{"id":8052,"date":"2016-02-05T04:17:51","date_gmt":"2016-02-05T09:17:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eutanasia\/"},"modified":"2016-02-05T04:17:51","modified_gmt":"2016-02-05T09:17:51","slug":"eutanasia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eutanasia\/","title":{"rendered":"EUTANASIA"},"content":{"rendered":"<p>(muerte suave).<\/p>\n<p> Consiste en provocar la muerte a ancianos o personas con enfermedad grave, que est\u00e1n sufriendo mucho. Es un \u00abhorror\u00bb que no exist\u00ed\u00ada en tiempos en que se escribi\u00f3 la Biblia, es un invento del diablo en nuestro siglo, como el aborto.<\/p>\n<p> La Iglesia lo proh\u00ed\u00adbe totalmente, en las declaraciones de los 5 \u00faltimos Papas: (el \u00faltimo Juan Pablo II, varias veces), con el poder de Mat 16:19.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>(v. muerte, vida)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Actualmente, la m\u00e1xima aspiraci\u00f3n del hombre frente a la muerte es la de no sufrir, ni por el dolor propio ni por el dolor ajeno. Puede ocurrir, en consecuencia, que el esfuerzo humanitario hacia el moribundo corra el riesgo de tender siempre y \u00fanicamente a aliviar el sufrimiento, tanto f\u00ed\u00adsico como psicol\u00f3gico. Cuando nos situamos en esta perspectiva, podemos llegar a justificar la misma eutanasia, entendida en la acepci\u00f3n estricta de una aceleraci\u00f3n de la muerte de otro para poner fin, en \u00e9l y en nosotros, a un sufrimiento inevitable.  En este sentido, la eutanasia es el s\u00ed\u00adntoma de que se ha perdido la esperanza. En efecto, para el sufrimiento que el hombre puede soportar no existe m\u00e1s medida que la que marca la esperanza que lo sostiene. Lo que hay que buscar entonces, frente a la experiencia suprema de la vida, es aumentar la esperanza al tiempo que nos esforzamos por aliviar el sufrimiento.  Si darle a la muerte una palabra y un rostro m\u00e1s familiares parece tarea ardua, y hasta imposible, para muchos de nuestros contempor\u00e1neos, esto se debe quiz\u00e1 a nuestra mala costumbre de querer solamente tiempos cortos o palabras clamorosas. Nos resulta dif\u00ed\u00adcil pronunciar palabras y realizar gestos cuyo resultado no podarnos apreciar de inmediato en el rostro y en la respuesta de nuestros interlocutores.  En cambio, las palabras y los gestos capaces de articular los sentimientos y el sentido de las cosas, y por tanto el mismo sentido de \u00c2\u00a1a muerte,    s\u00f3lo pueden ser palabras y gestos pacientes, lanzados como la semilla en la tierra: no con amargura, sino sabiendo que dar\u00e1n fruto m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>Es una intervenci\u00f3n dirigida a procurar la muerte frente a un proceso patol\u00f3gico de pron\u00f3stico mortal y acompa\u00f1ado de sufrimientos intolerables. La eutanasia es absolutamente il\u00ed\u00adcita desde el punto de vista moral. Aunque el enfermo pida expresamente que le ayuden a morir, no debe ser acogida esa petici\u00f3n. ya que hay siempre un notable margen de incertidumbre, mientras que, por otra parte, el resultado de la enfermedad no puede considerarse nunca inequ\u00ed\u00advocamente cierto.<\/p>\n<p>No obstante, \u00aben muchos casos la complejidad de las situaciones puede ser tan grande que se planteen dudas sobre el modo de aplicar los principios de la moral. El tomar ciertas decisiones le corresponder\u00e1 en \u00faltimo an\u00e1lisis a la conciencia del enfermo o de las personas cualificadas para hablar en su nombre, o bien a la conciencia del m\u00e9dico, a la luz de las obligaciones morales y de los diversos aspectos del caso. Todos tienen la obligaci\u00f3n de cuidarse y de hacerse cuidar. Los que cuidan de los enfermos tienen que prestar sus servicios con toda diligencia y suministrarles los remedios que se crean necesarios o \u00fatiles. Pero, \u00bfhabr\u00e1 que recurrir en todas las circunstancias a todos los remedios posibles? Hasta ahora los moralistas han respondido que nunca hab\u00ed\u00ada obligaci\u00f3n de utilizar medios \u00bb extraordinarios\u00bb. Pero hoy esta respuesta, siempre v\u00e1lida en l\u00ed\u00adnea de principio, puede resultar menos clara, bien por la imprecisi\u00f3n del t\u00e9rmino como por los r\u00e1pidos progresos de la terapia. Por eso algunos prefieren hablar de medios \u00abproporcionados\u00bb o \u00abdesproporcionados\u00bb, En todo caso, se podr\u00e1n valorar bien los medios confrontando el tipo de terapia, el grado de dificultad y de riesgo que lleva consigo, los gastos necesarios y las posibilidades de aplicaci\u00f3n con el resultado que se puede esperar, teniendo en cuenta las condiciones del enfermo y sus fuerzas f\u00ed\u00adsicas Y morales. Para facilitar la aplicaci\u00f3n de estos principios generales se pueden a\u00f1adir las siguientes indicaciones: a falta de otros remedios, es l\u00ed\u00adcito recurrir, con el consentimiento del enfermo, a los medios que ponga a disposici\u00f3n la medicina m\u00e1s avanzada, aunque est\u00e9n a\u00fan en la etapa experimenta l y no est\u00e9n exentos de cierto riesgo (acept\u00e1ndolos, el enfermo podr\u00e1 tambi\u00e9n dar ejemplo de generosidad por el bien de la humanidad); tambi\u00e9n es l\u00ed\u00adcito interrumpir la aplicaci\u00f3n de tales medios cuando los resultados defraudan las expectativas puestas en ellos; siempre es l\u00ed\u00adcito contentarse con los medios normales que puede ofrecer la medicina; en la inminencia de una muerte inevitable, a pesar de los medios empleados, es l\u00ed\u00adcito en conciencia tomar la decisi\u00f3n de renunciar a tratamientos que no hicieran m\u00e1s que prolongar precaria y penosamente la vida, aunque sin interrumpir los cuidados normales que se deben al enfermo en casos semejantes. Por eso el m\u00e9dico no tiene por qu\u00e9 angustiarse, como si no hubiera prestado asistencia a una persona en peligro \u00bb (Declaraci\u00f3n sobre la eutanasia, 5-5-1980).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, en el terreno jur\u00ed\u00addico han que distinguir entre eutanasia en sentido propio y eutanasia en sentido impropio. La primera corre el riesgo de encontrar autojustificaci\u00f3n en la sociedad de nuestros d\u00ed\u00adas, dominada por la ideolog\u00ed\u00ada de la subjetividad, para la que el sujeto tiene un derecho absoluto a disponer de s\u00ed\u00ad mismo. Esto no quita que la eutanasia siga siendo jur\u00ed\u00addicamente aberrante. Tampoco se puede afirmar una pura analog\u00ed\u00ada con el suicidio, como querr\u00ed\u00adan algunos. La diferencia es radical: el suicidio es totalmente solitario, mientras que la eutanasia nunca es solitaria; adem\u00e1s, es muy dif\u00ed\u00adcil establecer cu\u00e1l es en ese momento la voluntad del paciente, ya que siempre oscila entre el deseo de Sobrevivir y la aspiraci\u00f3n a la muerte. As\u00ed\u00ad pues, desde el momento en que han que \u00abtipificar\u00bb siempre la situaci\u00f3n, O el m\u00e9dico domina al paciente o el paciente domina al m\u00e9dico, que se ver\u00ed\u00ada obligado a practicar la eutanasia. Por tanto, no puede proponerse una legislaci\u00f3n sobre la eutanasia propiamente hablando.<\/p>\n<p>Sobre las formas impropias de eutanasia, el juicio es m\u00e1s complejo. De todos modos, se trata de evitar siempre la obstinaci\u00f3n terap\u00e9utica y al mismo tiempo de hacer lo posible por aliviar el dolor.<br \/>\nB. Marra<\/p>\n<p>Bibl.: Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, Deciaraci\u00f3n sobre la eutanasia (5-51980), en AAS 72 (1980) 542-552; J R Flecha y J, M, M\u00fagica, La pregunta ante la eutanasia, Universidad Pontificia, Salamanca 1985; J. Gafo, La eutanasia y el derecho a una muerte humana, Temas de hoy Madrid 1989; \u00ed\u008dd\u00bb Eutanasia, en 10 Palabr\u00e1s clave en Bio\u00e9tica, Verbo Divino, Estella 21994, 91135; AA. VV , La eutanasia y el arte de morir, U. P. Comillas, Madrid 1,390; F, J. Elizari, Eutanasia, en NDTM, 729-745.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO: I. El derecho a la muerte natural. II. Las ense\u00f1anzas del magisterio eclesi\u00e1stico. III. La argumentaci\u00f3n teol\u00f3gica. IV. Los derechos del moribundo. V. El deber del m\u00e9dico. VI. Eutanasia activa y eutanasia pasiva. VII. La conciencia dudosa. VIII. Elementos de casu\u00ed\u00adstica. IX. La asistencia integral. X. Apuntes para el \u00abius condendum \u00ab. XI. La eutanasia ante la ley.<\/p>\n<p>I. El derecho a la muerte natural<br \/>\nEl progreso de las t\u00e9cnicas de reanimaci\u00f3n pone en discusi\u00f3n el concepto che muerte natural y ,humanamente digna, considerado v\u00e1lido hasta ahora. Hay que plantear, pues, de modo nuevo la cl\u00e1sica pregunta de si la medicina debe aplicar todos los medios de que dispone, de si el m\u00e9dico est\u00e1 obligado a combatir la muerte cueste lo que cueste; hoy, en efecto, un mal entendido \u00abempe\u00f1o terap\u00e9utico\u00bb podr\u00ed\u00ada comprometer la intangible dignidad de la persona humana en la fase de su m\u00e1s extrema fragilidad y caducidad. La misi\u00f3n del m\u00e9dico de ser garante de la vida no debe ser puesta en duda; pero surgen nuevos interrogantes sobre la exacta determinaci\u00f3n de los l\u00ed\u00admites de su acci\u00f3n, especialmente en algunas situaciones l\u00ed\u00admite.