{"id":8190,"date":"2016-02-05T04:21:49","date_gmt":"2016-02-05T09:21:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/meditacion\/"},"modified":"2016-02-05T04:21:49","modified_gmt":"2016-02-05T09:21:49","slug":"meditacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/meditacion\/","title":{"rendered":"MEDITACION"},"content":{"rendered":"<p>Psa 19:14 y la m de mi coraz\u00f3n delante de ti, oh<br \/>\n39:3<\/p>\n<hr>\n<p>(pensar).<\/p>\n<p> Oraci\u00f3n, pensando en Dios, en sus misterios, poni\u00e9ndose en su presencia. Es la oraci\u00f3n que hac\u00ed\u00ada Mar\u00ed\u00ada, la hermana de Marta en Luc 10:41-42. Cristo la alab\u00f3, dici\u00e9ndole que \u00abhab\u00ed\u00ada cogido la mejor parte y que nadie se la arrebatar\u00ed\u00ada\u00bb: ( Luc 10:41-42.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[402]<br \/>\n  En general, acto, actitud o h\u00e1bito de reflexionar sobre verdades o cuestiones importantes. En Asc\u00e9tica se alude con el t\u00e9rmino desde muy antiguo a la forma de oraci\u00f3n reflexiva en la cual se centra la atenci\u00f3n y los sentimientos en un misterio fundamental del mensaje cristiano.<\/p>\n<p>    La meditaci\u00f3n es acto que se repite con cierta frecuencia. Pero es tambi\u00e9n estado habitual de reflexi\u00f3n. En la asc\u00e9tica se diferencia la meditaci\u00f3n de la oraci\u00f3n y de la contemplaci\u00f3n. La meditaci\u00f3n es acto de la inteligencia y de la voluntad. La oraci\u00f3n mental es un encuentro voluntario con Dios por medio de la meditaci\u00f3n. Y la contemplaci\u00f3n es una forma de meditaci\u00f3n en la que el centro de la misma es un objeto espiritual b\u00e1sico, como es la figura del Se\u00f1or o cualquiera de sus ense\u00f1anzas o hechos, el cual termina en oraci\u00f3n. (Ver Oraci\u00f3n)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. Contemplaci\u00f3n, experiencia de Dios, Lectio divina, oraci\u00f3n)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La meditaci\u00f3n pertenece a la fenomenolog\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n. Efectivamente, en las grandes religiones cl\u00e1sicas se da el momento meditativo que requiere la actividad del esp\u00ed\u00adritu para entrar en comuni\u00f3n con lo divino y su preparaci\u00f3n adecuada. Ya en el hinduismo se encuentran m\u00e9todos de meditaci\u00f3n y momentos meditativos, principalmente en el Yoga, y de manera especial en el Raja Yoga o Astanga Yoga, donde las tres \u00faltimas etapas, de las ocho que se cuentan, se dirigen a la meditaci\u00f3n bajo el nombre de dharana o concentraci\u00f3n, dhyana o profunda reflexi\u00f3n, para llegar al samhadi o contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p> En el \u00e1mbito de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica el verbo hebreo hgh, usado en el Antiguo Testamento para indicar la actitud t\u00ed\u00adpica de meditaci\u00f3n del piadoso israelita, alude en su ra\u00ed\u00adz a una actitud de susurrar, de pensar murmurando, de leer en voz baja. En el grupo de textos del Antiguo Testamento que usan el t\u00e9rmino hgh se pone en evidencia el sentido objetivo del meditar, bien como reflexi\u00f3n profunda sobre el libro de la ley, bien como recuerdo de las maravillas realizadas por Dios, bien como esperanza tensa hacia el cumplimiento de sus promesas. A Josu\u00e9, por ejemplo, se le ordena \u00abmeditar d\u00ed\u00ada y noche en la ley del Se\u00f1or\u00bb (Jos 1,8). El salmista recuerda a menudo esta actitud orante (Sal 1,1; Sal 118). En otros lugares se proponen las obras de Dios como objeto de reflexi\u00f3n; la memoria de las haza\u00f1as del Se\u00f1or permanece viva para confirmar la confianza en Dios en el momento de la prueba: \u00abEn mi lecho me acuerdo de ti, en ti medito en mis vigilias\u00bb (Sal 63,7); \u00abMe acuerdo del pasado, medito todas tus acciones, y repaso las proezas que has realizado\u00bb (Sal 143,5). Hay otros textos que indican la atenci\u00f3n a la meditaci\u00f3n del misterio del Se\u00f1or que ha de realizarse (Eclo 39,7; Dn 9,2). En el Nuevo Testamento aparece en toda su fuerza objetiva la meditaci\u00f3n que une a la tradici\u00f3n del Antiguo Testamento con el misterio de Cristo y que tiene como prototipo a la Virgen Maria; de ella nos recuerda dos veces el evangelio de Lucas su actitud meditativa, en el sentido de que conservaba con esmero, profundamente y con intensidad (Lc 2,19.51) todo lo que se refer\u00ed\u00ada al misterio de su Hijo. La meditaci\u00f3n es la actitud del disc\u00ed\u00adpulo sabio, atento a la revelaci\u00f3n, tenso a la plenitud de la manifestaci\u00f3n del misterio.<\/p>\n<p>La historia de la espiritualidad conoce la meditaci\u00f3n como ejercicio caracter\u00ed\u00adstico de la perfecci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Hugo de San V\u00ed\u00adctor la define as\u00ed\u00ad: \u00abEl pensamiento asiduo y reflejo que busca con prudencia conocer la causa, la manera de ser y la utilidad de una cosa\u00bb (De methodo orandi: PL 176, 878).<\/p>\n<p>En los tratados cl\u00e1sicos la meditaci\u00f3n aparece como uno de los escalones inferiores de la oraci\u00f3n. Se propone como objeto de este tipo de oraci\u00f3n meditativa la consideraci\u00f3n de los misterios de la fe cristiana, la de los episodios de la vida de Cristo o la de  las \u00faltimas realidades, como se recomienda en los libros cl\u00e1sicos del siglo XVI sobre la oraci\u00f3n y la meditaci\u00f3n, En algunos m\u00e9todos se sugiere una b\u00fasqueda compleja en la que intervienen el entendimiento para captar, la memoria para recordar, la voluntad para adherirse con su afecto; pero tambi\u00e9n se intenta hacer que participe a veces la imaginaci\u00f3n mediante la aplicaci\u00f3n de los sentidos.<\/p>\n<p>La meditaci\u00f3n tiene como finalidad  la profundizaci\u00f3n de la Palabra de Dios para conocer su voluntad y adherirse a ella, para imitar la vida de Cristo y de los santos, objeto de la reflexi\u00f3n en \u00ed\u00adntimo di\u00e1logo con Dios, ya que la meditaci\u00f3n lleva a la oraci\u00f3n. Por consiguiente, tiene un valor intelectivo y afectivo al mismo tiempo e intenta desembocar en la vida. Es como el aceite que debe mantener viva la llama de la l\u00e1mpara de la plegaria. Actualmente, con la ca\u00ed\u00adda de los m\u00e9todos cl\u00e1sicos de oraci\u00f3n y de meditaci\u00f3n, existe en la Iglesia cat\u00f3lica un aut\u00e9ntico \u00abmovimiento de meditaci\u00f3n\u00bb; en las diversas modalidades de este movimiento se busca especialmente el retorno a una praxis que no sea compleja, que ayude a recuperar la interioridad, que no se base en una variedad de actos y de afectos, que afecte m\u00e1s directamente incluso al cuerpo en la meditaci\u00f3n profunda. Aun manteniendo como objeto propio de la meditaci\u00f3n cristiana la Palabra de Dios, la revelaci\u00f3n del misterio de Cristo, los dones de su gracia y los bienes que esperamos, la medit\u00e1ci\u00f3n busca adem\u00e1s relacionarse m\u00e1s con la vida y se expresa en formas m\u00e1s interiorizadas.<\/p>\n<p>En orden a la validez y a la fiabilidad de las t\u00e9cnicas orientales de meditaci\u00f3n y a la posibilidad de una integraci\u00f3n, conviene tener presente la carta de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe Orationis formas (15 de octubre de 1989). Se\u00f1ala como principio fundamental la necesidad de que las formas de la meditaci\u00f3n cristiana respondan al objeto y a la estructura de la fe cristiana, de manera que la meditaci\u00f3n se oriente hacia lo que Dios ha revelado, excluyendo aquellas formas de oraci\u00f3n que no respetan la alteridad entre Dios y el hombre y que favorecen m\u00e1s bien la ilusi\u00f3n de una absorci\u00f3n de tipo pante\u00ed\u00adsta en Dios por parte de la persona humana. La mediaci\u00f3n es el encuentro de dos la libertad infinita de Dios y nuestra libertad finita.