{"id":9304,"date":"2016-02-05T06:53:42","date_gmt":"2016-02-05T11:53:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/honor\/"},"modified":"2016-02-05T06:53:42","modified_gmt":"2016-02-05T11:53:42","slug":"honor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/honor\/","title":{"rendered":"HONOR"},"content":{"rendered":"<p>v. Dignidad, Gloria, Honra<br \/>\n1Ch 29:11 tuya es .. la gloria, la victoria y el h<br \/>\nJob 14:21 hijos tendr\u00e1n h, pero \u00e9l no lo sabr\u00e1<br \/>\nDan 2:48 le dio muchos h y grandes dones, y le<br \/>\n1Th 4:4 tener su propia esposa en santidad y h<br \/>\n1Ti 1:17 al Rey .. sea h y gloria por los siglos<br \/>\n1Ti 5:17 sean tenidos por dignos de doble h<br \/>\n1Ti 6:1 tengan a sus amos por dignos de todo h<br \/>\nRev 21:24 reyes .. traer\u00e1n su gloria y h a ella<\/p>\n<hr>\n<p>vet, Consideraci\u00f3n (reconocimiento del valor) de otra persona (Hch. 28:10). El honor de Dios es parte de su gloria. Honrar a Dios significa: reconocer el poder y la gloria de Dios (Jos. 7:19; 1 Cr. 16:28; Jn. 9:24; Hch. 12:23); s\u00f3lo a Dios se debe honor (Ro. 11:36); El exige ser honrado (Mal. 1:6). Al hombre se le debe honor por haberlo recibido de Dios como un don (1 R. 3:13; Sal. 8:6), como un prestigio y dignidad proveniente de ser imagen de Dios (Gn. 45:13). Se debe mostrar honor: a los padres (Ex. 20:12), a los ancianos (Lv. 19:32), a los reyes (1 P. 2:17), a las viudas (1 Ti. 5:3), a los se\u00f1ores (1 Ti. 6:1). Se espera de los cristianos que se den muestras de honor en el trato de unos con otros (Ro. 12:10); con ello se junta la renuncia a buscar ego\u00ed\u00adsticamente el propio honor (Jn. 5:44; 12:43; G\u00e1. 5:26; Fil. 2:3), lo que, sin embargo, no excluye que cada uno tenga cuidado de su propia honra (Hch. 13:46; 16:37).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[326]<\/p>\n<p>      Dignidad que el hombre tiene o recibe ante la comunidad a la que pertenece. Est\u00e1 constituido por elemento interno y personal que e apoya en la conciencia de la propia dignidad y en cierta complacencia en ella; y de un elemento exterior y social que se vincula con la opini\u00f3n, el pensamiento y la reputaci\u00f3n que ante los dem\u00e1s una persona merece.<\/p>\n<p>   En este sentido segundo, en el lenguaje castellano se habla con frecuencia de la \u00abhonra\u00bb, que es el honor que los dem\u00e1s tributan.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(-> gloria). Uno de los descubrimientos m\u00e1s significativos (y quiz\u00e1 m\u00e1s obvios) de cierto tipo de hermen\u00e9utica moderna (antropolog\u00ed\u00ada* cultural) ha consistido en el hecho de que el hombre b\u00ed\u00adblico viv\u00ed\u00ada en un mundo donde el valor fundamental no era el dinero, sino el \u00abhonor\u00bb.<\/p>\n<p>(1)  Hombre de honor, hombre econ\u00f3mico. El hombre de las sociedades \u00abmodernas\u00bb, sobre todo en Estados Unidos, es un homo oeconomicus, alguien cuyo valor fundamental es el dinero. En esa l\u00ed\u00adnea se podr\u00ed\u00ada decir que honrado es el que tiene y deshonrado el que no tiene; todo se mide y decide en l\u00ed\u00adnea econ\u00f3mica. Como hemos podido indicar en varias entradas de este diccionario (dinero*, denario*, econom\u00ed\u00ada*, tributo*), el hombre b\u00ed\u00adblico vive tambi\u00e9n en un plano econ\u00f3mico y valora el poder del dinero. En esa l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa el descubrimiento sorprendente de la mamona* como \u00ed\u00addolo supremo y pecado fundamental. En esa misma l\u00ed\u00adnea se sit\u00faan aquellas afirmaciones en las que se identifica la idolatr\u00ed\u00ada con la avaricia, entendida como absolutizaci\u00f3n del plano econ\u00f3mico de la vida (Ef 5,5; Col 3,5). Por eso, la contraposici\u00f3n entre el mundo antiguo (que se expresa en claves de honor) y el mundo moderno (que se expresa en claves econ\u00f3micas) resulta, por lo menos, simplista: la Biblia cristiana conoce el riesgo de la econom\u00ed\u00ada y lo condena de un modo radical, con una intensidad que no ha sido despu\u00e9s aceptada por el conjunto de la tradici\u00f3n cristiana (pobres*). La bienaventuranza* de los pobres (cf. Lc 6,21) sigue siendo la clave del Evangelio.<\/p>\n<p>(2) Trasvaloraci\u00f3n del honor. La Biblia forma parte de un mundo en el que se valora el honor de las personas, como han puesto de relieve los exegetas que est\u00e1n empleando la antropolog\u00ed\u00ada cultural (y m\u00e1s en concreto la \u00abantropolog\u00ed\u00ada del Mediterr\u00e1neo\u00bb), Por honor vive el hombre y, por eso, ha de honrar a sus padres, que le han dado la vida (cf. Ex 20,12; Dt 6,16); signo de honor son las vestiduras de los sacerdotes (cf. Ex 28,2.40); el culto es una forma de honrar a Dios (1 Cr 16,29); todo el libro de los Proverbios es un tratado de honra. Pero, dicho eso, debemos a\u00f1adir que el mismo Antiguo Testamento ha vinculado la honra a las riquezas, de tal forma que resulta dif\u00ed\u00adcil hablar de honor sin ellas (cf. Prov 3,16; 8,18; 11,16; 22,4). Pues bien, el mensaje de Jes\u00fas ha roto la ecuaci\u00f3n que vincula el honor con la riqueza, rechazando tambi\u00e9n como contrario a  Dios y al bien del hombre un tipo de honor tradicional, que se ha vinculado con la familia* y la pureza* religiosa. Jes\u00fas se ha enfrentado duramente con los c\u00f3digos de honor vigentes en su entorno social, c\u00f3digos que est\u00e1n sancionados por los privilegiados del sistema, al servicio de sus propios intereses. En ese sentido, retomando y reinterpretando unas palabras bien conocidas de F. Nietzsche, podemos decir que el Evangelio es una trasvaloraci\u00f3n de los valores sociales de su tiempo. Como expresi\u00f3n de ese enfrentamiento se entiende la forma en que Jes\u00fas se ha relacionado con los leprosos, impuros y posesos. Expresi\u00f3n de m\u00e1ximo deshonor ha sido la condena y muerte de Jes\u00fas. Esa experiencia de inversi\u00f3n de los c\u00f3digos de honor est\u00e1 en el fondo del mensaje de Pablo: \u00abPero aquellas cosas que eran para m\u00ed\u00ad ganancia, las he estimado como p\u00e9rdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como p\u00e9rdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jes\u00fas, mi Se\u00f1or, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo\u00bb (Flp 3,78). En esta l\u00ed\u00adnea han empezado a interpretar el movimiento de Jes\u00fas algunos de los exegetas que se sit\u00faan en la l\u00ed\u00adnea de la antropolog\u00ed\u00ada cultural.