<\/p>\n<p>Toda una serie de consideraciones se aducen como argumentos. -La primera gira en torno a la competencia.de la libertad, que distingue al hombre de la criatura subhumana, para determinar el momento justo y los modos concretos del destino com\u00fan de morir (S\u00e9neca, D. Hume, F. Nietzsche). No se ha dicho que semejante libre determinaci\u00f3n deba ir en, contra del se\u00f1or\u00ed\u00ado absoluto de Dios sobre la vida humana necesariamente; podr\u00ed\u00ada incluso considerarse como un gesto de razonable, y por lo tanto responsable, autodisposlcl\u00f3n del hombre: disponer de la naturaleza se extender\u00ed\u00ada tambi\u00e9n, en ese caso, al tiempo de la vida. -Hay que a\u00f1adir el crucial problema de c\u00f3mo entender e interpretar el significado de la expresi\u00f3n \u00abdignidad de la persona y de su muerte\u00bb. La determinaci\u00f3n de todas las condiciones que se considerare indispensables para que una vida pueda entenderse como humanamente digna no puede menos de extenderse tambi\u00e9n a la consideraci\u00f3n de las condiciones que afectan a la fase terminal de la vida. Se requiere una hermen\u00e9utica exacta de dicha expresi\u00f3n, convertida ya en punto de referencia en la ense\u00f1anza pastoral de la Iglesia. Lo cual remite a la subyacente visi\u00f3n del hombre y de su bienestar global. -La cuesti\u00f3n fundamental gira sobre la posible verificaci\u00f3n de situaciones de extremo sufrimiento para el moribundo, sin que exista esperanza fundada de recuperaci\u00f3n de la salud; situaciones que, consiguientemente, hay que considerar carentes de sentido y de dignidad, sin que eso signifique excluir la confianza en la providencia clemente de Dios sobre la marcha de la propia historia. -Aparece entonces la categor\u00ed\u00ada de lo \u00absoportable\u00bb como criterio existencial que condiciona la exactitud de la decisi\u00f3n tanto del m\u00e9dico como del moribundo. Este es el status quaestionis, que requiere una reflexi\u00f3n muy diferenciada y compleja.<\/p>\n<p>II. Las ense\u00f1anzas del magisterio eclesi\u00e1stico<br \/>\nEl documento de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe sobre la eutanasia, publicado el 5 de mayo de 1980, puede ser considerado como una s\u00ed\u00adntesis de la ense\u00f1anza tradicional de la Iglesia cat\u00f3lica y un est\u00ed\u00admulo para la reflexi\u00f3n posterior. En \u00e9l se hace referencia expl\u00ed\u00adcita a la doctrina de P\u00ed\u00ado XII. Partiendo de una teolog\u00ed\u00ada de la muerte y del sufrimiento, el documento elabora los criterios que se consideren esenciales para una soluci\u00f3n adecuada de los casos conflictivos. En el centro del mismo aparece la ya tradicional distinci\u00f3n entre eutanasia activa y pasiva, en sustituci\u00f3n de la terminolog\u00ed\u00ada anterior, que hablaba de eutanasia directa e indirecta.<\/p>\n<p>Eutanasia activa designa cualquier tipo de intervenci\u00f3n que por su estructura real (\u00f3ntica) y por la intenci\u00f3n del agente tiende a suprimir o bien a abreviar la vida del moribundo. No hay ninguna situaci\u00f3n imaginable en la que tal acto pueda considerarse l\u00ed\u00adcito. Se trata, en efecto, de una acci\u00f3n intr\u00ed\u00adnsecamente deshonesta, ya que asume la estructura real y el significado expl\u00ed\u00adcito de una supresi\u00f3n directa de una vida inocente. Este juicio tajante se remonta especialmente a las numerosas tomas de postura por parte de P\u00ed\u00ado XII.<\/p>\n<p>Otro juicio muy distinto merece la eutanasia pasiva, que necesita una consideraci\u00f3n m\u00e1s minuciosa. Para comprender su significado exacto es necesario ante todo retomar la distinci\u00f3n entre medios ordinarios y medios extraordinarios, en los que P\u00ed\u00ado XII insiste en m\u00faltiples ocasiones, distinci\u00f3n que ahora se formula en t\u00e9rminos de medios proporcionados y desproporcionados. Viene sugerida por la creciente convicci\u00f3n de que querer aplicar todos los medios t\u00e9cnicos que se tienen a disposici\u00f3n podr\u00ed\u00ada resultar inhumano y contraproducente respecto al significado genuino de la tutela sensata de la vida. En cambio, ceder a la muerte ya inminente e ineludible equivale a .reconocer el car\u00e1cter creado y limitado de la propia existencia. El contenido concreto de esta terminolog\u00ed\u00ada depende adem\u00e1s del hecho de que exista o no una esperanza fundada de.recuperaci\u00f3n de la salud, de la capacidad de soportar el sufrimiento y de la posibilidad de comunicaci\u00f3n del moribundo, as\u00ed\u00ad como de la entidad de los recursos econ\u00f3micos disponibles. Al mismo tiempo se supone la validez del principio de l doble efecto: el suministrar f\u00e1rmacos analg\u00e9sicos con el fin de atenuar el dolor supone el riesgo, como efecto colateral, de una reducci\u00f3n aunque sea m\u00ed\u00adnima, de la vida. La moralidad del acto de suministrar el analg\u00e9sico est\u00e1 constituida por la raz\u00f3n proporcional que reside en la intenci\u00f3n de humanizar la fase terminal de la vida.<\/p>\n<p>La misma reflexi\u00f3n vale para la omisi\u00f3n de ulteriores esfuerzos terap\u00e9uticos, cuando, tras un diagn\u00f3stico muy fundado, los da\u00f1os derivados de la terapia se calcula que van a superar con mucho sus posibles beneficios. El hombre mantiene el derecho inalienable a morir en paz, a no sufrir in\u00fatilmente, a estar protegido contra cualquier tipo de empe\u00f1o obsesivo de terapia. No se trata de querer justificar un modo cualquiera de dejar morir. La intenci\u00f3n que predomina -en cuanto intr\u00ed\u00adnseca a la omisi\u00f3n- tiende, en cambio, a asegurar una fase terminal que, perteneciendo esencialmente a la vida, sea lo m\u00e1s humana posible. No tiene por qu\u00e9 causar sorpresa si se abre una vasta zona de sombra dentro de la cual la intervenci\u00f3n terap\u00e9utica y reanimadora puede asumir una intensidad distinta, seg\u00fan el juicio sobre la proporcionalidad de los medios al fin concretamente alcanzable. En cualquier caso se exige el respeto a la voluntad del moribundo, una vez excluida toda lesi\u00f3n de los derechos ciertos.<\/p>\n<p>Es muy deseable que el moribundo se prepare de modo consciente al encuentro con Cristo resucitado. Tambi\u00e9n este aspecto entra en la visi\u00f3n subyacente de una muerte humanamente digna, lo cual debe tenerse en cuenta de una forma prioritaria a la hora de suministrarle los f\u00e1rmacos. En este mismo contexto hay que recordar el significado cristiano del sufrimiento; sufrimiento y dignidad no se excluyen por fuerza mutuamente.<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis: el documento se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea de pensamiento de la tradici\u00f3n eclesial y requiere que se lo valore a la luz de todas sus premisas teol\u00f3gicas y antropol\u00f3gicas. Y puesto que se dirige a todos los hombres de buena voluntad, su fuerza de convicci\u00f3n depende de la plausibilidad de los argumentos que aduce.<\/p>\n<p>III. La argumentaci\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\nEl t\u00e9rmino \u00abeutanasia\u00bb es muy ambiguo; se debe al contexto en que surgi\u00f3, que es en el pensamiento estoico. Por eso parece aconsejable un cambio de terminolog\u00ed\u00ada. Originalmente \u00abeutanasia\u00bb se entend\u00ed\u00ada como el arte de la muerte buena y dulce. S\u00e9neca la propugn\u00f3 (Carta 77 a Lucilio), porque, seg\u00fan \u00e9l, la ley eterna ha previsto un solo modo de entrar en la vida, pero varios para salir de ella. Corresponde a la libertad del hombre decidir sobre el sentido y su capacidad de soportar su existencia en el cuerpo. Estas ser\u00ed\u00adan las premisas filos\u00f3ficas y antropol\u00f3gicas que constituir\u00ed\u00adan el fundamento de la licitud de tal autodisposici\u00f3n. Se suele recordar la costumbre celta de matar a sus guerreros heridos de muerte. El juramento de Hip\u00f3crates, en cambio, se opone claramente a la pr\u00e1ctica de la eutanasia, y por eso el cristianismo lo asumi\u00f3 y lo practic\u00f3. Por otra parte, la prohibici\u00f3n de la eutanasia se une con la del l suicidio, formulada de modo cl\u00e1sico en el pensamiento de san Agust\u00ed\u00adn y de santo Tom\u00e1s de Aquino (S. 71`e., II-II, q. 64, aa. 5 y 7).<\/p>\n<p>El significado moderno del t\u00e9rmino \u00abeutanasia\u00bb se remonta a Francis Bacon.<\/p>\n<p>Una consideraci\u00f3n teol\u00f3gica atenta no puede limitarse a citar textos de la Sagrada Escritura. La prohibici\u00f3n b\u00ed\u00adblica de matar (Exo 20:21; Deu 5:17; ! Dec\u00e1logo) resulta insuficiente para abordar la compleja problem\u00e1tica de la eutanasia. Se impone una visi\u00f3n m\u00e1s amplia que examine, adem\u00e1s del exacto significado de los textos mismos, su integraci\u00f3n en el trasfondo que subyace a la visi\u00f3n del hombre y de su desarrollo hist\u00f3rico. En el AT la prohibici\u00f3n de matar se fue ampliando poco a poco, conjug\u00e1ndose con el progresivo desvelarse de su correlato teol\u00f3gico y antropol\u00f3gico. Hay que tener presente adem\u00e1s que el acontecimiento Cristo aport\u00f3 una nueva clave de lectura. Corresponde a la moral del cristiano, iluminada por la fe, construir un sistema de coordenadas antropol\u00f3gicas que aporte los elementos b\u00e1sicos para una precomprensi\u00f3n que ayude despu\u00e9s a discernir las normas concretas sobre esta problem\u00e1tica.