{"id":8165,"date":"2016-02-05T04:21:08","date_gmt":"2016-02-05T09:21:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/liturgia\/"},"modified":"2016-02-05T04:21:08","modified_gmt":"2016-02-05T09:21:08","slug":"liturgia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/liturgia\/","title":{"rendered":"LITURGIA"},"content":{"rendered":"<p>(adoraci\u00f3n p\u00fablica).<\/p>\n<p> &#8211; En el A.T. eran los ritos hechos por los sacerdotes y levitas en el Templo, especialmente los relacionados con el \u00absacrificio eterno\u00bb, Num 28:3, Exo 29:42.<\/p>\n<p> &#8211; En el N.T. son los ritos p\u00fablicos de adoraci\u00f3n oficiales de la Iglesia de Cristo, especialmente, el Sacrificio de la Eucarist\u00ed\u00ada, de la Santa Misa,  Mat 26:26-29, Mc.l4, Lc.22, 1Co 11:23-30, 1Co 10:19-21, Hec 2:42.<\/p>\n<p> &#8211; En la Liturgia hay que usar lo mejor, lo m\u00e1s caro, porque para Dios, \u00c2\u00a1lo mejor de lo mejor! Ex. caps.25 a 40, donde el Senor les pide a los Israelitas pobres en el Desierto, que usen todo de oro puro, las mejores joyas, las mejores maderas, los mejores vestidos. En Mat 26:6-13, Jes\u00fas alab\u00f3 que la Magdalena usara el ung\u00fcento m\u00e1s costoso para ungirlo.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[401]<\/p>\n<p>    La catequesis tiene dos pilares primarios que la sustentan: la referencia a la revelaci\u00f3n que Dios ha querido hacer al mundo, cuya plenitud est\u00e1 en el env\u00ed\u00ado de su Hijo primog\u00e9nito y cuyo mensaje debe ser llevado a todas las naciones; y la respuesta que los hombres deben dar a Dios como acci\u00f3n de gracias por ese don misterioso. Esto significa que, sin conocimiento y amor a la Biblia y a la Liturgia, la catequesis no es aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>    La Palabra de Dios es un \u00abobsequio benevolente\u00bb entregado a la Comunidad que Jes\u00fas dej\u00f3 en la tierra, la Iglesia, para que la haga llegar a todos los hombres. La Liturgia es la \u00abrespuesta de agradecimiento\u00bb  de toda la comunidad a esa Palabra. Est\u00e1 hecha de recuerdo (anamnesis), de acci\u00f3n de gracias (eucarist\u00ed\u00ada), de aclamaci\u00f3n e invocaci\u00f3n festiva al Esp\u00ed\u00adritu divino que late en la comunidad (epiclesis)<\/p>\n<p>    La Liturgia no se entiende sin la Sagrada Escritura. La verdadera comunicaci\u00f3n con Dios implica \u00abaceptaci\u00f3n\u00bb de su misterio revelado y \u00abrespuesta\u00bb de los hombres a Dios\u00bb. Los catequistas tienen que hacerse conscientes de que la vida lit\u00fargica y la preparaci\u00f3n de los cristianos para esa vida es elemento fundamental en la educaci\u00f3n de la fe cristiana.<\/p>\n<p>    La revelaci\u00f3n y la plegaria exigen lenguajes sagrados, diferentes, complementarios, vivos, queridos por Dios, los cuales est\u00e1n depositados en la Biblia y la Liturgia.<\/p>\n<p>    1. Liturgia y celebraci\u00f3n<br \/>\n    La Liturgia (en griego, \u00ableitourgia\u00bb, acci\u00f3n del pueblo o servicio p\u00fablico o popular), es el conjunto de acciones sagradas con que los hombres se dirigen a Dios por medio de alabanzas y peticiones, de ofrendas y sacrificios. Es la respuesta de la comunidad creyente ante la comunicaci\u00f3n o revelaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>    La acci\u00f3n lit\u00fargica reclama lenguajes celebrativos y conmemorativos, es decir lit\u00fargicos. Ellos recogen las v\u00ed\u00adas tradicionales de expresi\u00f3n religiosa y sirven de cauce para dirigirse a Dios Padre.<\/p>\n<p>    Es tambi\u00e9n el estilo gozoso que emplean entre s\u00ed\u00ad los adoradores del Se\u00f1or cuando se re\u00fanen para alentarse en el camino de la vida y para elevar juntos los ojos hacia los misterios divinos.<\/p>\n<p>    Su importancia en la catequesis es decisiva. La catequesis tiene como modelo la Liturgia: recoge sus modos de expresar y celebrar, ense\u00f1a a vivir conforme a la vida de Cristo.<\/p>\n<p>    El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica dice: \u00abLa Liturgia es la cumbre a la que tiende la acci\u00f3n de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde manan todas sus fuerzas. Por lo tanto, es el \u00e1mbito privilegiado de la catequesis del pueblo de Dios. La Catequesis est\u00e1 intr\u00ed\u00adnsecamente unida a toda la acci\u00f3n lit\u00fargica y sacramental, porque es en los sacramentos y, sobre todo, en la Eucarist\u00ed\u00ada, donde Jes\u00fas act\u00faa en plenitud para la transformaci\u00f3n de los hombres. La catequesis lit\u00fargica pretende introducir en el Misterio de Cristo, procediendo de lo visible a lo invisible, del signo a lo significado, de los sacramentos a los misterios\u00bb.<\/p>\n<p>   (N\u00c2\u00ba 1074)<\/p>\n<p> 2.  Elementos de la Liturgia<br \/>\n    El alma de la liturgia es la plegaria que nos acerca a Dios, es el recuerdo de lo que Dios ha regalado, es la celebraci\u00f3n gozosa de los misterios de Jes\u00fas: de su Encarnaci\u00f3n, Evangelizaci\u00f3n, Redenci\u00f3n y Resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Todo ello se expresa por signos que hacen al creyente desarrollar la fe y apoyarse en la esperanza.<\/p>\n<p>    2.1. Simbolizaci\u00f3n<br \/>\n    Supone la elaboraci\u00f3n y conservaci\u00f3n de s\u00ed\u00admbolo, figuras, gestos compartidos entre los creyentes. El Catequista muestra, interpreta, familiariza con esos gestos y signos y consigue que el catequizando descubra y goce la presencia divina en medio de su Pueblo.<\/p>\n<p>    El lenguaje simb\u00f3lico abre el camino para admirar, aceptar y asumir el misterio simbolizado. El lenguaje lit\u00fargico es ese lenguaje simb\u00f3lico vivificado por la fe y el amor.<\/p>\n<p>    Los signos y los s\u00ed\u00admbolos, que encierran y conservan las intenciones y los misterios han sido comunes a todas las grandes religiones de la Historia. La religi\u00f3n cristiana cuenta tambi\u00e9n con un arsenal rico, inmenso y variado de esos signos, en los que laten los mensajes, las creencias y las esperanzas humanas.<\/p>\n<p>    2.2. Celebraci\u00f3n<br \/>\n    De los s\u00ed\u00admbolos se salta a los gozos, desde los gestos se llega al encuentro con Dios. El cristiano vive su fe con gozo y celebra la salvaci\u00f3n por medio de los signos.<\/p>\n<p>    La celebraci\u00f3n supone comunidad y supone plegaria. Con la comunidad el gozo se comparte. En el mensaje de Jes\u00fas la idea de Comunidad, de grupo de elegidos, de peque\u00f1o reba\u00f1o, de \u00abiglesia\u00bb es esencial.<\/p>\n<p>    Por eso la celebraci\u00f3n reclama la dimensi\u00f3n solidaria como exigencia primordial. Pero tambi\u00e9n supone el sentido de trascendencia, es decir la proyecci\u00f3n hacia el misterio de lo espiritual.<\/p>\n<p>    No es la fiesta del presente el alma y motor de la liturgia, sino la referencia a la fiesta interminable de la eternidad.<\/p>\n<p>    2.2.1. La comunidad solidaria<br \/>\n    La celebraci\u00f3n supone comunidad, es decir poder compartir el gozo. No basta la intimidad de cada conciencia; se precisa la comunicaci\u00f3n interpersonal, la solidaridad en la congregaci\u00f3n de los otros creyentes.<\/p>\n<p>    La dimensi\u00f3n comunitaria, por voluntad del mismo Cristo, es peculiar de su mensaje. Por eso es tan importante la educaci\u00f3n con referencia a la comunidad. Sin ella no puede haber aut\u00e9ntica fe ni encuentro con Dios.<\/p>\n<p>    2.2.2. La plegaria celebrativa<br \/>\n    Por eso la Liturgia es acci\u00f3n de toda la Iglesia, aunque la hagan unos pocos. Y esa acci\u00f3n gozosa y fraterna, que eso significa celebrativa.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas mismo est\u00e1 presente en esa acci\u00f3n lit\u00fargica, como cabeza del Cuerpo M\u00ed\u00adstico formado por todos sus seguidores. Esa oraci\u00f3n y esa conciencia de comunidad exigen fe para creer en su presencia y amor para vivir de su esp\u00ed\u00adritu. Ambas realidades producen alegr\u00ed\u00ada y esperanza.<\/p>\n<p>    La liturgia es el mejor cauce para relacionarse con el Se\u00f1or. Es en ella donde el cristiano encuentra su refugio y su aliento. En la catequesis se ense\u00f1a a rezar y a celebrar en el contexto de la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>    2.3. Conmemoraci\u00f3n<br \/>\n    La celebraci\u00f3n suscita recuerdos agradables. Implica el recuerdo del hecho salvador, cuyo eco se oye al celebrar y cuya eficacia se agradece al compartir. Los gestos y los ritos buscan hacer presente en la conciencia y en la memoria la Historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En la catequesis se ense\u00f1a a vivir esa Historia con confianza, como una redenci\u00f3n personal y colectiva, no como una creencia vac\u00ed\u00ada, como algo presente y perpetuo, no como un acontecimiento antiguo.<\/p>\n<p>    2.4 La proclamaci\u00f3n<br \/>\n    Al evocarlos los dones divinos surge la proclamaci\u00f3n y la acci\u00f3n de gracias, que es la exteriorizaci\u00f3n de la fe y de la confianza en Dios.<\/p>\n<p>    Se haga en forma sencilla y silenciosa o de manera exaltativa y festiva, es la evocaci\u00f3n lo que da el ropaje vistoso y luminoso a la liturgia: luces y flores, himnos y aclamaciones, saludos y reverencias, c\u00e1nticos y m\u00fasicas sonoras.<\/p>\n<p>    La proclamaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n no es un aviso personal y pasajero, sino una aclamaci\u00f3n abierta, din\u00e1mica y transformadora, que atestigua la existencia del don divino que produce regocijo.<\/p>\n<p>      2.5. La conversi\u00f3n<br \/>\n    Por eso la Liturgia implica, en su misma esencia, la conversi\u00f3n, la mejora de vida. El hombre creyente que recuerda y celebra se transforma en seguidor de la voluntad divina.<\/p>\n<p>     Por eso la Liturgia supone cercan\u00ed\u00ada divina, amistad, gracia, pureza de vida. Y toda catequesis debe ser lit\u00fargica que es lo mismo que decir que es modo selecto de encaminar al hombre hacia el perd\u00f3n ofrecido por Dios.<\/p>\n<p>    Afecta esa salvaci\u00f3n al destinatario de la catequesis, el catequizando. Pero m\u00e1s aun compromete al mismo catequista que no se contenta con decir buenas palabras, sino que est\u00e1 comprometido a ser testigo con sus buenos ejemplos.<\/p>\n<p>    Se puede decir con el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica: \u00abLa Liturgia es la acci\u00f3n del Cristo total, misterio de amor. Quienes celebran esta acci\u00f3n, independientemente de la existencia de signos sacramentales, participan ya de la liturgia del cielo, all\u00ed\u00ad donde la celebraci\u00f3n es enteramente comuni\u00f3n y fiesta&#8230;  Es toda la comunidad, el Cuerpo de Cristo, la  que celebra. Por eso toda acci\u00f3n lit\u00fargica no es privada y particular, sino la celebraci\u00f3n de toda la Iglesia, que es sacramento de unidad.\u00bb  (Ns. 1139 y 1141)<\/p>\n<p>     3. Liturgia como plegaria<br \/>\n    Entendida la oraci\u00f3n como actitud del hombre que responde a la palabra divina, tanto de forma personal como en la solidaridad de la comunidad.<\/p>\n<p>    La Palabra divina es la acci\u00f3n de Dios que se comunica con el hombre. La Liturgia es la respuesta del hombre que se comunica con Dios. Por eso, de una u otra forma, se identifica la Liturgia con la plegaria, de manera especial con la plegaria com\u00fan, compartida, representativa, de todos los miembros de la Iglesia.<\/p>\n<p>    3.1. F\u00f3rmulas de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Como la plegaria com\u00fan exige sinton\u00ed\u00ada, ha sido siempre tradicional expresar la fe en la presencia del Se\u00f1or con f\u00f3rmulas solidarias.<\/p>\n<p>    El cristiano tiene que ser \u00abexperto en oraci\u00f3n\u00bb y dar la respuesta en su mente y de su coraz\u00f3n a Dios que est\u00e1 cerca y espera contestaci\u00f3n a su Palabra.<\/p>\n<p>    Pero tiene que ser capaz de expresar su oraci\u00f3n con los modos que aprende de la comunidad y que el mismo Cristo ense\u00f1\u00f3 cuando los disc\u00ed\u00adpulos le dijeron: \u00abEns\u00e9\u00f1anos a orar\u00bb (Mt. 6.8) y El les ense\u00f1\u00f3 la m\u00e1s lit\u00fargica de las plegarias cristianas: \u00abPadre nuestro\u00bb (Mt. 6.9-11).<\/p>\n<p>    Todo creyente debe ser orante, de forma personal y comunitaria. De manera particular lo debe ser el catequista, que act\u00faa como mensajero de la Iglesia para transmitir el mensaje.<\/p>\n<p>    En cuanto animador de los hombres el catequista debe \u00absaber orar\u00bb:<br \/>\n   &#8211; Saber pedir beneficios y protecci\u00f3n con humildad y ense\u00f1ar a hacerlo a aquellos a quienes educa.<\/p>\n<p>   &#8211; Saber suplicar perd\u00f3n con arrepentimiento ante sus fallos y ense\u00f1ar a pedir misericordia a sus catequizandos.<\/p>\n<p>   &#8211; Saber dar gracias por los dones y ser capaz de descubrir la gratuidad de los beneficios recibidos.<\/p>\n<p>   &#8211; Saber alabar a Dios y las maravillas de sus obras y ayudar a sus catequizandos a imitar sus ejemplos.<\/p>\n<p>   &#8211; Saber sobre todo adorar al Se\u00f1or con fe y amor y ayudar a todos a tributar los homenajes de respeto y veneraci\u00f3n al Padre del cielo.<\/p>\n<p>    Estos cuatro fines de la plegaria (impetratorio, propiciatorio, eucar\u00ed\u00adstico y latr\u00e9utico) es la esencia de la oraci\u00f3n lit\u00fargica. Todos los que act\u00faan inspirados por ellos est\u00e1n dentro del \u00e1mbito lit\u00fargico: los sacerdotes, los religiosos y los fieles que viven con esas actitudes.<\/p>\n<p>    3.2. La oraci\u00f3n p\u00fablica<br \/>\n    Se denomina en la Iglesia \u00abOficio\u00bb o \u00abLiturgia de las Horas\u00bb a la plegaria que, como comunidad orante, ha ido organizando desde antiguo para que todos participen de ella. Los Salmos y los himnos se han distribuido con alegr\u00ed\u00ada y regocijo colectivos a lo largo de la jornada. Y la invitaci\u00f3n a recitarlos con devoci\u00f3n se extiende a todos los cristianos.<\/p>\n<p>    Expresa la pertenencia a la Iglesia y la continuidad cotidiana en la relaci\u00f3n con Dios. Es eco de la plegaria que el mismo Jes\u00fas dirigi\u00f3 al Padre, pidiendo el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu divino sobre sus seguidores.<\/p>\n<p>     La Iglesia as\u00ed\u00ad lo entendi\u00f3 siempre y reclam\u00f3 la alabanza divina, la plegaria continua, que se llama tambi\u00e9n \u00abcan\u00f3nica\u00bb (regulada), \u00aboficial\u00bb y \u00abp\u00fablica\u00bb.<\/p>\n<p>    Son simb\u00f3licamente siente las Horas\u00bb (maitines y laudes, prima, tercia y sexta, v\u00ed\u00adsperas y completas). El Concilio Vaticano II reclam\u00f3 una arm\u00f3nica y juiciosa actualizaci\u00f3n y distribuci\u00f3n.<\/p>\n<p>     \u00abSean Laudes como oraci\u00f3n matutina y V\u00ed\u00adsperas como oraci\u00f3n verspertina&#8230;; las Completas queden para el final del d\u00ed\u00ada&#8230; Y en el coro sean Maitines como alabanza nocturna..; Tercia, sexta y nona sean oportunamente elegidas y supr\u00ed\u00admase prima&#8230;\u00bb  (Sacros. Conc. 89)<\/p>\n<p>     Esa oraci\u00f3n \u00aboficial\u00bb, es compatible con todas las plegarias ocasionales y personales que el coraz\u00f3n del creyente quiera elevar a Dios.<\/p>\n<p>    4. Liturgia como lenguaje<\/p>\n<p>     La Liturgia es como la \u00abPalabra de la Iglesia\u00bb que se eleva al cielo. Es plegaria, celebraci\u00f3n, recuerdo, reviviscencia, \u00abEucarist\u00ed\u00ada\u00bb, expresi\u00f3n de fe. Es conmemoraci\u00f3n y celebraci\u00f3n del don recibido.<\/p>\n<p>    Es ante todo, recuerdo del gran sacrificio de Cristo en el Calvario, que se renueva cotidianamente en la comunidad de sus seguidores y obtiene la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    4.1. Liturgia y Sacramentos<br \/>\n    Pero la palabra lit\u00fargica no es s\u00f3lo \u00abpredicaci\u00f3n\u00bb. Es tambi\u00e9n sacramento, es decir, sino sensible de la gracia divina. Por eso se expresa con s\u00ed\u00admbolos y actitudes sensibles y por gestos visibles.<\/p>\n<p>    El sacramento es signo sensible que comunica la gracia. La plegaria lit\u00fargica se expresa con f\u00f3rmulas, pero sobre todo con posturas, con canciones, con colores y ornamentos, con acciones sagradas.<\/p>\n<p>    Educar al creyente para que entienda y emplee ese lenguaje de signos religiosos es conveniente para la fe. El Catequista debe ver este lenguaje lit\u00fargico como respuesta al lenguaje b\u00ed\u00adblico, que tambi\u00e9n se desarrolla figuras: gestos, s\u00ed\u00admbolos, par\u00e1bolas, met\u00e1foras.<\/p>\n<p>    La educaci\u00f3n lit\u00fargica no se logra con una mera informaci\u00f3n y ex\u00e9gesis de los signos, sino con el protagonismo personal y comunitario en los mismos.<\/p>\n<p>    El educador de la fe debe acudir a ellos en todo momento de su misi\u00f3n apost\u00f3lica, no como unos recursos m\u00e1s en el abanico de los lenguajes, sino como referencia permanente de lo que debe hacer y decir.<\/p>\n<p>    Para que la catequesis sea eficaz y evangelizadora el catequista debe encontrarse con las formas que tiene la Iglesia, la comunidad de Jes\u00fas, de recordar, celebrar, proclamar y revivir los hechos y las palabras de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Por eso los lenguajes del catequista tienden a hacerse lit\u00fargicos, lo cual significa alegres, conmemorativos, orientados a que el catequizando aprenda a amar, a rezar, a creer, a esperar, a vivir, seg\u00fan los mensaje de la Palabra divina.<\/p>\n<p> 4.2. Ritos y culturas<br \/>\n    Los usos lit\u00fargicos han sido siempre vivos y expresivos. Han ido variando con los tiempos y los lugares. Precisamente por eso la Liturgia cristiana es eco y recuerdo de multitud de formas espirituales que se han dado a lo largo de los siglos. No se pueden entender muchas de las costumbres expresivas actuales sino aludiendo a las \u00abocurrencias\u00bb hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p>    Es preciso cultivar la conciencia de la unidad en la pluralidad de preferencias. Y el educador debe moverse entre el respeto escrupuloso a los rasgos esenciales del acto lit\u00fargico y la flexibilidad conveniente a cada entorno cultural, lengua, tradici\u00f3n y sensibilidad espirituales de los celebrantes.<\/p>\n<p>    Cuando se exploran las tradiciones que existen en las muchas formas lit\u00fargicas (ritos) cristianas que hoy existen en el mundo, se advierte la riqueza de la Iglesia y la firmeza de la unidad fundamentada en Cristo. Griegos, coptos, rusos, armenios, b\u00falgaros, rumanos, servios, entre otros, en el orden geogr\u00e1fico, y cat\u00f3licos latinos, uniatas, ortodoxos, anglicanos, evang\u00e9licos, reformados, en el orden confesional, son modelos y moldes de expresi\u00f3n lit\u00fargica pluriforme que hacen pensar en la diversidad existente entre los creyentes.<\/p>\n<p>    4.3. Acciones sagradas<br \/>\n    La liturgia es ante todo acci\u00f3n compartida e inspirada en la fe. Para entender y asumir la exigencia primera de la fe se requiere entrar en el juego de lo que se hace en la presencia de Dios: los ritos sacramentales y las pr\u00e1cticas piadosas.<\/p>\n<p>    4.3.1. Las acciones sacramentales<br \/>\n    Son las primeras y m\u00e1s importantes acciones lit\u00fargicas, ya que el mismo Cristo lo quiso as\u00ed\u00ad en su vida terrena.<\/p>\n<p>    Dej\u00f3 siete signos sacramentales como elemento de referencia. La Iglesia fue penetrando y aclarando con el tiempo esos signos. Y desarrollo otros complementarios para ayudar a los cristianos.<\/p>\n<p>    Lo record\u00f3 el Concilio Vaticano II al decir: \u00abLos sacramentos est\u00e1n ordenados a la santificaci\u00f3n de los hombres, a la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios. Pero en cuanto signos, tambi\u00e9n tienen un fin pedag\u00f3gico. No s\u00f3lo suponen fe, sino que tambi\u00e9n la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y de cosas&#8230;<\/p>\n<p>    Es de suma importancia que los fieles comprendan f\u00e1cilmente los signos sacramentales.\u00bb  (Sacr. conc. 59)<\/p>\n<p>    Por eso ellos son la primera fuente de la expresi\u00f3n y de la formaci\u00f3n lit\u00fargica. Con ellos se celebra la presencia de Dios y se solicita su gracia:<br \/>\n   &#8211; En los de iniciaci\u00f3n, Bautismo y Confirmaci\u00f3n se ruega el comienzo de la fe.<\/p>\n<p>   &#8211; En los de santificaci\u00f3n, Penitencia y Eucarist\u00ed\u00ada, se alimenta esa fe con el amor y el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; En los de fecundidad cristiana, la Ordenaci\u00f3n sacerdotal y el Matrimonio, se abre a los dem\u00e1s la vida propia.<\/p>\n<p>   &#8211; Incluso en la Unci\u00f3n de los Enfermos se prepara al hombre para el salto a la eternidad dichosa.<\/p>\n<p>    Con todos es la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica la que m\u00e1s cari\u00f1o despierta en el creyente, pues ofrece la singularidad de la presencia misteriosa y real del mismo Cristo en medio de los fieles. Es la que debe centrar de manera singular la atenci\u00f3n del educador de la fe.<\/p>\n<p>    Por eso el catequista habla con entusiasmo de la presencia de Cristo y del Sacrificio de la Cruz renovado en los altares. Prepara con ilusi\u00f3n a lo ni\u00f1os a su primera comuni\u00f3n. Les forma eucar\u00ed\u00adsticamente, que es mucho m\u00e1s que iniciarles en la vida sacramental.<\/p>\n<p>    4.3.2. Acciones piadosas<br \/>\n    Los dem\u00e1s ritos sacramentales, que han calado siempre en la piedad popular, merecen tambi\u00e9n su atenci\u00f3n: bendiciones, plegarias, consagraciones, tradiciones, procesiones, rogativas, recuerdos, ritos, ofrendas, votos, limosnas, fiestas, etc.<\/p>\n<p>    Saber ponerlos en su sitio, despu\u00e9s de los sacramentos, y acogerlos con inter\u00e9s y benevolencia, sin supersticiones ni ritualismos, es la condici\u00f3n para convertirlos en ayudas eficaces para la fe y la caridad. El catequista debe respetarlos y ense\u00f1ar a sus catequizandos a admirarlos y a participar en ellos en cuanto es conveniente y necesario.<\/p>\n<p>    Recuerda con inter\u00e9s las consignas eclesiales respecto a las acciones de piedad y devociones, que con tanta frecuencia se extienden entre los cristianos sencillos.<\/p>\n<p>    4.3.3. Usos y compromisos<br \/>\n    Si sabe usar los lenguajes b\u00ed\u00adblicos y lit\u00fargicos el catequista tiene garantizado el logro de sus objetivos. Pero debe tener en cuenta que ambos se hallan estrechamente interrelacionados. Debe convertirlos tambi\u00e9n en cauces y recursos de educaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>    Con el lenguaje lit\u00fargico se ense\u00f1a al catequizando a orar y a celebrar. Lo hace de manera personal con frecuencia, y tambi\u00e9n comunitaria.<\/p>\n<p>    Este lenguaje eleva la persona por encima de los sentimientos pasajeros de la vida e introduce en los misterios profundos que conserva, recuerda y transmite la Iglesia. Facilita la vinculaci\u00f3n con los dem\u00e1s creyentes.<\/p>\n<p>    5. Las personas lit\u00fargicas<br \/>\n    La liturgia no se basa en una teor\u00ed\u00ada o una abstracci\u00f3n, sino un instrumentos de vinculaci\u00f3n personal, con sus luces y sus limitaciones.<\/p>\n<p>    La figura de Jes\u00fas hombre, pero Verbo divino encerrado en la carne, es la primera de las referencias lit\u00fargicas.<\/p>\n<p>    Por eso la Iglesia recuerda y celebra los hechos y los dichos de Se\u00f1or desde sus primeros d\u00ed\u00adas terrenos y con convierte en fiestas y recuerdos los hechos de Jes\u00fas, de su Madre y de los mejores siervos de Dios fieles al mensaje evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>  5.1. Las personas vivas Las personas especialmente dedicadas a cumplir con una misi\u00f3n de gobierno y magisterio, jur\u00ed\u00addico o moral, en la Iglesia. Se convierten en figuras indirectamente lit\u00fargicas, es decir animadoras de la plegaria eclesial y de celebraciones y recuerdos santos.<\/p>\n<p> &#8211; Las jerarqu\u00ed\u00adas son personas que ejercen el gobierno eclesial: Papa, obispos, cardenales, p\u00e1rrocos&#8230;<\/p>\n<p> &#8211; Los sacerdotes o personas que han recibido el sacramento del Orden para el servicio religioso de la comunidad.<\/p>\n<p> &#8211; Los consagrados por v\u00ed\u00adnculos religiosos, m\u00e1s o menos solemnes y m\u00e1s o menos p\u00fablicos, que son tambi\u00e9n reflejo y testimonio de esperanza y de caridad.<\/p>\n<p> &#8211; Y en cierto sentido entran en el contexto de la acci\u00f3n lit\u00fargica los padres cristianos, los misioneros, los evangelizadores, predicadores, catequistas, que representan la vanguardia del servicio apost\u00f3lico.<\/p>\n<p> &#8211; Se puede recordar desde alguna perspectiva a los enfermos, a los necesitados, a todos los que sirven de signo de presencia divina, que son \u00ablit\u00fargicos\u00bb por su dignidad bautismal.<\/p>\n<p>    5.2. Las personas celestes<br \/>\n    Especial recuerdo y referencia lit\u00fargica tienen los fieles que, habiendo llevado una vida cristiana mod\u00e9lica, la Iglesia propone ante la veneraci\u00f3n e imitaci\u00f3n de los cristianos.<\/p>\n<p>    No todos son santos o bienaventurados \u00abcanonizados\u00bb, o se\u00f1alados en una lista o canon por la autoridad de la Iglesia para modelos de los cristianos.<\/p>\n<p>    Pero son cauce y est\u00ed\u00admulo para el culto y recuerdo piadoso para los fieles, al lograr que quienes conocen sus virtudes sientan deseos de imitarlos.<\/p>\n<p>    5.2.1. La Madre de Jes\u00fas<br \/>\n    Especial referencia y devoci\u00f3n inspir\u00f3 siempre en la Iglesia la Virgen Mar\u00ed\u00ada, santa e inmaculada Madre de Dios. La liturgia mariana resulta especialmente querida, no como simple devoci\u00f3n a una singular modelo de vida cristiana, sino por la especial misi\u00f3n eclesial que ella asumi\u00f3 en su vida mortal y en la Historia de la Iglesia.<\/p>\n<p>    El valor lit\u00fargico de la Virgen Mar\u00ed\u00ada ha poblado el calendario cristiano de fiestas y devociones, de santuarios y plegarias. \u00abElla es saludada como miembro eminente y del todo singular por la Iglesia, que la mira como su prototipo y modelo destacad\u00ed\u00adsimo en la fe y caridad. Por ello la Iglesia Cat\u00f3lica, inspirada por Esp\u00ed\u00adritu Santo, la honra con filial afecto de piedad como Madre de Dios.\u00bb (Lumen Gentium 53)<\/p>\n<p>    5.2.2. Los santos del cielo<br \/>\n    Adem\u00e1s de la Madre del Se\u00f1or, la Iglesia venera con afecto las figuras de San Jos\u00e9, de Juan el Bautista, de los Ap\u00f3stoles, de los Santos Padres primitivos, de los m\u00e1rtires de todos los tiempos que dieron ejemplo de su fe.<\/p>\n<p>    Venera a los Doctores que la ilustraron con su sabidur\u00ed\u00ada; a los Fundadores que originaron sociedades o instituciones eclesiales fecundas y serviciales; y se encomienda a aquellos santos especialmente declarados por ella como singulares protectores y \u00abPatronos\u00bb de sus familias religiosas, di\u00f3cesis, naciones, institutos, regiones, oficios o especiales misiones apost\u00f3licas.<\/p>\n<p>    Para todos ellos tiene cultos y plegarias y en todos ellos contempla modelos celestiales inspiradores de fe y valor para quienes siguen peregrinando en la vida presente.<\/p>\n<p>    Los difuntos que \u00abesperan\u00bb en el purgatorio su llegada al cielo han sido con frecuencia objeto de sufragios y tambi\u00e9n de plegarias, pues su destino seguro es el para\u00ed\u00adso, en virtud de sus m\u00e9ritos y virtudes mientras vivieron en la tierra.<\/p>\n<p>    5.2.3. Las im\u00e1genes<br \/>\n    Los cristianos miraron siempre con simpat\u00ed\u00ada las figuras, iconos e im\u00e1genes de los santos celestes, que hacen posible recordar de forma sensible y familiar a los que ya gozan de la patria celeste. Cultiv\u00f3 y respet\u00f3 todas las expresiones art\u00ed\u00adsticas en este terreno.<\/p>\n<p>    Por eso las esculturas, pinturas, mosaicos, vidrieras, bordados, grabados y decoraciones con figuras de este tipo fueron siempre venerados como soportes del culto cristiano.<\/p>\n<p>    Lejos de cualquier superstici\u00f3n o fetichismo, pero rechazando los prejuicios rigoristas de quienes combatieron su existencia (los iconoclastas), y m\u00e1s all\u00e1 de los simples goces est\u00e9ticos que promocionaron los artistas, las im\u00e1genes se difundieron y veneraron como ocasi\u00f3n de plegaria y de conversi\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>    5.2.4. Las reliquias<br \/>\n    Tambi\u00e9n las reliquias o restos de los hombres venerados como santos merecieron culto singular. El cuerpo de los m\u00e1rtires, que dieron su vida por la fe que profesaron, mereci\u00f3 un culto singular y fue conservado con devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Templos vivos de Dios en la tierra, fueron recuerdo y est\u00ed\u00admulo de piedad y de multitud de muestras de veneraci\u00f3n entre quisieron seguir sus pasos en el mundo.<\/p>\n<p>    6. Objetos y lugares<br \/>\n    El culto cristiano no es mero recuerdo o plegaria individual. Es sobre todo acci\u00f3n sagrada y comunitaria en la que entra en juego el cuerpo y el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>    En todas partes se puede y debe venerar a Dios y elevar al cielo alabanzas y peticiones, seg\u00fan Jes\u00fas dijo a la samaritana (Jn. 4. 22). Pero en la Iglesia merecieron singular respeto los lugares, los tiempos y los objetos asumidos como sagrados por los cristianos.<\/p>\n<p>    6.1. Templos y lugares santos<br \/>\n    Los lugares santos merecen especial atenci\u00f3n: santuarios e iglesias, especialmente las catedrales, sepulcros de los m\u00e1rtires y lugares de vida de los santos. Desde los primeros tiempos se multiplicaron entre los cristianos casas de oraci\u00f3n, capillas, bas\u00ed\u00adlicas, oratorios, monasterios y conventos, cementerios, desiertos y lugares solitarios. En ellos se rezaba de manera especial y sobre todo en forma comunitaria.<\/p>\n<p>    Incluso los centros de caridad cristiana: hospitales, asilos, hospicios, casas de acogida, tuvieron gran valor como lugares de encuentro con Dios.<\/p>\n<p>    Merecieron especial veneraci\u00f3n y animaci\u00f3n para el culto los \u00absantos lugares\u00bb en donde el mismo Jes\u00fas pas\u00f3 su vida terrena (Jerusal\u00e9n, Bel\u00e9n, Nazaret) o en donde sus Ap\u00f3stoles ejercieron su tarea misionera (Roma, Efeso, Santiago de Compostela).<\/p>\n<p>    A veces los fieles sintieron singular amor a los sitios en que los m\u00e1rtires sufrieron y derramaron su sangre por la fe: coliseos, circos, pat\u00ed\u00adbulos, c\u00e1rceles.<\/p>\n<p>    6.2. Los objetos del culto<br \/>\n    En esos lugares se miraron, y se miran todav\u00ed\u00ada, con especial respeto los objetos o instrumentos que serv\u00ed\u00adan para las ceremonias y las acciones santas.<\/p>\n<p>    Pilas bautismales, p\u00falpitos y ambones, c\u00e1tedras y sitiales, cirios bendecidos, ornamentos y vestidos, h\u00e1bitos religiosos, b\u00e1culos y mitras, cruces procesionales, sepulcros y retablos, fueron siempre contempladas con respeto y centraron la inspiraci\u00f3n de mil artistas que recogieron con sus impresiones est\u00e9ticas la piedad de los creyentes.<\/p>\n<p>    De forma singular los objetos eucar\u00ed\u00adsticos fueron centro de atenciones minuciosas: c\u00e1lices y patenas, expositorios y sagrarios, corporales y purificadores, misales y rituales.<\/p>\n<p>    Entre todos esos elementos, resalt\u00f3 siempre el altar, o ara del sacrificio, y sus entornos: retablos, frontales, figuras, candelabros y luminarias, enseres diversos relacionados con el sacrificio.<\/p>\n<p>    Sobre todo fue el \u00abara\u00bb, o mesa sacrificial con las reliquias de los m\u00e1rtires, la que mereci\u00f3 mayor atenci\u00f3n, por significar y representar la misma presencia de Cristo en medio de la asamblea.<\/p>\n<p>    6.3. Cementerio<br \/>\n    El lugar y la tierra bendita que acoge los restos mortales de fieles, el dormitorio o cementerio, fue lugar de plegaria y de recuerdo bautizado por la piedad cristiana con la denominaci\u00f3n de \u00abcampo santo\u00bb y con el sentido de esperanza.<\/p>\n<p>    Al enterrar a los difuntos se bendice la tierra y se la llena de incienso acompa\u00f1a a las l\u00e1grimas de despedida de quienes vivieron con los all\u00ed\u00ad depositados. All\u00ed\u00ad se albergar\u00e1 durante un tiempo los restos materiales que un d\u00ed\u00ada resucitar\u00e1n para reunirse con el alma y saltar con nueva vida a la patria esperada del cielo.<\/p>\n<p>    7. Los recuerdos<br \/>\n    La liturgia es anamnesis o recordaci\u00f3n vivificadora de los hechos relacionados con la salvaci\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>    El primer objeto de recuerdo es la presencia de Jes\u00fas en medio de sus elegidos, presencia viva y transformadora de sus seguidores. Pero unidos a \u00e9l se hallan todas las ense\u00f1anzas y mensajes recibidos de los que viven en Dios y se\u00f1alan a los hombres viadores el camino y el designo salvador.<\/p>\n<p>    Sin recuerdos del pasado no puede haber celebraci\u00f3n. Pero la liturgia del recuerdo se une con la  expresi\u00f3n de la fe en el presente.<\/p>\n<p>   7.1. Los tiempos celebrativos<br \/>\n    As\u00ed\u00ad surge el sentido del calendario y de la sucesi\u00f3n de conmemoraciones que es decisiva en la marcha del Pueblo cristiano. El proceso sucesivo de los recuerdos se organiz\u00f3 desde el principio en la figura gloriosa del resucitado y luego se a\u00f1adieron las otras referencias esenciales de la vida del Salvador: nacimiento, vida, pasi\u00f3n y triunfo final.<\/p>\n<p>    7.1.1. El Domingo<br \/>\n    Por eso tuvo singular y perpetua significaci\u00f3n el primer d\u00ed\u00ada de la semana\u00bb al que se denomin\u00f3 \u00abD\u00ed\u00ada del Se\u00f1or\u00bb o Dominicus. Fue el d\u00ed\u00ada en el que resucit\u00f3 Jes\u00fas, el que invita de manera especial a la plegaria y a la caridad.<\/p>\n<p>    Por eso, desde la reviviscencia de la fe, no todos los d\u00ed\u00adas son iguales ni todos los tiempos equivalentes. Desde hace dos mil a\u00f1os los cristianos aprovechan ese comienzo de la semana para promover su conciencia de que ha llegado el comienzo de la salvaci\u00f3n: para orar y hacer obras de caridad, para convivir y descansar, para alabar a Dios que quiso encarnarse y salvar a los hombres.<\/p>\n<p>    La celebraci\u00f3n de la \u00abmisa dominical y festiva\u00bb, adem\u00e1s de sus aspectos morales de precepto de la Iglesia, posee una dimensi\u00f3n comunitaria original. Formar a los catequizando en el \u00absentido de domingo\u00bb, en la \u00abvalor de la fiesta\u00bb, es algo que se debe valorar con la importancia que objetivamente se merece.<\/p>\n<p>   No se trata del alentar el \u00abcumplimiento dominical\u00bb para entrar en la casilla de los \u00abpracticantes\u00bb, sino de despertar el sentido celebrativo de la fe en la Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. Los buenos catequistas saben que, sin ese sentido, no se puede ser de verdad cristiano.<\/p>\n<p>    7.1.2. Los ciclos lit\u00fargicos<br \/>\n    No menos inter\u00e9s puso la Iglesia en los tiempos ordenados en los dos grandes ejes del misterio cristiano: la Pascua y la Navidad, la Resurrecci\u00f3n y la Encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El paso de los siglos fue enriqueciendo los n\u00facleos originales con abanicos de recuerdos y de celebraciones. La Pascua o Resurrecci\u00f3n se adorno de un tiempo celebrativo posterior: la esperanza de Pentecost\u00e9s, y de un proceso preparatorio anterior: la Semana Santa y la cuaresma, con todo su abanico de ecos dolorosos y gloriosos.<\/p>\n<p>    La Navidad se organiz\u00f3 de un tiempo de manifestaci\u00f3n o Epifan\u00ed\u00ada y otro de preparaci\u00f3n o Adviento,<br \/>\n    Las dem\u00e1s fiestas del Se\u00f1or: Bautismo y transfiguraci\u00f3n, o de Mar\u00ed\u00ada Sant\u00ed\u00adsima y de los Santos y Ap\u00f3stoles, fueron configurando el a\u00f1o lit\u00fargico lleno de resonancias y de anhelos celebrativos.<\/p>\n<p>    7.2. Las efem\u00e9rides<br \/>\n    Hay otros recuerdos especiales que la Iglesia celebra con alegr\u00ed\u00ada y con esperanza. A esos recuerdos y a las plegarias que eleva, les atribuye tambi\u00e9n cierto car\u00e1cter lit\u00fargico y dependiente de las Iglesias particulares.<\/p>\n<p>    Pero en la Iglesia universal se celebra con alegr\u00ed\u00ada hechos trascendentes para la Iglesia universal: victorias cristianas que llegaron a convertirse en fiestas, como la de Lepanto y su relaci\u00f3n con Ntra. Sra. del Rosario, el 7 de Octubre; o tambi\u00e9n celebraciones de a\u00f1os santos o jubilares con reclamos a la conversi\u00f3n, al perd\u00f3n y a la renovaci\u00f3n; y tambi\u00e9n los sentimientos conmemorativos de hechos trascendentes, como el V Centenario de la cristianizaci\u00f3n de Am\u00e9rica. Otras son m\u00e1s coyunturales como el cumplea\u00f1os del Papa o el recuerdo de su elecci\u00f3n como Pont\u00ed\u00adfice. Son recuerdos que ayudan a la mejora de vida, a las plegarias fervorosas y a la renovaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>    8. Catequesis y Liturgia<br \/>\n    La impresi\u00f3n que provocan todos los elementos aludidos: tiempos, objetos, lugares y personas, es que la Liturgia es un terreno amplio y sugestivo que reclama una preparaci\u00f3n informativa y afectiva para que sea fuente de vida espiritual personal y colectiva.<\/p>\n<p>    La formaci\u00f3n lit\u00fargica (como la moral y la dogm\u00e1tica) es imprescindible para el cristiano y llave exigida para entender otros muchos hechos humanos: arte, m\u00fasica, literatura, etc.<\/p>\n<p>    8.1. La Catequesis es liturgia<br \/>\n    Pero tambi\u00e9n es conveniente recordar al catequista que su misma tarea educadora es lit\u00fargica, por que conmemora, celebra y transforma la vida y el pensamiento del catequizando.<\/p>\n<p>    Por eso sus lenguajes, por pedag\u00f3gicos, art\u00ed\u00adsticos, tecnol\u00f3gicos que resulten en  la forma, tienen dimensi\u00f3n sagrada y transformadora. Son lit\u00fargicos en la medida en que anuncian y preparan una respuesta adecuada a la Historia de la salvaci\u00f3n en la que se apoya la educaci\u00f3n cristiana<\/p>\n<p>   La catequesis es tambi\u00e9n anamnesis y epiclesis como la acci\u00f3n lit\u00fargica. Anuncia recuerdos y sugiere aclamaciones. No se reduce a ense\u00f1ar o instruir sobre cualquier cuesti\u00f3n de cultura humana, sino que hace referencia al misterio divino<\/p>\n<p>   En el fondo de un dibujo o de un montaje audiovisual, de una canci\u00f3n o de una dramatizaci\u00f3n, se halla siempre un recuerdo religioso m\u00e1s o menos influyente. Pero en el alma de una celebraci\u00f3n late siempre la presencia de Dios.<\/p>\n<p>   8.2. Catequesis sobre Liturgia<\/p>\n<p>   Por eso tambi\u00e9n el educador de la fe debe dar importancia a la suficiente y correcta educaci\u00f3n lit\u00fargica de los catequizandos. Con la Liturgia los catequizandos se hacen m\u00e1s conscientes de su fe. Dios se pasea amoroso y providente por el mundo y se hace presente en el acto de culto y de piedad<\/p>\n<p>   El misterio de la encarnaci\u00f3n se actualiza en la Navidad. El misterio de la redenci\u00f3n se vive por cada persona. El nacimiento de la Iglesia se hace presente en cada recuerdo celebrado en comunidad. La catequesis no es una actividad docente cualquiera. Su dimensi\u00f3n lit\u00fargica hace presente al Esp\u00ed\u00adritu divino<\/p>\n<p>   Para el catequista esto significa una responsabilidad, de la cual muchas veces no se da casi cuenta. Pero, cuando lo piensa despacio, se siente admirado de su dignidad eclesial, temeroso de su misi\u00f3n prof\u00e9tica, comprometido al ser comunicador eficaz de misterios eternos, humilde para pedir la ayuda del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>   8.3. Lenguaje de signos<\/p>\n<p>   El catequista tiene que aprender a hablar el lenguaje de los signos sagrados. La importancia que tienen los lenguajes simb\u00f3licos en la tarea educadora y el especial afecto con que debe educar a los ni\u00f1os y j\u00f3venes en gestos, signos, im\u00e1genes y se\u00f1ales es evidente<br \/>\n   A trav\u00e9s de las acciones humanas, los catequizandos se sienten impulsados a relacionarse con Dios mediante intermediaciones. Es la puerta de entrada a la vida sacramental, tanto a los hechos b\u00e1sicos de los siete sacramentos cristianos como a los innumerables signos que se vinculan a la expresi\u00f3n de la fe<\/p>\n<p>   Siempre es posible mejorar la labor que se realiza en este campo. Pero el catequista est\u00e1 obligado a ser claro y selecto en el uso de signos religiosos<\/p>\n<p>   Necesita cultivar la \u00abactitud celebrativa y conmemorativa\u00bb, no el mero ritualismo. La Liturgia no es rito, pero precisa de \u00e9l. No es gesto, pero se apoya en \u00e9l. No es ceremonia, pero debe aceptarla.