<\/p>\n<p>  J Castellano<\/p>\n<p> Bibl. J. Lotz, C\u00f3mo meditar, Guadalupe, Buenos Aires 1969; AA. VV  La meditaci\u00f3n como experiencia religiosa. Herder, Barcelona 1976; W. Stimniseen, Meditaci\u00f3n cristiana profuda, Sal Terrae, Santander 1982.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Meditaci\u00f3n y vida cristiana &#8211; II. Las formas de meditaci\u00f3n: 1. La pr\u00e1ctica medieval: 2. La oraci\u00f3n met\u00f3dica; 5. Las formas ignacianas de la meditaci\u00f3n: 4. El paso a la contemplaci\u00f3n &#8211; III. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>El ejercicio de la meditaci\u00f3n es una de las formas de la oraci\u00f3n contemplativa [>Contemplaci\u00f3n II, 2, a]. En la espiritualidad cristiana la meditaci\u00f3n indica ordinariamente la forma de contemplaci\u00f3n en la que se suceden actos distintos de la inteligencia y de la voluntad, mientras que en la contemplaci\u00f3n propiamente dicha la actividad espiritual es mucho m\u00e1s simple. Pero el t\u00e9rmino no siempre tiene esta acepci\u00f3n concreta y, en la espiritualidad en general, a menudo se lo entiende en el significado amplio de contemplaci\u00f3n. Sin embargo, suele estar siempre acompa\u00f1ado de cierto matiz: la meditaci\u00f3n presupone una aplicaci\u00f3n m\u00e1s en\u00e9rgica y m\u00e1s met\u00f3dica del esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, \u00e9ste era el significado original del t\u00e9rmino latino meditari. Seg\u00fan P. Philippe, \u00aben lat\u00ed\u00adn como en griego, meditatio (mel\u00e9te) expresa la idea de un ejercicio. Al principio serv\u00ed\u00ada para indicar cualquier clase de ejercicio f\u00ed\u00adsico o intelectual, cualquier pr\u00e1ctica destinada a preparar y a entrenar al ejercitante; despu\u00e9s. el lenguaje reserv\u00f3 exercere para los ejercicios f\u00ed\u00adsicos y meditari para los del esp\u00ed\u00adritu. La meditaci\u00f3n en su significado etimol\u00f3gico indica una reflexi\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu que corresponde a los ejercicios preparatorios y a las repeticiones de los soldados y de los m\u00fasicos. Se trata de un trabajo de asimilaci\u00f3n de lo que el ojo ha le\u00ed\u00addo, de lo que el o\u00ed\u00addo ha escuchado, de lo que la memoria ha retenido; de `masticar&#8217; y de rumiar las ideas a fin de empaparse de ellas por completo&#8217;. Esta actividad meditativa suele unirse a la . ascesis, de la que constituye una parte esencial.<\/p>\n<p>Cuando aplicamos esta tarea de asimilaci\u00f3n al contenido de la fe cristiana, podemos hablar de meditaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>I. Meditaci\u00f3n y vida cristiana<br \/>\nLa meditaci\u00f3n es una forma de oraci\u00f3n contemplativa y no persigue, por consiguiente, un fin distinto del de \u00e9sta; el que medita, aplicando el esp\u00ed\u00adritu y el coraz\u00f3n al misterio de la fe, procura dar a su propia fe un car\u00e1cter cada vez m\u00e1s personal; asimila el sentido y el contenido del misterio de fe meditando uno de sus aspectos particulares; aunque tome como objeto de meditaci\u00f3n su propia vida o las decisiones que se dispone a tomar, se mueve siempre dentro de la vida de fe y es la fe lo que se esfuerza en acrecentar.<\/p>\n<p>El cristiano, para garantizar este crecimiento, procede lo mismo que har\u00ed\u00ada en tina disciplina profana. Aplica su inteligencia a los datos del misterio de fe profundiza en su sentido; a su vez, este sentido, mejor asimilado por la inteligencia, le lleva a adoptar unas actitudes pr\u00e1cticas y afectivas m\u00e1s conformes con el mensaje de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ya Hugo de san V\u00ed\u00adctor hab\u00ed\u00ada relacionado la meditaci\u00f3n religiosa con la de un texto ordinario, hecha para asimilar su contenido inteligible: \u00abLa meditaci\u00f3n -escribe&#8211; es el pensamiento asiduo y reflejo que intenta con prudencia conocer la causa, el origen, la manera de ser y la utilidad de una cosa. La meditaci\u00f3n tiene su principio en la lectura, pero no est\u00e1 sometida a ninguna regla ni precepto en la manera de leer; le gusta correr libremente a trav\u00e9s del espacio\u00bb. La primera observaci\u00f3n importante que podemos hacer a prop\u00f3sito de este texto se refiere al car\u00e1cter \u00abnatural\u00bb de la actividad meditativa.<\/p>\n<p>Es verdad que nuestro autor le reconoce a la meditaci\u00f3n la m\u00e1xima libertad. Pero pronto se habr\u00ed\u00ada de insistir en la idea de que la meditaci\u00f3n supone una investigaci\u00f3n rigurosa y lo m\u00e1s exhaustiva posible de un misterio de fe. La prolongaci\u00f3n pr\u00e1ctica de esta intuici\u00f3n ser\u00e1 la aparici\u00f3n de los m\u00e9todos de meditar. Se entender\u00e1 por m\u00e9todo un esquema estereotipado, aplicable a cualquier objeto de meditaci\u00f3n. El fin perseguido ser\u00e1 el de guiar el esp\u00ed\u00adritu a la investigaci\u00f3n completa de los diversos aspectos del misterio y a la aplicaci\u00f3n de la voluntad, del coraz\u00f3n y de la conducta pr\u00e1ctica a la ense\u00f1anza que se ha meditado.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la idea de meditaci\u00f3n no tiene de suyo nada de artificial, sino que se basa en la estructura psicol\u00f3gica del hombre racional y da la precedencia al discurso ordenado y hasta met\u00f3dico. Pero es \u00e9ste precisamente el punto contra el que se dirigen las objeciones de ciertas escuelas de espiritualidad; al someter la actividad espiritual a un marco racional, \u00bfno se corre el peligro de frenar la libertad del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que act\u00faa a su modo en el alma del fiel?\u00bfC\u00f3mo es posible todav\u00ed\u00ada dejar espacio a la inspiraci\u00f3n y a la espontaneidad del esp\u00ed\u00adritu, si se lo conduce por caminos rigurosamente trazados? Como se ve, se trata de un problema perfectamente an\u00e1logo al que vimos cuando se trat\u00f3 de la actividad asc\u00e9tica [>Ascesis I, 2; II].<\/p>\n<p>Sin embargo, en el caso de la meditaci\u00f3n el problema es m\u00e1s delicado. En efecto, era relativamente f\u00e1cil de comprender que el ejercicio de la penitencia corporal no pod\u00ed\u00ada menos de disponer para la acogida de las gracias espirituales. Pero cuando se trata de un esfuerzo del entendimiento, tenemos la impresi\u00f3n de estar muy cerca de la actividad del mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por lo dem\u00e1s, la experiencia demuestra que a la meditaci\u00f3n se le atribuye f\u00e1cilmente una eficacia inmediata.