{"id":9192,"date":"2016-02-05T06:27:59","date_gmt":"2016-02-05T11:27:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cronicas-libros-de-las\/"},"modified":"2016-02-05T06:27:59","modified_gmt":"2016-02-05T11:27:59","slug":"cronicas-libros-de-las","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cronicas-libros-de-las\/","title":{"rendered":"CRONICAS (LIBROS DE LAS)"},"content":{"rendered":"<p>tip, LIBR CRIT LIAT<\/p>\n<p>ver, REYES (Libros de los)<\/p>\n<p>vet, Son dos libros hist\u00f3ricos del AT. (a) Introducci\u00f3n. Es evidente que son de un solo autor; ambos libros presentan una evidente unidad de plan y de prop\u00f3sito, unidad que quedar\u00ed\u00ada quebrantada si estos libros fueran separados. En el antiguo canon hebreo estos dos libros formaban una sola obra. En la LXX qued\u00f3 dividida en dos, divisi\u00f3n que finalmente qued\u00f3 admitida en las ediciones impresas del canon hebreo. El nombre hebreo de estos libros es \u00abActas de los d\u00ed\u00adas\u00bb, esto es, Anales. En la LXX se titulan Paralelip\u00f3menos, que significa \u00abLas Omisiones\u00bb. Este t\u00ed\u00adtulo, mal elegido, indica err\u00f3neamente que esta obra ser\u00ed\u00ada meramente un suplemento a los libros de Samuel y de Reyes, en tanto que en realidad tiene un prop\u00f3sito particular. El nombre de Cr\u00f3nicas proviene del t\u00ed\u00adtulo Cronic\u00f3n que Jer\u00f3nimo dio a estos escritos. Las consider\u00f3 como una cr\u00f3nica de toda la historia sagrada. Las Cr\u00f3nicas se dividen de una manera natural en 2 secciones: (A) Las genealog\u00ed\u00adas, sobre todo las de Jud\u00e1, Benjam\u00ed\u00adn y Lev\u00ed\u00ad, desde la creaci\u00f3n hasta el regreso de los exiliados en Babilonia (1 Cr. 1-8), con una lista de los que moraban en Jerusal\u00e9n probablemente antes del exilio (1 Cr. 9:1- 34). La genealog\u00ed\u00ada de Sa\u00fal y de Jonat\u00e1n, y el relato de su muerte (1 Cr. 9:35-10:14) forman la transici\u00f3n entre ambas secciones. (B) La historia de los israelitas, y m\u00e1s especialmente la de Jud\u00e1, desde la consagraci\u00f3n de David hasta el retorno de los exiliados en Babilonia (2 Cr. 11-36). El brusco final de Cr\u00f3nicas, la analog\u00ed\u00ada de sus \u00faltimos vers\u00ed\u00adculos con los de Esdras 1, han hecho pensar que Cr\u00f3nicas y el libro de Esdras hab\u00ed\u00adan sido originalmente una sola obra ininterrumpida. Pero se pueden dar hip\u00f3tesis acerca de estos vers\u00ed\u00adculos: (A) Se trata, tanto en Cr\u00f3nicas como en Esdras, de citas de un solo y mismo documento oficial. (B) O bien, como es m\u00e1s probable, uno de los libros recogi\u00f3 los vers\u00ed\u00adculos del otro. Estos escritos, como un plan diferente, no constituyeron jam\u00e1s una sola obra. La tradici\u00f3n m\u00e1s antigua jam\u00e1s los ha considerado como un solo libro aunque hubieran podido ser escritos por un mismo autor. (b) Fecha. El primer dato que tenemos acerca de la fecha de las Cr\u00f3nicas se halla en las genealog\u00ed\u00adas. La descendencia de David queda indicada hasta una fecha m\u00e1s reciente que cualquier otra genealog\u00ed\u00ada. Al mencionarse los nietos de Zorobabel (1 Cr. 3:19-21), esta obra no puede haber sido mencionada mucho tiempo antes de la \u00e9poca de Esdras. Se afirma con frecuencia que en la genealog\u00ed\u00ada se hallan registrados los descendientes de Zorobabel hasta la 6\u00c2\u00aa generaci\u00f3n (1 Cr. 3:21-24), pero no existe la menor prueba de que las familias enumeradas en la 2\u00c2\u00aa parte del vers\u00ed\u00adculo sean descendientes de Hanan\u00ed\u00adas, el hijo de Zorobabel. Su extracci\u00f3n, y la de Secan\u00ed\u00adas, cuya descendencia es citada de manera detallada (21-24), no queda indicada. La no conexi\u00f3n de ciertas familias aparec\u00ed\u00ada com\u00fanmente en estas genealog\u00ed\u00adas; en caso de que el texto no sea defectuoso, este hecho significa que la familia as\u00ed\u00ad colocada libremente en el