma actual en el rito romano es la bizantina; con ella se alude al don del mismo Esp\u00ed\u00adritu, recordando su efusi\u00f3n en Jerusal\u00e9n: \u00abRecibe el sello del Esp\u00ed\u00adritu Santo que se te da como don\u00bb. Estas palabras acompa\u00f1an a la unci\u00f3n del crisma en la frente, que se hace con la imposici\u00f3n de la mano.<\/p>\n<p>Es espec\u00ed\u00adfico de la confirmaci\u00f3n el perfeccionamiento del bautismo : una comunicaci\u00f3n del \u00bb don del Esp\u00ed\u00adritu a los fieles, que en el bautismo fueron regenerados a la vida nueva en Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Es el don del Esp\u00ed\u00adritu \u00abpentecostal\u00bb, mediante el cual el confirmado queda introducido oficialmente en la vida y en la misi\u00f3n p\u00fablica de la Iglesia. En efecto, con la confirmaci\u00f3n el cristiano queda estrictamente obligado a difundir y a defender la fe (cf. LG 1 1), como verdadero testigo de Cristo: es la habilitaci\u00f3n radical, gen\u00e9rica, pero oficial, para la profesi\u00f3n p\u00fablica de la fe.<\/p>\n<p>R. Gerardi<\/p>\n<p>Bibl.: Secretariado Nacional de Liturgia, El sacramento del Esp\u00ed\u00adritu, PPC, Madrid 1976; A. Adam, La confirmaci\u00f3n y la cura de almas. Herder, Barcelona 1992; A. Caprioli, Confimzaci\u00f3n, en DTI, 11, 107-120.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La confirmaci\u00f3n en el debate actual &#8211; II. La confirmaci\u00f3n en la tradici\u00f3n eclesial &#8211; III. La celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n en la nueva propuesta lit\u00fargica: 1. Rito de la confirmaci\u00f3n para los ni\u00f1os durante la misa: a) Premisas, b) An\u00e1lisis ritual; 2. Rito de la confirmaci\u00f3n sin la misa; 3. Rito de la confirmaci\u00f3n para los adultos &#8211; IV. Aspectos doctrinales: 1. La confirmaci\u00f3n y la iniciaci\u00f3n cristiana; 2. La confirmaci\u00f3n y la historia salv\u00ed\u00adfica; 3. La confirmaci\u00f3n y la iglesia; 4. La confirmaci\u00f3n y la existencia cristiana &#8211; V. Orientaciones pastorales: 1. El problema de la edad; 2. La catequesis; 3. La preparaci\u00f3n remota y pr\u00f3xima; 4. La celebraci\u00f3n &#8211; VI. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. La confirmaci\u00f3n en el debate actual<br \/>\nDecir cristiano equivale a decir bautizado. La nota de crismado (o confirmado) cuenta relativamente poco en la conciencia com\u00fan; la confirmaci\u00f3n, en efecto, no se considera necesaria para la salvaci\u00f3n ni se exige como condici\u00f3n absoluta para el matrimonio. Se piensa, pues, en ella con menor estima o se la considera como una sobrea\u00f1adidura. Su celebraci\u00f3n, adem\u00e1s, evoca alg\u00fan aspecto marginal (la palmadita en la mejilla) yuna nota de solemnidad, aunque folcl\u00f3rica, por la presencia del obispo.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad la menor solicitud del sacramento, especialmente en algunas zonas, por no ser f\u00e1cil encontrar un padrino que acepte sus compromisos para la formaci\u00f3n del ahijado. Por otra parte, se constatan un inter\u00e9s y esfuerzo crecientes por parte de los pastores en favor de una m\u00e1s intensa y honda preparaci\u00f3n de los candidatos al sacramento: desde una catequesis m\u00e1s org\u00e1nica hasta una serie de intervenciones que tienden a comprometer a los padres, e incluso a toda la comunidad parroquial.<\/p>\n<p>Entre dicha crisis, por un lado, y esa preocupaci\u00f3n pastoral, por otro, se inscribe el debate teol\u00f3gico, que aumenta la dificultad, al no constatarse un consentimiento un\u00e1nime sobre el significado y sobre la real importancia de la confirmaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, con respecto al bautismo, aparece aqu\u00e9lla no s\u00f3lo como pariente pobre, sino como a\u00f1adidura molesta y contestada. Ello demuestra la actualidad y la amplitud de los problemas relativos a la confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la historia de la iglesia no se conoce un per\u00ed\u00adodo como el nuestro, en el que dicho sacramento est\u00e1 ocupando el centro de la investigaci\u00f3n y del debate a todos los niveles: existencial, hist\u00f3rico, teol\u00f3gico, ecum\u00e9nico, pastoral (catequ\u00e9tico, celebrativo, poscelebrativo) [-> infra, 1-5]. Los estudios, iniciados desde la primera posguerra, se prosiguieron sin interrupci\u00f3n hasta nuestros d\u00ed\u00adas&#8217;, con resultados, si no llamativos, s\u00ed\u00ad estimables. Entre ellos, el m\u00e1s prometedor propiamente para nuestro fin es la convicci\u00f3n de que la confirmaci\u00f3n va a situarse en el cuadro unitario de los sacramentos de la -> iniciaci\u00f3n cristiana y a considerarse en el contexto de la vida eclesial: \u00abtal es el lugar interpretativo m\u00e1s adecuado para redescubrir el sentido del sacramento de la confirmaci\u00f3n y de su modalidad en la celebraci\u00f3n y en la pastoral\u00bb.<\/p>\n<p>1. A nivel existencial, ya antes de la \u00faltima guerra se asiste al despertar del laicado cat\u00f3lico. Su inserci\u00f3n activa en la sociedad civil, que hab\u00ed\u00ada perdido su fisonom\u00ed\u00ada cristiana, encuentra pleno apoyo y hasta un preciso mandato por parte de la autoridad eclesi\u00e1stica. Se busca, sin embargo, un fundamento teol\u00f3gico-sacramental, y se encuentra precisamente en la confirmaci\u00f3n, el sacramento que capacita al cristiano para su funci\u00f3n apost\u00f3lica en el mundo. Se desarrolla as\u00ed\u00ad una tendencia que considera la confirmaci\u00f3n como sacramento del apostolado, en particular de la acci\u00f3n cat\u00f3lica. Mas el empobrecimiento de la perspectiva sacramental de la confirmaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como la confusi\u00f3n entre apostolado y testimonio, llevan al abandono de la teor\u00ed\u00ada, abriendo la v\u00ed\u00ada a un nuevo t\u00e9rmino, menos pol\u00e9mico y m\u00e1s amplio, pero siempre relacionado con la confirmaci\u00f3n: el de testimonio. Por lo dem\u00e1s, el texto de Heb 1:8 parec\u00ed\u00ada confirmar la nueva acentuaci\u00f3n. Se apuntaba, en todo caso, a una actitud activa del crismado, a quien el sacramento otorgaba el Esp\u00ed\u00adritu en una perspectiva existencial.<\/p>\n<p>Casi simult\u00e1neamente surg\u00ed\u00ada un movimiento de interiorizaci\u00f3n intraeclesial, que, con la distancia de alguna d\u00e9cada, llegar\u00e1 a afectar a todas las iglesias: el fen\u00f3meno de los pentecostales o carism\u00e1ticos, que en Espa\u00f1a ha adoptado recientemente la denominaci\u00f3n de Renovaci\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu. Entre sus temas caracter\u00ed\u00adsticos est\u00e1 precisamente el bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu, que evoca el momento sacramentalde la confirmaci\u00f3n y que trata de ser su renovaci\u00f3n personal y actual.<\/p>\n<p>2. La discusi\u00f3n en el plano teol\u00f3gico parti\u00f3 de la iglesia de la Reforma para extenderse despu\u00e9s a. la iglesia cat\u00f3lica, tanto en lo concerniente a la relaci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n con el bautismo como a su efecto espec\u00ed\u00adfico. La pol\u00e9mica se propag\u00f3 con el te\u00f3logo anglicano G. Dix, que en 1946 propon\u00ed\u00ada la distinci\u00f3n entre el bautismo y la confirmaci\u00f3n, atribuyendo al primero la remisi\u00f3n de los pecados (efecto negativo) y a la segunda el don del Esp\u00ed\u00adritu (efecto positivo). La reacci\u00f3n fue inmediata y general, con diferenciadas posiciones entre los te\u00f3logos de las distintas confesiones: en el campo protestante -salvo algunos matices entre los anglicanos y los calvinistas, que tend\u00ed\u00adan a valorar la confirmaci\u00f3n reconoci\u00e9ndola al menos como una renovadora intervenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu-, que no aceptaba una clara distinci\u00f3n entre la confirmaci\u00f3n y el bautismo y negaba todo car\u00e1cter sacramental propio; en el campo cat\u00f3lico, que, aun reconociendo en el bautismo el don del Esp\u00ed\u00adritu, afirmaba una nueva y espec\u00ed\u00adfica efusi\u00f3n de dicho Esp\u00ed\u00adritu en el sacramento de la confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El debate en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica se centraba propiamente en la donaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu con relaci\u00f3n al bautismo y en su concreta finalidad. Con respecto al bautismo, el don del Esp\u00ed\u00adritu quedaba aclarado con la doble intervenci\u00f3n (doble unci\u00f3n) del Esp\u00ed\u00adritu en la persona de Cristo: una en el nacimiento, que, por as\u00ed\u00ad decirlo, lo constituye Hijo de Dios, y otra durante el bautismo en el Jord\u00e1n, que lo manifiesta y acredita como siervo de Yav\u00e9, profeta y mes\u00ed\u00adas. Tambi\u00e9n el crismado recibe el Esp\u00ed\u00adritu en el bautismo para poder conformarsecon Cristo, hijo del Padre, y en la confirmaci\u00f3n para llegar a conformarse con Cristo profeta y mes\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>La finalidad espec\u00ed\u00adfica de la confirmaci\u00f3n se concretaba en la misi\u00f3n, y particularmente en el testimonio, para el que quedaba capacitado el confirmado. Seg\u00fan algunos te\u00f3logos, la apelaci\u00f3n al efecto de la fuerza (robur) para la lucha y el testimonio se daba por supuesta, y en cierto modo hist\u00f3ricamente fundada, sin restablecer por eso la analog\u00ed\u00ada de la milicia, por la que el bautizado, mediante la confirmaci\u00f3n, llega a ser soldado de Cristo. Entre otras, continuaba viva la teor\u00ed\u00ada de la santificaci\u00f3n personal -aspecto acentuado en la teolog\u00ed\u00ada oriental-, el perfeccionamiento de las facultades espirituales del bautizado, con que se hab\u00ed\u00ada acu\u00f1ado la idea del perfecto cristiano. En lugar de la idea de perfecci\u00f3n algunos prefirieron, a\u00f1adiendo o sustituyendo, la de crecimiento o de madurez, seg\u00fan una analog\u00ed\u00ada inspirada en santo Tom\u00e1s. Dentro de esta teor\u00ed\u00ada se considera el bautismo como el sacramento del nacimiento, y la confirmaci\u00f3n como el del crecimiento o maduraci\u00f3n espiritual: los dos sacramentos resultan ritos de tr\u00e1nsito [-> Antropolog\u00ed\u00ada cultural, V-VI]. Finalmente ha aparecido una nueva tesis, sugerida por la presencia del obispo seg\u00fan la antigua y com\u00fan tradici\u00f3n: la confirmaci\u00f3n es el sacramento de la comuni\u00f3n eclesial, de la plena incorporaci\u00f3n del bautizado a la iglesia.<\/p>\n<p>No obstante su aportaci\u00f3n a la clarificaci\u00f3n de la finalidad del sacramento, ninguna de tales tentativas puede considerarse como exhaustiva. Est\u00e1n todas ellas condicionadas por la praxis de la confirmaci\u00f3n de los ni\u00f1os separada del bautismo, desconociendo el cuadro de la iniciaci\u00f3n y movi\u00e9ndose dentro de una perspectiva personalista y eficientista, y olvidando, por consiguiente, la perspectiva eclesial e hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica. El Vat. II, aun sin entrar en el debate teol\u00f3gico, se ha sentido tambi\u00e9n influido por \u00e9l (LG 11), y sin proponer una nueva teolog\u00ed\u00ada de la confirmaci\u00f3n, ha sugerido nuevas orientaciones y pistas de investigaci\u00f3n: ha recordado la unidad de los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana (SC 71), afirmando que la confirmaci\u00f3n, juntamente con el bautismo, es el fundamento de la funci\u00f3n sacerdotal, prof\u00e9tica y real de los fieles (LG 10; 11; 26; 33; AA 3).<\/p>\n<p>3. En el \u00e1mbito hist\u00f3rico-lit\u00fargico, el resultado m\u00e1s relevante ha sido la recuperaci\u00f3n del concepto de iniciaci\u00f3n cristiana, constituida por los tres sacramentos del bautismo, confirmaci\u00f3n y eucarist\u00ed\u00ada. Este dato, com\u00fan a todas las iglesias durante todo el primer milenio, perdido despu\u00e9s definitivamente en Occidente a partir del s. xiii, pero siempre practicado en el caso del bautismo de los adultos, ha significado un vuelco en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y en la celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n, como lo ha demostrado el nuevo ordo.<\/p>\n<p>En cuanto al signo sacramental propio de la confirmaci\u00f3n, la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica ha sido apasionada, y no siempre con resultados un\u00e1nimes. Las dificultades nacen de la continuidad de los ritos posbautismales, de su variedad en las distintas iglesias, as\u00ed\u00ad como de los cambios que han tenido lugar a lo largo de los siglos, por lo que resulta casi imposible saber d\u00f3nde termina el bautismo y d\u00f3nde comienza la confirmaci\u00f3n, y cu\u00e1l es el rito para la donaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Hoy parece seguro que son dos los ritos fundamentales: la unci\u00f3n y la imposici\u00f3n de las manos, que est\u00e1n presentes (si bien no de la misma manera) en Oriente y en Occidente, prevaleciendo, sin embargo, la unci\u00f3n por razones hist\u00f3ricas. En todo caso, ser\u00ed\u00ada forzoso admitir una continuidad entre la imposici\u00f3n de las manos de Heb 8:14-17 y la practicada en la confirmaci\u00f3n; pero no ser\u00ed\u00ada adecuado mantener que la imposici\u00f3n de las manos de origen apost\u00f3lico haya sido sustituida por la unci\u00f3n. Ambos ritos son coexistentes en la misma iglesia. La constituci\u00f3n apost\u00f3lica de Pablo VI (de la que hablaremos) sobre el nuevo ordo de la confirmaci\u00f3n se decide por la unci\u00f3n crismal. Acerca de la f\u00f3rmula sacramental, en cambio, se constata una gran variedad, y solamente hoy se ha logrado unanimidad entre el rito romano y el rito bizantino.<\/p>\n<p>4. El di\u00e1logo ecum\u00e9nico ha abierto igualmente camino, durante las \u00faltimas d\u00e9cadas, a una \u00fatil confrontaci\u00f3n en torno a la confirmaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad est\u00e1 como fruto una declaraci\u00f3n com\u00fan de 1974, en la que colaboraron tambi\u00e9n los te\u00f3logos cat\u00f3licos, que pone al rojo vivo el estado actual de la doctrina de las distintas iglesias, sus puntos de convergencia y de diferenciaci\u00f3n, con sugerencias de posterior profundizaci\u00f3n en orden a una deseada inteligencia ecum\u00e9nica&#8217;. La base com\u00fan es \u00e9sta: el bautismo implica el don pentecostal del Esp\u00ed\u00adritu; no se est\u00e1 plenamente bautizado mientras no se participe en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, y al mismo tiempo del Esp\u00ed\u00adritu del Resucitado; por consiguiente, la iniciaci\u00f3n cristiana comprende los dos momentos o aspectos fundamentales del misterio pascual y pentecostal de Cristo.<\/p>\n<p>Las diferencias se refieren a las formas espec\u00ed\u00adficas en que se traduce el signo sacramental del don pentecostal. Los protestantes reducen lainiciaci\u00f3n al bautismo de agua, que es por tanto tambi\u00e9n bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu: conocen una cierta f\u00f3rmula de confirmaci\u00f3n como acto de compromiso personal y complementario del bautismo, pero sin valor sacramental ninguno. Los cat\u00f3licos celebran por separado el don del Esp\u00ed\u00adritu, al menos de ordinario, para los bautizados en tierna edad; y, al hacerlo as\u00ed\u00ad -seg\u00fan el citado documento-, comprometen la unidad de la iniciaci\u00f3n, dificultando el reconocimiento de miembros de la iglesia a quienes solamente han recibido el bautismo. Los orientales, en cambio, mantienen unificada la celebraci\u00f3n de los dos momentos, incluso de los tres, constitutivos de la iniciaci\u00f3n. A los protestantes y cat\u00f3licos se les pide revisar su respectiva praxis: a los protestantes, explicarles el motivo por el que los bautizados son admitidos a la eucarist\u00ed\u00ada solamente despu\u00e9s del rito de la confirmaci\u00f3n; a los cat\u00f3licos, el unir los dos momentos sacramentales (retornando a la antigua praxis, y extendiendo a los ni\u00f1os lo ordenado para los adultos) o bien eliminar de la confirmaci\u00f3n su valor sacramental o reinterpretarlo de distinta manera.<\/p>\n<p>5. En el terreno pastoral se han acumulado los problemas y han revelado su complejidad, suscitando al mismo tiempo numerosas iniciativas, algunas no sin contrastes, en distintos \u00f3rdenes: la determinaci\u00f3n de la edad, la preparaci\u00f3n org\u00e1nica (una especie de catecumenado) de los candidatos, nuevos contenidos de la catequesis con los correlativos textos catequ\u00ed\u00adsticos, la participaci\u00f3n de los padres y de la misma comunidad, formas celebrativas m\u00e1s esmeradas, nuevas relaciones del obispo con los confirmandos y de \u00e9stos entre s\u00ed\u00ad, intentosde valorar el tiempo posterior a la confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sobre la edad se abri\u00f3 en el inmediato posconcilio una encendida controversia entre te\u00f3logos y agentes de pastoral. La propuesta de trasladar el momento celebrativo de la confirmaci\u00f3n hasta la adolescencia, dictada por el deseo de una mayor preparaci\u00f3n de los candidatos, ven\u00ed\u00ada teol\u00f3gicamente justificada por la tesis de la confirmaci\u00f3n como sacramento de la madurez. La fr\u00e1gil consistencia de la motivaci\u00f3n, v\u00e1lida por lo dem\u00e1s para todo sacramento, comenzando por el bautismo, y la ambig\u00fcedad del t\u00e9rmino madurez (la confusi\u00f3n entre madurez anagr\u00e1fica y psicol\u00f3gica, que no siempre coinciden, induc\u00ed\u00ada a mantener la confirmaci\u00f3n como sacramento de la adolescencia y hasta de la juventud), demostraban que la cuesti\u00f3n de la edad no era sino un pseudoproblema, que hasta corr\u00ed\u00ada el peligro de instrumentalizar el sacramento por exigencias contingenciales. La soluci\u00f3n adoptada var\u00ed\u00ada seg\u00fan las diversas iglesias: en Espa\u00f1a el episcopado ha establecido el 26 de noviembre de 1983, sobre las Normas complementarias al nuevo C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico, \u00abla edad para recibir el sacramento de la confirmaci\u00f3n en torno a los catorce a\u00f1os, salvo el derecho del obispo diocesano a seguir la edad de la discreci\u00f3n a la que hace referencia el canon 891\u00bb (Cf Bolet\u00ed\u00adn Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola 3, 1984, 102).<\/p>\n<p>En cambio, las iniciativas y las experiencias de car\u00e1cter formativo de los candidatos han logrado amplio consentimiento y lisonjeros \u00e9xitos. En algunas di\u00f3cesis se ha introducido el a\u00f1o de la confirmaci\u00f3n conforme a un plan pastoral denominado catecumenado o itinerario catecumenal, que ha movilizado a grupos de catequistas, a padres de los confirmandos y a comunidades parroquiales. Mayor atenci\u00f3n han merecido los contenidos de las catequesis y una renovada metodolog\u00ed\u00ada, con encuentros menos escolarizados. Se ha atendido con medios y cursos org\u00e1nicos a la formaci\u00f3n de los adultos no confirmados.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n ha readquirido mayor vitalidad mediante la elecci\u00f3n m\u00e1s adecuada del d\u00ed\u00ada y de la hora, por la presencia de la comunidad, por una participaci\u00f3n m\u00e1s activa, por su conexi\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada, por una relaci\u00f3n m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita con el obispo, pese a la delegaci\u00f3n a otros sacerdotes para presidir el rito. En cambio, se ha presentado dif\u00ed\u00adcil el problema de mantener una relaci\u00f3n directa con los neoconfirmados y el de su inserci\u00f3n en organismos y actividades eclesiales.<\/p>\n<p>6. En este contexto amplio y articulado, rico en fermentos y alientos, ha venido a situarse el nuevo ordenamiento ritual de la confirmaci\u00f3n, publicado en dos tiempos: en 1971, el Ordo Confirmationis, como celebraci\u00f3n aut\u00f3noma para los infantes; y en 1972, el Ordo Initiationis Christianae Adultorum, como celebraci\u00f3n unitaria de la iniciaci\u00f3n de los adultos. Presenta dicho ordenamiento un cuadro org\u00e1nico y completo, recobra no pocos valores olvidados, expresa la fe y la sensibilidad pastoral de la iglesia de nuestro tiempo y constituye por tanto un irrenunciable punto de referencia y de confrontaci\u00f3n con la teolog\u00ed\u00ada y la praxis. Con el nuevo ordenamiento, la iglesia ha tomado conciencia de que la confirmaci\u00f3n no es un simple .gesto ritual, sino un acto cualificante y decisivo para el bautizado y un momento revelador de la propia identidad, como comunidad animada por el Esp\u00ed\u00adritu, y de su propia misi\u00f3n en el mundo, hacia el cual est\u00e1 empujada por el Esp\u00ed\u00adritu del Resucitado.<\/p>\n<p>II. La confirmaci\u00f3n en la tradici\u00f3n eclesial<br \/>\nM\u00e1s que una exacta reconstrucci\u00f3n de la historia ritual, lo que interesa son las etapas m\u00e1s significativas del recorrido de la confirmaci\u00f3n en el cuadro de la iniciaci\u00f3n con las incidencias de orden ritual, teol\u00f3gico y pastoral.<\/p>\n<p>1. En la iglesia del NT el bautismo representa el momento fundamental y totalizante del renacimiento cristiano. El bautismo se realiza en el agua y en el Esp\u00ed\u00adritu (Me 1,8 y par.; Jua 3:5; Tit 3:5; 1Co 12:13; etc\u00e9tera): comporta, pues, con la remisi\u00f3n de los pecados, el don del Esp\u00ed\u00adritu. El mismo acontecimiento de pentecost\u00e9s est\u00e1 caracterizado como bautismo, no como confirmaci\u00f3n (Heb 1:5; Heb 11:15). La iniciaci\u00f3n cristiana es un hecho unitario que no conoce las distinciones a las que estamos habituados: la teolog\u00ed\u00ada crismal se funda en la teolog\u00ed\u00ada bautismal.<\/p>\n<p>Hay dos textos de Lucas que parecen aludir a un segundo momento ritual de iniciaci\u00f3n para el don del Esp\u00ed\u00adritu, que comprende la imposici\u00f3n de las manos y la oraci\u00f3n: Heb 8:14-17; Heb 19:1-7. La hip\u00f3tesis que quiere reconocer en el rito el origen de nuestra confirmaci\u00f3n est\u00e1 hoy descartada por la m\u00e1s acreditada ex\u00e9gesis, que atribuye a los dos episodios distintas finalidades: afirmar que no existen dos comunidades eclesiales, una de car\u00e1cter privado y otra apost\u00f3lica, sino una sola iglesia, a la que se pertenece mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu comunicado por los ap\u00f3stoles. Los cristianos de Samaria, poblaci\u00f3n ya separada del antiguo Israel, hab\u00ed\u00adan sido bautizados por Felipe, quien se hab\u00ed\u00ada trasladado all\u00ed\u00ad no por un mandato espec\u00ed\u00adfico, sino con motivo de la persecuci\u00f3n: el nuevo grupo deb\u00ed\u00ada, pues, agregarse a la iglesia madre mediante la intervenci\u00f3n de los ap\u00f3stoles Pedro y Juan. El episodio de Efeso se recuerda con la misma finalidad: el ap\u00f3stol Pablo interviene para comunicar el Esp\u00ed\u00adritu. La teolog\u00ed\u00ada subyacente es la apostolicidad de la iglesia, no la idea de un segundo momento ritual. Se trata, por lo dem\u00e1s, de dos episodios excepcionales, y no de una praxis ordinaria.<\/p>\n<p>Sin embargo, el posterior desarrollo de la iniciaci\u00f3n se referir\u00e1 a los dos episodios para encontrar un fundamento b\u00ed\u00adblico al rito sacramental de la confirmaci\u00f3n. Un hecho es claro: el don del Esp\u00ed\u00adritu, caracter\u00ed\u00adstico del tiempo mesi\u00e1nico e identificador de la nueva comunidad, se le otorga a todo bautizado. La forma de tal comunicaci\u00f3n no es, sin embargo, uniforme: en el caso de Cornelio (Heb 10:44-48), fuera de todo signo sacramental; en otros casos, juntamente con el bautismo (1Co 12:13; 2Co 6:11; etc\u00e9tera).<\/p>\n<p>2. El paso de la edad apost\u00f3lica al s. XIII no est\u00e1 suficientemente documentado; pero la organizaci\u00f3n de la comunidad ha contribuido a una elaboraci\u00f3n del ritual de iniciaci\u00f3n, que ya en el alborear del s. V se articula en tres grados: catecumenado, ritos bautismales, ritos posbautismales. No son estos \u00faltimos id\u00e9nticos en todas las iglesias, y variar\u00e1n en n\u00famero, en importancia y en significado, con mutuas influencias a lo largo de los siglos. Pero todas las iglesias coincidir\u00e1n en ciertos puntos comunes y seguros: los distintos ritos forman un todo org\u00e1nico con la celebraci\u00f3n bautismal y se valorar\u00e1n por su referencia al don del Esp\u00ed\u00adritu mediante la intervenci\u00f3n del obispo.