{"id":8877,"date":"2016-02-05T05:32:52","date_gmt":"2016-02-05T10:32:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/obispos\/"},"modified":"2016-02-05T05:32:52","modified_gmt":"2016-02-05T10:32:52","slug":"obispos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/obispos\/","title":{"rendered":"OBISPOS"},"content":{"rendered":"<p>Palabra con la cual se traduce el t\u00e9rmino griego episkopos. En la Septuaginta, la palabra \u2020\u0153prefecto\u2020\u009d en Neh 11:9 se tradujo como episkopos (\u2020\u0153Y Joel hijo de Zicri era el prefecto de ellos\u2020\u009d). En otros lugares tambi\u00e9n traduce la idea de un capataz. En la cultura griega, episkopos es un supervisor, un capataz, un sobreveedor. Tambi\u00e9n est\u00e1 ligada a la imagen de un pastor que cuida su reba\u00f1o. El Se\u00f1or Jes\u00fas es el \u2020\u0153Pastor y Obispo de vuestras almas\u2020\u009d (1Pe 2:25). Los ap\u00f3stoles llamaron o. a las personas encargadas de dirigir las iglesias, cuidando de la salud espiritual de los creyentes. As\u00ed\u00ad, Pablo \u2020\u0153hizo llamar a los ancianos de la iglesia\u2020\u009d de \u00e9feso para que vinieran a reunirse con \u00e9l en Mileto, donde les dijo: \u2020\u0153Mirad por vosotros, y por todo el reba\u00f1o en que el Esp\u00ed\u00adritu Santo os ha puesto por o., para apacentar la iglesia del Se\u00f1or, la cual \u00e9l gan\u00f3 por su propia sangre\u2020\u009d (Hch 20:17, Hch 20:28). De manera que llam\u00f3 o. a los ancianos de la iglesia. El t\u00e9rmino es intercambiable con el de \u2020\u0153pastores\u2020\u009d. El t\u00e9rmino griego presbuterion, que significa \u2020\u0153los m\u00e1s ancianos\u2020\u009d, se utiliza varias veces en el NT refiri\u00e9ndose a \u2020\u0153los ancianos del pueblo\u2020\u009d (Luc 22:66; Hch 22:5). El conjunto de ancianos de una iglesia es el \u2020\u0153presbiterio\u2020\u009d (1Ti 4:14).<\/p>\n<p>En el NT puede apreciarse que hab\u00ed\u00ada una pluralidad de ancianos en cada iglesia local. As\u00ed\u00ad, la carta a los Filipenses fue enviada \u2020\u0153a todos los santos en Cristo Jes\u00fas que est\u00e1n en Filipos, con los o. y di\u00e1conos\u2020\u009d (Flp 1:1). El ser o. es, antes que un cargo, una obra (1Ti 3:1). Especial cuidado se pon\u00ed\u00ada en la selecci\u00f3n de las personas que habr\u00ed\u00adan de recibir la responsabilidad de o. Deb\u00ed\u00adan ser de car\u00e1cter intachable. Se supon\u00ed\u00ada que el o. era una persona casada (\u2020\u0153que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeci\u00f3n con toda honestidad\u2020\u009d). Si alg\u00fan creyente, en el momento de su conversi\u00f3n, estaba casado con m\u00e1s de una mujer, era recibido en la iglesia, pero no se le permit\u00ed\u00ada ser o., puesto que la poligamia no era el modelo de matrimonio instituido por Dios. En una cultura donde el vino era bebido de manera consuetudinaria, deb\u00ed\u00ada ser persona sobria, \u2020\u0153no dado al vino\u2020\u009d. No deb\u00ed\u00ada caracterizarse por ser discutidor, ni buscador de pleitos, \u2020\u0153porque el siervo del Se\u00f1or no debe ser contencioso, sino amable para con todos\u2020\u009d. Ten\u00ed\u00ada que ser alguien conocido por su paciencia y por su capacidad para ense\u00f1ar a otros. En cuanto al dinero, no deb\u00ed\u00ada ser \u2020\u0153codicioso de ganancias deshonestas\u2020\u009d, y caracterizarse por su generosidad, evitando la avaricia. Deb\u00ed\u00ada, tambi\u00e9n, ser persona conocida por la pr\u00e1ctica de la hospitalidad. Se prohib\u00ed\u00ada expresamente dar esa responsabilidad a personas que fueran nuevas en la fe, porque pod\u00ed\u00adan envanecerse (1Ti 3:1-7; 2Ti 2:24-26; Tit 1:5-9).<br \/>\nBiblia no conoce el cargo de o., o de arzobispo, en la forma que se practica actualmente en algunas denominaciones cristianas, que es, m\u00e1s bien, un desarrollo posterior en la historia de la Iglesia.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[265]<\/p>\n<p>    Los obispos poseen, por derecho divino, potestad ordinaria de jurisdicci\u00f3n sobre las Di\u00f3cesis que se les conf\u00ed\u00ada en la Iglesia. Ellos nos son subalternos o delegados del Papa, sino sucesores de los Ap\u00f3stoles. El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica dice: \u00abCristo, al instituir a los Doce, form\u00f3 un Colegio o grupo estable, eligiendo de entre ellos a Pedro a quien puso al frente de ese grupo&#8230; Este Colegio, en cuanto est\u00e1 constituido por muchos, expresa la unidad y diversidad del Pueblo de Dios. Cada uno de los Obispos es fundamento visible de la unidad en sus Iglesias particulares.\u00bb (N\u00c2\u00b0 880)<\/p>\n<p>    Con frecuencia, para resaltar la autoridad singular del Primado, algunos movimientos teol\u00f3gicos han destacado la dimensi\u00f3n vertical de la Jerarqu\u00ed\u00ada, olvidando el valor que tiene en la Iglesia el cuerpo episcopal. Sin embargo, es incorrecta cualquier visi\u00f3n que haga a los Obispos subalternos o delegados del Papa. Ellos han recibido su autoridad del mismo Jes\u00fas, tanto cuando se les considera como cabezas visibles de sus Iglesias particulares, como cuando se unen en grupos, conferencias o asociaciones locales, propias de un pa\u00ed\u00ads, regi\u00f3n o zona con caracter\u00ed\u00adsticas similares y en ellas representan a Cristo en medio de sus elegidos.<\/p>\n<p>     De manera especial, los Obispos tienen una autoridad divina, compartida y concedida por Jes\u00fas, cuando act\u00faan unidos de manera ordinaria y cuando se re\u00fanen en Concilio de manera extraordinaria.<\/p>\n<p>     El Concilio Vaticano I dice: \u00abLa potestad del Sumo Pont\u00ed\u00adfice no menoscaba en nada la potestad ordinaria inmediata de jurisdicci\u00f3n episcopal, con la cual los obispos, que han sido puestos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo para suceder a los Ap\u00f3stoles, como verdaderos pastores apacientan y gobiernan a la grey que les ha sido asignada a cada uno. Antes bien, tal potestad es reconocida, corroborada y defendida por el supremo y universal pastor\u00bb.\u00bb (Denz 1828)<\/p>\n<p>    1. Autoridad episcopal<br \/>\n    El poder episcopal, que recoge, concreta y sintetiza el triple poder de la Iglesia: ense\u00f1ar, gobernar y santificar, se ejerce de una forma inmediata y personal en el ejercicio ministerial.<\/p>\n<p>    No se ejerce por delegaci\u00f3n o encargo, sino en nombre propio y con autoridad propia.  Por eso, los obispos no son delegados, vicarios (representantes) del Papa, aunque sean nombrados y autorizados por \u00e9l. Son pastores sucesores de los Ap\u00f3stoles, extendidos por todo el mundo, responsables de la grey confiada a cada uno, aunque su misi\u00f3n se extiende a toda la Iglesia por voluntad divina y no s\u00f3lo a una parte de ella.<br \/>\n Un Obispo m\u00e1rtir de antes. Miguel Serra (Espa\u00f1a. 1936) Y un obispo misionero. Am\u00e9rica. 2005<br \/>\n    La autoridad de los Obispos en la Iglesia es un servicio que tiene sentido en cuanto se orienta a la salvaci\u00f3n de los hombres. Y ese ministerio nos compromete a todos por igual.<\/p>\n<p>   \u00abAs\u00ed\u00ad como, por determinaci\u00f3n divina, San Pedro y los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles constituyen un Colegio, de igual manera todos los Obispos est\u00e1n unidos entre s\u00ed\u00ad y con el Romano Pont\u00ed\u00adfice, sucesor de Pedro\u00bb. (C\u00f3digo de D. C. 330)<\/p>\n<p>    Todos los oficios que no son propiamente expresi\u00f3n de la potestad episcopal, son instituci\u00f3n eclesial. Han variado mucho en la Historia y seguir\u00e1n cambiando a lo largo de los siglos. Tales son las dignidades eclesi\u00e1sticas: cardenales y patriarcas, nuncios y presidentes, primados locales y arzobispos, comisiones romanas o diocesanas, capellan\u00ed\u00adas y parroquias. Pero lo que Cristo quiso para sus Ap\u00f3stoles, se prolonga en los Obispos y eso no cambiar\u00e1 nunca.<\/p>\n<p>    Carece de fundamento b\u00ed\u00adblico e hist\u00f3rico la opini\u00f3n de algunos te\u00f3logos galicanos, que pretendieron ver el oficio de p\u00e1rroco como una instituci\u00f3n del mismo Jes\u00fas, cuando enviaba a sus disc\u00ed\u00adpulos, no Ap\u00f3stoles, a la predicaci\u00f3n. Llegaron, seg\u00fan Lucas, a setenta y dos (Lc. 10. 1 y 17). Realizaron una labor complementaria para preparar el terreno a Jes\u00fas y a los Ap\u00f3stoles, yendo a predicar por las aldeas: Lc. 6.13. Mt. 9.37; Jn. 4.35; Mt. 8. 19; Mc. 7. 17.<\/p>\n<p>    Con esta postura pretend\u00ed\u00adan los anglicanos dar importancia a la acci\u00f3n de los p\u00e1rrocos en la Iglesia (parroquianismo), pero fueron rechazados en diversas ocasiones, como en la condena de P\u00ed\u00ado VI de las afirmaciones de S\u00ed\u00adnodo de Pistoia de 1786.