<\/p>\n<p>Cf. C. J. Gil Arbiol, LOS Valores Negados. Ensayo de ex\u00e9gesis socio-cient\u00ed\u00adfica sobre la autoestigmatizaci\u00f3n en el movimiento de Jes\u00fas, Verbo Divino, Estella 2003; B. Holmberg, Historia social del cristianismo primitivo: la sociolog\u00ed\u00ada y el Nuevo Testamento, El Almendro, C\u00f3rdoba 1995; B. J. Malina, El mundo del Nuevo Testamento. Perspectivas desde la antropolog\u00ed\u00ada cultural. Verbo Divino, Estella 1995; B. J. Malina y R. L. Rohrbaugh, Los evangelios sin\u00f3pticos y la cultura mediterr\u00e1nea del siglo I. Comentario desde las ciencias sociales, Verbo Divino, Estella 1996.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>El honor humano es el reconocimiento de la grandeza y de la dignidad del hombre. Para que la manifestaci\u00f3n exterior en cuesti\u00f3n de honor de uno mismo y de los dem\u00e1s no se traduzca en hipocres\u00ed\u00ada, es preciso que el sentimiento de aprecio y de valoraci\u00f3n sea ante todo interior. Santo Tom\u00e1s ense\u00f1a que el honor \u00abes el testimonio del valor y de la virtud presente en el otro, dado a trav\u00e9s de la manifestaci\u00f3n exterior de la alta estima interior\u00bb (5. Th. 11-11, q. 103, a. 1). El hombre en cuanto tal, m\u00e1s a\u00fan que por sus dotes y caracter\u00ed\u00adsticas particulares, es digno de honor, de aprecio y de reconocimiento por parte de los dem\u00e1s. Si se pierde de vista a la persona humana en cuanto tal y se consideran las caracter\u00ed\u00adsticas de la persona, el criterio del honor var\u00ed\u00ada seg\u00fan los valores dominantes de una cultura determinada. Entonces, se tributar\u00e1 honor, estima y reconocimiento a aquellas personas que tienen esas cualidades, mientras que las otras ser\u00e1n despreciadas e ignoradas. En una sociedad que rinde culto al tener m\u00e1s que al ser, ser\u00e1n los valores materiales los m\u00e1s apreciados y se estimar\u00e1 m\u00e1s a las personas que lo posean; y al rev\u00e9s, ser\u00e1n m\u00e1s marginadas y despreciadas las personas no dotadas de esas cualidades. La moral, filos\u00f3fica y teol\u00f3gica, debe hacer conscientes a los individuos de lo que realmente merece estima Y respeto. El honor es un bien que ha de encontrar protecci\u00f3n y garant\u00ed\u00ada jur\u00ed\u00addica. Todos tienen que cuidar y proteger su propio buen nombre, ya que la persona puede realizarse en la comunidad y &#8211; servirla s\u00f3lo cuando es honrada y respetada. Y esto es verdad especialmente cuando uno tiene responsabilidades particulares en el \u00e1mbito de la comunidad. El cristiano buscar\u00e1 su honra y estima en la b\u00fasqueda de aquellos valores que dan la verdadera grandeza. Esto supone una buena dosis de anticonformismo y de seriedad personal.<\/p>\n<p>L. Lorenzetti<\/p>\n<p>BibI.: A. di Marino, Honor en NDTM, 862868; K. HOrmann, Fama, en DMC, 418-425; S. Aalen, Gloria (doxa), en DTNT 227-233; B, Haring, Libertad y fidelidad en Cristo, 11, Herder, Barcelona 1983, 99ss.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO: I. Noci\u00f3n b\u00e1sica del honor. II. Honestidad y humildad. III. Honor y fama. IV. Lesiones del honor y de la fama. V. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>El honor es un tema que en los tratados morales aparece como de importancia secundaria y escasa. Sin embargo, en la vida de los hombres posee notable relieve. Se estima que un hombre vale y cuenta en proporci\u00f3n del honor y de la estima que se merece o consigue conquistar entre sus semejantes.<\/p>\n<p>Afortunadamente ha pasado la \u00e9poca en la que el honor se defend\u00ed\u00ada tambi\u00e9n con la espada y un noble consideraba un deber lavar la afrenta sufrida con la sangre del ofensor. Tambi\u00e9n parece un recuerdo remoto el relativo a la preocupaci\u00f3n contraria acerca del honor, fomentada por los tratados asc\u00e9ticos. Si los \u00abmundanos\u00bb tomaban tan a pecho el honor, hab\u00ed\u00ada motivos para suscitar aprehensi\u00f3n entre los \u00abespirituales\u00bb: las amenazas contra la vida interior del cristiano parec\u00ed\u00adan evidentes. Adem\u00e1s, \u00bfno era el modelo de toda vida interior Cristo, hundido en el deshonor en su pasi\u00f3n y muerte?<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo conciliar la estima del honor y la b\u00fasqueda de la humillaci\u00f3n, cuando el primero parece abrir el camino al orgullo y a la soberbia, cumbre de todo vicio, y la segunda asegura la humildad, fundamento de toda vida?<br \/>\nPara escoger entre estos dilemas no parece decisivo el recurso a la Escritura, que hoy con las complejidades hermen\u00e9uticas no puede mirarse como un f\u00e1cil prontuario en cualquier apuro. \u00bfC\u00f3mo conciliar, por ejemplo, las profec\u00ed\u00adas del siervo de Yhwh humillado, con las sentencias de los sabios de los libros sapienciales, que miran el deshonor como castigo de la vejez y de la muerte de los malvados?<br \/>\nSin embargo, en la vida aut\u00e9ntica de la Iglesia, a saber: en la de sus santos, no es dif\u00ed\u00adcil encontrar la soluci\u00f3n pr\u00e1ctica. Guiados por la luz que Dios comunica al hombre con el don de la inteligencia y movidos por la inspiraci\u00f3n y por la revelaci\u00f3n sobrenatural comunicada por Cristo y transmitida por su Iglesia, los cristianos aut\u00e9nticos han resuelto de modo ejemplar este problema. Tambi\u00e9n pueden sacar provecho los hombres de hoy, aunque es preciso depurar el fil\u00f3n de oro de la moral cristiana de los condicionamientos culturales de la \u00e9poca, que pueden haber caducado.