{"id":849,"date":"2016-02-04T22:31:32","date_gmt":"2016-02-05T03:31:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/amor\/"},"modified":"2016-02-04T22:31:32","modified_gmt":"2016-02-05T03:31:32","slug":"amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/amor\/","title":{"rendered":"AMOR"},"content":{"rendered":"<p>v. Afecto, Compasi\u00f3n, Coraz\u00f3n<br \/>\n2Sa 1:26 m\u00e1s .. me fue tu a, que el a de las<br \/>\nPsa 91:14 por cuanto en m\u00ed ha puesto su a, yo<br \/>\nPro 7:18 embriagu\u00e9monos de a hasta la ma\u00f1ana<br \/>\nPro 10:12 pero el a cubrir\u00e1 todas las faltas<br \/>\nPro 15:17 mejor es la comida de .. donde hay a<br \/>\nPro 27:5 mejor es reprensi\u00f3n .. que a oculto<br \/>\nSon 1:2 porque mejores son tus a que el vino<br \/>\nSon 8:6 porque fuerte es como la muerte el a<br \/>\nSon 8:7 las muchas aguas no podr\u00e1n apagar el a<br \/>\nIsa 63:9 en su a y en su clemencia los redimi\u00f3<br \/>\nJer 31:3 con a eterno te he amado; por tanto, te<br \/>\nHos 11:4 con cuerdas .. atraje, con cuerdas de a<br \/>\nMat 24:12 la maldad, el a de muchos se enfriar\u00e1<br \/>\nLuk 11:42 pas\u00e1is por alto la justicia y el a de<br \/>\nJoh 5:42 que no ten\u00e9is a de Dios en vosotros<br \/>\n15:13<\/p>\n<hr>\n<p>Amor  (he. &#8216;ahab\u00e2h [del verbo, &#8216;\u00e2hab]; gr. ag\u00e1p&#8217; [del verbo, agap\u00e1\u00ed\u2021]; fil\u00e9\u00ed\u2021, \u00abgustar\u00bb, \u00abtener afecto por\u00bb, \u00abamar\u00bb, \u00abbesar\u00bb*). En la Biblia las palabras que se traducen por \u00abamor\u00bb y \u00abamar\u00bb tienen diversos matices de significaci\u00f3n. I. En el AT. Las palabras que m\u00e1s se traducen por \u00abamor\u00bb y \u00abamar\u00bb son &#8216;ahab\u00e2h y  &#8216;\u00e2hab.  Estos t\u00e9rminos abarcan el amor en su sentido m\u00e1s amplio: desde el amor de Dios por los justos (Psa 146:8; etc.), el amor del hombre a Dios (Deu 11:1; Psa 116:1; etc.) y a las cosas de Dios (Psa 119:97; etc.), el amor de un hombre por su familia y sus amigos (Gen 22:2; 24:67; Lev 19:18; etc.), hasta el amor ileg\u00ed\u00adtimo producido por la pasi\u00f3n (2Sa 13:1; 1Ki 11:1; etc.). II. En el NT. Las 2 palabras para \u00abamor\u00bb y \u00abamar\u00bb son el sustantivo ag\u00e1p&#8217; (con su verbo agap\u00e1\u00ed\u2021) y el verbo fil\u00e9\u00ed\u2021 (el sustantivo derivado, fil\u00ed\u00ada, \u00abamistad\u00bb y \u00abamor\u00bb, s\u00f3lo aparece una vez en el NT: Jam 4:4).  Los griegos ten\u00ed\u00adan 48 una 3\u00c2\u00aa palabra para \u00abamor\u00bb: \u00e9ros (y su verbo er\u00e1\u00ed\u2021, \u00abamar apasionadamente\u00bb, con una connotaci\u00f3n mayormente de pasi\u00f3n sexual), pero este vocablo no aparece en el NT. 1. Ag\u00e1p&#8217;. Se cre\u00ed\u00ada que era una palabra espec\u00ed\u00adficamente cristiana, porque no se hab\u00ed\u00ada descubierto su uso en las fuentes griegas seculares; pero ahora se han encontrado en ellas varios ejemplos claros de su empleo.  Sin embargo, su escasez, comparada con la frecuencia de ag\u00e1p&#8217; en la literatura cristiana, muestra que los cristianos adoptaron este t\u00e9rmino para describir el concepto m\u00e1s elevado del amor, como lo revelan los Evangelios.  Dios es ag\u00e1p&#8217; (1 Joh 4:7, 8), y su amor y el de Cristo por los hombres est\u00e1 representado por dicho t\u00e9rmino (Rom 5:8; Eph 2:4; 1 Joh 3:1; etc.).  Ag\u00e1p&#8217; tambi\u00e9n describe la relaci\u00f3n entre Dios y Cristo (Joh 15:10; 17:26), se usa para el amor humano (Joh 3:35; Rom 12:9; etc.) y figura como una faceta del fruto del Esp\u00ed\u00adritu, la primera de ellas (G\u00e1. 5:22).  La definici\u00f3n cl\u00e1sica de ag\u00e1p&#8217; se encuentra en 1Co_13  Despu\u00e9s de nombrar diversos dones y logros espirituales (cp 12), el ap\u00f3stol indica que el amor es el \u00abcamino m\u00e1s excelente\u00bb (v 31).  De las 3 virtudes permanentes -la fe, la esperanza y el amor-, se\u00f1ala que el amor es la mayor.  Ag\u00e1p&#8217; es \u00abamor desinteresado\u00bb, amor en su forma m\u00e1s elevada y verdadera. 2. Fil\u00e9\u00ed\u2021. Aparece con menor frecuencia que agap\u00e1\u00ed\u2021.  El amor representado por fil\u00e9\u00ed\u2021 es amor afectuoso o sentimental basado m\u00e1s en sentimientos y emociones que en el amor representado por agap\u00e1\u00ed\u2021.  Ejemplos de su uso son Mat 6:5; 10:37; 23:6; Joh 11:3, 36; etc.  No existe orden alguna para esta clase de amor en la Biblia, porque es m\u00e1s o menos espont\u00e1neo, como el amor de un padre por su hijo y el de un hijo por sus padres (Mat 10:37); pero el amor representado por agap\u00e1\u00ed\u2021 se ordena (Mat 5:44; Eph 5:25; etc.).  Esto es posible, porque agap\u00e1\u00ed\u2021 es un principio, y se lo puede describir como un amor respetuoso y de estima, un amor que pone en juego los poderes superiores de la mente y de la inteligencia.  Esta es la clase de amor que debe ejercer el cristiano hacia sus enemigos (Mat 5:44).  Es decir, tratar\u00e1 a sus enemigos con el respeto debido, pero no se le ordena que tenga un c\u00e1lido afecto emocional hacia ellos, como el que se exigir\u00ed\u00ada de \u00e9l si le ordenara mostrarles el amor representado por fil\u00e9\u00ed\u2021.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>es el sentimiento que inclina a la persona a lo que le place. Este a. puede ser ego\u00ed\u00adsta, pasional, pero el verdadero amor es la caridad, en griego agape, que quiere el bien de los dem\u00e1s 1 Co 13, 1. En el A. T.,  aunque algunas veces no se usa exactamente esta palabra, se habla de diferentes formas del a., como el paterno Gn 25, 28; del buen trato al extranjero Lv 19, 34; de socorrer al pobre, al extranjero y a la viuda Lv 19, 9; Dt 24, 19-21. El a. es un atributo propio de Yahv\u00e9h, y en el A T se expresa como misericordia con el hombre, perd\u00f3n, elecci\u00f3n Dt 7, 7 y 10,  15, promesas, alianza, salvaci\u00f3n, liberaci\u00f3n Dt 4, 37. Pero Yahv\u00e9h le exige al hombre un amor total Dt 6, 5-9; 10, 12-13 y 11, 13. En el N T Cristo es el paradigma del a., es la fuente del a., ya que Dios fue el primero en amar 1 Jn 4, 7-21, hasta el punto de dar su vida en la cruz para redimir al hombre Rm 5, 5-8 y 8, 32-39; Tt 3, 3, 4-7. Seg\u00fan Pablo,  entre los carismas y dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, la caridad, caritas, es decir,  el a., es el primero Rm 5, 5; 1 Co 13, 1-13. Amar a Dios y al pr\u00f3jimo, en este mandamiento resume Cristo la Ley y los profetas Mt 7, 12 y 22, 3740 Lc 10, 25-28; Rm 13, 8; Ga 5, 14. Es decir, el amor a los semejantes y hasta a los enemigos es la prueba del amor a Dios 1 Jn 3, 17 y 4, 20. El a. es el v\u00ed\u00adnculo de la perfecci\u00f3n Col 3, 14; 2 P 1, 7. El amor de Cristo supera todo conocimiento Ef 3, 17-19, y abre al hombre al conocimiento del misterio divino Col 2, 2. Apoyados en el amor de Dios, seg\u00fan el Ap\u00f3stol, nada hemos de temer Rm 8, 28-39.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(heb., \u2020\u2122ahavah, gr., agape). Amor es la misma naturaleza de Dios (1Jo 4:8, 1Jo 4:16) y la virtud cristiana m\u00e1s importante (1Co 13:13), indispensable en las relaciones del ser humano con Dios y con sus semejantes (Mat 22:37-40; Mar 12:28-31; Joh 13:34-35).<\/p>\n<p>Toda la Ley y los Profetas dependen de \u00e9l (Mat 22:40). Es el cumplimiento de la ley (Rom 13:8-10). La suprema expresi\u00f3n del amor se encuentra en el autosacrificio en el calvario (1Jo 4:10).<\/p>\n<p>La Biblia revela excepcionalmente que Dios, en su esencia y modo de ser, es amor (1Jo 4:8, 1Jo 4:16). Dios no solamente ama, sino es amor. En este atributo supremo todos los otros atributos se encuentran en armon\u00ed\u00ada. El objeto particular de este amor eterno es su propio hijo, Jesucristo (Isa 42:1; Mat 3:17; Mat 17:5; Joh 17:24). Dios ama al mundo en su totalidad (Joh 3:16), a personas individualmente (Gal 2:20), a seres vivientes (Act 14:17), a pecadores (Rom 5:8; 1Jo 4:9-10), y especialmente a creyentes en Cristo (Joh 16:27; Joh 17:23).<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu Santo crea el amor en el creyente (Rom 5:5; Gal 5:22), haci\u00e9ndolo la prueba principal del discipulado cristiano (Luk 14:26; Joh 13:35; 1Jo 3:14). El amor est\u00e1 vinculado vitalmente a la fe; la fe es b\u00e1sica (Joh 6:29; Heb 11:6), pero una fe que no se manifiesta a s\u00ed\u00ad misma en amor hacia Dios y hacia los seres humanos, est\u00e1 muerta y no vale nada (Gal 5:6, Gal 5:13; Jam 2:17-26). El cristiano debe amar tanto a sus enemigos como a sus hermanos (Mat 5:43-48; Rom 12:19-20; 1Jo 3:14), sin hipocres\u00ed\u00ada (Rom 12:9).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(\u00ed\u0081gape, compartir, darse).<\/p>\n<p> &#8211; La mejor definici\u00f3n de amor es Jes\u00fas en la Cruz, que se dio por ti.<\/p>\n<p> &#8211; Del Padre e Hijo, entre s\u00ed\u00ad, Mat 3:17, Jua 17:24.<\/p>\n<p> &#8211; Dios es amor, 1Jn 4:8, 1Jn 4:16.<\/p>\n<p> &#8211; El Esp\u00ed\u00adritu Santo infunde el amor en el creyente, Rom 5:5, Gal 5:22.<\/p>\n<p> &#8211; De Dios a los hombres, Jua 3:16, Jua 13:24, Flp 2:8.<\/p>\n<p> &#8211; Del hombre a Dios, es el primer mandamiento, Mar 12:30, Mat 22:37 :  Del hombre al pr\u00f3jimo. Es el segundo mandamiento, semejante al primero.<\/p>\n<p> &#8211; Es la prueba del buen cristiano, Jua 13:35, 1Jn 3:14, Mat 25:31-46.<\/p>\n<p> &#8211; La mayor virtud, 1Co 13:13.<\/p>\n<p> &#8211; El resumen de toda la Biblia, Mat 7:12, Gal 5:14.<\/p>\n<p> &#8211; El cristiano debe amar a su enemigo como a su hermano, Mat 5:43-48, 1Jn 3:14, 1Jn 3:20.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>En el AT se traducen varias palabras hebreas como a. o el verbo \u2020\u0153amar\u2020\u009d, especialmente el t\u00e9rmino ahabah, que tiene como ra\u00ed\u00adz a ahab o aheb, lo que agrada, lo que gusta. Se expresa as\u00ed\u00ad el a. hacia la esposa, como Jacob, que sirvi\u00f3 por siete a\u00f1os por Raquel \u2020\u0153y le parecieron como pocos d\u00ed\u00adas, porque la amaba\u2020\u009d (Gen 29:20). Tambi\u00e9n el a. hacia un amigo, como Jonat\u00e1n, que am\u00f3 a David \u2020\u0153como a s\u00ed\u00ad mismo\u2020\u009d (1Sa 18:1). Tambi\u00e9n el a. de Dios hacia su pueblo (\u2020\u0153Con a. eterno te he amado; por tanto, te prolongu\u00e9 mi misericordia\u2020\u009d [Jer 31:3]).<\/p>\n<p>El a. de Dios es algo que fluye de manera natural de su propia persona, porque \u2020\u0153Dios es a.\u2020\u009d (1Jn 4:8). En cuanto al ejercicio del a. por parte de Dios, hay que considerar que se trata de un acto de su soberan\u00ed\u00ada, como puede verse en la expresi\u00f3n: \u2020\u0153A Jacob am\u00e9, mas a Esa\u00fa aborrec\u00ed\u00ad\u2020\u009d (Rom 9:13). El ser favorecido con el a. de Dios no depende de ning\u00fan m\u00e9rito de parte del recipiente (\u2020\u0153No por ser vosotros m\u00e1s que todos los pueblos os ha querido Jehov\u00e1 y os ha escogido &#8230; sino por cuanto Jehov\u00e1 os am\u00f3\u2020\u009d [Deu 7:7-8]). M\u00e1s a\u00fan, el a. de Dios se extiende hacia su pueblo a pesar de las infidelidades de \u00e9ste. El libro del profeta \u2020\u00a2Oseas es todo un tratado sobre esto. Pero se nos dice que Dios ama a los que le obedecen (\u2020\u0153Y por haber o\u00ed\u00addo estos decretos y haberlos guardado, y puesto por obra&#8230;. te amar\u00e1\u2020\u009d [Deu 7:12-13]). El Se\u00f1or \u2020\u0153ama a los justos\u2020\u009d (Sal 146:8). La actitud que corresponde al hombre es la de un a. absoluto hacia Dios (\u2020\u0153Y amar\u00e1s a Jehov\u00e1 tu Dios de todo tu coraz\u00f3n, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas\u2020\u009d [Deu 6:5; Mat 22:37]). Ese a. hacia Dios se expresa en el a. hacia el pr\u00f3jimo (\u2020\u0153Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u2020\u009d [Lev 19:18]).<br \/>\ninterpretaci\u00f3n que se daba a ese mandamiento entre los israelitas limitaba la pr\u00e1ctica del a. s\u00f3lo dentro de la comunidad nacional, teniendo en cuenta las instrucciones para destruir a los pueblos de Cana\u00e1n y no hacer pactos ni emparentar con ellos. El Se\u00f1or Jes\u00fas, sin embargo, establece que el a. ha de ser practicado aun hacia los enemigos (Luc 6:27). As\u00ed\u00ad lo vemos en el supremo ejemplo del a. divino, pues \u2020\u0153siendo a\u00fan pecadores, Cristo muri\u00f3 por nosotros\u2020\u009d (Rom 5:8). El a. se expresa dando. Se puede dar sin amar, pero es imposible amar sin dar. As\u00ed\u00ad, \u2020\u0153de tal manera am\u00f3 Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unig\u00e9nito\u2020\u009d (Jua 3:16).<br \/>\nel NT se utilizan los t\u00e9rminos griegos agape, philadelphia y philantrophia. \u00ed\u0081gape se\u00f1ala a ese a. espiritual, tanto de Dios hacia los hombres como de los hombres hacia Dios o hacia los otros seres humanos, como en Jua 15:13 : \u2020\u0153Nadie tiene mayor a. que \u00e9ste, que uno ponga su vida por sus amigos\u2020\u009d. O en 1Co 13:4 : \u2020\u0153El a. es sufrido\u2020\u009d. En forma de verbo, el t\u00e9rmino es agapa\u00f6. Como en Jua 3:16 : \u2020\u0153Porque de tal manera am\u00f3 Dios al mundo\u2020\u009d. O en Rom 8:28 : \u2020\u0153Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien\u2020\u009d. Cuando la referencia es m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente al a. entre hermanos, se utiliza la palabra philadelphia. Como en Rom 12:10 : \u2020\u0153Amaos los unos a los otros con a. fraternal (philadelphia)\u2020\u009d. Philantrophia es a. hacia los hombres, ya sea de Dios o de otro ser humano. En Hch 28:2, describiendo las atenciones que dieron los maltenses a Pablo y los n\u00e1ufragos, se dice: \u2020\u0153Los naturales nos trataron con no poca humanidad (philantrophia)\u2020\u009d.<br \/>\nBiblia no ofrece una definici\u00f3n te\u00f3rica del a., sino que nos lo presenta mayormente en forma de acci\u00f3n, exponi\u00e9ndonos lo que el a. hace o no hace. As\u00ed\u00ad, \u2020\u0153el a. es sufrido, es benigno &#8230; no es indecoroso &#8230; no busca lo suyo&#8230; etc\u00e9tera\u2020\u009d (1Co 13:1-8). El a. no es tanto un sentimiento como un acto de la voluntad, pues el Se\u00f1or Jes\u00fas ordena: \u2020\u0153Amaos unos a otros\u2020\u009d (Jua 13:34), por lo cual no debe pensarse que hay que esperar que el a. nazca espont\u00e1neamente en nosotros, sin un esfuerzo consciente por ejercerlo hacia una persona. El verdadero a. nace de la voluntad y se convierte en sentimiento, no al rev\u00e9s. S\u00f3lo Dios ama sin ning\u00fan esfuerzo de voluntad porque \u00e9l es, en esencia, a. (1Jn 4:8), por lo cual, cuando ama, de suyo ama. Dios, por medio de su Esp\u00ed\u00adritu Santo, nos capacita para el a., d\u00e1ndonos as\u00ed\u00ad de su propia naturaleza (Rom 5:5). As\u00ed\u00ad, el mandamiento de amar no resulta gravoso, porque Dios pone a nuestra disposici\u00f3n la capacidad para ello.<br \/>\na. reina como supremo por encima de todas las virtudes (\u2020\u0153Ahora permanecen la fe, la esperanza y el a., estos tres; pero el mayor de ellos es el a.\u2020\u009d [1Co 13:13]). El a. conduce a los creyentes a la b\u00fasqueda permanente del bien del otro. De lo contrario, no se considera v\u00e1lida una manifestaci\u00f3n de a. hacia a Dios, porque \u2020\u0153el que no ama a su hermano a quien ha visto, \u00bfc\u00f3mo puede amar a Dios a quien no ha visto?\u2020\u009d (1Jn 4:20). La pr\u00e1ctica del a. entre los cristianos es lo que puede decir al mundo que son verdaderos seguidores del Se\u00f1or Jes\u00fas, que dijo: \u2020\u0153En esto conocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00ed\u00adpulos, si tuvi\u00e9reis a. los unos con los otros\u2020\u009d (Jua 13:35). Los creyentes son alentados a soportarse \u2020\u0153los unos a los otros en a.\u2020\u009d (Efe 4:2) y a seguir \u2020\u0153la verdad en a.\u2020\u009d (Efe 4:15).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, TIPO<\/p>\n<p>vet, Es un t\u00e9rmino en la Biblia que es traducci\u00f3n de varios otros. En hebreo, en el AT, tenemos los siguientes: (a) \u00abahabah\u00bb, relacionado con el verbo \u00abaheb\u00bb. Se usa: del amor de Jacob por Raquel (Gn. 29:20); del amor de David hacia Jonat\u00e1n (2 S.1:26); del amor de Amn\u00f3n hacia Tamar; del amor hacia los semejantes, pagado con odio (Sal. 109:4, 5); del amor del esposo hacia la esposa (Pr. 5:19); del efecto del amor en las relaciones humanas (Pr. 10:12); del amor de Jehov\u00e1 hacia Su pueblo (Jer. 31:3; Os. 3:1; Sof. 3:17); (2) \u00abohabim\u00bb, de actos de amor (Pr. 8:18); (3) \u00abdod\u00bb, como el anterior (Pr. 7:18; Cnt. 1:2, 4; 4:10, etc.; Ez. 23:17). En el NT se traduce \u00abamor\u00bb un t\u00e9rmino griego, \u00abagap\u00eb\u00bb. La palabra \u00aberos\u00bb, que no se usa en el NT, conllevaba siempre la idea, en mayor o menor intensidad, de deseo y de avidez. Con \u00abagap\u00eb\u00bb se designa el amor de origen divino: del Padre al Hijo (Jn. 3:35, donde se usa el verbo relacionado, \u00abagapa\u00f5\u00bb), de Dios al mundo (Jn. 3:16, igual observaci\u00f3n que en el caso anterior), o de Dios a los creyentes (Ro. 5:5), o el amor de Dios en nosotros, obrando hacia los dem\u00e1s (2 Co. 5:14), d\u00e1ndose en 1 Co. 13 el m\u00e1s completo conjunto de cualidades de este amor. Con el vocablo \u00abphilanthropia\u00bb se designa el amor dirigido al hombre (Tit. 3:4). M\u00e1s exactamente se usa la forma verbal, designando la acci\u00f3n. A este respecto, es digno resaltar que la primera menci\u00f3n de amor en la Biblia es el amor de padre a hijo (Gn. 22:2), de Abraham a Isaac; la segunda menci\u00f3n es el amor del esposo hacia la esposa (Gn. 24:67), de Isaac a Rebeca. Estos dos amores son dos hermosos tipos del amor: (a) del Padre hacia el Hijo (Jn. 3:35), y (b) del Hijo hacia Su Iglesia (Ef. 5:25). Una afirmaci\u00f3n fundamental en las Escrituras es que Dios es amor. No se trata meramente de uno de Sus atributos, sino que la misma esencia de Su ser es amor. De ah\u00ed\u00ad que el pecado tenga como consecuencia divisi\u00f3n, separaci\u00f3n, alienaci\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el \u00e9nfasis en centrar el comportamiento humano en el amor a Dios y al pr\u00f3jimo (Mt. 22:34-40; Mr. 12:28-33). Este amor, para ser genuino, tiene que estar fundamentado ante todo en una relaci\u00f3n genuina con Dios, y tiene que provenir del mismo Dios; las imitaciones no son v\u00e1lidas (1 Co. 13:3). Solamente puede surgir de una relaci\u00f3n viva con Dios ya conocido por medio de Jesucristo (Ef. 3:14-21 con Ef. 5:1-2). Todo lo que no surja de una relaci\u00f3n vital con Dios no es el amor \u00abagap\u00eb\u00bb descrito en 1 Co. 13, sino el efecto meramente natural.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[342]<\/p>\n<p>    El concepto teol\u00f3gico de amor se halla frecuentemente expresado en la Escritura. Es b\u00e1sico en el mensaje cristiano, de modo que, sin la comprensi\u00f3n de lo que es el amor, no hay formaci\u00f3n natural ni sobrenatural en los valores espirituales. Es importante tener en cuenta el proceso psicol\u00f3gico de cada persona en relaci\u00f3n al amor y no pedir a cada edad evolutiva m\u00e1s que lo que puede dar.<\/p>\n<p>     El  ni\u00f1o peque\u00f1o siente necesidad de ser amado y es egoc\u00e9ntrico. No es capaz de amar.  S\u00f3lo al llegar a cierta madurez de adolescente se descubre que el amor es dar m\u00e1s que recibir. Si no hay actitud de ofrenda, no es posible amar.  Y la adultez, con la perfecci\u00f3n y plenitud que se la supone, es la edad en que se puede entender el amor en plenitud.<\/p>\n<p>    Precisamente por eso la religi\u00f3n cristiana, que es amor: amor de Dios al hombre, al Pueblo elegido, a la Iglesia, al pecador&#8230;, y que reclama respuesta de amor: amor a Dios, amor al pr\u00f3jimo, amor a los pobres, amor a s\u00ed\u00ad mismo, no se pueden entender si no es en clave de amor.<\/p>\n<p>    En el Antiguo Testamento abundan los hechos de amor divino. Ad\u00e1n, No\u00e9, Abraham, Jacob, Mois\u00e9s, Samuel, David y todos los Profetas son signos y testigos del amor divino.  Pero es el Nuevo Testamento el que refleja y transmite un torrente de referencias al amor.<\/p>\n<p>    El verbo amar (agapao) aparece 143 veces, el concepto amor (agape ) 117 y el destinatario del amor (agapetos) 52. En 74 ocasiones aparece el t\u00e9rmino paralelo de Fileo. De todas ellas, en unas 40 la palabra \u00abamar\u00bb est\u00e1 situada en labios de Jes\u00fas en diversidad de formas. Juan es el m\u00e1s directamente vinculado a la palabra amor, pues la usa unas 70 veces en sentido referente a Dios, a Cristo, al pr\u00f3jimo o al mundo.<\/p>\n<p>     Es bueno recordar que una catequesis sin claridad sobre el concepto del amor deja algo en el aire. Resultar\u00e1 imposible entender lo que es el amor de Dios, el amor de Jes\u00fas, el amor a los hermanos. Sin esa comprensi\u00f3n no se podr\u00e1 descubrir el misterio cristiano.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. Alianza, amistad, caridad, caridad pastoral, civilizaci\u00f3n del amor, Dios Amor, obras de misericordia, santidad)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: . El amor en el mensaje y vida de Jes\u00fas. \u2014 2. El \u00abmandamiento\u00bb del amor. -3. Puesto del amor. \u2014 4. Caracter\u00ed\u00adsticas del amor. \u2014 5. Fundamento del amor. El amor de Dios. \u2014 6. Tipos de amor. Amor divino y amor humano. &#8211; 7. Uni\u00f3n y comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Tratamos aqu\u00ed\u00ad del amor en su acepci\u00f3n m\u00e1s primaria y general, o sea, de la relaci\u00f3n interhumana que se designa con ese t\u00e9rmino y es con \u00e9l com\u00fanmente conocida. V\u00e9anse m\u00e1s abajo otros tipos m\u00e1s espec\u00ed\u00adficos de amor que de alg\u00fan modo aparecen derivados de esta primera significaci\u00f3n o vinculados con ella en -> amor a Dios; amor a los enemigos; amor a los pecadores.<\/p>\n<p>1. El amor en el mensaje y vida de Jes\u00fas<br \/>\nSe puede comenzar por lo m\u00e1s patente: el puesto del amor en la vida y palabras de Jes\u00fas para pasar despu\u00e9s a consideraciones menos directas, pero fundamentales.<\/p>\n<p>El amor hacia y entre los seres humanos est\u00e1 en el centro de la predicaci\u00f3n y vida de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>De una u otra forma lo encontramos en muchas p\u00e1ginas evang\u00e9licas y aun en lo que podemos razonablemente aceptar como mensaje hist\u00f3rico de Jes\u00fas de Nazaret. Este amor ha solido, y aun suele, llamarse \u00abamor del pr\u00f3jimo\u00bb o \u00abcaridad\u00bb, pero estos t\u00e9rminos resultan muy gastados por un uso abusivo y no transmiten hoy en d\u00ed\u00ada el real significado del mensaje de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Destinatarios del amor de Jes\u00fas y de sus actos son, evidentemente, todas las personas que se ponen en contacto con \u00e9l. De modo particular su amor se dirige a las personas m\u00e1s necesitadas de \u00e9l por diversas razones: pobres de todo tipo, pecadores, marginados, etc. son amados por Jes\u00fas de una forma muy especial.<\/p>\n<p>Ni Jes\u00fas ni los Evangelios se detienen a ofrecer una definici\u00f3n o consideraci\u00f3n te\u00f3rica sobre el amor, ni tampoco una explicaci\u00f3n detallada de en qu\u00e9 consiste. Los textos parecen apelar a la com\u00fan experiencia humana de las diversas clases de amor y aceptarla, al menos como punto de partida. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, Mc 10,21 dice simplemente que Jes\u00fas mir\u00f3 al joven rico \u00aby lo am\u00f3\u00bb o Mt 5, 46 y Lc 6, 32 hablan de \u00abamar a los que os aman\u00bb.<\/p>\n<p>Sin entrar ahora en consideraciones m\u00e1s profundas es obvio que toda la actividad de Jes\u00fas, a\u00fan desde el punto de vista hist\u00f3rico, responde a una actitud y pr\u00e1ctica del amor hacia la humanidad. Lo muestra tanto su predicaci\u00f3n, que intenta infundir esperanza confianza, mejorar las relaciones interhumanas, etc. como sus actos, los cuales, como por ejemplo las curaciones, pretender tambi\u00e9n mejorar la situaci\u00f3n de los seres humanos. El \u00abpas\u00f3 haciendo el bien\u00bb (evidentemente a hombres y mujeres) de Hch 10,38 es un excelente resumen de esta actividad de Jes\u00fas con el amor como .<\/p>\n<p>No parece distinguirse mucho de lo que podr\u00ed\u00adan llamarse manifestaciones y realizaciones del amor humano normal, sino coincidir con ellas. Hay alguna excepci\u00f3n, como el amor a los enemigos (cfr. infra), pero lo ordinario es que el amor a que Jes\u00fas exhorta y que \u00e9l mismo pone en pr\u00e1ctica sea el amor humano en todas sus manifestaciones y realizaciones, llevadas hasta el extremo y superando todos los obst\u00e1culos. Amor puesto en pr\u00e1ctica de diversos modos y sin excluir ninguna de las normales manifestaciones humanas del amor con excepci\u00f3n del matrimonio en cuanto a \u00e9l personalmente.<\/p>\n<p>Es, por tanto, m\u00faltiple y variopinto; reviste muchas formas diferentes: amor entre padres e hijos, hermanos, esposos, familia, amigos, parientes, cercanos y lejanos, etc. Algunas de ellas aparecen patentemente en la vida de Jes\u00fas, pero otras no, supuesto que su vida est\u00e1 sujeta a las obvias limitaciones de la condici\u00f3n humana, lo que hace que le sea imposible vivir todas las dimensiones concretas del amor. Sin embargo, vive las suficientes, y de forma tal, que es el mejor modelo para la vivencia del amor.<\/p>\n<p>En muchos momentos de la vida de Jes\u00fas, sentimientos y acciones humanas como la misericordia, compasi\u00f3n, ternura, cercan\u00ed\u00ada al otro, ayuda de diversos tipos&#8230; han de considerarse por sentido com\u00fan manifestaciones y realizaciones del amor, aunque no se emplee esta terminolog\u00ed\u00ada. Son acciones de Jes\u00fas mismo o de sus seguidores o exhortaciones a ellas.<\/p>\n<p>En Jes\u00fas el amor es pr\u00e1ctico, real, consistente en ayudas concretas materiales o de otro tipo. As\u00ed\u00ad las curaciones mencionadas m\u00e1s arriba han de verse, entre otras cosas, como manifestaciones de amor hacia personas en necesidad o allegados suyos. En algunas ocasiones la puesta en pr\u00e1ctica del amor por parte de Jes\u00fas coincide con las ordinarias expectativas humanas: as\u00ed\u00ad en ciertas curaciones, en la incorporaci\u00f3n a la sociedad de los marginados, en la solidaridad con ellos, en la especial atenci\u00f3n a los necesitados. Pero en otros casos es de otra forma: de hecho Jes\u00fas no soluciona todos los problemas de todos sus contempor\u00e1neos en todos los campos posibles. Su amor, siendo pr\u00e1ctico, inmediato y real no se identifica con una serie determinada de acciones o actos, no es m\u00e1gico ni sobrehumano sino pasa por las mediaciones inherentes a la humanidad. Tiene una dimensi\u00f3n hacia arriba que supera las ordinarias expectativas, aunque no las niega ni desprecia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es afectivo, de sentimientos variados como amistad, cari\u00f1o, dolor, pena o de relaciones familiares, tal como aparece en las narraciones evang\u00e9licas sobre las relaciones de Jes\u00fas con personajes tales como disc\u00ed\u00adpulos, L\u00e1zaro, Marta y Mar\u00ed\u00ada, Pedro, Santiago y Juan, Mar\u00ed\u00ada su madre y otras muchas personas.<\/p>\n<p>La muerte de Jes\u00fas en la cruz es el culmen de esta manifestaci\u00f3n del amor hacia los seres humanos. Esta muerte tiene, entre otras causas, la de haber luchado contra todo lo que hace a los seres humanos menos humanos, lo que representa otra prueba de amor hacia ellos.<\/p>\n<p>No es, pues, de extra\u00f1ar que transmita a cuantos aceptan su mensaje esta misma actitud suya como lo m\u00e1s esencial del mensaje que viene a realizar en su vida y a predicar con su palabra. Es la imitaci\u00f3n de Dios y de Jes\u00fas su Hijo, que encontramos expl\u00ed\u00adcitamente en algunos textos de los Evangelios como Lc 6,36 y su paralelo Mt 5,48, que culminan en la exhortaci\u00f3n de Jes\u00fas al -> a los enemigos o el conocid\u00ed\u00adsimo \u00abamaos unos a otros como yo os he amado\u00bb de Jn 13,34-35.<\/p>\n<p>En muchas ocasiones los Evangelios no emplean el vocabulario del amor para hablar de los hechos y palabras de Jes\u00fas acerca de este tema, pero su conexi\u00f3n con \u00e9l es evidente. El caso m\u00e1s claro es la par\u00e1bola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37) que Jes\u00fas narra para \u00abexplicar\u00bb qui\u00e9n es el destinatario del amor, y que, adem\u00e1s, ilustra en qu\u00e9 consiste el amor, aunque en la par\u00e1bola misma no se emplee el t\u00e9rmino, sino s\u00f3lo las obras que lo muestran y realizan.<\/p>\n<p>Jes\u00fas desarrolla y profundiza una visi\u00f3n en la que el amor tiene el puesto central cuando presenta a Dios como que ama y se preocupa por sus hijos, que son todos los seres humanos. Con toda su vida, no s\u00f3lo con sus palabras, Jes\u00fas muestra este amor de Dios hacia la humanidad, pues es, por as\u00ed\u00ad decir, la encarnaci\u00f3n del Padre en la humanidad.<\/p>\n<p>Textos como Jn 13, 1, \u00abhabiendo amado a los suyos&#8230; los am\u00f3 hasta el fin\u00bb, son un comentario sint\u00e9tico de esta actitud de Jes\u00fas que es su personal realizaci\u00f3n de la definici\u00f3n de Dios como amor (1 Jn 4,8. 16), como veremos m\u00e1s adelante. Podr\u00ed\u00ada decirse que Jes\u00fas es la perfecta revelaci\u00f3n de Dios en sus relaciones con los seres humanos.<\/p>\n<p>Hay muchos lugares neotestamentarios que desarrollan y explicitan este hecho, pero que muy probablemente no pueden referirse directamente a Jes\u00fas, sino son elaboraciones posteriores. Sin embargo, en este punto, como en tantos otros, dif\u00ed\u00adcilmente se da raz\u00f3n suficiente de esta elaboraci\u00f3n sin referencia alguna a la actividad, mensaje y ense\u00f1anza del mismo Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, todo lo referente a la pareja hombre-mujer y su relaci\u00f3n de amor en Ef 5, 25 ss. s\u00f3lo es comprensible si se tiene en cuenta la transformaci\u00f3n del concepto y realidad matrimonial que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada comenzado en su tiempo.<\/p>\n<p>Este puesto central y decisivo del amor en el cristianismo aparece a lo largo de todo el Nuevo Testamento como muestran entre otros textos 1 Cor 13 y 1 Juan especialmente.<\/p>\n<p>2. El \u00abmandamiento\u00bb del amor<br \/>\nEste amor interhumano de Jes\u00fas y al que Jes\u00fas llama, evidentemente no est\u00e1 desligado ni es, en el fondo, diferente de la relaci\u00f3n con Dios llamada \u00abamor de Dios\u00bb como veremos m\u00e1s abajo. Viene a ser su realizaci\u00f3n concreta.<\/p>\n<p>La formulaci\u00f3n m\u00e1s cl\u00e1sica de esta uni\u00f3n entre ambos amores ser\u00e1: primer mandamiento amar a Dios y segundo, semejante al primero, amar al pr\u00f3jimo como a ti mismo (Mc 12,28-34 y par. Mt 22,36-38; Lc 10,27). U otras an\u00e1logas como la de Jn 13,33-34 como mandamiento nuevo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas recoge y desarrolla este tema. Evidentemente lo hace conforme a la tradici\u00f3n veterotestamentaria hablando de un segundo mandamiento semejante al primero. Pero es preciso hacerse cargo de qu\u00e9 significa un mandamiento de amar. Es bastante evidente que el amor al otro no es algo que se pueda mandar en sentido estricto o imponer; otra cosa son conductas concretas. En realidad se trata de un don.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento hay otras formas de expresar esta uni\u00f3n y aun identificaci\u00f3n (cfr. vg. 1 Jn) que, de alg\u00fan modo se derivan del mensaje de Jes\u00fas, pero son elaboraciones teol\u00f3gicas posteriores.<\/p>\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n sobre este punto estos desarrollos s\u00f3lo se explican satisfactoriamente si tienen su origen en algo que Jes\u00fas mismo puso en marcha.<\/p>\n<p>Dada la peculiar naturaleza del amor es relativamente claro que presentarlo como un mandamiento o mandato no puede tomarse sin m\u00e1s al pie de la letra, como si el amor a los dem\u00e1s fuese algo que puede ponerse en pr\u00e1ctica por puro esfuerzo de buena voluntad. De ah\u00ed\u00ad que se apele a otras motivaciones m\u00e1s hondas para llamar al amor como aparece claramente en 1 Jn 4,7-5,1.<\/p>\n<p>El amor es, pues, mucho m\u00e1s que una consecuencia \u00e9tica de la fe en Cristo y aun que la realizaci\u00f3n de sus palabras o el \u00abm\u00e9todo\u00bb para adquirir la garant\u00ed\u00ada de salvarse cumpliendo de forma eminente la voluntad de Dios. Es la forma de unirse con Dios y comenzar a vivir ya la misma salvaci\u00f3n (cfr. infra).<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que textos del Nuevo Testamento hablen, en una u otra forma, del amor como un don que Dios\/ Esp\u00ed\u00adritu da. De ellos el m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito es Gal 5,22 donde el amor aparece como primer fruto del Esp\u00ed\u00adritu. Ello es m\u00e1s que decir que, para amar de la forma que Dios quiere, nos hace falta su ayuda. Eso es demasiado evidente. Es insinuar que la relaci\u00f3n con Dios que el amor establece es imposible si no es por gracia\/don suya.<\/p>\n<p>3. Puesto del amor<br \/>\nEl puesto central del amor en la visi\u00f3n religiosa y predicaci\u00f3n de Jes\u00fas aparece quiz\u00e1s de la forma m\u00e1s clara en Mt 25, 31-46, donde la ayuda real a los dem\u00e1s, en definitiva, la puesta en pr\u00e1ctica del amor, es el criterio \u00fanico para determinar la aceptaci\u00f3n definitiva por el Se\u00f1or, con aparente independencia, en este texto, de todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>En realidad este texto nos da algunas claves importantes para comprender la concepci\u00f3n del amor en el mensaje de Jes\u00fas. Amar al otro ser humano es amar al mismo Se\u00f1or y Dios; hacer algo por \u00e9l es hac\u00e9rselo a El mismo. En esto se halla la raz\u00f3n fundamental de la no distinci\u00f3n real entre el amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo. La presencia del Se\u00f1or en el ser humano une ambos amores en uno solo.<\/p>\n<p>La preocupaci\u00f3n por el otro, la justicia respecto a \u00e9l, la no opresi\u00f3n&#8230; ya hab\u00ed\u00ada sido uno de los temas clave de la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica (cfr. vg. Am 5,18-24; ls 1,14-17; Jr 9,2-5; Ez 18,5-9; Mal 3,5&#8230;) as\u00ed\u00ad como en la sapiencial (cfr. vg. Prov 14,21; Eclo 25,1, Sab 2,10-12&#8230;) como una de sus principales preocupaciones. Una aut\u00e9ntica relaci\u00f3n con Dios no se mide por el culto sino por la relaci\u00f3n hacia los dem\u00e1s. El ser humano llega a Dios por medio de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Jes\u00fas retorna esta concepci\u00f3n y hace de ella el elemento decisivo en su concepci\u00f3n de las relaciones de los seres humanos con Dios corno actitud y pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>De tal manera es importante el amor que no dice Jes\u00fas que haya que amar al otro por Dios. Es la mera relaci\u00f3n hacia los dem\u00e1s seres humanos lo que realmente cuenta. Quiz\u00e1s tal sea el sentido de la sorprendida pregunta en el citado pasaje de Mt 25: \u00abSe\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ndo te dimos de comer, de beber, etc.\u00bb. La actitud y pr\u00e1ctica de los \u00abbenditos\u00bb no era, por as\u00ed\u00ad decir, consciente de la transcendencia que ten\u00ed\u00ada para su relaci\u00f3n con Dios; amaban y eso era todo; lo hab\u00ed\u00ada hecho simplemente por el pr\u00f3jimo. Las consecuencias de este planteamiento son enormemente importantes, como puede colegirse con toda facilidad.<\/p>\n<p>4. Caracter\u00ed\u00adsticas del amor<br \/>\nAmor universal, no restringido a un grupo determinado de personas, por ejemplo el propio pueblo o a aquellos que son amigos o nos hacen beneficios. Cualquiera puede ser el \u00abpr\u00f3jimo\u00bb al que se ama, como aparece en la mencionada par\u00e1bola del \u00abBuen Samaritano\u00bb (Lc 10,25-37). Este rasgo cual aparece con claridad en la exhortaci\u00f3n al a los . Es bastante claro, con todo, que esta universalidad se refiere m\u00e1s bien a la actitud de apertura hacia los dem\u00e1s y de no limitaci\u00f3n \u00aba priori\u00bb respecto a ellos. No es tanto un sentimiento afectivo hacia todo el resto de los seres humanos, que evidentemente es inviable y psicol\u00f3gicamente imposible. La dimensi\u00f3n universal del amor se puede concretar en ayudas pr\u00e1cticas que son realizables respecto a cualesquiera otras personas sin implicaciones afectivas hacia ellas. Pero aun en este \u00faltimo caso una realizaci\u00f3n pr\u00e1ctica universal tampoco es posible; y pretenderla muchas veces no pasa de ser mera ret\u00f3rica De hecho el mismo Jes\u00fas tampoco puede poner en pr\u00e1ctica su amor hacia los dem\u00e1s de la misma forma y hasta hace diferencias entre quienes son m\u00e1s amigos suyos y quienes no lo son tanto, al menos en la com\u00fan acepci\u00f3n de ese concepto. El que se formule este amor al otro como \u00abamor al pr\u00f3jimo\u00bb podr\u00ed\u00ada indicar este matiz. \u00abPr\u00f3jimo\u00bb en efecto es el cercano, el pr\u00f3ximo, la persona con quien alguien se pone en contacto inmediato, no una generalidad que puede resultar poco significativa y con poca dimensi\u00f3n real. Ahora bien cualquiera puede ser pr\u00f3jimo o convertirse en tal, como muestra la aludida par\u00e1bola del Buen Samaritano. El que se formule este amor al otro como \u00abamor al pr\u00f3jimo\u00bb podr\u00ed\u00ada indicar este matiz. \u00abPr\u00f3jimo\u00bb, en efecto, es el cercano, el pr\u00f3ximo, la persona con quien alguien se pone en contacto inmediato, no una generalidad que puede resultar poco significativa y con poca dimensi\u00f3n real. No hay condicionamientos especiales, sino s\u00f3lo la concreta forma de ser humana, que forzosamente ha de tener como objeto o t\u00e9rmino del amor a alguien tambi\u00e9n concreto y real.<\/p>\n<p>Amor efectivo y pr\u00e1ctico, no meramente ret\u00f3rico. Incluye actos concretos de ayuda, no s\u00f3lo palabras. El Buen Samaritano hace actos bien determinados, incluido el aspecto econ\u00f3mico, aunque no se limite a esto s\u00f3lo. Algo semejante ocurre con el ya citado pasaje de Mt 25: el amor se realiza en las actividades concretas comunes, pero importantes reales.<\/p>\n<p>Amor afectivo tambi\u00e9n. No se excluyen los normales sentimientos y emociones normalmente vinculados al amor. No se trata de un amor \u00abinhumano\u00bb o deshumanizado. De ah\u00ed\u00ad que asimismo entren en el concepto los amores en que ese aspecto, a veces mezclado con otros como la atracci\u00f3n sexual, est\u00e1 presente de forma espont\u00e1nea y aun instintiva.<\/p>\n<p>Amor que puede resultar costoso y llevar a sacrificios personales, como es patente en el caso de Jes\u00fas. No es exacto -pese a la extendida creencia en este sentido- que el amor sea m\u00e1s valioso o mejor cuanto m\u00e1s trabajo, esfuerzo o renuncia implica. Pero son elementos comprobatorios de si el supuesto amor es real o ilusorio.<\/p>\n<p>5. Fundamento del amor. El amor de Dios<br \/>\nDesde un punto m\u00e1s profundo, si se quiere expresar de esa manera, hemos de preguntarnos por el fundamento de este puesto central del amor en el mensaje de Jes\u00fas. En efecto, el amor predicado por Jes\u00fas no es sentimentalismo alguno como tampoco un intento de fomentar las relaciones entre los seres humanos que se consideran mejores, m\u00e1s positivas. Es algo m\u00e1s que pura filantrop\u00ed\u00ada, aunque \u00e9sta sea algo decididamente bueno.<\/p>\n<p>La idea central es que Jes\u00fas predica y realiza el amor tal como est\u00e1 dicho, porque ve en \u00e9l una realizaci\u00f3n, reproducci\u00f3n y consecuencia de la relaci\u00f3n de Dios hacia los seres humanos y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, de lo que el mismo Dios es, entendido y expresado al modo humano.<\/p>\n<p>De diversas formas ya en muchos pasajes del Antiguo Testamento aparece Dios en una relaci\u00f3n con el g\u00e9nero humano en el acto mismo de crearlo tal como lo hace (Gn 1,26-27), con su \u00abamigo\u00bb Abraham (Is 41,8), con el pueblo de Israel como colectividad (Dt 4,7; 7,7-8; Os 11,1-9; Sal 132 13-17; 136), el jud\u00ed\u00ado (Sal 103,13), sobre todo con el justo (Sal 37,28; 146,8) y con el peque\u00f1o (Sal 113,7-9), pero tambi\u00e9n con los no jud\u00ed\u00ados (Jon, 4,10ss) y que, sint\u00e9ticamente, podr\u00ed\u00adamos llamar amor. Los modos en que se muestra en los diversos textos son muy diferentes y quiz\u00e1s en algunos a primera vista no aparezca a primera vista que se trata de amor verdadero, sino bondad, misericordia y cosas parecidas, pero en el fondo se trata de lo que conocemos como amor.<\/p>\n<p>En \u00faltimo t\u00e9rmino puede decirse que el amor de Dios es la fuente del amor entre los seres humanos que Jes\u00fas ense\u00f1a. Una formulaci\u00f3n sint\u00e9tica y sencilla de esta afirmaci\u00f3n la encontramos en 1 Jn 4,9-11: \u00aben esto se manifest\u00f3 el amor de Dios hacia nosotros: en que env\u00ed\u00ado a su Hijo unig\u00e9nito al mundo para que vivamos por medio de El. En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que El nos am\u00f3&#8230; si Dios nos am\u00f3 de este modo, tambi\u00e9n nosotros debemos amarnos unos a otros\u00bb. La formulaci\u00f3n quiz\u00e1s m\u00e1s decisiva es la de este mismo escrito (1 Jn 4,8.16): \u00abDios es amor\u00bb. Desde ah\u00ed\u00ad todo fluye.<\/p>\n<p>Jes\u00fas en cuanto Revelador e Hijo es la perfecta revelaci\u00f3n\/realizaci\u00f3n de esa forma de ser de Dios. Lo es en su solidaridad con los seres humanos y su participaci\u00f3n en el destino de la humanidad. Amar es, evidentemente, imitar a Cristo y, en definitiva, a Dios en cuanto ello nos es posible desde nuestra limitada condici\u00f3n, es realizar, en la medida de nuestra posibilidades, el plan de Dios y ser, hasta cierto punto, como El es. Naturalmente se espera del ser humano una respuesta en la misma l\u00ed\u00adnea del amor: \u00abamar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios&#8230;\u00bb (Dt 6,5; 10,12). Pero esa respuesta incluye de manera fundamental, en el Antiguo Testamento, el amor hacia el hermano israelita (Lv 19,18) y, en el Nuevo, hacia todos, al menos en potencia y como actitud b\u00e1sica.<\/p>\n<p>6. Tipos de amor. Amor divino y amor humano<br \/>\nDespu\u00e9s de lo anterior es relativamente claro que desde la perspectiva de Jes\u00fas, no es demasiado oportuno hacer muchas distinciones entre diferentes tipos de amor. Ello aparece, entre otros lugares, en la consciente cercan\u00ed\u00ada entre los dos \u00abmandamientos\u00bb de amar a Dios y al pr\u00f3jimo que aparecen en los Evangelios (Mc 12 30-31 y par. Mt 22,36-37 y Lc 10,27) o en el texto ya citado de Mt 25,31-46, donde el amor real hacia los dem\u00e1s parece substituir algo insubstituible: el amor hacia Dios.<\/p>\n<p>Resulta importante esta cierta identificaci\u00f3n. Es claro que los t\u00e9rminos del amor son, a primera vista diferentes Dios y los seres humanos. Pero hay que tener en cuenta que el amor directo a Dios es una actitud interna, sentida, real sin duda, pero cuya realizaci\u00f3n pr\u00e1ctica puede ser y de hecho es muy diversa y, a menudo, poco controlable; es un amor que puede caer en la ilusi\u00f3n o en la ret\u00f3rica. La forma concreta por excelencia de realizar la relaci\u00f3n con Dios es la que pasa por los dem\u00e1s. Ya los profetas hab\u00ed\u00adan ca\u00ed\u00addo en la cuenta de este punto: la verdadera religi\u00f3n no consiste tanto en el culto dirigido directamente a Dios sino en la preocupaci\u00f3n y realizaci\u00f3n de las relaciones positivas con los hermanos (cfr. m\u00e1s arriba). Jes\u00fas insiste en ese aspecto, especialmente en su actividad, dirigida a pasar haciendo el bien a los dem\u00e1s y realizar de este modo lo que Dios quiere de \u00e9l. Si la afirmaci\u00f3n de la completa identidad de ambos amores resulta excesiva, al menos ha de afirmarse que ambos son absolutamente inseparables siempre desde la perspectiva de Jes\u00fas y que no puede concebirse uno sin el otro, so pena de caer en el autoenga\u00f1o. De nuevo es la 1 Juan quien pone de manifiesto este punto: \u00absi alguien dice &#8216;amo a Dios&#8217; y no ama a su hermano, es un mentiroso. Porque quien no ama a su hermano, al que ve continuamente, no puede amar a Dios a quien nunca ve\u00bb (1 Jn 4,20).<\/p>\n<p>Es claro, por otra parte, que las afirmaciones de 1 Juan, aunque no proceden directamente de labios de Jes\u00fas -bien pocos son, por otra parte, los dicho que podemos saber con certeza pronunciados por el mismo Jes\u00fas- son fiel reflejo de su mensaje. Todo lo cual no elimina los distintos matices que las vivencias y pr\u00e1cticas de este amor tienen, seg\u00fan se dirijan directamente a uno u otro t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>7. Uni\u00f3n y comuni\u00f3n<br \/>\nVivir el amor al que Jes\u00fas llama no es simplemente cumplir un mandato por medio del cual se adquieran m\u00e9ritos que logren la salvaci\u00f3n ante Dios. Es mucho m\u00e1s que esa concepci\u00f3n, la cual, por otra parte, es profundamente poco cristiana.<\/p>\n<p>El amor, en su forma m\u00e1xima establece uni\u00f3n y comuni\u00f3n entre los que se aman. Ahora bien, siendo verdad lo dicho de la unidad entre amor a los dem\u00e1s y amor a Dios, significa que cuando se establece comuni\u00f3n y uni\u00f3n con los seres humanos, se est\u00e1 estableciendo uni\u00f3n y comuni\u00f3n con Dios. En lo cual, finalmente, consiste la salvaci\u00f3n. Tal puede ser la consecuencia vivencial del repetidamente citado Mt 25,31-46. La met\u00e1fora de ir hacia el Hijo el hombre, entrar en el Reino o vida eterna que se encuentran en ese texto significan finalmente uni\u00f3n definitiva y total con Dios y Cristo, salvaci\u00f3n plena en suma. A ella se ha llegado por el amor hacia los hermanos. Unirse con ellos ha sido unirse con Dios. \u00abSi nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud&#8230; Dios es amor y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en \u00e9l\u00bb (1 Jn 4,12. 16). \u00abPermanecer en Dios\u00bb en su aut\u00e9ntico y m\u00e1s profundo sentido es otra forma de hablar de la salvaci\u00f3n. -> ; amor a Dios; enemigos; pecadores; comuni\u00f3n; eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; SALVADOR VERGES, es amor. Salamanca, Secretariado Trinitario 1982.<\/p>\n<p>Pastor<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>1. Antiguo Testamento<\/p>\n<p>(-> gracia, amistad, gratuidad, shem\u00e1, confesi\u00f3n). Aparece de diversas formas en la Biblia israelita, especialmente en los profetas del amor (como Oseas) y en el Cantar* de los Cantares, que ha desarrollado la antropolog\u00ed\u00ada er\u00f3tica m\u00e1s importante de la historia de Occidente. Del amor de Dios, entendido como misericordia* universal, que se expresa y expande en el amor entre los hombres, hablan de manera intensa algunos libros del Antiguo Testamento y de un modo muy intenso el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada*. Pero s\u00f3lo el Nuevo Testamento ha desarrollado de un modo consecuente esa experiencia y exigencia creadora del amor (\u00e1gape), dirigido de un modo preferente, aunque no exclusivo, a los enemigos, como muestra el mensaje de Jes\u00fas y la teolog\u00ed\u00ada de Pablo (Rom 12-14 y i Cor 13), que estudiaremos de un modo especial.<\/p>\n<p>(1) Los t\u00e9rminos griegos del amor. Las mejores distinciones antiguas sobre el amor se han hecho en griego y por eso evocaremos las palabras que emplean la Biblia griega y el Nuevo Testamento: eros, \u00e1gape y philia: (a) Bros. Este es el t\u00e9rmino b\u00e1sico para el pensamiento griego, que entiende al amor como deseo y tendencia del hombre hacia aquello que le falta y puede completarle. El Nuevo Testamento utiliza esa palabra en el sentido de \u00abagradar\u00bb. As\u00ed\u00ad dice que el baile de la hija de Herod\u00ed\u00adas agrad\u00f3 a Herodes (Mc 6,22; Mt 14,6). Tambi\u00e9n dice que Cristo no busc\u00f3 su propio agrado (ouk heaut\u00f3 eresen), sino que acept\u00f3 los sufrimientos que le impusieron los otros (Rom 15,3). (b) Agape. La terminolog\u00ed\u00ada vinculada al \u00e1gape constituye la mayor novedad del Nuevo Testamento en este campo. Agape significa b\u00e1sicamente el amor desinteresado y creador, el amor del que no se busca a s\u00ed\u00ad mismo, sino que ofrece su vida a los dem\u00e1s. Ciertamente, el \u00e1gape puede tener un sentido m\u00e1s neutro, de amor en general (como en Lc 7,5), pero en la mayor\u00ed\u00ada de los casos se utiliza para expresar el sentimiento y gesto intensamente cristiano del amor de gratuidad, aplicado a los diversos campos de la vida. As\u00ed\u00ad se ha bla del \u00e1gape en el amor a Dios (Mc 12,30) y en el amor al enemigo (Mt 5,44; Lc 6,27). Este es el amor al que Pablo ha dedicado su canto (1 Cor 13), el amor que Dios nos ha mostrado, envi\u00e1ndonos a su propio Hijo como salvador (Jn 3,16), el amor que el mismo Jes\u00fas mostr\u00f3 al hombre que quer\u00ed\u00ada alcanzar la vida eterna (Jes\u00fas, mir\u00e1ndole, le am\u00f3: \u00e9gap\u00e9sen auton, Mc 10,21). S\u00f3lo este amor gratuito y creador libera a los pobres y hace posible el seguimiento mesi\u00e1nico. Jes\u00fas no impone una ley, no acude al mandamiento. M\u00e1s all\u00e1 de la ley, desde la total libertad del amor, invita al hombre que quiere alcanzar la vida eterna, dici\u00e9ndole que le siga. A pesar de eso, el hombre no acoge la mirada de amor de Jes\u00fas, no se deja transformar por \u00e9l, no le responde con amor. Calcula sus bienes y se marcha, porque es rico. No se ha dejado transformar por el amor mesi\u00e1nico. (c) Philia, amistad. Ciertamente, el amor mutuo es \u00e1gape, como dice Jes\u00fas cuando pide a los suyos \u00abque os am\u00e9is los unos a los otros, as\u00ed\u00ad como yo os he amado, pues nadie tiene un amor m\u00e1s grande que aquel que da la vida por sus amigos\u00bb (Jn 15,12-13). Les dice que se amen (con \u00e1gape) y habla del \u00e1gape como amor mutuo. Pero despu\u00e9s al referirse a sus amigos les llama philoi, a\u00f1adiendo que los disc\u00ed\u00adpulos ser\u00e1n \u00abamigos suyos\u00bb (philoi moa) si escuchan y cumplen su palabra, viviendo en amor (Jn 15,14). Desde esa base a\u00f1ade la palabra clave del amor cristiano: \u00abYa no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; yo os llamo amigos, porque os he dicho (= os he dado) todo lo que yo he recibido (= he escuchado) del Padre\u00bb (Jn 15,15). Los hombres no son siervos (.douloi), sino libres porque son amados y pueden amarse en amistad (philia), siendo amigos los unos de los otros. En este contexto puede hablarse del amor entre el Padre y el Hijo (Jn 5,20; 16,27) y del amor que los hombres deben tener a Jes\u00fas (1 Cor 16,22). Llegando al final, el \u00e1gape (que es amor de donaci\u00f3n y gratuidad) se identifica con la philia, que es el amor de amistad. En ese contexto se entiende el bell\u00ed\u00adsimo juego de palabras del final del evangelio de Juan, donde Jes\u00fas le pregunta a Pedro por dos veces si le ama con amor de \u00e1gape (agap\u00e1s me?: Jn 21,1516), pero la tercera vez le pregunta si le  ama con amor depliilia (phil\u00e9is tne?: Jn 21,17), ofreci\u00e9ndole el encargo de apacentar las ovejas de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(2) Dios, un amor: Amar\u00e1s a Yahv\u00e9 tu Dios&#8230; Una religi\u00f3n como la del Antiguo Testamento consta de muchos elementos sacrificiales y sociales, legales y festivos. En el centro de la fe israelita est\u00e1 la confesi\u00f3n* del shem\u00e1, que ha seguido marcando hasta hoy la religi\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados y de los cristianos. Estas son las palabras centrales de la Biblia israelita: \u00abEscucha, Israel: Yahv\u00e9, nuestro Dios, es Yahv\u00e9 (Dios) Unico. Amar\u00e1s a Yahv\u00e9, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando estar\u00e1n en tu coraz\u00f3n. Las repetir\u00e1s a tus hijos y las dir\u00e1s sentado en casa o haciendo camino, cuando te acuestes y cuando te levantes&#8230;\u00bb (Dt 6,4-7). Israel ha sido un pueblo de leyes que han ido fijando su identidad, desde el dodec\u00e1logo* de Siquem (en torno al siglo IX a.C.) hasta la Misn\u00e1* (siglos II-III d.C.). Pues bien, en el fondo de todas ellas emerge esta ley del shem\u00e1, como la m\u00e1s importante. M\u00e1s que ley coactiva, \u00e9sta es una experiencia gozosa de llamada (\u00c2\u00a1escucha!) y de invitaci\u00f3n al amor (\u00c2\u00a1amar\u00e1s!). El Dios que aparece en este mandamiento originario no necesita nombres o adjetivos especiales (padre o madre, hijo o esposo&#8230;), sino que se presenta simplemente como Yahv\u00e9, manifest\u00e1ndose como Amor total que llama (escoge) de un modo gratuito y de esa forma suscita y fundamenta la vida de los hombres. Ciertamente, ese Dios sigue siendo el misterioso Se\u00f1or de la experiencia de la zarza ardiente (El que Es: Ex 3,14), pero aqu\u00ed\u00ad aparece m\u00e1s bien como el que ama y pide amor. Este Yahv\u00e9 Amor, a quien Israel ha descubierto y reconocido sobre todas las cosas, es Unidad suprema, fuente de vida que se expresa y expande en el coraz\u00f3n (afecto), en la mente (pensamiento) y en la acci\u00f3n (vida entera) de sus fieles, por encima de todas las restantes distinciones nacionales o sociales. Este es el Dios de la experiencia liberadora, que se expresa a trav\u00e9s de los restantes mandamientos: \u00abYo soy Yahv\u00e9, que te saqu\u00e9 de Egipto\u00bb (cf. Ex 20,2; Dt 5,6), pero en el fondo de todos ellos se expresa y despliega como amor. As\u00ed\u00ad lo ha sabido y ratificado Jes\u00fas, jud\u00ed\u00ado entre jud\u00ed\u00ados (cf. Mc 12,28-34). Este es el Dios a quien la tradici\u00f3n israelita ha visto como \u00abDios compasivo y clemente, lento a la ira y rico en misericordia y lealtad, misericordioso hasta la mil\u00e9sima generaci\u00f3n, que perdona culpa, delito y pecado&#8230;\u00bb (Ex 34,6-7). Este es el Dios del amor para los israelitas, Dios que ellos han querido testimoniar ante todos los pueblos.<\/p>\n<p>(3) Dios y el pr\u00f3jimo: dos amores (confesi\u00f3n de fe*). Cuando le preguntan por el mandamiento m\u00e1s importante de la Ley, Jes\u00fas, con buena parte de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, cita el shem\u00e1*, pero a\u00f1ade el mandato de Lv 19,18: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (Mc 12,28-34). La novedad de Jes\u00fas est\u00e1 en su insistencia en el t\u00e9rmino com\u00fan amar\u00e1s (en griego agap\u00e9seis, en hebreo \u2020\u02dcahabta) de Dt 6,5 y Lv 19,18, uniendo los dos mandamientos (amores) y diciendo que no hay otro mayor que ellos. Los dos forman un solo mandamiento: son aquello que el escriba llamaba el primero de todos (pr\u00f3te pant\u00f3n de Mc 12,28). Quiz\u00e1 pudi\u00e9ramos decir que en el principio est\u00e1 la dualidad: la relaci\u00f3n con Dios se vuelve relaci\u00f3n con el pr\u00f3jimo, es decir, de persona con persona. Se vinculan de modo profundo mi yo y el yo del otro, de modo que no pueden separarse. Este es el lugar de la genealog\u00ed\u00ada radical de la existencia humana: Dios mismo suscita el yo del hombre, como ser capaz de amarle; pero, al lado de Dios y con Dios, emerge el otro (el pr\u00f3jimo), de manera que la dimensi\u00f3n vertical del amor recibido (\u00c2\u00a1escucha!) se vuelve relaci\u00f3n horizontal del amor compartido. En el lugar donde estaba el amor previo de Dios, y para confirmarlo, viene ahora a expresarse el amor al otro, es decir, al hombre concreto, hombre o mujer, que est\u00e1 a nuestro lado. En el Lev\u00ed\u00adtico, ese pr\u00f3jimo es el hermano o miembro del propio pueblo israelita; pero, en un sentido m\u00e1s extenso, es tambi\u00e9n el pobre y extranjero, es decir, el que rompe las fronteras resguardadas de la propia comunidad (cf. Lv 19,10 y en especial Dt 10,19), como ver\u00e1 el Jes\u00fas de Lucas cuando cuenta en ese contexto la par\u00e1bola del buen samaritano (Lc 10,30-37). Entre el amor a Dios y al pr\u00f3jimo hay una relaci\u00f3n que todo el Nuevo Testamento se esforzar\u00e1 por explicitar, desde el anuncio del Reino de Jes\u00fas y la experiencia eclesial de la pascua.<\/p>\n<p>(4) Dios Sabidur\u00ed\u00ada, esposa amada. La tradici\u00f3n israelita (cf. Prov 8; Eclo 24) ha presentado a Dios como Dama Sabidur\u00ed\u00ada*, mujer amante que se sit\u00faa en la puerta de su casa, tocando su m\u00fasica, invitando con amor a los que pasan. El libro de la Sabidur\u00ed\u00ada contiene la respuesta positiva de Salom\u00f3n, rey sabio y signo de todos los verdaderos israelitas que escuchan su llamada y la desean, emocionados: \u00abA ella la quise y la busqu\u00e9 desde muchacho, intentando hacerla mi esposa, convirti\u00e9ndome en enamorado de su hermosura. Al estar unida (symbi\u00f3sis) con Dios, ella muestra su nobleza, porque el due\u00f1o de todo la ama&#8230; Por eso decid\u00ed\u00ad unirme con ella, seguro de que ser\u00ed\u00ada mi compa\u00f1era en los bienes, mi alivio en la pesadumbre y en la tristeza\u00bb (Sab 8,1-2,9). La vida entera se define, seg\u00fan esto, como proceso afectivo. Est\u00e1 en el fondo el simbolismo del Banquete de Plat\u00f3n, con el ascenso amoroso hacia las fuentes de toda realidad (el Bien Supremo). Pero hay una diferencia: el entusiasmo divino parece que lleva a los plat\u00f3nicos m\u00e1s all\u00e1 del mundo; por el contrario, Salom\u00f3n enamorado se introduce dentro de este mundo. Pero no se debe exagerar la diferencia. El sabio de la Rep\u00fablica plat\u00f3nica, transformado por la sabidur\u00ed\u00ada del amor, puede gobernar con justicia a los humanos. El Rey israelita, enamorado desde joven de la sabidur\u00ed\u00ada superior, descubre en ella su gozo (disfruta) y gobierna con su ayuda. El var\u00f3n\/mujer perfecto no es aquel que se clausura en un ejercicio contemplativo, aislado de este mundo. El verdadero amante de la Sabidur\u00ed\u00ada sale al mundo, escucha el misterio de la realidad y deja que ella le emocione, le d\u00e9 fuerza, le transforme. Al llegar aqu\u00ed\u00ad reciben su sentido los rasgos filos\u00f3ficos con los que se describe a la Sabidur\u00ed\u00ada en Sab 7,22-28: ella es efluvio del poder divino, emanaci\u00f3n de la gloria de Dios&#8230; Descubrimos as\u00ed\u00ad que ella es el mismo Dios en cuanto amable; hay en nuestro coraz\u00f3n un gran vac\u00ed\u00ado: estamos hechos para Dios, a \u00e9l buscamos en camino amoroso. Desde ah\u00ed\u00ad se puede entender el tema del amor en el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>Cf. W. EICHRODT, Teolog\u00ed\u00ada del Antiguo Testamento I-II, Cristiandad, Madrid 1975; D. PREUSS, Teolog\u00ed\u00ada del Antiguo Testamento III, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1999; C. SPICQ, Agape en el Nuevo Testamento, Cares, Madrid i 977; P. VAN IMSCHOOT, Teolog\u00ed\u00ada del Antiguo Testamento, Fax, Madrid i 969.<\/p>\n<p>AMOR<br \/>\n2. Pablo: 1 Cor 13<\/p>\n<p>(-> gracia, perd\u00f3n, juicio, Pablo). El amor constituye el tema central del Nuevo Testamento, que podemos interpretar como revelaci\u00f3n del ser de Dios en Cristo: \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo que le ha dado a su Hijo unig\u00e9nito, para que no se pierda, sino que tenga vida eterna\u00bb (Jn 3,13-17). Tratar del amor es tratar de todo el Nuevo Testamento, partiendo del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a (Mt 5-7; Lc 6,20-45) hasta el Apocalipsis (Ap 21-22). Por eso hemos introducido el tema en diversas entradas: gracia, perd\u00f3n, juicio, etc. Aqu\u00ed\u00ad, de forma unitaria, trataremos de las falacias, cualidades y permanencia del amor, tal como ha sido evocado por Pablo en 1 Cor 13, que ha partido, sin duda, de unos motivos anteriores, que \u00e9l ha encontrado y desarrollado dentro de su Iglesia.<\/p>\n<p>(1) Falacias o riesgos del amor. El amor es lo m\u00e1s grande, lo m\u00e1s fuerte. Pero es tambi\u00e9n lo m\u00e1s fr\u00e1gil, de forma que puede convertirse en principio de enga\u00f1o. En esa l\u00ed\u00adnea, en la primera parte de su canto al amor (1 Cor 13), Pablo desarrolla los tres posibles enga\u00f1os de un amor aparente, que toma en la Iglesia \u00abformas de bondad\u00bb o de grandeza para enga\u00f1ar mejor a los hombres, (a) Si hablara las lenguas de los hombres y de los \u00e1ngeles (1 Cor 13,1). La primera ideolog\u00ed\u00ada o falsedad del amor est\u00e1 vinculada a una perfecci\u00f3n m\u00ed\u00adstica, que se autodeclara importante, pero que es s\u00f3lo palabra vac\u00ed\u00ada, propia de aquellos que dicen conocer y hablar las lenguas de los hombres (en plano de mundo) y de los \u00e1ngeles (en plano de perfecci\u00f3n espiritual), pero sin amar a los dem\u00e1s. Estos son los que todo lo hablan, dominando lenguajes, con apariencia de verdad m\u00e1s alta, para sentirse perfectos e imponerse sobre los dem\u00e1s, pobres hombres de la baja tierra. Estos hablantes de lenguas son hombres y mujeres \u00abpoderosos\u00bb, en l\u00ed\u00adnea individual o social. Pablo no niega ni discute sus capacidades, pero dir\u00ed\u00ada que ellas pueden alcanzarse con medios psicol\u00f3gicos o parapsicol\u00f3gicos (de penetraci\u00f3n mental), poni\u00e9ndose al servicio de la des  trucci\u00f3n humana (diab\u00f3lica). En nuestro tiempo se podr\u00ed\u00ada decir que esos hombres que todo lo hablan controlan las redes inform\u00e1ticas y los grandes canales de propaganda, como si fueran due\u00f1os de la palabra universal, y en alg\u00fan sentido lo son: la voz de sus falsas campanas parece la \u00fanica que ta\u00f1e en el mundo. Pero en realidad est\u00e1n vac\u00ed\u00ados, son como metal que suena sin contenido humano, o con el contenido de la violencia dominadora (del bronce de campana hecho ca\u00f1\u00f3n para la guerra). (b) Y si yo tuviera profec\u00ed\u00ada&#8230; (1 Cor 13,2). Posiblemente, esta segunda unidad trataba, en principio, s\u00f3lo de la profec\u00ed\u00ada, pues de ella y de las lenguas en la Iglesia se ocupa todo el cap\u00ed\u00adtulo siguiente de la carta (1 Cor 14), pero el texto actual distingue y vincula profec\u00ed\u00ada, gnosis y fe posesiva. (1) \u00abSi yo tuviera profec\u00ed\u00ada&#8230;\u00bb. En sentido externo, la profec\u00ed\u00ada es algo que se tiene, como cualidad que se posee, sin que ella se identifique con la propia persona. Por eso, se puede afirmar que aquellos que tienen profec\u00ed\u00ada y no aman est\u00e1n vac\u00ed\u00ados, son como una simple voz ambulante, pura m\u00e1scara sin interioridad. (2) \u00abY si yo viera todos los misterios y toda la gnosis&#8230;\u00bb. La profec\u00ed\u00ada, especialmente en los apocal\u00ed\u00adpticos (como en los libros de Daniel* o Henoc), est\u00e1 llena de visiones y revelaciones, de tal forma que, en tiempos de Jes\u00fas, se tomaba a los profetas como videntes que penetraban en los misterios (del fin de los tiempos) y en la gnosis (conocimiento del Dios escondido). Pues bien, Pablo se considera vidente y gn\u00f3stico, pues ha visto a Jes\u00fas resucitado (cf. 1 Cor 15,3-7) y ha sido raptado al tercer cielo, donde ha contemplado y escuchado cosas indecibles (2 Cor 2,1-11). Pero, al mismo tiempo, sabe que una visi\u00f3n sin amor es nada o menos que nada, es mentira. (3) \u00abSi yo tuviera fe hasta para trasladar monta\u00f1as&#8230;\u00bb. Esta fe que \u00abse tiene\u00bb y de la que uno puede estar orgulloso (cf. tambi\u00e9n 1 Cor 12,9), entendida como capacidad de hacer cosas milagrosas (mover monta\u00f1as: cf. Mt 17,20 par), puede vaciarse de s\u00ed\u00ad misma, convirti\u00e9ndose en m\u00e1scara externa sin amor, como sabe el mismo Evangelio (cf. Mt 7,22); la verdadera fe como experiencia de gratuidad en el amor es para Pablo una cosa distinta (cf. Rom 1,17; 5,1; Gal 2,16). (c) Y si yo repartiera todos mis bienes&#8230; (1 Cor 13,3). De las lenguas (m\u00ed\u00adstica) y de la profec\u00ed\u00ada (visiones, gnosis, milagros) pasamos al nivel de la comunicaci\u00f3n econ\u00f3mico-personal. Muchos piensan que las cosas se arreglan con dinero y en parte tienen raz\u00f3n, como la misma Biblia sabe cuando pide que demos a los pobres aquello que tenemos, para que as\u00ed\u00ad puedan saciar sus necesidades (cf. Mc 10,17-22; Mt 25,31-46). Pero el simple \u00abdar\u00bb material no es suficiente, como matiza, por ejemplo, el relato de las tentaciones de Jes\u00fas (Mt 4; Lc 4). En esa l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa este pasaje, cuando habla de un enga\u00f1o de los que s\u00f3lo dan dinero, pues se buscan a s\u00ed\u00ad mismos al hacerlo, y de un enga\u00f1o del martirio de aquellos que convierten su entrega en un medio de imposici\u00f3n sobre los otros. Este es el lugar de la patolog\u00ed\u00ada del amor, el lugar del enga\u00f1o supremo de los que parecen emplear medios mejores y m\u00e1s desprendidos (costosos) para imponerse sobre los otros.<\/p>\n<p>(2) Cualidades del amor. En contra de las falacias (1 Cor 13,1-3), eleva luego Pablo (1 Cor 13,4-7) un canto al amor (\u00e1gape), como experiencia de gratuidad y comuni\u00f3n de Dios que vincula a los hombres de un modo interior (en la comunidad eclesial) y exterior (en apertura hacia los dem\u00e1s). Pablo no habla aqu\u00ed\u00ad de una pura emoci\u00f3n sentimental, ni de un poder de unidad er\u00f3tico-filos\u00f3fica (como Plat\u00f3n en su Banquete), ni de la vinculaci\u00f3n legal de un grupo de personas (como en cierto judaismo), sino de la experiencia radical de Dios en la vida de los hombres que se aman simplemente como humanos. Estos son sus rasgos: (a) El amor tiene gran \u00e1nimo, el amor es bondadoso (1 Cor 13,4). En griego se dice makro-thymei, es decir, tiene un gran thymos o \u00e1nimo. Algunas traducciones prefieren decir que es paciente, en el sentido de capaz de aguantar y mantenerse. Ambos matices, el m\u00e1s activo (animoso, long\u00e1nime) y el m\u00e1s receptivo (paciente), son apropiados y expresan la capacidad de aguante y la potencia creadora del amor, que permanecen firmes all\u00ed\u00ad donde todas las restantes cualidades fallan o se acaban. En ese sentido se a\u00f1ade que es bondadoso (khr\u00e9steuetai), con el matiz de \u00fatil: aquello que siempre sirve y siempre vale, (b) No tiene envidia, no se jacta, no es engr\u00ed\u00ade (1 Cor 13,4). De las  notas positivas (es animoso, bondadoso) pasa el canto a las negativas, que nos ir\u00e1n acompa\u00f1ando desde ahora, pues del amor decimos mejor lo que no es que lo que es. La primera dificultad que el amor debe superar es la envidia (zelos), aquella actitud o vicio que nos lleva a enfrentarnos a los otros para destruirles (pues sentimos que nos impiden ser) o para utilizarles, poni\u00e9ndoles bajo nuestro dominio. Frente a la envidia est\u00e1 el descubrimiento gozoso del otro en cuanto distinto, el gozo de que el otro sea, de que viva, de que triunfe. En este sentido, el amor nos capacita para salir de nosotros mismos, transformando la envidia mim\u00e9tica (que es vivir a costa de los otros, dependiendo de ellos o luchando contra ellos) en comuni\u00f3n gratuita. Por eso, el que ama no se jacta ni engr\u00ed\u00ade, es decir, no se encierra en s\u00ed\u00ad mismo, para imponerse a los dem\u00e1s, en actitud de miedo perpetuo (tengo que elevarme sobre los dem\u00e1s para sentirme seguro), sino que al gozarse en los otros descubre tambi\u00e9n su propio valor y no tiene que luchar por conseguirlo ni imponerse. (c) No se porta sin decoro, no busca su propio provecho (1 Cor 13,5). Portarse indecorosamente se dice en griego a-skh\u00e9monein, romper el skh\u00e9ma o forma apropiada de existencia, quebrar el equilibrio de la vida, romper una armon\u00ed\u00ada que nos permite convivir. Eso significa que el amor vincula, traza puentes, de manera que ofrece a cada uno un lugar en la vida, un espacio decoroso y digno, en humanidad, distinto para cada uno, apropiado para todos. El skli\u00e9rna (= esquema o decoro) del amor puede resultar diverso en las diversas circunstancias, de manera que lo que en un momento o contexto parece decoroso (que las mujeres vayan veladas: cf. 1 Cor 10,1-16) resulta indecoroso en otros. Hay, sin embargo, un decoro fundamental, que se expresa en la segunda parte del texto: \u00abel amor no busca su provecho propio\u00bb. Esta es la melod\u00ed\u00ada firme, \u00e9sta es la base del amor: que cada uno busque el bien de los otros, no el propio; que piense, sin cesar, en lo que al otro le conviene, no seg\u00fan el esquema del que ama, sino seg\u00fan el del amado. Para eso es necesario que el amor dialogue, que dialoguemos en igualdad, escuch\u00e1ndonos unos a los otros, para as\u00ed\u00ad conocer lo que nos piden o quieren de nosotros. (d) No se irrita, no piensa en el mal (1 Cor 13,5). En el caso anterior se supone que hay un orden o decoro, que se expresa all\u00ed\u00ad donde cada uno busca el bien ajeno. Ahora se supone que la vida de los hombres se encuentra amenazada por una gran irritaci\u00f3n o paroxismo de violencia, para la que s\u00f3lo existe un remedio: el amor que se expresa y mantiene en forma de concordia (el amor que lleva al gozo y la paz: Gal 5,22). S\u00f3lo en este contexto se puede a\u00f1adir: \u00abno piensa en el mal\u00bb, no toma en cuenta el mal que le hacen. Esta formulaci\u00f3n nos lleva al centro del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, donde Jes\u00fas ped\u00ed\u00ada a los suyos que no respondieran al mal con lo malo, sino que perdonaran a los enemigos (Lc 7,27-36). As\u00ed\u00ad lo ha dicho el mismo Pablo en Rom 12,17, al proclamar el perd\u00f3n que nace del amor y que supera la violencia con la paz interior (no se irrita), renunciando a responder a la violencia con violencia, (e) No se alegra de la injusticia, sino que se alegra con la verdad (1 Cor 13,6). Al lado de la envidia, con la falta de decoro y la irritaci\u00f3n anterior, se eleva ahora la injusticia, como riesgo b\u00e1sico de un mundo amenazado por la mentira y por la lucha de todos contra todos. Injusticia (adikia) es aquello que va en contra de la dikaiosvne, tanto en el sentido griego (orden social), como en el b\u00ed\u00adblico (acci\u00f3n salvadora y gratuita de Dios). Alegrarse en la injusticia significa asumir la maldad de los hombres y aprovecharse de ella, para provecho propio. Frente a eso est\u00e1 la alegr\u00ed\u00ada por la verdad, entendida como gozo m\u00e1s alto del amor. Lo opuesto a la injusticia no es sin m\u00e1s la justicia, sino la verdad o fidelidad de Dios, que se muestra divino al amar, fundando as\u00ed\u00ad la m\u00e1s alta alegr\u00ed\u00ada. (f) Todo lo cubre, todo lo cree, todo lo espera (1 Cor 13,7). Igual que un tejado cubre la casa y permite que sus habitantes vivan al resguardo de viento y lluvia, as\u00ed\u00ad el amor resguarda y cubre a los amantes de un modo total y para siempre. El amor es esa cobertura de Dios que mantiene protegida nuestra vida, libre de la irritaci\u00f3n y la tormenta de los tiempos, en fe y en esperanza. Por eso se a\u00f1ade que el mismo amor \u00ablo cree todo, todo lo espera\u00bb. Fe y esperanza son aqu\u00ed\u00ad expansiones del amor, porque s\u00f3lo el amor es capaz de confiar siempre (de ponerse  en manos de Dios, estando en manos de los otros) y de mantenerse a la espera, sabiendo que la vida es camino de Dios, (g) Siempre permanece (1 Cor 13,7). Al decir que permanece (liypomenei) no se quiere indicar que aguanta simplemente de un modo pasivo, sino que se mantiene firme, de manera activa, en todo tiempo y lugar (en el doble sentido de la palabra panta). Quiz\u00e1 pudi\u00e9ramos a\u00f1adir que el mismo amor es paciencia creadora, dando a esa palabra el sentido que recibe en el Apocalipsis (cf. hypomon\u00e9: Ap 1,9; 13,10; 14,12): en medio de la gran lucha de la historia permanece y triunfa la paciencia del amor que es Dios y que se revela en los creyentes, es decir, en aquellos que son fieles al Cordero sacrificado. Pero en 1 Cor 13 Pablo no habla del Cordero-Cristo, ni de otros motivos confesionales cristianos, sino de amor universal, abierto a la humanidad en cuanto tal, un amor que siempre permanece. Las realidades del mundo cambian, todas se acaban y mueren. S\u00f3lo la paciencia activa queda, como presencia y permanencia de un amor que todo lo cubre, lo cree y lo espera, superando as\u00ed\u00ad el desgaste del tiempo y revelando en medio de esta vida de enga\u00f1os el rostro verdadero del hombre (es decir, el mismo ser divino).