{"id":8197,"date":"2016-02-05T04:22:02","date_gmt":"2016-02-05T09:22:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/metanoia\/"},"modified":"2016-02-05T04:22:02","modified_gmt":"2016-02-05T09:22:02","slug":"metanoia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/metanoia\/","title":{"rendered":"METANOIA"},"content":{"rendered":"<p>(cambio, conversi\u00f3n).<\/p>\n<p> Mar 1:4, Mar 1:15.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[016]<\/p>\n<p>    Etimol\u00f3gicamente significa cambio o transformaci\u00f3n. Psicol\u00f3gicamente indica transformaci\u00f3n o cambio de sentimientos o actitudes hacia una situaci\u00f3n mejor.<\/p>\n<p>    Por eso religiosamente se identifica  con la demanda de \u00abconversi\u00f3n o mejora de vida\u00bb que reclamaban los profetas del Antiguo Testamento, que pidi\u00f3 Juan Bautista y que el mismo Jes\u00fas ped\u00ed\u00ada a sus oyentes al comienzo de su vida p\u00fablica (Mt. 34. 11; Mt. 4.17; Mc. 1.12; Lc 3. 3) La metanoia o conversi\u00f3n era el comienzo.<\/p>\n<p>    (Ver Mensaje de Jes\u00fas 4.2)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. conversi\u00f3n)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>1. Terinologia.- En el lenguaje b\u00ed\u00adblico la metanoia dice m\u00e1s que el t\u00e9rmino \u00abconversi\u00f3n\u00bb seg\u00fan su acepci\u00f3n moderna de paso de una convicci\u00f3n o de una conducta a otra, ya que en la Escritura encierra la idea de permanencia que surge de la nueva orientaci\u00f3n existencial que provoca.<\/p>\n<p>Todo este rico proceso espiritual se traduce mediante una doble serie de t\u00e9rminos: 1) los que se relacionan con la ra\u00ed\u00adz hebrea shlub, traducida en el griego de los Setenta por compuestos del verbo strepho, especialmente epistrepho, y 2) los que se refieren a la ra\u00ed\u00adz nhm, traducidos siempre por metaneo\/metanoia. La primera serie es la m\u00e1s abundante, sobre todo en el Antiguo Testamento, y conserva su sentido original concreto de \u00abvolver, invertir el camino, apartarse de un camino seguido hasta entonces\u00bb, con la doble connotaci\u00f3n de movimiento tanto fisico (vuelta del destierro) como psicol\u00f3gico (conversi\u00f3n religiosa). En el Nuevo Testamento, entre los diversos compuestos de strepho, tan s\u00f3lo epistrepho posee, y no siempre, un sentido claramente religioso. En cuanto a la segunda serie de t\u00e9rminos, en el Antiguo Testamento es menos frecuente que la primera y conserva tambi\u00e9n la connotaci\u00f3n original de nhm (\u00bb sollozar, suspirar\u00bb), que en forma reflexiva dice \u00abarrepentirse, dolerse\u00bb, no siempre en un sentido primordial y exclusivamente religioso. Por eso, \u00abestos t\u00e9rminos no evocan para el lector del Antiguo Testamento una actitud o una iniciativa caracter\u00ed\u00adstica de la fe de Israel\u00bb (J Guillet, Metanoia, 1094).<\/p>\n<p>Por el contrario, cuando se pasa al Nuevo Testamento, se observa el fen\u00f3meno contrario: metanoeo\/metanoia son mucho m\u00e1s usados que epistrepho, y siempre para indicar una actitud de fondo de la fe cristiana. Si se tiene en cuenta que el Antiguo Testamento de los Setenta distingue siempre rigurosamente entre metanoeo y epistrepho, por lo que nunca se traduce shub por metanoeo y, viceversa, nunca se traduce niham por strepho o alguno de sus compuestos, hay que concluir que metanoeo\/metanoia en el Nuevo Testamento significan esencialmente narrepentirse\u00bb y \u00abarrepentimiento\u00bb. Sin embargo, no por eso se puede separar dr\u00e1sticamente la \u00abconversi\u00f3n\u00bb del Antiguo Testamento del \u00abarrepentimiento\u00bb del Nuevo, ya que los contactos entre ambos conceptos est\u00e1n presentes tanto en el Antiguo (Gn 3,9; Ex 32,12; Jr 31,18-19) como en el Nuevo Testamento (Lc 17,4; Hch 3,19: 26,20).<\/p>\n<p>2. Concepto.- De hecho, los caracteres y el contexto existencial del \u00abarrepentimiento\u00bb neotestamentario coinciden en sus contenidos con la \u00bb conversi\u00f3n\u00bb del Antiguo Testamento. En efecto, en ambas partes encontramos la misma exigencia imperiosa de un cambio de vida, la misma necesidad que surge de un acontecimiento inminente (la llamada prof\u00e9tica en el Antiguo Testamento. la venida del Reino de Dios en el Nuevo), la misma ruina irreparable para los que se niegan a entrar en el Reino de Dios, as\u00ed\u00ad como, por otra parte, la misma promesa esperanzadora para los que acogen la llamada (cf. J. Guillet, Metanoia, 1095).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la idea subyacente a esta exigencia de cambio d~ vida es siempre la misma: volver, recorrer en sentido inverso el camino hecho, convertirse con un arrepentimiento sincero (Hch 3,19), con la convicci\u00f3n de acoger de este modo la invitaci\u00f3n al encuentro con Dios, roto por el propio pecado (Os 2,9; 6,1. 14,2; Jr 24,7. 25,5; Hch 2,38; 3,19.26; 1730). Esta es la condici\u00f3n esencial para poder \u00abcreer\u00bb en la buena nueva de la llegada del Reino de Dios y para adherirse a \u00e9l (Mc 1,15; Hch 1 1,21). Para los jud\u00ed\u00ados se tratar\u00e1 de \u00abvolver\u00bb al Dios de la alianza, reconoci\u00e9ndolo presente ahora en la persona de Jes\u00fas de Nazaret, constituido Se\u00f1or por su resurrecci\u00f3n de entre los muertos (Hch 2,36; 2 Cor 3,16- 18); los paganos, por el contrario, tienen que volver a Dios abandonando sus propios \u00ed\u00addolos (1 Tes 1,9; G\u00e114,9; 1 Cor 7 14; Hch 14,15).