<\/p>\n<p>I. Noci\u00f3n b\u00e1sica del honor<br \/>\nEl honor es el esplendor de la vida humana tal como se refleja en la conciencia propia y en el conocimiento ajeno; o, con m\u00e1s precisi\u00f3n, el honor es la manifestaci\u00f3n de la estima concebida respecto a una persona. Si este conocimiento se le manifiesta a la misma persona interesada, tenemos m\u00e1s exactamente el honor, mientras que la valoraci\u00f3n lisonjera de una persona manifestada en su ausencia entre sus conocidos se llama propiamente fama.<\/p>\n<p>Como el aire para los pulmones, as\u00ed\u00ad el aura de la estima y del respeto condicionan la alegr\u00ed\u00ada de vivir de toda persona. Es natural y est\u00e1 bien. El que se siente aprobado en su conciencia por lo que hace y por la estima ajena saca est\u00ed\u00admulo y energ\u00ed\u00ada para proseguir su camino. Pero tambi\u00e9n la estima de que uno goza sin saberlo entre la gente es de enorme ayuda para ser acogido por nuestros semejantes y para entablar \u00fatiles relaciones de colaboraci\u00f3n y de intercambio con ellos. La confianza o cr\u00e9dito es moneda; mejor, es m\u00e1s indispensable que el dinero contante y sonante, que perder\u00ed\u00ada a su vez el encanto si surgiera la sospecha de una eventual falsedad.<\/p>\n<p>Cristo dec\u00ed\u00ada que el alimento no vale m\u00e1s que la vida que alimenta, ni el vestido m\u00e1s que el cuerpo que cubre (Mat 6:25). Tampoco el honor vale m\u00e1s que la persona que est\u00e1 revestida de \u00e9l. Es m\u00e1s, seg\u00fan el mismo pensamiento cristiano, tampoco la vida del cuerpo vale m\u00e1s que el alma. Esta alma o persona humana hay que verla en toda su misteriosa complejidad. Forma una sola cosa con el cuerpo, pero no se identifica con \u00e9l. A su vez, el cuerpo expresa al alma y la inserta en el mundo; de modo que los bienes de este mundo, comprendido el honor, entran en la esfera personal del alma y reflejan su dignidad casi infinita. As\u00ed\u00ad surge el derecho a los bienes de este mundo, comprendidos la fama y el honor.<\/p>\n<p>Pero hay que resolver un problema radical a prop\u00f3sito de la persona humana. En s\u00ed\u00ad misma, la persona, cuerpo y alma con todos los bienes de este mundo que le pertenecen, es creada, o sea, ha venido de la nada, de la cual la ha sacado el poder creador que la sostiene en la existencia. Sin este continuo sost\u00e9n creador el hombre, como todo el mundo, no es nada ni vale nada. Puede que el nihilismo de cierta filosof\u00ed\u00ada imperante lo compruebe, aunque sea involuntariamente.<\/p>\n<p>Sin embargo, a diferencia de todo el mundo visible y cient\u00ed\u00adficamente cognoscible, el hombre es como un espejo en que el Creador refleja el esplendor de su rostro divino. As\u00ed\u00ad pues, el hombre refleja una dignidad infinita, que merece respeto, reconocimiento y honor.<\/p>\n<p>Si a\u00f1adimos cuanto nos descubre la revelaci\u00f3n cristiana: que Dios se ha humanado para divinizar a todos los hombres, crecen inconmensurablemente la estima y el honor debidos incluso al m\u00e1s peque\u00f1o e insignificante de los humanos. Esto no supone en modo alguno una nivelaci\u00f3n que ignore las diferencias de los valores de todo tipo que distinguen a las diversas personas. Mas estas diferencias vienen casi a desaparecer y diluirse desde la com\u00fan distancia del observador que, como desde un observatorio, vuela a miles de kil\u00f3metros por encima de las cumbres de una regi\u00f3n monta\u00f1osa. A la luz de la fe, que permite ver al hombre y a las cosas desde la altura infinita de la mirada divina, los criterios humanos se ven profundamente alterados.<\/p>\n<p>II. Honestidad y humildad<br \/>\nAnte el pleno descubrimiento de la verdad de la creaci\u00f3n, las cosas buenas del mundo, y en particular los valores realizados por el hombre, no son absolutamente nada. Si vienen de la nada, es el poder de Dios el que hace que sean lo que son. Y todo lo que es, al participar de la naturaleza de la bondad divina, es tambi\u00e9n bueno (1Ti 4:4). La verdad impide, pues, por una parte, negar la realidad y la bondad del mundo, especialmente del humano; y, por otra, muestra que todo deriva de Dios, como los arroyos de la fuente y los rayos del sol. Cuando se reconoce la bondad o el valor de un hombre por ser hombre, es decir, porque refleja con su inteligencia y con su libertad la infinita grandeza divina, se tributa honor a una imagen de Dios, se honra a Dios. Por eso todo acto que honra a la humanidad, lo mismo del que obra que del que es objeto de ese obrar, es declarado justamente honesto, o moralmente digno y bueno. Por eso la honestidad y el honor coinciden fundamentalmente.<\/p>\n<p>Mas la maldad podr\u00ed\u00ada disociarlos. As\u00ed\u00ad como toda criatura desarraigada de su referencia a Dios o elegida como fin opuesto a \u00e9l se convierte en un \u00ed\u00addolo, en ocasi\u00f3n de pecado, y queda sujeta a la vanidad del pecador que la somete (Rom 8:20), as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el honor puede degenerar. Un modo de disociar honor y honestidad es buscarlo en contra de la verdad, pretenderlo de los dem\u00e1s en contra de la raz\u00f3n, tenerse de tal manera por superiores a los otros que no se los considere ya fines e im\u00e1genes del fin \u00faltimo divino, sino instrumentos que usar para satisfacer el gusto o el placer propios. Este es el honor vano y mundano, nunca suficientemente reprobado por los ascetas.<\/p>\n<p>Quitar a los otros el honor debido es deshonesto; en cambio, perderlo con o sin culpa es s\u00f3lo una desgracia. Y como no todo mal viene para perjudicar, la humillaci\u00f3n y la p\u00e9rdida del honor pueden servir tambi\u00e9n para abrir los ojos de quien corr\u00ed\u00ada peligro de sucumbir a la obcecaci\u00f3n del orgullo.