{"id":9334,"date":"2016-02-05T06:54:36","date_gmt":"2016-02-05T11:54:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/juan-evangelio-2\/"},"modified":"2016-02-05T06:54:36","modified_gmt":"2016-02-05T11:54:36","slug":"juan-evangelio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/juan-evangelio-2\/","title":{"rendered":"JUAN (EVANGELIO)"},"content":{"rendered":"<p>tip, LIBR CRIT LINT<\/p>\n<p>ver, EVANGELIOS, GAYO<\/p>\n<p>vet, (I) Autor. Como sucede con los otros Evangelios, el cuarto no lleva el nombre de su autor, pero las pruebas internas y externas corroboran el testimonio tradicional que atribuye este Evangelio al ap\u00f3stol Juan. (A) Pruebas internas. (a) El autor es uno de los ap\u00f3stoles. El empleo que hace de la primera persona del plural lo demuestra (Jn. 1:14 y quiz\u00e1 Jn. 21:24). La pertenencia del escritor al grupo de los ap\u00f3stoles se constata asimismo en una gran cantidad de detalles, sobre todo en lo relativo a la impresi\u00f3n causada a los disc\u00ed\u00adpulos por los acontecimientos relativos a la vida de Cristo, etc. (Jn. 1:37; 2:11, 17; 4:27, 54; 9:2; 11:8-16; 12:4-6, 21, 22; 13:23-26; 18:15; 19:26, 27, 35; 20:8). Hay adem\u00e1s la clara afirmaci\u00f3n de Jn. 21:24. (b) El disc\u00ed\u00adpulo al cual amaba Jes\u00fas es mencionado con frecuencia (Jn. 13:23; 19:26; 20:2; 21:7, 20, 21), y el pasaje de Jn. 21:20-24 afirma que este disc\u00ed\u00adpulo es el autor. El libro cita los nombres de los ap\u00f3stoles, con excepci\u00f3n de los de Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Sim\u00f3n el Zelote y los hijos de Zebedeo. Siendo que Mateo, Jacobo hijo de Alfeo y Sim\u00f3n el Zelote no se hallaban en el c\u00ed\u00adrculo \u00ed\u00adntimo, ninguno de ellos puede recibir el apelativo de \u00abel disc\u00ed\u00adpulo al cual amaba Jes\u00fas\u00bb. En cuanto a Jacobo el hijo de Zebedeo, hab\u00ed\u00ada muerto mucho antes de la redacci\u00f3n del cuarto Evangelio (Hch. 12:2), y no puede ser identificado con el autor. \u00abEl disc\u00ed\u00adpulo al cual amaba Jes\u00fas\u00bb es innegablemente el ap\u00f3stol Juan. (c) El griego del cuarto Evangelio est\u00e1 muy te\u00f1ido de arameismos, lo cual es una indicaci\u00f3n clara de que el redactor era jud\u00ed\u00ado. (d) El redactor conoce a fondo la geograf\u00ed\u00ada de Palestina, y la historia y las costumbres de la \u00e9poca de Jes\u00fas (p. ej., Jn. 1:21, 28, 46; 2:6; 3:23; 4:5, 27; 5:2, 3; 7:40-52; 9:7; 10:22, 23; 11:18; 18:28; 19:31). Este libro presenta a\u00fan m\u00e1s rasgos personales que los otros Evangelios. Todas estas pruebas internas confirman de una manera notable la atribuci\u00f3n del cuarto Evangelio al ap\u00f3stol Juan. (B) Las pruebas externas son de dos clases: (a) La menci\u00f3n formal del nombre del autor y (b) el empleo del cuarto Evangelio en los documentos antiguos demuestran la alta estima en que se ten\u00ed\u00ada a este escrito. Ireneo, obispo de Lyon hacia el a\u00f1o 185 y disc\u00ed\u00adpulo de Policarpo (que hab\u00ed\u00ada sido disc\u00ed\u00adpulo de Juan), afirma categ\u00f3ricamente que el ap\u00f3stol hab\u00ed\u00ada escrito su Evangelio en Efeso y que los otros tres Evangelios ya exist\u00ed\u00adan antes. Al final del siglo II y al inicio del III, Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, Tertuliano y Or\u00ed\u00adgenes coinciden en ello. Las pruebas externas del segundo tipo dan testimonio de la existencia del cuarto Evangelio y de la confianza que inspiraba. La Didach\u00e9 (alrededor del a\u00f1o 110 d.C.) parece haber sacado algunas de sus f\u00f3rmulas de la terminolog\u00ed\u00ada juanina. Las Ep\u00ed\u00adstolas de Ignacio (que no son posteriores al a\u00f1o 117) muestran que \u00e9ste conoc\u00ed\u00ada bien el cuarto Evangelio, que lo consideraba como poseyendo autoridad