{"id":8073,"date":"2016-02-05T04:18:29","date_gmt":"2016-02-05T09:18:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fraternidad\/"},"modified":"2016-02-05T04:18:29","modified_gmt":"2016-02-05T09:18:29","slug":"fraternidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fraternidad\/","title":{"rendered":"FRATERNIDAD"},"content":{"rendered":"<p>(hermandad).<\/p>\n<p> 1- De todos los hombres y mujeres: Porque todos fuimos creados por: El mismo Dios, que hizo las manos de los cristianos y de los paganos, y el coraz\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados y de los musulmanes, por eso es que la segunda Ley de Dios es que todos tenemos que amarnos, Mar 12:30-33.<\/p>\n<p> 2- De los Cristianos: Todos formamos parte de un mismo Cuerpo: (Ro.12, Ef.4, 1 Cor.12, Jn.15). Por eso somos tan hermanos como mi mano derecha es hermana de mi mano izquierda. De ah\u00ed\u00ad el mandamiento de Jes\u00fas, que nos amemos los unos a los otros como El nos am\u00f3: (Jua 13:34-35, Jua 15:12, Jua 15:17).<\/p>\n<p> 2- Deberes: Mt. 5 a 7: (Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a).<\/p>\n<p> 3- EL Reino de Dios, antepuesto a los hermanos, Luc 14:26, Luc 14:29.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[324]<br \/>\n Cualidad de sentir la hermandad con todos los hombres, de modo especial con los m\u00e1s cercanos o con los m\u00e1s necesitados.  (Ver Hombre. 7.1)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nLa \u00abfraternidad\u00bb (adelphot\u00e9s)  es un nombre neotestamentario con el que se designa a la Iglesia (lPe 2,17; 5,9). Las connotaciones ideol\u00f3gicas de la palabra \u00abfraternidad\u00bb no debe disuadirnos de usarla y de experimentar su riqueza en un contexto cristiano.<\/p>\n<p>La palabra griega adelphoi,  hermanos, incluye tambi\u00e9n a las hermanas, aunque exista la palabra espec\u00ed\u00adfica adelph\u00e9.  En el Nuevo Testamento la palabra que suele usarse para designar a la comunidad es \u00abhermanos\u00bb. Esto tiene su fundamento en el bautismo, que nos hace hijos adoptivos del Padre y hermanos de Jes\u00fas, \u00abel primog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rom 8,29; Heb 2,11-17). En otro lugar se especifica que los parientes de Jes\u00fas son los que hacen la voluntad del Padre (Mc 3,35). De esta relaci\u00f3n de fraternidad se derivan varias consecuencias: el amor a los enemigos, que son hijos del mismo Padre que nosotros (Mt 5,44-45); todos, sin distinci\u00f3n de dignidad, han de aceptar a Cristo como \u00fanico maestro (Mt 23,8); no debe haber diferencias basadas en la pobreza o la riqueza (1Cor 11,20-22.33), o en la diversidad de raza, clase social o sexo (G\u00e1l 3,28; Col 3,11); Jes\u00fas resucitado restablece la dignidad de quienes lo hab\u00ed\u00adan abandonado llam\u00e1ndolos \u00abhermanos\u00bb (Mt 28,10; Jn 20,17; cf Heb 2,11); Anan\u00ed\u00adas reconoce en el perseguidor Saulo a un hermano (He 9,17; 22,13). Dado que Pablo reconoce que los jud\u00ed\u00ados, que no han aceptado a Jes\u00fas, siguen siendo \u00abhermanos\u00bb (Rom 9,3), la Iglesia ha de estar atenta para no poner limitaciones a la fraternidad. Aparte del v\u00ed\u00adnculo com\u00fan de la humanidad, reconocido ya por los antiguos fil\u00f3sofos estoicos, por los ilustrados y la Revoluci\u00f3n francesa, la visi\u00f3n cristiana afirma que todos los hombres somos hijos de un mismo Padre. Puede considerarse que es lo que subyace bajo la ense\u00f1anza del Vaticano II sobre las relaciones del pueblo de Dios con la humanidad en su conjunto (LG 14-16).<\/p>\n<p>>San Agust\u00ed\u00adn tiene una teolog\u00ed\u00ada desarrollada de la fraternidad: \u00abNuestros primeros padres fueron Ad\u00e1n y Eva: el primero nuestro padre, y la segunda nuestra madre; por tanto, somos hermanos (fratres).  Pero, aparte de nuestro origen com\u00fan, Dios es nuestro Padre, y la Iglesia nuestra madre; por lo cual somos tambi\u00e9n hermanos (fratres)\u00bb.  En otro lugar afirma que \u00abes necesario reconocer el bautismo de los que est\u00e1n en la herej\u00ed\u00ada o en el cisma: dado que no los rebautizamos, tenemos que aceptar que son nuestros hermanos, mostrarles gran amor y pedir nuestra unidad con ellos\u00bb.<\/p>\n<p>El movimiento mendicante medieval fue una respuesta a los signos de los tiempos. La sociedad cada vez se hac\u00ed\u00ada m\u00e1s urbana y estratificada. Los frailes (de frater,  hermano) evangelizaban tanto en las ciudades como en las aldeas, mientras que de otros religiosos se ten\u00ed\u00ada una visi\u00f3n m\u00e1s remota en sus monasterios. Su fraternidad ten\u00ed\u00ada una dimensi\u00f3n doble: dentro del convento y con el pueblo al que serv\u00ed\u00adan. La suya era una \u00abvida mixta\u00bb de oraci\u00f3n y apostolado, mientras que los monasterios se dedicaban principalmente a la contemplaci\u00f3n. La >vida religiosa tiene como una de sus funciones la proclamaci\u00f3n viva de la fraternidad como un signo de los valores m\u00e1s profundos de la Iglesia (PC 15; LG 44).<\/p>\n<p>La palabra \u00abfraternidad\u00bb aparece 26 veces en el Vaticano II: GS (12 veces), LG (4), PO (2), AA (2) y una vez en cada uno de los siguientes documentos: AG, OE, PC y UR. Su significaci\u00f3n tiene muchos matices: la Iglesia reunida en torno a la eucarist\u00ed\u00ada (LG 28, PO 6); el v\u00ed\u00adnculo que une a los cristianos entre s\u00ed\u00ad (PO 9; AA 23); el amor fraterno (caritate fraternitatis)  ha de existir entre los cristianos de Oriente y Occidente (OE 30); la uni\u00f3n de la Trinidad har\u00e1 que aumente la fraternidad mutua (mutuam fraternitatem,  UR 7); los v\u00ed\u00adnculos que unen a los que pertenecen a un cuerpo determinado son calificados de fraternos: sacerdotes (LG 28; PO 28), la misma congregaci\u00f3n religiosa (PC 15) y los miembros de una familia (LG 41); al margen de toda referencia eclesial, se usa tambi\u00e9n para indicar el ideal de la convivencia de toda la familia humana (las 12 referencias de GS, AA 14; AG 8). La palabra hermano (frater)  aparece 105 veces, y siempre con un fundamento cristol\u00f3gico, expl\u00ed\u00adcito o impl\u00ed\u00adcito (26 en UR; 20 en LG; 17 en GS; 14 en PO; 11 en AA, 6 en AG, 5 en PC y una en DV, SC, CD, OT, NA y GE). Es especialmente importante la designaci\u00f3n de los otros cristianos como fratres separati  en los textos ecum\u00e9nicos, la significaci\u00f3n de la fraternidad universal en GS y la fraternidad que ha de existir entre los sacerdotes. Por medio de este uso de fraternitas\/fratres,  el Vaticano II insiste en la igualdad fundamental de todos en la Iglesia (incluso en PO 9, que habla de los sacerdotes como hermanos entre los hermanos, fratres inter fratres).<br \/>\nEn un antiguo texto preconciliar, J. Ratzinger desarrollaba lo que pod\u00ed\u00adan ser las notas de una teolog\u00ed\u00ada de la fraternidad, desarrollo que sigue siendo v\u00e1lido: la fraternidad no tiene m\u00e1s fundamento que la fe; tiene que procurar eliminar las barreras; est\u00e1 edificada sobre la eucarist\u00ed\u00ada, y siempre ser\u00e1 fr\u00e1gil a la hora de hacer realidad en la comunidad lo que ha recibido en el sacramento; por \u00faltimo, est\u00e1 al servicio del mundo por medio de la misi\u00f3n, el amor y el sufrimiento redentor.<\/p>\n<p>La fraternidad cristiana no es simplemente un don, es tambi\u00e9n para los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas una tarea: continuamente han de dejar que esta se edifique y han de estar atentos frente a la constante amenaza del pecado, la divisi\u00f3n y la tentaci\u00f3n de dominar a los otros (cf Mt 20,25-28; lPe 1,22; 3,8).<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>(v. caridad, comunidad, solidaridad, vida comunitaria)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>1. La fraternidad en el lenguaje neotestamentario es sin\u00f3nimo de agap\u00e9 de amor; son muchos los t\u00e9rminos que encontramos ligados a la fraternidad.<\/p>\n<p>\u00bb Hermanos\u00bb son todos los disc\u00ed\u00adpulos  de Jes\u00fas (Mt23,8; Hch 1,5; 1 Cor 15,6;Flp 4,1; Heb 2,12; etc.). Por donde pasa Jes\u00fas, deja seguidores que, con sus familias, aguardan el Reino de Dios y lo acogen a \u00e9l y a sus mensajeros; se encuentran por todo el pa\u00ed\u00ads, sobre todo en Galilea, pero tambi\u00e9n en Judea, por ejemplo en Betania, y en la Dec\u00e1polis (cf. Mc 5,19ss). \u00abHermano\u00bb es aquel que forma una sola cosa con Jes\u00fas a trav\u00e9s de la acogida de su palabra (Mt 12,46-50; Lc 8,19-21). \u00abHermano\u00bb, en el lenguaje de Juan, es sin\u00f3nimo de amor (1 Jn 2,9-10; 3,10-17: 4,20).<\/p>\n<p> 2. Los cristianos siguen llam\u00e1ndose  \u00abhermanos\u00bb. Justino (m\u00e1rtir en Roma en el 165) refiere que todos los bautizados se llamaban \u00abhermanos\u00bb. San Clemente romano usa unas quince veces el apelativo \u00bb hermanos\u00bb dirigi\u00e9ndose a los cristianos de Corinto (a\u00f1o 101). Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (m\u00e1rtir en Roma el a\u00f1o 107), escribiendo a los cristianos de Esmirna y de Filadelfia y a Policarpo, utiliza el t\u00e9rmino \u00abhermanos\u00bb.<\/p>\n<p>Or\u00ed\u00adgenes (187-253) escribe en el De Oratione: \u00abEn torno a Jes\u00fas podemos \u00absentirnos\u00bb y \u00abllamamos\u00bb hermanos, por ser hijos del mismo Padre\u00bb Agust\u00ed\u00adn, comentando a 1 Jn 2,10, dice: \u00abEl que ama a su hermano lo soporta todo por salvaguardar la unidad; en la unidad de la caridad consiste el amor fraterno\u00bb. Y el Vaticano II (AG 3; LG 7, GS 9; 32) afirma que Dios podr\u00e1 establecer la comuni\u00f3n \u00ed\u00adntima entre \u00e9l mismo y los hombres y la de los hombres entre s\u00ed\u00ad, si se establece esta uni\u00f3n fraterna.<\/p>\n<p>El obispo san Cipriano (200-258) exhorta a los obispos: \u00abNinguno de vosotros tiene que permitirse enga\u00f1ar a los hermanos con mentiras'\u00bb Y el Vaticano II (PO 8; L~ 28), refiri\u00e9ndose a los presb\u00ed\u00adteros, dice que est\u00e1n \u00ed\u00adntimamente unidos entre s\u00ed\u00ad con la fraternidad sacerdotal.<\/p>\n<p>3, San Cipriano en el De Eleemosynis: \u00abLe damos nuestra precedencia a Dios, no a nuestros hermanos en miseria\u00bb. El pr\u00f3jimo es el \u00abhermano'\u00bb al que hay que ayudar. San Basilio (329~379) dice sobre el recto uso de las riquezas: \u00abHaz part\u00ed\u00adcipe de tu trigo a los hermanos, d\u00e1selo hoy al necesitado antes de que muera ma\u00f1ana&#8217;. Juan Cris\u00f3stomo (350~407), comentando la primera carta a los Tesalonicenses, escribe: \u00abQuien tiene la posibilidad de dar limosna y no la da, es un asesino de sus hermanos, como Ca\u00ed\u00adn\u00bb. Y Agust\u00ed\u00adn (I 1 Jon 3,16-17): \u00abSi todav\u00ed\u00ada no eres capaz de dar la vida por tu hermano, empieza a ser capaz de ayudarle con tus bienes\u00bb, Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada (150215i: \u00abPero si debemos la vida a nuestros hermanos y si tenemos un pacto estrecho semejante con el Salvador, \u00bfnos negaremos todav\u00ed\u00ada a dar?, \u00bfseguiremos reservando para nosotros las riquezas terrenas2\u00bb Y Juan Cris\u00f3stomo en el tratado sobre la Incomprensibilidad de Dios escribe: \u00abUn enamorado de Cristo tiene esta caracter\u00ed\u00adstica: se preocupa por la salvaci\u00f3n de sus hermanos&#8217;. Tertuliano (155-220) en el De Paenitentia se\u00f1ala la pr\u00e1ctica de que el pecador arrepentido suplica a los hermanos que intercedan para obtenerle el perd\u00f3n: es mutua la convicci\u00f3n de la subsistencia de la fraternidad. San Cipriano, en el De Lapsis, invita al arrepentimiento a los pecadores, a los que sigue llamando hermanos.<\/p>\n<p>4. La unidad entre los miembros de la fraternidad s\u00f3lo se alcanza si cada uno est\u00e1 unido a Dios y, por medio de \u00e9l, con todos los dem\u00e1s hermanos, Si uno ama a Dios de verdad, ama tambi\u00e9n al pr\u00f3jimo. Los primeros cristianos eran reconocidos no por su vestido, que era el mismo que el de los dem\u00e1s, sino por su manera de amarse, El Esp\u00ed\u00adritu es el que nos hace una sola cosa con Cristo y en Cristo, con el Padre, y una sola coSa entre nosotros: el Esp\u00ed\u00adritu que nos ha dado el Cristo Resucitado. El Esp\u00ed\u00adritu que es v\u00ed\u00adnculo entre el Padre y el Hijo es tambi\u00e9n v\u00ed\u00adnculo, entre nosotros y Cristo y por medio de \u00e9l, con el Padre &#8211; y entre nosotros.<\/p>\n<p>Al amarse entre s\u00ed\u00ad el Padre y el Hijo, perdi\u00e9ndose por as\u00ed\u00ad decirlo el no en el otro, se encuentran unidos y distinto\u00bb en el Esp\u00ed\u00adritu. Nosotros, perdi\u00e9ndonos por amor el uno en el otro, tenemos a Jes\u00fas resucitado en medio de nosotros\u00bb y vivimos su Esp\u00ed\u00adritu: nos encontramos unidos y distintos en \u00e9l y entre nosotros en su Esp\u00ed\u00adritu, As\u00ed\u00ad pues, el mandamiento nuevo en un peque\u00f1o reflejo de la vida trinitaria en la tierra; cuando dos o m\u00e1s la viven, la Trinidad mora no s\u00f3lo en cada uno de ellos, sino que entre ellos hay una \u00fanica Trinidad, en donde los dos est\u00e1n como Padre e Hijo y entre ellos est\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Jes\u00fas es el que nos hace una sola cosa con el Padre y una S(ola cosa entre nosotros; as\u00ed\u00ad es como forma la fraternidad (Ef 1,3-14; 2,11~22l, \u00abYo en ellos y t\u00fa en mi\u00bb (Jn 17 23) Esta fraternidad s\u00f3lo Dios puede realizarla. Es un don suyo. Jes\u00fas se dirige al Padre para ped\u00ed\u00adrsela: \u00abTe pido que todos sean uno, Padre, lo mismo que t\u00fa est\u00e1s en m\u00ed\u00ad y yo en ti\u00bb (Jn 17,21). A trav\u00e9s de Jes\u00fas &#8211; se puede conocer a Dios (Jn 1,18); a trav\u00e9s de \u00e9l podemos reconocernos hermanos. Jes\u00fas en el lenguaje paulino es el primog\u00e9nito entre muchos hermanos (Rom 8,29; cf Heb 2,11). Tambi\u00e9n en el \u00e1mbito de la fraternidad es \u00e9l el que nos indica el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6-7).<\/p>\n<p>A. A. Tozzi<\/p>\n<p>Bibl.: J Ratzinger, La fraternidad cristiana, Taurus, Madrid 1962; M. Legido, Fraterniidad en el mundo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; L. Evely &#8211; Fratemidad y evangelio, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1972; L, de C\u00e1ndido, Fraternidad, en NDE, 567-578; Gandhi, Todos los nombres son hermanos, Atenas, Madrid 1981<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Indicaciones de la Biblia: 1. Qui\u00e9n es hermano; 2. Por qu\u00e9 es hermano &#8211; II. Indicaciones de la tradici\u00f3n: 1. Literatura; 2. Liturgia; 3. Monaquismo &#8211; III. B\u00fasqueda de la fraternidad: 1. Algunas exigencias; 2. Algunas respuestas: a) La persona, b) Dimensi\u00f3n vertical, c) Dimensi\u00f3n horizontal, d) Las obras del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El vocablo fraternidad es la meta de un proceso cultural de abstracci\u00f3n que parte de la concreci\u00f3n del t\u00e9rmino hermano. El concepto abstracto de fraternidad es posterior al nombre concreto de hermano. Ambas voces contienen una intenci\u00f3n: la de aludir a una realidad. \u00abHermano\u00bb viene a significar una entidad personal, la de aquel que posee determinadas caracter\u00ed\u00adsticas individuadas por la experiencia y por la elaboraci\u00f3n cultural en la \u00abfraternidad\u00bb. Hermano es una persona; fraternidad es una prerrogativa.<\/p>\n<p>I. Indicaciones de la Biblia<br \/>\nEn la Biblia la palabra \u00abfraternidad\u00bb es rar\u00ed\u00adsima y se halla en contextos tard\u00ed\u00ados; en cambio, es predominante el uso concreto de \u00abhermano\u00bb o \u00abhermana\u00bb.<\/p>\n<p>1. QUIEN ES HERMANO &#8211; Los vocablos veterotestamentarios ha y rea indican tanto al hermano carnal como al pariente (ej., G\u00e9n 13,8), al amigo (ej., G\u00e9n 29,4, afectuoso cumplido; 2 Sam 1,25-26; Prov 17,17), al colega (ej., Esd 6,20; cf 2 Cr\u00f3n 31,15), al connacional (ej., Lev 19,17-18; Dt 15,2.12), al aliado (ej., 1 Re 9,13). El hebreo del AT atribuye de buen grado su sentimiento de fraternidad a numerosas personas; mejor, a cualquier persona que sea como \u00e9l. En efecto, los contenidos del t\u00e9rmino hermano se limitan a aquellos que pertenecen al pueblo, excepci\u00f3n hecha de los aliados (cf el tard\u00ed\u00ado 1 Mac 12,10.17, donde aparece el vocablo \u00abfraternidad\u00bb; cf, sin embargo, ib, 12,6-7.21) por el obvio motivo de la ayuda que pueden prestar. La fraternidad en el AT se refiere a una sola categor\u00ed\u00ada de personas, excluyendo a todas las dem\u00e1s. Dentro del pueblo de Israel significa superaci\u00f3n de las barreras individuales; pero levanta al mismo tiempo vallas ante los otros, los extra\u00f1os, respecto de los cuales la ley dicta precisas \u00f3rdenes de comportamiento, de sentimiento y de discriminaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los hebreos del AT se sienten hermanos por ser hijos del mismo padre, Abrah\u00e1n. La pol\u00e9mica de Jes\u00fas con sus connacionales, relatada en Jn 8,33-42 (cf 53.56), ilumina esa mentalidad, si bien la supera. Esta p\u00e1gina joanea constituye el punto de paso entre la concepci\u00f3n de fraternidad en el AT y en el NT. Hermanos significa solidarios, reunidos en un solo pueblo alimentado por los mismos ideales (la fe de Abrah\u00e1n), cimentado por una sola alianza (el pacto entre Yahv\u00e9 y su pueblo itinerante hacia la tierra prometida), iluminado por la misma esperanza (la salvaci\u00f3n).<\/p>\n<p>La fraternidad del mensaje neotestamentario ciertamente se hace concreta mediante el uso de concepciones veterotestamentarias, pero su caracter\u00ed\u00adstica reside en el hecho de que las supera y ensancha en la viva realidad de la agape. En las p\u00e1ginas del NT son muy numerosos los vocablos y conceptos ligados a la fraternidad. En esta abundancia se puede recoger una breve s\u00ed\u00adntesis conceptual. Hermanos son los disc\u00ed\u00adpulos del Se\u00f1or (Mt 23,8; He 1,15; 1 Cor 15,6; FIp 4,1; Heb 2,12; etc.). Hermano es el que est\u00e1 unido a Cristo a trav\u00e9s de la escucha de su palabra (Mt 12,46-50; Lc 8,19-21). Hermano es el otro como destinatario del amor (Mt 5,22-24; 1 Jn 2,9-10; 3,10-17; 4,20). Hermano es el ofensor perdonado (Mt 18,15-22). Hermano es ese al que no hay que juzgar, sino ayudar (Mt 7,1-5; Rom 14,10-13). Hermano es quien tiene el mismo padre que Cristo primog\u00e9nito (Rom 8,29).