{"id":8209,"date":"2016-02-05T04:22:23","date_gmt":"2016-02-05T09:22:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/monogenismo\/"},"modified":"2016-02-05T04:22:23","modified_gmt":"2016-02-05T09:22:23","slug":"monogenismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/monogenismo\/","title":{"rendered":"MONOGENISMO"},"content":{"rendered":"<p>(una raza).<\/p>\n<p> Doctrina cat\u00f3lica que sostiene que toda la raza humana proviene de un solo hombre, identificado en la Biblia como Ad\u00e1n, Gen 2:7, Gen 2:21, Rom 5:12-14.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[270]<br \/>\n  Teor\u00ed\u00ada o doctrina que afirma la unidad de la pareja original de la especie humana, como el poligenismo afirma la posibilidad de la especie humana actual proceda de varias parejas o troncos diferentes, pero unificados en una especie humana de individuos an\u00e1logos o similares. (Ver Antropolog\u00ed\u00ada cristiana 1.1)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Es la afirmaci\u00f3n de la descendencia de todos los hombres de un solo progenitor. Se distingue del monofiletismo, que indica la descendencia de la humanidad de un \u00fanico grupo o de un grupo de criaturas que llegan casi al mismo tiempo al nivel humano desde un nivel inferior. La teolog\u00ed\u00ada tradicional, basada en la Biblia (Gn 1-5: Lc 3,23-38; Hch 17. Rom 5,12-21), que presenta a Ad\u00e1n como el primer hombre y como el padre de toda la humanidad, sostuvo siempre y defendi\u00f3 el monogenismo; la interpretaci\u00f3n literal de los relatos b\u00ed\u00adblicos de creaci\u00f3n del G\u00e9nesis llevaba a dar un valor hist\u00f3rico a las afirmaciones relativas al modo en que \u00absurgieron a la luz\u00bb en los comienzos del tiempo el hombre y las cosas. Desde mediados del siglo XIX los defensores de la hip\u00f3tesis poligenista (descendencia de la humanidad de varias parejas primordiales) pusieron en discusi\u00f3n esta comprensi\u00f3n tradicional del dato b\u00ed\u00adblico: contra ellos, durante la fase preparatoria del concilio Vaticano I, lleg\u00f3 incluso a pensarse en una condenaci\u00f3n; los te\u00f3logos segu\u00ed\u00adan sosteniendo que el monogenismo pertenece al patrimonio revelado, por lo que es indisociable de la fe eclesial en el Dios creador.<\/p>\n<p>A mediados del siglo xx, la teolog\u00ed\u00ada tom\u00f3 una postura distinta respecto al monogenismo. Se advirti\u00f3 sobre todo que los autores b\u00ed\u00adblicos conciben el nacimiento de la humanidad sobre la base del esquema \u00bb patriarca-descendencia\u00bb, v\u00e1lido para la comunidad tribal Y culturalmente difundido en la antiguedad, donde es bastante com\u00fan la imagen de un progenitor \u00fanico universal. Esto llev\u00f3 a concluir que \u00abel uso del esquema monogenista&#8230; en la Escritura puede ser un modo de hablar espont\u00e1neo y no reflejo, sin que se apele por este detalle al consentimiento del que escucha\u00bb (M. Flick &#8211; Z. Alszeghy); por otro lado, seg\u00fan la perspectiva antropol\u00f3gica de los antiguos, la descendencia de un \u00fanico progenitor sirve para fundamentar y justificar la necesidad de la solidaridad y de la igualdad entre los miembros del mismo clan o del mismo pueblo. Adem\u00e1s, hay que tener en cuenta otro dato: la tradici\u00f3n teol\u00f3gica eclesial defendi\u00f3 en\u00e9rgicamente el monogenismo a lo largo de los siglos para salvaguardar una verdad indiscutible y fundamental de la fe cristiana: Cristo es el salvador de todos los hombres: esta verdad, a su vez, va unida a otra afirmaci\u00f3n inspirada en el dato b\u00ed\u00adblico: todos los hombres necesitan de la salvaci\u00f3n, va que todos est\u00e1n \u00abtocados\u00bb por