<\/p>\n<p>(3) Permanencia del amor. El canto de 1 Cor 13,4-7 terminaba diciendo que el amor lo cubre todo (como tejado firme que cobija lo que est\u00e1 bajo su amparo) y siempre permanece (porque tiene el poder de la paciencia duradera). El nuevo pasaje (1 Cor 13,8-13) retoma ese motivo, para desarrollarlo de un modo aclaratorio. Por eso empieza con una frase program\u00e1tica, que condensa lo anterior e inicia lo que sigue: el amor nunca cae (1 Cor 13,8). Las realidades de este mundo se derrumban, todas caen con el tiempo (por ser tiempo), como sabe la tradici\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica cuando anuncia la cat\u00e1strofe del fin del mundo (Mc 13,25: \u00ablos astros del cielo caer\u00e1n&#8230;\u00bb). Mueren las culturas, acaban los estados, perecen las personas. Pues bien, en este trance de gran acabamiento en el que muchos repiten el dicho popular de \u00abcomamos y bebamos que ma\u00f1ana moriremos\u00bb (cf. 1 Cor 15,32), se eleva nuestro texto y dice: el amor nunca cae. Esta permanencia define la antropolog\u00ed\u00ada escatol\u00f3gica de Pablo (1 Cor 15) y se expresa aqu\u00ed\u00ad en cuatro partes, (a) De la profec\u00ed\u00ada imperfecta al conocimiento pleno: \u00abLa profec\u00ed\u00ada desaparecer\u00e1, las lenguas cesar\u00e1n, la gnosis desaparecer\u00e1. Pues s\u00f3lo conocemos en parte y s\u00f3lo en parte profetizamos; pero cuando llegue lo perfecto desaparecer\u00e1 lo que es parcial\u00bb (1 Cor 13,8-10). Don de lenguas, gnosis y profec\u00ed\u00ada expresan un conocimiento inicial y parcial, son signo de un mundo tanteante que busca la plenitud (lo que es teleion). Pues bien, esa perfecci\u00f3n, a la que aspira el cosmos (cf. Rom 8,8-25), se identifica en el fondo con el amor; por eso, cuando llegue el amor pleno, cesar\u00e1 todo lo restante, (b) El ni\u00f1o y el adulto: \u00abCuando era ni\u00f1o hablaba como ni\u00f1o, sent\u00ed\u00ada como ni\u00f1o, razonaba como un ni\u00f1o. Pero cuando me hice adulto abandon\u00e9 lo que era de ni\u00f1o\u00bb (1 Cor 13,11). Los evangelios sin\u00f3pticos han dado al ni\u00f1o un valor y estatuto religioso, haci\u00e9ndolo signo del reino de Dios (cf. Mc 9,33-37; 10,13-16). Pablo, en cambio, le mira aqu\u00ed\u00ad de otra manera: el ni\u00f1o es heredero de los bienes del padre, pero mientras sea menor de edad se encuentra sometido a los poderes de este mundo, que son como administradores y ayos, que organizan y resuelven los asuntos en su nombre; s\u00f3lo cuando alcance la mayor\u00ed\u00ada de edad el ni\u00f1o podr\u00e1 ser due\u00f1o de s\u00ed\u00ad mismo y decir \u00c2\u00a1padre!, en libertad de amor (Gal 4,1-7). Profec\u00ed\u00ada, don de lenguas y gnosis son experiencia y tanteo de ni\u00f1os que a\u00fan no han crecido y no viven del todo, porque est\u00e1n bajo la ilusi\u00f3n de su conocimiento parcial, bajo el dominio de los mayores. El amor, en cambio, se interpreta como expresi\u00f3n de edad adulta, descubrimiento y cultivo de la libertad al servicio de la vida, (c) El espejo y la realidad: \u00abAhora vemos por un espejo, en enigma, entonces, en cambio, veremos cara a cara. Ahora conozco parcialmente, entonces conocer\u00e9 como he sido conocido\u00bb (1 Cor 13,12-13). El ahora, tiempo de este mundo (que antes se hallaba definido por la profec\u00ed\u00ada y el don de lenguas, con un conocimiento imperfecto), aparece aqu\u00ed\u00ad simbolizado por la imagen de un espejo borroso, que no nos permite descubrir el sentido m\u00e1s hondo de la realidad, de manera que s\u00f3lo vemos im\u00e1genes confusas, enigm\u00e1ticas, que nos obligan a ir adivinando la verdad m\u00e1s honda. Parecemos as\u00ed\u00ad condenados a un conocimiento parcial, como ni\u00f1os que quie  ren ser grandes un d\u00ed\u00ada y conocer lo que ha sido y ser\u00e1, para volverse due\u00f1os de s\u00ed\u00ad mismos. Pues bien, en medio de este mundo enigm\u00e1tico tenemos una seguridad superior, algo que es firme, la certeza del amor, que es anticipo del futuro, comienzo de para\u00ed\u00adso. El amor abre, por tanto, la puerta del cielo, anunci\u00e1ndonos la llegada de un tiempo en que veremos cara a cara, conoceremos como somos conocidos&#8230; \u00abVeremos cara a cara\u00bb, \u00abconoceremos como somos conocidos\u00bb, es decir, veremos a Dios como \u00e9l nos ve, penetraremos en el misterio de su entendimiento total, que es comuni\u00f3n de amor. Esta es la experiencia y esperanza del amor completo de las bodas finales de Ap 21-22.<\/p>\n<p>Cf. A. NYGREN, Eros y Agape. La idea cristiana del amor y sus transformaciones, Sagitario, Barcelona 1969; R. SCHNACKENBURG, Mensaje moral del Nuevo Testamento, Herder, Barcelona 1989; W. SCHRAGE, Etica del Nuevo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1987; X. PIKAZA, Palabras de amor, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 2006; C. SPICQ, Teolog\u00ed\u00ada moral del Nuevo Testamento I-II, Eunsa, Pamplona 1970-1973; Agape en el Nuevo Testamento, Cares, Madrid 1977.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es el amor? Yo llamo amor a esa experiencia intensa, inolvidable e inconfundible que s\u00f3lo se puede dar en el encuentro con otra persona.  Por tanto, no se puede amar una cosa abstracta, una virtud. El amor solitario no existe. El amor siempre necesita de otra persona y se realiza en un encuentro concreto. Por eso el amor precisa de citas, intercambios, gestos, palabras, regalos, que, aunque sean manifestaciones limitadas, son el s\u00ed\u00admbolo de la plena entrega de una persona a otra.  Amar es encontrar a otra persona e intercambiar con ella presentes, es una experiencia en la que se entrega algo de uno mismo: cuanto m\u00e1s entregamos, m\u00e1s amamos.  El amor es un encuentro en el que la otra persona nos parece importante, en cierto sentido m\u00e1s importante que nosotros mismos: tan importante que llegar\u00ed\u00adamos a dar la vida por ella. Descubrimos que estamos enamorados cuando nos damos cuenta de que, de alguna manera, el otro se ha vuelto m\u00e1s importante que uno mismo. Por eso el amor realiza algo que podr\u00ed\u00adamos llamar un \u00e9xtasis, un salimos de nosotros mismos, de nuestro propio inter\u00e9s: un \u00e9xtasis en el que yo me siento tanto m\u00e1s verdadero y aut\u00e9ntico, tanto m\u00e1s genuinamente yo, cuanto m\u00e1s me entrego, cuanto m\u00e1s me gasto y dejo de pertenecerme en exclusiva.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Eros y Agape: amor griego, amor cristiano.-II. Amor y compasi\u00f3n: cristianismo y budismo.-III. Amor y Trinidad: la comuni\u00f3n divina.-IV. El Esp\u00ed\u00adritu Santo como amor personal.-V. Trinidad y metaf\u00ed\u00adsica de amor. Sentido de Cristo<br \/>\nComo indica el sumario, hemos trazado algunos rasgos importantes del amor para entenderlos luego en clave trinitaria. Comenzamos situando el tema en un nivel de historia de las religiones: comparamos el amor cristiano y griego (agape y eros). Despu\u00e9s lo interpretamos desde el fondo del budismo (compasi\u00f3n y caridad). S\u00f3lo entonces trataremos del amor cristiano visto en clave trinitaria. Para culminar el tema ofreceremos una breve visi\u00f3n de las personas trinitarias (especialmente el Esp\u00ed\u00adritu Santo) desde el fondo de una teolog\u00ed\u00ada del amor.<\/p>\n<p>I. Eros y Agape: amor griego, amor cristiano<br \/>\nLa religi\u00f3n griega del eros aparece como praxis salvadora que se funda en el orfismo y la piedad de los misterios. Ella quiere liberar la luz divina de los hombres, conquistando y recreando su verdad originaria, cautivada en una c\u00e1rcel de dolor, sombra y materia. L\u00f3gicamente, el alma debe aprender a liberarse por la acci\u00f3n centemplativa o religiosa que le lleva a descubrir su realidad original y retornar de esa manera a lo divino.<\/p>\n<p>Plat\u00f3n ha elaborado los principios que le ofrece la tradici\u00f3n anterior y edifica desde el eros un expl\u00e9ndido sistema de verdad, de salvaci\u00f3n y pensamiento. La visi\u00f3n del eros, que Plat\u00f3n ha presentado desde el mito anterior, presupone en realidad que el hombre es ahora esclavo: est\u00e1 cautivo sobre el mundo pero guarda las semillas del recuerdo de su vida originaria. Ese recuerdo, reflejado germinalmente en el eros, le conduce a partir de los valores sensibles de este mundo (cuerpos, ideales&#8230;), hacia el bien de lo supremo como meta donde puede sosegar y realizarse su existencia. El amor es, por tanto, una potente fuerza de atracci\u00f3n que, al inquietarnos en el mundo, nos inmerge en la ansiedad y nos conduce hacia la idea y la bondad de lo divino. Seg\u00fan esto, no hay eros en Dios, pues a Dios nada le falta en su existencia. Tampoco puede hallarse entre los hombres que se encuentran perdidos en los bienes de la tierra. El eros es la fuerza ascensional, aquel impulso que constantemente lleva desde el mundo sensible y limitado, a la verdad de lo que somos en lo eterno. Por eso tienen eros o son eros solamente aquellos hombres que partiendo de los bienes de este mundo, se elevan y dirigen en camino de amor hacia el sentido y bondad de lo divino. El eros de la carne (amor corporal) se supera y se transciende haciendo que surja de ese modo el proceso del \u00aberas espiritual\u00bb.<\/p>\n<p>A. Nygren, sistematizador protestante del tema, ha distinguido en la visi\u00f3n del eros estos momentos. a) Es amor-deseo que nos lleva a superar la privaci\u00f3n en que ahora estamos, caminando hacia un estado de existencia m\u00e1s dichoso. b) Es anhelo que conduce desde el mundo a lo divino. Por eso, Dios no ama ni tampoco aquellos que prefieren contentarse con la tierra, c) Es amor egoc\u00e9ntrico: es nostalgia de conquista, un gran deseo por lograr y disfrutar lo que nos falta. S\u00f3lo en el momento en que, inmergidos en Dios, hayamos colmado la ansiedad y realizado nuestro anhelo, cesaremos en la marcha: se habr\u00e1 cumplido el eros, no seremos m\u00e1s cautivos de la tierra; la historia habr\u00e1 cerrado su camino, quedar\u00e1 la eternidad.<\/p>\n<p>Por encima de este anhelo, el cristianismo ofrece la presencia salvadora de Dios en Jesucristo. Lo que importa no es que el hombre haya querido subir hacia los cielos. El misterio est\u00e1 en que Dios ha descendido de manera salvadora hasta la tierra. Esto lo expresa el NT al acu\u00f1ar de un modo nuevo la palabra antigua agape.<\/p>\n<p>El agape es un amor espont\u00e1neo y no ego\u00ed\u00adsta. Su principio est\u00e1 en el Dios que de manera gratuita ha decidido entregar su vida por los hombres. Por eso el agape no depende del valor de los objetos. Dios no se ocupa s\u00f3lo de los buenos: ama con fuerza especial a los peque\u00f1os y perdidos, ama a todos los que sufren, inaugura de esa forma un modo nuevo de existencia. Por eso, en el principio del amor no hay un ascenso hacia la altura, ni tampoco una justicia que sanciona a los perfectos. El amor se manifiesta y triunfa en la vida que se entrega, en el misterio de Dios que nos ofrece su asistencia.<\/p>\n<p>Esto supone que el agape es creador. El eros nada crea, simplemente tiende hacia la fuente de la vida verdadera. Por el contrario, el agape recrea a las personas: amar implica hacer que surja, que se extienda la existencia, que haya esperanza en la desesperaci\u00f3n, perd\u00f3nen el pecado, inter\u00e9s donde exist\u00ed\u00ada s\u00f3lo indiferencia, vida en medio de la muerte.<\/p>\n<p>Finalmente, el agape es comuni\u00f3n. Mientras que el eros busca la fusi\u00f3n del hombre con su ra\u00ed\u00adz originaria, el agape le capacita para amar a las personas: invita a realizar la comuni\u00f3n entre los hombres, conduciendo hacia el encuentro interhumano o dirigiendo hacia el misterio de la uni\u00f3n de Dios con nuestra historia.<\/p>\n<p>El eros es la tensi\u00f3n de los hombres que pretenden ascender hacia su centro en lo divino. El agape es, al contrario, la expresi\u00f3n de la presencia salvadora de Dios sobre la tierra: por eso ofrece unos matices creadores, se refleja de manera preferente en el abismo de la cruz de Jesucristo y se explicita en el amor al enemigo. Para el eros, carece de sentido hablar de entrega de la vida \u00abpor los malos\u00bb: el amor al enemigo resulta inconcebible. En el agape eso es primario: s\u00f3lo existe amor aut\u00e9ntico y perfecto donde el hombre se dispone, como Cristo, a realizarse en apertura hacia los otros. Amar es dar la vida. Y es hacerlo en gratuidad, porque merece la pena conseguir que el otro sea. Amar es darse, hacer posible que haya vida entre los hombres, en gesto de absoluta limpidez, sin intereses, en camino que culmina all\u00ed\u00ad donde se ayuda al enemigo.<\/p>\n<p>Los cristianos protestantes acent\u00faan, de una forma general, la oposici\u00f3n del eros y el agape: frente a la b\u00fasqueda idol\u00e1trica del hombre est\u00e1 la gracia salvadora de Dios; frente al amor como deseo y como m\u00e9rito (eros) el misterio de Dios que nos regala en Jesucristo su existencia (agape).<\/p>\n<p>Pues bien, matizando esa postura debemos afirmar que el eros y el agape se penetran, se enriquecen y completan. El eros representa el ser del mundo, es la tendencia natural de los vivientes que se expanden y realizan. Sin eso que llamamos el \u00abdeseo f\u00ed\u00adsico\u00bb del eros nuestro ser de humanos quiebra y se deshace.<\/p>\n<p>S\u00f3lo porque hay eros (porque el ser humano busca su propia plenitud) puede hablarse de agape (gesto de salida, de entrega hacia los otros). Pues bien, esta uni\u00f3n de eros y agape s\u00f3lo la podemos entender de una manera original en lo divino. El NT (1 Jn 4, 16) ha confesado de forma lapidaria que Dios mismo es agape, donaci\u00f3n de amor gratuito. Los cristianos lo interpretan ciertamente en nivel de econom\u00ed\u00ada salvadora: Dios es \u00e1gape entreg\u00e1ndose de forma gratuita hacia los hombres. Pero resulta necesario dar un paso m\u00e1s diciendo: Dios nos puede regalar su amor porque \u00e9l mismo es misterio de amor inmanente.<\/p>\n<p>Esta es la mejor definici\u00f3n de la Trinidad: es el agape de Dios, la comuni\u00f3n personal en que Padre e Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu se ofrecen y regalan de manera gratuita la existencia. Pero siendo agape (amor como regalo), Dios mismo es eros: es gozo de s\u00ed\u00ad mismo, plenitud ya realizada a modo de comuni\u00f3n entre personas. Al darse al Hijo (agape) el Padre encuentra su gozo y plenitud en ese Hijo (eros); por su parte, el Hijo halla y plenifica su propio ser (eros) cuando devuelve su misma realidad y plenitud al Padre (agape). Dando un paso m\u00e1s, podemos a\u00f1adir que el mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo es a la vez agape y eros: es gratuidad y gozo de amor compartido.<\/p>\n<p>Presentemos de otro modo el tema. El Padre se ha entregado en manos de su Hijo: no retiene absolutamente nada; nada deja en su reserva. Este es el principio del agape. Pues bien, en un milagro de absoluta comuni\u00f3n, el Hijo ha retornado nuevamente al Padre todo aquello que del Padre ha recibido. De esa forma, por medio del agape, encuentra el eros, el gozo m\u00e1s perfecto. En el juego de don y de respuesta, de gracia que se entrega y vida que retorna y se devuelve a modo de regalo, eros y agape se fecundan y completan. Aqu\u00ed\u00ad se ha desvelado el amor como divino. \u00bfQui\u00e9n es Dios? Aquel que, posey\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismo plenamente (Padre), se entrega plenamente suscitando al Hijo. De esa forma se define como encuentro. Es eros: gozo de s\u00ed\u00ad mismo. Es agape: donaci\u00f3n perfecta&#8217;.<\/p>\n<p>II. Amor y compasi\u00f3n: cristianismo y budismo<br \/>\nVenimos de esta forma hacia el oriente, tal como aparece reflejado en el budismo. En esta perspectiva el mundo se desvela como abismo de dolor que nos tritura, un gran molino que destroza a\u00f1o tras a\u00f1o, reencarnaci\u00f3n tras reencarnaci\u00f3n, nuestra existencia. Sobre ese presupuesto se edifica la palabra y el mensaje original de Buda, resumido en las cuatro \u00abnobles verdades\u00bb.<\/p>\n<p>Primera verdad: todo es dolor; dolor el nacimiento y la muerte, la uni\u00f3n y desuni\u00f3n; la vida entera sobre el mundo es un destino de separaci\u00f3n, impotencia y sufrimiento. Segunda verdad: el origen del dolor es el deseo, la sed de la existencia que nos tiene atadosa la rueda de una vida en la que estamos cautivados. Tercera verdad: para librarse del dolor es necesario extinguir los apetitos, desarraigando la ra\u00ed\u00adz de los deseos. Cuarta verdad: en este mundo de deseos destructores es posible hallar un camino salvador, la famosa v\u00ed\u00ada media que conduce a la superaci\u00f3n de los dolores, a trav\u00e9s de una disciplina mental, una concentraci\u00f3n intensa y una conducta \u00e9tica adecuada.<\/p>\n<p>L\u00f3gicamente, a partir de ese transfondo, Buda ha prescindido de los dioses. \u00bfQu\u00e9 ventaja puede haber en Dios si Dios se encuentra tambi\u00e9n dentro de esta rueda sufriente del destino? Sobre un mundo destructor como el nuestro no se puede hablar de lo divino. Es preferible hacer silencio y sobre el hueco de todas las im\u00e1genes sagradas buscar y recorrer aquel camino de ser y libertad que nos permita llegar hasta la meta de una vida liberada, no mundana (lo nirvana).<\/p>\n<p>Esto supone que los hombres son capaces de librarse del destino, desatarse de esta vida de dolor que en realidad es muerte. \u00bfC\u00f3mo? Por medio de un retorno al interior, por una vida desligada de apetitos, transformada, sin deseos. Este es el punto de partida y centro de toda la experiencia religiosa. A partir de aqu\u00ed\u00ad, el budismo ha elaborado un programa de amor impresionante, concibiendo la vida como solidaridad en el sufrimiento y compasi\u00f3n liberadora. Su primer rasgo se llama maitri o benevolencia. Quien ha sido iluminado y sabe c\u00f3mo puede superarse la cadena del destino y de la muerte se comporta de un modo dulce y discreto. Es cordial y es afectuoso. Nada puede perturbarle, nunca debe airarse. En medio deuna tierra dura y mala, destrozada por el odio, las pasiones y deseos, el aut\u00e9ntico budista sabe ser y comportarse de manera amable. Todo lo comprende, pero nada llega a perturbarle.<\/p>\n<p>En un segundo momento es necesario el dana: regalo o donaci\u00f3n. Su base es clara: todo sufre, se retuerce y gime en una tierra calcinada. El budista iluminado ya conoce su final de salvaci\u00f3n, pero igualmente sabe que el dolor es destructor y quiere, en lo posible, remediarlo o, por lo menos, no aumentarlo. Por eso act\u00faa bien e intenta ayudar al que est\u00e1 necesitado.<\/p>\n<p>Todo eso lleva a la karuna: compasi\u00f3n piadosa. En el fondo de ese gesto hallamos la intuici\u00f3n de que el dolor, siendo muy fuerte, puede superarse. En un primer momento, cada humano ha de asumir a solas su camino y alcanzar la libertad por medio de su propia actitud de desapego. Sin embargo, el verdadero iluminado sabe que no puede separarse de los otros, sufre su dolor, se compadece de ellos, y procura abrirles el camino de la libertad definitiva. Ese fue el gesto de Buda: una vez iluminado, descubierta su verdad e inmerso en una vida sin dolor y sin deseos, dej\u00f3 a un lado su propia plenitud transfigurada y ofreci\u00f3 su mensaje salvador a los necesitados.<\/p>\n<p>Esta experiencia del budismo representa una de las m\u00e1ximas conquistas de la historia humana. Quiz\u00e1 nunca se hab\u00ed\u00ada llegado tan arriba. Sin embargo, debemos a\u00f1adir que eso resulta a nuestro juicio insuficiente. Aqu\u00ed\u00ad falta el gozo de la gratuidad como amor positivo que lleva hacia los otros; falta la vivencia de la comuni\u00f3n, el encuentro interhumano como signo primigenio del misterio;y falta, sobre todo, un Dios activo y personal que nos ofrece amor desde su hondura efusiva, trinitaria. Llegamos en busca de eso al cristianismo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el cristianismo, m\u00e1s all\u00e1 del sufrimiento y el dolor del hombre se halla la fuerza creadora de Dios. El mundo es positivo; Dios mismo lo ha creado. Por eso, superando los dolores se puede llegar a la confianza originaria: es la actitud del que se pone en brazos de la vida descubriendo en ella los signos de presencia de Dios.<\/p>\n<p>Antes que la compasi\u00f3n del hombre est\u00e1 la compasi\u00f3n de Dios. Hay en la Biblia una palabra audaz, aventurada, milagrosamente fuerte: Dios tiene piedad de los hombres, am\u00e1ndoles desde el fondo de su mismo sufrimiento. Sobre esa base, se puede trazar luego una distinci\u00f3n. a) El Dios de Israel se compadece de los hombres pero queda fuera: sufre su dolor, le duele su miseria&#8230;, pero siempre se halla encima, est\u00e1 como guardado en su propia transcendencia. b) El Dios de Cristo ha dado un paso en adelante: penetra en la miseria de la historia, la padece en su interior y de ese modo la transforma.<\/p>\n<p>Verdadero compasivo en esta l\u00ed\u00adnea cristiana no es aquel que saca al otro de la muerte o quiere hacerle desligarse de la vida. Compasivo es el que crea -el que hace ser-, el que acompa\u00f1a en el dolor, el que transforma as\u00ed\u00ad la vida de los otros. Para el budismo, la compasi\u00f3n era elemento negativo: se debe acompa\u00f1ar a los hermanos para que ellos mismos se puedan desligar del sufrimiento y riesgo de la historia. El cristianismo, en cambio, sabe que s\u00f3lo es verdadera aquella compasi\u00f3n que nos convierte en creadores. S\u00f3lo es digno de crear quien introduce su existencia en lo creado, quien se arriesga con sus obras, quien padece en ellas y las lleva en el regazo de su propio sufrimiento. \u00c2\u00a1As\u00ed\u00ad ha creado Dios! Lo hace arriesg\u00e1ndose, queriendo que seamos escandalosamente libres, para solidarizarse despu\u00e9s con nuestra libertad y realizar nuestro destino. Por eso, la compasi\u00f3n es un gesto expansional de fuerza creadora: implica un movimiento de creatividad intensa, libre. Sobre la cruz del dolor de su Hijo, Dios ha decidido que este mundo permanezca y llegue a ser, cre\u00e1ndolo de un modo personal, comprometido.<\/p>\n<p>Pues bien, esta compasi\u00f3n creadora s\u00f3lo es posible all\u00ed\u00ad donde se aume el valor de las personas. Conforme a la vivencia del budismo, lo sagrado (Dios, Nirvana) ha de entenderse en forma negativa: es la libertad plena del pleno silencio, all\u00ed\u00ad donde no existe la multiplicidad ni las personas; por eso, el amor compasivo de los budistas consiste, en el fondo, en acompa\u00f1ar a los dem\u00e1s en el camino que lleva hacia la muerte o deshacimiento. Por el contrario, el cristianismo ha resaltado el valor de las personas: l\u00f3gicamente, la verdadera compasi\u00f3n consistir\u00e1 en amar a los dem\u00e1s como distintos, ayud\u00e1ndoles a ser independientes, creadores de s\u00ed\u00ad mismos.<\/p>\n<p>Esta actitud cristiana s\u00f3lo puede interpretarse y valorarse en perspectiva trinitaria: amar consiste en hacer que el otro sea. Por eso decimos que el Padre entrega su propia realidad (sustancia) al Hijo, haciendo de esa forma que se vuelva independiente (persona). Hijo y Padre se regalan y comparten la sustancia (divinidad) en gesto de amor compartido (en el Esp\u00ed\u00adritu). Los hombres de este mundo son imagen trinitaria: por eso han de ayudarse en gesto de compasi\u00f3n creadora, ofreciendo y compartiendo la existencia.<\/p>\n<p>En ese fondo debe interpretarse ahora la maitri o benevolencia, lo mismo que la lona o donaci\u00f3n y la karuna o compasi\u00f3n piadosa. El verdadero amor consiste en dar la vida al otro, haciendo as\u00ed\u00ad que el otro sea. Amor es igualmente el gesto de acogida: recibir lo que ofrece el otro, agradecer a Dios (y a los dem\u00e1s) el gran regalo de la vida. Amar es, finalmente, compartir. Por eso decimos que el amor es trinitario.<\/p>\n<p>Esta es la diferencia fundamental. El budismo no cree en la Trinidad: no ha sabido penetrar m\u00e1s all\u00e1 del silencio de Dios, descubriendo en el principio del Nirvana el gran misterio de la personalidad divina (amor del Padre y el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu); por eso no ha podido aceptar la encarnaci\u00f3n, no descubre la presencia de Dios en el mundo ni valora a las personas. Ciertamente, es buena la compasi\u00f3n budista; quiz\u00e1 es la forma suprema de amor que los hombres pueden descubrir sobre la tierra. Pero m\u00e1s all\u00e1 de esa compasi\u00f3n y su nirvana est\u00e1 el amor trinitario de Dios, encarnado en la vida y pascua de Jes\u00fas, el Cristo.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n del amor une en gran medida a cristianos y budistas, de manera que les hace compa\u00f1eros de camino en el esfuerzo por vencer la violencia de este mundo. Pero ese mismo amor separa luego a cristianos y budistas. M\u00e1s all\u00e1 de la negatividad del amor, los cristianos han descubierto el misterio activo de un Dios que siendo comuni\u00f3n personal eterna nos lleva al encuentrointerhumano (de ayuda dirigida hacia los otros) en camino sostenido por la Cruz y Pascua de Jes\u00fas, el Cristo&#8217;.<\/p>\n<p>III. Amor y Trinidad. La comuni\u00f3n divina<br \/>\nPrecisamos los supuestos del tema. Dios no es cosmos: no es el todo que se impone a cada una de las partes, ni es el juego de las partes que entrechocan, nacen, mueren en el todo. Dios no es sexo, no es la uni\u00f3n originaria de los dos grandes principios de la vida que se expanden y despliegan de manera hierog\u00e1mica; no es potencia masculina, ni es hondura femenina, ni la uni\u00f3n engendradora de ambos sexos. Dios no es eros separado: no es poder de ascenso-anhelo que nos lleva desde el mundo bajo, oscuro, hacia la luz originaria o amor pleno; no es lo de arriba como opuesto a nuestro abajo, ni tampoco el movimiento donde todo se vincula. Dios no es pura compasi\u00f3n, el gesto negativo del que deja los valores de este mundo mientras busca el verdadero ser en el rechazo de todos los dolores y deseos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es entonces? Con palabra de 1 Jn 4, 16 diremos de nuevo que es agape, el amor que se autoofrece y se regala a manos llenas para dar as\u00ed\u00ad la vida. Dios es la comuni\u00f3n originaria y transcendente que funda los caminos de los hombres y se asienta en su principio sin principio. Pues bien, por un misterio de apertura generosa que no podemos ni siquiera barruntar, el mismo Dios ha decidido expandir su comuni\u00f3n a nuestra historia, a trav\u00e9s del nacimiento y de la muerte de Jes\u00fas, el Cristo. Por esodecimos que es regalo de vida y de gracia.<\/p>\n<p>Dando un paso m\u00e1s podemos afirmar que esa comuni\u00f3n de Dios (misterio trinitario) ha de expresarse como metafisica del amor donde encontramos estos dos, planos. a) Por un lado el amor de Dios es fundamento de la historia: es la verdad, sentido y fuerza de la entrega de Jes\u00fas entre los hombres. b) Pero el amor es, a la vez, la hondura y la verdad eterna del encuentro primigenio que vincula al Padre con el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Nuestra fe se asienta en Jes\u00fas crucificado, Hijo de Dios, que nos ofrece su vida por la muerte. Arraigados en Jes\u00fas, hemos cre\u00ed\u00addo en el Padre que le env\u00ed\u00ada y resucita y aceptamos la fuerza de su Esp\u00ed\u00adritu. Por eso, la palabra trinitaria, como fe en el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu, resulta inseparable de la muerte de Jes\u00fas y viceversa. Una Trinidad sin el misterio de la cruz resultar\u00ed\u00ada idolatr\u00ed\u00ada; y una cruz sin el transfondo trinitario, sin abrirse al Padre en el Esp\u00ed\u00adritu, termina destruy\u00e9ndose en la tierra, convertida simplemente en muerte de la vida humana.<\/p>\n<p>A partir de aqu\u00ed\u00ad podemos llegar a una visi\u00f3n m\u00e1s honda del misterio. A lo largo de la historia hallamos varias formas de entender la Trinidad. Unos, sobre todo entre los viejos Padres griegos, toman como base el proceso de g\u00e9nesis de la realidad que se explicita y completa como ous\u00ed\u00ada, dynamis y energueia, es decir, en tres momentos. Los autores de occidente se han fijado m\u00e1s en la experiencia de una mente que, al saberse y al quererse, se disocia y distingue personalmente, desde dentro. Hegel ha empleado una dial\u00e9ctica de ideas&#8230; Yo he querido situarme en una l\u00ed\u00adnea que est\u00e1 cerca de Ricardo de san V\u00ed\u00adctor.<\/p>\n<p>Su argumento es como sigue: Dios es amistad activa, caridad y, por lo tanto, necesita dar y recibir, hacerse encuentro. No existe amor sin comuni\u00f3n, sin desprenderse de s\u00ed\u00ad mismo, darse al otro y encontrarse nuevamente a partir de su respuesta. Por eso, siendo amor originario, el Padre -que es principio divino sin principio- hace surgir gratuitamente al Hijo, para darle todo su misterio y realizar as\u00ed\u00ad el encuentro. Actuando de esa forma, el Padre aguarda: deja que a su vez el Hijo le responda. De ese modo surge la amistad en comuni\u00f3n: Hijo y Padre s\u00f3lo tienen ser en la medida en que lo entregan y comparten.<\/p>\n<p>A partir de aqu\u00ed\u00ad debemos dar un paso m\u00e1s. S\u00f3lo surge comuni\u00f3n definitiva si el amante y el amado concretizan su amor en un tercero, de tal forma que al mirarse y regalarse el uno al otro llevan su amor hasta la cumbre. Ese \u00abtercero\u00bb, como signo de unidad del Hijo con el Padre, ha recibido en la experiencia de la Iglesia un nombre: es el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Evidentemente, al emplear este modelo, Ricardo de san V\u00ed\u00adctor se ha basado en la familia. Pero en este mundo, los esposos y los hijos nunca llegan a ser amor eterno, ya perfecto. En eso se refleja la riqueza y tragedia de su historia. Dios, por el contrario, concretiza el amor de un modo pleno en el encuentro del Padre con el Hijo, tal como se expresa y plenifica en el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Este es el esquema de Ricardo de san V\u00ed\u00adctor. a) Dios es creatividad: vida que se expande de manera gratuita y total, sin recelos ni ego\u00ed\u00adsmos. As\u00ed\u00ad lo descubrimos en todo su proceso y de un modo especial en su principio, el Padre. b) Dios es amistad: la fuerza de la vida no se pierde de una forma arbitraria: al contrario, lo divino se realiza como encuentro entre personas. S\u00f3lo quien comprenda y vea unidos estos dos aspectos puede barruntar lo que supone el ser divino, como vida en comuni\u00f3n para expandir la vida. c) Ese misterio de unidad de Padre e Hijo ha de tomarse y entenderse como gracia o como amor hecho persona: es la santidad del mismo amor, la dualidad de aquel \u00abnosotros\u00bb personal y personalizante del Padre con el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu. Por eso, el Esp\u00ed\u00adritu no es un simple \u00e1mbito divino, un \u00abello\u00bb que no tiene caracteres de persona; el Esp\u00ed\u00adritu es la misma comuni\u00f3n del encuentro intradivino, la unidad donde, llevando a plenitud el m\u00ed\u00ado y tuyo, como sujetos contrapuestos, surge el nosotros personal de la gracia compartida, el Esp\u00ed\u00adritu de culminaci\u00f3n de lo divino.<\/p>\n<p>De esta forma se vinculan y de alg\u00fan modo se vinculan en clave de amor los dos principios fundamentales del cristianismo: la Trinidad de Dios y la encarnaci\u00f3n-pascua del Hijo. El mismo amor eterno de Dios (Trinidad inmanente) se despliega y revela en el amor hist\u00f3rico del Hijo Jesucristo, que muere en favor de los hombres, por fidelidad al reino (Trinidad econ\u00f3mica). En esta perspectiva, desde la revelaci\u00f3n pascual del amor del Hijo debe completarse la visi\u00f3n en principio un poco inmanentista de la Trinidad que tiene Ricardo de san V\u00ed\u00adctor. Desligado del mensaje y de la muerte, de la Pascua y vida de Jes\u00fas, el amor trinitario correr\u00ed\u00ada el riesgo de convertirse en una especie de especulaci\u00f3n gn\u00f3stica.<\/p>\n<p>IV. El Esp\u00ed\u00adritu Santo como amor personal<br \/>\nTres son, a mi juicio, las formas de entender la relaci\u00f3n entre el Esp\u00ed\u00adritu Santo y el amor como indicaremos brevemente en lo que sigue. Recordemos que la persona o personalidad del Esp\u00ed\u00adritu se encuentra velada en el misterio: podemos esbozar un poco su verdad, pero nunca llegaremos a entenderla plenamente.<\/p>\n<p>1. La primera perspectiva entiende la persona del Esp\u00ed\u00adritu en la l\u00ed\u00adnea de realizaci\u00f3n del ser que culmina su proceso am\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo. M\u00e1s que persona (en el sentido moderno), el Esp\u00ed\u00adritu es modo final de la personalizaci\u00f3n de un sujeto que, conoci\u00e9ndose, se ama, es decir, descansa en s\u00ed\u00ad mismo, ratificando y fijando su propia realidad. As\u00ed\u00ad puede llamarse \u00abculminaci\u00f3n de Dios\u00bb: su proceso personal queda completado y clausurado en el amor pleno del Esp\u00ed\u00adritu. Dios no es una l\u00ed\u00adnea siempre abierta que jam\u00e1s llega al descanso, no es un c\u00ed\u00adrculo que vuelve sin cesar sobre s\u00ed\u00ad mismo: es l\u00ed\u00adnea o c\u00ed\u00adrculo cumplido y la meta o realizaci\u00f3n de su proceso es el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por eso se le llama amor, porque en amor culmina el encuentro del ser (de Dios) consigo mismo. En esta perspectiva se pone de relieve el movimiento de la naturaleza divina que se sabe, dualiz\u00e1ndose en Padre e Hijo, y se ama, trinitariz\u00e1ndose en el Esp\u00ed\u00adritu. Los comentaristas suelen discutir sobre la forma en que Tom\u00e1sde Aquino ha concebido este proceso final de espiraci\u00f3n de amor en que surge el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Pero casi todos tienden a pensar que en esta l\u00ed\u00adnea el Esp\u00ed\u00adritu Santo no aparece como amor dual (de Padre e Hijo) sino como amor de esencia: es la naturaleza divina que, sabi\u00e9ndose (siendo Padre-Hijo) se ama a s\u00ed\u00ad misma.<\/p>\n<p>Padre e Hijo, separados entre s\u00ed\u00ad en el conocer, no se distinguen ya al amar. Por eso aman los dos como uno s\u00f3lo, con el amor de la esencia divina que vuelve hacia s\u00ed\u00ad y en s\u00ed\u00ad reposa. De esta forma se completa el proceso personal del Dios que es divino, persona, siendo due\u00f1o de s\u00ed\u00ad mismo, conoci\u00e9ndose y am\u00e1ndose. Situados ante esta soluci\u00f3n, los te\u00f3logos orientales ortodoxos han protestado en\u00e9rgicamente. Ellos suponen que esta forma de entender la uni\u00f3n de Padre e Hijo en el origen del Esp\u00ed\u00adritu supone un triunfo de la pura esencia: no ser\u00ed\u00adan ya las personas las que act\u00faan como tales sino la misma naturaleza de Dios que al amarse suscita (espira) el amor pleno y final del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>2. La segunda perspectiva entiende la persona del Esp\u00ed\u00adritu partiendo de la uni\u00f3n dual de Padre e Hijo como personas distintas que se aman. Hemos citado ya a Ricardo de san V\u00ed\u00adctor. Conforme a su visi\u00f3n, el Esp\u00ed\u00adritu Santo no es amor de esencia sino amor de personas que, ratificando su propia distinci\u00f3n, la sellan en gesto de entrega compartida. Los amantes son por tanto dos y su amor es rec\u00ed\u00adproco y s\u00f3lo puede mantenerse en la medida en que los dos son diferentes. Hay, un doble acto de amor, pero el amor con que se aman es el mismo, porque uno y otro se entregan de manera total, sin reservarse nada. Por eso, en esta l\u00ed\u00adnea, el Esp\u00ed\u00adritu Santo se puede interpretar como el amor de comuni\u00f3n hecho persona: no es amor de uno o de otro, es de los dos y de esa forma es \u00abmedio\u00bb que les une.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed\u00ad la reflexi\u00f3n de los diversos autores parece concordante. Las dificultades comienzan cuando se pretende precisar lo que supone esa Persona de Amor que es el Esp\u00ed\u00adritu. Para algunos, ella aparece como persona ambital, campo de amor en que se encuentran Dios y Cristo: es la fuerza de Dios de la que Cristo nace (y resucita); es el amor que Cristo ofrece al Padre para que nosotros podamos realizarnos.<\/p>\n<p>Para otros, el Esp\u00ed\u00adritu se entiende mejor como un nosotros de amor compartido. El yo y t\u00fa (del Padre y el Hijo) se encuentran originariamente unidos y s\u00f3lo existen en la medida (y a medida) que se relacionan. Pero aqu\u00ed\u00ad debemos descubrir el tercer elemento: en el fondo del yo-t\u00fa se halla el nosotros, no como algo externo o posterior, que les adviene desde fuera, sino como la misma hondura de su encuentro; \u00e9sta es la analog\u00ed\u00ada m\u00e1s honda del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>3. La \u00faltima perspectiva ha interpretado el Esp\u00ed\u00adritu como un Tercero com\u00fan que surge del amor de Padre e Hijo. Esta es la l\u00ed\u00adnea que ha desarrollado de manera cl\u00e1sica Ricardo de san V\u00ed\u00adctor, al hablar del \u00abcondilectus\u00bb. El Esp\u00ed\u00adritu desborda el nivel de amor com\u00fan (plano ambital); es m\u00e1s que la unidad de amor dual o \u00abcondilectio\u00bb (co-amor) que constituye el sentido del nosotros; el Esp\u00ed\u00adritu es aquel a quien Padre e Hijo aman en com\u00fan, es decir el Amigo de Dos o condilecto.<\/p>\n<p>En otras palabras, Hijo y Padre no se limitan a mirarse uno al otro, en amor compartido o com\u00fan. Ambos se unen y \u00abmiran juntos\u00bb (en mirada que es de los dos) hacia un tercero, que es como fruto del amor que ambos se tienen. Este amor de dos, convertido en nueva persona, como nuevo centro de vida y conciencia es el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>El nosotros del amor s\u00f3lo culmina y encuentra su sentido pleno all\u00ed\u00ad donde suscita un tercero a quien los dos aman unidos. Ya no se limitan a mirarse uno hacia el otro, en transparencia rec\u00ed\u00adproca: ambos unifican su mirar y miran juntos hacia aquel que es fruto de su amor compartido. Ese tercero, a quien podemos llamar amado de los dos no es propiedad de uno o de otro: es gracia y don que surge de la vida compartida. Por eso es el tercero, est\u00e1 en el fin, como culmen del proceso trinitario. Pero, al mismo tiempo, debemos concebirle como centro o medio en que se implican Hijo y Padre (cf. Santo Tom\u00e1s, S. Th. 1, 37, 1 ad 3): ellos (Padre e Hijo) s\u00f3lo pueden vincularse y son distintos cuando est\u00e1n amando juntos a un tercero (Esp\u00ed\u00adritu) que les sirve de centro y les vincula. Por eso, mostr\u00e1ndose en el fin, el Esp\u00ed\u00adritu es garant\u00ed\u00ada del principio: sostiene y culmina todo el proceso trinitario.<\/p>\n<p>Estas observaciones pueden parecer un poco abstractas, separadas de la vida. Sin embago, bien miradas, ellas constituyen el centro y culmen de toda la filosof\u00ed\u00ada personalista de los \u00faltimos decenios. En otro tiempo, en la l\u00ed\u00adnea de una definici\u00f3n que proviene de Boecio, se sol\u00ed\u00ada definir a la persona en clave de \u00absustancia\u00bb (rationalis naturae individua substantia). Es persona el ser racional que existe por s\u00ed\u00ad mismo, en forma individual. Pues bien, de esa manera resultaba muy dif\u00ed\u00adcil entender la Trinidad: la que importa es la uni\u00f3n del ser consigo mismo (la autosuficiencia individual); el amor viene a entenderse como algo posterior o secundario.<\/p>\n<p>Pues bien, conforme a la visi\u00f3n que aqu\u00ed\u00ad he esbozado, visi\u00f3n que culmina en la teolog\u00ed\u00ada trinitaria del Esp\u00ed\u00adritu Santo, no se puede hablar de ser (sustancia) para referirse s\u00f3lo luego al amor, como si fuera algo ulterior o derivado. Conforme a la postura que defiendo, apoyado en la teolog\u00ed\u00ada trinitaria m\u00e1s representativa de occidente, la misma realidad de las personas viene a definirse como amor, es decir, como relaci\u00f3n de generosidad y acogida, como entrega mutua y vida que surge de la comuni\u00f3n dual (del Padre y el Hijo).<\/p>\n<p>V. Trinidad y metaf\u00ed\u00adsica de amor. Sentido de Cristo<br \/>\nLa metaf\u00ed\u00adsica de occidente se ha elaborado en forma pretrinitaria, a partir del an\u00e1lisis del ser o de los entes, conforme a una visi\u00f3n que ha sido precisada y criticada en los \u00faltimos decenios por M. Heidegger. Pero Heidegger parece empe\u00f1ado en volver a la \u00abfuente griega\u00bb, tal como estar\u00ed\u00ada reflejada en los primeros pensadores (los presocr\u00e1ticos). S\u00f3lo de esa forma se podr\u00ed\u00ada superar la divisi\u00f3n (o escisi\u00f3n) establecida ya tras Plat\u00f3n entre el ser y los entes.<\/p>\n<p>Pienso que esa cr\u00ed\u00adtica de Heidegger resulta en el fondo muy parcial y limitada. El problema no est\u00e1 en el \u00abolvidodel ser\u00bb, en la cosificaci\u00f3n de la realidad, tal como ha venido a culminar en la visi\u00f3n instrumentalista y t\u00e9cnica de la cultura de occidente. El problema est\u00e1 en el olvido de las personas o, mejor dicho, en el eclipse del amor cristiano.<\/p>\n<p>Existe cosificaci\u00f3n en la cultura de occidente, existe el riesgo de manipular la realidad y destruir al ser humano. Pero ese riesgo no viene del olvido del ser (entendido en forma filos\u00f3fica) sino de la falta de amor o, mejor dicho, de la destrucci\u00f3n del valor de la persona, tal como ella viene a revelarse en Jesucristo.<\/p>\n<p>Hemos definido a la persona como forma del amor. Cada persona es un momento de amor y \u00fanicamente existe en gesto de relaci\u00f3n gratificante. El ser s\u00f3lo es persona en la medida en que se da y se acoge, en la medida en que se ofrece y se comporte. Por eso, las personas trinitarias son las formas fundantes del amor. Son eso que pudi\u00e9ramos llamar el amor originario, m\u00e1s all\u00e1 del puro nirvana (budismo) y de la eternidad del bien que todo lo atrae, sin entregarse a s\u00ed\u00ad mismo (platonismo)<br \/>\nDios es amor o, mejor dicho, las tres formas del amor fundante: es el amor como donaci\u00f3n, acogida y encuentro personal. Es don eterno de s\u00ed\u00ad (Padre) y es eterna receptividad (Hijo) y es comuni\u00f3n eterna del Padre y el Hijo que suscitan juntos al Esp\u00ed\u00adritu, como verdad y plenitud del amor compartido. M\u00e1s all\u00e1 de este encuentro de amor no existe nada: no hay \u00abser\u00bb ni existen entes. Este es el misterio, es el punto de partida de todo lo que pueda darse sobre el mundo.<\/p>\n<p>Este \u00abdiscursq del amor trinitario\u00bb, esta metaf\u00ed\u00adsica que habla de las tres formas fundantes de la personalidad, nos sit\u00faa en el l\u00ed\u00admite de todas las palabras: all\u00ed\u00ad donde el silencio es pleno es tambi\u00e9n pleno el misterio. En el principio no est\u00e1 el ser ni est\u00e1n los entes; en el principio se encuentran las personas, el Padre que genera al Hijo, el Hijo engendrado, la comuni\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Esta es la fe m\u00e1s honda: es la experiencia fundante de los fieles. Por eso no podemos demostrarla ni probarla con razones. Esta es la verdad que la Iglesia proclama en su Credo cuando dice que \u00abcree\u00bb en el Padre, en el Hijo y en el Esp\u00ed\u00adritu. Pues bien, a partir de esta experiencia fundante puede y debe darse el pensamiento, conforme a la sentencia famosa de san Anselmo: \u00abfides quaerens intellectum\u00bb; la fe da que pensar, nos capacita para formular y conocer de forma nueva todas las realidades, especialmente la realidad del amor en las personas.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 Hegel a pensar en el amor, para convertirlo en principio de su sistema de filosof\u00ed\u00ada. Pero luego prefiri\u00f3 dejarlo a un lado, construyendo un sistema de dial\u00e9ctica l\u00f3gica (racional). Juzgo que su opci\u00f3n result\u00f3, en su m\u00e1s honda ra\u00ed\u00adz, equivocada. Necesitamos un nuevo Hegel, pero un Hegel distinto, que sea capaz de pensar la realidad desde el amor, pero no como discurso l\u00f3gico sino en forma de camino comprometido de entrega mutua. Porque el amor no se puede pensar en forma abstracta sino en clave de entrega compartida, de compromiso por los otros.<\/p>\n<p>Pensar el amor significa vivirlo, convertirlo en principio de existencia. Esto es lo que ha hecho el Cristo. En f\u00f3rmula muy bella, la teolog\u00ed\u00ada ha concebido a Jes\u00fas como representante de Dios (mediador, revelador del Padre): representa y realiza en el mundo, en forma plena (homoousios), la hondura y verdad del amor trinitario. En otras palabras, Jes\u00fas se atreve a \u00abrepresentar a Dios sobre el mundo\u00bb, en gesto de entrega por el reino, en actitud de amor comprometido, fuerte, intenso. Este amor por los otros (por el reino) ha puesto a Jes\u00fas en manos de los hombres; en favor de ellos se ha entregado, padeciendo la violencia de ellos ha muerto.<\/p>\n<p>De este modo ha revelado (ha representado y realizado) sobre el mundo todo el misterio del amor trinitario. Por eso, la metaf\u00ed\u00adsica del amor, interpretada en clave trinitaria en forma de don-acogida-encuentro personal (Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu) viene a expresarse de un modo concreto en el mensaje y vida, en la entrega y muerte de Jes\u00fas. Por eso, conocer a Jes\u00fas y recibirle es recibir y conocer el amor de Dios, en actitud de amor responsable.<\/p>\n<p>Nadie conoce el amor desde fuera, como un espectador que mira hacia las cosas que pasan en la calle. S\u00f3lo puede conocerlo el que lo vive, identific\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo con el proceso de acogida y entrega, de pasividad, de comunicaci\u00f3n y comuni\u00f3n que es la vida trinitaria. As\u00ed\u00ad lo ha mostrado Jes\u00fas, en gesto fuerte de acci\u00f3n (su mensaje de reino) y de pasi\u00f3n (se deja en manos del Padre Dios, poni\u00e9ndose en manos de los hombres). Por eso dice la revelaci\u00f3n cristiana que Jes\u00fas ha desplegado sobre el mundo el misterio pleno del amor que es el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>De esta forma debemos recordar que el amor no suplanta a Dios (como quer\u00ed\u00ada Feuerbach) sino que lo revela yactualiza. All\u00ed\u00ad donde el amor es pleno no se puede ya afirmar que resulta innecesaria la presencia de Dios. Al contrario, si el amor es pleno se supone que Dios est\u00e1 presente, como indica Mt 25, 31-46. Est\u00e1 presente Dios en los pobres y peque\u00f1os de este mundo; y est\u00e1 tambi\u00e9n en aquellos que ayudan a los pobres, haciendo as\u00ed\u00ad posible el surgimiento de la solidaridad gratuita y creadora sobre el mundo.<\/p>\n<p>La pascua de Jes\u00fas, esto es la revelaci\u00f3n plena del amor trinitario. Por eso, la metaf\u00ed\u00adsica del amor que aqu\u00ed\u00ad estamos esbozando carece de sentido si no lleva a la exigencia del gesto liberador, a la entrega en favor de los pobres, a la transformaci\u00f3n de esta sociedad injusta. Los que emplean m\u00e9todos de fuerza violenta y de opresi\u00f3n injusta para cambiar a los dem\u00e1s muestran as\u00ed\u00ad que no creen en el amor, no creen en la Trinidad de Dios ni en la pasi\u00f3n-pascua de Cristo. Pero aquellos que confiesan con la boca la Trinidad pero no liberan a los otros, ni se entregan gratuitamente por ellos creen de mentira. Para ellos, la Trinidad se ha convertido en una especie de especulaci\u00f3n gn\u00f3stica que sirve para sacralizar el orden establecido; la Trinidad se diluye en una mala metaf\u00ed\u00adsica. S\u00f3lo aquellos que expresan la Trinidad en hermen\u00e9utica de cruz-pascua, s\u00f3lo aquellos que explicitan el encuentro personal divino en categor\u00ed\u00adas de reino de Jes\u00fas, de entrega liberadora por los otros, han cre\u00ed\u00addo de verdad en la Trinidad tal como ella viene a revelarse en Cristo.<\/p>\n<p>Llegamos de esa forma al centro y culmen de toda nuestra exposici\u00f3n: el amor de Dios es Cristo, entregado por los hombres, en camino de liberaci\u00f3npascual. Por eso, el sentido del amor trinitario (inmanencia de Dios) s\u00f3lo se comprende y vive en la fidelidad al camino de Jes\u00fas (Trinidad econ\u00f3mica). Por otra parte, el amor de Jes\u00fas s\u00f3lo alcanza su plenitud y s\u00f3lo se desvela en verdad como divino (originario, fuente y cima de todo lo que existe) all\u00ed\u00ad donde viene a expresarse desde el misterio trinitario como revelaci\u00f3n plena y representaci\u00f3n total de la Trinidad.<\/p>\n<p>[ -> Budismo; Comuni\u00f3n; Helenismo; Persona y personificaci\u00f3n; Ricardo de san V\u00ed\u00adctor; Trinidad.]<br \/>\nBIBLIOGRAFIA: F. ALBERONI, L&#8217;amicizia, Garzanti, Milano 1984; E. BRUNNER, Pros und Liebe, Berlin 1937; M. C. D&#8217;ARcY, La Double nature ele l&#8217;amour, Aubier, Paris 1947; J. DELASALLE y T. VAN TOAN, Quand l&#8217;amour \u00e9cllpse Dieu, Cerf, Paris 1984; G. GARGAM, LAmour et la mort, Seuil, Paris 1959; E. JONGEL, Gott als Geheimnis der Welt, Mohr, T\u00fcbingen 1977, 409-543; C.S. LEWIS, TITe Four Leves, Collins, Clasgow 1960; H. M\u00dcHLEN, Der Heilige Geist al Person, Aschendorff, M\u00fcnster 1969; A. NYGREN, Er\u00f3s et Agape, I\/II, Aubier, Paris 1962; X. PIKAZA, Palabra de amor, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1983; D. DE ROUGEMONT, L&#8217;amour et l&#8217;Occident, Plon, Par\u00ed\u00ads 1939; S. SrtcQ, Agape dans le N. T., I\/III, Gabalda, Paris 1960; V. WARNACH, Agape. Der L\u00ed\u00adebe alt Grundmotiv der nt. Theologie, Patmos, D\u00fcsseldorf 1951; F.D. WILHELMSEN, La metaf\u00ed\u00adsica del amor, Rialp, Madrid 1964.<\/p>\n<p>Xabier Pikaza<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Es la palabra clave de la fe cristiana y su contenido cre\u00ed\u00adble. Sin el amor el cristianismo dejar\u00ed\u00ada de existir y &#8211; se convertir\u00ed\u00ada en simple gnosis. La comprensi\u00f3n teol\u00f3gica del amor no parte de la experiencia humana del mismo, va que \u00e9sta ha de considerarse, en todo caso, como demasiado limitada, en cuanto que est\u00e1 sujeta al l\u00ed\u00admite y a la contradicci\u00f3n t\u00ed\u00adpica de la naturaleza creada; parte m\u00e1s bien del acontecimiento mismo de la revelaci\u00f3n, que es en s\u00ed\u00ad mismo amor. Efectivamente, la revelaci\u00f3n de Dios se puede comprender a la luz del amor misericordioso, en el que Dios se da a la humanidad sin m\u00e1s raz\u00f3n que la de amar totalmente, sin posibilidad de recibir un intercambio coherente con su amor. Toda la historia de la revelaci\u00f3n de Dios puede leerse a la luz de un amor que se expresa y se revela progresivamente hasta el don pleno y total de s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n de la concepci\u00f3n cristiana del amor es el misterio pascual. A partir de este centro es posible concretar la historia del amor divino. La cruz deja vislumbrar al mismo tiempo la libertad de Dios en su entrega por amor y el don pleno y total que lleva a cabo de s\u00ed\u00ad mismo: \u00bb Nadie tiene poder para quitarme la vida; soy vo quien la dov por mi propia voluntad\u00bb (Jn 10,18). En la muerte del Hijo, Dios permite que se conozca el misterio de su amor dentro de la misma vida trinitaria. En efecto, la naturaleza de Dios es simple amor.<\/p>\n<p>Entre los muchos atributos que se aplican a Dios en la Escritura, por primera y \u00fanica vez la carta de Juan dir\u00e1 que ~(Dios es amor\u00bb (1 Jn 4,8). El valor de esta expresi\u00f3n para la fe es enorme; tocamos aqu\u00ed\u00ad realmente la cima de la revelaci\u00f3n, en cuanto que se afirma que este amor es origen y 6n de la vida trinitaria de Dios y forma mediante la cual \u00e9l se dirige a la humanidad.<\/p>\n<p>A partir de este centro van tomando cuerpo las diversas expresiones de amor que pertenecen a la historia de la revelaci\u00f3n. En primer lugar, se ve la creaci\u00f3n como el falto de un Dios que ama. Mediante la creaci\u00f3n, cada uno puede reconocer el amor con el que Dios se expresa (Rom 1,20) y comprender su existencia. Las vicisitudes que llevan a Israel a constituirse como pueblo deben leerse a la luz de un amor que escoge y elige, que defiende y libera, que protege y mantiene sus promesas. A pesar de las repetidas infidelidades del pueblo, Dios corresponde siempre a trav\u00e9s del perd\u00f3n y de la protecci\u00f3n que definen la praxis de su amor. Los profetas hablan en varias ocasiones del amor de Dios a Israel a partir de la misma experiencia del amor conyugal. Oseas puede ser considerado como el autor que m\u00e1s manifiesta esta tendencia. El fue llamado por Yahveh para imprimir en su historia matrimonial el drama del amor genuino de Dios a su pueblo y las repetidas infidelidades de \u00e9ste. No est\u00e1n lejos de esta perspectiva otros profetas, como Ezequiel y Jerem\u00ed\u00adas. El primero utiliza m\u00e1s la categor\u00ed\u00ada de la fidelidad de Yahveh a su promesa y su intenci\u00f3n de renovar su alianza con el pueblo: el segundo, por su parte, recuperando el mismo lenguaje metaf\u00f3rico, afirma:<br \/>\n\u00abCon amor eterno te amo, por eso te mantengo mi favor\u00bb (Jr 31,36). De todas formas, en muchos aspectos esta etapa de la revelaci\u00f3n del amor sigue estando marcada por una fuerte connotaci\u00f3n, que podr\u00ed\u00ada definirse como \u00abcontractual\u00bb El Dios que ama es el que lleva a cabo una alianza y el que da una ley que ha de observarse so pena de perder su protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 el acontecimiento de la encarnaci\u00f3n el que, poniendo de relieve el compromiso mismo de Dios en primera persona, garantizar\u00e1 la expresividad plena de su amor. Aqu\u00ed\u00ad no hay ya mediaciones, sino que Dios se revela directamente a s\u00ed\u00ad mismo. La comunidad cristiana, a la luz del acontecimiento pascual, se ver\u00e1 a s\u00ed\u00ad misma como objeto de un amor peculiar por parte del Padre. En efecto, los creyentes, en virtud del amor con que son amados, pueden superar todas las dificultades y vencer incluso al enemigo \u00faltimo que se les presenta. la muerte: \u00abSi Dios est\u00e1 con nosotros, \u00bfqui\u00e9n estar\u00e1 contra nosotros\u00c2\u00a0?&#8230; Nada podr\u00e1 separarnos del amor de Dios\u00bb (Rom 8.31 -39).<\/p>\n<p>El amor de Dios se convierte en principio para la comunidad, que ha de vivir ese mismo amor con que es amada. Por tanto, el amor pasa a ser el signo expresivo que, durante siglos.<\/p>\n<p>tendr\u00e1 que caracterizar a la vida de los cristianos. Constituye ((el mandamiento antiguo que ten\u00e9is desde el principio\u00bb (1 Jn 2,7-8) y que figura como condici\u00f3n para ser reconocidos como cristianos: \u00abjMirad c\u00f3mo se aman!\u00bb, dec\u00ed\u00adan los paganos en los primeros tiempos de la Iglesia para reconocer a los creyentes: esta invitaci\u00f3n deber\u00ed\u00ada escucharse de nuevo tambi\u00e9n en nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>El amor es tambi\u00e9n criterio para juzgar de la verdadera fe. A partir de las palabras tan claras de la carta de Santiago: \u00abT\u00fa tienes fe, yo tengo obras: mu\u00e9strame tu fe sin las obras, que yo por las obras te har\u00e9 ver mi fe\u00bb (Sant 2, 18). a lo largo de toda la historia de la teolog\u00ed\u00ada, hasta llegar a la enc\u00ed\u00adclica de Juan Pablo II Dives in misericordia, el amor se presenta como la norma \u00faltima del obrar cristiano y como el fundamento de la fe. En efecto, existe una circularidad entre la fe y el amor que permite verificar siempre tanto la din\u00e1mica de la fe como el testimonio de los creyentes.<\/p>\n<p>Ha sido santo Tom\u00e1s de Aquino el que, m\u00e1s que los otros te\u00f3logos, ha tenido el m\u00e9rito de organizar arm\u00f3nicamente la relaci\u00f3n entre la fe y el amor:<br \/>\nescribe efectivamente que \u00bb el amor es forma de la fe, en cuanto que a trav\u00e9s del amor la fe alcanza su perfecci\u00f3n\u00bb (11111, 4. 4). De cualquier forma, toda la teolog\u00ed\u00ada de san Juan y de san Pablo es el fundamento para comprender esta circularidad, en la que siempre es el amor el que tiene la prioridad.<\/p>\n<p>Finalmente, la expresi\u00f3n m\u00e1s significativa puede verse en el llamado \u00abhimno a la caridad\u00bb (1 Cor 13.1-13):<br \/>\n\u00abSin la caridad no soy nada\u00bb. El ap\u00f3stol describe aqu\u00ed\u00ad el amor como la condici\u00f3n constitutiva del ser creyente y ve este amor en la persona del mismo Jes\u00fas. Todo ser\u00e1 in\u00fatil en la vida creyente, incluso el acto supremo con que se decide a ofrecer su propia vida en el martirio, si queda situado fuera del horizonte del amor. En una palabra, el que no ama no puede creer que Dios se haya revelado y por tanto no puede pensar en realizarse a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>El amor, en la comprensi\u00f3n cristiana, sigue estando en el centro del misterio. Esto significa que s\u00f3lo podr\u00e1 comprenderse a la luz de una revelaci\u00f3n que sea capaz al mismo tiempo de expresarlo y de protegerlo. En efecto, el amor no se podr\u00e1 definir nunca a trav\u00e9s de un lenguaje que sepa expresarlo por completo: en ese mismo momento quedar\u00ed\u00ada totalmente destruido. S\u00f3lo podr\u00e1 concebirse y comprenderse cuando se muestre abierto y din\u00e1mico para expresar la totalidad de la persona, de tal manera que sepa poner en evidencia la presencia de la gratuidad y del don. Un amor que no fuese don no ser\u00ed\u00ada digno ni de Dios ni de la persona: por consiguiente, estar\u00ed\u00ada siempre sometido al equ\u00ed\u00advoco del ego\u00ed\u00adsmo en sus formas m\u00e1s sutiles. S\u00f3lo cuando se accede al amor en el horizonte del ser amado es posible comprender que tambi\u00e9n uno est\u00e1 en disposici\u00f3n de amar.<br \/>\nR. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: H. U. von Balthasar, S\u00f3lo el amor es digno de fe, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1971. G. Martelet. L.a existencia humana y el amor, DDB, Bilbao 1970; S. de Guidi, Amistad y amor, en DTI, 1, 370-399.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>La tarea espec\u00ed\u00adfica de la teolog\u00ed\u00ada fundamental es entender e interpretar la credibilidad de la autorrevelaci\u00f3n de Dios, verificada definitivamente a trav\u00e9s de Jesucristo. Esta autocomunicaci\u00f3n divina en la historia humana alcanz\u00f3 su cl\u00ed\u00admax con el misterio pascual y el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Incuestionablemente, los te\u00f3logos fundamentales deben dirigir su atenci\u00f3n tambi\u00e9n a otros asuntos. Sin embargo, dos puntos primordiales, que dan a su disciplina su car\u00e1cter b\u00e1sico son la revelaci\u00f3n y la resurrecci\u00f3n, entendidas ambas, no s\u00f3lo dogm\u00e1tica, sino tambi\u00e9n apolog\u00e9ticamente. De modo particular la naturaleza y credibilidad de la autorrevelaci\u00f3n de Dios y la resurrecci\u00f3n de Cristo de entre los muertos son iluminadas por el tema del amor.<\/p>\n<p>1. REVELACI\u00ed\u201cN. Dios se ha manifestado en y a trav\u00e9s del universo creado. El acto de la creaci\u00f3n puede con raz\u00f3n ser considerado como el signo primordial que manifiesta la benevolencia divina. El amor es una complacencia que quiere y trabaja por el bien de los otros. El Dios revelado en el acto de la creaci\u00f3n es un Dios que da su benepl\u00e1cito a los seres humanos y a su mundo, y con poder divino eficaz dice: \u00abYo quiero que exist\u00e1is\u00bb.<\/p>\n<p>Aun reconociendo la revelaci\u00f3n de Dios comunicada a trav\u00e9s de las obras y se\u00f1ales de la naturaleza (p.ej., G\u00e9n 9,12-17; Job 38-39; Sal 19,1-6; Sab 13,1-9), el AT da prioridad, sin embargo, a la automanifestaci\u00f3n de Dios en la historia humana. Dios intervino de manera especial al elegir un pueblo, sacarlo de la cautividad y guiar as\u00ed\u00ad su historia, revel\u00e1ndoles cada vez m\u00e1s claramente su amor divino. Un antiguo credo que confiesa las poderosas haza\u00f1as del Se\u00f1or reveladas en la experiencia del \u00e9xodo y en la conquista de Cana\u00e1n (Dt 26,510) no habla expl\u00ed\u00adcitamente del amor divino, pero presenta con toda claridad un Dios cuya constante preocupaci\u00f3n ha bendecido continuamente al pueblo.<\/p>\n<p>La propia vida de Oseas dramatiza el amor salvador y compasivo de Dios a Israel. El profeta es testigo de un amor muy personal del Se\u00f1or, marido que no abandonar\u00e1 a su pueblo prostituido (Os 1,2-3,5). El segundo Isa\u00ed\u00adas describe a Dios \u00abgimiendo como mujer en parto\u00bb (Is 42 14) o como una mujer que ha dado a luz y llevado consigo a Israel (Is 46,3-4; 49,15). Los profetas, entre otros, se sienten obligados a describir a Dios como madre, padre o esposa (p.ej., Dt 32,6). No pueden hacer de otro modo, desde el momento en que han experimentado a Dios como el que ama, salva y se ha volcado en ellos con ternura.<\/p>\n<p>El Vaticano II se inspira tanto en el AT como en el NT al describir la revelaci\u00f3n de Dios, que, \u00abpor la abundancia de su amor\u00bb, nos habla como a amigos y nos invita a su divina amistad (DV 2). Esta autocomunicaci\u00f3n de Dios (DV 6) no es actividad que busca su satisfacci\u00f3n, sino nuestra salvaci\u00f3n mediante una estructura sacramental de palabras y obras (DV 2). Las palabras iluminan y expresan el valor revelador y salvador de las obras, que de otro modo podr\u00ed\u00adan quedarse en meros acontecimientos an\u00f3nimos y sin sentido.<\/p>\n<p>El punto culminante de la autocomunicaci\u00f3n divina lleg\u00f3 con Jesucristo y los acontecimientos de su vida, muerte y resurrecci\u00f3n. En la Redemptor hominis, carta enc\u00ed\u00adclica de 1979, que, como su segunda enc\u00ed\u00adclica de 1980 (Dives in misericordia), tiene mucho que ense\u00f1ar sobre la revelaci\u00f3n, Juan Pablo II habla de \u00abla revelaci\u00f3n de amor\u00bb de Dios, que es tambi\u00e9n \u00abdescrita como misericordia\u00bb. Y a\u00f1ade: \u00abEn la historia humana esta revelaci\u00f3n ha tomado una forma y un nombre: Jesucristo\u00bb (Redemptor hominis 9). La esencia de la autocomunicaci\u00f3n divina en Cristo se ha formulado diciendo: \u00abDios es amor\u00bb (1Jn 4,8.16).<\/p>\n<p>No es que la revelaci\u00f3n del amor de Dios estuviera ausente en el AT. Ya hemos visto antes c\u00f3mo los profetas, entre otros, dan testimonio del intenso amor personal de Dios a Israel. Semejante evidencia contradice el antiguo dicho: Dios ha revelado su justicia en el AT y su amor en el NT.<\/p>\n<p>Lo que Cristo trae, sin embargo, es, en primer lugar, la presencia visible, tangible y audible del \u00abEmanuel, el Dios con nosotros\u00bb (Mt 1,23). En segundo lugar, Dios es revelado ahora como tripersonal. El Padre es conocido como la fuente \u00faltima de la vida y el amor divinos. El Hijo es la presencia perceptible de ese amor. El Esp\u00ed\u00adritu Santo es experimentado como el don de amor (Rom 5,5), que nos impulsa a la realizaci\u00f3n escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Los evangelios sin\u00f3pticos hablan poco de \u00abamor\u00bb cuando presentan el ministerio de Jes\u00fas. Lucas, por ejemplo, no introduce el lenguaje del amor ni siquiera en la m\u00e1s intensa expresi\u00f3n del amor misericordioso de Dios al perdido y pecador: la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo. Lo que los sin\u00f3pticos describen es una autorrevelaci\u00f3n de amor en palabras y obras, en gran parte impl\u00ed\u00adcita, pero extraordinariamente real. Jes\u00fas obedeci\u00f3 a su Padre, sirvi\u00f3 a los dem\u00e1s, sufri\u00f3 por ellos, los cur\u00f3, se entreg\u00f3 con generosidad sin l\u00ed\u00admites y, finalmente, muri\u00f3 en una cruz entre dos malhechores a los que ofreci\u00f3 su compasi\u00f3n y misericordia divinas. Jes\u00fas fue el amor personificado. Su crucifixi\u00f3n, sin embargo, dej\u00f3 la pregunta abierta: \u00bfEs este amor obediente, en \u00faltima instancia, autodestructivo y est\u00e1 condenado al fracaso del vac\u00ed\u00ado (Flp 2,8)?<\/p>\n<p>2. RESURRECCI\u00ed\u201cN. La resurrecci\u00f3n del Jes\u00fas crucificado revel\u00f3 \u00abel amor del Padre que es m\u00e1s poderoso que la muerte\u00bb (Dives in misericordia 8). El di\u00e1logo de amor entre Jes\u00fas y su Padre, interrumpido (al menos en lo que respecta a la humanidad de Jes\u00fas) por el silencio de la muerte, es reanudado ahora de una manera plena y definitiva. Para usar la frecuente imagen del NT, Jes\u00fas es exaltado al cielo y est\u00e1 sentado a la derecha del Padre (p.ej., He 2,33; Rom 8,34; Col 3,1).<\/p>\n<p>El misterio pascual se puede examinar e interpretar en claves diversas: por ejemplo, como el punto culminante de la redenci\u00f3n humana, como el fundamento de la fe cristiana y como la base de todas nuestras esperanzas. Ninguna aproximaci\u00f3n puede esperar jam\u00e1s penetrar el misterio. Sin embargo, la revelaci\u00f3n eficaz y definitiva del amor de Dios es quiz\u00e1 la clave m\u00e1s apropiada para interpretar la resurrecci\u00f3n del Jes\u00fas crucificado.<\/p>\n<p>No es casual que en el evangelio de Juan, desde el cap\u00ed\u00adtulo 11, a medida que el misterio pascual se acerca, el lenguaje del amor desempe\u00f1e un papel cada vez m\u00e1s destacado. La \u00faltima cena y los discursos de despedida de Jes\u00fas comienzan (Jn 13,1) y terminan (Jn 17,26) con ese lenguaje. En realidad, la oraci\u00f3n final de Jes\u00fas, que interpreta la finalidad y el prop\u00f3sito de su muerte inminente y de su resurrecci\u00f3n, concluye con una petici\u00f3n al Padre en favor de. los disc\u00ed\u00adpulos, \u00abque el amor que t\u00fa me tienes est\u00e9 en ellos, y yo tambi\u00e9n est\u00e9 en ellos\u00bb (Jn 17,26).<\/p>\n<p>Al resucitar de entre los muertos, Jes\u00fas funda finalmente su comunidad de amor, la Iglesia, que ser\u00e1 descrita con im\u00e1genes nupciales (Ef 5,21-33; Ap 21,2-9). Durante su vida terrena, Jes\u00fas ha sido el signo visible y el s\u00ed\u00admbolo viviente de su Padre -tema expresado cl\u00e1sicamente en las palabras de Jes\u00fas a Felipe, \u00abel que me ha visto a m\u00ed\u00ad ha visto al Padre\u00bb (Jn 14,9)-. Con su muerte y resurrecci\u00f3n, Jes\u00fas mismo ya nunca ser\u00e1 visto de modo directo e inmediato. Su comunidad pasa a ser de lleno el signo visible y vivo de su deseo de salvar y de traer a la casa del Padre a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares. A pesar de sus inexcusables fracasos, los cristianos, fortalecidos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, siguen siendo el signo especial, para el mundo entero, de la presencia y poder del Se\u00f1or resucitado.<\/p>\n<p>Para concluir, la amorosa automanifestaci\u00f3n de Dios lleg\u00f3 a su punto culminante con la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas crucificado. La resurrecci\u00f3n, se puede decir tambi\u00e9n, revel\u00f3 la Iglesia, la nueva comunidad de amor de Dios, que vive esperando la aparici\u00f3n final de nuestro salvador (Tlt 2,13) cuando su gloria divina sea plenamente revelada (1 Pe 4,13).<\/p>\n<p>BIBL.: BALTHASAR H.U. von, S\u00f3lo el amor es digno de fe, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 19903; FISICHELLA R., H. U. van Balthasar. Amore e credibilit\u00e1 cristiana, Roma 1981.<\/p>\n<p>G. O&#8217;Collins<\/p>\n<p>II. Antropolog\u00ed\u00ada Cristiana<\/p>\n<p>1. EL CONCEPTO. En la concepci\u00f3n m\u00e1s genuinamente cristiana del t\u00e9rmino, la revelaci\u00f3n no tiene otro objeto sino Dios mismo, que se da a conocer mediante Cristo, Verbo encarnado, para que los hombres, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, por medio del mismo Cristo tengan acceso al Padre (cf Vaticano II, DV 2). El hombre, en una primera aproximaci\u00f3n, es el destinatario de la revelaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n que \u00e9sta anuncia y realiza, no su objeto directo. Pero, por otro lado, el conocimiento de Dios y de la salvaci\u00f3n que en Cristo se nos ofrece nos descubre la definitiva vocaci\u00f3n del ser humano, el designio de Dios sobre \u00e9l, con una profundidad que de otro modo no nos hubiera sido nunca accesible. En este sentido el hombre, precisamente en cuanto destinatario de la revelaci\u00f3n divina, se convierte tambi\u00e9n en objeto de la misma. S\u00f3lo a la luz de la salvaci\u00f3n que Cristo nos trae descubrimos a qu\u00e9 estamos llamados y, por consiguiente, qui\u00e9nes somos: \u00abCristo, el nuevo Ad\u00e1n, en la misma revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n\u00bb (GS 22). La revelaci\u00f3n cristiana presupone el hombre y por tanto una cierta idea que \u00e9ste tendr\u00e1 de s\u00ed\u00ad mismo; pero, por otra parte, la novedad de la encarnaci\u00f3n del Hijo no puede dejar de enriquecer e iluminar esta visi\u00f3n. Por tanto, a partir de la revelaci\u00f3n el cristianismo puede, y aun debe, reivindicar una noci\u00f3n propia del hombre, que en muchos aspectos coincidir\u00e1 con la que ofrezcan la filosof\u00ed\u00ada y las ciencias humanas y que deber\u00e1 enriquecerse con sus aportaciones, pero que poseer\u00e1 una irrenunciable originalidad. En este sentido hablamos de \u00abantropolog\u00ed\u00ada cristiana\u00bb.