{"id":7949,"date":"2016-02-05T04:14:53","date_gmt":"2016-02-05T09:14:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/consejos-evangelicos\/"},"modified":"2016-02-05T04:14:53","modified_gmt":"2016-02-05T09:14:53","slug":"consejos-evangelicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/consejos-evangelicos\/","title":{"rendered":"CONSEJOS EVANGELICOS"},"content":{"rendered":"<p>Son tres.<\/p>\n<p> &#8211; Pobreza: Mar 10:21, Mat 8:20.<\/p>\n<p> &#8211; Castidad: Mat 19:12, Mat 5:27-28, 1Co 7:8, 1Co 7:38.<\/p>\n<p> &#8211; Obediencia: Fue la vida de Jes\u00fas sobre la tierra, \u00c2\u00a1y la de Mar\u00ed\u00ada! Fil. 2:Flp 8:11, Jua 4:34, Jua 5:20, Luc 1:38, Luc 1:48.<\/p>\n<p> Millones de personas han vivido y siguen viviendo con votos de pobreza, castidad y obediencia, entregados por entero al Senor, como Jos\u00e9 y Mar\u00ed\u00ada. Hoy d\u00ed\u00ada hay m\u00e1s de un mill\u00f3n y medio en la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Seguimiento y radicalismo evang\u00e9lico<\/p>\n<p>\tEl seguimiento evang\u00e9lico es una llamada para todos los cristianos. En esa llamada encontramos exigencias ineludibles y tambi\u00e9n invitaciones a un mayor radicalismo, al estilo de la misma vida de Jes\u00fas, que fue virgen, radicalmente pobre y obediente. Se llaman \u00abconsejos\u00bb a estas invitaciones al radicalismo evang\u00e9lico, que no son obligatorias para todo cristiano, aunque todos pueden sentirse invitados. La expresi\u00f3n \u00abconsejo\u00bb y su contenido, se encuentra en la doctrina de San Pablo sobre la virginidad (1Cor 7,25).<\/p>\n<p>\tResumidos en tres pobreza, obediencia y castidad<\/p>\n<p>\tOrdinariamente los consejos evang\u00e9licos se han resumido en tres (pobreza, obediencia y castidad o virginidad), aunque siempre quedan aspectos que van m\u00e1s all\u00e1 de esta trilog\u00ed\u00ada humildad, sacrificio, vida comunitaria, campos peculiares de misi\u00f3n, etc.. Las tendencias principales del coraz\u00f3n humano (poseer, autorealizarse, afectividad) se ordenan seg\u00fan la caridad (cfr. Santo Tom\u00e1s, I-II, 108, a.4), escogiendo un camino de mayor radicalismo en la vida pr\u00e1ctica, como \u00absigno y est\u00ed\u00admulo de la caridad\u00bb (LG 42).<\/p>\n<p>\tEsp\u00ed\u00adritu, pr\u00e1ctica, profesi\u00f3n<\/p>\n<p>\tPropiamente todos los cristianos son llamados al esp\u00ed\u00adritu de estos \u00abconsejos\u00bb (como actitud interna fundamental que siempre pasa a cierta pr\u00e1ctica), puesto que todos son llamados a \u00abamar con todo el coraz\u00f3n\u00bb. Pero la pr\u00e1ctica permanente, externa y tal vez profesada con unos compromisos ante la comunidad (por ejemplo, los \u00abvotos\u00bb), siendo una gran ayuda para el esp\u00ed\u00adritu de los consejos, es s\u00f3lo objetivo de una llamada o vocaci\u00f3n especial (cfr. VC 16, 20-21, 88-92).<\/p>\n<p>\tLa expresi\u00f3n \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb es frecuente en los documentos del Vaticano II y en el postconcilio (cfr. LG 42). Cuando se trata de la vida religiosa o \u00abconsagrada\u00bb, entonces se a\u00f1ade \u00abprofesi\u00f3n\u00bb de los consejos evang\u00e9licos (cfr. LG 43-44; RD 9-13; VC 16,20-22). La pr\u00e1ctica permanente (no necesariamente la profesi\u00f3n por medio de los votos, etc.) corresponde tambi\u00e9n a los sacerdotes ministros como signos del Buen Pastor y de su caridad pastoral, y part\u00ed\u00adcipes de la \u00abvida apost\u00f3lica\u00bb de los Ap\u00f3stoles (cfr. PDV 27-30).<\/p>\n<p>\tPara mayor disponibilidad espiritual y misionera<\/p>\n<p>\tCada uno de los consejos evang\u00e9licos, especialmente en su pr\u00e1ctica y profesi\u00f3n, favorece la disponibilidad y generosidad en el campo de la santificaci\u00f3n, de la contemplaci\u00f3n y de la evangelizaci\u00f3n. Cada uno de ellos (especialmente la virginidad, pobreza y obediencia) contiene una eficacia especial en relaci\u00f3n con un \u00abcoraz\u00f3n indiviso\u00bb (cfr. 1Cor 7,32-34; PO 16) para hacer realidad la maternidad y misionariedad eclesial (cfr. RMi 70).<\/p>\n<p>Referencias Caridad pastoral, castidad, obediencia, pobreza, seguimiento evang\u00e9lico, vida apost\u00f3lica, vida consagrada, votos.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 42-43, 46; PC 12-14; PO 15-17; PDV 27-30; VC 16, 20-21, 88-92; CEC 915-916, 1973-1974, 2103.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada R. CARPENTER, Consejos evang\u00e9licos, en Sacramentum Mundi (Barcelona, Herder, 1972ss) I, 950-955; A. COLORADO, Los consejos evang\u00e9licos a la luz de la teolog\u00ed\u00ada actual (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1965); P. FERNANDEZ, A. BANDERA, S.M\u00c2\u00aa ALONSO, Consejos evang\u00e9licos, en Diccionario Teol\u00f3gico de la Vida Consagrada (Madrid, Pub. Claretianas, 1989) 396-444; J.L. ILLANES, Consejos evang\u00e9licos, en Gran Enciclopedia Rialp (Madrid, Rialp, 1979), VI, 292-297; T. MATURA, El radicalismo evang\u00e9lico (Madrid, Pub. Claretianas, 1980); A. MORTA, Los consejos evang\u00e9licos (Madrid, Coculsa, 1968); K. RAHNER, Sobre los consejos evang\u00e9licos, en Estudios de Teolog\u00ed\u00ada (Madrid, Taurus, 1967) VII, 435-468; J.M.R. TILLARD, S. DE FIORES, Consejos evang\u00e9licos, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991) 307-327.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Esta expresi\u00f3n se refiere a la doble concepci\u00f3n de quienes siguen al Se\u00f1or a trav\u00e9s de los \u00abmandamientos\u00bb y los que intentan alcanzar la perfecci\u00f3n del seguimiento a trav\u00e9s de unas normas de vida particulares. El Vaticano II subray\u00f3 que \u00abla santidad de la Iglesia se fomenta tambi\u00e9n de una manera especial en los m\u00faltiples consejos que el Se\u00f1or propone en el Evangelio para que los observen sus disc\u00ed\u00adpulos\u00bb (LG 42).<\/p>\n<p>Este texto parece extender los consejos evang\u00e9licos m\u00e1s all\u00e1 de la tr\u00ed\u00adada mon\u00e1stica, abierta a todos los cristianos como sendero y como medio eficaz del mismo seguimiento de Cristo.<\/p>\n<p> En la tradici\u00f3n evang\u00e9lica no existe  m\u00e1s que un solo camino hacia la perfecci\u00f3n, que coincide con el ser cristiano, tanto en el sentido de Pablo como en el de Mateo (1 Cor 2,6; 3,1-2; Mt 19,21). Algunas reducciones teol\u00f3gicas, que localizaron en el celibato\/virginidad lo proprium de la vida seg\u00fan los consejos evang\u00e9licos, no parecen encontrar ning\u00fan fundamento s\u00f3lido en los textos. El mismo \u00abconsejo\u00bb del celibato por el Reino no parece ser que se propusiera en el contexto de una vida estable o comunitaria, regulado por los votos, dado que este aspecto de la vida religiosa necesita algunas mediaciones hist\u00f3ricas en el contexto eclesial que explicita sus modos y motivaciones.<\/p>\n<p>Una lectura \u00bb sapiencial\u00bb de los consejos evang\u00e9licos vuelve a plantear el tema de la vocaci\u00f3n cristiana a la santidad, que puede experimentarse en diversas formas y en diferentes experiencias hist\u00f3ricas, entre las cuales la vida religiosa cl\u00e1sica representa un momento significativo, pero que no hay que absolutizar.<br \/>\nG. Bove<\/p>\n<p>  Bibl.: J M. R. Tillard, El proyecto de vida de  los religiosos, Madrid 1974; 5. Alonso, La vida consagrada, Madrid 1974; A, Paoli, Buscando la libertad. Castidad, obediencia, pobreza, Sal Terrae, Santander 1981; 5. de Fiores, Consejos evang\u00e9licos, en NDE, 234249.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Los consejos evang\u00e9licos y el dato b\u00ed\u00adblico: 1. La llamada de todos los cristianos a la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica: a) El contenido del serm\u00f3n de la monta\u00f1a, b) La visi\u00f3n paulina del ser-cristiano; 2. La per\u00ed\u00adcopa del joven rico y la respuesta de Cristo; 3. Los \u00abconsejos\u00bb evang\u00e9licos de pobreza y de obediencia: a) \u00bfSe habla en otros textos del NT de un \u00abconsejo\u00bb de pobreza?, b) \u00bfSe encuentra en el NT la afirmaci\u00f3n de un \u00abconsejo\u00bb de obediencia?; 4. El \u00abconsejo\u00bb del \u00abcelibato por el reino de los cielos\u00bb: a) La ense\u00f1anza de Pablo sobre las ventajas de la \u00abvirginidad\u00bb, b) La per\u00ed\u00adcopa de Mt (19,10-12) sobre los \u00abeunucos por el reino de los cielos\u00bb; 5. El fundamento b\u00ed\u00adblico de la llamada vida \u00abseg\u00fan los consejos\u00bb: a) Una cierta invitaci\u00f3n al radicalismo, b) Algunos modelos evang\u00e9licos, c) Un modo limitado de vivir la vocaci\u00f3n cristiana &#8211; II. Los consejos evang\u00e9licos en la vida cristiana: 1. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica posconciliar; 2. Recuperaci\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos en la perspectiva sapiencial: a) En la escuela del Maestro de sabidur\u00ed\u00ada, b) Finalidad y significado de los consejos evang\u00e9licos, c) El don sapiencial del consejo.<\/p>\n<p>Mencionar los \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb y referirse a la vida religiosa es todav\u00ed\u00ada para muchos cristianos algo espont\u00e1neo y que se da por supuesto. Esta asociaci\u00f3n se basa en la hip\u00f3tesis de que existen dos v\u00ed\u00adas para entrar en el reino de los cielos: la com\u00fan, que consiste en practicar los mandamientos y es suficiente para la salvaci\u00f3n, y la especial, reservada a cuantos se consagran a vivir los consejos evang\u00e9licos para conseguir la perfecci\u00f3n. Contra esta tendencia, que oscurece la vocaci\u00f3n universal de los fieles a la santidad [Santo], introduce clases privilegiadas en la Iglesia y condena a los laicos [&#8230;'\u00bbLaico] a ser cristianos en sentido limitado, el Vat. II afirma: \u00abLa santidad de la Iglesia se fomenta tambi\u00e9n de manera especial con los m\u00faltiples consejos que el Se\u00f1or propone en el Evangelio para que los observen sus disc\u00ed\u00adpulos\u00bb (LG 42). Este texto conciliar pone en claro la extensi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, los cuales son m\u00e1s numerosos que el cl\u00e1sico tr\u00ed\u00ado establecido por los te\u00f3logos y cuya pr\u00e1ctica no es monopolio de una categor\u00ed\u00ada, sino que se ofrece a todos los cristianos como medio eficaz de perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Siguiendo la estela del Vat. II, hay que profundizar la reflexi\u00f3n sobre este tema, no s\u00f3lo para apurar los fundamentos b\u00ed\u00adblicos de la vida religiosa, presentada tradicionalmente como vida \u00abseg\u00fan los consejos\u00bb, sino tambi\u00e9n para comprender la funci\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos en el complejo din\u00e1mico de la existencia cristiana. De ah\u00ed\u00ad surgir\u00e1 una visi\u00f3n m\u00e1s amplia de la santidad de la Iglesia en un contexto en el que se complementan los dones y las llamadas del Esp\u00ed\u00adritu para hacer a todo hombre perfecto en Jesucristo (cf 1 Cor 7,7; Col 1,28).<\/p>\n<p>[La primera parte de la voz presente reproduce sustancialmente, por amable concesi\u00f3n del autor y de los encargados de la obra, el \u00faltimo p\u00e1rrafo (IV: \u00abLa doctrina tradicional de los `consejos&#8217; y el dato evang\u00e9lico\u00bb, 1670-1685) del amplio art\u00ed\u00adculo de J.-M. R. Tillard, Consigli evangelici, contenido en el vol. II del Dizionario degli istituti di perfezione, dir. por G. Pelliccia y G. Rocca (Ed. Paoline, Roma 1975, 1630-1685)].<\/p>\n<p>I. Los consejos evang\u00e9licos y el dato b\u00ed\u00adblico<br \/>\n\u00bfLa doctrina cl\u00e1sica de \u00ablos consejos evang\u00e9licos\u00bb brota inmediata y expl\u00ed\u00adcitamente del Evangelio o es quiz\u00e1 m\u00e1s bien fruto de una visi\u00f3n \u00abteol\u00f3gica\u00bb de los elementos b\u00ed\u00adblicos, puesto que no se extrae de una interpretaci\u00f3n literal de los mismos, sino de la comprensi\u00f3n global del hecho cristiano? \u00bfY no podr\u00ed\u00ada deducirse al t\u00e9rmino de una lectura sucesiva?<br \/>\n1. LA LLAMADA DE TODOS LOS CRISTIANOS A LA PERFECCI\u00ed\u201cN EVANGELICA &#8211; Un primer punto parece hoy definitivamente admitido por todos: para la tradici\u00f3n evang\u00e9lica no existe m\u00e1s que una perfecci\u00f3n; Cristo no establece jerarqu\u00ed\u00adas en el ideal que propone. Es dif\u00ed\u00adcil exponer aqu\u00ed\u00ad sint\u00e9ticamente esta noci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la \u00abperfecci\u00f3n\u00bb; no se deduce s\u00f3lo del estudio de algunos t\u00e9rminos (teleios, teleiotes), sino que nos llega con matices muy importantes, de todo un complejo de vocablos (por ejemplo: dikaios, alethinos, osios, am\u00f3mos, etc.). Presentaremos, pues, los elementos apropiados para esclarecer directamente la cuesti\u00f3n de los \u00abconsejos\u00bb.