{"id":9412,"date":"2016-02-05T06:56:57","date_gmt":"2016-02-05T11:56:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/monarquia\/"},"modified":"2016-02-05T06:56:57","modified_gmt":"2016-02-05T11:56:57","slug":"monarquia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/monarquia\/","title":{"rendered":"MONARQUIA"},"content":{"rendered":"<p>V\u00e9ase REY.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[801]<br \/>\n  Sistema de gobierno basado en una sola persona como referencia. Ordinariamente al monarca se la denomina rey o emperador, pudiendo serlo absoluto si no tiene limitaciones en el ejercicio de su poder, o constitucional si sus poderes est\u00e1n condicionados por un parlamento o una constituci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Contra los sistemas antiguos de mirar las monarqu\u00ed\u00adas como provenientes de Dios y de acu\u00f1ar en las monedas la expresi\u00f3n de \u00abrey por la gracia de Dios\u00bb, en los tiempos posteriores al parlamentarismo del siglo XIX se hace proceder la monarqu\u00ed\u00ada de la aceptaci\u00f3n y representaci\u00f3n popular. Ning\u00fan rey en buena l\u00f3gica lo es por herencia, sino por la aceptaci\u00f3n de la sociedad sobre la que va a regir.<\/p>\n<p>    La Iglesia no tiene nada que decir sobre el mejor sistema de gobierno, pues todos son igualmente aceptables mientras cumplan sus promotores con el deber de promover el bien com\u00fan como objetivo primero. Pero s\u00ed\u00ad lo tiene que decir sobre el origen de la autoridad y sobre el respeto a los derechos naturales como fuente de todo poder de unos hombres sobre otros.<\/p>\n<p>    No tienen ning\u00fan valor significativo las expresiones mon\u00e1rquicas o las doctrinas sobre los reyes que pueden derivarse de algunos textos b\u00ed\u00adblicos, que suelen ser efectos de las culturas en las que surgieron cada forma concreta.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(David, Samuel, Jot\u00e1n, federaci\u00f3n de tribus, mesianismo). La federaci\u00f3n de tribus de Israel result\u00f3 poco eficaz ante la amenaza organizada de los pueblos del entorno, especialmente de los filisteos de la costa (entre la actual Tel Avivy Gaza), que hab\u00ed\u00adan construido un fuerte aparato estatal al servicio de la guerra. Una federaci\u00f3n de hombres libres, sin estructuras militares adecuadas, no puede resistir si es que hay a su lado unos pueblos de tipo imperialista. Por eso, conforme a la l\u00f3gica de la historia, para mantener su independencia, los federados tuvieron que ceder parte de su autoridad, creando una monarqu\u00ed\u00ada unificada, a pesar de la cr\u00ed\u00adtica de algunos profetas y sabios.<\/p>\n<p>(1) Cr\u00ed\u00adtica antimon\u00e1rquica. Como supo decir bellamente Jot\u00e1n*, al principio se pudo evitar la funci\u00f3n del rey: la vida de las tribus se expresaba con s\u00ed\u00admiles hondos de \u00e1rboles buenos (vid, olivo, higuera), que dan fruto y enriquecen a todos; la monarqu\u00ed\u00ada con sus clases superiores se conceb\u00ed\u00ada como zarza par\u00e1sita que vive de los otros \u00e1rboles del bosque, de manera que hab\u00ed\u00ada que evitarla (cf. Je 9,7-15). En esa l\u00ed\u00adnea sigue presentando Samuel, profeta y vidente, las cargas de la monarqu\u00ed\u00ada: \u00abEste ser\u00e1 el derecho del rey que reinar\u00e1 sobre vosotros: tomar\u00e1 a vuestros hijos y los emplear\u00e1 en su carroza y sus caballos; les nombrar\u00e1 a su servicio jefes de mil y jefes de cincuenta, utiliz\u00e1ndolos tambi\u00e9n para labrar su labrant\u00ed\u00ado, segar sus mieses y fabricar sus armas de guerra&#8230; Tomar\u00e1 a vuestras hijas como perfumistas, cocineras y panaderas. Se apoderar\u00e1 de vuestros campos, vuestros vi\u00f1edos y vuestros olivares mejores y se los dar\u00e1 a sus servidores. Exigir\u00e1, adem\u00e1s, el diezmo de vuestras sementeras y vuestros vi\u00f1edos y vuestros olivares mejores y los dar\u00e1 a sus ministros\u00bb (1 Sm 8,11-16). A pesar de esa advertencia, el pueblo quiso un rey y, seg\u00fan la tradici\u00f3n que est\u00e1 en el