{"id":8438,"date":"2016-02-05T04:29:08","date_gmt":"2016-02-05T09:29:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/visiones\/"},"modified":"2016-02-05T04:29:08","modified_gmt":"2016-02-05T09:29:08","slug":"visiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/visiones\/","title":{"rendered":"VISIONES"},"content":{"rendered":"<p>(celestiales).<\/p>\n<p> Ver \u00abVidente\u00bb.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>(v. apariciones, fen\u00f3menos extraordinarios)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Entre los fen\u00f3menos m\u00ed\u00adsticos que caracterizan a la experiencia de lo divino se enumeran ya desde la antig\u00fcedad las visiones en sus diversas modalidades. El fen\u00f3meno de las visiones responde al deseo de ver a Dios y gozar de su presencia y a la imposibilidad para la naturaleza humana de conseguir con las propias fuerzas solamente una experiencia semejante de lo divino. \u00abA Dios nadie lo ha visto\u2020\u009d (Jn 1,18).<\/p>\n<p>Sin embargo, ya en el Antiguo Testamento se refieren algunas experiencias de comunicaci\u00f3n divina o teofan\u00ed\u00adas que afectan a los patriarcas y profetas como Abrah\u00e1n, Mois\u00e9s y El\u00ed\u00adas, los cuales, sin embargo, no vieron a Dios cara a cara. El Dios de Israel es un Dios escondido (1s 45,15).<\/p>\n<p>Mois\u00e9s, a pesar de hablar con Dios como habla un amigo con su amigo, no contempl\u00f3 nunca su rostro, aunque se dice de \u00e9l que estuvo en contacto con Dios como si viera al invisible (Ex 33,11; Nm 12,8; cf Heb 11,27), Algunas manifestaciones divinas tienen 1ugar en el Antiguo Testamento a trav\u00e9s de la presencia de \u00e1ngeles. La visi\u00f3n de Dios en el Antiguo Testamento, a la que alude con frecuencia el salmista, s\u00f3lo tiene la dimensi\u00f3n de una contemplaci\u00f3n cultual que se realiza especialmente en el templo, lugar de la presencia y de la gloria de Dios (Sal 62,3; 41-42). Con la encarnaci\u00f3n del Verbo, Dios se hizo visible y se ofreci\u00f3 a la contemplaci\u00f3n de los ojos humanos, como canta asombrado el anciano Sime\u00f3n (Lc 2,30-31) y confirma el evangelista Juan (Jn 1,11. 1 Jn 1,1-3). En el Nuevo Testamento abundan las manifestaciones de lo divino, bien sea con visiones de \u00e1ngeles, bien con manifestaciones de Cristo en su gloria, como en la transfiguraci\u00f3n, bien con la manifestaci\u00f3n y visi\u00f3n de Cristo despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n. De esta visi\u00f3n del Cristo celestial participa tambi\u00e9n Esteban (Hch 7 55). El Apocalipsis est\u00e1 lleno de visiones celestiales concedidas al vidente de Patmos bajo una majestuosa y rica simbolog\u00ed\u00ada. Pablo, que no conoci\u00f3 a Cristo seg\u00fan la carne, goz\u00f3 de la visi\u00f3n del resucitado en el camino de Damasco (Hch 9 4-5). El mismo afirma que fue gratificado por el Se\u00f1or con carismas de visiones y revelaciones (2 Cor 12,1-6).<\/p>\n<p>A lo largo de la historia de la Iglesia hasta nuestros d\u00ed\u00adas existen testimonios de muchas experiencias de visiones y revelaciones del mundo sobrenatural Desde los primeros siglos de la vida de la Iglesia aparecen testimonios de estas visiones. Tambi\u00e9n hoy se asiste a un florecimiento de presuntas visiones, revelaciones y apariciones, que deben someterse al juicio del discernimiento eclesial.