<\/p>\n<p>Comencemos por el an\u00e1lisis de cada rito. Se pensaba que en Oriente el \u00fanico elemento ritual era la unci\u00f3n con el \u00f3leo perfumado (llamado myron) y que la imposici\u00f3n de las manos era desconocida por completo. En cambio, los testimonios recogidos por L. Ligier confirmar\u00ed\u00adan la existencia de la imposici\u00f3n de las manos no s\u00f3lo como presente en algunos ritos, sino incluso en la praxis m\u00e1s antigua&#8217;. Hasta parece que la imposici\u00f3n de las manos con la invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu para que llene con sus dones al bautizado, y as\u00ed\u00ad evitar la confusi\u00f3n con el mismo rito usado en la reconciliaci\u00f3n de los herejes, se sustituy\u00f3 o se integr\u00f3 con la unci\u00f3n mediante el myron. Para la iglesia sir\u00ed\u00adaca occidental, Teodoro de Mopsuestia recuerda tambi\u00e9n la signaci\u00f3n del bautizado en la frente.<\/p>\n<p>En Occidente los ritos son m\u00e1s numerosos, y se dan mayores diferencias entre las distintas iglesias. En la iglesia de Africa, como atestigua Tertuliano, a la inmersi\u00f3n bautismal segu\u00ed\u00ada la unci\u00f3n con el crisma y la imposici\u00f3n de la mano del obispo. En la iglesia de Mil\u00e1n, san Ambrosio habla de unci\u00f3n de la cabeza, de lavatorio de los pies y de sello del Esp\u00ed\u00adritu Santo con sus siete dones. En la iglesia de Espa\u00f1a encontramos la consignaci\u00f3n en la frente del bautizado y la imposici\u00f3n de la mano con la invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La iglesia de Francia conoce la unci\u00f3n crismal y la imposici\u00f3n de la mano, a la que se atribuye el don del Esp\u00ed\u00adritu. De importancia especial es el uso de la iglesia de Roma, que seguiremos de cerca en su posterior desarrollo,atestiguado en los comienzos del s. m por la Traditio apostolica de Hip\u00f3lito. El esquema comprende una doble unci\u00f3n: por el presb\u00ed\u00adtero, con el \u00f3leo bendito, y por el obispo, con el crisma en la frente del bautizado, la signaci\u00f3n, la imposici\u00f3n de las manos y el beso de paz<br \/>\nTales ritos, a diferencia del catecumenado, que se desarrolla por etapas, forman una unidad lit\u00fargica, incluso sin soluci\u00f3n de continuidad con el bautismo, se realizan normalmente despu\u00e9s de la inmersi\u00f3n bautismal y preceden siempre a la participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada. La celebraci\u00f3n unitaria tiene lugar en la vigilia pascual y est\u00e1 presidida por el obispo, a quien quedan propiamente reservados los susodichos ritos. No podemos, pues, hablar del sacramento de la confirmaci\u00f3n como acto distinto del bautismo: todo intento de distinguir o bien de separar los dos actos, atribuy\u00e9ndoles particulares efectos, ser\u00ed\u00ada un inaceptable anacronismo. Se tiene la convicci\u00f3n de que el bautismo no ha alcanzado todav\u00ed\u00ada su plenitud mientras no haya finalizado el obispo la celebraci\u00f3n comunicando el Esp\u00ed\u00adritu Santo al neobautizado, para introducirlo despu\u00e9s en la comunidad eucar\u00ed\u00adstica. Tal visi\u00f3n unitaria sigue manteni\u00e9ndose intacta hasta hoy en la tradici\u00f3n oriental, mientras se asiste en la tradici\u00f3n occidental a la separaci\u00f3n progresiva y, finalmente, al distanciamiento total de los dos polos sobre los que se articulaba la \u00fanica celebraci\u00f3n: los ritos bautismales y los ritos posbautismales.<\/p>\n<p>La relevancia dada al Esp\u00ed\u00adritu Santo, cuya teolog\u00ed\u00ada iba desarroll\u00e1ndose, y las tendencias her\u00e9ticas y cism\u00e1ticas, que pon\u00ed\u00adan en peligro la unidad de la fe eclesial, llevaron a centrar la atenci\u00f3n en los ritos posbautismales, precisamente caracterizados por el don del Esp\u00ed\u00adritu, propio de la verdadera iglesia, y por la presencia del obispo, responsable de cada comunidad en la l\u00ed\u00adnea apost\u00f3lica. Del don del Esp\u00ed\u00adritu, simbolizado por nuestros ritos, hablan expl\u00ed\u00adcitamente los textos lit\u00fargicos tanto orientales como occidentales, relacion\u00e1ndolos con el descendimiento del Esp\u00ed\u00adritu en el bautismo del Se\u00f1or. Se le invoca mediante la oraci\u00f3n (as\u00ed\u00ad en Tertuliano) o bien es dado con la unci\u00f3n como sello, perfeccionamiento, unci\u00f3n santa, por la que se llega a ser cristiformes (as\u00ed\u00ad en Cirilo de Jerusal\u00e9n y Teodoro de Mopsuestia). Hacia la mitad del s. v encontramos, en una carta del obispo de Constantinopla al obispo de Antioqu\u00ed\u00ada, la f\u00f3rmula de la oraci\u00f3n todav\u00ed\u00ada en uso entre los bizantinos y recogida por el nuevo ritual de la confirmaci\u00f3n: \u00abSello del Esp\u00ed\u00adritu Santo que se te otorga como don\u00bb.<\/p>\n<p>La intervenci\u00f3n del obispo llega a adquirir un papel determinante. A \u00e9l est\u00e1n reservados los ritos (imposici\u00f3n de las manos, signaci\u00f3n, unci\u00f3n) que confieren el don del Esp\u00ed\u00adritu y que completan la iniciaci\u00f3n introduciendo al ne\u00f3fito en la comunidad eucar\u00ed\u00adstica. La motivaci\u00f3n principal de tal reserva, seg\u00fan los estudios de Bouhot y de Ligier 9, estar\u00ed\u00ada en relaci\u00f3n con la reconciliaci\u00f3n de los herejes, a quienes se les exig\u00ed\u00ada la profesi\u00f3n de fe. Plena comuni\u00f3n eclesial y ortodoxia en la fe eran condiciones para la unidad de la iglesia, garantizada por la presencia del obispo. Con el tiempo tales motivaciones perder\u00ed\u00adan actualidad y se preguntar\u00e1 por la raz\u00f3n de la reserva episcopal, sobre la cual est\u00e1n de acuerdo la iglesia de Oriente y la de Occidente. Es propiamente en este per\u00ed\u00adodo cuando aparece el t\u00e9rmino confirmatio, con un significado fluctuante entre el de robustecimiento y el de complemento del rito final de la celebraci\u00f3n bautismal, hasta indicar el momento sacramental rigurosamente dicho.<\/p>\n<p>3. Entre el s. v y el s. xii, la reserva episcopal de la confirmatio (signatio, unctio, impositio) se\u00f1ala un giro en la historia de la confirmaci\u00f3n. En efecto, la difusi\u00f3n del cristianismo en el campo, con la constituci\u00f3n de comunidades presbiterales, hace imposible la presencia f\u00ed\u00adsica del obispo, que contin\u00faa presidiendo la celebraci\u00f3n de la vigilia pascual. En Oriente se opta por una soluci\u00f3n de compromiso, hoy del todo v\u00e1lida: el presb\u00ed\u00adtero realizar\u00e1 la unci\u00f3n con el myron bendecido por el obispo en el jueves santo. En Occidente, por el contrario, no se le ha concedido al presb\u00ed\u00adtero tal facultad, por lo que los neobautizados deben acercarse a la iglesia catedral para la confirmatio. Se asiste as\u00ed\u00ad, desde el s. v, a la separaci\u00f3n entre la confirmatio y el bautismo. Fatalmente, iba a derivarse de ah\u00ed\u00ad un desinter\u00e9s y desestima, como lo atestigua la c\u00e9lebre homil\u00ed\u00ada de Fausto, obispo de Riez O. 490) \u00ab. Para mover a los fieles a no diferirla, apremiado por una situaci\u00f3n de luchas y persecuciones, Fausto presenta la confirmatio como un adiestramiento y un equipamiento del cristiano, a semejanza de un soldado, para las luchas de la vida: si el bautismo es un puro don de Dios, el don del Esp\u00ed\u00adritu en la confirmatio asegura la fuerza para la lucha moral y el compromiso personal del individuo.<\/p>\n<p>Se lleg\u00f3 a la separaci\u00f3n entre la confirmatio y el bautismo con la generalizaci\u00f3n del bautismo de los reci\u00e9n nacidos. Si antes hab\u00ed\u00ada sido una excepci\u00f3n, ahora se estaba convirtiendo en una regla dictada por la simple hip\u00f3tesis de un peligro de muerte, con lo que el bautismo administrado fuera de determinadas fechas y en lugares alejados aument\u00f3 la dificultad de una celebraci\u00f3n unitaria de la iniciaci\u00f3n. La anticipaci\u00f3n del bautismo a los primeros d\u00ed\u00adas de vida crea la necesidad de una formaci\u00f3n en la fe, que viene a relacionarse con la confirmaci\u00f3n y con la primera eucarist\u00ed\u00ada. La necesidad de la fe para el bautismo, menos advertida, se remedia mediante una instrucci\u00f3n o educaci\u00f3n en la misma despu\u00e9s del bautismo. No por esto se deja de exhortar a los candidatos a acercarse a la catedral para la confirmatio del obispo.<\/p>\n<p>Mientras se va extendiendo r\u00e1pidamente la praxis, los libros lit\u00fargicos contin\u00faan mostr\u00e1ndose todav\u00ed\u00ada ligados a la visi\u00f3n unitaria de los ritos de iniciaci\u00f3n 12. El antiguo sacramentario gelasiano (final del s. vi) presenta dos rituales para la consignatio (t\u00e9rmino propio del rito romano), uno para la vigilia pascual y otro para la vigilia de pentecost\u00e9s, seg\u00fan este esquema: imposici\u00f3n de las manos con la invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu septiforme, consignaci\u00f3n o unci\u00f3n con el crisma en forma de cruz sobre la frente del bautizado y acompa\u00f1ada con la f\u00f3rmula Signum Christi in vitam aeternam, beso de paz (no recordado) con el saludo. El sacramentario gregoriano-adrianeo recoge solamente la oratio ad infantes consignandos, sin mencionar la imposici\u00f3n de las manos. El Ordo XI (ss. vi-vii), el m\u00e1s importante de los Ordines Romani, describe los ritos de la confirmaci\u00f3n, inserta en el Ordo baptismi de la vigilia pascual, usando ya el t\u00e9rmino confirmare: invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu septiforme (no se menciona tampoco la imposici\u00f3n de las manos, si bien tal vez se est\u00e1 presuponiendo), unci\u00f3n en la frente con el crisma en forma de cruz acompa\u00f1ada de la f\u00f3rmula Innomine Patris&#8230;, saludo-augurio de paz. Hasta el s. x1 inclusive, los textos lit\u00fargicos, tanto romanos como germ\u00e1nicos, aun diferenci\u00e1ndose en algunas particularidades (ignorada por los primeros la imposici\u00f3n de las manos), siguen manteniendo la confirmaci\u00f3n entre el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>4. A los Ordines suceden en el s. xiii los Pontificales, libros para uso del obispo, donde por primera vez el rito de la confirmaci\u00f3n aparece separado del rito bautismal. Permanece todav\u00ed\u00ada muy viva la relaci\u00f3n con el bautismo, seg\u00fan se desprende de la r\u00fabrica del pontifical romano-germ\u00e1nico del s. x, n. 390: \u00abHoc autem omnino praecavendum est ut non neglegatur, quia tunc omne baptismum legitimum christianitatis nomine confirmatur\u00bb. No se habla ya de lactantes (solamente los nacidos en la semana santa ser\u00e1n confirmados en la vigilia pascual), sino de infantes y de pueri. El pontifical de la curia romana del s. xut presenta la confirmaci\u00f3n como rito totalmente independiente, situ\u00e1ndolo entre la bendici\u00f3n de los ornamentos sacerdotales y la bendici\u00f3n del pan. Con el pontifical de Guillermo Durando de Mende (j 1296) -que adoptar\u00e1 despu\u00e9s Inocencio VIII en 1485 como texto oficial de la iglesia de Roma, e impondr\u00e1 a toda la iglesia el concilio de Trento&#8211; se llega a la fase decisiva del desarrollo. El ritual descrito por Durando, con el t\u00ed\u00adtulo De chrismandis in fronte pueris, colocado al principio del libro, tiene de original, adem\u00e1s de varios textos eucol\u00f3gicos y cantos, la extensi\u00f3n de las manos sobre todos los candidatos, la introducci\u00f3n de una palmadita en la mejilla como sustituci\u00f3n del antiguo beso de paz, la recomendaci\u00f3n a los padrinos de ense\u00f1ar a sus ahijados el credo, el pater y el avemar\u00ed\u00ada. A prop\u00f3sito de la palmadita, probablemente ya utilizada en alg\u00fan lugar, Durando en su Rationale ofrece varias explicaciones, entre ellas el hacer recordar al candidato la confirmaci\u00f3n (su repetici\u00f3n era problema muy vivo en la alta edad media).<\/p>\n<p>Se ha de advertir c\u00f3mo simult\u00e1neamente con la separaci\u00f3n entre la confirmaci\u00f3n y el bautismo se inicia la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el significado d\u00e9 la confirmatio, sobre su valor y efecto espec\u00ed\u00adfico. El gesto ritual m\u00e1s evidente es la unci\u00f3nsignaci\u00f3n de la frente con el crisma. El efecto es el don del Esp\u00ed\u00adritu, bajo su dimensi\u00f3n de fuerza (robur) en orden al testimonio en la vida. Con el despertar de la teolog\u00ed\u00ada del septenario sacramental, la confirmaci\u00f3n aparecer\u00e1 como segundo sacramento en orden cronol\u00f3gico, sin resaltar su relaci\u00f3n con el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>5. A partir de los ss. xii-xiii prevalece la tendencia a remitir la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00ed\u00ada a la edad de la discreci\u00f3n. Si bien las disposiciones del concilio lateranense IV, del a\u00f1o 1215, se refer\u00ed\u00adan solamente a la eucarist\u00ed\u00ada, de hecho se aplicaron igualmente a la confirmaci\u00f3n, lo cual consinti\u00f3 un respeto al orden de los tres sacramentos, pero favoreci\u00f3 sobre todo una adecuada formaci\u00f3n te\u00f3rico-pr\u00e1ctica de los ni\u00f1os en la fe cristiana.<\/p>\n<p>Si en el medievo la formaci\u00f3n cristiana quedaba en cierta manera garantizada por el ambiente social, completamente penetrado de esp\u00ed\u00adritu cristiano con sus correlativas estructuras escol\u00e1sticas, despu\u00e9s del concilio de Trento, con el salto a un nuevo modelo de sociedad, se impone la necesidad de organizar con mayor atenci\u00f3n el tiempo preparatorio para la eucarist\u00ed\u00ada y, por consiguiente, para la confirmaci\u00f3n: aparecen en este per\u00ed\u00adodo los primeros catecismos. Objeto de discusi\u00f3n es la edad de la discreci\u00f3n (las posturas oscilan entre los siete y los doce a\u00f1os) para la eucarist\u00ed\u00ada, no para la confirmaci\u00f3n, que sigue estando siempre unida a la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En varias di\u00f3cesis, especialmente en Francia, la confirmaci\u00f3n se retrasa para despu\u00e9s de la eucarist\u00ed\u00ada, debi\u00e9ndose tal desplazamiento a la despreocupaci\u00f3n de los padres y a las escasas visitas pastorales de los obispos. Cuando con P\u00ed\u00ado X se fija la primera participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada hacia los ocho a\u00f1os, tambi\u00e9n la confirmaci\u00f3n precede a la eucarist\u00ed\u00ada. No existe, pues, el problema de la edad; \u00e9ste aparecer\u00e1 despu\u00e9s del Vat. II. La educaci\u00f3n en la fe, o, mejor, el conocimiento de la doctrina cristiana mediante los cursos catequ\u00ed\u00adsticos es el problema pastoral m\u00e1s fuertemente acusado en los \u00faltimos siglos.<\/p>\n<p>6. Resumiendo los datos de la tradici\u00f3n eclesial, podemos constatar: a) la unidad de los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n dentro de su orden cronol\u00f3gico (bautismo, confirmaci\u00f3n, eucarist\u00ed\u00ada) es el hecho m\u00e1s seguro y m\u00e1s constante del primer milenio; b) la separaci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n y del bautismo se dio tard\u00ed\u00adamente y s\u00f3lo en la tradici\u00f3n occidental por motivos externos y ocasionales; c) la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el sacramento de la confirmaci\u00f3n, como realidad aut\u00f3noma, se desarrolla propiamente desde el momento en que se separa del bautismo, para comenzar a moverse dentro de una \u00f3ptica individualista y eficientista; d) el problema de la edad de la confirmaci\u00f3n s\u00f3lo se ha planteado en las \u00faltimas d\u00e9cadas: primeramente se refiri\u00f3 al bautismo, despu\u00e9s a la eucarist\u00ed\u00ada, finalmente a la confirmaci\u00f3n. Hoy se est\u00e1 proyectando sobre toda la iniciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. La celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n en la nueva propuesta lit\u00fargica<br \/>\nLa renovaci\u00f3n de la celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n ha venido preparada por el Vat. II, que, aun limit\u00e1ndose a ordenar la revisi\u00f3n ritual, establece un criterio de capital importancia: \u00abAparezca m\u00e1s claramente la \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n de este sacramento con toda la iniciaci\u00f3n cristiana\u00bb (SC 71). Concretamente, la relaci\u00f3n con el bautismo se establece con la renovaci\u00f3n de las promesas bautismales al comenzar el rito y con la eucarist\u00ed\u00ada, mediante la comuni\u00f3n sacramental durante la misa.<\/p>\n<p>La reforma ritual predispuesta por la SC se refiere a la confirmaci\u00f3n de quienes fueron bautizados en su tierna edad, sean infantes o adultos: a ellos, en efecto, est\u00e1 dirigido el nuevo Ordo Confirmationis (= OC) del 22 de agosto de 1971, cuya traducci\u00f3n para Espa\u00f1a fue aprobada el 10 de enero de 1976 con el t\u00ed\u00adtulo de Ritual de la Confirmaci\u00f3n (= RC), precedido por la constituci\u00f3n apost\u00f3lica, Divinae consortium naturae, de Pablo VI. El 6 de enero de 1972 se publicaba el Ordo Initiationis Christianae Adultorum (= OICA), cuya traducci\u00f3n para Espa\u00f1a fue asimismo aprobada el 10 de enero de 1976 con el t\u00ed\u00adtulo de Ritual de .la Iniciaci\u00f3n Cristiana de Adultos (= RICA), en el que la confirmaci\u00f3n aparece inserta entre el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada como segundo momento de la unitaria celebraci\u00f3n de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n. Existen, pues, dos modalidades celebrativas de la confirmaci\u00f3n: una por separado, durante o fuera de la misa, y otra unida al bautismo y a la eucarist\u00ed\u00ada. Examin\u00e9moslas distintamente.<\/p>\n<p>(Al referirnos a los dos susodichos libros lit\u00fargicos -y eventualmente al Ordo Baptismi Parvulorum- usaremos la sigla de la edici\u00f3n castellana [RC, RICA, RBN] cuando numeraci\u00f3n coincida con la de la edici\u00f3n t\u00ed\u00adpica latina [OC, OICA, OBP]; de lo contrario, mencionaremos la edici\u00f3n latina, y a continuaci\u00f3n la castellana.)<br \/>\n1. RITO DE LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN PARA LOS NI\u00ed\u2018OS DURANTE LA MISA. a) Premisas. El OC va precedido por la predicha constituci\u00f3n apost\u00f3lica de Pablo VI, en la que se recuerdan algunos principios doctrinales (unidad de la confirmaci\u00f3n con todo el ciclo de la iniciaci\u00f3n, su significado y efecto) y se define el rito esencial del sacramento, consistente en la unci\u00f3n crismal con su correlativa f\u00f3rmula sacramental.<\/p>\n<p>Las premisas generales (introducci\u00f3n: RC nn. 1-19) contienen una serie de disposiciones orientadas a situar la celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n en un contexto org\u00e1nico del que ella extrae su verdad m\u00e1s expresiva y su eficacia. Es un generoso esfuerzo por recuperar los valores que en el modelo ritual de los adultos (= RICA) aparecen bien visibles y confieren a la confirmaci\u00f3n la adecuada fisonom\u00ed\u00ada de segundo sacramento de la iniciaci\u00f3n. Despu\u00e9s de haber afirmado el sentido y la importancia de la confirmaci\u00f3n en el proceso de la iniciaci\u00f3n, se precisan su uni\u00f3n con los dem\u00e1s sacramentos, la participaci\u00f3n de la comunidad, la figura del ministro, el car\u00e1cter comunitario de la, celebraci\u00f3n, el tiempo y el lugar. Se trata de criterios que han de t\u00e9nerse presentes para una celebraci\u00f3n bien ordenada y m\u00e1s expresiva.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n, bajo el aspecto ritual, con el bautismo se ha hecho visible con la recomendaci\u00f3n de que sea \u00abel padrino del bautismo&#8230; tambi\u00e9n el padrino de la confirmaci\u00f3n\u00bb (RC n. 5), con la expl\u00ed\u00adcita evocaci\u00f3n del bautismo en la alocuci\u00f3n del obispo (OC n. 22; RC n. 26), con la renovaci\u00f3n de las promesas bautismales (OC n. 23; RC nn. 28-29) y con una clara alusi\u00f3n en la oraci\u00f3n que acompa\u00f1a la imposici\u00f3n de las manos (OC nn. 24-25; RC nn. 30-32). La relaci\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada se ha subrayado con la disposici\u00f3n de que, salvo casos particulares, la confirmaci\u00f3n se administre durante la misa \u00abpara que se manifieste m\u00e1s claramente la conexi\u00f3n de este sacramento con toda l\u00e1 iniciaci\u00f3n cristiana, que alcanza su culmen en la comuni\u00f3n del cuerpo y de la sangre de Cristo\u00bb (RC n. 13).<\/p>\n<p>Acerca de la participaci\u00f3n de la comunidad cristiana en la confirmaci\u00f3n se dice que \u00abel pueblo de Dios, representado por los familiares y amigos de los confirmandos y por los miembros de la comunidad local, ser\u00e1 invitado a participar en esta celebraci\u00f3n; y se esforzar\u00e1 en manifestar su fe con los frutos que ha producido en ellos el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (RC n. 4). En el desarrollo ritual, la parte de la comunidad se manifiesta en el asentimiento a la profesi\u00f3n de fe (OC n. 23; RC nn. 28-29), en la oraci\u00f3n (OC n. 30; RC nn. 35-38), en el canto y en la participaci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, que los confirmandos, con sus padrinos, padres, parientes y catequistas, podr\u00e1n recibir bajo las dos especies (OC n. 32; RC lo omite).<\/p>\n<p>El ministro de la confirmaci\u00f3n sigue si\u00e9ndolo de ordinario el obispo, no calificado ya de ministro ordinario, como hab\u00ed\u00ada declarado elconcilio de Trento, sino originario (RC n. 7), por respeto a la iglesia oriental, que conf\u00ed\u00ada ordinariamente la funci\u00f3n de confirmar al presb\u00ed\u00adtero. En caso de imposibilidad por parte del obispo, se otorga la facultad a otros sacerdotes debidamente designados (RC nn. 7-8). En todo caso, al obispo se reserva, seg\u00fan una tradici\u00f3n com\u00fan a todas las iglesias de Oriente y Occidente, la consagraci\u00f3n del crisma (\u00f3leo perfumado para la unci\u00f3n), que tiene lugar en la misa del jueves santo.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n tendr\u00e1 un car\u00e1cter festivo y solemne, dada la importancia y el significado de la confirmaci\u00f3n para la iglesia local, y se dar\u00e1 la preferencia a la forma comunitaria, es decir, a una celebraci\u00f3n com\u00fan para todos los candidatos (RC n. 4).<\/p>\n<p>En cuanto al tiempo de la confirmaci\u00f3n, para los ni\u00f1os se ratifica la costumbre de la iglesia latina, que lo fija hacia los siete a\u00f1os, pero dejando a las conferencias episcopales la facultad de establecer una edad m\u00e1s madura si lo consideran oportuno (OC n. 11; CDC 891).<\/p>\n<p>Acerca del rito esencial, la constituci\u00f3n apost\u00f3lica, poniendo fin a las discusiones teol\u00f3gicas, declara: \u00abEn adelante, sea observado en la iglesia latina cuanto sigue: el sacramento de la confirmaci\u00f3n se confiere mediante la unci\u00f3n del crisma en la frente, que se hace con la imposici\u00f3n de la mano, y mediante las palabras: `Recibe por esta se\u00f1al el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8217;: Juntamente con la unci\u00f3n, se reconoce como elemento \u00abintegrante\u00bb la imposici\u00f3n de las manos sobre los elegidos que precede a la crismaci\u00f3n; la cual, como se dice en la citada constituci\u00f3n, \u00abforma parte de la perfecta integridad del mismo rito y favorece la mejor comprensi\u00f3n del sacramento\u00bb.<\/p>\n<p>b) An\u00e1lisis ritual. Para el an\u00e1lisis ritual de la confirmaci\u00f3n consideramos el caso normal de su celebraci\u00f3n durante la misa (OC nn. 20-33; RC nn. 20-45), cuyo esquema sigue siendo el cl\u00e1sico: ritos introductorios, liturgia de la palabra, liturgia del sacramento, liturgia eucar\u00ed\u00adstica, ritos conclusivos.<\/p>\n<p>Ritos introductorios. No est\u00e1 previsto un rito de acogida de los candidatos ni del obispo; pero no hay ning\u00fan inconveniente, y hasta es muy oportuno que se realice mediante la intervenci\u00f3n del mismo p\u00e1rroco para crear un clima de fraternidad y para subrayar la importancia del acontecimiento eclesial.