{"id":9662,"date":"2016-02-05T07:04:34","date_gmt":"2016-02-05T12:04:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infancia-adulta\/"},"modified":"2016-02-05T07:04:34","modified_gmt":"2016-02-05T12:04:34","slug":"infancia-adulta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infancia-adulta\/","title":{"rendered":"INFANCIA ADULTA"},"content":{"rendered":"<p>104 Conceptos (33) y [16]<\/p>\n<p>          (Itinerario completo: 12 horas<br \/>\n  * Itinerario breve: 6 horas)<\/p>\n<p> (* Rasgos generales de la infancia:)<\/p>\n<p>     INFANCIA MEDIA \/ INFANCIA ADULTA \/ Ni\u00f1ez \/ Muchachos \/<br \/>\n     Comunicaci\u00f3n \/ [Apertura social] \/ Inter\u00e9s \/ [Naturalidad] \/ [Cordialidad] \/ Espontaneidad \/<br \/>\n     Alegr\u00ed\u00ada \/ Tranquilidad \/ Sencillez \/ [Ingenuidad] \/ Sinceridad \/ Llaneza \/ Bondad \/<br \/>\n     Sagacidad \/ Constancia \/ Docilidad \/ Generosidad \/ [Desinter\u00e9s] \/<br \/>\n     Solidaridad \/ Confraternizar \/ Amistad \/ Voluntariedad \/ Simpat\u00ed\u00ada \/ Conformidad<br \/>\n (* Absorbido por los compa\u00f1eros y la vida colegial:)<\/p>\n<p>     Colegio \/ Trabajo escolar \/ Compa\u00f1erismo \/ Docencia \/ Estudios \/ Aprendizaje \/ Reflexi\u00f3n \/<br \/>\n     [Actividades abiertas] \/ Destrezas \/ Danza \/ Dibujo \/ Dramatizaci\u00f3n \/ Esfuerzo \/ Orden \/<br \/>\n     Latencia \/ Travesuras \/ Curiosidad \/ Deseos \/ [Antojos] \/ [Exigencia] \/ [Aventuras] \/<br \/>\n     [Diferenciaci\u00f3n sexual] \/ Sexualidad \/ Afectividad \/ Intimidad \/ Observaci\u00f3n \/ Confianza<br \/>\n (* Nacimiento de una religiosidad social y participativa:)<\/p>\n<p>     CONCIENCIA \/ Concientizaci\u00f3n \/ Libertad \/ Responsabilidad \/ Discernimiento \/ Moralidad \/ Virtud \/<br \/>\n     Plegaria \/ F\u00f3rmulas \/ Devociones \/ [Grupos infantiles] \/ Participaci\u00f3n \/ Animaci\u00f3n \/<br \/>\n     [Iniciaci\u00f3n sacramental] \/ Confesi\u00f3n \/ Comuni\u00f3n \/ Primera comuni\u00f3n \/<br \/>\n     Oraci\u00f3n \/ Devociones \/ Eucarist\u00ed\u00ada \/ Penitencia \/ Orientaci\u00f3n \/<br \/>\n (* Recursos y actividades preferentes:)<\/p>\n<p>     Experiencias \/ Vivencias \/ Convivencias \/ Ejercicios espirituales \/ [Actos de piedad] \/<br \/>\n     Escritos \/ Murales \/ Collages \/ Audiovisuales. Montajes \/ Canciones \/ M\u00fasicas \/ Debates<br \/>\n (* Riesgos y alteraciones diversas:)<\/p>\n<p>     Envidia \/ [Emulaci\u00f3n] \/ Disimulo \/ Competitividad \/ Man\u00ed\u00adas \/ Miedos \/ [Credulidad] \/ Improvisaci\u00f3n \/<br \/>\n     Superficialidad \/ Disputas \/ Inmoralidad \/ Volubilidad \/ Dependencia ajena \/<br \/>\n     Indiferencia \/ [Esc\u00e1ndalos de adultos]<\/p>\n<p>                     Cuestionario de autocontrol<br \/>\n 1. \u00bfCu\u00e1les parecen ser los rasgos psicol\u00f3gicos propios de la infancia adulta?<br \/>\n 2. \u00bfSe produce ya en esta etapa cierta diferenciaci\u00f3n sexual? \u00bf En que aspectos o campos?<br \/>\n 3. \u00bfQu\u00e9 fotograf\u00ed\u00ada psicol\u00f3gica se puede hacer de un\/a ni\u00f1o\/a de primera comuni\u00f3n?<br \/>\n 4. \u00bfQu\u00e9 rasgos propios  definen el nacimiento de la conciencia moral?<br \/>\n 5. \u00bfCu\u00e1les son lo riesgos morales o psicol\u00f3gicos que pueden darse durante esta infancia adulta?<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>[625]<\/p>\n<p>     Hacia los 10 a\u00f1os, el ni\u00f1o toma conciencia de s\u00ed\u00ad mismo en todos los terrenos de la vida, incluidos los religiosos. Se hace m\u00e1s comprometido con sus responsabilidades morales y espirituales. No precisa tanto los apoyos familiares para sus pr\u00e1cticas, pues es el entorno de los compa\u00f1eros el que influye m\u00e1s en sus actitudes y cumplimientos.<\/p>\n<p>   La serenidad, que es lo t\u00ed\u00adpico de este momento, y la armon\u00ed\u00ada con la que se enfrenta a la vida, a los estudios, a los hechos del ambiente, a las diversiones, etc., le permite vivir con tranquilidad el momento presente. Por eso su religiosidad es estable y activa. No son tanto los sentimientos cuanto la imitaci\u00f3n lo que determina su comportamiento.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s cuenta ya con buena capacidad reflexiva y con m\u00faltiples experiencias vitales almacenadas. En estas dos riquezas apoya sus planteamientos religiosos. No se hace nunca problema por ellos y los sit\u00faa con naturalidad en su vida movida y muy proyectada hacia el exterior del hogar.<\/p>\n<p>    Es la relaci\u00f3n social lo que m\u00e1s condiciona su modo de pensar, de sentir y de actuar. Los compa\u00f1eros, tanto los del medio colegial como los dem\u00e1s que se van cruzando por su vida, influyen mucho \u00abgrupalmente\u00bb en su personalidad.<\/p>\n<p>    1. Perfil psicol\u00f3gico<br \/>\n    Llamamos madura a esta infancia superior, no por ser quien la vive ya capaz de organizar con plena autonom\u00ed\u00ada sus estructuras mentales, sino porque se incrementan notablemente las opciones y las decisiones. El ni\u00f1o se vuelve muy responsable de sus actos, ya que asume las consecuencias de los mismos. Selecciona con habilidad los medios para los fines que se propone. Calcula con certera mirada sus posibilidades. Y mide con objetividad las cualidades ajenas.<\/p>\n<p>    Toma conciencia por s\u00ed\u00ad mismo de lo que le conviene. No siempre acierta, pero cuenta con recursos para formular juicios objetivos.<\/p>\n<p>    Se hace reflexivo, aunque a veces su muestra m\u00e1s intuitivo. Es lo t\u00ed\u00adpico de esta infancia que otea el paisaje de la vida con alegr\u00ed\u00ada. Sabe por experiencia que sus opciones cuentan a la larga y que los dem\u00e1s comienzan a tenerlas en cuenta. Asume sus propias decisiones, incluso las que escapan a sus atribuciones en el contexto familiar. Ello le engendra a veces conflictos con los padres y tambi\u00e9n en el \u00e1mbito escolar.<\/p>\n<p>     Tambi\u00e9n es consciente de sus limitaciones, aunque en general se sobreestima y es optimista en el c\u00e1lculo de los recursos. Por eso se manifiesta positivo ante la vida, actitud confiada que transforma en motivo de satisfacci\u00f3n en las diversas iniciativas que adopta.<\/p>\n<p>    Esta capacidad vital se debe a que ya posee suficientes experiencias, positivas y negativas, para diferenciar el bien y el mal, incluso al margen de lo que piensen, digan y hagan los mayores. Como piensa por su propia cuenta, es capaz de formular muchos juicios de valor, si bien no son seguros todav\u00ed\u00ada. Le gusta contrastarlos con lo que dicen los dem\u00e1s y con frecuencia se aferra a los propios.