para \u00e9l, y probablemente, para las iglesias de Asia Menor, al inicio del siglo II. El texto m\u00e1s antiguo que se conoce del NT es un fragmento de una p\u00e1gina de un c\u00f3dice de papiro, que la paleograf\u00ed\u00ada sit\u00faa hacia el a\u00f1o 125. Este fragmento, que se conserva en la Biblioteca John Rylands, de la Universidad de Manchester, contiene algunos vers\u00ed\u00adculos de Juan 18. Debido a que fue hallado en Egipto, constituye una indicaci\u00f3n de la rapidez con que se esparci\u00f3 el cuarto Evangelio. Otro fragmento de papiro, fechado alrededor del a\u00f1o 140, relata episodios de la vida de Jes\u00fas, sacando parte de sus ense\u00f1anzas de este Evangelio. Justino M\u00e1rtir (alrededor del a\u00f1o 150) alude innegablemente a este Evangelio y lo considera como \u00abuna de las memorias de los ap\u00f3stoles\u00bb llamadas Evangelios, seg\u00fan \u00e9l, y redactados por los ap\u00f3stoles y sus asociados. El Evangelio de Pedro y los Hechos de Juan, dos libros ap\u00f3crifos de alrededor del a\u00f1o 150, presentan rasgos evidentes del pensamiento juanino. El Diatessaron de Taciano (alrededor del a\u00f1o 170) es una armon\u00ed\u00ada de nuestros cuatro Evangelios can\u00f3nicos. El ms. Sina\u00ed\u00adtico que contiene los antiguos Evangelios en sir\u00ed\u00adaco indica que en el siglo II la iglesia sir\u00ed\u00adaca hab\u00ed\u00ada admitido nuestros cuatro Evangelios. Finalmente, es cosa cierta que incluso los primeros herejes gn\u00f3sticos del siglo II, p. ej., Bas\u00ed\u00adlides (hacia los a\u00f1os 120-140), Heracle\u00f3n (hacia 160-180) y, quiz\u00e1, Valentino (hacia 140-160), citaban e incluso comentaban el cuarto Evangelio. As\u00ed\u00ad pues, las pruebas externas se unen a las internas para se\u00f1alar a Juan como el autor del cuarto Evangelio; demuestran adem\u00e1s que en extensas regiones el cuarto Evangelio ya constitu\u00ed\u00ada una autoridad en la Iglesia inmediatamente posterior a los ap\u00f3stoles. Sin embargo, numerosos cr\u00ed\u00adticos rechazan el fundamento de la argumentaci\u00f3n anteriormente presentada. Creen que el autor del cuarto Evangelio no es el ap\u00f3stol Juan; este \u00faltimo no habr\u00ed\u00ada sido m\u00e1s que el testigo ocular en el que se habr\u00ed\u00ada basado el evangelista (Jn. 19:35; 21:24). Seg\u00fan estos cr\u00ed\u00adticos, el redactor del Evangelio, disc\u00ed\u00adpulo de Juan el ap\u00f3stol, habr\u00ed\u00ada redactado su texto en base a los recuerdos y a la ense\u00f1anza de su maestro. Este redactor ser\u00ed\u00ada desconocido, a no ser que se quiera ver en \u00e9l a un tal \u00abJuan el Anciano\u00bb, del que mucho se ha hablado modernamente, pero del que nada se sabe. Por lo dem\u00e1s, una buena cantidad de eruditos modernos consideran que Juan el Anciano no es otro que Juan el ap\u00f3stol. De todas maneras, las suposiciones en las que se basan los cr\u00ed\u00adticos carecen de fundamento s\u00f3lido, y no pueden servir de base para negar que el disc\u00ed\u00adpulo de Cristo fuera el autor del cuarto Evangelio Est\u00e1 demostrado adem\u00e1s que este libro fue escrito en Asia Menor (en Efeso seg\u00fan la tradici\u00f3n) en el \u00faltimo cuarto del siglo I. Los adversarios de Jes\u00fas son simplemente designados por el nombre de jud\u00ed\u00ados (Jn. 1:19; 2:18; 5:10; 7:15; etc. ) se dan explicaciones acerca de las fiestas jud\u00ed\u00adas (Jn. 6:4; 7:2; 11:55; 19:31); el nombre del mar de Galilea va acompa\u00f1ado de la expresi\u00f3n pagana \u00abel de Tiberias\u00bb (Jn. 6:1). En el pr\u00f3logo, Cristo recibe el nombre de \u00abel Verbo de Dios\u00bb, lo que demuestra que, en la \u00e9poca de ser escrito, el cristianismo se hallaba en un medio de movimientos filos\u00f3ficos que se sabe que exist\u00ed\u00adan entonces en