el pecado, precisamente por descender todos ellos de un solo hombre pecador, Ad\u00e1n. En otras palabras, el monogenismo est\u00e1 en funci\u00f3n de la afirmaci\u00f3n de la universalidad del pecado y de la universalidad de la salvaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>En tiempos recientes, el problema del monogenismo fue reconsiderado por p\u00ed\u00ado XII en la enc\u00ed\u00adclica Humani generis (1950: DS 3875ss); en relaci\u00f3n con el poligenismo se dice que \u00ablos fieles no pueden abrazar la sentencia de los que afirman que despu\u00e9s de Ad\u00e1n existieron en la tierra verdaderos hombres que no procedieron de aquel como del primer padre de todos por generaci\u00f3n natural, o que Ad\u00e1n significa una especie de muchedumbre de primeros padres\u00bb. Tras esta toma de distancia de la hip\u00f3tesis poligenista, el pont\u00ed\u00adfice sigue diciendo: \u00abNo se ve por modo alguno c\u00f3mo puede esta sentencia (de los polige,.listas) conciliarse con lo que las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia proponen sobre el pecado original, que procede del pecado verdaderamente cometido por un solo Ad\u00e1n y que, transfundido a todos por generaci\u00f3n, es propio a cada uno (cf. Rom 5, 12-19. concilio de Trento, sess. Y, 1 14)\u00bb (DS 3897). De aqu\u00ed\u00ad se deduce con evidencia que el monogenismo parece ser la \u00fanica justificaci\u00f3n v\u00e1lida de la difusi\u00f3n universal del pecado original; el monogenismo tiene aqu\u00ed\u00ad una funci\u00f3n de \u00abenunciado de apoyo\u00bb, m\u00e1s que de verdad dogm\u00e1tica. Como se ha se\u00f1alado justamente, \u00abno existen argumentos directos que impongan el monogenismo como perteneciente a la fe\u00bb (M. Flick &#8211; Z. Alszeghy). Por eso, si se lograra justificar la universalidad del pecado de Ad\u00e1n prescindiendo del monogenismo o, m\u00e1s en general, salvaguardar el dogma del pecado original, la convicci\u00f3n de que todos los hombres nacen de un \u00fanico progenitor podr\u00ed\u00ada replantearse o abandonarse, teniendo en cuenta igualmente que la ex\u00e9gesis y las ciencias naturales demuestran hoy sus limitaciones. En s\u00ed\u00adntesis, \u00bfes posible conciliar el monogenismo con la afirmaci\u00f3n del pecado origina1? La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea responde positivamente y propone dos posibles soluciones. En la primera, se afirma la existencia de un \u00abpecado colectivo \u00ab, que habr\u00ed\u00adan cometido en los or\u00ed\u00adgenes diversos progenitores del g\u00e9nero humano; en esta perspectiva, el pecado de Ad\u00e1n corresponder\u00ed\u00ada al pecado de estos progenitores de los diversos grupos humanos aparecidos en los diversos lugares de la tierra. En una segunda hip\u00f3tesis, que parece menos ingenua que la anterior y que tiene en cuenta una cierta evoluci\u00f3n en el proceso primordial de la hominizaci\u00f3n, se considera \u00bb como sujeto del pecado de origen el individuo (o grupo de individuos) que lleg\u00f3 en primer lugar a poder distinguir entre el bien y el mal, dentro del horizonte de la libertad\u00bb (M. Flick &#8211; Z. Alszeghy). A la luz de esta \u00faltima hip\u00f3tesis podemos preguntarnos c\u00f3mo se salva la universalidad del pecado, en el caso de la descendencia de la humanidad de varias parejas originales. La soluci\u00f3n podr\u00ed\u00ada venir de la consideraci\u00f3n adecuada de la perspectiva evolucionista, seg\u00fan la cual la unidad del g\u00e9nero humano no queda garantizada tanto por la descendencia de un solo progenitor, como por la procedencia de todos los hombres, a trav\u00e9s de caminos y tiempos diversos, \u00abde una com\u00fan materia