<\/p>\n<p>    Por otra parte, ha superado ya el egocentrismo, el predominio afectivo, la fantas\u00ed\u00ada ingenua y la inseguridad. Se siente desafiado por el ambiente. Pone sus intereses primordiales sobre todo en sus relaciones con los amigos y compa\u00f1eros. Es curioso y se interesa por la acci\u00f3n. Tiende a la improvisaci\u00f3n, a las respuestas r\u00e1pidas y a las soluciones concretas.<\/p>\n<p>    Y tambi\u00e9n se muestra servicial y desinteresado en sus aportaciones, sobre todo con los compa\u00f1eros de las tareas escolares. Aprende muchas cosas de ellos, pero tambi\u00e9n ense\u00f1a las suyas de manera confiada y positiva. Incluso ayuda a resolver los problemas que van surgiendo, con respecto a los cuales sabe ser independiente.<\/p>\n<p>     Se desarrolla intensamente su capacidad de atenci\u00f3n y se amplia el campo de la misma. Tiene buena memoria y sabe planificar las tareas de cada d\u00ed\u00ada. Organiza con inteligencia pr\u00e1ctica el cumplimiento de sus obligaciones. Su fantas\u00ed\u00ada se proyecta en objetivos cada vez m\u00e1s precisos o relacionados con sus deberes o preferencias. Vive muy vinculado con el grupo, o grupos, en que vive.<\/p>\n<p>     Su mente es ya muy capaz de jerarquizar principios y ordenar cuestiones. Por eso construye con naturalidad su propia escala de valores intelectuales, morales y sociales.<\/p>\n<p>    Es la tendencia que m\u00e1s resalta en su modo de pensar. Se inicia de esta manera una vida m\u00e1s personal, hasta el punto de hacerse capaz ya de resolver muchos problemas sin traslucirlos ni siquiera en el medio familiar. Hasta ahora acud\u00ed\u00ada a la ayuda de los mayores. Pero ha llegado el momento de resolver por propia cuenta.<\/p>\n<p>     No cuenta ya el mimetismo axiol\u00f3gico de la etapa anterior. Ahora el muchacho es m\u00e1s estable y responsable, salvo que su personalidad sea lenta en los procesos de maduraci\u00f3n o su temperamento se mantenga subyugado por la influencia absorbente de los padres.<\/p>\n<p>    1.1. Armon\u00ed\u00ada y estabilidad<\/p>\n<p>     A esta edad es especialmente arm\u00f3nico y equilibrado en sus previsiones. En el \u00e1mbito escolar se muestra generoso y solidario. Es por lo general desinteresado y f\u00e1cil de contentar, aunque no se consigan todos los prop\u00f3sitos. Manifiesta estabilidad de \u00e1nimo y fortaleza en las dificultades. Sus afectos se muestran poco propensos a desajustes, tensiones o conflictos. Pueden surgir vacilaciones, pero no llegan a situaciones de angustia.<\/p>\n<p>     Se siente atra\u00ed\u00addo, y a veces dominado, por intereses concretos y por el deseo de resultados inmediatos. A esta edad los gustos y preferencias no son definitivos, pero comienzan a estabilizarse las aficiones. Por eso no resulta dif\u00ed\u00adcil organizar las tareas escolares.<\/p>\n<p>     Ya no domina tanto la sensorialidad en las elecciones. En ocasiones, le resulta absorbente el ritmo de vida que lleva y la variedad de empresas en que se ve envuelto. Incluso, si no se le protege con h\u00e1bitos de orden y autodisciplina, corre el riesgo de dispersar sus energ\u00ed\u00adas mentales y comprometer los normales resultados en los estudios.<\/p>\n<p>    Ordinariamente el ni\u00f1o de esta edad puede ser previsor, sabe organizarse en lo fundamental para cumplir con las tareas impuestas y selecciona tiempos, medios y cauces en conformidad con los objetivos que se propone y con los recursos de que dispone. Puede, incluso, atender a varios frentes simult\u00e1neos, pues sus capacidades mentales son excelentes para su edad. Muchas veces los adultos se sorprenden de las muchas cosas que son capaces de hacer y que s\u00f3lo resaltan en los momentos conflictivos o en las emergencias.<\/p>\n<p>     1.2. Sentido comunitario.<\/p>\n<p>     El ni\u00f1o quiere sentirse aut\u00f3nomo en sus operaciones; pero no puede prescindir de la dependencia ajena. Siguen siendo los adultos la fuente de sus recursos y por eso tiene que mostrarse d\u00f3cil ante sus exigencias. Con todo, sabe h\u00e1bilmente desviar recursos e intenciones y, en la medida de lo posible, independizarse con frecuencia de las normas.<\/p>\n<p>    Se vuelve comunicativo, confiado y espont\u00e1neo, cordial y sencillo en el trato con todos. Pero se mantiene tambi\u00e9n personal, h\u00e1bil y capaz de acomodarse a las exigencias ajenas, siempre con flexibilidad al tenerlas en cuenta. A veces puede ser desobediente, si bien no ha llegado el momento de la rebeld\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>     Se vuelve amplio en las relaciones, positivo en las comunicaciones, claro en las pretensiones sociales.<\/p>\n<p>    Suele obtener buenos resultados en las empresas participativas. Se ilusiona f\u00e1cilmente por proyectos comunes. Sus aportaciones son eficaces. Al mismo tiempo, es firme y fiel en sus compromisos y en sus resoluciones.<\/p>\n<p>     La flexibilidad y el buen humor tienden naturalmente a proyectarse en comunicaci\u00f3n f\u00e1cil y en encuentros abiertos con los dem\u00e1s. Siente especial agrado ante la novedades y aventuras.<\/p>\n<p>     El grupo, o \u00abpandilla\u00bb, es m\u00e1s estable y coherente\u00bb, pues los intereses son homog\u00e9neos en los que los constituyen y en todos hay riqueza afectiva. Se restringe en n\u00famero los que lo forman, al menos en relaci\u00f3n a la etapa anterior; pero se intensifica la comunicaci\u00f3n y se hace m\u00e1s permanente y selectiva.<\/p>\n<p>     Sin el grupo, el ni\u00f1o se siente disminuido, hasta la perturbaci\u00f3n. Con el grupo se siente satisfecho, se asegura su equilibrio mental y moral, se facilita la maduraci\u00f3n de su personalidad.<\/p>\n<p>    Cada ni\u00f1o hace propios los afanes de los dem\u00e1s. En el grupo al que pertenece, cada miembro se conforma f\u00e1cilmente a la marcha general, a no ser que el temperamento de alguno sea excesivamente susceptible o caprichoso.<\/p>\n<p>    Los contactos con los compa\u00f1eros son est\u00ed\u00admulos incontenibles de imitaci\u00f3n y de actuaci\u00f3n. Le desagrada quedarse en inferioridad de condiciones en relaci\u00f3n a los otros. No puede todav\u00ed\u00ada regirse por principios aut\u00f3nomos de \u00ed\u00adndole moral o intelectual. Pero muchas de sus acciones implican gran madurez, que es precisamente lo que conviene tener en cuenta para la tarea educadora.<\/p>\n<p>    Con frecuencia, sobre todo si cuenta con una personalidad rica, tiende a adoptar posturas y decisiones de protagonista. Pero prefiere m\u00e1s la satisfacci\u00f3n de la acci\u00f3n compartida que el individualismo ostentoso. Cuando en el grupo alguno de los miembros se muestra impositivo, se pueden producir tensiones y desajustes, que se suelen asimilar con normalidad. Incluso en estos casos, la armon\u00ed\u00ada es la t\u00f3nica de las relaciones con los compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>    1.3. Actividad y compromisos<br \/>\n    En general el ni\u00f1o vive agradablemente adaptado a s\u00ed\u00ad mismo y a los dem\u00e1s, al entorno y a las tareas que se le proponen o imponen. Es observador y se interesa por el mundo y por la sociedad, por los hechos y por las necesidades de los hombres. Tiene buena capacidad para analizar las causas y las consecuencias de los hechos. Integra f\u00e1cilmente en sus esquemas de pensamiento todas las cosas que va aprendiendo en el contexto escolar y convivencial.