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de los principios, hay que afirmar que Dios, a pesar de que gu\u00ed\u00ada nuestra vida con la luz de la fe y orienta nuestras esperanzas hacia la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica de la gloria, puede manifestarse a s\u00ed\u00ad mismo y abrir al conocimiento sobrenatural del hombre la visi\u00f3n de las realidades sobrenaturales. Por otra parte, la persona humana, con sus potencias intelectivas y sus cualidades sensitivas, es capaz de recibir esta manifestaci\u00f3n de lo sobrenatural. Estas visiones son dones carism\u00e1ticos, que presentan con fuerza, con vigor y con evidencia los misterios de la fe y est\u00e1n a su servicio. A veces Dios concede estas gracias a fin de despertar la fe y comunicar su voluntad mediante la experiencia de personas que \u00e9l escoge para que sean testigos de su vida y de su verdad. Pero se trata de formas de percepci\u00f3n m\u00ed\u00adstica que, bien sea por el objeto o bien por el modo de producirse, no pertenecen al \u00e1mbito de las fuerzas naturales. Si se tratase de fen\u00f3menos que pudieran alcanzarse con las t\u00e9cnicas humanas, no ser\u00ed\u00adan sobrenaturales. No obstante, hay que tener en cuenta, bien sea la existencia de fuerzas espirituales y de fen\u00f3menos preternaturales que pueden ocurrir sin que esto implique una presencia de lo sobrenatural, bien sea sobre todo la intervenci\u00f3n de fuerzas diab\u00f3licas y de ilusiones y enga\u00f1os psicol\u00f3gicos. Aqui es donde se necesita una gran capacidad de discernimiento. Generalmente, seg\u00fan la doctrina de santo Tom\u00e1s (S. Th. 11-11, q. 174, a. 1, ad 3), que depende en este punto de Agust\u00ed\u00adn (De Genesi ad litteram, 1, 12, 7, 16: PL 34, 459), en los manuales de teolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica se distinguen tres clases de visiones: a) corporales, que tienen lugar cuando el sujeto percibe algo con los sentidos exteriores (como en el caso de las visiones sensibles o apariciones); b) imaginarias, que se realizan por medido de una representaci\u00f3n sensible circunscrita a la imaginaci\u00f3n, bien sea mediante la recepci\u00f3n de las im\u00e1genes captadas por los sentidos, o bien mediante la infusi\u00f3n de tales im\u00e1genes; c) intelectuales, que se perciben mediante un conocimiento puramente intelectual, sin la intervenci\u00f3n de im\u00e1genes sensibles. Las visiones m\u00e1s excelentes, libres de enga\u00f1o, son estas \u00faltimas.<\/p>\n<p>Ante la proliferaci\u00f3n de \u2020\u0153presuntas\u00bb visiones y revelaciones, la Iglesia ha intentado mantener una gran prudencia y ha establecido, siguiendo la doctrina de los maestros espirituales, algunos criterios fundamentales de discernimiento: el primero es el hecho mismo de la visi\u00f3n, comprobado mediante la veracidad de los testimonios, intentando incluso verificar a trav\u00e9s de serios ex\u00e1menes psicologicos de las personas, que no se da un enga\u00f1o subjetivo por parte de los presuntos videntes; el segundo es el contenido de la visi\u00f3n, que ha de confrontarse con la Palabra de Dios y con la fe de la Iglesia: hay que excluir las visiones y revelaciones cuyo contenido est\u00e1 fuera de la ortodoxia, va contra la fe de la Iglesia o tiene la pretensi\u00f3n de ser una revelaci\u00f3n a\u00f1adida a la revelaci\u00f3n transmitida por los ap\u00f3stoles, guardada y propuesta por el Magisterio; el \u00faltimo criterio de discernimiento se refiere a los efectos morales y espirituales de las manifestaciones sobrenaturales, a los frutos de aut\u00e9ntica vida espiritual cristiana que producen en los fieles semejantes visiones y revelaciones.<\/p>\n<p>J. Castellano<\/p>\n<p>Bibl.: E, Ancilli, Visi\u00f3n y revelaci\u00f3n, en DE, III.608-612; K.Rahner Visiones y profec\u00ed\u00adas, Dinor, Pamplona 1956 S. de Fiores, Vidente, en NDE, 1406-1418.