{"id":8200,"date":"2016-02-05T04:22:07","date_gmt":"2016-02-05T09:22:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/miedo\/"},"modified":"2016-02-05T04:22:07","modified_gmt":"2016-02-05T09:22:07","slug":"miedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/miedo\/","title":{"rendered":"MIEDO"},"content":{"rendered":"<p>v. Espanto, Temor, Terror<br \/>\nGen 3:10 o\u00ed tu voz en el huerto, y tuve m, porque<br \/>\n9:2<\/p>\n<hr>\n<p>(temor).<\/p>\n<p> &#8211; Los disc\u00ed\u00adpulos, al ver a Jes\u00fas sobre el agua, pensaron que era un fantasma Mat 14:25.<\/p>\n<p> &#8211; Los Ap\u00f3stoles, antes de Pentecost\u00e9s, Jn.20-19.<\/p>\n<p> &#8211; Ver \u00abTemor de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[719]<\/p>\n<p>      Sentimiento de desconfianza y recelo ante una situaci\u00f3n, persona, peligro o riesgo. Puede ser de diversa intensidad, desde el temor, el recelo o la aprensi\u00f3n, hasta el p\u00e1nico, el terror o el horror.<\/p>\n<p>    Existen miedos religiosos sanos (\u00abEl temor de Dios es el comienzo de la sabidur\u00ed\u00ada\u00bb: Prov. 1.7) y existen miedos patol\u00f3gicos que no son \u00abreligiosos\u00bb aunque se den en objetos relacionado con la fe o lo espiritual.<\/p>\n<p>     (Ver Temor)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(-> envidia). En un lugar importante de la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica hallamos el temor de los hombres, que se expresa de un modo especial en la historia de 1 Henoc, con la invasi\u00f3n de los vigilantes y en las narraciones del Exodo, con la opresi\u00f3n general de los hebreos. Hay tambi\u00e9n un miedo o terror sagrado ante el misterio, que se manifiesta en muchos textos, desde la teofan\u00ed\u00ada de Henoc* (1 Hen 14) o de Mois\u00e9s (Ex 3,6) hasta el miedo de las mujeres ante la tumba vac\u00ed\u00ada (Mc 16). El Dios b\u00ed\u00adblico responde al temor de los hombres diciendo \u00abno temas\u00bb (cf. Gn 15,1; 21,17; 26,24; Jos 1,9; Lc 1,13.30; etc.). Tambi\u00e9n el \u00e1ngel de la pascua dice a las mujeres \u00abno tem\u00e1is\u00bb: la revelaci\u00f3n de Cristo se expresa como superaci\u00f3n del miedo, como mensaje de alegr\u00ed\u00ada por la resurrecci\u00f3n*. Desde ah\u00ed\u00ad evocamos, de manera algo m\u00e1s extensa, el miedo de los injustos en Sabidur\u00ed\u00ada y el de los sacerdotes en el Evangelio.<\/p>\n<p>(1) Libro de la Sabidur\u00ed\u00ada. La injusticia nace del miedo a la muerte que se expresa y crece en aquellos que no aceptan la vida como don de Dios, descubri\u00e9ndose inmersos y atrapados en un mundo donde todo acaba, de manera que tambi\u00e9n ellos terminan. Esta experiencia de su limitaci\u00f3n no les lleva a gozar de lo que existe, en gesto agradecido, sino todo lo contrario: \u00abLa vida es corta y triste y no hay remedio cuando muere el hombre&#8230; Nacimos casualmente y pronto acabaremos, como si no hubi\u00e9ramos vivido, porque el esp\u00ed\u00adritu o respiraci\u00f3n de nuestras narices es humo y la palabra una chispa que palpita en nuestro coraz\u00f3n\u00bb (cf. Sab 2,1-3). Esta es la condici\u00f3n de la vida, ante la que son posibles dos respuestas, (a) Los justos son capaces de mirar sin violencia ni miedo radical a la muerte, aceptando lo que existe, y de esa forma descubren la promesa de una vida m\u00e1s alta, que es gracia, en el fondo de su mismo saber de finitud, porque en ella descubren el valor infinito de la Sabidur\u00ed\u00ada de Dios, (b) Los injustos, en cambio, est\u00e1n dominados por el miedo a la muerte y para dominarlo acaban enamor\u00e1ndose de ella, en intensa y brutal paradoja, que desemboca en la violencia. \u00abLa justicia es inmortal&#8230; Pero los imp\u00ed\u00ados la llaman (a la muerte) con gestos y palabras; por ella se consumen, crey\u00e9ndola su