<\/p>\n<p>   8.4. Niveles lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>   Muchas son las expresiones, los signos, las f\u00f3rmulas, las acciones, que la Liturgia cristiana ofrece. Y muchos son los lenguajes lit\u00fargicos que frecuentemente tiene que saber entender y emplear el catequista. Pero muchas veces se puede preguntar sobre lo que en ellos hay de vida o de rutina, de ropaje cultural o de encuentro con Dios<\/p>\n<p>   &#8211; Se puede limitar el catequista a informar sobre el abanico de gestos y s\u00ed\u00admbolos en los que se apoya la acci\u00f3n lit\u00fargica. O incluso se puede reducir a invitar a participar en ellos sin otra significaci\u00f3n que la actuaci\u00f3n participativa<\/p>\n<p>   &#8211; Se puede dar un paso m\u00e1s y llegar a dominar culturalmente las significaciones y las causalidades de esos signos. Incluso se pueden suscitar sentimientos y actitudes de acogida por simple simpat\u00ed\u00ada u afecto a la tradici\u00f3n.<br \/>\n  &#8211; Pero tambi\u00e9n se puede llegar a preparar la conciencia y la inteligencia de tal manera que, iluminadas por la gracia divina, lleguen a encontrarse con el misterio de Cristo, expresado en los ritos y en las r\u00fabricas, que servir\u00e1n de intermediaciones humanas para acceder a la posesi\u00f3n de la adhesi\u00f3n divina a ese misterio sagrado<\/p>\n<p>   Es importante educar al cristiano para que siga ese camino y llegue a la adultez en la fe. Para ellos deber\u00e1 alejarse por igual del secularismo exagerado, que menosprecia lo simb\u00f3lico y conduce al laicismo agresivo, y de la credulidad ingenua, que lleva a las supersticiones, que tanto acechan a los que carecen de formaci\u00f3n aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>8.5. Terrenos especiales<\/p>\n<p>   Una llamada de atenci\u00f3n se debe hacer al catequista sobre ciertos terrenos o aspectos lit\u00fargicos que le abren la puerta para entender lo que representan.<\/p>\n<p>    8.5.1. La m\u00fasica y el canto<\/p>\n<p>    Son lenguajes humanos, pero se hacen religiosos cuando su contenido (melod\u00ed\u00ada, palabras, intenci\u00f3n) se orientan hacia esa dimensi\u00f3n. Tanto las formas m\u00e1s eclesiales (como el canto gregoriano) como las m\u00e1s populares, son lenguaje lenguajes religiosos de la comunidad creyente y resultan imprescindibles para la expresi\u00f3n de la fe y de la piedad<\/p>\n<p>   Siendo la m\u00fasica un lenguaje de cierto valor expresivo en la infancia y juventud, tambi\u00e9n los catequistas tienen que aspirar a buena formaci\u00f3n en este sentido, sin necesidad de llegar a niveles de especializaci\u00f3n<\/p>\n<p>   Suponiendo que ellos mismos han conseguido esa formaci\u00f3n, deben hacer lo posible para que sus catequizandos diferencien una \u00abcancioncilla piadosa\u00bb de una canci\u00f3n realmente eclesial, b\u00ed\u00adblica y perpetua, como puede ser un Salmo b\u00ed\u00adblico o un Himno hist\u00f3rico. El empleo que la Iglesia hace de los Salmos, como plegaria permanente en liturgia, le pueden dar la pista de cu\u00e1les son los mejores modos y contenidos en su cantar.<\/p>\n<p>   8.5.2. Arte y liturgia<\/p>\n<p>   La vinculaci\u00f3n que siempre ha tenido la Liturgia y las expresiones art\u00ed\u00adsticas debe mover tambi\u00e9n al catequista a concienciarse de que precisa clara percepci\u00f3n de lo que late debajo de tantos monumentos y productos art\u00ed\u00adsticos<\/p>\n<p>   Sin entender algo del valor expresivo del arte religioso dif\u00ed\u00adcilmente adquirir\u00e1 sensibilidad lit\u00fargica adecuada. Y al mismo tiempo, ser\u00e1 su formaci\u00f3n lit\u00fargica la que le capacitar\u00e1 para entender el porqu\u00e9 de tantas riquezas art\u00ed\u00adstica han adornado los lugares y los tiempos en los que se expresaba la uni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>   8.5.3. Psicolog\u00ed\u00ada y liturgia<\/p>\n<p>  Tambi\u00e9n debe tomar postura definida, aunque flexible, en los diversos aspectos psicol\u00f3gicos de la Liturgia. La Penitencia y la Eucarist\u00ed\u00ada, el Matrimonio y el Bautismo no se pueden presentar y vivir de igual manera en las edades adultas y en la infancia elemental<\/p>\n<p>   La frecuente discrepancia que existe entre los catequistas sobre si resulta mejor promover acciones lit\u00fargicas adaptadas a p\u00fablicos infantiles o juveniles o si conviene fomentar la participaci\u00f3n de \u00ablos menores\u00bb en los actos de \u00ablos mayores\u00bb puede ser un ejemplo de terrenos en los que hay que tomar opci\u00f3n despu\u00e9s de maduro discernimiento<\/p>\n<p>   El catequista debe tener en este sentido un criterio acomodado a las circunstancias y, como buen educador, sospechar que no siempre lo mejor es lo conveniente, ni que las consignas inflexibles atienden siempre bien a las personas.<\/p>\n<p>   9. Formaci\u00f3n lit\u00fargica<\/p>\n<p>   Siendo tan importante la Liturgia, como lo es el Dogma y los es la Moral, la formaci\u00f3n del catequista en este terreno es la puerta para llegar a la educaci\u00f3n adenvicci\u00f3n o pueden resultar influencias del entorno<\/p>\n<p>   &#8211; No es posible, si el mismo catequista no se persuade de su importancia y no cultiva criterios s\u00f3lidos de fe para dar respuesta a los interrogantes frecuentes que le plantean sus catequizandos.<\/p>\n<p> &#8211; Se debe basar no tanto en aprendizajes nocionales y terminol\u00f3gicos amplios, sino en experiencias vivas y eclesiales: en la plegaria comunitaria serena, en las actitudes evang\u00e9licas alejadas del ritualismo y del agnosticismo. La vida lit\u00fargica supone la oraci\u00f3n, la piedad serena, actitudes abiertas y flexibles, amor a la Iglesia y a la Tradici\u00f3n.<br \/>\n  &#8211;  Adem\u00e1s, es importante habituarse a los lenguajes simb\u00f3licos, que se apoyan en hechos o gestos externos como cauce y expresi\u00f3n de los internos y espirituales. Ellos son el ropaje de las acciones lit\u00fargicas. Han nacido en culturas o \u00e9pocas diferentes a las nuestras y necesitan explicaci\u00f3n, pues siguen sirviendo como cauce para la expresi\u00f3n de la fe<\/p>\n<p>   Por eso la educaci\u00f3n simb\u00f3lica y gestual supone sencillez para admitir lo que otros quieren expresar, valoraci\u00f3n de las f\u00f3rmulas en funci\u00f3n de las intenciones y no de la materialidad de las palabras, sentido de solidaridad para compartir con los dem\u00e1s gestos, pr\u00e1cticas y tradiciones<\/p>\n<p>   Esta formaci\u00f3n de los simbolismos religiosos, como pasa con los sociales, comienza en edad prematura y corresponde desarrollarla a todo el contexto educativo de los catequizandos: familia, escuela, parroquia, entorno. Al catequista le compete ahondar, clarificar, discernir, testimoniar y compartir, para luego poder educar a su vez a sus catequizandos.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl t\u00e9rmino \u00abliturgia\u00bb procede del griego leitourgia  \u2014de ergon  (labor) y leitos  (p\u00fablica)\u2014, con que se designaba un servicio p\u00fablico, especialmente el realizado por ciudadanos particulares a sus propias expensas. Adem\u00e1s de su significado religioso, en la Grecia antigua ten\u00ed\u00ada tambi\u00e9n el significado secular de obras p\u00fablicas. En el Nuevo Testamento se usa para designar diferentes tipos de servicio, en particular el servicio sagrado (Lc 1,23; Heb 8,6). En las religiones la liturgia es por lo general un sistema o conjunto de ritos que han de realizarse de manera p\u00fablica o corporativa. Es corporativa m\u00e1s que privada, sistem\u00e1tica m\u00e1s que completamente espont\u00e1nea, por lo general relacionada de alg\u00fan modo con el tiempo \u2014pasado, presente o esencialmente atemporal\u2014, con una gran capacidad para unificar o coordinar las experiencias del pueblo.<\/p>\n<p>Ya en la \u00e9poca del Nuevo Testamento encontramos a los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas reuni\u00e9ndose para dar culto: al principio todav\u00ed\u00ada en el templo (He 2,46; 3,1) o con los jud\u00ed\u00ados (He 16,13.16); pero pronto independientemente en la fracci\u00f3n del pan (He 2,42; 20,7.1 1), llamada desde los tiempos m\u00e1s remotos cena del Se\u00f1or (1Cor 11,20-33). En tiempos de la >Didach\u00e9  (95 ca.) y de >Justino (160 ca.) la liturgia central de los cristianos es clara. Consiste en la lectura de las Escrituras, la ense\u00f1anza, oraciones y la eucarist\u00ed\u00ada. La >Tradici\u00f3n apost\u00f3lica  supone en el siglo III un intento de ordenar la liturgia de acuerdo con un formato anterior, probablemente de finales del siglo II.<\/p>\n<p>Pero el culto cristiano primitivo no se limitaba a la eucarist\u00ed\u00ada. La Iglesia primitiva adopt\u00f3 la pr\u00e1ctica jud\u00ed\u00ada de la oraci\u00f3n diaria frecuente (Sal 119,164). Tambi\u00e9n en la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica  encontramos el relato de una oraci\u00f3n vespertina comunitaria en la que el di\u00e1cono presenta la l\u00e1mpara, el obispo pronuncia una acci\u00f3n de gracias solemne en relaci\u00f3n con el tema de la luz, los ni\u00f1os y las v\u00ed\u00adrgenes cantan salmos y la comunidad entera canta salmos de aleluya (26\/ 26, 18-32). Por la ma\u00f1ana hab\u00ed\u00ada una instrucci\u00f3n comunitaria. Se hac\u00ed\u00ada tambi\u00e9n oraci\u00f3n a las horas tercia, sexta y nona, al ir a la cama y a medianoche (4I\/36). Las oraciones de las horas tercia, sexta y nona segu\u00ed\u00adan los pasos del relato de la pasi\u00f3n de Marcos (Mc 15,25.33-34): la primera y la \u00faltima eran oraciones de alabanza; la oraci\u00f3n de la hora sexta era al parecer para representar el grito de Cristo en la cruz. La oraci\u00f3n de medianoche era un canto de alabanza a Dios en uni\u00f3n con toda la creaci\u00f3n. Se habla tambi\u00e9n de una oraci\u00f3n al rayar el alba; la tradici\u00f3n posterior la identificar\u00ed\u00ada bien con la oraci\u00f3n de medianoche bien con la de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Desde el siglo VI e incluso antes (>Constituciones apost\u00f3licas) hubo en las distintas Iglesias importantes colecciones de textos lit\u00fargicos para los sacramentos, la liturgia de la eucarist\u00ed\u00ada y la liturgia de las horas. En contrapartida estas colecciones dieron lugar a la estandarizaci\u00f3n, con la correspondiente supresi\u00f3n de numerosos ritos y liturgias locales. Hacia el siglo XII la liturgia en la Iglesia latina era m\u00e1s o menos uniforme, con algunas excepciones, como la Iglesia de Mil\u00e1n; hab\u00ed\u00ada tambi\u00e9n una tendencia a la uniformidad dentro de cada una de las Iglesias orientales, aunque entre s\u00ed\u00ad difer\u00ed\u00adan unas de otras. La liturgia se celebraba en lenguas sagradas: lat\u00ed\u00adn en Occidente y lenguas antiguas en Oriente, aunque aqu\u00ed\u00ad aparecieron tambi\u00e9n liturgias en lenguas vern\u00e1culas.<\/p>\n<p>En la Edad media, como muestra santo >Tom\u00e1s de Aquino, hab\u00ed\u00ada armon\u00ed\u00ada entre la eclesiolog\u00ed\u00ada y la liturgia. La Iglesia era considerada b\u00e1sicamente en los mismos t\u00e9rminos en que se expresaba el canon romano (plegaria eucar\u00ed\u00adstica 1): la Iglesia es la congregaci\u00f3n del pueblo (congregatio)  en comuni\u00f3n y en una adoraci\u00f3n que une a la Iglesia terrena con la Iglesia celeste que est\u00e1 en la gloria; celebra el misterio pascual y anhela sus frutos; recuerda a los muertos; se reconoce como Iglesia de pecadores en adoraci\u00f3n, con la esperanza puesta en la misericordia; implora protecci\u00f3n y ayuda para realizar sus tareas en el mundo.<\/p>\n<p>Con la Reforma hubo presiones para renunciar al lat\u00ed\u00adn en favor de las lenguas vern\u00e1culas, pero se resistieron, a pesar de que todos los reformadores optaron por celebrar la liturgia en la lengua del pueblo y pusieron especial empe\u00f1o en publicar traducciones de la Biblia. En la Iglesia latina, sin embargo, se fue imponiendo cada vez m\u00e1s la uniformidad.<\/p>\n<p>Como con todos los movimientos, pueden se\u00f1alarse distintas fechas de origen del movimiento lit\u00fargico; pero no parece inapropiado se\u00f1alar como origen del movimiento lit\u00fargico la obra del benedictino Dom Prosper Louis Paschal Gu\u00e9ranger (1805-1875), que adquiri\u00f3 el priorato de Solesmes en 1832 y se convirti\u00f3 en abad. Escribi\u00f3 extensamente sobre la liturgia y foment\u00f3 el canto gregoriano.<\/p>\n<p>En los siglos XIX y XX el movimiento lit\u00fargico dio importantes pasos adelante. Se editaron antiguos textos lit\u00fargicos. Varios monasterios, como Maredsous, Solesmes, Mont C\u00e9sar, Montserrat. Santo Domingo de Silos, St. Johns Abbey y CollegeviIle, se convirtieron en centros de investigaci\u00f3n y publicaci\u00f3n. Se desarrollaron otros centros, como el Institut Sup\u00e9rieur de Liturgie de Par\u00ed\u00ads (1947), Tr\u00e9veris (1947). Maria Laach (1948) o el Centro de Pastoral Lit\u00fargica de Barcelona (1958). El pensamiento especulativo de Odo >Casel (1886-1948) acab\u00f3 ejerciendo notable influencia, aunque no fuera seguido en todos los puntos. Se multiplicaron las revistas, los congresos y los seminarios, dedicados a todos los aspectos de la liturgia: teolog\u00ed\u00ada, historia, arte y m\u00fasica. Un rasgo distintivo del movimiento fue su inter\u00e9s por la pastoral: uno de sus promotores, como fue J. A. Jungmann, autor de uno de los libros m\u00e1s influyentes del per\u00ed\u00adodo anterior al Vaticano II, estuvo tambi\u00e9n profundamente comprometido en la catequesis. La liturgia atrajo tambi\u00e9n la atenci\u00f3n de te\u00f3logos sistem\u00e1ticos como K. Rahner antes y despu\u00e9s del concilio.<\/p>\n<p>En el siglo XX tambi\u00e9n los papas han promovido constantemente la renovaci\u00f3n lit\u00fargica, empezando por >P\u00ed\u00ado X en relaci\u00f3n con el canto, el oficio divino, la comuni\u00f3n diaria y la disminuci\u00f3n de la edad para recibir la primera comuni\u00f3n. Bajo >P\u00ed\u00ado XI el movimiento sigui\u00f3 recibiendo apoyo, por ejemplo con los decretos sobre la \u00abmisa dialogada\u00bb (1922), las vestiduras (1925) y el canto (1928). El gran documento pontificio del siglo XX sobre la liturgia fue la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei,  de >P\u00ed\u00ado XII, publicada en 1947. En ella se alentaba la participaci\u00f3n activa del pueblo en la liturgia, idea que estaba ya presente en el primer documento lit\u00fargico de P\u00ed\u00ado X sobre la m\u00fasica. P\u00ed\u00ado XII aprob\u00f3 tambi\u00e9n en 1955 la revisi\u00f3n radical de la liturgia de la Semana Santa, iniciada ya en 1951 en algunos sitios a modo de ensayo.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca en que se inici\u00f3 el >Vaticano II el movimiento lit\u00fargico estaba ya maduro y contaba con logros hist\u00f3ricos y cient\u00ed\u00adficos seguros, as\u00ed\u00ad como con experiencias pastorales en monasterios y parroquias, especialmente en Alemania y Francia. La constituci\u00f3n sobre la liturgia se debati\u00f3 en el primer per\u00ed\u00adodo de sesiones, entre el 22 de octubre y el 14 de noviembre de 1962. Las tensiones que habr\u00ed\u00adan de caracterizar todo el concilio se pusieron ya de relieve, especialmente en relaci\u00f3n con la cuesti\u00f3n del uso de las lenguas vern\u00e1culas y la naturaleza de la revisi\u00f3n de libros lit\u00fargicos. El documento fue revisado durante la primavera siguiente y definitivamente aprobado el 22 de noviembre de 1963. El documento final, Sacrosanctum concilium (SC),  pondr\u00ed\u00ada fin a la idea de la liturgia como algo relacionado principalmente con las r\u00fabricas, abriendo camino a una renovaci\u00f3n general. En enero de 1964 Pablo VI nombr\u00f3 una comisi\u00f3n (cuyo nombre completo era \u00abComisi\u00f3n para la aplicaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n sobre la liturgia\u00bb), que inmediatamente se puso a trabajar. Su principal art\u00ed\u00adfice fue A. >Bugnini. Su revista, Notitiae, es un instrumento indispensable para comprender el proceso de elaboraci\u00f3n de los nuevos textos y su significaci\u00f3n. Las instrucciones de la SC inclu\u00ed\u00adan la simplificaci\u00f3n de los ritos y la posibilidad de introducir variaciones (SC 34-39). El planteamiento de la comisi\u00f3n fue interdisciplinar y experimental; varios ritos modificados se probaron en lugares seleccionados antes de la aprobaci\u00f3n definitiva del texto. Un rasgo notable de todos los textos revisados es la Instrucci\u00f3n general  (IG) que precede a cada uno de ellos. En ella se tratan no s\u00f3lo cuestiones pr\u00e1cticas relacionadas con la celebraci\u00f3n, sino que se presenta tambi\u00e9n, de manera breve pero profunda, una teolog\u00ed\u00ada del rito en cuesti\u00f3n. La revisi\u00f3n de los ritos se debe en gran parte al entusiasmo y dedicaci\u00f3n de Pablo VI y de Bugnini, que goz\u00f3 de la confianza del papa al menos hasta 1975.<\/p>\n<p>Desde nuestro punto de vista, la eclesiolog\u00ed\u00ada, la constituci\u00f3n del Vaticano II sobre la liturgia (SC) y las reformas posteriores son de enorme importancia. El concilio no define la liturgia, pero hay tantas definiciones o descripciones de ella como liturgistas. La descripci\u00f3n preconciliar de H. Urs von Balthasar es teol\u00f3gica y espiritualmente profunda: \u00abLa liturgia es el servicio sagrado u oraci\u00f3n de la Iglesia en la presencia de Dios. En ella, de una manera absolutamente desinteresada, la Iglesia no busca sino la glorificaci\u00f3n de Dios a trav\u00e9s del culto, la alabanza y la acci\u00f3n de gracias\u00bb. La liturgia es central en la vida de la Iglesia, pero ha de ir precedida de la proclamaci\u00f3n (SC 9): \u00abNo obstante, la liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza\u00bb (SC 10). La liturgia, especialmente la eucarist\u00ed\u00ada, \u00abcontribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida y manifiesten a los dem\u00e1s el misterio de Cristo y la naturaleza aut\u00e9ntica de la verdadera Iglesia\u00bb (SC 2). M\u00e1s tarde el concilio afirmar\u00e1 que el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico es \u00abfuente y cumbre de toda la vida cristiana\u00bb (LG 11). La Iglesia \u00abdesea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participaci\u00f3n plena, consciente y activa en las celebraciones lit\u00fargicas que exige la naturaleza de la liturgia misma (&#8230;). Al reformar y fomentar la sagrada liturgia hay que tener muy en cuenta esta plena y activa participaci\u00f3n de todo el pueblo\u00bb (SC 14). El concilio desarrolla con nueva claridad la presencia de Cristo: en la misa, en la persona del ministro, en las especies eucar\u00ed\u00adsticas, en los sacramentos, en la Palabra le\u00ed\u00adda en la Iglesia, en la oraci\u00f3n de la Iglesia (SC 7). Aunque la liturgia no es la \u00fanica actividad de la Iglesia (SC 9), como acci\u00f3n que es de Cristo sacerdote y de su cuerpo, nada hay de mayor dignidad y eficacia (SC 7). Un punto d\u00e9bil de la constituci\u00f3n sobre la liturgia radica en el hecho de que fuera uno de los primeros textos del concilio y no pudiera beneficiarse, por tanto, de la eclesiolog\u00ed\u00ada desarrollada en LG, UR, DV y GS. No tienen en ella mucha fuerza la noci\u00f3n del sacerdocio com\u00fan (LG 10) ni el >triple \u00aboficio\u00bb: sacerdote-profeta-rey. Es deficiente tambi\u00e9n en la >pneumatolog\u00ed\u00ada. Puede decirse, sin embargo, que la din\u00e1mica que se revel\u00f3 en la elaboraci\u00f3n del texto, y la misma constituci\u00f3n sobre la liturgia, prepararon el camino a documentos conciliares posteriores.<\/p>\n<p>Inesperada trascendencia resultaron tener los art\u00ed\u00adculos sobre la Escritura, poco destacados en la constituci\u00f3n (SC 24; 35\/1; 51). Sin embargo, en la revisi\u00f3n de todos los ritos, estos adquirieron gran importancia. El uso de las Escrituras se ha hecho central en todos los actos lit\u00fargicos, aun cuando todav\u00ed\u00ada es demasiado pronto para esperar que surja en la Iglesia en su conjunto una cultura b\u00ed\u00adblica profunda.<\/p>\n<p>Muchos de los textos revisados est\u00e1n basados en liturgias antiguas (cf las plegarias eucar\u00ed\u00adsticas II y IV); otros son de nueva elaboraci\u00f3n (cf la plegaria eucar\u00ed\u00adstica III). Aunque puede haber sutiles variantes en la eclesiolog\u00ed\u00ada de cada uno de los ritos lit\u00fargicos, puede decirse que la visi\u00f3n b\u00e1sica de la Iglesia que se desprende de ellos es de comuni\u00f3n. Es vertical en el sentido de que da culto y es fuente de gracia; es horizontal en el sentido de que reclama el compromiso concreto en la vida de los que participan en el culto y en la vida de la comunidad. Se echa de menos, sin embargo, la esencial dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la liturgia (cf SC 8). Los textos revisados, siendo fuertemente cristol\u00f3gicos, tienen al mismo tiempo una vigorosa pneumatolog\u00ed\u00ada; puede haber en ellos una >epicl\u00e9sis  o una referencia a la presencia del Esp\u00ed\u00adritu en la liturgia que se est\u00e1 celebrando.<\/p>\n<p>La revisi\u00f3n de los libros lit\u00fargicos ha superado la visi\u00f3n conciliar de la liturgia. La temprana revisi\u00f3n de la liturgia eucar\u00ed\u00adstica es notablemente m\u00e1s cautelosa que las de otras liturgias, efectuadas m\u00e1s tarde y de manera m\u00e1s creativa, como la del Ritual de la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, la liturgia de los enfermos y los funerales.<\/p>\n<p>Durante los treinta a\u00f1os siguientes al concilio ha habido un verdadero boom  de publicaciones lit\u00fargicas. La misma teolog\u00ed\u00ada de la liturgia est\u00e1 experimentando un notable desarrollo\u00bb, a trav\u00e9s especialmente de la influencia del cristianismo oriental.<\/p>\n<p>Son innumerables las obras sobre arte y arquitectura, ayudas a la pastoral, m\u00fasica, materiales para las homil\u00ed\u00adas (>Predicaci\u00f3n). Particular importancia tiene el campo del simbolismo, sobre el que se ha escrito largamente. No s\u00f3lo las revistas especializadas en liturgia; casi todas las revistas de teolog\u00ed\u00ada publican regularmente estudios lit\u00fargicos. Hay tambi\u00e9n muchos estudios hist\u00f3ricos y retrospectivos de la constituci\u00f3n sobre la liturgia y la renovaci\u00f3n posterior. Los resultados de las reformas lit\u00fargicas son algo irregulares. En algunos lugares la liturgia es mucho m\u00e1s viva y se caracteriza por una participaci\u00f3n muy activa; en otros lugares, aunque se usan los textos reformados, hay poca vida. Depende mucho de la imagen y la energ\u00ed\u00ada de los pastores locales, que o potencian la participaci\u00f3n de los laicos o desaprovechan el potencial de la comunidad.<\/p>\n<p>Hay dos tareas que, a pesar de algunos logros importantes, est\u00e1n todav\u00ed\u00ada en los comienzos. En primer lugar, est\u00e1 por desarrollar una espiritualidad lit\u00fargica profunda que permita a la gente llevar su vida y sus intereses a la liturgia. La liturgia que transmite el sentido del misterio abre a los creyentes a la trascendencia en su vida diaria, al tiempo que cada celebraci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como el a\u00f1o lit\u00fargico, los colocan en una tensi\u00f3n escatol\u00f3gica uniendo a los fieles a la liturgia de la Jerusal\u00e9n celeste; como >M\u00e1ximo el Confesor ya ense\u00f1ara, la liturgia es esencialmente c\u00f3smica.<\/p>\n<p>En segundo lugar, estamos todav\u00ed\u00ada a la espera de una > inculturaci\u00f3n profunda de la liturgia en cada pueblo, proceso que por el momento es muy superficial, ya que en la pr\u00e1ctica lo que tenemos b\u00e1sicamente son traducciones de la liturgia latina a diferentes lenguas.<\/p>\n<p>Lugar aparte dentro de la eclesiolog\u00ed\u00ada de la liturgia ocupan las >teolog\u00ed\u00adas de la liberaci\u00f3n y las >comunidades cristianas de base, en las que la liturgia debe representar un papel especial. Es necesaria una labor de desarrollo de las implicaciones sociales y misioneras de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica\u00bb<br \/>\nEl estudio de la eclesiolog\u00ed\u00ada de la liturgia es amplio\u00bb, [y pueden dibujarse con claridad cinco perspectivas: 1) La Iglesia es sacramento de Cristo presente y operante en la Liturgia (SC 2.7.5.26); 2) La Iglesia es comunidad de la Palabra y de la Eucarist\u00ed\u00ada (SC 48.51); 3) La Iglesia globalmente es entendida como Madre (SC 4.14.21.60.85.102.122) y a su vez como Pueblo congregado (SC 13.14.21.29.30.33); 4) La Iglesia celebra y se manifiesta en un lugar (SC 41.48.51&#8230;). Deben notarse, finalmente, dos palabras claves para la liturgia y la eclesiolog\u00ed\u00ada: la misma expresi\u00f3n Iglesia (>Ekkl\u00e9sia) y  >asamblea lit\u00fargica\u00bb]. Existe adem\u00e1s una conciencia cada vez mayor de que la liturgia es un locos theologicus,  una fuente para la teolog\u00ed\u00ada sacramental\u00bb y, de hecho, para toda la teolog\u00ed\u00ada (>Fuentes de la teolog\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>En algunas Iglesias no cat\u00f3licas se est\u00e1 llevando a cabo una renovaci\u00f3n lit\u00fargica continuada, pero hasta el momento, a excepci\u00f3n del documento de Fe y constituci\u00f3n elaborado en Lima y titulado Bautismo, eucarist\u00ed\u00ada y ministerio,  la liturgia no ha tenido un papel central en las discusiones ecum\u00e9nicas. No obstante, durante muchos a\u00f1os se han estado realizando estudios comparativos y valorativos de los textos lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Cristo presente en la liturgia cristiana<\/p>\n<p>\tLiturgia indica celebraci\u00f3n del culto p\u00fablico dirigido a Dios ritos, ceremonias, fiestas, oraciones, sacrificios, etc. La liturgia cristiana es un conjunto de signos portadores y eficaces de la presencia de Cristo resucitado. \u00abCristo est\u00e1 siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acci\u00f3n lit\u00fargica\u00bb (SC 7). Por esto, la liturgia es cristol\u00f3gica y eclesial por su misma naturaleza.<\/p>\n<p>\tLa liturgia es \u00abel culto p\u00fablico que nuestro Redentor rinde al Padre como Cabeza de la Iglesia\u00bb (P\u00ed\u00ado XII, \u00abMediator Dei\u00bb).  Es \u00abel ejercicio del sacerdocio de Jesucristo\u00bb (SC 7). En toda acci\u00f3n lit\u00fargica cristiana se celebra el misterio pascual de Cristo, que debe ser vivido por los creyentes y anunciado a todos los pueblos. Por esto es \u00abla cumbre a la cual tiende toda la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza\u00bb (SC 10).<\/p>\n<p>\tLa presencia de Cristo en la liturgia tiene lugar por medio de los signos queridos por \u00e9l mismo \u00abEst\u00e1 presente en el sacrificio de la Misa&#8230; en los Sacra\u00c2\u00acmentos&#8230; en su palabra&#8230; Est\u00e1 presente, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, \u00e9l mismo que prometi\u00f3  \u00abDonde est\u00e1n dos o tres congregados en mi nombre, all\u00ed\u00ad estoy Yo en medio de ellos\u00bb (Mt 18,20)\u00bb (SC 7).<\/p>\n<p>\tLos signos lit\u00fargicos son portadores eficaces de la presencia de Cristo, especialmente en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada y de los sacramentos, en la predicaci\u00f3n y celebraci\u00f3n de la Palabra, en las asambleas de oraci\u00f3n. Son signos sensibles que \u00absignifican y cada uno a su manera realiza la santificaci\u00f3n del hombre\u00bb (SC 7). En este sentido, la liturgia es \u00abel ejercicio del sacerdocio de Cristo\u00bb (ib\u00ed\u00addem), en cuanto que se hace presente con los frutos de su sacrificio redentor.<\/p>\n<p>\tA la luz del misterio pascual<\/p>\n<p>\tLa liturgia est\u00e1 centrada en el misterio pascual de Cristo, que en ella se anuncia, celebra y comunica, especialmente en el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, el \u00abdomingo\u00bb. Por esto, el momento central de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica es la Eucarist\u00ed\u00ada, donde Cristo hace presente, de modo peculiar, su sacrificio redentor. Se da culto a Dios para poder recibir su vida divina.<\/p>\n<p>\tLa liturgia es \u00abla fuente primaria y necesaria\u00bb de la vida cristiana y de la \u00abactuaci\u00f3n pastoral\u00bb (SC 14). Cuando se celebra el misterio pascual en la liturgia, \u00abCristo asocia siempre consigo a su amad\u00ed\u00adsima esposa, la Iglesia\u00bb (SC 7). La urgencia de evangelizar arranca siempre de esta vivencia del misterio de Cristo en sentido esponsal, es decir, de compartir su misma realidad de consagraci\u00f3n y misi\u00f3n.<\/p>\n<p>\tLa renovaci\u00f3n lit\u00fargica gira en torno al misterio pascual, presente bajo los signos establecidos por el Se\u00f1or y concretizados por la Iglesia a trav\u00e9s de los siglos. De esta renovaci\u00f3n depender\u00e1 en gran parte la eficacia de la evangelizaci\u00f3n, puesto que en la liturgia se hace presente Cristo, Sacerdote y v\u00ed\u00adctima, como Mediador universal (cfr. Heb 7,25; Rom 8,34). La \u00abreforma y el fomento de la liturgia\u00bb son un medio privilegiado para \u00abinvitar a todos los hombres al seno de la Iglesia\u00bb (SC 1).<\/p>\n<p>\tToda la acci\u00f3n misionera de la Iglesia tiende a hacer que la comunidad de los creyentes celebre y viva el misterio pascual de Cristo muerto y resucitado, escuchando la Palabra, orando, celebrando la Eucarist\u00ed\u00ada y los dem\u00e1s sacramentos y viviendo el mandato del amor a partir del misterio pascual celebrado durante todo el a\u00f1o lit\u00fargico. En la liturgia se vive la fe, de suerte que la ley de la oraci\u00f3n (lex orandi) corresponda a la ley de la fe (lex credendi).<\/p>\n<p>\tDimensi\u00f3n misionera<\/p>\n<p>\tPor medio de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, la Iglesia se hace \u00absigno levantado ante las naciones\u00bb (Is 11,12; SC 2).\u00bbLa liturgia robustece tambi\u00e9n admirablemente sus fuerzas para predicar a Cristo&#8230; hasta que haya un solo reba\u00f1o y un solo pastor\u00bb (SC 2). La comunidad eclesial renovada, por el hecho de vivir el misterio pascual desde su propia realidad cultural y sociol\u00f3gica, se har\u00e1 capaz de inculturar los signos lit\u00fargicos en otros ambientes culturales (cfr. SC 37-40).<\/p>\n<p>\tPuesto que \u00ablos trabajos apost\u00f3licos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se re\u00fanan, alaben a Dios, en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Se\u00f1or\u00bb (SC 10), la celebraci\u00f3n lit\u00fargica es eminentemente evangelizadora. Efectivamente, esta acci\u00f3n tiende, por su misma naturaleza, a construir una comunidad cristiana donde se celebre el misterio pascual de Cristo, especialmente en la eucarist\u00ed\u00ada, sacramentos en general, predicaci\u00f3n de la Palabra, a\u00f1o lit\u00fargico y liturgia de las horas.<\/p>\n<p>\tLa comunidad eclesial, por la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, se evangeliza a s\u00ed\u00ad misma y evangeliza a toda la comunidad humana. La Palabra anunciada y testimoniada es anuncio de la salvaci\u00f3n en Cristo que se presencializa por medio de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. Al mismo tiempo que, por esta celebraci\u00f3n del misterio pascual, se construye la comunidad, \u00e9sta toma conciencia de su naturaleza misionera. Una se\u00f1al clara de la implantaci\u00f3n de la Iglesia y de su proceso de madurez, es la celebraci\u00f3n activa y comprometida del misterio de Cristo.<\/p>\n<p>\tLa comunidad es evangelizadora cuando hace de la fe una vivencia lit\u00fargica. Entonces tiene la capacidad de \u00abpredicar la Palabra de Dios con audacia\u00bb (Hech 4,29-31). El \u00abcen\u00e1culo\u00bb de cada comunidad, donde se celebra la Palabra y la Eucarist\u00ed\u00ada, encuentra un punto de referencia en el Cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n, donde la comunidad apost\u00f3lica estaba reunida \u00aben oraci\u00f3n con Mar\u00ed\u00ada la Madre de Jes\u00fas\u00bb (Hech 1,14).<\/p>\n<p>Referencias Adoraci\u00f3n, alabanza divina, a\u00f1o lit\u00fargico, cen\u00e1culo, culto, domingo, Eucarist\u00ed\u00ada, fiesta, gloria de Dios, Liturgia de las Horas, misterio pascual, Pascua, sacramentos.<\/p>\n<p>Lectura de documentos SC; CEC 1066-1075; 1136-1209.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Comentarios a la constituci\u00f3n sobre la sagrada liturgia ( BAC, Madrid, 1965); AA.VV., La celebraci\u00f3n en la Iglesia (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1985); J.J. ALLMEN, El culto cristiano (Salamanca 1968); J. LOPEZ GAY, Misiones y liturgia, en Nuevo Diccionario de Liturgia (Madrid, Paulinas, 1987) 1311-1320; J. LOPEZ MARTIN, La liturgia de la Iglesia ( BAC, Madrid, 1994); G. MARTIMORT, La Iglesia en oraci\u00f3n. Introducci\u00f3n a la liturgia (Barcelona, Herder, 1969); J. ORDO\u00ed\u2018EZ MARQUEZ, Teolog\u00ed\u00ada y espiritualidad del a\u00f1o lit\u00fargico ( BAC, Madrid, 1978).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>En la tierra de nuestro peregrinar, hay un \u00ablugar\u00bb donde la palabra salvadora resuena con una eficacia excepcional: la sagrada liturgia.  Ella es verdaderamente un di\u00e1logo ininterrumpido entre la Palabra y el hombre, llamado a ser un eco de la divina Palabra. En efecto, la sagrada liturgia es el encuentro salv\u00ed\u00adfico del Padre que est\u00e1 en los cielos, que viene a conversar con mucho cari\u00f1o con sus hijos; es el coloquio entre el esposo, el Se\u00f1or Jes\u00fas, y su amada esposa, la Iglesia, hecha part\u00ed\u00adcipe del eterno canto de alabanza que el Verbo encarnado ha introducido en este exilio terrenal.  La sagrada liturgia, por tanto, se alimenta abundantemente de la mesa de la Palabra de Dios: toma de la Biblia sus lecturas, canta los salmos, se inspira en la Escritura al componer himnos, plegarias, exclamaciones e invocaciones. En su desarrollo concreto, manifiesta una estructura dialogada, que expresa la vida misma de la Iglesia. En efecto, as\u00ed\u00ad como en el Antiguo Testamento la asamblea de Yav\u00e9 es llamada, en primer lugar, a escuchar a Dios que habla: \u00abOjal\u00e1 escuch\u00e9is hoy su voz\u00bb, del mismo modo, la asamblea lit\u00fargica, el verdadero pueblo de Dios, se re\u00fane ante todo para escuchar la Palabra, Cristo Se\u00f1or, y para unirse a \u00e9l, guiada por su Esp\u00ed\u00adritu, en la alabanza y en la s\u00faplica al Padre.  Por tanto, la palabra de la Escritura, cuando resuena en las celebraciones lit\u00fargicas, constituye una de las formas de la verdadera, misteriosa, indefectible presencia de Cristo entre los suyos, tal y como nos ense\u00f1a el Concilio Vaticano II: \u00abEst\u00e1 presente en su Palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla\u00bb.  Cuando Dios habla, solicita una respuesta. Nosotros respondemos al Dios que habla y nos recuerda el acontecimiento de nuestra salvaci\u00f3n y el81  misterio de su amor, mediante la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada \u2014la gran plegaria de acci\u00f3n de gracias, memorial perenne de la pasi\u00f3n redentora, ofrecida junto con la v\u00ed\u00adctima inmolada de nuestra propia vida\u2014 y las otras celebraciones lit\u00fargicas, que est\u00e1n \u00ed\u00adntimamente relacionadas con la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>La palabra \u00abliturgia\u00bb, en griego leitourg\u00ed\u00ada, est\u00e1 compuesta de dos vocablos griegos: laos-leiton (pueblo, del pueblo) y ergon (acci\u00f3n). A partir del sentido gen\u00e9rico de acci\u00f3n p\u00fablica, tanto civil o militar como religiosa, en el uso del griego cl\u00e1sico, pas\u00f3 a adquirir un sentido estrictamente teol\u00f3gico con la versi\u00f3n del Antiguo Testamento hecha por los Setenta, para traducir las expresiones hebreas sheret y abhodah, que se refieren al servimo de Dios o al culto de los levitas en la tienda o en el templo de Jerusal\u00e9n. En el Nuevo Testamento, con la palabra \u00abliturgia\u00bb, lo mismo que ocurre con otras palabras del \u00e1rea cultual, se expresan varias realidades: el ministerio sagrado del templo (Lc 1,23), la acci\u00f3n sacerdotal de Jes\u00fas (Heb 8,2), la ofrenda de la vida de Pablo en sacrificio (Flp 2,17), el culto de oraci\u00f3n de la Iglesia apost\u00f3lica (Hch 13,2), las obras de caridad de Pablo y de la comunidad cristiana (Rom 15,27: 2 Cor 9,12). Esta variedad de acepciones supone una verdadera teolog\u00ed\u00ada y pone de relieve la novedad del verdadero culto en la persona de Jes\u00fas y en su sacrificio pascual, la continuidad de este culto en las celebraciones de la Iglesia y en la vida de caridad de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo, cuya existencia es un culto espiritual (Cf Rom 12,1-2).Liturgia significa la ciencia, la teolog\u00ed\u00ada, la celebraci\u00f3n misma del culto cristiano. Pero bajo este nombre se indican tambi\u00e9n los diversos modos de la celebraci\u00f3n, o las diversas familias o ritos que existen en la Iglesia de Oriente y de Occidente.<\/p>\n<p>p\u00ed\u00ado XII ofreci\u00f3 un intento de definici\u00f3n doctrinal de la liturgia en la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei (1947) con estas palabras: \u00abLa santa liturgia es el culto p\u00fablico que nuestro Redentor rinde al Padre como cabeza de la Iglesia, y es el culto que la sociedad de los fieles rinde a su Cabeza y por medio de \u00e9l al eterno Padre; es el culto integral del Cuerpo m\u00ed\u00adstico de Jesucristo, es decir, de la Cabeza y de sus miembros\u00bb. El Vaticano II, en la Constituci\u00f3n Sacrosanctum concilium n. 7 y en el rico contexto b\u00ed\u00adblico y lit\u00fargico de los n\u00fameros precedentes y siguientes (5-8), presenta un concepto teol\u00f3gico m\u00e1s preciso y elaborado con estas palabras : \u00bb Con raz\u00f3n se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y cada uno a su manera, realizan la santificaci\u00f3n del hombre: y as\u00ed\u00ad, el Cuerpo m\u00ed\u00adstico de Jesucristo, es decir la Cabeza y sus miembros, ejerce e1 culto p\u00fabliCo \u00ed\u00adntegro \u00bb El concepto b\u00ed\u00adblico y central es el ejercicio sacerdotal de Cristo en su vida y en su presencia actual a la derecha del Padre, siempre vivo para interceder en favor nuestro (Heb 7 25). En su mediaci\u00f3n sacerdotal, Cristo, siempre presente en la Iglesia, especialmente en las acciones lit\u00fargicas, act\u00faa en la dimensi\u00f3n de la econom\u00ed\u00ada trinitaria, que supone la persona y la obra del Padre, fuente de toda santificaci\u00f3n y fin de todo culto, y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La dobl\u00e9 acci\u00f3n de la santificaci\u00f3n de los hombres, es decir, de la comunicaci\u00f3n de la vida divina y del culto, con la respuesta de la oraci\u00f3n y de la vida, indica la estructura esencial de la liturgia como di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n entre Dios y su pueblo y la necesaria respuesta t\u00e9ologal y existencial de la alianza.<\/p>\n<p>La liturgia es eclesial por naturaleza, se realiza en la Iglesia y por la mediaci\u00f3n de la Iglesia, en su estructura sacramental y jer\u00e1rquica, con el sacerdocio de los .fieles y el sacerdocio ministerial, en la experiencia concreta de la asamblea lit\u00fargica. As\u00ed\u00ad pues, los fieles tienen que participar de manera consciente, activa y fructuosa en la celebraci\u00f3n. La mediaci\u00f3n entre Cristo y su Cuerpo, entre el tiempo de la salvaci\u00f3n cumplida y el hoy de la salvaci\u00f3n comunicada, entre la eternidad donde Cristo est\u00e1 sentado a la derecha del Padre y el tiempo donde la Iglesia celebra sus misterios de salvaci\u00f3n, se lleva a cabo mediante los signos sensibles y eficaces de la liturgia. Estos signos son en primer lugar la Palabra de Dios, que tiene papel important\u00ed\u00adsimo en la liturgia, los sacramentos, la oraci\u00f3n y todas las dem\u00e1s constelaciones de s\u00ed\u00admbolos lit\u00fargicos (personas, acciones, cosas, tiempo, espacio) que presentan de manera propia y variada, seg\u00fan la instituci\u00f3n de Cristo y las disposiciones de la Iglesia, la gracia multiforme de Cristo.