<\/p>\n<p>2. POR QUE ES HERMANO &#8211; El primer fundamento de la fraternidad es la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas de que Dios es padre. Esta definici\u00f3n constituye el factor que determina la fraternidad seg\u00fan el mensaje cristiano. La psicolog\u00ed\u00ada actual desconf\u00ed\u00ada de presupuestos como \u00e9ste; mas esto no es suficiente para prescindir de la confrontaci\u00f3n con la palabra del evangelio o para minimizarla. Quienes tienen a Dios como padre son hermanos entre s\u00ed\u00ad. La afirmaci\u00f3n se refuerza analizando los numerosos pasajes neotestamentarios que contienen la revelaci\u00f3n de que Dios es padre y de que los hombres son hijos suyos. Jes\u00fas dosific\u00f3 este anuncio en un lento acompasamiento de declaraciones centradas en el estribillo \u00abvuestro Padre que est\u00e1 en los cielos\u00bb. Los disc\u00ed\u00adpulos no se sienten traumatizados por esta enunciaci\u00f3n, ya presente en la conciencia de Israel, si bien de manera exclusiva y fundamentalmente discriminatoria, como aparece en la citada pol\u00e9mica entre el Se\u00f1or y los jud\u00ed\u00ados relatada por Jn 8,12-58. Los disc\u00ed\u00adpulos hacen suya la plegaria que el maestro les ense\u00f1a, dirigida al \u00abPadre nuestro que est\u00e1 en los cielos&#8230;\u00bb (Mt 6,9-13; cf Lc 11,2-4). La catequesis pospentecostal va ulteriormente precisando y ampliando las fronteras de esta realidad (cf Rom 8,14-16; G\u00e1l 4,4-7; 1 Jn 3,1-2&#8230;) [.\u00bbHijos de Dios].<\/p>\n<p>Las conclusiones en el plano de la fraternidad no se repiten demasiado en los textos, pero comprometen a los disc\u00ed\u00adpulos en el terreno de la existencia vigilante y operosa. La fraternidad se basa igualmente en la presencia de Cristo. Cristo es el que lleva al Padre (Ef 1,3-14; 2,11-22). El es el alfa y la omega (Ap 22,13); alfa y omega son la primera y la \u00faltima letra del alfabeto griego, y la imagen sirve para indicar que Cristo es el nuevo alfabeto, la mediaci\u00f3n para poner en comuni\u00f3n operativa a las personas, para permitir un di\u00e1logo entre entidades que salen de su aislamiento. Cristo, con esta imagen, es reconocido tambi\u00e9n como aquel que permite comprender a Dios y poder hablar con \u00e9l.<\/p>\n<p>Cristo es la palabra (Jn 1,1-18). A trav\u00e9s de \u00e9l se puede conocer a Dios (Jn 1,18); a trav\u00e9s de \u00e9l los hombres se conocen y se comprenden (Jn 1,14); a trav\u00e9s de \u00e9l se conoce la creaci\u00f3n (Jn 1,3.10). Cristo es, por consiguiente, el puente de conexi\u00f3n entre las personas aisladas y estas otras entidades; \u00e9l es el mediador de una comuni\u00f3n; es como el modelo interpretativo de toda la realidad, seg\u00fan canta el himno que se nos ha transmitido en Col 1,12-20.<\/p>\n<p>Cristo es hermano. Jes\u00fas, escribe Pablo, es el primog\u00e9nito entre muchos hermanos (Rom 8,29; cf Heb 2,11). El es el primero, el que va por delante abriendo el camino, sobre todo el camino de la vida con su resurrecci\u00f3n. Tambi\u00e9n en el \u00e1mbito de la fraternidad su rol es el de maestro (He 1,1); son muchos sus dichos sobre el amor, sobre la amistad, sobre el modo de relacionarse con los dem\u00e1s, modo basado en la ley del amor (Mt 5,21-24.38-48; Lc 10,25-37&#8230;). El tiene un rol de modelo; como \u00e9l ha dado su vida por los otros, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n sus disc\u00ed\u00adpulos deben dar la vida los unos por los otros (Jn 15,12-13; Mt 20,28b); como \u00e9l, el maestro, los ha servido, as\u00ed\u00ad ellos deben servirse rec\u00ed\u00adprocamente porque son hermanos entre s\u00ed\u00ad (Mt 20,26-28). Jes\u00fas es una presencia din\u00e1mica; la fuerza que hace posible la realizaci\u00f3n de cuanto anuncia y escuchan sus disc\u00ed\u00adpulos; que hace posible,por tanto, tambi\u00e9n la realizaci\u00f3n de la fraternidad. Los salvados constituyen una comunidad mediante su inserci\u00f3n bautismal-pascual en Cristo (G\u00e1l 3,26-27).<\/p>\n<p>La fraternidad se basa, asimismo, en la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La acci\u00f3n de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la realizaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n son complementarias. Como Cristo, el viviente, permanece con sus disc\u00ed\u00adpulos hasta la consumaci\u00f3n del tiempo (Mt 28,20), el Esp\u00ed\u00adritu, el consolador, permanece siempre con ellos (Jn 14,16). El Esp\u00ed\u00adritu Santo da la posibilidad de comprender la palabra de Dios, sobre todo el evangelio de Jes\u00fas (Jn 14,26; 16,13). El es el elemento que unifica la comprensi\u00f3n del mensaje, el int\u00e9rprete que pone en comuni\u00f3n a los oyentes y a cuantos buscan la verdad. La presencia del \u00fanico Esp\u00ed\u00adritu que habita en la multiplicidad de las personas se vuelve garant\u00ed\u00ada de superaci\u00f3n de la babel. Esta acci\u00f3n es testimoniada por los acontecimientos acaecidos en Jerusal\u00e9n el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s, cuando cada uno o\u00ed\u00ada en su propia lengua el anuncio de Pedro; el \u00abmilagro de las lenguas\u00bb no consiste tanto en la audici\u00f3n f\u00ed\u00adsica de las palabras de Pedro, entendidas por los peregrinos de origen jud\u00ed\u00ado, los cuales conoc\u00ed\u00adan la lengua madre, cuanto en la comprensi\u00f3n profunda de su contenido; en efecto, del apelativo gen\u00e9rico de \u00abhombres\u00bb con el que Pedro los interpela se pasa al espec\u00ed\u00adfico de \u00abhermanos\u00bb, denominaci\u00f3n que identificar\u00e1 en adelante a los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, entre los cuales se hallan muchos de aquellos oyentes (He 2,1-41). La comprensi\u00f3n de la id\u00e9ntica verdad cristol\u00f3gica dada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo desemboca inevitablemente en la fraternidad.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 en la base de la fraternidad, porque \u00e9l hace hijos de Dios (Rom 8,15-1C); porque colabora en la salvaci\u00f3n (Tit 3,4-7): porque une al cuerpo de la Iglesia (1 Cor 12,12-13). La Iglesia es una comunidad de hermanos. El Esp\u00ed\u00adritu forma al nuevo pueblo y hace que se unan los disc\u00ed\u00adpulos del Se\u00f1or, que se descubren hermanos. La comunidad eclesial jerosolimitana, matriz de todas las dem\u00e1s, es alumbrada y se robustece el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s. A partir de entonces, los primeros disc\u00ed\u00adpulos cambiaron; la organizaci\u00f3n del grupo de embrionaria y l\u00e1bil se hace estable sobre bases tradicionales (como la oraci\u00f3n en el templo) y sobre bases nuevas (como la catequesis de los ap\u00f3stoles y lafracci\u00f3n del pan). Pero la comunidad es renovada ante todo por el Esp\u00ed\u00adritu y camina en novedad de vida, en ambiente de fraternidad (He 2,42-47).<\/p>\n<p>II. Indicaciones de la tradici\u00f3n<br \/>\nLas fuentes principales de la tradici\u00f3n son la liturgia, lex orandi, que se convierte en lex credendi; el magisterio, principalmente los concilios ecum\u00e9nicos; los escritores cristianos, sobre todo los de los primeros siglos, es decir, los padres. Tambi\u00e9n el tema de la fraternidad encuentra en este patrimonio una ingente documentaci\u00f3n. Es rica, sobre todo, la literatura reciente y actual, manifestaci\u00f3n indudable de una convicci\u00f3n, pero tambi\u00e9n de una nostalgia y de una ansiedad. Remont\u00e1ndonos a los primeros siglos del cristianismo, encontramos un inter\u00e9s por la fraternidad m\u00e1s silencioso, casi impl\u00ed\u00adcito, menos sostenido por palabras y conceptos, como si tal valor empapara la existencia desde dentro, desde la presencia del esp\u00ed\u00adritu m\u00e1s bien que a trav\u00e9s de la consideraci\u00f3n de palabras escritas y proclamadas. El cristianismo desarrolla una historia de fraternidad (sistematizaci\u00f3n conceptual) y de hermandad (realizaciones cotidianas), que las prevaricaciones existenciales y las herej\u00ed\u00adas conceptuales no pueden anular.