<\/p>\n<p>a) El contenido del serm\u00f3n de la monta\u00f1a. Al referir las palabras de Jes\u00fas, Mateo quiere mostrar que Cristo rechaza una ruptura con las exigencias morales de la antigua alianza, completada por la nueva (cf Mt 5,18-19), y exige un grado de perfecci\u00f3n superior al de la ley jud\u00ed\u00ada. Las ant\u00ed\u00adtesis del serm\u00f3n de la monta\u00f1a demuestran la insuficiencia de las exigencias mosaicas para quien realmente desea ser disc\u00ed\u00adpulo de Cristo. La ley debe dejar sitio a un ideal m\u00e1s riguroso: el que mira a la interioridad misma del coraz\u00f3n, y no ya s\u00f3lo a los comportamientos exteriores (v\u00e9ase esto en la gran perspectiva de los famosos textos de Jer 31,31ss sobre la alianza interior). A este respecto no tiene raz\u00f3n de ser la distinci\u00f3n entre \u00abpreceptos\u00bb, que estar\u00ed\u00adan impuestos, y \u00abconsejos\u00bb, que serian sugeridos; se trata de un dinamismo que es propio de la misma vida nueva.<\/p>\n<p>Estas palabras evang\u00e9licas son muy exigentes. \u00bfC\u00f3mo comprender semejante exigencia? Ante todo, hay que tener en cuenta la caracter\u00ed\u00adstica del estilo arameo, que utiliza la hip\u00e9rbole y la paradoja; en ese estilo se expresa la necesidad de un esfuerzo, de una tendencia al cumplimiento cada vez m\u00e1s perfecto de la voluntad del Padre, y no la mera enumeraci\u00f3n de los art\u00ed\u00adculos de una legislaci\u00f3n que contempla casos particulares. Si nadie puede gloriarse de conseguir realizar \u00ed\u00adntegramente el ideal propuesto, nadie puede negarse a vivir cotidianamente en una tendencia realista y total hacia ese cumplimiento; se trata de una obligaci\u00f3n com\u00fan a todo disc\u00ed\u00adpulo de Cristo. Esto significa que el Evangelio exige de todos una respuesta radical y que a todos se ofrece la garant\u00ed\u00ada de la gracia divina para lograr un cumplimiento cada vez m\u00e1s cabal de este ideal mediante un esfuerzo incesante de superaci\u00f3n; la \u00abperfecci\u00f3n\u00bb es la misma vida cristiana tal como la expone Mt.<\/p>\n<p>b) La visi\u00f3n paulina del ser-cristiano. La misma perspectiva de conjunto se encuentra en Pablo. Si existe oposici\u00f3n entre dos estados, no se trata de la que distingue entre cristianos superiores y cristianos de segunda clase. Dentro de un dinamismo orientado a un fin \u00fanico se distinguen, por una parte, los nepioi, o sea los ni\u00f1os, cuyo crecimiento en Cristo no ha conseguido a\u00fan la plena estatura y que no pueden cesar de tender hacia \u00e9l: por otra, los teleioi, es decir, los adultos que han alcanzado ya un grado apreciable de madurez, pero que, no obstante, deben superarse todav\u00ed\u00ada (cf 1 Cor 2,6; 3,1-2; 13,10-11; 14,20; Col 1,28; Ef 4,13; Flp 3,12-15). Por m\u00e1s arduo que sea el ideal, todos han de intentar alcanzarlo con la gracia del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Pablo subraya luego que, de hecho, este ideal no es nunca realizado y que el cristiano est\u00e1 continuamente tendiendo a un cumplimiento (telei\u00f3sis) de la obra del Esp\u00ed\u00adritu en \u00e9l (cf Flp 3,12-15); por eso se encuentra en posici\u00f3n de marcha hacia, en estado de b\u00fasqueda de la plenitud de la obra de Cristo. Esto define su condici\u00f3n cristiana como tal. No se trata aqu\u00ed\u00ad de una prestaci\u00f3n reservada a una \u00e9lite (en esta perspectiva, cf 1 Cor 6,1-19; Flp 3,1-21); la nueva vida se presenta como alianza de dos caracter\u00ed\u00adsticas inseparables: la de la gracia de Dios, la primera, que no cesa de sostener la pobreza del hombre misteriosamente llamado a convertirse en el Esp\u00ed\u00adritu en \u00abhijo adoptivo\u00bb suyo, y la del hombre, que intenta responder a esta invitaci\u00f3n que le hace el Padre. La vida cristiana, por su misma definici\u00f3n, se presenta, pues, como contenida en el misterio de la \u00abperfecci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>En el par\u00e9ntesis de los cc. 4-6 de Ef, se encuentra explicitada esta ley interior de la exigencia de \u00abmuerte al pecado\u00bb y de \u00abvida para Dios\u00bb, que Rom 6,10-13 presenta como el dinamismo mismo del ser bautismal. Pues bien, el n\u00facleo de estos cap\u00ed\u00adtulos se contiene en las afirmaciones siguientes: \u00abSed, pues, imitadores de Dios, como hijos muy amados. Vivid en el amor, siguiendo el ejemplo de Cristo, que nos am\u00f3 y se entreg\u00f3 por nosotros a Dios en oblaci\u00f3n y sacrificio de agradable olor\u00bb (Ef 5,1-2). El ideal coincide, pues, con las perspectivas que hemos encontrado arriba en Mt: hay que entrar en el dinamismo mismo del misterio de Jes\u00fas, situado a su vez dentro del misterio del amor del Padre. Es sabido que Mt 5,48 habla de \u00abperfecci\u00f3n\u00bb donde Lc 6,36 prefiere hablar de \u00abmisericordia\u00bb (en el significado b\u00ed\u00adblico del t\u00e9rmino hesed).<\/p>\n<p>2. LA PER\u00ed\u008dCOPA DEL JOVEN RICO Y LA RESPUESTA DE CRISTO &#8211; \u00bfCu\u00e1l es, entonces, respecto a este absoluto de la vocaci\u00f3n bautismal, el significado de las palabras de Jes\u00fas al joven rico: \u00abSi quieres ser perfecto (ei theleis teleios einai), anda, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendr\u00e1s un tesoro en los cielos; despu\u00e9s, ven y s\u00ed\u00adgueme\u00bb (Mt 19,21)? Este es el pasaje m\u00e1s frecuentemente citado en apoyo de una doctrina de los \u00abconsejos\u00bb como base de la \u00abvida religiosa\u00bb.<\/p>\n<p>Sobre este punto, la ex\u00e9gesis no es un\u00e1nime. La interpretaci\u00f3n cat\u00f3lica tradicional es impugnada especialmente por S. L\u00e9gasse&#8217;, cuyas conclusiones exponemos aqu\u00ed\u00ad, y hacemos nuestras porque reflejan nuestra interpretaci\u00f3n personal del conjunto de este problema.<\/p>\n<p>El estudio a fondo sobre la identidad, para Mt, del agathon (lo \u00abbueno\u00bb) con el teleion (lo \u00abperfecto\u00bb) lleva a la identificaci\u00f3n del agathon poiein con el teleios einai. Se pueden, pues, leer paralelamente las dos grandes secciones de la per\u00ed\u00adcopa (Mt 19,16-26) despu\u00e9s de recordar que, para Mt, ser perfecto quiere decir observar la ley; pero una ley renovada por dentro e informada por la caridad. Se comprueba entonces que las dos respuestas de Jes\u00fas a las respectivas preguntas del joven rico se superponen (cf Mt 19,17.21). Y esto explica tambi\u00e9n la continuaci\u00f3n del relato: en los vv. 23 y 24, despu\u00e9s de su respuesta relativa a la \u00abperfecci\u00f3n\u00bb, Jes\u00fas habla de nuevo del simple ingreso en el reino de los cielos, lo cual responde a su primera afirmaci\u00f3n sobre lo \u00abbueno\u00bb, y los disc\u00ed\u00adpulos se interrogan a su vez sobre la posibilidad de la salvaci\u00f3n como tal (cf Mt 19,25).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo debe interpretarse entonces la doble fase de la explicaci\u00f3n que pone Mt en labios de Jes\u00fas? El rico ha observado ya lo que el serm\u00f3n de la monta\u00f1a establece como la caracter\u00ed\u00adstica esencial de la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica (cf Mt 5,20.47). En su \u00faltima respuesta, Jes\u00fas anuncia una aplicaci\u00f3n concreta de la perfecci\u00f3n ordenada a la vida eterna; en otros t\u00e9rminos: \u00abObservar los mandamientos quiere decir, para el rico, ser perfecto. A esto se a\u00f1ade, en la segunda proposici\u00f3n, solamente una modalidad de obediencia a la Tor\u00e1 renovada; en otras palabras, de la perfecci\u00f3n&#8217;. En efecto, \u00e9sta exige los sacrificios m\u00e1s resueltos; siempre que la unidad profunda de su ser evang\u00e9lico se encuentre en peligro, el cristiano debe realizar gestos violentos y lacerantes; Mt, en su estilo, habla de la amputaci\u00f3n del miembro que causa el esc\u00e1ndalo (cf Mt 5,29-30;18,8-9). En circunstancias id\u00e9nticas hay que saber desprenderse sin compasi\u00f3n de los bienes propios, lo cual puede imponerse cuando, sin tal renuncia, la entrada en el reino se ver\u00ed\u00ada comprometida; en efecto, hay que hacer cualquier cosa para salvaguardar la unidad del coraz\u00f3n y de la vida. Se trata, por tanto, no de un camino mejor y m\u00e1s seguro, simplemente propuesto a la libertad, sino de la \u00abcondici\u00f3n absoluta de la perfecci\u00f3n obligatoria siempre que la conservaci\u00f3n de los bienes se convierta en un obst\u00e1culo para la salvaci\u00f3n\u00bb\u2020\u00a2. Estamos, pues, en el orden de los medios; pero de aquellos que pueden corresponder a un mandato formal, no a una simple propuesta \u00ab\u00fatil\u00bb; en otros t\u00e9rminos, no se trata s\u00f3lo del bene esse, sino del esse simpliciter. As\u00ed\u00ad lo confirma el significado de la expresi\u00f3n el theleis, \u00absi quieres\u00bb. M\u00e1s que ver ah\u00ed\u00ad la expresi\u00f3n de una libre elecci\u00f3n, hay que entenderla as\u00ed\u00ad: \u00abPara ser perfecto, he aqu\u00ed\u00ad lo que debes hacer\u00bb; exactamente como se ha dicho: \u00abSi quieres entrar en la vida, observa los mandamientos\u00bb, \u00abhe aqu\u00ed\u00ad lo que es preciso hacer\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso resulta dif\u00ed\u00adcil ver en la per\u00ed\u00adcopa del joven rico la propuesta hecha por Jes\u00fas de una \u00abv\u00ed\u00ada\u00bb que conduce a una \u00abperfecci\u00f3n\u00bb mayor; el medio propuesto al joven rico no es un \u00abconsejo\u00bb en el sentido tradicional; se impone a todo cristiano cada vez que lo exige la perfecci\u00f3n querida por el evangelio, y a la cual todos deben comprometerse; no abre, pues, un camino facultativo para tender mejor y m\u00e1s f\u00e1cilmente a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. LOS \u00abCONSEJOS\u00bb EVANGELICOS DE POBREZA Y DE OBEDIENCIA &#8211; a) \u00bfSe habla en otros textos del NT de un \u00abconsejo\u00bb de pobreza? El de Mt 19,16-22 constituye el texto cl\u00e1sico para afirmar el \u00abconsejo\u00bb de pobreza. Hemos visto lo que debe pensarse de \u00e9l. Los textos paralelos, Mc 10,21 y Le 18,22, se presentan como narraciones de un caso concreto, ejemplar, sin duda, pero del cual resulta dif\u00ed\u00adcil deducir por generalizaci\u00f3n una doctrina abstracta del consejo. La misma observaci\u00f3n hay que hacer respecto al gesto de los ap\u00f3stoles, que lo abandonan todo y siguen a Jes\u00fas (cf Mc 10,28 y par.).<\/p>\n<p>b) \u00bfSe encuentra en el NT la afirmaci\u00f3n de un \u00abconsejo\u00bb de obediencia? La obediencia evang\u00e9lica total, impuesta a todo cristiano por marcar una de las grandes l\u00ed\u00adneas estructurales de la vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, no tiene nada que ver con un consejo simplemente propuesto a algunos. La obediencia de Jes\u00fas, profundamente inserta en la intimidad del misterio pascual, se ofrece tambi\u00e9n a todos como origen y modelo a la vez de la obediencia radical exigida por el evangelio. Por lo dem\u00e1s, cuando se habla de un \u00abconsejo\u00bb de obediencia, no se piensa en este tipo gen\u00e9rico; se trata entonces no de la relaci\u00f3n hombre-Dios, sino de la relaci\u00f3n hombre-autoridad humana [>Obediencia].<\/p>\n<p>Es verdad que la S. Escritura habla, a este nivel, de la obediencia c\u00ed\u00advica, dom\u00e9stica, conyugal, filial y eclesi\u00e1stica; pero de tal modo que vale para todo cristiano en las situaciones mencionadas. En ning\u00fan texto, creemos, se hace menci\u00f3n clara y expl\u00ed\u00adcita de una obediencia concebida como sumisi\u00f3n total de la voluntad a un hombre y que se propondr\u00ed\u00ada solamente a algunos, y no ya a todos los creyentes.<\/p>\n<p>4. EL \u00abCONSEJO\u00bb DEL \u00abCELIBATO POR EL REINO DE LOS CIELOS\u00bb &#8211; Desde que se discuti\u00f3 ampliamente en los ambientes cat\u00f3licos el problema del fundamento evang\u00e9lico de los \u00abconsejos\u00bb, muchos han cre\u00ed\u00addo poder sostener que una lectura honesta y seria permitirla encontrar en la S. Escritura al menos un \u00abconsejo\u00bb evang\u00e9lico atestiguado expl\u00ed\u00adcita y directamente: el del \u00abcelibato por el reino de los cielos\u00bb o de la \u00abvirginidad\u00bb. De ah\u00ed\u00ad deducen que \u00e9l seria el \u00fanico elemento propio de la vida religiosa.