{"id":7962,"date":"2016-02-05T04:15:15","date_gmt":"2016-02-05T09:15:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/credo\/"},"modified":"2016-02-05T04:15:15","modified_gmt":"2016-02-05T09:15:15","slug":"credo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/credo\/","title":{"rendered":"CREDO"},"content":{"rendered":"<p>Principales art\u00ed\u00adculos de la fe: (Mat 15:16, 1Ti 3:16).<\/p>\n<p> &#8211; Existen varios Credos: El de los Ap\u00f3stoles, el de Nicea, el de Atanasio, el del Vaticano II.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[210]<\/p>\n<p>     Credo en general significa literalmente \u00abcreo\u00bb, es decir \u00abmi expresi\u00f3n de fe\u00bb. Es, por lo tanto, el conjunto de ideas, verdades, misterios, creencias o doctrinas que una persona acepta y profesa.<\/p>\n<p>    1. Significado<br \/>\n    En la terminolog\u00ed\u00ada cristiana, alude desde los primeros tiempos a la f\u00f3rmula que recoge ordenadamente los enunciados de los principales dogmas.<\/p>\n<p>    Puede aplicarse, por extensi\u00f3n, a la misma fe religiosa de los creyentes. Entonces se presenta como casi sin\u00f3nimo de creencias b\u00e1sicas de la Iglesia.<\/p>\n<p>    Y en general el t\u00e9rmino \u00abcredo\u00bb se ha convertido en lista de creencias asumidas por los pros\u00e9litos de una religi\u00f3n, sistema o doctrina cualquiera.<\/p>\n<p>    Pero, en sentido m\u00e1s estricto, implica cierto orden, \u00ed\u00adndice progresivo o sumario sint\u00e9tico de los principales dogmas, principios o art\u00ed\u00adculos de fe que profesa una comunidad creyente.<\/p>\n<p>    2. Evoluci\u00f3n del t\u00e9rmino<br \/>\n    El alcance hist\u00f3rico del t\u00e9rmino \u00abcredo\u00bb ha estado prioritariamente asociado a la fe cristiana, m\u00e1s que a otras confesiones religiosas, desde los primeros siglos.<\/p>\n<p>    Expl\u00ed\u00adcitamente ya en el siglo III, se aludi\u00f3 con el t\u00e9rmino a los diversos modos de expresar la fe que ten\u00ed\u00adan las comunidades primitivas, no siempre coincidentes en determinados matices o expresiones. A veces, la misma formulaci\u00f3n del \u00abcredo\u00bb lleg\u00f3 a provocar disensiones y pol\u00e9micas teol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>    Por eso fue frecuente el intento de dilucidar el modo de \u00abconfesar\u00bb, de proclamar, la fe y se multiplicaron reuniones, s\u00ed\u00adnodos o concilios, en los que se reunieron obispos, pastores, te\u00f3logos, con la intenci\u00f3n de clarificar las expresiones.<\/p>\n<p>    Las pol\u00e9micas permitieron la clarificaci\u00f3n de las doctrinas y, con la claridad en lo que se cre\u00ed\u00ada, se lleg\u00f3 a la nitidez en los modos de formular las verdades. As\u00ed\u00ad se fue discerniendo los que eran verdaderas (cat\u00f3licas) de lo que se filtraba como ense\u00f1anzas her\u00e9ticas o err\u00f3neas.<\/p>\n<p>    Las iglesias latinas prefirieron emplear el t\u00e9rmino griego de \u00abS\u00ed\u00admbolo\u00bb, que etimol\u00f3gicamente significa signo o emblema de lo que se profesa. Como tal se habl\u00f3 a lo largo de la Edad Media y se sigue empleando hoy cuando se alude a la lista de verdades b\u00e1sicas en las que se cree.<\/p>\n<p>    En el siglo XVI, los protestantes prefirieron usar el t\u00e9rmino \u00abconfesi\u00f3n\u00bb (Confesi\u00f3n de Augsburgo (Junio de 1530), Confesi\u00f3n de las cuatro ciudades imperiales, Confesi\u00f3n Helv\u00e9tica, para no atarse a la forma tradicional de expresar las creencias b\u00e1sicas.<\/p>\n<p>    3. Historia del Credo<br \/>\n    En los textos evang\u00e9licos se intuye ya alguna forma de definici\u00f3n clara de lo que se profesa. Se alude en ocasiones a los modos de predicaci\u00f3n trinitaria, \u00abId y predicad a todas las naciones, bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. (Mt. 18. 19).<\/p>\n<p>    Y se parece entender en esas referencias que los oyentes y convertidos se hacen capaces, por la predicaci\u00f3n, de asumir y aceptar la tal predicaci\u00f3n<br \/>\n    3.1. Ya en la Escritura.<\/p>\n<p>    San Pablo hablaba tambi\u00e9n a los Romanos de una \u00abregla de doctrina\u00bb, que expresara el seguimiento de la fe para salir del pecado (Rom. 6. 17). Y declara la necesidad de creer de coraz\u00f3n y \u00abconfesar la fe con la palabras y las obras para salvarse.\u00bb (Rom. 10. 10) En diversidad de alusiones entreve la necesidad de poder decir lo que se cree (Ef. 120-23, Filip. 2. 5-11, 1. Tim. 6.13, Col. 1. 21-22, etc.)<\/p>\n<p>    En los Hechos de los Ap\u00f3stoles se narra, aunque hay duda de si el texto pertenece al documento original o es una interpolaci\u00f3n o glosa posterior que aparece en muchos manuscritos antiguos, la petici\u00f3n del di\u00e1cono Felipe al eunuco que quiere bautizarse. Ante su demanda de si cree, el texto antiguo recoge la expresi\u00f3n: \u00abCreo que Jes\u00fas es el Hijo de Dios, y es el Mes\u00ed\u00adas\u00bb (Hech. 10. 17). Aunque no sea estrictamente b\u00ed\u00adblico este fragmento, su antig\u00fcedad es indiscutible. Puede remontarse al siglo III, incluso a finales del II.<\/p>\n<p>    Era natural ya en la primitiva Iglesia, la de los Ap\u00f3stoles, que se precisara alguna f\u00f3rmula para poder expresar las propias creencias, m\u00e1xime teniendo en cuenta la procedencia jud\u00ed\u00ada de los primeros creyentes y la abundancia de formulaciones del Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>    3.2. Tiempos catecumenales<br \/>\n    La forma catecumenal de preparar a los creyentes que se iban progresivamente instalando en las comunidades cristianas as\u00ed\u00ad lo exig\u00ed\u00adan. Eran cada vez m\u00e1s frecuentes las adhesiones de los conversos procedentes de modelos religiosos ajenos por completo al juda\u00ed\u00adsmo. Con frecuencia eran portadores de una cultura griega muy dada a las formulaciones clarificadoras. Y esperaban que el mensaje cristiano se pudiera definir con modos expresivos claros y permanentes.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad aparece en los primeros escritos no inspirados que conservamos, por ejemplo en la \u00abDidaj\u00e9 o Doctrina de los doce ap\u00f3stoles\u00bb, del final del siglo I (7.2 y 9.5)<\/p>\n<p>    La necesidad de la clarificaci\u00f3n doctrinal llega a su cumbre en los comienzos del siglo IV en casi todas las comunidades Oriente y de Occidente. Los procesos de formaci\u00f3n de los que llegan al cristianismo se van haciendo cada vez m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos, como se advierte en documentos al estilo de los siguientes:<\/p>\n<p>   &#8211; Didascalia, c. 250;<\/p>\n<p>   &#8211; Tertuliano, en sus cuatro f\u00f3rmulas de fe (De prescrip. c. 13);<\/p>\n<p>   &#8211; C\u00e1nones de Hip\u00f3lito, c. 220;<\/p>\n<p>   &#8211; S. Cirilo de Jerusal\u00e9n, Cat. 5. 12;<\/p>\n<p>   &#8211; San. Agust\u00ed\u00adn, Serm\u00f3n 214, etc.<\/p>\n<p>   \u00abMaestro del s\u00ed\u00admbolo que prepara la fe\u00bb (Doctor Symboli ac fides) llamaba Rufino de Aquileia, en el siglo IV, al di\u00e1cono encargado de los catec\u00famenos.<\/p>\n<p>    Las f\u00f3rmulas claras y ordenadas de la doctrina que el postulante al bautismo debe aprender, aceptar, profundizar y transformar en vida cristiana, se convierten en el gui\u00f3n de la formaci\u00f3n del pensamiento. Es, al mismo tiempo, la gu\u00ed\u00ada pr\u00e1ctica de las virtudes y el cauce de la adhesi\u00f3n a las plegarias se presentan en la comunidad en la que se ingresa.