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>La comunicaci\u00f3n gratuita de -> Dios (E) mismo implica siempre una apertura de su misterio personal. Cuando da la gracia, Dios produce en el hombre un movimiento sobrenatural de un conocimiento y amor que configura nuevamente el desiderium naturale.<\/p>\n<p>En ese movimiento el hombre acepta libremente la comunicaci\u00f3n de Dios mismo y en respuesta se entrega incondicionalmente a \u00e9l. Seg\u00fan la sententia quasi communis, el Dios que atrae hacia s\u00ed\u00ad al hombre se expresa en la conciencia de \u00e9ste, y lo hace bajo una luz no objetiva, que tambi\u00e9n puede llamarse palabra no objetiva (no concretada a modo de objeto), porque tal expresi\u00f3n se produce en aquel centro de la persona donde toda luz es tambi\u00e9n palabra y toda palabra es tambi\u00e9n luz. Esta comunicaci\u00f3n de Dios mismo que se presenta en la conciencia no puede aprehenderse por una introversi\u00f3n o verse en el sentido del -> ontologismo, sino que s\u00f3lo puede experimentarse junto con el acto de realizaci\u00f3n de las  ->  virtudes teologales. Sin embargo, tambi\u00e9n esa experiencia concomitante, no objetiva, de la luz y de la palabra divinas en el cristiano que sabe percibirlas (discreci\u00f3n de esp\u00ed\u00adritus), es ya en ra\u00ed\u00adz visio y auditio.<\/p>\n<p>Este elemento fundamental puede ante todo profundizarse interiormente por la \u00abluz de la contemplaci\u00f3n infusa\u00bb y traducirse en una experiencia m\u00ed\u00adstica. Por tal intervenci\u00f3n especial cae otro \u00abvelo\u00bb para la luz y la palabra de Dios que se hacen transparentes en la realizaci\u00f3n de la fe, de la esperanza y del amor (cf. JUAN DE LA CRUZ, Llama iv 7); con ello se aten\u00faa la \u00abmediaci\u00f3n\u00bb de la luz y de la palabra de Dios (en direcci\u00f3n a la visio beata).<\/p>\n<p>El habitual elemento fundamental m\u00ed\u00adstico de la visio y la auditio permanece regularmente, en su simplicidad pura, por encima del pensamiento, de las im\u00e1genes y de la palabra. Sin embargo, ese estado simple puede expresarse tambi\u00e9n en el \u00e1mbito del pensamiento de los sentidos: en ideas, im\u00e1genes y palabras. As\u00ed\u00ad sucede en una visi\u00f3n con im\u00e1genes: \u00abLa imagen mostrada al alma es la forma moment\u00e1nea de la gracia, su instrucci\u00f3n visible y, por as\u00ed\u00ad decir, tangible para los sentidos interiores; pero al mismo tiempo la gracia de la uni\u00f3n divina misma penetra el alma con una unci\u00f3n tan fuerte y tan suave, que, comparada con ella, la imagen significa s\u00f3lo una a\u00f1adidura casual de la gracia. Dios mismo cautiva el fundamento interno del alma. Al mismo tiempo \u00e9l penetra el alma y la imagen que ha producido ante ella&#8230; La instruye de manera correspondiente sobre el sentido m\u00ed\u00adstico de lo que ve. Y aquel a quien ella ama en loque ve es Dios mismo, lo percibe en la imagen vista\u00bb (LUCIE CHRISTINE, Journal spirituel, 30-1-1887). De manera semejante en la auditio: \u00abEl alma percibe las palabras como en su m\u00e1s profundo fundamento interno, las percibe, pero no las forma. Y las palabras van inherentes a la presencia de Nuestro Se\u00f1or; son una sola cosa con \u00e9l\u00bb (ibid. 25-9-1882).