<\/p>\n<p>Liturgia de la palabra. Para las lecturas b\u00ed\u00adblicas se permite recurrir total o parcialmente a las de la misa del d\u00ed\u00ada (OC n. 20; RC n. 24); pero es preferible atenerse .al leccionario de la confirmaci\u00f3n (OC nn. 61-65; RC nn. 63-103), que recoge en total 29 pasajes con una serie de salmos responsoriales y vers\u00ed\u00adculos aleluy\u00e1ticos: cinco del AT, 12 de los escritos apost\u00f3licos y 12 de los evangelios. La acci\u00f3n sacramental del Esp\u00ed\u00adritu se hace plenamente comprensible en el contexto de la historia de la salvaci\u00f3n. La palabra de Dios, al par que proclama la intervenci\u00f3n hist\u00f3rica del Esp\u00ed\u00adritu y reaviva la fe de los presentes en el don de dicho Esp\u00ed\u00adritu, ilumina y da significado a su intervenci\u00f3n sacramental. Es, por tanto, catequesis y parte integrante del sacramento. El conjunto de las lecturas presenta la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la fase del anuncio o de la promesa y en la fase de su realizaci\u00f3n, primeramente en Cristo y despu\u00e9s en la comunidad apost\u00f3lica, es decir, en la iglesia. Con respecto a Cristo, se contempla al Esp\u00ed\u00adritu en su obra consagrante para la realizaci\u00f3n del ministerio mesi\u00e1nico, para la instauraci\u00f3n de la nueva alianza, para la liberaci\u00f3n del mal y para laconstituci\u00f3n de un pueblo prof\u00e9tico. Con respecto a la iglesia, en cuanto nuevo pueblo pose\u00ed\u00addo por el Esp\u00ed\u00adritu, se contempla su obra tendiendo a la unidad aun en medio de la diversidad de dones, al conocimiento total de la verdad o del evangelio proclamado por Cristo y al testimonio valiente del evangelio. Con respecto a cada miembro, se subraya tanto la acci\u00f3n interior y transformante del Esp\u00ed\u00adritu como las formas exteriores, fruto del mismo Esp\u00ed\u00adritu. Partiendo de tal visi\u00f3n de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la historia de la salvaci\u00f3n, se prepara mejor el esp\u00ed\u00adritu para la acci\u00f3n sacramental mediante la cual se realiza la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre los bautizados para introducirlos en el plan divino de la salvaci\u00f3n en el seno de la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>La presentaci\u00f3n de cada uno de los candidatos al obispo confiere un car\u00e1cter personal y espont\u00e1neo, no an\u00f3nimo ni burocr\u00e1tico, al encuentro del obispo, cabeza y padre de la iglesia local, con sus hijos. La norma ritual (OC n. 21; RC n. 25) es justamente bastante el\u00e1stica: la presentaci\u00f3n la hace el p\u00e1rroco u otro presb\u00ed\u00adtero, un di\u00e1cono o un catequista. Cada cual es llamado por su nombre y, si son ni\u00f1os, se acercan acompa\u00f1ados por uno de los padrinos o de los padres.<\/p>\n<p>El obispo dirige una breve homil\u00ed\u00ada, inspir\u00e1ndose en las lecturas, para explicar la realidad sacramental de la confirmaci\u00f3n. El texto ritual (OC n. 22; RC n. 26) ofrece un esquema en el que se alude ante todo a la funci\u00f3n, confiada a los ap\u00f3stoles y a sus sucesores, de comunicar a los bautizados el don del Esp\u00ed\u00adritu derramado sobre la iglesia en el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s; describe despu\u00e9s el efecto del Esp\u00ed\u00adritu, ya con vistas a la santificaci\u00f3n y unidad de la iglesia, ya a la santificaci\u00f3n personal en orden a una mayor conformidad con Cristo y con la iglesia; y evoca, finalmente, ante los confirmandos el compromiso apost\u00f3lico de testimonio y de vida bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Liturgia del sacramento. El esquema ritual de la confirmaci\u00f3n se desarrolla por este orden: renovaci\u00f3n de las promesas bautismales, imposici\u00f3n de las manos con la oraci\u00f3n epicl\u00e9tica, crismaci\u00f3n y saludo de paz.<\/p>\n<p>El gesto ritual de la renovaci\u00f3n de las promesas bautismales (OC n. 23; RC nn. 28-29), dispuesto por el Vat. II (SC 71), tiene como fin expresar la mutua relaci\u00f3n entre bautismo y confirmaci\u00f3n, que es natural desarrollo y complemento del primero. Al mismo tiempo, por tratarse de la fe y no de una simple promesa (como la que hacen en nombre del interesado los padres y padrinos en el d\u00ed\u00ada del bautismo), adquiere su relieve la din\u00e1mica de esa misma fe, que va desde la aceptaci\u00f3n de la palabra hasta la expl\u00ed\u00adcita profesi\u00f3n de fe y, finalmente, a la celebraci\u00f3n de dicha fe en el sacramento. La confirmaci\u00f3n, como todo sacramento, exige la fe; es decir, la personalizaci\u00f3n, por parte del confirmando, del acto de fe expresado en el bautismo por sus padres, y su profesi\u00f3n ante la comunidad y su leg\u00ed\u00adtimo pastor. En los dos aspectos, negativo (renuncia) y positivo (credo), la respuesta es personal. Pero la fe es com\u00fan a todo el pueblo de los bautizados, coincide con la fe de la iglesia. Y la iglesia, congregada en asamblea, interviene aqu\u00ed\u00ad adhiri\u00e9ndose y ratificando la fe de los confirmandos, es decir, respondiendo am\u00e9n a las palabras finales del obispo: Esta es nuestra fe&#8230;<\/p>\n<p>El formulario es m\u00e1s bien desafortunado por su ambig\u00fcedad e incoherencia; en cuanto al t\u00ed\u00adtulo (\u00abRenovaci\u00f3n de las promesas del bautismo\u00bb), mal se acomoda con el final de la alocuci\u00f3n del obispo, que habla, en cambio, de \u00abprofesi\u00f3n de fe\u00bb (RC n. 27), y con la expresi\u00f3n propia del rito del bautismo: \u00abrenuncias\u00bb y \u00abprofesi\u00f3n de fe\u00bb (OBP nn. 56-59; RBN nn. 124-127). El texto, adem\u00e1s, s\u00f3lo en parte corresponde al bautismal, al resumir en una las tres preguntas de renuncia y elevar a cuatro las tres demandas de fe l&#8217;. Desarrolla, en efecto, la interrogaci\u00f3n sobre el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que hoy realiza en cada uno de los candidatos una efusi\u00f3n semejante a la que tuvo lugar en pentecost\u00e9s sobre los ap\u00f3stoles. Con esta referencia aparece la confirmaci\u00f3n como el pentecost\u00e9s del bautizado.<\/p>\n<p>La imposici\u00f3n de las manos. La invitaci\u00f3n del obispo a la oraci\u00f3n (OC n. 24; RC n. 31), con un texto que recuerda la regeneraci\u00f3n bautismal y anuncia la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu con sus dones sobre los confirmandos para conformarlos con Cristo, tiende a crear un clima de intenso recogimiento y de adhesi\u00f3n al misterio sacramental.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n epicl\u00e9tica (OC n. 25; RC n. 32), que acompa\u00f1a a la imposici\u00f3n de las manos, desarrolla los dos pensamientos evocados en la invitaci\u00f3n: la apelaci\u00f3n al bautismo de los candidatos en su efecto liberador y regenerante mediante el agua y el Esp\u00ed\u00adritu, y la petici\u00f3n de una plena efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu con sus siete dones. Aparece una vez m\u00e1s la complementariedad de la confirmaci\u00f3n con el bautismo. La demanda de la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, denominado con el t\u00e9rmino juanista par\u00e1clito (asistente, intercesor, defensor, abogado), se explicita en la enumeraci\u00f3n de sus siete dones. De ellos habla Isa 11:1-3 a prop\u00f3sito del descendiente dav\u00ed\u00addico. Es la plenitud de la fuerza celestial, que produce en el reymesi\u00e1nico los dones de distintas maneras visibilizados en los grandes reyes, en los profetas y en los patriarcas. El texto original de Isa\u00ed\u00adas enumera seis dones; pero los LXX y la Vulgata han le\u00ed\u00addo en el v. 2 piedad en vez de temor, llegando as\u00ed\u00ad a clasificarlos como siete dones. Y toda la tradici\u00f3n cristiana, comenzando por los padres del s. 1v, ha aceptado la lectura del Esp\u00ed\u00adritu septiforme. En vez de entrar en detalles sobre cada don, es preferible insistir en la plenitud y en la permanencia del Esp\u00ed\u00adritu de Dios en el mes\u00ed\u00adas, y consiguientemente en los bautizados, que se hacen plenamente conformes con Cristo.<\/p>\n<p>El gesto de la imposici\u00f3n de las manos, aunque declarara la constituci\u00f3n apost\u00f3lica de Pablo VI \u00abno pertenecer a la esencia del rito sacramental\u00bb, merece una \u00abgran consideraci\u00f3n, ya que forma parte de la perfecta integridad del mismo rito\u00bb de la confirmaci\u00f3n, \u00aby por favorecer la mejor comprensi\u00f3n del sacramento\u00bb. El gesto, de claro origen b\u00ed\u00adblico, se usa con un doble significado: cuando se quiere investir a alguien o confiarle una misi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica, como en el caso de Mois\u00e9s, que impone las manos sobre Josu\u00e9 para encargarle que gu\u00ed\u00ade al pueblo hacia la tierra prometida (N\u00fam 27:18-23; Deu 34:9); cuando se quiere expresar la petici\u00f3n de un favor divino sobre alguien, como en el gesto de Jacob sobre sus hijos Efra\u00ed\u00adn y Manas\u00e9s (G\u00e9n 48:14), de Aar\u00f3n sobre el pueblo (Lev 9:22), de Jes\u00fas sobre los ni\u00f1os (Me 10,13-16; Mat 19:13-15). En nuestro caso, en l\u00ed\u00adnea con los textos correlativos de los Hechos (Mat 8:17; Mat 19:6), quiere significar e otorgamiento de un don, del Esp\u00ed\u00adritu Santo, como afirma la constituci\u00f3n paulina.<\/p>\n<p>La crismaci\u00f3n o unci\u00f3n con el crisma (OC nn. 26-29; RC nn. 33-34), acompa\u00f1ada por la correspondiente f\u00f3rmula, constituye el rito esencial. La f\u00f3rmula \u00abRecibe por esta se\u00f1al el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb quiere hacer m\u00e1s expresivo y significativo el don del Esp\u00ed\u00adritu y la nueva evocaci\u00f3n de su efusi\u00f3n en el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s. Los t\u00e9rminos recibe y don, por relaci\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu, evocan efectivamente, m\u00e1s de cerca, el lenguaje neotestamentario (Heb 2:38; Heb 1:5-8; Heb 8:16; etc.). M\u00e1s complejo se presenta el significado de la palabra se\u00f1al (lat. signaculum, gr. sfraghis), ya que en el per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico se usa sobre todo para indicar el bautismo, conociendo una gran variedad de interpretaciones simb\u00f3licas. No parece que deba relacionarse con un rito exterior (se\u00f1al de la cruz), ni que indique, por tanto, el efecto de marcar a alguien; parece m\u00e1s bien entenderse en sentido espiritual: una acci\u00f3n divina que se realiza en nuestros corazones, que crea una realidad nueva y permanente (se\u00f1al espiritual) mediante el Esp\u00ed\u00adritu. Es, pues, un don espiritual: una se\u00f1al del Esp\u00ed\u00adritu. La f\u00f3rmula, por tanto, viene a especificar que el Esp\u00ed\u00adritu, derramado como don ya prometido por Cristo, es una se\u00f1al interior grabada por Dios en el bautizado; algo as\u00ed\u00ad como una circuncisi\u00f3n espiritual, que introduce en la nueva alianza: es un refuerzo de la fe, una se\u00f1al permanente, como una garant\u00ed\u00ada, incluso unas arras para el d\u00ed\u00ada postrero. El signo exterior (consignatio), t\u00ed\u00adpico del rito romano, tiene valor en cuanto designa la se\u00f1al espiritual e interior.<\/p>\n<p>El gesto de la unci\u00f3n con el crisma, de indudable origen b\u00ed\u00adblico, tiene lugar m\u00e1s o menos relevante en toda la tradici\u00f3n lit\u00fargica. En el AT tiene un significado ya real (unci\u00f3n de reyes y despu\u00e9s de sacerdotes), ya figurado (profetas).<\/p>\n<p>En el NT, el t\u00e9rmino unci\u00f3n va vinculado a la idea de consagraci\u00f3n por parte del Esp\u00ed\u00adritu Santo con miras a una misi\u00f3n 16. Recu\u00e9rdese el episodio de Jes\u00fas en la sinagoga de Nazaret (Luc 4:18). No faltan alusiones a la unci\u00f3n real y sacerdotal de Cristo (Heb 4:27; Heb 10:38; Heb 1:8-9). La unci\u00f3n de Jes\u00fas debe entenderse en sentido figurado, tiene un car\u00e1cter prof\u00e9tico expl\u00ed\u00adcito y se realiza por obra del Esp\u00ed\u00adritu en un contexto bautismal, en el Jord\u00e1n: se ordena a inaugurar su ministerio, el anuncio del evangelio.<\/p>\n<p>Pablo habla de la unci\u00f3n de los cristianos en 2Co 1:21-22; en la catequesis patr\u00ed\u00adstica se la relaciona siempre con la de Cristo, y es signo del Esp\u00ed\u00adritu que mora en el coraz\u00f3n del creyente, lo ilumina y lo identifica con el mismo Cristo. La unci\u00f3n espiritual viene especificada a continuaci\u00f3n mediante un rito exterior, una unci\u00f3n visible, siempre interpretada a la luz de la unci\u00f3n espiritual de Cristo, en continuidad con la unci\u00f3n prof\u00e9tica y real. Se explica as\u00ed\u00ad el uso del \u00f3leo, que en la biblia tiene varios significados (bendici\u00f3n, elecci\u00f3n, gozo, riqueza, salud): vendr\u00e1 a simbolizar la fuerza penetrante concedida por Dios juntamente con el Esp\u00ed\u00adritu, a fin de que la persona ungida pueda realizar su propia misi\u00f3n (1Sa 18:1-6; Isa 61:1). Para mejor simbolizar a Cristo se a\u00f1adir\u00e1n al \u00f3leo varios perfumes: el myron. El tema del \u00abbuen olor de Cristo\u00bb encuentra su fundamento en 2Co 2:14-27. En el rito romano se realiza la unci\u00f3n en forma de cruz sobre la frente del candidato. Se unen as\u00ed\u00ad los dos signos para significar el don del Esp\u00ed\u00adritu, que orienta hacia la herencia del reino y la garantiza (cf Apo 7:4). La imposici\u00f3n de la mano durante la unci\u00f3n, recordada por la constituci\u00f3n de Pablo VI, no es originaria ni constante.<\/p>\n<p>El saludo de paz (\u00abla paz sea contigo\u00bb) con que se concluye el rito es un saludo pascual, reservado en general al obispo. Puede verse en \u00e9l un gesto de fraternidad, como demuestra el testimonio de Hip\u00f3lito Romano: iba, en efecto, acompa\u00f1ado por el abrazo de paz del obispo. Se sustituy\u00f3 despu\u00e9s con la palmadita en la mejilla, suprimida en la reciente reforma ritual.<\/p>\n<p>Con la oraci\u00f3n de los fieles -de la que ofrece el rito un formulario propio (OC n. 30; RC nn. 35-38), en el que se explicitan los efectos del sacramento- se concluye la liturgia del sacramento.<\/p>\n<p>Liturgia eucar\u00ed\u00adstica. Todo procede regularmente. Merecen se\u00f1alarse varios formularios (Hanc igitur propio para el canon romano [OC nn. 31. c; 58; RC n. 41], oraciones sobre las ofrendas y despu\u00e9s de la comuni\u00f3n, ant\u00ed\u00adfona de la comuni\u00f3n [OC nn. 58-60; RC nn. 40.42-43]), en los que aparece la tem\u00e1tica de los frutos del sacramento con m\u00e1s amplitud de la que se expresa en el rito: testimonio del evangelio, fuerza particular, unidad de la fe, configuraci\u00f3n con Cristo, abundancia de dones, misi\u00f3n prof\u00e9tica del pueblo de Dios, etc. Recordemos la facultad de la comuni\u00f3n bajo las dos especies para los confirmados, a quienes podr\u00e1n unirse sus padrinos, padres y catequistas (OC n. 32; RC lo omite).<\/p>\n<p>Ritos conclusivos. Para la bendici\u00f3n final se proponen dos f\u00f3rmulas: la primera (OC n. 33; RC n. 44), de car\u00e1cter trinitario, que atribuye a cada persona divina un determinado efecto (filiaci\u00f3n, confesi\u00f3n de la fe, unidad y gozo eterno); la segunda (OC ib; RC n. 45), en cambio, es una oraci\u00f3n sobre el pueblo, que adopta casi la misma tem\u00e1tica.<\/p>\n<p>2. RITO DE LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN SIN LA MISA. Aunque el momento preferencial de la celebraci\u00f3n sigue siendo el de la misa, cuando los ni\u00f1os confirmandos no hayan recibido la eucarist\u00ed\u00ada y no puedan ser admitidos a la acci\u00f3n lit\u00fargica que tiene lugar, la confirmaci\u00f3n se celebrar\u00e1 fuera de la misa (OC n. 13). Hay circunstancias particulares que pudieran aconsejar la misma modalidad. El esquema ritual (OC nn. 34-49; RC nn. 46-58) corresponde al descrito m\u00e1s arriba, exceptuadas algunas particularidades, como un rito introductorio propio, la celebraci\u00f3n de la palabra y el padrenuestro en el rito conclusivo. El rito introductorio lo forman el saludo del obispo y una oraci\u00f3n (OC nn. 34-35; RC n. 46). Sigue la celebraci\u00f3n de la palabra de Dios, que no deber\u00e1 faltar nunca, ya que con ella \u00abcomienza el rito de la confirmaci\u00f3n. De la escucha de la palabra de Dios proviene la multiforme acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu sobre la iglesia y sobre cada uno de los bautizandos o confirmandos, y se manifiesta la voluntad del Se\u00f1or en la vida de los cristianos\u00bb (RC n. 13). Terminada la oraci\u00f3n universal y antes de la bendici\u00f3n final se recita, previa una breve monici\u00f3n del obispo, el padrenuestro (OC n. 48; RC n. 56). Gran importancia, se dice tambi\u00e9n en el n. 13, \u00abdebe darse a la recitaci\u00f3n de la oraci\u00f3n dominical (padrenuestro), que hacen los confirmandos juntamente con el pueblo&#8230; porque es el Esp\u00ed\u00adritu el que ora en nosotros, y el cristiano en el Esp\u00ed\u00adritu dice: Abba, Padre\u00bb.<br \/>\n3. RITO DE LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN PARA LOS ADULTOS. El principio que, seg\u00fan el OICA (y respectivamente el RICA), regula la celebraci\u00f3n es el de la unidad entre los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n, que se manifiesta en la misma continuidadritual sin separaci\u00f3n alguna con el bautismo. \u00abSeg\u00fan el antiguo uso -se lee en el n. 34-, conservado en la liturgia romana, no se bautice a ning\u00fan adulto sin que reciba a continuaci\u00f3n del bautismo la confirmaci\u00f3n\u00bb. Es de desear que sea el obispo mismo el que presida y confiera en la vigilia pascual los sacramentos de la iniciaci\u00f3n (cf n. 44): su ausencia no debe ser raz\u00f3n para que disminuya la importancia del acto; en tal caso queda autorizado a presidir el rito de la confirmaci\u00f3n el sacerdote que haya administrado el bautismo (cf n. 228).<\/p>\n<p>Para subrayar la continuidad se ha suprimido la unci\u00f3n posbautismal con el crisma (n. 223). El paso entre el bautismo y la confirmaci\u00f3n se realiza ejecutando un c\u00e1ntico.<\/p>\n<p>El rito de la confirmaci\u00f3n queda, pues, bastante abreviado, seg\u00fan este esquema (nn. 227-231): alocuci\u00f3n del ministro, invitaci\u00f3n a la oraci\u00f3n seguida de una pausa de silencio, imposici\u00f3n de las manos sobre los confirmandos con la oraci\u00f3n epicl\u00e9tica, presentaci\u00f3n de cada uno de los candidatos, unci\u00f3n crismal cruciforme en la frente del candidato con la f\u00f3rmula sacramental, saludo de paz. La alocuci\u00f3n dirigida a los ne\u00f3fitos recuerda el significado del bautismo (renacimiento a la vida de hijos de Dios y miembros de Cristo y de su pueblo sacerdotal) y anuncia el don pentecostal del Esp\u00ed\u00adritu comunicado a los bautizados por los ap\u00f3stoles y sus sucesores. Describe despu\u00e9s, como resumiendo la teolog\u00ed\u00ada de la confirmaci\u00f3n, los efectos del don del Esp\u00ed\u00adritu: una fuerza divina interior, perfecta conformidad con Cristo con miras al testimonio del misterio pascual, participaci\u00f3n m\u00e1s activa en la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo. La invitaci\u00f3n a la oraci\u00f3n concreta la finalidad de la acci\u00f3n sacramental: plena efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu sobre los ne\u00f3fitos para que sean \u00abconfirmados\u00bb y mediante la unci\u00f3n se hagan conformes a Cristo. La imposici\u00f3n de las manos sobre todos los confirmandos va acompa\u00f1ada de la invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y la plenitud de sus dones. La unci\u00f3n crisma] se realiza en forma de cruz sobre la frente del candidato con las palabras: \u00abRecibe por esta se\u00f1al el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Finalmente, el saludo de paz, al que sigue la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, en la cual los ne\u00f3fitos y confirmados participan por primera vez en uni\u00f3n con toda la asamblea.<\/p>\n<p>Id\u00e9ntico rito se prev\u00e9 para los ni\u00f1os en edad de catecismo y sin bautizar; para tales ni\u00f1os se ha adaptado, en efecto, todo el proceso inici\u00e1tico de los adultos, con la reimplantaci\u00f3n del catecumenado y de la unidad celebrativa de los tres sacramentos en la vigilia pascual (RICA c. 5, nn. 306-369).<\/p>\n<p>IV. Aspectos doctrinales<br \/>\nLa propuesta ritual ni presenta ni pretende presentar una nueva teolog\u00ed\u00ada org\u00e1nica de la confirmaci\u00f3n; pero el hecho mismo de su reposici\u00f3n dentro del cuadro inici\u00e1tico, adem\u00e1s de subrayar otros aspectos y elementos, invita a repensar el significado de este sacramento. En efecto, si la praxis de la celebraci\u00f3n aut\u00f3noma de la confirmaci\u00f3n hab\u00ed\u00ada sido el punto de partida para una t\u00ed\u00adpica teolog\u00ed\u00ada occidental de tal sacramento todav\u00ed\u00ada vigente, la nueva praxis, que celebra la confirmaci\u00f3n en estrecha relaci\u00f3n con el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada, est\u00e1 orientada a promover una renovada reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la confirmaci\u00f3n en su relaci\u00f3n con la iniciaci\u00f3n, con la historia salv\u00ed\u00adfica, con la iglesia y con la existencia del confirmado [-> infra, 1-41 son \u00e9stos los puntos que la reforma ha clarificado y que parecen capaces de hacer redescubrir la plenitud del significado del sacramento.<\/p>\n<p>1. LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN Y LA INICIACI\u00ed\u201cN CRISTIANA. La unidad de los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana no es s\u00f3lo un criterio tenazmente perseguido por la reforma lit\u00fargica, sino sobre todo un principio teol\u00f3gico reafirmado y precisado en su fundamento y en sus finalidades. Los tres sacramentos se fundan en la unidad del misterio pascual; son tres ritos significativos y eficaces de dicho misterio, destinados a realizar la progresiva y completa configuraci\u00f3n del creyente con Cristo en la iglesia, a construir su exacta identidad cristiana y eclesial. Hasta que el creyente no haya sido introducido \u00ed\u00adntegramente en el misterio no se puede decir que haya alcanzado su plenitud. \u00abLos tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana -se dice en el n. 2 del RBN- se ordenan entre s\u00ed\u00ad para llevar a su pleno desarrollo a los fieles, que ejercen la misi\u00f3n de todo el pueblo cristiano en la iglesia y en el mundo\u00bb.<\/p>\n<p>La confirmaci\u00f3n es el segundo sacramento, y se encuentra en una posici\u00f3n intermedia entre el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada, representando la segunda etapa del camino hacia la plena entrada en el misterio de Cristo y de la iglesia. \u00abLos bautizados avanzan por el camino de la iniciaci\u00f3n cristiana por medio del sacramento de la confirmaci\u00f3n, por el que reciben la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que fue enviado por el Se\u00f1or sobre los ap\u00f3stoles en el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s\u00bb (RC n. 1).<\/p>\n<p>Debido a esta unidad entre los tres sacramentos, la confirmaci\u00f3n exige ser comprendida y valorada en su relaci\u00f3n din\u00e1mica con el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada. Con respecto al bautismo, la confirmaci\u00f3n representa un desarrollo, una plenitud, un perfeccionamiento. No es que el bautismo sea de suyo incompleto e imperfecto, sino en el sentido de que necesita de una expresi\u00f3n ritual explicativa y significativa de la realidad bautismal.