<\/p>\n<p>    3.3. Base trinitaria<br \/>\n    San Agust\u00ed\u00adn, en el siglo V, relata c\u00f3mo se recitaba ya el Credo trinitario ante las demandas del Obispo que bautizaba al catec\u00fameno con triple inmersi\u00f3n y exig\u00ed\u00ada \u00abcreer en Dios Padre, en Jesucristo, Hijo \u00fanico de Dios, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en la Santa Iglesia, en el perd\u00f3n de los pecados y en la resurrecci\u00f3n de la carne\u00bb (Confesiones. 8. 2)<\/p>\n<p>    La f\u00f3rmula trinitaria fue esencial en la formulaci\u00f3n del S\u00ed\u00admbolo desde los primeros tiempos. Fue con toda seguridad una f\u00f3rmula redactada e inspirada en las mismas palabras de Cristo (Mat. 28. 19) y desde el principio tal confesi\u00f3n fue reclamada por los seguidores de Jes\u00fas a los nuevos conversos. (Hech 2. 38 y 19. 3)<\/p>\n<p>    Y la vinculaci\u00f3n con la liturgia bautismal qued\u00f3 patente en todas las comunidades, en cuanto se introduc\u00ed\u00ada en el rito de iniciaci\u00f3n la confesi\u00f3n clara que expresara la libre adhesi\u00f3n a lo que confesaba la comunidad que recib\u00ed\u00ada al ne\u00f3fito.<br \/>\n  4. Los tipos de credos<br \/>\n    Entre las muchas f\u00f3rmulas que se difundieron en las diversas cristiandades, la tradici\u00f3n cat\u00f3lica ha considerado mod\u00e9licas y referenciales las de cuatro s\u00ed\u00admbolos o credos:<br \/>\n   &#8211; el de los Ap\u00f3stoles, que es la profesi\u00f3n m\u00e1s antigua de la fe que se us\u00f3 en la Iglesia;<br \/>\n   &#8211; el del Concilio Nicea (325);<br \/>\n   &#8211; el complemento del Concilio de Constantinopla (381);<br \/>\n   &#8211; el de san Atanasio.<\/p>\n<p>    4.1. El credo romano<br \/>\n    Fue una de las primeras f\u00f3rmulas de fe que se extendieron por las cristiandades de Occidente. Se le llam\u00f3 tambi\u00e9n \u00abCredo de los Ap\u00f3stoles\u00bb desde el siglo IV. Esta expresi\u00f3n \u00abS\u00ed\u00admbolo de los Ap\u00f3stoles\u00bb aparece por primera vez en la carta del Concilio de Mil\u00e1n (390) al Papa Ciricio. Desde ese momento, se hace usual la expresi\u00f3n, entendi\u00e9ndose con ella el Credo romano.<\/p>\n<p>    4.1.1. Originalidad<br \/>\n    El primer documento que declara tal origen es el \u00abComentario al S\u00ed\u00admbolo de los Ap\u00f3stoles\u00bb, de Rufino de Aquileia, hacia el a\u00f1o 400 \u00f3 410.<\/p>\n<p>   M\u00e1s tarde propagan esta opini\u00f3n San Jer\u00f3nimo en siglo V, San Le\u00f3n Papa en VI y San Isidoro en el siglo VII entre otros.<\/p>\n<p>   En la Edad Media se consolida la creencia ya generalizada y se atribuye una frase o sentencia a cada uno de los doce antes de separarse, afirmando su intenci\u00f3n de redactar una confesi\u00f3n de fe consensuada, organizada trinitariamente y completada con la referencia a la Iglesia, al perd\u00f3n del pecado y a la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Incluso se llega a considerar el credo tan inspirado como la misma Escritura Sagrada, por el origen apost\u00f3lico de cada verdad proclamada y por la supuesta acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre ellos.<\/p>\n<p>   Las diversas opiniones del orden apost\u00f3lico insinuado confirman el car\u00e1cter legendario de esta atribuci\u00f3n. El orden preferido parece que fue el del canon eucar\u00ed\u00adstico de Roma: Pedro, Juan, Santiago, Andr\u00e9s, Felipe, Tom\u00e1s, Bartolom\u00e9, Mateo, Santiago, Sim\u00f3n, Judas, y de nuevo Tom\u00e1s.<\/p>\n<p>   A pensar de la improbabilidad de la procedencia apost\u00f3lica, no quita valor a la venerable f\u00f3rmula, la cual es anterior al siglo IV con seguridad.<\/p>\n<p>   El tipo de redacci\u00f3n de las sentencias, la condici\u00f3n lapidaria de las frases, la ausencia de conceptos a\u00f1adidos a lo esencial, hacen sospechar a muchos expertos que su antig\u00fcedad puede remontarse a mediados del siglo II. San Justino y San Ireneo, de ese siglo, hacen alusiones a f\u00f3rmulas de fe que reflejan una similitud casi perfecta.<\/p>\n<p>    Lo que resulta indudable es que, si se mira al contenido de los enunciados, el \u00abCredo de los Ap\u00f3stoles\u00bb reproduce las esencias apost\u00f3licas m\u00e1s claras y perfectas.<\/p>\n<p>    Es tambi\u00e9n indiscutible su marcado significado catecumental; es decir, sirvi\u00f3 de gu\u00ed\u00ada para clarificar la fe hasta entonces carism\u00e1tica y emotiva de los seguidores inmediatos de los Ap\u00f3stoles; y respondi\u00f3 a la necesidad de una orientaci\u00f3n m\u00e1s conceptual y cultural en la expresi\u00f3n de las creencias b\u00e1sicas de los creyentes posteriores.<\/p>\n<p>    Del mismo modo, el origen romano de la formulaci\u00f3n de este credo parece evidente, as\u00ed\u00ad como su extensi\u00f3n casi exclusiva en las Iglesias occidentales. Al menos, no es citado por ninguno de los escritores de las Iglesias de Oriente pr\u00e1cticamente hasta el siglo IX.<\/p>\n<p>    4.1.2. El texto primitivo<br \/>\n    Resulta interesante contrastar la pureza, sencillez y radicalidad de las sentencias que configuran lo esencial del s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico. A pesar de algunas a\u00f1adiduras que se detectaron en determinados documentos o autores a lo largo de los tiempos, el eje esencial de este s\u00ed\u00admbolo se ha mantenido intangible a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>    El proceso l\u00f3gico, y trinitario, de esa formulaci\u00f3n queda patente en su configuraci\u00f3n inmutable hasta nuestros d\u00ed\u00adas. Se convertir\u00e1 m\u00e1s adelante en la gu\u00ed\u00ada de las explicaciones doctrinales de la Iglesia.<\/p>\n<p>    La fidelidad al texto romano primitivo que aparece en autores del siglo III, sorprende al compararlo con las leves variaciones (se ponen aqu\u00ed\u00ad entre[&#8230;]) que hoy todav\u00ed\u00ada se emplean.<\/p>\n<p>   1. Creo en Dios Padre todopoderoso[creador del cielo y de la tierra].<\/p>\n<p>   2. Y en Jesucristo, Hijo Unico suyo[Nuestro Se\u00f1or],   3. Que[fue concebido] del Esp\u00ed\u00adritu Santo y naci\u00f3 de Mar\u00ed\u00ada, la Virgen.<\/p>\n<p>   4. Bajo Poncio Pilatos fue crucificado, muerto y sepultado[y descendi\u00f3 a los infiernos].<\/p>\n<p>   5. Al tercer d\u00ed\u00ada resucit\u00f3 de entre los muertos.<\/p>\n<p>   6. Subi\u00f3 a los cielos.<\/p>\n<p>   7. Est\u00e1 sentado a la derecha del[Dios] Padre[todopoderoso].<\/p>\n<p>   8. De all\u00ed\u00ad ha de venir a juzgar a vivos y a muertos.<\/p>\n<p>   9.[Creo] en el Esp\u00ed\u00adritu Santo.  10. En la Santa Iglesia[cat\u00f3lica y en la comuni\u00f3n de los santos].  11. En el perd\u00f3n de los pecadores.  12. Y en la resurrecci\u00f3n de la carne[y en la vida eterna].<\/p>\n<p>    Esas variaciones a las doce sentencias o doctrinas del texto primitivo fueron introducidas a lo largo ya de los primeros siglos. Pero es de notar que se a\u00f1adieron en forma de aposiciones o explicaciones, como dando a entender el deseo de precisar o aclarar alg\u00fan punto ambiguo o menos entendido.<\/p>\n<p>    4.1.3. A\u00f1adidura del \u00abfilioque\u00bb<br \/>\n    La m\u00e1s significativa de esas aposiciones fue la que hace alusi\u00f3n a la doble procedencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, del Padre y del Hijo (filioque), una vez que se superaron las vacilaciones sobre su identidad divina.