{"id":8686,"date":"2016-02-05T05:02:12","date_gmt":"2016-02-05T10:02:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evangelios\/"},"modified":"2016-02-05T05:02:12","modified_gmt":"2016-02-05T10:02:12","slug":"evangelios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evangelios\/","title":{"rendered":"EVANGELIOS"},"content":{"rendered":"<p>Nombre con el cual se designa a los primeros cuatro libros del NT: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Aunque el Se\u00f1or Jes\u00fas orden\u00f3 que se predicara \u2020\u0153este evangelio\u2020\u009d (Mar 14:9; Mar 16:15), \u00e9l no escribi\u00f3 una historia de su vida ni orden\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos que lo hicieran. Despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s, los ap\u00f3stoles fueron anunciando las buenas nuevas, hablando de Cristo a todo el mundo. Su mensaje, entonces, era un testimonio personal (\u2020\u0153Lo que hemos o\u00ed\u00addo, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida\u2020\u009d [1Jn 1:1]) de los ap\u00f3stoles, quienes fueron \u2020\u0153los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra\u2020\u009d (Luc 1:2). La comunicaci\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico se hizo, pues, oralmente durante varias d\u00e9cadas. (\u2020\u00a2\u00ed\u0081grafa). Las historias sobre la vida del Se\u00f1or, sus palabras, sus milagros, su muerte y resurrecci\u00f3n circularon ampliamente por distintos pa\u00ed\u00adses, en diferentes idiomas, hasta que la comunidad cristiana sinti\u00f3 la necesidad de ponerlas por escrito, a fin de evitar el desfiguramiento que los hechos pod\u00ed\u00adan recibir en esta continua transmisi\u00f3n oral.<\/p>\n<p>Una antiqu\u00ed\u00adsima tradici\u00f3n dice que tras la persecuci\u00f3n de tiempos de Ner\u00f3n, muertos los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, los cristianos de Roma que sobrevivieron le pidieron a Marcos, que fue ayudante de Pedro, que escribiera lo que recordara de sus ense\u00f1anzas en cuanto a la vida y obra del Se\u00f1or Jes\u00fas. Esto acontecer\u00ed\u00ada a fines de los a\u00f1os 60. Pap\u00ed\u00adas, escribiendo en el siglo II, habla de ello diciendo que Marcos escribi\u00f3 las cosas que el Se\u00f1or Jes\u00fas dijo o hizo y que no fue su intenci\u00f3n el hacer una armon\u00ed\u00ada de la \u2020\u0153Logia\u2020\u009d del Se\u00f1or. Aparentemente, se llamaba \u2020\u0153Logia\u2020\u009d a todos esos dichos e historias del Se\u00f1or que circulaban. Se discute si ello significa que algunos hab\u00ed\u00adan puesto por escrito esos dichos y hechos. Pap\u00ed\u00adas tambi\u00e9n dijo que Mateo organiz\u00f3 la \u2020\u0153Logia\u2020\u009d en hebreo y que luego se hicieron traducciones al griego. Algunos opinan que es posible que Mateo fuera anterior a Marcos. Lucas escribi\u00f3 despu\u00e9s de estos dos. Las palabras con las cuales comienza su e. son muy iluminadoras: \u2020\u0153Puesto que muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciert\u00ed\u00adsimas, tal como nos lo ense\u00f1aron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra\u2020\u009d (Luc 1:1-4). Es probable que cuando habla de los \u2020\u0153muchos\u2020\u009d se estuviera refiriendo, entre otros, a Marcos y Mateo. El E. de Juan apareci\u00f3 a fines de la d\u00e9cada de los a\u00f1os noventa.<br \/>\nrecoger en una obra escrita las cosas que se repet\u00ed\u00adan entre las iglesias, los autores quisieron poner a disposici\u00f3n de \u00e9stas un instrumento que les facilitara la instrucci\u00f3n a los nuevos convertidos y que sirviera para la predicaci\u00f3n del mensaje. No se sentaron a escribir una biograf\u00ed\u00ada del Se\u00f1or Jes\u00fas. Su intenci\u00f3n no era el hacer historiograf\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad, no escribieron los acontecimientos en estricto orden cronol\u00f3gico ni se deten\u00ed\u00adan en grandes detalles topogr\u00e1ficos o geogr\u00e1ficos. Al parecer, la \u2020\u0153Logia\u2020\u009d estaba constituida por relatos y dichos del Se\u00f1or agrupados de una forma que atend\u00ed\u00ada a temas o que facilitaba la memorizaci\u00f3n. Los evangelistas compilaron estos datos. Pero al hacerlo estaban efectuando, en realidad, una certificaci\u00f3n, puesto que dos de los evangelistas, Mateo y Juan, fueron ap\u00f3stoles y conocieron personalmente al Se\u00f1or, siendo, por lo tanto, testigos presenciales de las cosas. Es evidente que no hubieran incluido en sus textos nada que no fuera aut\u00e9ntico. Marcos, como se dijo, fue ayudante del ap\u00f3stol Pedro y escribi\u00f3 recordando lo que aprendi\u00f3 de este ap\u00f3stol. Lucas fue un colaborador de Pablo. Adem\u00e1s, \u00e9l mismo dice que lo que escribe lo hab\u00ed\u00ada \u2020\u0153investigado con diligencia\u2020\u009d, para poner las cosas \u2020\u0153tal como nos lo ense\u00f1aron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra\u2020\u009d (Luc 1:1-3), lo que de seguro incluir\u00ed\u00ada varios de los ap\u00f3stoles. De manera que podemos estar seguros de que los E. recogen las incidencias de la vida del Se\u00f1or Jes\u00fas con absoluta fidelidad.<br \/>\nno hay prueba cierta de la existencia de una \u2020\u0153Logia\u2020\u009d escrita antes de los E., no pasa lo mismo con el per\u00ed\u00adodo posterior, pues se escribieron muchas obras. En el siglo II el movimiento gn\u00f3stico produjo varios e., entre ellos el \u2020\u0153Evangelio de Pedro\u2020\u009d, el \u2020\u0153Evangelio de Tom\u00e1s\u2020\u009d, el \u2020\u0153Evangelio de Felipe\u2020\u009d y otros ( \u2020\u00a2Ap\u00f3crifos y pseudoepigr\u00e1ficos del NT, Libros. \u2020\u00a2Nag-Hamadi). El \u2020\u00a2canon del NT se form\u00f3 lentamente, en un proceso en el cual las iglesias fueron desechando muchos escritos hasta que todas coincidieron en reconocer a Mateo, Marcos, Lucas y Juan.<br \/>\nprimeros tres son llamados \u2020\u0153sin\u00f3pticos\u2020\u009d. El t\u00e9rmino surgi\u00f3 porque estos Evangelios se parecen mucho entre s\u00ed\u00ad. De tal manera que muchos hicieron copias de ellos poni\u00e9ndolos en forma columnar, uno junto a otro, para poder tener una vista de conjunto, o sinopsis, de sus narraciones. Tienen b\u00e1sicamente la misma estructura, comenzando con el bautismo de Juan, la tentaci\u00f3n del Se\u00f1or, las incidencias de los viajes de Cristo por Galilea y sus alrededores, el viaje a Jerusal\u00e9n, los \u00faltimos d\u00ed\u00adas en aquella ciudad, la pasi\u00f3n y muerte de Cristo y su resurrecci\u00f3n. Desde muy temprano en la historia de la Iglesia se ha discutido acerca del \u2020\u0153problema sin\u00f3ptico\u2020\u009d, es decir, sobre las relaciones que guardan los tres primeros Evangelios entre s\u00ed\u00ad, especialmente teniendo en cuenta las coincidencias, que hacen que algunos piensen en la posibilidad de que alguno copiara de otro. Muchos eruditos, sin embargo, se deciden por opinar que los dichos y hechos del Se\u00f1or Jes\u00fas, al ser trasmitidos oralmente conservaban una estructura b\u00e1sica bastante parecida y que por eso son tan similares las historias de estos tres evangelistas que se limitaron a recopilarlas. Juan, que escribi\u00f3 poniendo m\u00e1s \u00e9nfasis en la parte doctrinal que en los detalles de los acontecimientos y que incluye viajes de Galilea a Jerusal\u00e9n que no est\u00e1n en los sin\u00f3pticos, coincide con \u00e9stos en la parte inicial y en la parte final. Los testimonios de los cuatro hombres que escribieron independiente-mente los E. representan cuatro versiones coincidentes en lo esencial sobre unos sucesos, aunque difieran en detalles entre s\u00ed\u00ad. Cumplen as\u00ed\u00ad plenamente con los requisitos que exige la ciencia hist\u00f3rica para considerar como ver\u00ed\u00addica la ocurrencia de esos sucesos.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, LIBR CRIT<\/p>\n<p>vet, Al principio, y en el mismo NT, el t\u00e9rmino evangelio no designaba ning\u00fan libro, sino el mensaje, la buena nueva. Durante el per\u00ed\u00adodo postapost\u00f3lico (hacia el a\u00f1o 150 d.C., Justino M\u00e1rtir, Apol. 1:66), sin embargo, el t\u00e9rmino \u00abEuangelion\u00bb designaba ya adem\u00e1s los escritos en los que los ap\u00f3stoles daban testimonio de Jes\u00fas. Cada uno de estos escritos recibi\u00f3 el nombre de Evangelio; tambi\u00e9n se dio el nombre de Evangelio al conjunto de los cuatro escritos. (a) Los cuatro evangelios. El testimonio de la historia da prueba de que, desde el mismo principio, se atribuyeron los cuatro evangelios, respectivamente, a Mateo, Marcos, Lucas y Juan; ya en el mismo inicio de la era postapost\u00f3lica la Iglesia consider\u00f3 a los Evangelios como documentos autorizados, que presentaban el testimonio apost\u00f3lico sobre la vida y la ense\u00f1anza de Cristo. Durante el siglo II se citaban, comentaban y le\u00ed\u00adan los Evangelios: su autenticidad es incontestable. El examen de las ep\u00ed\u00adstolas del NT demuestra asimismo que sus alusiones a Jes\u00fas y a sus obras concuerdan con los relatos de los Evangelios. Podemos as\u00ed\u00ad tenerlos como totalmente dignos de cr\u00e9dito. Los tres primeros evangelios presentan una gran cantidad de analog\u00ed\u00adas. Presentan en general la vida del Se\u00f1or bajo el mismo aspecto. Se les denomina Evangelios Sin\u00f3pticos (del gr. \u00absynopsis\u00bb, \u00abvista de conjunto\u00bb). Son, en cambio, de un car\u00e1cter totalmente distinto del Evangelio de Juan. El tema principal de los Sin\u00f3pticos es el ministerio de Cristo en Galilea; el cuarto evangelio, en cambio, destaca su actividad en Judea; sin embargo, la traici\u00f3n, el arresto, juicio, crucifixi\u00f3n, y la resurrecci\u00f3n, son de tal importancia que aparecen en los cuatro evangelios. El \u00fanico episodio anterior que figura en todos cuatro evangelios es la multiplicaci\u00f3n de panes para alimentar a los 5.000. Los Sin\u00f3pticos se refieren relativamente poco a la divinidad de Cristo, en tanto que Juan recalca el testimonio del mismo Jes\u00fas a este respecto. Los Sin\u00f3pticos presentan sobre todo las obras de Jes\u00fas, as\u00ed\u00ad como sus palabras acerca del reino de Dios, las par\u00e1bolas, las ense\u00f1anzas dadas al pueblo; Juan cita lo que Jes\u00fas dijo de S\u00ed\u00ad mismo, generalmente en discursos bien comprensibles. El cuarto evangelio supone e implica la existencia de los otros tres que, a su vez, se hacen inteligibles gracias a los hechos relatados en el Evangelio de Juan. Por ejemplo, Jn. 1:15 supone el conocimiento de Mt. 3:11, etc.; Jn. 3:24 el de Mt. 4:12; y Jn. 6:1-7:9, el de todos los relatos sin\u00f3pticos del ministerio en Galilea, etc. Por otra parte, solamente los acontecimientos relatados en los caps. 1 y 2 de Juan explican la acogida que dieron a Jes\u00fas en Galilea, y la buena disposici\u00f3n de Pedro, Andr\u00e9s, Santiago y Juan a dejarlo todo para seguir a Jes\u00fas. Asimismo, la repentina controversia acerca del s\u00e1bado que se presenta en los Sin\u00f3pticos (cp. Mr. 2:23, etc.) no se comprende sin el relato de Jn. 5. Todo y teniendo las mismas caracter\u00ed\u00adsticas generales, cada uno de los tres Evangelios Sin\u00f3pticos tiene sus propias caracter\u00ed\u00adsticas, debidas al objetivo del redactor y a la audiencia a la que se dirig\u00ed\u00ada: Mateo, que escrib\u00ed\u00ada para jud\u00ed\u00ados, destaca la condici\u00f3n regia de Jes\u00fas, el Mes\u00ed\u00adas. Se apoya constantemente en citas del AT, y expone la ense\u00f1anza de Cristo sobre el verdadero reino de Dios, en oposici\u00f3n a las opiniones err\u00f3neas que se daban en el seno del juda\u00ed\u00adsmo. Marcos escrib\u00ed\u00ada, en cambio, dirigi\u00e9ndose primariamente a los gentiles, y recalca el poder de Cristo para salvaci\u00f3n, manifestado en sus milagros. Lucas, que fue durante largo tiempo compa\u00f1ero de Pablo, muestra al Se\u00f1or en su car\u00e1cter de Salvador lleno de gracia, ocup\u00e1ndose de una manera especial de los ca\u00ed\u00addos, de los marginados, y de los destituidos. Juan destaca sobre todo a Jes\u00fas como la Palabra divina encarnada, revelando el Padre a aquellos que quisieran aceptarlo. Ninguno de los evangelistas se propuso presentar una biograf\u00ed\u00ada completa de nuestro Se\u00f1or. Cada uno de los hechos y palabras de Jes\u00fas presentado en cada Evangelio tiene un prop\u00f3sito did\u00e1ctico. Los evangelistas no actuaron con la pretendida frialdad objetiva de los historiadores. Su fin era adem\u00e1s muy distinto del de un historiador (Jn. 20:30, 31; cp. 21:25): eran testigos de una Persona (Jn. 15:27; 17:20). \u00bfDe d\u00f3nde sacaron los evangelistas sus datos? Siendo que Mateo y Juan eran ap\u00f3stoles, hubieran estado presentes en los sucesos que relatan o hubieron o\u00ed\u00addo las palabras que registran. Marcos acompa\u00f1\u00f3 a Pablo y a Pedro; una tradici\u00f3n muy antigua afirma que Marcos resumi\u00f3 en su Evangelio la predicaci\u00f3n de Pedro acerca de Jes\u00fas. Lucas, por su parte, afirma que recibi\u00f3 informaci\u00f3n de parte de los que \u00ablo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra\u00bb y que redact\u00f3 su Evangelio \u00abdespu\u00e9s de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen\u00bb (Lc. 1:1-4). As\u00ed\u00ad, los Evangelios nos dan el testimonio de los ap\u00f3stoles. Los numerosos puntos en com\u00fan que se hallan en el lenguaje de los Sin\u00f3pticos confirman este extremo. Un conferenciante itinerante, o un misionero en licencia temporal, cuando van de lugar en lugar contando sus experiencias, acaban recogi\u00e9ndolo todo en un relato estereotipado, a fin de dar con precisi\u00f3n los mismos hechos, a\u00f1adiendo de vez en cuando detalles que quiz\u00e1 se han omitido en otras ocasiones anteriores. Es probable que los ap\u00f3stoles y los primeros evangelistas hayan procedido con frecuencia de la misma manera, de forma que su relato estaba, en cierta medida, estereotipado. Algo m\u00e1s tarde, se consignaron fragmentos de este relato en forma escrita, para provecho de las iglesias de nueva fundaci\u00f3n. Es as\u00ed\u00ad que se dispers\u00f3, seg\u00fan nos lo dice la tradici\u00f3n inmediatamente posterior a los ap\u00f3stoles, un relato evang\u00e9lico de variada extensi\u00f3n, pero que ofrecer\u00ed\u00ada una gran uniformidad, incluso en la expresi\u00f3n. Las similaridades ling\u00fc\u00ed\u00adsticas de los Evangelios Sin\u00f3pticos indican as\u00ed\u00ad que nos transmiten el testimonio dado de Jes\u00fas por parte de los ap\u00f3stoles. El cuarto evangelio, por otra parte, trata de temas que al principio no eran tan precisos. Juan, que conoc\u00ed\u00ada personalmente estas cuestiones, las expuso algo m\u00e1s tarde, cuando la Iglesia precisaba de su conocimiento. (b) Cr\u00ed\u00adtica. No hay ning\u00fan dato hist\u00f3rico que permita dudar que los Sin\u00f3pticos hayan estado redactados entre Pentecost\u00e9s y la destrucci\u00f3n del templo (entre los a\u00f1os 30 y 70) por los autores cuyo nombre llevan, o que hubieran estado escritos en griego. Sin embargo, la cr\u00ed\u00adtica ha intentado asignar una fecha tan tard\u00ed\u00ada como fuera posible a la redacci\u00f3n de los evangelios, de manera que perdieran su valor testifical hist\u00f3rico. Para ello ha edificado toda una cadena de hip\u00f3tesis de las que se da a continuaci\u00f3n un breve resumen y examen. La cr\u00ed\u00adtica literaria se apoya en una cita de Pap\u00ed\u00adas (a principios del siglo II) para rechazar la autenticidad del Evangelio griego de Mateo, admitida un\u00e1nimemente por los Padres de la Iglesia. Pap\u00ed\u00adas escribi\u00f3 (Eusebio, \u00abHistoria Eclesi\u00e1stica\u00bb, III, 39:16): \u00abMateo orden\u00f3 las sentencias en lengua hebrea, pero cada uno las traduc\u00ed\u00ada como mejor pod\u00ed\u00ada.\u00bb Bas\u00e1ndose en esta cita, a pesar de nuestra total ignorancia acerca de estas \u00absentencias (gr., \u00ablogia\u00bb) en lengua hebrea\u00bb, se afirma lo que sigue: (A) Mateo no escribi\u00f3 el Evangelio en griego por cuanto escribi\u00f3 las Logia en hebreo; (B) el Evangelio de Mateo, escrito mucho tiempo despu\u00e9s por alg\u00fan desconocido, incluye posiblemente extractos de las Logia, pero han quedado entremezcladas con relatos procedentes de otras fuentes. La escuela de Baur se ha destacado por su af\u00e1n en discernir una falta de unidad en el Evangelio griego que lleva el nombre de Mateo (cp. P. Fargues, \u00abLes origines du N. T.\u00bb, Par\u00ed\u00ads, 1928, PP. 56ss.). Este trabajo de zapa es esencialmente subjetivo y marcado de entrada por un dogmatismo aprior\u00ed\u00adstico sistem\u00e1tico y muy tendencioso. No se puede pretender que Mateo escribiera las Logia y no escribiera posteriormente el Evangelio que lleva su nombre. Ireneo (Contra Herej\u00ed\u00adas, 3:1, 1), entre otros, da testimonio de Mateo como autor de este Evangelio. Se trata de un s\u00f3lido y permanente testimonio hist\u00f3rico frente a unas opiniones personales muy condicionadas por una filosof\u00ed\u00ada en principio hostil a la factualidad de la revelaci\u00f3n divina. Con respecto a Marcos, no habr\u00ed\u00ada sido el autor del segundo evangelio. Estar\u00ed\u00ada basado en un documento imaginario que nadie ha visto jam\u00e1s: el proto-Marcos, y la redacci\u00f3n del Evangelio hubiera implicado fuentes diversas que permitir\u00ed\u00adan postular ciertas \u00abincoherencias\u00bb. Sin embargo, las evidencias internas del segundo evangelio revelan una estrecha relaci\u00f3n con Pedro y su testimonio (cp. J. Caba, \u00abDe los Evangelios al Jes\u00fas hist\u00f3rico\u00bb, Madrid 1970, PP. 133-135). Hay otra clase de evidencia que ha salido recientemente a la luz con respecto al Evangelio de Marcos. La identificaci\u00f3n de unos fragmentos de papiro escritos en griego en la llamada Cueva 7 de Qumr\u00e1n, fechados entre el 50 y el 100 d.C., como pertenecientes al Evangelio de Marcos, hace desvanecer definitivamente las dudas que se hab\u00ed\u00adan arrojado sobre la fecha de su redacci\u00f3n. El Padre Jos\u00e9 O&#8217;Callaghan, S.I., que llev\u00f3 a cabo, tras penosas investigaciones, esta identificaci\u00f3n sobre nueve fragmentos, dice: \u00abCreo que me he encontrado con una evidencia innegable de que ciertos libros clave del Nuevo Testamento circulaban ya en vida de aquellos que hab\u00ed\u00adan caminado y hablado con Jes\u00fas\u00bb (cp. J. O&#8217;Callaghan, S.I., \u00abLos papiros griegos de la Cueva 7 de Qumr\u00e1n\u00bb, Madrid, 1974; D. Estrada y William White, Jr., \u00abThe First New Testament\u00bb, Nashville, 1978). Del tercer evangelio se afirma que, aunque est\u00e1 marcado por una unidad m\u00e1s real que los anteriores, no puede ya ser atribuido a Lucas, y como \u00fanica raz\u00f3n se dice que ser\u00ed\u00ada del mismo autor que el del libro de los Hechos. Pero \u00bfqu\u00e9 podr\u00ed\u00ada impedir a Lucas ser el autor tanto de Hechos como del Evangelio que lleva su nombre? Si el Evangelio es del mismo autor que Hechos, cuadra perfectamente bien como el \u00abprimer tratado\u00bb del que hace menci\u00f3n en Hechos 1:1. Por lo que respecta al cuarto evangelio, la cr\u00ed\u00adtica literaria reh\u00fasa asimismo atribuirlo a Juan. El disc\u00ed\u00adpulo amado (Jn. 19:26; 20:2) que, modestamente, no quiso poner su nombre, ha sido universalmente reconocido por la tradici\u00f3n de la iglesia desde los primeros siglos como el autor. Jam\u00e1s se ha dudado en el seno de la iglesia que Juan hubiera sido \u00abaquel disc\u00ed\u00adpulo que da testimonio de estas cosas, y escribi\u00f3 estas cosas\u00bb (Jn. 21:24). Nunca ha dudado la iglesia que \u00e9l fuera el m\u00e1s capacitado para completar la obra de los sinoptistas, al relatar, por ejemplo, las comunicaciones del Se\u00f1or a sus disc\u00ed\u00adpulos en la v\u00ed\u00adspera de su muerte (Jn. 15-16). El cuarto evangelio nos hace entrar profundamente en la intimidad de Cristo, e insiste m\u00e1s que los otros en la divinidad del Salvador, el Verbo eternamente existente (Jn. 1:1-2, 18; 8:58), \u00abCreador\u00bb y \u00abLuz\u00bb (Jn. 1:3-12). Para la cr\u00ed\u00adtica racionalista y modernista, todo el elemento dogm\u00e1tico que caracteriza al cuarto evangelio proviene en l\u00ed\u00adnea recta del misticismo griego, hallando su origen en la filosof\u00ed\u00ada alejandrina del siglo I. A esto se podr\u00ed\u00ada replicar que estas afirmaciones provienen de un desconocimiento total del pensamiento b\u00ed\u00adblico, totalmente ajeno al pensar hel\u00e9nico, si no estuvieran dominadas por la postura a priori que las ha motivado: que se busca negar a los Evangelios su valor como documentos hist\u00f3ricos fidedignos. Quien lea el cuarto evangelio sin prejuicios previos, junto con la 1\u00c2\u00aa Ep\u00ed\u00adstola de los Corintios, y constate que Juan, al igual que Pablo, us\u00f3 el vocabulario hel\u00e9nico, reconocer\u00e1 que lo hizo precisamente para mostrar la sima que separaba a la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica del dogma pagano de los griegos. Con respecto a la redacci\u00f3n del Evangelio de Juan, frente a los muchos intentos de los racionalistas y modernistas para atribuirle una fecha de redacci\u00f3n postapost\u00f3lica, se levanta el hecho de la existencia, en la Biblioteca John Rylands, de la Universidad de Manchester, de un fragmento de un c\u00f3dice que contiene unos cuantos vers\u00ed\u00adculos de Juan 18. Dice el doctor F. F. Bruce: \u00abNaturalmente, este peque\u00f1o fragmento no puede dar una gran contribuci\u00f3n a la cr\u00ed\u00adtica textual; su verdadera importancia reside en el testimonio que aporta en favor de la fecha tradicional de su redacci\u00f3n por parte de Juan (alrededor del a\u00f1o 100 d.C.)