<\/p>\n<p>El est\u00ed\u00admulo para la objetivaci\u00f3n en el pensamiento, en la imagen o en la palabra de la experiencia fundamental y simple del misterio divino, puede ser o bien la predisposici\u00f3n individual psicof\u00ed\u00adsica del hombre mismo, la cual se proyecta inconscientemente en el pensamiento y en la sensibilidad, o bien una intervenci\u00f3n especial de Dios, la cual est\u00e1 fuera de las leyes concretas psicof\u00ed\u00adsicas (aunque se realiza en lo psicof\u00ed\u00adsico y en ella se reflejan las condiciones subjetivas de la persona: formaci\u00f3n religiosa, situaci\u00f3n temporal, gusto). En este \u00faltimo caso se habla en el \u00e1mbito religioso de una aut\u00e9ntica auditio o visio.<\/p>\n<p>La autenticidad no puede deducirse simplemente de la piedad y de la sinceridad subjetiva. Estas no son ninguna protecci\u00f3n contra el error en el \u00e1mbito de las v. Incluso santos se han enga\u00f1ado. Cuando la Iglesia reconoce la heroicidad de las virtudes, con ello no se pronuncia en modo alguno sobre la autenticidad de las v. En el decreto sobre el grado de heroicidad de las virtudes de Gemma Galgani, se dice expresamente que \u00abpor este decreto no se da ning\u00fan juicio sobre los carismas preternaturales de la sierva de Dios\u00bb, a lo que se a\u00f1ade la cl\u00e1usula: \u00abaunque eso no acostumbra a ocurrir\u00bb (AAS 24 [1932] 57). Tampoco la salud (corporal y) espiritual es un criterio claro para v. \u00abaut\u00e9nticas\u00bb, pues la proyecci\u00f3n psic\u00f3gena de la experiencia fundamental simple en el pensamiento y los sentidos tambi\u00e9n puede producirse en un hombre totalmente normal. Tampoco esta proyecci\u00f3n puede llamarse \u00abenfermiza\u00bb. Se trata m\u00e1s bien de una dimensi\u00f3n inaccesible, en la cual el proceso ps\u00ed\u00adquico no es penetrado y por esto se enga\u00f1a la persona. Tampoco los efectos buenos, p. ej. una decisiva profundizaci\u00f3n religiosa que transforme al hombre, la cual comience con la vivencia y perdure, son un criterio para la autenticidad. Pues tambi\u00e9n v. puramente psic\u00f3genas pueden tener estos efectos y entonces ser consideradas como procedentes del \u00abbuen Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>Para los extra\u00f1os, el \u00fanico criterio claro de autenticidad de las v. es un -> milagro que se refiera formalmente a ellas y que las confirme (en la determinaci\u00f3n del milagro debe contarse seriamente con la existencia de una aut\u00e9ntica telepat\u00ed\u00ada, telestesia, criptostesia, etc.: cf. -> parapsicolog\u00ed\u00ada). Puesto que este criterio apenas se da, en la distinci\u00f3n entre v. \u00abaut\u00e9nticas\u00bb y psic\u00f3genas pr\u00e1cticamente habr\u00e1 que contentarse con una mayor o menor probabilidad. Evidentemente, a una v. tenida por aut\u00e9ntica s\u00f3lo puede corresponder una fides humana, en la medida en que la v. puede fundamentar esa fe por sus propias concomitancias. Ante todo debe exigirse una prueba estricta para las v. \u00abprof\u00e9ticas\u00bb, que contienen una exigencia a los dem\u00e1s. Cuando un tribunal eclesi\u00e1stico reconoce la fiabilidad humana a una v. determinada, pero el creyente no encuentra motivos suficientes para una fides humana, \u00e9l puede interiormente &#8211; basado en motivos de peso &#8211; tener tal juicio por objetivamente inexacto y manifestar tambi\u00e9n su opini\u00f3n divergente (evitando cualquier debilitaci\u00f3n de la autoridad eclesi\u00e1stica: Benedicto xiv, De servorum Dei beatificatione&#8230; Cap. iii 53, n.\u00c2\u00b0 15). Aqu\u00ed\u00ad el creyente debe evitar adem\u00e1s cualquier escepticismo radical, el cual, desarrollado con toda consecuencia, negar\u00ed\u00ada la posibilidad de una revelaci\u00f3n hist\u00f3rica de Dios y, con ello, tambi\u00e9n el cristianismo como religi\u00f3n revelada, sobrenatural e hist\u00f3rica. Seg\u00fan lo dicho, el juicio sobre la autenticidad de una v. es m\u00e1s f\u00e1cil cuando falta toda experiencia fundamental de Dios y especialmente cuando falta la fundamental actitud moral sobrenatural del cristiano.