Asia Menor. Todo esto explica el prop\u00f3sito, adem\u00e1s manifiesto, de este escrito: exponer el testimonio que Cristo dio de s\u00ed\u00ad mismo como Hijo de Dios venido en la carne y como Salvador del mundo (Jn. 20:30, 31). El autor da por supuesto el conocimiento de numerosos episodios de los Evangelios Sin\u00f3pticos por parte de sus lectores (v\u00e9ase EVANGELIOS). Los sinoptistas no hab\u00ed\u00adan registrado los grandes discursos del Se\u00f1or que constituyen la respuesta a los ataques de los jud\u00ed\u00ados contra su divinidad o la revelaci\u00f3n a sus disc\u00ed\u00adpulos del misterio de su persona y de la relaci\u00f3n espiritual que ellos ten\u00ed\u00adan con El. Juan se decidi\u00f3 a consignar por escrito este testimonio personal de Jes\u00fas, tarea tanto m\u00e1s urgente cuanto que se suscitaban falsas doctrinas que negaban ciertos aspectos de la persona de Cristo. Naturalmente, el ap\u00f3stol uni\u00f3 a todo ello numerosos detalles sacados de sus recuerdos personales. Como resultado la Iglesia recibi\u00f3 un retrato integral de su Se\u00f1or bajo su aspecto a la vez humano y divino. (II) CONTENIDO. El Evangelio de Juan se inicia con un pr\u00f3logo (Jn. 1:1-8), donde el ap\u00f3stol resume la gran verdad manifestada por la vida de Cristo: la existencia de una Segunda Persona divina que revela a Dios y que, por este motivo, recibe el nombre de \u00abel Verbo\u00bb. Fuente universal de vida y de luz en la creaci\u00f3n, esta Palabra eterna se encarna en Jesucristo, revela a Dios a los creyentes, y les transmite la salvaci\u00f3n. Despu\u00e9s Juan relata: (A) Los primeros testimonios relativos a Jes\u00fas, dados por Juan el Bautista y por Jes\u00fas mismo en presencia de sus primeros disc\u00ed\u00adpulos (Jn. 1:19-2:11). (B) Lo que Cristo mismo revela de su propia persona en una serie de acciones y, sobre todo, de discursos, dirigidos tanto a los inquirientes como a los adversarios (Jn. 2:12-12:50). Ello incluye: (a) el testimonio que Jes\u00fas da de su propia persona, la primera vez que interviene durante la Pascua (Jn. 2:12- 25); la conversaci\u00f3n con Nicodemo (Jn. 3:1-21); el reiterado testimonio de Juan el Bautista (Jn. 3:22-36); (b) la conversaci\u00f3n con la mujer samaritana (Jn. 4:1-42); (c) el segundo milagro que hizo en Galilea (Jn. 4:43-54); (d) la contestaci\u00f3n de Jes\u00fas a los jud\u00ed\u00ados que negaban su divinidad y su autoridad (Jn. 5); (e) el discurso en el que Jes\u00fas se present\u00f3 como el pan de vida (Jn. 6); (f) la afirmaci\u00f3n renovada de su autoridad y de su filiaci\u00f3n divina durante la fiesta de los Tabern\u00e1culos (Jn. 7-8); (g) la curaci\u00f3n de un ciego y la par\u00e1bola del buen pastor (Jn. 9:1-10:21); (h) el \u00faltimo testimonio de Cristo a los jud\u00ed\u00ados (Jn. 9:22-42); (i) la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro y sus consecuencias (Jn. 11); (j) las declaraciones de Jes\u00fas durante la unci\u00f3n en Betania, durante la entrada triunfal en Jerusal\u00e9n y la entrevista con los griegos (Jn. 12). (C) La revelaci\u00f3n de Cristo acerca de S\u00ed\u00ad mismo en relaci\u00f3n con Su muerte y resurrecci\u00f3n (Jn. 13:1-21:25). Esta secci\u00f3n incluye: (a) las \u00faltimas palabras de Jes\u00fas con sus disc\u00ed\u00adpulos (Jn. 13-17). (b) Su arresto, juicio, crucifixi\u00f3n, durante todo lo cual testific\u00f3 acerca de su divinidad y misi\u00f3n, en particular ante Pilato (Jn. 18-19). (c) Su resurrecci\u00f3n y un cierto n\u00famero de testimonios a este respecto (Jn. 20-21). El autor parece haber a\u00f1adido el cap\u00ed\u00adtulo 21 como un ap\u00e9ndice a su obra, que en principio hubiera tenido su fin con el cap\u00ed\u00adtulo 20. El cuarto Evangelio muestra que Jes\u00fas no es solamente el Hijo del Hombre sino tambi\u00e9n