<\/p>\n<p>     Por eso le agradan las asignaturas y las lecturas o reportajes audiovisuales que tienen que ver con la aventura. Viajes, animales, nuevos mundos, experimentos de laboratorio, dibujos de la naturaleza, pueblos diferentes, instrumentos de habilidad, etc., se hallan entre sus centros de inter\u00e9s preferente. No se cierra sin m\u00e1s en ellos como entretenimiento, sino que se siente propenso a buscar la conexi\u00f3n con los dem\u00e1s por medio de estos recursos. Desea dominar las situaciones y le agrada sobresalir en habilidades ante los dem\u00e1s compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>    Lo m\u00e1s significativo de esta infancia superior es la tranquilidad con la que se enfrentan los ni\u00f1os a las realidades de la vida. La serenidad est\u00e1 basada en la salud corporal, la cual suele ser excelente, e incluso en la armon\u00ed\u00ada horm\u00f3nica y neurol\u00f3gica que le caracteriza en estos a\u00f1os. Tambi\u00e9n se fundamenta en la salud ps\u00ed\u00adquica que es tan buena como la corporal, pues tiene suficientes mecanismos de defensa para eludir tensiones y represiones.<\/p>\n<p>    2. Religiosidad propia<br \/>\n    El ni\u00f1o de esta edad posee suficiente capacidad intelectual y afectiva para captar los hechos religiosos en su valor de trascendencia y de referencia. Sigue dependiendo del ambiente y del contexto educativo, familiar o escolar, en el que se incardina su religiosidad. Pero manifiesta cierta autonom\u00ed\u00ada progresiva, que es preciso respetar e incluso potenciar.<\/p>\n<p>    Empieza a organizar y seleccionar sus conocimientos doctrinales y morales. Y va siendo cada vez m\u00e1s consciente de sus actitudes personales, incluso en direcci\u00f3n opuesta a la insinuada por los educadores o los padres. Esto implica un desarrollo suficiente para considerar su responsabilidad como un hecho, para valorar su conciencia como riqueza y para reclamar juicios religiosos apoyados en la verdad y no s\u00f3lo en la impresi\u00f3n ocasional o subjetiva de cada momento.<\/p>\n<p>    Manifiesta buena sensibilidad espiritual, sobre todo si su inteligencia est\u00e1 cultivada por una buena formaci\u00f3n. Pero sus sentimientos se presentan inseparables de sus ideas y sus juicios no son del todo independientes de los adultos.<\/p>\n<p>    Cuenta tambi\u00e9n en gran manera los procesos formativos que ha atravesado anteriormente. Con todo, no se puede denominar al ni\u00f1o \u00abreligioso\u00bb sin m\u00e1s, al menos de forma muy rigurosa. Simplemente se puede decir de \u00e9l que se mueve en un nivel espiritual suficientemente significativo para pedirle que piense por su cuenta, sin que llegue a independizarse de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Es cierto que se halla propenso a la benevolencia y a la serenidad; y esta actitud global de su persona afecta tambi\u00e9n a lo moral y a lo religioso. Pero sus valores espirituales son reflejo de lo aprendido y de los buenos sentimientos en los que participa: servicio, compasi\u00f3n y solidaridad, entre otros.<\/p>\n<p>   2.1. Inquietudes morales<br \/>\n    Hay que resaltar a esta edad el tono moral que se imprime a las relaciones religiosas. Pero su moralismo social tiene m\u00e1s de eco circundante, cuando respira ambientes sanos, que de inquietud \u00e9tica profunda, ya que su vida discurre naturalmente sin grandes interrogantes o dificultades. Es un moralismo con m\u00e1s de sentimiento que de carga intelectual, con m\u00e1s de imitaci\u00f3n familiar o escolar que de sentido \u00e9tico.<\/p>\n<p>    El muchacho se pregunta a s\u00ed\u00ad mismo, o interroga a los dem\u00e1s con cierta frecuencia, sobre la bondad o malicia de las acciones. Teme el riesgo de errar o de apartarse del deber. Pero sus valoraciones sobre fin del hombre, sobre la dignidad de la persona o sobre las pr\u00e1cticas de la sociedad en la que se vive son muy vagas y poco profundas. En su mente pesan todav\u00ed\u00ada m\u00e1s los hechos que los criterios.<\/p>\n<p>    Sin embargo, est\u00e1 naciendo aceleradamente su propia moral y con frecuencia le agrada contrastarla con la de aquellas personas que le inspiran confianza. En general se satisface con cualquier respuesta, con total de que se halle garantizada por una autoridad.<\/p>\n<p>    2.2. Valores crecientes<br \/>\n    Admira los gestos religiosos y los repite con agrado, sin entrar en mayores consideraciones. Con todo, si en el ambiente se ridiculiza o menosprecia lo sagrado o las pr\u00e1cticas piadosas, se retrae de su pr\u00e1ctica o de su manifestaci\u00f3n, ya desde este momento. Entonces trata de relegarlo a lo secreto de su conciencia o simplemente lo evita, pues pesan mucho en \u00e9l las influencias ambientales.<\/p>\n<p>    Y del mismo modo, si lo religioso se ensalza y en el entorno se vive como una riqueza importante, tambi\u00e9n participa con agrado y hasta con firmeza en sus manifestaciones cotidianas y solidarias.<\/p>\n<p>    Por ello, la religiosidad de este ni\u00f1o resulta tributaria del entorno, aun cuando tenga cierta predisposici\u00f3n a valorar por s\u00ed\u00ad mismo algunos de sus aspectos y manifestaciones. Es ya capaz de pensar en Dios por su cuenta y de interpretar los mensajes de Libros Sagrados.<\/p>\n<p>     3. Momentos religiosos<br \/>\n    Existen dos momentos religiosos significativos durante esta infancia superior, en que la capacidad expresiva del ni\u00f1o experimenta un salto cualitativo e importante en el terreno de los conceptos, de las actitudes y de los sentimientos.<\/p>\n<p>    3.1. Momento m\u00e1s din\u00e1mico<br \/>\n    Hacia los 10 a\u00f1os, nos hallamos ante una infancia m\u00e1s activa o din\u00e1mica que reflexiva. El ni\u00f1o expresa una verdadera afici\u00f3n por actuar en lo que sea y como sea. Le agrada la aventura y se siente due\u00f1o de multitud de habilidades que gusta ostentar ante los dem\u00e1s. Es capaz de realizar trabajos eficaces.<\/p>\n<p>    Se ofrece voluntariamente a asumir responsabilidades y compromisos. La religiosidad de este momento se muestra en consecuencia como te\u00f1ida de activismo y de afici\u00f3n a lo novedoso. Pr\u00e1cticamente los ni\u00f1os y las ni\u00f1as reaccionan de forma muy similar ante las exigencias de su fe. La viven sin problemas, m\u00e1s como acci\u00f3n que como adhesi\u00f3n.