{"id":9663,"date":"2016-02-05T07:04:36","date_gmt":"2016-02-05T12:04:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/preadolescencia\/"},"modified":"2016-02-05T07:04:36","modified_gmt":"2016-02-05T12:04:36","slug":"preadolescencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/preadolescencia\/","title":{"rendered":"PREADOLESCENCIA"},"content":{"rendered":"<p>119 Conceptos (32) y [25]<\/p>\n<p>          (Itinerario completo: 15 horas<br \/>\n  * Itinerario breve: 9 horas)<br \/>\n (* Una etapa de transformaci\u00f3n personal:)<\/p>\n<p>       PREADOLESCENCIA \/ Pubertad \/ Autonom\u00ed\u00ada \/ Inseguridad \/ Timidez \/ Inhibici\u00f3n \/ [Afianzamiento] \/<\/p>\n<p>       Coeducaci\u00f3n \/ [Armon\u00ed\u00ada] \/ [Ritmos madurativos] \/ Evoluci\u00f3n \/ Masculinidad \/ Feminidad \/<\/p>\n<p>       Sensualidad \/ Sexualidad \/ [Instrucci\u00f3n sexual] \/ Identidad. Personalidad \/ [Diferencial. Psicolog\u00ed\u00ada] \/<\/p>\n<p>       Valores \/ Axiolog\u00ed\u00ada \/ Sensantez \/ Serenidad \/ Sinceridad \/ Uniformidad<br \/>\n (* En estado de b\u00fasqueda y afianzamiento:)<\/p>\n<p>       [Desconcierto] \/ Inquietudes \/ Curiosidad \/ Duda \/ [Indecisi\u00f3n] \/ [Incertidumbre] \/ Vacilaci\u00f3n \/ Culpabilidad \/<br \/>\n Menstruaci\u00f3n \/ Masturbaci\u00f3n \/ Poluci\u00f3n \/ Turbaci\u00f3n \/ Temperamento \/ Car\u00e1cter \/ Experiencias \/<\/p>\n<p>       Diligencia \/ Dominio de s\u00ed\u00ad \/ Seguridad \/ Alegr\u00ed\u00ada \/ Confianza \/ Intimidad \/ [Animo] \/ [Desconfianza] \/<\/p>\n<p>       [Amistades] \/ [Compa\u00f1\u00ed\u00adas] \/ Diversiones \/ Iniciativa \/ [Audacia] \/<br \/>\n (* Catequesis de valores y de personalizaci\u00f3n:)<\/p>\n<p>       [Instrucci\u00f3n cristiana] \/ Celebraci\u00f3n \/ Catec\u00fameno \/ Sacramentos \/ [Catequesis preadolscente] \/<\/p>\n<p>       Oraci\u00f3n \/ Grupos \/ Trabajo de grupo \/ Participaci\u00f3n \/ Caridad \/ Fe \/ Justicia \/<\/p>\n<p>       Comportamiento \u00e9tico \/ Concupiscencia \/ Conciencia \/ Moralidad \/ Discernimiento \/<\/p>\n<p>       [Convivencias cristiana] \/ [Campa\u00f1as] \/ Solidaridad \/ Voluntariados \/<br \/>\n (* Din\u00e1micas preferentes de apertura:)<\/p>\n<p>       Circunstancias \/ Campamentos \/ Amistad \/ Amor \/ Convivencia \/ CONVIVENCIALES. Lenguajes \/<\/p>\n<p>       Reflexiones \/ Equipo. Trabajo de \/ [Ensayos] \/ Proyecto de vida \/ Convivencias \/<\/p>\n<p>       Psicoterapias \/ Subconsciencia \/ [Osad\u00ed\u00ada] \/ [Af\u00e1n] \/ Esfuerzo \/ Tutela \/ Tutor\u00ed\u00ada \/<br \/>\n (* Riesgos y Desviaciones:)<\/p>\n<p>       [Fallos] \/ [Culpabilidad. Complejo de] \/ Soledad \/ [Aislamiento] \/<\/p>\n<p>       Gregarismo \/ Absentismo \/ Angustia \/ Competitividad \/ Coprolalia \/ Indiferencia \/ Ego\u00ed\u00adsmo \/ Pereza \/<\/p>\n<p>       Malicia \/ Maliciar \/ Pasividad \/ [Melancol\u00ed\u00ada] \/  MENTIR \/ Mentira \/ Rusticidad \/ Rutina \/<\/p>\n<p>       Erotismo \/ Verbalismo \/ Verecundia \/ Verg\u00fcenza \/ [Aventuras] \/ Temeridad \/ Riesgos \/<\/p>\n<p>         Cuestionario de autocontrol<br \/>\n 1. \u00bfCu\u00e1les son los rasgos psicol\u00f3gicos fundamentales y originales de la preadolescencia?<br \/>\n 2. \u00bfC\u00f3mo debe ser la catequesis en esta etapa y en que se debe apoyar la educaci\u00f3n del a fe?