amiga\u00bb (Sab 1,15-16; cf. 2,24). El miedo se convierte en atracci\u00f3n, el rechazo se vuelve deseo, de manera que los imp\u00ed\u00ados quedan fascinados y atrapados por la muerte. Frente a la alianza o matrimonio de los fieles con la Sabidur\u00ed\u00ada amiga-esposa, que ilumina su existencia de un modo gozoso (cf. Sab 8,2), viene a expresarse aqu\u00ed\u00ad el amor fati, el gozo por la muerte, que se expresa en forma de violencia en contra de los justos* (Sab 2). El mismo miedo alimenta la violencia. Parad\u00f3jicamente, los imp\u00ed\u00ados se enamoran de aquello que m\u00e1s temen. El amor de la Sabidur\u00ed\u00ada tendr\u00ed\u00ada que haber sido matrimonio de gracia, donde el Dios esposo (o esposa) ilumina la existencia de los fieles y la mantiene en actitud de alianza confiada, por encima del miedo a la muerte. Pero el amor de la muerte, interpretado como uni\u00f3n \u00abfatal\u00bb, vincula al hombre con aquello que m\u00e1s odia, en matrimonio de fornicaci\u00f3n (pomeia), seg\u00fan vieron desde antiguo los profetas: los \u00ed\u00addolos o amantes prostituidos (cf. Sab 14,12) se identifican con la muerte y de esa forma hacen que los hombres se maten entre s\u00ed\u00ad. Este miedo y amor a la muerte conforma de manera radical la vida de los injustos: ciega sus ojos, les impide abrirse a la Sabidur\u00ed\u00ada de Dios y les encierra en un mundo de envidia* (cf. 2,24; 6,23), que conduce de forma irresistible a la violencia.<\/p>\n<p>(2) Los que condenan a Jes\u00fas (amor*, envidia*). Seg\u00fan el Evangelio, el temor humano se expresa de forma paradigm\u00e1tica en el proceso de Jes\u00fas: \u00abLos escribas y los sumos sacerdotes buscaban la manera de matarle, porque le ten\u00ed\u00adan miedo, pues todo el pueblo estaba admirado de su doctrina\u00bb (Mc 11,18). Quiz\u00e1 le tem\u00ed\u00adan directamente, porque les acusaba y porque anunciaba el fin del templo. Quiz\u00e1 tem\u00ed\u00adan que el pueblo, influido por Jes\u00fas, dejara de aceptarles. En ese contexto sit\u00faa Juan la reflexi\u00f3n de sacerdotes y fariseos, reunidos en Sanedr\u00ed\u00adn (tribunal de juicio): \u00abSi le dejamos, todos creer\u00e1n en \u00e9l y vendr\u00e1n los romanos y nos quitar\u00e1n el lugar (= templo) y el \u00e9timos (el pueblo)\u00bb (Jn 11,48). Tienen miedo de \u00abperder su ley\u00bb, de quedarse sin templo, sin sacrificios e ingresos econ\u00f3micos, es decir, sin pueblo. As\u00ed\u00ad aparecen como signo de perversi\u00f3n sacral: no sirven para nada (nada aportan) y por eso se hacen \u00abfin en s\u00ed\u00ad\u00bb: necesitan fie  les sometidos y lugares de influjo sagrado (como supon\u00ed\u00ada en un contexto pol\u00ed\u00adtico el ap\u00f3logo de Jot\u00e1n: Je 9,7-20). En ese contexto se entiende la intervenci\u00f3n de Caifas, el sumo sacerdote, cargada de iron\u00ed\u00ada y doble sentido, cuando expone su raz\u00f3n pol\u00ed\u00adtica: \u00abOs conviene que muera un hombre por el pueblo y no que perezca todo el pueblo\u00bb (Jn 11,50). Caif\u00e1s defiende el inter\u00e9s de su grupo de sacerdotes-escribas dominantes, que \u00e9l identifica, sin duda, con los intereses del pueblo, que ellos controlan y dirigen desde el templo, en virtud del pacto de poder que han hecho con los romanos. Los sacerdotes tienen que \u00abdefender\u00bb sus intereses, suponiendo que concuerdan o pueden compaginarse con los intereses de Pilato (conforme a un esquema de ley). Quieren mantener sus privilegios, tienen miedo de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Cf. J. Delumeau, El miedo en Occidente. Siglos XIV-XVIII, Taui&#8217;us, Madrid 1989; X. Plkaza, Antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2006; H. Urs vonBalthasar, Teolog\u00ed\u00ada de la historia, Encuentro, Madrid 1992.