<\/p>\n<p>A esta fase ritual intermedia de la iniciaci\u00f3n -de donde procede primeramente la distinci\u00f3n y despu\u00e9s la separaci\u00f3n del rito de la confirmaci\u00f3n- se ha atribuido en el plano objetivo el don del Esp\u00ed\u00adritu, mientras en un plano subjetivo se ha hablado de los efectos de perfecci\u00f3n y crecimiento. La confirmaci\u00f3n, sin embargo, pertenece al nacimiento del cristiano y constituye un momento de su desarrollo; no ciertamente de madurez aut\u00f3noma y personal, sino m\u00e1s bien en relaci\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada, tercer momento de la iniciaci\u00f3n. El desarrollo se refiere primariamente a la realidad sacramental del bautismo, al nacimiento del hombre nuevo y a su inserci\u00f3n en el misterio de Cristo y de la iglesia. Bautismo y confirmaci\u00f3n, podr\u00ed\u00ada decirse, constituyen un todo celebrado en dos tiempos: ambos sacramentos conforman con Cristo y agregan a la iglesia para una misi\u00f3n en el mundo, hacen del creyente un nuevo ser en Cristo resucitado y lo vivifican mediante el Esp\u00ed\u00adritu. Bautismo y confirmaci\u00f3n son dos realidades complementarias en la constituci\u00f3n del ser cristiano. El problema no consiste en preguntarse qu\u00e9 aporta de nuevo y de m\u00e1s la confirmaci\u00f3n, sino m\u00e1s bien en saber qu\u00e9 aspectos de la realidad pascual y eclesial pone en evidencia. El misterio pascual de Cristo se explicita aqu\u00ed\u00ad en el misterio pentecostal, mientras la incorporaci\u00f3n a la iglesia como comunidad animada por el Esp\u00ed\u00adritu implica un papel espec\u00ed\u00adfico y activo del confirmado.<\/p>\n<p>Ambos sacramentos introducen en la comunidad eucar\u00ed\u00adstica, supremo signo de la pascua de Cristo, plena expresi\u00f3n de la iglesia vivificada por el Esp\u00ed\u00adritu. La primera participaci\u00f3n de cada uno en el misterio pascual y pentecostal de Cristo resulta participaci\u00f3n festiva y plenaria en el misterio mismo como sacrificio de la nueva alianza, fuente de unidad y de vida. La unidad de la confirmaci\u00f3n con el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada es anterior a toda distinci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como a toda eventual separaci\u00f3n: desde el momento en que llegase a perder su vinculaci\u00f3n con el bautismo, se oscurecer\u00ed\u00ada su t\u00ed\u00adpica connotaci\u00f3n, su identidad de sacramento de la iniciaci\u00f3n. Los renacidos en Cristo y animados por su Esp\u00ed\u00adritu, los que han participado en el misterio pascual, se congregan para celebrar juntos el memorial de la muerte y resurrecci\u00f3n, para revivir ritualmente la gracia bautismal y crismal. La ordenaci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n a la eucarist\u00ed\u00ada se comprende mucho mejor partiendo del v\u00ed\u00adnculo que une los tres sacramentos: el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, cuya funci\u00f3n es llevar a plenitud la obra del mismo Cristo. Y es mediante la eucarist\u00ed\u00ada como Cristo unifica y construye su iglesia, haci\u00e9ndola cuerpo y esp\u00ed\u00adritu suyo.<\/p>\n<p>2. LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN Y LA HISTORIA SALV\u00ed\u008dFICA. La unidad (y a la vez la distinci\u00f3n) radica en el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico: \u00abLa iniciaci\u00f3n de los cristianos &#8211;se lee en la introducci\u00f3n al RICA n. 8- no es otra cosa que la primera participaci\u00f3n sacramental en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo\u00bb; y el v\u00ed\u00adnculo de la confirmaci\u00f3n con el bautismo \u00absignifica la unidad del misterio pascual y el v\u00ed\u00adnculo entre la misi\u00f3n del Hijo y la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (RICA n. 34).<\/p>\n<p>El acontecimiento salv\u00ed\u00adfico con el que la confirmaci\u00f3n viene repetidamente relacionada es el de pentecost\u00e9s, primera y plena efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu por parte del Resucitado. Pero pentecost\u00e9s es inseparable de la pascua; la participaci\u00f3n en el misterio pascual est\u00e1, pues, reclamando la participaci\u00f3n en el don pentecostal, manantial de la vida nueva en Cristo para toda la comunidad de los creyentes.<\/p>\n<p>Los documentos de la reforma, siguiendo la m\u00e1s antigua tradici\u00f3n, repiten hasta la saciedad que en la confirmaci\u00f3n se derrama el Esp\u00ed\u00adritu enviado por Cristo en pentecost\u00e9s; por lo que la confirmaci\u00f3n resulta ser el pentecost\u00e9s del cristiano bautizado. Se traslada as\u00ed\u00ad la atenci\u00f3n desde el momento sacramental y el an\u00e1lisis de sus efectos sobre cada bautizado al acontecimiento salv\u00ed\u00adfico, que en el sacramento se celebra y se actualiza para que el destinatario participe de la pascua en toda su plenitud, a saber: del don del Esp\u00ed\u00adritu que descendi\u00f3 sobre Cristo en el bautismo para su investidura mesi\u00e1nica y fue enviado sobre la iglesia al comienzo de su misi\u00f3n en el mundo (que el candidato est\u00e1 por su parte llamado a realizar). Nos vemos reconducidos hacia la perspectiva hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica y eclesial, que es el dato tradicional y constante en la historia del sacramento.<\/p>\n<p>Tal reajuste de la confirmaci\u00f3n dentro de la historia de la salvaci\u00f3n, a la vez que presenta los sacramentos como continuaci\u00f3n de las intervenciones divinas realizadas en la historia de Israel y de Cristo, permite comprender el significado exacto de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la confirmaci\u00f3n. Esta recibe luz y sentido de los acontecimientos b\u00ed\u00adblicos a trav\u00e9s de los cuales se manifiesta la obra del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Podemos aludir ante todo a la oraci\u00f3n consagratoria del crisma que recita el obispo en la misa del jueves santo, cuyo primer formulario traza una s\u00ed\u00adntesis de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu desde las aguas creadoras hasta el bautismo de Cristo, mientras el segundo se centra en el misterio pascual (RBO que se encuentra en el Ritual de Ordenes, pp. 216-218).<\/p>\n<p>La serie de lecturas para la liturgia de la palabra (OC nn. 61-65; RC nn. 63-103) ofrece un cuadro completo de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, desde el anuncio y la promesa a trav\u00e9s de los profetas hasta la efusi\u00f3n plena sobre Cristo y el don enviado por \u00e9l a la iglesia en el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s. Las dos privilegiadas e iluminadoras intervenciones b\u00ed\u00adblicas que se insertan en toda la trama hist\u00f3rica y prof\u00e9tica son el bautismo de Jes\u00fas (OC n. 65,4; RC n. 95) y pentecost\u00e9s (OC n. 62,2; RC n. 69).<\/p>\n<p>Durante el bautismo en el Jord\u00e1n desciende el Esp\u00ed\u00adritu y se posa sobre Jes\u00fas en forma extraordinaria y visible; lo manifiesta como Hijo de Dios, siervo de Yav\u00e9 y ungido del Se\u00f1or. La venida del Esp\u00ed\u00adritu se equipara a una unci\u00f3n prof\u00e9tica (cf Luc 4:18), en cuanto que acredita a Jes\u00fas entre los hombres, confirma el mandato divino y se\u00f1ala la investidura y la inauguraci\u00f3n de su obra de siervo paciente. Lo que represent\u00f3 para la misi\u00f3n de Jes\u00fas la venida del Esp\u00ed\u00adritu en el Jord\u00e1n lo representa para la iglesia la venida del Esp\u00ed\u00adritu en pentecost\u00e9s. La iglesia recibe el bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu, nace como nuevo pueblo animado por el Esp\u00ed\u00adritu (prof\u00e9tico), obtiene la investidura apost\u00f3lico-misionera y la fuerza prometida por Cristo (Heb 1:8) para poder anunciar y testimoniar que s\u00f3lo Cristo es la salvaci\u00f3n. Lo que sobre la iglesia se realiz\u00f3 en el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s se realiza sobre todobautizado en el sacramento de la confirmaci\u00f3n: una prolongaci\u00f3n, una repetici\u00f3n en el orden individual del proceso realizado en Cristo y en su iglesia.<\/p>\n<p>En la confirmaci\u00f3n se obtiene la plenitud del Esp\u00ed\u00adritu o el don del Esp\u00ed\u00adritu en su plenitud. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica no ha tratado sino de especificar los efectos del Esp\u00ed\u00adritu. En efecto, recogiendo los diversos textos de la reforma lit\u00fargica, se logra una serie de aplicaciones que corresponden a las distintas hip\u00f3tesis todav\u00ed\u00ada en curso (salvo la idea de la madurez): fortalecimiento o confirmaci\u00f3n del bautismo, enriquecimiento con una fuerza especial, gracia de la fortaleza, conformidad con Cristo, etc. Se trata, en resumen, de modalidades en la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, cuyo don es el efecto propio y &#8216;caracter\u00ed\u00adstico. Querer identificar un efecto espec\u00ed\u00adfico olvidando los dem\u00e1s equivale a poner l\u00ed\u00admites a la acci\u00f3n del. Esp\u00ed\u00adritu. Mejor es dejar espacio a la acci\u00f3n multiforme del Esp\u00ed\u00adritu, acci\u00f3n que no se agota en el momento ritual ni est\u00e1 condicionada por la situaci\u00f3n hist\u00f3rica del candidato.<\/p>\n<p>3. LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN Y LA IGLESIA. El aspecto eclesial de la confirmaci\u00f3n es un elemento dominante en la tradici\u00f3n lit\u00fargica, recuperado por la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y revalorizado por la reforma ritual. Insiste \u00e9sta en dos puntos: en el obispo como ministro y en el efecto de una vinculaci\u00f3n m\u00e1s estrecha con la iglesia. Pero, al presentar la confirmaci\u00f3n como sacramento de la iniciaci\u00f3n y referirla al acontecimiento de pentecost\u00e9s, se est\u00e1 ampliando su dimensi\u00f3n eclesial y superando as\u00ed\u00ad la visual individualista a que hab\u00ed\u00ada quedado reducida.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n reservada al obispo, seg\u00fan el rito romano, de presidir normalmente la celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n y, seg\u00fan los ritos orientales, su intervenci\u00f3n al menos indirecta como consagrante del crisma, no se interpreta como un acto jurisdiccional: es m\u00e1s bien el acto del cabeza de la comunidad cristiana, o de la iglesia local, que pone el sello a la incorporaci\u00f3n del bautizado y que, comunic\u00e1ndole el Esp\u00ed\u00adritu, le conf\u00ed\u00ada oficialmente una misi\u00f3n propia de la iglesia entera. \u00abEl ministro originario de la confirmaci\u00f3n -se lee en el RC n. 7- es el obispo. Ordinariamente el sacramento es administrado por \u00e9l mismo, con lo cual se hace una referencia m\u00e1s abierta a la primera efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; As\u00ed\u00ad la recepci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo por el ministerio del obispo demuestra m\u00e1s estrechamente el v\u00ed\u00adnculo que une a los confirmandos a la iglesia y el mandato recibido de dar testimonio de Cristo entre los hombres\u00bb. Es el obispo el signo viviente de la comuni\u00f3n eclesial; el garante de la unidad de la iglesia y de la autenticidad del testimonio, as\u00ed\u00ad como de la ortodoxia de la fe, el punto de uni\u00f3n con la iglesia de pentecost\u00e9s.<\/p>\n<p>Con la confirmaci\u00f3n no se obtiene una nueva incorporaci\u00f3n a la iglesia, ya que es con el bautismo como somos agregados a ella y participamos de su misi\u00f3n; pero la confirmaci\u00f3n expresa y crea un \u00abv\u00ed\u00adnculo m\u00e1s perfecto\u00bb (LG 11) y exige un compromiso m\u00e1s eficaz para su \u00abedificaci\u00f3n en la fe y en la caridad\u00bb (RC n. 2). La confirmaci\u00f3n, dilatando la vida bautismal, hace que el confirmado participe m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente en la misi\u00f3n de la iglesia y lo orienta a vivirla en plena comuni\u00f3n con ella. La confirmaci\u00f3n hace comprender, por tanto, que la vida bautismal se realiza en la iglesia y para la iglesia, en uni\u00f3n con los dem\u00e1s bautizados. Este pensamiento reaparece tambi\u00e9n en algunos formularios del rito (OC nn. 22; 30; 33; etc.; RC nn. 26; 35-38; 44).<\/p>\n<p>Todo sacramento, por lo dem\u00e1s, es un acto realizado por la iglesia congregada en asamblea y est\u00e1 destinado a su edificaci\u00f3n. Ello vale por un t\u00ed\u00adtulo particular para la confirmaci\u00f3n, en la que, comenzando por su pastor, se congrega y manifiesta la iglesia como comunidad nacida de pentecost\u00e9s y animada por el Esp\u00ed\u00adritu del Resucitado. Mientras celebra el sacramento de la confirmaci\u00f3n, est\u00e1 la iglesia reavivando el acontecimiento de pentecost\u00e9s; toma conciencia de ser y vivir bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu; reconoce su identidad de pueblo prof\u00e9tico, sacerdotal y real, y se siente urgida a dar ante el mundo testimonio de su Se\u00f1or.<\/p>\n<p>El confirmado viene a compartir la condici\u00f3n y la misi\u00f3n de este nuevo pueblo creado por el Esp\u00ed\u00adritu: la condici\u00f3n de un pueblo estructurado con ministerios y carismas, con diversidad de vocaciones y de papeles, en su camino hacia la verdad plena del evangelio, en crecimiento y desarrollo incesantes hacia una mayor unidad y santidad de vida; y la misi\u00f3n es realizada como un servicio al reino de Dios, como un anuncio libre y valiente de la palabra, como una acci\u00f3n prof\u00e9tica de denuncia del pecado y de reconciliaci\u00f3n en el mundo y para el mundo.<\/p>\n<p>4. LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN Y LA EXISTENCIA CRISTIANA. La teolog\u00ed\u00ada de los \u00faltimos siglos ha privilegiado los efectos personales de la confirmaci\u00f3n, es decir, la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en orden al perfeccionamiento interior del bautizado y una gracia en orden al testimonio. El RC no ignora, antes recuerda varias veces, tales frutos personales; pero los describe siempre dentro del cuerpo eclesial: el confirmado aparece constantemente como miembro de la iglesia.<\/p>\n<p>La perfecci\u00f3n no es, sin embargo, un fruto instant\u00e1neo, ni la fuerza para el testimonio es exclusiva de la confirmaci\u00f3n; pero la integraci\u00f3n m\u00e1s expresiva en la iglesia de pentecost\u00e9s justifica en parte ese acento tradicional. El Esp\u00ed\u00adritu es principio de vida nueva, y prenda al mismo tiempo de la realidad futura. En este sentido la confirmaci\u00f3n aparece como un sacramento abierto al desarrollo, al crecimiento, a la madurez, al testimonio, a la realizaci\u00f3n del reino, es decir, a la parus\u00ed\u00ada. Pero estar\u00ed\u00ada fuera de lugar hablar de madurez o de perfecci\u00f3n (cristiano adulto o perfecto) como efecto propio de la confirmaci\u00f3n, ya que ello no corresponde a un sacramento de la iniciaci\u00f3n, y menos a\u00fan en el caso de la celebraci\u00f3n unitaria de la confirmaci\u00f3n con el bautismo.<\/p>\n<p>La confirmatio, al menos en su genuina acepci\u00f3n, se refiere expl\u00ed\u00adcitamente a la fe, y el RC con la renovaci\u00f3n de las promesas bautismales revaloriza tal elemento para quienes no tuvieron la posibilidad de profesarla en el acto del bautismo. La fe exigida, en efecto, es la bautismal, confesada ante la iglesia y su leg\u00ed\u00adtimo pastor. Tal rito, al reafirmar el estrecho v\u00ed\u00adnculo con el bautismo, del que una vez m\u00e1s aparece como explicitaci\u00f3n, reafirma c\u00f3mo todo sacramento debe considerarse una se\u00f1al de fe; intenta garantizar la ortodoxia de la fe del candidato en una \u00fanica confesi\u00f3n eclesial. Considera al mismo tiempo el compromiso, juntamente con la iglesia, de un coherente y decidido testimonio, que se refiere propiamente a la fe, seg\u00fan varias alusiones del mismo rito (OC nn. 30; 33; 58-60; RC nn. 35-34; 44; MRC, Misas rituales 4, A.B.C, p\u00e1ginas 775-779).<\/p>\n<p>V. Orientaciones pastorales<br \/>\nLa reforma lit\u00fargica ha partido de los fundamentos tradicionales y teol\u00f3gicos para presentar una renovaci\u00f3n de toda la pastoral de la confirmaci\u00f3n, en la que la reforma ritual aparece como un momento privilegiado. Los proyectos e intentos, aplicados en estos \u00faltimos a\u00f1os, de una pastoral m\u00e1s org\u00e1nica y m\u00e1s eficaz de la confirmaci\u00f3n se han recogido en buena parte en el RC y han recibido un nuevo impulso precisamente en fuerza de la nueva fisonom\u00ed\u00ada que se ha dado al sacramento en el cuadro de la iniciaci\u00f3n. Las cuestiones con que hoy se encuentran los agentes de pastoral se refieren particularmente a la edad, la catequesis, la preparaci\u00f3n y la celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n [-> infra, 1-4].<\/p>\n<p>1. EL PROBLEMA DE LA EDAD. La cuesti\u00f3n de la edad ha sido objeto de encendida discusi\u00f3n en el posconcilio, sin llegar a un acuerdo, ya que hasta se han radicalizado las posturas de los te\u00f3logos-liturgistas y de los pastores: favorables los primeros a mantener la unidad de los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n y, por tanto, a reaproximar la confirmaci\u00f3n al bautismo, o al menos a no posponerla a la eucarist\u00ed\u00ada; propensos los segundos a fijar una edad en la que el bautizado sea capaz de recibir con las mejores disposiciones el sacramento, injertando as\u00ed\u00ad la gracia sacramental en una personalidad psicol\u00f3gicamente madura. El RC, atendiendo menos a la l\u00ed\u00adnea de la unidad de la iniciaci\u00f3n y aun ratificando la praxis occidental de la edad de la discreci\u00f3n para los ni\u00f1os, permite, \u00absi existen razones pastorales, especialmente si se quiere inculcar con m\u00e1s fuerza en los fieles su plena adhesi\u00f3n a Cristo el Se\u00f1or y la necesidad de dar testimonio de \u00e9l, (que) las conferencias episcopales puedan determinar una edad m\u00e1s id\u00f3nea, de tal modo que el sacramento se confiera cuando los ni\u00f1os son ya algo mayores y han recibido una conveniente formaci\u00f3n\u00bb (n. 11). Son varios los episcopados que han hecho uso de tal facultad, entre ellos el espa\u00f1ol [-> supra, I, 5].<\/p>\n<p>Prescindiendo de lo discutible de la decisi\u00f3n, el debate ha servido al menos para replantear el problema de la iniciaci\u00f3n de los ni\u00f1os de una manera integral, con los l\u00ed\u00admites y los riesgos de una cierta teolog\u00ed\u00ada del sacramento. Si existe un problema de edad, se refiere en primer lugar al bautismo, y, en segundo lugar, a la primera eucarist\u00ed\u00ada. Para la confirmaci\u00f3n s\u00f3lo se ha planteado en los \u00faltimos a\u00f1os, con motivaciones que tendr\u00ed\u00adan aplicaci\u00f3n a todo sacramento y en particular a toda la iniciaci\u00f3n cristiana. El abandono de la pr\u00e1ctica religiosa y de la misma fe, as\u00ed\u00ad como la falta de preparaci\u00f3n de los candidatos, recaen sobre el aludido modelo de iniciaci\u00f3n heredado de un tipo de sociedad ya superado: el remedio no puede consistir en la dilaci\u00f3n de un solo sacramento, en reparar un fallo, sino en revisar todo el procedimiento inici\u00e1tico, que exige una aut\u00e9ntica formaci\u00f3n en la fe, y no una simple catequesis, por muy actualizada que se la quiera.<\/p>\n<p>Por otra parte, se nos ha dado una deficiente teolog\u00ed\u00ada de la confirmaci\u00f3n, vista como funci\u00f3n personal y desde una mayor eficacia, olvidando la dimensi\u00f3n hist\u00f3ricosalv\u00ed\u00adfica y eclesial y, sobre todo, el contexto integral de la iniciaci\u00f3n, con una interpretaci\u00f3n unilateral de la confirmaci\u00f3n como sacramento del crecimiento, de la madurez cristiana (sin distinguir entre la psicol\u00f3gica y anagr\u00e1fica e ignorando la de la fe) o del testimonio. El desplazamiento de la confirmaci\u00f3n para despu\u00e9s de la eucarist\u00ed\u00ada revoluciona y contradice toda la tradici\u00f3n eclesial, incluso la conciencia actual, que considera la eucarist\u00ed\u00ada como sacramento terminal de la iniciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El peligro que de aqu\u00ed\u00ad se deriva es la instrumentalizaci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n y su transformaci\u00f3n en rito de paso. La confirmaci\u00f3n se utiliza para cubrir vac\u00ed\u00ados pastorales mucho m\u00e1s profundos y para sacralizar los momentos de la existencia humana. Mientras se valora una edad para la confirmaci\u00f3n de los ni\u00f1os, se vuelve menos comprensible, o bien una excepci\u00f3n, la praxis normal y normativa de la confirmaci\u00f3n para los adultos, sin hablar de la praxis oriental para los ni\u00f1os. No existen de suyo sacramentos del nacimiento y de la pubertad o de la adolescencia: la referencia es solamente al misterio de Cristo y a la fe del candidato.<\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica, las recientes disposiciones de algunas iglesias locales no debieran impedir un pluralismo de soluciones (desde la confirmaci\u00f3n unida al bautismo de los ni\u00f1os hasta la confirmaci\u00f3n en la edad de la discreci\u00f3n), para que se haga m\u00e1s evidente la relaci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n con el bautismo, y al mismo tiempo se cree un clima eclesial de maduraci\u00f3n de la fe y de los sujetos y familias, en el que encuentre este sacramento su real justificaci\u00f3n y su aut\u00e9ntico significado.<\/p>\n<p>2. LA CATEQUESIS. La acci\u00f3n catequ\u00e9tica para la confirmaci\u00f3n se ha movido durante los \u00faltimos a\u00f1os en distintas direcciones: en su colocaci\u00f3n dentro del cuadro del a\u00f1o lit\u00fargico, en su car\u00e1cter de itinerario catecumenal, en la renovaci\u00f3n de contenidos, en su dimensi\u00f3n eclesial. Se ha visto la necesidadde pasar de una sumaria doctrina cristiana sobre el sacramento, impartida a los confirmandos, a una verdadera y propia formaci\u00f3n en la fe o, mejor, a una experiencia de vida cristiana.<\/p>\n<p>No podr\u00ed\u00ada faltar una adecuada presentaci\u00f3n del rito sacramental -que supere la reductiva del catecismo de P\u00ed\u00ado X- relativa a la totalidad del signo celebrativo y a la clarificaci\u00f3n de cada uno de los signos de mayor importancia (imposici\u00f3n de las manos, unci\u00f3n, presencia del obispo), evitando acentuar ciertos elementos secundarios y parciales. Del sacramento en su expresi\u00f3n ritual, visto como parte integrante de la iniciaci\u00f3n, es decir, de la incorporaci\u00f3n a Cristo y de la agregaci\u00f3n a la iglesia o bien a la comunidad eucar\u00ed\u00adstica, se pasar\u00e1 a asimilar el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico que se celebra y la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, cuya acci\u00f3n se revela aqu\u00ed\u00ad m\u00e1s intensa, pero no exhaustiva, ya que invade toda la historia salv\u00ed\u00adfica y llega a ser principio y constante fuerza animadora de una vida filial y espiritual conforme con Cristo, vida que reclama su desarrollo en el seno de la iglesia, el pueblo real, sacerdotal y prof\u00e9tico de la nueva alianza. La presencia del obispo coopera a descubrir la inserci\u00f3n no s\u00f3lo en la peque\u00f1a comunidad, sino tambi\u00e9n en la iglesia local y, a trav\u00e9s de ella, en la iglesia universal.<\/p>\n<p>Se comprende, por tanto, cu\u00e1n necesaria sea la gradual experiencia de vida eclesial, de comportamiento, de opciones y actitudes bien determinadas; a lo cual cooperar\u00e1n el contacto con la palabra de Dios, los encuentros de oraci\u00f3n, las celebraciones comunitarias y los testimonios de vida concretos, de suerte que lleguen a despertar la conciencia cristiana eclesial y la orientaci\u00f3n hacia claras responsabilidades queasumir dentro de la familia, de la escuela y de la participaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. A fin de no incurrir en el peligro de aislar a los confirmandos ni de crearles un ambiente artificial y falto de realismo, deber\u00e1 fomentarse una relaci\u00f3n directa con la comunidad cristiana parroquial, concretamente sentida como una familia de creyentes, articulada en sus ministerios y en la pluralidad de sus vocaciones, congregada en torno a la eucarist\u00ed\u00ada, comprometida en un servicio de caridad y solidaridad con todos los hombres.