<\/p>\n<p>En este contexto existencial la metanoia combina necesariamente la connotaci\u00f3n de pesar Y de arrepentimiento por el planteamiento equivocado de la vida anterior (valor sem\u00e1ntico propio de la ra\u00ed\u00adz hebrea nhm) con la de un profundo cambio interior, expresado por la preposici\u00f3n meta unida a la radical de nous (sentimiento, entendimiento, \u00e1nimo), que lleva a un cambio radical del \u00e1nimo (Heb 6,6) y de sus orientaciones determinantes. As\u00ed\u00ad pues, la metanoia tiene como caracter\u00ed\u00adstica espec\u00ed\u00adfica la de inaugurar un nuevo modo de situarse en la existencia, debido al hecho de que el individuo ha abierto su propio \u00e1nimo de forma total e incondicionada a la llamada de Dios.<\/p>\n<p>Este sentido resalta con claridad en los textos en que hay una relaci\u00f3n entre rnetanoein y epistrephein (Hch 3,19; 20,26). En estos casos, mientras que metanoein subraya el arrepentimiento que lleva a alejarse del camino equivocado, epistrephein acent\u00faa la nueva direcci\u00f3n positiva que se imprime a la propia existencia: al dirigirse una persona hacia Dios y hacia Cristo, el Se\u00f1or (Hch 20,21), fija la atenci\u00f3n en el nuevo estilo de vida que de all\u00ed\u00ad se deriva para \u00e9l (Hch 26,20).<\/p>\n<p>En esta perspectiva la metanoia constituye en la vida del creyente un hecho permanente y no s\u00f3lo el punto inicial de su nueva orientaci\u00f3n religiosa. Este dato aparece sobre todo en el v\u00ed\u00adnculo que tiene la metanoia con el bautismo. Si la metanoia representa la respuesta del hombre a la llamada divina, el bautismo expresa el momento de la intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios, que hace nacer la comuni\u00f3n de vida entre Dios y el hombre, comuni\u00f3n que hay que proseguir luego en un continuo crescendo. \u00abQue no reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal. No os somet\u00e1is a sus apetitos, ni prest\u00e9is vuestros cuerpos como armas perversas al servicio del pecado. Ofreceos m\u00e1s bien a Dios como lo que sois: muertos que hab\u00e9is vuelto a la vida, y haced de vuestros miembros instmmentos de salvaci\u00f3n al servicio de Diosn (Rom 6,12-13).<\/p>\n<p>Sin embargo, a pesar de la exigencia del concurso humano activo para que pueda realizarse, la metanoia sigue siendo un don de Dios: \u00ab(Dios lo (a Cristo) ha exaltado a su derecha como pr\u00ed\u00adncipe y salvador, para dar a Israel la ocasi\u00f3n de arrepentirse y de alcanzar el perd\u00f3n de los pecados\u00bb (Hch 5,31; cf. 11,18; 2 Tim 2,25). Por eso la metanoia, adem\u00e1s de constituir el objeto de un imperativo urgente, es tambi\u00e9n el punto central de la buena nueva por parte de Juan Bautista (Mt 3,2; Mc 1,4; Lc 3,3), de Jes\u00fas (Mt 4,17. Mc 1,15) y de los ap\u00f3stoles (Hch 2,38; 20,21; 26,20), ya que representa la notificaci\u00f3n de que Dios quiere nuestra salvaci\u00f3n a trav\u00e9s de nuestra adhesi\u00f3n a una vida de comuni\u00f3n con \u00e9l. Este aspecto gracioso de la metanoia es postulado por su misma naturaleza, que, como se ha visto, lleva a cabo una revoluci\u00f3n radical en la vida del individuo.<\/p>\n<p>Se identifica, en otros t\u00e9rminos, con la opci\u00f3n fundamental que lleva a cabo el creyente en su existencia. Y esta iniciativa no le es posible m\u00e1s que con la intervenci\u00f3n determinante de la ayuda divina. Estando as\u00ed\u00ad las cosas, no nos sorprende ver c\u00f3mo a menudo la metanoia est\u00e1 presente en el mensaje del Nuevo Testamento, incluso donde no se la menciona expresamente, hecho que se percibe sobre todo en los escritos jo\u00e1neos, en los que se la vislumbra en el discurso sobre la fe, vista como opci\u00f3n radical del creyente. En este sentido el paralelismo en Juan del sin\u00f3ptico \u00abconvert\u00ed\u00ados y creed en el evangelio\u00bb (Mt 4,17. , Mc 1,15) lo tenemos en Jn 6,29: \u00ab(Esta es la obra de Dios: creer en el que ha enviadon. En esta misma perspectiva insistir\u00e1 Juan en la exigencia del dinamismo progresivo de la vida de fe, lo mismo que los sin\u00f3pticos insisten en la metanoia como hecho que afecta a toda la existencia cristiana. Este postulado se enuncia de manera casi program\u00e1tica como la conclusi\u00f3n del signo de Can\u00e1: (\u00bb Eslo sucedi\u00f3 en Can\u00e1 de Galilea. Fue el primer signo realizado por Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad empez\u00f3 a manifestar (\u00c2\u00a1aoristo ingresivo!) su gloria y sus disc\u00ed\u00adpulos empezaron a creer (\u00c2\u00a1otro aoristo ingresivo!) en \u00e9l\u00bb (Jn 2,1 1).<\/p>\n<p>3. Efectos de la metanoia.- Estos efectos se enuncian siempre en el Nuevo Testamento de forma muy amplia.<\/p>\n<p>Tenemos en primer lugar la afirmaci\u00f3n general de que la metanoia hace entrar en la vida, dicha de forma absoluta sin ninguna especificaci\u00f3n, lo cual significa que la metanoia hace participar de la vida plena y verdadera, que es \u00fanicamente la vida divina: es la que perciben los fieles de la comunidad de Jerusal\u00e9n en los paganos que se han convertido: \u00bb \u00c2\u00a1As\u00ed\u00ad que tambi\u00e9n a los paganos les ha concedido Dios la conversi\u00f3n que lleva a la vida!