{"id":8345,"date":"2016-02-05T04:26:17","date_gmt":"2016-02-05T09:26:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacramentos\/"},"modified":"2016-02-05T04:26:17","modified_gmt":"2016-02-05T09:26:17","slug":"sacramentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacramentos\/","title":{"rendered":"SACRAMENTOS"},"content":{"rendered":"<p>(signos sagrados, obligaci\u00f3n solemne sagrada).<\/p>\n<p> Son signos sensibles, instituidos por Jesucristo, por los que se comunica al alma la gracia invisible y la santificaci\u00f3n. Senalan las verdades principales del cristianismo, y nos dan la participaci\u00f3n en los beneficios redentores de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. El numero: Son 7: Bautismo, Confirmaci\u00f3n, Confesi\u00f3n, Eucarist\u00ed\u00ada, Orden: (sacerdocio), Matrimonio y Extremaunci\u00f3n. Ver cada uno en particular, \u00abBautismo\u00bb, etc.<\/p>\n<p> Dos son de muertos: Porque se reciben en pecado: El Bautismo y la Confesi\u00f3n.<\/p>\n<p> Cinco son de vivos: Porque se deben recibir en gracia de Dios: Confirmaci\u00f3n, Eucarist\u00ed\u00ada, Sacerdocio, Matrimonio y Extremaunci\u00f3n: (o unci\u00f3n del enfermo).<\/p>\n<p> Imprimen car\u00e1cter el Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Sacerdocio, porque son para siempre, indelebles: Su efecto permanece hasta la muerte: (o eternidad), aunque la persona peque o pierda la fe, \u00c2\u00a1son imborrables! Sacramentales: Son signos externos que transmiten la gracia o alg\u00fan efecto divino espiritual. Se diferencian de los Sacramentos en que no producen su efecto en virtud del rito; su efecto depende, no en el rito mismo, como ocurre en los Sacramentos, sino en la disposici\u00f3n y oraci\u00f3n del individuo: As\u00ed\u00ad, la imposici\u00f3n de manos para sanaci\u00f3n, la se\u00f1al de la cruz, el agua bendita, la bendici\u00f3n del pap\u00e1 o mam\u00e1 o sacerdote, etc.<\/p>\n<p> En sentido amplio \u00absacramento\u00bb es toda se\u00f1al externa sensible que produce o senala una realidad sobrenatural, como la Iglesia es sacramento de Cristo y el cristiano debe ser sacramento de Jesucristo, o el matrimonio sacramento del amor.<\/p>\n<p> Sacramento de la Reconciliaci\u00f3n: Es otro nombre que se da al Sacramento de la Confesi\u00f3n o Penitencia.<\/p>\n<p> Sacramento del Altar: Es la Santa Hostia, que se expone a los fieles en el Altar, o se reserva en el Sagrario.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[401]<\/p>\n<p>    La palabra \u00absacramento\u00bb significa \u00abcosas santas\u00bb (sacer, sagrado) y, por lo tanto alude a objeto, acci\u00f3n o estado relativo a la santidad. Los griegos empleaban el t\u00e9rmino misterio, (algo oculto, secreto) para decir lo mismo.<\/p>\n<p>    Los romanos, ya en el siglo I, usaban en ocasiones el t\u00e9rmino con idea militar de \u00abjuramento secreto\u00bb, o acto juramentado como la jura de bandera. En el uso jur\u00ed\u00addico se alud\u00ed\u00ada a fianza o compromiso jurado.<\/p>\n<p>    1. Concepto religioso<br \/>\n    Ya en el siglo III se usa el t\u00e9rmino con sentido religioso y se alude con \u00e9l al acto o gesto que produce santidad. Por eso, para los cristianos, significa lo que ofrece gracia.<\/p>\n<p>    En la traducci\u00f3n de S. Jer\u00f3nimo de la Biblia, la Vulgata, convierte el t\u00e9rmino griego misterio en el latino de sacramento: Tob. 12, 7; Dan. 2. 18 y 4, 6; Sab. 2. 22 y 6, 24.<\/p>\n<p>   De las 28 veces que aparece en el Nuevo Testamento el t\u00e9rmino \u00abmisterio\u00bb, no siempre lo transcribi\u00f3 por \u00absacramentum\u00bb, tanto en la primitiva \u00abvetus latina\u00bb como en la \u00abVulgata\u00bb; a veces us\u00f3 t\u00e9rminos equivalentes, si no se trataba de acciones concretas, s\u00ed\u00admbolos, gestos santos: Ef. 5. 32; Apoc. 1. 20 y 17. 7.<\/p>\n<p>    Un significado especial del t\u00e9rmino \u00absacramento\u00bb es el de acontecimiento salvador y santificador de Jes\u00fas, como redentor misterioso y amoroso de los hombres: Ef. 1. 6.; Col 1. 26.<\/p>\n<p>    Los primeros escritores tendieron a llamar sacramento a toda la religi\u00f3n cristiana, en cuanto \u00e9sta es una suma de verdades e instituciones misteriosas; y tambi\u00e9n lo aplicaron a los ritos de culto.<\/p>\n<p> 1.1. Evoluci\u00f3n del concepto<br \/>\n    Se fue progresivamente orientando a significar las acciones santas y un tanto misteriosas, aunque sensibles y acompa\u00f1adas de plegarias o invocaciones, como las que se realizaban en el Bautismo o en la Eucarist\u00ed\u00ada. Fueron los actos religiosos que primero recibieron el nombre de sacramento.<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn dec\u00ed\u00ada sobre el Bautismo: \u00abSi quitas las palabras, \u00bfqu\u00e9 es entonces el agua, sino agua? Si al elemento se a\u00f1aden las palabras, entonces se origina el sacramento.\u00bb (In Jn. 80. 3 y Serm. 6). Lo define en ocasiones como signo sagrado, (sacramentum, id est sacrum signum) (De civ. Dei X. 5)<\/p>\n<p>    San Isidoro de Sevilla, en su af\u00e1n de explicar las cosas por las palabras, hace del \u00absacramento\u00bb la descripci\u00f3n de lo que se emplea en las acciones sagradas, por ejemplo agua, pan, vino y \u00f3leos y unciones. \u00abSe llama sacramento a lo que aparece en forma corporal, pero concede alguna virtud misteriosa y secreta.\u00bb (Etimolog\u00ed\u00adas 19. 40)<\/p>\n<p>    En tiempos escol\u00e1sticos el t\u00e9rmino se precis\u00f3 desde la idea agustiniana y se le defini\u00f3 al sacramento ya como un instrumento de la gracia, (Hugo de San V\u00ed\u00adctor, Pedro Lombardo y otros).<\/p>\n<p>    1.2. La realidad sacramental<br \/>\n    La realidad sacramental qued\u00f3 precisada en el Concilio de Trento, cuando se sali\u00f3 al paso de las actitudes m\u00e1s subjetivas y fragmentarias de los Reformadores. No formul\u00f3 este Concilio una definici\u00f3n dogm\u00e1tica, pero lo present\u00f3 como \u00absigno visible de una realidad sagrada e invisible, que es la gracia.\u00bb (Denz. 876)<\/p>\n<p>    Es el Catecismo Romano el que define definitivamente el sacramento: \u00abUna cosa o acci\u00f3n sensible que, por instituci\u00f3n divina, tiene la virtud de significar y operar la santidad y justicia, es decir la gracia santificante.\u00bb (III. 8)<\/p>\n<p>    Seg\u00fan esta definici\u00f3n, son tres los rasgos del concepto de sacramento: un signo exterior y sensorial, que significa la gracia; la acci\u00f3n misteriosa de producir la gracia santificante; la instituci\u00f3n por Dios, es decir por Jesucristo.<\/p>\n<p>    Trento resalt\u00f3 la idea de Sto. Tom\u00e1s, de que el sacramento es fundamentalmente un signo: \u00abEs el signo general que significa y otorga la gracia en particular.\u00bb (Summa Th. III. 60. 1)<\/p>\n<p>    Los signos sacramentales no son las cosas o las acciones: agua, pan, crisma, etc., sino ellas unidas a las palabras y a las intenciones. Por eso no son signos lo que define su contenido religioso, pues lo natural por s\u00ed\u00ad no puede dar lo sobrenatural, sino la referencia divina, la instituci\u00f3n por Cristo, que es lo que hace a la realidad natural producir tales efectos.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s, se insiste por parte de diversos autores postridentinos que no son realidades te\u00f3ricas y especulativas, las que dan la gracia sino las acciones intencionales sencillas, eficientes y pr\u00e1cticas.<\/p>\n<p>    1.3. El Concepto protestante<br \/>\n    Los reformadores, en su af\u00e1n obsesivo de quitar toda intermediaci\u00f3n que no fuera directamente la de Cristo, negaron el valor santificador de los actos sacramentales. Redujeron su importancia a ser simples rememoraciones de la acci\u00f3n del Salvador o est\u00ed\u00admulos para ello.<\/p>\n<p>    Los sacramentos, pues, son \u00abrecordatorios\u00bb para despertar y avivar la \u00abfe fiducial\u00bb, que es la \u00fanica que justifica. No son medios o cauces estrictamente hablando. \u00abLos sacramentos han sido instituidos no para dar, sino para recordar la voluntad divina de perdonarnos y para excitarnos a la fe y confirmarnos en el perd\u00f3n de Dios.\u00bb (Confessio Aug. art. 13).<\/p>\n<p>     Calvino dec\u00ed\u00ada incluso: \u00abEl \u00fanico sentido de los sacramentos es recordarnos la promesa divina de estar con nosotros\u00bb (Inst. IV. 14. 12). Su efecto es pues, s\u00f3lo psicol\u00f3gico y simb\u00f3lico, de ninguna manera son, ni pueden ser, instrumentos de la gracia.<\/p>\n<p>     Con estas actitudes es normal que, en el protestantismo, los sacramentos hayan desaparecido, quedando s\u00f3lo el Bautismo como signo y recuerdo del perd\u00f3n, no como purificaci\u00f3n objetiva y real del pecado. Una y otra posturas fueron rechazadas como her\u00e9ticas por el Concilio de Trento.<\/p>\n<p>     Posteriormente la aversi\u00f3n protestante, sobre todo entre los racionalistas del siglo XIX, hizo de los sacramento una simple imitaci\u00f3n de los ritos paganos o de las supersticiones de los diversos pueblos en los que el cristianismo fue arraigando.<\/p>\n<p>    2. Elementos del sacramento<br \/>\n    Para entender el concepto de sacramento es preciso ver lo que se hace (la acci\u00f3n o el objeto) y por qu\u00e9 se hace (la intenci\u00f3n expresada en la f\u00f3rmula o palabras). Tradicionalmente se ha hablado de materia y forma en cada sacramento, aludiendo a lo sensible (ojos, actos), a lo visible y  a lo audible (invocaciones).<\/p>\n<p>    2.1. La materia y la forma<br \/>\n    Cada uno de los sacramentos tiene sus rasgos peculiares. Pero hay un com\u00fan denominador en todos ellos, que es el signo externo y sensible por una parte y es la intenci\u00f3n espiritual y el efecto sobrenatural, por otra.<\/p>\n<p>    Se suele llamar materia, en el sentido de realidad palpable, al hecho, gesto, objeto o acci\u00f3n, que se presenta o ejecuta en cada sacramento.<\/p>\n<p>    La materia puede ser el agua, el pan y vino, el \u00f3leo santo, que no pueden ser cambiados sin que se altere y anule el sacramento. Y la palabra es la expresi\u00f3n tambi\u00e9n visible y sensible, que acompa\u00f1a a la acci\u00f3n para expresar la voluntad humana de hacer lo que la voluntad divina quiere que se haga, en una dimensi\u00f3n comunitaria. Todo ello constituye el \u00absacramento\u00bb.<\/p>\n<p>    Materia y forma, acci\u00f3n y expresi\u00f3n de intenci\u00f3n, tienen que ir unidas, para que se realice el signo sensible que es cada sacramento. Hasta la \u00e9poca escol\u00e1stica no se hizo problema de la precisi\u00f3n o uni\u00f3n formal de ambos elementos. Pero las discusiones teol\u00f3gicas del siglo XII y del XIII contribuyeron a clarificar la naturaleza de los sacramentos.<\/p>\n<p>    El primero que us\u00f3 los dos t\u00e9rminos en el sentido hilem\u00f3rfico o aristot\u00e9lico, que por entonces se impuso en la Iglesia, fue Hugo de San Caro (hacia 1230), que hizo oportunos y claros comentarios sobre la materia y la forma en cada sacramento.<\/p>\n<p>     Desde entonces, y como efecto de la influencia dominica (de S. Alberto Magno y de Sto. Tom\u00e1s de Aquino) se convirti\u00f3 en el modo ordinario de hablar de los te\u00f3logos cat\u00f3licos de Occidente. El \u00abDecretum pro Armenis\u00bb, del Concilio unionista de Florencia (1435), recogido en la Bula de Eugenio IV Exultate Deo del 22 de Noviembre de 1439 declar\u00f3: \u00abLos sacramentos se hacen reales por tres elementos: la cosa, como materia; la palabra, como forma; y la persona del ministro, como encargado de conferir el sacramento con la intenci\u00f3n de hacer lo que la Iglesia hace. Si falta alguno de esto tres elementos, no hay sacramento.\u00bb  (Denz. 695)<\/p>\n<p>     3. Eficacia y realidad sacramental<\/p>\n<p>     Sin embargo, la doctrina cat\u00f3lica hace del sacramento un verdadero instrumento de la gracia, porque Cristo quiso poner en nuestro camino unos \u00absignos sensibles\u00bb a trav\u00e9s de los cuales El da el perd\u00f3n y la gracia.<\/p>\n<p>     Los antiguos escritores cristianos ya atribuyeron al signo sacramental la purificaci\u00f3n y la santificaci\u00f3n del alma. Sobre todo fue el Bautismo el que m\u00e1s mereci\u00f3 su atenci\u00f3n y sus comentarios. Dios quiso poner en el agua bautismal una fuerza misteriosa, real y eficaz, de modo que hasta quienes lo reciben sin darse cuenta, como en el caso de los ni\u00f1os en el Bautismo, quedan purificados del pecado.<\/p>\n<p>    San Juan Cris\u00f3stomo compar\u00f3 su eficacia con \u00abla misma fecundidad del seno maternal, sobre todo del virginal de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, donde se produce la vida con s\u00f3lo realizar la acci\u00f3n. Dios lo quiso as\u00ed\u00ad y tenemos que admitir lo que Dios quiso y no lo que nosotros juzgamos\u00bb. (Sbr. Jn. homil. 26. 1)<\/p>\n<p>    Esa eficacia aut\u00e9ntica, no m\u00e1gica y supersticiosa, sino real y misteriosamente vinculada al signo sensible, es lo que se ha llamado entre los te\u00f3logos eficacia en virtud de la misma acci\u00f3n realizada.<\/p>\n<p>    Tradicionalmente se dijo eficacia \u00abex opere operato\u00bb (autom\u00e1tica), para diferenciarla de la \u00abex opere operantis\u00bb (seg\u00fan el receptor y sus disposiciones)<\/p>\n<p>    A esa acci\u00f3n por s\u00ed\u00ad misma se debe a\u00f1adir la preparaci\u00f3n, la conciencia, la intenci\u00f3n, la acogida del que recibe el sacramento. Pero la una no condiciona la otra, aunque el ideal asc\u00e9tico y pedag\u00f3gico es que vayan unidas.<\/p>\n<p>    Por eso podemos hablar de una eficacia objetiva y de una subjetiva, recogiendo expresiones escol\u00e1sticas, que se usaron ya desde el siglo XII. Y debemos dar importancia al rito sacramental que se realiza y a la disposici\u00f3n de quien lo realiza y de quien lo recibe.<\/p>\n<p>    Y conviene, sobre todo en la formaci\u00f3n de los cristianos, resaltar el regalo que suponen los sacramentos y lo lejos que se hallan de convertirse en ritos fetichistas. Ellos son instrumentos gratuitos y regalados a los creyentes, que incluso les santifican sin ellos darse cuenta, del mismo modo que las medicinas producen efectos buenos, incluso sin que lo adviertan quienes las toman de propio gusto o por influencia ajena.<\/p>\n<p>    Pero, al mismo tiempo, es importante la mejor conciencia en la recepci\u00f3n sacramental, es decir la preparaci\u00f3n personal, para aumentar los beneficios con la mayor libertad y la mejor disposici\u00f3n de los receptores.<\/p>\n<p> 4. Efectos de los Sacramentos<br \/>\n    Dios quiso que existieran estos signos sensibles para concedernos su gracia, de una forma incipiente (Bautismo o Penitencia) si no se tiene, o de una forma proficiente (Confirmaci\u00f3n, Eucarist\u00ed\u00ada, Unci\u00f3n de enfermos) si ya se posee; o incluso, de una forma relativamente perfectiva o culminativa (Orden, Matrimonio) cuando se llega a cierta plenitud de vida en la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>    4.1. La gracia santificante<br \/>\n    Los sacramentos confieren la gracia santificante, o amistad con Dios, a quienes los reciben. La dan de forma inicial (Bautismo) o la incrementan de manera progresiva con su recepci\u00f3n (Eucarist\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>    Es la ense\u00f1anza de la Iglesia desde los primeros momentos y es la persuasi\u00f3n que se ha defendido siempre contra cualquier hereje que haya dudado de esta realidad. La concesi\u00f3n de la gracia la encontramos en m\u00faltiples texto del Nuevo Testamento, aunque es el Bautismo el que m\u00e1s fue se\u00f1alado como fuente de justificaci\u00f3n: 2 Tim. 1. 6; Jn 3. 5; Tit. 3. 5; Ef. 5. 26; Jn. 20. 23;  Sant. 5. 15; Hech. 8. 17; Sant 6. 55.<\/p>\n<p>    Antiguamente se llamaban \u00absacramentos de muertos\u00bb a los que dan la gracia por primera vez, por no tenerla (Bautismo) o por haberla perdido (Penitencia). Y se llamaban \u00absacramentos de vivos\u00bb a los que suponen ya la amistad divina y su funci\u00f3n es incrementarla y afianzarla (Eucarist\u00ed\u00ada y los dem\u00e1s). Estas expresiones son v\u00e1lidas relativamente, pues la misma naturaleza de los sacramentos, como intermediarios de la gracia, reclama cierto reconocimiento del ser vivo que busca y acepta el misterio divino en las almas.<\/p>\n<p>     Con la gracia divina general, los sacramentos conceden o aumentan todos aquellos dones con ella vinculados: los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, los m\u00e9ritos sobrenaturales, las virtudes infusas o regaladas de fe, esperanza y caridad.<\/p>\n<p>    4.2. La \u00abgracia sacramental\u00bb<\/p>\n<p>     En la doctrina habitual cat\u00f3lica se habla tambi\u00e9n de que cada sacramento confiere una \u00abgracia sacramental\u00bb espec\u00ed\u00adfica. Por eso precisamente existen diversos sacramentos.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad el Matrimonio o el Orden otorgan a los casados o a los \u00abordenados\u00bb una fuerza sobrenatural y divina para cumplir con los deberes de su estado o misi\u00f3n eclesial. La Confirmaci\u00f3n otorga una energ\u00ed\u00ada nueva para vivir la plenitud del mensaje cristiano. Y la Unci\u00f3n de los enfermos prepara para el tr\u00e1nsito supremo hacia la casa del Padre.<\/p>\n<p>     La existencia de la gracia sacramental es algo que se deduce naturalmente de la finalidad de cada sacramento. Se discute entre los te\u00f3logos si se trata de la misma gracia o amistad divina en general, aplicada a cada circunstancia diversa, o si realmente hay un \u00abdon peculiar y diferencial\u00bb. Como otras muchas cuestiones teol\u00f3gicas, esta discusi\u00f3n corre el riesgo de enfangarse en el nominalismo y la sem\u00e1ntica; pues, al tratarse de concesiones divinas, dif\u00ed\u00adcilmente se las puede encerrar en terminolog\u00ed\u00adas humanas.<\/p>\n<p>     Lo mejor es asumir con naturalidad su existencia, sin pretender sutiles diferencias sobre su naturaleza, y pedir a Dios que conceda sus dones en funci\u00f3n de las particulares necesidades de las personas o de los grupos.<\/p>\n<p>     Santo Tom\u00e1s habla de que esta gracia es la misma gracia general convertida en \u00abcierto auxilio divino a\u00f1adido a la gracia general para cumplir el fin propio de cada Sacramento.\u00bb (Summa.Th. III. 62.2)<\/p>\n<p>     Tal vez esta idea de la gracia sacramental espec\u00ed\u00adfica es la que m\u00e1s tiene que ver con la disposici\u00f3n y pedagog\u00ed\u00ada de cada acci\u00f3n sacramental. La Iglesia recomend\u00f3 siempre la buena preparaci\u00f3n para recibir los sacramentos con m\u00e1s provecho y consciencia.<\/p>\n<p>     As\u00ed\u00ad lo hizo la primitiva Iglesia con la pr\u00e1ctica del catecumenado. Y as\u00ed\u00ad lo hace siempre que recomienda catequesis de primera comuni\u00f3n, catequesis penitenciales para recibir el perd\u00f3n de los pecados, catequesis de confirmaci\u00f3n, la preparaci\u00f3n para el matrimonio sacramental, entre otras pr\u00e1cticas habituales.<\/p>\n<p>    4.3. El car\u00e1cter sacramental<br \/>\n    Hay tres sacramentos: Bautismo, Confirmaci\u00f3n y el Orden, que imprimen en el alma un car\u00e1cter, es decir, una \u00abmarca espiritual indeleble y definitiva\u00bb que diferencia a los que los han recibido y los hace irrepetibles.<\/p>\n<p>    Es dif\u00ed\u00adcil explicar y entender lo que es ese car\u00e1cter; por eso se suele definir el car\u00e1cter de forma metaf\u00f3rica, y se le denomina marca, sello o se\u00f1al de identificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   El Concilio de Trento declar\u00f3 contundentemente su existencia contra los Reformadores que entend\u00ed\u00adan el Bautismo como acto externo y simb\u00f3lico y por lo tanto repetible: \u00abSi alguno niega que los tres sacramentos: Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Orden imprimen un car\u00e1cter en el alma, es decir un sello imborrable que los hace imposibles de repetir, que sea condenado.\u00bb (Denz. 695)<\/p>\n<p>    En el Nuevo Testamento no se habla expl\u00ed\u00adcitamente de ese sello sacramental imborrable, pero se deduce de algunas expresiones paulinas que aluden a la fuerza transformadora del Bautismo: \u00abEs Dios quien a nosotros y a vosotros confirma en Cristo, nos ha ungido, nos ha sellado y ha depositado las arras del Esp\u00ed\u00adritu en nuestros corazones,\u00bb (2 Cor. 15. 21) \u00abEn El, desde que cre\u00ed\u00adsteis, fuisteis sellados con el Esp\u00ed\u00adritu Santo prometido.\u00bb (Ef. 1. 13) \u00abGuardaos de entristecer al Esp\u00ed\u00adritu Santo de Dios, en el cual hab\u00e9is sido sellados para el d\u00ed\u00ada de la redenci\u00f3n.\u00bb (Ef. 4. 30)<\/p>\n<p>     En la teolog\u00ed\u00ada del siglo XII se perfil\u00f3 la existencia del car\u00e1cter sacramental que impide la repetici\u00f3n de los tres sacramentos mencionados. El te\u00f3logo Pedro Cantor (+ 1197) fue el primero que argument\u00f3 con razones s\u00f3lidas sobre la irrepetibilidad de esos tres sacramentos por el sello o marca imborrable que dejan en el alma y la hacen diferente a como era antes de sus recepci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Los grandes te\u00f3logos que discutieron o escribieron sobre este punto doctrinal (Alejandro de Hales, S. Buenaventura, San Alberto Magno y Santo Tom\u00e1s de Aquino) defendieron este sello como causante de la transformaci\u00f3n definitiva del alma bautizada, confirmada y ordenada sacerdotalmente y la repetibilidad de la Penitencia, de la Eucarist\u00ed\u00ada, de la Unci\u00f3n de enfermos o del Matrimonio.<\/p>\n<p> 5. Sacramentos y vida<br \/>\n    La religi\u00f3n cristiana es sacramental por voluntad del mismo Cristo. Es decir, Dios quiso que hubiera unos cauces humanos y sensibles para comunicarnos su gracia por su medio. Es importante asumir esta econom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n que Dios determin\u00f3. Pod\u00ed\u00ada haber sido otra, pero la realidad es lo que es y no lo que pod\u00ed\u00ada haber sido.<\/p>\n<p>    La conveniencia de instituir signos sensibles de la gracia se escapa nuestro razonamiento. Pero se asume bien cuando nos damos cuenta de la condici\u00f3n sensible que los hombres tenemos y de lo dif\u00ed\u00adcil que resulta llegar a situaciones de abstracci\u00f3n elevada en la mayor parte de las personas sencilla.<\/p>\n<p>    Por eso Cristo quiso acomodarse a sus seguidores y les dio los apoyos sacramentales que reflejaran, en los sentidos, sus riquezas interiores.<\/p>\n<p>    5.1. Conveniencia de signos<br \/>\n    Por eso, el cristiano tiene su vida espiritual y su nivel de gracia sobrenatural vinculado a los sacramentos y se pregunta por lo que es la voluntad de Jes\u00fas. Encuentra en los sacramentos los medios y recursos para cultivar su esp\u00ed\u00adritu. Acepta los signos sensibles, el agua, el pan, el vino, las unciones, no como ritos m\u00e1gicos, sino como acciones externas instrumentales que producen la amistad divina. Comulga y recibe la absoluci\u00f3n de sus pecados, y tambi\u00e9n se alegra del agua bautismal recibida o de la unci\u00f3n confirmacional que acogi\u00f3 como regalo.<\/p>\n<p>    Cada sacramento tiene una finalidad querida por Cristo. Unos son de frecuente recepci\u00f3n. Otros se reciben s\u00f3lo una vez y son el comienzo de una nueva vida y la causa de un nuevo estado en la comunidad cristiana. El buen cristiano sabe ver en acciones y objetos tan sensoriales el misterio de Dios que en ellos late.<\/p>\n<p>  5.2 Causalidad de los Sacramentos<br \/>\n    Con todo es bueno para el cristiano el saber diferenciar entre el signo y lo significado. El sacramento no es el fin en s\u00ed\u00ad mismo, el regalo, el don, sino el medio y el instrumento, el envoltorio del don que es la gracia divina.<\/p>\n<p>    Ellos son causa y condici\u00f3n de la gracia. Hay que cuidarlos como tales, pero no confundirlos. Por eso el cristiano no confunde el rito con el amor, el gesto con la intenci\u00f3n que hay en el gesto.<\/p>\n<p>    La Teolog\u00ed\u00ada explica que los sacramentos no son s\u00f3lo est\u00ed\u00admulos o recordatorios de la gracia, sino su cauce.<\/p>\n<p>    No se puede explicar del todo c\u00f3mo y por qu\u00e9 se produce esta instrumentalidad, pero el Se\u00f1or Jes\u00fas lo quiso as\u00ed\u00ad y hemos de asumir su car\u00e1cter misterioso.<\/p>\n<p>    Entre los te\u00f3logos se trat\u00f3 de explicar c\u00f3mo se produc\u00ed\u00ada esa comunicaci\u00f3n de la gracia por medio de los signos.<\/p>\n<p>   &#8211; Los tomistas hablaron de \u00abcausalidad f\u00ed\u00adsica\u00bb, es decir natural, autom\u00e1tica, imperceptible, pero real. Simplemente Dios quiso darnos su gracia por los signos sensibles, sin excesivas complicaciones para nosotros.<\/p>\n<p>   &#8211; Los franciscanos y escotistas, junto a la escuela teol\u00f3gica jesu\u00ed\u00adtica, hablaron de una causalidad moral. Ello significar\u00ed\u00ada que la concesi\u00f3n de la gracia no es autom\u00e1tica, sino voluntaria y libremente querida por el que los recibe.<\/p>\n<p>    Al margen de lo que significan estas posturas teol\u00f3gicas, lo que interesa es que el sacramento es el veh\u00ed\u00adculo de la gracia; que hay que agradecer que exista, pero que hay que colaborar con el instrumento que cada sacramento es.<\/p>\n<p>    Si uno recibe un sacramento en malas disposiciones o por rutina, la gracia no se concede de igual modo que si se prepara adecuadamente para \u00e9l.<\/p>\n<p>    Si las disposiciones son tan malas (estado de pecado) que se bloquea o paraliza la acci\u00f3n de la gracia, queda \u00e9sta como latiendo y como esperando la rectificaci\u00f3n de la intenci\u00f3n o de la disposici\u00f3n para actuar en el alma. A eso se suele denominar \u00abreviviscencia sacramental\u00bb o posibilidad de hacer vivo lo que de momento queda latente.<\/p>\n<p>    6. Instituci\u00f3n por Cristo<br \/>\n    Un aspecto decisivo de los sacramentos es que no han sido inventados o instituidos por la Iglesia, sino queridos por el mismo Jes\u00fas. Y es claro en la Iglesia que Jes\u00fas quiso \u00e9stos y s\u00f3lo estos, los siete, que la Iglesia trasmite.<\/p>\n<p>    De algunos, como la Eucarist\u00ed\u00ada, nos quedan entra\u00f1ables testimonios evang\u00e9licos, claros, precisos y contundentes. De otros, como la Unci\u00f3n de los enfermos, no hay referencias expl\u00ed\u00adcitas en el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>    Sin embargo, la Iglesia nos ense\u00f1a que todos los Sacramentos del Nuevo Testamento fueron instituidos directamente por Jesucristo y lo declara verdad de fe. El concilio de Trento conden\u00f3 a los protestantes que s\u00f3lo admit\u00ed\u00adan algunos: Bautismo y la Cena como sacramentos y negaban la verdadera instituci\u00f3n divina de los otros cinco signos sacramentales: \u00abSi alguno no confiesa que todos los sacramento de la nueva Ley han sido instituidos por el mismo Jesucristo, sea condenado.\u00bb (Denz. 844)<\/p>\n<p>    Es, por lo tanto, rechazable la opini\u00f3n de quienes ven en los sacramentos el fruto de una evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la comunidad cristiana a partir del recuerdo de algunos acontecimientos de la vida de Jes\u00fas: \u00faltima cena, bautismo en el Jord\u00e1n, boda de Cana, perd\u00f3n de los pecados, etc. Esta opini\u00f3n de los te\u00f3logos del siglo XIX llamados modernistas fue rechazada por la Iglesia, en concreto por el Decreto del 3 de Julio de 1907 \u00abLamentabili\u00bb, de P\u00ed\u00ado X. (Denz. 2039)<\/p>\n<p>    6.1. Instituci\u00f3n inmediata<br \/>\n    El modo como Cristo instituy\u00f3 cada sacramento queda escondido, o supuesto, en algunos de los sacramentos y se manifiesta m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito y claro en otros, como es el caso del Bautismo, la Eucarist\u00ed\u00ada y del Orden.<\/p>\n<p>    Por eso, salvando la instituci\u00f3n directa por parte del Se\u00f1or de todos ellos, se puede afirmar que de algunos, como la Eucarist\u00ed\u00ada, qued\u00f3 m\u00e1s grabada en la mente y en el recuerdo de los evangelistas, pues Cristo les dijo que \u00abhicieran eso en memoria suya.\u00bb (Lc. 22. 19)<\/p>\n<p>    Y de otros, como en el caso de la Confirmaci\u00f3n, pudo resultar m\u00e1s impl\u00ed\u00adcito y quedar englobado en algunos actos de fortalecimiento de la fe de los disc\u00ed\u00adpulos. S\u00f3lo m\u00e1s tarde sus seguidores revivieron su existencia, caso de la Unci\u00f3n de enfermos, de la que habla s\u00f3lo la Ep\u00ed\u00adstola de Santiago (Sant. 5.14); o incluso qued\u00f3 latente en la Iglesia hasta m\u00e1s tarde. No se puede establecer una teor\u00ed\u00ada precisa que ilumine este aspecto.<\/p>\n<p>    Algunos te\u00f3logos escol\u00e1sticos, como Hugo de San V\u00ed\u00adctor, Pedro Lombardo y S. Buenaventura, ense\u00f1aron que Cristo quiso los siete sacramentos, pero que alguno de ellos, como la Confirmaci\u00f3n y la Unci\u00f3n de enfermos, lo hizo a trav\u00e9s de los Ap\u00f3stoles m\u00e1s tarde. San Alberto Magno y Santo Tom\u00e1s ense\u00f1aron lo contrario: que por igual fueron todos instituidos por Jes\u00fas directamente, aunque no tengamos testimonios escritos de ello en el Evangelio (Summa. Th. III. 64. 2), pues \u00abotras muchas cosas dijo e hizo el Se\u00f1or de las que est\u00e1n escritas en este libro\u00bb. (Jn. 20. 30)<\/p>\n<p>    De verdad resulta clara la conciencia de los Ap\u00f3stoles de ser s\u00f3lo \u00abadministradores de los misterios divinos\u00bb (1 Cor. 4. 1 y 1 Cor. 3. 5), no protagonistas e inventores de ellos.<\/p>\n<p>    La Iglesia no se siente due\u00f1a de lo que ha recibido. No puede ni suprimir los sacramentos ni alterarlos en lo esencial. Debe limitarse a administrarlos como el mismo Jes\u00fas ha querido. Este principio es v\u00e1lido para todos, desde el Orden al Bautismo, desde la Penitencia al Matrimonio.<\/p>\n<p>     Esto es importante para entender hasta d\u00f3nde puede la Iglesia introducir elementos, ritos, f\u00f3rmulas, usos o modos de actuaci\u00f3n en cada sacramento. Ella explora la voluntad de Jes\u00fas y se adapta a las necesidades de los hombres. Pero ama y respeta la voluntad del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>   6.2. Ritos accidentales<br \/>\n    Con todo, la misi\u00f3n de administradora de la Iglesia reclama sensibilidad hist\u00f3rica y geogr\u00e1fica respecto al hecho de la administraci\u00f3n. Debe analizar cu\u00e1l es lo que mejor se acomoda a cada ambiente cultural o hist\u00f3rico para que el signo sensible sea m\u00e1s significativo de la gracia que el sacramento concede.<\/p>\n<p>    Por eso la Iglesia se ha ido adaptando en lo ritual a las conveniencias variables de los tiempos. Hoy, por ejemplo, reclama una administraci\u00f3n m\u00e1s atenta a lo esencial, la gracia, en cada sacramento y en tiempos pasados tal vez resalt\u00f3 m\u00e1s la acci\u00f3n ritual, lo lit\u00fargico. Hoy se supera m\u00e1s lo individual o lo expresivo de la piedad personal y se reclama m\u00e1s la dimensi\u00f3n comunitaria, como acontece en la Eucarist\u00ed\u00ada y en la Penitencia.<\/p>\n<p>    En consecuencia es importante en la acci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica advertir est\u00e1 variaci\u00f3n de procedimientos, sin alteraci\u00f3n de las dimensiones teol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>    Los educadores de la fe deben diferenciar, pues, entre los ritos esenciales de los sacramentos, que dependen de la voluntad institucional divina, y aquellas formas complementarias y pedag\u00f3gicas que se pueden y deben usar en su administraci\u00f3n. Por ejemplo, la Iglesia puede admitir en la Eucarist\u00ed\u00ada diversas formas celebrativas: c\u00e1nones, lenguas vern\u00e1culas, ritos y plegarias, lugares y tiempos, etc.; pero no podr\u00ed\u00ada sustituir el pan y el vino con el que celebr\u00f3 Jes\u00fas por arroz y t\u00e9, por muy usuales que resulten en determinados ambientes o culturas. O bien podr\u00e1 hacer la celebraci\u00f3n matrimonial m\u00e1s familiar, festiva y incluso tribal o popular o m\u00e1s \u00ed\u00adntima y personal; pero no podr\u00e1 sustituir el mutuo consentimiento de los esposos por un acuerdo o transaci\u00f3n de los familiares cercanos, aunque resulte frecuente en determinados ambientes o tradiciones sociales.<\/p>\n<p>    Siempre habr\u00e1 que estar atento a lo que Cristo ha querido en temas a veces conflictivos o teol\u00f3gicamente discutibles: ordenaci\u00f3n de la mujer, absoluciones colectivas, matrimonios a prueba, ordenaciones sacerdotales temporales. De lo contrario, se puede caer en desviaciones perniciosas y destructoras de la fe.<\/p>\n<p>    El educador de la fe debe, en temas sacramentales, diferenciar lo que es period\u00ed\u00adstico de lo que es teol\u00f3gico, lo que es fiducial y lo que es disciplinar.<\/p>\n<p>    7. N\u00famero de los sacramentos<br \/>\n    Del mismo modo, es preciso explorar la voluntad de Jes\u00fas sobre lo que es sacramento cristiano y lo que no lo es. La Iglesia, en el concilio de Trento, confirmo la ense\u00f1anza tradicional de que son siete y s\u00f3lo siete los sacramentos.<\/p>\n<p>    La clarificaci\u00f3n progresiva de la doctrina sacramental lleg\u00f3 a definitiva en el siglo XII, cuando se purificaron las creencias de \u00e9pocas anteriores sobre la sacramentalidad de otros ritos, como la coronaci\u00f3n de los reyes, la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes cristianas, ciertas peregrinaciones penitenciales o el env\u00ed\u00ado de los cruzados medievales. Tales practicas \u00abpiadosas\u00bb en ocasiones se consideraron como sacramento verdaderos. Pero la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica ayud\u00f3 a discernir su identidad y su sentido.<\/p>\n<p>    Contra los Reformadores, que despu\u00e9s de diversas vacilaciones redujeron sus creencias sacramentales s\u00f3lo al Bautismo y a la Eucarist\u00ed\u00ada, el Concilio de Trento defini\u00f3 el n\u00famero de siete como ense\u00f1anza dogm\u00e1tica cat\u00f3lica: \u00abSi alguno afirma que los Sacramentos de la nueva ley puede ser muchos o pocos y no solamente siete, debe ser condenado.\u00bb (Denz. 844)<\/p>\n<p>    Las razones que ayudaron a clarificar este n\u00famero fueron de tres tipos.<\/p>\n<p>    7.1. Argumento de prescripci\u00f3n<br \/>\n    Tal fue el n\u00famero que se fue haciendo claro en los razonamientos de los antiguos Padres y que los autores de la primera Escol\u00e1stica asumieron como indiscutible. Qued\u00f3 consagrado en los concilios de Lyon (1274) y de Florencia (1438-1445) (Denz. 465, 695, 424, 665).<\/p>\n<p>    La argumentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica que en ocasiones se alud\u00ed\u00ada (Jn. 14. 26) no resultaba suficiente, sino meramente orientadora e indicativa. Pero la reflexi\u00f3n y el discernimiento, m\u00e1s por eliminaci\u00f3n de otros gestos o ritos tradicionales, que por expl\u00ed\u00adcita clarificaci\u00f3n de los siete tradicionales, condujo f\u00e1cilmente a la definitiva conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>    La identidad de algunos de los sacramentos, como la Confirmaci\u00f3n, no estuvo al principio clara y diferenciada del rito bautismal. Tampoco se hizo objeto de singular atenci\u00f3n ante los usos y tradiciones que rodearon su administraci\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>    Pero se aplic\u00f3 de forma natural la opini\u00f3n agustiniana de valorar lo usual en la comunidad: \u00abLo que toda la Iglesia profesa y no ha sido instituido por los Concilios, sino que siempre se ha mantenido como tal, eso creemos con raz\u00f3n que ha sido transmitido por autoridad apost\u00f3lica\u00bb.\u00bb (De Baptismo IV 24. 31)<\/p>\n<p>    7.2. Argumento anal\u00f3gico.<\/p>\n<p>    Puede servir de ayuda en Occidente el testimonio septenario de la Iglesia ortodoxa griega y de los dem\u00e1s grupos orientales estrechamente enlazados con la tradici\u00f3n. Ellos, aunque separados en la disciplina y en la obediencia del Primado romano, no vacilaron en lo referente a las celebraciones sacramentales.<\/p>\n<p>    A pesar de las distancias afectivas, la comunidad de doctrina sacramental fue interesante ayuda para la determinaci\u00f3n exclusiva de lo siete sacramentos. y esa creencia nunca fue objeto de discrepancia entre ambas Iglesias.<\/p>\n<p>    A este respecto resulta interesante la respuesta que el Patriarca de Constantinopla, Jerem\u00ed\u00adas II, ofrec\u00ed\u00ada el a\u00f1o 1576 a los te\u00f3logos luteranos Mart\u00ed\u00adn Crusius y Jacobo Andreae, profesores de Tubinga, que enviaban una versi\u00f3n griega de la Confesi\u00f3n de Augsburgo, para que se usara en los encuentros mutuos entre ambas confesiones religiosa: \u00abLos misterios o sacramentos existentes en la misma Iglesia cat\u00f3lica de los cristianos ortodoxos, son siete, a saber: el bautismo, la unci\u00f3n con el myrron divino, la sagrada comuni\u00f3n, la ordenaci\u00f3n, el matrimonio, la penitencia y los santos \u00f3leos.\u00bb Eran palabras estaban tomadas de Sime\u00f3n de Tesal\u00f3nica (De sacramentis 33) y dilucidaban con claridad la creencias sacramental de Oriente.<\/p>\n<p>    7.3. Prueba especulativa<br \/>\n    Evidentemente el n\u00famero siete en referencia a los sacramentos no tiene ning\u00fan sentido ni simb\u00f3lico ni m\u00e1gico ni m\u00ed\u00adtico. Es as\u00ed\u00ad por que Cristo lo quiso, como pod\u00ed\u00ada haber querido otra cosa. Los comentarios antiguos y modernos para justificar la sacramentalidad de algunos otros ritos nunca resultaron suficientes.<\/p>\n<p>    Con todo, hay que reconocer que no deja de ser met\u00e1fora ingeniosa, pero incompleta, el razonar en base a un paralelismo entre la vida natural y la sobrenatural, la del cuerpo y la del alma, para avalar la conveniencia del n\u00famero siete. Es lo que hace Sto. Tom\u00e1s en la Suma Teol\u00f3gica: por el Bautismo se engendra la vida sobrenatural, por la Confirmaci\u00f3n se llega a la madurez, por la Eucarist\u00ed\u00ada se recibe alimento, por la Penitencia se cura la enfermedad, por el Matrimonio se propaga la vida a otros, por el Orden se acrecienta la comunidad, por la Unci\u00f3n de enfermos se prepara su final. (Summa Th. III 65. 1; San Buenaventura. Breviloquium VI 3; Decreto de los Armenios. Denz. 695).<\/p>\n<p>    M\u00e1s sencillo y definitivo es aludir a la voluntad soberana del Se\u00f1or, sin necesitar m\u00e1s argumentos racionales.<\/p>\n<p>   8. Ministro de los sacramentos<\/p>\n<p>     Por ser signos sensibles y humanos, cada sacramento requiere un ministro o administrador capacitado entre los hombres. El tiene por funci\u00f3n realizar la acci\u00f3n o proclamar las palabras sensibles que aseguran la administraci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Cada sacramento tiene caracter\u00ed\u00adsticas especiales y unos reclamos ministeriales concretos. En el Matrimonio, los ministros son los mismos creyentes que lo contraen con su consentimiento mutuo y p\u00fablico. En el Orden se requiere la autoridad y el poder de quien lo ha recibido directamente de los Ap\u00f3stoles y lo transmite con la imposici\u00f3n de sus manos, que es lo que hace y lo que es el Obispo.<\/p>\n<p>     Detr\u00e1s de la persona humana del ministro se halla la persona divina del mismo Cristo encarnado, que realiza m\u00ed\u00adsticamente, por medio del hombre, su acci\u00f3n divina. Por eso, en todo sacramento se halla misteriosamente la presencia del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>   Lo dec\u00ed\u00ada S. Agust\u00ed\u00adn hablando del Bautismo: \u00abSi bautiza Pedro, El [Cristo] es quien bautiza; si bautiza Pablo, es El quien bautiza; si bautiza Judas, El es quien bautiza.\u00bb (In Jn. 6. 7).<\/p>\n<p>   Es importante ense\u00f1ar al cristiano a ver, en el ministro humano, el misterioso ministro que act\u00faa por su medio. Ah\u00ed\u00ad est\u00e1 la fuerza del sacramento: es signo visible de lo invisible.<\/p>\n<p>   Por eso todo sacramento reclama fe y conciencia ilustrada, pues de lo contrario se reduce su efecto misterioso y hasta se puede perder su fuerza, pues no resalta su car\u00e1cter de signo y se desen\u00c2\u00adfoca su forma de rito.<\/p>\n<p>   La dignidad de quienes act\u00faan como ministros sacramentales reclama conciencia, entrega y preparaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad lo dec\u00ed\u00ada S. Pa\u00c2\u00adblo: \u00abEs preciso que los hombres nos consideren como servido\u00c2\u00adres de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios.\u00bb (Ef 5. 26).<\/p>\n<p>   Y por eso es necesario que los administradores tengan conciencia clara de la dignidad de siervos y representantes de Cristo que asumen en sus acciones sacramentales. \u00abSomos embajadores de Cristo\u00bb. (2 Cor. 5. 20)<\/p>\n<p>   Salvo para el Bautismo y el Matrimonio, la administraci\u00f3n v\u00e1lida de los dem\u00e1s sacramentos reclama la \u00abordenaci\u00f3n sacerdotal\u00bb. No es asumible la teor\u00ed\u00ada de que el \u00absacerdocio bautismal\u00bb, tan grandioso y radical en s\u00ed\u00ad mismo, es suficiente capacitaci\u00f3n para la administraci\u00f3n de todo sacramento.<\/p>\n<p>   Cristo ha querido en su Iglesia el sacerdocio ministerial para la funci\u00f3n sacramental y es necesario entender y respetar esa voluntad divina.<\/p>\n<p>   El concilio de Trento rechaz\u00f3 la opini\u00f3n defendida por los Reformadores que atribu\u00ed\u00adan a los laicos (bautizados) toda la capacidad ministerial en la administraci\u00f3n de los sacramentos. Esta actitud. que con frecuencia se halla en boga en algunos \u00e1mbitos cristianos y cat\u00f3licos, olvida esa voluntad de Cristo y, evidentemente, invalida muchas acciones en este sentido, las cuales se convierten en sacr\u00ed\u00adlegas si se realizan con ligereza o intenci\u00f3n torcida.<\/p>\n<p>   Trat\u00e1ndose de una acci\u00f3n sacramental, en la que es Cristo quien concede la gracia a trav\u00e9s de los cauces humanos, la dignidad del ministro, su ortodoxia o su virtud, no inciden en la validez del sacramento. Lo que es exigible para la realidad del sacramento es la claridad de conciencia, la libertad de decisi\u00f3n y la intenci\u00f3n concreta de administrar cada sacramento seg\u00fan la voluntad de la Iglesia. Por eso se requiere la fidelidad a las acciones o formulaciones que definen cada sacramento. La integridad en el signo sensible propio de cada sacramento es condici\u00f3n de licitud en su administraci\u00f3n. La existencia de lo esencial en ese signo sensible, es condici\u00f3n de validez.<\/p>\n<p>  9. Sujeto de los sacramentos<\/p>\n<p>   El sujeto de cada sacramento, o posible receptor del mismo, es el hombre racional y libre que voluntariamente quiere o admite recibirlo.<\/p>\n<p>   La persona que recibe el sacramento del Bautismo es el creyente que se adhiere a \u00e9l con intenci\u00f3n y opci\u00f3n. En el Bautismo de los ni\u00f1os se acepta la inten\u00c2\u00adci\u00f3n o elecci\u00f3n subsidiaria o vicaria de sus padres o responsables como sufi\u00c2\u00adciente, dada la \u00ed\u00adndole purificadora de este sacramento. Inocencio III declar\u00f3 en 1201, a prop\u00f3sito del bautismo de los ni\u00f1os: \u00abEl pecado original, que se contrae sin consentimiento, se perdona tambi\u00e9n sin consentimiento, en virtud del sacramento.\u00bb (Denz. 410).<\/p>\n<p>   Pero todos los dem\u00e1s sacramentos, supuesta como existente la cualidad de bautizado de quien los recibe, reclaman ya otras particulares condiciones o exigencias. Por eso no hay acci\u00f3n sacramental si domina la ignorancia, la coacci\u00f3n o el dolo.<\/p>\n<p>   Tambi\u00e9n resulta imprescindible la suficiente informaci\u00f3n y formaci\u00f3n que evidentemente cada persona recibe seg\u00fan sus capacidades y cualidades. El sacramento que se recibe sin intenci\u00f3n o contra la propia voluntad es, por tanto, inv\u00e1lido, que es lo mismo que inexistente como sacramento, aunque se ejecute como rito.<\/p>\n<p>   La Iglesia puede poner otras condiciones, como por ejemplo la edad n\u00fabil para el matrimonio v\u00e1lido, la limpieza de intenci\u00f3n para la Ordenaci\u00f3n sacerdotal, o la autorizaci\u00f3n previa para el acto sacramental del perd\u00f3n de determinados pecados importantes.<\/p>\n<p>   Precisamente por eso se ha dado en la Iglesia tanta importancia a la preparaci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica para los sacramentos: Bautismo, Eucarist\u00ed\u00ada, Confirmaci\u00f3n, Matrimonio, Orden. Y con frecuencia se ha hecho de los sacramentos el motor, eje y cauce de la formaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>   El inconveniente que ha tenido esta pr\u00e1ctica catequ\u00e9tica de las iniciaciones sacramentales ha sido a veces el riesgo de ritualizar la sacramentalidad. Ha sucedido cuando, la preparaci\u00f3n ha agotado y terminado los esfuerzos, olvidando que no es importante iniciar un camino sino llevarlo a su t\u00e9rmino que es la mejora continua de la vida cristiana.<\/p>\n<p>10. Necesidad de los sacramentos<\/p>\n<p>   Algo parecido podr\u00ed\u00adamos decir sobre la necesidad de los Sacramentos para la vida cristiana. Cristo pod\u00ed\u00ada haber prescindido de ellos y establecer otras for\u00c2\u00admas de comunicaci\u00f3n de la gracia. Sin embargo, quiso esta de los signos sensibles como instrumentos y cauces.<\/p>\n<p>Conocida la voluntad del Se\u00f1or, lo importante es someterse a ella, no discutirla o tratar de razonar sobre ella.  Con todo resultan interesantes determinadas aclaraciones<\/p>\n<p>10.1. Por parte de Dios<\/p>\n<p>   Los sacramentos son necesarios como forma ordinaria de la gracia porque Dios lo ha querido. Mas el Se\u00f1or puede tambi\u00e9n comunicar sus dones sobrenaturales sin ellos.<\/p>\n<p>   No deja de ser un misterio insondable el que Dios haya querido someterse a los cauces sacramentales de forma ordinaria. Pero resultan sorprendentes los cauces excepcionales, como es el caso de los regalos que otorga a algunas almas m\u00ed\u00adsticas por El elegidas.<\/p>\n<p>   Hay que pedir a Dios su ayuda y amistad a trav\u00e9s de los actos penitenciales, por medio de las celebraciones eucar\u00ed\u00adsticas y por el Matrimonio o el Orden, cuando la vida se ordena por uno de esos caminos vitales de consagraci\u00f3n.