<\/p>\n<p>Mientras la catequesis para ni\u00f1os tiene la posibilidad de desarrollarse dentro de un tiempo determinado y en un ambiente abierto al contexto eclesial, no sucede lo mismo en el caso de los adultos, entre los que cada vez son m\u00e1s quienes solicitan el sacramento de la confirmaci\u00f3n particularmente con ocasi\u00f3n de su matrimonio. En tal caso se plantea el problema de qu\u00e9 cristiano vendr\u00ed\u00ada a ser el garante y el intermediario de la iglesia que permaneciese al lado del candidato, o el problema de una formaci\u00f3n en la fe m\u00e1s amplia en cuanto a los contenidos y m\u00e1s concreta en orden a un verdadero estilo cristiano de conducta. De ah\u00ed\u00ad la posibilidad de un m\u00e9todo formativo de la fe que no quede condicionado a la celebraci\u00f3n del matrimonio (RC 12).<\/p>\n<p>3. LA PREPARACI\u00ed\u201cN REMOTA Y PR\u00ed\u201cXIMA. Si bien el per\u00ed\u00adodo de la catequesis viene generalmente a coincidir con la preparaci\u00f3n para el sacramento -y no pocas veces la asistencia de los candidatos a los encuentros es ya un criterio determinante para la admisi\u00f3n, a falta de una comprobaci\u00f3n de su disposici\u00f3n de fe-, la preparaci\u00f3n de la que ahora nos preocupamos se extiende a toda la comunidad parroquial y comprende todo eseconjunto de medios y elementos m\u00e1s adecuados para predisponer y fomentar un intenso clima celebrativo. Ello comporta una acci\u00f3n pastoral org\u00e1nica, distribuida en el tiempo y planificada a nivel diocesano, o al menos zonal, sin dejarla ni limitarla a los confirmados, y a lo sumo a sus padres.<\/p>\n<p>La sensibilizaci\u00f3n y adhesi\u00f3n de toda la comunidad parroquial habr\u00e1 de ser el primer objetivo que alcanzar, despertando el sentido del bautismo y del compromiso en la vida eclesial. Se puede recurrir a ciertas f\u00f3rmulas ya experimentadas: el anuncio del car\u00e1cter de la celebraci\u00f3n unos meses antes, la presentaci\u00f3n de los candidatos a toda la comunidad en el momento de la eucarist\u00ed\u00ada dominical, la oraci\u00f3n com\u00fan con aportaciones y oportunas intervenciones en la plegaria universal, alguna celebraci\u00f3n de la palabra dentro del ciclo de instrucciones y con miras al d\u00ed\u00ada de la celebraci\u00f3n del sacramento.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de una espec\u00ed\u00adfica preparaci\u00f3n de los candidatos con alguna propuesta de retiro en compa\u00f1\u00ed\u00ada de los catequistas, cuya constituci\u00f3n en grupo estable y eficaz es una exigencia o necesidad inaplazable como n\u00facleo dirigente y estimulante, hasta hacerlo responsable de los criterios de admisi\u00f3n a la confirmaci\u00f3n, no debe faltar la de los padres y padrinos, mediante encuentros en familia, por grupos o con car\u00e1cter comunitario.<\/p>\n<p>El RC reconoce en los padres la funci\u00f3n primaria en la iniciaci\u00f3n de sus hijos respecto a la vida sacramental (n. 3), responsabilidad que no se les puede confiar sin una efectiva ayuda o colaboraci\u00f3n de otras personas y una adecuada instrucci\u00f3n sobre el sacramento, as\u00ed\u00ad como sobre los criterios y medios para educar a los hijos en la fe. M\u00e1s delicado es el problema de los padrinos y madrinas, una instituci\u00f3n que tiene todav\u00ed\u00ada su raz\u00f3n de ser, si bien a condici\u00f3n de restaurarla fijando el criterio de elecci\u00f3n de las personas y determinando su funci\u00f3n educativa en el per\u00ed\u00adodo que sigue a la confirmaci\u00f3n. Un padrino que solamente aparece en el d\u00ed\u00ada de la confirmaci\u00f3n es un elemento que desvirt\u00faa el significado del sacramento, transform\u00e1ndolo en un rito convencional. La elecci\u00f3n, pues, que no puede reservarse \u00fanicamente a\u2020\u00a2la familia o a los muchachos, sino que ha de convenirse con los responsables de la catequesis, debe tender a recaer en personas maduras, serias, capaces de poder ejercer su influjo en la familia y en los confirmandos.<\/p>\n<p>El aspecto eclesial de la confirmaci\u00f3n est\u00e1 fuertemente relacionado con la figura del obispo, cuya efectiva presencia local, en las grandes di\u00f3cesis, no deja de chocar con notables dificultades pr\u00e1cticas. En este caso parece m\u00e1s conveniente un encuentro personal en otra circunstancia, o bien una carta o un mensaje que haga escuchar su voz. El recurso a otros obispos, jubilados o de otras sedes, como a personas delegadas para tal ocasi\u00f3n, pero desconocidas para los confirmandos, corre el peligro de hacer aparecer al ministro como un elemento decorativo o de poder personal, con perjuicio de la valoraci\u00f3n eclesial de la confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cuanto al tiempo de la preparaci\u00f3n, y por tanto de la celebraci\u00f3n, es preferible sin m\u00e1s el tiempo pascual por su misma naturaleza de plenitud de la pascua y de experiencia de vida eclesial.<\/p>\n<p>Para que la preparaci\u00f3n a la celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n lleve a un redescubrimiento no s\u00f3lo del bautismo, sino tambi\u00e9n de la eucarist\u00ed\u00ada, se deber\u00e1 procurar que \u00e9sta resulte de verdad el momento culminante de la iniciaci\u00f3n, la m\u00e1xima expresi\u00f3n de la agregaci\u00f3n al cuerpo de Cristo, el encuentro con toda la familia cristiana, la participaci\u00f3n comunitaria en la pascua del Se\u00f1or. La confirmaci\u00f3n completa, en efecto, la iniciaci\u00f3n bautismal e introduce en la eucarist\u00ed\u00ada, habitual celebraci\u00f3n de cuantos est\u00e1n ya iniciados en el misterio del Se\u00f1or. El no mantener el orden tradicional de los tres sacramentos no debe hacer olvidar que la confirmaci\u00f3n est\u00e1 por su misma naturaleza ordenada a la eucarist\u00ed\u00ada: la participaci\u00f3n de los confirmados en la eucarist\u00ed\u00ada tiene un valor y un significado enteramente propio, en cuanto que proclama ya el derecho del confirmado, ya una espec\u00ed\u00adfica modalidad de participaci\u00f3n en el supremo acto vital de la iglesia, un reavivar con los hermanos la misma realidad bautismal y crismal.<\/p>\n<p>4. LA CELEBRACI\u00ed\u201cN. Si hoy la celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n ha perdido su car\u00e1cter de improvisaci\u00f3n, no ha desaparecido, en cambio, del todo su peligro de excesiva solemnidad exterior, de montaje, con tendencia a dar realce al rito en s\u00ed\u00ad mismo, en vez de destacar sus valores de fe o despertar la conciencia eclesial. No estar\u00e1 fuera de lugar una cierta sobriedad en el aparato exterior y un mayor inter\u00e9s en el ordenamiento de la celebraci\u00f3n, despu\u00e9s de una conveniente instrucci\u00f3n sobre la parte que padres, padrinos y confirmandos est\u00e1n llamados a desempe\u00f1ar.<\/p>\n<p>Un clima y ambiente cordial de acogida, una esmerada selecci\u00f3n de las lecturas y de los c\u00e1nticos, una gran atenci\u00f3n al ritmo de la celebraci\u00f3n oportunamente orientada y comentada: he ah\u00ed\u00ad las condiciones indispensables para dar realce a la vitalidad y a la eficacia del rito sacramental.<\/p>\n<p>La acogida reservada al obispo o a su delegado no debe oscurecer la de los confirmandos, quienes precisamente mediante este rito son acogidos por la comunidad eclesial para asumir una funci\u00f3n m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita y activa dentro de la misma. Favor\u00e9zcase la relaci\u00f3n directa y personal entre obispo y confirmandos.<\/p>\n<p>La elecci\u00f3n de las lecturas -exceptuados algunos domingos privilegiados- se orientar\u00e1 por el leccionario de la confirmaci\u00f3n, es decir, por los pasajes conocidos o significativos, de los que se servir\u00e1 la homil\u00ed\u00ada para ambientar el verdadero sentido del sacramento. Conviene recordar que la liturgia de la palabra tiene tambi\u00e9n como finalidad reavivar la fe de los presentes en el don del Esp\u00ed\u00adritu concedido ahora a los confirmandos, as\u00ed\u00ad como en su acci\u00f3n sobre toda la comunidad cristiana, como fruto de la pascua de Cristo.<\/p>\n<p>No deja de ser un momento relevante la renovaci\u00f3n de las promesas bautismales (o, mejor, de la fe), que expresa no s\u00f3lo la relaci\u00f3n esencial con el bautismo, sino tambi\u00e9n la personalizaci\u00f3n de esa misma fe bautismal de los confirmandos y la adhesi\u00f3n final de toda la asamblea.<\/p>\n<p>En la intervenci\u00f3n explicativa del rito conviene subrayar la unidad de los distintos momentos y su progresivo desarrollo, que culmina en los dos gestos de la imposici\u00f3n de las manos y de la unci\u00f3n. Aun cuando el primero no sea esencial al sacramento, favorece, sin embargo, .su comprensi\u00f3n y coopera, con la riqueza de su formulario, a destacar la acci\u00f3n plenaria del Esp\u00ed\u00adritu, evocando a la vez el antiguo rito b\u00ed\u00adblico y apost\u00f3lico. Un breve comentario ilustrativo del gesto de la unci\u00f3n con su relativa f\u00f3rmula (signo realizado como sello o ratificaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu dado como don en orden a una existencia espiritual) vendr\u00ed\u00ada facilitado por el espacio de tiempo necesario, en especial cuando es notable el n\u00famero de confirmandos. Para que el clima de recogimiento no decaiga ni degenere en un acto recreativo, se recomienda la ejecuci\u00f3n de un c\u00e1ntico o el recitado de brev\u00ed\u00adsimos vers\u00ed\u00adculos tomados de las lecturas b\u00ed\u00adblicas. Otro momento que se ha de cuidar es la oraci\u00f3n universal: nada impide que las intenciones propuestas puedan sustituirse o verse enriquecidas con otras, que ojal\u00e1 puedan ser presentadas por uno o m\u00e1s neoconfirmados.<\/p>\n<p>La confirmaci\u00f3n alcanza en la eucarist\u00ed\u00ada, culminaci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n, su plena expresi\u00f3n con la comuni\u00f3n sacramental (incluso del c\u00e1liz) de los neoconfirmados, con sus padres y padrinos. Si los confirmados hubieran recibido ya la eucarist\u00ed\u00ada, no se omita hacer notar c\u00f3mo desde este momento su participaci\u00f3n en ella adquiere un significado m\u00e1s pleno merced a su definitiva incorporaci\u00f3n al cuerpo de la iglesia. Cuando no se celebre la eucarist\u00ed\u00ada, se dar\u00e1 realce al menos al padrenuestro como oraci\u00f3n de todos los hijos de Dios, animados por el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo en el seno de la familia eclesial.<\/p>\n<p>VI. Conclusi\u00f3n<br \/>\nA pesar del debate teol\u00f3gico en curso y la diversidad de posturas pastorales sobre el sacramento de la confirmaci\u00f3n, hoy, merced tambi\u00e9n a la nueva propuesta lit\u00fargica, estamos en grado de poder situarlo en el exacto lugar dentro del organismo sacramental y de comprender mejor su significado para la vida de cada uno y de la iglesia \u00ab. El dato que con m\u00e1s claridad brota de la historia y de la misma conciencia eclesial es su relaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca con la iniciaci\u00f3n cristiana, y en particular con el bautismo. Se relaciona con dicho sacramento en el plano ritual (aspecto jam\u00e1s desmentido, ni aun despu\u00e9s de su separaci\u00f3n, y hoy reafirmado) y en el plano conceptual o teol\u00f3gico, en cuanto que representa su desarrollo y complemento. La confirmaci\u00f3n subraya, significa y celebra la dimensi\u00f3n pneumatol\u00f3gica de la realidad bautismal, el don del Esp\u00ed\u00adritu como principio de vida nueva. Propiamente la atenci\u00f3n al don del Esp\u00ed\u00adritu, elemento caracter\u00ed\u00adstico del tiempo y del nuevo pueblo mesi\u00e1nico-escatol\u00f3gico, ha llevado a la valoraci\u00f3n de los ritos posbautismales, y por tanto a la celebraci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del acontecimiento de pentecost\u00e9s, que fue la gran experiencia de la iglesia despu\u00e9s de la pascual. De esta manera los dos hechos salv\u00ed\u00adficos, pascua y pentecost\u00e9s, se encuentran en el origen de la doble celebraci\u00f3n del bautismo y de la confirmaci\u00f3n, como modalidades ritual-sacramentales para participar en la pascua y en el don pentecostal del Resucitado.<\/p>\n<p>El don del Esp\u00ed\u00adritu, que no es acto de un solo instante, alcanza en la confirmaci\u00f3n su momento culminante y se derrama con la plenitud de su poder, no simplemente en un solo efecto espec\u00ed\u00adfico de fuerza, de crecimiento, de testimonio, etc. En la sistematizaci\u00f3n teol\u00f3gica occidental que se dio despu\u00e9s de la separaci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n y el bautismo, se mir\u00f3 m\u00e1s a los efectos concretos que a su causa o principio, y m\u00e1s a la situaci\u00f3n hist\u00f3rica o existencial del candidato que a su condici\u00f3n de bautizado o a su relaci\u00f3n con la iglesia.<\/p>\n<p>Aun reconociendo la legitimidad del desarrollo tanto ritual como teol\u00f3gico, hoy parece una exigencia ineludible la inclusi\u00f3n de la confirmaci\u00f3n en el proceso inici\u00e1tico (por tanto, con el camino de fe y con los dos sacramentos del bautismo y de la eucarist\u00ed\u00ada); en primer lugar, a nivel de reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, que debe fundarse en la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica, resaltando el papel del&#8217;Esp\u00ed\u00adritu en la vida de Cristo y de la iglesia, y por tanto en la vida de cada bautizado; Esp\u00ed\u00adritu que permite a este \u00faltimo realizar y desarrollar, en y con la iglesia, las dimensiones y las potencialidades de su nueva existencia y misi\u00f3n bautismal; en segundo lugar, en el plano celebrativo: si bien la unidad ritual, especialmente en el caso del bautismo de los ni\u00f1os, es un ideal casi ut\u00f3pico, parece al menos deseable una pluralidad de formas celebrativas y, en todo caso, el oportuno realce de los elementos concordantes, que la reforma lit\u00fargica felizmente ha introducido.<\/p>\n<p>[-> Iniciaci\u00f3n cristiana].<\/p>\n<p>R. Falsini<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\n1. Sobre la confirmaci\u00f3n en general<br \/>\nArnau R., La confirmaci\u00f3n, sacramento de la incorporaci\u00f3n a la Iglesia, en \u00abAnales Valentinos\u00bb 9 (1979) 11-34; Borobio D., Confirmar hoy, 3 vols., Descl\u00e9e, Bilbao 1979; Confirmaci\u00f3n, en CFP, Cristiandad, Madrid 1983, 178-199; Bourgeois H., El futuro de la confirmaci\u00f3n, Marova-Paulinas, Madrid 1973; Caprioli A., Confirmaci\u00f3n, en DTI 2, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 107-120; Fransen P., Confirmaci\u00f3n, en SM 1, Herder, Barcelona 1976&#8217;, 912-925; Hamman A., El bautismo y la confirmaci\u00f3n, Herder, Barcelona 1970; Goenaga J.A., Confirmaci\u00f3n-eucarist\u00ed\u00ada. La aportaci\u00f3n del pasado a un problema del presente, en EE 48 (1973) 93-97; Greenstock D.H., El problema de la confirmaci\u00f3n, en \u00abLa Ciencia Tomista\u00bb 80 (1953) 175-228, 539-590; 81 (1954) 201-240; K\u00fcng H., La confirmaci\u00f3n como culminaci\u00f3n del bautismo, en \u00abConcilium\u00bb extra (1974) 99-126; Luykx B.-Scheyven D., La confirmaci\u00f3n, doctrina y pastoral, Marova, Madrid 1962; La confirmaci\u00f3n, sacramento del Esp\u00ed\u00adritu, en \u00abAsambleas del Se\u00f1or\u00bb 52, Marova, Madrid 1966, 68-102; Neunheuser B., Bautismo y confirmaci\u00f3n, \u00abHistoria de los Dogmas\u00bb IV\/2, BAC, Madrid 1974; Regli S., El sacramento de la confirmaci\u00f3n y el desarrollo cristiano, en MS 5, Cristiandad, Madrid 1984, 278-328; Tettamanzi D., Confirmaci\u00f3n, en DETM, Paulinas, Madrid 1975, 113-124; VV.AA., La confirmaci\u00f3n, en \u00abPhase\u00bb 16 (1963) 129-152; La confirmaci\u00f3n, ib, 69 (1972) 195-302; El sacramento del Esp\u00ed\u00adritu, PPC, Madrid 1976.<\/p>\n<p>2. Pastoral y celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n<br \/>\nAdam A., La confirmaci\u00f3n y la cura de almas, Herder, Barcelona 1962; Aldaz\u00e1bal J.-Roca J., Confirmaci\u00f3n, \u00abDossiers CPL\u00bb 10, Barcelona 1980; B\u00e9raudy R., La confirmaci\u00f3n, en A.G. Martimort, La Iglesia en oraci\u00f3n, Herder, Barcelona 19672, 604-617; Biffi I., La edad de la confirmaci\u00f3n y sus problemas, en \u00abLiturgia\u00bb 22 (1967) 44-70; Canals J.M., El nuevo ritual de la confirmaci\u00f3n, en \u00abMisi\u00f3n Abierta\u00bb 5 (1972) 262-270; Llabr\u00e9s P., La confirmaci\u00f3n entre los datos teol\u00f3gicos y la pr\u00e1ctica pastoral, en \u00abPhase\u00bb 94 (1976) 279-294; Llopart E., Les formules de la confirmaci\u00f3 en el Pontifical Roma, en \u00abLiturgica\u00bb 2 (Scripta et Documenta 10), Montserrat 1958, 121-180; Mostaza A., El problema del ministro extraordinario de la confirmaci\u00f3n, Salamanca 1961; En torno al ministro de la confirmaci\u00f3n, en \u00abRev. Esp. de Derecho Can\u00f3nico\u00bb 36 (1980) 495-498; Oriol J., El nuevo Ritual de la confirmaci\u00f3n, en \u00abPhase\u00bb 68 (1972) 169-178; Peinado M., El derecho del ni\u00f1o bautizado, ib, 143 (1984) 451-453; Ruffini E., La edad para recibir la confirmaci\u00f3n, en \u00abConcilium\u00bb 38 (1968) 192-198.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Problem\u00e1tica de la confirmaci\u00f3n. II. Posible fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la confirmaci\u00f3n: 1. Su vinculaci\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu; 2. \u00bfUn rito distinto del bautismo?; 3. Relaciones con la pneumatolog\u00ed\u00ada paulina; 4 La confirmaci\u00f3n como concesi\u00f3n del sello del Esp\u00ed\u00adritu. III. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. PROBLEM\u00ed\u0081TICA DE LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN. La confirmaci\u00f3n, lo mismo que el \/bautismo, pertenece al orden de las grandes obras de Dios; en ella se renueva algo de sus intervenciones salv\u00ed\u00adficas. Si el bautismo tiene sus ra\u00ed\u00adces en el misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, la confirmaci\u00f3n se funda en el misterio de la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en pentecost\u00e9s, que inaugur\u00f3 el tiempo de la Iglesia y la misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles y de los creyentes en el mundo.<\/p>\n<p>Pero hay una diferencia entre el bautismo y la confirmaci\u00f3n, y es la siguiente: mientras que el bautismo tiene una existencia y una consistencia bien definidas en la ense\u00f1anza del NT, la confirmaci\u00f3n es m\u00e1s fluctuante y de contornos menos precisos, faltando incluso un t\u00e9rmino t\u00e9cnico que indique con exactitud su \u00e1mbito, su finalidad, su contenido, los derechos y deberes que confiere dentro de la comunidad de los creyentes [\/Imposici\u00f3n de manos].<\/p>\n<p>Precisamente por esto los diccionarios b\u00ed\u00adblicos, en general, omiten esta voz, dejando para la teolog\u00ed\u00ada la tarea de estudiar este problema, dado que ella tiene la ventaja de poder valerse del desarrollo ulterior de la praxis lit\u00fargica, que conoce ya desde hace siglos, tanto en Oriente como en Occidente, el sacramento de la confirmaci\u00f3n, llamado tambi\u00e9n sacramento crismal, porque se hac\u00ed\u00ada con la unci\u00f3n del sagrado crisma sobre la frente. M\u00e1s a\u00fan; normalmente se la ve unida por una parte con el bautismo, y por otra con la eucarist\u00ed\u00ada; as\u00ed\u00ad pues, se trata de los tres momentos caracter\u00ed\u00adsticos de la iniciaci\u00f3n cristiana, con una historia de no siempre f\u00e1cil convivencia entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>II. POSIBLE FUNDAMENTACI\u00ed\u201cN B\u00ed\u008dBLICA DE LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN. Sin querer forzar los textos, y sobre todo situando nuestra reflexi\u00f3n en el trasfondo de la presencia m\u00faltiple del Esp\u00ed\u00adritu que anima a la Iglesia, intentamos solamente buscar las alusiones, los presupuestos o el verdadero y aut\u00e9ntico fundamento que este sacramento pueda tener en el NT. De esta manera cobrar\u00e1 tambi\u00e9n mayor seguridad la misma reflexi\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>1. SU VINCULACI\u00ed\u201cN CON EL ESP\u00ed\u008dRITU. Sobre todo el libro de los Hechos nos presenta al \/Esp\u00ed\u00adritu Santo como el protagonista de la vida tanto de la Iglesia como de cada cristiano, de la misma manera que el tercer evangelio nos lo presentaba como el protagonista de la vida de Jes\u00fas: pensemos en su concepci\u00f3n virginal (Luc 1:35), en su bautismo (Luc 3:21-22), en su vida p\u00fablica, que se desarrolla bajo el signo del Esp\u00ed\u00adritu (Luc 4:1-2.14-21; etc.).<\/p>\n<p>Pentecost\u00e9s es la manifestaci\u00f3n visible del Esp\u00ed\u00adritu, que hace de los ap\u00f3stoles, antes cobardes y temerosos, personas valientes y decididas, inaugurando as\u00ed\u00ad el tiempo de la Iglesia como tiempo del Esp\u00ed\u00adritu (cf Heb 2:1-4).<\/p>\n<p>Los signos a trav\u00e9s de los cuales se manifiesta el Esp\u00ed\u00adritu son sumamente sugestivos. Pensemos en el \u00abruido del cielo, como de viento impetuoso\u00bb que llen\u00f3 toda la casa donde estaban los ap\u00f3stoles y chue recuerda la teofan\u00ed\u00ada del Sina\u00ed\u00ad (cf Exo 19:16-25); el \u00abviento\u00bb es uno de los s\u00ed\u00admbolos m\u00e1s antiguos del poder de Dios y corresponde a la ra\u00ed\u00adz misma del t\u00e9rmino \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb (en hebreo, r\u00faah). Las \u00ablenguas de fuego que se repart\u00ed\u00adan y se posaban sobre cada uno de ellos\u00bb recuerdan la \u00abcolumna de fuego\u00bb que guiaba a Israel por el desierto en su marcha hacia la tierra prometida, s\u00ed\u00admbolo de la presencia de Yhwh (cf Isa 6:5-7). Tenemos, finalmente, el don de las \u00ablenguas\u00bb, que no encuentra paralelo en el AT, ya que es.el signo del car\u00e1cter universal del nuevo pueblo de Dios, libre ya de toda clase de divisi\u00f3n de razas, de condici\u00f3n social y hasta de sexo (cf G\u00e1l 3:27-28), y en camino hacia la reconstrucci\u00f3n de la unidad plena del g\u00e9nero humano, en contraposici\u00f3n a la dispersi\u00f3n que represent\u00f3 en sus tiempos la torre de Babel (cf G\u00e9n 11:1-9).<\/p>\n<p>A partir de entonces ser\u00e1 siempre el Esp\u00ed\u00adritu el que con nuevas intervenciones caracterizar\u00e1 las nuevas etapas de expansi\u00f3n de la Iglesia; as\u00ed\u00ad ocurrir\u00e1 en el episodio de la conversi\u00f3n de Cornelio y de su familia, que el mismo Pedro equipara al acontecimiento de pentecost\u00e9s (Heb 10:44-47; Heb 11:15-17; Heb 15:7-9). As\u00ed\u00ad ocurrir\u00e1 con ocasi\u00f3n de la predicaci\u00f3n a los samaritanos y en el choque con Sim\u00f3n Mago, que solicita poder comprar el Esp\u00ed\u00adritu con dinero (Heb 8:14-25).<\/p>\n<p>Lo que importa en estos hechos es que el Esp\u00ed\u00adritu contin\u00faa siendo dado a los creyentes en condiciones siempre nuevas; esto significa que pentecost\u00e9s inaugur\u00f3 el tiempo del Esp\u00ed\u00adritu, pero sin agotarlo, por as\u00ed\u00ad decirlo. Fue s\u00f3lo el comienzo de todos los pentecost\u00e9s sucesivos de la Iglesia.<\/p>\n<p>2. \u00bfUN RITO DISTINTO DEL BAUTISMO? Pero hay otra cosa que importa observar, a saber: que el don del Esp\u00ed\u00adritu no se identifica con el sacramento del bautismo, a pesar de que tiene mucho que ver con \u00e9l.<\/p>\n<p>En este sentido son significativos dos episodios que nos refieren los Hechos de los Ap\u00f3stoles. El primero es aquel al que ya nos hemos referido: el anuncio del evangelio en Samaria, despu\u00e9s de la persecuci\u00f3n que tuvo lugar en tiempos de Esteban. Habiendo predicado el di\u00e1cono Felipe el evangelio en aquella regi\u00f3n, tuvo un \u00e9xito tan grande que mucha gente crey\u00f3 y se hizo bautizar; entre ellos estaba el mago Sim\u00f3n (cf Heb 8:5-13).<\/p>\n<p>Conocido el hecho en Jerusal\u00e9n, los ap\u00f3stoles, quiz\u00e1 para controlar mejor la situaci\u00f3n, \u00ables enviaron a Pedro y a Juan; llegaron y oraron por los samaritanos, para que recibieran el Esp\u00ed\u00adritu Santo, pues a\u00fan no hab\u00ed\u00ada bajado sobre ninguno de ellos, y s\u00f3lo hab\u00ed\u00adan recibido el bautismo en el nombre de Jes\u00fas, el Se\u00f1or. Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Heb 8:14-17). En este momento es cuando interviene Sim\u00f3n Mago con su indecorosa solicitud de comprar con dinero el poder de dar el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Heb 8:18-25).