<\/p>\n<p>-La dignidad inalienable de la persona humana en cuanto creada a imagen y semejanza de Dios (G\u00e9n 1:26) y hecha una nueva criatura en Cristo (2Co 5:7) es un valor fundamental. La relaci\u00f3n con el Dios trascendente sustrae al hombre a cualquier disposici\u00f3n arbitraria por parte del hombre. Creaci\u00f3n y salvaci\u00f3n convergen y sientan la \u00faltima base del respeto a la vida humana, base que inspira, como elemento clarificador, la reflexi\u00f3n normativa. -El acontecimiento de la encarnaci\u00f3n aporta un elemento antropol\u00f3gico m\u00e1s, que ilumina nuestra problem\u00e1tica: la igualdad radical entre todos los hombres. Por el hecho de hacerse Dios igual al hombre en Cristo, se sienta el fundamento ontol\u00f3gico e hist\u00f3rico de la igualdad: el hecho de la encarnaci\u00f3n hace descubrir su correspondiente sentido antropol\u00f3gico. -Tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada de la historia, en cuanto instancia esencial de la antropolog\u00ed\u00ada subyacente, ofrece una ayuda importante: la autocomunicaci\u00f3n de Dios a trav\u00e9s de un acontecimiento especial confiere un nuevo significado a la historia dei destinatario de esa autocomunicaei\u00f3n. Es decir, la comunicaci\u00f3n de un sentido definitivo a la historia hace impensable que una situaci\u00f3n hist\u00f3rica se vea privada de sentido definitivamente, y por lo tanto que sea ocasi\u00f3n de un gesto desesperado. -La teolog\u00ed\u00ada de la divina providencia se sit\u00faa en esta. perspectiva. Se entiende que la historia no puede reducirse a una continua sucesi\u00f3n de hechos sino que nace de un compromiso de interpretaci\u00f3n por parte de su protagonista. Imprimir un proyecto sensato al tiempo, tal es el significado propio del t\u00e9rmino historia. No hay situaci\u00f3n l\u00ed\u00admite que se sustraiga a ese dominio. -Por \u00faltimo, el acontecimiento pascual confiere adem\u00e1s un nuevo significado a la muerte del cristiano, que engloba toda la gama de sus anticipaciones en el tiempo, especialmente los sufrimientos de todo tipo. Para el cristiano, la muerte no reviste ya la connotaci\u00f3n de enigma; ni tampoco se entiende en clave de cat\u00e1strofe definitiva, algo de lo que hay que huir a toda costa y cuya sombra ofuscar\u00ed\u00ada el camino hist\u00f3rico del hombre. El cristiano abraza la muerte en la culminaci\u00f3n de su vida; vida y muerte han sido reconciliadas (Rom 6,lss; Flp 1:19-24). Esto da origen a una actitud de profunda serenidad. El cristiano espera estar con Cristo; pero esto no lo empuja a una fuga de la vida. Estando ya la muerte vencida en la resurrecci\u00f3n de Cristo, el morir cristiano asume un significado nuevo. -Obviamente, las argumentaciones cl\u00e1sicas sobre el suicidio -ofende la caridad, el bien com\u00fan y el don de la creaci\u00f3n- se integran en esta perspectiva antropol\u00f3gica. La eutanasia activa es un aspecto particular de ella.<\/p>\n<p>El interrogante principal gira en torno a c\u00f3mo concretar cu\u00e1l ha de ser el comportamiento \u00e9ticamente correcto que hay que adoptar en situaciones en que el moribundo debe soportar sufrimientos extremos: \u00bfcual es el significado de la relaci\u00f3n inseparable entre derecho inalienable a la vida y obligaci\u00f3n de mantener la vida, precisamente en el supuesto cuadro antropol\u00f3gico delineado y la unidad esencial entre cuerpo y alma?<br \/>\nIV. Los derechos del moribundo<br \/>\nLa ense\u00f1anza aut\u00e9ntica de la Iglesia -aunque no quiere constituir un dogma moral- pretende salvaguardar el derecho inderogable e irrenunciable a la vida en cuanto que es el derecho fundamental del hombre y el correlato antropol\u00f3gico de la soberan\u00ed\u00ada de Dios. El moribundo debe estar seguro de que este derecho suyo ser\u00e1 plenamente respetado; de que ninguna otra instancia se arroga el poder de condicionarlo, por ser \u00e9ste el fundamento y la condici\u00f3n de posibilidad de su innata autonom\u00ed\u00ada. Sin embargo, la afirmaci\u00f3n aislada de este derecho es del todo insuficiente cuando hay otras exigencias concretas. Por eso debe ir acompa\u00f1ada de la afirmaci\u00f3n de otros derechos unidos a \u00e9se.<\/p>\n<p>Entre ellos figura en primer lugar el derecho a la plena informaci\u00f3n -naturalmente en general-, teniendo en cuenta la capacidad receptiva del moribundo y la utilidad terap\u00e9utica o no de la informaci\u00f3n. Indudablemente, un peso as\u00ed\u00ad no puede cargarse s\u00f3lo sobre las espaldas del m\u00e9dico, que, con frecuencia, se ve ante situaciones que superan los l\u00ed\u00admites de la propia competencia estrictamente profesional. Es, pues, de desear vivamente la colaboraci\u00f3n, basada en la confianza, con los parientes y el sacerdote. Cuanto m\u00e1s preparado y sereno est\u00e1 el moribundo, tanto m\u00e1s f\u00e1cil resulta la realizaci\u00f3n de tan delicada misi\u00f3n, mientras que una tenaz resistencia frente a la muerte supone un obst\u00e1culo imp\u00f3rtante para hablar con franqueza. Este es especialmente el caso de quienes han llevado una vida superficial, han vivido siempre apoy\u00e1ndose en los dem\u00e1s, no han aprendido nunca la dura lecci\u00f3n del sacrificio y no han sabido reconocer nunca la fragilidad y caducidad del propio yo. Para \u00e9stos la muerte reviste el significado de un fracaso definitivo, del que hay que huir a toda costa para calmar las ansias que brotan de una vida sin sentido. Precisamente una huida as\u00ed\u00ad, por muy sublimada que est\u00e9, expone la vida misma a una creciente banalizaci\u00f3n. En cambio, la aceptaci\u00f3n serena de la muerte permite una comunicaci\u00f3n sincera tambi\u00e9n en la fase terminal. La experiencia ense\u00f1a que la comunicaci\u00f3n de la verdad -al menos en la mayor parte de los casos- resulta ben\u00e9fica y da lugar a una gran tranquilidad. Conviene tener siempre en cuenta que callar la verdad implica una sutil actitud hegem\u00f3nica sobre el paciente, aunque no sea algo expl\u00ed\u00adcitamente reconocido y querido.<\/p>\n<p>Una comunicaci\u00f3n as\u00ed\u00ad se debe realizar gradualmente, dependiendo su forma concreta en gran medida de la educaci\u00f3n anterior en la verdad cultivada a lo largo de toda la vida. Se recomienda sensibilizar a los parientes a que presten la ayuda necesaria y animen al enfermo para que la verdad resulte liberadora y no sea causa de una profunda ansiedad. La eventual incapacidad de aliviar la soledad del moribundo revela sin contemplaciones que no ha habido un cultivo de la convivencia cotidiana y que las relaciones intersubjetivas se han vivido de modo superficial. La colaboraci\u00f3n entre m\u00e9dico, parientes y moribundo se encuadra en el presente, pero tambi\u00e9n en una larga historia anterior. Es una gran verdad que un modo evasivo de comportarse tiende a relegar todav\u00ed\u00ada m\u00e1s al moribundo en su aislamiento. Es l\u00f3gico que el derecho a la informaci\u00f3n afecte a todos los detalles importantes, como, por ejemplo, la esperanza fundada de curaci\u00f3n y los riesgos que comporta una pr\u00e1ctica innovadora: si el moribundo llega a conocerlos, en cuanto protagonista de la situaci\u00f3n, ser\u00e1 capaz de expresar su acuerdo 0 desacuerdo de un modo libre y maduro.<\/p>\n<p>De esto se sigue otro derecho: el del respeto a la libertad, siempre en principio. En este caso suele traerse a colaci\u00f3n el axioma non salus sed voluntas aegroti suprema lex (el deber m\u00e1s importante no es la salud, sino la voluntad del enfermo).<\/p>\n<p>Conviene contar con la posibilidad de que el enfermo quiera manipular -quiz\u00e1 de forma sublimada- al m\u00e9dico, pidiendo todo tipo de intervenciones y omisiones que est\u00e1n en contra de su conciencia moral y su formaci\u00f3n profesional. Tambi\u00e9n el m\u00e9dico en cuanto parte libre tiene el deber de afirmar su propia libertad; no debe considerarse un instrumento en manos del paciente. No puede, por lo tanto, condescender a un deseo expresado por el paciente si eso implica la violaci\u00f3n de derechos y correspondientes deberes indubitables; en este caso la colaboraci\u00f3n ser\u00ed\u00ada inaceptable. Es cierto, sin embargo, que una inevitable zona de sombra deja abierta la puerta a soluciones diversas. En esta zona de sombra prevalece la voluntad del paciente respecto a continuar o suspender ulteriores intentos terap\u00e9uticos. Pensamos especialmente en las situaciones l\u00ed\u00admite, en las que se hace preponderante el riesgo de prolongar el sufrimiento sin una esperanza fundada de recuperar un nivel de vida que permita al menos un m\u00ed\u00adnimo de dignidad. El moribundo tiene el derecho inalienable de no sufrir in\u00fatilmente. Lo que no quita su libertad de abrazar serenamente el sufrimiento asemej\u00e1ndose a Cristo en un gesto de expiaci\u00f3n y penitencia cristiana. El cristiano no busca ni la muerte ni el dolor; est\u00e1 bien lejos de su t\u00e1cita ideologizaci\u00f3n. A la vez es consciente, sin embargo, de la fuerza purificadora y de maduraci\u00f3n que puede sacarse del sufrimiento. La humanizaci\u00f3n del sufrimiento no consiste s\u00f3lo en eliminarlo.