\u00bb (cp. F. F. Bruce, \u00abThe Books and the Parchments\u00bb, Pickering and Inglis, Ltd., Londres, 1963, p. 181). (c) Fecha. Si bien es dif\u00ed\u00adcil asignar una fecha precisa a la redacci\u00f3n de los Evangelios Sin\u00f3pticos, se puede aceptar que fueron escritos alrededor de unos 40 a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, entre el 65 y 70 d.C. En esta \u00e9poca, los relatos orales que circulaban en las comunidades palestinas debieron quedar fijados por escrito. La lengua griega estaba entonces muy difundida por todo el mundo mediterr\u00e1neo. El cuarto evangelio fue indudablemente escrito bastante m\u00e1s tarde, mucho despu\u00e9s de la ca\u00ed\u00adda de Jerusal\u00e9n, al final del siglo I. Es obra del ap\u00f3stol Juan, autor asimismo de tres cortas ep\u00ed\u00adstolas que llevan su nombre, y del libro del Apocalipsis, que recibi\u00f3 del Se\u00f1or cuando estaba desterrado en la isla de Patmos (Ap. 1:9). A mediados del siglo XX se propuso un nuevo m\u00e9todo de estudio del NT que cuenta en la actualidad con numerosos adeptos. Se trata del m\u00e9todo de la cr\u00ed\u00adtica formal o cr\u00ed\u00adtica de las formas (Formgeschichtliche Schule, o Form Criticism), del que Rudolf Bultmann, profesor de Marburgo, es el principal exponente e impulsor. Entre los representantes m\u00e1s importantes de esta escuela puede citarse a Dibelius, Schmidt, Easton, Grant, Lightfoot. Estos autores suponen que diversas tradiciones sirvieron como base para la elaboraci\u00f3n de los Evangelios, pero que primero circularon oralmente durante muchos a\u00f1os. Entre estas tradiciones orales se hallar\u00ed\u00adan paradigmas, historias, leyendas, milagros, par\u00e1bolas, logias, profec\u00ed\u00adas. Estas tradiciones hubieran sido ordenadas en base a los intereses religiosos de las comunidades primitivas. El cuadro cronol\u00f3gico y los detalles geogr\u00e1ficos ser\u00ed\u00adan una posterior aportaci\u00f3n, a\u00f1adida a los incidentes separados y a los discursos. Se afirma, as\u00ed\u00ad, que el Evangelio no es una narraci\u00f3n. Es \u00abkerigma\u00bb, predicaci\u00f3n. La verdad, en este esquema, es extra, o suprahist\u00f3rica. Hace falta salir del plan hist\u00f3rico para llegar a la verdad. El m\u00e9todo de la cr\u00ed\u00adtica formal practica lo que se llama la desmitologizaci\u00f3n, es decir, la retirada de las formas, o mitos, para poder ver a trav\u00e9s de la historia evang\u00e9lica. Entre estos mitos, que sin embargo son declarados objetos de fe, se hallan los relatos de la navidad, del bautismo, de la tentaci\u00f3n, de la resurrecci\u00f3n, etc. En suma, todo el marco hist\u00f3rico de los Evangelios (cp. las obras de R. Bultmann, y en particular \u00abTheologie des Neuen Testaments\u00bb, 3 tomos, Tubinga, 1958; \u00abGeschichte und Eschatologie\u00bb, Tubinga, 1958. Esta \u00faltima obra re\u00fane seis conferencias dadas en Edimburgo en 1955 bajo el t\u00ed\u00adtulo general de \u00abHistory and Eschatology\u00bb). La cr\u00ed\u00adtica formal constituye una negaci\u00f3n total de la historia. Esencialmente existencialista, este m\u00e9todo busca un puro subjetivismo. Es el mundo concreto en el que estamos inmersos lo que nos abre al ser, dec\u00ed\u00ada Heidegger. Es el mundo lo que nos abre a la verdad y a Cristo, dice Bultmann. Pero el mundo concreto no tiene sentido m\u00e1s que por el hombre; est\u00e1 muerto sin \u00e9l. Y cuando el hombre ha desmitologizado (o desmitificado) la totalidad de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, \u00bfqu\u00e9 queda en los Evangelios? \u00bfQu\u00e9 queda de Cristo? Un misterio que se esconde detr\u00e1s de los Evangelios con una indescriptible imprecisi\u00f3n. Jes\u00fas dijo: \u00abSi creyeseis a Mois\u00e9s, me creer\u00ed\u00adais a m\u00ed\u00ad, porque de m\u00ed\u00ad escribi\u00f3 \u00e9l. Pero si no cre\u00e9is a sus escritos, \u00bfc\u00f3mo creer\u00e9is a mis palabras?\u00bb (Jn. 5:46, 47). Estas hip\u00f3tesis tan precarias se basan en una distorsi\u00f3n de la historia de la transmisi\u00f3n del texto evang\u00e9lico y del desarrollo de la iglesia apost\u00f3lica. Su endeblez m\u00e1s bien sirve para confirmar la convicci\u00f3n de que los Evangelios son lo que pretenden ser: documentos hist\u00f3ricos y testificales; si no lo fueran, nuestra fe ser\u00ed\u00ada tan s\u00f3lo una palabra carente de todo contenido. Para tener una idea clara de la vida de Cristo y de su ministerio, es conveniente tener a mano una Armon\u00ed\u00ada de los Cuatro Evangelios, preparada teniendo en cuenta las indicaciones cronol\u00f3gicas y otras indicaciones hist\u00f3ricas que sean de utilidad. Se debe tener en cuenta que en muchos de sus puntos, una tal armon\u00ed\u00ada s\u00f3lo podr\u00e1 ser aproximada. Una obra a se\u00f1alar para el lector hispano es \u00abUna armon\u00ed\u00ada de los Cuatro Evangelios\u00bb de A. T. Robertson (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, 1975). Bibliograf\u00ed\u00ada: T. D. Bernard: \u00abEl desarrollo doctrinal en el Nuevo Testamento\u00bb (Pub. de La Fuente, M\u00e9xico D. F. 1961), F. F. Bruce: \u00abThe Books and the Parchments\u00bb (Pickering and Inglis, Londres, 1950), J. Caba, S. I.: \u00abDe los Evangelios al Jes\u00fas hist\u00f3rico\u00bb (Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1971), J. O&#8217;Callaghan, S.I.: \u00abLos papiros griegos de la cueva 7 de Qumr\u00e1n\u00bb (Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1974), H. E. Dana: \u00abEl Nuevo Testamento ante la Cr\u00ed\u00adtica\u00bb (Casa Bautista de Publicaciones. El Paso, Texas, 1965), H. M. Conn: \u00abTeolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea en el mundo\u00bb (Subcomisi\u00f3n literatura Cristiana de la Iglesia Cristiana Reformada, Grand Rapids, Michigan s\/f); D. Estrada y William White Jr.: \u00abThe First New Testament\u00bb (Thomas Nelson. Pub. Nashville, Tennessee, 1978); Eusebio de Cesarea: \u00abHistoria Eclesi\u00e1stica\u00bb (Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1973); W. Kelly: \u00abLectures Introductory to the Gospels\u00bb (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, 1866\/1970); J. McDowell: \u00abEvidencia que exige un veredicto\u00bb (Vida, Miami, 1982), J. McDowell: \u00abMore Evidence that Demands a Verdict (Campus Crusade for Christ International, Arrowhead Springs, San Bernardino, California, 1975); A. T. Robertson: \u00abUna Armon\u00ed\u00ada de los Cuatro Evangelios\u00bb (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, 1975); E. Trenchard: \u00abIntroducci\u00f3n a los Cuatro Evangelios\u00bb (Literatura B\u00ed\u00adblica, Madrid, 1974).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[912]<br \/>\n   Concepto general de buena noticia (eu-angelo), de buen anuncio, de mensaje excelente.  El Evangelio, en cuanto mensaje, est\u00e1 registrado o consignado en los Evangelios en cuanto textos o documentos que dan fe de \u00e9l. Por eso, cuando se emplea en plural, en castellano se suele hacer alusi\u00f3n a los textos escritos. Y cuando se emplea en singular, se alude al mensaje puro de Jes\u00fas, el cual se halla recogido por los textos, pero tambi\u00e9n por los dem\u00e1s escritos b\u00ed\u00adblicos: Carta apost\u00f3licas, Hechos y Apocalipsis, y por la tradici\u00f3n viva que naci\u00f3 con los primeros cristianos y sus formas de vida evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>    No hay que ignorar, por un falso sentido de pureza b\u00ed\u00adblica, que diversos escritos ap\u00f3crifos de los primer siglos se ampararon en el t\u00e9rmino de Evangelio. Y que con toda seguridad entre los escritos no evang\u00e9licos primitivos late el eco de las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas. Incluso con toda seguridad algunas de las ideas, mensajes o ense\u00f1anzas que esos escritos atribuyen a Jes\u00fas (los anagrafa) as\u00ed\u00ad como en al arte, en los ritos y cultos, en las costumbres, queda el Evangelio en el sentido extensivo del concepto. En todos los textos se descubre el Evangelio como oferta y mensaje, no como sistema filos\u00f3fico o como conjunto de ense\u00f1anzas sociol\u00f3gicas. El mensaje o kerigma es una llamada a la fe y reclama una respuesta de vida.<\/p>\n<p>    Luego fue organiz\u00e1ndose la doctrina o conjunto de ense\u00f1anzas y normas que reclamaban una formaci\u00f3n sistem\u00e1tica y progresiva y que tendr\u00ed\u00adan que ver ya con la doctrina, con la moral, con las virtudes cristianas.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Los evangelios en la Iglesia. II. Los evangelios en la ex\u00e9gesis moderna: 1. El siglo xix; 2. La \u00abhistoria de las formas\u00bb; 3. Evoluci\u00f3n ulterior: \u00abhistoria de la redacci\u00f3n\u00bby \u00abnueva investigaci\u00f3n del Jes\u00fas hist\u00f3rico\u00bb. III. Conclusiones y perspectivas.<\/p>\n<p>I. LOS EVANGELIOS EN LA IGLESIA. \u00bfQu\u00e9 son los evangelios? Si intentamos pregunt\u00e1rselo a un chico del catecismo o a un cristiano adulto cualquiera, o puede que tambi\u00e9n a un no practicante, la primera respuesta que se dar\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00ada con toda probabilidad: \u00abLa vida de Jes\u00fas\u00bb. Pero si insistimos un poco, no ser\u00ed\u00ada dif\u00ed\u00adcil obtener tambi\u00e9n otra: los evangelios no son s\u00f3lo la vida de Jes\u00fas; son tambi\u00e9n nuestra vida, la experiencia que tambi\u00e9n nosotros debemos vivir.<\/p>\n<p>En la simultaneidad de estas dos dimensiones a primera vista conflictivas, en este continuo movimiento del entonces al ahora y del ahora al entonces se puede resumir la caracter\u00ed\u00adstica m\u00e1s esencial de los evangelios, as\u00ed\u00ad como la clave de lectura de todo el accidentado proceso de su interpretaci\u00f3n, desde la Iglesia antigua hasta hoy. No es raro, incluso hoy, tropezar con dos actitudes opuestas a prop\u00f3sito de los evangelios. Por un lado, la preocupaci\u00f3n ansiosa y casi obsesiva por su historicidad, preocupaci\u00f3n que se manifiesta en la mentalidad fundamentalista (o sea, que reh\u00fasa admitir en los evangelios otros tipos de lenguaje que el puramente historiogr\u00e1fico), en la sobrevaloraci\u00f3n de la cuesti\u00f3n de la identidad de los cuatro evangelistas, en el malestar apenas disimulado ante sus divergencias, del que es un s\u00ed\u00adntoma tambi\u00e9n el \u00e9xito que siguen teniendo las censurables iniciativas editoriales de los llamados evangelios unificados, con su secci\u00f3n de mapasy tablas cronol\u00f3gicas que pretende localizar en el tiempo y en el espacio \u00abminuto por minuto\u00bb los desplazamientos de Jes\u00fas. Por otro lado, y no menos preocupante, puede que fruto tambi\u00e9n de divulgaciones apresuradas o mal entendidas o de preocupaciones catequ\u00e9ticas o espirituales perseguidas a precio demasiado bajo, la tendencia a ver en los evangelios sobre todo la proyecci\u00f3n de las experiencias (\u00c2\u00a1una de las palabras m\u00e1gicas de nuestros d\u00ed\u00adas!) de los creyentes, la respuesta a los problemas de las varias comunidades; con la tentaci\u00f3n, en definitiva, de preguntarse por qu\u00e9 hay que seguir dando la preferencia a aquellas experiencias de entonces, y no volver a escribir los textos bas\u00e1ndonos en las nuestras.<\/p>\n<p>Estas tentaciones no son del todo nuevas. Tambi\u00e9n la Iglesia antigua hubo de hacerles frente y superarlas, a vecess no sin cierta dificultad. En ambientes preocupados demasiado unilateralmente por la historicidad y por la utilizaci\u00f3n apolog\u00e9tica de los evangelios frente a los paganos, la tentaci\u00f3n de eliminar su pluralidad armoniz\u00e1ndolos a toda costa (concordismo) o incluso fundi\u00e9ndolos en una narraci\u00f3n \u00fanica, como en el Diatessaron de Taciano, que tuvo un \u00e9xito enorme durante siglos, siendo adoptado incluso en alguna zona en la liturgia en lugar de los cuatro evangelios can\u00f3nicos, y que s\u00f3lo despu\u00e9s de muchas luchas pudo ser eliminado. En otros ambientes, por el contrario, la de contraponerlos el uno al otro hasta escoger uno contra otro, eliminando a los restantes del canon (Marci\u00f3n). O bien, para asegurar mejor la vinculaci\u00f3n a los problemas de hoy, la tentaci\u00f3n de apartarse completamente del sentido literal con el m\u00e9todo de la alegor\u00ed\u00ada, mediante el cual se termina haciendo decir al texto lo que se quiere; o incluso publicando nuevos evangelios (los ap\u00f3crifos) para hacer pasar como palabrade Dios opiniones personales, verdaderas y aut\u00e9nticas herej\u00ed\u00adas, o cuando menos las propias fantas\u00ed\u00adas devocionalistas.<\/p>\n<p>Ya antes de expresar su concepci\u00f3n de los evangelios a trav\u00e9s de la ense\u00f1anza expl\u00ed\u00adcita, \u00faltimamente con la constituci\u00f3n conciliar Dei Verbum y la instrucci\u00f3n inmediatamente precedente de la Comisi\u00f3n b\u00ed\u00adblica (21 abril 1964), la Iglesia la ha expresado desde la antig\u00fcedad con la elecci\u00f3n misma del t\u00ed\u00adtulo Evangelios, con la inclusi\u00f3n de todos y s\u00f3lo esos cuatro en el canon, y sobre todo con su lectura en el contexto eucar\u00ed\u00adstico, acompa\u00f1ada por signos lit\u00fargicos que la equiparan a un encuentro con el Se\u00f1or vivo (procesi\u00f3n, incensaci\u00f3n, beso, aclamaciones; tambi\u00e9n las decoraciones del evangeliario y del amb\u00f3n&#8230;), y con una ex\u00e9gesis que, por encima de los l\u00ed\u00admites ligados a la cultura del tiempo, pretende ser literal y aut\u00e9nticamente espiritual al mismo tiempo, y que se prolonga en la lectio divina de la tradici\u00f3n mon\u00e1stica, en los varios m\u00e9todos de contemplaci\u00f3n y meditaci\u00f3n de las diversas escuelas espirituales, hasta la revisi\u00f3n de vida y otras formas de nuestros d\u00ed\u00adas, y se hace experiencia concreta en la existencia de los santos, que es evangelio vivido (san Francisco de Sales: la vida de los santos es al evangelio como la m\u00fasica ejecutada es a la m\u00fasica escrita en la partitura&#8230;).<\/p>\n<p>En esta perspectiva de lectura no puramente hist\u00f3rica, sino tambi\u00e9n teol\u00f3gico-espiritual, no falt\u00f3 en la Iglesia antigua, al menos en germen, la percepci\u00f3n de la pluralidad de los evangelios como riqueza positiva, que refleja la catolicidad de la Iglesia diseminada por toda la tierra (san Ireneo, Adversus Haereses III, 11,7-9) y lo inagotable del misterio de Jes\u00fas (Or\u00ed\u00adgenes, In Johannem X, 5,21). Aunque con demasiada frecuencia prevaleci\u00f3 el concordismo, hubo tambi\u00e9n intuiciones m\u00e1s v\u00e1lidas, tales como las distinciones entre el orden de la narraci\u00f3n y el orden de los acontecimientos (san Agust\u00ed\u00adn, De consensu evangelistarum II, 21,51s) y entre intenci\u00f3n y formulaci\u00f3n (ibid II, 12,29). Se advierte tambi\u00e9n un esfuerzo por discernir la peculiaridad de los cuatro evangelistas, aunque de hecho no se consigui\u00f3 m\u00e1s que para Juan, al que se distingui\u00f3 enseguida como el evangelio espiritual, siendo venerado por los orientales como el te\u00f3logo, el que ha conseguido un conocimiento m\u00e1s profundo de los misterios de Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la fe cristiana se ha percatado, como por instinto, de la imposibilidad de disociar las dos dimensiones, el entonces y el ahora; ha visto los evangelios como documento hist\u00f3rico, aunque sui generis, testimonio fidedigno capaz de convertirse en llamada y motivo de fe; pero al mismo tiempo como alegre mensaje siempre actual, que s\u00f3lo se puede comprender plenamente por la fe (san Agust\u00ed\u00adn: \u00abEvangelio non crederem nisi me catholicae.ecclesiae conmoveret auctoritas&#8217;), proclamaci\u00f3n de aquel misterio de salvaci\u00f3n que tambi\u00e9n nosotros hoy estamos llamados a vivir y que s\u00f3lo se puede transmitir y recibir aut\u00e9nticamente in Spiritu e in ecclesia.<\/p>\n<p>II. LOS EVANGELIOS EN LA \/EXEGESIS MODERNA. As\u00ed\u00ad pues, hist\u00f3rica y cr\u00ed\u00adtica lo era tambi\u00e9n, a su modo, la ex\u00e9gesis antigua; ser\u00ed\u00ada injusto hacerlo comenzar todo con el renacimiento o con el iluminismo. Con todo, este \u00faltimo introduce indudablemente en los estudios b\u00ed\u00adblicos, junto con el proyecto, inaceptable para el creyente, de reducir el cristianismo \u00aba los l\u00ed\u00admites de la raz\u00f3n\u00bb, tambi\u00e9n toda una serie de adquisiciones hist\u00f3ricas, literarias y metodol\u00f3gicas de gran alcance. Ambos aspectos, estrechamente entrelazados, impondr\u00e1n a los creyentes undiscernimiento dif\u00ed\u00adcil y doloroso, que oscila entre los peligros opuestos de rechazar junto con los prejuicios ideol\u00f3gicos tambi\u00e9n elementos positivos, o, viceversa, de absorber inconscientemente en nombre de una pretendida ciencia tambi\u00e9n los prejuicios anticristianos.<\/p>\n<p>Hoy la situaci\u00f3n se presenta m\u00e1s serena. Las adquisiciones de los estudios modernos permiten darse mejor cuenta de las caracter\u00ed\u00adsticas de los evangelios que la fe cristiana cultiv\u00f3 desde el principio de manera intuitiva.<\/p>\n<p>Por comodidad, podemos distinguir tres momentos principales: 1) el siglo xtx; 2) los a\u00f1os veinte de nuestro siglo con la \u00abhistoria de las formas\u00bb; 3) desde los a\u00f1os cincuenta a nuestros d\u00ed\u00adas el desarrollo ulterior de la \u00abhistoria de la redacci\u00f3n\u00bb y de la \u00abnueva investigaci\u00f3n del Jes\u00fas hist\u00f3rico\u00bb [\/Escritura; \/Hermen\u00e9utica].