{"id":8022,"date":"2016-02-05T04:16:57","date_gmt":"2016-02-05T09:16:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eclesiastico\/"},"modified":"2016-02-05T04:16:57","modified_gmt":"2016-02-05T09:16:57","slug":"eclesiastico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eclesiastico\/","title":{"rendered":"ECLESIASTICO"},"content":{"rendered":"<p>o \u00abLibro de Ben Sirac\u00bb es un libro sapiencial de la Biblia, al estilo de los Proverbios, aceptado por los Cat\u00f3licos, pero no por los Protestantes. El Cap.38, sobre el m\u00e9dico y la enfermedad, explica qu\u00e9 debe hacer el que cae enfermo.<\/p>\n<p> 1- No te impacientes, ruega al Senor, y \u00e9l te sanar\u00e1: (38:9).<\/p>\n<p> 2- Huye del pecado y confi\u00e9sate: (10).<\/p>\n<p> 3- Ofrece la Santa Misa: (11).<\/p>\n<p> 4- Vete al m\u00e9dico: (12).<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Libro ap\u00f3crifo perteneciente a la llamada literatura sapiencial. Originalmente su t\u00ed\u00adtulo hebreo parece que era \u2020\u0153Sentencias de Jes\u00fas Ben-Sir\u00e1, o hijo de Sir\u00e1\u2020\u009d, pero el nombre actual le vino porque las iglesias de los primeros siglos, especialmente de habla latina, lo utilizaban mucho y le llamaban el Eccelesiasticus (perteneciente a la Iglesia). As\u00ed\u00ad pas\u00f3 a la Vulgata. El autor fue un jud\u00ed\u00ado emigrado a Egipto alrededor del a\u00f1o 180 a.C. En el famoso hallazgo de documentos de la Gueniz\u00e1 de El Cairo en el a\u00f1o 1896 se encontr\u00f3 un texto hebreo original de este libro, completo en 60%. Hasta esa fecha s\u00f3lo se conoc\u00ed\u00adan traducciones griegas. E. no form\u00f3 parte del canon jud\u00ed\u00ado, pero fue siempre tenido en alta estima por los rabinos. Contiene una serie de m\u00e1ximas, sentencias y consejos relativos a la mejor manera de vivir. Incluye una alabanza a la sabidur\u00ed\u00ada de Dios y elogios sobre la vida de prominentes hombres de la historia de Israel. \u2020\u00a2Ap\u00f3crifos y pseudoepigr\u00e1ficos del AT, Libros.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, LIBR<\/p>\n<p>ver, AP\u00ed\u201cCRIFOS<\/p>\n<p>vet, Libro ap\u00f3crifo que aparece en las versiones cat\u00f3licas de la Biblia, y \u00faltimamente en algunas de las Sociedades B\u00ed\u00adblicas Unidas. (V\u00e9ase AP\u00ed\u201cCRIFOS).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[014]<br \/>\n   Libro sapiencial atribuido a Jes\u00fas ben Sira (Hijo de Sir\u00e1). Escrito hacia el 180 a. de C. en Jerusal\u00e9n o su entorno. Alude el texto a la traducci\u00f3n griega (Eccle. 50. 27), realizada en el 130 a C.  Recoge multitud de temas sugestivos y morales con tono consiliatorio. Responde a una visi\u00f3n \u00e9tica de la vida y de la conducta humana. Se presta para muchos ejercicios catequ\u00ed\u00adsticos, individuales y colectivos, sobre los grandes temas humanos en los que se detiene: sabidur\u00ed\u00ada, pobres, confianza en Dios, fortaleza, prudencia, amistad, trabajo, etc.  (Ver Biblia. Canon)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\"><b>Eclesi\u00e1stico<\/b> (Abrev. Eclo.; tambi\u00e9n conocido como el Libro de Sir\u00e1cida) es el m\u00e1s extenso de los libros deuterocan\u00f3nicos de la Biblia, y el \u00faltimo de los escritos sapienciales en la  Vulgata del Antiguo Testamento.\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 T\u00edtulo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Contenido<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Texto Original<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Versiones Antiguas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Autor y Fecha<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 M\u00e9todo de Composici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Ense\u00f1anza \u00c9tica y Doctrinal<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 Bibliograf\u00eda<\/li>\n<\/ul>\n<h1>T\u00edtulo<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El t\u00edtulo habitual del libro en los manuscritos  griegos  y  Padres es Sophia Iesou huiou Seirach, \u00abla sabidur\u00eda de Jes\u00fas, el hijo de Sir\u00e1\u00bb, o simplemente Sophia Seirach,  \u201cla Sabidur\u00eda de Sir\u00e1\u00bb. Est\u00e1 manifiestamente conectado con y posiblemente derivado de la siguiente suscripci\u00f3n que aparece al final de los recientemente descubiertos fragmentos  hebreos del Eclesi\u00e1stico: \u00abSabidur\u00eda  [H\u00f3 khm\u00e2] de Sime\u00f3n, el hijo de Yeshua, el hijo de Eleazar, el hijo de Sir\u00e1\u00bb. De hecho, su forma completa nos llevar\u00eda naturalmente a considerarlo como una traducci\u00f3n directa del t\u00edtulo hebreo:  Hokhmath Yeshua ben Sira, si no fuera porque San Jer\u00f3nimo, en su pr\u00f3logo a los escritos  salom\u00f3nicos, establece que el t\u00edtulo hebreo del Eclesi\u00e1stico era M\u00edshl\u00e9 (Parabolae) de Jes\u00fas de Sir\u00e1.   Tal vez en el original hebreo el libro llev\u00f3 t\u00edtulos diferentes en diferentes momentos: de hecho, en el Talmud se le aplica el nombre simple, Hokhma \u00abSabidur\u00eda\u00bb, mientras que los escritores  rab\u00ednicos com\u00fanmente citan el Eclesi\u00e1stico como Ben Sir\u00e1. Entre los otros nombres griegos que se le dan al Eclesi\u00e1stico en la literatura patr\u00edstica, se puede mencionar el simple t\u00edtulo de Sophia, \u00abSabidur\u00eda\u00bb, y la designaci\u00f3n honoraria he panaretos sophia, \u00abla toda virtuosa Sabidur\u00eda\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como bien podr\u00eda esperarse, los escritores latinos le han aplicado al Eclesi\u00e1stico t\u00edtulos que se derivan de sus nombres griegos, como \u00abSapientia Sirach\u00bb ( Rufino); \u00abJesu, filii Sirach\u00bb (Junilius), \u00abSapienta Jesu\u00bb ( C\u00f3dice Claromontano); \u00abLiber Sapientiae\u00bb ( Misal Romano).   Sin embargo, dif\u00edcilmente se puede dudar que el t\u00edtulo \u00abParabolae Salomonis\u00bb, que se antepone a veces en el  Breviario Romano a las secciones del Eclesi\u00e1stico, se remonta al t\u00edtulo hebreo del que habla San Jer\u00f3nimo en su pr\u00f3logo a los escritos salom\u00f3nicos.  Sea como fuere, la Iglesia Latina designa el libro con mayor frecuencia como \u00abEclesi\u00e1stico\u00bb, en s\u00ed misma una palabra griega con un final en lat\u00edn. Este \u00faltimo t\u00edtulo &#8212;que no se debe confundir con \u201cEclesiast\u00e9s\u00bb (Ecl.)&#8212; es el utilizado por el Concilio de Trento en su  decreto solemne referente a los libros a ser considerados como sagrados y can\u00f3nicos.  Se\u00f1ala la muy especial estima en la que se ten\u00eda anteriormente a esta obra did\u00e1ctica con el prop\u00f3sito de lectura general e instrucci\u00f3n en las reuniones eclesiales:  s\u00f3lo este libro, de todos los escritos deuterocan\u00f3nicos, a los que Rufino tambi\u00e9n llama Eclesi\u00e1sticos, ha conservado a modo de pre-eminencia el nombre de Eclesi\u00e1stico (Liber), o sea, \u00abun libro para leerse en  la iglesia\u00bb.\n<\/p>\n<h1>Contenido<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Libro del Eclesi\u00e1stico es precedido por un pr\u00f3logo, que se precia de ser obra del traductor  griego del original  hebreo y cuya  autenticidad es indudable. En este prefacio a su traducci\u00f3n, el escritor describe, entre otras cosas, su estado de \u00e1nimo al emprender la dura tarea de traducir el texto hebreo al griego.  Estaba profundamente impresionado por la sabidur\u00eda de los dichos contenidos en el libro, y por lo tanto deseaba, por medio de una traducci\u00f3n,  colocar esas valiosas ense\u00f1anzas al alcance de cualquier persona que deseara aprovecharlos para vivir conforme a la  ley de Dios.   