<\/p>\n<p>   La econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n querida por Dios vincula la vida cristiana a la pr\u00e1ctica sacramental. A ella se asocian las virtudes tanto teologales (la fe, la esperanza, la caridad) como las dem\u00e1s que podemos practicar (las morales y las cardinales)<br \/>\n   Por ejemplo, la fortaleza se halla estrechamente relacionada con la penitencia sacramental y la fidelidad en la fe, es fruto de la vida que ofrece el Bautismo y se fortalece en la Confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Pero hay que estar tambi\u00e9n abiertos a cuantas se\u00f1ales Dios tiene dispuestas para cada alma a la que El ama de forma singular. Es decir, tambi\u00e9n determinadas \u00abgracias actuales\u00bb pueden acechar al hombre en su camino de viador: actos heroicos de caridad, servicios apost\u00f3licos de singular abnegaci\u00f3n, incluso el martirio por la fe o el deber.<\/p>\n<p>   10.2. Por parte del hombre<\/p>\n<p>   El hombre creyente necesita los sacramentos para crecer espiritualmente. Si Dios ha querido los sacramentos no es ya posible otro camino de salvaci\u00f3n que su frecuente recepci\u00f3n celebrativa y la continua conversi\u00f3n del coraz\u00f3n por las luces y energ\u00ed\u00adas espirituales que los signos sacramentales promueven.<\/p>\n<p>   No ser\u00ed\u00ada cristiano menospreciar esa vida o intentar crecer en el amor divino de forma aut\u00f3noma, aislada y al margen de la sacramentalidad.<\/p>\n<p>   Cristo ha vinculado a los Sacramentos la comunicaci\u00f3n de la gracia. Tenemos, pues, necesidad de los mismos (necesidad de medio) para conseguir la salvaci\u00f3n, aunque no todos los sacramentos sean necesarios para cada persona.<\/p>\n<p>   El Concilio Vaticano II dec\u00ed\u00ada: \u00abLos sacramentos est\u00e1n ordenados a la santificaci\u00f3n de los hombres, a la edificaci\u00f3n del Cuerpo M\u00ed\u00adstico y a dar culto a Dios.  No s\u00f3lo suponen la fe, sino que, a su vez, la alimentan y la robustecen.\u00bb (Sacros. Concil. 59)<br \/>\n   El Concilio de Trento, contra quienes negaban esta necesidad y s\u00f3lo postulaban la fe, declaraba: \u00abSi alguno dice que los sacramentos no son necesarios para la salvaci\u00f3n y considera que s\u00f3lo la fe es suficiente para obtenerla, junto con la gracia divina, que sea condenado.\u00bb  (Denz. 847)<br \/>\n   Si su necesidad resulta indiscutible en la doctrina cat\u00f3lica, y de su frecuente recepci\u00f3n depende la vida cristiana, el creyente, desde la llegada al uso de la raz\u00f3n, debe instruirse y prepararse adecuadamente para ellos.<\/p>\n<p>   Primero de forma general, para la vida sacramental, descubriendo a Dios a trav\u00e9s de los signos sensibles. Pero tambi\u00e9n de forma espec\u00ed\u00adfica, cuando se acerca a la recepci\u00f3n de cada uno de ellos: La Confirmaci\u00f3n, la Eucarist\u00ed\u00ada y la Penitencia, el Matrimonio, el Orden.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Los signos de la presencia activa de Cristo<\/p>\n<p>\tCristo est\u00e1 presente en su Iglesia por medio de \u00absignos\u00bb establecidos por \u00e9l son signos de su misma persona (los \u00abAp\u00f3stoles\u00bb), de su palabra, de su sacrificio redentor (Eucarist\u00ed\u00ada), de un nuevo nacimiento (bautismo), de la unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (confirmaci\u00f3n), del perd\u00f3n (reconciliaci\u00f3n), del servicio de dirigir la comunidad (jerarqu\u00ed\u00ada)&#8230; Todos estos signos son una actualizaci\u00f3n de la cercan\u00ed\u00ada de Cristo, \u00abluz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo\u00bb (Jn 1,9).<\/p>\n<p>\tLa humanidad de Cristo, a trav\u00e9s de la cual descubrimos \u00absu gloria\u00bb de Hijo de Dios (Jn 1,14; 2,11), se expresa eficazmente a trav\u00e9s de la sacramentalidad de la Iglesia. El sacramento \u00aboriginal\u00bb de la humanidad de Cristo se concretiza en el sacramento \u00abgeneral\u00bb de la Iglesia y, de modo especial, en cada uno de los siete \u00absacramentos\u00bb propiamente dichos. Los sacramentos \u00abconstituyen la Iglesia\u00bb (San Agust\u00ed\u00adn, De Civ. Dei 22,17)).<\/p>\n<p>\tSiete signos especiales por su eficacia<\/p>\n<p>\tLos siete \u00absacramentos\u00bb son signos eficaces y de la presencia y de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfico del Se\u00f1or y de su misterio pascual. Son pues, signos salv\u00ed\u00adficos, portadores de la salvaci\u00f3n de Cristo, inmanente y trascendente. Toda la Iglesia es un conjunto de signos de la presencia activa y salv\u00ed\u00adfica de Cristo. Pero esa sacramentalidad de la Iglesia (como signo transparente y portador de Cristo) encuentra su punto culminante en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, y, de modo especial, en la celebraci\u00f3n de los sacramentos.<\/p>\n<p>\tLa gracia sacramental de encuentro y configuraci\u00f3n con Cristo, que es peculiar en cada sacramento, es una capacitaci\u00f3n para el camino de la santidad (caridad) y de la misi\u00f3n. En los diversos sacramentos, la misma gracia santificante produce efectos especiales. Entonces se llama gracia \u00absacramental\u00bb, que es comunicaci\u00f3n peculiar del Esp\u00ed\u00adritu Santo, con sus dones, virtudes y carismas, como \u00abvigor especial\u00bb o aplicaci\u00f3n peculiar de la misma gracia. Es gracia que dar\u00e1 origen a otras gracias posteriores y que exige un crecimiento continuo hasta la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>\tA veces, es un don o \u00absello\u00bb (\u00abcar\u00e1cter\u00bb) del Esp\u00ed\u00adritu Santo, como en el caso del bautismo, confirmaci\u00f3n y orden. Por medio de estos sacramentos se comunica un sello (\u00abcar\u00e1cter\u00bb), que es don permanente e imborrable del Esp\u00ed\u00adritu. Entonces el coraz\u00f3n humano queda marcado con sello de amor y de pertenencia total a Cristo y a sus planes salv\u00ed\u00adficos. Es signo que configura y consagra a Cristo, cualidad espiritual o \u00absello del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Ef 1,13), \u00abarras del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (2Cor 1,21-22), \u00abprenda de nuestra herencia\u00bb (Ef 1,14). Es la garant\u00ed\u00ada de que no s\u00f3lo somos llamados a la santidad y misi\u00f3n como participaci\u00f3n de la misma vida de Cristo, sino que podemos llegar a la perfecci\u00f3n, hasta ser \u00abgloria\u00bb o expresi\u00f3n suya (Jn 17,10).<\/p>\n<p>\tEl \u00abcar\u00e1cter\u00bb, seg\u00fan Santo Tom\u00e1s, es una \u00abpotencia cultual\u00bb (III, q.63), para hacer de la vida personal y de toda la humanidad una oblaci\u00f3n unida a la oblaci\u00f3n amorosa de Jes\u00fas al Padre (Jn 17,19). \u00abLos fieles, incorporados a la Iglesia por el bautismo, quedan destinados por el car\u00e1cter al culto de la reli\u00c2\u00acgi\u00f3n cristiana y, regenerados como hijos de Dios, tienen el deber de confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia\u00bb (LG 11).<\/p>\n<p>\tSacramentos de la fe eclesial, vivida y anunciada<\/p>\n<p>\tLa sacramentalidad de la Iglesia se hace misi\u00f3n, en el sentido de comunicar eficazmente el misterio de Cristo a toda la humanidad. Los sacramentos son la m\u00e1xima expresi\u00f3n de la sacramentalidad de la Iglesia y, consiguientemente, tambi\u00e9n de su misionariedad. Entonces la Iglesia expresa de modo especial su realidad de \u00absacramento universal salvaci\u00f3n\u00bb, como signo transparente y portador del misterio de Cristo para toda la humanidad.<\/p>\n<p>\tLa misi\u00f3n eclesial, adem\u00e1s de la predicaci\u00f3n de la Palabra, incluye \u00abrealizar la obra de salvaci\u00f3n mediante el sacrificio y los sacramentos\u00bb (SC 6; EN 47) \u00abId&#8230;, bautizad a todas las gentes\u00bb (Mt 28,19); \u00abesto es mi cuerpo entregado por vosotros\u00bb y \u00abpor todos\u00bb, \u00abhaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb (cfr. 1Cor 11,24-25; Mt 26,28); \u00abcomo mi Padre me envi\u00f3, as\u00ed\u00ad os env\u00ed\u00ado yo&#8230;, a quienes perdonareis los pecados les ser\u00e1n perdonados\u00bb (Jn 20,21-23).<\/p>\n<p>\tLos sacramentos de la Iglesia se llaman \u00absacramentos de la fe\u00bb, porque son portadores de la Palabra que reclama asentimiento y porque educan a la comunidad y a cada uno de los fieles a celebrar, vivir y anunciar esta misma fe. \u00abNo s\u00f3lo suponen la fe, tambi\u00e9n la fortalecen, la alimentan y la expresan con palabras y acciones\u00bb (SC 59; cfr. EN 47). Son sacramentos de la Iglesia escatol\u00f3gica o peregrina, y de vida eterna, porque transmiten la vida divina instando a llegar a la perfecci\u00f3n en esta tierra y a la plenitud de visi\u00f3n y encuentro en el m\u00e1s all\u00e1 (cfr. CEC 1130).<\/p>\n<p>\tLa educaci\u00f3n en la fe no ser\u00ed\u00ada perfecta si la comunidad eclesial no asumiera la responsabilidad apost\u00f3lica que deriva de los sacramentos. Los sacramentos, por su misma celebraci\u00f3n, urgen a la comunidad a llevar el mensaje salv\u00ed\u00adfico de Cristo a todos los pueblos. A partir de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n (bautismo, confirmaci\u00f3n, Eucarist\u00ed\u00ada), los dem\u00e1s sacramentos son otras tantas etapas de un caminar eclesial, personal y comunitario, hacia la pascua definitiva juntamente con toda la humanidad.<\/p>\n<p>Referencias Bautismo, confirmaci\u00f3n, Eucarist\u00ed\u00ada, Iglesia misterio, liturgia, matrimonio, misterio pascual, reconciliaci\u00f3n (penitencia), Orden, sacramento universal de salvaci\u00f3n, unci\u00f3n de los enfermos.<\/p>\n<p>Lectura de documentos SC 6, 59; LG 11; PO 5; CEC 1113-1134, 1210-1211.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Los sacramentos hoy Teolog\u00ed\u00ada y libertad (Madrid, San P\u00ed\u00ado X, 1982); Ph. ANDRE, Sacramentos y vocaci\u00f3n cristiana (San Sebasti\u00e1n 1967); R. ARNAU, Tratado general de los sacramentos ( BAC, Madrid, 1994); V. CODINA, C. FLORISTAN, Los sacramentos hoy teolog\u00ed\u00ada y pastoral (Madrid, Edic. P\u00ed\u00ado X, 1982); H. DENIS, Sacramentos para los hombres (Madrid 1979); J. ESPEJA, Para comprender los sacramentos (Estella, Verbo Divino, 1994); J. ESQUERDA BIFET, Los signos del encuentro (Barcelona, Balmes, 1995); L. EVELY, La Iglesia y los sacramentos (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1980); G. FOUREZ, Sacramentos y vida del hombre (Santander, Sal Terrae, 1983); A. GONZALEZ, Los sacramentos del evangelio (Bogot\u00e1, CELAM, 1988); R. HOTZ, Los sacramentos en nuevas perspectivas (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1986); J.L. LARRABE, El sacramento como encuentro de salvaci\u00f3n (Vitoria 1993); J.M. LECEA, Los sacramentos, pascua de la Iglesia (Barcelona 1967); J. LLOPIS, \u00bfQu\u00e9 es un sacramento? (Madrid, CCS, 1984); A.G. MARTIMORT, Los signos de la nueva alianza (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1967); J.E. MEDINA, Los sacramentos en la Iglesia (Buenos Aires, Claretiana, 1978); M. NICOLAU, Teolog\u00ed\u00ada del signos sacramental (Madrid, BAC 1969); A. PALENZUELA, Los sacramentos de la Iglesia (Madrid 1965); A.M. ROGUET, Los sacramentos, signos de vida (Barcelona 1963); H. RONDET, Los sacramentos cristianos (Bilbao 1974); Th. SCHNEIDER, Signos de la cercan\u00ed\u00ada de Dios (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1986); J.M. TILLARD, Iniciaci\u00f3n pr\u00e1ctica a la teolog\u00ed\u00ada. Los sacramentos de la Iglesia (Madrid 1985).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Signos del misterio de Cristo: 1. El sacramento como signo religioso \u00abcristiano\u00bb; 2. Simbolismo y presencia sacramental &#8211; II. Cristo en el origen de los sacramentos: 1. Datos b\u00ed\u00adblicos y patr\u00ed\u00adsticos; 2. Teolog\u00ed\u00ada y magisterio; 3. Cristo, \u00abautor\u00bb de los sacramentos &#8211; III. Desarrollo de la tradici\u00f3n: 1. La reflexi\u00f3n pretridentina; 2. El concilio de Trento y la reforma protestante &#8211; IV. La eficacia de los sacramentos: 1. S\u00ed\u00adntesis hist\u00f3rica sobre la causalidad de los sacramentos; 2. Reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica.<\/p>\n<p>Los sacramentos son signos eficaces del misterio de salvaci\u00f3n de Cristo; son, en efecto, su realizaci\u00f3n en el \u00abtiempo de la iglesia\u00bb. Para comprenderlos es necesaria una exacta visi\u00f3n del valor soteriol\u00f3gico de Cristo, de la posici\u00f3n de la obra salv\u00ed\u00adfica de Cristo en la historia de la salvaci\u00f3n en cuanto dimensi\u00f3n temporal de realizaci\u00f3n del designio divino sobre el hombre. As\u00ed\u00ad, mientras que la cristolog\u00ed\u00ada, integrada por su momento esencial soteriol\u00f3gico, nos da la verdadera visi\u00f3n de Cristo \u00abcabeza del cuerpo, es decir, de la iglesia\u00bb (Col 1:18), el conocimiento de los sacramentos como realizaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n en el tiempo nos hace descubrir a la iglesia en su formaci\u00f3n y crecimiento como \u00abcuerpo de Cristo\u00bb en la historia.<\/p>\n<p>La doctrina de los sacramentos es una de las partes m\u00e1s vivas y agitadas de la tradici\u00f3n de la iglesia; pero el punto b\u00e1sico, esto es, que los sacramentos son los veh\u00ed\u00adculos normales de comunicaci\u00f3n con la obra salv\u00ed\u00adfica de Cristo, jam\u00e1s ha sido impugnado. Solamente en la \u00e9poca de la reforma protestante este punto base fue en cierto modo puesto en duda por la afirmaci\u00f3n de que \u00abla sola fe es causa de justificaci\u00f3n\u00bb; y as\u00ed\u00ad ocurri\u00f3 que solamente en el concilio de Trento la iglesia se sinti\u00f3 obligada a formular en t\u00e9rminos de magisterio su propia doctrina sobre los sacramentos. La doctrina entonces formulada ha permanecido hasta hoy como la ense\u00f1anza com\u00fan de la iglesia, aunque hoy se reconoce y se admite cada vez m\u00e1s que el discurso teol\u00f3gico del concilio de Trento estuvo condicionado sobre todo por la actitud apolog\u00e9tica en la confrontaci\u00f3n con los innovadores protestantes. En este punto, es decir, respecto a la doctrina tridentina, el Vat. II no ha introducido novedades doctrinales. Ha abierto, no obstante, nuevos horizontes en el plan disciplinar y pr\u00e1ctico, que invitan a una profundizaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos.<\/p>\n<p>1. Signos del misterio de Cristo<br \/>\nAl decir que los sacramentos son signos del misterio salv\u00ed\u00adfico de Cristo, queremos indicar de un modo general que entre los sacramentos y el misterio de Cristo (= salvaci\u00f3n realizada en Cristo) existe el nexo \u00ed\u00adntimo que siempre se da entre el elemento significante y la realidad significada, pero sin pretender restringir la relaci\u00f3n a la de pura y simple significaci\u00f3n. Usamos el t\u00e9rmino signo, que es el que hoy se usa m\u00e1s com\u00fanmente en relaci\u00f3n con los sacramentos, sobre todo porque introduce en cierta medida la idea de que los sacramentos pertenecen a la esfera de las realidades simb\u00f3licas, de las que siempre se ha servido y se sigue sirviendo la religi\u00f3n en todos los lugares y tiempos, aunque a diferentes niveles. Hoy el signo no solamente se ha revalorizado, en contraposici\u00f3n con posturas cr\u00ed\u00adticas mantenidas a lo largo de los \u00faltimos siglos, sino que es objeto de especial atenci\u00f3n, porque es una de las v\u00ed\u00adas que mejor favorecen la comprensi\u00f3n de la religi\u00f3n en general y de cada una de las expresiones y formas religiosas en particular.<\/p>\n<p>1. EL SACRAMENTO COMO SIGNO RELIGIOSO \u00abCRISTIANO\u00bb. Agust\u00ed\u00adn afirma que cuando un signo dice relaci\u00f3n a cosas divinas se llama sacramento. Esta afirmaci\u00f3n no pretende ser ni la explicaci\u00f3n etimol\u00f3gica del t\u00e9rmino sacramento ni una definici\u00f3n verdadera y propia del mismo: es s\u00f3lo una constataci\u00f3n de hecho a prop\u00f3sito del modo con que el t\u00e9rmino se usaba en tiempos de Agust\u00ed\u00adn, uso que va desde el ver sacramentos en los acontecimientos\/personajes\/palabras del AT, en cuanto referibles al NT, hasta designar como sacramentos las acciones\/ gestos\/palabras de Cristo, o tambi\u00e9n e incluso principalmente -desde los ss. iv-v en adelante&#8211; los ritos sagrados de la iglesia. Este modo de hablar del \u00absacramento como signo relativo a las cosas divinas\u00bb nace ciertamente del hecho de que ya en la latinidad precristiana el t\u00e9rmino sacramento tiene un significado estrictamente religioso-sacra]; pero sobre todo denota que en la mentalidad de los padres ese t\u00e9rmino resume el modo de actuaci\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n. Con otras palabras: los padres, al calificar como sacramentos tanto los acontecimientos\/ palabras del AT como los acontecimientos\/palabras de Cristo y luego los ritos sagrados de la iglesia, pretenden presentar todo el tiempo y la realidad de la revelaci\u00f3n (AT-NT) bajo el m\u00e1ximo com\u00fan denominador de la sacramentalidad: la revelaci\u00f3n de Dios acontece siempre a trav\u00e9s de signos sagrados.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino sacramento entra en el lenguaje cristiano por medio de Tertuliano a principios del s. III. Originariamente, en la lengua cl\u00e1sica, sacramento es el acto de consagraci\u00f3n mediante el cual el soldado promete fidelidad total a su emperador. De esta consagraci\u00f3n lleva impreso en su cuerpo un signo-sello. Tertuliano llama, por analog\u00ed\u00ada, sacramentum militare al bautismo, en cuanto inscripci\u00f3n a la milicia de Cristo, y as\u00ed\u00ad el rito de iniciaci\u00f3n conocido como misterio, comenzar\u00e1 a designarse tambi\u00e9n con el nombre de sacramento, aun cuando los dos t\u00e9rminos no se equivalgan del todo en su significado.<\/p>\n<p>El misterio era primariamente un rito que ten\u00ed\u00ada como finalidad el \u00abhacer presente un acontecimiento de salvaci\u00f3n\u00bb ocurrido en tiempos lejanos, y s\u00f3lo secundariamente implicaba una consagraci\u00f3n (en cuanto que el misterio se realizaba para consagrar a alguien a la divinidad salv\u00ed\u00adfica). El sacramento, por el contrario, evoca ante todo y casi exclusivamente la idea de consagraci\u00f3n. Tal vez se deba a la convergencia-polivalencia de los dos t\u00e9rminos el hecho de que en la traducci\u00f3n latina del NT myst\u00e9rion se traduzca unas veces por sacramentum (Ef 19; Col 3:3.9; Col 5:32; Col 1:27; 1Ti 3:16), y otras, en cambio, se haga solamente la transcripci\u00f3n del t\u00e9rmino griego en su forma latina mysterium (Mat 13:11; Mar 4:11; Lev 8:10; 1Co 2:7; 1Co 4:1; 1Co 13:2; 1Co 14:2; 1Co 15:51; Efe 3:4; Efe 6:19; Col 1:26; Col 2:2; Col 4:3; 2Ts 2:7; 1Ti 3:9). Este hecho nos autoriza a conservar el sentido pleno de la palabra misterio, aun cuando en la correspondiente traducci\u00f3n latina se lea sacramento. El misterio, que en el lenguaje corriente moderno viene a significar algo dif\u00ed\u00adcil o imposible de comprender -y, en el lenguaje cristiano, una verdad de fe conocida por revelaci\u00f3n-, en su significado antiguo indicaba el modo ritual de actuaci\u00f3n sensible en el tiempo presente de un acontecimiento primordial que hab\u00ed\u00ada sucedido en una \u00e9poca fuera del tiempo y del espacio.<\/p>\n<p>San Pablo usa la palabra misterio-sacramento para indicar \u00abel designio divino escondido desde todos los siglos en Dios\u00bb (Efe 3:9; Col 1:26), pero que ahora \u00abse ha manifestado en Cristo\u00bb (Col 1:27). M\u00e1s a\u00fan; Cristo mismo es el misterio-sacramento de Dios, si se contempla tal misterio, no en la dimensi\u00f3n de \u00abdesignio eterno en Dios\u00bb, sino en su \u00abexistencia temporal\u00bb, como se ha realizado en Cristo. Con la venida de Cristo, el misterio salv\u00ed\u00adfico divino se hace \u00abrevelaci\u00f3n manifiesta\u00bb (\u00abepifan\u00ed\u00ada\u00bb: 2Ti 1:9-10; Tit 2:11) y \u00abpresencia\u00bb entre los hombres (Jua 1:9-14; Apo 21:3 : \u00abDios-con-los-hombres). La linea hist\u00f3rica de la salvaci\u00f3n halla su punto culminante, pasa de la sombra a la luz plena en Cristo, luz que ahora se proyecta hacia adelante en el tiempo, que se llama por eso \u00abtiempo del NT\u00bb, o \u00abtiempo de la iglesia\u00bb. Con Cristo se ha llegado a la \u00abplenitud de los tiempos\u00bb o a la \u00abconsumaci\u00f3n del tiempo\u00bb.<br \/>\nConsumaci\u00f3n, pero no detenci\u00f3n del misterio, en Cristo. Siendo \u00e9l la \u00abplenitud\u00bb del designio divino a nivel de realidad, en adelante llenar\u00e1 de s\u00ed\u00ad mismo todos los tiempos futuros, aunque siempre, naturalmente, en su dimensi\u00f3n de misterio-sacramento, y por consiguiente, tambi\u00e9n en el tiempo de la iglesia la salvaci\u00f3n se realizar\u00e1 sacramentalmente: son los \u00absacramentos de la iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Toda la historia de la salvaci\u00f3n se realiza, por consiguiente, en sus tres fases (antes de Cristo, en Cristo, despu\u00e9s de Cristo) en el plano sacramental, en cuanto que Cristo, que es esencialmente misterio-sacramento, act\u00faa precisamente en esta su dimensi\u00f3n antes (en aquellos que miran hacia adelante, hacia el Cristo-venidero) y despu\u00e9s (en los que miran hacia atr\u00e1s, hacia el Cristo-ya-venido). Contacto con la salvaci\u00f3n por medio de la fe, que alcanza la realidad del misterio superando el signo. por lo mismo, fe siempre igual e igualmente salv\u00ed\u00adfica, porque la realidad es siempre la misma (Cristo); los signos (sacramentos) ser\u00e1n diversos en el AT y en el NT (signos de realidades por venir, signos de realidades acaecidas). Los sacramentos del AT cesan; permanecen, no obstante, los elementos materiales para incluir la realidad en lugar de la promesa. Los padres de la iglesia son los grandes defensores de esta visi\u00f3n unitaria de la historia de la salvaci\u00f3n a nivel sacramental. Es la afirmaci\u00f3n de la unidad de los dos Testamentos, en los cuales la diversidad de los sacramentos no destruye la unidad de la gracia.<\/p>\n<p>2. SIMBOLISMO Y PRESENCIA SACRAMENTAL. Los padres de la iglesia, hablando de los sacramentos, se sirven de una terminolog\u00ed\u00ada que es \u00fatil indicar, porque aunque se valgan de categor\u00ed\u00adas mentales propias de una cultura determinada, nos comunican por medio de ellas unas l\u00ed\u00adneas teol\u00f3gicas que merecen ser conocidas. Los t\u00e9rminos m\u00e1s corrientes en materia sacramental son: imagen, semejanza, tipo, s\u00ed\u00admbolo, misterio, sacramento. Esta terminolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstico-lit\u00fargica nos conduce al campo del simbolismo y nos explica su naturaleza. De todos estos t\u00e9rminos resulta un dato com\u00fan: todos los sacramentos, cada uno seg\u00fan su propia dimensi\u00f3n, producen presencia: la cosa (en el caso de los sacramentos: el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico de Cristo) de la que son a su vez imagen, semejanza, tipo, etc., se hace presente de uno u otro modo. Pero no en el sentido de que la cosa est\u00e1 presente como imagen, como semejanza, etc., porque esto equivaldr\u00ed\u00ada a quitar toda realidad a la presencia, como si dij\u00e9ramos que la cosa tiene valor de imagen, de semejanza, etc. Se trata m\u00e1s bien de la presencia de una cosa (acontecimiento) en la imagen, en la semejanza, etc.; y es lo mismo que decir que una cosa (acontecimiento), adem\u00e1s de existir realmente en s\u00ed\u00ad misma, tiene una realidad de presencia diversa de la originaria, pero igualmente real, existente en la imagen y en la semejanza con la cosa en el tipo, en el s\u00ed\u00admbolo, en el misterio y en el sacramento de la cosa. Precisamente en virtud de esta capacidad de representaci\u00f3n el simbolismo es ante todo un medio de comunicaci\u00f3n objetiva de la realidad, y en esto se distingue del conocimiento intelectivo-conceptual, que es la aprehensi\u00f3n subjetiva de la verdad de la cosa.<\/p>\n<p>Pensemos en una celebraci\u00f3n lit\u00fargica, que se desarrolla por completo en el plano simb\u00f3lico: la cosa que se hace presente en el s\u00ed\u00admbolo ritual no se ofrece a nuestra conciencia intelectiva como una cosa que se nos pone delante en su realidad objetiva fuera de nosotros, sino que se nos ofrece como una realidad que se identifica con nosotros, envolvi\u00e9ndonos en nuestro existir y en nuestro ser. Est\u00e1 claro que la realidad de la presencia de la cosa en la imagen, etc\u00e9tera, depende de la realidad que la cosa (acontecimiento) tiene en s\u00ed\u00ad misma. En el caso del simbolismo lit\u00fargico cristiano, \u00e9ste se refiere siempre, en sus diversas formas, a un acontecimiento de la historia de la salvaci\u00f3n, que por el hecho de ser perceptible como acontecimiento salv\u00ed\u00adfico s\u00f3lo por la fe, no por eso cesa de ser acontecimiento hist\u00f3rico. Aquel que para los habitantes de Nazaret era s\u00f3lo \u00abel hijo del carpintero Jos\u00e9\u00bb, para la fe y en realidad era el que restauraba la generaci\u00f3n de los hijos de Dios en el mundo (Luc 3:23-38), aquel en el cual \u00abhoy -es decir, en un tiempo hist\u00f3rico- se estaba cumpliendo la Escritura ante sus oyentes\u00bb (Luc 4:21), es decir, ante hombres tambi\u00e9n hist\u00f3ricos. Pero el simbolismo por el que estamos ligados a un acontecimiento de salvaci\u00f3n se realiza en la historia en cuanto acci\u00f3n de un individuo o de una comunidad concreta. Esta hace que los sacramentos de la iglesia, justamente en virtud de su simbolismo, mientras introducen el acontecimiento-misterio de Cristo en nuestra historia, nos unen a la historia de Cristo. En efecto, el simbolismo no rehace ni renueva el acontecimiento de Cristo, porque entonces ser\u00ed\u00ada un acontecimiento nuevo, distinto del de Cristo, sino que hace presente entre nosotros el mismo acontecimiento salv\u00ed\u00adfico realizado por Cristo en la historia, porque es un acontecimiento salv\u00ed\u00adfico realizado una sola vez para todos los tiempos. Es realmente el acontecimiento cumplido por Cristo \u00abuna sola vez\u00bb el que se hace presente \u00abtodas las veces\u00bb que el rito simb\u00f3lico lo reclama (cf la oraci\u00f3n sobre las ofrendas, segundo domingo ordinario: \u00abConcede nobis, quaesumus, Domine, haec digne frequentare mysteria, quia quoties huius hostiae commemoratio celebratur, opus nostrae redemptionis exercetur\u00bb).<\/p>\n<p>Naturalmente, todo esto es posible y acontece no en virtud del simbolismo en cuanto tal, el cual, como medio de comunicaci\u00f3n total de la cosa simbolizada, de suyo transmite s\u00f3lo a nivel psicol\u00f3gico y emocional. Este hecho -unido por lo dem\u00e1s a la fuerza po\u00e9tica del simbolismo-no ser\u00ed\u00ada suficiente para crear un sacramento en el sentido cristiano, que quiere ser presencia real-objetiva del hecho del que es signo. Esta presencia, como veremos en seguida, derivar\u00e1 de una causa bien determinada, esto es, del hecho de que el sacramento depende de Cristo (instituci\u00f3n).<\/p>\n<p>II. Cristo en el origen de los sacramentos<br \/>\nBajo esta formulaci\u00f3n general\u00ed\u00adsima tratamos el argumento que suelen tratar los te\u00f3logos bajo el nombre de instituci\u00f3n de los sacramentos.<\/p>\n<p>1. DATOS B\u00ed\u008dBLICOS Y PATR\u00ed\u008dSTICOS. Es evidente que la Escritura del NT no nos ofrece ni una teor\u00ed\u00ada ni un testimonio preciso sobre el origen de los sacramentos en su conjunto, aun cuando el IV evangelio pueda ser entendido en clave sacramental. Del NT se puede decir claramente que en la iglesia apost\u00f3lica exist\u00ed\u00adan ritos religiosos que, aunque no se presenten con el nombre espec\u00ed\u00adfico de sacramentos, la tradici\u00f3n de la iglesia los ha identificado siempre con los que en tiempo posterior fueron llamados sacramentos. As\u00ed\u00ad se habla del bautismo (Heb 2:38.41; Heb 8:12.16.38, etc\u00e9tera; Rom 6:3; 1Co 1:13-17; 1Co 12:13; G\u00e1l 3:27; Efe 4:5; 1Pe 3:21); de una imposici\u00f3n de manos para el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Heb 8:17; Heb 19:6); de una fracci\u00f3n del pan (= eucarist\u00ed\u00ada) (Heb 2:42.46; Heb 20:7.11; 1Co 10:16) llamada tambi\u00e9n cena del Se\u00f1or (1Co 11:20); de una unci\u00f3n de los enfermos (Stg 5:14); de una imposici\u00f3n de las manos para constituir a uno en la jerarqu\u00ed\u00ada o en el ministerio (Heb 6:6; 1Ti 4:14; 2Ti 1:6). Los padres de la iglesia tratan de uno o de otro de los sacramentos sin plantearse expl\u00ed\u00adcitamente el problema; tratan de ello como de un hecho que creen provenir de Cristo, apelando a la \u00abtradici\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb, de la que la iglesia los ha recibido directamente. Pero con frecuencia, sobre todo a prop\u00f3sito del bautismo y de la eucarist\u00ed\u00ada, recurren al dato de Cristo: \u00abBautizad&#8230;\u00bb (Mat 28:19); \u00abHaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb (Luc 22:19).<\/p>\n<p>2. TEOLOG\u00ed\u008dA Y MAGISTERIO. La doctrina tradicional de que todos los sacramentos han sido instituidos por Cristo pasa generalmente a la teolog\u00ed\u00ada posterior, hasta que encuentra una primera oposici\u00f3n de modo expl\u00ed\u00adcito en los protestantes, los cuales sostienen que solamente el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada (penitencia) tienen un origen directamente cristiano, mientras que los dem\u00e1s sacramentos los atribuyen a la iglesia medieval. En \u00e9poca m\u00e1s reciente la teolog\u00ed\u00ada liberal y los modernistas han afirmado que los sacramentos deben atribuirse -al menos en cuanto a la pr\u00e1ctica institucional- a la iglesia apost\u00f3lica, y en general a la iglesia antigua, la cual, sin embargo, se inspir\u00f3 en Cristo y en sus ense\u00f1anzas. En este proceso sacramental de la iglesia muchos afirman que la praxis de la iglesia se ha visto influida en muchos puntos por la \u00abreligi\u00f3n de los misterios\u00bb contempor\u00e1nea a la iglesia primitiva, sobre todo por obra de Pablo (iglesia sacramental paulina contra la iglesia \u00abmoral-escatol\u00f3gica petrina). Hoy no faltan autores que admiten como posible el origen de los sacramentos directamente de la iglesia, considerada como el principal sacramento y como tal instituida por Cristo (K. Rahner).<\/p>\n<p>El concilio de Trento ha definido a este respecto expl\u00ed\u00adcitamente que \u00abtodos los sacramentos, precisamente los siete sacramentos, han sido instituidos por Cristo\u00bb (DS 1601), poniendo el acento en \u00abtodos\u00bb, pero sin especificar qu\u00e9 se entiende por instituci\u00f3n ni c\u00f3mo y cu\u00e1ndo ocurri\u00f3 esta instituci\u00f3n. La teolog\u00ed\u00ada posterior, apoy\u00e1ndose en santo Tom\u00e1s en lo que respecta a la idea de instituci\u00f3n (S. Th. III, q. 64, a. 2, sed c) acepta la definici\u00f3n seg\u00fan la cual instituci\u00f3n significa: \u00abAgregar a cosas sensibles el poder de significar y producir la gracia\u00bb. Por lo que respecta al c\u00f3mo y al modo de la instituci\u00f3n de parte de Cristo, las opiniones son diferentes, ya sea por razones de principio (naturaleza del sacramento como medio de gracia), ya sea por razones hist\u00f3ricas (dificultad de probar por la Escritura que los sacramentos procedan directamente de Cristo). As\u00ed\u00ad se plantea la cuesti\u00f3n de si provienen de Cristo por instituci\u00f3n inmediata: Cristo habr\u00ed\u00ada establecido personalmente que una gracia determinada fuese otorgada por medio de un rito externo; o bien por instituci\u00f3n mediata: Cristo, queriendo conferir la gracia por medio del rito, habr\u00ed\u00ada dado a los ap\u00f3stoles el poder de determinar el rito mismo y el n\u00famero de los sacramentos. En general se afirma que la definici\u00f3n tridentina debe referirse a la \u00abinstituci\u00f3n inmediata\u00bb por parte de Cristo. Pero nos preguntamos si el rito ha sido determinado por Cristo: en l\u00ed\u00adnea general, confiere la gracia por medio del signo, por ejemplo, de la comida (eucarist\u00ed\u00ada) o del agua (bautismo); o bien en l\u00ed\u00adnea espec\u00ed\u00adfica, determinando el alimento como cena-convite y el uso del agua como ba\u00f1o; o bien en particular, la cena con pan \u00e1cimo y vino de uva; el ba\u00f1o con agua corriente o con agua com\u00fan.<\/p>\n<p>3. CRISTO, \u00abAUTOR\u00bb DE LOS SACRAMENTOS. El tratamiento sobre una instituci\u00f3n de los sacramentos por parte de Cristo nunca ha faltado en la teolog\u00ed\u00ada de los padres, pero comenz\u00f3 a adquirir un nuevo sentido en el medievo, cuando el t\u00e9rmino instituci\u00f3n adquiere una acentuaci\u00f3n fuertemente jur\u00ed\u00addica. Una prueba evidente de esta tendencia es la misma definici\u00f3n de santo Tom\u00e1s cuando escribe: \u00abSe dice que uno instituye alguna cosa cuando da a la cosa fuerza y vigor, como es evidente en el caso de las instituciones de las leyes\u00bb (S. Th. III, q. 64, a. 2, sed c). Este modo de expresarse supone: a) que el sacramento exista s\u00f3lo en virtud de un expl\u00ed\u00adcito mandato-ley de Cristo; b) que la instituci\u00f3n no tiende en primer t\u00e9rmino a la comunicaci\u00f3n de la gracia, sino m\u00e1s bien al hecho de ser atribuido a una cosa sensible el poder de conferir la gracia, la cual de suyo podr\u00ed\u00ada darla Dios independientemente de todo elemento exterior. La consecuencia de esta posici\u00f3n jur\u00ed\u00addica ser\u00e1 la preocupaci\u00f3n de determinar sobre todo cu\u00e1les son los elementos sensibles que constituyen el sacramento.<\/p>\n<p>A nuestro juicio, para esclarecer realmente en qu\u00e9 sentido Cristo est\u00e1 en el origen de los sacramentos, hay que recorrer un camino muy diverso de la instituci\u00f3n de trasfondo jur\u00ed\u00addico: a) Si examinamos cuidadosamente los principales textos que hablan del bautismo y de la eucarist\u00ed\u00ada (los dos sacramentos de los que es cert\u00ed\u00adsima la fuente neotestamentaria), no resulta que su origen deba ponerse en la l\u00ed\u00adnea de una promulgaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de su signo sacramental por parte de Cristo. El mandato de bautizar y de hacer la eucarist\u00ed\u00ada se refiere en realidad al ejercicio del sacramento, no a su origen ni a su autor. b) Cristo ha dado origen y es autor de los sacramentos por el hecho mismo de ser \u00e9l personalmente, en su concreta y visible humanidad, sacramento primordial y esencial de la salvaci\u00f3n. Los sacramentos de la iglesia no son, en realidad, m\u00e1s que im\u00e1genes reales del misterio-sacramento de Cristo. Ya sabemos qu\u00e9 quiere decir Cristo sacramento de salvaci\u00f3n. El, en su humanidad de Verbo encarnado, revela y comunica la salvaci\u00f3n divina, de la que, en cuanto Dios, es el autor, y en cuanto hombre, es el portador; es, por tanto, su signo eficaz. Todo el que por la fe descubre en \u00e9l esta realidad de salvaci\u00f3n, toca, es decir, encuentra la salvaci\u00f3n tocando su humanidad (signo de salvaci\u00f3n para el que cree). Ahora bien, Cristo es signo eficaz de salvaci\u00f3n porque ha dado eficacia, es decir, ha hecho reales, ha llevado a su cumplimiento aquellos que eran ya signos anunciadores de la salvaci\u00f3n, esto es, la palabra de Dios y los acontecimientos unidos a ella. Cristo, en efecto, es salvaci\u00f3n, porque es \u00abencarnaci\u00f3n de la palabra\u00bb. Por consiguiente, como los signos del AT -aun prescindiendo del mandamiento divino- eran signos de salvaci\u00f3n, porque eran realizaciones (parciales) de la palabra que promet\u00ed\u00ada y anunciaba la salvaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad los sacramentos del NT son y act\u00faan -aun prescindiendo del mandato de Cristo- como signos eficaces de salvaci\u00f3n, porque son realizaciones de la palabra encarnada. Decir esto no es solamente hacer una analog\u00ed\u00ada con el AT, sino que es como decir que Cristo no ha inventado la palabra, sino que la ha realizado, as\u00ed\u00ad como no ha inventado los signos, sino que les ha dado cumplimiento y realidad. Vemos, pues, que los signos sacramentales de Cristo son id\u00e9nticos a los que preexist\u00ed\u00adan antes de \u00e9l, pero s\u00f3lo como anunciadores de \u00e9l: el bautismo-paso a trav\u00e9s del agua para indicar la liberaci\u00f3n; la eucarist\u00ed\u00ada-banquete de alianza. La diferencia no consiste en el rito como tal, sino en el hecho de que el signo de anuncio ha pasado al nivel de realizaci\u00f3n alcanzada en Cristo. El signo sacramental es a la salvaci\u00f3n y a su realidad lo que la humanidad de Cristo es a la salvaci\u00f3n y a su realidad; es decir, le da la eficacia real en el mismo momento en que la vela. S\u00f3lo la fe puede alcanzarla tanto en Cristo como en el sacramento de la iglesia.<\/p>\n<p>Concluyendo: si la definici\u00f3n tridentina de que Cristo \u00abinstituy\u00f3 todos los siete sacramentos\u00bb quiere ser una afirmaci\u00f3n de fe, que no mira s\u00f3lo al origen externo y jur\u00ed\u00addico de los sacramentos, sino que quiere indicar que en \u00e9l hallan su eficacia sobrenatural y que son necesarios para la salvaci\u00f3n de los hombres, entonces no hay otro camino ni otra raz\u00f3n sino la que hemos dicho: Cristo es el autor-institutor de los sacramentos de la iglesia porque es el gran sacramento de la salvaci\u00f3n. De este modo los sacramentos permanecen ligados a Cristo no por medio de un simple mandato y no aparecen como ritos que manifiestan gen\u00e9ricamente la fe en Cristo, sino que dependen del mismo ser sacramental de Cristo como de una fuente sacramental de la cual brota en los sacramentos aquella salvaci\u00f3n que, siendo una realidad revelada, siempre tiene necesidad de signos a fin de ser percibida por el hombre. Los sacramentos son, pues, la continuaci\u00f3n del sacramento de salvaci\u00f3n, hecho real de una vez para siempre en Cristo. Por eso los padres, aludiendo al simbolismo ciertamente intencionado de Jua 19:34 (\u00abuno de los soldados le traspas\u00f3 el costado con una lanza, y seguidamente sali\u00f3 sangre y agua\u00bb; cf 1Jn 5:6), dicen con frecuencia que \u00abdel costado de Cristo durmiente, esto es, muriendo en la cruz -es decir, desde el momento culminante de la salvaci\u00f3n que se realizaba en Cristo-, brotaron los sacramentos por los que se ha constituido la iglesia\u00bb \u00c2\u00b0.<\/p>\n<p>III. Desarrollos de la tradici\u00f3n<br \/>\n1. LA REFLEXI\u00ed\u201cN PRETRIDENTINA. Una formulaci\u00f3n doctrinal conjunta y autoritativa sobre los sacramentos no exist\u00ed\u00ada antes del concilio de Trento. Los sacramentos, siendo parte de la vida cotidiana de la iglesia, eran objeto de una continua catequesis, en la que la iglesia subrayaba la pr\u00e1ctica ritual de los sacramentos. Si se busca una teolog\u00ed\u00ada sacramental, para ciertos aspectos s\u00f3lo se la encuentra en san Agust\u00ed\u00adn, aunque frecuentemente est\u00e1 en la base de todas las catequesis sacramentales de los padres de la iglesia. El obispo de Hipona, aunque no presente una teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica ni sobre el sacramento ni de cada uno de los sacramentos, ofrece, no obstante, los primeros rasgos de una teolog\u00ed\u00ada de la sacramentalidad, es decir, de lo que constituye el ser sacramental seg\u00fan una l\u00ed\u00adnea que en parte ha formado toda la mentalidad teol\u00f3gica posterior.<\/p>\n<p>Hablando de la acci\u00f3n ritual llamada sacrificio, Agust\u00ed\u00adn la define como el \u00absacramento, o sea, el signo sagrado visible del sacrificio invisible (interior)\u00bb 5, y declara que \u00abse llaman sacramentos aquellos signos que se refieren a las cosas divinas\u00bb Para Agust\u00ed\u00adn, el signo tiene como propiedad el que \u00abhace pensar, adem\u00e1s de aquello que presenta a los sentidos, en otra cosa diversa de s\u00ed\u00ad\u00bb. Esta otra cosa puede ser m\u00faltiple, y por tanto, indeterminada. Para evitar la indeterminaci\u00f3n, en el sacramento interviene la palabra, que, siendo de Dios, da el significado preciso querido por Dios mismo, y hace del sacramento una \u00abpalabra visible de Dios\u00bb que, como tal, tiene una eficacia operativa: \u00abQuitada la palabra, \u00bfqu\u00e9 es el agua solamente? A\u00f1ade la palabra al elemento (al agua) y se hace el sacramento, el cual es luego una palabra visible\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>Esta posici\u00f3n de Agust\u00ed\u00adn recorrer\u00e1 los siglos y no crear\u00e1 problemas en una \u00e9poca como aqu\u00e9lla, en que se viv\u00ed\u00ada bajo la ense\u00f1a del sacramento, designando como tal la palabra y el personaje del AT, Cristo y los ritos de la iglesia. Pero con el tiempo se sinti\u00f3 la necesidad de restringir el \u00e1rea de la sacramentalidad, y por lo mismo empez\u00f3 a buscarse una definici\u00f3n de sacramento m\u00e1s precisa, que pudiera aplicarse a los que entonces se llamaban sacramentos mayores para distinguirlos de los as\u00ed\u00ad llamados sacramentos menores (= sacramentales) [I Sacramentales, II]. Es lo que hizo en el s. xii Pedro Lombardo: \u00abSe dice propiamente sacramento lo que es signo de la gracia de Dios y forma de la gracia invisible, de tal modo que es imagen y causa de la gracia\u00bb&#8217;. La definici\u00f3n de Lombardo se fundaba en el principio de hilemorfismo (del griego hyle = materia + morph\u00e9 = forma) aristot\u00e9lico, asumido por la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica como principio b\u00e1sico del conocimiento del ser creado. Tal definici\u00f3n aplica al signo sacramental en su conjunto (materia y forma =-elemento material y palabra) una causalidad directa en la producci\u00f3n del efecto de gracia, de la que el sacramento era al mismo tiempo el signo. En qu\u00e9 manera, es decir, por qu\u00e9 v\u00ed\u00ada y bajo qu\u00e9 formalidad ejercita el sacramento (compuesto de elementos naturales y sensibles) esta su causalidad de gracia (realidad sobrenatural y no sensible), no quedaba definitivamente explicado. Santo Tom\u00e1s se distinguir\u00e1 entre los dem\u00e1s sobre todo por haber acentuado el car\u00e1cter instrumental de los sacramentos, en cuanto ellos ser\u00ed\u00adan respecto a Cristo como la mano a la cabeza; son, en efecto, \u00abla prolongaci\u00f3n de la mano de Cristo\u00bb, que daba la salvaci\u00f3n a los que tocaba. Otro aspecto notable en santo Tom\u00e1s, que mejor lo une a la tradici\u00f3n de los padres, es aquel por el cual, distinguiendo un triple aspecto o referencia en el signo sacramental, hace de \u00e9l un signo rememorativo del hecho salv\u00ed\u00adfico obrado por Cristo, un signo indicativo del hecho salv\u00ed\u00adfico realizado en el presente por el sacramento, y un signo progn\u00f3stico, que indica el t\u00e9rmino \u00faltimo de la salvaci\u00f3n (S. Th. III, q. 60, a. 3).<\/p>\n<p>En todo este proceso, relativo sobre todo a la causalidad de los sacramentos, uno de los puntos que se afirmar\u00e1 con mayor inter\u00e9s es el de la eficacia del sacramento ex opere operato, en que se distingue de la eficacia de los sacramentales, que es ex opere operantis. La expresi\u00f3n \u00abefficacia ex opere operato\u00bb quiere decir que el sacramento, cuando se confiere en los t\u00e9rminos y con la intenci\u00f3n querida por Cristo y por la iglesia, para Dios es medio v\u00e1lido y apto para producir la gracia. Pero esto no significa que de hecho la gracia se produzca, si faltan las debidas disposiciones en el sujeto receptor. En cambio, la eficacia del \/ sacramental est\u00e1 ligada totalmente al valor del que lo hace, o al menos de la iglesia que lo ordena y se compromete. Desgraciadamente la comprensi\u00f3n del opus operatum viene muchas veces comprometida por una visi\u00f3n demasiado material del sacramento, que se considera siempre eficaz por el hecho mismo de administrarse, prescindiendo de las condiciones del que lo recibe.<\/p>\n<p>En base a esta situaci\u00f3n teol\u00f3gica trabaj\u00f3 el concilio de Trento para formular en t\u00e9rminos de fe la doctrina de los sacramentos; pero no se puede decir que, al hacer esto, quedara inmune de muchos influjos de la teolog\u00ed\u00ada de la \u00e9poca. Es cierto adem\u00e1s que tambi\u00e9n la negaci\u00f3n protestante se mov\u00ed\u00ada en el mismo terreno teol\u00f3gico. La consecuencia fue que el discurso de fe cerrado sobre las v\u00ed\u00adas que la teolog\u00ed\u00ada precedente hab\u00ed\u00ada esbozado, y por lo mismo la misma doctrina de Trento, no enriquecieron sensiblemente la fe ni provocaron un cambio real en la teolog\u00ed\u00ada para una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de este aspecto tan fundamental del cristianismo.<\/p>\n<p>2. EL CONCILIO DE TRENTO Y LA REFORMA PROTESTANTE. El concilio de Trento no se preocup\u00f3 de dar una s\u00ed\u00adntesis doctrinal completa, sino que intent\u00f3 ante todo responder con afirmaciones de fe a lo que los protestantes pon\u00ed\u00adan en duda, negaban o explicaban de un modo diverso del que siempre ha mantenido la tradici\u00f3n (DS 1600). En efecto, la doctrina tridentina sobre los sacramentos debe ser deducida de los c\u00e1nones, o sea, de las f\u00f3rmulas de condenaci\u00f3n de los errores opuestos. Los c\u00e1nones en cuesti\u00f3n vienen presentados con un breve proemio en un grupo de trece afirmaciones propuestas en un r\u00ed\u00adgido esquema: \u00abSi alguno dijere que&#8230;, \u00c2\u00a1sea anatema!\u00bb: a) Los sacramentos instituidos por Cristo son solamente siete; todos son sacramentos, pero no todos de la misma dignidad (DS 1601; 1603); b) Los sacramentos cristianos difieren de los del AT en el contenido, y no s\u00f3lo en el rito exterior (DS 1062); c) Los sacramentos son necesarios para la salvaci\u00f3n en la realidad, o al menos en el deseo (in voto), aunque no todos los sacramentos son necesarios para todos (DS 1604); d) Los sacramentos contienen la gracia que significan y la confieren siempre a quien no pone \u00f3bice a la misma; no son, por lo mismo, s\u00f3lo signos externos, no son simplemente signos que distinguen a los fieles de los infieles (DS 1606), ni han sido instituidos s\u00f3lo para alimentar la fe (DS 1605); e) Los sacramentos producen la gracia ex opere operato (DS 1608), cuando el ministro tiene al menos la intenci\u00f3n de hacer lo que hace la iglesia (DS 1611) y, aun estando en pecado mortal, cumple aquello que es esencial al sacramento (DS 1612); f) Entre los sacramentos hay tres: bautismo, confirmaci\u00f3n y orden, que imprimen car\u00e1cter, signo espiritual indeleble, que impide su reiteraci\u00f3n (DS 1609).<\/p>\n<p>Por importante que parezca y sea la doctrina tridentina sobre los sacramentos, es vista y considerada principalmente en la \u00f3ptica particular provocada por la oposici\u00f3n protestante a todo el mundo sacramental tradicional; y a esta luz, al menos en parte, se la juzga hoy. Por otro lado, no se puede olvidar el peso que la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea y precedente al concilio ha tenido en la formulaci\u00f3n de la doctrina y en los t\u00e9rminos que en tal exposici\u00f3n se usaron.