<\/p>\n<p>1. EL SIGLO XIX. Desde finales del siglo XVIII a principios del xIx el estudio de los evangelios est\u00e1 dominado por el intento de la ex\u00e9gesis liberal de remontarse a un Jes\u00fas hist\u00f3rico (expresi\u00f3n que manifestar\u00e1 luego toda su ambig\u00fcedad) del todo humano, contrapuesto al misterioso y divino de la Iglesia y del dogma cristol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Este deseo de remontarse lo m\u00e1s posible a los or\u00ed\u00adgenes llev\u00f3 muy pronto, invirtiendo la valoraci\u00f3n de la Iglesia antigua, a acantonar a Juan justamente por su car\u00e1cter m\u00e1s acentuadamente teol\u00f3gico y a concentrar la atenci\u00f3n en los tres primeros evangelios, intentando tambi\u00e9n discernir cu\u00e1l de ellos era el m\u00e1s antiguo. Se afront\u00f3 decididamente la cuesti\u00f3n sin\u00f3ptica, es decir el problema de explicar las grandes semejanzas entre Mt, Mc y Lc en los episodios referidos, en el orden de sucesi\u00f3n y a menudo tambi\u00e9n en su formulaci\u00f3n; problema no ignorado por la Iglesia antigua, pero que permaneci\u00f3 bloqueado por la soluci\u00f3n agustiniana, que identificaba el orden can\u00f3nico (Mt, Mc, Lc, Jn) con un orden cronol\u00f3gico y de dependencia el uno del otro. Se impuso una nueva soluci\u00f3n, todav\u00ed\u00ada hoy impugnada por algunos sectores minoritarios, pero compartida por la mayor\u00ed\u00ada de los estudiosos: la teor\u00ed\u00ada de las dos fuentes. El m\u00e1s antiguo no es Mt, sino Mc: no ha sido Mc el que abrevi\u00f3 a Mt, sino que fueron Mt y Lc, los dos evangelios mayores, los que ampliaron a Mc y corrigieron sus numerosas imperfecciones ling\u00fc\u00ed\u00adsticas. Pero adem\u00e1s de Mc, para explicar toda una serie de per\u00ed\u00adcopas presentes s\u00f3lo en Mt y en Lc, tambi\u00e9n ellas caracterizadas por grandes semejanzas en el orden de sucesi\u00f3n y en la formulaci\u00f3n, hay que postular asimismo una segunda fuente, que no ha llegado a nosotros, constituida esencialmente por dichos de Jes\u00fas (mientras que en Mc prevalec\u00ed\u00adan los hechos), e indicada convencionalmente con la sigla Q.<\/p>\n<p>En este punto, llegados a trav\u00e9s de la cr\u00ed\u00adtica literaria a estas dos fuentes m\u00e1s antiguas: Mc y Q, se pensaba que pod\u00ed\u00ada entrar enseguida la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica: la reconstrucci\u00f3n de&#8217;la vida de Jes\u00fas. Evidentemente, los liberales no aceptaban en bloque tampoco el testimonio de estas fuentes m\u00e1s antiguas; tambi\u00e9n en ellas distingu\u00ed\u00adan alguna superposici\u00f3n debida a la fe de la Iglesia pospascual; pero estimaban que se las pod\u00ed\u00ada eliminar f\u00e1cilmente bas\u00e1ndose en criterios (en realida d un tanto aprioristas) de plausibilidad y verosimilitud; una vez desembarazado el relato de los elementos m\u00e1s sobrenaturales, se cre\u00ed\u00ada estar ante un informe sustancialmente fidedigno, reflejo simple e ingenuo de los acontecimientos. Se cre\u00ed\u00ada, pues, posible en definitiva fundar hist\u00f3ricamente en los mismos evangelios la imagen humanizada y modernizada de Jes\u00fas tras la cual se andaba: un Jes\u00fas genio religioso, esencialmente maestro de verdades \u00e9tico-religiosas universales, expresadas en t\u00e9rminos de reino mesi\u00e1nico s\u00f3lo para una comprensible concesi\u00f3n a la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, pero, en sustancia, sin continuidad real con ella.<\/p>\n<p>La tentativa liberal entra en crisis hacia finales de siglo, no s\u00f3lo por el redescubrimiento de la dimensi\u00f3n radicalmente escatol\u00f3gica del reino anunciado por Jes\u00fas y de las exigencias \u00e9ticas a \u00e9l vinculadas (J. Weiss, A. Schweitzer), sino tambi\u00e9n por la denuncia de su fragilidad metodol\u00f3gica. Los evangelios no son biograf\u00ed\u00adas, sino \u00abrelatos de la pasi\u00f3n con extensa introducci\u00f3n\u00bb (M. K\u00e1hler); en su centro no est\u00e1 la ense\u00f1anza, como en S\u00f3crates, sino la muerte redentora; ah\u00ed\u00ad es donde el relato se hace detallado, muy lento, despu\u00e9s de haber estado precedentemente marcado por una especie_de cuenta a la inversa. La fe pospascual no se limit\u00f3 a colocar aqu\u00ed\u00ad y all\u00e1 alguna peque\u00f1a incrustaci\u00f3n f\u00e1cil de suprimir; anima todo el relato desde el principio. Tampoco el Jes\u00fas de Mc es un Jes\u00fas puramente humano, sino un Jes\u00fas profundamente misterioso, al que ni siquiera los disc\u00ed\u00adpulos comprenden y cuya identidad es mantenida oculta por el secreto mesi\u00e1nico, destinado a manifestarse s\u00f3lo en pascua (W. Wrede). Tambi\u00e9n el evangelio m\u00e1s antiguo, y punto de partida de los sucesivos, aparece as\u00ed\u00ad a su vez como punto de llegada de toda una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de la comunidad pospascual; se comienza a caer en la cuenta de que entre los textos evang\u00e9licos y Jes\u00fas se interpone, con todo su espesor, justamente aquella entidad de la cual la ex\u00e9gesis liberal no hab\u00ed\u00ada querido hacer caso: la Iglesia.<\/p>\n<p>2. LA \u00abHISTORIA DE LAS FORMAS\u00bb. Se trataba, pues, de aclarar mejor la relaci\u00f3n entre los evangelios y la Iglesia, el influjo de la comunidad primitiva en aquel material que m\u00e1s tarde ser\u00ed\u00ada consignado por escrito por los evangelistas. Pero se necesitaba un instrumento metodol\u00f3gico nuevo respecto a los dos instrumentos privilegiados del siglo xix, la cr\u00ed\u00adtica literaria, a la que segu\u00ed\u00ada enseguida la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica; un instrumento capaz de penetrar en el oscuro t\u00fanel de aquellos treinta a cuarenta a\u00f1os de tradici\u00f3n oral que separaban a Jes\u00fas de los primeros escritos. El instrumento lo proporcion\u00f3 el \u00abm\u00e9todo de la historia de las formas\u00bb (formgeschichtliche Methode o, m\u00e1s brevemente, la Formgeschichte), aplicado ya por H. Gunkel (1862-1932) a los escritos del AT, y extendido luego a los evangelios despu\u00e9s de la primera guerra mundial sobre todo por M. Dibelius (1883-1947) y R. Bultmann (1884-1976), no sin el influjo de intuiciones que hab\u00ed\u00adan aflorado ya en J.G. Herder (1744-1803) sobre el car\u00e1cter colectivo y popular de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, y en F. Overbeck (1837-1905) sobre el car\u00e1cter infraliterario, precultural y no historiogr\u00e1fico del cristianismo primitivo y de sus escritos.<\/p>\n<p>El nombre no da plenamente idea de este enfoque, esencialmente sociol\u00f3gico: las formas de que se habla no son, en efecto, los g\u00e9neros tradicionales en las varias literaturas (drama, comedia, novela, ensayo hist\u00f3rico, etc\u00e9tera), sino las utilizadas por las diversas exigencias concretas de la vida de la comunidad. Gunkel da como ejemplo la lamentaci\u00f3n f\u00fanebre, el canto de victoria, el reproche del profeta, la sentencia del juez&#8230;; ejemplos modernos podr\u00ed\u00adan ser el informe m\u00e9dico, el informe de polic\u00ed\u00ada sobre un incidente de carretera, etc. Cada una de estas formas ling\u00fc\u00ed\u00adsticas se distingue de la otra, posee caracter\u00ed\u00adsticas determinadas y no otras, justamente porque es funcional a una determinada situaci\u00f3n constante, que se repite, de la vida social (en losejemplos citados: la muerte, la guerra, la administraci\u00f3n de la justicia, etc.); es decir, cada una de ellas est\u00e1 ligada a un cierto Sitz im Leben, literalmente el puesto en la vida, expresi\u00f3n que no se ha de usar, como a veces se hace hoy, en sentido puramente hist\u00f3rico, como si fuese sin\u00f3nimo de una situaci\u00f3n contingente cualquiera, la ocasi\u00f3n en que se pronuncia una cierta frase, sino siempre en sentido sociol\u00f3gico, en referencia a situaciones constantes, que corresponden a necesidades permanentes de una cierta comunidad.<\/p>\n<p>Sentada esta extrecha conexi\u00f3n entre forma y Sitz im Leben, deber\u00ed\u00ada ser posible remontarse de las varias formas a su ubicaci\u00f3n en la vida de una comunidad; algo as\u00ed\u00ad como cuando de la forma redonda de un guijarro es posible remontarse a su colocaci\u00f3n originaria en un r\u00ed\u00ado. El supuesto para aplicar este planteamiento al material evang\u00e9lico es que, aunque al presente se contiene por escrito en libros de una cierta extensi\u00f3n, no se lo contempla como obra individual de un autor a la manera de los libros que pertenecen a la literatura verdadera y propia, sino como un agregado de muchas peque\u00f1as unidades que preexist\u00ed\u00adan en forma oral, aut\u00f3nomamente la una de la otra, y eran utilizadas por la comunidad primitiva no para hacer un relato ordenado de la vida de Jes\u00fas, sino en funci\u00f3n de las varias necesidades actuales de su vida: liturgia, catequesis, pol\u00e9mica con los adversarios, etc.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad el programa de la Formgeschichte: 1) como primera operaci\u00f3n preliminar, aislar cada una de las unidades preexistentes; 2) como segunda operaci\u00f3n, tambi\u00e9n preliminar, clasificarlas, bas\u00e1ndose en las caracter\u00ed\u00adsticas comunes que algunas de ellas presentan, en varias formas: relatos de milagro, episodios pol\u00e9micos, or\u00e1culos prof\u00e9ticos, sentencias de tipo sapiencial, etc.; 3) finalmente -y aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 el paso crucial propiamente socio-ling\u00fc\u00ed\u00adstico de la Formgeschichte-, explicar las caracter\u00ed\u00adsticas de cada una de las formas remont\u00e1ndose al respectivo Sitz im Leben. Finalmente, unificando los varios Sitze im Leben obtenidos, conseguir un cuadro de conjunto de la primitiva comunidad cristiana.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de unos sesenta a\u00f1os de intenso trabajo, a primera vista se podr\u00ed\u00ada tener la impresi\u00f3n de que la Formgeschichte, salvo espor\u00e1dicas escaramuzas de retaguardia, ha sido ampliamente aceptada por todos; incluso en los ambientes cat\u00f3licos de forma oficial, despu\u00e9s de las pol\u00e9micas romanas antes y durante el \u00faltimo concilio. Pero, si bien se mira, hay que reconocer que el programa originario no se ha realizado m\u00e1s que en parte, precisamente en aquellas partes que no eran las m\u00e1s espec\u00ed\u00adficas, las m\u00e1s ligadas a la hip\u00f3tesis de trabajo esencialmente sociol\u00f3gica que animaba al nuevo planteamiento. Algo no ha funcionado.<\/p>\n<p>Desde luego se pueden considerar bien logradas las dos primeras operaciones, si bien son s\u00f3lo preliminares y no espec\u00ed\u00adficas a\u00fan de la Formgeschichte. El car\u00e1cter originariamente fragmentario (y por tanto presumiblemente oral, al menos en principio) se desprende claramente, entre otras cosas, de la fragilidad de las conexiones entre una per\u00ed\u00adcopa y otra (\u00abEntonces\u00bb, \u00abY yendo m\u00e1s all\u00e1\u00bb, \u00abDespu\u00e9s de estas cosas\u00bb, \u00abOtra vez&#8230;\u00bb) y de los numeros\u00ed\u00adsimos casos de diferente colocaci\u00f3n de un mismo p\u00e1rrafo en los varios evangelios (p.ej., el padrenuestro en Mt en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a, mientras que en Lc est\u00e1 luego, durante el viaje a Jerusal\u00e9n: cf Mat 6:9-13 con Luc 11:1-4). Por algo la liturgia desde el principio consegu\u00ed\u00ada tan bien subdividir el texto evang\u00e9lico en peque\u00f1os p\u00e1rrafos que hab\u00ed\u00ada que leer cada vez: las per\u00ed\u00adcopas (de perik\u00f3ptein, cortar); es como cuando se separan con facilidad las partes de un m\u00f3dulo siguiendo las l\u00ed\u00adneas trazadas ya marcadas. Entre una y otra hay muy poco espacio; se nota enseguida d\u00f3nde comienza y d\u00f3nde termina un episodio; muy pronto nos damos cuenta de que si se sigue leyendo nos adentramos en otro episodio.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la clasificaci\u00f3n de las varias formas es una operaci\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica, y no a\u00fan socio-ling\u00fc\u00ed\u00adstica en el sentido de la Formgeschichte. Formas diversas (par\u00e1bola, or\u00e1culo prof\u00e9tico, sentencia de tipo sapiencial) pueden haber sido usadas ya por Jes\u00fas, y no remitir necesariamente a situaciones de la comunidad como tal.<\/p>\n<p>Para el nuevo planteamiento ser\u00ed\u00ada decisivo remontarse desde cada forma al respectivo Sitz im Leben; pero aqu\u00ed\u00ad justamente es donde el resultado ha fallado. S\u00f3lo se consigue remontarse globalmente a un uso eclesial del material; pero esto se hab\u00ed\u00ada ya adquirido con la primera operaci\u00f3n. Y este uso eclesial no es sin\u00f3nimo de uso puramente funcional en el sentido de la Formgeschichte. Indudablemente es un uso diverso del puramente historiogr\u00e1fico; a menudo ha implicado notables reformulaciones: lo confirman los numeros\u00ed\u00adsimos casos en los que el mismo gesto o la misma palabra de Jes\u00fas aparecen en los diversos evangelios en formas diversas, e incluso las que seg\u00fan nuestra mentalidad deber\u00ed\u00adan ser intangibles, como el Padrenuestro o las palabras eucar\u00ed\u00adsticas. Estamos ante una transmisi\u00f3n viva, en la que no predomina una preocupaci\u00f3n de fidelidad puramente verbal, como en el que transmite datos con intento puramente documentario o de archivo, sino m\u00e1s bien la de una fidelidad real a los significados, a las intenciones de Jes\u00fas; por tanto, una fidelidad que no excluye, sino que incluso a veces exige, la reformulaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, al pasar al ambiente grecorromano no es ya suficiente excluir s\u00f3lo el repudio de la mujer por parte del marido, sino que se hace necesario explicitar tambi\u00e9n la exclusi\u00f3n del repudio del marido por parte de la mujer (cf Mar 10:11 con Mat 19:9).<\/p>\n<p>En este uso eclesial de los dichos y hechos de Jes\u00fas, la exigencia de traducci\u00f3n desemboca en una exigencia de actualizaci\u00f3n. Trat\u00e1ndose de un mensaje salv\u00ed\u00adfico, la traducci\u00f3n s\u00f3lo se puede considerar verdaderamente lograda cuando consigue implicar al oyente. Aqu\u00ed\u00ad es clara la diferencia entre el evangelizador y el histori\u00f3grafo; para este \u00faltimo es importante que el acontecimiento se delimite lo mejor posible, que se una lo m\u00e1s estrechamente posible a las circunstancias, al momento en que tuvo lugar; en cambio, para el evangelizador es importante que el episodio, desde luego sin perder su realidad hist\u00f3rica y su significado originario, resulte significativo para el mayor n\u00famero de personas, aun a costa de desligarlo un poco de su contexto inmediato. Los dibujos de nuestros catecismos, como por lo dem\u00e1s ya las pinturas medievales, no vacilan a veces en presentar a Jes\u00fas en blue jeans o bien en poner a su lado muchachos de hoy, hombres de varias razas, etc. Es un poco lo que hizo tambi\u00e9n la tradici\u00f3n evang\u00e9lica: para facilitar el mecanismo de identificaci\u00f3n no vacila en reformular las palabras; y as\u00ed\u00ad vemos a los protagonistas de los relatos hacerse casi los portavoces de la fe cristiana: dirigirse a Jes\u00fas no ya como a \u00abmaestro\u00bb, sino como a \u00abSe\u00f1or\u00bb (cf Mat 8:25 con Mar 4:38), proclamarlo a los pies de la cruz \u00abHijo de Dios\u00bb y no simplemente un \u00abjusto\u00bb (cf Mar 15:39 y Mat 27:54 con Luc 23:47). El relato se hace todo \u00e9l a la luz de la resurrecci\u00f3n, aunque \u00e9sta s\u00f3lo se narrar\u00e1 en la \u00faltima p\u00e1gina; ni por un instante se habla de Jes\u00fas como se hablar\u00ed\u00ada de un muerto, aunque muy ilustre, del que s\u00f3lo quedar\u00ed\u00adan sus palabras; en cada episodio destaca, como en transparencia, el Se\u00f1or viviente y operante hoy en la comunidad. As\u00ed\u00ad reciben una inesperada confirmaci\u00f3n ciertas intuiciones patr\u00ed\u00adsticas y lit\u00fargicas: pi\u00e9nsese en la interpretaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica de la tempestad calmada o en la interpretaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica del episodio de Ema\u00fas; esta dimensi\u00f3n eclesial, sacramental, no es algo que a\u00f1adimos nosotros, sino que ya estaba presente en la intenci\u00f3n de los primeros narradores.<\/p>\n<p>En orden a una reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica de detalle, de historia entendida como cr\u00f3nica, es innegable que este \u00abde m\u00e1s\u00bb se traduce en un \u00abde menos\u00bb. El car\u00e1cter fragmentario o el uso eclesial del material evang\u00e9lico, situados a la luz de la Formgeschichte, sufren indudablemente una cierta reducci\u00f3n de historicidad, al menos con referencia a ciertas maneras maximalistas de entender esta \u00faltima, demasiado calcadas sobre los modelos profanos de tipo biogr\u00e1fico o los de la historiograf\u00ed\u00ada moderna. En este sentido, si por victoria de la Formgeschichte entendemos la derrota de estas concepciones unilaterales de la historicidad (liberales o fundamentalistas), ha sido y es irreversible. Pero, en realidad, no es tanto la Formgeschichte la que ha vencido, sino que m\u00e1s bien estas concepciones han perdido; y no por m\u00e9rito exclusivo de la Formgeschichte, sino en gran medida tambi\u00e9n por toda una serie de adquisiciones de otro tipo: mejor conocimiento de los g\u00e9neros literarios b\u00ed\u00adblicos, a veces diversos de los occidentales y de tipo no puramente historiogr\u00e1fico; de los procedimientos de tipo midr\u00e1sico (relectura de un episodio a la luz de otros para poner en claro las analog\u00ed\u00adas, no sin un elemento artificioso) o de tipo targ\u00famico (traducciones libres, que desembocan en la par\u00e1frasis y en laadici\u00f3n de nuevos elementos para subrayar ciertos aspectos del texto), y as\u00ed\u00ad sucesivamente. Luego, para los cat\u00f3licos, desde la teolog\u00ed\u00ada, un concepto m\u00e1s profundo de la verdad b\u00ed\u00adblica (DV 11).<\/p>\n<p>Pero la Formgeschichte no ha conseguido positivamente imponer de manera convincente su concepci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del material evang\u00e9lico como funcional \u00fanicamente a las necesidades actuales de la comunidad, y por tanto desinteresado del ministerio prepascual de Jes\u00fas. El car\u00e1cter fragmentario y eclesial, y en cierto sentido tambi\u00e9n popular, del material evang\u00e9lico no equivale necesariamente a un car\u00e1cter puramente funcional, en el sentido de la Formgeschichte. Lo fragmentario excluye una reconstrucci\u00f3n completa de la vida de Jes\u00fas en el sentido de las biograf\u00ed\u00adas del siglo xIx, pero no es tan completamente fragmentario que impida que cada uno de los fragmentos permanezca centrado en Jes\u00fas y que tambi\u00e9n uno solo de ellos pueda ser suficiente para permitirnos captar el sentido que \u00e9l atribuy\u00f3 a su vida. El ambiente popular excluye ciertamente prestaciones historiogr\u00e1ficas de alto nivel acad\u00e9mico, pero no excluye en absoluto el inter\u00e9s por ciertos acontecimientos y la voluntad y capacidad de transmitirlos fielmente. La gran libertad de la traducci\u00f3n y de la actualizaci\u00f3n no excluye una profunda fidelidad a Jes\u00fas, sino que nace justamente de ella. Perspectiva pascual no significa desinter\u00e9s por el Jes\u00fas terreno: el resucitado no es un an\u00f3nimo, sino el Jes\u00fas que fue crucificado; y justamente porque ha resucitado no se le puede olvidar, c\u00f3mo se podr\u00ed\u00ada hacer con un muerto cualquiera, sino que agudiza a\u00fan m\u00e1s el inter\u00e9s tambi\u00e9n por su existencia terrena. El uso catequ\u00e9tico o lit\u00fargico o de cualquier otro tipo deja intacta la cuesti\u00f3n de fondo: \u00bfQu\u00e9 papel tiene en esta liturgia o en esta catequesis la referencia a Jes\u00fas? \u00bfSe puede asimilar a un culto cualquiera o se trata m\u00e1s bien de un culto que es esencialmente anamnesis, memoria de un acontecimiento no m\u00ed\u00adtico, sino hist\u00f3rico? \u00bfNo son quiz\u00e1 la liturgia cristiana, la catequesis cristiana, esencialmente \u00abnarrativas\u00bb? (A este prop\u00f3sito hay que notar que la Formgeschichte -\u00c2\u00a1a la que por algo algunos de sus pioneros prefer\u00ed\u00adan llamar kultgeschichtliche Methode!