cat\u00e1logo pertenec\u00ed\u00ada al clan o a la tribu con la que se halla registrada, aunque su filiaci\u00f3n no quede determinada. Las 4 familias citadas en el v. 21 eran de la l\u00ed\u00adnea de David, colaterales con la descendencia real a trav\u00e9s de Hanan\u00ed\u00adas, hijo de Zorobabel. Los otros datos indican asimismo la \u00e9poca de Esdras. La suma ofrecida para el templo se da en moneda persa y no griega; 1 Cr. 29:7 habla de d\u00e1ricos, lo que revela que el imperio griego no hab\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada suplantado al persa cuando las Cr\u00f3nicas fueron redactadas. El t\u00e9rmino \u00abBirah\u00bb, palacio o castillo, para designar al templo, indica una \u00e9poca no posterior a la de Nehem\u00ed\u00adas, ya que despu\u00e9s de \u00e9l \u00abBirah\u00bb no significaba el templo, sino una fortificaci\u00f3n erigida por Nehem\u00ed\u00adas (Neh. 2:8; 7:2); para distinguir este edificio del templo y de los dem\u00e1s edificios, recibi\u00f3 la designaci\u00f3n de ciudadela o fortaleza. (c) Autor. La tradici\u00f3n atribuye las Cr\u00f3nicas a Esdras. W. F. Albright sustenta esta postura, y piensa que esta obra fue escrita por \u00e9l entre el a\u00f1o 400 y 350 a.C. Los cr\u00ed\u00adticos modernos proponen por lo general una fecha m\u00e1s tard\u00ed\u00ada, pero los argumentos presentados contra la fecha tradicional no son concluyentes. El vocabulario del cronista es semejante al de Esdras y de Nehem\u00ed\u00adas, y data de la misma \u00e9poca. La interpretaci\u00f3n del texto actual de la genealog\u00ed\u00ada de 1 Cr. 3:17-24 no permite fijar una fecha con certidumbre. (d) Cr\u00ed\u00adtica. Los cr\u00ed\u00adticos han puesto tambi\u00e9n en duda la exactitud hist\u00f3rica de estos libros. W. F. Albright escribe, sin embargo: \u00abLas Cr\u00f3nicas contienen un n\u00famero de documentos originales con respecto a la historia de Jud\u00e1, que no se hallan en los Reyes&#8230; y el valor hist\u00f3rico de estos anales originales queda demostrado por los descubrimientos arqueol\u00f3gicos (Basor 100,1945, p. 18). Por el cuidado que tiene en citar sus numerosas fuentes, el autor muestra precisamente que es un historiador digno de confianza. Es cierto que las Cr\u00f3nicas destacan en particular en la historia el hecho de que la observancia de la ley y del culto de Mois\u00e9s asegura la bendici\u00f3n de Israel. Pero, como lo ha se\u00f1alado acertadamente W. A. L. Elmslie, esta aportaci\u00f3n \u00abes de gran valor. porque clarifica el punto de vista de los sacerdotes y de los levitas de despu\u00e9s del exilio con respecto al pasado\u00bb. (e) Orden. Las Cr\u00f3nicas forman parte de los hagi\u00f3grafos (escritos santos) que constituyen la \u00faltima secci\u00f3n del canon hebreo. Los masoretas, seguidos generalmente por los mss. espa\u00f1oles, han situado las Cr\u00f3nicas a la cabeza de los hagi\u00f3grafos e inmediatamente delante de los Salmos. En las ediciones impresas de la Biblia hebrea, y en los mss., alemanes y franceses, las Cr\u00f3nicas siguen a Esdras y Nehem\u00ed\u00adas y son el \u00faltimo libro de su secci\u00f3n. Es probable que estuvieran en este orden en tiempos de Cristo, ya que Zacar\u00ed\u00adas, que sufri\u00f3 una muerte violenta, es citado como el \u00faltimo de los profetas (Mt. 23:35; Lc. 11:51; cp. 2 Cr. 24:20-22). Para los anales de los reyes de Israel, v\u00e9ase REYES (LIBROS DE LOS).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>Sumario:l. Cuestiones historiograficas.W. El plan dela narraci\u00f3n: 1. De Ad\u00e1n a David; 2. David y Salom\u00f3n; 3. Esplendor, hundimiento y renacimiento de la teocracia. III. La perspectiva teol\u00f3gica: 1. Dios con nosotros; 2. El triunfo del culto; 3. La esperanza del cronista.<br \/>\n628<br \/>\n1. CUESTIONES HISTORIOGRAFICAS.