<br \/>\n 3. \u00bfC\u00f3mo debe ser prioritariamente la catequesis preadolescente? \u00bfEs dif\u00ed\u00adcil o f\u00e1cil? \u00bfPor qu\u00e9?<br \/>\n 4. \u00bfCu\u00e1les son las diferencias claras y las posibles entre el chico y la chica a esta edad?<br \/>\n 5. \u00bfEn qu\u00e9 riesgos o desviaciones puede verse metido el preadolscente con m\u00e1s frecuencia?<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>[630]<\/p>\n<p>     Entre los 12 y los 15 a\u00f1os el ser humano entra en un per\u00ed\u00adodo de descubrimiento de s\u00ed\u00ad mismo y de autoafirmaci\u00f3n ante los dem\u00e1s. Durante tres o cuatro a\u00f1os atraviesa una \u00abcrisis\u00bb, que se refleja en los cambios con frecuencia convulsivos que experimenta.<\/p>\n<p>    Se suele hablar de \u00abpubertad\u00bb, al aludir a los cambios neurol\u00f3gicos, endocrinos y sexuales, que se desarrollan con rapidez en el organismo. Se reserva generalmente el t\u00e9rmino de \u00abpreadolescencia\u00bb para todo lo referente a la personalidad y a la sociabilidad.<\/p>\n<p>    Lo m\u00e1s significativo de este proceso en el orden psicol\u00f3gico es el desarrollo de la conciencia de originalidad. El preadolescente comienza a ser aut\u00f3nomo y a sentirse independiente, m\u00e1s en deseos y actitudes que en la realidad. Tiende a ser distinto. Lo consigue en parte, y no siempre pac\u00ed\u00adficamente, ante los dem\u00e1s y ante s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>    Es etapa de frecuente turbulencia en la familia, en el centro escolar y, por supuesto, en los diversos contextos de la catequesis. Se resiste a ser tratada como en las etapas infantiles. Se aleja, en la medida de sus posibilidades, de los recuerdos y de los comportamientos del per\u00ed\u00adodo anterior.<\/p>\n<p>    1.  Conciencia de originalidad<br \/>\n    La conciencia de las propias transformaciones es clara. El protagonista de ellas no pueden entender ni explicar sus cambios, pero s\u00ed\u00ad sentirlos. Los asume con cierto agrado y es consciente de lo que implican de novedad en su vida.<\/p>\n<p>    Siente que la infancia se aleja en el tiempo y en las formas. Se sorprende por su crecimiento som\u00e1tico y social y se alegra por sus nuevas capacidades.<\/p>\n<p>    Descubre el gozo de sentirse mayor. Reclama que los dem\u00e1s se acomoden a esa mayor\u00ed\u00ada y, cuando se siente infantilizado por el trato de los adultos, reacciona con cierta agresividad.<\/p>\n<p>    Sin embargo vive inseguro ante s\u00ed\u00ad mismo. Mantiene rasgos infantiles y no le agrada reconocer que todav\u00ed\u00ada no han superado la infancia. No tiene claras las ideas y osa discutir con los adultos, aunque luego acepta sus argumentos y admira su experiencia. Se sorprende por sus sentimientos, pero trata de que dominen en su entorno.<\/p>\n<p>    Intuye la libertad en su vida, pero no es todav\u00ed\u00ada due\u00f1o de administrarla. Cierto desconcierto, af\u00e1n de b\u00fasqueda y perplejidad domina en sus reacciones.<\/p>\n<p>    El preadolescente se descubre como responsable de sus decisiones y quiere asumir su puesto social. Lo hace con deseo de ensayar nuevas posibilidades, debido a su carencia de experiencias y al temor de ser menos que otros.