{"id":8206,"date":"2016-02-05T04:22:18","date_gmt":"2016-02-05T09:22:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/misa\/"},"modified":"2016-02-05T04:22:18","modified_gmt":"2016-02-05T09:22:18","slug":"misa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/misa\/","title":{"rendered":"MISA"},"content":{"rendered":"<p>(missio= enviar). Ver \u00abEucarist\u00ed\u00ada\u00bb. \u00abMisa\u00bb es la forma tradicional de llamar la Liturgia de la Eucarist\u00ed\u00ada en la Iglesia, desde el siglo IV. El nombre procede de las \u00faltimas palabras que se pronunciaban en lat\u00ed\u00adn: \u00abIte, missa est\u00bb: Los creyentes son \u00abenviados\u00bb a practicar y vivir lo que han recibido en la liturgia de la Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p> Los elementos b\u00e1sicos, establecidos en el Concilio de Trento son.<\/p>\n<p> &#8211; Presencia de Dios, arrepentimiento: (Kiries), alabanza al Senor: (Gloria).<\/p>\n<p> &#8211; Palabra de Dios: Lectura del Antiguo y Nuevo Testamento, y un Salmo.<\/p>\n<p> &#8211; Credo, Sanctus y Acci\u00f3n de Gracias.<\/p>\n<p> &#8211; Consagraci\u00f3n, oraciones por los vivos y difuntos, saludo, Agnus Dei y Comuni\u00f3n: (este es el \u00abmeollo\u00bb de la Misa).<\/p>\n<p> &#8211; Oraciones finales y despedida: \u00c2\u00a1Id a vivir y practicar lo recibido! Partes variables: El Introito, Gradual,: Ver \u00abSacerdotes\u00bb.<\/p>\n<p> Aleluya y Ofertorio, que son los propios de cada estaci\u00f3n del a\u00f1o, o de la fiesta que se celebra.<\/p>\n<p> \u00bfQu\u00e9 es la Misa?: 1- Es el mismo sacrificio del Calvario ofrecido ahora incruentamente; es el Santo Sacrificio del Calvario; estar en la Misa, es como estar en el Calvario. Concilio de Trento, en Denzingger 1743.<\/p>\n<p> 2- Es el \u00abMemorial de Cristo\u00bb; no una calle, o una ciudad, o una estatua, como se suele hacer como memoriales de ciertos h\u00e9roes, sino que el memorial de Cristo, es el mismo Cristo crucificado, resucitado y ofrecido en banquete. Memorial establecido por el mismo Cristo, Luc 22:19, 1Co 11:24-25.<\/p>\n<p> 3- Es el Sagrado Banquete Pascual, donde comemos la carne de Cristo y bebemos su sangre, Jua 6:48-58, 1Co 11:26-30, 1Co 10:21-22. Es \u00abnuestro pan de cada d\u00ed\u00ada\u00bb, de Mat 6:11.<\/p>\n<p> 3- Es la forma de aplicar pr\u00e1cticamente los m\u00e9ritos de Cristo en el Calvario. por eso la Misa tiene gran valor: &#8211; Tiene un valor de alabanza mayor que si todos los santos y \u00e1ngeles juntos estuvieran alabando al Senor por un mill\u00f3n de a\u00f1os, \u00c2\u00a1porque tiene un valor infinito!.<\/p>\n<p> &#8211; Un valor de arrepentimiento y perd\u00f3n de los pecados mayor que todos los monjes y anacoretas haciendo penitencia por toda su vida.<\/p>\n<p> &#8211; Un valor de sanaci\u00f3n y salvaci\u00f3n mucho mayor que el de todos los cristianos del mundo juntos orando un a\u00f1o entero por un solo enfermo.<\/p>\n<p> &#8211; Un valor de acci\u00f3n de gracias mayor que el que pueden ofrecer todos los \u00e1ngeles juntos por toda la eternidad, \u00c2\u00a1tambi\u00e9n, porque una sola Misa tiene un valor infinito!. es el valor del Cuerpo y Sangre de Cristo, ofrecido al Padre, por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, \u00c2\u00a1aleluya!. Ver \u00abEucarist\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[421]<br \/>\n   Nombre con que se design\u00f3 popularmente desde la Edad Media al Sacrificio y celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada. Fue t\u00e9rmino deducido y derivado de las \u00faltimas palabras latinas del sacerdote al despedir a los asistentes: \u00abIte, misa est\u00bb. (\u00abMarchad, es la despedida\u00bb) y que la gente sencilla interpretaba a su modo.<\/p>\n<p>    El nombre de \u00abmisa\u00bb se aplic\u00f3 con algunos adjetivos calificativos que se hicieron usuales y se mantuvieron durante siglos. Algunos de ellos fueron los siguientes<br \/>\n   &#8211;  Misa solemne. La celebrada con signos externos de fiesta y grandiosidad. Y se denomin\u00f3 \u00abrezada\u00bb a la m\u00e1s sencilla y solamente recitada.<\/p>\n<p>   &#8211; Mira pontifical es la solemne que celebra el Papa o el Obispo, como pont\u00ed\u00adfices, en determinadas fiestas en que act\u00faan como sacerdotes de la comunidad local y en comuni\u00f3n con la Iglesia Universal.<\/p>\n<p>   &#8211;  Misa abacial. La que se celebra en la abad\u00ed\u00ada o en el convento (Misa conventual) por parte del Abad.<\/p>\n<p>   &#8211; Misa nupcial. La que se celebra al administrar el sacramento del matrimonio o al conmemorar su recuerdo.<\/p>\n<p>   &#8211; Misa de requiem. La que se celebra como sufragio en el enterramiento o como funeral. La Misa de Animas es la que se dice en la conmemoraci\u00f3n de fieles difuntos (2 de Noviembre).<\/p>\n<p>   &#8211;  Misas gregorianas son 30 ofrecidas por un difunto, seg\u00fan antigua tradici\u00f3n atribuida a S. Gregorio.<\/p>\n<p>   &#8211; Misa cantada. La que con clima festivo se celebra con canciones, especialmente las gregorianas compuestas hist\u00f3ricamente para la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Misa del gallo. La que se dec\u00ed\u00ada a media noche en lugares autorizados en la noche de Navidad.<\/p>\n<p>   &#8211; Misa pascual. Se celebrara en la noche de Pascua conmemorando la resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>   &#8211; Misa penitencial. Si se celebra en forma de petici\u00f3n de perd\u00f3n o con esp\u00ed\u00adritu de penitencia.<\/p>\n<p>   &#8211; Misa votiva. La que se dice o sufraga en virtud de un voto o promesa.<\/p>\n<p>   &#8211; Misa crismal. La que se dice en el Jueves santo para consagrar los santos \u00f3leos que serv\u00ed\u00adan para los sacramentos de la Ordenaci\u00f3n sacerdotal, Confirmaci\u00f3n o de la Unci\u00f3n de enfermos.<\/p>\n<p>   &#8211; Misa concelebrada. La que dicen varios sacerdotes a la vez, entre los cuales uno preside la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n se las denomin\u00f3 en ocasiones por el rito en el que se celebraba la Eucarist\u00ed\u00ada: misa moz\u00e1rabe (Toledo o Sevilla), misa ambrosiana (Mil\u00e1n), misa griega, misa copta, misa rusa.<\/p>\n<p>    Y en el arte musical sacro, se denominaron determinadas celebraciones por el t\u00ed\u00adtulo adjudicado a las piezas musicales: De \u00e1ngelis, Cum iubilo, Orbis factor; o en alusi\u00f3n a algunos autores famosos: De Perosi, de Haendell, etc. Las reformas lit\u00fargicas posteriores al Concilio Vaticano II superaron estas terminolog\u00ed\u00adas y se volvi\u00f3 a la misa comunitaria sin m\u00e1s. (Ver Eucar\u00ed\u00adstico, Sacrificio. 