<\/p>\n<p>    La palabra \u00abfilioque\u00bb (que procede tambi\u00e9n del Hijo) fue reacci\u00f3n ante las diversas herej\u00ed\u00adas pneumatol\u00f3gicas. Intenta resaltar el origen divino del Esp\u00ed\u00adritu y su identidad trinitaria.<\/p>\n<p>    Hacia el 410, el S\u00ed\u00adnodo de Seleucia ya explicitaba la necesidad de reconocer que el Esp\u00ed\u00adritu Santo es divino, como lo es El Padre y lo es el Hijo. Diversos S\u00ed\u00adnodos del siglo V fueron pronto asumiendo expl\u00ed\u00adcitamente este reconocimiento: Concilio II de Toledo, del 447 y el III de Toledo en el 589, por ejemplo. Las declaraciones de este \u00faltimo parece que fueron notablemente influyentes en las iglesias de la Galia y de Germania.<\/p>\n<p>    M\u00e1s impermeables a las influencias se mantuvieron las iglesias del Oriente, en donde la a\u00f1adidura \u00abfilioque\u00bb no se hizo presente en sus f\u00f3rmulas dogm\u00e1ticas y origin\u00f3 aversiones con el Occidente.<\/p>\n<p>    Los delegados de Constantino Copr\u00f3nimo manifestaron su oposici\u00f3n a la a\u00f1adidura en el Concilio de Gentilly en el 767. En Germania, Carlomagno reclam\u00f3 su inserci\u00f3n en el S\u00ed\u00admbolo por parte del S\u00ed\u00adnodo de Aquisgr\u00e1n en el 809 y envi\u00f3 dos Obispos a Roma para que el Papa Le\u00f3n III sancionara tal inclusi\u00f3n. El Sumo Pont\u00ed\u00adfice se limit\u00f3 a aprobar el dogma de la doble procesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, pero no la innovaci\u00f3n lit\u00fargica de incluir el t\u00e9rmino en el S\u00ed\u00admbolo, tal vez para no disgustar a las iglesias griegas que se opon\u00ed\u00adan a tal innovaci\u00f3n lit\u00fargica. Con todo toler\u00f3 que los germanos introdujeran la expresi\u00f3n en el canto del S\u00ed\u00admbolo en la liturgia.<\/p>\n<p>    A partir del siglo IX, la inclusi\u00f3n de la doble procesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo ya constaba en la mayor parte de las iglesias de Occidente e incluso en algunas de Oriente. Esa variaci\u00f3n provoc\u00f3 entre estas \u00faltimas algunas disensiones, que preanunciaban la separaci\u00f3n que habr\u00ed\u00ada de producirse con Focio, el a\u00f1o 858, cuando el Papa Nicol\u00e1s I rechaz\u00f3 las pretensiones her\u00e9ticas de este patriarca de Constantinopla (desde el 858) y que fue luego condenado en el IV Concilio de Constantinopla en el 869.<\/p>\n<p>    Las disensiones con las Iglesias orientales no terminaron y la procesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo fue uno de los elementos de discordia, a pesar de las transigencias y negociaciones que se fueron prolongando a lo largo de varios siglos. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, los papas Inocencio IV y Alejandro IV, en 1254, para alcanzar la uni\u00f3n con la Iglesia griega, dispensaron a los griegos de explicitar en el S\u00ed\u00admbolo la palabra Filioque.<\/p>\n<p>    Pr\u00e1cticamente fue el II Concilio de Lyon (274) el que legitim\u00f3 y reconoci\u00f3 definitivamente la inserci\u00f3n de este t\u00e9rmino en el S\u00ed\u00admbolo. Los delgados griegos aceptaron entonces la doble procedencia y pareci\u00f3 superarse provisionalmente la disidencia. Gregorio X y el Concilio se contentaron en exigir a los griegos la fe en el dogma sin exigirles la profesi\u00f3n en el S\u00ed\u00admbolo.<\/p>\n<p>    La conducta observada por Eugenio IV en el Concilio de Florencia de 1439 reaviv\u00f3 la aversi\u00f3n de los griegos, que har\u00ed\u00adan a partir de entonces caso omiso del precepto de acoger el dogma y rechazaron ya desde entonces la formulaci\u00f3n occidental.<\/p>\n<p>    4.1.4. Influencia<br \/>\n    Todas las f\u00f3rmulas occidentales que fueron surgiendo a lo largo de los siglos est\u00e1n calcadas con admirable fidelidad sobre el S\u00ed\u00admbolo romano.<\/p>\n<p>    Su perspectiva trinitaria y su proyecci\u00f3n cristol\u00f3gica, eclesiol\u00f3gica y escatol\u00f3gica, fueron moldes en que se configuraron las dem\u00e1s expresiones. Por eso se le considerar\u00ed\u00ada siempre como un molde ideal de la doctrina.<\/p>\n<p>    No cabe duda de que el redactor del S\u00ed\u00admbolo romano, o la comunidad en la que se gest\u00f3, se inspiraron en la ense\u00f1anza oral m\u00e1s que en la escrita.<\/p>\n<p>    Es claro que se refleja en el texto la misma atm\u00f3sfera que respiraron los evangelistas. Hace alusi\u00f3n, como ellos, a la figura viva del Mes\u00ed\u00adas: de su paso por la tierra: nacimiento virginal, sufrimiento, crucifixi\u00f3n, sepultura y su exaltaci\u00f3n. La idea capital es su existencia indiscutible y real. Proclama a Jes\u00fas como verdadero hombre, que tiene una madre en la tierra, pero que es Hijo de Dios.<\/p>\n<p>   El texto armoniza la fe en un hombre real, en el que se esconde el Verbo de Dios. Y se presenta como resonancia de la confesi\u00f3n de Pedro que recoge el texto evang\u00e9lico: T\u00fa eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. (Mt. 16.18)<\/p>\n<p>  4.1.5. Conservaci\u00f3n del texto<br \/>\n    En el siglo IV se hallan dos textos del S\u00ed\u00admbolo de Roma, griego el uno y latino el otro.<\/p>\n<p> *  El griego se conserva en una carta escrita hacia el a\u00f1o 337 \u00f3 338 por Marcelo, obispo de Ancira, al papa Julio I, para defenderse de la acusaci\u00f3n de arrianismo. Se conserva citada por San Epifanio (Contra Herejes 72).<\/p>\n<p> * El latino se halla en el comentario de Rufino de Aquileya (hacia el 410) sobre el S\u00ed\u00admbolo de los Ap\u00f3stoles. Es probable que el original sea el griego y el latino no fuera m\u00e1s que una mera traducci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El texto tradicionalmente transmitido (textus receptus) procede, pues de Roma, pero se fue difundiendo por todas las Iglesias de Occidente, desde las africanas a las de Galia, Germania e Hispania.<\/p>\n<p>    Es bueno recordar tambi\u00e9n que en todas las Iglesias se a\u00f1adieron antes o despu\u00e9s algunas matizaciones. Con todo se mantuvo siempre el texto original con asombrosa fidelidad, prueba del respeto que mereci\u00f3 desde su origen.<\/p>\n<p>    Las variantes son meras a\u00f1adiduras explicativas, quedando siempre el mismo n\u00famero de art\u00ed\u00adculos y la misma orientaci\u00f3n expresiva, breve, simple, lapidaria, radical y trinitaria.<\/p>\n<p>    4.2. El credo niceno<br \/>\n    Adem\u00e1s del S\u00ed\u00admbolo de los Ap\u00f3stoles, otros S\u00ed\u00admbolo han sido usados y respetados en las diversas Iglesias.<\/p>\n<p>    En muchos lugares se denomin\u00f3 tambi\u00e9n \u00abapost\u00f3lico\u00bb al que recitamos todav\u00ed\u00ada hoy en la Eucarist\u00ed\u00ada y cuya formulaci\u00f3n fue preparada, en sus sentencias principales, en el Concilio de Nicea.<\/p>\n<p>    4.2.1. Origen.<\/p>\n<p>    Este s\u00ed\u00admbolo tiene su procedencia en las f\u00f3rmulas discutidas y redactadas por los tres centenares de Padre reunidos en el Concilio de Nicea (325). Se dispusieron con la intenci\u00f3n de clarificar la doctrina sobre Cristo, Hijo de Dios y sobre la dimensi\u00f3n trinitaria de la fe cristiana.<\/p>\n<p>    Por lo dem\u00e1s, y en contra de una tradici\u00f3n antigua que atribuy\u00f3 la parte del Esp\u00ed\u00adritu Santo al concilio de Constantinopla (381), el texto probablemente sufri\u00f3 algunas leves variaciones en determinados momentos o cristiandades.