<\/p>\n<p>Honrar a Dios por lo que es en s\u00ed\u00ad y reconocer que en comparaci\u00f3n suya todas las cosas y nosotros mismos somos como nada, es reconocer la pura verdad y practicar la virtud de la humildad. Mas la humildad no abate ni deprime, porque hace limpia la mirada para contemplar el rostro de Dios, que sonr\u00ed\u00ade ante la felicidad de sus criaturas. La humildad hace saltar el gozo bajo la mirada del santo (Luc 1:47s). .<\/p>\n<p>Mas esta gozosa humildad reconoce tambi\u00e9n las cosas grandes recibidas del omnipotente (Luc 1:49s). Por tanto, honrando a Dios en s\u00ed\u00ad mismo, el humilde extiende el respeto de su reflejo en el mundo, particularmente en el humano, marcado por la impronta de la imagen y la gloria divinas. Entonces, como la vida de todo hombre es sagrada por reflejar el rostro divino, as\u00ed\u00ad es tambi\u00e9n sagrado el honor debido a toda persona por su dignidad de imagen divina y por todo lo que se impone a la estima de sus semejantes. Tambi\u00e9n Mar\u00ed\u00ada, la sierva m\u00e1s humilde de Dios, pod\u00ed\u00ada reconocer que habr\u00ed\u00adan de llamarla bienaventurada todas las generaciones (Luc 1:48).<\/p>\n<p>Una tradici\u00f3n asc\u00e9tica, que quiz\u00e1 se desarroll\u00f3 desde las primeras comunidades eremitas y floreci\u00f3 luego en la Edad Media, pero que ha continuado tambi\u00e9n en la era moderna, suger\u00ed\u00ada la adquisici\u00f3n de la humildad mediante la \u00e1spera pr\u00e1ctica de las humillaciones. Paralelamente suger\u00ed\u00ada la participaci\u00f3n en la pasi\u00f3n de Cristo mediante penitencias y mortificaciones que hoy podr\u00ed\u00adan parecer horripilantes. Persiguiendo sinceramente el fin de la santidad, a saber: la proximidad cada vez m\u00e1s \u00ed\u00adntima con Dios, y estimando con raz\u00f3n o sin ella que para ello deb\u00ed\u00adan renunciar con acciones positivas a los bienes de este mundo, aquellos santos ascetas merecen el respeto debido a los h\u00e9roes y no pueden ser escarnecidos por quien afronta sacrificios no menos gravosos o los impone a los dem\u00e1s por fines que no pueden compararse con los ideales asc\u00e9ticos.<\/p>\n<p>A decir verdad, en el comportamiento del mismo Cristo, incluso durante el per\u00ed\u00adodo m\u00e1s tr\u00e1gico, al final de su vida terrena, puede notarse que el sufrimiento y la humillaci\u00f3n m\u00e1s que buscadas eran padecidas y aceptadas como la misma muerte, como expresi\u00f3n suprema del amor m\u00e1s grande, que revelaba a los hombres lo amable que es Dios y cu\u00e1nto ama a los hombres, a pesar de que con el pecado lo rechazan hasta condenarle a muerte de cruz.<\/p>\n<p>III. Honor y fama<br \/>\nEl honor y la fama consiste, seg\u00fan se ha dicho, en el reconocimiento del valor y de los m\u00e9ritos o cualidades de una persona, expresado en presencia de la persona interesada o ante los dem\u00e1s, que formulan juicios sobre \u00e9l eventualmente ausente. El honor y la fama implican, por tanto, una dimensi\u00f3n social, un entrelazamiento de relaciones interpersonales y un intercambio de bienes invisibles, como juicios de la mente, que, sin embargo, se expresan sensiblemente y comprenden bienes tangibles. Adem\u00e1s, la amistad y la paz est\u00e1n condicionadas por la reputaci\u00f3n y por el honor.<\/p>\n<p>Entre los valores de este tipo se cuentan tambi\u00e9n la l verdad y la veracidad. Surge aqu\u00ed\u00ad la pregunta de la relaci\u00f3n que existe entre el honor y la fama y la verdad de los hechos. \u00bfEs l\u00ed\u00adcito honrar y alabar a personas conocidas secretamente como indignas y nocivas o bien avergonzar en p\u00fablico al que tiene culpas secretas? \u00bfC\u00f3mo \u00e9vitar la hipocres\u00ed\u00ada y la maledicencia?<br \/>\nFrecuentemente ocurre que personas inexpertas en la vida se ufanan de ser francas y de manifestar sin rebozo todo lo malo que conocen del pr\u00f3jimo. Adem\u00e1s, el honor y la fama se cuentan entre aquellos valores que, como la libertad, toda ordenaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica y penal estima l\u00ed\u00adcito limitar si se abusa.<\/p>\n<p>De estas y parecidas preguntas puede nacer en alguno la duda de estar ante el conflicto de costumbre de valores y deberes, ante el cual cada uno se las arregla como puede, oscilando en las arenas movedizas del l relativismo moral o de la \u00e9tica de la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con un poco de calma y de lucidez se pueden solucionar tales dificultades. Honor, fama y libertad, igual que la veracidad, son todos ellos valores positivos, de los que se nutre el amor y con los que se rodea a la persona hecha a imagen de Dios. Pues bien, el amor, como ense\u00f1a el cristianismo, se debe tambi\u00e9n a los enemigos. Sin embargo, la doctrina de Cristo no es absurda ni violenta la raz\u00f3n; si acaso, la perfecciona. Por eso el amor no puede dirigirse m\u00e1s que al bien y no puede menos de odiar el mal contrario. Por tanto, en el enemigo la caridad cristiana no ama su maldad o el da\u00f1o que nos ocasiona. Al contrario, el objeto del amor humano y divino es el reflejo y la imagen de Dios impresa tambi\u00e9n en la persona enemiga. Una perla es preciosa aunque caiga en una cloaca, de donde hay que sacarla con pinzas para no mancharse las manos. Igualmente la caridad de Cristo llega a los pecadores y los libra de sus pecados sin connivencia alguna con su maldad \u00abVe, y no peques m\u00e1s\u00bb, dec\u00ed\u00ada \u00e9l a la ad\u00faltera perdonada.<\/p>\n<p>IV. Lesiones del honor y de la fama<br \/>\nHonor y fama pertenecen a la persona, pero no se identifican con ella. La misma persona se coloca en posiciones diversas ante la mirada de la conciencia, lo mismo que el espejo se coloca en diversas posiciones hacia el sol. Cuando el espejo adopta una posici\u00f3n capaz de reflejar al sol, es deslumbrante como el disco solar. As\u00ed\u00ad la conciencia de la dignidad absoluta de la persona humana debida a su raz\u00f3n y a su libertad de dimensiones infinitas impone el deber moral del respeto absoluto del hombre, similar al respeto que merece Dios, del cual el hombre se presenta como imagen.