1 y 8)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. Eucarist\u00ed\u00ada)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La misa es el nombre m\u00e1s habitual  en Occidente para designar la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, el acto de culto por excelencia. Al principio la palabra latina missa indicaba la despedida al  final de cada reuni\u00f3n; a continuaci\u00f3n pas\u00f3 a significar el conjunto de las oraciones con que terminaban una celebraci\u00f3n, e incluso todo el oficio divino; desde el siglo Vl se utiliz\u00f3 para indicar la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Desde siempre la Iglesia dirige a los  creyentes la invitaci\u00f3n a reunirse en asamblea en torno a Jes\u00fas resucitado para celebrar su memorial. Es una asamblea eclesial, pero convocada por el Se\u00f1or: Jes\u00fas sale al encuentro de sus amigos, est\u00e1 en medio de ellos para revelar su presencia de resucitado y comunicarse a ellos mediante las Escrituras y el pan compartido, como a los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas (Lc 24,13-35).<\/p>\n<p>Pero es tambi\u00e9n una iniciativa del Padre que quiere abrazar en la unidad a sus hijos dispersos. Y es iniciativa del Esp\u00ed\u00adritu Santo, don del Padre transmitido por el Hijo, para que nos unamos a su muerte y resurrecci\u00f3n y nos hagamos miembros vivos de su cuerpo. Por eso la misa se abre y se cierra  siempre con el signo de la comuni\u00f3n trinitaria.<\/p>\n<p>La Institutio generalis (Principios y normas) que presenta y comenta \u00e9l nuevo Ordo Missae (Rito de la Misa) ofrece las indicaciones teol\u00f3gicas y la orientaci\u00f3n pastoral fundamental : \u00bb La celebraci\u00f3n de la misa&#8230; es acci\u00f3n de Cristo y del pueblo de Dios, jer\u00e1rquicamente ordenado\u00bb (n. 1). Por eso implica y supone una presencia activa, una conciencia responsable y un compromiso consecuente para realizar el acto sagrado. El contenido de \u00abla acci\u00f3n de Cristo y del pueblo de Dios\u00bb consiste en el don de la salvaci\u00f3n, realizada por Cristo y ritualizada sacramentalmente en la celebraci\u00f3n; y es , ofrenda del culto al Padre, en la mediaci\u00f3n de Cristo y en la comuni\u00f3n con \u00e9l. La salvaci\u00f3n y el culto alcanzan su cima en el signo lit\u00fargico: por eso en la misa se lleva a cabo en el plano objetivo sacramental la realizaci\u00f3n m\u00e1s intensa del misterio pascual, en el cual se ha cumplido la obra de la redenci\u00f3n del hombre y de la perfecta glorificaci\u00f3n de Dios. En torno al misterio pascual, actualizado en cada una de las eucarist\u00ed\u00adas, se hace memoria de los misterios de la redenci\u00f3n en la sucesi\u00f3n de los tiempos del a\u00f1o. Adem\u00e1s, de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica dimanan, por derivaci\u00f3n, participaci\u00f3n y eficacia, todas las dem\u00e1s acciones sagradas  y toda la vida cristiana, de la misma manera que se orientan hacia ella: la eucarist\u00ed\u00ada es la cumbre y la fuente (SC 10) de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la misa es el centro de toda la vida cristiana para la Iglesia universal, para la local y para cada uno de los fieles. Por consiguiente, es de suma  importancia que la celebraci\u00f3n de la misa se ordene de tal manera que los ministros y los fieles, \u00abparticipando cada uno en ella seg\u00fan su propio orden y grado, obtenga la abundancia de aquellos frutos para cuya consecuci\u00f3n nuestro Se\u00f1or Jesucristo instituy\u00f3 el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico de su cuerpo y de  su sangre, y lo confi\u00f3 a la Iglesia como memorial de su pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n (n.2).<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n del memorial del Se \u00f1or consta de dos partes: la liturgia de la palabra y la liturgia eucar\u00ed\u00adstica. que forman un \u00fanico acto de culto: otros ritos sirven de apertura y de clausura de la misma celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tras el canto de entrada, la se\u00f1al de  la cruz y el saludo, toda la asamblea realiza \u00e9l acto penitencial, que concluye con una f\u00f3rmula de perd\u00f3n pronunciada por el sacerdote, El Gloria, que sigue en las fiestas, es una de las composiciones m\u00e1s antiguas: con \u00e9l la comunidad eclesial, \u00abreunida en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, glorifica y suplica a Dios Padre y al Cordero\u00bbM\u00e1s tarde, con la colecta, se expresa el car\u00e1cter de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La liturgia de la palabra est\u00e1 constituida principalmente de lecturas escogidas de la sagrada Escritura; la homil\u00ed\u00ada, la profesi\u00f3n de fe y la oraci\u00f3n universal desarrollan y terminan esta parte de la celebraci\u00f3n, La Constitu ci\u00f3n Sacrosanctum concilium, n. 7, presenta la liturgia de la palabra como un grado de la presencia real de Cristo en la comunidad: cuando en la Iglesia se lee la sagrada Escritura, \u00abDios mismo habla a su pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el evangelio\u00bb (n. 9). Los domingos y las fiestas hay tres lecturas: el Profeta, el Ap\u00f3stol y \u00e9l Evangelio. Su proclamaci\u00f3n educa al pueblo cristiano en el sentido de la continuidad en la obra de la salvaci\u00f3n, seg\u00fan la pedagog\u00ed\u00ada divina. Se ha organizado un ciclo de lecturas en tres a\u00f1os (A-B-C), haciendo proclamar los evangelios sin\u00f3pticos seg\u00fan el criterio de la lectura semi-continua. Para los d\u00ed\u00adas feriales hay un ciclo de dos a\u00f1os para la primera lectura, y un ciclo \u00fanico para el evangelio.<\/p>\n<p>La liturgia eucar\u00ed\u00adstica se abre con la preparaci\u00f3n y presentaci\u00f3n de los dones y prosigue con la parte central y culminante de la misa, la plegaria eucar\u00ed\u00adstica, oraci\u00f3n de acci\u00f3n de gracias y de santificaci\u00f3n. Junto al canon romano (la plegaria), texto antiqu\u00ed\u00adsimo y solemne, figuran en el Misal romano otras seis plegarias eucar\u00ed\u00adsticas. Todas ellas concluyen con la doxolog\u00ed\u00ada final.<\/p>\n<p>Se recita luego el Padre Nuestro con las plegarias que siguen y se intercambia el signo de la paz. Despu\u00e9s de la fracci\u00f3n del pan y de la conmixti\u00f3n, viene la comuni\u00f3n de los ministros y de los fieles: cuando la hacen todos bajo las dos especies, se expresa con m\u00e1s plenitud su forma de signo del banquete, as\u00ed\u00ad como la voluntad divina de ratificar la nueva y eterna alianza en la sangre del Se\u00f1or. Pero incluso bajo una sola especie se recibe al Cristo entero y se participa del sacramento en toda su verdad.<\/p>\n<p>El ritual de comuni\u00f3n termina con una oraci\u00f3n, a la que sigue la bendici\u00f3n y la despedida (como significa aqu\u00ed\u00ad literalmente el t\u00e9rmino latino missa).<\/p>\n<p>R. Gerardi<\/p>\n<p>Bibl.: P Fahey. Misa. en DPAC, 11, 14501454; 1. &#8216;O\u00f1atibia, Eucarist\u00ed\u00ada, en CFP, 309323; J Jungmann, Missarum Sollemnia, Madrid 1955-1956; L. Maldonado, La plegaria eucar\u00ed\u00adstica. Estudio de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y lit\u00fargica sobre la misa, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1967<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. El t\u00e9rmino y su historia<br \/>\nLa m. es la realizaci\u00f3n de la -> eucarist\u00ed\u00ada bajo las formas fijadas en cada caso por la Iglesia, es decir, bajo las formas en que se desarrolla lo que nos ha sido transmitido como mandato del Se\u00f1or: pronunciaci\u00f3n en acci\u00f3n de gracias de las palabras sacramentales sobre el pan y el vino, y participaci\u00f3n en los dones consagrados.