<\/p>\n<p>Nuestro t\u00e9rmino \u2020\u0153Cr\u00f3nicas\u2020\u009d intenta traducir de una forma sustancialmente correcta el hebreo \u2020\u0153actas de los d\u00ed\u00adas\u2020\u2122. Por el contrario, es inadecuado el t\u00ed\u00adtulo de los LXX-Vg: \u2020\u0153Paralip\u00f3menos\u2020\u2122, \u2020\u0153omisiones\u2020\u009d, explicable s\u00f3lo por el hecho de que aquellos traductores pensaban equivocadamente que l-2Ch eran una obra complementaria de l-2S y l-2R. En realidad, se trata de una obra historiogr\u00e1fica nueva y aut\u00f3noma de estilo \u2020\u0153sacerdotal\u2020\u009d, paralela pero independiente de la \u2020\u0153deutero-nomista\u2020\u2122. Aunque l-2Ch en la Biblia hebrea est\u00e1n puestos detr\u00e1s de Esd-Neh, su posici\u00f3n l\u00f3gica es m\u00e1s bien la contraria, ya que son algo as\u00ed\u00ad como la premisa a la historia posex\u00ed\u00ad-lica. Por eso mismo sus preocupaciones son m\u00e1s de orden hermen\u00e9utico y teol\u00f3gico que estrictamente hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Sin embargo, su autor, que escribe quiz\u00e1 a finales del siglo iv a.C, se preocupa (a veces de un modo artificioso) de insistir en las fuentes que le sirven de inspiraci\u00f3n: el libro de los reyes de Israel (ICr\u00f3n 9,1; 2Cr 20,34), el libro de los reyes de Israel y de Jud\u00e1 (2Cr 27,7; 2Cr 35,27; 2Cr 36,8 cf 2Cr 16,11;<br \/>\n2Cr 25,26; 2Cr 28,26; 2Cr 32,32), el midras del libro de los reyes (2Cr 24,27), los Hechos de los reyes de Israel (2Cr 33,18), las Cr\u00f3nicas del rey David (ICr\u00f3n 27,24), los Hechos de Samuel el vidente (ICr\u00f3n 29,29), los Hechos de Nat\u00e1n el profeta (ICr\u00f3n 29,29; 2Cr 9,29), los Hechos de Gad el vidente (1 Cr\u00f3n<br \/>\n29,29), la profec\u00ed\u00ada de Aj\u00ed\u00adas de Silo (2Cr 9,29), las visiones de Ido el vidente (2Cr 9,29), los Hechos del profeta Ido (2Cr 12,15), los Hechos del profeta Semayas (2Cr 12,15), el midras del profeta Ido (2Cr 13,22 ), los Hechos de Jeh\u00fa, hijo de Janan\u00ed\u00ad (2Cr 20,34); el resto de los Hechos de Oz\u00ed\u00adas escrito por Isa\u00ed\u00adas 2Cr 26,22), la visi\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas (2Cr 32,22), los Hechosde Jozay (2Cr 33,19), el canto f\u00fanebre de Jerem\u00ed\u00adas sobre Jos\u00ed\u00adas (2Cr 35,25). Adem\u00e1s, el autor conoce la profec\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica: Isa\u00ed\u00adas (7,9 en 2Cr 20,20) y Zacar\u00ed\u00adas (4,lOen2Cr\u00f3n 16,9); con\u00f3celos Salmos (132,8-11 en 2Cr 6,41-42 y 96; 105; 106 en 1Cr 16,8-36 ); conoce los libros de Samuel y de los Reyes, sobre los que traza el nuevo planteamiento teol\u00f3gico, sus modificaciones, sus omisiones, sus correcciones. En la larga lista de 1 Cr\u00f3n 1, que traza la genealog\u00ed\u00ada desde Ad\u00e1n hasta Israel, se acomoda tambi\u00e9n al Pentateuco, que ha alcanzado ya su forma definitiva.<br \/>\nNaturalmente, la forma teol\u00f3gica que rige la reconstrucci\u00f3n y que presentaremos posteriormente condiciona la elaboraci\u00f3n hist\u00f3rica, que es m\u00e1s teol\u00f3gica que historiogr\u00e1fica, a pesar de que se basa en datos y documentos. Como escrib\u00ed\u00ada E. Osty, el cronista no desfigura por completo los sucesos, pero los transfigura y puede ser que en algunos casos conserve tradiciones hist\u00f3ricas genuinas e in\u00e9ditas respecto a l-2S y l-2R (2Cr 11,5-12; 2Cr 14,5-7; 2Cr 16,14; 2Cr 17,2; 2Cr 17,7-9; 2Cr 17,13; 2Cr 19,4-5; 2Cr 20,1-2; 2Cr 21,2-4; 2Cr 21,16-28; 2Cr 22,1; 2Cr 26,6-15; 2Cr 27,3-7; 2Cr 28,9-19; 2Cr 35,23-24). Por el contrario, en otros lugares es evidente la intervenci\u00f3n de la tesis teol\u00f3gica, que hace hist\u00f3ricamente sospechoso el relato. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, todo el proyecto de edificaci\u00f3n del templo que se le atribuye a David (1 Ch 22,2- 29,20); el midras de 2Ch 20,1-30; los discursos teol\u00f3gicos (2Cr 13,4-12); las cifras desorbitadas (2Cr 12,3;<br \/>\n2Cr 13,3; 2Cr 14,7; 2Cr 17,14-15; 2Cr 26,13; 2Cr 28,6); el destierro de Manases en Babilonia<br \/>\n2Cr 33,11-16), introducido para salvar la teor\u00ed\u00ada de la retribuci\u00f3n (el largo reinado de un rey imp\u00ed\u00ado iba contra el principio mismo del \u2020\u0153delito-castigo\u2020\u2122).