<\/p>\n<p>Mas por ser s\u00f3lo imagen, y no Dios mismo, el hombre en su dimensi\u00f3n de criatura puede adoptar una direcci\u00f3n opuesta a aqu\u00e9lla en la que refleja a Dios, oponi\u00e9ndose, por ejemplo, a otra persona inocente y que refleja a Dios. Entonces la l leg\u00ed\u00adtima defensa de esta \u00faltima permite rechazar la agresi\u00f3n injusta del que, como ofensor, no deslumbra con el reflejo divino, sino que obra como pura fuerza bruta de lo creado, nociva y sometida al dominio de la raz\u00f3n y de quien tiene raz\u00f3n. La conciencia del inocente que se defiende o de la autoridad que lo defiende no advierte ning\u00fan rostro divino en el agresor mientras dura la agresi\u00f3n. Por tanto, la libertad que hiere al agresor dentro de los l\u00ed\u00admites de la defensa del inocente no rechaza en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo el rostro divino y el esplendor de su gloria. Mas como el hombre permanece en s\u00ed\u00ad mismo siempre como imagen divina, tampoco el que se defiende leg\u00ed\u00adtimamente del agresor puede odiarlo en s\u00ed\u00ad mismo, aunque deteste la maldad y rechace la agresi\u00f3n. Naturalmente, en estos casos es f\u00e1cil que la pasi\u00f3n del odio obceque a la raz\u00f3n y transforme al inocente en delincuente, como el ofensor. S\u00f3lo el que posee la suprema nobleza cristiana de saber ofrecer la otra mejilla y no teme ceder tambi\u00e9n la capa al que le roba s\u00f3lo la t\u00fanica (Mat 5:39s) saldr\u00e1 victorioso en estas tormentas del coraz\u00f3n humano; como Cristo, ve que Dios ama a aquellos hombres que le hacen mal y se esforzar\u00e1 en imitar su perfecci\u00f3n (Mt 5 48).<\/p>\n<p>Con la l\u00f3gica del razonamiento relativo a la leg\u00ed\u00adtima defensa se pueden resolver los casos de aparente conflicto entre honor y fama, por un lado, y verdad y defensa de leg\u00ed\u00adtimos intereses mediante la difamaci\u00f3n, por otro.<\/p>\n<p>En leg\u00ed\u00adtima defensa no s\u00f3lo se puede herir al otro en sus fuerzas f\u00ed\u00adsicas, sino tambi\u00e9n en su fama y su honor, si constituyen armas ofensivas contra inocentes o contra la paz social. Decirle entonces la verdad a la cara a un malvado o difamarlo en p\u00fablico, como hizo Cristo con los fariseos, no se opone a la honestidad, y hasta puede constituir un deber que es preciso cumplir con el valor de los m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>Mas igual que la leg\u00ed\u00adtima defensa no puede rebasar los l\u00ed\u00admites estrictos de los derechos del inocente agredido, pues debe mirar s\u00f3lo al bien del agredido o no al mal del ofensor, lo mismo el reproche o el deshonor y la detracci\u00f3n de la fama ajena no est\u00e1n permitidas cuando el arrepentimiento del culpable puede conseguirse con un coloquio privado o mediante la manifestaci\u00f3n de sus culpas en un c\u00ed\u00adrculo restringido de personas interesadas y capaces de poner remedio. Este procedimiento se inspira en el evangelio, que, seg\u00fan Mat 18:15-17, dice: \u00abSi tu hermano ha pecado contra ti, ve y repr\u00e9ndelo a solas; si te escucha, habr\u00e1s ganado a tu hermano; pero si no te escucha, toma todav\u00ed\u00ada contigo uno o dos, para que toda causa sea decidida por la palabra de dos o tres testigos. Si no quiere escucharles, dilo a la comunidad; y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, consid\u00e9ralo como pagano y publicano\u00bb. Perm\u00ed\u00adtase comentar: el reproche en el coloquio privado o la difamaci\u00f3n en un estrecho c\u00ed\u00adrculo de personas o incluso ante la comunidad o ecclesia (como dice el texto griego de Mateo), que puede suponer una excomuni\u00f3n que hace al culpable extra\u00f1o a la comunidad, no reniegan del amor a \u00e9l, dado que la misi\u00f3n salvadora de Cristo se extiende tambi\u00e9n a los paganos y a los lejanos. Se trata s\u00f3lo de remedios amargos a males de otra forma incurables, como suger\u00ed\u00ada el ap\u00f3stol Pablo a los corintios respecto al incestuoso (1Cor 5).<\/p>\n<p>Si alguien insistiese afirmando que la verdad ha de prevalecer sobre el honor y la fama del que es indigno de ella, har\u00ed\u00ada bien en considerar que la verdad humana debe reflejar la divina. Ahora bien, en la Trinidad divina el Padre, mediante el Verbo, dice solamente la verdad, de la cual procede el amor. La verdad hay que decirla s\u00f3lo si fomenta la amistad y produce el bien en las relaciones humanas. En cambio, cuando la manifestaci\u00f3n de la verdad, sea de t\u00fa a t\u00fa (como en el reproche), sea con p\u00fablica difamaci\u00f3n, har\u00ed\u00ada sufrir y supondr\u00ed\u00ada da\u00f1o para el pr\u00f3jimo, entonces hay que callarla por obligada reserva y se impone el \/secreto, sea natural o de oficio, a menos de que -conviene repetirlo- esa manifestaci\u00f3n sea necesaria para obtener un bien equivalente o prevaleciente respecto al da\u00f1o del difamado o reprochado. En virtud del principio del l doble efecto, en estos casos el bien es la \u00fanica mira del que obra, mientras que el mal \u00fanicamente se permite. Y la raz\u00f3n de permitirlo podr\u00ed\u00ada ser justamente el bien mayor del que sufre la humillaci\u00f3n: sine culpa, non sine causa, dir\u00ed\u00ada santo Tom\u00e1s.<\/p>\n<p>Cuando las lesiones contra la fama y el honor son injustas, la doctrina moral prev\u00e9 el deber de la reparaci\u00f3n, igual que en los casos de perjuicio injusto de los bienes econ\u00f3micos [l Hurt\u00f3 V-VI]. Los modos de herir el honor o la fama, que van de la contumelia o injuria a la detracci\u00f3n, de sembrar ciza\u00f1a entre amigos a la burla, al desprecio y la maldici\u00f3n, han de encontrar los remedios apropiados, que dif\u00ed\u00adcil e in\u00fatilmente se le podr\u00ed\u00adan ocurrir a la casu\u00ed\u00adstica, pero que la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y la caridad con el pr\u00f3jimo sabr\u00e1n eficazmente realizar.