<\/p>\n<p>Las diversas direcciones de ese desarrollo se reflejan ya en los nombres con que desde un principio fue designada la misa. En la Iglesia primitiva, sin duda recordando la \u00faltima cena y la instituci\u00f3n realizada con pan y vino, la m. es llamada \u00abcena del Se\u00f1or\u00bb (1 Cor 11, 20) o \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb (Act 2, 42, 46; 20, 7) y pronto tambi\u00e9n sexapurria, t\u00e9rmino que alude a la acci\u00f3n de gracias del relato de la instituci\u00f3n (1 Cor 11, 24; Lc 22, 19) y al car\u00e1cter de oraci\u00f3n. La denominaci\u00f3n de s pea\u00bba predomin\u00f3 durante largo tiempo desde fines del siglo i y no tard\u00f3 en aplicarse al don sacramental resultante de la celebraci\u00f3n. Pero ya los antiguos cristianos latinos prefieren designar la m. como ->. sacrificio; y as\u00ed\u00ad \u00e9sta es llamada sacrificium (Cipriano, Agust\u00ed\u00adn) u oblatio (Eteria, Ambrosio); los griegos la llaman profora; los sirios, kurobho o korbono: expresiones todas equivalentes.<\/p>\n<p>La m. es aquello que nos \u00abaproxima\u00bb a la divina majestad, el don. Otros nombres ponen de relieve la reuni\u00f3n para la celebraci\u00f3n comunitaria; se llama synaxis, collecta; en este sentido se us\u00f3 tambi\u00e9n processio (Eteria). Lo mismo sugiere la palabra leitourg\u00ed\u00ada, que finalmente se impuso entre los griegos: la m. es la obra que se ejecuta en servicio del pueblo o juntamente con el pueblo. C\u00f3mo aqu\u00ed\u00ad se trata de formas fijas queda subrayado con la denominaci\u00f3n de officium. Otros nombres que aparecen en los primeros tiempos de la Iglesia, y que designan el n\u00facleo m\u00e1s intimo de la m., no nos dicen nada concreto sobre una determinada configuraci\u00f3n de la misma, p. ej., cuando en las Actas de los m\u00e1rtires la m. es designada como dominicum, como celebraci\u00f3n \u00abdel Se\u00f1or\u00bb, o, en el \u00e1rea de las lenguas sem\u00ed\u00adticas, sencillamente como \u00ablo santo\u00bb (en \u00e1rabe: qudd\u00e4s; cf. el hebreo kad\u00f3f). Algo parecido se puede decir del nombre missa, utilizado desde el siglo v y desde entonces usado casi exclusivamente. Missa (missio, dimissio) significaba originariamente despedida. En el \u00e1mbito eclesi\u00e1stico se emple\u00f3 para designar el acto final de una celebraci\u00f3n, que por lo regular iba unido a una bendici\u00f3n; lo mismo esta bendici\u00f3n que la celebraci\u00f3n misma pod\u00ed\u00adan designarse como missa. Finalmente se reserv\u00f3 la palabra para la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, porque se quer\u00ed\u00ada acentuar la bendici\u00f3n que de ella fluye para la vida humana.<\/p>\n<p>II. La misa en la Iglesia primitiva<br \/>\nS\u00f3lo por algunas alusiones se puede deducir poco m\u00e1s o menos la forma en que se celebraba la m. en la Iglesia primitiva. En un principio aqu\u00e9lla iba unida a una comida, y \u00e9sta, conforme al uso general de la comida principal en occidente, era la cena (deipnon, coena). Lo cual respond\u00ed\u00ada tambi\u00e9n a la instituci\u00f3n de la m. en la \u00faltima cena. En este sentido habla con la mayor claridad la descripci\u00f3n de Pablo en 1 Cor 11. Y concretamente la ceremonia del pan debi\u00f3 de tener lugar al comienzo de la comida, en relaci\u00f3n con la costumbre jud\u00ed\u00ada de la fracci\u00f3n del pan: el padre de familia daba comienzo a la comida partiendo el pan, y reparti\u00e9ndolo a los comensales con una f\u00f3rmula de bendici\u00f3n. S\u00f3lo \u00abdespu\u00e9s de la cena\u00bb (1 Cor 11, 25), cuando seg\u00fan la costumbre de las comidas festivas jud\u00ed\u00adas se llenaba la tercera copa, a lo que iba unida una oraci\u00f3n solemne de acci\u00f3n de gracias, debi\u00f3 de tener lugar la ceremonia del c\u00e1liz. Entre lo uno y lo otro transcurr\u00ed\u00ada la comida, desde luego en las formas bien reglamentadas que conocemos m\u00e1s tarde en el agape (entre otras cosas: s\u00f3lo se habla cuando se es interrogado por el que preside), y de cuyo uso en los tiempos de la Iglesia primitiva dan testimonio los textos de -> Qumr\u00e1n.<\/p>\n<p>Muy pronto debieron de juntarse las dos ceremonias sacramentales: la del pan y la del vino. La eucarist\u00ed\u00ada se celebraba, pues, antes o despu\u00e9s de la comida, o pod\u00ed\u00ada tambi\u00e9n separarse completamente de ella. Se ha comprobado que en la forma m\u00e1s antigua, vista con la perspectiva de las formas usuales entre nosotros, se daba un esquema de siete miembros: tomar el pan, acci\u00f3n de gracias, fracci\u00f3n, comuni\u00f3n; tomar el c\u00e1liz, acci\u00f3n de gracias, comuni\u00f3n. Y as\u00ed\u00ad por la uni\u00f3n ya mencionada de ambas partes resultaba un esquema de cuatro miembros: tomar el pan y el c\u00e1liz (ofertorio), acci\u00f3n de gracias, fracci\u00f3n, comuni\u00f3n. El anglicano G. Dix formula la conjetura de que una transformaci\u00f3n tan profunda, que se impuso luego en todas partes, s\u00f3lo pudo tener lugar en un punto que hacia fines del siglo i gozaba de la mayor autoridad: en la Roma de Pedro y Pablo.<\/p>\n<p>En los siglos II y III aparece m\u00e1s clara la manera de celebrar la eucarist\u00ed\u00ada. Ya no se habla de comida. La oraci\u00f3n de acci\u00f3n de gracias ocupa el puesto dominante en el rito. Se trae el pan y el vino; se pronuncia sobre ellos la oraci\u00f3n de acci\u00f3n de gracias, que el pueblo reunido confirma con el \u00abam\u00e9n\u00bb; se termina con la comuni\u00f3n de todos los presentes. Este esquema aparece en Justino, hacia el a\u00f1o 150, en su doble descripci\u00f3n de la ceremonia: la m. despu\u00e9s de un bautismo, y la misma m. en la asamblea dominical. Concuerda con ese esquema el texto que hacia el a\u00f1o 215 consign\u00f3 Hip\u00f3lito de Roma como formulario modelo. Este texto es tan instructivo que merece ser reproducido verbalmente. El obispo, cuando se le han presentado los dones, extiende sobre ellos las manos y comienza: \u00abEl Se\u00f1or est\u00e9 con vosotros.\u00bb Se contesta: \u00abY con tu esp\u00ed\u00adritu.\u00bb \u00abArriba los corazones.\u00bb \u00abLos tenemos ya junto al Se\u00f1or.\u00bb \u00abDemos gracias al Se\u00f1or.\u00bb \u00abEs digno y justo.\u00bb Entonces prosigue el obispo: \u00abTe damos gradas, \u00c2\u00a1oh Dios!, por tu amado siervo, Jesucristo, al que nos enviaste en los \u00faltimos tiempos como Salvador y Redentor y mensajero de tus designios. El es tu palabra inseparable; por \u00e9l has hecho todo y en ello te has complacido. Lo enviaste del cielo al seno de la Virgen, y llevado en el seno se hizo carne y se manifest\u00f3 como tu Hijo, nacido del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de la Virgen. Cumpliendo tu voluntad y adquiri\u00e9ndote un pueblo santo, extendi\u00f3 las manos en el sufrimiento para rescatar del sufrimiento a los que creen en \u00e9l. Y puesto que fue entregado al sufrimiento voluntario para desarmar a la muerte y romper las cadenas del diablo, para aplastar los infiernos e iluminar a los justos, para plantar un moj\u00f3n y anunciar la resurrecci\u00f3n; tom\u00f3 el pan y d\u00e1ndote gracias dijo: \u00abTomad y comed, \u00e9ste es mi cuerpo que es fraccionado para vosotros.