<\/p>\n<p>a) La ense\u00f1anza de Pablo sobre las ventajas de la \u00abvirginidad\u00bb. El mismo Lutero se sent\u00ed\u00ada sorprendido al leer el t\u00e9rmino consejo (gn\u00f3me) en un texto expl\u00ed\u00adcitamente consagrado a la virginidad (cf 1 Cor 7,25): \u00abAcerca de los que son v\u00ed\u00adrgenes, no tengo precepto (epitage) del Se\u00f1or; pero doy mi consejo (gn\u00f3me) como quien ha obtenido ser fidedigno por la misericordia del Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el binomio gn\u00f3meepitage aparece ya al principio de toda la exposici\u00f3n, pero esta vez en relaci\u00f3n con el matrimonio (cf 1 Cor 7,6).<\/p>\n<p>\u00bfSe trata de \u00abconsejo\u00bb en el sentido que le dar\u00e1 la tradici\u00f3n? Nos parece dif\u00ed\u00adcil dar aqu\u00ed\u00ad un significado similar al t\u00e9rmino \u00abconsejo\u00bb. Pablo se limita a dar su parecer \u00abcomo un cristiano que reflexiona, pero sin referirse a su propia autoridad apost\u00f3lica particular\u00bb y, \u00aba fortiori\u00bb, sin identificar el \u00abconsejo\u00bb dado con un \u00abconsejo del Se\u00f1or\u00bb. Seg\u00fan\u00e9l, el Se\u00f1or no ha dicho nada que pueda constituir ley en el caso que pretende aclarar: ni precepto ni consejo. Al subrayar que se le puede dar cr\u00e9dito, Pablo se arriesga a presentar su propio punto de vista enteramente personal (cf para un cotejo: 1 Cor 7,12).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, es importante situar el uso de este t\u00e9rmino en el contexto de la concepci\u00f3n paulina de los \u00abcarismas\u00bb, ya que ah\u00ed\u00ad es donde aparece el t\u00e9rmino&#8217;. Para Pablo, el carisma no es ni puro ornamento accidental simplemente a\u00f1adido a la realidad de la gracia ni un elemento extr\u00ed\u00adnseco a la comunicaci\u00f3n que hace Dios de s\u00ed\u00ad mismo en el Esp\u00ed\u00adritu; cumple un cometido importante en la realizaci\u00f3n concreta de la Iglesia. \u00bfC\u00f3mo separar concretamente, en el mismo Pablo, por ejemplo, su experiencia de Jesucristo y su \u00abcarisma\u00bb de ap\u00f3stol de los gentiles? No se entiende bien c\u00f3mo, en su Carta a los Corintios, Pablo puede ver en el carisma una simple sugerencia que puede aceptarse o no libremente; la imposibilidad en que se encuentra de dar una respuesta categ\u00f3rica y absoluta para aclarar la situaci\u00f3n con palabras no equivale a afirmar que en tal situaci\u00f3n cada uno es libre de seguir o no la sugerencia recibida del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Cuando dice \u00e9l: \u00abSi no quer\u00e9is vivir en la virginidad, casaos; no es pecado\u00bb, no hay que concluir que \u00e9l sobrentiende: \u00abPuesto que la virginidad es un consejo al que nadie est\u00e1 ligado y que, por tanto, se puede aceptar o rechazar libremente\u00bb. Parece que quiere decir m\u00e1s bien: \u00abEsta imposibilidad de vivir en la virginidad constituye una se\u00f1al de que la persona en cuesti\u00f3n no est\u00e1 llamada a tal estado, porque \u00e9ste no es su carisma\u00bb. Parece, pues, dif\u00ed\u00adcil precisar en qu\u00e9 sentido se puede hablar aqu\u00ed\u00ad de un \u00abconsejo\u00bb evang\u00e9lico en sentido estricto y enlazarlo con el mismo Cristo.<\/p>\n<p>El juicio positivo de Pablo sobre la \u00abvirginidad\u00bb y el no-casarse de nuevo. Pablo coteja las dos categor\u00ed\u00adas de cristianos que hay en Corinto -personas casadas y personas no casadas (c\u00e9libes y v\u00ed\u00adrgenes, viudos y viudas)- y cree que los segundos se encuentran en un estado preferible al de los primeros, si bien el de \u00e9stos es bueno y santificante&#8217;. Pablo da como raz\u00f3n de esta preferencia la indivisi\u00f3n del coraz\u00f3n y de la vida altamente secundada por el celibato.<\/p>\n<p>Para una exacta interpretaci\u00f3n de la perspectiva paulina, hay que destacar dos puntos. Ante todo, cuando recomienda la virginidad como m\u00e1s \u00abexcelente\u00bb, Pablo tiene presente la tensi\u00f3n que existe entre el matrimonio-realidad plenamente integrable en el amor de Dios (cf Ef 5,21-33) y el matrimonio-realidad que busca fatigosamente realizar en concreto esta integraci\u00f3n. El celibato no conoce tensiones por el estilo. Pablo no dice que de por s\u00ed\u00ad el matrimonio fomentarla b\u00e1sicamente la divisi\u00f3n; se limita a comprobar que, en la realidad, no es f\u00e1cil semejante integraci\u00f3n y que se puede llegar al amor de Dios \u00abjunto a\u00bb todo el resto o paralelamente al resto&#8217;. Por lo dem\u00e1s, numerosos exegetas reconocen que Pablo usa el t\u00e9rmino carisma para el estado matrimonial y para el de c\u00e9libe&#8217;. Se aconseja a los c\u00e9libes casarse siempre que Dios no les haya concedido el don de la continencia (cf 1 Cor 7,9), lo cual manifiesta que, para \u00e9l, el estado matrimonial ofrece a algunos -los que no tienen otro \u00abcarisma\u00bb- una condici\u00f3n mejor. No obstante, Pablo, a la luz de la propia experiencia, se siente movido a pensar que, todo bien ponderado, el celibato implica menores peligros de divisiones, al menos para el que es llamado a \u00e9l. Pero es exagerado deducir de ah\u00ed\u00ad que, para \u00e9l, \u00e9ste seria objetivamente un estado superior de perfecci\u00f3n evang\u00e9lica, cuya andadura estar\u00ed\u00ada bien trazada por un \u00abconsejo\u00bb del Se\u00f1or simplemente \u00abpropuesto\u00bb a algunos.<\/p>\n<p>El otro punto que hay que tener en cuenta es el contexto escatol\u00f3gico en que se sit\u00faa este pasaje. La parus\u00ed\u00ada parece pr\u00f3xima, con la gran prueba escatol\u00f3gica que la acompa\u00f1ar\u00e1 (cf 1 Cor 7,26). \u00bfPara qu\u00e9 entonces preocuparse de cambiar la propia condici\u00f3n social? Es mejor aceptar aquella en que cada uno se encuentra en el momento de la conversi\u00f3n (matrimonio o celibato, esclavitud o libertad), ya que tales situaciones experimentar\u00e1n pronto una profunda transformaci\u00f3n. Pablo aconseja anticipar este acontecimiento escatol\u00f3gico usando del mundo como si no se gozase (cf 1 Cor 7,31); esto es sabidur\u00ed\u00ada (semejantes cosas est\u00e1n a punto de desaparecer, y se corre el riesgo de dividir in\u00fatilmente el propio coraz\u00f3n). Los que han recibido el carisma de la continencia aparecen aqu\u00ed\u00ad como los m\u00e1s favorecidos.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro, pues, que Pablo no dice que, en s\u00ed\u00ad, la renuncia al matrimonio constituye la mejor posibilidad de un perfecto amor a Dios, como si el solo hecho de conservar la virginidad pudiese asegurar una superaci\u00f3n en este camino. Por el contrario, subraya la diversidad de los carismas y parece decir que, dada la dificultad que algunos encuentran para vivir la virginidad o la viudez, es preciso ver ah\u00ed\u00ad el signo de una llamada del Se\u00f1or a otro estilo de vida, que pueden adoptar sin peligro. Con todo, descubre en el celibato una condici\u00f3n que, en las circunstancias de un mundo en espera de una parus\u00ed\u00ada cercana y dada la dificultad que experimenta el cristiano casado para realizar la plena integraci\u00f3n en el amor de Dios con el de los hombres, le parece m\u00e1s a prop\u00f3sito para superar la tensi\u00f3n que corre el riesgo de dividir el coraz\u00f3n en un mundo pr\u00f3ximo a desaparecer. Nos parece dif\u00ed\u00adcil deducir m\u00e1s de este texto paulino.<\/p>\n<p>b) La per\u00ed\u00adcopa de Mt (19,10-12) sobre los \u00abeunucos por el reino de los cielos\u00bb. Hoy es el texto m\u00e1s citado como fundamento expl\u00ed\u00adcito del \u00abconsejo\u00bb del \u00abcelibato por el reino\u00bb y como \u00fanico testimonio evidente de una intenci\u00f3n de Cristo respecto a la. vida religiosa. Sin embargo, las conclusiones del an\u00e1lisis exeg\u00e9tico no nos permiten afirmarlo con la misma certeza. La expresi\u00f3n en cuesti\u00f3n la anuncia Jes\u00fas como una comprobaci\u00f3n; no se puede entender m\u00e1s que a la luz del conjunto de los vv. 1-11: en el clima establecido por el di\u00e1logo que precede y por la observaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos, Jes\u00fas registra, aprob\u00e1ndolo e insert\u00e1ndolo en las exigencias del reino, el hecho de que algunos se hayan hecho ellos mismos inh\u00e1biles para el matrimonio \u00abpor el reino de los cielos\u00bb. El t\u00e9rmino eunuco suena aqu\u00ed\u00ad muy extra\u00f1o. Algunos piensan que el eunuco que se hace voluntariamente tal \u00abpor el reino\u00bb es ante todo el marido separado de la mujer (del cual se habla en los vv. precedentes), y que comprende, ante los imperativos del Evangelio, no poder volverse a casar. Esta interpretaci\u00f3n nos parece en profunda armon\u00ed\u00ada con el conjunto del c. 19; adem\u00e1s, salvaguarda la homogeneidad del bloque formado por los vv. 1-12, poco respetados por la ex\u00e9gesis corriente.<\/p>\n<p>La estructura de nuestra pericopa se corresponde con la del joven rico, narrada poco m\u00e1s adelante; el tema que se trata de ilustrar est\u00e1 sustancialmente en la misma l\u00ed\u00adnea: en algunas circunstancias el reino exige incluso del hombre casado que viva en continencia total. La observaci\u00f3n misteriosa de que \u00abno todos comprenden esta doctrina, sino aquellos a quienes les es concedido\u00bb (19,11), remite, pues, no a las palabras de los disc\u00ed\u00adpulos, sino a las de Jes\u00fas: \u00abEl que repudia a su mujer -excepto en el caso de concubinato- y se casa con otra adultera\u00bb (19,9), que hab\u00ed\u00adan provocado la reacci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos (cf 19,10). Se trata siempre de las exigencias relativas al matrimonio, m\u00e1s profundas que las exigidas por la ley (cf cuanto hemos dicho antes sobre el serm\u00f3n de la monta\u00f1a). No todos entienden su profundidad; existen, sin embargo, hombres que son capaces, a pesar de todo y en las situaciones m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles, de permanecer fieles a la \u00fanica persona a la que se han consagrado por el matrimonio. Al separarse de ella, no se casan y viven como \u00abeunucos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta explicaci\u00f3n es coherente con la t\u00e9cnica redaccional de los evangelistas. Los vv. 1-10 se refieren a la grandeza y santidad del matrimonio: el v\u00ed\u00adnculo que une a un hombre y a una mujer sola es expresi\u00f3n de una voluntad divina. La frase de los disc\u00ed\u00adpulos contiene un juicio severo y excesivo sobre la exigencia radical percibida por ellos en la situaci\u00f3n precisa contemplada por Jes\u00fas. Si se admite que los vv. 11-12 constituyen una invitaci\u00f3n al celibato, es preciso deducir de ah\u00ed\u00ad un cambio imprevisto de pensamiento: Jes\u00fas acepta la postura de los disc\u00ed\u00adpulos y comienza a ense\u00f1ar que, \u00e9n realidad, es mejor no casarse, lo cual no est\u00e1 en correspondencia con el estilo normal de Mt. As\u00ed\u00ad, el episodio del joven rico gira en torno a unas palabras duras del Se\u00f1or (cf 19,12), que provocan un juicio severo y excesivo en los disc\u00ed\u00adpulos (cf 19,25) y que se cierran con la observaci\u00f3n -prolongaci\u00f3n de la primera frase de Cristo- de que \u00abpara los hombres esto es imposible, mas todo es posible para Dios\u00bb (19,26).<\/p>\n<p>El discurso sobre los eunucos contiene, pues, una afirmaci\u00f3n dura de la exigencia evang\u00e9lica en el \u00e1mbito de la uni\u00f3n indisoluble del hombre con la mujer (cf 1 Cor 7,10) y, m\u00e1s all\u00e1, subraya la necesidad eventual de sacrificar, por el reino de los cielos, las exigencias esenciales de las fuerzas de vida y de fecundidad. Todo cristiano debe estar pronto a las decisiones m\u00e1s radicales en todos los sectores donde se encuentra en entredicho el misterio del reino en la propia vida personal; el cristiano casado, como los dem\u00e1s. Para \u00e9l, el hecho de hacerse semejante al eunuco, objeto de compasi\u00f3n y de desprecio, entra en la lista de las posibles acciones radicalestales como `cortarse la mano\u00bb \u00abarrancarse el ojo\u00bb, \u00abperder la vida\u00bb.