<\/p>\n<p>El testimonio cristiano del moribundo parte del supuesto t\u00e1cito de que el sufrimiento, como anticipo de la muerte, pertenece a la vida, y que no hay contradicci\u00f3n de fondo entre sufrimiento y dignidad humana. Esa contradicci\u00f3n nacer\u00ed\u00ada m\u00e1s bien de la falta de solidaridad por parte de un ambiente que deja al moribundo solo en su aislamiento, y por lo tanto lo empuja a expresar el deseo de poner fin a una vida considerada absurda para adue\u00f1arse, en un gesto desesperado, de la muerte.<\/p>\n<p>V. El deber del m\u00e9dico<br \/>\nDe forma paralela, el m\u00e9dico se encuentra interpelado por un triple deber. Ante todo \u00e9l tiene como funci\u00f3n la de ser garante de la vida. Esto excluye, adem\u00e1s de la muerte directa, cualquier medida intencionadamente dirigida a abreviar la vida. Con este prop\u00f3sito se ha utilizado muchas veces el argumento del dique que cede, formulado y utilizado por P\u00ed\u00ado XII al hablar sobre el aborto directo. Una vez que el dique que tutela la vida del inocente cede, se crean precedentes que deterioran dicha tutela y socavan la confianza general en el ethos profesional, tanto del m\u00e9dico como de las instituciones sanitarias. Es \u00e9ste un argumento sin duda l teleol\u00f3gico y estrat\u00e9gico, que ahonda sus ra\u00ed\u00adces en las que pueden ser consecuencias imprevisibles e incalculables. Por eso la hip\u00f3tesis primaria debe ser en favor de conservar la vida. Sin embargo, conservar la vida no tiene sentido en s\u00ed\u00ad mismo. A1 mismo tiempo hay que tener presente que existen otros deberes semejantes que entran en juego tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>M\u00e1s concretamente: la tutela de la vida debe equilibrarse con la atenuaci\u00f3n del dolor, aunque esto lleve consigo, como efecto colateral, la abreviaci\u00f3n, aunque m\u00ed\u00adnima, de la vida. A este prop\u00f3sito conviene recordar el cl\u00e1sico principio del ! doble efecto.<\/p>\n<p>Al m\u00e9dico le corresponde asegurar una relaci\u00f3n de comunicaci\u00f3n lo m\u00e1s amplia posible entre el enfermo y su ambiente. Esto forma parte del proceso de humanizaci\u00f3n integral de la fase terminal, y debe considerarse en estrecho paralelismo con el derecho del moribundo a acercarse al momento de este paso de modo consciente dentro de lo que permitan las circunstancias de su capacidad para soportar la verdad.<\/p>\n<p>En caso de omitir otros intentos terap\u00e9uticos, el testimonio cristiano, tanto del m\u00e9dico como del ambiente, se conf\u00ed\u00ada al cuidado normal realizado del mejor modo posible. Un enfermo sin soluci\u00f3n no es lo mismo que un enfermo incurable. Se requiere un gran esfuerzo humano para que la fase terminal resulte soportable. En otras palabras, el no oponerse al proceso de morir no tiene nada que ver con la renuncia a la obligaci\u00f3n de una asistencia integral. La expresi\u00f3n \u00abcalidad de vida\u00bb no hay que entenderla s\u00f3lo en sentido de bienestar biol\u00f3gico; abarca toda la gama de las relaciones interpersonales: reclama manifestaciones de afecto, de fraterna solidaridad y compasi\u00f3n, incluso de ternura, en estos momentos en los que vive con sufrimiento la propia soledad y caducidad. La falta de esta compasi\u00f3n, que denuncia un vitalismo de fondo en la mentalidad contempor\u00e1nea, es s\u00ed\u00adntoma de una profunda crisis espiritual y moral de nuestra sociedad.<\/p>\n<p>Las recientes conquistas en el \u00e1mbito de la terapia del doior se sit\u00faan en esta misma l\u00f3gica. Dadas las, crecientes posibilidades de tener bajo control el dolor f\u00ed\u00adsico, la reflexi\u00f3n \u00e9tica cambia totalmente de perspectiva, debe dirigirse sobre todo al aspecto humano y social. Con raz\u00f3n las s\u00faplicas del moribundo para que se ponga fin a su vida han de interpretarse como indicadores de Besesperaci\u00f3n, de abandono, como acusaci\u00f3n t\u00e1cita contra el ambiente (aunque tampoco hay que excluir la hip\u00f3tesis de que se trate de una autoacusaci\u00f3n larvada, en cuanto que en la situaci\u00f3n terminal se condensa y se hace sentir penosamente el fracaso del propio proyecto de vida). Un deseo as\u00ed\u00ad puede estar sugerido por el clima de indiferencia que rodea al moribundo. Es conocida la susceptibilidad y vulnerabilidad del ser humano que se encuentra en una situaci\u00f3n de debilidad f\u00ed\u00adsica extrema. Conviene preguntarse siempre de forma autocr\u00ed\u00adtica si las consideraciones que se hacen en p\u00fablico sobre la soportabilidad o no de la fase terminal no nacen en realidad de una falta de compasi\u00f3n. Quiz\u00e1 representan un intento -aunque sublimado- de marginar al m\u00e1s d\u00e9bil para poder quitarse de en medio el peso del cuidado integral. Siempre se corre el peligro de que se cree un clima de desconfianza en la sociedad, y esto lo sufre sobre todo quien no tiene voz.<\/p>\n<p>VI. Eutanasia activa y eutanasia pasiva<br \/>\nEl mencionado principio de los actos de doble efecto, en el que se basa la ense\u00f1anza oficial de la Iglesia, remite a la reciente discusi\u00f3n sobre su justa aplicaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n en situaciones conflictivas, y esto dentro de la \u00f3ptica de la reflexi\u00f3n normativa. Dentro de esa perspectiva es donde se decide el significado exacto y el uso del binomio directo-indirecto, como tambi\u00e9n del binomio activo-pasivo.<\/p>\n<p>Un primer esfuerzo aclarador afecta a la terminolog\u00ed\u00ada corriente. Actualmente se acostumbra a distinguir entre eutanasia pasiva-directa y eutanasia pasiva-indirecta. La primera se da en casos en los que la omisi\u00f3n de los cuidados reanimadores y terap\u00e9uticos comporta inevitablemente el colapso definitivo, mientras que la segunda tiene lugar cuando la administraci\u00f3n de f\u00e1rmacos calmantes producir\u00ed\u00ada, como efecto colateral, una abreviaci\u00f3n, aunque fuese m\u00ed\u00adnima, del tiempo de vida. El estado actual de la anestesiolog\u00ed\u00ada permite un control casi perfecto de la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La mencionada discusi\u00f3n sobre la estructura del acto humano ha llevado, lo primero de todo, a una visi\u00f3n m\u00e1s flexible de la relaci\u00f3n que se instaura entre intenci\u00f3n y ejecuci\u00f3n. El \u00e1mbito interpretativo propio para determinar la moralidad del acto reside en la intenci\u00f3n, mientras que la ejecuci\u00f3n toma el significado de su prolongaci\u00f3n interpretativa, cuyo valor deriva del modo sensato en que la ejecuci\u00f3n participa de la intenci\u00f3n. De esto se sigue que la moralidad del acto no puede medirse ni exclusiva ni primordialmente por las estructuras reales (\u00f3nticas) de la ejecuci\u00f3n, sino de la intenci\u00f3n. La \u00abmetaf\u00ed\u00adsica de la acci\u00f3n\u00bb no puede prescindir de este planteamiento personalista. Hay que a\u00f1adir que la justicia de la intenci\u00f3n, a su vez, se mide, en \u00faltimo an\u00e1lisis, por la raz\u00f3n proporcionada que determina y regula el equilibrio entre el bien debido y el da\u00f1o tolerado en t\u00e9rminos de proporcionalidad -razonable, y por lo tanto responsable. Una manera as\u00ed\u00ad de plantear la reflexi\u00f3n evita cualquier sospecha de subjetivismo incontrolado; es sensible m\u00e1s bien acierta concepci\u00f3n objetiva que es propia de la pretensi\u00f3n moral en situaci\u00f3n concreta. No hay que olvidar que la raz\u00f3n proporcionada integra en s\u00ed\u00ad misma la opci\u00f3n antropol\u00f3gica en t\u00e9rminos de operatividad. De ah\u00ed\u00ad que represente la clave hermen\u00e9utica para la interpretaci\u00f3n de las estructuras \u00f3nticas de cada acto. El significado de tales estructuras lo determina su funcionalidad de cara a la consecuci\u00f3n eficaz del correspondiente objetivo adecuadamente considerado, es decir, teniendo en cuenta su unidad inseparable con las consecuencias, al menos en cuanto puedan ser previsibles y calculables. No causa sorpresa, por lo tanto, que las categor\u00ed\u00adas directo-indirecto, activo-pasivo, acci\u00f3n-omisi\u00f3n, en cuanto aplicadas a las estructuras \u00f3nticas del acto, necesiten una interpretaci\u00f3n que las acompa\u00f1e. Su aspecto fenom\u00e9nico considerado en s\u00ed\u00ad mismo no constituye un criterio exhaustivo. La metaf\u00ed\u00adsica del acto humano debe excluir cualquier naturalismo t\u00e1cito; pero a la vez est\u00e1 obligada a distanciarse tambi\u00e9n de un espiritualismo t\u00e1cito que olvide el insustituible valor indicativo de las estructuras \u00f3nticas. Una metaf\u00ed\u00adsica renovada del acto humano debe partir del hecho de que la opci\u00f3n antropol\u00f3gica de fondo se prolonga a nivel operativo a trav\u00e9s de la comprensi\u00f3n e interpretaci\u00f3n de las estructuras \u00f3nticas de cada acto, promovi\u00e9ndolas de este modo a nivel de estructuras ontol\u00f3gicas. Precisamente la comunicaci\u00f3n se desarrolla a este nivel. La hermen\u00e9utica de los documentos del magisterio eclesial exige que se tome este hecho en consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dado que la eutanasia activa comporta el \u00abdisponer\u00bb de la vida humana, que es el bien m\u00e1s fundamental, no se puede ignorar su incidencia global. La vida no es el bien m\u00e1s alto; por eso el sacrificio heroico de la vida se ha considerado siempre un eventual modo sensato de disponer de ella, suponiendo que exista una raz\u00f3n que de verdad sea proporcionada. No se ha excluido ni siquiera la autoeliminaci\u00f3n (p.ej., de alguien que guarda secretos