<\/p>\n<p>Esta celebraci\u00f3n, por medio de ritos y de plegarias, expresa la \u00ed\u00adndole social humano-divina de la salvaci\u00f3n en Cristo.La liturgia, especialmente en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, \u00bb es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y . al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza\u00bb (SC lO). En efecto, \u00abes la fuente primaria y necesaria de donde han de beber los fieles el esp\u00ed\u00adritu verdaderamente cristiano\u00bb (SC 14). La liturgia celebra adem\u00e1s la fe de la Iglesia, de la cual depende, a fin de que la ley . de la oraci\u00f3n (lex orandi) responda a la norma de la fe (lex credendi). Las exigencias de ortodoxia y de ortopraxis lit\u00fargica vienen de la necesidad de una recta confesi\u00f3n y de una mistagogia o celebraci\u00f3n de la fe en las palabras y en los ritos, en cuanto que es una manifestaci\u00f3n particular del misterio de Cristo y de la naturaleza de la verdadera Iglesia, En el \u00e1mbito de la liturgia de la Iglesia se comprenden las celebraciones de los sacramentos y de los sacramentales, la misma celebraci\u00f3n o liturgia de la Palabra en sus diversas formas y acepciones, la liturgia de las horas, el a\u00f1o lit\u00fargico con la riqueza de los misterios de Cristo, la veneraci\u00f3n especial de la Madre de Dios y la memoria de los santos.<\/p>\n<p>J Castellano<\/p>\n<p>Bibl.: A. G. Martimort, La Iglesia en oraci\u00f3n. Introducci\u00f3n a la liturgia, Herder Barcelona 1987. J P. Jossua &#8211; y Congar (eds ), La liturgia Despu\u00e9s del Vaticano II Taurus, Madrid 1969. L. Maldonado, Iniciaci\u00f3n lit\u00fargica, Marova. Madrid 1981; D. Borobic) (ed), La celebraci\u00f3n en la Iglesias, 1. Liturgia y sacramentolog\u00ed\u00ada fundamental S\u00ed\u00adgueme, &#8216;Salamanca 1985. J Lebon, Para vivir la liturgia. Verbo Divino, Estella  1992.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El t\u00e9rmino \u00abliturgia\u00bb &#8211; II. Definiciones de \u00abliturgia\u00bb anteriores al Vat. II: 1. Definiciones que han de rechazarse; 2. Definiciones que han florecido en el \u00e1mbito del movimiento lit\u00fargico: a) Por obra de L. Beauduin, b) Por obra de O. Casel; 3. La definici\u00f3n de la \u00abMediator Dei\u00bb: : a) En la liturgia se ejerce el culto personal de Cristo, que por participaci\u00f3n se convierte en el culto de la iglesia, b) En el concepto de liturgia entra necesariamente la santidad del hombre, c) En el concepto de liturgia entra necesariamente el rito &#8211; III. La liturgia en el Vat. II: 1. De la \u00abMediator Dei\u00bb a la \u00abSacrosanctum concilium\u00bb; 2. Las aportaciones de la SC para una definici\u00f3n de \u00abliturgia\u00bb: a) La liturgia es el culto a nivel de revelaci\u00f3n, b) Cristo con su sacerdocio propiamente no celebr\u00f3 una liturgia, sino que ofreci\u00f3 al Padre un culto en verdad, c) La liturgia es el ejercicio de la obra sacerdotal de Cristo a trav\u00e9s de signos significativos y eficaces, d) La liturgia es la perpetua actuaci\u00f3n del misterio pascual de Cristo; 3. La definici\u00f3n de \u00abliturgia\u00bb que se desprende del Vat. II &#8211; IV. La \u00abcelebraci\u00f3n lit\u00fargica\u00bb en el Vat. II &#8211; V. Liturgia e iglesia &#8211; VI. Liturgia y culto privado: 1. Oraci\u00f3n privada; 2. Oraci\u00f3n lit\u00fargica &#8211; VII. Conclusi\u00f3n: \u00bfHacia un nuevo concepto de liturgia?<\/p>\n<p>Para ahondar en el concepto de liturgia se podr\u00ed\u00adan escoger diversos puntos de partida: se podr\u00ed\u00ada arrancar, por ejemplo, de la -> historia de la salvaci\u00f3n y de su estructura sacramental; de la sacramentalidad de la iglesia en su explicitaci\u00f3n concreta; de la problem\u00e1tica fe-sacramento; de nuestra experiencia cristiana; de una perspectiva antropol\u00f3gica, etc. Preferimos seguir la progresiva toma de conciencia por parte de la iglesia en los \u00faltimos decenios en relaci\u00f3n con la realidad misteriosa y compleja que indicamos con el t\u00e9rmino liturgia, realidad que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo que el t\u00e9rmino pueda significar desde un punto de vista etimol\u00f3gico e hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>I. El t\u00e9rmino \u00abliturgia\u00bb<br \/>\nProveniente del griego cl\u00e1sico leitourg\u00ed\u00ada, originalmente el t\u00e9rmino indicaba la obra, la acci\u00f3n o la iniciativa tomada libre y personalmente por una persona privada (individuo o familia) en favor del pueblo, del barrio, de la ciudad o del estado. Con el paso del tiempo la misma obra, acci\u00f3n o iniciativa perdi\u00f3, por institucionalizaci\u00f3n o por imposici\u00f3n, su car\u00e1cter libre, y as\u00ed\u00ad se llam\u00f3 liturgia a cualquier trabajo de servicio m\u00e1s o menos obligatorio hecho al estado o a la divinidad (servicio religioso) o a un privado.<\/p>\n<p>En la traducci\u00f3n griega del AT llamada de los LXX, liturgia indica siempre, sin excepci\u00f3n, el servicio religioso hecho por los levitas a Yav\u00e9, primero en la tienda y luego en el templo de Jerusal\u00e9n. Era, por tanto, un t\u00e9rmino t\u00e9cnico que designaba el culto p\u00fablico y oficial conforme a las leyes cultuales lev\u00ed\u00adticas, distinto del culto privado, al que en la misma traducci\u00f3n de los LXX nos referimos principalmente con los t\u00e9rminos latr\u00ed\u00ada o dul\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En el NT (evangelios y escritos apost\u00f3licos) liturgia no aparece nunca como sin\u00f3nimo de culto del NT (si se except\u00faa Heb 13:2), evidentemente porque en aquellos primeros tiempos el t\u00e9rmino estaba demasiado vinculado al culto del sacerdocio lev\u00ed\u00adtico, que no encontraba ya sitio en el NT. Sin embargo, pronto reaparece el t\u00e9rmino en los escritos extrab\u00ed\u00adblicos de oriden judeo-cristiano, como por ejemplo en Didaj\u00e9 15,1, donde claramente se refiere a un servicio ministerial; en la primera carta del papa Clemente (passim), que toma por modelo para el culto cristiano el culto hebreo. Y es probablemente por esta v\u00ed\u00ada de la referencia a modelos exteriores como el t\u00e9rmino liturgia, despojado ya de su espec\u00ed\u00adfico sentido cultual lev\u00ed\u00adtico, toma carta de ciudadan\u00ed\u00ada en la iglesia primitiva, cuyo culto designa, culto que ser\u00e1 totalmente nuevo en el contenido, porque se produce en la realidad nueva del sacerdocio de Cristo, aunque en la forma permanecer\u00e1 en muchos aspectos vinculado a su origen hebreo, origen por el que la iglesia apost\u00f3lica se vio notablemente influida.<\/p>\n<p>Pero aun purificado as\u00ed\u00ad, el t\u00e9rmino no ha tenido igual fortuna en las diversas partes de la iglesia. Mientras que en la iglesia oriental de lengua griega liturgia sirve para indicar, sea el culto cristiano en general sea, en especial, la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, en la iglesia latina la palabra es pr\u00e1cticamente desconocida. Sucedi\u00f3, en efecto, que mientras que otros muchos t\u00e9rminos b\u00ed\u00adblicos neo-testamentarios -como \u00e1ngel, profeta, ap\u00f3stol, ep\u00ed\u00adscopo (obispo), presb\u00ed\u00adtero, di\u00e1cono, etc.- pasaron como llevados en vilo a su traducci\u00f3n latina por simple transliteraci\u00f3n, esto no sucede nunca con liturgia (leitourg\u00ed\u00ada se tradujo desde el principio por officium, ministerium, munus&#8230;), y as\u00ed\u00ad seguir\u00e1 siendo un t\u00e9rmino extra\u00f1o al lenguaje lit\u00fargico latino.<\/p>\n<p>En el mundo occidental, liturgia no har\u00e1 su aparici\u00f3n en el uso lit\u00fargico; al principio (a partir del s. xvl) aparece s\u00f3lo en el plano cient\u00ed\u00adfico, donde entra para indicar o los libros rituales antiguos (` Liturgica \u00ab: Cassander, 1558; Pamelius, 1571) o, en general, todo lo que se refiere al culto de la iglesia, tambi\u00e9n al presente (cf card. Bona, Rerum liturgicarum libri duo, 1671). En este sentido, con Mabillon se comienza a hablar de liturgia como de un conjunto ritual determinado (De liturgia gallicana libri tres, 1685), del que se har\u00e1 eco L.A. Muratori con su Liturgia romana vetus (1748), en la que publicaba coleccionados los antiguos sacramentarios romanos descubiertos hasta entonces. Por desgracia, este leg\u00ed\u00adtimo uso del t\u00e9rmino, que permit\u00ed\u00ada hablar de liturgia oriental, occidental, latina, galicana, hisp\u00e1nica, ambrosiana, etc., y quer\u00ed\u00ada indicar los diversos modos en que se hab\u00ed\u00ada expresado el culto cristiano a lo largo de los siglos en las diversas iglesias, fue mal entendido por algunos, y se acu\u00f1\u00f3 la equivalencia \u00abliturgia = ritualidad ceremonial y de r\u00fabricas\u00bb (cf De Giorgi, Liturgia romani pontificis in celebratione missarum sollemni, 1731-44). Esta equivalencia permaneci\u00f3 estable pr\u00e1cticamente hasta el Vat. II, no s\u00f3lo en el uso com\u00fan, sino en la misma organizaci\u00f3n de los estudios eclesi\u00e1sticos, en cuyo \u00e1mbito el estudio de la liturgia, como es notorio, no iba m\u00e1s all\u00e1 del conocimiento de las r\u00fabricas que regulan el ejercicio exterior del culto; s\u00f3lo en tiempos m\u00e1s cercanos a nosotros se le a\u00f1adi\u00f3 el conocimiento de algunas noticias hist\u00f3ricas, en la medida que serv\u00ed\u00adan para explicar y eventualmente justificar, en el plano de la tradici\u00f3n, el uso de ciertos ritos.<\/p>\n<p>Todo esto hay que tenerlo presente si se quiere dar antes una primera explicaci\u00f3n de la fuerte oposici\u00f3n que desde siempre ha encontrado el movimiento lit\u00fargico, comenzando por su aparici\u00f3n en los primeros decenios del s. xx. En efecto, se aceptaba con entusiasmo su empe\u00f1o por restituir a la liturgia todo el decoro yla exactitud en las r\u00fabricas; pero con no menos decidida hostilidad hab\u00ed\u00ada oposici\u00f3n a todo esfuerzo tendente a dar a la liturgia un fundamento teol\u00f3gico verdadero y un valor plenamente formativo para la vida espiritual del cristiano.<\/p>\n<p>lI. Definiciones de \u00abliturgia\u00bb anteriores al Vat. II<br \/>\n1. DEFINICIONES QUE HAN DE RECHAZARSE. Estando as\u00ed\u00ad las cosas, una definici\u00f3n de liturgia pod\u00ed\u00ada formularse s\u00f3lo en el plano exterior de los ritos y de las r\u00fabricas, aun cuando fuera seg\u00fan \u00f3pticas diversas. Para muchos, y en general para todos los que no se ocupaban espec\u00ed\u00adficamente de liturgia, \u00e9sta aparec\u00ed\u00ada simplemente como la parte externa y sensible del culto cristiano, tendente a revestir el culto mismo de formas exteriores que al mismo tiempo fueran capaces de exaltar su contenido de fe para hacerlo m\u00e1s f\u00e1cilmente perceptible y est\u00e9ticamente fruible. En cambio, para los que estaban m\u00e1s atentos a la liturgia en s\u00ed\u00ad misma, o sea, en cuanto celebraci\u00f3n (y entre \u00e9stos se deben se\u00f1alar nombres ciertamente merecedores de ser recordados por la aportaci\u00f3n dada al movimiento lit\u00fargico y a la ciencia de la liturgia, como Callewaert, Eisenhofer, Guardini), la liturgia era la suma de las normas con que la autoridad de la iglesia regulaba la celebraci\u00f3n del culto. Por tanto, una definici\u00f3n ve\u00ed\u00ada toda la liturgia en el plano exterior y est\u00e9tico; la otra la consideraba desde una \u00f3ptica puramente jur\u00ed\u00addica; en efecto, la liturgia era juzgada como parte del derecho can\u00f3nico.<\/p>\n<p>2. DEFINICIONES QUE HAN FLORECIDO EN Fi \u00ed\u0081MBITO DEL MOVIMIENTO LIT\u00daRGICO. El I movimiento lit\u00fargico, desde su primera aparici\u00f3n, hab\u00ed\u00ada buscado una definici\u00f3n de liturgia que superara las precedentes, aunque sin negarlas del todo, y que por tanto se moviese en un plano teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>a) Por obra de L. Beauduin. Una definici\u00f3n brev\u00ed\u00adsima, pero a su modo completa, fue la proporcionada y explicada por L. Beauduin (1873-1960): \u00abLa liturgia es el culto de la iglesia\u00bb. Toda la fuerza innovadora de esta sencilla definici\u00f3n reside en la palabra iglesia, que especifica en sentido formalmente cristiano el culto. Este, en efecto, recibe de la iglesia su propio car\u00e1cter p\u00fablico y comunitario, pero no en un sentido que asimilara el culto cristiano a un culto cualquiera que emana de una sociedad cualquiera que lo establece por ley, sino en el sentido de que la iglesia, por ser en el mundo la continuaci\u00f3n de Cristo, ejerce ese culto enteramente especial y perfecto que Cristo dio al Padre en su vida terrena. El culto de la iglesia es, por tanto, ante todo culto cristiano en sentido eminente, por ser continuaci\u00f3n del de Cristo; es adem\u00e1s culto comunitario y p\u00fablico, porque en \u00e9l se expresa la naturaleza propia de la iglesia, que es comunidad visiblemente reunida en torno a Cristo Esta definici\u00f3n, recogida en la \u00abRivista liturgica\u00bb de los monjes benedictinos de Finalpia por su primer director, E. Caronti (1882-1966), el a\u00f1o mismo de su fundaci\u00f3n (1914), hizo que todo el movimiento lit\u00fargico italiano se viera gradualmente transformado por este primer esbozo de teolog\u00ed\u00ada lit\u00fargica, que de tal modo ve\u00ed\u00ada la luz en B\u00e9lgica y en Italia ya en el tercer lustro de nuestro siglo.<br \/>\nb) Por obra de O. Casel. Sin desconocer el valor objetivamente teol\u00f3gico de la definici\u00f3n de Beauduin, el benedictino aler\u00fa\u00e1n O. Casel, de Mar\u00ed\u00ada Laach (1886-1948), estima que la liturgia puede y debeconocerse no s\u00f3lo a trav\u00e9s de un proceso l\u00f3gico que se desarrolla desde el g\u00e9nero (culto) hasta la diferencia espec\u00ed\u00adfica (iglesia), sino tambi\u00e9n en s\u00ed\u00ad misma, es decir, estudi\u00e1ndola tal como es y se manifiesta: como -> celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Partiendo del hecho de que la celebraci\u00f3n lit\u00fargica es constantemente llamada misterio tanto en el lenguaje lit\u00fargico como en el patr\u00ed\u00adstico, y tomando esta palabra en el sentido con que aparece en el \u00e1mbito cultual de la llamada \u00abreligi\u00f3n de misterios\u00bb&#8216;, Casel descubre que los componentes esenciales de la celebraci\u00f3n o misterio, en cuanto t\u00e9rmino t\u00e9cnico cultual, son: 1) la existencia de un acontecimiento primordial de salvaci\u00f3n; 2) la presencia del mismo acontecimiento por medio de un rito; 3) gracias a su presencia ritual cada hombre en cada tiempo act\u00faa como propio el acontecimiento primordial de salvaci\u00f3n. Con estos datos en la mano, Casel considera que la liturgia, por el hecho de presentarse como misterio, se autodefine como \u00abel misterio de Cristo y de la iglesia\u00bb o m\u00e1s claramente: \u00abLa liturgia es la acci\u00f3n ritual de la obra salv\u00ed\u00adfica de Cristo, o sea, es la presencia, bajo el velo de s\u00ed\u00admbolos, de la obra salv\u00ed\u00adfica de la redenci\u00f3n\u00bb&#8217;. Es claro que esta concepci\u00f3n de liturgia derrumba la idea misma de culto. En efecto, \u00e9ste, en la perspectiva mist\u00e9rica, no es ante todo la acci\u00f3n del hombre que busca un contacto con Dios a trav\u00e9s del ofrecimiento de su homenaje y de su adoraci\u00f3n, sino un momento de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios sobre el hombre, de modo que \u00e9ste, una vez asumido en el misterio de Cristo hecho presente en el rito, pueda alabar y adorar a Dios \u00aben esp\u00ed\u00adritu y verdad\u00bb. A nadie se le escap\u00f3 la profundidad y la riqueza teol\u00f3gica que esta visi\u00f3n mist\u00e9rica aportaba a la liturgia, aunque no todos se mostraron siempre persuadidos del valor probativo de los testimonios que Casel aduc\u00ed\u00ada del lenguaje de los padres y de los textos lit\u00fargicos antiguos, tanto orientales como occidentales. Sin embargo, es indudable que la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica sobre la liturgia ya no puede prescindir de Casel y de confrontarse con su pensamiento, puesto que \u00e9ste ha penetrado fuertemente en la conciencia lit\u00fargica de la iglesia.<\/p>\n<p>Entretanto, el movimiento lit\u00fargico, al par que suscitaba nuevas ideas en el plano de una profundizaci\u00f3n en el conocimiento de la liturgia, no hab\u00ed\u00ada dejado de impulsar a alguno, m\u00e1s voluntarioso e incluso m\u00e1s fantasioso de cuanto la prudencia aconsejara, a introducir ciertas novedades en el plano ritual, que adem\u00e1s de revelarse como infracciones disciplinarias pod\u00ed\u00adan tener aspectos doctrinales no siempre seguros. Al surgir pol\u00e9micas que estos puntos de vista te\u00f3ricos y pr\u00e1cticos contrastantes provocaban, implicando no s\u00f3lo a personas particulares, sino tambi\u00e9n a todo el cuerpo episcopal llamado a tomar parte a favor de unos o de otros 5, intervino el papa P\u00ed\u00ado XII con su enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei (20 de noviembre de 1947).<\/p>\n<p>3. LA DEFINICI\u00ed\u201cN DE LA \u00abMEDIATOR DEI\u00bb. En la enc\u00ed\u00adclica de P\u00ed\u00ado XII, al tiempo que se insiste con energ\u00ed\u00ada en la fidelidad a las formas tradicionales, se proscribe cualquier novedad en materia de lengua y de ritos, se hace una llamada sobre el valor normativo obligatorio de las disposiciones disciplinarias en materia de culto y a la vez se rompe m\u00e1s de una lanza en favor de devociones y de pr\u00e1cticas religiosas demasiado a menudo nacidas fuera o incluso contra todo esp\u00ed\u00adritu lit\u00fargico, se trata tambi\u00e9n de sacar provecho de los progresos realizados en el conocimiento de la naturaleza teol\u00f3gica de la liturgia. Reprobadas, en efecto, como inadecuadas e insuficientes las concepciones de liturgia que hemos resumido [t supra, 1], la enc\u00ed\u00adclica se\u00f1ala la posici\u00f3n precisa sobre el interrogante m\u00e1s candente del momento: \u00bfqu\u00e9 es la liturgia? Para la enc\u00ed\u00adclica, la liturgia, vista en su contenido, es \u00abla continuaci\u00f3n del oficio sacerdotal de Cristo\u00bb o, sin m\u00e1s, \u00abel ejercicio del sacerdocio de Cristo\u00bb&#8216;; vista luego en la realidad completa de la celebraci\u00f3n, se define como \u00abel culto p\u00fablico que nuestro Redentor, cabeza de la iglesia, tributa al Padre y que la comunidad de los fieles tributa a su fundador y, por medio de \u00e9l, al Padre; o bien, m\u00e1s brevemente: la liturgia es el culto p\u00fablico total del cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, cabeza y miembros\u00bb5.<\/p>\n<p>a) Cristo, como sacerdote y mediador del NT, no ha querido que se interrumpiese el culto sagrado que \u00e9l hab\u00ed\u00ada tributado al Padre durante su vida terrena. Por eso fund\u00f3 la iglesia, es decir, edific\u00f3 sobre s\u00ed\u00ad a los fieles, los cuales, hechos templo santo en el Se\u00f1or, \u00abpudieran tener en com\u00fan con el Verbo encarnado el intento, la funci\u00f3n y el deber\u00bb del culto al Padre 9. Por tanto, el primer elemento constitutivo y especificativo de la liturgia es que en ella se ejerce el culto personal del mismo Cristo, que por comunicaci\u00f3n se convierte en culto de la iglesia. Hay que tener bien presente este primer aspecto de la liturgia, ya que sobre \u00e9l se funda su nota absolutamente particular: la liturgia, por su naturaleza \u00ed\u00adntima, es sacramental, al ser siempre signo de una efectiva presencia de Cristo.<\/p>\n<p>b) Cristo tribut\u00f3 culto al Padre no s\u00f3lo reconociendo y proclamando su gloria, sino constituyendo su reino de gloria, que es la iglesia en cuanto \u00abuniversal ciudad redimida\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn). En efecto, el reino fue constituido por Cristo no como unacontecimiento exterior (cf Heb 9:11-12), sino como una \u00abredenci\u00f3n eterna\u00bb (ib), que ha purificado nuestra conciencia de las obras de muerte de modo que as\u00ed\u00ad podamos \u00abservir [es decir, dar culto] al Dios viviente\u00bb (v. 14). As\u00ed\u00ad pues, Cristo ha dado culto al Padre de tal modo que lo ha glorificado, y al mismo tiempo nos ha hecho dignos a nosotros de tributar gloria a Dios: a trav\u00e9s de la gloria que daba al Padre, Cristo glorific\u00f3 personalmente al Padre y santific\u00f3 a los hombres para transformarlos \u00aben alabanza de su gloria\u00bb (Efe 1:5-12). De suerte que el culto sacerdotal de Cristo comprende un segundo elemento: la santidad del hombre, la cual entra as\u00ed\u00ad necesariamente en el concepto de liturgia. Como Cristo dio culto al Padre no con el ofrecimiento sacrificial de toros y becerros, sino con el sacrificio de la propia voluntad en el cumplimiento perfecto de su benepl\u00e1cito, as\u00ed\u00ad el hombre ofrece a Dios \u00abel sacrificio del esp\u00ed\u00adritu contrito\u00bb, es decir, todo su ser, \u00abcomo sacrificio santo, agradable a Dios en culto espiritual\u00bb (Rom 12:1).<\/p>\n<p>c) Pero puesto que la santidad del hombre consiste en una transformaci\u00f3n moral que es consecuencia de la uni\u00f3n y participaci\u00f3n del hombre mismo en Cristo y en sus misterios salv\u00ed\u00adficos a trav\u00e9s de los sacramentos de la iglesia, esto es, a trav\u00e9s de los ritos que act\u00faan la imagen o el s\u00ed\u00admbolo del mismo Cristo santificador, se sigue que el rito entra necesariamente como tercer elemento en el concepto de liturgia.<\/p>\n<p>De todo esto se derivan dos consecuencias: 1) el culto lit\u00fargico en tanto es comunitario en cuanto es acci\u00f3n personal: en primer lugar de Cristo, y luego de la iglesia con Cristo y en Cristo; 2) el valor principal de los ritos en la liturgia no reside en su valencia psicol\u00f3gica (como si fueran un medio para percibir una v\u00e9rdad oculta y un elemento requerido por la naturaleza sensible del hombre), sino en su naturaleza sacramental: son s\u00ed\u00admbolos e im\u00e1genes reales de lo que representan, por lo que nos ponen en contacto con Cristo, de forma que podemos dar al Padre un culto num\u00e9ricamente id\u00e9ntico al que Cristo mismo le dio.<\/p>\n<p>Por tanto, es de grand\u00ed\u00adsima importancia el hecho de que la liturgia, antes que acci\u00f3n de la iglesia hacia Dios, es acci\u00f3n de Cristo en la iglesia, de forma que la liturgia precede a la iglesia con prioridad de naturaleza y con prioridad l\u00f3gica, en cuanto que la iglesia primero es sujeto pasivo de la liturgia y luego pasa a ser sujeto activo. Ser\u00ed\u00ada verdad lo contrario si el aspecto \u00absocial\u00bb fuera principal en la liturgia, en cuanto que esto implicar\u00ed\u00ada la existencia de una iglesia como sociedad antes de poder obrar como sociedad. Por el contrario, la iglesia existe realmente s\u00f3lo en virtud de la acci\u00f3n cultual de Cristo (bautismo-eucarist\u00ed\u00ada), que une a los hombres en iglesia. Consiguientemente: si la iglesia es sujeto en primer lugar pasivo de la liturgia, la liturgia es elemento constitutivo de la (= que constituye a la) iglesia. La iglesia no nace en absoluto por una simple promulgaci\u00f3n de la ley nueva, sino s\u00f3lo cuando los .ap\u00f3stoles, yendo por el mundo, bautizan en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mat 28:19), de suerte que los hombres que creen se salven (Me 16,16; cf Heb 2:41).<\/p>\n<p>III. La liturgia en el Vat. II<br \/>\nPor lo que precede se puede ver el camino recorrido para llegar a una comprensi\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda de la liturgia: iniciado hace unos cuatro siglos, en los \u00faltimos veinte a\u00f1os anteriores al concilio aceler\u00f3 su ritmo. El Vat. II es su punto de llegada, pero para convertirse inmediatamente en punto de partida.<\/p>\n<p>1. DE LA \u00abMEDIATOR DEI\u00bb A LA \u00abSACROSANCTUM CONCILIUM\u00bb. El concepto de liturgia que nos ha ofrecido la SC es casi id\u00e9ntico al de la Mediator Dei. Lo demuestra una comparaci\u00f3n de los textos: Mediator Dei: \u00abCum liturgia nihil aliud sit, nisi huius sacerdotalis muneris [Christi] exercitatio\u00bb; SC 7: \u00abMerito igitur liturgia habetur veluti Jesu Christi sacerdotalis muneris exercitatio, in qua per signa sensibilia significatur&#8230;\u00bb Mediator Dei: \u00abSacra&#8230; liturgia&#8230; integrum constituit publicum cultum mystici Jesu Christi corporis, capitis nempe membrorumque eius\u00bb; SC 7: \u00ab&#8230; et efficitur sanctificatio hominis et a mystico Jesu Christi corpore, capite nempe eiusque membris integer cultus publicus exercetur\u00bb. Advi\u00e9rtase que tales palabras tanto en la Mediator Dei como en la SC hacen de conclusi\u00f3n de lo que los dos documentos afirman sobre la encarnaci\u00f3n del Se\u00f1or; en efecto, ambos documentos proponen la liturgia como una cierta continuaci\u00f3n real de la encarnaci\u00f3n del Se\u00f1or. Por tanto, \u00e9sta no es considerada en su constituci\u00f3n f\u00ed\u00adsica, en cuanto uni\u00f3n de la naturaleza humana individual con la naturaleza divina en la \u00fanica persona del Verbo, sino m\u00e1s bien en su raz\u00f3n formal y teol\u00f3gica, esto es, como un medio para un fin: unir al hombre con Dios y a Dios con los hombres.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta semejanza no debe inducir a pensar que la SC no haya hecho otra cosa que repetir lo que hab\u00ed\u00ada dicho ya la Mediator Dei, puesto que la implantaci\u00f3n de los dos documentos es fundamentalmente diversa. La Mediator Dei arranca del culto privado-p\u00fablico e interno-externo, que existe primero en el plano natural y se convierte luego en sobrenatural, porque el hombre ha sido elevado precisamente del orden natural al orden sobrenatural. La SC, descartado este proceso fatigoso e incierto basado en premisas filos\u00f3ficas, parte directamente de una perspectiva de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica: la del eterno designio salv\u00ed\u00adfico de Dios, que se act\u00faa gradualmente en la revelaci\u00f3n de Dios en el hombre, hasta concluirse en Cristo y continuarse en la iglesia por medio de la liturgia (SC 5-7). Este plan se revela en la historia de la salvaci\u00f3n por medio de los profetas, y \u00faltimamente por medio de Cristo y en Cristo, en cuya humanidad (misterio de la encarnaci\u00f3n) se nos ha concedido de una vez para siempre el s\u00f3t\u00e9rion, el \u00abinstrumento de la salvaci\u00f3n\u00bb (Luc 2:30 : c\u00e1ntico de Sime\u00f3n). Pero esta salvaci\u00f3n en Cristo comprende dos realidades; en efecto, en Cristo \u00abha tenido lugar la perfecta aplacaci\u00f3n de nuestra reconciliaci\u00f3n y se ha constituido entre nosotros la plenitud del culto divino\u00bb (\u00abnostrae reconciliationis processit perfecta placatio et divini cultus nobis est indita plenitudo\u00bb: Sacramentario Veronense, ed. Mohlberg 1256). Estos dos hechos, que ya hab\u00ed\u00adan sido preparados en el AT y encontraron cumplimiento en la persona de Cristo, constituyen el -> misterio pascual, que es la obra de la redenci\u00f3n de Cristo, de la que nace la iglesia (SC 5).<\/p>\n<p>Al introducir el concepto y la realidad del misterio pascual, la SC pone el culto del NT como en un lugar que es coextensivamente teol\u00f3gico y lit\u00fargico, esto es, le confiere una dimensi\u00f3n particular. En efecto, el misterio pascual no es cierta determinaci\u00f3n temporal que indicar\u00ed\u00ada s\u00f3lo un d\u00ed\u00ada especial en el calendario religioso, sino que es un hecho teol\u00f3gico que tiene una modalidad lit\u00fargica. En realidad es aquel mismo plan de salvaci\u00f3n, de redenci\u00f3n, escondido en Dios, que se convierte en misterio en la revelaci\u00f3n que encuentra en Cristo (misterio de la encarnaci\u00f3n); en este sentido es un hecho teol\u00f3gico; y, sin embargo, se encuentra bajo la modalidad lit\u00fargica, porque la pascua, que de suyo es el \u00abpaso para proteger y liberar\u00bb, consiste en un rito: es la misma redenci\u00f3n o salvaci\u00f3n obtenida en y a trav\u00e9s de un rito.<\/p>\n<p>La SC, como primera cosa, inserta de modo directo en la obra de Cristo consumada a trav\u00e9s del misterio pascual -o sea, en el orden cultual de la encarnaci\u00f3n- el misterio de la iglesia: \u00abEsta obra de la redenci\u00f3n&#8230; y de la&#8230; glorificaci\u00f3n de Dios&#8230; Cristo, el Se\u00f1or, la realiz\u00f3 principalmente por el misterio pascual&#8230; Por este misterio, con su muerte destruy\u00f3 nuestra muerte y con su resurrecci\u00f3n restaur\u00f3 nuestra vida (Misal Romano, Prefacio pascual, 1). Pues del costado de Cristo dormido en la cruz naci\u00f3 el sacramento admirable de la iglesia entera (Sacramentario Gelasiano 432)\u00bb (SC 5). Luego prosigue demostrando que este mismo misterio pascual se act\u00faa ahora en la iglesia seg\u00fan dimensiones hist\u00f3ricas que ya pose\u00ed\u00ada: a trav\u00e9s del ministerio prof\u00e9tico de la iglesia (cf AT) que anuncia el misterio, y a trav\u00e9s de la actuaci\u00f3n lit\u00fargica de este \u00faltimo (SC 6). Concluye, por \u00faltimo as\u00ed\u00ad: \u00abCon raz\u00f3n, pues, se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y&#8230; realizan la santificaci\u00f3n del hombre, y as\u00ed\u00ad el cuerpo m\u00ed\u00adstico de Jesucristo, es decir, la cabeza y sus miembros, ejerce el culto p\u00fablico \u00ed\u00adntegro\u00bb (SC 7).<\/p>\n<p>Con esta definici\u00f3n se pone la liturgia en la misma l\u00ed\u00adnea del misterio Integral de la encarnaci\u00f3n de Cristo en cuanto misterio de la redenci\u00f3n de los hombres y de la glorificaci\u00f3n de Dios; m\u00e1s a\u00fan, se la presentacomo continuaci\u00f3n (ejercicio) o actuaci\u00f3n \u00faltima y permanente del mismo. Por tanto, la liturgia es el momento \u00faltimo, es decir, escatol\u00f3gico, de la encarnaci\u00f3n bajo su modalidad de misterio pascual.<\/p>\n<p>2. LAS APORTACIONES DE LA SC PARA UNA DEFINICI\u00ed\u201cN DE \u00abLITURGIA\u00bb. La consideraci\u00f3n anal\u00ed\u00adtica y sint\u00e9tica de la SC conduce, por tanto, a estudiar a fondo algunos puntos principales con vistas a una definici\u00f3n de liturgia.<\/p>\n<p>a) La liturgia es culto a nivel de revelaci\u00f3n. La SC, sin detenerse en consideraciones de orden filos\u00f3fico y antropol\u00f3gico -consideraciones que permanecen v\u00e1lidas en su plano tambi\u00e9n a prop\u00f3sito de la liturgia-, presenta la liturgia inmediatamente como continuaci\u00f3n\/ actuaci\u00f3n del culto perfecto que Cristo tribut\u00f3, en su humanidad, al Padre. Definido como \u00abculto dado en plenitud\u00bb (\u00abin Christo&#8230; divini cultus nobis est indita plenitudo\u00bb: SC 5), es aquel por el que Cristo se revel\u00f3 como el verdadero y definitivo realizador del \u00absacerdocio\u00bb perfecto, esto es, interior y espiritual, que Dios ped\u00ed\u00ada a Israel en Exo 19:5-6. De este mismo culto es el cristiano, por su participaci\u00f3n y semejanza con Cristo, el continuador en la liturgia, hasta el punto de que en tal culto el rito no es ya directamente -como sucede en el culto natural- la expresi\u00f3n simb\u00f3lica de la relaci\u00f3n con que el hombre trata de entrar en contacto con Dios, sino que es ante todo s\u00ed\u00admbolo de la acci\u00f3n con la que Dios efect\u00faa la transformaci\u00f3n del hombre en Cristo. En efecto, como consecuencia de esta transformaci\u00f3n ser\u00e1 el hombre para Dios lo que Cristo era para el Padre: el hijo que lo honra y lo glorifica con su misma existencia, hecha de obediencia y de amor por \u00e9l.<br \/>\nb) Cristo con su sacerdocio propiamente no celebr\u00f3 una liturgia, sino que ofreci\u00f3 al Padre un culto en verdad. A diferencia del sacerdocio com\u00fanmente entendido, que es una funci\u00f3n\/encargo por el que quien est\u00e1 investido del mismo tiene el poder de interpretar y expresar autoritativamente en formas rituales externas el sentimiento religioso de adoraci\u00f3n del pueblo, el sacerdocio de Cristo tiene un valor totalmente distinto. En Cristo, el sacerdocio es el momento en que Jes\u00fas, llevando al plano del obrar la uni\u00f3n de la humanidad con la divinidad realizada en el plano del ser por la encarnaci\u00f3n, da culto al Padre uniendo perfectamente la voluntad propia a la del Padre. De este modo, la mediaci\u00f3n que Cristo realiza entre el hombre y Dios por la uni\u00f3n de las naturalezas (mediaci\u00f3n objetiva) se convierte en mediaci\u00f3n sacerdotal (mediaci\u00f3n subjetiva), porque en el culto propio lleva a Dios el culto de toda la humanidad, haci\u00e9ndose as\u00ed\u00ad \u00abcamino nuevo y viviente\u00bb que permite a todos el acceso al Padre (Heb 10:19-20). Pero aunque este culto era, en cuanto interior y espiritual, una \u00abliturgia mejor\u00bb (Heb 8:6) que el de cualquier otro sacerdocio, no revest\u00ed\u00ada sin embargo formas celebrativas externas de ninguna clase. En efecto, en \u00e9l el sacerdocio se realizaba en la plena identificaci\u00f3n del oferente con la ofrenda: Cristo era sacerdote viviendo el ofrecimiento de s\u00ed\u00ad mismo al Padre.<\/p>\n<p>c) La liturgia es el ejercicio de la obra sacerdotal de Cristo a trav\u00e9s de signos significativos y eficaces. En todo culto la forma ritual es siempre expresi\u00f3n simb\u00f3lica de una realidad que est\u00e1 en un nivel superior a la forma. Pero mientras que en el culto natural el rito es s\u00ed\u00admbolo de la realidad religiosa del hombre, el r\u00e9gimen simb\u00f3lico en que est\u00e1 constituida la liturgia tiene ante todo la tarea de expresar, haci\u00e9ndolo presente y posible para la iglesia, el culto mismo que Cristo tribut\u00f3 al Padre en su vida. En virtud del sign\u00f3 simb\u00f3lico es como la liturgia, que se ha convertido en \u00abmisterio del culto de Cristo\u00bb, reviste naturaleza y funci\u00f3n sacramental. Sus ritos simb\u00f3licos son, en efecto, lo que para Cristo era su humanidad, en el sentido de que el culto dado por Cristo al Padre inmediatamente en su humanidad, ahora con la mediaci\u00f3n del rito se le comunica, para que se asocie a \u00e9l, a toda la humanidad redimida (iglesia). Y como el culto de Cristo se expresa directamente en su santidad, el rito lit\u00fargico es ante todo signo de la santificaci\u00f3n que Cristo obra en nosotros, y en cuanto tal es, en su misma ritualidad, signo de nuestro culto espiritual. En la liturgia se ejerce as\u00ed\u00ad la acci\u00f3n sacerdotal de Cristo, y de este modo la celebraci\u00f3n de la iglesia adquiere la caracter\u00ed\u00adstica propia del culto de Cristo: ser glorificaci\u00f3n de Dios mediante la santificaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>d) La liturgia es la perpetua actuaci\u00f3n del misterio pascual de Cristo. El misterio de Cristo se llama pascual porque en la muerte de Cristo encontr\u00f3 su cumplimiento la promesa con la que Dios hab\u00ed\u00ada anunciado que quer\u00ed\u00ada establecer su \u00abtestamento\u00bb (diat\u00e9k\u00e9, testamentum, alianza) con su pueblo a fin de asumirlo como pueblo \u00abespecial, real y sacerdotal\u00bb. Pascua, en efecto, fue la muerte de Cristo -es decir, su \u00e9xodo (tr\u00e1nsito)-, en cuanto que no qued\u00f3 prisionero de la muerte, sino que fue resucitado por el Padre y, por tanto, al subir al Padre, \u00abllev\u00f3 consigo una multitud de cautivos\u00bb, o sea, liber\u00f3 a los hombres prisioneros (del pecado y de la muerte) y les \u00abdio dones\u00bb, es decir, \u00abotorg\u00f3 el don del Dios alt\u00ed\u00adsimo\u00bb, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, mediante el cual hemos recibido nola ley \u00abde nuevo en el temor\u00bb, sino aquel \u00abamor que hace que nos llamemos hijos de Dios y en efecto lo seamos\u00bb (1Jn 3:1). Esta pascua de Cristo, hacia la que tend\u00ed\u00ada todo el AT y toda su vida, aunque ha tenido lugar en la historia (es decir, en un momento dado de la historia del mundo), no est\u00e1 condicionada hist\u00f3ricamente (es decir, no est\u00e1 confinada y cerrada en la historia); celebrada en la liturgia, es la aplicaci\u00f3n y la actuaci\u00f3n en el tiempo, de modo diverso seg\u00fan las \u00e9pocas, de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios. En efecto, en el AT la pascua realizaba en todas las generaciones del pueblo hebreo la promesa de la salvaci\u00f3n que se hab\u00ed\u00ada dado mediante Mois\u00e9s; en el NT la pascua realiza en todas las generaciones cristianas la verdad de la salvaci\u00f3n que se ha efectuado mediante Cristo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n por este motivo toda la liturgia de la iglesia est\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea y en la perspectiva pascual y constituye el \u00faltimo momento de la historia de la salvaci\u00f3n. En efecto, la liturgia no es otra cosa que la actuaci\u00f3n de aquel \u00abanuncio de la muerte del Se\u00f1or hasta que venga\u00bb, de que habla san Pablo (1Co 11:26). Es decir, es la anamnesis, memoria actual y real de las realidades que Cristo mismo obr\u00f3; es la anamnesis, memoria real y actual de su pascua, es decir, de su \u00e9xodo \u00abde este mundo al Padre\u00bb (Jn 13, I a) cuando am\u00f3 a los suyos \u00abhasta el fin\u00bb (Jua 13:1b), total y eternamente, liber\u00e1ndolos de la muerte y uni\u00e9ndolos de nuevo con Dios.<\/p>\n<p>3. LA DEFINICI\u00ed\u201cN DE \u00abLITURGIA\u00bb QUE SE DESPRENDE DEL VAT. II. Siguiendo la intenci\u00f3n y la expresi\u00f3n del concilio, finalmente podemos de alg\u00fan modo definir la liturgia. Es \u00abuna acci\u00f3n sagrada a trav\u00e9s de la cual, con un rito, en la iglesia y mediante la iglesia, se ejerce y contin\u00faa la obra sacerdotal de Cristo, es decir, la santificaci\u00f3n de los hombres y la glorificaci\u00f3n de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>a) Acci\u00f3n sagrada: una acci\u00f3n de culto. Acci\u00f3n, por tanto, no en sentido exterior, sino en el sentido contenido en las palabras de Cristo: \u00abHe cumplido la obra que t\u00fa [Padre] me encomendaste\u00bb. En efecto, en la liturgia \u00abse ejerce [exercetur] la obra de nuestra redenci\u00f3n\u00bb (SC 2). .<\/p>\n<p>b) A trav\u00e9s de la cual: la expresi\u00f3n indica la naturaleza instrumental de la liturgia, la cual es coextensivamente un medium quo y un medium alicuius. No es una acci\u00f3n sagrada gen\u00e9rica con la que se hace algo en orden a Dios; es, por el contrario, una acci\u00f3n cuya virtud deriva del hecho de ser el medio a trav\u00e9s del cual Cristo mismo se hace presente como agente principal. En efecto, la liturgia es una acci\u00f3n comunicada por Cristo a la iglesia, y a trav\u00e9s de la cual \u00e9sta realiza cuanto Cristo mismo realiz\u00f3.<br \/>\nc) Con un rito: el rito es el signo sagrado que significa una realidad y la realiza. Esta naturaleza ritual de la liturgia no ha de verse ante todo, como se hace demasiado a menudo, en la l\u00ed\u00adnea antropol\u00f3gica, en cuanto que el hombre tiene necesidad de signos externos. No se niega esto en absoluto; pero el rito como signo indica relaci\u00f3n con Cristo, porque sirve para significar y actuar la memoria y la presencia de Cristo; y como Cristo realiz\u00f3 una obra divina en la humanidad unida al Verbo de Dios, as\u00ed\u00ad el rito lit\u00fargico aporta en su materialidad el significado y la potencia del Verbo de Dios; de este modo es como una longa manus de Cristo, que nos hace tocar la misma divina potencia de su humanidad.<br \/>\nd) En la iglesia: se entiende la iglesia como el cuerpo vivo y real de Cristo, en el que el mismo Cristo cabeza est\u00e1 presente y es coagente. Se dice \u00aben la iglesia\u00bb, porque ella es el primer sujeto pasivo de la liturgia. En efecto, la obra sacerdotal de Cristo tiende a hacer de los hombres la iglesia. Tomando la parte por el todo -es decir, la eucarist\u00ed\u00ada por la liturgia-, podemos decir con los antiguos: \u00abLa eucarist\u00ed\u00ada hace a la iglesia\u00bb, porque a trav\u00e9s de la acci\u00f3n lit\u00fargica es realizada la iglesia, \u00abhabiendo sido elegidos y llamados (_ \u00abhechos iglesia\u00bb) para ser alabanza de Dios\u00bb (cf Ef 1).<\/p>\n<p>e) Mediante la iglesia: por tanto, Cristo no obra ya ahora su propio misterio directamente y por s\u00ed\u00ad solo, sino mediante la iglesia. En efecto, la obra sacerdotal de Cristo pasa a ser por participaci\u00f3n la obra sacerdotal de la iglesia en cuanto cuerpo de Cristo, y por tanto la liturgia pertenece a la iglesia como su realidad peculiar. La liturgia es la modalidad particular del culto en la que, mediante la iglesia, acontece ahora en el mundo lo que en otro tiempo realiz\u00f3 Cristo en su misterio (Cristo tiene como propio su misterio; la iglesia tiene como propia la liturgia, que es ese modo determinado de actuar tal misterio a trav\u00e9s de los ritos). Puesto que la iglesia est\u00e1 \u00abasociada\u00bb a Cristo en la ejecuci\u00f3n de esta obra sacerdotal, se dice con acierto que ahora esta obra se cumple y se act\u00faa en el mundo \u00abmediante la iglesia\u00bb.