\u00bb Igualmente tom\u00f3 el c\u00e1liz diciendo: \u00abEsta es mi sangre que es derramada por vosotros. Cuando hiciereis esto, hacedlo en memoria m\u00ed\u00ada.\u00bb Recordando, pues, su muerte y su resurrecci\u00f3n, te presentamos el pan y el c\u00e1liz, d\u00e1ndote gracias por habernos juzgado dignos de comparecer ante ti y de servirte. Y te rogamos env\u00ed\u00ades el Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre la oferta de la santa Iglesia. Reuni\u00e9ndola en la unidad, d\u00ed\u00adgnate otorgar a todos los santos que comulgan la plenitud del Esp\u00ed\u00adritu Santo para fortalecimiento de la fe en la verdad, para que te alabemos y glorifiquemos por tu siervo, Jesucristo, por quien es dado honor y gloria a ti, Padre, y al Hijo con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en tu santa Iglesia, ahora y por toda la eternidad.\u00bb \u00abAm\u00e9n.\u00bb<br \/>\nHasta el siglo IV la eucarist\u00ed\u00ada debi\u00f3 de celebrarse homog\u00e9neamente conforme a este plan en toda la cristiandad, aun cuando en los detalles y en el modo de formular la oraci\u00f3n se dejara gran libertad al celebrante.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad surge la cuesti\u00f3n acerca de la forma fundamental de la m., normativa por encima del tiempo, cuesti\u00f3n que se ha discutido repetidas veces en los \u00faltimos decenios. Se trata a este respecto de la forma fundamental que la m. tuvo ya al principio, que ha de conservarse en toda configuraci\u00f3n posterior y que debe destacarse claramente en toda reforma consciente. Parece que los relatos b\u00ed\u00adblicos s\u00f3lo hablan de una comida: reuni\u00f3n en torno a una mesa, con pan y vino que se consagran y se dan a los presentes; el sacrificio, por m\u00e1s que haya constituido siempre la esencia m\u00e1s \u00ed\u00adntima, no aparece resaltado bajo esta forma. Por otra parte, ya en Justino la celebraci\u00f3n se ha convertido en una asamblea de oraci\u00f3n, en la que todav\u00ed\u00ada hay pan y vino sobre la mesa, pero en la que ya no domina la relaci\u00f3n mutua de una comunidad de mesa, sino la uni\u00f3n en una oraci\u00f3n a Dios. En todas las formas posteriores de celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, la acci\u00f3n de gracias dirigida a Dias y la oferta de los dones que la acompa\u00f1a determinan las l\u00ed\u00adneas generales, indic\u00e1ndose ya tan claramente la oferta en el Gratias agamus inicial, que la m. sir\u00ed\u00adaca oriental pudo dar esta forma a la invocaci\u00f3n: \u00abA Dios, Se\u00f1or del universo, sea ofrecido el sacrificio.\u00bb Por eso seguramente ser\u00e1 m\u00e1s exacto tener en cuenta y subrayar ya en el mismo relato b\u00ed\u00adblico la menci\u00f3n de la acci\u00f3n de gracias (eujaristesas) y as\u00ed\u00ad es leg\u00ed\u00adtimo suponer que, ciertamente en el caso del c\u00e1liz y probablemente tambi\u00e9n en el del pan, con la acci\u00f3n de gracias iba asociado un gesto de ofrenda. Seg\u00fan el uso de entonces el padre de familia deb\u00ed\u00ada elevar la copa sobre la mesa, o sea, ofrecerla. Por tanto, la acci\u00f3n de gracias sobre los dones se presenta como forma fundamental.<\/p>\n<p>La eucarist\u00ed\u00ada se celebraba principalmente y por regla general el -> domingo, con participaci\u00f3n de toda la comunidad circundante, y, despu\u00e9s que la eucarist\u00ed\u00ada se separ\u00f3 del \u00e1gape, se celebraba a primeras horas de la ma\u00f1ana, antes del trabajo, pues el domingo era entonces oficialmente d\u00ed\u00ada laborable.<\/p>\n<p>Para la celebraci\u00f3n dominical refiere ya Justino un nuevo elemento que serv\u00ed\u00ada de introducci\u00f3n: se leen \u00ablas memorias de los ap\u00f3stoles o los escritos de los profetas\u00bb, a lo que sigue la alocuci\u00f3n del presidente y, como conclusi\u00f3n de esta parte preparatoria, la oraci\u00f3n por los intereses generales. Con ello se adopt\u00f3 en la liturgia de la m. dominical, y poco m\u00e1s o menos desde el siglo iv en todas las m., un elemento tradicional tomado de la pr\u00e1ctica jud\u00ed\u00ada, que en los ambientes judeocristianos debi\u00f3 de sobrevivir como una celebraci\u00f3n aut\u00f3noma. En esto influy\u00f3 la convicci\u00f3n de que la palabra divina es la mejor preparaci\u00f3n para la acci\u00f3n sagrada. De diferentes alusiones se desprende que ya en el siglo &#8211; sin duda como reacci\u00f3n contra la -> gnosis, que despreciaba la creaci\u00f3n material &#8211; recibi\u00f3 un relieve especial la aportaci\u00f3n de los dones materiales de pan y de vino, al ser confiada como acto propio a los fieles mismos. Son los comienzos de la procesi\u00f3n de las ofrendas.<\/p>\n<p>III. La misa desde el siglo IV<br \/>\nSobre la base de la estructura que hemos expuesto, comienza en el siglo del triunfo de la Iglesia una diferenciaci\u00f3n ya claramente perceptible de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica seg\u00fan los diversos pa\u00ed\u00adses y civilizaciones. Es la ramificaci\u00f3n de las liturgias de que se ha hablado en otro lugar (-> liturgia, A). Vamos a recorrer ahora los diferentes ritos parciales tal como fueron evolucionando en diferentes lugares a partir de unos mismos comienzos.<\/p>\n<p>La preparaci\u00f3n para la m. (o tambi\u00e9n m. de los catec\u00famenos, por oposici\u00f3n a la m. de los fieles o sacrificio de la m.), cuyo n\u00facleo estaba constituido por lecturas, comenzaba directamente por \u00e9stas todav\u00ed\u00ada en tiempos de Agust\u00ed\u00adn. Pero ya en la temprana edad media comienza en &#8216;todas las liturgias por una introducci\u00f3n antepuesta a las lecciones. Esta introducci\u00f3n es todav\u00ed\u00ada algo inoficial cuando en los llamados Canones Basilii (siglo vi) se dice: Mientras van entrando los fieles \u00abse han de leer salmos\u00bb. De ah\u00ed\u00ad que en la misa bizantina y sir\u00ed\u00adaca oriental llegara a darse un oficio formal de salmos, es decir, una \u00abhora\u00bb compuesta de tres salmos, con la que ofrecen tambi\u00e9n cierta analog\u00ed\u00ada las liturgias egipcias (tres oraciones). Adem\u00e1s, en todo el oriente, a esta oraci\u00f3n preparatoria precede en cada m. un acto especial de incensaci\u00f3n, una santificaci\u00f3n del altar, del espacio, y, a veces, tambi\u00e9n del pueblo, con el incienso bendito, acompa\u00f1ada generalmente de numerosas oraciones y de algunos himnos. Pero tambi\u00e9n antes de esta ceremonia del incienso se usan algunos pre\u00e1mbulos. As\u00ed\u00ad, p. ej., en la liturgia bizantina, entre otras, se anticipa ya en este lugar la preparaci\u00f3n de los dones sacrificiales, considerada como \u00abinmolaci\u00f3n del Cordero\u00bb, la cual va acompa\u00f1ada de numerosas oraciones y textos b\u00ed\u00adblicos; esta parte recibe el nombre de prothesis.