{"id":9222,"date":"2016-02-05T06:35:13","date_gmt":"2016-02-05T11:35:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/enfermedad-sanidad\/"},"modified":"2016-02-05T06:35:13","modified_gmt":"2016-02-05T11:35:13","slug":"enfermedad-sanidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/enfermedad-sanidad\/","title":{"rendered":"ENFERMEDAD &#8211; SANIDAD"},"content":{"rendered":"<p>tip, MDIC<\/p>\n<p>ver, DEMONIOS, ENDEMONIADO<\/p>\n<p>vet, El origen primero de la enfermedad y de la muerte debe ser buscado, evidentemente, en el pecado y en la ca\u00ed\u00adda. El hombre, hecho a imagen de Dios por una creaci\u00f3n perfecta, estaba destinado a una vida venturosa y eterna, y no a los sufrimientos f\u00ed\u00adsicos y morales a los que se halla sometido (Gn. 1:27, 31; 2:7; 3:22). Por el pecado, la muerte hizo su aparici\u00f3n, con las enfermedades y dolencias que llevan a ella (Ro. 5:12). Est\u00e1 claro asimismo que la violaci\u00f3n de las leyes f\u00ed\u00adsicas y morales conduce, con mucha frecuencia, a la enfermedad y al desequilibrio ps\u00ed\u00adquico (p. ej., el alcoholismo y la licencia sexual, Pr. 2:16-19; 23:29-32). En cambio, el respeto a los mandatos divinos tiene con gran frecuencia el efecto de mantener la salud\u00bb (Pr. 3:8; 4:20-22). La enfermedad puede ser asimismo el castigo de un pecado concreto (Dt. 28:58-61: 2 S. 24:15; 2 R. 5:27), o puede provenir de las faltas de los padres (Ex. 20:5),y puede tambi\u00e9n alcanzar a los cristianos que no se juzgan a s\u00ed\u00ad mismos abandonando sus desobediencias (1 Co. 11:30-32). Sin embargo, la Biblia destaca que no toda enfermedad es necesariamente el resultado de un pecado personal. Job era \u00ed\u00adntegro, recto, temeroso de Dios, apartado del mal, hasta el punto de que no hab\u00ed\u00ada ninguno como \u00e9l en toda la tierra. Con todo, Dios tuvo a bien mandarle una prueba, para su crecimiento espiritual (Jb. 1:8; 2:5-7). Ni el ciego de nacimiento ni sus padres hab\u00ed\u00adan provocado por sus pecados esta ceguera, que hizo manifestar la gloria de Dios (Jn. 9:2-3). A Pablo le fue puesto un aguij\u00f3n en la carne, no porque hubiera pecado, sino para guardarle del orgullo debido a las revelaciones inauditas del Se\u00f1or (2 Co. 12:7). La Biblia revela que, en ocasiones, Satan\u00e1s puede ser el agente que provoca ciertas enfermedades (Jb. 2:6-7; Lc. 13:16; Hch. 10:38; en cuanto a las posesiones demon\u00ed\u00adacas, v\u00e9anse DEMONIOS. ENDEMONIADO). Pero no puede ir m\u00e1s all\u00e1 de lo que le permita el Se\u00f1or, siempre poderoso para socorrer a los que a El se allegan. (a) La obra de Cristo. Seg\u00fan Is. 53:4-5, el Mes\u00ed\u00adas llev\u00f3 nuestras enfermedades, y sufri\u00f3 nuestros dolores, y por sus llagas fuimos nosotros curados. Un primer cumplimiento de esta profec\u00ed\u00ada estuvo en el ministerio de sanidad del Se\u00f1or en Palestina (Mt. 8:16-17). Sus milagros de todo tipo fueron la se\u00f1al de su victoria sobre el mal y sobre la muerte, adem\u00e1s de la prueba deslumbrante de su propia divinidad. Pero fue sobre la cruz que llev\u00f3 nuestro pecado, con todas sus consecuencias f\u00ed\u00adsicas y morales; es all\u00ed\u00ad que consigui\u00f3 para nosotros la redenci\u00f3n total del alma y cuerpo. Por ello, cuid\u00e9monos de no caer en confusiones acerca de estos extremos. Habiendo quedado expiado el pecado, Dios da a todos los que creen el perd\u00f3n y el nuevo nacimiento espiritual. Pero la \u00abredenci\u00f3n del cuerpo\u00bb, su transformaci\u00f3n gloriosa en resurrecci\u00f3n para los muertos en Cristo, o en vida para los que vivan a su venida, es todav\u00ed\u00ada futura (Ro. 8:23). Al esperar