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>Si miramos a nuestro alrededor y observamos el mal que actualmente padece hoy la sociedad europea, nos daremos cuenta de que es el miedo y la angustia: miedo a perder la patria, en esas naciones que luchan de manera sangrienta, con una  crueldad feroz, para independizarse de otros, o para oprimir a otros (recordemos, por ejemplo, el terrible drama de la ex Yugoslavia); miedo a ser privados de nuestro bienestar (recordemos los des\u00f3rdenes raciales en Alemania, contra los inmigrantes); en nuestro pa\u00ed\u00ads tenemos miedo a perder el bienestar econ\u00f3mico, porque la barca del Estado hace agua.  \u00bfA qu\u00e9 se debe este miedo que nos alcanza a todos, antes o despu\u00e9s?  Es un miedo que no podemos quitarnos de encima del todo porque tiene que ver con la libertad. Cuando la libertad se concibe como algo absoluto, ya no existe ni el antes ni el despu\u00e9s, todo es incierto, oscuro, se me viene el mundo encima, todo me aplasta, ya no puedo fiarme de nadie. Es la exasperaci\u00f3n de la libertad convertida en algo absoluto, sin fundamento y sin referencias.  San Ignacio ense\u00f1a que, en cambio, cuando busco la libertad con fundamento, empiezo a mirar a la cara mi miedo, a superarlo, comienzo a exorcizar la angustia, porque me doy cuenta de que el fundamento de mi libertad es Dios, y que \u00e9l me ama, que me ha creado, que me conoce. Es \u00e9l quien me libera, quien me indica el camino. Y si miro al futuro de mi libertad, s\u00e9 que est\u00e1 en las manos de Dios, que es siempre Dios el que me llama, el que me gu\u00ed\u00ada. Si miro al presente, es Dios quien sostiene y promueve mi libertad; es, por as\u00ed\u00ad decirlo, un aficionado m\u00ed\u00ado, desea que yo triunfe. De este modo, mi libertad se sit\u00faa en el lugar que le corresponde, y mis sentimientos negativos de    angustia, de miedo, pueden seguir existiendo all\u00ed\u00ad en el fondo, puesto que la vida es dura y ardua para todos, pero est\u00e1n en otra dimensi\u00f3n. Yo s\u00e9 en qui\u00e9n puedo confiar, s\u00e9 de qui\u00e9n me puedo fiar, s\u00e9 en qui\u00e9n puedo apoyarme.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p><h2>Desde el punto de vista moral<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El miedo es una perturbaci\u00f3n del alma como consecuencia de la aprehensi\u00f3n de un peligro presente o futuro.  Aqu\u00ed se le considera desde el punto de vista moral, o sea, en la medida en que es un factor que debe ser considerado al pronunciarse sobre la libertad de los actos humanos, as\u00ed como tambi\u00e9n al ofrecer una excusa adecuada por el incumplimiento de la ley positiva, sobre todo en la ley de origen  humano. Finalmente, se le considera aqu\u00ed en cuanto impugna o deja intacta, en el campo de la conciencia y sin hacer referencia a su ejecuci\u00f3n expl\u00edcita, la validez de ciertos compromisos o contratos voluntarios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La divisi\u00f3n de miedo m\u00e1s com\u00fanmente en boga entre los  te\u00f3logos es mediante la que ellos distinguen entre miedo grave (metus gravis) y miedo leve (metus levis). La primera es la que nace del discernimiento de alg\u00fan peligro formidable e inminente. Si \u00e9ste es real, y sin reservas, de grandes proporciones, entonces se le llama absolutamente grave. De otro modo, lo es s\u00f3lo relativamente, como por ejemplo, cuando se toma en cuenta la mayor susceptibilidad de cierta clase de personas, tales como ancianos, mujeres y ni\u00f1os. El temor leve es el que surge al enfrentarse alguien a cierto peligro de dimensiones insignificantes, o que s\u00f3lo tiene pocas probabilidades de realizarse.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es costumbre tambi\u00e9n notar un temor en el cual el elemento de reverencia es predominante (metus reverentialis), o sea, que tiene su fuente en el deseo de no ofender a los padres o superiores.  