<br \/>\nf) Se ejerce y contin\u00faa: \u00abse ejerce\u00bb, es decir, es puesta en ejercicio, se hace actual; \u00abse contin\u00faa\u00bb, es decir, se act\u00faa incesante y perennemente, sin interrupci\u00f3n. La obra sacerdotal de Cristo, que es la salvaci\u00f3n del mundo, no constituye en Cristo s\u00f3lo un gran m\u00e9rito en virtud del cual se reputa a los dem\u00e1s hombres santificados porque cuanto hizo Cristo se considera como hed4 ol para ellos; al contrario, todo lo que Cristo hizo se considera como hecho por todos los hombres. Ahora bien, lo que deiure fue hecho en Cristo por la naturaleza humana de todos, ahora de facto se ejerce a trav\u00e9s de la liturgia por cada una de las personas agrupadas en la unidad del cuerpo de la iglesia.<br \/>\ng) La obra sacerdotal de Cristo: es la obra total de la encarnaci\u00f3n que Cristo realiz\u00f3 de modo sacerdotal; es decir, como mediador que une a Dios con los hombres y a los hombres con Dios: todo ello mediante su sacrificio. Es la obra que realiz\u00f3 en su misterio pascual, a trav\u00e9s de la cual \u00e9l mismo, al recibir verdaderamente las promesas de Dios, liber\u00f3 a todos los hombres y los constituy\u00f3 como \u00abnaci\u00f3n santa, pueblo peculiar, linaje escogido, sacerdocio real\u00bb (1Pe 2:9).<br \/>\nh) Santificaci\u00f3n y glorificaci\u00f3n: la de Cristo fue obra de glorificaci\u00f3n de Dios a trav\u00e9s de la santificaci\u00f3n de los hombres. Cristo, en efecto, dio culto a Dios en el sentido de que en s\u00ed\u00ad mismo recondujo hasta Dios a los hombres purificados, santificados y reconciliados. Esta misma obra se act\u00faa ahora en la liturgia: en ella es santificado el hombre, y de este modo puede dar gloria al Padre. En realidad, los adoradores en esp\u00ed\u00adritu y verdad existen s\u00f3lo cuando los hombres, someti\u00e9ndose totalmente a Dios, lo reconocen como su creador v redentor.<\/p>\n<p>IV. La \u00abcelebraci\u00f3n lit\u00fargica\u00bb en el Vat. II<br \/>\nSi nos atenemos a la definici\u00f3n referida, el ser culto sacerdotal de Cristo comunicado a la iglesia y ejercido por la iglesia constituye la doble formalidad por la que la liturgia, por un lado, se diferencia esencialmente de cualquier culto natural -en cuanto que, como culto a nivel de revelaci\u00f3n y de historia de la salvaci\u00f3n se realiza s\u00f3lo en el hombre renovado en Cristo (sobrenaturaleza)- y, por la otra, se presenta como culto de la iglesia.<\/p>\n<p>Estudiar de forma penetrante el sentido profundo de esta formalidad, que quiere poner de manifiesto la indispensable naturaleza eclesial de la liturgia, siempre fue dif\u00ed\u00adcil, por las implicaciones jur\u00ed\u00addicas que se han descubierto en la f\u00f3rmula culto de la iglesia.<\/p>\n<p>Ya Beauduin, mientras por una parte afirma que el sujeto de soporte de la liturgia es la iglesia -cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo- en su integridad, por la otra afirma tambi\u00e9n que la liturgia no s\u00f3lo en su ordenamiento, sino tambi\u00e9n en su ejercicio depende \u00fanicamente de la iglesia jer\u00e1rquica, por la raz\u00f3n de que s\u00f3lo en \u00e9sta se ejerce en plenitud el sacerdocio de Cristo.<\/p>\n<p>An\u00e1loga es la posici\u00f3n de la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei, de P\u00ed\u00ado XII, la cual, aunque define la liturgia como \u00abculto integral del cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo\u00bb, en la pr\u00e1ctica la considera \u00abprincipalmente cosa de los sacerdotes que la ejercen en nombre de la iglesia\u00bb; porque \u00abs\u00f3lo ellos est\u00e1n signados con el car\u00e1cter indeleble que los configura con el sacerdocio de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Como se ve, la liturgia, de culto de la iglesia pasa a ser culto en nombre de la iglesia, f\u00f3rmula por la que la liturgia se inscribe en el \u00e1rea directamente jur\u00ed\u00addica de la oficialidad y se convierte as\u00ed\u00ad en una acci\u00f3n p\u00fablica. Era lo que el CDC de la \u00e9poca (can. 1256) hab\u00ed\u00ada especificado ya definiendo a la liturgia como \u00abculto p\u00fablico\u00bb, porque es culto que se tributa a Dios \u00aben nombre de la iglesia\u00bb por personas leg\u00ed\u00adtimamente delegadas por la misma iglesia y seg\u00fan ordenamientos dispuestos institucionalmente por ella.<\/p>\n<p>Al decir que la liturgia es \u00abculto p\u00fablico hecho en nombre de la iglesia\u00bb se entra en la l\u00f3gica de la conocida distinci\u00f3n\/ oposici\u00f3n entre culto privado y culto p\u00fablico, distinci\u00f3n que se refiere no al modo de realizar la acci\u00f3n de culto (en privado o en p\u00fablico), sino al sujeto diferente que realiza el culto, el cual puede ser el individuo particular -que obra como tal, esto es, en nombre propio- o bien la sociedad, la cual puede obrar por medio de un encargado suyo, cuyas acciones, llevadas a cabo en nombre de la sociedad, revisten valor oficial. De este modo, la liturgia ser\u00ed\u00ada culto p\u00fablico y oficial porque estar\u00ed\u00ada hecho en nombre de la iglesia-sociedad por quien por oficio es diputado suyo. Poner, por tanto, la liturgia en la categor\u00ed\u00ada del culto p\u00fablico significa no tanto insinuar su aspecto externamente visible cuanto m\u00e1s bien se\u00f1alar su posici\u00f3n de oficialidad, que la hace acci\u00f3n representativa del culto que la comunidad (iglesia) da a Dios por medio de alguien que obra en su nombre.<\/p>\n<p>Una primera consecuencia de ello ser\u00ed\u00ada \u00e9sta: si la liturgia es por definici\u00f3n culto p\u00fablico-representativo, no puede darse sino en virtud de una mediaci\u00f3n, que en nuestro caso viene dada por aquel que por oficio es delegado para el culto en la iglesia. Una segunda consecuencia ser\u00ed\u00ada que toda acci\u00f3n de culto hecha por un privado nunca podr\u00e1 tener valor y sentido de liturgia, y toda acci\u00f3n de culto que normalmente se considera lit\u00fargica dejar\u00e1 de ser tal si la realiza un privado. Ejemplo cl\u00e1sico: antes de la reforma querida por el Vat. II, si un sacerdote, solo o en grupo, rezaba el rosario no hac\u00ed\u00ada liturgia, porque en este caso \u00e9l era un privado, al no extenderse su delegaci\u00f3n hasta el rosario; si un privado, solo o en grupo, rezaba el breviario -oraci\u00f3n lit\u00fargica por excelencia-no hac\u00ed\u00ada liturgia, porque no estaba delegado para esta oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si consideramos todo el c. 1 de la SC, se dir\u00ed\u00ada que se delinea otra situaci\u00f3n, debido a que en la constituci\u00f3n lit\u00fargica nunca aparece expl\u00ed\u00adcita ni la idea de oficialidad ni la de delegaci\u00f3n para el culto, aun cuando en SC 7 la definici\u00f3n de liturgia coincide hasta en el uso del t\u00e9rmino p\u00fablico con la de la Mediator Dei. Si el aspecto jur\u00ed\u00addico de la oficialidad se hace todav\u00ed\u00ada repetidamente manifiesto en el c. IV de la SC (oficio divino) con la atribuci\u00f3n, de nuevo, a la liturgia de la delegaci\u00f3n como elemento constituyente del culto de la iglesia, esto probablemente se debe sobre todo a la falta de perfecta coordinaci\u00f3n entre las diversas comisiones de estudio que realizaron la constituci\u00f3n conciliar.<\/p>\n<p>Es lo que se debe deducir del hecho de que el documento de aplicaci\u00f3n de dicho c. IV de la SC, es decir, la Ordenaci\u00f3n general de la Liturgia de las Horas (OGLH) reconoce plenamente a la liturgia de las Horas, aun poni\u00e9ndola fuera de toda idea de oficialidad y de delegaci\u00f3n, el grado y la naturaleza de liturgia por el mero t\u00ed\u00adtulo de ser oraci\u00f3n de la comunidad (OGLH 9; 17), de la iglesia (ib, 15; 17). Se explicita as\u00ed\u00ad la sentencia conciliar que declara a las acciones lit\u00fargicas \u00abacciones que pertenecen a todo el cuerpo de la iglesia\u00bb (SC 26), y la liturgia se convierte por s\u00ed\u00ad misma en \u00abmisi\u00f3n\u00bb de la iglesia (OGLH 27) y tarea de toda la comunidad (ib, 28).<\/p>\n<p>Por consiguiente, la celebraci\u00f3n de la liturgia de las Horas revela como iglesia no s\u00f3lo -de manera particular- a la comunidad reunida con el obispo, con quien le sustituye (ib, 20) o con el p\u00e1rroco (ib, 21), sino tambi\u00e9n cualquier otra asamblea de fieles reunida para la celebraci\u00f3n comunitaria de la liturgia de las horas (cf ib, 21; 22), sean laicos (ib, 27) o comunidades religiosas (ib, 24). Es evidente que la oraci\u00f3n de las comunidades aparece tanto m\u00e1scomo un hecho eclesial cuando se produce bajo la presidencia del obispo (ib, 20) -definido en nuestro caso como aquel que \u00abdeber\u00e1 sobresalir por su oraci\u00f3n entre todos los miembros de la iglesia\u00bb (ib, 28)- y del p\u00e1rroco, \u00abpastor que hace las veces del obispo\u00bb (ib, 21). De \u00e9stos se dice que, adem\u00e1s de haber recibido la \u00abmisi\u00f3n can\u00f3nica\u00bb de convocar y dirigir la oraci\u00f3n (ib, 23), \u00abse les conf\u00ed\u00ada\u00bb tambi\u00e9n como \u00abobligaci\u00f3n personal\u00bb (ib, 28) y por \u00abmandato especial\u00bb (ib, 17; 29) la celebraci\u00f3n de la misma oraci\u00f3n: obligaci\u00f3n que ha de cumplirse asimismo con la celebraci\u00f3n en privado, en caso de que estuviera ausente la comunidad (ib, 28). Aunque al respecto aparezca todav\u00ed\u00ada el t\u00e9rmino delegaci\u00f3n (ib, 28), su significado ya no es el de antes. En efecto, la diputaci\u00f3n de que hablaba el CDC de 1917 era aquella por la que una acci\u00f3n de culto se convert\u00ed\u00ada por v\u00ed\u00ada oficial en liturgia, o sea, culto de la iglesia, por ser hecha \u00aben nombre de la iglesia\u00bb. Ahora, por el contrario, la \u00abmisi\u00f3n can\u00f3nica\u00bb y el \u00abmandato\u00bb fundan el deber de \u00abconvocar y dirigir\u00bb y la obligaci\u00f3n de \u00abcelebrar\u00bb la liturgia de las Horas, a fin de que \u00abal menos ellos aseguren&#8230; el desempe\u00f1o de lo que es funci\u00f3n de toda la comunidad, y se mantenga en la iglesia sin interrupci\u00f3n la oraci\u00f3n de Cristo\u00bb (ib, 28). Con otras palabras: el mandato se refiere s\u00f3lo a la obligaci\u00f3n de ejecutar una oraci\u00f3n que es ya en s\u00ed\u00ad misma liturgia de la iglesia.<\/p>\n<p>En coherencia con este conocimiento m\u00e1s profundizado de la realidad eclesial de la liturgia, el nuevo CDC de 1983 (can. 1173) pone tambi\u00e9n la liturgia de las Horas directamente como acci\u00f3n de la iglesia, que ejerce el sacerdocio de Cristo; el nuevo c\u00f3digo no alude, a prop\u00f3sito de los ministros sagrados, a una delegaci\u00f3n lit\u00fargica de los mismos (can. 276).<\/p>\n<p>De cuanto precede se derivan algunas consecuencias que nos parece pueden ayudar a comprender mejor la liturgia en su relaci\u00f3n con la iglesia y con el culto privado.<\/p>\n<p>V. Liturgia e iglesia<br \/>\nLa liturgia, en cuanto ejercicio del sacerdocio de Cristo actuado en la iglesia, es acci\u00f3n conjunta de Cristo y de la iglesia, en el sentido de que \u00abCristo asocia siempre consigo a su esposa la iglesia\u00bb en la realizaci\u00f3n de \u00abesta obra tan grande, por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados\u00bb (SC 7). Sin embargo, aun siendo la liturgia acci\u00f3n com\u00fan de Cristo y de la iglesia, Cristo conserva siempre en ella la propia posici\u00f3n de cabeza, y la iglesia se act\u00faa como cuerpo suyo. De esta doble posici\u00f3n deriva una distinci\u00f3n de papeles -papel de cabeza (Cristo) y papel de cuerpo (iglesia)- que en la liturgia se concretan en los ministros (cabezas-vicegerentes de Cristo cabeza) y en la comunidad (real cuerpo de Cristo).<\/p>\n<p>Cristo ejerce su propio papel de cabeza en la liturgia: primero, cuando, comunicando -por medio de los ministros sagrados- a los hombres su propia gracia (Jua 1:16), con esta obra suya de santificaci\u00f3n los hace pueblo santo de Dios, o sea, iglesia; segundo, cuando comunica a la iglesia, as\u00ed\u00ad constituida, aquella misma alabanza que \u00e9l elevaba al Padre.<\/p>\n<p>La iglesia cumple su propio papel de cuerpo de Cristo en la liturgia cuando, aceptando la acci\u00f3n santificadora de Cristo, contin\u00faa la oraci\u00f3n y la alabanza que \u00e9l ofreci\u00f3 al Padre en los d\u00ed\u00adas de su vida terrena (Heb 5:7) y que, ofrecida por la iglesia, sigue siendo la oraci\u00f3n que Cristo -pero hoy con su cuerpo, la iglesia- presenta al Padre (cf SC 84).<\/p>\n<p>En este sentido la liturgia, acci\u00f3n sacerdotal de Cristo, se llama con raz\u00f3n \u00abculto de la iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>La liturgia es, pues, el culto de la iglesia no porque se ejerce \u00aben nombre de la iglesia\u00bb que manda u ordena el culto, sino porque se ejerce in persona ecclesiae, es decir, por quien como comunidad (a) o como individu\u00f3 (b) personifica a la iglesia.<\/p>\n<p>a) La comunidad que personifica o encarna a la iglesia es ante todo la comunidad que constituye la iglesia local. Por consiguiente, la liturgia de la iglesia local es aquella en la que propiamente la liturgia se revela y se ejerce como liturgia de la iglesia. La determinaci\u00f3n local, as\u00ed\u00ad como no quita a cada una de las comunidades su caracter\u00ed\u00adstica de ser verdaderamente iglesias (LG 26), m\u00e1s a\u00fan, la aumenta, porque les confiere una cierta visibilidad (AG 37) y car\u00e1cter concreto (LG 11), tampoco disminuye, antes al contrario pone de manifiesto la nota eclesial de su liturgia. En efecto, \u00e9sta s\u00f3lo existe como liturgia en acto cuando es local, o sea, cuando hay una comunidad que la celebra en un determinado lugar \u00ab.<\/p>\n<p>Pero una celebraci\u00f3n local de la liturgia es prevista como verdadera y aut\u00e9ntica liturgia tambi\u00e9n cuando la hace cualquier comunidad eclesial, es decir, situada en el interior, pero como parte -aunque sea m\u00ed\u00adnima- de la iglesia local. Es el caso de las comunidades mon\u00e1sticas, masculinas o femeninas, cuya oraci\u00f3n es verdaderamente liturgia de las Horas, porque en ella representan \u00abde modo especial a la iglesia orante\u00bb (OGLH 24). Igualmente una comunidad, aunque sea ocasional, formada s\u00f3lo por laicos, si celebra, aunque s\u00f3lo sea parcialmente, la liturgia de las Horas, realiza \u00abla misi\u00f3n de la iglesia\u00bb; y es liturgia de la iglesia tambi\u00e9n la deseada celebraci\u00f3n de las horas que se da en el \u00e1mbito restringido de la familia, visto que por tal celebraci\u00f3n la familia \u00abse siente m\u00e1s insertada en la iglesia\u00bb (OGLH 27).<\/p>\n<p>b) El individuo que personifica o encarna a la iglesia es propiamente el ministro sagrado, es decir, aquel que, constituido \u00aben el orden\u00bb por un sacramento especial, recibe el \u00abEsp\u00ed\u00adritu de cabeza\u00bb (Spiritus principalis) que lo hace \u00abobispo, pastor y sumo sacerdote\u00bb en la iglesia, o al recibir \u00abel segundo grado del ministerio\u00bb se convierte en presb\u00ed\u00adtero y \u00abcolaborador\u00bb del obispo en su oficio pastoral y, por tanto, tambi\u00e9n en el sacerdocio.<\/p>\n<p>En ambos casos el orden comunica la gracia sacramental por la que el obispo y el presb\u00ed\u00adtero adquieren la capacidad de obrar como vicegerentes de Cristo, cabeza del cuerpo. En efecto ellos, que por el bautismo eran, como todos, miembros del cuerpo de Cristo, por el sacramento del orden han sido hechos cabezas en el cuerpo de Cristo (PO 2). As\u00ed\u00ad como Cristo cabeza \u00ablleva a todos en s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (Cipriano, Efe 63:13), tambi\u00e9n el obispo y el presb\u00ed\u00adtero en cuanto cabezas-vicegerentes de Cristo llevan en s\u00ed\u00ad toda la comunidad de la que, en dependencia de Cristo, son cabezas. Por consiguiente, como Cristo en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, que tambi\u00e9n es actuaci\u00f3n de su propia acci\u00f3n sacerdotal, no est\u00e1 nunca solo, sino que \u00abasocia siempre consigo a su esposa la iglesia\u00bb (SC 7), hasta el punto de que la liturgia resulta ser conjuntamente \u00abobra de Cristo sacerdote y de su cuerpo que es la iglesia\u00bb (ib); as\u00ed\u00ad el obispo y el presb\u00ed\u00adtero al realizar la liturgia personifican siempre a la iglesia, tanto si ella est\u00e1 presente como si est\u00e1 ausente. Naturalmente, si la comunidad est\u00e1 presente, entonces el \u00absacramento de unidad\u00bb que es la iglesia, \u00abpueblo santo congregado y ordenado bajo la direcci\u00f3n de los obispos\u00bb (SC 26), se hace m\u00e1s evidente, en cuanto que tal comunidad representa \u00aba la iglesia visible establecida por todo el orbe\u00bb (SC 42). Si la comunidad est\u00e1 ausente, en el obispo y en el presb\u00ed\u00adtero est\u00e1 de todos modos presente Cristo en su espec\u00ed\u00adfica funci\u00f3n de cabeza de la iglesia, y por tanto en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica tienen ellos en Cristo asociada consigo, personific\u00e1ndola, a la propia iglesia.<\/p>\n<p>Como conclusi\u00f3n de cuanto se ha dicho se ve claramente que el verdadero sujeto de la liturgia es propiamente hablando s\u00f3lo la iglesia, tanto si est\u00e1 personificada -a t\u00ed\u00adtulo diverso- en la comunidad como si lo est\u00e1 en el ministro\/cabeza de la comunidad. No existe, por tanto, una liturgia en nombre de la iglesia, sino s\u00f3lo una liturgia de la iglesia.<\/p>\n<p>Por consiguiente, hay que reajustar el valor de mediador que a menudo se da al ministro sagrado en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. Aparte el hecho de que parece que debe excluirse de los ministros sagrados toda mediaci\u00f3n en sentido teol\u00f3gico -en cuanto reservada a Cristo-, tampoco es exacto atribuirles la mediaci\u00f3n que se encuentra en quien, revestido de oficialidad, ocupa el puesto del que est\u00e1 ausente: en el ministro -sea que personifique a Cristo cabeza, sea que, en cuanto cabeza, personifique al cuerpo de Cristo, la iglesia- obran, respectivamente, Cristo y la iglesia. Con otras palabras: en la liturgia, cuando por ejemplo el ministro obra como presidente, no es mediador de la propia iglesia, sino que en su oraci\u00f3n ora la iglesia.<\/p>\n<p>VI. Liturgia y culto privado<br \/>\nLa conocida distinci\u00f3n entre culto p\u00fablico y culto privado opone desde siempre la oraci\u00f3n de la iglesia y la oraci\u00f3n privada reconociendo a laprimera la caracter\u00ed\u00adstica de liturgia, que se niega, por el contrario, a la segunda (santo Tom\u00e1s, S. Th. II-II, 83-12; cf los antiguos tratados de teolog\u00ed\u00ada moral, por ejemplo, Merkelbach, Summa theologiae moralis II, Par\u00ed\u00ads 1932, 692s; Noldin-Heinzel, Summa theologiae moralis II, Innsbruck 19573&#8217;, 129). La distinci\u00f3n se basa en una consideraci\u00f3n teol\u00f3gica del hombre, seg\u00fan la cual la realidad cristiana de \u00e9ste, calificada como sobrenaturaleza, es vista s\u00f3lo como algo que se superpone al ser natural del hombre mismo.<\/p>\n<p>El movimiento lit\u00fargico desde su nacimiento ha chocado contra esta consideraci\u00f3n, pero sin lograr superarla, habi\u00e9ndose tenido que contentar con afirmar el valor superior de la oraci\u00f3n lit\u00fargica recurriendo ora a la constataci\u00f3n de hecho de que \u00e9sta era la oraci\u00f3n oficial de la iglesia (visi\u00f3n jur\u00ed\u00addica), ora a la afirmaci\u00f3n que reconoc\u00ed\u00ada en ella la oraci\u00f3n de la iglesia cuerpo de Cristo, ora al redescubrimiento de la sentencia b\u00ed\u00adblica: \u00abDonde hay dos o tres reunidos en mi nombre, all\u00ed\u00ad estoy yo en medio de ellos\u00bb (Mat 18:20).<\/p>\n<p>A estas dos \u00faltimas consideraciones de orden teol\u00f3gico se les reconoc\u00ed\u00ada ciertamente una importancia de primer plano en favor de la liturgia, como suced\u00ed\u00ada por ejemplo en la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei, de P\u00ed\u00ado XII, y m\u00e1s recientemente, con fuerza, en SC 7, donde leemos que \u00abtoda celebraci\u00f3n lit\u00fargica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su cuerpo, que es la iglesia, es acci\u00f3n sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo t\u00ed\u00adtulo y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acci\u00f3n de la iglesia\u00bb. Pero esto no quitaba la distinci\u00f3n, y por tanto la existencia\/valor de la oraci\u00f3n privada, como reconoce SC 12, que sin embargo, con extra\u00f1a ex\u00e9gesis, no s\u00f3lo opone la oraci\u00f3n en secreto (recordada por Mat 6:6) a la oraci\u00f3n en com\u00fan (que tambi\u00e9n es reconocida como vocaci\u00f3n propia del cristiano), sino que adem\u00e1s presenta la oraci\u00f3n incesante (inculcada por 1Ts 5:17) como sin\u00f3nimo de oraci\u00f3n privada, mientras que para SC 86 (cf OGLH 10; 15) precisamente la oraci\u00f3n lit\u00fargica ser\u00e1 la que realiza la oraci\u00f3n incesante recomendada por Pablo. Pero hay m\u00e1s: en SC 12, el ofrecimiento de s\u00ed\u00ad mismos -que se realiza en el sacrificio de la misa (liturgia m\u00e1xima de la iglesia)- es presentado como una de las cosas que demuestran que \u00c2\u00a1la \u00abparticipaci\u00f3n en la sagrada liturgia no abarca toda la vida espiritual\u00bb! Sin querer negar la dificultad que deriva de verse forzados a moverse en una situaci\u00f3n de hecho y de mentalidad con siglos de antig\u00fcedad, nos parece grave que la SC no haya hecho esfuerzos mayores por salir de ella.<\/p>\n<p>En la base de todo el problema est\u00e1 la falta de comprobaci\u00f3n del valor que en el plano cristiano tienen las expresiones oraci\u00f3n privada y oraci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>1. ORACI\u00ed\u201cN PRIVADA. Yendo por delante que la expresi\u00f3n puede indicar el modo (en privado) y el sujeto (como persona privada) de la oraci\u00f3n, se debe decir que la oraci\u00f3n en privado tiene sus ra\u00ed\u00adces en la misma naturaleza humana; en efecto, entra en ese modo de obrar con que el hombre se expresa tanto en relaci\u00f3n con Dios como en relaci\u00f3n consigo mismo y con los dem\u00e1s en los momentos de profunda intimidad. Es una actitud inextirpable del hombre.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n como persona privada es aquella en que el hombre se pone delante de Dios ignorando a los dem\u00e1s. Este tipo de oraci\u00f3n, que bien puede situarse en el natural ego\u00ed\u00adsmo del hombre, no es admisible en el cristiano. De hecho, en el cristiano que ora como cristiano no existe nunca, porque no puede existir. Si se da tal oraci\u00f3n, no es oraci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Hablando de c\u00f3mo debe ser la oraci\u00f3n cristiana, san Cipriano (De orat. dom. 8) escribe: \u00abLos cristianos tienen una oraci\u00f3n p\u00fablica [= universal] y com\u00fan, y as\u00ed\u00ad cuando oramos no oramos por uno s\u00f3lo, sino por todo el pueblo, porque nosotros somos todo el pueblo, una sola cosa\u00bb. Y a\u00f1ade que esto viene de Cristo mismo, \u00abmaestro y doctor de la unidad, el cual no ha querido que los suyos orasen como individuos y como personas privadas, cual si orasen s\u00f3lo para s\u00ed\u00ad, sino que ha querido que cada uno orase por todos, del mismo modo que \u00e9l llev\u00f3 a todos congregados en s\u00ed\u00ad mismo\u00bb.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n del cristiano es, pues, de todos al tiempo que es suya, y no por presupuestos sociol\u00f3gicos, sino por razones de antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica. El cristiano participa en la realidad de Cristo y, por tanto, tambi\u00e9n en su acci\u00f3n: como Cristo \u00aben su humanidad llevaba a todos los hombres\u00bb para comunicarles a todos la salvaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad el cristiano lleva a todos en la propia oraci\u00f3n, para cooperar en la salvaci\u00f3n de todos.<\/p>\n<p>La formulaci\u00f3n plural que el Se\u00f1or da a la oraci\u00f3n que ense\u00f1a a los ap\u00f3stoles no se debe a razones de estilo, sino que es revelaci\u00f3n de la mentalidad del Se\u00f1or. Todav\u00ed\u00ada santo Tom\u00e1s (S. Tb. II-II, 83-7 ad 1) se remite a la motivaci\u00f3n encarnacionista de Cipriano, cuyas palabras cita, al explicar el plural del padrenuestro; y contin\u00faa diciendo (ib, 16 ad 3) que la \u00aboraci\u00f3n del Se\u00f1or se pronuncia en la persona com\u00fan de toda la iglesia\u00bb, por lo que -iy estamos ante la naturaleza sacramental de la oraci\u00f3n cristiana!- es siempre verdad para la iglesia lo que en ella ora el orante, aun en el caso de que \u00e9l no lo entendiera personalmente as\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Por tanto, SC 12 habla con raz\u00f3n de una vocaci\u00f3n del cristiano a una oraci\u00f3n com\u00fan (\u00abchristianus enim ad communiter orandum vocatus&#8230;\u00bb), por la que incluso cuando ora en privado no ser\u00e1 nunca la suya una oraci\u00f3n como persona privada, porque su oraci\u00f3n se producir\u00e1 siempre dentro del cuerpo de Cristo, la iglesia, como oraci\u00f3n en y por el cuerpo de Cristo. Y esto sin que tal oraci\u00f3n pierda el propio car\u00e1cter personal. El cristiano alaba y da gracias o bien suplica por un don personal que ha recibido o que desea recibir; pero de hecho por medio de \u00e9l dan gracias y suplican todos, puesto que \u00e9l en la propia oraci\u00f3n -como Cristo en la suya- se hace voz de cada hombre.<\/p>\n<p>Todo esto es la consecuencia natural del hecho de que cada cristiano participa con todos en el \u00fanico y com\u00fan sacerdocio de Cristo, que es necesariamente universal no s\u00f3lo en la extensi\u00f3n (en todos), sino tambi\u00e9n en la acci\u00f3n (que es de todos).<\/p>\n<p>2. ORACI\u00ed\u201cN LIT\u00daRGICA. En el cristiano, la que se llama oraci\u00f3n lit\u00fargica de hecho no a\u00f1ade nada, en cuanto al valor de universalidad, a la com\u00fan oraci\u00f3n cristiana arriba descrita. Su particularidad es la de ser el sacramento de \u00e9sta. Definida como oraci\u00f3n de la iglesia, explicita a trav\u00e9s del signo sagrado de la comunidad reunida la realidad de la oraci\u00f3n cristiana, que consiste en ser siempre oraci\u00f3n de todo el cuerpo de Cristo. Esta explicitaci\u00f3n eclesial se da sobre todo por el hecho de que en la oraci\u00f3n de todos el cuerpo se hace evidente, por la presencia visible o presunta del sacerdote cabeza de la comunidad y la presencia de Cristo cabeza de todo el cuerpo de la iglesia. Con otras palabras: la superioridad de la oraci\u00f3n lit\u00fargica sobre la oraci\u00f3n cristiana com\u00fan procede de que, al ser la proyecci\u00f3n y la hermeneusis sacramental de la iglesia -comunidad sacerdotal de Cristo- tiene consigo la garant\u00ed\u00ada de que siempre la acoge el Padre: 1.\u00c2\u00b0 porque a la iglesia como tal se le han hecho las promesas y se le ha dado la alianza que la hace esposa de Cristo para siempre; 2.\u00c2\u00b0 porque, como oraci\u00f3n de la iglesia, la suscitar\u00e1 siempre el Esp\u00ed\u00adritu para que est\u00e9 en conformidad con el pensamiento del Padre; 3.\u00c2\u00b0 porque la santidad indefectible de la ecclesia-sponsa purifica siempre la oraci\u00f3n de la ecclesiameretrix, es decir, de cada uno de los pecadores que componen la comunidad.<\/p>\n<p>VII. Conclusi\u00f3n: \u00bfHacia un nuevo concepto de liturgia?<br \/>\nEn este sentido no se puede aceptar la idea todav\u00ed\u00ada subyacente al modo com\u00fan de pensar cuando, al hablar de liturgia, se la entiende siempre como una forma de culto oficial de una iglesia igualmente oficial, un culto oficial que se distingue por un ordenamiento particular del mismo que atribuye su ejercicio a los ministros sagrados. Hist\u00f3ricamente es \u00e9ste el sentido originario del t\u00e9rmino liturgia que aparece en el texto griego del AT seg\u00fan los LXX [-> supra, I]; y en este sentido ha reaparecido en el cristianismo, falseando as\u00ed\u00ad la primitiva concepci\u00f3n cultual de este \u00faltimo, ya que de este modo se prolongaba un dualismo cultual que el NT no conoce ni admite.<\/p>\n<p>Hecha as\u00ed\u00ad forma clerical del culto cristiano, la liturgia se ha encontrado encerrada en una lengua cada vez m\u00e1s ignorada por el pueblo, vinculada a formas rituales cada vez m\u00e1s ajenas al pensamiento y a la cultura, de los que sin embargo en tantos aspectos formaba parte y viv\u00ed\u00ada la iglesia.<\/p>\n<p>Como consecuencia de esto y con la a\u00f1adidura de una fuerte falta de catequesis y de formaci\u00f3n cultual en el pueblo, este \u00faltimo, aunque continuaba observando la liturgia en su oficialidad, se entreg\u00f3 a nuevas formas cultuales: las llamadas devociones, que, inspiradas asimismo en el misterio cristiano, nacieron sin embargo fuera, y en parte en sustituci\u00f3n de la liturgia, o bien como adaptaci\u00f3n de ella a un nivel de comprensi\u00f3n m\u00e1s popular. As\u00ed\u00ad, las ciento cincuenta avemar\u00ed\u00adas del rosario son la reproducci\u00f3n de los ciento cincuenta salmos del salterio lit\u00fargico de los cl\u00e9rigos, y la triple oraci\u00f3n diaria del \u00e1ngelus repite tambi\u00e9n en la forma (s\u00f3lo que sustituyendo los salmos por avemar\u00ed\u00adas) a la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana (prima), de mediod\u00ed\u00ada (sexta) y de la tarde (completas) que, al toque de la campana, se hace en los monasterios.<\/p>\n<p>De este modo las devociones, de hecho y en la intenci\u00f3n, se han encontrado formando pareja con un cuerpo lit\u00fargico ya formado, pero no tan cerrado en s\u00ed\u00ad mismo que no experimentara, desde la edad media hasta hoy, el influjo de aqu\u00e9llas. Vemos as\u00ed\u00ad surgir fiestas que hac\u00ed\u00adan que se convirtieran en liturgia las devociones, simplemente dando a \u00e9stas la forma de aqu\u00e9lla; aceptando que pasara a ser patrimonio de la iglesia lo que segu\u00ed\u00ada siendo propiedad del pueblo, como si iglesia y pueblo, por efecto de una extra\u00f1a eclesiolog\u00ed\u00ada divisionista, fueran cosas diversas. Pi\u00e9nsese, por nombrar s\u00f3lo algunas entre las mayores, en las fiestas del Corpus Christi, de la Virgen del Rosario, del Sagrado Coraz\u00f3n, de la Precios\u00ed\u00adsima Sangre de Cristo, etc., y en las innumerables y a veces exc\u00e9ntricas (fiesta de Mar\u00ed\u00ada, Madre del Coraz\u00f3n eucar\u00ed\u00adstico de Jes\u00fas, Madre del sacramento de la eucarist\u00ed\u00ada, Madre del Divino Amor) dedicadas a la Virgen.<\/p>\n<p>La iglesia se encuentra todav\u00ed\u00ada hoy en su propio seno ante este dualismo cultual, cuya verdadera matriz es sobre todo hist\u00f3rica, y como tal hay que juzgarla y valorarla. Pero a la formaci\u00f3n de tal dualismo ha contribuido seguramente cierta concepci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de la liturgia, por la que \u00e9sta era reconocida como tal s\u00f3lo si correspond\u00ed\u00ada a requisitos precisos: 1.\u00c2\u00b0 tener una determinada forma, fundamentalmente tradicional, pero de hecho cerrada en una fijeza esclerotizante, merced a la cual todo deb\u00ed\u00ada corresponder a c\u00e1nones predeterminados, tanto en la formulaci\u00f3n de una oraci\u00f3n como en la composici\u00f3n y en la ejecuci\u00f3n de los ritos; 2.\u00c2\u00b0 liturgia era s\u00f3lo la que nos ven\u00ed\u00ada, en la forma mencionada, de la antig\u00fcedad; y este principio supon\u00ed\u00ada -hasta el Vat. II- que se realizase s\u00f3lo en la antigua lengua latina.<\/p>\n<p>Estos dos elementos, ya vistos como constitutivos de la liturgia y que pon\u00ed\u00adan a la liturgia misma en un plano netamente jur\u00ed\u00addico en cuanto a comprensi\u00f3n y praxis celebrativa, eran cabalmente los que en el AT hab\u00ed\u00adan dado origen al culto lev\u00ed\u00adtico-sacerdotal, a diferencia del culto del pueblo.<\/p>\n<p>La reforma lit\u00fargica promovida por el Vat. II ha pretendido superar esta posici\u00f3n:<br \/>\nPrimero: reconociendo a la liturgia el car\u00e1cter de celebraci\u00f3n, que pertenece indistintamente \u00aba todo el cuerpo de la iglesia\u00bb&#8216; (SC 26), si bien la constituci\u00f3n jer\u00e1rquica de la iglesia misma atribuye cometidos lit\u00fargicos distintos a los diversos componentes del cuerpo eclesial (ib).<\/p>\n<p>Segundo: dando a esta superaci\u00f3n de la concepci\u00f3n veterotestamentaria, que hab\u00ed\u00ada reaparecido en la iglesia, su ra\u00ed\u00adz y raz\u00f3n en el hecho cristiano mismo; es decir, al ser el cuerpo de la iglesia part\u00ed\u00adcipe y depositario del \u00fanico sacerdocio de Cristo, no puede subsistir en \u00e9l, en el plano teol\u00f3gico de comprensi\u00f3n de la liturgia, el antiguo dualismo cultual.<\/p>\n<p>Esto de suyo quiere decir que en la iglesia todo lo que es culto cristiano es liturgia, y por tanto el v\u00ed\u00adnculo que todav\u00ed\u00ada se establece entre liturgia y forma determinada de culto no puede aducirse ya como elemento constitutivo -aunque s\u00f3lo sea en el plano pr\u00e1ctico- de la liturgia. Pero si se quiere establecer una distinci\u00f3n entre el culto cristiano com\u00fan y la liturgia, entonces esta distinci\u00f3n s\u00f3lo puede fundarse en el hecho de que la liturgia es el momento en el que el culto cristiano com\u00fan, cobrando valor \u00absacramental\u00bb, se presenta como culto de la iglesia en cuanto tal, es decir, culto del cuerpo de Cristo, mientras que el com\u00fan es culto en el cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>Tercero: si la forma determinada no es ya elemento constitutivo de la liturgia, se debe estimar -no obstante la afirmaci\u00f3n contraria de SC 13- que cualquier otra forma de culto, como por ejemplo los \u00abejercicios piadosos\u00bb de que habla precisamente la SC en el lugar citado, pueden considerarse como liturgia cuando los realiza la comunidad eclesial con la presencia efectiva o presunta del ministro sagrado, cabeza de la comunidad, porque tambi\u00e9n ellos son, en este caso particular, sacramento de la iglesia.<\/p>\n<p>S. Marsili<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\n1. Naturaleza de la liturgia<br \/>\nArns E.P., La liturgia centro de la teolog\u00ed\u00ada y de la pastoral, en G. Barauna, La sagrada liturgia renovada por el concilio, Studium, Madrid 1965, 353-375; Castellano J., Liturgia, en DE 2, Herder, Barcelona 1983, 489-507; Congar Y.M.-J.; La \u00abecclesia\u00bbo la comunidad cristiana, sujeto Integral de la acci\u00f3n lit\u00fargica, en VV.AA., La liturgia despu\u00e9s del Vaticano II, Taurus, Madrid 1969, 279-338; De Castro J., El sacerdocio regio de los fieles, en G. Barauna, La sagrada liturgia renovada por el concilio, Studium, Madrid 1965, 289-311; Fern\u00e1ndez P., \u00bfQu\u00e9 es la liturgia en nuestra cultura secular?, en \u00abLa Ciencia Tomista\u00bb 98 (1971) 377-414; La liturgia, Imagen de este siglo que pasa, en \u00abStudium\u00bb 14 (1974) 97-117; Hess J., Servicio (latre\u00faoleitourg\u00e9o), en DTNT 4, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1980, 216-219; Jungmann J.A., Liturgia: naturaleza e historia de la liturgia, en SM 4, Herder, Barcelona 1973, 324-353; Maldonado L., Liturgia, en CFP, Cristiandad, Madrid 1983, 580-594; Marsili S., Liturgia, en DETM, Paulinas, Madrid 19752, 591-599; Martimort A.G., La glesia en oraci\u00f3n, Herder, Barcelona 19672, 29-6; Mosso D., Liturgia, en DTI 1, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 62-83; Rodr\u00ed\u00adguez F., El t\u00e9rmihi\u00e1 \u00abliturgia\u00bb<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n<p>A) Naturaleza e historia de la liturgia. B) Ciencia lit\u00fargica. C) Lengua lit\u00fargica. D) Movimiento lit\u00fargico.<\/p>\n<p>A) NATURALEZA E HISTORIA DE LA LITURGIA<\/p>\n<p>I. T\u00e9rmino y concepto<br \/>\nPor leitourg\u00ed\u00ada se entiende en el griego cl\u00e1sico una actividad (ergon) asumida en inter\u00e9s del pueblo (la\u00f3s), por ejemplo, armar un barco, preparar una fiesta, y en general todo servicio p\u00fablico.<\/p>\n<p>En la Biblia griega se emplea el t\u00e9rmino generalmente en sentido cultual, indicando el servicio sagrado que deb\u00ed\u00adan desempe\u00f1ar los sacerdotes y levitas de la Antigua Alianza. En Heb 8, 2 Cristo es llamado leitourg\u00f3s. La palabra sigui\u00f3 siendo corriente en el cristianismo griego, donde design\u00f3 en primer lugar el servicio total de los ministros de la Iglesia (p. ej., Did c. 15), y luego en particular el culto; pero ya desde el siglo iv pas\u00f3 a significar solamente la \u00bb -> misa\u00bb. En este sentido la usan hoy los griegos y los eslavos orientales. En occidente los humanistas del siglo xvi volvieron a ponerla en uso. En el lenguaje oficial de la Iglesia aparece por primera vez desde el siglo xix.<\/p>\n<p>No se da plena unanimidad sobre la definici\u00f3n de la liturgia. Esto se debe a que dentro del conjunto de las instituciones eclesi\u00e1sticas comprendidas bajo el nombre general de l., se pueden subrayar diferentes elementos. Bajo el nombre de l. se ha querido entender sencillamente las formas externas del culto o el conjunto de prescripciones que regulan el culto de la Iglesia. A esa restricci\u00f3n est\u00e9tica o jur\u00ed\u00addica se opone, principalmente desde la aparici\u00f3n del movimiento lit\u00fargico (cf. luego en D), la idea de que por l. se ha de entender el culto mismo de la Iglesia (L. Beauduin), concepci\u00f3n que sirve tambi\u00e9n de base en la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei (1947), donde se equipara la l. con \u00abtodo el culto p\u00fablico del cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, tanto de la cabeza como de los miembros\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora bien, en este culto se puede: o bien destacar especialmente el sacerdocio de Cristo, que es el fundamento de la acci\u00f3n de la Iglesia (R. Stapper), o tambi\u00e9n la estructura trinitaria del culto eclesial (H. Schmidt); o bien acentuar la obra salv\u00ed\u00adfica que en \u00e9l se hace presente (O. Casel: cf. teolog\u00ed\u00ada de los -> misterios); o bien resaltar especialmente, junto con la acci\u00f3n de la Iglesia, la operaci\u00f3n santificante de Dios (J. Vagaggini; E.J. Lengeling).<\/p>\n<p>Sin embargo, no parece que sea necesario subrayar tales factores en la definici\u00f3n misma. Bastar\u00ed\u00ada con definir la l. como el culto de la Iglesia, tomando en sentido pleno los conceptos empleados en la definici\u00f3n. Con todo, debemos se\u00f1alar aqu\u00ed\u00ad una importante distinci\u00f3n en el lenguaje del derecho can\u00f3nico.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el CIC (c. 1057), pertenece exclusivamente a la Santa Sede el ordenamiento de la \u00abliturgia\u00bb. Por primera vez el Vaticano II ha fijado tambi\u00e9n ciertos derechos de los obispos en este campo. Ahora bien, en una declaraci\u00f3n contenida en la Instructio de Musica sacra et de sacra Liturgia (del 3-9-1958), qued\u00f3 establecido que en el lenguaje de la legislaci\u00f3n eclesi\u00e1stica s\u00f3lo han de considerarse como \u00ablit\u00fargicas\u00bb las acciones que se realizan conforme a los libros aprobados por la Santa Sede; y que, por tanto s\u00f3lo \u00e9stas se hallan sometidas a la reglamentaci\u00f3n proveniente de Roma, mientras que todas las dem\u00e1s pr\u00e1cticas devotas (horas santas, procesiones, etc.) son pia exercitia que est\u00e1n bajo la vigilancia del obispo. As\u00ed\u00ad, pues, en el lenguaje jur\u00ed\u00addico de la Iglesia el concepto reviste un sentido restringido. En una consideraci\u00f3n hist\u00f3rica s\u00f3lo se podr\u00ed\u00ada aplicar ese concepto restringido de l. desde que comenzaron a existir Libros aprobados por la Santa Sede y prescritos para toda la Iglesia latina, o sea, desde 1568-1570. En una consideraci\u00f3n m\u00e1s general de la l., que debe comprender todo el tiempo desde la fundaci\u00f3n de la Iglesia, incluyendo tambi\u00e9n las regiones de la cristiandad oriental, no seria aplicable el concepto indicado de liturgia.<\/p>\n<p>Mantenemos, pues, esta definici\u00f3n: L. es el culto de la Iglesia, cultus Deo ab Ecclesia praestitus.<\/p>\n<p>Esta definici\u00f3n necesita, sin embargo, una mayor puntualizaci\u00f3n. La l. no abarca todo lo que es adoraci\u00f3n de Dios, sino tan s\u00f3lo la practicada p\u00fablicamente por la Iglesia en cuanto tal. Ya en el Nuevo Testamento, juntamente con el culto p\u00fablico en el templo y con la celebraci\u00f3n de la -> eucarist\u00ed\u00ada dispuesta por Cristo, se halla la oraci\u00f3n personal, para la que uno se retira \u00aba su aposento\u00bb (Mt 6, 6; cf. la constituci\u00f3n del Vaticano ii Sobre la liturgia, art. 9).