esto, \u00abgemimos dentro de nosotros mismos\u00bb, ya que, aunque \u00abel [hombre] interior se renueva de d\u00ed\u00ada en d\u00ed\u00ada\u00bb, \u00ab\u00e9ste nuestro hombre exterior se va desgastando\u00bb. Nuestro cuerpo es un tabern\u00e1culo perecedero dentro del cual \u00abgemimos con angustia\u00bb, ya que est\u00e1 para ser destruido (2 Co. 4:16; 5:1-4). As\u00ed\u00ad, no es correcto decir, como algunos lo afirman, que \u00abpor la expiaci\u00f3n de la cruz qued\u00f3 de inmediato conseguida la sanidad de todas nuestras enfermedades desde hoy; que no se puede estar enfermo si se anda cerca de Dios; que el Se\u00f1or no tiene otra voluntad que la de sanar, y que es ofenderle el decirle: Se\u00f1or, s\u00e1name si T\u00fa quieres\u00bb. Por cuanto nuestro cuerpo envejece y que un d\u00ed\u00ada tendremos que abandonarlo, no nos sorprende ver en 2 R. 13:14: \u00abEstaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que muri\u00f3.\u00bb Adem\u00e1s de Job, las Escrituras nos muestran a otros creyentes que andaban muy cerca de Dios, y no obstante padeciendo enfermedades: Pablo, que no fue liberado de su aguij\u00f3n en la carne (2 Co. 12:7-9); Timoteo, que sufr\u00ed\u00ada constantemente del est\u00f3mago (1 Ti. 5:23); Tr\u00f3fimo, que fue dejado enfermo por Pablo en Mileto (2 Ti. 4:20). (b) La sanidad en la Iglesia primitiva. Cristo, evidentemente, ten\u00ed\u00ada el poder de sanar al enfermo que fuera, y los Evangelios informan de 26 casos de curaciones individuales, y da 10 ejemplos de curaciones colectivas; en 7 ocasiones, se da la precisi\u00f3n de que Jes\u00fas san\u00f3 a todos los enfermos (Mt. 8:16; 9:35; 12:15; 14:36; Lc. 4:40; 6:18-19; 9:11). A los ap\u00f3stoles, les dio el poder de sanar toda enfermedad y toda dolencia, orden\u00e1ndoles tambi\u00e9n resucitar a los muertos, y limpiar a los leprosos (Mt. 10:1, 8). Los ap\u00f3stoles, as\u00ed\u00ad, tambi\u00e9n llevaron a cabo milagros se\u00f1alados (cp. Hch. 5:15; 9:40; 19:11-12; 20:9-12), que eran indispensables para acreditar el Evangelio y la naciente Iglesia; por su ministerio, a semejanza del de Cristo, todos eran sanados (Hch. 5:16). Aqu\u00ed\u00ad podemos constatar que este don absoluto de sanidad manifestado en los Evangelios y en Hechos no tiene lugar en la actualidad. No hemos visto ni conocido a nadie en nuestro tiempo que d\u00e9 sanidad a \u00abtodos\u00bb los enfermos que vayan a \u00e9l (sin hablar de resurrecciones y de curaciones de leprosos). Se\u00f1alemos tambi\u00e9n que todas las curaciones b\u00ed\u00adblicas son instant\u00e1neas (incluyendo la de Mr. 8:22-25, que tuvo lugar en dos etapas bien definidas), en tanto que en la actualidad muchos de los enfermos se hacen imponer las manos durante mucho tiempo, o peri\u00f3dicamente, con la esperanza de una mejora de su caso. Mucho se habla de los milagros de Lourdes; sin embargo, las estad\u00ed\u00adsticas indican que de 1939 a 1950 ha habido solamente 15 curaciones, o sea alrededor de 1 por a\u00f1o y por mill\u00f3n de peregrinos. (c) La sanidad en la actualidad. Ning\u00fan cristiano duda que Dios pueda sanar hoy como en el pasado. La cuesti\u00f3n es saber en base al NT si es su voluntad, y c\u00f3mo. \u00bfQu\u00e9 debe hacer el cristiano en caso de enfermedad? Santiago da una clara respuesta acerca de este tema (Stg. 5:14-16). El enfermo es llamado a que se examine a s\u00ed\u00ad mismo para discernir el sentido de la prueba, y a confesar todo pecado que le muestre el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cp. 1 Co. 11:30-31); tiene que llamar a los ancianos de la iglesia, ya que su sufrimiento es el sufrimiento de toda la comunidad (1 Co. 12:26), y se dan promesas especiales a la intercesi\u00f3n en com\u00fan (Tit. 18:19; cp. G\u00e1. 