de extrema importancia social). Admitido esto, queda el interrogante de si se pueden equiparar semejantes situaciones con la fase terminal del moribundo en el ambiente cl\u00ed\u00adnico contempor\u00e1neo; si un acto que suprime o bien intencionalmente acorta la vida puede tener el significado de autodefensa leg\u00ed\u00adtima en una situaci\u00f3n que se considera carente de sentido y ofensiva de la dignidad de la existencia humana. A veces se pone como ejemplo la situaci\u00f3n de un soldado mortalmente herido que suplica que le maten para escapar a una muerte atroz a que le someter\u00ed\u00ada el enemigo; si consideramos s\u00f3lo el aspecto fenom\u00e9nico de la acci\u00f3n, se tratar\u00ed\u00ada, obviamente, de una muerte directa. Se podr\u00ed\u00adan aducir otros casos para poner en duda la prohibici\u00f3n absoluta de la muerte directa de la vida inocente. Lo cual nos remite a la antes mencionada s\u00ed\u00adntesis de la metaf\u00ed\u00adsica del acto humano: el binomio directo-indirecto, para ser vinculante, debe ser fruto de una interpretaci\u00f3n; en cambio, si se considera aislado, ejerce s\u00f3lo la funci\u00f3n de un par\u00e1metro aproximativo. Pero al referirlo a la situaci\u00f3n cl\u00ed\u00adnica, siempre deja lugar a la perplejidad. Dado el desarrollo de la terapia del dolor, parece que no es posible hacer equiparaciones como la anterior, tal como algunos desean plantearlo. La prohibici\u00f3n de la eutanasia activa por parte del magisterio de la Iglesia se apoya en esta cuesti\u00f3n. Adem\u00e1s, no hay que olvidar que aceptando una perspectiva de este tipo se podr\u00ed\u00ada acabar esperando del m\u00e9dico la muerte.<\/p>\n<p>De una forma m\u00e1s delicada se presenta, en cambio, el problema de la eutanasia pasiva, tanto en su forma directa como indirecta. La primera plantear\u00ed\u00ada la cuesti\u00f3n de la exacta determinaci\u00f3n del diagn\u00f3stico infausto que excluyera la fundada esperanza de recuperaci\u00f3n de una supervivencia considerada humanamente digna. \u00bfC\u00f3mo definir una situaci\u00f3n l\u00ed\u00admite as\u00ed\u00ad? Por lo general se exige la falta, que se cree definitiva seg\u00fan los m\u00e1s rigurosos criterios, de toda capacidad de comunicaci\u00f3n, de forma que se tratar\u00ed\u00ada de prolongar una vida meramente vegetativa. Todo depende de la certeza en que se basa el diagn\u00f3stico. En caso de duda seria habr\u00ed\u00ada que proceder de manera tuciorista [m\u00e1s adelante, VI]: la suposici\u00f3n est\u00e1 siempre en favor de mantener la vida. Parece que tambi\u00e9n en estado de coma profundo hay una cierta percepci\u00f3n del ambiente. Sin embargo, no hay que excluir una cierta zona de sombra. La interpretaci\u00f3n de un dilema as\u00ed\u00ad exige la convergencia de factores objetivos y subjetivos, en especial la irreversibilidad del proceso de muerte y la capacidad de sufrimiento por parte del paciente moribundo. Por eso en algunas situaciones extremas los l\u00ed\u00admites entre eutanasia activa y eutanasia pasiva directa pueden llegar a ser muy variables; el m\u00e9dico ah\u00ed\u00ad camina sobre el filo de una hoja de afeitar. La eutanasia pasiva indirecta, en cambio, se dar\u00ed\u00ada, como ya hemos dicho, cuando la administraci\u00f3n de calmantes supusiera una abreviaci\u00f3n, aun m\u00ed\u00adnima, del tiempo de vida.<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis: la prohibici\u00f3n de la eutanasia activa debe enmarcarse en una apropiada visi\u00f3n del acto humano. Suponiendo que la intenci\u00f3n dominante pretenda humanizar la fase terminal de forma integral -en base a todos los presupuestos antropol\u00f3gicos antes mencionados-, la eutanasia pasiva en su doble significado ser\u00ed\u00ada la adecuada y suficiente respuesta, mientras que, por el contrario, la eutanasia activa asumir\u00ed\u00ada el sentido de una disposici\u00f3n arbitraria: disponer de la vida humana -dado que se trata de una realidad personal- no se mide exclusivamente por el paradigma de un acto activo como el de prolongar o abreviar, conservar o poner fin. Esta sinton\u00ed\u00ada entre opci\u00f3n antropol\u00f3gica y significado del acto es la que se sobreentiende en la ense\u00f1anza oficial de la Iglesia.<\/p>\n<p>VII. La conciencia dudosa<br \/>\nNo hay por qu\u00e9 excluir a priori casos conflictivos en los que se d\u00e9 gran diferencia de opini\u00f3n entre moribundo y m\u00e9dico, diferencia en la que pueden verse atrapados tambi\u00e9n los parientes. Como ya se ha dicho, corresponde al m\u00e9dico dar una completa informaci\u00f3n sobre el contenido y la certeza de su diagn\u00f3stico y pron\u00f3stico. Pero abstenerse de ejercer ninguna imposici\u00f3n hegem\u00f3nica sobre el paciente; m\u00e1s bien debe prepararlo para una elecci\u00f3n aut\u00f3noma y madura, en la medida en que las circunstancias lo permitan. Debe tener en cuenta su capacidad receptiva, probablemente muy condicionada por la extrema angustia y susceptibilidad. En este contexto ser\u00e1 necesaria la m\u00e1xima prudencia y reserva a prop\u00f3sito del llamado testamento de vida. Como se ha dicho muchas veces, en tiempos de salud f\u00ed\u00adsica se piensa en la muerte deforma muy distinta a como se piensa en la fase terminal. Por esto, si el moribundo est\u00e1 inconsciente, tal testamento no debe considerarse una base id\u00f3nea para realizar una elecci\u00f3n que \u00e9l hizo antecedentemente; \u00bfser\u00ed\u00ada v\u00e1lida todav\u00ed\u00ada esa expresi\u00f3n de su voluntad? Es necesaria, pues, la colaboraci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca entre m\u00e9dico y parientes para elegir la alternativa que garantice el mayor bien del moribundo. Pretender delegar el peso de la decisi\u00f3n en un comit\u00e9 \u00e9tico corre el riesgo de hacer an\u00f3nimo el proceso. No obstante ser\u00ed\u00ada una funci\u00f3n ciertamente loable, que corresponder\u00ed\u00ada a los mencionados comit\u00e9s \u00e9ticos, elaborar los elementos de una \u00e9tica m\u00e9dica que hicieran m\u00e1s f\u00e1cil la decisi\u00f3n en una situaci\u00f3n dram\u00e1tica en la que no hay tiempo para una deliberaci\u00f3n m\u00e1s compleja. Estos elementos o modelos \u00e9ticos ayudar\u00ed\u00adan al m\u00e9dico a protegerse contra las posibles presiones del moribundo o de los familiares.<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno del pluralismo \u00e9tico, que invade la sociedad contempor\u00e1nea, deja muchos espacios por llenar,, especialmente en lo que llamamos situaciones l\u00ed\u00admite. Este pluralismo se debe, por una parte, alas diferentes tendencias antropol\u00f3gicas y, por otra, a la separaci\u00f3n de las fuerzas morales de la cabecera del moribundo en cuanto protagonista. Esto comporta la necesidad de plantear el problema de la conciencia dudosa, un problema familiar en la tradici\u00f3n teol\u00f3gico-moral. En el pasado se idearon !sistemas morales que aportaron orientaciones. Sin querer bajar a aspectos muy concretos, son imprescindibles algunas aclaraciones. Un sistema moral representa el intento de reducir a un esquema la complejidad de una situaci\u00f3n determinada. No pretende resolver problemas te\u00f3ricos, es decir, no sustituye la reflexi\u00f3n normativa y la fuerza de sus argumentos; solo quiere aportar una certeza pr\u00e1ctica que permita actuar de manera responsable. Entre los distintos y m\u00e1s interesantes sistemas morales elaborados en el pasado hay que nombrar el probabilismo y el tuciorismo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el probabilismo, para poder actuares suficiente una raz\u00f3n s\u00f3lidamente probable, aun sabiendo que pueden existir razones m\u00e1s probables en contra. Totalmente diferente es el tuciorismo, que entre las posibles alternativas exige que se elija la que aporta la soluci\u00f3n m\u00e1s segura. El probabilismo denota una especial sensibilidad por el sujeto, mientras que el tuciorismo est\u00e1 marcado por el ideal de la objetividad; el primero favorece la libertad, el segundo tiende al orden. Enseguida nos damos cuenta de que detr\u00e1s de estos dos sistemas se oculta una visi\u00f3n muy diferente de la pretensi\u00f3n moral objetivada en los mandamientos. Sin entraren detalles, sigue firme una convicci\u00f3n ya cl\u00e1sica: el probabilismo es aplicable a aquellos casos de duda fundada acerca de la validez o el significado de una norma que regula la licitud de la acci\u00f3n, mientras que el tuciorismo se sigue en las situaciones en que se cuestiona la tutela de ciertos derechos.