<\/p>\n<p>En el proemio a los \u00abc\u00e1nones sobre los sacramentos en general\u00bb, el Tridentino afirma que quiere con estos \u00faltimos ofrecer un \u00abcomplemento a la doctrina de la justificaci\u00f3n\u00bb, porque es \u00abpor los sacramentos por los que toda verdadera justicia (santificaci\u00f3n) o comienza, o comenzada se aumenta, o perdida se repara\u00bb (DS 1600). La \u00ed\u00adntima dependencia de la doctrina sacramental de la relativa a la justificaci\u00f3n, es decir, al libre don divino por el cual el hombre viene trasladado por gracia al estado de hijo adoptivo de Dios, como viene afirmada por la iglesia en la ense\u00f1anza del Tridentino, tambi\u00e9n era mantenida en el pensamiento de los primeros reformadores (Lutero y Calvino). Pero todo depend\u00ed\u00ada precisamente del modo de concebir la justificaci\u00f3n, o sea, la llamada gracia santificante: y el modo era diverso en la fe de la iglesia y en la predicaci\u00f3n protestante.<\/p>\n<p>El movimiento protestante nace como movimiento de reforma de la iglesia, tomando como punto de partida la situaci\u00f3n moral y espiritual concreta que la iglesia presenta en los comienzos del s. xvt, pero que es el resultado de una decadencia que iba progresando desde hac\u00ed\u00ada mucho tiempo. Uno de los aspectos m\u00e1s importantes en los que se manifestaba esta decadencia en la iglesia de la \u00e9poca era ciertamente la praxis cultual en su conjunto, que con mucha frecuencia revelaba una mentalidad supersticiosa, la cual luego, en el uso de los sacramentos, no pocas veces ca\u00ed\u00ada pr\u00e1cticamente en los excesos de la magia. En la obra de reforma, como los protestantes la intentaban, queriendo superar por completo esta situaci\u00f3n, impugnaron no s\u00f3lo los abusos, sino la misma raz\u00f3n de ser de los sacramentos, en cuanto que negaron a la econom\u00ed\u00ada sacramental toda realidad de eficacia en la comunicaci\u00f3n de la gracia. Partiendo de la idea (equivocada) de que la eficacia ex opere operato atribuida a los sacramentos por la tradici\u00f3n cat\u00f3lica era elevar la obra humana a un valor objetivamente salv\u00ed\u00adfico y, por tanto, admitir que la justificaci\u00f3n es fruto de la obra del hombre (mientras que es cierto -dec\u00ed\u00adan- que s\u00f3lo puede provenir de la gracia divina, y que \u00e9sta a su vez es el don que Dios otorga \u00abs\u00f3lo a la fe\u00bb y no a las obras del hombre), los protestantes sosten\u00ed\u00adan que a los sacramentos se les deber\u00ed\u00ada reconocer \u00fanicamente la funci\u00f3n de ser expresi\u00f3n y predicaci\u00f3n-presentaci\u00f3n de la fe. Celebr\u00e1ndose por mandato de Cristo y conteniendo su palabra, los sacramentos en el protestantismo son vistos como puras ceremonias religiosas, en las que los fieles que los reciben expresan externamente su fe, la misma fe que prestan a la palabra de Dios, puesto que los sacramentos no son m\u00e1s que la \u00abpalabra hecha visible\u00bb en el rito.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de esto, los protestantes niegan que todos los sacramentos hayan sido instituidos por Cristo. Reconocen como de instituci\u00f3n divina el bautismo y la santa cena; pero en la pr\u00e1ctica conservan tambi\u00e9n los otros sacramentos (confirmaci\u00f3n, penitencia, ordenaci\u00f3n y matrimonio). S\u00f3lo el sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos no ha dejado rastro alguno entre ellos.<\/p>\n<p>A esta total abolici\u00f3n de la realidad sacramental como comunicaci\u00f3n de gracia divina ha contribuido no s\u00f3lo el modo protestante de concebir la justificaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n una interpretaci\u00f3n del espiritualismo cultual cristiano. Bas\u00e1ndose en el dicho de Cristo que exige \u00abadoraci\u00f3n en esp\u00ed\u00adritu y verdad\u00bb, los protestantes han tomado el esp\u00ed\u00adritu en contraposici\u00f3n a cuerpo\/materia, y por consiguiente han vaciado de significado el aspecto exterior del culto, ignorando que si entre los hombres no se admite un cuerpo sin esp\u00ed\u00adritu -porque no es m\u00e1s que un cad\u00e1ver-, tampoco puede existir un esp\u00ed\u00adritu sin cuerpo.<\/p>\n<p>Todo lo que aqu\u00ed\u00ad se dice de la oposici\u00f3n protestante a los sacramentos sirve como explicaci\u00f3n del contexto en el que ha sido formulada la doctrina del concilio tridentino. Con el andar del tiempo, ciertas posiciones asumidas inicialmente por los protestantes, despu\u00e9s de haberse radicalizado en sentido m\u00e1s negativo a\u00fan en los ss. xvu-xvni, hoy se van atenuando o se van integrando -sobre todo por efecto del movimiento lit\u00fargico y de estudios m\u00e1s profundos de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica-, en cuanto que existe un sensible acercamiento a las posiciones cat\u00f3licas. Esto, empero, no quiere decir que la cr\u00ed\u00adtica o la negaci\u00f3n protestante de ciertas tesis cat\u00f3licas no deba tambi\u00e9n ser considerada de un modo positivo y promocional.<\/p>\n<p>IV. La eficacia de los sacramentos<br \/>\nEs el tema conocido desde los tiempos de la escol\u00e1stica como uno de los puntos culminantes de la especulaci\u00f3n teol\u00f3gica, que lleva el nombre de causalidad de los sacramentos; halla su expresi\u00f3n en la f\u00f3rmula corriente: \u00abLos sacramentos son medios eficaces de la gracia\u00bb.<\/p>\n<p>1. S\u00ed\u008dNTESIS HIST\u00ed\u201cRICA SOBRE LA CAUSALIDAD DE LOS SACRAMENTOS. Dado el contexto de procedencia veterotestamentaria en el que se mueve el NT y que halla absolutamente normal que los gestos m\u00e1s o menos rituales fueran considerados como portadores de una potencia divina activa, vemos que tanto Jes\u00fas como los ap\u00f3stoles se sirven de gestos o tambi\u00e9n de cosas materiales al realizar acciones que tienen siempre un valor espiritual, ya se trate de milagros o de actos interiores, como la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Cf, por ejemplo, la imposici\u00f3n de las manos para bendecir (Mar 10:16), para curar (Mar 8:23ss; Mar 16:18; Luc 4:40; Luc 13:13; Heb 9:12; Heb 28:8), para otorgar el Esp\u00ed\u00adritu (Heb 8:17; Heb 19:6); la unci\u00f3n con aceite para curar (Mar 6:13); el uso de la saliva (Mar 7:33; Jua 9:6), etc. En esta l\u00ed\u00adnea se debe ver tambi\u00e9n el uso del agua en el bautismo. Tampoco a los padres de la iglesia les crea problemas el uso de las cosas materiales para obtener efectos espirituales 9. El elemento material adquiere un nuevo poder por efecto de la palabra de Cristo que consagra, que trae la presencia del Esp\u00ed\u00adritu, que hace que act\u00faen en el elemento el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo. En los ss. XII-XIII la escol\u00e1stica se plantea de modo espec\u00ed\u00adfico y especulativamente el problema de la causalidad de los sacramentos: 1) Qu\u00e9 son los sacramentos; 2) Qu\u00e9 modo de causalidad ejercen. A la primera cuesti\u00f3n responden: \u00abLos sacramentos causan la gracia que significan\u00bb. A la segunda, los escol\u00e1sticos (santo Tom\u00e1s) responden en general que los sacramentos obran a modo de causa instrumental: son instrumentos de los que se sirve Cristo para comunicar la gracia.<\/p>\n<p>Esta causalidad de los sacramentos acontece ex opere operato; es decir, en el momento en que a un elemento material (materia) se une la palabra (forma), que determina su significado de un modo un\u00ed\u00advoco a nivel de revelaci\u00f3n, queda constituido el sacramento en su ser y en su obrar, esto es, causa la gracia que significa independientemente de las disposiciones subjetivas del ministro y del sujeto que lo recibe. Precisamente en esto difiere el sacramento de otras acciones sagradas, cuyo efecto se determina proporcionalmente al modo de actuar del sujeto, m\u00e1s o menos justo moral y espiritualmente (opus operantis). Para comprender bien esto, hay que distinguir la obra del sacramento (opus operatum), que es la gracia, que siempre la recibe el sujeto; y la obra de la gracia, es decir, la acci\u00f3n que la misma gracia produce en el sujeto que la recibe, que est\u00e1 siempre condicionada a las disposiciones (opus operantis) con las que se recibe el sacramento. Si faltan estas disposiciones subjetivas, es claro que en esta explicaci\u00f3n el sacramento produce objetivamente su efecto, que es el don de la gracia; pero el don no es acogido en el modo debido, por eso la gracia conferida por el sacramento permanece est\u00e9ril.<\/p>\n<p>En la explicaci\u00f3n del modo de causar la gracia propia de los sacramentos, mientras que los te\u00f3logos tanto de la escol\u00e1stica como los posteriores hasta nuestros d\u00ed\u00adas est\u00e1n de acuerdo en reconocer al sacramento una causalidad instrumental, las opiniones se dividen cuando se trata de explicar en qu\u00e9 sentido los sacramentos son instrumentos de gracia, distinguiendo entre una causalidad f\u00ed\u00adsica y otra moral.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el cap\u00ed\u00adtulo de la causalidad de los sacramentos el concilio de Trento, m\u00e1s que exponer una doctrina completa, quiere proponer en aquello que afirma los aspectos doctrinales que cree son puestos en duda o negados por los protestantes de la \u00e9poca. Las posiciones protestantes se pueden resumir en los siguientes puntos: a) Los sacramentos son signos de la palabra que promete la salvaci\u00f3n; b) Los sacramentos son s\u00f3lo signos que atestiguan nuestra fe en la promesa de Dios; c) La gracia se recibe (en el AT y en el NT) s\u00f3lo por la fe, no por los sacramentos. El concilio de Trento contrapone as\u00ed\u00ad la doctrina cat\u00f3lica: a) Los sacramentos son necesarios para la salvaci\u00f3n porque la gracia de la justificaci\u00f3n no se puede recibir por la sola fe (DS 1604); b) Los sacramentos contienen y confieren a quien no pone impedimento la gracia que significan, y no pueden considerarse como meros signos exteriores de la gracia (recibida \u00fanicamente por la fe), ni s\u00f3lo como signos externos de profesi\u00f3n cristiana (DS 1606); c) Los sacramentos no han sido instituidos s\u00f3lo para alimentar la fe (DS 1605); d) La gracia viene conferida por los sacramentos ex opere operato (es decir, es efecto de la acci\u00f3n misma sacramental) y no basta para recibir la gracia la sola fe en la promesa divina (DS 1608).<\/p>\n<p>Como se ve, el Tridentino no entra en la cuesti\u00f3n discutida sobre el modo de actuar el sacramento en la comunicaci\u00f3n de la gracia (con su realidad f\u00ed\u00adsica movida por el agente principal Cristo; o bien presentando en su signo a Dios los motivos -voluntad salv\u00ed\u00adfica y pasi\u00f3n de Cristo- para que \u00e9l confiera la gracia). M\u00e1s a\u00fan, el concilio est\u00e1 tan lejos de pretender entrar en el discurso teol\u00f3gico, a fin de no correr el riesgo de hacer propia una u otra de las dos tesis contrapuestas, que evita incluso el t\u00e9rmino t\u00ed\u00adpico caracter\u00ed\u00adstico causare-causa; en cambio, las partes contendientes deducen cada una del concilio el sentido de su inter\u00e9s: causa f\u00ed\u00adsica o causa moral.<\/p>\n<p>2. REFLEXI\u00ed\u201cN SISTEM\u00ed\u0081TICA. Tambi\u00e9n para nosotros el lenguaje del concilio de Trento es suficiente en la formulaci\u00f3n que nos ha dejado sobre la doctrina de la \u00abcolaci\u00f3n de la gracia por medio del sacramento\u00bb. No nos detenemos, por tanto, en la cuesti\u00f3n de la causalidad instrumental f\u00ed\u00adsica y la causalidad instrumental moral de los sacramentos. Partiendo siempre del principio b\u00ed\u00adblico de Cristo-sacramento [t supra, II, 3] y permaneciendo en esta l\u00ed\u00adnea, creemos que podemos hacer un tratado teol\u00f3gico que supere aquella in\u00fatil pol\u00e9mica. Para valorar de lleno la gracia conferida por los sacramentos y, consiguientemente, para tener una idea m\u00e1s perfecta del sacramento, preferimos mantenernos en la l\u00ed\u00adnea seguida en la explicaci\u00f3n ya sea del valor-de-signo del sacramento, ya sea de su origen; y esta l\u00ed\u00adnea es la que nos viene dada por la relaci\u00f3n existente entre los sacramentos de la iglesia y el sacramento-Cristo. Es lo que vamos a hacer procediendo por proposiciones sint\u00e9ticas y progresivas.<\/p>\n<p>Primera proposici\u00f3n: Los sacramentos producen no aquello que significan en el plano natural, sino aque!lo que significan en el plano revelado de la salvaci\u00f3n, seg\u00fan la realidad de Cristo.<\/p>\n<p>En la explicaci\u00f3n del efecto de los sacramentos se recurre con frecuencia a la f\u00f3rmula: \u00abLos sacramentos producen aquello que significan\u00bb, y, procediendo por v\u00ed\u00ada de analog\u00ed\u00ada, el significado-acci\u00f3n de los sacramentos viene especificado principalmente en la finalidad operativa que se descubre como propia en el elemento material (agua, pan-vino, aceite, etc\u00e9tera) de que se compone cada uno de los sacramentos: as\u00ed\u00ad el agua, que significa lavar, produce una purificaci\u00f3n interior; el pan-vino, que significa alimento, produce una manutenci\u00f3n de la vida espiritual, etc. Tal explicaci\u00f3n es evidentemente insuficiente para describir el efecto del sacramento en cuanto tal, es decir, de la acci\u00f3n simb\u00f3lica sagrada que quiere ser expresi\u00f3n del sacramento-Cristo; pero tambi\u00e9n de cada sacramento da un conocimiento s\u00f3lo anal\u00f3gico y adem\u00e1s incompleto, en cuanto que no concede espacio a la palabra, la cual se a\u00f1ade al elemento material precisamente para absorber su valor simb\u00f3lico natural y transformarlo en valor simb\u00f3lico convencional, que le viene al sacramento de la instituci\u00f3n y es transmitido por la palabra, pero que no coincide necesariamente con el suministrado por el elemento natural.<\/p>\n<p>Por otra parte, la insuficiencia de este procedimiento anal\u00f3gico no es menor cuando, identificado en la gracia el significado-efecto del sacramento (cf la formulaci\u00f3n de Trento: \u00abLos sacramentos confieren la gracia que significan\u00bb), la misma gracia viene despu\u00e9s ilustrada recurriendo todav\u00ed\u00ada al significado-efecto natural del elemento material del sacramento, y as\u00ed\u00ad se permanece a\u00fan en la analog\u00ed\u00ada. Esto sucede porque se ignora que los elementos materiales forman parte del sacramento cristiano no en virtud de su significado-efecto natural, sino por el valor simb\u00f3lico salv\u00ed\u00adfico que han adquirido en la historia de la salvaci\u00f3n a partir de la revelaci\u00f3n del AT.<\/p>\n<p>Por consiguiente, el dar la explicaci\u00f3n del efecto del sacramento en el plan de la salvaci\u00f3n seg\u00fan la realidad que \u00e9sta ha tenido en Cristo quiere decir que el valor-de-signo del sacramento se debe descubrir ante todo en el significado que sus elementos materiales han tenido ya en la revelaci\u00f3n, comenzando por el AT y pasando de aqu\u00ed\u00ad al NT. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, en el AT el agua viene a significar: en el diluvio, la destrucci\u00f3n del pecado; en el paso del mar Rojo y del Jord\u00e1n, el paso de la esclavitud al reino de Dios (tierra prometida). Los dos significados se recogen en el bautismo de Cristo (NT), porque Jes\u00fas recibe el bautismo de Juan el Bautista, que anunciaba la remisi\u00f3n de los pecados y se concretaba en un paso a trav\u00e9s del agua del Jord\u00e1n para indicar que en Cristo se habr\u00ed\u00adan cumplido ambas cosas seg\u00fan una realidad que estaba indicada en el signo, pero que superaba el signo del AT. As\u00ed\u00ad el pan y el vino en el rito pascual del AT no era s\u00f3lo una comida destinada a mantener la vida en el cuerpo f\u00ed\u00adsico, sino que era el convite que Dios hab\u00ed\u00ada preparado a su pueblo, para que \u00e9ste supiese que era el \u00fanico pueblo de Dios, y no ya un grupo compuesto de diversas tribus, y comprendiese que comer aquel pan y beber aquel vino quer\u00ed\u00ada significar la aceptaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n espiritual que Dios hab\u00ed\u00ada tra\u00ed\u00addo a Israel y la ratificaci\u00f3n de su alianza eterna.<\/p>\n<p>Segunda proposici\u00f3n: Los sacramentos en tanto se revelan eficaces de salvaci\u00f3n en cuanto realizan en nosotros el misterio de Cristo; seg\u00fan los momentos distintos que diversifican e integran la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como se ha dicho [-> supra, II, 3], el nombre Cristo no indica la persona hist\u00f3rico-empadronada de Jes\u00fas de Nazaret, sino aquel en el cual el misterio de la salvaci\u00f3n se ha hecho salvaci\u00f3n total de toda la humanidad, en el sentido de que en la humanidad de Cristo la humanidad entera ha hallado la salvaci\u00f3n que le hab\u00ed\u00ada sido prometida &#8216;\u00c2\u00b0. La realidad de salvaci\u00f3n que en Cristo se desborda sobre todos los hombres es un hecho de car\u00e1cter ontol\u00f3gico, que afecta a toda la naturaleza humana en cuanto tal. Pero la naturaleza humana no existe m\u00e1s que en dimensi\u00f3n individual y personal; entonces, lo que por medio de Cristo ha acontecido en la humanidad permanece un hecho potencial para cada individuo. Los que pertenecen a la naturaleza humana son sujetos efectivos de salvaci\u00f3n s\u00f3lo cuando existen, y esta salvaci\u00f3n se hace real en ellos cuando conocen y aceptan a Cristo-sacramento de salvaci\u00f3n de la humanidad. El conocimiento de Cristo-sacramento se hace en la fe; la aceptaci\u00f3n se lleva a cabo en los sacramentos, por los que en el tiempo del NT se prolonga el tiempo salv\u00ed\u00adfico de Cristo. Con otras palabras: los sacramentos son los medios por los que el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico de Cristo, que ha afectado a todos los hombres a nivel de naturaleza, adquiere la consistencia de un hecho de elecci\u00f3n personal, y por consiguiente responsable, cuando interviene el anuncio de la fe. Este estado de cosas hace que, si uno no ha recibido tal anuncio, pero vive su vida con honradez natural, ciertamente se salva, puesto que en la humanidad asumida por Cristo tambi\u00e9n \u00e9l estaba presente.<\/p>\n<p>Pero en la fase de la realizaci\u00f3n es asimismo preciso distinguir los diversos aspectos de la salvaci\u00f3n, que se integran rec\u00ed\u00adprocamente y la hacen completa. Porque la salvaci\u00f3n consiste en hacer que el hombre vuelva a ser imagen perfecta de Dios, es decir, en restablecerlo en la situaci\u00f3n en que fue creado: hijo de Dios (= imagen), portador del Esp\u00ed\u00adritu de Dios en el mundo y adorador perfecto de Dios con la santidad de vida (obediencia a Dios). Cristo fue ciertamente, a partir del momento de su encarnaci\u00f3n, sacramento perfecto de la salvaci\u00f3n en sus tres aspectos. Pero en el \u00e1mbito del signo, tambi\u00e9n en Cristo se debe advertir un progreso en la realizaci\u00f3n del designio salv\u00ed\u00adfico. Su nacimiento de Mar\u00ed\u00ada fue el signo de que en el mundo a partir de entonces exist\u00ed\u00ada un hijo de hombre que era hijo de Dios; en el bautismo se manifest\u00f3 la presencia del Esp\u00ed\u00adritu; en la muerte se revel\u00f3 como sacerdote y v\u00ed\u00adctima, que en el Esp\u00ed\u00adritu Santo se presenta al mundo como adorador perfecto en su sacrificio. En los sacramentos de la iglesia se observa el mismo proceso. Todo sacramento es actuaci\u00f3n del Cristo-sacramento de salvaci\u00f3n, pero respetando la sucesi\u00f3n de los momentos-de-signo que se observan en la realizaci\u00f3n que la salvaci\u00f3n ha tenido en Cristo. Cada uno de los sacramentos es una proyecci\u00f3n particular del \u00fanico sacramento, o sea, momentos sucesivos de todo el proceso de salvaci\u00f3n: as\u00ed\u00ad como en un prisma se descompone la \u00fanica y misma luz del sol en los distintos colores que la componen; mientras que, al sobreponerse sucesivamente un color al otro, se forma de nuevo la \u00fanica luz blanca del sol. Como se ve, los sacramentos son momentos diversificantes del \u00fanico Cristo-sacramento de salvaci\u00f3n y, no obstante, son en su misma diversidad elementos que se integran rec\u00ed\u00adprocamente hasta llegar a formar en el hombre la salvaci\u00f3n \u00fanica y completa de Cristo.<\/p>\n<p>Tercera proposici\u00f3n: Los sacramentos no tienen como efecto la producci\u00f3n de una doble gracia: santificante y sacramental, sino que son actuaciones del \u00fanico misterio de Cristo, o sea, de la \u00fanica gracia santificante, que en virtud del diverso signo sacramental es actuaci\u00f3n diversificada del predicho \u00fanico misterio de Cristo.<\/p>\n<p>Los te\u00f3logos, al explicar el axioma del concilio de Trento: \u00abLos sacramentos producen la gracia que significan\u00bb, han introducido en el sacramento un doble efecto: como efecto com\u00fan, la gracia santificante; y como efecto propio de cada sacramento, la gracia sacramental. A nuestro juicio, si el concilio en el enunciado de lo que constituye la raz\u00f3n misma del sacramento no distingue dos tipos de gracia, es abusivo introducir tal distinci\u00f3n; adem\u00e1s, esta distinci\u00f3n supone una idea de la gracia que prescinde de la visi\u00f3n del Cristo-sacramento de salvaci\u00f3n: la \u00fanica gracia que se ha realizado en el hombre es la gracia que ha venido a ser un hecho (en griego egh\u00e9neto) en Cristo (Jua 1:17), justamente en cuanto y porque Cristo es sacramento. Todo don de gracia que adviene al hombre es, por consiguiente, una gracia sacramental, porque (por el camino de los sacramentos) proviene del Cristo-sacramento. Esta afirmaci\u00f3n no se contradice ni siquiera con el hecho cierto de que Dios puede dar la gracia tambi\u00e9n sin el sacramento. En efecto, tambi\u00e9n en este caso la gracia: a) tiene su origen en el Cristo-sacramento; b) est\u00e1 siempre -al menos in voto, es decir, en el deseo expl\u00ed\u00adcito o impl\u00ed\u00adcito- en conexi\u00f3n con el sacramento; y quien excluyese positivamente el sacramento no recibir\u00ed\u00ada ninguna gracia. En suma: la gracia, si no es sacramental, no existe, porque una gracia que quiere ser, como debe ser, una comunicaci\u00f3n de la vida divina no existe como tal en absoluto, sino s\u00f3lo en relaci\u00f3n con el Cristo-sacramento.<\/p>\n<p>Al decir que todos los sacramentos son \u00abactuaci\u00f3n de la \u00fanica gracia santificante\u00bb, puesto que esta gracia santificante proviene de los sacramentos, afirmamos que \u00abla gracia santificante existe como sacramental\u00bb; m\u00e1s a\u00fan, existe \u00aben cuanto sacramental\u00bb: es en realidad la diversificaci\u00f3n del \u00fanico misterio salv\u00ed\u00adfico de Cristo que es actuado en momentos sucesivos. Todo sacramento nos pone en comuni\u00f3n con el misterio total de Cristo, pero seg\u00fan los diversos aspectos que integran la salvaci\u00f3n: el ser recreados a imagen de Dios en Cristo como hijos de Dios, como portadores del Esp\u00ed\u00adritu, como sacerdotes y adoradores perfectos de Dios. Si esto vale para los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana (bautismo, confirmaci\u00f3n, eucarist\u00ed\u00ada), vale igualmente para los dem\u00e1s sacramentos. La penitencia, en efecto, quiere restaurar la imagen de Dios afeada por el pecado, y en ella se comunica de nuevo el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo muerto y resucitado (cf Jua 20:22-23); la unci\u00f3n de los enfermos se celebra por un cristiano al que la enfermedad ha puesto en una situaci\u00f3n del todo particular, para que en el desmoronamiento f\u00ed\u00adsico de la enfermedad se reafirme su fe en la salvaci\u00f3n de Cristo, y en vista de tal salvaci\u00f3n una su propio sufrimiento al sufrimiento de \u00e9l, convirti\u00e9ndose as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el enfermo por este camino sacramental en \u00abel siervo sufriente de Yav\u00e9\u00bb; el matrimonio es participaci\u00f3n en el misterio de Cristo en cuanto \u00e9l es el que act\u00faa el proyecto nupcial que Dios siempre ha tenido respecto a la humanidad; el orden o ministerio, que comprende el diaconado como servicio y el presbiterado-episcopado como sacerdocio, es tambi\u00e9n participaci\u00f3n en el misterio de Cristo, considerado en su funci\u00f3n de \u00absiervo de Dios y de los hombres\u00bb y de \u00absacerdote\u00bb; pues es en virtud de su encarnaci\u00f3n, que lo convirti\u00f3 en \u00absacramento de salvaci\u00f3n\u00bb, por lo que Cristo fue \u00absiervo\u00bb y \u00absacerdote\u00bb.<\/p>\n<p>Digamos para concluir: todo sacramento comunica la gracia santificante, que es participaci\u00f3n en el \u00fanico misterio de Cristo seg\u00fan una relaci\u00f3n cualitativamente diferenciada sobre la base del distinto signo sacramental. Por consiguiente, la gracia sacramental no es una gracia que se a\u00f1ade al sacramento, como gracia actual distinta de la gracia santificante, ni constituye un don particular que crea en el sujeto el derecho a obtener auxilios especiales necesarios para mantener la gracia santificante recibida por el sacramento. Este modo de pensar la gracia sacramental empobrece enormemente el sentido y el valor de los sacramentos y de su diversidad; pero sobre todo destruye el valor y el sentido del signo sacramental, al no ponerlo en relaci\u00f3n directa con el Cristo-sacramento de salvaci\u00f3n. Toda teolog\u00ed\u00ada sacramentaria ser\u00e1 verdadera en el plano de la revelaci\u00f3n cuando en el plano de la pr\u00e1ctica individual y pastoral se ponga cada vez m\u00e1s en contacto con la realidad del Cristo-sacramento de salvaci\u00f3n. Aun cuando los sacramentos constituyan un r\u00e9gimen de signos, \u00e9stos no deben convertirse en velos opacos, sino que debemos poder decir con san Ambrosio: \u00abNo por espejos ni por enigmas, sino cara a cara te has mostrado a m\u00ed\u00ad, oh Cristo, y YO TE ENCUENTRO A TI EN TUS SACRAMENTOS\u00bb (S. Ambrosio)<br \/>\nS. Marsili<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Alfaro J., Cristo, sacramento de Dios Padre. La Iglesia, sacramento de Cristo glorificado, en \u00abGregorianum\u00bb 48 (1967) 5-27; Auer J., Los sacramentos de la Iglesia, Herder, Barcelona 1977; Borobio D., De la celebraci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada. \u00bfQu\u00e9 es un sacramento?, en VV.AA., La celebraci\u00f3n en la Iglesia 1, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1985, 359-536; Castillo J.M., S\u00ed\u00admbolos de la libertad. 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Evangelizaci\u00f3n y liturgia (sacramentaria), Misterio, Rito\/ Ritos y Signo\/S\u00ed\u00admbolo.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nIntroducci\u00f3n:<br \/>\n1. Una definici\u00f3n preconciliar;<br \/>\n2. La problem\u00e1tica teol\u00f3gica actual.<br \/>\nI. Referencias hist\u00f3ricas:<br \/>\n1. Origen y desarrollo del t\u00e9rmino sacramento;<br \/>\n2. La s\u00ed\u00adntesis escol\u00e1stica;<br \/>\n3. La crisis protestante;<br \/>\n4. La doctrina del concilio de Trento y la contrarreforma;<br \/>\n5. Las tendencias contempor\u00e1neas.<br \/>\nII. Para una teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos:<br \/>\n1. El sacramento, un s\u00ed\u00admbolo religioso;<br \/>\n2. El rito, expresi\u00f3n universal de la religiosidad;<br \/>\n3. El rito religioso como necesidad y como don;<br \/>\n4. El rito cristiano: un lenguaje para el encuentro entre el hombre y Dios.<br \/>\nIII. Cristo, origen y forma de los sacramentos:<br \/>\n1. Cristo, sacramento primordial;<br \/>\n2. El misterio pascual, nueva alianza;<br \/>\n3. El Esp\u00ed\u00adritu, presencia del ausente;<br \/>\n4. La Iglesia, cuerpo sacramental (m\u00ed\u00adstico) de Cristo;<br \/>\n5. Una salvaci\u00f3n a trav\u00e9s de los signos: estructura sacramental de la salvaci\u00f3n.<br \/>\nIV. El sacramento: la salvaci\u00f3n confiada a un signo:<br \/>\n1. La Iglesia recoge la herencia del maestro;<br \/>\n2. Los s\u00ed\u00admbolos sacramentales en la historia de la Iglesia;<br \/>\n3. Libertad relativa de la Iglesia en la adopci\u00f3n de los signos sacramentales;<br \/>\n4. Diversidad de signos, identidad del don;<br \/>\n5. El n\u00famero septenario y una realidad toda ella sacramental.<br \/>\nV. Un acto salv\u00ed\u00adfico de Cristo por el ministerio de la Iglesia:<br \/>\n1. Acto salv\u00ed\u00adfico de Cristo;<br \/>\n2. Por el ministerio de la Iglesia;<br \/>\n3. La eficacia del rito sacramental. Respuestas inadecuadas;<br \/>\n4. La verdadera respuesta est\u00e1 en el s\u00ed\u00admbolo;<br \/>\n5. Ventajas y l\u00ed\u00admites de la comunicaci\u00f3n simb\u00f3lica.<br \/>\nVI. La eficacia de mediaci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo sacramental:<br \/>\n1. El s\u00ed\u00admbolo: una mediaci\u00f3n eficaz;<br \/>\n2. El \u00abex opere operato\u00bb;<br \/>\n3. Eficacia del bien celebrar;<br \/>\n4. Sacramento y vida lit\u00fargica;<br \/>\n5. Sacramentos y vida moral.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nEl concilio Vat. II, aunque no produjo una nueva teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos, ha contribuido de manera decisiva a la afirmaci\u00f3n y a la divulgaci\u00f3n de una idea del sacramento que renueva profundamente la comprensi\u00f3n preconciliar de los signos sacramentales.<\/p>\n<p>1. UNA DEFINICI\u00ed\u201cN PRECONCILIAR. \u00abUn signo sensible, instituido por Jesucristo, que produce la gracia que significa\u00bb (A. PIOLANTI, De Sacramentas, 15 18). Esta era la doctrina teol\u00f3gica m\u00e1s difundida y acreditada en la teolog\u00ed\u00ada romana en v\u00ed\u00adsperas todav\u00ed\u00ada del concilio. Era la teolog\u00ed\u00ada de los manuales, la que serv\u00ed\u00ada de fondo a las declaraciones del magisterio, a los diversos catecismos y al derecho can\u00f3nico. Es la doctrina del concilio Florentino (1439; DS 1310) y del concilio Tridentino (1547; DS 1606), tomada directamente de la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica y a partir de entonces elevada a doctrina oficial de la Iglesia cat\u00f3lica como bandera contra los errores de los protestantes. En aquella definici\u00f3n hab\u00ed\u00ada tambi\u00e9n una aportaci\u00f3n m\u00e1s reciente, no contenida en las fuentes del magisterio antiguo: el t\u00e9rmino efficax (de efficere, producir). Los concilios se limitaban a decir \u00abcontienen\u00bb (continere) y \u00abdan\u00bb, \u00abconfieren\u00bb (conferre); la teolog\u00ed\u00ada m\u00e1s reciente (neoescol\u00e1stica) prefer\u00ed\u00ada decir \u00abproducen\u00bb (efficere), despu\u00e9s de haber entrado este t\u00e9rmino oficialmente en un documento del magisterio (LE\u00f3N XIII, Apostolicae curae et caritatis, 1896: DS 3315). Ello parec\u00ed\u00ada m\u00e1s en consonancia con la doctrina de la causalidad f\u00ed\u00adsica instrumental de la escuela tomista. Y daba mayor fuerza a la l\u00ed\u00adnea antiprotestante del catolicismo postridentino.<\/p>\n<p>El n\u00famero rigurosamente septenario de los sacramentos y su origen y fundamentaci\u00f3n r\u00ed\u00adgidamente atribuible a Cristo son s\u00f3lo algunos de los rasgos caracter\u00ed\u00adsticos de una teolog\u00ed\u00ada que despu\u00e9s del Vat. II ha perdido notablemente terreno en favor de una comprensi\u00f3n menos jur\u00ed\u00addica y m\u00e1s abierta al misterio, m\u00e1s respetuosa de la parte del hombre y de la libertad de acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Una prueba evidente de esta mayor sensibilidad a la dimensi\u00f3n teol\u00f3gica del sacramento puede encontrarse en la definici\u00f3n que sirve de introducci\u00f3n a la secci\u00f3n De Sacramentis en el nuevo C\u00f3digo de derecho can\u00f3nico: \u00abLos sacramentos del NT, instituidos por Cristo Se\u00f1or y encomendados a la Iglesia, en cuanto que son acciones de Cristo y de la Iglesia, son signos y medios con los que se expresa y fortalece la fe, se rinde culto a Dios y se realiza la santificaci\u00f3n de los hombres, y por tanto contribuyen en gran medida a crear, corroborar y manifestar la comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica\u00bb (can. 840). El viejo C\u00f3digo de 1917 se limitaba a declararlos a todos instituidos por Cristo y \u00abmedios especial\u00ed\u00adsimos (praecipua) de santificaci\u00f3n y de salvaci\u00f3n\u00bb (can. 731, \u00c2\u00a7 1).<\/p>\n<p>2. LA PROBLEM\u00ed\u0081TICA TEOL\u00ed\u201cGICA ACTUAL. En la base de esta reconsideraci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos hay factores diversos, de diverso peso y valor. -Ante todo la preferencia cada vez m\u00e1s neta por el m\u00e9todo inductivo y positivo que la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre las fuentes y sobre las formas de la liturgia y la mayor atenci\u00f3n a los datos de la Escritura han ido poco a poco imponiendo. -Del mismo modo, una nueva atenci\u00f3n a las adquisiciones de las llamadas ciencias humanas ha obligado a una relectura cr\u00ed\u00adtica del concepto de signo que la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica hab\u00ed\u00ada hecho propio. De ah\u00ed\u00ad se ha derivado una fuerte revalorizaci\u00f3n de la categor\u00ed\u00ada simb\u00f3lica, hasta aqu\u00ed\u00ad demasiado desestimada en favor de la categor\u00ed\u00ada de lo real en el plano ontol\u00f3gico y de la del concepto en el plano gnoseol\u00f3gico. Los te\u00f3logos hablan cada vez menos de \u00absigno sensible\u00bb y cada vez con m\u00e1s frecuencia de s\u00ed\u00admbolo y de lenguaje simb\u00f3lico. -Tambi\u00e9n la instituci\u00f3n de los sacramentos por parte de Cristo se interpreta hoy de manera menos literal que en el pasado. Si aparece cierta la intenci\u00f3n de Jes\u00fas acerca del bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada, es mucho menos evidente la parte que \u00e9l tuvo en la determinaci\u00f3n material de los otros signos sacramentales. Ciertamente \u00e9l perdona los pecados y manda que se haga otro tanto; impone las manos a los enfermos y ordena a sus disc\u00ed\u00adpulos que lo hagan tambi\u00e9n ellos; confiere a los doce una potestad real sobre la comunidad de los creyentes; declara indisoluble el matrimonio, revelando la intenci\u00f3n divina originaria sobre \u00e9l; sopla sobre los disc\u00ed\u00adpulos para que reciban el Esp\u00ed\u00adritu; pero ser\u00ed\u00ada dif\u00ed\u00adcil ir m\u00e1s all\u00e1 de todo esto. Por otra parte, en el curso de los siglos la Iglesia ha intervenido tan repetidamente para disciplinar, adaptar, uniformar e incluso introducir y suprimir gestos y s\u00ed\u00admbolos sacramentales, que ser\u00e1 del todo justificado considerarla de alg\u00fan modo, y de forma subordinada, responsable y casi \u00abdue\u00f1a\u00bb de los mismos. Y ello, naturalmente, por aquel poder divino que le ha sido conferido por el don del Esp\u00ed\u00adritu. -El n\u00famero septenario, aunque se canoniz\u00f3 solamente a comienzos del segundo milenio, despu\u00e9s de la declaraci\u00f3n tridentina no ha sido generalmente discutido. Sin embargo, se afirma la tendencia a integrar los siete sacramentos en una visi\u00f3n m\u00e1s vasta y org\u00e1nica de la sacramentalidad de toda la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica de la salvaci\u00f3n. A la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea toda la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica le parece estructural, \u00ed\u00adntima y hasta necesariamente sacramental. Cristo, la Iglesia, la palabra revelada: todo es signo (manifestaci\u00f3n mediata, y por eso velada) de Dios y de su voluntad de salvaci\u00f3n. A esta luz los siete sacramentos no son las \u00fanicas realidades sacramentales en la historia de nuestra salvaci\u00f3n; son solamente los momentos culminantes, la plenitud y la perfecci\u00f3n de esta \u00absacramentalidad difusa\u00bb. -Un punto muy delicado y controvertido, sobre el cual es dado registrar, hoy como ayer, el m\u00e1s amplio abanico de opiniones, es el de la eficacia sacramental. \u00bfC\u00f3mo puede una acci\u00f3n humana, puesta por el hombre con la ayuda de instrumentos (s\u00ed\u00admbolos) humanos e incluso materiales, contener, o dar, o incluso producir una realidad espiritual y sobrenatural (la gracia)? La explicaci\u00f3n tradicional no parece bastar ya. El recurso a la categor\u00ed\u00ada escol\u00e1stica de causa instrumental f\u00ed\u00adsica no parece ya adecuado. No tiene debidamente en cuenta la estructura simb\u00f3lica del lenguaje humano y la funci\u00f3n de la met\u00e1fora en la expresi\u00f3n de lo inefable. No tiene sentido querer hablar del sacramento (realidad simb\u00f3lica por definici\u00f3n) con los conceptos y las categor\u00ed\u00adas de la realidad f\u00ed\u00adsica. Tambi\u00e9n la doctrina del ex opere operato adquiere un significado diverso y una justificaci\u00f3n m\u00e1s convincente a la luz de las nuevas adquisiciones. -Hoy se pregunta tambi\u00e9n por la naturaleza y por el don propio de cada sacramento. Cada vez aparece m\u00e1s desprovista de adecuada justificaci\u00f3n hist\u00f3rica la afirmaci\u00f3n, convertida en lugar com\u00fan, de que los sacramentos han permanecido siempre iguales a s\u00ed\u00ad mismos, tanto en cuanto al rito, como en cuanto al sentido, como en cuanto a la disciplina can\u00f3nica. Cambios importantes han tenido lugar en todos los siete sacramentos desde cualquier punto de vista que se los quiera mirar. Ha cambiado su orden interno (\u00abde serie\u00bb, podr\u00ed\u00adamos decir), la edad de conferirlos, las condiciones y circunstancias legitimantes, el s\u00ed\u00admbolo material (la materia de los escol\u00e1sticos), la f\u00f3rmula esencial (la forma), el ritual, la disciplina can\u00f3nica, la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica. Algunos sacramentos (o grados de un sacramento) han encontrado dificultad para ser reconocidos como realidad sacramental aut\u00f3noma (confirmaci\u00f3n) y aut\u00e9ntica (matrimonio), o han experimentado eclipses (episcopado) o hipertrofias (presbiterado). Algunos sacramentos han cambiado (tambi\u00e9n repetidamente) de nombre. Hechos \u00e9stos que se repiten tambi\u00e9n en nuestros d\u00ed\u00adas, e incluso se dir\u00ed\u00ada con particular evidencia y abundancia. Circunstancias \u00e9stas que justifican una nueva reflexi\u00f3n y una nueva s\u00ed\u00adntesis.<\/p>\n<p>I. Referencias hist\u00f3ricas<br \/>\nEl t\u00e9rmino sacramento no ha tenido siempre el mismo significado en el curso de la historia. Damos aqu\u00ed\u00ad un r\u00e1pido cuadro de su evoluci\u00f3n sem\u00e1ntica.<\/p>\n<p>1. ORIGEN Y DESARROLLO DEL TERMINO SACRAMENTO. El primero que us\u00f3 la palabra sacramentum en un contexto cultual cristiano parece haber sido Tertuliano. El t\u00e9rmino no era nuevo; era corriente en el lenguaje no cristiano y ten\u00ed\u00ada una valencia religiosa precisa (como lo indica claramente la ra\u00ed\u00adz sac-): sacramentum era el juramento de fidelidad del soldado al emperador y, en el lenguaje jur\u00ed\u00addico, la suma de dinero que hab\u00ed\u00ada que pagar al templo por parte del que perd\u00ed\u00ada una causa civil. Esto justifica el uso preferentemente bautismal que tuvo el t\u00e9rmino al principio: el bautismo pudo muy bien aparecer a los primeros cristianos como el equivalente de un juramento de fidelidad a Cristo por parte de quien se aprestaba a entrar en su \u00abmilicia\u00bb, y tambi\u00e9n como un acto de culto al Dios que salva.<\/p>\n<p>En los siglos sucesivos de la edad antigua el t\u00e9rmino tuvo gran fortuna e incluso una gran variedad de aplicaci\u00f3n: sacramento pudo traducir el t\u00e9rmino griego mysterion (tambi\u00e9n trasliterado en mysterium) en su acepci\u00f3n paulina de designio divino de salvaci\u00f3n realizado y revelado en Cristo (en este sentido, seg\u00fan G. van Roo, el uso de sacramentum es m\u00e1s antiguo que Tertuliano); e igualmente pudo traducir las categor\u00ed\u00adas, propias de la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica de los Padres, de imagen, figura, tipo, semejanza. Sacramentos eran, del mismo modo, los personajes del AT y NT, las gestos y las palabras de Jes\u00fas, los ritos y los s\u00ed\u00admbolos de la liturgia de la Iglesia.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca de san Agust\u00ed\u00adn es cuando el t\u00e9rmino sacramentum comienza a tener un significado m\u00e1s preciso y casi t\u00e9cnico. El m\u00e9rito de esta transici\u00f3n se atribuye en general al gran doctor de Hipona, pero es posible que la tendencia se hubiera difundido ya en la Iglesia latina. En efecto, mientras Agust\u00ed\u00adn dice lo que es un sacramento, proponiendo definiciones esclarecedoras (\u00absacramento es el signo sagrado visible del sacrificio invisible\u00bb, De civ.  Deu 1:10, Deu 1:5; \u00ablos signos, cuando se refieren alas cosas divinas, son llamados sacramentos\u00bb, Ep., 7; \u00absi los sacramentos no tuvieran alguna semejanza con las cosas de las cuales son sacramentos, no ser\u00ed\u00adan sacramentos\u00bb, Ep.,Deu 98:9), pero a\u00fan llamando sacramentos tambi\u00e9n al s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico, al padrenuestro y a la sal bendita, el papa Inocencio I, en su carta a Decencio, obispo de Gubbio (416), demuestra que tiene ideas bastante precisas sobre lo que es y lo que no es sacramento: niega \u00e9l el uso del aceite (de los enfermos) a los penitentes, puesto que el aceite \u00abgenus est sacramentis\u00bb. El razonamiento es l\u00facido: si a los penitentes se les niegan todos los sacramentos, \u00bfpor qu\u00e9 habr\u00ed\u00ada que permitirles s\u00f3lo \u00e9ste? (DS 216). Ciertamente no se piensa entonces en el n\u00famero siete, pero el sentido de la palabra, como se ve, se va restringiendo.<\/p>\n<p>En el siglo vi Isidoro de Sevilla subrayar\u00e1 el aspecto del misterio. Misterio entendido justamente en el sentido de oculto, secreto, encerrado (\u00abunde et graece mysterium dicitur quod secretam et reconditam habeat dispositionem\u00bb, Etimologiae VI, 19).<\/p>\n<p>Esta gran variedad de significados durar\u00e1 a\u00fan largo tiempo. Bernardo de Claraval (can. 1150) hablar\u00e1 todav\u00ed\u00ada de \u00absacramento de la Trinidad\u00bb.<\/p>\n<p>2. LA S\u00ed\u008dNTESIS ESCOL\u00ed\u0081STICA. La edad de la escol\u00e1stica vio la gran obra de sistematizaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos. He aqu\u00ed\u00ad sus principales adquisiciones.<\/p>\n<p>a) El n\u00famero de los sacramentos. La escol\u00e1stica sinti\u00f3 la necesidad de poner orden en el concepto y en el uso indiscriminado del sacramento. Se distingui\u00f3 entre sacramentos (mayores, o sacramentos verdaderos y propios) y sacramentales (o sacramentos menores), fij\u00e1ndose el n\u00famero (siete). Esta identificaci\u00f3n, ya perfilada en el.siglo xi, se convierte en definitiva y can\u00f3nica a partir de Pedro Lombardo en el siglo siguiente.<\/p>\n<p>b) El concepto de sacramento. La escol\u00e1stica elabor\u00f3 un concepto de sacramento destinado a ser cl\u00e1sico y a informar toda la teolog\u00ed\u00ada sucesiva. \u00abSe llama propiamente sacramento lo que de tal modo (quod ita) es signo de la gracia de Dios y forma (forma) de la gracia invisible, que lleva (en s\u00ed\u00ad mismo) la imagen (imaginem) de la gracia y que es su causa\u00bb (PEDRO LOMBARDO, Lib. Sententiarum IV, 1,4). Los te\u00f3logos posteriores s\u00f3lo tendr\u00e1n que completar, pero no mucho que a\u00f1adir.<\/p>\n<p>c) La eficacia del sacramento. La pregunta que los escol\u00e1sticos se hacen es c\u00f3mo puede una realidad material y sensible producir una gracia espiritual y sobrenatural. Las respuestas son muchas y diversas: los sacramentos son ocasi\u00f3n de gracia, contienen la gracia, disponen a la gracia. Escuelas enteras de te\u00f3logos se encuentran en estas respuestas. Santo Tom\u00e1s y su escuela propusieron la causalidad instrumental. M\u00e1s recientemente (s. xvi) se habl\u00f3 de causalidad moral, es decir, libre. En la teolog\u00ed\u00ada posterior prevaleci\u00f3, ciertamente, la doctrina de santo Tom\u00e1s, que pareci\u00f3 garantizar del modo m\u00e1s seguro la eficacia del rito sacramental.<\/p>\n<p>d) El \u00abex opere operato\u00bb La f\u00f3rmula, entre las m\u00e1s afortunadas de la teolog\u00ed\u00ada, ha de entenderse en relaci\u00f3n con su uso contrario, el ex opere operantis (ecclesiae). La f\u00f3rmula intentaba salvaguardar el sacramento del peligro de reiteradas tentaciones donatistas, garantizando la validez y la eficacia del sacramento independientemente de la santidad o indignidad del ministro celebrante. La intenci\u00f3n, aunque leg\u00ed\u00adtima, no bast\u00f3 para evitar que con el tiempo tal doctrina diese ocasi\u00f3n en la pr\u00e1ctica a una visi\u00f3n, casi m\u00e1gica de la eficacia sacramental.<\/p>\n<p>e) El hilemorfismo. El redescubrimiento medieval de Arist\u00f3teles como maestro del pensamiento filos\u00f3fico y teol\u00f3gico llev\u00f3 a considerar tambi\u00e9n los sacramentos en funci\u00f3n de la teor\u00ed\u00ada hilem\u00f3rfica (materia y forma). Para cada sacramento se intent\u00f3 distinguir el elemento material y el formal; si para algunos sacramentos la empresa pudo resultar bastante f\u00e1cil (bautismo, unci\u00f3n de los enfermos), para otros no faltaron las dificultades y las controversias m\u00e1s acaloradas. Controversias no s\u00f3lo entre las diversas escuelas, sino tambi\u00e9n y sobre todo entre las diversas confesiones o Iglesias.<\/p>\n<p>f) La instituci\u00f3n de los sacramentos. La Iglesia hab\u00ed\u00ada vivido siempre en la fe de que en el origen de sus sacramentos estaba Cristo; pero la escol\u00e1stica se plante\u00f3 el problema con particular urgencia, intentando definir lo que quer\u00ed\u00ada decir instituci\u00f3n (y en qu\u00e9 sentido se pod\u00ed\u00ada hablar de ella para cada sacramento) por parte de Cristo. No falt\u00f3 tampoco la tentativa de fijar para cada sacramento la fuente neotestamentaria que comprueba su instituci\u00f3n. No todos los resultados de este esfuerzo estuvieron a. la altura del empe\u00f1o prodigado. El car\u00e1cter preferentemente jur\u00ed\u00addico dado al concepto de instituci\u00f3n, la lectura claramente apolog\u00e9tica de los textos del NT, la aproximaci\u00f3n de los conocimientos hist\u00f3ricos, de la ex\u00e9gesis y del m\u00e9todo cr\u00ed\u00adtico llevaron a resultados no siempre convincentes y a veces incluso parad\u00f3jicos y extravagantes en los autores menos controlados. Santo Tom\u00e1s dice que instituir significa dar fuerza y vigor a las cosas, \u00abcomo en el caso de instituci\u00f3n de una ley\u00bb (S. Th., III, q. 64, a. 2, sed c.). Esto implicaba la necesidad de probar la instituci\u00f3n del sacramento directamente por parte de Cristo, con el riesgo muy real de introducir violencias. Violencias que dar\u00e1n pretextos muy tentadores a la impugnaci\u00f3n de los reformadores protestantes.