<\/p>\n<p>5. EL FUNDAMENTO EVANGELICO DE LA LLAMADA VIDA \u00abSEG\u00daN LOS CONSEJOS\u00bb &#8211; Parece, pues, imposible encontrar en la S. Escritura la afirmaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita e inmediata de la doctrina llamada de los \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb. Ni siquiera el mismo \u00abconsejo\u00bb de celibato por el reino de los cielos se propone en el contexto de un estado de vida estable y comunitario, regulado por los votos. Si la vida religiosa se funda en la palabra del Se\u00f1or, es precisa la mediaci\u00f3n de la Iglesia y de los santos para explicitar las condiciones de las opciones evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>a) Una cierta invitaci\u00f3n al radicalismo. No obstante, la vida religiosa tiene una matriz evang\u00e9lica. Recordemos que los textos evang\u00e9licos citados con m\u00e1s frecuencia en las grandes programaciones religiosas de los or\u00ed\u00adgenes son los que se caracterizan por una dimensi\u00f3n de absoluto: Lc 14,26 (\u00abSi alguno viene a m\u00ed\u00ad y no odia -es decir, no ama menos que a mi- a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, hermanos y hermanas, y aun su propia vida, np puede ser disc\u00ed\u00adpulo m\u00ed\u00ado&#8217;), He 2,44-54; 4,32-35; 5,12-16 (la comuni\u00f3n de bienes), Mt 19 (especialmente las palabras al joven rico), etc. De esta invitaci\u00f3n a. radicalismo, contenida en la experiencia de fe como tal, es de donde brota la vida religiosa. No se trata de escoger este o aquel texto, &#8216;uno u otro \u00abconsejo\u00bb, sino de una cierta lectura del contenido global del Evangelio. De ah\u00ed\u00ad resulta una especie de exceso, de concentraci\u00f3n en la dimensi\u00f3n radical en que se ve envuelto todo cristiano por la aceptaci\u00f3n del evangelio. Pose\u00ed\u00addo sobre todo el \u00abpor Dios en Cristo Jes\u00fas\u00bb sellado en el bautismo, se sentir\u00e1 impulsado a manifestar y profundizar este \u00abpor Dios\u00bb mediante un repliegue, que intentar\u00e1 desarrollar del modo m\u00e1s amplio posible, frente a los otros bienes. Habr\u00ed\u00ada que hablar de un modo en\u00e9rgico y decidido de vivir la vocaci\u00f3n com\u00fan.<\/p>\n<p>Dec\u00ed\u00adamos, en efecto, que el Evangelio presenta la perfecci\u00f3n del reino como el fin que todos han de alcanzar con el medio necesario, aunque sea radical y absoluto, que la situaci\u00f3n exige cada vez. Este vinculo entre el fin y el medio radical revela una afinidad particular con el reino y la ley del \u00abtodo o nada\u00bb. En el programa de vida religiosa se elige vivir en una situaci\u00f3n existencial en la que esta actitud radical se convierte en norma; se trata s\u00f3lo de hacer m\u00e1s continuo, institucion\u00e1ndolo, el radicalismo evang\u00e9lico. Semejante concentraci\u00f3n en lo \u00abradical\u00bb es objeto de una opci\u00f3n libre sin invocar la obligaci\u00f3n estricta que todo cristiano tiene de usar tal medio siempre que lo requiera la situaci\u00f3n: opci\u00f3n existencial de un tipo de vida en el que pueda exteriorizarse el radicalismo evang\u00e9lico. Luego no se trata inicialmente de precisar tal \u00abconsejo\u00bb o de detenerse en los tres grandes actos radicales espec\u00ed\u00adficos. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica har\u00e1 m\u00e1s tarde estas discriminaciones para comprender la estructura de esta existencia particular despu\u00e9s de siglos de vida religiosa. Fundamentalmente se trata de optar por la cresta del radicalismo evang\u00e9lico, lo cual puede explicar el desarrollo de esta vida en el clima de un cierto encratismo todav\u00ed\u00ada ortodoxo, sus fuertes interferencias con los grandes movimientos de penitencia que atraviesan la historia de la Iglesia y sus simpat\u00ed\u00adas por algunos excesos a veces peligrosos.<\/p>\n<p>Recordemos que, en la elecci\u00f3n de semejante estilo de vida cristiana, tiene una parte importante el problema del temperamento, demasiado descuidado por el estudio de la teolog\u00ed\u00ada. Tambi\u00e9n en el plano natural existen temperamentos que, sin ser m\u00e1s \u00abperfectos\u00bb -les acompa\u00f1a a menudo un cierto gusto por el exceso-, son m\u00e1s fogosos, m\u00e1s pasionales, menos inclinados a contentarse con un modo \u00abordinario\u00bb o \u00abmedio\u00bb de vivir. A\u00f1adamos que esta elecci\u00f3n lleva consigo normalmente la imposibilidad de realizar plenamente otros valores igualmente cristianos. \u00bfQui\u00e9n puede pretender realizar en s\u00ed\u00ad todo lo humano? \u00bfDiremos acaso que el poeta o el metaf\u00ed\u00adsico son m\u00e1s o menos humanos que el aldeano o el mec\u00e1nico? La misma naturaleza impone elecciones fundadas en algo completamente distinto de la intenci\u00f3n de ser m\u00e1s o menos perfectos. Por tanto, la perspectiva es distinta que en la elecci\u00f3n de un medio facultativo ofrecido a la libertad sin imposiciones y que permite el acceso m\u00e1s directo a la perfecci\u00f3n. Se trata de insertarse en una de las exigencias de la \u00abley com\u00fan\u00bb, pero concentr\u00e1ndose en ella de forma que se la haga resaltar mejor sobre la totalidad de la experiencia cristiana.<\/p>\n<p>b) Algunos modelos evang\u00e9licos. El estudio de los grandes documentos hist\u00f3ricos demuestra que, en sus albores,la vida religiosa intenta a menudo enlazar con dos tipos de experiencia presentes en la S. Escritura\u00c2\u00b0.<\/p>\n<p>El grupo de los que \u00absiguen a Jes\u00fas\u00bb. No todos los que escucharon la palabra de Jes\u00fas y la pusieron en pr\u00e1ctica en su vida adoptaron la actitud radical de quienes, para acompa\u00f1arle en la predicaci\u00f3n o en el ministerio, lo dejaron todo a fin de poderle \u00abseguir\u00bb (epakolouthein) -tal es el caso de Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas; de Marta, L\u00e1zaro, Mama, Zaqueo, Nicodemo, etc.-; mas no por eso los considera menos perfectos la tradici\u00f3n cristiana. Sin embargo, el grupo de los que \u00absiguen a Jes\u00fas\u00bb se distingue, entre las personas que se adhieren a \u00e9l, por la adopci\u00f3n de un estilo de vida que entra\u00f1a una aut\u00e9ntica ruptura con el modo ordinario de vivir la existencia humana. El camino en pos de Jes\u00fas, con todo lo que de hecho implica de corte total con el estilo ordinario de vida incluso ferviente, proclama existencialmente la relaci\u00f3n absoluta del Evangelio con el ser-hombre, el ascendiente total que sobre ellos ejerce la palabra de Dios revelada en Jes\u00fas. Esto significa \u00abcreer ostensiblemente\u00bb, \u00abentender demostrativamente\u00bb, \u00abdeclararse abiertamente por \u00e9l\u00bb. Con la propia existencia centrada en Cristo, considerado \u00ablo \u00fanico necesario\u00bb y experimentado como tal, el grupo apost\u00f3lico se sit\u00faa en un estado permanente de profesi\u00f3n de fe. Antes de predicar la buena nueva, este grupo proclama con la vida, bien la reivindicaci\u00f3n de Dios para todo el hombre, bien el hecho de que la palabra de Dios en Jes\u00fas colma la profundidad de la vida misma. Se descubre de este modo el papel privilegiado que representa en tal \u00abapertura\u00bb la dimensi\u00f3n de radical y de absoluto propia del estatuto existencial en que, libremente, el grupo apost\u00f3lico acepta colocarse para responder al atractivo particular ejercido por Jes\u00fas sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>Una vez desaparecido Jes\u00fas, este \u00abseguimiento de Cristo\u00bb no puede conservar ya el mismo rostro; si la experiencia de vida subsiste, debe cambiar de forma, lo cual conduce a una posibilidad de universalizaci\u00f3n (no se trata ya de seguir a Jes\u00fas f\u00ed\u00adsicamente presente s\u00f3lo en un lugar) y en una necesidad de interiorizaci\u00f3n. Cristo est\u00e1 presente y act\u00faa en Pneumati (en el Esp\u00ed\u00adritu Santo) y su palabra sigue operante. Puede entonces manifestarse el deseo de transferir la forma de vida radical de los que \u00absegu\u00ed\u00adan\u00bb a Jes\u00fas a esta nueva situaci\u00f3n, la cual, por otra parte, est\u00e1 misteriosamente ligada a la hist\u00f3rica. Embriagados del Esp\u00ed\u00adritu, algunos no encontrar\u00e1n la paz profunda y la alegr\u00ed\u00ada \u00ed\u00adntima de su vida evang\u00e9lica m\u00e1s que renunciando a las relaciones habituales con el mundo para \u00abseguir a Cristo\u00bb, en la fe y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en el hoy pleno del pueblo de Dios. Formalmente no habr\u00e1, pues, elecci\u00f3n con vistas a la imitaci\u00f3n moral de Cristo, que se identifica con el ideal mismo de toda vida cristiana (cf 1 Cor 11,1; Jn 13,15; 1 Jn 2,6; 1 Pe 2,21); ser\u00e1 la inserci\u00f3n en el trazado t\u00ed\u00adpico -el del \u00abgrupo apost\u00f3lico\u00bb llamado a ello por el mismo Jes\u00fas-, aceptando responder al atractivo profundo ejercido por su persona y por su palabra. Est\u00e1 claro el matiz que nos parece esencial. Por eso la elecci\u00f3n de las medidas radicales no equivale a una selecci\u00f3n dentro de la totalidad evang\u00e9lica o a una voluntad de superarla; esta elecci\u00f3n determina un modo, no un contenido.<\/p>\n<p>La comunidad primitiva de los Hechos. La descripci\u00f3n \u00abideal e idealizada\u00bb de esta comunidad primitiva se nos ofrece en los \u00absumarios\u00bb insertados en la trama del libro de los Hechos (cf 2,42-47; 4,32-35; 5,12-16). Ellos ponen en primer plano dos valores que resultar\u00e1n esenciales para el esfuerzo mon\u00e1stico (y, \u00abreligioso\u00bb) de trasposici\u00f3n de la sequela Christi, a saber: que la presencia del Se\u00f1or -experimentada en la escucha asidua de la palabra, en la oraci\u00f3n, en la liturgia, en la fracci\u00f3n del pan- constituye el punto de unificaci\u00f3n que vincula a la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos en una verdadera \u00abfraternidad\u00bb, del mismo modo que la presencia f\u00ed\u00adsica de Jes\u00fas constitu\u00ed\u00ada el punto de unificaci\u00f3n de cuantos le \u00absegu\u00ed\u00adan\u00bb; ahora se trata de su presencia en Pneumati; en segundo lugar, que esta unidad establecida en torno a Jes\u00fas quiere expresarse normalmente en una koinon\u00ed\u00ada total, que hace necesaria, cuando se trata del sector material, que, sin embargo, no es el \u00fanico, la comuni\u00f3n y la divisi\u00f3n de bienes. Para \u00abseguir\u00bb a Jes\u00fas, los ap\u00f3stoles abandonaron ta-idia (las cosas propias); la iglesia de Jerusal\u00e9n se caracteriza por el hecho de que cada uno renuncia a hacer suyo (idion) cuanto le pertenece (cf He 4,32); lo deja en beneficio de la comunidad fraterna, en la cual todos tienen \u00abun solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb. Las palabras de Jes\u00fas a los que por \u00abseguirlo\u00bb deben abandonar sus propios bienes, se transfieren as\u00ed\u00ad a la perspectiva de la koinon\u00ed\u00ada pentecostal. El desprendimiento para seguir a Cristo es fecundo; construye concretamente la koinon\u00ed\u00ada. Este cuadro parece representar tambi\u00e9n un ideal que el mismo Lucas reconoce no realizado ni realizable completamente en todos sus elementos; el episodio de Anan\u00ed\u00adas y Safira demuestra que la oferta de todos los bienes a la comunidad no es una exigencia absoluta, exactamente lo mismo que el relieve dado al gesto de Bernab\u00e9 (cf He 4,36-37).<\/p>\n<p>Hay que subrayar que en la Iglesia persiste siempre una tendencia, una llamada profunda proveniente del Esp\u00ed\u00adritu, orientada a realizar algo que nos aproxime lo m\u00e1s posible a la koinon\u00ed\u00ada expuesta en los sumarios de los Hechos. Nos parece que la vida religiosa ha de colocarse exactamente dentro de esta tendencia de la Iglesia al mencionado ideal comunitario, de esta \u00abnostalgia\u00bb de un cristianismo que pone plenamente al descubierto el eje de la koinon\u00ed\u00ada pascual; pero se coloca ah\u00ed\u00ad a su modo, y no ingenuamente; sabe que su tipo de existencia no podr\u00ed\u00ada aplicarse universalmente. Por otra parte, donde se expresan serenamente, sus miembros no est\u00e1n prestos a rehusar a los dem\u00e1s cristianos el titulo de \u00abdisc\u00ed\u00adpulos de Cristo\u00bb. La vida religiosa se propone solamente el intento de agotar en s\u00ed\u00ad, dentro de su pobre medida, la tendencia profunda presente en la Iglesia.<\/p>\n<p>c) Un modo limitado de vivir la vocaci\u00f3n cristiana. Est\u00e1 claro que este modo de vivir la vocaci\u00f3n cristiana no puede pretender abarcar toda la experiencia evang\u00e9lica; implica necesariamente una elecci\u00f3n y una \u00abrenuncia\u00bb a ciertas relaciones, a un cierto tipo de inserci\u00f3n en la creaci\u00f3n y en el mundo, que tambi\u00e9n pertenecen al misterio del reino de Dios.<\/p>\n<p>Un cierto modo de vivir la relaci\u00f3n Iglesia-mundo. Hoy descubrimos que el reino de Dios no es una realidad extra\u00f1a al mundo que prescinda de \u00e9l o lo considere s\u00f3lo como un obst\u00e1culo a superar. El dominio de Jes\u00fas abarca la profundidad total de la creaci\u00f3n. Por eso la Iglesia -en su tendencia al advenimiento pleno del reino- se manifiesta cada vez m\u00e1s no como una entidad a\u00f1adida al mundo, sino como la impregnaci\u00f3n progresiva de los valores del mundo por el poder trascendente de Dios, del cual la pascua (que asume la creaci\u00f3n) es su manifestaci\u00f3n. La Iglesia peregrinante dice relaci\u00f3n, bien a  esta manifestaci\u00f3n trascendente (y supra-mundana) del poder de Dios, bien a la profundidad y a la interioridad m\u00e1s extrema del mundo. Una mirada existencial la sorprende en el encuentro inseparable de su relaci\u00f3n con la trascendencia de Dios y con la inmanencia en el mundo. Por eso, el que una existencia cristiana estribe m\u00e1s en la dimensi\u00f3n trascendente (como es el caso de la vida religiosa) o en la de inmanencia en el mundo, no implica, en tal perspectiva y frente a la globalidad del hecho eclesial, una perfecci\u00f3n mayor; se trata de equilibrios diversos.