Este era un objetivo muy digno, y no hay duda de que al establecerlo ante s\u00ed mismo el traductor del Eclesi\u00e1stico se hab\u00eda percatado muy bien del car\u00e1cter general del contenido de ese escrito sagrado.   La idea fundamental del autor del Eclesi\u00e1stico es la de la sabidur\u00eda seg\u00fan se entiende y se inculca en la literatura hebrea  inspirada; pues el contenido de este libro, por muy variado que pueda aparecer en otros aspectos, admite ser agrupado naturalmente bajo el t\u00edtulo general de \u00abSabidur\u00eda\u00bb.   Visto desde este punto de vista, que es de hecho universalmente considerado como el propio punto de vista del autor, el contenido del Eclesi\u00e1stico se puede dividir en dos grandes partes: caps. 1 &#8211; 42,14 y 42,15 &#8211; 50,26.   Los dichos que principalmente componen la primera parte tienden directamente a inculcar el temor de Dios y el cumplimiento de sus mandatos, en lo cual consiste la verdadera sabidur\u00eda. Esto lo hace se\u00f1alando, de manera concreta, c\u00f3mo el hombre verdaderamente sabio deber\u00e1 conducirse en las m\u00faltiples relaciones de la vida pr\u00e1ctica.   Ofrece un muy variado caudal de reglas pensadas para guiarse uno mismo\n<\/p>\n<p>\u00aben la  alegr\u00eda y la tristeza, en la prosperidad como en la adversidad, en la enfermedad y en la salud, en la lucha y en la tentaci\u00f3n, en la vida social, en las relaciones con los amigos y enemigos, con altos y bajos,  ricos y pobres, con los  buenos y los malos, los sabios y los ignorantes, en el comercio, los negocios y en la propia vocaci\u00f3n ordinaria, sobre todo, en la propia casa y familia en relaci\u00f3n con la formaci\u00f3n de los ni\u00f1os, el tratamiento de los siervos y siervas, y la manera en la que un hombre debe comportarse con su esposa y las mujeres en general \u00ab(Sch\u00fcrer).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Junto con estas m\u00e1ximas, que se asemejan estrechamente tanto en la materia como en la forma a los Proverbios de Salom\u00f3n, la primera parte del Eclesi\u00e1stico incluye varias descripciones m\u00e1s o menos largas sobre el  origen y la excelencia de la sabidur\u00eda (cf. 1; 4,12-22; 6,18-37; 14,22 &#8211; 15,10; 24).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El contenido de la segunda parte del libro es de un car\u00e1cter decididamente m\u00e1s uniforme, pero contribuye no menos eficazmente al establecimiento del tema general de Eclesi\u00e1stico.   Primero describe en detalle la sabidur\u00eda divina tan maravillosamente desplegada en el reino de la naturaleza (42,15 &#8211; 43), y luego ilustra la pr\u00e1ctica de la sabidur\u00eda en los diversos \u00e1mbitos de la vida, seg\u00fan se conoce por la historia de personajes ilustres de  Israel, desde Henoc hasta el  sumo sacerdote Sim\u00f3n, el  santo contempor\u00e1neo del autor  (44 &#8211; 50,26).  Al cierre del libro (50,27-29) aparece primero una conclusi\u00f3n corta que contiene la suscripci\u00f3n del autor y la declaraci\u00f3n expresa de su prop\u00f3sito general; y luego un ap\u00e9ndice (51) en el que el escritor da gracias a Dios por sus beneficios, y especialmente por el  don de la sabidur\u00eda, y al cual se a\u00f1ade en el texto  hebreo recientemente descubierto, una segunda suscripci\u00f3n y la siguiente jaculatoria  piadosa: \u00abBendito sea el nombre de Yahveh desde ahora y por siempre\u00bb.\n<\/p>\n<h1>Texto Original<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta hace muy poco el idioma original del Libro del Eclesi\u00e1stico era una cuesti\u00f3n de grandes dudas entre los estudiosos. Ellos  sab\u00edan, por supuesto, que el pr\u00f3logo del traductor  griego afirma que la obra fue escrita originalmente en \u00abhebreo\u00bb, hebraisti, pero estaban en duda en cuanto al significado preciso de ese t\u00e9rmino, que podr\u00eda significar el  hebreo propiamente dicho o el arameo.   Eran igualmente conscientes de que San Jer\u00f3nimo, en su prefacio a los escritos  salom\u00f3nicos, habla de que en sus d\u00edas exist\u00eda un original en hebreo, pero todav\u00eda puede dudarse si era verdaderamente un texto hebreo, o m\u00e1s bien una traducci\u00f3n en  sir\u00edaco o arameo en caracteres hebreos.  Una vez m\u00e1s, a sus ojos, la citaci\u00f3n del libro por escritores  rab\u00ednicos, a veces en hebreo, a veces en arameo, no parec\u00eda decisiva, ya que no hab\u00eda certeza de que procediese de un original hebreo.  Y este era su punto de vista tambi\u00e9n respecto a las citas, esta vez en hebreo cl\u00e1sico, por el ga\u00f3n Saadia de Bagdad del siglo X de nuestra era, es decir, del per\u00edodo despu\u00e9s del cual pr\u00e1cticamente desaparecen del  mundo cristiano todos los rastros documentales de un texto hebreo del Eclesi\u00e1stico.   Aun as\u00ed, la mayor\u00eda de los cr\u00edticos pensaban que el lenguaje primitivo del libro era el hebreo, y no el arameo. Su argumento principal para esto era que la versi\u00f3n griega contiene ciertos errores; por ejemplo, 24,37 (en gr. vers\u00edculo 27), \u00abluz\u00bb por \u201cNilo\u201d (YAR); 25,22 (Gr, vers\u00edculo 15), \u00abcabeza\u00bb por \u00abveneno\u00bb(RSH); 46,21 (gr. vers\u00edculo 18), \u00abtirios\u00bb por \u00abenemigos\u00bb (TSRYM); etc. .; \u00e9stos se explican mejor por la suposici\u00f3n de que el traductor entendi\u00f3 mal un original hebreo ante \u00e9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y as\u00ed estuvo el asunto hasta el a\u00f1o 1896, el cual marca el inicio de un periodo totalmente nuevo en la historia del texto original del Eclesi\u00e1stico. Desde entonces, ha salido a la luz mucha evidencia documental, y tiende a demostrar que el libro fue escrito originalmente en  hebreo.   Los primeros fragmentos de un texto hebreo del Eclesi\u00e1stico (34,15 &#8211; 40,6) fueron tra\u00eddos de Oriente a Cambridge, Inglaterra, por la se\u00f1ora A. S. Lewis; los mismos fueron identificados en mayo de 1896, y publicado en \u00abThe Expositor\u00bb (julio de 1896) por S. Schechter, lector en  talm\u00fadico en la Universidad de Cambridge.  Casi al mismo tiempo, A. E. Cowley y Ad. Neubauer encontraron en una caja de fragmentos, adquirido de la genizzah Cairo a trav\u00e9s del profesor Sayce para la Biblioteca Bodleiana de Oxford, nueve hojas al parecer del mismo  manuscrito (ahora llamado B) y que contiene 40,9 &#8211; 49,11, los cuales tambi\u00e9n fueron publicados pronto (Oxford, 1897). Luego el profesor Schechter identific\u00f3 primero siete hojas del mismo C\u00f3dice (B), que contienen 30,11 &#8211; 31,11; 32,1b &#8211; 33,3; 35,11 &#8211; 36,21; 37,30 &#8211; 38,28b; 49,14c &#8211; 51,30; y luego identific\u00f3 cuatro hojas de un manuscrito diferente (llamado A), y que presentaba 3,6e &#8211; 7,31a; 11,36d &#8211; 16,26.  Estas once hojas hab\u00edan sido descubiertas por el Dr. Schechter en los fragmentos tra\u00eddos por \u00e9l desde el genizzah Cairo; y entre el material obtenido a partir de la misma fuente por el Museo Brit\u00e1nico, que G. Margoliouth encontr\u00f3 y public\u00f3 en 1899, se encuentran cuatro p\u00e1ginas del manuscrito B, que contienen 31,12 &#8211; 32,1a; 36,21 &#8211; 37,29.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A principios de 1900, I. L\u00e9vi public\u00f3 dos p\u00e1ginas de un tercer  manuscrito (C) 36,29a &#8211; 38,la, es decir, un pasaje ya contenido en el C\u00f3dice B; y dos p\u00e1ginas de un cuarto manuscrito (D), que presenta de manera defectuosa 6,18 &#8211; 7,27b, es decir, una secci\u00f3n que ya se encuentra en el C\u00f3dice A.  A principios de 1900, tambi\u00e9n, E. S. Adler public\u00f3 cuatro p\u00e1ginas del manuscrito A, viz. 7,29 &#8211; 12,1; y S. Schechter, cuatro p\u00e1ginas del manuscrito C, que consiste en meros extractos de 4,28b &#8211; 5,15c; 25,11b &#8211; 26,2a.  