<\/p>\n<p>Puesto que el elemento intelectual o sensitivo de una visio o auditio es s\u00f3lo expresi\u00f3n de aquella luz y palabra no objetiva de Dios que es accesible a todo cristiano, pero que est\u00e1 esencialmente vinculada a la fe en la palabra reveladora de Cristo; resulta comprensible por qu\u00e9 la tradici\u00f3n, en el \u00e1mbito de las v., exige la conexi\u00f3n con la revelaci\u00f3n de Cristo en la Iglesia, y prefiere la presencia hist\u00f3rica de Cristo, que se contin\u00faa visiblemente en los sacramentos y en la palabra de la Iglesia, a una visio o auditio. En Juan de la Cruz el Padre eterno dice: \u00abSi te tengo ya habladas todas las cosas en mi palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, \u00bfqu\u00e9 te puedo yo ahora responder o revelar que sea m\u00e1s que eso&#8230;? porque \u00e9l es toda mi locuci\u00f3n y respuesta, y es toda mi visi\u00f3n y toda mi revelaci\u00f3n\u00bb (Subida ii 22, 5-6).<\/p>\n<p>Mas no por eso las v. pueden considerarse como algo superfluo. Ante todo pueden abrir al vidente mismo m\u00e1s vivamente el misterio cristiano, y tambi\u00e9n tienen una funci\u00f3n para la vida de la Iglesia. Ciertamente, en su contenido dicen s\u00f3lo lo que la fe y la teolog\u00ed\u00ada ya saben de antemano. Pero pueden contener imperativos que indiquen la voluntad concreta de Dios para la acci\u00f3n de la Iglesia en una determinada situaci\u00f3n hist\u00f3rica, cuando esta voluntad no puede determinarse claramente ni por los principios generales del dogma y de la moral, ni mediante el an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Benedicto XIV. De servorum Dei beatificatione et beatorum canonisatione III (Bol 1737) cap. 50-53; Gabriele di S. Maria Maddalena, Visioni e rivelazioni nella vita spirituale (Fi 1941); J. de Guibert, Lecons de th\u00e9ologie spirituelle 1 (Ts 1946) cap. 24; K. Rahner, Visiones y profec\u00ed\u00adas (Dinor S Seb); W. Keilbach &#8211; V. Maag &#8211; A. Strobel: RGG3 VI 1408-1412; K. V. Truhlar, Christuserfahrung (R 1964); idem, Antinomias de la vida espiritual (Fax Ma 1965); idem, Structura theologica vitae spiritualis (R 31966); idem, Teilhard und Solowjew. Dichtung und religi\u00f6se Erfahrung (Fr &#8211; Mn 1966); L. Lenguas, Visiones del apocalipsis de san Juan (Barreiro Montevideo 1970).<\/p>\n<p>Karl Vladimir Truhlar<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(celestiales). Ver \u00abVidente\u00bb. Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano Dr. J. Dominguez http:\/\/biblia.com\/diccionario\/ Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano (v. apariciones, fen\u00f3menos extraordinarios) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n Entre los fen\u00f3menos m\u00ed\u00adsticos que caracterizan a la experiencia de lo divino se enumeran ya desde la antig\u00fcedad las visiones en sus diversas &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/visiones\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVISIONES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8438","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8438","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8438"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8438\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8438"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8438"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8438"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}