<\/p>\n<p>    Aunque m\u00e1s tard\u00ed\u00ada que el apost\u00f3lico, su redacci\u00f3n y estructura es equivalente al primer s\u00ed\u00admbolo. Lo que se intent\u00f3 fue clarificar algunos aspectos con expresiones insistentes sobre lo que negaban algunos obispos o monjes. Claramente se consigui\u00f3 el objetivo.<\/p>\n<p>    En Roma parece fue adoptado por la lglesia bajo Justiniano; se halla aludido ya en algunos Concilios posteriores, por ejemplo, en uno de Galicia (Espa\u00f1a), en los \u00faltimos decenios del siglo V.<\/p>\n<p>    De hecho el S\u00ed\u00admbolo tiene dos partes claramente delimitadas, por lo que se le suele considerar como dos s\u00ed\u00admbolo que posteriormente se simplifican en las celebraciones lit\u00fargicas.<\/p>\n<p>    La parte primera, la que se refiere a Cristo, fue redactada en medio de las discusiones del Concilio en 325. Por eso se le llam\u00f3 a veces \u00abconfesi\u00f3n de los 318 Padres\u00bb. Su centro de atenci\u00f3n est\u00e1 en la proclamaci\u00f3n de la divinidad de Cristo, en clara alusi\u00f3n al combate que en Nicea se tuvo con los arrianos y en el que San Atanasio, entonces joven e inteligente di\u00e1cono al servicio de su Obispo Alejandro, resalt\u00f3 como clarividente campe\u00f3n de la ortodoxia.<\/p>\n<p>    4.2. Rasgo constantinopolitano<\/p>\n<p>    Es la segunda parte, la que se centra en las expresiones relativas al Esp\u00ed\u00adritu Santo, la que en la tradici\u00f3n se atribuy\u00f3 a Constantinopla, en donde se celebr\u00f3 un Concilio con unos 600 Obispos el a\u00f1o 381. Esta opini\u00f3n no parece garantizada.<\/p>\n<p>    A pesar de ello s\u00ed\u00ad es seguro que en este encuentro se trat\u00f3 fuertemente de las ense\u00f1anzas de los adversarios a la divinidad de la Tercer Persona trinitaria. No consta que fuera asumida ninguna f\u00f3rmula prefijada, pero s\u00ed\u00ad que se clarific\u00f3 la doctrina sobre la Tercera Persona trinitaria.<\/p>\n<p>    Uno de los asistentes, el Obispo de Constantinopla Macedonio (desde el 360), sosten\u00ed\u00ada que el Esp\u00ed\u00adritu Santo era una sustancia subordinada al Padre y al Hijo y que no pasaba de ser una criatura semejante a los \u00e1ngeles.<\/p>\n<p>    Contra \u00e9l y sus partidarios proclam\u00f3 el Concilio la afirmaci\u00f3n de la verdadera fe.<\/p>\n<p>    Por eso se le atribuy\u00f3 al Concilio la redacci\u00f3n de las frases: \u00aby (creemos) que el Esp\u00ed\u00adritu Santo, es Se\u00f1or y vivificador, que procede del Padre, que es adorado y glorificado con el Padre y el Hijo, y que ha hablado por los profetas.\u00bb<br \/>\n    Con todo, es dudoso que la formulaci\u00f3n fuera tan expl\u00ed\u00adcita. Algunos de los grandes escritores que se hallaron presentes en el Concilio, como es el caso de San Gregorio Nacianceno, no menciona tal hecho y s\u00f3lo comenta la f\u00f3rmula de Nicea.<\/p>\n<p>    Por lo dem\u00e1s, existen estrechas conexiones, incluso literales, con textos que los catec\u00famenos deb\u00ed\u00adan aprender y asumir en algunas otras cristiandades. Tal es el caso de las afirmaciones de San Epifanio, en su escrito \u00abAncoratus\u00bb en 374, siete a\u00f1os antes del Concilio de Constantinopla. Y tambi\u00e9n son similares a las f\u00f3rmulas bautismales que aparecen en las catequesis usadas en la Iglesia de Jerusal\u00e9n, atribuidas a S. Cirilo (315-386), compuestas bastantes a\u00f1os antes del encuentro de Constantinopla, tal vez hacia el a\u00f1o 353, siendo el futuro Obispo de Jerusal\u00e9n simple sacerdote encargado de los catec\u00famenos.<\/p>\n<p>    Parece casi seguro que en Constantinopla no se discuti\u00f3 la cuesti\u00f3n de las f\u00f3rmulas relativas al Esp\u00ed\u00adritu Santo, sino que los reunidos se limitaron a acoger y reconocer las usadas en diversas cristiandades de donde proven\u00ed\u00adan.<\/p>\n<p>    4.3. El s\u00ed\u00admbolo de S. Atanasio<br \/>\n    En muchos escritores antiguos tuvo enorme influencia, por la claridad trinitaria y la precisi\u00f3n terminol\u00f3gica, el llamado s\u00ed\u00admbolo de San Atanasio (295-373), Padre y Doctor de la Iglesia.<\/p>\n<p>    La atribuci\u00f3n a San Atanasio durante mucho tiempo le hizo especialmente influyente. Y, aunque hoy est\u00e9 fuera de toda duda de que no se debi\u00f3 al gran Obispo de Alejandr\u00ed\u00ada, cinco veces desterrado por su oposici\u00f3n a los arrianos, escritor pol\u00e9mico incansable, modelo de ortodoxia, no cabe duda de que fue un S\u00ed\u00admbolo relevante en la Historia de la Iglesia de los tiempos antiguos e, incluso, recientes.<\/p>\n<p>   El s\u00ed\u00admbolo comienza por la interpelaci\u00f3n: \u00abQuien quiera salvarse\u00bb, de donde le viene su nombre cl\u00e1sico de \u00abQuicumquae\u00bb. Su lenguaje original fue el lat\u00ed\u00adn, no el griego; parece que su redacci\u00f3n fue de la segunda parte del siglo V.<\/p>\n<p>    Posee cuarenta frases r\u00ed\u00adtmicas, hermosamente trabajadas y centradas en la Trinidad divina en la primera parte y en la doble naturaleza de Cristo en la segunda. Posee un tono contundente y, desde luego, antiher\u00e9tico m\u00e1s que lit\u00fargico y catequ\u00e9tico. Sin embargo, en muchas cristiandades se recit\u00f3 a lo largo de la Edad Media en determinadas fiestas solemnes. Influy\u00f3 en muchos escritores y te\u00f3logos a lo largo de los siglos y contribuy\u00f3 claramente a precisar la terminolog\u00ed\u00ada trinitaria y cristol\u00f3gica.<\/p>\n<p> 5. El Credo y la catequesis<\/p>\n<p>    La Iglesia ha visto siempre en el s\u00ed\u00admbolo, o credo, un objeto central de la catequesis. No es suficientemente considerarlo como un programa o lista de doctrinas o misterios que deben ser explicados a los catequizando.<\/p>\n<p>    M\u00e1s bien el credo se termina convirtiendo en plegaria fiducial hacia la que converge toda la catequesis.<\/p>\n<p>    Es cierto que la ordenaci\u00f3n de la doctrinas ha contribuido a que la catequesis se interese por la ordenaci\u00f3n sistem\u00e1tica de las verdades, por el aprendizaje de las f\u00f3rmulas, por la clarificaci\u00f3n de los t\u00e9rminos.<\/p>\n<p>    Algo semejante aconteci\u00f3 con los mandamientos y con los sacramentos, que se recogieron en f\u00f3rmulas clarificadoras de las creencias. Fueron fuente de inspiraci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica, al transformarse en listas ordenadas y progresivas para las diversas exposiciones morales y cultuales de los catequistas de todos los tiempos.<\/p>\n<p>    Por lo que se refiere a la exposici\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica de los misterios y dogmas cristianos, el credo se ha presentado siempre como cauce ordenado para tratar las verdades religiosas ante la mente creyente. Con sus expresiones se definen y organizan las creencias y se expresan de forma clara y compartida.<\/p>\n<p>    Si el credo no se hubiera hecho usual en la Iglesia, habr\u00ed\u00ada que reinventarlo por motivos catequ\u00ed\u00adsticos.<\/p>\n<p>      5.1. Sentido del Credo   Interesa, pues, resaltar el doble sentido que el credo tiene en la tarea educadora de la fe, en la dos partes que siempre se han considerado en \u00e9l.<\/p>\n<p>      5.1.1. La parte trinitaria<br \/>\n    En el orden l\u00f3gico o instructivo, la dimensi\u00f3n trinitaria del credo ha impulsado con frecuencia el plan de toda catequesis cristiana.<br \/>\n  *  Se comienza por una mirada al cielo y por un recuerdo hacia el Padre, Creador, Providente y Se\u00f1or del Universo.