<\/p>\n<p>V. Conclusi\u00f3n<br \/>\nLa gloria de Dios es Dios mismo en la comuni\u00f3n trinitaria: el Padre da su divinidad al Hijo en el amor rec\u00ed\u00adproco del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Reflejo de la gloria \u00ed\u00adntima de Dios es la gloria externa, que resplandece en la creaci\u00f3n del cosmos. En este cosmos las criaturas racionales y libres, como el hombre, reflejan como im\u00e1genes la gloria del rostro divino. Por eso todos los hombres son dignos de honor y de respeto. Mas en esta com\u00fan dignidad destacan grados diversos, que la conciencia ha de reconocer y la libertad debe aceptar. Santo Tom\u00e1s coloca el deber del respeto y del honor, llamado observancia, en las partes potenciales de la virtud de la justicia, inmediatamente despu\u00e9s de la religi\u00f3n y la piedad, que regulan las relaciones con Dios y con los padres, y antes de la dulia o servicio, de la obediencia y de la gratitud, de la veracidad, de la afabilidad, de la liberalidad y de la epiqueya, que regulan los deberes de humanidad en las diversas relaciones con los propios semejantes. &#8216;<br \/>\nAs\u00ed\u00ad como el conocimiento de Dios es imposible para el que no tiene la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica o el don de la fe que la anticipa sin el conocimiento del mundo creado y de su lenguaje o significado, lo mismo el honor debido por los hombres a Dios llega a \u00e9l mediante el conocimiento, la estima y el honor de los hombres, que lo representan tambi\u00e9n con la diversidad de los dones de que los reviste la providencia. As\u00ed\u00ad, a trav\u00e9s del rostro de los padres se vislumbra un reflejo de Dios diverso del que se transparenta en el rostro de un amigo o de un artista genial o de un cient\u00ed\u00adfico. Por tanto, hay que graduar el honor en relaci\u00f3n con las diversas personas que se encuentran en la vida. Sin el mundo no se conoce a Dios; sin los santos no se comprender\u00ed\u00ada al Santo; lo mismo sin los amigos y los padres no se vislumbrar\u00ed\u00ada al Amigo dador de la vida y de todo bien y don perfecto (Stg 1:17). De ah\u00ed\u00ad se sigue cu\u00e1n sabiamente afirma santo Tom\u00e1s: \u00abMaxima enim reverentia debetur homini ex affinitate quam habet ad Deum\u00bb (se debe el mayor respeto al hombre por su afinidad con Dios) (S. Th., II-II, q. 103 a. 3, ad 3).<\/p>\n<p>[ l Esc\u00e1ndalo; l Homicidio y leg\u00ed\u00adtima defensa; l Justicia; l Verdad y veracidad].<\/p>\n<p>BIBL.: AALEN S., Gloria (doxa), en Diccionario de teolog\u00ed\u00ada del NT II S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1980, 227-231; ID, tim\u00e9, ib, 231-233; COZZOLI M., L \u00f3nore, en T. GOFFI y G. PLANA, Corso di morale III: Koinonfa, Queriniana, Brescia 1984; G\u00dcNTHUR A., Chiamata e risposta III, Paohne, 1979, 460-472; H\u00ed\u0081RING B., Libertad yfidelidad en Cristo II, Herder, Barcelona 1983, 99ss; HEGERMANN H., d\u00e1xa, dox\u00e1zo, en H. BALZ y G. SCHNEIDER, Exegetisches Wdrterbuch zum NT I, W. Kohlhammer, Stutgart 1980, 832-841 y 841-843; H\u00dcRMANN K., Fama, en Diccionario de moral cristiana, Herder, Barcelona 1975; HOBNER H., tim\u00e9, en Exegetisches Wdrterbuch zum NT III, 1983, 856-860; KITTEL G., d\u00f3xa, en \u00abGLNT\u00bb II (1966) 1370-1404; KRAMER H., Onore, en Dizionario di etica cristiana, Cittadella, As\u00ed\u00ads 1978, 286-288; SCNNEIDER Joh., tim\u00e9, timao, en \u00abGLNT\u00bb 13 (1981) 1269-1299; TOMMASO S., Summa Theologiae II-II, q. 102; VON RAD G., d\u00f3xa, en \u00abGLNT\u00bb II (1966) 1343-1370.<\/p>\n<p>A. Di Marino<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">El honor puede definirse como el respetuoso reconocimiento mediante la palabra o el gesto del m\u00e9rito o posici\u00f3n de otro. As\u00ed yo muestro honor a otro d\u00e1ndole su t\u00edtulo si tiene uno, y quit\u00e1ndome el sombrero ante \u00e9l, o cedi\u00e9ndole un lugar de precedencia. As\u00ed expreso mi sentimiento de su val\u00eda, y al mismo tiempo reconozco mi propia inferioridad ante \u00e9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es correcto y apropiado que se rindan muestras de honor a cualquier clase de dignidad, si no hay raz\u00f3n especial para lo contrario, y estamos obligados a honrar a los que se sit\u00faan en cualquier relaci\u00f3n de superioridad con respecto a nosotros mismos. Primero y principal, debemos honrar a Dios d\u00e1ndole culto como nuestro primer principio y \u00faltimo fin, fuente infinita de todo lo que somos y tenemos. Honramos a los \u00e1ngeles y a los santos a causa de los dones y gracias concedidos a ellos por Dios. Honramos a nuestros padres, de los que hemos recibido nuestro ser terrenal, y a los que debemos nuestra educaci\u00f3n y preparaci\u00f3n para la batalla de la vida. Nuestros gobernantes, temporales y espirituales, tienen una justa pretensi\u00f3n a nuestro honor por raz\u00f3n de la autoridad que han recibido de Dios sobre nosotros. Honramos a los mayores por su presunta sabidur\u00eda, virtud, y experiencia. Siempre debemos honrar el valor moral dondequiera lo encontremos, y podemos honrar a las personas de talento superior, que est\u00e1n dotadas de gran belleza, fuerza, y habilidad, los bien nacidos, e incluso a los ricos y poderosos, pues la riqueza y el poder pueden, y deben, ser instrumentos de virtud y bienestar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre los bienes que son exteriores al hombre el honor se sit\u00faa en primer lugar, por encima de la riqueza y el poder. Es lo que espec\u00edficamente damos a Dios, la m\u00e1xima recompensa que podemos otorgar a la virtud, y es lo que los hombres aprecian m\u00e1s naturalmente. El Ap\u00f3stol nos