primordial, creada por Dios en orden a la hominizaci\u00f3n\u00bb (M. Flick &#8211; Z. Alszeghy &#8211; ). Para comprender luego de qu\u00e9 manera u n solo individuo pudo influir en todos los seres humanos, aunque no procedan f\u00ed\u00adsicamente de \u00e9l, se recurre al concepto b\u00ed\u00adblico de personalidad corporativa: seg\u00fan la mentalidad sem\u00ed\u00adtica, hay personas que en cierto sentido encarnan a toda la comunidad, por 1&#8243;) que sus actos tienen un relieve y unas consecuencias para todos los miembros de dicha comunidad, a pesar de que \u00e9stos no desciendan directa o naturalmente de ellas. Esta categor\u00ed\u00ada de la personalidad corporativa podr\u00ed\u00ada, sin embargo, parecer contraria a la afirmaci\u00f3n dogm\u00e1tica del concilio de Trento, seg\u00fan el cual el pecado de Ad\u00e1n se transmite \u00abpor propagaci\u00f3n, no por imitaci\u00f3n\u00bb (DS 1513); en resumen, parecer\u00ed\u00ada necesario pensar en una descendencia f\u00ed\u00adsica de los hombres de Ad\u00e1n. En realidad, hoy se admite entre los te\u00f3logos que los Padres tridentinos demuestran con sus palabras que lo que les interesaba era afirmar dogm\u00e1ticamente la universalidad del pecado; m\u00e1s que referirse al modo en que el pecado original afecta a todos los hombres, lo que quer\u00ed\u00adan era afirmar el hecho de la existencia del pecado original en todas las criaturas humanas.<br \/>\nG. M. Salvati<\/p>\n<p>Bibl.: K, Rahnct. Pecado original y evoluci\u00f3n, en Concilium 26 (1967) 4OO-424; M, Flick &#8211; Z. Alszeghy El hombre bajo el siglo del pecado, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972; J. L, Ruiz de la Pe\u00f1a, Imagen de Dios, Sal Terrae, Santander 1988, 261 -267; J Salgucro, Pecado original y poligenismo, Guadalajara 1971, Y Marcos, El hombre en el espacio y en el tiempo, Studium, Madrid 1961.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>1. Concepto<br \/>\nEl m. es la doctrina seg\u00fan la cual toda la humanidad (por lo menos la que vive despu\u00e9s del pecado original) procede de una sola pareja humana. El m. est\u00e1 por de pronto en oposici\u00f3n con el poligenismo, seg\u00fan el cual la transici\u00f3n evolutiva del reino animal al hombre se ha producido en una pluralidad de casos, si bien se pone como punto de partida una sola y misma especie, con lo que la diferenciaci\u00f3n de la raza humana se habr\u00ed\u00ada producido dentro de la historia biol\u00f3gica de la humanidad. El m. est\u00e1, naturalmente, en mayor oposici\u00f3n con el polifilismo, seg\u00fan el cual la humanidad deriva de distintas especies animales, tratando de explicar as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n (por lo menos parcialmente) las distintas razas humanas. En este sentido es favorable a la hip\u00f3tesis de que la humanidad concreta actual se ha desarrollado lentamente, desde puntos de partida distintos, hacia una unidad m\u00e1s clara. Podemos prescindir aqu\u00ed\u00ad de un m. defendido espor\u00e1dicamente que cuenta a la vez con \u00abpreadamitas\u00bb, pues la hip\u00f3tesis de preadamitas no elevados al orden de la gracia y que se extinguieron antes del \u00abAd\u00e1n\u00bb del pecado original como cabeza de la humanidad en la historia de la salvaci\u00f3n y perdici\u00f3n, opera con demasiados postulados poco fundados, es una teor\u00ed\u00ada construida s\u00f3lo para resolver determinadas dificultades y hace necesario un decreto arbitrario de Dios, en virtud del cual no todos los seres espirituales estar\u00ed\u00adan llamados gratuitamente a la visi\u00f3n divina.