<\/p>\n<p>2. EL HOMBRE, CREADO A IMAGEN DE Dios. De hecho, si bien es claro que la Sagrada Escritura no trata de ofrecernos una antropolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica, es igualmente evidente que habla del hombre en much\u00ed\u00adsimas de sus p\u00e1ginas, comenzando por las primeras. El relato yavista de la creaci\u00f3n y la ca\u00ed\u00adda (G\u00e9n 2-3) nos presenta ya al hombre como el centro de la obra creadora de Dios: es formado por sus manos y recibe la vida del propio aliento divino (G\u00e9n 2,7). Para \u00e9l planta Dios el jard\u00ed\u00adn de Ed\u00e9n y le ordena que ponga nombre a los animales (cf G\u00e9n 2,9.19-20); le da, por \u00faltimo, una ayuda adecuada, porque no es bueno que el hombre est\u00e9 solo (cf G\u00e9n 2,9.20-24). Tenemos aqu\u00ed\u00ad el n\u00facleo de una profunda antropolog\u00ed\u00ada: el hombre est\u00e1 llamado a servirse de la creaci\u00f3n y a dominarla y es un ser eminentemente social, hecho para estar en comuni\u00f3n con los otros. Pero vivir\u00e1 solamente si mantiene la relaci\u00f3n con Dios, que lo ha creado y le ha comunicado su misma vida, y si es fiel a sus mandatos (cf G\u00e9n 2,16). Esto quiere decir que la relaci\u00f3n con Dios es esencial al hombre y es aquella dimensi\u00f3n totalizante a partir de la que se articulan todas las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>El relato sacerdotal de G\u00e9n 1, 1-2,4a se\u00f1ala tambi\u00e9n la primac\u00ed\u00ada del hombre sobre el resto de la creaci\u00f3n. Se introduce aqu\u00ed\u00ad por primera vez la idea de la creaci\u00f3n del hombre a imagen y semejanza de Dios (cf G\u00e9n 1,26-27); \u00e9sta es la caracter\u00ed\u00adstica del ser humano que el concilio Vaticano II (GS 12) coloca en primer lugar cuando trata de explicar la respuesta de la Iglesia al interrogante acerca del hombre, sobre el que se han dado a lo largo de la historia, y se dan todav\u00ed\u00ada, opiniones tan diversas, e incluso contradictorias. Merece la pena, por tanto, que veamos brevemente el sentido de estas expresiones y el modo como han sido interpretadas en la Biblia y en la tradici\u00f3n de la Iglesia hasta el momento actual.<\/p>\n<p>El dominio del hombre sobre las criaturas es un elemento que encontramos tambi\u00e9n presente en el documento sacerdotal, y deriva ciertamente del hecho de su creaci\u00f3n a imagen y semejanza de Dios (cf G\u00e9n 1,26-27); igualmente se pone de relieve en estos vers\u00ed\u00adculos el car\u00e1cter social del hombre; el hombre hecho a imagen de Dios es var\u00f3n y mujer. Pero tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la relaci\u00f3n del hombre con Dios, aun con la diferencia radical entre Creador y criatura, es lo que parece determinante. El simple dato de que Dios cree \u00aba su imagen y semejanza\u00bb cualifica en primer lugar el obrar divino, y determina a su vez que el hombre sea distinto de las dem\u00e1s criaturas. El ser humano ha sido creado para existir en relaci\u00f3n con Dios, para vivir en comuni\u00f3n con \u00e9l. Estos mismos elementos se hallan en G\u00e9n 5,1-3, donde se establece adem\u00e1s una cierta analog\u00ed\u00ada entre la creaci\u00f3n del hombre por Dios a su imagen y la generaci\u00f3n de Set seg\u00fan la semejanza e imagen de su padre Ad\u00e1n. La condici\u00f3n de imagen de Dios hace que la vida humana sea sagrada (cf G\u00e9n 9,6). El dominio sobre el resto de las criaturas y la vocaci\u00f3n de Dios a participar de su vida inmortal son los puntos que se ponen de relieve en relaci\u00f3n con la creaci\u00f3n del hombre a imagen y semejanza divina en los otros textos del AT donde vuelve a aparecer este motivo (cf Si 17,3; Sab 2,23; cf tambi\u00e9n Sal 8,5-9).<\/p>\n<p>En el NT se afirma que la imagen de Dios es Cristo (cf 2Cor 4,4; Col 1,15; tambi\u00e9n Heb 1,2; Flp 2,6). Esto no significa que se olvide la condici\u00f3n del hombre como creado a imagen y semejanza de Dios; por el contrario, se afirma que el hombre ha sido llamado a convertirse en imagen de Jes\u00fas si acepta por la fe la revelaci\u00f3n de Cristo y la salvaci\u00f3n que \u00e9ste le ofrece (cf 2Cor 3,18); el Padre nos ha predestinado a conformarnos seg\u00fan la imagen de su Hijo, para que \u00e9ste sea primog\u00e9nito entre muchos hermanos (cf Rom 8,29); y como hemos llevado la imagen del primer Ad\u00e1n, el terrestre, hecho alma viviente, llevaremos tambi\u00e9n la imagen del Ad\u00e1n celeste, Cristo resucitado, en la participaci\u00f3n de su cuerpo espiritual (cf 1Cor 15,45-49). El destino del hombre es, por consiguiente, pasar de ser imagen del primer Ad\u00e1n a serlo del segundo; todo ello no es algo marginal o accesorio a su \u00abesencia\u00bb, sino que esta vocaci\u00f3n a la conformaci\u00f3n con Cristo y a revestir su imagen constituye lo m\u00e1s profundo de su ser. Junto a esta reinterpretaci\u00f3n cristol\u00f3gica del tema de la imagen notamos en el NT una fuerte orientaci\u00f3n escatol\u00f3gica de este motivo (cf tambi\u00e9n (Jn 3,2). Con todo, no es aventurado afirmar que si el hombre est\u00e1 orientado a Cristo como meta final de su existencia, esta ordenaci\u00f3n, de un modo o de otro, ha de existir desde el principio. Es convicci\u00f3n general del NT que el orden de la creaci\u00f3n y el de la salvaci\u00f3n se hallan en relaci\u00f3n profunda: todo ha sido hecho mediante Cristo y todo camina hacia \u00e9l (cf 1 Cor 8,6; Col 1,15-20; Ef 1,3-10; Jn 1,3.10; Heb 1,3); Jes\u00fas es alfa y omega, principio y fin de todo (Cf Ap 1,8; 21,6; 22,13).<\/p>\n<p>La reinterpretaci\u00f3n cristol\u00f3gica del motivo de la imagen prosigui\u00f3 en la teolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstica. Ya en relaci\u00f3n con el momento de la creaci\u00f3n, y no s\u00f3lo con el de la consumaci\u00f3n final, se pone de relieve la ejemplaridad del Verbo. En efecto, s\u00f3lo el Hijo es la imagen de Dios. El hombre no es estrictamente \u00abimagen\u00bb, sino que ha sido hecho \u00abseg\u00fan la imagen\u00bb. Pero aunque esto sea reconocido en general por todos, defieren las escuelas de la antigua Iglesia cuando se trata de precisar el significado de la imagen de Dios que es el Hijo; ello tendr\u00e1 inmediatamente consecuencias antropol\u00f3gicas. Por una parte, los alejandrinos (Clemente, Or\u00ed\u00adgenes; les seguir\u00e1 sustancialmente san Agust\u00ed\u00adn) consideran al Verbo preexistente la imagen de Dios; seg\u00fan esta imagen ha sido creado el hombre. Por ello la imagen de Dios en el ser humano s\u00f3lo hace referencia a su elemento espiritual, el alma. Por el contrario, otros padres y escritores eclesi\u00e1sticos (san Ireneo, Tertuliano) considerar\u00e1n que la imagen de Dios Padre es el Hijo encarnado, que da as\u00ed\u00ad a conocer al Dios invisible. El hombre ha sido creado desde el primer instante seg\u00fan la imagen del Hijo, que habr\u00ed\u00ada de encarnarse y resucitar glorioso en su humanidad. Cuando Dios modelaba al primer Ad\u00e1n del barro, pensaba ya en su Hijo que habr\u00ed\u00ada de hacerse hombre y ser as\u00ed\u00ad el Ad\u00e1n definitivo. Seg\u00fan esta l\u00ed\u00adnea de pensamiento, el hombre ha sido creado a imagen de Dios seg\u00fan todo lo que es, en su alma y en su cuerpo, con una insistencia especial en este \u00faltimo. Ning\u00fan aspecto del ser humano queda excluido de esta condici\u00f3n de imagen, ya que todo \u00e9l ha sido llamado a participar de la resurrecci\u00f3n de Cristo. A pesar de estas notables diferencias, hallamos de nuevo unida la teolog\u00ed\u00ada de los primeros siglos en la distinci\u00f3n entre la imagen y semejanza divinas: mientras la primera viene ya. dada con la creaci\u00f3n, la segunda se. refiere a la perfecci\u00f3n escatol\u00f3gica, a la consumaci\u00f3n final. Aunque esta distinci\u00f3n no encuentre un apoyo totalmente literal en la Escritura, no es del todo ajena a ella (cf Un 3,2), y por otra parte pone bien de relieve un aspecto muy presente en el NT: el car\u00e1cter de camino de la existencia humana, la necesidad constante del progreso en la uni\u00f3n y el seguimiento de Jesus.<\/p>\n<p>Esta distinci\u00f3n no se mantuvo en general en los tiempos sucesivos. Por otra parte, el sentido cristol\u00f3gico de la creaci\u00f3n del hombre a imagen y semejanza divina se ha hecho menos expl\u00ed\u00adcito en la teolog\u00ed\u00ada y en la conciencia cristiana. Por ello es tanto m\u00e1s de alabar la contribuci\u00f3n del concilio Vaticano II en la GS, al poner, como not\u00e1bamos ya, en el hecho de la creaci\u00f3n del hombre a imagen y semejanza de Dios el comienzo y la base de la respuesta cristiana al interrogante sobre el misterio del ser humano. Seg\u00fan el n\u00famero 12 de la constituci\u00f3n pastoral, esta condici\u00f3n significa ante todo que el hombre es capaz de conocer y amar a su Creador, es decir, que es capaz de entrar en relaci\u00f3n personal con Dios. A ello se a\u00f1ade su posici\u00f3n de se\u00f1or\u00ed\u00ado sobre las criaturas terrenas, de las que se ha de servir para gloria de Dios, y la condici\u00f3n social del ser humano, llamado a existir en la comuni\u00f3n interpersonal. Como se ve, se recogen aqu\u00ed\u00ad muchas de las intuiciones que ve\u00ed\u00adamos. presentes en nuestro r\u00e1pido recorrido escritur\u00ed\u00adstico, sobre todo del AT: Pero este n\u00famero 12 de GS ha de leerse juntamente con el n\u00famero 22, que citamos al comienzo de estas p\u00e1ginas: \u00abEl misterio del hombre s\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque Ad\u00e1n, el primer hombre, era figura del que ten\u00ed\u00ada que venir (cf Rom 5,14), es decir, Cristo nuestro Se\u00f1or&#8230; No es extra\u00f1o, por consiguiente, que todas las verdades antes expuestas encuentren en Cristo su fuente y en \u00e9l alcancen su v\u00e9rtice. El que es imagen de Dios invisible (Col 1,15) es tambi\u00e9n el hombre perfecto, que ha devuelto a la descendencia de Ad\u00e1n la semejanza divina, deformada por el primer pecado&#8230;\u00bb La orientaci\u00f3n cristol\u00f3gica de la antropolog\u00ed\u00ada cristiana ha sido, por tanto, fuertemente subrayada por el concilio (como tambi\u00e9n en el magisterio de Juan Pablo lI; cf, p.ej., Redemptor hominis 8,2; 13,13; 28,1).<\/p>\n<p>Naturalmente, el magisterio de la Iglesia no ha explicado en detalle las relaciones entre la cristolog\u00ed\u00ada y la antropolog\u00ed\u00ada. Estas no son entendidas de modo totalmente id\u00e9ntico por la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea. Rebasar\u00ed\u00ada los l\u00ed\u00admites de este art\u00ed\u00adculo la exposici\u00f3n, siquiera sucinta, de las diferentes posiciones y modelos de explicaci\u00f3n. Pero para todos es claro que, al recoger la revelaci\u00f3n de Cristo, el hombre encuentra respuesta a sus m\u00e1s profundos interrogantes. Seguir a Cristo no es, por consiguiente, algo que se le imponga solamente desde fuera y que no tenga relaci\u00f3n ninguna con su ser. Todo lo contrario. Solamente en Jes\u00fas alcanza la definitiva, porque desde el primer instante de la creaci\u00f3n Dios le ha impreso esta orientaci\u00f3n. Por ello el concilio Vaticano II (GS 41) puede afirmar que quien sigue a Cristo, el hombre perfecto, se hace tambi\u00e9n \u00e9l m\u00e1s hombre. La novedad indeducible de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios, fruto solamente del lib\u00e9rrimo designio de salvaci\u00f3n del Padre, y la orientaci\u00f3n del mundo y del hombre hacia Cristo de tal manera que \u00e9ste constituye la perfecci\u00f3n a que tienden en este concreto orden de creaci\u00f3n, ser\u00e1n dos puntos (s\u00f3lo en apariencia contradictorios) que la teolog\u00ed\u00ada cristiana, y en especial la antropolog\u00ed\u00ada, deber\u00e1n siempre tener presentes.<\/p>\n<p>La fe cristiana nos dice que el hombre no ha sido fiel a este designio divino y que desde el principio el pecado ha sido una realidad que ha entorpecido la relaci\u00f3n con Dios. Pero, en su fidelidad, Dios nos ha mantenido siempre su amor y, en Cristo, la semejanza divina deformada ha sido restaurada (GS 22). Por lo dem\u00e1s, la naturaleza humana, sin duda profundamente afectada por el pecado, no ha quedado con todo corrompida de ra\u00ed\u00adz.<\/p>\n<p>3. EL HOMBRE, LLAMADO A SER HIJO DE DIOS EN CRISTO. La antropolog\u00ed\u00ada cristiana afirma que no hay m\u00e1s que una perfecci\u00f3n del hombre: la plena conformaci\u00f3n con Jes\u00fas, que es el hombre perfecto. Esto significa la participaci\u00f3n en su filiaci\u00f3n divina, en la relaci\u00f3n irrepetible que Cristo, Hijo unig\u00e9nito de Dios, tiene con el Padre. Ya en los evangelios leemos que Jes\u00fas, que se dirige siempre a Dios con el apelativo de \u00abPadre\u00bb, ense\u00f1a a sus disc\u00ed\u00adpulos, sin colocarse \u00e9l nunca en el mismo plano, a hacer lo mismo (cf Me 11,25; Mt 5, 48; 6,9; 6,32; Le 6,36; 11,2, etc.). Pablo nos dir\u00e1 que ello es posible solamente por el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, enviado a nuestros corazones y que clama en nosotros \u00abAbba, Padre\u00bb (G\u00e1l 4,6; cf Rom 8,15), en virtud del cual podemos llevar una vida aut\u00e9nticamente filial respecto a Dios y fraterna respecto a los hombres. As\u00ed\u00ad el Hijo unig\u00e9nito de Dios se hace el primog\u00e9nito entre muchos hermanos (cf Rom 8,29; Heb 2,11-12.17; tal vez Jn 20,17). La antropolog\u00ed\u00ada cristiana contempla, por lo tanto, al hombre llamado a participar de la misma vida del Dios trino: en un mismo Esp\u00ed\u00adritu tenemos todos acceso al Padre mediante Cristo (Ef 2,18); la misma uni\u00f3n entre los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo, a la que todos los hombres est\u00e1n llamados, es reflejo de la uni\u00f3n de las personas divinas (cf Jn 17, 21-23).<\/p>\n<p>Nuestro breve recorrido por algunos de los puntos de la antropolog\u00ed\u00ada cristiana no puede dejar de mencionar la categor\u00ed\u00ada de la \u00abgracia\u00bb, esencial a la visi\u00f3n cristiana del hombre. Nos hemos referido a la novedad indeducible de la encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas. Dios se autocomunica libremente en su Hijo y en su Esp\u00ed\u00adritu, y es igualmente don de Dios y nunca m\u00e9rito del hombre la incorporaci\u00f3n personal a la salvaci\u00f3n (=justificaci\u00f3n por la fe). La visi\u00f3n cristiana del hombre no puede olvidar este elemento: la plenitud del hombre es recibida como don gratuito, no reducible al donde la creaci\u00f3n, como no se deduce de \u00e9sta la encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas. Es, por consiguiente, un nuevo elemento irrenunciable de la visi\u00f3n cristiana del hombre que \u00e9ste recibe su plenitud como un don inmerecido, lo cual, a su vez, no excluye que tenga que aceptarlo libremente y cooperar con Dios, que se lo otorga en su infinita bondad.<\/p>\n<p>4. LA UNIDAD DEL HOMBRE EN LA DUALIDAD DE CUERPO Y ALMA. La doctrina b\u00ed\u00adblica de la creaci\u00f3n del hombre a imagen y semejanza de Dios muestra la \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n de los \u00f3rdenes de la creaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n. La fe cristiana a lo largo de los siglos se ha preocupado no s\u00f3lo de exponer el sentido de la salvaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n de insistir en la configuraci\u00f3n creatural del hombre, en su \u00abnaturaleza\u00bb, apta para recibir esta salvaci\u00f3n gratuita de Cristo como su intr\u00ed\u00adnseca perfecci\u00f3n. Punto esencial sin duda de esta preocupaci\u00f3n ha sido la unidad del ser humano en la pluralidad de sus dimensiones. Ya el NT, siguiendo las huellas del AT, a la par que insiste en la unidad original del ser humano, conoce diversos aspectos del mismo: el hombre es \u00abcuerpo\u00bb por su dimensi\u00f3n material, que lo hace un. ser c\u00f3smico, inserto en este mundo, solidario con los otros, con una identidad definida en los diferentes estadios de su existencia (cf 1 Cor 15,44-49); esta condici\u00f3n corporal del hombre se asocia a veces a la \u00abcarnal\u00bb, que con frecuencia adquiere un sentido negativo, ya que indica la debilidad del hombre (cf Mc 14,38; Mt 26,41), o incluso, especialmente en Pablo, su existencia bajo el dominio del pecado (cf Rom 6,19; 8,3-9; G\u00e1l 5,13.16-17). El hombre es tambi\u00e9n \u00abpsique\u00bb, vida, alma; es sujeto de sentimientos (cf Mc 3,4; 8,35; Mt 20,28; 26,38; Col 3,23). Por \u00faltimo el hombre tiene tambi\u00e9n la \u00abcapacidad de lo divino\u00bb, est\u00e1 en relaci\u00f3n con Dios; todo ello se expresa con el t\u00e9rmino \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb, que indica tanto la vida de Dios comunicada al hombre y principio de vida para \u00e9l como el hombre mismo en cuanto movido por el Esp\u00ed\u00adritu Santo; se opone con frecuencia a la \u00abcarne\u00bb en cuanto d\u00e9bil o sometida al pecado (cf Mc 14,38; Jn 3,6; Rom 8,2-4.6.10.15-16; G\u00e1l 5,16-18.22-25). Aunque no se haya pretendido una reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica sobre la cuesti\u00f3n, no hay duda de que el NT en su conjunto nos muestra al hombre como un ser a la vez mundano y trascendente a este mundo, capaz de relaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>Es lo que a lo largo de la historia, partiendo ya de los primeros siglos cristianos, se ha expresado con la idea del hombre como formado de alma y cuerpo. El cristianismo asimil\u00f3 estas nociones de la antropolog\u00ed\u00ada griega, aunque no sin transformarlas. Los esquemas cristol\u00f3gicos y soteriol\u00f3gicos (encarnaci\u00f3n, resurrecci\u00f3n) han hecho que algunos Padres basaran su antropolog\u00ed\u00ada precisamente en el cuerpo. Y aunque pronto, por el predominio de los esquemas plat\u00f3nicos, se pasa a considerar que el alma tiene una primac\u00ed\u00ada sobre el cuerpo (y se llega a afirmar a veces que \u00e9sta es en rigor el hombre), nunca en la teolog\u00ed\u00ada cristiana se ha considerado al cuerpo malo en s\u00ed\u00ad mismo; ha sido tambi\u00e9n creado por Dios y es llamado a la transformaci\u00f3n final en la resurrecci\u00f3n. Santo Tom\u00e1s ha subrayado la unidad de los dos componentes del hombre en su famosa f\u00f3rmula \u00abanima forma corporis\u00bb. Existe una unidad sustancial originaria del hombre que abraza estos dos aspectos, de tal manera que ninguno de los dos separado del otro ser\u00ed\u00ada hombre o persona. No hay, por consiguiente, alma sin cuerpo ni cuerpo sin alma (prescindiendo de la pervivencia del alma despu\u00e9s de la muerte). La unidad sustancial de alma y cuerpo se subray\u00f3 tambi\u00e9n en el concilio de Viena, el a\u00f1o 1312 (cf DS 900.902); el concilio V de Letr\u00e1n, del a\u00f1o 1513, define que el alma no es com\u00fan a todos los hombres, sino que es individual e inmortal (DS 1440). Del cuerpo y el alma del hombre en su unidad habla tambi\u00e9n la GS 14.<\/p>\n<p>La antropolog\u00ed\u00ada moderna prefiere no tanto hablar de que el hombre tiene un alma y un cuerpo, sino de que es alma y cuerpo. Y a veces se subraya que tanto el alma como el cuerpo son del hombre; el lenguaje expresa bien la unidad que somos y experimentamos. Nuestro psiquismo y nuestra corporalidad se condicionan mutuamente. Por ser cuerpo nos hallamos sometidos a la espacio-temporalidad estamos unidos a los dem\u00e1s hombres, somos finitos y mortales; por ser alma trascendemos el mundo, y estamos llamados a la inmortalidad. Una inmortalidad que, desde el punto de vista cristiano, no tiene sentido si no es en la comuni\u00f3n con Dios, y que por otra parte garantiza la continuidad del sujeto en nuestra vida actual y en la plenitud de la resurrecci\u00f3n en la configuraci\u00f3n plena con Cristo resucitado.<\/p>\n<p>5. EL HOMBRE, SER PERSONAL ABIERTO A LA TRASCENDENCIA. La constituci\u00f3n psicosom\u00e1tica del hombre, en virtud de la cual; siendo un ser c\u00f3smico, trasciende este mundo, est\u00e1 en \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n con su ser \u00abpersonal\u00bb. El ser humano no es un objeto m\u00e1s en el mundo; es un sujeto irrepetible. El pensamiento cristiano ha desarrollado la noci\u00f3n de \u00abpersona\u00bb para expresar este car\u00e1cter del hombre, que lo hace radicalmente distinto de todos los seres que le rodean y que le confiere una dignidad y un valor en s\u00ed\u00ad mismo, no en funci\u00f3n de lo que hace o de la utilidad que reporta a los dem\u00e1s. El concilio Vaticano II (GS 24) se\u00f1ala que el hombre es la \u00fanica criatura terrestre que Dios ha amado por s\u00ed\u00ad misma. No deja de ser significativo observar que el desarrollo antropol\u00f3gico de esta noci\u00f3n ha sido posterior en el tiempo al uso de la misma en la teolog\u00ed\u00ada trinitaria y en la cristolog\u00ed\u00ada. El sentido del valor y la dignidad de la persona, ampliamente reconocido en nuestros d\u00ed\u00adas (a pesar de numerosas contradicciones que no pueden desconocerse) aun fuera del \u00e1mbito cristiano, adquiere a partir de la visi\u00f3n cristiana del hombre su \u00faltima fundamentaci\u00f3n: el hombre tiene un valor absoluto para el hombre porque lo tiene para Dios, que lo ama en su Hijo Jes\u00fas y lo llama a la comuni\u00f3n con \u00e9l.<\/p>\n<p>A la condici\u00f3n del hombre persona y sujeto irrepetible va unida necesariamente su libertad. Esta no significa s\u00f3lo, aunque incluya necesariamente este aspecto, la posibilidad de elegir entre diversos bienes o posibilidades concretas, sino que es ante todo la capacidad de configurarse a s\u00ed\u00ad mismo de acuerdo con las propias opciones. Por ello se ha podido decir que el hombre no tiene libertad, sino que lo es, porque a pesar de los evidentes condicionamientos a que se halla sometido, tiene una aut\u00e9ntica capacidad de autodeterminarse. En el ejercicio de su libertad el hombre opta primariamente sobre s\u00ed\u00ad mismo. No se debe hablar, por tanto, s\u00f3lo de libertad de las trabas o impedimentos internos o externos, sino de libertad para el proyecto humano que se ha de realizar. Nada tiene que ver la libertad con el capricho. De ah\u00ed\u00ad que aqu\u00e9lla alcance s\u00f3lo su plenitud en la opci\u00f3n por el bien; cristianamente hablando, ello significa dejarse liberar por el Esp\u00ed\u00adritu, romper las ataduras del pecado y el ego\u00ed\u00adsmo para vivir en la libertad de los hijos de Dios, que es la de Jes\u00fas, que se entrega hasta la muerte por amor. Es importante notar que la libertad del hombre se da incluso frente a Dios y a su Palabra. En su revelaci\u00f3n Dios quiere establecer un di\u00e1logo con nosotros y nos llama a la comuni\u00f3n de vida con \u00e9l. Todo ello ser\u00ed\u00ada imposible en la hip\u00f3tesis de que Dios nos forzara a aceptarlo. Cuando insistimos en la libertad humana aseguramos, por tanto, que tambi\u00e9n ante Dios y para Dios somos y permaneceremos siempre un aut\u00e9ntico sujeto, un verdadero t\u00fa.<\/p>\n<p>El hombre, como ser personal y libre, se halla necesariamene abierto al mundo y los dem\u00e1s. Frente a ellos ejerce su libertad y en este mismo ejercicio puede experimentar su propia trascendencia. El hombre necesita del mundo que le rodea para su propia subsistencia. Esta es una experiencia fundamental e incontrovertida. Pero en esta misma relaci\u00f3n de dependencia frente al mundo se abre el sentido de su trascendencia a \u00e9l: efectivamente, con el hombre y su capacidad de transformar la realidad que lo circunda se produce en \u00e9sta una novedad; por el esfuerzo humano se dan en la naturaleza posibilidades nuevas que de otro modo nunca se hubieran alcanzado. El trabajo del hombre es, pues, un fen\u00f3meno nuevo en el \u00e1mbito c\u00f3smico; por ello puede ser calificado de \u00abcreador\u00bb. Estas posibilidades de la naturaleza se convierten a su vez en posibilidades nuevas para el hombre mismo, para su libertad. Inserto en el mundo, en su misma acci\u00f3n, en \u00e9l el ser humano muestra que lo trasciende, que no es una simple pieza de un mecanismo. Experimenta adem\u00e1s la perpetua insatisfacci\u00f3n ante los logros alcanzados, entre lo que tiene y aquello a lo que aspira. Dif\u00ed\u00adcilmente podr\u00e1 el mundo, por tanto, dar al hombre el \u00faltimo sentido de su vida.<\/p>\n<p>La comuni\u00f3n entre personas es un fen\u00f3meno nuevo respecto a la relaci\u00f3n hombre-mundo . S\u00f3lo en el otro ser humano encuentra el hombre la \u00abayuda adecuada\u00bb, seg\u00fan la vieja sabidur\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. S\u00f3lo el hombre es digno del hombre. \u00danicamente en el ejercicio de sus dimensiones sociales, y en particular con la comuni\u00f3n y donaci\u00f3n interpersonal, puede el hombre ser \u00e9l mismo. La noci\u00f3n de persona, ya en sus profundas ra\u00ed\u00adces te\u00f3l\u00f3gicas a que hemos aludido, lleva consigo esta dimensi\u00f3n. En el encuentro con el otro en tanto que persona nos hallamos ante un valor absoluto que no hemos creado nosotros. Tampoco es el otro o la sociedad sin m\u00e1s el fundamento de este valor absoluto que hallamos ante nosotros, porque tambi\u00e9n nuestro propio ser personal es valor absoluto ante los dem\u00e1s. La relaci\u00f3n interpersonal, por tanto, nos abre tambi\u00e9n al misterio de la trascendencia del hombre a cuanto nos rodea.<\/p>\n<p>La limitaci\u00f3n e indigencia humanas, que se manifiestan sobre todo en la muerte; la sensaci\u00f3n de truncamiento que de modo casi inevitable se experimenta cuando se piensa en esta \u00faltima, nos colocan tambi\u00e9n ante la cuesti\u00f3n del sentido de la existencia humana y de la dificultad de hallarlo si queremos permanecer en los l\u00ed\u00admites de lo que vemos. La esperanza cristiana, sobre todo si se manifiesta en la vida de los creyentes, es capaz de ofrecer una respuesta plausible a estos interrogantes del hombre.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n cristiana nos ofrece, seg\u00fan hemos visto, una imagen del hombre centrada ante todo en Jes\u00fas, el hombre perfecto, en quien somos hijos de Dios. Si \u00e9sta es nuestra \u00faltima vocaci\u00f3n, la teolog\u00ed\u00ada cristiana no puede desentenderse de aquellos aspectos de la constituci\u00f3n y del ser creatural del hombre que lo hacen apto para esta llamada divina. En ellos descubre ya la huella del designio de Dios, que nos quiere para \u00e9l. El ser humano aparece as\u00ed\u00ad abierto a la comunicaci\u00f3n de Dios mismo en la revelaci\u00f3n cristiana. Esta nos abre unas perspectivas que por nuestra parte jam\u00e1s hubi\u00e9ramos podido imaginar; es pura gracia y don de la benevolencia divina, y al mismo tiempo responde a nuestras \u00ed\u00adntimas aspiraciones y deseos: la \u00ed\u00adntima comuni\u00f3n con Dios, a la que Cristo nos da acceso, y la plena comuni\u00f3n con los hermanos con quienes vivimos en la Iglesia, \u00abinstrumento de la plena uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1), reunida por la unidad del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo (LG 4).<\/p>\n<p>BIBL.: ALFARO J., De la cuesti\u00f3n del hombre a la cuesti\u00f3n de Dios, Salarnanca 1988; BALTHASAR H.U. von, Teodram\u00e1tica 2: El hombre en Dios, Madrid 1991; COLZANI G, Antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, Salamanca 19712; CROUZEL H., Th\u00e9ologie de l image de Dieu chez Origine, Par\u00ed\u00ads 1954; FLICK M. y ALSZEGHY Z., Fondamenti di una antropolog\u00ed\u00ada teologica, Florencia 1970; GANOKZY A., Der sch\u00f3pferische Mensch und die Sch\u00f3pfung Gottes, Mainz 1976; GONZ\u00ed\u0081LEZ FAUS J.I., Proyecto de hermano. 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LADARIA<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>Afecto profundo o apego hacia una persona; cari\u00f1o. Tambi\u00e9n se designa con este t\u00e9rmino el afecto benevolente que Dios siente hacia sus criaturas o el afecto reverente que estas le deben a El. Amor tambi\u00e9n es la atracci\u00f3n afectiva y apasionada hacia una persona del sexo opuesto, que constituye el incentivo emocional para la uni\u00f3n conyugal. Un concepto estrechamente relacionado con el amor es la \u2020\u0153devoci\u00f3n\u2020\u009d.<br \/>\nAparte de las acepciones ya indicadas, las Escrituras tambi\u00e9n hablan del amor que se basa en principios, como por ejemplo: amor por la justicia o incluso por los enemigos, por quienes normalmente no se sentir\u00ed\u00ada afecto. Esta faceta o expresi\u00f3n del amor consiste en una devoci\u00f3n altruista a la justicia y un inter\u00e9s sincero por el bienestar duradero de otros, acompa\u00f1ado de una manifestaci\u00f3n activa de tal inter\u00e9s.<br \/>\nLas palabras hebreas que se utilizan principalmente para denotar amor en los sentidos supracitados son \u00c2\u00b4a\u00c2\u00b7h\u00e9v y \u00c2\u00b4a\u00c2\u00b7h\u00e1v (amar), junto con el sustantivo \u00c2\u00b4a\u00c2\u00b7hav\u00e1h (amor), y es el contexto lo que determina el sentido espec\u00ed\u00adfico de amor que representan.<br \/>\nLas Escrituras Griegas Cristianas emplean principalmente formas de las palabras a\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pe, fi\u00c2\u00b7l\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7a y dos palabras derivadas de stor\u00c2\u00b7gue. A\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pe aparece con m\u00e1s frecuencia que los otros t\u00e9rminos, mientras que \u00e9\u00c2\u00b7ros, amor sexual, no se emplea.<br \/>\nEl Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento (de W. E. Vine, 1984, vol. 1, p\u00e1g. 87) dice sobre el sustantivo a\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pe y la forma verbal a\u00c2\u00b7ga\u00c2\u00b7p\u00e1\u00c2\u00b7o: \u2020\u0153El amor s\u00f3lo puede ser conocido en base de las acciones que provoca. El amor de Dios se ve en la d\u00e1diva de Su Hijo, 1 Jn 4:9, 10. Pero es evidente que no se trata de un amor basado en la complacencia, ni afecto, esto es, no fue causado por ninguna excelencia en sus objetos, Ro 5:8. Se trat\u00f3 de un ejercicio de la voluntad divina en una elecci\u00f3n deliberada, hecha sin otra causa que aquella que proviene de la naturaleza del mismo Dios, cp. Dt 7:7, 8\u2020\u009d.<br \/>\nCon respecto al verbo fi\u00c2\u00b7l\u00e9\u00c2\u00b7o, Vine comenta: \u2020\u0153Se debe distinguir de agapao en que phileo denota m\u00e1s bien un afecto entra\u00f1able [&#8230;]. Adem\u00e1s, amar (phileo) la vida, en base de un deseo indebido de preservarla, con olvido del verdadero prop\u00f3sito de vivir, se encuentra con la reprobaci\u00f3n del Se\u00f1or, Jn 12:25. Al contrario, amar la vida (agapao) tal como se usa en 1 P 3:10, significa considerar el verdadero motivo de vivir. Aqu\u00ed\u00ad, la palabra phileo ser\u00ed\u00ada totalmente inapropiada\u2020\u009d (vol. 1, p\u00e1g. 88).<br \/>\nLa Exhaustive Concordance of the Bible (de James Strong, 1890, p\u00e1gs. 75, 76) hace la siguiente observaci\u00f3n en la secci\u00f3n del diccionario griego bajo el t\u00e9rmino fi\u00c2\u00b7l\u00e9\u00c2\u00b7o: \u2020\u0153Ser un amigo de (tener cari\u00f1o a [un individuo o un objeto]), es decir, sentir afecto por (en el sentido de apego personal, bien por sentimiento o emoci\u00f3n; mientras que [a\u00c2\u00b7ga\u00c2\u00b7p\u00e1\u00c2\u00b7o] es m\u00e1s amplio, y abarca especialmente la decisi\u00f3n de amar despu\u00e9s de un juicio y asentimiento deliberado sobre la base de los principios, el deber y el decoro [&#8230;])\u2020\u009d. (V\u00e9ase CARI\u00ed\u2018O.)<br \/>\nPor lo tanto, a\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pe conlleva el significado de amor basado o gobernado por principios. Tanto puede ser que incluya afecto y cari\u00f1o, como que no, aunque en muchos pasajes est\u00e1 claro que s\u00ed\u00ad lo incluye. En Juan 3:35 Jes\u00fas dijo: \u2020\u0153El Padre ama [a\u00c2\u00b7ga\u00c2\u00b7p\u00e1i] al Hijo\u2020\u009d, y en Juan 5:20 afirm\u00f3: \u2020\u0153El Padre le tiene cari\u00f1o [fi\u00c2\u00b7l\u00e9i] al Hijo\u2020\u009d. Ciertamente el amor que Dios siente por Jesucristo est\u00e1 lleno de afecto. Jes\u00fas tambi\u00e9n explic\u00f3: \u2020\u0153El que me ama [a\u00c2\u00b7ga\u00c2\u00b7pon] ser\u00e1 amado [a\u00c2\u00b7ga\u00c2\u00b7pe\u00c2\u00b7the\u00c2\u00b7se\u00c2\u00b7tai] por mi Padre, y yo lo amar\u00e9 [a\u00c2\u00b7ga\u00c2\u00b7pe\u00c2\u00b7so]\u2020\u009d. (Jn 14:21.) A este amor del Padre y del Hijo lo acompa\u00f1a un tierno afecto hacia esas personas que les muestran amor. Los adoradores de Jehov\u00e1 deben amar a Jehov\u00e1 y a Jesucristo, y amarse unos a otros, de la misma manera. (Jn 21:15-17.)<br \/>\nPor lo tanto, aunque a\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pe se distingue por su respeto a los principios, no es insensible; de otro modo, no se diferenciar\u00ed\u00ada de la justicia fr\u00ed\u00ada. No obstante, no lo gobiernan la emoci\u00f3n o el sentimentalismo; nunca pasa por alto los principios. Los cristianos correctamente muestran a\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pe a otros hacia quienes quiz\u00e1s no sientan ning\u00fan afecto o simpat\u00ed\u00ada, pero lo hacen por su bienestar. (G\u00e1l 6:10.) Ahora bien, aunque no les tienen afecto, sienten compasi\u00f3n e inter\u00e9s sincero por tales seres humanos, pero dentro de los l\u00ed\u00admites y a la manera que permiten y mandan los principios justos.<br \/>\nSin embargo, si bien a\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pe se refiere al amor gobernado por principios, estos pueden ser buenos o malos. Cabe la posibilidad de expresar una clase incorrecta de a\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pe, guiado por principios malos. Por ejemplo, Jes\u00fas dijo: \u2020\u0153Si ustedes aman [a\u00c2\u00b7ga\u00c2\u00b7p\u00e1\u00c2\u00b7te] a los que los aman, \u00bfde qu\u00e9 m\u00e9rito les es? Porque hasta los pecadores aman a los que los aman. Y si hacen bien a los que les hacen bien, \u00bfde qu\u00e9 m\u00e9rito, realmente, les es a ustedes? Hasta los pecadores hacen lo mismo. Tambi\u00e9n, si prestan sin inter\u00e9s a aquellos de quienes esperan recibir, \u00bfde qu\u00e9 m\u00e9rito les es? Hasta los pecadores prestan sin inter\u00e9s a los pecadores para que se les devuelva otro tanto\u2020\u009d. (Lu 6:32-34.) El principio por el que estas personas act\u00faan es: \u2020\u0153Tr\u00e1tame bien y te tratar\u00e9 bien\u2020\u009d.<br \/>\nEl ap\u00f3stol Pablo dijo de uno que hab\u00ed\u00ada sido su colaborador: \u2020\u0153Demas me ha abandonado porque ha amado [a\u00c2\u00b7ga\u00c2\u00b7pe\u00c2\u00b7sas] el presente sistema de cosas\u2020\u009d. (2Ti 4:10.) Puede ser que el amor de Demas por el mundo se haya basado en el principio que permite suponer que tal amor resulta en compensaciones materiales. Por otra parte, Jes\u00fas dijo: \u2020\u0153Los hombres han amado [e\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pe\u00c2\u00b7san] la oscuridad m\u00e1s bien que la luz, porque sus obras eran inicuas. Porque el que practica cosas viles odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean censuradas\u2020\u009d. (Jn 3:19, 20.) Ellos aman la oscuridad, porque es una verdad o principio innegable que tal oscuridad les sirve de amparo para sus obras inicuas.<br \/>\nJes\u00fas mand\u00f3: \u2020\u0153Contin\u00faen amando [a\u00c2\u00b7ga\u00c2\u00b7p\u00e1\u00c2\u00b7te] a sus enemigos\u2020\u009d. (Mt 5:44.) Fue Dios mismo quien estableci\u00f3 este principio, pues Pablo dijo: \u2020\u0153Dios recomienda su propio amor [a\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pen] a nosotros en que, mientras todav\u00ed\u00ada \u00e9ramos pecadores, Cristo muri\u00f3 por nosotros [&#8230;]. Porque si, cuando \u00e9ramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios mediante la muerte de su Hijo, mucho m\u00e1s, ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida\u2020\u009d. (Ro 5:8-10.) Un ejemplo sobresaliente de ese amor se ve en los tratos de Dios con Saulo de Tarso, quien lleg\u00f3 a ser el ap\u00f3stol Pablo. (Hch 9:1-16; 1Ti 1:15.) Por lo tanto, el amar a nuestros enemigos deber\u00ed\u00ada regirse por el principio que Dios ha establecido, y ese amor deber\u00ed\u00ada ejercerse en obediencia a sus mandamientos, tanto si entra\u00f1a cierto cari\u00f1o o afecto, como si no.<\/p>\n<p>Dios. El ap\u00f3stol Juan escribe: \u2020\u0153Dios es amor\u2020\u009d. (1Jn 4:8.) El es la mism\u00ed\u00adsima personificaci\u00f3n del amor y esta es su cualidad dominante. Sin embargo, no es cierta la idea que comunica la inversi\u00f3n de la frase, es decir, \u2020\u02dcel amor [la cualidad abstracta] es Dios\u2020\u2122. En la Biblia, Dios se manifiesta como una Persona y habla en sentido figurado de sus \u2020\u0153ojos\u2020\u009d, sus \u2020\u0153manos\u2020\u009d, su \u2020\u0153coraz\u00f3n\u2020\u009d, su \u2020\u0153alma\u2020\u009d, etc. Tambi\u00e9n tiene otros atributos, como la justicia, el poder y la sabidur\u00ed\u00ada. (Dt 32:4; Job 36:22; Rev 7:12.) Por otra parte, tiene la capacidad de odiar, una cualidad completamente opuesta al amor. Su amor a la justicia exige que odie la iniquidad. (Dt 12:31; Pr 6:16.) El amor incluye sentir y expresar afecto personal, algo que solo una persona puede hacer o que solo se puede mostrar a una persona. Por supuesto, Jesucristo, el Hijo de Dios, no es una cualidad abstracta, y \u00e9l dijo que hab\u00ed\u00ada estado con su Padre, trabajando con El, agrad\u00e1ndole y escuch\u00e1ndole, y que los \u00e1ngeles contemplan el rostro de su Padre, todo lo cual ser\u00ed\u00ada imposible si Dios fuese simplemente una cualidad abstracta. (Mt 10:32; 18:10; Jn 5:17; 6:46; 8:28, 29, 40; 17:5.)<\/p>\n<p>La prueba de su amor. Hay abundante prueba de que Jehov\u00e1, el Creador y Dios del universo, es amor. Esta se puede ver en la misma creaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica. \u00c2\u00a1Con qu\u00e9 cuidado tan extraordinario ha sido hecha para la salud, el placer y el bienestar del hombre! El ser humano no solo est\u00e1 hecho para existir, sino para disfrutar de comer, para deleitarse en contemplar el color y la belleza de la creaci\u00f3n, para disfrutar de los animales y en especial de la compa\u00f1\u00ed\u00ada de sus semejantes, y para gozar de los otros incontables deleites de la vida. (Sl 139:14, 17, 18.) Pero Dios ha desplegado su amor a\u00fan m\u00e1s al hacer al hombre a su imagen y semejanza (G\u00e9 1:26, 27), con facultad para la espiritualidad y capacidad de amar, as\u00ed\u00ad como al revelarse a la humanidad por medio de su Palabra y su esp\u00ed\u00adritu santo. (1Co 2:12, 13.)<br \/>\nEl amor de Jehov\u00e1 a la humanidad es el de un Padre a sus hijos. (Mt 5:45.) El no escatima nada que sea para su bien, sin importar lo que le cueste; su amor trasciende de todo lo que nosotros podamos sentir o expresar. (Ef 2:4-7; Isa 55:8; Ro 11:33.) Su mayor manifestaci\u00f3n de amor, lo m\u00e1s sublime que un padre puede hacer, fue lo que El hizo por la humanidad: dar la vida de su fiel Hijo unig\u00e9nito. (Jn 3:16.) El ap\u00f3stol Juan escribe: \u2020\u0153En cuanto a nosotros, amamos, porque \u00e9l nos am\u00f3 primero\u2020\u009d. (1Jn 4:19.) Por consiguiente, El es la Fuente del amor. Pablo, coap\u00f3stol de Juan, tambi\u00e9n dice: \u2020\u0153Porque apenas muere alguien por un hombre justo; en realidad, por el hombre bueno, quiz\u00e1s, alguien hasta se atreva a morir. Pero Dios recomienda su propio amor a nosotros en que, mientras todav\u00ed\u00ada \u00e9ramos pecadores, Cristo muri\u00f3 por nosotros\u2020\u009d. (Ro 5:7, 8; 1Jn 4:10.)<\/p>\n<p>El amor perdurable de Dios. El amor de Jehov\u00e1 por sus siervos fieles es perdurable; no falla ni disminuye, prescindiendo de las circunstancias en las que se hallen \u2014desahogadas o acuciantes\u2014 o de las incidencias \u2014grandes o peque\u00f1as\u2014 que pudieran sobrevenirles. A este respecto Pablo dijo: \u2020\u0153Porque estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni \u00e1ngeles, ni gobiernos, ni cosas aqu\u00ed\u00ad ahora, ni cosas por venir, ni poderes, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra creaci\u00f3n podr\u00e1 separarnos del amor de Dios que est\u00e1 en Cristo Jes\u00fas nuestro Se\u00f1or\u2020\u009d. (Ro 8:38, 39.)<\/p>\n<p>La soberan\u00ed\u00ada de Dios basada en el amor. Jehov\u00e1 se glor\u00ed\u00ada en el hecho de que tanto su soberan\u00ed\u00ada como el apoyo que le dan sus criaturas se basa principalmente en el amor. Solo desea como s\u00fabditos a aquellos que aman Su soberan\u00ed\u00ada y la prefieren a cualquier otra por sus excelentes cualidades y porque es justa. (1Co 2:9.) Dichas personas escogen servir bajo Su soberan\u00ed\u00ada m\u00e1s bien que intentar la independencia, ya que al conocerle, reconocen que Jehov\u00e1 es muy superior a ellas en amor, justicia y sabidur\u00ed\u00ada. (Sl 84:10, 11.) El Diablo fracas\u00f3 en este respecto, ya que con egotismo busc\u00f3 su propia independencia, como hicieron Ad\u00e1n y Eva. De hecho, desafi\u00f3 la manera de gobernar de Dios, diciendo en realidad que no era ni amorosa ni justa (G\u00e9 3:1-5), y que las criaturas no le serv\u00ed\u00adan por amor, sino por ego\u00ed\u00adsmo. (Job 1:8-12; 2:3-5.)<br \/>\nJehov\u00e1 Dios le ha permitido vivir y poner a prueba a sus siervos, incluso a su Hijo unig\u00e9nito, hasta el extremo de causarles la muerte. Dios predijo que Jesucristo le ser\u00ed\u00ada leal. (Isa 53.) \u00bfC\u00f3mo pod\u00ed\u00ada comprometer su palabra por su Hijo? Por amor. Jehov\u00e1 conoc\u00ed\u00ada a su hijo y sab\u00ed\u00ada del amor que este le ten\u00ed\u00ada y de su amor por la rectitud. (Heb 1:9.) Conoc\u00ed\u00ada a su Hijo muy \u00ed\u00adntimamente y a cabalidad. (Mt 11:27.) Ten\u00ed\u00ada absoluta confianza en su lealtad. M\u00e1s a\u00fan, como dice la Biblia, \u2020\u02dcEl amor es un v\u00ed\u00adnculo perfecto de uni\u00f3n\u2020\u2122. (Col 3:14.) Es el v\u00ed\u00adnculo m\u00e1s fuerte del universo, pues une al Padre y al Hijo inseparablemente. Por razones similares a estas, Jehov\u00e1 puede confiar en su organizaci\u00f3n, compuesta de personas que le sirven, pues sabe que cuando sean probadas, la mayor\u00ed\u00ada de ellas se mantendr\u00e1n adheridas a El, inconmovibles, y que, como organizaci\u00f3n, nunca se separar\u00e1n de El. (Sl 110:3.)<\/p>\n<p>Jesucristo. Siendo que por tiempos incalculables Jesucristo ha tenido una relaci\u00f3n muy estrecha con su Padre, la Fuente del amor, y le conoce \u00ed\u00adntima y completamente, pudo decir: \u2020\u0153El que me ha visto a m\u00ed\u00ad ha visto al Padre tambi\u00e9n\u2020\u009d. (Jn 14:9; Mt 11:27.) Por lo tanto, el amor de Jes\u00fas es completo, perfecto. (Ef 3:19.) El dijo a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Nadie tiene mayor amor que este: que alguien entregue su alma a favor de sus amigos\u2020\u009d (Jn 15:13), y con anterioridad les hab\u00ed\u00ada dicho: \u2020\u0153Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; as\u00ed\u00ad como yo los he amado, que ustedes tambi\u00e9n se amen los unos a los otros\u2020\u009d. (Jn 13:34.) Este mandamiento era nuevo, ya que la Ley, bajo la cual estaban Jes\u00fas y sus disc\u00ed\u00adpulos en aquel tiempo, mandaba: \u2020\u0153Tienes que amar a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u2020\u009d. (Le 19:18; Mt 22:39.) Exig\u00ed\u00ada amor al pr\u00f3jimo, pero no un amor que se autosacrificase hasta el punto de entregar la vida a favor del pr\u00f3jimo. Tanto la vida como la muerte de Jes\u00fas fueron un ejemplo del amor que exig\u00ed\u00ada este nuevo mandamiento. El seguidor de Cristo no solo tiene que hacer el bien cuando se presenta la oportunidad; m\u00e1s bien, ha de tomar la iniciativa y, siguiendo las instrucciones de Cristo, dar ayuda espiritual y de otras clases a los dem\u00e1s. Tiene que trabajar activamente para el bien de otros. La predicaci\u00f3n y la ense\u00f1anza de las buenas nuevas a otros, algunos de los cuales pueden ser enemigos, es una de las mayores expresiones de amor, pues puede resultar en vida eterna para ellos. El cristiano debe \u2020\u02dcimpartir, no solo las buenas nuevas de Dios, sino tambi\u00e9n su propia alma\u2020\u2122, al ayudar a los que aceptan las buenas nuevas y trabajar con ellos. (1Te 2:8.) Adem\u00e1s deber\u00ed\u00ada estar listo para entregar su alma (o vida) a favor de ellos. (1Jn 3:16.)<\/p>\n<p>C\u00f3mo se adquiere el amor. Dios utiliz\u00f3 su esp\u00ed\u00adritu al crear al primer hombre y la primera mujer, y les dio una medida de este atributo suyo, el amor, adem\u00e1s de la capacidad de desplegarlo, ensancharlo y enriquecerlo. El amor es un fruto del esp\u00ed\u00adritu de Dios. (G\u00e1l 5:22.) Como tal, no es una cualidad que se tiene sin saber por qu\u00e9, como puede suceder con ciertas aptitudes f\u00ed\u00adsicas o mentales, la belleza f\u00ed\u00adsica, el talento para la m\u00fasica u otras cualidades similares que se heredan. Tampoco se desarrolla sin antes haber adquirido conocimiento de Dios y si no se le sirve, como tampoco si no se cultiva la meditaci\u00f3n y el aprecio. Solo cultivando as\u00ed\u00ad el amor se puede llegar a ser imitador de Dios, la Fuente del amor. (Sl 77:11; Ef 5:1, 2; Ro 12:2.) Ad\u00e1n no lo hizo, por lo que no progres\u00f3 hacia la perfecci\u00f3n del amor; no estaba unido a Dios por ese v\u00ed\u00adnculo perfecto de uni\u00f3n. No obstante, aun en estado de imperfecci\u00f3n y pecado, transmiti\u00f3 a su prole, producida \u2020\u0153a su imagen\u2020\u009d, la facultad y capacidad de amar (G\u00e9 5:3), y en general la humanidad expresa ese amor, aunque con frecuencia es un amor mal dirigido, deteriorado y torcido.<\/p>\n<p>El amor puede estar mal dirigido. Por estas razones, est\u00e1 claro que el amor verdadero y bien dirigido solo proviene de buscar y seguir el esp\u00ed\u00adritu de Dios y el conocimiento que emana de su Palabra. Por ejemplo, un padre puede sentir afecto hacia su hijo, pero quiz\u00e1s permita que ese amor se deteriore o, debido al sentimentalismo, se desencamine. Tal vez le d\u00e9 al ni\u00f1o todo, no le niegue nada, e incluso es posible que no ejerza su autoridad paternal en lo que respecta a la disciplina y, cuando es necesario, el castigo. (Pr 22:15.) Puede que tal supuesto \u2020\u0153amor\u2020\u009d en realidad sea orgullo de familia, pero eso es ego\u00ed\u00adsmo. La Biblia dice que una persona de esa clase no act\u00faa con amor, sino con odio, porque no est\u00e1 siguiendo el proceder que salvar\u00e1 la vida de su hijo. (Pr 13:24; 23:13, 14.)<br \/>\nEse no es el amor que procede de Dios. El amor piadoso impele a la persona a hacer por otros lo que resulta en su bien y les es provechoso. \u2020\u0153El amor edifica.\u2020\u009d (1Co 8:1.) Amor no debe confundirse con sentimentalismo. Es firme, fuerte y lo gobierna la sabidur\u00ed\u00ada piadosa; adem\u00e1s, por encima de todo, es casto y recto. (Snt 3:17.) Jehov\u00e1 demostr\u00f3 estas caracter\u00ed\u00adsticas del amor con su pueblo Israel, al castigarlo con severidad por su desobediencia en el inter\u00e9s de su bienestar. (Dt 8:5; Pr 3:12; Heb 12:6.) Las siguientes palabras de Pablo a los cristianos est\u00e1n en armon\u00ed\u00ada con esto: \u2020\u0153Para disciplina ustedes est\u00e1n aguantando. Dios est\u00e1 tratando con ustedes como con hijos. Pues, \u00bfqu\u00e9 hijo es aquel a quien el padre no disciplina? [&#8230;] Adem\u00e1s, sol\u00ed\u00adamos tener padres que eran de nuestra carne para disciplinarnos, y les mostr\u00e1bamos respeto. \u00bfNo hemos de sujetarnos mucho m\u00e1s al Padre de nuestra vida espiritual, y vivir? Pues ellos por unos cuantos d\u00ed\u00adas nos disciplinaban seg\u00fan lo que les parec\u00ed\u00ada bien, pero \u00e9l lo hace para provecho nuestro de modo que participemos de su santidad. Es cierto que ninguna disciplina parece por el presente ser cosa de gozo, sino penosa; sin embargo, despu\u00e9s, a los que han sido entrenados por ella, da fruto pac\u00ed\u00adfico, a saber, justicia\u2020\u009d. (Heb 12:7-11.)<\/p>\n<p>El conocimiento le da al amor la orientaci\u00f3n correcta. Nuestro amor debe estar dirigido primero a Dios, por encima de todos los dem\u00e1s. De otro modo, estar\u00ed\u00ada mal orientado e incluso podr\u00ed\u00ada desviarse, hasta el punto de hacer objeto de culto a criaturas o cosas. Es esencial conocer los prop\u00f3sitos de Dios, porque entonces la persona sabe qu\u00e9 es mejor para su bienestar y el de otros, y c\u00f3mo manifestar su amor de manera apropiada. Nuestro amor a Dios debe ejercerse con \u2020\u02dctodo el coraz\u00f3n, la mente, el alma y las fuerzas\u2020\u2122. (Mt 22:36-38; Mr 12:29, 30.) Debe ser el fiel reflejo de nuestro yo interior, no una mera manifestaci\u00f3n superficial. El amor debe comprometer nuestras emociones (1Pe 1:22); no obstante, si la mente no est\u00e1 equipada con el conocimiento de lo que es amor verdadero y de c\u00f3mo act\u00faa, este puede asumir una orientaci\u00f3n equivocada. (Jer 10:23; 17:9; comp\u00e1rese con Flp 1:9.) La mente debe conocer a Dios, sus cualidades, sus prop\u00f3sitos y c\u00f3mo expresa El el amor. (1Jn 4:7.) En armon\u00ed\u00ada con esto, y ya que el amor es la cualidad m\u00e1s importante, la dedicaci\u00f3n a Dios significa dedicarse a la persona de Jehov\u00e1 mismo (en quien el amor es la cualidad dominante), no a una obra o una causa. Luego, el amor debe llevarse a la pr\u00e1ctica con toda el alma, toda fibra de nuestro organismo, y todas nuestras fuerzas deben emplearse en el empe\u00f1o.<\/p>\n<p>El amor es expansivo. El amor verdadero, que es un fruto del esp\u00ed\u00adritu de Dios, es expansivo. (2Co 6:11-13.) No es mezquino ni est\u00e1 limitado o circunscrito. Para que sea completo, se debe compartir. Hay que amar primero a Dios (Dt 6:5) y a su Hijo (Ef 6:24), luego a toda la asociaci\u00f3n de hermanos cristianos por todo el mundo. (1Pe 2:17; 1Jn 2:10; 4:20, 21.) Se debe amar a la esposa, quien, a su vez, amar\u00e1 al esposo (Pr 5:18, 19; Ec 9:9; Ef 5:25, 28, 33), y el amor ha de extenderse a los hijos. (Tit 2:4.) Hay que amar a toda la humanidad, incluso a los propios enemigos, y se deben manifestar obras cristianas para con todos. (Mt 5:44; Lu 6:32-36.) Al comentar sobre los frutos del esp\u00ed\u00adritu, de los que el amor es el primero, la Biblia dice: \u2020\u0153Contra tales cosas no hay ley\u2020\u009d. (G\u00e1l 5:22, 23.) Esto significa que no hay ninguna ley que lo pueda limitar. Es posible desplegarlo en cualquier momento o lugar y a cualquier grado con aquellos a quienes se les debe. De hecho, lo \u00fanico que los cristianos tendr\u00ed\u00adan que deberse unos a otros es el amor. (Ro 13:8.) Este amor entre unos y otros es una marca identificadora de los verdaderos cristianos. (Jn 13:35.)<\/p>\n<p>C\u00f3mo act\u00faa el amor piadoso. El amor, como el que Dios mismo personifica, es tan maravilloso que es dif\u00ed\u00adcil de definir. Resulta m\u00e1s f\u00e1cil decir c\u00f3mo act\u00faa. En el comentario que se hace a continuaci\u00f3n sobre esta hermosa cualidad, se considera c\u00f3mo aplica a los cristianos. En primer lugar, Pablo destaca lo esencial que es para un creyente cristiano, y luego detalla c\u00f3mo act\u00faa altruistamente: \u2020\u0153El amor es sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del da\u00f1o. No se regocija por la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las espera, todas las aguanta\u2020\u009d. (1Co 13:4-7.)<\/p>\n<p>\u2020\u0153El amor es sufrido y bondadoso.\u2020\u009d Sobrelleva circunstancias desfavorables y acciones impropias por parte de otras personas porque lo mueve un prop\u00f3sito: contribuir a la salvaci\u00f3n de aquellos que han obrado mal o que est\u00e1n implicados en las circunstancias desfavorables que tiene que sobrellevar, y, fundamentalmente, honrar y vindicar el nombre de Dios. (2Pe 3:15.) El amor es bondadoso, sin importar la naturaleza de la provocaci\u00f3n. El que un cristiano trate a otros con aspereza o brusquedad no resulta en bien alguno. No obstante, el amor es firme y obra con justicia en aras de la rectitud. Aquellos a quienes se les ha conferido autoridad pueden disciplinar a un malhechor, pero al hacerlo, deben tratarlo con bondad, pues la falta de bondad no beneficia ni al consejero \u00e1spero ni al transgresor; m\u00e1s bien, solo puede resultar en alejarlo a\u00fan m\u00e1s del arrepentimiento y de la posibilidad de que rectifique su comportamiento. (Ro 2:4; Ef 4:32; Tit 3:4, 5.)<\/p>\n<p>\u2020\u0153El amor no es celoso.\u2020\u009d No envidia las cosas buenas que otras personas tienen. Se regocija al ver que su semejante es ascendido a un puesto de mayor responsabilidad, y ni siquiera se resiente porque sus enemigos reciben alg\u00fan beneficio. Es generoso. Sabe que Dios hace llover en beneficio tanto de justos como de injustos. (Mt 5:45.) Los siervos de Dios que manifiestan amor est\u00e1n contentos con lo que tienen (1Ti 6:6-8) y con el papel que desempe\u00f1an, no se salen de su lugar ni ego\u00ed\u00adstamente ambicionan el puesto que otros ocupan. Movido por la codicia y la envidia, Satan\u00e1s el Diablo abandon\u00f3 su lugar y hasta dese\u00f3 que Jesucristo le rindiese adoraci\u00f3n. (Lu 4:5-8.)<\/p>\n<p>El amor \u2020\u0153no se vanagloria, no se hincha\u2020\u009d. No busca el aplauso ni la admiraci\u00f3n de otros. (Sl 75:4-7; Jud 16.) La persona que tiene amor no rebajar\u00e1 a su semejante con el objeto de aparentar ser m\u00e1s importante, sino que, m\u00e1s bien, exaltar\u00e1 la persona de Dios y procurar\u00e1 con sinceridad animar y edificar a su semejante. (Ro 1:8; Col 1:3-5; 1Te 1:2, 3.) Le regocijar\u00e1 ver que otros compa\u00f1eros cristianos progresan. No alardear\u00e1 de lo que piensa hacer (Pr 27:1; Lu 12:19, 20; Snt 4:13-16), y reconocer\u00e1 que todo cuanto hace se debe al poder que proviene de Jehov\u00e1. (Sl 34:2; 44:8.) Jehov\u00e1 le dijo al pueblo de Israel: \u2020\u0153Pero el que se glor\u00ed\u00ada, glor\u00ed\u00adese a causa de esta misma cosa: de tener perspicacia y de tener conocimiento de m\u00ed\u00ad, que yo soy Jehov\u00e1, Aquel que ejerce bondad amorosa, derecho y justicia en la tierra; porque en estas cosas de veras me deleito\u2020\u009d. (Jer 9:24; 1Co 1:31.)<\/p>\n<p>El amor \u2020\u0153no se porta indecentemente\u2020\u009d. No es mal educado. No toma parte en conducta indecente, como abusos deshonestos y comportamiento obsceno, ni es rudo, vulgar, descort\u00e9s, insolente, grosero o irrespetuoso con ninguna persona. El que manifiesta amor evitar\u00e1 hacer aquello que, directa o indirectamente, perturbe el \u00e1nimo de sus hermanos cristianos. Pablo dio esta instrucci\u00f3n a la congregaci\u00f3n corintia: \u2020\u0153Que todas las cosas se efect\u00faen decentemente y por arreglo\u2020\u009d. (1Co 14:40.) Adem\u00e1s, el amor impulsar\u00e1 al cristiano a comportarse de una manera honorable a la vista de quienes no son creyentes. (Ro 13:13; 1Te 4:12; 1Ti 3:7.)<\/p>\n<p>El amor \u2020\u0153no busca sus propios intereses\u2020\u009d. Se apega al principio: \u2020\u0153Que cada uno siga buscando, no su propia ventaja, sino la de la otra persona\u2020\u009d. (1Co 10:24.) Es aqu\u00ed\u00ad donde se pone de manifiesto el inter\u00e9s del cristiano en el bienestar eterno de otros. Esta clase de inter\u00e9s sincero constituye una de las motivaciones m\u00e1s fuertes del amor y, en lo que respecta a los resultados, una de las m\u00e1s eficaces y beneficiosas. La persona que manifiesta amor no exige que las cosas se hagan a su modo. Pablo dijo: \u2020\u0153A los d\u00e9biles me hice d\u00e9bil, para ganar a los d\u00e9biles. Me he hecho toda cosa a gente de toda clase, para que de todos modos salve a algunos. Pero hago todas las cosas por causa de las buenas nuevas, para hacerme part\u00ed\u00adcipe de ellas con otros\u2020\u009d. (1Co 9:22, 23.) El amor tampoco reclama sus \u2020\u0153derechos\u2020\u009d; est\u00e1 m\u00e1s interesado en el bienestar espiritual de su semejante. (Ro 14:13, 15.)<\/p>\n<p>El amor \u2020\u0153no se siente provocado\u2020\u009d. No busca ni una ocasi\u00f3n ni una excusa para sentirse provocado. No da lugar a estallidos de c\u00f3lera, pues son una obra de la carne. (G\u00e1l 5:19, 20.) La persona que tiene amor no se ofende con facilidad por lo que otros dicen o hacen. No est\u00e1 preocupada en exceso porque se hiera su \u2020\u0153dignidad\u2020\u009d.<\/p>\n<p>El amor \u2020\u0153no lleva cuenta del da\u00f1o\u2020\u009d (literalmente: no \u2020\u0153cuenta lo malo\u2020\u009d, Int). No se considera herido para luego registrar la ofensa en un \u2020\u02dclibro de cuentas\u2020\u2122 con la intenci\u00f3n de dirimirla o reclamar una compensaci\u00f3n en un momento conveniente, y, en lo que ese momento llega, abstenerse de relacionarse con el ofensor. Ese proceder reflejar\u00ed\u00ada un esp\u00ed\u00adritu vengativo que la Biblia condena. (Le 19:18; Ro 12:19.) El amor no imputa malos motivos; m\u00e1s bien, se inclina a hacer concesiones y a conceder a otros un margen de confianza. (Ro 14:1, 5.)<\/p>\n<p>El amor \u2020\u0153no se regocija por la injusticia, sino que se regocija con la verdad\u2020\u009d. El amor se regocija con la verdad aunque esta modifique puntos de vista que se hayan sostenido antes o afirmaciones que se hayan expuesto. Se adhiere a la Palabra de verdad de Dios. Est\u00e1 siempre de parte de lo que es recto y no se complace en el error, la mentira o en cualquier clase de injusticia, prescindiendo de qui\u00e9n sea la v\u00ed\u00adctima, incluso si se tratase de un enemigo. Sin embargo, si supiese de algo impropio o enga\u00f1oso, el amor no tendr\u00ed\u00ada temor de exponerlo en aras de la verdad y para el bien de otras personas. (G\u00e1l 2:11-14.) Adem\u00e1s, prefiere sufrir el mal si por pretender corregir un mal, pudiese incurrir en otro. (Ro 12:17, 20.) Por otra parte, cuando alguien es corregido merecidamente por quien tiene las debidas atribuciones para hacerlo, la persona amorosa no se pone de parte del que ha sido corregido, criticando la validez de la correcci\u00f3n o a la persona que la dio. Proceder de ese modo reflejar\u00ed\u00ada falta de amor a la persona a la que se ha corregido. As\u00ed\u00ad podr\u00ed\u00ada ganarse sus simpat\u00ed\u00adas, pero le ocasionar\u00ed\u00ada un mal, no un bien.<\/p>\n<p>El amor \u2020\u0153todas las cosas las soporta\u2020\u009d. Desea perseverar, sufrir por causa de la justicia. Una traducci\u00f3n literal de la expresi\u00f3n es: \u2020\u0153Todo lo cubre\u2020\u009d (Sc\u00ed\u00ado, nota). La persona amorosa no descubre con ligereza al que le ha ofendido. Si no se trata de una ofensa muy grave, la pasa por alto. En cambio, se atiene al proceder que Jes\u00fas recomend\u00f3 en Mateo 18:15-17 siempre que su aplicaci\u00f3n sea pertinente. Cuando en tales ocasiones el ofensor pide perd\u00f3n y repara el da\u00f1o despu\u00e9s de expon\u00e9rsele en privado, la persona amorosa demostrar\u00e1 que su perd\u00f3n es genuino, que para ella \u2014en imitaci\u00f3n de Dios\u2014 la ofensa ha quedado cubierta por completo. (Pr 10:12; 17:9; 1Pe 4:7, 8.)<\/p>\n<p>\u2020\u0153Todas las cree.\u2020\u009d El amor tiene fe en todo cuanto Dios ha dicho en Su Palabra, aun cuando las circunstancias parezcan contradecirla y el mundo incr\u00e9dulo se burle. Este amor, en especial el que le tenemos a Dios, es un reconocimiento de Su veracidad, basado en sus tratos fieles y confiables del pasado, tal como no dudamos de la palabra de un verdadero amigo al que conocemos y amamos cuando nos dice algo sin m\u00e1s base que su palabra. (Jos 23:14.) El amor cree en todo lo que Dios dice aunque la persona no sea capaz de comprenderlo completamente, pero est\u00e1 dispuesto a esperar con paciencia hasta que la informaci\u00f3n se presente en t\u00e9rminos mucho m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos o hasta que se logre entenderla. (1Co 13:9-12; 1Pe 1:10-13.) El amor, adem\u00e1s, conf\u00ed\u00ada en la direcci\u00f3n de Dios sobre la congregaci\u00f3n cristiana y sus siervos nombrados y respalda las decisiones basadas en la Palabra de Dios que estos toman. (1Ti 5:17; Heb 13:17.) Sin embargo, el amor no es cr\u00e9dulo, pues se gu\u00ed\u00ada por el consejo dado en la Palabra de Dios: \u2020\u0153Prueben las expresiones inspiradas para ver si se originan de Dios\u2020\u009d, por lo que comprueba todas las cosas aplicando la regla de medir b\u00ed\u00adblica. (1Jn 4:1; Hch 17:11, 12.) El amor genera confianza en los hermanos cristianos fieles; un cristiano no sospechar\u00ed\u00ada o dudar\u00ed\u00ada de ellos a menos que existiera prueba incontestable de que est\u00e1n en un error. (2Co 2:3; G\u00e1l 5:10; Flm 21.)<\/p>\n<p>\u2020\u0153Todas las espera.\u2020\u009d El amor cifra su esperanza en todas las promesas de Jehov\u00e1. (Ro 12:12; Heb 3:6.) Prosigue su trabajo mientras espera con paciencia que Jehov\u00e1 lo haga fructificar y crecer. (1Co 3:7.) La persona amorosa desea que sus hermanos cristianos salgan airosos de cualquier circunstancia por la que atraviesen, aun en el caso de aquellos que tal vez est\u00e9n d\u00e9biles en su fe. Reconocer\u00e1 que si Jehov\u00e1 es paciente incluso con estos, \u00e9l debe adoptar la misma actitud. (2Pe 3:15.) Contin\u00faa proporcionando ayuda a aquellos a quienes ense\u00f1a la verdad, con la esperanza de que el esp\u00ed\u00adritu de Dios los mueva a servirle a El.<\/p>\n<p>\u2020\u0153Todas las aguanta.\u2020\u009d Se requiere amor de los cristianos para que permanezcan \u00ed\u00adntegros a Jehov\u00e1 Dios. Sin importar lo que el Diablo haga con el fin de poner a prueba la firmeza de la devoci\u00f3n y fidelidad cristianas a Dios, el amor aguantar\u00e1 de tal modo que ayudar\u00e1 al cristiano a permanecer leal a El. (Ro 5:3-5; Mt 10:22.)<\/p>\n<p>\u2020\u0153El amor nunca falla.\u2020\u009d Nunca terminar\u00e1 ni dejar\u00e1 de existir. Tal vez un nuevo conocimiento y entendimiento modifique nuestro punto de vista sobre lo que en un tiempo cre\u00ed\u00admos, o quiz\u00e1s cifremos nuestra esperanza en nuevos objetivos al irse materializando las cosas esperadas, pero el amor permanece inalterable y se hace cada vez m\u00e1s fuerte. (1Co 13:8-13.)<\/p>\n<p>\u2020\u0153Tiempo de amar.\u2020\u009d El amor solo se retiene de aquellos a quienes Jehov\u00e1 se\u00f1ala como indignos de ser amados, o de los que est\u00e1n resueltos a seguir en un proceder de maldad. De otro modo, ha de hacerse extensivo a todas las personas, mientras estas no demuestren odiar a Dios. Tanto Jehov\u00e1 Dios como Jesucristo aman la justicia y odian el desafuero. (Sl 45:7; Heb 1:9.) No se debe mostrar amor a los que odian intensamente al Dios verdadero. De hecho, no se conseguir\u00ed\u00ada nada aunque se les siguiera mostrando amor, pues los que odian a Dios no responder\u00e1n a su amor. (Sl 139:21, 22; Isa 26:10.) Por lo tanto, Dios merecidamente los odia y tiene un tiempo para tomar acci\u00f3n contra ellos. (Sl 21:8, 9; Ec 3:1, 8.)<\/p>\n<p>Cosas que no se deben amar. El ap\u00f3stol Juan escribe: \u2020\u0153No est\u00e9n amando ni al mundo ni las cosas que est\u00e1n en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no est\u00e1 en \u00e9l; porque todo lo que hay en el mundo \u2014el deseo de la carne y el deseo de los ojos y la exhibici\u00f3n ostentosa del medio de vida de uno\u2014 no se origina del Padre, sino que se origina del mundo\u2020\u009d. (1Jn 2:15, 16.) Despu\u00e9s dice: \u2020\u0153El mundo entero yace en el poder del inicuo\u2020\u009d. (1Jn 5:19.) Por consiguiente, los que aman a Dios odian todo proceder inicuo. (Sl 101:3; 119:104, 128; Pr 8:13; 13:5.)<br \/>\nSi bien la Biblia muestra que los esposos y las esposas deber\u00ed\u00adan amarse y que este amor incluye las relaciones conyugales (Pr 5:18, 19; 1Co 7:3-5), tambi\u00e9n indica que es impropia la pr\u00e1ctica carnal \u2014com\u00fan al mundo\u2014 de tener relaciones sexuales con otra persona que no sea el c\u00f3nyuge. (Pr 7:18, 19, 21-23.) Otra pr\u00e1ctica com\u00fan al mundo es el materialismo, el \u2020\u0153amor al dinero\u2020\u009d (fi\u00c2\u00b7lar\u00c2\u00b7gy\u00c2\u00b7r\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7a, literalmente: \u2020\u0153cari\u00f1o a la plata\u2020\u009d, Int), que es ra\u00ed\u00adz de toda suerte de cosas perjudiciales. (1Ti 6:10; Heb 13:5.)<br \/>\nJesucristo advirti\u00f3 del peligro de buscar la gloria del hombre. Denunci\u00f3 con severidad a los l\u00ed\u00adderes religiosos hip\u00f3critas jud\u00ed\u00ados, a quienes les gustaba orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de los caminos anchos para que los vieran, y tambi\u00e9n les gustaban los lugares m\u00e1s prominentes en las cenas y los asientos delanteros en las sinagogas. Entonces dijo que ya hab\u00ed\u00adan recibido su galard\u00f3n completo, el que amaban y deseaban, es decir, el honor y la gloria de los hombres; por lo tanto, no merec\u00ed\u00adan ninguna recompensa por parte de Dios. (Mt 6:5; 23:2, 5-7; Lu 11:43.) El registro dice: \u2020\u0153Hasta de los gobernantes muchos realmente pusieron fe en \u00e9l [Jes\u00fas], pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga; porque amaban la gloria de los hombres m\u00e1s que la misma gloria de Dios\u2020\u009d. (Jn 12:42, 43; 5:44.)<br \/>\nAl hablar a sus disc\u00ed\u00adpulos, dijo: \u2020\u0153El que tiene afecto [fi\u00c2\u00b7lon] a su alma la destruye, pero el que odia su alma en este mundo la resguardar\u00e1 para vida eterna\u2020\u009d. (Jn 12:23-25.) El que prefiere proteger su vida actual y no est\u00e1 dispuesto a sacrificarla como seguidor de Cristo perder\u00e1 la vida eterna, pero el que considera la vida en este mundo como algo secundario y ama a Jehov\u00e1 y a Cristo, as\u00ed\u00ad como la justicia de ellos, por encima de todo lo dem\u00e1s, recibir\u00e1 la vida eterna.<br \/>\nDios odia a los mentirosos porque no aman la verdad. La visi\u00f3n del ap\u00f3stol Juan dice al respecto: \u2020\u0153Afuera [de la santa ciudad, la Nueva Jerusal\u00e9n] est\u00e1n los perros y los que practican espiritismo y los fornicadores y los asesinos y los id\u00f3latras y todo aquel a quien le gusta [fi\u00c2\u00b7lon] la mentira y se ocupa en ella\u2020\u009d. (Rev 22:15; 2Te 2:10-12.)<\/p>\n<p>El amor de la persona puede llegar a enfriarse. Cuando Jesucristo habl\u00f3 con sus disc\u00ed\u00adpulos sobre los acontecimientos que habr\u00ed\u00adan de ocurrir en el futuro, les dijo que se enfriar\u00ed\u00ada el amor (a\u00c2\u00b7g\u00e1\u00c2\u00b7pe) de muchos que profesar\u00ed\u00adan ser cristianos. (Mt 24:3, 12.) El ap\u00f3stol Pablo tambi\u00e9n indic\u00f3 que una caracter\u00ed\u00adstica de los tiempos cr\u00ed\u00adticos que habr\u00ed\u00adan de venir ser\u00ed\u00ada el que muchos llegar\u00ed\u00adan a ser \u2020\u0153amadores del dinero\u2020\u009d. (2Ti 3:1, 2.) En consecuencia, est\u00e1 claro que una persona puede alejarse de los principios rectos que ha defendido y hasta desvanec\u00e9rsele el amor genuino que en un tiempo tuvo. Este hecho recalca la importancia de ejercer y acrecentar continuamente el amor meditando en la Palabra de Dios y amoldando la vida a Sus principios. (Ef 4:15, 22-24.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. El vocabulario del amor. II. El amor natural: 1. El amor es fuente de felicidad; 2. El amor ego\u00ed\u00adsta: a) Amor a la comida, al dinero, a los placeres, b) El amor sexual, c) La embriaguez del amor er\u00f3tico, d) El amor desordenado a s\u00ed\u00ad mismo y al mundo; 3. La amistad: a) Modelos de amistad, b) Valor inestimable de la amistad, c) Verdaderos y falsos amigos, d) C\u00f3mo conquistar y cultivar la amistad, e) El gesto de la amistad: el beso; 4. El amor en la familia: a) El noviazgo, tiempo de amor, b) El amor conyugal, c) El amor a los hijos, d) El amor dentro del clan. III. El amor religioso o sobrenatural del hombre<br \/>\n1. El amor de Dios: a) El mandamiento fundamental, b) Amor y temor de Dios, c) El amor al lugar de la presencia de Dios, d) El amor al Hijo de Dios, e) El amor de Dios es fuente de felicidad y de gracia; 2. El amor a la sabidur\u00ed\u00ada y a la \u2020\u0153t\u00f3rah\u2020\u009d: a) La invitaci\u00f3n al amor, b) El amor a la ley mosaica, c) El amor a la ley- sabidur\u00ed\u00ada es fuente de felicidad y de gracia; 3. El amor al pr\u00f3jimo: a) \u00bfQui\u00e9n es el pr\u00f3jimo al que hay que amar?, b) El amor al forastero, c) El amor a los enemigos, d) El amor exp\u00ed\u00ada los pecados; 4. El amor cristiano: oJjAmaos, como yo os amo!, b) Amor sincero, concreto y profundo, c) El amor fraterno es fruto del Esp\u00ed\u00adritu Santo, d) El amor de los pastores de las Iglesias, e) El amor conyugal,!) \u2020\u0153Koino-n\u00ed\u00ada y comunidad cristiana primitiva. IV. Dios es amor 1. El amor de Dios a la creaci\u00f3n y al hombre: a) Dios crea por amor y ama a sus criaturas, b) Dios ama a los justos; 2. El amor del Se\u00f1or en la historia de la salvaci\u00f3n: a) El Se\u00f1or ama a su pueblo, b) Amor ben\u00e9volo y alianza, c) Los amigos de Dios, d) El Padre ama al Hijo, e) La elecci\u00f3n de amor,!) Amor, castigo y perd\u00f3n; 3. Dios revela plenamente su amor en el Hijo: a) Cristo es la manifestaci\u00f3n perfecta del amor del Padre, b) Jes\u00fas ama a todos los hombres: los amigos y los pecadores, c) El amor de Jes\u00fas a la Iglesia.<br \/>\nloo<br \/>\n1. EL VOCABULARIO DEL AMOR.<br \/>\nLos t\u00e9rminos amor, amar son de las palabras m\u00e1s comunes y m\u00e1s tiernas del lenguaje, accesibles a todos los hombres. No hay nadie en la tierra que no haya realizado o no realice la experiencia de la realidad significada por estos vocablos. En efecto, el hombre vive para amar y para ser amado; viene a la existencia por un acto de amor de sus padres y su vida est\u00e1 desde el comienzo bajo el ritmo de los gestos de ternura y de amor. El deseo m\u00e1s profundo de la persona es amar. El hombre crece, se realiza y encuentra la felicidad en el amor; el fin de su existencia es amar.<br \/>\nCiertamente, el amor es una realidad divina: \u00c2\u00a1Dios es amor! El hombre recibe una chispa de este fuego celestial y alcanza el objetivo de su vida si consigue que no se apague nunca la llama del amor, reaviv\u00e1ndola cada vez m\u00e1s al desarrollar su capacidad de amar. Por consiguiente, el amor es uno de los elementos primarios de la vida, el aspecto dominante que caracteriza a Dios y al hombre.<br \/>\nUn tema tan fundamental para la existencia no pod\u00ed\u00ada estar ausente en la Biblia. En realidad, el libro de Dios, que recoge y describe la historia de la salvaci\u00f3n, reserva un lugar de primer plano al amor, describi\u00e9ndolo con toda la gama de sus manifestaciones, desde la vertiginosa caridad del Padre celestial hasta las expresiones del amor humano en la amistad, en el don de s\u00ed\u00ad, en el noviazgo, en el matrimonio, en la uni\u00f3n sexual. En efecto, la Sagrada Escritura narra c\u00f3mo am\u00f3 Dios al mundo y hasta qu\u00e9 punto se manifest\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo como amor; adem\u00e1s, muestra c\u00f3mo reaccion\u00f3 el nombre ante tanta caridad divina y c\u00f3mo vivi\u00f3 el amor. As\u00ed\u00ad pues, la Biblia puede definirse justamente como el libro del amor de Dios y del hombre. . La Biblia utiliza varios t\u00e9rminos para-expresar la realidad del amor. El grupo de voces empleadas con mayor frecuencia en la traducci\u00f3n griega de los LXX y en el NT est\u00e1 representado por agapeagap\u00e1njagap\u00e9t\u00f3 pero tambi\u00e9n se usan con cierta frecuencia los sin\u00f3nimos phllein\/phi-l\u00ed\u00ada\/ph\u00fcos. S\u00f3lo raramente encontramos en los LXX los vocablos \u00e9rdsj er\u00e1sthallerast\u00e9s, que desconocen los autores neotestamentarios, probablemente porque estos \u00faltimos t\u00e9rminos indican a menudo el amor er\u00f3tico Pr 7,18; Pr 30,16; Os 2,5; Os 2, etc\u00e9tera).