ordena honrar a quien se debe honor, y as\u00ed, negarlo o deshonrar a quien se debe honor es un pecado contra la justicia, e implica la obligaci\u00f3n de hacer una restituci\u00f3n satisfactoria. Si simplemente hemos descuidado nuestro deber a este respecto, debemos repararlo cultivando m\u00e1s asiduamente a la persona perjudicada por nuestro descuido. Si hemos sido culpables de inferir un insulto p\u00fablico a otro, debemos brindarle una satisfacci\u00f3n igualmente p\u00fablica; si el insulto fue privado, debemos dar la apropiada reparaci\u00f3n en privado, de forma que la persona perjudicada sea satisfecha razonablemente. Los que tienen autoridad en la Iglesia o el Estado, y otorgan honores p\u00fablicos, est\u00e1n obligados por la virtud espec\u00edfica de la justicia distributiva a conceder los honores seg\u00fan el m\u00e9rito. Si incumplen esta obligaci\u00f3n, son culpables del pecado espec\u00edfico de acepci\u00f3n de personas. El bien com\u00fan de la Iglesia requiere espec\u00edficamente que los que son m\u00e1s dignos sean promovidos a dignidades superiores como el cardenalato o episcopado, y por la misma raz\u00f3n hay obligaci\u00f3n grave de promover a los m\u00e1s dignos antes que a los menos dignos a beneficios eclesi\u00e1sticos que lleven consigo la cura de almas. Seg\u00fan la opini\u00f3n m\u00e1s probable esto mismo es v\u00e1lido para la promoci\u00f3n a beneficios a los que no se a\u00f1ade la cura de almas, aunque S. Alfonso admite que la opini\u00f3n contraria es probable, supuesto que la persona favorecida sea al menos digna del honor aunque menos digna que su rival. Cuando se celebra un examen para decidir qui\u00e9n entre varios candidatos ha de ser elegido para un puesto de honor, hay una obligaci\u00f3n a\u00fan m\u00e1s estricta de elegir a aqu\u00e9l que las pruebas demuestren que es \u2013 siendo igual lo dem\u00e1s\u2014el m\u00e1s digno del puesto. Sobre la base de que, cuando se incumple esta obligaci\u00f3n, no s\u00f3lo se viola la justicia distributiva, como en los casos anteriores, sino la justicia conmutativa tambi\u00e9n, la opini\u00f3n com\u00fan sostiene que si uno que por examen prueba ser m\u00e1s digno es postergado, tiene derecho a compensaci\u00f3n por el perjuicio que ha sufrido. Muchos, sin embargo, niegan la obligaci\u00f3n de restituir en materia de beneficios incluso en este caso, sobre la base de que, aunque se celebre un examen para probar la adecuaci\u00f3n, aun as\u00ed no incluye un pacto estricto por el que los que confieren el beneficio se obligan a s\u00ed mismos en estricta justicia a conced\u00e9rselo al m\u00e1s digno. Est\u00e1 claro que los responsables del nombramiento de una persona inadecuada a un puesto de superioridad son tambi\u00e9n responsables del da\u00f1o que cause su inadecuaci\u00f3n. Los principios antedichos han sido expuestos por los te\u00f3logos para la resoluci\u00f3n de cuestiones relacionadas con la provisi\u00f3n de beneficios eclesi\u00e1sticos, pero son aplicables a otros nombramientos similares, tanto eclesi\u00e1sticos como civiles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una cuesti\u00f3n de gran inter\u00e9s en la historia de la religi\u00f3n y la moral, y de primaria importancia en el ascetismo cristiano, se debe tratar aqu\u00ed. Hemos visto que el honor es no s\u00f3lo un bien, sino que es el principal de los bienes externos que el hombre puede disfrutar. Santo Tom\u00e1s de Aquino y los te\u00f3logos cat\u00f3licos est\u00e1n de acuerdo en esto con Arist\u00f3teles. Hemos visto tambi\u00e9n que, seg\u00fan la doctrina cat\u00f3lica, todos est\u00e1n obligados a rendir honor a quien el honor es debido. De esto se sigue que no es moralmente malo buscar el honor con la debida moderaci\u00f3n y el motivo apropiado. Y aun as\u00ed Cristo reproch\u00f3 severamente a los Fariseos por gustar de los primeros puestos en los banquetes, los primeros asientos en las sinagogas, los saludos en el mercado, y los t\u00edtulos honor\u00edficos. Dijo a sus disc\u00edpulos que no se llamaran Rabb\u00ed, Padre, o Maestro, como los Fariseos; el mayor entre sus disc\u00edpulos deb\u00eda ser el servidor de todos; y el que se exaltara ser\u00eda humillado, y el que se humillara ser\u00eda exaltado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed damos con la caracter\u00edstica distintiva de la moral cristiana en cuanto se distingue de la \u00e9tica pagana. El tipo ideal de humanidad en el sistema de Arist\u00f3teles se nos dise\u00f1a en la c\u00e9lebre descripci\u00f3n del hombre magn\u00e1nimo. El hombre magn\u00e1nimo se describe como quien, siendo realmente capaz de grandes cosas, se tiene a s\u00ed mismo por digno de ellas. Pues el que se considera as\u00ed digno m\u00e1s all\u00e1 de sus m\u00e9ritos reales es un tonto, y un hombre que posea cualquier virtud no puede ser un tonto o demostrar falta de entendimiento. Por otro lado, el que se tiene a s\u00ed mismo por menos de sus m\u00e9ritos es un pusil\u00e1nime, sin que importe que los m\u00e9ritos que menosprecia sean grandes, moderados, o peque\u00f1os. Los m\u00e9ritos, por tanto, del hombre magn\u00e1nimo son excepcionales pero en su conducta observa el justo medio. Pues \u00e9l se siente a s\u00ed mismo digno de su m\u00e9ritos exactos, mientras que los dem\u00e1s o sobreestiman o subestiman sus propios m\u00e9ritos. Y puesto que no s\u00f3lo es capaz de grandes cosas sino que tambi\u00e9n se tiene por digno de ellas \u2013 o m\u00e1s bien, en realidad, de las mayores cosas \u2013 se deduce que hay alg\u00fan objeto que debe dedic\u00e1rsele a \u00e9l. Ahora bien este objeto es el honor, pues es el mayor de todos los bienes externos. Pero el hombre magn\u00e1nimo, puesto que sus m\u00e9ritos son los m\u00e1ximos posibles, debe estar entre los hombres \u00f3ptimos, pues cuanto mejor hombre sea mayores ser\u00e1n sus m\u00e9ritos, y los hombres \u00f3ptimos tendr\u00e1n los m\u00e9ritos m\u00e1ximos. La