<\/p>\n<p>1. LITERATURA &#8211; Heredando la terminolog\u00ed\u00ada de las costumbres apost\u00f3licas, los santos -los cristianos- siguen llam\u00e1ndose con el apelativo de \u00abhermanos\u00bb. El fil\u00f3sofo san Justino (m\u00e1rtir en Roma en el 165). al describir en la primera apolog\u00ed\u00ada en defensa de los cristianos el rito de la iniciaci\u00f3n, refiere que los bautizados se llaman \u00abhermanos\u00bb. En la carta a los cristianos de Corinto, san Clemente romano (t 101) hab\u00ed\u00ada usado unas quince veces, y en contextos apasionados y espiritualmente comprometidos, el mismo apelativo de \u00abhermanos\u00bb: en Corinto hab\u00ed\u00ada surgido una contestaci\u00f3n contra la jerarqu\u00ed\u00ada local, y el obispo de Roma interviene para invitar a la reconciliaci\u00f3n con un lenguaje que deja entrever su convicci\u00f3n de que permanecer\u00e1 la fraternidad a pesar de la cr\u00ed\u00adtica coyuntura. El vocablo hermanos y hermanas califica a los miembros de las comunidades eclesiales tambi\u00e9n en el lenguaje de san Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (m\u00e1rtir en Roma en el 107), expl\u00ed\u00adcitamente en las cartas a los cristianos de Esmirna, de Filadelfia y a Policarpo. Las razones de esta corriente de fraternidad entre los cristianos son teologales. Escribe san M\u00e1ximo confesor (580-622) en el tratado Mistagogia: \u00abLa beata invocaci\u00f3n al gran Dios y Padre, el pronunciar las palabras `uno solo es santo&#8217; y cuanto sigue, la participaci\u00f3n en los santos y vivificantes misterios que sirven para significar c\u00f3mo por la bondad de nuestro Dios nos hacemos hijos suyos, unificados entre nosotros y consangu\u00ed\u00adneos\u00bb.<\/p>\n<p>El cristocentrismo de la fraternidad suscita m\u00faltiples intereses. Cristo llama a sus disc\u00ed\u00adpulos \u00abhermanos\u00bb por ser hijos del Padre, escribe Or\u00ed\u00adgenes (187-253) en el De oratione. Y el monje ortodoxo Sime\u00f3n (949-1022), en una nueva invocaci\u00f3n a Cristo Jes\u00fas, declara: \u00abCuando nos reunimos, nos hacemos una sola familia, todos hijos tuyos\u00bb. An\u00e1loga verdad expresa el sacerdote Gottshalk de Limbur (+ 1098): \u00abTu hijo unig\u00e9nito engendrado en el coraz\u00f3n del Padre nos ha hecho hermanos en el amor\u00bb. El Vat. II interpreta el proyecto de la encarnaci\u00f3n como v\u00ed\u00ada para realizar una uni\u00f3n fraterna (AG 3), y recalca: \u00abA sus hermanos, congregados de entre todos los pueblos, (Cristo) los constituy\u00f3 m\u00ed\u00adsticamente su cuerpo, comunic\u00e1ndoles su esp\u00ed\u00adritu\u00bb (LG 7). La solidaridad de Cristo con sus hermanos, sobre todo con los m\u00e1s peque\u00f1os, es reafirmada por el S\u00ed\u00adnodo de los Obispos en el documento sobre la justicia en el mundo.<\/p>\n<p>Esta convocaci\u00f3n lleva a constituir la iglesia, es decir, la fraternidad visible. La iglesia local como fraternidad ya est\u00e1 afirmada en la carta de san Clemente romano. Y el Vat. II la corrobora reconociendo a la Iglesia en su globalidad como signo de fraternidad (GS 9), como comuni\u00f3n fraterna (GS 32).<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abfraternidad\u00bb indica, adem\u00e1s, un estilo de vida, como escribe Hermas (segunda mitad del s. q ), en la obra prof\u00e9tica Pastor, invitando a \u00abconservar la fraternidad\u00bb. Fraternidad es el estilo de vida de la comunidad cristiana, que por esto se diferencia de los herejes, atestigua san Ireneo (ca. 130-ea. 202) en el Adversus haereses.<\/p>\n<p>En su expansi\u00f3n, la fraternidad sobrepasa las barreras de la Iglesia; desde los or\u00ed\u00adgenes de la literatura cristiana se aprecian intuiciones de la existencia de una fraternidad universal. San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada recomendaba a los efesios que se hicieran hermanos por medio de la amable benignidad incluso de aquellos que no siguen a Cristo. El Vat. II, refiri\u00e9ndose a los seguidores de otras religiones, amonesta a los cristianos: \u00abNo podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios\u00bb (NA 5). El magisterio ha impelido a la Iglesia entera a colaborar en la realizaci\u00f3n de la fraternidad universal (GS 3; Populorum progressio 44; S\u00ed\u00adnodo 1971; nuevos catecismos&#8230;).<\/p>\n<p>El vocablo hermano contiene matices que precisan los niveles concretos sobre los que se establece el contenido del mismo. Hermano es colega en la jerarqu\u00ed\u00ada y en el ministerio; as\u00ed\u00ad san Ignacio, obispo de Antioqu\u00ed\u00ada, siente a los di\u00e1conos de las iglesias de Magnesia, Esmirna y Filadelfia, y as\u00ed\u00ad los recuerda en las cartas a aquellas comunidades; as\u00ed\u00ad el obispo san Hilario (ca. 315-367) siente a los otros obispos de las Galias, a los que destina, terminando el De synodis, los superlativos de \u00abamad\u00ed\u00adsimos\u00bb y \u00abdilect\u00ed\u00adsimos\u00bb; san Agust\u00ed\u00adn (354-430) dedica el De cura gerenda pro mortuis al obispo de Nola, san Paulino, \u00abhermano de apostolado\u00bb; el papa san Gregorio Magno (ca. 540-604) dedica el importante tratado Moralia \u00abal reverend\u00ed\u00adsimo y sant\u00ed\u00adsimo hermano Leandro, obispo\u00bb de Sevilla, y llama \u00abhermano car\u00ed\u00adsimo\u00bb tambi\u00e9n al ambicioso obispo Juan de Constantinopla, y \u00abhermano\u00bb al desde\u00f1oso obispo de Salona, con el cual sigue en contacto mediante ep\u00ed\u00adstolas criticas y s\u00f3lidas. Los papas usan a\u00fan en nuestros d\u00ed\u00adas este lenguaje tradicional cuando se dirigen a los obispos. Sus documentos, en general, muestran cierta parsimonia en t\u00e9rminos y en tem\u00e1ticas de fraternidad. En la liturgia de consagraci\u00f3n de obispos, el presidente -siempre obispo- interroga al candidato llam\u00e1ndole hermano. Tambi\u00e9n los sacerdotes son llamados \u00abhermanos querid\u00ed\u00adsimos\u00bb por el obispo en la misa crismal del jueves santo, mientras que los laicos son llamados \u00abhijos querid\u00ed\u00adsimos\u00bb. En este marco se sit\u00faa la fraternidad tambi\u00e9n entre los presb\u00ed\u00adteros; ellos est\u00e1n \u00abunidos entre s\u00ed\u00ad por \u00ed\u00adntima fraternidad sacramental\u00bb (PO 8; cf LG 28); es decir, por una comuni\u00f3n eficaz, teologal, procedente del com\u00fan carisma del sacerdocio ministerial. Esta situaci\u00f3n no agota el dinamismo de la fraternidad, bloque\u00e1ndolo en el interior de las categor\u00ed\u00adas. Obispos y sacerdotes deben presentarse como hermanos tambi\u00e9n a los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos del Se\u00f1or. El obispo san Ignacio escribe a los cristianos de Roma, de Efeso y de Filadelfia, y los llama -sin repetirlo demasiado, \u00ed\u00adndice por ello de espont\u00e1nea sinceridad-hermanos\u00bb. El obispo san Cipriano (ca. 200-258), en las p\u00e1ginas del De unitate Ecclesiae, exhorta significativamente a los obispos: \u00abNinguno de vosotros se debe permitir enga\u00f1ar a los hermanos con mentiras\u00bb. En una carta recuerda que durante la persecuci\u00f3n ha seguido guiando a sus \u00abhermanos\u00bb, esto es, a los cristianos de Cartago, de donde se hab\u00ed\u00ada alejado.<\/p>\n<p>Pablo VI recuerda a los obispos que \u00aben el momento en que se presentan como pastores, padres y maestros deben hacerse hermanos de los hombres\u00bb (Ecclesiam suam 89). El Vat. II afirma asimismo la existencia de una fraternidad entre pastores y laicos (LG 32; 37). A los pastores, adem\u00e1s, les recomienda mantener relaciones de amistad y de fraternidad tambi\u00e9n con otros hombres (PO 17), superando cualquier discriminaci\u00f3n; a los obispos les conf\u00ed\u00ada la ardua tarea de ense\u00f1ar \u00abla fraterna convivencia de todos los pueblos\u00bb (CD 12).<\/p>\n<p>El S\u00ed\u00adnodo de los Obispos de 1971 reivindica para la Iglesia la misi\u00f3n, recibida de Cristo, de predicar la fraternidad universal (doc. sobre la justicia).<\/p>\n<p>Un criterio -tal vez curioso, pero \u00fatil para la vida del esp\u00ed\u00adritu- que personaliza al hermano es la edad. El apologeta griego Aten\u00e1goras (s. n), en la S\u00faplica por los cristianos, escribe: \u00abSeg\u00fan la edad, a algunos los consideramos como hijos e hijas, a otros como hermanos y hermanas, y a los m\u00e1s ancianos les tributamos el honor de padres y madres\u00bb.<\/p>\n<p>Esta sensibilidad por los apelativos no es un puro nominalismo, es decir, palabras carentes de densidad real. Nombrarse \u00abhermano\u00bb comporta un testimonio existencial visible; decir \u00abfraternidad\u00bb implica prodigarse por objetivos y contenidos tangibles. San Agust\u00ed\u00adn, comentando 1 Jn 2,10, dec\u00ed\u00ada: \u00abQuien ama al hermano soporta todo para salvaguardar la unidad; en la unidad de la caridad est\u00e1 el amor fraterno\u00bb. Una de estas manifestaciones del amor fraterno (recuerda el S\u00ed\u00adnodo de los Obispos de 1971 en el documento sobre la justicia) es la comuni\u00f3n de bienes.<\/p>\n<p>Otro de sus efectos concretos m\u00e1s visibles y reiterados es la caridad, es decir, la expresi\u00f3n del amor fraterno, traducido en gestos eficaces y de salvaci\u00f3n. Una caridad sobre todo para con el pobre, el necesitado, el que sufre, el enfermo. La documentaci\u00f3n literaria de esta sensibilidad es sobreabundante, y m\u00e1s generosa todav\u00ed\u00ada es la dedicaci\u00f3n concreta. Dionisio, obispo de Corinto, escribe a los cristianos de Roma en torno al 170: \u00abVosotros ten\u00e9is la hermosa costumbre, de hacer el bien en diversos modos a todos los hermanos, enviando socorros a numerosas iglesias en todas las ciudades; as\u00ed\u00ad alivi\u00e1is la pobreza de los indigentes y sosten\u00e9is a los hermanos que est\u00e1n en las minas con las ayudas que les envi\u00e1is..