\u00bb (Hch 11,1 8; cf. Heb 6,1). Pero esto s\u00f3lo es posible en la medida en que la conversi\u00f3n crea las condiciones de \u00e1nimo para que Dios pueda perdonar los pecados (Mc 1,4; Lc3,3; 24,47; Hch2,38; 3,19; 5,31).<\/p>\n<p>Esta ruptura completa y definitiva con el mal traslada al convertido a una existencia totalmente comprometida al servicio convencido y filial de Dios (1 Tes 1,9), ya que lleva a la fe verdadera, haciendo al individuo disponible para acoger la propuesta salv\u00ed\u00adfica de Dios en su integridad y de forma incondicionada: (\u00abSin hacer diferencia entre ellos (los paganos) y nosotros, (Dios) purific\u00f3 sus corazones con la fe\u00bb (Hch 15,9).<br \/>\nA. Dalbesio<\/p>\n<p>Bibl.: AA. VV., Conversi\u00f3n, penitencia, arrepentimiento, en DTNT. 1, 331 -338: D. Borobio, Conversi\u00f3n, en CFP 209-226; F Herr\u00e1ez, Conversi\u00f3n, en CF, 249-256: Verg\u00e9s, La conversi\u00f3n cristiana en san Pablo, Secretariado Trinitario, Salamanca 1981 : B. Haring, La conversi\u00f3n, en Pastoral del pecado, Verbo Divino, Estella 1970, 97-202.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>Cuando los autores b\u00ed\u00adblicos emplean el concepto de m. (27 veces en los LXX; 55 en el NT), unen el sentido profano de cambio de opini\u00f3n (en el per\u00ed\u00adodo cl\u00e1sico) y dolor por un comportamiento (en los estoicos del per\u00ed\u00adodo helen\u00ed\u00adstico) con la idea de cambio de conducta y retorno a Dios, tal como se expresa en el verbo hebreo s\u00fcb (1059 veces en la Biblia hebrea) y en el substantivo tesubra, usual en el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>Aunque las palabras mat\u00e1noia y metanoe\u00ed\u00adn aparezcan relativamente poco en los LXX, sin embargo la idea de m. es un tema fundamental de la literatura b\u00ed\u00adblica y jud\u00ed\u00ada. Si aqu\u00ed\u00ad hablamos de \u00bb -> arrepentimiento\u00bb y de \u00bb -> penitencia\u00bb, hemos de dejar sentado que el mejor equivalente espa\u00f1ol de m. no es \u00abarrepentimiento\u00bb, y menos todav\u00ed\u00ada \u00abpenitencia\u00bb (por el fuerte matiz ritual de este concepto), sino la palabra \u00abconversi\u00f3n\u00bb, que, como s\u00fab, expresa el movimiento espiritual de retorno a Dios. Diferentes per\u00ed\u00adfrasis b\u00ed\u00adblicas expresan equivalentemente esta misma idea: \u00abbuscar el bien y no el mal\u00bb (Am 5, 14s; Is 1, 17); volver su coraz\u00f3n hacia Yahveh (Jos 24, 23); circuncidar el propio coraz\u00f3n (Dt 10, 16; Jer 4, 4; Rom 2, 29), etc.<\/p>\n<p>1. Antiguo Testamento<br \/>\nFueron sobre todo los profetas los que en el AT elaboraron la teolog\u00ed\u00ada de la conversi\u00f3n, que asoma ya en la historia de Samuel (1 Sam 1, 2s) y en la de El\u00ed\u00adas (1 Re 18, 37). En el segundo libro de Samuel (cap. 11 y 12) debemos recoger el ejemplo memorable de David. La intervenci\u00f3n del profeta Nat\u00e1n mueve al rey a volverse a Dios, adquiriendo conciencia de su pecado: \u00abHe pecado contra Yahveh\u00bb (2 Sam 12, 13). Inmediatamente le es otorgado el perd\u00f3n divino, lo que demuestra la autenticidad de su conversi\u00f3n. Dios es quien ha tenido la iniciativa de \u00e9sta, pues el severo juicio proferido por Nat\u00e1n era en la intenci\u00f3n divina una luz y una invitaci\u00f3n al arrepentimiento.<\/p>\n<p>Antes de la cautividad la mayor parte de los or\u00e1culos prof\u00e9ticos (Am\u00f3s, Oseas, Isa\u00ed\u00adas, Miqueas, Jerem\u00ed\u00adas, Ezequiel) son pat\u00e9ticos llamamientos a la conversi\u00f3n. Una muestra notable de estos or\u00e1culos nos la ofrece Am\u00f3s 4, 6-13, donde la descripci\u00f3n de las diversas calamidades termina cada vez con el doloroso estribillo: \u00abPero no os convertisteis a m\u00ed\u00ad.\u00bb Estos llamamientos se inspiran en un sentimiento muy agudo de los derechos de Dios conculcados por el pecado: idolatr\u00ed\u00ada bajo todas sus formas, desobediencia al -> dec\u00e1logo, negativa a escuchar la palabra de los profetas, que es la palabra de Yahveh. Esas faltas son violaciones de la alianza y, como \u00e9sta es comparada con frecuencia a un matrimonio entre Yahveh e Israel (sobre todo en Oseas y Jerem\u00ed\u00adas), reciben con frecuencia el calificativo de adulterio o prostituci\u00f3n. Yahveh es, en efecto, un Dios de amor que se ha hecho esposo de su pueblo y que, en correspondencia, tiene derecho al obsequio de corazones no divididos.<\/p>\n<p>S\u00f3lo un cambio radical de conducta permitir\u00e1 escapar al juicio divino, no pocas veces descrito bajo la forma de una cat\u00e1strofe nacional inminente: Am 3, 11-15; 5, 27; Os 5, 8-9; 7, 10-12; Is 5, 26-30; 8, 6-8; Jer 1, 13-15. Los profetas subrayan que los ritos exteriores de penitencia no son suficientes: el hombre debe primero reconocer a Dios y sus exigencias absolutas con un acto de su inteligencia, y partiendo de aqu\u00ed\u00ad ha de lamentar y confesar sus faltas pasadas y volver as\u00ed\u00ad a la obediencia perfecta a Yahveh y a la fe absoluta en \u00e9l (este \u00faltimo punto de vista lo subraya sobre todo Isa\u00ed\u00adas): Am 5, 21-25; Os 6, 1-6; Is 1, 11-20; 30, 15-18; Miq 6, 6-8; Jer 7, 3-28.