<\/p>\n<p>     1.1. Su poder viene de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    La autoridad de los Obispos no viene del Papa, sino que ha sido instituida por Jesucristo, que quiso este modo organizativo para su Iglesia. El se la dio a los Doce que eligi\u00f3 despu\u00e9s de una noche de oraci\u00f3n (Mc. 1.16 y Mt. 4.18-22) y de ellos s\u00f3lo fall\u00f3 \u00abel hijo de la perdici\u00f3n para que se cumpliera la Escritura\u00bb (Jn. 17. 12)<\/p>\n<p>    Por ordenaci\u00f3n divina recibida de Jes\u00fas, y confirmada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, (Hech. 20. 28) se encargaron de la Iglesia, no en forma distributiva y dispersa (cada Obispo de una regi\u00f3n), sino participativa (todos los Obispos de toda la Iglesia). Su autoridad es pastoral, lo que significa que tienen el poder y el deber de ense\u00f1ar, de regir, de legislar y juzgar, de santificar. (C\u00f3digo D.C. cc. 335. 5).<\/p>\n<p>    Es potestad regulada por las mismas normas que la Iglesia se impone a s\u00ed\u00ad misma. Se limita en ejercicio a un territorio en el ejercicio, pero se dirige a toda la Iglesia. Se ordena, en cuanto a formas de legislar, a la iglesia particular, pero se debe compenetrar con toda las Iglesia sobre todo cercanas, para conseguir la suficiente unidad de criterios, actuaciones y relaciones. Y en aquellos asuntos o competencias que la Iglesia en su legislaci\u00f3n o tradici\u00f3n reserva al mismo Papa, aunque por naturaleza no sean causas reservadas, cada Obispo cuenta con una autoridad restringida en funci\u00f3n de la autoridad superior (Derecho Can. c. 220)<\/p>\n<p>    2. Formas de autoridad<br \/>\n    La manera que tiene de valorar la Iglesia la autoridad de los Obispos ha supuesto cierta disensi\u00f3n entre los Te\u00f3logos cat\u00f3licos y los mismos Pastores. La elecci\u00f3n y el ejercicio pastoral episcopal dependen del criterio que predomine.<\/p>\n<p>    2.1. Teor\u00ed\u00ada papal o pontificia.<\/p>\n<p>    Resalta la constituci\u00f3n mon\u00e1rquica de la Iglesia, suponiendo como principio que el Papa posee todo el poder pastoral sobre la Iglesia, por voluntad de Jes\u00fas. Los dem\u00e1s son subordinados, incluyendo los Obispos que son sus primeros aliados. Del Papa, Vicario de Cristo en la tierra, reciben la llamada \u00abpotestad de jurisdicci\u00f3n\u00bb y en actitud de humilde dependencia y subordinaci\u00f3n la ejercen.<\/p>\n<p>    Est\u00e1 actitud se halla en cierta manera apoyada en la pr\u00e1ctica actual de que es el Papa quien designa a los Obispos y quien garantiza la rectitud del gobierno en cada Di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>    P\u00ed\u00ado XII dec\u00ed\u00ada, por ejemplo, en su Enc\u00ed\u00adclica Mystici Corporis de 1943: \u00abLos Obispos, por lo que a su propia Di\u00f3cesis se refiere, apacientan y rigen como verdaderos pastores, en nombre de Cristo, la grey que a cada uno ha sido confiada; pero, haciendo esto, no son completamente independientes, sino que est\u00e1n puestos bajo la autoridad del Romano Pont\u00ed\u00adfice, aunque gozan de jurisdicci\u00f3n ordinaria, que el mismo Sumo Pont\u00ed\u00adfice les ha comunicado.\u00bb<br \/>\n    Esta teor\u00ed\u00ada m\u00e1s jer\u00e1rquica y vertical ha tenido defensores preferentemente en el los \u00e1mbitos administrativos y responde a una concepci\u00f3n organicista de la Iglesia.<\/p>\n<p>     2.2. Teor\u00ed\u00ada episcopal.<\/p>\n<p>     Sin embargo otra opini\u00f3n, la teor\u00ed\u00ada episcopal, m\u00e1s eclesial y conforme con la tradici\u00f3n, sostiene que cada Obispo recibe directamente de Cristo, igual que el Papa, Obispo de Roma, su jurisdicci\u00f3n. El Papa le asigna o confirma una determinada Di\u00f3cesis o territorio, para que \u00e9ste ejerza su ministerio pastoral o potestad.<\/p>\n<p>    La raz\u00f3n que se invoca es el hecho de que tambi\u00e9n los Ap\u00f3stoles fueron elegidos directamente por Cristo sin intermediaci\u00f3n de Pedro.<\/p>\n<p>    Fue la actitud m\u00e1s hist\u00f3rica y vigente en la primitiva Iglesia, cuando hab\u00ed\u00ada menos facilidad de comunicaci\u00f3n entre las comunidades cristianas y el Obispo de Roma no pod\u00ed\u00ada ser conocedor de los Pastores elegidos en los m\u00e1s diversos rincones de la tierra.<\/p>\n<p>    Esta teor\u00ed\u00ada m\u00e1s eclesial, muy alejada de los usos y de las intervenciones absorbentes y fiscalizadoras de los organismos eclesiales administrativos de Roma, es m\u00e1s conforme con el sentido comunitario de la Iglesia y late en el Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p>   Este Concilio afirma: \u00abLos mismos Ap\u00f3stoles, a modo de testamento, fueron los que confiaron a sus cooperadores inmediatos el encargo de acabar y consolidar la obra por ellos comenzada, encomend\u00e1ndoles que atendieran a toda la grey. Y, para ello, los Obispos, junto con sus presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos, recibieron el ministerio de la comunidad para presidir sobre la grey de Dios como maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros dotados de autoridad.\u00bb<br \/>\n    (Lumen Gentium 20)<\/p>\n<p>    3. El ejercicio episcopal<br \/>\n    Los Obispos ejercen la tarea de gobierno y animaci\u00f3n atendiendo en primer lugar a todos los fieles creyentes de la comunidad local confiada a su atenci\u00f3n pastoral. Aunque son los \u00faltimos responsable, la acci\u00f3n eclesial es, por su naturaleza, solidaria y comunal.<\/p>\n<p>    Cuantos con el Obispo trabajan en esta tarea: presb\u00ed\u00adteros, di\u00e1conos, laicos, religiosos, catequistas y evangelizadores de diversas \u00e1reas, lo hacen en relaci\u00f3n y dependencia del Obispo, pero no como subalternos o delegados, sino en funci\u00f3n de la vocaci\u00f3n bautismal de que los creyentes est\u00e1n adornados y que supone participaci\u00f3n en el mandato misional dado por Jes\u00fas a todos sus seguidores.<\/p>\n<p>    Hay que distinguir dos formas en que el magisterio oficial, primado y episcopado, propone una verdad: una ordinaria y otra extraordinaria.<\/p>\n<p>   3.1. La extraordinaria<br \/>\n    Los Obispos ejercen de forma extraordinaria su tarea pastoral, especialmente su magisterio, cuando se re\u00fanen, convocados por el Papa, en Concilio universal o ecum\u00e9nico. Esto ha sucedido 20 veces en la Historia de la Iglesia. En las decisiones del concilio universal es donde se manifiesta de forma m\u00e1s notoria la actividad docente y solidaria de todo el cuerpo magisterial instituido por Cristo.<\/p>\n<p>    En la Iglesia estuvo siempre viva la convicci\u00f3n de que las decisiones del concilio universal eran infalibles. San Atanasio dice del decreto de fe emanado del concilio de Nicea: \u00abLa palabra del Se\u00f1or pronunciada por medio del concilio universal de Nicea permanece para siempre,\u00bb (Ep. ad afros. 2). San Gregorio Magno reconoce y venera los cuatro primeros concilios universales como los cuatro Evangelios. (Epost. 1. 25).<\/p>\n<p>     Para que el Concilio sea universal, se requiere que sean invitados a \u00e9l todos los obispos que gobiernen Di\u00f3cesis en el momento de la convocatoria, no parte de ellos, como acontece en los \u00abS\u00ed\u00adnodos \u00bb episcopales de diversa significaci\u00f3n y alcance. La convocatoria de derecho tiene que realizarse en un encuentro universal de hecho, pues si no hay suficiente n\u00famero como para ser representativo de toda la Iglesia (culturas, pa\u00ed\u00adses, lenguajes, razas, etc.) no se podr\u00ed\u00ada denominar Ecum\u00e9nico.<\/p>\n<p>    La dependencia del Concilio respecto del Primado pontificio es decisiva para su validez como tal y para la garant\u00ed\u00ada de su infalibilidad.<\/p>\n<p>    Los ocho primeros concilios universales fueron convocados por el poder civil, por el Emperador. El ten\u00ed\u00ada, por lo general, la presidencia de honor y la protecci\u00f3n externa y, por lo tanto, decisiva influencia. Los Concilios universales II y V se tuvieron sin la colaboraci\u00f3n del Papa o de sus legados, aunque sus conclusiones o sentencias fueron luego admitidas por \u00e9l. De hecho fueron asambleas de varias regiones del Oriente.<\/p>\n<p>     3.2. Forma ordinaria<\/p>\n<p>     Los Obispos ejercen de forma ordinaria su magisterio en sus respectivas Di\u00f3cesis. Cuando anuncian un\u00e1nimemente, en uni\u00f3n real y moral con el Papa, las mismas doctrinas de fe y costumbres, la infalibilidad tambi\u00e9n les asiste por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en ellos de forma habitual.<\/p>\n<p>    El sujeto del magisterio ordinario es el conjunto del episcopado disperso por el orbe. Cada Obispo en particular se mantiene en \u00e9l, si permanece unido con el Papa y con los dem\u00e1s Obispos.