\u00bb. Y san Cipriano, en el De eleemosynis, da una motivaci\u00f3n espiritual de la caridad: \u00abNo damos precedencia a nuestros hermanos de miseria, sino a Dios\u00bb. El pr\u00f3jimo, pues, es el hermano a quien hay que ayudar. Proclama el monje y obispo san Basilio (329-379) en la homil\u00ed\u00ada sobre el Recto uso de las riquezas: \u00abDa parte de tu trigo a los hermanos; d\u00e1selo hoy al indigente antes de que ma\u00f1ana se pudra\u00bb. Y san Juan Cris\u00f3stomo (ca. 350-407), comentando la primera carta de Pablo a los Tesalonicenses, sentencia dr\u00e1sticamente: \u00abQuien tiene la posibilidad de dar limosna y no lo hace es un asesino de sus hermanos, como Ca\u00ed\u00adn\u00bb. No existen atenuantes en el cumplimiento de la caridad. Escribe san Agust\u00ed\u00adn, comentando la primera carta de san Juan (1 Jn 3,16-17): \u00abSi no eres a\u00fan capaz de dar la vida por el hermano, empieza a ser capaz de ayudarlo con tus bienes\u00bb. En el mismo tono hab\u00ed\u00ada intervenido ya Clemente Alejandrino (ca. 150-215) en una p\u00e1gina del \u00bfHay salvaci\u00f3n para el rico?: \u00abPero si nosotros debemos la vida a nuestros hermanos y si hemos hecho un pacto semejante con el Salvador, \u00bfnos seguiremos negando a dar, querremos seguir conservando para nosotros las riquezas terrenas?\u00bb. El cristiano es hermano porque se hace activo. Cris\u00f3stomo escribe en el tratado sobre la Incomprensibilidad de Dios: \u00abUn enamorado de Cristo tiene esta caracter\u00ed\u00adstica: se ocupa de la salvaci\u00f3n de los hermanos\u00bb.<\/p>\n<p>La fraternidad no desaparece ante el necesitado de salvaci\u00f3n. Y seg\u00fan la espiritualidad cristiana, es sobre todo el pecador el que tiene necesidad de salvaci\u00f3n. El pecador sigue siendo un hermano. Tertuliano (ca. 155-desp. 220), en el De paenitentia, se\u00f1ala el uso seg\u00fan el cual el pecador arrepentido suplica a los hermanos que intercedan para que logre el perd\u00f3n; la convicci\u00f3n de la subsistencia de la fraternidad es rec\u00ed\u00adproca. San Cipriano, en el De lapsis, invita a los pecadores, a los que sigue llamando \u00abhermanos\u00bb, a confesar sus culpas. San Ces\u00e1reo de Artes (470-542 \/ 43), en el serm\u00f3n n. 65, exhorta a los pecadores, llam\u00e1ndoles \u00abhermanos car\u00ed\u00adsimos\u00bb, a no desesperar de la misericordia de Dios.<\/p>\n<p>La fraternidad, tal como es sentida por la tradici\u00f3n, va m\u00e1s all\u00e1, a la meta-historia, hasta la escatolog\u00ed\u00ada. El Vat. II habla de fraternidad escatol\u00f3gica (GS 39). No se trata de una novedad. San Paulino de Nola (355-431), en el himno natalicio n. 13, recuerda a los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo y a todos los gloriosos m\u00e1rtires como \u00abnuestros hermanos mayores\u00bb. La liturgia actual ve a todos los santos como llegados al reino eterno y a los difuntos como \u00abhermanos nuestros\u00bb, y as\u00ed\u00ad les recuerda en las celebraciones del 1 y 2 de noviembre. La primera oraci\u00f3n de la misa com\u00fan de los santos evidencia su presencia confortadora de hermanos.<\/p>\n<p>La realidad existencial presenta tambi\u00e9n a la fraternidad prevaricante. En la Iglesia esta desventura se ha sufrido y contrastado. San Clemente romano pon\u00ed\u00ada en guardia a los corintios contra el riesgo de la fraternidad cainita; igual hizo san Agust\u00ed\u00adn al comentar 1 Jn 3,10-12.<\/p>\n<p>2. LITURGIA &#8211; La liturgia es acci\u00f3n de la fraternidad eclesial. Con las indicaciones que ofrecen los textos lit\u00fargicos actuales y del pasado se podr\u00ed\u00ada confeccionar la antolog\u00ed\u00ada de la fraternidad a lo largo de la tradici\u00f3n. Una plegaria de los ss. II o uI hace decir al orante: \u00abHar\u00e9 que esta luz [de la verdad] resplandezca en caridad sobre mis hermanos, que son hijos tuyos\u00bb. Sobre todo en la oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n, si emplea el vocablo \u00abhermanos\u00bb, se ve la especial sensibilidad con que se recuerda a alguien a quien se sienta como hermano a causa de su situaci\u00f3n. En la llamada \u00abmisa clementina\u00bb (s. v) se intercede por muchos, pero s\u00f3lo son llamados hermanos los bautizados recientemente y los afligidos por enfermedades. Una an\u00e1fora sir\u00ed\u00adaca del s. iv considera como hermanos a aquellos que se hallan en apuros. La liturgia de san Sixto (s. ni) invita a recordar a \u00abtodos nuestros hermanos\u00bb. En la liturgia de san Marcos (s. Iv) se pide a Dios: \u00abGu\u00ed\u00ada a nuestros hermanos que est\u00e1n de viaje\u00bb. En una liturgia eti\u00f3pica del s. v, hermanos que encomendar al Se\u00f1or son aquellos \u00abque est\u00e1n a punto de ser juzgados por los tribunales\u00bb. Una oraci\u00f3n tit\u00e1nica latina del s.ix expresa el sentido de fraternidad rogando \u00abpara que [Dios] devuelva la salud de la mente y del cuerpo a nuestros hermanos y a todos los fieles enfermos\u00bb. A los enfermos se les recuerda frecuentemente como hermanos en la liturgia actual (misas por los enfermos en general, para el vi\u00e1tico, para la unci\u00f3n, por los moribundos); es un modo de participar de cerca en su pasi\u00f3n. En la misa para pedir la caridad se suplica \u00abamar a Dios en los hermanos\u00bb; en la misa por quien est\u00e1 triste o afligido se invoca el \u00abv\u00ed\u00adnculo de la fraternidad\u00bb; y en el bautismo se ruega saber \u00abllevar abundantes frutos de fraterno amor\u00bb y \u00abcrecer en santa fraternidad\u00bb. En la solemne plegaria universal del viernes santo el \u00fanico grupo de personas calificadas como \u00abhermanos\u00bb son todos aquellos que creen en Cristo; es un homenaje al ecumenismo. Las diversas liturgias de los difuntos est\u00e1n sembradas de frecuentes recuerdos suyos con el nombre de \u00abhermanos\u00bb o \u00abhermanas\u00bb. Y hermanos son todos los orantes, como manifiestan las numeros\u00ed\u00adsimas invitaciones a la oraci\u00f3n y las amonestaciones que comienzan precisamente con el apelativo \u00abhermanos\u00bb en las renovadas liturgias eucar\u00ed\u00adsticas, de las horas. de los sacramentos, etc.<\/p>\n<p>3. MONAQUISMO &#8211; Aqu\u00ed\u00ad monaquismo equivale a \u00abvida religiosa\u00bb o \u00abvida consagrada\u00bb. Esta forma de existencia cristiana se puede subdividir al menos en cinco tipolog\u00ed\u00adas por su cronolog\u00ed\u00ada y contenido: ascetismo dom\u00e9stico, monaquismo hist\u00f3rico, movimiento mendicante, grupos diaconales e institutos seculares. El concepto de fraternidad en tal pluralismo de formas tiene matices diferentes en cada una de las tipolog\u00ed\u00adas. Pero en la globalidad de la vida religiosa se pueden identificar algunos denominadores comunes.<\/p>\n<p>La terminolog\u00ed\u00ada constituye un lugar de encuentro en el terreno de la fraternidad. La documentaci\u00f3n m\u00e1s clara son las reglas. La primera regla del monaquismo cristiano, redactada por san Pacomio (ca. 290-346), se refiere a aquellos que viven en el cenobio por lo general con pronombres y en formas impersonales, pero no es raro el apelativo de \u00abhermanos\u00bb. Pero esta palabra no parece demasiado comprometida en el texto pacomiano si se atiende a los contextos. Son interesantes las expresiones \u00abreuni\u00f3n de los hermanos\u00bb, \u00abn\u00famero de los hermanos\u00bb, \u00abtodos los hermanos\u00bb, que reflejan una perspectiva comunitaria. Tambi\u00e9n en la regla de san Basilio (330-379) los monjes son denominados \u00abhermanos\u00bb. La estructura pedag\u00f3gica del amplio documento basiliano, compuesto a base de preguntas de los disc\u00ed\u00adpulos y de respuestas del autor -que, al ser obispo, se define en el pr\u00f3logo como uno \u00aba quien ha sido expl\u00ed\u00adcitamente confiado el ministerio de la palabra\u00bb-, le confiere una particular importancia; m\u00e1s que un instrumento normativo, la regla basiliana es una mediaci\u00f3n cultural. Los monjes son los \u00abhermanos\u00bb, son hombres \u00abque tienen el mismo prop\u00f3sito y los mismos ideales\u00bb. y la fraternidad es una comunidad de vida caracterizada por la comuni\u00f3n de bienes, por el servicio mutuo, por relaciones fraternas, por el amor duradero: nadie es excluido de este calor de sentimientos, ni siquiera el monje culpable, al que sigue llamando \u00abhermano\u00bb. An\u00e1logamente, a las mujeres reunidas en el monasterio se las llama \u00abhermanas\u00bb: esta terminolog\u00ed\u00ada la difundi\u00f3 san Ces\u00e1reo de Arles (470-542\/43) mediante la regla para el monasterio femenino fundado por \u00e9l.