<\/p>\n<p>S\u00f3lo se da adoraci\u00f3n de Dios por parte de la Iglesia, y por tanto l., cuando una comunidad de fieles leg\u00ed\u00adtimamente reunida (parroquia, familia religiosa, instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica) celebra el culto divino bajo la direcci\u00f3n de un miembro de la jerarqu\u00ed\u00ada. Aqu\u00ed\u00ad la Iglesia se hace visible, se hace \u00abevento\u00bb. Cuando la asamblea eclesial ora y celebra, la -> oraci\u00f3n adopta necesariamente una forma digna de tal asamblea; y por esto la l. utiliza tambi\u00e9n las artes nobles. Adem\u00e1s, ese culto muestra con especial fidelidad la esencia de la Iglesia, de la Iglesia que es el pueblo de Dios (pues, en efecto, la Iglesia es la comunidad de los que est\u00e1n redimidos por Cristo y santificados en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. De ah\u00ed\u00ad que en ese culto no predominar\u00e1 el \u00abyo\u00bb, sino el \u00abnosotros\u00bb, y que se ponga de manifiesto la impronta cristol\u00f3gica y trinitaria de la actitud fundamental de la Iglesia.<\/p>\n<p>Estos rasgos esenciales deber\u00e1n expresarse en toda legislaci\u00f3n lit\u00fargica concreta. Fijar esta legislaci\u00f3n concreta es incumbencia de la autoridad: del papa para la Iglesia universal, y del obispo dentro de las normas jur\u00ed\u00addicas. Que la reglamentaci\u00f3n de una acci\u00f3n lit\u00fargica haya sido fijada por el obispo o por la suprema autoridad de la Iglesia, tiene importancia jur\u00ed\u00addica, pero no cambia en absoluto el valor religioso y teol\u00f3gico del culto. En el primer caso tenemos l. de derecho episcopal con relaci\u00f3n a la cual la constituci\u00f3n lit\u00fargica del Vaticano ii ha acu\u00f1ado la expresi\u00f3n sacra exercitia; en el segundo caso tenemos l. de derecho pontificio, l. universal. El orden lit\u00fargico, puesto que se relaciona con lo -> santo, tiende siempre a formas que delimitan esta realidad santa frente a lo terreno y la manifiestan en su dignidad superior. La l. no puede concebirse sin un \u00e1mbito sacral.<\/p>\n<p>En definitiva la liturgia es siempre culto sagrado, que se dirige a Dios. En concreto una oraci\u00f3n, un rito, un gesto de adoraci\u00f3n puede dirigirse inmediatamente a un santo, a Mar\u00ed\u00ada, a Cristo, pero en definitiva se refiere siempre al Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n<p>El culto de la Iglesia se realiza en sentido pleno en la celebraci\u00f3n de la -> eucarist\u00ed\u00ada, porque en \u00e9sta la Iglesia se \u00abre\u00fane\u00bb en el pan uno, y es por tanto Iglesia en la forma m\u00e1s intensa. Pues en la eucarist\u00ed\u00ada se actualiza la m\u00e1s \u00ed\u00adntima ley de la Iglesia y as\u00ed\u00ad se ofrece a Dios la suprema glorificaci\u00f3n por Cristo y con Cristo.<\/p>\n<p>El concepto de l. se verifica de otra manera en los -> sacramentos.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada s\u00f3lo es posible sobre la base de los dem\u00e1s sacramentos, que en cierto modo constituyen su cimentaci\u00f3n. El -> bautismo y la -> confirmaci\u00f3n preparan el pueblo santo, la penitencia y la -> unci\u00f3n de los enfermos lo purifican, el -> matrimonio santifica la ra\u00ed\u00adz de su prolongaci\u00f3n de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, y las \u00f3rdenes sagradas disponen a los ministros del altar para el culto divino. Adem\u00e1s de esto, los sacramentos van acompa\u00f1ados siempre de aquellas formas de oraci\u00f3n que penetran toda la liturgia.<\/p>\n<p>Pero la eucarist\u00ed\u00ada y los sacramentos en general no agotan enteramente el concepto de liturgia. Si es verdad que no s\u00f3lo los particulares sino tambi\u00e9n la Iglesia \u00abdeben orar en todo tiempo y sin intermisi\u00f3n\u00bb (Lc 18, 1), ser\u00e1 igualmente verdad que la oraci\u00f3n de la Iglesia es necesaria aun fuera de la eucarist\u00ed\u00ada. Y as\u00ed\u00ad esa oraci\u00f3n existi\u00f3 de hecho en la Iglesia desde los primer\u00ed\u00adsimos tiempos, bien sea como oraci\u00f3n asociada a la lectura o al anuncio de la palabra de Dios, o bien como salmodia en forma m\u00e1s o menos aut\u00f3noma, o bien como oraci\u00f3n en diferentes necesidades.<\/p>\n<p>Su manifestaci\u00f3n m\u00e1s importante es el rezo de las horas u oficio, con el que se santifican determinadas horas del d\u00ed\u00ada, sobre todo de la ma\u00f1ana y del atardecer (-> breviario).<\/p>\n<p>La misma diversidad de las horas en el transcurso de un d\u00ed\u00ada parec\u00ed\u00ada exigir que el contenido y la forma de la oraci\u00f3n se modificaran en conformidad con la hora. Por otra parte, parec\u00ed\u00ada natural que esa diversidad se estableciera tambi\u00e9n para lapsos m\u00e1s largos de tiempo. En efecto, dado que la historia de la salvaci\u00f3n constituye la base del culto de la Iglesia, era necesario que esa historia se hiciera constantemente presente no s\u00f3lo en su punto culminante, celebrado en la eucarist\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n en todo su desarrollo consignado en la Escritura.<\/p>\n<p>El a\u00f1o eclesi\u00e1stico se form\u00f3 con la conmemoraci\u00f3n de los m\u00e1s importantes acontecimientos salv\u00ed\u00adficos, encuadrados en diversas \u00e9pocas del a\u00f1o, los cuales luego siguieron desarroll\u00e1ndose. A eso se a\u00f1adi\u00f3, finalmente, el aniversario de los grandes h\u00e9roes de la fe.<\/p>\n<p>II. Sinopsis hist\u00f3rica<br \/>\nLa l. es necesariamente tan antigua como la Iglesia. S\u00f3lo el n\u00facleo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo del culto cristiano fue establecido por Cristo mismo, quedando as\u00ed\u00ad sustra\u00ed\u00addo a toda modificaci\u00f3n. Todo ulterior desarrollo hab\u00ed\u00ada de ser obra de la Iglesia y de las nuevas fuerzas que en ella crecen y se modifican de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Por otra parte la l., como culto divino, es necesariamente conservadora. Sus formas, una vez fijadas, aparecen como consagradas en cierto modo por Dios; de ah\u00ed\u00ad que se procure conservarlas y transmitirlas en lo posible. La consideraci\u00f3n hist\u00f3rica es pues indispensable para la comprensi\u00f3n de la l. cristiana. En los primeros tiempos de la Iglesia el culto divino se reduce a la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada. Esta conmemoraci\u00f3n del Se\u00f1or tiene lugar el -> domingo de cada semana. A ese d\u00ed\u00ada est\u00e1 asociado el recuerdo de la redenci\u00f3n consumada en la resurrecci\u00f3n, por lo que ya en el Apocalipsis (20, 7) se le llama d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or (kyriak\u00e9 \u00e9m\u00e9ra). A la eucarist\u00ed\u00ada se a\u00f1adi\u00f3 en determinadas ocasiones un \u00e1gape nocturno &#8211; una distribuci\u00f3n de alimentos a los pobres -, acompa\u00f1ado de salmodia y oraci\u00f3n, y presidido por el clero. Aqu\u00ed\u00ad se acusa el influjo de tradiciones de la vida del juda\u00ed\u00adsmo devoto (-> Qumr\u00e1n). La herencia de la sinagoga sigue tambi\u00e9n actuando en la estilizaci\u00f3n de las oraciones (introducidas con el saludo Dominus vobiscum; la invitaci\u00f3n a la oraci\u00f3n; y el Am\u00e9n final, como confirmaci\u00f3n por parte del pueblo).<\/p>\n<p>La Iglesia, por lo menos la del siglo II, celebraba anualmente la pascua, como solemnidad nocturna, en la que se recordaba el tr\u00e1nsito de la pasi\u00f3n del Se\u00f1or al j\u00fabilo de la resurrecci\u00f3n. Tambi\u00e9n el bautismo de los ne\u00f3fitos tenia lugar en la noche pascual. As\u00ed\u00ad se expresaba adecuadamente la resurrecci\u00f3n de los bautizandos con Cristo, para participar en su vida divina. Y en realidad la -> pascua se consideraba como continuaci\u00f3n y consumaci\u00f3n de la del Antiguo Testamento. Por esta raz\u00f3n se procuraba fijar la fecha de pascua conforme al calendario lunar de los jud\u00ed\u00ados, aunque tras algunas vacilaciones, ya hacia el a\u00f1o 200, se impuso en general la norma de celebrar la pascua un domingo.<\/p>\n<p>Asf el pensamiento pascual penetra la vida de la cristiandad primitiva y la fortifica en los sufrimientos de las persecuciones.<\/p>\n<p>Entonces no exist\u00ed\u00adan todav\u00ed\u00ada textos lit\u00fargicos fijos. En el modelo de formulario para la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, redactado hacia el 215 por Hip\u00f3lito de Roma, el cual ha llegado hasta nosotros, se hace notar expresamente que si un obispo quiere hacer uso de \u00e9l no tiene necesidad de seguirlo textualmente. En la tradici\u00f3n manuscrita de ese documento se borr\u00f3 algunos siglos despu\u00e9s el \u00abno\u00bb de esta advertencia, quedando asf el texto establecido como norma. A partir del siglo rv fueron afirm\u00e1ndose cada vez m\u00e1s como regla los textos fijos, cosa que era sin duda necesaria al irse extendiendo m\u00e1s y m\u00e1s la Iglesia y al disminuir el entusiasmo. Lo mismo se puede decir del local lit\u00fargico.<\/p>\n<p>La Iglesia primitiva no ten\u00ed\u00ada predilecci\u00f3n por determinados lugares del culto, y menos a\u00fan por templos como los que pose\u00ed\u00adan los paganos y el pueblo jud\u00ed\u00ado, construcciones fastuosas que encerraban un min\u00fasculo santuario inaccesible. Por el contrario, la misma comunidad de los creyentes se consideraba como templo vivo. Para su culto necesitaba \u00fanicamente un local suficiente de reuni\u00f3n, que en un principio hall\u00f3 en las viviendas de miembros acomodados de la comunidad. Con la libertad otorgada por Constantino (cf. era de -> Constantino) y con su magn\u00e1nimo apoyo comienzan a surgir edificios cultuales propiamente dichos. A este objeto se tom\u00f3 como modelo la \u00abbas\u00ed\u00adlica\u00bb (palacio, lonja) creada por la arquitectura romana.<\/p>\n<p>En este periodo la civilizaci\u00f3n del mundo helen\u00ed\u00adstico ejerce tambi\u00e9n en otros sentidos importante influjo en la configuraci\u00f3n de la L cristiana. M\u00e1s a\u00fan: la l. ha conservado desde entonces no pocas formas propias de aquella cultura. Esto puede decirse de las vestiduras lit\u00fargicas, que no s\u00f3lo en la l. romana, sino tambi\u00e9n en los ritos orientales representan una forma ligeramente evolucionada de la indumentaria festiva de la tard\u00ed\u00ada antig\u00fcedad romana (t\u00fanica con c\u00ed\u00adngulo; paenula, que se convirti\u00f3 en casulla); a esto se a\u00f1adieron en las vestiduras del obispo algunos distintivos propios de los altos funcionarios del Estado de entonces (man\u00ed\u00adpulo, estola, pallium, calzado pontifical).<\/p>\n<p>En la l. se adoptaron tambi\u00e9n las formas del ceremonial de la corte. As\u00ed\u00ad del derecho que ten\u00ed\u00adan los m\u00e1s altos dignatarios a aparecer solemnemente en p\u00fablico precedidos de antorchas y braseros, surgi\u00f3 la pr\u00e1ctica de acompa\u00f1ar al obispo (y m\u00e1s tarde a todo celebrante en la l. solemne) con cirios e incienso; dos elementos de solemnidad lit\u00fargica que m\u00e1s tarde se introdujeron ventajosamente sobre todo en el culto inmediato de adoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>De la cultura sacral cl\u00e1sica, por el contrario, la l. cristiana s\u00f3lo tom\u00f3 elementos perif\u00e9ricos. Aparecieron en cambio instituciones lit\u00fargicas de signo contrario a las paganas con sentido de protesta. Tal es el caso del origen de la fiesta de navidad. A la fiesta en honor del Sol invictus, elevada hacia fines del siglo iv al rango de fiesta estatal, se opuso la fiesta de la natividad de aquel que hab\u00ed\u00ada aparecido como verdadero sol del mundo. En el culto de los difuntos, en cambio, por lo que se refiere a la elecci\u00f3n de determinados d\u00ed\u00adas, perviven en el cristianismo costumbres firmemente enraizadas en la vida del pueblo pagano. Exist\u00ed\u00ada la costumbre de honrar a los difuntos, adem\u00e1s del d\u00ed\u00ada del sepelio, en los d\u00ed\u00adas 3, 7 (u 8) y 30 (\u00f3 40) despu\u00e9s de su muerte, y de socorrerles con sacrificios y banquetes f\u00fanebres. Por influjo de esta costumbre se han destacado hasta hoy en la l. romana los d\u00ed\u00adas 3, 7 y 30 como preferidos para las misas de difuntos, y en oriente los d\u00ed\u00adas 3, 9 y 40.<\/p>\n<p>Los siglos iv-v son la \u00e9poca en que la l., hasta entonces fundamentalmente una, aunque diferenciada localmente, se ramific\u00f3 intensamente en liturgias que todav\u00ed\u00ada subsisten. Una diferenciaci\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica se dio con toda naturalidad desde el principio. El culto divino se celebr\u00f3 sin vacilaci\u00f3n en el respectivo idioma del pueblo (cf. luego en C). Pero, teniendo en cuenta que deb\u00ed\u00ada incluirse necesariamente la sagrada Escritura, se presupon\u00ed\u00ada que hab\u00ed\u00ada de tratarse de una lengua en cierto modo formada, literariamente utilizable; un principio que m\u00e1s tarde, p. ej., a comienzos de la misi\u00f3n de China, dej\u00f3 de aplicarse (-> acomodaci\u00f3n).<\/p>\n<p>En el cristianismo primitivo merec\u00ed\u00adan tomarse en consideraci\u00f3n principalmente las tres lenguas de la inscripci\u00f3n de la cruz: hebreo (sir\u00ed\u00adaco), griego y lat\u00ed\u00adn. Eran las lenguas m\u00e1s usuales en el mundo de entonces. En oriente, fuera de los l\u00ed\u00admites del imperio romano, la base era el sir\u00ed\u00adaco. En ese idioma perdura hoy la l. sir\u00ed\u00adaca oriental (nestoriana; designada como caldea dentro de la Iglesia cat\u00f3lica. En la India es la siromalabar). En el imperio romano dominaba el griego en su mitad oriental. En occidente, desde que comenz\u00f3 a intensificarse el elemento latino en las comunidades cristianas (siglo III), domin\u00f3 el lat\u00ed\u00adn.<\/p>\n<p>Desde el siglo iv se destacaron dentro del \u00e1rea griega diversos centros que procedieron independientemente en la determinaci\u00f3n de su orden lit\u00fargico. Por una parte estaba Alejandr\u00ed\u00ada, que llevaba la direcci\u00f3n en el \u00e1mbito egipcio y constituy\u00f3 una l. designada con el nombre de l. de san Marcos. Por otra parte estaba Antioqu\u00ed\u00ada, que dominaba el \u00e1rea helenizada de Siria occidental. Mas en el campo lit\u00fargico pronto debi\u00f3 ceder la primac\u00ed\u00ada a Jerusal\u00e9n, que empez\u00f3 a florecer de nuevo desde Constantino. La l. que evolucion\u00f3 all\u00ed\u00ad lleva el nombre del ap\u00f3stol Santiago.<\/p>\n<p>Como tercer centro destac\u00f3 pronto la nueva ciudad imperial situada en el B\u00f3sforo. Siguiendo las l\u00ed\u00adneas de la l. antioquena desarroll\u00f3se all\u00ed\u00ad la l. bizantina. Esta, apoyada por el poder pol\u00ed\u00adtico, durante la edad media se impuso en todas las regiones que se hab\u00ed\u00adan mantenido griegas, tanto en el \u00e1rea de Alejandr\u00ed\u00ada como en la de Antioqu\u00ed\u00ada y finalmente, a consecuencia de la misi\u00f3n bizantina, tambi\u00e9n en todo el \u00e1mbito eslavo oriental. En esta \u00faltima regi\u00f3n (entre los rusos, servios y b\u00falgaros) la l. se celebra en lengua paleoeslava (eslavo eclesi\u00e1stico), y en otros pueblos se celebra en su respectivo idioma. Tambi\u00e9n la poblaci\u00f3n, al principio griega, de las zonas de Antioqu\u00ed\u00ada y Alejandr\u00ed\u00ada que hab\u00ed\u00ada permanecido ligada al Imperio bizantino y a la Iglesia cat\u00f3lica, y a la que, por su estrecha vinculaci\u00f3n con la corte imperial, los sirios daban el nombre de los \u00abmelquitas\u00bb (\u00ablos imperiales\u00bb); despu\u00e9s del triunfo de los \u00e1rabes adopt\u00f3 para su liturgia (bizantina) la lengua \u00e1rabe. En cambio, los sirios occidentales, que en la Antioqu\u00ed\u00ada posterior despu\u00e9s del concilio de Calcedonia (451) se hab\u00ed\u00adan hecho cada vez m\u00e1s independientes de la influencia bizantina y a la vez hab\u00ed\u00adan desarrollado su conciencia nacional, siguieron conservando la l. jacobita, pero poco a poco pasaron al sir\u00ed\u00adaco como lengua lit\u00fargica (jacobitas, maronitas).<\/p>\n<p>Lo mismo sucedi\u00f3 en el \u00e1mbito egipcio, donde de la l. griega de san Marcos surgieron la copta y la eti\u00f3pica, celebradas en sus respectivas lenguas. Luego, bajo los influjos conjuntos del griego y del sir\u00ed\u00adaco, se form\u00f3 una especial l. armenia, que desde el siglo v se celebra en lengua armenia, configurada entre tanto como lengua escrita.<\/p>\n<p>Todos estos ordenamientos, que perviven en nuestros d\u00ed\u00adas, se comprenden bajo la denominaci\u00f3n de l. oriental. Ostentan una peculiaridad com\u00fan, especialmente marcada en el rito bizantino: la especial extensi\u00f3n de la parte introductoria de la misa y, en general, una mayor solemnidad, basada en la idea de participaci\u00f3n en la l. celeste de los \u00e1ngeles. Y emplean diferentes formas del ceremonial bizantino de la corte, p. ej., la proskyn\u00e9sis.<\/p>\n<p>Son caracter\u00ed\u00adsticas las dos procesiones de la l. eucar\u00ed\u00adstica. En solemne procesi\u00f3n se llevan al recinto del altar primero el libro sagrado y luego las ofrendas (peque\u00f1a y gran procesi\u00f3n). Una misa celebrada en privado por un solo sacerdote, all\u00ed\u00ad donde hay varios sacerdotes es extra\u00f1a al oriente. En este caso la celebraci\u00f3n se realiza en com\u00fan (concelebraci\u00f3n), sin que (a excepci\u00f3n del \u00e1rea rusa y de las Iglesias unidas) tenga que pronunciar cada uno las palabras de la consagraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La actitud de distancia adorante frente a la divina majestad y de profunda sumisi\u00f3n se acent\u00faa todav\u00ed\u00ada m\u00e1s por el hecho de que, a consecuencia de la lucha defensiva contra el -> arrianismo, pas\u00f3 muy a segundo t\u00e9rmino la idea de la mediaci\u00f3n de Cristo. Esta es reconocida en la obra salv\u00ed\u00adfica del Se\u00f1or considerada como acontecimiento hist\u00f3rico, pero, por temor a falsas interpretaciones, ya no se atiende a la funci\u00f3n de mediador que sigue ejerciendo Cristo en su humanidad a la diestra del Padre. As\u00ed\u00ad, normalmente, la oraci\u00f3n no se dirige a Dios \u00abpor Cristo\u00bb, como en la plegaria lit\u00fargica de los siglos precedentes y en la l. romana de hoy, sino a Cristo mismo o al Dios trino, cuya alabanza resuena en las doxolog\u00ed\u00adas con que se concluye toda oraci\u00f3n. Este oscurecimiento de la mediaci\u00f3n de Cristo est\u00e1 en cierto modo compensado por la marcada nota mariana que revisten especialmente numerosos c\u00e1nticos (teotokias).<\/p>\n<p>A la orientaci\u00f3n trinitaria corresponde tambi\u00e9n la solemne invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre las ofrendas (epiklesis), que sigue a las palabras de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada. Un sentimiento de piadoso estremecimiento frente a los divinos misterios se expresa mediante la ocultaci\u00f3n del santuario y en particular mediante la marcada separaci\u00f3n que se establece entre el recinto del altar y la nave de la iglesia. Las primitivas rejas se han convertido con el transcurso del tiempo en un alto tabique con im\u00e1genes (iconos) que oculta el altar a las miradas de los fieles, de modo que s\u00f3lo la voz del celebrante mantiene la comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por otra parte, en todas las l. orientales se da el ministerio especial del di\u00e1cono, que, adem\u00e1s de asistir al lado del celebrante en diferentes momentos de la l., incluso en el culto extraeucar\u00ed\u00adstico, entona letan\u00ed\u00adas, a cuyas invocaciones va respondiendo el pueblo. El Kyrie eleison, com\u00fan a todos los ritos, es una de las m\u00e1s antiguas formas de esas aclamaciones del pueblo. Con ello se asegura &#8211; aunque a cierta distancia del n\u00facleo de la acci\u00f3n lit\u00fargica &#8211; una intensa participaci\u00f3n del pueblo en la liturgia. Esta participaci\u00f3n ha contribuido mucho a que la l. echara ra\u00ed\u00adces en la vida del pueblo y a que el cristianismo se conservara bajo una milenaria presi\u00f3n hostil.<\/p>\n<p>A pesar de todas las concesiones en lo relativo a la lengua, en general no se aspira a una inteligencia m\u00e1s exacta de los diferentes elementos verbales de la l. y a una comprensi\u00f3n del significado propio y primitivo de cada uno de los ritos. En vez de esa preocupaci\u00f3n se prefiere desde el siglo v la interpretaci\u00f3n aleg\u00f3rica (\u00e1lla \u00e1gor\u00faein, es decir, introducir un sentido distinto en el rito existente).<\/p>\n<p>La l. se interpreta como proyecci\u00f3n terrestre de la l. celeste, o como representaci\u00f3n de los hechos decisivos de la obra salv\u00ed\u00adfica de Cristo, encarnaci\u00f3n, pasi\u00f3n, sepulcro, resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es adem\u00e1s caracter\u00ed\u00adstico de todas las l. orientales, contrariamente al uso occidental, que en la l. de la misa y en el oficio las oraciones del sacerdote son independientes del a\u00f1o lit\u00fargico. S\u00f3lo las lecturas y los cantos se rigen por el ciclo del a\u00f1o y por los tiempos festivos. Sin embargo, se procura alguna variaci\u00f3n por otro camino: para la parte principal de la misa que sigue a la l. de la palabra, la an\u00e1fora (oblaci\u00f3n), existen diversos formularios, en los cuales se desarrollan en formas variadas la oraci\u00f3n solemne y las que la acompa\u00f1an. Pero en la l. bizantina s\u00f3lo existen dos de estos formularios, la llamada l. de san Juan Cris\u00f3stomo y la de san Basilio.<\/p>\n<p>En la l. sir\u00ed\u00adaca oriental, lo mismo que en la copta, hay tres formularios; y en la armenia hay algunos m\u00e1s. En cambio, de la l. eti\u00f3pica se han dado a conocer 17 formularios de an\u00e1fora. En la sir\u00ed\u00adaca occidental \u00e9stos ascienden a unos 80, de los cuales s\u00f3lo se usan hoy unos cuantos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en occidente, partiendo de un plan fundamental com\u00fan, que sin duda procede de Roma, se produjo ya hacia fines de la antig\u00fcedad cristiana una pluralidad de liturgias. El plan fundamental com\u00fan prescindiendo del mantenimiento de la lengua latina en todas partes, se observa en el hecho de que en estas l. aun las oraciones del sacerdote se rigen por las fiestas y los tiempos del a\u00f1o.<\/p>\n<p>Junto a la l. romana, con la que tiene gran afinidad la del norte de \u00ed\u0081frica (en cuanto nos es conocida, principalmente por Agust\u00ed\u00adn), hay que se\u00f1alar un tipo galo de l., que a la vez se ramifica en la antigua l. hispana, la milanesa (o ambrosiana), la galicana y la c\u00e9ltica. Por lo dem\u00e1s, estas dos \u00faltimas l. representan m\u00e1s bien un concepto colectivo para designar ciertos textos en alguna manera relacionados entre s\u00ed\u00ad, y muy espor\u00e1dicamente conservados, de la regi\u00f3n de las Galias y de las Islas Brit\u00e1nicas. En cambio, de la antigua l. hispana se han conservado libros lit\u00fargicos enteros. La milanesa, aunque influida por elementos romanos m\u00e1s recientes, pervive todav\u00ed\u00ada en nuestros d\u00ed\u00adas. Finalmente, la l. romana fue la \u00fanica vigente a lo largo de la edad media en el \u00e1mbito occidental, a pesar de que Roma no ejerci\u00f3, en general, ninguna especial presi\u00f3n, si se prescinde de la intervenci\u00f3n de Gregorio vii en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>En las Islas Brit\u00e1nicas la l. romana entr\u00f3 con los misioneros romanos que Gregorio Magno hab\u00ed\u00ada enviado a los anglosajones, aunque s\u00f3lo varios siglos despu\u00e9s pudo penetrar tambi\u00e9n en la cristiandad c\u00e9ltica. En las Galias las formas lit\u00fargicas propiamente dichas, por raz\u00f3n de su estructura oscilante de una localidad a otra y por estar sujetas a todos los influjos del exterior &#8211; incluso del oriente -, con la consecuente falta de un verdadero orden, hab\u00ed\u00adan perdido la estima del propio clero. Por eso los soberanos carolingios Pipino y Carlomagno, que se interesaron por un ordenamiento eclesi\u00e1stico homog\u00e9neo en sus dominios, lograron sin gran dificultad acabar completamente con aquellas formas en favor de la bien ordenada liturgia romana (-> reforma carolingia). En cambio, la antigua Iglesia espa\u00f1ola hab\u00ed\u00ada logrado en los siglos vi-vii una rica l. plenamente desarrollada, pero la invasi\u00f3n ar\u00e1biga, al destruir el reino visig\u00f3tico, ahog\u00f3 tambi\u00e9n el florecimiento de la Iglesia espa\u00f1ola. La reconquista que avanzaba desde el norte trajo tambi\u00e9n a Espa\u00f1a la l. romana. S\u00f3lo en las regiones que quedaron bajo dominio \u00e1rabe se mantuvo la l. hispana hasta el final de la edad media, por lo cual aqu\u00e9lla recibi\u00f3 el nombre de l. \u00abmoz\u00e1rabe\u00bb, es decir, l. de la poblaci\u00f3n cat\u00f3lica arabizada.<\/p>\n<p>La antigua l. hispana se distingue adem\u00e1s por una especial caracter\u00ed\u00adstica. La Iglesia espa\u00f1ola, en aquella \u00e9poca en que su l. estaba en plena evoluci\u00f3n, se hallaba en dura pol\u00e9mica con el arrianismo visig\u00f3tico. La lucha contra la negaci\u00f3n de la verdadera divinidad de Cristo condujo consiguientemente en esta l. a resultados muy parecidos a los que hemos visto en oriente. Y la fuerte irradiaci\u00f3n de la vida eclesi\u00e1stica (entonces floreciente) de Espa\u00f1a en Irlanda y, mediatamente, en los anglosajones y por fin en el reino de los carolingios, hizo que el sello antiarriano de la piedad cristiana espa\u00f1ola viniera a ser un elemento esencial de la cultura religiosa de la edad media.<\/p>\n<p>En adelante podemos ya centrar nuestra atenci\u00f3n en la l. romana. S\u00f3lo pudo formarse una l. romana en lengua latina cuando se hizo suficientemente fuerte la parte latina de los cristianos de Roma, frente al elemento griego que anteriormente era predominante.<\/p>\n<p>Pero esta l. latina de Roma no aparece en pleno desarrollo y en libros lit\u00fargicos completos hasta los siglos vi-vii. Los testimonios escritos son en su mayor parte de los siglos VIII-IX, \u00e9poca en que los escritorios francos ocupaban numerosas manos para aclimatar la l. romana en el pa\u00ed\u00ads. Lo que qued\u00f3 fijado en Roma en los \u00faltimos siglos de la antig\u00fcedad se conserva todav\u00ed\u00ada casi sin excepci\u00f3n en la l. romana actual, aunque mezclado en parte con elementos que se a\u00f1adieron despu\u00e9s en terreno franco-germano.<\/p>\n<p>Los m\u00e1s antiguos libros de la l. romana no estaban divididos como hoy seg\u00fan las diferentes formas del culto a que hab\u00ed\u00adan de servir (misales, rituales y breviarios), sino, m\u00e1s bien, conforme a los ministros de las diferentes acciones lit\u00fargicas. El sacramentarlo conten\u00ed\u00ada las oraciones del papa y del obispo en la misa, en la administraci\u00f3n de los sacramentos y en el oficio. Los cantos estaban reunidos para los cantores en el Liber antiphonarius (con relaci\u00f3n a la misa), o en el Liber responsorialis (con relaci\u00f3n al oficio). Para las lecturas hab\u00ed\u00ada leccionarios. Mas para la lectura de los Evangelios, que por lo regular se tomaba de un c\u00f3dice completo de los mismos, era suficiente el capitular o \u00ed\u00adndice de los cap\u00ed\u00adtulos que se hab\u00ed\u00adan de leer en cada caso. Finalmente, para el cl\u00e9rigo que a manera de maestro de ceremonias hab\u00ed\u00ada de cuidar del orden externo, exist\u00ed\u00ada adem\u00e1s el Ordo.<\/p>\n<p>En un principio, antes de que estos libros estuvieran ordenados totalmente conforme al ciclo anual, se supl\u00ed\u00ada esa deficiencia con libelli separados: libritos con textos reunidos en un formulario apto para cada caso.<\/p>\n<p>Esto se puede observar todav\u00ed\u00ada hoy con toda claridad en el sacramentario. Conocemos tres sacramentarios romanos. El m\u00e1s antiguo, el Sacramentarium Leonianum, no es en efecto otra cosa que una colecci\u00f3n sin gran orden, dispuesta para todo el a\u00f1o, de cierto n\u00famero de tales libelli de los siglos v-vi. Uno de ellos, por ejemplo, daba a elegir diversos formularios de oraciones para la fiesta de un ap\u00f3stol. Otro conten\u00ed\u00ada textos para el tiempo pascual o para un determinado grupo de funciones, como, por ejemplo, para conferir las \u00f3rdenes mayores.<\/p>\n<p>Otro sacramentario es el llamado Gelasiano, que presenta ya un orden m\u00e1s riguroso para todo el a\u00f1o eclesi\u00e1stico. Como el anterior surgi\u00f3 el siglo vi en Roma; pero luego fue modificado en Francia, donde recibi\u00f3 un fuerte tinte galicano y se ha conservado con esa modificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El tercero es el Sacramentario Gregoriano, que se remonta a Gregorio Magno (t 604). En \u00e9l se basan tambi\u00e9n muchos textos de oraciones de nuestro misal actual.<\/p>\n<p>Algo m\u00e1s tarde que los sacramentarios se formaron los libros de cantos y de lecturas para todo el a\u00f1o lit\u00fargico. Del siglo vir son tambi\u00e9n los m\u00e1s antiguos Ordines romanos, en los que se describen ritos m\u00e1s complicados, como las funciones de las estaciones, las de cuaresma y pascua, los ritos del bautismo y de las \u00f3rdenes, seg\u00fan el orden externo de su ejecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estos libros fueron buscados con solicitud cada vez mayor a partir del siglo VIII por los cl\u00e9rigos y los obispos francos, que los utilizaron como base del culto reorganizado. Como no pod\u00ed\u00ada menos de suceder, en las iglesias del imperio carolingio no se practic\u00f3 el rito romano puro, sino que \u00e9ste fue interpretado en sentido de la propia tradici\u00f3n, mezcl\u00e1ndose con diferentes elementos de los anteriores usos nativos y siendo tambi\u00e9n tergiversado en diferentes puntos. Esto era casi inevitable, pues s\u00f3lo se dispon\u00ed\u00ada de las indicaciones con frecuencia bastante imprecisas de los libros, que s\u00f3lo imperfectamente pod\u00ed\u00adan ser completadas por el testimonio ocular de los escasos peregrinos que iban a Roma. Adem\u00e1s, sobre todo en los Ordines, dichas indicaciones se refer\u00ed\u00adan casi exclusivamente al gran culto solemne y s\u00f3lo con dificultad se pod\u00ed\u00adan aplicar al culto ordinario del pueblo. Dio lugar a una nueva interpretaci\u00f3n el hecho de que muchos de los ritos piadosos recibidos de tiempos pasados no respond\u00ed\u00adan ya a las nuevas circunstancias, y el de que en ese nuevo \u00e1mbito la poblaci\u00f3n (tanto la germ\u00e1nica como la latina) no entend\u00ed\u00ada ya la lengua. La l. vino a ser l. del clero. La larga serie de ritos con que los candidatos adultos se hab\u00ed\u00adan preparado en otro tiempo durante la cuaresma para el bautismo pascual, se fundieron en una sola funci\u00f3n y, finalmente, con el bautismo mismo, a pesar de que carec\u00ed\u00adan de sentido en el bautismo de p\u00e1rvulos, \u00fanico que exist\u00ed\u00ada entonces.<\/p>\n<p>El rezo del oficio, que en otro tiempo se practicaba a diario juntamente con el pueblo, la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana (los actuales laudes; la misa cotidiana no era corriente todav\u00ed\u00ada) y las v\u00ed\u00adsperas todav\u00ed\u00ada se celebraban con asistencia del pueblo, pero en tales actos s\u00f3lo participaba activamente el clero, que hab\u00ed\u00ada hecho de ellos el pleno ciclo cotidiano de las horas can\u00f3nicas (breviario). Bajo el fortificante influjo del monacato, principalmente desde los tiempos de Chrodegang de Metz (t 766) y de Benedicto de Aniane (1- 821), el clero hab\u00ed\u00ada adoptado en gran escala no s\u00f3lo la vida en com\u00fan, sino tambi\u00e9n la forma mon\u00e1stica de la oraci\u00f3n comunitaria desplegada en las siete horas del oficio. Pero este oficio resultaba entonces para los fieles un mundo extra\u00f1o. Por esa raz\u00f3n en la edad media tard\u00ed\u00ada el coro en que se rezaba qued\u00f3 en muchos lugares completamente separado de la nave, y a veces se traslad\u00f3 simplemente a la \u00absala capitular\u00bb.<\/p>\n<p>La misa, cuyo texto literal apenas era ya accesible al pueblo, en el reino franco se estructur\u00f3 luego atendiendo a su aspecto visible, se ampli\u00f3 con elementos dram\u00e1ticos y fue interpretado aleg\u00f3ricamente. La misa solemne con participaci\u00f3n de todo el clero predomina durante largo tiempo. Se inciensa el altar en todo su alrededor al comienzo de la misa y al comienzo de la acci\u00f3n sacrifical. Se acent\u00faa la diferencia de las lecturas seg\u00fan su rango; el lado del evangelio se distingue del de la ep\u00ed\u00adstola; y el Evangelio es proclamado en medio de un solemne ceremonial. Todo movimiento de los asistentes o del sacerdote recibe ahora su significado especial en la explicaci\u00f3n aleg\u00f3rica de la l., que desarrolla sistem\u00e1ticamente Amalario de Metz. Las grandes l\u00ed\u00adneas de la historia de la -> salvaci\u00f3n se reproducen en las ceremonias de la misa, comenzando por el llamamiento de los patriarcas del Antiguo Testamento en el canto del \u00abintroito\u00bb y de los kyries, siguiendo con el nacimiento del Salvador en el \u00abgloria\u00bb, hasta llegar a la \u00faltima bendici\u00f3n, que representaba la bendici\u00f3n del Se\u00f1or a los ap\u00f3stoles antes de la ascensi\u00f3n. El pueblo viene, pues, a ser espectador respetuoso. La desvinculaci\u00f3n entre el altar y el pueblo se refleja en el hecho de que, en los lugares de la l. donde hab\u00ed\u00ada acciones sin palabras, se introdujeron oraciones que rezaban el sacerdote solo. As\u00ed\u00ad sucedi\u00f3 p. ej., al comienzo, durante la preparaci\u00f3n de los dones, antes de (y durante) la comuni\u00f3n y al final. Adem\u00e1s la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, el canon, se interpretaba como un santuario en el que s\u00f3lo pod\u00ed\u00ada entrar el sacerdote y cuyas palabras \u00e9l hab\u00ed\u00ada de pronunciar, por tanto, en voz baja.<\/p>\n<p>El prefacio se interpret\u00f3, entendiendo falsamente su nombre, como pr\u00f3logo del canon (en lugar de entenderlo como la primera parte de la oraci\u00f3n sacerdotal, que se ha de pronunciar en voz alta \u00abante\u00bb el pueblo y ante Dios: praefatio = praedicatio).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad configurada, la l. romana, que en realidad se hab\u00ed\u00ada transformado en una l. franco-romana, volvi\u00f3 a Roma desde el siglo x. En aquel \u00absiglo de hierro\u00bb, el orden tradicional eclesi\u00e1stico y lit\u00fargico estaba en Italia y en Roma en trance de disoluci\u00f3n y desintegraci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, cuando los monarcas germanos a partir de Ot\u00f3n i, se presentaron en Roma acompa\u00f1ados de muchos prelados y como emperadores romanos se preocuparon de crear un nuevo orden, el ordenamiento y los libros lit\u00fargicos tra\u00ed\u00addos del norte dieron desde entonces la pauta para la celebraci\u00f3n del culto en el centro de la cristiandad. En el mismo sentido actuaron los monjes venidos de Cluny, de los que en el siglo xr parti\u00f3 la renovaci\u00f3n interna de la Iglesia (-> reforma cluniacense).<\/p>\n<p>Pero no hay que pensar que se llegara con eso a lograr un orden firme, riguroso y homog\u00e9neo. Cierto que durante toda la edad media las Iglesias particulares deb\u00ed\u00adan regirse por la metr\u00f3poli de las respectivas provincias eclesi\u00e1sticas; pero, no s\u00f3lo las provincias eclesi\u00e1sticas, sino tambi\u00e9n las diferentes iglesias episcopales y conventuales ten\u00ed\u00adan con frecuencia su orden particular. Los libros lit\u00fargicos (que se confeccionaban de uno en uno por copias manuscritas), especialmente en sus elementos m\u00e1s recientes procedentes del periodo carolingio, estaban sujetos a constante ampliaci\u00f3n y transformaci\u00f3n. S\u00f3lo algunos centros prestigiosos y ciertas familias mon\u00e1sticas florecientes procuraban por su parte crear un orden obligatorio.<\/p>\n<p>De aquel tiempo proceden las formas especiales del rito franco-romano, que perviven todav\u00ed\u00ada hoy entre los cartujos y los premonstratenses, y en las provincias eclesi\u00e1sticas de Ly\u00f3n en Francia y de Braga en Portugal. En cambio otras formas especiales (fijadas tambi\u00e9n entonces) de los cistercienses, de diferentes abad\u00ed\u00adas benedictinas, de las Iglesias de Colonia, Tr\u00e9veris, Maguncia, Lieja y otras, fueron abandonadas despu\u00e9s del concilio de Trento para atenerse a la reforma postridentina.<\/p>\n<p>S\u00f3lo hubo una importante modificaci\u00f3n que se convirti\u00f3 en uso general a partir del siglo xiii: la elevaci\u00f3n de las especies en el momento de la consagraci\u00f3n dentro del canon de la misa. Con ello se cre\u00f3 un claro punto cumbre para el af\u00e1n de ver del hombre medieval, el cual con esta visi\u00f3n quedaba en cierto modo compensado por su alejamiento de la comuni\u00f3n sacramental, raras veces permitida y todav\u00ed\u00ada m\u00e1s raramente practicada. El per\u00ed\u00adodo final de la edad media fue un tiempo no s\u00f3lo de gran variedad de formas lit\u00fargicas, sino tambi\u00e9n de m\u00faltiples abusos y supersticiones. El violento empuje de la reforma protestante, que con el principio de \u00abla Escritura sola\u00bb repudi\u00f3 no s\u00f3lo abusos notorios, sino incluso el canon de la misa, dio pie a la reforma cat\u00f3lica de la l., reclamada por el concilio de Trento y llevada a cabo por los papas siguientes, comenzando por P\u00ed\u00ado v en sus ediciones del Breviario y del Misal (1568 y 1570; cf. -> reforma cat\u00f3lica y contrarreforma).<\/p>\n<p>Al mismo tiempo se fij\u00f3 el principio que m\u00e1s tarde fue formulado expresamente por el CIC (c. 1257), a saber, que en la Iglesia latina s\u00f3lo la Santa Sede es competente en lo relativo al ordenamiento lit\u00fargico. La estricta uniformidad de la pr\u00e1ctica lit\u00fargica, facilitada entonces por la imprenta y vigilada por la Congregaci\u00f3n de ritos, creada por Sixto v en 1588, se ha mantenido eficazmente en vigor hasta el siglo xx.<\/p>\n<p>P\u00ed\u00ado x, que mediante sus decretos sobre la comuni\u00f3n restaur\u00f3 la antigua pr\u00e1ctica cristiana de la comuni\u00f3n frecuente, orden\u00f3 de nuevo el canto gregoriano y en el Breviario cre\u00f3 un nuevo orden de los salmos, hizo las primeras intervenciones dignas de menci\u00f3n en el orden lit\u00fargico, que en cierto modo estaba petrificado. Por otra parte, el movimiento lit\u00fargico (cf. luego en D) indujo a superar en la l. el abismo cada vez mayor entre el altar y el pueblo. Una reforma a fondo se inici\u00f3 bajo el pontificado de P\u00ed\u00ado xii con el nuevo ordenamiento de la vigilia pascual (1951) y la semana santa (1955). El concilio Vaticano II (Constitutio de sacra -Liturgia, del 4-12-1963) ha extendido la reforma a todo el campo de la liturgia. Con los decretos de ejecuci\u00f3n (Instructio del 26-9-1964; e Instructio altera del 4-5-1967) se han configurado nuevamente amplios campos de la l. romana.<\/p>\n<p>Dado que los diferentes campos parciales de la l. se han de tratar en art\u00ed\u00adculos especiales, nos limitaremos aqu\u00ed\u00ad a a\u00f1adir algo sobre las leyes estructurales y los principales elementos constitutivos de la liturgia.<\/p>\n<p>III. Leyes estructurales<br \/>\nEl n\u00facleo de la l. lo constituyen las acciones sacramentales, y su punto culminante es la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada. Evidentemente, siendo esto as\u00ed\u00ad, la configuraci\u00f3n de la l. s\u00f3lo puede ser una ampliaci\u00f3n del signo sacramental: preliminares para la administraci\u00f3n del mismo, ayuda para su comprensi\u00f3n, garant\u00ed\u00ada de la disposici\u00f3n del que lo recibe, la oraci\u00f3n por la eficacia sacramental y sus frutos posteriores. Algo an\u00e1logo se puede decir de las diferentes bendiciones. En cambio, cuando el culto consiste solamente en la oraci\u00f3n no hay un orden fijo previamente establecido. Entonces ese culto ha de mostrar simplemente su propia esencia. En cada reuni\u00f3n para la oraci\u00f3n habr\u00e1 de reflejarse la relaci\u00f3n en que se halla la Iglesia frente a Dios gracias a la econom\u00ed\u00ada cristiana de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para que esta relaci\u00f3n se realice plenamente, se ha de comenzar por la -> palabra de Dios, bien en forma de lectura, bien en forma de predicaci\u00f3n que la proclama. Pues, en efecto, Dios es quien congrega la comunidad. Y s\u00f3lo cuando hemos sido llamados por la palabra de Dios, podemos nosotros dar nuestra respuesta.