<\/p>\n<p>Especialmente Jerem\u00ed\u00adas es el profeta de la \u00abconversi\u00f3n\u00bb. Implora a los hijos ingratos que vuelvan a su Padre y Se\u00f1or(2, 31s; 3, 14s.22s.). Desvirt\u00faa todas las excusas y escapatorias que ellos podr\u00ed\u00adan invocar, pero al mismo tiempo anuncia las riquezas inagotables del amor divino, donde descubre un signo de inquietud interna que le permite esperar todav\u00ed\u00ada una aut\u00e9ntica m. (2, 26ss.37; 3, 4.22-25).<\/p>\n<p>Pero Jerem\u00ed\u00adas va conociendo cada vez mejor cu\u00e1n imposible es para el pecador el convertirse por s\u00ed\u00ad mismo. Por esto anuncia una intervenci\u00f3n divina que dar\u00e1 a los corazones un nuevo conocimiento de Yahveh: \u00abYo les dar\u00e9 un coraz\u00f3n para que conozcan que yo soy Yahveh\u00bb (24, 7; cf. 31, 31-34; 32-3939). Ya El\u00ed\u00adas (1 Re 18, 37) y, sobre todo, Oseas y Sofon\u00ed\u00adas (3, llss) prepararon el pensamiento de Jerem\u00ed\u00adas sobre el hecho de que es Yahveh el que produce la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>Jerem\u00ed\u00adas y Ezequiel coinciden en subrayar el aspecto personal de la conversi\u00f3n. Sin perder de vista al pueblo entero, Jerem\u00ed\u00adas pide a cada uno que \u00ababandone su mal camino\u00bb (18, 11; 25, 5; 26, 3; 35, 15; 36, 3&#8230;). Ezequiel hace otro tanto (cf. cap. 18; 33, 10-20). Pero en \u00e9l la conversi\u00f3n, sin dejar de ser interior, reviste varias veces un aspecto legalista, puesto que implica la observancia \u00ed\u00adntegra de las prescripciones divinas, comprendidas las prescripciones rituales (cf., p. ej., 18, 5.9; 20, lls; 22, 8.26&#8230;). Adem\u00e1s, si antes de la cat\u00e1strofe del 587 entiende la m. como un acto voluntario, pidiendo al hombre que \u00e9l mismo \u00abse haga un coraz\u00f3n nuevo y un esp\u00ed\u00adritu nuevo\u00bb (18, 31), en la segunda parte de su ministerio considera la transformaci\u00f3n de los corazones como una creaci\u00f3n divina, y el arrepentimiento como una consecuencia del don divino (36, 25-28).<\/p>\n<p>Aunque el tema de la conversi\u00f3n no falta totalmente en el D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas (cf. 44, 21-22; 55, 6-7), sin embargo no ocupa el primer plano de su predicaci\u00f3n, que es ante todo un mensaje de consolaci\u00f3n y un anuncio de salvaci\u00f3n. En los profetas posteriores a la cautividad (Zacar\u00ed\u00adas, Trito-Isa\u00ed\u00adas, Joel, Malaqu\u00ed\u00adas, Daniel) y en la apocal\u00ed\u00adptica se mezclan las perspectivas legalista y ritualista, presentes ya en Ezequiel, con las concepciones antiguas de la conversi\u00f3n: Zac 8, 4-6.14-19; 12, 10-13, 1; Is 58, 3-7.13; J1 2, 12-17; Mal 3, 2-3.23-24; Dan 9, 4-19.<\/p>\n<p>El libro de Jon\u00e1s merece una menci\u00f3n especial por cuanto en \u00e9l aparece la misma perspectiva universalista de la salvaci\u00f3n que en el or\u00e1culo de Is 19, 22s, fragmento probablemente contempor\u00e1neo de Jon\u00e1s, que anuncia la conversi\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n de Egipto y de Asiria, tipos de las naciones paganas hostiles entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>La invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n, que caracteriza la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica, no se halla sino raras veces en la literatura sapiencial; cf. sin embargo Prov 1, 20-33; Job 22, 21-25; Edo 4, 26; Bar 3, 14; 4, 2, etc. El libro de Job termina con un acto de arrepentimiento (42, 6): el h\u00e9roe se da cuenta de que su piedad no le autoriza a pedir orgullosamente cuentas a Dios. Y el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada (11, 23; 12, 10.19) expresa el pensamiento de que Dios, para dar a los hombres tiempo de arrepentirse, se muestra paciente e indulgente en el castigo de las faltas.<\/p>\n<p>Incluso en los -> Salmos son raros los llamamientos a la conversi\u00f3n: 81, 9s; 95, 8s. En cambio, numerosos Salmos describen los actos y los sentimientos del pecador resuelto a cambiar de conducta: la confesi\u00f3n de los pecados (32, 5; 51, 6; 69, 6; 90, 8; 143, 2); la tristeza y el pesar (\u00abel esp\u00ed\u00adritu quebrantado\u00bb, \u00abel coraz\u00f3n quebrantado y triturado\u00bb) provocados por el recuerdo de las faltas (34, 19; 51, 19; cf. Is 57, 15; 61, 1); la s\u00faplica del perd\u00f3n e incluso, como en Jeremias y Ezequiel, de la renovaci\u00f3n interior (6, 2-3; 38, 2-3; 51, 3-4; 12, 14; 130, 2-4; 143, 2&#8230;); la voluntad de cambiar de conducta (34, 15; 37, 27; 51). El Miserere es sin duda el testimonio m\u00e1s conmovedor de todos estos sentimientos: es el Salmo de la conversi\u00f3n por antonomasia.<\/p>\n<p>II. Juda\u00ed\u00adsmo extrab\u00ed\u00adblico<br \/>\nEn la abundante literatura del juda\u00ed\u00adsmo palestinense ser\u00ed\u00ada f\u00e1cil hallar indicaciones sobre la m. (cf., p. ej., Hen 52, 2-4; TestJud 19, 2, etc.). Pero nos detendremos \u00fanicamente en los escritos que aportan puntos de vista originales.