<br \/>\nLa ra\u00ed\u00adz verbal hebrea que est\u00e1 en el origen de este vocabulario del amor es sobre todo \u2020\u02dcahab, con su derivado \u2020\u02dcaha bah (amor). Tambi\u00e9n conviene mencionar el t\u00e9rmino raham, que indica el amor compasivo y misericordioso, sobre todo del Se\u00f1or con sus criaturas. Finalmente, no hay que omitir en este examen el sustantivo hesed, que los LXX suelen traducir por el t\u00e9rmino \u00e9leos, y que significa de hecho el amor ben\u00e9volo, especialmente entre personas ligadas por un pacto sagrado.<\/p>\n<p>II. EL AMOR NATURAL.<br \/>\nLa Biblia es un c\u00e1ntico al amor de Dios a sus criaturas, y de manera especial &#038; su pueblo; pero no ignora el amor del hombre en sus m\u00faltiples expresiones naturales y religiosas. En la Sagrada Escritura encontramos una interesante presentaci\u00f3n del amor humano, que evidentemente no est\u00e1 separado de Dios y de su palabra, y que por tanioAnejniede ser considerado siempre como simplemente profano; pero este amor es vivido con sus manifestaciones de la existencia en la esfera natural, como la familia, la amistad, la solidaridad, aun cuando estas realidades sean consideradas como sagradas. Adem\u00e1s, la Biblia habla tambi\u00e9n del amor ego\u00ed\u00adsta, con sus manifestaciones er\u00f3ticas. As\u00ed\u00ad pues, por necesidad de una mayor claridad en nuestra exposici\u00f3n podemos y debemos distinguir entre el amor religioso o sobrenatural y el amor simplemente natural.<\/p>\n<p>1. EL AMOR ES FUENTE DE FELICIDAD.<br \/>\nEl Qoh\u00e9let, expresi\u00f3n de la sabidur\u00ed\u00ada humana que ha conseguido dome\u00f1ar las pasiones, presenta el amor natural con cierto despego, consider\u00e1ndolo como uno de los momentos importantes y una de las expresiones vitales de la existencia junto con el nacimiento y la muerte (Qo 3,8), para mostrar que todo es vanidad (Qo l,2ss) y que en el fondo el hombre no conoce, esto es, no realiza la experiencia profunda ni del amor ni del odio (Qo 9,1; Qo 9,6). No todos los autores delAT, sin embargo, resultan tan pesimistas; m\u00e1s a\u00fan, algunos sabios presentan el amor como fuente de gozo y de felicidad. La siguiente sentencia sapiencial es muy significativa a este prop\u00f3sito: \u2020\u0153M\u00e1s vale una raci\u00f3n de verduras con amor que buey cebado con odio\u2020\u2122 (Pr 15,17). El secreto de la felicidad humana radica en el amor, y no en la abundancia de bienes, en la riqueza o en el poder; por esta raz\u00f3n se declara bienaventurados a aquellos que mueren en el amor (Si 48,11).<\/p>\n<p>2. El amor ego\u00ed\u00adsta.<br \/>\nPero no todas las manifestaciones concretas del amor humano llevan consigo gozo y felicidad, puesto que no siempre se trata de la actitud nobil\u00ed\u00adsima de la apertura y del don de s\u00ed\u00ad a otra persona; algunas veces los t\u00e9rminos examinados indican placer, erotismo, pasi\u00f3n carnal, y por tanto ego\u00ed\u00adsmo.<br \/>\nLa Biblia conoce, igualmente, estas expresiones del amor humano.<\/p>\n<p>a) Amor a la comida, al dinero, a los placeres. En la historia de los patriarcas, cuando se describe la escena de la bendici\u00f3n de Jacob por parte de su padre, se habla varias veces del plato sabroso de carne, amado por Isaac (Gn 27,4; Gn 27,9; Gn 27,14). En otros pasajes b\u00ed\u00adblicos se alude al amor al dinero. El profeta Isa\u00ed\u00adas denuncia la corrupci\u00f3n de los jefes de Jerusal\u00e9n, puesto que aman los regalos y corren tras las recompensas, cometiendo por ello abominaciones e injusticias (Is 1,23). Qoh\u00e9let estigmatiza el hambre insaciable de dinero y de riquezas: el que ama esas realidades, nunca se ve pagado (Qo 5,9). El sabio an\u00f3nimo del libro de los Proverbios sentencia: \u2020\u0153Estar\u00e1 en la miseria el que ama el placer, el que ama el vino y los perfumes no se enriquecer\u00e1\u2020\u009d (Pr 21,17). Por su parte, el Sir\u00e1cida declara que el amor al oro es fuente de injusticia, y por tan-do de perdici\u00f3n (Si 31,5).<\/p>\n<p>b) El amor sexual. En el AT no s\u00f3lo encontramos un lenguaje rico y variado sobre el amor sexual, no raras veces de car\u00e1cter er\u00f3tico, sino que se describen escenas de amor carnal y pasional. En estos casos el amor indica la atracci\u00f3n mutua de los sexos con una muestra evidente de su aspecto espont\u00e1neo e instintivo. No pocas veces, sin embargo, el vocabulario er\u00f3tico es utilizado por los profetas en clave religiosa, para indicar la idolatr\u00ed\u00ada del pueblo de Dios.<br \/>\nEn la historia de la familia de Jacob no s\u00f3lo se nos informa de la pasi\u00f3n de Rub\u00e9n, que se une sexualmente a una concubina de su padre (Gn 35,22), sino que se narra detalladamente la escena del enamoramiento de Siqu\u00e9n por Dina; \u00e9ste rapt\u00f3 y violent\u00f3 a la hija de Jacob, luego se enamor\u00f3 de la joven y quiso casarse con ella; pero los hermanos de Dina, para vengar la afrenta, mataron con una estratagema a todos los varones de aquella ciudad cananea (Gn 34,1-29).<\/p>\n<p>Si la acci\u00f3n de Siqu\u00e9n es considerada como una infamia, ya que fue violada una doncella de Israel, la pasi\u00f3n de Amn\u00f3n por su hermanastra Tamar es realmente abominable. Pero la acci\u00f3n violenta y carnal de Siqu\u00e9n dio origen a un amor profundo, mientras que en el caso del hijo de David el acto violento contra la hermana engendr\u00f3 el odio despu\u00e9s de la satisfacci\u00f3n sexual, por lo que Tamar fue echada del t\u00e1lamo y de la casa despu\u00e9s de sufrir la afrenta, a pesar de que le suplic\u00f3 al hermano criminal que no cometiera tal infamia, peor a\u00fan que la primera (2S 13,1-18). El comportamiento desvergonzado de Amn\u00f3n constituye uno de los ejemplos m\u00e1s elocuentes de un amor sexual pasional, sin el m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo elemento espiritual; se trata de un amor no humanizado, expresi\u00f3n \u00fanicamente libidinosa, y por tanto destinado a un desgraciado ep\u00ed\u00adlogo.<\/p>\n<p>En la historia de la familia de David el autor sagrado no aprueba los amores de Salom\u00f3n por las mujeres extranjeras; no tanto por su aspecto \u00e9tico, es decir, el hecho de tener demasiadas mujeres y concubinas (en total, mil mujeres), sino m\u00e1s bien por las consecuencias religiosas de tales uniones, que fueron causa de idolatr\u00ed\u00ada yde abandono del Se\u00f1or, el \u00fanico Dios verdadero (IR 11,1-13).<\/p>\n<p>En este contexto de amor carnal hay que aludir a la pasi\u00f3n de la mujer de Putifar; esta egipcia, enamorada locamente de Jos\u00e9, guapo de forma y de aspecto, le tent\u00f3 varias veces, invit\u00e1ndole a unirse con ella. Ante las sabias respuestas del joven esclavo, el amor libidinoso se transform\u00f3 en odio y en calumnia, por lo que fue la causa del encarcelamiento del casto hebreo (Gn 39,6-20).<\/p>\n<p>c) La embriaguez del amor er\u00f3tico. Los libros sapienciales hablan en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n del amor libertino, present\u00e1ndolo en toda su fascinaci\u00f3n, para invitar a mantenerse lejos de \u00e9l, ya que es causa de muerte. La descripci\u00f3n de la seductora, la mujer infiel; la cortesana, astuta y bulliciosa, que invita al joven inexperto a embriagarse de amor con ella, se presenta como un boceto pict\u00f3rico de gran valor art\u00ed\u00adstico Pr 7,6-27). Esta mujer sale de casa en medio de la noche y, acechando en las esquinas de la calle, aguarda al incauto, lo atrae hacia s\u00ed\u00ad, lo abraza y le dirige palabras seductoras: \u2020\u0153Ac ataviado mi lecho con tapices, con finas telas de Egipto; he perfumado mi cama con mirra, \u00e1loe y cinamomo. Ven, embriagu\u00e9monos de amor hasta la ma\u00f1ana, gocemos de la alegr\u00ed\u00ada del placer\u2020\u2122 (Pr 7,16-18). Estas expresiones acarameladas e insistentes embaucan al joven y lo seducen con la lisonja de sus labios (Vv. 2Oss) [1 Proverbios].<br \/>\nEl \/ Sir\u00e1cida exhorta no solamente a estar en guardia ante los celos por la mujer amada, sino tambi\u00e9n a evitar la familiaridad con la mujer licenciosa y con la mujer ajena; sobre todo invita calurosamente a evitar a las prostitutas y a no dejarse seducir por la belleza de una mujer, ya que su amor quema como el fuego Si 9,1-9).<br \/>\n107<br \/>\nd) El amor desordenado a s\u00ed\u00ad mismo y al mundo. En el NT se pueden observar severas advertencias a ponerse en guardia ante el amor desordenado a la gloria terrena, al ego\u00ed\u00adsmo, a las ambiciones de este mundo. Jes\u00fas condena la actitud de los hip\u00f3critas, que s\u00f3lo desean el aplauso y la vanagloria, que realizan obras de justicia con la \u00fanica finalidad de obtener la admiraci\u00f3n de los otros (Mt 6,2; Mt 6,5; Mt 6,16). Este amor a la publicidad y a los primeros puestos es t\u00ed\u00adpico de los escribas y de los fariseos Mt 23,6; Lc 11,43; Lc 20,46).<br \/>\nTodav\u00ed\u00ada parece m\u00e1s severa la condenaci\u00f3n del amor al mundo y a sus concupiscencias, es decir, la carne, la ambici\u00f3n y las riquezas; esta b\u00fasqueda \u00e1vida de las realidades mundanas para fomentar el ego\u00ed\u00adsmo impide la adhesi\u00f3n al Dios del amor: \u2020\u0153No am\u00e9is al mundo ni lo que hay en \u00e9l. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no est\u00e1 en \u00e9l. Porque todo lo que hay en el mundo, las pasiones carnales, el ansia de las cosas y la arrogancia, no provienen del Padre, sino del mundo\u2020\u2122 (IJn 2,15-16). El mundo ama y se deleita en esas realidades, expresi\u00f3n del ego\u00ed\u00adsmo y de las tinieblas (Jn 15,19). Santiago proclama que el amor al mundo, y particularmente el adulterio, hacen al hombre enemigo de Dios (St 4,4). Pablo deplora que Dem\u00e1s lo haya abandonado por amor al siglo presente, o sea, al mundo (2Tm 4,10). El que se deja seducir por el mundo, expresi\u00f3n de la iniquidad, se encamina hacia la perdici\u00f3n, ya que no ha acogido el amor a la verdad, es decir, la palabra del evangelio (2Ts 2,10). El autor de la segunda carta de Pedro presenta a los falsos profetas esclavos de la carne, sucios e inmersos en el placer (2P 2,13). Estas personas ego\u00ed\u00adstas ser\u00e1n excluidas de la Jerusa-l\u00e9n celestial, es decir, del reino de la gloria divina (Ap 22,15).<\/p>\n<p>En los evangelios Jes\u00fas invita a sus disc\u00ed\u00adpulos a guardarse del peligro del amor exagerado a la propia persona: el que pone su vida en primer lugar y la considera como el bien supremo que hay que salvaguardar a toda costa, aunque sea en contra de Cristo y de su palabra, \u00e9se est\u00e1 buscando su propia ruina: \u2020\u0153El que ama su vida la perder\u00e1; y el que odia su vida en este mundo la conservar\u00e1 para la vida eterna\u2020\u009d (Jn 12,25). Para salvar la propia vida hay que estar dispuestos a perderla en esta tierra por el Hijo de Dios y por su evangelio (Mc 8,35 y par). Los m\u00e1rtires de Cristo han hecho esta opci\u00f3n, y por eso viven en la gloria de Dios (Ap 12,11).<\/p>\n<p>3. La amistad.<\/p>\n<p>La Biblia conoce la dimensi\u00f3n er\u00f3tica del amor, pero habla sobre todo de su aspecto verdaderamente humano, concretado en la amistad, en el don de s\u00ed\u00ad mismo, en la vida por la persona amada. La amistad representa realmente la expresi\u00f3n m\u00e1s noble del amor y es posible \u00fanicamente a un ser racional. S\u00f3lo entre personas puede reinar la amistad. En la Sagrada Escritura, aunque no encontremos tratados completos sobre la amistad humana, s\u00ed\u00ad encontramos frecuentes referencias a su fenomenolog\u00ed\u00ada y se nos presentan ejemplos poco comunes de aut\u00e9ntica y profunda amistad.<\/p>\n<p>a) Modelos de amistad. La Biblia nos presenta ante todo ejemplos concretos de amistad profunda entre personas que se quieren de forma espont\u00e1nea y en el sentido m\u00e1s real de la palabra; en estos modelos el amor envuelve a todo el ser humano, a menudo hasta el riesgo de la propia vida. En el AT uno de los ejemplares m\u00e1s c\u00e9lebres y elocuentes de la aut\u00e9ntica amistad lo encontramos en la historia tr\u00e1gica del atormentado rey Sa\u00fal; su hijo mayor quer\u00ed\u00ada fuertemente, hasta estar dispuesto a dar su vida por \u00e9l, a David, a pesar del odio con que lo trataba su padre. Cuando Jonat\u00e1n vio a este joven h\u00e9roe en presencia del rey con la cabeza del gigante Goliat en la mano; \u2020\u0153qued\u00f3 prendado de David, y Jonat\u00e1n comenz\u00f3 a amarlo como a s\u00ed\u00ad mismo\u2020\u009d (IS 18,1); por eso hizo un pacto con el hijo de Jos\u00e9, \u2020\u0153porque lo amaba como a s\u00ed\u00ad mismo\u2020\u009d, y le regal\u00f3 \u2020\u0153su manto, sus vestidos y hasta su espada, su arco y su cintu-r\u00f3n\u2020\u009d(lSam 18,3s).<\/p>\n<p>El amor de Jonat\u00e1n a David no fue s\u00f3lo de orden sentimental, sino que se manifest\u00f3 muy en concreto; en efecto, cuando su padre decidi\u00f3 matar a su amigo, le avis\u00f3 para que estuviera atento e intercedi\u00f3 en favor suyo con unas palabras tan convincentes que hizo renunciar al rey a sus prop\u00f3sitos homicidas (IS 19,1-7). Como consecuencia de las persecuciones de Sa\u00fal, Jonat\u00e1n tuvo que ayudar a huir a su amigo, enfrent\u00e1ndose con la ira de su padre, que lleg\u00f3 a lanzar contra \u00e9l su lanza por haber defendido a David IS 20). En aquella ocasi\u00f3n los dos amigos hicieron un nuevo pacto: \u2020\u0153Jonat\u00e1n reiter\u00f3 su juramento a David por el amor que le ten\u00ed\u00ada, pues le amaba como a s\u00ed\u00ad mismo\u2020\u009d (1S 20,17). Antes de separarse, los dos amigos se besaron y lloraron juntos, hasta que David lleg\u00f3 al paroxismo; Jonat\u00e1n entonces dijo a su amigo: \u2020\u0153Vete en paz. En cuanto al juramento que hemos hecho en nombre del Se\u00f1or, que el Se\u00f1or est\u00e9 siempre entre t\u00fa y yo, entre mi descendencia y la tuya\u2020\u009d (IS 20,42). El llanto, el ayuno y la lamentaci\u00f3n de David por la muerte de Jonat\u00e1n ilustran de la forma m\u00e1s elocuente su tierno y profundo afecto por el amigo (2S 1,1 Is):<\/p>\n<p>\u2020\u0153Estoy angustiado por ti, hermano m\u00ed\u00ado, Jonat\u00e1n, amigo querid\u00ed\u00adsimo; tu amor era para m\u00ed\u00ad m\u00e1s dulce que el amor de mujeres\u2020\u009d(2S 1,26). En el NT encontramos modelos de amistad no menos significativos. Advirtamos que en \u00e9l se registran varios casos de amistad humana, no siempre profunda (Lc 7,6 ll,5ss; Lc 14,12; Lc 15,6; Lc 15,9; Lc 15,29; Hch 10,24; Hch 19,31; Hch 27,3). No pocas veces esos amigos demuestran un amor d\u00e9bil y muy quebradizo, ya que se transformar\u00e1n en perseguidores (Lc 21,16); en efecto, su amistad carece a menudo de ra\u00ed\u00adces profundas, como la que hab\u00ed\u00ada entre Herodes y Pilato Lc 23,12). De un tenor an\u00e1logo era la amistad servil de los funcionarios romanos por el emperador, aun cuando el t\u00ed\u00adtulo que m\u00e1s ambicionaban era el de \u2020\u0153amigos del cesar\u2020\u009d, mientras que la amenaza m\u00e1s grave para ellos era la acusaci\u00f3n de no ser amigos del emperador (Jn 19,12).<\/p>\n<p>Pero los evangelios nos hablan adem\u00e1s y sobre todo de la amistad s\u00f3lida de Jes\u00fas y de sus disc\u00ed\u00adpulos con expresiones muy elocuentes, especialmente en el \u00faltimo de estos libros. En efecto, Juan presenta a Jes\u00fas tratando de este tema en sus discursos de la \u00faltima cena, y piensa en el maestro como modelo de la amistad profunda y concreta que llega hasta el don de la vida: \u2020\u0153Vosotros sois mis amigos si hac\u00e9is lo que os mando. Ya no os llamo siervos, pues el siervo no sabe qu\u00e9 hace su se\u00f1or; yo os he llamado amigos porque os he dado a conocer todas las cosas que he o\u00ed\u00addo a mi Padre\u2020\u009d (Jn 15, ?? 5). En el cuarto evangelio se presentan igualmente otros ejemplos de verdadera amistad hacia Jes\u00fas: Sim\u00f3n Pedro am\u00f3 realmente a su maestro y pudo declarar con sinceridad que estaba dispuesto al martirio por \u00e9l, aunque presumiendo de sus fuerzas, ya que lleg\u00f3 a renegar de Cristo (Jn 1 3,37s). Pedro, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, confes\u00f3 con humildad y verdad su amor profundo y sincero por el Se\u00f1or (Jn 21,l5ss). A pesar de la debilidad de su traici\u00f3n (Jn 18,17s.25ss), Pedro acudi\u00f3 inmediatamente a la tumba del Se\u00f1or en la ma\u00f1ana de pascua, cuando le informaron del supuesto robo de su cuerpo (Jn 20,2ss). Peto el modelo del amigo fiel de Cristo en el cuarto evangelio es el disc\u00ed\u00adpulo amado, que vivi\u00f3 en profunda intimidad con el Hijo de Dios (Jn 13,23ss), sigui\u00f3 siempre al maestro, incluso durante su pasi\u00f3n hasta el Calvario (Jn 18,l5ss; 19,26s; 21,20), y corri\u00f3 velozmente al sepulcro de Jes\u00fas apenas Mar\u00ed\u00ada Magdalena lleg\u00f3 con la desconcertante noticia del robo del cad\u00e1ver de Jes\u00fas (Jn 20,2ss). Y no s\u00f3lo ellos, sino que tambi\u00e9n los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos fueron considerados como amigos por Jes\u00fas (Lc 12,4 Jn 15,14s); ellos perseveraron, efectivamente, en el seguimiento del maestro durante sus correr\u00ed\u00adas apost\u00f3licas (Lc 22,28).<\/p>\n<p>Finalmente, a prop\u00f3sito del tema de la amistad, no hemos de omitir una alusi\u00f3n a la exhortaci\u00f3n de Jes\u00fas<br \/>\n-realmente original- de hacerse amigos con la riqueza, aunque injusta, para ser acogidos en las moradas eternas (Lc 16,9). Con este Ioghion el Se\u00f1or ense\u00f1a que con la limosna y el socorro a los necesitados nos hacemos amigos de los pobres, que son quienes tienen el poder de introducir a los ricos en el reino celestial.<br \/>\n110<br \/>\nb) Valor inestimable de la amistad. El afecto profundo, el amor tierno y fuerte entre dos personas, es considerado por la Biblia como un bien imposible de pagar, como un tesoro precios\u00ed\u00adsimo. La eleg\u00ed\u00ada de David por su amigo Jonat\u00e1n exalta la dulzura y el valor extraordinario de la amistad: \u2020\u0153Tu amor era para m\u00ed\u00ad m\u00e1s dulce que el amor de mujeres\u2020\u009d (2S 1,26). Esta sentencia merece nuestra atenci\u00f3n, ya que demuestra cuan valioso y beatificante es el amor entre los amigos: produce mayor felicidad que el amor conyugal. Generalmente, el amor en el matrimonio es considerado como la forma m\u00e1s perfecta y m\u00e1s completa, como la expresi\u00f3n m\u00e1s profunda del don de s\u00ed\u00ad mismo en el amor; en el matrimonio realmente se manifiesta el amor de forma plena, en cuanto que se tiene una comuni\u00f3n profunda, no s\u00f3lo de los corazones, sino tambi\u00e9n de los cuerpos. Pues bien, David proclama que su amistad con Jonat\u00e1n era m\u00e1s dulce y maravillosa que el amor conyugal.<br \/>\nEn realidad, el amigo verdadero ama en todas las circunstancias, en la prosperidad y en la desdicha Pr 17,17): \u2020\u0153Un amigo fiel es escudo poderoso; el que lo encuentra halla un tesoro. Un amigo fiel no se paga con nada, no hay precio para \u00e9l. Un amigo fiel es b\u00e1lsamo de vida, los que temen al Se\u00f1or lo encontrar\u00e1n\u2020\u009d (Si 6,14-16). En tiempos de infortunio los amigos consuelan, como sucedi\u00f3 en el caso de Jb, probado duramente por el Se\u00f1or (Jb 2,11). Por esa raz\u00f3n no hay que abandonar nunca al amigo Pr 27,10; Si 9,10), ni mucho menos enga\u00f1arlo con mentiras (Si 7,12); sobretodo, hay que estar en guardia para no traicionarlo por ning\u00fan motivo (Si 7,18). El ap\u00f3stol Judas Iscariote traicion\u00f3, por desgracia, a su amigo y maestro por dinero (Mt 26,l4ss y par).<br \/>\nDado el valor inestimable de la amistad, la p\u00e9rdida de los amigos no puede menos de ser fuente de dolor y de tristeza. Jb, adem\u00e1s de las pruebas indescriptibles, de las desgracias de todo tipo y de la enfermedad horrenda, sabore\u00f3 la amargura del abandono de los amigos, y por ello se lamenta: \u2020\u0153Tienen horror de m\u00ed\u00ad todos mis \u00ed\u00adntimos, ios que yo amaba se han vuelto contra m\u00ed\u00ad\u2020\u009d (Jb 19,19). An\u00e1loga es la experiencia por la que atraves\u00f3 el salmista: \u2020\u0153Mis compa\u00f1eros, mis amigos se alejan de mis llagas; hasta mis familiares se mantienen a distancia\u2020\u009d (Sal 38,12). \u2020\u0153Alejaste de m\u00ed\u00ad a mis amigos y compa\u00f1eros, ahora mi compa\u00f1\u00ed\u00ada es s\u00f3lo la tiniebla\u2020\u009d (Sal 88,19). Los sabios enumeran algunas causas de la p\u00e9rdida de la amistad: la difamaci\u00f3n (Pr 16,28), la promesa no cumplida (Si 20,23), la recriminaci\u00f3n o el insulto (Si 22,20), la traici\u00f3n de los secretos del amigo (Si 22,22; Si 27,16-21). En la historia de los primeros reyes de Israel encontramos la descripci\u00f3n del cambio de la amistad al odio debido a la envidia por el aumento del prestigio de la persona anteriormente querida. Sa\u00fal se aficion\u00f3 a David cuando este joven lleg\u00f3 a su corte; \u00e9l encontr\u00f3 benevolencia ante los ojos del rey (1S 16,2lss). Pero cuando el hijo de Jes\u00e9 comenz\u00f3 a realizar haza\u00f1as admirables contra los filisteos para la salvaci\u00f3n de Israel y todo el pueblo se puso a aplaudir al joven h\u00e9roe, Sa\u00fal sinti\u00f3 envidia, se enfad\u00f3 profundamente e intent\u00f3 varias veces matarlo (1S 18,5ss), ya que lo consideraba como un rival, como un enemigo (IS 18,29). En realidad, el amor puede transformarse en odio y es posible recibir mucho da\u00f1o incluso de los amigos (Za 13,6).<br \/>\n111<br \/>\nc) Verdaderos y falsos amigos. En realidad, no todas las amistades se muestran profundas y aut\u00e9nticas; existen verdaderos y falsos amigos. Algunos profetas no dan la impresi\u00f3n de querer fomentar la amistad, ya que exhortan a no fiarse de los amigos (Miq 7,5) o hablan de sus emboscadas y de sus enga\u00f1os arteros (Jr 9,3; Jr 20,10). El Sir\u00e1cida se muestra menos pesimista, aunque reconoce que existen amigos falaces Si 33,6), y exhorta a ser cautos en las amistades (Si 6,17), a no fiarse del primero que llega y ponerlo a prueba antes de darle confianza, ya que algunos se muestran amigos s\u00f3lo por conveniencia o por inter\u00e9s y pueden transformarse en enemigos con facilidad (Si 6,7-12; Si 37,5). El verdadero amigo no se revela en la prosperidad, sino s\u00f3lo en la adversidad (Si 12,8s); en esa ocasi\u00f3n mostrar\u00e1 su piedad para con el amigo desgraciado (Jb 6,14). En efecto, hay amigos s\u00f3lo de nombre (Si 37,1), que en el tiempo de la tribulaci\u00f3n se esfuman (Si 37,4), sobre todo si la amistad ten\u00ed\u00ada su fundamento en el dinero y el poder (Pr 19,4; Pr 19,6 ). El amigo verdadero es un tesoro que no tiene precio (Si 6,15); por eso su p\u00e9rdida es causa de sufrimiento mortal: \u2020\u0153,No es una pena indecible cuando un compa\u00f1ero o amigo se torna enemigo?\u2020\u009d (Si 37,2)<\/p>\n<p>Ese amargo c\u00e1liz de la traici\u00f3n a la amistad tuvo que saborearlo tambi\u00e9n el Hijo de Dios hecho hombre:<br \/>\nuno de sus disc\u00ed\u00adpulos m\u00e1s \u00ed\u00adntimos, uno de los ap\u00f3stoles, le traicion\u00f3; fue tal el dolor por este gesto infame, que Jes\u00fas se sinti\u00f3 profundamente excitado en su esp\u00ed\u00adritu, cuando estaba para denunciar al traidor Jn 13,21).<br \/>\nLa amistad pol\u00ed\u00adtica no parece desinteresada; en efecto, aunque los Ma-cabeos buscaron y apreciaron la de los romanos (IM 8,17 12,lss; IM 14, l6ss; 15,1 5ss; 2M 4,11) y la de otros reyes helenistas (1 M 10,1 5ss.59ss), este apoyo y esta simpat\u00ed\u00ada estaban provocados por el poder militar de los \u2020\u0153amigos\u2020\u009d(l M<br \/>\n8,lss) y tuvieron como ep\u00ed\u00adlogo la ocupaci\u00f3n de Palestina por parte de esos aliados, que quitaron la libertad a los jud\u00ed\u00ados. Al contrario, una figura de aut\u00e9ntica amistad es la que representa el amigo de bodas. La Escritura habla de \u00e9l en la historia de Sans\u00f3n (Jc 14,20; Jc 15,2; Jc 15,6) y en el contexto del \u00faltimo testimonio de Juan Bautista (Jn 3,29). El amigo del esposo es una figura muy importante en la celebraci\u00f3n del matrimonio entre los jud\u00ed\u00ados; es el soSbim, el que ten\u00ed\u00ada que preparar? la esposa, conducirla hasta el esposo y controlar las relaciones sexuales de la joven pareja.<br \/>\n112<br \/>\nd) C\u00f3mo conquistar y cultivarla amistad. El amor y la amistad tienen un valor incalculable; pero estos tesoros no llueven del cielo, sino que han de descubrirse, buscarse y conquistarse. Adem\u00e1s, la flor maravillosa de la amistad, una vez que ha brotado y despuntado, necesita cultivarse. Los libros sapienciales contienen preciosas advertencias en este sentido, que no han perdido absolutamente nada de su valor en nuestros d\u00ed\u00adas, despu\u00e9s de m\u00e1s de dos mil a\u00f1os. Ac aqu\u00ed\u00ad las sentencias m\u00e1s significativas sobre este tema: \u2020\u0153El que encubre la falta cultiva la amistad\u2020\u009d (Pr 17,9); el que se comporta con humildad y modestia, encuentra gracia ante la mirada del Se\u00f1or y es amado por los hombres (Si 3,17s); el que visita a los enfermos se sentir\u00e1 querido por ellos (Si 7,35), lo mismo que el que ayuda al necesitado (Si 22,23). Por consiguiente, la amistad se conquista amando concretamente al pr\u00f3jimo. El Sir\u00e1cida exhorta a cultivar la amistad, haciendo bien al amigo y comprometi\u00e9ndose en su ayuda (Si 14,13). No hay que dar cr\u00e9dito a las murmuraciones contra los amigos, sino que hay que buscar la verdad, ya que a menudo se trata de calumnias (Si 19,l3ss); m\u00e1s a\u00fan, hay que defender al amigo (Si 22,25), hay que aficionarse a \u00e9l y serle siempre fiel (Si 27,17). Finalmente, no hay que tener miedo de perder el dinero por el amigo (Si 29,10); la amistad es un bien inmensamente superior a las riquezas materiales.<br \/>\n113<br \/>\ne) El gesto de la amistad: el beso. En la Biblia se habla a menudo del beso, el gesto que expresa amor. No s\u00f3lo se besan los padres y los hijos (Gen 27,26s; 50,1; Tb 10,13), sino tambi\u00e9n los parientes: Jacob bes\u00f3 a su prima Raquel; Lab\u00e1n abraz\u00f3 y bes\u00f3 a su sobrino (Gn 29,13); Esa\u00fa corri\u00f3 al encuentro de su hermano Jacob, lo abraz\u00f3 y lo bes\u00f3 (Gn 33,4); Jacob abraz\u00f3 y bes\u00f3 a los hijos de Jos\u00e9 (Gn 48,10); Mois\u00e9s bes\u00f3 a su suegro Jetr\u00f3 (Ex 18,7), lo mismo que Edna a su yerno Tob\u00ed\u00adas (Tb 10,13). Este gesto de afecto fue tambi\u00e9n el de Samuel con el joven Sa\u00fal, despu\u00e9s de consagrarlo como rey de Israel (IS 10,1).<br \/>\nEvidentemente, los besos son deseados y dados sobre todo por los enamorados; por eso el Cantar de los Cantares se abre con esta expresi\u00f3n: \u2020\u0153iQue me bese con los besos de su boca!\u2020\u009d(Ct 1,2). No existe otro gesto m\u00e1s dulce entre dos personas que se aman (Pr 24,26), lo mismo que no hay monstruosidad mayor que el beso del enemigo (Pr27,6). Judas Iscariote se precipit\u00f3 en este abismo cuando con un beso entreg\u00f3 a su amigo y maestro (Mc 14,43-45 y par). El beso es realmente el signo m\u00e1s normal de la amistad y del amor. Por esta raz\u00f3n Jes\u00fas reprocha a su anfitri\u00f3n Sim\u00f3n por no haberle dado un beso y no haberle mostrado ning\u00fan amor, mientras que la pecadora cubri\u00f3 de besos sus pies, revelando el amor profundo de su coraz\u00f3n al Se\u00f1or (Lc 7,45). Entre los primeros cristianos el beso era el gesto normal de saludo, de manera que Pablo termina algunas de sus cartas invitando a los fieles a darse el beso santo Rm 16,16; ICo 16,20; 2Co 13,13; lTs 5,26). En 1P 5,14 encontramos la significativa expresi\u00f3n: \u2020\u0153Saludaos mutuamente con el beso del amor fraternal\u2020\u009d.<br \/>\n114<br \/>\n4. El amor en la familia.<br \/>\nEn la gama de manifestaciones del amor natural, la Biblia reserva un lugar de primer plano al amor dentro de la familia. Las expresiones tiernas y cari\u00f1osas de afecto entre los novios, el amor fuerte entre los esposos, las demostraciones concretas de amor entre padres e hijos encuentran un largo y profundo eco en los libros de la Sagrada Escritura.<br \/>\n115<br \/>\na) El noviazgo, tiempo de amor. La literatura prof\u00e9tica utiliza el s\u00ed\u00admbolo del noviazgo como tiempo de amor para evocar la experiencia religiosa del \u00e9xodo, cuando Israel se vio seducido por el Se\u00f1or, lo sigui\u00f3 espont\u00e1neamente y cant\u00f3 de gozo (Os 2,1 6s). Aquel per\u00ed\u00adodo tan feliz estuvo marcado por el amor y por la adhesi\u00f3n total al Se\u00f1or (Jr2,2). El lenguaje de los profetas en estos pasajes yen otros an\u00e1logos tiene un claro significado religioso; pero se basa en la experiencia humana del noviazgo, per\u00ed\u00adodo encantador de ternura y de amor, tiempo de perfume y de fragancia, marcado por el despuntar del amor, por la apertura del coraz\u00f3n a la persona deseada. En la historia de algunos c\u00e9lebres personajes de la Biblia se hace alguna breve alusi\u00f3n al per\u00ed\u00adodo que precedi\u00f3 a su matrimonio, poniendo de relieve el nacimiento del amor a la mujer con que habr\u00ed\u00adan de casarse. En el coraz\u00f3n d\u00e9 Jacob, por ejemplo, se encendi\u00f3 un fuerte y grande amor a Raquel; para poder casarse con ella se puso al servicio de su padre, su propio t\u00ed\u00ado Lab\u00e1n, durante siete a\u00f1os, \u2020\u0153que le parecieron unos d\u00ed\u00adas, tan grande era el amor que le ten\u00ed\u00ada (Gn 29,17-20). Tambi\u00e9n la historia no menos aventurada de Tob\u00ed\u00adas est\u00e1 marcada por el amor de este joven a la que habr\u00ed\u00ada de ser su esposa: \u2020\u0153Cuando Tob\u00ed\u00adas oy\u00f3 lo que le dijo Rafael y que Sara era de su raza y de la casa de sus padres, se enamor\u00f3 de ella (Tb 6,1; Tb 6,9).<br \/>\nEl \/ Cantar de los Cantares se presenta sin ninguna duda como una celebraci\u00f3n po\u00e9tica del noviazgo, aunque parecen leg\u00ed\u00adtimas las dos lecturas, una en clave de amor natural y la otra en perspectiva religiosa. M\u00e1s a\u00fan, quiz\u00e1 las dos visiones est\u00e9n presentes en dicha obra, y por tanto haya que interpretar el texto en un doble nivel, o sea, como un poema sobre el amor humano de dos novios y como el canto del amor del Se\u00f1or y de Israel durante el per\u00ed\u00adodo que precedi\u00f3 a su matrimonio, sancionado con la alianza del Sina\u00ed\u00ad. En este libro podemos saborear toda la frescura y la dulzura del amor de dos corazones que viven el uno para el otro, de dos personas que desean apasionadamente unirse de la forma m\u00e1s compleja y que por eso se buscan sin descanso y no desisten hasta el encuentro beatificante y el abrazo embriagador. Este poema de amor est\u00e1 ambientado en el campo durante la primavera, la estaci\u00f3n de las flores y de los aromas de la vegetaci\u00f3n, en un clima de alegr\u00ed\u00ada y de canto, el m\u00e1s adecuado para el noviazgo, el tiempo del amor fresco e impetuoso, como la irrupci\u00f3n de la vida (Cant 2,1 Oss; 6,11; 7,13s). El Cantar se abre con el anhelo del beso, de las caricias y del encuentro con la persona amada, para saciarse de la felicidad de amar (Ct 1,1-4). Pero este deseo tan ardiente, para poder apagarse, exige la b\u00fasqueda: \u2020\u0153Dime t\u00fa, amor de mi vida, d\u00f3nde est\u00e1s descansando, d\u00f3nde llevas el ganado al mediod\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Ct 1,7). En el coraz\u00f3n de la noche la novia, enferma de amor (Ct 2,5; Ct 5,8), se levanta del lecho, recorre las calles y las plazas de la ciudad en busca del amado de su coraz\u00f3n (Ct 3, 1-3), y no desiste ni siquiera ante los golpes y los ultrajes Ct 5,5-9). Los dos enamorados se aprecian y se desean, se elogian y se admiran, viviendo en un clima de dulce ensue\u00f1o (Cant 1,9-2,3.8-14; 4,1-16; 5,10-16; 6,4-7,10). La novia salta de gozo al o\u00ed\u00adr la voz del amado, y \u00e9ste a su vez invita a la que ama a que le muestre su rostro encantador y le haga o\u00ed\u00adr su voz melodiosa (Ct 2,4-14). En realidad, los dos enamorados viven el uno para el otro: \u2020\u0153Mi amado es m\u00ed\u00ado y yo soy suya\u2020\u009d (Ct2,16; Ct 6,3). Se anhelan apasionadamente: \u2020\u0153Yo soy de mi amor y su deseo tiende hacia m\u00ed\u00ad\u2020\u009d (Ct 7,11). Su ardor es fuego inextinguible: \u2020\u0153Ponme como sello sobre tu coraz\u00f3n, como sello sobre tu brazo; porque es fuerte el amor como la muerte; inflexibles, como el se\u2020\u2122oI, son los celos. Flechas de fuego son sus flechas, llamas divinas son sus llamas. Aguas inmensas no podr\u00ed\u00adan \u00c2\u00a1apagar el amor, ni los r\u00ed\u00ados ahogarlo. Quien ofreciera toda la hacienda de ,su casa a cambio del amor ser\u00ed\u00ada despreciado\u2020\u009d (Cant 8,6s). Por esa raz\u00f3n la felicidad de los dos novios se alcanza en el encuentro, en el abrazo y en la uni\u00f3n indisoluble del matrimonio (Ct 3,4; Ct 8,3).<br \/>\n116<br \/>\nb) El amor conyugal. Efectivamente, tambi\u00e9n para la Biblia el noviazgo tiende a la uni\u00f3n matrimonial; el amor tierno y ardiente de los primeros encuentros libres, la mutua b\u00fasqueda de los dos enamorados encuentra su feliz coronaci\u00f3n en el matrimonio, donde el amor de los dos esposos alcanza la estabilidad y la maduraci\u00f3n plena y fecunda. El grito de gozo de Ad\u00e1n por el don divino de la compa\u00f1era inseparable de su vida, carne de su carne y hueso de sus huesos, insin\u00faa la felicidad de la primera pareja que se deriva del amor conyugal (Gn 2,22-24). Pero la Sagrada Escritura no siempre pone de relieve la importancia del amor en la vida conyugal; a menudo resalta m\u00e1s la relaci\u00f3n sexual o el atractivo-pasi\u00f3n que el don de s\u00ed\u00ad en el amor (Gn 3,16 12,lOss). Este factor del amor destaca sobretodo en la historia de las mujeres desgraciadas o por ser est\u00e9riles o porque se sienten poco amadas por sus esposos, enamorados de otras mujeres. Jacob am\u00f3 a Raquel m\u00e1s que a L\u00ed\u00ada; esta \u00faltima esper\u00f3 que su marido la amar\u00ed\u00ada cuando le dio hijos (Gn 29,30; Gn 29,32; Gn 29,34). Ana, la futura madre de Samuel, aunque est\u00e9ril, era amada por su marido m\u00e1s que la otra mujer (IS 1,5-8). Del rey Robo\u00e1n se narra que am\u00f3 a la hija de Absal\u00f3n m\u00e1s que a sus otras mujeres y concubinas (2Cr 11,21). La legislaci\u00f3n mosaica considera el caso del hombre con dos mujeres, una de las cuales es menos amada que la otra (Dt 21,15-17). El \u00e9xito fabuloso de Ester comenz\u00f3 con el amor preferencial del rey Asuero por aquella jud\u00ed\u00ada, que fue constituida reina (Est 2,l5ss).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de estos casos de amor de predilecci\u00f3n, en la Biblia encontramos otras referencias al amor conyugal, y no pocas veces para exaltarlo. La descripci\u00f3n del matrimonio de Isaac concluye con la indicaci\u00f3n de su amor por su esposa Rebeca, fuente de consuelo y de felicidad (Gn 24,67). Las mujeres filisteas de Sans\u00f3n insisten en el amor que les tiene su marido para lograr que les rev\u00e9le secretos importantes (Jc 14,16; Jc 16,15). En la historia de David se nos informa no s\u00f3lo de que la hija del rey Sa\u00fal se enamor\u00f3 de este joven h\u00e9roe (IS 18,20), sino que se cas\u00f3 con \u00e9l y que lo amaba (1S 18,27s). Pero Mical fue entregada como esposa a Paltiel, despu\u00e9s de la fuga de David; este segundo marido la am\u00f3 tiernamente, la acompa\u00f1\u00f3 y la sigui\u00f3 llorando continuamente cuando el nuevo rey de Israel pretendi\u00f3 su restituci\u00f3n (2S 3,13-16). La experiencia de Oseas, aunque reviste un profundo significado religioso para ilustrar concretamente el amor del Se\u00f1or a su esposa Israel, se resiente ciertamente de un drama conyugal personal: el profeta tom\u00f3 por esposa y am\u00f3 a una prostituta, que, desgraciadamente, no se mantuvo fiel al marido (Os l,2ss; 3,lss).<\/p>\n<p>Los sabios de Israel exhortan a amar profunda e intensamente a la propia mujer para experimentar gozo y felicidad: \u2020\u0153Goza de la vida con la mujer que amas\u2020\u009d (Qo 9,9). El embriagador amor conyugal har\u00e1 superar las asechanzas y las seducciones de las prostitutas, m\u00e1s all\u00e1 del peligro de la infidelidad\u2020\u009d. \u2020\u0153Bendita sea tu fuente, y que te regocijes en la mujer de tu juventud: cierva amable y graciosa gacela, sus encantos te embriaguen de continuo, siempre est\u00e9s prendado de su amor. \u00bfPor qu\u00e9, hijo m\u00ed\u00ado, desear a una extra\u00f1a y abrazar el seno de una desconocida?\u2020\u009d (Pr 5,18-20).<br \/>\n117<br \/>\nc) El amor a los h\u00dcos. El matrimonio en la Biblia fue instituido por el Se\u00f1or para la fecundidad y la procreaci\u00f3n, adem\u00e1s de para la plenitud y la felicidad de los esposos. La bendici\u00f3n de Dios a la primera pareja humana muestra sin equ\u00ed\u00advocos esta finalidad del amor conyugal (Gn 1,28). Por consiguiente, los hijos aparecen como el fruto del amor de los padres. Pero este amor no se agota en la procreaci\u00f3n, sino que contin\u00faa todo el tiempo de la existencia. En la Sagrada Escritura est\u00e1 documentado este sentimiento o virtud, alma de la felicidad familiar. La conmovedora descripci\u00f3n dram\u00e1tica del sacrificio de Isaac por medio de su padre subraya fuertemente el amor de Abrah\u00e1n a la v\u00ed\u00adctima que tiene que inmolar en holocausto al Se\u00f1or; se trata de su hijo, de su \u00fanico hijo, tan amado (Gn 22,2). En la familia de Isaac encontramos una profunda divergencia entre los dos c\u00f3nyuges: el padre amaba al primog\u00e9nito Esa\u00fa, mientras que la madre prefer\u00ed\u00ada a Jacob (Gn 25,28). El amor preferencial de Jacob por Jos\u00e9 fue la causa del odio profundo de los dem\u00e1s hijos contra el hermano (Gen 37,3ss). Un amor an\u00e1logo es el que profesa este patriarca a su hijo m\u00e1s peque\u00f1o, Benjam\u00ed\u00adn, que le dio Raquel, su mujer predilecta (Gn 44,20). Por el contrario, David amaba mucho a su primog\u00e9nito Amn\u00f3n; por esta raz\u00f3n se mostr\u00f3 d\u00e9bil, disimulando el delito execrable de su hijo contra su hermana Tamar (2S 13,21). Quiz\u00e1 por este motivo, es decir, para no verse cegados por el amor, los sabios de Israel exhortan a los padres a un amor viril y sin debilidades para con los hijos, a no rechazar la vara y fomentar la disciplina, a usar la correa contra los indisciplinados, a reprochar a los que se equivocan (Pr 3,12; Pr 13,24; Si 30,1). El Cristo glorioso, el testigo fiel, se inspira en esta doctrina cuando ordena escribir a la Iglesia de Laodicea que \u00e9l reprocha y castiga a los que ama Ap 3,19).<br \/>\n118<br \/>\nEl amor tierno y fuerte dentro de la familia es ciertamente un bien de un valor incalculable; constituye una ayuda poderosa para superar las crisis m\u00e1s profundas y tambi\u00e9n para vencer la desesperaci\u00f3n. La Biblia nos habla de la experiencia de Sara, una mujer tremendamente desgraciada por la muerte de sus siete maridos, que fallecieron todos ellos la primera noche de bodas, antes de haber podido consumar el matrimonio. Presa de la desesperaci\u00f3n, Sara, la futura esposa de Tob\u00ed\u00adas, estaba pensando en el suicidio, pero el pensamiento de ser la hija \u00fanica y tan querida de sus padres le dio fuerzas para superar esta loca tentaci\u00f3n (Tb 3,10).<br \/>\nHablando del amor familiar, no podemos omitir al menos una alusi\u00f3n a la conmovedora historia de Rt, la moabita, modelo de amor fuerte y concreto a la madre de su marido, una nuera excepcional que am\u00f3 a la suegra m\u00e1s que sus siete hijos (Rt 4,15). Finalmente, en este contexto vale la pena se\u00f1alar tambi\u00e9n el amor del esclavo a su amo y a la mujer que se le ha dado durante su esclavitud \u00bfEx21,5;Dt 15,16).<br \/>\n119<br \/>\nd) El amor dentro del clan. El amor familiar nos invita a recordar, aunque s\u00f3lo sea sucintamente, a la gran familia de la raza o tribu o clan, a la que el israelita se muestra muy apegado y en la que est\u00e1 profundamente arraigado. El hebreo ama sinceramente a su pueblo y por \u00e9l est\u00e1 dispuesto a hacer grandes sacrificios y a exponerse al peligro. Tob\u00ed\u00adas, en sus largas y detalladas instrucciones a su hijo, no deja de exhortarle a amar a sus parientes y a su pueblo (Tb 4,13). Se presenta a Mardoqueo como un modelo de este amor; \u00e9l buscaba el bien de su pueblo y ten\u00ed\u00ada palabras de paz con todos los de su estirpe; por eso le amaban todos los hermanos (Est 10,3). Semejante amor del pueblo se recuerda igualmente en el caso del joven h\u00e9roe que mat\u00f3 al gigante Goliat y derrot\u00f3 a los ej\u00e9rcitos filisteos: \u2020\u0153Todos en Israel y Jud\u00e1 quer\u00ed\u00adan a David\u2020\u009d (IS 18,22).<br \/>\nEn la redacci\u00f3n lucana de la curaci\u00f3n del siervo del centuri\u00f3n, el tercer evangelista pone en labios de los mensajeros jud\u00ed\u00ados la frase siguiente: \u2020\u0153Ama a nuestra raza y nos ha edificado una sinagoga\u2020\u009d (Lc 7,5). Estas personas insisten en el amor del funcionario helenista al pueblo hebreo para estimular a Jes\u00fas a que realice el milagro que se le pide.<\/p>\n<p>III. EL AMOR RELIGIOSO O SOBRENATURAL DEL HOMBRE.<\/p>\n<p>Si en la Biblia encontramos una amplia y significativa presentaci\u00f3n del amor humano, en ella tenemos sobre todo la descripci\u00f3n del amor en su dimensi\u00f3n religiosa. Con este concepto entendemos no solamente el amor que tiene por objeto a Dios, sino tambi\u00e9n el amor al pr\u00f3jimo tal como lo manda el Se\u00f1or en la Sagrada Escritura y como est\u00e1 fundamentado en su palabra, es decir, el amor anclado en la alianza divina. Efectivamente, tanto el pacto sina\u00ed\u00adti-co como el escatol\u00f3gico carecen del car\u00e1cter paritario entre contrayentes iguales, puesto que brotan de la elecci\u00f3n gratuita por parte del Se\u00f1or, es decir, de su caridad divina. Estas alianzas est\u00e1n reguladas no s\u00f3lo por la fidelidad, sino tambi\u00e9n por las relaciones de amor entre Dios y su pueblo, entre el hombre y el hombre. El precepto del amor, por consiguiente, marca el l\u00ed\u00admite de la ley, ya que postula un orden moral por encima de ella, en cuanto que indica el impulso de atracci\u00f3n espont\u00e1nea hacia Dios y el pr\u00f3jimo. Por eso el amor invita a superar la concepci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de la alianza y a considerarla como una relaci\u00f3n de don y de entrega total a la otra persona, bien sea Dios o bien el hombre. De esta manera el amor, a pesar de ser un precepto divino, m\u00e1s a\u00fan, el mandamiento que lleva a la perfecci\u00f3n toda la ley del Se\u00f1or, tiene que verse en una perspectiva de superaci\u00f3n de las prescripciones meramente jur\u00ed\u00addicas, como el alma de unas relaciones profundas y vitales que, aunque basadas en el precepto para ayuda de la libertad, trascienden la imposici\u00f3n.<br \/>\n121<br \/>\n1. El amor de Dios.<br \/>\nEl primer objeto del amor religioso del hombre no puede menos de ser Dios, su padre y su creador. Los<br \/>\npiadosos salmistas cantan su amor a Dios: \u2020\u0153Yo te amo, Se\u00f1or; t\u00fa eres mi fuerza\u2020\u009d (Sal 18,2); \u2020\u0153Yo amo al<br \/>\nSe\u00f1or, porque escucha el grito de mi s\u00faplica\u2020\u009d (Sal 116,1). Invitan adem\u00e1s a amar al Se\u00f1or: \u2020\u0153Amad al<br \/>\nSe\u00f1or todos sus fieles\u2020\u009d (Sal 31,24).<br \/>\n122<br \/>\na) El mandamiento fundamental. En realidad, el amor a Dios es el primer precepto de la t\u00f3rah, la ley mosaica. De este modo comienza la oraci\u00f3n del Sema\u2020\u2122: \u2020\u0153Escucha, Israel: El Se\u00f1or, nuestro Dios, es el \u00fanico Se\u00f1or. Ama al Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas\u2020\u009d (Dt 6,4s). En el Deuteronomio encontramos otras exhortaciones a amar al \u00fanico verdadero Dios, el Se\u00f1or Dt 11,1; Dt 30,16). Josu\u00e9 se hace eco de este mandamiento fundamental, y por eso invita al pueblo a amar al Se\u00f1or, permaneciendo unidos a \u00e9l y sirvi\u00e9ndole con todo el coraz\u00f3n y con toda el alma (Jos 22,5; Jos 23,11). Con este comportamiento se vive profundamente la alianza y se permanece dentro de su fidelidad.<br \/>\nLos evangelios subrayan este elemento: el amor existencial y total a Dios es el primer mandamiento. La respuesta de Jes\u00fas al escriba que le interrog\u00f3 sobre este punto es clara y expl\u00ed\u00adcita: el primer precepto consiste en amar al Se\u00f1or Dios con todo el coraz\u00f3n, y con toda el alma, y con toda la mente, y con todas las fuerzas (Mc 12,28-30; Mc 12,33 par). Este amor se demuestra concretamente con la observancia de los mandamientos del Se\u00f1or (1Jn 5,3; 2Jn 6). Efectivamente, amor significa comuni\u00f3n con Dios, y por tanto conformidad plena con su voluntad (Jn 15,10). El que ama conoce a Dios (1Jn 4,7); pero este conocimiento seg\u00fan el lenguaje b\u00ed\u00adblico indica vida de comuni\u00f3n profunda, como la que reina entre el Padreyel Hijo, poruna parte, yentreel buen pastorysusovejas, porotra(Jn 10,14s). Medianteel amor uno permanece profundamente unido a Dios y a su Hijo, es decir, vive en perfecta comuni\u00f3n con la sant\u00ed\u00adsima Trinidad (Jn 14,21; Jn 14,23 15,9s; Jn 17,26 Un4,12s).<br \/>\nUn amor al Se\u00f1or tan total y tan profundo no puede ser conquistado por el hombre, sino que es don de Dios, fruto de la circuncisi\u00f3n del coraz\u00f3n (Dt 30,6); podr\u00ed\u00adamos decir que es obra de la gracia divina. David obtiene este don porque amaba a su creador y le cantaba himnos con todo su coraz\u00f3n (Si 47,8). Esta gracia se consigue mediante la sabidur\u00ed\u00ada, que hace al hombre amigo de Dios (Sb 7,14; Sb 7,27). Jes\u00fas, en la \u00faltima noche de su existencia en la tierra, pidi\u00f3 al Padre que concediera a sus disc\u00ed\u00adpulos el don de su amor (Jn 17,26).<br \/>\n123<br \/>\nIsrael durante su juventud, en el per\u00ed\u00adodo de su noviazgo, am\u00f3 al Se\u00f1or con ternura y sinceridad. Los profetas \/ Oseas y \/ Jerem\u00ed\u00adas cantan este per\u00ed\u00adodo id\u00ed\u00adlico de la historia del pueblo de Dios, cuando Israel se dej\u00f3 seducir por el Se\u00f1or y vivi\u00f3 en intimidad profunda con su Dios (Os 2,16s): \u2020\u0153Me he acordado de ti en los tiempos de tu juventud, de tu amor de novia, cuando me segu\u00ed\u00adas en el desierto, en una tierra sin cultivar\u2020\u009d (Jr2,2). Pero este amor dur\u00f3 muy poco tiempo (Os 6,4; Sal 78,36), m\u00e1s a\u00fan, pronto se hizo ad\u00faltero, ya que Israel se prostituy\u00f3 y anduvo tras otros dioses, con los que se enred\u00f3 largamente. El Se\u00f1or, por labios de Oseas, acusa a su esposa de los adulterios perpetrados con las numerosas prostituciones cometidas con sus amantes y la amenaza con el castigo m\u00e1s severo (Os 2,4-15 3,lss). Jerem\u00ed\u00adas denuncia la perversidad de esa esposa que se obstina en seguir a sus amantes, los dioses extranjeros (Jr2,25), buscando el amor lejos del Se\u00f1or y traicionando continuamente a su esposo (Jr 2,33; 1s57,8). Pero el Se\u00f1or castigar\u00e1 a esos amantes (Jr22,22), gunto con su esposa infiel (Ez 16,35ss).<br \/>\nEn su estado de desolaci\u00f3n, despu\u00e9s del severo castigo de Dios, Jerusal\u00e9n no encuentra un solo consolador entre todos sus amantes, a nadie que venga a enjugar sus l\u00e1gri-snas (Lm 1,2). En realidad, la histo-riaide Israel es una historia de amor -creativo y tierno del Se\u00f1or (Ez 16,4ss), pagado por su esposa con la infidelidad y la prostituci\u00f3n idol\u00e1trica (Ez 16,l5ss.25ss), cayendo conti-(\u00f1\u00fcamente en abominaciones y des-ovarios (Ez 16,2Oss). \u00c2\u00a1 \u2020\u0153Jes\u00fas acusa sobre todo a los escri-bas y fariseos de amar a Dios s\u00f3lo a flor de labios, mientras que su coraz\u00f3n est\u00e1 lejos de \u00e9l (Mc 7,6 y par). -Realmente no aman a Dios Q, es decir, no aman al Padre celestial, no viven para \u00e9l (Jn 5,42). zEn el serm\u00f3n de la monta\u00f1a (1 Bien-aventuranzas) Jes\u00fas proclama que el -amor al dinero excluye el amor a rDios; por tanto, el que ama a Dios, rio puede servir a mamm\u00f3n, porque rel amor y el servicio de Dios son de car\u00e1cter totalitario y exclusivista (Mt \u00bf6,24 y par). El autor del Apocalipsis, -en la carta a la comunidad de Efeso, reprocha la conducta de esta Iglesia al haber abandonado su primer amor :por el Se\u00f1or (Ap 2,4). \u00e9x. El amor a Dios es el don celestial cpor excelencia que puede conceder el Padre; esta gracia divina se da por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Rm 5,5); Pablo y Judas se la desean a sus fieles (2Co 13,13; Ef 6,23; 2Ts 3,5 % Jud 21). Efectivamente, con este don se Aalcanza la felicidad suprema, ya que ttodas las cosas concurren al bien de los que aman a Dios (Rm 8,28). A \u00e9stos Dios les tiene preparados bienes \u2020\u02dcinimaginables (1Co 2,9). Desgracia-.damente, este amor a Dios se enfr\u00ed\u00ada en tiempos de persecuci\u00f3n en el cora-fZOn de muchos; sin embargo, la salvaci\u00f3n est\u00e1 reservada a quien persevere hasta el fin (Mt 24,12s).<br \/>\nEl amor al Se\u00f1or se demuestra concretamente guardando su palabra y amando a los hermanos. El autor de la primera carta de Juan es muy expl\u00ed\u00adcito en este sentido: el amor a Dios alcanza su perfecci\u00f3n en el disc\u00ed\u00adpulo que guarda su palabra (1Jn 2,5; 1Jn 5,3); el que no ama al hermano, a quien ve, no puede amar al Dios, a quien no ve (l\u00ed\u00adn 4,20).<br \/>\nLa persona que am\u00f3 de forma perfecta al Padre fue Jes\u00fas; lo am\u00f3 concretamente, llevando a cabo su plan de salvaci\u00f3n, haciendo su alimento de la voluntad de Dios (Jn 4,34), obedeciendo hasta el fondo a su mandamiento de beber el c\u00e1liz amargo de la pasi\u00f3n (Jn 14,31; Jn 18,11), realizando su obra reveladora y salv\u00ed\u00adfica (Jn 17,4), que alcanza su expresi\u00f3n suprema y perfecta en la cruz (Jn 19,28; Jn 19,30).<br \/>\n124<br \/>\nb) Amor y temor de Dios. La historia de Israel, esposa amada pero ad\u00faltera, muestra la necesidad del temor del Se\u00f1or, es decir, el miedo a caer en la infidelidad. En efecto, el amor de Dios no se agota en la esfera sentimental, sino que afecta a todo el hombre y se concreta en la observancia de su palabra, de sus leyes. Por consiguiente, incluye el temor reverencial a traspasar sus preceptos, a fallar en las cl\u00e1usulas de la alianza. Por esta raz\u00f3n muchas veces en la Biblia se asocia \u00ed\u00adntimamente el amor al temor de Dios. En este sentido resulta especialmente claro el pasaje de Dt 10,12s. Este amor y temor del Se\u00f1or lo demostr\u00f3 Israel rechazando claramente la idolatr\u00ed\u00ada, observando los preceptos de Dios y escuchando su voz Dt 13,2-5; Dt 19,9). En los libros sapienciales encontramos pasajes que ponen en paralelismo el amor y el temor del Se\u00f1or, mostrando de este modo que se trata de dos realidades muy parecidas (Si 2,15s; 7,29s).<br \/>\n125<br \/>\nc) El amor al lugar de la presencia de Dios. El israelita que se adhiere al Se\u00f1or y lo ama viviendo su palabra, no se olvida de su ciudad y de su casa, sino que las ama profundamente, ya que es all\u00ed\u00ad donde encuentra a su Dios, experimentando su presencia salv\u00ed\u00adfica en su templo santo. El piadoso hebreo desea ardientemente la visi\u00f3n de Dios en su casa, lo mismo que anhela la cierva las fuentes de agua fresca; all\u00ed\u00ad es realmente donde contempla el rostro del Se\u00f1or (Ps 42,2ss). El salmista siente un amor apasionado por el templo de Jerusa-l\u00e9n, lugar de la gloria divina (Sal 26,8). Si\u00f3n es la ciudad amada por el Creador, que ha hecho morar en ella su sabidur\u00ed\u00ada (Si 24,11). Por eso el salmista augura prosperidad para todos los que aman a Jerusal\u00e9n (Sal 122,6), y el profeta invita a la alegr\u00ed\u00ada y a la exultaci\u00f3n a todos los que la aman, ya que el Se\u00f1or est\u00e1 a punto de inundarla de paz (Is 66,lOss). El templo suscita igualmente el amor tierno del piadoso israelita (Ps 84,2s). En Ap 20,9 la ciudad amada es la Iglesia, que al final de los tiempos se ver\u00e1 asaltada por Satan\u00e1s, pero se salvar\u00e1 gracias a una intervenci\u00f3n de Dios.<br \/>\n126<br \/>\nd) El amor al Hijo de Dios. El NT, centrado en la persona de Cristo, no pod\u00ed\u00ada menos de resaltar el amor a esta persona divina. En el pasaje de la conversi\u00f3n de la pecadora p\u00fablica (Lc 7,36-50), el tercer evangelista subraya el amor de esta mujer al Se\u00f1or Jes\u00fas, poni\u00e9ndolo en contraste con la fr\u00ed\u00ada acogida de Sime\u00f3n; aqu\u00ed\u00ad se presentan \u00ed\u00adntimamente unidos el amor y la fe, puestos a su vez en relaci\u00f3n con el perd\u00f3n de los pecados. Jes\u00fas exige de su disc\u00ed\u00adpulo un amor superior al amor que se tiene al padre, a la madre, al hijo o la hija (Mt 10,37); el tercer evangelista inserta en esta lista a la esposa, a los hermanos y hermanas, y hasta a la propia alma, afirmando que para seguir a Cristo hay que odiar a estas personas, esto es, que el amor a Jes\u00fas tiene que ocupar el primer puesto de forma indiscutible (Lc 14,26).<br \/>\nEste amor al Verbo encarnado no es pose\u00ed\u00addo, ciertamente, por los jud\u00ed\u00ados, que se muestran m\u00e1s bien sus enemigos irreductibles (Jn 8,42). Realmente ama a Jes\u00fas el que guarda sus mandamientos (Jn 14,15; Jn 14,21), es decir, su palabra (Jn 14,23). Se permanece en el amor de Cristo observando sus preceptos (Jn 15,9s). El maestro reconoce que sus amigos m\u00e1s \u00ed\u00adntimos lo han amado (Jn 16,27) porque han observado la palabra de Dios dada al Hijo (Jn 17,6ss). Por esta raz\u00f3n, Sim\u00f3n Pedro, a pesar del triste par\u00e9ntesis de su negativa, puede declarar a Cristo resucitado, que lo examinaba de amor: \u2020\u0153S\u00ed\u00ad, Se\u00f1or, t\u00fa sabes que te amo&#8230; T\u00fa lo sabes todo: t\u00fa sabes que te amo\u2020\u009d (Jn 21,15-17).<br \/>\nEn las cartas apost\u00f3licas se hace menci\u00f3n en repetidas ocasiones del amor a Cristo. Pablo lanza el anatema, es decir, la excomuni\u00f3n, contra el que no ame al Se\u00f1or (1Co 16,22). Pedro recuerda a sus fieles que aman a Jesucristo, aunque no lo vean (IP 1,8). El autor de la carta a los Efesios desea la gracia de Dios a todos los que aman al Se\u00f1or Jes\u00fas (Ef 6,24). En efecto, el que ama al Padre, ama tambi\u00e9n al Hijo que engendr\u00f3 (1Jn 5,1), y por eso se ve colmado de los favores divinos y se ver\u00e1 coronado de gloria en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada (2Tm 4,8). El que ama a Jes\u00fas es amado por el Padre y por el Hijo (Jn 14,21); m\u00e1s a\u00fan, se convierte en templo de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad (Jn 14,23). Por consiguiente, este amor es fuente de la vida, de la verdadera felicidad y de la salvaci\u00f3n plena.<br \/>\n127<br \/>\ne) El amor de Dioses fuente de felicidad y de gracia. La Biblia, para estimular el amor del Se\u00f1or, proclama en varias ocasiones y en diversas tonalidades los bienes salv\u00ed\u00adficos que se derivan de esa adhesi\u00f3n total a Dios y a sus preceptos. En el \/ Dec\u00e1logo, donde se prohibe la idolatr\u00ed\u00ada, el Se\u00f1or recuerda que, aunque castiga la culpa de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generaci\u00f3n para quienes lo odian, sin embargo otorga su gracia abundantemente a quienes lo aman y guardan sus mandamientos (Ex 20,5ss; Dt 5,9s). En efecto, el Se\u00f1or es \u2020\u0153el Dios fiel, que guarda la alianza y la misericordia hasta mil generaciones a los que lo aman y cumplen sus mandamientos\u2020\u2122 (Dt 7,9; Ne 1,5; Dn 9,4). Efectivamente, el Se\u00f1or guarda a todos los que lo aman, mientras que dispersa a todos los imp\u00ed\u00ados (SaI 145,20). Dios bendice a quien es fiel a su alianza. Con el amor concreto al Se\u00f1or, observando y practicando sus decretos, Israel experimentar\u00e1 la bendici\u00f3n y el amor de Dios en la fecundidad de sus familias y de sus reba\u00f1os, en la abundancia de los frutos de la tierra y en la salud (Dt 7,13-15). La fertilidad de los campos se presenta como consecuencia de este amor a Dios en la observancia de sus preceptos(Dt 11,13s). De forma an\u00e1loga, la victoria sobre todas las naciones, incluso las m\u00e1s numerosas y poderosas, depender\u00e1 de la prueba de amor de Israel, concretado en la pr\u00e1ctica de, los mandatos del Se\u00f1or (Dt ll,22s).\u2020\u2122 Este amor ser\u00e1 fuente de prosperidad total y de felicidad plena (Dt 30,6-10) y producir\u00e1 la vida en abundancia (Dt 30,19s). La experiencia del amor divino, de la gracia y de la misericordia salv\u00ed\u00adfica del Se\u00f1or est\u00e1 reservada a los fieles y a los elegidos que conf\u00ed\u00adan en \u00e9l y viven en la justicia Sb 3,9). La exaltaci\u00f3n de Israel y la destrucci\u00f3n de sus enemigos est\u00e1 ligada al amor de Dios (Jc 5,31). Amando sinceramente al Se\u00f1or es c\u00f3mo los hijos de Abrah\u00e1n gozar\u00e1n de tranquilidad, de paz y de gozo en su pa\u00ed\u00ads, Palestina (Tb 14,7). Los que aman el nombre del Se\u00f1or tendr\u00e1n en herencia las ciudades de Jud\u00e1, habitar\u00e1n en ellas y gozar\u00e1n de su posesi\u00f3n (Ps 69,36s). En la experiencia de esta felicidad, los israelitas se ver\u00e1n tambi\u00e9n acompa\u00f1ados por los extranjeros que se adhieran al Se\u00f1or para servirle, amando su nombre (Is 56,6s).<br \/>\nPara los sabios de Israel, el don o la gracia m\u00e1s grande que puede dispensar Dios a cuantos lo aman es la sabidur\u00ed\u00ada (Si l,7s; Qo 2,26). Los salmistas, por su parte, invocan la misericordia y la bendici\u00f3n de Dios, fuente de gozo y de gracia, sobre cuantos aman su nombre y su salvaci\u00f3n (Ps 5,12s; 40,17; 70,5; 119,132). El que ama al Se\u00f1or experimentar\u00e1 su poderosa protecci\u00f3n (Si 34,16), como ocurri\u00f3 con Daniel cuando fue liberado de la fosa de los leones y pudo exclamar: \u2020\u0153Oh Dios, te has acordado de m\u00ed\u00ad y no has desamparado a los que te aman!\u2020\u2122(Dn 14,38), mostrando esa adhesi\u00f3n al Se\u00f1or con la fidelidad a su pacto y a sus preceptos.<br \/>\nPablo, en sus cartas, presenta el amor de Dios como el bien supremo y la fuente de la gracia y de la felicidad, de la que no puede separarnos ninguna potencia enemiga (Rm 8,31-39). El que ama de veras a Dios vive en profunda comuni\u00f3n con \u00e9l (1Co 8,3), y por eso no hay fuerza alguna que sea capaz de arrebatar este tesoro del amor divino. Dios, Padre bueno y todopoderoso, lo predispone todo para el bien de los que lo aman (Rom 8,28ss) y prepara la corona de justicia, es decir, de gloria, en la parus\u00ed\u00ada para el que ama la manifestaci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas, es decir, para el que vive orientado hacia el encuentro final con Cristo (2Tm 4,8). Efectivamente, esta corona de gloria es la que Dios ha prometido a cuantos lo aman y demuestran su amor, venciendo todas las tentaciones del mal (Jc 1,l2ss). Los pobres a los ojos del mundo heredar\u00e1n esa gloria que Dios tiene prometida para quienes lo aman (St 2,5). Este premio, que Dios prepara para sus hijos que lo aman, supera toda capacidad de imaginaci\u00f3n (1Co 2,9). \u00bfPor qu\u00e9 motivo obtendr\u00e1 una gloria tan grande el que ama? Porque en el amor divino el cristiano, elegido por el Padre antes de la creaci\u00f3n del mundo, vive en la santidad y en la justicia perfecta durante todos sus d\u00ed\u00adas<br \/>\nLc 1,75 Ep l,3ss).<br \/>\n128<br \/>\n2. El amor a la sabidur\u00ed\u00ada y a LA \u2020\u0153t\u00f3rah\u2020\u009d.<br \/>\nUn aspecto particular del amor religioso, que se subraya sobre todo en los escritos sapienciales, es el amor a la \/ sabidur\u00ed\u00ada, encarnada en la ley de Mois\u00e9s. Se trata de un tema af\u00ed\u00adn al anterior, ya que la sabidur\u00ed\u00ada es una realidad divina; es la hija primog\u00e9nita del Se\u00f1or, creada antes del mundo y enviada por Dios a Israel para que plante su tienda en medio de su pueblo a fin de instruirle, de adoctrinarle y de revelar su palabra concretada en la t\u00f3rah (Pr 8,22s; Si 24,3-32).<br \/>\n129<br \/>\na) La invitaci\u00f3n a\/amor. Los sabios de Israel no se cansan de exhortar, con diversas expresiones y de diferentes maneras, a amar a la sabidur\u00ed\u00ada, mostrando los efectos ben\u00e9ficos de ese amor(Sg l,lss):<br \/>\n\u2020\u0153Adqui\u00e9rela sabidur\u00ed\u00ada&#8230;; no la abandones y ella te guardar\u00e1, \u00e1mala y ella te custodiar\u00e1\u2020\u009d (Pr 4,5-6). La sabidur\u00ed\u00ada no es una realidad imposible de encontrar ni impenetrable, sino que se deja conocer f\u00e1cilmente en su esplendor incorruptible por cuantos la aman (Sb 6,12). En realidad, el sabio la ha buscado, porque la ha amado y escogido por esposa: \u2020\u0153Yo la am\u00e9 y la busqu\u00e9 desde mi juventud, trat\u00e9 de hacerla mi esposa y qued\u00e9 prendado de su hermosura\u2020\u009d (Sb 8,2).<br \/>\nEste amor a la sabidur\u00ed\u00ada se concreta en el amor a la verdad y a la paz; por eso el profeta exhorta: \u2020\u0153Amad la lealtad y la paz\u2020\u009d (Za 8,19). Tan s\u00f3lo los necios desde\u00f1an este amor a la sabidur\u00ed\u00ada (Pr 18,2), mientras que \u2020\u0153el que ama la instrucci\u00f3n ama la ciencia\u2020\u009d (Pr 12,1). Con este amor a la sabidur\u00ed\u00ada el hijo alegra el coraz\u00f3n del padre (Pr 29,3).<br \/>\n130<br \/>\nb) El amor a la ley mosaica. La sabidur\u00ed\u00ada divina se ha encarnado en la t\u00f3rah, la ley dada por Dios a trav\u00e9s de Mois\u00e9s (Si 24,22ss; Ba 4,1); por eso el amor a la sabidur\u00ed\u00ada se demuestra con la adhesi\u00f3n a los preceptos del Se\u00f1or. El sabio sentencia de este modo: \u2020\u0153Amar la sabidur\u00ed\u00ada es guardar sus leyes\u2020\u009d (Sb 6,18). El Ps 119 puede considerarse como una exaltaci\u00f3n del amor a la ley mosaica, a la palabra de Dios. El autor confiesa que ama esta realidad divina (vv. 159. 163.167), proclama que encuentra su gozo y su salvaci\u00f3n en el gran amor a los preceptosSe\u00f1or (vv. 47s. 113) y exclama: \u2020\u0153 Cu\u00e1nto amo tu ley!, todo el d\u00ed\u00ada estoy pensando en ella\u2020\u009d (y. 97). Los mandamientos de Dios son m\u00e1s preciosos que el oro m\u00e1s puro; por esa raz\u00f3n los ama el salmista (y. 127). La palabra del Se\u00f1or es pur\u00ed\u00adsima y por eso la ama el justo (y.<br \/>\n140).<br \/>\n131<br \/>\nc) Elamora la ley-sabidur\u00ed\u00ada es fuente de felicidad y de gracia. Con esta adhesi\u00f3n a la palabra de Dios se alcanza la vida verdadera y el gozo. En efecto, el que ama la ley del Se\u00f1or obtiene una palabra profunda Sal 119,165). Al que ama, la sabidur\u00ed\u00ada le concede riqueza y glor\u00ed\u00ada, bienes imperecederos mejores que el oro fino y que la plata pura, tesoros divinos (Pr 8,l7ss). De este amor se derivan bienes<br \/>\ninconmensurables: esplendor que no conoce ocaso, inmortalidad y riquezas innumerables (Sg 7,lOs; 8,17s). Los frutos del amor de la justicia son las virtudes (Sb 8,7). El amor a la sabidur\u00ed\u00ada no s\u00f3lo vale m\u00e1s que el vino y que la m\u00fasica (Si 40,20), sino que es fuente de vida, de gozo y de gloria (Si 4,11-14). El que muestra tal amor por la sabidur\u00ed\u00ada ser\u00e1 amado a su vez por ella y obtendr\u00e1 la verdadera riqueza y la gloria inmarcesible.<br \/>\n132<br \/>\n3. El amor al pr\u00f3jimo.<br \/>\nEn la Biblia encontramos expresiones de filantrop\u00ed\u00ada; sin embargo, el amor al pr\u00f3jimo tiene prevalentemente motivaciones religiosas; m\u00e1s a\u00fan, algunas veces se inserta en la experiencia salv\u00ed\u00adfica del \u00e9xodo o se fundamenta en el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Tiene m\u00e1s bien un sabor filantr\u00f3pico la sentencia sapiencial de Si 13,lSss, en donde el amor al pr\u00f3jimo se considera como un fen\u00f3meno natural. Un tenor an\u00e1logo conserva la exhortaci\u00f3n a amar a los esclavos juiciosos y a los siervos fieles (Si 7,20s). Sin embargo, en otros pasajes la motivaci\u00f3n del amor al pr\u00f3jimo es ciertamente de car\u00e1cter sobrenatural, ya que esta actitud se presenta como un precepto del Se\u00f1or (Lv 19,18; Mt 5,43; Mt 22,39), e incluso a veces el amor al hermano se fundamenta en el amor a Dios, por lo que este segundo mandamiento es consideradA como semejante al primero sobre el amor al Se\u00f1or (Mt 22,39). A este prop\u00f3sito, Juan se expresa as\u00ed\u00ad en su primera carta: \u2020\u0153Si alguno dice que ama a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso. El que no ama a su hermano, al que ve, no puede amar a Dios, al que no ve. Este es el mandamiento que hemos recibido de \u00e9l: que el que ame a Dios ame tambi\u00e9n a su hermano\u2020\u009d 1Jn 4,20-21). M\u00e1s a\u00fan, el amor aut\u00e9ntico al pr\u00f3jimo depende del amor a Dios: \u2020\u0153En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: en que amamos a Dios y guardamos sus mandamientos\u2020\u009d (1Jn 5,2).<br \/>\nEn realidad, desde los textos m\u00e1s antiguos de la Sagrada Escritura la relaci\u00f3n religiosa con Dios est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente vinculada al comportamiento con el pr\u00f3jimo. El dec\u00e1logo une los deberes para con el Se\u00f1or y para con los hermanos (Ex 20,1-17; Dt 5,6-21). Adem\u00e1s, muchas veces el amor al pr\u00f3jimo en la Biblia se fundamenta en la conducta de Dios: hay que portarse con amor, porque el Se\u00f1or ha amado a esas personas (cf Dt 10,18s; Mt 5,44s.48; Lc 6,35s; Un 4,lOs). No se trata, por consiguiente, de mera solidaridad humana o de filantrop\u00ed\u00ada, ya que la raz\u00f3n del amor al pr\u00f3jimo es de car\u00e1cter hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico o sobrenatural. Por tanto, en la Sagrada Escritura el hecho natural e instintivo del amor ha sido elevado a la esfera religiosa o sobrenatural e insertado en la alianza divina.<br \/>\n133<br \/>\na) \u00bf Qui\u00e9n es el pr\u00f3jimo al que hay que amar? El primer problema ??t resolver, cuando se habla del amor al \u2020\u0153pr\u00f3jimo\u2020\u009d, concierne al significado de este t\u00e9rmino. La cuesti\u00f3n dista mucho de resultar ociosa, ya que semejante pregunta se la dirigi\u00f3 tambi\u00e9n a Jes\u00fas nada menos que un doctor de la ley (Lc 10,29). Para el AT, el pr\u00f3jimo es el israelita, muy distinto del pagano y del forastero. En la t\u00f3rah encontramos el famoso precepto divino de amar al pr\u00f3jimo como as\u00ed\u00ad mismo, en paralelismo con la prohibici\u00f3n de vengarse contra los hijos del pueblo israelita (Lv 19,18). El pr\u00f3jimo, en realidad, indica al hebreo (Ex 2,13; Lv 19,15; Lv 19,17).<br \/>\nEn los evangelios, cuando se habla del amor al pr\u00f3jimo, se cita a menudo el precepto de la ley mosaica Mt 19,19; Mt 22,39; Mc 12,31; Mc 12,33) y se presupone, al menos en el nivel del Jes\u00fas hist\u00f3rico, que el pr\u00f3jimo es el israelita. Pero en la par\u00e1bola del buen samaritano queda superada esta posici\u00f3n, ya que en ella el pr\u00f3jimo indica con toda claridad a un miembro de un pueblo enemigo (Lc 10,29-36). Jes\u00fas revolucion\u00f3 el mandamiento de la ley mosaica que ordenaba el amor al pr\u00f3jimo y permit\u00ed\u00ada el odio al enemigo (Mt 5,43). En las cartas de los ap\u00f3stoles no pocas veces se apela a la Sagrada Escritura para inculcar el amor al pr\u00f3jimo (St 2,8). En este precepto del amor fraterno se ve el cumplimiento pleno de la ley (Ga 5,14 Rom 13,8ss).<br \/>\n134<br \/>\nb) El amor al forastero. La ley de Mois\u00e9s no ignora a los emigrados, a los que se establecen en medio de los israelitas, pero sin ser israelitas. Estos tienen que ser amados, porque tambi\u00e9n los hijos de Jacob pasaron por la experiencia de la emigraci\u00f3n en Egipto (Lev 19,33s). En efecto, Dios ama al forastero y le procura lo necesario para vivir; por eso tambi\u00e9n los israelitas, que fueron forasteros en tierras de Egipto, tienen que amar al forastero por orden del Se\u00f1or (Dt 10,18s). El autor de la tercera carta de Juan se congratula con Gayo por la caritativa acogida a los forasteros (3Jn 5s).<br \/>\n135<br \/>\nc) El amor a los enemigos. El Se\u00f1or en el AT no manda amar a los enemigos; m\u00e1s a\u00fan, en estos libros encontramos expresiones y actitudes realmente desconcertantes para los cristianos. As\u00ed\u00ad, las \u00f3rdenes de exterminar a los paganos y a los enemigos de Israel nos dejan muy desorientados y hasta escandalizados [\/Guerra III]. Efectivamente, la historia del pueblo hebreo est\u00e1 caracterizada por guerras santas, en las que los adversarios fueron aniquilados en un aut\u00e9ntico holocausto, sin que quedara ning\u00fan superviviente ni entre los hombres ni entre los animales (cf Ex 17,8ss;N\u00fam2l,2lss;31,lss;Dt2,34;3,3-7; Jos 6,21; Jos 6,24 8,24s). M\u00e1s a\u00fan, la Biblia refiere c\u00f3mo Dios orden\u00f3 a veces destinar al anatema, es decir, al exterminio, a todas las poblaciones paganas, sin excluir siquiera a los ni\u00f1os o a las mujeres encinta Jos 11,20; IS 15,1-3). Adem\u00e1s, el Ps 109 contiene fuertes implicaciones contra los acusadores del salmista que han devuelto mal por bien y odio por amor (vv. 4ss). En otros lugares del AT se invoca la venganza divina contra los inicuos (Sal 5,11 28,4s; 137,7ss;Jr 11,20 20,12, etc. ). Sin embargo, incluso antes de la venida de Jes\u00fas se prescriben en la t\u00f3rah actitudes que suponen la superaci\u00f3n del odio a los enemigos, puesto que se exige la ayuda a esas personas (cf Ex 23,4s; Pr 25,21). Adem\u00e1s, en el AT algunos justos supieron perdonar y amar a las personas que los hab\u00ed\u00adan odiado y perseguido. Los modelos m\u00e1s claros y conmovedores de esta caridad los tenemos en el hebreo Jos\u00e9 y en David. El comportamiento del joven hijo de Jacob resulta verdaderamente evang\u00e9lico y ejemplar. Fue odiado por sus hermanos, hasta el punto de que tramaron su muerte; en vez de ello fue vendido como esclavo a los madianitas (Gen 37,4ss. 28ss). Cuando las peripecias de la vida lo llevaron al \u00e1pice de la gloria, hasta ser nombrado gobernador y virrey de todo el Egipto, pudo haberse vengado con enorme facilidad de sus hermanos. Por el contrario, despu\u00e9s de haber puesto a prueba su amor a Benjam\u00ed\u00adn, el otro hijo de su madre Raquel, se les dio a conocer, les perdon\u00f3, intentando incluso excusar su pecado, y les ayud\u00f3 generosamente (G\u00e9n 45,lss; 50,l9ss).