<\/p>\n<p>g) La antropolog\u00ed\u00ada sacramentar\u00ed\u00ada. La praxis de la Iglesia contempor\u00e1nea, no compensada por un conocimiento cr\u00ed\u00adtico de la historia de los sacramentos, llev\u00f3 a los escol\u00e1sticos a considerar el uso vigente como uso normal en todas las \u00e9pocas de la Iglesia. Los sacramentos se leyeron as\u00ed\u00ad en funci\u00f3n de la praxis de una \u00e9poca: confirmaci\u00f3n con la primera edad de la raz\u00f3n, unci\u00f3n de los enfermos dada en el punto de muerte (extremaunci\u00f3n)&#8230; Ello condujo a una interpretaci\u00f3n antropol\u00f3gicamente inspirada en el desarrollo de la persona humana, desarrollo que los sacramentos deben acompa\u00f1ar y ayudar. El l\u00ed\u00admite de esta lectura es el l\u00ed\u00admite mismo de aquella praxis y de aquella pastoral.<\/p>\n<p>3. LA CRISIS PROTESTANTE. Nacida en otros terrenos de la teolog\u00ed\u00ada y de la disciplina can\u00f3nica, la crisis protestante hizo sentir su peso y tuvo sus \u00e9xitos tambi\u00e9n en el campo de los sacramentos. El objeto inmediato de la cr\u00ed\u00adtica de los reformadores es la doctrina de los sacramentos formulada por la escol\u00e1stica, o mejor por aquella escol\u00e1stica que hab\u00ed\u00ada llegado hasta Lutero, Calvino y a los otros grandes te\u00f3logos de la reforma: una teolog\u00ed\u00ada frecuentemente invalidada por un vac\u00ed\u00ado conceptualismo nominalista.<\/p>\n<p>En particular se impugn\u00f3 y neg\u00f3 la eficacia sacramental entendida como capacidad de dar, y sobre todo de producir, la gracia significada en virtud de lo que se considera una especie de automatismo m\u00e1gico, el ex opere operato. Esto es absolutamente inconciliable con la gran verdad de la reforma protestante, seg\u00fan la cual la justificaci\u00f3n (y consiguientemente el don de la gracia que la hace posible) es un hecho de absoluta iniciativa divina, totalmente gratuito y de ning\u00fan modo exigible. Ning\u00fan rito podr\u00ed\u00ada forzar nunca a Dios a hacer el don. El ex opere operato es, para todos los te\u00f3logos de la reforma, una hipoteca de la libertad de Dios, una especie de pretensi\u00f3n m\u00e1gica: la pretensi\u00f3n de condicionar a Dios.<\/p>\n<p>Otros puntos de la doctrina cat\u00f3lica tradicional son impugnados por la reforma; entre \u00e9stos, el n\u00famero siete de los sacramentos y su instituci\u00f3n por parte de Cristo. Los protestantes (no sin excepciones) reconocen la instituci\u00f3n divina s\u00f3lo del bautismo y de la eucarist\u00ed\u00ada, mientras que la niegan para los otros sacramentos. Camino y puente por los cuales el Esp\u00ed\u00adritu llega hasta nosotros (Lutero); abandono confiado en el poder y en la fidelidad de la palabra de Dios (Calvino); expresi\u00f3n de nuestra memoria de las acciones salv\u00ed\u00adficas de Cristo y de nuestra fe en su virtud para todos los tiempos y para todos los hombres; memoria por la cual esperamos ser a nuestra vez alcanzados por el Esp\u00ed\u00adritu, que realiza en nosotros la misma salvaci\u00f3n (Zuinglio): tales son las tesis principales contra las cuales intervendr\u00e1 con sus declaraciones el concilio de Trento.<\/p>\n<p>La fidelidad a estas tesis cl\u00e1sicas de la reforma no ha impedido en tiempos m\u00e1s recientes una cierta recuperaci\u00f3n de ciertos signos sacramentales tradicionales y un serio esfuerzo de acercamiento, al menos en algunos \u00e1mbitos del protestantismo, a la tesis de la tradici\u00f3n cat\u00f3lica. Los cat\u00f3licos, por su parte, renunciando a una actitud de rechazo global y prejuzgado de todo lo que sabe a \u00abreformado\u00bb, han tomado muy en serio ciertas objeciones de los protestantes, abri\u00e9ndose a un di\u00e1logo constructivo.<\/p>\n<p>Es verdad que las respectivas posiciones permanecen todav\u00ed\u00ada muy $lejadas. En la visi\u00f3n protestante &#8216;los sacramentos, al no ser considerados actos de Cristo, son vistos esencialmente como actos humanos, como profesi\u00f3n de fe, como \u00abpalabra hecha visible\u00bb; son, sin embargo, \u00fatiles, porque son la ocasi\u00f3n y el medio de que se sirve Dios para llegar al hombre, o a trav\u00e9s de los cuales el hombre intenta acercarse a Dios. Ellos nutren la fe y la expresan. La misma pretendida doctrina cat\u00f3lica de reservar el ejercicio sacramental para un sacerdocio ordenado, igualmente impugnado por una gran parte de las Iglesias reformadas, es considerada como el signo de una degeneraci\u00f3n que lleva a la Iglesia a enredarse en una l\u00f3gica que parece pertenecer al esp\u00ed\u00adritu de la ley mosaica; precisamente de aquella ley para librarnos de la cual Cristo vivi\u00f3 y muri\u00f3.<\/p>\n<p>4. LA DOCTRINA DEL CONCILIO DE TRENTO Y LA CONTRARREFORMA. El concilio de Trento es la s\u00ed\u00adntesis doctrinal m\u00e1s imponente jam\u00e1s realizada por el magisterio de la Iglesia en cuesti\u00f3n de sacramentos. Mucho m\u00e1s que el concilio de Florencia, que aproximadamente un siglo antes (1439) hab\u00ed\u00ada establecido algunos puntos firmes de la doctrina cat\u00f3lica para someterlos a la profesi\u00f3n de fe de los armenios en orden a la recomposici\u00f3n del cisma entre las dos confesiones, el Tridentino es un concilio \u00abcontra\u00bb, a saber: contra la reforma y contra los errores de sus maestros.<\/p>\n<p>La estrategia de Trento es esencialmente la del dique, del muro contra muro. Trento afirma lo que los protestantes niegan y niega lo que ellos afirman. Su mirada raramente va m\u00e1s all\u00e1 de la grave contingencia que le ocupa y que ha decidido su urgencia y su misma existencia. Esto es importante cuando se intenta una hermen\u00e9utica de los decretos tridentinos. Nos limitamos a enumerar: -los sacramentos cristianos (\u00abde la nueva ley&#8217; son siete, ni m\u00e1s ni menos (De sacram. in genere, c. 1: DS 1601ss); -esencialmente diversos de los del AT (c. 2); -instituidos por Cristo (c. 1); -necesarios para la salvaci\u00f3n, aunque no todos lo sean para todos los fieles (c. 4), y no simplemente \u00fatiles para alimentar la fe (c. 5); -contienen (continere) la gracia que significan y la confieren a quien no pone obst\u00e1culos (c. 6); -obran ex opere operato (c. 8), y por tanto, \u00abpor lo que depende de Dios\u00bb, \u00absemper et omnibus\u00bb (c. 7); -de estos sacramentos, tres, por conferir car\u00e1cter, no son reiterables (bautismo, confirmaci\u00f3n y orden) (c. 9); -la eficacia del sacramento v\u00e1lidamente puesto es independiente del estado de gracia del ministro (c. 12); -no todos los fieles bautizados pueden conferir (administrare) todos los sacramentos (c. 10).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de establecer estas afirmaciones generales, el concilio trata aparte. de cada uno de los sacramentos, con su doctrina, sus c\u00e1nones y sus anatemas. La doctrina teol\u00f3gica que sirve de base a estas declaraciones es la doctrina de la schola, que los protestantes, en cambio, repudiaban en bloque. Trento reafirma su validez y la hace suya en gran parte. La solemnidad de las declaraciones conciliares constituir\u00e1 un punto de referencia seguro para el futuro de la teolog\u00ed\u00ada, pero crear\u00e1 tambi\u00e9n no pocas dificultades al desarrollo ulterior del pensamiento cat\u00f3lico en materia sacramental (si quis dixerit&#8230; anathema sit). Tanto m\u00e1s que no faltan anatemas sobre materias puramente disciplinares.<\/p>\n<p>Las proposiciones de Trento, ya duras y categ\u00f3ricas de por s\u00ed\u00ad, se volvieron a\u00fan m\u00e1s r\u00ed\u00adgidas (y de alg\u00fan modo m\u00e1s extremas) por los te\u00f3logos de la contrarreforma. Animados por fuerte y a veces violento esp\u00ed\u00adritu pol\u00e9mico frente a los reformadores (que por lo dem\u00e1s correspond\u00ed\u00adan gustosos con la misma moneda), los te\u00f3logos postridentinos desarrollaron su reflexi\u00f3n como exegetas de los decretos conciliares, sacando consecuencias extremas y como empe\u00f1\u00e1ndose en ampliar y hacer m\u00e1s profunda la fosa que los divid\u00ed\u00ada de la reforma que en salvar las distancias y reducir las divergencias.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 que esperar mucho tiempo para que el esp\u00ed\u00adritu de controversia y de rec\u00ed\u00adproca excomuni\u00f3n ceda el puesto a una inspiraci\u00f3n ecum\u00e9nica ordenada a buscar m\u00e1s lo que une que lo que divide. Un camino ecum\u00e9nico del cual en nuestros d\u00ed\u00adas comienzan a apreciarse los primeros t\u00ed\u00admidos frutos (documento de Lima, p.ej., 1962).<\/p>\n<p>5. LAS TENDENCIAS CONTEMPOR\u00ed\u0081NEAS. La primera mitad del siglo xx est\u00e1 dominada por el pensamiento neoescol\u00e1stico, doctrina oficial de la escuela teol\u00f3gica romana y de las universidades pontificias. El esfuerzo se centra en un retorno al pensamiento genuino de los grandes escol\u00e1sticos, en particular de santo Tom\u00e1s. Las respuestas son naturalmente diversas en los diversos te\u00f3logos; pero dif\u00ed\u00adcilmente podr\u00ed\u00adan encontrarse en sus escritos elementos de segura originalidad, en todo caso capaces de permitir un progreso real en la comprensi\u00f3n del delicado problema.<\/p>\n<p>Un verdadero paso adelante se da, en cambio, hacia mediados de siglo con la recuperaci\u00f3n de una categor\u00ed\u00ada epistemol\u00f3gica demasiado tiempo olvidada y desvalorizada, la \u00fanica probablemente capaz de situar la investigaci\u00f3n en su verdadero terreno, el de la expresi\u00f3n y del lenguaje: la categor\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo.<\/p>\n<p>La intuici\u00f3n es de por s\u00ed\u00ad muy simple: si el sacramento pertenece al g\u00e9nero y a la categor\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo, tambi\u00e9n su eficacia, o sea, su modo de producir el efecto, habr\u00e1 que buscarlo en el \u00e1mbito de la eficacia (causalidad) simb\u00f3lica. En otras palabras, el sacramento producir\u00e1 su efecto del modo que es propio del s\u00ed\u00admbolo (y de la acci\u00f3n simb\u00f3lica). En esta l\u00ed\u00adnea se mueve ahora la m\u00e1s acreditada teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea. Pero no se trata de una teor\u00ed\u00ada uniforme. La misma dificultad de llegar a una definici\u00f3n satisfactoria y universalmente aceptable del s\u00ed\u00admbolo hace la empresa m\u00e1s ardua a\u00fan.<\/p>\n<p>Diversamente fundadas en una estrecha conexi\u00f3n entre cristolog\u00ed\u00ada y eclesiolog\u00ed\u00ada (E. Schillebeeckx), en la estructura ontol\u00f3gica de la misma realidad (K. Rahner), en la antropolog\u00ed\u00ada (actividad simbolizante como autoconstrucci\u00f3n por interacci\u00f3n del individuo y de la sociedad juntamente: L.-M. Chauvet) o en otras bases todav\u00ed\u00ada, todas estas respuestas tienen en com\u00fan la intuici\u00f3n de que el sacramento, en cuanto s\u00ed\u00admbolo, obra diciendo (expresando), no haciendo. Es decir, obra y produce un efecto no en cuanto hace algo (mojar, partir el pan, ungir, etc.), sino en cuanto, al hacer algo, dice y deja entender el verdadero fin para el cual se pone. El efecto del sacramento no hay que buscarlo en lo que se est\u00e1 haciendo \u00abinmediatamente\u00bb, sino en aquello a que se alude con la acci\u00f3n. Y alcanza su fin y produce su efecto precisamente porque, con su acci\u00f3n material, remite (vislumbr\u00e1ndolo eficazmente con la alusi\u00f3n simb\u00f3lica) a aquel efecto. Sin esta intenci\u00f3n (intendere) esencial\u00ed\u00adsima, el efecto de la acci\u00f3n simb\u00f3lica no podr\u00ed\u00ada alcanzarse nunca.<\/p>\n<p>Si esta v\u00ed\u00ada es ahora bastante conocida y est\u00e1 adquirida en el plano te\u00f3rico, queda a\u00fan much\u00ed\u00adsimo por hacer en el plano de la pr\u00e1ctica. Las deducciones pastorales y lit\u00fargicas (pr\u00e1cticas) han sido en realidad mucho menos consecuentes y animosas que el pensamiento especulativo.<\/p>\n<p>II. Para una teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos<br \/>\nEl t\u00e9rmino sacramento encuentra en los padres de la Iglesia un riqu\u00ed\u00adsimo campo de aplicaci\u00f3n, que le viene del hecho de ser usado como traducci\u00f3n del griego mysterion. San Agust\u00ed\u00adn dar\u00e1 de \u00e9l una definici\u00f3n que ser\u00e1 cl\u00e1sica durante siglos y de la cual partimos para nuestra aproximaci\u00f3n antropol\u00f3gica: \u00abAquellos signos que se refieren a las cosas divinas son llamados sacramentos\u00bb (Ep., 7: PL 33,528). De forma m\u00e1s sint\u00e9tica todav\u00ed\u00ada el mismo obispo de Hipona dir\u00e1 \u00absacramentum id est sacrum signum\u00bb (De civitate  Deu 1:10, Deu 1:5 : PL 41, 282). En este sentido el t\u00e9rmino sacramento puede tambi\u00e9n salir del \u00e1mbito cristiano, como veremos enseguida.<\/p>\n<p>1. EL SACRAMENTO, UN S\u00ed\u008dMBOLO RELIGIOSO. Despu\u00e9s de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica la palabra sacramento, en el \u00e1mbito del pensamiento teol\u00f3gico y del derecho can\u00f3nico, fue especializ\u00e1ndose cada vez m\u00e1s hasta quedar reservada en sentido propio a los solos siete actos cultuales considerados capaces de \u00abproducir gracia\u00bb: exactamente los siete sacramentos.<\/p>\n<p>En este sentido preciso el t\u00e9rmino sacramento pertenece de derecho al culto y a la teolog\u00ed\u00ada cristiana. Sin embargo, en la terminolog\u00ed\u00ada hist\u00f3rico-etno-religiosa la palabra ha entrado ya para indicar \u00abun rito que se explicita a trav\u00e9s de signos o materias visibles y que constituye una peculiar relaci\u00f3n con el mundo de poderes o una entrada en lo sagrado, en virtud de su eficacia m\u00e1gico-autom\u00e1tica o tambi\u00e9n en virtud de una carga eminentemente religiosa (cuando, p.ej., expresa tambi\u00e9n la posici\u00f3n de dependencia de quien es admitido al acto sacramental)\u00bb (A.M. Di NOLA, Sacramento, en Enciclopedia delle religioni V, 648). De este modo una realidad cultual cristiana se ha convertido en par\u00e1metro y criterio de clasificaci\u00f3n de los \u00abm\u00e1s varios comportamientos rituales, que, en todo caso, tienen lejanas analog\u00ed\u00adas con los sacramentos cristianos\u00bb (ib): ritos de iniciaci\u00f3n (tambi\u00e9n con colaci\u00f3n de car\u00e1cter), sacrificiales y tot\u00e9micos, que de alg\u00fan modo recuerdan \u00abel esquema llamado ex opere operato del sacramentalismo cristiano\u00bb (ib). Los cient\u00ed\u00adficos enumeran listas enteras de ritos de car\u00e1cter sacramental, es decir, de ritos eficaces por s\u00ed\u00ad mismos (abluciones, bautismos, unciones&#8230;).<\/p>\n<p>Este modo de proceder de los investigadores de historia de las religiones podr\u00e1 disgustar al te\u00f3logo cristiano, que teme ver reducirse la teolog\u00ed\u00ada del sacramento a pura fenomenolog\u00ed\u00ada del rito. Sin embargo, justamente este hecho puede ofrecer una base preciosa de partida para una teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos que no quiera limitarse a repetir lo ya dicho y que, sobre todo, no se resigne al apriorismo abstracto e ideol\u00f3gico, sino que aspire, por el contrario, a fundarse en la s\u00f3lida base de la realidad y de la experiencia.<\/p>\n<p>2. EL RITO, EXPRESI\u00ed\u201cN UNIVERSAL DE LA RELIGIOSIDAD. Existen, ciertamente, religiones sin pr\u00e1cticas rituales de tipo \u00absacramental\u00bb (p.ej., el islamismo); pero en su gran mayor\u00ed\u00ada las religiones son ricas en ritos y en gestos rituales, tanto p\u00fablicos y solemnes como privados y quiz\u00e1 dom\u00e9sticos. Lo que el hombre busca en el rito es, en cada caso y para decirlo tambi\u00e9n con A.M. Di Nola, \u00abun veh\u00ed\u00adculo de participaci\u00f3n en la sobrenaturaleza\u00bb, \u00abun contacto gratuito con el plano divino\u00bb, \u00abun signo m\u00e1gico de transmisi\u00f3n de poder\u00bb. En las religiones hist\u00f3ricas o reveladas (y a menudo tambi\u00e9n en los cultos m\u00e1gicos), esto ocurre mediante un rito que mira a hacer posible el encuentro entre un acontecimiento pasado, considerado portador de una potencia salv\u00ed\u00adfica o en todo caso ben\u00e9fica, y el individuo que vive en un aqu\u00ed\u00ad y ahora de la historia diverso de aqu\u00e9l del acontecimiento de referencia, pero que debe entrar de alg\u00fan modo en relaci\u00f3n con ese acontecimiento si quiere tener parte en sus efectos ben\u00e9ficos. En los diversos casos podr\u00e1 tratarse de una relaci\u00f3n m\u00e1gica o religiosa, pero la instancia es la misma: el acontecimiento debe poder alcanzarme. El rito ofrece la mediaci\u00f3n entre el acontecimiento pasado y el presente de mi historia.<\/p>\n<p>Se trata, como se ve, de un poder de evocaci\u00f3n que actualiza el acontecimiento pasado. Acerca del origen de ese poder, las respuestas ser\u00e1n siempre diversas en los diversos casos. En la magia se podr\u00e1n tener, bien la transmisi\u00f3n ben\u00e9vola del poder m\u00e1gico, bien la apropiaci\u00f3n furtiva del mismo. En las religiones, en cambio, especialmente en las superiores ese poder se creer\u00e1 que es concedido y transmitido \u00abinstitucionalmente por el fundador a los disc\u00ed\u00adpulos para que usen de \u00e9l y lo transmitan a su vez. Para ciertas pr\u00e1cticas m\u00e1gicas, el automatismo rito-efecto es absoluto y tiene lugar tambi\u00e9n sin saberlo o contra la voluntad del destinatario. En cambio, donde predomina el aspecto religioso, la voluntad del beneficiario es determinante; es m\u00e1s, el efecto ser\u00e1 proporcional a su empe\u00f1o personal.<\/p>\n<p>3. EL RITO RELIGIOSO COMO NECESIDAD Y COMO DON. El rito religioso es, pues, el encuentro entre la necesidad del hombre y el don de una salvaci\u00f3n ofrecida por un poder ben\u00e9fico, quiz\u00e1 por mediaci\u00f3n de un fundador. Este, si es consciente del don que est\u00e1 haciendo, ofrece \u00e9l mismo una respuesta a la necesidad de los disc\u00ed\u00adpulos en los ritos que les conf\u00ed\u00ada. En los otros casos es el grupo de los disc\u00ed\u00adpulos el que elabora un sistema ritual capaz de transmitir los efectos ben\u00e9ficos de la obra del fundador. De este modo el acontecimiento queda sustra\u00ed\u00addo a la ley del tiempo y a la caducidad de la historia y sobrevive (o mejor, revive) en el rito. Lo que lo mantiene eficaz es el encuentro entre la voluntad-palabra del fundador y la fe del disc\u00ed\u00adpulo, que est\u00e1 seguro de entrar en contacto, mediante el rito sacramental, con la persona o con el acontecimiento del que espera obtener la salvaci\u00f3n de los peligros que le amenazan.<\/p>\n<p>4. EL RITO CRISTIANO: UN LENGUAJE PARA EL ENCUENTRO ENTRE EL HOMBRE Y DIOS. El hecho de que el modelo cristiano haya servido a los cient\u00ed\u00adficos para clasificar y denominar un aspecto del fen\u00f3meno cultual no quiere decir, evidentemente, que sea el modelo ritual originario y primitivo del cual se derivar\u00ed\u00adan luego los otros. El fen\u00f3meno es mucho m\u00e1s antiguo y extendido que el cristianismo mismo, y ya algunos ritos hebreos (uno por todos, la pascua) y los misterios del mundo grecorromano presentan rasgos de semejanza absolutamente sorprendentes. Los te\u00f3logos han discutido por extenso sobre el sentido de estas afinidades, y justamente el debate sobre la \u00abteolog\u00ed\u00ada de los misterios\u00bb de O. Casel ha constituido uno de los cap\u00ed\u00adtulos m\u00e1s fascinantes de los sacramentos del siglo xx. Hoy, sin embargo, es posible ver las cosas a una luz parcialmente diversa; y una aplicaci\u00f3n m\u00e1s adecuada de la teolog\u00ed\u00ada de la encarnaci\u00f3n a los sacramentos, junto con una m\u00e1s atenta consideraci\u00f3n de la estructura simb\u00f3lica del lenguaje ritual, permiten una aproximaci\u00f3n m\u00e1s satisfactoria al problema.<\/p>\n<p>En esta perspectiva el lenguaje sacramental, como lenguaje simb\u00f3lico aplicado \u00aba las cosas que se refieren a Dios\u00bb aparece como uno de los aspectos humanos que el Hijo de Dios, al encarnarse, (hubo necesariamente de apropiarse. Al hacerse hombre, Dios asume todo lo humano y transmite su don de salvaci\u00f3n y de gracia a trav\u00e9s de los que son los canales e instrumentos accesibles al hombre. Debiendo hablar al hombre, Dios no puede hablar m\u00e1s que un lenguaje humano. No es condescendencia; es necesidad. La lengua del di\u00e1logo la impone el destinatario del mensaje. El que quiere darse a entender debe adaptarse a la lengua de aqu\u00e9l a quien quiere llegar. Ciertamente no pod\u00ed\u00ada ser el hombre el que aprendiera la lengua de Dios. Por fuerza deb\u00ed\u00ada ocurrir lo contrario. A1 hacerse uno de nosotros, uno como nosotros, debi\u00f3 y quiso hablar como uno de nosotros, sirvi\u00e9ndose de nuestros instrumentos y criterios de expresi\u00f3n y de comunicaci\u00f3n. Lo que ten\u00ed\u00ada que decir no pod\u00ed\u00ada ni describirlo m explicarlo; s\u00f3lo pod\u00ed\u00ada anunciarlo. Para hacerlo us\u00f3 la lengua de la gente sencilla y de los pobres, de los poetas y de los m\u00ed\u00adsticos, el lenguaje de la pasi\u00f3n y del amor, de la experiencia cotidiana y de la m\u00ed\u00adstica, el lenguaje de la oraci\u00f3n, de la emoci\u00f3n, de la profec\u00ed\u00ada: lenguaje alusivo, pregnante, que arrastra, hecho de s\u00ed\u00admbolos y de signos, de gestos y de figuras, de met\u00e1foras y de par\u00e1bolas. Un lenguaje com\u00fan y universal, por estar hecho de im\u00e1genes comunes a todos, construidas sobre la experiencia de todos, tejidas con el hilo de la vida cotidiana. Un lenguaje universal, una verdadera koin\u00e9, para cuya comprensi\u00f3n no hab\u00ed\u00ada que aprender nuevas palabras y ni siquiera nuevos s\u00ed\u00admbolos, porque eran los que todos conoc\u00ed\u00adan, pertenecientes a todas las culturas y civilizaciones humanas.<\/p>\n<p>Pero al asumir las palabras de todos los d\u00ed\u00adas y al proponerlas a quienes le escuchaban, las iba cargando de significados nuevos, de valores in\u00e9ditos. Repet\u00ed\u00ada los ritos religiosos de sus coterr\u00e1neos y correligionarios; pero al usarlos los renovaba, convirti\u00e9ndolos en veh\u00ed\u00adculos de una salvaci\u00f3n real y perfecta, y no ilusoria o parcial. A1 hombre, que desde hac\u00ed\u00ada siglos andaba expresando en los ritos su ansia de salvaci\u00f3n, fingi\u00e9ndose una respuesta que ven\u00ed\u00ada de su misma necesidad, Dios quiso darle la \u00fanica respuesta que pod\u00ed\u00ada apagar su sed, la \u00fanica v\u00e1lida y verdadera, fundada en la fuente de salvaci\u00f3n y de esperanza que el mundo conoce: la vida, la palabra, la pasi\u00f3n, la muerte, la resurrecci\u00f3n, la glorificaci\u00f3n de Cristo. Las palabras de imploraci\u00f3n son siempre \u00e9sas, lo mismo que las palabras de la respuesta: el pan, el agua, el vino, la vida, la muerte, la purificaci\u00f3n, el perd\u00f3n. Lo que cambia es \u00abs\u00f3lo\u00bb el contenido de las palabras, la raz\u00f3n de la esperanza, el fundamento de aquellas promesas y de aquella fe. Lo que equivale a decir todo.<\/p>\n<p>Desde que Dios se hizo carne, el cristiano no condiciona ya su fe, la certeza de su verdad, a la originalidad de la forma, a la materialidad del gesto. El sabe que en esto la parte del hombre, salvo detalles secundarios; es siempre la misma, porque siempre la misma es la tierra que pisa, de la cual viene y ,a la cual tiende; siempre la misma es el agua de la fuente que lo lava y le sacia, la muerte que lo aferra, el deseo de vida que le hace gritar al cielo. Lo que cambia es justamente el que responde a este grito, el interlocutor. Y el don que el interlocutor har\u00e1.<\/p>\n<p>III. Cristo, origen y forma de los sacramentos<br \/>\nEl don de Dios es Jesucristo. El es la respuesta de Dios a la invocaci\u00f3n del hombre, la palabra pronunciada de una vez por todas y para que sea v\u00e1lida para siempre. Palabra que anuncia la verdad, maestro que ense\u00f1a el camino, modelo de fidelidad a la voluntad del Padre, dispuesto a la obediencia hasta la muerte de cruz, sacerdote de la nueva y eterna alianza, Cristo es tambi\u00e9n y sobre todo un don: el don del Padre para la salvaci\u00f3n del hombre pecador. Cordero de Dios, es inmolado para que lleve sobre s\u00ed\u00ad y quite de una vez por siempre los pecados del mundo.<\/p>\n<p>1. CRISTO, SACRAMENTO PRIMORDIAL. Cristo es la perfecta revelaci\u00f3n del Padre y de su amor al hombre. Y es al mismo tiempo la perfecci\u00f3n de aquella adoraci\u00f3n en esp\u00ed\u00adritu y verdad (Jua 4:23-24) que es obediencia, fidelidad, abandono de s\u00ed\u00ad hasta la muerte, culto grato a Dios por encima de cualquier otro.<\/p>\n<p>Revelaci\u00f3n del amor de Dios y perfecci\u00f3n de la obediencia de la criatura, Cristo es en sentido pleno y radical el sacramento de la salvaci\u00f3n realizada por Dios en la historia. Su humanidad al mismo tiempo revela y ejecuta, anuncia y realiza una intervenci\u00f3n de gracia. Toda su humanidad y su obra son al mismo tiempo don de Dios al hombre y adoraci\u00f3n del hombre a Dios. En \u00e9l se realiza finalmente el proyecto primordial: la perfecta adhesi\u00f3n entre la voluntad de Dios y la voluntad del hombre, en una obediencia que no es servilismo, sino amor, aceptaci\u00f3n de una ley que a su vez es expresi\u00f3n no de una voluntad tir\u00e1nica, sino de una paternidad sol\u00ed\u00adcita y, providente.<\/p>\n<p>La muerte de Cristo es el v\u00e9rtice de esta revelaci\u00f3n de amor (el Padre acepta ver inmolada la vida del Hijo) y de este abandono a la obediencia (la criatura acepta perderse en la voluntad de Dios); al mismo tiempo es lo sumo del esc\u00e1ndalo: todo parece naufragar, el proyecto de Dios parece fracasar, la obediencia del hombre aparece como una derrota. Cristo, en el momento de su muerte en cruz, es en sumo grado revelaci\u00f3n y encubrimiento, ocultamiento y manifestaci\u00f3n. En una palabra, \u00absacramento\u00bb.<\/p>\n<p>2. EL MISTERIO PASCUAL, NUEVA ALIANZA. La salvaci\u00f3n es el fruto de un pacto de alianza renovada entre el hombre y Dios. Una alianza nueva (Luc 22:20; 1Co 11:25) y eterna (oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica I). La proclamaci\u00f3n de esta alianza, su sanci\u00f3n definitiva, es la resurrecci\u00f3n. Al resucitar a Cristo, que con su sangre hab\u00ed\u00ada renovado la alianza, el Padre declara grato el sacrificio y se compromete en favor del pueblo que nacer\u00e1 de aquel sacrificio, la Iglesia.<\/p>\n<p>Este es el acontecimiento que servir\u00e1 ahora de fondo a la fe y al culto de las generaciones futuras, el acontecimiento de salvaci\u00f3n que hay que hacer revivir en el misterio de la acci\u00f3n ritual: la muerte y la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or; en una palabra, su misterio pascual. Dejar que nos alcance ser\u00e1 garant\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n. El rito sacramental se encargar\u00e1 de hacerlo posible, haciendo revivir el acontecimiento en la acci\u00f3n cultual.<\/p>\n<p>3. EL ESP\u00ed\u008dRITU, PRESENCIA DEL AUSENTE. Cuando se dispon\u00ed\u00ada a dejar a los suyos en el mundo para volver al Padre, Jes\u00fas les prometi\u00f3 el don del Esp\u00ed\u00adritu (Jn 15-16). Este perpetuar\u00ed\u00ada en medio de ellos su presencia, permaneciendo para siempre con ellos (Jua 14:16); les hablar\u00ed\u00ada con las mismas palabras que \u00e9l hab\u00ed\u00ada dicho, ayud\u00e1ndoles a recordar lo que les hab\u00ed\u00ada ense\u00f1ado (Jua 14:26); dar\u00ed\u00ada testimonio de \u00e9l, ayud\u00e1ndoles a dar testimonio ellos a su vez (Jua 15:26-27); dar\u00ed\u00ada fuerzas y sustancia a su oraci\u00f3n. Los guiar\u00ed\u00ada por los caminos de la historia como hab\u00ed\u00ada guiado sus caminos de Galilea y de Judea, har\u00ed\u00ada de muchos un solo coraz\u00f3n y un alma sola (Heb 4:32). Mantendr\u00ed\u00ada viva su fe y alimentar\u00ed\u00ada su caridad; no los dejar\u00ed\u00ada nunca solos, y les ense\u00f1ar\u00ed\u00ada c\u00f3mo ser fieles a la memoria y a las ense\u00f1anzas del maestro. Hasta su vuelta.<\/p>\n<p>Aquel mismo Esp\u00ed\u00adritu que hab\u00ed\u00ada revestido de poder sus obras y colmado de sabidur\u00ed\u00ada sus palabras, dar\u00ed\u00ada valor y eficacia a su predicaci\u00f3n y a sus ritos: regenerar\u00ed\u00ada a los hijos de la luz con el agua del bautismo, confirm\u00e1ndolos con su poder; unir\u00ed\u00ada en un mismo cuerpo a los que se alimentaran con el mismo pan y con el mismo c\u00e1liz; perdonar\u00ed\u00ada los pecados de aquellos sobre los que fuera invocado; robustecer\u00ed\u00ada los miembros de los enfermos sobre los cuales la Iglesia invocara su poder; revestir\u00ed\u00ada de autoridad y de santidad a quienes hubieran de perpetuar la funci\u00f3n que el Se\u00f1or hab\u00ed\u00ada confiado a sus ap\u00f3stoles; bendecir\u00ed\u00ada y santificar\u00ed\u00ada el amor de quienes, en el sacramento del amor conyugal, pusieran sus cuerpos y sus corazones al servicio del amor creativo de Dios.<\/p>\n<p>4. LA IGLESIA, CUERPO SACRAMENTAL (MISTICO) DE CRISTO. La Iglesia, comunidad de fe pensada y querida por el maestro como continuaci\u00f3n de su obra y perfeccionamiento de su ministerio, tiene la funci\u00f3n de prolongar en la historia y en el mundo la obra de su fundador. Ella vive su misi\u00f3n consciente de ser para \u00e9l una \u00abhumanidad de suplemento\u00bb (sor Isabel de la Trinidad), una extensi\u00f3n sacramental o m\u00ed\u00adstica (los dos t\u00e9rminos son sin\u00f3nimos, pero nosotros preferimos decisivamente el primero) de su primera humanidad, de su cuerpo terreno. La Iglesia vive esta misi\u00f3n suya continuando en s\u00ed\u00ad misma la actitud de adoraci\u00f3n al Padre y de servicio a los hermanos, colaborando a la obra de la redenci\u00f3n dejando que la \u00abuse\u00bb, prest\u00e1ndole su propia humanidad para que \u00e9l se posesione de ella y la penetre, asumi\u00e9ndola como propia, en un \u00abcrescendo de encarnaci\u00f3n\u00bb que tendr\u00e1 t\u00e9rmino s\u00f3lo al fin de los tiempos. Ella repite y transmite fielmente las palabras del maestro y renueva sus gestos que llevaron la salvaci\u00f3n a la humanidad sufriente y pecadora que \u00e9l se encontraba en su camino. A ella le ha confiado el Se\u00f1or una y otra tarea, y ella las cumple fielmente, aunque no sin debilidades y pecados. A1 hacerlo, revela el amor de Dios, manifiesta la presencia salv\u00ed\u00adfica del Se\u00f1or resucitado, pone en acci\u00f3n el poder de su gracia para la salvaci\u00f3n de todos. Al mismo tiempo, a causa de la debilidad de su carne, constituye una pantalla y un obst\u00e1culo a la transparencia de lo divino que hay en ella. Como todo sacramento.<\/p>\n<p>5. UNA SALVACI\u00ed\u201cN A TRAVES DE LOS SIGNOS: ESTRUCTURA SACRAMENTAL DE LA SALVACI\u00ed\u201cN. La estructura sacramental de la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica del Dios de Jesucristo no es tanto una elecci\u00f3n de la misericordia divina cuanto una necesidad impuesta por la estructura misma de las cosas. La salvaci\u00f3n ofrecida por Dios no puede menos de pasar a trav\u00e9s de los signos. Ser\u00e1, pues, necesariamente sacramental. Esta sacramentalidad es estructural, y por tanto necesaria, no funcional y facultativa.<\/p>\n<p>Esto subraya la importancia de la aportaci\u00f3n humana, y al mismo tiempo basta para justificar lo precario y los riesgos de tal econom\u00ed\u00ada. De ning\u00fan modo \u00e9sta podr\u00e1 estar exenta de las deficiencias y de los l\u00ed\u00admites propios de toda contribuci\u00f3n humana. Riesgo \u00e9ste que Dios conoc\u00ed\u00ada, pero que no pod\u00ed\u00ada evitar, toda vez que ha decidido salvar al hombre con el hombre. Este, en efecto, no podr\u00ed\u00ada de ning\u00fan modo prescindir de los signos, a pesar de sus l\u00ed\u00admites. La par\u00e1lisis ser\u00ed\u00ada total a todos los niveles, especialmente si nos avent\u00e1ramos en la expresi\u00f3n de las realidades m\u00e1s complejas y misteriosas. Y la experiencia religiosa se cuenta entre \u00e9stas. La Iglesia y la salvaci\u00f3n que ella anuncia y comunica est\u00e1n igualmente involucradas. Por lo dem\u00e1s el maestro les hab\u00ed\u00ada dado ejemplo y \u00e9l precisamente les hab\u00ed\u00ada enviado por este camino arduo y necesario. El mismo hab\u00ed\u00ada practicado gestos profundamente simb\u00f3licos, evocativos, confi\u00e1ndolos luego a la comunidad para que los practicase a su vez y los transmitiese. Y la comunidad ha sido fiel a la consigna.<\/p>\n<p>IV. El sacramento: la salvaci\u00f3n confiada a un signo<br \/>\nComo todo profeta de Israel, Jes\u00fas, el profeta de Nazaret, confi\u00f3 a la fuerza y a la elocuencia del s\u00ed\u00admbolo gran parte de la eficacia de su mensaje. Incluso se pueden quedar sorprendidos al ver lo poco que Jes\u00fas \u00abargumenta\u00bb en sus discursos. Rara vez \u00e9stos est\u00e1n construidos sobre la fuerza de las deducciones. En cambio est\u00e1n llenos de las im\u00e1genes usuales y cotidianas de sus par\u00e1bolas y de las semejanzas. Jes\u00fas no siente nunca la necesidad de demostrar. Se limita a anunciar, a afirmar, a ilustrar.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n muchas de sus acciones, como a menudo hab\u00ed\u00ada ocurrido entre los antiguos profetas, son esencialmente alusivas, simb\u00f3licas y contienen ya en s\u00ed\u00ad mismas la clave de su interpretaci\u00f3n: el agua cambiada en vino anuncia otro cambio, el de la \u00faltima cena (Jua 2:4; Jua 13:1); un lisiado que vuelve a caminar recuerda a todos la par\u00e1lisis del pecado y hace entrever los efectos de la venida del reino (Lev 5:20-24); un frasco de perfume que una mujer derrama sobre sus pies es considerado como anuncio de su sepultura (Jua 12:7); una higuera est\u00e9ril se convierte en imagen de un pueblo que no ha respondido a las expectativas de Dios, y la maldici\u00f3n de la higuera anuncia un castigo para todo aquel pueblo (Me 11, 12-14.20; par.); un sorbo de agua pedido por caridad en un ardiente mediod\u00ed\u00ada en Samar\u00ed\u00ada puede anunciar un don que es para la vida eterna (Jua 4:7-11). Y se podr\u00ed\u00ada continuar indefinidamente.<\/p>\n<p>Junto a estas palabras y acciones prof\u00e9ticas, est\u00e1n los gestos rituales a los que Jes\u00fas se sujeta lo mismo que todos sus hermanos de estirpe y religi\u00f3n (bendiciones, oraciones, imposiciones de manos, bautismos en el Jord\u00e1n, banquete pascual, peregrinaciones); pero no rara vez, en sus manos estos gestos usuales adquieren un significado completamente nuevo (el pan es su cuerpo, el vino es su sangre para una alianza nueva y eterna, su bautismo no ser\u00e1 s\u00f3lo en el agua, sino en el agua y en el Esp\u00ed\u00adritu).<\/p>\n<p>Otros gestos parece improvisarlos: sopla en el rostro de los ap\u00f3stoles (Jua 20:12); hace lodo con la saliva y lo pone en los ojos de un ciego, que comienza a ver (Jua 9:6); toca las orejas y la lengua de un sordomudo, y le devuelve el o\u00ed\u00addo y la palabra (Me 8,33); toma la mano de la ni\u00f1a muerta y le devuelve la vida (Me 6,41).<\/p>\n<p>En estos gestos, en estas palabras y en la virtud que les acompa\u00f1a se contiene un mensaje que ning\u00fan discurso razonado podr\u00ed\u00ada expresar con la misma eficacia. La multitud lo percib\u00ed\u00ada y se sent\u00ed\u00ada conmovida. Ante la desarmada \u00abpobreza\u00bb de aquel lenguaje, el hombre de todos los tiempos se queda pensativo. Aquel lenguaje es capaz de seguir hablando.<\/p>\n<p>1. LA IGLESIA RECOGE LA HERENCIA DEL MAESTRO. Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada indicado un camino. Otros gestos del maestro fueron comprendidos enseguida en toda su densidad prof\u00e9tica. Para otros habr\u00e1 que esperar a su muerte y glorificaci\u00f3n a fin de que sean comprendidos plenamente. Esto vale tanto para las palabras como para los gestos.<\/p>\n<p>Ciertamente, la palabra de aquel profeta, que declaraba al hombre superior al s\u00e1bado (Me 2,27), conten\u00ed\u00ada mensajes de una libertad hasta entonces inaudita. Y sus gestos no lo eran menos. Una y otros merec\u00ed\u00adan ser recog\u00ed\u00ad os y conservados en la memoria. Palla algunos de ellos el maestro mismo dio la orden de repetirlos (bautizar, partir el pan, perdonar los pecados); otros eran tan familiares a todo israelita piadoso que para repetirlos no hab\u00ed\u00ada necesidad de dar preceptos particulares (imponer las manos, ungir a los enfermos, dar gracias). Estaban inscritos en la cultura religiosa de todo el pueblo.<\/p>\n<p>2. LOS SIMBOLOS SACRAMENTALES. EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA. Es f\u00e1cil imaginar con qu\u00e9 cuidado y fidelidad la Iglesia naciente guard\u00f3 y transmiti\u00f3 los gestos aprendidos de su Se\u00f1or. Y con qu\u00e9 fe y entusiasmo los practic\u00f3 a su vez. Mas no todos aquellos gestos tuvieron un futuro igualmente afortunado. Algunos cayeron pronto, otros permanecieron en la Iglesia como patrimonio com\u00fan de los cristianos y de los jud\u00ed\u00ados; otros, finalmente, fueron aceptados como propios por los disc\u00ed\u00adpulos del Nazareno.<\/p>\n<p>Pero el patrimonio ritual de la Iglesia no se detendr\u00e1 en los gestos recibidos directamente de Cristo. La Iglesia misma introducir\u00e1 otros despu\u00e9s de \u00e9l y a imitaci\u00f3n suya: gestos tomados del AT, de la praxis apost\u00f3lica y tambi\u00e9n de las nuevas culturas con las que el evangelio entraba en contacto. La Iglesia, cuerpo sacramental de Cristo, pod\u00ed\u00ada hacerlo, porque as\u00ed\u00ad lo hab\u00ed\u00ada hecho su maestro.<\/p>\n<p>Aquella \u00abselecci\u00f3n\u00bb no se hizo tanto bajo el impulso de preocupaciones doctrinales cuanto m\u00e1s bien -parece- para responder a las exigencias concretas de una comunidad. De hecho, durante muchos siglos, usos y ritos diversos pudieron convivir en la misma regi\u00f3n, en comunidades vecinas y hasta en la misma comunidad.<\/p>\n<p>Fiel a los gestos ordenados, la Iglesia dejaba espacio tambi\u00e9n a la creatividad del Esp\u00ed\u00adritu que habitaba y obraba en ella, y conced\u00ed\u00ada \u00ablibertad de palabra\u00bb a los profetas (Didaj\u00e9, 10,7).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad el mismo rito pod\u00ed\u00ada tener formas y desarrollos muy diversos y expresarse con palabras no precisamente id\u00e9nticas, e incluso muy diversas. Todo este complejo y riqu\u00ed\u00adsimo sistema de s\u00ed\u00admbolos, y cada uno de los s\u00ed\u00admbolos mismos, eran lo que en la Iglesia antigua se llamaba, con palabra griega, \u00abmisterio\u00bb, y, con palabra latina, \u00absacramento\u00bb: un signo que contiene un don divino de gracia y de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. LIBERTAD RELATIVA DE LA IGLESIA EN LA ADOPCI\u00ed\u201cN DE LOS SIGNOS SACRAMENTALES. S\u00f3lo con el correr del tiempo la Iglesia sinti\u00f3 la necesidad de poner orden en la praxis sacramental, buscando en la unidad de la disciplina una defensa contra las tendencias disgregadoras de la herej\u00ed\u00ada. Parad\u00f3jicamente, precisamente esta voluntad unificadora, justificada siempre por la fidelidad a la palabra del Se\u00f1or y a la tradici\u00f3n viva, constituye la prueba m\u00e1s evidente de aquel espacio de libertad de que la Iglesia ha podido disponer siempre en la determinaci\u00f3n de la disciplina sacramental; espacio de por s\u00ed\u00ad relativamente amplio, como podr\u00e1 demostrarlo abundantemente una r\u00e1pida revisi\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>En realidad, la historia de los sacramentos ha conocido cambios tambi\u00e9n importantes en las palabras (f\u00f3rmulas), en el signo sacramental (gesto o \u00abmateria apta\u00bb: f\u00f3rmula tomada del nuevo Ritual de la unci\u00f3n de los enfermos, Praenotanda 20), e incluso en la comprensi\u00f3n del don y en la funci\u00f3n de cada sacramento en el conjunto de la econom\u00ed\u00ada sacramental general. Si es justo reconocer que nunca ha faltado la conciencia de la intenci\u00f3n original de cada uno de los sacramentos, es igualmente obligado admitir que su existencia teol\u00f3gica y ritual ha podido conocer vicisitudes muy diversas y oscilaciones incluso muy amplias.<\/p>\n<p>&#8211; Bautismo. El rito, al menos en Occidente, pas\u00f3 de la inmersi\u00f3n a la infusi\u00f3n; los candidatos, al principio preferentemente adultos (como puede ocurrir todav\u00ed\u00ada hoy en tierra de misi\u00f3n), fueron luego casi exclusivamente ni\u00f1os. Del sacramento de la conversi\u00f3n y del compromiso consciente e irrevocable (sacramentum como juramento, en el sentido originario del t\u00e9rmino) a rito de la purificaci\u00f3n del pecado original. Naturalmente, aqu\u00ed\u00ad se simplifica quiz\u00e1 en exceso.<\/p>\n<p>&#8211; Confirmaci\u00f3n. El gesto esencial (o la materia apta) ha oscilado continuamente entre la imposici\u00f3n de las manos y la unci\u00f3n con el crisma. Su vocaci\u00f3n originaria es el perfeccionamiento, por las manos del obispo, de lo que el bautismo ha iniciado. Quien confirma es, pues, la Iglesia. Segundo sacramento de la iniciaci\u00f3n, la confirmaci\u00f3n precedi\u00f3 siempre normalmente a la eucarist\u00ed\u00ada. Sin embargo, durante siglos las Iglesias de Siria no tuvieron un rito propio para este sacramento. El don del Esp\u00ed\u00adritu se otorgaba en el bautismo. En Occidente el ministro ordinario es el obispo, en Oriente lo confieren los presb\u00ed\u00adteros al ni\u00f1o apenas bautizado. Hoy se va afirmando la tendencia, sugerida por exigencias pastorales y alentada por todos los episcopados nacionales, a diferir la confirmaci\u00f3n a una edad de mayor madurez, hacia los dieciocho a\u00f1os, varios despu\u00e9s de la primera comuni\u00f3n. El segundo sacramento se ha convertido en el cuarto: es el candidato que confirma su compromiso bautismal.<\/p>\n<p>&#8211; Eucarist\u00ed\u00ada. Es ciertamente el sacramento m\u00e1s celosamente custodiado y \u00abdefendido\u00bb; sin embargo, tampoco en \u00e9l han faltado cambios notables. Materia apta: desde el pan fermentado al \u00e1cimo; comuni\u00f3n bajo una sola especie, m\u00e1s bien que bajo las dos; fracci\u00f3n del pan, reducida ahora a gesto insignificante; oraciones eucar\u00ed\u00adsticas diversas (con o sin relato de la instituci\u00f3n; con o sin ep\u00ed\u00adclesis); comuni\u00f3n primero en las manos y que se llevaba a casa, y luego en la boca. Hoy, finalmente, en la mano o en la boca, libremente.<\/p>\n<p>&#8211; Penitencia. De la correcci\u00f3n fraterna al rigor de la penitencia can\u00f3nica antigua, con una sola reconciliaci\u00f3n posible en la vida (penitencia segunda, casi segundo bautismo), realizada \u00fanicamente por el obispo; de \u00e9sta a la penitencia tarifada, reiterable y administrada por el presb\u00ed\u00adtero, con penas todav\u00ed\u00ada severas, pero conmutables y rescatables tambi\u00e9n con limosna en dinero; de la penitencia corporal que precede a la reconciliaci\u00f3n, a una reconciliaci\u00f3n que anticipa la penitencia hasta determinar su casi total desaparici\u00f3n; desde la absoluci\u00f3n que sigue necesariamente a la confesi\u00f3n a la reconciliaci\u00f3n dada antes de la confesi\u00f3n detallada de los pecados: posibilidad prevista s\u00f3lo en caso de necesidad (tercera forma de la penitencia, seg\u00fan el nuevo rito); de una confesi\u00f3n que se justifica sobre todo como acto \u00abjudicial\u00bb en orden a una penitencia-pena que hay que imponer, a confesi\u00f3n \u00abpor el rubor\u00bb, \u00fanica y suficiente pena que hay que expiar. Cuarto sacramento seg\u00fan el orden tradicional, ahora se ha convertido casi universalmente en el segundo.<\/p>\n<p>&#8211; Unci\u00f3n de los enfermos. De la gran liberalidad inicial, que conced\u00ed\u00ada su uso tambi\u00e9n a los laicos (Tradici\u00f3n apost\u00f3lica, Inocencio l), a su progresiva administraci\u00f3n por parte de los presb\u00ed\u00adteros (justamente lo que exclu\u00ed\u00ada Inocencio I). Materia apta: desde el \u00f3leo bendecido por el obispo despu\u00e9s de la misa dominical al crisma y al \u00f3leo de los enfermos (hoy el presb\u00ed\u00adtero puede bendecirlo cada vez). A la extremaunci\u00f3n se lleg\u00f3 despu\u00e9s de un largo per\u00ed\u00adodo de uso muy liberal, y cuando la unci\u00f3n de los enfermos se asimil\u00f3 a la entrada en la penitencia can\u00f3nica.<\/p>\n<p>&#8211; Orden. Materia apta: desde la imposici\u00f3n de las manos a la entrega de los instrumentos (concilio Florentino), y de nuevo a la imposici\u00f3n de las manos. Grados: durante siglos se dud\u00f3 o se excluy\u00f3 que el episcopado fuese un sacramento (el Vat. II ha disipado toda duda); todav\u00ed\u00ada el C\u00f3digo anterior de derecho can\u00f3nico citaba los tres grados de presb\u00ed\u00adtero, di\u00e1cono y subdi\u00e1cono.<\/p>\n<p>Matrimonio. Durante muchos siglos la Iglesia no tuvo un rito matrimonial propio. El rito civil, con la intenci\u00f3n de casarse seg\u00fan la voluntad de Dios, constitu\u00ed\u00ada ipso facto el sacramento. De ah\u00ed\u00ad, por etapas sucesivas, se pas\u00f3 al matrimonio in facie ecclesiae, y finalmente al rito actual, en el cual el matrimonio religioso es condici\u00f3n necesaria para la validez sacramental del matrimonio.<\/p>\n<p>4. DIVERSIDAD DE SIGNOS, IDENTIDAD DEL DON. Estas variaciones en la historia de los sacramentos caen bajo las leyes del lenguaje, a cuya amplia categor\u00ed\u00ada pertenece el rito sacramental. En este campo el cambio no es \u00ed\u00adndice de volubilidad o de infidelidad, sino de crecimiento y de respeto. Crecimiento en la comprensi\u00f3n del mensaje recibido y que hay que transmitir, respeto y atenci\u00f3n al destinatario del mensaje. El Fidelidad al mensaje: nadie vive siempre del mismo modo la misma realidad. Consiguientemente, nadie expresa siempre del mismo modo la propia comprensi\u00f3n de la realidad. En la tercera edad no se vive el matrimonio como se lo vivi\u00f3 durante la luna de miel. La fidelidad al don se reviste de forma y de modelos de expresi\u00f3n diversos, pero igualmente aut\u00e9nticos. O Atenci\u00f3n y respeto al destinatario: no se puede hablar de la misma cosa del mismo modo a dos personas culturalmente muy diversas, o bien a la misma persona en fases diferentes de su desarrollo cultural. El mensaje debe expresarse en un lenguaje proporcionado a las exigencias y a la comprensi\u00f3n del destinatario.