fondo del texto, Dios dijo a Samuel: \u00abNo te rechazan a ti, sino a m\u00ed\u00ad mismo me rechazan, para que no reine sobre ellos\u00bb (1 Sm 8,7). Dios era garant\u00ed\u00ada de unidad y defensa y ahora se vuelve de alg\u00fan modo innecesario: en el lugar del Dios fraterno, que unifica y salva al pueblo, surge el rey dictador como signo de concentraci\u00f3n social y militar, garantizando la estabilidad israelita, pero al modo de los otros pueblos de la tierra (1 Sm 8,6). Nace el ej\u00e9rcito profesional y la divisi\u00f3n de clases, con un estamento administrativo (siervos del rey) y otro militar (jefes de tropa, comandantes de los carros de combate) que vive del trabajo e impuestos de los otros, necesitando una plusval\u00ed\u00ada econ\u00f3mico-social. Esto sucedi\u00f3 en torno al 1000 a.C. Hubo primero un ensayo breve, bajo el liderazgo de Sa\u00fal*, pero la monarqu\u00ed\u00ada verdadera empez\u00f3 con David. Ciertamente, los israelitas siguieron creyendo en un Dios superior que les defend\u00ed\u00ada y dirig\u00ed\u00ada (que era su verdadero Rey). Pero, al mismo tiempo, ellos pensaron que ese Dios pod\u00ed\u00ada relacionarse con un reino (un Estado) y con un templo nacional (el de Jerusal\u00e9n). Estos dos datos (reino y templo) no eran nada nuevo, pues los hab\u00ed\u00adan buscado tambi\u00e9n los pueblos del entorno (babilonios, egipcios, moabitas, fenicios, etc.). De esa forma, los israelitas se hicieron como otros pueblos. En ese contexto podemos distinguir, apoy\u00e1ndonos en el texto de la Biblia, m\u00e1s que en datos arqueol\u00f3gicos e hist\u00f3ricos, que son bastante parcos, los tres momentos siguientes, que apare  cen detallados en los libros de 1-2 Reyes y de 1-2 Cr\u00f3nicas.<\/p>\n<p>(!) Reino. David y Salom\u00f3n (del 1000 al 900 a.C.). En el principio del reino de Israel est\u00e1 David*, una especie de caudillo militar o condotiero de la tribu de Jud\u00e1, en la zona sur (en tomo a Hebr\u00f3n), para convertirse luego en rey carism\u00e1tico sobre el conjunto de las tribus. David fue el primero que unific\u00f3 la tierra de Palestina bajo un mando israelita y su figura qued\u00f3 m\u00e1s tarde idealizada, de manera que aparece en la tradici\u00f3n posterior como signo de la presencia de Dios, garant\u00ed\u00ada de paz, principio de una familia de la que debe nacer el Mes\u00ed\u00adas. Tras \u00e9l rein\u00f3 su hijo Salom\u00f3n*, que mantuvo el imperio de su padre David, constmyendo bajo su autoridad el templo de Jerusal\u00e9n, que se convertir\u00e1 m\u00e1s tarde (hasta el d\u00ed\u00ada de hoy) en signo de presencia de Dios para Israel. Ese nuevo modelo social aport\u00f3 ciertas ventajas: los israelitas superaron el riesgo de una ocupaci\u00f3n militar permanente, que en aquel momento hubiera supuesto la extinci\u00f3n del pueblo, y conquistaron casi toda Palestina, extendiendo su influjo por Oriente. M\u00e1s a\u00fan, algunos gmpos del sur (Jud\u00e1 y Benjam\u00ed\u00adn) interpretaron la monarqu\u00ed\u00ada como signo sagrado: Dios mismo era Rey y protector del pueblo a trav\u00e9s de David y sus hijos, que as\u00ed\u00ad recibieron rasgos mesi\u00e1nicos, conforme a una visi\u00f3n muy extendida entre las naciones e imperios que divinizaban a sus reyes. A pesar de sus defectos, el modelo mon\u00e1rquico aport\u00f3 dos elementos positivos: un aumento de unidad nacional (aunque centrada en Jerusal\u00e9n y marginando a las tribus del Norte) y una experiencia mesi\u00e1nica, mediada a trav\u00e9s de un rey, hombre especial en el que Dios expresa su acci\u00f3n salvadora.