<\/p>\n<p>La palabra de Dios debe luego tener resonancia en los corazones. Esto puede obtenerse mediante una pausa silenciosa. Sin embargo, en la asamblea eclesial, el eco de la palabra en los corazones buscar\u00e1 una manifestaci\u00f3n exterior y tratar\u00e1 de expresarse en el canto. Al canto seguir\u00e1 la oraci\u00f3n; y como es una comunidad la que se ha reunido para orar, la comunidad misma ser\u00e1 la que se exprese, ya en el recogimiento de la oraci\u00f3n interior de cada uno, ya en una invocaci\u00f3n com\u00fan y, sobre todo, en oraciones alternadas.<\/p>\n<p>Pero el acto habr\u00e1 de culminar en la oraci\u00f3n formal, en la colecta, por la que el ministro de la funci\u00f3n eclesi\u00e1stica \u00abre\u00fane\u00bb el ruego de todos y lo presenta a Dios.<\/p>\n<p>De hecho este orden se halla m\u00e1s o menos claramente en todas las l., y sobre todo en la l. romana. Aqu\u00ed\u00ad domina la segunda parte de las horas can\u00f3nicas, pues cada una comprende un capitulum y una breve lectura de la Escritura, a la que sigue un himno y un responsorio. Se concluye con la oraci\u00f3n del oficiante, que todav\u00ed\u00ada hoy en determinados casos &#8211; como suced\u00ed\u00ada regularmente en otros tiempos &#8211; va precedida por las oraciones alternadas de la comunidad.<\/p>\n<p>Cuando hab\u00ed\u00ada que llenar con oraci\u00f3n un tiempo relativamente largo, como suced\u00ed\u00ada en la vigilia plena de la antigua l., pod\u00ed\u00ada reiterarse repetidas veces el mismo proceso. As\u00ed\u00ad lo hallamos repetido seis veces en la parte introductoria de la misa del s\u00e1bado de t\u00e9mporas, y doce veces en la l. del s\u00e1bado santo, la cual estuvo en uso hasta el a\u00f1o 1955 y correspond\u00ed\u00ada a la vigilia pascual. En ambos casos se introduce siempre la oraci\u00f3n lit\u00fargica con una plegaria en silencio de los particulares, a la que se invita con el flectamus genua.<\/p>\n<p>Cierto que la palabra de Dios en forma de lectura de la Escritura tiene su lugar m\u00e1s distinguido en la misa; pero esta lectura s\u00f3lo pudo imponerse con mayor amplitud en el rezo de las horas. Mientras que en algunos monasterios de la edad media cada a\u00f1o se le\u00ed\u00ada por entero la sagrada Escritura, en el ordenamiento actual ciertamente se hace un recorrido anual de la Escritura, pero no en una sucesi\u00f3n mec\u00e1nica, sino de tal forma que durante los dos ciclos festivos se han de leer determinados libros.<\/p>\n<p>Por lo que hace al canto, ya en la Iglesia de la antig\u00fcedad cristiana, tras un breve per\u00ed\u00adodo de floreciente himnodia, se dio la preferencia al Salterio. Desde entonces \u00e9ste no ha cesado de ser el primer libro de canto de la Iglesia. Es palabra de la boca de Dios y, en este sentido, superior a toda creaci\u00f3n humana. Aun cuando su contenido veterotestamentario no respond\u00ed\u00ada siempre a la \u00ed\u00adndole del pueblo neotestamentario, sin embargo, no pareci\u00f3 dif\u00ed\u00adcil leer las oscuras alusiones a la luz de su realizaci\u00f3n y entender las palabras del salmista como voz de Cristo o como voz de la Iglesia redimida, aunque a veces fueron usadas como llamadas hacia Cristo mismo.<\/p>\n<p>En la Iglesia ha habido tambi\u00e9n otro modo de recitar los Salmos: en los tiempos primitivos predomin\u00f3 la forma de responsorio, en la que uno cantaba el Salmo y la comunidad respond\u00ed\u00ada despu\u00e9s de cada vers\u00ed\u00adculo o de varios vers\u00ed\u00adculos con un estribillo que se indicaba al comienzo del Salino. De esto se conservan huellas en los llamados responsorios, en los que se ha acortado el texto primitivo y, en cambio, se ha enriquecido la melod\u00ed\u00ada. Pero ya desde la temprana edad media predomin\u00f3 la forma antifonaria, en la que las dos partes del coro cantan alternativamente los vers\u00ed\u00adculos, quedando reservado para el comienzo y el fin un vers\u00ed\u00adculo llamado ant\u00ed\u00adfona, m\u00e1s rico en melod\u00ed\u00ada y que sirve de marco al Salmo.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, la historia primitiva de este modo de cantar los Salinos, que comienza en el siglo iv, e incluso el sentido primitivo de la palabra \u00abant\u00ed\u00adfona\u00bb, todav\u00ed\u00ada se discuten actualmente entre los historiadores de la m\u00fasica. Mientras que en el rezo de las horas del rito bizantino el canto de los Salmos ya muy pronto fue de nuevo suplantado casi totalmente por una rica himnodia, en occidente el himno ha tenido que superar fuertes resistencias. En la l. deja ciudad de Roma s\u00f3lo hacia el siglo xii logr\u00f3 imponerse debido a influjos del norte.<\/p>\n<p>No es necesario demostrar que, sobre todo en el culto en lengua popular, se debe reconocer al c\u00e1ntico religioso absolutamente la misma funci\u00f3n que al himno latino. Pero hemos de tener presente que en gran parte de las creaciones de los \u00faltimos siglos que han llegado hasta nosotros, la riqueza del pensamiento religioso queda reducida a peque\u00f1os trozos, los cuales por lo dem\u00e1s, tienden a dar satisfacci\u00f3n a la sensibilidad subjetiva; por eso ser\u00e1 necesaria una rigurosa selecci\u00f3n. En cuanto a la ejecuci\u00f3n y a la forma musical del canto, existe una variedad grand\u00ed\u00adsima, desde el canto a una voz hasta la m\u00e1s rica polifon\u00ed\u00ada, con o sin instrumentos. Sin embargo, hay que sostener que donde no haya una raz\u00f3n suprema que recomiende o exija un despliegue de esplendor art\u00ed\u00adstico, el canto del pueblo responde mejor a la naturaleza de la Iglesia.<\/p>\n<p>En cuanto a la oraci\u00f3n del pueblo, lo m\u00e1s indicado es, como ya hemos dicho, la forma alternada, en la que la comunidad responde con breves invocaciones a las palabras del que dirige la oraci\u00f3n. El caso t\u00ed\u00adpico lo hallamos en la oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n. Puede servir de modelo la forma m\u00e1s antigua de las letan\u00ed\u00adas de los santos, en las que el pueblo responde con el \u00abte rogamos, \u00f3yenos\u00bb a las s\u00faplicas pronunciadas por el que dirige la oraci\u00f3n. Una tradici\u00f3n todav\u00ed\u00ada m\u00e1s antigua emple\u00f3 en el mismo sentido el Kyrie eleison.<\/p>\n<p>Otras formas de oraci\u00f3n popular se dieron en las llamadas \u00abpreces\u00bb, que en determinados lugares del oficio divino preceden a la \u00aboraci\u00f3n\u00bb y antiguamente la preced\u00ed\u00adan casi siempre.<\/p>\n<p>Dentro de una invitaci\u00f3n a la oraci\u00f3n dirigida a la comunidad se formula esta intenci\u00f3n: \u00abOremos por los hermanos ausentes\u00bb; a lo que se responde preferentemente con un vers\u00ed\u00adculo del Salmo: \u00abVen, Dios m\u00ed\u00ado, en auxilio de tus siervos que esperan en ti\u00bb (Sal 85, 2). Para las comunidades de tiempos anteriores, conocedores de la Escritura, estas palabras parec\u00ed\u00adan con raz\u00f3n especialmente apropiadas, aun cuando as\u00ed\u00ad s\u00f3lo se expresara imperfectamente lo que se quer\u00ed\u00ada decir. Ese conocimiento de la Biblia que entonces se presupon\u00ed\u00ada, no se puede dar por supuesto en el com\u00fan de los fieles de hoy d\u00ed\u00ada. Se hallan ulteriores formas evolucionadas de este g\u00e9nero de oraci\u00f3n (en las que, desde luego, est\u00e1 en primer t\u00e9rmino la invocaci\u00f3n reverente de nombres sagrados con sus t\u00ed\u00adtulos honor\u00ed\u00adficos) en las letan\u00ed\u00adas, que han venido a ser oraciones aut\u00f3nomas aprobadas por la Iglesia.<\/p>\n<p>En la oraci\u00f3n del sacerdote (o del que dirige la asamblea lit\u00fargica) la oraci\u00f3n de la Iglesia halla su plenitud y a la vez su m\u00e1s perfecta expresi\u00f3n. Seg\u00fan antiqu\u00ed\u00adsima tradici\u00f3n cristiana, esa oraci\u00f3n comienza con el saludo a la comunidad, la respuesta de \u00e9sta y la invitaci\u00f3n a orar. Tiene dos formas fundamentales seg\u00fan el motivo: el prefacio cuando se trata de una acci\u00f3n de gracias; y la oraci\u00f3n cuando se trata de implorar algo. En el caso de una acci\u00f3n de gracias, la invitaci\u00f3n suena as\u00ed\u00ad: Gratias agamus Domino, Deo nostro. El primer lugar de todas las oraciones de acci\u00f3n de gracias lo ocupa la \u00abeucarist\u00ed\u00ada\u00bb propiamente dicha, la oraci\u00f3n sacerdotal de la misa con su prefacio. Pero la forma de prefacio se emplea tambi\u00e9n en otras acciones importantes de bendici\u00f3n o consagraci\u00f3n. Se emplea en la consagraci\u00f3n de personas: di\u00e1cono, sacerdote, obispo, abad, abadesa; y en la consagraci\u00f3n o bendici\u00f3n de cosas: crisma, agua bautismal, cirio pascual, iglesia, altar, cementerio. Comienza con una alabanza de la obra salv\u00ed\u00adfica divina y luego, con un igitur o quapropter, pasa a la petici\u00f3n misma, en la que se implora la bendici\u00f3n de Dios para la persona o cosa de que se trata.<\/p>\n<p>En la oraci\u00f3n de petici\u00f3n la invitaci\u00f3n por lo regular es sencillamente: Oremus. Sin embargo, en muchos casos, p. ej., en las oraciones del viernes santo, se indica el objeto inmediato de la petici\u00f3n. En nuestra l. romana la oraci\u00f3n misma suele quedar bien destacada por un lenguaje conciso y henchido de contenido. Especialmente cuando el objeto de la petici\u00f3n se ha expuesto ya en la invitaci\u00f3n o en las preces que anteceden, es efectivamente caracter\u00ed\u00adstico el hecho de que la oraci\u00f3n con que el sacerdote, como portavoz nato del pueblo, se presenta ante Dios, no se pierda en palabrer\u00ed\u00adas ret\u00f3ricas ni en pura poes\u00ed\u00ada, sino que expresa lo esencial con pocas palabras bien dispuestas, como se observa en la estructura tradicional de las oraciones romanas. Aqu\u00ed\u00ad no se trata ya de exponer por extenso nuestros intereses humanos, sino de que nuestra oraci\u00f3n desemboque en los grandes planes divinos. Por eso la oraci\u00f3n no se dirige a algunos de los poderes celestes, p. ej., a los santos de los respectivos d\u00ed\u00adas festivos, sino a Dios mismo. Y por lo regular termina dirigiendo la mirada a Cristo, \u00abpor quien tenemos acceso al Padre\u00bb (Rom 5, 2). Se responde con el \u00abam\u00e9n\u00bb del pueblo que la confirma.<\/p>\n<p>GESTOS\/LITURGIA A los elementos constitutivos de todas las l. pertenece siempre juntamente con la palabra el rito externo, el gesto, el movimiento ordenado. Ante un superior se est\u00e1 de pie.<\/p>\n<p>Por esa raz\u00f3n en la oraci\u00f3n hasta muy entrada la edad media la posici\u00f3n predominante fue la erecta. Y, sobre todo en tiempos antiguos, dicha posici\u00f3n se justificaba as\u00ed\u00ad: Hemos resucitado con Cristo, por eso estamos de pie. De ah\u00ed\u00ad que en d\u00ed\u00adas con clima pascual (domingo, tiempo pascual) se prescriba esta actitud como la \u00fanica apropiada para la oraci\u00f3n. En tiempos antiguos se insist\u00ed\u00ada adem\u00e1s en que se mirara a oriente, hacia el lugar por donde sale el sol, tambi\u00e9n en memoria de Cristo, en cuya resurrecci\u00f3n se levant\u00f3 el sol para nosotros. Tambi\u00e9n hoy d\u00ed\u00ada se prefiere siempre a ser posible esta orientaci\u00f3n en la construcci\u00f3n de las iglesias. Para la oraci\u00f3n prevaleci\u00f3 m\u00e1s tarde cada vez m\u00e1s el arrodillarse. En esa postura se expresa la sumisi\u00f3n. En la oraci\u00f3n de petici\u00f3n esta actitud fue usual desde el principio (cf. Flectamus genua).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n como expresi\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica de adoraci\u00f3n se practica desde antiguo la postraci\u00f3n ante la majestad de Dios; sobre todo cuando Dios se nos acerca con proximidad estremecedora en el misterio de la encarnaci\u00f3n (Et Verbum caro factum est; et incarnatus est; el arrodillarse ante el sant\u00ed\u00adsimo sacramento). El sentarse como actitud de reposo est\u00e1 en uso cuando se trata de o\u00ed\u00adr con atenci\u00f3n; por tanto, en las lecturas, excepto en la del Evangelio, y cuando se predica; adem\u00e1s en momentos de pausa durante la acci\u00f3n lit\u00fargica, como en los cantos prolongados. Tambi\u00e9n en la salmodia ha venido a ser corriente el sentarse, para evitar la fatiga, dada su larga duraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n exige tambi\u00e9n una adecuada posici\u00f3n de las manos. En la antig\u00fcedad cristiana se acostumbraba a levantarlas, en postura de ofrecer o de recibir. Tal es la actitud de los orantes, que nos es conocida por las pinturas de las catacumbas y que todav\u00ed\u00ada hoy observa el sacerdote en todas las oraciones de la misa que provienen de antigua tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>El uso germ\u00e1nico prefer\u00ed\u00ada tener las manos juntas. En el derecho feudal el s\u00fabdito pon\u00ed\u00ada las manos juntas en las manos del se\u00f1or feudal, como signo de sumisi\u00f3n y de obediencia. Actualmente todav\u00ed\u00ada hacen eso los sacerdotes reci\u00e9n ordenados al prometer obediencia al obispo. Esta actitud se introdujo tambi\u00e9n en la l. a fines del primer milenio bajo el influjo de los pa\u00ed\u00adses n\u00f3rdicos. Las manos o se entrelazan, o tambi\u00e9n, como lo hace el sacerdote en el altar, se juntan por las palmas.<\/p>\n<p>La imposici\u00f3n de las manos es un s\u00ed\u00admbolo importante en la l., incluso en las acciones sacramentales. Sirve ante todo para expresar la transmisi\u00f3n de poderes (en las \u00f3rdenes mayores), y tambi\u00e9n la comunicaci\u00f3n de la gracia (la mano elevada en el sacramento de la penitencia) y la bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, en \u00e9poca m\u00e1s reciente, la se\u00f1al de la cruz ha venido a ser el s\u00ed\u00admbolo predominante de la bendici\u00f3n: tanto la se\u00f1al de la cruz que hace el sacerdote sobre personas y cosas, como el signarse uno mismo al recibir la bendici\u00f3n y al comenzar la oraci\u00f3n o una acci\u00f3n sagrada.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Eisenhofer; J. Lechner, Liturgik des r\u00f6mischen Ritus (Fr 1953); A.-G. Martimort, La Iglesia en oraci\u00f3n. Introducci\u00f3n a la liturgia (Herder Ba 1967); H. A. P. Schmidt, Introductio in liturgiam occidentalem (R 1960); Rad\u00f3; J. A. Jungmann, Der Gottesdienst der Kirche (I 31962). &#8211; PARA EL ORIENTE: Hanssens; Raes. &#8211; SOBRE EL DESARROLLO HIST\u00ed\u201cRICO: A. Baumstark, Vom geschichtlichen Werden der L. (Fr 1923); Th. Klauser, Kleine Abendl\u00e4ndische L. geschichte (1943, Bo 51965); J. A. Jungmann, Liturgie der christlichen Fr\u00fchzeit (Fri 1967).<\/p>\n<p>Josef Andreas Jungmann<br \/>\nB) CIENCIA LIT\u00daRGICA<br \/>\nLa ciencia lit\u00fargica puede entenderse en primer lugar como un estudio, realizado con finalidad puramente teor\u00e9tica, acerca de las diferentes formas de culto que se han ido practicando a trav\u00e9s de m\u00faltiples transformaciones en el cristianismo desde sus or\u00ed\u00adgenes hasta nuestros d\u00ed\u00adas. Restringida a esa finalidad esta ciencia ser\u00ed\u00ada sencillamente una secci\u00f3n de la historia y de la ciencia de la cultura. Pero con ello no quedar\u00ed\u00ada suficientemente descrita su aparici\u00f3n f\u00e1ctica como ciencia eclesi\u00e1stica. Esta ciencia, por m\u00e1s que se preocupe del conjunto de las formas hist\u00f3ricas, quiere en definitiva servir a la interpretaci\u00f3n de la l. usada en el presente.<\/p>\n<p>Su finalidad as\u00ed\u00ad planteada tiene gran importancia, dado que la l., por su naturaleza misma, tiende a conservar las formas una vez elegidas y a seguir aferrada a ellas aun cuando no sean ya comprendidas en un ambiente muy diverso. Mientras que los cultos no cristianos con frecuencia han renunciado deliberadamente a ser comprendidos, como lo muestra la historia de las -\u00bb religiones; en cambio, la l. cristiana, siendo un culto\u00bben esp\u00ed\u00adritu y en verdad\u00bb, no puede a la larga contentarse con esta renuncia.<\/p>\n<p>Las formas existentes deben hacerse comprensibles en cuanto sea posible. Al mismo tiempo, por la vuelta a las formas y los principios fundamentales, hay que establecer las premisas sobre las que pueda basarse una renovaci\u00f3n o adaptaci\u00f3n siempre que se crea necesaria.<\/p>\n<p>La Iglesia primitiva no ten\u00ed\u00ada necesidad de ciencia lit\u00fargica. Las formas del culto estaban tomadas de la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea y la l. se celebraba en un lenguaje comprensible para la comunidad que participaba en ella.<\/p>\n<p>Sin embargo, ya en el siglo iv hallamos algunas explicaciones de la l. Se trata de -> catequesis sobre el bautismo, la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00ed\u00ada, con las que el obispo instru\u00ed\u00ada en la octava de pascua a los reci\u00e9n bautizados; y es significativo que lo hiciera precisamente una vez que \u00e9stos ya hab\u00ed\u00adan recibido dichos sacramentos en la vigilia pascual. Se supon\u00ed\u00ada, pues que sin explicaci\u00f3n especial se entend\u00ed\u00adan en su sentido inmediato las palabras y el rito, y s\u00f3lo posteriormente se daba una interpretaci\u00f3n religiosa m\u00e1s profunda. Las m\u00e1s importantes catequesis de este g\u00e9nero que han llegado hasta nosotros, y que contienen notables detalles lit\u00fargicos, son las de Ambrosio de Mil\u00e1n, de Cirilo (o Juan) de Jerusal\u00e9n y de Teodoro de Mopsuestia.<\/p>\n<p>Ya en la temprana edad media se sinti\u00f3 la necesidad de explicar formas transmitidas desde antiguo por tradici\u00f3n. Pero esta explicaci\u00f3n no se hace destacando el sentido que tales formas ten\u00ed\u00adan primitivamente, sino por el procedimiento de la alegor\u00ed\u00ada. No se pone de relieve el sentido real, sino que se a\u00f1ade un nuevo sentido. Las explicaciones aleg\u00f3ricas de la l. comienzan con Isidoro de Sevilla, alcanzan un primer punto culminante con Amalario de Metz y dominan luego toda la edad media. En vano luch\u00f3 contra ellas Alberto Magno. De aquella \u00e9poca conocemos muy pocos intentos de una explicaci\u00f3n sobria y objetiva. Podemos mencionar a Floro de Ly\u00f3n, adversario de Amalario, a Walafrido Strabo, abad de Reichenau (t 849), cuya obra lleva el t\u00ed\u00adtulo significativo: De exordiis et incrementis quarundam in observationibus ecclesiasticis rerum, y tambi\u00e9n el escrito del a\u00f1o 1085 de Bernoldo de Constanza, el llamado Micrologus.<\/p>\n<p>El estudio propiamente cient\u00ed\u00adfico de la l. s\u00f3lo comenz\u00f3 cuando, gracias a los humanistas, se despert\u00f3 el sentido de la -> historia y cuando, a consecuencia de la reforma, la l. vino a ser objeto de controversias.<\/p>\n<p>Con vistas a la defensa del viejo patrimonio, por la imprenta comenzaron a hacerse asequibles algunas fuentes importantes. Jacob Pamelius, arcediano de Brujas, fue el primero que, en 1565, present\u00f3 en dos tomos antiguos textos lit\u00fargicos: sacramentario, antifonario y leccionario.<\/p>\n<p>Melchor Hittorp, can\u00f3nigo de Colonia, edit\u00f3 en 1568 una selecci\u00f3n de explicaciones lit\u00fargicas de la temprana edad media, junto con una colecci\u00f3n de Ordines romanos y un Pontifical, acerca del cual M. Andrieu demostr\u00f3 en 1931 que era el Pontifical romano-germ\u00e1nico compuesto en 950. Este texto se hizo normativo en tiempos posteriores.<\/p>\n<p>En un segundo per\u00ed\u00adodo de la l. descuellan los trabajos de diferentes miembros de la congregaci\u00f3n benedictina francesa de St. Maur (los \u00abmaurinos\u00bb), que comenzaron a reunir sistem\u00e1ticamente manuscritos lit\u00fargicos y a editarlos acompa\u00f1ados de penetrantes investigaciones. Entre ellos merecen especial menci\u00f3n Hugues M\u00e9nard (t 1644; edici\u00f3n de un Sacramentario gregoriano); Jean Morin (t 1639; estudios y textos sobre la l. penitencial y sobre la l. de las \u00f3rdenes), Jean Mabillon (t 1707; Ordines romanos, antigua l. galicana), y sobre todo Edmond Martne (t 1739), cuyos cuatro tomos De antiquis Ecclesiae ritibus son todav\u00ed\u00ada hoy una mina para el conocimiento de las variadas formas lit\u00fargicas al norte de los Alpes en la edad media. En sentido an\u00e1logo trabajaron tambi\u00e9n entre otros el abad cisterciense Giovanni Bona, el cult\u00ed\u00adsimo L.A. Muratori y el abad de St. Blasien, Martin Gerbert (t 1793); trabajaron sobre los ritos orientales Eus\u00e9be Renaudot (t 1720) y los hermanos Assemani.<\/p>\n<p>La \u00e9poca de la ilustraci\u00f3n, poco propensa a la historia, no fue favorable a la l. Un tercer per\u00ed\u00adodo, que se extiende hasta nuestros d\u00ed\u00adas, comienza a mediados del siglo xix. Fue favorecido por un esencial cambio de clima, al que contribuy\u00f3, adem\u00e1s de la incipiente renovaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada, sobre todo el auge de los estudios patr\u00ed\u00adsticos y de la -> arqueolog\u00ed\u00ada cristiana. Ahora contamos con importantes exposiciones de conjunto, ya sobre la historia de la l. en general, como las de Ferdinand Probst en Breslau (+ 1922) y las del historiador de la Iglesia Louis Duchesne (+1922), ya sobre algunos puntos concretos, como el estudio sobre el breviario hecho por Suitbert B\u00e4umer O.S.D. (+ 1894), y la investigaci\u00f3n sobre la misa en la edad media y sobre las bendiciones realizada .por Adolf Franz (+ 1916).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s se van reuniendo sistem\u00e1ticamente las fuentes. As\u00ed\u00ad lo hacen Adalbert Ebner (+ 1898) en Italia y Victor Leroquais (+ 1946) en Francia. Por la parte protestante, en Inglaterra la Henry Bradshaw Society lleva adelante desde 1880 una ambiciosa publicaci\u00f3n de fuentes lit\u00fargicas de origen ingl\u00e9s y continental.<\/p>\n<p>El estudio de las l. orientales fue promovido considerablemente por Anton Baumstark (t 1948). Franz Joseph D\u00f6lger y su escuela han dedicado notables estudios a la transici\u00f3n de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica al cristianismo, tan importante especialmente para la liturgia.<\/p>\n<p>En el siglo xix comienza tambi\u00e9n una serie de descubrimientos b\u00e1sicos de fuentes lit\u00fargicas de la antig\u00fcedad cristiana (Did; Euchologium de Serapi\u00f3n; Itinerario de Eteria; Testamentum Domini). Con el estudio de las -> constituciones de la Iglesia primitiva en oriente pudo descubrirse y restablecerse en lo sustancial la Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica de Hip\u00f3lito (escrita en Roma hacia el a\u00f1o 215), que daba ya una idea de conjunto de la pr\u00e1ctica lit\u00fargica de la comunidad romana de entonces.<\/p>\n<p>Gran importancia han alcanzado las investigaciones comenzadas en 1918 por la abad\u00ed\u00ada de Maria Laach y su abad Ildefons Herwegen (t 1946): las dos colecciones (m\u00e1s tarde unificadas) Liturgiegeschichtliche Quellen y Liturgiegeschichtliche Forschungen, y el Jahrbuch f\u00fcr Liturgiewissenschaft (desde 1921), dirigido despu\u00e9s principalmente por Odo Casel (t 1948) y reanudado desde 1950 con el nombre de Archiv f\u00fcr Liturgiewissenschaft.<\/p>\n<p>Odo Casel fue tambi\u00e9n quien por primera vez y conscientemente asoci\u00f3 cuestiones teol\u00f3gicas al estudio hist\u00f3rico de la liturgia. El formul\u00f3 la tesis, despu\u00e9s tan discutida, de la presencia de los misterios, seg\u00fan la cual en el culto, y m\u00e1s concretamente en los sacramentos, se hace presente y accesible a los fieles la hist\u00f3ricamente singular acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo, de modo que \u00e9stos pueden participar en la realizaci\u00f3n de dicha acci\u00f3n y en el fruto de la salvaci\u00f3n (cf. teolog\u00ed\u00ada de los -> misterios). Si bien esta tesis ha tenido ya marcado influjo en la teolog\u00ed\u00ada de los -> sacramentos, sin embargo no se ha logrado todav\u00ed\u00ada una doctrina plenamente un\u00e1nime en torno a ella.<\/p>\n<p>Con todo, entre tanto se ha extendido la convicci\u00f3n m\u00e1s general de que la l. no se circunscribe a la consideraci\u00f3n hist\u00f3rica, sino que tambi\u00e9n ha de ser tratada desde el punto de vista teol\u00f3gico. De un modo impl\u00ed\u00adcito tal consideraci\u00f3n teol\u00f3gica ya exist\u00ed\u00ada antes, sobre todo desde que las aspiraciones del movimiento lit\u00fargico (cf. luego en D) obligaron a la reflexi\u00f3n sobre la naturaleza de la liturgia. Una verdadera premisa de dicho movimiento fue la reflexi\u00f3n sobre la naturaleza de la -> Iglesia como comunidad de los fieles (en contraste con el concepto puramente jer\u00e1rquico de Iglesia), iniciada por J.S. M\u00f6hler (+ 1838; cf. escuela de -> Tubinga), y llevada adelante principalmente por la teolog\u00ed\u00ada alemana.<\/p>\n<p>Sin embargo, s\u00f3lo en 1957 apareci\u00f3 una exposici\u00f3n completa de esta orientaci\u00f3n con el libro del benedictino romano Cipriano Vagaggini que lleva el titulo Ii seno teologico della liturgia. La l. aparece aqu\u00ed\u00ad como continuaci\u00f3n de la historia de la -> salvaci\u00f3n: la Iglesia, que Dios santifica por Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, responde ofreciendo su culto por medio de Cristo.<\/p>\n<p>Las ulteriores cuestiones teol\u00f3gicas que debe tratar la l. han de girar sobre todo en torno a este tema: naturaleza del culto cristiano, posici\u00f3n de Cristo como sumo sacerdote, comunidad eclesial y culto, desarrollo del signo sacramental. Como tema central aparece el car\u00e1cter comunitario de la liturgia. En efecto, de aqu\u00ed\u00ad surge una primera cuesti\u00f3n teol\u00f3gica: \u00bfen qu\u00e9 grado se identifica o puede identificarse la l. con la vida misma de piedad dentro de la Iglesia, y hasta qu\u00e9 punto se requiere o es indispensable la vida religiosa personal de los individuos? La segunda cuesti\u00f3n es: \u00bfde qu\u00e9 manera se puede o se debe desarrollar dentro de la l. la vida comunitaria? Esta \u00faltima cuesti\u00f3n deber\u00ed\u00ada inducir a un examen m\u00e1s profundo de todos los temas de la pastoral lit\u00fargica y de la pastoral en general, que en las publicaciones de los \u00faltimos decenios han ido cobrando cada vez mayor amplitud. Mencionemos concretamente la participaci\u00f3n activa del pueblo, la posici\u00f3n de los seglares en la Iglesia, el lenguaje de la l., la funci\u00f3n de la m\u00fasica sagrada y del arte sagrado, las devociones populares y su relaci\u00f3n con la l., el derecho del obispo y de los obispos en el marco de un ordenamiento lit\u00fargico dirigido desde Roma.<\/p>\n<p>Estas cuestiones tienen una inmediata importancia pr\u00e1ctica, pero, adem\u00e1s reclaman un esclarecimiento te\u00f3rico. Por otra parte, muchos de esos problemas s\u00f3lo pueden esclarecerse por v\u00ed\u00ada hist\u00f3rica. En la l. debe darse una constante interacci\u00f3n entre historia y teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Sobre este fondo pueden destacarse m\u00e1s claramente los objetivos futuros de la l. Bajo el aspecto hist\u00f3rico deben explorarse las fuentes y publicarse ediciones cr\u00ed\u00adticas de textos importantes, utilizando cuando sea necesario las correspondientes ciencias auxiliares (paleograf\u00ed\u00ada, filolog\u00ed\u00ada, etc.) y las t\u00e9cnicas adecuadas (p. ej., la fotograf\u00ed\u00ada de palimpsestos). En el \u00e1mbito occidental se ha hecho ya lo m\u00e1s esencial a este respecto, pero en algunas regiones (concretamente en Alemania) la investigaci\u00f3n de las fuentes es todav\u00ed\u00ada muy imperfecta. En cuanto al oriente, fuera del sector bizantino, la l. eucar\u00ed\u00adstica es casi la \u00fanica accesible en lenguas europeas. Aqu\u00ed\u00ad las investigaciones deben aceptar la ayuda de diversas ciencias afines, sobre todo: la ciencia b\u00ed\u00adblica, la ciencia de las religiones, la patr\u00ed\u00adstica, la arqueolog\u00ed\u00ada cristiana, la historia de la civilizaci\u00f3n cl\u00e1sica, la oriental\u00ed\u00adstica, la historia de los dogmas, del kerygma y de la piedad, la historia del arte, la iconograf\u00ed\u00ada, la historia de la m\u00fasica&#8230; Se necesitan adem\u00e1s exposiciones de conjunto para que la vida lit\u00fargica pueda beneficiarse del resultado de los estudios, haciendo patente el sentido y la posibilidad de ulteriores reformas. Convendr\u00e1 sobre todo que la problem\u00e1tica teol\u00f3gica acompa\u00f1e casi siempre a las exposiciones de conjunto.<\/p>\n<p>Salta a la vista que aun las mismas reformas llevadas a cabo en nuestro siglo, desde la renovaci\u00f3n del canto gregoriano por P\u00ed\u00ado x a base de los estudios de Solesmes, hasta la restauraci\u00f3n de la vigilia pascual, han sido posibles tan s\u00f3lo gracias a los trabajos de la ciencia lit\u00fargica.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la nueva comprensi\u00f3n de los ritos orientales y el abandono de todos los conatos niveladores de latinizaci\u00f3n se han producido como un fruto de los estudios lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>E igualmente, un sano desarrollo ulterior del culto de la Iglesia s\u00f3lo ser\u00e1 posible si la ciencia lit\u00fargica contin\u00faa desempe\u00f1ando sumisi\u00f3n. Las premisas para ello han mejorado considerablemente en los \u00faltimos a\u00f1os, gracias a la erecci\u00f3n de los Institutos lit\u00fargicos, como el Institut Catholique de Paris y el de san Anselmo en Roma, y gracias tambi\u00e9n a la introducci\u00f3n de la ciencia lit\u00fargica por el concilio Vaticano 11 entre las disciplinas principales de las facultades teol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Los datos bibliogr\u00e1ficos para los textos y estudios citados en su marco hist\u00f3rico, pueden consultarse en los manuales y l\u00e9xicos de -> liturgia. &#8211; PARA LA PARTE TEOL\u00ed\u201cGICA: C. Vagaggini, El sentido teol\u00f3gico de la liturgia (Ed Cat\u00f3lica, BAC, Ma 1962); 0. Casel, Das christliche Kultmysterium (Rb 41960); J. A. Jungmann, Die Stellung Christi im liturgischen Gebet (Mr 21962); G. Dix, The Shape of the Liturgy (1945, Lo 41949) ; G.M. Bras\u00f3, Liturgia y espiritualidad (Montserrat 1956); C. S\u00e1nchez Aliseda, Historia y liturgia de la Misa (Ba 1955); L. Fendt, Einf\u00fchrung in die L. (B 1958); A: G. Martimort (dir.), La Iglesia en oraci\u00f3n. Introducci\u00f3n a la liturgia (Herder Ba 1967); C. Jean-Nesmy, Espiritualidad del a\u00f1o lit\u00fargico (Herder Ba 1965); Th. Filthaut, La formaci\u00f3n lit\u00fargica (Herder Ba 21965).<\/p>\n<p>Josef Andreas Jungmann<\/p>\n<p>C) LENGUA LIT\u00daRGICA<\/p>\n<p>I. Historia de las religiones<br \/>\nLas religiones conocen ordinariamente una lengua sagrada y ritual, en que se transmiten Las doctrinas y se ejecutan los ritos santos. Aunque se use en el culto la lengua literaria o escrita, que en muchos casos se distingue fuertemente de la hablada, las lenguas propiamente rituales son de ordinario estadios anteriores de idiomas a\u00fan vivos (as\u00ed\u00ad entre los romanos). Y a menudo son lenguas de una cultura precedente que entre tanto han quedado recubiertas por idiomas m\u00e1s \u00abmodernos\u00bb (p. ej., en los jud\u00ed\u00ados despu\u00e9s del destierro el hebreo en relaci\u00f3n con el arameo). Y con frecuencia ya no son inteligibles al sacerdote mismo (p. ej., entre los romanos). Como motivos para el uso de un lenguaje sagrado podemos mencionar: la creencia de que, como lengua de la divinidad (\u00abo de los dioses\u00bb; as\u00ed\u00ad entre los germanos), es el \u00fanico camino para llegar a \u00e9sta; el cuidado de no profanar lo santo con el lenguaje diario e incurrir as\u00ed\u00ad en la ira divina; el temor ante lo tremendo y misterioso, \u00e1mbito, al que s\u00f3lo es l\u00ed\u00adcito acercarse por la palabra extraordinaria; el sentimiento de algo especial y solemne que despiertan las lenguas sagradas; la reverencia por la forma ling\u00fc\u00ed\u00adstica en que tuvo lugar un acontecimiento salv\u00ed\u00adfico, la cual debe mantenerse (el hebreo como lengua del AT). Com\u00fan a tales lenguas sagradas es su \u00abcar\u00e1cter estatuario\u00bb, que ignora el cambio hist\u00f3rico y quiere expresar c\u00f3mo lo dicho y lo que est\u00e1 por decir se halla sustra\u00ed\u00addo al tiempo; o sea, en ellas se quiere proteger y representar la eternidad de lo divino y el misterio insondable de lo appeton, de lo inefable. El fundamento de eso es la idea de que a la divinidad s\u00f3lo puede habl\u00e1rsele a la manera \u00abdivina\u00bb y de que frente al ser diferente de Dios, frente a su santidad, la palabra humana es un pecado (cf. el \u00absilencio sagrado\u00bb). La lengua cultual atestigua ya como tal una determinada idea de Dios; su problem\u00e1tica es por tanto teol\u00f3gica, y no meramente lit\u00fargica y rubricista.<\/p>\n<p>II. Lenguas lit\u00fargicas en el cristianismo<br \/>\nTambi\u00e9n la l. de la Iglesia emplea hoy d\u00ed\u00ada lenguas cultuales, p. ej.: el lat\u00ed\u00adn en occidente; las \u00ablenguas eclesi\u00e1sticas\u00bb de los ritos orientales, que, prescindiendo de excepciones sin importancia, no son idiomas corrientes; e incluso en las comunidades nacidas de la reforma se advierte la tendencia a conceder un rango sagrado a ciertos tipos de lenguaje (el alem\u00e1n de la Biblia de Lutero, el ingl\u00e9s del Book of Common Prayer). Especialmente la Iglesia cat\u00f3lica ha tenido en alta estima el lat\u00ed\u00adn como \u00ablengua eclesi\u00e1stica\u00bb, y lo ha defendido hasta la actualidad como imprescindible, hasta tal punto que este idioma parec\u00ed\u00ada pertenecer a la concepci\u00f3n que la Iglesia latina tiene d~ s\u00ed\u00ad misma. Sin embargo, la Iglesia siempre quiso que por lo menos al celebrante le fuera familiar el sentido literal (de ah\u00ed\u00ad la autorizaci\u00f3n en 1949, que reiteraba la de 1615, para introducir el alto chino [\u00c2\u00a1no el de la conversaci\u00f3n corriente!] en el misal). La lengua lit\u00fargica latina nunca fue un idioma puramente extra\u00f1o.<\/p>\n<p>III. Orientaci\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\nLa discusi\u00f3n critica de una lengua ritual cristiana ha de partir de los siguientes principios. Jesucristo es la -> palabra insuperable y definitiva que Dios dirige a la humanidad. Ciertamente esa palabra est\u00e1 preparada y prometida en un determinado espacio hist\u00f3rico, pero lo supera de tal forma que, en conformidad con la universal voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios y con la consagraci\u00f3n de todo lo humano en la encarnaci\u00f3n y resurrecci\u00f3n, ya no son obligatorias las formas hist\u00f3ricas del mundo judeo-helen\u00ed\u00adstico (y menos todav\u00ed\u00ada las de otras culturas). M\u00e1s bien, a este respecto se exige una decisi\u00f3n humana renovada siempre de nuevo. Pues, siendo Cristo la \u00faltima palabra que Dios nos dirige, s\u00f3lo en \u00e9l y en conformidad con \u00e9l es posible una respuesta v\u00e1lida (por tanto, a la manera \u00abhumana\u00bb y ya no \u00abdivina\u00bb). De ah\u00ed\u00ad que en Cristo quede integrado y superado todo culto posible. Para toda la duraci\u00f3n de la historia, esa palabra y esa respuesta han recibido la Iglesia fundada como templo \u00fanico en que se edifica el nuevo pueblo de Dios, llamado sin distinci\u00f3n de lenguas, en permanente diversidad (cf. Act 2, 4-11). Este pueblo celebra el -> culto de la adoraci\u00f3n en esp\u00ed\u00adritu y en verdad, que es Cristo mismo, aceptando y agradeciendo (eucarist\u00ed\u00ada) su obra de salvaci\u00f3n. All\u00ed\u00ad el hombre est\u00e1 capacitado para la audici\u00f3n y obediencia en su propia lengua materna. Ello quiere decir que ya no hay lenguas cultuales propiamente dichas, ni \u00ablenguas\u00bb espec\u00ed\u00adficamente \u00absagradas\u00bb, que se limiten a la palabra de Dios y a la respuesta del hombre. Toda lengua humana es ahora potencialmente lit\u00fargica, en cuanto en ella se anuncia el mensaje y halla forma la decisi\u00f3n de la fe. Pero, evidentemente, el contenido y la seriedad del lenguaje lit\u00fargico le dar\u00e1n un cu\u00f1o propio (p. ej., el \u00ablat\u00ed\u00adn cristiano\u00bb), que lo distanciar\u00e1 de la lengua corriente, del mismo modo que las declaraciones y decisiones \u00faltimas de los fil\u00f3sofos y poetas, puestas en palabras, dejan tras s\u00ed\u00ad el hablar que no tiene m\u00e1s meta que la utilidad inmediata.<\/p>\n<p>IV. Historia<br \/>\nDe hecho la Iglesia antigua, separ\u00e1ndose claramente de las otras religiones, emple\u00f3 sin reparo las lenguas maternas en el culto: arameo, griego (incluso en Roma hasta el siglo Iv y en las Galias mismas [Ly\u00f3n]), lat\u00ed\u00adn (sin duda por primera vez en Africa). La palabra lit\u00fargica espont\u00e1neamente formulada de la primitiva Iglesia, lo mismo la carism\u00e1tica de la glosolalia que la \u00aboficial\u00bb de la an\u00e1fora libremente expresada, s\u00f3lo se concibe en la lengua materna, pues el testimonio de Dios dado por los cristianos en el culto es sine monitore, quia de pectore (TERTULIANO, Apol. 30). Pero ya los Evangelios, como una especie de confesi\u00f3n del camino de salvaci\u00f3n hist\u00f3ricamente dado, conocen \u00abmarcas de su origen\u00bb (Abba: Mc 14, 36; Eloi Eloi, lamma sabacthani: Mc 15, 34, cf. Mt 27, 46; etc.); y de manera semejante el culto de la Iglesia dej\u00f3 intactas ciertas \u00abmarcas de su origen\u00bb: Amen, Hosanna, Alleluia, tomados de la liturgia del templo, Maranatha (arameo) de la primitiva comunidad palestinense (1 Cor 16, 22; Did 10, 6), el griego Kyrie eleison.<\/p>\n<p>El hecho de que, a pesar de todo, nacieran lenguas propias del culto y de la Iglesia, tiene causas que est\u00e1n fuera del campo de la liturgia. Con las invasiones de los b\u00e1rbaros, la civilizaci\u00f3n fue aceptada por naciones que ve\u00ed\u00adan en la antigua y nueva Roma la norma de toda actividad cultural, aun de la religiosa; la anexi\u00f3n a estos centros culturales y misionales era lo m\u00e1s natural del mundo. En cambio Bizancio no transmiti\u00f3 su idioma como lengua eclesi\u00e1stica, en contraste con Roma, cuyo lat\u00ed\u00adn vino a ser lengua lit\u00fargica de las nuevas iglesias. Indudablemente, a pesar de usar un idioma extra\u00f1o, la l. romana fue un modelo sublime de culto solemne y una herencia a la que el occidente no pod\u00ed\u00ada renunciar. Y el problema de la lengua extra\u00f1a en la l. permaneci\u00f3 oculto hasta nuestra \u00e9poca, durante todo el tiempo en que el lat\u00ed\u00adn fue el idioma del mundo sabio. Anteriores opiniones sobre la latina miseria del pueblo cristiano (as\u00ed\u00ad los camaldulenses italianos Giustiniani y Quirini en 1513 a Le\u00f3n x) hubieron de quedarse en voces aisladas, tanto m\u00e1s por el hecho de que, como reacci\u00f3n contra la tesis de la lengua vulgar lit\u00fargica que sostuvieron todos los innovadores de los siglos xiii-xvi (c\u00e1tanos, valdenses, husitas, protestantes), el lat\u00ed\u00adn recibi\u00f3 un car\u00e1cter francamente dogm\u00e1tico. Sin embargo, el concilio de Trento s\u00f3lo pudo decidirse por una confirmaci\u00f3n del lat\u00ed\u00adn como lengua lit\u00fargica en un sentido relativo (y en cierto modo negativo). Aunque la l. tiende a la instrucci\u00f3n del pueblo de Dios, sin embargo, ha de reconocerse la posibilidad de la lengua latina (Dz 946 956: f\u00f3rmula significativa en comparaci\u00f3n con anteriores esquemas).<\/p>\n<p>La apolog\u00e9tica y tambi\u00e9n ciertas manifestaciones del magisterio han tratado en diversos tiempos de defender, con gran despliegue de razones, la lengua lit\u00fargica latina. Pero esas razones (entre las que aparecen todas las expuestas en 1, p. ej., ya Gregorio vii en 1080 al rey eslavo Vratislao: Mansi xx 296s) son insuficientes (el lat\u00ed\u00adn como vinculum unitatis ecclesiae; cf. Act 2, 4-11) o inexactas (custodia de la doctrina mediante el lat\u00ed\u00adn invariable; comp\u00e1rese, p. ej., el lat\u00ed\u00adn del Missale Romanum con el de la alta escol\u00e1stica); no convencen. El concilio Vaticano II ha recogido tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la insinuaci\u00f3n de Trento, y ha reconocido a la lengua materna no s\u00f3lo una funci\u00f3n auxiliar y sustitutiva (como dec\u00ed\u00ada a\u00fan la Instructio de la Congregaci\u00f3n de ritos del 3-9-1958: H. SCHMIDT IL 213ss), sino una funci\u00f3n plena en la l. (Constituci\u00f3n sobre la liturgia, art. 36 63, junto con 14 26 y otros). Con ello se concede al mismo tiempo no s\u00f3lo que se puede aspirar a buenas traducciones de lo anterior, sino tambi\u00e9n que la lengua materna, como anta\u00f1o el lat\u00ed\u00adn, \u00fanicamente tiene raz\u00f3n de ser dentro del conjunto de una l. que sea moderna en el mejor sentido de la palabra, en una l. donde el pueblo de Dios pueda tambi\u00e9n hoy sentirse llamado por la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios y expresar su obediencia creyente. Esta l. a la verdad, s\u00f3lo se hallar\u00e1 y celebrar\u00e1 a fuerza de mucha paciencia y de constante reflexi\u00f3n sobre la esencia de la salvaci\u00f3n cristiana tal como la ha guardado la tradici\u00f3n de la Iglesia. Tambi\u00e9n su lengua es una permanente tarea de la Iglesia.