<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s nos interesa subrayar es la clara distinci\u00f3n que hace este texto entre el bautismo que hab\u00ed\u00ada recibido ya aquel grupo de cristianos por obra de Felipe, como consecuencia de su adhesi\u00f3n al evangelio, y un rito posterior, integrado por gestos y oraciones, que confiere el don del Esp\u00ed\u00adritu, como si el bautismo no fuera m\u00e1s que la etapa inicial de un itinerario m\u00e1s largo para llegar a ser plenamente disc\u00ed\u00adpulos de Cristo: \u00abLlegaron y oraron por los samaritanos para que recibieran el Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Heb 8:15-17). Tambi\u00e9n el hecho de que fueran s\u00f3lo los ap\u00f3stoles los que impusieran las manos deber\u00ed\u00ada significar algo muy importante, que l\u00f3gicamente completa, confirm\u00e1ndolo, lo que ya expresaba de suyo el bautismo. Quiz\u00e1 haya en este rito ulterior un deseo o una voluntad de ligar entre s\u00ed\u00ad, con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, a las diversas Iglesias que se iban creando entre tanto.<\/p>\n<p>Si no estamos equivocados, es aqu\u00ed\u00ad donde deber\u00ed\u00adamos ver las primeras huellas de un sacramento distinto del bautismo, aunque \u00ed\u00adntimamente unido a \u00e9l, que deb\u00ed\u00ada insertar m\u00e1s profundamente en la comunidad, con el compromiso de manifestar, tambi\u00e9n hacia fuera la misteriosa presencia del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El otro episodio, igualmente significativo en este sentido, es el que nos narra tambi\u00e9n el libro de los Hechos. Cuando Pablo, durante el tercer viaje, llega a Efeso, encuentra algunos disc\u00ed\u00adpulos, a los que pregunta si hab\u00ed\u00adan \u00abrecibido el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb en el momento de llegar a la fe. La respuesta fue sorprendente: \u00abNi siquiera hemos o\u00ed\u00addo decir que haya Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. En efecto, no hab\u00ed\u00adan recibido m\u00e1s que el bautismo de Juan. Entonces Pablo se puso a catequizarles, y ellos \u00abse bautizaron en el nombre de Jes\u00fas, el Se\u00f1or. Cuando Pablo les impuso las manos descendi\u00f3 sobre ellos el Esp\u00ed\u00adritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extra\u00f1as y a profetizar. Eran en total unas doce personas\u00bb (Heb 19:1-7).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad tenemos con claridad dos ritos distintos: el bautismo (\u00abse bautizaron en el nombre de Jes\u00fas, el Se\u00f1or\u00bb) y la posterior \u00abimposici\u00f3n de manos\u00bb con la colaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu por obra del ap\u00f3stol. Se describen aqu\u00ed\u00ad expresamente las manifestaciones a trav\u00e9s de las cuales se hac\u00ed\u00ada visible la obra del Esp\u00ed\u00adritu: el \u00abhablar en lenguas\u00bb y el \u00abprofetizar\u00bb. Prescindiendo de cu\u00e1l fuera su \u00ed\u00adntima naturaleza, que no resulta f\u00e1cil descifrar, estos dones ten\u00ed\u00adan que tender a la dilataci\u00f3n del anuncio evang\u00e9lico; por consiguiente, se trataba de algo que se daba, no ya s\u00f3lo para el individuo, sino para el bien de toda la comunidad. Es m\u00e1s o menos lo que Juan en su lenguaje llama \u00abtestimonio\u00bb (martyr\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, queda plenamente fundada la convicci\u00f3n que se deriva de los dos hechos recordados: al lado del bautismo, la Iglesia apost\u00f3lica parece conocer otro sacramento, que confer\u00ed\u00ada el Esp\u00ed\u00adritu, el cual se manifestaba sobre todo en el \u00abhablar en lenguas\u00bby en el \u00abprofetizar\u00bb, es decir, en la fuerza del anuncio y del testimonio hacia los de fuera.<\/p>\n<p>3. RELACIONES CON LA PNEUMATOLOG\u00ed\u008dA PAULINA. Adem\u00e1s del libro de los Hechos, es muy interesante en este sentido la doctrina de Pablo, no s\u00f3lo por la fuerte acentuaci\u00f3n pneumatol\u00f3gica, sino tambi\u00e9n por una especie de relaci\u00f3n que \u00e9l parece establecer entre el Esp\u00ed\u00adritu Santo y la iniciaci\u00f3n cristiana en general. Es sobre todo esta relaci\u00f3n la que ahora nos interesa analizar, aunque coloc\u00e1ndola en el trasfondo de la pneumatolog\u00ed\u00ada paulina general.<\/p>\n<p>Ya nuestra filiaci\u00f3n adoptiva, que es producida por el bautismo, est\u00e1 garantizada por la presencia en nosotros del Esp\u00ed\u00adritu: \u00abY como prueba de que sois hijos, Dios ha enviado a vuestros corazones el Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo, que clama: \u00c2\u00a1Abba, Padre!\u00bb(G\u00e1l 4:4-6; cf Rom 8:15). A pesar de que est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente vinculado al bautismo, el Esp\u00ed\u00adritu no parece identificarse con \u00e9l como efecto suyo, ya que viene como para dar testimonio del mismo.<\/p>\n<p>De todas formas, m\u00e1s que distinguir o separar, Pablo intenta unir: el dinamismo salv\u00ed\u00adfico no est\u00e1 hecho de compartimientos estancos. Esto mismo aparece tambi\u00e9n en el pasaje siguiente. \u00abHab\u00e9is sido lavados, consagrados y justificados en el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo y en el Esp\u00ed\u00adritu de nuestro Dios\u00bb (1Co 6:11). Las referencias al bautismo son expl\u00ed\u00adcitas (\u00abhab\u00e9is sido lavados\u00bb); pero todo est\u00e1 abierto a la obra del \u00abEsp\u00ed\u00adritu de nuestro Dios\u00bb, que no est\u00e1 ciertamente bloqueado en su actuaci\u00f3n, sino que tiende a configurar con \u00e9l a todos los que se f\u00ed\u00adan de su obra; en este terreno se puede llevar a cabo todo aquel perfeccionamiento que la liturgia y la teolog\u00ed\u00ada posterior han atribuido a la confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN COMO CONCESI\u00ed\u201cN DEL SELLO DEL ESP\u00ed\u008dRITU. Este proceso de configuraci\u00f3n con la presencia interior del Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 expresado en san Pablo mediante el verbo sphragh\u00ed\u00adzein, \u00absellar\u00bb, y el sustantivo sphragh\u00ed\u00ads, \u00absello\u00bb, referidos normalmente a la obra de plasmaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Al hablar del proyecto misterioso de Dios, que desde la eternidad nos ha escogido en Cristo, tanto a los jud\u00ed\u00ados como a los paganos, Pablo contin\u00faa de este modo: \u00abTambi\u00e9n vosotros los (paganos) que hab\u00e9is escuchado la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvaci\u00f3n, en el que hab\u00e9is cre\u00ed\u00addo, hab\u00e9is sido sellados con el Esp\u00ed\u00adritu Santo prometido, el cual es garant\u00ed\u00ada de vuestra herencia, para la plena liberaci\u00f3n del pueblo de Dios y alabanza de su gloria\u00bb (Efe 1:11-14).<\/p>\n<p>El sello del Esp\u00ed\u00adritu se deriva indudablemente del don de la fe y se refiere tambi\u00e9n al bautismo; pero dada la amplitud de su acci\u00f3n, que se extiende hasta la \u00abredenci\u00f3n completa\u00bb de aquellos que Dios ha adquirido para s\u00ed\u00ad, es decir, hasta la resurrecci\u00f3n final, de la que el Esp\u00ed\u00adritu constituye ya una prenda y un anticipo, no puede menos de aludir a otras intervenciones sucesivas de su operaci\u00f3n transformativa. Recibir el sello de alguien significa pertenecerle y tambi\u00e9n realizar acciones dignas de esta pertenencia. Precisamente por esta amplitud de intervenciones del Esp\u00ed\u00adritu pensamos que el sello del Esp\u00ed\u00adritu es m\u00e1s amplio que aquella asimilaci\u00f3n inicial a Cristo que realiza en nosotros el bautismo.<\/p>\n<p>A todo esto nos remite igualmente otro vers\u00ed\u00adculo de la carta a los Efesios en su parte exhortativa: \u00abNo entristezc\u00e1is al Esp\u00ed\u00adritu Santo de Dios, que os ha marcado con su sello para distinguiros el d\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n\u00bb&#8216;(Efe 4:30). La \u00abtristeza\u00bb que se puede causar al Esp\u00ed\u00adritu es aqu\u00ed\u00ad sobre todo la de la divisi\u00f3n de los cristianos entre s\u00ed\u00ad; as\u00ed\u00ad pues, el \u00absello\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu no plasma \u00fanicamente a los individuos, sino a la misma comunidad, para que se haga aut\u00e9ntico \u00abcuerpo de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>A este poder del Esp\u00ed\u00adritu para plasmar la Iglesia se refiere tambi\u00e9n el siguiente pasaje, en el que san Pablo desarrolla precisamente el tema de la Iglesia como \u00abcuerpo de Cristo\u00bb: \u00abDel mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, con ser muchos, forman un cuerpo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n Cristo. Porque todos nosotros, jud\u00ed\u00ados y griegos, esclavos y libres, fuimos bautizados en un solo Esp\u00ed\u00adritu para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido del mismo Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (1Co 12:12-13).<\/p>\n<p>Tenemos aqu\u00ed\u00ad dos expresiones que tienen como t\u00e9rmino de referencia al Esp\u00ed\u00adritu en orden a la unidad del cuerpo de Cristo, que es la t Iglesia: \u00abTodos fuimos bautizados en un solo Esp\u00ed\u00adritu&#8230; Y todos hemos bebido del mismo Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. La segunda expresi\u00f3n es ciertamente m\u00e1s fuerte que la primera, ya que designa una especie de embriaguez, que, a nuestro juicio, no puede reducirse al bautismo. Por eso mismo se debe tratar de una ulterior consagraci\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu (el verbo est\u00e1 en pasado: lit., `fuimos abrevados\u00bb), que podr\u00ed\u00ada corresponder precisamente a nuestra confirmaci\u00f3n, la cual se presentar\u00ed\u00ada de esta manera como la manifestaci\u00f3n m\u00e1s rica y m\u00e1s elocuente del Esp\u00ed\u00adritu, a semejanza de lo que ya hemos visto en el libro de los Hechos (hablar en lenguas, etc.).<\/p>\n<p>Finalmente, me gustar\u00ed\u00ada citar otro pasaje de Pablo muy parecido, en su lenguaje y en su contenido, a Efe 1:12-13. Despu\u00e9s de rechazar toda insinuaci\u00f3n sobre cierta doblez en su manera de obrar, Pablo declara a los cristianos de Corinto que es la fuerza misma del Esp\u00ed\u00adritu la que le impide semejante oscilaci\u00f3n en su actitud: \u00abDios es el que a nosotros y a vosotros nos mantiene firmes en Cristo y nos ha consagrado. El nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones el Esp\u00ed\u00adritu como prenda de salvaci\u00f3n\u00bb (1Co 1:21-22).<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00adamos pensar aqu\u00ed\u00ad en el \u00abmunus\u00bb apost\u00f3lico, conferido a Pablo con toda la abundancia de dones del Esp\u00ed\u00adritu; y en parte esto es sin duda verdad. Pero precisamente la primera expresi\u00f3n (\u00abDios es el que a nosotros y a vosotros nos mantiene firmes\u00bb) remite, a nuestro juicio, a una experiencia que el ap\u00f3stol comparte junto con sus cristianos. Adem\u00e1s de haber sido \u00abungido\u00bb (jr\u00ed\u00adsas), ha recibido el \u00absello\u00bb (sphraghis\u00e1menos), teniendo adem\u00e1s la \u00abprenda\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu, que lo convierte ya en ciudadano de la ciudad futura.<\/p>\n<p>Se da aqu\u00ed\u00ad realmente toda la gama de las operaciones del Esp\u00ed\u00adritu: desde la primera unci\u00f3n bautismal hasta la concesi\u00f3n de su sello, que designa ya al cristiano como \u00abpropiedad\u00bb especial de Dios, el cual exige, por tanto, que realice las obras de la sinceridad y de la verdad de manera digna del Esp\u00ed\u00adritu. Se trata una vez m\u00e1s del tema del \u00abtestimonio\u00bb, que es t\u00ed\u00adpico del sacramento de la madurez cristiana.<\/p>\n<p>III. CONCLUSI\u00ed\u201cN. Para concluir, podemos decir que el NT ofrece motivaciones no gratuitas del sacramento de la confirmaci\u00f3n, en las que se expresa de la forma m\u00e1s elocuente la manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Aun dentro de la plasmaci\u00f3n interior que hace del cristiano, llevando a su madurez la potencialidad del bautismo, el Esp\u00ed\u00adritu tiende sobre todo a dar fuerza en orden a un \u00abtestimonio\u00bb m\u00e1s convincente dentro de la Iglesia para plasmarla mejor, sobre todo con el florecimiento de los innumerables carismas, y, fuera de la Iglesia, para luchar contra el mundo.<\/p>\n<p>El \u00absello\u00bb con que nos marca el Esp\u00ed\u00adritu no es un signo invisible, que haya que custodiar celosamente en el coraz\u00f3n, sino que hay que manifestarlo a los dem\u00e1s para se\u00f1alar nuestra pertenencia a Cristo.<\/p>\n<p>Si las cosas son as\u00ed\u00ad, cabe preguntarse si la adolescencia es el tiempo m\u00e1s adecuado para recibir la confirmaci\u00f3n. Las intuiciones b\u00ed\u00adblicas necesitan traducirse en praxis pastoral.<\/p>\n<p>BIBL.: ADLER A., Taufe und Handaujlegung. Eine exegetische-teologische Untersuchung von Apg. 8,14-17, M\u00fcnster 1951; BARRAL-BARON N., Renouveau de la Confirmation, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1983; BOROBIO D., Sacramentos en comunidad, DDB, Bilbao 1984, 82-105; BOITE B., Le vocabulaire ancien de la Confirmation, en \u00abLa Maison Dieu\u00bb54 (1958) 5-22; BRAUN F.M., Le don de Dieu et 1 initiation chr\u00e9tienne, en \u00abNRT\u00bb 86 (1964) 1025-1048; CAPRIOLI A., Saggio bibliografico sulla confermazione nelle ricerche storico-teologiche dal 1946 al 1973, en \u00abLa Scuola cattolica\u00bb 103 (1975) 645-656; DACQUINO, P., Battesimo e Cresima, Elle Di Ci, Tur\u00ed\u00adn 1970; DALBESIO A., 1! Sigillo dello Spirito secondo Paolo, en \u00abParole di vita\u00bb 1 (1974); FRANEDI G. (ed.), 1 simboli del!iniziazione cristiana, Pontificio Ateneo S. Anselmo, Roma 1983; FERRARO G., 11 dono dello Spirito, en \u00abLa Civilt\u00e1 Cattolica\u00bb 130 (1979) 348-361; FITZER G., sfragh\u00ed\u00ads, sfragh\u00ed\u00adz\u00f3, en GLNT XIII, 1Co_1981:379-418; RUFFINI, 11 Battesimo nello Spirito, Marietti, Tur\u00ed\u00adn 1975.<\/p>\n<p>S. Cipriani<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. Problem\u00e1tica de la confirmaci\u00f3n. II. Posible fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la confirmaci\u00f3n: 1. Su vinculaci\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu; 2. \u00bfUn rito distinto del bautismo?; 3. Relaciones con la pneumatolog\u00ed\u00ada paulina; 4. La confirmaci\u00f3n como concesi\u00f3n del sello del Esp\u00ed\u00adritu. III. Conclusi\u00f3n.<br \/>\n544<br \/>\n1. PROBLEMATICA DE LA CONFIRMACION.<br \/>\nLa confirmaci\u00f3n, lo mismo que el \/ bautismo, pertenece al orden de las grandes obras de Dios; en ella se renueva algo de sus intervenciones salv\u00ed\u00adficas. Si el bautismo tiene sus ra\u00ed\u00adces en el misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, la confirmaci\u00f3n se funda en el misterio de la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en Pentecost\u00e9s, que inaugur\u00f3 el tiempo de la Iglesia y la misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles y de los creyentes en el mundo.<br \/>\nPero hay una diferencia entre el bautismo y la confirmaci\u00f3n, y es la siguiente: mientras que el bautismo tiene una existencia y una consistencia bien definidas en la ense\u00f1anza del NT, la confirmaci\u00f3n es m\u00e1s fluctuan-te y de contornos menos precisos, faltando incluso un t\u00e9rmino t\u00e9cnico que indique con exactitud su \u00e1mbito, su finalidad, su contenido, los derechos y deberes que confiere dentro de la comunidad de los creyentes [1 Imposici\u00f3n de manos].<br \/>\nPrecisamente por esto los diccionarios b\u00ed\u00adblicos, en general, omiten esta voz, dejando para la teolog\u00ed\u00ada la tarea de estudiar este problema, dado que ella tiene la ventaja de poder valerse del desarrollo ulterior de la praxis lit\u00fargica, que conoce ya desde hace siglos, tanto en Oriente como en Occidente, el sacramento de la confirmaci\u00f3n, llamado tambi\u00e9n sacramento crismal, porque se hac\u00ed\u00ada con la unci\u00f3n del sagrado crisma sobre la frente. M\u00e1s a\u00fan; normalmente se la ve unida por una parte con el bautismo, y por otra con la eucarist\u00ed\u00ada; as\u00ed\u00ad pues, se trata de los tres momentos caracter\u00ed\u00adsticos de la iniciaci\u00f3n cristiana, con una historia de no siempre f\u00e1cil convivencia entre s\u00ed\u00ad.<br \/>\n545<br \/>\nII. POSIBLE FUNDAMENTACION BIBLICA DE LA CONFIRMACION.<br \/>\nSin querer forzar los textos, y sobre todo situando nuestra reflexi\u00f3n en el trasfondo de la presencia m\u00faltiple del Esp\u00ed\u00adritu que anima a la Iglesia, intentamos solamente buscarlas alusiones, los presupuestoso el verdadero y aut\u00e9ntico fundamento que este sacramento pueda tener en el NT. De esta manera cobrar\u00e1 tambi\u00e9n mayor seguridad la misma reflexi\u00f3n teol\u00f3gica.<br \/>\n546<br \/>\n1. SU VINCULACION CON EL ESPIRITU.<br \/>\nSobre todo el libro de los Hechos nos presenta al \/ Esp\u00ed\u00adritu Santo como el protagonista de la vida tanto de la Iglesia como de cada cristiano, de la misma manera que el tercer evangelio nos lo presentaba como el protagonista de la vida de Jes\u00fas: pensemos en su concepci\u00f3n virginal (Lc 1,35), en su bautismo Lc 3,21-22), en su vida p\u00fablica, que se desarrolla bajo el signo del Esp\u00ed\u00adritu (Lc 4,1-2; Lc 4,14-21 etc. ).<br \/>\nPentecost\u00e9s es la manifestaci\u00f3n visible del Esp\u00ed\u00adritu, que hace de los ap\u00f3stoles, antes cobardes y temerosos, personas valientes y decididas, inaugurando as\u00ed\u00ad el tiempo de la Iglesia como tiempo del Esp\u00ed\u00adritu (Hch 2,1-4).<br \/>\nLos signos a trav\u00e9s de los cuales se manifiesta el Esp\u00ed\u00adritu son sumamente sugestivos. Pensemos en el \u2020\u0153ruido del cielo, como de viento impetuoso\u2020\u009d que llen\u00f3 toda la casa donde estaban los ap\u00f3stoles y que recuerda la teofan\u00ed\u00ada del Sina\u00ed\u00ad (Ex 19,16-25); el \u2020\u0153viento\u2020\u009d es uno de los s\u00ed\u00admbolos m\u00e1s antiguos del poder de Dios y corresponde a la ra\u00ed\u00adz misma del t\u00e9rmino \u2020\u0153esp\u00ed\u00adritu\u2020\u2122 (en hebreo, r\u00fcah)- Las \u2020\u0153lenguas de fuego que se repart\u00ed\u00adan y se posaban sobre cada uno de ellos recuerdan la \u2020\u0153columna de fuego\u2020\u009d que guiaba a Israel por el desierto en su marcha hacia la tierra prometida, s\u00ed\u00admbolo de la presencia de Yhwh (Is 6,5-7). Tenemos, finalmente, el don de las \u2020\u0153lenguas, que no encuentra paralelo en el AT, ya que es el signo del car\u00e1cter universal del nuevo pueblo de Dios, libre ya de toda clase de divisi\u00f3n de razas, de condici\u00f3n social y hasta de sexo (Ga 3,27-28), y en camino hacia la reconstrucci\u00f3n de la unidad plena del g\u00e9nero humano, en contraposici\u00f3n a la dispersi\u00f3n que represent\u00f3 en sus tiempos la torre de Babel (Gn 11,1-9).<br \/>\nA partir de entonces ser\u00e1 siempre el Esp\u00ed\u00adritu el que con nuevas intervenciones caracterizar\u00e1 las nuevas etapas de expansi\u00f3n de la Iglesia; as\u00ed\u00ad ocurrir\u00e1 en el episodio de la conversi\u00f3n de Cornelio y de su familia, que el mismo Pedro equipara al acontecimiento de pentecost\u00e9s (Hch 10,44-47; Hch 11,15-17; Hch 15,7-9 ). As\u00ed\u00ad ocurrir\u00e1 con ocasi\u00f3n de la predicaci\u00f3n a los sama-ritanos y en el choque con Sim\u00f3n Mago, que solicita poder comprar el Esp\u00ed\u00adritu con dinero (Hch 8,14-25). . Lo que imijorta en estos hechos es que el Esp\u00ed\u00adritu contin\u00faa siendo dado a los creyentes en condiciones siempre nuevas; esto significa que pentecost\u00e9s-inauciur\u00f3 el tiemio del Esp\u00ed\u00adritu, pero sin agotarlo, por as\u00ed\u00ad decirlo. Fue s\u00f3lo el comienzo de todos los Pentecost\u00e9s sucesivos de la l\u00e7ilesia.<br \/>\n547<br \/>\n2. \u00bfUn rito distinto del bautismo?<br \/>\nPero hay otra cosa que importa observar, a saber: que el don del Esp\u00ed\u00adritu no se identifica con el sacramento del bautismo, a pesar de que tiene mucho que ver con \u00e9l.<br \/>\nEn este sentido son significativos dos episodios que nos refieren los Hechos de los Ap\u00f3stoles. El primero es aquel al que ya nos hemos referido: el anuncio del evangelio en Samar\u00ed\u00ada, despu\u00e9s de la persecuci\u00f3n que tuvo lugar en tiempos de Esteban. Habiendo predicado el di\u00e1cono Felipe el evangelio en aquella regi\u00f3n, tuvo un \u00e9xito tan grande que mucha gente crey\u00f3 y se hizo bautizar; entre ellos estaba el mago Sim\u00f3n (Hch 8,5-13).<br \/>\nConocido el hecho en Jerusal\u00e9n, los ap\u00f3stoles, quiz\u00e1 para controlar mejor la situaci\u00f3n, \u2020\u0153les enviaron a Pedro y a Juan; llegaron y oraron por los samaritanos, para que recibieran el Esp\u00ed\u00adritu Santo, pues a\u00fan no hab\u00ed\u00ada bajado sobre ninguno de ellos, y s\u00f3lo hab\u00ed\u00adan recibido el bautismo en el nombre de Jes\u00fas, el Se\u00f1or. Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u2020\u009d (Hch 8,14-17). En este momento es cuando interviene Sim\u00f3n Mago con su indecorosa solicitud de comprar con dinero el poder de dar el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Hch 8,18-25).<br \/>\nLo que m\u00e1s nos interesa subrayar es la clara distinci\u00f3n que hace este texto entre el bautismo que hab\u00ed\u00ada recibido ya aquel grupo de cristianos por obra de Felipe, como consecuencia de su adhesi\u00f3n al evangelio, y un rito posterior, integrado por gestos y oraciones, que confiere el don del Esp\u00ed\u00adritu, como si el bautismo no fuera m\u00e1s que la etapa inicial de un itinerario m\u00e1s largo para llegar a ser plenamente disc\u00ed\u00adpulos de Cristo: \u2020\u0153Llegaron y oraron por los samaritanos para que recibieran el Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u2020\u009d (Hch 8,15-17). Tambi\u00e9n el hecho de que fueran s\u00f3lo los ap\u00f3stoles los que impusieran las manos deber\u00ed\u00ada significar algo muy importante, que l\u00f3gicamente completa, confirm\u00e1ndolo, lo que ya expresaba de suyo el bautismo. Quiz\u00e1 haya en este rito ulterior un deseo o una voluntad de ligar entre s\u00ed\u00ad, con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, a las diversas Iglesias que se iban creando entre tanto.<br \/>\nSi no estamos equivocados, es aqu\u00ed\u00ad donde deber\u00ed\u00adamos ver las primeras huellas de un sacramento distinto del bautismo, aunque \u00ed\u00adntimamente unido a \u00e9l, que deb\u00ed\u00ada insertar m\u00e1s profundamente en la comunidad, con el compromiso de manifestar .tambi\u00e9n hacia fuera la misteriosa presencia del Esp\u00ed\u00adritu.<br \/>\nEl otro episodio, igualmente significativo en este sentido, es el que nos narra tambi\u00e9n el libro de los Hechos. Cuando Pablo, durante el tercer viaje, llega a Efeso, encuentra algunos disc\u00ed\u00adpulos, a los que pregunta si hab\u00ed\u00adan \u2020\u0153recibido el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u2020\u009d en el momento de llegar a la fe. La respuesta fue sorprendente: \u2020\u0153Ni siquiera hemos o\u00ed\u00addo decir que haya Esp\u00ed\u00adritu Santo\u2020\u2122. En efecto, no hab\u00ed\u00adan recibido m\u00e1s que el bautismo de Juan. Entonces Pablo se puso a catequizarles, y ellos \u2020\u0153se bautizaron en el nombre de Jes\u00fas, el Se\u00f1or. Cuando Pablo les impuso las manos descendi\u00f3 sobre ellos el Esp\u00ed\u00adritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extra\u00f1as y a profetizar. Eran en total unas doce personas\u2020\u009d (Hch 19,1-7).<br \/>\nTambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad tenemos con claridad dos ritos distintos: el bautismo (\u2020\u0153se bautizaron en el nombre de Jes\u00fas, el Se\u00f1or\u2020\u009d) y la posterior \u2020\u0153imposici\u00f3n de manos\u2020\u009d con la colaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu por obra del ap\u00f3stol. Se describen aqu\u00ed\u00ad expresamente las manifestaciones a trav\u00e9s de las cuales se hac\u00ed\u00ada visible la obra del Esp\u00ed\u00adritu: el \u2020\u0153hablar en lenguas\u2020\u009d y el \u2020\u0153profetizar\u2020\u009d. Prescindiendo de cu\u00e1l fuera su \u00ed\u00adntima naturaleza, que no resulta f\u00e1cil descifrar, estos dones ten\u00ed\u00adan que tender a la dilataci\u00f3n del anuncio evang\u00e9lico; por consiguiente, se trataba de algo que se daba, no ya s\u00f3lo para el individuo, sino para el bien de toda la comunidad. Es m\u00e1s o menos lo que Juan en su lenguaje llama \u2020\u0153testimonio\u2020\u009d (martyria).