<\/p>\n<p>Pues bien, la soluci\u00f3n es id\u00e9ntica a la propuesta en el caso de la actividad asc\u00e9tica. Lo mismo que \u00e9sta dispone para la acogida de la gracia, as\u00ed\u00ad la meditaci\u00f3n dispone al esp\u00ed\u00adritu a asimilar el misterio de fe. Se trata s\u00f3lo de una disposici\u00f3n; ser\u00ed\u00ada, por tanto, un grave error atribuir a la actividad meditativa una eficacia en cierto modo mec\u00e1nica o pensar que la intensidad de la aplicaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu dispone a acoger la gracia en proporci\u00f3n directa. Dios concede sus propios dones con gran libertad. Mas, por otra parte, no se ve por qu\u00e9 el Esp\u00ed\u00adritu Santo no podr\u00ed\u00ada actuar dentro mismo de la actividad meditativa y por qu\u00e9 habr\u00ed\u00ada establecido en cierto modo obrar s\u00f3lo en la espontaneidad del esp\u00ed\u00adritu y del coraz\u00f3n. Sin disminuir en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo la libertad total del Esp\u00ed\u00adritu, reconozcamos que lo \u00fanico que podemos ense\u00f1ar en el campo de la oraci\u00f3n es el ejercicio de la meditaci\u00f3n; ya se cuidar\u00e1 luego el Esp\u00ed\u00adritu Santo de conducir hasta la contemplaci\u00f3n, consistiendo el papel del gu\u00ed\u00ada espiritual ante todo en animar al contemplativo y en ayudarle a evitar los escollos que pueden presentarse en su vida de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>II. Las formas de meditaci\u00f3n<br \/>\nToda meditaci\u00f3n se caracteriza por una actividad m\u00e1s o menos met\u00f3dica del esp\u00ed\u00adritu, que se aplica a escudri\u00f1ar un misterio. Por eso mismo podr\u00ed\u00adamos, de suyo, concebir numerosos m\u00e9todos de meditaci\u00f3n; de ellos, algunos insistir\u00ed\u00adan m\u00e1s en la inteligencia, mientras que otros subrayar\u00ed\u00adan el papel de la imaginaci\u00f3n o la funci\u00f3n de los impulsos afectivos. De hecho, en la historia de la espiritualidad observamos que muchos autores han propuesto formas de meditaci\u00f3n que consideraban especialmente adecuadas a la cultura y a la formaci\u00f3n de los cristianos de su tiempo. Aqu\u00ed\u00ad nos limitaremos a proponer algunas observaciones dispuestas seg\u00fan un esquema hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>1. LA PR\u00ed\u0081CTICA MEDIEVAL &#8211; Los monjes no s\u00f3lo se dedicaban a la oraci\u00f3n lit\u00fargica, sino que intentaban adem\u00e1s asimilar el misterio de la fe con la ayuda de la oraci\u00f3n mental personal. Para ellos la oraci\u00f3n mental se basaba constantemente en la lectio divina. El aspecto m\u00e1s interesante para nuestro prop\u00f3sito es que para ellos la meditaci\u00f3n se presentaba como un momento de una actividad contemplativa compleja. Citemos en este sentido a un autor antiguo: \u00abLa lectura es la aplicaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu a las Sagradas Escrituras; la meditaci\u00f3n es la investigaci\u00f3n esmerada de una verdad escondida con la ayuda de la raz\u00f3n; la oraci\u00f3n es la tensi\u00f3n devota del coraz\u00f3n hacia Dios para alejar el mal y obtener el bien; la contemplaci\u00f3n es la elevaci\u00f3n del alma a Dios, de un alma que est\u00e1 atra\u00ed\u00adda por el gusto de los gozos eternos. La lectura busca la dulzura inefable de la vida bienaventurada, la meditaci\u00f3n la encuentra, la oraci\u00f3n la pide, la contemplaci\u00f3n la saborea. Se trata de las palabras mismas del Se\u00f1or: &#8216;Buscad y encontrar\u00e9is, llamad y se os abrir\u00e1&#8217; (Mt 7,7). Buscad leyendo, encontrar\u00e9is meditando; llamad orando, entrar\u00e9is contemplando. La lectura lleva el alimento a la boca, la meditaci\u00f3n lo mastica y lo tritura, la oraci\u00f3n lo saborea y la contemplaci\u00f3n es ese sabor mismo que llena de gozo y sacia al alma\u00bb (Guigo II, el cartujano). As\u00ed\u00ad pues. la meditaci\u00f3n se sit\u00faa entre la lectura y la oraci\u00f3n. Respecto a la primera es como una elaboraci\u00f3n que debe permitir al esp\u00ed\u00adritu profundizar en el sentido del texto y nutrirse de \u00e9l. La oraci\u00f3n posterior es una petici\u00f3n dirigida a Dios, y sit\u00faa precisamente a la meditaci\u00f3n como una disposici\u00f3n para recibir el verdadero alimento espiritual, que no puede ser otro m\u00e1s que un don de Dios.<\/p>\n<p>2. LA ORACI\u00ed\u201cN MET\u00ed\u201cDICA &#8211; En la vida orante de los monjes la oraci\u00f3n mental comprend\u00ed\u00ada varios grados: lectura, meditaci\u00f3n, oraci\u00f3n, contemplaci\u00f3n; pero estos grados se conceb\u00ed\u00adan como momentos sucesivos de una \u00fanica aplicaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu y del coraz\u00f3n al misterio de la fe.<\/p>\n<p>No resulta dif\u00ed\u00adcil imaginarse que tambi\u00e9n para los monjes la lectura y la meditaci\u00f3n pod\u00ed\u00adan estar separadas por un intervalo de tiempo. Tal fue el caso habitual de los laicos, cuando al final de la Edad Media empezaron tambi\u00e9n ellos a dedicarse a la oraci\u00f3n mental. La diversidad de sus ocupaciones les obliga a reservar un momento a la oraci\u00f3n mental, y no todos ten\u00ed\u00adan a su disposici\u00f3n los textos de la Sagrada Escritura. Se pens\u00f3 entonces en proporcionarles una ayuda proponi\u00e9ndoles varios m\u00e9todos de meditaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para que sea utilizable, un m\u00e9todo de meditaci\u00f3n debe ser sencillo. Por eso los autores intentaron copiarlo de procedimientos ret\u00f3ricos y psicol\u00f3gicos que todos pudieran comprender. Sus propuestas son de muchos tipos.<\/p>\n<p>Cuando se toman en consideraci\u00f3n los primeros m\u00e9todos de meditaci\u00f3n que aparecieron al final de la Edad Media, resulta sorprendente su relativa complejidad. Por ejemplo, el primero, que propon\u00ed\u00ada un esquema aplicable a todos los temas de meditaci\u00f3n, lo subdivid\u00ed\u00ada en veintitr\u00e9s grados diferentes. Esta complejidad no debe interpretarse en sentido demasiado peyorativo, como si se tratara de imponer unafforma r\u00ed\u00adgida de aplicaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu al misterio. Al contrario, la multiplicidad se presentaba como un medio para facilitar la reflexi\u00f3n. No cabe duda de que los autores consideraban que sus m\u00e9todos se pod\u00ed\u00adan utilizar con cierta libertad.<\/p>\n<p>En el caso que hemos mencionado, se trata sobre todo de regular el uso de la reflexi\u00f3n. Luego, aparecer\u00e1n otros m\u00e9todos que conceder\u00e1n especial importancia a la sucesi\u00f3n de las diversas actitudes espirituales caracter\u00ed\u00adsticas de la oraci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, san Francisco de Sales insiste en el ejercicio introductorio de la presencia de Dios; la raz\u00f3n de su insistencia debe buscarse, sin duda, en el hecho de que se dirig\u00ed\u00ada a personas laicas que, por llegar de sus ocupaciones cotidianas, ten\u00ed\u00adan que realizar un esfuerzo particular para sumergirse en la oraci\u00f3n. La conclusi\u00f3n de la oraci\u00f3n pretende ser pr\u00e1ctica y contiene, por consiguiente, una serie de actos de acci\u00f3n de gracias, de ofrecimiento y de petici\u00f3n.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n sulpiciana pone el acento en la relaci\u00f3n con las personas divinas.<\/p>\n<p>En ella ocupa un puesto privilegiado la adoraci\u00f3n. Adem\u00e1s, es necesario buscar varias maneras de considerar la persona y los misterios de Cristo: de la consideraci\u00f3n hist\u00f3rica se pasar\u00e1 a su forma interiorizada para acabar con una consideraci\u00f3n m\u00e1s pr\u00e1ctica. Como se ve, se trata siempre de esquemas sencillos. San Juan Bautista de la Salle parece un poco m\u00e1s complicado, pero siempre con el fin de asegurar una mejor aplicaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu y del coraz\u00f3n al misterio de la fe; por ello no vacila en multiplicar los diversos actos espirituales que traducen la relaci\u00f3n personal con Dios. Tambi\u00e9n \u00e9l insiste mucho en el recogimiento como preparaci\u00f3n para la oraci\u00f3n, y recomienda considerar a Dios presente en el lugar donde nos encontramos, en nosotros mismos y, finalmente, en el sagrario de la Iglesia. Este sentimiento de la presencia divina se vivir\u00e1 con actos de fe, de adoraci\u00f3n, de acci\u00f3n de gracias, de humildad, de contrici\u00f3n, etc.&#8217;.