<\/p>\n<p>Igualmente se antepone tambi\u00e9n a la primera parte de la m. una serie de oraciones y ritos, que sirven a la preparaci\u00f3n personal del celebrante y al saludo de las sagradas im\u00e1genes mientras \u00e9l se reviste y se lava las manos. S\u00f3lo despu\u00e9s de todos estos ritos preliminares se realiza el ingreso formal en el recinto del altar, llevando solemnemente el libro de los Evangelios. Este acto, acompa\u00f1ado del canto del trisagio o de otro himno en su lugar, sirve de transici\u00f3n a las lecturas.<\/p>\n<p>En cambio la liturgia romana s\u00f3lo conoce un breve rito de ingreso que precede a las lecturas, en el cual est\u00e1 inserta, en la forma plenamente evolucionada de la m. solemne, la incensaci\u00f3n del altar. En l\u00ed\u00adneas generales es la misma forma que se observa cuando fuera de la m. un obispo o prelado hace su ingreso en la iglesia, p. ej., con ocasi\u00f3n de la visita pastoral: la entrada va acompa\u00f1ada de cantos, en nuestro caso del introito. Llegados al altar, se permanece unos momentos en oraci\u00f3n silenciosa; el rito se concluye con una \u00aboraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El n\u00facleo de la parte preparatoria de la misa lo constituyen en todas las liturgias las lecturas de la sagrada Escritura: la palabra de Dios. De ah\u00ed\u00ad que esta parte se llame sencillamente liturgia de la palabra: antes de la mesa del sacramento se pone la mesa de la palabra de Dios. Por esta raz\u00f3n en la Iglesia de la antig\u00fcedad se le\u00ed\u00adan por orden los diferentes libros de la sagrada Escritura, que eran explicados en las homil\u00ed\u00adas. Y al formarse el a\u00f1o lit\u00fargico se reservaron determinados libros para las diferentes fiestas y los diversos tiempos festivos: en las semanas anteriores a pascua los libros de Mois\u00e9s, en la semana santa el libro de Job, en el tiempo que sigue a pascua los Hechos de los ap\u00f3stoles, en el adviento lecturas de los profetas.<\/p>\n<p>Desde la temprana edad media en todas partes se observa la norma de fijar para todo el transcurso del a\u00f1o determinadas lecturas en forma seguida, de modo que en cada misa se lee una parte del Evangelio precedida de otra u otras de los libros no evang\u00e9licos. Con esto se contin\u00faa una tradici\u00f3n de la sinagoga, en la que la lectura sab\u00e1tica comprend\u00ed\u00ada siempre una parte de la ley y otra de los profetas. Esta tradici\u00f3n se ha conservado intacta hasta hoy en las liturgias sir\u00ed\u00adacas, que todav\u00ed\u00ada induyen una lectura de la ley y otra de los profetas; luego sigue una lectura de las cartas de los ap\u00f3stoles y otra de los Evangelios. Este n\u00famero de cuatro lecturas lo hallamos tambi\u00e9n en las liturgias egipcias, s\u00f3lo que aqu\u00ed\u00ad no se admiten m\u00e1s que lecturas neotestamentarias: en cada m. hay una lectura de las cartas de Pablo, otra de las ep\u00ed\u00adstolas cat\u00f3licas, otra de los Hechos de los ap\u00f3stoles y otra de los Evangelios. Sin duda as\u00ed\u00ad se ha abierto paso la idea de que las lecturas neotestamentarias son las m\u00e1s apropiadas para el sacrificio del Nuevo Testamento. La tradicional liturgia romana ha aceptado esa idea por cuanto en los domingos el Evangelio ha ido precedido exclusivamente de una lectura del Nuevo Testamento, que en concreto era siempre, excepto el domingo de pentecost\u00e9s, una carta de ap\u00f3stol. De ah\u00ed\u00ad que a esta lectura se la haya dado sencillamente el nombre de \u00abep\u00ed\u00adstola\u00bb.<\/p>\n<p>La lectura hecha en la liturgia exige luego por parte de los oyentes cierta respuesta expresada en una oraci\u00f3n o en un canto. As\u00ed\u00ad se hace en todas las liturgias. Llama la atenci\u00f3n que en todas ellas, entre la pen\u00faltima lectura y la \u00faltima, la del Evangelio, se inserta el aleluya, y esto como una participaci\u00f3n del pueblo a manera de respuesta en una salmodia o como resto de \u00e9sta. Aqu\u00ed\u00ad tambi\u00e9n debe tratarse de una antiqu\u00ed\u00adsimatradici\u00f3n com\u00fan, que tiene su modelo en el culto de la sinagoga.<\/p>\n<p>El especial relieve ritual que se da al Evangelio aparece como la cosa m\u00e1s obvia en todas las liturgias. El acto se solemniza con el uso de luces e incienso, con el rango del lector y del lugar de la lectura, con aclamaciones, con la melod\u00ed\u00ada del canto, con el beso del libro y la posici\u00f3n en pie de los fieles. En las liturgias egipcias antes de la lectura se lleva el libro sagrado tres veces alrededor del altar. La homil\u00ed\u00ada explicativa, que corresponde a la lectura, desde los primeros siglos hasta nuestros d\u00ed\u00adas s\u00f3lo se menciona algunas veces. La profesi\u00f3n de fe como respuesta de la comunidad reunida pertenece a todas las liturgias, aunque en la mayor\u00ed\u00ada de los ritos no romanos tiene lugar m\u00e1s tarde, inmediatamente antes de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Conforme a una ley antigua la liturgia de la palabra se concluye con una oraci\u00f3n. Todas las liturgias tienen aqu\u00ed\u00ad, o ten\u00ed\u00adan en otro tiempo, las preces en forma alternada por todos los intereses de la cristiandad. En tiempos antiguos \u00e9stas sol\u00ed\u00adan comenzar con la oraci\u00f3n por los catec\u00famenos, que eran despedidos a continuaci\u00f3n; y luego, en la \u00aboraci\u00f3n de los fieles\u00bb en sentido estricto, se encomendaban a la misericordia divina la autoridad espiritual y la temporal, la paz en la Iglesia y en el mundo, y todas las necesidades de orden temporal y espiritual.<\/p>\n<p>Para la misa propiamente dicha &#8211; el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico- deben prepararse de antemano los dones del pan y del vino. Pareci\u00f3 conveniente hacer tambi\u00e9n un rito de esta preparaci\u00f3n, en consideraci\u00f3n a los fieles, cuya intervenci\u00f3n en el sacrificio de Cristo pod\u00ed\u00ada hallar una elocuente expresi\u00f3n en los dones materiales que proced\u00ed\u00adan de sus manos, pero tambi\u00e9n en atenci\u00f3n a la sagrada finalidad de los dones, en los que el oriente anticip\u00f3 cultualmente ya en \u00e9poca temprana la presencia venidera del gran Rey. La primera idea condujo a la ya mencionada procesi\u00f3n de las ofrendas, que al finalizar la edad antigua se practicaba m\u00e1s o menos en todas partes, y que s\u00f3lo en la m. romana se conserv\u00f3 m\u00e1s de un milenio. En oriente (excepto en el rito sir\u00ed\u00adaco oriental) la segunda idea dio lugar a formas muy hermosas: los dones sacrificiales se preparaban ya antes de la celebraci\u00f3n en una mesa especial. Los fieles que participaban en la ofrenda deb\u00ed\u00adan entregar de antemano los dones en el lugar determinado para ello. En la m. bizantina tiene lugar la \u00abgran entrada\u00bb (as\u00ed\u00ad llamada para distinguirla de la \u00abpeque\u00f1a entrada\u00bb, a la que nos hemos referido antes), en la que los dones, precedidos de luces y acompa\u00f1ados de viejos c\u00e1nticos que hablan de los coros invisibles de los \u00e1ngeles, son llevados a trav\u00e9s del espacio de los fieles hacia el altar, donde se depositan, se cubren entre oraciones y se inciensan. Como rito preparatorio suele practicarse en este momento un lavatorio simb\u00f3lico de las manos, y en todos los ritos orientales el beso de paz (estilizado en diversas formas y extendido a veces tambi\u00e9n al pueblo).