<\/p>\n<p>(3) Divisi\u00f3n de reinos (del 900 al 721 a.C.). Significativamente, muchos israelitas sintieron que la monarqu\u00ed\u00ada sagrada de David y Salom\u00f3n era contraria a la presencia directa de Dios (como \u00fanico Rey) y pensaron adem\u00e1s que se opon\u00ed\u00ada a las tradiciones de libertad de los hebreos (que no quer\u00ed\u00adan m\u00e1s rey que Dios). Las tribus del Norte, formadas sobre todo por los grupos de Efra\u00ed\u00adn y Manas\u00e9s, rechazaron la monarqu\u00ed\u00ada de Jerusal\u00e9n (de la casa de David), para mantener su identidad y su independencia. As\u00ed\u00ad crearon un reino especial, llamado \u00abIsrael\u00bb (en el sentido limitado de la palabra, pues tambi\u00e9n las tribus del sur eran israelitas), que ten\u00ed\u00ada su capital en Samar\u00ed\u00ada y de esa forma los israelitas tuvieron dos reinos: uno centrado en Samar\u00ed\u00ada y otro en Jerusal\u00e9n. Fueron a\u00f1os turbulentos, que sirvieron para la consolidaci\u00f3n de las tradiciones antiguas. En este tiempo surgieron los primeros grandes profetas, sobre todo en el reino del Norte, con Elias* y El\u00ed\u00adseo, y despu\u00e9s con Amos* y Oseas*. Ellos descubrieron la acci\u00f3n de Dios como presencia de amor y como urgencia de justicia. Pero la historia fue muy dura y el a\u00f1o 721 a.C. los asirios conquistaron y destruyeron para siempre el reino del Norte, con Samar\u00ed\u00ada y Galilea.<\/p>\n<p>(4) El reino jud\u00ed\u00ado de Jerusal\u00e9n (721 586 de C.). Tras el 721 a.C. s\u00f3lo qued\u00f3 el reino del Sur, llamado de Judea (de manera que desde ahora los nombres de jud\u00ed\u00ado e israelita tienden a identificarse). Ese reino estaba centrado en tomo a Jerusal\u00e9n y organizado como una peque\u00f1a monarqu\u00ed\u00ada, mantenida por los descendientes de David. En ese tiempo surgieron grandes profetas, como Isa\u00ed\u00adas* y Jerem\u00ed\u00adas* que desarrollaron las m\u00e1s poderosas experiencias religiosas de Israel y que constituyen una de las cumbres espirituales de la historia humana. Pero la monarqu\u00ed\u00ada de los reyes jud\u00ed\u00ados, descendientes de David, fue s\u00f3lo una etapa en el proceso israelita. El a\u00f1o 587 a.C., los babilonios conquistaron y destmyeron Jerusal\u00e9n, llevando cautivos a muchos de sus habitantes y destmyendo el templo. Seg\u00fan eso, el tiempo de la monarqu\u00ed\u00ada nacional independiente ha ocupado s\u00f3lo un per\u00ed\u00adodo muy corto de la historia de los jud\u00ed\u00ados, que han vivido desde entonces sin tierra ni naci\u00f3n propia. De todas formas, muchos jud\u00ed\u00ados posteriores han sentido la tentaci\u00f3n de recuperar la monarqu\u00ed\u00ada y la naci\u00f3n, reconstruyendo el reino: los macabeos* (de los a\u00f1os 176 al 150 a.C.), los rebeldes del 67-70 d.C. (casi en el tiempo de Jes\u00fas) y los sionistas actuales (es decir, los defensores del actual Estado de Israel, en conflicto casi permanente con los musulmanes de la zona).<\/p>\n<p>Cf. J. BRIGHT, La Historia de Israel, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 2003; S. HERMANN, Historia de Israel, en la \u00e9poca del Antiguo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca \u00ed\u008d979; M. NOTH, Historia de Israel, Garriga, Barcelona 1966; J. A. SOGGIN, Nueva historia de Israel: de los or\u00ed\u00adgenes a Bar Kokba, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1997.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El monote\u00ed\u00adsmo como problema pol\u00ed\u00adtico (E. Peterson): recepci\u00f3n y cr\u00ed\u00adtica.-II. La monarqu\u00ed\u00ada intradivina (el Padre como fuente, origen y principio.-III. Monarqu\u00ed\u00ada y reciprocidad relacional.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abmonarqu\u00ed\u00ada\u00bb (monos arkh\u00e9, un solo principio), adem\u00e1s de otros usos o significados, aparece con frecuencia en la terminolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica de los primeros siglos como parte intetrante de la doctrina sobre Dios y de la teolog\u00ed\u00ada trinitaria; el t\u00e9rmino lleg\u00f3 incluso a convertirse en bandera de una interpretaci\u00f3n modalista o monarquia&#8217;na de la realidad divina (\u00abmonarchiam tenemus\u00bb) que quer\u00ed\u00ada mantener a toda costa la tradici\u00f3n monote\u00ed\u00adsta del AT &#8216;Sin renunciar al lenguaje del NT sobre Dios Padre, Hijo y E. Santo. Como estos aspectos son tratados en otra parte [cf. Modalismo, Monote\u00ed\u00adsmo, Trinidad], aqu\u00ed\u00ad se tendr\u00e1n en cuenta \u00fanicamente los indicados