<\/p>\n<p>3. LAS FORMAS IGNACIANAS DE LA MEDITACI\u00ed\u201cN &#8211; Podemos detenernos algo m\u00e1s en las formas ignacianas de la meditaci\u00f3n, y ello, evidentemente, no porque sean superiores a las dem\u00e1s, sino porque son las m\u00e1s conocidas y las m\u00e1s aplicadas, especialmente en los retiros habituales; la breve panor\u00e1mica que de ellas vamos a presentar nos mostrar\u00e1 tambi\u00e9n su variedad.<\/p>\n<p>El m\u00e1s conocido de estos m\u00e9todos es el de las tres potencias: memoria, inteligencia y voluntad, aplicadas sucesivamente a los diversos aspectos del misterio que se medita. De suyo esta sucesi\u00f3n de los diversos actos es perfectamente natural y respeta el proceso habitual de nuestra reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta presentaci\u00f3n de la meditaci\u00f3n, aunque perfectamente fundamentada, es, sin embargo, demasiado sumaria y se le puede reprochar que convierte a la oraci\u00f3n en una actividad meramente reflexiva. Por eso hay que completarla con ayuda de las indicaciones que nos ofrece el mismo san Ignacio.<\/p>\n<p>Antes de enfrentarnos con el tema de la meditaci\u00f3n, hay que respetar los pre\u00e1mbulos necesarios: ponerse en presencia de Dios, purificar la propia intenci\u00f3n, fijar la imaginaci\u00f3n y se\u00f1alar el fruto que se intenta sacar de la meditaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Habitualmente no se mide de manera suficiente la importancia de la consideraci\u00f3n imaginativa. No se trata s\u00f3lo de tener ocupada la imaginaci\u00f3n para queno se distraiga la actividad de las otras potencias, sino de hacer que la escena contemplada sea m\u00e1s concreta, suscitando de este modo un inter\u00e9s personal m\u00e1s profundo por la persona de Cristo. San Ignacio, durante su peregrinaci\u00f3n a Tierra Santa, quiso ver todos los lugares por donde hab\u00ed\u00ada pasado Cristo. Todo peregrino sabe muy bien que no hay nada que sustituya a la impresi\u00f3n que deja el contacto con las cosas y con los lugares que llevan a\u00fan, por as\u00ed\u00ad decirlo, las huellas de la presencia amada. Representarse los lugares de la acci\u00f3n significa ante todo evocar una presencia y reavivar el amor.<\/p>\n<p>Esta preocupaci\u00f3n ignaciana de evocar la presencia de Cristo aparece en la recomendaci\u00f3n repetida tantas veces en el libro de los Ejercicios sobre la atenci\u00f3n a la imaginaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como en su indicaci\u00f3n de que se termine toda oraci\u00f3n con un coloquio con las personas divinas y con los santos. Este momento de conversaci\u00f3n con las personas es esencial en la oraci\u00f3n; suscita la adhesi\u00f3n personal y la entrega concreta al servicio del Se\u00f1or, y completa la consideraci\u00f3n intelectual que, sin \u00e9l, correr\u00ed\u00ada el peligro de quedarse en una especulaci\u00f3n abstracta.<\/p>\n<p>Pero no conviene que reduzcamos las ense\u00f1anzas de san Ignacio sobre la meditaci\u00f3n s\u00f3lo al modelo de la meditaci\u00f3n de las tres potencias. En los Ejercicios espirituales recomienda la contemplaci\u00f3n de una escena evang\u00e9lica en la que miramos a las personas, escuchamos sus palabras y consideramos sus acciones. Esta forma de oraci\u00f3n se distingue de la anterior en el hecho de que fija la mirada espiritual sobre todo en las personas y no en las verdades, cuya formulaci\u00f3n es abstracta. Requiere un recogimiento habitual m\u00e1s profundo, se adapta mejor a las personalidades m\u00e1s afectivas y va acompa\u00f1ada de una familiaridad habitual con la Sagrada Escritura.<\/p>\n<p>Es muy f\u00e1cil combinar estos dos modos, tal como hacemos precisamente en la liturgia de la palabra. Pensemos en la liturgia de la palabra que se realiza en cada misa; cuando el texto est\u00e1 suficientemente unificado, contiene la meditaci\u00f3n de un texto doctrinal en la ep\u00ed\u00adstola; el salmo expresa m\u00e1s bien la invocaci\u00f3n y la petici\u00f3n; el relato evang\u00e9lico se presta muy bien a la contemplaci\u00f3n, que deber\u00ed\u00ada desarrollarse en la homil\u00ed\u00ada. Esto nos muestra que la forma meditativa de la oraci\u00f3n se sigue proponiendo en nuestros d\u00ed\u00adas como algo perfectamente natural.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de estas formas principales, san Ignacio indica otras que tambi\u00e9n pueden utilizarse con provecho. Podemos, por ejemplo, rezar meditando un texto bien conocido, esforz\u00e1ndonos en saborear interiormente todas sus palabras. En ese caso hay que conservar una gran libertad en el ritmo de la oraci\u00f3n. Seg\u00fan aconseja san Ignacio, hay que procurar ante todo llegar al gusto interior, sin preocuparse de que sea m\u00e1s o menos largo el texto que alimenta la oraci\u00f3n. \u00abNo el mucho saber harta y satisface el \u00e1nima, sino el sentir y gustar las cosas interiormente\u00bb (Ejercicios, n. 2).<\/p>\n<p>Otra forma de oraci\u00f3n ignaciana nos puede introducir en una mejor comprensi\u00f3n del sentido de una pr\u00e1ctica de la meditaci\u00f3n, que hoy se recomienda mucho y que procede de las tradiciones orientales. San Ignacio observa que podemos acompasar la oraci\u00f3n con la respiraci\u00f3n (Ejercicios espirituales, nn. 258-260). En esto consiste precisamente lo esencial de los m\u00e9todos que hablan del control consciente de los ritmos respiratorios. Las razones de la elecci\u00f3n del ritmo respiratorio son complejas: permanece bajo una dependencia satisfactoria de la voluntad; en el aspecto fisiol\u00f3gico, act\u00faa sobre los \u00f3rganos internos y sobre el sistema neuro-vegetativo; en el aspecto simb\u00f3lico, expresa el paso continuo de la pesadez corporal a la elevaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 tienen hoy tanto \u00e9xito estas t\u00e9cnicas procedentes del mundo oriental? La raz\u00f3n parece muy sencilla: intentan sobre todo proponer a los occidentales, en continuo estado de tensi\u00f3n y de dispersi\u00f3n, un medio eficaz para llegar a la concentraci\u00f3n, sin la cual no existe una meditaci\u00f3n intensa y prolongada. Esta disciplina ofrece a cierto n\u00famero de almas, deseosas de eludir la dispersi\u00f3n, un medio de encontrar el yo profundo y de descubrir de este modo el sentido de la oraci\u00f3n, que no puede ir acompa\u00f1ada de la dispersi\u00f3n.<\/p>\n<p>[Para otras formas de meditaci\u00f3n: >Cuerpo II, 2].<\/p>\n<p>4. EL PASO A LA CONTEMPLACI\u00ed\u201cN &#8211; Todos los autores admiten que, en la vida de la oraci\u00f3n, tras la meditaci\u00f3n viene la contemplaci\u00f3n. Esta secuencia no es autom\u00e1tica o necesaria, pero se verifica muy de ordinario. Uno de los problemas cl\u00e1sicos es tambi\u00e9n el de saber reconocer las se\u00f1ales que caracterizan este paso de la meditaci\u00f3n habitual a la contemplaci\u00f3n. Sobre este punto nos limitamos a proponer algunas observaciones que resumen la doctrina com\u00fanmente admitida de san Juan de la Cruz.<\/p>\n<p>En la Subida del monte Carmelo (II, 13) y en la Noche oscura, el santo trata del cambio de r\u00e9gimen en la vida de oraci\u00f3n yen la vida espiritual. No resulta f\u00e1cil discernir la entrada en la vida contemplativa, ya que, ateni\u00e9ndonos a lo que dice el autor, \u00abla aridez purificadora se sirve a veces de la melancol\u00ed\u00ada o de alg\u00fan otro estado de \u00e1nimo\u00bb para conducir al alma a la contemplaci\u00f3n. Esta mezcla de elementos naturales y sobrenaturales es en realidad muy frecuente.