{"id":8417,"date":"2016-02-05T04:28:28","date_gmt":"2016-02-05T09:28:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/uncion-de-los-enfermos\/"},"modified":"2016-02-05T04:28:28","modified_gmt":"2016-02-05T09:28:28","slug":"uncion-de-los-enfermos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/uncion-de-los-enfermos\/","title":{"rendered":"UNCION DE LOS ENFERMOS"},"content":{"rendered":"<p>Sacramento de la Extremaunci\u00f3n, Stg 5:1416, Mar 6:13, Exo 30:25.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[463]<br \/>\n  La unci\u00f3n de enfermos, denominada durante siglos \u00abExtrema-unci\u00f3n\u00bb, es el sacramento que prepara al cristiano para recibir la gracia divina en el momento de su tr\u00e1nsito definitivo de este mundo al otro: le dispone, perdona y fortalece.<\/p>\n<p>     El signo sensible que constituye el sacramento, la unci\u00f3n con el \u00f3leo de los enfermos, le ofrece la salud del cuerpo, si responde al plan de Dios, y del alma, a fin de que se enfrente con la lucha que implica su salto a la eternidad.<\/p>\n<p>    1. Sacramentalidad de esta unci\u00f3n<br \/>\n    La unci\u00f3n de enfermos es sacramento aut\u00e9ntico y propio y ha sido instituido por Cristo como tal, aunque no conste en los textos evang\u00e9licos ninguna acci\u00f3n del Se\u00f1or al respecto.<\/p>\n<p>    Durante los primeros siglos cristianos, y a lo largo de la Edad Media, estuvo envuelto este sacramento en los ritos y plegarias que alentaban al cristiano cuando, en peligro de muerte pr\u00f3xima por enfermedad, los dem\u00e1s hermanos le acompa\u00f1aban con plegarias, exorcismos e invocaciones.<\/p>\n<p>    Diversas sectas medievales (c\u00e1taros, valdenses, wiclefitas) negaron su car\u00e1cter sacramental y manifestaron sus dudas sobre la asistencia divina en el tr\u00e1nsito mortal. Y los reformadores protestantes insistieron en la negativa a reconocer la instituci\u00f3n divina del sacramento, reduci\u00e9ndola a piadosa tradici\u00f3n recibida de algunas comunidades patr\u00ed\u00adsticas (Conf. Ausb. 13.6). Incluso Calvino lo denominaba como \u00absacramento ficticio\u00bb (Inst. christ. rel. IV 16 y 18) que estorba con ritos falsos la intermediaci\u00f3n del mismo Cristo en el momento de la enfermedad y de la muerte.<\/p>\n<p>    Por eso el Concilio de Trento sali\u00f3 en defensa del car\u00e1cter sacramental del rito de la unci\u00f3n final y defini\u00f3 contra los reformadores que \u00absi alguno dijera que la unci\u00f3n extrema no era verdadero sacramento instituido por Cristo y promulgado por el mismo Santiago Ap\u00f3stol, sino que era un rito atribuido a los Padres y con solo valor de consuelo humano, que fuera condenado\u00bb.  (Denz. 926)   2. Originalidad B\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>   Es cierto que este sacramento apenas si puede hallar soporte en la Escritura Sagrada. Con todo es conveniente recordar que la doctrina cristiana no siempre est\u00e1 explicitada en los testimonios evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>    La recomendaci\u00f3n m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita aparece en la Ep\u00ed\u00adstola de Santiago, en donde se dice: \u00ab\u00bfAlguno entre vosotros enferma? Haga llamar a los presb\u00ed\u00adteros de la comunidad y oren sobre \u00e9l, ungi\u00e9ndole con \u00f3leo en el nombre del Se\u00f1or; entonces la oraci\u00f3n de la fe salvar\u00e1 al enfermo, el Se\u00f1or le aliviar\u00e1 y los pecados que hubiere cometido le ser\u00e1n perdonados.\u00bb (Sant. 5. 14)<\/p>\n<p>    En este texto se aluden a todas las notas esenciales del sacramento: un signo, que es la unci\u00f3n; un efecto, que es el perd\u00f3n; un rito, que es la plegaria; una dimensi\u00f3n eclesial, que es la llamada a la comunidad orante representada por los presb\u00ed\u00adteros.<\/p>\n<p>    Apenas si podemos recoger otras referencias sacramentales en el resto del Nuevo Testamento, aunque se habla con frecuencia de la muerte y de las connotaciones que la rodean. En torno a las 400 veces aparece en el Nuevo Testamento el t\u00e9rmino y la realidad del morir, de las cuales s\u00f3lo una docena alude a la ayuda que los dem\u00e1s prestan a quien se enfrenta con el momento supremo y final de la vida y a la esperanza que hay detr\u00e1s de ese instante y a la ayuda de Jes\u00fas, Juez de vivos y muertos.<\/p>\n<p>    Incluso, hubo en los siglos XII y XIII diversos te\u00f3logos que afirmaron la instituci\u00f3n divina indirecta, es decir al establecimiento del sacramento por Cristo, pero por medio de los Ap\u00f3stoles (Hugo de San V\u00ed\u00adctor, Pedro Lombardo, San Buenaventura) y no por \u00e9l mismo directamente. Esa teor\u00ed\u00ada de la instituci\u00f3n indirecta, seg\u00fan la declaraci\u00f3n del Concilio de Trento (Denz. 926), no es sostenible doctrinalmente, siendo preferible pensar que no consta el momento de la instituci\u00f3n, pero que tuvo que darse en un momento determinado.<\/p>\n<p>     La comunidad cristiana conoci\u00f3, desde los primeros momentos, la conveniencia de un acompa\u00f1amiento sacramental y fraternal del que se acerca a su encuentro con Dios y lo rode\u00f3 de gestos y signos de fraternal benevolencia.<\/p>\n<p>     Conocemos, pues, la sacramentalidad de la unci\u00f3n del moribundo m\u00e1s por tradici\u00f3n que por referencia escrituraria expl\u00ed\u00adcita. La Comunidad cristiana se sinti\u00f3 arropada desde su nacimiento por la gracia del apostolado. Los Ap\u00f3stoles tuvieron conciencia de ser los \u00abministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios.\u00bb (1 Cor. 4. 1).<\/p>\n<p>    En ese servicio ministerial se halla contenida toda la asistencia necesaria para el cultivo de la esperanza en el m\u00e1s all\u00e1. Los diversos textos, sobre todo paulinos, que hablan de la muerte, deben ser entendidos en esta referencia de la comunidad: Rom. 8.18 y 38; 1 Cor. 15.12; Gal. 5.25; Ef. 2.2; 1 Tes. 4. 13.<\/p>\n<p>    3. Datos de la Tradici\u00f3n<br \/>\n    Hasta que fue haci\u00e9ndose luz suficiente sobre este sacramento, la Unci\u00f3n de los enfermos se identific\u00f3 en parte con el rito penitencial, \u00abacelerado y abreviado\u00bb, que se ofrec\u00ed\u00ada a los pecadores en peligro de muerte. As\u00ed\u00ad lo entend\u00ed\u00ada Or\u00ed\u00adgenes, al comentar el texto de Santiago (Sant. 5. 14) y aludir a \u00e9l como testimonio de que el perd\u00f3n existe para quien se acerca a la muerte y quiere morir en la misericordia del Se\u00f1or (In Lev. hom. 2. 4).<\/p>\n<p>    S. Hip\u00f3lito de Roma, en la \u00abTraditio Apost\u00f3lica\u00bb, ofrece una plegaria breve para consagrar el \u00f3leo que va a servir para \u00abla confortaci\u00f3n de todos los que lo gusten y para la salud de todos los que lo utilicen.\u00bb (IV. 2)<\/p>\n<p>     Desde el siglo IV, los testimonios se van haciendo expl\u00ed\u00adcitos, presentando la Unci\u00f3n de enfermos como gesto de fortalecimiento y conversi\u00f3n para el  que se halla en peligro de muerte. Se asocia ese gesto con el perd\u00f3n del pecado y con la invitaci\u00f3n a convertirse a Dios en el momento final de la vida.<\/p>\n<p>     La primera declaraci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del car\u00e1cter sacramental de esta unci\u00f3n se debe al Papa Inocencio I (401-417), en su carta al Obispo de Gobbio, Decencio, del 19 de Marzo del 416. Declara el valor sacramental de esa unci\u00f3n, \u00abdestinada para los fieles enfermos, que pueden ser ungidos con el santo \u00f3leo del crisma, preparado por el Obispo&#8230; y que es un sacramento.\u00bb (Denz. 99) A\u00f1ade este pont\u00ed\u00adfice en su carta que no hay que confundir esta unci\u00f3n con otras que se hacen a los fieles o a los presb\u00ed\u00adteros, pues las unciones pueden ser muchas.<\/p>\n<p>    Ya en el siglo VI se desarrolla la doctrina sacramental que durar\u00e1 toda la Edad Media, con la instrucci\u00f3n de S. Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s (+ 542), quien exhorta a los fieles para que \u00abcuando caigan enfermos no vayan a los curanderos y adivinos, sino que busquen el remedio en la Iglesia: primero recibiendo el cuerpo y la sangre de Cristo y pidiendo a los sacerdotes que les unjan con el \u00f3leo sagrado, como ense\u00f1a el Ap\u00f3stol Santiago, de modo que puedan recuperar la salud del cuerpo y el perd\u00f3n de los pecados del alma.\u00bb (Serm. 13. 3 y 50. 1)<\/p>\n<p>    4. Signo sensible<\/p>\n<p>     La materia usada siempre en la administraci\u00f3n de este Sacramento fue el \u00f3leo santo, bendecido por el Obispo y transportado por el presb\u00ed\u00adtero que asiste y consuela el enfermo.<\/p>\n<p>     Este \u00f3leo, ordinariamente aceite de oliva, debe estar bendecido por el Obispo o por un sacerdote autorizado, costumbre ya de los tiempos m\u00e1s antiguos.<\/p>\n<p>     La normativa m\u00e1s sistem\u00e1tica procede del \u00abDecreto para los Armenios\u00bb, contenido en la bula \u00abExultate Deo\u00bb, de Eugenio IV (del 22 de Noviembre de 1439). En ella se expl\u00ed\u00adcita que este sacramento, con el aceite de oliva bendecido por el Obispo, no debe darse m\u00e1s que al enfermo cuya muerte se teme; y deben ungirse los ojos, las orejas, las narices, la boca, las manos, los pies y los ri\u00f1ones&#8230; diciendo la f\u00f3rmula: \u00abPor esta santa unci\u00f3n y por su piados\u00ed\u00adsima misericordia, el Se\u00f1or te perdone lo que has pecado&#8230;.\u00bb (Denz. 700)<\/p>\n<p>     El signo sensible es pues la unci\u00f3n m\u00faltiple, como indica Eugenio IV. Tambi\u00e9n se emplea la unci\u00f3n \u00fanica en una parte del cuerpo, como es usual en los rituales contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>    La forma del sacramento se expresa por la invocaci\u00f3n del perd\u00f3n, que puede concentrarse en la aludida anteriormente, que es usual en Occidente y procedente de Eugenio IV. Y es v\u00e1lida cualquiera otra que exprese la intenci\u00f3n de ungir y de demandar la piedad de Dios sobre el enfermo pr\u00f3ximo a la muerte.<\/p>\n<p>    En la actualidad se reduce a una sola expresi\u00f3n que acompa\u00f1a una sola unci\u00f3n en el cuerpo del enfermo, ordinariamente en la frente.<\/p>\n<p>   5. Ministro<\/p>\n<p>     La extremaunci\u00f3n s\u00f3lo puede ser administrada v\u00e1lidamente por los obispos y presb\u00ed\u00adteros que tienen cura de almas (p\u00e1rrocos y capellanes). Ocasionalmente se admite la administraci\u00f3n por otros sacerdotes con atenciones pastorales.<\/p>\n<p>     Lutero alude a que tienen que ser los presb\u00ed\u00adteros en el sentido estricto y etimol\u00f3gico del t\u00e9rmino (los de m\u00e1s edad, los ancianos), idea que fue rechazada por el Concilio de Trento. (Denz. 929)<\/p>\n<p>    Se discute si excepcionalmente puede ser un laico el administrador de la santa unci\u00f3n de los moribundos, en caso de carencia de sacerdote o por causas justificadas. Los defensores de esta idea aluden al sentido disciplinar de esta norma de Trento, recogida en el Derecho Can\u00f3nico en vigor (C. 1003) y a la carencia de sacerdotes en diversos lugares del mundo. Los opuestos a ella insisten en ser la exclusividad m\u00e1s doctrinal que disciplinar y reclaman la invalidez de cualquier unci\u00f3n sacramental realizada por un laico.<\/p>\n<p>    En la Edad Media esta unci\u00f3n de enfermos era administrada a veces por los laicos, sobre s\u00ed\u00ad mismos o sobre otras personas. Tal uso fue proscrito por Inocencio I ya en el a\u00f1o 414 (Denz. 99) como abusiva y err\u00f3nea.<\/p>\n<p>    En la Edad Media tambi\u00e9n era usual que fuera administrada la unci\u00f3n de enfermos por todos los sacerdotes presentes a la vez. Esta pr\u00e1ctica se mantiene en vigor de determinadas comunidades de la Iglesia griega, tanto cat\u00f3lica como ortodoxa, sin que pueda objetarse nada en contra de ella.<\/p>\n<p>    6. Sujeto receptor<br \/>\n    La unci\u00f3n de enfermos s\u00f3lo puede ser recibida v\u00e1lidamente por los fieles gravemente enfermos, pues ha sido instituida como ayuda sacramental para esta circunstancia. No tendr\u00ed\u00ada sentido sacramental realizada fuera el peligro de muerte.<\/p>\n<p>    Se exige tambi\u00e9n que la persona haya llegado al uso de raz\u00f3n, por su car\u00e1cter penitencial y sanativo, pues es un sacramento de apoyo moral y espiritual. Se admitir\u00ed\u00ada como sujeto receptor al ni\u00f1o que, por su edad o inteligencia, de alguna forma pueda advertir el sentido espiritual en el sacramento.<\/p>\n<p>    Y se requiere que la enfermedad implique cierto riesgo de muerte pr\u00f3xima, pues no ser\u00ed\u00ada enfermo susceptible de ser administrado v\u00e1lidamente el que padezca dolencia leve o el riesgo de muerte no provenga de enfermedad. Por eso, seg\u00fan la Tradici\u00f3n y la normativa eclesial, no se administra al que est\u00e1 en peligro de muerte por otro motivo: ejecuci\u00f3n, inminente batalla, alto riesgo de accidente, aunque su muerte sea altamente previsible e incluso segura.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n se ha vuelto usual, en los tiempos recientes, la administraci\u00f3n a personas de elevada edad que se hallan en riesgo habitual de fallecimiento, seg\u00fan la norma del Concilio Vaticano II: \u00abNo es s\u00f3lo el sacramento de quienes se encuentran en los \u00faltimos momentos de la vida, sino de quienes se hallan en peligro de muerte por edad o vejez.\u00bb (Sacr. Conc. 73)<\/p>\n<p>     La Unci\u00f3n de enfermos es repetible tantas veces como las circunstancias renueven el peligro extremo de fallecimiento. Para recibir v\u00e1lidamente el sacramento se precisa intenci\u00f3n y conocimiento de causa, de modo que ser\u00ed\u00ada inv\u00e1lida una administraci\u00f3n por sorpresa y sin conocimiento o consentimiento del interesado, pues romper\u00ed\u00ada el sentido del sacramento.<\/p>\n<p>     Cuando el enfermo ha perdido el conocimiento, se puede y debe administrar el sacramento con la suposici\u00f3n moral de que lo aceptar\u00ed\u00ada de estar consciente, actuando subsidiariamente la intenci\u00f3n del ministro y de la comunidad cristiana, familiar o no, a la que pertenece el afectado.<\/p>\n<p>     Por otra parte, para la administraci\u00f3n digna del sacramento se reclama estado de gracia, por ser un \u00absacramento de vivos\u00bb, posterior al Bautismo y a la Penitencia. Es consigna tradicional de la Iglesia la reconciliaci\u00f3n penitencial previa al sacramento, o al menos el deseo de realizarla debidamente, pues para la recepci\u00f3n digna se requiere como norma general el estado de gracia. Pero, de no ser posible, basta la contrici\u00f3n imperfecta habitual en el enfermo, pues el sacramento tiene por s\u00ed\u00ad mismo tambi\u00e9n un car\u00e1cter sanativo.<\/p>\n<p>    7. Efectos de la unci\u00f3n<br \/>\n    La tradici\u00f3n de la Iglesia ha hablado con frecuencia de diversos efectos de la unci\u00f3n de enfermos. Quedan recogidos en los que se\u00f1ala el Concilio de Trento: \u00abconfiere gracia, perdona los pecados, quita las reliquias del pecado, alivia y conforta al enfermo y, en las debidas circunstancias, restaura la salud del cuerpo.\u00bb (Denz. 927 y 909)<\/p>\n<p>    7.1. Curaci\u00f3n del alma<br \/>\n    La unci\u00f3n confiere al enfermo la gracia santificante: la restaura si est\u00e1 perdida; la incrementa si se est\u00e1 ya en amistad divina. Es un sacramento para infundir fortaleza espiritual a quien se halla en el final de la vida. Es el principal efecto.<\/p>\n<p>    Opera, pues, el aumento de la amistad divina en el mismo momento en que se acerca el encuentro definitivo con El. En la medida de lo posible conviene incrementar el efecto del sacramento por s\u00ed\u00ad mismo con la estimulaci\u00f3n de las mejores disposiciones. Por eso es bueno que, con las debidas atenciones y con delicadeza, no se oculte la situaci\u00f3n sanitaria ni espiritual al que lo recibe, pr\u00e1ctica harto frecuente incluso entre familias cristianas.<\/p>\n<p>  7.2. Gracia sacramental<br \/>\n    Importante es la llamada \u00abgracia sacramental\u00bb que consiste en la misma gracia santificante en cuanto dispone humana y espiritualmente a aceptar la terminaci\u00f3n de la vida terrena y a enfrentarse como seres inteligentes y libres con la propia responsabilidad de la vida que termina.<\/p>\n<p>    Junto con la misteriosa acci\u00f3n sobrenatural, no hay que menospreciar los efectos espirituales que el sacramento puede aportar: fortaleza ante el miedo a la muerte, sensibilidad para asumir tambi\u00e9n el dolor de los que en el entorno se despiden, valor para soportar las molestias de la enfermedad y la agon\u00ed\u00ada, etc.<\/p>\n<p>    De esta manera se vence la debilidad moral y psicol\u00f3gica que queda en el hombre como secuela del pecado y se hace m\u00e1s presente en los momentos fr\u00e1giles de la vida, el \u00faltimo de los cuales se afronta ahora.<\/p>\n<p>    A estas riquezas y otras similares es a lo que tambi\u00e9n se denomina las \u00abgracias actuales\u00bb que el enfermo recibe en estos momentos supremos para el hombre, de manera que pueda decir con plenitud de conciencia cristiana: \u00abPadre, en tus manos encomiendo mi esp\u00ed\u00adritu.\u00bb (Lc. 23. 46 y Salm. 31.6)<\/p>\n<p>    Entre estas gracias es opini\u00f3n general en la Teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica que se produce una fuerte o tal vez total remisi\u00f3n de la pena temporal debidas por los pecados de la vida, seg\u00fan el grado de la disposici\u00f3n subjetiva.<\/p>\n<p>     No parece correcto reducir el perd\u00f3n en este sacramento a los pecados veniales como pensaron los te\u00f3logos escol\u00e1sticos escotistas. Santo Tom\u00e1s rechazaba esta opini\u00f3n por no tener sentido un sacramento tan importante s\u00f3lo para este objeto sanativo. (Summa Th. Suppl. 30. I).<\/p>\n<p>     7.3. Curaci\u00f3n del cuerpo<\/p>\n<p>     En algunos escritores y, en ocasiones en algunas referencias doctrinales de la Iglesia, se ha se\u00f1alado la curaci\u00f3n corporal como efecto tambi\u00e9n del sacramento. Es peligroso no diferenciar los dos niveles en la vida del hombre: natural y sobrenatural, y asociar la sanaci\u00f3n corporal a realidades sobrenaturales.<\/p>\n<p>     Desde luego es rechazable cualquier esperanza ingenua en este sentido, sin que ello quiera decir que en ocasiones el sacramento, como cualquier otro hecho que afecte a la conciencia y a la psicolog\u00ed\u00ada del enfermo, puede desencadenar alguna reacci\u00f3n recuperadora, pero m\u00e1s de tipo psicosom\u00e1tico que de \u00ed\u00adndole sobrenatural. Por eso ning\u00fan poder milagroso se debe atribuir al sacramento ni es cristiano reclamar vanas esperanzas, fuera de las ordinarias del consuelo y de la acci\u00f3n divina mediante la intercesi\u00f3n  humana supeditada a la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>    8. Necesidad de la unci\u00f3n<\/p>\n<p>     La extremaunci\u00f3n no es en s\u00ed\u00ad misma necesaria para la salvaci\u00f3n, pues hay formas y caminos para recuperar la gracia si se tiene la desgracia de haberla perdido. Pero esto es cierto siempre que no implique menosprecio o rechazo positivo en cuanto sacramento cristiano. La raz\u00f3n est\u00e1 en que el estado de gracia se puede alcanzar y conservar sin \u00e9l.<\/p>\n<p>    Ocasionalmente, cuando el enfermo ya no tiene posibilidad de recibir la gracia por el camino ordinario de la penitencia, puede convertirse en necesaria para obtener el perd\u00f3n y, en consecuencia, la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Con todo, algunos te\u00f3logos han pensando que, cuando Cristo estableci\u00f3 un sacramento especial para cuando llegara el momento de la muerte y la Iglesia as\u00ed\u00ad lo ha entendido ofreci\u00e9ndolo desde el principio a todos los cristianos, algo muy importante tiene que haber en semejante acci\u00f3n sacramental.<\/p>\n<p>    Por eso, la caridad hacia s\u00ed\u00ad mismo y el gran respeto que se debe tener a los sacramentos sugieren la obligaci\u00f3n de recibir este sacramento cuando la muerte se acerca. Es tema debatido si la obligaci\u00f3n es grave o simplemente se trata de un regalo de superabundancia ofrecido por la misericordia divina y se puede dejar, aunque suponga cierta incuria. La respuesta depende de la \u00f3ptica m\u00e1s o menos exigente con que se enfrentan los problemas por parte de los diversos autores.<\/p>\n<p>    De lo que no cabe duda es de que quienes rodean al enfermo y le estiman en el orden cristiano, tienen obligaci\u00f3n de caridad muy seria de procurar que \u00e9ste pueda recibirlo en las mejores condiciones de conciencia y de disponibilidad espiritual.<\/p>\n<p>    9. Catequesis de la Unci\u00f3n<br \/>\n    La catequesis relacionada con este sacramento se halla asociada a la idea de la muerte y del riesgo que todo hombre tiene y a la necesidad de aprovechar los recursos que Dios nos propone.<\/p>\n<p>   Tres claras consignas debe dejar grabadas el catequista en sus catequizandos.<\/p>\n<p>      1. La unci\u00f3n de enfermos no es cosa de ancianos, sino de todas las edades, puesto que en cualquier momento se puede tener una enfermedad con riesgo de muerte.<\/p>\n<p>      2. Se debe combatir el irracional rechazo de muchos cristianos tibios y agn\u00f3stico que rehuyen hablar del sacramento cuando alguien de su entorno se halla en peligro de muerte o incluso en situaci\u00f3n terminal.<\/p>\n<p>      Con \u00f3ptica evang\u00e9lica, ocultar so pretexto de piedad, el riesgo de morir o alejar de los \u00abauxilios espirituales\u00bb que la Iglesia tiene para estos momentos, no es correcto, aunque la mayor parte de las veces se incurre en esta situaci\u00f3n por ignorancia del sacramento, por indiferencia religiosa o por carencia de iniciativas oportunas, sobre todo cuando de seres queridos se trata.<\/p>\n<p>      3. El conocimiento de la doctrina y de la liturgia del sacramento es imprescindible para todo cristiano. Dejar sin la debida presentaci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica a este sacramento es dejar una mutilaci\u00f3n peligrosa en la formaci\u00f3n del creyente.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>El sacramento que alivia a los enfermos<\/p>\n<p>\tJes\u00fas conf\u00ed\u00ado a sus Ap\u00f3stoles el ministerio de la sanaci\u00f3n \u00abSanad a los enfermos\u00bb (Mt 10,8). En la comunidad eclesial primitiva, seg\u00fan el testimonio de Santiago, ya encontramos este signo sacramental que alivia a los enfermos, como haciendo presente al mismo Jes\u00fas en medio de la comunidad \u00ab\u00bfEst\u00e1 enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presb\u00ed\u00adteros de la Iglesia, que oren sobre \u00e9l y le unjan con \u00f3leo en el nombre del Se\u00f1or. Y la oraci\u00f3n de la fe salvar\u00e1 al enfermo, y el Se\u00f1or har\u00e1 que se levante, y si hubiera cometido pecados, le ser\u00e1n perdonados\u00bb (Sant 5,14-15).<\/p>\n<p>\tEl sacramento de la unci\u00f3n tiene lugar ungiendo al enfermo e invocando al Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00abPor esta unci\u00f3n y por su bondadosa misericordia, te ayude el Se\u00f1or con la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvaci\u00f3n y te conforte en tu enfermedad\u00bb. Es, pues, una oraci\u00f3n eficaz, en la que se pide perd\u00f3n y curaci\u00f3n. Por el sacramento de la unci\u00f3n se comunica el Esp\u00ed\u00adritu Santo con gracias y dones especiales, para perdonar los pecados y para sanar, y tambi\u00e9n dar fortaleza para afrontar la enfermedad cristianamente. La sanaci\u00f3n m\u00e1s profunda es la de saber unirse a la voluntad de Dios y a los sufrimientos de Cristo. La enfermedad grave o la vejez son un momento especial para el encuentro con Cristo, que se hace presente en este signo sacramental.<\/p>\n<p>\tCelebraci\u00f3n eclesial familiar<\/p>\n<p>\tToda la comunidad eclesial acompa\u00f1a al enfermo en la celebraci\u00f3n del sacramento de la unci\u00f3n. Es celebraci\u00f3n festiva en la esperanza \u00abLa Iglesia entera encomienda al Se\u00f1or, paciente y glorifica\u00c2\u00acdo, a los que sufren, con la sagrada unci\u00f3n de los enfermos y con la oraci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros, para que los alivie y los salva (cfr. Sant 5,14-16); m\u00e1s a\u00fan, los exhorta a que uni\u00e9ndose libre\u00c2\u00acmente a la pasi\u00f3n y a la muerte de Cristo (cfr. Rom 8,17; Col 1 24; 2 Tim 2,11-12; 1Pe 4,13), contribuyan al bien del Pueblo de Dios\u00bb (LG 11).<\/p>\n<p>\tLa celebraci\u00f3n de la unci\u00f3n tiene lugar en ambiente de familia eclesial. Frecuentemente, en la propia familia, como \u00abIglesia dom\u00e9stica\u00bb (LG 11), o tambi\u00e9n en la propia comunidad catedral, parroquia, comunidad religiosa o apost\u00f3lica. Los acontecimientos del caminar eclesial se viven siempre en comuni\u00f3n de hermanos. La celebraci\u00f3n comunitaria del sacramento de la unci\u00f3n hace vivir la realidad de Iglesia comuni\u00f3n. Todos juntos \u00abcompletamos\u00bb la vida, pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or (Col 1,24; Ef 1,23).<\/p>\n<p>\tCuando se celebra el sacramento de la unci\u00f3n (SC 73). Cristo se hace sentir m\u00e1s cercano, ayudando al creyente que sufre a confiar en su amor. La vida humana, en su caminar de peregrinaci\u00f3n, se encuentra con la sorpresa de la presencia del Buen Samaritano, que unge con \u00f3leo, como indicando la participaci\u00f3n en su misma unci\u00f3n. El precio de la curaci\u00f3n lo paga \u00e9l con su donaci\u00f3n pascual. Con su unci\u00f3n, ya se puede seguir caminando y afrontando otras vicisitudes y sorpresas de la vida terrena. El dejar\u00e1 sentir su presencia, como \u00e9l quiera, en el momento oportuno.<\/p>\n<p>\tEn algunos santuarios marianos (como en Lourdes) se acostumbra a celebrar comunitariamente el sacramento de la unci\u00f3n. El aspecto mariano de la celebraci\u00f3n indica el sentido de familia eclesial, que siente cercana y presente la ternura materna de Mar\u00ed\u00ada, como expresi\u00f3n de la ternura materna de Dios. Nadie como Mar\u00ed\u00ada y Jos\u00e9 (en su vida de Nazaret), ha conocido tan profundamente el amor cari\u00f1oso de Cristo, que ten\u00ed\u00ada la costumbre de visitar y curar a los enfermos el d\u00ed\u00ada de s\u00e1bado (Mc 6,2-5; Lc 6,6-11; 13,10-17).<\/p>\n<p>\tSignificado misionero<\/p>\n<p>\tEl sacramento de la unci\u00f3n perdona, sana y une a los sufrimientos del Cristo total. \u00abSi sufre un miembro, todos los dem\u00e1s sufren con \u00e9l. Si un miembro es honrado, todos los dem\u00e1s toman parte en su  gozo\u00bb (1Cor 12,26). El Esp\u00ed\u00adritu une al creyente con Cristo en su vida, pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n. La uni\u00f3n con Cristo doloroso hace que el creyente prolongue o \u00abcomplete\u00bb a Cristo (Col 1,24). La unci\u00f3n, como comunicaci\u00f3n de los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, hace de la vida cristiana una preparaci\u00f3n para el \u00faltimo momento (la muerte), como participaci\u00f3n e la donaci\u00f3n sacrificial de Cristo.<\/p>\n<p>\tPor medio de los sacramentos, la vida entera se hace \u00abmateria\u00bb para que la palabra de Cristo la transforme en su propia vida. En relaci\u00f3n con la Eucarist\u00ed\u00ada, todo pasa a ser \u00abcielo nuevo y tierra nueva\u00bb (Apoc 21,1). El sacramento de la unci\u00f3n lleva a la eucarist\u00ed\u00ada el sufrimiento humano, para hacerlo una sola oblaci\u00f3n con la oblaci\u00f3n de Cristo (cfr. Heb 13,15; cfr. 2Cor 1,20; 1Pe 2,5), en bien de toda la Iglesia y de toda la humanidad.