<br \/>\n136<br \/>\nTambi\u00e9n la historia de David parece muy edificante en esta cuesti\u00f3n del amor a los enemigos. En efecto, el joven pastor, despu\u00e9s de haber realizado empresas heroicas en favor de su pueblo, fue odiado por Sa\u00fal por su prestigio en aumento; m\u00e1s a\u00fan, este rey intent\u00f3 varias veces acabar con su vida y dispar\u00f3 contra \u00e9l su lanza (IS 18,6-11 19,8ss), le persigui\u00f3 y lo acorral\u00f3 (IS 23, 6ss.lgss; 26,lss). En una ocasi\u00f3n, mientras Sa\u00fal le persegu\u00ed\u00ada, se le present\u00f3 a David la ocasi\u00f3n de eliminar al rey de una simple lanzada. Pero el hijo de Jes\u00e9 le respet\u00f3 la vida, a pesar de que sus hombres le invitaban a vengarse de su rival (IS 24,4-16; IS 26,6-20). Otro espl\u00e9ndido ejemplo de amor a los perseguidores nos lo ofreci\u00f3 igualmente David al final de su vida, con ocasi\u00f3n de la rebeli\u00f3n de su hijo Absal\u00f3n; \u00e9ste quer\u00ed\u00ada destronar a su padre, y para ello sublev\u00f3 a todo el pueblo, obligando a David a huir de Jerusal\u00e9n (2S 15,7ss); persigui\u00f3 luego al peque\u00f1o grupo que hab\u00ed\u00ada permanecido fiel al rey y les atac\u00f3 en la selva de Efra\u00ed\u00adn. All\u00ed\u00ad el rebelde se qued\u00f3 enredado con su cabellera en las ramas de una encina, y Joab, faltando a las \u00f3rdenes dadas por David, lo mat\u00f3 clav\u00e1ndole tres dardos en el coraz\u00f3n (2S 18,1-15). Cuando el rey tuvo noticias de la muerte de su hijo tembl\u00f3 de emoci\u00f3n, explot\u00f3 en l\u00e1grimas y llor\u00f3, gritando amargamente:\u2020\u009d i Qui\u00e9n me diera haber muerto yo en tu lugar, Absal\u00f3n, hijo m\u00ed\u00ado, hijo m\u00ed\u00ado!\u2020\u009d (2S 19,1). Este comportamiento desconcertante irrit\u00f3 profundamente a Joab, que reproch\u00f3 a David amar a quienes lo odiaban (2S 19,7).<br \/>\n137<br \/>\nEn el serm\u00f3n de la monta\u00f1a no s\u00f3lo se anuncia la regla de oro (Mt 7,12 y par), viviendo la cual se destruye toda enemistad, sino que se prohibe formalmente el odio a los enemigos; m\u00e1s a\u00fan, Jes\u00fas ordena expresamente amar a esas personas, precepto realmente inaudito para un pueblo acostumbrado alanzar maldicio-\u00ed\u00adines contra sus opresores y perseguidores (cf tambi\u00e9n los Himnos de Qumr\u00e1n). El pasaje de Mt 5,43-48 \u2020\u02dcforma el \u00faltimo de los seis mil paralelismos o ant\u00ed\u00adtesis de la amplia sec-cci\u00f3n del serm\u00f3n de la monta\u00f1a, en ; donde se recoge la nueva ley del reino de los cielos (Mt 5,21-48). Jes\u00fas, al exigir el amor a los enemigos, se enfrenta con la praxis dominante y se (inspira en la conducta del Padre celestial, que no excluye a nadie de su coraz\u00f3n y por eso concede a todos sus favores (Mt 5,44s; Lc 6,27-35). El modelo perfecto de este amor a los enemigos y los perseguidores lo encontramos en la persona de Jes\u00fas, que no s\u00f3lo no devolv\u00ed\u00ada los insultos recibidos y no amenazaba a nadie durante su pasi\u00f3n (IP 2,2 lss), sino que desde la cruz suplicaba al Padre por sus verdugos, implorando para ellos el perd\u00f3n (Lc 23,34). El primer m\u00e1rtir cristiano, el di\u00e1cono Esteban, imitar\u00e1 a su maestro y Se\u00f1or, orando por quienes lo lapidaban (Ac 7,59s).<br \/>\n138<br \/>\nd) El amor exp\u00ed\u00ada los pecados. En este contexto hemos de hacer al menos una alusi\u00f3n al efecto purificador de la caridad. El pasaje de Pr 10,12 contrapone el odio al amor, proclamando que, mientras que el primero s\u00f3lo origina disensiones y luchas, el amor cubre todas las culpas. Esta sentencia es recogida por Pedro, el cual para estimular al amor fraterno recuerda que con el amor se obtiene el perd\u00f3n de los pecados (IP 4,8<br \/>\n139<br \/>\n4. El amor cristiano.<br \/>\nEn el NT el amor cristiano se presenta como el ideal y el signo distintivo de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas. Estos son cristianos sobre la base del amor: el que ama al hermano y vive para \u00e9l demuestra que es un seguidor aut\u00e9ntico de aquel maestro que am\u00f3 a los suyos hasta el signo supremo de dar su vida por ellos. El que no ama permanece en la muerte y no puede ser considerado de ning\u00fan modo disc\u00ed\u00adpulo de Cristo.<br \/>\n140<br \/>\na) \u00c2\u00a1Amaos como yo os amo! Jes\u00fas invit\u00f3 a los disc\u00ed\u00adpulos a una vida de amor fuerte y concreto, semejante a la suya. En sus discursos de la \u00faltima cena encontramos interesantes y vibrantes exhortaciones sobre este tema. En el primero de estos grandes sermones, ya desde el principio, Jes\u00fas se preocupa del comportamiento de sus amigos en su comunidad durante su ausencia; por eso les dice: \u2020\u0153Os doy un mandamiento nuevo: que os am\u00e9is unos a otros. Que como yo os he amado, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n os am\u00e9is unos a otros. En esto reconocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00ed\u00adpulos, en que os am\u00e1is unos a otros\u2020\u009d (Jn 13,34s). Este precepto del amor es llamado \u2020\u0153mandamiento nuevo\u2020\u009d, ya que nunca se hab\u00ed\u00ada exigido nada semejante antes de la venida de Cristo. En efecto, Jes\u00fas exige de sus disc\u00ed\u00adpulos que se amen hasta el signo supremo del don de la vida, como lo hizo \u00e9l (Jn 13,1 Ss); realmente, nadie tiene un amor m\u00e1s grande que el que ofrece su vida por el amigo (Jn 15,13). En el segundo discurso de la \u00faltima cena el Maestro reanuda este tema en uno de sus trozos iniciales, centrados precisamente en el amor fraterno: \u2020\u0153Este es mi mandamiento: amaos unos a otros como yo os he amado&#8230; Esto os mando: amaos unos a otros\u2020\u009d<br \/>\nJn 15,12; Jn 15,17). Son diversos los preceptos que dio Jes\u00fas a sus amigos, pero el mandamiento espec\u00ed\u00adficamente \u2020\u0153suyo\u2020\u009d es uno solo: el amor mutuo entre los miembros de su familia.<br \/>\nJuan, en su primera carta, se hace eco de esta ense\u00f1anza de Cristo: \u2020\u0153Este es el mensaje que hab\u00e9is o\u00ed\u00addo desde el principio: que nos amemos los unos a los otros\u2020\u009d (IJn 3,11 cf 2Jn Ss) hasta el don de la vida, siguiendo el ejemplo del Hijo de Dios (IJn 3,16). Los cristianos deben amarse los unos a los otros, concretamente, seg\u00fan el mandamiento del Padre (IJn 3,23). A imitaci\u00f3n de Dios, que manifest\u00f3 su amor inmenso a la humanidad, enviando a la tierra a su Hijo unig\u00e9nito, los miembros de la Iglesia tienen que amarse los unos a los otros: \u2020\u0153Nosotros amamos porque \u00e9l nos am\u00f3 primero\u2020\u009d (1Jn 4,19). En realidad, los cristianos tienen que inspirarse en su comportamiento en el amor del Se\u00f1or Jes\u00fas, que lleg\u00f3 a ofrecer su vida por su Iglesia (Ef 5,2).<br \/>\nEl \u00faltimo d\u00ed\u00ada ser\u00e1n juzgados sobre la base del amor concreto a los hermanos: el que haya ayudado a los necesitados tomar\u00e1 posesi\u00f3n del reino; pero el que se haya cerrado en su ego\u00ed\u00adsmo ser\u00e1 enviado al fuego eterno (Mt 25,31-46).<br \/>\n141<br \/>\nb) Amor sincero, concreto y profundo. En los primeros escritos cristianos encontramos continuamente el eco de esta ense\u00f1anza de Jes\u00fas. Efectivamente, Pablo en sus cartas inculca en diversas ocasiones y en diferentes tonos el amor fraterno: el amor debe ser sincero y cordial (Rom 12,9s), a imitaci\u00f3n del suyo 2Co 6,6). Los cristianos de Tesal\u00f3nica demuestran que son modelos perfectos de ese amor sincero lTs 1,3; lTs 3,6; lTs 4,9). Entre los creyentes todo tiene que hacerse en el amor (1Co 16,14), e incluso en los castigos hay que tomar decisiones conformes con el amor (2Co 2,6-8; lTm 1,5). Efectivamente, lo que cuenta en la vida cristiana es la fe que act\u00faa mediante el amor (Ga 5,6); por eso hay que servir con amor (Ga 5,13). En particular, Pablo ense\u00f1a que por amor para con el hermano d\u00e9bil hay que renunciar incluso a las comidas l\u00ed\u00adcitas ya la libertad, si ello fuera ocasi\u00f3n para su ca\u00ed\u00adda (Rm 14,15 iCo 8,lss).<br \/>\nLa generosidad a la hora de ofrecer a los necesitados bienes materiales es signo de amor aut\u00e9ntico (2Co 8,7s). Efectivamente, el amor cristiano no se agota en el sentimiento, sino que ha de concretarse en la ayuda, en el socorro, en el compartir; por eso el rico que cierra su coraz\u00f3n al pobre no est\u00e1 animado por el amor (1Jn 3,17s). En realidad, el que sostiene que ama a un Dios que no ve y no ama al hermano a quien ve es un mentiroso, porque es incapaz de amar verdaderamente a Dios (1Jn 4,20). Pero tambi\u00e9n es verdad lo contrario: la prueba del aut\u00e9ntico amor a los hermanos la constituye el amor a Dios (1Jn 5,2).<br \/>\no Los padres y los pastores de las Iglesias se alegran y dan gracias a Dios cuando constatan que el amor fraterno se vive entre los cristianos (2Ts 1,3; Ef 1,15 Col l,3s. Co18; Flm 5,7; Ap 2,19); ruegan adem\u00e1s por el aumento del amor dentro de sus familias (lTs 3,12 Ep 3,16s; Flp 1,9 Col 2,lss)y amonestan a sus hijos para que profundicen cada vez m\u00e1s en el amor (lTh 5,12s; Hb 10,24; 2P 1,7), caminando en el amor seg\u00fan el ejemplo de Cristo (Ef 5,2), soportando humilde y dulcemente las contrariedades, preocupados por conservar la unidad del esp\u00ed\u00adritu en el v\u00ed\u00adnculo de la paz (Ef 4, 1-6; Flp 2,1 ss), viviendo la palabra de la verdad en el :\u00e1mor y creciendo en Cristo, del que recibe su incremento el cuerpo de la Iglesia, edific\u00e1ndose en el amor (Ep 4,15s): \u2020\u0153Por encima de todo, tened amor, que es el lazo de la perfecci\u00f3n\u2020\u009d Col 3,14); \u2020\u0153Con el fin de llegar a una fraternidad sincera, amaos entra\u00f1ablemente unos a otros\u2020\u009d (IP 1,22). Todos los cristianos tienen que estar animados por el amor fraterno, pero de manera especial los ancianos (Tt 2,2). Este amor, aunque tiene como objeto espec\u00ed\u00adfico a los miembros de ia Iglesia, incluye el respeto para con iodos (IP 2,17; IP 4,8). as i El que est\u00e1 pose\u00ed\u00addo por este amor \u00ed\u00adraterno permanece en la luz (1Jn \u00ed\u00adilO), vive en comuni\u00f3n con Dios; ?que es luz (IJn 1,5) ha pasado de la \u00bfnuerte a la vida divina (IJn 3,14 ). Efectivamente, Dios mora en el coraz\u00f3n del que ama(Un4,lls). El amor se identifica realmente con Dios; es \u2020\u02dcuna realidad divina, una chispa del coraz\u00f3n del Padre comunicada a sus hijos, ante la cual uno se queda admirado, lleno de asombro. Pablo exalta hasta tal punto esta virtud del amor que llega a colocarla por enci-JRa de la fe y de la esperanza, puesto *)U\u00e9inunca podr\u00e1 fallar: en la gloria del reino ya no se crear\u00e1 ni ser\u00e1 ya necesario esperar, puesto que se poseer\u00e1n las realidades divinas, pero se seguir\u00e1 amando; m\u00e1s a\u00fan, la vida bienaventurada consistir\u00e1 en contemplar y en amar (1Co 13). Por consiguiente, el que ama posee ya la felicidad del reino, puesto que vive en Dios, que es amor. La salvaci\u00f3n eterna depende de la perseverancia en el amor (ITm 2,15). Dios, en su justicia, no se olvida del amor de los creyentes, concretado en el servicio (Hb 6,10). Por eso los cristianos animados por el amor aguardan con confianza el juicio de Dios (1Jn 4,17s).<br \/>\n142<br \/>\nc) El amor fraterno es fruto del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Esta caridad cristiana, tan concreta y profunda, deriva de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en el coraz\u00f3n de los creyentes. En efecto, s\u00f3lo el Esp\u00ed\u00adritu de Dios puede hacer que se obtenga la victoria sobre la carne, es decir, sobre el ego\u00ed\u00adsmo; y por tanto s\u00f3lo \u00e9l puede hacer que triunfe el amor. El fragmento de Gal 5,16-26 se presenta en este sentido como muy elocuente y convincente: mientras que las obras de la carne son el libertinaje y el vicio, \u2020\u0153los frutos del Esp\u00ed\u00adritu son:<br \/>\namor, alegr\u00ed\u00ada, paz, generosidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia\u2020\u009d (y. 22).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, la caridad cristiana es obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que anima la vida de fe; por esta raz\u00f3n Pablo puede atribuir el amor a esta persona divina y expresarse de este modo: \u2020\u0153Por el amor del Esp\u00ed\u00adritu Santo, os pido&#8230;\u2020\u009d (Rm 15,30); \u2020\u0153El Se\u00f1or no nos ha dado Esp\u00ed\u00adritu de temor, sino de fortaleza, de amor\u2020\u009d (2Tm 1,7). Efectivamente, \u2020\u0153el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo que nos ha dado\u2020\u009d (Rm 5,5).<\/p>\n<p>d) El amor de los pastores de las Iglesias. Los grandes ap\u00f3stoles y padres de las comunidades cristianas primitivas est\u00e1n animados de una caridad muy profunda a sus disc\u00ed\u00adpulos e hijos; por eso se dirigen a ellos con el apelativo queridos o amados (aga-p\u00e9t\u00f3i) (Rm 12,19; ICo 10,14; St 1,16; IP 2,11 Un IP 2,7 etc. ). Pablo ama tiernamente a sus hijos espirituales (Rm 16,5; Rm 16,8; ICo 4,17), porque los ha engendrado a la fe. Por eso les amonesta con amor (1 Co 4,14s; 2Co 11,11): \u2020\u0153En nuestra ternura hacia vosotros, hubi\u00e9ramos querido entregaros, al mismo tiempo que el evangelio de Dios, nuestra propia vida\u2020\u009d (ITs 2,8). Alberga id\u00e9nticos sentimientos hacia sus colaboradores, especialmente por Timoteo (1Co 4,17; 2Tm 1,2; Ef 6,21; Col 1,7; Col 4,7). Los ap\u00f3stoles y los presb\u00ed\u00adteros de Jerusal\u00e9n presentan a los dos misioneros Bernab\u00e9 y Pablo como hermanos queridos (Hch 15,25). Pablo desea ejercer su ministerio con amor y con dulzura; por eso no quiere verse obligado a usar la vara (1Co 4,21). Escribiendo a Filem\u00f3n, le suplica con amor por su hijo On\u00e9simo, sin querer apelar a su derecho de mandar libremente (Flm 9). En general, los ap\u00f3stoles y los misioneros reciben tambi\u00e9n como recompensa el amor de sus fieles (Tt 3,15), aunque Pablo observa en algunas de sus comunidades cierta frialdad, a pesar de su fuerte amor (2Co 12,15). Para este gran ap\u00f3stol de Cristo, el que es gu\u00ed\u00ada o pastor de la comunidad debe buscar la piedad, la justicia, la fe y el amor (ITm 6,11); debe hacerse el modelo de los fieles en el amor (ITm 4,12), debe buscar el amor (2Tm 2,22). Pablo presenta su conducta y sus palabras sobre la fe y sobre el amor fundado en Cristo Jes\u00fas como elemento de inspiraci\u00f3n para la vida de Timoteo (2Tm 1,13; 2Tm 3,10).<br \/>\n144<br \/>\ne) El amor conyugal. Un aspecto muy interesante del amor cristiano, tratado especialmente en la carta a los Efesios, tiene por objeto el comportamiento de los esposos, es decir, la vida de la pareja, consagrada con el sacramento del \/ matrimonio. El autor de la carta a los Colosenses se limita a exhortar a los maridos: \u2020\u0153Maridos, amad a vuestras esposas y no os irrit\u00e9is contra ellas\u2020\u009d (Col 3,19). Al contrario, en la carta a los Efesios se pone el amor conyugal en relaci\u00f3n con la entrega amorosa de Cristo a la Iglesia: el marido tiene que comportarse con su esposa de la misma manera que el Se\u00f1or Jes\u00fas, que entreg\u00f3 y sacrific\u00f3 su vida por su esposa, la comunidad mesi\u00e1nica (Ep 5,25ss).<br \/>\n145<br \/>\nf) \u2020\u0153Koinon\u00ed\u00ada \u2020\u0153y comunidad cristiana primitiva. Al hablar del amor fraterno en el NT no se puede omitir una alusi\u00f3n a la vida de la Iglesia apost\u00f3lica. Tomando como base la descripci\u00f3n que de ella nos hace Lucas en los Hechos de los Ap\u00f3stoles, queda uno asombrado de la perfecta comuni\u00f3n (koinon\u00ed\u00ada) de coraz\u00f3n y de bienes dentro de la comunidad de los or\u00ed\u00adgenes: los primeros creyentes participaban asiduamente de la vida com\u00fan, adem\u00e1s de las instrucciones de los ap\u00f3stoles, de la eucarist\u00ed\u00ada y de las oraciones (Hch 2,42). En aquella Iglesia reinaba la comuni\u00f3n plena, viv\u00ed\u00adan juntos y todo era com\u00fan entre todos los miembros (Ac 2,44s). En el segundo sumario de la primera secci\u00f3n de los Hechos encontramos otro cuadro id\u00ed\u00adlico de la comuni\u00f3n perfecta entre los cristianos: \u2020\u0153Todos los creyentes ten\u00ed\u00adan un solo coraz\u00f3n y una sola alma, y nadie llamaba propia cosa alguna de cuantas pose\u00ed\u00adan, sino que ten\u00ed\u00adan en com\u00fan todas las cosas\u2020\u009d Hch 4,32 cf vv. 34s). Por consiguiente, se viv\u00ed\u00ada el amor de forma perfecta.<br \/>\n146<br \/>\nIV. DIOS ES AMOR.<br \/>\nEl amor humano se presenta como un bien inconmensurable, la fuente de la vida y de la felicidad, porque es una chispa divina, un \u00e1tomo de la vida de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad. En efecto, Dios es presentado y descrito como amor: el origen y la manifestaci\u00f3n plena del amor. Dios vive en el amor y de amor; act\u00faa porque ama; la creaci\u00f3n y la historia encuentran su raz\u00f3n \u00faltima en su amor. \u00bfPor qu\u00e9 raz\u00f3n existe el universo? \u00bfCu\u00e1l es la causa \u00faltima del origen de la humanidad? \u00bfPor qu\u00e9 ha intervenido Dios en la historia del hombre, form\u00e1ndose un pueblo al\u2020\u2122que hacer unas promesas de salvaci\u00f3n y de redenci\u00f3n? \u00bfPor qu\u00e9 motivo, en la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 el Padre a su \u00fanico Hijo a la tierra? La respuesta a estos y otros interrogantes por el estilo se encuentra en el amor de Dios. El Se\u00f1or se port\u00f3 as\u00ed\u00ad, actu\u00f3 de esta manera, porque es amor (IJn 4,8). La historia atormentada de la humanidad, con tantos momentos tenebrosos, llena de tantas atrocidades y fechor\u00ed\u00adas, siempre resulta iluminada por este faro poderoso de luz: el amor de Dios. La historia de la salvaci\u00f3n encuentra su explicaci\u00f3n plena en el Dios-amor; la econom\u00ed\u00ada de la redenci\u00f3n tiene su primer origen en el amor del Padre, es realizada por el amor de Dios y de su Hijo, es completada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, el amor personificado en el seno de la Trinidad, y tiende a la consumaci\u00f3n del amor en el reino celestial, el lugar o el estado de la felicidad perfecta y del amor pleno.<br \/>\n147<br \/>\n1. El amor de Dios a la creaci\u00f3n y al hombre.<br \/>\nTodo cuanto existe en el cosmos es obra de Dios; e\u00ed\u00ad universo es una criatura del Se\u00f1or. Este es el primer art\u00ed\u00adculo del \u2020\u0153credo\u2020\u009d israelita; la Biblia se abre con la p\u00e1gina de la creaci\u00f3n del mundo: Dios dijo, y todo vino a la existencia (Gn 1). Los cielos, la tierra, el hombre, los animales, las plantas y las flores, todo ha sido hecho por la palabra de Dios (Jdt 16,14; Is 48,13; SaI 33,6; Si 42,15). El cuarto evangelista proclama que todo ha llegado a la existencia por medio del Verbo de Dios (Jn 1,3).<br \/>\n148<br \/>\na) Dios crea por amor y ama a sus criaturas. Si todo cuanto existe ha sido hecho por Dios, \u00bfpor qu\u00e9 raz\u00f3n crea el Se\u00f1or? \u00bfPor qu\u00e9 quiere comunicar la existencia? En particular, \u00bfpor qu\u00e9 hace Dios al hombre part\u00ed\u00adcipe de su vida inmortal? La respuesta \u00faltima a estas preguntas y otras semejantes se encuentra en el amor de Dios. El Se\u00f1or crea porque ama. En efecto, amor significa comunicaci\u00f3n y don de los propios bienes y del propio ser a los dem\u00e1s.<br \/>\nEl AT no ofrece esta explicaci\u00f3n de una forma expl\u00ed\u00adcita, pero la presupone; por esta raz\u00f3n en los relatos de la creaci\u00f3n (Gn 1-3) no aparecen nunca los t\u00e9rminos de amor. All\u00ed\u00ad no se afirma nunca que el Se\u00f1or cree por amor, porque desee entablar un di\u00e1logo de amor con el hombre. Esta refle don se har\u00e1 luego, en las etapas m\u00e1s recientes de la revelaci\u00f3n. Efectivamente, en el libro de la sabidur\u00ed\u00ada se proclama sin equ\u00ed\u00advocos que Dios ama a todas sus criaturas (Sb 11,23-26): \u2020\u0153T\u00fa amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que hiciste, pues si algo aborrecieras no lo hubieses creado\u2020\u2122 (y. 24). Este pasaje insin\u00faa por una parte que el Se\u00f1or crea por amor, en cuanto que afirma que si Dios odiase alguna cosa no la habr\u00ed\u00ada creado; luego, por ant\u00ed\u00adtesis, se dice que toda criatura es fruto del amor del Se\u00f1or. Sobre todo se proclama aqu\u00ed\u00ad que Dios ama a todas las cosas que existen y las conserva en su existencia porque las ama. Debido a este amor divino, el creador tiene compasi\u00f3n de todos los hombres, incluso de los pecadores.<br \/>\nEl pasaje de Dt 10,18 contiene una afirmaci\u00f3n interesante sobre el amor de Dios incluso con los que no son israelitas: el Se\u00f1or ama al forastero y le proporciona alimento y vestido. En el libro de \/ Jon\u00e1s se representa de forma viva y atrayente el amor inmenso del Se\u00f1or a los paganos. La cicater\u00ed\u00ada y mezquindad del profeta que no quiere colaborar en la salvaci\u00f3n de los ninivitas y se entristece cuando, a su pesar, Dios muestra su amor misericordioso a este pueblo, ponen bien de relieve el inter\u00e9s amoroso y salv\u00ed\u00adfico del Se\u00f1ortambi\u00e9n por los no jud\u00ed\u00ados (Jon 1,lss; 3,lss; 4,lss.lOs).<br \/>\nEn realidad, el Padre celestial ama a todos sus hijos de cualquier raza y color, tal como se proclama expresamente en el NT. Dios quiere que todos los hombres consigan la salvaci\u00f3n (lTm 2,4), puesto que los ama y por esa raz\u00f3n envi\u00f3 a su Hijo unig\u00e9nito a la tierra: \u2020\u0153Porque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico, para que quien crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna\u2020\u009d (Jn 3,16). La muerte de Cristo en la cruz por la humanidad pecadora constituye la prueba m\u00e1s concreta y elocuente del amor de Dios a los hombres (Rm 5,8).<br \/>\n149<br \/>\nb) Dios ama a los justos. El Se\u00f1or siente una caridad fuerte y creadora por todo cuanto existe, y en particular por todos los hombres; pero ama especialmente a los que viven su palabra. El, que ama la sabidur\u00ed\u00ada (Sb 8,3), la rectitud y la equidad (cf ICr\u00f3n 29,17; SaI 11,7; SaI 33,5; SaI 37,28; Is 61,8), tiene un amor particular por las personas justas. El que se porta como padre con los hu\u00e9rfanos y como marido con las viudas, ser\u00e1 amado m\u00e1s que una madre por el Alt\u00ed\u00adsimo (Si 4,10). Por tanto, el misericordioso es amado tiernamente como hijo de Dios. En realidad, el Se\u00f1or ama a los justos y trastorna los caminos de los imp\u00ed\u00ados (Ps 146,8s); ama a todos los que odian el mal y guarda la vida de sus fieles (SaI 97,10). El camino del pecador es detestado por ese Dios que ama la justicia (Pr 15,9). El justo es amado por el Se\u00f1or, aun cuando muera en edad joven (Sb 4,10); \u00e9l realmente posey\u00f3 la sabidur\u00ed\u00ada, y por eso fue amigo de Dios y profeta; pues bien, Dios ama al que convive con la sabidur\u00ed\u00ada (Sg 7,27s).<br \/>\nDe manera muy especial Dios ama a los disc\u00ed\u00adpulos aut\u00e9nticos de su Hijo: los creyentes (Rm 1.7; lTm 6,2 ), aunque los corrige y los pone a prueba (Heb 12,5s). Son objeto de este amor todos los que ayudan generosa y gozosamente a los pobres (2Co 9,7). Jes\u00fas puede asegurar a sus amigos esta maravillosa verdad: son amados por el Padre (Jn 16,27); pero \u00e9l siente la necesidad de orar a Dios, para que inunde a sus amigos de su amor (Jn 17,26).<br \/>\n150<br \/>\n2. El amor del Se\u00f1or en la historia de la salvaci\u00f3n.<br \/>\n\u00c2\u00a1d\u00ed\u00ados es amor! El ama siempre. Su amor no se limita al acto de crear, sino que se manifiesta continuamente en la existencia de la humanidad. La historia de la salvaci\u00f3n es la revelaci\u00f3n m\u00e1s elocuente y concreta del amor del Se\u00f1or; m\u00e1s a\u00fan, constituye el di\u00e1logo m\u00e1s fascinante de amor entre Dios y el hombre.<br \/>\n151<\/p>\n<p>a) El Se\u00f1or ama a su pueblo. Dios ama a todas las criaturas y a todos los hombres, pero sinti\u00f3 un amor especial por Israel y por Jeru-sal\u00e9n, su ciudad. El c\u00e1ntico de amor de la vi\u00f1a ilustra con im\u00e1genes concretas y elocuentes todas las atenciones y solicitudes del Se\u00f1or por la casa de Israel (Is 5,1-7). Realmente, Dios am\u00f3 a Jacob (Ml 1,2); por esta raz\u00f3n el Se\u00f1or puede declarar a su esposa: \u2020\u0153Con amor eterno te he amado, por eso te trato con lealtad\u2020\u009d (Jr31,3). Efra\u00ed\u00adn es para Dios un hijo querido; un ni\u00f1o que hace sus delicias, ante el que se conmueve con cari\u00f1o (Jr 31,20). Israel fue amado por el Se\u00f1or desde su infancia, cuando viv\u00ed\u00ada en Egipto, siendo educado por \u00e9l con ternura y atra\u00ed\u00addo con lazos amorosos Os 11,1-4). Este pueblo es muy precioso para \u00e9l; tiene un gran valor a los ojos de Dios, porque es amado por \u00e9l (Is 43,4). Jacob es el siervo del Se\u00f1or, el elegido al que ama (Is 44,2); por este motivo Dios, en su gran amor y en su clemencia, lo rescat\u00f3 (Is 63,9). En efecto, tras el castigo por su infidelidad al pacto de amor con el Se\u00f1or, Israel ser\u00e1 amado de .nuevo por su esposo divino (Os 2,25); y por eso ser\u00e1 atendido, curado e inundado de gozo, de paz y de bendici\u00f3n (Jr31,3-14 33,6ss). Dios renovar\u00e1 a Si\u00f3n por su amor y se alegrar\u00e1 de la salvaci\u00f3n de su pueblo (So 3,16s). El salmista celebra el amor del Se\u00f1or a su pueblo proclamando que ha sometido todas las naciones a Israel, porque lo ha amado (Sal 47,5). Debido a este amor el Se\u00f1or no quiso escuchar las maldiciones de Bala\u00e1n contra su pueblo, cambi\u00e1ndDIAS m\u00e1s bien en bendiciones (Dt 23,6). Este amor divino se encuentra en el origen del prodigio del man\u00e1, con el que el Se\u00f1or aliment\u00f3 a su pueblo durante el \u00e9xodo (Sg 16,24ss). Este amor de Dios a Israel fue reconocido tambi\u00e9n por el pagano rey de Tiro (2Cr 2,10), mientras que Pablo proclama que los jud\u00ed\u00ados, incluso despu\u00e9s de haber rechazado a su mes\u00ed\u00adas y salvador, son amados por Dios por causa de los padres, puesto que los dones y la elecci\u00f3n son irrevocables (Rom ll,28s).<br \/>\nEste amor del Se\u00f1or a su pueblo tuvo una concreci\u00f3n especial en la historia de Israel: la fundaci\u00f3n de la ciudad del mes\u00ed\u00adas. Efectivamente, Je-rusal\u00e9n fue objeto de un amor especial de Dios. Los salmistas y los profetas cantan este amor. El Se\u00f1or ha escogido el monte Si\u00f3n porque lo ha amado (Sal 76,68); ama las puertas de Si\u00f3n m\u00e1s que cualquiera otra de las moradas de Jacob (Sal 87,2). Este amor es fuente de esperanza y de gozo; por eso el profeta anima a Je-rusal\u00e9n, asegur\u00e1ndole que el Se\u00f1or la renovar\u00e1 por medio de su amor (So 3,16s).<br \/>\nEn efecto, el amor de Dios triunfar\u00e1 y obtendr\u00e1 la victoria sobre el pecado, la idolatr\u00ed\u00ada y la infidelidad de su pueblo, haci\u00e9ndolo de nuevo capaz de amar; el Se\u00f1or lo unir\u00e1 consigo para siempre en el amor y la fidelidad (Os 2,21-25), transformar\u00e1 su coraz\u00f3n de piedra y le dar\u00e1 un coraz\u00f3n nuevo, con el que conocer\u00e1 espont\u00e1nea y vitalmente a su Dios (Jer 31 ,33s; Ez 36,26s): \u2020\u0153Con amor eterno te he amado, por eso te trato con lealtad\u2020\u009d (Jr31,3). Efectivamente, el amor del Se\u00f1or a su pueblo es m\u00e1s tierno y m\u00e1s fuerte que el de una madre a su hijo (Is 49,15).<br \/>\nSi Dios am\u00f3 de forma tan concreta y eficaz a Israel, no ha demostrado menos amor a su nuevo pueblo, la Iglesia (2Ts 2,16). M\u00e1s a\u00fan; en la \u00faltima fase de la historia de la salvaci\u00f3n, con la llegada del mes\u00ed\u00adas y la creaci\u00f3n de la comunidad escatol\u00f3gi-ca, el amor del Se\u00f1or ha alcanzado la expresi\u00f3n y la concreci\u00f3n suprema. Dios am\u00f3 al mundo hasta tal punto que le dio a su \u00fanico Hijo, el cual salva a la humanidad mediante la Iglesia (Jn 3,16s), recogiendo en la unidad a los hijos dispersos de Dios, es decir, dando vida al nuevo pueblo de Dios con su muerte redentora (Jn 11 ,Sis). En efecto, los miembros de la Iglesia, amigos de Cristo, son amados por el Padre (Jn 14,21; Jn 16,27; Jn 1 Tes Jn 1,4); este amor se concreta en la inhabitaci\u00f3n de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad en el coraz\u00f3n de los fieles (Jn 14,23). La prueba suprema del amor de Dios a su pueblo est\u00e1 constituida por el env\u00ed\u00ado del Hijo al mundo (1Jn 4, 9s. 19), para que llevase a cabo la redenci\u00f3n de la humanidad con su muerte en la cruz (Rm 5,8). Este amor de Dios por los miembros de la Iglesia se concret\u00f3 en el don de la filiaci\u00f3n divina: \u2020\u0153Mirad qu\u00e9 gran amor nos ha dado el Padre al hacer que nos llamemos hijos de Dios y lo seamos de verdad\u2020\u009d (1Jn 3,1). En la oraci\u00f3n de su \u2020\u0153hora\u2020\u009d Jes\u00fas pide para su pueblo el don de la unidad perfecta, para que el mundo reconozca que el Padre am\u00f3 a la Iglesia como am\u00f3 a su Hijo (Jn 17,23). El maestro pide que ese amor reine siempre y se manifieste continuamente dentro de su comunidad (Jn 17,26).<br \/>\nEste amor divino es acogido con la fe (1Jn 4,16) y constituye el secreto de las victorias de la Iglesia contra el mal y la muerte en todos los tiempos, pero sobre todo bajo el peso de las pruebas y de las tribulaciones (Rom 8,35ss). El pueblo de Dios realiza la experiencia del amor divino mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu, que se derrama en el coraz\u00f3n de los creyentes (Rm 5,5). Este amor constituye el bien supremo de la Iglesia, del que no puede separarla jam\u00e1s ninguna fuerza o poder\u00ed\u00ado adverso (Rom 8,38s). En realidad, el Se\u00f1ores el Dios del amor (2Co 13,11); m\u00e1s a\u00fan, el amor tiene su origen en \u00e9l (1Jn 4,7), porque \u00e9l es el amor (1Jn 4,8; 1Jn 4,16).<br \/>\n152<br \/>\nb) Amor ben\u00e9volo y alianza. En el AT se le reserva un puesto muy importante al aspecto del amor ligado ala alianza, pero trascendi\u00e9ndola, en cuanto que ese amor indica la misericordia del Se\u00f1or con su pueblo debido a su fidelidad al pacto sina\u00ed\u00ad-tico. No solamente muestra Dios su amor tierno y ben\u00e9volo a su esposa por ser fiel a la alianza, sino que perdona las infidelidades de Israel y sigue concedi\u00e9ndole su asistencia salv\u00ed\u00adfica, ya que ama a su criatura de un modo espont\u00e1neo, casi irracional, al menos seg\u00fan la l\u00f3gica humana. Pues bien, esta actitud divina de amor fiel y misericordioso se expresa mediante el t\u00e9rmino hesed, imposible de traducir a las lenguas modernas, y que se indica con varios sustantivos:<br \/>\ngracia, amor, misericordia, benevolencia. El Se\u00f1or, por labios del profeta Oseas, le promete a su esposa unirla consigo para siempre en la justicia, en la santidad, en el amor o benevolencia y en la misericordia cari\u00f1osa (Os 2,21). En realidad, este Dios am\u00f3 a Israel con un amor tierno y lo condujo con benevolencia y amor (Jr31,3). El es el Dios fiel, que mantiene la alianza y la benevolencia o amor a quienes lo aman Dt 79), pero de manera especial a su pueblo, debido al pacto y al amor ben\u00e9volo que jur\u00f3 a los padres Dt 7,12). En estos \u00faltimos pasajes se subraya la relaci\u00f3n del hesed con la alianza; pero a este prop\u00f3sito hay que recordar que el pacto sancionado por el Se\u00f1or con Israel no es de car\u00e1cter paritario y ?revalentemente jur\u00ed\u00addico, sino que expresa el amor salv\u00ed\u00adfico, la gracia, la benevolencia de Dios, aunque con la connotaci\u00f3n de su fidelidad a la alianza.<br \/>\nEn el salterio se invoca o se exalta continuamente este amor ben\u00e9volo del Se\u00f1or. El hombre piadoso que sufre suplica a Dios que lo salve y le socorra con su benevolencia (Sal 6,5), que se acuerde de \u00e9l seg\u00fan su amor misericordioso (Sal 25,7). El Se\u00f1or es verdaderamente el Dios de la benevolencia (Sal 59,11; Sal 59,18); todos sus senderos son amor ben\u00e9volo y fidelidad (Sal 25,10), que superan los cielos (Sal 36,6 ). El israelita, confiando en la gracia ben\u00e9vola de Dios (Sal 13,6), a semejanza del rey (Sal 21,8), se ver\u00e1 siempre acompa\u00f1ado de este amor misericordioso (Sal 23,6). En el Ps 89 se canta este amor ben\u00e9volo? del Se\u00f1or a David y su descendencia (Vv. lss), que jam\u00e1s fallar\u00e1, a pesar de la infidelidad del hombre (vv. 29-38). El Se\u00f1or corona con este amor misericordioso incluso al pecador, renov\u00e1ndolo con su perd\u00f3n Sal 103, 3ss). El amor ben\u00e9volo del Se\u00f1or es eterno; por eso los salmistas invitan a todos a alabar y a dar gracias a este Dios bueno por ese amor misericordioso tan grande (Sal 106,1; Sal 107,1; Sal 107,8; Sal 107,15 117,ls; 118,lss, etc. ). Las intervenciones salv\u00ed\u00adficas del Se\u00f1or en la historia de Israel encuentran su fuente y su explicaci\u00f3n en este amor ben\u00e9volo de Dios; m\u00e1s a\u00fan, la misma creaci\u00f3n es fruto de este heseddivino; el Ps 136 presenta po\u00e9ticamente a Dios creador y salvador, caracterizado por este amor ben\u00e9volo: la frase \u2020\u0153porque es eterno su amor\u2020\u009d forma el estribillo y la aclamaci\u00f3n de cada vers\u00ed\u00adculo.<br \/>\nEn este contexto no podemos dejar de llamar la atenci\u00f3n sobre la famosa end\u00ed\u00adadis hesed we \u2020\u02dcemet, que significa el amor fiel a las personas con las que uno est\u00e1 ligado mediante un pacto por el v\u00ed\u00adnculo de la sangre. En el AT se apela frecuentemente a este amor fiel del Se\u00f1or para implorar su misericordia y su ayuda. Mois\u00e9s en el Si-na\u00ed\u00ad apela en su oraci\u00f3n a esta bondad benigna o amor misericordioso del Se\u00f1or, como fruto de su fidelidad al pacto (Ex 34,6s). El salmista celebra y exalta este amor ben\u00e9volo y fiel del Se\u00f1or (Sal 40,11) y lo invoca con ardor en las situaciones desesperadas de la existencia para ser salvado ). Con la protecci\u00f3n de este amor fuerte y misericordioso no hay por qu\u00e9 temer ninguna adversidad; por eso mismo se apela a \u00e9l (Sal 40,12; Sal 61,8).<br \/>\n153<br \/>\nc) Los amigos de Dios. En el pueblo de Dios algunas personas en particular son amadas por el Se\u00f1or porque desempe\u00f1an una misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y han amado con todo el coraz\u00f3n a su Dios, adhiri\u00e9ndose a \u00e9l por completo, escuchando su voz y viviendo su palabra: tales son los padres de Israel, Mois\u00e9s, los justos, el rey David; se les llama amigos de Dios. \/ Abrah\u00e1n es el primer padre de Israel, presentado como amigo del Se\u00f1or (2Cr 20,7; 1s41,8; Dn 3,35; St 2,23). Dios convers\u00f3 afablemente con este siervo suyo y le manifest\u00f3 sus proyectos, lo mismo que se hace con un amigo \u00ed\u00adntimo (Gen 18,l7ss). Tambi\u00e9n Benjam\u00ed\u00adn fue considerado de tal modo porque fue amado por el Se\u00f1or (Dt 33,12). \u00c2\u00a1 Mois\u00e9s es otro gran amigo de Dios: hablaba con \u00e9l cara a cara, lo mismo que habla un hombre con su amigo (Ex 33,11). Mois\u00e9s fue amado por Dios y por los hombres; su memoria ser\u00e1 bendita (Si 45,1); en efecto, \u00e9l fue el gran mediador de la revelaci\u00f3n del amor misericordioso del Se\u00f1or (Ex 34,6s; N\u00fam 14,18s; Dt 5,9s). Tambi\u00e9n \u00c2\u00a1Samuel fue amado por el Se\u00f1or (Si 46,13), lo mismo que \u00c2\u00a1 David y Salom\u00f3n (2S 12,24 ICr\u00f3n 2S 17,16 [LXX]; Si 47,22; Ne 13,26), y lo mismo el siervo del Se\u00f1or (Is 48,14). Finalmente, todos los hombres fieles y piadosos son amigos de Dios (Sal 127,2).<br \/>\nEn el NT los amigos de Dios y de su Hijo son los creyentes (cf 1 Tes 1,4; 2Ts 2,13; Col 3,12), y de manera especial los ap\u00f3stoles y los primeros disc\u00ed\u00adpulos, que son amados por el Padre y por Jes\u00fas Jn 14,21; Jn 17,23). Pero es preciso merecer esta amistad divina, observando y guardando la palabra del Hijo de Dios (Jn 14,23s), es decir, creyendo vitalmente en \u00e9l (Jn 17,26). En el grupo de los primeros seguidores de Cristo hay uno que es designado especialmente por el cuarto evangelista como \u2020\u0153el disc\u00ed\u00adpulo amado\u2020\u2122, es decir, el amigo de Jes\u00fas (Jn 21,7; Jn 21,20), que se reclin\u00f3 sobre el pecho del maestro Jn 13,23), es decir, vivi\u00f3 en profunda intimidad con el Hijo de Dios, lo sigui\u00f3 hasta el Calvario (Jn 18,15 19,26s)y lo am\u00f3 intensamente (Jn 20,2-5).<br \/>\n154<br \/>\nd) El Padre ama al Hijo. Dios ama las cosas creadas, a los hombres, a su pueblo, y de manera especial a los justos y a los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo; pero el objeto primero y principal de su amor es su Hijo unig\u00e9nito, el Verbo hecho carne. El Padre en persona proclama a Jes\u00fas, su Hijo predilecto y amado; a la orilla del Jord\u00e1n, durante el bautismo de Cristo, hizo o\u00ed\u00adr su voz: \u2020\u0153T\u00fa eres mi Hijo amado (ho agap\u00e9\u00ed\u00ad\u00f3s)\u2020\u009d(Mc 1,11 y par). An\u00e1loga proclamaci\u00f3n se oye en la cima del Tabor, durante la transfiguraci\u00f3n de Jes\u00fas (Mc 9,7 y par.; 2P 1,17). En la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas se presenta al heredero como hijo amado, con evidente alusi\u00f3n a Jes\u00fas (Mc 12,6 y par.). El primer evangelista recoge tambi\u00e9n el or\u00e1culo prof\u00e9ti-co de Is 42,lss, en donde se presenta al mes\u00ed\u00adas como el siervo amado por el Se\u00f1or (Mt 12,18).<\/p>\n<p>En realidad, el Padre ama al Hijo ya desde la eternidad (Jn 17,24); por eso lo ha puesto todo bajo su poder (Jn 3,35). Este amor \u00fanico explica la raz\u00f3n de por qu\u00e9 el Padre muestra al Hijo todo lo que hace Jn 5,20). Por otro lado, Jes\u00fas es Hijo obediente, dispuesto a ofrecer su vida para cumplir la voluntad del Padre; por eso lo ama el Padre (Jn 10,17). Este amor tan fuerte y profundo es an\u00e1logo al que siente Jes\u00fas por sus amigos (Jn 15,9). Por consiguiente, Cristo es el amado por excelencia, el predilecto del Padre Ef 1,6), que ha arrancado a los creyentes del dominio de las tinieblas para trasladarlos al reino del Hijo de su amor (Col 1,13).<br \/>\n155<br \/>\ne) La elecci\u00f3n de amor.<br \/>\nEl Deuteronomio en particular presenta la historia de Israel como una elecci\u00f3n de amor: Dios escogi\u00f3 a este pueblo, no porque fuera mayor y mejor que las dem\u00e1s naciones, sino porque lo am\u00f3 con un amor de predilecci\u00f3n. El Se\u00f1or escogi\u00f3 para s\u00ed\u00ad a este pueblo y lo hizo suyo con pruebas, signos, portentos, luchas, con mano fuerte y brazo extendido, aplastando a naciones m\u00e1s poderosas, para hacerlo entrar en posesi\u00f3n de la tierra prometida, s\u00f3lo porque am\u00f3 a sus padres (Dt 4,34-38). Por amor a los padres, el Se\u00f1or se uni\u00f3 con los israelitas, escogi\u00e9ndolos entre todos los pueblos (Dt 10,15). La raz\u00f3n \u00faltima de la elecci\u00f3n y de la liberaci\u00f3n de Israel reside, por tanto, \u00fanicamente en el amor especial de Dios a este pueblo (Dt 7,7s). El Se\u00f1or escogi\u00f3 a Jacob porque lo am\u00f3 m\u00e1s que a Esa\u00fa (Mal l,2s; Rm 9,13; Rm 9,25).<br \/>\n156<br \/>\nf) Amor, castigo y perd\u00f3n.<br \/>\nEl Se\u00f1or am\u00f3 a Israel con un amor tan apasionado y fuerte, que uni\u00f3 a esta comunidad consigo como a una esposa. La liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto y la alianza del Sina\u00ed\u00ad son consideradas por los profetas como realidades nupciales; la epopeya del \u00e9xodo representa la celebraci\u00f3n del matrimonio entre el Se\u00f1or e Israel. Desgraciadamente, esta esposa se mostr\u00f3 muy pronto infiel; se prostituy\u00f3 a los dioses extranjeros, abandonando al \u00fanico verdadero Dios. \u00bfQu\u00e9 har\u00e1 este esposo celoso despu\u00e9s de las traiciones y adulterios de su esposa? La castigar\u00e1 con dureza y severidad (Os 9,15), la obligar\u00e1 a abandonar a sus amantes, la llevar\u00e1 a una conversi\u00f3n radical y profunda, y luego le conceder\u00e1 su perd\u00f3n y la rehabilitar\u00e1, destruyendo sus abominables pecados (Os 2,4-25; Os 3,1-5; Os 14,5-9): \u2020\u0153Yo los curar\u00e9 de su aposta-s\u00ed\u00ada, los amar\u00e9 de todo coraz\u00f3n, pues mi ira se ha apartado ya de ellos (Os 14,5).<br \/>\nEl Se\u00f1or por boca de los profetas denuncia la maldad de su pueblo y su escaso amor, amenaz\u00e1ndole con desventuras y castigos (Jer ll,l5ss). Dios repudia a la que era la delicia de su alma, abandon\u00e1ndolaen manos de sus enemigos (Jer 4,27ss; 12,7), golpe\u00e1ndola con un castigo despiadado por su gran iniquidad (Jer 30,14s). Sin embargo, tras el castigo vendr\u00e1 el perd\u00f3n: el Se\u00f1or curar\u00e1 las heridas de su esposa y volver\u00e1 a conducirla a la patria, mostr\u00e1ndole su compasi\u00f3n y su amor creador (Jer 30,l6ss; 31,3-14.23- 28). El profeta Ezequiel, en dos p\u00e1rrafos muy extensos y cargados \u00e1tpathos, presenta la historia de Israel en clave de amor nupcial, traicionado por la esposa del Se\u00f1or con sus adulterios y prostituciones. Este pueblo est\u00e1 simbolizado en dos hermanas, Jerusal\u00e9n y Samar\u00ed\u00ada, infieles a Dios desde su juventud, y por eso mismo castigadas severamente. Despu\u00e9s del tremendo castigo reservado a las ad\u00falteras, el Se\u00f1or volver\u00e1 a acordarse del pacto sina\u00ed\u00ad-tico y establecer\u00e1 con su esposa perdonada una alianza perenne, renov\u00e1ndola y purific\u00e1ndola de todas sus inmundicias y suciedad (Ez 16; Ez 23; Ez 36,16-36).<br \/>\nJerusal\u00e9n, bajo los golpes del castigo divino que la aniquilaron y la dejaron hecha una desolaci\u00f3n (Lam 1,lss), reconoce la justicia de Dios (Lam 1,l8ss) porque se ha convertido. Tobiten su c\u00e1ntico invita a Israel a convertirse, ya que el castigo del destierro fue merecido justamente por sus iniquidades (Tob 13,3ss). Este cambio radical atrae el amor y la misericordia de Dios (Tb 13,8). Por lo dem\u00e1s, el Se\u00f1or asegura a su pueblo que lo har\u00e1 resurgir, puesto que lo ama como si no lo hubiera rechazado nunca (Za 10,6).<br \/>\nEn realidad, tambi\u00e9n el castigo es signo de amor; la prueba y la correcci\u00f3n muestran el inter\u00e9s de Dios por su pueblo, para que se convierta (Heb 12,4ss). El testigo fiel y verdadero reprocha con severidad a la Iglesia de Laodicea su frialdad y sus miserias porque la ama, y por eso la invita urgente y calurosamente a la conversi\u00f3n (Ap 3,19).<br \/>\n157<br \/>\n3. DIOS REVELA PLENAMENTE SU amor en EL Hijo.<br \/>\nEl Se\u00f1or se manifest\u00f3 concretamente en la historia de Israel como un Dios de amor y de bondad, como un padre ben\u00e9volo y piadoso que perdona todas las culpas de su pueblo y lo cura de todas sus enfermedades (cf Ps 85,2ss; 103,3.13); pero la plenitud de esta revelaci\u00f3n del amor la experimentamos en la fase final de la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n, con la venida a la tierra del Hijo unig\u00e9nito de Dios.<br \/>\n158<br \/>\na) Cristo es la manifestaci\u00f3n perfecta del amor del Padre. El NT proclama en varias ocasiones y sin equ\u00ed\u00advoco alguno que la prueba suprema del amor de Dios a la humanidad se nos ofreci\u00f3 en el don de su Hijo, el unig\u00e9nito. Por eso Jes\u00fas, con su persona y con su obra, constituye la revelaci\u00f3n plena del amor del Padre al mundo y a su pueblo. Dios no habr\u00ed\u00ada podido imaginarse ni ofrecer un signo m\u00e1s elocuente y m\u00e1s fuerte de su amor ardiente a los hombres pecadores: \u2020\u0153Porque tanto am\u00f3 Dios al mundo, que le dio a su Hijo \u00fanico\u2020\u2122 (Jn 3,16). El Verbo encarnado constituye realmente la manifestaci\u00f3n suprema de la caridad inconcebible del Padre a la humanidad dispersa, necesitada de redenci\u00f3n y de salvaci\u00f3n. Toda la persona de Cristo es don del amor de Dios; en \u00e9l el Padre revela perfectamente los latidos de su coraz\u00f3n sol\u00ed\u00adcito por el mundo sumergido en las tinieblas del pecado.<br \/>\nEl cuarto evangelista no menciona expresamente en este pasaje la muerte en la cruz del Hijo de Dios, aun cuando est\u00e9 insinuada en el contexto pr\u00f3ximo, ya que poco antes qued\u00f3 proclamada la necesidad de que fuera levantado el Hijo del hombre a semejanza de la serpiente de bronce en el desierto (Jn 3,14). Pablo, por el contrario, declara de forma expl\u00ed\u00adcita que el signo supremo del amor de Dios para con nosotros, pecadores, se encuentra en la muerte del Se\u00f1or Jes\u00fas: \u2020\u0153Dios mostr\u00f3 su amor para con nosotros en que, siendo a\u00fan pecadores, Cristo muri\u00f3 por nosotros\u2020\u009d (Rm 5,8). El Padre nos ha amado tanto que no perdon\u00f3 ni a su propio Hijo, sino que lo entreg\u00f3 en sacrificio por todos nosotros (Rm 8,32). Cristo crucificado, sabidur\u00ed\u00ada de Dios (1Co 1,30; ICo 2,1-7), es, por consiguiente, la concreci\u00f3n plena y perfecta del amor que el Padre tiene a su Iglesia (Rm 8,39).<br \/>\nJuan en su primera carta sintetiza los dos aspectos de la revelaci\u00f3n del amor del Padre en el env\u00ed\u00ado del Hijo y en el sacrificio del Calvario: \u2020\u0153En esto se ha manifestado el amor de Dios por nosotros: en que ha mandado a su Hijo \u00fanico al mundo para que nosotros vivamos por \u00e9l. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Dios nos ha amado a nosotros y ha enviado a su Hijo como v\u00ed\u00adctima expiatoria por nuestros pecados\u2020\u009d (1Jn 4,9s). En efecto, la presentaci\u00f3n de Jes\u00fas como propiciaci\u00f3n o propiciatorio o v\u00ed\u00adctima de expiaci\u00f3n recuerda los pasajes en donde Jesucristo es proclamado propiciaci\u00f3n por nuestros pecados y por los de todo el mundo (1Jn 2,2), ya que el Hijo de Dios nos purifica de todo pecado con su sangre (1Jn 1,7; Rm 3,25). En estos textos es bastante transparente la alusi\u00f3n a la muerte redentora de Cristo. Por consiguiente, la revelaci\u00f3n o prueba suprema del amor del Padre a la humanidad pecadora est\u00e1 constituida por el Hijo, que muere en la cruz por haber amado a su Iglesia hasta el l\u00ed\u00admite supremo (Jn 13,1 lss). No puede concebirse un amor m\u00e1s grande y m\u00e1s fuerte de Dios y de su Hijo.<br \/>\n159<br \/>\nb) Jes\u00fas ama a todos los hombres: los amigos yios pecadores.<br \/>\nCristo es la manifestaci\u00f3n perfecta de la caridad divina del Padre; en realidad \u00e9l am\u00f3 de forma profunda y concreta, como solamente un hombre de coraz\u00f3n puro y un verdadero Dios pod\u00ed\u00ada amar. Jes\u00fas am\u00f3 sinceramente a todos los hombres, a los justos y a los pecadores. Observemos en primer lugar que \u00e9l quiso profundamente a sus amigos. Al ser verdadero hombre, sinti\u00f3 necesidad de la amistad, del calor de una familia a la que amar. El grupo de los primeros disc\u00ed\u00adpulos form\u00f3 su familia espiritual, a la que estuvo siempre muy apegado y cuyos miembros constitu\u00ed\u00adan sus amigos. En su segundo discurso de la \u00faltima cena les hace esta declaraci\u00f3n de amor: \u2020\u0153Vosotros sois mis amigos&#8230; Ya no os llamo siervos&#8230;; yo os he llamado amigos&#8230;\u2020\u2122 (Jn 15,14s). Baste con este recuerdo, pues al hablar de los amigos de Dios tocamos ya el presente tema.<br \/>\nEl Verbo encarnado am\u00f3 de verdad con coraz\u00f3n humano. El segundo evangelio, en la relaci\u00f3n de la vocaci\u00f3n del joven rico, indica que Jes\u00fas lo am\u00f3 apenas su interlocutor le asegur\u00f3 que hab\u00ed\u00ada guardado todos los mandamientos de Dios desde su ni\u00f1ez (Mc 10,17-21). Este amor se transform\u00f3 pronto en conmiseraci\u00f3n, ya que el joven no acogi\u00f3 la invitaci\u00f3n del maestro bueno, debido a las muchas riquezas que pose\u00ed\u00ada (Mc 10,77). Por el contrario, en el caso de L\u00e1zaro y de sus hermanas, Jes\u00fas demostr\u00f3 una amistad s\u00f3lida y profunda. Mar\u00ed\u00ada y Mar\u00ed\u00ada pueden contar con el apoyo de Jes\u00fas; por eso, con ocasi\u00f3n de la enfermedad mortal de su hermano, le env\u00ed\u00adan este recado: \u2020\u0153Tu amigo est\u00e1 enfermo\u2020\u009d (Jn 11,3). La indicaci\u00f3n del evangelista sobre el amor del maestro por la familia de L\u00e1zaro (Jn 11,5) insiste en que Jes\u00fas se hab\u00ed\u00ada encari\u00f1ado mucho con aquellos hermanos. Pero la observaci\u00f3n que pone m\u00e1s de manifiesto el profundo amor de Cristo por el amigo muerto radica en sus l\u00e1grimas, expresi\u00f3n de amor profundo, hasta el punto de que los jud\u00ed\u00ados comentan: \u2020\u0153Mirad cu\u00e1nto lo quer\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Jn ll,35s).<br \/>\nJes\u00fas quiso sincera y profundamente a sus amigos, pero es el salvador de todos los hombres (Jn 4,42); por consiguiente, no excluye a nadie de su coraz\u00f3n; m\u00e1s a\u00fan, los pobres y los pecadores son el objeto privilegiado de su caridad divina. Los sin\u00f3pticos est\u00e1n de acuerdo en se\u00f1alar la familiaridad del maestro con los publica-nos y los pecadores; en la descripci\u00f3n de la vocaci\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad se mostr\u00f3 vivamente este comportamiento de Jes\u00fas, que para los escribas y fariseos se convierte en motivo de esc\u00e1ndalo y ocasi\u00f3n de reproche y contestaci\u00f3n, ya que el maestro comparti\u00f3 su mesa y comi\u00f3 con los pecadores, personas aborrecibles para los \u2020\u0153justos\u2020\u009d (Mc 2,13-16 y par). La respuesta de Jes\u00fas Jesu\u00ed\u00adta muy luminosa sobre su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, y por tanto sobre su \u2020\u02dcconducta: \u2020\u0153No tienen necesidad de m\u00e9dico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores\u2020\u009d(Mc 2,17 y par). El tercer evangelista a\u00f1ade la expresi\u00f3n \u2020\u0153para que se conviertan\u2020\u009d (Lc 5,32), indicando que el maestro con su amor intenta favorecer el cambio -radical de vida de los pecadores. Jes\u00fas es el m\u00e9dico divino, que ha venido a-curar a la humanidad herida mor&#8211;talmente por el pecado; por eso, para poder cumplir con su misi\u00f3n, es decir, para devolver la salud y salvar a los pecadores, tiene que amarlos, tiene que interesarse por ellos, tiene que visitarlos y estar cerca de ellos. Era i\u00e1n evidente el inter\u00e9s, el amor, la familiaridad de Jes\u00fas con los peca-idores, que sus calumniadores lo defin\u00ed\u00adan como \u2020\u0153amigo de los publicados y de los pecadores\u2020\u009d Mt 11,19 = Xc7,34).<br \/>\nEl evangelista que describe con especial esmero la amistad de Jes\u00fas con los pecadores es Lucas. Se deleita refiriendo palabras y representando escenas de conversi\u00f3n, en las que resulta conmovedor el cari\u00f1o de Jes\u00fas \u00bfpor esas personas, que los \u2020\u0153justos\u2020\u009d ryitan y desprecian. La descripci\u00f3n Qs la unci\u00f3n de los pies del maestro por parte de la prostituta en la casa del fariseo Sim\u00f3n constituye una escena de fino arte dram\u00e1tico y de profunda soteriolog\u00ed\u00ada. La confrontaci\u00f3n de los dos personajes, el \u2020\u0153justo\u2020\u009d y la pecadora, hace resaltar por oposici\u00f3n no s\u00f3lo la fe y el amor de la mujer, sino tambi\u00e9n la compasi\u00f3n y la misericordia del Se\u00f1or. En efecto, Jes\u00fas defiende a la pecadora, y muestra al fariseo que la ha salvado su fe. Jes\u00fas la ha acogido, se ha dejado tocar, lavar y ungir los pies por ella (con grave esc\u00e1ndalo del \u2020\u0153justo\u2020\u009d Sim\u00f3n), porque la ama, ya que es el salvador de todos los hombres (Lc 7,36-50). En el episodio de la conversi\u00f3n de Zaqueo, que es una copia del relato de la vocaci\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad, se subraya la finalidad salv\u00ed\u00adfica de la amistad de Jes\u00fas con este \u2020\u0153archipublicano\u2020\u009d (jefe de los publ\u00ed\u00adcanos). Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad se recogen las murmuraciones de los justos por haberse autoinvitado el maestro a la casa de ese pecador p\u00fablico. Jes\u00fas, despu\u00e9s de proclamar que su visita ha tra\u00ed\u00addo la salvaci\u00f3n, declara que ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido (Lc 19,1-10). Cristo es realmente el buen pastor, que va en busca de la oveja perdida y no desiste en su empe\u00f1o hasta haberla encontrado; cuando finalmente la encuentra, la pone sobre sus hombros, lleno de gozo, y celebra una gran fiesta con los amigos y los vecinos para hacerlos part\u00ed\u00adcipes de su felicidad; tanto ama el buen pastor a sus ovejas! (Lc 15,4ss). Obs\u00e9rvese que las tres maravillosas par\u00e1bolas de la misericordia divina (Lc 15,3-32) brotaron del coraz\u00f3n de Cristo para justificar su comportamiento amoroso y familiar con los publica-nos y pecadores frente a las murmuraciones de los fariseos y de los escribas, los \u2020\u0153justos\u2020\u009d (Lc 15,1-3). Pablo es uno de esos pecadores conquistados por el amor del buen pastor; la gracia misericordiosa del Se\u00f1or Jes\u00fas sobreabund\u00f3 en \u00e9l con la fe y el amor que hay en Cristo (lTm 1,14).<br \/>\n160<br \/>\nc) El amor de Jes\u00fas a la Iglesia.<br \/>\nEl Hijo de Dios am\u00f3 a todos los hombres y muri\u00f3 efectivamente para salvar a todos; pero siente un amor \u00fanico, un amor esponsal, por su Iglesia, formada por las personas que acogen su palabra. En realidad, esa porci\u00f3n de la humanidad es la esposa de Cristo, amada por el esposo mesi\u00e1nico (cf Mc 2,l8ss y par; Mt 22,2ss; 25, lss; Jn 3,29) hasta el signo supremo: \u2020\u0153Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo que le hab\u00ed\u00ada llegado la hora&#8230;, Jes\u00fas, que hab\u00ed\u00ada amado a los suyos que estaban en el mundo, los am\u00f3 hasta el fin\u2020\u009d Jn 13,1). Cristo am\u00f3 en serio a su Iglesia (2Ts 2,13; Ef 2,4; Ap 3,9) y con un amor semejante al que el Padre tiene por el Hijo (Jn 15,9), ofreci\u00e9ndole la prueba suprema del amor: el sacrificio de su vida por su salvaci\u00f3n (Jn 15,13; 1Jn 3,16); a Jesucristo, \u2020\u0153a aquel que nos ama y nos ha lavado de nuestros pecados con su propia sangre y nos ha hecho un reino de sacerdotes para su Dios y Padre, a \u00e9l la gloria y el poder por los siglos de los siglos\u2020\u009d (Ap 1,5).<br \/>\nJes\u00fas am\u00f3 concretamente a su esposa, ofreci\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismo por ella como oblaci\u00f3n y sacrificio de suave olor a Dios (Ef 5,2)). La Iglesia es realmente la esposa de Cristo, objeto de su caridad divina; ha sido salvada con su muerte redentora, actualizada y hecha eficaz en los sacramentos. \u2020\u0153Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por ella, a fin de santificarla por medio del agua del bautismo y de la palabra\u2020\u009d (Ep 5,25s).<br \/>\nNinguna adversidad ni ninguna fuerza enemiga podr\u00e1n separar a la Iglesia del amor de su esposo:<br \/>\n\u2020\u0153,Qui\u00e9n podr\u00e1 separarnos del amor de Cristo? \u00bfLa tribulaci\u00f3n, la angustia, la persecuci\u00f3n, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?&#8230; Pero en todas estas cosas salimos triunfadores por medio de aquel que nos am\u00f3\u2020\u009d (Rm 8,35; Rm 8,37). M\u00e1s a\u00fan, este amor tan fuerte y tan ardiente del Se\u00f1or Jes\u00fas, concretado en el sacrificio de la cruz, tiene que constituir la fuerza din\u00e1mica, la energ\u00ed\u00ada de la vida de la comunidad cristiana: \u2020\u0153Porque el amor de Cristo nos apremia, pensando que si uno muri\u00f3 por todos, todos murieron con \u00e9l; y muri\u00f3 por todos para que los que viven no vivan para s\u00ed\u00ad, sino para quien muri\u00f3 y resucit\u00f3 por ellos\u2020\u009d (2Co 5,14s). Pablo experiment\u00f3 en primera persona este amor del Se\u00f1or Jes\u00fas, y lo vive de forma profunda para corresponder al don de la caridad divina, concretada en la muerte del Calvario: \u2020\u0153Ya no vivo yo, pues es Cristo el que vive en m\u00ed\u00ad. Mi vida presente la vivo en la fe en el Hijo de Dios, el cual me am\u00f3 y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por m\u00ed\u00ad\u2020\u009d (Ga 2,20). Este amor de Cristo trasciende y supera todo conocimiento humano; su experiencia, tan divina y embriagadora, es un don del Padre, y por eso hay que pedirlo en la oraci\u00f3n (Ef 3, 14-19); aqu\u00ed\u00ad el autor sagrado pide por sus fieles, para que, arraigados y fundamentados en el amor, consigan entender \u2020\u0153cu\u00e1l es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento\u2020\u009d (Vv. 18s).<br \/>\n161<br \/>\nBIBL.: AA.W., Dio \u00e9 amore, en \u2020\u0153Parola, Spirito e Vita\u2020\u009d 10 (1984); Bowen C.R., Love in the Fourth Gospel, en \u2020\u0153The Journal of Religi\u00f3n\u2020\u009d 13 (1933) 39-49; Bultmann R., El mandamiento cristiano del amor al pr\u00f3jimo, en Creerycomprenderl, Studium, Madrid 1974, 199-211; Buonaiuti E., \/ vocabolid\u2020\u2122amore nelNuovo Testamento, en \u2020\u0153Rivista Storico-Critica delle Scienze Teologiche\u2020\u009d 5 (1909) 257-264; De Gennaro G. 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Panimolle<br \/>\n162<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. El vocabulario del arnor. II. El arnor natura\u2020\u2122: 1. El amor es fuente de felicidad; 2. El amor ego\u00ed\u00adsta: a) Amor a la comida, al dinero, a los placeres, b) El amor sexual, c) La embriaguez del amor er\u00f3tico, d) El amor desordenado a s\u00ed\u00ad mismo y al mundo; 3. La amistad: a) Modelos de amistad, b) Valor inestimable de la amistad, c) Verdaderos y falsos amigos, d) C\u00f3mo conquistar y cultivar la amistad, e) El<br \/>\n 100 6<br \/>\ngesto de la amistad: el beso; 4. El amor en la familia: a) El noviazgo, tiempo de amor, b) El amor conyugal, c) El amor a los hijos, d) El amor dentro del clan. III. El amor religioso o sobrenatural del hombre<br \/>\n1. El amor de Dios: a) El mandamiento fundamental, b) Amor y temor de Dios, c) El amor al lugar de la presencia de Dios, d) El amor al Hijo de Dios, e) El amor de Dios es fuente de felicidad y de gracia; 2. El amor a la sabidur\u00ed\u00ada y a la \u2020\u0153t\u00f3rah\u2020\u2122: a) La invitaci\u00f3n al amor, b) El amor a la ley mosaica, c) El amor a la ley- sabidur\u00ed\u00ada es fuente de felicidad y de gracia; 3. El amor al pr\u00f3jimo: a) \u00bfQui\u00e9n es el pr\u00f3jimo al que hay que amar?, b) El amor al forastero, c) El amor a los enemigos, d) El amor exp\u00ed\u00ada los pecados; 4. El amor cristiano: oJjAmaos, como yo os amo!, b) Amor sincero, concreto y profundo, c) El amor fraterno es fruto del Esp\u00ed\u00adritu Santo, d) El amor de los pastores de las Iglesias, e) El amor conyugal,!) Koino-n\u00ed\u00ada y comunidad cristiana primitiva. IV. Dios es amor 1. El amor de Dios a la creaci\u00f3n y al hombre: a) Dios crea por amor y ama a sus criaturas, b) Dios ama a los justos; 2. El amor del Se\u00f1or en la historia de la salvaci\u00f3n: a) El Se\u00f1or ama a su pueblo, b) Amor ben\u00e9volo y alianza, c) Los amigos de Dios, d) El Padre ama al Hijo, e) La elecci\u00f3n de amor,!) Amor, castigo y perd\u00f3n; 3. Dios revela plenamente su amor en el Hijo: a) Cristo es la manifestaci\u00f3n perfecta del amor del Padre, b) Jes\u00fas ama a todos los hombres: los amigos y los pecadores, c) El amor de Jes\u00fas a la Iglesia.<br \/>\nloo<br \/>\n1. EL VOCABULARIO DEL AMOR.<br \/>\nLos t\u00e9rminos amor, amar son de las palabras m\u00e1s comunes y m\u00e1s tiernas del lenguaje, accesibles a todos los hombres. No hay nadie en la tierra que no haya realizado o no realice la experiencia de la realidad significada por estos vocablos. En efecto, el hombre vive para amar y para ser amado; viene a la existencia por un acto de amor de sus padres y su vida est\u00e1 desde el comienzo bajo el ritmo de los gestos de ternura y de amor. El deseo m\u00e1s profundo de la persona es amar. El hombre crece, se realiza y encuentra la felicidad en el amor; el fin de su existencia es amar.<br \/>\nCiertamente, el amor es una realidad divina: \u00c2\u00a1Dios es amor! El hombre recibe una chispa de este fuego celestial y alcanza el objetivo de su vida si consigue que no se apague nunca la llama del amor, reaviv\u00e1ndola cada vez m\u00e1s al desarrollar su capacidad de amar. Por consiguiente, el amor es uno de los elementos primarios de la vida, el aspecto dominante que caracteriza a Dios y al hombre.<br \/>\nUn tema tan fundamental para la existencia no pod\u00ed\u00ada estar ausente en la Biblia. En realidad, el libro de Dios, que recoge y describe la historia de la salvaci\u00f3n, reserva un lugar de primer plano al amor, describi\u00e9ndolo con toda la gama de sus manifestaciones, desde la vertiginosa caridad del Padre celestial hasta las expresiones del amor humano en la amistad, en el don de s\u00ed\u00ad, en el noviazgo, en el matrimonio, en la uni\u00f3n sexual. En efecto, la Sagrada Escritura narra c\u00f3mo am\u00f3 Dios al mundo y hasta qu\u00e9 punto se manifest\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo como amor; adem\u00e1s, muestra c\u00f3mo reaccion\u00f3 el nombre ante tanta caridad divina y c\u00f3mo vivi\u00f3 el amor. As\u00ed\u00ad pues, la Biblia puede definirse justamente como el libro del amor de Dios y del hombre. . La Biblia utiliza varios t\u00e9rminos para-expresar la realidad del amor. El grupo de voces empleadas con mayor frecuencia en la traducci\u00f3n griega de los LXX y en el NT est\u00e1 representado por agapeagap\u00e1njagap\u00e9t\u00f3 pero tambi\u00e9n se usan con cierta frecuencia los sin\u00f3nimos phllein\/phi-l\u00ed\u00ada\/ph\u00fcos. S\u00f3lo raramente encontramos en los LXX los vocablos \u00e9rdsj er\u00e1sthallerast\u00e9s, que desconocen los autores neotestamentarios, probablemente porque estos \u00faltimos t\u00e9rminos indican a menudo el amor er\u00f3tico Pr 7,18; Pr 30,16; Os 2,5; Os 2, etc\u00e9tera).<br \/>\nLa ra\u00ed\u00adz verbal hebrea que est\u00e1 en el origen de este vocabulario del amor es sobre todo \u2020\u02dcahab, con su derivado \u2020\u02dcaha bah (amor). Tambi\u00e9n conviene mencionar el t\u00e9rmino raham, que indica el amor compasivo y misericordioso, sobre todo del Se\u00f1or con sus criaturas. Finalmente, no hay que omitir en este examen el sustantivo hesed, que los LXX suelen traducir por el t\u00e9rmino \u00e9leos, y que significa de hecho el amor ben\u00e9volo, especialmente entre personas ligadas por un pacto sagrado.<br \/>\n101<br \/>\nII. EL AMOR NATURAL.<br \/>\nLa Biblia es un c\u00e1ntico al amor de Dios a sus criaturas, y de manera especial &#038; su pueblo; pero no ignora el amor del hombre en sus m\u00faltiples expresiones naturales y religiosas. En la Sagrada Escritura encontramos una interesante presentaci\u00f3n del amor humano, que evidentemente no est\u00e1 separado de Dios y de su palabra, y que por tanioAnejniede ser considerado siempre como simplemente profano; pero este amor es vivido con sus manifestaciones de la existencia en la esfera natural, como la familia, la amistad, la solidaridad, aun cuando estas realidades sean consideradas como sagradas. Adem\u00e1s, la Biblia habla tambi\u00e9n del amor ego\u00ed\u00adsta, con sus manifestaciones er\u00f3ticas. As\u00ed\u00ad pues, por necesidad de una mayor claridad en nuestra exposici\u00f3n podemos y debemos distinguir entre el amor religioso o sobrenatural y el<br \/>\n 102 7<br \/>\namor simplemente natural.<br \/>\n102<br \/>\n1. EL AMOR ES FUENTE DE FELICIDAD.<br \/>\nEl Qoh\u00e9let, expresi\u00f3n de la sabidur\u00ed\u00ada humana que ha conseguido dome\u00f1ar las pasiones, presenta el amor natural con cierto despego, consider\u00e1ndolo como uno de los momentos importantes y una de las expresiones vitales de la existencia junto con el nacimiento y la muerte (Qo 3,8), para mostrar que todo es vanidad (Qo l,2ss) y que en el fondo el hombre no conoce, esto es, no realiza la experiencia profunda ni del amor ni del odio (Qo 9,1; Qo 9,6). No todos los autores delAT, sin embargo, resultan tan pesimistas; m\u00e1s a\u00fan, algunos sabios presentan el amor como fuente de gozo y de felicidad. La siguiente sentencia sapiencial es muy significativa a este prop\u00f3sito: \u2020\u0153M\u00e1s vale una raci\u00f3n de verduras con amor que buey cebado con odio\u2020\u2122 (Pr 15,17). El secreto de la felicidad humana radica en el amor, y no en la abundancia de bienes, en la riqueza o en el poder; por esta raz\u00f3n se declara bienaventurados a aquellos que mueren en el amor (Si 48,11).<br \/>\n103<br \/>\n2. El amor ego\u00ed\u00adsta.<br \/>\nPero no todas las manifestaciones concretas del amor humano llevan consigo gozo y felicidad, puesto que no siempre se trata de la actitud nobil\u00ed\u00adsima de la apertura y del don de s\u00ed\u00ad a otra persona; algunas veces los t\u00e9rminos examinados indican placer, erotismo, pasi\u00f3n carnal, y por tanto ego\u00ed\u00adsmo.<br \/>\nLa Biblia conoce, igualmente, estas expresiones del amor humano.<br \/>\n104<br \/>\na) Amor a la comida, al dinero, a los placeres. En la historia de los patriarcas, cuando se describe la escena de la bendici\u00f3n de Jacob por parte de su padre, se habla varias veces del plato sabroso de carne, amado por Isaac (Gn 27,4; Gn 27,9; Gn 27,14). En otros pasajes b\u00ed\u00adblicos se alude al amor al dinero. El profeta Isa\u00ed\u00adas denuncia la corrupci\u00f3n de los jefes de Jerusal\u00e9n, puesto que aman los regalos y corren tras las recompensas, cometiendo por ello abominaciones e injusticias (Is 1,23). Qoh\u00e9let estigmatiza el hambre insaciable de dinero y de riquezas: el que ama esas realidades, nunca se ve pagado (Qo 5,9). El sabio an\u00f3nimo del libro de los Proverbios sentencia: \u2020\u0153Estar\u00e1 en la miseria el que ama el placer, el que ama el vino y los perfumes no se enriquecer\u00e1\u2020\u009d (Pr 21,17). Por su parte, el Sir\u00e1cida declara que el amor al oro es fuente de injusticia, y por tan-do de perdici\u00f3n (Si 31,5).<br \/>\n105<br \/>\nb) El amor sexual. En el AT no s\u00f3lo encontramos un lenguaje rico y variado sobre el amor sexual, no raras veces de car\u00e1cter er\u00f3tico, sino que se describen escenas de amor carnal y pasional. En estos casos el amor indica la atracci\u00f3n mutua de los sexos con una muestra evidente de su aspecto espont\u00e1neo e instintivo. No pocas veces, sin embargo, el vocabulario er\u00f3tico es utilizado por los profetas en clave religiosa, para indicar la idolatr\u00ed\u00ada del pueblo de Dios.<br \/>\nEn la historia de la familia de Jacob no s\u00f3lo se nos informa de la pasi\u00f3n de Rub\u00e9n, que se une<br \/>\nsexualmente a una concubina de su padre (Gn 35,22), sino que se narra detalladamente la escena del<br \/>\nenamoramiento de Siqu\u00e9n por Dina; \u00e9ste rapt\u00f3 y violent\u00f3 a la hija de Jacob, luego se enamor\u00f3 de lajoven<br \/>\ny quiso casarse con ella; pero los hermanos de Dina, para vengar la afrenta, mataron con una estratagema<br \/>\na todos los varones de aquella ciudad cananea (Gn 34,1-29).<br \/>\nSi la acci\u00f3n de Siqu\u00e9n es considerada como una infamia, ya que fue violada una doncella de Israel, la pasi\u00f3n de Amn\u00f3n por su hermanastra Tamar es realmente abominable. Pero la acci\u00f3n violenta y carnal de Siqu\u00e9n dio origen a un amor profundo, mientras que en el caso del hijo de David el acto violento contra la hermana engendr\u00f3 el odio despu\u00e9s de la satisfacci\u00f3n sexual, por lo que Tamar fue echada del t\u00e1lamo y de la casa despu\u00e9s de sufrir la afrenta, a pesar de que le suplic\u00f3 al hermano criminal que no cometiera tal infamia, peor a\u00fan que la primera (2S 13,1-18). El comportamiento desvergonzado de Amn\u00f3n constituye uno de los ejemplos m\u00e1s elocuentes de un amor sexual pasional, sin el m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo elemento espiritual; se trata de un amor no humanizado, expresi\u00f3n \u00fanicamente libidinosa, y por tanto destinado a un desgraciado ep\u00ed\u00adlogo.<br \/>\nEn la historia de la familia de David el autor sagrado no aprueba los amores de Salom\u00f3n por las mujeres<br \/>\n 106 8<br \/>\nextranjeras; no tanto por su aspecto \u00e9tico, es decir, el hecho de tener demasiadas mujeres y concubinas (en total, mil mujeres), sino m\u00e1s bien por las consecuencias religiosas de tales uniones, que fueron causa de idolatr\u00ed\u00ada yde abandono del Se\u00f1or, el \u00fanico Dios verdadero (IR 11,1-13).<br \/>\nEn este contexto de amor carnal hay que aludir a la pasi\u00f3n de la mujer de Putifar; esta egipcia, enamorada locamente de Jos\u00e9, guapo de forma y de aspecto, le tent\u00f3 varias veces, invit\u00e1ndole a unirse con ella. Ante las sabias respuestas del joven esclavo, el amor libidinoso se transform\u00f3 en odio y en calumnia, por lo que fue la causa del encarcelamiento del casto hebreo (Gn 39,6-20).<br \/>\n106<br \/>\nc) La embriaguez del amor er\u00f3tico. Los libros sapienciales hablan en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n del amor libertino, present\u00e1ndolo en toda su fascinaci\u00f3n, para invitar a mantenerse lejos de \u00e9l, ya que es causa de muerte. La descripci\u00f3n de la seductora, la mujer infiel; la cortesana, astuta y bulliciosa, que invita al joven inexperto a embriagarse de amor con ella, se presenta como un boceto pict\u00f3rico de gran valor art\u00ed\u00adstico Pr 7,6-27). Esta mujer sale de casa en medio de la noche y, acechando en las esquinas de la calle, aguarda al incauto, lo atrae hacia s\u00ed\u00ad, lo abraza y le dirige palabras seductoras: \u2020\u0153Ac ataviado mi lecho con tapices, con finas telas de Egipto; he perfumado mi cama con mirra, \u00e1loe y cinamomo. Ven, embriagu\u00e9monos de amor hasta la ma\u00f1ana, gocemos de la alegr\u00ed\u00ada del placer\u2020\u009d (Pr 7,16-18). Estas expresiones acarameladas e insistentes embaucan al joven y lo seducen con la lisonja de sus labios (vv. 2Oss) [1 Proverbios].<br \/>\nEl \/ Sir\u00e1cida exhorta no solamente a estar en guardia ante los celos por la mujer amada, sino tambi\u00e9n a evitar la familiaridad con la mujer licenciosa y con la mujer ajena; sobre todo invita calurosamente a evitar a las prostitutas y a no dejarse seducir por la belleza de una mujer, ya que su amor quema como el fuego Si 9,1-9).<br \/>\n107<br \/>\nd) El amor desordenado a s\u00ed\u00ad mismo y al mundo. En el NT se pueden observar severas advertencias a ponerse en guardia ante el amor desordenado a la gloria terrena, al ego\u00ed\u00adsmo, a las ambiciones de este mundo. Jes\u00fas condena la actitud de los hip\u00f3critas, que s\u00f3lo desean el aplauso y la vanagloria, que realizan obras de justicia con la \u00fanica finalidad de obtener la admiraci\u00f3n de los otros (Mt 6,2; Mt 6,5; Mt 6,16). Este amor a la publicidad y a los primeros puestos es t\u00ed\u00adpico de los escribas y de los fariseos Mt 23,6; Lc 11,43; Lc 20,46).