<\/p>\n<p>Hay dos signos negativos y uno positivo que caracterizan el cambio. Los dos primeros son: la falta de gusto por las cosas de Dios y por las cosas creadas; la imposibilidad de meditar y de discurrir con el sentimiento y la imaginaci\u00f3n, es decir, de producir actos distintos de conocimiento y de voluntad. El signo positivo consiste en el hecho de que el alma se complace en estar sola con Dios, amorosamente atenta a \u00e9l, sin consideraciones especiales, en medio de una paz interior.<\/p>\n<p>El signo positivo es indispensable para valorar un estado que exteriormente es af\u00ed\u00adn a un per\u00ed\u00adodo depresivo y que dif\u00ed\u00adcilmente consigue describir el sujeto. San Juan de la Cruz indica que la atenci\u00f3n amorosa dirigida a Dios es casi imperceptible al comienzo del per\u00ed\u00adodo contemplativo. Sin embargo, comprendemos que se trata de un periodo transitorio cuando comprobamos que la imposibilidad de dedicarnos a la meditaci\u00f3n coexiste con un gran deseo de uni\u00f3n con Dios y con una generosidad habitual en la vida espiritual.<\/p>\n<p>En realidad, no hay que exagerar la oposici\u00f3n entre la meditaci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n. Puede suceder muy bien que una persona se ejercite durante largo tiempo en la contemplaci\u00f3n y que vuelva luego a otras formas de oraci\u00f3n que est\u00e1n m\u00e1s cerca de la meditaci\u00f3n que hab\u00ed\u00ada abandonado.<\/p>\n<p>III. Conclusi\u00f3n<br \/>\nEl problema de la meditaci\u00f3n y de sus m\u00e9todos no puede separarse del de la oraci\u00f3n contemplativa, de la que constituye un caso particular [>Contemplaci\u00f3n]. La vida de oraci\u00f3n intenta esencialmente conferir a la fe un car\u00e1cter cada vez m\u00e1s profundo de adhesi\u00f3n personal al misterio de Dios conocido en Jesucristo. Mientras que la contemplaci\u00f3n ejercita la fe de una manera m\u00e1s sencilla, la meditaci\u00f3n se esfuerza en hacer que entren en acci\u00f3n todos los recursos imaginativos, intelectuales y afectivos del que medita.<\/p>\n<p>No tenemos que olvidarnos nunca de que la actividad del hombre en oraci\u00f3n es una cooperaci\u00f3n a la gracia de Dios, que se concede en abundancia. Es la gracia de Dios la que atrae a la oraci\u00f3n y es siempre esa gracia la que sostiene la actividad del que ora. Por muchos que sean los esfuerzos realizados durante la oraci\u00f3n, no poseen una eficacia mec\u00e1nica para aumentar en nosotros la vida sobrenatural. Nos disponen \u00fanicamente a recibir ese crecimiento de Dios, que est\u00e1 siempre dispuesto a conced\u00e9rnoslo. l\u00ed\u00ade esta manera el esfuerzo de aplicaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu y del coraz\u00f3n al misterio de la fe que realizamos en la meditaci\u00f3n, constituye la preparaci\u00f3n m\u00e1s habitual para la recepci\u00f3n de la gracia divina.<\/p>\n<p>En todo caso, \u00bfc\u00f3mo prepararnos a una vida m\u00e1s profunda de fe sino por medio de este esfuerzo de oraci\u00f3n personal? Si los santos y los autores espirituales han insistido tanto en la importancia de la oraci\u00f3n y se han ingeniado en proponer sus mejores m\u00e9todos para hacerla fructuosa, es se\u00f1al de que estaban convencidos de que \u00e9ste es el camino real para crecer en la uni\u00f3n con Dios. Es verdad que la oraci\u00f3n que ense\u00f1amos constituye solamente el primer pelda\u00f1o de una ascensi\u00f3n espiritual larga y dif\u00ed\u00adcil. Pero es tambi\u00e9n lo \u00fanico que nosotros podemos ense\u00f1ar. Cuando Dios hace entrar en la contemplaci\u00f3n, \u00e9l mismo se cuida de instruir al alma en el sentido de los misterios y en el modo conveniente de orar. El concede a menudo la gracia de la contemplaci\u00f3n a aquel que se dispone generosamente a ello con la meditaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ch. A. Bernard<br \/>\nBIBL.-Completamos el sentido cl\u00e1sico de meditaci\u00f3n con el sentido moderno. AA. VV., La meditaci\u00f3n como experiencia religiosa, Herder. Barcelona 1978.-AA. VV., Munen Muso, ungegenst\u00e1ndliche Meditation, Gr\u00fcnewald. Mainz 1978 (rico homenaje al P. Enomiya-Lasalle).&#8211;Benavides, L. G, Para una meditaci\u00f3n m\u00e1s vivificante, Edit. Progreso. M\u00e9xico 1972.-Caballero, N, El camino de la libertad, vols. 111-IV, Meditaci\u00f3n y oraci\u00f3n: sus bases humanas y sus t\u00e9cnicas, Edicep, Valencia 1976-1977.-Durckheim, K. von, Meditieren, moza und wie, Herder, Freiburg 1976.-Johnston. W, La m\u00fasica callada, Paulinas, Madrid 1980.-Lercaro. G, Los m\u00e9todos de oraci\u00f3n mental, Studium. Madrid 1981.-Lotz, J. B. La meditaci\u00f3n en la vida diaria, Guadalupe. B. Aires 1966.-Lotz. J. B. C\u00f3mo meditar, Guadalupe, B. Aires 1969.-Reiter, U..lutorrealizaci\u00f3n, Mensajero, Bilbao 1977.-S\u00fclle, D, Viaje de ida. Experiencia religiosa e identidad humana, Sal Terrae, Santander 1977.-Stinissen. W, Meditaci\u00f3n cristiana profunda, Sal Terrae, Santander 1982.-Tilmann, K, Temas y ejercicios de meditaci\u00f3n profunda, Sal Terrae. Santander 1982.-V\u00e9ase bibl. de Oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>Acci\u00f3n de aplicar con intensidad el pensamiento y la reflexi\u00f3n al conocimiento y consideraci\u00f3n de una cosa, bien experiencias del pasado, asuntos del presente o posibles acontecimientos futuros.<br \/>\nA fin de meditar debidamente, es necesario estar libre de distracciones, estar a solas con los pensamientos. Por ejemplo, al caer la tarde, Isaac sali\u00f3 a pasear solo con el fin de meditar, posiblemente sobre su inminente matrimonio con Rebeca. (G\u00e9 24:63.) Durante la soledad de las vigilias nocturnas, el salmista medit\u00f3 sobre la grandeza de su magn\u00ed\u00adfico Creador. (Sl 63:6.) La meditaci\u00f3n del coraz\u00f3n debe dirigirse hacia cosas beneficiosas, como el esplendor y las obras de Jehov\u00e1 y las cosas que le agradan a El (Sl 19:14; 49:3; 77:12; 143:5; Flp 4:8), no hacia los ardides de los inicuos. (Pr 24:1, 2.)<br \/>\nLa meditaci\u00f3n provechosa evita las respuestas necias. Supone pensar seriamente en los asuntos de importancia para dar respuestas desde el coraz\u00f3n que no haya que lamentar m\u00e1s tarde. (Pr 15:28.)<br \/>\nCuando a Josu\u00e9 se le puso al frente de la naci\u00f3n de Israel, se le mand\u00f3 que hiciese una copia de la ley de Jehov\u00e1, y se le dijo (como leen muchas traducciones de la Biblia) que meditara en ella d\u00ed\u00ada y noche. (Jos 1:8; BJ, CI, DK, Val.) El t\u00e9rmino hebreo para \u2020\u0153meditar\u2020\u009d en este texto es ha\u00c2\u00b7gh\u00e1h. Significa b\u00e1sicamente \u2020\u0153emitir sonidos inarticulados\u2020\u009d, y se traduce \u2020\u02dcaullar\u2020\u2122, \u2020\u02dcgru\u00f1ir\u2020\u2122, \u2020\u02dcchirriar\u2020\u2122 y \u2020\u02dchablar entre dientes\u2020\u2122. (Isa 16:7; 31:4; 38:14; 59:3.) Ha\u00c2\u00b7gh\u00e1h tambi\u00e9n significa \u2020\u02dcproferir en voz baja\u2020\u2122 y \u2020\u02dcmeditar\u2020\u2122. (Sl 35:28; Pr 15:28.) Por ello la Traducci\u00f3n del Nuevo Mundo traduce el t\u00e9rmino hebreo ha\u00c2\u00b7gh\u00e1h de Josu\u00e9 1:8 \u2020\u02dcleer en voz baja\u2020\u2122. (V\u00e9ase tambi\u00e9n Sl 1:2.) La lectura en voz baja grabar\u00ed\u00ada en la mente de manera m\u00e1s indeleble el objeto de la meditaci\u00f3n. La obra Gesenius\u2020\u2122s Hebrew and Chaldee Lexicon (traducci\u00f3n al ingl\u00e9s de S. Tregelles, 1901, p\u00e1g. 215) dice sobre ha\u00c2\u00b7gh\u00e1h: \u2020\u0153Estrictamente, hablar con uno mismo, susurrando en voz baja, como suelen hacer los que meditan\u2020\u009d. (Comp\u00e1rese con Sl 35:28; 37:30; 71:24; Isa 8:19; 33:18.)