<\/p>\n<p>Lo que vale para el individuo, vale tambi\u00e9n para las culturas y las sociedades. Se sigue de ah\u00ed\u00ad que cada cultura tiene derecho a recibir el mensaje traducido en sus propias categor\u00ed\u00adas culturales. En efecto, as\u00ed\u00ad como toda lengua tiene su l\u00e9xico y su sistema de signos gr\u00e1ficos y fon\u00e9ticos, igualmente cada cultura tiene un patrimonio simb\u00f3lico propio e inconfundible. Este patrimonio tiene ciertamente muchos elementos capaces de acoger y de expresar el misterio de Cristo y de ofrecer aportaciones propias y originales a su comprensi\u00f3n. Lo que ocurri\u00f3 en la cultura del mundo grecorromano puede ocurrir tambi\u00e9n en otras culturas. En una \u00f3ptica de fe, esto es tambi\u00e9n fidelidad y obediencia al Esp\u00ed\u00adritu, que obra en la Iglesia y que act\u00faa para el discernimiento de todo lo que es \u00fatil para el crecimiento del reino de Dios.<\/p>\n<p>5. EL N\u00daMERO SEPTENARIO Y UNA REALIDAD TODA ELLA SACRAMENTAL. El n\u00famero septenario no debe hacer perder de vista la realidad m\u00e1s amplia de la sacramentalidad global de la econom\u00ed\u00ada global de la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica. Con esta conciencia vivi\u00f3 la Iglesia durante m\u00e1s de un milenio, y el sentido de aquella realidad no se perdi\u00f3 nunca. Un exceso de sacramentalismo no ha ayudado a la pastoral, ni tampoco a la vida lit\u00fargica y a la piedad cristiana. En realidad, en la Iglesia todo es sacramental, en el sentido de que todo lleva en s\u00ed\u00ad una figura y un anuncio de amor y de salvaci\u00f3n. La tradici\u00f3n ha fijado esta conciencia en la categor\u00ed\u00ada de los sacramentales, distintos de los sacramentos por no estar instituidos por Cristo y porque su eficacia no es ex opere operato, sino ex opere operantes ecclesiae.<\/p>\n<p>Si Trento dice que los sacramentos son siete, \u00abni m\u00e1s ni menos\u00bb, esto ciertamente significa que la Iglesia no podr\u00e1 renunciar nunca a aquellos signos. \u00bfSe excluir\u00e1 tambi\u00e9n que la Iglesia pueda establecer otros gestos que tengan relieve y valor an\u00e1logo, entre los muchos que el Se\u00f1or le ha confiado? \u00bfNo ser\u00e1 posible pensar en otros signos sacramentales a\u00f1adidos o que sustituyan en parte a los tradicionales? Formulada en estos t\u00e9rminos, la pregunta podr\u00ed\u00ada parecer brutal y sin perspectivas reales. Pero siempre podr\u00e1 preguntarse si lo que est\u00e1 ocurriendo con el sacramento de la confirmaci\u00f3n no es en el fondo justamente un ejemplo de esta posibilidad. No se trata ciertamente de pensar en un octavo sacramento, sino de prever diversos resultados posibles para los varios sacramentos, con diversos significados y diversos modelos celebrativos.<\/p>\n<p>V. Un acto salv\u00ed\u00adfico de Cristo por el ministerio de la Iglesia<br \/>\nEl Vat. II ha renunciado a dar una definici\u00f3n de sacramento. En SC 59 se dice s\u00f3lo que los sacramentos \u00abest\u00e1n ordenados a la santificaci\u00f3n de los hombres, ala edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios; pero, en cuanto signos, tambi\u00e9n tienen un fin pedag\u00f3gico\u00bb. En otra parte dir\u00e1 que en torno a los sacramentos \u00abgira toda la vida lit\u00fargica\u00bb de la Iglesia (SC 6).<\/p>\n<p>1. ACTO SALVIFICO DE CRISTO. El car\u00e1cter absolutamente central de la liturgia y dedos sacramentos, \u00abcumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y fuente de donde mana su fuerza\u00bb (SC 10), se explica por la presencia especial\u00ed\u00adsima de Cristo en las acciones lit\u00fargicas. Cristo \u00abest\u00e1 presente en el sacrificio de la misa, sea en la persona del ministro, sea sobre todo bajo las especies eucar\u00ed\u00adsticas. Est\u00e1 presente con su virtud en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Est\u00e1 presente en su Palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es \u00e9l quien habla. Est\u00e1 presente, por \u00faltimo cuando la Iglesia suplica y canta salmos\u00bb (SC 7). Esta presencia basta para fundar la cualidad primera y m\u00e1s esencial del culto cristiano: todo acto de culto, especialmente sacramental, es un verdadero acto de Cristo.<\/p>\n<p>2. POR EL MINISTERIO DE LA IGLESIA. El concilio lo repite a menudo: \u00abPor medio de sus sacerdotes&#8230;; en esta obra tan grande, Cristo asocia siempre a s\u00ed\u00ad a su Iglesia &#8230;.; en ella se ejercita por el cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo; a saber: por la cabeza y por los miembros, el culto p\u00fablico integral&#8230;; toda celebraci\u00f3n lit\u00fargica es obra de Cristo sacerdote y de su cuerpo, que es la Iglesia\u00bb (SC, passim). Esta mediaci\u00f3n tiene lugar en diversos niveles: del ministro que obra in persona Christi et ecclesiae, y de la asamblea, diversificada en los m\u00faltiples ministerios, que obra y habla por Cristo, con Cristo y en Cristo al anunciar y realizar la salvaci\u00f3n y al dar alabanza al Padre eterno.<\/p>\n<p>3. LA EFICACIA DEL RITO SACRAMENTAL. RESPUESTAS INADECUADAS. Vuelve aqu\u00ed\u00ad la pregunta que dio que hacer al ingenio y a la fe de los te\u00f3logos de la escol\u00e1stica: \u00bfC\u00f3mo puede un acto humano y un s\u00ed\u00admbolo material comunicar (o incluso producir: efficere) una gracia espiritual?<br \/>\nReduciendo las diversas respuestas s\u00f3lo a dos grandes filones, puede decirse que la teolog\u00ed\u00ada ha oscilado siempre entre una causalidad instrumental f\u00ed\u00adsica y una causalidad instrumental moral. En las dos respuestas el agente o causa principal es naturalmente Dios, el Dios trinitario diversamente comprometido es el acto sacramental de salvaci\u00f3n, mientras que el rito sacramental mismo obra como un instrumento en las manos de Dios. -En la primera respuesta (instrumentalidad f\u00ed\u00adsica) el rito concurre a determinar la naturaleza del efecto procurado (efficiens gratiae), justamente como el instrumento concurre de manera esencial al efecto de la acci\u00f3n: no puedo coser sin aguja, cortar sin cuchillo, disparar sin fusil. En esta perspectiva el s\u00ed\u00admbolo sacramental (agua, vino, pan, aceite&#8230;) es esencial para la consecuci\u00f3n del efecto; tanto que, si cambia el s\u00ed\u00admbolo (materia o gesto adecuados), cambiar\u00ed\u00ada (o simplemente faltar\u00ed\u00ada) tambi\u00e9n el efecto. Luego si el bautismo purifica de los pecados, es porque utiliza el agua que tiene la propiedad de lavar; si puede hacer renacer a una vida nueva, es porque el agua tiene por su naturaleza un poder vital generador y regenerador. El agua, pues, produce un efecto espiritual proporcionado a sus propiedades f\u00ed\u00adsicas. El \u00abprodigio\u00bb est\u00e1 en el hecho de que, mientras realiza su acci\u00f3n natural en el cuerpo (lavar), \u00abproduce\u00bb un efecto espiritual (purifica de los pecados) an\u00e1logo al f\u00ed\u00adsico. -En la segunda respuesta, en cambio, la instrumentalldad se entiende en sentido moral y, en las diversas teor\u00ed\u00adas, puede ser bivalente: en el sentido de que dispone el coraz\u00f3n del hombre al don de la gracia o le da a Dios ocasi\u00f3n de hacer su don, o bien en el sentido de que la dignidad del sacramento mueve a Dios a conceder la gracia invocada. En esta \u00f3ptica el sacramento puede llamarse instrumento porque produce las condiciones necesarias para el don de Dios. Y esto es lo sumo que se le podr\u00ed\u00ada pedir al signo sacramental.<\/p>\n<p>4. LA VERDADERA RESPUESTA EST\u00ed\u0081 EN EL S\u00ed\u008dMBOLO. Si lo que se ha dicho ! supra, II, es cierto -o sea, que el sacramento pertenece a la gran categor\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo, y por tanto del signo-, entonces es evidente que la naturaleza y los modos de su eficacia no podr\u00e1n buscarse sino dentro de la eficacia simb\u00f3lica.<\/p>\n<p>&#8211; El s\u00ed\u00admbolo como medio. Es evidente que el que decide recurrir al s\u00ed\u00admbolo para expresar algo piensa en el s\u00ed\u00admbolo como en un medio. As\u00ed\u00ad, el artista y el poeta usan s\u00ed\u00admbolos para expresarse y para comunicar. A este fin se sirven de ellos. El s\u00ed\u00admbolo es un medio de expresi\u00f3n y de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Un medio su\u00c2\u00a1 generis. Pero el s\u00ed\u00admbolo no puede llamarse instrumento, y su mediaci\u00f3n se limita a la funci\u00f3n cognoscitiva. Toda su eficacia y todo su efecto habr\u00e1 que buscarlos en este campo. El s\u00ed\u00admbolo informa, transmite, comunica y ayuda a comprender. Incluso cuando parece dotado de eficacia performativa (hace lo que dice), es m\u00e1s cierto el otro axioma: el s\u00ed\u00admbolo dice lo que hace; o tambi\u00e9n: dice lo que est\u00e1 ocurriendo por mediaci\u00f3n suya. Es la realidad la que condiciona y suscita el s\u00ed\u00admbolo, y no viceversa (K. Rahner). Tambi\u00e9n en el caso de un rito ciertamente eficaz -(p.ej., la investidura mediante imposici\u00f3n de una insignia o entrega de un diploma) habr\u00e1 que reconocer que no basta ese gesto para fundar la nueva prerrogativa o dignidad; su funci\u00f3n se limita a comunicar y a garantizar el sentido y la validez del acontecimiento. Pero la raz\u00f3n fundante de ello est\u00e1 en otra parte, en la voluntad del \u00fanico que tiene autoridad para conferir esa dignidad o ese mandato. El rito por s\u00ed\u00ad solo sin esa autoridad, no basta para conferir la investidura, ni siquiera aunque se realice a la perfecci\u00f3n. Podr\u00e1 incluso enga\u00f1ar a los presentes, pero la transmisi\u00f3n de poderes no tiene lugar.<\/p>\n<p>&#8211; Medio, no instrumento. Como medio, el s\u00ed\u00admbolo ofrece una mediaci\u00f3n, pero no soporta la instrumentalidad. El instrumento es algo objetivo, capaz de ofrecer garant\u00ed\u00adas al que lo usa del modo debido. Un cuchillo corta siempre, si se lo utiliza del modo debido en una materia apta. Una eventual resistencia interior no basta para detener el bistur\u00ed\u00ad o el pu\u00f1al. El artesano sabe siempre qu\u00e9 instrumentos usar para conseguir su fin. No es as\u00ed\u00ad con el s\u00ed\u00admbolo. El s\u00ed\u00admbolo es siempre un riesgo. El s\u00ed\u00admbolo, una vez liberado y puesto en la existencia, vive con su vida propia, dotado de un dinamismo interior que puede producir resultados muy diversos, independientemente de la cualidad de la acci\u00f3n puesta. Un gesto simb\u00f3lico, incluso puesto del mejor modo, puede ser absolutamente est\u00e9ril, incluso contraproducente. Las causas podr\u00e1n ser m\u00faltiples y de lo m\u00e1s diversas, y provenir de cada uno de los factores en juego. La aproximaci\u00f3n, la escasa sensibilidad, la falta de arte en quien realiza el gesto; la indiferencia, la ignorancia, el h\u00e1bito, el rechazo del destinatario del mensaje; el car\u00e1cter cultural extra\u00f1o, la oscuridad, la excesiva abstracci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo,`- son todas ellas causas que pueden tener consecuencias negativas en la comunicaci\u00f3n simb\u00f3lica. Raramente se podr\u00e1 tener el, control de todas las variables; simpre podr\u00e1 escaparse algo incluso a la m\u00e1s sabia direcci\u00f3n. Por eso es l\u00ed\u00adcito decir que el s\u00ed\u00admbolo vive con tantas vidas cuantas son las personas que se le acercan; no es nunca igual a s\u00ed\u00ad mismo y jam\u00e1s produce el mismo efecto id\u00e9ntico en dos personas diversas. La comunicaci\u00f3n simb\u00f3lica supone siempre, junto a 1~ objetividad del signo las subjetividades del emitente y del receptor. Se trata de elementos necesarios. Querer eliminarlos (o reducirlos) es eliminar (o reducir) el s\u00ed\u00admbolo. Un teorema o se comprende o no se comprende. En cambio, el s\u00ed\u00admbolo tolera diversos niveles de comprensi\u00f3n o de fruici\u00f3n.<\/p>\n<p>5. VENTAJAS Y LIMITES DE LA COMUNICACI\u00ed\u201cN SIMB\u00f3LICA. Estas propiedades del s\u00ed\u00admbolo pueden constituir una ventaja o una desventaja, seg\u00fan los diversos puntos de vista.<\/p>\n<p>El m\u00e9rito m\u00e1s evidente y m\u00e1s importante est\u00e1 en el hecho de que el s\u00ed\u00admbolo no es nunca definible, porque no es nunca igual a s\u00ed\u00ad mismo ni se pone nunca de una vez por todas. Est\u00e1 en un continuo hacerse, en un continuo crecimiento. Crece con la comunidad y con el individuo que lo ponen, justamente mientras lo ponen. Cada d\u00ed\u00ada puede ser diverso, nuevo, in\u00e9dito, seg\u00fan el que lo pone, el que lo recibe y el estado de \u00e1nimo y las circunstancias que le acompa\u00f1an. Vive de lo individual y de lo social, de lo, cotidiano y de lo excepcional, y se enriquece con la experiencia del individuo y de la memoria hist\u00f3rica de la comunidad. Su car\u00e1cter d\u00factil y huidizo, al sustraerlo de toda codificaci\u00f3n definitiva, lo hace respetuoso y garante de la libertad de todos; cada uno puede entenderlo y vivirlo seg\u00fan su grado de crecimiento, de sensibilidad y de experiencia. Nadie podr\u00ed\u00ada decir que posee la clave \u00fanica; si esto ocurriera, ser\u00ed\u00ada la muerte del s\u00ed\u00admbolo. Cada uno est\u00e1 llamado (y autorizado) a sacar de \u00e9l seg\u00fan su propia capacidad y su necesidad. Al escoger hablar por medio del s\u00ed\u00admbolo, Dios ha elegido el respeto a la libertad de cada hombre.<\/p>\n<p>Lo que constituye el gran m\u00e9rito del s\u00ed\u00admbolo constituye, desde otro punto de vista, tambi\u00e9n su l\u00ed\u00admite. La libertad de interpretaci\u00f3n puede prestarse, en efecto, a verdaderas distorsiones, e incluso a aberraciones. La historia ha conocido muchas, y la Iglesia ha intentado ponerlas remedio, pero padeciendo a su vez p\u00e9rdidas. A1 dejar perderla pregnancia del s\u00ed\u00admbolo, se content\u00f3 con la exactitud del signo al servicio del concepto. La liturgia se convirti\u00f3 en una pr\u00e1ctica de \u00abclero\u00bb (etim. separado); en un huerto vallado, cerrado a los sencillos y a los \u00abpobres de esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Una lengua incomprensible a la mayor\u00ed\u00ada ocult\u00f3 sus ya m\u00faltiples misterios; se content\u00f3 con realizar lo que estaba prescrito, aunque no se lo comprend\u00ed\u00ada. De la r\u00ed\u00adgida uniformidad ritual, de la suma abstracci\u00f3n de los signos, se aprovech\u00f3 el rigor del lenguaje teol\u00f3gico, evit\u00e1ndose el riesgo de divagaciones e improvisaciones. Al s\u00ed\u00admbolo se le hizo decir s\u00f3lo lo que se esperaba que dijese, pero el rito perdi\u00f3 su impetuosa vitalidad. El lenguaje simb\u00f3lico qued\u00f3 empobrecido y el \u00e9xito del sacramento confiado por entero a la eficacia del ex opere operato. \u00abNo es necesario que comprenda el hombre. Basta que comprenda Dios\u00bb (san Roberto Bellarmino).<\/p>\n<p>VI. La eficacia de mediaci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo sacramental<br \/>\nAl presente es posible decir algo m\u00e1s sobre la mediaci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo en el acto sacramental. Ante todo parece necesario renunciar a considerar el sacramento como un instrumento f\u00ed\u00adsico \u00aben mano\u00bb de Dios. Si Dios hubiese querido instrumentos realmente \u00abeficientes\u00bb, no hubiera elegido los s\u00ed\u00admbolos, que son ciertamente los menos de fiar entre todos los instrumentos posibles.<\/p>\n<p>1. EL S\u00ed\u008dMBOLO: UNA MEDIACI\u00ed\u201cN EFICAZ. El signo sacramental cumple una funci\u00f3n de mediaci\u00f3n, la de poner al hombre frente a Dios, al pecador frente al redentor, para que tambi\u00e9n a \u00e9l pueda llegarle y alcanzar la salvaci\u00f3n. La celebraci\u00f3n del sacramento tiende a introducir al hombre en el radio de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios. El s\u00ed\u00admbolo, en efecto, propiamente no produce, sino que significa, anuncia la realidad que intenta comunicar. Y justamente, al anunciarla, la hace posible, provocando la respuesta esperada. En esta respuesta es donde el verdadero \u00abagente\u00bb puede intervenir con su acci\u00f3n. El don de una rosa no produce el amor del donante, lo revela; y, al revelarlo, \u00abpuede\u00bb provocar una respuesta de amor. Sobre esta respuesta se volcar\u00e1 el verdadero don de amor que la rosa hab\u00ed\u00ada anunciado y expresado.<\/p>\n<p>Del mismo modo, el sacramento no \u00abproduce\u00bb la gracia; m\u00e1s bien revela la intenci\u00f3n de Dios respecto a m\u00ed\u00ad y me solicita y me dispone a responder a esa clamada, a abrirme a ese don. En el rito todo concurre a este fin: la evocaci\u00f3n de los acontecimientos de la historia de la salvaci\u00f3n, figuras y \u00absacramentos\u00bb ellos mismos de las realidades futuras y definitivas que ahora me interpelan; el recuerdo de la voluntad de Dios y de su designio de amor sobre el hombre; la llamada a las exigencias de una vida moral digna de la vocaci\u00f3n cristiana y que el don sacramental sostiene; finalmente, la oraci\u00f3n que abre el coraz\u00f3n del hombre a la intervenci\u00f3n de Dios y lo dispone al don mismo: la gracia del sacramento, acontecimiento de salvaci\u00f3n en funci\u00f3n del cual existe y se justifica todo el rito.<\/p>\n<p>Este don, mucho m\u00e1s que constituir el efecto del sacramento, representa su verdadera causa final. M\u00e1s que producir lo que significa, el rito sacramental significa -dice, anuncia, declara- la intenci\u00f3n de Dios y solicita del hombre una respuesta. Su eficacia no est\u00e1 en condicionar de alg\u00fan modo a Dios (instrumental, moralmente o de otra manera), sino en disponer y ayudar al hombre a abrirse al don de Dios, de modo que el don pueda tener lugar realmente y dar el m\u00e1ximo fruto, y el hombre pueda obtener una ayuda eficaz para la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De ning\u00fan modo, pues, el sacramento obra en Dios, sino en el hombre. No es puesto por el hombre para obtener un don de Dios (ser\u00ed\u00ada dif\u00ed\u00adcil escapar a la acusaci\u00f3n de magia), sino que es puesto por Cristo para conceder su don al hombre. Para conceder ese don, Cristo se sirve hoy de su cuerpo sacramental, la Iglesia, como ayer se serv\u00ed\u00ada de su cuerpo f\u00ed\u00adsico.<\/p>\n<p>El gesto o rito sacramental le sirve a Cristo para preparar al hombre a su intervenci\u00f3n de salvaci\u00f3n, para anunciar el don que guarda para \u00e9l, para llamarlo e inducirle a la conversi\u00f3n, para hacer nacer en su coraz\u00f3n el deseo del don y, del deseo, la oraci\u00f3n: como con la samaritana en el pozo de Jacob (Jua 4:15), como en la multiplicaci\u00f3n de los panes (Jua 6:6) o como hicieron los ap\u00f3stoles con el cojo en la puerta Hermosa del templo (Heb 3:4-7).<\/p>\n<p>Es evidente que este modo de entender el sacramento exige considerar acto sacramental no s\u00f3lo el gesto y la f\u00f3rmula llamados \u00abesenciales\u00bb, sino toda la celebraci\u00f3n, desde el principio al fin. Un cuerpo no vive s\u00f3lo de coraz\u00f3n; una mentalidad excesivamente jur\u00ed\u00addica mata el s\u00ed\u00admbolo, exactamente igual que un exceso de conceptualizaci\u00f3n. La liturgia de la palabra, en particular, y las varias partes eucol\u00f3gicas deber\u00ed\u00adan considerarse partes igualmente esenciales y constitutivas del sacramento, y s\u00f3lo por razones de suma gravedad deber\u00ed\u00adan poder omitirse, y siempre a condici\u00f3n de que de alg\u00fan modo pueda repararse la falta (o en voto o en consideraci\u00f3n a una preparaci\u00f3n ya ocurrida).<\/p>\n<p>2. EL \u00abEX OPERE OPERATO\u00bb. La visi\u00f3n del sacramento tal como hemos venido exponi\u00e9ndola impone una comprensi\u00f3n m\u00e1s atenta de la categor\u00ed\u00ada del ex opere operato. Mientras hay que citarla en sus t\u00e9rminos justos, &#8216;que son los m\u00ed\u00adnimos, como siempre debe ocurrir con una definici\u00f3n dogm\u00e1tica (concilio de Trento, DS 1608): el sacramento \u00abproduce su efecto\u00bb por virtud propia, por el hecho mismo de ser, no en virtud de quien lo pone.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde le viene esa propiedad? La respuesta deber\u00e1 ser muy matizada y articulada, porque la realidad misma aparece sumamente compleja. Desde este punto de vista, en efecto, la eficacia del rito sacramental debe considerarse desde muchos \u00e1ngulos, tantos como son los elementos que a \u00e9l concurren. Y a menudo se trata de \u00e1ngulos tambi\u00e9n muy diversos entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>a) \u00abEx parte ministri\u00bb La posici\u00f3n de Trento es incontrovertible: puesto v\u00e1lidamente el rito (que es acci\u00f3n de Cristo, realizada por medio de su cuerpo sacramental), el efecto de gracia no puede menos de seguirse necesariamente en lo que concierne a la parte del  ministro. Ninguna indignidad puede hacerlo ineficaz. El bautismo vale tambi\u00e9n aunque lo celebre un hereje o un pecador, porque no es Pablo o Pedro el que bautiza, sino que es Cristo el que bautiza. S\u00f3lo un defecto contra la integridad del rito, y tal que atente contra su validez, podr\u00ed\u00ada impedirle dar su fruto. Esta es por lo dem\u00e1s una condici\u00f3n imprescindible de toda acci\u00f3n ritual, a la que no puede seguir una prueba experimental. Ser\u00ed\u00ada demasiado grande el riesgo que nacer\u00ed\u00ada del principio opuesto. \u00bfQui\u00e9n podr\u00ed\u00ada nunca jurar por lo que se oculta realmente en el coraz\u00f3n de un hombre? Incluso el m\u00e1s irreprensible de los ministros podr\u00ed\u00ada ser en rigor un hip\u00f3crita.<\/p>\n<p>b) \u00abEx parte suscipientis\u00bb. Trento reconoce al que recibe el sacramento la posibilidad de hacerlo ineficaz; al afirmar que la gracia se da ciertamente \u00aba los que no oponen obst\u00e1culo\u00bb (DS 1606), reconoce impl\u00ed\u00adcitamente que no se concede a los que ponen obst\u00e1culos.<\/p>\n<p>Pero el sacramento tiene a menudo efectos diversos, que se sit\u00faan en planos distintos de la vida del fiel. Ser\u00e1 preciso entonces distinguir si se trata de un obst\u00e1culo que atenta contra la validez misma del rito (p.ej., si un divorciado intenta con enga\u00f1o volver a casarse por la Iglesia) o contra la eficacia espiritual del sacramento (como en el caso de un matrimonio v\u00e1lido, pero celebrado en \u00abestado de pecado mortal&#8217;. En el primer caso, el matrimonio es simplemente inv\u00e1lido y, desde el punto de vista espiritual, no produce fruto alguno, sino que es un pecado m\u00e1s; en el segundo, el matrimonio produce su efecto can\u00f3nico y eclesial (el matrimonio es v\u00e1lido y los dos son realmente marido y mujer), pero el don de gracia no tiene lugar; permanece como suspenso, en espera de que se remueva el obst\u00e1culo.<\/p>\n<p>Lo que precede vale naturalmente tambi\u00e9n para el bautismo, para la confirmaci\u00f3n y para el orden, y, al menos en lo que concierne a la dimensi\u00f3n eclesial (reconciliaci\u00f3n), tambi\u00e9n para la penitencia; es decir, para todos aquellos sacramentos que comprenden un verdadero cambio en el estado eclesial del fiel y en su relaci\u00f3n a la comunidad. Por algo este aspecto particular del ex opere operato es com\u00fan a muchos cultos religiosos no cristianos. En realidad es una necesidad primaria de todo ordenamiento ritual y religioso; ninguna sociedad, ni siquiera civil, podr\u00ed\u00ada soportar una alteraci\u00f3n cualquiera de este tipo.<\/p>\n<p>3. EFICACIA DEL BIEN CELEBRAR. El ex opere operato no quita importancia al elemento subjetivo de la celebraci\u00f3n, lo que la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica hab\u00ed\u00ada expresado en la f\u00f3rmula del ex opere operantis (ecclesiae). No nos detendremos aqu\u00ed\u00ad en el sentido exacto de la expresi\u00f3n, aplicada sobre todo a los sacramentales\u00bb. Bastar\u00e1 que recojamos las instancias profundas.<\/p>\n<p>Puesto que el sacramento pertenece a la categor\u00ed\u00ada de la comunicaci\u00f3n, su eficacia ser\u00e1 tanto mayor cuanto mayor sea su capacidad de cumplir su cometido, que es el de decir el don de Dios, hacer o\u00ed\u00adr su llamada, provocar la confrontaci\u00f3n saludable entre la conciencia y la palabra divina, suscitar la oraci\u00f3n; en una palabra, disponer el alma al encuentro con Dios y al don salv\u00ed\u00adfico de su amor, removiendo todos los obst\u00e1culos que podr\u00ed\u00adan retrasar o hacer imposible el don mismo.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad entran en juego las posibilidades propias del lenguaje simb\u00f3lico; puesto del modo debido, con propiedad y \u00abarte\u00bb, el rito es capaz de hablar por s\u00ed\u00ad solo (ex opere operato, que se dir\u00ed\u00ada). No representar\u00e1 un obst\u00e1culo para la fuerza de ese lenguaje el estado de carencia de gracia o la situaci\u00f3n psicol\u00f3gica del ministro. En cambio la perjudicar\u00e1 mucho m\u00e1s un lenguaje o un estilo celebrativo desali\u00f1ado y aproximativo, prolijo o apresurado, aunque el ministro personalmente sea irreprensible.<\/p>\n<p>Esto valdr\u00e1 tambi\u00e9n, y ante todo, para el que recibe el mensaje ritual; si es extra\u00f1o a aquel lenguaje e ignora, por as\u00ed\u00ad decirlo, su \u00abc\u00f3digo\u00bb; si est\u00e1 distra\u00ed\u00addo, ausente o rebelde, el fruto que obtendr\u00e1 ser\u00e1 ciertamente muy reducido, y en todo caso proporcional a su grado de participaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De todo esto se derivan dos exigencias. La primera se refiere al ministro: ser\u00e1 deber suyo preciso poner gran cuidado para hacer la celebraci\u00f3n lo m\u00e1s eficaz posible (o sea, m\u00e1s alusiva, evocadora y participada). La otra se refiere al que recibe el mensaje ritual: \u00e9ste deber\u00e1 saber que no basta ir, estar presente, escuchar y ver de alg\u00fan modo para obtener la plenitud del don de gracia que el sacramento promete. No puede alcanzar a Dios normalmente si no se deja alcanzar.<\/p>\n<p>4. SACRAMENTO Y VIDA LIT\u00daRGICA. Lo que se ha dicho de celebrar bien vale tambi\u00e9n para la importante relaci\u00f3n entre liturgia y vida. Es \u00e9ste uno de los puntos m\u00e1s deficientes de la conciencia cristiana de gran n\u00famero de fieles, en los cuales la idea del sacramento eficaz \u00abde todos modos\u00bb va frecuentemente asociada a la de un deber de cumplir de todos modos, porque de todos modos tendr\u00e1 su efecto. Ejemplo t\u00ed\u00adpico de esta mentalidad general es el \/precepto festivo y el de la comuni\u00f3n pascual, al que se antepone una confesi\u00f3n hecha de cualquier modo, sin profundidad y sin sinceridad de convicci\u00f3n. Esta ruptura entre vida lit\u00fargica y vida moral es al mismo tiempo consecuencia y causa de la superficialidad de la pr\u00e1ctica cultual y de su incapacidad para reflejarse en comportamientos \u00e9ticos de claro compromiso cristiano. La responsabilidad de ello no puede hacerse recaer en uno u otro elemento de la realidad cristiana y de la pr\u00e1ctica cultual. Por su naturaleza es tal que impregna toda la estructura eclesial, desde la jerarqu\u00ed\u00ada a los simples fieles.<\/p>\n<p>a) La responsabilidad de la jerarqu\u00ed\u00ada. Es innegable la parte de responsabilidad de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica en el proceso de separaci\u00f3n del pueblo de la liturgia; una liturgia que, olvidando su vocaci\u00f3n popular, ha ido configur\u00e1ndose cada vez m\u00e1s como culto del clero, querido por el clero para el clero. Si, como se ha dicho muchas veces, es cometido del rito anunciar el don de Dios en el sacramento (haciendo resonar la palabra que provoca la respuesta de fe, suscita la oraci\u00f3n y llama a la conversi\u00f3n), \u00bfc\u00f3mo podr\u00ed\u00ada una liturgia elitista y en nada popular obtener estos resultados entre fieles puestos en la condici\u00f3n de no comprender ni siquiera el sentido de lo que se dice y se les anuncia? Y esta situaci\u00f3n ha durado durante un n\u00famero casi incre\u00ed\u00adble de siglos. Es verdad que se ha dado un gran paso hacia adelante con la reforma conciliar, pero ser\u00e1 preciso tiempo para recuperar el terreno perdido. Adem\u00e1s son muchos todav\u00ed\u00ada los pasos que quedan por dar. El lenguaje de la liturgia est\u00e1 lejos de ser popular, aunque la lengua sea materna. Los problemas de la adaptaci\u00f3n y de la inculturaci\u00f3n est\u00e1n todav\u00ed\u00ada todos ellos sobre el tapete. Es un grave desaf\u00ed\u00ado que la Iglesia debe recoger y superar sin vacilaciones.<\/p>\n<p>b) La responsabilidad del ministro. La nueva conciencia, que al presente comienza a difundirse, sobre las leyes del lenguaje simb\u00f3lico y ritual, obliga al ministro a revisar muchos de los esquemas a los que estaba habituado. Ya no basta para poder decir que se celebra bien observar escrupulosamente las r\u00fabricas. Es m\u00e1s, estas mismas apelan a menudo a una creatividad sana y obligada del ministro. A diferencia de cuando se celebraba en lat\u00ed\u00adn, mirando al altar y de espaldas al pueblo (porque bastaba que \u00abs\u00f3lo Dios entendiese&#8217;, ahora las palabras tambi\u00e9n pueden tener significados muy diversos seg\u00fan el tono de voz y la expresi\u00f3n del rostro del que las pronuncia. Entre la palabra dicha y el actor que la dice podr\u00ed\u00ada crearse tambi\u00e9n tinta ruptura, una contradicci\u00f3n. La prisa o la prolijidad, el desali\u00f1o y la pedanter\u00ed\u00ada, el tono aburrido o el \u00e9nfasis excesivo pueden llevar a los fieles a reaccionar muy negativamente a la celebraci\u00f3n. El peligro de manipular la palabra de Dios y de alterar el sentido de las oraciones lit\u00fargicas es absolutamente real, igual que el de su pr\u00e1ctica insignificancia. Hoy m\u00e1s que nunca celebrar es una responsabilidad; la eficacia de la palabra de Dios y del mismo sacramento puede verse altamente favorecida o comprometida por una celebraci\u00f3n inadecuada.<\/p>\n<p>c) La responsabilidad del fiel y de la asamblea. Hablamos de ellos en conjunto, porque la asamblea, simplificando un poco los conceptos, es tal como la hacen cada uno de los fieles y el ministro juntos. Tambi\u00e9n para ellos la reforma lit\u00fargica, al ofrecer un tesoro m\u00e1s rico de gracia, ha aumentado la responsabilidad individual y comunitaria. Hoy un fiel no puede ir a misa para rezar a su modo. No puede ya permanecer ajeno, ni aunque lo quiera, a sus vecinos, como se permit\u00ed\u00ada en cambio -e incluso se recomendaba- hasta hace algunos decenios. La asamblea vive de la presencia de muchos hermanos, cada uno de ellos bien consciente y contento por la presencia del otro y por estar juntos. Cada uno debe poner su parte, cada uno debe aportar su contribuci\u00f3n. El compromiso de cada uno es el don ofrecido al otro, para que la mesa com\u00fan resulte m\u00e1s rica.<\/p>\n<p>Y al salir de la iglesia cada uno debe llevar a los hermanos lo que, tambi\u00e9n por mediaci\u00f3n de los hermanos, ha recibido del sacramento; igual que, al llegar a la iglesia, llevaba al altar com\u00fan todo lo que hab\u00ed\u00ada recibido de otros hermanos en el mundo. Es \u00e9ste el aspecto de la misi\u00f3n que sigue necesariamente al don, y del compromiso con el cual todo fiel acepta y asume la misi\u00f3n que el Se\u00f1or le conf\u00ed\u00ada. Para la salvaci\u00f3n de los hermanos. Porque la salvaci\u00f3n cristiana pasa necesariamente por los hermanos, y nadie podr\u00ed\u00ada esperar razonablemente salvarse solo. Tambi\u00e9n esto, en efecto, est\u00e1 contenido y \u00absignificado\u00bb en el sacramento que los hermanos celebran juntos.<\/p>\n<p>5. SACRAMENTOS Y VIDA MORAL. Los sacramentos no son solamente un acto de culto con el cual el hombre y la Iglesia tributan \u00abpor Cristo, con Cristo y en Cristo\u00bb una alabanza perfecta al Padre, ni son solamente un don del amor salv\u00ed\u00adfico de Dios a su criatura. Son \u00abfuente\u00bb de la vida cristiana, en el sentido de que los fieles deben manifestar en la vida lo que han llegado a ser gracias a los sacramentos recibidos en la celebraci\u00f3n del culto. [Sobre este aspecto importante \/Religi\u00f3n y moral III, 2-3]. Adem\u00e1s, son una escuela y un modelo de vida moral y de espiritualidad.<\/p>\n<p>a) Un modelo de vida moral, tanto comunitaria como individual.<\/p>\n<p>&#8211; Comunitaria: la celebraci\u00f3n del sacramento no es nunca un hecho totalmente individual, ni siquiera cuando es el individuo el que lo pide, frecuenta o celebra. Esto es as\u00ed\u00ad siempre: cuando el sacerdote celebra solo la misa, cuando el penitente se acerca privadamente al confesonario, cuando el enfermo o el anciano comulga en su casa o en el hospital. El sacramento es siempre un hecho de Iglesia; es el signo de una solicitud que la comunidad cristiana ha aprendido de su maestro y que la hace estar atenta a las necesidades de todos los hermanos. En general, el modelo normal de la celebraci\u00f3n sacramental no es el individual, sino el comunitario, del cual el momento privado es como prolongaci\u00f3n y derivaci\u00f3n: juntos, los catec\u00famenos en la Iglesia antigua iban a la fuente en la noche del s\u00e1bado santo, mientras que la comunidad entera estaba reunida para orar por ellos alrededor del baptisterio; la eucarist\u00ed\u00ada, es por excelencia el sacramento d\u00e9 la unidad y del compartir; rehusar partir el pan con los hermanos es desmentir el sentido y neutralizar gran parte del valor y de la eficacia del banquete eucar\u00ed\u00adstico (1Co 11:20-22); la comunidad entera ora por los candidatos a los diversos grados del orden; los sacerdotes y los familiares oran por el enfermo y toda la comunidad se alegra y hace fiesta por el matrimonio de dos de sus miembros.<\/p>\n<p>La vida cristiana es exactamente lo opuesto del individualismo cerrado y celoso. No ciertamente de la vida solitaria y apartada, ya que \u00e9sta puede muy bien estar poblada de hermanos, tanto presentes en esp\u00ed\u00adritu como ausentes en el cuerpo, sino del ego\u00ed\u00adsmo que lleva a excluir de nuestro horizonte las necesidades ajenas por temor a que vayan a perturbar nuestra paz o a obligarnos a compartir con ellos nuestro tiempo y nuestras fatigas. El sacramento est\u00e1 ah\u00ed\u00ad para recordarnos que, as\u00ed\u00ad como lo hemos obtenido y recibido todo gratuitamente, tambi\u00e9n gratuitamente debemos dar (cf Mat 10:8).<\/p>\n<p>&#8211; Individual: acercarse al sacramento con plena conciencia obliga al cristiano a confrontarse con la realidad que est\u00e1 celebrando, con la palabra que est\u00e1 escuchando, con los signos que est\u00e1 ejecutando. No puede menos de penetrar con la mirada de la fe en lo secreto de la propia conciencia para valorar delante de Dios la calidad de su testimonio ante los hombres. Advertir\u00e1 el peso de un contraste dram\u00e1tico entre lo que profesa y lo que practica, y oir\u00e1 repetir, como dirigida a \u00e9l personalmente, la invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n que las palabras de la Escritura y de la liturgia continuamente le proponen. No est\u00e1 dicho, ciertamente, que los efectos de esta frecuentaci\u00f3n hayan de traducirse en la pr\u00e1ctica en poco tiempo; quiz\u00e1 haya que esperar a\u00f1os antes de que la voz que le llama mueva al hijo lejano a volver a la casa paterna. Lo peor que podri\u00e1 ocurrir es que el hijo, abrumado por la conciencia de su culpa, no supiera encontrar el valor para levantarse y emprender el camino que le llevar\u00ed\u00ada a la salvaci\u00f3n. Y a veces ser\u00e1 justamente la severidad de ciertos predicadores y confesores lo que, m\u00e1s que ayudarle a encontrar ese valor, constituir\u00e1 el golpe de gracia para una voluntad ya demasiado d\u00e9bil e incierta.<\/p>\n<p>b) Un modelo de espiritualidad. Si la oraci\u00f3n alimenta la vida moral con la fuerza que le infunde, el sacramento y la vida lit\u00fargica en general representan una escuela eficac\u00ed\u00adsima de oraci\u00f3n y de espiritualidad. En efecto, en la din\u00e1mica del acto sacramental se realiza con plenitud todo el designio salv\u00ed\u00adfico que el Se\u00f1or ha dado a conocer a los suyos.<\/p>\n<p>La llamada de Dios (convocaci\u00f3n): incluso cuando es el hombre el que pide el sacramento, ocurre siempre porque Dios le ha alcanzado con su gracia. El es quien ha hecho brillar ante los ojos de la fe la posibilidad de una salvaci\u00f3n ofrecida y prometida. S\u00f3lo por eso la criatura se mueve hacia el sacramento.<\/p>\n<p>La escucha de la palabra: si Dios llama es porque tiene algo que decir o que dar. Y lo que quiera dar, querr\u00e1 tambi\u00e9n decirlo. Es el momento de escuchar: Dios habla, y el hombre permanece a la espera de conocer la voluntad de Dios y su plan de amor respecto a \u00e9l. Y Dios le dir\u00e1 lo que tiene que darle; pero le dir\u00e1 tambi\u00e9n con qu\u00e9 condiciones ese don podr\u00e1 dar fruto. La ley de Dios resuena junto con.las palabras de su promesa. La primera invita al hombre a la confrontaci\u00f3n y la conversi\u00f3n; las segundas justifican aquellos prop\u00f3sitos haciendo destellar el premio que tendr\u00e1 a cambio.<\/p>\n<p>La profesi\u00f3n de fe: no s\u00f3lo en el sentido de recitar el s\u00ed\u00admbolo, sino m\u00e1s bien como expresi\u00f3n completa de la actitud de la criatura ante su Se\u00f1or. Un acto de culto total, perfecto; disposici\u00f3n de todo el ser a la adoraci\u00f3n, a la obediencia, a la aceptaci\u00f3n del don y de sus exigencias.<\/p>\n<p>La imploraci\u00f3n: la fe en la palabra o\u00ed\u00adda, la aceptaci\u00f3n del don de salvaci\u00f3n, el reconocimiento de la propia dependencia del Creador y Se\u00f1or, junto con el sentido de la propia finitud y radical impotencia, mueven al hombre a elevar su oraci\u00f3n al \u00fanico que puede darle lo que necesita, y que por lo dem\u00e1s ha brillado ante \u00e9l como promesa de un don. Esta oraci\u00f3n es la que mover\u00e1 al Se\u00f1or a dar lo que hab\u00ed\u00ada prometido y a llevar a cumplimiento su proyecto de amor.<\/p>\n<p>El sacramento: ahora Dios puede dar su don, y el sacramento realiza su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. La criatura es alcanzada y tocada.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n de gracias: atra\u00ed\u00adda as\u00ed\u00ad a la esfera de la salvaci\u00f3n divina, la criatura puede elevar su canto de alabanza a aquel que la ha admitido a participar de \u00e9l con toda la comunidad de los creyentes. La eucarist\u00ed\u00ada (acci\u00f3n de gracias precisamente) es la actitud espiritual que m\u00e1s connatural le es al cristiano.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n: pero el don de Dios no tiene nunca por fin s\u00f3lo la ventaja del individuo. Es siempre para toda la comunidad de los hijos. El cristiano lo oye repetir en el momento mismo en que se le da el don. Muchos sacramentos prev\u00e9n expresamente la misi\u00f3n; en los otros podr\u00e1 estar impl\u00ed\u00adcita, pero no menos real. \u00abVe a llamar a tu marido\u00bb (Jua 4:16); \u00abVe a mis hermanos y diles&#8230;\u00bb (Jua 20:17); \u00abAnda, y no peques m\u00e1s\u00bb (Jua 8:11).<\/p>\n<p>El compromiso: a esta misi\u00f3n el cristiano responde con su compromiso, que es al mismo tiempo acto de humildad e inteligencia de fe. Es la prueba de que el don no se ha dado en vano; ha producido lo que deb\u00ed\u00ada obtener, porque ha podido hacer de un hombre pecador y necesitado de salvaci\u00f3n un misionero de la palabra y un cooperador de aquel que ha venido para llamar a los pecadores (cf Mat 9:13). Este es ciertamente el resultado supremo y m\u00e1s alto.<\/p>\n<p>[\/Gracia; \/Iniciaci\u00f3n cristiana; \/Religi\u00f3n y moral].<\/p>\n<p>BIBL.: ANCIAUX P., Sacramenti e vita. Nuovi orizzonti pastorali, Cittadella, As\u00ed\u00ads 1968; BERNARDCh.M., Teolog\u00ed\u00ada simbolica, Paoline, Roma 19842; CASTILLO J. M., S\u00ed\u00admbolos de libertad, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981; CHAUVET L.M., Linguaggio e simbolo. Saggio su\u00c2\u00a1 sacramenta, Ldc, Tur\u00ed\u00adn 1982; EsFFaA J., Para comprender los sacramentos, Verbo Divino, Estella 1990 HARING B., Morale e sacramenti, Paoline 1976; ID, La vida cristiana a la luz de los sacramentos, Herder, Barcelona 1972; PIOLANTI A., De sacramentas, Marietti, Tur\u00ed\u00adn 1960; RAHNER K., Chiesa e sacramenti, Morcelliana, Brescia 1966; ROGUET R.M., I sacramenti, segni di vita, Paoline 1967; SANTANTONI A., La liturgia, culto della Chiesa, en AA.VV., Liturgia. Corso di morale V, Queriniana, Brescia 1986; ID, Struttura simbolica del lfnguaggio liturgico, ib, 71-86 y 89-100; SCHI4 LEEEECKx E., Cristo, sacramento del encuentro con Dios, Dinor S.L., San Sebasti\u00e1n 1971; SCHULTE R., Sacramentos, en Sacramentum Mundi VI, Herder, Barcelona 1978, 164-180; ID en Mysterium Salutis IV\/ 2, Cristiandad, Madrid 1969, 53-158; VORGRIMMLER H., Teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos, Herder, Barcelona 1989. -Sobre la voz Sacramentos, ver en los diccionarios teol\u00f3gicos, entre otros: MARSILI S., Nuevo diccionario de liturgia, Paulinas, Madrid 1987; RUFFINI E., en Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada II, Cristiandad, Madrid 1982, 1550-1571. Numerosas revistas han dedicado al tema n\u00fameros monogr\u00e1ficos; entre las m\u00e1s recientes: \u00abMaisD\u00bb 142 (1980); \u00abRPastLit\u00bb 97 (1979); \u00abRLitg\u00bb 1980 (2).<\/p>\n<p>A. Santantoni<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n y visi\u00f3n hist\u00f3rica<br \/>\n\u00abSacramento\u00bb en el sentido teol\u00f3gico-eclesi\u00e1stico aqu\u00ed\u00ad usado es un concepto que abarca siete realizaciones lit\u00fargicas &#8211; con eficacia salv\u00ed\u00adfica &#8211; de la vida de la Iglesia, a saber: -> eucarist\u00ed\u00ada, -> bautismo, -> confirmaci\u00f3n, orden (-> \u00f3rdenes sagradas), ->matrimonio, -> unci\u00f3n de enfermos y -> penitencia. La teolog\u00ed\u00ada de los s. que comienza ya en la sagrada Escritura, y se va configurando cada vez m\u00e1s en el transcurso de la historia, esencialmente en relaci\u00f3n con preguntas soteriol\u00f3gicas, busca, adem\u00e1s de la comprensi\u00f3n de cada sacramento como tal, conocer tambi\u00e9n lo com\u00fan que los caracteriza a todos internamente. Mas no puede decirse que el concepto de sacramento se logre simplemente por una pura abstracci\u00f3n. Y menos todav\u00ed\u00ada ha de considerarse como un concepto a priori o revelado del que cupiera deducir especulativamente la esencia espec\u00ed\u00adfica de cada sacramento. Correctamente entendido, el concepto de sacramento participa de la peculiaridad del concepto de -> vida. \u00abVida\u00bb es un concepto eminentemente concreto y, sin embargo, \u00abuniversal\u00bb. La vida se desarrolla en multitud de realizaciones particulares, sin cuya comprensi\u00f3n no puede entenderse ni expresarse m\u00e1s en concreto qu\u00e9 sea la \u00abvida\u00bb. De modo semejante, la realidad originariamente \u00fanica de los s\u00ed\u00admbolos salv\u00ed\u00adficos llamados s. de la Iglesia, realidad que Dios concede en la gracia y que el hombre debe percibir y aceptar, se desarrolla en actos distintos y experimentables bajo modalidades particulares, por medio de las cuales la Iglesia y sus miembros participan hoy de la salvaci\u00f3n prometida por Dios a trav\u00e9s de Cristo como palabra suya, y producida victoriosa y escatol\u00f3gicamente por \u00e9l como mediador e Hijo encarnado de Dios. As\u00ed\u00ad entendido, el concepto de \u00absacramento\u00bb en su sentido pleno, aunque se haya logrado relativamente tarde, no es una abstracci\u00f3n secundaria, puramente teor\u00e9tica, de orden teol\u00f3gico u ontol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Es indudable que el concepto de sacramento as\u00ed\u00ad entendido no se da en la sagrada Escritura. Pero a partir de \u00e9sta puede formarse leg\u00ed\u00adtimamente una expresi\u00f3n com\u00fan para designar las mencionadas realizaciones de la vida eclesi\u00e1stica. Para la fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica hay que remitir en primer lugar a lo dicho con ocasi\u00f3n de cada sacramento en particular. Pero hay adem\u00e1s suficientes fundamentos b\u00ed\u00adblicos para una comprensi\u00f3n teol\u00f3gica de los s. en general. Qu\u00e9 extensi\u00f3n y valor deba concederse a estas germinales afirmaciones b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gicas, depende decisivamente de la previa inteligencia teol\u00f3gica (actual) de cada sacramento, as\u00ed\u00ad como de las decisiones tomadas ya anteriormente, las cuales, por tanto, deben presuponerse en la teolog\u00ed\u00ada sacramentaria, conrelaci\u00f3n a la doctrina de -> Dios, a la -> antropolog\u00ed\u00ada, a la teolog\u00ed\u00ada de la -> gracia, a la -> cristolog\u00ed\u00ada, a la -> escatolog\u00ed\u00ada y a la -> eclesiolog\u00ed\u00ada, sin que por ello pueda recortarse el derecho a la -> analog\u00ed\u00ada de la fe, por la que la teolog\u00ed\u00ada sacramental rectamente formada ha de tenerse en cuenta en los tratados mencionados. Adem\u00e1s, en la cuesti\u00f3n del fundamento b\u00ed\u00adblico de la teolog\u00ed\u00ada general de los s. y en el enjuiciamiento de su historia, es siempre importante distinguir entre la historia de la palabra y del concepto \u00absacramento\u00bb y la cosa ah\u00ed\u00ad significada, que est\u00e1 siempre viva en la Iglesia (aunque en medida distinta) como realidad recibida, transmitida, vivida y forjadora de respuestas.<\/p>\n<p>Del texto de 1 Cor 10, 1-22 resulta claro que ya en la Iglesia originaria por lo menos el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada se consideraban bajo un aspecto com\u00fan, y que tanto soteriol\u00f3gica como pastoralmente eran vistos como \u00abmedios de salvaci\u00f3n\u00bb con un car\u00e1cter an\u00e1logo. Lo mismo aparece, p. ej., en Ef 5, 21-33, donde, no sin fundamento, el matrimonio, el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada son vistos bajo un aspecto com\u00fan (que debe determinarse m\u00e1s en concreto). De acuerdo con esto hay otras afirmaciones de la sagrada Escritura que ofrecen principios esenciale&#8217;s para la posterior penetraci\u00f3n teol\u00f3gica de la vida eclesial sacramentaria; estos textos son aducidos al tratar de cada sacramento (y v\u00e9ase tambi\u00e9n -> palabra; -> s\u00ed\u00admbolo). A partir de estos &#8211; y otros semejantes &#8211; puntos de apoyo teol\u00f3gicos del NT es comprensible que los padres al principio no subsumieran inequ\u00ed\u00advoca y definitivamente los s. bajo la palabra \u00fanica \u00absacramento\u00bb (o mysterion, u otra expresi\u00f3n correspondiente). Sin embargo, cada vez m\u00e1s esclarecen los unos signos sacramentales por los otros, elaboran sus aspectos comunes y su unidad, los re\u00fanen de esta o de aquella manera, y as\u00ed\u00ad avanzan cada vez m\u00e1s hacia lo que en la edad media pasa a ser doctrina teol\u00f3gica com\u00fan.