<br \/>\n  *  La atenci\u00f3n al Hijo es consecuencia de la mirada al Padre. Anunciado por los Profetas, concebido, nacido, predicador, sufriente, muerto y resucitado, juez de vivos y muertes que vendr\u00e1, fue el centro o eje de la catequesis en su dimensi\u00f3n evang\u00e9lica. La figura de Jes\u00fas, con su mensaje de salvaci\u00f3n, centro conceptual del credo, lo es tambi\u00e9n de la catequesis vital y comprometedora.<br \/>\n  *  Y la culminaci\u00f3n de la catequesis se orienta a la perfecci\u00f3n con la presentaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, con sus dones y su gracia santificadora.<\/p>\n<p>    5.1.2. La parte eclesial<br \/>\n    La segunda parte de las f\u00f3rmulas de fe, de todo credo, se orientan a otros misterios eclesiales m\u00e1s cercanos, como son la realidad del Cuerpo M\u00ed\u00adstico que formamos los cristianos, la comuni\u00f3n de los seguidores de Jes\u00fas, el perd\u00f3n de los pecados, la esperanza en la resurrecci\u00f3n y la seguridad de la vida eterna.<\/p>\n<p>    Esta parte nos hace pensar que nos espera otra vida y que podemos ser perdonados de nuestros pecados.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s es digno de resaltar la dimensi\u00f3n lit\u00fargica que siempre tuvo el S\u00ed\u00admbolo para los cristianos. M\u00e1s que plegaria invocatoria o deprecatoria, se present\u00f3 como recitaci\u00f3n de las propias certezas de la fe.<\/p>\n<p>    5.2. El credo como lenguaje<br \/>\n    En la medida de lo posible, toda catequesis tiene que terminar confesando aquello en lo que se cree y para lo que se ilustra, prepara y alienta al catequizando.<\/p>\n<p>    Por eso el credo es una formula de fe, es decir un acto de reconocimiento de lo que Dios ha revelado. El cristiano de todos los tiempos y de todas las edades, termina haciendo p\u00fablico ante los dem\u00e1s cristianos eso que cree gracias a que tiene una f\u00f3rmula o un cauce para ello.<\/p>\n<p>    En la clarificaci\u00f3n de sus lenguajes y mensajes el catequista prepara esa declaraci\u00f3n de fe. Es el objetivo para encauzar la acci\u00f3n de la formaci\u00f3n b\u00e1sica en las ideas y en las adhesiones que el credo implica. Saber lo que se cree y expresarlo de forma clara, definida, decidida y concordante con los dem\u00e1s fieles ha sido algo esencial en la educaci\u00f3n religiosa. Lo fue en los primeros tiempos y lo sigue siendo en la actualidad.<\/p>\n<p>    Por eso el Credo posee un valor importante en la formaci\u00f3n de la fe, en cuanto cauce para proclamar y aclarar los modos de expresar la propia fe.<\/p>\n<p>    6. Los otros credos<br \/>\n    Bueno ser\u00e1 tambi\u00e9n recordar que otros autores, papas, asambleas o grupos, han definido tambi\u00e9n sus creencias con f\u00f3rmulas o listas de verdades que, a veces, han recibido el nombre de Credos o de confesiones de fe.<\/p>\n<p>    6.1. Algunos antiguos<br \/>\n    Ser\u00ed\u00ada interminable recordar todas o muchas de ellas. De hecho las hay de tiempos antiguos y de tiempos recientes.<\/p>\n<p>    Baste, por ejemplo algunos:<br \/>\n   &#8211;  el credo del Concilio de Toledo, del a\u00f1o 400, entre los antiguos;  &#8211;  el credo del Concilio de Reims, en 1148, bajo Eugenio III;<br \/>\n   &#8211;  el credo del Concilio II de Lyon, de 1274, bajo Gregorio X;  &#8211;  la profesi\u00f3n de fe tridentina, exigida el 13 de Noviembre de 1564 y la confesi\u00f3n de fe tridentina impuesta por la Bula \u00abIniunctus Domini\u00bb, de P\u00ed\u00ado IV, el 13 de Noviembre de 1564.<\/p>\n<p>    6.2. Otros recientes<br \/>\n    Expl\u00ed\u00adcito inter\u00e9s catequ\u00ed\u00adstico y pastoral han tenido tambi\u00e9n otras declaraciones de Papas recientes.<\/p>\n<p>    Tal lo es el llamado \u00abCredo del Pueblo de Dios\u00bb, de Pablo VI, formulado en 1970. Son frecuentes las confesiones de fe frecuentes en el Pontificado de Juan XXIII, de Pablo VI y de Juan Pablo II.<\/p>\n<p>    Justo es reconocer que esas f\u00f3rmulas o \u00abcredos\u00bb contribuyen a revivir la fe de la Iglesia a lo largo de los tiempos.<\/p>\n<p>    Pero poco o casi nada aportan a las f\u00f3rmulas b\u00e1sicas cristol\u00f3gicas de los primitivos tiempos cristianos, cuando todav\u00ed\u00ada la fe de la Iglesia buscaba cauces adecuados de expresi\u00f3n capaces de ser entendidos y asumidos por todos los cristianos.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>La profesi\u00f3n de fe en las f\u00f3rmulas del \u00abCredo\u00bb<\/p>\n<p>\tLa tradici\u00f3n apost\u00f3lica sobre los contenidos de la fe, se expres\u00f3 primero en f\u00f3rmulas breves. Algunas de estas f\u00f3rmulas se encuentran en los textos neotestamentarios \u00abT\u00fa eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo\u00bb (Mt 16,16; cfr. Mc 8,29); \u00abJes\u00fas es el Se\u00f1or\u00bb (1Cor 12,3); \u00abconfesar\u00e1s con tu boca que Jes\u00fas es el Se\u00f1or, y creer\u00e1s con tu coraz\u00f3n que Dios lo resucit\u00f3 de entre los muertos\u00bb ((Rom 10,9). Es siempre una profesi\u00f3n de fe, personal y tambi\u00e9n comunitaria, en Cristo muerto resucitado y en su mensaje sobre Dios Amor, uno y trino.<\/p>\n<p>\tPosteriormente, la fe se expres\u00f3 con f\u00f3rmulas m\u00e1s amplias, a modo de \u00abprofesiones de fe\u00bb y de \u00abs\u00ed\u00admbolos de la fe\u00bb (signo de garant\u00ed\u00ada y sumario). El \u00abCredo\u00bb (creo) expresa la fe de la Iglesia con una f\u00f3rmula cuyo contenido proviene de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica (credo o \u00abs\u00ed\u00admbolo\u00bb los Ap\u00f3stoles). En cuanto a su formulaci\u00f3n en plural (creemos) es la redacci\u00f3n que proviene de los concilios de Nicea y Constantinopla (\u00abs\u00ed\u00admbolo\u00bb niceno-constantinopolitano). Existen otras f\u00f3rmulas o profesiones de fe, procedentes de otros concilios y Pont\u00ed\u00adfices, o tambi\u00e9n redactadas para ocasiones especiales, como cuando se asume o ratifica un cargo eclesial (can 833).<\/p>\n<p>\tEl s\u00ed\u00admbolo de los Ap\u00f3stoles era la profesi\u00f3n de fe proclamada de modo especial durante la celebraci\u00f3n del bautismo en diversas Iglesias particulares, pero especialmente en Roma (como tradici\u00f3n petrina, seg\u00fan San Hip\u00f3lito). Se considera como un resumen fiel de la fe de los Ap\u00f3stoles. El s\u00ed\u00admbolo niceno-constantinopolitano es la redacci\u00f3n de la fe cristiana seg\u00fan los dos primeros concilios ecum\u00e9nicos (a\u00f1os 325 y 381), con alguna a\u00f1adidura de los concilios posteriores. Es el s\u00ed\u00admbolo com\u00fan a las Iglesia de Oriente y de Occidente.<\/p>\n<p>\tDistribuci\u00f3n de la profesi\u00f3n de fe para vivirla y anunciarla<\/p>\n<p>\tEl \u00abcredo\u00bb se suele dividir en tres partes, respectivamente referidas al Padre, al Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu Santo. Tambi\u00e9n se puede dividir en doce art\u00ed\u00adculos (como recordando a los doce Ap\u00f3stoles). La \u00abprofesi\u00f3n de fe\u00bb (\u00abcredo\u00bb) se pronuncia principalmente en la celebraci\u00f3n del bautismo, en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y en las reuniones eclesiales, especialmente de los obispos reunidos en concilio. \u00abRecitar con fe el Credo es entrar en comuni\u00f3n con Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo, es entrar tambi\u00e9n en comuni\u00f3n con toda la Iglesia que nos transmite la fe y en el seno de la cual creemos\u00bb (CEC 197). Esta comuni\u00f3n de fe es signo eficaz de evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Referencias Bautismo, concilios, Esp\u00ed\u00adritu Santo, fe, Iglesia, Jesucristo, Padre, Trinidad.