<\/p>\n<p>Referencias Dolor, muerte, sacramentos, salud-sanidad.<\/p>\n<p>Lectura de documentos SC 73; LG 11; CEC 1499-1532; CIC 998-1007.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada G. COLOMBO, Unci\u00f3n de los enfermos, en Nuevo Diccionario de Liturgia (Madrid, Paulinas, 1987) 2014-2029; J. FEINER, Enfermedad y sacramento de la unci\u00f3n en Mysterium Salutis (Madrid, Cristiandad, 1969-1984) V, 467-523; G. FLOREZ, Penitencia y Unci\u00f3n de los enfermos ( BAC, Madrid, 1993); J.L. LARRABE, La Iglesia y el sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1974); M. NICOLAU, La unci\u00f3n de los enfermos (Madrid 1975); B. SESBOUE, L&#8217;onction des malades (Lyon 1972).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: 1. Visi\u00f3n hist\u00f3rica de conjunto. &#8211; 2. El nuevo \u00abOrdo Unctionis infirmorum\u00bb &#8211; 3. Pastoral de enfermos. &#8211; 4. Destinatarios: a) Acci\u00f3n pastoral con los enfermos; b) El personal sanitario. &#8211; 5. Agentes. &#8211; 6. Balance y perspectivas. &#8211; 7 Retos pastorales.<\/p>\n<p>1. Visi\u00f3n hist\u00f3rica de conjunto<br \/>\nDurante casi todo el primer milenio, la Unci\u00f3n de enfermos est\u00e1 pautada seg\u00fan el texto de Santiago 5, 13-16. Eso explica que sea un sacramento propio de los enfermos graves, que se unja en vistas a la curaci\u00f3n integral de la persona, y que no se excluya, antes al contrario se contemple el eventual perd\u00f3n de los pecados. De todos modos, no son abundantes ni expl\u00ed\u00adcitos los testimonios sobre el sacramento, de tal modo que muchas veces es dif\u00ed\u00adcil, por no decir imposible, establecer si se trata del sacramento de la Unci\u00f3n o de un sacramental en el que se usa aceite bendecido por el obispo. De todos modos, si se contempla el ritual del Liber Ordinum hisp\u00e1nico -que es quiz\u00e1s el m\u00e1s antiguo ritual de Occidente- se advierte plena continuidad con el rito atestiguado por Santiago. En este caso y en el que atestiguan los primeros rituales romanos de finales del siglo VIII y principios del IX, el contexto de la Unci\u00f3n es el de la visita a los enfermos.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n inicia un proceso de cambio al final de la \u00e9poca carolingia, como consecuencia de la paenitentia ad mortem. Dado que la Penitencia era requisito previo para recibir la Eucarist\u00ed\u00ada en forma de Vi\u00e1tico, se pospuso la Unci\u00f3n a la recepci\u00f3n de estos dos sacramentos y, por ello, se la vincul\u00f3 con la proximidad de la muerte. Poco a poco lo que era Unctio infirmorum se convirti\u00f3 de hecho en Extramaunctio, es decir, de sacramento de enfermos en sacramento de moribundos, y se acentuaron progresivamente los efectos espirituales de la fortaleza espiritual y el perd\u00f3n del pecado y sus consecuencias, dejando en un muy segundo plano el efecto corporal sanativo. A finales del siglo XI se generaliza la Unci\u00f3n \u00abin extremis\u00bb y como preparaci\u00f3n a la muerte.<\/p>\n<p>Este estado de cosas se consolida con la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica escol\u00e1stica, la cual insiste sobre todo en el efecto espiritual del sacramento, en el sujeto en peligro de muerte y en el car\u00e1cter secundario de la curaci\u00f3n corporal. No se niega el efecto corporal, pero se piensa que s\u00f3lo se obtiene en casos excepcionales; por eso, los te\u00f3logos de los siglos XI-XII entienden que no puede ser el efecto espec\u00ed\u00adfico de la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo mediante este sacramento. S\u00ed\u00adntesis del pensamiento de muchos autores de la \u00e9poca es Pedro Lombardo, que tanto influjo ejerci\u00f3 en la teolog\u00ed\u00ada posterior. Seg\u00fan \u00e9l, la Unci\u00f3n se da al final de la vida y por eso la denomina extremaunci\u00f3n; su efecto propio es espiritual: la remisi\u00f3n de los pecados; el posible efecto corporal s\u00f3lo se da si conviene al enfermo. Sus comentaristas tratar\u00e1n de explicar de diversos modos el alcance de la \u00abremisi\u00f3n de los pecados\u00bb, pero mantendr\u00e1n su s\u00ed\u00adntesis fundamental. La gran escol\u00e1stica de los siglos XIII-XIV mantiene las ideas b\u00e1sicas de Pedro Lombardo y ni siquiera discuten que sea un sacramento destinados a los moribundos o que su finalidad propia sea directamente espiritual, que muchos explican en el sentido de que hace desaparecer las \u00abreliquias del pecado\u00bb, ya perdonado normalmente por el sacramento de la Penitencia. Por ejemplo, san Alberto Magno sostiene que los que reciban dignamente este sacramento quedan purificados de tal modo que pueden entrar directamente en la gloria. Por su parte Alejandro de Hales y san Buenaventura creen que la Unci\u00f3n est\u00e1 ordenada al perd\u00f3n de los pecados veniales \u00faltimos. Escoto lleva al extremo esta opini\u00f3n y sostiene que este sacramento se ha de administrar cuando el que lo recibe ya no puede pecar, es decir en el \u00faltimo momento o cuando el enfermo ha perdido el sentido. Santo Tom\u00e1s, en cambio, no parece que piense en los moribundos o agonizantes, sino en los gravemente enfermos cuya muerte se teme, y distingue dos efectos del sacramento: el primario, que es la gracia que fortalece al enfermo contra la debilidad espiritual, fruto del pecado, y el secundario, que puede ser m\u00faltiple: el perd\u00f3n del pecado en las mismas condiciones y circunstancias que otros sacramentos de vivos; la remisi\u00f3n de las reliquias del pecado, disponiendo as\u00ed\u00ad para entrar directamente en el cielo cuando se da a los moribundos si antes no se ha producido; la curaci\u00f3n corporal, cuando conviene a la salud espiritual que es la causa de la debilidad espiritual.<\/p>\n<p>Estas ideas b\u00e1sicas, parcialmente matizadas, persisten en la teolog\u00ed\u00ada posterior. Lo l\u00f3gico es que se consolide una pastoral que contempla la Unci\u00f3n como conclusi\u00f3n de la vida cristiana, entendida como curaci\u00f3n espiritual, y que nazca una especie de iniciaci\u00f3n escatol\u00f3gica con los sacramentos de la Penitencia, Vi\u00e1tico y Unci\u00f3n al final de la vida, en analog\u00ed\u00ada con la iniciaci\u00f3n que ten\u00ed\u00ada lugar al principio de la existencia cristiana, con los tres ritos del Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Eucarist\u00ed\u00ada. De todos modos, la Unci\u00f3n despu\u00e9s del Vi\u00e1tico no se generaliza en los libros lit\u00fargicos hasta el siglo XV.<\/p>\n<p>El concilio de Trento, al tratar de sacramentalidad y efectos de la Unci\u00f3n, declar\u00f3 su instituci\u00f3n divina y examin\u00f3 a fondo cuanto dice la carta de Santiago. Refiri\u00e9ndose a los efectos, puntualiz\u00f3: Estos son \u00abla gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, cuya unci\u00f3n limpia los pecados, si es que a\u00fan quedan algunos por expiar, y las reliquias del pecado; alivia y conforta el alma del enfermo suscitando en \u00e9l gran confianza en la divina misericordia, con lo cual el enfermo, confortado de ese modo, sobrelleva mejor los sufrimientos y el peso de la enfermedad, resiste m\u00e1s f\u00e1cilmente a las tentaciones del demonio y consigue a veces la salud del cuerpo si fuera conveniente a la salud de su alma\u00bb (DS 1696). Respecto al sujeto, ense\u00f1\u00f3 que las palabras de Santiago indican con bastante claridad que \u00abesta santa unci\u00f3n se ha de administrar a los enfermos, sobre todo, a aquellos que se encuentran en tan grave peligro que parecen estar al final de su vida, por lo cual es tambi\u00e9n llamada sacramento de los moribundos\u00bb (DS 1698). A pesar de ello, la teolog\u00ed\u00ada y la pastoral siguieron considerando la Unci\u00f3n como Extremaunci\u00f3n, dando como resultado que los fieles vieran en ella el anuncio de la muerte cierta y m\u00e1s o menos inminente y, en consecuencia, los enfermos y sus familiares retrasaran lo m\u00e1s posible su recepci\u00f3n. En muchos casos, el sacerdote era reclamado cuando el enfermo estaba inconsciente e incluso cuando acababa de morir.<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n contra este estado de cosas y la recuperaci\u00f3n de la doctrina y praxis de Santiago y de los primeros siglos comenz\u00f3 hacia los a\u00f1os cuarenta de este siglo, momento en el que algunos grandes liturgistas, como dom Botte, reclamaron para la Unci\u00f3n su estatuto teol\u00f3gico y pastoral de sacramento de enfermos. Sin embargo, cuando se inici\u00f3 el concilio Vaticano II la praxis pastoral segu\u00ed\u00ada como en los siglos precedentes y una gran parte de los te\u00f3logos, sobre todo del \u00e1rea alemana, continuaban vi\u00e9ndolo como sacramento del final de vida. Eso explica que se hablase de \u00ab\u00faltimos sacramentos\u00bb y que el orden seguido en su celebraci\u00f3n fuera Penitencia-Vi\u00e1tico-Unci\u00f3n.<\/p>\n<p>Testigo de esta inmadurez teol\u00f3gica del inmediato preconcilio es, en cierto sentido, la constituci\u00f3n del Vaticano II Sacrosanctum concilium. En ella se habla todav\u00ed\u00ada de Extremaunci\u00f3n, aunque se reconoce que es \u00abmejor\u00bb y \u00abm\u00e1s exacto\u00bb llamarla Unci\u00f3n (SC 73), y no deja ninguna duda respecto a que \u00abno es s\u00f3lo el sacramento de los que se encuentran en los \u00faltimos momentos de su vida\u00bb -por lo que \u00abel tiempo oportuno para recibirlo comienza cuando el cristiano ya empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez\u00bb (SC 73)- y a que la \u00abUnci\u00f3n sea administrada al enfermo despu\u00e9s de la confesi\u00f3n y antes de recibir el Vi\u00e1tico\u00bb (SC 74). Tal ambig\u00fcedad ya no aparece en la Lumen gentium, en la que, adem\u00e1s de emplearse \u00fanicamente el t\u00e9rmino \u00abUnctio\u00bb, se dice que \u00abcon la sagrada Unci\u00f3n de los enfermos y la oraci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros, toda la Iglesia encomienda a los enfermos al Se\u00f1or paciente y glorioso, para que los alivie y los salve, e incluso los exhorta a que, asoci\u00e1ndose voluntariamente a la pasi\u00f3n y a la muerte de Cristo, contribuyan as\u00ed\u00ad al bien del Pueblo de Dios\u00bb (LG 11). Estamos, pues, ante un sacramento que contempla la curaci\u00f3n integral de la persona y que se confiere para que el enfermo pueda vivir su enfermedad unido a Cristo Redentor. Se retomaba as\u00ed\u00ad la concepci\u00f3n y praxis originarias.<\/p>\n<p>El Ordo Unctionis Infirmorum (Rituale Romanum ex decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum auctoritate Pauli Pp. VI promulgatum, Ordo Unctionis infirmorum eorumque pastoralis curae, Typis Polyglottis Vaticanis 1972) y la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Sacram Unctionem Infirmorum (\u00abAAS\u00bb 65 [1973], 5-9), con que Pablo VI lo promulg\u00f3 en 1972, son un reflejo fiel y autorizado de esta doctrina.<\/p>\n<p>2. El nuevo \u00abOrdo Unctionis infirmorum\u00bb<br \/>\nLas l\u00ed\u00adneas de fuerza de este nuevo Ritual de la Unci\u00f3n son, entre otras, las siguientes.<\/p>\n<p>1) La Unci\u00f3n es el sacramento propio y espec\u00ed\u00adfico de los cristianos enfermos, entendiendo por tales los que, seg\u00fan un juicio prudente, se considera que tienen su vida en grave peligro debido a una enfermedad o a la vejez. El momento, pues, indicado para celebrar el sacramento coincide con el de su enfermedad. El Vi\u00e1tico, en cambio, es el sacramento propio y espec\u00ed\u00adfico de los moribundos. Por ello, incluso cuando urge la necesidad de auxiliar a un enfermo con dichos sacramentos, primero se le unge y luego se le da el Santo Vi\u00e1tico; no el rev\u00e9s.<\/p>\n<p>2) La Unci\u00f3n se inscribe en el contexto m\u00e1s amplio de la Pastoral de Enfermos; es decir, el sacramento no es una acci\u00f3n puntual, aunque sea la m\u00e1s importante, sino uno m\u00e1s de los cuidados que la Iglesia dispensa a sus hijos. Por eso, la Unci\u00f3n no se puede aislar de la visita a los enfermos ni de la oraci\u00f3n por ellos.<\/p>\n<p>3) La Unci\u00f3n es el sacramento espec\u00ed\u00adfico, pero no el \u00fanico, de los enfermos. La Iglesia cuida a sus hijos que se encuentran ante una grave enfermedad con el sacramento de la Sagrada Eucarist\u00ed\u00ada, celebrado eventualmente cabe el enfermo o, al menos, dado en Comuni\u00f3n, as\u00ed\u00ad como con el de la Penitencia.<\/p>\n<p>4) El cristiano que sufre la enfermedad no es un fiel a quien Dios castiga o trata mal por sus pecados, sino un bautizado que est\u00e1 llamado a vivir su dolor bajo la mirada y la presencia de Cristo, asoci\u00e1ndose a su Cruz, para hacer de la suya un instrumento de corredenci\u00f3n.<\/p>\n<p>5) El cristiano enfermo no sufre la enfermedad \u00e9l solo, sino como miembro de la Iglesia; por eso, es toda la Iglesia, pastores y fieles, la que cuida de \u00e9l en todos los aspectos, sean som\u00e1ticos, ps\u00ed\u00adquicos o espirituales. La Iglesia, fiel al ejemplo y encargo de Jes\u00fas, cuida con especial solicitud y desvelo a sus hijos enfermos.<\/p>\n<p>6) La enfermedad tiene como ra\u00ed\u00adz \u00faltima y profunda el pecado, pues fue \u00e9l quien introdujo el dolor y la muerte en el mundo. Por eso, luchar contra el dolor y la enfermedad es luchar por vencer el pecado. El personal sanitario que ejercita su profesi\u00f3n con competencia y humanidad es, pues, un colaborador de Dios, se dignifica como hombre y, si es cristiano, se santifica.<\/p>\n<p>7) La pastoral de enfermos implica a toda la comunidad cristiana, especialmente a los pastores, a la familia, al personal sanitario, a los capellanes de hospitales y cl\u00ed\u00adnicas y a las fraternidades de enfermos.<\/p>\n<p>8) El apostolado con los enfermos es un apostolado poco brillante desde el punto de vista humano; pero es un signo muy elocuente de la presencia y solicitud de Cristo ante el enfermo, sobre todo en los ambientes m\u00e1s secularizados y pobres. Por eso, los pastores deben dedicar una parte importante de su ministerio al cuidado de los enfermos.<\/p>\n<p>9) La enfermedad, que siempre ha sido un enigma para el hombre, lo es hoy de modo especial, debido a la m\u00e1s clara percepci\u00f3n que de ella tiene el enfermo, a la sensaci\u00f3n de soledad o desamor humano que, con frecuencia, experimenta incluso entre su misma familia y, sobre todo, al deterioro o p\u00e9rdida de la fe tan generalizados en la sociedad actual.<\/p>\n<p>3. Pastoral de enfermos<br \/>\nLa actual pastoral de enfermos requiere de los pastores la relectura del Vaticano II, de los Prenotandos del Ritual y de los nuevos textos lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>a) En el Vaticano II encontrar\u00e1n el contexto eclesial, pascual, cristol\u00f3gico y antropol\u00f3gico del sacramento, que son como los rayos de luz que iluminan las diversas zonas de la acci\u00f3n pastoral de la Unci\u00f3n.<\/p>\n<p>La contextualizaci\u00f3n eclesial de la Unci\u00f3n hace que \u00e9sta aparezca como un sacramento para \u00abla edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo\u00bb (SC 59) y como el sacramento con el que \u00abla Iglesia entera encomienda al Se\u00f1or, paciente y glorificado, a los que sufren, para que los alivie y los salve\u00bb (LG 11). De aqu\u00ed\u00ad derivan algunas acciones pastorales importantes; por ejemplo, la celebraci\u00f3n comunitaria del sacramento siempre que sea posible, la celebraci\u00f3n del sacramento en un contexto de enfermedad y en una perspectiva de vida (sin excluir el de enfermedad extrema), la preocupaci\u00f3n de toda la comunidad -no s\u00f3lo de los pastores- de sus enfermos y la comuni\u00f3n existencial del enfermo con la comunidad a la que pertenece y con toda la Iglesia.<\/p>\n<p>La vinculaci\u00f3n de la Unci\u00f3n con el evento pascual (cf. SC 61) lleva a entroncar este sacramento con el misterio de los padecimientos y muerte redentores de Cristo. Tambi\u00e9n de aqu\u00ed\u00ad dimanan algunas acciones pastorales de relieve, tales como la exhortaci\u00f3n a los enfermos para que \u00abuni\u00e9ndose libremente a la pasi\u00f3n y a la muerte de Cristo, contribuyan al bien del Pueblo de Dios\u00bb (LG 11) y la celebraci\u00f3n de la Unci\u00f3n dentro de la Misa (cf. SC 61), memorial por excelencia del Misterio Pascual.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica de la Unci\u00f3n descubre que es Cristo mismo quien se hace presente cabe el enfermo y le unge, puesto que es \u00e9l quien est\u00e1 presente y realiza cada uno de los sacramentos (cf. SC 7) por medio de sus ministros. Esta realidad da una visi\u00f3n muy positiva y consoladora a la pastoral de la Unci\u00f3n. Si es Cristo el que viene a visitar al enfermo -al igual que cuando dijo al Centuri\u00f3n \u00abYo mismo ir\u00e9 y le curar\u00e9\u00bb (Mt 8, 7)-, cada enfermo puede decir en verdad: \u00abCristo viene a verme, a imponerme las manos y ungirme para sanarme o aliviarme\u00bb. Esta perspectiva, pacientemente ense\u00f1ada y plenamente asimilada, es la m\u00e1s adecuada para superar la visi\u00f3n vigente a\u00fan en amplios sectores, que ven en la visita del sacerdote al enfermo para ungirlo, algo inquietante y temible.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica de la Unci\u00f3n lleva a situar el sacramento en un contexto de acompa\u00f1amiento, apoyo y alivio del enfermo considerado en su totalidad. Tambi\u00e9n esta perspectiva ayudar\u00e1 a superar la mentalidad de quienes ven en la Unci\u00f3n \u00abel anuncio de una muerte ya cercana\u00bb en lugar de un remedio, a veces incluso sanitario, para los dolores del enfermo.<\/p>\n<p>b) Los Prenotandos del Ritual, por su parte, asumen, aclaran y concretan estos principios, dando as\u00ed\u00ad los materiales necesarios para realizar una acci\u00f3n pastoral de gran envergadura. Entre los m\u00e1s iluminadores se encuentran los siguientes: la doctrina sobre la enfermedad, los sujetos de la Unci\u00f3n, el ministro, los ministerios con los enfermos y algunos principios pastorales.<\/p>\n<p>4. Destinatarios<br \/>\nLos destinatarios directos y principales de la pastoral de la Unci\u00f3n son los enfermos que tienen en grave peligro su vida, bien sean cr\u00f3nicos, ocasionales o ancianos. No lo son, en cambio, los que padecen alguna dolencia m\u00e1s o menos leve, o las personas que, estando sanas, van a ser sometidas a una operaci\u00f3n quir\u00fargica que puede situarles posteriormente en una situaci\u00f3n de enfermos graves. Menos a\u00fan, quienes gozan de buena salud, aunque est\u00e9n jubilados. De modo indirecto y colateral son tambi\u00e9n destinatarios la familia, el personal sanitario y la comunidad parroquial.<\/p>\n<p>a) Acci\u00f3n pastoral con los enfermos. La pastoral de la Unci\u00f3n tiene como objetivo b\u00e1sico que los enfermos reciban el sacramento de modo tempestivo, consciente y fructuoso; complementariamente, que vivan su enfermedad como un acontecimiento de gracia, que les vincula especialmente con Cristo doliente y redentor, y con la Iglesia, a la que aportan el tesoro de su dolor santificado y de la que reciben el cuidado maternal en su cuerpo y en su alma; por \u00faltimo, que una vez superada esta circunstancia, se reincorporen a la vida normal, humana y cristiana.<\/p>\n<p>La recepci\u00f3n tempestiva del sacramento supone una catequesis previa, formal o informal, sobre la naturaleza y efectos de la Unci\u00f3n, que, por una parte, remueva los posibles temores del enfermo, fruto de una deformaci\u00f3n o ignorancia del sacramento, y, por otra, le haga amable y deseable. La idea fundamental de esta catequesis es que la Unci\u00f3n no es el sacramento para prepararse a bien morir, sino el sacramento que conforta y ayuda a vivir santamente la circunstancia de la enfermedad y, superada \u00e9sta, si tal es la voluntad de Dios, reincorporarse a la vida ordinaria. En el supuesto de que la enfermedad sea irreversible y anuncie la muerte cierta y pr\u00f3xima, la catequesis versar\u00e1 sobre los aspectos penitenciales y escatol\u00f3gicos de la Unci\u00f3n, sin olvidar los de alivio y confortaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La recepci\u00f3n consciente conlleva, por una parte, la preparaci\u00f3n del enfermo para que reciba el sacramento en estado de gracia santificante. Por eso, lo normal ser\u00e1 ayudarlo para que realice una buena confesi\u00f3n. La experiencia confirma que la enfermedad es un momento privilegiado para volver la casa del Padre tras muchos a\u00f1os de ausencia y un kair\u00f3s que transforma a las personas con una fuerza y eficacia especiales. Conlleva tambi\u00e9n la preparaci\u00f3n cuidada de la celebraci\u00f3n del sacramento, la cual es imposible sin una catequesis, al menos elemental, sobre el sentido global de la celebraci\u00f3n y el particular de los ritos principales: la imposici\u00f3n de manos, la oraci\u00f3n de acci\u00f3n de gracias sobre el \u00f3leo bendecido y la unci\u00f3n.<\/p>\n<p>La recepci\u00f3n fructuosa tiene lugar cuando el enfermo participa activa y piadosamente en la celebraci\u00f3n, de acuerdo con su edad, formaci\u00f3n y sensibilidad espiritual. Tal participaci\u00f3n ser\u00e1 tanto m\u00e1s intensa cuanto mejor se adapten los ritos a la situaci\u00f3n concreta del enfermo. En cualquier caso, es imposible sin una preparaci\u00f3n, aunque sea elemental, del enfermo. La pastoral ha de tener en cuenta cu\u00e1l es su situaci\u00f3n concreta, con el fin de establecer si la Unci\u00f3n ha de ser comunitaria o individual, en el contexto de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica o fuera de \u00e9l, en casa del enfermo, en el hospital o en la Iglesia, celebrada por un solo presb\u00ed\u00adtero o concelebrada por varios, unida a la Penitencia y al Vi\u00e1tico (rito continuo) o separada de ellos.<\/p>\n<p>Ahora bien, aunque la pastoral de la Unci\u00f3n tenga como objetivo fundamental la recepci\u00f3n fructuosa del sacramento, no se reduce ni agota en ella. Al contrario, la Unci\u00f3n, es s\u00f3lo un momento puntual, si bien el culminante, que supone un \u00abantes\u00bb y un \u00abdespu\u00e9s\u00bb, los cuales condicionan en no peque\u00f1a medida el fruto de la misma Unci\u00f3n. El marco del \u00abantes\u00bb y \u00abdespu\u00e9s\u00bb es la visita asidua al enfermo por parte de los pastores y de los otros miembros de la comunidad cristiana de referencia, normalmente la parroquial. De esa visita nacer\u00e1 o crecer\u00e1 el aprecio mutuo y la amistad, el conocimiento de la situaci\u00f3n real del enfermo en las dimensiones som\u00e1ticas, humanas, familiares, religiosas y cristianas, y las acciones humanas y cristianas -sacramentales y no sacramentales-que deben realizarse. Ah\u00ed\u00ad se comprobar\u00e1 la posibilidad de que el enfermo reciba la Sagrada Comuni\u00f3n incluso a diario, y, sobre todo, los domingos y durante el tiempo de Pascua, con la ayuda, si es preciso -y lo ser\u00e1 con frecuencia- de ministros extraordinarios de la Comuni\u00f3n. Si la enfermedad es larga y la visita al enfermo frecuente y cuidada, la experiencia atestigua que los efectos suelen ser muy positivos, tanto para el enfermo como para quienes le visitan, incluidos los sacerdotes. Esta es, entre otras, la raz\u00f3n por la que los pastores y los fieles deben dedicar un espacio generoso de su tiempo al cuidado de los enfermos. Tal apostolado es tan poco brillante desde el punto de vista humano como eficaz desde el punto de vista cristiano y ministerial.<\/p>\n<p>b) El personal sanitario. El personal sanitario est\u00e1 constituido por los m\u00e9dicos, enfermeros y enfermeras. Estas personas tienen hoy una importancia capital, puesto que en las sociedades desarrolladas -en las que la cobertura sanitaria llega a todos los estratos y capas sociales- la enfermedad se vive en el hospital, donde los enfermos son \u00abhu\u00e9spedes\u00bb, sus familiares est\u00e1n \u00abde visita\u00bb y el personal sanitario se encuentra \u00aben su casa\u00bb. El enfermo deja su h\u00e1bitat natural y habitual y entra en \u00abotro ambiente\u00bb, en el que, junto a cuidados m\u00e9dicos muy sofisticados, experimenta, de modo real o presunto, la carencia de afecto humano, precisamente cuando m\u00e1s necesidad tiene de \u00e9l. Por otra parte, en esas sociedades desarrolladas ha crecido con frondosidad el \u00e1rbol de la secularizaci\u00f3n, con todas las secuelas letales de la deshumanizaci\u00f3n, incluida la del desprecio a la vida, sobre todo cuando \u00e9sta presenta minusval\u00ed\u00adas muy graves y permanentes. Baste pensar, por ejemplo, en la eutanasia. Junto a eso, los medios quir\u00fargicos, farmacol\u00f3gicos y asistenciales no tienen parang\u00f3n con el pasado y ofrecen posibilidades de atenci\u00f3n al enfermo otrora insospechadas. Por \u00faltimo, la Iglesia ha redescubierto la santificaci\u00f3n del trabajo y su dimensi\u00f3n apost\u00f3lica y misionera, lo que conlleva la apertura de horizontes ilimitados para la vida cristiana y apost\u00f3lica del personal sanitario, precisamente en el cuidado de los enfermos. Todo este complejo mundo no puede quedar al margen de la pastoral de la Unci\u00f3n, puesto que el sujeto que contempla el sacramento es el mismo que el que cuida el personal sanitario.<\/p>\n<p>Corresponde a la pastoral descubrir al personal sanitario que el esfuerzo que realiza para vencer o atemperar la enfermedad es una profesi\u00f3n nobil\u00ed\u00adsima y, la vez, una eficaz colaboraci\u00f3n con Dios en su lucha contra las consecuencias del pecado y, por ello, medio e instrumento de santificaci\u00f3n y apostolado. Adem\u00e1s, ense\u00f1ar a m\u00e9dicos y enfermeras que cuando disponen lo que consideran provechoso para aliviar el cuerpo o el esp\u00ed\u00adritu del que sufre, cumplen \u00abcon aquella palabra de Cristo que mandaba visitar a los enfermos, queriendo indicar que era el hombre completo el que se confiaba a sus visitas para que le ayudaran en su vigor f\u00ed\u00adsico y le confortaran en su vida espiritual\u00bb (Prenotandos, n. 4). As\u00ed\u00ad mismo, que son ellos quienes tienen un trato m\u00e1s personal y frecuente con los enfermos, lo cual les facilita captar las formas precisas de manifestar una verdadera solidaridad humana y decir al enfermo, en el momento oportuno, la palabra humana y cristiana m\u00e1s conveniente. Esta palabra ser\u00e1, en no pocos casos, una forma de apostolado aut\u00e9nticamente misionero (ib., 57 d), tanto m\u00e1s eficaz cuanto mayores sean su honradez y prestigio profesional, al ser \u00e9stos \u00abuna condici\u00f3n indispensable que dif\u00ed\u00adcilmente puede ser suplida por ning\u00fan otro tipo de celo apost\u00f3lico\u00bb (57 d).<\/p>\n<p>La pastoral con el personal sanitario no puede limitarse a los m\u00e9dicos y enfermeras que trabajan en los grandes centros de salud de las ciudades, sino que se extiende a los que cuidan a los enfermos y ancianos de los medios rurales, tanto en sus propias casas como en y desde los centros primarios de salud. La relaci\u00f3n entre estos m\u00e9dicos y enfermeras con el enfermo suele ser m\u00e1s estrecha y personalizada, y creadora, por ello, de unas relaciones m\u00e1s estables y profundas de afecto y cercan\u00ed\u00ada, sobre todo en el caso de los ancianos, dada su mayor necesidad de cuidado, protecci\u00f3n y ayuda. Una palabra o una sugerencia cristianas en labios de un m\u00e9dico creyente, cobra un relieve y eficacia insospechados.