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: MD n. 11 (1947), n. 53 (1958) (diversas colaboraciones), n. 86 (1960) 184-194; J. A. Jungmann, El sacrificio de la Misa (Ed. Cat\u00f3lica BAC Ma 41965); C. Korolevskij, Liturgie en langue vivante (P 1955); Ch. Mohrmann, Die Rolle des Lateins in der Kirche des Westens: ThRv 52 (1956) 1-18 (bibl.); ideen, Etude sur le Latin des chr\u00e9tiens I (R 21961), II (1961); Schmidt IL 209-227; H.-J. Schulz, Kirchensprachen: LThK2 VI 257-260; Rahner V 403-458 (Sobre el lat\u00ed\u00adn como lengua de la Iglesia); LuM 37 (1965) (diversas colaboraciones); Liturgiereform im Streit der Meinungen (Wtl 1968). &#8211; Ver los comentarios a la Constituci\u00f3n sobre la Sagrada Liturgia del Vaticano II, espec. los art. 36 y 63.<\/p>\n<p>Angelus H\u00e4uBling<br \/>\nD) MOVIMIENTO LIT\u00daRGICO<br \/>\nEl movimiento lit\u00fargico designa ese conjunto de anhelos que se han abierto camino en la Iglesia de nuestros d\u00ed\u00adas para volver hacer de una l. ya bastante petrificada un culto divino lleno de vida en el pueblo de Dios. La l. romana, fundamentada hasta el siglo vi y desarrollada (no siempre org\u00e1nicamente) durante la edad media, con la reforma promovida por el concilio de Trento qued\u00f3 sometida a una norma definitiva, despu\u00e9s de practicarse algunas supresiones; con ello se impidi\u00f3 consecuentemente su ulterior desarrollo. Las Iglesias particulares no pod\u00ed\u00adan ya modificar nada de la l., y Roma se limit\u00f3 principalmente a conservar lo ya existente (1588: creaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de ritos, con funci\u00f3n de vigilancia; CIC c. 1257). Entre tanto el mundo se ha transformado esencialmente. Tambi\u00e9n ha ido cambiando la mentalidad religiosa. La lengua latina de la l. se ha hecho extra\u00f1a al pueblo incluso en los pa\u00ed\u00adses latinos. Por eso la l. se hab\u00ed\u00ada convertido en cosa exclusiva del clero, en un conjunto de funciones misteriosas que el pueblo cristiano ya s\u00f3lo pod\u00ed\u00ada seguir de lejos. La anomal\u00ed\u00ada se sent\u00ed\u00ada m\u00e1s vivamente a medida que se ve\u00ed\u00ada en peligro la fe del pueblo y se iba avanzando en el conocimiento cient\u00ed\u00adfico de la antig\u00fcedad cristiana y de su viva piedad lit\u00fargica.<\/p>\n<p>Esto se advirti\u00f3 por primera vez cuando los benedictinos de St. Maur (cf. ciencia lit\u00fargica, antes en B) publicaron varios tomos acerca de fuentes lit\u00fargicas. Sobre esta base fueron apareciendo en Francia nuevos breviarios y misales muy modificados, que sin aprobaci\u00f3n de Roma, y en un principio sin su protesta, sustituyeron a los anteriores. En la misa, p. ej., se introdujeron respuestas del pueblo. La -> ilustraci\u00f3n suscit\u00f3 en Alemania una nueva oleada de conatos de reforma. Se buscaba la participaci\u00f3n del pueblo principalmente mediante cantos religiosos en alem\u00e1n, introducidos tambi\u00e9n en la misa; pero a mediados del siglo xIx la restauraci\u00f3n reprimi\u00f3 otras aspiraciones que tend\u00ed\u00adan a la sencillez y al contacto con el pueblo. En Francia la misma restauraci\u00f3n, con los escritos del abate Pr\u00f3spero Gu\u00e9ranger (1805-1875), descart\u00f3 los conatos \u00abneogalicanos\u00bb de reforma y acentu\u00f3 de nuevo las formas puramente romanas. Por otra parte, la renovaci\u00f3n mon\u00e1stica suscitada precisamente por Gu\u00e9ranger, con su especial fomento de la l. y del canto gregoriano, trajo consigo los g\u00e9rmenes del movimiento lit\u00fargico del siglo xx.<\/p>\n<p>Este movimiento adquiri\u00f3 conciencia como tal con la actuaci\u00f3n de Lambert Beauduin (1873-1960, primeramente sacerdote secular, luego, desde 1906, monje de Mont-C\u00e9sar) en el d\u00ed\u00ada de los cat\u00f3licos celebrado en Malinas (23-9-1909). El movimiento reclam\u00f3 que se hiciera accesible al pueblo la oraci\u00f3n de la Iglesia en un mundo amenazado por una progresiva descristianizaci\u00f3n; mas por el momento se content\u00f3 con difundir traducciones en lengua vulgar de los textos de las misas dominicales y de las v\u00ed\u00adsperas. Desde 1918 Maria Laach se convirti\u00f3 cada vez m\u00e1s en centro del movimiento, dando principalmente una base cient\u00ed\u00adfica a sus aspiraciones. La persuasi\u00f3n obvia de que las exigencias de la l., por ser \u00e9sta asunto de la comunidad, no se satisfacen por el mero hecho de que los fieles lean simult\u00e1neamente los textos, dio como resultado la misa comunitaria o dialogada en lengua vern\u00e1cula (cf. entre otros Guardini, 1920). La innovaci\u00f3n fue propuesta a la Congregaci\u00f3n de ritos, que en 1922 contest\u00f3 con ciertas reservas, aunque a\u00f1adiendo que \u00abde suyo\u00bb (per se) est\u00e1 permitido que el pueblo responda en la misa. El movimiento tuvo en seguida gran auge en las regiones de habla alemana, primeramente entre la juventud estudiantil (movimiento de la juventud cat\u00f3lica). Desde 1930 se extendi\u00f3 progresivamente a la vida parroquial; fueron pioneros, entre otros, Pius Parsch con sus escritos populares y peque\u00f1os cuadernos de textos, y Ludwig Wolker, director de las grandes asociaciones juveniles cat\u00f3licas. Surgieron resistencias (incluso en forma literaria), pero fueron superadas cuando el episcopado, estableciendo la conferencia lit\u00fargica y la comisi\u00f3n lit\u00fargica, asumi\u00f3 en 1940 la direcci\u00f3n, y cuando en 1943 un decreto romano dej\u00f3 amplia libertad. La enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei de P\u00ed\u00ado xii (1947) signific\u00f3 el reconocimiento definitivo por parte de la autoridad eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>Entre tanto el movimiento se hab\u00ed\u00ada impuesto tambi\u00e9n en Francia, donde trabaja activamente desde 1943 el Centre de Pastorale liturgique de Par\u00ed\u00ads. En Alemania existe un centro similar desde 1947, que es el Instituto lit\u00fargico de Tr\u00e9veris. En otros pa\u00ed\u00adses se fueron creando centros an\u00e1logos de trabajo. De gran importancia han sido las asambleas internacionales de estudios lit\u00fargicos que desde 1951 tienen lugar gracias a la labor de conjunto de los centros de Paris y de Tr\u00e9veris. Un momento culminante fue a todas luces el congreso internacional de liturgia pastoral de As\u00ed\u00ads (1956), promovido tambi\u00e9n por autoridades romanas.<\/p>\n<p>Los frutos del movimiento comenzaron a madurar en las normas (\u00abdirectorios\u00bb) episcopales para la estructuraci\u00f3n del culto parroquial, que se publicaron en diferentes pa\u00ed\u00adses, y tambi\u00e9n en la Instructio romana de 1958. Otro fruto importante fueron los rituales en lengua vulgar que pudieron publicarse en todas partes, pero el principal fue la restauraci\u00f3n de la vigilia pascual ordenada por Roma (1951) y la reforma de la semana santa (1955). Las aspiraciones del movimiento lit\u00fargico han quedado coronadas con la reforma general decretada por el concilio Vaticano II el 4-12-1963.<\/p>\n<p>Su pleno \u00e9xito presupone en todo caso que las formas que ahora se han de crear alcancen en la Iglesia universal y en las diferentes naciones la altura de la dise\u00f1ada imagen ideal; y presupone adem\u00e1s que el clero y el pueblo, con renovada convicci\u00f3n de fe, les ofrezcan un campo propicio donde puedan echar ra\u00ed\u00adces.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: W. Trapp, Vorgeschichte und Ursprung der Liturgischen Bewegung (Rb 1940); Th. Bogler (dir.), Liturgische Erneuerung in aller Welt (miscel\u00e1nea) (Maria Laach 1950); E. B. Koenker, The Liturgical Renaissance in the Roman Catholic Church (Ch 1954); J. Hofinger &#8211; J. Kellner, Liturgische Erneuerung in der Weltmission (1 1957); J. Hofinger (dir.), Mission und Liturgie. Der Kongre\u00df von Nijmegen 1959 (Mz 1960); Schmidt IL 164-208 742-785 (bibl.); W. Birnbaum, Das Kultusproblem und die liturgischen Bewegungen des 20. Jh., I: Die deutsche katholische liturgische Bewegung (T 1966); J. M. Patino, Criterios conciliares de renovaci\u00f3n liturgica (Ma 1966); L. Bouyer, Liturgia renovada (V Divino Estella 1967); Davis, Liturgia y doctrina (Herder Ba 1968); A. Hamman, Liturgia y apostolado (Herder Ba 1967); l. Hund, La Biblia y la liturgia (S Terrae Sant 1967); Klauser, Historia de la liturgia occidental (J Flors Ba 1968); A. Laurentin, Liturgia en construcci\u00f3n (Marova Ma 1967); Liturgia y mundo actual (Marova Ma 1967); H. Schmidt, La constituci\u00f3n sobre la sagrada liturgia (Herder Ba 1967); A. Verheul, Introducci\u00f3n a la liturgia (Herder Ba 1967).<\/p>\n<p>Josef Andreas Jungmann<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La palabra griega <em>leitourgia<\/em> originalmente significaba un deber p\u00fablico o estatal. En la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a> se aplica particularmente a los servicios del templo en Jerusal\u00e9n. Tal como se usa en el NT, con frecuencia tiene el significado de servicio sacerdotal (p. ej. Lc. 1:23; Fil. 2:17; Heb. 8:6). En el uso eclesi\u00e1stico, la palabra se usa (1) en un sentido general con referencia a cualquiera de los servicios y oficios prescritos del culto de la iglesia; (2) en un sentido espec\u00edfico con referencia a la Santa Comuni\u00f3n, al oficio eucar\u00edstico se le llama con frecuencia liturgia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las formas lit\u00fargicas m\u00e1s antiguas de este \u00faltimo tipo se encuentran en la Didaj\u00e9 (ca. 100), la que prescribe acciones de gracias para la copa y el pan; pero que tambi\u00e9n da libertad a los \u00abprofetas\u00bb para que usen las palabras que ellos crean adecuadas para consagrar los elementos. La narraci\u00f3n de Justino M\u00e1rtir (a mediados del siglo segundo) tambi\u00e9n contiene ense\u00f1anza lit\u00fargica, pero indica que en ese tiempo todav\u00eda hab\u00eda lugar para oraciones y acciones de gracias espont\u00e1neas. Parece que por los comienzos del siglo tercero se usaba ya una forma fija de oraci\u00f3n para la consagraci\u00f3n del pan y el vino, aunque la forma variaba de lugar en lugar. As\u00ed como el can\u00f3nigo F. Meyrick lo ha expresado: \u00abAl principio cada congregaci\u00f3n ten\u00eda su propia f\u00f3rmula; despu\u00e9s cada obispo tuvo una forma especial para su di\u00f3cesis, invit\u00e1ndose, no obligando, a las varias congregaciones a adoptarla. Cuando se establecieron las congregaciones metropolitanas, no fue sino natural que los obispos provinciales o sufrag\u00e1neos abandonasen sus formas por aquellas de la catedral metropolitana; en forma similar, las formas usadas por las metropolitanas fueron naturalmente asimiladas por las usadas por los primados o patriarcados cuando estas dignidades aparecieron en la escena\u00bb (<em>Protestant Dictionary<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alrededor de los nombres de los tres patriarcados, esto es, Antioqu\u00eda, Alejandr\u00eda y Roma, pueden agruparse las liturgias principales del cristianismo. Se asocia con el nombre de Antioqu\u00eda el rito del siglo cuarto que se encuentra en las <em>Constituciones apost\u00f3licas<\/em>, y que se conoce como la liturgia clementina. A su vez, de \u00e9sta se deriv\u00f3 el rito bizantino (Constantinopla), incluyendo la famosa liturgia de San Cris\u00f3stomo, que ahora es usado por toda la Iglesia Griega Ortodoxa, como tambi\u00e9n los ritos persas y sirios. De Alejandr\u00eda vino la liturgia de San Marcos (siglo cuarto o quinto) y varios otros rituales egipcios y et\u00edopes. En el Occidente, Roma desarroll\u00f3 su propia liturgia, empleando el idioma lat\u00edn en lugar del griego; el ritual m\u00e1s extenso y antiguo viene de los siglos s\u00e9ptimo u octavo. Junto con el ritual romano tambi\u00e9n existi\u00f3, hasta el siglo noveno, el galicano, que se expandi\u00f3 por el resto de Europa (Espa\u00f1a, Francia, Italia del norte, las Islas Brit\u00e1nicas) e influy\u00f3 considerablemente en el ritual romano, hasta que, por el creciente poder de Roma, fue suprimido por Pipino y Carlomagno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las liturgias que vinieron de la Reforma en el siglo diecis\u00e9is dependieron libremente de las formas antiguas aunque introdujeron cambios dr\u00e1sticos y de amplias consecuencias. Las escuelas principales de la revisi\u00f3n lit\u00fargica fueron las representadas por Lutero en Alemania, Zuinglio en Zurich, Bucero en Strasburgo, Calvino en Ginebra, y Cranmer en Inglaterra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">W.K.L. Clarke, ed., <em>Liturgy and Worship<\/em>; L. Duchesne, <em>Christian Worship, its Origin and Evolution<\/em>; Y. Brilioth, <em>Eucharistic Faith and Practice<\/em>; F.C. Burkitt, <em>Christian Worship<\/em>; Gregory Dix, <em>The Shape of the Liturgy<\/em>; W.D. Maxwell, <em>An Outline of Christian Worship<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frank Colquhoun<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (363). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Las diversas liturgias cristianas se describen cada una bajo su propio nombre (Ver LITURGIA ALEJANDRINA; LITURGIA AMBROSIANA; LITURGIA ANTIOQUENA; RITO C\u00c9LTICO; Liturgia Clementina tratada en CLEMENTE I; RITO DE CONSTANTINOPLA; RITO GALICANO; LITURGIA DE JERUSAL\u00c9N; RITO MOZ\u00c1RABE; RITO DE SARUM; RITO SIRIO; LITURGIA SIRO-JACOBITA.) En este art\u00edculo se consideran s\u00f3lo desde el punto de vista de su relaci\u00f3n de unas con otras en el sentido m\u00e1s gen\u00e9rico, y se da cuenta de lo que se sabe sobre el desarrollo de una liturgia determinada en cuanto tal en la Iglesia primitiva.\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 DEFINICI\u00d3N<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 EL ORIGEN DE LA LITURGIA<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 LA LITURGIA EN LOS TRES PRIMEROS SIGLOS<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Junt\u00e1ndolo todo tenemos este esquema del servicio<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 LOS RITOS ORIGINARIOS, DESDE EL SIGLO IV<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 LAS LITURGIAS DERIVADAS<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 LITURGIAS MEDIEVALES TARD\u00cdAS<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 TABLA DE LITURGIAS<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">9 Bibliograf\u00eda<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-10\">10 Enlaces internos<\/li>\n<\/ul>\n<h2>DEFINICI\u00d3N<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Liturgia (leitourgia) es una palabra compuesta griega que significa originariamente un deber p\u00fablico, un servicio al estado emprendido por un ciudadano. Sus elementos son leitos (de leos = laos, pueblo) que significa p\u00fablico, y ergo (obsoleto en su actual tronco, utilizado en futuro, erxo, etc.), hacer. De ah\u00ed tenemos leitourgos, \u201cun hombre que realiza un deber p\u00fablico\u201d, \u201cun servidor p\u00fablico\u201d, a menudo usado como equivalente al lictor romano; luego leitourgeo, \u201chacer tal servicio\u201d, leitourgema, su realizaci\u00f3n, y leitourgia, el propio servicio p\u00fablico. En Atenas la leitourgia era el propio servicio p\u00fablico realizado por los ciudadanos m\u00e1s ricos a sus expensas propias, tales como el oficio de gymnasiarca, que supervisaba el gimnasio, el de choregus, que pagaba a los cantantes de un coro en el teatro, el de hestiator, que daba un banquete a su tribu, del trierarchus, que suministraba un barco de guerra al estado. La significaci\u00f3n de la palabra liturgia se extiende luego hasta cubrir cualquier servicio general de car\u00e1cter p\u00fablico. En los Setenta se usa (como el verbo leitourgeo) para el servicio p\u00fablico del templo (vg. Ex., 38, 27; 39, 12, etc.). De ah\u00ed llega a tener un sentido religioso como la funci\u00f3n de los sacerdotes, el servicio ritual del templo (vg: Joel, 1, 9; 2, 17, etc.). En el Nuevo Testamento esta significaci\u00f3n religiosa ha arraigado claramente. En Lucas, 1, 23, Zacar\u00edas va a casa cuando \u201clos d\u00edas de su liturgia\u201d (ai hemerai tes leitourgia autou) han terminado. En Heb., 8, 6, el sumo sacerdote de la Nueva Ley \u201cha logrado una liturgia mejor\u201d, esto es, una especie mejor de servicio p\u00fablico religioso que el del Templo.<br \/>\nAs\u00ed en su uso cristiano liturgia significa el servicio p\u00fablico oficial de la Iglesia, que se correspond\u00eda con el servicio oficial del Templo en la Antigua Ley. Ahora debemos distinguir dos sentidos en los que se usa a\u00fan normalmente la palabra. Estos dos sentidos a menudo conducen a la confusi\u00f3n. Por un lado, liturgia a menudo significa todo el complejo de servicios oficiales, todos los ritos, ceremonias, oraciones y sacramentos de la Iglesia, en contraposici\u00f3n a las devociones privadas. En este sentido hablamos del ordenamiento de todos estos servicios en ciertas formas establecidas (incluyendo las horas can\u00f3nicas, la administraci\u00f3n de sacramentos, etc.), usadas por una iglesia local, como la liturgia de tal iglesia \u2013 la Liturgia de Antioqu\u00eda, la Liturgia Romana, etc. As\u00ed liturgia significa rito; hablamos de modo indiferente de Rito Bizantino o Liturgia Bizantina. En el mismo sentido distinguimos los servicios oficiales de los dem\u00e1s llam\u00e1ndoles lit\u00fargicos; esos servicios son lit\u00fargicos cuando se contienen en alguno de los libros oficiales (ver LIBROS LIT\u00daRGICOS) de un rito. En la Iglesia Romana, por ejemplo, las Completas son un oficio lit\u00fargico, el Rosario no lo es. El otro sentido de la palabra liturgia, ahora com\u00fan en todas las Iglesias Orientales, la restringe \u00fanicamente al principal servicio oficial \u2013 el Sacrificio de la Sagrada Eucarist\u00eda, que en nuestro rito llamamos la Misa. Este es pr\u00e1cticamente el \u00fanico sentido actual en que leitourgia se usa en griego, o en sus formas derivadas (vg.: el \u00e1rabe al-liturgiah) por cualquier cristiano oriental. Por virtud de la claridad es quiz\u00e1 mejor para nosotros restringir tambi\u00e9n la palabra a este sentido, en cualquier caso al hablar de asuntos eclesi\u00e1sticos orientales; por ejemplo, no hablar de las horas can\u00f3nicas bizantinas como servicios lit\u00fargicos. Incluso en los ritos occidentales la palabra \u201coficial\u201d o \u201ccan\u00f3nica\u201d servir\u00e1n tambi\u00e9n como \u201clit\u00fargica\u201d en sentido general, de forma que tambi\u00e9n podemos usar Liturgia s\u00f3lo para la Sagrada Eucarist\u00eda. Debe se\u00f1alarse tambi\u00e9n que, mientras que podemos hablar bastante correctamente de nuestra Misa como la Liturgia, nunca debemos usar la palabra Misa para el sacrificio Eucar\u00edstico en ning\u00fan rito oriental. La Misa (missa) es el nombre para este oficio s\u00f3lo en los Ritos Latinos. Nunca se ha usado, ni en lat\u00edn ni en griego, para ning\u00fan rito oriental. Su palabra, que corresponde exactamente a nuestra Misa, es Liturgia. La Liturgia Bizantina es el oficio que corresponde a nuestra Misa romana; llamarla Misa bizantina (o peor a\u00fan, griega) es un error como llamar cualquier otro de sus oficios seg\u00fan los nuestros, como llamar a sus Hesperinos V\u00edsperas, o a sus Orthros Laudes. Cuando la gente va incluso tan lejos como para llamar a sus libros y vestimentas seg\u00fan las nuestras, diciendo Misal cuando quieren decir Euchologion, alba cuando se refieren al sticharion, la confusi\u00f3n se vuelve irremediable.\n<\/p>\n<h2>EL ORIGEN DE LA LITURGIA<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al comienzo de esta discusi\u00f3n nos vemos enfrentados a tres de las m\u00e1s dif\u00edciles cuestiones de la arqueolog\u00eda cristiana, a saber: \u00bfDesde qu\u00e9 fecha hay un oficio fijo y regulado tal que podamos describirlo como una Liturgia formal? \u00bfHasta qu\u00e9 punto fue este oficio uniforme en las diversas Iglesias? \u00bfHasta d\u00f3nde podemos reconstruir sus formas y disposiciones?<br \/>\nCon respecto a la primera pregunta, debe decirse que una Liturgia Apost\u00f3lica, en el sentido de un orden de oraciones y ceremonias, como nuestro actual ritual de la Misa, no existi\u00f3. Durante alg\u00fan tiempo el Servicio Eucar\u00edstico fue variable y fluido en muchos detalles. No estaba todo puesto por escrito y le\u00eddo a partir de formas fijas, sino en parte compuesto por el obispo que oficiaba. Respecto a las ceremonias, al principio no estaban elaboradas como ahora. Todo ceremonial se desarrolla gradualmente a partir de ciertas acciones obvias hechas al principio sin idea de ritual, sino simplemente porque tienen que hacerse por conveniencia. El pan y el vino se tra\u00edan al altar cuando hac\u00edan falta, las lecturas se le\u00edan desde un lugar desde donde se pudieran o\u00edr mejor, las manos se lavaban porque estaban sucias. A partir de estas acciones obvias se desarroll\u00f3 la ceremonia, tal como nuestros vestidos se desarrollaron a partir del vestido de los primeros cristianos. Se sigue entonces naturalmente que, cuando no hab\u00eda en absoluto una Liturgia fija, no pod\u00eda plantearse la cuesti\u00f3n de la absoluta uniformidad entre las diversas Iglesias.<br \/>\nY aun as\u00ed toda la serie de acciones y oraciones no depend\u00eda solamente de la improvisaci\u00f3n del obispo celebrante. Mientras que en una \u00e9poca los eruditos se inclinaban a concebir los servicios de los primeros cristianos como vagos e indefinidos, la investigaci\u00f3n reciente nos muestra una uniformidad muy chocante en ciertos elementos sobresalientes del servicio en fecha muy temprana. La tendencia entre los estudiosos ahora es a admitir algo muy similar a una Liturgia reglada, aparentemente uniforme en gran medida en las ciudades principales, incluso tan pronto como en el Siglo I o a primeros del II. En primer lugar el esbozo fundamental del rito de la Sagrada Eucarist\u00eda ven\u00eda dado por el relato de la \u00daltima Cena. Lo que hab\u00eda hecho entonces nuestro Se\u00f1or, lo mismo que dijo a sus seguidores que hicieran en memoria de \u00c9l. No habr\u00eda sido en absoluto una Eucarist\u00eda si el celebrante no hubiera hecho al menos lo que nuestro Se\u00f1or hizo la noche antes de morir. As\u00ed tenemos en todas partes desde el mismo comienzo al menos este n\u00facleo uniforme de una Liturgia: el pan y el vino se traen al celebrante en recipientes (un plato y una copa); los pone en una mesa \u2013 el altar; de pie ante ellos en una actitud natural de plegaria los toma en sus manos, da gracias, como hab\u00eda hecho nuestro Se\u00f1or, dice de nuevo las palabras de instituci\u00f3n, parte el pan y da el Pan y el Vino consagrados en comuni\u00f3n al pueblo. La ausencia de las palabras de instituci\u00f3n en el Rito Nestoriano no es argumento contra la universalidad de este orden. Es un rito que se desarroll\u00f3 bastante tarde; la liturgia originaria tiene las palabras.<br \/>\nPero encontramos en uso mucho m\u00e1s que este n\u00facleo esencial en cada Iglesia desde el Siglo I. La Eucarist\u00eda se celebraba siempre al final de un servicio de lecturas, salmos, oraciones y predicaci\u00f3n, que era meramente una continuaci\u00f3n del servicio de la sinagoga. As\u00ed tenemos en todas partes esta doble funci\u00f3n; primero un servicio de sinagoga cristianizado, en el que se leen los libros sagrados, se cantan salmos, se rezan oraciones por el obispo en nombre de todos (respondiendo el pueblo \u201cAmen\u201d en hebreo, como lo hac\u00edan sus antepasados jud\u00edos), y se pronunciaban homil\u00edas, explicaciones de lo que se hab\u00eda le\u00eddo, por el obispo o sacerdotes, tal como se hab\u00eda hecho en la sinagoga por los letrados y ancianos (vg: Lucas, 4, 16-27). Esto es lo que se conoci\u00f3 despu\u00e9s como la Liturgia de los Catec\u00famenos. Luego segu\u00eda la Eucarist\u00eda, en la que s\u00f3lo estaban presentes los bautizados. Otros dos elementos del servicio en la \u00e9poca m\u00e1s antigua desaparecieron pronto. Uno era la fiesta del Amor (agape) que ven\u00eda justo antes de la Eucarist\u00eda; el otro eran los ejercicios espirituales, en los que la gente era movida por el Esp\u00edritu Santo a la profec\u00eda, a hablar en diversas lenguas, a curar a los enfermos por la oraci\u00f3n, etc. Esta funci\u00f3n \u2013 a la que se refieren I Cor., 14, 1-14, y la Didach\u00e9, 10, 7, etc. \u2013 abr\u00eda obviamente el camino a des\u00f3rdenes; desde el Siglo II gradualmente desaparece. El \u00c1gape Eucar\u00edstico parece haber desaparecido aproximadamente en la misma \u00e9poca. Las otras dos funciones permanecieron unidas, y a\u00fan existen en las liturgias de todos los ritos. En ellas, el servicio cristaliz\u00f3 en formas m\u00e1s o menos fijas desde el principio. En la primera mitad la sucesi\u00f3n de lecturas, salmos, colectas y homil\u00edas deja poco espacio para la variedad. Por razones obvias, la lectura del Evangelio se dejaba para el final, en el lugar de honor como culminaci\u00f3n de todas las dem\u00e1s; estaba precedida por otras lecturas cuyo n\u00famero, orden y disposici\u00f3n variaba considerablemente (ver LECTURAS EN LA LITURGIA). Alguna clase de canto acompa\u00f1ar\u00eda muy pronto la entrada del clero y el comienzo del servicio. Tambi\u00e9n o\u00edmos hablar muy pronto de letan\u00edas de intercesi\u00f3n dichas por una persona a cada frase de la cual el pueblo responde con alguna f\u00f3rmula breve (ver LITURGIA ANTIOQUENA; LITURGIA ALEJANDRINA; KYRIE ELEISON). El lugar y n\u00famero de las homil\u00edas variar\u00eda tambi\u00e9n durante mucho tiempo. Es en la segunda parte del servicio, la misma Eucarist\u00eda, donde encontramos una muy notable cristalizaci\u00f3n de las formas, y una uniformidad incluso en el Siglo I o II que va mucho m\u00e1s all\u00e1 del mero n\u00facleo descrito m\u00e1s arriba.<br \/>\nYa en el Nuevo Testamento \u2013 aparte del relato de la \u00daltima Cena \u2013 hay algunos indicios que apuntan a formas lit\u00fargicas. Ya hab\u00eda lecturas de los Libros Sagrados (I Tim., 4, 13; I Tes., 5, 27, Col., 4, 16), hab\u00eda sermones (Hech., 20, 7), salmos e himnos (I Cor., 14, 26; Col., 3, 16; Ef., 5, 19). I Tim., 2, 1-3, implica oraciones lit\u00fargicas p\u00fablicas para toda clase de gente. La gente levantaba las manos en las oraciones (1 Tim., 2, 8), los hombres descubr\u00edan sus cabezas (I Cor., 11, 4), las mujeres las cubr\u00edan (ib\u00edd., 5). Hab\u00eda un beso de paz (I Cor., 16, 20; II Cor., 13, 12; I Tes., 5, 26). Hab\u00eda un ofertorio de bienes para los pobres (Rom., 15, 26; II Cor., 9, 13) llamado con el nombre espec\u00edfico de \u201ccomuni\u00f3n\u201d (koinonia). El pueblo respond\u00eda \u201cAmen\u201d despu\u00e9s de las plegarias (I Cor., 14, 16). La palabra Eucarist\u00eda tiene ya un significado t\u00e9cnico (ib\u00edd.). El famoso pasaje I Cor., 11, 20-29, nos da el esbozo de la fracci\u00f3n del pan y de la acci\u00f3n de gracias (Eucarist\u00eda) que segu\u00edan a la primera parte del servicio. Heb., 13, 10 (cf. I Cor., 10, 16-21) muestra que para los primeros cristianos la mesa de la Eucarist\u00eda era un altar. Despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n continuaban las oraciones (Hech., 2, 42). San Pablo \u201cparte el pan\u201d (= la consagraci\u00f3n), luego comulga, luego predica (Hech., 20, 11). Hechos, 2, 42, nos da una idea de la Synaxis lit\u00fargica en orden: \u201cPerseveraban en la ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles\u201d (esto implica las lecturas y homil\u00edas), \u201ccomulgaban en la fracci\u00f3n del pan\u201d (consagraci\u00f3n y comuni\u00f3n) y \u201cen las oraciones\u201d. As\u00ed tenemos ya en el Nuevo Testamento todos los elementos esenciales que encontramos m\u00e1s tarde en las liturgias organizadas; lecturas, salmos, himnos, sermones, oraciones, consagraci\u00f3n, comuni\u00f3n. (Para todo esto ver F. Probst: \u201cLiturgie der drei ersten christl. Jahrunderte\u201d, T\u00fcbingen, 1870, cap. 1; y los textos recogidos en Cabrol y Leclercq; \u201cMonumenta ecclesiae liturgica\u201d, I, Par\u00eds, 1900 p\u00e1gs. 1-51). Se ha pensado incluso que hay en el Nuevo Testamento f\u00f3rmulas actualmente usadas en la liturgia. El Amen es ciertamente una. La insistencia de San Pablo en la forma \u201cPor los siglos de los siglos, Amen\u201d (eis tous aionas ton aionon amen \u2013 Rom., 16, 27; Gal., 1, 5; 1 Tim., 1, 17; cf. Heb., 13, 21; I P., 1, 11; 5, 11; Apoc., 1, 6 etc.) parece indicar que es una forma lit\u00fargica bien conocida para los cristianos a los que se dirige, como lo era para los jud\u00edos. Hay otros breves himnos (Rom., 13, 11-12; Ef., 5, 14; I Tim., 3, 16; II Tim., 11-13 ), que pueden ser tambi\u00e9n f\u00f3rmulas lit\u00fargicas.<br \/>\nEn los Padres Apost\u00f3licos, el cuadro de la primitiva Liturgia cristiana se hace m\u00e1s claro; en ellos tenemos un ritual definido y hasta cierto punto homog\u00e9neo. Pero esto debe ser entendido. Ciertamente no hab\u00eda ninguna forma fija de oraciones y ceremonias tal como tenemos en nuestros Misales y Eucologia actuales; a\u00fan menos hab\u00eda algo puesto por escrito y le\u00eddo de un libro. El obispo que celebraba hablaba libremente, siendo sus oraciones hasta cierto punto improvisadas. Y aun as\u00ed, esta improvisaci\u00f3n estaba limitada por ciertas reglas. En primer lugar, nadie que hable continuamente sobre los mismos asuntos dice cada vez cosas nuevas. Los sermones modernos y las oraciones improvisadas modernas muestran qu\u00e9 f\u00e1cilmente cae el que habla en formas establecidas, lo constantemente que repite lo que van a ser, al menos para \u00e9l, f\u00f3rmulas fijas. Adem\u00e1s, la forma dialogada de oraci\u00f3n que encontramos en uso en los monumentos m\u00e1s antiguos supone necesariamente cierto orden constante. El pueblo responde y hace eco a lo que el celebrante y los di\u00e1conos dicen con exclamaciones adecuadas. No podr\u00edan hacerlo as\u00ed salvo que oyeran m\u00e1s o menos las mismas oraciones cada vez. O\u00edan desde el altar frases tales como \u201cEl Se\u00f1or est\u00e9 con vosotros\u201d, o \u201cLevantad vuestros corazones\u201d, y era porque reconoc\u00edan estas f\u00f3rmulas, las hab\u00edan o\u00eddo a menudo antes, por lo que pod\u00edan responder enseguida en la forma esperada.<br \/>\nEncontramos tambi\u00e9n que ciertos temas generales son constantes. Por ejemplo nuestro Se\u00f1or hab\u00eda dado gracias justo antes de pronunciar las palabras de instituci\u00f3n. As\u00ed que se entend\u00eda que todo celebrante comenzara la oraci\u00f3n de consagraci\u00f3n \u2013la plegaria eucar\u00edstica \u2013 dando gracias a Dios por sus diversas mercedes. As\u00ed encontramos siempre lo que a\u00fan tenemos en nuestros prefacios modernos \u2013 una oraci\u00f3n dando gracias a Dios por ciertos favores y gracias, que son designados, justo donde viene ese prefacio, poco antes de la consagraci\u00f3n (Justino, \u201cApol.\u201d, I, xiii, lxv). Una intercesi\u00f3n por toda clase de gente tambi\u00e9n aparece muy pronto, como vemos por referencias a ella (vg. Justino, \u201cApol.\u201d, I, xiv, lxv). En esta plegaria las diversas clases de gente ser\u00edan naturalmente designadas m\u00e1s o menos en el mismo orden. Una profesi\u00f3n de fe abrir\u00eda casi inevitablemente la parte del servicio en la que s\u00f3lo se permit\u00eda tomar parte a los fieles (Justino, \u201cApol.\u201d, I, xiii, lxi). No debe haber pasado mucho tiempo antes de que el arquetipo de toda oraci\u00f3n cristiana \u2013 el Padre Nuestro \u2013 se dijera p\u00fablicamente en la Liturgia. Los momentos en que estas diversas oraciones se rezaban debe haberse fijado muy pronto. La gente las esperaba en ciertos momentos, no hab\u00eda raz\u00f3n para cambiar su orden, por el contrario, hacerlo as\u00ed molestar\u00eda a los fieles. Uno conoce tambi\u00e9n qu\u00e9 fuerte instinto conservador hay en una religi\u00f3n, especialmente en una que, como el Cristianismo, siempre ha recordado con infinita reverencia la edad de oro de los primeros Padres. As\u00ed que debemos concebir la Liturgia de los dos primeros siglos como formada por improvisaciones en cierto modo libres sobre temas fijos en orden definido; y nos damos tambi\u00e9n cuenta de qu\u00e9 naturalmente en estas circunstancias se repetir\u00edan las mismas palabras utilizadas \u2013 al principio sin duda s\u00f3lo las frases sobresalientes\u2014hasta que se convirtieran en f\u00f3rmulas fijas. El ritual, ciertamente de la clase m\u00e1s sencilla, se har\u00eda estereotipado incluso con m\u00e1s facilidad. Las cosas que tuvieran que hacerse, el traer el pan y el vino, la recogida de limosnas etc., incluso m\u00e1s que las oraciones, se har\u00edan siempre en los mismos momentos. Un cambio aqu\u00ed ser\u00eda incluso m\u00e1s molesto que un cambio en el orden de las oraciones.<br \/>\nUna \u00faltima consideraci\u00f3n a se\u00f1alar es la tendencia de las nuevas Iglesias a imitar las costumbres de las m\u00e1s antiguas. Cada nueva comunidad cristiana se formaba uni\u00e9ndose al v\u00ednculo ya formado. Los nuevos conversos recib\u00edan sus misioneros, su fe e ideas de una Iglesia madre. Estos misioneros celebrar\u00edan naturalmente los ritos como hab\u00edan visto hacerlo, o como ellos mismos hab\u00edan hecho en la Iglesia madre. Y sus conversos les imitar\u00edan, continuando la misma tradici\u00f3n. El intercambio entre las Iglesias locales acentuar\u00eda a\u00fan m\u00e1s esta uniformidad entre gente que era muy agudamente consciente de formar un cuerpo con una Fe, un Bautismo, y una Eucarist\u00eda. No es sorprendente entonces que las alusiones a la Liturgia de los primeros Padres de diversos pa\u00edses, cuando se comparan, nos muestren un rito homog\u00e9neo en cualquier caso en sus rasgos principales, un tipo constante de servicio, aunque estuviera sujeto a ciertas modificaciones locales. No ser\u00eda sorprendente si de esta Liturgia primitiva com\u00fan hubiera evolucionado un tipo uniforme para todo el mundo cat\u00f3lico. Sabemos que ese no es el caso. El ritual m\u00e1s o menos fluido de los dos primeros siglos cristaliz\u00f3 en liturgias diferentes en Oriente y Occidente; la diferencia de idioma, la insistencia sobre un punto en un lugar, la mayor importancia dada a otra caracter\u00edstica en otra parte, produjo nuestros diversos ritos. Pero hay una unidad obvia subyacente a todos los ritos antiguos que se remonta a la \u00e9poca m\u00e1s primitiva. La idea medieval de que todo se deriva de un rito originario no es tan absurda, si recordamos que el origen no fue una Liturgia escrita o estereotipada, sino m\u00e1s bien un tipo gen\u00e9rico de oficio.\n<\/p>\n<h2>LA LITURGIA EN LOS TRES PRIMEROS SIGLOS<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del primer periodo naturalmente no tenemos una descripci\u00f3n completa. Debemos reconstruir lo que podamos a partir de las alusiones a la Sagrada Eucarist\u00eda en los Padres Apost\u00f3licos y apologistas. Justino M\u00e1rtir nos da un esbozo bastante completo del rito que conoci\u00f3. La Eucarist\u00eda descrita en la \u201cEnse\u00f1anza de los Doce Ap\u00f3stoles\u201d (la mayor parte de las autoridades sit\u00faan ahora la fecha de esta obra a fines del siglo I) se coloca en cierto modo aparte del desarrollo general. Aqu\u00ed tenemos a\u00fan el libre \u201cprofetizar\u201d (x, 7), la Eucarist\u00eda est\u00e1 a\u00fan unida al \u00c1gape (x, 1), la referencia a la consagraci\u00f3n actual es vaga. La similitud entre las oraci\u00f3n de acci\u00f3n de gracias (ix-x) y las formas jud\u00edas de bendici\u00f3n del pan y el vino en el Sabbath (dadas en el tratado \u201cBerakoth\u201d del Talmud; cf. Sabatier, \u201cLa Didache\u201d, Par\u00eds, 1885, p. 99) indica obviamente una derivaci\u00f3n de ellas. Se ha sugerido que el rito aqu\u00ed descrito no es en absoluto nuestra Eucarist\u00eda; otros (Paul Drews) creen que es una Eucarist\u00eda privada distinta del rito p\u00fablico oficial. Por otro lado, parece claro seg\u00fan todo el relato de los cap\u00edtulos ix y x que aqu\u00ed tenemos una verdadera Eucarist\u00eda, y la existencia de celebraciones privadas queda por probar. La explicaci\u00f3n m\u00e1s natural es ciertamente la de que se trata de una Eucarist\u00eda de naturaleza muy arcaica, no descrita completamente. En cualquier caso tenemos estas indicaciones lit\u00fargicas del libro. El \u201cPadre Nuestro\u201d es una f\u00f3rmula reconocida: se ha de rezar tres veces al d\u00eda (viii, 2-3). La Liturgia es una eucarist\u00eda y un sacrificio que se celebra partiendo el pan y dando gracias el \u201cD\u00eda del Se\u00f1or\u201d por gente que ha confesado sus pecados (xiv, 1). S\u00f3lo se admite a los bautizados (ix, 5). Primero se menciona el vino, luego el pan partido; cada una tiene una f\u00f3rmula de dar gracias a Dios por su revelaci\u00f3n en Cristo con la conclusi\u00f3n: \u201cA Ti la gloria por siempre\u201d (ix, 1, 4). Le sigue una acci\u00f3n de gracias por los diversos beneficios: la creaci\u00f3n y nuestra santificaci\u00f3n por Cristo son mencionadas (x, 1-4); luego viene una oraci\u00f3n por la Iglesia que termina con la f\u00f3rmula \u201cMaranatha. Amen\u201d; en ella aparece la f\u00f3rmula \u201cHosanna al Dios de David\u201d (x, 5-6).<br \/>\nLa Primera Ep\u00edstola de Clemente a los Corintios (escrita probablemente entre 90 y 100) contiene abundante material lit\u00fargico, mucho m\u00e1s de lo que aparece al primer vistazo. Siempre se ha admitido que la larga oraci\u00f3n de los cap\u00edtulos lix-lxi es un magn\u00edfico ejemplo de la clase de oraciones que se rezaban en la liturgia del Siglo I (vg: Duchesne, \u201cOrigines du Culte\u201d, 49-51); que la carta, especialmente en esta parte, est\u00e1 llena de f\u00f3rmulas lit\u00fargicas es tambi\u00e9n evidente. El autor cita el Sanctus (Santo, santo, santo Se\u00f1or de Sabaoth, toda la creaci\u00f3n est\u00e1 llena de su gloria) a partir de Is., 6, 3, y a\u00f1ade que \u201ccongregados en unidad gritamos (esto) como con una sola boca\u201d (xxxiv, 7). El final de la larga oraci\u00f3n es una doxolog\u00eda que invoca a Cristo y acaba con la f\u00f3rmula \u201cahora y por generaciones de generaciones y por edades de edades. Amen\u201d (lxi, 3) Esta es tambi\u00e9n ciertamente una f\u00f3rmula lit\u00fargica. Hay muchas otras. Pero podemos encontrar en I Clem. m\u00e1s que meramente una promiscua selecci\u00f3n de f\u00f3rmulas. Una comparaci\u00f3n del texto con la primera Liturgia conocida actualmente puesta por escrito, la del \u201cOctavo Libro de las Constituciones Apost\u00f3licas\u201d (escrita mucho despu\u00e9s, en el Siglo V en Siria) revela una similitud muy sorprendente. No s\u00f3lo las mimas ideas aparecen en el mismo orden, sino que hay pasajes enteros \u2013 tales como los que en I Clem. tienen m\u00e1s apariencia de f\u00f3rmulas lit\u00fargicas \u2013 que se repiten palabra por palabra en las \u201cConst. Apost.\u201d.<br \/>\nEn las \u201cConst. Apost.\u201d la plegaria eucar\u00edstica comienza, como en todas las liturgias, con el di\u00e1logo: \u201cLevantad vuestros corazones\u201d, etc. Luego, empezando por \u201cVerdaderamente es conveniente y justo\u201d, viene una larga acci\u00f3n de gracias por los diversos beneficios que corresponden a lo que llamamos el prefacio. Aqu\u00ed aparece una detallada descripci\u00f3n del primer beneficio que debemos a Dios \u2013 la creaci\u00f3n. Las diversas cosas creadas \u2013 los cielos y la tierra, el sol, la luna y las estrellas, el fuego y el mar, etc., se enumeran detenidamente (\u201cConst. Apost.\u201d, VIII, xii, 6-27). La plegaria termina con el Sanctus. I Clem., xx, contiene una oraci\u00f3n que repite exactamente las mismas ideas, en las que aparecen constantemente las mismas palabras. El orden en el que se mencionan las criaturas es el mismo. De nuevo las \u201cConst. Apost.