<br \/>\n629<br \/>\nII. EL PLAN DE LA NARRACION.<br \/>\nLa articulaci\u00f3n sustancial del hilo hist\u00f3rico trazado por el cronista presenta dos secciones: las listas de lCh 1-9 y la historia propia y verdadera de lCh 10-2Ch 36. Sin embargo, desde un punto de vista narrativo, vemos c\u00f3mo se dibujan con bastante claridad tres \u00e1reas distintas: la que lleva desde Ad\u00e1n hasta David, la de David y Salom\u00f3n y, finalmente, la historia de la teocracia hebrea en las etapas sucesivas.<br \/>\n630<br \/>\n1. De Ad\u00e1n a David.<br \/>\nA trav\u00e9s de una cadena geneal\u00f3gica muy compleja (1Cr 1-9) se intenta enlazar los dos polos de la creaci\u00f3n (Ad\u00e1n) y de la \u00c2\u00a1elecci\u00f3n (David). Como ya hemos dicho, no faltan las referencias concretas al texto b\u00ed\u00adblico, como en el caso de N\u00fam 26 (el censo), enriquecido por Gen 46, por algunos otros pasajes hist\u00f3rico-topogr\u00e1ficos de la tradici\u00f3n deuteronomista y por Rt, as\u00ed\u00ad como por otras fuentes que desconocemos. De esta manera se va configurando la comunidad de Israel con sus tribus, que tienen l\u00f3gicamente en el centro a Lev\u00ed\u00ad, la tribu sacerdotal (1 Cr\u00f3n 6), cuya genealog\u00ed\u00ada queda \u2020\u0153refinada\u2020\u009d al enlazar con la genealog\u00ed\u00ada pur\u00ed\u00adsima y alt\u00ed\u00adsima de Aar\u00f3n-Sadoc (1Cr 6,38). El cap\u00ed\u00adtulo 9 es un a\u00f1adido posterior, donde se registra la poblaci\u00f3n repatriada del destierro (Ne 11).<br \/>\nCiertamente, este interminable desfile de nombres y de listas que se detienen, vuelven a comenzar, se entrecruzan, se contradicen a veces y se repiten continuamente constituye para el lector de nuestros d\u00ed\u00adas un terreno \u00e1rido, pero para el cronista y para sus contempor\u00e1neos se trataba m\u00e1s bien de un paisaje conocido y apreciado, destinado a orientarse hacia un centro y hacia una persona: el templo y David. En torno a este n\u00facleo de la historia de las Cr\u00f3nicas gira no solamente todo Israel, sino tambi\u00e9n toda la humanidad y toda la tierra, seg\u00fan una red sutil\u00ed\u00adsima de conexiones \u2020\u0153hist\u00f3ricas\u2020\u009d y espirituales.<br \/>\n631<br \/>\n2. David y Salom\u00f3n.<\/p>\n<p>El \/ David de las Cr\u00f3nicas es muy distinto del de l-2S, pasional, humano, pecador, guerrero, rodeado de tentaciones y de esplendores [1 Samuel II, 2]. Ahora el gran rey se presenta casi como envuelto en una aureola luminosa; su retrato oleogr\u00e1fico no conoce miserias, pasiones, intrigas. Se alza como eFsupremo arquitecto de aquel templo que habr\u00e1 de construir su hijo, pero bas\u00e1ndose en el proyecto minucioso y detallado que hab\u00ed\u00ada hecho el padre. De todas formas, el verdadero soberano sigue siendo el Se\u00f1or, del que David es s\u00f3lo el lugarteniente (2Cr 9,8) e Israel el reino (1Cr 17,14). El trono de David es en realidad \u2020\u0153el trono de Yhwh, el trono de la realeza de Yhwh sobre Israel\u2020\u009d (1Cr 29,23; 1Cr 28,5). As\u00ed\u00ad pues, la formulaci\u00f3n de la teocracia es clara y sin vacilaciones. La omisi\u00f3n del adulterio de David con Betsab\u00e9 y del asesinato de Ur\u00ed\u00adas entra en este proceso de tipificaci\u00f3n. Por el contrario, sigue figurando el acontecimiento del censo, ya que se abre a la adquisici\u00f3n del \u00e1rea destinada a la edificaci\u00f3n del templo. Despojada de todas las maniobras por la sucesi\u00f3n, la narraci\u00f3n de los \u00faltimos momentos de David y de la consagraci\u00f3n de Salom\u00f3n se convierte, como escribe E. C\u00f3rtese, en una \u2020\u0153p\u00e1gina solemne e inmaculada, en la que ocupan un lugar de primer plano las recomendaciones relativas a la construcci\u00f3n del templo. David le entrega a su sucesor incluso el modelo del edificio (c. 28)\u2020\u009d.