<\/p>\n<p>    Quiere ser \u00ab\u00e9l mismo\u00bb y muchos de sus comportamientos est\u00e1n motivados por el indefinible af\u00e1n de manifestarse con originalidad ante los dem\u00e1s: amigos, compa\u00f1eros, padres, profesores. A veces tiene sensaci\u00f3n de hacer el rid\u00ed\u00adculo y en ocasiones se admira ante el ruido que puede provocar con sus protestas.<\/p>\n<p>    A esta edad se choca de cuando en cuando con la autoridad establecida, que adopta exigencias disciplinares no consensuadas con ellos y que limitan sus pretensiones. Precisamente la tensi\u00f3n no procede de la misma naturaleza de las normas, sino del hecho de su existencia: es el deseo de afirmaci\u00f3n lo que suscita la reacci\u00f3n de ruptura.<\/p>\n<p>    Los conflictos no son profundos ni duraderos; pero resultan desagradables. Se multiplican los desasosiegos y los preadolescentes se desahogan con amenazas y no con hechos violentos.<\/p>\n<p>    Se acepta en teor\u00ed\u00ada la necesidad de la ley y del orden; pero argumenta m\u00e1s con sentimientos que con razones. En el fondo, lo que existe es el af\u00e1n de ser distinto y original y el amor naciente a la libertad. Por eso el preadolescente se siente irritado ante las restricciones, sobre todo de movimientos. Pero suele terminar reconociendo su necesidad, sobre todo ante los excesos ajenos.<\/p>\n<p>    El conflicto familiar y escolar m\u00e1s frecuente est\u00e1 relacionado con los estudios. Los audaces rompen con habilidad creciente las normas y desdibujan las exigencias; los m\u00e1s t\u00ed\u00admidos soportan con resignaci\u00f3n y lamentos las consignas recibidas. Esas actitudes se incrementan cuando se comparan con compa\u00f1eros m\u00e1s independientes, pero no por ello m\u00e1s felices.<\/p>\n<p>    Se multiplican las iniciativas de cOmunicaci\u00f3n, sobre todo con los de la misma edad, situaci\u00f3n y condici\u00f3n. Se descubre la solidaridad casi como un mito que reclama respeto m\u00e1ximo por parte de los adultos. No se es cr\u00ed\u00adtico cuando se apoya o defiende al compa\u00f1ero, sino que se acepta ciegamente la raz\u00f3n que posee el oprimido, por ser el m\u00e1s d\u00e9bil. Pero si se invita a la reflexi\u00f3n, es f\u00e1cil llegar a la clarificaci\u00f3n de las situaciones, pues el preadolescente conserva coraz\u00f3n bueno y sano.<\/p>\n<p>    Se valora la intimidad como algo intransferible, lo cual condiciona fuertemente la conducta. Siente intenso deseo de respeto a su vida personal. Y se revuelve en contra de los dem\u00e1s que quieren imponer ritmos que no agradan.<\/p>\n<p>    2. Expansi\u00f3n personal   El preadolescente presenta un mapa de rasgos variado y exuberante, con predominio de lo afectivo sobre lo l\u00f3gico, de lo din\u00e1mico sobre lo reflexivo y de lo \u00e9tico sobre lo espiritual. La serenidad es un estado interesante que el preadolescente desea, pero que no consigue siempre que lo pretende. A veces alardea de ella, pero sufre frecuentes desconciertos y hasta remordimientos.<\/p>\n<p>    De cuando en cuando su estabilidad se desajusta por la conmoci\u00f3n afectiva, som\u00e1tica y social que supone su r\u00e1pido crecimiento. Este va desde los aspectos corporales hasta las tareas sociales, en las cuales se ve envuelto con facilidad, sobre todo por el deseo que tiene de resolver problemas.