<\/p>\n<p>2. La Escritura y la tradici\u00f3n<br \/>\na) No cabe duda de que la Escritura habla (G\u00e9n 2, 5; 3, 20; Act 17, 26; Heb 2, 11) de un Ad\u00e1n num\u00e9ricamente \u00fanico. Pero podemos preguntar qu\u00e9 es modelo de representaci\u00f3n y qu\u00e9 contenido afirmado en ese enunciado. De hecho en G\u00e9n 2 Ad\u00e1n (&#8216;\u00e1dam con art\u00ed\u00adculo) significa el hombre (tambi\u00e9n como representante de una \u00abpersona corporativa\u00bb), la humanidad en su unidad. Esta unidad (en el origen, la solidaridad y el fin) tiene muchos momentos, y se mantiene aunque no se afirme un origen precisamente monogenista. El m. de la Escritura puede ser tambi\u00e9n la imagen con que ella afirma la unidad de la humanidad en su salvaci\u00f3n y perdici\u00f3n como magnitud hist\u00f3rica que procede del Dios uno. Sobre el m. b\u00ed\u00adblico en relaci\u00f3n con el pecado original hablaremos luego m\u00e1s detenidamente.<\/p>\n<p>b) Si prescindimos por de pronto de la doctrina del pecado original como tal en la Humani generis, el magisterio habla simplemente, lo mismo que la Escritura, del hombre Ad\u00e1n (p. ej., Dz 101 130 174 228a 717c 788 790, etc.), sin intentar expresamente tomar posici\u00f3n en la cuesti\u00f3n del m. Es cierto que algunos textos secundarios (Dz 228a 717c) dicen m\u00e1s y que en el Vaticano I se hab\u00ed\u00ada preparado un canon en favor del m., pero \u00e9ste no fue aprobado (lo mismo hay que decir de un esquema preconciliar en el Vaticano II). Pero es evidente que con ello no qued\u00f3 definitivamente resuelta la cuesti\u00f3n del monogenismo.<\/p>\n<p>Una posici\u00f3n expresa del magisterio frente al moderno poligenismo se da en la enc\u00ed\u00adclica Humani generis de P\u00ed\u00ado xss (Dz 2328; cf. tambi\u00e9n Dz 2123). Se rechaza el poligenismo porque no se ve claro y en cuanto no se ve claro c\u00f3mo \u00e9ste pueda componerse (componi queat) con el dogma eclesi\u00e1stico del pecado original. Esta declaraci\u00f3n no deja libre una concepci\u00f3n poligenista del origen de la humanidad mientras no se muestre su compatibilidad con el dogma del pecado original. Pero cabe pensar que la evoluci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica entretanto ha avanzado de tal forma, que poco a poco se ve claramente la posibilidad de armonizar el poligenismo con el dogma del pecado original. Y as\u00ed\u00ad, a pesar de la Humani generis, puede defenderse con cautela un cierto poligenismo.<\/p>\n<p>3. El monogenismo y las ciencias naturales<br \/>\nNo podemos exponer aqu\u00ed\u00ad detenidamente las razones en pro y en contra del m. y del poligenismo (ni siquiera en el caso del m. en el supuesto de la conexi\u00f3n biol\u00f3gica del hombre con el reino animal: Dz 2327; -> evoluci\u00f3n). En las ciencias naturales la cuesti\u00f3n tampoco est\u00e1 definitivamente resuelta, si bien, dentro de la escasa medida en que les interesa, la resuelven en favor del poligenismo, en cuanto el origen de la humanidad en general se concibe de manera evolucionista. Sin embargo, tal vez tambi\u00e9n hoy d\u00ed\u00ada pudiera sacarse de la ciencia profana m\u00e1s de un argumento en favor del m., si se piensa en la complicaci\u00f3n (con la consecuente rareza) de las macromutaciones, que son necesarias para la aparici\u00f3n del hombre, si se cuenta con la posibilidad de que una primera pareja humana pudiera tambi\u00e9n sostenerse y multiplicarse dentro de un bi\u00f3topo animal, y si se toma en consideraci\u00f3n que, paleontol\u00f3gicamente, no es posible trazar una frontera emp\u00ed\u00adricamente clara (\u00bfinstrumentos primitivos, fuego, marcha erecta, volumen del cerebro?) entre el hombre y la especie animal (extinguida) m\u00e1s pr\u00f3xima al mismo. En favor del poligenismo habla el paralelismo con la historia de