<\/p>\n<p>Finalmente, el personal sanitario cristiano tiene un inmenso campo apost\u00f3lico en los colegas no creyentes o que viven al margen de su fe. Ellos son los m\u00e1s llamados a cultivarlo y, con frecuencia, los \u00fanicos que pueden realizarlo con eficacia. Si se apoyan en las bases firmes de la amistad, honradez y competencia profesional y colaboran con ellos en la humanizaci\u00f3n de la t\u00e9cnica sanitaria, de modo que est\u00e9 al servicio de la dignidad de la persona humana, pueden anunciarles a Jesucristo como el mejor y m\u00e1s eficaz m\u00e9dico de los enfermos y facilitarles su apertura a la fe cristiana.<\/p>\n<p>c) La familia. La familia ha perdido en las sociedades industrializadas el protagonismo que desempe\u00f1\u00f3 en otros momentos y situaciones hist\u00f3ricas y que todav\u00ed\u00ada desempe\u00f1a en sociedades agr\u00ed\u00adcolas o subdesarrolladas. No obstante, su importancia es a\u00fan muy grande y en no pocos casos decisiva. En el caso de los enfermos, la familia es por excelencia la iglesia dom\u00e9stica que se manifiesta como comunidad natural de amor humano y cristiano -mediante la abnegaci\u00f3n y entrega personales- en la atenci\u00f3n espiritual del enfermo. Los familiares creyentes se preocupan de llamar a los presb\u00ed\u00adteros de la Iglesia para que visiten a sus enfermos y les presten los auxilios sacramentales y extrasacramentales que necesitan, y representan a la Iglesia en todo el itinerario del enfermo. A ellos corresponde de modo particular dar fortaleza al enfermo con palabras de fe y oraciones en com\u00fan, encomendarlo al Se\u00f1or sufriente y glorioso y exhortarle incluso a que asocie su enfermedad a los dolores de Cristo en beneficio de la Iglesia. La familia cristiana es la representaci\u00f3n m\u00e1s genuina de la Iglesia a lo largo del itinerario del enfermo.<\/p>\n<p>Al obispo incumbe la promoci\u00f3n y direcci\u00f3n de la pastoral de toda la di\u00f3cesis; m\u00e1s en concreto, estimular, moderar y, en la medida de lo posible, presidir las celebraciones en las que se congregan enfermos de varias parroquias para recibir la santa Unci\u00f3n. Adem\u00e1s, hacerse presente cabe los enfermos, mostrando as\u00ed\u00ad su amor preferencial por los m\u00e1s pobres y su condici\u00f3n de Padre y Pastor de todos. La visita y Unci\u00f3n a los sacerdotes enfermos de su presbiterio es una tarea irrenunciable del obispo.<\/p>\n<p>Los presb\u00ed\u00adteros se hacen presentes ante los enfermos como signo de la presencia de Cristo en cuanto ministros de los sacramentos de la Unci\u00f3n, Penitencia y Eucarist\u00ed\u00ada y como especiales servidores de la paz y del consuelo de Cristo. Su presencia humilde y servicial junto al enfermo o anciano es un testimonio fehaciente de su fe y ocasi\u00f3n privilegiada para encontrar los momentos m\u00e1s oportunos de ayuda, de modo que el enfermo vaya progresando en su identificaci\u00f3n con Cristo paciente. Los p\u00e1rrocos y sus colaboradores tienen una especial responsabilidad, pues son ellos quienes han de asegurar que los enfermos sean ungidos en el momento y modo oportunos y de proporcionar a la comunidad parroquial la debida catequesis, con el fin de pueda realizar el debido cuidado humano y cristiano de sus miembros enfermos.<\/p>\n<p>Los capellanes de cl\u00ed\u00adnicas y hospitales son en la actual situaci\u00f3n hist\u00f3rica los principales responsables de la visita y Unci\u00f3n de enfermos, dado que la enfermedad suele vivirse hoy en los centros hospitalarios y no en la familia, como suced\u00ed\u00ada en \u00e9pocas todav\u00ed\u00ada recientes. El elevado n\u00famero de enfermos de estos centros y la escasez de capellanes, hace indispensable la colaboraci\u00f3n entre ellos y los dem\u00e1s sacerdotes de la di\u00f3cesis. Por otra parte, para que la pastoral de enfermos sea eficaz, se requiere un contacto permanente entre los p\u00e1rrocos y los capellanes, en el que unos y otros se intercambien la necesaria informaci\u00f3n para el tiempo que dure la enfermedad y para el momento en el que los pacientes se incorporen de nuevo a la actividad ordinaria y a la vida parroquial. Los sacerdotes jubilados pueden prestar una valios\u00ed\u00adsima colaboraci\u00f3n en este campo, tanto por su experiencia como por las posibilidades reales de dedicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las comunidades religiosas que tienen el carisma espec\u00ed\u00adfico del cuidado de los enfermos y dedican su servicio al cuidado de \u00e9stos en los hospitales y otras instituciones sanitarias, est\u00e1n llamadas a dar un especial testimonio de fe y esperanza cristiana en un mundo cada vez m\u00e1s secularizado y materialista. Su misi\u00f3n es cuidar a los enfermos en nombre de la Iglesia, como testigos de la compasi\u00f3n y ternura del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La parroquia encuentra en la enfermedad una de las ocasiones principales para testimoniar que es una comunidad de amor. Los lazos entre ella y el enfermo lejos de romperse se estrechan y adquieren un sentido nuevo. La pastoral de enfermos tiene aqu\u00ed\u00ad un gran reto por lo que respecta a las comunidades parroquiales de las ciudades, sobre todo, en las meg\u00e1polis. Los esquemas mentales y pastorales que nacieron y crecieron en una situaci\u00f3n de cristiandad y de estructura rural han quedado obsoletos y caducos. La familia, el c\u00ed\u00adrculo formado por amigos y conocidos, las confraternidades parroquiales de enfermos, los movimientos de Vida ascendente y los jubilados pueden dar paso a nuevas formas de atenci\u00f3n a los enfermos, en las que todos ellos, especialmente los m\u00e1s pobres y desamparados sean visitados, confortados y ayudados.<\/p>\n<p>Las confraternidades o asociaciones cristianas de enfermos, especialmente aquellas cuyos miembros sufren una enfermedad o minusval\u00ed\u00ada prestan una ayuda especialmente valiosa en este campo y han de ser estimadas y fomentadas por las comunidades parroquiales.<\/p>\n<p>6. Balance y perspectivas<br \/>\nDespu\u00e9s de casi treinta a\u00f1os de implantaci\u00f3n del Ordo Unctionis infirmorum se advierte una clara recuperaci\u00f3n de la Unci\u00f3n como el sacramento especifico de los enfermos, aunque en no pocos fieles persiste la mentalidad de \u00absacramento de moribundos\u00bb. Tambi\u00e9n se ha recuperado, si bien en menor medida, el concepto de \u00absanaci\u00f3n integral\u00bb. Es ya un dato pac\u00ed\u00adficamente pose\u00ed\u00addo que el orden de los sacramentos de los enfermos es Penitencia, Unci\u00f3n y Vi\u00e1tico. Por \u00faltimo, un n\u00famero creciente de parroquias celebra en forma comunitaria el sacramento, no obstante una cierta aton\u00ed\u00ada tras algunos a\u00f1os de euforia.<\/p>\n<p>Junto a estos factores positivos, no es dif\u00ed\u00adcil constatar algunas negatividades. Entre otros, cabe se\u00f1alar las siguientes: 1) la ausencia, m\u00e1s o menos acentuada seg\u00fan los casos, de catequesis sobre la naturaleza y efectos del sacramento, el sentido santificador y redentor de la enfermedad vivida en uni\u00f3n con Cristo paciente y glorificado, el papel que desempe\u00f1a el enfermo dentro de la comunidad parroquial y la responsabilidad de \u00e9sta respecto a sus miembros enfermos y el significado del rito sacramental; 2) la no-inserci\u00f3n de la Unci\u00f3n en el contexto m\u00e1s amplio de la \u00abvisita a los enfermos\u00bb; 3) la celebraci\u00f3n de la Unci\u00f3n en un contexto no eucar\u00ed\u00adstico, incluso cuando se celebra en la Iglesia; 4) la tribializaci\u00f3n que comporta la praxis de ungir a enfermos leves o a personas de una cierta edad en plenitud de facultades f\u00ed\u00adsicas y mentales; 5) la ausencia de una verdadera pastoral de enfermos y la escasa dedicaci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros a un ministerio tan humilde y poco brillante a los ojos humanos como agradable a Dios y testimonio elocuente del efectivo amor preferencial por los m\u00e1s pobres; y 6) la descoordinaci\u00f3n entre los responsables de la pastoral parroquial y de los centros de salud.<\/p>\n<p>7. Retos pastorales<br \/>\nAdem\u00e1s de los que emergen de las carencias o negatividades anteriormente expuestas, la pastoral de la Unci\u00f3n tiene ante s\u00ed\u00ad estos retos. El m\u00e1s importante es, quiz\u00e1s, el descubrimiento de que la enfermedad se vive en un contexto nuevo, dado que ya no es la familia su habitat sino los centros hospitalarios, p\u00fablicos y privados, con todo lo que ello comporta: sensaci\u00f3n percibida por el enfermo de estar \u00abdesplazado\u00bb y sin el cari\u00f1o familiar precisamente cuando m\u00e1s necesidad tiene de \u00e9l, dificultad \u00aba\u00f1adida\u00bb para que la familia y la comunidad parroquial le dispensen el trato adecuado, dificultad de celebrar el rito en un marco tantas veces inadecuado, cambio de los protagonistas de la pastoral: el capell\u00e1n y los profesionales sanitarios, en lugar del p\u00e1rroco y la comunidad parroquial, etc.<\/p>\n<p>El ambiente materialista y secularizado de las sociedades hacen cada vez m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil la vivencia cristiana de la enfermedad, al ser considerada como una desgracia, un mal y un castigo del que hay que huir a toda costa y el enfermo una \u00abcarga\u00bb. La catequesis ha de mostrar, que el plan de Dios es que el hombre luche con todas sus fuerzas contra la enfermedad, en cuanto consecuencia del pecado, y que el hombre la acepte como participaci\u00f3n en el misterio redentor de Cristo. El cristiano vive su enfermedad bajo la mirada y presencia de Cristo, que le visita por medio de los presb\u00ed\u00adteros y la comunidad en la que est\u00e1 inserto, proporcion\u00e1ndole toda la ayuda humana y cristiana que necesita.<\/p>\n<p>Finalmente, la pastoral debe seguir insistiendo en que la Unci\u00f3n no es un sacramento para los moribundos, menos a\u00fan para los ya carentes de sentidos, y que es toda la comunidad la que est\u00e1 implicada en el cuidado de los enfermos, aunque ser\u00e1 la familia, el c\u00ed\u00adrculo de amistades y las fraternidades de enfermos quienes aseguren en la pr\u00e1ctica dicho cuidado.<\/p>\n<p>BIBL. -ADNES, P., L&#8217;unzione degli infermi. Storia e teolog\u00ed\u00ada, Cinisello, 1996; CAVAGNOLI, G., Competenza per celebrare l&#8217;unzione degli infermi. Teolog\u00ed\u00ada, Liturgia e Pastorale. Una rasegna bibliografica, \u00abRivista Liturgica\u00bb 80 (1993) 9-21; CHAVASSE, A., Etude sur 1&#8217;onction des infirmes dans I&#8217;Eglise latine du Ille au Xle si\u00e9cle, Lyon 1942 (a\u00fan no superado para la historia del rito); FALSINI, R., La malat\u00ed\u00ada e I&#8217;unzione degli infermi. Proposte per la cura pastorale, Milano 1975; IZQUIERDO, C., Para una pastoral de ancianos, Mensajero, Bilbao 1995; LARRABE, J. L., La Iglesia y el sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos, Madrid (s.d.); NIcoLAU, M., La Unci\u00f3n de los enfermos, Madrid 1975; TENA, P., La celebraci\u00f3n de la Unci\u00f3n de Enfermos en una gran asamblea de fieles, \u00abPhase\u00bb 21 (1981) 53-62; RAMOS, M., Nota para una historia lit\u00fargica de la Unci\u00f3n de enfermos, \u00abPhase\u00bb 27 (1987) 383-402; TRIACCA, A. M., Per una rasegna sul sacramento dell&#8217;Unzione degli infermi, \u00abEphemerides Liturgicae\u00bb 89 (1975) 397-467; W., Pastoral de la salud. Acompa\u00f1amiento humano y sacramental, CPL 60, Barcelona 1993; El mundo de la salud y de la enfermedad a examen, en Congreso Iglesia y salud, Edice, Madrid 1995, sobre todo 119-183.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Antonio Abad Ib\u00e1\u00f1ez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>El sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos (llamado anteriormente \u00bb extrema unci\u00f3n\u00bb) es el signo sacramental de la gracia del Se\u00f1or para los enfermos y los ancianos.<\/p>\n<p>El comportamiento de Jes\u00fas con los enfermos se caracteriz\u00f3 por una solicitud activa, que se manifest\u00f3 en varias intervenciones milagrosas, signo de una salvaci\u00f3n definitiva y trascendente, en la que tambi\u00e9n la enfermedad, lo mismo que el pecado y la muerte, encuentra su abolici\u00f3n completa.<\/p>\n<p>Esta misma solicitud caracteriza el comportamiento de la primitiva Iglesia. Jes\u00fas envi\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos de dos en dos a predicar el Evangelio del Reino, d\u00e1ndoles poder sobre los esp\u00ed\u00adritus inmundos. \u00abEllos marcharon y predicaban la conversi\u00f3n. Expulsaban muchos demonios, ung\u00ed\u00adan con aceite a muchos enfermos y los curaban\u00bb (Mc 6,13-14). As\u00ed\u00ad pues, Jes\u00fas quiso comprometer a los ap\u00f3stoles en su misma obra: la alegre nueva de la salvaci\u00f3n, la invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n para acoger el Reino de Dios, la curaci\u00f3n de los enfermos y de los endemoniados como signo prof\u00e9tico de la llegada del Mes\u00ed\u00adas. Y que esto compromet\u00ed\u00ada igualmente a los ap\u00f3stoles para el futuro nos lo revela la conclusi\u00f3n del evangelio de Marcos, donde el anuncio a todo el mundo iba asociado de nuevo al cuidado y a la curaci\u00f3n de los enfermos (Mc 16,15-18).<\/p>\n<p>En el texto de Mc 6,13 hay que advertir el detalle de la unci\u00f3n con aceite.<\/p>\n<p>El cuidado de los enfermos, por parte de los ap\u00f3stoles, ten\u00ed\u00ada que encerrar el mismo significado que el cuidado que tuvo de ellos Jes\u00fas: y el consuelo f\u00ed\u00adsico era una invitaci\u00f3n a la salvaci\u00f3n total tra\u00ed\u00adda por Jes\u00fas, un signo y una prenda de la misma. En este contexto, la unci\u00f3n con aceite asum\u00ed\u00ada el significado de un gesto prof\u00e9tico. El uso de la unci\u00f3n (signo de abundancia, de gozo, de honor) estaba muy difundido en 1srael. Serv\u00ed\u00ada para perfumar el cuerpo y para robustecer los miembros, dando vigor frescor y salud: se utilizaba para aliviar los dolores y para curar las heridas. El aceite era el s\u00ed\u00admbolo m\u00e1s adecuado para expresar la salvaci\u00f3n y la curaci\u00f3n de los enfermos.<\/p>\n<p>La carta de Santiago habla de una unci\u00f3n con \u00f3leo hecha por los \u00bb presb\u00ed\u00adteros de la Iglesia\u00bb. M\u00e1s a\u00fan, el concilio de Trento declar\u00f3 que el texto de Sant 5,14- 15 promulgaba el sacramento de la \u00abextrema unci\u00f3n\u00bb. En el momento de la enfermedad el ap\u00f3stol invita a hacer una oraci\u00f3n particular, acompa\u00f1ada de acciones especiales y de promesas peculiares: \u00bb Si alguno de vosotros cae enfermo, que llame a los presb\u00ed\u00adteros de la Iglesia para que oren sobre \u00e9l y lo unjan con \u00f3leo en nombre del Se\u00f1or\u00bb (Sant 5,14).<\/p>\n<p>Los presb\u00ed\u00adteros a los que hay que llamar (lo cual parece suponer que se trata de una enfermedad grave) son los jefes de la comunidad eclesial, que intervienen en nombre del Se\u00f1or. Se les llama \u00abancianos\u00bb por su analog\u00ed\u00ada con los ancianos de las sinagogas jud\u00ed\u00adas. Tienen que orar sobre el enfermo, lo cual sugiere una imposici\u00f3n de manos junto con la oraci\u00f3n. Pero en ello no hay nada m\u00e1gico: la unci\u00f3n tiene un significado sacramental, y el efecto va unido a la oraci\u00f3n en nombre del Se\u00f1or. Es un remedio para el esp\u00ed\u00adritu y para el cuerpo, para que la enfermedad f\u00ed\u00adsica no agrave la debilidad humana, llevando al enfermo a la desesperaci\u00f3n o la rebeli\u00f3n; en efecto, la oraci\u00f3n hecha con fe salvar\u00e1 al enfermo, el Se\u00f1or le aliviar\u00e1 y se le perdonar\u00e1n los pecados que haya cometido. La salvaci\u00f3n, el alivio y el perd\u00f3n de los pecados son el meollo de esta afirmaci\u00f3n final, en la que se manifiesta la eficacia singular de la oraci\u00f3n pronunciada por los presb\u00ed\u00adteros sobre el enfermo.<\/p>\n<p>Es verdad que, muy pronto, se difundi\u00f3 en la Iglesia la pr\u00e1ctica de ungir a los enfermos, a ejemplo de los ap\u00f3stoles; pero hasta el siglo VIII no se conoce ning\u00fan ritual para la administraci\u00f3n de la unci\u00f3n de los enfermos. Fue entonces cuando se reserv\u00f3 la aplicaci\u00f3n del \u00f3leo sagrado a un ministro consagrado, pero no todos est\u00e1n de acuerdo con esta praxis, ya que tambi\u00e9n estaba vigente la posibilidad de un uso privado del \u00f3leo bendecido. Entre tanto se hab\u00ed\u00ada desarrollado en la Iglesia la praxis penitencial, que preve\u00ed\u00ada una sola penitencia oficial p\u00fablica sacramental, que muchos dejaban para el momento de la muerte. Esta praxis, muy difundida, afect\u00f3 tambi\u00e9n a la unci\u00f3n de los enfermos. El papa Inocencio 1 escribi\u00f3 que no era posible aplicar la unci\u00f3n a los pecadores no reconciliados, ya que estaban privados de los sacramentos. Fue tambi\u00e9n entonces cuando la pr\u00e1ctica de la penitencia \u00abprivada\u00bb condujo de nuevo a la reconciliaci\u00f3n \u00aben vida\u00bb, dej\u00e1ndose la unci\u00f3n con \u00f3leo para los enfermos que estaban ya a punto de morir. As\u00ed\u00ad, a partir del siglo XI, la unci\u00f3n es el \u2020\u0153\u00faltimo sacramento\u2020\u009d, o sea, la \u00abextrema unci\u00f3n\u2020\u009d, la unci\u00f3n de los moribundos, la unctio exertium.<\/p>\n<p>El concilio Vaticano II ha llamado a este sacramento \u00bb unci\u00f3n de los enfermos\u2020\u009d, recogiendo una denominaci\u00f3n antigua, para disipar cualquier duda y orientar en su justo sentido la reflexi\u00f3n y la praxis del mismo. En SC 73 se establece que la unci\u00f3n de los enfermos \u00abno es s\u00f3lo el sacramento de quienes se encuentran en los \u00faltimos momentos de su vida; por tanto, el tiempo oportuno para recibirlo comienza cuando el cristiano va empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o por vejez\u00bb (Vi\u00e1tico).<\/p>\n<p>La unci\u00f3n se hace en la frente y en las manos; es un gesto ritual que evoca el significado global del efecto sacramental, o sea, la recuperaci\u00f3n del estado vital primitivo a trav\u00e9s de la armon\u00ed\u00ada con Dios y  la paz del alma, que tiene cierta repercusi\u00f3n en el cuerpo, como se indica en la f\u00f3rmula sacramental que se renueva ahora: \u00abPor esta santa unci\u00f3n y su piados\u00ed\u00adsima misericordia te ayuda el Se\u00f1or con la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo..Amen. Y libr\u00e1ndote de los pecados te salve en su bondad te alivie. Amen\u2020\u009d.<br \/>\nR. Gerardi<\/p>\n<p>BibI.: G. Gozzelino, Unci\u00f3n de los enfermos, en DTI, 1V 592-607: G, Fl\u00f3rez. Penitencia , unci\u00f3n de los enfermos, BAC, Madrid 1991; L. de Mendigur, La unci\u00f3n de los enfermos, Studium, Madrid 1965; J L. Larrabe, La unci\u00f3n de los enfermos, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1973.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El hombre frente a la enfermedad en la cultura occidental: 1. An\u00e1lisis de la situaci\u00f3n socio-cultural; 2. Consecuencias intraeclesiales del nuevo contexto socio-cultural &#8211; II. Problem\u00e1tica teol\u00f3gica &#8211; III. Datos b\u00ed\u00adblicos: 1. Cristo, curando a los enfermos, anuncia en su persona la presencia del reino, el inicio del a\u00f1o de la salvaci\u00f3n; 2. Cristo se distancia de la cuesti\u00f3n \u00e9tica sobre el problema del origen de la enfermedad (culpa-enfermedad); 3. El Hijo del hombre sufriente; 4. En las comunidades cristianas primitivas &#8211; IV. Tradici\u00f3n lit\u00fargica: 1. Los ss. I-IV (V); 2. Los ss. V-VII (VIII): a) Fuentes lit\u00fargicas, 6) Otras fuentes (intervenciones del papa, de obispos o sermones); 3. Los ss. VIII-XII (XIII): a) El centro de gravedad del sacramento no es la bendici\u00f3n del \u00f3leo, sino la administraci\u00f3n de la unci\u00f3n, b) El papel de los presb\u00ed\u00adteros, c) Los efectos, d) La unci\u00f3n \u00abad mortem\u00bb; 4. Los ss. XII-XVI (la reflexi\u00f3n escol\u00e1stica): a) La estrecha relaci\u00f3n entre unci\u00f3n y disciplina penitencial, b) La interpretaci\u00f3n de Abelardo, c) Interpretaci\u00f3n franciscana (Buenaventura y Duns Escoto), d) A nivel de celebraci\u00f3n; 5. Los ss. XVI-XX: a) El concilio de Trento, b) El ritual de Pablo V (1614), c) Los ss. XIX-XX, d) El Vat. II &#8211; V. El \u00abOrdo Unctionis Infirmorum eorumque Pastoralis Curae\u00bb: 1. La dimensi\u00f3n eclesial; 2. La asunci\u00f3n de los elementos positivos de la cultura contempor\u00e1nea; 3. Los efectos del sacramento; 4. El sujeto del sacramento &#8211; VI. Orientaciones pastorales: 1. La evangelizaci\u00f3n de los enfermos; 2. Para una pastoral de los enfermos y de los ancianos; 3. A nivel de celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>I. El hombre frente a la enfermedad en la cultura occidental<br \/>\nPara poder comprender en toda su profundidad el problema que implica el hombre enfermo en el mundo contempor\u00e1neo (el an\u00e1lisis, aun considerando la cultura occidental en general, tiene presente de modo particular la situaci\u00f3n espa\u00f1ola), es necesario tener en cuenta, aunque sea de un modo breve, la evoluci\u00f3n que ha tenido lugar, especialmente en los \u00faltimos treinta a\u00f1os, de modo que se puedan aprehender los elementos de la nueva sensibilidad del mundo en el que la iglesia vive y act\u00faa.<\/p>\n<p>1. AN\u00ed\u0081LISIS DE LA SITUACI\u00ed\u201cN SOCIO-CULTURAL. M\u00e1s o menos desde el final del s. xvn o comienzos del xvu1, la enfermedad se define \u00fanicamente desde un punto de vista subjetivo, es decir, partiendo del malestar conocido y valorando su gravedad seg\u00fan el estado a que queda reducido el enfermo, f\u00e1cilmente joven. Dada la duraci\u00f3n habitualmente breve de la enfermedad y la ausencia de tratamientos especializados, el enfermo es tratado en casa (no conoce por esto la prueba de la separaci\u00f3n, de la soledad, del aislamiento). La enfermedad de una cierta gravedad desemboca en general en la muerte. En fin, la relaci\u00f3n m\u00e9dico-paciente est\u00e1 llena de humanidad, amistad, consejo y \u00e1nimos (recu\u00e9rdese que muchas veces el objetivo de las curas era simplemente aminorar el sufrimiento).<\/p>\n<p>En nuestro siglo tiene lugar un viraje decisivo, y particularmente en los \u00faltimos treinta a\u00f1os, que ha contemplado el imponente crecimiento de la medicina, de la cirug\u00ed\u00ada, de las diversas especialidades m\u00e9dicas y de los centros de internamiento hospitalario. Es muy frecuente que hoy el enfermo sea un anciano, afectado por una enfermedad cr\u00f3nica y de lenta evoluci\u00f3n (debida sobre todo a la intervenci\u00f3n m\u00e9dica); los notables progresos a nivel de diagn\u00f3stico, incluso preventivo, y de terapia, mientras que por una parte han llevado al conocimiento de nuevas enfermedades, por otra han favorecido el crecimiento num\u00e9rico del mundo de los enfermos, creando en muchos casos psicosis de enfermedad en las personas sanas, que por esto viven con el temor de descubrirse improvisadamente enfermas. Las consecuencias de todo esto en el plano social y cultural son notables: la enfermedad se convierte en una de las preocupaciones m\u00e1s constantes y angustiosas de la vida del hombre contempor\u00e1neo. En ocasiones pasa a ser un estado de vida prolongado o incluso permanente (por esto hoy la enfermedad ha perdido la estrecha conexi\u00f3n que un d\u00ed\u00ada tuvo con la muerte; estar enfermo ya no significa correr necesariamente peligro de muerte). Adem\u00e1s, la necesidad de tratamientos especializados y, por esto, del consiguiente internamiento hospitalario provoca en el enfermo experiencias psicol\u00f3gicas lacerantes, como la ruptura de la propia identidad, el peso de la marginaci\u00f3n social, el aislamiento y la soledad existenciales, la sensaci\u00f3n de pertenecer a un estado de minor\u00ed\u00ada de edad, como una tercera persona cuya suerte se decide, en di\u00e1logos furtivos, entre los familiares y el m\u00e9dico. La misma relaci\u00f3n de este \u00faltimo con el enfermo ha sufrido notables transformaciones: el paciente se encuentra delante de personas desconocidas -que le piden una serie de pruebas, cuyos motivos y resultados no comprende&#8211; y a las que est\u00e1 totalmente sometido. As\u00ed\u00ad es como ha nacido el mundo de los enfermos, separado del de los sanos, incluso a nivel cultural; en efecto, la enfermedad para gran parte de las personas es una cuesti\u00f3n sin sentido, un puro hecho objetivo, que no tiene importancia alguna en el horizonte de los problemas humanos.<\/p>\n<p>2. CONSECUENCIAS INTRA-ECLESIALES DEL NUEVO CONTEXTO SOCIO-CULTURAL. La radical transformaci\u00f3n de perspectiva, de actitud y de modo de pensar antes indicada ha supuesto una provocaci\u00f3n para la iglesia, que se ha visto profundamente cuestionada por la nueva sensibilidad antropol\u00f3gica. La iglesia ha recorrido de nuevo, reley\u00e9ndolas en esta perspectiva, las fuentes b\u00ed\u00adblico-lit\u00fargicas, llegando as\u00ed\u00ad a la superaci\u00f3n de la actitud asc\u00e9tica en su relaci\u00f3n con la enfermedad, que tomaba el nombre de p\u00ed\u00ada resignaci\u00f3n y aceptaci\u00f3n&#8217;, y asumiendo al mismo tiempo el deber de luchar contra la enfermedad, sin caer con todo en una visi\u00f3n radicalmente secularizada, que podr\u00ed\u00ada llevar a un modo arreligioso de vivir la situaci\u00f3n de enfermedad, la cual, entre otras cosas, incluso desde el punto de vista meramente antropol\u00f3gico, constituye una fuerte experiencia, susceptible de apertura al misterio de lo sobrenatural. Se ha superado tambi\u00e9n el peligro de aislamiento del enfermo dentro de la misma iglesia; la enfermedad ya no se ve como un estado de vida y de santificaci\u00f3n, ordenado por una espiritualidad propia, porque la iglesia entera est\u00e1 llamada a vivir la l\u00f3gica de la cruz y sometida a la cruz.<\/p>\n<p>II. Problem\u00e1tica teol\u00f3gica<br \/>\nSon varios los problemas que se encuentran al estudiar el sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos. Se pueden reducir a los siguientes:<br \/>\n1. Los datos b\u00ed\u00adblicos relativos al sacramento son muy escasos y necesitan ser integtados en los temas m\u00e1s amplios de la enfermedad y del sufrimiento.<\/p>\n<p>2. Las tradiciones occidental y oriental documentan una discreta variedad de denominaciones, como \u00f3leo santo, sacra unctio, unctio infirmorum, sacramentum exeuntium, extrema unctio (Occidente); \u00f3leo, \u00f3leo santo, el \u00f3leo de la oraci\u00f3n, el misterio de las l\u00e1mparas (Oriente).<\/p>\n<p>3. Las formas y realizaciones del sacramento cambian a lo largo de los siglos. a) El rito se celebra tanto en casa como en la iglesia, y es administrado por los presb\u00ed\u00adteros o por los fieles. b) En lo que concierne al destinatario, a lo largo de la historia se pasa del enfermo leve al moribundo (en ocasiones incluso al que ya est\u00e1 muerto). c) Sobre los efectos, los datos de las fuentes lit\u00fargico-patr\u00ed\u00adsticas se mueven entre los efectos corporales y los espirituales (penitenciales). d) \u00bfD\u00f3nde se sit\u00faa el sacramento? \u00bfEn la bendici\u00f3n del \u00f3leo reservada al obispo o en la liturgia de la unci\u00f3n?