a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>I. El monote\u00ed\u00adsmo como problema pol\u00ed\u00adtico (E. Peterson): recepci\u00f3n y cr\u00ed\u00adtica<br \/>\nE. Peterson (1890-1960), estudioso de los or\u00ed\u00adgenes cristianos, te\u00f3logo protestante convertido al catolicismo en 1930, public\u00f3 en 1935 un art\u00ed\u00adculo en el que reelaboraba algunos trabajos previos sobre la monarqu\u00ed\u00ada divina. Pocos percibieron entonces las conexiones de este estudio hist\u00f3rico-teol\u00f3gico sobre textos antiguos con el trasfondo pol\u00ed\u00adtico-elesial del momento. Las referencias no eran ciertamente expl\u00ed\u00adcitas, sino en clave, envueltas en un an\u00e1lisis erudito de especialistas; resultaban, sin embargo, innegables en aquel contexto de relaciones entre Iglesia, teolog\u00ed\u00ada y nacionalismo. Para Peterson, el hecho de que sobre todo gran parte del protestantismo alem\u00e1n se dejara instrumentalizar tan f\u00e1cilmente se deb\u00ed\u00ada a que ya antes hab\u00ed\u00ada ido vaci\u00e1ndose de contenido; la identificaci\u00f3n m\u00e1s o menos expl\u00ed\u00adcita entre una verdad teol\u00f3gica (revelaci\u00f3n o reino de Dios) y un hecho hist\u00f3rico determinado (estado, raza, reino terreno) lo hab\u00ed\u00ada dejado sin capacidad de reacci\u00f3n. En este trasfondo establece Peterson su propia tesis: s\u00f3lo una concepci\u00f3n de Dios como soberano \u00fanico que gobierna a trav\u00e9s de instancias intermedias (monarqu\u00ed\u00ada divina), esquema presente en autores jud\u00ed\u00ados, en los primeros apologistas y en te\u00f3logos de palacio como E. de Cesarea, puede llevar a una justificaci\u00f3n del monote\u00ed\u00adsmo pol\u00ed\u00adtico mediante el monote\u00ed\u00adsmo religioso; por el contrario, con la interpretaci\u00f3n trinitaria de la monarqu\u00ed\u00ada divina, formulada sobre todo por los Capadocios, la comprensi\u00f3n de Dios se ve libre de manipulaciones ideol\u00f3gicas, ya que la doctrina ortodoxa de la Trinidad, establecida en el s. IV, imposibilita de ra\u00ed\u00adz toda \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb. Con este concepto se refer\u00ed\u00ada cr\u00ed\u00adticamente a C. Schmitt (1922), el cual lo hab\u00ed\u00ada acu\u00f1ado para expresar el hecho hist\u00f3rico de que la conceptualidad propia de la doctrina moderna sobre el estado no es sino un conjunto de conceptos teol\u00f3gicos secularizados; seg\u00fan Schmitt, se da un nexo indisoluble entre cualquier concepto teol\u00f3gico y una determinada situaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtico-social.<\/p>\n<p>La tesis del P. no suscit\u00f3 especiales discusiones y fue objeto de una recepci\u00f3n m\u00e1s bien tranquila. A finales de los a\u00f1os sesenta, con motivo de los debates en torno a la \u00abnueva teolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica\u00bb (Metz, Moltmann, Maier, Schmitt), experimenta una revitalizaci\u00f3n. Pero los protagonistas del debate discuten ahora sobre la herencia leg\u00ed\u00adtima de las instancias de la tesis de P.; tenerlo a favor se interpreta como fortalecimiento de la propia postura, de ah\u00ed\u00ad que sea invocado tanto por los promotores como por los detractores de las nuevas propuestas. As\u00ed\u00ad, mientras P., en nombre de la fe trinitaria, rechazaba una teolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica que no era sino justificaci\u00f3n ideol\u00f3gica de una situaci\u00f3n dada, Metz considera la misma fe trinitaria como el fundamento de una nueva teolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica, cr\u00ed\u00adtica con el poder social dominante, aplicable tambi\u00e9n a la comprensi\u00f3n mon\u00e1rquica o absoluta del pode en las estructuras eclesiales. Por su par te, Moltmann asume la tesis de P. pero quiere hacer de la doctrina trinita ria punto de apoyo no s\u00f3lo para la cr\u00ed\u00ad tica, sino tambi\u00e9n para propuestas con cretas en el \u00e1mbito pol\u00ed\u00adtico, eclesial-teol\u00f3gico: m\u00e1s all\u00e1 del monote\u00ed\u00adsmo