la evoluci\u00f3n animal, en que apenas se piensa en una aparici\u00f3n monogen\u00e9tica de una nueva especie; y adem\u00e1s el pensamiento de que, biol\u00f3gicamente, s\u00f3lo una poblaci\u00f3n puede ser el bi\u00f3topo adecuado para la conservaci\u00f3n y multiplicaci\u00f3n de individuos de una especie. No puede, finalmente, pasarse por alto c\u00f3mo, aun en el terreno hipot\u00e9tico, resulta cada vez m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil concebir que la cuna de la humanidad est\u00e9 reducida a un peque\u00f1o contorno. Esto hace, a la verdad, algo m\u00e1s seria la cuesti\u00f3n del polifilismo, aunque, dada la ilimitada capacidad de los hombres de todas las razas para cruzarse entre s\u00ed\u00ad, no es muy grande la inclinaci\u00f3n al mismo entre los investigadores de las ciencias naturales.<\/p>\n<p>4. El monogenismo y el dogma del pecado original<br \/>\nAnte este estado de la cuesti\u00f3n, el problema teol\u00f3gico propiamente dicho est\u00e1 tan s\u00f3lo en si el dogma del pecado original implica con necesidad el presupuesto inseparable del m. La cuesti\u00f3n puede recibir una respuesta negativa y, en consecuencia, la declaraci\u00f3n de la Humani generis (Dz 2328) no debe considerarse como posici\u00f3n definitiva del magisterio eclesi\u00e1stico. Para entender esto, hay que hacer las reflexiones siguientes.<\/p>\n<p>a. La humanidad es una verdadera unidad aun sin el supuesto de un m. biol\u00f3gico: por su origen en el Dios uno, con su designio \u00fanico para la historia de la humanidad y su universal voluntad salv\u00ed\u00adfica, en virtud de la cual todos los individuos est\u00e1n ya delante de Dios como miembros de la humanidad una; por la naturaleza com\u00fan; por la efectiva interdependencia de todos en la historia \u00fanica dentro del tiempo y del espacio; por la real referencia de todos a un solo Cristo; por el mismo fin en el -> reino de Dios.<\/p>\n<p>b. Dentro de esta unidad y por ella, la concreta situaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de cada hombre est\u00e1 determinada juntamente por las decisiones personales de todos, que no se quedan en la interioridad de cada individuo, sino que se integran en el espacio existencial de la humanidad una y de su mutua intercomunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c. En la historia de esta \u00absituaci\u00f3n\u00bb \u00fanica, en que cada uno opera su salvaci\u00f3n o perdici\u00f3n con libertad personal, tuvo que haber una fase de transici\u00f3n de una humanidad todav\u00ed\u00ada totalmente inocente a una humanidad que vive en una situaci\u00f3n determinada tambi\u00e9n por la culpa. Esa transici\u00f3n hubo de darse necesariamente si, por una parte, existe \u00abel pecado del mundo\u00bb (Jn 1, 19; 16, 8; Rom 5, 12s, etc.) y, por otra, este pecado no pudo \u00abentrar en el mundo\u00bb por la creaci\u00f3n de Dios mismo, sino que, en consecuencia, tuvo que entrar en \u00e9l por la libre acci\u00f3n del hombre. Dada la necesidad de redenci\u00f3n de todos los hombres, esta transici\u00f3n hubo de darse ya al comienzo de la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>Esto puede y debe decirse, aunque no podamos saber las circunstancias concretas de esa culpa, sino que s\u00f3lo podemos deducirla mediante una etiolog\u00ed\u00ada retrospectiva, partiendo de lo que nosotros conocemos como nuestra situaci\u00f3n y bas\u00e1ndonos en que la situaci\u00f3n de salvaci\u00f3n y perdici\u00f3n de cada hombre est\u00e1 determinada \u00abdesde el principio\u00bb.