el Hijo eterno de Dios. Su persona, sus ense\u00f1anzas, su obra redentora, todo ello ha servido para revelar a Dios y dar la vida eterna a aquellos que le reciben. Juan presenta la misi\u00f3n de Jes\u00fas como el punto culminante de la autorrevelaci\u00f3n de Dios; y Cristo comunica a los creyentes esta luz por medio de la cual llegan al conocimiento de las verdades m\u00e1s sublimes. As\u00ed\u00ad, les es otorgada la comuni\u00f3n espiritual con Dios, que constituye la vida eterna, la plenitud, el bien supremo, la salvaci\u00f3n perfecta. Calvino dice de este Evangelio que es \u00abla llave que abre la puerta a la comprensi\u00f3n de los otros tres\u00bb. Si los primeros evangelistas relatan qu\u00e9 es lo que Jes\u00fas \u00abhizo\u00bb, \u00e9ste revela ante todo lo que Jes\u00fas \u00abes\u00bb. El \u00abdisc\u00ed\u00adpulo a quien ama Jes\u00fas\u00bb ha sabido dar a su libro un car\u00e1cter singular en lo entra\u00f1able de su conocimiento profundo del Salvador. Se pueden contar siete cap\u00ed\u00adtulos y medio de conversaciones privadas y de cura de almas: Jes\u00fas en privado con: Nicodemo (Jn. 3), la samaritana (Jn. 4), los ap\u00f3stoles (Jn. 13-16), Dios (Jn. 17), Pilato (Jn. 18:33-38; 19:8-11), Pedro (Jn. 21:15-23). Escribiendo despu\u00e9s de los otros, Juan se esfuerza en relatar las cosas in\u00e9ditas: milagros (Jn. 2:7; 4:50; 5:8; 9:7; 11:43; 21:6), par\u00e1bolas (Jn. 4:10-14; 6:32-58; 10:1-30; 15:1-8), acciones (Jn. 8:3-11; 13:1-17; 21:15-23), discursos (Jn. 13-16), oraci\u00f3n (Jn. 17). El libro entero, teniendo como tiene por objeto demostrar \u00abque Jes\u00fas es el Hijo de Dios\u00bb contiene numerosas pruebas de su divinidad: (a) La eternidad de Cristo (Jn. 1:1-2; 8:58; 12:34; 17:5). (b) Su omnipotencia manifestada en la creaci\u00f3n (Jn. 1:3, 10) y en sus milagros (Jn. 5:36; 10:25, 37-38). (c) Su omnisciencia (Jn. 1:46-50; 4:17-19). (d) Su santidad absoluta (Jn. 8:13, 46), (e) Su igualdad con Dios (Jn. 5:18; 10:30, 31), (f) Su sabidur\u00ed\u00ada perfecta (Jn. 7:45, 46), (g) Su omnipresencia (Jn. 3:13; 17:11-26), (h) Las afirmaciones de las Escrituras (Jn. 5:39), (i) Los testimonios dados acerca de El (Jn. 1:29-34, 45-49; 5:31, 33, 37). (j) Su resurrecci\u00f3n (Jn. 20:8, 27-28; cfr. Hch. 2:24, 36; 5:30, 31; etc.). (k) Su glorificaci\u00f3n (Jn. 13:32; 16:10; cfr. Hch. 9:3; 26:13). Frente a un tal Salvador bien puede el creyente prorrumpir: \u00ab\u00c2\u00a1Se\u00f1or m\u00ed\u00ado y Dios m\u00ed\u00ado!\u00bb (Jn. 20:28). \u00abEstas (cosas) se han escrito para que cre\u00e1is que Jes\u00fas es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, teng\u00e1is vida en su nombre\u00bb (Jn. 20:31). Bibliograf\u00ed\u00ada: Harrison, E. F.: \u00abJuan, el Evangelio de la fe\u00bb (Pub. Portavoz Evang\u00e9lico, Barcelona, 1981) Meyer, F. B.: \u00abLa vida y la luz de los hombres y Amor hasta lo sumo\u00bb (Cl\u00ed\u00ade, Terrassa, 1983) Kelly, W.: \u00abAn Exposition of the Gospel of John\u00bb (C. A. Hammond, Londres 1966, reimpr. edici\u00f3n 1898) Kelly, W.: \u00abThe Epistles of John the Apostle\u00bb (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, 1905, reimpr. 1970); Smith, H.: \u00abThe Last Words\u00bb (Believers Bookshelf, Sunbury, Penn. s\/f); Stott, John R. W.: \u00abLas cartas de Juan, introducci\u00f3n y comentario\u00bb (Ediciones Certeza, Buenos Aires, 1974).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>tip, LIBR CRIT LINT ver, EVANGELIOS, GAYO vet, (I) Autor. Como sucede con los otros Evangelios, el cuarto no lleva el nombre de su autor, pero las pruebas internas y externas corroboran el testimonio tradicional que atribuye este Evangelio al ap\u00f3stol Juan. (A) Pruebas internas. (a) El autor es uno de los ap\u00f3stoles. 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