<\/p>\n<p>Para concentrarse en la reivindicaci\u00f3n radical de la existencia por parte del Dios de Jesucristo, la vida religiosa se abstiene de una perspectiva de realidades plenamente integrables en el reino, el cual quiere y debe asumirlas. No se identifica, pues, con la totalidad de la experiencia evang\u00e9lica. Por otra parte, tambi\u00e9n el cristiano comprometido en el esfuerzo de inmanencia en el mundo (hasta en su carne por ser inherente al matrimonio y a la procreaci\u00f3n) realiza una dimensi\u00f3n esencial del reino, si bien, en un sentido inverso, subraya con menor claridad la relaci\u00f3n trascendente con Dios.<\/p>\n<p>El realce de la opci\u00f3n de fe. Sin embargo, la vida religiosa tiene una caracter\u00ed\u00adstica propia: dar pleno realce a la opci\u00f3n de fe existencialmente. En efecto, la vida del cristiano en el mundo tiene una consistencia peculiar que, incluso fuera de la opci\u00f3n de fe, es ya muy rica en s\u00ed\u00ad misma, digna de llenar por si sola una existencia generosa y recta. En todas las civilizaciones y fuera del cristianismo, hombres y mujeres encuentran la alegr\u00ed\u00ada y la plenitud de su vida en la construcci\u00f3n de un hogar feliz y en el ordenamiento de la ciudad de los hombres. Dentro de la globalidad de la opci\u00f3n del laico cristiano en el mundo, hay que distinguir dos dimensiones que se compenetran: la formal y espec\u00ed\u00adficamente cristiana (imposible fuera de la fe) se a\u00f1ade a un dato que se basa en los imperativos de ser-hombre. Aunque se debilite la fe de este cristiano, quedan la trama de la vida familiar como tal y la finalidad primaria del deber profesional para dar todav\u00ed\u00ada sentido a la vida. Cuando un cristiano se compromete en la inmanencia del mundo en nombre de la propia fe, manifiesta que el reino de Dios abarca la creaci\u00f3n y que \u00e9sta mantiene una relaci\u00f3n esencial y fundamental con el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En la vida religiosa, las cosas son de otra manera; en ella toda la existencia se funda y se organiza en torno a lo que la opci\u00f3n de fe tiene de espec\u00ed\u00adfico y por la opci\u00f3n de fe; todo estriba en la intenci\u00f3n de hacer resaltar plenamente la dimensi\u00f3n de radicalidad y de absoluto del hecho (que s\u00f3lo la fe conoce) de que en Jesucristo Dios mismo se ha comprometido por el hombre; que el reino tiene su origen y su centro din\u00e1mico en esta iniciativa de Dios, cuya trascendencia es tal que puede verdaderamente reivindicar toda la existencia y toda la atenci\u00f3n del hombre. Por eso la vida religiosa es un \u00abrecogerse\u00bb en esta relaci\u00f3n con Dios percibida no como el \u00fanico bien (en las otras realidades, tambi\u00e9n provenientes de Dios, se reconoce la presencia de una densidad y una bondad enteramente propias), sino como \u00ablo \u00fanico necesario\u00bb. La separaci\u00f3n establecida frente a los otros bienes -cuando se trata no del servicio de otros hombres, sino de un uso propio y de una b\u00fasqueda de plenitud personal- tiende a la vez a manifestar y a hacer sentir existencialmente este reconocimiento de la \u00ab\u00fanico necesario\u00bb, capaz de satisfacer la exigencia del hombre. Si al religioso le falta la fe, su vida no tiene ya sentido; se vuelve absurda. En este plano, la vida religiosa se manifiesta en todo el pueblo de Dios como la forma de vida cristiana que evidencia de la manera m\u00e1s segura y encarna del modo m\u00e1s expresivo los rasgos vitales de la fe en torno a los cuales se construye la experiencia cristiana en lo que posee de verdaderamente caracter\u00ed\u00adstico y formal.<\/p>\n<p>Todo cristiano puede alcanzar la perfecci\u00f3n en su forma de vida. En estas perspectivas asume todo su significado la afirmaci\u00f3n tradicional (cf Casiano, Juan Cris\u00f3stomo, Tom\u00e1s de Aquino, Lutero) seg\u00fan la cual el ingreso en la vida religiosa no es de por s\u00ed\u00ad garant\u00ed\u00ada de acceso a una perfecci\u00f3n m\u00e1s grande. De hecho, si esto es verdad en el plano de la fidelidad personal al \u00abcarisma\u00bb recibido -puesto que cada uno puede insertarse en la llamada del Se\u00f1or con una generosidad m\u00e1s o menos grande-, lo es tambi\u00e9n en el plano de los diversos equilibrios presentados por las formas mismas de vida. Si la vida religiosa carga m\u00e1s el acento en el perfil trascendente del misterio de la Iglesia, y ello a costa de decisiones radicales porque se exige mucha fe, lo hace alej\u00e1ndose necesariamente de la inmanencia cristiana en el mundo; inmanencia que requiere tambi\u00e9n, si quiere realizarse con plena fidelidad al Evangelio, mucha fe y coraje; y que exige una superaci\u00f3n constante del amor. De acuerdo con la nueva visi\u00f3n de la Iglesia respecto a las implicaciones y al valor esencialmente cristol\u00f3gico de la vocaci\u00f3n del cristiano-en-el-mundo, nos parece dif\u00ed\u00adcil afirmar sin matizaciones que la vida religiosa ofrece el estilo, de por s\u00ed\u00ad mejor, de vida cristiana y los medios de por s\u00ed\u00ad m\u00e1s aptos para alcanzar segura y f\u00e1cilmente la perfecci\u00f3n. Seg\u00fan la ex\u00e9gesis que hemos presentado de las palabras de Pablo a los corintios, este estilo de vida es el mejor para quien es llamado a \u00e9l por el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>J.-M. R. Tillard<br \/>\nII. Los consejos evang\u00e9licos en la vida cristiana<br \/>\nEl amplio estudio exeg\u00e9tico llevado a cabo por J.-M. R. Tillard, tomando por gu\u00ed\u00ada a eminentes biblistas, acaso haya parecido demasiado desmitizador y decepcionante al interpretar los textos que suelen invocarse como fundamento de los consejos evang\u00e9licos en la perspectiva de exigencias radicales y de llamadas normativas. Aunque encuentra nuevas bases evang\u00e9licas para la vida religiosa, Tillard ha dado la impresi\u00f3n de que el concepto mismo de consejo es extra\u00f1o a la visi\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la perfecci\u00f3n cristiana: \u00abLas investigaciones exeg\u00e9ticas m\u00e1s serias -resume \u00e9l mismo en otra parte- muestran lo dif\u00ed\u00adcil que es interpretar con rigor lo que tradicionalmente se ha expuesto como una distinci\u00f3n entre preceptos, que trazar\u00ed\u00adan la vida com\u00fan fuera de la cual es imposible la entrada en el reino, y consejos, que delinear\u00ed\u00adan una v\u00ed\u00ada facultativa simplemente propuesta a los que se sienten movidos a ir m\u00e1s all\u00e1 de lo obligatorio y a penetrar en el \u00abcamino de la perfecci\u00f3n\u00bb. \u00bfNo es acaso la perfecci\u00f3n de la caridad el fin al que todo cristiano debe tender, si ha comprendido el \u00absed perfectos como vuestro Padre es perfecto\u00bb y si toma en serio el serm\u00f3n de la monta\u00f1a?. Despu\u00e9s de puntualizar la actual reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre este campo \u00absembrado de dificultades y de controversias, pero de una importancia vital para todos los cristianos\u00bb [>infra, 1], intentaremos continuar la exposici\u00f3n realizando una recuperaci\u00f3n de los consejos y de su funci\u00f3n significativa en el dinamismo de la vida espiritual [>infra, 2-3].<\/p>\n<p>1. LA REFLEXI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA POSCONCILIAR &#8211; En los diversos estudios aparecidos despu\u00e9s del Vat. II acerca de los consejos evang\u00e9licos puede distinguirse una doble tendencia: la primera da preferencia al car\u00e1cter radical de la llamada hasta el punto de eliminar casi todo lo que no es obligatorio (reducci\u00f3n de los consejos a los preceptos), mientras que la segunda opta por una formulaci\u00f3n existencial que supere la normativa preceptos-consejos mediante las categor\u00ed\u00adas de llamada, invitaci\u00f3n, don (reducci\u00f3n de los preceptos a los consejos). Vale la pena examinar menos esquem\u00e1ticamente estas dos corrientes.<\/p>\n<p>a) Partiendo de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, R. Schnackenburg subraya las \u00abexigencias fundamentales que son v\u00e1lidas para todo el que quiere entrar en el reino de Dios. A estas exigencias pertenece lo que se contiene en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a, no en el sentido de una enumeraci\u00f3n exhaustiva, sino m\u00e1s bien como ilustraci\u00f3n de la radical obediencia que todo oyente del mensaje de Jes\u00fas debe al Dios santo que ahora le ofrece la salvaci\u00f3n&#8217;. Jes\u00fas, en su celo por instaurar la voluntad de Dios en su totalidad y en su genuinidad originaria, exige un \u00abexceso\u00bb, un algo m\u00e1s frente a la ley mosaica y el comportamiento del hombre natural: \u00abEste &#8216;exceso&#8217; que exige Jes\u00fas es el amor ilimitado y desinteresado que, a imitaci\u00f3n del Padre misericordioso, abarca incluso al enemigo. Dios es inconmensurable en su bondad y exige, por tanto, un amor que supera toda medida y que requiere un serio examen y un constante dominio de s\u00ed\u00ad mismo&#8217;. Puesto que hay que dejar a las afirmaciones de Jes\u00fas toda su dureza y severidad, \u00abser\u00ed\u00ada una tergiversaci\u00f3n reducir a un estrecho circulo de disc\u00ed\u00adpulos lo que para todo creyente se exige en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a o entenderlo s\u00f3lo como &#8216;consejo&#8217;&#8230; Jes\u00fas quiere que sus exigencias sean aceptadas como aut\u00e9nticos preceptos, que deben ser puestos en pr\u00e1ctica. Mediante sus formulaciones extremistas no intenta solamente despertar a sus oyentes del letargo moral, del costumbrismo o de la propia autosuficiencia. Jes\u00fas no quer\u00ed\u00ada establecer un nuevo c\u00f3digo legal, pero tampoco intenta solamente despertar una nueva &#8216;actitud&#8217; o postura moral general, sin normas obligatorias para el comportamiento concreto. Por m\u00e1s que Schnackenburg admita el fundamento b\u00ed\u00adblico de la distinci\u00f3n entre precepto y consejo, en cuanto que las prescripciones se refieren cada una no a todos los hombres, sino s\u00f3lo a los que son llamados a ellas, no demuestra que las exigencias de Jes\u00fas con su car\u00e1cter imperativo puedan considerarse consejos.<\/p>\n<p>A la misma conclusi\u00f3n de obligatoriedad llega tambi\u00e9n D. Lanfranconi partiendo de la ley moral considerada en la perspectiva personal, o sea no como serie de deberes determinados aprior\u00ed\u00adsticamente, sino como exigencia desde lo intimo del hombre concreto y respuesta a la vocaci\u00f3n divina en la propia condici\u00f3n existencial. Con su car\u00e1cter totalizante, la ley personal expresa tanto las exigencias universales como las individuales; absorbe, pues, en la obligatoriedad el espacio de los consejos al percibirlos como concretamente necesarios para la consecuci\u00f3n de la perfecci\u00f3n, es decir, de la comuni\u00f3n plena y total con Dios. Si los consejos nos obligasen, \u00abse reducir\u00ed\u00adan a un plus facultativo recomendado al que desee ser perfecto en contraposici\u00f3n al que se contenta con el m\u00ed\u00adnimo impuesto por la ley. Con ello se recaer\u00ed\u00ada en aquella moral lamentable que distingu\u00ed\u00ada cristianos de primera y cristianos de segunda; y no s\u00f3lo eso, sino que se terminar\u00ed\u00ada siendo infieles al Evangelio, dado que Jesucristo ha llamado a todos a ser perfectos&#8230; Por tanto, si el modo de conseguir una persona la perfecci\u00f3n requiere la observancia de los consejos, tal observancia es obligatoria para esa persona\u00bb. Luego la ley personal incluye tambi\u00e9n los consejos; \u00abno obstante, los consejos se distinguen de la ley porque \u00e9sta propone valores que corresponden a exigencias universales, mientras que aqu\u00e9llos proponen valores que corresponden a exigencias individuales y personales.