<\/p>\n<p>d. El pecado original como peccatum originale originatum significa: 1.0 Dios da a cada hombre la gracia santificante (como posibilidad de acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica), no por raz\u00f3n de su pertenencia a esta humanidad una, sino \u00fanicamente por su referencia infralapsaria a Jesucristo. 2.\u00c2\u00b0 En lo relativo a la gracia, esta pertenencia a la humanidad no tiene para el individuo funci\u00f3n causal ni mediadora. 3\u00c2\u00b0 Pero la humanidad como tal (y, por tanto, el hombre particular) en virtud de la originaria voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios habr\u00ed\u00ada debido tener esta gracia y transmitirla tambi\u00e9n al individuo por su pertenencia a ella (lo cual va impl\u00ed\u00adcito en la voluntad de dar la gracia a la humanidad y, en ella, a cada hombre). 4.\u00c2\u00b0 Esta pertenencia, que hubiera debido ser transmisora de la gracia, ha perdido ahora su funci\u00f3n, porque la humanidad existe universalmente (por existir as\u00ed\u00ad desde el principio) en una situaci\u00f3n de libertad determinada tambi\u00e9n por la culpa. 5.\u00c2\u00b0 La ausencia de la gracia santificante, por repugnar a la voluntad de Dios, significa un estado de culpa, aunque este estado s\u00f3lo en un sentido an\u00e1logo puede equipararse al que resulta de la decisi\u00f3n personal contra la voluntad divina.<\/p>\n<p>e. Para la constituci\u00f3n de esa situaci\u00f3n de libertad codeterminada desde el principio por la culpa, que con relaci\u00f3n al individuo suprime el car\u00e1cter transmisor de la gracia de la pertenencia a la humanidad, es indiferente que tal situaci\u00f3n haya sido originada por la voluntad de un individuo o por el pecado de varios, tanto m\u00e1s por el hecho de que la acci\u00f3n pecadora del principio no se hereda ni se imputa a los descendientes. A la postre tampoco tiene importancia que a estos \u00abvarios\u00bb del principio (que son relativamente pocos, de suerte que su pecado general personal no es una hip\u00f3tesis absurda) se los suponga id\u00e9nticos con la totalidad de la humanitas originans, o se los entienda como un grupo dentro de ella (sobre todo porque la gracia de los miembros de la humanidad originante que, ex supposito, no hubieran pecado personalmente, puede entenderse como gracia de Cristo, y as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n \u00e9stos hallan su salvaci\u00f3n en Cristo). Tampoco hay que preguntar aqu\u00ed\u00ad si esta condici\u00f3n pecadora de la humanitas originans suprime por s\u00ed\u00ad sola la funci\u00f3n transmisora de la gracia de la pertenencia a la humanidad (concepci\u00f3n tradicional del pecado original), o bien ha de concebirse solamente como un momento (espec\u00ed\u00adfico) del \u00abpecado del mundo\u00bb, que (como totalidad del \u00abpecado original\u00bb) significa la supresi\u00f3n de dicha funci\u00f3n (Schoonenberg).<\/p>\n<p>f. Resumiendo (con la reserva indicada antes en 2 b) podemos decir: Para la naturaleza del pecado original no es decisivo que \u00abAd\u00e1n\u00bb sea un hombre \u00fanico o signifique la humanitas originans, y que el pecado, que constituye la situaci\u00f3n de perdici\u00f3n de todos, haya sido cometido al principio por tm solo individuo o por varios individuos de esta humanidad originante. De donde se sigue que el m. no es un elemento necesario de la doctrina del pecado original.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. pecado original, espec. St. Lyonnet, M. Flick &#8211; (Z. Alszeghy), M.-M. Labourdette, J. Gross, L. Ligier, A. Vanneste. &#8211; H. Lennertz, Quid theologo dicendum de Polygenismo?: Gr 29 (1948) 417-434; J. Feiner, Ursprung, Urstand und Urgeschichte des Menschen: FThH 231-263; 1. F. Sag\u00fc\u00e9s, De Deo creante et elevante: PSJ II espec. 