<\/p>\n<p>Sin embargo, la expresi\u00f3n \u00absacramento\u00bb experimenta aqu\u00ed\u00ad una reducci\u00f3n, siempre progresiva, desde un uso totalmente com\u00fan (pero espec\u00ed\u00adficamente cristiano) para realidades sagradas especiales (sagrada -> Escritura, -> fe, misterios de salvaci\u00f3n y de fe, medios de salvaci\u00f3n, ritos cultuales, y tambi\u00e9n alegor\u00ed\u00adas, tipos, etc.) hasta aquellos medios de salvaci\u00f3n que despu\u00e9s, enf\u00e1ticamente y con cierta exclusividad, son llamados los siete (y solamente siete) sacramentos.<\/p>\n<p>Para la acu\u00f1aci\u00f3n del concepto y de la teolog\u00ed\u00ada de los s. fueron decisivos Tertuliano, Ireneo y Cipriano, y sobre todo Agust\u00ed\u00adn, aunque en \u00e9l no se da todav\u00ed\u00ada una doctrina \u00absobre los s. en general\u00bb. En el \u00e1mbito griego hay que citar ante todo, por lo que se refiere al concepto de mysterion, totalmente af\u00ed\u00adn al de sacramentum, a Gregorio Niseno y Juan Cris\u00f3stomo. Para los padres en conjunto hay que notar c\u00f3mo ellos formaron su teolog\u00ed\u00ada sacramentaria preferentemente por deducciones de las realidades que se dan en los s. particulares, principalmente en el bautismo y en la eucarist\u00ed\u00ada. Isidoro de Sevilla y los te\u00f3logos carolingios transmiten a la escol\u00e1stica primitiva la concepci\u00f3n patr\u00ed\u00adstica de los s. En la escol\u00e1stica son esenciales las aportaciones de Hugo de san V\u00ed\u00adctor, Pedro Lombardo y, m\u00e1s tarde, Tom\u00e1s de Aquino.<\/p>\n<p>Lo mismo que en la formaci\u00f3n de otros conceptos teol\u00f3gicos y expresiones t\u00e9cnicas, tambi\u00e9n en la noci\u00f3n de \u00absacramento\u00bb, a causa de la progresiva delimitaci\u00f3n del concepto, se produce una reducci\u00f3n o visi\u00f3n unilateral de la \u00abcosa\u00bb misma. Esto aparece ya mediante una comparaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada sacramentaria occidental con la de los te\u00f3logos de la Iglesia oriental. Sin embargo, en estos \u00faltimos tiempos, por influjo del movimiento lit\u00fargico y de la nueva eclesiolog\u00ed\u00ada &#8211; que est\u00e1n respaldados por el Vaticano ii -, ha hecho su irrupci\u00f3n un fuerte impulso hacia un nuevo conocimiento de la mayor plenitud de la vida eclesi\u00e1stico-sacramental, a la que, de todos modos, se opone con cierta extra\u00f1eza el pensamiento actual, sobre todo por lo que se refiere a la comprensi\u00f3n de la realidad sacramental del s\u00ed\u00admbolo.<\/p>\n<p>II. Afirmaciones fundamentales del magisterio eclesi\u00e1stico<br \/>\nComo lo prueban la historia de la teolog\u00ed\u00ada y la de la Iglesia, una doctrina del magisterio de la Iglesia que abarque en com\u00fan los siete s. se da por primera vez desde la edad media. Un compendio de esta doctrina, decisiva hasta hoy (prescindiendo de algunas completaciones posteriores), lo ofrece el concilio de Trento. Merece destacarse:<br \/>\n1\u00c2\u00ba. Aunque la Iglesia habla tambi\u00e9n (DS 1348 1602) de s. veterotestamentarios (los cuales en su tiempo eran v\u00e1lidos y a su modo obraban la salvaci\u00f3n), sin embargo, su doctrina se refiere a los s. neotestamentarios, en los cuales lo decisivo es que han sido instituido por Jesucristo (DS 1601 1864 2536 3439) y, concretamente, seg\u00fan su \u00absubstancia\u00bb (DS 3857), sobre la que, por tanto, la Iglesia no tiene ning\u00fan poder (DS 1728 3857).<\/p>\n<p>2.\u00c2\u00b0 Seg\u00fan su esencia los s. que internamente formen siempre una unidad, compuesta de \u00abmateria\u00bb (elemento, res) y \u00abforma\u00bb (palabra: DS 1262 1312 1671 3315), son signos \u00abvisibles\u00bb (DS 3315 3857) o s\u00ed\u00admbolos de la gracia \u00abinvisible\u00bb (DS 1639). Son medios que dan la gracia, los cuales, como \u00abfuerza santificante\u00bb (DS 1639), o sea, como \u00abcausa instrumental\u00bb (DS 1529), designan y \u00abcontienen\u00bb (DS 3858) la gracia que les es propia de tal modo que la transmiten y producen ex opere operato (DS 1608 3544ss), es decir, no por m\u00e9rito propio del que los administra o del que los recibe. La manera m\u00e1s precisa de este \u00abproducir\u00bb la gracia \u00abinstrumentalmente\u00bb no est\u00e1 aclarada. Parece, sin embargo, especialmente a causa de la necesidad &#8211; a veces afirmada &#8211; de los s. para la salvaci\u00f3n (DS 1604), que este enunciado se orienta hacia una causalidad real (instrumental). El opus operatum no debe entenderse como si los s. produjeran su efecto de una manera \u00abautom\u00e1tica o mec\u00e1nica\u00bb, o de una forma \u00abm\u00e1gica\u00bb. M\u00e1s bien, la donaci\u00f3n de la gracia, tanto en su realidad como en su medida, tambi\u00e9n depende esencialmente de la disposici\u00f3n del sujeto (como condici\u00f3n, no como causa), es decir, de la -~ fe que se abre a la gracia sacramental y se la apropia (DS 1528ss), as\u00ed\u00ad como de la intenci\u00f3n del ministro y del sujeto \u00abde hacer lo que hace la Iglesia\u00bb (DS 1611s 1617).<\/p>\n<p>3.\u00c2\u00b0 La gracia transmitida por los s. corresponde a lo que cada sacramento, como s\u00ed\u00admbolo, significa y contiene (cf. cada sacramento en particular), y es verdadero efecto de los mismos, si bien efecto procedente de una causalidad instrumental. La gracia sacramental es, o bien la gracia justificante (DS 1604 1606), o bien su desarrollo y crecimiento (DS 1638 1310-1313), o sea, es una gracia correspondiente a la espec\u00ed\u00adfica realidad simb\u00f3lica de cada momento (cf. DS 1310-1313). Adem\u00e1s de esto, algunos sacramentos producen un car\u00e1cter sacramental especial (DS 1313 1609), y por eso se pueden recibir una sola vez.<\/p>\n<p>4.\u00c2\u00b0 Para la Iglesia en conjunto, los s. son necesarios para la salvaci\u00f3n (DS 1604), pero esta necesidad se concreta en cada miembro de la Iglesia seg\u00fan su modo espec\u00ed\u00adfico de ser miembro.<\/p>\n<p>5\u00c2\u00b0 De acuerdo con la esencia de los s., que son medios de salvaci\u00f3n instituidos por Jesucristo, a quien Dios (Padre) ha dado todo poder (Mt 28, 18ss; Heb 2, 10; 5, 10), y que \u00e9l ha confiado como tales a la Iglesia; alguien puede administrar un sacramento en nombre de la Iglesia s\u00f3lo en virtud de la potestad que procede de Cristo o de la Iglesia (DS 1610 1684 1697 1710 1777). Para la administraci\u00f3n v\u00e1lida y eficaz de los s. es adem\u00e1s necesaria la recta aplicaci\u00f3n de la \u00abmateria\u00bb y la \u00abforma\u00bb, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n la recta intenci\u00f3n, pero no son necesarios ni el estado de gracia ni la fe ortodoxa (DS 1310 1612 1617). Tambi\u00e9n se requiere en el sujeto la intenci\u00f3n suficientemente consciente de recibir el sacramento, prescindiendo de casos especiales (como el -> bautismo de ni\u00f1os\u00bb); y con relaci\u00f3n a esto se exigen condiciones distintas seg\u00fan el sacramento particular de que se trate.<\/p>\n<p>6.\u00c2\u00b0 El n\u00famero de los s. neotestamentarios de la Iglesia es \u00abni m\u00e1s ni menos que siete\u00bb (DS 1601), a saber, los citados en el apartado I. Pero hay en ellos una gradaci\u00f3n por lo que se refiere a su dignidad, a su necesidad y a su importancia para la salvaci\u00f3n (respecto de cada cristiano particular: DS 1603 1639).<\/p>\n<p>7.\u00c2\u00b0 Las afirmaciones fundamentales aqu\u00ed\u00ad compendiadas del magisterio eclesi\u00e1stico deben complementarse necesariamente con las declaraciones que se refieren a cada sacramento.<\/p>\n<p>8.\u00c2\u00b0 Por lo dicho en el apartador resulta comprensible que estas afirmaciones doctrinales precedentes deban entenderse siempre a partir de la situaci\u00f3n hist\u00f3rico-eclesi\u00e1stica en que han surgido. Por eso, de cara a una plenitud y amplitud mayores en consonancia con la actual comprensi\u00f3n de la vida eclesial sacramentaria, hay que superar la unilateralidad de bastantes formulaciones y de planteamientos del problema.<\/p>\n<p>Los intentos ya existentes en la teolog\u00ed\u00ada a este respecto, han encontrado su confirmaci\u00f3n en el concilio Vaticano II. Por esto, entre las afirmaciones del magisterio, tambi\u00e9n hay que citar necesariamente las declaraciones m\u00e1s importantes de dicho concilio sobre la Iglesia y sus sacramentos. Sin duda es decisiva la (restablecida) afirmaci\u00f3n de que la Iglesia misma es \u00aben Cristo, como un sacramento o se\u00f1al e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (Lumen gentium, n.\u00c2\u00b0 1). Los s. particulares son considerados como realizaciones de la vida de la Iglesia, cuyo misterio consiste precisamente en que ella, \u00aben y desde Cristo\u00bb como su cabeza, es el sacramento originario, el cual, puesto que la Iglesia es vista como comunidad personal de un sacerdocio regio, constituido y santificado por Dios a trav\u00e9s de Cristo en su esp\u00ed\u00adritu, se actualiza en los s. particulares y, por medio de \u00e9stos, en los miembros de la Iglesia bajo una actividad receptora o mediadora. Y, respondiendo vitalmente desde la santidad as\u00ed\u00ad conseguida, dicho sacramento originario se realiza de cara a Dios (Padre). Con ello est\u00e1 fundamentalmente superada aquella visi\u00f3n de los s. y de su gracia que en las afirmaciones anteriores del magisterio ten\u00ed\u00ada un cariz individualista y objetivante. De todos modos, la apertura &#8211; confirmada por la Iglesia &#8211; de la teolog\u00ed\u00ada de los s. hacia un descubrimiento m\u00e1s amplio de la vida eclesial sacramentaria, est\u00e1 todav\u00ed\u00ada en las primicias de sus frutos.<\/p>\n<p>III. Teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos<br \/>\n1. La cuesti\u00f3n de los puntos de apoyo teol\u00f3gicos<br \/>\nPuesto que el concepto de sacramento, seg\u00fan lo dicho en el apartado i, no es todav\u00ed\u00ada un concepto b\u00ed\u00adblico, aunque es un concepto teol\u00f3gico formado leg\u00ed\u00adtimamente; la amplitud, estrechez o plenitud de significado con que se comprenda la expresi\u00f3n \u00absacramento\u00bb (y \u00absacramental\u00bb) y la realidad ah\u00ed\u00ad designada, dependen ampliamente de la teolog\u00ed\u00ada misma y de las convenciones y determinaciones hist\u00f3ricas de la Iglesia. Ciertamente, de ning\u00fan modo se trata aqu\u00ed\u00ad de limites determinables arbitrariamente. Pues, aunque el concepto de sacramento &#8211; si no ha de determinarse sin tener en cuenta su historia &#8211; est\u00e1 relativamente abierto, sin embargo, no es teol\u00f3gicamente legitimo el intento de definirlo a partir de determinados \u00abconocimientos previos\u00bb), sin suficiente elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica, o bien a partir de ciertos prejuicios, para establecer luego, sobre la base de ese concepto previo, la esencia de aquellas realizaciones de la vida de la Iglesia que deben llamarse \u00absacramentos\u00bb.<\/p>\n<p>En primer lugar hay que considerar como tales realizaciones eclesiales las siete acciones salv\u00ed\u00adficas enumeradas y, concretamente, tanto en s\u00ed\u00ad mismas como en su relaci\u00f3n mutua. La consideraci\u00f3n comparativa de los s. en particular (cada uno de ellos) permite conocer que \u00e9stos poseen un determinado parecido mutuo y, sin embargo, una desigualdad quiz\u00e1 mayor. Por esto, no es posible un concepto de sacramento v\u00e1lido de igual modo para todos ellos en los m\u00e1s peque\u00f1os detalles y en todos sus elementos. Mas eso no es \u00f3bice para ver cada vez mejor aquella esencial unidad interna que fuerza a comprender los s. como desarrollos de la vida eclesial, originariamente \u00fanica, concebida por Dios en forma de gracia. Todos los s. se presentan como \u00abautorrealizaciones constitutivas de la Iglesia como sacramento originario; en ellas la Iglesia concreta su esencia propia &#8211; como presencia escatol\u00f3gica, hist\u00f3rica y social de la promesa de Dios al mundo &#8211; de cara a los hombres particulares y a sus situaciones salv\u00ed\u00adficas esenciales\u00bb (K. Rahner).<\/p>\n<p>Sin embargo, esta definici\u00f3n no es suficiente. P. ej., si se quiere superar la distinci\u00f3n desafortunada (porque generalmente separa) entre la eucarist\u00ed\u00ada como \u00absacrificio\u00bb y como \u00absacramento\u00bb, para restablecer &#8211; cosa imprescindible hoy d\u00ed\u00ada &#8211; la visi\u00f3n total de los padres sobre el misterio eucar\u00ed\u00adstico, que tambi\u00e9n como \u00absacrificio\u00bb es sacramento; entonces hay que incluir necesariamente en la concepci\u00f3n del sacramento otro aspecto, que apenas tiene menor importancia para los otros s., a saber: junto con la consideraci\u00f3n de los s. como realizaciones de la Iglesia dirigidas a cada miembro en particular, debe introducirse otro enfoque en el que se vea c\u00f3mo la Iglesia en sus miembros (y \u00e9stos a trav\u00e9s de ella) por medio de los s. se realiza a s\u00ed\u00ad misma de cara a Dios (Padre) en actos de gratitud y respuesta. Si as\u00ed\u00ad el concepto de la gracia (sacramental), y de la salvaci\u00f3n concedida con y por ella, de nuevo se ve suficientemente en su dimensi\u00f3n eclesial hist\u00f3rica, con ello se ampl\u00ed\u00ada tambi\u00e9n la visi\u00f3n excesivamente reducida del ministro y sujeto del sacramento como miembros individuales. Entonces los s. aparecen de nuevo, en un sentido paulino como desarrollos peculiares y concreciones, que se realizan hoy, de aquella plenitud de vida que Dios a trav\u00e9s de Cristo ha prometido a los hombres y al mundo, y de la que \u00e9stos han sido hechos part\u00ed\u00adcipes de manera irrevocable, escatol\u00f3gica y definitiva. Y a su vez esa plenitud, como percibida y recibida sacramentalmente en la realidad donada de los s\u00ed\u00admbolos, se expresa tambi\u00e9n y desarrolla como signo sacramental dirigido al Padre, en una doxolog\u00ed\u00ada eucar\u00ed\u00adstica sacramental que reflexiona y agradece, en una apropiaci\u00f3n eclesial y personal. Todo depende de que los s. se experimenten y comprendan de nuevo como los gloriosa commercia (con diversas configuraciones) de la vida personal que mana eternamente de Dios (Padre), y que el hombre ha de apropiarse por la palabra y el esp\u00ed\u00adritu divinos, acept\u00e1ndola personal y eclesialmente, y d\u00e1ndole una respuesta de gratitud; de una vida que as\u00ed\u00ad se desarrolla \u00abentre\u00bb Dios y el hombre \u00abpor medio\u00bb de los s. (y de otras acciones) como reales s\u00ed\u00admbolos personales y actuales.<\/p>\n<p>Por el hecho de lo acontecido en Cristo, toda comprensi\u00f3n del ser y de la vida debe desarrollarse a partir de \u00e9l por la fe. As\u00ed\u00ad resulta el conocimiento teol\u00f3gicamente fundamental de que tod\u00e1 realidad del ser creado (del \u00abnatural\u00bb y del \u00absobrenatural\u00bb), ya por la -> palabra de Dios &#8211; a partir del Padre y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo -, est\u00e1 constituida hacia ella y, puesto que existe en la palabra y por la palabra, debe ser comprendida como palabra (por participaci\u00f3n) y, en cuanto tal, como \u00abproclamaci\u00f3n\u00bb y \u00abs\u00ed\u00admbolo\u00bb (bajo modalidades diversas) de lo otro o del otro, y as\u00ed\u00ad en \u00faltimo t\u00e9rmino de Dios (cf. Sal 8 y 19 entre otros). El \u00abhecho de Cristo\u00bb significa adem\u00e1s el misterio de la redenci\u00f3n, el cual presupone la creaci\u00f3n, la gracia original y el pecado en el horizonte hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico. Puesto que la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica ha sido efectuada por la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios en la carne pecadora, por la cruz y la resurrecci\u00f3n de Jesucristo, y ha sido prometida y concedida irrevocablemente a la humanidad y al mundo, en consecuencia los s., como acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica as\u00ed\u00ad realizada y como s\u00ed\u00admbolo real y actual, que aplica y representa el efecto de la redenci\u00f3n salvadora tambi\u00e9n participan necesariamente de la \u00abnecedad de la cruz\u00bb (1 Cor 1, 23) y de la \u00abfuerza y sabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb (1 Cor 1, 24), que se atestigua y act\u00faa en la \u00abdebilidad de Dios\u00bb (1 Cor 1, 25), es decir, participan de la promesa y apertura ah\u00ed\u00ad escondidas &#8211; pero accesibles a la fe por la benevolencia divina &#8211; del sentido y del ser contenidos en la vida dada por Dios para el tiempo de la Iglesia y para el e\u00f3n venidero, vida que en la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or ha sido concedida definitiva y escatol\u00f3gicamente a su Iglesia.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n, ganada a la luz de Jesucristo, de la plenitud del misterio de la creaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n como autocomunicaci\u00f3n de Dios, hist\u00f3rica y escatol\u00f3gica, que fundamenta y consuma, es capaz de impedir en principio todos los enfoques unilaterales y malentendidos por los que se ve amenazada una y otra vez la teolog\u00ed\u00ada de los s.: un dualismo de \u00ab-> naturaleza y gracia\u00bb; un mecanicismo o materialismo pseudosacramental y m\u00e1gico de la salvaci\u00f3n; un espiritualismo inhumano y nada divino, porque es hostil al cuerpo y al mundo; un materialismo pagano del mundo presente; una rivalidad no cristiana entre la palabra de la proclamaci\u00f3n (evangelio) y los s.; un sacramentalismo exagerado, el cual olvida que los s. no son las \u00fanicas realizaciones personales y eclesiales de vida en las que Dios se promete y comunica salv\u00ed\u00adficamente a los hombres por medio de Jesucristo, pues hay tambi\u00e9n otras maneras semejantes e imprescindibles de signo y de mediaci\u00f3n de Dios configuradas por Jesucristo, como, p. ej., la sagrada Escritura, la predicaci\u00f3n, la ayuda a los necesitados (Mt 25, 31-46) y las dem\u00e1s obras de misericordia.<\/p>\n<p>2. L\u00ed\u00adneas fundamentales de una concepci\u00f3n teol\u00f3gica de los sacramentos<br \/>\nSeg\u00fan se desprende de las reflexiones precedentes, partiendo de una base ontol\u00f3gico-teol\u00f3gica e hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica suficientemente amplia, en la comprensi\u00f3n teol\u00f3gica de la realidad simb\u00f3lica de los s. el hombre de hoy en principio ya no puede encontrar m\u00e1s obst\u00e1culos que los ineludibles para la fe cristiana en general, con tal no se hagan recortes aprior\u00ed\u00adsticos en el esclarecimiento cristiano de la realidad.<\/p>\n<p>a) A pesar de las dificultades evidentes que dificultan al hombre de hoy un conocimiento imparcial y una valoraci\u00f3n de la realidad simb\u00f3lica o sacramental de la Iglesia, no obstante, \u00e9l puede hallar puntos de apoyo antropol\u00f3gicos para una comprensi\u00f3n de los s. tal como responde a la fe cristiana. Un primer punto de apoyo ser\u00ed\u00ada el conocimiento &#8211; todav\u00ed\u00ada hoy ineludible &#8211; de la posibilidad y necesidad originariamente humanas, experimentables en todas partes (porque en forma consciente o inconsciente act\u00faan permanentemente), de \u00abexpresarse\u00bb a s\u00ed\u00ad mismo ante los dem\u00e1s. El propio ser personal, los propios pensamientos y est\u00ed\u00admulos de la voluntad, para poder existir necesitan expresarse en uno mismo y en \u00abotro\u00bb. As\u00ed\u00ad el alma existe en su esencia \u00abpropia\u00bb en cuanto se corporaliza y acu\u00f1a en \u00absu\u00bb cuerpo como su \u00abotro\u00bb, y precisamente as\u00ed\u00ad es ella misma y hace existente y operante su esencia. Algo semejante puede decirse sobre las actitudes an\u00ed\u00admicas o espirituales, que s\u00f3lo son reales y se hacen operantes en cuanto se expresan en gestos y palabras y acu\u00f1an otra cosa. Con esto queda indicado lo que en un sentido aut\u00e9ntico y amplio significa \u00ab-> s\u00ed\u00admbolo\u00bb.<\/p>\n<p>En una visi\u00f3n m\u00e1s profunda se pueden reconocer, adem\u00e1s del cuerpo, toda una serie de tales s\u00ed\u00admbolos que pertenecen simplemente a la esencia concreta del hombre y que se sirven de facultades propiamente humanas de expresi\u00f3n, como las distintas posiciones corporales, el \u00ablenguaje\u00bb de las manos y del rostro, la palabra, que designa, contiene y hace operante la persona. Hemos de recordar tambi\u00e9n que el commercium interpersonal y las actitudes personal-colectivas se expresan tomando cuerpo en m\u00faltiples formas, de modo que solamente se hacen realidad aut\u00e9ntica cuando est\u00e1n configuradas por la comunidad de muchos. La mirada a la historicidad del hombre permite reconocer adem\u00e1s s\u00ed\u00admbolos o autoexteriorizaciones de una persona o de una comunidad surgidos hist\u00f3ricamente, los cuales han sido fijados por la voluntad humana y, por tener un car\u00e1cter interpersonal, son reconocidas como vinculantes, sobre todo cuando muestran estructuras universales del hombre.<\/p>\n<p>Otro punto de apoyo para la comprensi\u00f3n de los s. puede ser el conocimiento de la peculiaridad y singularidad de determinados actos de la vida, de determinados d\u00ed\u00adas y momentos de la misma que pertenecen ineludiblemente al hombre y a su existencia, y que, como tales, bien en s\u00ed\u00ad mismos, o bien a manera de representaci\u00f3n conmemorativa, son operantes en cada hoy, p. ej.: nacimiento, muerte, comida, di\u00e1logo, matrimonio, familia e instituciones sociales, con sus servicios y potestades que han de configurarse en cada caso. Se puede mostrar que las acciones sacramentales particulares de la vida eclesial corresponden a tales configuraciones de la vida natural del hombre que se actualizan en las acciones particulares, aunque sin confundirse plenamente con ellas. A todos los s\u00ed\u00admbolos y configuraciones mencionados, en los que se hacen reales y eficaces la vida y la existencia humanas por cuanto se expresan en \u00abotra cosa\u00bb es com\u00fan el hecho de que, a pesar de toda la positividad de su forma y contenido concretos, se apoyan en estructuras fundamentales del hombre, las cuales vienen dadas ineludiblemente con el ser humano como tal, por fundarse en la constituci\u00f3n espiritual-corporal del hombre y, por tanto, en la \u00abpositiva\u00bb voluntad creadora de Dios.<\/p>\n<p>b) A estos posibles puntos de apoyo para la comprensi\u00f3n actual de los s. se a\u00f1aden datos fundamentales de la historia (especial) de la revelaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n, y, por cierto, como algo hist\u00f3ricamente \u00abnuevo\u00bb que se debe a la acci\u00f3n creadora de Dios. Una vez reconocida la -> revelaci\u00f3n (especial) y con ello la autocomunicaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica del Dios \u00fanico y trino que dispone benignamente todo ser y vida, en principio queda abierto tambi\u00e9n el acceso a las formas \u00abpositivas\u00bb y expl\u00ed\u00adcitas de autocomunicaci\u00f3n divina, que Dios ha puesto libre y creativamente. Desde un punto de vista concreto e hist\u00f3rico hay que ver como fundamentaci\u00f3n de toda la especial acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios el establecimiento del pacto con su pueblo, Israel, pacto hist\u00f3rico que Dios instituy\u00f3 de manera singular, irrevocable y libre, y que debe ser aceptado, disfrutado y respondido por el hombre. En virtud de ese pacto Israel, en calidad de pueblo de Dios, fue instituido como signo (de salvaci\u00f3n) entre los pueblos: toda salvaci\u00f3n viene de los jud\u00ed\u00ados (cf. Jn 4, 22; Rom 9-11). Este pacto est\u00e1 fundamentado, cumplido y sellado por encima de los tiempos en el cordero pascual (en el primero y en el de cada a\u00f1o).<\/p>\n<p>Este rito, lo mismo que otros \u00abritos\u00bb salv\u00ed\u00adficos del AT ordenados a \u00e9l, a la luz del NT, aparecen como \u00absacramentos\u00bb precursores, que tend\u00ed\u00adan a la plenitud de la acci\u00f3n escatol\u00f3gica y definitiva de Dios en la alianza nueva y eterna.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad como los s. veterotestamentarios fueron para Israel, es decir, para cada israelita, concreciones salv\u00ed\u00adficas siempre actualizadas \u00abhoy\u00bb, conmemorativas y progn\u00f3sticas, de la anterior promesa de Dios, acreditada en las acciones salv\u00ed\u00adficas particulares (p. ej., en la liberaci\u00f3n del pueblo de la esclavitud en Egipto), as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n en los s. neotestamentarios est\u00e1 como base la plenitud consumada, victoriosa y escatol\u00f3gica de la comunicaci\u00f3n de Dios mismo en Cristo. Precisamente esta culminaci\u00f3n hist\u00f3rica e irrepetible (porque est\u00e1 consumada escatol\u00f3gicamente) de la historia de la salvaci\u00f3n y, con ello, la absoluta comunicaci\u00f3n de Dios mismo, en su manera de darse tiene el car\u00e1cter divino de palabra y de \u00abs\u00ed\u00admbolo\u00bb radicalmente originales, que fundamentan todas las formas \u00absacramentales\u00bb (en sentido estricto) y todas las dem\u00e1s formas de mediaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esa culminaci\u00f3n se ha dado por la palabra una y perfecta de Dios en la que \u00e9l de tal modo se pronuncia en otro a s\u00ed\u00ad mismo como autor de todo ser y de toda vida, que por ello este otro se llama Hijo de Dios, y \u00e9l mismo se llama Padre (ambas cosas en el sentido consumado del NT). Y a la vez el mutuo \u00abser con\u00bb y \u00abpara\u00bb del Padre y del Hijo en su vida interpersonal constituye un \u00abotro\u00bb divino y personal, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, como \u00abexpresi\u00f3n\u00bb del amor personal y divino. Est\u00e1 realidad originaria de vida comunicada plenamente en el commercium divino del amor realizado personalmente, que tiene un fruto personal y que se manifiesta perfectamente en el otro, ha sido prometida y concedida en forma consumada y escatol\u00f3gica a la humanidad y al mundo en Jes\u00fas, el Logos-Dios encarnado. El hombre Jesucristo, instituido por Dios en virtud de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica como el mediador humano-divino, como el \u00fanico mediador, es as\u00ed\u00ad por antonomasia el \u00fanico sacramento originario y personal de Dios y del hombre. Por el Esp\u00ed\u00adritu Santo como divino \u00abcon\u00bb y \u00abpara\u00bb personales, que habita en Cristo con plenitud divina, est\u00e1 en \u00e9l como hombre el Esp\u00ed\u00adritu en su mediaci\u00f3n originaria, es decir, la prenda y el \u00abalma\u00bb presente y operante en toda vida, que desde Dios brota eternamente hacia la humanidad y el mundo, y que se pronuncia a s\u00ed\u00ad misma \u00aben\u00bb y \u00abpor\u00bb \u00abotro\u00bb, precisamente en el Esp\u00ed\u00adritu y en sus \u00abgemidos inenarrables\u00bb (Rom 8, 23-27), y lo hace por medio de la palabra encarnada, llena de Esp\u00ed\u00adritu, dirigida al Padre en respuesta agradecida. Esta comunicaci\u00f3n absoluta de Dios mismo estaba y est\u00e1 ligada a la manera de existir del Logos encarnado de Dios. Para que dicha comunicaci\u00f3n llegara personal e hist\u00f3ricamente a todo hombre, Cristo tuvo que irse (cf. Jn 16, 7). Dios quiso hacer divina y eterna la mediaci\u00f3n de Cristo, exalt\u00e1ndolo por la resurrecci\u00f3n y d\u00e1ndole la plenitud del poder divino, a fin de que Cristo comunicara a \u00abotro\u00bb su Esp\u00ed\u00adritu como prenda y principio de vida, y ese otro es su \u00abcuerpo\u00bb y \u00abplenitud\u00bb.<\/p>\n<p>El otro as\u00ed\u00ad configurado, vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu, es la Iglesia, el \u00abpueblo de Dios\u00bb escatol\u00f3gico, que el Padre por medio de Cristo ha instituido como signo y sacramento originario. Esta Iglesia as\u00ed\u00ad entendida, en su condici\u00f3n de \u00abcuerpo\u00bb de Jesucristo, el eterno y sumo sacerdote poderosamente exaltado, realiza en numerosos actos y manifestaciones de vida lo que, por ser \u00absacramento en Cristo\u00bb, le ha encargado \u00e9l, que es su cabeza.<\/p>\n<p>c) Desde este enfoque, en que la Iglesia es entendida como pueblo de Dios (Padre) y cuerpo de Jesucristo vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, la cuesti\u00f3n de la Instituci\u00f3n de los s. coincide con la de la instituci\u00f3n de la Iglesia por Jesucristo. Lo mismo que en lo referente a la Iglesia, con relaci\u00f3n a los s. Jesucristo debe ser entendido como mediador que cumple la voluntad del Padre. As\u00ed\u00ad la Iglesia y los s. aparecen anclados de manera igualmente fundamental en la voluntad de Dios (Padre). Y lo mismo la Iglesia que los s., est\u00e1n ah\u00ed\u00ad (han sido instituidos) y son posibles como actos de vida en la medida y plenitud en que lo acontecido en Cristo ha experimentado su consumaci\u00f3n. En consecuencia tanto la Iglesia como los s. quedan instituidos de manera plenamente v\u00e1lida y con virtud operante cuando Jesucristo ha cumplido su obra salv\u00ed\u00adfica y \u00e9sta ha sido aceptada y confirmada por el Padre, a saber, \u00abdespu\u00e9s\u00bb de la resurrecci\u00f3n y misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. S\u00f3lo si se ve de esta manera, est\u00e1 en su debido horizonte el tema de la \u00abinstituci\u00f3n\u00bb de los sacramentos \u00abpor\u00bb Cristo.<\/p>\n<p>E igualmente puede ponerse de manifiesto en qu\u00e9 medida los s. (en su forma concreta de cada momento hist\u00f3rico) participan del misterio de Cristo o del Se\u00f1or glorificado: son siempre la realizaci\u00f3n actual de la vida dada a la humanidad y al mundo en la singular acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Jesucristo, de una vida que, conmemorando y anticipando, proclamando y esperando el misterio de Cristo, se prepara para aquella consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica en la que la Iglesia, edificada definitivamente como cuerpo perfecto de Cristo, por medio de \u00e9l, su cabeza, en acto de agradecimiento y homenaje se postrar\u00e1 como pueblo de Dios a los pies del Padre, para que as\u00ed\u00ad Dios sea todo en todo (1 Cor 15, 20-28). Los s. son, pues, por un lado realizaciones de la vida de la Iglesia durante este e\u00f3n; y su eficacia ex opere operato se deduce de la consumada y victoriosa acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo, la cual, en su poder\u00ed\u00ado irrevocable, ciertamente puede ser recibida con gratitud o rechazada, pero no necesita ning\u00fan \u00abcomplemento\u00bb humano. Por otro lado los s., lo mismo que la Iglesia, muestran un car\u00e1cter esencialmente escatol\u00f3gico, de manera que la plenitud de gracia dada en ellos participa y hace participar decisivamente de la esperanza cristiana escatol\u00f3gica, que en la acci\u00f3n de cada hoy se dispone y proyecta hacia la venida definitiva del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad los s. se presentan como s\u00ed\u00admbolos actuales y personales llenos de realidad, los cuales han sido establecidos por Dios mediante una acci\u00f3n creadora y han recibido una configuraci\u00f3n humana e hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica en la obra de Cristo. Los s. proceden de la Iglesia como cuerpo de Cristo y sacramento originario. Por medio de ellos (y de otras formas de mediaci\u00f3n igualmente esenciales y acu\u00f1adas por Cristo) puede y debe conocerse, experimentarse y gustarse qu\u00e9 y qui\u00e9n es y ser\u00e1 Dios para los hombres como salvaci\u00f3n suya. Los s. son signos de que Dios ha aceptado y agradecido de nuevo al hombre entero en su constituci\u00f3n personal y corporal, junto con su mundo material configurado por el esp\u00ed\u00adritu; y por medio de ellos el hombre as\u00ed\u00ad agraciado puede realizarse en la Iglesia a trav\u00e9s del Verbo divino hacia el Dios Padre en la vida eterna del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. la bibliogr. espec. de K. Pr\u00fcmm &#8211; R. Schn\u00e1ckenburg &#8211; J. Finkenzeller &#8211; K. R\u00e1hner &#8211; E. Kinder, S.: LThK2 IX 218-232; F. Lakner, Sakramentale Gnade: LThK2 IX 232 f.; K. R\u00e1hner, Sakramentetheologie: LThK2 240-243; E. Kinder &#8211; E. Sommerlath &#8211; W. Kreck: RGG V 1321-1329. &#8211; P. Neuenzeit &#8211; H. R. Schiene, S.e: HThG II 451-465; Schmaus D IV\/1 (61964) (bibl.). &#8211; B. Geyer, Die Siebenzahl der Sakramente in ihrer hist. Entwicklung: ThG1 10 (1918) 325-338; J. Pinsk, Die sakramentale Welt (Fr 21941); Th. 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Piault, Was ist ein Sakrament? Aschaffenburg 1964); H. K\u00fchle, Sakramentale Christusgleichgestaltung (Mr 21964); A. Van Roo, De sacramentis in genere (R 1966); A. Winklhofer, La Iglesia en \u00ed\u008dos sacramentos (Fax Ma 1971); (bibl.); Ch. Anciaux, Pastoral de los sacramentos (S\u00ed\u00adg Sal 1968; B. Bro, El hombre y los sacramentos (S\u00ed\u00adg Sal 1968); F. Quadri; Sacramentos y vida (Espirit Ma 1968); K. Rahner, Vida espiritual-Sacramentos (Taurus Ma 31968); J. P. Schanz, Los sacramentos en la vida y en el culto (S Terrae Sant 1968); M. Nicol\u00e1u, Teolog\u00ed\u00ada del signo sacramental (E Cat Ma 1969; J. L. L\u00e1rrobe, El sacramento como encuentro de salvaci\u00f3n (Fax Ma 1971). Cf. Ios manuales de teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica (p. ej. J. Auer &#8211; J. R\u00e1tzinger, Curso de teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica vr (Ba Herder 1975) teolog\u00ed\u00ada moral y teolog\u00ed\u00ada pastoral; cf. igualmente la bibliograf\u00ed\u00ada de cada uno de los sacramentos en los manuales mencionados y en esta enciclopedia teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Raphael Schulte<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>[V\u00e9ase la nota aclaratoria al pie de este art\u00edculo.] Cuando se usa en su sentido teol\u00f3gico t\u00e9cnico, para describir ciertos ritos de la fe cristiana, la palabra \u201csacramento\u201d (<etiqueta id=\"#_ftn74\" name=\"_ftnref74\" title=\"\">lat.<\/etiqueta> <i>sacramentum<\/i>) pertenece a un per\u00edodo de elaboraci\u00f3n de la doctrina muy posterior al <etiqueta id=\"#_ftn75\" name=\"_ftnref75\" title=\"\">NT. En algunos lugares la <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn76\" name=\"_ftnref76\" title=\"\">Vg. traduce as\u00ed el <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn77\" name=\"_ftnref77\" title=\"\">gr. <\/etiqueta><\/span><span style=''>myst&#275;rion<\/span><span lang=ES style=''> (Ef. 5.32; Col. 1.27; 1 Ti. 3.16; Ap. 1.20; 17.7), t\u00e9rmino que, no obstante, se vert\u00eda m\u00e1s com\u00fanmente <\/span><span style=''>mysterium<\/span><span lang=ES style=''> (* <span style='text-transform:uppercase'>Misterio<\/span>). En el uso eclesi\u00e1stico primitivo <i>sacramentum<\/i> se usaba en sentido amplio para cualquier observancia ritual o cosa sagrada.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el uso cotidiano esta palabra se ha aplicado en dos formas: (1) para la prenda o garant\u00eda depositada en custodia p\u00fablica por los litigantes en un juicio y cedida para un fin sagrado; (2) para el juramento que hac\u00eda el soldado romano al emperador, y por extensi\u00f3n para cualquier juramento. Estas ideas se combinaron luego hasta llegar al concepto de rito sagrado con sentido de prenda o voto, cuya recepci\u00f3n comprend\u00eda un juramento de lealtad, y esto llev\u00f3 con el tiempo a la circunscripci\u00f3n del vocablo \u201csacramento a los principales ritos instituidos divinamente, o sea el bautismo y la Cena del Se\u00f1or. El uso m\u00e1s amplio sigui\u00f3 vigente durante muchos siglos. Hugo de San V\u00edctor (<etiqueta id=\"#_ftn78\" name=\"_ftnref78\" title=\"\">s. XII) puede hablar de nada menos que treinta sacramentos, pero Pedro Lombardo en el mismo per\u00edodo estimaba que eran siete. Esta \u00faltima estimaci\u00f3n es aceptada oficialmente por la iglesia cat\u00f3lica romana.<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La definici\u00f3n corriente de sacramento aceptada tanto por las iglesias reformadas como por la romana es la de una se\u00f1al externa y visible, ordenada por Cristo, que declara y asegura una bendici\u00f3n interior y espiritual. Esta definici\u00f3n le debe mucho a las ense\u00f1anzas y el lenguaje de Agust\u00edn, quien escribi\u00f3 sobre la forma visible que tiene cierta semejanza con la cosa invisible. Cuando a este \u201celemento\u201d, o forma visible, se le agregaba la palabra de instituci\u00f3n por Cristo, se convert\u00eda en sacramento, de modo que se pod\u00eda hablar del sacramento como \u201cla palabra visible\u201d (v\u00e9ase Agust\u00edn, <i>Tratados sobre el Evangelio de Juan<\/i> 80; <i>Ep\u00edstolas <\/i>98; <etiqueta id=\"#_ftn79\" name=\"_ftnref79\" title=\"\"><i>Contra Pelag Fausto<\/i><\/etiqueta> 19.16; <i>Sermones<\/i> 272).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>\u00bfEnse\u00f1a el NT que los ritos sacramentales son obligatorios para todos los cristianos? \u00bfQu\u00e9 beneficio espiritual produce su recepci\u00f3n, y c\u00f3mo se hace efectivo dicho beneficio?<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La obligaci\u00f3n de continuar con los ritos sacramentales depende de: (1) su instituci\u00f3n por Cristo; (2) su mandato expreso de que sean continuados; (3) su uso esencial como s\u00edmbolos de actos divinos que forman parte de la revelaci\u00f3n evang\u00e9lica. Hay s\u00f3lo dos ritos obligatorios para todos los cristianos que cumplen estos requisitos. No hay justificativo b\u00edblico para otorgar a los otros ritos llamados tambi\u00e9n sacramentales (<etiqueta id=\"#_ftn80\" name=\"_ftnref80\" title=\"\">e. d. confirmaci\u00f3n, orden, matrimonio, penitencia, extremaunci\u00f3n) el mismo rango que el *bautismo y la *Cena del Se\u00f1or, los que desde el principio se asocian conjuntamente con la procl<\/etiqueta>amaci\u00f3n del evangelio y la vida de la iglesia (Hch. 2.41\u201342; <etiqueta id=\"#_ftn81\" name=\"_ftnref81\" title=\"\">cf. 1 Co. 10.1\u20134). Se los vincula con la circuncisi\u00f3n y la pascua, ritos obligatorios del <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn82\" name=\"_ftnref82\" title=\"\">AT (Col. 2.11; 1 Co. 5.7; 11.26). La vida cristiana se asocia desde su comienzo y en su continuidad con c<\/etiqueta>ompromisos sacramentales (Hch. 2.38; 1 Co. 11.26). Algunas de las lecciones m\u00e1s profundas en torno a la santidad y la perfecci\u00f3n est\u00e1n impl\u00edcitas en lo que la Escritura dice en relaci\u00f3n con las obligaciones sacramentales del cristiano (Ro. 6.1\u20133; 1 Co. 12.13; Ef. 4.5). Es posible que haya referencias a los sacramentos en muchos pasajes donde no hay menci\u00f3n expl\u00edcita de los mismos (<etiqueta id=\"#_ftn83\" name=\"_ftnref83\" title=\"\">p. ej. Jn. 3; 6; 19.34; He. 10.22). La gran comisi\u00f3n del Se\u00f1or resucitado a sus disc\u00edpulos consiste en ir a todas las naciones; <\/etiqueta>manda espec\u00edficamente que se administre el bautismo y claramente da a entender que se ha de observar la Cena del Se\u00f1or (Mt. 28.19\u201320). Cristo promete estar con sus siervos hasta el fin del tiempo. La obra a la cual los ha llamado, incluida la observancia de los sacramentos, no se completar\u00e1 hasta entonces. Pablo entiende, tambi\u00e9n, que la Cena del Se\u00f1or se debe continuar, como proclamaci\u00f3n de la muerte de Cristo, hasta que \u00e9l venga (1 Co. 11.26). Cierto es que Mateo y Marcos no registran el mandamiento \u201chaced esto en memoria de m\u00ed\u201d, pero las pruebas en cuanto a su pr\u00e1ctica en la iglesia primitiva (Hch. 2.42; 20.7; 1 Co. 10.16; 11.26) compensan sobradamente esa falta.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La eficacia de los sacramentos depende de la instituci\u00f3n y el mandamiento de Cristo. Los elementos en s\u00ed mismos no tienen ning\u00fan poder; es el uso fiel de los mismos lo que cuenta. Porque por medio de ellos los hombres entran en comuni\u00f3n con Cristo en su muerte y resurrecci\u00f3n (Ro. 6.3; 1 Co. 10.16). El perd\u00f3n (Hch. 2.38), la purificaci\u00f3n (Hch. 22.16; cf. Ef. 5.26) y la vivificaci\u00f3n espiritual (Col. 2.12) se asocian con el bautismo. La participaci\u00f3n en el cuerpo y la sangre de Cristo se realiza mediante la santa comuni\u00f3n (1 Co. 10.16; 11.27). El bautismo y la copa aparecen vinculados entre s\u00ed en la ense\u00f1anza de nuestro Se\u00f1or cuando habla de su muerte, y en el pensamiento de la iglesia cuando ella recuerda sus solemnes obligaciones (Mr. 10.38\u201339; 1 Co. 10.1\u20135).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los sacramentos son ritos que hablan de pacto: \u201cEsta copa es el nuevo pacto\u201d (Lc. 22.20; 1 Co. 11.25). Somos bautizados \u201cen su nombre\u201d (Mt. 28.19, cf. <\/span><etiqueta id=\"#_ftn84\" name=\"_ftnref84\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=' '> <etiqueta id=\"#_ftn85\" name=\"_ftnref85\" title=\"\">mg, <\/etiqueta><span style='text-transform:uppercase'>pb<\/span> mg). El nuevo pacto se inici\u00f3 mediante el sacrificio de la muerte de Cristo (cf. Ex. 24.8; Jer. 31.31\u201332). Dios transmite las bendiciones del mismo mediante su palabra y su promesa en el evangelio y sus sacramentos. Hay claras pruebas de que muchos fueron bendecidos en la \u00e9poca apost\u00f3lica mediante la administraci\u00f3n de los sacramentos acompa\u00f1ada de la predicaci\u00f3n de la palabra (Hch. 2.38ss). La palabra o promesa del evangelio que acompa\u00f1aba la administraci\u00f3n de los sacramentos era lo que daba sentido y eficacia al rito. Los que hab\u00edan recibido el bautismo de Juan \u00fanicamente fueron bautizados nuevamente \u201cen el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas\u201d (Hch. 19.1\u20137). Resulta evidente tambi\u00e9n que algunos recibieron los sacramentos sin beneficio espiritual (Hch. 8.12, 21; 1 Co. 11.27; 10.5\u201312). En el caso de Cornelio y su casa (Hch. 10.44\u201348) tenemos un ejemplo de personas que recibieron los dones que el bautismo sella antes de haber recibido el sacramento. No obstante, no dejaron de recibir el sacramento como prenda de bendici\u00f3n y como indicaci\u00f3n de obediencia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el NT no se insin\u00faa ning\u00fan conflicto entre el uso de los sacramentos y la espiritualidad. Cuando se los recibe como corresponde los sacramentos son portadores de bendici\u00f3n para el creyente. Pero dichas bendiciones no se limitan al uso de los sacramentos, y cuando se las efectiviza mediante los sacramentos su otorgamiento de ning\u00fan modo entra en conflicto con el fuerte acento b\u00edblico que se pone en la fe y la piedad. Los sacramentos, cuando se administran de conformidad con los principios estipulados en las Escrituras, nos recuerdan continuamente el gran fundamento de nuestra salvaci\u00f3n, Cristo en su muerte y resurrecci\u00f3n, como tambi\u00e9n la obligaci\u00f3n que tenemos de caminar como es digno de la vocaci\u00f3n a la cual hemos sido llamados.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>[Algunas corrientes evang\u00e9licas entienden que los llamados \u201csacramentos\u201d (bautismo y Cena del Se\u00f1or) s\u00f3lo tienen valor simb\u00f3lico, y les asignan la importancia que les corresponde como <i>ordenanzas<\/i> (t\u00e9rmino preferido) dadas por Cristo para ser responsable y permanentemente observadas por la iglesia cristiana.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt; text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn86\" name=\"_ftnref86\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>D.R.H.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style=''>]<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0J. Jeremias, <i>La \u00faltima cena, palabras de Jes\u00fas<\/i>, 1980; F. X. Durrwell, <i>La eucarist\u00eda, sacramento pascual,<\/i> 1982; M. Nicolau, <i>Teolog\u00eda del signo sacramental<\/i>, 1979; J. Auer, <i>Los sacramentos de la iglesia<\/i>, 1977; R. S. Wallace, \u201cSacramento\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn87\" name=\"_ftnref87\" title=\"\"><i>\u00b0DT<\/i><\/etiqueta>, 1985, <etiqueta id=\"#_ftn88\" name=\"_ftnref88\" title=\"\">pp. 475.<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>O. C. Quick, <i>The Christian Sacraments<\/i>, 1932; G. Bornkamm en <etiqueta id=\"#_ftn89\" name=\"_ftnref89\" title=\"\"><i>TDNT <\/i><\/etiqueta>4, pp. 826s; J. Jeremias, <i>The Eucharistic Words of Jesus<\/i>, 1955; W. F. Flemington, <i>The New Testament Doctrine of Baptism<\/i>, 1957; A. M. Stibbs, <i>Sacrament, Sacrifice and Eucharist<\/i>, 1961; G. R. Beasley-Murray, <i>Baptism in the New Testament<\/i>, 1962; J. I. Packer (<etiqueta id=\"#_ftn90\" name=\"_ftnref90\" title=\"\">eds.), <\/etiqueta><i>Eucharistic Sacrifice<\/i>, 1962; D. Cairns, <i>In Remembrance of Me<\/i>, 1967.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn91\" name=\"_ftnref91\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>R.J.C.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p>\n    Sacramento de Confirmaci\u00f3n. Imagen:Cortes\u00eda de Schola Sainte C\u00e9cileLos Sacramentos son signos externos de la gracia interior, instituidos por  Cristo para nuestra santificaci\u00f3n (Catechismus concil. Trident., n. 4, ex San Agust\u00edn, \u201cDe Catechizandis rudibus\u201d).  