<br \/>\nSalom\u00f3n, rey piadoso y justo, es digno de \u2020\u0153construir una casa para el nombre del Se\u00f1or\u2020\u009d (2Cr 6,8-9; 2Cr 6,18). El relato de esta empresa ocupa 2Ch 2-8, pr\u00e1cticamente casi toda la relaci\u00f3n dedicada al reinado de Salom\u00f3n, inaugurado con el rito solemne de Gaba\u00f3n y que culmina con la apoteosis de la teocracia en la exaltaci\u00f3n hecha por la reina de Saba. Por otra parte, la promesa hecha por Dios a David seg\u00fan lCh 17 comprend\u00ed\u00ada esta cl\u00e1usula expl\u00ed\u00adcita en favor de Salom\u00f3n: \u2020\u0153Lo mantendr\u00e9 siempre en mi casa y en mi reino, y su trono ser\u00e1 firme eternamente\u2020\u009d (y. 14).<br \/>\n632<br \/>\n3. Esplendor, hundimiento y renacimiento de la teocracia.<br \/>\nIgnorando las vicisitudes del reino cism\u00e1tico septentrional de Samar\u00ed\u00ada por razones obvias (la teocracia dav\u00ed\u00addica, la pol\u00e9mica antisamaritana de los repatriados, que se encargan de recoger tambi\u00e9n Esd-Neh; el \u2020\u0153cisma\u2020\u009d samari-tano del 332 a.C. seg\u00fan Flavio Jose-fo), las Cr\u00f3nicas se detienen en las historias de la casa de Jud\u00e1, cuyos pecados est\u00e1n regulados por la ley r\u00ed\u00adgida de la retribuci\u00f3n (1Cr 22,13; 1Cr 28,9; 2Cr 13,18; 2Cr 14,6; 2Cr 15,2; 2Cr 15,15; 2Cr 16,7-9; 2Cr 21,10; 2Cr 24,22-26; 2Cr 25,14-22; 2Cr 28,6;<br \/>\n2Cr 32,30), af\u00ed\u00adn de permitir que el hilo de la historia de la salvaci\u00f3n se desarrolle de forma intacta. En este sentido resultan especialmente significativas tres figuras: Robo\u00e1n, Oz\u00ed\u00adas y Jos\u00ed\u00adas (remitimos a los pasajes respectivos). Si ellos se conservan fieles, el \u00e9xito pueden tenerlo por seguro; la ruina y la calamidad caen sobre ellos si abandonan la fidelidad a Yhwh. Una colecci\u00f3n de discursos prof\u00e9ticos sirve para introducir esta hermen\u00e9utica fundamental de la historia (2Cr 12,5-8; 2Cr 15,1-7; 2Cr 16,7-10; 2Cr 19,1-3; 2Cr 20,14-17; 2Cr 20,37; 2Cr 21,12; 2Cr 24,19-21; 2Cr 25,7-9; 2Cr 25,15-16; 2Cr 28,9-11; 2Cr 33,10;<br \/>\n2Cr 36,15-16).<br \/>\nTres grandes reyes, Josafat, Eze-qu\u00ed\u00adas y Jos\u00ed\u00adas, con sus respectivas reformas, exaltan la teocracia hebrea; pero los tres \u00faltimos reyes, Joaqu\u00ed\u00adn, Jecon\u00ed\u00adas y Sedec\u00ed\u00adas, no hacen m\u00e1s que acelerar la cat\u00e1strofe por sus pecados: \u2020\u0153Fueron tercos y obstinados y-no quisieron convertirse al Se\u00f1or, Dios de Israel. Igualmente, todos los jefes de los sacerdotes y del pueblo multiplicaron las infidelidades, siguiendo las pr\u00e1cticas abominables de las naciones y profanando el templo que el Se\u00f1or se hab\u00ed\u00ada consagrado en Jerusal\u00e9n. El Se\u00f1or, Dios de sus padres, les envi\u00f3 continuos mensajeros, porque quer\u00ed\u00ada salvar a su pueblo y a su\u2020\u2122templo. Pero ellos hac\u00ed\u00adan escarnio de los enviados de Dios, despreciaban sus palabras, se burlaban de sus profetas, hasta el punto que la ira del Se\u00f1or contra su pueblo se hizo irremediable\u2020\u009d (2Cr 36,13-16).<br \/>\nPero la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n en el 586 a.C. por obra de Nabuco-donosor no es la \u00faltima palabra de Dios sobre su pueblo. En efecto, el libro de las Cr\u00f3nicas termina hablando del edicto de Ciro del a\u00f1o 538 a.C, con el que se abre igualmente el libro de Esdras (36,22-23). En el centro del mismo resuena la palabra tan preciosa, que constituye el aut\u00e9ntico coraz\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada sacerdotal: el templo. Con la repatriaci\u00f3n y con la reconstrucci\u00f3n del templo renace la esperanza; la teocracia, considerada como parte decisiva del proyecto divino, vuelve a brillar y se revela como indestructible y perenne.<br \/>\n633<br \/>\nIII. LA PERSPECTIVA TEOLOGICA.