<\/p>\n<p>    3.2. Momento m\u00e1s intimista<br \/>\n    En torno a los 12 a\u00f1os, llega el momento de la adhesi\u00f3n por encima de la acci\u00f3n. El ni\u00f1o se vuelve m\u00e1s selectivo en sus creencias y en sus sentimientos. Comienza a nacer la intimidad y la conciencia m\u00e1s o menos clarificada de su relaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>    En este y otros rasgos, las diferencias de edad, de temperamento y de sexo son grandes. Esta actitud selectiva se intensifica en la ni\u00f1a. Ella protagoniza, a partir de ahora y durante cuatro o cinco a\u00f1os, procesos acelerados de transformaci\u00f3n corporal y psicol\u00f3gica.<\/p>\n<p>    Pero tambi\u00e9n sus diferencias se manifiestan en lo moral, en lo espiritual, en la resonancia de los valores religiosos, de la sensibilidad de su conciencia y en la tendencia a la intimidad. El salto que se refleja en los valores religiosos y morales tiene como causa los cambios en el mapa de todos los rasgos psicol\u00f3gicos restantes. El chico sigue eminentemente grupal. Por eso, sus transformaciones pasan m\u00e1s desapercibidas.<\/p>\n<p>     3.3. Religiosidad de encuentro.<\/p>\n<p>    La religiosidad, en cuanto se expresa por las ideas, los sentimientos y las actitudes relacionadas con lo espiritual, muestra a esta edad un significado preferentemente grupal. Se asocia estrechamente, para su comprensi\u00f3n, para su expresi\u00f3n y para su crecimiento, con las actividades externas y sociales.<\/p>\n<p>    El tono de esa interrelaci\u00f3n grupal est\u00e1 siempre dependiente del eco que el entorno posee en su mente y en su afectividad. En ambientes agn\u00f3sticos, o apagados \u00e9tica o espiritualmente, los ni\u00f1os de estas edades van relegando y amortiguando sus intereses y gestos religiosos o a manifestarlos muy espor\u00e1dicamente.<\/p>\n<p>    En los ambientes m\u00e1s tradicionales y piadosos, la religiosidad sigue cauces m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos y naturales de comunicaci\u00f3n: plegarias, devociones, lenguajes, ornamentos religiosos, celebraciones, actos de culto, participaciones sacramentales, etc.<\/p>\n<p>    Pueden manifestarse en este momento los primeros atisbos de escepticismo o incredulidad en algunos ni\u00f1os, por prematuro que parezca el fen\u00f3meno. Sucede, sobre todo, cuando advierten las iron\u00ed\u00adas, dial\u00e9cticas o negaciones en temas religiosos y transcendentes por parte de sus padres o educadores. En otros ni\u00f1os, sin embargo, puede conservarse ostensiblemente cierto fervor en las creencias, a primera vista interpretado como infantil, pero realmente valioso para la vida posterior.<\/p>\n<p>    Fuera de estas incidencias o influencias, se mantiene una actitud general de credulidad serena, que es m\u00e1s expresi\u00f3n de su tranquilidad moral e ideol\u00f3gica que aut\u00e9ntica fe religiosa. Por eso, normalmente el ni\u00f1o manifiesta aceptaci\u00f3n sencilla, sociol\u00f3gica y acr\u00ed\u00adtica de la doctrinas que se le exponen.<\/p>\n<p>     Precisamente por su receptividad y serenidad, es la etapa m\u00e1s importante para la formaci\u00f3n de las disposiciones religiosas. El ni\u00f1o vive una din\u00e1mica social intensa y mira a los adultos y a los dem\u00e1s compa\u00f1eros como los centros de referencia en sus comportamientos religiosos.<\/p>\n<p>    3.4. Peso de las influencias<br \/>\n    Siempre es decisivo y prioritario el ejemplo que le ofrecen los padres y los familiares, los educadores y maestros, los catequistas y las personas constituidas en autoridad. Con el ejemplo de los mayores, el ni\u00f1o fundamenta su fe, configura su conciencia, construye su religiosidad.<\/p>\n<p>    Con los compa\u00f1eros se relaciona con naturalidad y establece f\u00e1ciles y naturales intercomunicaciones religiosas. Normalmente asume con cordialidad y con espontaneidad los compromisos, acepta las actuaciones sociales, no tiene respetos humanos en sus actos cultuales y en sus actitudes morales. Sobre todo, en los \u00e1mbitos escolares, se comporta con franqueza y riqueza. Vive una religiosidad participativa.<\/p>\n<p>    Por eso reviste especial importancia, pedag\u00f3gica y psicol\u00f3gica, la din\u00e1mica sacramental en la que f\u00e1cilmente se integra. Esa facilidad por los cumplimientos convertidos en h\u00e1bitos puede convertirse en la fuerza educadora mejor de este momento.<\/p>\n<p>    Con todo, tambi\u00e9n hay que resaltar que su serenidad es global y no s\u00f3lo religiosa. Son todos sus sentimientos, sus modos de pensar y sus actitudes b\u00e1sicas, los que se expresan con armon\u00ed\u00ada y equilibrio. Se muestra con similar paz en las otras dimensiones humanas: en las actitudes y juicios pol\u00ed\u00adticos, en planteamientos morales y est\u00e9ticos, en referencias a la sexualidad, en preferencias diversivas y deportivas, etc.<\/p>\n<p>    Es la \u00e9poca de la vida en la que el ni\u00f1o madura m\u00e1s arm\u00f3nica y tranquilamente. Apenas si se advierte estridencia alguna. Atraviesa casi imperceptiblemente el salto a la autonom\u00ed\u00ada religiosa posterior. En ning\u00fan otro momento de su itinerario evolutivo acontece un crecimiento m\u00e1s espectacular que el acaecido en este per\u00ed\u00adodo, sobre todo en la ni\u00f1a. Y sin embargo ambos, ni\u00f1o y ni\u00f1a, viven ese proceso con alegr\u00ed\u00ada, con tranquilidad y con armon\u00ed\u00ada convivencial.<\/p>\n<p>    Se debe sin duda a lo ocupado que se halla con la observaci\u00f3n del mundo exterior y al agrado que experimenta por dominar las diversas situaciones que se le presentan. Hacia ese terreno precisamente se halla agradablemente volcado, no s\u00f3lo por las demandas acad\u00e9micas, sino por el abanico rico de posibilidades que encuentra en el entorno.<\/p>\n<p>    Entre los 10 y 12 a\u00f1os se salta de la plena infancia a la casi adultez en juicios, en sentimientos y en actitudes. La diferencia entre ambos momentos condiciona la metodolog\u00ed\u00ada tanto escolar como catequ\u00ed\u00adstica. Las l\u00ed\u00adneas maestras de la tarea educadora en este momento van a ser: acci\u00f3n agradable en el primer momento; acci\u00f3n vinculada a proyectos grupales en el segundo; cierta libertad, pluralidad y responsabilidad cuando se llega hacia el final de la etapa.<\/p>\n<p>    3.5. Excelencia de los 10 a\u00f1os<br \/>\n    A los 10 a\u00f1os la infancia es religiosa y espiritualmente tranquila. Parece que la naturaleza dispone al sujeto para que almacene energ\u00ed\u00adas en reserva para la etapa siguiente. El sujeto se muestra en ingenuo, cr\u00e9dulo, sensorial, concreto, juguet\u00f3n, fugaz en sus impresiones y sensible ante la realidad presente.