<br \/>\n4. Sirvi\u00e9ndonos de las publicaciones teol\u00f3gicas relativas al sacramento de la unci\u00f3n, podemos resumir las \u00faltimas discusiones en torno a algunas grandes orientaciones: unas ven el sacramento como \u00abconsummativum paenitentiae\u00bb (curar al pecador en el cristiano gravemente enfermo); otras como \u00abconsagraci\u00f3n de la muerte\u00bb del cristiano\u00bb; y otras, por fin, como \u00absacramento de los enfermos\u00bb&#8216;. En esta \u00faltima l\u00ed\u00adnea es donde se inserta la reflexi\u00f3n del Vat. II (SC 73), que dirige la reflexi\u00f3n sobre el sacramento hacia los enfermos que comienzan a estar en peligro de muerte, superando la visi\u00f3n teol\u00f3gico-pastoral codificada por el CDC de 1917 (can. 940), estrechamente unida al pensamiento medieval (cf can. 1004 del CDC de 1983).<\/p>\n<p>Analizaremos puntualmente todo esto en los p\u00e1rrafos siguientes.<\/p>\n<p>III. Datos b\u00ed\u00adblicos<br \/>\nLa biblia (AT y NT) no parece interesarse por la enfermedad en cuanto tal; se acerca a ella s\u00f3lo en la medida en que plantea a la experiencia de fe del pueblo de Dios interrogantes que sustancialmente se pueden formular as\u00ed\u00ad: \u00bfC\u00f3mo se explica la enfermedad dentro de la historia de la salvaci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo vivirla a la luz de la fe? El an\u00e1lisis de la l\u00ed\u00adnea en la que se mueve la Escritura se hace sin embargo dif\u00ed\u00adcil, dada la diversa visi\u00f3n cosmol\u00f3gica y antropol\u00f3gica, hoy superada en muchos aspectos, en la que se mueve y en cuyo entorno se expresa la fe b\u00ed\u00adblica. Pero a la luz de Cristo es posible comprender y descifrar, entre las diversas incrustaciones culturales, el mensaje proveniente de la experiencia de la fe.<\/p>\n<p>1. CRISTO, CURANDO A LOS ENFERMOS, ANUNCIA EN SU PERSONA LA PRESENCIA DEL REINO, EL INICIO DEL A\u00ed\u2018O DE LA SALVACI\u00ed\u201cN (LC 4,21). Anunciada con el signo de las curaciones, la esperanza suscitada por la espera prof\u00e9tica en el futuro de Dios (Isa 35:5-6; Isa 61:1-3; Jer 33:6) encuentra en Cristo su plena realizaci\u00f3n. Los milagros de curaci\u00f3n son el signo de que el reino de Dios est\u00e1 ya aqu\u00ed\u00ad, de que la enfermedad (el pecado) es algo que ya est\u00e1 vencido y que debe desaparecer y de que la victoria de Dios sobre el pecado y sobre sus consecuencias ya ha comenzado (pi\u00e9nsese tambi\u00e9n en el hecho de que, a menudo, las curaciones est\u00e1n unidas al perd\u00f3n de los pecados [Mar 2:1-12]). La actividad taumat\u00fargica de Jes\u00fas es una anticipaci\u00f3n del grande y maravilloso futuro de Dios, y es un modo de hacer que este futuro nos llegue.<\/p>\n<p>2. CRISTO SE DISTANCIA DE LA CUESTI\u00ed\u201cN ETICA SOBRE EL PROBLEMA DEL ORIGEN DE LA ENFERMEDAD (CULPA-ENFERMEDAD). Es el misterio del ciego de nacimiento (Jua 9:2-3): mientras que por una parte Jes\u00fas excluye expl\u00ed\u00adcitamente la relaci\u00f3n causal pecado-enfermedad (problema ya tratado en el libro del G\u00e9nesis y en el de Job con diversos matices), por otra se muestra interesado en el final, es decir, en el significado que la enfermedad asume en el plan de Dios, en el modo de utilizarla: \u00abNi pec\u00f3 \u00e9ste ni sus padres, sino para que resplandezcan en \u00e9l las obras de Dios\u00bb (Jua 9:3). El hombre enfermo que proclama con su grito implorante su impotencia para salvarse solo se convierte en el lugar en que se manifiestan las obras de Dios, el \u00fanico Cristo salvador del hombre.<br \/>\n3. EL HIJO DEL HOMBRE SUFRIENTE. Viviendo plenamente, en el camino hacia la luz, la experiencia del siervo de Yav\u00e9, Cristo experimenta, al compartir y solidarizarse por voluntaria elecci\u00f3n mesi\u00e1nica (no por enfermedad), los aspectos de debilidad, de oscuridad, de tentaci\u00f3n, de lejan\u00ed\u00ada del misterio de Dios t\u00ed\u00adpicos de la experiencia del sufrimiento. As\u00ed\u00ad su sufrimiento puede iluminar el nuestro (Mat 8:16-17; Mar 14:32-42 y 15,21-41). Se perfila de este modo el anuncio del valor salv\u00ed\u00adfico redentor del sufrimiento (enfermedad), capaz de tener significado para el reino: el sufrimiento no s\u00f3lo se convierte en una situaci\u00f3n que debe ser superada, sino que tambi\u00e9n debe ser aprovechada. El sufrimiento, vivido desde la fe, en la confianza en el poder de Dios y en su fidelidad sin tacha, se hace redentor, destruye el pecado: el siervo inocente exp\u00ed\u00ada los pecados de los otros (esto ciertamente no quitar\u00e1 al sufrimiento su car\u00e1cter escandaloso, que le viene de ser participaci\u00f3n en la estupidez del misterio de la cruz).<\/p>\n<p>4. EN LAS COMUNIDADES CRISTIANAS PRIMITIVAS. La experiencia de Cristo se convierte en experiencia de la iglesia, que prolonga los gestos de curaci\u00f3n de Jes\u00fas (Mat 10:7-8; Heb 2:43; Heb 5:12; Heb 5:5-16; Heb 9:34-40), afirmando as\u00ed\u00ad la presencia del reino y poniendo de manifiesto su fuerza liberadora. Pablo presenta el carisma de curaci\u00f3n como un servicio a la edificaci\u00f3n de la comunidad (1Co 12:9-28). Los textos de Col 1:24 (a la luz del cual la tradici\u00f3n cristiana ha interpretado el sufrimiento, incluso el originado por la enfermedad) y de 2Co 1:5-6, al tomar de nuevo el tema del hijo del hombre sufriente, nos sit\u00faan ante la pasi\u00f3n del Se\u00f1or, a cuya luz es reinterpretado el sufrimiento apost\u00f3lico. Pero ser\u00e1 el texto de Stg 5:14-16 el que ocupar\u00e1 el centro de la reflexi\u00f3n cristiana posterior y el que constituir\u00e1 el punto de referencia para fundamentar la praxis sacramental de la unci\u00f3n; presenta una praxis institucionalizada, y describe, con muchos y diversos t\u00e9rminos capaces de expresar la complejidad existencial de la situaci\u00f3n del enfermo, la acci\u00f3n pastoral de la comunidad: oraci\u00f3n, unci\u00f3n, alivio, curaci\u00f3n y perd\u00f3n de los pecados.<\/p>\n<p>De lo que ha sido expuesto es posible concluir que la Escritura no pretende tanto hacer un tratado sobre la unci\u00f3n de los enfermos cuanto llevar la atenci\u00f3n hacia los signos que deben ser descifrados como la enfermedad, el sufrimiento y el dolor, ley\u00e9ndolos en el contexto del devenir de la revelaci\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica y a la luz del Hijo del hombre que vino para curar y, al mismo tiempo, sufriente.<\/p>\n<p>IV. Tradici\u00f3n lit\u00fargica<br \/>\nSer\u00ed\u00ada ciertamente interesante y metodol\u00f3gicamente m\u00e1s correcto estudiar toda la actividad pastoral que la iglesia ha realizado en relaci\u00f3n con sus miembros d\u00e9biles y enfermos, como actuaci\u00f3n obediente, a lo largo de los siglos, del ministerio de Cristo, que vino para curar. Aqu\u00ed\u00ad nos limitaremos al sacramento de la unci\u00f3n, y sobre todo a las fuentes lit\u00fargicas que nos dan noticia de \u00e9l (con particular atenci\u00f3n al \u00e1rea romana), pero sin perder de vista los otros testimonios, capaces de iluminar la acci\u00f3n de la iglesia y el contexto cultural en el que act\u00faa.<\/p>\n<p>1. Los ss. I-IV (V). Se caracterizan por un relativo silencio de las fuentes m\u00e1s directas y expl\u00ed\u00adcitas sobre este sacramento. Entre las fuentes lit\u00fargicas que se acostumbra a estudiar con relaci\u00f3n a este per\u00ed\u00adodo&#8217; me parece oportuno presentar la bendici\u00f3n del \u00f3leo que se encuentra en la Traditio apostolica de Hip\u00f3lito: \u00abComo santificando este \u00f3leo t\u00fa das, oh Dios, la santidad a aquellos que son ungidos con \u00e9l y lo reciben (este \u00f3leo), con el que has ungido a los reyes, los sacerdotes y los profetas, as\u00ed\u00ad (\u00e9l) procure el alivio a aquellos que lo prueben (gustantibus), y la salud a aquellos que lo usen (utentibus)\u00bb. En la praxis de Hip\u00f3lito aparece como elemento central la bendici\u00f3n del obispo (al que se recomienda visitar personalmente a los enfermos que le indiquen los di\u00e1conos) del \u00f3leo destinado a los enfermos durante la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica: es evidente la referencia a la eucarist\u00ed\u00ada como fuente tanto de la gracia del consuelo y de la salud que el enfermo espera como de los ministerios cerca del enfermo que el cuidado pastoral de los mismos enfermos implica y que en primera persona piden el obispo y sus colaboradores. El uso del \u00f3leo que lleva consuelo y salud se deja a los mismos fieles (gustantibus y utentibus), los cuales lo tienen en su poder para la curaci\u00f3n de las enfermedades propias y de otros.<\/p>\n<p>2. Los ss. v-vii (viii). En estos siglos los testimonios son m\u00e1s abundantes:<br \/>\na) Fuentes lit\u00fargicas. Se trata todav\u00ed\u00ada de f\u00f3rmulas de bendici\u00f3n del \u00f3leo. Consideramos particularmente la f\u00f3rmula romana Emitte, que, transmitida tanto en la redacci\u00f3n gregoriana del final del s. vi como en la redacci\u00f3n gelasiana del s. viii, puede, sin embargo, remontarse en su origen al s. v. Estos textos guardan continuidad con la Traditio apostolica al introducir la f\u00f3rmula de bendici\u00f3n dentro de la plegaria eucar\u00ed\u00adstica; la oraci\u00f3n se dirige al Esp\u00ed\u00adritu Santo, al que se invoca su venida sobre el \u00f3leo, para que \u00e9ste llegue a ser remedio para el cuerpo (redacci\u00f3n gregoriana) y para el esp\u00ed\u00adritu: \u00abManda, oh Se\u00f1or, desde el cielo al Esp\u00ed\u00adritu Santo par\u00e1clito a este \u00f3leo que has querido sacar de un verde \u00e1rbol para restaurar el esp\u00ed\u00adritu y el cuerpo. Que tu santa bendici\u00f3n para cualquiera que sea ungido (ungenti), lo beba (gustanti) o se lo aplique (tangenti) llegue a ser remedio del cuerpo, del alma y del esp\u00ed\u00adritu; expulse todo dolor, toda debilidad, todo mal del esp\u00ed\u00adritu y del cuerpo; que este \u00f3leo, con el que has ungido a los sacerdotes, los reyes y los profetas y los m\u00e1rtires, el \u00f3ptimo crisma que has bendecido, permanezca en nuestras v\u00ed\u00adsceras, en nombre de Jesucristo, nuestro Se\u00f1or\u00bb&#8216;. La oraci\u00f3n presenta tambi\u00e9n una probable referencia al bautismo cuando parece ver la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, dada por la unci\u00f3n, en continuidad con la misma fuerza dada en la unci\u00f3n de los sacerdotes, reyes y profetas, a los que se a\u00f1aden los m\u00e1rtires: su testimonio se considera tambi\u00e9n como una unci\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu que da fuerza en esa particular situaci\u00f3n vital del cristiano bautizado (martirio), la cual presenta una cierta analog\u00ed\u00ada con la situaci\u00f3n de enfermedad. Adem\u00e1s, aunque la versi\u00f3n gelasiana presenta la visi\u00f3n tripartita del hombre como en 1Ts 5:23, sin embargo la insistencia de la oraci\u00f3n recae sobre el alivio del cuerpo. El uso del \u00f3leo se hace de diversos modos: unci\u00f3n (ungenti), bebida (gustanti), aplicaci\u00f3n (tangenti), y son los enfermos los que disponen del mismo.<\/p>\n<p>b) Otras fuentes (intervenciones del papa, de obispos o sermones) nos permiten comprender de modo concreto la praxis de estos siglos. Recordemos la Carta de Inocencio 1 a Decencio, obispo de Gubbio, del 19 de marzo de 416: \u00abTu caridad&#8230; tambi\u00e9n menciona lo que est\u00e1 escrito en la carta del ap\u00f3stol Santiago: Si hay entre vosotros alg\u00fan enfermo, llame a los presb\u00ed\u00adteros, y oren sobre \u00e9l, ungi\u00e9ndole con \u00f3leo en el nombre del Se\u00f1or; y la oraci\u00f3n de la fe salvar\u00e1 al enfermo y el Se\u00f1or le aliviar\u00e1; y si ha cometido pecado, se le perdonar\u00e1. No cabe duda de que esto ha de tomarse o entenderse de los fieles enfermos que pueden ser ungidos con el \u00f3leo santo del crisma. Preparado por el obispo, es l\u00ed\u00adcito usar de \u00e9l no s\u00f3lo a los sacerdotes, sino a todos los cristianos, en orden a la unci\u00f3n en sus necesidades personales y en las de los suyos. Por lo dem\u00e1s, vemos que se ha a\u00f1adido un punto superfluo: como es dudar de que pueda el obispo lo que no se duda que pueden hacer los sacerdotes. Porque la raz\u00f3n por la que se habla de los presb\u00ed\u00adteros es porque los obispos, impedidos por otras ocupaciones, no pueden acudir a todos los enfermos. Por lo dem\u00e1s, si el obispo puede o estima conveniente visitar por s\u00ed\u00ad mismo a alguno, sin duda puede bendecir y ungir con el crisma aquel a quien corresponde preparar el crisma. Con todo, no se puede ungir a los penitentes, porque es \u00e9ste un g\u00e9nero de sacramento. Y a quienes se niegan los otros sacramentos, \u00bfc\u00f3mo puede pensarse que se conceda uno de ellos?\u00bb (DS 216). En la carta se subraya la importancia fundamental de la bendici\u00f3n del \u00f3leo por el obispo; se determina que el texto de Santiago debe entenderse como referido a los fieles enfermos (excluidos sin embargo los penitentes p\u00fablicos, porque el \u00f3leo pertenece al \u00abgenus sacramenti\u00bb) que pueden usar el \u00f3leo para sus necesidades personales (y, por lo tanto, no s\u00f3lo los presb\u00ed\u00adteros).<\/p>\n<p>Es asimismo interesante para la iglesia de la Galia la predicaci\u00f3n de Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s (s. vi) que considera la unci\u00f3n en el contexto de la lucha cristiana contra los ritos m\u00e1gicos paganos de curaci\u00f3n, present\u00e1ndola como el remedio m\u00e1s seguro y m\u00e1s fuerte, porque es el signo de Cristo, el principal y m\u00e1s fuerte antagonista de las fuerzas diab\u00f3licas. Es evidente que, aun desde una perspectiva de fe, el pensamiento de Ces\u00e1reo tiene el peligro de asumir un significado ambiguo, especialmente cuando debe subrayar que la unci\u00f3n produce sobre todo efectos corporales. Ces\u00e1reo habla tambi\u00e9n del perd\u00f3n de los pecados, en particular de los que son causados por las pr\u00e1cticas paganas. La bendici\u00f3n del \u00f3leo est\u00e1 reservada a los presb\u00ed\u00adteros, pero los fieles pueden usarlo libremente.<\/p>\n<p>La iglesia, al prolongar la acci\u00f3n de Cristo con los enfermos, valora el uso y la confianza de los pueblos mediterr\u00e1neos en las virtudes curativas del aceite de oliva y bendice as\u00ed\u00ad el \u00f3leo que se usaba para los enfermos. Sin embargo, el acento se pone en la bendici\u00f3n del \u00f3leo (caracterizada por la solemne ep\u00ed\u00adclesis), que los laicos pueden aplicar a los enfermos y que los fieles enfermos usar\u00e1n en caso de enfermedad, en comuni\u00f3n con la iglesia; en Roma, a partir del s. vii, la bendici\u00f3n se pide solamente al obispo el jueves santo. Adem\u00e1s, el texto de la carta de Santiago, sobre todo a partir de Inocencio I, se introduce en las oraciones lit\u00fargicas para la bendici\u00f3n del \u00f3leo y se convertir\u00e1 en la fuente inspiradora de los rituales que poco a poco se van formando en este momento. Finalmente, la relaci\u00f3n eucarist\u00ed\u00ada-unci\u00f3n es evidente: esta relaci\u00f3n har\u00e1, al menos en la \u00e9poca precarolingia, que la unci\u00f3n no se interprete como un suced\u00e1neo de la medicina, casi como una medicina cristiana, ni tampoco como una intervenci\u00f3n milagrosa, sino como un recurso a la iglesia, signo de Cristo, salvador del hombre integral, al que debemos abrirnos en la fe.<\/p>\n<p>3. Los ss. viiI-xii (xiii). Para el estudio de estos siglos hay ya much\u00ed\u00adsimas fuentes. que, con todo, necesitan todav\u00ed\u00ada una aproximaci\u00f3n hermen\u00e9utica correcta y completa. Por esto me limito a presentar una s\u00ed\u00adntesis interpretativa de los datos, pac\u00ed\u00adficamente admitida hoy por todos.<\/p>\n<p>a) El centro de gravedad del sacramento no es la bendici\u00f3n del \u00f3leo, sino la administraci\u00f3n de la unci\u00f3n. Nacen ahora los primeros rituales u \u00abordines ad visitandum vel perungendum infirmum\u00bb, caracterizados por una gran variedad de oraciones y de gestos, por una notable libertad con respecto al n\u00famero y al lugar de las unciones y por una floraci\u00f3n notable de ritos y de plegarias.<br \/>\nb) El papel de los presb\u00ed\u00adteros. El clero asume cada vez m\u00e1s un papel determinante; adem\u00e1s se le reserva la unci\u00f3n (a este prop\u00f3sito, pi\u00e9nsese en el significado y la importancia que tuvo, para la reforma carolingia, la reforma del clero, y en la uni\u00f3n cada vez m\u00e1s estrecha entre penitencia sacramental y unci\u00f3n, con el consiguiente incremento del papel determinante del sacerdote en el proceso penitencial y, por tanto, tambi\u00e9n en la administraci\u00f3n de la unci\u00f3n).<\/p>\n<p>c) Los efectos. Se ponen cada vez m\u00e1s de relieve los efectos espirituales de la unci\u00f3n (sin embargo, esto no significa que ya no se piense en el efecto corporal), vistos, sobre todo a partir del s. x, como purificaci\u00f3n del mal: los sentidos se ungen no en cuanto enfermos, sino en cuanto instrumentos del pecado. En efecto, la enfermedad, en este tiempo, se considera progresivamente como ocasi\u00f3n para la conversi\u00f3n de los pecados y como momento de reconciliaci\u00f3n con Dios, que exige la intervenci\u00f3n del ministerio sacerdotal: pi\u00e9nsese, por ejemplo, en los decretos del concilio Lateranense IV, que prescriben \u00abquod infirmi prius provideant animae quam corpori\u00bb (COD, pp. 221s).<br \/>\nd) La unci\u00f3n \u00abad mortem&#8217;. La evoluci\u00f3n m\u00e1s importante y significativa proviene del deslizamiento generalizado del rito de la unci\u00f3n hacia el momento de la muerte, causado por la asociaci\u00f3n de hecho de la unci\u00f3n con la penitencia ad mortem y con el vi\u00e1tico. Esta praxis provoca el desarrollo de una teolog\u00ed\u00ada de la unci\u00f3n que pone de manifiesto, de un modo cada vez m\u00e1s unilateral, la perspectiva de la unci\u00f3n ad mortem: as\u00ed\u00ad la unci\u00f3n, ritualmente unida a la penitencia ad mortem, aparecer\u00e1 como la culminaci\u00f3n del rito de la reconciliaci\u00f3n (no por casualidad se transfiere a la unci\u00f3n la problem\u00e1tica penitencial de la repetibilidad, de los entredichos&#8230;). La praxis llega as\u00ed\u00ad a la denominada extrema unci\u00f3n, pero sin que la mayor\u00ed\u00ada de los textos lit\u00fargicos sufra en su contenido modificaciones similares a la evoluci\u00f3n del rito hacia la muerte; en efecto, todav\u00ed\u00ada hablan de alivio y de la vuelta del enfermo a las actividades de la vida normal.<\/p>\n<p>4. LOS SS. XII-XVI (LA REFLEXI\u00ed\u201cN ESCOL\u00ed\u0081STICA). Suponiendo conocidas las categor\u00ed\u00adas culturales con las que la escol\u00e1stica reexpresa el dato de la fe, propongo una s\u00ed\u00adntesis de la lectura que la reflexi\u00f3n escol\u00e1stica hace de la unci\u00f3n, a\u00f1adiendo una particular alusi\u00f3n a las l\u00ed\u00adneas maestras del pensamiento de Abelardo, dado que ser\u00e1 retomado por las escuelas alemana de los ss. xtxxx y franciscana (Buenaventura y Escoto), que tendr\u00e1 mucha importancia para la pastoral postridentina.<\/p>\n<p>a) La estrecha relaci\u00f3n entre unci\u00f3n y disciplina penitencial. Aparece claramente la tendencia a superponer la unci\u00f3n a la penitencia, cosa que ya era evidente en la praxis de la \u00e9poca, sobre lo que reflexiona la teolog\u00ed\u00ada. Est\u00e1 claro por esto la conexi\u00f3n con la disciplina penitencial y con el peligro de muerte como condici\u00f3n previa para recibir el sacramento. Se perfila as\u00ed\u00ad una visi\u00f3n teol\u00f3gica que sit\u00faa la unci\u00f3n en una perspectiva escatol\u00f3gica (\u00absacramentum exeuntium, ultimum remedium, immediate disponens ad gloriam\u00bb), y una praxis pastoral que ve en la unci\u00f3n el sacramento \u00abconsummativum totius spiritualis curationis\u00bb, conclusi\u00f3n de la vida cristiana comprendida como curaci\u00f3n espiritual, y que engloba, en analog\u00ed\u00ada con la sucesi\u00f3n de tres ritos de la iniciaci\u00f3n cristiana, una sucesi\u00f3n paralela de tres ritos de una especie de iniciaci\u00f3n escatol\u00f3gica: penitencia, vi\u00e1tico y unci\u00f3n. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica as\u00ed\u00ad configurada, asumiendo evidentemente un papel de orientaci\u00f3n de la praxis, acabar\u00e1 por confirmar y conservar la praxis por la que ella misma fue generada.<\/p>\n<p>b) La interpretaci\u00f3n de Abelardo relaciona, por una parte, la unci\u00f3n con el bautismo (unci\u00f3n bautismal), y por lo tanto con la idea de consagraci\u00f3n; y, por la otra, con la penitencia, y por ende con la remisi\u00f3n de los pecados. La primera relaci\u00f3n abre la perspectiva de la unci\u00f3n como complemento de la consagraci\u00f3n bautismal, en el sentido de que la consagraci\u00f3n bautismal inicia a la vida cristiana en su fase terrena; la unci\u00f3n, por el contrario, completa, es decir, pone fin a la vida cristiana, preparando al fiel para la vida futura y garantizando un especial fulgor al cuerpo en la resurrecci\u00f3n. La unci\u00f3n, calificada ya como extrema unci\u00f3n, prepara al hombre para la visi\u00f3n divina. La segunda relaci\u00f3n no hace otra cosa que explicitar la progresiva fisonom\u00ed\u00ada penitencial que ya estaba asumiendo la unci\u00f3n.<br \/>\nc) Interpretaci\u00f3n franciscana (Buenaventura, In IV Sent., 1. IV, a. 1, q. 1, y Duns Escoto, In IV Sent., 1. IV, d. 2; a. 2; d. 23; a. 1). Para Buenaventura el sujeto de la unci\u00f3n no es el enfermo, sino el moribundo, considerado como \u00abvenialmente pecador\u00bb. La unci\u00f3n, pues, act\u00faa sobre los pecados veniales, para purificar radicalmente al hombre en ese \u00e1mbito de pecados dif\u00ed\u00adcilmente vencibles durante la existencia terrena; adem\u00e1s se convierte tambi\u00e9n en alivio del alma del moribundo, hasta redundar, de alg\u00fan modo, en beneficio de la psicolog\u00ed\u00ada y del cuerpo del moribundo. Duns Escoto considera la unci\u00f3n como el sacramento que perdona todas las culpas veniales con vistas a la entrada inmediata en la gloria; por esto solamente puede ser administrada en el \u00faltimo instante (en el que ya no se puede pecar m\u00e1s) o tambi\u00e9n cuando se ha perdido la conciencia.<\/p>\n<p>d) A nivel de celebraci\u00f3n. Lit\u00fargicamente, la praxis se va orientando hacia un tipo \u00fanico de ritual; en particular vale la pena recordar el contenido en el Pontifical Romano del s. xnl, que influy\u00f3 ciertamente en la reflexi\u00f3n escol\u00e1stica. Este tipo de ritual contiene, concentrados en sucesi\u00f3n continua, los ritos ad mortem. Pero ser\u00e1 preciso llegar al s. xv para que se generalice, incluso ritualmente, la unci\u00f3n despu\u00e9s del vi\u00e1tico.<\/p>\n<p>5. Los ss. xvi-xx. a) El concilio de Trento, a pesar de moverse dentro de las opciones doctrinales de la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica (sacramento de los moribundos) y del concilio de Florencia, se distancia en lo que esta concepci\u00f3n tiene de unilateral y de exclusiva (aunque todav\u00ed\u00ada se discute la unci\u00f3n como corolario de la penitencia), superando la pura espiritualizaci\u00f3n y escatologizaci\u00f3n de la escol\u00e1stica y la concepci\u00f3n f\u00ed\u00adsico-realista primitiva de la \u00abcaelestis medicina\u00bb, y reafirmando vigorosamente la sacramentalidad de la unci\u00f3n contra las ideas de la reforma (DS 1694-1700 y 1716-1719): la unci\u00f3n se entiende como \u00abconsummativum\u00bb no s\u00f3lo de la penitencia, sino de toda la vida cristiana considerada como una penitencia continua (= lucha continua contra el pecado). En segundo lugar, el concilio sit\u00faa la unci\u00f3n dentro de la econom\u00ed\u00ada de los sacramentos, presentados como \u00abremedios para la salvaci\u00f3n\u00bb y poderosos instrumentos para la lucha cristiana; por eso la unci\u00f3n es la ayuda querida por Cristo (promulgado en el texto de Santiago) para la situaci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica del \u00abfinal de la vida\u00bb (sin embargo, recu\u00e9rdese la matizaci\u00f3n en los t\u00e9rminos introducida entre el proyecto [dumtaxat y merito] y el texto definitivo [praesertim; merito desaparece: DS 1698]), momento de crisis en el que el adversario lanza su \u00faltimo y m\u00e1s violento asalto para perdernos. Finalmente se debe tener presente la pluralidad de efectos (espirituales y corporales) indicada por el concilio, y la importancia concedida a la necesidad del ministerio ordenado para la administraci\u00f3n del sacramento (que debe comprenderse en el contexto de la necesidad de tomar posiciones contra la eclesiolog\u00ed\u00ada protestante).<\/p>\n<p>b) El ritual de Pablo V (1614). A pesar de las intenciones conciliares de volver, con la realizaci\u00f3n de la reforma de los libros lit\u00fargicos, a la antigua tradici\u00f3n, tambi\u00e9n el ritual de la unci\u00f3n (t\u00ed\u00adtulo V del Rituale Romanum de 1614) consagra la fijaci\u00f3n medieval en su evoluci\u00f3n lit\u00fargica, subrayando el tono penitencial y la conexi\u00f3n con la muerte, aunque algunos textos lit\u00fargicos expresan los temas de la tradici\u00f3n antigua (la primera y la tercera de las oraciones finales del rito). Son ciertamente muy apreciables los principios pastorales contenidos en el t\u00ed\u00adtulo VI del Rituale, para la visita y el cuidado de los enfermos.<\/p>\n<p>c) Los ss. xix-xx. Mientras que los siglos posteriores a Trento se mueven sustancialmente en la \u00f3ptica tridentina, la discusi\u00f3n teol\u00f3gica relativa al sacramento se organiza en torno a dos grandes escuelas: la alemana (Scheeben, Schell, Kern, Schmaus, Rahner), que retorna la tradici\u00f3n teol\u00f3gica medieval, particularmente la interpretaci\u00f3n abelardina de la unci\u00f3n como sacramento de la preparaci\u00f3n para la muerte y del paso a la vida eterna; y la francesa (\u00abMaison-Dieu\u00bb, Botte, Ortemann, Sesbo\u00fc\u00e9), que pretende recuperar la praxis y la teolog\u00ed\u00ada subyacente de la unci\u00f3n de la iglesia antigua antes de las transformaciones de la \u00e9poca carolingia.<\/p>\n<p>d) El Vat. II no pretende ofrecer una doctrina sobre la unci\u00f3n de los enfermos, sino que intenga llegar a la revisi\u00f3n de los ritos. Sin embargo, una cierta toma de posici\u00f3n se ha realizado ante todo en relaci\u00f3n con el nombre del sacramento, prefiriendo el de \u00abunci\u00f3n de los enfermos\u00bb (SC 73); en segundo lugar, en cuanto al sujeto del sacramento: los padres conciliares intentaron interpretar el peligro de muerte en el sentido m\u00e1s amplio posible, en orden a evitar la casu\u00ed\u00adstica y los inconvenientes pastorales experimentados en la praxis ad mortem (SC 73).