<\/p>\n<p>     La concordancia de todos los Obispos en una doctrina puede descubrirse por los diversos documentos y ense\u00f1anzas de los Obispos: catecismos, cartas pastorales, homil\u00ed\u00adas, libros de oraci\u00f3n aprobados, decretos de los s\u00ed\u00adnodos particulares y otros testimonios. Si hay uniformidad general en una ense\u00f1anza y hay consentimiento del Papa, la verdad de una doctrina o conducta moral hay que darla como doctrina eclesial y admitirla en consecuencia.<\/p>\n<p>     Cada Obispo en particular no es infalible al anunciar la verdad revelada. La Historia recuerda muchos Obispos que se desviaron de la verdad y fueron rechazados y en ocasiones condenados.  Por eso los fieles, sacerdotes y religiosos, deben ser consciente de la unidad de su propio Obispo con el cuerpo episcopal. Pero el que sea falible como persona particular, no le disminuye su calidad y responsabilidad de ser el maestro aut\u00e9ntico de la verdad revelada mientras se halle en comuni\u00f3n con la Sede Apost\u00f3lica y profese la doctrina universal de la Iglesia.<\/p>\n<p>    4. La actividad parroquial<br \/>\n    La instituci\u00f3n parroquial implica una especial referencia en la organizaci\u00f3n diocesana desde la Edad media. La Parroquia es como la plataforma en la que la actividad episcopal se desenvuelve en cada lugar concreto. Por eso hablamos preferentemente de la Parroquia, o iglesia local y cercana, para referirnos a la comunidad en la que vivimos.<\/p>\n<p>    En sentido estricto, el t\u00e9rmino parroquia responde a un concepto geogr\u00e1fico (paroikia, vecindario cercano, en griego) y demogr\u00e1fico. En sentido moral y poblacional se halla m\u00e1s cercano a lo personal y relacional.<\/p>\n<p>    4.1. Actividad solidaria<br \/>\n    La Parroquia no es, pues, el edificio ni la localidad o templo, ni s\u00f3lo la demarcaci\u00f3n territorial en la que estamos inmersos como cristianos.<\/p>\n<p>    Ante todo es la comunidad de personas que viven la fe y la caridad de manera compartida y cercana.<\/p>\n<p>   &#8211;  Por eso la Parroquia vive en com\u00fan la vida de oraci\u00f3n, sobre todo de la oraci\u00f3n lit\u00fargica y de los sacramentos, y tambi\u00e9n lo hace en comuni\u00f3n con toda la Di\u00f3cesis. El Bautismo y la Eucarist\u00ed\u00ada, la Penitencia y los dem\u00e1s sacramentos, se hallan en el centro de la vida parroquial. Pero es la Confirmaci\u00f3n y la Ordenaci\u00f3n sacerdotal la que da la plenitud de esa vida en su dimensi\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>    El Obispo se halla presente en esa acci\u00f3n sacramental de plenitud, como pastor y como rector de los dem\u00e1s pastores. Por lo tanto anima, orienta, coordina y fortalece la acci\u00f3n de las parroquias de su Di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>   &#8211; La vida lit\u00fargica con sus fiestas y conmemoraciones, con la vivencia de sus celebraciones festivas y recuerdos, con sus figuras y con sus santos, etc. dinamizan la parroquia. Pero cada parroquia se proyecta en el contexto de las dem\u00e1s parroquias diocesanas, con las que comparte la dimensi\u00f3n misionera, samaritana y evangelizadora, estableciendo las estructuras comunes que facilita la Di\u00f3cesis y donde se halla la acci\u00f3n episcopal.<\/p>\n<p>     La tarea episcopal consiste en fomentar acciones comunes y solidarias y atender de forma compartida, lo que individualmente no se puede abarcar: a los que nacen, a los que se casan, a los enfermos, ancianos y peregrinos.<\/p>\n<p>   &#8211; En la parroquia se centran las asociaciones o grupos de cristianos que se unen para ayudarse en la virtud, en la plegaria y en las tareas de caridad. Unos son m\u00e1s estables y otros m\u00e1s variables, unos se orientan a la piedad otros m\u00e1s a la caridad. Unos se ocupan de la formaci\u00f3n de ni\u00f1os y j\u00f3venes y otros de los catec\u00famenos adultos. Lo que la parroquia no puede conseguir aislada en este terreno, lo logra en alguna forma \u00abdiocesanamente\u00bb, es decir en uni\u00f3n de otras parroquias bajo la direcci\u00f3n episcopal: escuelas de catequ\u00ed\u00adsticas, servicios de C\u00e1ritas, atenci\u00f3n de ancianos, etc.<\/p>\n<p>   &#8211; Al Obispo corresponde ordenar y orientar la \u00abpastoral de conjunto\u00bb o solidaria. A veces se organiza en \u00abunidades parroquiales, comunidades sacerdotales de pastoral m\u00faltiple, en grupos interrelacionados de parroquias, llamados Arciprestazgos, y otras iniciativas en favor de la interacci\u00f3n solidaria. Es evidente que s\u00f3lo la buena animaci\u00f3n episcopal puede conseguir esta rentabilizaci\u00f3n de esfuerzos evangelizadores<br \/>\n .<br \/>\n  4.2. Labor de compromiso<br \/>\n    Los buenos cristianos saben adaptarse a cualquier organizaci\u00f3n, como saben colaborar con cualquier movimiento que sirve para la proclamaci\u00f3n de Reino de Dios. Por eso viven intensamente la vida parroquial y, a trav\u00e9s de ella, est\u00e1n abiertos a su Di\u00f3cesis, a su regi\u00f3n, a su naci\u00f3n, a la Iglesia entera.<\/p>\n<p>    El Concilio Vaticano II valoraba la vida de la parroquia de manera especial: como apoyo a la oraci\u00f3n en com\u00fan, como v\u00ed\u00adnculo eucar\u00ed\u00adstico y sacramental, como cauce de uni\u00f3n fraterna en d\u00ed\u00adas se\u00f1alados como son las fiestas y domingos y tambi\u00e9n los d\u00ed\u00adas ordinarios. Pero recordaba que los fieles no deben cerrarse en su \u00abrinc\u00f3n parroquial\u00bb. \u00abLos fieles de la Parroquia han de sentirse solidarios con toda la Di\u00f3cesis y con la Iglesia universal.\u00bb (Christus Dom. 35)<\/p>\n<p>    Entre una visi\u00f3n sociol\u00f3gica de la vida parroquial y diocesana y una vivencia lit\u00fargica, sacramental, carism\u00e1tica y eclesial hay una gran distancia. A la autoridad episcopal corresponde, sobre todo, superar los reclamos burocr\u00e1ticos y fomentar las vivencias carism\u00e1ticas.<\/p>\n<p>    El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica presenta a la Parroquia y a la Di\u00f3cesis como hogar c\u00e1lido de todos los que viven su fe en comunidad y quieren crecer en ella: \u00abLa parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo, se conf\u00ed\u00ada a un p\u00e1rroco, como su pastor propio. Es el lugar donde todos los fieles pueden reunirse para la celebraci\u00f3n dominical de la Eucarist\u00ed\u00ada. La parroquia inicia al pueblo cristiano en la expresi\u00f3n ordinaria de la vida lit\u00fargica y le congrega en la celebraci\u00f3n. Tambi\u00e9n le ense\u00f1a la doctrina salv\u00ed\u00adfica de Cristo y practica la caridad con obras buenas y fraternas\u00bb (N\u00c2\u00b0 2179)<\/p>\n<p>    5. Las realidades diocesanas<br \/>\n    Si queremos descubrir de manera suficiente la voluntad de Jes\u00fas al enviar al mundo a su Iglesia, tenemos que elevarnos sobre las intenciones y llegar al campo de los hechos concretos. El lo dijo con claridad: \u00abNo el que dice Se\u00f1or, Se\u00f1or, entra en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre\u00bb. (Mt. 7.21)<\/p>\n<p>    Como representantes de la voluntad de Jes\u00fas los Obispos se deben hacer eco de lo que la Iglesia precisa y lo que los Ap\u00f3stoles iniciaron. Es decir, es preciso descubrir de verdad lo que es y lo que significa \u00abpastoral de conjunto\u00bb en una comunidad cristiana, en la que el Obispo de cada iglesia particular tiene que ser el primer promotor.<\/p>\n<p>    La vida parroquial no agota toda la acci\u00f3n participativa de cada Di\u00f3cesis. Por eso se han multiplicado en cada Iglesia Particular los grupos y comunidades de fe: cofrad\u00ed\u00adas y hermandades, congregaciones y movimientos, corporaciones y asociaci\u00f3n religiosas. A la cabeza de todas ellas surge la figura episcopal para encauzar las diversas acciones y para servir de v\u00ed\u00adnculo a las m\u00faltiples realizaciones. Ser\u00e1 importante esa interrelaci\u00f3n para encauzar adecuadamente la acci\u00f3n en la familia de Jes\u00fas. Y ser\u00e1 decisivo el protagonismo de los principales animadores de la comunidad.<\/p>\n<p>   &#8211; Una visi\u00f3n clerical y tradicional, frecuente en nuestros ambientes, tiende a identificar cualquier grupo de los citados como ap\u00e9ndices de la minor\u00ed\u00ada oficial, el clero y la jerarqu\u00ed\u00ada, y no como una energ\u00ed\u00ada comunitaria, corresponsable, protagonista y din\u00e1mica en lo relativo a la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Por el contrario, una visi\u00f3n meramente sociol\u00f3gica identifica cada grupo religioso con sociedades de la misma naturaleza en otras religiones y con las estructuras similares existentes en cualquier \u00e1mbito civil.<\/p>\n<p>   &#8211; En ocasiones, cierta \u00f3ptica espiritualista y m\u00ed\u00adstica puede conducir a considerar los grupos religiosos como realidades interiores, en donde s\u00f3lo cuentan las consignas, actitudes y relaciones sobrenaturales y m\u00ed\u00adsticas.