teocr\u00e1tico, identificado con el poder \u00fanico, central y absoluto; m\u00e1s all\u00e1 del monote\u00ed\u00adsmo clerical, que se expresa en el episcopado mon\u00e1rquico; m\u00e1s all\u00e1 de monote\u00ed\u00adsmo teol\u00f3gico, que contribuyo a la helenizaci\u00f3n dei Dios judeocristiano, para elaborar una comprensi\u00f3n de la unidad divina que sea aut\u00e9nticamente trinitaria y que favorezca una comunidad humana sin privilegios ni sometimientos. En direcci\u00f3n opuesta se mueve el planteamiento de Maier; tambi\u00e9n \u00e9l recurre a la tesis de P., pero valor\u00e1ndola como un veredicto de ilegitimidad aplicable tambi\u00e9n al proyecto do la nueva teolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica; seg\u00fan \u00e9l, la doctrina trinitaria hace efectiva la distinci\u00f3n entre pol\u00ed\u00adtica y religi\u00f3n como \u00e1mbitos distintos, cada uno con racionalidad propia, y trae consigo tanto una desteologizaci\u00f3n de la pol\u00ed\u00adtica como una despolitizaci\u00f3n de la religi\u00f3n. Finalmente, Schmitt vuelve sobo el tema (1970), despu\u00e9s de mucho: a\u00f1os, para considerar la tesis de P como una especie de leyenda no suficientemente fundada en sus an\u00e1lisis hist\u00f3ricos, expresi\u00f3n ella misma de una determinada teolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>El inter\u00e9s teol\u00f3gico de la tesis de P y de su recepci\u00f3n tan diversa radica en la pregunta por la posible relevancia pol\u00ed\u00adtica que corresponder\u00ed\u00ada a determinadas afirmaciones centrales de la fe cristiana en Dios, es decir, en la pregunta por las posibles relaciones entre dogma cristiano e ideolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtico-social. Se trata de una tesis con pretensiones sistem\u00e1ticas, fundamentada en el an\u00e1lisis hist\u00f3rico de textos antiguos. Bajo ambos aspectos ha sido objeto de an\u00e1lisis detallados (Schindler), cuyo resultado final conduce a una postura reticente tanto frente a las argumentaciones hist\u00f3ricas como frente a las generalizaciones sistem\u00e1ticas de P.; en el plano hist\u00f3rico no parece suficientemente demostrado que una fe monote\u00ed\u00adsta termine siempre y necesariamente en una instrumentalizaci\u00f3n de la religi\u00f3n (cf. profetismo b\u00ed\u00adblico) ni que la doctrina trinitaria ortodoxa otorgue sin m\u00e1s, por s\u00ed\u00ad misma, una especie de inmunizaci\u00f3n autom\u00e1tica frente a toda posible ideologizaci\u00f3n de la fe. A pesar de todo, aunque sea muy dif\u00ed\u00adcil demostrar hist\u00f3ricamente que el monote\u00ed\u00adsmo como problema pol\u00ed\u00adtico haya quedado definitivamente superado, la tesis de P. sigue ejerciendo un gran poder de atracci\u00f3n por haber puesto de manifiesto la coherencia de la fe en Dios con determinados comportamientos pol\u00ed\u00adtico-sociales (la incoeherencia con otros) y por haber planteado llena de inter\u00e9s y actualidad: la relaci\u00f3n del monote\u00ed\u00adsmo con las diversas formas de intolerancia, intransigencia o fanatismo pol\u00ed\u00adtico-religioso; la legitimaci\u00f3n del poder absoluto o de las dictaduras mediante el recurso a convicciones religiosas; la libertad, el pluralismo, la diversidad y la convivencia de cosmovisiones distintas como prueba de fuego, en la sensibilidad contempor\u00e1nea, para toda convicci\u00f3n de fe que se presente con pretensiones de verdad \u00fanica y absoluta.<\/p>\n<p>II. La monarqu\u00ed\u00ada intradivina (el Padre como fuente, origen y principio)<br \/>\nA diferencia del tema anterior (implicaciones entre monote\u00ed\u00adsmo divino y configuraciones pol\u00ed\u00adticas de la sociedad), la pregunta por la monarqu\u00ed\u00ada intradivina es una cuesti\u00f3n estricta de teolog\u00ed\u00ada trinitaria; en rigor no es sino la pregunta por el modo de garantizar la unidad intradivina en la Trinidad de personas. Y aqu\u00ed\u00ad nos encontramos con elementos comunes a la tradici\u00f3n oriental y occidental, con diversidad de acentos, terminolog\u00ed\u00ada o esquemas conceptuales y con una controversia muy concreta (el Filioque) en la que repercuten directamente las coincidencias y las divergencias.