El tema se tratar\u00e1 bajo los siguientes t\u00edtulos:  <\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Necesidad y naturaleza del sistema sacramental<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Naturaleza de los Sacramentos de la Nueva Ley<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Origen (causa) de los Sacramentos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 N\u00famero de los Sacramentos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Efectos de los Sacramentos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Ministro de los Sacramentos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 El recipiente de los Sacramentos<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Necesidad y naturaleza del sistema sacramental<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>En qu\u00e9 sentido son necesarios<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Dios todopoderoso puede otorgar, y de hecho otorga, la gracia a los hombres en respuesta a sus aspiraciones internas y a sus oraciones sin utilizar signos externos o ceremonias. Esto siempre ser\u00e1 posible porque Dios, la gracia y el alma son seres espirituales. Dios no est\u00e1 constre\u00f1ido a usar s\u00edmbolos materiales, visibles, en sus tratos con los hombres. Los sacramentos no son necesarios en el sentido de que sean indispensables. Pero si Dios ha decidido que las se\u00f1ales externas, las ceremonias visibles, sean los medios por los que ciertas gracias van a otorgarse a los hombres, entonces ser\u00e1 necesario que, para obtener esas gracias, los hombres hagan uso de esos medios divinamente determinados. Los te\u00f3logos explican esta verdad diciendo que los sacramentos no son aboluta sino hipot\u00e9ticamente necesarios. Eso significa que si queremos obtener un fin sobrenatural, debemos utilizar los medios sobrenaturales dise\u00f1ados para obtenerlo. En este sentido, el Concilio de Trento (Ses. VII, can.4) declar\u00f3 herejes a aquellos que afirman que los sacramentos de la Nueva Ley son superfluos e innecesarios, aunque no todos son necesarios para todos los individuos. La ense\u00f1anza de la Iglesia, y de los cristianos en general, sostiene que, aunque Dios no est\u00e1 forzado a utilizar ceremonias externas como s\u00edmbolos de las realidades espirituales y sagradas, a \u00c9l le place hacerlo as\u00ed, y ello constituye su modo ordinario y m\u00e1s adecuado de tratar con los seres humanos. Los escritores que versan sobre los sacramentos llaman a esto una necessitas convenientiae, la necesidad de adaptaci\u00f3n. No es una necesidad en realidad, sino la forma m\u00e1s apropiada de tratar con seres que son, a la vez, corporales y espirituales. Todos los cristianos est\u00e1n acordes en esta afirmaci\u00f3n. Es \u00fanicamente al considerar la naturaleza de los signos sacramentales que los Protestantes (exceptuados algunos anglicanos) difieren de los cat\u00f3licos. \u00abNo hay objeci\u00f3n a considerar los sacramentos meramente como formas externas, representaciones pict\u00f3ricas o actos simb\u00f3licos\u00bb, escribi\u00f3 el Dr. Morgan Dix (\u00abEl sistema sacramental\u00bb, Nueva York, 1902, p. 16). \u00abSe puede decir que la doctrina sacramental es coextensiva con el cristianismo hist\u00f3rico. De ello no cabe duda razonable, como lo atestiguan los d\u00edas m\u00e1s remotos, de los cuales son documentos caracter\u00edsticos el tratado de San Cris\u00f3stomo acerca del sacerdocio y las lecciones catequ\u00e9ticas de San Cirilo. Ni tampoco es distinto en los cuerpos m\u00e1s conservadores de la reforma en el siglo diecis\u00e9is. El Catecismo de Mart\u00edn Lutero, el Augsburgo, y luego las Confesiones de Westminster, tienen un tono muy sacramental, avergonzando a los degenerados seguidores de quienes las compilaron\u00bb (ibid., p. 7, 8) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Por qu\u00e9 el sistema sacramental es el m\u00e1s apropiado<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las razones que subyacen un sistema sacramental son las siguientes:<br \/>\n\u2022\tSi tomamos la palabra \u00absacramento\u00bb en su sentido m\u00e1s amplio, como el signo de algo sagrado y oculto (la palabra griega es \u00abmisterio\u00bb), podemos decir que el mundo en su totalidad es un vasto sistema sacramental, en el que las cosas materiales son para el hombre se\u00f1ales de las cosas espirituales y sagradas, a\u00fan de la divinidad. \u00abLos cielos muestran la gloria de Dios, y el firmamento la obra de sus manos\u00bb (Sal. xviii, 2). \u00abLo invisible de \u00c9l (Dios) es claramente visible a partir de la creaci\u00f3n del mundo; comprendido a trav\u00e9s de las cosas creadas. Tambi\u00e9n su poder eterno y su divinidad\u00bb (Rom, 1, 20).<br \/>\n\u2022\tLa redenci\u00f3n del hombre no se realiz\u00f3 de modo invisible. A trav\u00e9s de los patriarcas y de los profetas Dios renov\u00f3 la promesa de salvaci\u00f3n hecha al primer hombre; se utilizaron s\u00edmbolos externos para expresar la fe en el redentor prometido. \u00abTodas esas cosas les acontecieron (a los israelitas) en figura (I Cor, x, 11; Heb. X,i). \u00abTambi\u00e9n nosotros, cuando eramos ni\u00f1os, serv\u00edamos bajo los elementos del mundo. Pero cuando hubo llegado la plenitud del tiempo, Dios envi\u00f3 a su Hijo, nacido de una mujer\u00bb (Gal. Iv, 3,4). La encarnaci\u00f3n tuvo lugar porque Dios trat\u00f3 con los hombres del modo m\u00e1s adecuado a su naturaleza.<br \/>\n\u2022\tLa iglesia establecida por el Salvador debe ser una instituci\u00f3n visible (Vea: IGLESIA: La visibilidad de la Iglesia). Consecuentemente, ella debe tener ceremonias y s\u00edmbolos de las cosas sagradas.<br \/>\n\u2022\tLa principal raz\u00f3n del sistema sacramental se encuentra en el hombre mismo. Es propio de la naturaleza humana -escribe Santo Tom\u00e1s- ser atra\u00eddo por cosas corp\u00f3reas y sensibles; perceptible de las cosas espirituales e inteligibles. Ahora bien, la Providencia Divina provee a todo de acuerdo a la naturaleza de cada cosa (secundum modum suae conditionis). Es por tanto congruente con la Sabidur\u00eda Divina proporcionar al hombre medios de salvaci\u00f3n en la forma de ciertos signos corp\u00f3reos y sensibles, que son llamados sacramentos. (Para otras razones, vea Catech. Conc. Trid., II, n.14)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Existencia de S\u00edmbolos Sagrados<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>a. No hay Sacramentos en el estado de inocencia<\/b>: Seg\u00fan Santo Tom\u00e1s (III:61:2) y los te\u00f3logos en general, no hab\u00eda sacramentos antes de que Ad\u00e1n pecara, i.e., en el estado de justicia original. La dignidad del hombre era de tal grandeza que estaba por encima de la condici\u00f3n natural de la naturaleza humana. Su mente estaba subordinada a Dios; su facultades inferiores subordinadas a la parte m\u00e1s elevada de su mente; su cuerpo estaba subordinado a su alma. Hubiese sido algo contrario a la dignidad de ese estado el haber tenido que depender, para obtener el conocimiento, o la gracia divina, de algo inferior a \u00e9l, i.e., las cosas corp\u00f3reas. Por esa raz\u00f3n la mayor\u00eda de los te\u00f3logos sostienen que ning\u00fan sacramento pudo haber sido instituido a\u00fan si ese estado hubiera durado largo tiempo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>b. Sacramentos de la ley de la naturaleza<\/b>:  Aparte de lo que fue o pudo haber sido en ese estado extraordinario, el uso de s\u00edmbolos sagrados es universal. San Agust\u00edn dice que toda religi\u00f3n, verdadera o falsa, tiene sus propios s\u00edmbolos o sacramentos. \u00abIn nullum nomen religionis, seu verum seu falsum, coadunari homines possunt, nisi aliquo signaculorum seu sacramentorum visibilium consortio colligantur\u00bb (Cont. Faust., XIX, xi). Los comentaristas de la Escritura y los te\u00f3logos casi un\u00e1nimemente afirman que hubo sacramentos bajo la ley natural y bajo la ley mosaica, del mismo modo como existen los sacramentos de mayor dignidad bajo la Ley de Cristo. Bajo la ley de la naturaleza- as\u00ed llamada no para excluir la revelaci\u00f3n sobrenatural sino porque en ese tiempo no exist\u00eda la ley sobrenatural escrita- la salvaci\u00f3n se otorgaba a trav\u00e9s de la fe en el redentor prometido, y los hombres expresaban su fe por medio de algunas se\u00f1ales externas. Dios no determinaba cu\u00e1les deb\u00edan ser esos signos; lo dejaba al pueblo, m\u00e1s probablemente a los l\u00edderes o jefes de familia, que eran guiados en su elecci\u00f3n por una inspiraci\u00f3n interior del Esp\u00edritu Santo. Esta es la concepci\u00f3n de Santo Tom\u00e1s, quien dice que, tal como bajo la ley de la naturaleza (cuando no hab\u00eda ley escrita) los hombres eran guiados por inspiraciones interiores para que adoraran a Dios, del mismo modo determinaban ellos qu\u00e9 signos deb\u00edan ser usados en sus actos externos de culto (III:60:5, ad 3). Sin embargo, como despu\u00e9s fue necesario promulgar una ley escrita: (a) porque la ley natural hab\u00eda sido obscurecida por el pecado, y (b) porque ya era hora de proporcionar un conocimiento m\u00e1s expl\u00edcito de la gracia de Cristo, entonces tambi\u00e9n se hizo necesario determinar qu\u00e9 signos externos deber\u00edan ser usados como sacramentos (III:60:5, ad 3; III:61:3, ad 2). Ello no fue necesario inmediatamente despu\u00e9s de la ca\u00edda, gracias a la plenitud de fe y conocimiento otorgado a Ad\u00e1n. Pero ya para el tiempo de Abraham, cuando la fe se hab\u00eda debilitado, muchos hab\u00edan ca\u00eddo en la idolatr\u00eda y la luz de la raz\u00f3n se hab\u00eda obscurecido a fuerza de ser indulgentes con las pasiones, incluso al grado de cometer pecados contra la naturaleza, Dios intervino y escogi\u00f3 la circuncisi\u00f3n como signo de la fe (Gen, xvii; ST III:70:2,ad 1; vea CIRCUNCISI\u00d3N)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La gran mayor\u00eda de los te\u00f3logos ense\u00f1a que esa ceremonia era un sacramento que fue instituido como remedio del pecado original. Consecuentemente, que confer\u00eda la gracia, no por si mismo (ex opere operato), sino por raz\u00f3n de la fe en Cristo, a la cual serv\u00eda de expresi\u00f3n. \u00abIn circumcisione conferebatur gratia, non ex virtute circumcisionis, sed ex virtute fidei passionis Christi futurae, cujus signum erat circumcisio-quia scilicet justitia erat ex fide significata, non ex circumcisione significante\u00bb (ST III:70:4). Una cosa es cierta: era al menos el signo de algo sagrado, y hab\u00eda sido escogido y determinado por el mismo Dios como signo de fe y como una se\u00f1al por la que sus fieles se distingu\u00edan de los no creyentes. Pero no fue el \u00fanico signo de fe utilizado bajo la ley natural. Escribe San Agust\u00edn que es es incre\u00edble que antes de la circuncisi\u00f3n no hubiese ning\u00fan sacramento para el alivio (justificaci\u00f3n) de los ni\u00f1os, aunque por alguna raz\u00f3n la Escritura no nos diga cu\u00e1l haya sido ese sacramento (Cont. Jul., III, xi). El sacrificio de Melquisedec, el sacrificio de los amigos de Job, la varias limosnas y oblaciones para el servicio de Dios son mencionados por Santo Tom\u00e1s (III:61:3, ad 3; III:65:1, ad 7) como observancias externas que pueden ser consideradas como los signos sagrados de aquel tiempo, que prefiguraban las sagradas instituciones futuras y- a\u00f1ade \u00e9l- que pueden ser llamadas sacramentos de la ley de la naturaleza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> c. Sacramentos de la ley mosaica:<\/b> Como se acercaba el tiempo de la venida de Cristo, y para que los israelitas pudiesen estar mejor instruidos, Dios habl\u00f3 a Mois\u00e9s, revel\u00e1ndole en detalle los signos sagrados y las ceremonias por los que ellos deb\u00edan manifestar expl\u00edcitamente su fe en el futuro redentor. Esos signos y ceremonias fueron los sacramentos de la ley mosaica, \u00ablos cuales se comparaban con los sacramentos que exist\u00edan antes de la ley como algo determinado se compara a lo indeterminado, ya que antes de la ley no se hab\u00eda determinado qu\u00e9 signos deber\u00edan usar los hombres\u00bb (ST III:61:3, ad 2). Los te\u00f3logos, junto con el Doctor Ang\u00e9lico (I-II:102:5), generalmente dividen los sacramentos de este per\u00edodo en tres clases:<br \/>\no\tLas ceremonias por las que los hombres eran hechos y marcados como dadores de culto o ministros de Dios. De ese modo tenemos (a) la circuncisi\u00f3n, instituida en tiempo de Abraham (Gen, xvii), y renovada en tiempo de Mois\u00e9s (Lev.,xii,3) para todo el pueblo; y (b) los ritos sagrados por los que se consagraba a los sacerdotes lev\u00edtas.<br \/>\no\tLas ceremonias consistentes en el uso de cosas pertenecientes al servicio de Dios, i.e. (a) el cordero pascual para todo el pueblo, y (b) los panes de la preposici\u00f3n para los ministros.<br \/>\no\tLas ceremonias de purificaci\u00f3n de la contaminaci\u00f3n legal, i.e. (a) varias expiaciones, orientadas al pueblo (b) el lavado de manos y pies, el afeitado de la cabeza, etc., para los sacerdotes. San Agust\u00edn dice que los sacramentos de la antigua ley fueron abolidos porque ya hab\u00edan sido llevados a plenitud (cf. Mt, v.17), y se hab\u00edan instituido otros de mayor eficacia, mayor utilidad, de m\u00e1s f\u00e1cil administraci\u00f3n y recepci\u00f3n, menores en n\u00famero (\u00abvirtute majora, utilitate meliora, actu faciliora, numero pauciora\u00bb, Cont. Faus., XIX,xiii). El Concilio de Trento condena a aquellos que dicen que no existe otra diferencia entre los sacramentos de la antigua y de la Nueva Ley que no sea la del rito exterior (Ses. VII, can. ii). El Decreto para los Armenios, publicado por orden del Concilio de Florencia, dice que los sacramentos de la antigua ley no confer\u00edan la gracia, sino que s\u00f3lo prefiguraban la que iba a ser otorgada por la pasi\u00f3n de Cristo. Esto significa que ellos no daban la gracia por si mismos (i.e. ex opere operato), sino \u00fanicamente en raz\u00f3n de la fe en Cristo que ellos representaban- \u00abex fide significata, non ex circuncisione significante\u00bb (ST I-II:102:5)\n<\/p>\n<h2>Naturaleza de los Sacramentos de la Nueva Ley<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> Definici\u00f3n de Sacramento<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los sacramentos considerados hasta este momento eran simplemente signos de cosas sagradas. Seg\u00fan la ense\u00f1anza de la Iglesia cat\u00f3lica, aceptada hoy d\u00eda por muchos episcopalianos, los sacramentos de la divina econom\u00eda no son meros signos; no simplemente significan la gracia divina, sino que la causan en las almas de los hombres, por virtud de su instituci\u00f3n divina. \u00abSignum sacrosanctum efficax gratiae\u00bb- un signo sacrosanto que produce la gracia- es una definici\u00f3n breve y sucinta de los sacramentos de la Nueva Ley. Sacramento, en su acepci\u00f3n m\u00e1s amplia, puede ser definido como un signo externo de algo sagrado. En el siglo XII, Pedro Lombardo (m. en 1164), conocido como el Maestro de las Sentencias, autor de un manual de teolog\u00eda sistem\u00e1tica, nos dio una acertada definici\u00f3n de los sacramentos de la Nueva Ley. Un sacramento es un signo externo tal de la gracia interna que lleva su imagen (i.e. lo significa y representa) y es su causa-\u00abSacramentum proprie dicitur quod ita signum est gratiae Dei, ei invisibilis gratiae forma, ut ipsius imaginem gerat et causa existat\u00bb (IV Sent., d.I, n.2). Esta definici\u00f3n fue adoptada y perfeccionada por los escol\u00e1sticos medievales. Santo Tom\u00e1s nos ha legado esta breve pero expresiva definici\u00f3n: El signo de una cosa sagrada en cuanto que \u00e9sta santifica al hombre- \u00abSignum rei sacrae in quantum est sanctificans homines\u00bb (III:60:2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todas las creaturas del universo proclaman algo sagrado, en particular la sabidur\u00eda y la bondad de Dios, en cuanto son sagradas en si mismas y no en cuanto que son cosas sagradas que santifican al hombre. Por tanto no pueden ser llamadas sacramentos en el mismo sentido en que hablamos de los sacramentos (ibid.,ad lum). El Concilio de Trento incluye lo substancial de de esas dos definiciones en la siguiente: \u00abSymbolum rei sacrae, et invisibilis gratiae forma visibilis, sanctificandi vim habens\u00bb- Un s\u00edmbolo de algo sagrado, una forma visible de la gracia invisible, con poder para santificar (Ses. XIII, cap.3). El \u00abCatecismo del Concilio de Trento\u00bb da una definici\u00f3n m\u00e1s completa: Algo perceptible por los sentidos que, por instituci\u00f3n divina, tiene el poder tanto de significar y de efectuar la santidad y la justicia (II,n.2). Los catecismos cat\u00f3licos en ingl\u00e9s dan generalmente la siguiente: Un signo externo de la gracia interna, un signo o ceremonia sagrado y misterioso, ordenado por Cristo, por la que la gracia es dada a nuestras almas. Las teolog\u00edas anglicana y episcopaliana dan definiciones que los cat\u00f3licos pueden aceptar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hay tres cosas que son necesarias en todo sacramento: el signo exterior, la gracia interior y su instituci\u00f3n divina. Un signo representa algo diferente a si mismo, ya naturalmente, como el humo representa al fuego, ya por decisi\u00f3n de un ser inteligente, como la cruz roja representa una ambulancia. Los sacramentos no significan la gracia naturalmente. Lo hacen porque han sido escogidos por Dios para significar efectos misteriosos. No son, sin embargo, arbitrarios, ya que en la mayor parte de los casos, si no en todos, las ceremonias que se llevan a cabo tienen una relaci\u00f3n casi natural con el efecto que deb\u00eda ser producido. Por ejemplo, el verter agua en la cabeza de un ni\u00f1o f\u00e1cilmente trae a la mente la purificaci\u00f3n interior del alma. La palabra \u00absacramento\u00bb (sacramentum), a\u00fan cuando usada por los escritores profanos latinos, significa algo sagrado, vgr., el juramento por el que se compromet\u00edan los soldados, o el dinero depositado por los litigantes en un concurso. En los escritos de los Padres de la Iglesia la palabra se utilizaba para significar algo sagrado y misterioso, y donde los latinos usaban sacramentum los griegos usaban mysterion (misterio). Ese algo sagrado y misterioso significado por el sacramento es la gracia divina, que es la causa formal de nuestra justificaci\u00f3n (vea GRACIA), pero con ella debemos asociar la resurrecci\u00f3n de Cristo (causa eficiente y meritoria) y el fin (causa final) de nuestra santificaci\u00f3n, o sea, la vida eterna. El sentido de los sacramentos seg\u00fan los te\u00f3logos (e.g. ST III:60:3) y del catecismo Romano (II, n.13) se extiende a esas tres cosas sagradas de las que una es pasada, otra presente y otra futura. Las tres han sido apropiadamente expresdas en la bella ant\u00edfona de la Eucarist\u00eda: \u00abO sacrum convivium, in quo Christus sumitur, recolitur memoria passionis ejus, mens impletur gratia, et futurae gloriae nobis pignus datur-Oh banquete sagrado, en el que se recibe a Cristo, se recuerda la pasi\u00f3n, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida futura\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> Errores de los protestantes<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los protestantes generalmente mantienen que los sacramentos son signos de algo sagrado (gracia, fe) pero niegan que realmente causen la gracia divina. Sin embargo los episcopalianos y los anglicanos, especialmente los ritualistas, sostienen con los cat\u00f3licos que los sacramentos son \u00absignos efectivos\u00bb de la gracia. En el art\u00edculo XXV de la Confesi\u00f3n de Westminster se lee:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abLos sacramentos ordenados por Dios no son s\u00f3lo etiquetas o se\u00f1ales de la profesi\u00f3n del hombre cristiano, sino m\u00e1s bien son testimonios seguros y signos efectivos de la gracia y de la buena voluntad de Dios hacia nosotros, por la que \u00c9l trabaja invisiblemente en nosotros y no s\u00f3lo apresura sino que tambi\u00e9n fortalece y confirma nuestra fe en \u00c9l\u00bb (cf. art. XXVII).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abLa Teor\u00eda de Zwinglio\u00bb, escribe Morgan Dix (op.cit., p.73), \u00abde que los sacramentos no son otra cosa que recuerdos de Cristo y se\u00f1ales de la profesi\u00f3n cristiana, es tal que ning\u00fan juego con la lengua inglesa puede reconciliarla con las f\u00f3rmulas de nuestra iglesia.\u00bb Mortimer adopta y explica la f\u00f3rmula cat\u00f3lica \u00abex opere operato\u00bb (loc. cit. p. 122) Lutero y sus primeros seguidores rechazaron este concepto de los sacramentos. Estos no causan la gracia, sino que son \u00abmeros signos y testimonios de la buena voluntad de Dios hacia nosotros\u00bb (Confesiones de Augsburgo); alientan la fe y la fe (fiduciaria) causa la justificaci\u00f3n. Los calvinistas y los presbiterianos sostienen b\u00e1sicamente la misma doctrina. Zwinglio baj\u00f3 a\u00fan m\u00e1s la dignidad de los sacramentos al hacerlos signos no de la fidelidad de Dios sino de nuestra fidelidad. Al recibir los sacramentos manifestamos nuestra fe en Cristo; son sencillamente los votos de nuestra fidelidad. Todos esos errores nacen fundamentalmente de la reci\u00e9n inventada teor\u00eda luterana de la justicia, i.e., la doctrina de la justificaci\u00f3n por la fe sola (vea GRACIA). Si el hombre ha de ser santificado no por una renovaci\u00f3n interior que le borre los pecados, sino por una imputaci\u00f3n extr\u00ednseca a trav\u00e9s de los m\u00e9ritos de Cristo, que cubrir\u00e1n su alma como una capa, no hace falta ning\u00fan signo que cause gracia y los que est\u00e1n en uso no tienen otro fin que animar la fe en el Salvador. La conveniente doctrina de Lutero acerca de la justificaci\u00f3n no fue adoptada por todos sus seguidores ni es ense\u00f1ada por todos los protestantes hoy d\u00eda. No obstante, aceptan sus consecuencias que afectan la verdadera noci\u00f3n de los sacramentos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> Doctrina Cat\u00f3lica<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Concilio de Trento declar\u00f3, en contra de todos los innovadores: \u00abSi alguien dice que los sacramentos de la Nueva Ley no contienen la gracia que significan, o que no confieren la gracia a aquellos que no la obstaculizan, sea anatema\u00bb (Ses. viii, can.vi). \u00abSi alguien dice que la gracia no se confiere por los sacramentos ex opere operato sino que la fe en las promesas de Dios basta para obtener la gracia, sea anatema\u00bb (ibid., can. viii; cf. can.iv, v, vii). La frase \u00abex opere operato\u00bb, para la cual no existe equivalente en ingl\u00e9s, fue probablemente usada por primera vez por Pedro de Poitiers (D.1205), y posteriormente por Inocencio III (d. 1216; de myst. Missae, III,v) y por Santo Tom\u00e1s (d.1274; IV Sent., dist.1,Q.i,a.5). Fue felizmente inventada para expresar una verdad que hab\u00eda sido ense\u00f1ada e introducida sin objeci\u00f3n alguna. No es una f\u00f3rmula muy elegante pero, como hace notar San Agust\u00edn (In Ps. cxxxviii): Es mejor que los gram\u00e1ticos objeten y no que la gente no entienda. \u00abEx opere operato\u00bb, i.e. por virtud de la acci\u00f3n, significa que la eficacia de la acci\u00f3n de los sacramentos no depende de nada humano, sino solamente de la voluntad de Dios, seg\u00fan lo expresan la instituci\u00f3n y la promesa de Cristo. \u00abEx opere operantis\u00bb, i.e. por raz\u00f3n del agente, significa que la acci\u00f3n del sacramento depende de la dignidad ya del ministro o del recipiente (vea Pourrat, \u00abTeolog\u00eda de los Sacramentos\u00bb, tr. St. Louis, 1910, 162 ss ). Los protestantes no pueden de buena fe objetar la frase, como si significara que la mera ceremonia exterior causa la gracia, separada de la acci\u00f3n de Dios. Es bien sabido que los cat\u00f3licos ense\u00f1an que los sacramentos son \u00fanicamente causas instrumentales, no principales, de la gracia. Tampoco se puede afirmar que la frase adoptada por el Concilio cancele cualquier disposici\u00f3n necesaria de parte del recipiente, como si los sacramentos fueran encantamientos inefables que causaran la gracia a\u00fan en aquellos que no tienen correcta disposici\u00f3n o en pecado. Los padres conciliares tuvieron cuidado de hacer notar que no debe haber obst\u00e1culo a la gracia de parte del recipiente, quien debe recibirla rite, i.e., correcta y dignamente. Declaran adem\u00e1s, que es una calumnia afirmar que los sacramentos no requieren disposici\u00f3n previa (Ses. XIV, de poenit., cap.4). Las disposiciones son requeridas para preparar al sujeto, pero no dejan de ser una condici\u00f3n (conditio sine quea non), y no las causas, de la gracia que se da. En este sentido los sacramentos difieren de los sacramentales, que pueden causar la gracia ex opere operantis, i.e. por raz\u00f3n de las oraciones de la Iglesia o los sentimientos buenos, piadosos de los que los utilizan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> Pruebas de la Doctrina Cat\u00f3lica<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al examinar las pruebas de la doctrina cat\u00f3lica debe guardarse en mente que nuestra regla de fe no es simplemente la Escritura, sino la Escritura y la Tradici\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(a) En las Sagradas Escrituras encontramos expresiones que claramente nos indican que los sacramentos son mucho m\u00e1s que signos de gracia y de fe: \u00abA menos que el hombre nazca de nuevo del agua y del Esp\u00edritu Santo, no puede entrar al reino de Dios\u00bb (Jn. iii,5); \u00abNos salv\u00f3 por el lavado de la regeneraci\u00f3n y la renovaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo\u00bb (Tit.,iii,5); \u00abDespu\u00e9s les impusieron las manos y recibieron ellos al Esp\u00edritu Santo\u00bb (Hechos, viii,17); \u00abQuien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna&#8230; Porque mi carne es verdadera carne y mi sangre es verdadera bebida\u00bb (Jn., vi,55,56). Estas y otras expresiones semejantes (vea los art\u00edculos acerca de cada sacramento) son, por lo menos, exagerados si no significan que la ceremonia sacramental es en cierto sentido la causa de la gracia conferida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(b) La Tradici\u00f3n indica claramente el sentido en el los sacramentos siempre han sido interpretados por la Iglesia. De las numerosas expresiones usadas por los Padres seleccionamos las siguientes: \u00abEl Esp\u00edritu Santo baja del cielo y se cierne sobre las aguas, santific\u00e1ndolas personalmente, de tal modo que ellas se empapan del poder para santificar\u00bb (Tertuliano, De bapt.,c.iv). \u00abEl Bautismo es la expiaci\u00f3n de los pecados, la remisi\u00f3n de los cr\u00edmenes, la causa de la regeneraci\u00f3n y renovaci\u00f3n\u00bb (Sn. Gregorio de Niza, \u00abOrat. in Bapt.\u00bb). \u00abExpl\u00edquenme la manera del nacimiento de la carne y yo les explicar\u00e9 la regeneraci\u00f3n del alma&#8230; Es incomprensible absolutamente, por el poder divino y su eficacia: es incomprensible. Ning\u00fan razonamiento, ning\u00fan arte puede explicarla\u00bb (ibid.) \u00abQuien pasa a trav\u00e9s de la fuente [el Bautismo] no morir\u00e1 sino que se levantar\u00e1 a una nueva vida\u00bb (Sn. Ambrosio, De sacr., I,iv) \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde este gran poder del agua\u00bb, exclama San Agust\u00edn,\u00bbque toca el cuerpo y lava el alma?\u00bb (Tr. 80 in Joann). \u00abEl Bautismo\u00bb, escribe el mismo Padre, \u00abno consiste en los m\u00e9ritos de aquellos a quienes es administrado, sino en su propia santidad y verdad, a cuenta de aquel que lo instituy\u00f3\u00bb (Cont. Cres., IV). La doctrina solemnemente definida por el Concilio de Trento hab\u00eda sido previamente anunciada en concilios anteriores, especialmente en Constantinopla (381; Symb. Fid.), en Mileve (416; can.ii), en el segundo Concilio de Orange (529; can. xy) y en el Concilio de Florencia (1439; Decr. pro. Armen., vea Denzinger-Bannwart, nn. 86, 102, 200, 695). La primera Iglesia Anglicana se mantuvo firme ante la verdadera doctrina: \u00abEl Bautismo no es s\u00f3lo un signo de una profesi\u00f3n y una se\u00f1al de diferencia por la que los bautizados se distinguen de los no bautizados, sino que es tambi\u00e9n el signo de la regeneraci\u00f3n o nuevo nacimiento, por el que, a modo de instrumento, quienes reciben el Bautismo son apropiadamente incorporados a la Iglesia\u00bb (Art.XXVII)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(c) Argumento teol\u00f3gico.- La confesi\u00f3n de Westminster a\u00f1ade: \u00abEl Bautismo de los ni\u00f1os debe ser mantenido en la Iglesia a toda costa, en cuanto que es totalmente congruente con la instituci\u00f3n de Cristo\u00bb. Si el Bautismo no confiere la gracia ex opere operato, sino que sencillamente despierta la fe, entonces nos preguntamos: (1) \u00bfDe qu\u00e9 servir\u00eda que el lenguaje no pudiese ser entendido por quien lo escucha, i.e. un infante o adulto que no entienda lat\u00edn? En esos casos es m\u00e1s \u00fatil a los testigos que a quien es bautizado. (2) \u00bfEn qu\u00e9 es superior el Bautismo de Cristo al Bautismo de Juan, siendo que \u00e9ste tambi\u00e9n puede despertar la fe? \u00bfPorqu\u00e9 fueron bautizados de nuevo con el Bautismo de Cristo quienes ya hab\u00edan recibido el Bautismo de Juan? (Hechos, xix). \u00bfPorqu\u00e9 se dice que el Bautismo es estrictamente necesario para la salvaci\u00f3n cuando la fe puede ser despertada y expresada en tantas otras formas? Finalmente, los episcopalianos y anglicanos de hoy d\u00eda no volver\u00e1n a la doctrina de la gracia ex opere operato a menos que se les convenza de que la antigua fe queda garantizada por la Escritura y la Tradici\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> Materia y forma de los Sacramentos<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los escritores escol\u00e1sticos del siglo XIII introdujeron en sus explicaciones de los sacramentos algunos t\u00e9rminos que derivaban de la filosof\u00eda de Arist\u00f3teles.  Guillermo de Auxerre (d.1223) fue el primero en aplicarles las palabras materia y forma. Tal como en los cuerpos f\u00edsicos, tambi\u00e9n en el rito sacramental encontramos dos elementos, uno, indeterminado, que se llama materia, y otro, determinante, llamado forma. Por ejemplo, el agua puede ser utilizada para beber o para refrescarse o para lavar el cuerpo, pero las palabras pronunciadas por el ministro cuando derrama agua sobre la cabeza de un ni\u00f1o, con la intenci\u00f3n de hacer lo que la Iglesia hace, determina el significado del acto, significando la purificaci\u00f3n del alma por la gracia. La materia y la forma (res et verba) conforman el rito externo, que tiene un especial significado y efectividad desde su instituci\u00f3n por Cristo. Las palabras son el elemento m\u00e1s importante en la composici\u00f3n, puesto que los hombres expresan sus pensamientos e intenciones principalmente a trav\u00e9s de palabras. \u00abVerba inter homines obtinuerunt principatum significandi\u00bb (Sn. Agust\u00edn, De doct. christ.\u00bb, II, iii; ST III:60:6). No se debe suponer, dice Santo Tom\u00e1s (ST III:60:6, ad 2), que las cosas utilizadas para llevar a cabo los actos no tienen significado, dado que ellas quedan incluidas en la res. Tambi\u00e9n ellas pueden ser simb\u00f3licas, e.g., ungir el cuerpo con aceite se relaciona con la salud, pero su significado queda definitivamente determinado por las palabras. \u00abEn toda composici\u00f3n de materia y forma el elemento determinante es la forma: (ST III:60:7).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La terminolog\u00eda era algo nuevo, la doctrina era antigua; la misma verdad hab\u00eda sido expresada en tiempos pasados en diversas palabras. A veces la forma del sacramento significaba todo el rito externo (San Agust\u00edn, \u00abDe pecc. et mer.\u00bb, xxxiv; Conc. Milev., De bapt.). A lo que llamamos la materia y la forma se le conoc\u00eda como \u00abs\u00edmbolos m\u00edsticos\u00bb, \u00abel signo y la cosa invisible\u00bb, \u00abla palabra y el elemento\u00bb (Sn. Agust\u00edn, tr. 80 in Joann.). La nueva terminolog\u00eda pronto encontr\u00f3 acogida. Fue solemnemente ratificada al ser usada en el Decreto para los Armenios, que fue luego a\u00f1adido al Decreto del Concilio de Florencia, por m\u00e1s que no tiene valor de definici\u00f3n conciliar. (vea Denzinger-Bannwart, 695; Hurter, \u00abTheol. dog. comp.\u00bb, I, 441; Pourrat, op.cit., p. 51). El Concilio de Trento us\u00f3 las palabras materia y forma (Sess. XIV, cap. ii, iii, can. iv), pero no defini\u00f3 que el rito sacramental estaba compuesto de esos dos elementos. Le\u00f3n XIII, en la \u00abApostolicae Curae\u00bb (13 sept. 1896) hizo de la teor\u00eda escol\u00e1stica la base de su declaraci\u00f3n, y afirm\u00f3 que las ordenaciones realizadas seg\u00fan el antiguo rito anglicano eran inv\u00e1lidos, debido al defecto de la forma utilizada y por la carencia de la necesaria intenci\u00f3n de parte de los ministros. La teor\u00eda hilemorfista provee una muy apta comparaci\u00f3n e ilumina mucho nuestro concepto de la ceremonia externa. A pesar de ello, nuestro conocimiento de los sacramentos no depende de la terminolog\u00eda, y no se debe llevar la comparaci\u00f3n a los extremos. El intento de verificar la comparaci\u00f3n (de los sacramentos a un cuerpo) en todos los detalles del rito sacramental puede conducir a la confusi\u00f3n de los matices o a opiniones singulares, e.g., la opini\u00f3n de Melchor Cano (De locis theol., VIII,v.3) respecto al ministro del matrimonio (vea MATRIMONIO, cf. Pourrat, op.cit.,ii).\n<\/p>\n<h2>Origen (causa) de los Sacramentos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Cabr\u00eda aqu\u00ed preguntar: \u00bfhasta qu\u00e9 punto era necesario que Cristo determinara la materia y la forma de los sacramentos?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (1) Poder de Dios<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Concilio de Trento defini\u00f3 que los siete sacramentos de la Nueva Ley hab\u00edan sido instituidos por Cristo (Sess. VII, can.i). Esto soluciona la cuesti\u00f3n de hecho para todos los cat\u00f3licos. La raz\u00f3n nos dice que todos los sacramentos deben venir originalmente de Dios. Puesto que son signos de cosas sagradas en cuanto que los hombres son santificados por esas cosas sagradas (ST III:60:2); puesto que el rito externo (materia y forma) por si mismo no puede dar la gracia, es evidente que todos los sacramentos que merezcan ese nombre deben originarse en la decisi\u00f3n divina. \u00abYa que la santificaci\u00f3n del hombre radica en la fuerza de Dios que santifica\u00bb, escribe Santo Tom\u00e1s (ST III:60:2), \u00abno es de la competencia de los hombres escoger las cosas por las que han de ser santificados, sino que esto debe ser determinado por instituci\u00f3n divina\u00bb. Hay que a\u00f1adir a ello que la gracia es, en cierto sentido, participaci\u00f3n de la naturaleza divina (vea GRACIA) y nuestra doctrina es inimpugnable: Solamente Dios puede dictar que el hombre participe de su naturaleza a trav\u00e9s de ceremonias exteriores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (2) Poder de Cristo<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">S\u00f3lo Dios es la causa principal de los sacramentos. S\u00f3lo \u00c9l puede con autoridad y por su poder innato dar a los ritos externos materiales la fuerza para conferir gracia a los hombres. En cuanto Dios, Cristo, igualmente que el Padre, posee tal poder innato, lleno de autoridad y principal. En cuanto hombre, \u00c9l ten\u00eda otro poder al que Santo Tom\u00e1s llama \u00abpoder del ministerio principal\u00bb o \u00abpoder de excelencia\u00bb (III:64:3). \u00abCristo produjo los efectos interiores del sacramento por medio de merecerlos y efectuarlos&#8230; La pasi\u00f3n de Cristo es la causa de nuestra justificaci\u00f3n meritoria y efectivamente, no como agente principal y con autoridad, sino como instrumento, en tanto que su humanidad fue el instrumento de su divinidad (III:64:3; cf. III:13:1, III:13:3). Hay verdad teol\u00f3gica y piedad en la vieja m\u00e1xima: \u00abDe la sangre de Cristo agonizante en la cruz fluyeron los sacramentos por los que fue salvada la Iglesia\u00bb (Gloss. Ord. in Rom.5: ST III:62:5). La causa eficiente principal de la gracia es Dios, con quien la humanidad de Cristo forma una especie de instrumento adjunto, no siendo los sacramentos instrumentos adjuntos a la divinidad (por la uni\u00f3n hipost\u00e1tica): as\u00ed pues, la fuerza salv\u00edfica de los sacramentos pasa de la divinidad de Cristo, a trav\u00e9s de su humanidad, a los sacramentos (ST III:62:5). Quien pese bien esas palabras entender\u00e1 porqu\u00e9 los cat\u00f3licos muestran tanta reverencia hacia los sacramentos. El poder de excelencia de Cristo consiste en cuatro cosas: (1) Los sacramentos reciben su eficacia de sus m\u00e9ritos y sufrimientos; (2) son santificados y santifican en su nombre; (3) \u00c9l pod\u00eda instituir los sacramentos y de hecho lo hizo; (4) \u00c9l pod\u00eda producir los efectos de los sacramentos sin recurrir a ceremonias (ST III:64:3). Cristo podr\u00eda haber comunicado su poder de excelencia a los hombres; ello no era absolutamente imposible (III:64:4). Pero, (1) si lo hubiese hecho as\u00ed los hombres no hubiesen obtenido tal poder con la misma perfecci\u00f3n que Cristo: \u00ab\u00c9l hubiera permanecido como cabeza de la Iglesia en forma principal, y otros en forma secudaria\u00bb (III:64:3). (2) Cristo no comunic\u00f3 esa fuerza, y no lo hizo por el bien de los fieles: (a) para que ellos pudieran poner su esperanza en Dios y no en los hombres; (b) para que no hubiese diferentes tipos de sacramentos que dieran origen a divisiones en la Iglesia (III:64:1). La segunda raz\u00f3n es mencionada por san Pablo (I Cor., i,12,13): \u00bb cada uno de ustedes dice: yo soy de Pablo, yo de Apolo, y yo de Cefas, y yo de Cristo. \u00bfEst\u00e1 acaso dividido Cristo? \u00bfFue Pablo crucificado por ustedes? O \u00bffueron ustedes bautizados en el nombre de Pablo?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (3) Instituci\u00f3n inmediata o mediata<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Concilio de Trento no defini\u00f3 expl\u00edcita ni formalmente que todos los sacramentos fueron instituidos inmediatamente por Cristo. Antes del Concilio grandes te\u00f3logos como Pedro Lombardo (IV Sent., d.xxiii), Hugo de San V\u00edctor (De sac. II,ii), Alejandro de Hales (Summa, IV, Q.xxiv,1) sostuvieron que algunos sacramentos hab\u00edan sido instituidos por los ap\u00f3stoles, utilizando el poder que para ello les hab\u00eda otorgado Jesucristo. Especialemente se presentaron dudas respecto a la Confirmaci\u00f3n y a la Extremaunci\u00f3n. Santo Tom\u00e1s rechaza la noci\u00f3n de que la Confirmaci\u00f3n haya sido instituida por los ap\u00f3stoles. Fue instituida por Cristo, afirma, cuando \u00c9l prometi\u00f3 al Par\u00e1clito, aunque nunca fue administrada mientras \u00c9l estuvo en la Tierra, porque la plenitud del Esp\u00edritu Santo no les fue concedida hasta despu\u00e9s de la ascenci\u00f3n. \u00abChristus instituit hoc sacramentum, non exhibendo, sed promittendo\u00bb (III. Q.lxii, a.1, ad 1um). El Concilio de Trento defini\u00f3 que el sacramento de la Extremaunci\u00f3n fue instituido por Cristo y promulgado por Santiago (Sess. XIV, can.i). Algunos te\u00f3logos, e.g., Becanus, Belarmino, V\u00e1zquez, Gonet, etc., pensaron que las palabras del concilio (Ses. VII, can.i) fueron bastante expl\u00edcitas como para hacer de la inmediatez de la instituci\u00f3n de todos los sacramentos por Cristo un asunto de fe definida. Ellos se opon\u00edan a Soto (un te\u00f3logo del concilio), Estius, Gotti, Tournely, Berti, y a muchos m\u00e1s, de tal modo que que hoy casi todos los te\u00f3logos se unen para afirmar: es teol\u00f3gicamente cierto, aunque no definido (de fide) que Cristo instituyo inmediatamente todos los sacramentos de la Nueva Ley. En el decreto \u00abLamentabili\u00bb, del 3 de julio de 1907, Pio X conden\u00f3 doce proposiciones de los modernistas, quiene atribu\u00edan el origen de los sacramentos a una especie de evoluci\u00f3n o desarrollo. La primera proposici\u00f3n, impactante, es la siguiente: \u00abLos sacramentos tuvieron su origen en el hecho que los ap\u00f3stoles, persuadidos y movidos por las circunstancias y acontecimientos, interpretaron algunas ideas e intenciones de Cristo\u00bb, (Demzinger-Bannwart, 2040). Luego siguen once proposiciones que se relacionan ordenadamente a cada uno de los sacramentos (ibid., 2041-51). Estas proposiciones niegan que Cristo instituy\u00f3 los sacramentos algunas parecen negar a\u00fan su instituci\u00f3n mediata por el Salvador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (4) \u00bfQu\u00e9 implica la instituci\u00f3n inmediata? El poder de la Iglesia<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Concediendo que Cristo haya instituido los sacramentos inmediatamente, no se sigue de ello necesariamente que \u00c9l personalmente haya determinado todos los detalles de las ceremonias sagradas, prescribiendo minuciosamente cada iota relacionada con la materia y la forma que se deban utilizar. Basta (a\u00fan para el caso de la instituci\u00f3n inmediata) decir que Cristo determin\u00f3 qu\u00e9 gracias deb\u00edan ser conferidas por medio de los ritos externos. Para algunos sacramentos (e.g., el Bautismo, la Eucarist\u00eda) \u00c9l determin\u00f3 minuciosamente (in specie) la materia y la forma. Para otros solamente determin\u00f3 en forma general (in genere) el que deb\u00eda haber una ceremonia externa, por la que se hab\u00edan de conferir gracias especiales, dejando a los ap\u00f3stoles o a la Iglesia el poder de determinar lo que \u00c9l no hubiese determinado, e.g., prescribir la materia y la forma de los sacramentos de la Confirmaci\u00f3n y de la \u00d3rdenes Sagradas. El Concilio de Trento (Sess. XXI, cap. ii) declar\u00f3 que la Iglesia tiene el poder de modificar la \u00absubstancia\u00bb de los sacramentos. No podr\u00eda la Iglesia declarar como propio tal poder para alterar la substancia de los sacramentos, utilizando la autoridad que le fue dada por Dios para determinar con mayor precisi\u00f3n la materia y forma, si los sacramentos no hubieran sido determinados por Cristo. Esta teor\u00eda (que no es moderna) hab\u00eda sido aceptada por los te\u00f3logos, por su utilidad al resolver problemas hist\u00f3ricos relacionados principalmente con la Confirmaci\u00f3n y \u00d3rdenes Sagradas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (5) \u00bfPodemos afirmar entonces que Cristo instituy\u00f3 algunos sacramentos en forma impl\u00edcita? <\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfPodemos decir que Cristo qued\u00f3 satisfecho con dejar claros los principios esenciales a partir de los cuales, luego de un desarrollo m\u00e1s o menos lento, emerger\u00edan los Sacramentos plenamente desarrollados? Seg\u00fan Pourrat (op.cit., p.300), esta es una aplicaci\u00f3n de la teor\u00eda de Newman sobre el desarrollo, quien propone otras dos f\u00f3rmulas: Cristo instituy\u00f3 todos los sacramentos inmediatamente pero no los entreg\u00f3 a la Iglesia totalmente constituidos; o Jes\u00fas instituy\u00f3 inmediata y expl\u00edcitamente el baustismo y la Eucarist\u00eda, mas s\u00f3lo imediata aunque impl\u00edcitamente los otros cinco (loc.cit., p.301). El mismo Pourrat piensa que la \u00faltima f\u00f3rmula es demasiado absoluta. Los te\u00f3logos probablemente la lleguen a considerar un poco peligrosa, o por lo menos \u00abmale sonans\u00bb. Si llega a interpretarse como algo distinto de la vieja expresi\u00f3n, o sea que Cristo determin\u00f3 s\u00f3lo in genere la materia y la forma de algunos sacramentos, da pie para un desarrollo demasiadoamplio. Si no significa nada m\u00e1s que lo que la expresi\u00f3n ha significado hasta hoy \u00bfen qu\u00e9 ayuda admitir una f\u00f3rmula que puede f\u00e1cilmente ser malentendida?\n<\/p>\n<h2>N\u00famero de los Sacramentos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (1) Doctrina Cat\u00f3lica: Iglesias oriental y occidental<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Concilio de Trento defini\u00f3 solemnemente que, verdaderamente y as\u00ed llamados con propiedad, hay siete sacramentos de la Nueva Ley, a saber: Bautismo, Confirmaci\u00f3n, Santa Eucarist\u00eda, Penitencia, Extremaunci\u00f3n, \u00d3rdenes y Matrimonio. La misma enumeraci\u00f3n se hab\u00eda hecho en el Decreto para los Armenios del Concilio de Florencia (1439), en la Profesi\u00f3n de Fe de Miguel el Pale\u00f3logo, ofrecida por Gregorio X en el Concilio de Lyon (1274) y en el concilio realizado en Londres, en 1237, bajo Otto,<br \/>\nlegado de la Santa Sede. Seg\u00fan algunos escritores, fue Otto de Bamberg, el Ap\u00f3stol de Pomerania, quien por primera vez adopt\u00f3 el n\u00famero siete (vea Tanquerey, \u00abDe sacr.). Lo m\u00e1s probable es que el honor pertenezca a Pedro Lombardo (m. 1164) quien en su cuarto Libro de las Sentencias (d. i, n, 2) define un sacramento como un signo sagrado que no s\u00f3lo significa sino que tambi\u00e9n produce la gracia y luego (d. I, n1) enumera los siete sacramentos. Probablemente sea bueno notar que, aunque los grandes escol\u00e1sticos rechazaron muchas de sus opiniones teol\u00f3gicas (la lista aparece en el ap\u00e9ndice de la edici\u00f3n Migne, Paris, 1841), esta definici\u00f3n y enumeraci\u00f3n fue inmediata y universalmente aceptada, lo que constituye prueba positiva de que \u00e9l no introdujo una nueva doctrina, sino que simplemente expres\u00f3 en una f\u00f3rmula conveniente y precisa lo que siempre hab\u00eda sido defendido en la Iglesia. Del mismo modo como muchas doctrinas fueron aceptadas por la fe, pero no siempre expresadas apropiadamente, hasta que la condenaci\u00f3n de alguna herej\u00eda o el desarrollo de alg\u00fan conocimiento religioso exig\u00eda una f\u00f3rmula precisa y clara, as\u00ed tambi\u00e9n los sacramentos fueron aceptados y utilizados por la Iglesia durante siglos antes que la filosof\u00eda aristot\u00e9lica, aplicada a la explicaci\u00f3n sistem\u00e1tica de la doctrina cristiana, proveyera la definici\u00f3n certera y la enumeraci\u00f3n de Pedro Lombardo. Los primeros cristianos estaban m\u00e1s interesados en el uso de los ritos sagrados que en las f\u00f3rmulas cient\u00edficas, tal como el piadoso autor de la \u00abImitaci\u00f3n de Cristo\u00bb, quien escribi\u00f3: \u00abYo prefiero sentir la compunci\u00f3n que saber su definici\u00f3n\u00bb (I,i).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se requiri\u00f3 de tiempo, no para que se desarrollaran los sacramentos- excepto en aquellas cosas en las que la Iglesia determin\u00f3 lo que Jesucristo hab\u00eda dejado bajo su control- sino para el crecimiento y conocimiento de los sacramentos. Durante siglos a todo signo de algo sagrado se le llam\u00f3 sacramento y su enumeraci\u00f3n fue algo arbitraria. Nuestros siete sacramentos est\u00e1n todos mencionados en las Sagradas Escrituras y los encontramos a todos mencionados aqu\u00ed y all\u00e1 por los Padres (ver TEOLOG\u00cdA, y los art\u00edculos referentes a cada sacramento). Despu\u00e9s del siglo noveno los escritores comenzaron a se\u00f1alar una distinci\u00f3n entre los sacramentos en sentido general y sacramentos en sentido apropiado. El desafortunado Abelardo (\u00abIntro. ad Theol.