<\/p>\n<p>   &#8211;  Ni clericalismo ni siociologismo ni misticismo resultan suficientes para entender lo que la Iglesia es en s\u00ed\u00ad misma como Pueblo de Dios y lo que cada iglesia particular o comunidad cristiana demanda de quienes la dirigen.<\/p>\n<p>    Si entendemos la Iglesia como una \u00abcomunidad de comunidades\u00bb humanas: familias, parroquias, grupos, movimientos, etc., veremos la Di\u00f3cesis como una Iglesia en la que se repite el dise\u00f1o de la Iglesia general. Querida por el mismo Jes\u00fas, que la dio origen y la mantiene viva, la Iglesia se alegrar\u00e1 entonces, en sus perspectiva de Iglesia general y en la otra de iglesia particular, de cuantos grupos, movimientos, asociaciones, iniciativas y acciones se lleven a cabo con tal de que la acci\u00f3n de Dios se realice. Nadie dir\u00e1 \u00absi de Apolo, de Saulo, de Pablo. Con tal que el bien se haga, \u00bfqu\u00e9 importa quien lo haga?\u00bb (1 Cor. 3. 4-6)<\/p>\n<p>    Todos en las Di\u00f3cesis, comenzando por su cabeza visible el Obispo, se sentir\u00e1n comprometidos en la tarea del Reino de Dios. Har\u00e1n de la Iglesia una mensajera de la buena noticia, no una sociedad jerarquizada, administrativa, organizada y terrenal.  (Ver Jerarqu\u00ed\u00ada 4.2) &#8211;<\/p>\n<p> LOS OBISPOS, PRIMEROS CATEQUISTAS Vaticano II &#8211;  Christus Dominus [Noci\u00f3n de di\u00f3cesis y oficio de los Obispos en \u00e9sta]  11. La di\u00f3cesis es una porci\u00f3n del Pueblo de Dios que se conf\u00ed\u00ada al Obispo para ser apacentada con la cooperaci\u00f3n de su presbiterio, de suerte que, adherida a su Pastor y reunida por \u00e9l en el Esp\u00ed\u00adritu Santo por medio del Evangelio y la Eucarist\u00ed\u00ada, constituya una Iglesia particular, en que se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo, que es una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>     Todos y cada uno de los Obispos a quienes se ha confiado el cuidado de una Iglesia particular apacientan sus ovejas, bajo la autoridad del Romano Pont\u00ed\u00adfice, como pastores propios, ordinarios e inmediatos de ellas, ejerciendo su oficio de ense\u00f1arlas, santificarlas y regirlas. Ellos, por su parte, reconozcan los derechos que competen leg\u00ed\u00adtimamente tanto a los Patriarcas como a otras autoridades jer\u00e1rquicas *.<\/p>\n<p>    Ahora bien, atiendan los Obispos a su cargo apost\u00f3lico como testigos de Cristo ante todos los hombres, proveyendo no s\u00f3lo a los que ya siguen al Mayoral de los Pastores, sino consagr\u00e1ndose tambi\u00e9n con toda su alma a los que de cualquier modo se hubieren desviado del camino de la verdad e ignoran el Evangelio de Cristo y la misericordia saludable, hasta que todos por fin caminen en toda bondad, justicia y verdad (Ef. 5,9). [Deber que tienen los Obispos de ense\u00f1ar]   12. En el ejercicio de su deber de ense\u00f1ar, anuncien a los hombres el Evangelio de Cristo, deber que descuella entre los principales de los Obispos, llam\u00e1ndolos a la fe por la fortaleza del Esp\u00ed\u00adritu o afianz\u00e1ndolos en la fe viva; prop\u00f3nganles el misterio \u00ed\u00adntegro de Cristo, es decir, aquellas verdades cuya ignorancia es ignorancia de Cristo, e igualmente el camino que ha sido revelado por Dios para glorificarle, y por eso mismo para alcanzar la bienaventuranza eterna.<\/p>\n<p>     Mu\u00e9strenles adem\u00e1s que, seg\u00fan el designio de Dios Creador, las mismas cosas terrenas y las instituciones humanas se ordenan tambi\u00e9n a la salvaci\u00f3n de los hombres, y, por ende, pueden contribuir no poco a la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>     Ense\u00f1en, consiguientemente, hasta qu\u00e9 punto, seg\u00fan la doctrina de la Iglesia, haya de ser estimada la persona humana con su libertad y la vida misma del cuerpo;.la familia y su unidad y estabilidad y la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole; la sociedad civil con sus leyes y profesiones; el trabajo y el descanso, las artes e inventos t\u00e9cnicos; la pobreza y la abundancia de riquezas; expongan, finalmente, los modos como hayan de resolverse los grav\u00ed\u00adsimos problemas acerca de la posesi\u00f3n, incremento y recta distribuci\u00f3n de  los bienes materiales, sobre \u00ed\u00ada guerra y la paz y la fraterna convivencia de todos los pueblos. [M\u00e9todos para ense\u00f1ar la doctrina cristiana] 13. Expongan la doctrina cristiana de>manera acomodada a las necesidades de los tiempos, es decir, que responda a las dificultades y problemas que agobian y angustian se\u00f1aladamente a los hombres, y miren tambi\u00e9n por esa misma doctrina, ense\u00f1ando a los fieles mismos a defenderla y propagarla. Al ense\u00f1arla muestren la materna solicitud de la Iglesia para con todos los hombres, fieles o no fieles, y consagren cuidado peculiar a los pobres, a quienes los envi\u00f3 el Se\u00f1or para darles la buena nueva.<\/p>\n<p> Como es propio de la Iglesia entablar di\u00e1logo con la sociedad en que vive, deber es en primer t\u00e9rmino de los Obispos dirigirse a los hombres y entablar y promover el di\u00e1logo con ellos. Estos di\u00e1logos ordenados a la salvaci\u00f3n, para que siempre vaya unida la verdad con la caridad, la inteligencia con el amor, es menester que se distingan por la claridad de lenguaje, as\u00ed\u00ad como por la humildad y mansedumbre, e igualmente por la debida prudencia, junta, no obstante, con la confianza, que, al fomentar la amistad, tiende por naturaleza a unir los \u00e1nimos<br \/>\n    Esfu\u00e9rcense en aprovechar la variedad de medios de que se dispone en la \u00e9poca actual para anunciar la doctrina cristiana, a saber: primeramente, de la predicaci\u00f3n e instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica, que ocupan, sin duda, el lugar principal; pero tambi\u00e9n de la ense\u00f1anza de la doctrina en escuelas, universidades, conferencias y reuniones de todo g\u00e9nero, as\u00ed\u00ad como de la difusi\u00f3n de la misma por p\u00fablicas declaraciones con ocasi\u00f3n de determinados acontecimientos, por la prensa y los varios medios de comunicaci\u00f3n social, de que es menester usar a todo trance para anunciar el Evangelio de Cristo. [La instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica]   14. Vigilen para que se d\u00e9 con diligente cuidado la instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica, cuyo fin es que la fe, ilustrada por la doctrina, se torne viva, expl\u00ed\u00adcita y activa tanto a los ni\u00f1os y adolescentes como a los j\u00f3venes y tambi\u00e9n a los adultos; que al darla se observen el orden debido y el m\u00e9todo acomodado no s\u00f3lo a la materia de que se trate, sino tambi\u00e9n al car\u00e1cter, aptitudes, edad y condiciones de vida de los oyentes, y qUe dicha instrucci\u00f3n se funde en la Sagrada Escrituraren la Tradici\u00f3n, Liturgia, Magisterio y vida de la Iglesia. Cuiden tambi\u00e9n de que los catequistas se preparen de la debida forma para su funci\u00f3n, de suerte que conozcan con claridad la doctrina de la Iglesia y aprendan te\u00f3rica y pr\u00e1cticamente las leyes psicol\u00f3gicas y las disciplinas pedag\u00f3gicas.<\/p>\n<p>     Pongan tambi\u00e9n empe\u00f1o en que se restablezca o se adapte mejor la instrucci\u00f3n de los catec\u00famenos adultos. [Deber de santificar que tienen los Obispos]  15. En el ejercicio de su funci\u00f3n de santificar, recuerden los Obispos que han sido tornados de entre los hombres y constituidos en favor de los hombres, en las cosas que se refieren a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Los Obispos, en efecto, gozan de la plenitud del sacramento del orden, y de ellos dependen, en el ejercicio de su propia potestad, tanto los presb\u00ed\u00adteros, que, ciertamente, han sido tambi\u00e9n constituidos verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento para ser pr\u00f3vidos cooperadores del Orden episcopal; como los di\u00e1conos, que, ordenados para el ministerio, est\u00e1n al servicio del Pueblo de Dios en comuni\u00f3n con el Obispo y su presbiterio; as\u00ed\u00ad, pues, los Obispos mismos son los principales administradores de los misterios de Dios, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n moderadores, promotores y custodios de toda la vida lit\u00fargica en la Iglesia que les ha sido confiadas.<\/p>\n<p>    Esfu\u00e9rcense, pues, constantemente para que \u00c2\u00a1os fieles de Cristo conozcan y vivan de manera m\u00e1s \u00ed\u00adntima, por la Eucarist\u00ed\u00ada, el misterio pascual, de suerte que formen un cuerpo compact\u00ed\u00adsimo en la unidad de la caridad de Cristo 9\u00c2\u00a1 perseverantes en la oraci\u00f3n y el ministerio de la palabra (Hech. 6,4), trabajen para que todos aquellos cuyo cuidado les ha sido encomendado sean un\u00e1nimes en la oraci\u00f3n I0 y en la recepci\u00f3n de los sacramentos, crezcan en la gracia y sean fieles testigos del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Como perfeccionadores, los Obispos \u00bfpongan empe\u00f1o en fomentar la santidad de sus cl\u00e9rigos, de los religiosos y laicos, de acuerdo con la peculiar vocaci\u00f3n de cada uno, recordando que est\u00e1n obligados a dar ejemplo de santidad en la caridad, humildad y sencillez de vida.