<\/p>\n<p>    Vive todav\u00ed\u00ada la exterioridad con preferencia a su intimidad, apenas despuntada y configurada. Muestra lenguaje rico, pero sus ideas son m\u00e1s dependientes que aut\u00f3nomas.<\/p>\n<p>    Es etapa de apertura y armon\u00ed\u00ada religiosa, si el entorno familiar o escolar abunda en invitaciones y en ense\u00f1anzas de este signo. De lo contrario, el ni\u00f1o permanece bueno y piadoso, aunque carezca de especiales referencias a la plegaria, a la presencia divina o al cumplimiento de pr\u00e1cticas religiosas.<\/p>\n<p>     Ahora asume ya con facilidad que es \u00e9l quien debe hacerse responsable de su pr\u00e1ctica religiosa, aunque le pesa m\u00e1s la resonancia social que la aut\u00e9ntica actitud personal. Todav\u00ed\u00ada necesita la mano de los adultos para mantener esos h\u00e1bitos o cumplimientos religiosos. Pero sabe, al menos te\u00f3ricamente, que es su protagonismo lo que m\u00e1s importa.<\/p>\n<p>    Es m\u00e1s profundo en sus explicaciones sobre temas religiosos. Se debe a que su cultura ha aumentado en los dos o tres \u00faltimos a\u00f1os, gracias a sus fuentes de informaci\u00f3n tanto general como escolar o parroquial. Esta cultura es ya sistem\u00e1tica, fundamentada y nuclear, habiendo llegado muchos ni\u00f1os a elaborar en su mente una primera s\u00ed\u00adntesis de cultura religiosa, gracias a la cual saben dar cuenta de sus creencias fundamentales.<\/p>\n<p>    Al sentirse poseedor de esa cultura, siente gusto por exponer sus impresiones y opiniones religiosas, sus dudas o sus alternativas, sus creencias y sus soluciones vitales. Ha recibido ya suficientes informaciones sobre ellas; ha sido testigo de otras opiniones, incluso no concordantes con la suya; ha podido realizar contrastes y comparaciones diversas.<\/p>\n<p>    Se siente muy influido por el ambiente, pero sabe emitir juicios sobre las realidades, incluso ante cuestiones discrepantes o conflictivas. Le gusta escuchar y hablar, discutir y a veces increpar, disentir y concordar con los adultos. Va acumulando datos y experiencias, pues tiene memoria vital suficiente para ordenar lo recibido.<\/p>\n<p>    Posee ya gran capacidad de identificar figuras o hechos religiosos. Pero todav\u00ed\u00ada cuenta con cierta preferencia sensorial y din\u00e1mica. Por eso prefiere personas concretas: Jes\u00fas, Santos&#8230; Y entiende mejor las soluciones inmediatas que los criterios, teor\u00ed\u00adas o planteamientos generales. Le agrada sobremanera sentirse culto y ser alabado por ello. Agradece la instrucci\u00f3n general y tambi\u00e9n la espec\u00ed\u00adficamente religiosa, sobre todo cuando se sabe emplear en los trabajos escolares y catequ\u00ed\u00adsticos la oportuna metodolog\u00ed\u00ada activa y participativa.<\/p>\n<p>     Recibe placer en la comunicaci\u00f3n con los iguales. Por eso se siente inclinado a participar en todo lo relacionado con la vida sacramental, con la oraci\u00f3n, con las obras de caridad. Sabe valorar todo ello religiosamente.<\/p>\n<p>    La ni\u00f1a es algo m\u00e1s capaz de ordenar sus actividades religiosas, pues comienza un proceso acelerado de maduraci\u00f3n intelectual y moral en relaci\u00f3n con el ni\u00f1o. Su capacidad de compartir es m\u00e1s limitada. Tiende al grupo m\u00e1s restringido y familiar. El ni\u00f1o se muestra m\u00e1s abierto en lo relacional, pero es m\u00e1s inmaduro en lo intelectual. Con todo, ninguno de los sexos ha llegado todav\u00ed\u00ada a la \u00abtimidez o reserva religiosa\u00bb que manifestar\u00e1n ambos dos a\u00f1os m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>     4.  Diferencias por sexo<br \/>\n    A los 12 a\u00f1os muchos varones y casi todas las ni\u00f1as viven ya par\u00e1metros psicol\u00f3gicos y religiosos m\u00e1s propios de una preadolescencia tensa que de una infancia ingenua. Se mantienen serenos por lo general, pero son frecuentes los interrogantes \u00e9ticos, sobre todo si hacen referencia a su entorno vital y a hechos vividos o interpelantes.<\/p>\n<p>    Es la etapa final de la infancia, en la cual los valores religiosos tienen que contrastarse o integrarse con otros valores que los facilitan o los dificultan. Es una infancia m\u00e1s consistente, madura y estructurada, con alteraciones afectivas frecuentes, anuncio de las convulsiones del pr\u00f3ximo estadio evolutivo.<\/p>\n<p>    4.1. Rasgos y distancias<br \/>\n    El ni\u00f1o piensa por su cuenta y reflexiona con frecuencia en temas transcendentes, pues su capacidad de abstracci\u00f3n ha aumentado notablemente en los dos \u00faltimos a\u00f1os. La ni\u00f1a es m\u00e1s sistem\u00e1tica, profunda y tambi\u00e9n intuitiva en esos planteamientos o interrogantes.<\/p>\n<p>    Surge cierto esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico en temas referentes a lo religioso. Este planteamiento se siente exacerbado, si es objeto de influencias externas prematuramente dial\u00e9cticas o pol\u00e9micas. El ni\u00f1o adopta posturas pretendidamente personales, opiniones firmes, disposiciones afectivas a veces r\u00ed\u00adgidas, aun cuando la mayor parte de las veces provienen de influencias externas.<\/p>\n<p>    Se muestra m\u00e1s aut\u00f3nomo en lo referente a sus cumplimientos religiosos. Comienza a demostrar aversiones a las injerencias externas, manifest\u00e1ndose silencioso ante las recomendaciones familiares, indiferente ante las reiteraciones de personas ajenas a la familia, casi siempre con agresividad ante las coacciones o imposiciones.<\/p>\n<p>   Se siente influenciado por los hechos fundamentales y los personajes mod\u00e9licos relacionados con el mensaje cristiano, entre los que la figura de Cristo sigue teniendo el peso decisivo.<\/p>\n<p>    Precisamente, por esa referencia personal a Cristo es por lo que puede captar, y aplicar a la propia persona, mensajes como los del amor al pr\u00f3jimo, los del sacrificio y la renuncia, los de oraci\u00f3n personal, el amor a los enemigos, la penitencia cristiana, el alcance de la caridad universal, etc. Es sensible a su pertenencia a la Iglesia, en cuanto Comunidad de los seguidores de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Estos y otros n\u00facleos del pensamiento cristiano se prestan excelentemente a una catequesis personalizada y fundamental, que es precisamente la m\u00e1s conveniente en este momento evolutivo.<\/p>\n<p>    Hacia los 12 a\u00f1os se llega a gran sensibilidad espiritual, muy armonizada con la din\u00e1mica interior participativa y abierta al entorno. Est\u00e1 estimulada por la habilidad l\u00f3gica y por la capacidad intuitiva que domina en la etapa.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o mayor ya no es tan cr\u00e9dulo. Le gusta decir \u00abyo pienso, yo opino, yo decido\u00bb. Orienta sus interrogantes hacia las cuestiones b\u00e1sicas. Quiere obtener cierta claridad, sin conseguirlo muchas veces con la rapidez con la que pretende. No le agrada hablar de los misterios religiosos incomprensibles e inexplicables, pues quisiera entenderlos con la facilidad con la que consigue captar otros hechos naturales o humanos.