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, queda plenamente fundada la convicci\u00f3n que se deriva de los dos hechos recordados: al lado del bautismo, la Iglesia apost\u00f3lica parece conocer otro sacramento, que confer\u00ed\u00ada el Esp\u00ed\u00adritu, el cual se manifestaba sobre todo en el \u2020\u0153hablar en lenguas\u2020\u009d y en el \u2020\u0153profetizar\u2020\u009d, es decir, en la fuerza del anuncio y del testimonio hacia los de fuera.<br \/>\n548<br \/>\n3. Relaciones con la pneumatolog\u00ed\u00ada paulina.<br \/>\nAdem\u00e1s del libro de los Hechos, es muy interesante en este sentido la doctrina de Pablo, no s\u00f3lo por la fuerte acentuaci\u00f3n pneu-matol\u00f3gica, sino tambi\u00e9n por una especie de relaci\u00f3n que \u00e9l parece establecer entre el Esp\u00ed\u00adritu Santo y la iniciaci\u00f3n cristiana en general. Es sobre todo esta relaci\u00f3n la que ahora nos interesa analizar, aunque coloc\u00e1ndola en el trasfondo de la pneu-matolog\u00ed\u00ada paulina general.<br \/>\nYa nuestra filiaci\u00f3n adoptiva, que es producida por el bautismo, est\u00e1 garantizada por la presencia en nosotros del Esp\u00ed\u00adritu: \u2020\u0153Y como prueba de que sois hijos, Dios ha enviado a vuestros corazones el Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo, que dama: i Abba, Padre!\u2020\u009d(G\u00e1l 4,4-6; Rm 8,15). A pesar de que est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente vinculado al bautismo, el Esp\u00ed\u00adritu no parece identificarse con \u00e9l como efecto suyo, ya que viene como para dar testimonio del mismo.<br \/>\nDe todas formas, m\u00e1s que distinguir o separar, Pablo intenta unir: el dinamismo salv\u00ed\u00adfico no est\u00e1 hecho de compartimientos estancos. Esto mismo aparece tambi\u00e9n en el pasaje siguiente. \u2020\u0153Hab\u00e9is sido lavados, consagrados y justificados en el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo y en el Esp\u00ed\u00adritu de nuestro Dios\u2020\u009d ICo 6,11). Las referencias al bautismo son expl\u00ed\u00adcitas (\u2020\u0153hab\u00e9is sido lavados\u2020\u009d); pero todo est\u00e1 abierto a la obra del \u2020\u0153Esp\u00ed\u00adritu de nuestro Dios\u2020\u009d, que no est\u00e1 ciertamente bloqueado en su actuaci\u00f3n, sino que tiende a configurar con \u00e9l a todos los que se f\u00ed\u00adan de su obra; en este terreno se puede llevar a cabo todo aquel perfeccionamiento que la liturgia y la teolog\u00ed\u00ada posterior han atribuido a la confirmaci\u00f3n.<br \/>\n549<br \/>\n4. La confirmaci\u00f3n como concesi\u00f3n DEL SELLO DEL ESP\u00ed\u008dRITU.<br \/>\nEste proceso de configuraci\u00f3n con la presencia interior del Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 expresado en san Pablo mediante el verbo sphragh\u00ed\u00adzein, \u2020\u0153sellar\u2020\u009d, y el sustantivo sphragh\u00ed\u00ads, \u2020\u0153sello\u2020\u009d, referidos normalmente a la obra de plasma-ci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu.<br \/>\nAl hablar del proyecto misterioso de Dios, que desde la eternidad nos ha escogido en Cristo, tanto a los jud\u00ed\u00ados como a los paganos, Pablo contin\u00faa de este modo: \u2020\u0153Tambi\u00e9n vosotros los (paganos) que hab\u00e9is escuchado la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvaci\u00f3n, en el que hab\u00e9is cre\u00ed\u00addo, hab\u00e9is sido sellados con el Esp\u00ed\u00adritu Santo prometido, el cual es garant\u00ed\u00ada de vuestra herencia, para la plena liberaci\u00f3n del pueblo de Dios y alabanza de su gloria\u2020\u009d (Ef 1,11-14).<br \/>\nEl sello del Esp\u00ed\u00adritu se deriva indudablemente del don de la fe y se refiere tambi\u00e9n al bautismo; pero dada la amplitud de su acci\u00f3n, que se extiende hasta la \u2020\u0153redenci\u00f3n completa\u2020\u009d de aquellos que Dios ha adquirido para s\u00ed\u00ad, es decir, hasta la resurrecci\u00f3n final, de la que el Esp\u00ed\u00adritu constituye ya una prenda y un anticipo, no puede menos de aludir a otras intervenciones sucesivas de su operaci\u00f3n transformativa. Recibir el sello de alguien significa pertenecerle y tambi\u00e9n realizar acciones dignas de esta pertenencia. Precisamente por esta amplitud de intervenciones del Esp\u00ed\u00adritu pensamos que el sello del Esp\u00ed\u00adritu es m\u00e1s amplio que aquella asimilaci\u00f3n inicial a Cristo que realiza en nosotros el bautismo.<br \/>\nA todo esto nos remite igualmente otro vers\u00ed\u00adculo de la carta a los Efesios en su parte exhortativa: \u2020\u0153No entristezc\u00e1is al Esp\u00ed\u00adritu Santo de Dios, que os ha marcado con su sello para distinguiros el d\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n\u2020\u009d(Ef 4,30). La \u2020\u0153tristeza\u2020\u009d que se puede causar al Esp\u00ed\u00adritu es aqu\u00ed\u00ad sobre todo la de la divisi\u00f3n de los cristianos entre s\u00ed\u00ad; as\u00ed\u00ad pues, el \u2020\u0153sello\u2020\u009d del Esp\u00ed\u00adritu no plasma \u00fanicamente a los individuos, sino a la misma comunidad, para que se haga aut\u00e9ntico \u2020\u0153cuerpo de Cristo\u2020\u009d.<br \/>\nA este poder del Esp\u00ed\u00adritu para plasmar la Iglesia se refiere tambi\u00e9n el siguiente pasaje, en el que san Pablo desarrolla precisamente el tema de la Iglesia como \u2020\u0153cuerpo de Cristo\u2020\u009d: \u2020\u0153Del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, con ser muchos, forman un cuerpo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n Cristo. Porque todos nosotros, jud\u00ed\u00ados y griegos, esclavos y libres, fuimos bautizados en un solo Esp\u00ed\u00adritu para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido del mismo Esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d<br \/>\nICo 12,12-13).<br \/>\nTenemos aqu\u00ed\u00ad dos expresiones que tienen como t\u00e9rmino de referencia al Esp\u00ed\u00adritu en orden a la unidad del cuerpo de Cristo, que es la \u00c2\u00a1Iglesia: \u2020\u0153Todos fuimos bautizados en un solo Esp\u00ed\u00adritu&#8230; Y todos hemos bebido del mismo Esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d. La segunda expresi\u00f3n es ciertamente m\u00e1s fuerte que la primera, ya que designa una especie de embriaguez, que, a nuestro juicio, no puede reducirse al bautismo. Por eso mismo se debe tratar de una ulterior consagraci\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu (el verbo est\u00e1 en pasado: lit., \u2020\u0153fuimos abrevados\u2020\u009d), que podr\u00ed\u00ada corresponder precisamente a nuestra confirmaci\u00f3n, la cual se presentar\u00ed\u00ada de esta manera como la manifestaci\u00f3n m\u00e1s rica y m\u00e1s elocuente del Esp\u00ed\u00adritu, a semejanza de lo que ya hemos visto en el libro de los Hechos (hablar en lenguas, etc.).<br \/>\nFinalmente, me gustar\u00ed\u00ada citar otro pasaje de Pablo muy parecido, en su lenguaje y en su contenido, a Ep 1,12-13. Despu\u00e9s de rechazar toda insinuaci\u00f3n sobre cierta doblez en su manera de obrar, Pablo declara a los cristianos de Corinto que es la fuerza misma del Esp\u00ed\u00adritu la que le impide semejante oscilaci\u00f3n en su actitud: \u2020\u0153Dios es el que a nosotros y a vosotros nos mantiene firmes en Cristo y nos ha consagrado. El nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones el Esp\u00ed\u00adritu como prenda de salvaci\u00f3n\u2020\u009d<br \/>\nICo 1,21-22).<br \/>\nPodr\u00ed\u00adamos pensar aqu\u00ed\u00ad en el \u2020\u0153mu-nus\u2020\u009d apost\u00f3lico, conferido a Pablo con toda la abundancia de dones del Esp\u00ed\u00adritu; y en parte esto es sin duda verdad. Pero precisamente la primera expresi\u00f3n (\u2020\u0153Dios es el que a nosotros y a vosotros nos mantiene firmes\u2020\u009d) remite, a nuestro juicio, a una experiencia que el ap\u00f3stol comparte junto con sus cristianos. Adem\u00e1s de haber sido \u2020\u0153ungido\u2020\u009d (ir\u00ed\u00adsas), ha recibido el \u2020\u0153sello\u2020\u009d (sphraghis\u00e1menos), teniendo adem\u00e1s la \u2020\u0153prenda\u2020\u009d del Esp\u00ed\u00adritu, que lo convierte ya en ciudadano de la ciudad futura.<br \/>\nSe da aqu\u00ed\u00ad realmente toda la gama de las operaciones del Esp\u00ed\u00adritu: desde la primera unci\u00f3n bautismal hasta la concesi\u00f3n de su sello, que designa ya al cristiano como \u2020\u0153propiedad\u2020\u009d especial de Dios, el cual exige, por tanto, que realice las obras de la sinceridad y de la verdad de manera digna del Esp\u00ed\u00adritu. Se trata una vez m\u00e1s del tema del \u2020\u0153testimonio\u2020\u009d, que es t\u00ed\u00adpico del sacramento de la madurez cristiana.<br \/>\n550<br \/>\nIII. CONCLUSION.<br \/>\nPara concluir, podemos decir que el NT ofrece motivaciones no gratuitas del sacramento de la confirmaci\u00f3n, en las que se expresa de la forma m\u00e1s elocuente la manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Aun dentro de la plasmaci\u00f3n interior que hace del cristiano, llevando a su madurez la potencialidad del bautismo, el Esp\u00ed\u00adritu tiende sobre todo a dar fuerza en orden a un \u2020\u0153testimonio\u2020\u009d m\u00e1s convincente dentro de la Iglesia para plasmarla mejor, sobre todo con el florecimiento de los innumerables carismas, y, fuera de la Iglesia, para luchar contra el mundo.<br \/>\nEl \u2020\u0153sello\u2020\u009d con que nos marca el Esp\u00ed\u00adritu no es un signo invisible, que haya que custodiar celosamente en el coraz\u00f3n, sino que hay que manifestarlo a los dem\u00e1s para se\u00f1alar nuestra pertenencia a Cristo.<br \/>\nSi las cosas son as\u00ed\u00ad, cabe preguntarse si la adolescencia es el tiempo m\u00e1s adecuado para recibir la confirmaci\u00f3n. Las intuiciones b\u00ed\u00adblicas necesitan traducirse en praxis pastoral.<br \/>\nBIBL.: Adler ?., Taufe und Handaufiegung. Eme exegetische-teologische Untersuchung vort Apg. 8,14-17, M\u00fcnsterJ95l; Barral-Baron N., Renouveau de la Confirmation, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1983; Bqrobio D., Sacramentos en comunidad, DDB, Bilbao 1984, 82-1 05; Botte B., Le vocabulaire anclen d\u00e9la Confirmation, en \u2020\u0153La Maison Dieu\u2020\u009d 54 (1958) 5-22: Braun F.M., Le don de Dieu et Viniiation chr\u00e9tienne, en \u2020\u0153NRT\u2020\u009d 86 (1964) 1025-1 048; Caprioli ?., Saggio bibliogr\u00e1fico sulla confermazione nelle ricerche storico-leologiche da! 1946 al<br \/>\n1973, en \u2020\u0153La Scuola cattolica\u2020\u009d 103 (1975) 645-656; Dacquino, P., Baltesimo e Cre-sima, Elle Di Ci, Tur\u00ed\u00adn<br \/>\n1970; Dalbesio ?., II Sigilo dello Spirito secondo Paolo, en \u2020\u0153Parole di vita\u2020\u009d 1 (1974); Franedi G. (ed.), 1 simboli dell\u2020\u2122iniziazione cristiana, Pontificio AteneoS. 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Este m\u00e9todo se basa en \u00abaxiomas\u00bb de una teolog\u00ed\u00ada sacramental excesivamente pobre, en la cual los sacramentos son considerados con demasiada exclusividad como \u00abinstrumentos de la gracia\u00bb y se acent\u00faa insuficientemente que ellos son \u00abmisterios salv\u00ed\u00adficos de la Iglesia\u00bb y, adem\u00e1s, se establecen diferencias excesivas entre las gracias llamadas \u00absacramentales\u00bb, sin resaltar c\u00f3mo hay una sola fuente primigenia de toda &#8211;> gracia, sea sacramental o no lo sea. Teniendo en cuenta que toda gracia est\u00e1 necesariamente contenida en la presencia salvadora de la Trinidad y, por tanto, ha de ser entendida como una realidad salv\u00ed\u00adfica que desciende del Padre, seg\u00fan la imagen del Ojo y por la virtud perfectiva del Esp\u00ed\u00adritu, la actividad propia de los sacramentos en general y de la c. en particular ha de ser considerada como algo inseparable de esta din\u00e1mica amorosa de las tres personas divinas, tal como est\u00e1 atestiguada visiblemente y realizada sacramentalmente en la oraci\u00f3n lit\u00fargica de la Iglesia (= celebraci\u00f3n del misterio de la salvaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Hemos de elaborar adem\u00e1s una teolog\u00ed\u00ada de la c. en la que se tome en consideraci\u00f3n el hecho de que la c. es uno de los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana (los cuales por la consagraci\u00f3n y la misi\u00f3n constituyen todos juntos la plenitud de la existencia cristiana) y, en consecuencia, estos tres sacramentos de iniciaci\u00f3n, puesto que nos comunican la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica del Padre en el Hijo por su Esp\u00ed\u00adritu, deben ser estudiados necesariamente en su unidad org\u00e1nica. Finalmente, respecto de la confirmaci\u00f3n el NT y la tradici\u00f3n, lo mismo lit\u00fargica que teol\u00f3gica, presentan una armon\u00ed\u00ada notable (descuidada a menudo en la reflexi\u00f3n t\u00e9cnica) en relaci\u00f3n con el hecho central de que la c. nos confiere ante todo el \u00abdon del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Esta verdad precisamente debe guiar nuestra reflexi\u00f3n m\u00e1s que ninguna otra y llevarnos a los dominios de una teolog\u00ed\u00ada sacramental, eclesi\u00e1stica y trinitaria.<\/p>\n<p>II. Los datos de la revelaci\u00f3n<br \/>\n1. La Escritura<br \/>\nSer\u00e1, por tanto, insuficiente fundar nuestro estudio sobre la c. en los escasos textos de los Hechos que atestiguan probablemente la existencia de un rito todav\u00ed\u00ada muy rudimentario en el tiempo apost\u00f3lico: oraci\u00f3n, imposici\u00f3n de manos, don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, atestiguado tambi\u00e9n por el car\u00e1cter carism\u00e1tico de la Iglesia primitiva (Act 8, 12-17 y 19, 1-7; Heb 6, 2 es menos seguro). Una teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de la c. se apoya necesariamente en la teolog\u00ed\u00ada del dinamismo salv\u00ed\u00adfico del -> Esp\u00ed\u00adritu Santo como don mesi\u00e1nico (doctrina del AT) del Se\u00f1or resucitado (Jn 19, 30), comunicado corporativamente a la Iglesia naciente (Act 2, 1-47), universalmente a las naciones (Act 10-11, 18 = pentecost\u00e9s de los gentiles) e individualmente a cada fiel (p. ej., Act 1, 7-8: tema central del libro de los Hechos). Deberemos seguir la Escritura all\u00ed\u00ad donde se remonta hasta el misterio de la &#8211;> encarnaci\u00f3n como misi\u00f3n del Padre y tipo de nuestra nueva existencia. En efecto, en el bautismo de Juan, Cristo fue entendido y consagrado como profeta y Mes\u00ed\u00adas; \u00e9l predic\u00f3, hizo milagros y or\u00f3, muri\u00f3 (Heb 9, 14) en y por la virtud del Esp\u00ed\u00adritu (cf. sobre todo Lucas). Finalmente, una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre estos ricos y m\u00faltiples datos b\u00ed\u00adblicos (con lo cual la \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb nos introduce en la \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb) nos permite reconocer su faz propia y, por ende, comprender mejor lo que puede significar en el NT la expresi\u00f3n tantas veces repetida de que el Esp\u00ed\u00adritu nos ha sido \u00abdado\u00bb, ya que \u00e9l es el don por excelencia del Se\u00f1or resucitado.<\/p>\n<p>Es evidente que, para el NT, la actividad propia del Esp\u00ed\u00adritu sostiene y mueve toda existencia cristiana desde el nacimiento de la fe. I. de la Potterie, recogiendo una tradici\u00f3n muy antigua, ha hecho ver que la \u00abunci\u00f3n\u00bb del cristiano (2 Cor 1, 21s; cf. Ef 1, 13; 1 Jn 2, 20 27) no tiene significaci\u00f3n ritual, sino espiritual, guardando una relaci\u00f3n de analog\u00ed\u00ada con la unci\u00f3n de los profetas en el AT y la unci\u00f3n prof\u00e9tica de Cristo (Lc 4, 18; Act 4, 27; 10, 38; Heb 1, 9). Pablo la considera en su relaci\u00f3n con el sello del bautismo, mientras Juan descubre su influencia en todo el desenvolvimiento de la vida cristiana por la fe que precede (1 Jn 5, 6), acompa\u00f1a (Jn 19, 34-35) y sigue (3, 5) a la recepci\u00f3n del bautismo cristiano. \u00abEsta unci\u00f3n divina significa la acci\u00f3n de Dios que suscita la fe en los corazones de los que oyen la palabra de la verdad\u00bb (I. de la Potterie, 120). Esta fe es \u00abconfirmada\u00bb por el Esp\u00ed\u00adritu. No estar\u00e1 de m\u00e1s notar de pasada que la idea de gratia ad robur no es del todo extra\u00f1a a la tradici\u00f3n apost\u00f3lica y postapost\u00f3lica, sin que por ello sea exclusivamente atribuida al Esp\u00ed\u00adritu (1 Cor 1, 6ss; 2 Cor 1, 21s, Col 2, 7; Fil 1, 7; 1 Clem 1, 1, 2; IgnMagn 13, 1; PolyK 1, 2). Si es menester renacer por el agua del bautismo, tambi\u00e9n hemos de renacer por el Esp\u00ed\u00adritu, es decir, por la fe en la palabra (Jn 3, 5; 19, 35; 1 Jn 5, 6-8). Esta doctrina corresponde perfectamente a la de los sin\u00f3pticos sobre la necesidad de la fe para la salvaci\u00f3n eterna.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu es tambi\u00e9n la fuente de nuestra caridad (Rom 5, 5; 1 Cor 13). Anima nuestra oraci\u00f3n (Rom 8, 16; G\u00e1l 4, 6). Es la fuente de los carismas (1 Cor 12, 4-12) por los que \u00abedifica\u00bb la Iglesia (1 Cor 14, 4; 12 26) y la consagra como templo de Dios (1 Cor 3, 16; Ef 2, 22) en la \u00abcomunidad\u00bb (Ef 4, 3; Fil 2, 1). El es verdaderamente el alma de toda existencia cristiana (G\u00e1l 5, 25; 6, 9; Rom 8, 9, 13; Ef 4, 30). Por la fe est\u00e1 ya presente en el bautismo (1 Cor 6, 11; 2 Cor 1, 22; Tit 3, 5) y en la eucarist\u00ed\u00ada (1 Cor 12, 13 ), tradici\u00f3n que la Iglesia antigua conserv\u00f3 en la pr\u00e1ctica de la ep\u00ed\u00adclesis.<\/p>\n<p>Esta doctrina muy rica y matizada no impide al NT distinguir el bautismo de la c. El bautismo est\u00e1 puesto en relaci\u00f3n \u00fanicamente con la salvaci\u00f3n, la remisi\u00f3n de los pecados, la nueva creaci\u00f3n, la entrada en la Iglesia (circuncisi\u00f3n) y, sobre todo, con la pertenencia a Cristo. La c., por lo contrario, est\u00e1 referida \u00fanicamente al \u00abdon del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, cuya naturaleza queda definida ante todo por la experiencia del primer pentecost\u00e9s: Ser\u00ed\u00ada, sin embargo, equivocado querer separar estos sacramentos como dos entidades distintas. Es evidente que, para la Iglesia primitiva, forman juntos un solo rito de iniciaci\u00f3n (Act 10, 44-48). Teol\u00f3gicamente, dependen ambos del misterio inicial del bautismo de Cristo en el Jord\u00e1n (Jn 1, 19-34).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, sobre todo para Pablo, la vida cristiana es inseparablemente vida en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>2. La liturgia<br \/>\na) La confirmaci\u00f3n como parte integrante del rito de iniciaci\u00f3n. Durante los 11 primeros siglos, la c. forma parte, con el bautismo, del rito solemne de iniciaci\u00f3n celebrado la noche de pascua y de pentecost\u00e9s. No siempre es f\u00e1cil ni, probablemente, tampoco justificado, determinar a cu\u00e1l de los dos sacramentos se refiere un rito particular (p. ej., la discusi\u00f3n sobre la segunda unci\u00f3n). Los principales ritos de la c. son la imposici\u00f3n de manos con la ep\u00ed\u00adclesis, la unci\u00f3n y la consignaci\u00f3n sobre la frente con el signo de la cruz (alusi\u00f3n al signo Tau de Ez 9, 4).<\/p>\n<p>La Traditio Apostolica, de Hip\u00f3lito de Roma, nos atestigua la importancia central de la imposici\u00f3n de manos en la Iglesia romana (y quiz\u00e1 tambi\u00e9n en la alejandrina) del s. III. Hacia esta \u00e9poca, la imposici\u00f3n de manos es reemplazada en oriente por la unci\u00f3n con el \u00f3leo perfumado y sagrado (myron), excepto en Egipto. El mismo fen\u00f3meno se da en Italia del Norte, en las Galias y en Irlanda. La imposici\u00f3n de manos parece mencionarse raras veces en \u00ed\u0081frica y Espa\u00f1a. Cuando la liturgia romana se difunde por Europa (\u00e9poca de los \u00absacramentarios\u00bb y \u00bb ordines\u00bb), la unci\u00f3n parece predominar a veces sobre la imposici\u00f3n de manos (influencia franca), si bien, en el s. xi, puede identificarse una restauraci\u00f3n pasajera del rito antiguo (imposici\u00f3n de manos sobre todos en general o en particular, tocando al confirmando). El origen de la unci\u00f3n como rito de la c. es desconocido. Es probable que contribuyera a su introducci\u00f3n la interpretaci\u00f3n ritual de los textos antes discutidos. Tal vez para los pueblos de Europa la imposici\u00f3n de manos fuera un gesto menos expresivo. En este contexto, la unci\u00f3n prebautismal de la antigua Iglesia siria (inmediatamente cercana a la de Palestina) no era considerada como un exorcismo, sino probablemente como una consagraci\u00f3n del cat\u00e9c\u00fameno por el Esp\u00ed\u00adritu de la fe.<\/p>\n<p>b) La confirmaci\u00f3n como rito separado. Hacia el s. xi se forma una liturgia propia para la c., sobre todo en occidente, donde el obispo sigue siendo su ministro ordinario. La multiplicaci\u00f3n de las parroquias dificulta la uni\u00f3n de la c. con el bautismo, sobre todo en el bautismo de ni\u00f1os. Entretanto, la unci\u00f3n de la frente con el santo crisma y la \u00abconsignaci\u00f3n\u00bb se hab\u00ed\u00adan fusionado en un solo gesto ritual, unido a veces a la imposici\u00f3n de la mano (as\u00ed\u00ad en Alcuino: Dz 419, 450). En un esfuerzo de unificaci\u00f3n lit\u00fargica, Inocencio vtir impuso en 1485 el pontifical de Durando de Mende (entre el 1293 y el 1295), ya ampliamente difundido. Despu\u00e9s de la edici\u00f3n de este pontifical el a\u00f1o 1497, desaparece totalmente la imposici\u00f3n de manos; esta pr\u00e1ctica queda confirmada por el concilio de Florencia (Dz 697) y por la reforma tridentina. En occidente se hace general el rito de la \u00abalapa\u00bb, que probablemente tiene origen germ\u00e1nico. En 1752, Benedicto xtv introduce nuevamente la imposici\u00f3n de manos en el momento de la unci\u00f3n (ap\u00e9ndice de su pontifical). Le\u00f3n xiii y la editio typica del pontifical de 1929 describen el rito de manera muy clara: \u00abper manus impositionem cum unctione chrismatis in fronte\u00bb (CIC can. 780). La imposici\u00f3n de la mano parece ser considerada actualmente como rito principal (AAS 27 [1935], p. 16). El concilio Vaticano ii ordena la restauraci\u00f3n de la liturgia de la c. como rito de iniciaci\u00f3n cristiana y permite administrarla durante la misa (Const. lit., 71).<\/p>\n<p>El testimonio dogm\u00e1tico de la liturgia queda manifestado sobre todo en sus oraciones, expresi\u00f3n, seg\u00fan el Aquinate y toda la tradici\u00f3n medieval, de la fe de la Iglesia. La liturgia antigua describ\u00ed\u00ada el sentido de la c. particularmente en la ep\u00ed\u00adclesis. Is 11, 2 fue citado desde los primeros siglos. El oriente ha permanecido fiel a una f\u00f3rmula consecratoria que data del s. iv: Eqppay\u00ed\u00ads BWp\u00e9oaQ nve\u00fa~t\u00bbTos &#8216;Aytov. &#8216;A[.~v. Al principio el occidente conoci\u00f3 f\u00f3rmulas similares. Hacia el s. x se difundi\u00f3 la f\u00f3rmula sacramental usada hasta hoy: \u00abSigno te signo crucis (antigua consignaci\u00f3n) et confirmo te charismate salutis in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amen.