<\/p>\n<p>V. El \u00abOrdo Unctionis Infirmorum eorumque Pastoralis Curae\u00bb (= OUI)<br \/>\n1. LA DIMENSI\u00ed\u201cN ECLESIAL. El nuevo ritual, aprobado el 30 de noviembre de 1972 y promulgado el 7 de diciembre sucesivo (la edici\u00f3n oficial castellana fue publicada el 12 de abril de 1974: Ritual de la Unci\u00f3n y de la pastoral de enfermos (= RUE), por su mismo t\u00ed\u00adtulo manifiesta y explicita la mentalidad subyacente: la unci\u00f3n de enfermos debe encuadrarse en el marco de toda una pastoral de los mismos, cuya caracter\u00ed\u00adstica eclesial queda especialmente acentuada: es la iglesia entera, en obediencia a Cristo, la que debe ser sol\u00ed\u00adcita para con sus enfermos, cuya atenci\u00f3n pastoral no debe ser quehacer exclusivo de los presb\u00ed\u00adteros, sino obra de toda la comunidad cristiana (RUE 4; 5; 16; 18; 19; 32; 34; 35&#8230;): \u00abPor eso conviene sobremanera que todos los bautizados ejerzan este ministerio de caridad mutua en el cuerpo de Cristo, tanto en la lucha contra la enfermedad y en el amor a los que sufren como en la celebraci\u00f3n de los sacramentos de los enfermos. Estos sacramentos, como los dem\u00e1s, revisten un car\u00e1cter comunitario que, en la medida de lo posible, debe manifestarse en su celebraci\u00f3n\u00bb (RUE 33). Una obligaci\u00f3n particular incumbe a los familiares de los enfermos y a quienes, de cualquier modo, est\u00e9n a su cuidado (RUE 34). Es, pues, cometido y misi\u00f3n de todo el pueblo de Dios hacer visible hoy la solicitud de Cristo por los enfermos; hacer esto es vivir en obediencia al mandato de Cristo (Mar 16:18), convirti\u00e9ndose en aut\u00e9ntica profec\u00ed\u00ada, en la medida en que se reacciona, tambi\u00e9n por ese camino, contra el proceso de privatizaci\u00f3n que actualmente amenaza a todo el cuidado pastoral de los enfermos y de los ancianos.<\/p>\n<p>En este entramado eclesial se inserta la celebraci\u00f3n de la unci\u00f3n de los enfermos como \u00absigno principal\u00bb (cf RUE 5) de la solicitud de Cristo, el Se\u00f1or, para con ellos. Es f\u00e1cil, por tanto, captar el significado de la celebraci\u00f3n comunitaria del sacramento y el consiguiente empobrecimiento del mismo cuando se le reduce a gestos furtivos y precipitados. Si la comunidad eclesial no se convierte en su mentalidad y actitudes, no podr\u00e1 ser el signo eficaz que revela y actualiza la presencia operativa de Cristo salvador y del Esp\u00ed\u00adritu; al contrario, ser\u00e1 m\u00e1s bien un antitestimonio: oscurecer\u00e1 el rostro de Cristo y dejar\u00e1 a la tarea de uno solo (el enfermo) lo que m\u00e1s bien es cometido y misi\u00f3n de toda la comunidad eclesial. Es evidente que en un contexto tan pobre de fe y de vida eclesial la acci\u00f3n lit\u00fargica se reduce a un gesto furtivo y privado del sacerdote, sin ninguna consistencia comunitaria real.<\/p>\n<p>2. LA ASUNCI\u00ed\u201cN DE LOS ELEMENTOS POSITIVOS DE LA CULTURA CONTEMPOR\u00ed\u0081NEA. Otro dato de inter\u00e9s es el hecho de que el nuevo ritual ha asumido las aportaciones positivas de la cultura y de la sensibilidad del hombre contempor\u00e1neo, acogidas como positiva provocaci\u00f3n a profundizar en la palabra del Se\u00f1or. En efecto, los cuatro primeros n\u00fameros de las indicaciones doctrinales y pastorales dedicados a la \u00abenfermedad y su significado en la historia de la salvaci\u00f3n\u00bb son testimonio de este afortunado encuentro del evangelio con la sensibilidad del hombre contempor\u00e1neo. La iglesia siente y hace propia la angustia de la conciencia humana que experimenta existencialmente el problema del dolor y del mal en la enfermedad (RUE 1). Se consideran como preparaci\u00f3n al evangelio \u00abtodos los esfuerzos cient\u00ed\u00adficos para prolongar la vida\u00bb (R UE 32). La iglesia inserta, pues, su misi\u00f3n evang\u00e9lica dentro de esta grandiosa lucha del hombre contra la enfermedad en todas sus formas. Se ofrece como fermento y luz al interior de la conciencia humana, manifestando al hombre la riqueza integral de la posibilidad ofrecida por Dios de dominar sobre la creaci\u00f3n y sobre el mal. La enfermedad, entendida como atentado contra la salud, es, en \u00faltimo t\u00e9rmino, un atentado contra el don de Dios que es la vida; por eso se la combate con todas las fuerzas, tanto por el enfermo como por m\u00e9dicos, enfermeros, etc. (RUE 4). Al creyente se le ofrece, adem\u00e1s, la posibilidad de acoger la enfermedad como una de las realidades significativas de la situaci\u00f3n del hombre frente a Dios, es decir, de la condici\u00f3n de fragilidad y pobreza que caracterizan la existencia humana. Desde este mismo punto de vista de la fe, al enfermo se le ofrece la posibilidad de completar en la propia carne lo que falta a la pasi\u00f3n de Cristo (Col 1:24) para el bien de la iglesia (RUE 3); en una palabra, se le ofrece la posibilidad, a la luz de una l\u00f3gica de cruz voluntariamente aceptada en Cristo, de vivir en fidelidad al mayor de los mandamientos, el de la caridad, en la l\u00ed\u00adnea de la donaci\u00f3n de la propia vida como testimonio cristiano ante el mundo. La enfermedad puede ser una tentaci\u00f3n; pero al enfermo se le da un signo que le ayuda a sentirse seguro en la orientaci\u00f3n oblativa de su vida, haciendo de su situaci\u00f3n particular un \u00abmemorial testificante\u00bb; y a quien se encuentra sano, de que existen bienes esenciales y perdurables que deben tenerse presentes y que \u00abla vida mortal de los hombres ha de ser redimida por el misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo\u00bb (R UE 3).<\/p>\n<p>Nos encontramos, pues, ante la asunci\u00f3n de los valores positivos de la cultura contempor\u00e1nea, pero sin dejarnos arrastrar hacia una total autonom\u00ed\u00ada del hombre: \u00e9ste, protagonista de la creaci\u00f3n de un mundo nuevo, vive en la esperanza escatol\u00f3gica y en radical dependencia de la palabra de Dios. La iglesia, pues, al realizar su misi\u00f3n prof\u00e9tica, permanece vigilante reaccionando contra toda respuesta intramundana y contra toda cristalizaci\u00f3n racionalizadora que quisiera dejar de lado el misterio. El creyente, en \u00faltima instancia, se encuentra, en la forma m\u00e1s cruda y lacerante -la del dolor-, ante el problema de fondo de la existencia humana: el significado de la misma. \u00bfSe la puede reducir, como querr\u00ed\u00ada el an\u00e1lisis positivista, a un puro hecho biol\u00f3gico, psicol\u00f3gico o social; o se trata m\u00e1s bien de un misterio jam\u00e1s desvelado o de una promesa que nadie tiene el derecho de frustrar? La mentalidad contempor\u00e1nea racionalista, tecnol\u00f3gica, utilitaria y productivista tiende a encontrar la respuesta en la primera direcci\u00f3n. Para el creyente, en cambio, el sufrimiento, la enfermedad, son ocasiones para acoger la vida como misterio y como valor inestimable, porque es don de Dios, porque ,est\u00e1 vinculada a una vocaci\u00f3n desde lo alto, porque es algo que no se posee, sino por lo que uno es pose\u00ed\u00addo por un acto de amor gratuito, y de la cual uno no es jam\u00e1s plenamente due\u00f1o. Por esto, el sentido del ser-en-el-mundo del hombre es siempre misterioso. El hombre no se puede reducir al papel de consumidor y productor. El creyente, el enfermo, ayudado por el testimonio de los creyentes, est\u00e1 llamado a rechazar cualquier visi\u00f3n reductiva y calculadora que impida ver la vida como misterio.<\/p>\n<p>3. Los EFECTOS DEL SACRAMENTO. El ritual ofrece, adem\u00e1s, una visi\u00f3n renovada de los efectos del sacramento. Por un lado, asistimos todav\u00ed\u00ada al di\u00e1logo y a la asunci\u00f3n de valores positivos de la cultura contempor\u00e1nea respecto de la corporeidad (que en definitiva hunde sus ra\u00ed\u00adces en la biblia) y, por otro, al di\u00e1logo con todos los cap\u00ed\u00adtulos de la tradici\u00f3n lit\u00fargica para darles nueva expresi\u00f3n en el hoy de la iglesia. Aqu\u00e9llos aparecen como algo que ata\u00f1e a la totalidad de la persona, en su complejidad de alma y cuerpo: se ve al hombre como unidad viviente.<\/p>\n<p>El Ordo reacciona aqu\u00ed\u00ad contra un espiritualismo exagerado, recuperando, a la luz de la encarnaci\u00f3n, todo lo que la cultura moderna ha redescubierto en torno a la corporeidad: el hombre no es una interioridad encerrada, que en un segundo momento, como en una segunda fase, se encarna en el mundo a trav\u00e9s de la corporeidad. El cuerpo humano en cuanto tal es parte esencial de la subjetividad del hombre. Es en el cuerpo donde el hombre se manifiesta, se hace visible, perceptible, abierto a todos. La carne del hombre, su ser-cuerpo, es el lugar en que el hombre ama, sufre, trabaja, se relaciona con lo otro. A la luz de estos nuevos logros, el ritual declara que el hombre entero, esp\u00ed\u00adritu encarnado, encuentra ayuda para vivir su vida, a pesar de las particulares dificultades de la enfermedad (RUE 6; 140; 144-149). La f\u00f3rmula sacramental misma revela una correcci\u00f3n de ruta respecto de la visi\u00f3n que expresaba la invocaci\u00f3n medieval, en la que se ped\u00ed\u00ada el perd\u00f3n de los pecados cometidos con cada uno de los sentidos. La liberaci\u00f3n del pecado, impl\u00ed\u00adcita en todo acontecimiento de salvaci\u00f3n, es m\u00e1s bien un efecto secundario y condicionado: \u00abPor esta santa unci\u00f3n y por su bondadosa misericordia \/ te ayude el Se\u00f1or con la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Am\u00e9n. \/ Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvaci\u00f3n \/ y te conforte en tu enfermedad. Am\u00e9n\u00bb (RUE 143) \u00ab. Por tanto, la f\u00f3rmula sit\u00faa al sacramento en el plano del acontecimiento salv\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>Cristo no se presenta como un contrincante de quienes trabajan en el campo de la medicina: Cristo es el salvador. En efecto, la unci\u00f3n es sacramento de la fe; por tanto, un encuentro con Cristo en el signo sacramental y mediante \u00e9l, que es don de gracia para superar las dificultades de la situaci\u00f3n de enfermedad, apoyo en la prueba, fuerza para proseguir el camino de salvaci\u00f3n en el \u00e1mbito de la misi\u00f3n de la iglesia. Consiguientemente, puesto que el enfermo, por su mera condici\u00f3n de hombre est\u00e1 obligado a luchar contra la enfermedad y a procurar la curaci\u00f3n, el sacramento le impulsa en esta direcci\u00f3n a desear y tambi\u00e9n a pedir a Dios, a buscar y procurar con paciencia y constancia la curaci\u00f3n misma por todos los medios que el poder y la ciencia humanos pongan a su disposici\u00f3n. \u00abEn este sentido, la unci\u00f3n de enfermos no tiende a producir una mejor\u00ed\u00ada o la curaci\u00f3n directamente y por s\u00ed\u00ad misma, sino a trav\u00e9s del nuevo \u00e1nimo y deseo de autosuperaci\u00f3n del enfermo mismo, que se siente ayudado para hacer todo lo que est\u00e1 en sus manos en orden a la curaci\u00f3n, a colaborar, por tanto, con los m\u00e9dicos en lo que es el sector propio de su competencia. Los mismos m\u00e9dicos subrayan lo importante que es para la curaci\u00f3n del enfermo esta actitud de colaboraci\u00f3n serena y confiada. En este sentido, la curaci\u00f3n que puede seguir a la unci\u00f3n no es un efecto m\u00e1gico ni milagroso. Pero al mismo tiempo se puede afirmar que el sacramento ha colaborado positivamente para obtenerla, poniendo en acci\u00f3n todas las fuerzas, incluso espirituales, del enfermo. Esto no excluye que en alg\u00fan caso, como efecto ocasional y concomitante, pueda realizarse una curaci\u00f3n inesperada y no suficientemente explicada por los medios m\u00e9dicos empleados. Pero esto no ser\u00ed\u00ada un efecto propio del sacramento en cuanto tal, sino m\u00e1s bien un don extraordinario de Dios con ocasi\u00f3n del sacramento.<br \/>\nNo hay que buscar, por tanto, nada milagroso. Dada la unidad psicosom\u00e1tica del hombre, es normal que todo lo que es ayuda al robustecimiento de la unidad de la persona contra las fuerzas disociativas de la misma tenga su traducci\u00f3n tambi\u00e9n en el plano f\u00ed\u00adsico. M\u00e1s a\u00fan: la salvaci\u00f3n tiene un nivel de realidad m\u00e1s profundo, que constituye el objeto de la esperanza escatol\u00f3gica: el sacramento da al enfermo la gracia no s\u00f3lo para saber vivir la enfermedad como acontecimiento de salvaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n para completar en la propia carne lo que falta a la pasi\u00f3n de Cristo por la salvaci\u00f3n del mundo, y para saber aceptar las pruebas y los dolores como realidades de breve duraci\u00f3n y de leve entidad si se comparan con la gloria eterna que nos proporcionan (RUE 2). En una palabra, este sacramento abre al hombre a la esperanza escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>4. EL SUJETO DEL SACRAMENTO. Tambi\u00e9n lo referente al sujeto del sacramento ha sido renovado. En efecto, \u00abesta santa unci\u00f3n debe ser conferida con todo cuidado y diligencia a los fieles que, por enfermedad o avanzada edad, vean en grave peligro su vida (fidelibus qui propter infirmitatem vel senium periculose aegrotant)\u00bb(RUE8). Se trata, pues, de una enfermedad seria (no banal o de escasa gravedad), para la que, sin embargo, est\u00e1 abierta la posibilidad de curaci\u00f3n y para cuya valoraci\u00f3n (con \u00abun dictamen prudente y probable de la misma\u00bb) el ritual invita a eliminar toda perplejidad (ib).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad se acent\u00faa el car\u00e1cter dialogal del sacramento: \u00e9ste exige una participaci\u00f3n de fe personal y abierta a la esperanza cristiana; por eso se puede administrar el sacramento a ni\u00f1os: \u00abPuede asimismo darse la santa unci\u00f3n a los ni\u00f1os, a condici\u00f3n de que comprendan el significado de este sacramento\u00bb (RUE 12). Para ello se insiste en la necesidad de una catequesis previa (RUE 13; 17; 159); la necesidad de la palabra de Dios&#8230;<\/p>\n<p>En este sentido despierta una cierta perplejidad, a mi modo de ver, la segunda parte del RUE 15 cuando afirma que el sacerdote, en la duda sobre si el enfermo ha muerto ya, puede administrar el sacramento bajo condici\u00f3n. Aun teniendo presente que los sacramentos son dones de Dios, considero que el actual contexto pastoral y el peligro de magicismo sacramental exigen de hecho, en la pr\u00e1ctica de este sacramento, una actitud m\u00e1s cauta. Por otra parte, se trata tan s\u00f3lo de posibilidad (potest) y no de deber; por lo mismo el sacerdote deber\u00e1 tener siempre la preocupaci\u00f3n de no acreditar ulteriormente la opini\u00f3n seg\u00fan la cual la unci\u00f3n vendr\u00ed\u00ada a ser el billete de partida hacia el m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>Frecuentemente, en la acci\u00f3n pastoral, ser\u00e1 precisamente en torno a esta frontera donde se deber\u00e1 realizar una acci\u00f3n iluminadora, firme y caritativa para revalorizar el sacramento. Son interesantes las observaciones formuladas por el departamento lit\u00fargico diocesano de Tur\u00ed\u00adn: \u00abCuando llaman al sacerdote, ser\u00ed\u00ada err\u00f3neo creer que autom\u00e1ticamente est\u00e1n pidiendo la unci\u00f3n de los enfermos. Somos nosotros quienes lo pensamos y quienes&#8230; hemos acostumbrado as\u00ed\u00ad [a los fieles]. Una oraci\u00f3n bien hecha, en la que se pide a Dios el perd\u00f3n de los pecados del enfermo o moribundo y la admisi\u00f3n en su presencia puede ser suficiente en muchos casos para manifestar la salvaci\u00f3n en Jesucristo y la misericordia de Dios\u00bb Por otra parte, el estado de evangelizaci\u00f3n en que se encuentra actualmente la iglesia no permite, por ejemplo, presumir a priori el deseo del sacramento en personas que se encuentran en estado de coma o que son desconocidas. Sin embargo, es evidente que, si la vida precedente de la persona en cuesti\u00f3n hace probable su deseo de recibir el sacramento, en tal caso es posible administrarlo (RUE 14), con tal que se catequice a las personas presentes, evitando cualquier gesto que favorezca una mentalidad m\u00e1gica y d\u00e9 una visi\u00f3n pobre y reduccionista del gesto sacramental.<\/p>\n<p>VI. Orientaciones pastorales<br \/>\nMucho de lo dicho hasta ahora podr\u00ed\u00ada tener su lugar bajo este \u00faltimo ep\u00ed\u00adgrafe. Por ello voy a limitarme a puntualizar algunas indicaciones derivadas de las \u00abOrientaciones doctrinales y pastorales del episcopado espa\u00f1ol\u00bb, documento publicado en el mismo Ritual de la unci\u00f3n y de la pastoral de enfermos (nn. 42-86).<\/p>\n<p>1. LA EVANGELIZACI\u00ed\u201cN DE LOS ENFERMOS. El an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n italiana [-> supra, I] subraya todav\u00ed\u00ada m\u00e1s la urgencia insoslayable de la evangelizaci\u00f3n de los enfermos, teniendo presente el papel que les toca desarrollar en la misi\u00f3n de la iglesia en favor del mundo. En efecto, el papel del enfermo en una sociedad que valora al hombre sobre todo en relaci\u00f3n con la eficacia y capacidad productivas, tiene una envergadura muy particular: est\u00e1 llamado a anunciar el valor de la persona humana, la dignidad profunda del ser hombre. La evangelizaci\u00f3n y la atenci\u00f3n pastoral de los sufrientes, verdaderos pobres de hoy, es ciertamente un signo de la obra mesi\u00e1nica.<\/p>\n<p>2. PARA UNA PASTORAL DE LOS ENFERMOS Y DE LOS ANCIANOS. Para que la unci\u00f3n sea un signo cre\u00ed\u00adble y verdadero, deber\u00ed\u00ada ser el punto culminante de una aut\u00e9ntica pastoral de los enfermos y de los ancianos, de la que se hace cargo toda la comunidad cristiana y, en su \u00e1mbito, sobre todo los que profesionalmente est\u00e1n dedicados a los enfermos, como m\u00e9dicos y enfermeros (recu\u00e9rdese la posibilidad ofrecida, mediante los ministros extraordinarios de la eucarist\u00ed\u00ada, de proporcionar a los enfermos la comuni\u00f3n en el cuerpo del Se\u00f1or los domingos. Aludo tambi\u00e9n a la catequesis, en los tiempos fuertes de adviento y cuaresma, para grupos de enfermos, reunidos en casa de alguno de ellos, impartida por agentes pastorales laicos, sensibles a los problemas del enfermo).<\/p>\n<p>3. A NIVEL DE CELEBRACI\u00ed\u201cN. Entre lo mucho que podr\u00ed\u00ada decirse, me fijar\u00e9 solamente en dos cosas. Ante todo, la posibilidad de adaptaci\u00f3n del rito a la situaci\u00f3n concreta (RUE 14; 15; 19; 20; 23; 37; 40; 41&#8230;), teniendo como primera preocupaci\u00f3n una atenci\u00f3n particular no tanto al libro cuanto a las personas y a la asamblea concreta que celebra. En segundo lugar, hacer uso de la homil\u00ed\u00ada dominical para una educaci\u00f3n adecuada y profunda en lo referente a este sacramento, siempre que la palabra de Dios ofrezca posibilidad para ello (por ejemplo, las actitudes de Cristo para con los enfermos).<\/p>\n<p>G. Colombo<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Alszeghy Z., Unci\u00f3n de los enfermos, en NDT 2, Cristiandad, Madrid 1982, 1956-1966; \u00ed\u0081lvarez Guti\u00e9rrez C.G., El sentido teol\u00f3gico de la unci\u00f3n de los enfermos en la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea (1940-1980). Univ. Gregoriana, Roma 1981; Betz J., Unci\u00f3n de los enfermos, en CFT 2, Cristiandad, Madrid 1966, 838-844; Chavasse A., Oraciones por los enfermos y unci\u00f3n sacramental, en A.G. 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Acercamiento a la muerte y al moribundo, Marova, Madrid 1976; VV.AA., Sufrimiento y fe cristiana, en \u00abConcilium\u00bb 119 (1976) 309-449; VV.AA., Unci\u00f3n de los enfermos, en \u00abCommunio\u00bb 5\/5 (1983) 385-488.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El problema del sufrimiento y de la muerte. II. La actividad taumat\u00fargica de Jes\u00fas y de los ap\u00f3stoles. III. El texto de Santiago sobre la unci\u00f3n de los enfermos: 1. Fe y curaci\u00f3n; 2. La unci\u00f3n en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica; 3. Unci\u00f3n y oraci\u00f3n; 4. Los efectos de la unci\u00f3n sagrada; 5. Dimensi\u00f3n sacramental de la unci\u00f3n de los enfermos.<\/p>\n<p>I. EL PROBLEMA DEL SUFRIMIENTO Y DE LA MUERTE. Hay un problema que desaf\u00ed\u00ada desde siempre no s\u00f3lo a la inteligencia humana, sino a la misma fe, y es el problema de la enfermedad, del dolor y de su t\u00e9rmino inevitable, la \/ muerte [\/ Mal; \/ Dolor].<\/p>\n<p>La raz\u00f3n encuentra en ello motivo de esc\u00e1ndalo; porque, en un mundo lleno de orden, de armon\u00ed\u00ada y de sentido, el dolor, y sobre todo la muerte, interviene como elemento de perturbaci\u00f3n y no parece justificar otra actitud que la rebeld\u00ed\u00ada ante algo absurdo e irracional, o la aquiescencia fatalista a un l\u00ed\u00admite insalvable de nuestro ser humano, tanto m\u00e1s irritante cuanto m\u00e1s la ciencia parece en el presente encaminada hacia la superaci\u00f3n de todas las barreras de lo cognoscible.<\/p>\n<p>La fe pura encuentra en ello un motivo de turbaci\u00f3n, porque todo ello parece empa\u00f1ar la imagen del Dios bueno y amigo del hombre, justo en sus juicios, que no hace sufrir a sus hijos, amante de la vida y no de la muerte. El caso de \/ Job es ejemplo de c\u00f3mo tambi\u00e9n para un creyente, no dispuesto en modo alguno a poner en duda su fe, el problema del dolor suscita dificultades y hasta rebeld\u00ed\u00ada: no es f\u00e1cil describir al Dios que permite el dolor y la muerte y que no ha librado de ella ni siquiera a su Hijo: \u00abPadre, si es posible, pase de m\u00ed\u00ad este c\u00e1liz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya\u00bb (Mat 26:39).<\/p>\n<p>Sin embargo, justamente la experiencia de Cristo nos revela el sentido del dolor y de la muerte, porque en \u00e9l estos acontecimientos tr\u00e1gicos se convierten en instrumento no s\u00f3lo de salvaci\u00f3n, sino de sublimaci\u00f3n de las energ\u00ed\u00adas interiores del hombre y de entrega total a Dios. Jes\u00fas no ha querido salvarnos permaneciendo fuera de nuestra condici\u00f3n de sufrimiento, sino que se sumergi\u00f3 en ella hasta beber sus \u00faltimas heces, para decirnos que, aunque es un l\u00ed\u00admite, el sufrimiento y la muerte no son algo \u00abirracional\u00bb; son m\u00e1s bien la consecuencia del t pecado y del desorden introducidos por el hombre en el mundo, de los que \u00e9l puede rescatarse siguiendo el ejemplo de Cristo y en virtud de su muerte y su \/ resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber pasado Cristo a trav\u00e9s del sufrimiento y la muerte, tambi\u00e9n para el creyente adquieren no s\u00f3lo su significado de prueba y de purificaci\u00f3n, sino el de certeza de victoria, tanto sobre el pecado, que es su causa, como sobre sus nefastas consecuencias.<\/p>\n<p>II. LA ACTIVIDAD TAUMAT\u00daRGICA DE JES\u00daS Y DE LOS AP\u00ed\u201cSTOLES. Sobre este fondo hay que considerar la actividad taumat\u00fargica de Jes\u00fas, que cura todo tipo de enfermedad y hasta resucita a los muertos. Y este mismo poder lo confiere a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u00abCurad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, echad a los demonios; gratis lo hab\u00e9is recibido, dadlo gratis\u00bb (Mat 10:8).<br \/>\nEs la afirmaci\u00f3n y la demostraci\u00f3n de que el reino de Dios est\u00e1 ya actuando en la historia, porque la enfermedad y la muerte est\u00e1n finalmente vencidas, aunque s\u00f3lo en parte y como prefiguraci\u00f3n de la restauraci\u00f3n final, cuando \u00abno habr\u00e1 m\u00e1s muerte, ni luto, ni llanto, ni pena, porque el primer mundo ha desaparecido\u00bb (Apo 21:4). En espera de ello, el cristiano, dentro incluso de los aprietos del dolor y la muerte, sabe darles un sentido de purificaci\u00f3n del pecado y de mayor confianza en el Se\u00f1or, sin dejarse abatir interiormente, como si estuviera para ser tragado por el abismo de la nada. Su modelo seguir\u00e1 siendo siempre Cristo, el cual \u00abencomienda en las manos del Padre\u00bb su esp\u00ed\u00adritu (Luc 23:46).<\/p>\n<p>Esto no significa que el creyente, precisamente en los momentos agudos del sufrimiento y en el peligro ante la muerte, no sienta el v\u00e9rtigo del extrav\u00ed\u00ado, incluso del miedo y de las vacilaciones de la fe; por lo cual tiene entonces m\u00e1s necesidad de la ayuda de toda la comunidad.<\/p>\n<p>III. EL TEXTO DE SANTIAGO SOBRE LA UNCI\u00ed\u201cN DE LOS ENFERMOS. Teniendo presente esta situaci\u00f3n, se comprende mejor el pasaje de la carta de Santiago, en el cual se exhorta no s\u00f3lo a orar por el hermano que cae enfermo, sino a realizar un rito particular de \u00abunci\u00f3n\u00bb a fin de ayudarle en sus dificultades f\u00ed\u00adsicas y espirituales: \u00ab\u00bfEst\u00e1 afligido alguno de vosotros? Que rece. \u00bfEst\u00e1 alegre? Que cante. \u00bfEst\u00e1 enfermo? Que llame a los presb\u00ed\u00adteros de la Iglesia para que recen por \u00e9l y lo unjan con aceite en nombre del Se\u00f1or. Y la oraci\u00f3n hecha con fe salvar\u00e1 al enfermo, y el Se\u00f1or lo restablecer\u00e1 y le ser\u00e1n perdonados los pecados que haya cometido. Confesaos los pecados unos a otros, para que os cur\u00e9is. La oraci\u00f3n fervorosa del justo tiene un gran poder\u00bb (Stg 5:13-16).<\/p>\n<p>El autor debe referir aqu\u00ed\u00ad una pr\u00e1ctica muy conocida en la Iglesia antigua, y por eso no se demora en describir sus particulares, algunos de los cuales puede ser que se nos escapen; en todo caso, no se nos escapa el conjunto de gestos y de oraciones hechos \u00aben el nombre del Se\u00f1or\u00bb por los responsables de la comunidad para ayudar al enfermo.<\/p>\n<p>1. FE Y CURACI\u00ed\u201cN. El uso del aceite para curar lo encontramos ya en los evangelios. De los ap\u00f3stoles, enviados para una primera experiencia de predicaci\u00f3n, se dice que \u00abse fueron a predicar que se convirtieran; echaban muchos demonios, ung\u00ed\u00adan con aceite a muchos enfermos y los curaban\u00bb (Mar 6:13).<\/p>\n<p>Evidentemente, hay que tener presente todo el conjunto del cuadro: no es s\u00f3lo el ungir con aceite lo que cura, como si se tratase de una medicina m\u00e1gica, sino sobre todo la aceptaci\u00f3n del anuncio salv\u00ed\u00adfico del evangelio. Ya hemos visto c\u00f3mo, en la perspectiva b\u00ed\u00adblica, material y espiritual, sufrimiento y pecado se mezclan entre s\u00ed\u00ad. Siguiendo el ejemplo de Cristo, tambi\u00e9n los ap\u00f3stoles se preocupan del hombre concreto, que es esp\u00ed\u00adritu y cuerpo al mismo tiempo: el reino de Dios ha de realizarse en todas las dimensiones del vivir, y tambi\u00e9n del sufrir humano. La unci\u00f3n de los enfermos hecha por los ap\u00f3stoles con aceite es un gesto simb\u00f3lico que quiz\u00e1 quiere expresar como una especie de endulzamiento de la enfermedad, la cual de hecho, si desaparec\u00ed\u00ada, era s\u00f3lo en virtud del poder recibido de Cristo y del anuncio del evangelio.<\/p>\n<p>2. LA UNCI\u00ed\u201cN EN LA TRADICI\u00ed\u201cN B\u00ed\u008dBLICA. Realmente, el aceite tiene en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica una gran importancia: no era solamente signo de alegr\u00ed\u00ada, de riqueza, de felicidad (Sal 23:5; Sal 104:15; Sal 133:2; Miq 6:15, etc.), sino que se lo consideraba tambi\u00e9n como una medicina capaz de devolver la salud o de aliviar los dolores (Isa 1:6; Luc 10:34) y de dar fuerza.<\/p>\n<p>Justamente por estas cualidades, el que era ungido con aceite era capaz de realizar cosas extraordinarias: pi\u00e9nsese en la unci\u00f3n de Sa\u00fal como rey (1Sa 10:1-6), en la de David (1Sa 16:13; 2Sa 23:1-2) o en el mes\u00ed\u00adas: \u00abEl esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or Dios est\u00e1 en m\u00ed\u00ad, porque el Se\u00f1or me ha ungido\u00bb (Isa 61:1; Luc 4:18-19). La unci\u00f3n es como el veh\u00ed\u00adculo del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, que reviste de la fuerza necesaria a las personas que el Se\u00f1or ha elegido para que correspondan a la vocaci\u00f3n a la cual los llama.