<br \/>\nEl perfil que hemos dibujado hasta ahora de la historia seg\u00fan el libro de las Cr\u00f3nicas nos ha manifestado ya abundantemente cu\u00e1l es el \u00e1ngulo de visi\u00f3n fundamental. Los acontecimientos, los reyes, los profetas, est\u00e1n todos ellos orientados hacia el templo y la teocracia. La organizaci\u00f3n religioso-cultural de Jud\u00e1 y de Jerusal\u00e9n constituye la piedra de toque por la que se miden las personas y los hechos. Entonces, en posici\u00f3n de prestigio, se van presentando en la escena David, Salom\u00f3n, los sacerdotes y los levitas, con acentos muy distintos de los de la obra deu-teronomista. Las etapas decisivas de la historia de la salvaci\u00f3n son la genealog\u00ed\u00ada lev\u00ed\u00adtica de ICr\u00f3n 6,33ss con sus ciudades, la construcci\u00f3n del templo y la instituci\u00f3n del servicio lit\u00fargico, las reformas descritas primor-dialmente en clave de culto (Josafat, Ezequ\u00ed\u00adas, Jos\u00ed\u00adas), el altar y el templo posteriores al destierro.<br \/>\n634<br \/>\n1. Dios con nosotros.<br \/>\nLa teocracia tiene su fundamento en la conciencia de la presencia constante de Dios junto a su pueblo y en la ciudad santa. El, como se ha dicho, es el verdadero rey de Israel, y su acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, judicial y religiosa puede percibirse a trav\u00e9s de sus lugartenientes y mensajeros (los reyes, los sacerdotes, los profetas). El lemaDios-con-nosotros, con matices incluso marciales, dominaba ya en la obra deuteronomista (Dt 1,42; Dt 2,7; Dt 31,6; Dt 31,8; Dt 31,23; Jos 1,5; Jos 1,9; Jos 1,17; Jos 3,7; Jos 7,12; Jos 22,31; Jc 1,29; Jc 6,12-13; Jc 6,16; IS 3,19; IS 16,18; IS 18,12; IS 18,14; IS 18,28; IS 20,13; 2S 5,10; 2S 7,3; 2S 7,9; 2S 14,17; 2S 15,20; IR 8,57; IR 11,38; 2R 18,7 etc. ). Pero ahora se convierte en un aut\u00e9ntico emblema teol\u00f3gico.<br \/>\nDios est\u00e1 con David (ICr\u00f3n 11,9; 17,2.8; 22,11.16; 28,20), con Salom\u00f3n (2Cr 1,1), con Josafat (2Cr 17,3) y con sus magistrados (19,6-7); est\u00e1 incluso con el fara\u00f3n Necao cuando tiene una misi\u00f3n de juicio que cumplir (2Cr 35,21). Pero David est\u00e1 seguro de que \u2020\u0153Dios est\u00e1 con nosotros\u2020\u009d (ICr\u00f3n 22,18), y por tanto en medio de todo Israel santo (2Cr 8,18; 2Cr 12,5 13,lOss; 2Cr 15,2; 2Cr 15,9; 2Cr 20,17; 2Cr 24,20; 2Cr 24,24; 2Cr 25,7). Est\u00e1 con Israel de manera especial en el momento tr\u00e1gico del asedio de Senaquerib: \u2020\u0153Sed fuertes -dice el rey Ezequ\u00ed\u00adas-, tened valor. No teng\u00e1is miedo ante el rey de Asir\u00ed\u00ada y ante esa horda que le acompa\u00f1a, porque el que est\u00e1 con nosotros es m\u00e1s poderoso que el que est\u00e1 con \u00e9l. Con \u00e9l no hay m\u00e1s que brazos de carne; con nosotros est\u00e1 el Se\u00f1or, nuestro Dios, pronto a socorrernos y, combatir nuestros combates (2Cr 32,7-8). Al pensamiento acude espont\u00e1neamente la profec\u00ed\u00ada de Isa\u00ed\u00adas, que hab\u00ed\u00ada llamado a Eze-qu\u00ed\u00adas \u2020\u0153Emanuel, Dios-con-nosotros\u2020\u009d (Is 7,14). Y en el edicto de Ciro, que cierra la obra, resuena este mismo grito: \u2020\u0153Que el Se\u00f1or, su Dios, est\u00e9 con Israel\u2020\u009d (2Cr 36,23). La acci\u00f3n con que Dios regula la historia es la de la \/ retribuci\u00f3n, que con su r\u00ed\u00adgido ritmo binario de delito-castigo\/justicia- premio rige todo el curso humano seg\u00fan el proyecto divino.<br \/>\n635<br \/>\n2. El triunfo del culto.<br \/>\nComo se ha visto, la preferencia, incluso cuantitativa (25 de los 65 cap\u00ed\u00adtulos), se le reserva al templo, cuya presencia se cierne sobre los reinados de David y de Salom\u00f3n casi como si los agotase, pero cuya realidad sirve adem\u00e1s de trasfondo a las dem\u00e1s fases de la historia b\u00ed\u00adblica (pensemos solamente en el reinado de Ezequ\u00ed\u00adas). Todo el libro est\u00e1 impregnado del gozo del culto, de la m\u00fasica, del aroma de los sacrificios. H. Cazelles ha escrito: \u2020\u0153El gusto por el canto sagrado le da a toda la obra una atm\u00f3sfera musical que no se encuentra en ninguna otra parte de la Biblia\u2020\u009d. Y W. Rudolph a\u00f1ad\u00ed\u00ada: \u2020\u0153La alabanza divina es el deber m\u00e1ximo del pueblo que se lo debe todo a Dios\u2020\u2122. Efectivamente, el relato est\u00e1 totalmente dominado por la m\u00fasica de los \u2020\u0153instrumentos musicales del Se\u00f1or\u2020\u009d (2Cr 7,6).