<\/p>\n<p>Desde los estudios de R\u00e9gnon es usual caracterizar la doctrina trinitaria latina como esencialista (por partir de la naturaleza o esencia com\u00fan para pensar desde ella la diversidad de personas) y la doctrina trinitaria griega de personalista (por partir de las personas, en concreto del Padre, para descubrir en ellas la esencia com\u00fan). La diferencia real de perspectivas no justificada, sin embargo, ning\u00fan tipo de rigidez esquem\u00e1tica fija, como si entre los latinos el apersonalismo fuera manifiesto o general o como si los griegos no tuvieran inter\u00e9s alguno en reflexionar sobre la esencia (Le Guillou, Halleux). De hecho, la condici\u00f3n del Padre como fuente, origen y principio de toda la divinidad, la radicaci\u00f3n \u00faltima de la monarqu\u00ed\u00ada intradivina en la persona del Padre, la comprensi\u00f3n de las relaciones intratrinitarias como relaciones de origen, todos ellos son datos com\u00fanmente compartidos, que propiamente no han constituido objeto de controversia entre ambas tradiciones. Si es cierto que la tradici\u00f3n oriental acent\u00faa con preferencia el estatuto \u00abmon\u00e1rquico\u00bb del Padre, tambi\u00e9n lo es que esta condici\u00f3n en modo alguno resulta desconocida para la tradici\u00f3n occidental. Dionisio de Roma defiende la monarqu\u00ed\u00ada divina frente al riesgo de su escisi\u00f3n si se habla de tres hip\u00f3stasis separadas (DS 112); el mismo san Agust\u00ed\u00adn, cuya doctrina se considera como paradigma de la teolog\u00ed\u00ada trinitaria occidental, habla de la persona del Padre como del principio de la divinidad (\u00abtotius divinitatis, vel si melius dicitur, deitatis principium\u00bb, CCL 50, 200); en la misma l\u00ed\u00adnea, la tradici\u00f3n de los concilios toledanos presenta al Padre como \u00abfons et origo totius divinitatis\u00bb [cf. Concilios]. La monarqu\u00ed\u00ada del Padre, por tanto, como garant\u00ed\u00ada de la unidad divina en ambas tradiciones teol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Las diferencias son de car\u00e1cter terminol\u00f3gico y conceptual. Los griegos reservan exclusivamente para el Padre los t\u00e9rminos de \u00abcausa\u00bb (ait\u00ed\u00ada) y de \u00abprincipio\u00bb (arkh\u00e9), porque \u00fanicamente el Padre es la \u00faltima causa no causada, el principio sin principio. Pero se trata de un concepto de causa fuertemente personalizado, que acent\u00faa la diferencia neta entre el Padre como fuente personal \u00faltima y como \u00fanico principio originante causal (a\u00ed\u00adtios), de una parte, y el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo como realidades originadas y causadas (aitiato\u00ed\u00ad), de otra parte. Algunos testimonios de la tradici\u00f3n griega parecen limitar exclusivamente a la persona del Padre toda causalidad intradivina. El Ps-Dionisio, p. e., habla de \u00e9l como de la \u00fanica fuente de la divinidad superesencial (PG 3, 641D); en el mismo sentido se expresa san Atanasio (PG 28, 97B); Gregorio N. asegura que el Padre comunica al Hijo todo cuanto es y posee, excepto la condici\u00f3n de principio causal (ait\u00ed\u00ada) (PG 36, 252A); J. Damasceno hablar\u00e1 tambi\u00e9n, por su parte, del Padre como del \u00fanico capaz de causar (monos a\u00ed\u00adtios ho pat\u00e9r, PG 94, 649 B). Nada extra\u00f1o que esta tradici\u00f3n de pensamiento haya llevado a la exclusi\u00f3n de cualquier participaci\u00f3n del Hijo en la causalidad originante del Padre y, por lo tanto, al rechazo decidido del Filioque.