Por \u00faltimo, dos p\u00e1ginas del manuscrito D fueron descubiertas por el Dr. M. S. Gaster, las cuales contienen algunos vers\u00edculos de los cap\u00edtulos 18, 19, 20, 27, algunos de los cuales ya aparecen en los manuscritos B y C. As\u00ed, a mediados del a\u00f1o 1900 los estudiosos hab\u00edan identificado y publicado m\u00e1s de la mitad de un texto hebreo del Eclesi\u00e1stico. (En las indicaciones anteriores de los fragmentos reci\u00e9n descubiertos del hebreo, los cap\u00edtulos y vers\u00edculos indicados son de acuerdo a la numeraci\u00f3n de la  Vulgata Latina.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como naturalmente se anticipar\u00eda, y ciertamente era deseable que as\u00ed sucediera, la publicaci\u00f3n de estos diversos fragmentos dio lugar a una controversia en cuanto a la originalidad del texto en \u00e9l exhibido.   En una etapa muy temprana en esa publicaci\u00f3n, los estudiosos f\u00e1cilmente notaron que aunque el idioma  hebreo de los fragmentos era aparentemente cl\u00e1sico, sin embargo conten\u00eda lecturas que podr\u00edan llevar a uno a sospechar su dependencia real de las versiones  griega y  sir\u00edaca del Eclesi\u00e1stico.   De donde manifiestamente implicaba determinar si, y en caso afirmativo, en qu\u00e9 medida, los fragmentos hebreos reproduc\u00edan un texto original del libro, o por el contrario, s\u00f3lo presentaba una traducci\u00f3n tard\u00eda del Eclesi\u00e1stico al hebreo por medio de las versiones ya nombradas.  Tanto el  Dr. G. Bickell como el profesor D. S. Margoliouth, es decir, los dos hombres que poco antes del descubrimiento de los fragmentos hebreos del Eclesi\u00e1stico hab\u00edan intentado retraducir peque\u00f1as partes del libro al hebreo, se declararon abiertamente en contra de la originalidad del reci\u00e9n hallado texto hebreo.   En efecto, puede admitirse que los esfuerzos naturalmente acarreados por su propio trabajo de re-traducci\u00f3n hab\u00edan habilitado especialmente a Bickell y Margoliouth para notar y apreciar aquellas caracter\u00edsticas que incluso ahora muchos estudiosos consideran hablan a favor de una determinada conexi\u00f3n del texto hebreo con las versiones griega y sir\u00edaca.   Sigue siendo  cierto, sin embargo, que, con la excepci\u00f3n de Israel L\u00e9vi y quiz\u00e1s algunos otros, los m\u00e1s destacados estudiosos de la Biblia y del Talmud del d\u00eda piensan que los fragmentos hebreos presentan un texto original. Ellos piensan que los argumentos e inferencias m\u00e1s vigorosamente presentados por el Prof. Margoliouth a favor de su punto de vista han sido eliminados a trav\u00e9s de una comparaci\u00f3n de los fragmentos publicados en 1899 y 1900 con los que hab\u00edan aparecido en una  fecha anterior, y a trav\u00e9s de un estudio minucioso de casi todos los hechos ahora disponibles.  En los manuscritos recuperados hasta ahora ellos admiten f\u00e1cilmente faltas de escribas, dobletes, arabismos, aparentes rastros de dependencia en versiones existentes, etc.   Pero en sus mentes todos esos defectos no refutan la originalidad del texto hebreo, en la medida en que pueden, y de hecho en un gran n\u00famero de casos deben, ser explicados por el car\u00e1cter muy tard\u00edo de las copias ahora en nuestro poder.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los fragmentos  hebreos del Eclesi\u00e1stico pertenecen, como muy temprano, al siglo X o incluso al XI de nuestra era, y en esa fecha tard\u00eda, naturalmente se puede esperar que se hayan colado todo tipo de errores al idioma original del libro, porque los copistas  jud\u00edos de la obra no lo consideraban como can\u00f3nico.   Al mismo tiempo, estos defectos no desfiguran por completo la forma del hebreo en que fue escrito primitivamente el Eclesi\u00e1stico. El lenguaje de los fragmentos es manifiestamente no  rab\u00ednico, sino hebreo cl\u00e1sico; y esta conclusi\u00f3n es decididamente corroborada por una comparaci\u00f3n de su texto con el de las citas del Eclesi\u00e1stico, tanto en el Talmud como en el Saadia, a los que ya se ha hecho referencia.   Una vez m\u00e1s, el hebreo de los fragmentos reci\u00e9n encontrados, aunque cl\u00e1sico, es todav\u00eda uno de un tipo claramente tard\u00edo, y suministra material considerable para la investigaci\u00f3n lexicogr\u00e1fica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por \u00faltimo, el comparativamente grande n\u00famero de manuscritos hebreos recientemente descubierto en un solo lugar (El Cairo) apunta al hecho de que la obra en su forma primitiva fue a menudo transcrita en la antig\u00fcedad, y por lo tanto ofrece la esperanza de que en alguna fecha futura se puedan descubrir otros ejemplares, m\u00e1s o menos completa, del texto original.  Para hacer su estudio conveniente, todos los fragmentos existentes se han reunido en una espl\u00e9ndida edici\u00f3n, \u00abFacsimiles of the Fragments hitherto recovered of the Book of Ecclesiasticus in Hebrew\u00bb (Oxford y Cambridge, 1901). La estructura m\u00e9trica y estr\u00f3fica de partes del texto reci\u00e9n descubierto ha sido especialmente estudiada por H. Grimme y N. Schl\u00f6gl, cuyo \u00e9xito en la materia es, por decir lo menos, indiferente; y por Jos. Knabenbauer, SJ, de una manera menos azarosa, y por lo tanto con resultados m\u00e1s satisfactorios.\n<\/p>\n<h1>Versiones Antiguas<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El nieto del autor del Eclesi\u00e1stico tradujo el libro al  griego de un texto  hebreo, por supuesto, incomparablemente mejor que el que ahora poseemos.  Este traductor fue un  jud\u00edo palestino, que lleg\u00f3 a Egipto en un momento determinado, y quiso que la obra estuviese accesible en lenguaje griego para los jud\u00edos de la di\u00e1spora, y sin duda tambi\u00e9n para todos los amantes de la sabidur\u00eda.   Se desconoce su nombre, aunque una antigua pero poco confiable tradici\u00f3n (\u00abSinopsis Scripturae Sacrae\u00bb en las obras de San Atanasio) le llama Jes\u00fas, el hijo de Sir\u00e1.   Al presente no se pueden comprobar plenamente sus cualificaciones literarias para la tarea que emprendi\u00f3 y llev\u00f3 a cabo.  Sin embargo, com\u00fanmente se le considera, a partir del car\u00e1cter general de su obra, como un hombre de buena cultura general con buen dominio tanto del hebreo como del griego.  \u00c9l estaba claramente consciente de la gran diferencia que existe entre el respectivo genio de estos dos idiomas, y de la consiguiente dificultad inherente a los esfuerzos de quien tratase de dar una versi\u00f3n griega satisfactoria del escrito hebreo, y por lo tanto, en su pr\u00f3logo a la obra, pide expresamente, la indulgencia de sus lectores por cualquier deficiencia que puedan notar en su traducci\u00f3n.   Afirma haber pasado mucho tiempo y trabajo en su versi\u00f3n del Eclesi\u00e1stico, y es justo suponer que su obra no fue s\u00f3lo concienzuda, sino tambi\u00e9n, en general, una traducci\u00f3n exitosa del hebreo original.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno s\u00f3lo puede hablar de esta forma cautelosa del valor exacto de la traducci\u00f3n  griega en su forma primitiva por la sencilla raz\u00f3n de que una comparaci\u00f3n de sus manuscritos existentes &#8212;todos al parecer derivados de un solo ejemplar griego&#8212; muestra que la traducci\u00f3n primitiva ha sido, muy a menudo y en muchos casos, manipulada seriamente.  Los grandes c\u00f3dices unciales, el  Vaticano, el  Sina\u00edtico, el de  San Efr\u00e9n y en parte el  Alejandrino, aunque comparativamente libre de glosas, contienen un texto inferior; la mejor forma del texto parece estar preservada en el C\u00f3dice Veneto y en ciertos manuscritos en cursiva., aunque estos tienen muchas glosas.   