<\/p>\n<p>Dada la complejidad de muchas situaciones, hoy d\u00ed\u00ada se nota un despertar del inter\u00e9s por la aportaci\u00f3n de los sistemas morales. Pero la recuperaci\u00f3n de este tipo de reflexi\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 de la preocupaci\u00f3n para garantizar una certeza pr\u00e1ctica en situaci\u00f3n y tiende a un planteamiento renovado de la misma norma de conducta, toma nota de la relaci\u00f3n indestructible entre praxis y teor\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Dado que en el campo de la eutanasia est\u00e1 en juego la salvaguardia de los derechos habr\u00e1 que proceder seg\u00fan el m\u00e9todo tucionsta. No obstante, conviene desterrar desde el principio el peligro de una simplificaci\u00f3n excesiva, ya que el interrogante versa sobre la fuerza o la certeza de los derechos en cuesti\u00f3n. Por eso hay que dejar bien claro que la elecci\u00f3n del tuciorismo no es sin\u00f3nimo de un vitalismo larvado; al contrario, su punto de referencia es siempre la visi\u00f3n subyacente del vivir y morir de manera humanamente digna. El m\u00e9dico est\u00e1 obligado a elegir la alternativa que asegure de la mejor manera el derecho a morir en paz. El tuciorismo no debe perder de vista entonces la complejidad del derecho a tutelar. Pese a todo, a veces no hay m\u00e1s remedio que simplificar. Pi\u00e9nsese en las situaciones en las que un uso m\u00e1ximo de medios terap\u00e9uticos llevar\u00ed\u00ada a un estado de vida extremadamente atormentado y en donde los aspectos negativos superaran con mucho a los beneficios. En base a la visi\u00f3n subyacente de muerte digna, la salida m\u00e1s segura podr\u00ed\u00ada consistir en no utilizar m\u00e1s medios. El objetivo de la reanimaci\u00f3n es sustituir temporalmente las funciones org\u00e1nicas, supuesta una certeza suficiente de recuperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>VIII. Elementos de casu\u00ed\u00adstica<br \/>\nLa diferencia entre medios proporcionados y medios desproporcionados, tal como la utiliza la declaraci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, se sit\u00faa en esta misma perspectiva. Tuciorismo quiere decir m\u00e1xima atenci\u00f3n en llegar a un pron\u00f3stico cierto.<\/p>\n<p>Una vez conseguido el pron\u00f3stico, queda la obligaci\u00f3n de limitarse a un cuidado normal. Asimismo, tuciorismo quiere decir m\u00e1ximo empe\u00f1o en que la fase terminal resulte humanamente soportable. Ceder al proceso de la muerte no tiene nada que ver con un incumplimiento de la obligaci\u00f3n de asistencia integral; al contrario, la deseada proporcionalidad de los medios se mide por el bien integral del moribundo, y no por un solo aspecto.<\/p>\n<p>Muchas veces se ha expresado la cr\u00ed\u00adtica de que la mencionada distinci\u00f3n est\u00e1 llena de equ\u00ed\u00advocos, dado el gigantesco progreso de las t\u00e9cnicas terap\u00e9uticas y el incremento de los recursos econ\u00f3micos. Un medio que hoy se considera desproporcionado podr\u00ed\u00ada ser considerado ma\u00f1ana proporcionado: el significado pr\u00e1ctico de los t\u00e9rminos refleja este proceso. Hay que tener presente adem\u00e1s que las t\u00e9cnicas avanzadas disminuyen el riesgo inherente a la pr\u00e1ctica cl\u00ed\u00adnica innovadora. Por eso los presupuestos importantes en los que se basa el juicio ponderado sobre el equilibrio proporcionado entre ventajas y riesgos est\u00e1n sujetos a un constante cambio. Tal estado de cosas repercute en el uso pr\u00e1ctico de dicha distinci\u00f3n: su interpretaci\u00f3n se hace cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s flexible. Y precisamente en este \u00e1mbito es donde el tuciorismo implica la tendencia a garantizar al m\u00e1ximo, de manera sensata, la tutela de la vida.<\/p>\n<p>En el documento de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe se hace referencia a los limitados recursos econ\u00f3micos. A primera vista parece que no deba establecerse una medida entre el bien de la vida y un bien de orden social. Esto vale claramente en el contexto de una sociedad del bienestar como la nuestra. Ser\u00ed\u00ada, pues, conveniente despertar el sentido de solidaridad p\u00fablica cada vez que el peso econ\u00f3mico que grava sobre las espaldas de los parientes del moribundo resultase insoportable. Con ello resulta comprometida la estructuraci\u00f3n de una pol\u00ed\u00adtica sanitaria respectiva. Su objetivo ser\u00ed\u00ada incluir, en clave de \u00e9tica preventiva, la verificaci\u00f3n de tales casos l\u00ed\u00admite. Pero pueden darse casos en los que la limitaci\u00f3n de recursos econ\u00f3micos se una a las razones v\u00e1lidas en favor de la suspensi\u00f3n de mayores esfuerzos terap\u00e9uticos. Admitido esto, siempre existe el peligro de que se cree un clima opresivo proclive a la marginaci\u00f3n de los ancianos, los enfermos y los d\u00e9biles de todo tipo.<\/p>\n<p>Algunos casos l\u00ed\u00admite, aunque muy raros, no faltar\u00e1n. Los criterios elaborados hasta ahora no tienen por qu\u00e9 invalidarse, pero experimentar\u00e1n una flexibilidad cada vez mayor. Sobre todo se cuestiona la distinci\u00f3n entre eutanasia activa y pasiva. Una l\u00ed\u00adnea clara de separaci\u00f3n puede resultar a veces muy precaria en la pr\u00e1ctica. El m\u00e9dico se ve obligado a caminar sobre el hilo de la hoja de afeitar. Lo que no disminuye el valor de la distinci\u00f3n, que en principio es imprescindible. Recuerda toda la gama de los presupuestos importantes, que desemboca en la intenci\u00f3n dominante de humanizar el sufrimiento y no dejar morir simplemente ni abreviar intencionadamente el tiempo de vivir.<\/p>\n<p>De manera semejante habr\u00ed\u00ada que juzgar la desactivaci\u00f3n de los aparatos de reanimaci\u00f3n. El aspecto fenorn\u00e9nico externo del acto es algo que, obviamente, puede calificarse como activo; pero su significado es pasivo, es decir, comparable a una omisi\u00f3n, si querer continuar la reanimaci\u00f3n se considerase un medio desproporcionado. Se podr\u00ed\u00ada apelar a esta argumentaci\u00f3n siempre que no hubiera ya proporci\u00f3n entre esfuerzo terap\u00e9utico y prolongaci\u00f3n de la vida de un modo humanamente digno. A pesar de esto hay m\u00e9dicos que insisten en continuar la terapia hasta el fin. Prefieren la expresi\u00f3n \u00abinsistencia terap\u00e9utica\u00bb a la de \u00abobsesi\u00f3n terap\u00e9utica\u00bb. El magisterio de la Iglesia no parece querer vincular en conciencia al m\u00e9dico individual. Se acepta un espacio de libertad en el cual se mueve tambi\u00e9n la aplicaci\u00f3n del tuciorismo. Pero no hay que olvidar el ansia profunda que invade a cuantos, actuando de un modo u otro, tienen la impresi\u00f3n de abrir el camino a un lento proceso de desmoronamiento de la tutela de la vida, pues en su l\u00f3gica se crear\u00ed\u00adan f\u00e1cilmente precedentes que luego repercutir\u00ed\u00adan a la hora de determinar la raz\u00f3n proporcionada; de ah\u00ed\u00ad se derivar\u00ed\u00ada una lenta corrosi\u00f3n de la seguridad social. Es, pues, muy comprensible la actitud de formular los propios criterios en los t\u00e9rminos m\u00e1s rigurosos posibles.<\/p>\n<p>Muy distinto es el caso en que el moribundo se encuentra ya en fase pospersonal, cuando ya se ha producido la muerte cerebral y se ha verificado con los criterios m\u00e9dico-legales en vigor. Querer continuar manteni\u00e9ndolo con vida s\u00f3lo tendr\u00ed\u00ada sentido a condici\u00f3n de que el moribundo se hubiera declarado dispuesto a donar alg\u00fan \u00f3rgano [l Trasplante de \u00f3rganos]. Todo esto ha de suceder en perfecta sinton\u00ed\u00ada con las normas establecidas en la legislaci\u00f3n.<\/p>\n<p>IX. La asistencia integral<br \/>\nEs muy delicado el aspecto interhumano del problema, a saber: el peso que cae sobre las espaldas de los parientes del moribundo. Con frecuencia se sienten abrumados y casi abandonados a s\u00ed\u00ad mismos en lo que se refiere al peso que significa la asistencia que hay que prestarle. La capacidad de resistencia tiene sus l\u00ed\u00admites. Por eso es l\u00f3gico que pidan gestos de solidaridad por parte de la sociedad: equipos de m\u00e9dicos y de personal sanitario especializado, cuando el moribundo vive su fase terminal en el ambiente familiar; o tambi\u00e9n enfermeras con las que se garantice cualquier tipo de asistencia necesaria. Ser\u00ed\u00ada un gran testimonio que la comunidad eclesial constituyera una especie de vanguardia en este sector. No hay que olvidar que la fisonom\u00ed\u00ada moral del cristiano se distingue por su gran sensibilidad hacia quienes est\u00e1n d\u00e9biles y atribulados. La tantas veces reclamada dignidad de la persona humana no se manifiesta s\u00f3lo en el saber sufrir, en el aceptar serenamente las tribulaciones de este mundo, transform\u00e1ndolas desde la fuerza que da la esperanza en la propia resurrecci\u00f3n; una realidad muy importante para demostrarla es tambi\u00e9n la disponibilidad y generosidad para vivir la compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay que recordar a este prop\u00f3sito la especial competencia de la \u00e9tica cristiana en cuanto \u00e9tica de salvaci\u00f3n. Se colocar\u00ed\u00ada en una perspectiva muy limitada si se preocupase preferentemente de la soluci\u00f3n casu\u00ed\u00adstica de algunas situaciones l\u00ed\u00admite, por otra parte poco frecuentes. A la \u00e9tica cristiana le corresponde m\u00e1s bien la misi\u00f3n de prevenir las causas de un dilema moral, desarrollando actitudes morales que correspondan al marco general de la antropolog\u00ed\u00ada cristiana: la capacidad de soportar situaciones conflictivas; la disposici\u00f3n para acoger con generosidad las imperfecciones de la vida; la lucha contra las causas de desesperaci\u00f3n a nivel de prevenci\u00f3n social e individual; la educaci\u00f3n para la felicidad en medio de las experiencias de angustia y tristeza. Primordialmente, la salvaci\u00f3n cristiana ict\u00faa a trav\u00e9s de una terapia profunda, y de esa manera condiciona las predecisiones en las situaciones conflictivas. La \u00e9tica cristiana no asume la competencia de valoraci\u00f3n rigurosa de cada decisi\u00f3n concreta, sino que prefiere ofrecer una base a partir de la cual la preferencia por la vida aparece como la cosa m\u00e1s l\u00f3gica y sensata.