{"id":9170,"date":"2016-02-05T06:23:50","date_gmt":"2016-02-05T11:23:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celos\/"},"modified":"2016-02-05T06:23:50","modified_gmt":"2016-02-05T11:23:50","slug":"celos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celos\/","title":{"rendered":"CELOS"},"content":{"rendered":"<p>vet, La palabra griega \u00abzelos\u00bb viene de una ra\u00ed\u00adz que significa \u00abestar caliente, entrar en ebullici\u00f3n\u00bb; traduce bien la palabra hebrea \u00abQuin-ah\u00bb, cuya ra\u00ed\u00adz designa el rojo que sale al rostro de un hombre apasionado. Esta pasi\u00f3n, semejante, a menudo, a la ira (Dt. 29:19), hace pensar en el fuego (Is. 26:11). Puede provenir de diversos sentimientos, desde el amor desinteresado hasta la s\u00f3rdida envidia, amores, odios, celos (Ec. 9:6), furor, turbaci\u00f3n, pasi\u00f3n vehemente, celo por la ventura del pueblo, por la honra de Dios (Nm. 25:11; 2 Co. 11:2): todos estos sentimientos pueden invadir el coraz\u00f3n del hombre y conducir a la ira (Pr. 27:4) o a una muerte de hombre (Gn. 4:5, 8; Nm. 25:7 ss). Esta violencia no es de suyo condenable; su valor depende del m\u00f3vil que la inspira, seg\u00fan sea desinteresado o no. Existen en efecto, m\u00f3viles ego\u00ed\u00adstas. Hay que reconocer, con los sabios, que la envidia, como \u00abuna carie en los huesos\u00bb (Pr. 14:30), estraga el coraz\u00f3n del hombre. Surge: entre hermanos (Gn. 4:5-11; 37:11), entre mujeres (Gn. 30:1), entre esposos (Pr. 6:24; Nm. 5), entre pueblos (Gn. 26:14; Is. 11:13), y hasta entre justo e imp\u00ed\u00ado (Sal. 37:1; 73:3; Pr. 3:31; 23:17); desune las comunidades cristianas con querellas (Ro. 13:13), disputas (1 Co. 3:3; 2 Co. 12:20), con amarguras y enredos (Stg. 3:14-16). De este cuadro no habr\u00ed\u00ada que concluir, con el Eclesiast\u00e9s, que todo esfuerzo y toda pasi\u00f3n del hombre provengan de la envidia (Ec. 4:4). Si el celo bien intencionado puede ocultar una real estrechez de esp\u00ed\u00adritu (Nm. 11:29) existe, no obstante, tambi\u00e9n una llama de amor muy pura (Cnt. 8:6) que hay que reconocer, sobre todo, a trav\u00e9s de los celos de Dios. Los celos de Dios no tienen nada que ver con las mezquindades humanas. Dios no tiene celos de alg\u00fan \u00abotro\u00bb si pudiera serle igual, pero exige una adoraci\u00f3n exclusiva por parte del hombre, al que ha creado a su imagen; esto se traduce en celos con los \u00abotros dioses\u00bb (Ex. 20:5; 34:14; Dt. 6:l4 ss). Esta intransigencia, sin analog\u00ed\u00ada en las religiones paganas, reflejan los textos antiguos y recientes de la Escritura; equivale al \u00abfuego devorador\u00bb (Dt. 4:24). A Dios le hacen celoso los \u00ed\u00addolos (Sal. 68:58; Dt. 32:16-21; 1 R. 14:22), a los que f\u00e1cilmente se designa como \u00ab\u00ed\u00addolos de envidia\u00bb (Ez. 8:3-5; 2 R. 21:7). En definitiva, si Dios es celoso, es que es santo y no puede tolerar que se atente contra su honor, ni que se desv\u00ed\u00ade de S\u00ed\u00ad a aquellos que El ama. Dios tiene diferentes medios para suscitar en Israel un celo a la imagen del suyo; por ejemplo, excita los celos de su pueblo otorgando su favor a las naciones (Dt. 32:21). Ordinariamente comunica su propio ardor a tal o cual elegido. Finees, hijo de Eleazar, est\u00e1 as\u00ed\u00ad \u00abpose\u00ed\u00addo de los mismos celos que yo\u00bb, dice el Se\u00f1or, aplacado por tales celos (Nm. 25:11); el profeta El\u00ed\u00adas, a pesar de lo \u00fanico de su caso, se siente abrasado por el celo divino (1 R. 19:14); los Salmos, finalmente, pueden proclamar: \u00abEl celo de tu casa me devora\u00bb (Sal. 69:10; 119:139). Los seguidores de Cristo van a verse expuestos con frecuencia a los ataques del celo de los enemigos que quieren exterminarlos (Hch. 5:17; 13:45; 17:5); los mismos celos aut\u00e9nticamente religiosos, pero poco iluminados (Ro. 10:2), animaban a Saulo cuando persegu\u00ed\u00ada a la Iglesia de Dios (Fil. 3:6; G\u00e1. 