Sin lugar a dudas, un buen n\u00famero de estas glosas se puede adjudicar de forma segura al propio traductor, que, a veces agreg\u00f3 una palabra, o incluso unas pocas palabras, al original ante \u00e9l, para hacer m\u00e1s claro su significado o para proteger el texto contra un posible malentendido.   Pero la gran mayor\u00eda de las glosas se asemejan a las adiciones griegas en el Libro de los Proverbios; son expansiones del pensamiento, o interpretaciones helenizantes, o adiciones de colecciones actuales de dichos gn\u00f3micos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los siguientes son los mejores resultados comprobados que fluyen de una comparaci\u00f3n de la versi\u00f3n  griega con el texto de nuestros fragmentos   hebreos. A menudo, las corrupciones del hebreo se pueden descubrir por medio del griego; y, por el contrario, el texto griego se prueba que es defectuoso, en la l\u00ednea de adiciones u omisiones, por referencia a lugares paralelos en el hebreo.  A veces, el hebreo revela una considerable libertad de interpretaci\u00f3n por parte del traductor griego; o nos permite percibir c\u00f3mo el autor de la versi\u00f3n confundi\u00f3 una letra hebrea por otra; o, de nuevo, nos brinda un medio para dar sentido a una expresi\u00f3n ininteligible en el texto griego.  Por \u00faltimo, el texto hebreo confirma el orden del contenido en los caps. 30 a 36 que se presenta en las versiones  sir\u00edaca, latina y  armenia, en contraste con el orden no natural que se encuentra en todos los manuscritos griegos existentes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La versi\u00f3n sir\u00edaca del Eclesi\u00e1stico, al igual que la  griega, fue hecha directamente del original  hebreo.   Esto se acepta poco menos que universalmente; y una comparaci\u00f3n de su texto con el de los fragmentos hebreos reci\u00e9n descubiertos deber\u00eda resolver el punto para siempre:   como se acaba de establecer, la versi\u00f3n sir\u00edaca da el mismo orden que el texto hebreo para el contenido de los cap\u00edtulos 30 &#8211; 36; en particular, presenta interpretaciones err\u00f3neas, cuyo origen, mientras que son inexplicables si se supone un original griego como su base, se explica f\u00e1cilmente por la referencia al texto de los fragmentos hebreos.   Pero el texto hebreo a partir del cual se hizo debe haber sido muy defectuoso, como lo prueban las numerosas e importantes lagunas en la traducci\u00f3n sir\u00edaca. Parece, asimismo, que el hebreo ha sido interpretado por el propio traductor de forma descuidada y a veces incluso arbitraria. La versi\u00f3n sir\u00edaca tiene todo el valor menos cr\u00edtico en la actualidad, ya que se revis\u00f3 considerablemente en una  fecha desconocida por medio de la traducci\u00f3n griega.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De las otras versiones antiguas del Eclesi\u00e1stico, la latina antigua es la m\u00e1s importante. Fue hecha antes del tiempo de San Jer\u00f3nimo, aunque ahora no se puede determinar la fecha exacta de su origen; y el  santo  Doctor aparentemente revis\u00f3 muy poco su texto antes de su adopci\u00f3n a la  Vulgata Latina.   La unidad de la antigua versi\u00f3n latina, que era antes indudable, ha sido seriamente cuestionada \u00faltimamente, y Ph. Thielmann, el m\u00e1s reciente investigador de su texto a este respecto, cree que los caps. 44 &#8211; 50 se deben a otro traductor diferente al del resto del libro, que los cap\u00edtulos 1-43 y 51 son de origen  africano y que del 44-50 son de origen  europeo.   Por el contrario, ahora se considera como totalmente cierta la opini\u00f3n de que antes dudaban  Cornelio a Lapide, P. Sabatier, EG Bengel, etc., es decir, que la versi\u00f3n latina fue hecha directamente del griego.  La versi\u00f3n ha conservado muchas palabras griegas en una forma latinizada: eremus (6,3); eucharis (6,5); basis (6,30); acharis (20,21); xenia (20,31); dioryx (24,41); poderes (27,9); etc., etc., junto con ciertos grecismos de construcci\u00f3n; de modo que el  texto traducido al lat\u00edn era, sin duda, griego, no el original hebreo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De hecho, es  cierto que otras caracter\u00edsticas de la versi\u00f3n latina antigua  &#8212;especialmente su orden de los caps. 30 &#8211; 36, que no est\u00e1 de acuerdo con la traducci\u00f3n  griega, y est\u00e1 de acuerdo con el texto  hebreo&#8212; parecen apuntar a la conclusi\u00f3n de que la versi\u00f3n latina se bas\u00f3 inmediatamente en el original hebreo.    Pero un examen muy reciente y cr\u00edtico de todas esas caracter\u00edsticas en los caps. 1 &#8211; 43 ha llevado a H. Herkenne a una conclusi\u00f3n distinta; tomando en cuenta todas las cosas, el piensa que: \u00abNititur Vetus Latina textu vulgari graeco ad textum hebraicum alterius recensionis grace castigato.\u00bb (Vea tambi\u00e9n Jos. Knabenbauer, S.J., \u00abIn Ecclesiasticum\u00bb, p. 34 ss.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Junto con formas grecizadas, la antigua traducci\u00f3n en lat\u00edn del Eclesi\u00e1stico presenta muchos barbarismos y solecismos (tales como defunctio, 1,13; religiositas, 1,17.18.26; compartior, 1,24; receptibilis, 2,5; peries, periet, 8,18; 33,7; obductio, 2,1; 5,1.10, etc.), que, en la medida en que puedan ser realmente rastreados a la forma original de la versi\u00f3n, van a demostrar que el traductor no ten\u00eda m\u00e1s que un escaso dominio de la lengua latina.   Una vez m\u00e1s, a partir de un buen n\u00famero de expresiones que son sin duda debidas al traductor, se puede inferir que a veces \u00e9l no capt\u00f3 el sentido del griego, y que otras veces fue demasiado libre en la interpretaci\u00f3n del texto ante \u00e9l.  La antigua versi\u00f3n latina abunda en l\u00edneas adicionales o incluso versos extra\u00f1os no s\u00f3lo al griego, sino tambi\u00e9n al texto hebreo. Tales importantes adiciones &#8212;que a menudo aparecen claramente como tal a partir del hecho de que interfieren con los paralelismos po\u00e9ticos del libro&#8212; son o repeticiones de anteriores declaraciones bajo una forma algo diferente, o glosas insertados por el traductor o los copistas.   Debido al origen temprano de la versi\u00f3n latina (probablemente del siglo II d.C.), y a su \u00edntima conexi\u00f3n tanto con el texto hebreo como con el griego, una de las cosas principales que se desea para la  cr\u00edtica textual del Eclesi\u00e1stico es una buena edici\u00f3n de su forma primitiva, en la medida en que esta forma se pueda determinar. Entre las otras versiones antiguas del Libro del Eclesi\u00e1stico, derivadas del  griego, son dignas de menci\u00f3n especial la  et\u00edope,  \u00e1rabe y  copta.\n<\/p>\n<h1>Autor y Fecha<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El autor del Libro del Eclesi\u00e1stico no es el rey Salom\u00f3n, a quien, seg\u00fan atestigua  San Agust\u00edn, se le atribuye la obra a menudo \u00abdebido a cierta semejanza de estilo\u00bb con el de los Proverbios, Eclesiast\u00e9s y el Cantar de los Cantares; pero, como dice el mismo  santo  doctor, a quien \u00ablos m\u00e1s eruditos\u00bb (al parecer entre los escritores de la Iglesia de la \u00e9poca) \u00absaben muy bien que no se debe adjudicar\u00bb (En la Ciudad de Dios, Lb. XVII, cap. XX ).   En la actualidad, la autor\u00eda del libro se le asigna universal y correctamente a un cierta \u00abJes\u00fas\u00bb, sobre cuya persona y car\u00e1cter se ha conjeturado mucho pero en realidad se  conoce muy poco.  En el pr\u00f3logo  griego a la obra, se da el nombre propio del autor como Iesous, y esta informaci\u00f3n es corroborada por las suscripciones encontradas en el original  hebreo: 1,27 ( Vulg. 1, 29); 51,30. El apellido de su familia era Ben Sir\u00e1, como concuerdan en atestiguar el texto hebreo y las versiones antiguas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las versiones griegas y latinas es descrito como \u00abun hombre de Jerusal\u00e9n\u00bb (1,29), y la evidencia interna (cf. 34,13 ss.; 1) tiende a confirmar la declaraci\u00f3n, aunque no se encuentra en el hebreo.  