658-673; P. Smulders, Theologie und Evolution (Essen 1963); J. Gross, Entwicklungsgeschichte im nachaugustinischen Altertum und in der Vorscholastik (Mn 1963); A. Hulsbosch, Die Sch\u00f6pfung Gottes, Sch\u00f6pfung, S\u00fcnde und Erl\u00f6sung im evolutionischen Weltbild (W 1965); P. Lengfeld, Adam und Christus. Die<br \/>\nAdam-Christus-Typologie (Essen 1965); J. J. O&#8217;Rourke, Some Considerations about Polygenism: ThSt 26 (1965) 407-416; W. Theurer, M. und Erbs\u00fcnde: Theologie der Gegenwart 8 (Bergen-Enkheim 1965) 173-176; S. Trooster, Evolutie in de erfzondeleer (Brujas 1963); Z. Alszeghy &#8211; M. Flick, Il peccato originale in prospettiva evoluzionistica: Gr 47 (1966) 201-225; P. Brunner, Adam, wer bist Du? Methodische Erw\u00e4gungen zur Lehre von dem im Ursprung erschaffenen Menschen: KuD 12 (1966) 267-291, espec. 268 ss; J. Feiner: MySal II 562-583 (bibl.); J. H\u00fcbner, Theologie und biologische Entwicklungslehre (Mn 1966); Pablo VI.: AAS 58 (1966) 649-655 (alocuci\u00f3n a los participantes al simposio sobre el pecado original el 11. 7. 66 en Nemi, cerca de Roma); P. Schoonenberg, Theologie der S\u00fcnde (Ei 1966) 196 ss 210 ss y ap\u00e9ndice; idem, Der Mensch in der S\u00fcnde: MySal II 922 926 ss 936 ss; A. Vanneste, Le d\u00e9cret du Concile de Trente sur le p\u00e9ch\u00e9 originel: NRTh 87 (1965) 688-726, 88 (1966) 581-602; Z. Alszeghy, El evolucionismo y el magisterio de la Iglesia, \u00abConcilium\u00bb, n.\u00c2\u00b0 26 (1967) 366-373; G. Blandino, Peccato originale e poligenismo (Bol 1967); W. Br\u00f6ker, Aspectos de la evoluci\u00f3n, \u00abConcilium\u00bb, n.\u00c2\u00b0 26 (1967) 345-365. espec. 363 ss; A.-M. Dubarle, Le p\u00e9ch\u00e9 originel dans 1&#8217;\u00e9criture (P 21967); P. Grelot, El problema del peca-do original (Herder Ba 1970); R. Lavocat, R\u00e9flexions d&#8217;un pal\u00e9ontologiste sur I&#8217;\u00e9tat originel de 1&#8217;humanit6 et le p\u00e9ch\u00e9 originel: NRTh 89 (1967) 582-600; Rahner I 253-326 (consideraciones teol\u00f3gicas sobre el monogenismo); K. Rahner, Pecado original y evoluci\u00f3n, \u00abConcilium\u00bb, n.\u00c2\u00b0 26 (1967) 400-414; H. Bandet, Le p\u00e9ch\u00e9 originel dans la tradition patristique et th\u00e9olo gique (P 1967); C. Westermann, Der Mensch im Urgeschehen: KuD 13 (1967) 231-246; J. Scharbert, Prolegomena eines Alttestamentlers zur Erbs\u00fcndenlehre (Fr 1968); J. Carles, Monog\u00e9nisme et Polyg\u00e9nisme: Bulletin de la litt\u00e9rature eccl\u00e9siastique 69 (Ts 1968) 25-36; K. Rahner, M. und Erbs\u00fcnde (Fr 1969); C. Baumgartner, El pecado original (Herder Ba 1971) 159-180; P. Schoonenberg, Pecado y redenci\u00f3n (Herder Ba 1972) 87-130.<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(una raza). Doctrina cat\u00f3lica que sostiene que toda la raza humana proviene de un solo hombre, identificado en la Biblia como Ad\u00e1n, Gen 2:7, Gen 2:21, Rom 5:12-14. Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano Dr. J. Dominguez http:\/\/biblia.com\/diccionario\/ Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano [270] Teor\u00ed\u00ada o doctrina que afirma la unidad de la pareja original de la especie humana, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/monogenismo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMONOGENISMO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8209","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8209","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8209"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8209\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8209"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8209"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8209"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}