<br \/>\nRecogiendo una antigua y s\u00f3lida tradici\u00f3n (IS 16,18; IS 16,23; IS 18,10; IS 19,9; 2S 23,1; Am 6,5 y los Am 74 t\u00ed\u00adtulos \u2020\u0153dav\u00ed\u00addicos los Salmos), el cronista ve en David al progenitor de esta genealog\u00ed\u00ada musical que llegaba hasta sus d\u00ed\u00adas; se le atribuyen no solamente la organizaci\u00f3n de la \u2020\u0153schola cantorum\u2020\u2122 del templo, sino incluso la invenci\u00f3n de muchos instrumentos musicales (lCr 23,5; Ne 12,36). La m\u00fasica y las aclamaciones lit\u00fargicas van se\u00f1alando los momentos fundamentales de la historia, desde la consagraci\u00f3n del templo hasta las batallas santas, como la de Josafat (lCr2O,21-22; 1Cr 20,28); desde la coronaci\u00f3n de los nuevos monarcas (2Cr 23,13; 2Cr 23,18) hasta las grandes reformas lit\u00fargicas, como la de Ezequ\u00ed\u00adas (2Cr 29,25-28) y las celebraciones pascuales (2Cr 30,21; 2Cr 35,15). La m\u00fasica sirve de fondo a un entramado muy rico de oraciones p\u00fablicas y privadas.<br \/>\nDavid invoca para Salom\u00f3n inteligencia pol\u00ed\u00adtica y fidelidad religiosa a la ley del Se\u00f1or (1Cr 22,12) y pide para el pueblo buena voluntad (1Cr 29,18). La oraci\u00f3n es eficaz (2Cr 13,18; 2Cr 14,10; 2Cr 16,7-8; 2Cr 20,1-2; 2Cr 28,8 32,lss), puesto que Dios la escucha desde lo alto de su trascendencia omnipotente<br \/>\n2Cr 30,27), pero tambi\u00e9n desde su santa sede en la tierra, el templo (2Cr 6,20-21), concediendo a sus fieles -seg\u00fan la ley de la retribuci\u00f3n de las obras- una larga vida (2Cr 24,15; 2Cr 33,1-12), una numerosa descendencia (2Cr 13,21; 2Cr 24,3), un abundante bot\u00ed\u00adn de guerra (2Cr 20,25) y paz (1Cr 21,28). Redactadas muchas veces de forma r\u00ed\u00adtmica, las oraciones (2Ch 13,l8ss; 14,8ss; 32,20; etc.) no tienen, sin embargo, un efecto m\u00e1gico, sino que suponen la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y la confianza en Dios (2Cr 12,7; 2Cr 13,18; 2Cr 14,10; 2Cr 12,7; 2Cr 12,12; 2Cr 13,18; 2Cr 14,10 16,7ss; 2Cr 20,1-30; 2Cr 25,8; 2Cr 28,18; 2Cr 32,26;<br \/>\n2Cr 33,11-12). El clima espiritual general que impregna la obra podr\u00ed\u00ada expresarse muy bien con las<br \/>\npalabras de Nehe-m\u00ed\u00adas en Neh 8,10: \u2020\u0153iNo os pong\u00e1is tristes! \u00c2\u00a1El gozo del Se\u00f1or es vuestra fuerza!\u2020\u2122<br \/>\nMerecen una alusi\u00f3n especial en este apartado del culto los levitas. \u2020\u0153Desempe\u00f1an una funci\u00f3n decisiva junto al arca de la alianza (1Cr 15-16); en el templo -donde se regulan detalladamente sus funciones incluso antes de que fuera erigido (1Cr 23-26)-; en las reformas de Ezequ\u00ed\u00adas (2Cr 29-31) y de Jos\u00ed\u00adas 2Cr 34-35); pero, incluso fuera de estos pasajes, los levitas intervienen casi continuamente\u2020\u009d (R. de Vaux). Efectivamente, el cronista se muestra interesado en dejar bien sentada su genealog\u00ed\u00ada y en definir sus nombres a trav\u00e9s de listas numerosas y detalladas (1Cr 6,1-9; 1Cr 6,14-15; 2Cr 17,8; 2Cr 29,12-13; 2Cr 31,12-13; 2Cr 34,12; 2Cr 35,8-9); no deja de exaltar su celo (2Cr 35,10-15) y su competencia<br \/>\n2Cr 30,22); subraya oportunamente su misi\u00f3n catequ\u00e9tica (2Cr 17,7-9; 2Cr 35,5; Ne 8,7-9). A este prop\u00f3sito es interesante subrayar la primac\u00ed\u00ada que en esta \u00faltima funci\u00f3n se les reserva a los levitas respecto a los sacerdotes, a diferencia de lo que ocurr\u00ed\u00ada en otros textos anteriores (Dt 17,9-10; Dt 33,10; Ag 2,11-13; Za 7,3; MI 2,7). En este sentido es muy significativa la declaraci\u00f3n de 2Ch 29,34: \u2020\u0153Los levitas hab\u00ed\u00adan sido m\u00e1s diligentes que los sacerdotes en purificarse\u2020\u009d [1 Sacerdocio].