Su cercana relaci\u00f3n con \u00abla  Ley, los  Profetas y los otros libros entregados por los padres\u00bb, es decir, con las tres clases de escritos que componen la Biblia hebrea, se confirma claramente por el pr\u00f3logo de la obra; y los 367 modismos o frases, que el estudio de los fragmentos hebreos ha demostrado que se derivan de los libros sagrados de los  jud\u00edos, son una amplia prueba de que Jes\u00fas, el hijo de Sir\u00e1, conoc\u00eda a fondo el texto  b\u00edblico.  \u00c9l era un observador  filos\u00f3fico de la vida, como es f\u00e1cil inferir a partir de la naturaleza de su pensamiento, y \u00e9l mismo habla del amplio conocimiento que adquiri\u00f3 en sus muchos viajes, y de los que, por supuesto, se aprovech\u00f3 para escribir su obra (34,9-12).   No se puede determinar en qu\u00e9 per\u00edodo especial de la vida del autor se puede colocar la composici\u00f3n del libro, cualquieras sean las conjeturas que puedan haber sido planteadas al respecto por algunos estudiosos recientes.   Los datos a los que otros han recurrido (31,22 ss.; 38,1-15; etc.) para demostrar que \u00e9l era un m\u00e9dico no son pruebas suficientes; mientras que la similitud de los nombres (Jas\u00f3n-Jes\u00fas) no es excusa para los que han identificado a Jes\u00fas, el hijo de Sir\u00e1, un hombre de car\u00e1cter manifiestamente  piadoso y digno, con el sumo sacerdote imp\u00edo y helenizante Jas\u00f3n (175-172 a.C.&#8212;respecto a las malas acciones de Jas\u00f3n, vea  2 Mac. 4,7-26).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La \u00e9poca en que vivi\u00f3 Jes\u00fas, el autor del Eclesi\u00e1stico, ha sido tema de mucha discusi\u00f3n en el pasado; pero en la actualidad, admite el ser determinada con precisi\u00f3n tolerable.  Dos datos son particularmente \u00fatiles para este prop\u00f3sito.  El primero es suministrado por el pr\u00f3logo  griego, donde leemos que el nieto de Jes\u00fas de Sir\u00e1 entr\u00f3 a Egipto en to ogdoo kai triakosto etei epi tou Euergetou Basileos, poco despu\u00e9s de haber traducido al griego la obra de su abuelo.   El \u00aba\u00f1o treinta y ocho\u00bb que menciona aqu\u00ed el traductor no significa su propia edad, pues tal especificaci\u00f3n ser\u00eda manifiestamente irrelevante. Como es natural, indica la  fecha de su llegada a Egipto con una referencia a los a\u00f1os de gobierno del entonces monarca, el egipcio Ptolomeo Evergetes; y de hecho, la construcci\u00f3n gramatical griega del pasaje en el pr\u00f3logo es la que suele emplearse en la Versi\u00f3n de los Setenta para dar el a\u00f1o de gobierno de un pr\u00edncipe (cf. Ageo 1,1; 2,1.10;  Zac. 1,1.7; 7,1;  1 Mac. 13,42; 14,27; etc.).   En efecto, hubo dos Ptolomeos de apellido Evergetes (Benefactor): Tolomeo III y Ptolomeo VII (Fisc\u00f3n), pero es un asunto f\u00e1cil decidir a cu\u00e1l de los dos se refiere en realidad el autor del pr\u00f3logo.   Como el primero, Ptolomeo III, rein\u00f3 s\u00f3lo veinticinco a\u00f1os (247-222 a.C.), debe ser al segundo, Ptolomeo VII, al que se refiere. Este \u00faltimo pr\u00edncipe comparti\u00f3 el trono junto a su hermano (de 170 a.C. en adelante), y posteriormente gobern\u00f3 solo (de 145 a.C. en adelante).  Pero \u00e9l sol\u00eda contar los a\u00f1os de su reinado desde la fecha anterior. Por lo tanto, \u00abel a\u00f1o treinta y ocho de Ptolomeo Evergetes\u00bb, en el que el nieto de Jes\u00fas, hijo de Sir\u00e1, lleg\u00f3 a Egipto, es el a\u00f1o 132 a.C.   Si este es el caso, se puede considerar que el abuelo del traductor, el autor del Eclesi\u00e1stico, vivi\u00f3 y escribi\u00f3 su obra entre cuarenta y sesenta a\u00f1os antes (entre 190 y 170 a.C.), pues no puede haber ninguna duda de que al referirse a Jes\u00fas por medio del t\u00e9rmino pappos y de la frase definitiva ho pappos mouIesous, el escritor del pr\u00f3logo design\u00f3 a su abuelo, y no a un ancestro m\u00e1s remoto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo dato que est\u00e1 particularmente disponible para determinar la \u00e9poca en que vivi\u00f3 el escritor del Eclesi\u00e1stico es suministrado por el libro mismo.  Se ha considerado durante mucho tiempo que, ya que el hijo de Sir\u00e1 celebr\u00f3 con un aut\u00e9ntico brillo de entusiasmo las obras del \u00absumo sacerdote Sim\u00f3n, hijo de On\u00edas\u00bb, a quien alaba como el \u00faltimo de la larga lista de  jud\u00edos ilustres, \u00e9l mismo debe haber sido un testigo ocular de la gloria que \u00e9l describe (cf. 1,1-16.22.23).   Por supuesto, esta fue s\u00f3lo una inferencia y en la medida en que se bas\u00f3 \u00fanicamente en una apreciaci\u00f3n m\u00e1s o menos subjetiva del pasaje, uno puede entender f\u00e1cilmente por qu\u00e9 muchos eruditos cuestionaron, o incluso rechazaron, su correcci\u00f3n.   Sin embargo, con el reciente descubrimiento del original hebreo del pasaje, ha llegado un elemento nuevo, y claramente objetivo, lo que sit\u00faa pr\u00e1cticamente fuera de toda duda la exactitud de la inferencia.   En el texto hebreo, inmediatamente despu\u00e9s de su elogio del sumo sacerdote Sim\u00f3n, el escritor incluye la siguiente oraci\u00f3n ferviente\n<\/p>\n<p>\u201dQue su misericordia (la de Yahveh) est\u00e9 continuamente con Sim\u00f3n, y que establezca con \u00e9l la alianza de Fineas, que perdurar\u00e1 con \u00e9l y con su descendencia, como los d\u00edas el cielo.\u201d  (1,24)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Obviamente, Sim\u00f3n a\u00fan estaba vivo cuando esta oraci\u00f3n fue formulada de este modo; y su propio fraseo en el hebreo implica esto tan manifiestamente, que cuando el nieto del autor lo tradujo al griego, en una  fecha en la que hab\u00eda pasado alg\u00fan tiempo despu\u00e9s de la muerte de Sim\u00f3n, el crey\u00f3  necesario modificar el texto ante \u00e9l, y por lo tanto lo tradujo de la siguiente de manera general:\n<\/p>\n<p>\u00abQue su misericordia est\u00e9 continuamente con nosotros, y que nos redima en sus d\u00edas.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s permitir as\u00ed que nos demos cuenta del hecho de que Jes\u00fas, el hijo de Sir\u00e1, fue contempor\u00e1neo del sumo sacerdote Sim\u00f3n, el cap\u00edtulo 1 del Eclesi\u00e1stico nos da ciertos detalles que nos permiten decidir cu\u00e1l de las dos Simones, ambos sumos sacerdotes e hijos de On\u00edas y conocidos en la historia  jud\u00eda, es el descrito por el escritor del libro.   Por un lado, el \u00fanico t\u00edtulo conocido de Sim\u00f3n I (quien ocup\u00f3 el pontificado bajo Tolomeo S\u00f3ter, alrededor de 300 a.C.) que podr\u00eda proporcionar una raz\u00f3n para el gran encomio hecho sobre Sim\u00f3n en Eclesi\u00e1stico 1, es el apellido \u00abel Justo\u00bb (cf.  Josefo, Antig\u00fcedades de los Jud\u00edos, Bk. XII, cap. II, 5), de donde se infiere que \u00e9l era un reconocido sumo sacerdote digno de ser celebrado entre los h\u00e9roes jud\u00edos alabados por el hijo de Sir\u00e1.  Por otro lado, los detalles dados en el paneg\u00edrico de Sim\u00f3n, como los hechos de que repar\u00f3 y reforz\u00f3 el  Templo, fortific\u00f3 la ciudad contra el asedio y proteg\u00eda la ciudad contra los ladrones (cf. Eclo., 1,1-4) est\u00e1n en estrecho acuerdo con lo que se conoce de los tiempos de Sim\u00f3n II (200 a.C.).  Mientras que en los d\u00edas de Sim\u00f3n I, e inmediatamente despu\u00e9s, el pueblo no fue perturbado por la agresi\u00f3n extranjera, en los de Sim\u00f3n II los jud\u00edos fueron duramente hostigados por los ej\u00e9rcitos enemigos, y su territorio fue invadido por Ant\u00edoco, seg\u00fan nos informa Josefo (Antiq. de los Jud\u00edos, Bk. XII, cap. III, 3).  