1:14; Hch. 22:3). Los cristianos no pueden dejarse contaminar por este celo, pero su esp\u00ed\u00adritu puede sobrevivir en algunos \u00abpartidarios celosos de la ley\u00bb (Hch. 21:20). Cristo, sin embargo, no ten\u00ed\u00ada nada del partido de los zelotes. Se niega a justificar la rebeli\u00f3n contra el C\u00e9sar (Mt. 22:15-21); cuenta, s\u00ed\u00ad, entre sus disc\u00ed\u00adpulos a Sim\u00f3n el Zelote (Mr. 3:18; Lc. 6:15), pero condena las reacciones de los \u00abhijos del trueno\u00bb (Mr. 3:17; Lc. 9:54), aun aceptando que se profesen prontos al martirio (Mt. 20:22). Finalmente, en la ocasi\u00f3n de su arresto se niega a resistir con las armas en la mano (Mt. 26:51 ss), pues no tiene nada de \u00abbandido\u00bb, es decir, de \u00abjefes de pandilla\u00bb (Mt. 26:55). Si Jes\u00fas rechaza todo esp\u00ed\u00adritu zelote, conserva su pasi\u00f3n para con el reino de los cielos que \u00absufre violencia\u00bb (Mt. 11:12) y exige el renunciarlo todo, incluso la vida (Mt. 16:24 ss). Los seguidores de Cristo ven en la expulsi\u00f3n de los vendedores del Templo el gesto justo, al que el celo por la casa de Su Padre ha de conducir a la muerte (Jn. 2:17). Hay, en efecto, un celo cristiano, el que muestra Pablo para con las iglesias que \u00e9l ha fundado, como amigo del esposo (2 Co. 11:2).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[770]<br \/>\n    Se alude con este t\u00e9rmino, sobre todo dicho en plural, al conjunto de sentimientos comparativos con otros, que se hallan en las fronteras de la envidia, de la rivalidad y de la emulaci\u00f3n y que se manifiestan por la insatisfacci\u00f3n del bien ajeno en cuanto limita la posible posesi\u00f3n de ese bien por uno mismo o aparenta disminuir el m\u00e9rito propio.<\/p>\n<p>    En cuanto tal, es una perturbaci\u00f3n afectiva, por regla general progresiva, \u00e9ticamente inaceptable en la medida en que sea voluntaria. Abunda en personalidades afectivas, inmaduras y fr\u00e1giles. Por eso es frecuente en los ni\u00f1os peque\u00f1os en quienes predomina el egocentrismo y la sensorialidad como rasgos naturales.<\/p>\n<p>    Se conoce tambi\u00e9n con el nombre de celotipia y genera conductas insociales que, si superan determinadas barreras o intensidades, pueden ofrecer los rasgos de aut\u00e9nticas patolog\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>El principal t\u00e9rmino veterotestamentario que se traduce \u201ccelos\u201d en <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> es <\/span><span style=' '>q&#305;&#770;n\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>, del verbo <\/span><span style=''>q&#257;n&#257;\u2019<\/span><span lang=ES style=''>, cuya ra\u00edz significa \u201cponerse rojo oscuro\u201d (Nm. 5.14; Pr. 6.34; Ez. 16.42; etc.). La trad. normal de <\/span><span style=''>q&#305;&#770;n\u00e2<\/span><span lang=ES style=''> y sus cognados en la <etiqueta id=\"#_ftn404\" name=\"_ftnref404\" title=\"\"><span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span><\/etiqueta> es <\/span><span style=''>z&#275;lo&#333;<\/span><span lang=ES style=''>, y el cognado <\/span><span style=''>paraz&#275;lo&#333;<\/span><span lang=ES style=''> Det. 32.21; cf. Ro. 10.19), y estos son los t\u00e9rminos principales que se usan en el NT (Ro. 11.11; 1 Co. 10.22; en Hch. 7.9, 1 Co. 13.4, <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> tiene \u201cenvidia\u201d). Las palabras heb. y gr. se refieren a una determinada emoci\u00f3n que expresa una firme exclusividad y que puede ser moralmente digna de censura o de alabanza, seg\u00fan que el objeto de los celos sea uno mismo o alguna causa ajena a uno mismo. En el primer caso el resultado es la envidia, o el odio hacia otros (Gn. 30.1; Pr. 3.31; Ez. 31.9), que para el NT es la ant\u00edtesis del amor y, en consecuencia, el enemigo de la verdadera comuni\u00f3n cristiana (1 Co. 13.4; 2 Co. 12.20; Stg. 3.14). Pero la Biblia tambi\u00e9n representa la otra posibilidad, la de un \u201ccelo <i>de Dios<\/i>\u201d (2 Co. 11.2), la b\u00fasqueda resuelta e incansable de algo bueno (1 R. 19.10; Ex. 20.5; 1 Co. 12.31, <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''> \u201cprocurad\u201d). Frecuentemente se relaciona este uso positivo con el v\u00ednculo matrimonial, en el que el celo por el car\u00e1cter exclusivo de la relaci\u00f3n es la condici\u00f3n necesaria para su permanencia (Nm. 5.11ss; Ez. 16.38; 2 Co. 11.2). Los celos se refieren tanto a Dios como al hombre (Ex. 20.5; 34.14; Nah. 1.2). A veces esto \u00faltimo ocasiona problemas, principalmente por la forma en que han llegado a predominar las