<\/p>\n<p>    De tal manera santifiquen las Iglesias que les han sido confiadas, que en ellas resplandezca plenamente el sentir de la Iglesia universal de Cristo. Por eso fomenten con el mayor empe\u00f1o las vocaciones sacerdotales y religiosas, prestando especial atenci\u00f3n a las vocaciones misioneras.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nHay tres palabras griegas en el Nuevo Testamento que constituyen la base de la evoluci\u00f3n de la noci\u00f3n de obispo: episkopein:  supervisar, vigilar, cuidar de (IPe 5,2); episkop\u00e9:  posici\u00f3n o funci\u00f3n de supervisi\u00f3n (He 1,20; 1Tim 3,1); episkopos: su pervisor, vigilante, \u00abobispo\u00bb (He 20,28; Flp 1,1; ITim 3,2; Tit 1,7; IPe 2,25). Esta \u00faltima era en los tiempos del Nuevo Testamento sin\u00f3nimo de preshyteros  (anciano: Tit 1,5-7; ITim 3,1; 5,17; He 20,17.28), de donde viene nuestro \u00abpresb\u00ed\u00adtero\/sacerdote\u00bb. Aunque muchos autores sostienen que presbyteros  procede de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, mientras que episkopos  procede de ambiente pagano, es posible que ambas procedan de fuentes jud\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento encontramos el plural episkopoi  junto con diakonoi  (Flp 1,1). El cuadro que se nos presenta en las ep\u00ed\u00adstolas pastorales es el de Timoteo y Tito estableciendo estructuras de autoridad para llenar el vac\u00ed\u00ado dejado por la muerte de los ap\u00f3stoles. Esto indicar\u00ed\u00ada que Lucas en He 14,23 es anacr\u00f3nico. Ni episkopos ni presbyteros  aparecen en ninguna de las listas de >carismas del Nuevo Testamento; los administradores (kyhern\u00e9seis:  I Cor 12,28) vienen al final de la lista de los carismas\/oficios. En Tit 1,7-11 y 1Tim 3,1-7 se enumeran las cualidades que ha de tener el episkopos.  No est\u00e1n claras las funciones exactas propias de los presb\u00ed\u00adteros-obispos: ense\u00f1an (ITim 5,17); tienen que refutar las falsas doctrinas (Tit 1,9); el requisito de que sepan administrar bien su propia casa puede indicar que eran administradores de los bienes de la comunidad (ITim 3,3-5; cf 1Pe 5,2). En otros lugares aparece la imagen del pastor (He 20,28; IPe 5,2). Hay concordancia entre la imagen paulina del presb\u00ed\u00adtero-obispo y la imagen petrina de IPe. No se les asigna ning\u00fan papel en el culto ni ninguna funci\u00f3n en relaci\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada. Lo m\u00e1s cercano a esto que podemos encontrar es Sant 5,14-15, donde se dice que hay que llamar a los presb\u00ed\u00adteros para que recen por los enfermos y los unjan.<\/p>\n<p>En las cartas de >Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada el obispo tiene una autoridad \u00fanica en relaci\u00f3n con el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada. En el Nuevo Testamento, aparte del mandato dominical a los once (Mt 28,19; cf Mc 16,16), vemos a distintas personas bautizando (He 2,41; 8,38; 9,18; 10,48; l Cor 1,14-17). En He 13,2 encontramos a los profetas y maestros aparentementedando culto (leitourgount\u00f3n),  acci\u00f3n que puede identificarse con la de los profetas en la >Didach\u00e9:  \u00abQue los profetas den gracias (eucharistein)  como quieran\u00bb. Pero esta comunidad ha de nombrar tambi\u00e9n episkopoi y diakonoi.<br \/>\nLa estructura de las Iglesias en las cartas de Ignacio consiste en un obispo, varios presb\u00ed\u00adteros (presbyteroi) y  varios di\u00e1conos (diakonoi).  Habitualmente, se ha caracterizado este modelo como \u00abepiscopado mon\u00e1rquico\u00bb, pero el t\u00e9rmino no es exacto porque el obispo no act\u00faa solo, sino siempre con los presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos. Por otro lado, es patente en Ignacio la funci\u00f3n del obispo como centro de unidad, unidad que se funda y nutre primariamente en la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La >Tradici\u00f3n apost\u00f3lica  (TA) es un testimonio important\u00ed\u00adsimo de la pr\u00e1ctica y la teolog\u00ed\u00ada de comienzos del siglo III. Hay interpretaciones de tendencia m\u00e1s cat\u00f3lica` y otras de tendencia m\u00e1s protestante. Pero hay que decir que el texto est\u00e1 en armon\u00ed\u00ada con los otros testimonios tempranos que tenemos del desarrollo del episcopado. Los obispos tienen que ser elegidos por el pueblo, con cierta forma de ratificaci\u00f3n que no se especifica (TA 2\/2,2)\u00bb. El pueblo pide a los obispos que impongan las manos sobre los elegidos, mientras los dem\u00e1s rezan en silencio para que el Esp\u00ed\u00adritu descienda sobre ellos (TA 2\/2,4). La oraci\u00f3n de consagraci\u00f3n est\u00e1 dirigida al Padre, que no deja que el santuario se quede sin ministros, que \u00abconoce los corazones\u00bb y que ha elegido a su siervo para el episcopado, con el fin de que derrame sobre \u00e9l el poder de su Esp\u00ed\u00adritu (dynamin tou h\u00e9gemonikou pneumatos:  el Esp\u00ed\u00adritude direcci\u00f3n, (TA 3\/3,4). En la oraci\u00f3n se pide que el candidato apaciente a su grey santa, sirva como sumo sacerdote, ejerza el ministerio irreprochablemente d\u00ed\u00ada y noche, se gane el favor de Dios y ofrezca los dones de la santa Iglesia1>. Por el Esp\u00ed\u00adritu de sumo sacerdote (t\u00f3 pneumati t\u00f3 archieratik\u00f3),  tendr\u00e1 poder para perdonar los pe\u00e9ados, administrar (didonai kl\u00e9rous),  desatar todos los v\u00ed\u00adnculos por el poder conferido a los ap\u00f3stoles, ofrecer un perfume agradable (TA 3\/3,5). En la ordenaci\u00f3n de los sacerdotes el obispo implora el \u00abEsp\u00ed\u00adritu de gracia y consuelo\u00bb; y en la de los >di\u00e1conos, el \u00abEsp\u00ed\u00adritu de gracia y diligencia\u00bb (TA 7\/8,2 y 8\/ 9,11). Es claro, por tanto, que el ministerio episcopal tiene su origen en Dios, que elige y da la potestad; y esta potestad, distinta de la de los sacerdotes y di\u00e1conos, procede del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Los dos t\u00ed\u00adtulos que se dan al obispo son \u00absumo sacerdote\u00bb (archiereus) y  \u00abdirigente\u00bb (proistamenos);  y el verbo que se usa para describir en general el ministerio es \u00abapacentar\/alimentar\u00bb (poimainein)  (TA 3\/3,4). La dignidad del episcopado queda expresada en el beso de paz que recibe, \u00abporque ha sido hecho digno de \u00e9l\u00bb (TA 4\/4,1). Por otro lado, en la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica  todos los dem\u00e1s ministerios y oficios son constituidos por el obispo; el sacerdote es como un consejero o concejal (TA 8\/9,2), pero el di\u00e1cono y el subdi\u00e1cono est\u00e1n puestos a su servicio (TA 8\/9,2.4; 34\/30). Aparte de los oficios o ministerios mencionados en la oraci\u00f3n de consagraci\u00f3n, hay algunos otros: el obispo parece ser el celebrante normal de la eucarist\u00ed\u00ada (TA 4,21,22\/4,23,24); preside el >agap\u00e9 y el bautismo y ense\u00f1a en ellos (TA 21\/ 21-23); es el exorcista principal (>Exorcismo) en el bautismo (TA 20\/ 20,3), y la expresi\u00f3n antes citada \u00abdesatar todos los v\u00ed\u00adnculos\u00bb, al parecer una cita de Mt 18,18, puede referirse tambi\u00e9n al exorcismo (TA 3\/ 3,5); como cabeza tiene que mantener la pureza de la doctrina (TA 1\/1,5; 43\/38,3), y es el encargado de dar explicaciones en el bautismo (TA 21\/ 23,4.14); recibe y bendice las ofrendas del pueblo (TA 5-6\/5-6; 31-32\/ 38,1-6). Aunque se dice que el obispo recibe el mismo Esp\u00ed\u00adritu que los ap\u00f3stoles, y aunque la ordenaci\u00f3n episcopal por manos de otros obispos tiene lugar claramente a trav\u00e9s de la voluntad divina de actuar por la autoridad dada a los ap\u00f3stoles (TA 3\/3), no se insiste en la continuidad de la cadena de las ordenaciones episcopales v\u00e1lidas\u00bb. Es justo ver, con F. A. Sullivan, factores eclesiol\u00f3gicos, cristol\u00f3gicos y pneumatol\u00f3gicos en la apostolicidad de la fe y el ministerio tal corno aparecen en la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica.  Hacia la \u00e9poca de >Cipriano (t 258) se produce un cambio decisivo en el papel del obispo, cambio que empieza a detectarse ya en las >Constituciones apost\u00f3licas.  