<br \/>\nTodav\u00ed\u00ada parece m\u00e1s severa la condenaci\u00f3n del amor al mundo y a sus concupiscencias, es decir, la carne, la ambici\u00f3n y las riquezas; esta b\u00fasqueda \u00e1vida de las realidades mundanas para fomentar el ego\u00ed\u00adsmo impide la adhesi\u00f3n al Dios del amor: \u2020\u0153No am\u00e9is al mundo ni lo que hay en \u00e9l. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no est\u00e1 en \u00e9l. Porque todo lo que hay en el mundo, las pasiones carnales, el ansia de las cosas y la arrogancia, no provienen del Padre, sino del mundo\u2020\u009d (IJn 2,15-16). El mundo ama y se deleita en esas realidades, expresi\u00f3n del ego\u00ed\u00adsmo y de las tinieblas (Jn 15,19). Santiago proclama que el amor al mundo, y particularmente el adulterio, hacen al hombre enemigo de Dios (St 4,4). Pablo deplora que Dem\u00e1s lo haya abandonado por amor al siglo presente, o sea, al mundo (2Tm 4,10). El que se deja seducir por el mundo, expresi\u00f3n de la iniquidad, se encamina hacia la perdici\u00f3n, ya que no ha acogido el amor a la verdad, es decir, la palabra del evangelio (2Ts 2,10). El autor de la segunda carta de Pedro presenta a los falsos profetas esclavos de la carne, sucios e inmersos en el placer (2P 2,13). Estas personas ego\u00ed\u00adstas ser\u00e1n excluidas de la Jerusa-l\u00e9n celestial, es decir, del reino de la gloria divina Ap 22,15).<br \/>\nEn los evangelios Jes\u00fas invita a sus disc\u00ed\u00adpulos a guardarse del peligro del amor exagerado a la propia persona: el que pone su vida en primer lugar y la considera como el bien supremo que hay que salvaguardar a toda costa, aunque sea en contra de Cristo y de su palabra, \u00e9se est\u00e1 buscando su propia ruina: \u2020\u0153El que ama su vida la perder\u00e1; y el que odia su vida en este mundo la conservar\u00e1 para la vida eterna\u2020\u009d (Jn 12,25). Para salvar la propia vida hay que estar dispuestos a perderla en esta tierra por el Hijo de Dios y por su evangelio (Mc 8,35 y par). Los m\u00e1rtires de Cristo han hecho esta opci\u00f3n, y por eso viven en la gloria de Dios (Ap 12,11).<br \/>\n108<br \/>\n3. La amistad.<br \/>\nLa Biblia conoce la dimensi\u00f3n er\u00f3tica del amor, pero habla sobre todo de su aspecto verdaderamente humano, concretado en la amistad, en el don de s\u00ed\u00ad mismo, en la vida por la persona amada. La amistad<br \/>\n 109 9<br \/>\nrepresenta realmente la expresi\u00f3n m\u00e1s noble del amor y es posible \u00fanicamente a un ser racional. S\u00f3lo entre personas puede reinar la amistad. En la Sagrada Escritura, aunque no encontremos tratados completos sobre la amistad humana, s\u00ed\u00ad encontramos frecuentes referencias a su fenomenolog\u00ed\u00ada y se nos presentan ejemplos poco comunes de aut\u00e9ntica y profunda amistad.<br \/>\n109<br \/>\na) Modelos de amistad. La Biblia nos presenta ante todo ejemplos concretos de amistad profunda entre personas que se quieren de forma espont\u00e1nea y en el sentido m\u00e1s real de la palabra; en estos modelos el amor envuelve a todo el ser humano, a menudo hasta el riesgo de la propia vida. En el AT uno de los ejemplares m\u00e1s c\u00e9lebres y elocuentes de la aut\u00e9ntica amistad lo encontramos en la historia tr\u00e1gica del atormentado rey Sa\u00fal; su hijo mayor quer\u00ed\u00ada fuertemente, hasta estar dispuesto a dar su vida por \u00e9l, a David, a pesar del odio con que lo trataba su padre. Cuando Jonat\u00e1n vio a este joven h\u00e9roe en presencia del rey con la cabeza del gigante Goliat en la mano; \u2020\u0153qued\u00f3 prendado de David, y Jonat\u00e1n comenz\u00f3 a amarlo como a s\u00ed\u00ad mismo\u2020\u009d (IS 18,1); por eso hizo un pacto con el hijo de Jos\u00e9, \u2020\u0153porque lo amaba como a s\u00ed\u00ad mismo\u2020\u009d, y le regal\u00f3 \u2020\u02dcsu manto, sus vestidos y hasta su espada, su arco y su cintu-r\u00f3n\u2020\u009d(lSam 18,3s).<br \/>\nEl amor de Jonat\u00e1n a David no fue s\u00f3lo de orden sentimental, sino que se manifest\u00f3 muy en concreto; en efecto, cuando su padre decidi\u00f3 matar a su amigo, le avis\u00f3 para que estuviera atento e intercedi\u00f3 en favor suyo con unas palabras tan convincentes que hizo renunciar al rey a sus prop\u00f3sitos homicidas (IS 19,1-7). Como consecuencia de las persecuciones de Sa\u00fal, Jonat\u00e1n tuvo que ayudar a huir a su amigo, enfrent\u00e1ndose con la ira de su padre, que lleg\u00f3 a lanzar contra \u00e9l su lanza por haber defendido a David IS 20). En aquella ocasi\u00f3n los dos amigos hicieron un nuevo pacto: \u2020\u0153Jonat\u00e1n reiter\u00f3 su juramento a David por el amor que le ten\u00ed\u00ada, pues le amaba como a s\u00ed\u00ad mismo\u2020\u009d (IS 20,17). Antes de separarse, los dos amigos se besaron y lloraron juntos, hasta que David lleg\u00f3 al paroxismo; Jonat\u00e1n entonces dijo a su amigo: \u2020\u0153Vete en paz. En cuanto al juramento que hemos hecho en nombre del Se\u00f1or, que el Se\u00f1or est\u00e9 siempre entre t\u00fa y yo, entre mi descendencia y la tuya (IS 20,42). El llanto, el ayuno y la lamentaci\u00f3n de David por la muerte de Jonat\u00e1n ilustran de la forma m\u00e1s elocuente su tierno y profundo afecto por el amigo (2S 1,1 Is):<br \/>\n\u2020\u0153Estoy angustiado por ti, hermano m\u00ed\u00ado, Jonat\u00e1n, amigo querid\u00ed\u00adsimo; tu amor era para m\u00ed\u00ad m\u00e1s dulce que el amor de mujeres(2S 1,26). En el NT encontramos modelos de amistad no menos significativos. Advirtamos que en \u00e9l se registran varios casos de amistad humana, no siempre profunda (Lc 7,6 ll,5ss; Lc 14,12; Lc 15,6; Lc 15,9; Lc 15,29; Hch 10,24; Hch 19,31; Hch 27,3). No pocas veces esos amigos demuestran un amor d\u00e9bil y muy quebradizo, ya que se transformar\u00e1n en perseguidores (Lc 21,16); en efecto, su amistad carece a menudo de ra\u00ed\u00adces profundas, como la que hab\u00ed\u00ada entre Herodes y Pilato Lc 23,12). De un tenor an\u00e1logo era la amistad servil de los funcionarios romanos por el emperador, aun cuando el t\u00ed\u00adtulo que m\u00e1s ambicionaban era el de \u2020\u0153amigos del cesar\u2020\u2122, mientras que la amenaza m\u00e1s grave para ellos era la acusaci\u00f3n de no ser amigos del emperador (Jn 19,12).<br \/>\nPero los evangelios nos hablan adem\u00e1s y sobre todo de la amistad s\u00f3lida de Jes\u00fas y de sus disc\u00ed\u00adpulos con expresiones muy elocuentes, especialmente en el \u00faltimo de estos libros. En efecto, Juan presenta a Jes\u00fas tratando de este tema en sus discursos de la \u00faltima cena, y piensa en el maestro como modelo de la amistad profunda y concreta que llega hasta el don de la vida: \u2020\u0153Vosotros sois mis amigos si hac\u00e9is lo que os mando. Ya no os llamo siervos, pues el siervo no sabe qu\u00e9 hace su se\u00f1or; yo os he llamado amigos porque os he dado a conocer todas las cosas que he o\u00ed\u00addo a mi Padre\u2020\u009d (Jn 15, ?? 5). En el cuarto evangelio se presentan igualmente otros ejemplos de verdadera amistad hacia Jes\u00fas: Sim\u00f3n Pedro am\u00f3 realmente a su maestro y pudo declarar con sinceridad que estaba dispuesto al martirio por \u00e9l, aunque presumiendo de sus fuerzas, ya que lleg\u00f3 a renegar de Cristo (Jn 13,37s). Pedro, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, confes\u00f3 con humildad y verdad su amor profundo y sincero por el Se\u00f1or (Jn 21,l5ss). A pesar de la debilidad de su traici\u00f3n (Jn 18,17s.25ss), Pedro acudi\u00f3 inmediatamente a la tumba del Se\u00f1or en la ma\u00f1ana de pascua, cuando le informaron del supuesto robo de su cuerpo (Jn 20,2ss). Peto el modelo del amigo fiel de Cristo en el cuarto evangelio es el disc\u00ed\u00adpulo amado, que vivi\u00f3 en profunda intimidad con el Hijo de Dios (Jn 13,23ss), sigui\u00f3 siempre al maestro, incluso durante su pasi\u00f3n hasta el Calvario (Jn 18,l5ss; 19,26s; 21,20), y corri\u00f3 velozmente al sepulcro de Jes\u00fas apenas Mar\u00ed\u00ada Magdalena lleg\u00f3 con la desconcertante noticia del robo del cad\u00e1ver de Jes\u00fas (Jn 20,2ss). Y no s\u00f3lo ellos, sino que tambi\u00e9n los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos fueron considerados como amigos por Jes\u00fas (Lc 12,4 Jn 15,14s); ellos perseveraron, efectivamente, en el seguimiento del maestro durante sus correr\u00ed\u00adas apost\u00f3licas (Lc 22,28).<br \/>\nFinalmente, a prop\u00f3sito del tema de la amistad, no hemos de omitir una alusi\u00f3n a la exhortaci\u00f3n de Jes\u00fas<br \/>\n-realmente original- de hacerse amigos con la riqueza, aunque injusta, para ser acogidos en las moradas eternas (Lc 16,9). Con este Ioghion el Se\u00f1or ense\u00f1a que con la limosna y el socorro a los necesitados nos hacemos amigos de los pobres, que son quienes tienen el poder de introducir a los ricos en el reino celestial.<br \/>\n110<br \/>\nb) Valor inestimable de la amistad. El afecto profundo, el amor tierno y fuerte entre dos personas, es considerado por la Biblia como un bien imposible de pagar, como un tesoro precios\u00ed\u00adsimo. La eleg\u00ed\u00ada de<br \/>\n 111 0<br \/>\nDavid por su amigo Jonat\u00e1n exalta la dulzura y el valor extraordinario de la amistad: \u2020\u0153Tu amor era para m\u00ed\u00ad m\u00e1s dulce que el amor de mujeres (2S 1,26). Esta sentencia merece nuestra atenci\u00f3n, ya que demuestra cuan valioso y beatificante es el amor entre los amigos: produce mayor felicidad que el amor conyugal. Generalmente, el amor en el matrimonio es considerado como la forma m\u00e1s perfecta y m\u00e1s completa, como la expresi\u00f3n m\u00e1s profunda del don de s\u00ed\u00ad mismo en el amor; en el matrimonio realmente se manifiesta el amor de forma plena, en cuanto que se tiene una comuni\u00f3n profunda, no s\u00f3lo de los corazones, sino tambi\u00e9n de los cuerpos. Pues bien, David proclama que su amistad con Jonat\u00e1n era m\u00e1s dulce y maravillosa que el amor conyugal.<br \/>\nEn realidad, el amigo verdadero ama en todas las circunstancias, en la prosperidad y en la desdicha Pr 17,17): \u2020\u0153Un amigo fiel es escudo poderoso; el que lo encuentra halla un tesoro. Un amigo fiel no se paga con nada, no hay precio para \u00e9l. Un amigo fiel es b\u00e1lsamo de vida, los que temen al Se\u00f1or lo encontrar\u00e1n (Si 6,14-16). En tiempos de infortunio los amigos consuelan, como sucedi\u00f3 en el caso de Jb, probado duramente por el Se\u00f1or (Jb 2,11). Por esa raz\u00f3n no hay que abandonar nunca al amigo Pr 27,10; Si 9,10), ni mucho menos enga\u00f1arlo con mentiras (Si 7,12); sobretodo, hay que estar en guardia para no traicionarlo por ning\u00fan motivo (Si 7,18). El ap\u00f3stol Judas Iscariote traicion\u00f3, por desgracia, a su amigo y maestro por dinero (Mt 26,l4ss y par).<br \/>\nDado el valor inestimable de la amistad, la p\u00e9rdida de los amigos no puede menos de ser fuente de dolor y de tristeza. Jb, adem\u00e1s de las pruebas indescriptibles, de las desgracias de todo tipo y de la enfermedad horrenda, sabore\u00f3 la amargura del abandono de los amigos, y por ello se lamenta: \u2020\u0153Tienen horror de m\u00ed\u00ad todos mis \u00ed\u00adntimos, ios que yo amaba se han vuelto contra m\u00ed\u00ad\u2020\u2122 (Jb 19,19). An\u00e1loga es la experiencia por la que atraves\u00f3 el salmista: Mis compa\u00f1eros, mis amigos se alejan de mis llagas; hasta mis familiares se mantienen a distancia\u2020\u009d (SaI 38,12). \u2020\u0153Alejaste de m\u00ed\u00ad a mis amigos y compa\u00f1eros, ahora mi compa\u00f1\u00ed\u00ada es s\u00f3lo la tiniebla\u2020\u009d (SaI 88,19). Los sabios enumeran algunas causas de la p\u00e9rdida de la amistad: la difamaci\u00f3n (Pr 16,28), la promesa no cumplida (Si 20,23), la recriminaci\u00f3n o el insulto (Si 22,20), la traici\u00f3n de los secretos del amigo (Si 22,22; Si 27,16-21). En la historia de los primeros reyes de Israel encontramos la descripci\u00f3n del cambio de la amistad al odio debido a la envidia por el aumento del prestigio de la persona anteriormente querida. Sa\u00fal se aficion\u00f3 a David cuando este joven lleg\u00f3 a su corte; \u00e9l encontr\u00f3 benevolencia ante los ojos del rey (1S 16,2lss). Pero cuando el hijo de Jes\u00e9 comenz\u00f3 a realizar haza\u00f1as admirables contra los filisteos para la salvaci\u00f3n de Israel y todo el pueblo se puso a aplaudir al joven h\u00e9roe, Sa\u00fal sinti\u00f3 envidia, se enfad\u00f3 profundamente e intent\u00f3 varias veces matarlo (1S 18,5ss), ya que lo consideraba como un rival, como un enemigo (IS 18,29). En realidad, el amor puede transformarse en odio y es posible recibir mucho da\u00f1o incluso de los amigos (Za 13,6).<br \/>\n111<br \/>\nc) Verdaderos y falsos amigos. En realidad, no todas las amistades se muestran profundas y aut\u00e9nticas; existen verdaderos y falsos amigos. Algunos profetas no dan la impresi\u00f3n de querer fomentar la amistad, ya que exhortan a no fiarse de los amigos (Miq 7,5) o hablan de sus emboscadas y de sus enga\u00f1os arteros (Jr 9,3; Jr 20,10). El Sir\u00e1cida se muestra menos pesimista, aunque reconoce que existen amigos falaces Si 33,6), y exhorta a ser cautos en las amistades (Si 6,17), a no fiarse del primero que llega y ponerlo a prueba antes de darle confianza, ya que algunos se muestran amigos s\u00f3lo por conveniencia o por inter\u00e9s y pueden transformarse en enemigos con facilidad (Si 6,7-12; Si 37,5). El verdadero amigo no se revela en la prosperidad, sino s\u00f3lo en la adversidad (Si 12,8s); en esa ocasi\u00f3n mostrar\u00e1 su piedad para con el amigo desgraciado (Jb 6,14). En efecto, hay amigos s\u00f3lo de nombre (Si 37,1), que en el tiempo de la tribulaci\u00f3n se esfuman (Si 37,4), sobre todo si la amistad ten\u00ed\u00ada su fundamento en el dinero y el poder (Pr 19,4; Pr 19,6 ). El amigo verdadero es un tesoro que no tiene precio (Si 6,15); por eso su p\u00e9rdida es causa de sufrimiento mortal: \u2020\u02dc,No es una pena indecible cuando un compa\u00f1ero o amigo se torna enemigo?\u2020\u009d (Si 37,2<br \/>\nEse amargo c\u00e1liz de la traici\u00f3n a la amistad tuvo que saborearlo tambi\u00e9n el Hijo de Dios hecho hombre:<br \/>\nuno de sus disc\u00ed\u00adpulos m\u00e1s \u00ed\u00adntimos, uno de los ap\u00f3stoles, le traicion\u00f3; fue tal el dolor por este gesto infame, que Jes\u00fas se sinti\u00f3 profundamente excitado en su esp\u00ed\u00adritu, cuando estaba para denunciar al traidor Jn 13,21).<br \/>\nLa amistad pol\u00ed\u00adtica no parece desinteresada; en efecto, aunque los Ma-cabeos buscaron y apreciaron la de los romanos (IM 8,17 12,lss; IM 14, l6ss; 15,1 5ss; 2M 4,11) y la de otros reyes helenistas (1 M 10,1 5ss.59ss), este apoyo y esta simpat\u00ed\u00ada estaban provocados por el poder militar de los \u2020\u0153amigos\u2020\u2122(l M<br \/>\n8,lss) y tuvieron como ep\u00ed\u00adlogo la ocupaci\u00f3n de Palestina por parte de esos aliados, que quitaron la libertad a los jud\u00ed\u00ados. Al contrario, una figura de aut\u00e9ntica amistad es la que representa el amigo de bodas. La Escritura habla de \u00e9l en la historia de Sans\u00f3n (Jc 14,20; Jc 15,2; Jc 15,6) y en el contexto del \u00faltimo testimonio de Juan Bautista (Jn 3,29). El amigo del esposo es una figura muy importante en la celebraci\u00f3n del matrimonio entre los jud\u00ed\u00ados; es el soSbim, el que ten\u00ed\u00ada que preparar? la esposa, conducirla hasta el esposo y controlar las relaciones sexuales de la joven pareja.<br \/>\n 112 1<br \/>\n112<br \/>\nd) C\u00f3mo conquistar y cultivarla amistad. El amor y la amistad tienen un valor incalculable; pero estos tesoros no llueven del cielo, sino que han de descubrirse, buscarse y conquistarse. Adem\u00e1s, la flor maravillosa de la amistad, una vez que ha brotado y despuntado, necesita cultivarse. Los libros sapienciales contienen preciosas advertencias en este sentido, que no han perdido absolutamente nada de su valor en nuestros d\u00ed\u00adas, despu\u00e9s de m\u00e1s de dos mil a\u00f1os. Ac aqu\u00ed\u00ad las sentencias m\u00e1s significativas sobre este tema: \u2020\u0153El que encubre la falta cultiva la amistad\u2020\u009d (Pr 17,9); el que se comporta con humildad y modestia, encuentra gracia ante la mirada del Se\u00f1or y es amado por los hombres (Si 3,17s); el que visita a los enfermos se sentir\u00e1 querido por ellos (Si 7,35), lo mismo que el que ayuda al necesitado (Si 22,23). Por consiguiente, la amistad se conquista amando concretamente al pr\u00f3jimo. El Sir\u00e1cida exhorta a cultivar la amistad, haciendo bien al amigo y comprometi\u00e9ndose en su ayuda (Si 14,13). No hay que dar cr\u00e9dito a las murmuraciones contra los amigos, sino que hay que buscar la verdad, ya que a menudo se trata de calumnias (Si 19,l3ss); m\u00e1s a\u00fan, hay que defender al amigo (Si 22,25), hay que aficionarse a \u00e9l y serle siempre fiel (Si 27,17). Finalmente, no hay que tener miedo de perder el dinero por el amigo (Si 29,10); la amistad es un bien inmensamente superior a las riquezas materiales.<br \/>\n113<br \/>\ne) El gesto de la amistad: el beso. En la Biblia se habla a menudo del beso, el gesto que expresa amor. No s\u00f3lo se besan los padres y los hijos (Gen 27,26s; 50,1; Tb 10,13), sino tambi\u00e9n los parientes: Jacob bes\u00f3 a su prima Raquel; Lab\u00e1n abraz\u00f3 y bes\u00f3 a su sobrino (Gn 29,13); Esa\u00fa corri\u00f3 al encuentro de su hermano Jacob, lo abraz\u00f3 y lo bes\u00f3 (Gn 33,4); Jacob abraz\u00f3 y bes\u00f3 a los hijos de Jos\u00e9 (Gn 48,10); Mois\u00e9s bes\u00f3 a su suegro Jetr\u00f3 (Ex 18,7), lo mismo que Edna a su yerno Tob\u00ed\u00adas (Tb 10,13). Este gesto de afecto fue tambi\u00e9n el de Samuel con el joven Sa\u00fal, despu\u00e9s de consagrarlo como rey de Israel (IS 10,1).<br \/>\nEvidentemente, los besos son deseados y dados sobre todo por los enamorados; por eso el Cantar de los Cantares se abre con esta expresi\u00f3n: \u2020\u0153iQue me bese con los besos de su boca!\u2020\u009d(Ct 1,2). No existe otro gesto m\u00e1s dulce entre dos personas que se aman (Pr 24,26), lo mismo que no hay monstruosidad mayor que el beso del enemigo (Pr27,6). Judas Iscariote se precipit\u00f3 en este abismo cuando con un beso entreg\u00f3 a su amigo y maestro (Mc 14,43-45 y par). El beso es realmente el signo m\u00e1s normal de la amistad y del amor. Por esta raz\u00f3n Jes\u00fas reprocha a su anfitri\u00f3n Sim\u00f3n por no haberle dado un beso y no haberle mostrado ning\u00fan amor, mientras que la pecadora cubri\u00f3 de besos sus pies, revelando el amor profundo de su coraz\u00f3n al Se\u00f1or (Lc 7,45). Entre los primeros cristianos el beso era el gesto normal de saludo, de manera que Pablo termina algunas de sus cartas invitando a los fieles a darse el beso santo Rm 16,16; ICo 16,20; 2Co 13,13; lTs 5,26). En 1P 5,14 encontramos la significativa expresi\u00f3n: \u2020\u0153Saludaos mutuamente con el beso del amor fraternal\u2020\u009d.<br \/>\n114<br \/>\n4. El amor en la familia.<br \/>\nEn la gama de manifestaciones del amor natural, la Biblia reserva un lugar de primer plano al amor dentro de la familia. Las expresiones tiernas y cari\u00f1osas de afecto entre los novios, el amor fuerte entre los esposos, las demostraciones concretas de amor entre padres e hijos encuentran un largo y profundo eco en los libros de la Sagrada Escritura.<br \/>\n115<br \/>\na) El noviazgo, tiempo de amor. La literatura prof\u00e9tica utiliza el s\u00ed\u00admbolo del noviazgo como tiempo de amor para evocar la experiencia religiosa del \/ \u00e9xodo, cuando Israel se vio seducido por el Se\u00f1or, lo sigui\u00f3 espont\u00e1neamente y cant\u00f3 de gozo (Os 2,16s). Aquel per\u00ed\u00adodo tan feliz estuvo marcado por el amor y por la adhesi\u00f3n total al Se\u00f1or (Jr2,2). El lenguaje de los profetas en estos pasajes y en otros an\u00e1logos tiene un claro significado religioso; pero se basa en la experiencia humana del noviazgo, per\u00ed\u00adodo encantador de ternura y de amor, tiempo de perfume y de fragancia, marcado por el despuntar del amor, por la apertura del coraz\u00f3n a la persona deseada. En la historia de algunos c\u00e9lebres personajes de la Biblia se hace alguna breve alusi\u00f3n al per\u00ed\u00adodo que precedi\u00f3 a su matrimonio, poniendo de relieve el nacimiento del amor a la mujer con que habr\u00ed\u00adan de casarse. En el coraz\u00f3n d\u00e9 Jacob, por ejemplo, se encendi\u00f3 un fuerte y grande amor a Raquel; para poder casarse con ella se puso al servicio de su padre, su propio t\u00ed\u00ado Lab\u00e1n, durante siete a\u00f1os, \u2020\u0153que le parecieron unos d\u00ed\u00adas, tan grande era el amor que le ten\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Gn 29,17-20). Tambi\u00e9n la historia no menos aventurada de Tob\u00ed\u00adas est\u00e1 marcada por el amor de este joven a la que habr\u00ed\u00ada de ser su esposa: \u2020\u0153Cuando Tob\u00ed\u00adas oy\u00f3 lo que le dijo Rafael y que Sara era de su raza y de la casa de sus padres, se enamor\u00f3 de ella\u2020\u009d (Tb 6,1; Tb 6,9).<br \/>\nEl \/ Cantar de los Cantares se presenta sin ninguna duda como una celebraci\u00f3n po\u00e9tica del noviazgo, aunque parecen leg\u00ed\u00adtimas las dos lecturas, una en clave de amor natural y la otra en perspectiva religiosa.<br \/>\n 116 2<br \/>\nM\u00e1s a\u00fan, quiz\u00e1 las dos visiones est\u00e9n presentes en dicha obra, y por tanto haya que interpretar el texto en un doble nivel, o sea, como un poema sobre el amor humano de dos novios y como el canto del amor del Se\u00f1or y de Israel durante el per\u00ed\u00adodo que precedi\u00f3 a su matrimonio, sancionado con la alianza del Sina\u00ed\u00ad. En este libro podemos saborear toda la frescura y la dulzura del amor de dos corazones que viven el uno para el otro, de dos personas que desean apasionadamente unirse de la forma m\u00e1s compleja y que por eso se buscan sin descanso y no desisten hasta el encuentro beatificante y el abrazo embriagador. Este poema de amor est\u00e1 ambientado en el campo durante la primavera, la estaci\u00f3n de las flores y de los aromas de la vegetaci\u00f3n, en un clima de alegr\u00ed\u00ada y de canto, el m\u00e1s adecuado para el noviazgo, el tiempo del amor fresco e impetuoso, como la irrupci\u00f3n de la vida (Cant 2,1 Oss; 6,11; 7,1 3s). El Cantar se abre con el anhelo del beso, de las caricias y del encuentro con la persona amada, para saciarse de la felicidad de amar (Ct 1,1-4). Pero este deseo tan ardiente, para poder apagarse, exige la b\u00fasqueda: \u2020\u0153Dime t\u00fa, amor de mi vida, d\u00f3nde est\u00e1s descansando, d\u00f3nde llevas el ganado al mediod\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Ct 1,7). En el coraz\u00f3n de la noche la novia, enferma de amor (Ct 2,5; Ct 5,8), se levanta del lecho, recorre las calles y las plazas de la ciudad en busca del amado de su coraz\u00f3n (Ct 3, 1-3), y no desiste ni siquiera ante los golpes y los ultrajes Ct 5,5-9). Los dos enamorados se aprecian y se desean, se elogian y se admiran, viviendo en un clima de dulce ensue\u00f1o (Cant 1,9-2,3.8-14; 4,1-16; 5,10-16; 6,4-7,10). La novia salta de gozo al o\u00ed\u00adr la voz del amado, y \u00e9ste a su vez invita a la que ama a que le muestre su rostro encantador y le haga o\u00ed\u00adr su voz melodiosa (Ct 2,4-14). En realidad, los dos enamorados viven el uno para el otro: \u2020\u0153Mi amado es m\u00ed\u00ado y yo soy suya\u2020\u009d (Ct2,16; Ct 6,3). Se anhelan apasionadamente: \u2020\u0153Yo soy de mi amor y su deseo tiende hacia m\u00ed\u00ad\u2020\u2122 (Ct 7,11). Su ardor es fuego inextinguible: \u2020\u0153Ponme como sello sobre tu coraz\u00f3n, como sello sobre tu brazo; porque es fuerte el amor como la muerte; inflexibles, como el se\u2020\u2122oI, son los celos. Flechas de fuego son sus flechas, llamas divinas son sus llamas. Aguas inmensas no podr\u00ed\u00adan \u00c2\u00a1apagar el amor, ni los r\u00ed\u00ados ahogarlo. Quien ofreciera toda la hacienda de ,su casa a cambio del amor ser\u00ed\u00ada despreciado\u2020\u009d (Cant 8,6s). Por esa raz\u00f3n la felicidad de los dos novios se alcanza en el encuentro, en el abrazo y en la uni\u00f3n indisoluble del matrimonio (Ct 3,4; Ct 8,3).<br \/>\n116<br \/>\nb) El amor conyugal. Efectivamente, tambi\u00e9n para la Biblia el noviazgo tiende a la uni\u00f3n matrimonial; el amor tierno y ardiente de los primeros encuentros libres, la mutua b\u00fasqueda de los dos enamorados encuentra su feliz coronaci\u00f3n en el matrimonio, donde el amor de los dos esposos alcanza la estabilidad y la maduraci\u00f3n plena y fecunda. El grito de gozo de Ad\u00e1n por el don divino de la compa\u00f1era inseparable de su vida, carne de su carne y hueso de sus huesos, insin\u00faa la felicidad de la primera pareja que se deriva del amor conyugal (Gn 2,22-24). Pero la Sagrada Escritura no siempre pone de relieve la importancia del amor en la vida conyugal; a menudo resalta m\u00e1s la relaci\u00f3n sexual o el atractivo-pasi\u00f3n que el don de s\u00ed\u00ad en el amor (Gn 3,16 12,lOss). Este factor del amor destaca sobretodo en la historia de las mujeres desgraciadas o por ser est\u00e9riles o porque se sienten poco amadas por sus esposos, enamorados de otras mujeres. Jacob am\u00f3 a Raquel m\u00e1s que a L\u00ed\u00ada; esta \u00faltima esper\u00f3 que su marido la amar\u00ed\u00ada cuando le dio hijos (Gn 29,30; Gn 29,32; Gn 29,34). Ana, la futura madre de Samuel, aunque est\u00e9ril, era amada por su marido m\u00e1s que la otra mujer (IS 1,5-8). Del rey Robo\u00e1n se narra que am\u00f3 a la hija de Absal\u00f3n m\u00e1s que a sus otras mujeres y concubinas (2Cr 11,21). La legislaci\u00f3n mosaica considera el caso del hombre con dos mujeres, una de las cuales es menos amada que la otra (Dt 21,15-17). El \u00e9xito fabuloso de Ester comenz\u00f3 con el amor preferencial del rey Asuero por aquella jud\u00ed\u00ada, que fue constituida reina (Est 2,l5ss).<br \/>\nAdem\u00e1s de estos casos de amor de predilecci\u00f3n, en la Biblia encontramos otras referencias al amor conyugal, y no pocas veces para exaltarlo. La descripci\u00f3n del matrimonio de Isaac concluye con la indicaci\u00f3n de su amor por su esposa Rebeca, fuente de consuelo y de felicidad (Gn 24,67). Las mujeres filisteas de Sans\u00f3n insisten en el amor que les tiene su marido para lograr que les rev\u00e9le secretos importantes (Jc 14,16; Jc 16,15). En la historia de David se nos informa no s\u00f3lo de que la hija del rey Sa\u00fal se enamor\u00f3 de este joven h\u00e9roe (IS 18,20), sino que se cas\u00f3 con \u00e9l y que lo amaba (1S 18,27s). Pero Mical fue entregada como esposa a Paltiel, despu\u00e9s de la fuga de David; este segundo marido la am\u00f3 tiernamente, la acompa\u00f1\u00f3 y la sigui\u00f3 llorando continuamente cuando el nuevo rey de Israel pretendi\u00f3 su restituci\u00f3n (2S 3,13-16). La experiencia de Oseas, aunque reviste un profundo significado religioso para ilustrar concretamente el amor del Se\u00f1or a su esposa Israel, se resiente ciertamente de un drama conyugal personal: el profeta tom\u00f3 por esposa y am\u00f3 a una prostituta, que, desgraciadamente, no se mantuvo fiel al marido (Os l,2ss; 3,lss).<br \/>\nLos sabios de Israel exhortan a amar profunda e intensamente a la propia mujer para experimentar gozo y felicidad: \u2020\u0153Goza de la vida con la mujer que amas\u2020\u009d (Qo 9,9). El embriagador amor conyugal har\u00e1 superar las asechanzas y las seducciones de las prostitutas, m\u00e1s all\u00e1 del peligro de la infidelidad\u2020\u009d. \u2020\u0153Bendita sea tu fuente, y que te regocijes en la mujer de tu juventud: cierva amable y graciosa gacela, sus encantos te embriaguen de continuo, siempre est\u00e9s prendado de su amor. \u00bfPor qu\u00e9, hijo m\u00ed\u00ado, desear a una extra\u00f1a y abrazar el seno de una desconocida?\u2020\u009d (Pr 5,18-20).<br \/>\n117<br \/>\n 118 3<br \/>\nc) El amor a los hijos. El matrimonio en la Biblia fue instituido por el Se\u00f1or para la fecundidad y la procreaci\u00f3n, adem\u00e1s de para la plenitud y la felicidad de los esposos. La bendici\u00f3n de Dios a la primera pareja humana muestra sin equ\u00ed\u00advocos esta finalidad del amor conyugal (Gn 1,28). Por consiguiente, los hijos aparecen como el fruto del amor de los padres. Pero este amor no se agota en la procreaci\u00f3n, sino que contin\u00faa todo el tiempo de la existencia. En la Sagrada Escritura est\u00e1 documentado este sentimiento o virtud, alma de la felicidad familiar. La conmovedora descripci\u00f3n dram\u00e1tica del sacrificio de Isaac por medio de su padre subraya fuertemente el amor de Abrah\u00e1n a la v\u00ed\u00adctima que tiene que inmolar en holocausto al Se\u00f1or; se trata de su hijo, de su \u00fanico hijo, tan amado (Gn 22,2). En la familia de Isaac encontramos una profunda divergencia entre los dos c\u00f3nyuges: el padre amaba al primog\u00e9nito Esa\u00fa, mientras que la madre prefer\u00ed\u00ada a Jacob (Gn 25,28). El amor preferencial de Jacob por Jos\u00e9 fue la causa del odio profundo de los dem\u00e1s hijos contra el hermano (Gen 37,3ss). Un amor an\u00e1logo es el que profesa este patriarca a su hijo m\u00e1s peque\u00f1o, Benjam\u00ed\u00adn, que le dio Raquel, su mujer predilecta (Gn 44,20). Por el contrario, David amaba mucho a su primog\u00e9nito Amn\u00f3n; por esta raz\u00f3n se mostr\u00f3 d\u00e9bil, disimulando el delito execrable de su hijo contra su hermana Tamar (2S 13,21). Quiz\u00e1 por este motivo, es decir, para no verse cegados por el amor, los sabios de Israel exhortan a los padres a un amor viril y sin debilidades para con los hijos, a no rechazar la vara y fomentar la disciplina, a usar la correa contra los indisciplinados, a reprochar a los que se equivocan (Pr 3,12; Pr 13,24; Si 30,1). El Cristo glorioso, el testigo fiel, se inspira en esta doctrina cuando ordena escribir a la Iglesia de Laodicea que \u00e9l reprocha y castiga a los que ama Ap 3,19).<br \/>\n118<br \/>\nEl amor tierno y fuerte dentro de la familia es ciertamente un bien de un valor incalculable; constituye una ayuda poderosa para superar las crisis m\u00e1s profundas y tambi\u00e9n para vencer la desesperaci\u00f3n. La Biblia nos habla de la experiencia de Sara, una mujer tremendamente desgraciada por la muerte de sus siete maridos, que fallecieron todos ellos la primera noche de bodas, antes de haber podido consumar el matrimonio. Presa de la desesperaci\u00f3n, Sara, la futura esposa de Tob\u00ed\u00adas, estaba pensando en el suicidio, pero el pensamiento de ser la hija \u00fanica y tan querida de sus padres le dio fuerzas para superar esta loca tentaci\u00f3n (Tb 3,10).<br \/>\nHablando del amor familiar, no podemos omitir al menos una alusi\u00f3n a la conmovedora historia de Rt, la moabita, modelo de amor fuerte y concreto a la madre de su marido, una nuera excepcional que am\u00f3 a la suegra m\u00e1s que sus siete hijos (Rt 4,15). Finalmente, en este contexto vale la pena se\u00f1alar tambi\u00e9n el amor del esclavo a su amo y a la mujer que se le ha dado durante su esclavitud \u00bfEx21,5;Dt 15,16).<br \/>\n119<br \/>\nd) El amor dentro del clan. El amor familiar nos invita a recordar, aunque s\u00f3lo sea sucintamente, a la gran familia de la raza o tribu o clan, a la que el israelita se muestra muy apegado y en la que est\u00e1 profundamente arraigado. El hebreo ama sinceramente a su pueblo y por \u00e9l est\u00e1 dispuesto a hacer grandes sacrificios y a exponerse al peligro. Tob\u00ed\u00adas, en sus largas y detalladas instrucciones a su hijo, no deja de exhortarle a amar a sus parientes y a su pueblo (Tb 4,13). Se presenta a Mardoqueo como un modelo de este amor; \u00e9l buscaba el bien de su pueblo y ten\u00ed\u00ada palabras de paz con todos los de su estirpe; por eso le amaban todos los hermanos (Est 10,3). Semejante amor del pueblo se recuerda igualmente en el caso del joven h\u00e9roe que mat\u00f3 al gigante Goliat y derrot\u00f3 a los ej\u00e9rcitos filisteos: \u2020\u0153Todos en Israel y Jud\u00e1 quer\u00ed\u00adan a David\u2020\u009d (IS 18,22).<br \/>\nEn la redacci\u00f3n lucana de la curaci\u00f3n del siervo del centuri\u00f3n, el tercer evangelista pone en labios de los mensajeros jud\u00ed\u00ados la frase siguiente: \u2020\u0153Ama a nuestra raza y nos ha edificado una sinagoga\u2020\u009d (Lc 7,5). Estas personas insisten en el amor del funcionario helenista al pueblo hebreo para estimular a Jes\u00fas a que realice el milagro que se le pide.<br \/>\n120<br \/>\nIII. EL AMOR RELIGIOSO O SOBRENATURAL DEL HOMBRE.<br \/>\nSi en la Biblia encontramos una amplia y significativa presentaci\u00f3n del amor humano, en ella tenemos sobre todo la descripci\u00f3n del amor en su dimensi\u00f3n religiosa. Con este concepto entendemos no solamente el amor que tiene por objeto a Dios, sino tambi\u00e9n el amor al pr\u00f3jimo tal como lo manda el Se\u00f1or en la Sagrada Escritura y como est\u00e1 fundamentado en su palabra, es decir, el amor anclado en la alianza divina. Efectivamente, tanto el pacto sina\u00ed\u00adti-co como el escatol\u00f3gico carecen del car\u00e1cter paritario entre contrayentes iguales, puesto que brotan de la elecci\u00f3n gratuita por parte del Se\u00f1or, es decir, de su caridad divina. Estas alianzas est\u00e1n reguladas no s\u00f3lo por la fidelidad, sino tambi\u00e9n por las relaciones de amor entre Dios y su pueblo, entre el hombre y el hombre. El precepto del amor, por consiguiente, marca el l\u00ed\u00admite de la ley, ya que postula un orden moral por encima de ella, en cuanto que indica el impulso de atracci\u00f3n espont\u00e1nea hacia Dios y el pr\u00f3jimo. Por eso el amor invita a superar la concepci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de la<br \/>\n 121 4<br \/>\nalianza y a considerarla como una relaci\u00f3n de don y de entrega total a la otra persona, bien sea Dios o bien el hombre. De esta manera el amor, a pesar de ser un precepto divino, m\u00e1s a\u00fan, el mandamiento que lleva a la perfecci\u00f3n toda la ley del Se\u00f1or, tiene que verse en una perspectiva de superaci\u00f3n de las prescripciones meramente jur\u00ed\u00addicas, como el alma de unas relaciones profundas y vitales que, aunque basadas en el precepto para ayuda de la libertad, trascienden la imposici\u00f3n.<br \/>\n121<br \/>\n1. El amor de Dios.<br \/>\nEl primer objeto del amor religioso del hombre no puede menos de ser Dios, su padre y su creador. Los<br \/>\npiadosos salmistas cantan su amor a Dios: \u2020\u0153Yo te amo, Se\u00f1or; t\u00fa eres mi fuerza\u2020\u009d (Sal 18,2); \u2020\u0153Yo amo al<br \/>\nSe\u00f1or, porque escucha el grito de mi s\u00faplica\u2020\u009d (Sal 116,1). Invitan adem\u00e1s a amar al Se\u00f1or: \u2020\u0153Amad al<br \/>\nSe\u00f1or todos sus fieles\u2020\u009d (Sal 31,24).<br \/>\n122<br \/>\na) El mandamiento fundamental. En realidad, el amor a Dios es el primer precepto de la t\u00f3rah, la ley mosaica. De este modo comienza la oraci\u00f3n del Sema\u2020\u2122: \u2020\u0153Escucha, Israel: El Se\u00f1or, nuestro Dios, es el \u00fanico Se\u00f1or. Ama al Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas\u2020\u009d (Dt 6,4s). En el Deuteronomio encontramos otras exhortaciones a amar al \u00fanico verdadero Dios, el Se\u00f1or Dt 11,1; Dt 30,16). Josu\u00e9 se hace eco de este mandamiento fundamental, y por eso invita al pueblo a amar al Se\u00f1or, permaneciendo unidos a \u00e9l y sirvi\u00e9ndole con todo el coraz\u00f3n y con toda el alma (Jos 22,5; Jos 23,11). Con este comportamiento se vive profundamente la alianza y se permanece dentro de su fidelidad.<br \/>\nLos evangelios subrayan este elemento: el amor existencial y total a Dios es el primer mandamiento. La respuesta de Jes\u00fas al escriba que le interrog\u00f3 sobre este punto es clara y expl\u00ed\u00adcita: el primer precepto consiste en amar al Se\u00f1or Dios con todo el coraz\u00f3n, y con toda el alma, y con toda la mente, y con todas las fuerzas (Mc 12,28-30; Mc 12,33 par). Este amor se demuestra concretamente con la observancia de los mandamientos del Se\u00f1or (1Jn 5,3; 2Jn 6). Efectivamente, amor significa comuni\u00f3n con Dios, y por tanto conformidad plena con su voluntad (Jn 15,10). El que ama conoce a Dios (1Jn 4,7); pero este conocimiento seg\u00fan el lenguaje b\u00ed\u00adblico indica vida de comuni\u00f3n profunda, como la que reina entre el Padreyel Hijo, poruna parte, yentreel buen pastorysusovejas, porotra(Jn 10,14s). Medianteel amor uno permanece profundamente unido a Dios y a su Hijo, es decir, vive en perfecta comuni\u00f3n con la sant\u00ed\u00adsima Trinidad (Jn 14,21; Jn 14,23 15,9s; Jn 17,26 Un4,12s).<br \/>\nUn amor al Se\u00f1or tan total y tan profundo no puede ser conquistado por el hombre, sino que es don de Dios, fruto de la circuncisi\u00f3n del coraz\u00f3n (Dt 30,6); podr\u00ed\u00adamos decir que es obra de la gracia divina. David obtiene este don porque amaba a su creador y le cantaba himnos con todo su coraz\u00f3n (Si 47,8). Esta gracia se consigue mediante la sabidur\u00ed\u00ada, que hace al hombre amigo de Dios (Sb 7,14; Sb 7,27). Jes\u00fas, en la \u00faltima noche de su existencia en la tierra, pidi\u00f3 al Padre que concediera a sus disc\u00ed\u00adpulos el don de su amor (Jn 17,26).<br \/>\n123<br \/>\nIsrael durante su juventud, en el per\u00ed\u00adodo de su noviazgo, am\u00f3 al Se\u00f1or con ternura y sinceridad. Los profetas \/ Oseas y \/ Jerem\u00ed\u00adas cantan este per\u00ed\u00adodo id\u00ed\u00adlico de la historia del pueblo de Dios, cuando Israel se dej\u00f3 seducir por el Se\u00f1or y vivi\u00f3 en intimidad profunda con su Dios (Os 2,16s): \u2020\u0153Me he acordado de ti en los tiempos de tu juventud, de tu amor de novia, cuando me segu\u00ed\u00adas en el desierto, en una tierra sin cultivar\u2020\u009d (Jr2,2). Pero este amor dur\u00f3 muy poco tiempo (Os 6,4; Sal 78,36), m\u00e1s a\u00fan, pronto se hizo ad\u00faltero, ya que Israel se prostituy\u00f3 y anduvo tras otros dioses, con los que se enred\u00f3 largamente. El Se\u00f1or, por labios de Oseas, acusa a su esposa de los adulterios perpetrados con las numerosas prostituciones cometidas con sus amantes y la amenaza con el castigo m\u00e1s severo (Os 2,4-15 3,lss). Jerem\u00ed\u00adas denuncia la perversidad de esa esposa que se obstina en seguir a sus amantes, los dioses extranjeros (Jr2,25), buscando el amor lejos del Se\u00f1or y traicionando continuamente a su esposo (Jr 2,33; 1s57,8). Pero el Se\u00f1or castigar\u00e1 a esos amantes (Jr22,22), gunto con su esposa infiel (Ez 16,35ss).<br \/>\nEn su estado de desolaci\u00f3n, despu\u00e9s del severo castigo de Dios, Jerusal\u00e9n no encuentra un solo consolador entre todos sus amantes, a nadie que venga a enjugar sus l\u00e1gri-snas (Lm 1,2). En realidad, la histo-riaide Israel es una historia de amor -creativo y tierno del Se\u00f1or (Ez 16,4ss), pagado por su esposa con la infidelidad y la prostituci\u00f3n idol\u00e1trica (Ez 16,l5ss.25ss), cayendo conti-(\u00f1\u00fcamente en abominaciones y des-ovarios (Ez 16,2Oss). i \u2020\u0153Jes\u00fas acusa sobre todo a los escri-\u2020\u2122bas y fariseos de amar a Dios s\u00f3lo a flor de labios, mientras que su coraz\u00f3n est\u00e1 lejos de \u00e9l (Mc 7,6 y par). -Realmente no aman a Dios Q, es decir, no aman al Padre celestial, no viven para \u00e9l (Jn 5,42). zEn el serm\u00f3n de la monta\u00f1a (1 Bien-\u2020\u2122aventuranzas) Jes\u00fas proclama que el -amor al dinero excluye el amor a rDios; por tanto, el que ama a Dios, rio puede servir a mamm\u00f3n, porque rel amor y el servicio de Dios son de car\u00e1cter totalitario y exclusivista (Mt \u00bf6,24 y par). El autor del Apocalipsis, -en la carta a la comunidad de Efeso, reprocha la conducta de esta Iglesia al haber abandonado su primer amor :por el Se\u00f1or (Ap 2,4). \u00e9x. El amor a Dios<br \/>\n 124 5<br \/>\nes el don celestial cpor excelencia que puede conceder el Padre; esta gracia divina se da por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Rm 5,5); Pablo y Judas se la desean a sus fieles (2Co 13,13; Ef 6,23; 2Ts 3,5 % Jud 21). Efectivamente, con este don se Aalcanza la felicidad suprema, ya que ttodas las cosas concurren al bien de los que aman a Dios (Rm 8,28). A \u00e9stos Dios les tiene preparados bienes inimaginables (1Co 2,9). Desgracia-.damente, este amor a Dios se enfr\u00ed\u00ada en tiempos de persecuci\u00f3n en el cora-fZOn de muchos; sin embargo, la salvaci\u00f3n est\u00e1 reservada a quien persevere hasta el fin (Mt 24,12s).<br \/>\nEl amor al Se\u00f1or se demuestra concretamente guardando su palabra y amando a los hermanos. El autor de la primera carta de Juan es muy expl\u00ed\u00adcito en este sentido: el amor a Dios alcanza su perfecci\u00f3n en el disc\u00ed\u00adpulo que guarda su palabra (1Jn 2,5; 1Jn 5,3); el que no ama al hermano, a quien ve, no puede amar al Dios, a quien no ve (l\u00ed\u00adn 4,20).<br \/>\nLa persona que am\u00f3 de forma perfecta al Padre fue Jes\u00fas; lo am\u00f3 concretamente, llevando a cabo su plan de salvaci\u00f3n, haciendo su alimento de la voluntad de Dios (Jn 4,34), obedeciendo hasta el fondo a su mandamiento de beber el c\u00e1liz amargo de la pasi\u00f3n (Jn 14,31; Jn 18,11), realizando su obra reveladora y salv\u00ed\u00adfica (Jn 17,4), que alcanza su expresi\u00f3n suprema y perfecta en la cruz (Jn 19,28; Jn 19,30).<br \/>\n124<br \/>\nb) Amor y temor de Dios. La historia de Israel, esposa amada pero ad\u00faltera, muestra la necesidad del temor del Se\u00f1or, es decir, el miedo a caer en la infidelidad. En efecto, el amor de Dios no se agota en la esfera sentimental, sino que afecta a todo el hombre y se concreta en la observancia de su palabra, de sus leyes. Por consiguiente, incluye el temor reverencial a traspasar sus preceptos, a fallar en las cl\u00e1usulas de la alianza. Por esta raz\u00f3n muchas veces en la Biblia se asocia \u00ed\u00adntimamente el amor al temor de Dios. En este sentido resulta especialmente claro el pasaje de Dt 10,12s. Este amor y temor del Se\u00f1or lo demostr\u00f3 Israel rechazando claramente la idolatr\u00ed\u00ada, observando los preceptos de Dios y escuchando su voz Dt 13,2-5; Dt 19,9). En los libros sapienciales encontramos pasajes que ponen en paralelismo el amor y el temor del Se\u00f1or, mostrando de este modo que se trata de dos realidades muy parecidas (Si 2,15s; 7,29s).<br \/>\n125<br \/>\nc) El amor al lugar de la presencia de Dios. El israelita que se adhiere al Se\u00f1or y lo ama viviendo su palabra, no se olvida de su ciudad y de su casa, sino que las ama profundamente, ya que es all\u00ed\u00ad donde encuentra a su Dios, experimentando su presencia salv\u00ed\u00adfica en su templo santo. El piadoso hebreo desea ardientemente la visi\u00f3n de Dios en su casa, lo mismo que anhela la cierva las fuentes de agua fresca; all\u00ed\u00ad es realmente donde contempla el rostro del Se\u00f1or (Ps 42,2ss). El salmista siente un amor apasionado por el templo de Jerusa-l\u00e9n, lugar de la gloria divina (Sal 26,8). Si\u00f3n es la ciudad amada por el Creador, que ha hecho morar en ella su sabidur\u00ed\u00ada (Si 24,11). Por eso el salmista augura prosperidad para todos los que aman a Jerusal\u00e9n (Sal 122,6), y el profeta invita a la alegr\u00ed\u00ada y a la exultaci\u00f3n a todos los que la aman, ya que el Se\u00f1or est\u00e1 a punto de inundarla de paz (Is 66,lOss). El templo suscita igualmente el amor tierno del piadoso israelita (Ps 84,2s). En Ap 20,9 la ciudad amada es la Iglesia, que al final de los tiempos se ver\u00e1 asaltada por Satan\u00e1s, pero se salvar\u00e1 gracias a una intervenci\u00f3n de Dios.<br \/>\n126<br \/>\nd) El amor al Hijo de Dios. El NT, centrado en la persona de Cristo, no pod\u00ed\u00ada menos de resaltar el amor a esta persona divina. En el pasaje de la conversi\u00f3n de la pecadora p\u00fablica (Lc 7,36-50), el tercer evangelista subraya el amor de esta mujer al Se\u00f1or Jes\u00fas, poni\u00e9ndolo en contraste con la fr\u00ed\u00ada acogida de Sime\u00f3n; aqu\u00ed\u00ad se presentan \u00ed\u00adntimamente unidos el amor y la fe, puestos a su vez en relaci\u00f3n con el perd\u00f3n de los pecados. Jes\u00fas exige de su disc\u00ed\u00adpulo un amor superior al amor que se tiene al padre, a la madre, al hijo o la hija (Mt 10,37); el tercer evangelista inserta en esta lista a la esposa, a los hermanos y hermanas, y hasta a la propia alma, afirmando que para seguir a Cristo hay que odiar a estas personas, esto es, que el amor a Jes\u00fas tiene que ocupar el primer puesto de forma indiscutible (Lc 14,26).<br \/>\nEste amor al Verbo encarnado no es pose\u00ed\u00addo, ciertamente, por los jud\u00ed\u00ados, que se muestran m\u00e1s bien sus enemigos irreductibles (Jn 8,42). Realmente ama a Jes\u00fas el que guarda sus mandamientos (Jn 14,15; Jn 14,21), es decir, su palabra (Jn 14,23). Se permanece en el amor de Cristo observando sus preceptos (Jn 15,9s). El maestro reconoce que sus amigos m\u00e1s \u00ed\u00adntimos lo han amado (Jn 16,27) porque han observado la palabra de Dios dada al Hijo (Jn 17,6ss). Por esta raz\u00f3n, Sim\u00f3n Pedro, a pesar del triste par\u00e9ntesis de su negativa, puede declarar a Cristo resucitado, que lo examinaba de amor: \u2020\u0153S\u00ed\u00ad, Se\u00f1or, t\u00fa sabes que te amo&#8230; T\u00fa lo sabes todo: t\u00fa sabes que te amo\u2020\u009d (Jn 21,15-17).<br \/>\nEn las cartas apost\u00f3licas se hace menci\u00f3n en repetidas ocasiones del amor a Cristo. Pablo lanza el anatema, es decir, la excomuni\u00f3n, contra el que no ame al Se\u00f1or (1Co 16,22). Pedro recuerda a sus fieles que aman a Jesucristo, aunque no lo vean (IP 1,8). El autor de la carta a los Efesios desea la gracia de Dios a todos los que aman al Se\u00f1or Jes\u00fas (Ef 6,24). En efecto, el que ama al Padre, ama tambi\u00e9n al Hijo que engendr\u00f3 (1Jn 5,1), y por eso se ve colmado de los favores divinos y se ver\u00e1 coronado de gloria en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada (2Tm 4,8). El que ama a Jes\u00fas es amado por el Padre y por el Hijo (Jn 14,21); m\u00e1s a\u00fan, se<br \/>\n 127 6<br \/>\nconvierte en templo de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad (Jn 14,23). Por consiguiente, este amor es fuente de la vida, de la verdadera felicidad y de la salvaci\u00f3n plena.<br \/>\n127<br \/>\ne) El amor de Dioses fuente de felicidad y de gracia. La Biblia, para estimular el amor del Se\u00f1or, proclama en varias ocasiones y en diversas tonalidades los bienes salv\u00ed\u00adficos que se derivan de esa adhesi\u00f3n total a Dios y a sus preceptos. En el \/ Dec\u00e1logo, donde se prohibe la idolatr\u00ed\u00ada, el Se\u00f1or recuerda que, aunque castiga la culpa de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generaci\u00f3n para quienes lo odian, sin embargo otorga su gracia abundantemente a quienes lo aman y guardan sus mandamientos (Ex 20,5ss; Dt 5,9s). En efecto, el Se\u00f1or es \u2020\u0153el Dios fiel, que guarda la alianza y la misericordia hasta mil generaciones a los que lo aman y cumplen sus mandamientos\u2020\u009d (Dt 7,9; Ne 1,5; Dn 9,4). Efectivamente, el Se\u00f1or guarda a todos los que lo aman, mientras que dispersa a todos los imp\u00ed\u00ados (Sal 145,20). Dios bendice a quien es fiel a su alianza. Con el amor concreto al Se\u00f1or, observando y practicando sus decretos, Israel experimentar\u00e1 la bendici\u00f3n y el amor de Dios en la fecundidad de sus familias y de sus reba\u00f1os, en la abundancia de los frutos de la tierra y en la salud (Dt 7,13-15). La fertilidad de los campos se presenta como consecuencia de este amor a Dios en la observancia de sus preceptos(Dt 11,13s). De forma an\u00e1loga, la victoria sobre todas las naciones, incluso las m\u00e1s numerosas y poderosas, depender\u00e1 de la prueba de amor de Israel, concretado en la pr\u00e1ctica de, los mandatos del Se\u00f1or (Dt ll,22s).\u2020\u2122 Este amor ser\u00e1 fuente de prosperidad total y de felicidad plena (Dt 30,6-10) y producir\u00e1 la vida en abundancia (Dt 30,19s). La experiencia del amor divino, de la gracia y de la misericordia salv\u00ed\u00adfica del Se\u00f1or est\u00e1 reservada a los fieles y a los elegidos que conf\u00ed\u00adan en \u00e9l y viven en la justicia Sb 3,9). La exaltaci\u00f3n de Israel y la destrucci\u00f3n de sus enemigos est\u00e1 ligada al amor de Dios (Jc 5,31). Amando sinceramente al Se\u00f1or es c\u00f3mo los hijos de Abrah\u00e1n gozar\u00e1n de tranquilidad, de paz y de gozo en su pa\u00ed\u00ads, Palestina (Tb 14,7). Los que aman el nombre del Se\u00f1or tendr\u00e1n en herencia las ciudades de Jud\u00e1, habitar\u00e1n en ellas y gozar\u00e1n de su posesi\u00f3n (Ps 69,36s). En la experiencia de esta felicidad, los israelitas se ver\u00e1n tambi\u00e9n acompa\u00f1ados por los extranjeros que se adhieran al Se\u00f1or para servirle, amando su nombre (Is 56,6s).<br \/>\nPara los sabios de Israel, el don o la gracia m\u00e1s grande que puede dispensar Dios a cuantos lo aman es la sabidur\u00ed\u00ada (Si l,7s; Qo 2,26). Los salmistas, por su parte, invocan la misericordia y la bendici\u00f3n de Dios, fuente de gozo y de gracia, sobre cuantos aman su nombre y su salvaci\u00f3n (Ps 5,12s; 40,17; 70,5; 119,132). El que ama al Se\u00f1or experimentar\u00e1 su poderosa protecci\u00f3n (Si 34,16), como ocurri\u00f3 con Daniel cuando fue liberado de la fosa de los leones y pudo exclamar: \u2020\u0153iOh Dios, te has acordado de m\u00ed\u00ad y no has desamparado a los que te aman!\u2020\u009d(Dn 14,38), mostrando esa adhesi\u00f3n al Se\u00f1or con la fidelidad a su pacto y a sus preceptos.<br \/>\nPablo, en sus cartas, presenta el amor de Dios como el bien supremo y la fuente de la gracia y de la felicidad, de la que no puede separarnos ninguna potencia enemiga (Rm 8,31-39). El que ama de veras a Dios vive en profunda comuni\u00f3n con \u00e9l (1Co 8,3), y por eso no hay fuerza alguna que sea capaz de arrebatar este tesoro del amor divino. Dios, Padre bueno y todopoderoso, lo predispone todo para el bien de los que lo aman (Rom 8,28ss) y prepara la corona de justicia, es decir, de gloria, en la parus\u00ed\u00ada para el que ama la manifestaci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas, es decir, para el que vive orientado hacia el encuentro final con Cristo (2Tm 4,8). Efectivamente, esta corona de gloria es la que Dios ha prometido a cuantos lo aman y demuestran su amor, venciendo todas las tentaciones del mal (Jc 1,l2ss). Los pobres a los ojos del mundo heredar\u00e1n esa gloria que Dios tiene prometida para quienes lo aman (St 2,5). Este premio, que Dios prepara para sus hijos que lo aman, supera toda capacidad de imaginaci\u00f3n (1Co 2,9). \u00bfPor qu\u00e9 motivo obtendr\u00e1 una gloria tan grande el que ama? Porque en el amor divino el cristiano, elegido por el Padre antes de la creaci\u00f3n del mundo, vive en la santidad y en la justicia perfecta durante todos sus d\u00ed\u00adas Lc 1,75 Ep l,3ss).<br \/>\n128<br \/>\n2. El amor a la sabidur\u00ed\u00ada y a LA \u2020\u0153t\u00f3rah\u2020\u009d.<br \/>\nUn aspecto particular del amor religioso, que se subraya sobre todo en los escritos sapienciales, es el amor a la \/ sabidur\u00ed\u00ada, encarnada en la ley de Mois\u00e9s. Se trata de un tema af\u00ed\u00adn al anterior, ya que la sabidur\u00ed\u00ada es una realidad divina; es la hija primog\u00e9nita del Se\u00f1or, creada antes del mundo y enviada por Dios a Israel para que plante su tienda en medio de su pueblo a fin de instruirle, de adoctrinarle y de revelar su palabra concretada en la t\u00f3rah (Pr 8,22s; Si 24,3-32).<br \/>\n129<br \/>\na) La invitaci\u00f3n a\/amor. Los sabios de Israel no se cansan de exhortar, con diversas expresiones y de diferentes maneras, a amar a la sabidur\u00ed\u00ada, mostrando los efectos ben\u00e9ficos de ese amor(Sg 1,lss):<br \/>\n\u2020\u0153Adqui\u00e9rela sabidur\u00ed\u00ada&#8230;; no la abandones y ella te guardar\u00e1, \u00e1mala y ella te custodiar\u00e1\u2020\u009d (Pr 4,5-6). La<br \/>\n 130 7<br \/>\nsabidur\u00ed\u00ada no es una realidad imposible de encontrar ni impenetrable, sino que se deja conocer f\u00e1cilmente en su esplendor incorruptible por cuantos la aman (Sb 6,12). En realidad, el sabio la ha buscado, porque la ha amado y escogido por esposa: \u2020\u0153Yo la am\u00e9 y la busqu\u00e9 desde mi juventud, trat\u00e9 de hacerla mi esposa y qued\u00e9 prendado de su hermosura\u2020\u009d (Sb 8,2).<br \/>\nEste amor a la sabidur\u00ed\u00ada se concreta en el amor a la verdad y a la paz; por eso el profeta exhorta: \u2020\u0153Amad la lealtad y la paz\u2020\u009d (Za 8,19). Tan s\u00f3lo los necios desde\u00f1an este amor a la sabidur\u00ed\u00ada (Pr 18,2), mientras que \u2020\u0153el que ama la instrucci\u00f3n ama la ciencia\u2020\u009d (Pr 12,1). Con este amor a la sabidur\u00ed\u00ada el hijo alegra el coraz\u00f3n del padre (Pr 29,3).<br \/>\n130<br \/>\nb) El amor a la ley mosaica. La sabidur\u00ed\u00ada divina se ha encarnado en la t\u00f3rah, la ley dada por Dios a trav\u00e9s de Mois\u00e9s (Si 24,22ss; Ba 4,1); por eso el amor a la sabidur\u00ed\u00ada se demuestra con la adhesi\u00f3n a los preceptos del Se\u00f1or. El sabio sentencia de este modo: \u2020\u0153Amar la sabidur\u00ed\u00ada es guardar sus leyes\u2020\u009d (Sb 6,18). El Ps 119 puede considerarse como una exaltaci\u00f3n del amor a la ley mosaica, a la palabra de Dios. El autor confiesa que ama esta realidad divina (Vv. 159. 163.167), proclama que encuentra su gozo y su salvaci\u00f3n en el gran amor a los preceptosSe\u00f1or (vv. 47s. 113) y exclama: \u2020\u0153 Cu\u00e1nto amo tu ley!, todo el d\u00ed\u00ada estoy pensando en ella (y. 97). Los mandamientos de Dios son m\u00e1s preciosos que el oro m\u00e1s puro; por esa raz\u00f3n los ama el salmista (y. 127). La palabra del Se\u00f1or es pur\u00ed\u00adsima y por eso la ama el justo (y.<br \/>\n140).<br \/>\n131<br \/>\nc) Elamora la ley-sabidur\u00ed\u00ada es fuente de felicidad y de gracia. Con esta adhesi\u00f3n a la palabra de Dios se alcanza la vida verdadera y el gozo. En efecto, el que ama la ley del Se\u00f1or obtiene una palabra profunda Sal 119,165). Al que ama, la sabidur\u00ed\u00ada le concede riqueza y glor\u00ed\u00ada, bienes imperecederos mejores que el oro fino y que la plata pura, tesoros divinos (Pr 8,l7ss). De este amor se derivan bienes<br \/>\ninconmensurables: esplendor que no conoce ocaso, inmortalidad y riquezas innumerables (Sg 7,lOs; 8,17s). Los frutos del amor de la justicia son las virtudes (Sb 8,7). El amor a la sabidur\u00ed\u00ada no s\u00f3lo vale m\u00e1s que el vino y que la m\u00fasica (Si 40,20), sino que es fuente de vida, de gozo y de gloria (Si 4,11-14). El que muestra tal amor por la sabidur\u00ed\u00ada ser\u00e1 amado a su vez por ella y obtendr\u00e1 la verdadera riqueza y la gloria inmarcesible.<br \/>\n132<br \/>\n3. El amor al pr\u00f3jimo.<br \/>\nEn la Biblia encontramos expresiones de filantrop\u00ed\u00ada; sin embargo, el amor al pr\u00f3jimo tiene prevalentemente motivaciones religiosas; m\u00e1s a\u00fan, algunas veces se inserta en la experiencia salv\u00ed\u00adfica del \u00e9xodo o se fundamenta en el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Tiene m\u00e1s bien un sabor filantr\u00f3pico la sentencia sapiencial de Si 13,l5ss, en donde el amor al pr\u00f3jimo se considera como un fen\u00f3meno natural. Un tenor an\u00e1logo conserva la exhortaci\u00f3n a amar a los esclavos juiciosos y a los siervos fieles (Si 7,20s). Sin embargo, en otros pasajes la motivaci\u00f3n del amor al pr\u00f3jimo es ciertamente de car\u00e1cter sobrenatural, ya que esta actitud se presenta como un precepto del Se\u00f1or (Lv 19,18; Mt 5,43; Mt 22,39), e incluso a veces el amor al hermano se fundamenta en el amor a Dios, por lo que este segundo mandamiento es consideradA como semejante al primero sobre el amor al Se\u00f1or (Mt 22,39). A este prop\u00f3sito, Juan se expresa as\u00ed\u00ad en su primera carta: \u2020\u0153Si alguno dice que ama a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso. El que no ama a su hermano, al que ve, no puede amar a Dios, al que no ve. Este es el mandamiento que hemos recibido de \u00e9l: que el que ame a Dios ame tambi\u00e9n a su hermano\u2020\u009d 1Jn 4,20-21). M\u00e1s a\u00fan, el amor aut\u00e9ntico al pr\u00f3jimo depende del amor a Dios: \u2020\u0153En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: en que amamos a Dios y guardamos sus mandamientos\u2020\u2122 (1Jn 5,2).<br \/>\nEn realidad, desde los textos m\u00e1s antiguos de la Sagrada Escritura la relaci\u00f3n religiosa con Dios est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente vinculada al comportamiento con el pr\u00f3jimo. El dec\u00e1logo une los deberes para con el Se\u00f1or y para con los hermanos (Ex 20,1-17; Dt 5,6-21). Adem\u00e1s, muchas veces el amor al pr\u00f3jimo en la Biblia se fundamenta en la conducta de Dios: hay que portarse con amor, porque el Se\u00f1or ha amado a esas personas (cf Dt 1O,18s; Mt 5,44s.48; Lc 6,35s; Un 4,lOs). No se trata, por consiguiente, de mera solidaridad humana o de filantrop\u00ed\u00ada, ya que la raz\u00f3n del amor al pr\u00f3jimo es de car\u00e1cter hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico o sobrenatural. Por tanto, en la Sagrada Escritura el hecho natural e instintivo del amor ha sido elevado a la esfera religiosa o sobrenatural e insertado en la alianza divina.<br \/>\n133<br \/>\na) \u00bf Qui\u00e9n es el pr\u00f3jimo al que hay que amar? El primer problema ??t resolver, cuando se habla del amor al \u2020\u0153pr\u00f3jimo\u2020\u009d, concierne al significado de este t\u00e9rmino. La cuesti\u00f3n dista mucho de resultar ociosa, ya que semejante pregunta se la dirigi\u00f3 tambi\u00e9n a Jes\u00fas nada menos que un doctor de la ley (Lc 10,29). Para el AT, el pr\u00f3jimo es el israelita, muy distinto del pagano y del forastero. En la t\u00f3rah encontramos el famoso<br \/>\n 134 8<br \/>\nprecepto divino de amar al pr\u00f3jimo como as\u00ed\u00ad mismo, en paralelismo con la prohibici\u00f3n de vengarse contra los hijos del pueblo israelita (Lv 19,18). El pr\u00f3jimo, en realidad, indica al hebreo (Ex 2,13; Lv 19,15; Lv 19,17).<br \/>\nEn los evangelios, cuando se habla del amor al pr\u00f3jimo, se cita a menudo el precepto de la ley mosaica Mt 19,19; Mt 22,39; Mc 12,31; Mc 12,33) y se presupone, al menos en el nivel del Jes\u00fas hist\u00f3rico, que el pr\u00f3jimo es el israelita. Pero en la par\u00e1bola del buen samaritano queda superada esta posici\u00f3n, ya que en ella el pr\u00f3jimo indica con toda claridad a un miembro de un pueblo enemigo (Lc 10,29-36). Jes\u00fas revolucion\u00f3 el mandamiento de la ley mosaica que ordenaba el amor al pr\u00f3jimo y permit\u00ed\u00ada el odio al enemigo (Mt 5,43). En las cartas de los ap\u00f3stoles no pocas veces se apela a la Sagrada Escritura para inculcar el amor al pr\u00f3jimo (St 2,8). En este precepto del amor fraterno se ve el cumplimiento pleno de la ley (Ga 5,14 Rom 13,8ss).<br \/>\n134<br \/>\nb) El amor al forastero. La ley de Mois\u00e9s no ignora a los emigrados, a los que se establecen en medio de los israelitas, pero sin ser israelitas. Estos tienen que ser amados, porque tambi\u00e9n los hijos de Jacob pasaron por la experiencia de la emigraci\u00f3n en Egipto (Lev 19,33s). En efecto, Dios ama al forastero y le procura lo necesario para vivir; por eso tambi\u00e9n los israelitas, que fueron forasteros en tierras de Egipto, tienen que amar al forastero por orden del Se\u00f1or (Dt 10,18s). El autor de la tercera carta de Juan se congratula con Gayo por la caritativa acogida a los forasteros (3Jn 5s).<br \/>\n135<br \/>\nc) El amor a los enemigos. El Se\u00f1or en el AT no manda amar a los enemigos; m\u00e1s a\u00fan, en estos libros encontramos expresiones y actitudes realmente desconcertantes para los cristianos. As\u00ed\u00ad, las \u00f3rdenes de exterminar a los paganos y a los enemigos de Israel nos dejan muy desorientados y hasta escandalizados [\/Guerra III]. Efectivamente, la historia del pueblo hebreo est\u00e1 caracterizada por guerras santas, en las que los adversarios fueron aniquilados en un aut\u00e9ntico holocausto, sin que quedara ning\u00fan superviviente ni entre los hombres ni entre los animales (cf Ex 17,8ss;N\u00fam2l,2lss;31,lss;Dt2,34;3,3-7; Jos 6,21; Jos 6,24 8,24s). M\u00e1s a\u00fan, la Biblia refiere c\u00f3mo Dios orden\u00f3 a veces destinar al anatema, es decir, al exterminio, a todas las poblaciones paganas, sin excluir siquiera a los ni\u00f1os o a las mujeres encinta Jos 11,20; IS 15,1-3). Adem\u00e1s, el Ps 109 contiene fuertes implicaciones contra los acusadores del salmista que han devuelto mal por bien y odio por amor (vv. 4ss). En otros lugares del AT se invoca la venganza divina contra los inicuos (Sal 5,11 28,4s; 137,7ss;Jr 11,20 20,12, etc. ). Sin embargo, incluso antes de la venida de Jes\u00fas se prescriben en la t\u00f3rah actitudes que suponen la superaci\u00f3n del odio a los enemigos, puesto que se exige la ayuda a esas personas (cf Ex 23,4s; Pr 25,21). Adem\u00e1s, en el AT algunos justos supieron perdonar y amar a las personas que los hab\u00ed\u00adan odiado y perseguido. Los modelos m\u00e1s claros y conmovedores de esta caridad los tenemos en el hebreo Jos\u00e9 y en David. El comportamiento del joven hijo de Jacob resulta verdaderamente evang\u00e9lico y ejemplar. Fue odiado por sus hermanos, hasta el punto de que tramaron su muerte; en vez de ello fue vendido como esclavo a los madianitas (Gen 37,4ss. 28ss). Cuando las peripecias de la vida lo llevaron al \u00e1pice de la gloria, hasta ser nombrado gobernador y virrey de todo el Egipto, pudo haberse vengado con enorme facilidad de sus hermanos. Por el contrario, despu\u00e9s de haber puesto a prueba su amor a Benjam\u00ed\u00adn, el otro hijo de su madre Raquel, se les dio a conocer, les perdon\u00f3, intentando incluso excusar su pecado, y les ayud\u00f3 generosamente (G\u00e9n 45,lss; 50,l9ss).<br \/>\n136<br \/>\nTambi\u00e9n la historia de David parece muy edificante en esta cuesti\u00f3n del amor a los enemigos. En efecto, el joven pastor, despu\u00e9s de haber realizado empresas heroicas en favor de su pueblo, fue odiado por Sa\u00fal por su prestigio en aumento; m\u00e1s a\u00fan, este rey intent\u00f3 varias veces acabar con su vida y dispar\u00f3 contra \u00e9l su lanza (IS 18,6-11 19,8ss), le persigui\u00f3 y lo acorral\u00f3 (IS 23, 6ss.lgss; 26,lss). En una ocasi\u00f3n, mientras Sa\u00fal le persegu\u00ed\u00ada, se le present\u00f3 a David la ocasi\u00f3n de eliminar al rey de una simple lanzada. Pero el hijo de Jes\u00e9 le respet\u00f3 la vida, a pesar de que sus hombres le invitaban a vengarse de su rival (IS 24,4-16; IS 26,6-20). Otro espl\u00e9ndido ejemplo de amor a los perseguidores nos lo ofreci\u00f3 igualmente David al final de su vida, con ocasi\u00f3n de la rebeli\u00f3n de su hijo Absal\u00f3n; \u00e9ste quer\u00ed\u00ada destronar a su padre, y para ello sublev\u00f3 a todo el pueblo, obligando a David a huir de Jerusal\u00e9n (2S 15,7ss); persigui\u00f3 luego al peque\u00f1o grupo que hab\u00ed\u00ada permanecido fiel al rey y les atac\u00f3 en la selva de Efra\u00ed\u00adn. All\u00ed\u00ad el rebelde se qued\u00f3 enredado con su cabellera en las ramas de una encina, y Joab, faltando a las \u00f3rdenes dadas por David, lo mat\u00f3 clav\u00e1ndole tres dardos en el coraz\u00f3n (2S 18,1-15). Cuando el rey tuvo noticias de la muerte de su hijo tembl\u00f3 de emoci\u00f3n, explot\u00f3 en l\u00e1grimas y llor\u00f3, gritando amargamente:\u2020\u009d \u00c2\u00a1 Qui\u00e9n me diera haber muerto yo en tu lugar, Absal\u00f3n, hijo m\u00ed\u00ado, hijo m\u00ed\u00ado!\u2020\u009d (2S 19,1). Este comportamiento desconcertante irrit\u00f3 profundamente a Joab, que reproch\u00f3 a David amar a quienes lo odiaban (2S 19,7).<br \/>\n137<br \/>\nEn el serm\u00f3n de la monta\u00f1a no s\u00f3lo se anuncia la regla de oro (Mt 7,12 y par), viviendo la cual se destruye toda enemistad, sino que se prohibe formalmente el odio a los enemigos; m\u00e1s a\u00fan, Jes\u00fas ordena<br \/>\n 138 9<br \/>\nexpresamente amar a esas personas, precepto realmente inaudito para un pueblo acostumbrado alanzar maldicio-\u00ed\u00adines contra sus opresores y perseguidores (cf tambi\u00e9n los Himnos de Qumr\u00e1n). El pasaje de Mt 5,43-48 \u2020\u02dcforma el \u00faltimo de los seis mil paralelismos o ant\u00ed\u00adtesis de la amplia sec-cci\u00f3n del serm\u00f3n de la monta\u00f1a, en ; donde se recoge la nueva ley del reino de los cielos (Mt 5,21-48). Jes\u00fas, al exigir el amor a los enemigos, se enfrenta con la praxis dominante y se (inspira en la conducta del Padre celestial, que no excluye a nadie de su coraz\u00f3n y por eso concede a todos sus favores (Mt 5,44s; Lc 6,27-35). El modelo perfecto de este amor a los enemigos y los perseguidores lo encontramos en la persona de Jes\u00fas, que no s\u00f3lo no devolv\u00ed\u00ada los insultos recibidos y no amenazaba a nadie durante su pasi\u00f3n (IP 2,2 lss), sino que desde la cruz suplicaba al Padre por sus verdugos, implorando para ellos el perd\u00f3n (Lc 23,34). El primer m\u00e1rtir cristiano, el di\u00e1cono Esteban, imitar\u00e1 a su maestro y Se\u00f1or, orando por quienes lo lapidaban (Ac 7,59s).<br \/>\n138<br \/>\nd) El amor exp\u00ed\u00ada los pecados. En este contexto hemos de hacer al menos una alusi\u00f3n al efecto purificador de la caridad. El pasaje de Pr 10,12 contrapone el odio al amor, proclamando que, mientras que el primero s\u00f3lo origina disensiones y luchas, el amor cubre todas las culpas. Esta sentencia es recogida por Pedro, el cual para estimular al amor fraterno recuerda que con el amor se obtiene el perd\u00f3n de los pecados (IP 4,8<br \/>\n139<br \/>\n4. El amor cristiano.<br \/>\nEn el NT el amor cristiano se presenta como el ideal y el signo distintivo de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas. Estos son cristianos sobre la base del amor: el que ama al hermano y vive para \u00e9l demuestra que es un seguidor aut\u00e9ntico de aquel maestro que am\u00f3 a los suyos hasta el signo supremo de dar su vida por ellos. El que no ama permanece en la muerte y no puede ser considerado de ning\u00fan modo disc\u00ed\u00adpulo de Cristo.<br \/>\n140<br \/>\na) \u00c2\u00a1Amaos como yo os amo! Jes\u00fas invit\u00f3 a los disc\u00ed\u00adpulos a una vida de amor fuerte y concreto, semejante a la suya. En sus discursos de la \u00faltima cena encontramos interesantes y vibrantes exhortaciones sobre este tema. En el primero de estos grandes sermones, ya desde el principio, Jes\u00fas se preocupa del comportamiento de sus amigos en su comunidad durante su ausencia; por eso les dice: \u2020\u0153Os doy un mandamiento nuevo: que os am\u00e9is unos a otros. Que como yo os he amado, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n os am\u00e9is unos a otros. En esto reconocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00ed\u00adpulos, en que os am\u00e1is unos a otros\u2020\u009d (Jn 13,34s). Este precepto del amor es llamado \u2020\u0153mandamiento nuevo\u2020\u009d, ya que nunca se hab\u00ed\u00ada exigido nada semejante antes de la venida de Cristo. En efecto, Jes\u00fas exige de sus disc\u00ed\u00adpulos que se amen hasta el signo supremo del don de la vida, como lo hizo \u00e9l (Jn 13,1 Ss); realmente, nadie tiene un amor m\u00e1s grande que el que ofrece su vida por el amigo (Jn 15,13). En el segundo discurso de la \u00faltima cena el Maestro reanuda este tema en uno de sus trozos iniciales, centrados precisamente en el amor fraterno: \u2020\u0153Este es mi mandamiento: amaos unos a otros como yo os he amado&#8230; Esto os mando: amaos unos a otros\u2020\u009d<br \/>\nJn 15,12; Jn 15,17). Son diversos los preceptos que dio Jes\u00fas a sus amigos, pero el mandamiento espec\u00ed\u00adficamente \u2020\u0153suyo\u2020\u009d es uno solo: el amor mutuo entre los miembros de su familia.<br \/>\nJuan, en su primera carta, se hace eco de esta ense\u00f1anza de Cristo: \u2020\u0153Este es el mensaje que hab\u00e9is o\u00ed\u00addo desde el principio: que nos amemos los unos a los otros\u2020\u009d (IJn 3,11 cf 2Jn Ss) hasta el don de la vida, siguiendo el ejemplo del Hijo de Dios (IJn 3,16). Los cristianos deben amarse los unos a los otros, concretamente, seg\u00fan el mandamiento del Padre (IJn 3,23). A imitaci\u00f3n de Dios, que manifest\u00f3 su amor inmenso a la humanidad, enviando a la tierra a su Hijo unig\u00e9nito, los miembros de la Iglesia tienen que amarse los unos a los otros: \u2020\u0153Nosotros amamos porque \u00e9l nos am\u00f3 primero\u2020\u009d (IJn 4,19). En realidad, los cristianos tienen que inspirarse en su comportamiento en el amor del Se\u00f1or Jes\u00fas, que lleg\u00f3 a ofrecer su vida por su Iglesia (Ef 5,2).<br \/>\nEl \u00faltimo d\u00ed\u00ada ser\u00e1n juzgados sobre la base del amor concreto a los hermanos: el que haya ayudado a los necesitados tomar\u00e1 posesi\u00f3n del reino; pero el que se haya cerrado en su ego\u00ed\u00adsmo ser\u00e1 enviado al fuego eterno (Mt 25,31-46).<br \/>\n141<br \/>\nb) Amor sincero, concreto y profundo. En los primeros escritos cristianos encontramos continuamente el eco de esta ense\u00f1anza de Jes\u00fas. Efectivamente, Pablo en sus cartas inculca en diversas ocasiones y en diferentes tonos el amor fraterno: el amor debe ser sincero y cordial (Rom 12,9s), a imitaci\u00f3n del suyo 2Co 6,6). Los cristianos de Tesal\u00f3nica demuestran que son modelos perfectos de ese amor sincero ITs 1,3; ITs 3,6; ITs 4,9). Entre los creyentes todo tiene que hacerse en el amor (1Co 16,14), e incluso en los castigos hay que tomar decisiones conformes con el amor (2Co 2,6-8; ITm 1,5). Efectivamente, lo que cuenta en la vida cristiana es la fe que act\u00faa mediante el amor (Ga 5,6); por eso hay que servir con<br \/>\n 142 0<br \/>\namor (Ga 5,13). En particular, Pablo ense\u00f1a que por amor para con el hermano d\u00e9bil hay que renunciar incluso a las comidas l\u00ed\u00adcitas ya la libertad, si ello fuera ocasi\u00f3n para su ca\u00ed\u00adda (Rm 14,15 iCo 8,lss).<br \/>\nLa generosidad a la hora de ofrecer a los necesitados bienes materiales es signo de amor aut\u00e9ntico (2Co 8,7s). Efectivamente, el amor cristiano no se agota en el sentimiento, sino que ha de concretarse en la ayuda, en el socorro, en el compartir; por eso el rico que cierra su coraz\u00f3n al pobre no est\u00e1 animado por el amor (1Jn 3,175). En realidad, el que sostiene que ama a un Dios que no ve y no ama al hermano a quien ve es un mentiroso, porque es incapaz de amar verdaderamente a Dios (1Jn 4,20). Pero tambi\u00e9n es verdad lo contrario: la prueba del aut\u00e9ntico amor a los hermanos la constituye el amor a Dios (1Jn 5,2).