<\/p>\n<p>El africano san Agust\u00ed\u00adn encuadra la existencia del monasterio remiti\u00e9ndose expl\u00ed\u00adcitamente al estilo de vida de la fraternidad apost\u00f3lica primitiva de Jerusal\u00e9n (He 4,35), y, por ende, los recursos al vocablo \u00abhermanos\u00bb, si bien raros, son la obligada consecuencia tanto terminol\u00f3gica como de contenido. Son emblem\u00e1ticos los contextos, aunque simples, como simple era el discurrir de la existencia del monasterio agustiniano; ser hermanos lleva a superar en el convento la discriminaci\u00f3n mundana entre pobres y ricos; induce a la custodia rec\u00ed\u00adproca y a la correcci\u00f3n fraterna; exige la comuni\u00f3n de bienes&#8230; La mayor\u00ed\u00ada de los vocablos \u00abhermano\u00bb o \u00abhermanos\u00bb en la regla de san Benito (ca. 480-547) designa a los monjes, nombrados en vocativo por el mismo autor. El apelativo se atribuye, como don inicial. desde el principio de la vida mon\u00e1stica, porque el novicio es tambi\u00e9n \u00abhermano\u00bb. Entre los contextos significativos emergen algunos en los que la fraternidad aparece en las decisiones comunitarias; cuando el atributo de \u00abhermano\u00bb permanece aunque el monje se haga infiel y culpable; donde el amor y la obediencia rec\u00ed\u00adproca se exigen en nombre de la fraternidad.<\/p>\n<p>Un s\u00ed\u00adntoma de que la fraternidad existe, al menos a nivel horizontal (que, por lo dem\u00e1s, en el cenobio es el espacio m\u00e1s amplio), es el vocablo \u00ababad\u00bb, usual en el monaquismo para nombrar al superior m\u00e1s alto. La difusi\u00f3n de este t\u00e9rmino, de origen oriental, se debe sobre todo a los monjes benedictinos. En su regla se precisa que el abad \u00abdebe recordar siempre c\u00f3mo se le llama y que sus acciones han de ser conformes al nombre de superior; se sabe, en efecto, por la fe que \u00e9l en el monasterio hace las veces de Cristo, puesto que se llama con su mismo nombre, seg\u00fan lo que dice el Ap\u00f3stol: `Recibisteis el esp\u00ed\u00adritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: \u00c2\u00a1Abba! \u00c2\u00a1Padre!&#8217; (Rom 8,15)\u00bb. La autoridad abacial tiene una connotaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica y disciplinar; pero la figura del abad, del padre del monasterio, es igualmente s\u00f3lida en su papel de gu\u00ed\u00ada espiritual, de maestro y de l\u00ed\u00adder. Luego al asumir el superior la figura paterna, los monjes son hermanos, pues en el cenobio se remiten a un padre com\u00fan.<\/p>\n<p>La actitud de los mendicantes es diferente, tanto frente a la autoridad como frente a la fraternidad. Las dos reglas aut\u00f3nomas principales de esta tipolog\u00ed\u00ada mon\u00e1stica no abundan en t\u00e9rminos significativos para un tratado org\u00e1nico acerca de la \u00abfraternidad\u00bb. San Alberto de Jerusal\u00e9n (t 1214), en la regla que le pidieron un grupo de eremitas reunidos en el Monte Carmelo, en Palestina, denomina al superior como \u00abprior\u00bb, es decir, el primero entre los hermanos; a los monjes los llama \u00abhermanos\u00bb. Prior y hermanos juntos toman decisiones; siendo todos hermanos, nadie debe poseer cosa alguna propia. En la breve regla de san Francisco de As\u00ed\u00ads (1181\/82-1226), el t\u00e9rmino frater (generalmente en plural) se repite nada menos que cincuenta y dos veces; significa t\u00e9cnicamente \u00abfraile\u00bb (es decir, quien forma parte de la orden fundada por san Francisco) y evang\u00e9licamente \u00abhermano\u00bb. El uso generalizado del t\u00e9rmino t\u00e9cnico de frailes indica que la idea de fraternidad era ya corriente en el tiempo y, por ende, la adopci\u00f3n franciscana y luego mendicante del vocablo constituye tambi\u00e9n la aceptaci\u00f3n de ese valor y el potenciamiento del mismo. El pasaje que da la entonaci\u00f3n m\u00e1s apasionada al vocablo est\u00e1 en la p\u00e1gina sobre la pobreza, apreciable incluso desde el punto de vista literario, cuando san Francisco proclama a sus compa\u00f1eros \u00abhermanos car\u00ed\u00adsimos\u00bb, y son las dos \u00fanicas expresiones vocativas introducidas en la regla por aquel que en el C\u00e1ntico de las criaturas llamaba hermanos y hermanas a todas las cosas.<\/p>\n<p>Otras huellas de la idea de fraternidad expresada en el lenguaje mon\u00e1stico son los t\u00e9rminos que definen los lugares habitados por los religiosos; cenobio es el espacio donde se vive la vida juntos; abad\u00ed\u00ada es la casa del abad, es decir, del padre con el que est\u00e1n reunidos los monjes hermanos; convento es el lugar de reuni\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>Aparte de estos textos originales, la atenci\u00f3n a la fraternidad se intensifica en la literatura espiritual sucesiva. Comentarios a la regla, textos constitucionales, conferencias asc\u00e9ticas, hagiograf\u00ed\u00adas, reelaboraciones hist\u00f3ricas, ensayos cr\u00ed\u00adticos, miscel\u00e1nea varia, recorren el itinerario marcado por encuentros con la fraternidad. La documentaci\u00f3n contempor\u00e1nea rebosa, sobre todo, de palabras, de conceptos, de sugerencias y de propuestas, de observaciones cr\u00ed\u00adticas en el horizonte de la fraternidad. Son importantes algunas intervenciones del magisterio (LG 43; PC 6,15&#8230;; Evangelica testificatio 8, 21, 24, 25, 32, 37, 39, 40, 46), as\u00ed\u00ad como las alusiones de las liturgias mon\u00e1sticas y las constituciones renovadas.<\/p>\n<p>III. B\u00fasqueda de la fraternidad<br \/>\nLa palabra como veh\u00ed\u00adculo del pensamiento testimonia la existencia de un inter\u00e9s interior por la fraternidad. La panor\u00e1mica del p\u00e1rrafo precedente documenta algunas fases de la b\u00fasqueda en la \u00f3rbita de la espiritualidad cristiana. La cultura cristiana no es solitaria ni \u00fanica en la b\u00fasqueda. Toda cultura y toda religi\u00f3n recorren el mismo camino, aun llegando a veces a metas diferentes. La b\u00fasqueda actual de fraternidad es sincera, si bien confusa, dispersa, incompleta y no raramente aprisionada en las redes de las ideolog\u00ed\u00adas. Las exigencias actuales de fraternidad pueden hallar respuestas liberadoras.<\/p>\n<p>1. ALGUNAS EXIGENCIAS &#8211; La fenomenolog\u00ed\u00ada de las relaciones humanas es preocupante. La catalogaci\u00f3n estad\u00ed\u00adstica, incluso la m\u00e1s aproximativa, describe hoy una geograf\u00ed\u00ada de lo inhumano. Parece la actualizaci\u00f3n de las palabras de Jes\u00fas en el discurso escatol\u00f3gico (Mt 24,4-29; Mc 13,5-25; Le 21,8-28): Con la propagaci\u00f3n de la iniquidad, el amor de muchos se ha enfriado (Mt 24,12). No obstante, la actualidad no es peor que el pasado. Pero la salvaci\u00f3n no est\u00e1 en las confrontaciones consolado.. ras: quien perseverare hasta el fin se salvar\u00e1 (Mc 13,13). Levantar la cabeza y percatarse de que la liberaci\u00f3n est\u00e1 cerca (Le 21,28b); creer en el Cristo&#8217; siempre vivo (Heb 13,8). Estas amonestaciones evang\u00e9licas deben acompa\u00f1arnos en la b\u00fasqueda de la fraternidad: La fraternidad no est\u00e1 ausente y el empe\u00f1o se orienta a desembarazar los espacios donde ella puede dilatarse y morar establemente. Tales espacios exis. ten. La civilizaci\u00f3n actual corre el riesgo de relegar al hombre a los archipi\u00e9lagos de la soledad. La soledad siempre es pavorosa. Este pavor impulsa al encuentro interpersonal, que desemboca unas veces en el neoimperialismo y otras en la liberaci\u00f3n reciproca. El encuentro conduce a la comunidad. La comunidad originariamente es un valor. Comunidad es convivencia de varias personas, estar juntos alg\u00fan tiempo o definitivamente por motivos, ideales y actividades estimulados por id\u00e9nticos intereses. Comunidad -pero sobre todo fraternidad- es poner de relieve no la diferencia personal, sino las coincidencias; es valorar lo que une y minimizar lo que separa. Las aportaciones de la civilizaci\u00f3n moderna y las orientaciones de la vida contempor\u00e1nea est\u00e1n solicitando una nueva toma de conciencia en lo referente a contenidos comunitarios.