<br \/>\nEl ap\u00f3stol Pablo le dijo a Timoteo que deber\u00ed\u00ada reflexionar o meditar en su conducta, ministerio y ense\u00f1anza. Como superintendente, deber\u00ed\u00ada asegurarse de que ense\u00f1aba la doctrina sana y de que su modo de vivir era ejemplar. (1Ti 4:15.)<\/p>\n<p>Meditaci\u00f3n incorrecta. Despu\u00e9s que el capit\u00e1n del templo detuvo a los ap\u00f3stoles Pedro y Juan, y los gobernantes jud\u00ed\u00ados los amenazaron y les ordenaron que no hablasen m\u00e1s sobre la base del nombre de Jes\u00fas, los ap\u00f3stoles regresaron a donde se hallaban los otros disc\u00ed\u00adpulos. All\u00ed\u00ad oraron a Dios, aludiendo a las palabras prof\u00e9ticas de David: \u2020\u0153\u2020\u02dc\u00bfPor qu\u00e9 se pusieron tumultuosas las naciones, y los pueblos meditaron cosas vac\u00ed\u00adas?\u2020\u2122 [&#8230;] De veras, pues, tanto Herodes como Poncio Pilato con hombres de naciones y con pueblos de Israel realmente fueron reunidos en esta ciudad contra tu santo siervo Jes\u00fas, a quien t\u00fa ungiste, a fin de hacer cuantas cosas tu mano y consejo hab\u00ed\u00adan predeterminado que sucedieran\u2020\u009d. (Hch 4:1-3, 18, 21, 23-28.)<br \/>\nEl contexto muestra que las \u2020\u0153cosas vac\u00ed\u00adas\u2020\u009d de las que se habla en este pasaje no son las que buscan las personas habitualmente en la vida, sino aquellas desprovistas de toda bondad, como pensamientos, habla y acciones en contra de Jehov\u00e1 y de sus siervos, empe\u00f1os completamente vanos. (Hch 4:25.)<br \/>\nEl rey David dijo de los que le odiaban e intentaban matarle: \u2020\u0153Siguen hablando enga\u00f1os entre dientes [una forma de ha\u00c2\u00b7gh\u00e1h] todo el d\u00ed\u00ada\u2020\u009d. (Sl 38:12.) Estas meditaciones no eran simples pensamientos pasajeros. Estaban profundamente arraigadas en el coraz\u00f3n y orientadas hacia iniciativas inicuas. El escritor de Proverbios dice en cuanto a tales hombres: \u2020\u0153Despojo violento es lo que su coraz\u00f3n sigue meditando, y gravoso af\u00e1n es lo que sus propios labios siguen hablando\u2020\u009d. (Pr 24:2.)<br \/>\nJes\u00fas dijo a aquellos que le odiaban: \u2020\u0153\u00bfPor qu\u00e9 razonan estas cosas en sus corazones?\u2020\u009d. (Mr 2:8.) De todos los que \u2020\u0153suprimen la verdad de un modo injusto\u2020\u009d, el ap\u00f3stol Pablo dice: \u2020\u0153Se hicieron casquivanos en sus razonamientos, y se les oscureci\u00f3 su fatuo coraz\u00f3n\u2020\u009d. (Ro 1:18, 21.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>1. Frente a las denominaciones tradicionales \u00abconsideraci\u00f3n\u00bb y \u00abcontemplaci\u00f3n\u00bb, hoy d\u00ed\u00ada aparece de manera creciente en primer t\u00e9rmino el concepto de m., aun en el \u00e1mbito de la vida y espiritualidad cristiana. Lo significado con el t\u00e9rmino m. va desde una t\u00e9cnica psicosom\u00e1tica posibilitada por ejercicios de yoga y pr\u00e1cticas de sugesti\u00f3n, pasando por la simple reflexi\u00f3n personal y espiritual, hasta las formas superiores religiosas y la uni\u00f3n m\u00ed\u00adstica que supera la -> oraci\u00f3n en sentido estricto y hace que se manifieste la -> trascendencia. El estudio cada vez m\u00e1s intenso de la actitud espiritual en las altas religiones orientales, marcadamente meditativa, as\u00ed\u00ad como el aprovechamiento de los conocimientos transmitidos por la psicolog\u00ed\u00ada profunda y de las experiencias en la pr\u00e1ctica de la -> psicoterapia, pueden acreditar cr\u00ed\u00adticamente las grandes experiencias tradicionales del thesaurus sapientiae acerca de la m. y a la vez librarlo de cierto olvido parcial e inyectarle nueva eficacia frente a algunas direcciones falsas de la espiritualidad cristiana.<\/p>\n<p>Un integral di\u00e1logo eclesi\u00e1stico con las experiencias psicoterap\u00e9uticas en torno a la m. fue dificultada por la orientaci\u00f3n pansexualista (no legitimada cient\u00ed\u00adficamente) del psicoan\u00e1lisis; y, por otra parte, el di\u00e1logo con las religiones orientales, particularmente con ciertas formas del budismo, qued\u00f3 impedida durante largo tiempo por unilaterales y estrechas perspectivas dogm\u00e1ticas. Despu\u00e9s de importantes estudios, parece que el tiempo est\u00e1 ya maduro para una critica integradora, tanto m\u00e1s por el hecho de que la creciente exigencia del hombre llama en todos los \u00f3rdenes a una amplia forma de vida meditativa, que no siempre se centra exclusivamente en m\u00e9todos elevados de m.,sino que abre adem\u00e1s caminos muy asequibles, en los que tambi\u00e9n se tiene en cuenta, p. ej., lo psicosom\u00e1tico y, en general, lo transitorio de la existencia humana en su significaci\u00f3n leg\u00ed\u00adtima como etapa necesaria de mediaci\u00f3n de su sentido. El tiempo apremia a desarrollar te\u00f3rica y pr\u00e1cticamente nuevas v\u00ed\u00adas y formas amplias de m., y tambi\u00e9n a institucionalizarlas eclesi\u00e1sticamente.<\/p>\n<p>2. El cristianismo, por su radiaci\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica en el pueblo de Israel, con su meditativa religiosidad cultual, por las experiencias pneum\u00e1ticas en los primeros d\u00ed\u00adas de la Iglesia, y por la representaci\u00f3n de los misterios salv\u00ed\u00adficos en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, ostenta desde sus or\u00ed\u00adgenes un profundo esp\u00ed\u00adritu de m. (expectaci\u00f3n memorial y escatol\u00f3gica del fin de los tiempos). Conforme el cristianismo se va desarrollando espiritual e hist\u00f3ricamente, esta dimensi\u00f3n suya se articula de acuerdo con las situaciones nuevas por obra ante todo de los padres de la Iglesia, y alcanza despu\u00e9s del giro constantiniano una forma p\u00fablica y jur\u00ed\u00addica, sobre todo en la liturgia y en las reglas del monacato occidental, cuya vida mon\u00e1stica en oriente y occidente, entendida como opus Dei, se convierte en portadora y transmisora del esp\u00ed\u00adritu de m. Las m\u00faltiples maneras de concebir la realizaci\u00f3n de la vida cristiana en las grandes \u00f3rdenes contemplativas, el diverso influjo de los modelos cristianos, las \u00f3rdenes mendicantes que surgen en la edad media, con su espiritualidad propia, y finalmente las crecientes fundaciones de monasterios y escuelas, diferenciaron la praxis de la vida meditativa. La variedad de pr\u00e1cticas en la t\u00e9cnica asc\u00e9tica y de actitudes espirituales meditativas que as\u00ed\u00ad surgen, es a la vez respuesta a las exigencias hist\u00f3ricas que se plantean sobre todo en la cristianizaci\u00f3n de los pueblos latinos y germ\u00e1nicos. Como impulsos hist\u00f3ricamente importantes dados al esp\u00ed\u00adritu de m. destaquemos aqu\u00ed\u00ad s\u00f3lo la -> m\u00ed\u00adstica alemana, la devotio moderna, la -> m\u00ed\u00adstica espa\u00f1ola, los -> ejercicios ignacianos, el -> pietismo, la -> escuela francesa y, en nuestros d\u00ed\u00adas, el \u00abcaminito\u00bb de Teresa de Lisieux.