<\/p>\n<p>En esta misma l\u00ed\u00adnea hemos de se\u00f1alar tambi\u00e9n la aportaci\u00f3n de K. V. Truhlar, para quien el consejo, aunque refiri\u00e9ndose a \u00abuna obra mejor que va m\u00e1s all\u00e1 del precepto general\u00bb, no es, sin embargo, una obra supererogatoria en el sentido de que el cristiano no est\u00e1 obligado a cumplirla, \u00absino s\u00f3lo en el sentido de que, en esa obra, Dios reclama del cristiano algo que supera la ley general, propuesta com\u00fanmente a todos\u00bb. Bas\u00e1ndose en la doctrina de santo Tom\u00e1s y de san Francisco de Sales sobre la caridad reguladora de toda expresi\u00f3n de vida cristiana, Truhlar concluye que el consejo \u00abpuede llegar a ser un acto de precepto en virtud de la naturaleza preceptiva de la caridad misma, si, en una situaci\u00f3n concreta, el impulso de la caridad tiene necesidad de este acto para expresarse, para vivir\u00bb .<\/p>\n<p>b) Con matices y enfoques diversos, otros autores convergen en la tendencia a introducir los consejos, e igualmente los preceptos, en categor\u00ed\u00adas m\u00e1s amplias, a fin de evitar el peligro del legalismo. G. Philips, intentando coordinar los consejos, que van m\u00e1s all\u00e1 de la obligaci\u00f3n, con la seriedad de la llamada a la perfecci\u00f3n, afirma prudencialmente: \u00abM\u00e1s vale, sin duda, no salirse del Evangelio: los consejos no son preceptos, son una invitaci\u00f3n, pero s\u00f3lo la comprenden y la aceptan aquellos a quienes el Se\u00f1or ha concedido este don. Un consejo, incluso para el que se ha dado cuenta del llamamiento, no es m\u00e1s que un consejo, pero no se puede rehusar el ofrecimiento si no es por un motivo grave. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 rehusar semejante gracia sin culpa aquel que, tras madura reflexi\u00f3n, adquiere la certeza de ser llamado a semejante g\u00e9nero de vida?\u00bb.<\/p>\n<p>Ampliando a\u00fan m\u00e1s la perspectiva, B. H\u00e1ring recurre ante todo a la \u00abdoctrina de la ley de gracia, en la que, siguiendo a san Pablo, los grandes te\u00f3logos como Agust\u00ed\u00adn y Tom\u00e1s de Aquino ven el coraz\u00f3n de la moral de la nueva alianza\u00bb45. Si el cristiano debe vivir seg\u00fan la ley interior de la gracia de Cristo, que es ley del Esp\u00ed\u00adritu de vida, de amor filial y de liberaci\u00f3n de todo r\u00e9gimen de leyes exteriores (Rom 8,2-16), se sigue que todo mandamiento es vivido no como impuesto desde fuera, est\u00e1tico y limitativo; se convierte en una misi\u00f3n y en una responsabilidad. Los que, sin estar obligados a ello por una ley universal e impuesta desde fuera, eligen la v\u00ed\u00ada de los consejos evang\u00e9licos, han podido seguir con alegr\u00ed\u00ada esta llamada precisamente porque han dicho s\u00ed\u00ad a la ley de gracia de todos los cristianos: \u00abSi han podido realizar esta vocaci\u00f3n, es que Dios se la ha concedido como parte suya y que ellos han dado prueba de esa docilidad a la acci\u00f3n de la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que es la marca de todos los verdaderos disc\u00ed\u00adpulos de Cristo\u00bb. Puesto que \u00abel gran don que Cristo ha infundido en nuestros corazones es el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, B. H\u00e1ring concluye que \u00aba su luz miramos todos los otros dones de Dios, creador y redentor, incluidos todos los dones personales, como llamamiento al servicio de los otros. En esta visi\u00f3n liberadora afirma \u00e9l: \u00abLos consejos evang\u00e9licos no se limitan propiamente a la pobreza, castidad y obediencia consagradas por voto. Todo carisma de Dios es buena nueva y `consejo&#8217;. \u00bfPodr\u00ed\u00ada ante esos dones decir jam\u00e1s un amigo de Cristo: `Tus dones no me obligan. Se\u00f1or, te has olvidado hac\u00e9rmelos un mandamiento&#8217;? Esto ser\u00ed\u00ada esp\u00ed\u00adritu de esclavo. En el NT Dios `legisla&#8217; precisamente por los dones de su gracia. El que acepta el llamamiento por los dones de Dios como su m\u00e1s \u00ed\u00adntima ley y su regla de vida, encuentra su nombre se\u00f1ero. La aut\u00e9ntica vida cristiana consiste en una estima agradecida de los dones de Dios, puesta la mira en los servicios que aqu\u00ed\u00ad y ahora se nos piden\u00bb.<\/p>\n<p>Sin renunciar al radicalismo del compromiso que pide Jes\u00fas a todo cristiano y al car\u00e1cter vinculante de los llamados consejos evang\u00e9licos, L. Guti\u00e9rrez Vega tiende a pasar de una formulaci\u00f3n \u00e9tica de preceptos y consejos a una formulaci\u00f3n existencial de vida en Cristo: \u00abPara quien lea los evangelios sin esquemas conceptuales previos, resulta obvio que en primer plano indiscutido aparece una Nueva Ley de vida:&#8230; la ley de amor que es Cristo mismo, aceptado con todas las consecuencias para iniciar un vivir en El todas las situaciones existenciales del hombre&#8230; Variar\u00e1n los modos de existencia humana, pero no variar\u00e1 la dimensi\u00f3n radical por la que se viven todos esos modos de existencia en Cristo y como hijos del mismo Padre\u00bb. Cada uno, pues, habr\u00e1 de construirse un proyecto de vida como modo de existencia humano-cristiana y seguimiento particular de Cristo.<\/p>\n<p>c) Si echamos una mirada valorativa a las corrientes teol\u00f3gicas expuestas, hemos de admitir honestamente su valor y encomiar su empe\u00f1o en presentar de modo nuevo el espinoso campo de los consejos evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>La primera corriente tiene el m\u00e9rito de insistir en las exigencias radicales del seguimiento evang\u00e9lico, v\u00e1lidas para todo cristiano, aunque sea con aplicaciones espec\u00ed\u00adficas diversas. Priva de todo fundamento a la teor\u00ed\u00ada de las dos clases de cristianos, la cual reserva la perfecci\u00f3n para los religiosos y condena a los laicos a una mediocridad o prestaci\u00f3n m\u00ed\u00adnima en contraste abierto con la llamada universal a la santidad ycon el precepto de amar a Dios con todo el coraz\u00f3n. Tal orientaci\u00f3n asume importancia ecum\u00e9nica, porque en parte coincide con la protesta de Lutero contra la interpretaci\u00f3n facultativa del serm\u00f3n de la monta\u00f1a y la consiguiente distinci\u00f3n en cristianos que siguen los preceptos y cristianos que siguen los consejos: \u00ab\u00bfQui\u00e9n tendr\u00e1 la audacia de hablar de consejos all\u00ed\u00ad donde Cristo, multiplicando las ense\u00f1anzas y los mandamientos, obliga con tantas y tan graves amenazas a observar todo cuanto se ha escritor\u00bb. Asimismo la reflexi\u00f3n cat\u00f3lica sobre los textos evang\u00e9licos coincide con la c\u00e9lebre defensa de D. Bonhoeffer de la gracia cara: \u00abLa gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia. Nosotros hoy luchamos por la gracia cara\u00bb. Hay que reconocer que la vida mon\u00e1stica, con su cotidiano ejercicio en el seguimiento de los severos mandamientos de Jes\u00fas, \u00abse convierte en protesta viva frente a la secularizaci\u00f3n del cristianismo, frente al envilecimiento de la gracia\u00bb; pero el monaquismo -seg\u00fan Bonhoeffer- ha sido el responsable de que se limitara fuertemente a una clase particular lo que constitu\u00ed\u00ada un mandato divino dirigido a todos los cristianos: \u00abLa vida mon\u00e1stica se convierte en una obra particular meritoria de algunos, a la cual el pueblo no pod\u00ed\u00ada comprometerse en masa. El enfoque de radicalidad universal del mensaje evang\u00e9lico cuenta con el consenso de cat\u00f3licos y reformados, si bien los primeros admiten los consejos interpret\u00e1ndolos como llamadas personalmente obligatorias. Esta corriente, sin embargo, debe admitir que la noci\u00f3n de consejo como prestaci\u00f3n facultativa que rebasa lo debido queda del todo eliminada sin intentos de recuperarla.<\/p>\n<p>La segunda corriente ofrece la ventaja de no detenerse en la ex\u00e9gesis de textos evang\u00e9licos particulares y de insertar mandatos, prescripciones y consejos en el contexto m\u00e1s amplio de la vida del Esp\u00ed\u00adritu y de la ley de la gracia. El radicalismo evang\u00e9lico exigente pierde su aspecto severo y toda interpretaci\u00f3n legalista, porque las normas exteriores est\u00e1n interiorizadas y superadas por el coraz\u00f3n cristiano renovado por el Esp\u00ed\u00adritu y hecho capaz de cumplir por instinto y amor la voluntad de Dios. Como observa S. Lyonnet, \u00abla ley del Esp\u00ed\u00adritu no se distingue de la ley mosaica&#8230; s\u00f3lo porque propondr\u00ed\u00ada un ideal m\u00e1s elevado, impondr\u00ed\u00ada mayores exigencias o incluso, pero esto seria un verdadero esc\u00e1ndalo, porque ofrecer\u00ed\u00ada una salvaci\u00f3n a menor precio, como si el yugo insoportable de la legislaci\u00f3n sinaitica lo hubiese sustituido Cristo Jes\u00fas por una `moral f\u00e1cil&#8217;. La diferencia est\u00e1, por el contrario, en la naturaleza misma de la ley del Esp\u00ed\u00adritu; \u00e9sta no es ya un c\u00f3digo&#8230;; no es una simple norma de acci\u00f3n, exterior, sino, lo que ninguna legislaci\u00f3n en cuanto tal puede ser, un principio de acci\u00f3n, un dinamismo nuevo, interior\u00bb. La llamada a una condici\u00f3n de vida particular, con sus compromisos y exigencias, se convierte por la misma raz\u00f3n en un don interior, en un carisma que ha de acogerse con gratitud y ejercitarse con alegr\u00ed\u00ada como signo de la presencia santificadora de Dios en el mundo. Justamente el Vat. II afirma, refiri\u00e9ndose a los religiosos, que \u00abla pr\u00e1ctica de los consejos, que por el impulso del Esp\u00ed\u00adritu Santo muchos cristianos han abrazado&#8230; proporciona al mundo y debe proporcionarle un espl\u00e9ndido testimonio y ejemplo de santidad\u00bb (LG 39). En conformidad con el r\u00e9gimen de la gracia y del amor, \u00abel Se\u00f1or ha querido guiar a sus disc\u00ed\u00adpulos no tanto multiplicando los preceptos, que son muy poco numerosos, observan san Agust\u00ed\u00adn y santo Tom\u00e1s, cuanto proponiendo consejos a su prudencia sobrenatural. Tal pedagog\u00ed\u00ada es apropiada para la libertad de los hijos de Dios; adem\u00e1s, podemos comprobar, tanto en el NT como en la tradici\u00f3n de la Iglesia, que la pr\u00e1ctica de los consejos es una escuela eficaz de crecimiento espiritual y de libertad filial, y que tal escuela est\u00e1 perfectamente adaptada a las necesidades de la Iglesia de hoy\u00bbLa acentuaci\u00f3n del car\u00e1cter liberador de la existencia cristiana animada por el Esp\u00ed\u00adritu se conserva y valoriza indudablemente, a condici\u00f3n de no amortiguar los imperativos evang\u00e9licos radicales.<\/p>\n<p>Sin olvidar la aportaci\u00f3n positiva de las dos corrientes aqu\u00ed\u00ad analizadas, nos parece urgente enriquecer sus perspectivas con una visi\u00f3n sapiencial, hoy demasiado a menudo olvidada.<\/p>\n<p>2. RECUPERACI\u00ed\u201cN DE LOS CONSEJOS EVANGELICOS EN LA PERSPECTIVA SAPIENCIAL &#8211; La historia de la Iglesia demuestra que los libros sapienciales fueron sumamente estimados por los padres, te\u00f3logos y m\u00ed\u00adsticos. En los \u00faltimos siglos, en cambio, es raro encontrar exposiciones de Cristo y de la vida cristiana en una perspectiva de sabidur\u00ed\u00ada\u00bb, debido tambi\u00e9n a que no ha existido conciencia del sustrato sapiencial que sirve de base a los evangelios y a los libros del NT. Las investigaciones exeg\u00e9ticas de nuestro tiempo nos abren un resquicio para una mejor comprensi\u00f3n de Cristo y de su mensaje en clave sapiencial y nos ayudan a recuperar los consejos evang\u00e9licos en un significado in\u00e9dito y actual.<\/p>\n<p>a) En la escuela del maestro de sabidur\u00ed\u00ada. En el AT reconocen los biblistas al menos tres fuerzas que ejercen un influjo determinante en la historia de Israel y dan origen a la Biblia: 1) los sacerdotes, cuya funci\u00f3n consiste en promover la santidad en el pueblo de Dios, manteniendo vivo el sentido de la alianza mediante el ministerio del culto y de la palabra. Ellos se ponen de parte de Dios y se atienen al car\u00e1cter absoluto de la ley; 2) los >profetas, suscitados como gu\u00ed\u00adas espirituales del pueblo para recordar el monote\u00ed\u00adsmo y descubrir el plan de Dios en los acontecimientos de la historia. Frente a las infidelidades de Israel, intervienen autoritativamente en nombre de Dios (\u00abor\u00e1culo del Se\u00f1or\u00bb), anunciando el juicio y el castigo y estimulando a la conversi\u00f3n; 3) los sabios, situados en un plano m\u00e1s experiencial y human\u00ed\u00adstico. Surgen en el reinado de David y Salom\u00f3n como expertos en todas las cuestiones; no para resolver los problemas \u00faltimos de la existencia, sino para ense\u00f1ar a triunfar en la vida y obtener la felicidad. Parten de la experiencia y de las vicisitudes humanas, en las cuales descubren la voluntad de Dios; pero realizan tambi\u00e9n una humanizaci\u00f3n de la palabra divina para que pueda regular la vida cotidiana. A diferencia de los sacerdotes y de los profetas, los sabios se dirigen al individuo interpel\u00e1ndolo personalmente (\u00abHijo m\u00ed\u00ado, escucha&#8230;\u00bb Prov 1,8; 2,1; 3,1) y se expresan con el \u00abcpnsejo\u00bb fundado en la reflexi\u00f3n racional, en proverbios y sentencias populares, en par\u00e1bolas y enigmas. \u00abEl tono de los sabios, lejos de ser perentorio y vehemente, como en la ley y en los profetas, es insinuante y moderado. En su boca, el imperativo no expresa \u00f3rdenes propiamente dichas, sino s\u00f3lo recomendaciones que se imponen al buen sentido\u00bb. En todas las ocasiones, los sabios apelan a la inteligencia para que descubra el orden interno existente entre la acci\u00f3n y su efecto (Prov 10,2.4.15.30; 11,21; 12,14; 13,5) y comprenda d\u00f3nde se encuentra la verdadera felicidad (Prov 2,1-9; Sal 111,10). En esta visi\u00f3n,el castigo no es un golpe asestado desde fuera, sino el fruto de una mala decisi\u00f3n; en una palabra, de la locura (Prov 1,29-33) [> Experiencia espiritual en la Biblia 1, 5].