<\/p>\n<p>Hoy los confines geogr\u00e1ficos y psicol\u00f3gicos se ensanchan hasta llevar a los umbrales de la conciencia de cada cual el mundo entero. Una parte de los Estados se rige democr\u00e1ticamente; la democracia tiene como meta la responsabilizaci\u00f3n global para construir y dirigir juntos la sociedad. A nivel internacional operan organizaciones unitarias; pese a la crisis institucional, la idea de actuar para unir a las naciones, para aliar a los Estados, para juntar a unos y otros (como precisaba Pablo VI en el discurso a la asamblea de la ONU el 4 de octubre de 1965) sigue siendo v\u00e1lida. La uni\u00f3n internacional tiende tambi\u00e9n a la comunidad econ\u00f3mica; la econom\u00ed\u00ada parece ser el n\u00facleo din\u00e1mico del obrar humano. Las alianzas indican una atenci\u00f3n de colaboraci\u00f3n y de entendimiento, aunque los pactos se establezcan por razones defensivas u ofensivas. En diversos sectores se ha alcanzado la participaci\u00f3n, es decir, la gesti\u00f3n com\u00fan de la realidad en que se vive. El sindicalismo obra en planos de federaci\u00f3n yde confederaci\u00f3n. Las categor\u00ed\u00adas profesionales re\u00fanen a los trabajadores en \u00f3rdenes homog\u00e9neas sostenidas por estatutos y normas deontol\u00f3gicas. El espontane\u00ed\u00adsmo, especialmente juvenil, si bien guiado por ideolog\u00ed\u00adas, produce colectivos, comunas, asociaciones, c\u00ed\u00adrculos, clubes&#8230;<\/p>\n<p>La liberaci\u00f3n de la persona humana es otro componente necesario de la fraternidad. Desde hace casi dos siglos se persigue la libertad con creciente aceleraci\u00f3n, hasta reivindicar la libertad total. Los movimientos de resistencia buscan la autonom\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica. Ideolog\u00ed\u00adas sociales hipotetizan sobre el rescate de las clases subalternas. Corrientes m\u00ed\u00adsticas proponen el desenganche de los mitos del bienestar y del consumismo. La contestaci\u00f3n radical reivindica la emancipaci\u00f3n de toda real o presunta sumisi\u00f3n, pretendiendo incluso la autonom\u00ed\u00ada verbal; la lucha por la liberaci\u00f3n de la mujer ha acu\u00f1ado su propia terminolog\u00ed\u00ada en sustituci\u00f3n de la dependiente del g\u00e9nero masculino.<\/p>\n<p>Terminolog\u00ed\u00ada y fen\u00f3menos semejantes pueden prestarse a ambig\u00fcedades, pero contienen una idea central v\u00e1lida: la b\u00fasqueda del encuentro y de la liberaci\u00f3n, indispensables para superar los l\u00ed\u00admites sociales y tender a la fraternidad. En la Iglesia, la b\u00fasqueda de la fraternidad no es un fen\u00f3meno ins\u00f3lito. Entre los medios actuales a\u00f1adidos a los tradicionales, eficaces para significar la existencia de la fraternidad y para concretar ocasiones de expansi\u00f3n de la misma, se encuentran la colegialidad, la promoci\u00f3n de los laicos y la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. ALGUNAS RESPUESTAS &#8211; En las relaciones terrenas, la fraternidad absoluta es incompleta, porque la contaminaci\u00f3n posible sale del coraz\u00f3n de los hombres (Mt 15,19-20; Mc 7,21-23), los cuales esperan la redenci\u00f3n y han sido salvados en la esperanza (Rom 8,19-25). La fraternidad estable sigue sin realizarse, porque todos son extranjeros y peregrinos sobre la tierra (Heb 11,13), donde el pecado golpea incluso al justo siete veces al d\u00ed\u00ada (Prov 24,16). No obstante, la fraternidad es indispensable para la construcci\u00f3n del reino de Dios. La incompletez y la ausencia de realizaciones no eximen de la tensi\u00f3n activa, la cual descubre en el hombre, como en un tesoro, cosas nuevas y cosas viejas (Mt 13,52).<\/p>\n<p>a) La persona. La fraternidad es un dato fundamental en el componente ontol\u00f3gico del ser humano: el hombre es hermano. Una respuesta a las exigencias de fraternidad es la misma persona humana. La fraternidad es descubrimiento de la persona en la perspectiva de la filadefia. La fraternidad sugiere inmediatamente el pensamiento de una presencia que garantiza el cese de la segregaci\u00f3n y del aislamiento; ella evoca una relaci\u00f3n de solidaridad, es decir, una compa\u00f1\u00ed\u00ada inteligente, una presencia activa, un estar en comuni\u00f3n. Base de la fraternidad es la persona. Como ser existente, la persona alberga en s\u00ed\u00ad un principio vital com\u00fan individualizado en la identidad irrepetible de cada uno. El respeto de esta individualidad y la solidaridad con tal comunidad son presupuestos de la fraternidad.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n cristiana de las esencias a\u00f1ade una interpretaci\u00f3n teologal; como ser viviente, la persona humana participa de alguna atribuci\u00f3n de la realidad de Dios. El hombre y la mujer est\u00e1n hechos a imagen y semejanza de Dios (G\u00e9n 1,26-27; 5,1-2); por ello comparten como don algunas cualidades de Dios: amor, bondad, libertad, verdad, unidad, espiritualidad&#8230; La coparticipaci\u00f3n personal de los mismos valores ontol\u00f3gicos mancomuna a todas las personas humanas. Y este origen define la realidad positiva de la persona; una realidad positiva que no fue alterada ni con el mismo pecado primordial. La Biblia sostiene esta verdad revelando la separaci\u00f3n originaria entre la suerte del maligno, maldecido por Dios (G\u00e9n 3,14-15), y la de la pareja humana, a la que Dios no maldice, ni tampoco revoca la bendici\u00f3n inicial (G\u00e9n 1,28): s\u00f3lo se anuncia la agravaci\u00f3n de algunas situaciones que ya viv\u00ed\u00ada y a las cuales se hab\u00ed\u00ada orientado, como las relaciones personales, el parto, el trabajo, la muerte (G\u00e9n 3,16-19). La redenci\u00f3n devuelve al hombre la posibilidad y la capacidad de redescubrir la imagen y la semejanza con Dios en s\u00ed\u00ad y en sus semejantes; le permite dar un paso decisivo hacia Dios, de quien se hace hijo; le consiente llamar \u00abhermano\u00bb al Salvador. Esta interpretaci\u00f3n cristiana allana el camino de la fraternidad porque rescata a la persona: ni miedo, ni recelo, ni fuga, ni manique\u00ed\u00adsmo, ni segregaci\u00f3n, ni esclavitud con relaci\u00f3n a ella; eso s\u00ed\u00ad, empe\u00f1o en el respeto, en la valoraci\u00f3n y en la promoci\u00f3n de la misma. Es una interpretaci\u00f3n que rescata tambi\u00e9n a la fraternidad, porque la libera de las potencias mal\u00e9ficas de la fraternidad cainita.<\/p>\n<p>b) Dimensi\u00f3n vertical. Una respuesta a las exigencias de fraternidad procede de arriba.<\/p>\n<p>La palabra de Dios est\u00e1 en la base de la fraternidad, porque es \u00fanica y unitaria y se sit\u00faa como elemento din\u00e1mico de convergencia, de uni\u00f3n, de b\u00fasqueda com\u00fan. Es t\u00e9rmino de confrontaci\u00f3n individual y colectiva. Como fuerza eficaz, la palabra de Dios es sacramento de unidad. Sobre todo, palabra de Dios es Cristo mismo (Jn 1,1-18), la piedra angular de toda la construcci\u00f3n de la comunidad eclesial (Ef 2,20); \u00e9l es el hermano universal. Por fin, la palabra de Dios se historiza; toda la Iglesia es responsable de la palabra. En la fraternidad la comunican los . \u00abprofetas\u00bb, los que hablan hoy en nombre de Dios: dentro de la fraternidad, cada uno puede albergar una voz que podr\u00ed\u00ada manifestarse como palabra de Dios.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n representa una de las citas comunitarias m\u00e1s vivas; la reuni\u00f3n de los orantes garantiza la presencia del Se\u00f1or (Mt 18,20). Rezar juntos significa repetir las actitudes de fraternidad que caracterizaron a los primeros disc\u00ed\u00adpulos, asiduos y un\u00e1nimes en la oraci\u00f3n com\u00fan (He 1,14; 2,42). Ella constituye un coro de alabanza y de intercesi\u00f3n, en el que confluyen diversas voces y personalidades; orienta hacia un centro de inter\u00e9s com\u00fan, Dios: propone mediante los ritos, los recuerdos, las f\u00f3rmulas, etc.. id\u00e9nticos sentimientos, de los que se revisten todos los hermanos.<\/p>\n<p>La eucarist\u00ed\u00ada es uno de los v\u00e9rtices de la oraci\u00f3n comunitaria. Ella es comuni\u00f3n, porque comporta estar juntos con el Cristo sacramental y con los hermanos; impele a salir del individualismo, a reconocer y aceptar la comuni\u00f3n fraterna, so pena de indignidad y pecado (1 Cor 11,17-34). La eucarist\u00ed\u00ada es celebraci\u00f3n del sacrificio de Jes\u00fas; urge a la solidaridad con el Cristo presente en el hermano y en la hermana que sufren (Mt 25,31-46), a luchar por la liberaci\u00f3n del dolor y por la salvaci\u00f3n de las personas. La eucarist\u00ed\u00ada es memorial, repetici\u00f3n eficaz de lo que Cristo hizo; invita a recrear las situaciones de amor y de comuni\u00f3n que caracterizaron a la cena pascual; demanda la repetici\u00f3n de cuanto Cristo efectu\u00f3 y de la manera como lo efectu\u00f3, sobre todo en su servicio y la donaci\u00f3n de su vida a los hermanos.<\/p>\n<p>e) Dimensi\u00f3n horizontal. La comuni\u00f3n fraterna enlaza con la experiencia de koinon\u00ed\u00ada de la comunidad apost\u00f3lica primitiva (He 2,42). A pesar de que esta soluci\u00f3n se limita a una experiencia eclesial entusiasta, pero irrepetible, o se asigna una cierta continuaci\u00f3n de la misma a la vida mon\u00e1stica, contribuye en nuestro tiempo al crecimiento de la fraternidad en cada situaci\u00f3n concreta. Comuni\u00f3n es estar juntos, o sea ponerla propia persona y la propia existencia junto a otras, donarlas a los hermanos; es poner en com\u00fan, es decir, comunicar, dar a los hermanos lo que se posee, los bienes materiales y la afectividad, la cultura y la colaboraci\u00f3n, el conocimiento de las propias vicisitudes y el fruto de la propia experiencia; es vivir juntos, es decir, condivisi\u00f3n, solidaridad.