<\/p>\n<p>Justamente con referencia al Esp\u00ed\u00adritu habla san Juan por dos veces de una \u00abunci\u00f3n\u00bb jrisma) que el cristiano ha recibido y que le permite distinguir la verdadera doctrina de la falsa: \u00abVosotros, sin embargo, hab\u00e9is recibido la unci\u00f3n que viene del Santo, y todos ten\u00e9is conocimiento\u00bb (Un 2,20; cf 2,27). Aunque sin excluir una referencia al \/ bautismo, aqu\u00ed\u00ad se tratar\u00ed\u00ada sobre todo del Esp\u00ed\u00adritu Santo (recibido tambi\u00e9n a trav\u00e9s de aquel sacramento), el cual introduce al fiel \u00aben toda la verdad\u00bb (cf Jua 14:26; Jua 15:26; Jua 16:13-14) y le da la fuerza de vivir seg\u00fan el evangelio [\/ Confirmaci\u00f3n; \/ Imposici\u00f3n de las manos].<\/p>\n<p>3. UNCI\u00ed\u201cN Y ORACI\u00ed\u201cN. A la luz de lo que acabamos de decir resulta mucho m\u00e1s claro el p\u00e1rrafo de Santiago antes citado. Ante todo, es evidente el contexto de fe en que se mueve todo el discurso: predomina la oraci\u00f3n, tanto de alabanza como de s\u00faplica. El caso examinado es el de un enfermo (asthen\u00e9in = estar enfermo) que puede disponer con plena responsabilidad de s\u00ed\u00ad mismo, y por ello manda llamar a \u00ablos presb\u00ed\u00adteros\u00bb de la Iglesia.<\/p>\n<p>Se los llama en cuanto \u00abjefes\u00bb de la comunidad, en su condici\u00f3n de responsables de un determinado grupo de creyentes. Pues con el nombre de \u00abpresb\u00ed\u00adteros\u00bb, en el lenguaje del NT, se designa a los jefes espirituales de las varias comunidades (cf Heb 11:30; Heb 14:23; Heb 15:2.4.6.22.23; Heb 20:17; lTim 5,1.2.17.19; Tit 1:5; IPe 3,1.5, etc.).<\/p>\n<p>Ellos deben realizar sobre el enfermo una \u00abunci\u00f3n\u00bb sagrada, seg\u00fan el ejemplo de los ap\u00f3stoles que hemos recordado, junto con la oraci\u00f3n: \u00abQue llame a los presb\u00ed\u00adteros de la Iglesia para que recen por \u00e9l y lo unjan con aceite en nombre del Se\u00f1or\u00bb (v. 14). La \u00faltima expresi\u00f3n no deber\u00ed\u00ada referirse simplemente a la invocaci\u00f3n del nombre del \u00abSe\u00f1or\u00bb, que es aqu\u00ed\u00ad ciertamente Jes\u00fas, como si se tratase de una f\u00f3rmula m\u00e1gica. Sin excluir la invocaci\u00f3n del nombre de Jes\u00fas, la expresi\u00f3n deber\u00ed\u00ada indicar m\u00e1s bien la fuente de la que los presb\u00ed\u00adteros sacan su \u00abpoder\u00bb de curaci\u00f3n y de salud, sea f\u00ed\u00adsica o espiritual, tal como de hecho se desprende del contexto, a saber: el poder de Cristo resucitado: el t\u00e9rmino \u00abSe\u00f1or\u00bb (Kyrios) remite, en efecto, al Cristo glorioso.<\/p>\n<p>No hay que olvidar las \u00faltimas palabras del Resucitado a los ap\u00f3stoles: \u00abA los que crean les acompa\u00f1ar\u00e1n estos prodigios: en mi nombre echar\u00e1n los demonios&#8230;, pondr\u00e1n sus manos sobre los enfermos y los curar\u00e1n\u00bb (Mar 16:17-18). El rito lit\u00fargico, compuesto de la unci\u00f3n sagrada y de la oraci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros, a fin de cuentas no es m\u00e1s que la institucionalizaci\u00f3n de este \u00faltimo mandato de Jes\u00fas a sus disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>4. Los EFECTOS DE LA UNCI\u00ed\u201cN SAGRADA. Despu\u00e9s de describir el desarrollo del rito lit\u00fargico, se describen sus efectos, que se han de considerar unitariamente en el doble aspecto material y espiritual, por la intrincada relaci\u00f3n entre cuerpo y esp\u00ed\u00adritu, entre salvaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica y salvaci\u00f3n espiritual, que hemos recordado al principio: \u00abY la oraci\u00f3n hecha con fe salvar\u00e1 al enfermo, y el Se\u00f1or lo restablecer\u00e1 y le ser\u00e1n perdonados los pecados que haya cometido\u00bb (5,15).<\/p>\n<p>N\u00f3tese que el autor insiste en la dimensi\u00f3n de la fe (\u00abla oraci\u00f3n hecha con fe\u00bb), como para subrayar que todo adquiere valor en la dimensi\u00f3n de la fe. No se trata de un rito m\u00e1gico ni de una escenificaci\u00f3n que puede ejercer influjo ben\u00e9fico psicol\u00f3gico: la sagrada \u00abunci\u00f3n\u00bb, unida a la oraci\u00f3n de \u00abfe\u00bb de toda la comunidad, expresada por los \u00abpresb\u00ed\u00adteros\u00bb, tiene por virtud divina el poder de \u00absalvar\u00bb al enfermo.<\/p>\n<p>La primera salvaci\u00f3n va justamente al cuerpo, como lo dice claramente el texto: \u00abY la oraci\u00f3n hecha con fe salvar\u00e1 al enfermo, y el Se\u00f1or lo restablecer\u00e1&#8217;: Este \u00faltimo verbo debe referirse al alzarse del lecho donde se consideraba que yac\u00ed\u00ada antes el enfermo (k\u00e1mnonta literalmente: yacente en el lecho, extendido). La segunda salvaci\u00f3n es la liberaci\u00f3n del pecado, si el enfermo se encuentra en esa condici\u00f3n: \u00abLe ser\u00e1n perdonados los pecados que haya cometido\u00bb. Y ello por la relaci\u00f3n indefectible que la Biblia ve entre enfermedad y pecado, considerando la primera como efecto del segundo, no tanto en cada uno de los casos particulares\u00bb sino como situaci\u00f3n general de la humanidad: \u00abPor el pecado entr\u00f3 en el mundo la muerte\u00bb (cf Rom 5:12).<\/p>\n<p>Todo lo que hemos dicho no significa que la unci\u00f3n sagrada haya de producir \u00absiempre\u00bb todos los efectos que hemos recordado; la voluntad de Dios, de la cual dependen nuestra vida y nuestra muerte, puede disponer tambi\u00e9n las cosas diversamente. Ello no quita valor al rito de la sagrada unci\u00f3n, porque tendr\u00e1 siempre como resultado purificar nuestro esp\u00ed\u00adritu del pecado y hacernos d\u00f3ciles al querer de Dios, de modo que aceptemos el sufrimiento y la misma muerte como ofrenda suprema de amor al Se\u00f1or, igual que lo hizo Jes\u00fas en la cruz.<\/p>\n<p>De esa manera no padecemos la muerte, sino que somos protagonistas de ella y la convertimos en un acto de vida, rescat\u00e1ndonos de su miedo y tambi\u00e9n de un sentido de rebeld\u00ed\u00ada ante lo que aparentemente parece ser s\u00f3lo un fracaso y la derrota de nuestra experiencia humana.<\/p>\n<p>5. DIMENSI\u00ed\u201cN SACRAMENTAL DE LA UNCI\u00ed\u201cN DE LOS ENFERMOS. El sacramento constituye, pues, \u00abun remedio para el cuerpo y para el esp\u00ed\u00adritu de todo cristiano, cuyo estado de salud se ve seriamente comprometido por enfermedad o vejez. Los dos elementos -corporal y espiritual- est\u00e1n por su naturaleza siempre unidos y han de tenerse presentes si se quiere comprender el signo y la gracia de la unci\u00f3n de los enfermos. Pues la enfermedad f\u00ed\u00adsica agrava la fragilidad espiritual propia de todo cristiano, y podr\u00ed\u00ada llevarlo, sin una gracia especial del Se\u00f1or, a cerrarse ego\u00ed\u00adstamente en s\u00ed\u00ad mismo, a rebelarse contra la providencia y hasta a la desesperaci\u00f3n\u00bb (CEI, Evangelizzazione e sacramento dell&#8217;unzione degli infermi, 1974, n. 140).<\/p>\n<p>De acuerdo con el texto b\u00ed\u00adblico, no hemos hablado nunca de sacramento, excepto en la \u00faltima cita; hemos preferido hablar de rito lit\u00fargico de la unci\u00f3n. Pero, en realidad, tenemos todos los elementos que constituyen un verdadero y aut\u00e9ntico \u00absacramento\u00bb: ministros (los presb\u00ed\u00adteros), destinatarios (los enfermos), el rito constituido por elementos materiales (unci\u00f3n) y espirituales (la oraci\u00f3n), efectos que conseguir (restituci\u00f3n de la salud y remisi\u00f3n de los pecados) y el presupuesto de todo sacramento (la fe).<\/p>\n<p>Por eso con raz\u00f3n el concilio de Trento, en contra de los protestantes, estableci\u00f3 que se trata de un verdadero y aut\u00e9ntico sacramento \u00abinstituido por Cristo nuestro Se\u00f1or (cf Mar 6:13) y promulgado por el bienaventurado Santiago ap\u00f3stol\u00bb (Stg 5:14), y no de un mero rito recibido de la tradici\u00f3n de los padres o de una invenci\u00f3n humana (cf DS 1716).<\/p>\n<p>No nos interesa aqu\u00ed\u00ad entrar en sutiles disquisiciones teol\u00f3gicas. S\u00f3lo queremos recordar la urgencia de descubrir el significado profundo del sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos, que nos ayuda a redescubrir no s\u00f3lo el sentido de la enfermedad y de la muerte en un tiempo en el que se tiende a trivializar o simplemente a biologizar estos hechos traumatizantes, sino tambi\u00e9n la misi\u00f3n de Cristo, \u00abm\u00e9dico\u00bb de los cuerpos y de los esp\u00ed\u00adritus, como nos lo presenta el evangelio.<\/p>\n<p>Por tanto, un sacramento que hay que evangelizar m\u00e1s para vivir con mayor serenidad nuestro sufrimiento y tambi\u00e9n nuestra muerte.<\/p>\n<p>BIBL.: Sobre la noci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la \u00abenfermedad\u00bb, ver: BERTRAGS A., Il dolore nella Bibbia, Ed. Paoline, 1967; CRESPY G., Maladie et gu\u00e9rison dares le NT, en \u00abLumi\u00e9re et Vie\u00bb (1968) 45-69; GIBLEr J., GRELOT P., Malattia-Guarigione, en Diz. di Teol. Biblica, Marietti, Tur\u00ed\u00adn 1965, 545-550; GRABER F., MOLLER D., i\u00e1omai, en DTNT IV, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1980, 138-141; LINK H.-G., asthenes (debilidad), en DTNT II, 9-11; LACE F., Jes\u00fas ante los enfermos, en \u00abRev. Cat. Int. Communio\u00bb 5 (1983) 405-416; MACGIONI B., Ges\u00fa e la Chiesa primitiva di fronte alla malattia, en \u00abRiv. Liturgica\u00bb 4 (1974) 471-489; OEPKE A., i\u00e1omai, en GLNT IV (1968) 667-724; ST\u00ed\u0081HLIN G., asthen\u00e9s, en GLNT I (1965) 1303-1312. Para la \u00abunci\u00f3n de los enfermos\u00bb propiamente dicha, ver: AA.VV., 11 sacramento dei malati, Elle Di Ci, Tur\u00ed\u00adn 1975; AA.VV., La unci\u00f3n de los enfermos, en \u00abRev. Cat. Int. Communio\u00bb 5 (1983) (todo el n\u00famero); BoROBIO D., Sacramento en comunidad, DDB, Bilbao 1984, 271ss.; BRUNOTTE W., ale\u00ed\u00adpho (ungir), en DTNT IV, 303-304; ID, \u00e9laion, ib, 303; COENEN L.; eghe\u00ed\u00adro (resurrecci\u00f3n) en DTNT IV, 91-95; CoLOMBo G., Unci\u00f3n de los enfermos, en NDL, Paulinas, Madrid 1987; COPPENS J., Jacq. V, 13-15 et 1&#8242; oraison des malades, en \u00abETL\u00bb 53 (1977) 201-207; DAVANZO G., Unci\u00f3n de los enfermos, en DETM, Madrid 19783; FEINER J., Los enfermos y el sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos, en Mysterium Salutis V, Cristiandad, Madrid 1983, c. V, III, 467ss; FERRARO G., \u00abI1 Signore ti sa\/vi e ti sollevi\u00bb, en \u00abLa Civilt\u00e1 Cattolica\u00bb 131 (1980) 350-369; FEDRIZZI P., L&#8217;unzione degli infermi e la sofferenza, Padua 1972; FOERSTERS W., s\u00f3zo y soler\u00ed\u00ada, en GLNT VII (1971) 989-999; GOZZELINO G., L&#8217;unzione degli infermi, Elle Di Ci, Tur\u00ed\u00adn 1976; OEPKE A., eghe\u00ed\u00adro, en GLNT I (1965) 230; ID, \u00e9laion, en GLNT II (1966) 468; SCHNEIDER J., s\u00f3zo (Redenci\u00f3n), en DTNT IV (1982) 60-66.<\/p>\n<p>S. Cipriani<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Hacia el redescubrimiento del significado del sacramento de la unci\u00f3n:<br \/>\n1. Algunas razones de la indiferencia hacia el sacramento:<br \/>\n    a) Concepci\u00f3n del sacramento como unci\u00f3n de los moribundos,<br \/>\n    b) Alejamiento de la idea de la muerte,<br \/>\n    c) Hospitalizaci\u00f3n y medicalizaci\u00f3n;<br \/>\n2. La enfermedad como condici\u00f3n critica de la existencia humana;<br \/>\n3. El gesto de la proximidad de Dios y de la solidaridad eclesial.<br \/>\nII. Referencias al desarrollo hist\u00f3rico del sacramento:<br \/>\n1. Fundamento b\u00ed\u00adblico;<br \/>\n2. El desarrollo de la tradici\u00f3n;<br \/>\n3. Concilio Vat. II y posconcilio:<br \/>\n    a) Las implicaciones de la preferencia terminol\u00f3gica del Vat. II,<br \/>\n    b) El esclarecimiento posconciliar.<br \/>\nIII. Dificultades y perspectivas permanentes:<br \/>\n1. Resistencias perdurantes;<br \/>\n2. La urgente tarea de la catequesis;<br \/>\n3. Car\u00e1cter dialogal y eclesial de la unci\u00f3n de los enfermos.<\/p>\n<p>I. Hacia el redescubrimiento del significado del sacramento de la unci\u00f3n<br \/>\nEn nuestro siglo la pr\u00e1ctica del sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos (UE) ha ca\u00ed\u00addo en una crisis tan profunda que resulta urgente la instancia de una reforma incisiva. La crisis, preparada por una concepci\u00f3n secular y poco atractiva del sacramento como veredicto de muerte, se ha ido agravando cada vez m\u00e1s en nuestros d\u00ed\u00adas bajo el influjo de una mentalidad secular. El peligro de un rechazo sustancial del sacramento provocado por ese contexto general ha colocado a la Iglesia ante la tarea improrrogable de esclarecer teol\u00f3gicamente su aut\u00e9ntico significado y valor existencial.<\/p>\n<p>1. ALGUNAS RAZONES DE LA INDIFERENCIA HACIA EL SACRAMENTO. La actual indiferencia hacia la UE es consecuencia sobre todo de dos factores convergentes, uno hist\u00f3rico y otro cultural.<\/p>\n<p>a) Concepci\u00f3n del sacramento como unci\u00f3n de los moribundos. La herencia hist\u00f3rica m\u00e1s pesada a nivel de praxis se remonta al medievo. Esa tradici\u00f3n nos ha transmitido una concepci\u00f3n del sacramento que configuraba la sagrada unci\u00f3n como preparaci\u00f3n inmediata a la muerte; por eso se la denominaba coherentemente extremaunci\u00f3n o unci\u00f3n de los moribundos. Esa praxis tiene un antecedente hist\u00f3rico en los siglos vi-vil, cuando se impuso el uso de diferir la reconciliaci\u00f3n para el final de la vida. Con ello la extremaunci\u00f3n comenz\u00f3 a adquirir un significado preferentemente penitencial, seg\u00fan se desprende claramente de la antigua f\u00f3rmula del ritual romano: \u00abPor esta sagrada unci\u00f3n y por su bondadosa misericordia te perdone el Se\u00f1or todos los pecados que has cometido\u00bb. Semejante costumbre favoreci\u00f3 tambi\u00e9n el proceso de privatizaci\u00f3n de la UE. Con ello, aunque siempre se permiti\u00f3 su iteraci\u00f3n, de hecho la unci\u00f3n se confer\u00ed\u00ada una sola vez, normalmente durante la agon\u00ed\u00ada, y en el plano del lenguaje social equival\u00ed\u00ada a un veredicto de muerte inminente. Esa pr\u00e1ctica se prolong\u00f3 hasta el Vat. 11, y a\u00fan no ha desaparecido del todo. Concebida exclusivamente como acto que sanciona la despedida de la vida, la UE presenta de todas formas un rostro poco atractivo y testimonia la permanencia de una comprensi\u00f3n err\u00f3nea del significado del sacramento.<\/p>\n<p>b) Alejamiento de la idea de la muerte. En Occidente el problema de la pr\u00e1ctica de la UE se agrava con el fen\u00f3meno socio-cultural -influjo al que est\u00e1n sometidos tambi\u00e9n.los creyentes- del alejamiento de la idea de la muerte; alejamiento causado por los resultados de la exasperada secularizaci\u00f3n en las sociedades del bienestar, en las cuales la felicidad terrena se contempla con insistencia cada vez mayor como el \u00fanico imperativo de la existencia humana. Por consiguiente, el hombre contempor\u00e1neo, orientado a encerrar el significado de la existencia en el espacio y tiempo presente, se siente profundamente turbado ante el pensamiento de la muerte y de cuanto hace referencia a ella.<\/p>\n<p>Dentro de este contexto cultural, el sentido de la sagrada unci\u00f3n tiende a invertirse en su contrario: la UE se trueca de celebraci\u00f3n de la esperanza que supera la muerte y momento de alivio en el sufrimiento en acontecimiento que genera tal carga de angustia que suscita el rechazo tanto en el enfermo como en quienes se ven implicados por razones de parentesco o de asistencia. Esa reacci\u00f3n emotiva agrava ulteriormente lo que la instrucci\u00f3n introductoria al nuevo Ritual de la UE (1972) define como \u00abceder al riesgo\u00bb (Praenot. 13) de diferir lo m\u00e1s posible la visita del sacerdote, el cual, en consecuencia, llega normalmente cuando el enfermo no puede ya darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor.<\/p>\n<p>Por eso es m\u00e1s f\u00e1cil comprender que semejante contexto cultural contribuye m\u00e1s a consolidar la actitud de frialdad respecto a la UE, interpretada como declaraci\u00f3n de una muerte segura, ofuscando con ello la percepci\u00f3n de su genuino significado teol\u00f3gico y pastoral.<\/p>\n<p>c) Hospitalizaci\u00f3n y medicalizaci\u00f3n. El fen\u00f3meno moderno de la hospitalizaci\u00f3n de los enfermos [l Salud, enfermedad y muerte] ha planteado nuevos problemas y dificultades a la pastoral de los enfermos, que no exist\u00ed\u00adan cuando la enfermedad se viv\u00ed\u00ada normalmente en familia. Hoy, por motivos de eficacia terap\u00e9utica, los ambientes en que a menudo se vive la enfermedad, a veces hasta la muerte, son el hospital o la cl\u00ed\u00adnica. Esos ambientes se han ido configurando como lugar en el que domina cada vez m\u00e1s la burocracia y la tecnolog\u00ed\u00ada m\u00e9dica sofisticada, mientras que falta la atenci\u00f3n a otras necesidades y exigencias, como las de orden religioso.<\/p>\n<p>Sin embargo, no se trata s\u00f3lo de problemas de dislocaci\u00f3n log\u00ed\u00adstica; a ellos se a\u00f1aden las dificultades de car\u00e1cter cultural, En realidad, en nuestros d\u00ed\u00adas la medicina, debido a su r\u00e1pido progreso cient\u00ed\u00adfico-tecnol\u00f3gico y a los resultados conseguidos, ha provocado en amplios estratos de la poblaci\u00f3n una confianza a veces exorbitante en sus posibilidades de curaci\u00f3n. Esta imagen casi milagrosa de la medicina suscita la tendencia a buscar en el \u00e1mbito m\u00e9dico la soluci\u00f3n a problemas y dificultades de otro orden. Esa indebida medicalizaci\u00f3n de la existencia humana ha despertado serias perplejidades y posiciones cr\u00ed\u00adticas. En lo que ata\u00f1e a nuestro tema, el proceso de medicalizaci\u00f3n, al tender a marginar la consideraci\u00f3n de la dimensi\u00f3n religiosa de la existencia humana y de las necesidades relativas, agrava la frialdad hacia la pr\u00e1ctica de la UE.<\/p>\n<p>2. LA ENFERMEDAD COMO CONDICI\u00ed\u201cN CR\u00ed\u008dTICA DE LA EXISTENCIA HUMANA. La actitud de confianza en la medicina no impide, sin embargo, que la enfermedad de una cierta gravedad someta a la persona a la experiencia de la radical pobreza de su ser de criatura. Aunque no est\u00e9 vinculada a un pron\u00f3stico de muerte, es un anuncio previo de ella; y en los casos en que los tratamientos m\u00e9dicos son prolongados y llevan la dependencia de instrumentos mec\u00e1nicos, el sentido de precariedad y fragilidad se experimenta m\u00e1s a\u00fan. En estos casos la enfermedad se presenta como una fuerza disgregadora que amenaza la integridad y la misma existencia de la persona. Sobre ese fondo se asoman y alternan sentimientos de extrav\u00ed\u00ado, de desconfianza, de angustia, reacciones de rechazo y de rebeld\u00ed\u00ada, junto con fases de depresi\u00f3n y de aceptaci\u00f3n. Los psic\u00f3logos describen otras posibles actitudes de car\u00e1cter involutivo o regresivo, que denotan el estado de crisis en que se encuentra el enfermo.<\/p>\n<p>La enfermedad grave constituye ciertamente un momento delicado, y a veces dram\u00e1tico, de la existencia humana; engendra en la persona, de manera m\u00e1s o menos consciente, la percepci\u00f3n de una indigencia humanamente insuperable. Esa condici\u00f3n cr\u00ed\u00adtica podr\u00ed\u00ada transformarse en una grave tentaci\u00f3n de desconfianza, que el creyente est\u00e1 llamado a superar con una renovada decisi\u00f3n de fe y confiando en la certeza de la esperanza. En el aspecto teol\u00f3gico, es justamente el estado de crisis peligrosa lo que legitima la existencia del sacramento de la UE, cuyo don peculiar de gracia ayuda al enfermo a trocar en lugar de salvaci\u00f3n la condici\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la enfermedad.<\/p>\n<p>3. EL GESTO DE LA PROXIMIDAD DE DIOS Y DE LA SOLIDARIDAD ECLESIAL. La crisis existencial que se origina dentro de una enfermedad arriesgada es uno de esos momentos en que el enfermo siente m\u00e1s intensamente la necesidad de comprensi\u00f3n solidaria. La UE es el momento culminante de la respuesta de Cristo y de la Iglesia a esa necesidad. El NT atestigua con marcada evidencia la atenta solicitud de Jes\u00fas por los enfermos. Los Hechos de los Ap\u00f3stoles resumen este aspecto relevante de la vida de Jes\u00fas de manera incisiva: \u00abPas\u00f3 haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio\u00bb (10,38). Marcos subraya la resonancia popular de las sol\u00ed\u00adcitas curaciones realizadas por Jes\u00fas: \u00abAdonde entraba, aldeas, ciudades o caser\u00ed\u00ados, pon\u00ed\u00adan a los enfermos en las plazas y le ped\u00ed\u00adan que les dejase tocar al menos la orla de su manto, y todos los que lo tocaban quedaban curados\u00bb (6,56). El mismo Marcos presenta la: curaci\u00f3n de los enfermos como una de las funciones esenciales que deben acompa\u00f1ar a la obra de evangelizaci\u00f3n, confiada por Jes\u00fas a los ap\u00f3stoles: \u00abPondr\u00e1n sus manos sobre los enfermos y los curar\u00e1n\u00bb (16,18).<\/p>\n<p>La Iglesia ha aprendido justamente de Jes\u00fas la sol\u00ed\u00adcita atenci\u00f3n al cuidado de los enfermos y la prolonga en el tiempo, expres\u00e1ndola de m\u00faltiples formas. Su cometido esencial es ayudar al enfermo a transformar la experiencia cr\u00ed\u00adtica de la enfermedad en un acontecimiento de salvaci\u00f3n, sosteni\u00e9ndole en la actitud de fidelidad al Padre. Ante el poder devastador de la muerte, que se asoma en el horizonte de toda grave enfermedad, la Iglesia le ofrece al enfermo la posibilidad de experimentar el poder victorioso de la gracia de Cristo concedida a trav\u00e9s del sacramento y de la concreta solidaridad de los hermanos en la fe. El texto de la carta de Santiago expresa claramente esta doble presencia de solidaridad junto al enfermo: la del Se\u00f1or, que con su gracia lo \u00absalva\u00bb y le \u00abalivia\u00bb, y la de la Iglesia, que ora \u00abpor \u00e9l\u00bb despu\u00e9s de ungirle los ancianos con el \u00f3leo en el nombre del Se\u00f1or (cf 5,14-15).<\/p>\n<p>II. Referencias al desarrollo hist\u00f3rico del sacramento<br \/>\nLa UE ha experimentado cambios a lo largo de los siglos. Se\u00f1alemos s\u00f3lo algunos momentos salientes, deteni\u00e9ndonos principalmente en la aportaci\u00f3n del Vat. II y del posconcilio.<\/p>\n<p>1. FUNDAMENTO B\u00ed\u008dBLICO. Para el contexto b\u00ed\u00adblico general, adem\u00e1s de lo ya- dicho respecto a la atenta solicitud de Jes\u00fas hacia los enfermos, hay que se\u00f1alar el texto de Marcos (6,7-13), en el que Jes\u00fas conf\u00ed\u00ada a los ap\u00f3stoles la misi\u00f3n de evangelizar. La per\u00ed\u00adcopa se cierra con una observaci\u00f3n del evangelista sobre la acci\u00f3n de los ap\u00f3stoles, que, seg\u00fan el concilio de Trento (DS 1695), \u00abanuncia\u00bb el sacramento de la unci\u00f3n: \u00abEllos se fueron a predicar que se convirtieran; echaban muchos demonios, .ung\u00ed\u00adan con aceite a muchos enfermos y los curaban\u00bb (Mar 6:12-13). El texto fundamental, en el que el mismo concilio ve la promulgaci\u00f3n del sacramento (DS 1695), es el de la carta de Santiago: \u00ab\u00bfEst\u00e1 alguno enfermo? Que llame a los presb\u00ed\u00adteros de la Iglesia para que recen por \u00e9l y lo unjan con aceite en nombre del Se\u00f1or. La oraci\u00f3n hecha con fe salvar\u00e1 al enfermo, y el Se\u00f1or lo restablecer\u00e1 y le ser\u00e1n perdonados los pecados que haya cometido\u00bb (5,14-15).<\/p>\n<p>Seg\u00fan la interpretaci\u00f3n com\u00fan, el texto de Santiago testimonia una pr\u00e1ctica consolidada de la solicitud de la Iglesia apost\u00f3lica hacia los enfermos. Luego, a partir de la cita de ese texto en relaci\u00f3n con la UE hecha por el papa Inocencio I en la carta del 19 de marzo del 416 a Decencio, obispo de Gubbio, las palabras de Santiago se convirtieron en punto de referencia constante para afirmar que la unci\u00f3n con aceite acompa\u00f1ada de la oraci\u00f3n sobre los enfermos y por los enfermos constituye un sacramento especial de la Iglesia relacionado con la situaci\u00f3n de enfermedad.<\/p>\n<p>En resumen, puede decirse que en armon\u00ed\u00ada con el ejemplo y las palabras de Jes\u00fas, y en particular con el precioso testimonio de la carta de Santiago, interpretada por la tradici\u00f3n viva, la conciencia de la Iglesia evolucion\u00f3 muy pronto hacia la afirmaci\u00f3n de que la UE constituye uno de los siete sacramentos de la salvaci\u00f3n queridos por Cristo, y como tal fue definido por el concilio de Trento (DS 1696).<\/p>\n<p>2. EL DESARROLLO DE LA TRADICi\u00ed\u201cN. En Occidente la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la pr\u00e1ctica y de la concepci\u00f3n de la UE presenta cambios notables en orden al efecto espec\u00ed\u00adfico, al destinatario y al ministro.<\/p>\n<p>Los testimonios de los primeros tiempos de la Iglesia son pocos. En la oraci\u00f3n de bendici\u00f3n del aceite de la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica de Hip\u00f3lito (principios del s. III) se pide fuerza y salud para los que lo usan. En la carta de Inocencio I a Decencio est\u00e1 claramente atestiguada la sacramentalidad de la unci\u00f3n; en ella el papa proh\u00ed\u00adbe la unci\u00f3n de los penitentes p\u00fablicos, porque a ellos se les negaban tambi\u00e9n los dem\u00e1s sacramentos, antes de su reconciliaci\u00f3n con la Iglesia. De la misma carta se desprende adem\u00e1s que pueden ungir con \u00f3leo bendito los obispos, los sacerdotes y los fieles.<\/p>\n<p>De las varias f\u00f3rmulas citadas por los sacramentarios de los siglos vvilt, as\u00ed\u00ad como de los escritos dejados por Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s (470\/ 1542), por Beda el Venerable (672-735) y por otros testimonios, podemos deducir algunos elementos importantes, que sustancialmente caracterizan a ese largo per\u00ed\u00adodo hasta la reforma carolingia: el aceite consagrado por el obispo recibe del Esp\u00ed\u00adritu las virtudes de curar; es aplicado a los enfermos no s\u00f3lo por los presb\u00ed\u00adteros, sino tambi\u00e9n por los laicos; los destinatarios son los enfermos, no los moribundos; la curaci\u00f3n corporal es el efecto principalmente invocado. Los fieles llevan a casa el aceite bendito y se ungen a s\u00ed\u00ad mismos y tambi\u00e9n a sus familiares.