<\/p>\n<p>Ostentan una semejanza sorprendente con enunciados de la m\u00ed\u00adstica cristiana sobre todo ciertos testimonios del budismo, el cual no es precisamente una comunidad religiosa de ideas y representaciones te\u00f3ricas uniformes y jur\u00ed\u00addicamente institucionalizada, sino que intenta m\u00e1s bien mostrar v\u00ed\u00adas de redenci\u00f3n por la meditaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El budismo Therav\u00e4da se propone alcanzar el \u00abnirvana\u00bb como fin de la \u00abredenci\u00f3n\u00bb, ejercit\u00e1ndose para ello mediante una t\u00e9cnica racional en la destrucci\u00f3n de la representaci\u00f3n del \u00abyo\u00bb como la verdadera fuente del dolor. A este prop\u00f3sito se atiende cuidadosamente al propio cuerpo, a todos los sentimientos y estados de conciencia, con inclusi\u00f3n de sus objetos, forjando una decisi\u00f3n por la abstracci\u00f3n absoluta, tomada en serio hasta la muerte; abstracci\u00f3n que finalmente intenta abstraer de s\u00ed\u00ad misma, para diluirse as\u00ed\u00ad absolutamente en la \u00bb -> nada\u00bb. En cambio el budismo Zen s\u00f3lo quiere seguir el camino de la redenci\u00f3n liberadora hacia la iluminaci\u00f3n beatificante por la abstracci\u00f3n absoluta en cuanto ese momento es una espiritualizaci\u00f3n universal y as\u00ed\u00ad posibilita una comunicaci\u00f3n tambi\u00e9n universal. Pasando por la purificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n moral, as\u00ed\u00ad como por una vigilante y profunda tranquilidad de esp\u00ed\u00adritu, el camino conduce a un recogimiento universal, que, conseguido por el famoso zazen (sentarse en cuclillas) y el koan (un ejercicio particular de recogimiento), abre una vida de quietud y silencio, y se perfecciona en amoroso desprendimiento y desinter\u00e9s generoso como ascensi\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu a la unidad y a la comunicaci\u00f3n universal de la iluminaci\u00f3n beatificante.<\/p>\n<p>El budismo Amida conoce adem\u00e1s la invocaci\u00f3n confiada del salvador misericordioso, anhelado en ardiente devoci\u00f3n, con quien se une el yo para entrar as\u00ed\u00ad en la luz y vida universal de la naturaleza-Buda, nombre este que, como en el budismo Mahiiy\u00e1na en general, designa el abismo que constituye el fundamento de toda realidad.<\/p>\n<p>El budismo como praxis y sabidur\u00ed\u00ada de la vida est\u00e1 penetrado de la intuici\u00f3n de que no es posible ning\u00fan verdadero predicado acerca del fundamento universal, porque \u00e9l lo funda todo y \u00e9l mismo no tiene otro fundamento. Por esto durante mucho tiempo el cristianismo, que da valor decisivo a la mediaci\u00f3n personal e hist\u00f3rica de la vida divina, dio por refutado al budismo como -> monismo o -> pante\u00ed\u00adsmo c\u00f3smico. El descubrimiento hist\u00f3rico de las grandes religiones orientales, no menos que la radical reflexi\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada cristiana sobre su propio modo de entender la revelaci\u00f3n (con la consiguiente reelaboraci\u00f3n de los testimonios de la m\u00ed\u00adstica cristiana), muestra lo dif\u00ed\u00adcil que es toda la problem\u00e1tica relativa a la transmisi\u00f3n de la salvaci\u00f3n, de la redenci\u00f3n y de aquella realidad misteriosa que est\u00e1 presente y a la vez oculta en todo, realidad que en el budismo es la naturaleza-Buda y en el cristianismo Cristo-Dios. Pues, aunque en el cristianismo la transmisi\u00f3n de la salvaci\u00f3n sea decisivamente hist\u00f3rica y personal (encarnacionista), sin embargo, tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad -> Dios debe tomarse en serio como aquella realidad universal que en s\u00ed\u00ad misma ya no admite una mediaci\u00f3n o comunicaci\u00f3n, como aquella realidad que no se agota con ninguna representaci\u00f3n o f\u00f3rmula. Quiz\u00e1 es esto lo que piensa el budista cuando, con enunciados extremadamente dial\u00e9cticos, recalca la imposibilidad de mediaci\u00f3n en el absoluto, que sin duda es interpretado en un sentido pante\u00ed\u00adsta. Por otro lado, tambi\u00e9n el budismo conoce el problema de una mediaci\u00f3n hist\u00f3rica y personal.<\/p>\n<p>Sea el que fuere el resultado a que llegue una discusi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica, te\u00f3rica y refleja entre las dos religiones, s\u00f3lo una mediaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n en el amor, que en todo caso conoce un desprendimiento absoluto en la muerte, desprendimiento que se acepta no por raz\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, sino por raz\u00f3n de la vida que en \u00e9l alborea, s\u00f3lo esa mediaci\u00f3n, decimos, hace amanecer aquella \u00abnada\u00bb beatificante, que no es simplemente muerte, sino vida universal y creadora.<\/p>\n<p>3. Aunque precisamente la inteligencia cristiana de la revelaci\u00f3n ve como decisiva su mediaci\u00f3n hist\u00f3rica y personal en Jes\u00fas de Nazaret como Kyrios de la historia y del cosmos, sin embargo en la teor\u00ed\u00ada de la m. que es usual en el \u00e1mbito eclesi\u00e1stico ese aspecto est\u00e1 poco acentuado, pues dicha teor\u00ed\u00ada radica en el terreno aristot\u00e9lico-escol\u00e1stico, donde el hombre es entendido como un ente (de naturaleza especial) que en cuanto tal se funda en el ser como verdadero y bueno.<\/p>\n<p>Frente a una \u00abfilosof\u00ed\u00ada del ser\u00bb, que tiende a una falsa inmediatez respecto de Dios, una teor\u00ed\u00ada de la m. que se entienda como suficientemente cristiana debe tomar por punto de partida la absoluta mediaci\u00f3n espiritual de la existencia humana, y demostrar sistem\u00e1tica y hermen\u00e9uticamente que el hombre vive esencialmente (y no s\u00f3lo de una manera te\u00f3rica y secundaria) como cuesti\u00f3n originaria, que, sin embargo, se desarrolla como tal en un di\u00e1logo personal y social; y esa cuesti\u00f3n no puede menos de aspirar a una presencia meditativa de lo pensado. Esta presencia como condensaci\u00f3n de la conciencia y la libertad humanas, en que se hace visible la cuesti\u00f3n originaria como hilo conductor meditativo, acontece de manera que la conciencia de pasado (aun el inconsciente), lo mismo que la temporalidad de la existencia en general se hace a su vez presente y posiblemente es transformada como estructura de una relaci\u00f3n dialog\u00ed\u00adstica, hist\u00f3rica y personal. S\u00f3lo en tal presencia con sus copiosas referencias se realiza la relaci\u00f3n con Dios como medio de toda comunicaci\u00f3n hist\u00f3rico-personal, como logos de todo di\u00e1logo, que en cuanto persona \u00abmedial\u00bb concreta representa in concreto la mismidad concreta de todos los \u00abyo\u00bb, a saber, la conciencia y libertad por antonomasia. La persona \u00abmedial\u00bb como dialogos de ning\u00fan modo es un abstracto universal. M\u00e1s bien es la verdad concreta de todas las personas, tal como \u00e9sta en cada caso se hace presente en la presencia personal; con lo cual es medio y origen de toda realidad y, por ende, centro de una meditaci\u00f3n integral. Teol\u00f3gicamente, el di\u00e1logo puede entenderse como el Cristo del cosmos, el cual, \u00abmediado\u00bb por su encarnaci\u00f3n hist\u00f3rica y corporal en Jes\u00fas de Nazaret, es el Kyrios corp\u00f3reo-pneum\u00e1tico de la historia escatol\u00f3gica. S\u00f3lo la persona mediadora, entendida como Cristo, hace visible a Dios mismo como su fundamento, que, m\u00e1s all\u00e1 de toda relaci\u00f3n y, por tanto, de toda realidad mediata, es \u00abnada y todo\u00bb (Eckhart). Semejante \u00abhacer presente\u00bb, que no se ha de precipitar a verse fundado en la luz del ser, sino que debe hacer igualmente presente la necesaria multiplicidad de relaciones en cuanto tal para poder hallar su identidad y, solamente en ella, a la vez la presencia de Dios se realiza en diversos modos de m. con sus respectivos intereses salv\u00ed\u00adficos del momento. Dentro de esos modos cabe distinguir fundamentalmente entre m. natural y m. religiosa o cristiana (Ph. Dessauer).