En s\u00ed mismo, tal temor est\u00e1 en la categor\u00eda de leve, aunque en ciertas circunstancias puede escalar hasta convertirse en grave. Un criterio bastante uniforme usado por los  moralistas para determinar lo qu\u00e9, realmente y aparte de las  condiciones subjetivas, es un miedo grave se encuentra contenido en esta afirmaci\u00f3n. Es el sentimiento que se calcula puede influenciar a un var\u00f3n s\u00f3lidamente equilibrado (cadere in virum constantem). Otra importante clasificaci\u00f3n es la del temor que procede de alguna fuente dentro de la misma persona, por ejemplo, el que surge por el conocimiento de que uno ha contra\u00eddo una enfermedad mortal; y el miedo que proviene de afuera, o es producido, a saber, por alguna causa extr\u00ednseca al sujeto atacado por el miedo.  En este \u00faltimo caso, la causa puede ser natural, tal como una probable erupci\u00f3n volc\u00e1nica, o reconocible en la actitud de alg\u00fan agente libre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, se puede observar que uno puede haber sido sometido a un ataque de miedo  justa o  injustamente, seg\u00fan que quien provoque esta  pasi\u00f3n est\u00e9 actuando dentro de sus derechos o extralimit\u00e1ndose. Las acciones que se realizan bajo el estr\u00e9s del miedo, excepto, por supuesto, si es tan intenso que desplaza a la raz\u00f3n, son considerados como la progenie leg\u00edtima de la voluntad  humana, o son, como dicen los te\u00f3logos, simplemente voluntarios, y por lo tanto, son imputables.  La raz\u00f3n es obvia: tales actos carecen de adecuada advertencia y de consentimiento suficiente, aunque este \u00faltimo se suscit\u00f3 s\u00f3lo para evitar un mal mayor, o uno que sea percibido como tal.  Sin embargo, en la medida en que van acompa\u00f1ados de una repugnancia m\u00e1s o menos vehemente, se consideran involuntarios en un sentido limitado y parcial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La inferencia pr\u00e1ctica de esta ense\u00f1anza es que un acto malo que por otra parte tenga la eminencia de un pecado grave, permanece como tal aunque se haya realizado por miedo grave.  Esto es verdad cuando la trasgresi\u00f3n va contra la ley natural. En el caso de  obligaciones que emergen de preceptos positivos, ya sean humanos o divinos, un temor serio y bien fundado puede servir a menudo de excusa, de modo que el fracaso en el cumplimiento de la ley bajo tales circunstancias no se considera pecaminoso. Nunca se presume que el legislador haya tenido en mente imponer un acto heroico.  Sin embargo, esto no es v\u00e1lido cuando ceder ante tal miedo puede significar da\u00f1os considerables al bien com\u00fan.  As\u00ed, por ejemplo, el p\u00e1rroco, en una parroquia afectada por una epidemia, est\u00e1 obligado por ley a permanecer en su puesto, sin importar el miedo que pueda sentir.  Se debe a\u00f1adir que la atrici\u00f3n o dolor por el pecado, aunque sea el fruto del temor inspirado al pensar en las penas del infierno, no es en ning\u00fan sentido involuntario. O por lo menos no debe ser as\u00ed, si se aprovecha en el Sacramento de la Penitencia para la justificaci\u00f3n del pecador.  El fin buscado por esta especie de dolor imperfecto es precisamente un cambio de voluntad, y el abandono del apego al pecado es bueno sin reservas y algo muy razonable.  Por lo tanto, no hay espacio para ese pesar concomitante, o disgusto, con el que se realizan otras cosas a causa del temor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por supuesto, Es innecesario observar que lo que se ha dicho hasta aqu\u00ed se refiere siempre a lo que se hace como resultado del miedo y no a lo que sucede meramente en o con miedo. Es v\u00e1lido un  voto que se hace por temor producido por causas naturales, tales como un naufragio inminente; pero es inv\u00e1lido uno que arrancado como efecto del miedo aplicado injustamente a otro; esto \u00faltimo es probablemente cierto incluso cuando el miedo es leve, si es suficiente motivo para hacer el voto.  