Mientras que en Ignacio el \u00fanico ministro de la eucarist\u00ed\u00ada era el obispo, ahora en cambio, con un buen n\u00famero de cuasi-parroquias dispersas por las zonas rurales, los sacerdotes se convierten en ministros de la eucarist\u00ed\u00ada y los obispos pasan a ser cada vez m\u00e1s administradores, aunque con un especial inter\u00e9s por la doctrina\u00bb. En algunos lugares, sin embargo, el cuidado y, por encima de todo, las celebraciones eucar\u00ed\u00adsticas, de las nuevas unidades administrativas, sigue correspondiendo a un obispo, denominado ch\u00f3repiskopos  (obispo rural que depende del obispo de la di\u00f3cesis), pr\u00e1ctica todav\u00ed\u00ada vigente en la Iglesia ortodoxa. Desde el principio el obispo asiste a los concilios representando la fe de su Iglesia y sirviendo de v\u00ed\u00adnculo con el resto de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Las Constituciones apost\u00f3licas,  de finales del siglo IV, contienen bastantes normas de textos legales anteriores, pero en determinadas materias son m\u00e1s espec\u00ed\u00adficas: al parecer siguiendo la norma del concilio de >Nicea I, todos los obispos, o al menos tres, ordenan, y el metropolitano debe dar su consentimiento<br \/>\nHay tres casos de \u00abinvalidez\u00bb, aunque conviene no aplicar un lenguaje propio de una teolog\u00ed\u00ada m\u00e1s desarrollada: las ordenaciones conferidas por herejes, las \u00f3rdenes de los que se pasan a la herej\u00ed\u00ada o al cisma, y una ordenaci\u00f3n obtenida por nepotismo. En la Didascalia apostolorurn,  que forma parte de las Constituciones apost\u00f3licas,  los obispos ocupan un lugar central, dedic\u00e1ndose a estos la mayor parte del libro segundo. Se les da una serie de t\u00ed\u00adtulos: padres, se\u00f1ores, maestros, presidentes, profetas, doctores, etc. Siguiendo la Didascalia,  dependiente a su vez de las ep\u00ed\u00adstolas pastorales, las Constituciones  establecen detalladamente las cualidades requeridas en un obispo y su comportamiento. Se insiste mucho en el estudio de las Escrituras y en la compasi\u00f3n por los pobres y los pecadores arrepentidos. Ha de ser imparcial, sin adular indebidamente al rico ni despreciar ni oprimir al pobre: \u00abHa de ser prudente, humilde, sabedor de c\u00f3mo amonestar con la doctrina del Se\u00f1or, maduro en sus ideas e intereses, alguien que haya renunciado a las cosas elementales de este mundo y a todos los deseos paganos. Ha de ser capaz de gobernar, perspicaz a la hora de reconocer a los malos y precavido con ellos, pero amigos de todos, justo y prudente; todas las cualidades humanas que sean buenas, convienen al obispo\u00bb. Dado que la Iglesia se ve amenazada por las herej\u00ed\u00adas, se insiste en el papel doctrinal del obispo: \u00abHa de ser indulgente, paciente a la hora de amonestar, capaz de ense\u00f1ar, diligente para meditar los libros del Se\u00f1or, leyendo frecuentemente para interpretar lo mejor posible las Escrituras, exponiendo los profetas de acuerdo con el evangelio\u00bb. Sus cuidados se extienden a todos, especialmente a las >viudas; ha de ser diligente en la liturgia. Su autoridad es tal que los cl\u00e9rigos y los laicos le deben respeto.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n de Jer\u00f3nimo es importante porque a menudo se malinterpreta. Jer\u00f3nimo se opone a las pretensiones de algunos di\u00e1conos que quieren ponerse por encima de los sacerdotes. Y afirma que no pueden consagrar la eucarist\u00ed\u00ada, a diferencia de los obispos y los sacerdotes, que son iguales a este respecto.<\/p>\n<p>A partir del siglo IV nos encontramos cada vez un n\u00famero mayor de obispos elegidos de entre los miembros del estado monacal. Pero a finales del per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico y a comienzos de la Edad media se produce una asimilaci\u00f3n entre la vida y funci\u00f3n de la nobleza y la de los obispos, evoluci\u00f3n que con el tiempo llevar\u00e1 a la lucha de las >investiduras.<\/p>\n<p>En el per\u00ed\u00adodo escol\u00e1stico hay autores importantes que tanto afirman como niegan la sacramentalidad delepiscopado. Trento distingui\u00f3 tres \u00f3rdenes jer\u00e1rquicas, estableci\u00f3 la superioridad del episcopado y emprendi\u00f3 reformas especialmente en relaci\u00f3n con la predicaci\u00f3n y la residencia de los obispos\u00bb. Las reformas fueron m\u00e1s bien fragmentarias y no brotaron de una visi\u00f3n del episcopado completamente unitaria, sino m\u00e1s bien de la convicci\u00f3n de que la no residencia y el compromiso excesivo en los asuntos seculares por parte de los obispos eran enteramente perjudiciales para la Iglesia y ten\u00ed\u00adan que estar, por tanto, en el centro del programa de reformas. La renovaci\u00f3n tridentina del episcopado tiene un modelo destacado en san Carlos Borromeo, arzobispo de Mil\u00e1n (1538-1584). Despu\u00e9s de Trento la sacramentalidad de las \u00f3rdenes episcopales fue generalmente admitida, a excepci\u00f3n de algunos tomistas que manten\u00ed\u00adan la postura del primer santo Tom\u00e1s, que no trat\u00f3 sin embargo sobre el episcopado en su inacabada Summa theologiae.<br \/>\nEl >Vaticano I s\u00f3lo tuvo tiempo para hacer definiciones sobre el >papado. Bismarck trat\u00f3 luego de crear disensi\u00f3n afirmando que los obispos hab\u00ed\u00adan quedado radicalmente degradados por la doctrina de este concilio acerca del primado del papa. Los obispos alemanes negaron tal afirmaci\u00f3n y aseguraron que la potestad episcopal permanec\u00ed\u00ada intacta despu\u00e9s del Vaticano I. Su postura mereci\u00f3 la cordial y sentida alabanza de P\u00ed\u00ado IX.<\/p>\n<p>El >Vaticano II dedic\u00f3 la mayor parte del cap\u00ed\u00adtulo III de la constituci\u00f3n sobre la Iglesia al episcopado: los obispos son sucesores de los ap\u00f3stoles (LG 18, 20), del colegio de los ap\u00f3stoles (LG 22); los obispos reciben la plenitud del sacramento del orden y, al asumir las funciones de Cristo como maestro, pastor y pont\u00ed\u00adfice, act\u00faan en su nombre (LG 21); junto con el papa, y nunca al margen de \u00e9l, los obispos constituyen un colegio (LG 22; >Colegialidad episcopal); cada obispo tiene a su cargo el cuidado pastoral de su propia di\u00f3cesis, pero, como miembro del colegio, le compete tambi\u00e9n el cuidado de la Iglesia universal (LG 23; CD 6); todo obispo tiene la misi\u00f3n de ense\u00f1ar (LG 25) y de santificar (LG 26) y autoridad para gobernar en nombre de Cristo (LG 27); una de las manifestaciones principales de la Iglesia es la liturgia presidida por el obispo, rodeado de su presbiterio y de los dem\u00e1s ministros (SC 41). El decreto sobre el oficio pastoral de los obispos desarrolla las implicaciones pastorales y pr\u00e1cticas del texto de la Lumen gentium:  oficio de ense\u00f1ar (CD 12-14); oficio de santificar (CD l5); oficio pastoral (CD 16-21); circunscripci\u00f3n de las di\u00f3cesis (CD 22-24); obispos coadjutores y auxiliares (CD 25-26); asuntos intradiocesanos (CD 27-32); los religiosos (CD 33); asuntos interdiocesanos y en particular las >conferencias episcopales (CD 36-43). El Vaticano II apela al >s\u00ed\u00adnodo de obispos (CD 5). Una de las funciones m\u00e1s importantes de los obispos es la ense\u00f1anza, que est\u00e1 revestida de autoridad en su propia di\u00f3cesis (>Magisterio). Esta ense\u00f1anza no es infalible. Sin embargo, los obispos son infalibles como colegio en los casos especificados en LG 25 (>Infalibilidad).<\/p>\n<p>La tarea primaria del obispo es asegurar la unidad, la santidad y el testimonio de la Iglesia local dentro delmundo y de cara a \u00e9l (cf LG 26). Pero la plenitud del sacerdocio de que goza el obispo no implica que haya que ver todos los ministerios y dones como derivados de \u00e9l; \u00e9l es m\u00e1s bien su centro de unidad e inspiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Vaticano II dio adem\u00e1s algunos pasos adelante en la espinosa cuesti\u00f3n del nombramiento de los obispos. En la Alta Edad media los obispos eran nombrados frecuentemente por pr\u00ed\u00adncipes seculares. En 1215 el IV concilio de >Letr\u00e1n prohibi\u00f3 formalmente la participaci\u00f3n de las autoridades seculares en las elecciones episcopales. Hasta el siglo XIII los obispos eran elegidos, generalmente, por el cap\u00ed\u00adtulo de la catedral. A partir de entonces vemos c\u00f3mo Roma va fortaleciendo cada vez m\u00e1s su posici\u00f3n: de confirmar las elecciones fue pasando a nombrar a los obispos en distintos lugares de rito latino. Al firmarse acuerdos o concordatos entre la Iglesia y las autoridades seculares, fue muy frecuente entre los siglos XV y XIX conceder a los poderes seculares potestad para nombrar o designar a los obispos: en lenguaje can\u00f3nico, la cabeza del Estado confer\u00ed\u00ada el ius ad rem,  mientras que el papa otorgaba el ius in re.  