<\/p>\n<p>Le corresponde adem\u00e1s prevenir la formaci\u00f3n de una mentalidad colectiva hostil al moribundo, que lo margina progresivamente de la sociedad. No est\u00e1 de m\u00e1s invocar de nuevo el argumento del dique que cede: una vez que se cuestiona el sentido humanitario de asistencia com\u00fanmente reconocido, se abre el camino hacia un cambio t\u00e1cito de mentalidad, lento pero constante. Como consecuencia se desmoronar\u00e1 el sentido de seguridad en la convivencia y se crear\u00e1 un clima de desconfianza general y de ansiedad permanente entre los moribundos. No es superfluo recordar una vez m\u00e1s que el criterio principal, y por lo tanto el dominante en la acci\u00f3n m\u00e9dica, es el bien integral del moribundo concreto. No puede ser sacrificado sobre el altar de una presunta seguridad p\u00fablica. M\u00e1s bien conviene partir de la convicci\u00f3n de que bien individual y bien social son compatibles de modo que se pueda dar prioridad estrat\u00e9gica al primero.<\/p>\n<p>Esto no excluye la posibilidad de un conflicto entre los respectivos bienes de varios moribundos, imputable a los limitados recursos m\u00e9dico-t\u00e9cnicos. Dar preferencia a quien tiene mayores posibilidades de recuperaci\u00f3n no implica hacer ning\u00fan juicio sobre el valor de las vidas destinadas a morir. El m\u00e9dico se deja guiar por un criterio que puede parecer pragm\u00e1tico a primera vista, pero que es el \u00fanico aplicable en una situaci\u00f3n sin otra salida.<\/p>\n<p>No es \u00e9ste el momento para profundizar en el problema crucial de la eutanasia anticipada, tanto activa como pasiva; es decir, de la eutanasia anterior al nacimiento o inmediatamente posterior, problema que suele plantearse despu\u00e9s de un diagn\u00f3stico prenatal con pron\u00f3stico fetal o en caso de malformaci\u00f3n cong\u00e9nita extrema. Resulta grato recordar que tanto para el feto como para el reci\u00e9n nacido valen los mismos criterios que deben aplicarse a cualquier ser humano en fase terminal. La l\u00f3gica de la tutela de la vida no var\u00ed\u00ada. Se requieren unos criterios coherentes, para ponerlos en pr\u00e1ctica en la medida en que las circunstancias concretas lo permitan y siempre al servicio de una vida humanamente digna. Por parte de la sociedad se requiere un ambiente p\u00fablico propicio para acoger las imperfecciones de la vida y ofrecer una posibilidad de supervivencia. La tan invocada calidad de vida depende en gran parte de esta disponibilidad.<\/p>\n<p>X. Apuntes para el \u00abius condendum\u00bb<br \/>\nLa discusi\u00f3n \u00e9tica sobre la eutanasia se desarrolla en el \u00e1mbito de una sociedad que tiene los rasgos de un profundo enfrentamiento moral. Esto le crea al legislador una serie de interrogantes. La problem\u00e1tica actual gira en torno al reconocimiento jur\u00ed\u00addico del llamado testamento de vida y la despenalizaci\u00f3n de algunos actos de eutanasia pasiva y de cooperaci\u00f3n material en la que el m\u00e9dico act\u00faa por delegaci\u00f3n del moribundo (suicidio delegado).<\/p>\n<p>Se evoca a este respecto el paradigma del aborto en situaciones extremas. Pero precisamente aqu\u00ed\u00ad es donde surgen dudas importantes sobre la posibilidad de una comparaci\u00f3n as\u00ed\u00ad. Prescindiendo en este momento de la valoraci\u00f3n moral del aborto [\/ Interrupci\u00f3n del embarazo], hay que admitir al menos que en ese caso se trata de un conflicto entre derechos de sujetos distintos, que se considera solucionado con la supresi\u00f3n de uno en favor del otro. Pero en el caso de la eutanasia no se da un conflicto de este tipo; no parece, pues, posible recurrir a la comparaci\u00f3n con el aborto.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s conviene recordar que al legislar el legislador debe basarse en el consenso moral que se da en esos momentos en la sociedad civil, lo que es dif\u00ed\u00adcil de conseguir. Muchas veces la opini\u00f3n p\u00fablica est\u00e1 sometida a la presi\u00f3n de corrientes ef\u00ed\u00admeras y pasajeras. Ser\u00ed\u00ada, por lo tanto, presuntuoso hablar de una opini\u00f3n p\u00fablica normativa, hasta el punto de tener que tomarla en seria consideraci\u00f3n para realizar la funci\u00f3n de legislaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es aconsejable una buena dosis de escepticismo. La ley defiende un nivel humanitario alcanzado, en especial cuando se trata de tutelar los derechos del enfermo. Con raz\u00f3n el legislador teme que ceda el dique, o sea, dejar correr y extenderse un clima de desconfianza y de fuertes presiones sobre los moribundos y sus familiares.<\/p>\n<p>Las experiencias sacadas de la liberaci\u00f3n del aborto deber\u00ed\u00adan llevar al convencimiento m\u00e1s consistente de la necesidad de prohibir con firmeza la eutanasia activa. Pero esto requiere una pedagog\u00ed\u00ada moral capaz de movilizar el sentido del respeto, de solidaridad y compasi\u00f3n, sin los cuales el rigor de la ley es in\u00fatil.<\/p>\n<p>K. Demmer<br \/>\nXI. La eutanasia ante la ley<br \/>\nB\u00e1sicamente superada en muchos pa\u00ed\u00adses la \u00abbatalla\u00bb del aborto, llama con fuerza a la puerta un nuevo y encendido debate: la despenalizaci\u00f3n o legalizaci\u00f3n de la eutanasia, centrado, ante todo, en la eutanasia voluntaria y, en un plano m\u00e1s discreto, en la no voluntaria.<\/p>\n<p>1. CLARIFICACI\u00ed\u201cN DE TERMINOS. Cuando se habla de este tema, el lenguaje aparece frecuentemente confuso por los contenidos tan heterog\u00e9neos, m\u00e9dica, moral y legalmente, encerrados bajo la palabra \u00abeutanasia\u00bb. Con la intenci\u00f3n de clarificar el pensamiento, se a\u00f1aden adjetivos como activa\/pasiva, directa\/ indirecta, positiva\/ negativa, etc.; pero aun con estos a\u00f1adidos, la confusi\u00f3n suele persistir no s\u00f3lo entre el p\u00fablico no especializado, sino incluso entre profesionales sanitarios.<\/p>\n<p>Dejando a un lado el significado etimol\u00f3gico y los diversos sentidos hist\u00f3ricos del t\u00e9rmino, se clarificar\u00ed\u00ada no poco el panorama si reserv\u00e1ramos el t\u00e9rmino eutanasia para la acci\u00f3n (u omisi\u00f3n) que por su intenci\u00f3n y naturaleza causa la muerte en una situaci\u00f3n de salud grave e irreversible. Es obvio que permanecer\u00e1n puntos oscuros al analizar las conductas concretas y ver si ellas caben o no dentro de esta noci\u00f3n. Ser\u00ed\u00ada mejor evitar el t\u00e9rmino eutanasia para aquellos tratamientos dirigidos primariamente a mitigar el dolor que abreviaran la vida como consecuencia secundaria. Tampoco deber\u00ed\u00ada usarse esta palabra para el rechazo o interrupci\u00f3n de tratamientos considerados sin sentido, extraordinarios, desproporcionados, opcionales, desde un an\u00e1lisis global de la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De acuerdo con lo dicho en l\u00ed\u00adneas anteriores, al hablar de despenalizaci\u00f3n o legalizaci\u00f3n de la eutanasia ganar\u00ed\u00adamos en claridad si no utiliz\u00e1ramos esta palabra en los siguientes casos:<br \/>\n&#8211; Leyes que dan valor al testamento vital; es decir, a decisiones por las que una persona rechaza anticipadamente tratamientos desproporcionados, extraordinarios, sin sentido. No se excluye que algunos testamentos vitales puedan incluir una verdadera petici\u00f3n de eutanasia.<\/p>\n<p>&#8211; Leyes que dan valor legal a la designaci\u00f3n de un representante para que \u00e9ste, cuando su representado haya perdido la consciencia o est\u00e9 incapacitado, pueda tomar en su nombre decisiones relativas a la vida y salud. En estos textos no se suele hablar de eutanasia.<\/p>\n<p>&#8211; Leyes que califican al \u00abhomicidio por piedad o compasi\u00f3n\u00bb como una especie diferente de homicidio, con penas inferiores.<\/p>\n<p>&#8211; Sistemas jur\u00ed\u00addicos que establecen diferencias no en la clasificaci\u00f3n de diversas especies de homicidio, sino m\u00e1s bien en el plano de la sentencia.<\/p>\n<p>Con estas precisiones no se clarifica totalmente el panorama, pero se evitan no pocos focos de confusi\u00f3n.<\/p>\n<p>2. BREVE HISTORIA. Limit\u00e1ndonos a nuestro siglo, conocemos dos casos de despenalizaci\u00f3n muy ef\u00ed\u00admera de la eutanasia en Estados Unidos y en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica en las dos primeras d\u00e9cadas. Antes de la segunda guerra mundial hubo intentos de despenalizaci\u00f3n en Gran Breta\u00f1a, con dos proyectos presentados ante el Parlamento brit\u00e1nico en 1936 y 1939. La eugenesia practicada por los nazis, con un significado muy distinto a los intentos de eutanasia, contribuy\u00f3 a que la acci\u00f3n de los movimientos despenalizadores se enfriara en los a\u00f1os posteriores a la segunda guerra mundial. Con todo, sin pasar muchos a\u00f1os, en Estados Unidos y en Gran Breta\u00f1a volvieron a surgir las iniciativas a favor de la despenalizaci\u00f3n. En 1977 el cant\u00f3n suizo de Zurich vot\u00f3 mayoritariamente en refer\u00e9ndum una propuesta despenalizadora, bloqueada despu\u00e9s por las autoridades federales.