La raz\u00f3n es que es dif\u00edcil concebir que tal promesa sea aceptable a Dios Todopoderoso. En lo concerniente a la ley natural, el miedo no invalida los contratos.  No obstante, cuando una de las partes ha sufrido coacci\u00f3n por parte de la otra, el contrato es anulable si as\u00ed lo determina la parte afectada. En cuanto al matrimonio, a menos que el miedo que induzca su celebraci\u00f3n sea tan extremo que anule el uso de la raz\u00f3n, la ense\u00f1anza com\u00fan es que tal consentimiento ser\u00eda vinculante, teniendo en cuenta por el momento s\u00f3lo la ley natural.  Vale la pena notar que la mera insensibilidad ante el temor que se origine en la estolidez, el orgullo, o la falta de una valoraci\u00f3n apropiada de incluso las cosas temporales, no es una caracter\u00edstica valiosa del car\u00e1cter. Por el contrario, representa un temple vicioso del alma, y a veces sus efectos pueden ser notablemente pecaminosos.\n<\/p>\n<h2>En Derecho Can\u00f3nico<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es una perturbaci\u00f3n  mental causada por la percepci\u00f3n de alg\u00fan peligro pr\u00f3ximo o lejano. Dado que el temor, en mayor o menor grado, disminuye la libertad de acci\u00f3n, los contratos firmados por temor pueden ser considerados inv\u00e1lidos. De modo parecido, el temor en ocasiones exime de la aplicaci\u00f3n de la ley en un caso particular. Tambi\u00e9n exime del castigo vinculado con la comisi\u00f3n de un  acto contrario a la ley. La causa del miedo se halla en uno mismo o en una causa natural (temor intr\u00ednseco) o en otra persona (temor extr\u00ednseco). El temor puede ser grave, como por ejemplo cuando es capaz de influenciar a un hombre de voluntad recia, o ligero si afecta a una persona d\u00e9bil.  Para que el temor sea considerado grave se requieren ciertas condiciones: el temor debe ser grave en s\u00ed mismo y no solamente ser visto como tal en el pensamiento del que lo padece; debe tener un fundamento razonable; las amenazas deben ser ejecutables; la ejecuci\u00f3n de las amenazas que causan el temor debe ser inevitable.  Nuevamente, el miedo se divide en justo o  injusto, seg\u00fan la justedad o no de las razones que llevan al uso del miedo como una fuerza coercitiva.  El temor reverencial es el que se da entre superiores y subordinados.  El temor grave disminuye la fuerza de voluntad pero no se puede decir que la cancele totalmente, fuera de algunos casos excepcionales. El miedo leve  (metus levis) ni siquiera disminuye la fuerza de voluntad, de ah\u00ed la expresi\u00f3n \u00abel temor tonto no es excusa justa\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los casos siguientes son ejemplos que ilustran la manera c\u00f3mo el temor afecta los contratos, el  matrimonio, los votos, etc. realizados bajo su influencia. El miedo grave dispensa de la ley y de las censuras que ella conlleva, en caso de que la ley sea eclesi\u00e1stica y su no observancia no afecte el bien com\u00fan, la fe o la autoridad de la Iglesia. Pero si se trata de la ley natural, el temor \u00fanicamente exonera de la censura (Commentators on Decretals, tit. \u00abDe his quae vi metusve causa fiunt\u00bb;  Schmalzgrueber, tit. \u00abDe sent. excomm.\u00bb n. 79). Un miedo que sea grave, extr\u00ednseco, injusto e infligido con miras a forzar el consentimiento anula el contrato matrimonial, pero no as\u00ed si el miedo es solamente intr\u00ednseco. La carga de la prueba recae en la persona que alega haber actuado por temor. El miedo reverencial, si fuese tambi\u00e9n extr\u00ednseco, o sea, acompa\u00f1ado de amenazas, golpes o s\u00faplicas fuertes dirigidas a obtener consentimiento, tambi\u00e9n invalida el matrimonio.  