<\/p>\n<p>La m. natural adopta a su vez diversas modalidades seg\u00fan la realidad que quiere hacer presente para configurarla o sanarla, p.ej.: la m. del \u00abyoga\u00bb, como representaci\u00f3n del propio cuerpo en sus funciones; o la representaci\u00f3n de la conciencia del pasado (o del inconsciente), desarrollada cient\u00ed\u00adficamente en la m. psicoterap\u00e9utica; o finalmente la m. de la filosof\u00ed\u00ada, que se abre a la evidencia filos\u00f3fica. Estos diversos modos de m. natural, que desenvuelven su propio modo de entenderse y su propia praxis seg\u00fan los propios intereses y los medios que se les ofrecen, son una posibilidad fundamental de todo hombre en orden a representarse y desentra\u00f1ar las realidades que le salen al paso dentro de la historia (cf. PH. DESSAUER, Die naturale M.).<\/p>\n<p>La m. religiosa y cristiana, que a veces adopta modalidades naturales de m., representa la acci\u00f3n misma de hacer presente en los medios ofrecidos por la historia de la salvaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad en la liturgia de la Iglesia. Esa m. debe desarrollar su peculiar manera pr\u00e1ctica y refleja de entenderse a s\u00ed\u00ad misma. Su din\u00e1mica interna lleva a aquellos problemas espec\u00ed\u00adficos que son abordados en la tradici\u00f3n cl\u00e1sica de la -> espiritualidad y la -> m\u00ed\u00adstica cristianas.<\/p>\n<p>4. La pr\u00e1ctica de la m. tiende por su esencia a la presencia en s\u00ed\u00ad mismo, en contraste con una modalidad enajenadora de la misma, que se propone estar inmediatamente en algo distinto; y en contraste sobre todo con una tergiversaci\u00f3n (con matiz nihilista) de la -> indiferencia ignaciana, entendida como indiferencia absoluta; o con una falsa theologia crucis, que inconscientemente extingue la vida personal. La presencia meditativa se distingue de una conciencia \u00abvac\u00ed\u00ada\u00bb, \u00abdifusa\u00bb y \u00abdisipada\u00bb, tanto como de la estricta concentraci\u00f3n (que no trata de estar en s\u00ed\u00ad misma), la cual puede describirse como conciencia recogida, en la que y por la que se comunican otros contenidos. La conciencia recogida, como la conciencia mediadora, tiene su interno hilo conductor en la primigenia pregunta que experimenta todo hombre, y cuyo descubrimiento mismo es ya tarea eminente de la meditaci\u00f3n. La viveza de esta cuesti\u00f3n, que se plantea desde el mismo fondo \u00abmedial\u00bb de la vida, se extingue, sin embargo, si la mediaci\u00f3n que en ella se inicia de todas las dimensiones de la realidad que afectan al yo queda reprimida por determinados intereses. Animo para la conversi\u00f3n personal y apertura a la verdad son presupuesto y resultado del esp\u00ed\u00adritu de m. ( -> metanoia, -> conversi\u00f3n I).<\/p>\n<p>Sin apertura hist\u00f3rica, concreta y dialog\u00ed\u00adstica a la verdad (cosa muy distinta de una apertura puramente te\u00f3rica y mediata) y sin la trascendencia que en cada caso se muestra en ella, la din\u00e1mica de la m. se paraliza y puede a la postre resultar infecunda hasta la volatilizaci\u00f3n de la existencia. De ah\u00ed\u00ad la necesidad de un intercambio heur\u00ed\u00adstico y clarividente entre el compromiso moral concreto y pr\u00e1ctico y el recogimiento retirado, intercambio de que recibe una y otra vez fuerzas la conciencia existencial cr\u00ed\u00adtica. Pero la cong\u00e9nita conciencia de verdad que se muestra en la cuesti\u00f3n primigenia y el hilo conductor regulativo que en ella aparece (y por nada es sustituible) necesitan normalmente, para ser descubiertos y desarrollados con seguridad, de la concreta direcci\u00f3n exterior interhumana, si el meditante no ha de abalanzarse precipitadamente al fin \u00faltimo de la m. con una entrega irresponsable y peligrosa de s\u00ed\u00ad mismo, o pararse en un terreno particular.<\/p>\n<p>Por raz\u00f3n de la situaci\u00f3n social, el inconsciente de muchos hombres ostenta falsas formas y complejos conflictivos de restricci\u00f3n de la conciencia y la libertad, que dificultan el acceso al recogimiento meditativo (aun cuando conscientemente se hace todo lo necesario para ello). De ah\u00ed\u00ad la necesidad de desarrollar una hermen\u00e9utica de la existencia, espec\u00ed\u00adficamente orientada a este fin, que no abandone a las ciencias especiales los datos o estados concretos de la existencia como expresi\u00f3n inmediat\u00ed\u00adsima de la cuesti\u00f3n primigenia, sino que los elabore en sus significaciones reguladoras y constitutivas de la existencia. Con ello pudiera abrirse tambi\u00e9n a la pastoral individual un camino en el fomento y la direcci\u00f3n de la vida meditativa. Pero, a la verdad, aqu\u00ed\u00ad se requiere valor para descubrir falsos tab\u00faes de las fuerzas que operan en la m., as\u00ed\u00ad como la confianza en la espontaneidad que de ah\u00ed\u00ad brota, no obstante la imposibilidad de reglamentarla. Una praxis integral de la m., que incluyera tambi\u00e9n los medios t\u00e9cnicos hoy accesibles, eclesi\u00e1stica y teol\u00f3gicamente sigue siendo un desideratum, a pesar de los intentos existentes; lo cual es un s\u00ed\u00adntoma de la actual crisis de la vida meditativa en la Iglesia.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: F. Heiler, Das Gebet (Mn 1918); R. Garrigou-Lagrange, La contemplation mystique (P 1923); J. Mar\u00e9chal, ttudes sur la psychologie des mystiques, 2 vols. (P 1924-37); C. Happich, Anleitung zur M. (Darmstadt 31948); H. U. Rieker, Das Geheimnis der M. (Z 1953); K. v. D\u00fcrckhelm, Im Zeichen der gro\u00dfen Erfahrung (Mn 1951); idem, Durchbruch zum Wesen (Z 1954); F. Melzer, M. (St 1954); H. U. v. Balthasar, El seglar y la oraci\u00f3n contemplativa (Guad Ma 1964); Th. Merton, Vom Sinn der Kontemplation (Z 1955), tr. cast.: La senda de la contemplaci\u00f3n, 2.\u2020\u00a2 ed. (Rial Ma); A. Rosenberg, Die christliche Bild-M. (Mn 1955); E. Herrigel Die Kunst des Bogenschie\u00dfens (Mn 1956); J. M. Dechanet, Yoga f\u00fcr Christen (Lz 1957); F. Melzer, M. in Ost und West (St 1957); W. Bitter (dir.), M. in Religion und Psychotherapie (St 1958); EKL II 1280 s; F. Melzer, Anleitung zur M. (St 1958); H. Dumoulin, Zen. Geschichte und Gestalt (Berna 1959); J. B. Lotz, M. im Alltag (F 1959); RGG3 III 1792 s (bibl.); M. Eliade, Yoga (Z &#8211; St 1960) (bibl.); H. M. Enomiya &#8211; Lassalle, Zen &#8211; Weg zur Erleuchtung (W 1960); K. Tilmann, Iniciaci\u00f3n del ni\u00f1o en el arte de meditar (Herder Ba 21964); RGG3 IV 824 ss (bibl.); Ph. Dessauer, Die naturale M. (Mn 1961); M. H. Kirschner, Die Kunst sich selbst zu v\u00e9rj\u00fcngen (Baden-Baden &#8211; Krefeld 51962); H. Dumoulin, \u00d6stliche M. und christliche Mystik (Fr &#8211; Mn 1966); Ph. Dessauer, Die christliche M. (Mn 1968); S. Canals, Asc\u00e9tica meditada (Rialp Ma); E. Allison, El misticismo espa\u00f1ol (Espasa-Calpe Ma); B. Rus-seil, Misticismo y l\u00f3gica (Paid\u00f3s B Aires).<\/p>\n<p>Eberhard Simons<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Psa 19:14 y la m de mi coraz\u00f3n delante de ti, oh 39:3 (pensar). Oraci\u00f3n, pensando en Dios, en sus misterios, poni\u00e9ndose en su presencia. Es la oraci\u00f3n que hac\u00ed\u00ada Mar\u00ed\u00ada, la hermana de Marta en Luc 10:41-42. Cristo la alab\u00f3, dici\u00e9ndole que \u00abhab\u00ed\u00ada cogido la mejor parte y que nadie se la arrebatar\u00ed\u00ada\u00bb: ( &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/meditacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMEDITACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8190","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8190","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8190"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8190\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8190"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8190"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8190"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}