<\/p>\n<p>Creemos suficiente probar que el estilo sapiencial, veh\u00ed\u00adculo del arte de vivir bien mediante el \u00abconsejo\u00bb, fue adoptado por Cristo, para que los consejos adquieran consistencia evang\u00e9lica e interpelen a todos los cristianos. Pues bien, aunque casi a la fuerza y sin atribuir a este hecho la importancia que merecer\u00ed\u00ada, los biblistas est\u00e1n de acuerdo en ver en Cristo no s\u00f3lo el cumplimiento de la ley, del sacerdocio y de los profetas, sino tambi\u00e9n el v\u00e9rtice y el coronamiento del movimiento sapiencial israel\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>Los escritores del NT identifican la sabidur\u00ed\u00ada con Cristo (1 Cor 1,24; Col 2,3), a quien aplican con un juego sutil y frecuente de referencias los apelativos de la sabidur\u00ed\u00ada veterotestamentaria: imagen del Dios invisible, primog\u00e9nito de la creaci\u00f3n, reflejo de la gloria de Dios, palabra encarnada (Col 1,15-20; Heb 1,3; Jn 1,1-18 con referencia a Prov 8,22-31; Sab 7,25-26; Eclo 24,2-17).<\/p>\n<p>Aunque se distingu\u00ed\u00ada de los escribas, pues no hab\u00ed\u00ada seguido el programa formativo de te\u00f3logo especialista\u00bb y desarrollaba al mismo tiempo el oficio de profeta, legislador y taumaturgo (cf Mc 1,22-27), Jes\u00fas se presenta a s\u00ed\u00ad mismo como sabio m\u00e1s grande que el sabio por excelencia: \u00abVed, aqu\u00ed\u00ad hay algo superior a Salom\u00f3n\u00bb (Mt 12,42). Adopta el g\u00e9nero literario sapiencial: discurso persuasivo en par\u00e1bolas (Mt 13,34-35), bienaventuranzas o promesas de felicidad y \u00e9xito en orden al reino (Mt 5,3-11; 11,6; 13,16; Lc 11,27-28), sentencias, comparaciones, proverbios, normas de vida, enigmas resueltos a nivel profundo (Lc 9,25; Mt 11,16-19; Jn 3,8; 5,35; Mc 10,2-12; 12,13-34). Igual que la sabidur\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, Jes\u00fas trata a sus disc\u00ed\u00adpulos como amigos (Le 12,2-4; Jn 15,15; Sab 7,23; 8,18), hijos (Le 7,35; Jn 13,33; Prov 8,32) y comensales (Lc 14,15-24; Prov 9,1-6); e invita a cuantos est\u00e1n bajo el peso de la ley y de las observancias farisaicas a aceptar su yugo suave y liberador (Mt 11,28-30).<\/p>\n<p>Jes\u00fas era \u00abun narrador p\u00fablico\u00bb que \u00abse inspiraba en las experiencias propias y ajenas y las convert\u00ed\u00ada en experiencias de los que escuchaban su conversaci\u00f3n. Tenia, adem\u00e1s, un declarado inter\u00e9s pr\u00e1ctico y quer\u00ed\u00ada aconsejar y ayudar a los hombress\u00bb. En efecto, \u00abel narrador es un hombre que aconseja al oyente y lo compromete en la experiencia narrada. Cada vez que Jes\u00fas narra o habla en el lenguaje sapiencial, a saber, en la mayor parte de los evangelios, ofrece \u00absus consejos evang\u00e9licos\u00bb entendidos en un \u00e1mbito lo m\u00e1s vasto y universal posible y dirigidos a todos, pero de un modo personalizado y persuasivo. Su contenido no puede resumirse, porque abarca todo el mensaje evang\u00e9lico; pi\u00e9nsese en la fecundidad doctrinal de las par\u00e1bolas, en las cuales Jes\u00fas ilustra la realidad del reino de Dios, la toma de posici\u00f3n del hombre frente a \u00e9l, el modo de obrar de Dios, el comportamiento requerido con el pr\u00f3jimo, la actitud de vigilancia y de fidelidad&#8217;. En esta perspectiva se abre un modo nuevo de acercarse al Evangelio y de seguir la escuela de Jes\u00fas, consejero admirable (cf Is 9,6) y maestro de sabidur\u00ed\u00ada. Para nuestro prop\u00f3sito parece suficiente indicar la actitud global que nos hace disc\u00ed\u00adpulos no frustrados de Cristo y nos permite captar el sentido de sus consejos.<\/p>\n<p>b) Finalidad y significado de los consejos evang\u00e9licos. Como consecuencia de la adopci\u00f3n del g\u00e9nero literario sapiencial, los consejos evang\u00e9licos no se reducen a pura forma expresiva. Se caracterizan por algunas notas que podemos determinar as\u00ed\u00ad: 1) El tono de amistad. Los consejos suponen una relaci\u00f3n de intimidad entre la persona que los da y la que los recibe, entre Cristo maestro y su disc\u00ed\u00adpulo; s\u00f3lo en una atm\u00f3sfera de comuni\u00f3n y donaci\u00f3n, de relaci\u00f3n profunda y definitiva, es posible superar las distinciones entre obligaci\u00f3n y opci\u00f3n facultativa para situarse en actitud de sinton\u00ed\u00ada completa con Jes\u00fas. La vida cristiana se convierte en respuesta de amor a las invitaciones hechas por Cristo a la libertad humana, en actitud de disc\u00ed\u00adpulo abierto a la sabidur\u00ed\u00ada encarnada, en dimensi\u00f3n no de obligaci\u00f3n, sino de confianza alegre y entregada; 2) La personalizaci\u00f3n. El discurso sapiencia] se dirige al individuo y solicita su participaci\u00f3n en la b\u00fasqueda de la aut\u00e9ntica sabidur\u00ed\u00ada y en su actuaci\u00f3n. La invitaci\u00f3n sin distinci\u00f3n a poner a Dios por encima de todas las cosas y cumplir su voluntad se concretiza en diversas opciones seg\u00fan la misi\u00f3n propia y la situaci\u00f3n concreta; se sigue a Jes\u00fas tanto con la fidelidad al matrimonio indisoluble como con el celibato por el reino, tanto d\u00e1ndolo todo a los pobres como ofreciendo s\u00f3lo la mitad de los bienes (Mc 10,21; 19,8), tanto abandon\u00e1ndolo todo para estar con \u00e9l como permaneciendo en el propio ambiente (Mt 19,27; Lc 8,38-39). El consejo no tiende a imponer ni a nivelar, sino a persuadir, a convencer, a comprobar personalmente y a comprometer con libre decisi\u00f3n. A diferencia del car\u00e1cter perentorio del mandato, aqu\u00ed\u00ad se apunta a hacer comprender desde dentro el significado de lo que se propone de modo que su cumplimiento no sea forzado, sino fruto de conciencia iluminada y responsable; 3) El \u00e9xito del hombre. El fin de los consejos evang\u00e9licos, como el de los sabios del AT, es decididamente human\u00ed\u00adstico. Miran a hacer triunfar en la vida mediante la entrada en el reino de Dios; prometen alegr\u00ed\u00ada, bienaventuranza, vida eterna. No son para el rebajamiento del hombre, sino para su \u00e9xito; cuando est\u00e1 en juego el hombre, Jes\u00fas relativiza cualquiera otra realidad, comprendida la ley, el culto y las instituciones (Mt 12,1-14; 15,1-6). Mas el hombre, para triunfar, parad\u00f3jicamente, debe perder su vida (Mc 8,35-36) a fin de volver a encontrarla potenciada en la orientaci\u00f3n radical hacia Dios y en el amor oblativo a los hermanos. Cuanto lleva al hombre a evitar el fracaso religioso y a realizarse con plenitud seg\u00fan la voluntad de Dios le\u00ed\u00adda en la historia entra en la visi\u00f3n liberadora de los consejos.<\/p>\n<p>c) El don sapiencial del consejo. La asimilaci\u00f3n de los consejos del Se\u00f1or mediante la escucha humilde, la reflexi\u00f3n, la decisi\u00f3n y la verificaci\u00f3n de la experiencia, transforma al cristiano en un hombre sabio y espiritualmente maduro, capaz a su vez de ayudar a los otros con el consejo. B\u00ed\u00adblicamente, sabidur\u00ed\u00ada y consejo est\u00e1n unidos de manera \u00ed\u00adntima, tanto entre s\u00ed\u00ad como con el sabio consejo de Dios. Puesto que existe desproporci\u00f3n, y a veces contraste, entre la miope sabidur\u00ed\u00ada humana y el misterioso y sorprendente plan divino de salvaci\u00f3n (cf 1 Cor 1,17-30; 2,1-16), la verdadera sabidur\u00ed\u00ada es un don que viene de lo alto (Jn 3,17), es decir, del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Ef 1,7.17; 1 Cor 12,8); por eso hay que implorar este don en la oraci\u00f3n (Sant 1,5-6) y hacerse peque\u00f1os y disponibles para recibir una iluminaci\u00f3n superior, que se niega a quien se encierra en el propio saber humano ego\u00ed\u00adsta (Mt 11,25; Jn 3,15). El don del Esp\u00ed\u00adritu comunica la revelaci\u00f3n del plan divino en toda su amplitud (1 Cor 2,7-8; Ef 1,9), pero tambi\u00e9n un comportamiento moral digno del Se\u00f1or (Col 1,10), una conducta inspirada en caridad y franqueza: \u00abLa sabidur\u00ed\u00ada de arriba, por el contrario, es ante todo pura, pac\u00ed\u00adfica, condescendiente, conciliadora, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial, sin hipocres\u00ed\u00ada. El fruto de la justicia se siembra en la paz para los que obran en la paz\u00bb (Sant 3,17-18). Naturalmente, el comportamiento sabio, don de Dios, se afianza con el ejercicio de la vida cristiana, que adiestra las facultades del creyente para distinguir como por instinto lo que es bueno (Heb 5,14). El cristiano sabio se ejercita en regular rectamente y con previsi\u00f3n la vida cotidiana (Mt 7,24; 25,1-12), en discernir por s\u00ed\u00ad mismo los signos de los tiempos y de la historia (Lc 12,54-57), en utilizar el tiempo presente para evitar las sendas de la conducta pagana (Ef 5,15-20) y en aprovechar el momento favorable al testimonio de Cristo de acuerdo con las condiciones del pr\u00f3jimo (Col 4,5-6). Es propio de la sabidur\u00ed\u00ada cristiana hacer triunfar al hombre, es decir, realizar su salvaci\u00f3n integral; cometido este que reviste hoy particular urgencia: \u00abNuestra \u00e9poca, m\u00e1s que ninguna otra, tiene necesidad de esta sabidur\u00ed\u00ada para humanizar todos los nuevos descubrimientos de la humanidad. El destino futuro del mundo corre peligro, si no se forman hombres m\u00e1s instruidos en esta sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (GS 15). Al adherirse al Evangelio, los cristianos se convierten en la sal de la tierra (Mt 5,13), dando sabor a la vida a nivel personal y comunitario. Su vida es una continuaci\u00f3n del relato evang\u00e9lico, una narraci\u00f3n de la victoria de la esperanza, de la comuni\u00f3n, de la alegr\u00ed\u00ada y de la vida sobre la desesperaci\u00f3n, sobre el aislamiento, sobre la tristeza y sobre la muerte.<\/p>\n<p>S. De Fiores<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Los consejos evang\u00e9licos en la tradici\u00f3n mon\u00e1stica, Santo Domingo de Si-los 1975.-AA. VV., La consagraci\u00f3n a Dios, \u00bfentrega o exigencia?, en \u00abBiblia y Fe\u00bb. n. 12 (1978).-Alonso, S, La vida. consagrada, Inst. Teol. de Vida Religiosa, Madrid 1974.-Alvarez G\u00f3mez, J, Diversas formas de pobreza religiosa, Inst. Teol. de Vida Religiosa, Madrid 1975.-Alvarez G\u00f3mez, J. La virginidad con-sagrada. \u00bfRealidad evang\u00e9lica o mito socio-cultural?, Inst. Teol. de Vida Religiosa, Madrid 1977.-Asiain, M. A.-Lecea, J. M, La pobreza de los religiosos a examen, en \u00abComunidades\u00bb, 6 (1978). Fichero de materias.-Gentili, E, Consaerazione e amore, Gribaudi, Tur\u00ed\u00adn 1972.-Guti\u00e9rrez Vega, L, Autoridad y obediencia en la vida religiosa, Inst. Teol. de Vida Religiosa, Madrid 1974.-Guti\u00e9rrez Vega, L, Teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica de la vida religiosa, Inst. Teol. de Vida Religiosa, Madrid 1976.-Isaac, J, R\u00e9\u00e9valuer les voeux. Cerf, Paris 1973.-Matell\u00e1n, S, Pobreza evang\u00e9lica, Inst. &#8216;feol. de Vida Religiosa, Madrid 1975.-Neal, M.-A, Votos, pero no muros. Sal Terrae, Santander 1969.-Paoli. A, Buscando la libertad. Castidad, obediencia, pobreza, Sal Terrae, Santander 1981.-Rahner, K, Marginales sobre la pobreza y la obediencia, Taurus. Madrid 1962.-Rueda, R, Redescubrir la obediencia, Inst. Teol. de Vida Religiosa, Madrid 1975.-Tillard, J. M. R, El proyecto de vida de los religiosos, Inst. Teol. de Vida Religiosa, Madrid 1974.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>El derecho can\u00f3nico de 1918 (can. 497) podr\u00ed\u00ada dar la impresi\u00f3n de que los c.e. son solamente para las religiosos y de que los \u00abseglares\u00bb, por lo contrario, han de atenerse \u00fanicamente a los mandamientos. Pero los religiosos, por su parte, \u00bfreconocen bajo los tres votos reducidos a un m\u00ed\u00adnimo obligatorio \u00abel consejo\u00bb en su sentido original, el cual ha sido impuesto, pero no como una obligaci\u00f3n? Antes de abordar el triple consejo (II) y el estado fundado en los c. (111), veamos en la Biblia el sentido de los c.e. y su valor pastoral para todos los bautizados, afirmado abiertamente en la constituci\u00f3n Lumen gentium (LG, 39).