<\/p>\n<p>A finales del siglo viii, con la reforma carolingia, tiene lugar un cambio. El ministro del sacramento es s\u00f3lo el sacerdote, que lo administra al enfermo ante la inminencia de la muerte junto y despu\u00e9s de los sacramentos de la penitencia y del vi\u00e1tico. El principal efecto de la sagrada unci\u00f3n es la purificaci\u00f3n del alma. As\u00ed\u00ad la unci\u00f3n adquiere un car\u00e1cter casi exclusivamente penitencial y escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>En los siglos sucesivos la configuraci\u00f3n penitencial de extremaunci\u00f3n se consolida. Los te\u00f3logos de la escol\u00e1stica, mientras que por una parte esclarecen los elementos constitutivos del sacramento de la unci\u00f3n, por otra prev\u00e9n como condici\u00f3n para la administraci\u00f3n que el destinatario est\u00e9 en peligro de muerte, confirmando as\u00ed\u00ad la praxis vigente de extremaunci\u00f3n. Esto vale para Pedro Lombardo (1095-1160), para Buenaventura (1217 J 18-1274), para Tom\u00e1s de Aquino (1225-1274) y, generalmente, para todos los dem\u00e1s. G. Duns Scoto (1265-1308) exaspera ulteriormente el aspecto escatol\u00f3gico de preparaci\u00f3n a la gloria, reservando la unci\u00f3n para el agonizante, justamente porque \u00e9ste no est\u00e1 ya en condiciones de poder pecar y de poner en peligro el bien de la vida eterna. El concilio de Trento, en la sesi\u00f3n XIV, de noviembre de 1551, no acepta el texto preparatorio, seg\u00fan el cual los destinatarios del sacramento son exclusivamente (dumtaxat) los moribundos. Esa reacci\u00f3n a la concepci\u00f3n com\u00fan del tiempo es muy importante para la apertura a la interpretaci\u00f3n de la sagrada unci\u00f3n como sacramento de los enfermos y no de los moribundos.<\/p>\n<p>El aspecto espec\u00ed\u00adfico del sacramento es visto en la fuerza f\u00ed\u00adsica y en el robustecimiento espiritual conWa los asaltos de las tentaciones, mientras que el perd\u00f3n de los pecados y la curaci\u00f3n corporal son considerados como efectos eventuales y condicionados (DS 1696). Sin embargo, el concilio afirma tambi\u00e9n que la unci\u00f3n es administrada especialmente (praesertim) a los enfermos en peligro de muerte, \u00abpor lo que se llama tambi\u00e9n sacramento de los moribundos\u00bb (sacramentum exeuntium, DS 1698). A pesar de la atenuaci\u00f3n expresada con el \u00abtambi\u00e9n\u00bb, de hecho el concilio confirma la pr\u00e1ctica vigente de \u00abextremaunci\u00f3n\u00bb, adoptando tambi\u00e9n la misma terminolog\u00ed\u00ada. Ministro del sacramento es s\u00f3lo el sacerdote. Tal concepci\u00f3n se prolonga hasta el Vat. II, mientras que estudios e investigaciones precedentes llevan a su madurez nuevos fermentos para una aclaraci\u00f3n doctrinal m\u00e1s profunda y para la reforma lit\u00fargico-pastoral de la UE.<\/p>\n<p>3. CONCILIO VAT. II Y POSCONCILIO. En el contexto de la gran reformaJit\u00fargica contemplada en la constituci\u00f3n sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum concilium (4 de diciembre de 1963) el Vat. II, instado por instancias maduradas ya antes del concilio, inici\u00f3 un proceso de aclaraci\u00f3n que encontrar\u00e1 un desarrollo adecuado en el per\u00ed\u00adodo posconciliar, bajo el pontificado de Pablo VI.<\/p>\n<p>a) Las implicaciones de la preferencia terminol\u00f3gica del Vat. 11. En la base de las aclaraciones que tienen su origen en el Vat. II est\u00e1 la indicaci\u00f3n del destinatario del sacramento. La importancia decisiva del establecimiento del destinatario radica en el hecho de que de ella se deriva la comprensi\u00f3n misma del significado espec\u00ed\u00adfico del sacramento. \u00bfA qui\u00e9n est\u00e1 destinada la sacra unci\u00f3n? \u00bfS\u00f3lo a los moribundos, como ocurr\u00ed\u00ada de hecho en la tradici\u00f3n, o preferentemente (praesertim) a ellos, como quer\u00ed\u00ada el concilio de Trento, o bien m\u00e1s propiamente a los enfermos de una cierta gravedad? Puede decirse que en el concilio prevalece esta \u00faltima orientaci\u00f3n, pero no se afirm\u00f3 con la resoluci\u00f3n formulada en el texto preparatorio. El concilio aprueba la siguiente formulaci\u00f3n, que es fundamental para la evoluci\u00f3n sucesiva: \u00abLa `extremaunci\u00f3n&#8217;, que tambi\u00e9n, y mejor, puede llamarse `unci\u00f3n de enfermos&#8217;, no es s\u00f3lo el sacramento de quienes se encuentran en los \u00faltimos momentos de su vida. Por tanto, el tiempo oportuno para recibirlo comienza cuando el cristiano ya empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez\u00bb (SC 73). El texto es ambiguo, como fruto de un compromiso que tiende a conciliar dos tendencias diversas: la de quienes consideran la sagrada unci\u00f3n como sacramento de los moribundos y la de quienes la consideran como sacramento de los enfermos, sin la condici\u00f3n de la amenaza de la muerte. Sin embargo, el texto, aun dentro de su ambig\u00fcedad, abre de hecho el camino a una mejor comprensi\u00f3n de la naturaleza espec\u00ed\u00adfica del sacramento. En este sentido es altamente significativa la preferencia (\u00abmejor&#8217; expresada por el mismo concilio por la denominaci\u00f3n de \u00abunci\u00f3n de los enfermos\u00bb, considerando no apropiada la tradicional de \u00abextremaunci\u00f3n\u00bb, que hab\u00ed\u00ada ligado en la pr\u00e1ctica el sacramento con el estado de agon\u00ed\u00ada. El concilio no usar\u00e1 ya como terminolog\u00ed\u00ada propia la expresi\u00f3n \u00abextremaunci\u00f3n\u00bb; y ya en los n\u00fameros 74 y 75, dedicados tambi\u00e9n a los principios de revisi\u00f3n del sacramento, la misma constituci\u00f3n emplea exclusivamente la denominaci\u00f3n \u00abunci\u00f3n de los enfermos\u00bb. Esta preferencia marca el comienzo de una renovada reflexi\u00f3n sobre la teolog\u00ed\u00ada de la UE, si bien la ambig\u00fcedad del texto s\u00f3lo ser\u00e1 superada en los documentos y en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica del posconcilio. Ya la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Lumen gentium habla s\u00f3lo de \u00abenfermos\u00bb (aegrotantes), sin determinar m\u00e1s las condiciones del destinatario del sacramento (LG 11). M\u00e1s significativamente, el decreto sobre las Iglesias orientales Orientalium ecclesiarum (21 de noviembre de 1964) reconoce la praxis de las Iglesias orientales separadas, que confieren la unci\u00f3n tambi\u00e9n a quien cae enfermo sin peligro, y permite disfrutar de ese ministerio tambi\u00e9n a los fieles cat\u00f3licos \u00absiempre que lo aconseje la necesidad o un verdadero provecho espiritual y sea f\u00ed\u00adsica o moralmente imposible acudir a un sacerdote cat\u00f3lico\u00bb (OE 27).<\/p>\n<p>En realidad, los estudios y las investigaciones preconciliares hab\u00ed\u00adan mostrado lo insostenible de la concepci\u00f3n de la sagrada unci\u00f3n como sacramento de los moribundos (sacramentum exeuntium),- por eso bajo la cuesti\u00f3n del cambio de la terminolog\u00ed\u00ada est\u00e1 sobrentendido el verdadero problema de la recuperaci\u00f3n del sacramento de la unci\u00f3n en su significado pleno y espec\u00ed\u00adfico de fortalecimiento espiritual y de consuelo operados por la gracia en la situaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la enfermedad.<\/p>\n<p>La misma constituci\u00f3n sobre la liturgia contribuye a la recuperaci\u00f3n de la identidad espec\u00ed\u00adfica de la UE como sacramento de los enfermos al afirmar que, en caso de \u00abrito continuado\u00bb, \u00abla unci\u00f3n se confiera al enfermo (aegroto) despu\u00e9s de la confesi\u00f3n y antes del vi\u00e1tico\u00bb(SC 74). Esta determinaci\u00f3n de la sucesi\u00f3n cronol\u00f3gica tiene un sentido doctrinal. Impl\u00ed\u00adcitamente afirma, por una parte, que el efecto especial y propio de la UE no consiste en el eventual perd\u00f3n de los pecados y, por otra, que el sacramento \u00abextremo\u00bb es la eucarist\u00ed\u00ada conferida en forma de vi\u00e1tico.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n se puede afirmar que, a pesar de incertidumbres y ambig\u00fcedades, ya los textos conciliares ofrecen elementos reales para identificar la UE como el sacramento de los enfermos; de ese modo se contempla la posibilidad de una ampliaci\u00f3n de la gama de destinatarios. El desarrollo de la reflexi\u00f3n posconciliar centrar\u00e1 cada vez m\u00e1s la atenci\u00f3n en el hecho de que la UE confiere la gracia de estado para vivir cristianamente la condici\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la enfermedad.<\/p>\n<p>b) El esclarecimiento posconciliar. Int\u00e9rprete atento de las nuevas instancias de la Iglesia del Vat. II es el papa Pablo VI, que el 30 de noviembre de 1972 publica la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Sacram unctionem infirmorum. En ella Pablo VI establece como destinatarios de la UE a \u00ablos enfermos en grave peligro\u00bb (infirmis periculose aegrotantibus) (Praenotanda 8). Se evita, y no al azar, la expresi\u00f3n \u00abpeligro de muerte\u00bb, y se afirma expl\u00ed\u00adcitamente que se puede repetir el sacramento si, despu\u00e9s de restablecido, el enfermo, \u00aben el curso de la enfermedad, llegara la situaci\u00f3n a ser cr\u00ed\u00adtica\u00bb (Praenotanda 9).<\/p>\n<p>Coherentemente con la perspectiva de que la UE no es el sacramento de los moribundos, el papa modifica \u00abcon autoridad apost\u00f3lica\u00bb la f\u00f3rmula sacramental del modo siguiente: \u00abPor esta santa unci\u00f3n y por su bondadosa misericordia, te ayude el Se\u00f1or con la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvaci\u00f3n y te conforte en tu enfermedad (allevet)\u00bb (Ritual, p. 9). N\u00f3tese, como recuerda la misma constituci\u00f3n, que la f\u00f3rmula sacramental usada hasta 1974 indicaba como efecto espec\u00ed\u00adfico el perd\u00f3n de \u00abtodos los pecados que has cometido\u00bb; es decir, el sacramento se confer\u00ed\u00ada en funci\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente penitencial. En cambio, la nueva f\u00f3rmula indica el efecto propio del sacramento en un acontecimiento de salvaci\u00f3x, que afecta a la persona y sostiene, en cuanto totalidad corp\u00f3reo-espiritual: \u00abte conceda la salvaci\u00f3n y te conforte en tu enfermedad (allevet)\u00bb. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica ha aclarado al mismo tiempo que el efecto penitencial y la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica no se excluyen, sino que se consiguen en cuanto est\u00e1n relacionados con el efecto directa y espec\u00ed\u00adficamente buscado por el acontecimiento sacramental. De modo que la administraci\u00f3n de la UE libra tambi\u00e9n del pecado eventual, porque no ser\u00ed\u00ada compatible con la gracia de la UE, que busca robustecer al enfermo en la lucha contra las dificultades derivadas de la situaci\u00f3n de la enfermedad. Igualmente se puede decir que la UE prepara tambi\u00e9n a la muerte y a la bienaventuranza, pero s\u00f3lo por el hecho de que la gracia sacramental sostiene al enfermo en la fidelidad amorosa a la voluntad del Padre incluso si la muerte hubiese de ser el t\u00e9rmino inevitable de la enfermedad.<\/p>\n<p>Este razonamiento sobre el destinatario y sobre el efecto espec\u00ed\u00adfico de la UE es aclarado ulteriormente en la instrucci\u00f3n introductoria (= Praenotanda) al nuevo Ritual de la unci\u00f3n de los enfermos y de la pastoral, publicado por decreto de la Congregaci\u00f3n para el culto divino el 7 de diciembre de 1982 y ya aprobado \u00abcon autoridad apost\u00f3lica\u00bb por Pablo VI en la constituci\u00f3n antes mencionada. En los Praenotanda se afirma que los destinatarios de la UE son \u00ablos fieles que, por enfermedad o avanzada edad, vean en grave peligro su vida\u00bb (Praen. 8). Los Praenotanda intentan tranquilizar a los interesados acerca del juicio sobre la gravedad de la enfermedad: \u00abPara juzgar de la gravedad de la enfermedad, basta con tener un dictamen prudente y probable de la misma, sin ninguna clase de angustia\u00bb (ib). Ciertamente no se conferir\u00e1 la UE por un malestar pasajero y banal; pero el hecho de que baste un juicio \u00abprudente, sin ninguna clase de angustia\u00bb para valorarla gravedad del mal, indica que la nueva orientaci\u00f3n cambia profundamente la praxis de la extremaunci\u00f3n. Es f\u00e1cil comprender que en esta perspectiva se puede conferir la UE a los ancianos \u00abaun cuando no padezcan una enfermedad grave\u00bb (Praen. 11): su acentuada debilidad f\u00ed\u00adsica, debida sencillamente a la condici\u00f3n senil, es ya motivo suficiente para ofrecer el sost\u00e9n del sacramento. Adem\u00e1s, bas\u00e1ndose en una concepci\u00f3n antropol\u00f3gica integral, y no dicot\u00f3mica, la instrucci\u00f3n afirma la globalidad de eficacia de la que es portadora la gracia de la unci\u00f3n: \u00abEl hombre entero es ayudado en su salud, confortado por la confianza en Dios y robustecido contra las tentaciones del enemigo y la angustia de la muerte, de tal modo que pueda no s\u00f3lo soportar sus males con fortaleza, sino tambi\u00e9n luchar contra ellos, e incluso conseguir la salud&#8230;\u00bb (Praen. 6). Consiguientemente, se deplora, seg\u00fan ya se ha indicado, que se ceda \u00abal riesgo de retrasar indebidamente el sacramento\u00bb (Praen. 13). De semejantes afirmaciones se desprende con claridad que el efecto espec\u00ed\u00adfico de la gracia sacramental de la UE no dice relaci\u00f3n inmediata con la muerte ni con la curaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica, sino que consiste en ayudar a vivir de modo positivo y salv\u00ed\u00adfico la situaci\u00f3n de enfermedad. Este es el efecto que se obtiene de modo cierto recibiendo el sacramento con fe; los otros efectos son eventuales y condicionados.<\/p>\n<p>Se puede concluir que los documentos posconciliares presentan la UE como sacramento de vida y de esperanza, y no ya como veredicto de muerte; en este sentido, se puede hablar de una evoluci\u00f3n positiva de la concepci\u00f3n de la UE, que corrige profundamente el cambio producido por la reforma carolingia.<\/p>\n<p>III. Dificultades y perspectivas permanentes<br \/>\nEn el aspecto doctrinal y pastoral, el concilio y el posconcilio han abierto ciertamente perspectivas de mayor autenticidad para la pr\u00e1ctica de la UE. Sin embargo, prescindiendo de algunas iniciativas locales u ocasionales, en un plano general ni el aprecio ni la pr\u00e1ctica han registrado progresos de relieve que permitan pensar en una asimilaci\u00f3n efectiva del genuino significado de la UE.<\/p>\n<p>1. RESISTENCIAS PERDURANTES. Ni la visi\u00f3n doctrinal ni la reforma lit\u00fargico-pastoral han informado a\u00fan la conciencia de los fieles; y, por consiguiente, no se ha obtenido la tan deseada valorizaci\u00f3n de la UE. Se observa, con preocupaci\u00f3n, la perdurante indiferencia que rodea al sacramento o la continuaci\u00f3n de una pr\u00e1ctica poco conforme con la evoluci\u00f3n y las directrices posconciliares.<\/p>\n<p>Las razones que hemos aducido como causa de la falta de inteligencia y origen de la indiferencia hacia el sacramento de la UE, subsisten como dificultades a\u00fan no superadas. La mentalidad arraigada de que la unci\u00f3n es solamente el sacramento del paso fatal es una de las m\u00e1s graves resistencias a las instancias de renovaci\u00f3n. Sigue siendo a\u00fan la concepci\u00f3n imperante a nivel popular. La UE sigue siendo un rito privado que se celebra generalmente con quien est\u00e1 ya privado de lucidez y que se resuelve casi siempre en un gesto fugaz, a manera de presagio de muerte, cometido ingrato del sacerdote y de alg\u00fan pariente.<\/p>\n<p>La mentalidad tradicional ha encontrado un poderoso aliado en la actual cultura secular, que veta los temas de la enfermedad y de la muerte y, mientras exige eficiencia y eficacia en el aspecto m\u00e9dico, no toma suficientemente en cuenta los valores religiosos y su funci\u00f3n humanizadora.<\/p>\n<p>2. LA URGENTE TAREA DE LA CATEQUESIS. Puesto que la dificultad consiste sobre todo en una concepci\u00f3n mental, consolidada por la actitud cultural secularizada, hay urgente necesidad de una evangelizaci\u00f3n y de una catequesis asidua y exigente, que lleve a los fieles a redescubrir el significado y la importancia de este sacramento. La Congregaci\u00f3n para el culto divino en la instrucci\u00f3n introductoria al nuevo Ritual de la UE insiste oportunamente en la funci\u00f3n formadora de la catequesis. El futuro de una pr\u00e1ctica convencida y fructuosa de la UE se presenta ligado principalmente, adem\u00e1s de al contexto vital de la fe de la comunidad, a una catequesis .incisiva y sistem\u00e1tica impartida a los fieles en todas las fases previstas por los proyectos de formaci\u00f3n religiosa, a partir de los ni\u00f1os hasta los adultos. Ha de tener como finalidad recuperar la imagen positiva de la UE, a saber: su valor existencial.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00ada preguntarse si hasta ahora se ha llevado a cabo esta obra tan importante; si presb\u00ed\u00adteros y responsables de la catequesis se han enterado, ellos los primeros, de la renovaci\u00f3n conciliar y posconciliar a prop\u00f3sito de la UE. No hay datos, pero no son muchos al respecto. No obstante hay que convencerse de que el tiempo por s\u00ed\u00ad solo no basta para desmantelar la inveterada mentalidad tradicional y suscitar una nueva. Por eso se comprende la insistente llamada a la catequesis por parte del magisterio. Ese trabajo de formaci\u00f3n habr\u00e1 cumplido su importante cometido cuando los fieles hayan logrado apreciar la \u00ed\u00adndole dialogal y comunitaria de la UE en cuanto encuentro sacramental con Cristo en la comunidad. Estas dos dimensiones se contraponen precisamente a los dos obst\u00e1culos principales, a sabes: la praxis de extremaunci\u00f3n y la privatizaci\u00f3n del sacramento.<\/p>\n<p>3. CAR\u00ed\u0081CTER DIALOGAL Y ECLESIAL DE LA UNCI\u00ed\u201cN DE LOS ENFERMOS. La \u00ed\u00adndole dialogal y personal y la dimensi\u00f3n eclesial de la UE son los dos aspectos que expresan m\u00e1s concretamente el significado de encuentro del enfermo con Cristo y el compromiso que se deriva para la comunidad eclesial respecto a sus miembros enfermos.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica personal del enfermo aclara y vincula a la vez el car\u00e1cter dialogal y eclesial d$ la UE, Esta situaci\u00f3n explica la peculiar exigencia del encuentro sacramental con Cristo y la necesaria solidaridad mediante la oraci\u00f3n y el servicio caritativo por parte de la comunidad.<\/p>\n<p>a) La \u00ed\u00adndole dialogal de la UE nos recuerda ante todo que el protagonista humano del acontecimiento sacramental es el enfermo. Con su libertad, necesitada de la ayuda divina, est\u00e1 llam do a renovar su decisi\u00f3n de fidelidad ~voluntad del Padre y a aceptar su as milaci\u00f3n al misterio de Cristo. Esa cooperaci\u00f3n activa del enfermo constituye una condici\u00f3n important\u00ed\u00adsima en orden a la consecuci\u00f3n de los efectos del sacramento como el robustecimiento en la esperanza, la actitud de confianza, el alivio psico-f\u00ed\u00adsico, el est\u00ed\u00admulo a luchar&#8230; Semejante reacci\u00f3n positiva no se puede ciertamente verificar en el agonizante. Por eso la catequesis ha de hacer madurar la conciencia de los fieles en funci\u00f3n de una participaci\u00f3n informada en la celebraci\u00f3n del sacramento: \u00abEn la catequesis, lo mismo p\u00fablica que familiar, cu\u00ed\u00addese de educar a los fieles para que ellos mismos pidan la unci\u00f3n y, apenas llegue el momento, la reciban con fe y devoci\u00f3n grande\u00bb (EnchVat 4,1872).<\/p>\n<p>&#8211; Seg\u00fan las actuales \u00f3ri\u00e9ntaciones teol\u00f3gicas y pastorales, la administraci\u00f3n a los moribundos de la IJE deber\u00ed\u00ada constituir s\u00f3lo una rara eventualidad; por desgracia, en la pr\u00e1ctica sigue siendo a\u00fan lo normal. Por eso es preciso apropiarse de la exhortaci\u00f3n de Santiago, la cual prev\u00e9 que sea el enfermo el que llame a los presb\u00ed\u00adteros. Esa praxis- ser\u00ed\u00ada un signo de madurez cristiana y de superaci\u00f3n de la mentalidad tradicional.<\/p>\n<p>b) Dimensi\u00f3n eclesial. Si la \u00ed\u00adndole dialogal de la UE solicita la atenci\u00f3n sobre el estado de participaci\u00f3n consciente del sujeto enfermo, la \u00ed\u00adndole eclesial del sacramento plantea exigencias tanto al enfermo como a la comunidad. Del enfermo exige que viva su prueba tambi\u00e9n en beneficio de la Iglesia y del mundo, uniendo sus sufrimientos a los de Cristo con amor fiel y generoso a la voluntad del Padre, que quiere la salvaci\u00f3n de todos los hombres. El enfermo se coloca casi en la l\u00f3gica y en el dinamismo salv\u00ed\u00adfico del misterio pascual.<\/p>\n<p>El sentido eclesial de la UE le plantea ala comunidad exigencias no menos graves. En primer lugar recuerda la responsabilidad que pesa sobre la comunidad, sobre todo local, respecto a los hermanos enfermos. En efecto, seg\u00fan la voluntad del Se\u00f1or, la solicitud para con los enfermos no puede separarse de la misi\u00f3n de testimoniar y evangelizar la salvaci\u00f3n del reino ya presente. El significado eclesial de la UE supone, por tanto, un servicio pastoral solicito al mundo de los enfermos; en cuyo contexto la celebraci\u00f3n del sacramento constituye el momento central, no final, de la solicitud de la Iglesia. Este compromiso es hoy m\u00e1s importante, ya que est\u00e1 ordenado a superar la condici\u00f3n de marginaci\u00f3n y de soledad en que los enfermos se ven frecuentemente arrojados por la sociedad del bienestar y de la eficiencia, provocando lo que puede llamarse una nueva pobreza de los pa\u00ed\u00adses ricos. En cualquier caso, la adhesi\u00f3n sincera al sentido de eclesialidad que ha de inculcar la catequesis met\u00f3dica no puede resolverse en la simple participaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n, m\u00e1s o menos solemne y epis\u00f3dica, del sacramento; exige m\u00e1s bien de la comunidad un complejo de gestos de servicio que preparen y sigan el acontecimiento de la, administraci\u00f3n de la sagrada unci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una implicaci\u00f3n comunitaria de este g\u00e9nero podr\u00ed\u00ada con \u00e9l tiempo liberar a la UE del estado de privatizaci\u00f3n y devolverle el significado de sacramento para la vida y para la victoria sobre la enfermedad, en el sentido m\u00e1s amplio del t\u00e9rmino, que es el suyo propio y originario.<\/p>\n<p>[l Sacramentos; l Salud, enfermedad, muerte].<\/p>\n<p>BIBL.: ALSZ6GHY Z., Unci\u00f3n de los enfermos, en Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada II, Cristiandad, Madrid 1982, 1956-1966; BARAUDY R., Le sacrament des malades, en \u00abNRT\u00bb 96 (2974) 600-634 BETZ J., Unci\u00f3n de enfermos, en Conceptos fundamentales de teolog\u00ed\u00ada II, Cristiandad, Madrid 19792, 786-792; COLOMso G., Unci\u00f3n de enfermos, en Nuevo diccionario de liturgia, Paulinas 19892, 2014-2029; CRESPY G. Maladie et gu\u00e9rison dans le NT, en \u00abLumVie\u00bb 86 (1968) 45-69; DAVAIVZO G., Unci\u00f3n de enfermos, en.DETM, Paulinas, Madrid 19865, 1146-1153; FAMOSO S., Il nuovo Ordo della unzione degli infermi, en \u00abRPastLit\u00bb 10 (1973) 3-I5; FEINEa J., Enfermedad y sacramento de la unci\u00f3n, en Mysterium Salutis V, Cristiandad, Madrid 1984, 467-523; In, Unci\u00f3n de enfermos, en SM, VI, 1976, 769; KNAUHER A., Teolog\u00ed\u00ada pastorale dell \u00fanzione degli injermi, en K. RAHNEa (dirigido por), Matrimonio, Penitenza, Unzione, Roma-Brescia 1971, 197-241; LARRABE J.L., La Iglesia y el sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1974; MAGRASSI M., L \u00fanzione degli injermi. Per un rito nuovo, una teolog\u00ed\u00ada e una pastorale rinnovate, La Scala, Noci 1974; TRIACCw A.M., La Chiesa e i malati: fedelt\u00e1 a Cristo e adattamento al\u00ed\u00ade nuove situazioni, en \u00abRLitg\u00bb 61 (1974) 490-506; In, Gli efjetti dell\u00fanzione degli infermi. II contributo del nuovo OUl ad un problema di teolog\u00ed\u00ada sacramentar\u00ed\u00ada, en \u00abSin\u00bb 38 (1976) 3-41.<\/p>\n<p>G. R. Cambareri<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. El problema del sufrimiento y de la muerte. II. La actividad taumat\u00fargica de Jes\u00fas y de los ap\u00f3stoles. III. El texto de Santiago sobre la unci\u00f3n de los enfermos: 1. Fe y curaci\u00f3n; 2. La unci\u00f3n en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica; 3. Unci\u00f3n y oraci\u00f3n; 4. Los efectos de la unci\u00f3n sagrada; 5. Dimensi\u00f3n sacramental de la unci\u00f3n de los enfermos.<br \/>\n3337<br \/>\n1. EL PROBLEMA DEL SUFRIMIENTO Y DE LA MUERTE.<br \/>\nHay un problema que desaf\u00ed\u00ada desde siempre no s\u00f3lo a la inteligencia humana, sino a la misma fe, y es el problema de la enfermedad, del dolor y de su t\u00e9rmino inevitable, la \/ muerte [\/ Mal; \/ Dolor].<br \/>\nLa raz\u00f3n encuentra en ello motivo de esc\u00e1ndalo; porque, en un mundo lleno de orden, de armon\u00ed\u00ada y de sentido, el dolor, y sobre todo la muerte, interviene como elemento de perturbaci\u00f3n y no parece justificar otra actitud que la rebeld\u00ed\u00ada ante algo absurdo e irracional, o la aquiescencia fatalista a un l\u00ed\u00admite insalvable de nuestro ser humano, tanto m\u00e1s irritante cuanto m\u00e1s la ciencia parece en el presente encaminada hacia la superaci\u00f3n de todas las barreras de lo cognoscible.<\/p>\n<p>La fe pura encuentra en ello un motivo de turbaci\u00f3n, porque todo ello parece empa\u00f1ar la imagen del Dios bueno y amigo del hombre, justo en sus juicios, que no hace sufrir a sus hijos, amante de la vida y no de la muerte. El caso de \/ Jb es ejemplo de c\u00f3mo tambi\u00e9n para un creyente, no dispuesto en modo alguno a poner en duda su fe, el problema del dolor suscita dificultades y hasta rebeld\u00ed\u00ada: no es f\u00e1cil describir al Dios que permite el dolor y la muerte y que no ha librado de ella ni siquiera a su Hijo: \u2020\u0153Padre, si es posible, pase de m\u00ed\u00ad este c\u00e1liz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya\u2020\u009d (Mt 26,39).<br \/>\n3338<br \/>\nSin embargo, justamente la experiencia de Cristo nos revela el sentido del dolor y de la muerte, porque en \u00e9l estos acontecimientos tr\u00e1gicos se convierten en instrumento no s\u00f3lo de salvaci\u00f3n, sino de sublimaci\u00f3n de las energ\u00ed\u00adas interiores del hombre y de entrega total a Dios. Jes\u00fas no ha querido salvarnos permaneciendo fuera de nuestra condici\u00f3n de sufrimiento, sino que se sumergi\u00f3 en ella hasta beber sus \u00faltimas heces, para decirnos que, aunque es un l\u00ed\u00admite, el sufrimiento y la muerte no son algo \u2020\u0153irracional\u2020\u009d; son m\u00e1s bien la consecuencia del \/ pecado y del desorden introducidos por el hombre en el mundo, de los que \u00e9l puede rescatarse siguiendo el ejemplo de Cristo y en virtud de su muerte y su \/ resurrecci\u00f3n.<br \/>\nDespu\u00e9s de haber pasado Cristo a trav\u00e9s del sufrimiento y la muerte, tambi\u00e9n para el creyente adquieren no s\u00f3lo su significado de prueba y de purificaci\u00f3n, sino el de certeza de victoria, tanto sobre el pecado, que es su causa, como sobre sus nefastas consecuencias.<br \/>\n3339<br \/>\nII. LA ACTIVIDAD TAUMATURGICA DE JESUS Y DE LOS APOSTOLES.<br \/>\nSobre este fondo hay que considerar la actividad taumat\u00fargica de Jes\u00fas, que cura todo tipo de enfermedad y hasta resucita a los muertos. Y este mismo poder lo confiere a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, echad a los demonios; gratis lo hab\u00e9is recibido, dadlo gratis\u2020\u009d (Mt 10,8).