<\/p>\n<p>    El aprecio de s\u00ed\u00ad mismo se debilita con frecuencia ante las dificultades y entonces se debate entre la conciencia de impotencia y la voluntad de hacer m\u00e1s que los otros. Le deprimen los fracasos y se abandona a veces al despecho.<\/p>\n<p>    Se excusa con facilidad ante sus posturas de pereza o inhibici\u00f3n, pero se embarca con inter\u00e9s en empresas que le ilusionan. Son frecuentes en \u00e9l los estados de tristeza indefinida, aun cuando no suelen ser duraderos. Busca, y f\u00e1cilmente halla, compensaciones en las relaciones con los compa\u00f1eros. Se refugia con espontaneidad en la soledad y en la nostalgia y se desahoga con expresiones diversas que tienen el com\u00fan denominador de la introversi\u00f3n: escritos, diarios, poes\u00ed\u00adas, cartas, dibujos, lecturas y el consumo televisivo.<\/p>\n<p>    La sociabilidad comunicativa del tiempo anterior, se restringe ahora en cuanto al n\u00famero de afinidades. Como esa restricci\u00f3n num\u00e9rica va acompa\u00f1ada de afectividad m\u00e1s intensa, surgen las aficiones personales, que son la fuente de la amistad selectiva que cultiva. Defiende a los amigos con verdadero celo y fomenta nuevas relaciones sociales distinguiendo intensidades y formas. Ellas son las que encauzan las aficiones dialogales del momento.<\/p>\n<p>    2.1. Habilidades crecientes<br \/>\n    Es consciente de sus propias habilidades de cara al exterior. Mide con cierta subjetividad el alcance de sus posibilidades. Su iniciativa se incrementa con proyectos llenos de fantas\u00ed\u00ada, en los que cuenta m\u00e1s la buena voluntad que los aciertos, sobre todo por no ser muy constante en su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Los amigos son los mejores est\u00ed\u00admulos para la diversi\u00f3n y el trabajo. En ellos se centran los intereses. Sigue el af\u00e1n de aventuras de la etapa anterior.<\/p>\n<p>   Son m\u00e1s din\u00e1micas en los chicos; y se cargan de m\u00e1s romanticismo y tambi\u00e9n egocentrismo en las chicas.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n surge ahora un inter\u00e9s creciente por personas idealizadas. Esa afici\u00f3n est\u00e1 en la base de sus mitos, que se polarizan con frecuencia en personajes ensalzados por los medios de comunicaci\u00f3n de masas.<\/p>\n<p>    Los mitos suscitan actitudes imitativas, las cuales nacen fuera de toda l\u00f3gica, de toda est\u00e9tica y de toda conveniencia. En esas aficiones no se halla ajeno su deseo de afianzamiento ante los mayores y ante los compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>    2.2. Relaciones nuevas<br \/>\n    Sin llegar a relaciones estables, el inter\u00e9s por el otro sexo se incrementa y poco a poco se personaliza. Su curiosidad sexual abarca todos los aspectos: el som\u00e1tico, el afectivo y el social.<\/p>\n<p>    Trata de dar vueltas sobre las mismas informaciones y vincula los datos adquiridos a la propia intimidad. En el muchacho esos afanes poseen m\u00e1s dimensi\u00f3n som\u00e1tica. En la chica se desenvuelven por terrenos m\u00e1s afectivos y personales. Adopta actitudes pasajeras de ruptura con el medio, sin llegar a un estado de permanente rebeld\u00ed\u00ada. Sin embargo, regresa f\u00e1cilmente al punto de partida, ante la seguridad que en \u00e9l encontraba. La juiciosa actuaci\u00f3n de los adultos puede suavizar tensiones cuando el caso llega, siempre que eviten imposiciones irritantes.