Fue tambi\u00e9n en el tiempo despu\u00e9s de Sim\u00f3n II que s\u00f3lo las  oraciones a Dios del sumo sacerdote impidieron que  Ptolomeo Filopator  profanara el Lugar Sant\u00edsimo; luego \u00e9l comenz\u00f3 una persecuci\u00f3n terrible contra los jud\u00edos en el hogar y en el extranjero (cf. III Mach., II, III).   Se desprende de estos hechos &#8212;a los que se podr\u00eda a\u00f1adir f\u00e1cilmente otros que apuntan en la misma direcci\u00f3n&#8212; que el autor del Eclesi\u00e1stico vivi\u00f3 alrededor del comienzo del siglo II a.C.   Como cuesti\u00f3n de hecho, los estudiosos cat\u00f3licos recientes, en n\u00famero creciente, prefieren esta posici\u00f3n a aquella que identifica al sumo sacerdote Sim\u00f3n, mencionado en Eclo. 50, con Sim\u00f3n I, y que, en consecuencia, refiere la composici\u00f3n del libro a cerca de un siglo antes (alrededor de 280 a.C.).\n<\/p>\n<h1>M\u00e9todo de Composici\u00f3n<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la actualidad, hay dos puntos de vista principales sobre la manera en que el autor del Eclesi\u00e1stico compuso su obra, y es dif\u00edcil decir cu\u00e1l es el m\u00e1s probable. El primero, sostenido por muchos estudiosos, afirma que un estudio imparcial de los temas tratados y de su disposici\u00f3n real conduce a la conclusi\u00f3n de que todo el libro es la obra de una sola mente.   Sus defensores afirman que en todo el libro se puede distinguir f\u00e1cilmente uno y el mismo prop\u00f3sito, a saber: el prop\u00f3sito de ense\u00f1ar el valor pr\u00e1ctico de la sabidur\u00eda hebrea, y que se puede notar f\u00e1cilmente uno y el mismo m\u00e9todo en el manejo del material, y que el escritor siempre muestra gran conocimiento de los hombres y las cosas, y que nunca cita ninguna autoridad exterior para lo que \u00e9l dice.   Afirman que un examen cuidadoso del contenido da a conocer una unidad clara de la actitud mental por parte del autor hacia los mismos temas principales, hacia Dios, la vida, la  Ley, la sabidur\u00eda, etc.   Ellos no niegan la existencia de diferencias de tono en el libro, pero piensan que se encuentran en varios p\u00e1rrafos relativos a temas de menor importancia; que las diversidades as\u00ed notadas no van m\u00e1s all\u00e1 de la gama de la experiencia de un hombre; que el autor muy probablemente escribi\u00f3 a diferentes intervalos y bajo una variedad de circunstancias, por lo que no es de extra\u00f1ar que las partes as\u00ed compuestas lleven la impresi\u00f3n manifiesta de un estado mental diferente.   Algunos de ellos realmente van tan lejos como para admitir que el escritor de Eclesi\u00e1stico pudo a veces haber recogido pensamientos y m\u00e1ximas que ya estaban en el uso actual y popular, y que incluso pudo haber sacado material de las colecciones de dichos sabios inexistentes o de discursos in\u00e9ditos de sabios;   pero todos y cada uno de ellos est\u00e1n seguros que el autor del libro \u00abno era un simple colector o compilador; su personalidad caracter\u00edstica se destaca demasiado clara y prominente para eso, y no obstante el car\u00e1cter diversificado de los apotegmas, todos ellos son el resultado de un punto de vista de la vida y del mundo conectados.\u00bb (Sch\u00fcrer).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo punto de vista sostiene que el Libro del Eclesi\u00e1stico fue compuesto por un proceso de compilaci\u00f3n.   Seg\u00fan los defensores de esta posici\u00f3n, el car\u00e1cter compilatorio del libro no necesariamente conflige con una unidad real del prop\u00f3sito general que impregna y conecta los elementos de la obra; tal prop\u00f3sito prueba, en efecto, que una mente ha entrelazado esos elementos juntos para un fin com\u00fan, pero realmente deja sin tocar el asunto en cuesti\u00f3n, a saber, si se puede considerar una sola mente como el autor original del contenido del libro, o, m\u00e1s bien, como el que combin\u00f3 materiales pre-existentes.  Aceptando, entonces, la existencia de uno y el mismo prop\u00f3sito general en la obra del hijo de Sir\u00e1, y admitiendo asimismo el hecho de que ciertas partes del Eclesi\u00e1stico pertenecen a \u00e9l como el autor original, ellos piensan que, en conjunto, el libro es una compilaci\u00f3n.   En pocas palabras, los siguientes son los fundamentos de su posici\u00f3n. En primer lugar, a partir de la propia naturaleza de su obra, el autor era como \u00abquien racima detr\u00e1s de los vi\u00f1adores\u00bb; y al hablar as\u00ed de s\u00ed mismo (33,16) da a entender que fue un colector o compilador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En segundo lugar, la estructura de la obra a\u00fan revela un proceso compilatorio. El cap\u00edtulo final (51) es un ap\u00e9ndice real al libro, y se a\u00f1adi\u00f3 despu\u00e9s de la compleci\u00f3n de la obra, como lo prueba el colof\u00f3n en 1,29 ss.  El primer cap\u00edtulo se lee como una introducci\u00f3n general al libro, y de hecho como uno diferente en el tono de los cap\u00edtulos que le siguen de inmediato, mientras que se asemeja a algunas secciones distintas que est\u00e1n incorporados en otros cap\u00edtulos de la obra.   En el cuerpo del libro el cap. 36,1-19 es una oraci\u00f3n por los  jud\u00edos de la di\u00e1spora, ajena por completo a los dichos en los vers\u00edculos 20 ss. del mismo cap\u00edtulo; el cap. 43,15 a 50,26 es un discurso claramente separado de las m\u00e1ximas prudenciales por las cuales es inmediatamente precedido; los vers\u00edculos 16,24; 24,1; 39,16, son los nuevos puntos de partida, que, no menos que los numerosos pasajes marcados por el tratamiento de \u00abmi hijo\u00bb (2,1; 3,17; 4,1.23; 6.18.24.33, etc.), y la adici\u00f3n peculiar en 1, 27, 28, hablan en contra de la unidad literaria de la obra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n se ha apelado a otras se\u00f1ales de un proceso compilatorio, las cuales consisten en\n<\/p>\n<ul>\n<li>la repetici\u00f3n significativa de varios dichos en diferentes lugares del libro (cf. 20,32.33, el cual se repite en 41,14-15; etc.);<\/li>\n<li> aparentes discrepancias de pensamiento y  doctrina (cf. las diferencias de tono en los cap\u00edtulos 16; 25; 29,21-41; 40,1-11 etc.);<\/li>\n<li>  en ciertos encabezados relativos al tema al comienzo de secciones especiales (cf. 31,12; 41,16; 44,1 en el hebreo); y<\/li>\n<li> en un  salmo o c\u00e1ntico adicional hallado en el reci\u00e9n descubierto texto hebreo, entre 51,12 y 51,13; <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">todos los cuales se explican mejor por el uso de varias colecciones menores que contienen cada una el mismo dicho, o que difieren considerablemente en el tenor general, o que traen sus t\u00edtulos respectivos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por \u00faltimo, parece haber una huella hist\u00f3rica del car\u00e1cter compilatorio del Eclesi\u00e1stico en un segundo, pero no aut\u00e9ntico, pr\u00f3logo al libro, que se encuentra en el \u00abSinopsis Sacrae Scripturae\u00bb. En este documento, que aparece impreso en las obras de San Atanasio y tambi\u00e9n al comienzo del Eclesi\u00e1stico en la Pol\u00edglota Complutense, la redacci\u00f3n actual del libro se atribuye al traductor griego como un proceso separado de compilaci\u00f3n de himnos, refranes,  oraciones, etc., que le hab\u00eda dejado su abuelo, Jes\u00fas, hijo de Sir\u00e1.\n<\/p>\n<h1>Ense\u00f1anza \u00c9tica y Doctrinal<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de exponer de manera resumida las principales ense\u00f1anzas  doctrinales y \u00e9ticas, que figuran en el Libro del Eclesi\u00e1stico, no estar\u00e1 de m\u00e1s establecer como premisa dos observaciones que, aunque elementales, debe tener claramente en mente cualquier persona que desee ver las doctrinas del hijo de Sir\u00e1 bajo su luz apropiada.   