<br \/>\no Los padres y los pastores de las Iglesias se alegran y dan gracias a Dios cuando constatan que el amor fraterno se vive entre los cristianos (2Ts 1,3; Ef 1,15 Col l,3s. Co18; FIm 5,7; Ap 2,19); ruegan adem\u00e1s por el aumento del amor dentro de sus familias (lTs 3,12 Ep 3,16s; Flp 1,9 Col 2,lss)y amonestan a sus hijos para que profundicen cada vez m\u00e1s en el amor (lTh 5,12s; Hb 10,24; 2P 1,7), caminando en el amor seg\u00fan el ejemplo de Cristo (Ef 5,2), soportando humilde y dulcemente las contrariedades, preocupados por conservar la unidad del esp\u00ed\u00adritu en el v\u00ed\u00adnculo de la paz (Ef 4, 1-6; Flp 2,1 Ss), viviendo la palabra de la verdad en el :\u00e1mor y creciendo en Cristo, del que recibe su incremento el cuerpo de la Iglesia, edific\u00e1ndose en el amor (Ep 4,15s): Por encima de todo, tened amor, que es el lazo de la perfecci\u00f3n\u2020\u009d Col 3,14); \u2020\u0153Con el fin de llegar a una fraternidad sincera, amaos entra\u00f1ablemente unos a otros\u2020\u2122 (IP 1,22). Todos los cristianos tienen que estar animados por el amor fraterno, pero de manera especial los ancianos (Tt 2,2). Este amor, aunque tiene como objeto espec\u00ed\u00adfico a los miembros de ia Iglesia, incluye el respeto para con iodos (IP 2,17; IP 4,8). as i El que est\u00e1 pose\u00ed\u00addo por este amor \u00ed\u00adraterno permanece en la luz (1Jn \u00ed\u00adilO), vive en comuni\u00f3n con Dios; ?que es luz (IJn 1,5) ha pasado de la \u00bfnuerte a la vida divina (IJn 3,14 ). Efectivamente, Dios mora en el coraz\u00f3n del que ama(Un4,lls). El amor se identifica realmente con Dios; es una realidad divina, una chispa del coraz\u00f3n del Padre comunicada a sus hijos, ante la cual uno se queda admirado, lleno de asombro. Pablo exalta hasta tal punto esta virtud del amor que llega a colocarla por enci-JRa de la fe y de la esperanza, puesto *)U\u00e9inunca podr\u00e1 fallar: en la gloria del reino ya no se crear\u00e1 ni ser\u00e1 ya necesario esperar, puesto que se poseer\u00e1n las realidades divinas, pero se seguir\u00e1 amando; m\u00e1s a\u00fan, la vida bienaventurada consistir\u00e1 en contemplar y en amar (1Co 13). Por consiguiente, el que ama posee ya la felicidad del reino, puesto que vive en Dios, que es amor. La salvaci\u00f3n eterna depende de la perseverancia en el amor (ITm 2,15). Dios, en su justicia, no se olvida del amor de los creyentes, concretado en el servicio (Hb 6,10). Por eso los cristianos animados por el amor aguardan con confianza el juicio de Dios (1Jn 4,17s).<br \/>\n142<br \/>\nc) El amor fraterno es fruto del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Esta caridad cristiana, tan concreta y profunda, deriva de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en el coraz\u00f3n de los creyentes. En efecto, s\u00f3lo el Esp\u00ed\u00adritu de Dios puede hacer que se obtenga la victoria sobre la carne, es decir, sobre el ego\u00ed\u00adsmo; y por tanto s\u00f3lo \u00e9l puede hacer que triunfe el amor. El fragmento de Gal 5,16-26 se presenta en este sentido como muy elocuente y convincente: mientras que las obras de la carne son el libertinaje y el vicio, \u2020\u0153los frutos del Esp\u00ed\u00adritu son:<br \/>\namor, alegr\u00ed\u00ada, paz, generosidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia\u2020\u2122 (y. 22).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, la caridad cristiana es obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que anima la vida de fe; por esta raz\u00f3n Pablo puede atribuir el amor a esta persona divina y expresarse de este modo: \u2020\u0153Por el amor del Esp\u00ed\u00adritu Santo, os pido&#8230;\u2020\u2122 (Rm 15,30); \u2020\u0153El Se\u00f1or no nos ha dado Esp\u00ed\u00adritu de temor, sino de fortaleza, de amor\u2020\u009d (2Tm 1,7). Efectivamente, \u2020\u0153el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo que nos ha dado\u2020\u2122 (Rm 5,5).<br \/>\n143<br \/>\nd) El amor de los pastores de las Iglesias. Los grandes ap\u00f3stoles y padres de las comunidades cristianas primitivas est\u00e1n animados de una caridad muy profunda a sus disc\u00ed\u00adpulos e hijos; por eso se dirigen a ellos con el apelativo queridos o amados (aga-p\u00e9t\u00f3i) (Rm 12,19; ICo 10,14; St 1,16; IP 2,11 Un IP 2,7 etc. ). Pablo ama tiernamente a sus hijos espirituales (Rm 16,5; Rm 16,8; ICo 4,17), porque los ha engendrado a la fe. Por eso les amonesta con amor (1 Co 4,14s; 2Co 11,11): \u2020\u0153En nuestra ternura hacia vosotros, hubi\u00e9ramos querido entregaros, al mismo tiempo que el evangelio de Dios, nuestra propia vida\u2020\u009d (ITs 2,8). Alberga id\u00e9nticos sentimientos hacia sus colaboradores, especialmente por Timoteo (1Co 4,17; 2Tm 1,2; Ef 6,21; Col 1,7; Col 4,7). Los ap\u00f3stoles y los presb\u00ed\u00adteros de Jerusal\u00e9n presentan a los dos misioneros Bernab\u00e9 y Pablo como hermanos queridos (Hch 15,25). Pablo desea ejercer su ministerio con amor y con dulzura; por eso no quiere verse obligado a usar la vara (1Co 4,21). Escribiendo a Filem\u00f3n, le suplica con amor por su hijo On\u00e9simo, sin querer apelar a su derecho de mandar libremente (Flm 9). En general, los ap\u00f3stoles y los misioneros reciben tambi\u00e9n como recompensa el amor de sus fieles (Tt 3,15), aunque Pablo observa en algunas de sus comunidades cierta frialdad, a pesar de su fuerte amor (2Co 12,15). Para este gran ap\u00f3stol de Cristo, el que es gu\u00ed\u00ada o pastor de la comunidad debe buscar la piedad, la justicia, la fe y el amor (ITm 6,11); debe hacerse el modelo de los fieles en el amor (ITm 4,12), debe<br \/>\n 144 1<br \/>\nbuscar el amor (2Tm 2,22). Pablo presenta su conducta y sus palabras sobre la fe y sobre el amor fundado en Cristo Jes\u00fas como elemento de inspiraci\u00f3n para la vida de Timoteo (2Tm 1,13; 2Tm 3,10).<br \/>\n144<br \/>\ne) El amor conyugal. Un aspecto muy interesante del amor cristiano, tratado especialmente en la carta a los Efesios, tiene por objeto el comportamiento de los esposos, es decir, la vida de la pareja, consagrada con el sacramento del \/ matrimonio. El autor de la carta a los Colosenses se limita a exhortar a los maridos: \u2020\u0153Maridos, amad a vuestras esposas y no os irrit\u00e9is contra ellas (Col 3,19). Al contrario, en la carta a los Efesios se pone el amor conyugal en relaci\u00f3n con la entrega amorosa de Cristo a la Iglesia: el marido tiene que comportarse con su esposa de la misma manera que el Se\u00f1or Jes\u00fas, que entreg\u00f3 y sacrific\u00f3 su vida por su esposa, la comunidad mesi\u00e1nica (Ep 5,25ss).<br \/>\n145<br \/>\nf) \u2020\u0153Koinon\u00ed\u00ada \u2020\u0153y comunidad cristiana primitiva. Al hablar del amor fraterno en el NT no se puede omitir una alusi\u00f3n a la vida de la Iglesia apost\u00f3lica. Tomando como base la descripci\u00f3n que de ella nos hace Lucas en los Hechos de los Ap\u00f3stoles, queda uno asombrado de la perfecta comuni\u00f3n (koinon\u00ed\u00ada) de coraz\u00f3n y de bienes dentro de la comunidad de los or\u00ed\u00adgenes: los primeros creyentes participaban asiduamente de la vida com\u00fan, adem\u00e1s de las instrucciones de los ap\u00f3stoles, de la eucarist\u00ed\u00ada y de las oraciones (Hch 2,42). En aquella Iglesia reinaba la comuni\u00f3n plena, viv\u00ed\u00adan juntos y todo era com\u00fan entre todos los miembros (Ac 2,44s). En el segundo sumario de la primera secci\u00f3n de los Hechos encontramos otro cuadro id\u00ed\u00adlico de la comuni\u00f3n perfecta entre los cristianos: \u2020\u0153Todos los creyentes ten\u00ed\u00adan un solo coraz\u00f3n y una sola alma, y nadie llamaba propia cosa alguna de cuantas pose\u00ed\u00adan, sino que ten\u00ed\u00adan en com\u00fan todas las cosas\u2020\u009d Hch 4,32 cf vv. 34s). Por consiguiente, se viv\u00ed\u00ada el amor de forma perfecta.<br \/>\n146<br \/>\nIV. DIOS ES AMOR.<br \/>\nEl amor humano se presenta como un bien inconmensurable, la fuente de la vida y de la felicidad, porque es una chispa divina, un \u00e1tomo de la vida de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad. En efecto, Dios es presentado y descrito como amor: el origen y la manifestaci\u00f3n plena del amor. Dios vive en el amor y de amor; act\u00faa porque ama; la creaci\u00f3n y la historia encuentran su raz\u00f3n \u00faltima en su amor. \u00bfPor qu\u00e9 raz\u00f3n existe el universo? \u00bfCu\u00e1l es la causa \u00faltima del origen de la humanidad? \u00bfPor qu\u00e9 ha intervenido Dios en la historia del hombre, form\u00e1ndose un pueblo al\u2020\u2122que hacer unas promesas de salvaci\u00f3n y de redenci\u00f3n? \u00bfPor qu\u00e9 motivo, en la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 el Padre a su \u00fanico Hijo a la tierra? La respuesta a estos y otros interrogantes por el estilo se encuentra en el amor de Dios. El Se\u00f1or se port\u00f3 as\u00ed\u00ad, actu\u00f3 de esta manera, porque es amor (1Jn 4,8). La historia atormentada de la humanidad, con tantos momentos tenebrosos, llena de tantas atrocidades y fechor\u00ed\u00adas, siempre resulta iluminada por este faro poderoso de luz: el amor de Dios. La historia de la salvaci\u00f3n encuentra su explicaci\u00f3n plena en el Dios-amor; la econom\u00ed\u00ada de la redenci\u00f3n tiene su primer origen en el amor del Padre, es realizada por el amor de Dios y de su Hijo, es completada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, el amor personificado en el seno de la Trinidad, y tiende a la consumaci\u00f3n del amor en el reino celestial, el lugar o el estado de la felicidad perfecta y del amor pleno.<br \/>\n147<br \/>\n1. El amor de Dios a la creaci\u00f3n y al hombre.<br \/>\nTodo cuanto existe en el cosmos es obra de Dios; e\u00ed\u00ad universo es una criatura del Se\u00f1or. Este es el primer art\u00ed\u00adculo del \u2020\u0153credo\u2020\u009d israelita; la Biblia se abre con la p\u00e1gina de la creaci\u00f3n del mundo: Dios dijo, y todo vino a la existencia (Gn 1). Los cielos, la tierra, el hombre, los animales, las plantas y las flores, todo ha sido hecho por la palabra de Dios (Jdt 16,14; Is 48,13; SaI 33,6; Si 42,15). El cuarto evangelista proclama que todo ha llegado a la existencia por medio del Verbo de Dios (Jn 1,3).<br \/>\n148<br \/>\na) Dios crea por amor y ama a sus criaturas. Si todo cuanto existe ha sido hecho por Dios, \u00bfpor qu\u00e9 raz\u00f3n crea el Se\u00f1or? \u00bfPor qu\u00e9 quiere comunicar la existencia? En particular, \u00bfpor qu\u00e9 hace Dios al hombre part\u00ed\u00adcipe de su vida inmortal? La respuesta \u00faltima a estas preguntas y otras semejantes se encuentra en el amor de Dios. El Se\u00f1or crea porque ama. En efecto, amor significa comunicaci\u00f3n y don de los propios bienes y del propio ser a los dem\u00e1s.<br \/>\nEl AT no ofrece esta explicaci\u00f3n de una forma expl\u00ed\u00adcita, pero la presupone; por esta raz\u00f3n en los relatos de la creaci\u00f3n (Gn 1-3) no aparecen nunca los t\u00e9rminos de amor. All\u00ed\u00ad no se afirma nunca que el Se\u00f1or cree por amor, porque desee entablar un di\u00e1logo de amor con el hombre. Esta refle don se har\u00e1 luego, en las etapas m\u00e1s recientes de la revelaci\u00f3n. Efectivamente, en el libro de la sabidur\u00ed\u00ada se proclama sin equ\u00ed\u00advocos que Dios ama a todas sus criaturas (Sb 11,23-26): \u2020\u0153T\u00fa amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que hiciste, pues si algo aborrecieras no lo hubieses creado\u2020\u009d (y. 24). Este pasaje insin\u00faa por<br \/>\n 149 2<br \/>\nuna parte que el Se\u00f1or crea por amor, en cuanto que afirma que si Dios odiase alguna cosa no la habr\u00ed\u00ada creado; luego, por ant\u00ed\u00adtesis, se dice que toda criatura es fruto del amor del Se\u00f1or. Sobre todo se proclama aqu\u00ed\u00ad que Dios ama a todas las cosas que existen y las conserva en su existencia porque las ama. Debido a este amor divino, el creador tiene compasi\u00f3n de todos los hombres, incluso de los pecadores.<br \/>\nEl pasaje de Dt 10,18 contiene una afirmaci\u00f3n interesante sobre el amor de Dios incluso con los que no son israelitas: el Se\u00f1or ama al forastero y le proporciona alimento y vestido. En el libro de \/ Jon\u00e1s se representa de forma viva y atrayente el amor inmenso del Se\u00f1or a los paganos. La cicater\u00ed\u00ada y mezquindad del profeta que no quiere colaborar en la salvaci\u00f3n de los ninivitas y se entristece cuando, a su pesar, Dios muestra su amor misericordioso a este pueblo, ponen bien de relieve el inter\u00e9s amoroso y salv\u00ed\u00adfico del Se\u00f1ortambi\u00e9n por los no jud\u00ed\u00ados (Jon 1,lss; 3,lss; 4,lss.lOs).<br \/>\nEn realidad, el Padre celestial ama a todos sus hijos de cualquier raza y color, tal como se proclama expresamente en el NT. Dios quiere que todos los hombres consigan la salvaci\u00f3n (lTm 2,4), puesto que los ama y por esa raz\u00f3n envi\u00f3 a su Hijo unig\u00e9nito a la tierra: \u2020\u0153Porque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico, para que quien crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna\u2020\u009d (Jn 3,16). La muerte de Cristo en la cruz por la humanidad pecadora constituye la prueba m\u00e1s concreta y elocuente del amor de Dios a los hombres (Rm 5,8).<br \/>\n149<br \/>\nb) Dios ama a los justos. El Se\u00f1or siente una caridad fuerte y creadora por todo cuanto existe, y en particular por todos los hombres; pero ama especialmente a los que viven su palabra. El, que ama la sabidur\u00ed\u00ada (Sb 8,3), la rectitud y la equidad (cf ICr\u00f3n 29,17; SaI 11,7; SaI 33,5; SaI 37,28; Is 61,8), tiene un amor particular por las personas justas. El que se porta como padre con los hu\u00e9rfanos y como marido con las viudas, ser\u00e1 amado m\u00e1s que una madre por el Alt\u00ed\u00adsimo (Si 4,10). Por tanto, el misericordioso es amado tiernamente como hijo de Dios. En realidad, el Se\u00f1or ama a los justos y trastorna los caminos de los imp\u00ed\u00ados (Ps 146,8s); ama a todos los que odian el mal y guarda la vida de sus fieles (SaI 97,10). El camino del pecador es detestado por ese Dios que ama la justicia (Pr 15,9). El justo es amado por el Se\u00f1or, aun cuando muera en edad joven (Sb 4,10); \u00e9l realmente posey\u00f3 la sabidur\u00ed\u00ada, y por eso fue amigo de Dios y profeta; pues bien, Dios ama al que convive con la sabidur\u00ed\u00ada (Sg 7,27s).<br \/>\nDe manera muy especial Dios ama a los disc\u00ed\u00adpulos aut\u00e9nticos de su Hijo: los creyentes (Rm 1,7; lTm 6,2 ), aunque los corrige y los pone a prueba (Heb 12,5s). Son objeto de este amor todos los que ayudan generosa y gozosamente a los pobres (2Co 9,7). Jes\u00fas puede asegurar a sus amigos esta maravillosa verdad: son amados por el Padre (Jn 16,27); pero \u00e9l siente la necesidad de orar a Dios, para que inunde a sus amigos de su amor (Jn 17,26).<br \/>\n150<br \/>\n2. El amor del Se\u00f1or en la historia de la salvaci\u00f3n.<br \/>\n\u00c2\u00a1d\u00ed\u00ados es amor! El ama siempre. Su amor no se limita al acto de crear, sino que se manifiesta continuamente en la existencia de la humanidad. La historia de la salvaci\u00f3n es la revelaci\u00f3n m\u00e1s elocuente y concreta del amor del Se\u00f1or; m\u00e1s a\u00fan, constituye el di\u00e1logo m\u00e1s fascinante de amor entre Dios y el hombre.<br \/>\n151<br \/>\na) El Se\u00f1or ama a su pueblo. Dios ama a todas las criaturas y a todos los hombres, pero sinti\u00f3 un amor especial por Israel y por Jeru-sal\u00e9n, su ciudad. El c\u00e1ntico de amor de la vi\u00f1a ilustra con im\u00e1genes concretas y elocuentes todas las atenciones y solicitudes del Se\u00f1or por la casa de Israel (Is 5,1-7). Realmente, Dios am\u00f3 a Jacob (MI 1,2); por esta raz\u00f3n el Se\u00f1or puede declarar a su esposa: \u2020\u0153Con amor eterno te he amado, por eso te trato con lealtad\u2020\u009d (Jr31,3). Efra\u00ed\u00adn es para Dios un hijo querido; un ni\u00f1o que hace sus delicias, ante el que se conmueve con cari\u00f1o (Jr 31,20). Israel fue amado por el Se\u00f1or desde su infancia, cuando viv\u00ed\u00ada en Egipto, siendo educado por \u00e9l con ternura y atra\u00ed\u00addo con lazos amorosos Os 11,1-4). Este pueblo es muy precioso para \u00e9l; tiene un gran valor a los ojos de Dios, porque es amado por \u00e9l (Is 43,4). Jacob es el siervo del Se\u00f1or, el elegido al que ama (Is 44,2); por este motivo Dios, en su gran amor y en su clemencia, lo rescat\u00f3 (Is 63,9). En efecto, tras el castigo por su infidelidad al pacto de amor con el Se\u00f1or, Israel ser\u00e1 amado de nuevo por su esposo divino (Os 2,25); y por eso ser\u00e1 atendido, curado e inundado de gozo, de paz y de bendici\u00f3n (Jr31,3-14 33,6ss). Dios renovar\u00e1 a Si\u00f3n por su amor y se alegrar\u00e1 de la salvaci\u00f3n de su pueblo (So 3,16s). El salmista celebra el amor del Se\u00f1or a su pueblo proclamando que ha sometido todas las naciones a Israel, porque lo ha amado (SaI 47,5). Debido a este amor el Se\u00f1or no quiso escuchar las maldiciones de Bala\u00e1n contra su pueblo, cambi\u00e1ndDIAS m\u00e1s bien en bendiciones (Dt 23,6). Este amor divino se encuentra en el origen del prodigio del man\u00e1, con el que el Se\u00f1or aliment\u00f3 a su pueblo durante el \u00e9xodo (Sg 16,24ss). Este amor de Dios a Israel fue reconocido<br \/>\n 152 3<br \/>\ntambi\u00e9n por el pagano rey de Tiro (2Cr 2,10), mientras que Pablo proclama que los jud\u00ed\u00ados, incluso despu\u00e9s de haber rechazado a su mes\u00ed\u00adas y salvador, son amados por Dios por causa de los padres, puesto que los dones y la elecci\u00f3n son irrevocables (Rom ll,28s).<br \/>\nEste amor del Se\u00f1or a su pueblo tuvo una concreci\u00f3n especial en la historia de Israel: la fundaci\u00f3n de la ciudad del mes\u00ed\u00adas. Efectivamente, Je-rusal\u00e9n fue objeto de un amor especial de Dios. Los salmistas y los profetas cantan este amor. El Se\u00f1or ha escogido el monte Si\u00f3n porque lo ha amado (SaI 76,68); ama las puertas de Si\u00f3n m\u00e1s que cualquiera otra de las moradas de Jacob (Sal 87,2). Este amor es fuente de esperanza y de gozo; por eso el profeta anima a Je-rusal\u00e9n, asegur\u00e1ndole que el Se\u00f1or la renovar\u00e1 por medio de su amor (So 3,16s).<br \/>\nEn efecto, el amor de Dios triunfar\u00e1 y obtendr\u00e1 la victoria sobre el pecado, la idolatr\u00ed\u00ada y la infidelidad de su pueblo, haci\u00e9ndolo de nuevo capaz de amar; el Se\u00f1or lo unir\u00e1 consigo para siempre en el amor y la fidelidad (Os 2,21-25), transformar\u00e1 su coraz\u00f3n de piedra y le dar\u00e1 un coraz\u00f3n nuevo, con el que conocer\u00e1 espont\u00e1nea y vitalmente a su Dios (Jer 31 ,33s; Ez 36,26s): \u2020\u0153Con amor eterno te he amado, por eso te trato con lealtad\u2020\u009d (Jr31,3). Efectivamente, el amor del Se\u00f1or a su pueblo es m\u00e1s tierno y m\u00e1s fuerte que el de una madre a su hijo (Is 49,15).<br \/>\nSi Dios am\u00f3 de forma tan concreta y eficaz a Israel, no ha demostrado menos amor a su nuevo pueblo, la Iglesia (2Ts 2,16). M\u00e1s a\u00fan; en la \u00faltima fase de la historia de la salvaci\u00f3n, con la llegada del mes\u00ed\u00adas y la creaci\u00f3n de la comunidad escatol\u00f3gi-ca, el amor del Se\u00f1or ha alcanzado la expresi\u00f3n y la concreci\u00f3n suprema. Dios am\u00f3 al mundo hasta tal punto que le dio a su \u00fanico Hijo, el cual salva a la humanidad mediante la Iglesia (Jn 3,16s), recogiendo en la unidad a los hijos dispersos de Dios, es decir, dando vida al nuevo pueblo de Dios con su muerte redentora (Jn 11 ,Sis). En efecto, los miembros de la Iglesia, amigos de Cristo, son amados por el Padre (Jn 14,21; Jn 16,27; Jn 1 Tes Jn 1,4); este amor se concreta en la inhabitaci\u00f3n de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad en el coraz\u00f3n de los fieles (Jn 14,23). La prueba suprema del amor de Dios a su pueblo est\u00e1 constituida por el env\u00ed\u00ado del Hijo al mundo (1Jn 4, 9s. 19), para que llevase a cabo la redenci\u00f3n de la humanidad con su muerte en la cruz (Rm 5,8). Este amor de Dios por los miembros de la Iglesia se concret\u00f3 en el don de la filiaci\u00f3n divina: \u2020\u0153Mirad qu\u00e9 gran amor nos ha dado el Padre al hacer que nos llamemos hijos de Dios y lo seamos de verdad\u2020\u009d (1Jn 3,1). En la oraci\u00f3n de su \u2020\u0153hora\u2020\u009d Jes\u00fas pide para su pueblo el don de la unidad perfecta, para que el mundo reconozca que el Padre am\u00f3 a la Iglesia como am\u00f3 a su Hijo (Jn 17,23). El maestro pide que ese amor reine siempre y se manifieste continuamente dentro de su comunidad (Jn 17,26).<br \/>\nEste amor divino es acogido con la fe (1Jn 4,16) y constituye el secreto de las victorias de la Iglesia contra el mal y la muerte en todos los tiempos, pero sobre todo bajo el peso de las pruebas y de las tribulaciones (Rom 8,35ss). El pueblo de Dios realiza la experiencia del amor divino mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu, que se derrama en el coraz\u00f3n de los creyentes (Rm 5,5). Este amor constituye el bien supremo de la Iglesia, del que no puede separarla jam\u00e1s ninguna fuerza o poder\u00ed\u00ado adverso (Rom 8,38s). En realidad, el Se\u00f1ores el Dios del amor (2Co 13,11); m\u00e1s a\u00fan, el amor tiene su origen en \u00e9l (1Jn 4,7), porque \u00e9l es el amor (1Jn 4,8; 1Jn 4,16).<br \/>\n152<br \/>\nb) Amor ben\u00e9volo y alianza. En el AT se le reserva un puesto muy importante al aspecto del amor ligado ala alianza, pero trascendi\u00e9ndola, en cuanto que ese amor indica la misericordia del Se\u00f1or con su pueblo debido a su fidelidad al pacto sina\u00ed\u00ad-tico. No solamente muestra Dios su amor tierno y ben\u00e9volo a su esposa por ser fiel a la alianza, sino que perdona las infidelidades de Israel y sigue concedi\u00e9ndole su asistencia salv\u00ed\u00adfica, ya que ama a su criatura de un modo espont\u00e1neo, casi irracional, al menos seg\u00fan la l\u00f3gica humana. Pues bien, esta actitud divina de amor fiel y misericordioso se expresa mediante el t\u00e9rmino hesed, imposible de traducir a las lenguas modernas, y que se indica con varios sustantivos:<br \/>\ngracia, amor, misericordia, benevolencia. El Se\u00f1or, por labios del profeta Oseas, le promete a su esposa unirla consigo para siempre en la justicia, en la santidad, en el amor o benevolencia y en la misericordia cari\u00f1osa (Os 2,21). En realidad, este Dios am\u00f3 a Israel con un amor tierno y lo condujo con benevolencia y amor (Jr31,3). El es el Dios fiel, que mantiene la alianza y la benevolencia o amor a quienes lo aman Dt 7,9), pero de manera especial a su pueblo, debido al pacto y al amor ben\u00e9volo que jur\u00f3 a los padres Dt 7,12). En estos \u00faltimos pasajes se subraya la relaci\u00f3n del hesed con la alianza; pero a este prop\u00f3sito hay que recordar que el pacto sancionado por el Se\u00f1or con Israel no es de car\u00e1cter paritario y ?revalentemente jur\u00ed\u00addico, sino que expresa el amor salv\u00ed\u00adfico, la gracia, la benevolencia de Dios, aunque con la connotaci\u00f3n de su fidelidad a la alianza.<br \/>\nEn el salterio se invoca o se exalta continuamente este amor ben\u00e9volo del Se\u00f1or. El hombre piadoso que sufre suplica a Dios que lo salve y le socorra con su benevolencia (Sal 6,5), que se acuerde de \u00e9l seg\u00fan su amor misericordioso (Sal 25,7). El Se\u00f1or es verdaderamente el Dios de la benevolencia (Sal 59,11; Sal 59,18); todos sus senderos son amor ben\u00e9volo y fidelidad (Sal 25,10), que superan los cielos (Sal 36,6<br \/>\n 153 4<br \/>\n). El israelita, confiando en la gracia ben\u00e9vola de Dios (Sal 13,6), a semejanza del rey (Sal 21,8), se ver\u00e1 siempre acompa\u00f1ado de este amor misericordioso (Sal 23,6). En el Ps 89 se canta este amor ben\u00e9volo? del Se\u00f1or a David y su descendencia (vv. lss), que jam\u00e1s fallar\u00e1, a pesar de la infidelidad del hombre (vv. 29-38). El Se\u00f1or corona con este amor misericordioso incluso al pecador, renov\u00e1ndolo con su perd\u00f3n Sal 103, 3ss). El amor ben\u00e9volo del Se\u00f1or es eterno; por eso los salmistas invitan a todos a alabar y a dar gracias a este Dios bueno por ese amor misericordioso tan grande (Sal 106,1; Sal 107,1; Sal 107,8; Sal 107,15 117,ls; 118,lss, etc. ). Las intervenciones salv\u00ed\u00adficas del Se\u00f1or en la historia de Israel encuentran su fuente y su explicaci\u00f3n en este amor ben\u00e9volo de Dios; m\u00e1s a\u00fan, la misma creaci\u00f3n es fruto de este heseddivino; el Ps 136 presenta po\u00e9ticamente a Dios creador y salvador, caracterizado por este amor ben\u00e9volo: la frase \u2020\u0153porque es eterno su amor\u2020\u009d forma el estribillo y la aclamaci\u00f3n de cada vers\u00ed\u00adculo.<br \/>\nEn este contexto no podemos dejar de llamar la atenci\u00f3n sobre la famosa end\u00ed\u00adadis hesed we \u2020\u02dcemet, que significa el amor fiel a las personas con las que uno est\u00e1 ligado mediante un pacto por el v\u00ed\u00adnculo de la sangre. En el AT se apela frecuentemente a este amor fiel del Se\u00f1or para implorar su misericordia y su ayuda. Mois\u00e9s en el Si-na\u00ed\u00ad apela en su oraci\u00f3n a esta bondad benigna o amor misericordioso del Se\u00f1or, como fruto de su fidelidad al pacto (Ex 34,6s). El salmista celebra y exalta este amor ben\u00e9volo y fiel del Se\u00f1or (Sal 40,11) y lo invoca con ardor en las situaciones desesperadas de la existencia para ser salvado ). Con la protecci\u00f3n de este amor fuerte y misericordioso no hay por qu\u00e9 temer ninguna adversidad; por eso mismo se apela a \u00e9l (Sal 40,12; Sal 61,8).<br \/>\n153<br \/>\nc) Los amigos de Dios. En el pueblo de Dios algunas personas en particular son amadas por el Se\u00f1or porque desempe\u00f1an una misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y han amado con todo el coraz\u00f3n a su Dios, adhiri\u00e9ndose a \u00e9l por completo, escuchando su voz y viviendo su palabra: tales son los padres de Israel, Mois\u00e9s, los justos, el rey David; se les llama amigos de Dios. \/ Abrah\u00e1n es el primer padre de Israel, presentado como amigo del Se\u00f1or (2Cr 20,7; 1s41,8; Dn 3,35; St 2,23). Dios convers\u00f3 afablemente con este siervo suyo y le manifest\u00f3 sus proyectos, lo mismo que se hace con un amigo \u00ed\u00adntimo (Gen 18,l7ss). Tambi\u00e9n Benjam\u00ed\u00adn fue considerado de tal modo porque fue amado por el Se\u00f1or (Dt 33,12). \u00c2\u00a1 Mois\u00e9s es otro gran amigo de Dios: hablaba con \u00e9l cara a cara, lo mismo que habla un hombre con su amigo (Ex 33,11). Mois\u00e9s fue amado por Dios y por los hombres; su memoria ser\u00e1 bendita (Si 45,1); en efecto, \u00e9l fue el gran mediador de la revelaci\u00f3n del amor misericordioso del Se\u00f1or (Ex 34,6s; N\u00fam 14,18s; Dt 5,9s). Tambi\u00e9n \u00c2\u00a1Samuel fue amado por el Se\u00f1or (Si 46,13), lo mismo que \u00c2\u00a1 David y Salom\u00f3n (2S 12,24 ICr\u00f3n 2S 17,16 [LXX]; Si 47,22; Ne 13,26), y lo mismo el siervo del Se\u00f1or (Is 48,14). Finalmente, todos los hombres fieles y piadosos son amigos de Dios (Sal 127,2).<br \/>\nEn el NT los amigos de Dios y de su Hijo son los creyentes (cf 1 Tes 1,4; 2Ts 2,13; Col 3,12), y de manera especial los ap\u00f3stoles y los primeros disc\u00ed\u00adpulos, que son amados por el Padre y por Jes\u00fas Jn 14,21; Jn 17,23). Pero es preciso merecer esta amistad divina, observando y guardando la palabra del Hijo de Dios (Jn 14,23s), es decir, creyendo vitalmente en \u00e9l (Jn 17,26). En el grupo de los primeros seguidores de Cristo hay uno que es designado especialmente por el cuarto evangelista como \u2020\u0153el disc\u00ed\u00adpulo amado\u2020\u009d, es decir, el amigo de Jes\u00fas (Jn 21,7; Jn 21,20), que se reclin\u00f3 sobre el pecho del maestro Jn 13,23), es decir, vivi\u00f3 en profunda intimidad con el Hijo de Dios, lo sigui\u00f3 hasta el Calvario (Jn 18,15 19,26s)y lo am\u00f3 intensamente (Jn 20,2-5).<br \/>\n154<br \/>\nd) El Padre ama al Hijo. Dios ama las cosas creadas, a los hombres, a su pueblo, y de manera especial a los justos y a los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo; pero el objeto primero y principal de su amor es su Hijo unig\u00e9nito, el Verbo hecho carne. El Padre en persona proclama a Jes\u00fas, su Hijo predilecto y amado; a la orilla del Jord\u00e1n, durante el bautismo de Cristo, hizo o\u00ed\u00adr su voz: \u2020\u0153T\u00fa eres mi Hijo amado (ho agap\u00e9\u00ed\u00ad\u00f3s)\u2020\u009d(Mc 1,11 y par). An\u00e1loga proclamaci\u00f3n se oye en la cima del Tabor, durante la transfiguraci\u00f3n de Jes\u00fas (Mc 9,7 y par.; 2P 1,17). En la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas se presenta al heredero como hijo amado, con evidente alusi\u00f3n a Jes\u00fas (Mc 12,6 y par.). El primer evangelista recoge tambi\u00e9n el or\u00e1culo prof\u00e9ti-co de Is 42,lss, en donde se presenta al mes\u00ed\u00adas como el siervo amado por el Se\u00f1or (Mt 12,18).<br \/>\nEn realidad, el Padre ama al Hijo ya desde la eternidad (Jn 17,24); por eso lo ha puesto todo bajo su poder (Jn 3,35). Este amor \u00fanico explica la raz\u00f3n de por qu\u00e9 el Padre muestra al Hijo todo lo que hace Jn 5,20). Por otro lado, Jes\u00fas es Hijo obediente, dispuesto a ofrecer su vida para cumplir la voluntad del Padre; por eso lo ama el Padre (Jn 10,17). Este amor tan fuerte y profundo es an\u00e1logo al que siente Jes\u00fas por sus amigos (Jn 15,9). Por consiguiente, Cristo es el amado por excelencia, el predilecto del Padre Ef 1,6), que ha arrancado a los creyentes del dominio de las tinieblas para trasladarlos al reino del Hijo de su amor (Col 1,13).<br \/>\n 155 5<br \/>\n155<br \/>\ne) La elecci\u00f3n de amor.<br \/>\nEl Deuteronomio en particular presenta la historia de Israel como una elecci\u00f3n de amor: Dios escogi\u00f3 a este pueblo, no porque fuera mayor y mejor que las dem\u00e1s naciones, sino porque lo am\u00f3 con un amor de predilecci\u00f3n. El Se\u00f1or escogi\u00f3 para s\u00ed\u00ad a este pueblo y lo hizo suyo con pruebas, signos, portentos, luchas, con mano fuerte y brazo extendido, aplastando a naciones m\u00e1s poderosas, para hacerlo entrar en posesi\u00f3n de la tierra prometida, s\u00f3lo porque am\u00f3 a sus padres (Dt 4,34-38). Por amor a los padres, el Se\u00f1or se uni\u00f3 con los israelitas, escogi\u00e9ndolos entre todos los pueblos (Dt 10,15). La raz\u00f3n \u00faltima de la elecci\u00f3n y de la liberaci\u00f3n de Israel reside, por tanto, \u00fanicamente en el amor especial de Dios a este pueblo (Dt 7,7s). El Se\u00f1or escogi\u00f3 a Jacob porque lo am\u00f3 m\u00e1s que a Esa\u00fa (Mal l,2s; Rm 9,13; Rm 9,25).<br \/>\n156<br \/>\nf) Amor, castigo y perd\u00f3n.<br \/>\nEl Se\u00f1or am\u00f3 a Israel con un amor tan apasionado y fuerte, que uni\u00f3 a esta comunidad consigo como a una esposa. La liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto y la alianza del Sina\u00ed\u00ad son consideradas por los profetas como realidades nupciales; la epopeya del \u00e9xodo representa la celebraci\u00f3n del matrimonio entre el Se\u00f1or e Israel. Desgraciadamente, esta esposa se mostr\u00f3 muy pronto infiel; se prostituy\u00f3 a los dioses extranjeros, abandonando al \u00fanico verdadero Dios. \u00bfQu\u00e9 har\u00e1 este esposo celoso despu\u00e9s de las traiciones y adulterios de su esposa? La castigar\u00e1 con dureza y severidad (Os 9,15), la obligar\u00e1 a abandonar a sus amantes, la llevar\u00e1 a una conversi\u00f3n radical y profunda, y luego le conceder\u00e1 su perd\u00f3n y la rehabilitar\u00e1, destruyendo sus abominables pecados (Os 2,4-25; Os 3,1-5; Os 14,5-9): \u2020\u0153Yo los curar\u00e9 de su aposta-s\u00ed\u00ada, los amar\u00e9 de todo coraz\u00f3n, pues mi ira se ha apartado ya de ellos (Os 14,5).<br \/>\nEl Se\u00f1or por boca de los profetas denuncia la maldad de su pueblo y su escaso amor, amenaz\u00e1ndole con desventuras y castigos (Jer ll,l5ss). Dios repudia a la que era la delicia de su alma, abandon\u00e1ndolaen manos de sus enemigos (Jer 4,27ss; 12,7), golpe\u00e1ndola con un castigo despiadado por su gran iniquidad (Jer 30,14s). Sin embargo, tras el castigo vendr\u00e1 el perd\u00f3n: el Se\u00f1or curar\u00e1 las heridas de su esposa y volver\u00e1 a conducirla a la patria, mostr\u00e1ndole su compasi\u00f3n y su amor creador (Jer 30,l6ss; 31,3-14.23- 28). El profeta Ezequiel, en dos p\u00e1rrafos muy extensos y cargados \u00e1tpathos, presenta la historia de Israel en clave de amor nupcial, traicionado por la esposa del Se\u00f1or con sus adulterios y prostituciones. Este pueblo est\u00e1 simbolizado en dos hermanas, Jerusal\u00e9n y Samar\u00ed\u00ada, infieles a Dios desde su juventud, y por eso mismo castigadas severamente. Despu\u00e9s del tremendo castigo reservado a las ad\u00falteras, el Se\u00f1or volver\u00e1 a acordarse del pacto sina\u00ed\u00ad-tico y establecer\u00e1 con su esposa perdonada una alianza perenne, renov\u00e1ndola y purific\u00e1ndola de todas sus inmundicias y suciedad (Ez 16; Ez 23; Ez 36,16-36).<br \/>\nJerusal\u00e9n, bajo los golpes del castigo divino que la aniquilaron y la dejaron hecha una desolaci\u00f3n (Lam l,lss), reconoce la justicia de Dios (Lam 1,l8ss) porque se ha convertido. Tobiten su c\u00e1ntico invita a Israel a convertirse, ya que el castigo del destierro fue merecido justamente por sus iniquidades (Tob 13,3ss). Este cambio radical atrae el amor y la misericordia de Dios (Tb 13,8). Por lo dem\u00e1s, el Se\u00f1or asegura a su pueblo que lo har\u00e1 resurgir, puesto que lo ama como si no lo hubiera rechazado nunca (Za 10,6).<br \/>\nEn realidad, tambi\u00e9n el castigo es signo de amor; la prueba y la correcci\u00f3n muestran el inter\u00e9s de Dios por su pueblo, para que se convierta (Heb 12,4ss). El testigo fiel y verdadero reprocha con severidad a la Iglesia de Laodicea su frialdad y sus miserias porque la ama, y por eso la invita urgente y calurosamente a la conversi\u00f3n (Ap 3,19).<br \/>\n157<br \/>\n3. DIOS REVELA PLENAMENTE SU amor en EL Hijo.<br \/>\nEl Se\u00f1or se manifest\u00f3 concretamente en la historia de Israel como un Dios de amor y de bondad, como un padre ben\u00e9volo y piadoso que perdona todas las culpas de su pueblo y lo cura de todas sus enfermedades (cf Ps 85,2ss; 103,3.13); pero la plenitud de esta revelaci\u00f3n del amor la experimentamos en la fase final de la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n, con la venida a la tierra del Hijo unig\u00e9nito de Dios.<br \/>\n158<br \/>\na) Cristo es la manifestaci\u00f3n perfecta del amor del Padre. El NT proclama en varias ocasiones y sin equ\u00ed\u00advoco alguno que la prueba suprema del amor de Dios a la humanidad se nos ofreci\u00f3 en el don de su Hijo, el unig\u00e9nito. Por eso Jes\u00fas, con su persona y con su obra, constituye la revelaci\u00f3n plena del amor del Padre al mundo y a su pueblo. Dios no habr\u00ed\u00ada podido imaginarse ni ofrecer un signo m\u00e1s elocuente y m\u00e1s fuerte de su amor ardiente a los hombres pecadores: \u2020\u0153Porque tanto am\u00f3 Dios al mundo, que le dio a su<br \/>\n 159 6<br \/>\nHijo \u00fanico\u2020\u2122 (Jn 3,16). El Verbo encarnado constituye realmente la manifestaci\u00f3n suprema de la caridad inconcebible del Padre a la humanidad dispersa, necesitada de redenci\u00f3n y de salvaci\u00f3n. Toda la persona de Cristo es don del amor de Dios; en \u00e9l el Padre revela perfectamente los latidos de su coraz\u00f3n sol\u00ed\u00adcito por el mundo sumergido en las tinieblas del pecado.<br \/>\nEl cuarto evangelista no menciona expresamente en este pasaje la muerte en la cruz del Hijo de Dios, aun cuando est\u00e9 insinuada en el contexto pr\u00f3ximo, ya que poco antes qued\u00f3 proclamada la necesidad de que fuera levantado el Hijo del hombre a semejanza de la serpiente de bronce en el desierto (Jn 3,14). Pablo, por el contrario, declara de forma expl\u00ed\u00adcita que el signo supremo del amor de Dios para con nosotros, pecadores, se encuentra en la muerte del Se\u00f1or Jes\u00fas: \u2020\u0153Dios mostr\u00f3 su amor para con nosotros en que, siendo a\u00fan pecadores, Cristo muri\u00f3 por nosotros\u2020\u009d (Rm 5,8). El Padre nos ha amado tanto que no perdon\u00f3 ni a su propio Hijo, sino que lo entreg\u00f3 en sacrificio por todos nosotros (Rm 8,32). Cristo crucificado, sabidur\u00ed\u00ada de Dios (1Co 1,30; ICo 2,1-7), es, por consiguiente, la concreci\u00f3n plena y perfecta del amor que el Padre tiene a su Iglesia (Rm 8,39).<br \/>\nJuan en su primera carta sintetiza los dos aspectos de la revelaci\u00f3n del amor del Padre en el env\u00ed\u00ado del Hijo y en el sacrificio del Calvario: \u2020\u0153En esto se ha manifestado el amor de Dios por nosotros: en que ha mandado a su Hijo \u00fanico al mundo para que nosotros vivamos por \u00e9l. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Dios nos ha amado a nosotros y ha enviado a su Hijo como v\u00ed\u00adctima expiatoria por nuestros pecados\u2020\u009d (1Jn 4,9s). En efecto, la presentaci\u00f3n de Jes\u00fas como propiciaci\u00f3n o propiciatorio o v\u00ed\u00adctima de expiaci\u00f3n recuerda los pasajes en donde Jesucristo es proclamado propiciaci\u00f3n por nuestros pecados y por los de todo el mundo (1Jn 2,2), ya que el Hijo de Dios nos purifica de todo pecado con su sangre (1Jn 1,7; Rm 3,25). En estos textos es bastante transparente la alusi\u00f3n a la muerte redentora de Cristo. Por consiguiente, la revelaci\u00f3n o prueba suprema del amor del Padre a la humanidad pecadora est\u00e1 constituida por el Hijo, que muere en la cruz por haber amado a su Iglesia hasta el l\u00ed\u00admite supremo (Jn 13,1 lss). No puede concebirse un amor m\u00e1s grande y m\u00e1s fuerte de Dios y de su Hijo.<br \/>\n159<br \/>\nb) Jes\u00fas ama a todos los hombres: los amigos y los pecadores.<br \/>\nCristo es la manifestaci\u00f3n perfecta de la caridad divina del Padre; en realidad \u00e9l am\u00f3 de forma profunda y concreta, como solamente un hombre de coraz\u00f3n puro y un verdadero Dios pod\u00ed\u00ada amar. Jes\u00fas am\u00f3 sinceramente a todos los hombres, a los justos y a los pecadores. Observemos en primer lugar que \u00e9l quiso profundamente a sus amigos. Al ser verdadero hombre, sinti\u00f3 necesidad de la amistad, del calor de una familia a la que amar. El grupo de los primeros disc\u00ed\u00adpulos form\u00f3 su familia espiritual, a la que estuvo siempre muy apegado y cuyos miembros constitu\u00ed\u00adan sus amigos. En su segundo discurso de la \u00faltima cena les hace esta declaraci\u00f3n de amor: \u2020\u0153Vosotros sois mis amigos&#8230; Ya no os llamo siervos&#8230;; yo os he llamado amigos&#8230;\u2020\u2122 (Jn 15,14s). Baste con este recuerdo, pues al hablar de los amigos de Dios tocamos ya el presente tema.<br \/>\nEl Verbo encarnado am\u00f3 de verdad con coraz\u00f3n humano. El segundo evangelio, en la relaci\u00f3n de la vocaci\u00f3n del joven rico, indica que Jes\u00fas lo am\u00f3 apenas su interlocutor le asegur\u00f3 que hab\u00ed\u00ada guardado todos los mandamientos de Dios desde su ni\u00f1ez (Mc 10,17-21). Este amor se transform\u00f3 pronto en conmiseraci\u00f3n, ya que el joven no acogi\u00f3 la invitaci\u00f3n del maestro bueno, debido a las muchas riquezas que pose\u00ed\u00ada (Mc 10,77). Por el contrario, en el caso de L\u00e1zaro y de sus hermanas, Jes\u00fas demostr\u00f3 una amistad s\u00f3lida y profunda. Mar\u00ed\u00ada y Mar\u00ed\u00ada pueden contar con el apoyo de Jes\u00fas; por eso, con ocasi\u00f3n de la enfermedad mortal de su hermano, le env\u00ed\u00adan este recado: \u2020\u0153Tu amigo est\u00e1 enfermo\u2020\u009d (Jn 11,3). La indicaci\u00f3n del evangelista sobre el amor del maestro por la familia de L\u00e1zaro (Jn 11,5) insiste en que Jes\u00fas se hab\u00ed\u00ada encari\u00f1ado mucho con aquellos hermanos. Pero la observaci\u00f3n que pone m\u00e1s de manifiesto el profundo amor de Cristo por el amigo muerto radica en sus l\u00e1grimas, expresi\u00f3n de amor profundo, hasta el punto de que los jud\u00ed\u00ados comentan: \u2020\u0153Mirad cu\u00e1nto lo quer\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Jn ll,35s).<br \/>\nJes\u00fas quiso sincera y profundamente a sus amigos, pero es el salvador de todos los hombres (Jn 4,42); por consiguiente, no excluye a nadie de su coraz\u00f3n; m\u00e1s a\u00fan, los pobres y los pecadores son el objeto privilegiado de su caridad divina. Los sin\u00f3pticos est\u00e1n de acuerdo en se\u00f1alar la familiaridad del maestro con los publica-nos y los pecadores; en la descripci\u00f3n de la vocaci\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad se mostr\u00f3 vivamente este comportamiento de Jes\u00fas, que para los escribas y fariseos se convierte en motivo de esc\u00e1ndalo y ocasi\u00f3n de reproche y contestaci\u00f3n, ya que el maestro comparti\u00f3 su mesa y comi\u00f3 con los pecadores, personas aborrecibles para los \u2020\u0153justos\u2020\u2122 (Mc 2,13-16 y par). La respuesta de Jes\u00fas Jesu\u00ed\u00adta muy luminosa sobre su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, y por tanto sobre su conducta: \u2020\u0153No tienen necesidad de m\u00e9dico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores(Mc 2,17 y par). El tercer evangelista a\u00f1ade la expresi\u00f3n \u2020\u0153para que se conviertan\u2020\u009d (Lc 5,32), indicando que el maestro con su amor intenta<br \/>\n 160 7<br \/>\nfavorecer el cambio -radical de vida de los pecadores. Jes\u00fas es el m\u00e9dico divino, que ha venido a-curar a la humanidad herida mor&#8211;talmente por el pecado; por eso, para poder cumplir con su misi\u00f3n, es decir, para devolver la salud y salvar a los pecadores, tiene que amarlos, tiene que interesarse por ellos, tiene que visitarlos y estar cerca de ellos. Era i\u00e1n evidente el inter\u00e9s, el amor, la familiaridad de Jes\u00fas con los peca-idores, que sus calumniadores lo defin\u00ed\u00adan como \u2020\u0153amigo de los publicados y de los pecadores\u2020\u009d Mt 11,19 = Xc7,34).<br \/>\nEl evangelista que describe con especial esmero la amistad de Jes\u00fas con los pecadores es Lucas. Se deleita refiriendo palabras y representando escenas de conversi\u00f3n, en las que resulta conmovedor el cari\u00f1o de Jes\u00fas \u00bfpor esas personas, que los \u2020\u0153justos\u2020\u009d ryitan y desprecian. La descripci\u00f3n Qs la unci\u00f3n de los pies del maestro por parte de la prostituta en la casa del fariseo Sim\u00f3n constituye una escena de fino arte dram\u00e1tico y de profunda soteriolog\u00ed\u00ada. La confrontaci\u00f3n de los dos personajes, el \u2020\u0153justo\u2020\u009d y la pecadora, hace resaltar por oposici\u00f3n no s\u00f3lo la fe y el amor de la mujer, sino tambi\u00e9n la compasi\u00f3n y la misericordia del Se\u00f1or. En efecto, Jes\u00fas defiende a la pecadora, y muestra al fariseo que la ha salvado su fe. Jes\u00fas la ha acogido, se ha dejado tocar, lavar y ungir los pies por ella (con grave esc\u00e1ndalo del \u2020\u0153justo\u2020\u009d Sim\u00f3n), porque la ama, ya que es el salvador de todos los hombres (Lc 7,36-50). En el episodio de la conversi\u00f3n de Zaqueo, que es una copia del relato de la vocaci\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad, se subraya la finalidad salv\u00ed\u00adfica de la amistad de Jes\u00fas con este \u2020\u0153archipublicano\u2020\u009d (jefe de los publ\u00ed\u00adcanos). Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad se recogen las murmuraciones de los justos por haberse autoinvitado el maestro a la casa de ese pecador p\u00fablico. Jes\u00fas, despu\u00e9s de proclamar que su visita ha tra\u00ed\u00addo la salvaci\u00f3n, declara que ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido (Lc 19,1-10). Cristo es realmente el buen pastor, que va en busca de la oveja perdida y no desiste en su empe\u00f1o hasta haberla encontrado; cuando finalmente la encuentra, la pone sobre sus hombros, lleno de gozo, y celebra una gran fiesta con los amigos y los vecinos para hacerlos part\u00ed\u00adcipes de su felicidad; tanto ama el buen pastor a sus ovejas! (Lc 15,4ss). Obs\u00e9rvese que las tres maravillosas par\u00e1bolas de la misericordia divina (Lc 15,3-32) brotaron del coraz\u00f3n de Cristo para justificar su comportamiento amoroso y familiar con los publica-nos y pecadores frente a las murmuraciones de los fariseos y de los escribas, los \u2020\u0153justos\u2020\u009d (Lc 15,1-3). Pablo es uno de esos pecadores conquistados por el amor del buen pastor; la gracia misericordiosa del Se\u00f1or Jes\u00fas sobreabund\u00f3 en \u00e9l con la fe y el amor que hay en Cristo (lTm 1,14).<br \/>\n160<br \/>\nc) El amor de Jes\u00fas a la Iglesia.<br \/>\nEl Hijo de Dios am\u00f3 a todos los hombres y muri\u00f3 efectivamente para salvar a todos; pero siente un amor \u00fanico, un amor esponsal, por su Iglesia, formada por las personas que acogen su palabra. En realidad, esa porci\u00f3n de la humanidad es la esposa de Cristo, amada por el esposo mesi\u00e1nico (cf Mc 2,l8ss y par; Mt 22,2ss; 25, lss; Jn 3,29) hasta el signo supremo: \u2020\u0153Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo que le hab\u00ed\u00ada llegado la hora&#8230;, Jes\u00fas, que hab\u00ed\u00ada amado a los suyos que estaban en el mundo, los am\u00f3 hasta el fin\u2020\u009d Jn 13,1). Cristo am\u00f3 en serio a su Iglesia (2Ts 2,13; Ef 2,4; Ap 3,9) y con un amor semejante al que el Padre tiene por el Hijo (Jn 15,9), ofreci\u00e9ndole la prueba suprema del amor: el sacrificio de su vida por su salvaci\u00f3n (Jn 15,13; 1Jn 3,16); a Jesucristo, \u2020\u0153a aquel que nos ama y nos ha lavado de nuestros pecados con su propia sangre y nos ha hecho un reino de sacerdotes para su Dios y Padre, a \u00e9l la gloria y el poder por los siglos de los siglos\u2020\u009d (Ap 1,5).<br \/>\nJes\u00fas am\u00f3 concretamente a su esposa, ofreci\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismo por ella como oblaci\u00f3n y sacrificio de suave olor a Dios (Ef 5,2)). La Iglesia es realmente la esposa de Cristo, objeto de su caridad divina; ha sido salvada con su muerte redentora, actualizada y hecha eficaz en los sacramentos.\u2020\u009d \u2020\u0153Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por ella, a fin de santificarla por medio del agua del bautismo y de la palabra\u2020\u009d (Ep 5,25s).<br \/>\nNinguna adversidad ni ninguna fuerza enemiga podr\u00e1n separar a la Iglesia del amor de su esposo:<br \/>\n\u2020\u0153,Qui\u00e9n podr\u00e1 separarnos del amor de Cristo? \u00bfLa tribulaci\u00f3n, la angustia, la persecuci\u00f3n, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?&#8230; Pero en todas estas cosas salimos triunfadores por medio de aquel que nos am\u00f3\u2020\u009d (Rm 8,35; Rm 8,37). M\u00e1s a\u00fan, este amor tan fuerte y tan ardiente del Se\u00f1or Jes\u00fas, concretado en el sacrificio de la cruz, tiene que constituir la fuerza din\u00e1mica, la energ\u00ed\u00ada de la vida de la comunidad cristiana: \u2020\u0153Porque el amor de Cristo nos apremia, pensando que si uno muri\u00f3 por todos, todos murieron con \u00e9l; y muri\u00f3 por todos para que los que viven no vivan para s\u00ed\u00ad, sino para quien muri\u00f3 y resucit\u00f3 por ellos\u2020\u009d (2Co 5,14s). Pablo experiment\u00f3 en primera persona este amor del Se\u00f1or Jes\u00fas, y lo vive de forma profunda para corresponder al don de la caridad divina, concretada en la muerte del Calvario: \u2020\u0153Ya no vivo yo, pues es Cristo el que vive en m\u00ed\u00ad. Mi vida presente la vivo en la fe en el Hijo de Dios, el cual me am\u00f3 y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por m\u00ed\u00ad\u2020\u009d (Ga 2,20). Este amor de Cristo trasciende y supera todo conocimiento humano; su experiencia, tan divina y embriagadora, es un don del Padre, y por eso hay que pedirlo en la oraci\u00f3n (Ef 3, 14-19); aqu\u00ed\u00ad el autor sagrado pide por sus fieles, para que, arraigados y fundamentados en el<br \/>\n 161 8<br \/>\namor, consigan entender \u2020\u0153cu\u00e1l es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento\u2020\u009d (Vv. 18s).<br \/>\n161<br \/>\nBIBL.: AA.W., Dio \u00e9 amore, en \u2020\u0153Parola, Spirito e Vita\u2020\u009d 10 (1984); Bowen C.R., Love in the Fourth Gospel, en \u2020\u0153The Journal of Religi\u00f3n\u2020\u009d 13 (1933) 39-49; Bultmann R., El mandamiento cristiano del amor al pr\u00f3jimo, en Creerycomprenderl, Studium, Madrid 1974, 199-211; Buonaiuti E., \/ vocabolid\u2020\u2122amore nelNuovo Testamento, en \u2020\u0153Rivista Storico-Critica delle Scienze Teologiche\u2020\u009d 5 (1909) 257-264; De Gennaro G. 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Panimolle<br \/>\n162<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>I. Reflexiones met\u00f3dicas previas<br \/>\n    1. La palabra a. se entiende aqu\u00ed\u00ad de manera que puede emplearse para indicar la relaci\u00f3n de Dios con el hombre, la relaci\u00f3n del hombre con Dios y la de los hombres entre s\u00ed\u00ad (sobre este \u00faltimo aspecto cf. tambi\u00e9n &#8211;> amor al pr\u00f3jimo). Esto exige una ampliaci\u00f3n y, a par, una diferenciaci\u00f3n del concepto de a., lo cual es muy dif\u00ed\u00adcil, pues hemos de luchar con el peligro de quedarnos \u00fanicamente con una cifra casi ininteligible.<\/p>\n<p>    2. La palabra a. (o caridad) se emplea en el cristianismo de manera tan universal que designa, ya no algo particular, ya no un dato del mundo de nuestra experiencia (existencial), sino la totalidad de ese mundo seg\u00fan la forma que \u00e9l debe presentar para poder ser bueno y perfecto (aunque, por otra parte, esta bondad y perfecci\u00f3n, si su concepci\u00f3n no ha de terminar en un seco formalismo, debe ser entendida a su vez como a.). Pues la salvaci\u00f3n y la justificaci\u00f3n (o sea, el todo del hombre) son concebidas en el cristianismo como a: La salvaci\u00f3n y la justificaci\u00f3n se dan junto con el amor y no se dan sin \u00e9l. Con ello est\u00e1 ya dicho que el a. as\u00ed\u00ad entendido no puede ser definido por factores que se hallen fuera de \u00e9l o que sean sus \u00abcomponentes\u00bb simplemente como partes. El a. s\u00f3lo puede ser descrito, no definido.<\/p>\n<p>    3. Como lema misterioso (que efectivamente significa al hombre entero que se introduce siempre a s\u00ed\u00ad mismo en el misterio del Dios incomprensible) para indicar el todo (recto) del hombre, el t\u00e9rmino a. est\u00e1 codeterminado en su contenido por todo lo que pertenece al hombre, y particularmente por su historicidad. El a. tiene una historia (lo cual es m\u00e1s que un constante repetirse temporalmente), el a. aparece en su acto y en la reflexi\u00f3n sobre \u00e9l (en la teor\u00ed\u00ada sobre \u00e9l) bajo formas siempre nuevas, bajo siempre nuevos aspectos y perspectivas en el peso existencial de sus factores. De ah\u00ed\u00ad la posibilidad y el hecho real de que el t\u00e9rmino a. pertenezca al peque\u00f1o grupo de las palabras claves bajo las cuales se intenta esclarecer el todo de la existencia que se realiza hist\u00f3ricamente. As\u00ed\u00ad se explica que \u00abamor\u00bb, como palabra que apunta a la totalidad de la existencia humana y no significa \u00fanicamente un proceso particular de la misma, aparezca de alguna manera en todas las religiones (cf. TH. OHM, Die L. xu Gott in den nichtchristlichen Religionen, 1950, Fr 21957). El a. es ya muy central en la teolog\u00ed\u00ada del Deuteronomio (Dt 6, 4s, etc.), pero s\u00f3lo en el NT viene a ser lema prop\u00ed\u00adsimo y central\u00ed\u00adsimo, aun cuando luego en la historia de la teolog\u00ed\u00ada apenas se sostenga claramente este punto. Y, en efecto, aun hoy d\u00ed\u00ada es objetivamente posible mirar este acto fundamental del hombre entero respecto de Dios y de su pr\u00f3jimo bajo otro aspecto y, por ende, con otro concepto clave. Para &#8216;ello se ofrecen b\u00ed\u00adblicamente y dentro de la historia de la teolog\u00ed\u00ada sobre todo, naturalmente, la -> fe o la &#8211;> esperanza; pero cabe tambi\u00e9n imaginar otras ideas semejantes que sean tan centrales y claves como \u00e9sas. A semejanza de la relaci\u00f3n mutua entre los transcendentales (ens, unum, verum, bonum) en medio de su unidad y diferencia, los cuales forman todos juntos una realidad \u00faltima, cada una de las palabras a las que hemos aludido, cuando su contenido es pensado hasta el fin, fluye hacia la otra (y puede ser as\u00ed\u00ad palabra clave o central) y, sin embargo, no dice simplemente lo mismo. Si bien, pensando hist\u00f3ricamente y con discreci\u00f3n querigm\u00e1tica, hemos de tener siempre en cuenta la permutabilidad de lo que en esas ideas claves y relativas a la totalidad del hombre permanece diferente, y esto para no sobrecargar la palabra a. en el querigma, sin embargo, dicho vocablo sigue siendo el t\u00e9rmino neotestamentario para significar lo que es Dios y lo que debe ser el hombre, conservando su validez incluso para la posterior predicaci\u00f3n del mensaje cristiano.<\/p>\n<p>    4. El problema metodol\u00f3gico se agudiza todav\u00ed\u00ada si el a. se predica de Dios hasta llegar a decir que Dios es el a.; el a. es, consiguientemente, su \u00abesencia\u00bb (Deus formaliter est caritas, dice Duns Escoto). Puede naturalmente hacerse comprender (cf. despu\u00e9s iii) qu\u00e9 se quiere decir cuando Dios es llamado amor. Pero, en este predicado, hay que pensar siempre a la vez que el a. entra en el misterio absoluto, que es Dios, y, consiguientemente, se hace tambi\u00e9n incomprensible para nosotros. Y la afirmaci\u00f3n de que Dios nos ama s\u00f3lo puede hacerse en un acto de fe y de esperanza radicales, puesto que este a. de Dios para con nosotros no es simplemente lo experimentado como la cosa m\u00e1s natural del mundo, sino lo esperado por la fe \u00abcontra toda esperanza\u00bb (Rom 4, 18).<\/p>\n<p>II. Amor en general<br \/>\n1. Ensayos cl\u00e1sicos de descripci\u00f3n<br \/>\n    Aqu\u00ed\u00ad no puede darse una historia filos\u00f3fica y teol\u00f3gica del concepto de a. No puede sobre todo darse una fenomenolog\u00ed\u00ada del a., tal como es vivido por el hombre en sus experiencias de interhumanidad condicionadas corporal e hist\u00f3ricamente (relaci\u00f3n de hijo y madre, a. sexual en sentido estricto etc.) (&#8211;> matrimonio, &#8211;> sexualidad). S\u00f3lo cabe llamar la atenci\u00f3n sobre algunos temas de la filosof\u00ed\u00ada y de la teolog\u00ed\u00ada que nos parecen adecuados para mostrar el contenido del concepto y sus matices. En este punto no siempre es posible delimitar estrictamente las diversas opiniones. Tampoco vamos a ofrecer la historia de las distintas interpretaciones; nos limitaremos m\u00e1s bien a esbozar el n\u00facleo permanente del problema.<\/p>\n<p>    a) El a. como amor benevolentiae y amor concupiscentiae, amor desinteresado e interesado. Si el a. se entiende de antemano como el acto total en que una -> persona adquiere la recta y plena relaci\u00f3n con otra persona (-> acto moral), en cuanto conoce y afirma la totalidad del otro en su bondad y dignidad, danse de antemano dos aspectos de esta relaci\u00f3n: la referencia de un sujeto (amante) al otro sujeto (amado) y la relaci\u00f3n inversa, que es igualmente aprehendida y aceptada en el acto del amor. El sujeto en su &#8211;> transcendencia y -> libertad, por las que puede aprehender el en s\u00ed\u00ad y para s\u00ed\u00ad del sujeto y as\u00ed\u00ad cabalmente llegar a la m\u00e1s propia realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo (a su \u00abdicha\u00bb, \u00abfelicidad\u00bb o \u00abbienaventuranza\u00bb), conoce y afirma al otro sujeto en su autonom\u00ed\u00ada, dignidad e insustituible diversidad como algo \u00aben s\u00ed\u00ad\u00bb, v\u00e1lido por s\u00ed\u00ad mismo; quiere al otro sujeto como lo permanentemente otro. Pero el sujeto aprehende y afirma al mismo tiempo la importancia que para \u00e9l tiene el otro y lo refiere a s\u00ed\u00ad mismo. Desde este punto de vista, el amor benevolentiae y el amor concupiscentiae no son en el a. ant\u00ed\u00adtesis que mutuamente se combaten, sino aspectos diversos del \u00fanico a., los cuales est\u00e1n fundados en la transcendentalidad del sujeto que puede (querer) afirmar, del sujeto que est\u00e1 ordenado no s\u00f3lo por el conocimiento, sino tambi\u00e9n por la voluntad al algo en-s\u00ed\u00ad de la realidad personal como otro yo, y que precisamente aprehendiendo su alteridad lo conoce como importante para \u00e9l. Con ello no se excluyen desplazamientos rec\u00ed\u00adprocos de acento en estos factores del \u00fanico a. As\u00ed\u00ad se explica que la tradicional teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica haya elaborado m\u00e1s bien la ant\u00ed\u00adtesis entre el amor concupiscentiae y el amor benevolentiae, hasta admitir una separabilidad de ambos actos. Pero en tal caso el amor benevolentiae aparece como exaltaci\u00f3n o estima desinteresada del otro o (con Espinoza) como mero motor de un conocimiento \u00abobjetivo\u00bb (amor intellectualis Dei), y el amor concupiscentiae se presenta como \u00abego\u00ed\u00adsta\u00bb, quedando clasificado entonces en la virtud teologal de la &#8211;> esperanza m\u00e1s bien que en la virtud de la caridad (el amor benevolentiae, como respuesta a la comunicaci\u00f3n de Dios, que por la gracia posibilita y sostiene esta respuesta). Pero, a pesar de la posibilidad (particularmente en la historia individual) de desplazar los acentos entre los dos aspectos, seria de considerar que el a. m\u00e1s desinteresado y ext\u00e1tico, como la acci\u00f3n m\u00e1s radical del hombre, es \u00bb apasionado\u00bb en su sentido m\u00e1s sublime (de lo contrario no ha alcanzado la plenitud de su esencia) y cabalmente como tal constituye la beatificante afirmaci\u00f3n de la esencia propia del sujeto. E igualmente hemos de tener en cuenta c\u00f3mo un amor concupiscentiae que quisiera buscar al otro como mero medio de su propia dicha ya no ser\u00ed\u00ada a., sino satisfacci\u00f3n ego\u00ed\u00adsta del apetito sensitivo, el cual busca lo particular, y en ese caso el sujeto mismo no encontrar\u00ed\u00ada tampoco su propia esencia. (Partiendo de ah\u00ed\u00ad cabr\u00ed\u00ada, p. ej., componer, desde su ra\u00ed\u00adz, la vieja contienda entre atrici\u00f3n y contrici\u00f3n; cf. &#8211;> conversi\u00f3n).<\/p>\n<p>    b) Eros &#8211; agape. Esta distinci\u00f3n (elaborada por A. NYGREN, Eros und Agape, [2 tomos] G\u00fc 1930-37) quiere decir que eros, en la interpretaci\u00f3n griega del a., es el a. concupiscente, apasionado, el cual, arrebatado y ext\u00e1tico ante la bondad y belleza previamente dada y est\u00e9ticamente contemplada del t\u00fa amado, trata de atraerlo hacia \u00e9l como un factor de su propia dicha; en contraste con ello, el \u00e1gape o la caridad (en sentido b\u00ed\u00adblico) ser\u00ed\u00ada el a. de Dios que se inclina a lo peque\u00f1o y pecador, a lo carente de valor, el a. que regala sin recibir, se prodiga neciamente y s\u00f3lo por su propia acci\u00f3n hace al hombre digno de este amor; y, finalmente, s\u00f3lo por pura gracia de Dios se le da al hombre parte en este \u00e1gape divino con que \u00e9l ama a Dios mismo y a su pr\u00f3jimo. En esta distinci\u00f3n es por de pronto exacto y religiosamente importante, que s\u00f3lo el a. de Dios puede ser real y absolutamente creador, que el a. creado se entiende siempre como respuesta a la bondad previamente dada (la cual a la postre es el a. originario de Dios), y que la inclinaci\u00f3n radical al pr\u00f3jimo y a Dios es posibilitada y sostenida por aquel a. incondicional de Dios para con nosotros que va anejo a la autocomunicaci\u00f3n divina. Pero la diferencia no puede simplemente entenderse como diferencia entre el a. pagano y el a. cristiano, o como formas del a. que mutuamente se excluyeran. Pues la comunicaci\u00f3n de Dios, la cual, sobrepasando los l\u00ed\u00admites de la revelaci\u00f3n de la palabra v\u00e9tero y neotestamentaria, coexiste con toda la historia, en virtud de su universal voluntad salv\u00ed\u00adfica ofrece a todo hombre la posibilidad de un \u00e1gape &#8211; o caridad- para con Dios y para con el pr\u00f3jimo al que s\u00f3lo cabe cerrarse por culpa grave. Y el eros \u00abnatural\u00bb es ya para ello una -> potencia obediencial, porque tambi\u00e9n \u00e9l, si no mata culpablemente su propia naturaleza, quiere al otro como el otro y no s\u00f3lo como su propia dicha (la cual, en efecto, rectamente entendida y plenamente desplegada consiste en amar al otro \u00abdesinteresadamente\u00bb). En este sentido, finalmente, todo a. del hombre, aun el m\u00e1s espiritual, que a pesar de su espiritualidad es el de este hombre corp\u00f3reo, lleva siempre tambi\u00e9n una base \u00aber\u00f3tica\u00bb, de la cual no tiene por qu\u00e9 avergonzarse y que llega a su perfecci\u00f3n en la perfecci\u00f3n del a. personal (-> resurrecci\u00f3n de la carne).<\/p>\n<p>    c) Amor a s\u00ed\u00ad mismo &#8211; amor al otro. \u00bfPuede uno amarse a s\u00ed\u00ad mismo, como ya parece suponer la Escritura (Mt 22, 39), o, a causa de la ineludible culpabilidad del hombre y de la insuperable repercusi\u00f3n del &#8211;>pecado original toda afirmaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo es ego\u00ed\u00adsta y por tanto lo contrar\u00ed\u00ado del amor a pesar de su car\u00e1cter transcendental? En general la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica afirma, y con raz\u00f3n, que el a., incluso como virtud infusa de la caridad teologal, tiene tambi\u00e9n como objeto al mismo sujeto que ama (\u00c2\u00a1obligaci\u00f3n de amarse a s\u00ed\u00ad mismo! ), a condici\u00f3n de que esta afirmaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo no sea simplemente cautividad instintiva dentro de s\u00ed\u00ad en la \u00ablucha por la existencia\u00bb, sino que se base en un conocimiento y afirmaci\u00f3n objetivos del propio valer y de la propia dignidad dentro del todo de la realidad y en referencia a Dios. Ese \u00abser digno\u00bb (en virtud de un don ajeno) del propio amor queda afirmado, no precisamente porque es propio del sujeto, sino porque reviste un rango \u00f3ntico y por tanto un valor en s\u00ed\u00ad. Con ello no se niega naturalmente que, en su historia concreta, el amor su\u00c2\u00a1 en t\u00e9rminos agustinianos no se pervierta una y otra vez en ego\u00ed\u00adsmo (como contemptus Dei). Partiendo de esta respuesta te\u00f3ricamente positiva cabe responder positivamente a la cuesti\u00f3n de si Dios se ama a s\u00ed\u00ad mismo. Por ello no es \u00abego\u00ed\u00adsta\u00bb, porque as\u00ed\u00ad afirma su perfecci\u00f3n infinita y \u00abobjetiva\u00bb, y se afirma precisamente como el bonum diffusivum su\u00c2\u00a1, como el \u00abamor desinteresado\u00bb, que es su esencia (1 Jn 4, 7-10). Estas reflexiones son importantes para la recta inteligencia de la doctrina b\u00ed\u00adblica y eclesi\u00e1stica sobre la -> gloria de Dios.<\/p>\n<p>    d) Interpretaci\u00f3n ext\u00e1tica y \u00abf\u00ed\u00adsica\u00bb del amor. Esta controversia entre -> escotismo y &#8211;> tomismo es inteligible y te\u00f3ricamente soluble partiendo de lo ya dicho. El escotismo ve el a. como un salir ext\u00e1tico de s\u00ed\u00ad mismo por parte del amante, salida por la que \u00e9l se olvida a s\u00ed\u00ad mismo y se hace \u00abcentr\u00ed\u00adfugo\u00bb; ama precisamente lo que no es ya referible a s\u00ed\u00ad mismo; no ama su bien, sino a Dios en lo que es para s\u00ed\u00ad y no en lo que es para nosotros; es m\u00e1s, seguir\u00ed\u00ada amando a Dios aun cuando, por un imposible, \u00e9l condenara al que ama. El tomismo ve en el a. la inclinaci\u00f3n natural en que el sujeto busca su bien (que, a la verdad, en el hombre precisamente, a diferencia de la criatura infrahumana, s\u00f3lo puede \u00abbastar\u00bb como bien infinito); s\u00ed\u00adguese que el amor a Dios y im a. a s\u00ed\u00ad mismo rectamente entendido, el cual no recorte culpablemente la naturaleza del hombre, son dos aspectos del \u00fanico a., en que se encuentra uno precisamente a s\u00ed\u00ad mismo, cuando, amando, se pierde en Dios. Si la concepci\u00f3n tomista es recta aun dentro de la ontolog\u00ed\u00ada existencial, la concepci\u00f3n escotista llama con raz\u00f3n la atenci\u00f3n, fenomenol\u00f3gica, existencialmente y con miras al hombre que s\u00f3lo se hace en la historia y es pecador, sobre el hecho de que \u00fanicamente a base de una salida aparentemente casi suicida de su finitud categorial y de su ego\u00ed\u00adsmo pecador puede \u00e9l alcanzar por la fe y la esperanza su verdadera naturaleza, y eso gracias a la fuerza de un a. regalado por el agape de Dios.<\/p>\n<p>    e) Hist\u00f3ricamente han sido tambi\u00e9n tratados otros muchos aspectos del a. que s\u00f3lo podemos insinuar aqu\u00ed\u00ad en una selecci\u00f3n muy breve y arbitraria. Hasta aqu\u00ed\u00ad hemos supuesto siempre como \u00abdestinatario\u00bb del amor un sujeto espiritual y personal. Y con raz\u00f3n, porque s\u00f3lo con esta condici\u00f3n puede hablarse de a. en sentido propio. Pero una y otra vez se habla del a. a otras realidades. Si por a. se significa cualquier benevolencia positiva y cualquier conducta recta, y no se desconoce te\u00f3rica y pr\u00e1cticamente la diferencia entre ese a. y el que propiamente se concede a las personas, nada hay que objetar contra tal vocabulario (p.ej., amor a los animales). Tambi\u00e9n es posible que, en ese a. a una realidad aparentemente impersonal, tras ella se esconda como \u00abdestinatario\u00bb el mismo Dios y, por tanto, \u00e9l est\u00e9 all\u00ed\u00ad como objeto amado, con tal que dicha realidad no sea divinizada por desconocimiento de su naturaleza y, en consecuencia, amada falsamente. As\u00ed\u00ad puede hablarse recta y falsamente de un amor fati o de un \u00abamor a la muerte\u00bb o de \u00abamor c\u00f3smico\u00bb, etc. El a. puede, consiguientemente, interpretarse desde otras experiencias fundamentales del hombre, p. ej., como acto de comunidad, como amistad, como servicio desinteresado, como adoraci\u00f3n (a. a Dios).<\/p>\n<p>    f) Hist\u00f3ricamente, en la cuesti\u00f3n del a. tambi\u00e9n entra siempre en juego el problema (en el fondo el mismo) de la relaci\u00f3n entre &#8211;> entendimiento y &#8211;> voluntad (en cuanto no se desplace una vez m\u00e1s el problema por una moderna tripartici\u00f3n ametaf\u00ed\u00adsica de las facultades espirituales del hombre). En un intelectualismo griego la voluntad aparece casi como mera din\u00e1mica y motor del conocimiento (aspiraci\u00f3n y a. a la verdad), y adem\u00e1s el a. se presenta as\u00ed\u00ad como dicha connatural de la posesi\u00f3n del bien, que es la misma verdad. En un pensamiento opuesto, el conocimiento puede ser concebido como mero presupuesto (luz) del amor. Ninguna de las dos concepciones har\u00e1 suficientemente honor a una visi\u00f3n profunda de la unidad y rec\u00ed\u00adproca irreductibilidad de verdad y bondad (y, por tanto, de entendimiento y voluntad). El a. no es solamente estadio previo y fen\u00f3meno concomitante de la gnosis, como lo pensaba tambi\u00e9n una tendencia entre los padres griegos, ni el conocimiento es tampoco mero supuesto intermedio del amor. El \u00abdualismo\u00bb, la no identidad en la unidad de ambos actos aparece como insuperable en la doctrina de las dos \u00abprocesiones\u00bb en la Trinidad. Con ello, a la verdad, se plantea una vez m\u00e1s el problema de por qu\u00e9, sin embargo, el todo \u00fanico de la existencia cristiana puede caracterizarse simplemente como a., tal como lo hace la tradici\u00f3n. En definitiva habr\u00e1 que decir, partiendo de esta problem\u00e1tica, que el a. s\u00f3lo representa la \u00faltima palabra clave de la existencia cristiana, pero en tal caso la representa tambi\u00e9n realmente, en cuanto es dado como aquel a. que sana y perfecciona la totalidad de esa existencia (de acuerdo con el ordo de las \u00abprocesiones\u00bb trinitarias), sin que por eso haya de atribuirse al conocimiento \u00abanterior\u00bb en el orden de las referencias transcendentales del hombre una mera funci\u00f3n de medio, o el a. haya de entenderse como una mera aprehensi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica de la verdad.<\/p>\n<p>    2. Un paso m\u00e1s en la descripci\u00f3n del amor<br \/>\n    Como no puede efectivamente ser nuestra intenci\u00f3n dar una \u00abdefinici\u00f3n\u00bb del a., lo dicho en ii\/1 puede ya en gran parte pasar como descripci\u00f3n del a. Llamemos, pues, solamente la atenci\u00f3n como complemento sobre algunos puntos que en la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica del a. se tratan acaso menos expresamente que lo dicho en rr\/1.<\/p>\n<p>    a) Es conocido de siempre y de siempre resulta enigm\u00e1tico e impenetrable el dualismo entre esencia y ser, idea y realidad (existencia en sentido escol\u00e1stico). Ambas magnitudes son incomprensibles sin referencia permanente entre s\u00ed\u00ad, y, sin embargo, no pueden reducirse una a otra, ni entenderse una como mero momento de la otra. Puede desde luego pensarse el \u00abser\u00bb en el sentido de Tom\u00e1s como la magnitud superior a la esencia (al ser ideal), para que el ente real no se reduzca a una mera presencia de una quideidad ideal, a una presencia de la cual ya no se sabe qu\u00e9 a\u00f1ade propiamente a la \u00abverdad eterna\u00bb de la idea. Pero no se vence propiamente con ello el dualismo permanente, que debe reconocerse como realidad fundamental infranqueable, por mucho que haya de pensarse sobre \u00e9l y, especialmente, sobre las muchas variaciones de la relaci\u00f3n de estas dos magnitudes y sobre su unidad (sin muerta identidad). Ahora bien, con esta misteriosa incomprensibilidad de todo ente tiene que ver el a. de manera singular. Dondequiera y en la medida que la idea se hace realidad y la realidad se ilumina idealmente y llega a su esencia aceptada (sin esta aceptaci\u00f3n se corrompe y a la postre se oscurece esa realidad misma), y la realidad es aceptada en su \u00abfacticidad\u00bb (la cual sigue siendo propia de Dios como el libre en su aseidad, que no puede reducirse a la de una \u00abidea eterna\u00bb), acontece el amor (a la voluntad que lo emite y no se cierra a \u00e9l). Amor es concordia o armon\u00ed\u00ada de la realidad consigo misma en la no identidad positiva de esencia y ser, la cual implica un momento de actualidad (anal\u00f3gicamente distinto, naturalmente, en Dios y en la criatura).