<br \/>\nEs la afirmaci\u00f3n y la demostraci\u00f3n de que el reino de Dios est\u00e1 ya actuando en la historia, porque la enfermedad y la muerte est\u00e1n finalmente vencidas, aunque s\u00f3lo en parte y como prefiguraci\u00f3n de la restauraci\u00f3n final, cuando \u2020\u0153no habr\u00e1 m\u00e1s muerte, ni luto, ni llanto, ni pena, porque el primer mundo ha desaparecido\u2020\u009d (Ap 21,4). En espera de ello, el cristiano, dentro incluso de los aprietos del dolor y la muerte, sabe darles un sentido de purificaci\u00f3n del pecado y de mayor confianza en el Se\u00f1or, sin dejarse abatir interiormente, como si estuviera para ser tragado por el abismo de la nada. Su modelo seguir\u00e1 siendo siempre Cristo, el cual \u2020\u0153encomienda en las manos del Padre\u2020\u009d su esp\u00ed\u00adritu (Lc 23,46).<br \/>\nEsto no significa que el creyente, precisamente en los momentos agudos del sufrimiento y en el peligro ante la muerte, no sienta el v\u00e9rtigo del extrav\u00ed\u00ado, incluso del miedo y de las vacilaciones de la fe; por lo cual tiene entonces m\u00e1s necesidad de la ayuda de toda la comunidad.<br \/>\n3340<br \/>\nIII. EL TEXTO DE SANTIAGO SOBRE LA UNCION DE LOS ENFERMOS.<br \/>\nTeniendo presente esta situaci\u00f3n, se comprende mejor el pasaje de la carta de Santiago, en el cual se exhorta no s\u00f3lo a orar por el hermano que cae enfermo, sino a realizar un rito particular de \u2020\u0153unci\u00f3n\u2020\u009d a fin de ayudarle en sus dificultades f\u00ed\u00adsicas y espirituales: \u2020\u0153,Est\u00e1 afligido alguno de vosotros? Que rece. \u00bfEst\u00e1 alegre? Que cante. \u00bfEst\u00e1 enfermo? Que llame a los presb\u00ed\u00adteros de la Iglesia para que recen por \u00e9l y lo unjan con aceite en nombre del Se\u00f1or. Y la oraci\u00f3n hecha con fe salvar\u00e1 al enfermo, y el Se\u00f1or lo restablecer\u00e1 y le ser\u00e1n perdonados los pecados que haya cometido. Confesaos los pecados unos a otros, para que os cur\u00e9is. La oraci\u00f3n fervorosa del justo tiene un gran poder\u2020\u009d (St 5,13-16).<br \/>\nEl autor debe referir aqu\u00ed\u00ad una pr\u00e1ctica muy conocida en la Iglesia antigua, y por eso no se demora en describir sus particulares, algunos de los cuales puede ser que se nos escapen; en todo caso, no se nos escapa el conjunto de gestos y de oraciones hechos \u2020\u0153en el nombre del Se\u00f1or\u2020\u009d por los responsables de la comunidad para ayudar al enfermo.<br \/>\n3341<br \/>\n1. Fe y curaci\u00f3n.<br \/>\nEl uso del aceite para curar lo encontramos ya en los evangelios. De los ap\u00f3stoles, enviados para una primera experiencia de predicaci\u00f3n, se dice que \u2020\u0153se fueron a predicar que se convirtieran; echaban muchos demonios, ung\u00ed\u00adan con aceite a muchos enfermos y los curaban\u2020\u009d (Mc 6,13).<br \/>\nEvidentemente, hay que tener presente todo el conjunto del cuadro: no es s\u00f3lo el ungir con aceite lo que cura, como si se tratase de una medicina m\u00e1gica, sino sobre todo la aceptaci\u00f3n del anuncio salv\u00ed\u00adfico del evangelio. Ya hemos visto c\u00f3mo, en la perspectiva b\u00ed\u00adblica, material y espiritual, sufrimiento y pecado se mezclan entre s\u00ed\u00ad. Siguiendo el ejemplo de Cristo, tambi\u00e9n los ap\u00f3stoles se preocupan del hombre concreto, que es esp\u00ed\u00adritu y cuerpo al mismo tiempo: el reino de Dios ha de realizarse en todas las dimensiones del vivir, y tambi\u00e9n del sufrir humano. La unci\u00f3n de los enfermos hecha por los ap\u00f3stoles con aceite es un gesto simb\u00f3lico que quiz\u00e1 quiere expresar como una especie de endulzamiento de la enfermedad, la cual de hecho, si desaparec\u00ed\u00ada, era s\u00f3lo en virtud del poder recibido de Cristo y del anuncio del evangelio.<br \/>\n3342<br \/>\n2. La unci\u00f3n en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica.<br \/>\nRealmente, el aceite tiene en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica una gran importancia: no era solamente signo de alegr\u00ed\u00ada, de riqueza, de felicidad (Sal 23,5; Sal 104,15; Sal 133,2 Miq 6,15, etc. ), sino que se lo consideraba tambi\u00e9n como una medicina capaz de devolver la salud o de aliviar los dolores (Is 1,6; Lc 10,34) y de dar fuerza.<br \/>\nJustamente por estas cualidades, el que era ungido con aceite era capaz de realizar cosas extraordinarias: pi\u00e9nseseen la unci\u00f3n de Sa\u00fal como rey (IS 10,1-6), en la de David (IS 16,13; 2S 23,1-2) o en el mes\u00ed\u00adas: \u2020\u0153El esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or Dios est\u00e1 en m\u00ed\u00ad, porque el Se\u00f1or me ha ungido\u2020\u009d (Is 61,1; Lc 4,18-19 ). La unci\u00f3n es como el veh\u00ed\u00adculo del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, que reviste de la fuerza necesaria a las personas que el Se\u00f1or ha elegido para que correspondan a la vocaci\u00f3n a la cual los llama.<br \/>\nJustamente con referencia al Esp\u00ed\u00adritu habla san Juan por dos veces de una \u2020\u0153unci\u00f3n\u2020\u009d (fr\u00ed\u00adsma) que el cristiano ha recibido y que le permite distinguir la verdadera doctrina de la falsa: \u2020\u0153Vosotros, sin embargo, hab\u00e9is recibido la unci\u00f3n que viene del Santo, y todos ten\u00e9is conocimiento\u2020\u009d (1Jn 2,20 cf 1Jn 2,27). Aunque sin excluir una referencia al \u00c2\u00a1 bautismo, aqu\u00ed\u00ad se tratar\u00ed\u00ada sobre todo del Esp\u00ed\u00adritu Santo (recibido tambi\u00e9n a trav\u00e9s de aquel sacramento), el cual introduce al fiel \u2020\u0153en toda la verdad\u2020\u2122 (Jn 14,26; Jn 15,26; Jn 16,13-14) y le da la fuerza de vivir seg\u00fan el evangelio [1 Confirmaci\u00f3n; \u00c2\u00a1Imposici\u00f3n de las manos].<br \/>\n3343<br \/>\n3. Unci\u00f3n y oraci\u00f3n.<br \/>\nA la luz de lo que acabamos de decir resulta mucho m\u00e1s claro el p\u00e1rrafo de Santiago antes citado. Ante todo, es evidente el contexto de fe en que se mueve todo el discurso: predomina la oraci\u00f3n, tanto de alabanza como de s\u00faplica. El caso examinado es el de un enfermo (asthen\u00e9in = estar enfermo) que puede disponer con plena responsabilidad de s\u00ed\u00ad mismo, y por ello manda llamar a \u2020\u0153los presb\u00ed\u00adteros\u2020\u009d de la Iglesia.<br \/>\nSe los llama en cuanto \u2020\u0153jefes\u2020\u009d de la comunidad, en su condici\u00f3n de responsables de un determinado grupo de creyentes. Pues con el nombre de \u2020\u0153presb\u00ed\u00adteros\u2020\u009d, en el lenguaje del NT, se designa a los jefes espirituales de las varias comunidades (Hch 11,30; Hch 14,23; Hch 15,2; Hch 15,4; Hch 15,6; Hch 15,22; Hch 15,23; Hch 20,17; 1 Tm 5,1; 1 Tm 5,2; 1 Tm 5,17; 1 Tm 5,19; Tt 1,5; IP 3,1; IP 3, etc. ).<br \/>\nEllos deben realizar sobre el enfermo una \u2020\u0153unci\u00f3n\u2020\u009d sagrada, seg\u00fan el ejemplo de los ap\u00f3stoles que hemos recordado, junto con la oraci\u00f3n: \u2020\u0153Que llame a los presb\u00ed\u00adteros de la Iglesia para que recen por \u00e9l y lo unjan con aceite en nombre del Se\u00f1or\u2020\u009d (y. 14). La \u00faltima expresi\u00f3n no deber\u00ed\u00ada referirse simplemente a la invocaci\u00f3n del nombre del \u2020\u0153Sefior\u2020\u009d, que es aqu\u00ed\u00ad ciertamente Jes\u00fas, como si se tratase de una f\u00f3rmula m\u00e1gica. Sin excluir la invocaci\u00f3n del nombre de Jes\u00fas, la expresi\u00f3n deber\u00ed\u00ada indicar m\u00e1s bien la fuente de la que los presb\u00ed\u00adteros sacan su \u2020\u0153poder\u2020\u009d de curaci\u00f3n y de salud, sea f\u00ed\u00adsica o espiritual, tal como de hecho se desprende del contexto, a saber: el poder de Cristo resucitado: el t\u00e9rmino \u2020\u0153Se\u00f1or\u2020\u009d (Kyrios) remite, en efecto, al Cristo glorioso.<br \/>\nNo hay que olvidar las \u00faltimas palabras del Resucitado a los ap\u00f3stoles: \u2020\u0153A los que crean les acompa\u00f1ar\u00e1n\u2020\u009d estos prodigios: en mi nombre echar\u00e1n los demonios&#8230;, pondr\u00e1n sus manos sobre los enfermos y los curar\u00e1n\u2020\u009d (Mc 16,17-18). El rito lit\u00fargico, compuesto de la unci\u00f3n sagrada y de la oraci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros, a fin de cuentas no es m\u00e1s que la institucio-nalizaci\u00f3n de este \u00faltimo mandato de Jes\u00fas a sus disc\u00ed\u00adpulos.<br \/>\n3344<br \/>\n4. LOS EFECTOS DE LA UNCI\u00ed\u201cN SAGRADA.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de describir el desarrollo del rito lit\u00fargico, se describen sus efectos, que se han de considerar unitariamente en el doble aspecto material y espiritual, por la intrincada relaci\u00f3n entre cuerpo y esp\u00ed\u00adritu, entre salvaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica y salvaci\u00f3n espiritual, que hemos recordado al principio: \u2020\u0153Y la oraci\u00f3n hecha con fe salvar\u00e1 al enfermo, y el Se\u00f1or lo restablecer\u00e1 y le ser\u00e1n perdonados los pecados que haya cometido\u2020\u2122<br \/>\n(5,15).<br \/>\nN\u00f3tese que el autor insiste en la dimensi\u00f3n de la fe (\u2020\u02dcla oraci\u00f3n hecha con fe\u2020\u2122), como para subrayar que todo adquiere valor en la dimensi\u00f3n de la fe. No se trata de un rito m\u00e1gico ni de una escenificaci\u00f3n que puede ejercer influjo ben\u00e9fico psicol\u00f3gico: la sagrada \u2020\u0153unci\u00f3n\u2020\u2122, unida a la oraci\u00f3n de \u2020\u0153fe\u2020\u009d de toda la comunidad, expresada por los \u2020\u0153presb\u00ed\u00adteros\u2020\u2122, tiene por virtud divina el poder de \u2020\u0153salvar\u2020\u009d al enfermo.<br \/>\nLa primera salvaci\u00f3n va justamente al cuerpo, como lo dice claramente el texto: \u2020\u0153Y la oraci\u00f3n hecha con fe salvar\u00e1 al enfermo, y el Se\u00f1or lo restabIecer\u00e1\u2020\u2122 Este \u00faltimo verbo debe referirse al alzarse del hecho donde se consideraba que yac\u00ed\u00ada antes el enfermo (k\u00e1mnonta literalmente: yacente en el lecho, extendido). La segunda salvaci\u00f3n es la liberaci\u00f3n del pecado, si el enfermo se encuentra en esa condici\u00f3n: \u2020\u0153Le ser\u00e1n perdonados los pecados que haya cometido\u2020\u009d. Y ello por la relaci\u00f3n indefectible que la Biblia ve entre enfermedad y pecado, considerando la primera como efecto del segundo, no tanto en cada uno de los casos particulares, sino como situaci\u00f3n general de la humanidad: \u2020\u0153Por el pecado entr\u00f3 en el mundo la muerte\u2020\u009d (Rm 5,12).<br \/>\nTodo lo que hemos dicho no significa que la unci\u00f3n sagrada haya de producir \u2020\u0153siempre\u2020\u009d todos los efectos que hemos recordado; la voluntad de Dios, de la cual dependen nuestra vida y nuestra muerte, puede disponer tambi\u00e9n las cosas diversamente. Ello no quita valor al rito de la sagrada unci\u00f3n, porque tendr\u00e1 siempre como resultado purificar nuestro esp\u00ed\u00adritu del pecado y hacernos d\u00f3ciles al querer de Dios, de modo que aceptemos el sufrimiento y la misma muerte como ofrenda suprema de amor al Se\u00f1or, igual que lo hizo Jes\u00fas en la cruz.<br \/>\nDe esa manera no padecemos la muerte, sino que somos protagonistas de ella y la convertimos en un acto de vida, rescat\u00e1ndonosde su miedo y tambi\u00e9n de un sentido de rebeld\u00ed\u00ada ante lo que aparentemente parece ser s\u00f3lo un fracaso y la derrota de nuestra experiencia humana.<br \/>\n3345<br \/>\n5. Dimensi\u00f3n sacramental de LA UNCI\u00ed\u201cN DE LOS ENFERMOS.<br \/>\nEl Sacramento constituye, pues, \u2020\u0153un remedio para el cuerpo y para el esp\u00ed\u00adritu de todo cristiano, cuyo estado de salud se ve seriamente comprometido por enfermedad o vejez. Los dos elementos -corporal y espiritual- est\u00e1n por su naturaleza siempre unidos y han de tenerse presentes si se quiere comprender el signo y la gracia de la unci\u00f3n de los enfermos. Pues la enfermedad f\u00ed\u00adsica agrava la fragilidad espiritual propia de todo cristiano, y podr\u00ed\u00ada llevarlo, sin una gracia especial del Se\u00f1or, a cerrarse ego\u00ed\u00adstamen-te en s\u00ed\u00ad mismo, a rebelarse contra la providencia y hasta a la desesperaci\u00f3n\u2020\u009d (CEI, Evangelizzazionee sacramento deII\u2020\u2122unzione degli infermi, 1974, n. 140).<br \/>\nDe acuerdo con el texto b\u00ed\u00adblico, no hemos hablado nunca de sacramento, excepto en la \u00faltima cita; hemos preferido hablar de rito lit\u00fargico de la unci\u00f3n. Pero, en realidad, tenemos todos los elementos que constituyen un verdadero y aut\u00e9ntico \u2020\u0153sacramento\u2020\u009d: ministros (los presb\u00ed\u00adteros), destinatarios (los enfermos), el rito constituido por elementos mater\u00ed\u00adales (unci\u00f3n) y espirituales (la oraci\u00f3n), efectos que conseguir (restituci\u00f3n de la salud y remisi\u00f3n de los pecados) y el presupuesto de todo sacramento (la fe).<br \/>\nPor eso con raz\u00f3n el concilio de Trento, en contra de los protestantes, estableci\u00f3 que se trata de un verdadero y aut\u00e9ntico sacramento \u2020\u0153instituido por Cristo nuestro Se\u00f1or (Mc 6,13) y promulgado por el bienaventurado Santiago ap\u00f3stol\u2020\u009d (St 5,14), y no de un mero rito recibido de la tradici\u00f3n de los padres o de una invenci\u00f3n humana (DS 1716).<br \/>\nNo nos interesa aqu\u00ed\u00ad entrar en sutiles disquisiciones teol\u00f3gicas. S\u00f3lo queremos recordar la urgencia de descubrir el significado profundo del sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos, que nos ayuda a redescubrir no s\u00f3lo el sentido de la enfermedad y de la muerte en un tiempo en el que se tiende a trivializar o simplemente a biologizar estos hechos traumatizantes, sino tambi\u00e9n la misi\u00f3n de Cristo, \u2020\u0153m\u00e9dico\u2020\u009d de los cuerpos y de los esp\u00ed\u00adritus, como nos lo presenta el evangelio.<br \/>\nPor tanto, un sacramento que hay que evangelizar m\u00e1s para vivir con mayor serenidad nuestro sufrimiento y tambi\u00e9n nuestra muerte.<br \/>\n3346<\/p>\n<p>BIBL.: Sobre la noci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la \u2020\u02dcenfermedad, ver: Bertrags ?., II dolore nella Bibbia, Ed. Paoline, 1967; Crespy G., Maladie etgu\u00e9ri-son dans le NT, en \u2020\u0153Lumi\u00e9re et Vie\u2020\u009d (1968) 45-69; Giblet J., Grelot P., Malattia-Guarigione, en Diz. di Teol. B\u00ed\u00adblica, Marietti, Tur\u00ed\u00adn 1965, 545-550; Graber F., M\u00fcller D., i\u00e1omai, en DTNTW, Sig\u00faeme, Salamanca 1980, 138-141; Link H.-G., asthenes (debilidad), en DTNTU, 9-11; Lage F., Jes\u00fas ante los enfermos, en \u2020\u0153Rey. Cat. lnt. Communio\u2020\u009d 5 (1983) 405-416; Mag-gioni B., Ges\u00fa e la Chiesa primitiva difronte a\/la malattia, en \u2020\u0153Riv. Lit\u00fargica\u2020\u009d 4(1974)471-489; ?e??e ?., i\u00e1omai, en GLNTYV (1968) 667-724; StAhlin G., asthenes, en GLNTI (1965) 1303-1312. Para la \u2020\u0153unci\u00f3n de los enfermos\u2020\u009d propiamente dicha, ver; AA.W., 1\/sacramento dei malati, Elle Di Ci, Tur\u00ed\u00adn 1975; AA.W., La unci\u00f3n de los enfermos, en \u2020\u0153Rey. Cat. lnt. 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Cipriani<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>I. Doctrina de la Iglesia<br \/>\nLa doctrina de la Iglesia sobre el sacramento de la u. de los e. fue definida en el concilio de Trento (Dz 907-910 926-929) contra los reformadores (cf. tambi\u00e9n CIC can. 937-947). En el Vaticano II recibi\u00f3 un nuevo acento en cuanto se ha resaltado all\u00ed\u00ad tanto la dimensi\u00f3n eclesiol\u00f3gica como la realizaci\u00f3n personal de este sacramento. Su nombre adecuado es u. de los e. y no \u00abextremaunci\u00f3n\u00bb, porque no s\u00f3lo ha de administrarse en grave peligro de muerte, sino siempre que el creyente, por -> enfermedad o por debilidad de la vejez, se halle ante cierto peligro de muerte (Sacramentum Concilium, n.\u00c2\u00b0 73). La unci\u00f3n y las oraciones han de acomodarse a las circunstancias del enfermo (ibid., n.\u00c2\u00b0 75), y debe crearse un orden conexo para la confesi\u00f3n, la u. de los e. y el vi\u00e1tico (ibid., n.\u00c2\u00b0 74). En la administraci\u00f3n de la u. de los e. el sacerdote debe preparar al enfermo (Presbyterorum Ordinis, n.\u00c2\u00b0 5), mostr\u00e1ndole el sentido y el valor de la enfermedad para \u00e9l mismo y para la comunidad de la Iglesia. \u00abLa Iglesia entera encomienda al Se\u00f1or paciente y glorificado a los que sufren, con la sagrada unci\u00f3n de los enfermos y con la oraci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros, para que los alivie y los salve (cf. Sant 5, 14-16); m\u00e1s a\u00fan, los exhorta a que, uni\u00e9ndose libremente a la pasi\u00f3n y a la muerte de Cristo (Rom 8, 17; Col 1, 24; 2 Tim 2, 11-12; 1 Pe 4, 13), contribuyan al bien del pueblo de Dios\u00bb (Lumen Gentium, n.\u00c2\u00b0 11).<\/p>\n<p>La u. de los e. es un verdadero y aut\u00e9ntico sacramento (Dz 844 907 926 2048). Su materia es la unci\u00f3n de los sentidos con el \u00f3leo consagrado por el obispo; su forma en el rito latino es la oraci\u00f3n del sacerdote: \u00abpor esta santa unci\u00f3n te perdona el Se\u00f1or cuantos pecados has cometido\u00bb (Dz 908). Sobre sus efectos la Iglesia ense\u00f1a que:se borran los pecados y sus restos, el enfermo experimenta una mejor\u00ed\u00ada y un fortalecimiento, no se excluyen efectos saludables para el cuerpo, aunque \u00e9stos dependen de la salvaci\u00f3n espiritual del enfermo. Pero sobre los efectos primarios y secundarios de este sacramento no hay nada definido (Dz 909).<\/p>\n<p>II. Evoluci\u00f3n hist\u00f3rica<br \/>\n1. La escritura<br \/>\nLos dos textos del Nuevo Testamento que se refieren a la u. de los e. (Mc 6, 13 y Sant 5, 14ss), de los que dice el concilio de Trento que el primero contiene la instituci\u00f3n de la u. de los e. y el segundo atestigua su promulgaci\u00f3n (Dz 1695), deben situarse en el contexto de la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Cristo. Cristo vino para dar cumplimiento a la expectativa veterotestamentaria de un reino mesi\u00e1nico, aunque no en sentido material, sino espiritual. Su reino no es de este mundo (Jn 18, 36), aunque comienza ya en este mundo. Cristo vino para poner fin al reinado de Sat\u00e1n y del pecado y para inaugurar el reino de Dios sobre la tierra. En la perspectiva b\u00ed\u00adblica, la -> enfermedad y la ->muerte son signos y consecuencia del -> pecado; las curaciones de enfermos hechas por Cristo (Mt 9, 35) y por los ap\u00f3stoles (Mt 10, 1; Lc 9, 1; Mc 6, 7; 13) son uno de los signos del tiempo mesi\u00e1nico (cf. Mt 10, 4s, que remite a Is 39, 5s y 61, 1). En la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Cristo, este servicio a los enfermos est\u00e1 ordenado a un efecto espiritual, al perd\u00f3n de los pecados y a la gracia. Esto se insin\u00faa en Mc 6, 13, que habla del carisma de curaci\u00f3n en una perspectiva espiritual. \u00abNo puede verse ah\u00ed\u00ad todav\u00ed\u00ada el sacramento de la u. de los e., pero s\u00ed\u00ad su base\u00bb (J. SCHMID, Marcos [RNT II, Ba 219731 176). El asunto est\u00e1 claro en Sant 5, 14ss, donde se menciona el perd\u00f3n de los pecados y se usan t\u00e9rminos que designan un efecto tanto corporal como espiritual. En la mente del ap\u00f3stol posiblemente se halla en primer plano el efecto corp\u00f3reo, pero tambi\u00e9n est\u00e1 incluido el efecto espiritual. En este tiempo una enfermedad grave pon\u00ed\u00ada siempre al enfermo en peligro de muerte. Por tanto, si la unci\u00f3n se hac\u00ed\u00ada tambi\u00e9n a los gravemente enfermos, eso muestra que aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 dada la base b\u00ed\u00adblica para la u. de los e., a diferencia del don carism\u00e1tico de la curaci\u00f3n de enfermos.<\/p>\n<p>2. Cristianismo primitivo<br \/>\nLa instrucci\u00f3n de Santiago fue observada en la pr\u00e1ctica desde los primeros tiempos del cristianismo. El reciente descubrimiento de una tableta de plata dei s. I, con un texto arameo de 17 l\u00ed\u00adneas, atestigua esta pr\u00e1ctica (\u00abAmi du clerg\u00e9\u00bb 73 [1963] 490s). Hay adem\u00e1s testimonios, relativos a los cinco primeros siglos, de una doble u. de los e. (Dz 99), una privada hecha por el enfermo mismo o por sus allegados, y una unci\u00f3n lit\u00fargica efectuada por el sacerdote o por el obispo. Una y otra se refieren al texto de Santiago. Evidentemente, la primera supone una enfermedad menos grave y tiene por objeto la curaci\u00f3n del cuerpo (pertenece al carisma de curaci\u00f3n). La segunda es para el caso de enfermedad grave y busca del sacerdote o del obispo auxilio espiritual bajo la forma de la unci\u00f3n sacramental. La diferencia entre una y otra no pod\u00ed\u00ada estar clara en una \u00e9poca en que todav\u00ed\u00ada no se hab\u00ed\u00ada desarrollado la doctrina sacramental.<\/p>\n<p>3. Reforma carolingia<br \/>\nA partir del s. ix la unci\u00f3n con \u00f3leo consagrado aparece como uno de los \u00faltimos ritos de la Iglesia para el moribundo (los otros dos eran la reconciliaci\u00f3n y el vi\u00e1tico; PALMER 322). En el fondo de esta evoluci\u00f3n lat\u00ed\u00adan sobre todo dos persuasiones: la unci\u00f3n se destina al enfermo en peligro de muerte; adem\u00e1s tiene por fin, no una curaci\u00f3n corporal, que en tales circunstancias no es ya de esperar, sino un efecto espiritual. Desde esa concepci\u00f3n se determinaron la esencia y la gracia especial de este sacramento: auxilio espiritual para el enfermo en peligro de muerte. El nombre de extremaunci\u00f3n procede de esta \u00e9poca.<\/p>\n<p>4. Escol\u00e1stica<br \/>\nCuando, en los s. XIII-XIV, la doctrina de los siete sacramentos alcanz\u00f3 su pleno desarrollo, la u. de los e. fue considerada como uno de ellos. Es el sacramento de la ayuda espiritual para el tiempo de enfermedad grave, cuando la proximidad de la muerte debilita al enfermo no menos espiritual que f\u00ed\u00adsicamente. Su efecto primario es espiritual: la gracia sacramental como remedio espiritual contra la enfermedad. La salud corporal puede seguirse como efecto subordinario y condicional. Generalmente se subrayaba el peligro de muerte como condici\u00f3n necesaria para su recepci\u00f3n. Las gentes aguardaban el momento de la muerte para recibir el \u00absacramento de la partida\u00bb (sacramentum exeuntium), abuso que ten\u00ed\u00ada su origen en ideas singulares acerca de las consecuencias de la unci\u00f3n (era opini\u00f3n difundida que cuantos sanaban despu\u00e9s de recibirla estaban obligados a una especie de vida de penitencia [KILKER 151ss, PALMER 330]), o en una mal entendida teolog\u00ed\u00ada de la u. de los e., que, seg\u00fan se cre\u00ed\u00ada, era un complemento del sacramento de la penitencia, y por su esencia garantizaba la inmediata entrada en el cielo.<\/p>\n<p>III. Teolog\u00ed\u00ada pastoral de la unci\u00f3n de enfermos<br \/>\n1. La gracia propia de la u. de los e. es un remedio espiritual contra la -> enfermedad, que tiene por objeto la victoria religiosa y sobrenatural sobre la misma o la curaci\u00f3n espiritual. La gracia sacramental de la u. de e. es ambivalente: prepara al enfermo o bien para la curaci\u00f3n, o bien para la muerte. Pero siempre, aun cuando no conduzca a la curaci\u00f3n lleva a una victoria sobrenatural sobre la enfermedad. Esta victoria consiste en superar la incapacidad espiritual, el obst\u00e1culo para vivir la vida de gracia ocasionado por la enfermedad. La gracia sacramental de la u. de los e. a\u00f1ade una fuerza espiritual para la vida religiosa del enfermo, aumenta su confianza y fortaleza (Dz 1698), como fruto del encuentro con Cristo. Este efecto espiritual es ya raz\u00f3n suficiente para no diferir el sacramento.<\/p>\n<p>2. La u. de los e. no es el sacramento de los moribundos en el \u00faltimo momento, sino el sacramento de los gravemente enfermos. Cuando la enfermedad conduce a la muerte, la gracia sacramental se acredita como perseverancia final en la victoria pascual de una muerte cristiana. Como participaci\u00f3n en el misterio pascual de Cristo, la muerte es el camino aut\u00e9ntico de la superaci\u00f3n escatol\u00f3gica de la enfermedad.<\/p>\n<p>3. La u. de los e. puede contribuir al restablecimiento de la salud corporal. Pero no sustituye los cuidados m\u00e9dicos ni produce la salud a la manera del carisma de curaci\u00f3n. Influye en la salud del cuerpo a su propia manera sacramental, sobre la base de la constituci\u00f3n psicosom\u00e1tica del hombre. El consuelo y el fortalecimiento del alma que resultan de la gracia sacramental repercuten en el cuerpo, y as\u00ed\u00ad pueden influir en su curaci\u00f3n. Pero este efecto secundario y condicionado no es una raz\u00f3n suficiente para considerar la u. de los e. como el sacramento de la curaci\u00f3n. Semejante denominaci\u00f3n ser\u00ed\u00ada err\u00f3nea, porque podr\u00ed\u00ada inspirar falsas esperanzas y dar\u00ed\u00ada adem\u00e1s una idea muy pobre del sacramento, ya que silencia sus efectos espirituales.<\/p>\n<p>4. La u. de los e. no puede presentarse como garant\u00ed\u00ada de la entrada inmediata en la gloria. Por lo que se refiere al perd\u00f3n de los pecados, la doctrina de los te\u00f3logos sobre el efecto de este sacramento no es unitaria. Se disputa si perdona solamente los pecados leves o tambi\u00e9n los pecados graves, e igualmente si su recepci\u00f3n purifica de las penas del pecado, de modo que pudiera considerarse como una especie de substituci\u00f3n del -> purgatorio. De todos modos, la u. de los e. tiende siempre a la salvaci\u00f3n del enfermo, de acuerdo con su disposici\u00f3n, con la medida de su fe personal, que en la recepci\u00f3n del sacramento debe darse como intenci\u00f3n habitual y no necesariamente como actitud actual.<\/p>\n<p>5. La pr\u00e1ctica pastoral administrar\u00e1 la u. de los e., como medio de la pastoral de enfermos, siempre junto con el sacramento de la -> penitencia, y s\u00f3lo lo administrar\u00e1 a los que est\u00e1n inconscientes o a los cl\u00ed\u00adnicamente muertos cuando pueda presumirse la intenci\u00f3n del sujeto. Por una parte es indicado llevar m\u00e1s fuertemente a la conciencia de los fieles la u. de e. en su importancia como sacramento (frente a su infravaloraci\u00f3n en relaci\u00f3n con la sepultura eclesi\u00e1stica); y, por otra parte, tambi\u00e9n en la u. de los e. (y precisamente en su administraci\u00f3n a los que est\u00e1n inconscientes o muertos) ha de evitarse todo lo que fomenta una concepci\u00f3n m\u00e1gica del sacramento.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: P. Browe: ZKTh 55 (1931) 515-561; H. Weisweiler: Scholastik 7 (1932) 321-360; ThW I 230ss, VI 664; F. 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Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano Dr. J. Dominguez http:\/\/biblia.com\/diccionario\/ Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano [463] La unci\u00f3n de enfermos, denominada durante siglos \u00abExtrema-unci\u00f3n\u00bb, es el sacramento que prepara al cristiano para recibir la gracia divina en el momento de su tr\u00e1nsito definitivo de este mundo al otro: le &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/uncion-de-los-enfermos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abUNCION DE LOS ENFERMOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8417","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8417","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8417"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8417\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8417"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8417"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8417"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}