-revela un fuerte influjo de la escuela de las religiones o comparatista, con el m\u00e9rito de redescubrir la importancia del culto, pero con la tendencia a asimilarlo precipitadamente a los del ambiente circunstante.) Finalmente, la misma comunidad, de la que tanto habla la Formgeschichte, no es un grupo cualquiera, en el que cada uno era libre de atribuir a Jes\u00fas lo que quer\u00ed\u00ada. Por las cartas de Pablo, m\u00e1s antiguas que los mismos evangelios, se nos aparece por el contrario vinculada a la tradici\u00f3n recibida y provista de una autoridad apost\u00f3lica encargada de vigilar y discernir. No es una masa an\u00f3nima, sin rostro, sino que tiene su n\u00facleo m\u00e1s autorizado en los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, testigos no s\u00f3lo de su resurrecci\u00f3n, sino tambi\u00e9n de su ministerio terreno; no es un espacio vac\u00ed\u00ado, una p\u00e1gina en blanco en la que se puede escribir lo que se quiera: la imagen de Jes\u00fas viva en los disc\u00ed\u00adpulos no podr\u00ed\u00ada dejar de oponer resistencia a eventuales tentativas de alteraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este \u00abtal\u00f3n de Aquiles\u00bb de la Formgeschichte, a saber: su desvalorizaci\u00f3n del inter\u00e9s de la comunidad por el ministerio de Jes\u00fas, se ver\u00e1 con mayor claridad al pasar examen a la fase m\u00e1s reciente, que llega hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>3. EVOLUCI\u00ed\u201cN ULTERIOR: \u00abHISTORIA DE LA REDACCI\u00ed\u201cN\u00bb Y \u00abNUEVA INVESTIGACI\u00ed\u201cN DEL JES\u00daS HIST\u00ed\u201cRICO\u00bb. Las dos principales l\u00ed\u00adneas de desarrollo de los estudios evang\u00e9licos a partir de los a\u00f1os cincuenta son, por una parte, la apertura de lo que puede definirse nueva investigaci\u00f3n del Jes\u00fas hist\u00f3rico, y, por otra, la Redaktionsgeschichte, el estudio de la redacci\u00f3n de los evangelios, de la aportaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de cada uno de los evangelistas [\/Mateo; \/Marcos; \/Lucas].<\/p>\n<p>En cierto sentido, ambas pueden considerarse complementos de la Formgeschichte en las \u00e1reas que \u00e9sta hab\u00ed\u00ada dejado descubiertas. Ella hab\u00ed\u00ada centrado su inter\u00e9s en la fase intermedia: la de la transmisi\u00f3n oral del material evang\u00e9lico en la comunidad, minimizando un poco excesivamente la posibilidad de remontarse m\u00e1s arriba hasta Jes\u00fas, y reduciendo, hacia abajo, a los evangelistas a simples coleccionistas del material preexistente. Al recuperar las dos \u00e1reas descuidadas, pero sin renegar por ello de las adquisiciones de la Formgeschichte, se obtiene una visi\u00f3n m\u00e1s completa del proceso de formaci\u00f3n del material evang\u00e9lico a trav\u00e9s de sus tres etapas: Jes\u00fas, la comunidad, los evangelistas. Tres etapas de desarrollo del material, a las que deber\u00e1n corresponder tres etapas obligadas en cada uno de nuestros estudios de los textos evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>El esquema indicado no carece de utilidad. Pero hay que preguntarse si la vuelta a la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Jes\u00fas y la Redaktionsgeschichte se pueden considerar s\u00f3lo evoluciones lineales y complementos de la Formgeschichte, o no m\u00e1s bien algo que la cuestiona ampliamente y hace urgente una reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la misma. Adem\u00e1s, el esquema deja en la sombra la estrecha conexi\u00f3n entre ambas evoluciones (por algo los nombres de los respectivos pioneros son los mismos: Bornkamm, Marxsen, Conzelmann, el mismo K\u00e1semann&#8230;); se trata, en realidad, de dos aspectos de la misma problem\u00e1ticaque dejaron abierta la Formgeschichte y sobre todo Bultmann, que eran incapaces de explicar c\u00f3mo en un cierto punto la Iglesia primitiva lleg\u00f3 a expresar su fe en escritos eminentemente narrativos como los evangelios.<\/p>\n<p>La Formgeschichte no prest\u00f3 gran atenci\u00f3n a este problema; ante los evangelios emple\u00f3 el microscopio, concentrando su atenci\u00f3n en cada una de las microunidades para escrutar las huellas de su prehistoria. En cambio, la Redaktionsgeschichte intenta encuadrar en su objetivo el edificio entero, para captar sus l\u00ed\u00adneas de conjunto, el dise\u00f1o global, las intenciones de fondo que animaron a cada uno de los evangelistas. En esta perspectiva, se ve cada vez m\u00e1s claramente que no son simples compiladores; no se limitaron a transcribir la tradici\u00f3n, sino que tambi\u00e9n la retocaron y reinterpretaron bas\u00e1ndose en la finalidad teol\u00f3gica y pastoral particular de cada uno de ellos. Aunque en los \u00faltimos a\u00f1os ha habido una reestructuraci\u00f3n de la tendencia inicial de la Redaktionsgeschichte a exaltar excesivamente la creatividad de los evangelistas y se vuelve a hablar de su conservadurismo (una recuperaci\u00f3n del aspecto hist\u00f3rico est\u00e1 en marcha tambi\u00e9n hoy para Jn), queda el hecho de que entre nosotros y Jes\u00fas viene a interponerse, adem\u00e1s del estrato de la tradici\u00f3n oral comunitaria sacado a luz por la Formgeschichte, un estrato ulterior: el de la relectura teol\u00f3gica realizada por cada uno de los evangelistas. As\u00ed\u00ad pues, a primera vista, con la Redaktionsgeschichte nos alejamos a\u00fan m\u00e1s de Jes\u00fas, y no ser\u00ed\u00ada infundado ver en ella una evoluci\u00f3n bastante homog\u00e9nea de la Formgeschichte.<\/p>\n<p>Pero las cosas no son tan simples. Por diversas que sean las perspectivas teol\u00f3gicas de Mt, de Mc, de Le (y, \u00bfpor qu\u00e9 no?, de Jn), revelan algo com\u00fan: sobre todo un gran inter\u00e9s por el Jes\u00fas terreno. Mc retrocede a los d\u00ed\u00adas terrenos de Jes\u00fas todav\u00ed\u00ada envueltos en el misterio que s\u00f3lo la cruz y la resurrecci\u00f3n habr\u00ed\u00ada de desvelar, pero que estaba ya encerrado en su humanidad. Mt lleva a los cristianos a la obediencia a los mandamientos de Jes\u00fas (28,16-20). Lc-He exponen un relato ordenado de los acontecimientos a trav\u00e9s de los cuales entr\u00f3 la salvaci\u00f3n en la historia con Jes\u00fas, y luego con el testimonio dado de \u00e9l por la Iglesia por la virtud del Esp\u00ed\u00adritu. Jn contempla y relee, con aquella comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda que es don pascual del Resucitado mediante su Esp\u00ed\u00adritu, los grandes signos realizados por Jes\u00fas en su ministerio terreno (2,22; 12,16; 14,26; 16,14). Leyendo cada evangelio completo se percibe este inter\u00e9s por el Jes\u00fas prepascual, este aspecto narrativo, m\u00e1s fuertemente a\u00fan que leyendo aisladamente una u otra per\u00ed\u00adcopa. Es un poco como cuando, alej\u00e1ndose de un edificio para poder abarcarlo mejor con la mirada todo entero, se queda uno sorprendido de algunas de sus l\u00ed\u00adneas estructurales, que corren peligro de escapar a una observaci\u00f3n demasiado cercana. El problema es entonces si el relieve dado al Jes\u00fas prepascual es fruto de una sucesiva obra de \u00abhistorizaci\u00f3n\u00bb (Historisierung), que habr\u00ed\u00ada introducido en el material, originariamente polarizado en las necesidades actuales de la comunidad, una dimensi\u00f3n que le era ajena (Kilsemann, no sin ambig\u00fcedad y contradicciones, atribuye esa acci\u00f3n a una exigencia ocasional de contraponerse al incipiente gnosticismo, y polemiza \u00e1speramente con Lc-He por haber querido ligar la salvaci\u00f3n a hechos del pasado visibles y narrables; pero al mismo tiempo ve en ello un esfuerzo por mantener la identidad cristiana originaria; otros, como S. Schulz, radicalizando la posici\u00f3n bultmanniana, ven en los cuatro evangelios un fen\u00f3meno inesperado y aberrante respecto al kerigma pascual de Pablo), o si no se trata m\u00e1s bien de una dimensi\u00f3n inherente al material evang\u00e9lico desde el principio (J. Roloff).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, no hay que reducir la Redaktionsgeschichte simplemente a un estudio de las modificaciones redaccionales; no se agota en un estudio de per\u00ed\u00adcopa por per\u00ed\u00adcopa, sino que intenta captar el plan de conjunto de cada uno de los evangelios en su integridad, desembocando as\u00ed\u00ad en el problema de lo que les es com\u00fan, en la problem\u00e1tica, hoy viv\u00ed\u00adsima, de la \u00abforma evangelio\u00bb. \u00bfExiste tal \u00abforma\u00bb, com\u00fan a los tres sin\u00f3pticos, y hasta -presumiblemente sin influjo directo- a Jn? \u00bfC\u00f3mo explicar su origen? \u00bfEn qu\u00e9 medida puede derivar de formas jud\u00ed\u00adas y grecorromanas preexistentes (biograf\u00ed\u00ada, martirio de los justos y de los profetas, dichos de los sabios, aretalog\u00ed\u00adas&#8230;), y en qu\u00e9 medida, en cambio, es una novedad espec\u00ed\u00adficamente cristiana? Respecto al material preexistente, \u00bfen qu\u00e9 medida depende de antecedentes ya existentes, y en qu\u00e9 medida es, en cambio, una forma nueva, que hay que comprender \u00fanicamente en s\u00ed\u00ad misma (G\u00fcttgemanns)? \u00bfHab\u00ed\u00ada ya en cada fragmento de tradici\u00f3n algo que lo hac\u00ed\u00ada apto para insertarlo en el contexto evang\u00e9lico (Mussner): una \u00ed\u00adndole narrativa intr\u00ed\u00adnseca, una orientaci\u00f3n esencial a Jes\u00fas incluso en cada uno de los dichos y de los episodios? \u00bfC\u00f3mo explicar la \u00abfuerza de integraci\u00f3n\u00bb de la forma \/evangelio, capaz de mantener unidos materiales diversos, como los or\u00e1culos escatol\u00f3gicos y las directrices \u00e9ticas, los milagros y el relato de la pasi\u00f3n (H.-Th. Wrege)? En este punto, el \u00absecreto mesi\u00e1nico\u00bb, a trav\u00e9s del cual todo el ministerio terreno de Jes\u00fas es visto como enigma que s\u00f3lo ser\u00e1 descifrado con la pascua, quedando a su vez la pascua indisolublemente ligada al ministerio terreno, aparece como el \u00abpresupuesto hermen\u00e9utico\u00bb fundamental para la existencia misma del g\u00e9nero evangelio (Conzelmann). Hay que preguntarse entonces si es s\u00f3lo un esquema teol\u00f3gico artificioso, una construcci\u00f3n posterior, resultante quiz\u00e1 de la fusi\u00f3n de varias teolog\u00ed\u00adas cristianas provenientes de varias comunidades, teolog\u00ed\u00adas diversas o incluso conflictivas, centradas unas en el kerigma pascual, otras en el Jes\u00fas prepascual profeta, maestro y taumaturgo, y unidas por compromiso o por predominio de una que habr\u00ed\u00ada neutralizado a las restantes, o si no ser\u00ed\u00ada m\u00e1s bien el reflejo y la expresi\u00f3n de una unidad cristol\u00f3gica originaria (J. Schniewind). As\u00ed\u00ad pues, la Redaktionsgeschichte, lejos de poderse reducir a un simple complemento de la Formgeschichte, termina tambi\u00e9n agudizando ulteriormente el problema de la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de los evangelios.<\/p>\n<p>An\u00e1logo razonamiento hay que hacer, con mayor raz\u00f3n, para otra evoluci\u00f3n: la reapertura de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Jes\u00fas. Utiliza \u00e9sta una serie de criterios de autenticidad (J. Jeremias) que se apoyan en \u00faltimo an\u00e1lisis en el m\u00e1s riguroso, admitido tambi\u00e9n por los m\u00e1s radicales, el criterio de la discontinuidad: hay que atribuir a Jes\u00fas lo que no refleja las necesidades o las tendencias ni del juda\u00ed\u00adsmo ni de la comunidad cristiana primitiva (ejemplo cl\u00e1sico es el discipulado, diverso tanto del rab\u00ed\u00adnico, donde era el disc\u00ed\u00adpulo el que escog\u00ed\u00ada al maestro, y de la relaci\u00f3n que ligar\u00e1 a los cristianos con los ap\u00f3stoles: Pedro, Pablo&#8230; no tendr\u00e1n \u00abdisc\u00ed\u00adpulos\u00bb ligados a su persona). En otras palabras, despu\u00e9s de la Formgeschichte se da por supuesta la duda, al menos metodol\u00f3gica, de que el material se pueda atribuir siempre a una creaci\u00f3n de la comunidad, a menos que no aparezca en contraste con las tendencias de esta \u00faltima. Sin embargo, a nosotros nosparece que con ese \u00aba menos que\u00bb se abre una brecha en el supuesto. En efecto, hay que preguntarse: \u00bfC\u00f3mo es que la comunidad transmit\u00ed\u00ada algo que no correspond\u00ed\u00ada a sus tendencias? Por tanto, no era exacto suponer, como en la Formgeschichte cl\u00e1sica, que la comunidad se preocupaba s\u00f3lo de sus necesidades actuales; exist\u00ed\u00ada tambi\u00e9n el inter\u00e9s por transmitir ciertos gestos de Jes\u00fas \u00fanicamente porque eran de Jes\u00fas, aunque no correspondieran a las tendencias actuales y a las necesidades inmediatas. Mas entonces, \u00bfpor qu\u00e9 habr\u00ed\u00ada que limitar ese inter\u00e9s por Jes\u00fas s\u00f3lo a este o aquel gesto fragmentario, y no globalmente a toda la imagen de Jes\u00fas? Luego, tambi\u00e9n por este lado, si bien se mira, la Formgeschichte no es simplemente completada, sino cuestionada en uno de sus aspectos esenciales: su sociologismo unilateral, el supuesto de un desinter\u00e9s de la comunidad primitiva por el Jes\u00fas prepascual. [t Jesucristo I].<\/p>\n<p>III. CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS. Se trata, pues, hoy de subrayar m\u00e1s la continuidad de las tres fases (Jes\u00fas, comunidad, evangelistas) y de los respectivos momentos de estudio (investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Jes\u00fas, Formgeschichte, Redaktionsgeschichte) sobre todo a trav\u00e9s de una reflexi\u00f3n sobre el anillo intermedio, \u00abla historia de las formas\u00bb. Pero no se trata, llevando al extremo la reacci\u00f3n, de negar la relaci\u00f3n entre el material evang\u00e9lico y la comunidad, reduciendo la tradici\u00f3n evang\u00e9lica a transmisi\u00f3n mnem\u00f3nica (por interesantes que puedan ser en este punto las investigaciones de Riesenfeld, de Gehardsson o de Riesner), o, peor a\u00fan, recayendo en planteamientos de tipo neoliberal o de tipo fundamentalista, ambos engallados hoy por los resultados m\u00e1s ricos y m\u00e1s positivos de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Jes\u00fas. El fracaso de la Formgeschichte, al menos respecto a su proyecto originario, subraya la imposibilidad de separar la Iglesia de Jes\u00fas; pero el fracaso del intento liberal sigue a\u00fan ah\u00ed\u00ad para amonestar sobre la imposibilidad de separar a Jes\u00fas de la Iglesia. El inter\u00e9s por el Jes\u00fas terreno prepascual no es un inter\u00e9s por un Jes\u00fas historiogr\u00e1fico, reconstruible con los solos instrumentos de la raz\u00f3n hist\u00f3rica, fuera del horizonte de la fe pascual; es memoria pascual, apost\u00f3lica, eucar\u00ed\u00adstica. Y mucho menos se resuelve el problema sumando los dos errores y postulando comunidades cristianas primitivas en conflicto entre s\u00ed\u00ad, hostiles las unas al kerigma pascual y las otras al Jes\u00fas terreno.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n percibida por la Iglesia desde el principio no se puede resolver ni eliminando el kerigma pascual en favor de un pretendido \u00abJes\u00fas hist\u00f3rico\u00bb reconstruido en contraposici\u00f3n a la fe cristiana, ni eliminando al Jes\u00fas terreno en favor de un kerigma deshistorizado, que terminar\u00ed\u00ada por desembocar en la experiencia religiosa del hombre.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad aquel proceso continuo de relectura en marcha desde el principio -seg\u00fan la intuici\u00f3n blondeliana de los textos evang\u00e9licos como\u00bbtradici\u00f3n anticipada\u00bb, cargada de una \u00abplenitud parad\u00f3jica para el historiador\u00bb (Les premiers \u00e9crits de M. Blondel, 205, nota 1)- y que se prolonga luego en la interpretaci\u00f3n cristiana lit\u00fargica y patr\u00ed\u00adstica, cuyo esp\u00ed\u00adritu es urgente recuperar por encima de todos los l\u00ed\u00admites.<\/p>\n<p>Relectura que no es ni repetici\u00f3n est\u00e1tica ni alteraci\u00f3n o sustituci\u00f3n por significados extra\u00f1os al original, sino que es precisamente relectura que supone para el estudioso: esfuerzo incesante, siempre nuevo, nunca acabado de una vez por todas, de leer aquel acontecimiento, de captar su sentido originario e inagotable.<\/p>\n<p>BIBL.: ARENS E., Los evangelios ayer y hoy, Paulinas, Lima 1989; AUNE D.E., The problem of the Genre of the Gospels, en R.T. FRANCE-D. WENHAN (eds.), Gospel Perspectives. 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Si intentamos pregunt\u00e1rselo a un chico del catecismo o a un cristiano adulto cualquiera, o puede que tambi\u00e9n a un no practicante, la primera respuesta que se dar\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00ada con toda probabilidad: \u2020\u0153La vida de Jes\u00fas\u2020\u2122. Pero si insistimos un poco, no ser\u00ed\u00ada dif\u00ed\u00adcil obtener tambi\u00e9n otra: los evangelios no son s\u00f3lo la vida de Jes\u00fas; son tambi\u00e9n nuestra vida, la experiencia que tambi\u00e9n nosotros debemos vivir.<br \/>\nEn la simultaneidad de estas dos dimensiones a primera vista conflic-tivas, en este continuo movimiento del entonces al ahora y del ahora al entonces se puede resumir la caracter\u00ed\u00adstica m\u00e1s esencial de los evangelios, as\u00ed\u00ad como la clave de lectura de todo el accidentado proceso de su interpretaci\u00f3n, desde la Iglesia antigua hasta hoy. No es raro, incluso hoy, tropezar con dos actitudes opuestas a prop\u00f3sito de los evangelios. Por un lado, la preocupaci\u00f3n ansiosa y casi obsesiva por su historicidad, preocupaci\u00f3n que se manifiesta en la mentalidad fundamenta-lista (o sea, que rehusa admitir en los evangelios otros tipos de lenguaje que el puramente historiogr\u00e1fico), en la sobrevaloraci\u00f3n de la cuesti\u00f3n de la identidad de los cuatro evangelistas, en el malestar apenas disimulado ante sus divergencias, del que es un s\u00ed\u00adntoma tambi\u00e9n el \u00e9xito que siguen teniendo las censurables iniciativas editoriales de los llamados evangelios unificados, con su secci\u00f3n de mapas y tablas cronol\u00f3gicas que pretende localizar en el tiempo y en el espacio \u2020\u0153minuto por minuto\u2020\u009d los desplazamientos de Jes\u00fas. Por otro lado, y no menos preocupante, puede que fruto tambi\u00e9n de divulgaciones apresuradas o mal entendidas o de preocupaciones catequ\u00e9ticas o espirituales perseguidas a precio demasiado bajo, la tendencia a ver en los evangelios sobre todo la proyecci\u00f3n de las experiencias (iuna de las palabras m\u00e1gicas de nuestros d\u00ed\u00adas!) de los creyentes, la respuesta a los problemas de las varias comunidades; con la tentaci\u00f3n, en definitiva, de preguntarse por qu\u00e9 hay que seguir dando la preferencia a aquellas experiencias de entonces, y no volver a escribir los textos bas\u00e1ndonos en las nuestras.<br \/>\nEstas tentaciones no son del todo nuevas. Tambi\u00e9n la Iglesia antigua hubo de hacerles frente y superarlas, a vecess no sin cierta dificultad. En ambientes preocupados demasiado unilateralmente por la historicidad y por la utilizaci\u00f3n apolog\u00e9tica de los evangelios frente a los paganos, la tentaci\u00f3n de eliminar su pluralidad armoniz\u00e1ndolos a toda costa (con-cordismo) o incluso fundi\u00e9ndolos en una narraci\u00f3n \u00fanica, como en el Dia-tessaron de Taciano, que tuvo un \u00e9xito enorme durante siglos, siendo adoptado incluso en alguna zona en la liturgia en lugar de los cuatro evangelios can\u00f3nicos, y que s\u00f3lo despu\u00e9s de muchas luchas pudo ser eliminado. En otros ambientes, por el contrario, la de contraponerlos el uno al otro hasta escoger uno contra otro, eliminando a los restantes del canon (Marci\u00f3n). O bien, para asegurar mejor la vinculaci\u00f3n a los problemas de hoy, la tentaci\u00f3n de apartarse completamente del sentido literal con el m\u00e9todo de la alegor\u00ed\u00ada, mediante el cual se termina haciendo decir al texto lo que se quiere; o incluso publicando nuevos evangelios (los ap\u00f3crifos) para hacer pasar como palabra de Dios opiniones personales, verdaderas y aut\u00e9nticas herej\u00ed\u00adas, o cuando menos las propias fantas\u00ed\u00adas devocio-n alistas.