<\/p>\n<p>En la comunidad de Qumr\u00e1n ten\u00ed\u00ada gran importancia la doctrina de la conversi\u00f3n, que se halla expuesta sobre todo en el Documento de Damasco, en la Regla de la comunidad (1 QS) y en los himnos de acci\u00f3n de gracias, h\u00f3daj\u00f3t (1 QH). Esta doctrina contiene numerosos elementos venidos del AT, pues se subraya fuertemente el aspecto interior y hasta personal de la conversi\u00f3n. Mas por otraparte la misma doctrina reviste un car\u00e1cter un tanto sectario y jur\u00ed\u00addico, puesto que convertirse es ante todo separarse del conjunto del pueblo \u00abtraidor\u00bb y \u00abrebelde\u00bb y abandonar as\u00ed\u00ad \u00abel camino de la perdici\u00f3n\u00bb; en segundo lugar, es entrar en la comunidad y conformarse con las prescripciones de la ley, tal como la entienden e interpretan los maestros de la secta. Los Evangelios, que con demasiada facilidad se ponen en relaci\u00f3n con las ideas de los esenios, precisamente en este punto se distinguen esencialmente de la secta de Qumr\u00e1n.<\/p>\n<p>Si Flavio Josefo, que habla con bastante frecuencia de la conversi\u00f3n, no ofrece en este particular nada original, no se puede decir lo mismo de Fil\u00f3n, que se interesa grandemente por la m. El compuso un peque\u00f1o tratado sobre ese tema, insert\u00e1ndolo en el De Virtutibus (175-186). Fil\u00f3n cree que el hombre puede cambiar de vida. En este autor desempe\u00f1an papel importante el arrepentimiento y la idea de que el sabio mismo debe convertirse y mejorarse constantemente, pues s\u00f3lo Dios est\u00e1 sin pecado. Aqu\u00ed\u00ad hallamos un punto que ha de influir en la concepci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>El juda\u00ed\u00adsmo rab\u00ed\u00adnico, conforme a su tendencia general a la abstracci\u00f3n, prefiere el empleo del verbo s\u00fab al del sustantivo tesubah; de ah\u00ed\u00ad la f\u00f3rmula \u00abhacer penitencia\u00bb, empleado s\u00f3lo raras veces en el AT y nunca en este sentido. Los rabinos gustan de subrayar el papel considerable que en la historia b\u00ed\u00adblica desempe\u00f1a la penitencia, ignorada en cambio por las naciones. Llegan a decir que \u00e9sta fue producida por Dios antes de la creaci\u00f3n del mundo. La penitencia, sin dejar de ser interior, es puesta en relaci\u00f3n con ciertos ritos, particularmente con las confesiones de los pecados, tan caracter\u00ed\u00adsticas del d\u00ed\u00ada de la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento la m. s\u00f3lo tiene un papel importante en los Evangelios sin\u00f3pticos y en los Hechos. En los dem\u00e1s escritos neotestamentarios esta tem\u00e1tica retrocede, o bien aparece bajo otros conceptos.<\/p>\n<p>1. Los Evangelios sin\u00f3pticos<br \/>\nLos tres sin\u00f3pticos est\u00e1n de acuerdo en atribuir a Juan Bautista un llamamiento a la m. y un rito especial que simbolizaba este llamamiento a la confesi\u00f3n de los pecados, a saber, el bautismo en las aguas del Jord\u00e1n: Mc 1, 15; Mt 3, 1-5; Lc 3, 2-6. Aqu\u00ed\u00ad, como en los profetas del AT (Juan Bautista es un profeta), la m. es m\u00e1s que el simple arrepentimiento de las faltas pasadas; es un cambio radical de conducta. Adem\u00e1s, como sucede siempre en los profetas, es entendida en forma puramente moral y se exige a todos. Aqu\u00ed\u00ad se da una doble diferencia respecto de -> Qumr\u00e1n, donde la conversi\u00f3n en parte tiene un sentido ritualista y adem\u00e1s es entendida solamente como medio de adherirse a la secta. Lo que confiere un acento enteramente nuevo a la predicaci\u00f3n de la m. por parte de Juan es que \u00e9ste le da un car\u00e1cter netamente escatol\u00f3gico, pues la asocia a la inminente venida del -> reino de Dios y del Mes\u00ed\u00adas que ha de instaurarlo.<\/p>\n<p>En los sin\u00f3pticos son relativamente poco numerosas las palabras de Cristo sobre la m. Pero cada una de ellas est\u00e1 llena de sentido. En un logion que se refiere al comienzo mismo de la predicaci\u00f3n en Galilea, Mateo (4, 17) y Marcos (1, 15) ponen la m. (\u00abarrepent\u00ed\u00ados\u00bb) en relaci\u00f3n con la venida del tiempo de la salvaci\u00f3n (Marcos: \u00abse ha cumplido el kairos\u00bb) y con la presencia actual del reino de Dios. En efecto, si se tiene en cuenta el contexto, la f\u00f3rmula \u00abel reino de Dios est\u00e1 cerca\u00bb no significa \u00fanicamente que el reinado divino es inminente, sino que ha llegado ya. Aqu\u00ed\u00ad hay una diferencia capital respecto de la concepci\u00f3n del Bautista, que es resaltada por Marcos con las palabras \u00abcreed en el evangelio\u00bb (1, 15b), las cuales indican que el cambio radical de la m. est\u00e1 desde ahora condicionado por la fe en el evangelio, es decir, en Jes\u00fas. Este elemento nuevo queda muy realzado en diferentes pasajes relativos a los recalcitrantes que no han querido hacer penitencia al o\u00ed\u00adr la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas y ver sus milagros: los reproches a las ciudades del lago (Mt 11, 20-23; Lc 10, 13-15), el logion sobre Jon\u00e1s y las gentes de N\u00ed\u00adnive (Mt 12, 41; Lc 11, 32), el final de la par\u00e1bola lucana sobre L\u00e1zaro y el rico avariento (Lc 16, 30-31).