<\/p>\n<p>Lectura de documentos CEC 167, 185-197; CIC 833 (profesi\u00f3n de fe).<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Historia y teolog\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo de la fe Phase 73 (1973) 2-60; P.T. CAMELOT, S\u00ed\u00admbolos de la fe, en Sacramentum Mundi (Barcelona, Herder, 1972s) 359-366; J.N.D. KELLY, Primitivos credos cristianos (Salamanca, Secretariado Trinitario, 1980); S. SABUGAL, Credo. La fe de la Iglesia (Zamora, Edic. Monte Casino, 1986).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Es evidente que no hay en el NT un credo completo en el sentido en que lo define J. N. D. Kelly (\u201cf\u00f3rmula fija que sintetiza los postulados esenciales de la religi\u00f3n cristiana y disfruta de la aprobaci\u00f3n de la autoridad eclesi\u00e1stica\u201d, <i>Early Christian<\/i> <i>Creeds<\/i>\u00b3, 1972, pp. 1; trad. cast. <i>Primitivos credos cristianos<\/i>, 1980). El llamado \u201ccredo de los ap\u00f3stoles\u201d no se remonta a los tiempos apost\u00f3licos. Sin embargo, investigaciones recientes en el campo de la teolog\u00eda simb\u00f3lica no permiten postergar la redacci\u00f3n del credo por la iglesia hasta el ss. II y subsiguientes. Existen claras indicaciones de que los que aparecen como fragmentos de credos, incluidos en el contexto de la predicaci\u00f3n misionera de la iglesia, el culto de adoraci\u00f3n, y la defensa contra el paganismo, ya se pueden detectar en el NT. Examinemos algunos ejemplos representativos de estas formas confesionales. (Se podr\u00e1 hallar un estudio m\u00e1s extenso sobre este tema en V. H. Neufeld, <i>The Earliest Christian Confessions<\/i>, 1963, y R. P. Martin, <i>Worship in the Early Church<\/i>, 1974, cap(s). 5.)<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. La predicaci\u00f3n misionera<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Hay indicaciones de que en la iglesia primitiva exist\u00eda un corpus de ense\u00f1anza cristiana distintiva que se ten\u00eda por dep\u00f3sito sagrado recibido de Dios (v\u00e9ase Hch 2.42; Ro. 6.17; Ef. 4.5; Fil. 2.16; Col. 2.7; 2 Ts. 2.15; y esp. en las ep\u00edstolas pastorales, 1 Ti. 4.6; 6.20; 2 Ti. 1.13\u201314; 4.3; Tit. 1.9). Este cuerpo de instrucci\u00f3n doctrinal y catequ\u00edstica, descripto como \u201cense\u00f1anza de los apostoles\u201d, \u201cpalabra de vida\u201d, \u201cmodelo de doctrina\u201d, \u201ctradiciones\u201d apost\u00f3licas, \u201cdep\u00f3sito\u201d, \u201csanas palabras\u201d, constitu\u00eda la base del ministerio cristiano, y deb\u00eda mantenerse con toda firmeza (Jud. 3; y esp. en He. 3.1; 4.14; 10.23), transmitirse a otros creyentes tal como lo hab\u00edan recibido los mismos ap\u00f3stoles (v\u00e9ase 1 Co. 11.23ss; 15.3, donde los verbos \u201crecibir\u201d, \u201centregado\u201d, constituyen t\u00e9rminos t\u00e9cnicos para la transmisi\u00f3n de ense\u00f1anza autorizada; cf. B. Gerhardsson, Memory and Manuscript, 1961), y utilizado en la proclamaci\u00f3n p\u00fablica del evangelio. En realidad, el t\u00e9rmino \u201cevangelio\u201d designa la misma trama de doctrina, la Heilsgeschichte, que proclama la misericordia redentora de Dios en Cristo a los hombres (Ro. 2.16; 16.25; 1 Co. 15.1ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. El culto de adoraci\u00f3n<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Bajo este encabezamiento puede demostrarse que los actos c\u00falticos y lit\u00fargicos de la iglesia, en su car\u00e1cter de comunidad de adoradores, revelan la existencia de elementos que forman parte de credos, p. ej. en el bautismo (Hch. 8.37 seg\u00fan el texto occidental; Ro. 9.9; v\u00e9ase J. Crehan, Early Christian Baptism and the Creed, 1950); en la vida de adoraci\u00f3n de la iglesia, especialmente en la eucarist\u00eda, con la cual se asocian declaraciones ceremoniales de fe, composiciones h\u00edmnicas, oraciones lit\u00fargicas, y exclamaciones devocionales (como en 1 Co. 12.3; 16.22, que probablemente constituya el ejemplo m\u00e1s antiguo de oraci\u00f3n congregacional, <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>Mar&#257;n&#257; th&#257;<\/span><span lang=ES style=''> \u201c\u00a1Ven, Se\u00f1or nuestro!\u201d, y Fil. 2.5\u201311, sobre el cual cf. R. P. Martin, Carmen Christi Philippians ii. 5\u201311 in Recent Interpretation and in the Setting of Early Christian Worship, NTS, serie monogr\u00e1fica 4, 1967); y en exorcismo, para lo cual llegaron a adquirir prominencia distintas f\u00f3rmulas que se usaron para expulsar los esp\u00edritus inmundos (p. ej. Hch. 16.18; 19.13), como en la pr\u00e1ctica judaica.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>c. La teor\u00eda de la formulaci\u00f3n de Cullmunn<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>O. Cullmann, The Earliest Christian Confessions, trad. ing. 1949, pp. 25ss, ha propuesto la teor\u00eda de que la formulaci\u00f3n de credos primitivos estuvo regulada en parte por las necesidades pol\u00e9micas de la iglesia en el mundo pagano. Cuando eran denunciados ante los magistrados y ten\u00edan que declarar su lealtad, la respuesta de los cristianos era \u201cJesucristo es el Se\u00f1or\u201d; y as\u00ed se adopt\u00f3 y sistematiz\u00f3 una especie de f\u00f3rmula que serv\u00eda de credo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los \u201ccredos\u201d del NT var\u00edan desde la simple confesi\u00f3n, \u201cJes\u00fas es el Se\u00f1or\u201d, hasta las formulaciones trinitarias impl\u00edcitas, como en la bendici\u00f3n apost\u00f3lica de 2 Co. 13.14 y referencias tales como Mt. 28.19 (sobre la cual v\u00e9ase R. P. Martin, <i>Worship in the Early Church<\/i>, cap(s). 8; A W. Wainwright, <i>The Trinity in the New Testament<\/i>, 1962; trad. cast. La Trinidad en el Nuevo Testamento, 1976); 1 Co. 12.4ss, 2 Co. 1.21ss; 1 P. 1.2; pero exceptuando el pasaje interpolado de 1 Jn. 5.7s. Existen credos binitarios que asocian al Padre y al Hijo, como en 1 Co. 8.6 (que podr\u00eda ser una versi\u00f3n cristianizada del credo jud\u00edo llamado <\/span><span style=' '>Shema&#723;<\/span><span lang=ES style=''>, basado en Dt. 6.4ss); 1 Ti. 2.5s; 6.13s; 2 Ti. 4.1. Sin embargo, el tipo m\u00e1s corriente es la f\u00f3rmula cristal\u00f3gica con res\u00famenes detallados tales como los que aparecen en 1 Co. 15.3ss; Ro. 1.3; 8.34; Fil. 2.5\u201311; 2 Ti. 2.8; 1 Ti. 3.16 (sobre lo cual v\u00e9ase R. H. Gundry en <i>Apostolic History and the Gospel<\/i>, eds. W. W. Gasque y R. P. Martin, 1970, pp. 203\u2013222), y 1 P. 3.18ss (sobre lo cual v\u00e9ase R. Bultmann, <i>Coniectanea Neotestamentica<\/i> 11, 1949, pp. 1\u201314).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> O. Cullmann, <i>La fe y el culto en la iglesia primitiva<\/i>, 1971; E. Schweizer, A. D\u00edez Macho, <i>La iglesia primitiva, medio ambiente, organizaci\u00f3n y culto<\/i>, 1974; W. Kelly, \u201cCredos\u201d, <i>\u00b0DT<\/i>, pp. 128\u2013129.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn893\" name=\"_ftnref893\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>R.P.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">(Lat\u00edn, credo, Yo creo).