\u00bb, I, i, y en el \u00abSic et Non\u00bb) y Hugo de San V\u00edctor (De sacr., I, part 9, cap. viii; cf. Pourrat, op.cit., pp.34, 35) prepararon el camino a Pedro Lombardo, quien propuso la f\u00f3rmula precisa que fue aceptada por la Iglesia. De entonces hasta la \u00e9poca de la as\u00ed llamada Reforma, la Iglesia Oriental se uni\u00f3 a la Iglesia Latina al afirmar que por sacramentos nosotros entendemos signos sagrados eficaces, i.e., ceremonias que por la sabidur\u00eda divina significan, contiene y confieren la gracia, y que son siete en n\u00famero. En la historia de las conferencias y los concilios celebrados para lograr la reuni\u00f3n de los griegos con la Iglesia Latina no se encuentra ning\u00fan registro de alguna objeci\u00f3n levantada en contra de la doctrina de los siete sacramentos. Todo lo contrario, cerca del a\u00f1o 1576, cuando los reformadores de Wittenberg, ansiosos de hacer caer a las iglesias orientales en sus errores, enviaron una traducci\u00f3n griega de la Confesi\u00f3n de Augsburgo a Jerem\u00edas, Patriarca de Constantinopla. El contest\u00f3: \u00abLos misterios recibidos en esta misma Iglesia Cat\u00f3lica de los cristianos ortodoxos, y las ceremonias sagradas, son siete en n\u00famero- s\u00f3lo siete y no m\u00e1s\u00bb (Pourrat, op.cit., p.289) . El consenso de las iglesias oriental y latina en este asunto queda claro en las obras de Arcadio, \u00abDe con. ecc. occident. et orient. in sept. sacr. administr.\u00bb (1619); de Goar (q.v.), \u00abEuchologion\u00bb; de Martene (q.v.), \u00abDe antiquis ecclesiae ritibus\u00bb; de Renaudot, \u00abPerpetuite de la foi sur sacrements\u00bb (1711), y este acuerdo de las dos iglesias provee a los escritores recientes (episcopales) de un argumento muy fuerte para apoyar su llamado a aceptar los siete sacramentos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (2) Errores protestantes<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los errores capitales de Lutero, o sea, la interpretaci\u00f3n privada de las escrituras y la justificaci\u00f3n por la sola fe, le llevaron l\u00f3gicamente al rechazo de la doctrina cat\u00f3lica sobre los sacramentos. (vea LUTERO, GRACIA). El los hubiera desechado todos con gusto, pero las palabras de la escritura fueron demasiado convincentes y las Confesiones de Augsburgo mantuvieron tres que \u00abten\u00edan el mandato de Dios y la promesa de la gracia del Nuevo Testamento\u00bb. Estos tres, el Bautismo, la Cena del Se\u00f1or y la Penitencia, fueron admitidos por Lutero y tambi\u00e9n por Cranmer en su \u00abCatecismo\u00bb (vea Dix, \u00abop.cit.\u00bb, p. 79). Enrique VIII protest\u00f3 contra las innovaciones de Lutero y recibi\u00f3 el t\u00edtulo de \u00abDefensor de la fe\u00bb como recompensa por la publicaci\u00f3n de su \u00abAssertio septem sacramentorum\u00bb (reeditado por el P. Louis O&#8217;Donovan, New York, 1908). Los seguidores de los principios de Lutero sobrepasaron a su l\u00edder en su oposici\u00f3n a los sacramentos. Una vez que aceptaron que \u00e9stos meramente son \u00absignos y testimonios de la buena voluntad de Dios hacia nosotros\u00bb, se desvaneci\u00f3 cualquier motivo para reverenciarlos. Algunos rechazaron todos los sacramentos, ya que la buena voluntad de Dios pod\u00eda manifestarse sin esos signos externos. La confesi\u00f3n (Penitencia) no tard\u00f3 en ser sacada tambi\u00e9n de la lista de los sacramentos aceptados. Los anabautistas rechazaron el Bautismo de infantes ya que la ceremonia no pod\u00eda encender la fe en los ni\u00f1os. En general, los protestantes mantuvieron dos sacramentos: el Bautismo y la Cena del Se\u00f1or, aunque \u00e9sta qued\u00f3 despu\u00e9s reducida a un simple servicio conmemorativo al ser negada la presencia real. En seguida del primer fervor destructivo se dio una reacci\u00f3n. Los luteranos mantuvieron la ceremonia de Confirmaci\u00f3n y ordenaci\u00f3n, Cranmer mantuvo tres sacramentos, aunque encontramos en la Confesi\u00f3n de Westminster: \u00abHay dos sacramentos ordenados por Cristo Nuestro Se\u00f1or en el Evangelio, a saber, el Bautismo y la Cena del Se\u00f1or. Los otros cinco com\u00fanmente llamados sacramentos, a saber, Confirmaci\u00f3n, Penitencia, Ordenes, Matrimonio, y Extremaunci\u00f3n, no deben ser contados como sacramentos del Evangelio, nacidos como son, en parte, del seguimiento corrupto de los Ap\u00f3stoles, en parte como estados de vida permitidos en las escrituras, que sin embargo no tienen la misma naturaleza de los sacramentos como el Bautismo y la Cena del Se\u00f1or, dado que no son se\u00f1ales visibles o ceremonias ordenadas por Dios\u00bb (art.XXV). Los te\u00f3logos de Wittenberg, a modo de negociaci\u00f3n, hab\u00edan mostrado algunas se\u00f1ales de querer hacer tal distinci\u00f3n, en la segunda carta al Patriarca de Constantinopla, pero los griegos no quisieron aceptarlo. (Pourrat, loc.cit., 290).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por m\u00e1s de dos siglos la Iglesia de Inglaterra te\u00f3ricamente reconoci\u00f3 s\u00f3lo dos \u00absacramentos del Evangelio\u00bb, empero permiti\u00f3 o toler\u00f3, otros cinco ritos. En la pr\u00e1ctica, estos cinco \u00absacramentos menores\u00bb fueron desde\u00f1ados, especialmente la Penitencia y la Extremaunci\u00f3n. Los anglicanos del siglo XIX hubieran gustosamente alterado o abrogado el art\u00edculo veinticinco. Exist\u00eda un fuerte deseo, que databa principalmente del movimiento tractario y de los d\u00edas de Pusey, Newman, Lyddon, etc., para reintroducir todos los sacramentos. Muchos episcopalianos y anglicanos hoy d\u00eda hacen esfuerzos heroicos para mostrar que el art\u00edculo veinticinco repudiaba los sacramentos menores solamente en cuanto \u00abhab\u00edan nacido del corrupto seguimiento de los Ap\u00f3stoles y eran administrados &#8216;more romamensium&#8217;, al modo romano. De ese modo, Morgan Dix record\u00f3 a sus contempor\u00e1neos que el primer libro de Eduardo VI permit\u00eda \u00abconfesi\u00f3n auricular y secreta al sacerdote\u00bb, quien pod\u00eda dar absoluci\u00f3n y \u00abconsejo espiritual y confortar\u00bb, pero no hizo tal pr\u00e1ctica obligatoria. Por lo tanto, el sacramento de la absoluci\u00f3n no debe \u00abser impuesto sobre la conciencia de los hombres como si fuese necesario para la salvaci\u00f3n\u00bb (op.cit., p.99, 101, 102, 103). \u00c9l cita autoridades que afirman que \u00abuno no puede dudar que el uso sacramental de ungir a los enfermos ha existido desde el principio\u00bb, y a\u00f1ade, \u00abNo faltan quienes, entre los obispos de la Iglesia Americana, est\u00e1n de acuerdo en lamentar la p\u00e9rdida de esta primitiva ordenanza y en predecir su restauraci\u00f3n entre nosotros en un tiempo m\u00e1s propicio\u00bb (ibid., p.105). En una convenci\u00f3n episcopaliana que tuvo lugar en Cincinnati en 1910, se trabaj\u00f3 infructuosamente para obtener el permiso de practicar la unci\u00f3n de los enfermos. P\u00e1rrocos y vicarios de la Iglesia Alta, especialmente en Inglaterra, entran en frecuente conflicto con sus obispos porque aquellos utilizan los ritos antiguos. A\u00f1adamos a ello la aseveraci\u00f3n hecha por Mortimer (op.cit., I, 122) de que todos los sacramentos producen la gracia ex opere operato y podremos ver que los anglicanos \u00abavanzados\u00bb est\u00e1n volviendo a la doctrina y a las pr\u00e1cticas de la Antigua Iglesia. Deben ser ellos quienes solucionen el problema de si su posici\u00f3n puede reconciliarse con el art\u00edculo veinticinco, y en qu\u00e9 medida. De seguro que sus vacilaciones en busca de la verdad prueban la necesidad de tener en la Tierra un int\u00e9rprete infalible de la Palabra de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> Division y comparaci\u00f3n de los Sacramentos<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(a) Todos los sacramentos fueron instituidos para el bien espiritual de quienes los reciben. Sin embargo, cinco de ellos, a saber, Bautismo, Confirmaci\u00f3n, Penitencia, Eucarist\u00eda y Extrema unci\u00f3n, benefician primariamente a la persona en su car\u00e1cter privado, mientras que los otros dos, las \u00d3rdenes y el Matrimonio, afectan primariamente al hombre como ser social, y lo santifican para el cumplimiento de sus obligaciones hacia la Iglesia y hacia la sociedad. Por el Bautismo nosotros nacemos de nuevo; la Confirmaci\u00f3n nos hace cristianos fuertes y perfectos; soldados. La Eucarist\u00eda nos provee de nuestra diaria comida espiritual. La Penitencia sana nuestra alma herida por el pecado. La Extremaunci\u00f3n quita los \u00faltimos restos de la fragilidad humana y prepara nuestra alma para la vida eterna. Las \u00d3rdenes proveen los ministros de la Iglesia. El Matrimonio da la gracia necesaria a aquellos que deben educar hijos en el amor y temor de Dios, como miembros de la Iglesia militante y futuros ciudadanos del Cielo. Esta es la explicaci\u00f3n de Santo Tom\u00e1s acerca de la pertinencia del n\u00famero siete (III:55:1). \u00c9l transmite otras explicaciones aportadas por los escol\u00e1sticos, pero no se ata a ninguna de ellas. De hecho, la \u00fanica raz\u00f3n suficiente de la existencia de los siete sacramentos es la voluntad de Cristo. No hay m\u00e1s. Son siete sacramentos porque \u00c9l instituy\u00f3 siete. Las explicaciones y adaptaciones de los te\u00f3logos \u00fanicamente sirven para motivar nuestra admiraci\u00f3n y gratitud a base de mostrarnos cu\u00e1n sabia y beneficiosamente Dios provey\u00f3 a nuestras necesidades espirituales en estos siete signos eficaces de la gracia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(b) El Bautismo y la Penitencia son llamados \u00absacramentos de muertos\u00bb porque dan vida, a quien estaba muerto a causa del pecado original o actual, a trav\u00e9s de la gracia santificante que, en ese caso, se llama \u00abgracia primera\u00bb. Los otros cinco son \u00absacramentos de vivos\u00bb porque su recepci\u00f3n exige que quien los reciba est\u00e9, al menos ordinariamente, en estado de gracia y, entonces, se dice que otorgan \u00abgracia segunda\u00bb, o sea un aumento de la gracia santificante (q.v.). No obstante, ya que, cuando no hay obst\u00e1culo en quien los recibe, los sacramentos siempre otorgan alguna gracia, puede suceder en algunos casos explicados por los te\u00f3logos que una \u00abgracia segunda\u00bb se concede tambi\u00e9n a trav\u00e9s de los sacramentos de muertos, e.g., cuando la persona s\u00f3lo tiene pecados veniales que confesar, recibe la absoluci\u00f3n y la \u00abgracia primera\u00bb es otorgada por un sacramento de vivos (vea ST III:72:7 ad 2; III:79:3). En lo que respecta a la Extremaunci\u00f3n, Santiago explicitamente afirma que quien la recibe puede quedar libre de sus pecados: \u00abSi est\u00e1 en pecado, le ser\u00e1 perdonado\u00bb (Santiago, v. 15).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2022\tComparaci\u00f3n en dignidad y necesidad. El Concilio de Trento declar\u00f3 que los sacramentos no tienen igual dignidad. Igualmente, que ninguno es superfluo aunque no todos son necesarios para todos (Sess. VII, can.3, 4). La Eucarist\u00eda es el primero en dignidad pues contiene a Cristo en persona, mientras que en el caso de los dem\u00e1s la gracia es otorgada por una virtud instrumental derivada de Cristo (ST III:56:3). A esto, Santo Tom\u00e1s a\u00f1ade otra raz\u00f3n, a saber, que la Eucarist\u00eda es el fin al que todos los dem\u00e1s sacramentos tienden, un centro alrededor del cual giran todos los otros (ST III:56:3). El Bautismo es siempre el primero en necesidad; las \u00d3rdenes Sagradas siguen a la Eucarist\u00eda en orden de dignidad, estando la Confirmaci\u00f3n en medio de esos dos. La Penitencia y la Extremaunci\u00f3n no pueden ser el primer lugar porque presuponen nuestros defectos (pecados). De estos dos, la Penitencia es el primero en necesidad. La Extremaunci\u00f3n completa el trabajo de la Penitencia y prepara las almas para el cielo. El Matrimonio no tiene una funci\u00f3n social tan importante como las \u00d3rdenes Sagradas (ST III:56:3, ad 1). Si se considera solamente la necesidad- excluyendo a la Eucarist\u00eda que es nuestro pan de cada d\u00eda y el regalo m\u00e1s sublime de Dios- s\u00f3lo tres son estrictamente necesarios: el Bautismo, para todos; la Penitencia, para aquellos que hayan ca\u00eddo en pecado mortal despu\u00e9s del Bautismo; y las Sagradas \u00d3rdenes para la Iglesia. Los dem\u00e1s no son tan estrictamente necesarios. La Confirmaci\u00f3n completa la tarea del Bautismo; la Extremaunci\u00f3n completa la de la Penitencia; el Matrimonio santifica la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los hijos, que no son tan importantes ni tan necesarias como la santificaci\u00f3n de los ministros de la Iglesia (ST III:56:3, ad 4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(c) Los episcopalianos y anglicanos distinguen dos sacramentos mayores y cinco sacramentos menores porque estos \u00faltimos \u00abno tienen ning\u00fan signo visible o ceremonia ordenada por Dios\u00bb (art. XXXV). En tal caso, deben clasificarse entre los sacramentales , ya que s\u00f3lo Dios puede ser el autor de los sacramentos. (vea arriba, n\u00famero III). En este punto, el lenguaje del art\u00edculo veinticinco (\u00abcom\u00fanmente llamados sacramentos\u00bb) es m\u00e1s l\u00f3gico y sencillo que la terminolog\u00eda de autores anglicanos recientes. El catecismo anglicano llama a los sacramentos del Bautismo y la Eucarist\u00eda \u00abgeneralmente (i.e. universalmente) necesarios para la salvaci\u00f3n\u00bb. Mortimer hace notar con toda raz\u00f3n que esa expresi\u00f3n no es \u00abenteramente acertada\u00bb, puesto que la Eucarist\u00eda no es generalmente necesaria para la salvaci\u00f3n del mismo modo que lo es el Bautismo (op.cit., I, 127). A\u00f1ade \u00e9l mismo que los otros cinco est\u00e1n en una clase inferior porque \u00abno son necesarios para la salvaci\u00f3n del mismo modo que los otros dos sacramentos, ya que no son necesarios para todos\u00bb (loc.cit., 128). Esta interpretaci\u00f3n es verdaderamente extraordinaria. Sin embargo, debemos estar agradecidos ya que es mucho m\u00e1s respetuosa que decir que esos cinco son tales \u00abporque han nacido parcialmente del seguimiento corrupto de los ap\u00f3stoles, parcialmente son estados de vida permitidos por la Escritura\u00bb (art. XXV). Toda confusi\u00f3n e incertidumbre se evitar\u00e1n si se acepta la declaraci\u00f3n del Concilio de Trento (vea arriba).\n<\/p>\n<h2>Efectos de los Sacramentos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> Doctrina Cat\u00f3lica<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(a) El principal efecto de los sacramentos es una gracia doble: (1) la gracia del sacramento o \u00abgracia primera\u00bb, producida por los sacramentos de muertos, y la \u00abgracia segunda\u00bb producida por los sacramentos de vivos (supra, IV, 3, b); (2) La gracia sacramental, i.e., la gracia especial necesaria para alcanzar el fin de cada sacramento. Muy probablemente dicha gracia no es un don habitual, sino una fuerza o eficacia especial contenida en la gracia santificante otorgada, que incluye, de parte de Dios, una promesa, y de parte del hombre, un derecho permanente a ser asistido convenientemente para actuar de acuerdo con las obligaciones contra\u00eddas, e.g., vivir como buen cristiano, buen sacerdote, buen esposo o esposa. (cf. ST III:62:2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(b) Tres sacramentos: el Bautismo, la Confirmaci\u00f3n y el Orden Sagrado, producen en el alma, adem\u00e1s de la gracia, un car\u00e1cter, i.e., una se\u00f1al espiritual indeleble por la que algunos son consagrados como servidores de Dios, algunos como soldados, algunos como ministros. Dado que se trata de una marca indeleble, los sacramentos que imprimen car\u00e1cter no pueden ser recibidos m\u00e1s de una vez (Conc. Trid., sess. VII, can.9; vea CARACTER).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> En qu\u00e9 forma producen la gracia los sacramentos: controversia teol\u00f3gica<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pocas cuestiones han sido tan discutidas como esta relativa a la manera como los sacramentos causan la gracia (ST IV, Sent., d.1, Q.4, a.1.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">a) Todos admiten que los sacramentos de la Nueva Ley producen la gracia ex opere operato y no ex opere operantis (vea arriba, II, 2, 3). (b) Todos admiten que \u00fanicamente Dios puede ser la causa principal de la gracia (vea arriba 3, 1).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(b) Todos admiten que Cristo, en cuanto hombre, tuvo una fuerza especial sobre los sacramentos (vea arriba 3, 2). (d)Todos admiten que los sacramentos son, en cierto modo, las causas instrumentales ya de la gracia misma, ya de algo m\u00e1s que ser\u00eda \u00abun t\u00edtulo exigente de la gracia\u00bb (infra e). La causa principal es la que produce un efecto gracias a un poder que posee por su propia naturaleza o por una facultad inherente. Una causa instrumental produce un efecto, no por su propio poder, sino por un poder que recibe de la causa principal. Cuando un carpintero hace una mesa, \u00e9l es la causa principal; sus utensilios son las causas instrumentales. Solamente Dios puede producir la gracia como causa principal; los sacramentos no pueden ser m\u00e1s que sus instrumentos \u00abya que son aplicados a los hombres por la divina providencia para producir gracia en ellos\u00bb (ST III:62:1). Ning\u00fan te\u00f3logo podr\u00eda hoy defender el ocasionalismo (vea CAUSA) i.e., el sistema que ense\u00f1\u00f3 que los sacramentos produc\u00edan la gracia por una cierta clase de concomitancia, sin ser causas reales sino causae sine quibus non: Su recepci\u00f3n era meramente la ocasi\u00f3n de otorgar la gracia. Tal opini\u00f3n, seg\u00fan Pourrat (op.cit., 167), fue defendida por San Buenaventura, Duns Scoto, Durando, Ockam y los nominalistas, y \u00abdisfrut\u00f3 de un \u00e9xito verdadero hasta el tiempo del Concilio de Trento, cuando se transform\u00f3 en el sistema moderno de causalidad moral\u00bb. Santo Tom\u00e1s (III:62:1, III:62:4), los \u00abQuodlibeta\u00bb, 12, a, 14) y otros la rechazaron basados en que eso reduc\u00eda los sacramentos a la condic\u00f3n de simples signos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(c) El siguiente paso en la soluci\u00f3n del problema fue la introducci\u00f3n del sistema de la causalidad instrumental dispositiva, explicada por Alejandro de Hales (Summa theol., IV, Q. v, membr. 4), adoptada y perfeccionada por Santo Tom\u00e1s (IV Sent., d. 1, Q. i, a. 4), defendida por muchos te\u00f3logos hasta el siglo XVI, y revivida despu\u00e9s por el Padre Billot, S.J. (\u00abDe eccl. sacram.\u00bb, I, Roma, 1900). Seg\u00fan esta teor\u00eda, los sacramentos no producen la gracia en si misma eficiente e inmediatamente, sino que ex opere operato e instrumentalmente producen algo- el car\u00e1cter (en algunos casos) o un cierto adorno o forma espiritual- que se convertir\u00e1 en \u00abdisposici\u00f3n\u00bb abilitando al alma para la gracia (\u00abdispositio exigitiva gratiae\u00bb; \u00abtitulus exigitivus gratiae\u00bb, Billot, loc.cit.). Hay que reconocer que esta teor\u00eda es muy conveniente para explicar la \u00abreviviscencia\u00bb de los sacramentos (infra, VII, c). Contra ella se levantan las siguientes objeciones:<br \/>\n&#8211; Poco se ha o\u00eddo de tal sistema desde el Concilio de Trento a fechas recientes.<br \/>\n&#8211; El \u00abornamento\u00bb o \u00abdisposici\u00f3n\u00bbque abilita al alma no queda bien explicado. No es \u00fatil.<br \/>\n&#8211; Ya que tal \u00abdisposici\u00f3n\u00bb debe ser algo espiritual y de orden sobrenatural, de modo que puede ser causado por los sacramentos, \u00bfporqu\u00e9 entonces no pueden ellos causar la gracia misma?<br \/>\n&#8211; En su \u00abSumma theologica\u00bb Santo Tom\u00e1s no menciona esta causalidad dispositiva, de donde podemos razonablemente concluir que \u00e9l la abandon\u00f3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(d) Desde el tiempo del Concilio de Trento los te\u00f3logos casi un\u00e1nimemente han ense\u00f1ado que los sacramentos son causa instrumental eficiente de la gracia. La definici\u00f3n dada por el Concilio de Trento de que los sacramentos \u00abcontienen la gracia que significan\u00bb; que \u00abconfieren la gracia ex opere operato\u00bb (Sess. VII, can.6, 8), parecer\u00eda justificar su aseveraci\u00f3n, que no fue puesta en duda hasta recientemente. Sin embargo, no ha finalizado a\u00fan la controversia. \u00bfCu\u00e1l es la naturaleza de esa causalidad? \u00bfPertenece al orden f\u00edsico o al moral? Una causa f\u00edsica produce su efecto real e inmediatamente, ya como agente principal, ya como instrumento, como cuando un escultor utiliza un cincel para labrar una estatua. Una causa moral es la que mueve a una causa f\u00edsica para actuar. Tambi\u00e9n puede ser principal o instrumental, e.g., un obispo que personalmente suplica y logra la libertad de un prisionero es una causa moral principal; una carta enviada por \u00e9l ser\u00eda una causa moral instrumental de la libertad obtenida. Las expresiones que utiliza Santo Tom\u00e1s parecen indicar claramente que los sacramentos act\u00faan seg\u00fan el modo de las causas f\u00edsicas. \u00c9l dice que existe en los sacramentos una virtud productora de gracia (III:62:4) y a quien objeta la atribuci\u00f3n de tal virtud a un instrumento corp\u00f3reo responde afirmando simplemente que tal fuerza no es inherente a ellos permanentemente, sino s\u00f3lo mientras sirven como instrumentos en las manos de Dios (loc.cit., ad 2um et 3 um). Cayetano, Su\u00e1rez, y un ej\u00e9rcito de otros grandes te\u00f3logos defienden este sistema, generalmente llamado tomista. El lenguaje de las Escrituras, las expresiones de los Padres, los decretos de los concilios, dicen ellos, son tan claros que nada, excepto una imposibilidad, podr\u00eda justificar la negaci\u00f3n de esta dignidad a los sacramentos de la Nueva Ley. Hay muchos hechos que deben ser admitidos sin que podamos explicarlos totalmente. El cuerpo humano act\u00faa en su alma espiritual; el fuego act\u00faa, de alg\u00fan modo, en las almas y en los \u00e1ngeles. Cayetan hace notar (In III, Q.lxii) que las cuerdas del arpa, si las toca una mano poco diestra, producen s\u00f3lo sonidos; tocadas por las manos de un m\u00fasico diestro producen hermosas melod\u00edas. \u00bfPorqu\u00e9 no pueden los sacramentos, como instrumentos en las manos de Dios, producir la gracia?Muchos te\u00f3logos serios no quedaron convencidos por estos argumentos y otra escuela, impropiamente llamada escotista, encabezada por Melchor Cano, De Lugo y V\u00e1zquez, y que luego incluy\u00f3 a Henno, Tournely, Franzelin, y otros, adopt\u00f3 el sistema de la causalidad moral instrumental. La causa moral principal de la gracia es la pasi\u00f3n de Cristo. Los sacramentos son instrumentos que mueven efectiva e infaliblemente a Dios para que d\u00e9 su gracia a quienes los reciben con las disposiciones apropiadas. Dice Melchor Cano que eso sucede porque \u00abel precio de la sangre de Jesucristo les es comunicada\u00bb (vea Pourrat, op. cit., 192, 193). Este sistema fue posteriormente desarrollado por Franzelin, quien vi\u00f3 los sacramentos como si fueran moralmente un acto de Cristo (loc.cit., p.194). Los tomistas y Su\u00e1rez presentan las siguientes objeciones:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&#8211; Seg\u00fan esta explicaci\u00f3n, dado que los sacramentos (i.e. los ritos externos) no tienen valor intr\u00ednseco, no pueden ejercer ninguna causalidad genuina. No causan realmente la gracia; s\u00f3lo Dios la causa. Los sacramentos no operan para producirla; son s\u00f3lo signos u ocasiones de otorgarla.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&#8211; Los Padres vieron algo misterioso e inexplicable en los sacramentos. En este sistema, las maravillas dejan de existir, o por lo menos quedan tan reducidas que las expresiones de los Padres se ven fuera de lugar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&#8211; Esta teor\u00eda no distingue claramente entre los sacramentos del Evangelio y los de la antigua ley. No obstante, ya que evita ciertas vaguedades y dificultades de la teor\u00eda de la causalidad f\u00edsica, el sistema de la causalidad moral ha encontrado muchos defensores y hoy d\u00eda, si consideramos los n\u00fameros, tiene de su parte la autoridad.<br \/>\nRecientemente esos dos sistemas han sido vigorosamente atacados por el Padre Billot (op.cit., 107 sq.), quien propone una nueva explicaci\u00f3n. \u00c9l revive la nueva teor\u00eda de que lo que los sacramentos producen inmediatamente no es la gracia, sino una disposici\u00f3n o t\u00edtulo a la gracia (arriba e). Tal disposici\u00f3n no es producida por los sacramentos ni f\u00edsica ni moralmente sino imperativamente. Los sacramentos son signos pr\u00e1cticos de un orden intencional: manifiestan la voluntad de Dios de otorgar beneficios espirituales. Esta manifestaci\u00f3n de la intenci\u00f3n divina es un t\u00edtulo que exige la gracia (op.cit., 59 sq., 123 sq.; Pourrat, op.cit., 194; Cronin en rese\u00f1as, sup. cit.). El Padre Billot defiende sus opiniones con una profundidad notable. Quienes patrocinan la causalidad f\u00edsica agradecen su ataque a la causalidad moral, pero ponen objeciones a la nueva explicaci\u00f3n de la causalidad imperativa o intencional, porque como distinta de la acci\u00f3n de los signos, de los instrumentos y de las ocasiones morales, (a) es dif\u00edcil de entender y (b) no hace a los sacramentos (i.e., ceremonias determinadas por Dios) la causa real de la gracia. Los te\u00f3logos son totalmente libres de discutir y diferir respecto a la forma de la causalidad instrumental. Lis est adhuc sub judice.\n<\/p>\n<h2>Ministro de los Sacramentos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (1) Hombres, no \u00e1ngeles<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es totalmente congruente que la administraci\u00f3n de los sacramentos no haya sido confiada a los \u00e1ngeles sino a los hombres. La eficacia de los sacramentos viene de la Pasi\u00f3n de Cristo, o sea, de Cristo en cuanto hombre. No son los \u00e1ngeles, sino los hombres, quienes son parecidos a Cristo en su naturaleza humana. Dios, sin embargo, puede, por un milagro, enviar a un \u00e1ngel para que administre un sacramento. (ST III:64:7).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (2) Requerimientos para la ordenaci\u00f3n de los ministros de cada sacramento<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Para la administraci\u00f3n v\u00e1lida del Bautismo no se requiere una ordenaci\u00f3n especial. Cualquier persona, incluso un pagano, puede bautizar, con tal que use la materia apropiada y pronuncie las palabras de la forma esencial, con la intenci\u00f3n de hacer lo que hace la Iglesia (Decr. pro Armen., Denzinger-Bannwart, 696). Pero el Bautismo solemne solamente puede ser administrado por los obispos, presb\u00edteros y, e algunas ocasiones, di\u00e1conos (vea bautismo). Hoy d\u00eda se sostiene como algo cierto que en el Matrimonio los ministros del sacramento son los contrayentes, porque ellos son quienes hacen el contrato y el sacramento es un contrato elevado por Cristo a la dignidad de sacramento (cf. Leo XIII, Encycl. \u00abArcanum\u00bb, 10 Febr., 1880; vea MATRIMONIO). Para la validez de los otros cinco sacramentos el ministro debe ser debidamente ordenado. El Concilio de Trento anatematiz\u00f3 a aquellos que dicen que cualquier cristiano deber\u00eda poder administrar todos los sacramentos (Sess. VII, can.10). \u00danicamente los obispos pueden conferir las \u00d3rdenes Sagradas (Concilio de Trento, ses. XXIII, can.7). Ordinariamente s\u00f3lo el obispo puede conferir la Confirmaci\u00f3n (vea CONFIRMACION). El Orden Sacerdotal es requerido para la v\u00e1lida administraci\u00f3n de la Penitencia y de la Extremaunci\u00f3n (Conc. Trid., sess. XIV, can.10, can.4). En cuanto a la Eucarist\u00eda, \u00fanicamente aquellos que cuentan con el Orden Sacerdotal pueden consagrar, i.e., transformar el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Presupuesta la consagraci\u00f3n, quienquiera puede distribuir las especies eucar\u00edsticas, pero, excepto por circunstancias muy extraordinarias, ello s\u00f3lo puede ser legalmente hecho por los obispos, sacerdotes y (en algunos casos) los di\u00e1conos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (3) Ministros her\u00e9ticos o cism\u00e1ticos <\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A la Iglesia de Cristo se le ha confiado el cuidado de todos los ritos sagrados. Los ministros her\u00e9ticos o cism\u00e1ticos pueden administrar v\u00e1lidamente los sacramentos si es que han sido v\u00e1lidamente ordenados, aunque su administraci\u00f3n se considera pecaminosa (Vea Billot, op.cit., tesis 16). La buena fe excusar\u00eda de pecado a quienes reciban un sacramento de tales ministros, y en casos de necesidad la Iglesia concede jurisdicci\u00f3n necesaria para la Penitencia y la Extremaunci\u00f3n (vea EXCOMUNI\u00d3N: EFECTOS DE LA EXCOMUNI\u00d3N).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (4) Estado del alma del ministro<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La reverencia debida a los sacramentos requiere que el ministro est\u00e9 en estado de gracia. Un ministro que, estando en pecado mortal, administra solemne y oficialmente un sacramento, se hace culpable de sacrilegio (cf. ST III:64:6). Algunos opinan que tal sacrilegio se comete a\u00fan cuando el ministro no act\u00faa oficialmente ni confiere el sacramento solemnemente. Pero a partir de la controversia entre San Agust\u00edn y los donatistas en el siglo cuarto, y especialmente por la controversia entre San Esteban y San Cipriano (q.v.) en el siglo tercero, sabemos que la santidad o el estado de gracia en el ministro no es prerequisito para la administraci\u00f3n v\u00e1lida de un sacramento. Esto ha sido definido solemnemente en varios concilios generales, incluyendo el de Trento (Sess VII, can.12, ibid., de bapt., can.4). La raz\u00f3n estriba en que los sacramentos reciben su eficacia de su instituci\u00f3n divina y por los m\u00e9ritos de Cristo. Un ministro indigno que confiere v\u00e1lidamente los sacramentos, no puede impedir la eficacia de los signos ordenados por Cristo para que produjeran la gracia ex opere operato (cf. Santo Tom\u00e1s, III:64:5, III:64:9). El conocimiento de esta verdad, que sigue naturalmente al concepto aut\u00e9ntico del sacramento, da tranquilidad a los fieles, y deber\u00eda incrementar, m\u00e1s que disminuir, su reverencia hacia esos ritos sagrados y su confianza en su eficacia. Nadie puede dar, en nombre propio, aquello que no posee. Pero un cajero de banco, que no tiene a su nombre ni una cuenta con valor de 2,000 d\u00f3lares, puede escribir un cheque con valor de 200,000 d\u00f3lares en raz\u00f3n de la riqueza del banco al que \u00e9l representa autorizadamente. Cristo dej\u00f3 a su Iglesia un vasto tesoro adquirido por sus m\u00e9ritos y sufrimientos. Los sacramentos son las credenciales que garantizan a sus poseedores a participar de ese tesoro. Los anglicanos han mantenido la verdadera doctrina a este respecto, seg\u00fan se prueba claramente en el art\u00edculo XXVI de la Confesi\u00f3n de Westminster: \u00abA pesar de que en la iglesia visible a veces se mezcla el mal con el bien, y de que a veces el mal tiene la autoridad m\u00e1xima en la administraci\u00f3n de la Palabra y de los Sacramentos, sin embargo, en cuanto no lo hacen en nombre propio, sino en el de Cristo, y administran por mandato y autoridad suyos, podemos utilizar su ministerio para escuchar la Palabra y recibir los Sacramentos. Ni el efecto ordenado por Cristo es anulado por su maldad, ni la gracia de los dones de Dios, administrada en ellos por la fe, apropiadamente. Ella es efectiva a causa de la instituci\u00f3n y promesa de Cristo, aunque sea administrada por hombres malos\u00bb (cf. Billuart, de sacram., d.5, a.3, sol.obj.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (5) Intenci\u00f3n del ministro<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(a) Para ser ministro de los sacramentos con y bajo Cristo, el hombre debe actuar como hombre, i.e., un ser racional. De ah\u00ed que es absolutamente necesario que tenga la intenci\u00f3n de hacer lo que la Iglesia hace. Esto fue declarado por Eugenio IV en 1439 (Denzinger-Bannwart, 695) y fue solemnemente definido en el Concilio de Trento (Sess.VII, can.II). El anatema de Trento estaba dirigido a las innovaciones del siglo XVI. De su error fundamental de que los sacramentos son signos de fe, o signos que motivan la fe, se segu\u00eda l\u00f3gicamente que su efecto no depende de nada de la intenci\u00f3n del ministro. Los hombres deben ser \u00abministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios\u00bb (I Cor., iv, 1). No pueden ser tales si no tienen esa intenci\u00f3n, pues es precisamente por la intenci\u00f3n, como afirma Santo Tom\u00e1s (III:64:8, ad 1) que el hombre se sujeta y se une a al agente principal (Cristo). M\u00e1s a\u00fan, al pronunciar racionalmente las palabras de la forma, el ministro debe determinar lo que no queda suficientemente determinado o expresado en la materia que se aplica, e.g., el significado de derramar agua sobre la cabeza del ni\u00f1o (ST III:64:8). Una persona demente, ebria, dormida o en un estado de estupor que le impida actuar racionalmente, o alguien que desarrolla la ceremonia para burlarse, imitar, o como parte de una obra teatral, no act\u00faa como ministro racional y por ello no puede administrar un sacramento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(b) El objeto necesario y las cualidades de la atenci\u00f3n exigidas al ministro de los sacramentos se explican en el art\u00edculo INTENCI\u00d3N. Pourrat (op.cit., cap.7) da una relaci\u00f3n de todas las controversias surgidas a este respecto. A pesar de se diga especulativamente acerca de la opini\u00f3n de Ambrosio Caterino (vea LANCELOT) quien defendi\u00f3 la suficiencia de la intenci\u00f3n exterior del ministro, \u00e9sta no puede ser llevada a la pr\u00e1ctica, dado que fuera de casos de necesidad, cuando se trata de algo requerido para la validez de un sacramento, nadie sigue una opini\u00f3n probable frente a una que es m\u00e1s segura. (Innoc. XI, 1679; Denzinger-Bannwart, 1151).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (6) La atenci\u00f3n del ministro<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La atenci\u00f3n es un acto del intelecto, o sea, de la aplicaci\u00f3n de la mente a aquello que se hace. Una distracci\u00f3n voluntaria de parte de quien administra un sacramento podr\u00eda ser pecaminosa. No ser\u00eda, claro, un pecado grave sino cuando (a) hubiera peligro de cometer errores serios, o (b) seg\u00fan la opini\u00f3n com\u00fan, cuando la distracci\u00f3n fuera aceptada durante la consagraci\u00f3n de las especies eucar\u00edsticas. La atenci\u00f3n de parte del ministro no es necesaria para la administraci\u00f3n v\u00e1lida de un sacramento, pues en virtud de la intenci\u00f3n, que se presupone, \u00e9l puede actuar racionalmente a pesar de la distracci\u00f3n.\n<\/p>\n<h2>El recipiente de los Sacramentos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando se han cumplido todas las condiciones requeridas por la ley divina y eclesi\u00e1stica, entonces se recibe el sacramento v\u00e1lida y legalmente. Si, en lo que toca al ministro, a la forma y materia, y al recipiente, se observan todas las condiciones requeridas para el rito esencial, pero deja de cumplirse una condici\u00f3n no esencial de parte de quien recibe el sacramento, el sacramento se recibe v\u00e1lida pero il\u00edcitamente. Si la condici\u00f3n que se ignor\u00f3 voluntariamente es grave, entonces la ceremonia no produce la gracia. Por ejemplo, si personas bautizadas contraen matrimonio en estado de pecado mortal, quedar\u00edan v\u00e1lidamente (i.e., realmente) casadas, pero no recibir\u00edan la gracia santificante.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (1) Condiciones para la recepci\u00f3n v\u00e1lida <\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(a) La previa recepci\u00f3n del Bautismo (por agua) es una condici\u00f3n esencial para la recepci\u00f3n v\u00e1lida de cualquier otro sacramento. Solamente los ciudadanos y miembros de la Iglesia pueden ponerse bajo su influencia. El Bautismo es la puerta a trav\u00e9s de la cual entramos en la Iglesia y nos convertimos por ello en miembros de un cuerpo m\u00edstico unido a Cristo, nuestra cabeza. (Catech. Trid., de bapt., nn.5, 52).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(b) En el caso de los adultos, para recibir v\u00e1lidamente cualquier sacramento, excepto la Eucarist\u00eda, es necesario que tengan la intenci\u00f3n de recibirlo. Los sacramentos confieren gracia e imponen obligaciones. Cristo no desea imponer esas obligaciones sin el consentimiento de los hombres. La Eucarist\u00eda es una excepci\u00f3n porque, sin importar el estado en que se encuentre quien la recibe, siempre es el Cuerpo y la sangre de Cristo. (vea INTENCION; cf. Pourrat, op.cit., 392).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(c) Respecto a la atenci\u00f3n, vease arriba, VI, 6. A trav\u00e9s de la intenci\u00f3n la persona se somete a la operaci\u00f3n de los sacramentos, los cuales producen su efecto ex opere operato, y ello hace que la atenci\u00f3n no sea necesaria para la v\u00e1lida recepci\u00f3n de los sacramentos. Alguien que est\u00e9 distra\u00eddo, incluso voluntariamente, durante la celebraci\u00f3n de, digamos, el bautismo, recibir\u00eda v\u00e1lidamente el sacramento. Debe notarse, empero, que en el caso del Matrimonio los contrayentes son tanto ministros como recipientes del sacramento. Y en el sacramento de la Penitencia, los actos del penitente: contrici\u00f3n, confesi\u00f3n y voluntad de aceptar una penitencia en satisfacci\u00f3n, constituyen la materia pr\u00f3xima de los sacramentos, seg\u00fan la opini\u00f3n m\u00e1s com\u00fan. En esos casos se requiere tanta atenci\u00f3n como sea necesaria para la v\u00e1lida aplicaci\u00f3n de la materia y la forma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (2) Condiciones para la recepci\u00f3n l\u00edcita <\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(a) Para la recepci\u00f3n l\u00edcita en los adultos, adem\u00e1s de la intenci\u00f3n y la atenci\u00f3n, se requiere:<br \/>\n&#8211; Para los sacramentos de muertos: atrici\u00f3n sobrenatural, la cual presupone actos de fe, de esperanza y arrepentimiento (vea ATRICI\u00d3N y JUSTIFICACI\u00d3N);<br \/>\n&#8211; Para los sacramentos de vivos: el estado de gracia. Ser\u00eda un sacrilegio recibir un sacramento de vivos sabiendo que uno se encuentra en estado de pecado mortal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(b) Para la recepci\u00f3n l\u00edcita tambi\u00e9n se requiere que se observe todo lo que est\u00e1 prescrito en la ley divina o eclesi\u00e1stica, e.g., en lo tocante al tiempo, lugar, ministro, etc. Puesto que la Iglesia es la \u00fanica que tiene a su cargo los sacramentos y solamente los ministros debidamente elegidos tienen el derecho de administrarlos, excepto algunos casos de Bautismo y Matrimonio (supra VI, 2), es ley general que la solicitud de sacramentos se debe hacer a ministros dignos y debidamente nombrados (Para excepciones, vea EXCOMUNION).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b> (3) Revivicencia de los sacramentos<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los te\u00f3logos le han concedido much\u00edsima atenci\u00f3n a la revitalizaci\u00f3n de los efectos que estaban impedidos en el momento en que se recibi\u00f3 un sacramento. Este asunto resurge cada vez que alguien recibe un sacramento v\u00e1lida pero indignamente, i.e., con alg\u00fan obst\u00e1culo que impide la infusi\u00f3n de la gracia divina. El obst\u00e1culo (el pecado mortal) es positivo cuando es conocido y voluntario; negativo, cuando es involuntario por causa de la ignorancia o buena fe. De quien as\u00ed recibe un sacramento, se dice que lo hace fingidamente, o falsamente (ficte), porque por el mismo hecho de recibirlo pretende estar bien dispuesto, y del sacramento se dice que es validum sed informe- v\u00e1lido pero carente de su forma apropiada, i.e., gracia o caridad (vea AMOR). \u00bfPuede tal persona recuperar o recibir los efectos de los sacramentos? El t\u00e9rmino revivicencia (reviviscentia) no es usado por Santo Tom\u00e1s en referencia a los sacramentos. Su uso tampoco es correcto, en sentido estricto, ya que los efectos en cuesti\u00f3n, que fueron impedidos por el obst\u00e1culo, no estuvieron \u00abvivos\u00bb alguna vez (cf. Billot, op.cit., 98, nota). La expresi\u00f3n que \u00e9l utiliza (III:69:10), o sea, obtener los efectos una vez que se ha quitado el obst\u00e1culo, es m\u00e1s acertada aunque no tan conveniente como el t\u00e9rmino m\u00e1s nuevo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(a) Los te\u00f3logos mantienen generalmente que la cuesti\u00f3n no se aplica a la Penitencia y a la Santa Eucarist\u00eda. Si el penitente no est\u00e1 suficientemente dispuesto a recibir la gracia al momento de confesar sus pecados, el sacramento no se recibe v\u00e1lidamente porque los actos del penitente son parte necesaria de la materia de este sacramento o una condici\u00f3n necesaria para su recepci\u00f3n. Alguien que reciba la Eucarist\u00eda indignamente no puede obtener de ella ning\u00fan beneficio, excepto, quiz\u00e1s, si se arrepiente de sus pecados y del sacrilegio antes de que las especies sagradas hayan sido destruidas. Otros casos que pueden ocurrir est\u00e1n relacionados con los otros cinco sacramentos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(b) Es cierto y admitido por todos que, si el bautismo es recibido por un adulto que se encuentra en estado de pecado mortal \u00e9l puede recibir las gracias del sacramento posteriormente, o sea, cuando se haya quitado el obst\u00e1culo a trav\u00e9s de la contrici\u00f3n o por el sacramento de la Penitencia. Por un lado, los sacramentos siempre producen la gracia a menos que haya un obst\u00e1culo. Por otro lado, esas gracias son necesarias y, sin embargo, los sacramentos no pueden repetirse. Santo Tom\u00e1s (III:69:10) y los te\u00f3logos encuentran una raz\u00f3n especial para otorgar los efectos del Bautismo (cuando la \u00abficci\u00f3n\u00bb ha sido retirada) en el car\u00e1cter permanente que se imprime por la administraci\u00f3n v\u00e1lida del sacramento Razonando anal\u00f3gicamente, ellos mantienen la misma opini\u00f3n respecto a la Confirmaci\u00f3n y las \u00d3rdenes Sagradas, haciendo notar, empero, que las gracias que esos sacramentos otorgan no son tan necesarias como las que confiere el Bautismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(c) Esta doctrina no se ve tan clara cuando se aplica al Matrimonio y a la Extermaunci\u00f3n. Aunque las gracias que quedan impedidas son muy importantes, si bien no tan estrictamente necesarias, y dado que el Matrimonio no puede ser recibido de nuevo mientras vivan ambos contrayentes, y la Extremaunci\u00f3n no se puede repetir mientras dure el mismo peligro de muerte, los te\u00f3logos adoptan como m\u00e1s probable la opini\u00f3n que sostiene que Dios otorgar\u00e1 las gracias de esos sacramentos una vez que se quite el obst\u00e1culo. La \u00abrevivicencia\u00bb de los efectos de los sacramentos recibidos v\u00e1lidamente pero con un obst\u00e1culo a la gracia al momento de su recepci\u00f3n, se presenta como un argumento fuerte contra el sistema de la causalidad f\u00edsica de la gracia (supra, V, 2), especialmente por Billot (op.cit., thesis, VII, 116, 126). Por su propio sistema \u00e9l reclama el m\u00e9rito de establecer un modo invariable de causalidad, a saber, que el sacramento v\u00e1lidamente recibido siempre confiere un \u00abt\u00edtulo exigente de gracia\u00bb. Si no existe obst\u00e1culo alguno, la gracia es otorgada en ese mismo momento. Si existe obst\u00e1culo, el \u00abt\u00edtulo\u00bb permanece llamando a la gracia que ser\u00e1 conferida tan pronto como el obst\u00e1culo sea quitado (op.cit., th.VI, VII). Sus oponentes responden a eso diciendo que casos de excepci\u00f3n pueden necesitar m\u00e9todos excepcionales de causalidad. En el caso de tres sacramentos la revivicencia queda perfectamente explicada por el car\u00e1cter (cf. ST III:66:1, III:69:9, III:69:10). La doctrina, seg\u00fan se aplica a la Extremaunci\u00f3n y al Matrimonio, no es a\u00fan tan clara como para proveer un argumento suficientemente fuerte en pro o en contra de los diversos sistemas. Los esfuerzos futuros de los te\u00f3logos podr\u00e1n desvanecer la obscuridad e incertidumbre que privan hoy d\u00eda en este interesante cap\u00edtulo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<b>Fuente<\/b>:  Kennedy, Daniel. \u00abSacraments.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. New York: Robert Appleton Company, 1912.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/13295a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Traducido por Javier Algara Coss\u00edo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Imagenes: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger, Schola Sainte C\u00e9cile [1]\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(signos sagrados, obligaci\u00f3n solemne sagrada). Son signos sensibles, instituidos por Jesucristo, por los que se comunica al alma la gracia invisible y la santificaci\u00f3n. Senalan las verdades principales del cristianismo, y nos dan la participaci\u00f3n en los beneficios redentores de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. El numero: Son 7: Bautismo, Confirmaci\u00f3n, Confesi\u00f3n, Eucarist\u00ed\u00ada, Orden: &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacramentos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSACRAMENTOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8345","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8345","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8345"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8345\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8345"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8345"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8345"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}