En primer lugar, ser\u00eda obviamente injusto exigir que el contenido de este libro sapiencial llegue plenamente a los altos est\u00e1ndares morales de la \u00e9tica  cristiana, o que iguale en claridad y precisi\u00f3n las ense\u00f1anzas  dogm\u00e1ticas contenidas en los escritos sagrados del Nuevo Testamento o en la  tradici\u00f3n viva de la Iglesia; todo lo que se puede esperar razonablemente de un libro compuesto alg\u00fan tiempo antes de la  dispensaci\u00f3n cristiana, es que establezca una ense\u00f1anza doctrinal y \u00e9tica sustancialmente buena, no perfecta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En segundo lugar, tanto la buena l\u00f3gica como el  sentido com\u00fan demandan que el silencio del Eclesi\u00e1stico relativo a determinados puntos de la  doctrina no sea considerado como una negaci\u00f3n positiva de ellos, a menos que se pueda demostrar de forma clara y concluyente que tal silencio debe ser as\u00ed concebido.   La obra se compone mayormente de dichos inconexos que versan sobre todo tipo de temas, y por eso un cr\u00edtico sobrio casi nunca, o nunca del todo, podr\u00e1 pronunciarse sobre el motivo real que llev\u00f3 al autor del libro ya sea a mencionar u omitir un punto de doctrina particular.   M\u00e1s todav\u00eda, en presencia de un escritor manifiestamente apegado a las tradiciones nacionales y  religiosas de la raza  jud\u00eda, seg\u00fan el tono general de su libro demuestra que \u00e9l fue, cada estudioso digno del nombre ver\u00e1 f\u00e1cilmente que el silencio de parte de Jes\u00fas respecto a alguna doctrina importante, como por ejemplo la del Mes\u00edas, no es prueba alguna de que el hijo de Sir\u00e1 no asent\u00eda a la creencia de los jud\u00edos en relaci\u00f3n con esa doctrina, y, en referencia al punto especial que acabamos de mencionar, que no compart\u00eda las expectativas  mesi\u00e1nicas de su \u00e9poca.  Como puede verse f\u00e1cilmente, las dos observaciones generales hechas, simplemente establecen los c\u00e1nones elementales de la  cr\u00edtica hist\u00f3rica; y no se habr\u00edan tratado aqu\u00ed si no fuese porque a menudo han sido perdidas de vista por los estudiosos  protestantes, quienes, sesgados por su inclinaci\u00f3n a refutar la doctrina  cat\u00f3lica del car\u00e1cter  inspirado del Eclesi\u00e1stico, han hecho todo lo posible por depreciar la ense\u00f1anza doctrinal y \u00e9tica de este libro deuterocan\u00f3nico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las siguientes son las principales doctrinas dogm\u00e1ticas de Jes\u00fas, el hijo de Sir\u00e1. Seg\u00fan \u00e9l, al igual que seg\u00fan todos los dem\u00e1s escritores inspirados del Antiguo Testamento, Dios es uno y no hay Dios fuera de \u00c9l (36,4).  \u00c9l es un Dios vivo y  eterno (18,1), y aunque su grandeza y misericordia superan toda comprensi\u00f3n  humana, sin embargo, \u00c9l se da a conocer al hombre a trav\u00e9s de sus obras maravillosas (16,18.22; 18,4).   \u00c9l es el creador de todas las cosas (18,1; 24,12), las que produjo por su palabra de mandato, y las sell\u00f3 a todas con las marcas de la grandeza y la  bondad (42,15 &#8211; 43; etc.). El hombre es la obra escogida de Dios, que lo hizo para su gloria, le puso como rey de todas las dem\u00e1s criaturas (17,1-8), le dio el poder de elegir entre el bien y el mal (15,14-22), y lo har\u00e1 responsable por sus propios  actos personales (17,9.16), pues, mientras tolera el mal moral \u00c9l reprende y capacita al hombre para evitarlo (15,11-21).  Al tratar con el hombre, Dios no es menos misericordioso que  justo: \u00ab\u00c9l es poderoso para perdonar\u00bb (16,11), y: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 grande es la misericordia del Se\u00f1or, y su perd\u00f3n para los que a \u00c9l se  convierten!\u00bb (17,29); sin embargo, nadie debe abusar de la misericordia divina y por lo tanto retrasar su conversi\u00f3n, \u00abpues su ira vendr\u00e1 de repente, y en el momento de la venganza \u00e9l te destruir\u00e1\u00bb (5,6-9).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De entre los hijos de los hombres, Dios escogi\u00f3 para s\u00ed una naci\u00f3n especial,  Israel, en medio de la cual \u00c9l quiere que resida la sabidur\u00eda (24,13-16), y a favor de la cual el hijo de Sir\u00e1 ofrece una oraci\u00f3n ferviente, repleta de conmovedores recuerdos de las misericordias de Dios a los patriarcas y los  profetas de la antig\u00fcedad, y con deseos ardientes por el reencuentro y la exaltaci\u00f3n del pueblo elegido (46,1-19).    Es bastante claro que el patriota  jud\u00edo que extendi\u00f3 esta petici\u00f3n a Dios para la futura paz y prosperidad nacional, y que, adem\u00e1s, esperaba con confianza que el regreso de El\u00edas contribuir\u00eda a la gloriosa restauraci\u00f3n de todo Israel (cf. 48,10), esperaba con  inter\u00e9s la introducci\u00f3n de los tiempos  mesi\u00e1nicos.   Sigue siendo cierto, sin embargo, que de cualquier modo que se explique su silencio, \u00e9l no habla en ning\u00fan lugar de un interposici\u00f3n especial de Dios a favor del pueblo jud\u00edo, o de la futura venida de un Mes\u00edas personal.  \u00c9l alude manifiestamente al relato de la ca\u00edda, cuando dice: \u00abDe la mujer vino el comienzo del pecado, y por ella morimos todos\u00bb (25,24), y al parecer conecta con esta desviaci\u00f3n inicial de la justicia las miserias y pasiones que pesan tan fuertemente en \u00ablos hijos de Ad\u00e1n\u00bb (40,1-11).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9l dice muy poco respecto a la pr\u00f3xima vida.  Las recompensas terrenales ocupan el lugar m\u00e1s prominente, o quiz\u00e1s el \u00fanico lugar, en la mente del autor, como una sanci\u00f3n para las acciones presentes  buenas o malas (14,22 \u2013 15,6; 16,1-14), ); pero esto no le parecer\u00e1 extra\u00f1o a cualquiera que est\u00e9 familiarizado con las limitaciones de la escatolog\u00eda  jud\u00eda en las partes m\u00e1s antiguas del Antiguo Testamento.    \u00c9l describe la muerte a la luz de una recompensa o un castigo, s\u00f3lo en la medida en que ya sea ya una muerte tranquila para el  justo o una liberaci\u00f3n final de los males terrenales (41,]].4), o, por el contrario, un horrible final que ataca por sorpresa al pecador cuando menos lo espera (9,16.17). En cuanto al bajo mundo o Seol, le aparece al escritor nada m\u00e1s que un lugar triste donde los muertos no alaban a Dios (17,26.27).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea central,  dogm\u00e1tica y moral del libro es la sabidur\u00eda, la cual Ben Sir\u00e1 describe bajo varios aspectos importantes. Cuando habla de ella en relaci\u00f3n con Dios, \u00e9l casi siempre la inviste con atributos personales.   Es  eterna (1,1), inescrutable (1,6.7) y  universal (24,6 ss.). Es el poder creativo y formativo del mundo (24,3 ss.), aunque en s\u00ed misma es creada (1,9; tambi\u00e9n en  griego: 24,9), y en ning\u00fan lugar del texto  hebreo se la trata como una persona divina existente distinta. En relaci\u00f3n con el hombre, la sabidur\u00eda se representa como una cualidad que viene del Todopoderoso y trabaja m\u00e1s excelentes efectos en aquellos que le  aman (1,10-13).   Se la identifica con el \u00abtemor de Dios\u00bb (1,16), que debe, por supuesto, prevalecer de manera especial en  Israel, y promover entre los hebreos el perfecto cumplimiento de la  ley mosaica, que el autor del Eclesi\u00e1stico considera como la viva encarnaci\u00f3n de la sabidur\u00eda de Dios (14,11-20.32.33).   