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de estas ceremonias sigue con gran uniformidad en todos los ritos el acto de la eucarist\u00ed\u00ada. En el di\u00e1logo inaugural le precede a modo de ep\u00ed\u00adgrafe la invitaci\u00f3n: Demos gracias al Se\u00f1or (e\u00fajarist\u00e9somen, realizemos la eucarist\u00ed\u00ada). Entonces comienza la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica (prefacio). La acci\u00f3n de gracias es al mismo tiempo alabanza y adoraci\u00f3n, y en todos los ritos existentes alcanz\u00f3 pronto un primer punto culminante en el triple sanctus, al que en principio ha de unir sus voces el pueblo. En la parte que precede al sanctus, la tradici\u00f3n sirio-bizantina (y desde 1968 un modelo romano) se limita normalmente a invitar a todos los poderes de la tierra y del cielo y a los coros de los \u00e1ngeles a cantar la alabanza, mientras que s\u00f3lo en las frases que siguen al sanctus desarrolla m\u00e1s o menos ampliamente la acci\u00f3n de gracias por las grandes obras de Dios en la historia de la salvaci\u00f3n y por su coronamiento en Cristo, hasta llegar al relato de la hora en que \u00e9l tom\u00f3 el pan. En cambio, en la tradici\u00f3n egipcia y romana occidental la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica comienza inmediatamente con la acci\u00f3n de gracias y con la exposici\u00f3n de su fundamento y su objeto en tono de alabanza. Inmediatamente despu\u00e9s del sanctus, seg\u00fan el esquema primitivo, esa tradici\u00f3n pasa r\u00e1pidamente a la acci\u00f3n sacramental, o bien por medio de la f\u00f3rmula: \u00abEl cielo y la tierra est\u00e1n llenos de tu gloria, llena t\u00fa tambi\u00e9n estos dones con tu bendici\u00f3n\u00bb (liturgia egipcia; an\u00e1logamente muchos viejos formularios galicanos), o bien enlazando con la acci\u00f3n de gracias y ampli\u00e1ndola en forma de oferta: \u00abA ti, pues (Te igitur), Padre clement\u00ed\u00adsimo, te rogamos: acepta estos dones.\u00bb<br \/>\nEl relato de la instituci\u00f3n, transmitido originariamente en redacciones preb\u00ed\u00adblicas, acusa en las diferentes liturgias muchas clases de variantes, que ampl\u00ed\u00adan reverentemente el texto, pero en la forma actual se acerca en todas partes a uno de los relatos b\u00ed\u00adblicos. Como santuario m\u00e1s intimo y misterio m\u00e1s profundo se destaca en la liturgia romana por la pronunciaci\u00f3n en voz baja de todo el canon, y en los ritos orientales, en cambio, por la pronunciaci\u00f3n en voz alta de las palabras sacramentales. A continuaci\u00f3n sigue con frecuencia una aclamaci\u00f3n del pueblo, un \u00abam\u00e9n\u00bb, o tambi\u00e9n una profesi\u00f3n formal, como en la misa eti\u00f3pica: \u00abAnunciamos tu muerte y tu sagrada resurrecci\u00f3n, creemos en tu ascensi\u00f3n a los cielos, te alabamos&#8230;\u00bb<br \/>\nEmpalmando con el mandato de repetici\u00f3n \u00abhaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb, sigue ahora en todas las liturgias la anamnesis: Nosotros nos acordamos; nosotros hacemos esto como memorial. En ese lugar basta con indicar brevemente el objeto de la conmemoraci\u00f3n, ya que \u00e9ste ha sido expuesto en la acci\u00f3n de gracias. En cambio, con la anamnesis se asocia normalmente la ulterior descripci\u00f3n de la acci\u00f3n sagrada: Te ofrecemos. Aqu\u00ed\u00ad puede llamar la atenci\u00f3n el que siempre, sin destacar especialmente el sacrificio de Cristo, s\u00f3lo se exprese la oblaci\u00f3n de la Iglesia, basada en dicho sacrificio, rogando que sea aceptada benignamente. Mientras que no es necesario rogar para que se acepte el sacrificio de Cristo, s\u00ed\u00ad hay que hacerlo para el de la Iglesia, y sobre todo para este sacrificio concreto, pues s\u00f3lo con ciertas condiciones ser\u00e1 acepto y agradable.<\/p>\n<p>Como participaci\u00f3n en lo ofrecido, o sea, como banquete sacrificial, se introduce despu\u00e9s en la \u00faltima parte de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica la comuni\u00f3n, y se introduce como petici\u00f3n de una recepci\u00f3n fructuosa. Una alabanza solemne pone fin, ya en tiempos de Hip\u00f3lito, a la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>Este orden de ideas en sucesi\u00f3n consecuente pronto fue interrumpido con textos intercalados. Uno de esos textos consiste en plegarias de intercesi\u00f3n, que el sacerdote mismo pronuncia en el \u00e1mbito m\u00e1s \u00ed\u00adntimo del santuario, para subrayar as\u00ed\u00ad el empe\u00f1o con que 1as formula. Desde el siglo iv tales plegarias se hallan en todas las liturgias (menos en la galicana antigua, que s\u00f3lo conten\u00ed\u00ada oraciones de intercesi\u00f3n al comienzo de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica). La inserci\u00f3n de textos se hace despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n (sirios, Bizancio) o ya antes del sanctus (Egipto), o bien antes y despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n (Roma). La otra inserci\u00f3n consiste en la epiklesis o invocaci\u00f3n solemne del Esp\u00ed\u00adritu Santo, a la que los orientales unieron ya desde aquel mismo tiempo la petici\u00f3n de una comuni\u00f3n fructuosa que acabamos de mencionar.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 forma lit\u00fargica adopt\u00f3 la comuni\u00f3n misma? El -> padrenuestro, introducido aqu\u00ed\u00ad por ser una petici\u00f3n de pan y tambi\u00e9n de perd\u00f3n, es el elemento m\u00e1s general, aunque no el m\u00e1s antiguo, de la preparaci\u00f3n que precede a la comuni\u00f3n. En oriente, ya en el siglo iv, el celebrante pronuncia una oraci\u00f3n propia y una bendici\u00f3n preparatoria sobre los comulgantes (que pronto se convierte en bendici\u00f3n del pueblo), despu\u00e9s de lo cual dice dirigi\u00e9ndose a \u00e9stos: \u00ab\u00c2\u00a1Lo santo para los santos! (ta \u00e1gia to\u00ed\u00ads \u00e1g\u00ed\u00adois)\u00bb Tambi\u00e9n la fracci\u00f3n del pan, que unas veces precede a las mencionadas oraciones y otras las sigue, est\u00e1 realzada por lo regular con un marco de oraciones. Ese rito venerable a la larga apenas ha podido conservar en ninguna parte su significado primitivo como fraccionamiento de los dones sagrados para distribuirlos a los comulgantes.<\/p>\n<p>La comuni\u00f3n, recibida primero por el celebrante y por el clero, y luego por el pueblo, va por lo regular acompa\u00f1ada de un canto. El preferido en los primeros tiempos fue el Salmo 33. En general sigue a la comuni\u00f3n una oraci\u00f3n del sacerdote como acci\u00f3n de gracias por el don celestial. La m. sir\u00ed\u00adaca oriental logr\u00f3 en esto formas de extraordinaria interioridad.<\/p>\n<p>Luego, por lo regular, la celebraci\u00f3n termina r\u00e1pidamente, d\u00e1ndose todav\u00ed\u00ada a los fieles una bendici\u00f3n de despedida, que en los ritos orientales acab\u00f3 a menudo por ser un acto final compuesto de varias partes. La purificaci\u00f3n de los vasos sagrados y el consumir las part\u00ed\u00adculas restantes con frecuencia tienen lugar aqu\u00ed\u00ad una vez terminada la liturgia propiamente dicha.