6:3). Los antiguos practicaban la unci\u00f3n con aceite, bien que esto no sea una ley, y que Dios pueda sanar sin ella. Es \u00abla oraci\u00f3n de fe\u00bb la que sanar\u00e1 al enfermo. \u00bfEn qu\u00e9 consiste esta \u00faltima? Nos parece, en base a 1 Jn. 5:14-15, que se basa en la b\u00fasqueda y certidumbre de la voluntad precisa de Dios acerca del caso en cuesti\u00f3n. Est\u00e1 claro que antes de la resurrecci\u00f3n los enfermos no ser\u00e1n siempre sanados, y que deber\u00e1n pasar por la muerte, a no ser que vivan en la \u00e9poca del arrebatamiento. Por tanto, Dios nos ha prometido revelar su voluntad, y nosotros podemos buscar saberla con plena confianza (Ro. 12:2; Is. 30:21). Esta voluntad se puede manifestar de tres maneras: (A) Dios puede dar la certidumbre de la curaci\u00f3n (cp. Jn. 4:50; Mt. 8:13); la oraci\u00f3n viene a ser de fe, que no duda de la voluntad divina (Mr. 1:40-41). (B) El Se\u00f1or permite que la prueba persista, como sucedi\u00f3 con Pablo (2 Co. 12:7-10); pero entonces da un auxilio sobrenatural para soportarla y para transformarla en una victoria espiritual. (C) Dios hace comprender que ha llegado la hora de la partida (Gn. 48:1, 21; Jos. 23:2, 14; 2 R. 13:14; 20:1). Es cierto que Ezequ\u00ed\u00adas consigui\u00f3 un aplazamiento de 15 a\u00f1os, pero fue en el curso de este per\u00ed\u00adodo que cay\u00f3 en la soberbia y que engendr\u00f3 al imp\u00ed\u00ado Manas\u00e9s (2 Cr. 32:24-25; 2 R. 21:1, 9; 24:3-4). Esta partida del enfermo creyente y sumiso es para \u00e9l, en realidad, una \u00abganancia\u00bb y una liberaci\u00f3n (Fil. 1:20-23; 2 Co. 5:6-8). En una palabra, la voluntad de Dios no puede ser otra cosa que buena, agradable y perfecta. Dispong\u00e1monos, como creyentes, a discernirla y a aceptarla con la fe entera que permite el milagro necesario en cada uno de los tres casos tratados. El don de sanidad figura entre los que el Se\u00f1or ha dado a la Iglesia (1 Co. 12:9, 28). Tiene que ser ejercido para la utilidad com\u00fan, y en total sumisi\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu y a las Escrituras. Se puede aplicar con la imposici\u00f3n de manos (Mr. 6:5; Hch. 28:8), lo cual no puede hacerse a la ligera (1 Ti. 5:22). Finalmente, no olvidemos las advertencias en la Biblia acerca de los milagros enga\u00f1osos que el enemigo puede perfectamente llevar a cabo (Mt. 24:24; 2 Ts. 2:9). Hay movimientos muy alejados del evangelio que pretenden producir curaciones: La Ciencia \u00abCristiana\u00bb, los ocultistas, hechiceros paganos, etc.; incluso falsos cristianos pueden llevarlos a cabo (Mt. 7:22-23); en la actualidad abundan las pretensiones falsas acerca de este campo. S\u00f3lo la obediencia a los principios escritur\u00ed\u00adsticos nos puede preservar de caer en un enga\u00f1o. (V\u00e9ase MILAGRO). (d) Entre las principales enfermedades mencionadas en la Biblia figuran: la fiebre (Dt. 28:22; Mt. 8:14; Jn. 4:52); la lepra y las enfermedades de la piel (Lv. 13:6-8, 30, 39); la disenter\u00ed\u00ada (2 Cr. 21:15, 18, 19; Hch. 28:8); las \u00falceras (Ex. 9:9; Jb. 2:7); los hemorroides (Dt. 28:27; 1 S. 5:6); la oftalm\u00ed\u00ada (Ap. 3:18; cp. Tob. 2:10); la ceguera (Dt. 28:28; aparece m\u00e1s de 60 veces); la par\u00e1lisis (Mt. 8:6; 9:2; Hch. 9:33); la sordera (Mr. 7:32); la mudez (Mt. 15:30-31).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>tip, MDIC ver, DEMONIOS, ENDEMONIADO vet, El origen primero de la enfermedad y de la muerte debe ser buscado, evidentemente, en el pecado y en la ca\u00ed\u00adda. 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