\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Principales Credos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Versiones her\u00e9ticas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Promulgaci\u00f3n fidedigna de un credo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Enlaces internos\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-6\">5.1 Libro de Bertrand de Margerie: Los Padres de la Iglesia comentan el Credo<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-7\">5.2 Libro del Bertrand de Margerie: Introducci\u00f3n a la historia de la Ex\u00e9gesis Patr\u00edstica<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">6 Enlaces externos<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">En general, una forma de creencia. Sin embargo, la palabra, tal como se aplica a la creencia religiosa, ha recibido varios significados, dos de los cuales son especialmente importantes. (1) Significa el conjunto de creencias de todos los adeptos a una religi\u00f3n determinada; y en este sentido, equivale a  doctrina o fe, cuando esta \u00faltima se utiliza en su significado objetivo. \u00c9ste es su significado en expresiones como \u201cel conflicto entre credos\u201d, \u201c obras caritativas independientemente del credo\u201d, \u201cla \u00e9tica de conformidad de credo\u201d, etc. (2) En un sentido m\u00e1s estricto, un credo es un resumen de los principales art\u00edculos de fe profesados por una iglesia o una comunidad de creyentes.  Por tanto, se entienden como \u201ccredos de la cristiandad\u201d aquellas formulaciones de la fe  cristiana que en diferentes momentos han sido elaboradas y aceptadas por una u otra de las iglesias cristianas. En este sentido, los latinos designan al credo con el nombre de symbolum que significa una se\u00f1al (symbolon) o una colecci\u00f3n (synbole).  Por tanto, un credo ser\u00eda la marca distintiva de aqu\u00e9llos que profesan una creencia dada, o una f\u00f3rmula compuesta por los principales art\u00edculos de esa creencia. La Iglesia prescribe la \u201cprofesi\u00f3n de fe\u201d para ocasiones especiales, como la consagraci\u00f3n de un obispo; mientras que la frase \u201cconfesi\u00f3n de fe\u201d normalmente se aplica a formularios  protestantes, como la \u201cConfesi\u00f3n de Augsburgo\u201d, la \u201cConfesi\u00f3n de Basilea\u201d, etc.  Sin embargo, debe destacarse que el papel de la fe no es id\u00e9ntico al del credo, pero en su significado formal es la norma o est\u00e1ndar mediante el que uno determina qu\u00e9 doctrinas se han de creer.\n<\/p>\n<h2>Principales Credos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los principales credos de la Iglesia  Cat\u00f3lica, el de los Ap\u00f3stoles, el de  San Atanasio y el  Niceno, se tratan en art\u00edculos especiales que entran en los detalles hist\u00f3ricos y el contenido de cada uno.  El uso  lit\u00fargico del Credo tambi\u00e9n se explica en el art\u00edculo uso lit\u00fargico de los Credos. Para el prop\u00f3sito actual es sumamente importante indicar la funci\u00f3n del credo en la vida de la religi\u00f3n y especialmente en la obra de la Iglesia cat\u00f3lica.  En la comisi\u00f3n asignada a los Ap\u00f3stoles ( Mt. 28,19-20) est\u00e1 evidentemente impl\u00edcito que las ense\u00f1anzas del cristianismo se deb\u00edan difundir en alguna forma determinada.   Puesto que ellos deb\u00edan ense\u00f1ar a todas las naciones a observar lo que  Cristo hab\u00eda ordenado, y como dicha ense\u00f1anza deb\u00eda llevar el peso de la  autoridad, no s\u00f3lo de la opini\u00f3n, fue  necesario formular como m\u00ednimo unas  doctrinas esenciales.  Dicha formulaci\u00f3n fue tanto m\u00e1s necesaria porque el cristianismo estaba destinado a todos los hombres de todas las edades. Para preservarla unidad de creencia, el primer requisito era establecer claramente la creencia misma. Por tanto, el credo es fundamentalmente una declaraci\u00f3n autoritativa de las verdades que se han de creer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia, por otra parte, se organiz\u00f3 como una sociedad visible (vea la Iglesia). Sus miembros fueron llamados no s\u00f3lo a aferrarse firmemente a las ense\u00f1anzas recibidas, sino tambi\u00e9n a expresar sus creencias.  Como dice San Pablo: \u201cPues con el coraz\u00f3n se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvaci\u00f3n\u201d. ( Rom. 10,10).  El ap\u00f3stol tampoco se conforma con declaraciones vagas ni indefinidas; insiste en que sus seguidores deber\u00e1n \u201cten por norma las palabras sanas que o\u00edste de m\u00ed en la fe\u201d (2  Tim. 1,13), \u00abQue est\u00e9 adherido a la palabra fiel, conforme a la ense\u00f1anza para que (el obispo) sea capaz de exhortar con la sana doctrina y refutar a los que contradicen\u201d ( Tito 1,9).  De ah\u00ed podemos entender que se requer\u00eda una profesi\u00f3n de fe de los que iban a ser bautizados, como en el caso de los eunucos ( Hch. 8,37); de hecho, la formula  bautismal prescrita por el propio Cristo es una expresi\u00f3n de fe en la Sant\u00edsima Trinidad.   Aparte de la cuesti\u00f3n referente a la composici\u00f3n del Credo de los Ap\u00f3stoles, est\u00e1 claro que desde el principio, incluso antes de que se escribiera el Nuevo Testamento, alguna f\u00f3rmula doctrinal, por muy concisa, se pudo haber usado tanto para asegurar la uniformidad en la ense\u00f1anza como para ubicar m\u00e1s all\u00e1 de la duda la creencia de aquellas personas que eran admitidas en la Iglesia.\n<\/p>\n<h2>Versiones her\u00e9ticas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Junto con la difusi\u00f3n del cristianismo surgieron a lo largo del tiempo varias opiniones  her\u00e9ticas sobre las  doctrinas de la fe. Por tanto, se hizo  necesario definir la verdad de la revelaci\u00f3n con m\u00e1s claridad.  En consecuencia, el credo sufri\u00f3 modificaciones, no por la introducci\u00f3n de nuevas doctrinas, sino por la expresi\u00f3n de la creencia tradicional en t\u00e9rminos que no dejaban lugar para el error o el malentendido. As\u00ed el \u201cFilioque\u201d se agreg\u00f3 al Niceno y la profesi\u00f3n  tridentina estableci\u00f3 la fe  cat\u00f3lica en declaraciones completas y definidas especialmente sobre aquellos puntos atacados por los  reformadores del siglo XVI.  En otros momentos, las circunstancias requirieron que se redactasen f\u00f3rmulas especiales a fin de que las ense\u00f1anzas de la iglesia fueran expl\u00edcitamente establecidas y aceptadas; tal fue la profesi\u00f3n de fe que  Gregorio XIII prescribi\u00f3 para los  griegos y la que  Urbano VIII y  Benedicto XIV prescribieron para los  orientales (cf.  Denzinger, Enchiridion).  Por tanto, el credo no debe ser visto como una formula sin vida, sino m\u00e1s bien como una manifestaci\u00f3n de la vitalidad de la Iglesia.  Puesto que estas f\u00f3rmulas conservan intacta la fe dada una vez a los  santos, tambi\u00e9n son un medio efectivo de protecci\u00f3n contra los incesantes ataques del error.\n<\/p>\n<h2>Promulgaci\u00f3n fidedigna de un credo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, debe destacarse que la promulgaci\u00f3n fidedigna de un credo y su aceptaci\u00f3n no implican la infracci\u00f3n de los derechos de la raz\u00f3n. La mente, por naturaleza, tiende a expresarse y especialmente a manifestar sus pensamientos en forma de lenguaje. Una vez m\u00e1s, dicha expresi\u00f3n da lugar a una mayor claridad y una posesi\u00f3n m\u00e1s firme del contenido mental.  Entonces, cualquier persona que realmente crea en las verdades del cristianismo no puede objetar de forma consistente dicha manifestaci\u00f3n de su creencia, tal y como implica el uso del credo.   