connotaciones negativas del t\u00e9rmino en el uso com\u00fan en castellano. Sin embargo, la Escritura tambi\u00e9n da testimonio de una aplicaci\u00f3n positiva de los celos, y encuentra en esta idea un t\u00e9rmino sumamente pertinente para describir el santo celo de Dios por el honor de su nombre y el bien de su pueblo, unido a \u00e9l en el matrimonio del pacto (Dt. 32.16, 21; 2 R. 19.31; Ez. 36.5s; Zac. 1.14s; Jn. 2.17). En este sentido los celos de Dios pertenecen a la esencia misma de su car\u00e1cter moral, una de las razones principales por las que el pueblo puede ofrecerle culto y confiar en \u00e9l, y motivo de temor para sus enemigos. (V\u00e9ase bibliograf\u00eda bajo \u201cCelo\u201d.)<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn405\" name=\"_ftnref405\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>B.A.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed se toma el t\u00e9rmino \u201ccelos\u201d como sin\u00f3nimo de envidia.  Se define como el dolor que uno siente por el bienestar de otro debido a la opini\u00f3n de que la propia excelencia es, en consecuencia, disminuida.   Su malicia caracter\u00edstica proviene de la oposici\u00f3n que implica a la virtud suprema de la caridad. La ley del amor nos obliga a alegrarnos en lugar de estar angustiados por la buena suerte del pr\u00f3jimo.   Adem\u00e1s, esta actitud es una contradicci\u00f3n directa al esp\u00edritu de solidaridad que debe caracterizar a la raza humana y, de modo especial, a los miembros de la comunidad cristiana. El envidioso se tortura sin causa, manteniendo m\u00f3rbidamente que  el \u00e9xito del otro constituye un mal para s\u00ed mismo.   En la medida que el pecado desaf\u00eda al gran precepto de la caridad, es en general grave, aunque debido al asunto trivial que envuelve, as\u00ed como debido a la falta de suficiente deliberaci\u00f3n, a menudo se le considera venial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los celos son un mayor mal cuando uno se aflige por el bien espiritual del otro; lo cual se dice que es un pecado contra el Esp\u00edritu Santo.  Adem\u00e1s se le llama pecado capital debido a los otros vicios que engendra.  Entre su descendencia Santo Tom\u00e1s (II-II, Q. XXXVI) enumera el odio, la detracci\u00f3n, la alegr\u00eda por las desgracias del pr\u00f3jimo y la murmuraci\u00f3n.  Entristecerse por el \u00e9xito ajeno no siempre constituye celos.  El motivo debe ser analizado. Si, por ejemplo, siento tristeza por la noticia de que otro ha sido promovido o ascendido a la riqueza, ya sea porque s\u00e9 que no merece su accesi\u00f3n a la buena suerte, o porque he hallado motivos para temer que lo usar\u00e1 para hacerme da\u00f1o o a los dem\u00e1s, mi actitud es completamente racional, siempre y cuando no haya exceso en mi opini\u00f3n. Entonces, tambi\u00e9n, puede ocurrir que, propiamente hablando, no envidio la feliz condici\u00f3n de mi pr\u00f3jimo, sino que simplemente me pesa que no le he imitado. As\u00ed, si el objeto es bueno, yo no deber\u00e9 estar celoso, sino m\u00e1s bien laudablemente \u00e9mulo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Delany, Joseph. \u00abJealousy.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 8. New York: Robert Appleton Company, 1910. 20 Dec. 2011 <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/08326b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>vet, La palabra griega \u00abzelos\u00bb viene de una ra\u00ed\u00adz que significa \u00abestar caliente, entrar en ebullici\u00f3n\u00bb; traduce bien la palabra hebrea \u00abQuin-ah\u00bb, cuya ra\u00ed\u00adz designa el rojo que sale al rostro de un hombre apasionado. Esta pasi\u00f3n, semejante, a menudo, a la ira (Dt. 29:19), hace pensar en el fuego (Is. 26:11). Puede provenir de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCELOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-9170","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9170","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9170"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9170\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9170"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9170"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9170"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}