<\/p>\n<p>Pero la mayor novedad del mensaje evang\u00e9lico est\u00e1 en la persona misma de Jes\u00fas y en la conciencia que \u00e9l tiene de ser el Hijo \u00fanico de Dios. S\u00f3lo partiendo de aqu\u00ed\u00ad cobran su verdadero sentido las palabras y los gestos de Jes\u00fas. Cuando Jes\u00fas declara que noha venido para los sanos, sino para los enfermos, y cuando le vemos acoger y tratar amigablemente a los publicanos y a los pecadores hasta el punto de comer con ellos, con gran esc\u00e1ndalo de los escribas y los fariseos (Mc 2, 13-17; Mt 9, 9-13; Lc 5, 27-32), quiere esto decir que Dios mismo est\u00e1 pronto a perdonar a los m\u00e1s grandes pecadores; es m\u00e1s, que en la persona de Jes\u00fas mismo est\u00e1 tomando personalmente la iniciativa de la reconciliaci\u00f3n y ofreciendo el perd\u00f3n a todos. Mas para que logre su efecto esta iniciativa divina es preciso que el hombre por su parte abandone el orgullo y consienta en volverse a Jes\u00fas. El logion sobre los ni\u00f1os peque\u00f1os (Mt 18, 3) asocia esta m. al reconocimiento que el hombre hace de su debilidad y de su pobreza. Tal es ya el sentido profundo de la primera de las bienaventuranzas, por lo menos en la redacci\u00f3n de Mateo (5, 3). En otros lugares Jes\u00fas pone el perd\u00f3n divino en dependencia de la fe absoluta en su persona, o sea, en definitiva, de la fe en que por \u00e9l Dios interviene absolutamente en la historia religiosa de la humanidad: \u00abJes\u00fas, viendo su fe, dijo al paral\u00ed\u00adtico: Conf\u00ed\u00ada, hijo, tus pecados te son perdonados\u00bb (Mt 9, 2; Mc 2, 5; Lc 5, 20). En los Evangelios el sentido de la m. es que los hombres se hagan disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En particular Lucas ofrece algunos datos del mayor inter\u00e9s. El arrepentimiento de la pecadora (7, 36-50) es el tipo mismo de la m. evang\u00e9lica, pues aqu\u00e9l es manifiestamente el fruto de una fe incondicional en Jes\u00fas (\u00abtu fe te ha salvado\u00bb, v. 50) y de un amor generoso (\u00abporque ha amado mucho\u00bb, v. 47). Lo mismo hay que decir del arrepentimiento del buen ladr\u00f3n (23, 40-42). La par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo (15, 11-32) describe las etapas del pecado y de la conversi\u00f3n, al mismo tiempo que la presurosa acogida del Padre celestial, representado en la tierra por Jes\u00fas. La par\u00e1bola de la oveja perdida (15, 1-7), la de la dracma perdida (15, 8-11) y la del hijo pr\u00f3digo subrayan la importancia que Dios concede a la conversi\u00f3n de una sola alma, y la inaudita largueza de la misericordia divina, de la cual se escandalizan los fariseos por no haber adquirido conciencia de su propio pecado. Y as\u00ed\u00ad \u00ablos justos que no tienen necesidad de penitencia\u00bb (Lc 15, 7) son falsos justos, fariseos, puesto que en la perspectiva evang\u00e9lica no hay quien no tenga necesidad de convertirse. Es tambi\u00e9n caracter\u00ed\u00adstico del Evangelio de Lucas el que termine pidiendo una predicaci\u00f3n universal de \u00abla m. para la remisi\u00f3n de los pecados\u00bb (24, 47).<\/p>\n<p>2. Los Hechos de los ap\u00f3stoles<br \/>\nDespu\u00e9s de los sin\u00f3pticos, los Hechos son el escrito m\u00e1s rico del NT por lo que concierne a la m. El kerygma apost\u00f3lico, tal como lo describen los primeros cap\u00ed\u00adtulos de los Hechos, comprend\u00ed\u00ada tres elementos: testimonio sobre Jes\u00fas, ilustraci\u00f3n de este testimonio por medio de las Escrituras, exhortaci\u00f3n a la conversi\u00f3n. Esta viene expresada por dos verbos, cuyo sentido normal conserva Lucas, que conoc\u00ed\u00ada bien el griego: \u00e9pistr\u00e9fein, que expresa propiamente el retorno a Dios, y \u00c2\u00b5etanoien, que expresa el arrepentimiento inherente a ese cambio de conducta. Los dos verbos est\u00e1n unidos en 3, 19; 26, 20. Se dice preferentemente \u00abconvertirse a Dios\u00bb cuando se trata de los paganos: 14, 15; 15, 19; 26, 18-20, y \u00abconvertirse al Se\u00f1or (Jes\u00fas)\u00bb cuando se trata de los jud\u00ed\u00ados que conocen ya al verdadero Dios: 9, 35; 11, 21. En general, los dicursos misioneros tienen un contenido diferente seg\u00fan que se dirijan a los jud\u00ed\u00ados o a los paganos. Los sermones de Pedro ante los jud\u00ed\u00ados en Jerusal\u00e9n (2, 14-36; 3, 12-26) y el discurso de Pablo ante los jud\u00ed\u00ados en Antioqu\u00ed\u00ada (13, 16-41) en cuanto al contenido coinciden esencialmente. Resaltan la responsabilidad de los jud\u00ed\u00ados por la muerte de Jes\u00fas, al que Dios hab\u00ed\u00ada acreditado con signos y prodigios (2, 22), demostrando c\u00f3mo su causa era justa por el hecho de resucitarlo. El discurso de Pablo en Atenas (17, 22-31) nos ofrece una muestra preciosa de un llamamiento a la m. dirigido a los gentiles. Los paganos no conocen a Dios (v. 23), puesto que adoran a los \u00ed\u00addolos (v. 29); pero esta ignorancia es culpable, pues Dios cre\u00f3 el universo y lo gobierna de tal forma que los hombres pueden hallarle (v. 24-28). Sin embargo, Dios no quiere tomar en cuenta este pecado, y as\u00ed\u00ad ahora llama a todos los hombres al arrepentimiento, pues \u00e9l juzgar\u00e1 al mundo con justicia a trav\u00e9s de Jes\u00fas, cuya resurrecci\u00f3n lo ha constituido en salvador y juez del mundo (v. 30-31).