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino latino \u00abprincipium\u00bb, aplicado al Padre con una frecuencia mucho mayor que el de \u00abcausa\u00bb, significa tambi\u00e9n la fuente primordial \u00faltima, pero no tiene una connotaci\u00f3n tan personalizada exclusivamente en el Padre. Por ello, puede hablarse m\u00e1s f\u00e1cilmente del Padre y del Hijo conjuntamente como un \u00fanico principio espirativo del Esp\u00ed\u00adritu Santo, e. d., el Hijo habr\u00ed\u00ada recibido del Padre, juntamente con la esencia divina, tambi\u00e9n esta capacidad espirativa. Ambos ejercer\u00ed\u00adan conjuntamente una forma concreta de actuaci\u00f3n, la de ser principio \u00fanico del E. Santo. Algunos autores griegos no tendr\u00ed\u00adan mayores reparos en admitir una participaci\u00f3n activa del Hijo en el surgimiento del Esp\u00ed\u00adritu, pero se resisten a interpretarla en categor\u00ed\u00adas de causalidad; solamente as\u00ed\u00ad puede despejarse cualquier asomo de diarqu\u00ed\u00ada en la divinidad y cualquier oscurecimiento de la condici\u00f3n mon\u00e1rquica del Padre. Tal como se puso de manifiesto en las discusiones habidas en el concilio de Florencia, la verdadera divergencia entre latradici\u00f3n oriental y occidental a prop\u00f3sito de la procedencia del E. Santo no estaba en la equivalencia de las f\u00f3rmulas \u00aba Patre per Filium\u00bb y \u00aba Patre et Filio\u00bb, sino en la contraposici\u00f3n entre el monopatrismo sistematizado por la tradici\u00f3n fociana (a Patre solo) y el filioquismo de los occidentales (a Patre Filioque). Nadie pretend\u00ed\u00ada cuestionar la monarqu\u00ed\u00ada del Padre, pero las dificultades de entendimiento mutuo y la diversidad de presupuestos conceptuales no pudieron al fin ser superadas (H.J. Marx).<\/p>\n<p>III. Monarqu\u00ed\u00ada y reciprocidad relacional<br \/>\nUn observador atento de los desarrollos recientes en la teolog\u00ed\u00ada trinitaria contempor\u00e1nea podr\u00e1 comprobar hasta qu\u00e9 punto los nuevos proyectos pretenden superar encasillamientos acostumbrados y se mantienen abiertos a est\u00ed\u00admulos de otras tradiciones. Por lo que Se refiere en concreto a la teolog\u00ed\u00ada occidental puede hablarse de una recepci\u00f3n ,rmplia otorgada al esquema m\u00e1s propio de la tradici\u00f3n oriental, el que toma punto de partida la revelaci\u00f3n de Dios en la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica y la identificaci\u00f3n del Padre con el \u00fanico Dios verdadero (Rahner, Kasper). Lo cual lleva consigo consecuencias metodol\u00f3gicas, perceptibles p. e. en la superaci\u00f3n generalizada de la divisi\u00f3n tradicional del tratado sobre Dios en dos tratados separados (Deo Uno et Deo Trino). Pero las implicaciones metodol\u00f3gicas no son meramente formales, sino que van parejas con cuestiones de contenido, al identificar al Dios \u00fanico no tanto con la naturaleza divina \u00fanica cuanto con el Padre de Jesucristo. Son cuestiones no siempre satisfactoriamente resueltas: \u00bfc\u00f3mo justificar la identificaci\u00f3n de la esencia de Dios con la paternidad divina en cuanto principio sin principio? \u00bfSer\u00e1 posible hablar en rigor de un proceso de personalizaci\u00f3n en Dios, sobre todo para el Logos y el Esp\u00ed\u00adritu, que tiene en el Padre su impulso originario y alcanza su culminaci\u00f3n en el desarrollo de los acontecimientos hist\u00f3ricos salv\u00ed\u00adficos (Schoonenberg)? \u00bfObliga el orden trinitario de la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica, tal como aparece en Mt 28, 19, a mantener ese mismo ordenamiento en las afirmaciones de car\u00e1cter ontol\u00f3gico y a comprender las relaciones intratrinitarias entre las personas divinas \u00fanicamente como relaciones de origen entre principio originante y realidades originadas, de tal modo que el \u00fanico esquema v\u00e1lido sea el que habla del Padre como \u00aba nudo\u00bb, del Hijo como \u00aba Patre\u00bb y del E. Santo bien como \u00aba Patre solo\u00bb bien como \u00aba Patre et Filio\u00bb?<br \/>\nAlgunos temen que la respuesta afirmativa, especialmente en la \u00faltima pregunta, lleve necesariamente a la comprensi\u00f3n de las personas divinas desde la desigualdad y haga en \u00faltimo t\u00e9rmino imposible la superaci\u00f3n convincente de un cierto subordinacionismo residual e inevitable. De ah\u00ed\u00ad la urgencia de repensar toda la cuesti\u00f3n dando mucho m\u00e1s relieve a la reciprocidad relacional, sin pretender negar con ello la monarqu\u00ed\u00ada del Padre.