Con una sola excepci\u00f3n, la \u00faltima concesi\u00f3n de este tipo fue la otorgada a M\u00f3naco en 1887. El C\u00f3digo de Derecho can\u00f3ni co de 1917 afirmaba el principio de que la designaci\u00f3n de obispos correspond\u00ed\u00ada al papa (canon 329). Desde entonces, incluso donde era vigente la costumbre de la elecci\u00f3n, se permiti\u00f3 usualmente a los can\u00f3nigos elegir al obispo de una lista de tres candidatos elaborada por Roma. Entretanto, antes del Vaticano II, la Santa Sedeconsigui\u00f3 algunas renuncias voluntarias al derecho de nombramiento, la mayor\u00ed\u00ada de ellas en Am\u00e9rica Latina y Espa\u00f1a. En nombre de la > libertad religiosa, el Concilio reclam\u00f3 para el papa el derecho y libertad de nombramiento, y expres\u00f3 su deseo de que los Estados renunciaran voluntariamente a sus derechos despu\u00e9s de una negociaci\u00f3n (CD 20). Este derecho de la Iglesia fue confirmado en el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  de 1983 (canon 377). Todos los jefes de Estado han renunciado ya a este derecho, salvo en el caso de dos di\u00f3cesis de Francia: Estrasburgo y Metz. Seg\u00fan las leyes comunes de la Iglesia, es el legado apost\u00f3lico el encargado de presentar una lista de tres nombres a la Santa Sede con su propia recomendaci\u00f3n (CIC 364 \u00c2\u00a7 4) despu\u00e9s de amplia consulta entre la jerarqu\u00ed\u00ada, el cap\u00ed\u00adtulo catedralicio de la di\u00f3cesis vacante y a veces tambi\u00e9n entre otros miembros del clero y el laicado (CIC 377). El papa hace luego el nombramiento, despu\u00e9s de o\u00ed\u00adr la opini\u00f3n de la Congregaci\u00f3n para los obispos (7 Vaticano II). En las Iglesias cat\u00f3licas de Oriente son los patriarcas con sus s\u00ed\u00adnodos los que nombran a los obispos, reserv\u00e1ndose Roma el derecho a intervenir en determinados casos (OE 9). Se podr\u00ed\u00ada decir que el nombramiento de obispos de la Iglesia de Occidente, de rito latino, es una funci\u00f3n que le corresponde al obispo de Roma m\u00e1s como >patriarca que como papa o sumo pont\u00ed\u00adfice.<\/p>\n<p>El nuevo C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  trata de los obispos en una larga serie de c\u00e1nones situados en la secci\u00f3n del libro sobre pueblo de Dios que se ocupa de la Iglesia local (c\u00e1nones 368-502). El C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  toma algunos temas del Directorio sobre el oficio pastoral del obispo de 1973. Aunque muchos de los temas y principios del Vaticano II aparecen muy marcados, podr\u00ed\u00ada decirse que la tensi\u00f3n que se observa en el Concilio entre dos eclesiolog\u00ed\u00adas, la jur\u00ed\u00addica y la de comuni\u00f3n, en el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  est\u00e1 postergada.<\/p>\n<p>Tanto en el Vaticano II como en el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  hay posibilidades para el funcionamiento sinodal en la > Iglesia local que a\u00fan no han alcanzado expresi\u00f3n amplia y efectiva: s\u00ed\u00adnodo diocesano, consejo pastoral, consejo presbiteral, colegio de consultores, cap\u00ed\u00adtulo de can\u00f3nigos (>S\u00ed\u00adnodos diocesanos y concilios particulares\/provinciales; >Consejos diocesanos\/pastorales\/presbiterales).<\/p>\n<p>Parece claro que hay cierto rechazo generalizado por parte de los obispos de rito latino a aceptar con entusiasmo las posibilidades de gobierno sinodal abiertas por el Vaticano II y las leyes ordinarias. En este punto ha faltado claramente la >recepci\u00f3n. Un cuerpo sinodal de orden superior es el de la conferencia episcopal, que puede ce\u00f1irse a l\u00ed\u00admites nacionales o ser transnacional; este \u00faltimo tipo ha sido en general m\u00e1s efectivo.<\/p>\n<p>El sentido del episcopado puede deducirse del rito de la ordenaci\u00f3n, especialmente de la oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n [\u2014la segunda edici\u00f3n del ritual de ordenaci\u00f3n de 1990, prescinde de la expresi\u00f3n consagraci\u00f3n y usa siempre \u00abordenaci\u00f3n\u00bb, siguiendo la tradici\u00f3n m\u00e1s antigua\u2014] o >epicl\u00e9sis.  El obispo ordenante recuerda el sacerdocio del Antiguo Testamento, y los tres obispos rezan diciendo: \u00abInfunde ahora sobre este siervo tuyo que has elegido la fuerza que de ti procede: El esp\u00ed\u00adritu de soberan\u00ed\u00ada [= spiritus principales,  traducci\u00f3n de pneuma hegemonik\u00f3n,  cf >Tradici\u00f3n apost\u00f3lica]  que diste a tu amado Hijo Jesucristo, y \u00e9l, a su vez, comunic\u00f3 a los santos ap\u00f3stoles, quienes establecieron la Iglesia por diversos lugares como santuario tuyo para gloria y alabanza incesante de tu nombre\u00bb. Esta frase es el n\u00facleo de la ordenaci\u00f3n. El celebrante principal sigue implorando los dones que el reci\u00e9n ordenado obispo habr\u00e1 de necesitar y recuerda el servicio que este est\u00e1 llamado a prestar a la Iglesia: pastor, sumo sacerdote irreprochable, con poder para perdonar pecados y desatar otros v\u00ed\u00adnculos, alguien que ha de agradar a Dios \u00abpor la mansedumbre y dulzura de coraz\u00f3n, ofreciendo su vida en sacrificio\u00bb.<\/p>\n<p>[En s\u00ed\u00adntesis, a partir del Vaticano II surgen estas cuatro orientaciones m\u00e1s notables: 1) el Episcopado es un servicio pastoral (LG 18, 24, 27); 2) fundado sacramentalmente (LG 21), concepci\u00f3n que reunifica a t\u00ed\u00adtulo de principio, orden y jurisdicci\u00f3n (LG 27); 3) que ejerce el triple ministerio de la palabra, los sacramentos y el pastoreo (LG 25-27), el \u00faltimo de los cuales \u2014como principio organizador\u2014incluye los dos anteriores, y da un privilegio a la predicaci\u00f3n del Evangelio (LG 23); 4) constituyendo un colegio con el sucesor de Pedro a su cabeza, los obispos tienen la responsabilidad de la Iglesia entera (LG 22).]<br \/>\nLa importancia y significaci\u00f3n de la visita ad limina apostolorum  se comprende considerando su compleja historia. Hist\u00f3ricamente est\u00e1 relacionada con las peregrinaciones desde la \u00e9poca de la Edad media \u00abal umbral de los ap\u00f3stoles\u00bb, es decir, a las tumbas de Pedro y Pablo. Su sentido can\u00f3nico se origina en el siglo VIII, cuando todos los obispos consagrados en Roma ten\u00ed\u00adan que visitar a su obispo. M\u00e1s tarde >Gregorio VII extendi\u00f3 esto a todos los metropolitanos, y Sixto V lo reclam\u00f3 a todos los obispos en 1584; deb\u00ed\u00ada ser cada 3-10 a\u00f1os. El C\u00f3digo de Derecho can\u00f3ni co vigente la prescribe para todos los obispos cada cinco a\u00f1os (CIC 400). Se trata de un ejercicio de > comuni\u00f3n, de un v\u00ed\u00adnculo de uni\u00f3n entre el obispo de Roma y todos los dem\u00e1s obispos. Es tambi\u00e9n ocasi\u00f3n para el obispo de informar sobre sus di\u00f3cesis; fomenta las buenas relaciones con la administraci\u00f3n vaticana y pone al papa al tanto de la situaci\u00f3n de la Iglesia en el mundo.<\/p>\n<p>Los s\u00ed\u00admbolos principales del oficio episcopal en Occidente son el b\u00e1culo y la mitra. El primero, un bast\u00f3n curvado en el extremo, usado por los obispos y tambi\u00e9n por muchos abades y abadesas, puede tener su origen en los bastones de los caminantes. Pas\u00f3 a ser un s\u00ed\u00admbolo lit\u00fargico a partir del siglo VII, adquiriendo luego la significaci\u00f3n de un cayado, como s\u00ed\u00admbolo del oficio pastoral. La mitra (del griego mitra,  turbante), que se lleva sobre la cabeza, tiene en Oriente forma de corona y en Occidente forma de escudo. Se convirti\u00f3 en parte del distintivo papal en el siglo Xl y r\u00e1pidamente se extendi\u00f3 tambi\u00e9n a los obispos (y abades). Es un s\u00ed\u00admbolo honor\u00ed\u00adfico, un ornamento visual de las celebraciones lit\u00fargicas. Los obispos pueden usar la mitra y el b\u00e1culo en su propia di\u00f3cesis, pero no en otras di\u00f3cesis, a no ser que cuenten con el consentimiento, al menos presunto, del obispo local (CIC 390). Una serie de decretos publicados en la d\u00e9cada de 1960 simplific\u00f3 las vestiduras y s\u00ed\u00admbolos pontificales.<\/p>\n<p>El palio es otro s\u00ed\u00admbolo de pertenencia al episcopado, en este caso propio del arzobispo u obispo de la principal di\u00f3cesis de la zona, tambi\u00e9n llamado metropolita. Se trata de una vestidura lit\u00fargica, similar a una estola, que llevan los arzobispos en las celebraciones lit\u00fargicas dentro de su zona. Tiene su origen en Oriente, donde todav\u00ed\u00ada lo llevan los obispos (oinophorion).  En Occidente era una vestidura papal. de origen incierto, aunque anterior al siglo IX. Por entonces era obligatorio que los obispos lo solicitasen del papa. En la Edad media se consideraba un signo de que el poder del arzobispo proced\u00ed\u00ada del papa; en la actualidad significa que el arzobispo ejerce su potestad en comuni\u00f3n con el papa. En este sentido, puede considerarse un s\u00ed\u00admbolo de colegialidad (>Colegialidad episcopal).