<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada de los ochenta ha ido tomando progresivamente cuerpo un movimiento internacional m\u00e1s consistente en defensa de la despenalizaci\u00f3n. Despu\u00e9s de varios fallos judiciales benignos, el Tribunal Supremo de Holanda dio un fallo en 1984 en el que la eutanasia realizada por doctores era justificada bajo ciertas condiciones: petici\u00f3n persistente y libre del paciente, situaci\u00f3n desesperada o enfermedad seria sin recuperaci\u00f3n y consulta a un colega que confirmara la toma de decisiones. La asociaci\u00f3n m\u00e9dica holandesa propuso un cambio en la ley en sentido despenalizador. En la misma l\u00ed\u00adnea se pronunci\u00f3 en 1985 el informe final de una comisi\u00f3n estatal creada por el ministro de Salud de Holanda en 1982. En California las encuestas dieron un 70 por 100 de apoyo a una \u00abHumane and Dignified Death Initiative\u00bb en 1988; pero el texto no se pudo presentar a refer\u00e9ndum al no lograr ni un tercio de las firmas requeridas para organizarlo. En Espa\u00f1a, una encuesta de opini\u00f3n entre los m\u00e9dicos colegiados de la provincia de Barcelona revela que el 43,2 por 100 considera que se ha de permitir la eutanasia pasiva y activa (acci\u00f3n que por su intenci\u00f3n y naturaleza causa la muerte en una situaci\u00f3n grave -e irreversible). El senador C. Rodr\u00ed\u00adguez Aguilera ha preparado un texto, no introducido todav\u00ed\u00ada en las Cortes, que no parece defender la despenalizaci\u00f3n de la eutanasia propiamente dicha, sino otro tipo de acciones menos problem\u00e1ticas.<\/p>\n<p>3. LAS JUSTIFICACIONES EN EL DEBATE SOBRE LA DESPENALIZACI\u00ed\u201cN. a) El s\u00ed\u00ad a la despenalizaci\u00f3n. El arsenal de razones invocadas por los partidarios de la despenalizaci\u00f3n es variado y de desigual valor. El motivo principalmente alegado nos lleva al terreno de la dignidad y derechos de la persona: la libertad de decidir es un componente b\u00e1sico de la dignidad personal que no encuentra l\u00ed\u00admites ni ante la muerte. Se acusa a las leyes y a la sociedad que proh\u00ed\u00adben la eutanasia de hipocres\u00ed\u00ada e inhumanidad al no reconocer a una persona que sufre el derecho a pedir que pongan fin suavemente a sus sufrimientos. Otro reproche dirigido a estas leyes es su falta de l\u00f3gica: si el suicidio no est\u00e1 penalizado y si se reconoce al enfermo el derecho a rechazar un tratamiento, \u00bfhay tanta diferencia entre una inyecci\u00f3n mortal y la negativa a algunos tratamientos?<br \/>\nAparte las razones expl\u00ed\u00adcitamente alegadas, hemos de constatar en nuestra sociedad la existencia de rasgos mentales dentro de los cuales cabe la eutanasia y su legalizaci\u00f3n como una posibilidad l\u00f3gica y humana: hipersensibilidad a cuanto significa libertad, dificultad para percibir un sentido al dolor y al sufrimiento, menor capacidad de tolerancia frente al dolor en una sociedad muy penetrada de ideales de bienestar, descenso en la referencias religiosas, etc.<\/p>\n<p>b) No a la despenalizaci\u00f3n. Todav\u00ed\u00ada son numerosos los que ven en la despenalizaci\u00f3n m\u00e1s inconvenientes que ventajas. Si en los medios sanitarios y en la sociedad se dedicara la debida atenci\u00f3n en la etapa final de la vida, habr\u00ed\u00ada, a primera vista, pocos casos que se pudieran aducir como argumento en favor de la eutanasia. Muchas peticiones de eutanasia, \u00bfexpresan en realidad un deseo del enfermo en este sentido o m\u00e1s bien denuncian carencias de la medicina y de la sociedad y falta de solidaridad? Creen algunos que un cambio en la ley reducir\u00ed\u00ada los incentivos para mejorar esas deficiencias. Una ley despenalizadora podr\u00ed\u00ada colocar a algunos enfermos en su etapa final e, incluso fuera de esta situaci\u00f3n, bajo una presi\u00f3n que los incitar\u00ed\u00ada a autorizar su eliminaci\u00f3n, presi\u00f3n que se les debiera evitar. Y se teme que una ley de este tipo pudiera deteriorar la relaci\u00f3n de confianza entre enfermo y profesional sanitario.<\/p>\n<p>[l Corporeidad; l Medicina; l Salud, enfermedad, muerte; l Suicidio].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La eutanasia y el derecho a morir con dignidad, Paulinas, Madrid 1989; AA.VV., La eutanasia y el arte de morir, Univ. Pontificia de Comillas, Madrid 1990; AA.VV., Morir y eutanasia, en \u00abMoralia\u00bb 12 (1990) n. 4; AA.VV., II medico a servizio della vita, Orizzonte Medico, Roma 1982; BERETTA P. (coord.), Morire si, ma quando?, Paoline,1977; BOELAARS H., Rifflessioni sull eutanasia. In seguito alla Dichiarazione de15 maggio 1980, en \u00abStMor\u00bb 19 (1981) 91-101&#8242; COLEGIO DE MEDICOS DE BARCELONA, Encuesta de opini\u00f3n sobre la legalizaci\u00f3n de la eutanasia, en \u00abLabor Hospitalaria\u00bb 212 (1989) 98-105; COMISIDN ESTATAL DE LOS PAISES BAJOS, lnformefinal sobre la eutanasia, en \u00abLabor Hosp\u00ed\u00adtalaria\u00bb 212 (1989) 143-147; CONGREGACI\u00f3N PARA LA DOCTRINA DE LA FE, lira et bona, en \u00abEnchVat 7, 346-373; P\u00ed\u00ado XII, Discursos a los m\u00e9dicos, 1960; Declaraci\u00f3n sobre cuestiones \u00e9ticas, m\u00e9dicas y jur\u00ed\u00addicas de la prolongaci\u00f3n artificial de la vida, 1985; DEMMER K., Si deve dire la verit\u00e1 al malato? en \u00abFederazione medica\u00bb 36 (1983) 3439; FLECHA J.R., Eutanasia y muerte digna. Propuestas legales y juicios \u00e9ticos, en \u00abRevista Espa\u00f1ola de Derecho Can\u00f3nico\u00bb 45 (1988) 155208; FLECHA J.R. y MGGICA J.M \u2020\u00a2, La pregunta ante la eutanasia, Univ. Pontificia, Salamanca 1983; FuCHS J., Christian faith and the deposing ofhuman life, en \u00abTS\u00bb46 (1985) 664-684; GIUSTI G., L\u00e9utanasia. Diritto di vivere-diritto di morire, Cedam, Padua 1982; HitRING B., Moral y medicina, PS, Madrid 1972; LAw REFORM COMMISSION OF CANADA Euthanasia, aiding suicide, and cessation of treatment, Minister of Supply and Services, Ottawa 19844; LORENZETTI L., Eutanasia: il diritio di morire con dignit\u00e1, en \u00abRTM\u00bb 17 (1985) 63-70; MONGEF.,\u00bfEutanasia?, Palabra, Madrid 1989; PELLICIA G., L\u00e9utanasia ha una storia~ Paoline 1977; SPINSANTI S. (coord.), Umanizare la malattia e la morte, Paoline 1980; TETTAMANzI D., Eutanasia. LYllusione della buona morte, Piemme, Casale Monferrato 1985; TORTOLANE G.M., Eutanasia: diritto alla morte? 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La raz\u00f3n de esta actitud es que esta pr\u00e1ctica le quita al hombre la capacidad de actuar meritoriamente en un momento en el cual su competencia es de lo m\u00e1s necesaria y su producto est\u00e1 investido con finalidad. Es igualmente obvio que este espacio es inmensamente valioso para el pecador que a\u00fan tiene que reconciliarse con su Dios ofendido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un motivo adicional asignado a esta doctrina es en que la administraci\u00f3n de drogas de la naturaleza especificada es a este respecto si no formalmente de todos modos equivalente a acortar la vida del paciente. Por ello en tanto la persona afectada no haya hecho a\u00fan una preparaci\u00f3n adecuada para morir, siempre es gravemente il\u00edcito inducir a una condici\u00f3n de insensibilidad. Lo m\u00e1s que puede permitirse a aquellos que tienen la responsabilidad en el caso es tomar una actitud pasivamente permisiva siempre y cuando se tenga la certeza de que el alma que va a partir se ha preparado abundantemente para la gran llamada. Esto es especialmente cierto si existe fundamento, a partir de la continua posesi\u00f3n de facultades de la persona moribunda, para sospechar la reincidencia en el pecado. Sin embargo, en ninguna contingencia puede darse una ratificaci\u00f3n positiva a alg\u00fan medio cuya intenci\u00f3n sea que alguien muera en un estado de inconsciencia. Lo que ha sido dicho se aplica con el mismo vigor y por las mismas razones a los casos de aquellos que deben sufrir la pena capital por el proceso de la ley.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  GENICOT, Theologiae Moralis Institutiones (Lovaina, 1898); LEHMKUHL, Theologia Moralis (Freiburg, 1887); BALLERINE, Opus Theologicum Morale (Prato, 1898).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Delany, Joseph. \u00abEuthanasia.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. 20 Jun. 2009 <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/05630a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luc\u00eda Lessan.  L H M\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(muerte suave). Consiste en provocar la muerte a ancianos o personas con enfermedad grave, que est\u00e1n sufriendo mucho. Es un \u00abhorror\u00bb que no exist\u00ed\u00ada en tiempos en que se escribi\u00f3 la Biblia, es un invento del diablo en nuestro siglo, como el aborto. La Iglesia lo proh\u00ed\u00adbe totalmente, en las declaraciones de los 5 \u00faltimos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eutanasia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEUTANASIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8052","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8052","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8052"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8052\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8052"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8052"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8052"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}