<br \/>\n636<br \/>\n3. La esperanza del cronista.<br \/>\nLa promesa de Nat\u00e1n a la dinast\u00ed\u00ada dav\u00ed\u00addica es ciertamente tambi\u00e9n para el cronista uno de los puntos de referencia capitales: \u2020\u0153Lo mantendr\u00e9 siempre en mi casa y en mi reino, y su trono ser\u00e1 firme eternamente\u2020\u009d 1Cr 17,14). Por eso mismo, el hilo de la esperanza dav\u00ed\u00addica vuelve a reanudarse despu\u00e9s de la tragedia del a\u00f1o 586 a.C, e incluso despu\u00e9s de la pr\u00e1ctica extinci\u00f3n de la dinast\u00ed\u00ada y de la instituci\u00f3n mon\u00e1rquica de Jud\u00e1: \u2020\u0153Se\u00f1or Dios, no apartes tu mirada de tu ungido. Recuerda los favores que hiciste a tu siervo David\u2020\u2122 2Cr 6,42). Ser\u00ed\u00ada de esperar entonces, dentro de la teolog\u00ed\u00ada del libro de las Cr\u00f3nicas, el paso de una ideolog\u00ed\u00ada mon\u00e1rquica a una perspectiva expl\u00ed\u00adcitamente mesi\u00e1nica, donde el David perfecto mesi\u00e1nico sustituyese al descendiente din\u00e1stico de David inexistente. Despu\u00e9s de todo, esta idea hab\u00ed\u00ada sido ya atisbada en Jer 23,5-6; 33,15-16; 30,9-21; en Ez 34,23-24; 37,24-25; en Za 3 y 6 y en Ag 2,21-22. Sin embargo, en apariencia no hay nada que hable en este sentido; m\u00e1s a\u00fan, parece como si, para el cronista, la dinast\u00ed\u00ada dav\u00ed\u00addica tuviera solamente la misi\u00f3n de proyectar, de construir y de proteger el templo. Una vez cumplido este cometido, no tiene ya especial importancia el destino posterior de la dinast\u00ed\u00ada (v\u00e9ase, por el contrario, el anhelo del salmo 89).<br \/>\nEn realidad, la esperanza existe tambi\u00e9n en estas p\u00e1ginas, que son una nueva meditaci\u00f3n de la historia b\u00ed\u00adblica; lo que ocurre es que, como ha observado E. Osty, estamos ahora en presencia de un \u2020\u0153\/mesianismo discreto, velado, silencioso, fuente de resignaci\u00f3n, de constancia y, en \u00faltimo an\u00e1lisis, de optimismo\u2020\u2122. La misma representaci\u00f3n idealizada de David tiende a fijar en \u00e9l los rasgos, no ya del rey que vivi\u00f3 en el siglo ? a.C, sino m\u00e1s bien los trazos del David nuevo y perfecto. La santidad, la pureza, la integridad de la comunidad que se mueve en la obra del cronista es en cierto sentido la prefiguraci\u00f3n de aquella comunidad esperada como el pueblo mesi\u00e1nico. El esp\u00ed\u00adritu de la teolog\u00ed\u00ada de l-2Ch puede por tanto definirse con aquella estupenda s\u00ed\u00adntesis que hace Pablo en su discurso al rey Agripa II: se trata de \u2020\u0153la esperanza de la promesa hecha por Dios a nuestros padres, a la que aspiran nuestras doce tribus, sirviendo a Dios asiduamente d\u00ed\u00ada y noche\u2020\u2122 (Hch 26,6-7).<br \/>\n637<br \/>\nBIBL.: AA.W., The world history ofthe Je-wish people. The age ofthe monarchies, Massa-da, Jerusal\u00e9n 1969; Bright J., La Historia de Israel, Bilbao 1970; Braun RL., Chronicles, Ezra andNehemiah: Theology andliteraryhistory, en \u2020\u0153VTS\u2020\u009d 39(1979)52-64; C\u00f3rtese E., Da Mose a Esdra, Dehoniane, Bolonia 1985; Har\u00e1n M., Temples and temple-service in Ancient Israel, Claicndon, Oxford 1979; Herr-mann, Storia d\u2020\u2122Israele, Queriniana,J\u00ed\u00adrescia 19792; Mettinger T.D., King and Messiah. 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Ravasi<\/p>\n<p>638<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>tip, LIBR CRIT LIAT ver, REYES (Libros de los) vet, Son dos libros hist\u00f3ricos del AT. (a) Introducci\u00f3n. Es evidente que son de un solo autor; ambos libros presentan una evidente unidad de plan y de prop\u00f3sito, unidad que quedar\u00ed\u00ada quebrantada si estos libros fueran separados. 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