<\/p>\n<p>En todos estos pasajes la invitaci\u00f3n a la m. est\u00e1 ligada a la -> resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. No s\u00f3lo porque comprobando su realidad los hombres reconocen la verdad de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica, sino tambi\u00e9n porque, lo mismo que en Jeremias y Ezequiel, el arrepentimiento y la conversi\u00f3n son considerados como dones de Dios (cf. 11, 18: \u00abtambi\u00e9n a los paganos ha dado Dios el arrepentimiento que conduce a la vida\u00bb), los cuales brotan del misterio pascual y se relacionan con la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica ejercida por Cristo resucitado. Pedro declara que Dios exalt\u00f3 a Jes\u00fas \u00aba fin de otorgar por \u00e9l a Israel el arrepentimiento y el perd\u00f3n de los pecados\u00bb (5, 31).<\/p>\n<p>3. Los dem\u00e1s escritos del Nuevo Testamento<br \/>\nEn el resto del NT la m. ocupa relativamente poco lugar, por lo menos en apariencia. En los dos grandes te\u00f3logos del NT, Pablo y Juan, parece haber sido suplantada por la -> fe, que expresa juntamente la adhesi\u00f3n intelectual a la nueva econom\u00ed\u00ada y la entrega total a Cristo implicada en la m. evang\u00e9lica. Por tanto, en el tema de la m. no podemos decir todo lo que en Pablo y Juan hallar\u00ed\u00adamos f\u00e1cilmente acerca de esta cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Pablo, el convertido por excelencia, entendi\u00f3 el acontecimiento de Damasco m\u00e1s como un llamamiento al apostolado que como una conversi\u00f3n. En cambio, habla de \u00abconversi\u00f3n\u00bb (\u00e9pistr\u00e9fein) cuando, dirigi\u00e9ndose a cristianos de la gentilidad, les recuerda el tiempo de su adhesi\u00f3n al cristianismo (1 Tes 1, 9: \u00abC\u00f3mo os convertisteis de los \u00ed\u00addolos al Dios vivo y verdadero para servirle\u00bb; G\u00e1l 4, 9: \u00abAhora que hab\u00e9is conocido a Dios o, m\u00e1s bien, hab\u00e9is sido conocidos por \u00e9l, \u00bfc\u00f3mo de nuevo os volv\u00e9is a los d\u00e9biles y pobres elementos?\u00bb). En este \u00faltimo texto est\u00e1 bien marcada la iniciativa divina: el hombre no podr\u00ed\u00ada conocer al verdadero Dios si no hubiera sido de antemano conocido por \u00e9l. Como el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada (cf. antes), Pablo explica la paciencia de Dios y su bondad para con los pecadores por su deseo de incitar a los hombres a la m. (Rom 2, 4). Hasta los cristianos pueden tener necesidad de convertirse (2 Cor 6, 19; 12, 21), y el Ap\u00f3stol se regocija de haber producido en el alma de los corintios \u00abuna tristeza seg\u00fan Dios\u00bb que \u00abprovoca un arrepentimiento saludable\u00bb (2 Cor 7, 10). En el fondo, bajo la perspectiva paulina el tema de la conversi\u00f3n est\u00e1 incluido en el del bautismo.<\/p>\n<p>Este es inseparable de la fe en Cristo y opera, lo mismo que la m., una ruptura con el pasado, un cambio radical de la vida, pues introduce al bautizado en la vida misma de Cristo resucitado (Rom 6, 3s; Gil 3, 27s; Col 2, 12s; cf. -> Pablo, teolog\u00ed\u00ada de).<\/p>\n<p>Puede parecer parad\u00f3jico hablar de m. a prop\u00f3sito del cuarto Evangelio y de las ep\u00ed\u00adstolas de Juan, en primer lugar porque este concepto no se halla en tales escritos, y luego porque el dualismo jo\u00e1nico, que divide a la humanidad en dos grupos antit\u00e9ticos, el mundo de la luz y el de las tinieblas, aparentemente no deja lugar a esta concepci\u00f3n. Pero el dualismo de Juan no tiene un car\u00e1cter absoluto, y as\u00ed\u00ad entre los dos mundos opuestos se produce constantemente el paso del uno al otro. Pese a ciertas f\u00f3rmulas predestinacionistas, queda plenamente a salvo la libertad de la voluntad en su decisi\u00f3n. Es m\u00e1s, el tema de la opci\u00f3n por o contra Jes\u00fas va de un extremo al otro del cuarto Evangelio, que est\u00e1 penetrado de un pat\u00e9tico llamamiento a \u00abvenir a\u00bb Jes\u00fas, Hijo de Dios encarnado, para hallar la luz y la vida. Pero ante ese llamamiento permanecen sordos la mayor parte de los hombres, de donde proviene el tono tr\u00e1gico de este Evangelio, Evangelio del. amor ultrajado y de la conversi\u00f3n denegada. Por lo dem\u00e1s, no se trata \u00fanicamente de un drama del pasado: el autor, por el contrario, tiene conciencia de que nos afecta a todos y de que los contempor\u00e1neos de Jes\u00fas representan a los hombres de todos los tiempos, en cuyos corazones sigue produci\u00e9ndose la trama y el desenlace de dicho drama. Al lado de los hombres que no creen hay otros que creen. En \u00e9stos piensa Juan cuando al final del relato de la pasi\u00f3n cita un or\u00e1culo de conversi\u00f3n de Zacar\u00ed\u00adas: \u00abMirar\u00e1n al que atravesaron\u00bb (20, 27; cf. Zac 12, 10) llenos de arrepentimiento y amor, pues para esta m. se ha abierto en el costado de Jes\u00fas una fuente que mana constantemente \u00abpara lavar el pecado y la mancha\u00bb (Zac 13, 1; cf. Jn 19, 34; cf. -> Juan, teolog\u00ed\u00ada de).