<\/p>\n<p>    b) El amor como palabra y respuesta. Lo que aqu\u00ed\u00ad ha de decirse, tiene acaso el m\u00e1s claro acceso en la antigua cuesti\u00f3n de si puede uno amar, aun cuando no sea amado por el amado. Si se dice que esto es posible, se pasa por alto que parejo a. no correspondido puede estar siempre sostenido por la esperanza de una correspondencia en lo futuro (aun cuando este futuro sea a\u00fan desconocido en su forma). Efectivamente, la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica tradicional funda ah\u00ed\u00ad, desde Agust\u00ed\u00adn, la posibilidad del amor al enemigo y explica que los condenados no pueden ser amados. Se mantiene, consiguientemente, en teor\u00ed\u00ada el car\u00e1cter dialog\u00ed\u00adstico del amor. Sin \u00e9l no ser\u00ed\u00ada ya tampoco comprensible la compenetraci\u00f3n de eros y \u00e1gape, de a. desinteresado y \u00abconcupiscente\u00bb (cf. antes i\/1). No puede uno entregarse radicalmente a otro (y, por tanto, amarlo) con su ser propio, v\u00e1lido y responsable en s\u00ed\u00ad mismo, si este otro no afirma y acepta en principio y definitivamente (no quiere, por tanto, amar) ese ser del primero. Pero aqu\u00ed\u00ad hay que observar lo que se dir\u00e1 en v acerca de la unidad del a. a Dios y del a. al pr\u00f3jimo: dondequiera se ofrece a. a otro, el Dios que ama es siempre (aunque por lo general indirectamente) el interlocutor dialog\u00ed\u00adstico que hace razonable una abertura unilateral del di\u00e1logo, aunque con ello no se dice que toda forma de pareja oferta del a. entre hombres deba ser contestada por la misma forma de a., que tal vez es deseada ego\u00ed\u00adstamente. Pero el llamamiento del a. por parte de una reclama siempre una respuesta. El a. es dialog\u00ed\u00adstico. Y por eso el a. a Dios es siempre respuesta a un agape gratuito y no motivado de Dios (v. despu\u00e9s). No por esto la correspondencia de a. deja de ser el prodigio de la libertad actualizada para el que ama en la oferta. Porque el a. no se mueve de antemano en la l\u00f3gica concluyente del contexto de las ideas, sino en la dimensi\u00f3n de la libre facticidad de la realidad existente. El a. es siempre gracia, y la gracia real es amor.<\/p>\n<p>    c) Amor y esperanza. En los esquemas a base de los cuales se ha descrito hasta ahora el a., es aparentemente dif\u00ed\u00adcil se\u00f1alar su lugar a la esperanza y definir, por tanto, su relaci\u00f3n con el a., a pesar de la doctrina sobre las tres virtudes teologales. Pues estos esquemas fueron siempre dos: entendimiento y voluntad, esencia y ser, dos procesiones trinitarias, etc. Podr\u00ed\u00ada por de pronto decirse simplemente que la esperanza es el aspecto del amor concupiscentiae, mientras \u00e9ste no est\u00e1 a\u00fan en posesi\u00f3n de su bien (bonum arduum), aunque tampoco tiene que desesperar todav\u00ed\u00ada de alcanzarlo. Pero con esto no queda ciertamente dicho todo sobre la relaci\u00f3n del a. con la esperanza. Precisamente porque el a. es dialog\u00ed\u00adstico y por tanto est\u00e1 siempre pendiente de la respuesta libre y posible (o sea, que permanece libre aun como dada) del \u00abotro\u00bb, que por ser sujeto nunca admite un c\u00e1lculo previo, lleva siempre en s\u00ed\u00ad bajo todos sus aspectos &#8211; y no s\u00f3lo como a. concupiscente- un factor de esperanza; y esto incluso en su consumaci\u00f3n, en que \u00abpermanece\u00bb la esperanza (1 Cor 13, 13 ). Sobre la funci\u00f3n mediadora de la esperanza entre la fe y la caridad cf. Rahner vitr, 551-579.<\/p>\n<p>III. Amor de Dios al hombre<br \/>\n    1. Por lo que se refiere al contenido (y al hecho) de la proposici\u00f3n seg\u00fan la cual Dios ama al hombre en forma de \u00e1gape, se ha dicho ya lo fundamental en otros lugares: -> creaci\u00f3n, voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios (-> salvaci\u00f3n) &#8211;> providencia, -> gracia, -> revelaci\u00f3n de Dios. Las afirmaciones b\u00ed\u00adblicas y las del magisterio sobre esta proposici\u00f3n pueden darse aqu\u00ed\u00ad por supuestas, ya que est\u00e1n contenidas en dichos art\u00ed\u00adculos. Este \u00e1gape divino consiste a la postre en que Dios, no conform\u00e1ndose con ser el se\u00f1or y garante de la creaci\u00f3n, por amor se da a s\u00ed\u00ad mismo al mundo en la criatura espiritual, se convierte por comunicaci\u00f3n personal en el m\u00e1s \u00ed\u00adntimo misterio de la creaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como de su historia y consumaci\u00f3n, mientras el mundo abandonado a sus fuerzas permanecer\u00ed\u00ada siempre \u00abfuera de Dios\u00bb. Este a. pone diferencias por s\u00ed\u00ad mismo y, sin embargo, las mantiene unidas en virtud de su relaci\u00f3n a \u00e9l, al \u00abUno\u00bb. Tiene en s\u00ed\u00ad mismo, an\u00e1logamente, un ingrediente de \u00abcelo\u00bb (de deseo), porque el Dios que de nada necesita, quiso necesitar por libre a. de un mundo, el cual es su propia historia a causa de dicha comunicaci\u00f3n por la -> gracia y la &#8211;> encarnaci\u00f3n. Es dialog\u00ed\u00adstico (funda -> alianza y es \u00abnupcial\u00bb), pues constituye la raz\u00f3n y el principio del a. del hombre a Dios, de modo que, as\u00ed\u00ad como Dios puede considerar como palabra suya una palabra humana (-> fe, -> revelaci\u00f3n), igualmente el hombre por la gracia puede amar divinamente a Dios, y en este sentido amando dice s\u00ed\u00ad a Dios por obra del mismo Dios. De ah\u00ed\u00ad se deduce que el a. de Dios al hombre s\u00f3lo muy parcialmente puede describirse mediante la representaci\u00f3n sugerida por el t\u00e9rmino \u00abPadre\u00bb. \u00danicamente cuando la \u00abfiliaci\u00f3n\u00bb es entendida seg\u00fan la manera como jes\u00fas tiene conciencia de ser Hijo de Dios y como \u00e9l sabe que nosotros somos \u00abhijos\u00bb por participaci\u00f3n, o sea, solamente en la radical intimidad de la comunicaci\u00f3n divina por la gracia y la encarnaci\u00f3n, queda superado el rasgo extrinsecista y paternal que va implicado en nuestra representaci\u00f3n de la \u00abpaternalidad\u00bb del a. de Dios para con nosotros. Cuando este a. aparece como ley se\u00f1orial que pide la obediencia humilde del \u00absiervo\u00bb, reflexi\u00f3nese sobre todo lo que hay que decir acerca de la relaci\u00f3n entre la -> ley y el Evangelio.<\/p>\n<p>    2. La predicaci\u00f3n de que Dios ama al hombre y, por hab\u00e9rsele comunicado, es para \u00e9l el a. simplemente, se encuentra hoy d\u00ed\u00ada en una situaci\u00f3n dif\u00ed\u00adcil, que debe verse sin prevenci\u00f3n y serenamente. Puesto que se ha hecho m\u00e1s claro (aun cuando se supo \u00abde siempre\u00bb) que Dios no es una parte del mundo, y no se encuentra como realidad particular junto a otras en el campo de nuestra experiencia, su \u00ablejan\u00ed\u00ada\u00bb, su inefabilidad, el radical misterio de su realidad es el sello hist\u00f3rico que se ha impuesto a nuestra existencia. Que este Dios nos pueda < amar\", que tenga una relaci\u00f3n personal con cada uno como \u00ed\u00adndividuo y que esa relaci\u00f3n proteja la existencia, no es tan f\u00e1cil de < verificar\" como frecuentemente parece serlo en un inocuo charlar religioso.\n\n    Tanto el ate\u00ed\u00adsmo que se concibe como un \"callar sobre aquello de que no puede hablarse con claridad\", como tambi\u00e9n el ate\u00ed\u00adsmo de la desesperaci\u00f3n tr\u00e1gica por los horrores de la existencia humana, son hoy d\u00ed\u00ada aun para los te\u00ed\u00adstas cristianos los permanentes ataques, amenazadoramente provocantes, contra su fe en el a. de Dios, contra la fe en un Dios amante. Nunca nos es l\u00ed\u00adcito actualmente hablar sobre el a. de Dios para con nosotros como si habl\u00e1ramos ante gentes que, cerrando los ojos a lo absurdo que las rodea, encuentran evidente desde su armonioso bienestar que el mundo en su totalidad est\u00e1 despu\u00e9s de todo bien ordenado y regido por un Dios amante. S\u00f3lo en medio de una solidaridad incondicional con los \"condenados de esta tierra\", podemos atrevernos a hablar del a. de Dios para con nosotros. En tal caso, esta manera de hablar renuncia de suyo a ser meramente \"filos\u00f3fica\"; apela de antemano en testimonio y acci\u00f3n a la \u00faltima decisi\u00f3n del hombre por la fe y esperanza, que no tienen de ventaja ninguna seguridad forzosa. Despu\u00e9s de Auschwitz, dijo alguien una vez, s\u00f3lo se puede ser ateo. Ante los muertos de Auschwitz, dijo otro, tengo que creer y esperar en Dios y en su a., pues de otro modo no se los puede justificar y se los traiciona precisamente por la propia incredulidad.\n\n    En este punto ha de verse claro que la dicha (esperada y planeada dentro del mundo, y que se precipita una y otra vez a la muerte) de los que han de venir no justifica la desdicha de los que precedieron. Hay que decir desprevenida y duramente que: el a. de Dios es un misterio tan radical como Dios mismo; el mundo no se torna m\u00e1s l\u00facido por maldecir sus tinieblas; la impotencia de la fe en el a. de Dios fatalmente sufrida y la negaci\u00f3n culpable de esta fe no son lo mismo, aun cuando se alojen una cerca de la otra; finalmente, el que ama de veras al pr\u00f3jimo -y lo ama \"de obra y en verdad\" sin ilusi\u00f3n ninguna- y acepta este a. como una absoluta obligaci\u00f3n sagrada, en el fondo, s\u00e9palo o no reflejadamente, cree en Dios y en su amor al hombre.\n\nIV. La teolog\u00ed\u00ada del amor justificante del hombre a Dios\n1. La Escritura\n    Para designar el a. a Dios, tanto el A. como el NT evitan los t\u00e9rminos eros y storgu\u00e9, rara vez emplean fil\u00ed\u00ada y usan constantemente agap\u00e9 y agapan, t\u00e9rminos que fueron introducidos por los Lxx en la lengua literaria y religiosa, llen\u00e1ndolos de sentido nuevo. \u00ed\u0081gape significa no s\u00f3lo el a. de Dios para con nosotros, sino tambi\u00e9n el a. al pr\u00f3jimo, al enemigo y a Dios mismo (esto \u00faltimo en Juan, pero tambi\u00e9n en Pablo: p. ej., 1 Cor 8, 3). Aqu\u00ed\u00ad s\u00f3lo hay que hablar por de pronto del \u00e1gape del hombre a Dios y al pr\u00f3jimo, como elemento de la justificaci\u00f3n (sobre la unidad de ambas v. despu\u00e9s). Este acto es una actividad que integra la existencia entera del hombre (\"de todo coraz\u00f3n\", etc.) (Mc 12, 30 par., con referencia a Dt 6, 4s), est\u00e1 sostenida por el pneuma de Dios (gracia) y es fruto suyo (Rom 15, 30; G\u00e1l 5, 22; Col 1, 8; 2 Tim 1, 7). El \u00e1gape es la esfera existencial en la cual hay que permanecer (Ef 5, 2; 1 Jn 4, 16). E1 que est\u00e1 en el \u00e1gape, est\u00e1 justificado (Rom 13, 9s; 1 Jn 4, 16; G\u00e1l 5, 6; 1 Cor 13, 13; Mt 22, 36-40; Lc 10, 25-28 ).\n\n2. Magisterio eclesi\u00e1stico\n    Las declaraciones decisivas del magisterio eclesi\u00e1stico extraordinario sobre el a. o la caridad se hallan dentro del contexto de la doctrina sobre la justificaci\u00f3n en la sesi\u00f3n sexta del concilio de Trento. Es fundamental la declaraci\u00f3n de que la posesi\u00f3n de la justificaci\u00f3n va inseparablemente unida a la posesi\u00f3n de la virtud infusa de la caridad (Dz 800 821; sin determinar m\u00e1s exactamente la relaci\u00f3n entre la gracia santificante y la caridad), y la de que el libre proceso de la justificaci\u00f3n del adulto s\u00f3lo llega a su punto culminante y a su plena esencia en el acto de la caridad (Dz 800s, 819, 889); lo cual sigue en pie aun cuando se admita que la gracia de la justificaci\u00f3n pueda ser infundida en el sacramento antes del acto de caridad a base de mera atrici\u00f3n y, en ciertas circunstancias, s\u00f3lo m\u00e1s tarde se actualiza -pero necesariamente - en el acto de caridad (Dz 1101, 1155ss, 1289). Por tanto, para la terminolog\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica la fe y la esperanza, sin perjuicio de su propia tendencia a perfeccionarse en la caridad, son actos cuya esencia espec\u00ed\u00adfica no implica todav\u00ed\u00ada la plena uni\u00f3n del hombre con Dios por la gracia (Dz 801 819 839 1525), uni\u00f3n que, por otra parte, queda expresada recta y enteramente con la palabra caridad.\n\n    La cuesti\u00f3n de si la caridad se infunde tambi\u00e9n en el ni\u00f1o por el bautismo (cuesti\u00f3n antes abierta: Dz 410 483), est\u00e1 resuelta despu\u00e9s del Tridentino (Dz 799s con 791s), aun cuando con ello no se niega que la libre aceptaci\u00f3n de la gracia de la justificaci\u00f3n por el acto de caridad califica en el adulto la posesi\u00f3n de la gracia misma. La virtud infusa de la caridad, a diferencia de la fe, se pierde por todo pecado mortal (Dz 808 837s). No se ofrece una descripci\u00f3n m\u00e1s concreta de esta caridad. Se la distingue del a. \"natural\", que como tal es te\u00f3ricamente posible (Dz 1034 1036); e igualmente de las formas imperfectas e iniciales (salv\u00ed\u00adficas) del a. a Dios (798 889 1146). Se insin\u00faa que puede concebirse como \"amistad con Dios (Dz 799, 803). No se define con mayor precisi\u00f3n la relaci\u00f3n entre el a. a Dios y el a. al pr\u00f3jimo. Que en ambos modos del a. se da exactamente el mismo objeto formal, pudiera ser libre opini\u00f3n teol\u00f3gica (PSJ mz n .I> 240).<\/p>\n<p>    Naturalmente, del h\u00e1bito y del acto de esta caridad cabe decir lo que el magisterio eclesi\u00e1stico dice en general sobre las -> virtudes sobrenaturales y los actos salv\u00ed\u00adficos, sobre la p\u00e9rdida, el aumento y la experiencia de la gracia. Si es cierto que el a. aparece como elemento universal y total que integra en s\u00ed\u00ad mismo todo lo dem\u00e1s de la existencia cristiana, el magisterio rechaza, sin embargo, en\u00e9rgicamente la idea de que as\u00ed\u00ad se niege todo pluralismo relativo de lo moral y de lo salv\u00ed\u00adfico. Pues, no s\u00f3lo hay actos positivamente salv\u00ed\u00adficos que no son simplemente a. (Dz 915, 898, 817s, 798), sino que, adem\u00e1s, el justificado, el cual es un ser creado, finito, todav\u00ed\u00ada peregrino y, por tanto, no puede integrarse adecuadamente a s\u00ed\u00ad mismo, conoce con raz\u00f3n otros motivos morales que son distintos de la caridad (Dz 508, 1327s, 1349, 13941408, 1297).<\/p>\n<p>V. Unidad y diferencia entre el amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo<br \/>\n    1. Esta cuesti\u00f3n requiere hoy d\u00ed\u00ada atenci\u00f3n particular. En tiempos de un ate\u00ed\u00adsmo socialmente manifiesto, es obvia la tendencia a declarar a Dios y el a. a Dios como mera cifra del car\u00e1cter absoluto del hombre y del a. al pr\u00f3jimo, la tendencia a \u00abdesmitificar\u00bb la oraci\u00f3n en un di\u00e1logo interhumano, etc. Esta situaci\u00f3n obliga al cristiano a una confesi\u00f3n inquebrantable de Dios, que no es el mero car\u00e1cter absoluto del hombre, y del a. a Dios, que sigue siendo el \u00abprimer mandamiento\u00bb (Mt 22, 38); pero obliga tambi\u00e9n a una inteligencia interna de la verdadera unidad (lo cual no significa indistinci\u00f3n) del a. a Dios y del a. al pr\u00f3jimo; inteligencia que resuelve desde dentro el problema de un a. ateo al pr\u00f3jimo, sabiendo que un -> a. al pr\u00f3jimo realmente absoluto encierra ya un te\u00ed\u00adsmo (no hecho tema) e impl\u00ed\u00adcitamente el a. a Dios y que, precisamente por eso, el a. a Dios como el misterio oculto y m\u00e1s alto de la existencia humana debe convertirse en tema expl\u00ed\u00adcito.<\/p>\n<p>    2. En favor de esta unidad hay que remitir a la Escritura y la Tradici\u00f3n. Los dos mandamientos (de a. a Dios y al pr\u00f3jimo) son iguales o semejantes y de ambos penden la ley y los profetas (Mt 22, 39s; Lc 10, 28; Mc 12, 31); m\u00e1s a\u00fan, Pablo puede sencillamente decir que el que ama al pr\u00f3jimo ha cumplido la ley (Rom 13, 8-10; G\u00e1l 5, 14). En los discursos escatol\u00f3gicos, donde jes\u00fas amenaza con el juicio, el a. al pr\u00f3jimo es en Mt el \u00fanico criterio expresamente mentado seg\u00fan el cual se juzga al hombre, y el enfriamiento de la caridad equivale a la rebeli\u00f3n de los \u00faltimos tiempos contra Dios (Mt 25, 34-46; Mt 24, 12). El a. al pr\u00f3jimo es el mandamiento regio (Sant 2, 8) y la forma definitiva de la existencia cristiana (1 Cor 12, 31-13, 13 ). En Juan encontramos luego una primera reflexi\u00f3n sobre la justificaci\u00f3n de este radicalismo del a. al pr\u00f3jimo por el que ese a. se convierte en el todo de la existencia cristiana, radicalismo que pudiera parecer en otro caso una exageraci\u00f3n piadosa, como efectivamente se aten\u00faa en la reflexi\u00f3n de la par\u00e9nesis cristiana en el sentido de que el a. al pr\u00f3jimo es un punto particular de la exigencia cristiana, sin el cual, a pesar de su dificultad, se malograr\u00ed\u00ada cabalmente la salud eterna. Seg\u00fan Juan, somos amados por Dios (Jn 14, 21) y por Cristo para que nos amemos los unos a los otros (Jn 13, 34), amor que es el nuevo mandamiento de Cristo (Jn 13, 34), el mandamiento especificamente suyo (Jn 15, 12) y el encargo que se nos ha dado (Jn 15, 17). Y de ah\u00ed\u00ad, de que siendo Dios el amor (1 Jn 4, 16) nos ha amado a nosotros, Juan saca como consecuencia, no precisamente que tambi\u00e9n nosotros hemos de amarle, sino que nosotros nos amemos mutuamente (1 Jn 4, 7, 11). Pues nosotros no vemos a Dios, \u00e9l no es verdaderamente asequible por el camino exclusivo de una intimidad m\u00ed\u00adstica de tipo gn\u00f3stico, como si as\u00ed\u00ad se convirtiera en objeto directo del a. (1 Jn 4, 12), y, por eso el \u00abDios en nosotros\u00bb es, en el a. rec\u00ed\u00adproco, el \u00fanico Dios al que nosotros podemos amar (1 Jn 4, 12), hasta tal punto que es realmente verdad y constituye un argumento &#8211; ordinariamente falto de evidencia para nosotros, pero radicalmente contundente para Juan -que \u00abel que no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve\u00bb (1 Jn 4, 20).<\/p>\n<p>    La tradici\u00f3n escol\u00e1stica sostiene por lo menos que la caridad infusa, la virtud teologal que une con Dios (virtus caritatis in Deum) es tambi\u00e9n la virtud con que se ama al pr\u00f3jimo, aun cuando la tradici\u00f3n conoce muchas otras virtudes (teologales y morales), que son distintas de la virtud teologal de la caridad, y de suyo no le ser\u00ed\u00ada dif\u00ed\u00adcil a la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica el concebir una virtud propia y subordinada como ra\u00ed\u00adz del a. al pr\u00f3jimo. Hay que conceder que, desde el punto de vista de la Escritura y la Tradici\u00f3n, quedan muchos puntos oscuros en esta unidad y es obvia la tentaci\u00f3n de pensar despu\u00e9s de todo el a. al pr\u00f3jimo \u00fanicamente como una consecuencia obligatoria, piedra de toque y prueba del a. a Dios.<\/p>\n<p>    3. Sin embargo, puede decirse que existe una aut\u00e9ntica unidad radical entre los dos modos del a., siempre bajo el supuesto de la comunicaci\u00f3n de Dios por la gracia al hombre a quien se debe amar, y no por razones puramente \u00abfilos\u00f3ficas\u00bb.<\/p>\n<p>    Si: a) se distingue entre una afirmaci\u00f3n de car\u00e1cter expl\u00ed\u00adcito y tem\u00e1tico en los conceptos y una afirmaci\u00f3n de una realidad de car\u00e1cter atem\u00e1tico que est\u00e1 dada en la realizaci\u00f3n de un acto dirigido intencionalmente a otro objeto (cf. -> ate\u00ed\u00adsmo, -> transcendencia, -> revelaci\u00f3n, &#8211;> acto moral y religioso); b) se entiende que todo conocimiento metaf\u00ed\u00adsico es transmitido por la inmanente experiencia hist\u00f3rica, de modo que s\u00f3lo en ella y desde ella cabe aprehender originalmente y entender las declaraciones sobre las realidades transcendentes; c) la experiencia amorosa del pr\u00f3jimo queda esclarecida, no como una experiencia cualquiera, sino como aquella realizaci\u00f3n personal e intramundana de la existencia humana que integra en s\u00ed\u00ad la totalidad de la experiencia del mundo; d) toda decisi\u00f3n absoluta, positivamente moral es estimada como te\u00ed\u00adsmo impl\u00ed\u00adcito y \u00abcristianismo an\u00f3nimo\u00bb; supuesto todo eso, en principio puede decirse sin reserva que el acto de a. al pr\u00f3jimo es realmente el acto m\u00e1s originario (todav\u00ed\u00ada atem\u00e1tico) del a. de Dios. Esto no excluye, sino que incluye el hecho de que tambi\u00e9n se debe amar a Dios bajo una expl\u00ed\u00adcita tem\u00e1tica \u00abcategorial\u00bb. Pues la referencia impl\u00ed\u00adcita a Dios, que se da en todo acto moral y, por tanto, primariamente en el a. al pr\u00f3jimo, siendo la suprema y \u00faltima profundidad y fuerza de esa central experiencia intramundana (del a. al pr\u00f3jimo), ha de hacerse tema expl\u00ed\u00adcito en la palabra e historia del hombre. El a. a Dios y el a. al pr\u00f3ijmo viven rec\u00ed\u00adprocamente uno de otro, porque a la postre son una sola cosa (\u00absin separaci\u00f3n y sin mezcla\u00bb). El a. a Dios s\u00f3lo se hace existencialmente real cuando es tambi\u00e9n a. al pr\u00f3jimo, y el a. al pr\u00f3jimo s\u00f3lo aprehende su \u00faltimo misterio, su car\u00e1cter absoluto y la posibilidad de ese car\u00e1cter absoluto, con relaci\u00f3n a un hombre finito y pecador, cuando \u00abdesemboca\u00bb en el a. a Dios.<\/p>\n<p>    4. El punto culminante dentro de la historia de la salvaci\u00f3n y la \u00faltima garant\u00ed\u00ada de la unidad del a. a Dios y del a. al pr\u00f3jimo son alcanzados en el a. a jesucristo en su unidad de Dios y hombre (-> encarnaci\u00f3n). Como \u00abHijo del hombre\u00bb sabe que es el compa\u00f1ero misterioso que es juntamente amado en todo a. efectivo a un hombre (Mt 25, 34-40), de tal suerte que en la unidad del a. a \u00e9l y al pr\u00f3jimo se decide el destino de todo hombre, aun en el- caso de que no se tenga conciencia de esta unidad (Mt 25, 37ss). Esto se comprende mejor si pensamos que: a) el aut\u00e9ntico a. a una persona determinada abre al hombre para el a. a todos, y b) el a. dialog\u00ed\u00adstico, dado en respuesta, a un hombre finito e inevitablemente pecador (eventualmente enemigo) afirma juntamente como fundamento y garante a un Dios-hombre como presencia o futuro esperado, si ese a. ha de tener aquel car\u00e1cter incondicional con que debe realizarse por la gracia. As\u00ed\u00ad, Jes\u00fas exige tambi\u00e9n a. expreso a \u00e9l (Jn 8, 42; 14, 15 21 23 28), para que el a. del Padre al Hijo (Jn 3, 35, etc.) se extienda a quellos que aman al Hijo (Jn 14, 21 23; 17, 23 26) y \u00abpermanecen en su amor\u00bb (Jn 15, 9s; 1 Jn 4, 7 ), que lo comprende todo: a Dios, al Dios-hombre, a los hombres, todos los cuales son a par sujetos y destinatarios de este a. \u00fanico.<\/p>\n<p>    Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>AMOR<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>v\u00e9ase Amar <\/p>\n<p>AA. VV., Vocabulario de las ep\u00ed\u00adstolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p>\u00abDios es amor\u00bb \u00abAmaos los unos a los otros\u00bb El hombre, antes de llegar a esta cima de la revelaci\u00f3n del NT, debe purificar las concepciones totalmente humanas que se forman del amor, para acoger el misterio del amor divino, el cual pasa por la cruz. La palabra \u00abamor\u00bb designa, en efecto, gran cantidad de cosas diferentes, carnales o espirituales, pasionales o pensadas, graves o ligeras, que expansionan o que destruyen. Se ama una cosa agradable, a un animal, a un compa\u00f1ero de trabajo, a un amigo, a los padres, a los hijos, a una mujer. El hombre b\u00ed\u00adblico conoce todo esto. El G\u00e9nesis (cf. G\u00e9n 2,23s, 3,16, 12,10-19; 22; 24; 34), la historia de David (cf. ISa 18,1ss; 2Sa 3,16; 12,15-25; 19,1-5), el Cantar de los cantares son, entre otros muchos, testigos de sentimientos de todas clases. Con frecuencia se mezcla en ello el pecado, pero tambi\u00e9n hallamos rectitud, profundidad y sinceridad bajo palabras habitualmente sobrias y discretas.<\/p>\n<p>Israel, poco llevado a la abstracci\u00f3n intelectual, da con frecuencia a las palabras una coloraci\u00f3n afectiva: para \u00e9l, *conocer es ya amar; su *fidelidad a los vinculos sociales y familiares (hesed) est\u00e1 totalmente impregnada de arranque y de espontaneidad generosa (cf. G\u00e9n 24,49; Jos 2,12ss; Rut 3,10; Zac 7,9). \u00abAman (hebr. ahab; gr. agapan) tiene tantos arm\u00f3nicos como en nuestras lenguas.<\/p>\n<p>En una palabra, el hombre b\u00ed\u00adblico sabe el valor de la afectividad (cf Prov 15,17), aun cuando no ignora sus riesgos (Prov S; Eclo 6,5-17). Cuando la noci\u00f3n de amor penetra su psicolog\u00ed\u00ada religiosa, est\u00e1 completamente cargada de una experiencia humana densa y concreta. Al mismo tiempo suscita numerosas cuestiones. Dios, tan grande, tan puro, \u00bfpuede abajarse a amar al hombre peque\u00f1o, pecador? Y si Dios tiene la condescendencia de amar al hombre, \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1 el hombre corresponder con amor a ese amor? \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n existe entre el amor de Dios y el amor de los hombres? Las religiones se esfuerzan, cada una a su manera, por responder a estas cuestiones, cayendo ordinariamente en uno de dos extremos opuestos relegar el amor de Dios a una esfera inaccesible, a fin de mantener la distancia entre Dios y el hombre, o profanar el amor de Dios convirti\u00e9ndolo en un amor totalmente humano, a fin de hacer a Dios presente al hombre. A estas b\u00fasquedas metaf\u00ed\u00adsicas o m\u00ed\u00adsticas responde la Biblia con claridad. Dios ha tomadora iniciativa de un di\u00e1logo de amor con los hombres; en nombre de este amor los induce y les ense\u00f1a a amarse unos a otros.<\/p>\n<p>1. EL DI\u00ed\u0081LOGO DE AMOR ENTRE DIOS Y EL HOMBRE<br \/>\nAT. Aun cuando en los relatos de la creaci\u00f3n (G\u00e9n 1; 2-3) no figura la palabra amor, en ellos se insin\u00faa el amor de Dios a trav\u00e9s de la bondad de que son objeto Ad\u00e1n y Eva. Dios quiere darles la *vida con plenitud, pero este don supone una libre adhesi\u00f3n a su *voluntad; Dios entabla el di\u00e1logo de amor indirectamente a trav\u00e9s del mandamiento. Ad\u00e1n lo descart\u00f3 queriendo apoderarse por fuerza de lo que le estaba destinado como don. Y pec\u00f3. Entonces el misterio de la bondad se profundiza en *misericord\u00ed\u00ada para con el pecador mediante las *promesas de *salvaci\u00f3n; progresivamente se restablecer\u00e1n los lazos de amor que unen a Dios y al hombre La historia del para\u00ed\u00adso expresa en compendio la historia sagrada.<\/p>\n<p>1. Amigos y confidentes de Dios. Dios, al llamar a Abraham, un pagano entre tantos (Jos 24,2s), a ser su amigo (Is 41,8), expresa su amor en forma de una *amistad: Abraham viene a ser el confidente de sus secretos (G\u00e9n 18,17). Si es as\u00ed\u00ad, es que Abraham ha respondido a las exigencias del amor divino: ha dejado su patria siguiendo la llamada de Dios (12,1); debe penetrar m\u00e1s adentro en el misterio del *temor de Dios que es amor, pues es llamado a sacrificar a su hijo \u00fanico, y con el su amor humano: Toma a tu hijo, al que amas. (G\u00e9n 22,2).<\/p>\n<p>*Mois\u00e9s no tiene que sacrificar a su hijo; pero su pueblo entero se pone en contingencia por el conflicto entre la santidad divina y el pecado; Mois\u00e9s est\u00e1 desgarrado entre Dios, cuyo enviado es, y su pueblo, al que representa (Ex 32,9-13). Si se mantiene fiel, es porque desde su vocaci\u00f3n (3,4) hasta su muerte no ces\u00f3 de progresar en la intimidad de Dios, conversando con \u00e9l como con un amigo (33,11; *pr\u00f3jimo); tuvo la revelaci\u00f3n de la ternura inmensa de Dios, de un amor que, sin sacrificar nada de la *santidad, es *misericordia (34,6s).<\/p>\n<p>2. La revelaci\u00f3n prof\u00e9tica. Los profetas, tambi\u00e9n confidentes de Dios (Am 3,7), amados personalmente por un Dios, cuya elecci\u00f3n se posesiona de ellos (7,15), los desgarra a veces (Jer 20,7ss), pero los llena tambi\u00e9n de gozo (20,11ss), son los testigos del drama del *amor y de la *ira de Yahveh (Am 3,2). Oseas, luego Jerem\u00ed\u00adas y Ezequiel, revelan que Dios es el *esposo de Israel, el cual, sin embargo, no cesa de ser infiel; este amor apasionado y exclusivo es correspondido \u00fanicamente con ingratitud y traici\u00f3n. Pero el amor es m\u00e1s fuerte que el pecado, aun cuando deba sufrir (Os 11,8); *perdona y re-crea en Israel un *coraz\u00f3n *nuevo capaz de amar (Os 2,21s; Jer 31, 3.20.22; Ez 16,60-63; 32,26s). Otras im\u00e1genes, como la del *pastor (Ez 34) o de la *vi\u00f1a (Is 5; Ez 17,6-10), expresan el mismo celo divino y el mismo drama.<\/p>\n<p>El Deuteronomio, promulgado sin duda (2Re 22) en el momento en que el pueblo parece preferir definitivamente al amor de Dios el culto de los *\u00ed\u00addolos, recuerda incesantemente que el amor de Dios a Israel es, gratuito (Dt 7,7s) y que Israel debe \u00abamar a Dios con todo su coraz\u00f3n\u00bb (6,5). Este amor se expresa en actos de *adoraci\u00f3n y de *obediencia (11,13; 19,9) que suponen una elecci\u00f3n radical, un desprendimiento costoso (4,9-28; 30,15-20). Pero solo es posible si Dios en persona viene a *circuncidar el coraz\u00f3n de Israel y a hacerlo capaz de amar (30,6).<\/p>\n<p>3. Hacia un di\u00e1logo personal. Despu\u00e9s de la *cautividad Israel, purificado por la prueba, descubre que Dios se dirige al coraz\u00f3n de cada uno. En otro tiempo se hablaba del amor de Yahveh a la colectividad (Dt 4,7) o a los jefes (2Sa 12,24); ahora se sabe ya que todo jud\u00ed\u00ado es amado, sobre todo el *justo (Sal 37, 25-29; 146,8), el *pobre y el peque\u00f1o (Sal 113,5-9). Esto lo expresa admirablemente el Cantar de los cantares: el di\u00e1logo de amor, con sus alternativas de posesi\u00f3n y de busca, se establece entre Yahveh e Israel. Poco a poco se esboza incluso la idea de que m\u00e1s all\u00e1 del jud\u00ed\u00ado, el amor de Dios respeta tambi\u00e9n a los paganos (Jon 4,10s), y hasta a toda criatura (Sab 11,23-26).<\/p>\n<p>Pr\u00f3ximamente a la venida de Cristo, el jud\u00ed\u00ado piadoso (hebr. hasid: Sal 4,4; 132,9.16) sabe ser amado por un Dios, del que canta la misericordiosa *fidelidad a la *alianza (Sal 136; JI 2,13), la bondad (Sal 34,9; 100,5), la *gracia (G\u00e9n 6,8; Is 30,18). Por su parte reitera sin cesar su amor a Dios (Sal 31,24; 73,25; 116,1) y a todo lo que se relaciona con El: su *nombre, su *ley, su *sabidur\u00ed\u00ada (Sal 34,13; 119,127; Is 56,6; Eclo 1,10; 4,14). Este amor debe con frecuencia probarse frente al ejemplo y a la presi\u00f3n de los *impios (Sal 10; 40,14-17; 73; Eclo 2,11-17), y esto puede llegar hasta al *martirio, el de los Macabeos (2Mac 7) o el de rabbi Aquiba, que muere por su fe el 135 despu\u00e9s de J.C.: \u00abLe he amado con todo mi coraz\u00f3n, dir\u00e1, y con toda mi fortuna; todav\u00ed\u00ada no hab\u00ed\u00ada tenido ocasi\u00f3n de amarlo con toda mi *alma. El momento ha llegado\u00bb. Cuando se pronunciaba esta palabra sublime, la revelaci\u00f3n plenaria hab\u00ed\u00ada sido dada ya a los hombres por Jesucristo.<\/p>\n<p>NT. El amor entre Dios y los hombres se hab\u00ed\u00ada revelado en el AT a trav\u00e9s de una sucesi\u00f3n de hechos: iniciativas divinas y repulsas del hombre, sufrimiento del amor desde\u00f1ado, superaciones dolorosas para estar al nivel del amor y aceptar su gracia. En el NT el amor divino se expresa en un hecho \u00fanico, cuya naturaleza misma transfigura los datos de la situaci\u00f3n: Jes\u00fas viene a vivir como Dios y como hombre el drama del di\u00e1logo de amor entre Dios y el hombre.<\/p>\n<p>1. El don del Padre. La venida de Jes\u00fas es en primer lugar un gesto del Padre. Despu\u00e9s de los profetas y de las promesas del AT, \u00abacord\u00e1ndose de su misericordia\u00bb (Lc 1,54s; Heb 1,1) se da Dios a conocer (Jn 1,18); manifiesta su amor (Rm 8,39; IJn 3,1; 4,9) en aquel que no es s\u00f3lo el *mes\u00ed\u00adas salvador esperado (Lc 2,11), sino adem\u00e1s su propio *Hijo (Mc 1,11; 9,7; 12,6), aquel a quien ama (Jn 3,35; 10,17; 15,9; Do! 1,13), el que es uno con El, Dios como El (Jn 1,1; cf. 10,30-38; 17, 21; Mt 11,27).<\/p>\n<p>El amor del Padre se expresa entonces en una forma que no puede ser superada por nada. Se realiza la nueva *alianza y se concluyen las nupcias eternas del *esposo con la humanidad. La gratuidad divina, que exist\u00ed\u00ada desde siempre (Dt 7,7s), llega a su colmo en un *don sin medida com\u00fan con el valor del hombre (Rm 5,6s; Tit 3,5; IJn 4,10-19). Este don es definitivo, m\u00e1s all\u00e1 de la existencia terrenal de Jes\u00fas (Mt 28,20; Jn 14,18s); es llevado al extremo, pues consiente con la muerte del Hijo para que el *mundo logre la vida (Rm 5,8; 8,32) y para que nosotros seamos *hijos de Dios (IJn 3,1, G\u00e1l 4,4-7). Si \u00abDios amo tanto al mundo que le dio a su Hijo unig\u00e9nito\u00bb (Jn 3,16), es para que los hombres tengan la *vida eterna: pero a si mismos se condenan los que se niegan a creer en el que ha sido enviado y \u00abaman m\u00e1s las tinieblas que la luz (3,19). La opci\u00f3n es inevitable: o el amor por la fe en el Hijo, o la *ira por la repulsa de la fe (3,36).<\/p>\n<p>2. El amor perfecto revelado en Jes\u00fas. Ahora ya el drama del amor se desarrolla no s\u00f3lo con ocasi\u00f3n del contacto con Jes\u00fas, sino tambi\u00e9n a trav\u00e9s de su persona. Por su misma existencia es Jes\u00fas revelaci\u00f3n concreta del amor. Jes\u00fas es el *hombre que realiza el di\u00e1logo filial con Dios y da su testimonio delante de los hombres. Jes\u00fas es Dios que viene a vivir en plena humanidad su amor y a hacer oir su ardiente llamamiento. En su persona misma el hombre ama a Dios y es amado por \u00e9l.<\/p>\n<p>a) La vida entera de Jes\u00fas manifiesta este doble di\u00e1logo. Dado al Padre desde los comienzos (Lc 2,49; cf. Heb 10,5ss), viviendo en oraci\u00f3n y en acci\u00f3n de gracias (cf. Mc 1,35; Mt 11,25) y sobre todo en perfecta conformidad con la voluntad divina (Jn 4,34; 6,38), est\u00e1 incesantemente a la *escucha de Dios (5,30; 8,26. 40), lo cual le asegura que es escuchado por \u00e9l (11,41s; cf. 9,31). Por lo que se refiere a los hombres su vida se da completamente, no s\u00f3lo a algunos *amigos (cf. Mc 10,21; Lc 8,1ss; Jn 11,3.5.36), sino a todos (Mc 10,45); pasa por el mundo haciendo bien (Act 10,38; Mt 11,28ss), en un desinter\u00e9s total (Lc 9,58) y atento a todos, incluso, y sobre todo, a los m\u00e1s despreciados y a los m\u00e1s indignos (Lc 7,36-50; 19,1-10; Mt 21,31s); escoge gratuitamente a los que quiere (Mc 3,13) para hacerlos sus amigos (Jn 15,15s).<\/p>\n<p>Este amor exige reciprocidad; el mandamiento del Deuteronomio se mantiene en vigor (Mt 22,37; cf. Rom 8,28; ICor 8,3; IJn 5,2), pero se le obedece a trav\u00e9s de Jes\u00fas: am\u00e1ndole se ama al Padre (Mt 10 40; Jn 8,42; 14,21-24). Finalmente, amar a Jes\u00fas es guardar \u00ed\u00adntegramente su *palabra (Jn 14,15.21.23) y *seguirle renunciando a todo (Mc 10, 17-21; Lc 14,25s,s). Consiguientemente, a lo largo del evangelio se opera una divisi\u00f3n (Lc 2,34) entre los que aceptan y los que rechazan este amor, frente al cual no se puede permanecer neutral (Jn 6,60-71; cf. 3,18s; 8,13-59; 12,48).<\/p>\n<p>b) En la *cruz revela el amor en forma decisiva su intensidad y su drama. Era preciso que Jes\u00fas sufriera (Lc 9,22; 17,25; 24,7.26; cf. Heb 2,8), para que se revelara plenamente su *obediencia al Padre (Flp 2,8) y su amor a los suyos (Jn 13,1). Totalmente libre (cf. Mt 26 53; Jn 10,18), a trav\u00e9s de la tentaci\u00f3n y del aparente *silencio de Dios (Mc 14,32-41; 15,34; cf. Heb 4,15) en la radical *soledad humana (Mc 14,50; 15,29-32), perdonando sin embargo y acogiendo todav\u00ed\u00ada (Lc 23,28.34.43; Jn 19,26), llega Jes\u00fas al instante \u00fanico del \u00abm\u00e1s grande amor\u00bb (Jn 15,13). Entonces da todo, sin reserva, a Dios (Lc 23,46) y a todos los hombres sin excepci\u00f3n (Mc 10. 45; 14,24; 2Cor 5,14s; ITim 2,5s). Por la cruz es Dios plenamente *glorificado (Jn 17,4); del hombre Jes\u00fas\u00bb (ITim 2,5) y con \u00e9l la humanidad entera merece ser amada por Dios sin reserva (Jn 10,17; Flp 2,9ss). Dios y el hombre comunican en la *unidad, seg\u00fan la \u00faltima oraci\u00f3n de Jes\u00fas (Jn 17). Pero todav\u00ed\u00ada es preciso que el hombre acepte libremente un amor tan total y exigente, que debe llevarle a sacrificarse siguiendo a Cristo (17,19). Halla en el camino el *esc\u00e1ndalo de la *cruz, que no es sino el esc\u00e1ndalo del amor. Ahi es donde se manifiesta en su plenitud el don del Esposo a la esposa (Ef 5,25ss; G\u00e1l 2,20), pero tambien para los hombres la suprema tentaci\u00f3n de la infidelidad.<\/p>\n<p>3. El amor universal en el Esp\u00ed\u00adritu. Si el calvario es el lugar del amor perfecto, la manera como lo manifiesta es una *prueba decisiva: de hecho los amigos del crucificado lo abandonan (Mc 14,50; Lc 23,13-24); es que la adhesi\u00f3n al amor divino no es cuesti\u00f3n de encuentro f\u00ed\u00adsico ni de razonamiento humano, en una palabra, de \u00abconacimiento seg\u00fan la *carne\u00bb (2Cor 5,16); hace falta el don del *Espirito, que crea en el hombre un \u00ab*coraz\u00f3n *nuevo\u00bb (cf. Jer 31,33s; Ez 36,25ss). El Espiritu derramado en *pentecost\u00e9s (Act 2,1-36), como lo hab\u00ed\u00ada prometido Cristo (Jn 14,16ss; cf. Lc 24,49) est\u00e1 desde entonces presente en el mundo (Jn 14,16) por la Iglesia (Ef 2,21s). y *ense\u00f1a a los hombres lo que Jes\u00fas les ha dicho (Jn 14,26) haci\u00e9ndoselo comprender desde dentro, con un verdadero *conocimiento religioso; los hombres, testigos o no de la vida terrestre de Jes\u00fas, son aqu\u00ed\u00ad iguales, sin distinci\u00f3n de tiempo ni de raza. Todo hombre tiene necesidad del Espiritu para poder decir \u00abPadre\u00bb (Rm 8,15) y glorificar a Cristo (Jn 16,14). Asi se derrama en nosotros un amor (Rom 5,5) que nos apremia (2Cor 5,14), un amor del que nada puede ya separarnos (Rom 8,35-39) y que nos prepara al encuentro definitivo de amor, en el que \u00abconoceremos como somos conocidos\u00bb (ICor 13,12).<\/p>\n<p>4. Dios es amor. El amor entre Dios y el hombre tiene finalmente por fuente el amor eterno del Padre y del Hijo (Jn 17,24.26), que es tambi\u00e9n el amor del Espiritu (2Cor 13, 13), en una palabra, el amor eterno de la Trinidad. Y en \u00e9sta aparece la afirmaci\u00f3n que es la \u00faltima palabra de toda cosa: en su esencia misma *Dios es amor (IJn 4,8.16).<\/p>\n<p>II. LA CARIDAD FRATERNA.<\/p>\n<p>AT. Ya en el AT el mandamiento del amor de Dios se completa con el \u00absegundo mandamiento\u00bb: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (Lev 19,18). A decir verdad, este mandamiento se presenta en forma menos solemne que el otro (comp. Lev 19,1-37 y Dt 6,4-13) y la palabra *pr\u00f3jimo tiene un sentido bastante restringido. Pero al israelita se le invita ya a prestar atenci\u00f3n a \u00ablos otros\u00bb. En los textos m\u00e1s antiguos es ya una ofensa a Dios ser indiferente u hostil al pr\u00f3jimo (G\u00e9n 3,12; 4,9s) y la ley une a las exigencias que conciernen a las relaciones con Dios, las que ata\u00f1en a las relaciones entre los hombres: as\u00ed\u00ad el Dec\u00e1logo (Ex 20,1217) o el C\u00f3digo de la alianza., que abunda en prescripciones de atenci\u00f3n para con los *pobres y los peque\u00f1os (Ex 22,20-26; 23,4-12). Toda la tradici\u00f3n prof\u00e9tica (Am 1-2; Is 1,14-17, Jer 9,2-5; Ez 18,5-9; Mal 3,5) y toda la tradici\u00f3n sapiencial (Prov 14,21; 1,8-19; Eclo 25,1; Sab 2,10ss) van en el mismo sentido; no se puede agradar a Dios sin respetar a los otros hombres, pero sobre todo a los m\u00e1s abandonados, los menos \u00abinteresantes\u00bb. Nunca se crey\u00f3 poder amar a Dios sin interesarse por los hombres: \u00abpracticaba la justicia y el derecho&#8230; juzgaba la causa del pobre y del desgraciado. *Conocerme, \u00bfno es esto?\u00bb (Jer 22, 15s). El or\u00e1culo concierne a Jos\u00ed\u00adas, pero alcanza a todo Israel (cf. Jer 9,4)<br \/>\nQue a este amor se le llama explicitamente amor, esto no se dice con frecuencia (Lev 19,18; 19,34; Dt 10,19). Sin embargo, ya con ocasi\u00f3n del amor para con el *extranjero se funda el mandamiento en el deber de obrar como Yahveh en los tiempos del *Exodo: \u00abYahveh ama al extranjero y le alimenta y le viste. Amad tambi\u00e9n vosotros al extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egiptos (Dt 10,18s). El motivo no es una mera solidaridad natural, sino la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Antes de la venida de Cristo, el juda\u00ed\u00adsmo profundiza la naturaleza del amor *fraterno. En el amor del pr\u00f3jimo se incluye al adversario judio y hasta al enemigo pagano; el amor se hace m\u00e1s universal, aun cuando Israel conserva su papel central. \u00abAma la paz\u00bb, dice Hillel. \u00abAspira a la paz. Ama a las criaturas cond\u00facelas a la ley\u00bb. Se descubre que amar es prolongar la acci\u00f3n divina: \u00abLo mismo que el Santo -\u00c2\u00a1bendito sea!- viste a los que est\u00e1n desnudos, consuela a los afligidos, entierra a los muertos, as\u00ed\u00ad t\u00fa tambi\u00e9n viste a los que est\u00e1n desnudos, visita a los enfermos, etc.. En estas condiciones era ya f\u00e1cil hacer el enlace entre los dos mandamientos de amor de Dios y de amor del pr\u00f3jimo; as\u00ed\u00ad lo hizo un d\u00ed\u00ada un escriba que abord\u00f3 a Jes\u00fas (Lc 10,26s).<\/p>\n<p>NT. Si la concepci\u00f3n jud\u00ed\u00ada podia hacer creer que el amor fraterno se yuxtapone en el mismo plano a otros mandamientos, la visi\u00f3n cristiana, en cambio, le da el puesto central y hasta \u00fanico.<\/p>\n<p>1. Los dos amores. De un extremo a otro del NT el amor del *pr\u00f3jimo aparece indisociable del amor de Dios: los dos mandamientos son el \u00e1pice y la clave de la ley (Mc 12,28-33 p); es el compendio de toda exigencia moral (G\u00e1l 5,22; 6,2; Rom 13, es; Col 3,14), el mandamiento \u00fanico (IJn 15,12; 2Jn 5); la caridad es la *obra \u00fanica y multiforme de toda *fe viva (G\u00e1l 5,\u00f3.22): \u00abel que no ama a su hermano, al que ve, \u00bfc\u00f3mo amar\u00e1 a Dios, al que no ve\u00bb (IJn 4,20s)?<br \/>\nEste amor es esencialmente religioso, de un esp\u00ed\u00adritu completamente distinto de la mera filantrop\u00ed\u00ada. En primer lugar por su modelo: imitar el amor mismo de Dios (Mt 5,44s; Ef 5,1s.25; IJn 4,11s). Luego por su fuente, y sobre todo porque es la obra de Dios en nosotros: \u00bfc\u00f3mo ser\u00ed\u00adamos nosotros *misericordiosos como el Padre celestial (Lc 6,36) si no nos lo ense\u00f1ara el Se\u00f1or (ITes 4,9), si no lo derramara el Esp\u00ed\u00adritu en nuestros corazones (Rm 5,5; 15,30)? Este amor viene de Dios y existe en nosotros por el hecho mismo de que Dios nos toma por *hijos (IJn 4,7). Y, venido de Dios, vuelve a Dios: amando a nuestros hermanos amamos al Se\u00f1or mismo (Mt 25,40), puesto que todos juntos formamos el *cuerpo de Cristo (Rm 12,5-10; ICor 12,12-27). Tal es la manera como podemos responder al amor con que Dios nos am\u00f3 el primero (IJn 3,16; 4,19s).<\/p>\n<p>Mientras se aguarda la parus\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, la caridad es la actividad esencial de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, seg\u00fan la cual ser\u00e1n juzgados (Mt 25, 31-46). Tal es el testamento dejado por Jes\u00fas: \u00abAmaos los unos a los otros, como yo os he amado\u00bb. (Jn 13,34s). El acto de amor de Cristo sigue expres\u00e1ndose a trav\u00e9s de los actos de los disc\u00ed\u00adpulos. Este mandamiento, si bien antiguo por estar ligado con las fuentes de la revelaci\u00f3n (IJn 2,7s), es *nuevo: en efecto, Jes\u00fas inaugur\u00f3 una era nueva que anunciaban los profetas, dando a cada uno el Espiritu que crea corazones nuevos. Si, pues, est\u00e1n unidos los dos mandamientos, es porque el amor de Cristo contin\u00faa expres\u00e1ndose a trav\u00e9s de la caridad que manifiestan los disc\u00ed\u00adpulos entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>2. El amor es don. La caridad cristiana es vista, sobre todo por los sin\u00f3pticos y san Pablo, conforme a la imagen de Dios que da gratuitamente su Hijo por la salvaci\u00f3n de todos los hombres pecadores, sin m\u00e9rito alguno por su parte (Mc 10,45; Rom 5,6ss). Es, pues, universal, sin dejar que subsista barrera alguna social o racial (G\u00e1l 3,28), sin despreciar a nadie (Lc 14,13; 7,39); m\u00e1s a\u00fan, exige el amor de los *enemigos (Mt 5,43-47; Lc 10,29-37). El amor no puede desalentarse: tiene como leyes el *perd\u00f3n sin limites (Mt 18, 21s; 6,12.14s), el gesto espont\u00e1neo para con el adversario (Mt 5,23-26), la *paciencia, el bien devuelto a cambio del mal (Rm 12,14-21; Ef 4,25-5,2). En el *matrimonio se expresa en forma de don total, a imagen del sacrificio de Cristo (Ef 5,25-32). Para todos es finalmente una *esclavitud mutua (G\u00e1l 5,13), en la que el hombre renuncia a si mismo con Cristo crucificado (Flp 2,1-11). Pablo, en su \u00abhimno a la caridad\u00bb (1Cor 13) manifiesta la naturaleza y la grandeza del amor. Sin descuidar en modo alguno sus exigencias cotidianas (13,4ss), afirma que sin la caridad nada tiene valor (13,1ss), que s\u00f3lo ella sobrevivir\u00e1 a todo: amando como Cristo vivimos ya una realidad divina y eterna (13,8-13). Por ella es *edificada la Iglesia (ICor 8, 1; Ef 4,16); por ella el hombre viene a ser perfecto para el *dia del Se\u00f1or (Flp I,9ss).<\/p>\n<p>3. El amor es comuni\u00f3n. Desde luego, Juan no ignora la universalidad y la gratuidad del amor divino (Jn 3,16; 15,16; IJn 4,10), pero es m\u00e1s sensible a la *comuni\u00f3n del Padre y del Hijo en el Espiritu. Este amor se difunde en nosotros y nos invita a participar en \u00e9l, no s\u00f3lo amando a Dios, sino viviendo a su imagen en una intensa comuni\u00f3n religiosa de intercambio y de reciprocidad. La comuni\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos es un fuego de amor que el cristiano debe animar con todo su coraz\u00f3n. Frente al *mundo, al que no debe amar (IJn 2,15; cf. Jn 17,9), amar\u00e1 a sus hermanos con un amor exigente y concreto (IJn 3,11-18), en el que entra en juego la ley de la renuncia y de la muerte, sin la cual no hay verdadera *fecundidad (Jn 12,24s). Por esta caridad el creyente *permanece en comuni\u00f3n con Dios (IJn 4,7-5,4). Tal fue la \u00faltima oraci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abque el amor con que me has amado est\u00e9 en ellos y yo en ellos\u00bb (Jn 17,26). Este amor fraterno, vivido por los disc\u00ed\u00adpulos en medio del mundo al que no pertenecen (17,11.15s), es el *testimonio a trav\u00e9s del cual el mundo puede reconocer a Jes\u00fas como enviado del Padre (17,21): \u00abEn esto conocer\u00e1n que sois mis disc\u00ed\u00adpulos: si ten\u00e9is caridad los unos con los otros\u00bb (13,35). -> Amigo &#8211; Ira &#8211; Conocer &#8211; Elecci\u00f3n &#8211; Esposo &#8211; Eucarist\u00ed\u00ada &#8211; Enemigo &#8211; Hermano &#8211; Odio &#8211; Misericordia &#8211; Pr\u00f3jimo &#8211; Sacrificio &#8211; Celo.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Las Escrituras definen el amor en la \u00fanica forma que puede y debe ser definido, esto es, enumerando sus atributos: \u00abEl amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser\u00bb (1 Co. 13:4\u20138a). El amor es comuni\u00f3n entre personas; es una acci\u00f3n de entrega personal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dios es amor en su esencia misma (1 Jn. 4:8, 16). La naturaleza eterna y autogenerativa de Dios act\u00faa ella misma en una entrega mutua entre el Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo. Cuando Cristo vino a la tierra, encarn\u00f3 perfecto amor. Llev\u00f3 el sello mismo de la naturaleza divina; los que lo vieron, vieron al Padre. Aun los enemigos de Cristo no encontraron falta en \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La salvaci\u00f3n fue concebida por el amor de Dios. El Padre plane\u00f3 la salvaci\u00f3n; el Hijo la ejecut\u00f3 y el Esp\u00edritu Santo la aplica. Hay tal perfecta unidad en la deidad que algunos actos de redenci\u00f3n se le atribuyen a una de las personas espec\u00edficas o bien a la Deidad esencialmente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amor es el verdadero punto de contacto entre Dios y el hombre. El hombre ha sido hecho a la imagen de Dios, y la imagen de Dios es la capacidad de entrega personal. Mientras m\u00e1s bondadoso y amante es un hombre, mucho m\u00e1s se parece a Dios. Un hombre bueno prefiere a otros antes que a \u00e9l mismo; un hombre malo es ego\u00edsta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amor anula la ley por medio de sobrepasar la ley, ya que el amor contiene su propio sentido de obligaci\u00f3n. Si una madre escucha el llanto de sus ni\u00f1os, corre a su lado sin estar obligada por el deber legal. El amor no necesita la ley. Por tanto, cuando se les manda a los cristianos a amar, el mandamiento es tanto un juicio contra el desamor como una prescripci\u00f3n para ser amante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer y m\u00e1s grande mandamiento es, \u00abOye, Israel; el Se\u00f1or nuestro Dios, el Se\u00f1or uno es. Y amar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con todo tu coraz\u00f3n y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas\u00bb (Mr. 12:29\u201330). Dado que dependemos totalmente de Dios, no nos relacionamos con \u00e9l correctamente a menos que estemos totalmente rendidos a \u00e9l. El amor a Dios resulta en adoraci\u00f3n, y la adoraci\u00f3n termina en comuni\u00f3n\u2014comuni\u00f3n hecha posible por la vida y muerte de Cristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo gran mandamiento es: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (Mr. 12:31). Todo ser humano normal tiene un sentido de su propia dignidad escrito en su coraz\u00f3n. Jam\u00e1s llamar\u00e1 bueno a un hombre que no muestra se\u00f1ales espont\u00e1neas de recibir su dignidad. De esta forma, el amor a uno mismo es la base del amor al pr\u00f3jimo. Debemos amar al pr\u00f3jimo con la misma intensidad y celo y consistencia que nos amamos a nosotros mismos. Y dado que no hay l\u00edmites pr\u00e1cticos a los derechos del amor propio, tampoco hay l\u00edmites pr\u00e1cticos para nuestro deber de amar al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Cristo se preparaba para abandonar este mundo, dijo a sus disc\u00edpulos; \u00abUn mandamiento nuevo os doy: Que os am\u00e9is unos a otros; como yo os he amado, que tambi\u00e9n os am\u00e9is unos a otros\u00bb (Jn. 13:34). Mois\u00e9s dio forma a la ley del amor (Lv. 19:18; Dt. 6:5), pero s\u00f3lo Cristo pudo darle sustancia. La vida de Cristo es la norma final por la que un cristiano mide la virtud en \u00e9l y en otros. Cristo perfeccion\u00f3 la naturaleza humana amando a Dios con todo su coraz\u00f3n y a su pr\u00f3jimo como a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amor puede ir acompa\u00f1ado o no por el afecto personal. Podemos ser amables y considerados con una persona, aun cuando no nos guste. Cristo nos manda a amar aun a nuestros enemigos. \u00abPorque si am\u00e1is a los que os aman, \u00bfqu\u00e9 recompensa tendr\u00e9is?\u2026 Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre que est\u00e1 en los cielos es perfecto\u00bb (Mt. 5:46\u201348). Ya que Dios nos am\u00f3 aun cuando est\u00e1bamos en nuestros pecados (Ro. 5:8), nosotros tenemos un motivo vital para amar a aquellos que son desagradables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amor es la marca del verdadero disc\u00edpulo. \u00abEn esto conocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00edpulos, si tuviereis amor los unos a los otros\u00bb (Jn. 13:35). J. C. Ryle observa que la humildad y el amor son precisamente las gracias que los hombres del mundo pueden entender, en el caso que no entiendan las doctrinas. Son gracias en las cuales no hay misterio, y est\u00e1n al alcance de todas las clases.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amor es la llave para la felicidad como tambi\u00e9n de la virtud, ya que sin amor no hay vida. Puede que exista un suicidio potencial, pero no habr\u00e1 vida. Si uno no ama no goza de la liberaci\u00f3n que viene de la entrega personal. El que busca salvarse se perder\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los griegos entendieron correctamente que el hombre no es virtuoso hasta hacer funcionar su esencia. Pero los griegos confundieron el hombre racional con el hombre vital. Pensaron que el hombre es bueno cuando se sujeta a los dictados de la raz\u00f3n. Pero esta estrategia deja el orgullo y el ego\u00edsmo intactos. Un hombre racional puede evadir la misi\u00f3n de la entrega personal, pero al hacer esto queda destituido de la gloria de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Kierkegaard, <em>Works of Love<\/em>; Reinhold Niehuhr, \u00abLove and Law in Protestantism and Catholicism\u00bb en <em>Christian Realism and Political Problems<\/em>, pp. 147\u2013173; Anders Nygren, <em>Agape and Eros<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Edward John Carnell<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (25). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es la tercera y m\u00e1s importante de las virtudes Divinas enumeradas por San Pablo (1 Cor, 13,13),  usualmente  llamada caridad y es definida como:   h\u00e1bito divinamente infundido, inclinaci\u00f3n de la voluntad del hombre a amar a Dios por S\u00ed mismo sobre todas las cosas y al hombre por el amor a Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La definici\u00f3n realza las caracter\u00edsticas principales de la caridad:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)  Su origen, por infusi\u00f3n divina:   \u201cel amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que nos ha sido dado.\u201d (Rom. 5,5). Es, por lo tanto, distinto de y superior a la inclinaci\u00f3n innata o el h\u00e1bito adquirido de amar a Dios en el orden natural.  Los te\u00f3logos  (v. Teolog\u00eda) concuerdan al decir  que es infundida  junto con la gracia santificante, con la cual est\u00e1 \u00edntimamente relacionada ya sea por identidad real, como algunos sostienen o, de acuerdo a una idea m\u00e1s com\u00fan, por medio de una emanaci\u00f3n connatural.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2)  Su morada es la voluntad humana. Aunque a veces la caridad es intensamente emocional y frecuentemente reacciona sobre nuestras facultades sensoriales, reside propiamente en la voluntad racional, un hecho que no deben olvidar  aquellos que la hacen una virtud imposible.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Su acto espec\u00edfico, es decir, el amor de benevolencia y amistad. Amar a Dios es desearle todo honor, gloria y todo bien; y esforzarnos, en la medida que podemos, obtenerlo para \u00c9l. San Juan (14,23; 15,14) enfatiza el rasgo de reciprocidad que hace de la caridad una aut\u00e9ntica amistad del hombre con Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4) Su motivo, es decir, la bondad Divina o amabilidad tomada absolutamente y como dada a conocer a nosotros por la fe. No importa si esa bondad es vista en uno, o varios, o todos los atributos Divinos, sino que en todos los casos, nos debemos adherir a ella, no como una fuente de ayuda o premio o felicidad para nosotros mismos, sino como un bien en s\u00ed mismo, infinitamente  (v. infinito) merecedor de nuestro amor, en este \u00fanico sentido, Dios es amado por S\u00ed mismo.  Sin embargo, la distinci\u00f3n de los dos amores: concupiscencia, la cual incita la esperanza; y benevolencia, la cual anima la caridad, no deben ser forzadas a un tipo de exclusi\u00f3n mutua, pues la Iglesia ha condenado repetidamente cualquier intento por desacreditar las obras de la esperanza cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(5) Su alcance:   Es decir, ambos, Dios y el hombre. Mientras solo Dios es todo amable, puesto que como todos los hombres, por gracia y gloria, ya sea que realmente comparten o al menos son capaces de compartir la bondad divina, se deduce que el amor sobrenatural (. orden sobrenatural) m\u00e1s bien los incluye que excluye, de acuerdo a Mateo 22,39 y Lucas 10,27. Por lo tanto, una y la misma virtud de la caridad concluyen en ambos, Dios y el hombre, en Dios principalmente y en el hombre secundariamente.\n<\/p>\n<h2>El amor de Dios<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El  deber supremo  de amar a Dios est\u00e1 concisamente expresado en Deut. 6,5; Mt. 22,37; y Lc. 10, 27.     Es bastante obvio  el car\u00e1cter imperativo de las palabras \u201cDeber\u00e1s\u201d.   Inocencio XI  (Denzinger, n\u00fams. 1155-57) declara que el precepto no est\u00e1 cumplido por un acto de caridad realizado una vez en la vida, o cada cinco a\u00f1os, o en las muy indefinidas ocasiones cuando la justificaci\u00f3n no  se puede conseguir de otra forma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los moralistas apremian  la obligaci\u00f3n al comienzo de la vida moral cuando la raz\u00f3n ha logrado su desarrollo total; en el momento de la muerte; y de tiempo en tiempo durante la vida, no siendo ni posible ni necesario un c\u00e1lculo exacto dado que el h\u00e1bito cristiano de la oraci\u00f3n diaria seguramente cubre la obligaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La violaci\u00f3n del precepto es generalmente negativa, es decir, por omisi\u00f3n o indirecta, es decir, impl\u00edcita en cada falta grave; sin embargo, hay pecados directamente opuestos al amor de Dios: la pereza espiritual, al menos cuando conlleva una aborrecimiento  voluntario a los  bienes espirituales, y el odio a Dios, ya sea como abominaci\u00f3n a Sus leyes restrictivas y punitivas o una aversi\u00f3n a Su Sagrada Persona. (v. pereza, odio).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los requisitos de  \u201ccon todo tu coraz\u00f3n, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas\u201d no significan un m\u00e1ximo en intensidad, porque la intensidad de una acci\u00f3n nunca cae bajo su mandato; y mucho menos implican la necesidad de experimentar un amor m\u00e1s sensible por Dios que por las criaturas, porque las criaturas visibles, aunque imperfectas,   atraen nuestra sensibilidad mucho m\u00e1s que Dios invisible.  Su verdadero significado es que, tanto en nuestra apreciaci\u00f3n mental como en nuestra decisi\u00f3n voluntaria, Dios debe estar por sobre todo el resto, sin exceptuar padre o madre, hijo o hija (Mt. 10,37).   Santo Tom\u00e1s  (II-II, Q. XLIV, a. 5) asign\u00f3 un significado especial a cada una de las cuatro frases b\u00edblicas; otros, con mayor raz\u00f3n, toman la oraci\u00f3n completa en su sentido acumulativo y ven en ella el prop\u00f3sito, no s\u00f3lo de elevar la caridad sobre el bajo materialismo de los saduceos o el ritualismo  oficial de los fariseos, sino tambi\u00e9n declarando que \u201camar a Dios sobre todas las cosas es  asegurar la santidad de toda nuestra vida.\u201d (Le Camus, \u00abVie de Notre-Seigneur Jesus-Christ\u00bb, III, 81.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amor a Dios es incluso mas que un precepto que ata  la conciencia humana; es tambi\u00e9n, como observa Le Camus, \u201cel principio y meta de la perfecci\u00f3n moral.\u201d<br \/>\nComo el principio de perfecci\u00f3n moral en el orden sobrenatural, con la fe como fundamento y la esperanza como incentivo, el amor a Dios ocupa el primer lugar entre los medios de salvaci\u00f3n que los te\u00f3logos llaman necesario   \u201cnecesitate medii\u201d.   Al establecer  que \u201cla caridad no acaba nunca\u201d (1 Cor. 13,8), San Pablo da a entender claramente  que no hay diferencia de clase, sino s\u00f3lo de grado, entre la caridad aqu\u00ed abajo y la gloria all\u00e1 arriba; como consecuencia, el amor Divino, se torna en un comienzo  necesario de aquella vida semejante a  la de Dios que alcanza su plenitud s\u00f3lo en el Cielo.  La necesidad de la caridad habitual se infiere de su intima comuni\u00f3n con la gracia santificante. La necesidad de la caridad verdadera  no es menos evidente.   Fuera de los casos de recepci\u00f3n real en el bautismo, la penitencia,  o la extremaunci\u00f3n donde el amor de caridad por un  acto especial de la voluntad  de Dios, admite atrici\u00f3n como substituto, todos los adultos la necesitan, seg\u00fan  1  Jn.  3,14: \u201cquien no ama permanece en la  muerte\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como el objetivo de la perfecci\u00f3n moral, siempre en el orden sobrenatural, el amor a Dios es llamado \u201cel mas importante y el primero de los mandamientos\u201d (Mt. 22,38), \u201cel fin del mandamiento\u201d (1 Tim. 1,5), \u201cel v\u00ednculo  de la perfecci\u00f3n\u201d (Col. 3,14.)   Se yergue  como el factor m\u00e1s importante en las dos fases principales de nuestra vida espiritual:   la  justificaci\u00f3n y la adquisici\u00f3n de m\u00e9ritos. El poder justificante de la caridad,  tan bien expresado en Lc. 7, 47 y en  1 Ped. 4,8,  no ha sido de modo alguno abolido o reducido por la instituci\u00f3n de los Sacramentos del bautismo y penitencia, como medios necesarios de rehabilitaci\u00f3n moral; s\u00f3lo se ha hecho  para incluir una buena disposici\u00f3n de recibir estos sacramentos donde y cuando sea posible.  Su  poder meritorio, enfatizado por San Pablo (Rom. 8, 28) cubre ambos,  los actos producidos o los  ordenados  por caridad.  San Agust\u00edn (De laudibus quartets) llama a la caridad  la \u201cvida de las virtudes\u201d   (vita virtutum); y Santo Tom\u00e1s (II-II, Q. 8), \u201cla forma de las virtudes\u201d (forma virtutum.)   Lo que significa que las otras virtudes, aunque poseen un valor real propio, derivan una m\u00e1s fresca y  mayor  excelencia de su uni\u00f3n con la caridad, la cual, alcanzando directamente a Dios, ordena todas nuestras acciones virtuosas hacia  \u00c9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto  a la forma y grado de influencia que la caridad debe ejercer sobre nuestras acciones virtuosas, para hacerlas meritorias del  cielo, los te\u00f3logos est\u00e1n lejos de ponerse de acuerdo, algunos sostienen que se requiere s\u00f3lo el  estado de gracia, o caridad habitual; otros insisten sobre la m\u00e1s o menos frecuente renovaci\u00f3n de los distintos actos de amor divino.  Por supuesto,  el poder meritorio de la caridad es, como la virtud misma, susceptible de crecimiento indefinido. Santo Tom\u00e1s (II-II, Q. XXIV, 24 a. 4 y 8) menciona tres etapas  principales:   (1) liberarse del  pecado mortal a trav\u00e9s de la tenaz resistencia frente a la tentaci\u00f3n,<br \/>\n(2)  evadir los pecados veniales deliberados por la asidua pr\u00e1ctica de la virtud, (3) uni\u00f3n con Dios a trav\u00e9s de la repetici\u00f3n frecuente  de actos de amor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A \u00e9stos, escritores asc\u00e9ticos como Alvarez de Paz, Santa Teresa, San Francisco de Sales, agregan muchos m\u00e1s grados, anticipando as\u00ed  aun  en este mundo las \u201cmuchas mansiones en la casa del Padre\u201d.  Sin embargo, las prerrogativas de la caridad no deben ser  interpretadas de forma que incluyan  la inadmisibilidad.   Lo dicho por  San Juan (1 Jn. 3,6) \u201cQuien permanece en El (en Dios), no peca\u201d, significa ciertamente la especial permanencia de la caridad principalmente en sus grados mas altos, pero no es garant\u00eda absoluta contra la posibilidad de perderla; mientras el habito infundido nunca es disminuido por el pecado venial, una sola falta grave es suficiente para destruirla  y terminar as\u00ed la uni\u00f3n y amistad del hombre con Dios.\n<\/p>\n<h2>El amor  al hombre<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras la caridad abarca  a todos los hijos de Dios en el cielo, en la tierra y en el purgatorio (v.  Comuni\u00f3n de los Santos), aqu\u00ed es considerado como el amor sobrenatural del hombre hacia  el hombre en este mundo; como tal, incluye tanto el amor a s\u00ed mismo como el amor al pr\u00f3jimo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.1.   Amor a s\u00ed mismo:    San Gregorio el Grande (Hom. XIII en Evang.) se opone a  la expresi\u00f3n \u201ccaridad hacia uno mismo\u201d argumentando que la caridad requiere dos t\u00e9rminos, y San Agust\u00edn (De bono viduitatis, XXI) comenta que no es necesario ning\u00fan mandamiento que ordene al hombre  amarse  a s\u00ed mismo. Obviamente, la objeci\u00f3n de San Gregorio es puramente gramatical; la observaci\u00f3n de San Agust\u00edn se aplica al amor propio natural.   De hecho, el precepto del amor sobrenatural a s\u00ed mismo no es solamente posible o necesario, sino  tambi\u00e9n claramente contenido en el mandato de Cristo  de amar a nuestro pr\u00f3jimo como a nosotros mismos.   Sin embargo, su obligaci\u00f3n afecta vagamente sobre  la salvaci\u00f3n de nuestra alma. (Mat., 16,26), la adquisici\u00f3n de los m\u00e9ritos (Mt. 6,19ss), el uso cristiano del cuerpo (Rom. 6,13; 1 Cor. 6,19; Col., 3.5) y dif\u00edcilmente puede reducirse a puntos pr\u00e1cticos que no hayan sido ya cubiertos por preceptos mas espec\u00edficos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.2   Amor al Pr\u00f3jimo.   La idea cristiana de amor fraternal, comparado al concepto pagano (v. paganismo) o jud\u00edo (v. juda\u00edsmo), ha sido tocada en otras partes.  (v. Caridad y Caridades).  Brevemente, su rasgo distintivo, como tambi\u00e9n su superioridad, se encuentra menos  en sus mandamientos o prohibiciones, o incluso en sus resultados, que  en el motivo que impulsa sus  leyes y prepara sus logros. El fiel cumplimiento del \u201cnuevo mandamiento\u201d es llamado el criterio del verdadero discipulado cristiano (Jn. 13,34ss.), el criterio por el cual seremos juzgados (Mt. 25,34ss.), la mejor prueba que amamos a Dios Mismo (1 Jn. 3,10) y el cumplimiento de toda la ley (Gal. 5,14) porque, viendo al pr\u00f3jimo en Dios y a trav\u00e9s de Dios, tiene el mismo valor que el amor a Dios. La expresi\u00f3n \u201camar al pr\u00f3jimo por el amor a Dios\u201d significa que nos elevamos por sobre la  consideraci\u00f3n de una mera solidaridad natural  y el sentido fraternal, a una visi\u00f3n m\u00e1s elevada de nuestra com\u00fan adopci\u00f3n sobrenatural y herencia celestial; s\u00f3lo en ese sentido nuestro amor fraternal puede llevarnos cerca del amor que Cristo tuvo por nosotros (Jn. 13,35) y  una especie de identidad moral entre Cristo y el pr\u00f3jimo (Mt. 13,50).   De este elevado motivo la universalidad de la caridad fraternal sigue como consecuencia necesaria. Quienquiera que vea en su pr\u00f3jimo, no las peculiaridades humanas, sino los dones y privilegios de Dios, ya no podr\u00e1 restringir su amor a miembros de la familia, o correligionarios, o conciudadanos, o extranjeros dentro de las fronteras (Lev. 19,34), sino que necesitar\u00e1 extenderla sin distinci\u00f3n de jud\u00edo o gentil (Rom. 10,12), a todas las unidades de la especie humana, a todos socialmente marginados (Lc. 10,33ss.), e incluso a los enemigos (Mt. 5,23ss). Muy en\u00e9rgica es la lecci\u00f3n donde Cristo llama a sus oyentes a reconocer, en el muy menospreciado samaritano (v. Samaria), al verdadero tipo de pr\u00f3jimo y verdaderamente nuevo es el mandato a trav\u00e9s del cual \u00c9l nos impela a perdonar a nuestros enemigos, reconciliarnos con ellos, asistirlos y amarlos.  El ejercicio de la caridad podr\u00eda r\u00e1pidamente transformarse en imprudente e inoperante a no ser que haya en ella, como en todas las virtudes morales, un orden bien definido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ordo caritatis, como lo catalogan los te\u00f3logos, posiblemente de una errada interpretaci\u00f3n al Latin de Cant., II, 4 (ordinavit in me charitatem), toma en consideraci\u00f3n los siguientes tres factores diferentes:<br \/>\n1. las [pe[rsonas]] que reclaman nuestro amor,<br \/>\n2. las ventajas que deseamos procurarles y,<br \/>\n3. la necesidad en la que son ubicadas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo anterior es lo suficientemente simple cuando estos factores son considerados en forma separada. Considerando solo a las personas el orden es de alg\u00fan modo como sigue: s\u00ed mismo, esposa, ni\u00f1os, padres, hermanos y hermanas, amigos, dom\u00e9sticos, vecinos, paisanos y todos los dem\u00e1s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Considerando los bienes en s\u00ed mismos existe un orden triple:<br \/>\n1. los bienes espirituales m\u00e1s importantes en relaci\u00f3n a la salvaci\u00f3n del alma, deben ser los primeros que deben despertar nuestro af\u00e1n; luego<br \/>\n2. los bienes intr\u00ednsecos y naturales del alma y el cuerpo, como la vida, la salud, el conocimiento, la libertad, etc.;<br \/>\n3. finalmente, los bienes extr\u00ednsecos como la reputaci\u00f3n, la riqueza, etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Considerando aparte los varios tipos de necesidades, el siguiente orden obtendr\u00eda:<br \/>\n1. primero, extrema necesidad, all\u00ed donde un hombre est\u00e9 en peligro de condenaci\u00f3n, o de muerte, o de p\u00e9rdida de otros bienes de m\u00e1s o menos igual importancia y no puede hacer nada por ayudarse;<br \/>\n2. Segundo, necesidad grave, cuando alguien est\u00e9 en peligro similar puede salir de ella solo por esfuerzos heroicos;<br \/>\n3. tercero, necesidad com\u00fan, tales como aquellas que afectan a pecadores ordinarios o limosneros que pueden ayudarse a s\u00ed mismos, sin gran dificultad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando los tres factores se combinan, surgen reglas complicadas, la principal de ellas, son estas:<br \/>\n1. El amor de complacencia y el amor de beneficencia no siguen el mismo criterio, el primero guiado por el m\u00e9rito, y el \u00faltimo por la cercan\u00eda y necesidad del pr\u00f3jimo.<br \/>\n2. Nuestra salvaci\u00f3n personal es la que debe ser preferida por sobre todas. Nunca somos justificados de cometer ni el mas m\u00ednimo pecado por el amor a nadie o a nada, tampoco debemos exponernos a peligro espiritual excepto en algunos casos con tal precauci\u00f3n de estar en lo moralmente correcto y con la garant\u00eda de la protecci\u00f3n de Dios.<br \/>\n3. Estamos obligados a socorrer a nuestro pr\u00f3jimo en extrema necesidad espiritual incluso aunque nos cueste nuestra vida. Una obligaci\u00f3n que, sin embargo supone la certeza de la necesidad de nuestro pr\u00f3jimo y la efectividad de nuestro servicio a \u00e9l.<br \/>\n4. Excepto en muy raros casos descritos m\u00e1s arriba, no estamos obligados a arriesgar nuestra vida o miembros por el pr\u00f3jimo, sino solo de padecer la cantidad de inconvenientes que son justificados por la necesidad y cercan\u00eda al pr\u00f3jimo. Los casuistas no concuerdan respecto a lo correcto de dar nuestra propia vida por otra vida de igual importancia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente:  TANQUEREY, De virtute caritatis en Synopsis Theologiae Moralis, II (New York, 1906), 426; SLATER, A Manual of Moral Theology, I (New York, 1909), 179 sqq.; BATIFFOL, L&#8217;Enseignement de J\u00e9sus (Paris 1905); NORTHCOTE, The Bond of Perfection (London, 1907); GAFFRE, La Loi d&#8217;Amour (Paris, 1908); DE SALES, Trait\u00e9 de l&#8217;amour de Dieu; PESCH Praelectiones Dogmaticae, VIII (Freiburg im Br., 1898), 226 sqq.; DUBLANCHY in Dict. de Th\u00e9ol. Cath. s. v. Charit\u00e9, con una exhaustiva bibliograf\u00eda de te\u00f3logos y m\u00edsticos que han tratado esta materia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luc\u00eda Lessan.  Revisado y corregido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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