<\/p>\n<p>    La mente de ambos, ni\u00f1o y ni\u00f1a, se halla muy dispuesta a comprender y retener datos religiosos y ense\u00f1anzas que se le presentan en los programas de formaci\u00f3n escolar o parroquial.<\/p>\n<p>    La facilidad que poseen ambos sexos para aplicarse personalmente lo que aprenden, escuchan, estudian o comentan, en los \u00e1mbitos escolares o en las catequesis parroquiales, reclama mucha atenci\u00f3n por parte de los educadores. Implica animaci\u00f3n y direcci\u00f3n muy personalizada, lo cual debe ser tarea prioritaria desde este momento.<\/p>\n<p> 4.2. Religiosidad de la ni\u00f1a Aunque no es el sexo el principal factor diferenciador en la vida religiosa infantil, es preciso tenerlo en cuenta como elemento significativo. El educador y el catequista, sobre todo si trabajan con grupos mixtos, deben ser conscientes de la aceleraci\u00f3n femenina que se produce desde los 11 a\u00f1os.<\/p>\n<p>    Conviene hacer una llamada de atenci\u00f3n a los rasgos peculiares y diferenciales de la religiosidad de la ni\u00f1a de esta etapa. Siendo el sexo femenino m\u00e1s precoz en el desarrollo intelectual y afectivo, la religiosidad de la ni\u00f1a resulta m\u00e1s madura que la del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>    La ni\u00f1a tiene m\u00e1s capacidad para esa personalizaci\u00f3n, pues en ella se despierta m\u00e1s pronto la actitud intimista.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o es m\u00e1s objetivo, exterior y operativo. Sabe mejor aplicar a los dem\u00e1s las cuestiones y principios que se plantean en el \u00e1rea moral y religiosa. Pero tambi\u00e9n \u00e9l asume con facilidad las sugerencias asc\u00e9ticas y las invitaciones a la piedad que se le formulan.<\/p>\n<p>    En la catequesis hay que mostrarse especialmente atentos a las peculiaridades espirituales de la muchacha, no por que reclame trato diferente s\u00f3lo por el hecho de ser chica, sino para asegurar la mejor adaptaci\u00f3n a sus necesidades afectivas peculiares.<\/p>\n<p>     La muchacha experimenta durante esta infancia superior cierta precocidad en sus sentimientos. Hasta los diez a\u00f1os y medio no tendr\u00ed\u00ada sentido hablar de distanciamientos significativos entre los sexos. La din\u00e1mica infantil iguala todos los comportamientos, salvo los que provienen de los usos y costumbres, incluso de las formas tradicionales de educaci\u00f3n. Pero al llegar a este momento s\u00ed\u00ad resulta oportuno saber acomodarse a las personas.<\/p>\n<p>    Ella ve con m\u00e1s naturalidad sus pr\u00e1cticas y sus devociones, los ornamentos personales expresados en emblemas religiosos, incluso la necesidad de una mayor delicadeza en el lenguajes y en los comportamientos morales.<\/p>\n<p>    Sus mayores dotes de observaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como su intuici\u00f3n, la cual comienza a ser m\u00e1s persistente y minuciosa, la vuelven m\u00e1s capaz de descubrir las intenciones y no quedarse en los hechos externos. Establece conexiones especiales con las personas que la educan, si se logra cautivar su peculiar sensibilidad. No es dif\u00ed\u00adcil conseguirlo, ya que se halla naturalmente propensa a la relaci\u00f3n personalizada. Por eso es importante la buena relaci\u00f3n con los educadores y catequistas.<\/p>\n<p>    4.3. Consecuencias pedag\u00f3gicas<\/p>\n<p>     Es bueno adaptarse a sus peculiares dimensiones religiosas femeninas, sin provocar distanciamientos con respecto al chico. Supone arte exquisito en el educador, quien debe acomodar a ella los planteamientos espirituales y religiosos, sin caer en actitudes sexistas, que a la larga resultar\u00e1n rechazables. Esto se consigue con experiencia y con tacto pedag\u00f3gico, m\u00e1s que con proyectos y programas expl\u00ed\u00adcitos, que son m\u00e1s f\u00e1ciles de enunciar que de aplicar.<\/p>\n<p>     No est\u00e1 de m\u00e1s el recomendar que los tratos diferenciadores por motivo del sexo no sean excesivos. Las tendencias pluralistas e igualitarias de la cultura moderna tienden a disminuir estas pr\u00e1cticas, que en otros tiempos pudieron tener m\u00e1s significaci\u00f3n pedag\u00f3gica.<\/p>\n<p>     La desproporcionada insistencia en la religiosidad femenina, presuponiendo que es, por naturaleza, m\u00e1s apta para lo espiritual que el var\u00f3n, no deja de responder a criterios desafortunados y ya superados. Incluso puede originar reacciones negativas en las mismas muchachas, especialmente sensibles a la igualdad, sobre todo al llegar a la adolescencia y a la juventud.<\/p>\n<p>     Lo que s\u00ed\u00ad es bueno para el catequista o el educador es apreciar las diferencias madurativas que ciertamente se producen, sobre todo cuando a estas edades se debe actuar en grupos mixtos. Entonces, m\u00e1s que discriminar el trato en atenci\u00f3n al sexo, lo que procede es acomodarse a las situaciones madurativas de las personas<\/p>\n<p>   Muchas veces ser\u00e1n los ni\u00f1os los que necesiten m\u00e1s acogida y atenci\u00f3n, a fin de que no se sientan desplazados ante las muchachas. Se evitar\u00e1 por igual la inhibici\u00f3n de las chicas y, en ocasiones, la tendencia de los chicos a refugiarse en mecanis\u00c2\u00admos de defensa, como son la iron\u00ed\u00ada, la broma o hasta la agresividad<\/p>\n<p>   Desde la perspectiva meramente metodol\u00f3gica, la psicolog\u00ed\u00ada diferencial de los sexos reclama adaptaci\u00f3n. Pero no deben ser tan diferentes las atenciones personales que sea admisible una separaci\u00f3n en la formaci\u00f3n y en las actividades catequ\u00ed\u00adsticas. La coeducaci\u00f3n, que en tantos ambientes acad\u00e9micos resulta indiscutible como criterio y como pr\u00e1ctica, exige talante integrador, sobre todo mediante el conocimiento mutuo, el respeto compartido y la flexibilidad relacional.<\/p>\n<p>   5. Catequesis de la infancia adulta<\/p>\n<p>   Esta etapa es catequ\u00ed\u00adstica por excelencia, sobre todo cuando se logra adecuada organizaci\u00f3n que potencie el protagonismo y la actividad del mismo ni\u00f1o. Por eso las catequesis deben ordenarse de forma muy participativa. Deben responder a planes bien preparados y dinamizados<\/p>\n<p>   Hay que cuidar mucho las formas pedag\u00f3gicas, pues ambos sexos son detallistas y se sienten atra\u00ed\u00addos por los pormenores. Sobre todo se hallan interesados por la relaci\u00f3n personal y por actividades compartidas. Si se encierra al ni\u00f1o en la simple docilidad para asumir lo que los adultos le ofrecen en planes, trabajos, explicaciones, incluso cumplimientos religiosos y pr\u00e1cticas piadosas, se corre el riesgo de hacer la catequesis aburrida y superficial. Es m\u00e1s conveniente que el catequizando vaya poco a poco asumiendo por si las iniciativas de vida cristiana.