Es un tesoro de valor incalculable, a cuya adquisici\u00f3n hay que dedicar todos los esfuerzos, y en cuya impartici\u00f3n a los dem\u00e1s nunca se debe escatimar (6,18-20; 20,32.33).   Es una disposici\u00f3n del coraz\u00f3n que impulsa al hombre a practicar las virtudes de la fe, la esperanza y el amor de Dios (2,8-10), de confianza y sumisi\u00f3n, etc. (2,18-23; 10,23-27; etc.); que tambi\u00e9n le asegura la felicidad y gloria en esta vida (34,14-20; 33,37-38, etc.).   Es un estado de \u00e1nimo que impide que el ejercicio de la ley ritual, especialmente la  ofrenda de sacrificios, se convierta en un cumplimiento sin coraz\u00f3n con meras observancias externas, y hace que el hombre coloque internamente la justicia por encima de la ofrenda de ricos dones a Dios (35).  Como puede verse f\u00e1cilmente, el autor del Eclesi\u00e1stico inculc\u00f3 en todo esto una ense\u00f1anza muy superior a la de los fariseos de una  fecha algo posterior, y en ning\u00fan caso inferior a la de los  profetas y de los otros escritores protocan\u00f3nicos antes que \u00e9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Altamente loables, tambi\u00e9n, son los numerosos dichos concisos que el hijo de Sir\u00e1 da para evitar el pecado, en el que se puede decir consiste la parte negativa de la sabidur\u00eda pr\u00e1ctica.  Sus m\u00e1ximas contra el orgullo (3,30; 6,2-4; 10,14-30; etc.), codicia (4,36; 5,1; 11,18-21), envidia (30,22-27; 36,22) impureza (9,1-13; 19,1-3; etc.) ira (18,1-14; 10,6), intemperancia (37,30-34), pereza (7,16; 22,1.2), los pecados de la lengua (4,30; 7,13.14; 11,2-3; ,36-40; 5,16.17; 28,15-27; etc.), malas compa\u00f1\u00edas (11,31-36, 22,14-18; etc.),  muestran una estrecha observaci\u00f3n de la naturaleza  humana, estigmatiza el vicio de forma en\u00e9rgica, y a veces se\u00f1alan el remedio contra la destemplanza espiritual. De hecho, es probable que no menos debido al \u00e9xito que Ben S\u00efr\u00e1 alcanz\u00f3 en se\u00f1alar el vicio que por lo que \u00e9l obtuvo en inculcar directamente la virtud, que su trabajo se utiliz\u00f3 tan gustosamente en los primeros d\u00edas del cristianismo para la lectura p\u00fablica en la Iglesia, y lleva, hasta nuestros d\u00edas, el t\u00edtulo preeminente de \u00abEclesi\u00e1stico\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nJunto con estas m\u00e1ximas, que casi todas tienen que ver con lo que puede llamarse la moral  individual, el Libro del Eclesi\u00e1stico contiene valiosas lecciones en relaci\u00f3n con las diferentes clases que componen la sociedad  humana.   La base natural de la sociedad es la familia, y el hijo de Sir\u00e1 suministra una serie de fragmentos de consejo especialmente apropiados para los c\u00edrculos dom\u00e9sticos seg\u00fan constituidos en ese entonces.   \u00c9l desea que el hombre que desee convertirse en jefe de una familia al elegir a su esposa se deje llevar por su valor moral (36,23-25; 40,19-23).  Describe en repetidas ocasiones las preciosas ventajas derivadas de la posesi\u00f3n de una buena esposa, y las contrasta con la miseria que supone la elecci\u00f3n de una esposa indigna (26,1-24; 25,17-36).   Al hombre, como la cabeza de la familia, lo representa, de hecho, como investido con m\u00e1s poder que el que se le otorgar\u00eda entre nosotros, pero no descuida se\u00f1alar sus numerosas responsabilidades para con sus subordinados: hacia sus hijos, especialmente su hija, cuyo bienestar estar\u00eda m\u00e1s particularmente tentado a descuidar (7,24-25), hacia sus esclavos, respecto a los cuales escribe:  \u201cAl criado  prudente  ama como a tu alma\u201d (7,21; 33,31), sin que ello signifique, sin embargo, el fomentar la  vagancia u otros vicios en los sirvientes (33,25-30).   A menudo se insiste bellamente en los deberes de los hijos hacia sus padres (7,27-28 etc.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hijo de Sir\u00e1 dedica una variedad de dichos a la elecci\u00f3n y el valor de un verdadero amigo (6,5-17; 9,14.15; 12,8.9), al cuidado con que tal persona debe ser conservada (22,25-32), y tambi\u00e9n a la falta de valor y los peligros de la amiga infiel (27,1-6, 17-24; 33,6).   El autor no tiene nada en contra de aquellos en el poder, sino, por el contrario, considera que es una expresi\u00f3n de la voluntad de Dios que algunos est\u00e9n en estados de vida exaltados, y otros, en estados  humildes (33,7-15).   Concibe a las diversas clases de la sociedad,  pobres y  ricos, sabios e  ignorantes, como capaces de ser dotados de sabidur\u00eda (37,21-29).   Desea que un pr\u00edncipe tenga en mente que est\u00e1 en la mano de Dios, y debe justicia igual para todos, ricos y pobres (5,18; 10,1-13). \u00c9l insta a los ricos  a dar  limosnas y visitar a los  pobres y los afligidos (4,1-11; 7,38.39; 12,1-7; etc.), pues la limosna es un medio para obtener el perd\u00f3n de los pecados (3,33.34; 7,10.36), mientras que la dureza de coraz\u00f3n es da\u00f1ina en todos los sentidos (34,25-29).  Por otro lado, instruye a las clases m\u00e1s bajas, como podr\u00edamos llamarlas, a mostrarse sumisos a los que est\u00e1n en mayor condici\u00f3n y a tener paciencia con aquellos a los que no pueden resistir segura y directamente (8,1.13; 9,18-21; 13,1-8).  Tampoco es el autor del Eclesi\u00e1stico algo as\u00ed como un mis\u00e1ntropo que se pondr\u00eda resueltamente contra los placeres leg\u00edtimos y las costumbres recibidas de la vida social (31,12-42; 32,1 ss.); mientras que dirige severas pero justas reprensiones contra los par\u00e1sitos (29,28-35; 40,29-32).   Por \u00faltimo, tiene dichos favorables sobre el m\u00e9dico (28,1-15), y sobre los muertos (7,37; 38,16-24); y fuertes palabras de advertencia contra los peligros en que se incurre en la b\u00fasqueda de los negocios (26,28; 27,1-4; 8,15.16).\n<\/p>\n<h1>Bibliograf\u00eda<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los autores cat\u00f3licos est\u00e1n marcados con un asterisco  (*).   Comentarios: CALMET* (Venecia, 1751): FRITZSCHE, (Leipzig, 1859); BISSELL (Nueva York, 1880); LESETRE* (Par\u00eds, 1880); EDERSHEIM (Londres, 1888); ZOCKLER, (Munich, 1891); RYSSEL (T\u00fcbinga, 1900-1901); KNABENBAUER* (Par\u00eds, 1902). Introducciones al Antiguo Testamento: RAULT* (Par\u00eds, 1882); VIGOUROUX* (Par\u00eds, 1886); CORNELY* (Par\u00eds, 1886); TRONCHON-LESETRE* (Par\u00eds, 1890); KONIG (Bonn, 1893); CORNILL, (Friburgo, 1899); GIGOT* (Nueva York, 1906) Monograf\u00edas sobre Versiones Antiguas: PETERS* (Friburgo, 1898); HERKENNE* (Leipzig, 1899). Literatura sobre Fragmentos Hebreos: TOUZARD* (Par\u00eds, 1901); KNABENBAUER* (Par\u00eds, 1902).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Gigot, Francis. \u00abEcclesiasticus.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. 2 Oct. 2015 <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/05263a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>o \u00abLibro de Ben Sirac\u00bb es un libro sapiencial de la Biblia, al estilo de los Proverbios, aceptado por los Cat\u00f3licos, pero no por los Protestantes. El Cap.38, sobre el m\u00e9dico y la enfermedad, explica qu\u00e9 debe hacer el que cae enfermo. 1- No te impacientes, ruega al Senor, y \u00e9l te sanar\u00e1: (38:9). 2- &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eclesiastico\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abECLESIASTICO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8022","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8022","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8022"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8022\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8022"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8022"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8022"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}