<\/p>\n<p>El mensaje evang\u00e9lico pone al disc\u00ed\u00adpulo del Se\u00f1or frente al hermano que ha errado en dos actitudes positivas: el perd\u00f3n y la correcci\u00f3n fraterna. La posibilidad de transmitir el perd\u00f3n a un hermano es un don dado por Cristo al sacerdocio ministerial (Mt 16,19) y al sacerdocio universal (Mt 18,18). Perdonar es readmitir en la paz de la fraternidad y garantizar la intervenci\u00f3n de Dios paralela a la acci\u00f3n absolutoria del hermano que la ejercita. El perd\u00f3n entre los hermanos de fe conduce a la eliminaci\u00f3n de un nuevo motivo de tensi\u00f3n y de alejamiento de la comunidad, un retorno al cauce del amor rec\u00ed\u00adproco, signo de la permanencia del Se\u00f1or entre sus disc\u00ed\u00adpulos (Jn 13,35). La correcci\u00f3n fraterna es oportunidad autocr\u00ed\u00adtica y de conversi\u00f3n favorecida por el amor rec\u00ed\u00adproco. Es considerada como un don, porque es un aspecto de la mutua custodia y solicitud. La fraternidad no puede prescindir de la correcci\u00f3n fraterna; no se confunde con la cr\u00ed\u00adtica, con la condena, con la imposici\u00f3n de una pena; es comprensible y posible s\u00f3lo a nivel de filadelfia, el amor desarmado y constructivo que trata de prevenir el riesgo de una culpa, que ayuda al hermano o la hermana en dificultad, que escapa a la tentaci\u00f3n de marginar, que evita el juicio moral, que colabora en la fidelidad, que perdona. Perd\u00f3n y correcci\u00f3n fraterna ponen a prueba el realismo de la fraternidad; \u00e9sta es verdadera y s\u00f3lida si ense\u00f1a a perdonar y a corregir al hermano. Perd\u00f3n y correcci\u00f3n fraterna son una verificaci\u00f3n de la capacidad de obedecer al evangelio (Mt 8,12-14; 18,15-18.23-35; Mc 11,25; Le 17,3-4; G\u00e1l 6,1-2; Ef 4,32; Col 3,12-13; Sant 5,19-20&#8230;).<\/p>\n<p>La Iglesia del Vat. II reconoce el anhelo del mundo actual por buscar una coparticipaci\u00f3n universal en los beneficios de la civilizaci\u00f3n; pero tal anhelo se encuentra ante una encrucijada: \u00abTiene abierto [el mundo moderno&#8217; el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio\u00bb (GS 9; cf 37,38). El concilio vuelve a proponer el evangelio, que tambi\u00e9n en la historia terrena ha sido fermento de libertad, de progreso y de fraternidad (AG 8). La instauraci\u00f3n de la fraternidad es una exigencia prioritaria; junto a la mayor justicia y a un orden m\u00e1s humano, la acci\u00f3n \u00abpara una mayor fraternidad\u00bb vale m\u00e1s que el progreso t\u00e9cnico (GS 35). En relaci\u00f3n con la paz, codiciada y precaria, la pr\u00e1ctica de la fraternidad humana se sit\u00faa como uno de los instrumentos absolutamente necesarios (AG 12). Los cristianos, presentes en el mundo, responden a quien busca esta paz con el di\u00e1logo fraterno ab). A los laicos les apremia espec\u00ed\u00adficamente el concilio a trabajar para que se efect\u00fae el paso desde el sentido de solidaridad entre los pueblos al sincero y aut\u00e9ntico afecto fraterno (AA 14). Tambi\u00e9n la actividad misionera favorece la concordia fraterna, porque ella es un medio para la realizaci\u00f3n del proyecto divino de \u00abque todo el g\u00e9nero humano forme un \u00fanico pueblo de Dios, se una en un \u00fanico cuerpo de Cristo y se coedifique en un \u00fanico templo del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (AG 7). En el \u00e1mbito del ecumenismo, el esfuerzo y la b\u00fasqueda de la unidad manifiestan \u00abla uni\u00f3n fraterna que existe entre todos los cristianos\u00bb (UR 5; cf Ecclesiam suam 48; 112-115; Populorum progressio 82). Esta fraternidad ecum\u00e9nica se facilitar\u00e1 si la vida de los fieles transcurre en conformidad con el evangelio y en estrecha comuni\u00f3n con la santa Trinidad (UR 7).<\/p>\n<p>d) Las obras del Esp\u00ed\u00adritu. San Pablo enumera como obras del Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u00abAmor, alegr\u00ed\u00ada, paz, paciencia, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de s\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 5,22). Ellas conducen a la liberaci\u00f3n, como las obras de la \u00abcarne\u00bb excluyen de la herencia del reino de Dios (contexto: G\u00e1l 5,18-26). Las obras de la carne da\u00f1an la fraternidad, porque ofenden a la persona del otro, es decir, a un hermano, y porque proceden de una ra\u00ed\u00adz de ego\u00ed\u00adsmo, tal vez moment\u00e1neo, pero tenaz. Las obras del Esp\u00ed\u00adritu construyen la fraternidad porque son situaciones personales que revelan la carga positiva en presencia de otros; se nos dan no para que las atesoremos en privado, sino para que nos desprendamos de ellas con amor oblativo, porque los dones del Esp\u00ed\u00adritu se conceden con vistas a la construcci\u00f3n de la comunidad. El amor, que no es sentimentalismo ni b\u00fasqueda reflexiva, constituye el m\u00e1s grande de los mandamientos en las relaciones con Dios y con el pr\u00f3jimo (Mt 22,37-40); m\u00e1s a\u00fan, para los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas es el mandamiento nuevo (Jn 13,34). La alegr\u00ed\u00ada es escuchar juntos el mensaje de amor del evangelio (Jn 15,10-11); es ser hallados por Cristo (Jn 18,22-23); es un componente del reino (Rom 14,17). La paz, herencia del Se\u00f1or (Jn 14,27; 16,33), es un don que se ha de ofrecer (Mt 10,12; Le 10,5), una tarea rec\u00ed\u00adproca (Mc 9,50b) y con todos (Rom 12,18); es vocaci\u00f3n com\u00fan (Col 3,15); es bienaventuranza de los hijos de Dios (Mt 5,9) y tambi\u00e9n un componente del reino (Rom 14,17). La paciencia consiste en la perseverancia (Rom 8,25) y en la expectativa de la venida del Se\u00f1or (Sant 5,7-11), pero es tambi\u00e9n un sentimiento comunitario de aceptaci\u00f3n realista de la convivencia (Col 3,12-13: Ef 4,1-3). La posesi\u00f3n de la benevolencia aproxima la propia acci\u00f3n comunitaria (Col 3,12-14) a la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios mismo (Rom 2,4; Tit 3,4), mientras que su falta denuncia la pertenencia al n\u00famero de los disgregadores (2 Tim 3,1-5). S\u00f3lo Dios es bueno (Mt 19,17; Mc 10,18; Le 18,19), pero la bondad mora en el coraz\u00f3n del hombre, potenciada por Dios mismo (2 Tes 1,11). Fidelidad significa lealtad, correcci\u00f3n, confianza en la relaci\u00f3n interpersonal, porque Dios es fiel (1 Cor 1,9; 1 Tes 5,24&#8230;). La mansedumbre identifica a los bienaventurados que heredar\u00e1n la tierra (Mt 5,5), testimonia frente a todos una caracter\u00ed\u00adstica de la comunidad eclesial (Tit 3,2) y la vocaci\u00f3n a la unidad (Ef 4,2 y contexto). El dominio de s\u00ed\u00ad lleva al equilibrio y a la autopedagog\u00ed\u00ada. o sea a insertarse en la fraternidad como persona madura y realizada.<\/p>\n<p>La construcci\u00f3n de la fraternidad es una obra fascinante, pero laboriosa y dif\u00ed\u00adcil; el individualismo es m\u00e1s f\u00e1cil. Fracasos, decepciones y cansancio intentan relegar la fraternidad al mundo de las utop\u00ed\u00adas, inducir a construir en peque\u00f1os espacios inmunizados, escatimar el esfuerzo. En realidad, el objetivo es importante. El cristiano, al caminar por los caminos del Esp\u00ed\u00adritu, es realista con tendencia al optimismo, incluso en lo concerniente a la fraternidad.<\/p>\n<p>L. De Candido<br \/>\nBIBL.-AA. VV., De dos en dos: apuntes sobre la fraternidad apost\u00f3lica, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1980.-Caravias, J. L, Vivir como hermanos. Reflexiones b\u00ed\u00adblicas sobre la hermandad, Mensajero, Bilbao 1972.-Castro, A, Hermano nuestro, PPC, Madrid 1962.-Evely, L, Fraternidad y Evangelio, Sigueme, Salamanca 1972.-Gil de Z\u00fa\u00f1iga y Mu\u00f1oz, A, \u00bfEs posible la fraternidad humana?, Euram\u00e9rica, Madrid 1968.-Legido, M, Fraternidad en el mundo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982.-Paoli, A, El rostro del hermano, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1979.-Ratzinger, J. La fraternidad cristiana, Taurus, Madrid 1962.-Pibes Montan\u00e9, P. Convivencia, alegr\u00ed\u00ada y paz, Balmes, Barcelona 1970.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(hermandad). 1- De todos los hombres y mujeres: Porque todos fuimos creados por: El mismo Dios, que hizo las manos de los cristianos y de los paganos, y el coraz\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados y de los musulmanes, por eso es que la segunda Ley de Dios es que todos tenemos que amarnos, Mar 12:30-33. 2- &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fraternidad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abFRATERNIDAD\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8073","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8073","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8073"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8073\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8073"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8073"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8073"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}