<br \/>\n1032<\/p>\n<p>Ya antes de expresar su concepci\u00f3n de los evangelios a trav\u00e9s de la ense\u00f1anza expl\u00ed\u00adcita, \u00faltimamente con la constituci\u00f3n conciliar Dei Verbum y la instrucci\u00f3n inmediatamente precedente de la Comisi\u00f3n b\u00ed\u00adblica (21 abril 1964), la Iglesia la ha expresado desde la antig\u00fcedad con la elecci\u00f3n misma del t\u00ed\u00adtulo Evangelios, con la inclusi\u00f3n de todos y s\u00f3lo esos cuatro en el canon, y sobre todo con su lectura en el contexto eucar\u00ed\u00adstico, acompa\u00f1ada por signos lit\u00fargicos que la equiparan a un encuentro con el Se\u00f1or vivo (procesi\u00f3n, incensaci\u00f3n, beso, aclamaciones; tambi\u00e9n las decoraciones del evangeliario y del amb\u00f3n&#8230;), y con una ex\u00e9gesis que, por encima de los l\u00ed\u00admites ligados a la cultura del tiempo, pretende ser literal y aut\u00e9nticamente espiritual ?l mismo tiempo, y que se prolonga en la lectio divina de la tradici\u00f3n mon\u00e1stica, en los varios m\u00e9todos de contemplaci\u00f3n y meditaci\u00f3n de las diversas escuelas espirituales, hasta la revisi\u00f3n de vida y otras formas de nuestros d\u00ed\u00adas, y se hace experiencia concreta en la existencia de los santos, que es evangelio vivido (san Francisco de Sales: la vida de los santos es al evangelio como la m\u00fasica ejecutada es a la m\u00fasica escrita en la partitura&#8230;).<br \/>\nEn esta perspectiva de lectura no puramente hist\u00f3rica, sino tambi\u00e9n teol\u00f3gico-espiritual, no falt\u00f3 en la Iglesia antigua, al menos en germen, la percepci\u00f3n de la pluralidad de los evangelios como riqueza positiva, que refleja la catolicidad de la Iglesia diseminada por toda la tierra (san Ireneo, Adversus Haereses III, 11,7-9) y lo inagotable del misterio de Jes\u00fas (Or\u00ed\u00adgenes, In Johannem X, 5,21). Aunque con demasiada frecuencia prevaleci\u00f3 el concordismo, hubo tambi\u00e9n intuiciones m\u00e1s v\u00e1lidas, tales como las distinciones entre el orden de la narraci\u00f3n y el orden de los acontecimientos (san Agust\u00ed\u00adn, De consensu evangelistarum II, 21,5 Is) y entre intenci\u00f3n y formulaci\u00f3n (ibid II, 12,29). Se advierte tambi\u00e9n un esfuerzo por discernir la peculiaridad de los cuatro evangelistas, aunque de hecho no se consigui\u00f3 m\u00e1s que para Juan, al que se distingui\u00f3 enseguida como el evangelio espiritual, siendo venerado por los orientales como el te\u00f3logo, el que ha conseguido un conocimiento m\u00e1s profundo de los misterios de Dios.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, la fe cristiana se ha percatado, como por instinto, de la imposibilidad de disociar las dos dimensiones, el entonces y el ahora; ha visto los evangelios como documento hist\u00f3rico, aunque suigeneris testimonio fidedigno capaz de convertirse en llamada y motivo de fe; pero al mismo tiempo como alegre mensaje siempre actual, que s\u00f3lo se puede comprender plenamente por la fe (san Agust\u00ed\u00adn: \u2020\u0153Evangelio non crederem nisi me ca-tholicae. ecclesiae conmoveret aucto-ritas), proclamaci\u00f3n de aquel misterio de salvaci\u00f3n que tambi\u00e9n nosotros hoy estamos llamados a vivir y que s\u00f3lo se puede transmitir y recibir aut\u00e9nticamente in Spiritu e in eccle-sia.<br \/>\n1033<br \/>\nII. LOS EVANGELIOS EN LA 1 EXEGESIS MODERNA.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, hist\u00f3rica y cr\u00ed\u00adtica lo era tambi\u00e9n, a su modo, la ex\u00e9gesis antigua; ser\u00ed\u00ada injusto hacerlo comenzar todo con el renacimiento o con el iluminis-mo. Con todo, este \u00faltimo introduce indudablemente en los estudios b\u00ed\u00adblicos, junto con el proyecto, inaceptable para el creyente, de reducir el cristianismo \u2020\u0153a los l\u00ed\u00admites de la raz\u00f3n, tambi\u00e9n toda una serie de adquisiciones hist\u00f3ricas, literarias y metodol\u00f3gicas de gran alcance. Ambos aspectos, estrechamente entrelazados, impondr\u00e1n a los creyentes un discernimiento dif\u00ed\u00adcil y doloroso, que oscila entre los peligros opuestos de rechazar junto con los prejuicios ideol\u00f3gicos tambi\u00e9n elementos positivos, o, viceversa, de absorber inconscientemente en nombre de una pretendida ciencia tambi\u00e9n los prejuicios anticristianos.<br \/>\nHoy la situaci\u00f3n se presenta m\u00e1s serena. Las adquisiciones de los estudios modernos permiten darse mejor cuenta de las caracter\u00ed\u00adsticas de los evangelios que la fe cristiana cultiv\u00f3 desde el principio de manera intuitiva.<br \/>\nPor comodidad, podemos distinguir tres momentos principales: 1) el siglo xix; 2)los a\u00f1os veinte de nuestro siglo con la \u2020\u0153historia de las formas\u2020\u2122; 3) desde los a\u00f1os cincuenta a nuestros d\u00ed\u00adas el desarrollo ulterior de la \u2020\u0153historia de la redacci\u00f3n\u2020\u009d y de la \u2020\u0153nueva investigaci\u00f3n del Jes\u00fas hist\u00f3rico\u2020\u2122 [1 Escritura; \/ Hermen\u00e9utica].<br \/>\n1034<br \/>\n1. El siglo xix.<br \/>\nDesde finales del siglo XVIII a principios del xix el estudio de los evangelios est\u00e1 dominado por el intento de la ex\u00e9gesis liberalde remontarse a un Jes\u00fas hist\u00f3rico (expresi\u00f3n que manifestar\u00e1 luego toda su ambig\u00fcedad) del todo humano, contrapuesto al misterioso y divino de la Iglesia y del dogma cris-tol\u00f3gico.<br \/>\nEste deseo de remontarse lo m\u00e1s posible a los or\u00ed\u00adgenes llev\u00f3 muy pronA to, invirtiendo la valoraci\u00f3n de la Iglesia antigua, a acantonar a Juan justamente por su car\u00e1cter m\u00e1s acentuadamente teol\u00f3gico y a concentrar la atenci\u00f3n en los tres primeros evangelios, intentando tambi\u00e9n discernir cu\u00e1l de ellos era el m\u00e1s antiguo. Se afront\u00f3 decididamente la cuesti\u00f3n sin\u00f3ptica, es decir el problema de explicar las grandes semejanzas entre Mt, Mc y Lc en los episodios referidos, en el orden de sucesi\u00f3n y a menudo tambi\u00e9n en su formulaci\u00f3n; problema no ignorado por la Iglesia antigua, pero que permaneci\u00f3 bloqueado por la soluci\u00f3n agustiniana, que identificaba el orden can\u00f3nico (Mt, Mc, Lc, Jn) con un orden cronol\u00f3gico y de dependencia el uno del otro. Se impuso una nueva soluci\u00f3n, todav\u00ed\u00ada hoy impugnada por algunos sectores minoritarios, pero compartida por la mayor\u00ed\u00ada de los estudiosos: la teor\u00ed\u00ada de las dos fuentes. El m\u00e1s antiguo no es Mt, sino Mc: no ha sido Mc el que abrevi\u00f3 a Mt, sino que fueron Mt y Lc, los dos evangelios mayores, los que ampliaron a Mc y corrigieron sus numerosas imperfecciones ling\u00fc\u00ed\u00adsticas. Pero adem\u00e1s de Mc, para explicar toda una serie de per\u00ed\u00adcopas presentes s\u00f3lo en Mt y en Lc, tambi\u00e9n ellas caracterizadas por grandes semejanzas en el orden de sucesi\u00f3n y en la formulaci\u00f3n, hay que postular asimismo una segunda fuente, que no ha llegado a nosotros, constituida esencialmente por dichos de Jes\u00fas (mientras que en Mc prevalec\u00ed\u00adan los hechos), e indicada con-vencionalmente con la sigla Q.<br \/>\n1035<br \/>\nEn este punto, llegados a trav\u00e9s de la cr\u00ed\u00adtica literaria a estas dos fuentes m\u00e1s antiguas: Mc y Q, se pensaba que pod\u00ed\u00ada entrar enseguida la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica: la reconstrucci\u00f3n d\u00e9la vida de Jes\u00fas. Evidentemente, los liberales no aceptaban en bloque tampoco el testimonio de estas fuentes m\u00e1s antiguas; tambi\u00e9n en ellas distingu\u00ed\u00adan alguna superposici\u00f3n debida a la fe de la Iglesia pospascual; pero estimaban que se las pod\u00ed\u00ada eliminar f\u00e1cilmente bas\u00e1ndoseen criterios (en realidad un tanto aprioristas) de plausibilidad y verosimilitud; una vez desembarazado el relato de los elementes m\u00e1s sobrenaturales, se cre\u00ed\u00ada estar ante un informe sustancialmente fidedigno, reflejo simple e ingenuo de los acontecimientos. Se cre\u00ed\u00ada, pues, posible en definitiva fundar hist\u00f3ricamente en los mismos evangelios la imagen humanizada y modernizada de Jes\u00fas tras la cual se andaba: un Jes\u00fas genio religioso, esencialmente maestro de verdades \u00e9tico-religiosas universales, expresadas en t\u00e9rminos de reino me-si\u00e1nico s\u00f3lo para una comprensible concesi\u00f3n a la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, pero, en sustancia, sin continuidad real con ella.<br \/>\nLa tentativa liberal entra en crisis hacia finales de siglo, no s\u00f3lo por el redescubrimiento de la dimensi\u00f3n radicalmente escatol\u00f3gica del reino anunciado por Jes\u00fas y de las exigencias \u00e9ticas a \u00e9l vinculadas (J. Weiss, A. Schweitzer), sino tambi\u00e9n por la denuncia de su fragilidad metodol\u00f3gica. Los evangelios no son biograf\u00ed\u00adas, sino \u2020\u0153relatos de la pasi\u00f3n con extensa introducci\u00f3n\u2020\u009d (M. K\u00e1hler); en su centro no est\u00e1 la ense\u00f1anza, como en S\u00f3crates, sino la muerte redentora; ah\u00ed\u00ad es donde el relato se hace detallado, muy lento, despu\u00e9s de haber estado precedentemente marcado por una especie-de cuenta a la inversa. La fe pospascual no se limit\u00f3 a colocar aqu\u00ed\u00ad y all\u00e1 alguna peque\u00f1a incrustaci\u00f3n f\u00e1cil de suprimir; anima todo el relato desde el principio. Tampoco el Jes\u00fas de Mc es un Jes\u00fas puramente humano, sino un Jes\u00fas profundamente misterioso, al que ni siquiera los disc\u00ed\u00adpulos comprenden y cuya identidad es mantenida oculta por el secreto mesi\u00e1nico, destinado a manifestarse s\u00f3lo en pascua (Vv. Wrede). Tambi\u00e9n el evangelio m\u00e1s antiguo, y punto de partida de los sucesivos, aparece as\u00ed\u00ad a su vez como punto de llegada de toda una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de la comunidad pospascual; se comienza a caer en la cuenta de que entre los textos evang\u00e9licos y Jes\u00fas se interpone, con todo su espesor, justamente aquella entidad de la cual la ex\u00e9gesis liberal no hab\u00ed\u00ada querido hacer caso: la Iglesia.<br \/>\n1036<br \/>\n2. LA \u2020\u0153HISTORIA DE LAS FORMAS.<br \/>\nSe trataba, pues, de aclarar mejor la relaci\u00f3n entre los evangelios y la Iglesia, el influjo de la comunidad primitiva en aquel material que m\u00e1s tarde ser\u00ed\u00ada consignado por escrito por. los evangelistas. Pero se necesitaba un instrumento metodol\u00f3gico nuevo respecto a los dos instrumentos privilegiados del siglo xix, la cr\u00ed\u00adtica literaria, a la que segu\u00ed\u00ada enseguida la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica; un instrumento capaz de penetrar en el oscuro t\u00fanel de aquellos treinta a cuarenta a\u00f1os de tradici\u00f3n oral que separaban a Jes\u00fas de los primeros escritos. El instrumento lo proporcion\u00f3 el \u2020\u0153m\u00e9todo de la historia de las formas\u2020\u009d (form-geschichtliche Methode o, m\u00e1s brevemente, la Formgeschichte), aplicado ya por H. Gunkel (1862-1 932) a los escritos del AT, y extendido luego a los evangelios despu\u00e9s de la primera guerra mundial sobre todo por M. Dibelius (1883-1 947) y R. Bult-mann (1884-1 976), no sin el influjo de intuiciones que hab\u00ed\u00adan aflorado yaenJ.G.Herder (1744-1803) sobre el car\u00e1cter colectivo y popular de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, yen F. Overbeck (1837-1 905) sobre el car\u00e1cter in-fraliterario, precultural y no histo-riogr\u00e1fico del cristianismo primitivo y de sus escritos.<br \/>\nEl nombre no da plenamente idea de este enfoque, esencialmente sociol\u00f3gico: las formas de que se habla no son, en efecto, los g\u00e9neros tradicionales en las varias literaturas (drama, comedia, novela, ensayo hist\u00f3rico, etc\u00e9tera), sino las utilizadas por las diversas exigencias concretas de la vida de la comunidad. Gunkel da como ejemplo la lamentaci\u00f3n f\u00fanebre, el canto de victoria, el reproche del profeta, la sentencia del juez&#8230;; ejemplos modernos podr\u00ed\u00adan ser el informe m\u00e9dico, el informe de polic\u00ed\u00ada sobre un incidente de carretera, etc. Cada una de estas formas ling\u00fc\u00ed\u00adsticas se distingue de la otra, posee caracter\u00ed\u00adsticas determinadas y no otras, justamente porque es funcional a una determinada situaci\u00f3n constante, que se repite, de la vida social (en los ejemplos citados: la muerte, la guerra, la administraci\u00f3n de la justicia, etc.); es decir, cada una de ellas est\u00e1 ligada a un cierto Sitz im Leben, literalmente el puesto en la vida, expresi\u00f3n que no se ha de usar, como a veces se hace hoy, en sentido puramente hist\u00f3rico, como si fuese sin\u00f3nimo de una situaci\u00f3n contingente cualquiera, la ocasi\u00f3n en que se pronuncia una cierta frase, sino siempre en sentido sociol\u00f3gico, en referencia a situaciones constantes, que corresponden a necesidades permanentes de una cierta comunidad.<br \/>\nSentada esta extrecha conexi\u00f3n entre forma y Sitz im Leben, deber\u00ed\u00ada ser posible remontarse de las varias formas a su ubicaci\u00f3n en la vida de una comunidad; algo as\u00ed\u00ad como cuando de la forma redonda de un guijarro es posible remontarse a su colocaci\u00f3n originaria en un r\u00ed\u00ado. El supuesto para aplicar este planteamiento al material evang\u00e9lico es que, aunque al presente se contiene por escrito en libros de una cierta extensi\u00f3n, no se lo contempla como obra inividual de un autor a la manera de los libros que pertenecen a la literatura verdadera y propia, sino como un agregado de muchas peque\u00f1as unidades que preexist\u00ed\u00adan en forma oral, aut\u00f3nomamente la una de la otra, y eran utilizadas por la comunidad primitiva no pira hacer un relato ordenado de la vida de Jes\u00fas, sino en funci\u00f3n de las varias necesidades actuales de su vida: liturgia, catequesis, pol\u00e9mica con los adversarios, etc.<br \/>\n1037<br \/>\nDe ah\u00ed\u00ad el programa de la Formgeschichte: 1) como primera operaci\u00f3n preliminar, aislar cada una de las unidades preexistentes; 2) como segunda operaci\u00f3n, tambi\u00e9n preliminar, clasificarlas, bas\u00e1ndose en las caracter\u00ed\u00adsticas comunes que algunas de ellas presentan, en varias formas: relatos de milagro, episodios pol\u00e9micos, or\u00e1culos prof\u00e9ticos, sentencias de tipo sapiencial, etc.; 3) finalmente -y aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 el paso crucial propiamente socio-ling\u00fc\u00ed\u00adstico de la Formgeschichte-, explicar las caracter\u00ed\u00adsticas de cada una de las formas remont\u00e1ndose al respectivo Sitz im Leben. Finalmente, unificando los varios Sitie im beben obtenidos, conseguir un cuadro de conjunto de la primitiva comunidad cristiana. r.Despu\u00e9s de unos sesenta a\u00f1os de intenso trabajo, a primera vista se podr\u00ed\u00ada tener la impresi\u00f3n de que la Formgeschichte, salvo espor\u00e1dicas escaramuzas de retaguardia, ha sido ampliamente aceptada por todos; incluso en los ambientes cat\u00f3licos de forma oficial, despu\u00e9s de las pol\u00e9micas romanas antes y durante el \u00faltimo concilio. Pero, si bien se mira, hay que reconocer que el programa originario no se ha realizado m\u00e1s que en parte, precisamente en aquellas partes que no eran las m\u00e1s espec\u00ed\u00adficas, las m\u00e1s ligadas a la hip\u00f3tesis de trabajo esencialmente sociol\u00f3gica que animaba al nuevo planteamiento. Algo no ha funcionado.<br \/>\nDesde luego se pueden considerar bien logradas las dos primeras operaciones, si bien son s\u00f3lo preliminares y no espec\u00ed\u00adficas a\u00fan de la Formgeschichte. El car\u00e1cter originariamente fragmentario (y por tanto presumiblemente oral, al menos en principio) se desprende claramente, entre otras cosas, de la fragilidad de las conexiones entre una per\u00ed\u00adcopa y otra (\u2020\u02dcEntonces, \u2020\u0153Y yendo m\u00e1s all\u00e1\u2020\u2122, \u2020\u0153Despu\u00e9s de estas cosas\u2020\u2122, \u2020\u0153Otra vez&#8230;\u2020\u2122) y de los numeros\u00ed\u00adsimos casos de diferente colocaci\u00f3n de un mismo p\u00e1rrafo en los varios evangelios (p.ej., el padrenuestro en Mt en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a, mientras que en Lc est\u00e1 luego, duranteel viaje aJerusal\u00e9n: Mt 6,9-13 con Lc 11,1-4). Poralgola liturgia desdeel principio consegu\u00ed\u00ada tan bien subdividir el texto evang\u00e9lico en peque\u00f1os p\u00e1rrafos que hab\u00ed\u00ada que leer cada vez: las per\u00ed\u00adcopas (deperik\u00f3ptein, cortar); es como cuando se separan con facilidad las partes de un m\u00f3dulo siguiendo las l\u00ed\u00adneas trazadas ya marcadas. Entre una y otra hay muy poco espacio; se nota enseguida d\u00f3nde comienza y d\u00f3nde termina un episodio; muy pronto nos damos cuenta de que si se sigue leyendo nos adentramos en otro episodio.<br \/>\nTambi\u00e9n la clasificaci\u00f3n de las varias formas es una operaci\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica, y no a\u00fan socio-ling\u00fc\u00ed\u00adstica en el sentido de la Formgeschichte. Formas diversas (par\u00e1bola, or\u00e1culo pro-f\u00e9tico, sentencia de tipo sapiencial) pueden haber sido usadas ya por Jes\u00fas, y no remitir necesariamente a situaciones de la comunidad como tal.<br \/>\n1038<br \/>\nPara el nuevo planteamiento ser\u00ed\u00ada decisivo remontarse desde cada forma al respectivo Sitz im Leben; pero aqu\u00ed\u00ad justamente es donde el resultado ha fallado. S\u00f3lo se consigue remontarse globalmente a un uso eclesial del material; pero esto se hab\u00ed\u00ada ya adquirido con la primera operaci\u00f3n. Y este uso eclesial no es sin\u00f3nimo de uso puramente funcional en el sentido de la Formgeschichte. Indudablemente es un uso diverso del puramente historiogr\u00e1fico; a menudo ha implicado notables reformulaciones: lo confirman los numeros\u00ed\u00adsimos casos en los que el mismo gesto o la misma palabra de Jes\u00fas aparecen en los diversos evangelios en formas diversas, e incluso las que seg\u00fan nuestra mentalidad deber\u00ed\u00adan ser intangibles, como el Padrenuestro o las palabras eucar\u00ed\u00adsticas. Estamos ante una transmisi\u00f3n viva, en la que no predomina una preocupaci\u00f3n de fidelidad puramente verbal, como en el que transmite datos con intento puramente documentarlo o de archivo, sino m\u00e1s bien la de una fidelidad real a los significados, a las intenciones de Jes\u00fas; por tanto, una fidelidad que no excluye, sino que incluso a veces exige, la reformulaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, al pasar al ambiente grecorromano no es ya suficiente excluir s\u00f3lo el repudio de la mujer por parte del marido, sino que se hace necesario explicitar tambi\u00e9n la exclusi\u00f3n del repudio del marido por parte de la mujer (Mc 10,11 con Mt 19,9).