<\/p>\n<p>IV. Peculiaridades de la misa romana<br \/>\nLa m. del tiempo en que todav\u00ed\u00ada dominaba la lengua griega en la comunidad romana nos es conocida por la exposici\u00f3n de Hip\u00f3lito (cf. antes). La transici\u00f3n a la liturgia latina debi\u00f3 de hacerse ya en el siglo III. Por el canon en uso todav\u00ed\u00ada hoy podemos deducir los elementos principales hacia el a\u00f1o 370: prefacio, Te\u2020\u00a2igitur, Quam oblationem, relato de la instituci\u00f3n con las tres oraciones siguientes, doxolog\u00ed\u00ada final. La forma definitiva del canon, fijada hacia el a\u00f1o 600, y los textos posteriores nos han sido transmitidos en manuscritos desde los siglos VII-VIII, procedentes principalmente de escribas francos. Las oraciones del sacerdote se hallan en los sacramentarios (-> liturgia, A). De ellos existen tres redacciones: el sacramentario Leoniano, de los siglos V-VI, el Gelasiano, algo m\u00e1s reciente, y el Gregoriano, creado por Gregorio Magno (+ 604). Estos sacramentarios presentan la peculiaridad, conservada hasta hoy, de que las oraciones del sacerdote fuera del canon (y tambi\u00e9n el prefacio) var\u00ed\u00adan con el a\u00f1o eclesi\u00e1stico: una oraci\u00f3n al comienzo, otra sobre los dones presentados, una tercera despu\u00e9s de la comuni\u00f3n. Ese peculiaridad se da tambi\u00e9n en la m. g\u00e1lica. Antes de la oraci\u00f3n sobre los dones, los dos sacramentarios m\u00e1s antiguos suelen ofrecer adem\u00e1s una o dos oraciones despu\u00e9s de las lecturas. En las fuentes m\u00e1s antiguas las lecturas aparecen por lo regular reducidas a dos: ep\u00ed\u00adstola y Evangelio. Los cantos transmitidos en el antifonario, que tambi\u00e9n var\u00ed\u00adan y parecen haber sido ordenados por Gregorio Magno (el Proprium), acompa\u00f1an el ingreso del celebrante (introito), llenan el espacio entre ambas lecturas (gradual y aleluya), acompa\u00f1an la presentaci\u00f3n de los dones (ofertorio) y la comuni\u00f3n de los fieles (comuni\u00f3n).<\/p>\n<p>Al pueblo estaban reservadas las respuestas a las aclamaciones y a las oraciones del sacerdote, as\u00ed\u00ad como el canto del sanctus, que desde el siglo v tambi\u00e9n en occidente segu\u00ed\u00ada al prefacio. Tambi\u00e9n el Kyrie, el gloria y el agnus Dei correspond\u00ed\u00adan al pueblo o a un coro de cl\u00e9rigos (por tanto, no a la schola cantorum, que se encargaba de los cantos mencionados en primer lugar). Esas tres partes forman el ordinarium de los cantos. La m. fijada en esta forma hacia los siglos vi-vii se ha conservado hasta nuestros d\u00ed\u00adas. La nueva configuraci\u00f3n que comenz\u00f3 con la \u00e9poca carolingia no alter\u00f3 esta estructura, limit\u00e1ndose a llenar espacios vac\u00ed\u00ados.<\/p>\n<p>A la primera parte, esbozada como rito de ingreso y que culminaba en la oraci\u00f3n, se antepusieron las oraciones al pie del altar. Su n\u00facleo lo constituye el confiteor, que vino a sustituir la postraci\u00f3n silenciosa ante el altar. Tambi\u00e9n el Kyrie, antiguo resto de una letan\u00ed\u00ada que desde el siglo VIII qued\u00f3 fijada en nueve invocaciones a Cristo, debe ser considerado como una preparaci\u00f3n, por parte del pueblo, de la oraci\u00f3n sacerdotal; en d\u00ed\u00adas festivos se le a\u00f1ade, con an\u00e1logo sentido, el himno del gloria.<\/p>\n<p>Acerca de la liturgia de la palabra hay que notar la siguiente particularidad. Desde fines del primer milenio se hizo perceptible la importancia respectiva de las dos lecturas por el lugar desde el que se hac\u00ed\u00adan: mirando desde la antigua cathedra (y ahora desde el crucifijo), a la izquierda se le\u00ed\u00ada la ep\u00ed\u00adstola y a la derecha el Evangelio. Ese hecho sirvi\u00f3 para distinguir los dos lados del altar. De la oraci\u00f3n final s\u00f3lo qued\u00f3 la palabra oremus; el Vaticano II ha ordenado que se vuelva a introducir la oratio communis. La secreta, que estructuralmente pertenece a esta parte, se transform\u00f3 en cuanto al contenido en oraci\u00f3n sobre los dones presentados.<\/p>\n<p>Para la preparaci\u00f3n de los dones en la m. romana hasta comienzos de la edad moderna fue fundamental el acto de la ofrenda de los fieles (en un principio pan y vino, luego dinero; finalmente ese acto se redujo a algunas fiestas principales). Las oraciones en voz baja con que se acompa\u00f1a la colocaci\u00f3n de los dones sobre el altar son una aportaci\u00f3n de los pa\u00ed\u00adses n\u00f3rdicos a partir del siglo IX.<\/p>\n<p>En la primera parte de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, el prefacio, ya en el siglo VI se rompi\u00f3 bruscamente con la costumbre de cambiarlo cada vez. S\u00f3lo en los grandes d\u00ed\u00adas y festivos se conservan formas de acci\u00f3n de gracias en que se desarrolla el contenido hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico de la festividad. La valoraci\u00f3n del prefacio sufri\u00f3 tambi\u00e9n por la falsa interpretaci\u00f3n del nombre entre los francos (praefatio se entendi\u00f3 como \u00abpr\u00f3logo\u00bb del canon, no ya como \u00abanuncio en voz alta\u00bb de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica (praedicatio]). El canon en sentido estricto, que por la introducci\u00f3n de intercesiones qued\u00f3 muy cambiado en su car\u00e1cter de oblaci\u00f3n (intercesi\u00f3n por personas, prolongada con la mirada a los santos: communicantes; intercesi\u00f3n por diferentes intenciones, que Gregorio Magno redujo a las preocupaciones fundamentales en el hanc igitur, el cual permaneci\u00f3 invariable), por obra de los liturgos carolingios pas\u00f3 a ser una oraci\u00f3n secreta; y as\u00ed\u00ad deb\u00ed\u00ada aparecer como un santuario en el que s\u00f3lo puede entrar el sacerdote. A partir del s. xiii, sin duda a causa de la creciente devoci\u00f3n al sacramento del altar, se introdujo como una especie de compensaci\u00f3n la elevaci\u00f3n de las especies despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n. El sacerdote restablec\u00ed\u00ada de nuevo el contacto con la comunidad orante con las \u00faltimas palabras de la doxolog\u00ed\u00ada final.<\/p>\n<p>A consecuencia del Vaticano II se han dado pasos decisivos en la renovaci\u00f3n de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Por la Instructio altera de 1967 se renunci\u00f3 al silencio del canon y al lat\u00ed\u00adn en esta parte central. Y con el decreto del 23 de mayo de 1968 se procedi\u00f3 adem\u00e1s al enriquecimiento del contenido y a la nueva configuraci\u00f3n de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Con ello se ha creado cierto n\u00famero de prefacios con los que, sobre todo en los domingos y en adviento y cuaresma, en la primera parte de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica se pone m\u00e1s claramente de relieve el car\u00e1cter de una acci\u00f3n de gracias de los redimidos. Y, adem\u00e1s, se ofrecen tres redacciones nuevas del resto de dicha oraci\u00f3n: junto a la del canon romano, una segunda, breve, que tiene como base la eucarist\u00ed\u00ada de Hip\u00f3lito; una tercera en la que se aprovecha y desarrolla la mejor tradici\u00f3n; y una cuarta redacci\u00f3n (mencionada antes) que sigue un modelo oriental.