<\/p>\n<p>   5.1. Catequesis y piedad<\/p>\n<p>    La maduraci\u00f3n de la piedad en esta infancia tiene decisivas consecuencias para las etapas posteriores. Es el momento de adquirir h\u00e1bitos conscientes de oraci\u00f3n, de caridad, de obediencia, de vida sacramental, etc. Por este motivo, ha de procurarse el desarrollo de actos piadosos y plegarias acomodadas a la mentalidad y a la afectividad del ni\u00f1o. Es de particular significaci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica la participaci\u00f3n lit\u00fargica as\u00ed\u00ad como la plataforma b\u00ed\u00adblica de todo lo que se realice en la educaci\u00f3n religiosa<\/p>\n<p>   Y se hace necesario perfilar planes catequ\u00ed\u00adsticos que se alejen por igual de esquemas racionalistas, v\u00e1lidos para los adultos pero no para los ni\u00f1os, y de formas espirituales excesivamente m\u00ed\u00adsticas. Del mismo modo, las actitudes afectivas o folcl\u00f3ricas, el peso excesivo de las tradiciones populares, las devociones ingenuas, etc. que no son debidamente integradas en planteamientos m\u00e1s s\u00f3lidos y definitivos, pueden resultar pobres como sistema y empobrecedoras como metodolog\u00ed\u00ada.<br \/>\n  Las asociaciones infantiles de piedad pueden ser buena oportunidad de formaci\u00f3n religiosa. Con todo, hay que actuar con prudencia y moderaci\u00f3n en su promoci\u00f3n, sobre todo si se presentan como polarizantes y excluyentes. A veces pueden agostar prematuramente los frutos espirituales, ante la falta de adaptaci\u00f3n y por desconocimiento de la psicolog\u00ed\u00ada religiosa del ni\u00f1o de esta edad. Es importante que se organicen con adaptaci\u00f3n conveniente a los niveles madurativos de los destinatarios y no en funci\u00f3n de intencionalidades m\u00e1s o menos pietistas o ut\u00f3picas adultas<\/p>\n<p>   El catequista sigue siendo para estos ni\u00f1os el elemento decisivo por sus previsiones, por sus procedimientos, por su capacidad de convocatoria y por la f\u00e1cil respuesta que provoca en los miembros del grupo que anima. Sobre todo debe ser consciente de su influencia personal y espiritual, sobre todo si sabe atraerlos y comprometerlos afectivamente y les ofrece su propio ejemplo personal<\/p>\n<p>   Necesita mucha continuidad en su acci\u00f3n. La profundidad de la formaci\u00f3n s\u00f3lo se consigue con el tiempo y con los planes constantes, s\u00f3lidos, bien elaborados y pacientemente seguidos. La diferencia b\u00e1sica y la originalidad de esta edad est\u00e1 en ese protagonismo que debe desencadenarse en la conciencia y en la afectividad de los catequizandos<\/p>\n<p>   Y tambi\u00e9n supone especial resonancia en su conciencia el hecho de que asume su vida de piedad, pues se cuenta con su capacidad de pensar y las experiencias que va adquiriendo<\/p>\n<p>   A partir de ahora, la piedad y las pr\u00e1cticas religiosas se van haciendo muy diferentes en cada persona. No siempre los comportamientos son explicables l\u00f3gicamente en funci\u00f3n de influencias externas o familiares o seg\u00fan la instrucci\u00f3n que se proporciona. Los dinamismos religiosos pueden resultar muy diversos y variados<\/p>\n<p>   Mientras unos ni\u00f1os est\u00e1n m\u00e1s propensos al acto de culto personal o comunitario, otros se muestran fr\u00ed\u00ados, indiferentes y hasta alejados. El educador o los padres, desde el gran respeto que las actitudes religiosas reclaman, har\u00e1n lo posible por insistir en el valor de la oraci\u00f3n y de la vida sacramental. Pero los m\u00ed\u00adnimos deben ser flexibles para que se adapten a cada situaci\u00f3n concreta. Ser\u00e1 bueno recordar que se debe seguir pautas diferentes de los adultos, ya que los ni\u00f1os no lo son todav\u00ed\u00ada<\/p>\n<p>   Al ser una etapa particularmente sen\u00c2\u00adsible a la din\u00e1mica catequ\u00ed\u00adstica, los que animen religiosamente al ni\u00f1o de esta edad deben seleccionar bien las intervenciones formativas y no quedarse en mera instrucci\u00f3n doctrinal o moral<\/p>\n<p>   Se ha de dar clara importancia a las experiencias y a las diversas participacio\u00c2\u00adnes con los catequizandos. Los actos de culto, las plegarias compartidas, las acciones sacramentales de diverso tipo, sobre todo penitenciales y eucar\u00ed\u00adsticas.<\/p>\n<p>   5.2. Din\u00e1mica participativa<\/p>\n<p>La tendencia fuertemente social y activa de esta etapa aconseja el uso de procedimientos grupales, en el sentido de que los muchachos puedan desenvolverse con naturalidad. Ellos no son meros receptores de doctrinas mejor o peor sistematizadas. Son protagonistas de trabajos, proyectos, b\u00fasquedas, iniciativas y sugerencias. Con esto se consigue que la formaci\u00f3n religiosa sea din\u00e1mica y no meramente el fruto de la pasividad o de la credulidad<\/p>\n<p>   Hay que recordar, con todo, el riesgo existente del simple activismo, haciendo del marco religioso un entretenimiento y no un encuentro con lo sobrenatural, como son los valores y los compromisos religiosos<\/p>\n<p>   Los resultados, procedan de metodolog\u00ed\u00adas inductivas y relativamente experimentales o de otras m\u00e1s impositivas o magisteriales, no deben reducirse a la simple \u00abcultura religiosa\u00bb. En la medida en que lleguemos a promover la vida cristiana, la catequesis ser\u00e1 excelente<\/p>\n<p>   La organizaci\u00f3n de la catequesis a partir de metodolog\u00ed\u00adas grupales debe ser prioritaria en estos a\u00f1os. As\u00ed\u00ad se ajustan los procedimientos a los reclamos psicol\u00f3gicos de los ni\u00f1os<\/p>\n<p>   Conviene usar con estos ni\u00f1os, ante todo, lenguajes vivos y activos, relaciones c\u00e1lidas, que hagan del grupo un modo de vivir gratificante y un cauce para fomentar los sentimientos y las experiencias religiosas<\/p>\n<p>   Los grupos religiosos deben combinar los aspectos o tiempos instructivos con los convivenciales. Con todo, estos tiempos deben ser poblados con verdaderas actividades compartidas, ya que es el lenguaje din\u00e1mico el que, a esta edad, permite la labor forma\u00c2\u00adtiva<\/p>\n<p>   El animador del grupo debe presentarse como modelo y referencia de la misma vida religiosa de los ni\u00f1os. Pero debe procurar que sean ellos mismos los que van asumiendo sus propias respon\u00c2\u00adsabilidades<\/p>\n<p>   La pedagog\u00ed\u00ada de los grupos infantiles de formaci\u00f3n religiosa reclama cierta especializaci\u00f3n en los dirigentes. Deben partir de la conquista afectiva, pero deben aspirar a la formaci\u00f3n profunda en la doctrina y en la vida cristiana de sus dirigidos<\/p>\n<p>   Conviene recordar que el grupo no debe nunca desplazar la actividad individual y la responsabilidad de cada perso\u00c2\u00adna en lo referente a la educaci\u00f3n religiosa. El ni\u00f1o debe encontrar en el grupo el apoyo y el reforzamiento, no el suced\u00e1neo del trabajo personal<\/p>\n<p>   Si en la din\u00e1mica grupal entra en juego alg\u00fan adulto o joven con afanes religiosos claros, el poder del grupo se incrementa. Entonces se potencia al m\u00e1ximo la influencia intensa en \u00e1reas b\u00e1sicas como la oraci\u00f3n, la vida sacramental, la pr\u00e1ctica de virtudes, etc.