\u201d, VIII, xii, 27, introduce el Sanctus de la misma manera que I Clem., xxxiv, 5-6, donde el autor realmente dice que est\u00e1 citando la Liturgia. Este mismo prefacio en \u201cConst. Apost.\u201d (loc. cit.), recordando a los Patriarcas del Antiguo Testamento, nombra a Abel, Ca\u00edn, Set, Enoch, No\u00e9, Sodoma, Lot, Abraham, Melquisedec, Isaac, Jacob, Mois\u00e9s, Josu\u00e9. El pasaje paralelo de I Clem. (ix, xii) nombra a Enoch, No\u00e9, Lot, Sodoma, Abraham, Rahab, Josu\u00e9: enseguida podemos se\u00f1alar otros dos paralelismos a esta lista que contienen de nuevo casi la misma lista de nombres \u2013 Heb., 11, 4-31, y Justino, \u201cDi\u00e1logo\u201d, xix, cxi, cxxxi, cxxxviii. La larga oraci\u00f3n de I Clem. (lix-lxi) est\u00e1 llena de ideas y hasta frases que vienen de nuevo en las \u201cConst. Apost.\u201d, VIII. Comp\u00e1rese por ejemplo I Clem., lix, 2-4, con \u201cConst. Apost.\u201d, VIII, X, 22-xi, 5 (que es parte de la oraci\u00f3n del celebrante durante la letan\u00eda de los fieles: Brightman, \u201cLiturgias Orientales\u201d, p. 12), y xiii, 10 (oraci\u00f3n durante la letan\u00eda que sigue a la gran intercesi\u00f3n: Brightman, p. 24). Otros paralelismos no menos chocantes pueden verse en Drews, \u201cUntersuchungen \u00fcber die sogen. clement. Liturgie\u201d, 14-43. No es s\u00f3lo con la Liturgia de las \u201cConst. Apost.\u201d con la que I Clem. tiene estas extraordinarias semejanzas. I Clem., lix, 4, repite exactamente las frases de la oraci\u00f3n del celebrante durante la intercesi\u00f3n en el Rito Alejandrino ( Griego de S. Marcos: Brightman, 131). Estos pasajes paralelos no pueden ser todos meras coincidencias (Lightfoot se dio cuenta de esto, pero no sugiere ninguna explicaci\u00f3n. \u201cThe Apostolic Fathers\u201d, Londres, 1890, I, II, p. 71).<br \/>\nSe plantea entonces la pregunta: \u00bfCu\u00e1l es la relaci\u00f3n entre I Clemente y \u2013 en primer lugar \u2013 la Liturgia de \u201cConst. Apost.\u201d? La primera sugerencia que se presenta es que el documento posterior (\u201cConst. Apost.\u201d) est\u00e1 citando al anterior (I Clem.). Esta es la opini\u00f3n de Harnack (\u201cGesch. der altchristl. Litteratur\u201d, I, Leipzig, 1893, pp. 42-43), pero es sumamente improbable. En ese caso las citas ser\u00edan m\u00e1s exactas, el orden de I Clem. se mantendr\u00eda; las oraciones de la Liturgia no tienen apariencia de ser citas o composiciones conscientes de libros m\u00e1s antiguos; ni, si las \u201cConst. Apost.\u201d estuvieran citando a I Clem. habr\u00eda repeticiones como las que hemos visto m\u00e1s arriba (VIII, xi, 22-xi, 5, y xiii, 10). Hace a\u00f1os Ferdinand Probst pas\u00f3 gran parte de su vida intentando demostrar que la Liturgia de las \u201cConstituciones Apost\u00f3licas\u201d era la Liturgia primitiva universal de toda la Iglesia. A esta tarea aplic\u00f3 una enorme cantidad de erudici\u00f3n. En su \u201cLiturgie der drei ersten christlichen Jahrhunderte\u201d (T\u00fcbingen, 1870) y de nuevo en su \u201dLiturgie des vierten Jahrhunderts und deren reform\u201d (M\u00fcnster, 1893) examin\u00f3 una vasta cantidad de textos de los Padres, siempre con vistas a encontrar en ellos alusiones a la Liturgia en cuesti\u00f3n. Pero exager\u00f3 sus identificaciones excesivamente. Ve una alusi\u00f3n en cada texto que se refiera vagamente a un asunto mencionado en la Liturgia. Tambi\u00e9n sus libros son muy complicados y dif\u00edciles de estudiar. As\u00ed que la teor\u00eda de Probst cay\u00f3 casi por completo en el descr\u00e9dito. Su omnipresente Liturgia se recordaba s\u00f3lo como la monoman\u00eda de un hombre muy erudito; el rito del \u201cOctavo Libro de las Constituciones Apost\u00f3licas\u201d fue puesto en lo que parec\u00eda su lugar correcto, meramente como una forma primitiva de la Liturgia Antioquena (as\u00ed Duchesne, \u201cOrigines du Culte\u201d, 55-6). \u00daltimamente, sin embargo, ha vuelto a hacer su aparici\u00f3n lo que puede ser descrito como una forma modificada de la teor\u00eda de Probst. Ferdinand Kattenbusch (\u201cDas apostolische Symbol\u201d, T\u00fcbingen, 1900, II, 347, etc.) pensaba que despu\u00e9s de todo pod\u00eda haber alg\u00fan fundamento para la idea de Probst. Paul Drews (\u201cUntersuchungen \u00fcber die sogen. clementinische Liturgie\u201d, T\u00fcbingen, 1906) propone y defiende in extenso lo que bien puede ser el germen de la verdad en Probst, a saber, que hab\u00eda cierta uniformidad de tipo en la Liturgia primitiva en el sentido arriba descrito, no una uniformidad de detalle, sino de car\u00e1cter general, de las ideas expresadas en las diversas partes del servicio, con una fuerte tendencia a la uniformidad en ciertas expresiones sobresalientes que se repet\u00edan constantemente y se convirtieron insensiblemente en f\u00f3rmulas lit\u00fargicas. Este modelo de liturgia (m\u00e1s que un rito fijo) puede rastrearse hasta el Siglo I. Se ve en Clemente de Roma, Justino, etc.; quiz\u00e1 hay rastros suyos incluso en la Ep\u00edstola a los Hebreos. Y de este modelo tenemos a\u00fan un esp\u00e9cimen en las \u201cConstituciones Apost\u00f3licas\u201d. No es que ese rito se usara por Clemente y Justino exactamente como est\u00e1 en las \u201cConstituciones\u201d. M\u00e1s bien las \u201cConstituciones\u201d nos dan una forma muy posterior (Siglo V) de la antigua Liturgia puesta por fin por escrito en Siria despu\u00e9s de que hubiera existido durante siglos en un estado m\u00e1s fluido como tradici\u00f3n oral. As\u00ed, Clemente, escribiendo a los corintios (que la carta fue realmente redactada por el Obispo de Roma, como Dionisio de Corinto dice en el Siglo II, se admite generalmente ahora. Cf. Bardenhewer, \u201cGesch. der altchristl. Litteratur\u201d, Friburgo, 1902, 101-2) usa el lenguaje al que estaba acostumbrado en la Liturgia; la carta est\u00e1 llena de ideas y reminiscencias lit\u00fargicas. Se encuentran tambi\u00e9n en una cristalizaci\u00f3n posterior del mismo rito en las \u201cConstituciones Apost\u00f3licas\u201d. As\u00ed ese libro nos da la mejor representaci\u00f3n de la Liturgia utilizada en Roma en los dos primeros siglos.<br \/>\nEsto se confirma por el siguiente testigo, Justino M\u00e1rtir. Justino (muerto hacia 164), en su famosa relaci\u00f3n de la Liturgia, la describe tal como la vio en Roma (Bardenhewer, op. cit., 206). El pasaje a menudo citado es (1 Apolog\u00eda): LXV. 1. \u201c Conducimos al que cree y se une a nosotros, despu\u00e9s de que le hemos as\u00ed bautizado, a los que se llaman los hermanos, donde se re\u00fanen para rezar oraciones en com\u00fan por nosotros mismos, por el que ha sido iluminado, y por todos los que est\u00e1n en cualquier parte&#8230;.2. Nos saludamos entre nosotros con un beso cuando se acaban las oraciones. 3. Luego se trae pan y una copa de agua y vino al presidente de los hermanos, y habi\u00e9ndolos recibido eleva alabanza y gloria al Padre de todo por medio de su Hijo y del Esp\u00edritu Santo, y hace una larga acci\u00f3n de gracias por haber sido hechos dignos de estas cosas por \u00c9l; cuando se terminan estas oraciones y acciones de gracias todos los presentes exclaman \u2018Amen\u2019&#8230;. 5. Y cuando el presidente ha dado gracias (eucharistesantos, ya un nombre t\u00e9cnico para la Eucarist\u00eda) y todo el pueblo ha respondido, aquellos a los que llamamos di\u00e1conos dan el pan y el vino y el agua por la que se ha hecho la \u2018acci\u00f3n de gracias\u2019 (Eucarist\u00eda) para ser probado por los presentes, y la llevan a los ausentes. LXVI. Este alimento es llamado por nosotros la Eucarist\u00eda\u201d (sigue el conocido pasaje sobre la Presencia Real, con la cita de las palabras de la instituci\u00f3n). LXVII. \u201cEl d\u00eda que se llama Domingo se hace una reuni\u00f3n de todos los que viven en las ciudades y campos; y se leen los comentarios de los Ap\u00f3stoles y los escritos de los profetas durante tanto tiempo como se puede. 4. Luego, cuando el lector ha terminado, el presidente nos amonesta en un discurso y nos excita a imitar estas gloriosas cosas. 5. Luego todos nos levantamos y rezamos oraciones y, como se ha dicho m\u00e1s arriba, cuando se ha terminado de rezar se trae pan y vino y agua; y el presidente eleva oraciones de acci\u00f3n de gracias por los hombres, y el pueblo aclama diciendo \u2018Amen\u2019, y se da a cada uno una fracci\u00f3n de la Eucarist\u00eda y se env\u00eda a los ausentes mediante los di\u00e1conos.\u201d<br \/>\nEste es de lejos el relato m\u00e1s completo del Servicio Eucar\u00edstico que tenemos de los tres primeros siglos. Se ver\u00e1 en seguida que lo que se describe en el cap\u00edtulo lxvii precede al rito del lxv. En el lxvii Justino empieza su relaci\u00f3n de la Liturgia y repite en su lugar lo que ya hab\u00eda dicho m\u00e1s arriba.\n<\/p>\n<h2>Junt\u00e1ndolo todo tenemos este esquema del servicio<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 1. Lecturas (lxvii, 3).<br \/>\n\u00b7 2. Serm\u00f3n del obispo (lxvii, 4).<br \/>\n\u00b7 3. Oraciones por todo el pueblo (lxvii, 5; lxv, 1).<br \/>\n\u00b7 4. Beso de paz (lxv, 2).<br \/>\n\u00b7 5. Ofertorio de pan, vino y agua tra\u00eddo por los di\u00e1conos (lxvii, 5; lxv, 3).<br \/>\n\u00b7 6. Oraci\u00f3n de acci\u00f3n de gracias del obispo (lxvii, 5; lxv, 3).<br \/>\n\u00b7 7. Consagraci\u00f3n mediante las palabras de instituci\u00f3n (? lxv, 5; lxvi, 2-3).<br \/>\n\u00b7 8. Intercesi\u00f3n por el pueblo (lxvii, 5; lxv, 3).<br \/>\n\u00b7 9. El pueblo termina esta oraci\u00f3n con Amen. (lxvii, 5; lxv, 3).<br \/>\n\u00b7 10. Comuni\u00f3n (lxvii, 5; lxv 5)<br \/>\nEste es exactamente el orden de la Liturgia en las \u201cConstituciones Apost\u00f3licas\u201d (Brightman, \u201cLiturgias Orientales\u201d, 3-4, 9-12, 13, 14-21, 21-3, 25). Adem\u00e1s, como en el caso de I Clemente, hay muchos pasajes y frases en Justino que sugieren otros paralelos en las \u201cConst. Apost.\u201d \u2013 no tantos en la relaci\u00f3n de la Liturgia de Justino (aunque aqu\u00ed tambi\u00e9n Drews ve tales paralelismos, op. cit., 58-9) como en otras obras en las que se puede suponer que Justino, como Clemente, est\u00e1 repitiendo frases lit\u00fargicas bien conocidas. Drews publica muchos de tales pasajes uno al lado de los correspondientes de las \u201cConst. Apost.\u201d, de cuya comparaci\u00f3n concluye que Justino conoce una despedida de los catec\u00famenos (cf. \u201cI Apol.\u201d, xlix, 5; xiv, 1; xxv, 2 con \u201cConst. Apost.\u201d, VIII, vi, 8; x, 2) y de los Energ\u00famenos (Dial., xxx, cf. \u201cConst Apost.\u201d, VIII, vii, 2) que corresponde a la de la Liturgia en cuesti\u00f3n. De \u201cI Apol.\u201d, lxv, 1; xvii, 3; xiv, 3; deduce una oraci\u00f3n para toda clase de hombres (hecha por la comunidad) del tipo de la oraci\u00f3n de las \u201cConst. Apost.\u201d, VIII, x. \u201cI Apol.\u201d, xiii, 1-3, lxv, 3; v, 2, y Dial., xli, lxx, cxvii, nos dan los elementos de un prefacio exactamente en la l\u00ednea del de \u201cConst. Apost.\u201d, VIII, xii, 6-27 (ver estos textos en columnas paralelas en Drews, op. cit., 59-91).<br \/>\nTenemos, entonces, en Clemente y Justino el retrato de una Liturgia al menos notablemente semejante a la de las \u201cConstituciones Apost\u00f3licas\u201d. Drews a\u00f1ade notables paralelismos de Hip\u00f3lito (muerto en 235), \u201cContra Noetum\u201d, etc. (op. cit., 95-107) y Novaciano (Siglo III) \u201cDe Trinitate\u201d (ib\u00edd., 107-22), ambos romanos, y cree que este mismo tipo de liturgia contin\u00faa en el conocido Rito Romano (122-66). Que la Liturgia de las \u201cConstituciones Apost\u00f3licas\u201d tal como perdura es antioquena, y est\u00e1 estrechamente relacionada con el Rito de Jerusal\u00e9n, es seguro. Parecer\u00eda, entonces, que representa una forma de un tipo m\u00e1s vago de rito que fue en sus rasgos principales uniforme en los tres primeros siglos. Las dem\u00e1s referencias a la Liturgia de la primera \u00e9poca (Ignacio de Antioqu\u00eda, muerto hacia 107, \u201cEph.\u201d, xii, xx; \u201cPhil.\u201d, iv, \u201cRom.\u201d, vii, \u201cSmyrn\u201d, vii, viii; Ireneo, muerto en 202, \u201cAdv. haer.\u201d, IV, xvii, xviii; V, ii, Clemente de Alejandr\u00eda, muerto hacia 215, \u201cPaed.\u201d, I, vi; II,ii, en P.G., VIII, 301,410; Or\u00edgenes, muerto en 254, \u201cContra Cels.\u201d, VIII, xxiii, \u201cHom.xix in Lev.\u201d, xviii, 13; \u201cIn Matt.\u201d, xi, 14; \u201cIn Ioh.\u201d, xiii, 30) repiten las mismas ideas que hemos visto en Clemente y Justino, pero a\u00f1aden poco al cuadro presentado por ellos (ver Cabrol y Leclercq, \u201cMon. Eccles. Liturg.\u201d, I, passim)\n<\/p>\n<h2>LOS RITOS ORIGINARIOS, DESDE EL SIGLO IV<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde aproximadamente el Siglo IV nuestro conocimiento de la Liturgia se acrecienta enormemente. Ya no dependemos de referencias casuales a ella: tenemos ritos definidos plenamente desarrollados: El modelo m\u00e1s o menos uniforme de Liturgia usado en todas partes cristaliz\u00f3 en cuatro ritos originarios de los que han derivado todos los dem\u00e1s. Los cuatro son las antiguas Liturgias de Antioqu\u00eda, Alejandr\u00eda, Roma y la Galia. Cada una se describe en un art\u00edculo espec\u00edfico. Aqu\u00ed ser\u00e1 suficiente trazar un esquema de su evoluci\u00f3n general.<br \/>\nEl desarrollo de estas liturgias es muy similar a lo que ocurre en el caso de las lenguas. A partir de una uniformidad general surgen una cierta cantidad de ritos locales con diferencias caracter\u00edsticas. Luego uno de esos ritos locales, por la importancia del lugar que lo utiliza, se extiende, es copiado por la ciudades de alrededor, expulsa a sus rivales, y se convierte al final en el \u00fanico rito utilizado en toda un \u00e1rea m\u00e1s o menos extensa. Tenemos entonces un movimiento desde la vaga uniformidad a la diversidad y luego una vuelta a una uniformidad exacta. Excepto para el Rito Galicano, la raz\u00f3n de la supervivencia final de estas liturgias es evidente. Roma, Alejandr\u00eda y Antioqu\u00eda son las antiguas ciudades patriarcales. Igual que los dem\u00e1s obispos aceptaron la jurisdicci\u00f3n de estos tres patriarcas, imitaron sus servicios. La Liturgia, tal como cristaliz\u00f3 en estos centros, se convirti\u00f3 en el modelo para las dem\u00e1s iglesias de sus patriarcados. S\u00f3lo la Galia y la Europa del Noroeste en general, aunque parte del Patriarcado Romano, mantuvo su propio rito hasta los siglos VII y VIII.<br \/>\nAlejandr\u00eda y Antioqu\u00eda son los puntos de partida de los dos ritos orientales originarios. La forma m\u00e1s primitiva del Rito Antioqueno es la de las \u201cConstituciones Apost\u00f3licas\u201d puesta por escrito a primeros del Siglo V. Por lo que hemos dicho parece que este rito ha preservado mejor el modelo del primitivo uso. De \u00e9l se deriv\u00f3 el Rito de Jerusal\u00e9n (hasta el Concilio de Calcedonia, 451, Jerusal\u00e9n estaba en el patriarcado de Antioqu\u00eda), que luego volvi\u00f3 a Antioqu\u00eda y se convirti\u00f3 en el del patriarcado (ver LITURGIA ANTIOQUENA y JERUSAL\u00c9N, LITURGIA de). Tenemos esta liturgia (llamada de Santiago) en griego (Brightman, \u201cLiturgias Orientales\u201d, 31-68) y en sir\u00edaco (ib\u00edd., 69-110). El Rito Alejandrino difiere principalmente en el lugar de la gran intercesi\u00f3n (ver LITURGIA ALEJANDRINA). Este tambi\u00e9n existe en griego (Brightman, 113-43) y en el idioma del pa\u00eds, en este caso, copto (ib\u00edd., 144-88). En ambos casos la forma original era ciertamente en griego, pero en ambos las formas actuales griegas han sido considerablemente influidas por el posterior Rito de Constantinopla. Es posible una reconstrucci\u00f3n del original griego quitando las a\u00f1adiduras y cambios bizantinos, y comparando las formas copta y sir\u00edaca con la griega. Se piensa por Duchesne que el Rito Romano est\u00e9 relacionado con Alejandr\u00eda, el Galicano con Antioqu\u00eda (Origines du Culte, p. 54). Pero, por lo que se ha dicho, parece m\u00e1s correcto relacionar el Rito Romano con el de Antioqu\u00eda. Aparte de su derivaci\u00f3n del modelo representado por la Liturgia de las Constituciones Apost\u00f3licas hay razones para suponer una ulterior influencia de la Liturgia de Santiago en Roma (ver CANON DE LA MISA, y Drews, \u201cZur Entstehunggesch. Des Kanons in der r\u00f6mischen Messe\u201d, T\u00fcbingen, 1902). El Rito Galicano es ciertamente de origen sir\u00edaco. Hay tambi\u00e9n notables paralelismos entre Antioqu\u00eda y Alejandr\u00eda, pese a sus diferentes ordenaciones. Puede bien ser, entonces, que los cuatro ritos hayan de ser considerados como modificaciones de ese uso m\u00e1s antiguo, mejor conservado en Antioqu\u00eda; as\u00ed reducir\u00edamos las dos fuentes de Duchesne a una, y restaurar\u00edamos en gran medida la teor\u00eda de Probst de un rito originario \u2013 el de las Constituciones Apost\u00f3licas.<br \/>\nEn cualquier caso el Rito Romano antiguo no es exactamente el mismo que hoy se usa. Nuestro Misal Romano ha recibido considerables a\u00f1adiduras de fuentes galicanas. El rito original era m\u00e1s sencillo, m\u00e1s austero, no ten\u00eda pr\u00e1cticamente ritual m\u00e1s all\u00e1 de las acciones necesarias (ver Bishop, \u201cEl genio del Rito Romano\u201d en \u201cEnsayos sobre Ceremonial\u201d, editados por Vernon Stanley, Londres, 1904, pp. 283-307). Se puede decir que nuestra Liturgia Romana actual contiene todo el n\u00facleo antiguo, no ha perdido nada, pero tiene elementos adicionales galicanos. El rito originario puede deducirse en parte de referencias a \u00e9l ya en el Siglo V (\u201cCartas de Gelasio I\u201d en Thiel, \u201cEpistolae Rom. Pontificum\u201d I, cdlxxxvi, \u201cInocencio I a Decennius de Eugubium\u201d, escrita en 416, en P.L., XX, 551; Pseudo-Ambrosio, \u201cDe Sacramentis\u201d, IV, 5, etc.); est\u00e1 representado por los \u201cSacramentarios\u201d Leonino y Gelasiano, y por la parte antigua del Libro Gregoriano (ver LIT\u00daRGICOS, Libros). El Rito Romano se utiliz\u00f3 en toda la Italia central y meridional. El uso africano era una variante del de Roma (ver Cabrol, \u201cDictionnaire d\u2019archeologie chr\u00e9tienne\u201d, s. v. Afrique, Liturgie postnic\u00e9enne). En Occidente, sin embargo, el principio seg\u00fan el cual el rito deb\u00eda seguir al patriarcado no se consigui\u00f3 hasta el Siglo VIII. El Norte de Italia, cuyo centro era Mil\u00e1n, la Galia, Alemania, Espa\u00f1a, Gran Breta\u00f1a e Irlanda ten\u00edan sus propias liturgias. Estas liturgias son todas modificaciones de un tipo com\u00fan, pueden todas ellas ser clasificadas en su conjunto como formas de lo que se conoce como el Rito Galicano.\u00bfDe d\u00f3nde vino ese rito? Es claramente oriental en su origen: toda su construcci\u00f3n tiene la conformidad m\u00e1s notable con el modelo antioqueno, una conformidad que se extiende en muchas partes al texto actual (comp\u00e1rese la letan\u00eda milanesa de intercesi\u00f3n citada por Duchesne, \u201cOrigines du Culte\u201d, p. 189, con la letan\u00eda correspondiente de la Liturgia Antioquena; Brightman, pp. 44-45). Se sol\u00eda decir que el Rito Galicano proven\u00eda de \u00c9feso, tra\u00eddo por los fundadores de la Iglesia de Lyon, y de Lyon se extendi\u00f3 por todo el Noroeste de Europa. Esta teor\u00eda no puede mantenerse. No se trajo a Occidente hasta que su rito originario no se desarroll\u00f3 plenamente, ya hab\u00eda desenvuelto un complicado ceremonial, que es inconcebible en la \u00e9poca en que se fund\u00f3 la Iglesia de Lyon (Siglo II). Debe haber sido importado hacia el Siglo IV, en cuya \u00e9poca Lyon hab\u00eda perdido toda importancia. Monse\u00f1or Duchesne sugiere por tanto Mil\u00e1n como el centro del que irradi\u00f3, y al obispo capadocio de Mil\u00e1n, Auxentius (355-74), como el hombre que introdujo este rito oriental en Occidente (Origines du Culte, 86-89). Al extenderse por Europa Occidental el rito se modific\u00f3 de manera natural en diversas iglesias. Cuando hablamos del Rito Galicano queremos decir un tipo de liturgia m\u00e1s que un servicio estereotipado. El Rito Milan\u00e9s a\u00fan existe, aunque con el transcurso del tiempo se ha romanizado considerablemente. Para la Galia tenemos la descripci\u00f3n en dos cartas de San Germ\u00e1n de Par\u00eds (muerto en 576), utilizada por Duchesne (\u201cOrigines du Culte\u201d, c. vii; La Messe Gallicane, texto original en P.L., LXXII). Espa\u00f1a mantuvo el Rito Galicano mucho m\u00e1s tiempo; la Liturgia Moz\u00e1rabe a\u00fan usada en Toledo y Salamanca representa el uso espa\u00f1ol. Las Liturgias Brit\u00e1nica e Irlandesa, de las que no se sabe mucho, fueron tambi\u00e9n aparentemente galicanas (ver F. E. Warren, \u201cLa Liturgia y Ritual de la Iglesia C\u00e9ltica\u201d, Oxford, 1881; B\u00e4umer, \u201cDas Stowe Missale\u201d, en el \u201cInnsbruck Zeitschrift f\u00fcr kath. Theol.\u201d, 1892; y Bannister, \u201cJournal of Theoliogical Studies\u201d, Oct. 1903). De Lindisfarne el Uso Galicano se extendi\u00f3 entre los ingleses del Norte convertidos por monjes irlandeses en los Siglos VI y VII.\n<\/p>\n<h2>LAS LITURGIAS DERIVADAS<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">De estos cuatro modelos \u2013 de Antioqu\u00eda, Alejandr\u00eda, Roma, y el as\u00ed llamado Rito Galicano \u2013 se derivan todas las liturgias que a\u00fan se utilizan. Esto no significa que las liturgias actuales que a\u00fan tenemos bajo esos nombres sean las originarias; una vez m\u00e1s hemos de concebir las fuentes como m\u00e1s vagas, son m\u00e1s bien modelos sujetos a modificaciones locales, pero se nos representan ahora en una forma, tal como, por ejemplo, la Liturgia griega de Santiago o la Liturgia griega de San Marcos. El modelo antioqueno, aparentemente el m\u00e1s arcaico, ha sido tambi\u00e9n el m\u00e1s prol\u00edfico de liturgias hijas. Antioqu\u00eda absorbi\u00f3 primero el Rito de Jerusal\u00e9n (Santiago), \u00e9l mismo derivado del uso antioqueno primitivo mostrado en las \u201cConstituciones Apost\u00f3licas\u201d (ver JERUSAL\u00c9N, LITURGIA DE). En esta forma se us\u00f3 en todo el patriarcado hasta aproximadamente el Siglo XII (ver ANTIOQUENA, LITURGIA). Una modificaci\u00f3n local fue el Uso de Capadocia. Hacia el Siglo IV el gran Rito Bizantino se deriv\u00f3 de \u00e9ste (ver CONSTANTINOPLA, RITO DE). El Rito Armenio se deriv\u00f3 de un estadio primitivo del de Bizancio. El Rito Nestoriano es tambi\u00e9n antioqueno en su origen, sea derivado de Antioqu\u00eda o de Edesa o de Bizancio en un estadio primitivo. La Liturgia Malabar es Nestoriana. El Uso Maronita es el de Antioqu\u00eda considerablemente romanizado. El otro rito originario oriental, el de Alejandr\u00eda, produjo las numerosas Liturgias Coptas y las de la Iglesia hija de Abisinia.<br \/>\nEn Occidente la historia posterior de la Liturgia es la de la progresiva suplantaci\u00f3n de la Galicana por la Romana, que, sin embargo, se galicaniz\u00f3 considerablemente durante el proceso. Desde aproximadamente el Siglo VI la conformidad con Roma se convirti\u00f3 en un ideal en la mayor\u00eda de Iglesias Occidentales. El antiguo Uso Romano est\u00e1 representado por el \u201cSacramentario Gelasiano\u201d. Este libro lleg\u00f3 a la Galia en el Siglo VI, posiblemente por medio de Arl\u00e8s y a trav\u00e9s de la influencia de San Ces\u00e1reo de Arl\u00e8s (muerto en 542 \u2013 cf. B\u00e4umer, \u201cUeber das sogen. Sacram. Gelas.\u201d, en la \u201cHistor. Jahrbuch der G\u00f6rres-Gesellschaft\u201d, 1893, 241-301). Luego se extendi\u00f3 por toda la Galia y recibi\u00f3 modificaciones galicanas. En algunos lugares suplant\u00f3 completamente los antiguos libros galicanos. Carlomagno (768-814) estaba ansioso de uniformidad en todo su reino con s\u00f3lo el uso romano. Se procur\u00f3 por tanto del Papa Adriano I (772-795) una copia del \u201cSacramentario Romano\u201d. El libro enviado por el Papa era una forma posterior del Rito Romano (el \u201cSacramentarium Gregorianum\u201d). Carlos impuso este libro a todo el clero de su reino. Pero no fue f\u00e1cil llevar a cabo sus \u00f3rdenes. El pueblo estaba apegado a sus propias costumbres. As\u00ed, alguien (posiblemente Alcuino\u2014cf. B\u00e4umer, loc. cit.) a\u00f1adi\u00f3 al libro de Adriano un suplemento que conten\u00eda selecciones tanto del libro m\u00e1s antiguo gelasiano como de las fuentes originales galicanas. Esta composici\u00f3n se convirti\u00f3 luego en el libro de oficios del Reino Franco y finalmente, como veremos, en la Liturgia de toda la Iglesia Romana.<br \/>\nEn Espa\u00f1a el obispo Profuturus de Braga escribi\u00f3 en 538 al Papa Vigilio (537-55) pidi\u00e9ndole consejo sobre ciertas materias lit\u00fargicas. La respuesta del Papa (en Jaff\u00e9, \u201cRegest. Rom. Pont.\u201d, n\u00ba 907) muestra la primera influencia del Rito Romano en Espa\u00f1a. En 561 el S\u00ednodo nacional de Braga impuso el ritual de Vigilio en todo el reino de los Suevos. Desde esta \u00e9poca tenemos el Rito \u201cmixto\u201d (Romano y Galicano) de Espa\u00f1a. M\u00e1s tarde, cuando los Visigodos vencieron a los Suevos (577-84), la Iglesia de Toledo rechaz\u00f3 los elementos romanos e insisti\u00f3 en la uniformidad del Rito Galicano puro. Sin embargo posteriormente se hicieron a\u00f1adiduras romanas; finalmente toda Espa\u00f1a acept\u00f3 el Rito Romano (en el Siglo XI) excepto en el \u00fanico rinc\u00f3n, en Toledo y Salamanca, en que el Rito mixto (Moz\u00e1rabe) se usa todav\u00eda. La gran Iglesia de Mil\u00e1n, aparentemente el punto de partida de todo el Uso Galicano, pudo resistir la influencia de la Liturgia Romana. Pero tambi\u00e9n aqu\u00ed, en siglos posteriores, el rito local se romaniz\u00f3 considerablemente (San Carlos Borromeo, muerto en 1584), as\u00ed que el actual uso milan\u00e9s (Ambrosiano) es s\u00f3lo una sombra de la antigua Liturgia Galicana. En Gran Breta\u00f1a San Agust\u00edn de Canterbury (597-605) trajo consigo de manera natural la Liturgia Romana. Esta recibi\u00f3 un nuevo \u00edmpetu de San Teodoro de Canterbury cuando vino de Roma (668), y progresivamente expuls\u00f3 al Uso Galicano de Lindisfarne.<br \/>\nLa Iglesia inglesa fue muy definidamente romana en su Liturgia. Hubo incluso gran entusiasmo por el rito de la Iglesia madre. As\u00ed Alcuino escribe a Eanbald de York en 796: \u201cQue tu clero no deje de estudiar el orden romano; para que, imitando a la Cabeza de las Iglesias de Cristo, pueda recibir la bendici\u00f3n de Pedro, pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, a quien nuestro Se\u00f1or Jesucristo hizo el pastor de su reba\u00f1o\u201d y de nuevo: \u201c\u00bfNo tienes bastantes libros escritos seg\u00fan el uso romano?\u201d (citado en Cabrol, \u201cL\u2019Angleterre terre chr\u00e9tienne avant les Normans\u201d, Par\u00eds, 1909, p. 297). Antes de la Conquista, los libros de oficios romanos recibieron algunas a\u00f1adiduras galicanas del antiguo rito del pa\u00eds (op. cit., 297-98).<br \/>\nVemos as\u00ed que lo m\u00e1s tarde hacia el Siglo X u XI el Rito Romano ha expulsado al Galicano, excepto en dos sedes (Mil\u00e1n y Toledo) y se usa \u00e9l solo en todo Occidente, confirmando as\u00ed al final tambi\u00e9n el principio de que el rito sigue al patriarcado. Pero en la larga y gradual sustituci\u00f3n del Rito Galicano el Romano se vio afectado por su rival, de forma que cuando al final emerge como \u00fanico poseedor ya no es el antiguo Rito Romano puro, sino que se ha convertido en el Uso Romano galicanizado que seguimos ahora. Estas a\u00f1adiduras galicanas son todas de la naturaleza del ornamento ceremonial, las pr\u00e1cticas simb\u00f3licas, el adorno ritual. Nuestras bendiciones de las candelas, cenizas, palmas, mucho del ritual de la Semana Santa, las secuencias, etc. Son todas a\u00f1adiduras galicanas. El Rito Romano originario era muy claro, sencillo, pr\u00e1ctico. Mr. Edmund Bishop dice que sus caracter\u00edsticas eran \u201cesencialmente sobriedad y buen sentido\u201d (\u201cEl Genio del Rito Romano\u201d, p. 307, ver todo el ensayo). Una vez se aceptaron estas a\u00f1adiduras en Roma se convirtieron en parte del (nuevo) Rito Romano y se utilizaron como parte de ese rito en todas partes.\u00bfCuando se enriqueci\u00f3 as\u00ed el uso m\u00e1s antiguo y simple? Tenemos dos fechas extremas. Las a\u00f1adiduras no se hab\u00edan hecho en el Siglo VIII cuando el Papa Adriano envi\u00f3 su \u201cSacramentario Gregoriano\u201d a Carlomagno. La parte original de ese libro (en la edici\u00f3n de Muratori: \u201cLiturgia romana vetus\u201d, II, Venecia, 1748) contiene a\u00fan la antigua Misa Romana. Estaban hechas en el Siglo XI, como se demuestra por el \u201cMissale Romanum Lateranense\u201d de esa \u00e9poca, editado por Azevedo (Roma, 1752). Dom Suitbert B\u00e4umer sugiere que las a\u00f1adiduras hechas al libro de Adriano (por Alcuino) en el Reino Franco volvieron a Roma (despu\u00e9s de que se mezclaron con el libro original) por influencia de los sucesores de Carlomagno, y all\u00ed suplantaron la forma pura m\u00e1s antigua (Ueber das sogen. Sacr. Gelas., ib\u00edd.).\n<\/p>\n<h2>LITURGIAS MEDIEVALES TARD\u00cdAS<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hemos llegado ahora al presente estado de cosas. Queda por decir una palabra sobre los diversos usos medievales cuya naturaleza ha sido a menudo malinterpretada. Todo el mundo ha o\u00eddo hablar de los antiguos usos ingleses \u2013 Sarum, Ebor, etc. La gente ha intentado a veces erigirlos en oposici\u00f3n a lo que llaman el \u201cmoderno\u201d Rito Romano, como testimonios de que de alguna manera Inglaterra no fue \u201cromana\u201d antes de la Reforma. Esta idea muestra una asombrosa ignorancia de los ritos en cuesti\u00f3n. Estos usos medievales no son en ning\u00fan sentido ritos realmente independientes. Compararlos con las Liturgias Oriental o Galicana es absurdo. Son sencillamente casos de lo que era com\u00fan en toda Europa en la Edad Media tard\u00eda, a saber, ligeras (a menudo muy ligeras) modificaciones locales del Rito originario de Roma. Como hubo Sarum y Ebor, as\u00ed hubo ritos de Par\u00eds, Ru\u00e1n, Lyon, Colonia, Tr\u00e9veris. Todos son simplemente romanos con unas pocas peculiaridades locales. Ten\u00edan sus propias fiestas de santos, una trivial variaci\u00f3n en el Calendario, algunas Ep\u00edstolas, Evangelios, secuencias, prefacios extra, ciertos detalles locales (generalmente m\u00e1s exuberantes) de ritual. En detalles insignificantes tales como la sucesi\u00f3n de colores lit\u00fargicos hab\u00eda diversidad en casi cada di\u00f3cesis. Sin duda, algunos ritos (el uso dominicano, el de Lyon, etc.) tienen bastante m\u00e1s a\u00f1adiduras galicanas que nuestra Liturgia Romana normal. Pero la esencia de todos estos ritos tard\u00edos, todas las partes que realmente importan (el orden, el Canon de la Misa, etc.) son sencillamente romanos. De hecho no difieren lo bastante del rito originario para ser llamado propiamente derivados. Aqu\u00ed tambi\u00e9n el caso paralelo de los idiomas aclarar\u00e1 la situaci\u00f3n. Hay realmente idiomas derivados que no son ya el mismo idioma que su fuente. El italiano deriva del lat\u00edn, y el italiano no es lat\u00edn. Por otro lado, hay modificaciones dialectales que no llegan lo bastante lejos como para constituir un idioma derivado. Nadie describir\u00eda el moderno dialecto romano como un idioma derivado del italiano; es sencillamente italiano con algunas ligeras modificaciones locales. Del mismo modo, hay realmente nuevas liturgias derivadas de las antiguas. El Rito Bizantino deriva del de Antioqu\u00eda y es un rito diferente. Pero Sarum, Par\u00eds, Tr\u00e9veris, etc. son simplemente el Rito Romano con algunas modificaciones locales.<br \/>\nDe ah\u00ed la justificaci\u00f3n de la abolici\u00f3n de casi todas estas variedades locales en el Siglo XVI. Por mucho celo que uno pueda tener por las liturgias realmente independientes, por mucho que uno lamente ver la abolici\u00f3n de los venerables ritos antiguos que comparten la lealtad a la Cristiandad (una abolici\u00f3n, por cierto que no es en lo m\u00e1s m\u00ednimo probable que tenga lugar nunca), en cualquier caso estos desarrollos medievales no tienen especial derecho a nuestra simpat\u00eda. Fueron s\u00f3lo inflaciones exuberantes de un ritual m\u00e1s austero que habr\u00eda sido mejor no haber tocado. Las Iglesias que utilizan el Rito Romano lo habr\u00edan usado mejor en una forma pura; donde existe el mismo rito al menos la uniformidad es un ideal razonable. Concebir estos desarrollos tard\u00edos como antiguos comparados con la Liturgia Romana original que ha tomado ahora de nuevo su lugar, es absurdo. Fueron las novedades lo que P\u00edo V aboli\u00f3; su reforma fue una vuelta a la antig\u00fcedad. En 1570 P\u00edo V public\u00f3 su Misal Romano revisado y restaurado que iba a ser la \u00fanica forma para todas las Iglesias que usan el Rito Romano. La restauraci\u00f3n de este Misal fue en conjunto un \u00e9xito indudable; iba todo en la direcci\u00f3n de eliminar las inflaciones tard\u00edas, absurdos Kyries y Glorias, secuencias exuberantes, y un ceremonial que a veces era casi grotesco. Al imponerlo el Papa hizo una excepci\u00f3n para otros usos que hab\u00edan estado en posesi\u00f3n durante al menos dos siglos. Este privilegio no se uso de manera consecuente. Muchos usos locales que ten\u00edan una prescripci\u00f3n de al menos ese tiempo dieron paso al Rito Romano aut\u00e9ntico; pero esto salv\u00f3 los Misales de algunas Iglesias (Lyon, por ejemplo) y de algunas \u00f3rdenes religiosas (Dominicos, Carmelitas, Cartujos). Lo que es mucho m\u00e1s importante es que la excepci\u00f3n del Papa salv\u00f3 los dos restos de un Rito realmente independiente en Mil\u00e1n y Toledo. M\u00e1s tarde, en el Siglo XIX, hubo de nuevo un movimiento en favor de la uniformidad que aboli\u00f3 una cantidad de costumbres locales que sobreviv\u00edan en Francia y Alemania, aunque estas afectaban m\u00e1s al Breviario que al Misal. Ahora estamos siendo testigos de un movimiento similar hacia la uniformidad en el canto llano (la edici\u00f3n vaticana). El Rito mon\u00e1stico (usado por los Benedictinos y Cistercienses) es tambi\u00e9n de origen romano. Las diferencias entre \u00e9l y el Rito Romano normal afectan principalmente al Oficio Divino.\n<\/p>\n<h2>TABLA DE LITURGIAS<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora podemos redactar una tabla de todas las liturgias reales usadas en todo el mundo cristiano. Los diversos Libros de oraciones, Agendas, servicios de comuni\u00f3n , etc. protestantes, no tiene naturalmente sitio en este esquema, porque rompen en general la continuidad del desarrollo lit\u00fargico; son meramente compilaciones de selecciones casuales de alguno de los ritos antiguos engastadas en estructuras nuevas fabricadas por los diversos reformadores.<br \/>\nEn los Tres Primeros Siglos:<br \/>\nUn rito fluido fundado en el relato de la \u00daltima Cena, combinado con un servicio de sinagoga cristianizado que muestra, sin embargo, cierta uniformidad de tipo y que gradualmente cristaliza en formas establecidas. De este modelo tenemos tal vez un esp\u00e9cimen en la Liturgia de los Libros segundo y octavo de las \u201cConstituciones Apost\u00f3licas\u201d.<br \/>\nDesde el Siglo IV:<br \/>\nLas formas originales indeterminadas de rito en las cuatro grandes liturgias de las que se derivan todas las dem\u00e1s. Estas liturgias son:<br \/>\nI ANTIOQU\u00cdA.<br \/>\n\u00b7 1. Pura en las \u00abConstituciones Apost\u00f3licas\u00bb (en griego).<br \/>\n\u00b7 2. Modificada en Jerusal\u00e9n en la Liturgia de Santiago<br \/>\na. La Griega de Santiago, utilizada una vez al a\u00f1o por los Ortodoxos en Zacynthus y Jerusal\u00e9n.<br \/>\nb. La Sir\u00edaca de Santiago, utilizada por los Jacobitas Uniatas Sirios.<br \/>\nc. El Rito Maronita, usado en sir\u00edaco.<br \/>\n\u00b7 3. El Rito Caldeo, usado por los Nestorianos y los Uniatas Caldeos (en sir\u00edaco).<br \/>\na. El Rito Malabar, usado por Uniatas y Cism\u00e1ticos en la India (en sir\u00edaco).<br \/>\n\u00b7 4. El Rito Bizantino, usado por los Ortodoxos y Uniatas Bizantinos en diversos idiomas.<br \/>\n\u00b7 5. El Rito Armenio, usado por Gregorianos y Uniatas (en armenio).<br \/>\nII. ALEJANDR\u00cdA.<br \/>\n\u00b7 1. a. La Liturgia Griega de San Marcos no utilizada ya.<br \/>\nb. Las Liturgias Coptas, usadas por Coptos uniatas y cism\u00e1ticos.<br \/>\n\u00b7 2. Las Liturgias Eti\u00f3picas, usadas por la Iglesia de Abisinia.<br \/>\nIII. ROMA.<br \/>\n\u00b7 1. El Rito Romano original, no usado ahora.<br \/>\n\u00b7 2. El Rito Africano, ya no utilizado.<br \/>\n\u00b7 3. El Rito Romano con a\u00f1adiduras galicanas usado (en lat\u00edn) por casi toda la Iglesia Latina.<br \/>\n\u00b7 4. Diversas modificaciones posteriores de este rito usadas en la Edad Media, ahora (con algunas excepciones) abolidas.<br \/>\nIV. EL RITO GALICANO.<br \/>\n\u00b7 1. Utilizado en un tiempo en todo el Noroeste de Europa y en Espa\u00f1a (en lat\u00edn).<br \/>\n\u00b7 2. El Rito Ambrosiano en Mil\u00e1n.<br \/>\n\u00b7 3. El Rito Moz\u00e1rabe, usado en Toledo y Salamanca\n<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">CABROL Y LECLERCQ, Monumenta Ecclesi\u00e6 Liturgica. I, Reliqui\u00e6 Liturgic\u00e6 Vetustissim\u00e6 (Par\u00eds, 1900-2); BRIGHTMAN, Liturgies Eastern and Western, I. Eastern Liturgies (Oxford, 1896); DANIEL, Codex Liturgicus Ecclesi\u00e6 univers\u00e6 (4 vols., Leipzig, 1847-53); RAUSCHEN, Florilegium Patristicum, VII. Monumenta eucharistica et liturgica vetustissima (Bonn, 1909); FUNK, Patres Apostolici (2 vols., T\u00fcbingen, 1901), y Didascalia et Constitutiones Apostolorum (Paderborn, 1905), las citas de este art\u00edculo se han hecho de estas ediciones; PROBST, Liturgie der drei ersten christl. Jahrh. (T\u00fcbingen, 1870); IDEM, Liturgie des vierten Jahr. u. deren Reform (M\u00fcnster, 1893); DREWS, Untersuchungen \u00fcber die sogenannte clementin. Liturgie (T\u00fcbingen, 1906); DUCHESNE, Origines du Cuite chr\u00e9t. (Par\u00eds, 1898); RAUSCHEN, Eucharistie und Buss-sakrament in den ersten sechs Jahrh. der Kirche (Friburgo, 1908); CABROL, Les Origines liturgiques (Par\u00eds, 1906); IDEM, Introduction aux Etudes liturgiques (Par\u00eds, 1907). Para una bibliograf\u00eda adicional ver los art\u00edculos sobre cada liturgia. Para lenguas lit\u00fargicas, como para ciencia lit\u00fargica, que trate de la regulaci\u00f3n, historia y valor dogm\u00e1tico de la Liturgia, ver RITOS.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nADRIAN FORTESCUE<br \/>\nTranscrito por Douglas J. Potter<br \/>\nDedicado al Immaculado Coraz\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda<br \/>\nTraducido por Francisco V\u00e1zquez\n<\/p>\n<h2>Enlaces internos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1] Liturgia\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] Liturgia de Jerusal\u00e9n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3]Liturgia de la Misa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4] Sacrificio de la Misa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5] Liturgia de las Horas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[6] Canto Lit\u00fargico\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[7] Ornamentos\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[8]Ornamentos de la Liturgia Griega.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[9]El pintor cristiano y erudito.  Tratado de los errores que suelen cometerse freq\u00fcentemente en pintar, y esculpir las Im\u00e1genes Sagradas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[10]El porque de todas ceremonias\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(adoraci\u00f3n p\u00fablica). &#8211; En el A.T. eran los ritos hechos por los sacerdotes y levitas en el Templo, especialmente los relacionados con el \u00absacrificio eterno\u00bb, Num 28:3, Exo 29:42. &#8211; En el N.T. son los ritos p\u00fablicos de adoraci\u00f3n oficiales de la Iglesia de Cristo, especialmente, el Sacrificio de la Eucarist\u00ed\u00ada, de la Santa Misa, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/liturgia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLITURGIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8165","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8165","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8165"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8165\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8165"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8165"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8165"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}