Tambi\u00e9n es obviamente il\u00f3gico condenar este uso bas\u00e1ndose en la opini\u00f3n que convierte la religi\u00f3n en simplemente un asunto de repetici\u00f3n o aceptaci\u00f3n de unas formulas vac\u00edas. La Iglesia insiste en que la creencia interna es el elemento b\u00e1sico, pero que \u00e9ste debe encontrar su expresi\u00f3n externa.   Si bien el deber de creer descansa en cada  individuo, hay otras  obligaciones resultantes de la organizaci\u00f3n social de la Iglesia. Cada miembro no s\u00f3lo est\u00e1 obligado a abstenerse de aquello que pueda debilitar la fe de sus compa\u00f1eros creyentes; sino que tambi\u00e9n est\u00e1 obligado, en la medida de su capacidad, a mantener y avivar su creencia. La profesi\u00f3n de su fe, seg\u00fan establecida en el credo, es una lecci\u00f3n pr\u00e1ctica de lealtad y un medio para fortalecer los v\u00ednculos que unen a los seguidores de  Cristo en \u201cun solo Se\u00f1or, una sola fe, un solo bautismo\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tales motivos no son de ning\u00fan provecho cuando se deja al individuo la selecci\u00f3n de sus creencias.   Puede, por supuesto, adoptar una serie de art\u00edculos o proposiciones y denominarlo credo; pero sigue siendo de su posesi\u00f3n privada y cualquier intento por demostrar su correcci\u00f3n s\u00f3lo puede resultar en desacuerdo.  Pero el intento mismo ser\u00eda inconsistente puesto que debe conceder a todos los dem\u00e1s el mismo derecho a elaborar un credo. Por tanto, la consecuencia final debe ser que la fe se reduce al nivel de los puntos de vista, las opiniones o teor\u00edas tales como las que se consideran en temas puramente  cient\u00edficos.  De ah\u00ed que no sea f\u00e1cil explicar, bas\u00e1ndose en la consistencia, la acci\u00f3n de los  reformadores  protestantes. Si el principio del juicio privado se hubiera desarrollado total y estrictamente, la formulaci\u00f3n de los credos hubiera sido innecesaria y, l\u00f3gicamente, imposible.  El curso posterior de los hechos ha demostrado cuan poco se pod\u00eda lograr mediante la confesi\u00f3n de la fe, una vez rechazado el elemento esencial de  autoridad.  A partir de la inevitable multiplicaci\u00f3n de los credos se ha desarrollado, en gran medida, esa demanda por un \u201c Evangelio sin credo\u201d, que contrasta tan fuertemente con la pretensi\u00f3n de que la Biblia es la \u00fanica regla y la \u00fanica fuente de fe.  (Vea dogma, [[fe], creencia, protestantismo).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  DENZINGER, Enchiridion (Friburgo, 1908); MOHLER, Symbolism (Nueva York, 1984); DUNLOP, Account of All the Ends and Uses of Creeds and Confessions of Faith, etc. (Londres, 1724); BUTLER, An Historical and Literary Account of the Formularies, etc., (Londres, 1816); SCHAFF, The History of the Creeds of Christendom (Londres, 1878); GRANDMAISON, L&#8217;Estasticite des formules de Foi in Etudes 1898; CALKINS, Creeds and Tests of Church Membership in Andover Review (1890), 13; STERRETT, the Ethics of Creed Conformity (1890), ibid.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Lucas, George. \u00abCreed.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 4. New York: Robert Appleton Company, 1908. 30 Nov. 2009<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/04478a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Jose Ignacio S\u00e1nchez Garc\u00eda\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Enlaces internos<\/h2>\n<h3>Libro de Bertrand de Margerie: Los Padres de la Iglesia comentan el Credo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bertrand de Margerie S.J. Biograf\u00eda de Bertrand de Margerie S.J.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1] Introducci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] Pre\u00e1mbulo: la Fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3] Creo en Dios Padre, Se\u00f1or de todo, Creador del cielo y de la tierra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4] Creo En Jesucristo, su \u00fanico hijo. Creo en Jesucristo, su \u00fanico Hijo. El misterio de Cristo: Encarnaci\u00f3n, Nacimiento, Pasi\u00f3n, Muerte, Resurrecci\u00f3n, segunda venida como Juez.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5] Ap\u00e9ndice al art\u00edculo II. Mar\u00eda Virgen en el nacimiento de Jes\u00fas. El milagro de Navidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[6]  Art\u00edculo III. El Esp\u00edritu, la Iglesia y la vida Eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[7] Ap\u00e9ndice: el \u201cfilioque\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[8] Conclusiones. Los dos s\u00edmbolos ayer, hoy y ma\u00f1ana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[9] Lista de abreviaturas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h3>Libro del Bertrand de Margerie: Introducci\u00f3n a la historia de la Ex\u00e9gesis Patr\u00edstica<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">[10] Ex\u00e9gesis Patr\u00edstica: Escuela de Antioqu\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[11] Ex\u00e9gesis Patr\u00edstica: Introducci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[12] Ex\u00e9gesis Patr\u00edstica: San Justino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[13] Ex\u00e9gesis Patr\u00edstica: San Ireneo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[14] Ex\u00e9gesis Patr\u00edstica: Or\u00edgenes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[15] Ex\u00e9gesis Patr\u00edstica: San Atanasio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[16] Ex\u00e9gesis Patr\u00edstica: San Clemente de Alejandr\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[17] Ex\u00e9gesis Patr\u00edstica: San Efr\u00e9n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Enlaces externos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[18] Credo. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[19] Credo. texto y Traducci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[20] Credo. Gregoriano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[21] Credo Niceno en griego y Lat\u00edn.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[22] Patriarca Bartolom\u00e9 y Bendicto XVI rezan juntos el Credo Niceno-Constantinopolitano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[23] Aprenda el Credo en lat\u00edn.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Principales art\u00ed\u00adculos de la fe: (Mat 15:16, 1Ti 3:16). &#8211; Existen varios Credos: El de los Ap\u00f3stoles, el de Nicea, el de Atanasio, el del Vaticano II. Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano Dr. J. Dominguez http:\/\/biblia.com\/diccionario\/ Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano [210] Credo en general significa literalmente \u00abcreo\u00bb, es decir \u00abmi expresi\u00f3n de fe\u00bb. Es, por lo tanto, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/credo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCREDO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-7962","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7962","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7962"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7962\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7962"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7962"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7962"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}