<br \/>\nEn este uso eclesial de los dichos y hechos de Jes\u00fas, la exigencia de traducci\u00f3n desemboca en una exigencia de actualizaci\u00f3n. Trat\u00e1ndose de un mensaje salv\u00ed\u00adfico, la traducci\u00f3n s\u00f3lo se puede considerar verdaderamente lograda cuando consigue implicar al oyente. Aqu\u00ed\u00ad es clara la diferencia entre el evangelizador y el histori\u00f3grafo; para este \u00faltimo es importante que el acontecimiento se delimite lo mejor posible, que se una lo m\u00e1s estrechamente posible a las circunstancias, al momento en que tuvo lugar; en cambio, para el evangelizador es importante que el episodio, desde luego sin perder su realidad hist\u00f3rica y su significado originario, resulte significativo para el mayor n\u00famero de personas, aun a costa de desligarlo un poco de su contexto inmediato. Los dibujos de nuestros catecismos, como por lo dem\u00e1s ya las pinturas medievales, no vacilan a veces en presentar a Jes\u00fas en bluejeans o bien en poner a su lado muchachos de hoy, hombres de varias razas, etc. Es un poco lo que hizo tambi\u00e9n la tradici\u00f3n evang\u00e9lica: para facilitar el mecanismo de identificaci\u00f3n no vacila en reformular las palabras; y as\u00ed\u00ad vemos a los protagonistas de los relatos hacerse casi los portavoces de la fe cristiana: dirigirse a Jes\u00fas no ya como a \u2020\u0153maestro\u2020\u009d, sino como a \u2020\u0153Se\u00f1or\u2020\u009d (Mt 8,25 con Mc 4,38), proclamarlo a los pies de la cruz \u2020\u0153Hijo de Dios\u2020\u009d y no simplemente un \u2020\u0153justo\u2020\u009d (Mc 15,39 y Mt 27,54 con Lc 23,47). El relato se hace todo \u00e9l a la luz de la resurrecci\u00f3n, aunque \u00e9sta s\u00f3lo se narrar\u00e1 en la \u00faltima p\u00e1gina; ni por un instante se habla de Jes\u00fas como se hablar\u00ed\u00ada de un muerto, aunque muy ilustre, del que s\u00f3lo quedar\u00ed\u00adan sus palabras; en cada episodio destaca, como en transparencia, el Se\u00f1or viviente y operante hoy en la comunidad. As\u00ed\u00ad reciben una inesperada confirmaci\u00f3n ciertas intuiciones patr\u00ed\u00adsticas y lit\u00fargicas: pi\u00e9nsese en la interpretaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica de la tempestad calmada o en la interpretaci\u00f3n, eucar\u00ed\u00adstica del episodio de Ema\u00fas; esta dimensi\u00f3n eclesial, sacramental, no es algo que a\u00f1adimos nosotros, sino que ya estaba presente en la intenci\u00f3n de los primeros narradores.<br \/>\nEn orden a una reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica de detalle, de historia entendida como cr\u00f3nica, es innegable que este \u2020\u0153de m\u00e1s\u2020\u009d se traduce en un \u2020\u0153de menos\u2020\u009d. El car\u00e1cter fragmentario o el uso eclesial del material evang\u00e9lico, situados a la luz de la Formgeschichte, sufren indudablemente una cierta reducci\u00f3n de historicidad, al menos con referencia a ciertas maneras ma-ximalistas de entender esta \u00faltima, demasiado calcadas sobre los modelos profanos de tipo biogr\u00e1fico o los de la historiograf\u00ed\u00ada moderna. En este sentido, si por victoria de la Formgeschichte entendemos la derrota de estas concepciones unilaterales de la historicidad (liberales o fundamen-talistas), ha sido y es irreversible. Pero, en realidad, no es tanto la Formgeschichte la que ha vencido, sino que m\u00e1s bien estas concepciones han perdido; y no por m\u00e9rito exclusivo de la Formgeschichte, sino en gran medida tambi\u00e9n por toda una serie de adquisiciones de otro tipo: mejor conocimiento de los g\u00e9neros literarios b\u00ed\u00adblicos, a veces diversos de los occidentales y de tipo no puramente historiogr\u00e1fico; de los procedimientos de tipo midr\u00e1sico (relectura de un episodio a la luz de otros para poner en claro las analog\u00ed\u00adas, no sin un elemento artificioso) o de tipo targ\u00famico (traducciones libres, que desembocan en la par\u00e1frasis y en la adici\u00f3n de nuevos elementos para subrayar ciertos aspectos del texto), y as\u00ed\u00ad sucesivamente. Luego, para los cat\u00f3licos, desde la teolog\u00ed\u00ada, un concepto m\u00e1s profundo de la verdad b\u00ed\u00adblica (DV 11).<br \/>\n1039<br \/>\nPero la Formgeschichte no ha conseguido positivamente imponer de manera convincente su concepci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del material evang\u00e9lico como funcional \u00fanicamente a las necesidades actuales de la comunidad, y por tanto desinteresado del ministerio prepascual de Jes\u00fas. El car\u00e1cter fragmentario y eclesial, y en cierto sentido tambi\u00e9n popular, del material evang\u00e9lico no equivale necesariamente a un car\u00e1cter puramente funcional, en el sentido de la Formgeschichte. Lo fragmentario excluye una reconstrucci\u00f3n completa de la vida de Jes\u00fas en el sentido de las biograf\u00ed\u00adas del siglo XIX, pero no es tan completamente fragmentario que impida que cada uno de los fragmentos permanezca centrado en Jes\u00fas y que tambi\u00e9n uno solo de ellos pueda ser suficiente para permitirnos captar el sentido que \u00e9l atribuy\u00f3 a su vida. El ambiente popular excluye ciertamente prestaciones historiogr\u00e1ficas de alto nivel acad\u00e9mico, pero no excluye en absoluto el inter\u00e9s por ciertos acontecimientos y la voluntad y capacidad de transmitirlos fielmente. La gran libertad de la traducci\u00f3n y de la actualizaci\u00f3n no excluye una profunda fidelidad a Jes\u00fas, sino que nace justamente de ella. Perspectiva pascual no significa desinter\u00e9s por el Jes\u00fas terreno:\u2020\u009d el resucitado no es un an\u00f3nimo, sino el Jes\u00fas que fue crucificado; y justamente porque ha resucitado no se le puede olvidar, como se podr\u00ed\u00ada hacer con un muerto cualquiera, sino que agudiza a\u00fan m\u00e1s el inter\u00e9s tambi\u00e9n por su existencia terrena. El uso cate qu\u00e9tico o lit\u00fargico o de cualquier otro tipo deja intacta la cuesti\u00f3n de fondo: \u00bfQu\u00e9 papel tiene en esta liturgia o en esta catequesis la referencia a Jes\u00fas? \u00bfSe puede asimilar a un culto cualquiera o se trata m\u00e1s bien de un culto que es esencialmente anamnesis, memoria de un acontecimiento no m\u00ed\u00adtico, sino hist\u00f3rico? \u00bfNo son quiz\u00e1 la liturgia cristiana, la catequesis cristiana, esencialmente \u2020\u0153narrativas\u2020\u009d? (A este prop\u00f3sito hay que notar que la Formgeschichte -ia la que por algo algunos de sus pioneros prefer\u00ed\u00adan llamar kultgeschichtliche Methode!- revela un fuerte influjo de la escuela de las religiones o comparatista, con el m\u00e9rito de redescubrir la importancia del culto, pero con la tendencia a asimilarlo precipitadamente a los del ambiente circunstante.) Finalmente, la misma comunidad, de la que tanto habla la Formgeschichte, no es un grupo cualquiera, en el que cada uno era libre de atribuir a Jes\u00fas lo que quer\u00ed\u00ada. Por las cartas de Pablo, m\u00e1s antiguas que los mismos evangelios, se nos aparece por el contrario vinculada a la tradici\u00f3n recibida y provista de una autoridad apost\u00f3lica encargada de vigilar y discernir. No es una masa an\u00f3nima, sin rostro, sino que tiene su n\u00facleo m\u00e1s autorizado en los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, testigos no s\u00f3lo de su resurrecci\u00f3n, sino tambi\u00e9n de su ministerio terreno; no es un espacio vac\u00ed\u00ado, una p\u00e1gina en blanco en la que se puede escribir lo que se quiera: la imagen de Jes\u00fas viva en los disc\u00ed\u00adpulos no podr\u00ed\u00ada dejar de oponer resistencia a eventuales tentativas de alteraci\u00f3n.<br \/>\nEste \u2020\u0153tal\u00f3n de Aquiles\u2020\u009d de la Formgeschichte, a saber: su desvalorizaci\u00f3n del inter\u00e9s de la comunidad por el ministerio de Jes\u00fas, se ver\u00e1 con mayor claridad al pasar examen a la fase m\u00e1s reciente, que llega hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<br \/>\n1040<br \/>\n3. Evoluci\u00f3n ulterior: \u2020\u0153historia DE LA REDACCI\u00ed\u201cN\u2020\u009d Y \u2020\u0153NUEVA INVESTIGACI\u00ed\u201cN del Jes\u00fas hist\u00f3rico\u2020\u009d.<br \/>\nEvangelios<br \/>\nLas dos principales l\u00ed\u00adneas de desarrolio de los estudios evang\u00e9licos a partir de los a\u00f1os cincuenta son, por una parte, la apertura de lo que puede definirse nueva investigaci\u00f3n del Jes\u00fas hist\u00f3rico, y, por otra, la Redak-tionsgeschichte, el estudio de la redacci\u00f3n de los evangelios, de la aportaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de cada uno de los evangelistas [1 Mateo; \/ Marcos; \/ Lucas].<br \/>\nEn cierto sentido, ambas pueden considerarse complementos de la Formgeschichte en las \u00e1reas que \u00e9sta hab\u00ed\u00ada dejado descubiertas. Ella hab\u00ed\u00ada centrado su inter\u00e9s en la fase intermedia: la de la transmisi\u00f3n oral del material evang\u00e9lico en la comunidad, minimizando un poco excesivamente la posibilidad de remontarse m\u00e1s arriba hasta Jes\u00fas, y reduciendo, hacia abajo, a los evangelistas a simples coleccionistas del material preexistente. Al recuperar las dos \u00e1reas descuidadas, pero sin renegar por ello de las adquisiciones de la Formgeschichte, se obtiene una visi\u00f3n m\u00e1s completa del proceso de formaci\u00f3n del material evang\u00e9lico a trav\u00e9s de sus tres etapas: Jes\u00fas, la comunidad, los evangelistas. Tres etapas de desarrollo del material, a las que deber\u00e1n corresponder tres etapas obligadas en cada uno de nuestros estudios de los textos evang\u00e9licos.<br \/>\nEl esquema indicado no carece de utilidad. Pero hay que preguntarse si la vuelta a la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Jes\u00fas y la Redaktionsgeschich4e se pueden considerar s\u00f3lo evoluciones lineales y complementos de la Formgeschichte, o no m\u00e1s bien algo que la cuestiona ampliamente y hace urgente una reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la misma. Adem\u00e1s, el esquema deja en la sombra la estrecha conexi\u00f3n entre ambas evoluciones (por algo los nombres de los respectivos pioneros son los mismos: Bornkamm, Marxsen, Conzelmann, el mismo K\u00e1se-mann&#8230;); se trata, en realidad, de dos aspectos de la misma problem\u00e1tica que dejaron abierta la Formgeschichte y sobre todo Bultmann, que eran incapaces de explicar c\u00f3mo en un cierto punto la Iglesia primitiva lleg\u00f3 a expresar su fe en escritos eminentemente narrativos como los evangelios.<br \/>\nLa Formgeschichte no prest\u00f3 gran atenci\u00f3n a este problema; ante los evangelios emple\u00f3 el microscopio, concentrando su atenci\u00f3n en cada una de las microunidades para escrutar las huellas de su prehistoria. En cambio, la Redaktionsgeschichte intenta encuadrar en su objetivo el edificio entero, para captar sus l\u00ed\u00adneas de conjunto, el dise\u00f1o global, las intenciones de fondo que animaron a cada uno de los evangelistas. En esta perspectiva, se ve cada vez m\u00e1s claramente que no son simples compiladores; no se limitaron a transcribir la tradici\u00f3n, sino que tambi\u00e9n la retocaron y reinterpretaron bas\u00e1ndoseen la finalidad teol\u00f3gica y pastoral particular de cada uno de ellos. Aunque en los \u00faltimos a\u00f1os ha habido una reestructuraci\u00f3n de la tendencia inicial de la Redaktionsgeschichte a exaltar excesivamente la creatividad de los evangelistas y se vuelve a hablar de su conservadurismo (una recuperaci\u00f3n del aspecto hist\u00f3rico est\u00e1 en marcha tambi\u00e9n hoy para Jn), queda el hecho de que entre nosotros y Jes\u00fas viene a interponerse, adem\u00e1s del estrato de la tradici\u00f3n oral comunitaria sacado a luz por la Formgeschichte, un estrato ulterior: el de la relectura teol\u00f3gica realizada por cada uno de los evangelistas. As\u00ed\u00ad pues, a primera vista, con la Redaktionsgeschichte nos alejamos a\u00fan m\u00e1s de Jes\u00fas, y no ser\u00ed\u00ada infundado ver en ella una evoluci\u00f3n bastante homog\u00e9nea de la Formgeschichte.<br \/>\n1041<br \/>\nPero las cosas no son tan simples. Por diversas que sean las perspectivas teol\u00f3gicas de Mt, de Mc, de Lc (y, \u00bfpor qu\u00e9 no?, de Jn), revelan algo com\u00fan: sobre todo un gran inter\u00e9s por el Jes\u00fas terreno. Mc retrocede a los d\u00ed\u00adas terrenos de Jes\u00fas todav\u00ed\u00ada envueltos en el misterio que s\u00f3lo la cruz y la resurrecci\u00f3n habr\u00ed\u00ada de desvelar, pero que estaba ya encerrado en su humanidad. Mt lleva a los cristianos a la obediencia a los mandamientosde Jes\u00fas (28,16-20). Lc-Ac exponen un relato ordenado de los acontecimientos a trav\u00e9s de los cuales entr\u00f3 la salvaci\u00f3n en la historia con Jes\u00fas, y luego con el testimonio dado de \u00e9l por la Iglesia por la virtud del Esp\u00ed\u00adritu. Jn contempla y relee, con aquella comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda que es don pascual del Resucitado mediante su Esp\u00ed\u00adritu, los grandes signos realizados por Jes\u00fas en su ministerio terreno (2,22; 12,16; 14,26; 16,14). Leyendo cada evangelio completo se percibe este inter\u00e9s por el Jes\u00fas pre-pascual, este aspecto narrativo, m\u00e1s fuertemente a\u00fan que leyendo aisladamente una u otra per\u00ed\u00adcopa. Es un poco como cuando, alej\u00e1ndose de un edificio para poder abarcarlo mejor con la mirada todo entero, se queda uno sorprendido de algunas de sus l\u00ed\u00adneas estructurales, que corren peligro de escapar a una observaci\u00f3n demasiado cercana. El problema es entonces si el relieve dado al Jes\u00fas pre-pascual es fruto de una sucesiva obra de \u2020\u0153historizaci\u00f3n\u2020\u009d (Historisierung), que habr\u00ed\u00ada introducido en el material, originariamente polarizado en las necesidades actuales de la comunidad, una dimensi\u00f3n que le era ajena (K\u00e1semann, no sin ambig\u00fcedad y contradicciones, atribuye esa acci\u00f3n a una exigencia ocasional de contraponerse al incipiente gnosticismo, y polemiza \u00e1speramente con Lc-Ac por haber querido ligar la salvaci\u00f3n a hechos del pasado visibles y narra-bles; pero al mismo tiempo ve en ello un esfuerzo por mantener la identidad cristiana originaria; otros, como S. Schulz, radicalizando la posici\u00f3n bultmanniana, ven en los cuatro evangelios un fen\u00f3meno inesperado y aberrante respecto al kerigma pascual de Pablo), o si no se trata m\u00e1s bien de una dimensi\u00f3n inherente al material evang\u00e9lico desde el principio (J. Roloff).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, no hay que reducir la Redaktionsgeschichte simplemente a un estudio de las modificaciones redaccionales; no se agota en un estudio de per\u00ed\u00adcopa por per\u00ed\u00adcopa, sino que intenta captar el plan de conjunto de cada uno de los evangelios en su integridad, desembocando as\u00ed\u00ad en el problema de lo que les es com\u00fan, en la problem\u00e1tica, hoy viv\u00ed\u00adsima, de la \u2020\u0153forma evangelio. \u00bfExiste tal \u2020\u0153forma\u2020\u2122, com\u00fan a los tres sin\u00f3pticos, y hasta -presumiblemente sin influjo directo- a Jn? \u00bfC\u00f3mo explicar su origen? \u00bfEn qu\u00e9 medida puede derivar de formas jud\u00ed\u00adas y grecorromanas preexistentes (biograf\u00ed\u00ada, martirio de los justos y de los profetas, dichos de los sabios, aretalog\u00ed\u00adas&#8230;), y en qu\u00e9 medida, en cambio, es una novedad espec\u00ed\u00adficamente cristiana? Respecto al material preexistente, \u00bfen qu\u00e9 medida depende de antecedentes ya existentes, y en qu\u00e9 medida es, en cambio, una forma nueva, que hay que comprender \u00fanicamente en s\u00ed\u00ad misma (G\u00fcttgemanns)? \u00bfHab\u00ed\u00ada ya en cada fragmento de tradici\u00f3n algo que lo hac\u00ed\u00ada apto para insertarlo en el contexto evang\u00e9lico (Mussner): una \u00ed\u00adndole narrativa intr\u00ed\u00adnseca, una orientaci\u00f3n esencial a Jes\u00fas incluso en cada uno de los dichos y de los episodios? \u00bfC\u00f3mo explicar la \u2020\u0153fuerza de integraci\u00f3n\u2020\u2122 de la forma \/ evangelio, capaz de mantener unidos materiales diversos, como los or\u00e1culos es-catol\u00f3gicos y las directrices \u00e9ticas, los milagros y el relato de la pasi\u00f3n (H.-Th. Wrege)? En este punto, el \u2020\u0153secreto mesi\u00e1nico, a trav\u00e9s del cual todo el ministerio terreno de Jes\u00fas es visto como enigma que s\u00f3lo ser\u00e1 descifrado con la pascua, quedando a su vez la pascua indisolublemente ligada al ministerio terreno, aparece como el \u2020\u0153presupuesto hermen\u00e9utico\u2020\u009d fundamental para la\u2020\u2122 existencia misma del g\u00e9nero evangelio (Conzelmann). Hay que preguntarse entonces si es s\u00f3lo un esquema teol\u00f3gico artificioso, una construcci\u00f3n posterior, resultante quiz\u00e1 de la fusi\u00f3n de varias teolog\u00ed\u00adas cristianas provenientes de varias comunidades, teolog\u00ed\u00adas diversas o incluso conflictivas, centradas unas en el kerigma pascual, otras en el Jes\u00fas prepascual profeta, maestro y taumaturgo, y unidas por compromiso o por predominio de una que habr\u00ed\u00ada neutralizado a las restantes, o si no ser\u00ed\u00ada m\u00e1s bien el reflejo y la expresi\u00f3n de una unidad cristol\u00f3gica originaria (J. Schniewind). As\u00ed\u00ad pues, la Redaktionsgeschichte, lejos de poderse reducir a un simple complemento de la Formgeschichte, termina tambi\u00e9n agudizando ulteriormente el problema de la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de los evangelios.<br \/>\n1042<br \/>\nAn\u00e1logo razonamiento hay que hacer, con mayor raz\u00f3n, para otra evoluci\u00f3n: la reapertura de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Jes\u00fas. Utiliza \u00e9sta una serie de criterios de autenticidad (J. Jerem\u00ed\u00adas) que se apoyan en \u00faltimo an\u00e1lisis en el m\u00e1s riguroso, admitido tambi\u00e9n por los m\u00e1s radicales, el criterio de la discontinuidad: hay que atribuir a Jes\u00fas lo que no refleja las necesidades o las tendencias ni del judaismo ni de la comunidad cristiana primitiva (ejemplo cl\u00e1sico es el discipulado, diverso tanto del rab\u00ed\u00adnico, donde era el disc\u00ed\u00adpulo el que escog\u00ed\u00ada al maestro, y de la relaci\u00f3n que ligar\u00e1 a los cristianos con los ap\u00f3stoles:<br \/>\nPedro, Pablo.., no tendr\u00e1n \u2020\u0153disc\u00ed\u00adpulos\u2020\u009d ligados a su persona). En otras palabras, despu\u00e9s de la Formgeschichte se da por supuesta la duda, al menos metodol\u00f3gica, de que el material se pueda atribuir siempre a una creaci\u00f3n de la comunidad, a menos que no aparezca en contraste con las tendencias de esta \u00faltima. Sin embargo, a nosotros nos parece que con ese \u2020\u0153a menos que\u2020\u009d se abre una brecha en el supuesto. En efecto, hay que preguntarse: \u00bfC\u00f3mo es que la comunidad transmit\u00ed\u00ada algo que no correspond\u00ed\u00ada a sus tendencias? Por tanto, no era exacto suponer, como en la Formgeschichte cl\u00e1sica, que la comunidad se preocupaba s\u00f3lo de sus necesidades actuales; exist\u00ed\u00ada tambi\u00e9n el inter\u00e9s por transmitir ciertos gestos de Jes\u00fas \u00fanicamente porque eran de Jes\u00fas, aunque no correspondieran a las tendencias actuales y a las necesidades inmediatas. Mas entonces, \u00bfpor qu\u00e9 habr\u00ed\u00ada que limitar ese inter\u00e9s por Jes\u00fas s\u00f3lo a este o aquel gesto fragmentario, y no globalmente a toda la imagen de Jes\u00fas? Luego, tambi\u00e9n por este lado, si bien se mira, la Formgeschichte no es simplemente completada, sino cuestionada en uno de sus aspectos esenciales: su sociologismo unilateral, el supuesto de un desinter\u00e9s de la comunidad primitiva por el Jes\u00fas prepascual. [1 Jesucristo 1].<br \/>\n1043<br \/>\nIII. CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS.<br \/>\nSe trata, pues, hoy de subrayar m\u00e1s la continuidad de las tres fases (Jes\u00fas, comunidad, evangelistas) y de los respectivos momentos de estudio (investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Jes\u00fas, Formgeschichte, Redaktionsgeschichte) sobre todo a trav\u00e9s de una reflexi\u00f3n sobre el anillo intermedio, \u2020\u0153la historia de las formas\u2020\u2122. Pero no se trata, llevando al extremo la reacci\u00f3n, de negar la relaci\u00f3n entre el material evang\u00e9lico y la comunidad, reduciendo la tradici\u00f3n evang\u00e9lica a transmisi\u00f3n mnem\u00f3nica (por interesantes que puedan ser en este punto las investigaciones de Riesen-feld, de Gehardsson o de Riesner), o, peor a\u00fan, recayendo en planteamientos de tipo neoliberal o de tipo fun-damentalista, ambos engallados hoy por los resultados m\u00e1s ricos y m\u00e1s positivos de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Jes\u00fas. El fracaso de la Formgeschichte, al menos respecto a su proyecto originario, subraya la imposibilidad de separar la Iglesia de Jes\u00fas; pero el fracaso del intento liberal sigue a\u00fan ah\u00ed\u00ad para amonestar sobre la imposibilidad de separar a Jes\u00fas de la Iglesia. El inter\u00e9s por el Jes\u00fas terreno prepascual no es un inter\u00e9s por un Jes\u00fas historiogr\u00e1fico, reconstruible con los solos instrumentos de la raz\u00f3n hist\u00f3rica, fuera del horizonte de la fe pascual; es memoria pascual, apost\u00f3lica, eucar\u00ed\u00adstica. Yl mucho menos se resuelve el problema sumando los dos errores y postulando comunidades cristianas primitivas en conflicto entr\u00e9 s\u00ed\u00ad, hostiles las unas al kerigma pascual y las otras al Jes\u00fas terreno.<br \/>\nLa tensi\u00f3n percibida por la Iglesia desde el principio no se puede resolver,ni eliminando el kerigma pascual en favor de un pretendido \u2020\u0153Jes\u00fas hist\u00f3rico\u2020\u2122 reconstruido en contraposici\u00f3n a la fe cristiana, ni eliminando al Jes\u00fas terreno en favor de un kerigma deshistorizado, que terminar\u00ed\u00ada por desembocar en la experiencia religiosa del hombre.<br \/>\nDe ah\u00ed\u00ad aquel proceso continuo de relectura en marcha desde el principio -seg\u00fan la intuici\u00f3n blondeliana de los textos evang\u00e9licos como\u2020\u009dtradici\u00f3n anticipada\u2020\u2122, cargada de una \u2020\u0153plenitud parad\u00f3jica para el historiador\u2020\u009d (Les premiers \u00e9crits de M. Blondel, 205, nota 1)- y que se prolonga luego en la interpretaci\u00f3n cristiana lit\u00fargica y patr\u00ed\u00adstica, cuyo esp\u00ed\u00adritu es urgente recuperar por encima de todos los l\u00ed\u00admites.<br \/>\nRelectura que no es ni repetici\u00f3n est\u00e1tica ni alteraci\u00f3n o sustituci\u00f3n por significados extra\u00f1os al original, sino que es precisamente relectura que supone para el estudioso: esfuerzo incesante, siempre nuevo, nunca acabado de una vez por todas, de leer aquel acontecimiento, de captar su sentido originario e inagotable.<br \/>\n1044<br \/>\nBIBL.: Arens E., Los evangelios ayer y hoy, Paulinas, Lima 1989; Aune D.E., The problem ofthe Genre ofihe Gospels, en R.T. France-D. Wenhan (eds.), Gospel Perspectives. Siudies of History, en Tradition in the Four Gospels II, JSOT Press, Sheffield 1980, 9-60; Benoit P., Reflexiones sobre el m\u00e9todo de la historia de las formas, en Id, Ex\u00e9gesis y teolog\u00ed\u00ada 1, Stvdium, Madrid 1974; Blondel M., Histoire eldog-me. Les \u00c2\u00a1acunes phiosophiques de I\u2020\u2122ex\u00e9g\u00e9se moderne (1904), en Les premiers \u00e9crits de M. 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Convertirse al evangelio. <\/li>\n<li> 5. m. coloq. Verdad indiscutible. Sus palabras son el evangelio. Decir el evangelio. <\/li>\n<li> 6. m. pl. Libro, forrado com\u00fanmente en tela de seda, en que se contiene el principio del Evangelio de San Juan y otros tres cap\u00edtulos de los otros tres evangelistas, el cual se sol\u00eda poner entre algunas reliquias y dijes a los ni\u00f1os, colgado en la cintura. <\/li>\n<li> 7. Evangelios sin\u00f3pticos:  m. pl. Los de San Lucas, San Marcos y San Mateo, por presentar tales coincidencias que pueden ser apreciadas visualmente coloc\u00e1ndolos juntos.  (Fuente: Diccionario de la Real Academia de la Lengua)<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">La palabra \u201cevangelio\u201d usualmente designa un registro escrito de las palabras y obras de Cristo.  Es muy probable que se deriva del anglosaj\u00f3n god (bueno) y spell (decir), y es generalmente tratada como el equivalente exacto del griego euaggelion (eu, bien, argello, traigo un mensaje), y del lat\u00edn Evangelium, el cual ha pasado al franc\u00e9s, al alem\u00e1n, al italiano y a otras lenguas modernas.  El griego euaggelion originalmente significaba la \u201crecompensa de buenas noticias\u201d.  Sus otros significados importantes ser\u00e1n dados en el cuerpo del presente art\u00edculo general sobre los Evangelios.\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 T\u00edtulos de los Evangelios<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Cantidad de Evangelios<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Principales diferencias entre los evangelios can\u00f3nicos y los ap\u00f3crifos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Orden de los evangelios<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Clasificaci\u00f3n de los Evangelios<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Los Evangelios y el evangelio oral<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Divergencias de los Evangelios<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 Enlaces internos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">9 Enlaces externos<\/li>\n<\/ul>\n<h3>T\u00edtulos de los Evangelios<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los primeros cuatro libros hist\u00f3ricos del Nuevo Testamento llevan t\u00edtulos (Euaggelion kata Matthaion, Euaggelion kata Markon, etc.), que aunque antiguos, sin embargo, no se remontan a los respectivos autores de esos escritos sagrados.  El Canon Muratorio, Clemente de Alejandr\u00eda y San Ireneo son testigos precisos de la existencia de dichos t\u00edtulos en la \u00faltima parte del siglo II de nuestra era.  De hecho, la forma en que Clemente (Stromata I.21) y San Ireneo (Contra Herej\u00edas III.11.7) los utilizan implica que, ya en esa fecha tan temprana, los presentes nombres de los Evangelios hab\u00edan estado en uso corriente por alg\u00fan tiempo considerable.  De ah\u00ed, se puede inferir que estaban prefijados a las narrativas evang\u00e9licas tan temprano como en la primera parte de dicho siglo.  Sin embargo, es una posici\u00f3n generalmente aceptada al presente que no se remontan al siglo I de la era cristiana, o por lo menos que no son originales.   Se cree que puesto que son similares para los cuatro Evangelios, aunque los mismos Evangelios fueron compuestos con alg\u00fan intervalo uno del otro, esos t\u00edtulos no estaban formulados, y en consecuencia, no estaban prefijados a cada narrativa individual, antes de que se hiciera la colecci\u00f3n de los cuatro Evangelios.   Adem\u00e1s, como fue bien se\u00f1alado por el Prof. Bacon \u201clos libros hist\u00f3ricos del Nuevo Testamento difieren de su literatura apocal\u00edptica y epistolar, como los del Antiguo Testamento difieren de sus profec\u00edas, en ser invariablemente an\u00f3nimos y por la misma raz\u00f3n.  Las profec\u00edas ya sea en el primero o en el segundo sentido, y las cartas, para tener autoridad deben referirse a alg\u00fan individuo; mientras mayor fuera su nombre, mejor.  Pero la historia se consideraba una posesi\u00f3n com\u00fan; sus hechos hablaban por s\u00ed mismos.  S\u00f3lo cuando la fuente de la recolecci\u00f3n com\u00fan comenz\u00f3 a mermar, y comenzaron a aparecer diferencias entre los Evangelios exactos y bien informados y los poco confiables\u2026 vali\u00f3 la pena para el maestro o apologista cristiano especificar si la representaci\u00f3n dada de la tradici\u00f3n corriente era \u201cseg\u00fan\u201d \u00e9ste o aqu\u00e9l compilador especial, y a especificar sus cualificaciones\u201d.  As\u00ed aparece que los presentes t\u00edtulos de los Evangelios no se remontan a los evangelistas mismos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera palabra com\u00fan a los t\u00edtulos de nuestros cuatro Evangelios es Euaggelion, algunos de cuyos significados todav\u00eda hay que establecer.  La palabra, en el Nuevo Testamento, tiene el significado espec\u00edfico de \u201clas buenas nuevas del reino\u201d (cf. [[Evangelio seg\u00fan san Mateo|Mt. 4,23; [[Evangelio seg\u00fan San Marcos|Mc. 1,15).  En ese sentido, que debe ser considerado primario desde el punto de vista cristiano, Euaggelion denota las buenas noticias de salvaci\u00f3n anunciadas al mundo en relaci\u00f3n con Jesucristo, y, en un sentido m\u00e1s general, la revelaci\u00f3n completa de la Redenci\u00f3n que trajo Cristo (cf. Mt. 9,35; 24,14; etc.; Mc. 1,14; 13,10; 16,15; Hch. 20,24; Rm. 1,1.9.16; 10,16; etc.).   Por supuesto, \u00e9ste era el \u00fanico significado conectado con la palabra mientras no se hubiese redactado ning\u00fan registro aut\u00e9ntico de las buenas nuevas de salvaci\u00f3n.  De hecho, permaneci\u00f3 como el \u00fanico uso incluso despu\u00e9s de que tales registros escritos hab\u00edan sido recibidos por alg\u00fan tiempo en la Iglesia cristiana:  como s\u00f3lo hab\u00eda un Evangelio, esto es, s\u00f3lo una revelaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n por Jesucristo, as\u00ed los varios registros de ella no se consideraban como varios Evangelios, sino s\u00f3lo como diferentes relatos de uno y el mismo Evangelio.  Sin embargo, gradualmente un significado derivado fue pareado con la palabra Euaggelion.  As\u00ed, en su primera Apolog\u00eda (c. LXVI), San Justino habla de las \u201cMemorias de los Ap\u00f3stoles que son llamadas Euaggelia\u201d, refiri\u00e9ndose claramente, de este modo, no a la substancia de la historia evang\u00e9lica, sino a los libros mismos en los cuales estaba registrada.  Es cierto que en este pasaje de San Justino tenemos el primer uso indudable del t\u00e9rmino en ese sentido derivado.  Pero ya que el santo Doctor nos da a entender que en su d\u00eda la palabra Euaggelion ten\u00eda ese significado corriente, es s\u00f3lo natural pensar que ya hab\u00eda sido empleando por alg\u00fan tiempo antes.  Sin embargo, parece que Zahn est\u00e1 correcto en reclamar que el uso del t\u00e9rmino Euaggelion, con el significado de registro escrito de las obras y palabras de Cristo, se remonta al comienzo del siglo II de la era cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La segunda palabra com\u00fan a los t\u00edtulos de los Evangelios can\u00f3nicos es la preposici\u00f3n kata \u201cseg\u00fan\u201d, cuyo significado ha sido por mucho tiempo asunto de discusi\u00f3n entre los eruditos b\u00edblicos.  Aparte de varios significados secundarios conectados con esa part\u00edcula griega, se le han adscrito dos acepciones diferentes.  Muchos autores dicen que no significa \u201cescrito por\u201d, sino \u201credactado seg\u00fan la concepci\u00f3n de\u201d San Mateo, San Marcos, etc.  A sus ojos, los t\u00edtulos de nuestros Evangelios no intentaban indicar autor\u00eda, sino establecer la autoridad garantizando lo que se relaciona, del mismo modo que \u201cel Evangelio seg\u00fan los hebreos\u201d o \u201cel Evangelio seg\u00fan los egipcios\u201d no significa el evangelio escrito por los hebreos o los egipcios, sino esa forma peculiar de Evangelio que los hebreos o egipcios aceptaban.  Sin embargo, la mayor\u00eda de los estudiosos han preferido considerar que la preposici\u00f3n kata denota autor\u00eda, casi del mismo modo que, en Diodoro S\u00edculo, la Historia de Herodoto es llamada He kath Herodoton historia.  Al presente, se admite generalmente que, si los t\u00edtulos de los Evangelios can\u00f3nicos hubiesen querido establecer la autoridad esencial o garante, y no indicar el autor, el segundo Evangelio se llamar\u00eda, de acuerdo con la creencia de los tiempos primitivos, \u201cel Evangelio seg\u00fan San Pedro\u201d, y el tercero \u201cel Evangelio seg\u00fan San Pablo\u201d.  Al mismo tiempo se cree correctamente que estos t\u00edtulos denotan autor\u00eda, con una sombra peculiar de significado que no es expresado por los t\u00edtulos prefijados a las Ep\u00edstolas de San Pablo, al Apocalipsis de San Juan, etc.  El uso del caso genitivo en los \u00faltimos t\u00edtulos (Paulou Epistolai, Apokalypsis Ioannou, etc.) no tiene otro objeto que el de adscribir el contenido de tales obras al escritor cuyo nombre llevan.  El uso de la preposici\u00f3n kata (seg\u00fan), por el contrario, mientras que se refiere a la composici\u00f3n de los contenidos del Primer Evangelio de San Mateo, a la del de San Marcos, etc., implica que pr\u00e1cticamente los mismos contenidos, la misma  buena nueva  o Evangelio, ha sido relatada por m\u00e1s de un narrador.  As\u00ed \u201cel Evangelio seg\u00fan Mateo\u201d es equivalente a la historia del Evangelio en la forma que Mateo la redact\u00f3; \u201cel Evangelio seg\u00fan Marcos\u201d designa historia evang\u00e9lica de otra forma, es decir, la forma en que San Marcos la present\u00f3 por escrito, etc. (cf. Maldonado \u201cIn quatuor Evangelistas\u201d, cap. I).\n<\/p>\n<h3>Cantidad de Evangelios<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El nombre evangelio, designando un relato escrito de las obras y palabras de Cristo, ha sido y todav\u00eda es aplicado a un gran n\u00famero de narraciones relacionadas con la vida de Cristo, que circulaban antes y despu\u00e9s de la composici\u00f3n de nuestro Tercer Evangelio (cf. [[Evangelio de San Lucas|Lc. 1,1-4).  Nos han llegado los t\u00edtulos de algunas cincuenta de tales obras, dato que muestra el inmenso inter\u00e9s que se centraba, aun en fechas tempranas, en la Persona y obras de Cristo.  Sin embargo, s\u00f3lo se ha conservado alguna informaci\u00f3n respecto a veinte de estos \u201cevangelios\u201d.  Sus nombres, seg\u00fan dados por Harnack (Chronologie, I, 589 ss.), son los siguientes:\n<\/p>\n<ul>\n<li> 1-4. Los Evangelios Can\u00f3nicos  <\/li>\n<li> 5.  El Evangelio seg\u00fan los hebreos<\/li>\n<li> 6. El Evangelio de Pedro<\/li>\n<li> 7. El Evangelio seg\u00fan los egipcios<\/li>\n<li> 8.  El Evangelio de Mat\u00edas<\/li>\n<li> 9.  El Evangelio de Felipe<\/li>\n<li> 10. El Evangelio de Tom\u00e1s<\/li>\n<li> 11. El Proto-Evangelio de Santiago<\/li>\n<li> 12.  El Evangelio de Nicodemo (Acta Pilati)<\/li>\n<li> 13.  El Evangelio de los Doce Ap\u00f3stoles<\/li>\n<li> 14.  El Evangelio de Bas\u00edlides<\/li>\n<li> 15. El Evangelio de Valentino<\/li>\n<li> 16. El Evangelio de Marci\u00f3n<\/li>\n<li> 17. El Evangelio de Eva<\/li>\n<li> 18.  El Evangelio de Judas<\/li>\n<li> 19. El escrito Genna Marias<\/li>\n<li> 20. El Evangelio Teleioseos<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de la fecha temprana que a veces se reclama para estas obras, no es probable que ninguna de ellas, fuera de nuestros Evangelios can\u00f3nicos, deba ser contada entre los intentos de narrar la vida de Cristo, de la cual San Lucas habla en el pr\u00f3logo a su Evangelio.  Muchas de ellas, hasta donde se puede descubrir, son producciones tard\u00edas, cuyo car\u00e1cter ap\u00f3crifo admiten generalmente los eruditos contempor\u00e1neos (ver Ap\u00f3crifo).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ciertamente es imposible al presente describir la forma precisa en que, de las numerosas obras adscritas a alg\u00fan ap\u00f3stol, o que simplemente lleva el nombre de evangelio, s\u00f3lo cuatro, dos de las cuales no son atribuidas a ap\u00f3stoles, llegaron a ser considerados como sagrados y can\u00f3nicos.  Sin embargo, contin\u00faa siendo cierto que todo el testimonio temprano que tiene una incidencia clara sobre el n\u00famero de Evangelios can\u00f3nicos reconoce los tales cuatro Evangelios y m\u00e1s ninguno.  As\u00ed, Eusebio (m. 340) al juntar los libros del Canon universalmente admitidos, en distinci\u00f3n de aquellos que algunos hab\u00edan cuestionado, escribe:  \u201cY aqu\u00ed, entre los primeros, debe ser colocado el santo quatemion de los Evangelios\u201d, mientras que categoriza el \u201cEvangelio seg\u00fan los hebreos\u201d entre los segundos, esto es, entre los escritos disputados (Historia de la Iglesia III.25).  Clemente de Alejandr\u00eda (m. c. 220) y Tertuliano (m. 220) estaban familiarizados con nuestros cuatro Evangelios, y los citaban y comentaban sobre ellos a menudo.  Tertuliano habla tambi\u00e9n de la antigua versi\u00f3n latina conocida por \u00e9l y sus lectores, y al hacerlo nos remonta m\u00e1s all\u00e1 de su tiempo.  El santo obispo de Lyons, Ireneo (m. 202), quien hab\u00eda conocido a San Policarpo en Asia Menor, no s\u00f3lo admite y cita nuestros cuatro Evangelios, sino que argumenta que ellos deben ser s\u00f3lo cuatro, ni m\u00e1s ni menos.  \u00c9l dice:  \u201cNo es posible que los Evangelios sean ni m\u00e1s ni menos de los que son.  Pues ya que hay cuatro zonas en el mundo en que vivimos, y cuatro vientos principales, mientras que la Iglesia est\u00e1 dispersa a trav\u00e9s del mundo, y el pilar y base de la Iglesia es el Evangelio y el Esp\u00edritu de vida; es adecuado que tengamos cuatro pilares, respirando la inmortalidad por todos lados y vivificando nuestra carne\u2026  Las criaturas vivientes son cuadriformes, y el Evangelio es cuadriforme, como lo es tambi\u00e9n el curso seguido por el Se\u00f1or\u201d (Contra Herej\u00edas III.11.8).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alrededor del tiempo cuando San Ireneo dio este testimonio expl\u00edcito de nuestros cuatro Evangelios, el Canon Muratorio tambi\u00e9n fue testigo de ellos, como tambi\u00e9n lo hizo el Peshito y otras traducciones sir\u00edacas tempranas, y las varias versiones coptas del Nuevo Testamento.  Lo mismo puede decirse respecto a la armon\u00eda sir\u00edaca de los Evangelios can\u00f3nicos, que fue ideada por el disc\u00edpulo de San Justino, Tatiano, y la cual es citada a menudo con el nombre griego de Diatessaron (To dia tessaron Euaggelion).    El descubrimiento reciente de esta obra ha permitido a Harnack inferir, por algunos de sus detalles, que estaba basada en otra armon\u00eda m\u00e1s antigua de nuestros cuatro Evangelios, la hecha por San Hip\u00f3lito de Antioqu\u00eda.  Tambi\u00e9n ha puesto a descansar la molestosa pregunta de si San Justino usaba los Evangelios can\u00f3nicos.  \u201cPuesto que Tatiano era disc\u00edpulo de Justino, es inconcebible que \u00e9l hubiese trabajado con Evangelios diferentes a los de su maestro, puesto que cada uno sosten\u00eda que los Evangelios que usaban eran libros de primera importancia.\u201d  (Adeney).  Ciertamente, antes del descubrimiento del \u201cDiatessaron\u201d de Tatiano,  un estudio imparcial de los escritos aut\u00e9nticos de Justino hab\u00eda aclarado que el santo doctor usaba exclusivamente los Evangelios can\u00f3nicos bajo el nombre de Memorias de los Ap\u00f3stoles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De estos testimonios del siglo II, dos son particularmente notorios, es decir, los de San Justino y San Ireneo.  Ya que el primer escritor pertenece a la primera mitad de dicho siglo, y se refiere a los Evangelios can\u00f3nicos como una colecci\u00f3n bien conocida y completamente aut\u00e9ntica, es s\u00f3lo natural pensar que en la \u00e9poca en que escribi\u00f3 (cerca de 145 d.C.) los mismos Evangelios, s\u00f3lo ellos, hab\u00edan sido reconocidos como registros sagrados de la vida de Cristo, y que hab\u00edan sido considerados como tales por lo menos tan temprano como a principios del siglo II de nuestra era.  El testimonio de San Ireneo es a\u00fan m\u00e1s importante.  \u201cLa misma absurdidad de su razonamiento testifica sobre la posici\u00f3n bien establecida lograda en su tiempo por los cuatro Evangelios, con la exclusi\u00f3n de todos los otros.  