<\/p>\n<p>En la parte de la comuni\u00f3n de la m. romana, fuera de las l\u00ed\u00adneas generales ya mencionadas (oraci\u00f3n del Se\u00f1or y postcomuni\u00f3n, con las oraciones aqu\u00ed\u00ad intercaladas que el sacerdote recita en voz baja), apenas se han conservado m\u00e1s que restos rudimentarios de ritos m\u00e1s amplios: la fracci\u00f3n del pan, de la que forma parte el agnus Dei, la mezcla de las especies, y la invitaci\u00f3n al \u00f3sculo de paz en el pax Domini, trasladado a este lugar. Que la comuni\u00f3n de los fieles no debe ser un caso excepcional (como tal lo mencionaba el Ordo Missae de P\u00ed\u00ado v) y que ha de tener lugar en este momento de la m. son puntos que, tras largo intervalo, no volvieron a ponerse de relieve hasta P\u00ed\u00ado x y el movimiento lit\u00fargico.<\/p>\n<p>Sin nueva transici\u00f3n la m. termina con las palabras de despedida ite missa est, a las que la edad media posterior a\u00f1adi\u00f3 un substitivo de la oraci\u00f3n de bendici\u00f3n que exist\u00ed\u00ada en este lugar (y que todav\u00ed\u00ada pervive en la oratio super populum), y el pr\u00f3logo del Evangelio de Juan.<\/p>\n<p>V. El pueblo en la misa<br \/>\nLa atenci\u00f3n prestada al aspecto pastoral es caracter\u00ed\u00adstica de la actual fase de evoluci\u00f3n de la liturgia. Como lo revela toda la tradici\u00f3n antigua y la configuraci\u00f3n efectiva de todos los ritos, la m. se entendi\u00f3 desde los comienzos como celebraci\u00f3n comunitaria. Presupone una asamblea de fieles, m\u00e1s o menos numerosa, con una participaci\u00f3n de los mismos en el rito: mediante las respuestas al saludo, mediante aclamaciones de asentimiento, mediante oraciones y cantos. Esta concepci\u00f3n de la m., que subraya su car\u00e1cter comunitario, se ha mantenido como norma en los ritos orientales en tanto no han estado influidos por el latino: all\u00ed\u00ad no hay m. privadas y, en parte, ninguna m. que no sea cantada. Adem\u00e1s, para fomentar la participaci\u00f3n del pueblo, en estos ritos tienen una mayor amplitud las letan\u00ed\u00adas, rezadas por el di\u00e1cono (y en caso de necesidad por el sacerdote) alternando con el pueblo en la lengua de \u00e9ste.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en la m. romana se han desarrollado elementos destinados a fomentar la participaci\u00f3n del pueblo. Nos referimos al llamado ordinario de la m., es decir, la serie de cantos invariables: Kyrie, gloria, credo, sanctus, agnus Dei. Estos textos, que en un principio estaban destinados a recitarse, no tardaron en confiarse pronto al clero que participaba en el coro (\u00abcoral\u00bb), y m\u00e1s tarde, al surgir el canto polif\u00f3nico, las m\u00e1s de las veces a un coro especial de la iglesia. As\u00ed\u00ad el pueblo pareci\u00f3 condenado al silencio. El mismo efecto produjo la conservaci\u00f3n exclusiva del lat\u00ed\u00adn. A este prop\u00f3sito hay que reconocer que el canto y la m\u00fasica sagrada, tal como evolucionaron desde el concilio de Trento hasta llegar a su m\u00e1ximo florecimiento, han aportado una decisiva y valiosa contribuci\u00f3n a la configuraci\u00f3n festiva de la celebraci\u00f3n de la misa.<\/p>\n<p>Es caracter\u00ed\u00adstico de la m. romana que, conservando el caracter de m. comunitaria, desde el siglo vl aparece tambi\u00e9n como celebraci\u00f3n privada de los sacerdotes. Desde entonces, con cierto aislamiento de su sentido de intercesi\u00f3n se celebra, sobre todo como misa votiva, por la intenciones de los fieles, que no est\u00e1n necesariamente presentes, aunque despu\u00e9s de ciertas vacilaciones se haya exigido al menos la asistencia de un ac\u00f3lito. La forma de m. sin canto as\u00ed\u00ad resultante (missa lecta, misa rezada) vino a ser el punto de partida de una nueva evoluci\u00f3n. En efecto, en los \u00faltimos siglos el deseo de conseguir que los fieles volvieran a participar m\u00e1s intensamente en la celebraci\u00f3n de la m. ha conducido, sobre todo en los pa\u00ed\u00adses no latinos, a introducir en la m. cantos en lengua popular y principalmente a sustituir el ordinario por cantos apropiados. Contra esta corriente se inculc\u00f3 desde fines del s. xix cada vez m\u00e1s el principio de que en la m. cantada s\u00f3lo hab\u00ed\u00adan de permitirse cantos latinos. As\u00ed\u00ad s\u00f3lo quedaba ya el recurso de utilizar la m. rezada, resultante de la m. privada, la cual no estaba sujeta a esta restricci\u00f3n, como base para la celebraci\u00f3n comunitaria. El movimiento lit\u00fargico (-> liturgia, D) persigui\u00f3 sus metas especialmente por este camino, que hizo posible tambi\u00e9n la ayuda de recitadores y lectores y con ello un m\u00e1s amplio acceso del pueblo a la m. Se cre\u00f3 as\u00ed\u00ad la m. comunitaria o dialogada, que en un principio s\u00f3lo implicaba la recitaci\u00f3n por el pueblo (y por los cantores) de los textos y respuestas correspondientes, pero luego, al intercalarse cantos en lengua vulgar, se logr\u00f3 una forma m\u00e1s apropiada para la celebraci\u00f3n dominical (\u00abmisa rezada y cantada\u00bb: desde 1933). La Instructio romana de 1958 resumi\u00f3 esas formas de una manera meramente provisional. A la luz de la exposici\u00f3n que hemos esbozado sobre la evoluci\u00f3n de la liturgia de la m., creemos que resultar\u00e1 claro c\u00f3mo as\u00ed\u00ad s\u00f3lo se han logrado soluciones de emergencia. A la reforma que ha de resultar del concilio Vaticano ii corresponder\u00e1 abrir los caminos que vuelvan a hacer posible una celebraci\u00f3n comunitaria viva y correcta en su forma.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: J. Brinktrine, Die heilige Messe (Pa 31950); G. Dix, The Shape of the Liturgy (Westminster 1945); J. Pascher, Eucharistia. Gestalt und Vollzug (Fr 21953); Jungmann MS; C. Bouyer, Eucarist\u00ed\u00ada (Herder Ba 1969); Th. Schnitzler, Meditaciones sobre la misa (Herder Ba 31966); J. A. Jungmann, La santa misa como sacrificio de la comunidad (V Divino Estella); P. Hamon, As\u00ed\u00ad ama Dios al mundo (Mensajero Bil); P. Piolanti, El sacrificio de la misa (Herder Ba 1965); L. Maldonado. La plegaria eucar\u00ed\u00adstica. Estudio de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y lit\u00fargica sobre la misa (Ma 1967); P. Tena Garriga, El canon de la Misa, siete siglos (IX-XVI) de su historia teol\u00f3gica (Ba 1967); C. Jean-Nesmy, Pr\u00e1ctica de la misa (Herder Ba 1968). &#8211; Los TEXTOS DE LA ORACI\u00ed\u201cN EUCARISTICA: J. Quasten, Monumenta eucharistica et liturgica vetustissima (Bo 1935-37); A. Hdnggi (dir.), Prez eucharistica (Fri 1968). &#8211; PARA LAS LITURGIAS ORIENTALES: F. E. Brightman, Liturgies Eastem and Western (0 1896). &#8211; PARA LAS LITURGIAS LATINAS y Sus ediciones particulares (sacramentarios, antifonarios, etc.) cf. los manuales.<\/p>\n<p>Josef Andreas Jungmann<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(missio= enviar). Ver \u00abEucarist\u00ed\u00ada\u00bb. \u00abMisa\u00bb es la forma tradicional de llamar la Liturgia de la Eucarist\u00ed\u00ada en la Iglesia, desde el siglo IV. 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