<\/p>\n<p>I. Doctrina b\u00ed\u00adblica acerca de los c.e.<\/p>\n<p>En la Biblia, la vida moralmente recta exige a todos una generosidad que va m\u00e1s all\u00e1 de la observancia exacta de un c\u00f3digo de obligaciones. As\u00ed\u00ad, en la ley divina se va abriendo paso m\u00e1s y m\u00e1s el ideal de un libre servicio de \u00abtodo coraz\u00f3n\u00bb, plenamente encarnado en jes\u00fas, el cual solamente puede designarse con \u00abcierta propiedad\u00bb (LG, 59) mediante el t\u00e9rmino \u00abconsejo\u00bb. La naturaleza de los c. se desprende del doble car\u00e1cter que seg\u00fan la revelaci\u00f3n reviste la vida moralmente buena, a saber, es una vida atada siempre a Dios, pero \u00e9l se revela a] hombre como ->amor y a la vez le pide amor como respuesta. En realidad, la vida moralmente bueno presupone desde el principio la presencia de Dios: \u00abAnda delante de m\u00ed\u00ad y s\u00e9 perfecto\u00bb (G\u00e9n 17, 1). Esa idea ha alcanzado su sentido pleno en el NT: toda acci\u00f3n buena debe su valor a una moci\u00f3n del amor que Dios da al hombre y por el que habita en \u00e9l la Trinidad (1 Cor 15; Jn 14, 15-23; Ef 5, 2; Rom 13, 10). Por eso la irradiaci\u00f3n de] Se\u00f1or en la < ley\" y en toda acci\u00f3n buena es un pensamiento claramente contenido en la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica e inseparable de ella (cf. LG 42a). Ya en el AT Yahveh es un Dios que se al\u00ed\u00ada gratuitamente con su pueblo, por un amor personal e \u00ed\u00adntimo, caracterizado pronto como amor esponsal, el cual pide a su vez la respuesta de un amor concedido con libertad, as\u00ed\u00ad como una entrega moral que va m\u00e1s lejos de lo estrictamente obligatorio: \"Amar\u00e1s con todo tu coraz\u00f3n\" (Dt 6, 4). El israelita ha de imitar a Dios: \"Sed santos, porque yo soy santo\" (Lev 19, 2). El cristiano responde \"a la bondad... y al amor\" de jes\u00fas (Tit 3, 4), imita y sigue al Hijo. La amistad de Dios invita y urge, pero no fuerza. Es un llamamiento al amor a manera de una \"ley\" (iugum meum: Mt 11, 29) que expresa *la tendencia a lo mejor, el \"consejo\" (Dt 6, 4-13; Jn 14, 21-24; Flp 1, 10). \"A los s\u00fabditos se les da mandatos, a los amigos consejos\" (Ambrosio, De viduis, 12, PL 16, 256).\n\nDe ah\u00ed\u00ad se desprende la importancia pastoral del c. Hay que hacer ver a Cristo, su imagen y su amor a trav\u00e9s de la \"ley\" (lex Christi: G\u00e1l 6, 2), descubriendo en ella la llamada a lo mejor; y, en las obligaciones graves (que no podemos olvidar), hemos de hallar tambi\u00e9n su verdadero sentido de un \"amor necesario\": \"No permitas que me separe de ti\" (misa). La sensaci\u00f3n de peso que se tiene al principio quedar\u00e1 superada por la mirada a la benevolencia divina como fuente de todas las manifestaciones de la voluntad de Dios. El c. es esencialmente libre: el amor misericordioso de Dios quiere vencer nuestros c\u00e1lculos de seguridad. Pero el c. no implica ning\u00fan rigorismo. Un bautizado aprecia todos los c., pero escoge libremente los que ata\u00f1en a su situaci\u00f3n providencial (S. Fr. de Sales, Tratado del amor de Dios, 8, 9. Cf. LG 42c). Una fidelidad filial, que act\u00fae con paz interna y magnanimidad, con creciente libertad (libertas a servitute, Agust\u00ed\u00adn), se convertir\u00e1 en el fundamento aut\u00e9ntico para el cumplimiento de los mandatos graves o leves, que nunca pueden ser olvidados ni puestos en tela de juicio: \" El amor perfecto echa fuera el temor\" (1 Jn 4, 18 ). No se niega que la perfecci\u00f3n cristiana est\u00e9 \"del lado de los preceptos\" (Tom\u00e1s, De Perfect. vitae spir., 14), es decir, del lado de los dos preceptos del amor, que no conocen l\u00ed\u00admites. Pero el c. constituye speciali modo (LG 42c) su realizaci\u00f3n y su signo. As\u00ed\u00ad, en el \"Hijo muy amado\" (Mt 17, 5) recibimos el llamamiento a la gracia sobrenatural, cuyo imperativo obliga actualmente tambi\u00e9n en el plano humano del trabajo, de la econom\u00ed\u00ada y de la moral.\n\nII. El \"sequere me\" y el triple consejo\n1) Durante los tres primeros siglos se ense\u00f1aba siulplemente el seguimiento de Cristo (lo cual no'significa que siempre se practicara idealmente lo ense\u00f1ado). La moral consist\u00ed\u00ada en el sencillo principio: Christus sola lex. Se \"anunciaba la buena nueva de Jes\u00fas\" (Act 5, 42); y as\u00ed\u00ad se permanec\u00ed\u00ada en el \u00e1mbito de los c. Desde los comienzos se sab\u00ed\u00ada que el c. es libre (Act 5, 4; virginidad y matrimonio: 1 Cor 7, 25), pero a todos se les inculcaba la comunidad eucar\u00ed\u00adstica, esencialmente fraternal, en la agape (Act 4, 32), en la xoevcavt\" o solidaridad mutua (Act 2, 42-44; Heb 13, 16), que pronto recibi\u00f3 el nombre de \"vida apost\u00f3lica\". No se trataba de un comunismo sin propiedad privada (Act 5, 7), sino de una disposici\u00f3n operante a compartir los propios bienes. Todos los bienes proceden del Padre com\u00fan. Era norma que no se pod\u00ed\u00ada permitir la existencia de necesitados (Act 4, 34); hab\u00ed\u00ada una \"caja com\u00fan\" (cf. BthWB: xosvwvta; cf. Rom 15, 26; 2 Cor 8, 4). En el s. Iv exist\u00ed\u00ada una secta, los \"apost\u00f3licos\", a la que se le echaba en cara que del c. hac\u00ed\u00ada un mandato. La misma sequela Cristi, predicada a todos, dio origen a una m\u00e1s estrecha koinonia entre peque\u00f1os grupos, la cual se manifestaba en la virginidad (Act 4, 32; Justino, Apol. 10, 16; 1 Cor 7, 10) y en la distribuci\u00f3n de todos los bienes. La koinonia as\u00ed\u00ad matizada fue considerada como criterio decisivo de la fe (Justino, Ireneo, Tertuliano; cf. R. CARPENTIER, La \"vie apostolique\" myst\u00e9re de lo\u00c2\u00a1, 44, 54). Cabe concluir que la comunidad \u00fanica de los tres primeros siglos se mantuvo fiel a la ense\u00f1anza del \"consejo\" para todos. El mismo -> matrimonio cristiano estaba penetrado por esa ense\u00f1anza, y era considerado como una forma especial de -> virginidad.<\/p>\n<p>2) De esta comunidad \u00fanica se desprende en el s. Iv un grupo que pronto se har\u00e1 numeroso. Hist\u00f3ricamente, el eremita o \u00abcristiano del desierto\u00bb no tiene otra intenci\u00f3n &#8211; y toda la Iglesia lo juzga as\u00ed\u00ad &#8211; que la de continuar la vita apostolica, muy dif\u00ed\u00adcil ya para la generalidad de los cristianos, ocupados en las tareas terrestres (L. BOUYER, La vie de S. Antoine, 53, 175, et passim). Por tanto, la existencia del eremita no deb\u00ed\u00ada ser otra cosa que una vita apostolica vivida m\u00e1s radicalmente. La -> obediencia al pater spiritualis) nace espont\u00e1neamente del modelo de los doce alrededor de Jes\u00fas. Ese aislamiento no suscit\u00f3 ning\u00fan problema teol\u00f3gico. La llamada \u00abal desierto\u00bb era de \u00ed\u00adndole carism\u00e1tica, se consideraba como una substituci\u00f3n del &#8211;> martirio y no constitu\u00ed\u00ada ninguna innovaci\u00f3n. Era profundamente cristiana y eclesi\u00e1stica: \u00abRespirad a Cristo\u00bb (san Antonio). Todo este fen\u00f3meno se explica plenamente por la vida y las circunstancias de la comunidad cristiana de aquella \u00e9poca, y no puede derivarse de las comunidades jud\u00ed\u00adas o de la m\u00ed\u00adstica pagana (cf. Bouyer, o.c. 51). El problema de la jurisdicci\u00f3n no vamos a tratarlo aqu\u00ed\u00ad. La Iglesia protegi\u00f3 constantemente a las comunidades que quer\u00ed\u00adan practicar con mayor intensidad los c.e. (cf. iii; cf. R. CARPENTIER, L&#8217;\u00e9v\u00e9que et la vie religieuse (411-425). En el s. xii se impuso el ternario -> pobreza, -> virginidad y -> obediencia, fijando as\u00ed\u00ad definitivamente la sequela Christi realizada como signo (Vaticano ii, LG 43; Perfectae caritatis 2a).<\/p>\n<p>3) El hecho de que el c., especialmente la koinonia, cayera en olvido en el mensaje general, de un lado se explica por el desplazamiento del acento en la predicaci\u00f3n, que s\u00f3lo exig\u00ed\u00ada un m\u00ed\u00adnimo de disposici\u00f3n, a saber, la confesi\u00f3n de los pecados, para asegurar la propia salvaci\u00f3n; y de otro lado, por el alejamiento de la comunidad evang\u00e9lica respecto a los laicos en general. Pero, en realidad, esta separaci\u00f3n deb\u00ed\u00ada despertar en todos la aspiraci\u00f3n a una mayor perfecci\u00f3n en el \u00e1gape (como se exige tambi\u00e9n en LG 12b; 13 c; 44c; 46b; y en Perfectae caritatis 24a).<\/p>\n<p>III. La comunidad eclesi\u00e1stica de los c.e. (cf. LG 4.4)<br \/>\n1. Necesidad de la instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica de los consejos. La fe de pentecost\u00e9s (Act 1, 6) constituy\u00f3 el pueblo de las promesas, que se caracteriza por su naturaleza religiosa y social a la vez (koinonia). Esta \u00abhumanidad nueva\u00bb, cuya ley suprema es el amor, se distingue radicalmente de la comunidad jur\u00ed\u00addica, que el hombre necesita para regular la convivencia. Precisamente ante esa diferencia, que explica la contraposici\u00f3n &#8211; de suyo extra\u00f1a &#8211; entre la justicia y el amor, muestra su peculiaridad el imperativo social del evangelio. Y de aqu\u00ed\u00ad nace para la Iglesia (LG 45a) la necesidad de organizar \u00abp\u00fablica y jur\u00ed\u00addicamente\u00bb los \u00abconsejos\u00bb, a fin de manifestarse ante s\u00ed\u00ad misma y ante el mundo como comunidad del amor, de la gloria de Dios y de la salvaci\u00f3n humana (LG 44c, 46b). Los obispos primero y luego los papas aseguraron una experiencia de siglos por medio de la \u00abexenci\u00f3n\u00bb (LG 45b), que no tiende a limitar el poder de las autoridades locales, sino a garantizar el testimonio del car\u00e1cter social de los c., (cf. R. CARPENTIER, L&#8217;\u00e9v\u00e9que et la vie religieuse). Del mismo modo se explican los restantes institutos eclesi\u00e1sticos institutos seculares), que tambi\u00e9n tienen como base los c.<\/p>\n<p>2. Su car\u00e1cter legal. Bien comprendido, no puede ofrecer dificultad. Cierto que el c., expresi\u00f3n de amistad y de amor, excluye todo legalismo. Pero el amor mismo de Cristo exige la construcci\u00f3n p\u00fablica y jur\u00ed\u00addica del cuerpo m\u00ed\u00adstico (-> Iglesia). El orden social del evangelio, del reino de Dios, tiene que concretarse. Su programa de total unidad debe encarnarse en la ley exterior, en organizaciones peculiares (LG 45c).<\/p>\n<p>3. Ser\u00ed\u00ada injurioso para el estado creado por los c.e. el que interpret\u00e1ramos su obligatoriedad legal sin tener en cuenta el sentido y la forma del c. Lo mismo debe decirse de toda la moral cristiana (cf. i). El \u00fanico c.e. es Cristo, amado y seguido por raz\u00f3n de \u00e9l mismo. El triple voto -interpretando los c. como adoraci\u00f3n perfecta- consagra la existencia entera, y no s\u00f3lo un m\u00ed\u00adnimo reducido a tres obligaciones (LG 44a). Adem\u00e1s, el voto es solamente el presupuesto para la apropiaci\u00f3n definitiva del esp\u00ed\u00adritu del c.; \u00e9l tiende a la \u00ablibertad\u00bb, que sobrepuja la ley (Pablo), a la alegr\u00ed\u00ada victoriosa (Agust\u00ed\u00adn), a la connaturalidad de la -> virtud (Tom\u00e1s).<\/p>\n<p>4. Resumen. Por estar tentado contra la ley divina, el hombre se siente \u00abobligado\u00bb. E1 debe aprender cada vez m\u00e1s a actuar por un amor que le lleve a amar m\u00e1s a Dios que a s\u00ed\u00ad mismo: \u00abCaridad en el amor\u00bb (Ef 5, 2). S\u00f3lo Cristo puede capacitarlo para esto; \u00e9l lo atrae y le da la gracia. El don de Cristo exige una actitud por la que el hombre reconoce los deberes y mandatos, se libera m\u00e1s y m\u00e1s de la tentaci\u00f3n al pecado y tiende al cumplimiento magn\u00e1nimo de los c.e. El estado eclesi\u00e1stico basado en los c.e. constituyen un testimonio constante del amor gratuito, encarnado en la comunidad fraternal. La pastoral ha de estar penetrada por este testimonio, para transmitirlo al mundo (LG 44c; 46a; Perfectae caritatis 24a).<\/p>\n<p>Ren\u00e9 Carpentier<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son tres. &#8211; Pobreza: Mar 10:21, Mat 8:20. &#8211; Castidad: Mat 19:12, Mat 5:27-28, 1Co 7:8, 1Co 7:38. &#8211; Obediencia: Fue la vida de Jes\u00fas sobre la tierra, \u00c2\u00a1y la de Mar\u00ed\u00ada! Fil. 2:Flp 8:11, Jua 4:34, Jua 5:20, Luc 1:38, Luc 1:48. 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