El obispo de Ireneo era Potino, quien vivi\u00f3 hasta la edad de 90 a\u00f1os, e Ireneo hab\u00eda conocido a San Policarpo en Asia Menor.  Aqu\u00ed hay v\u00ednculos de conexi\u00f3n con el pasado que van m\u00e1s all\u00e1 de comienzos del siglo II.\u201d  (Adeney)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las obras de los Padres apost\u00f3licos no se halla, ciertamente, evidencia incuestionable a favor de s\u00f3lo cuatro Evangelios can\u00f3nicos.  Pero esto es s\u00f3lo lo que se esperar\u00eda de las obras de hombres que vivieron en el mismo siglo en el cual se compusieron estos registros inspirados, y en el cual la palabra Evangelio todav\u00eda se aplicaba a la buena nueva de la salvaci\u00f3n, y no a los relatos escritos sobre ello.\n<\/p>\n<h3>Principales diferencias entre los evangelios can\u00f3nicos y los ap\u00f3crifos<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el comienzo, los cuatro Evangelios, cuyo car\u00e1cter sagrado fue reconocido desde muy temprano, difer\u00eda en varios aspectos de los numerosos evangelios no can\u00f3nicos que circulaban durante los primeros siglos de la Iglesia.  Primero que todo, se recomendaban a s\u00ed mismos por su tono de simplicidad y veracidad, que estaba en contraste notable con el car\u00e1cter trivial, absurdo o manifiestamente legendario de aquellas obras no can\u00f3nicas.  En segundo lugar, ten\u00edan un origen m\u00e1s antiguo que sus rivales ap\u00f3crifos, y ciertamente muchos de \u00e9stos se basaban directamente en los Evangelios can\u00f3nicos.  Un tercer rasgo a favor de nuestros registros can\u00f3nicos de la vida de Cristo era la pureza de sus ense\u00f1anzas morales y dogm\u00e1ticas, en contraste con las opiniones jud\u00edas, gn\u00f3sticas o her\u00e9ticas con las cuales estaban inficionados no pocos de los evangelios ap\u00f3crifos, y debido a las cuales estos escritos falsos encontraban favor entre los grupos her\u00e9ticos y por el contrario descr\u00e9dito a los ojos de los cat\u00f3licos.  Por \u00faltimo, y m\u00e1s particularmente, los Evangelios can\u00f3nicos eran considerados como con autoridad apost\u00f3lica, dos de ellos adscritos a los ap\u00f3stoles San Mateo y San Juan respectivamente, y dos a San Marcos y San Lucas, los respectivos compa\u00f1eros de San Pedro y San Pablo.  Muchos otros evangelios ciertamente reclamaban autoridad apost\u00f3lica, pero a ninguno de ellos le concedi\u00f3 universalmente la Iglesia primitiva este reclamo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En adici\u00f3n a nuestros cuatro Evangelios can\u00f3nicos, la \u00fanica obra ap\u00f3crifa que fue recibida generalmente y en la que se confi\u00f3 fue el \u201cEvangelio seg\u00fan los hebreos\u201d.  Es un dato bien conocido que San Jer\u00f3nimo, hablando de ese evangelio bajo el nombre de \u201cEl Evangelio seg\u00fan los nazarenos\u201d, lo consideraba como el original hebreo de nuestro Evangelio seg\u00fan San Mateo.  Pero, por lo que se puede juzgar por los fragmentos que nos han llegado, no tiene derecho a originalidad si se compara con nuestro Evangelio can\u00f3nico.   Tambi\u00e9n en una fecha muy antigua, era tratado como exento de autoridad apost\u00f3lica, y San Jer\u00f3nimo mismo, quien declar\u00f3 que ten\u00eda su texto arameo a su disposici\u00f3n, no le asigna un lugar lado a lado con nuestros Evangelios can\u00f3nicos: toda la autoridad que le confiere se deriva de su convicci\u00f3n de que era el texto original del Primer Evangelio, y no un Evangelio distinto adem\u00e1s de los cuatro universalmente aceptados desde tiempo inmemorial en la Iglesia Cat\u00f3lica.\n<\/p>\n<h3>Orden de los evangelios<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que las listas antiguas, versiones y escritores eclesi\u00e1sticos concuerdan en admitir el car\u00e1cter can\u00f3nico de s\u00f3lo cuatro Evangelios, ellos est\u00e1n lejos de ser un\u00e1nimes con respecto al orden de estos sagrados registros de la vida y obras de Cristo.  En la literatura cristiana primitiva, se le da a los Evangelios can\u00f3nicos nomenos de ocho \u00f3rdenes, adem\u00e1s del que estamos familiarizados (San Mateo, San Marcos, San Lucas, San Juan).  Las variaciones estriban principalmente en el lugar dado a San Juan, luego secundariamente, en las respectivas posiciones de San Marcos y San Lucas.  San Juan pasa desde el cuarto lugar al tercero, al segundo, e incluso al primero.  En cuanto a San Lucas y San Marcos, el Evangelio de San Lucas es a menudo colocado primero, sin duda por ser el m\u00e1s extenso de los dos, pero a veces tambi\u00e9n segundo, quiz\u00e1s para brindarle una conexi\u00f3n inmediata con los Hechos, que tradicionalmente se le atribuyen al autor del Tercer Evangelio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De estos varios \u00f3rdenes, el m\u00e1s antiguo es incuestionablemente el que San Jer\u00f3nimo incorpor\u00f3 en la Vulgata Latina, de donde pas\u00f3 a nuestras traducciones modernas, e incluso a las ediciones griegas del Nuevo Testamento.  Se halla en el Canon Muratorio, en San Ireneo, en San Gregorio de Nazianzo, en San Atanasio, en las listas de libros sagrados redactadas por los concilios de Laodicea y de Cartago, y tambi\u00e9n en los manuscritos unciales griegos m\u00e1s antiguos:  el Codex Vaticano, el Codex Sina\u00edtico y el Codex Alejandrino.  Su origen se debe a la suposici\u00f3n de que quien form\u00f3 la colecci\u00f3n de los Evangelios deseaba organizarlos de acuerdo con la respectiva fecha de composici\u00f3n que la tradici\u00f3n le asignaba.  As\u00ed, se le dio el primer lugar al Evangelio de San Mateo, porque una tradici\u00f3n muy antigua describ\u00eda la obra como escrita originalmente en hebreo, esto es, en el lenguaje arameo de Palestina.  Se pensaba que esto era prueba de que hab\u00eda sido compuesto para los jud\u00edos creyentes de Tierra Santa en una fecha cuando los ap\u00f3stoles no hab\u00edan comenzado todav\u00eda a predicar la buena nueva de la salvaci\u00f3n fuera de Palestina, as\u00ed que debi\u00f3 haber sido anterior a los otros Evangelios escritos en griego y para los conversos de los pa\u00edses de habla griega.  Del mismo modo, es claro que al Evangelio de San Juan se le asign\u00f3 el \u00faltimo lugar porque desde fecha temprana la tradici\u00f3n lo consider\u00f3 como el \u00faltimo en orden de tiempo.  En cuanto a San Marcos y San Lucas, la tradici\u00f3n siempre habl\u00f3 de ellos como posteriores a San Mateo y anteriores a San Juan, as\u00ed que fueron naturalmente colocados entre los de San Mateo y San Juan.  Seg\u00fan parece, as\u00ed fue como se obtuvo el presente orden general de los Evangelios, en los que encontramos desde el principio un ap\u00f3stol como autor; al final, al otro ap\u00f3stol; entre los dos, a los que derivaron su autoridad de los ap\u00f3stoles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los numerosos \u00f3rdenes que son diferentes del m\u00e1s antiguo y m\u00e1s generalmente aceptado pueden ser explicados f\u00e1cilmente por el hecho de que despu\u00e9s de la formaci\u00f3n de la colecci\u00f3n en la que los cuatro Evangelios fueron unidos por primera vez, estos escritos continuaron siendo difundidos en las varias Iglesias, todos los cuatro por separado, y as\u00ed pueden ser hallados colocados en forma diferente en las colecciones designadas para la lectura p\u00fablica.  Del mismo modo es f\u00e1cil en muchos casos descifrar la raz\u00f3n especial por la cual se adopt\u00f3 una agrupaci\u00f3n particular de los mismos.  El orden muy antiguo, por ejemplo, que coloca a los dos ap\u00f3stoles (San Mateo y San Juan) antes que los dos disc\u00edpulos de los ap\u00f3stoles (San Marcos y San Lucas) puede ser f\u00e1cilmente explicado por el deseo de conferir un honor especial a la dignidad apost\u00f3lica.  De nuevo, el orden antiguo como Mateo, Marcos, Juan y Lucas, denota la intenci\u00f3n de parear a cada ap\u00f3stol con un ayudante apost\u00f3lico, y quiz\u00e1s tambi\u00e9n la de llevar a San Lucas m\u00e1s cerca de los Hechos, etc.\n<\/p>\n<h3>Clasificaci\u00f3n de los Evangelios<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El presente orden de los Evangelios tiene la doble ventaja de que no separa entre s\u00ed los registros evang\u00e9licos (San Mateo, San Marcos, San Lucas) cuyos mutuos parecidos son obvios y notables, y que sit\u00faa al final de la lista la narrativa (la de San Juan) cuyas relaciones con los otros tres es la de disimilitud antes que la de parecido.  Por lo tanto se presta muy bien para la clasificaci\u00f3n de los Evangelios que es ahora generalmente admitida por los eruditos b\u00edblicos.  San Mateo, San Marcos y San Lucas son agrupados juntos, y designados bajo el nombre com\u00fan de Evangelios Sin\u00f3pticos.  Derivan su nombre del hecho que sus narraciones pueden ser organizadas y armonizadas, secci\u00f3n por secci\u00f3n, de tal modo que permitan al ojo percibir de una ojeada los numerosos pasajes que son comunes a ellos, y tambi\u00e9n las porciones que son peculiares a s\u00f3lo dos, e incluso a uno solo.  El caso es muy diferente respecto al Cuarto Evangelio.  Ya que narra muy pocos incidentes en com\u00fan con los Sin\u00f3pticos, y difiere de ellos en estilo, lenguaje, plan general, etc., sus partes principales se niegan a ser incluidas en una armon\u00eda tal como la que puede ser ideada por medio de los primeros tres Evangelios.  Por lo tanto, mientras las narrativas sin\u00f3pticas son puestas juntas naturalmente, el registro de San Juan es considerado correctamente como situado aparte, como, por decirlo as\u00ed, haciendo una clase por s\u00ed mismo (vea Sin\u00f3pticos).\n<\/p>\n<h3>Los Evangelios y el evangelio oral<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los cr\u00edticos modernos admiten que el contenido de los cuatro Evangelios est\u00e1 \u00edntimamente conectado con relatos m\u00e1s primitivos de la vida de Cristo, que pueden ser descritos en t\u00e9rminos generales como el Evangelio Oral.  Ellos est\u00e1n bien conscientes que Jes\u00fas mismo no design\u00f3 sus propias ense\u00f1anzas para ser escritas, y mand\u00f3 a sus ap\u00f3stoles no a escribir, sino a predicar el Evangelio a sus hermanos.  Ellos consideran un dato indudable que estos primeros disc\u00edpulos del Maestro, fieles a la misi\u00f3n que \u00c9l les hab\u00eda confiado, comenzaron desde el d\u00eda de Pentecost\u00e9s a declarar intr\u00e9pidamente oralmente lo que hab\u00edan visto y o\u00eddo (cf. Hch. 4,2), considerando un deber especial de ellos \u201cel ministerio de la palabra\u201d (Hch. 6,4).  Es evidente tambi\u00e9n que a aqu\u00e9llos a quienes los ap\u00f3stoles escogieron inmediatamente para ayudarles en el descargo de su important\u00edsima misi\u00f3n ten\u00edan que ser, como los ap\u00f3stoles mismos, capaces de ser testigos de la vida y ense\u00f1anzas de Cristo (cf. Hch. 1,21 ss).  La substancia de las narraciones evang\u00e9licas deb\u00eda as\u00ed ser repetida a viva voz por los primeros maestros del cristianismo, antes que ninguno de ellos considerara ponerlas por escrito.  Se puede ver f\u00e1cilmente que tal ense\u00f1anza apost\u00f3lica era inculcada en palabras que tend\u00edan a asumir una forma de expresi\u00f3n estereotipada, similar a la que encontramos en los Evangelios Sin\u00f3pticos.  Del mismo modo, tambi\u00e9n, uno se puede dar cuenta de c\u00f3mo los ap\u00f3stoles no estaban preocupados por el orden exacto de los eventos narrados, y su meta no era el completar el relato de \u201clo que hab\u00edan visto y o\u00eddo\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan esta opini\u00f3n as\u00ed se fue formando gradualmente lo que puede ser llamado el \u201cEvangelio Oral\u201d, esto es, un relato de las obras y palabras de Cristo, paralelo, en cuanto a materia y forma, a nuestros Evangelios can\u00f3nicos.  En vista de esto, los cr\u00edticos han tratado de encontrar el contenido general de este Evangelio Oral por medio de la segunda parte del Libro de los Hechos, mediante un estudio del contenido doctrinal de las Ep\u00edstolas de San Pablo, y m\u00e1s particularmente por una comparaci\u00f3n cercana de las narrativas sin\u00f3pticas; y se puede decir libremente que sus esfuerzos en tal direcci\u00f3n han tenido bastante \u00e9xito.  Sin embargo, en cuanto a la relaci\u00f3n precisa que debe ser admitida entre nuestros Evangelios can\u00f3nicos y el Evangelio Oral, hay todav\u00eda entre los estudiosos contempor\u00e1neos una variedad de opiniones que ser\u00e1n establecidas y examinadas en los art\u00edculos especiales sobre los Evangelios individuales.  Sea suficiente decir que la teor\u00eda que considera que los Evangelios can\u00f3nicos contienen, en substancia, la ense\u00f1anza oral de los ap\u00f3stoles respecto a las palabras y obras de Cristo est\u00e1 en clara armon\u00eda con la posici\u00f3n cat\u00f3lica, la cual afirma tanto el valor hist\u00f3rico de estos libros sagrados y el car\u00e1cter autoritativo de las tradiciones apost\u00f3licas, ya est\u00e9n registradas por escrito o simplemente reforzadas por la siempre viva voz de la Iglesia.\n<\/p>\n<h3>Divergencias de los Evangelios<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La existencia de numerosas y a veces considerables diferencias entre los cuatro Evangelios can\u00f3nicos es un hecho que ha sido notado por largo tiempo y que todos los eruditos admiten.  Los no creyentes de todas las \u00e9pocas han exagerado en grado sumo la importancia de este hecho, y han representado muchas de las variaciones actuales entre las narrativas evang\u00e9licas como contradicciones positivas, para refutar el valor hist\u00f3rico y car\u00e1cter inspirado de los libros sagrados sobre la vida de Cristo.  Frente a esta contenci\u00f3n, a veces mantenida con un gran despliegue de erudici\u00f3n, la Iglesia de Dios, la cual es \u201cel pilar y base de la verdad\u201d (1 Tim. 3,15) ha proclamado siempre su creencia en la exactitud hist\u00f3rica y armon\u00eda real consecuente de los Evangelios can\u00f3nicos: y sus doctores (notablemente Eusebio de Cesarea, San Jer\u00f3nimo y San Agust\u00edn)  y comentadores han profesado invariablemente dicha creencia.  Como se ha podido ver, es natural que se esperen variaciones en cuatro distintos, y de cierto modo independientes, relatos de las palabras y obras de Cristo, de modo que su presencia, en lugar de ir contra, ayudan al valor substancial de las narrativas evang\u00e9licas.  De entre las varias respuestas que han sido dadas a las alegadas contradicciones de los Evangelistas, simplemente mencionamos lo siguiente: Muchas veces las variaciones se deben al hecho de que no se est\u00e1 describiendo el mismo evento, sino uno diferente, o se registran dos dichos diferentes, en los pasajes paralelos de los Evangelios.  Otras veces, como es a menudo el caso, las supuestas contradicciones, cuando se examinan de cerca, resultan ser simplemente diferencias naturalmente impuestas, y por lo tanto relatadas de forma diferente, por los m\u00e9todos literarios de los autores sagrados, y m\u00e1s particularmente, por el prop\u00f3sito respectivo de los evangelistas de exponer las palabras y obras de Cristo.  Por \u00faltimo, y de modo m\u00e1s general, los Evangelios deben ser tratados manifiestamente con la misma imparcialidad y equidad que se usan invariablemente con otros registros hist\u00f3ricos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cPara tomar prestado un ejemplo de la literatura cl\u00e1sica, las \u201cMemorias\u201d de los Ap\u00f3stoles son tratadas (por los no creyentes) por un m\u00e9todo que ning\u00fan cr\u00edtico aplicar\u00eda a las \u201cMemorias\u201d de Xenofonte.  El estudioso (racionalista) admite la veracidad de los diferentes retratos de S\u00f3crates que fueron dibujados por el fil\u00f3sofo, el moralista y el hombre de mundo, y los combina en un instinto figura con una vida noble, medio escondida, medio revelada, seg\u00fan la vieron los hombres desde diferentes puntos de vista; pero \u00e9l a menudo parece olvidar su arte cuando estudia los registros de la vida del Salvador.  Por lo tanto es que las diferencias superficiales son desligadas del contexto que las explica.  Se alega como objeci\u00f3n que narraciones paralelas no son id\u00e9nticas.  La variedad de detalles se considera discrepancias.  Falta evidencia que pueda armonizar las narrativas aparentemente discordantes; pero la experiencia muestra que es tan irreflexivo negar la posibilidad de reconciliaci\u00f3n como fijar el m\u00e9todo exacto por el cual puede ser redactado.  Si como regla general podemos seguir la ley que regula las peculiaridades caracter\u00edsticas de cada evangelista, y ver en qu\u00e9 modo ellos responden a diferentes aspectos de una misma verdad, y combinan elementos complementarios en la completa representaci\u00f3n de ella, podemos estar satisfechos de asentir en la existencia de algunas dificultades que al presente no admiten una soluci\u00f3n exacta, a pesar de que pueden ser una consecuencia necesaria de esa independencia de los Evangelios que, en otros casos, es la fuente de su poder unido.\u201d  (Westcott)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda:<\/b>  Autores cat\u00f3licos:  MEIGNAN, Les Evangiles et la Critique (Par\u00eds, 1870); FILLION, Introd. g\u00e9n. aux Evangiles (Par\u00eds, 1888); TROCHON ET LES\u00c9TRE, Introd. \u00e0 l&#8217;Ecriture sainte, III (Par\u00eds, 1890); BATIFFOL, Six le\u00e7ons sur les Evangiles (Par\u00eds, 1897); CORNELY, Introd. sp. (Par\u00eds, 1897); JACQUIER, Hist. des Liv. du N. T., II (Par\u00eds, 1905); VERDUNOY, L&#8217;Evangile (Paris, 1907); BRASSAC, Manuel biblique, III (Par+is, 1908).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No-Cat\u00f3licos:  WESTCOTT, Introducci\u00f3n al Estudio de los Evangelios  (Nueva York, 1887); WILKINSON, Cuatro conferencias sobre la Historia Primitiva de los Evangelios (Londres, 1898); GODET, Introd. Al Nuevo Testamento. (tr. Nueva York, 1899); ADENEY, Introducci\u00f3n B\u00edblica (Nueva York, 1904)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente:<\/b>  Gigot, Francis. \u00abGospel and Gospels.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 6. New York: Robert Appleton Company, 1909.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/06655b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n de las im\u00e1genes: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente de las im\u00e1genes: Les \u00e9vangiles des dimanches et f\u00eates de l&#8217;ann\u00e9e (1864)Open Library.org [1]\n<\/p>\n<h2>Enlaces internos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] Evangeliario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3] Evangelio en la liturgia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4] Evangelio seg\u00fan San Juan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5] Evangelio seg\u00fan San Lucas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[6] Evangelio seg\u00fan San Marcos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[7] Evangelios Seg\u00fan San Mateo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[8] Evangelios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[9] Evangelista.\n<\/p>\n<h2>Enlaces externos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[10] Ilustraciones del Evangelio de Jer\u00f3nimo Nadal S.J.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n y revisi\u00f3n de enlaces: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nombre con el cual se designa a los primeros cuatro libros del NT: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Aunque el Se\u00f1or Jes\u00fas orden\u00f3 que se predicara \u2020\u0153este evangelio\u2020\u009d (Mar 14:9; Mar 16:15), \u00e9l no escribi\u00f3 una historia de su vida ni orden\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos que lo hicieran. 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