\u00bb Diversas oraciones, algunas de ellas muy antiguas, exponen la doctrina del don del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>3. La evoluci\u00f3n doctrinal<br \/>\nSin querer defender con G. Dix y L. Bouyer una ruptura entre la patr\u00ed\u00adstica y la escol\u00e1stica, no podemos negar que la teolog\u00ed\u00ada de la c. presenta en estas dos \u00e9pocas y por razones diversas rasgos bastante diferentes. Los padres exponen generalmente su doctrina en el curso de las grandes catequesis, preparatorias a la noche pascual, cuya unidad lit\u00fargica respetan con toda naturalidad. Su intenci\u00f3n es pastoral y espiritual. La verdad central de que la c. nos da el Esp\u00ed\u00adritu les basta, tanto m\u00e1s cuanto que su teolog\u00ed\u00ada respeta m\u00e1s la peculiaridad de las personas divinas. En ricas alegor\u00ed\u00adas sobre los textos b\u00ed\u00adblicos que mencionan el Jrisma o la sfragis, elaboran una amplia doctrina acerca de la presencia y actividad del Esp\u00ed\u00adritu en las almas. La escol\u00e1stica incipiente, al abordar por vez primera el tema de la c. se encuentra un tanto desamparada. Todo su esfuerzo de reflexi\u00f3n teol\u00f3gica parece centrarse en la especificaci\u00f3n de la gracia sacramental propia de la c., en oposici\u00f3n al bautismo y a la eucarist\u00ed\u00ada. El c\u00ed\u00adrculo en torno al PsMelquiades tiende a resaltar en demas\u00ed\u00ada la importancia de un aspecto secundario de la tradici\u00f3n antigua, la famosa gratia ad robur, cuando no se conforman con un simple augmentum gratiae. Y por desgracia son precisamente estos dos aspectos los que el Maestro de las sentencias resume en su IV Sent. d. 7. Sin embargo, ser\u00ed\u00ada falso e injusto reducir a estos pobres datos toda la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica sobre la c. La tradici\u00f3n acerca de \u00abla plenitud del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Is 11, 2), conservada especialmente en la liturgia, sigue irradiando con la misma fuerza. La doctrina del car\u00e1cter permite a la alta escol\u00e1stica profundizar el aspecto eclesiol\u00f3gico y cultual de la c. Los grandes temas patr\u00ed\u00adsticos sobre el sacerdocio real (1 Pe 2, 5) y sobre la analog\u00ed\u00ada entre la unci\u00f3n de Cristo, la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo en pentecost\u00e9s y la unci\u00f3n de los fieles al recibir la c., tantas veces ausentes de la \u00abteolog\u00ed\u00ada escolar\u00bb, se han puesto de relieve cada vez m\u00e1s, sobre todo en los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os, aun cuando esto se deba a motivos de la \u00e9poca (-> acci\u00f3n cat\u00f3lica, emancipaci\u00f3n de los laicos, etc.).<\/p>\n<p>4. La evoluci\u00f3n doctrinal en los textos del magisterio eclesi\u00e1stico<br \/>\na) Doctrina general. El magisterio eclesi\u00e1stico confirm\u00f3 la doctrina teol\u00f3gica en el concilio de Florencia, en el decreto de uni\u00f3n con los armenios (Dz 695, 697, que constituye un resumen del tratado De fide et sacramentis de Tom\u00e1s de Aquino), y en el concilio de Trento (Dz 844, 852, 871ss); el CIC, can. 780-800 ofrece un resumen de dicha doctrina. La c. es uno de los siete sacramentos (Dz 52d, 98, 419, 424, 465, 669, 697, 871).<\/p>\n<p>Como el bautismo y el orden, imprime car\u00e1cter sacramental (Dz 695, 852, 960, 996).<\/p>\n<p>b) El ministro. En oriente, el presb\u00ed\u00adtero es el ministro ordinario desde el s. iv, pero la consagraci\u00f3n del myron sigue reservada al obispo, preferentemente al patriarca. Entre los s. iv y viir hallamos en occidente testimonios de donde se desprende la posibilidad de una delegaci\u00f3n a un presb\u00ed\u00adtero, pero s\u00f3lo en caso de necesidad o por decisi\u00f3n especial (Mansi iv, 1002, ix, 856). La Iglesia de Roma ha considerado al obispo como el ministro ordinario, y prescribi\u00f3 esta pr\u00e1ctica primero para las di\u00f3cesis suburbicarias (Inocencio i: Dz 98; Gregorio i: PL 77, 677, 696; Gelacio i: PL 59, 51), y m\u00e1s tarde para todo el occidente, en parte bajo el influjo de falsas decretales. Esta disciplina se hizo tan com\u00fan (gracias al Decreto de Graciano y a P. Lombardo), que pronto se plante\u00f3 la cuesti\u00f3n de la necesidad de una delegaci\u00f3n pontificia para la licitud y hasta para la validez de una c. administrada por un simple sacerdote. Desde el s. xIII (misiones de Asia) hasta P\u00ed\u00ado xti (ASS 38 [1946], p. 349-358: delegaci\u00f3n del p\u00e1rroco en caso de peligro de muerte), los pont\u00ed\u00adfices romanos han mantenido este privilegio (confirmado por el concilio de Florencia: Dz 573, 697 ). Despu\u00e9s del concilio de Trento los te\u00f3logos llegaron a plantearse la cuesti\u00f3n de si era v\u00e1lida la c. administrada en oriente por un sacerdote. Se la crey\u00f3 inv\u00e1lida, sobre todo para las regiones con relaci\u00f3n a las cuales se supon\u00ed\u00ada que no exist\u00ed\u00ada una delegaci\u00f3n pontificia (Dz 1459, nota 2), como en el caso de los \u00ed\u00adtalo-griegos (Dz 1086, nota 1; Dz 1458). Benedicto xiv reconoci\u00f3 la validez de las c. orientales en los otros pa\u00ed\u00adses de oriente \u00abob tacitum privilegium a Sede Apostolica illis concessum\u00bb (De syn. disquis. vii, 9), cosa admitida hoy generalmente por los te\u00f3logos (cf. p. ej., las discusiones preparatorias al Vaticano r: Mansi 49, 1115, 1127, 1162, 1165), y ratificada ahora por el Vaticano rz (De Oecumenismo n. 16; De Eccl. orient. n. 13). En el mismo decreto se atribuye a los sacerdotes de rito latino la facultad de administrar la c. a los fieles de rito oriental guardando las normas del derecho (De Eccl. orient. n. 14; CIC, can. 872, S 4; SC Orient., decreto de 1-5-1948).<\/p>\n<p>c) El sujeto es todo cristiano bautizado en estado de gracia (CIC can. 786). La cuesti\u00f3n pastoral m\u00e1s discutida es la de la edad en que ha de administrarse la c. No existe uso com\u00fan en la Iglesia universal. El oriente administra el bautismo, la eucarist\u00ed\u00ada y la confirmaci\u00f3n apenas nace el ni\u00f1o, ateni\u00e9ndose con ello a la unidad y estructura del rito de iniciaci\u00f3n. En Espa\u00f1a, Portugal y sus antiguas colonias la c. se administra algunos a\u00f1os despu\u00e9s del bautismo. La edad media la retard\u00f3 a veces hasta los 15 a\u00f1os (Dz 437), uso mantenido despu\u00e9s del concilio de Trento (entre los 7 y los 11 a\u00f1os). Despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n francesa algunos pa\u00ed\u00adses de Europa retrasaron la c. hasta los 12 a\u00f1os; y, a partir del decreto de P\u00ed\u00ado x de 1910 sobre la comuni\u00f3n hacia los 7 a\u00f1os, la unieron con la llamada \u00abcomuni\u00f3n solemne\u00bb. Roma se esfuerza prudentemente, a trav\u00e9s de diversas instrucciones de las congregaciones romanas, por restablecer el antiguo orden de la iniciaci\u00f3n y poner la c. hacia los 7 a\u00f1os (CIC c. 788). Se trata \u00fanicamente de una cuesti\u00f3n de pastoral lit\u00fargico y sacramental. Sin g\u00e9nero de duda es importante restaurar el orden de la iniciaci\u00f3n, y, sobre todo, reservar a la eucarist\u00ed\u00ada la consumaci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n en la unidad del pueblo de Dios en torno a su Se\u00f1or. Pero es tambi\u00e9n cierto que en algunos pa\u00ed\u00adses existen razones graves de pastoral para retardar la c. hasta el principio de la edad adulta. El Vaticano ri se abstuvo prudentemente de dar una ley general.<\/p>\n<p>d) El signo sacramental. Para la unci\u00f3n, la Iglesia occidental emplea el santo crisma, que se compone de aceite de olivas y b\u00e1lsamo (Dz 419, 450, 697, 872, 1458); en cambio, la Iglesia oriental mezcla a veces en el myron hasta 40 substancias arom\u00e1ticas. El santo crisma es consagrado, \u00fanicamente por el obispo (Dz 93, 98, 450, 571, 697, 1088). Anteriormente hemos visto la evoluci\u00f3n de los ritos de la imposici\u00f3n de manos (Dz 424, 1963) y de la unci\u00f3n (Dz 419, 450, 697 ), as\u00ed\u00ad como de las palabras sacramentales en oriente y en occidente.<\/p>\n<p>e) Car\u00e1cter y gracia peculiar de la confirmaci\u00f3n. El magisterio eclesi\u00e1stico no ha querido precisar la doctrina sobre el car\u00e1cter. Respecto de la gracia, ha seguido las fluctuaciones doctrinales de los te\u00f3logos. La c. da el Esp\u00ed\u00adritu (Dz 98, 450), es un nuevo pentecost\u00e9s (Dz 697) y perfecciona el bautismo (Dz 52d, 695). En la edad media el magisterio acentu\u00f3 m\u00e1s que nada el aumento de la gracia y la gratia ad robur (Dz 419, 695) para confesar la fe (Dz 697). Cabe concluir que el magisterio deja ancho espacio a los te\u00f3logos en la interpretaci\u00f3n especulativa de la esencia de este sacramento.<\/p>\n<p>III. Teolog\u00ed\u00ada de la confirmaci\u00f3n<br \/>\n1. Las dimensiones salv\u00ed\u00adf\u00ed\u00adcas de la c.<\/p>\n<p>Ya hemos subrayado los aspectos fundamentales de la c. Es el \u00abdon del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, y, por ello, un nuevo pentecost\u00e9s. Como sacramento de la consagraci\u00f3n en la iniciaci\u00f3n cristiana, acaba el bautimo y prepara normalmente para la plena comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica en la -> eucarist\u00ed\u00ada. Toda teolog\u00ed\u00ada de la c. debe esclarecer y fundamentar estos tres elementos constitutivos.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu se revel\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo al constituir en pentecost\u00e9s la Iglesia primitiva, la cual es esencialmente \u00abIglesia del principio\u00bb y, por eso, imagen ejemplar para el futuro. En la experiencia de pentecost\u00e9s el Esp\u00ed\u00adritu manifest\u00f3 la naturaleza de su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, como \u00abpromesa del Padre\u00bb y \u00abdon del Cristo muerto y resucitado\u00bb, y con ello dio a conocer impl\u00ed\u00adcitamente la peculiaridad intratrinitaria de su persona. En efecto, una persona divina no puede manifestarse en su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica sin mostrar en cierto modo su fisonom\u00ed\u00ada propia en el misterio de la Trinidad. Al revelar en su obra lo que ella es \u00abpara nosotros\u00bb, no puede menos de dejar entrever lo que es \u00aben s\u00ed\u00ad\u00bb y \u00abpara s\u00ed\u00ad\u00bb. Si anteriormente los te\u00f3logos hablaron con excesiva precisi\u00f3n sobre el \u00aben s\u00ed\u00ad\u00bb de las personas divinas, hoy caemos en la tentaci\u00f3n de considerar \u00fanicamente su \u00abpara nosotros\u00bb. Ambos aspectos guardan entre s\u00ed\u00ad una dial\u00e9ctica que debe mantenerse plenamente.<\/p>\n<p>En la Iglesia apost\u00f3lica el Esp\u00ed\u00adritu Santo no posee una obra que le sea exclusivamente propia, \u00e9l consuma la obra del Padre en Cristo. Pero \u00bfcu\u00e1les son las dimensiones de esta consumaci\u00f3n? La primera es sacarnos fuera de nosotros mismos en el testimonio, uno de los aspectos mejor conservados en la tradici\u00f3n teol\u00f3gica. Esta fuerza de testimonio va m\u00e1s all\u00e1 de las t\u00e9cnicas de apostolado, gobierno y organizaci\u00f3n. Lleva consigo toda la amplitud de aquel acontecimiento (consuelo, paz, persuasi\u00f3n, amor, etc.) que libera a la persona humana para su propia esencia y para una profunda solidaridad con los dem\u00e1s. Estas relaciones interpersonales quedan purificadas, intensificadas y, a la vez, completamente renovadas (dial\u00e9ctica entre lo natural y lo sobrenatural) por el impulso del Esp\u00ed\u00adritu que nos une a todos en su \u00bb comunidad\u00bb. Pero esa dimensi\u00f3n \u00abpara los dem\u00e1s\u00bb es dial\u00e9cticamente inseparable de nuestro \u00aben s\u00ed\u00ad\u00bb. El Esp\u00ed\u00adritu nos lleva, pues, al interior de nosotros mismos. El perfecciona nuestra participaci\u00f3n en la existencia del Hijo y nos dirige as\u00ed\u00ad al Padre, fuente transcendente e inmanente de vida divina y de salvaci\u00f3n. Por la gracia el \u00aben s\u00ed\u00ad\u00bb y \u00abpara s\u00ed\u00ad\u00bb de cada uno se encuentra realmente \u00aben Dios\u00bb, fuente interior que vivifica continuamente el misterio de nuestra persona y de su comunidad con los otros. En suma, la gracia del Esp\u00ed\u00adritu consiste en una interiorizaci\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda y en una exteriorizaci\u00f3n a trav\u00e9s del testimonio y de la profec\u00ed\u00ada, dos aspectos por los que se realiza nuestra participaci\u00f3n en la existencia de Cristo y nuestro encuentro con el Padre. As\u00ed\u00ad descubrimos c\u00f3mo la c. consuma el bautismo. El bautismo en efecto nos une a Cristo, comunic\u00e1ndonos la gracia fundamental de ser \u00ablos siervos en el Siervo y los hijos adoptivos en el Hijo\u00bb. La c. realiza y perfecciona este acto salv\u00ed\u00adfico en la dial\u00e9ctica de la uni\u00f3n m\u00ed\u00adstica y del testimonio.<\/p>\n<p>En el plano de la historia de la salvaci\u00f3n, el bautismo hace operantes para nosotros la muerte y la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, y la c. nos comunica la gracia de Pentecost\u00e9s. En el fondo, la necesidad de la c. estriba en la necesidad de la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo en relaci\u00f3n con la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo. En otros t\u00e9rminos, las relaciones entre el bautismo y la confirmaci\u00f3n derivan de las relaciones entre resurrecci\u00f3n y pentecost\u00e9s en el plano de la historia de la salvaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, el bautismo y la c. son verdaderamente misterios y actos salv\u00ed\u00adficos de Dios, manifestados y realizados sacramentalmente en la Iglesia, y hechos operantes con relaci\u00f3n a una determinada persona, la cual queda incorporada con ello a la comunidad del pueblo de Dios. Por eso se los puede llamar sacramentos constitutivos, ya que por la consagraci\u00f3n y la misi\u00f3n \u00abconstituyen\u00bb a un hombre en miembro de la comunidad salv\u00ed\u00adfica, formada por Cristo y su Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad se inserta la doctrina sobre el car\u00e1cter sacramental. Acerca de este punto existen diversas sentencias entre los te\u00f3logos. La doctrina tomista de la ordinatio ad cultum conserva su valor. Se ha olvidado que el car\u00e1cter (sacramentum et res) pose\u00ed\u00ada primitivamente como \u00absigno\u00bb un aspecto visible. Tal vez se han exagerado sus estructuras ontol\u00f3gicas. Nosotros preferimos devolver al car\u00e1cter sacramental su antiguo aspecto de signo. Existencialmente el car\u00e1cter se funda en la fidelidad divina (raz\u00f3n fundamental de que el sacramento no pueda repetirse), manifestada visiblemente y atestiguada a la vez por la Iglesia en el acto sacramental. En el hombre, este car\u00e1cter implica tres dimensiones en un orden de interioridad creciente: en el plano de la Iglesia visible, un complejo de derechos y deberes; en el plano de la Iglesia sacerdotal (la idea de culto), una misi\u00f3n determinada por la que se participa de la misi\u00f3n sacerdotal de Cristo; y en el plano de la Iglesia espiritual, una consagraci\u00f3n a Dios. Estos tres aspectos est\u00e1n ligados unos a otros y finalmente a la gracia sacramental por la dial\u00e9ctica del s\u00ed\u00admbolo y su realizaci\u00f3n (sacramentum et res). As\u00ed\u00ad la c. nos concede ante todo la plenitud de derechos de un miembro de la Iglesia. Este estado jur\u00ed\u00addico significa y realiza una misi\u00f3n real por la que se participa del sacerdocio de Cristo (sacerdocio real de los fieles). Esa misi\u00f3n significa y realiza una consagraci\u00f3n (la uni\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu). Y la consagraci\u00f3n significa y realiza nuestra santificaci\u00f3n por la gracia del Esp\u00ed\u00adritu. Sobre todo bajo este aspecto ser\u00ed\u00ada funesto separar totalmente la c. del bautismo. Los dos juntos forman la totalidad de nuestra iniciaci\u00f3n cristiana en la \u00fanica salvaci\u00f3n \u00aben Cristo\u00bb y \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb operada por el Padre.<\/p>\n<p>2. Comparaci\u00f3n con las opiniones teol\u00f3gicas conocidas<br \/>\nLa tradici\u00f3n teol\u00f3gica ha mantenido esta verdad, aunque a menudo en una formulaci\u00f3n demasiado estrecha y \u00abcosista\u00bb. En el contexto m\u00e1s amplio de una sana teolog\u00ed\u00ada \u00abdel don del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, comprendemos mejor c\u00f3mo la c. puede \u00abaumentar\u00bb la gracia del bautismo y conferirnos una gratia ad robur in protestatione fidei. Algunos definen la c. como el sacramento de la madurez cristiana. Esta definici\u00f3n es v\u00e1lida si no la entendemos en un sentido inconscientemente biol\u00f3gico o psicol\u00f3gico, sino dogm\u00e1tico, como plenitud cristiana en el Esp\u00ed\u00adritu. En el mismo orden de ideas comprendemos la importancia de la c. para la emancipaci\u00f3n espiritual de los laicos. La c., en efecto, perfecciona la consagraci\u00f3n del bautizado para el sacerdocio real de los fieles. Y es igualmente importante para los sacerdotes y obispos, que siguen siendo esencialmente \u00abfieles\u00bb. Pues el orden no es un sacramento constitutivo como el bautismo y la c., sino que \u00e9l confiere a determinados fieles dentro del pueblo de Dios una consagraci\u00f3n y misi\u00f3n funcional con autoridad prof\u00e9tica y santificaci\u00f3n ministerial. Un sacerdote no queda \u00abconstituido\u00bb en un estado superior al de los fieles, sino que est\u00e1 ordenado para el servicio de la comunidad y de Cristo.<\/p>\n<p>Piet Fransen<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La confirmaci\u00f3n es uno de los siete sacramentos de la Iglesia Cat\u00f3lica Romana y de la Iglesia Oriental u Ortodoxa. La iglesia de Roma ense\u00f1a que la confirmaci\u00f3n fue instituida por Cristo, a trav\u00e9s de sus disc\u00edpulos, para la iglesia. Su historia es algo incierta y s\u00f3lo fue recibida gradualmente como un sacramento. Pedro Lombardo le dio un status sacramental en el siglo XII y tambi\u00e9n Tom\u00e1s de Aquino en el XIII; finalmente, el Concilio de Trento defini\u00f3 su situaci\u00f3n en el siglo XVI. Siendo uno de los dos sacramentos administrados por un obispo en la Iglesia Cat\u00f3lica Romana, su prop\u00f3sito es hacer de aquellos que han sido bautizados en la fe, valientes soldados de Jesucristo. Se administra a los ni\u00f1os despu\u00e9s que ellos reciben su primera comuni\u00f3n, generalmente alrededor de los doce a\u00f1os. Tom\u00e1s de Aquino escribi\u00f3 acerca de esto:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abla confirmaci\u00f3n es al bautismo, lo que el crecimiento es a la generaci\u00f3n\u00bb. Se administra de acuerdo a la siguiente f\u00f3rmula: \u00abYo te signo con el signo de la cruz y te confirmo con el ungimiento de salvaci\u00f3n\u00bb. Ya que confiere un car\u00e1cter indeleble al que lo recibe, se administra solamente una vez. Seg\u00fan la teolog\u00eda cat\u00f3lica romana, la gracia santificadora consistente en los siete dones del Esp\u00edritu Santo se confiere al receptor de este sacramento. En la iglesia luterana la confirmaci\u00f3n es un rito antes que un sacramento, y el receptor la ofrece como una confirmaci\u00f3n en su propio coraz\u00f3n de los votos bautismales que sus padres asumieron en su representaci\u00f3n. Se administra a los trece o catorce a\u00f1os de edad, y da acceso al receptor a la comuni\u00f3n. En la Iglesia Episcopal es un rito sacramental que complementa al bautismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">H.J.D. Denzinger, <em>Sources of Catholic Dogma<\/em>; G.W. Bromiley, <em>Sacramental Teaching and Practice in the Reformation Churches<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gregg Singer<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (117). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>1. La voz gr. <\/span><span style=''>bebai&#333;sis<\/span><span lang=ES style=''> (Fil. 1.7; He. 6.16) se traduce as\u00ed y significa \u201cun hacer firme\u201d y \u201cuna ratificaci\u00f3n v\u00e1lida\u201d, respectivamente. En el AT siete ra\u00edces heb. se traducen \u201cafirmar\u201d, \u201creafirmar\u201d, y \u201cconfirmar\u201d (p. ej. Is. 35.3; Est. 9.32). En el NT se emplean cuatro verbos gr. en forma similar. 1. <\/span><span style=' '>bebaioun<\/span><span lang=ES style=' '>; p. ej. Ro. 15.8, \u201cconfirmar las promesas\u201d. 2. <\/span><span style=''>kyroun<\/span><span lang=ES style=''>, que se usa en relaci\u00f3n con un parto (G\u00e1. 3.15, \u201cratificado\u201d), y una actitud personal (2 Co. 2.8, \u201cconfirmar el amor\u201d; <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0ba<\/span><span lang=ES style=''> \u201creafirmar el amor\u201d). 3. <\/span><span style=''>mesiteuein<\/span><span lang=ES style=''>, p. ej. He. 6.17 (<\/span><etiqueta id=\"#_ftn770\" name=\"_ftnref770\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0lpd<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=' '>, \u201cconfirmar\u201d; <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> \u201cinterponer juramento\u201d), donde el significado es que una promesa est\u00e1 garantizada porque Dios est\u00e1 actuando como mediador (cf. <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vp<\/span><span lang=ES style=''>). 4. <\/span><span style=''>epist&#275;rizein<\/span><span lang=ES style=''> es el t\u00e9rmino que Lucas emplea en Hch. para el efecto fortalecedor que producen las misiones apost\u00f3licas en los dem\u00e1s creyentes (11.2, texto occidental), en el \u00e1nimo de los disc\u00edpulos (14.22, en \u201clas almas\u201d de los disc\u00edpulos, <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><span lang=ES style=' '>), en las iglesias (15.41) y en los hermanos (15.32).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>2. El rito eclesi\u00e1stico conocido como \u201cconfirmaci\u00f3n\u201d o \u201cimposici\u00f3n de manos\u201d, no reconoce su origen en estos vv., en los que Lucas habla solamente del efecto de consolidaci\u00f3n de la fe que deriva de la presencia y la predicaci\u00f3n apost\u00f3licas, sino presumiblemente en pasajes como Hch. 8.14\u201317; 19.1\u20136, en los que la imposici\u00f3n de manos precede al espectacular descenso del Esp\u00edritu Santo sobre personas reci\u00e9n bautizadas. Dos observaciones pueden hacerse. En primer lugar, en estos vv. de Hch. el don del Esp\u00edritu Santo est\u00e1 asociado principalmente con el bautismo, no con un rito posterior e independiente de \u201cimposici\u00f3n de manos\u201d (cf. He. 6.2). En segundo lugar, el libro de Hch. no muestra una secuencia constante. As\u00ed, la imposici\u00f3n de manos puede preceder al bautismo, y puede realizarla alguien que no sea ap\u00f3stol (Hch. 9.17ss); en Hch. 6.6; 13.3 va asociada, no con el bautismo, sino con tareas especiales que deben realizarse (cf. Nm. 27.18, 20, 23) en relaci\u00f3n con la actividad misionera de la iglesia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> G. Singer, \u201cConfirmaci\u00f3n\u201d, <i>\u00b0DT<\/i>, pp. 115\u2013116; P. Fransen, \u201cConfirmaci\u00f3n\u201d, <i>Sacramentum mundi<\/i>, 1972, t(t). I, pp. 912\u2013925; J. Feiner y M. Lohrer, \u201cEl sacramento de la confirmaci\u00f3n y el desarrollo cristiano\u201d, <i>Mysterium salutis<\/i>, 1984, t(t). V, pp. 278\u2013298.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>G. W. H. Lampe, The Seal of the Spirit, 1951; H. Sch\u00f6nweiss et <etiqueta id=\"#_ftn771\" name=\"_ftnref771\" title=\"\">al., <\/etiqueta><i>NIDNTT<\/i> 1, pp, 658\u2013664; H. Schlier, <etiqueta id=\"#_ftn772\" name=\"_ftnref772\" title=\"\"><i>TDNT<\/i><\/etiqueta> 1, pp. 600\u2013603; sobre el rito de \u201cconfirmaci\u00f3n\u201d, v\u00e9ase <etiqueta id=\"#_ftn773\" name=\"_ftnref773\" title=\"\"><i>ODCC.<\/i><\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn774\" name=\"_ftnref774\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>M.R.W.F.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rth 4:7 para la c de cualquier negocio, el uno Heb 6:16 el fin de toda .. es el juramento para c Uno de los 7 Sacramentos de la Iglesia, en el que se recibe de forma especial el Esp\u00ed\u00adritu Santo, para ser testigo de Cristo, soldado del Senor, como en Hch.2, 8:14-20, 10:44-48, 19:1-7. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/confirmacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCONFIRMACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-7945","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7945","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7945"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7945\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7945"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7945"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7945"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}