Calificado como acabamos de decir, el miedo es un  impedimento dirimente del matrimonio si va acompa\u00f1ado de violencia o amenazas (vis et metus).  Para m\u00e1s detalles vea alg\u00fan manual de derecho can\u00f3nico,por ejemplo,  Sanni-Leitner \u00abPraelect. Jun Can.\u00bb (Ron, 1905), TP\u00bb56-59;\u00bbHeiner, \u00abKathol. Mec (Munster, 1905), 82-86; tambi\u00e9n Ploch, \u00abDe Matr. vi ac metu contracto\u00bb (1853).  Para la historia de este impedimento vea Esmein, \u00abLe mariage en droit canonique\u00bb (Par\u00eds, 1891), I, 309; II, 252; tambi\u00e9n Freisen, \u00abGesch. des kanon. Eherechts etc.\u00bb (Tubingen, 1888).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La renuncia a un cargo, cuando se hace por temor injusto, generalmente se considera v\u00e1lida, pero puede rescindirse a menos que haya sido confirmada con un juramento. Por otro lado, si se ha ejercido justamente el miedo sobre una persona, la renuncia contin\u00faa en vigor (S. Cong. Conc. 24 abril, 1880).  La  ordenaci\u00f3n recibida bajo temor grave e injusto es v\u00e1lida, pero no se contraen las obligaciones de la orden a menos que haya una posterior aceptaci\u00f3n espont\u00e1nea de aceptar la obligaci\u00f3n (S\u00e1nchez, De matrim.\u00bb, VII, Disp. XXIX, n. 5). En tales casos, si se desea ser liberado de las obligaciones, debe pedirse una dispensa a la Santa Sede (S. Cong. Conc. 13 agosto 1870). Lo mismo se aplica respecto a los votos de la profesi\u00f3n religiosa, y a cualquier otro voto realizado bajo influencia del temor grave, extr\u00ednseco, injusto o reverencial (v\u00e9ase votos). En la legislaci\u00f3n inglesa, cuando existe prueba de fuerza y temor, la ley restablece a las partes del contrato a la posici\u00f3n en que se encontraban antes de firmarlo, y puede declarar responsable a la parte restrictiva por la reparaci\u00f3n de los da\u00f1os causados a la parte atemorizada. La m\u00e1xima de la ley com\u00fan: \u00ablo que en otras circunstancias ser\u00eda bueno y justo, si se hace por la fuerza o fraude, se convierte en malo e injusto\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vea consentimiento, contrato, violencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Delany, Joseph.  Dunford, David.  \u00abFear.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 6. New York: Robert Appleton Company, 1909.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/06021a.htm<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/06020b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducidos por Javier Algara Coss\u00edo.  L H M.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Espanto, Temor, Terror Gen 3:10 o\u00ed tu voz en el huerto, y tuve m, porque 9:2 (temor). &#8211; Los disc\u00ed\u00adpulos, al ver a Jes\u00fas sobre el agua, pensaron que era un fantasma Mat 14:25. &#8211; Los Ap\u00f3stoles, antes de Pentecost\u00e9s, Jn.20-19. &#8211; Ver \u00abTemor de Dios\u00bb. Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano Dr. J. Dominguez http:\/\/biblia.com\/diccionario\/ Fuente: &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/miedo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMIEDO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8200","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8200","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8200"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8200\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8200"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8200"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8200"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}