<\/p>\n<p>Las cartas del comienzo del Apocalipsis (cap. 2 y 3) van dirigidas a Iglesias que han incurrido en faltas de diferentes clases: desviaciones doctrinales, idolatr\u00ed\u00ada ligada seguramente a des\u00f3rdenes sexuales, o tambi\u00e9n sencillamente falta de caridad, tibieza. Aqu\u00ed\u00ad la m. es exigida con el acento de los antiguos profetas, corregido por el esp\u00ed\u00adritu del evangelio. Para convertirse los cristianos deber volver a su amor primero y a sus obras pri meras (2, 4-5), han de acordarse de la ma nera como en un principio \u00abacogieron y escucharon\u00bb la palabra de Dios (3, 3), tienes que acreditarse como oro probado por e fuego (cf. 1 Pe 1, 7), y deben proveerse de vestiduras blancas, es decir, de las virtudes cristianas (3, 18), y han de o\u00ed\u00adr a Cristo, que como amigo est\u00e1 a la puerta y llama (3, 20) Se pide en particular valor, fidelidad y vigilancia (2, 20; 3, 2-3). La vida cristiana e: un combate perpetuo que tiene lugar bajo la mirada escrutadora de Cristo. Pero Cristo, que da el tiempo requerido para convertirse y castiga para enmendar (2, 21; 3, 19), recompensa divinamente a los vencedores. Con 2, 21 habr\u00e1 que relacionar a 2 Pe 3, 9: Dio: quiere dar a los hombres el tiempo necesario para hacer penitencia.<\/p>\n<p>Esta ense\u00f1anza del Apocalipsis, que nc permite la menor duda sobre la posibilidad y la eficacia de una segunda conversi\u00f3n, parece estar en contradicci\u00f3n con la de la ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos, que declara formalmente: \u00abPorque quienes una vez iluminados gustaron el don celestial y fueron hechos part\u00ed\u00adcipes del Esp\u00ed\u00adritu Santo, gustaron de la dulzura de la palabra de Dios y los prodigios del siglo venidero, pero vinieron despu\u00e9s a extraviarse, es imposible renovarlos otra vez llev\u00e1ndolos al arrepentimiento, ya que conscientemente est\u00e1n crucificando al Hijo de Dios y haci\u00e9ndole objeto de p\u00fablica burla\u00bb (6, 4-6). Estas palabras, invocadas sin raz\u00f3n por los montanistas y los novacianos para justificar su rigor con relaci\u00f3n a ciertas categor\u00ed\u00adas de pecadores, han de entenderse como una imposibilidad no metaf\u00ed\u00adsica, sino psicol\u00f3gica, que se refiere al caso exactamente descrito de la apostas\u00ed\u00ada, sobre cuyos peligros se insiste tambi\u00e9n en 10, 26-31 y 12, 16s.<\/p>\n<p>IV. Orientaci\u00f3n sistem\u00e1tica<br \/>\nLos problemas relacionados con el concepto de m., entendido como la exigencia fundamental del mensaje cristiano, en la teolog\u00ed\u00ada actual son tratados mayormente bajo otros temas, p. ej.: -> penitencia, ->fe, -> gracia, -> gracia y libertad, -> redenci\u00f3n, -> conversi\u00f3n, -> arrepentimiento, -> pecado y culpa.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Billerbeck 1 162-172 (Abrev.9); E. Eberharter, S\u00fcnde und Bu\u00dfe im AT (Mr 1924) ; C. G. Montefiore, Rabbinic Literature and Gospel Teaching (Lo 1930) 390-442; M. 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Schniewind, Das biblische Wort von der Bekehrung (B 1947); M. Hoffer, M. im NT (DT (Dis. mecanogr. T 1949), adem\u00e1s: ThLZ 75 (1950) 628 s; H. Braun, Sp\u00e4tj\u00fcdischer, h\u00e4retischer und fr\u00fchchristlicher Radikalismus, 2 vols. (T 1957); W. L. Holladay, The Root subh in the OT (Lei 1958); C. Tresmontant, La doctrina moral de los profetas de Israel (Taurus Ma 1962); C. E. Carlston, Eschatology and Repentance in the Epistie to the Hebrews: JBL 78 (1959) 296-302; R. Koch, Die religi\u00f6s-sittliche Umkehr (Metanoia) nach den drei \u00e4ltesten Evangelien und der Apostelgeschichte: Anima 14 (1959) 296-307; J. Dupont, Repentir et Conversion d&#8217;apr\u00e9s les Actes des Ap\u00f6tres: Sciences Eccl\u00e9siastiques 12 (Montr\u00e9al 1960) 137-173; M.-F. Lacan, Conversion et gr\u00e4te dans 1&#8217;AT: Lumi\u00e9re et Vie 47 (P 1960) 5-24; idem, Conversion et Royaume dans les Evangiles Synoptiques: ibid. 25-47; J. Dupont, La conversion dans les Actes des Ap\u00f3tres: ibid. 48-70; M. E. Boismard, Conversion et Vie nouvelle dans samt Paul: ibid. 71-94; D. Mollat, La conversion chez samt Jean: ibid. 95-114; C. Westermann, Grundformen prophetischer Rede (Mn 21964); J. Hempel, Das Ethos des AT (B 21964); R. Schnackenburg, Reino y reinado de Dios (Fax Ma 1967); P. Stuhlmacher, Gottes Gerechtigkeit bei Paulus (G\u00f6 1965); G. Strecker, Der Weg der Gerechtigkeit (G\u00f6 21966); H. Conzelmann, Grundri\u00df der Theologie des NT (Mn 1967).<\/p>\n<p>Andr\u00e9 Feuillet<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(cambio, conversi\u00f3n). Mar 1:4, Mar 1:15. Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano Dr. J. Dominguez http:\/\/biblia.com\/diccionario\/ Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano [016] Etimol\u00f3gicamente significa cambio o transformaci\u00f3n. Psicol\u00f3gicamente indica transformaci\u00f3n o cambio de sentimientos o actitudes hacia una situaci\u00f3n mejor. Por eso religiosamente se identifica con la demanda de \u00abconversi\u00f3n o mejora de vida\u00bb que reclamaban los profetas del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/metanoia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMETANOIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8197","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8197","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8197"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8197\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8197"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8197"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8197"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}