verdadera magnanimidad, por tanto, no puede sino implicar virtud; o, m\u00e1s bien, el criterio de la magnanimidad es la perfecci\u00f3n conjunta de todas las virtudes individuales. La magnanimidad, entonces, parecer\u00eda ser la corona, por as\u00ed decir, de todas las virtudes; pues no s\u00f3lo implica su existencia, sino que tambi\u00e9n intensifica su esplendor. Es con el honor entonces, y con el deshonor con los que el hombre magn\u00e1nimo se relaciona m\u00e1s espec\u00edficamente. Y donde reciba un gran honor, y eso de hombres \u00edntegros, se complacer\u00e1 en ello, aunque su complacencia no ser\u00e1 excesiva, puesto que en suma ha obtenido lo que se merece, si no, tal vez, menos \u2013puesto que no se encuentra el honor adecuado a la virtud perfecta. No ser\u00e1 sin embargo menos recibir tal honor de hombres \u00edntegros, puesto que ellos no tienen mayor recompensa que ofrecerle. Pero el honor rendido por la gente vulgar, y en ocasiones sin importancia, lo despreciar\u00e1 de manera absoluta, pues no estar\u00e1 a la medida de sus m\u00e9ritos. Ahora bien el hombre magn\u00e1nimo desprecia a sus pr\u00f3jimos justamente, pues su estimaci\u00f3n siempre es correcta; pero la mayor\u00eda de los hombres desprecia a sus compa\u00f1eros por motivos insuficientes. Tambi\u00e9n le gusta conceder un favor, pero siente verg\u00fcenza de recibirlo, pues lo primero es prueba de superioridad, lo segundo de inferioridad. Adem\u00e1s, parecer\u00eda que el magn\u00e1nimo se acuerda de aquellos a los que ha hecho un favor, pero no de aquellos de quienes lo ha recibido. Pues el que ha recibido un favor se encuentra en una posici\u00f3n inferior a la del que lo ha concedido, mientras que el hombre magn\u00e1nimo desea una posici\u00f3n de superioridad. Y as\u00ed oye con placer hablar de los favores que ha concedido, pero con disgusto de los que ha recibido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos son los rasgos principales de este c\u00e9lebre retrato en cuanto se relacionan con el asunto que estamos tratando. Arist\u00f3teles completa los detalles del retrato con minuciosa exactitud, es obvio que se extiende en \u00e9l con amoroso cuidado, como supremo ideal de su sistema \u00e9tico. Y aun as\u00ed, cuando lo leemos ahora, la descripci\u00f3n tiene en s\u00ed misma un elemento rid\u00edculo. Si el hombre magn\u00e1nimo de Arist\u00f3teles apareciera hoy en cualquier sociedad decente, pronto se le dar\u00eda a entender que se tomaba a s\u00ed mismo demasiado en serio, y se burlar\u00edan de \u00e9l despiadadamente hasta que rebajara algo sus pretensiones. En realidad, es un consumado retrato de noble orgullo lo que el pagano nos pinta, y el Cristianismo nos ense\u00f1a que todo orgullo es mentira. La naturaleza humana, incluso en lo mejor y m\u00e1s noble, es, despu\u00e9s de todo, algo pobre, e incluso vil, como nos dice el ascetismo cristiano. Entonces, \u00bfestaba simplemente equivocado Arist\u00f3teles en su doctrina relativa a la magnanimidad? De ninguna manera. Santo Tom\u00e1s acepta su ense\u00f1anza referente a esta virtud, pero, para evitar que se convierta en orgullo, la atempera con la doctrina de la humildad cristiana. La doctrina cristiana une todo lo que es verdadero y noble en la descripci\u00f3n de Arist\u00f3teles de la magnanimidad con lo que la revelaci\u00f3n y la experiencia nos ense\u00f1an igualmente referente a la fragilidad y condici\u00f3n pecadora del hombre. El resultado es la dulzura, la verdad, y habitual fuerza del car\u00e1cter supremo cristiano. En vez del autosatisfecho Ar\u00edstides o Pericles, tenemos un San Pablo, un San Francisco de As\u00eds, o un San Francisco Javier. El gran santo cristiano est\u00e1 penetrado de un sentido de su propia debilidad e indignidad separado de la gracia de Dios. Esto le impide creerse digno de cualquier cosa excepto del castigo por sus pecados e infidelidad a la gracia. Nunca desprecia a su pr\u00f3jimo, sino que estima a todos los hombres m\u00e1s que a s\u00ed mismo. Si se le deja, prefiere, como San Pedro de Alc\u00e1ntara, ser despreciado de los hombres y sufrir por Cristo. Pero si la gloria de Dios y el bien de sus hermanos los hombres lo requiere, el santo cristiano est\u00e1 preparado para abandonar su oscuridad. Sabe que lo puede todo en Aqu\u00e9l que le conforta. Con incre\u00edble energ\u00eda, constancia, y absoluto olvido de s\u00ed, obra maravillas sin medios aparentes. Si se le conceden honores sabe como aceptarlos y referirlos a Dios si son para su servicio. De otro modo los desprecia como hace con las riquezas, y prefiere ser pobre y despreciado con Aqu\u00e9l que fue manso y humilde de coraz\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En contraposici\u00f3n a la doctrina pagana de Arist\u00f3teles y a la ego\u00edsta mundanidad de los Fariseos, la actitud cristiana hacia los honores puede expresarse en pocas palabras. El honor, al ser el homenaje debido a la dignidad es el principal de los bienes externos que el hombre puede disfrutar. Puede buscarse leg\u00edtimamente, pero puesto que toda dignidad es de Dios, y el hombre no tiene nada por s\u00ed mismo sino el pecado, debe referirse a Dios y buscado s\u00f3lo por amor a \u00c9l o por el bien del pr\u00f3jimo. Los honores, como las riquezas, son dones peligrosos, y es digno de alabanza renunciar a ellos por amor de Aqu\u00e9l que fue pobre y despreciado por nuestra salvaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ARIST\u00d3TELES, \u00c9tica a Nic\u00f3maco; SANTO TOM\u00c1S, Summa; SAN ALFONSO DE LIGORIO, Theologia Moralis (Tur\u00edn, 1823); SAN IGNACIO DE LOYOLA, Ejercicios Espirituales; LESSIUS, De Justitia et Jure (Venecia, 1625).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">T. SLATER<br \/>\nTranscrito por Joseph P. Thomas<br \/>\nTraducido por Francisco V\u00e1zquez\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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