<\/p>\n<p>Es, en otros, lo que pretende, por ejemplo, Pannenberg en sus propuestas m\u00e1s recientes de teolog\u00ed\u00ada trinitaria: pensar la unidad divina de las personas como reciprocidad de dependencia y de relaci\u00f3n, partiendo para ello de la identidad entre Trinidad econ\u00f3mica e inmanente. En la historia salv\u00ed\u00adfica vemos que el Hijo es enviado por el Padre, pero tambi\u00e9n que el Padre hace depender su divinidad de la misi\u00f3n del Hijo (la llegada de su reino). El Padre no solamente da al Hijo, sino que tambi\u00e9n recibe de \u00e9l. Algo semejante puede decirse del Esp\u00ed\u00adritu: procede del Padre y es enviado por el Hijo, pero es igualmente cierto que en el orden de la econom\u00ed\u00ada el Hijo recibe tambi\u00e9n el don del Esp\u00ed\u00adritu. No basta, por tanto, con decir que el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu proceden del Padre, pues el Padre depende tambi\u00e9n del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu en la llegada de su reino y en la glorificaci\u00f3n que le corresponde. En la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n se revela una reciprocidad de dependencia que permite hablar de una reciprocidad mutua de relaciones como constitutivo de las personas trinitarias. Adem\u00e1s, el uso trinitario del concepto de persona no puede ser un\u00ed\u00advoco, sino an\u00e1logo, pues la forma peculiar de ser persona que tiene el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu es tan distintiva que en ello radica la \u00fanica posibilidad de diversidad hipost\u00e1tica intratrinitaria. Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu, cada uno en su peculiaridad propia, es persona desde la relacionalidad respectiva y rec\u00ed\u00adproca con las otras personas trinitarias, desde el di\u00e1logo mutuo interpersonal. Las personas trinitarias pueden considerarse, en esta perspectiva, como di\u00e1logo (mejor, tri\u00e1logo) permanente de comuni\u00f3n. Partir de la monarqu\u00ed\u00ada del Padre no imposibilita comprender la vida intradivina como unidad en el amor y en la comuni\u00f3n, pero absolutizar esta perspectiva oscurece la importancia de la reciprocidad relacional. A su redescubrimiento han contribuido las profundas modificaciones sufridas por el concepto de persona y la importancia dada a la interpersonalidad e intersubjetividad. Todo lo cual pone de manifiesto que la unidad divina es unidad comunional (de perikh\u00f3resis).<\/p>\n<p>[-> Agust\u00ed\u00adn; Amor; Atanasio; Capadocios; Comuni\u00f3n; Concilios; Creaci\u00f3n; Credos; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Filioque; Hijo; Jesucristo; Logos; Misi\u00f3n; Modalismo; Monote\u00ed\u00adsmo; Padres (griegos y latinos); Perikh\u00f3resis; Personas divinas; Procesiones; Propiedades; Rahner; R\u00e9gnon, Tb. de; Reino; Relaciones; Subo rdinacionismo; Teolog\u00ed\u00ada y Econom\u00ed\u00ada; Trinidad; Trite\u00ed\u00adsmo; Unidad.]<br \/>\nSantiago del Cura Elena<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>V\u00e9ase REY. Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado [801] Sistema de gobierno basado en una sola persona como referencia. Ordinariamente al monarca se la denomina rey o emperador, pudiendo serlo absoluto si no tiene limitaciones en el ejercicio de su poder, o constitucional si sus poderes est\u00e1n condicionados por un parlamento o una constituci\u00f3n. Contra los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/monarquia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMONARQUIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-9412","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9412","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9412"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9412\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9412"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9412"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9412"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}