<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada del episcopado en las Iglesias ortodoxas est\u00e1 fuertemente vinculada a la tradici\u00f3n que se encuentra en Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada y en la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica  de Pseudo-Hip\u00f3lito. El obispo es otro Cristo (alter Christus),  asegurando as\u00ed\u00ad la unidad de la Iglesia en la eucarist\u00ed\u00ada. Es tambi\u00e9n otro ap\u00f3stol (alter apostolus),  asegurando as\u00ed\u00ad la continuidad de la Iglesia en la historia. Incluso cuando el sacerdote celebra la eucarist\u00ed\u00ada, ha de hacerlo con el \u00abantimension\u00bb, una vestidura que contiene reliquias y tiene representaciones de Cristo, pero que lleva tambi\u00e9n la marca del obispo. Se trata de una costumbre paralela a la del \u00abfermentum\u00bb, que entre los siglos V y Vlll se implant\u00f3 en Occidente: de la misa del papa se enviaban part\u00ed\u00adculas del pan consagrado a las parroquias de los alrededores. Ambas subrayan la unidad de la eucarist\u00ed\u00ada y, por consiguiente, de la Iglesia.<\/p>\n<p>En el movimiento ecum\u00e9nico hay especiales dificultades a la hora de relacionarse las Iglesias que tienen obispos con las que no los tienen. Pero incluso las Iglesias no episcopales tienen el sentido de la episkop\u00e9, y  sobre esta base el di\u00e1logo contin\u00faa.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Instituci\u00f3n divina del episcopado<\/p>\n<p>\tEl t\u00e9rmino \u00abobispo\u00bb (derivado de \u00abep\u00ed\u00adscopos\u00bb, supervisor) se usa ordinariamente en el Nuevo Testamento para indicar la persona que hab\u00ed\u00ada recibido de los Ap\u00f3stoles, por imposici\u00f3n de las manos, el encargo de continuar su misi\u00f3n. San Pablo recomienda a Timoteo la selecci\u00f3n y cuidado de los obispos (cfr. 1Tim 3,1-7). En San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, a principios del siglo I, ya encontramos una terminolog\u00ed\u00ada constante y la funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica en la Iglesia particular y como cabeza de su Presbiterio.<\/p>\n<p>\tEl episcopado es de instituci\u00f3n divina. \u00abCristo, por medio de los mismos Ap\u00f3stoles, hizo part\u00ed\u00adcipes de su propia consagraci\u00f3n y misi\u00f3n a los sucesores de aquellos, que son los obispos\u00bb (PO 2). Por esto, \u00ablos obispos ocupan el lugar de los Ap\u00f3stoles como pastores de las almas, y, juntamente con el Sumo Pont\u00ed\u00adfice y bajo su autoridad, son enviados a actualizar perennemente la obra de Cristo, Pastor eterno\u00bb (ChD 2). Suceden, pues, a los Ap\u00f3stoles, \u00abpor instituci\u00f3n divina\u00bb (LG 20).<\/p>\n<p>\tPor el sacramento del Orden, el obispo ha recibido el sacerdocio ministerial en su plenitud, forma parte del Colegio episcopal y, al recibir la misi\u00f3n en comuni\u00f3n con el Papa, queda constituido pastor de la Iglesia particular. En esa Iglesia, siempre en comuni\u00f3n con el Papa, el obispo tiene potestad plena, inmediata y ordinaria, en la triple funci\u00f3n de ense\u00f1ar, santificar y gobernar (cfr. LG 21-27; ChD 15-16). \u00abPor la consagraci\u00f3n episcopal se recibe la plenitud del sacramento del Orden\u00bb (LG 21). La acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la ordenaci\u00f3n episcopal \u00abha hecho de los obispos los verdaderos y aut\u00e9nticos maestros de la fe, pont\u00ed\u00adfices y pastores\u00bb (ChD 2).<\/p>\n<p>\tEn la Iglesia particular y universal<\/p>\n<p>\tEl Se\u00f1or fundament\u00f3 su Iglesia sobre el Colegio apost\u00f3lico, el cual se perpet\u00faa en el Colegio de los obispos (Colegio episcopal). La sucesi\u00f3n apost\u00f3lica de cada obispo tiene lugar dentro de la pertenencia al Colegio episcopal. \u00abAs\u00ed\u00ad como, por disposici\u00f3n del Se\u00f1or, San Pedro y los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles forman un solo Colegio apost\u00f3lico, de igual modo se unen entre s\u00ed\u00ad el Romano Pont\u00ed\u00adfice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles\u00bb (LG 22).<\/p>\n<p>\tRespecto a la Iglesia particular que preside, el obispo, en comuni\u00f3n con el sucesor de Pedro, \u00abes principio y fundamento visible de unidad en su propia Iglesia\u00bb (LG 23). De \u00e9l \u00abderiva y depende, en cierto modo, la vida en Cristo de sus fieles\u00bb (SC 41), en todos los campos ministeriales prof\u00e9tico, lit\u00fargico, pastoral. Los presb\u00ed\u00adteros de su Presbiterio son sus \u00abcolaboradores y consejeros necesarios\u00bb (PO 7). El laicado y la vida consagrada cooperan responsablemente, cada uno seg\u00fan su peculiaridad, con el carisma episcopal que preside y hace posible la comuni\u00f3n en la Iglesia particular. A \u00e9l toca la responsabilidad principal en el discernir los carismas que surgen en su Iglesia particular o que se ofrecen para colaborar en ella.<\/p>\n<p>\tRespecto a la Iglesia universal, juntamente con los dem\u00e1s obispos y en dependencia del sucesor de Pedro, los obispos son \u00abpart\u00ed\u00adcipes de la preocupaci\u00f3n de todas las Iglesias\u00bb (ChD 3; cfr. ChD 6; LG 23). Con el Romano Pont\u00ed\u00adfice, \u00abson directamente responsables de la evangelizaci\u00f3n del mundo, ya sea como miembros del Colegio episcopal, ya sea como pastores de las Iglesias particulares\u00bb (RMi 63). A ellos corresponde principalmente conseguir que la Iglesia particular (con todas sus vocaciones, ministerios y carismas) asuma la propia responsabilidad en la evangelizaci\u00f3n universal. Por el hecho de que cada obispo es pastor de una Iglesia particular, la responsabilidad misionera queda asumida tambi\u00e9n por toda la comunidad eclesial local (RMi 63; AG 30).<\/p>\n<p>\tEsta realidad evangelizadora debe aparecer claramente en todas las aplicaciones y concretizaciones de la \u00abColegialidad\u00bb, como en el caso de las Conferencias Episcopales \u00abLa misma responsabilidad se refleja, en diversa medida, en las Conferencias Episcopales y en sus organismos a nivel continental, que por ello tiene que ofrecer su propia contribuci\u00f3n a la causa misionera\u00bb (RMi 63). La realidad de las Conferencias Episcopales dimana tanto de la comuni\u00f3n-misi\u00f3n eclesial como de la consagraci\u00f3n episcopal y, por tanto, debe orientarse hacia la misi\u00f3n. Las normas del derecho ir\u00e1n concretando esas exigencias de la responsabilidad misionera local y universal (Cfr. LG 26-27; ChD 37-38; AG 38; RMi 76).<\/p>\n<p>Referencias Apostolicidad de la Iglesia, Iglesia particular, Papa, Presbiterio.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG cap. 3; ChD; AG 38; EN 68; RMi 63-64; CEC 861-862, 880-896, 1555-1561; CIC 336-341; 375-411; 447-459.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., La Charge pastorale des Ev\u00eaques (Paris 1969); M. BONET, Solicitud pastoral de los obispos en su dimensi\u00f3n universal, en La funci\u00f3n pastoral de los obispos (Salamanca 1967); Y.M. CONGAR, B.D.DUPUY, El episcopado y la Iglesia universal (Barcelona, Estela, 1966); J. ESQUERDA BIFET, Teolog\u00ed\u00ada de la espiritualidad sacerdotal ( BAC, Madrid, 1991) cap. VI; B. JIMENEZ DUQUE, El oficio de santificar de los obispos, en Concilio Vaticano II, Comentarios a la constituci\u00f3n sobre la Iglesia ( BAC, Madrid, 1966) 531 539; J. LEAL, Los Obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles, exposici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, en Comentarios sobre la Iglesia ( BAC, Madrid, 1966) 368-379; H. LEGRAND, Nature de l&#8217;Eglise particuli\u00e8re et role de l&#8217;Ev\u00eaque dans l&#8217;Eglise, en La Charge pastorale des Ev\u00eaques o.c. 104-124; W. ONCLIN, Les Ev\u00eaques et l&#8217;Eglise universelle, ib\u00ed\u00addem, 87-101.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Palabra con la cual se traduce el t\u00e9rmino griego episkopos. En la Septuaginta, la palabra \u2020\u0153prefecto\u2020\u009d en Neh 11:9 se tradujo como episkopos (\u2020\u0153Y Joel hijo de Zicri era el prefecto de ellos\u2020\u009d). En otros lugares tambi\u00e9n traduce la idea de un capataz. En la cultura griega, episkopos es un supervisor, un capataz, un sobreveedor. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/obispos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abOBISPOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-8877","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8877","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8877"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8877\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8877"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8877"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8877"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}