<\/p>\n<p>   5.3. Catequesis diferencial<\/p>\n<p>   Es preciso adaptarse a los ritmos madurativos individuales en los contenidos religiosos. Existe el riesgo del simple activismo grupal, precisamente por la sensibilidad grupal que es propia de la edad<\/p>\n<p>   No todos los muchachos tienen el mismo proceso de evoluci\u00f3n espiritual ni la misma receptividad a las ofertas exteriores. Hay que fomentar cauces que hagan posible, dentro de la mayor naturalidad, de aceptaci\u00f3n de las diferencias particulares y el respeto a la libertad de conciencia y a la intimidad<\/p>\n<p>   En la catequesis conviene aprovechar los rasgos espirituales a los que en esta edad existe propensi\u00f3n: inquietud por los aspectos morales, sentido de la ley y del orden, sentimientos altruistas intensos, docilidad intelectual, etc. La formaci\u00f3n religiosa no est\u00e1 en la cantidad de instrucci\u00f3n o de moralizaci\u00f3n que se proporciona, sino en la aceptaci\u00f3n profunda del mensaje cristiano<\/p>\n<p>   Por eso la eficacia catequ\u00ed\u00adstica no se mide por la cantidad de actos y de adhesiones, sino por la madurez de intenciones. Y \u00e9sta no se detecta por la simple armon\u00ed\u00ada externa en el comportamiento, sino por las reacciones internas que se dan en la conciencia y que dif\u00ed\u00adcilmente son detectadas por el educador si carece de suficiente sensibilidad o delicado seguimiento de los sujetos.<\/p>\n<p>   5.4. Adaptaci\u00f3n a cada \u00e1mbito<\/p>\n<p>   La catequesis familiar sigue siendo palanca decisiva de educaci\u00f3n espiritual en la infancia. A ella corresponde descubrir las dimensiones morales y personales que con frecuencia se escapan en los otros espacios catequ\u00ed\u00adsticos: escuelas, parroquias, grupos<\/p>\n<p>   Esta catequesis familiar implica atenci\u00f3n especial de los padres, sobre todo en aquellos casos en que se advierten s\u00ed\u00adntomas de abandono de valores espirituales, vac\u00ed\u00ados \u00e9tico, desviaciones incipientes, criterios religiosos err\u00f3neos<\/p>\n<p>   Interesa tambi\u00e9n el potenciar al m\u00e1ximo los cauces de expresi\u00f3n religiosa. Para ello es de suma importancia el establecimiento de adecuado clima de confianza. Esta actitud exige m\u00e9todos educativos de comunicaci\u00f3n y di\u00e1logo<\/p>\n<p>   No resulta posible una catequesis participativa en estructuras educadoras autoritarias e impositivas; menos se puede lograr una educaci\u00f3n religiosa sectorial, como la que se polariza en aspectos muy parciales o la que se centra en \u00abgrupos de pertenencia\u00bb que marginan la acci\u00f3n familiar<\/p>\n<p>   Tanto los esquemas familiares como los escolares, y los que se promocionan en otros grupos infantiles, deben tender en esta edad a la armon\u00ed\u00ada de formas y a la compenetraci\u00f3n de criterios. Hay que admitir en el perfil de influencia posibles diferencias de intensidades y la originalidad de formas, no menos que la variedad de procedencias.<\/p>\n<p>   5.5. Criterios claros<\/p>\n<p>   El ni\u00f1o de esta edad, como el de las anteriores, debe ser valorado como ni\u00f1o, formado como ni\u00f1o y alentado en su camino de maduraci\u00f3n espiritual asumiendo su insuficiencia infantil. Precisamente para conseguir ese realismo pedag\u00f3gico es para lo que nos puede servir la psicolog\u00ed\u00ada religiosa<\/p>\n<p>   \u00abLa educaci\u00f3n cristiana no busca s\u00f3lo la madurez propia de la persona humana, sino que desea, sobre todo, que los bautizados se hagan m\u00e1s conscientes cada d\u00ed\u00ada del don de la fe, mientras se inician gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvaci\u00f3n.<br \/>\n  As\u00ed\u00ad deben aprender a adorar a Dios Padre, en esp\u00ed\u00adritu y en verdad, ante todo en la acci\u00f3n lit\u00fargica, form\u00e1ndose para vivir seg\u00fan el hombre nuevo en justicia y santidad verdaderas. Y as\u00ed\u00ad llegar\u00e1n al hombre perfecto, en la edad de la plenitud en Cristo, y contribuir\u00e1n al crecimiento del Cuerpo de Cristo\u2020\u009d   (Vaticano II. Gravissimum educationis 2)<br \/>\n   Los ni\u00f1os deben formarse en conformidad con sus rasgos mentales, afectivos y sociales y no seg\u00fan intenciones religiosas de los mayores. Los educadores deben situarse psicol\u00f3gicamente en el contexto madurativo de cada edad y no en conformidad con programas abstractos. Hablar excesivamente a los ni\u00f1os de estas edades de penitencia, de oraci\u00f3n, de virtud, de amor de Dios, del Esp\u00ed\u00adritu Santo, de fe, de caridad, de justicia social, etc., es muchas veces desproporcionar los valores religiosos<\/p>\n<p>   El mejor criterio catequ\u00ed\u00adstico es el que aprecia en su justo sentido las ri\u00c2\u00adquezas sobrenaturales en la fe infantil, a partir de realidades naturales y no desde inoportunas pretensiones sobrenaturales. Lo que en todo caso se debe evitar es acelerar los procesos, exagerar la responsabilidad, desenfocar la piedad. No siempre las capacidades intelectuales infantiles pueden asumir los misterios religiosos, en su dimensiones \u00e9ticas, eclesiol\u00f3gicas o sociales.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>104 Conceptos (33) y [16] (Itinerario completo: 12 horas * Itinerario breve: 6 horas) (* Rasgos generales de la infancia:) INFANCIA MEDIA \/ INFANCIA ADULTA \/ Ni\u00f1ez \/ Muchachos \/ Comunicaci\u00f3n \/ [Apertura social] \/ Inter\u00e9s \/ [Naturalidad] \/ [Cordialidad] \/ Espontaneidad \/ Alegr\u00ed\u00ada \/ Tranquilidad \/ Sencillez \/ [Ingenuidad] \/ Sinceridad \/ Llaneza \/ &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infancia-adulta\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abINFANCIA ADULTA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-9662","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9662","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9662"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9662\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9662"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9662"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9662"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}