<\/p>\n<p>    2.3. Carga \u00e9tica<br \/>\n    Surge la reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica, sobre todo \u00e9tica, ante los diversos acontecimientos y tambi\u00e9n ante las intenciones que se intuyen en las acciones propias o ajenas. Ello indica que ha nacido casi en plenitud la conciencia moral.<\/p>\n<p>    En ocasiones, se multiplican mecanismos como la proyecci\u00f3n psicol\u00f3gica o la identificaci\u00f3n con los personajes que la fantas\u00ed\u00ada ofrece como modelos. Precisamente en el paciente control de la imaginaci\u00f3n y de la afectividad es donde debe centrarse uno de los objetivos de la tarea educadora. Aprecia los valores ambientales, sobre todo el significado de las instituciones: grupos, partidos, movimientos, opciones sociales.<\/p>\n<p>    Se siente atra\u00ed\u00addo por determinados est\u00ed\u00admulos participativos y descubre las posibilidades de la competici\u00f3n como una palanca de promoci\u00f3n de su personalidad. Por eso suele sentir gusto por el deporte, por los juegos de competencia y por la confrontaci\u00f3n dial\u00e9ctica con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>   2.4. Trastornos e inseguridad<br \/>\n    Sin poder definir exactamente las causas que originan sus conmociones, que en el fondo tienen mucho de hormonales y nerviosas, son frecuentes los estados pasajeros o las crisis de irritaci\u00f3n. Pero su turbaci\u00f3n interna no implica desajuste de personalidad, incluso aunque se obstine en sus pretensiones o se refugie en actitudes de clausura.<\/p>\n<p>    En los momentos de tensi\u00f3n precisa cauces de expansi\u00f3n, de evasi\u00f3n y, en ocasiones, la debida compensaci\u00f3n con aciertos en diversos terrenos.<\/p>\n<p>    Se siente y se sabe dependiente, cultural y socialmente, del mundo adulto que le rodea, aunque quiere ser libre y se proclama rebelde sin serlo. Incluso alardea de no necesitar ya mucho de los dem\u00e1s y de contar con excelentes recursos y posibilidades.<\/p>\n<p>    Pero se descubre con frecuencia necesitado de ayuda y la experiencia le testifica continuamente esa necesidad ajena. Por eso, sus rebeld\u00ed\u00adas no son hondas; se serenan prontamente con la comprensi\u00f3n y la confianza que le ofrecen los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>   3. Descubrimiento de valores<br \/>\n    En esta edad comienza a funcionar una escala de valores personales, siendo ya capaz de jerarquizar preferencias y de organizar respuestas y comportamientos valiosos.<\/p>\n<p>    La escala de valores no es plenamente objetiva ni se independiza del entorno. Pero el preadolescente vive la impresi\u00f3n de ser due\u00f1o de ella y por eso multiplica las protestas de independencia y de autonom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    En esta red de valores se hallan los espirituales y religiosos. Constituyen un tema de an\u00e1lisis y buen motivo de acompa\u00f1amiento en el proceso de su maduraci\u00f3n interior. Los educadores deben dar prioridad al protagonismo de cada preadolescente en la construcci\u00f3n de esa riqueza, sin imponer ritmos ajenos.<\/p>\n<p>    Es importante que cada persona descubra en lo posible el mundo que le rodea y construya su propio camino en la vida. Se debe evitar demasiado proteccionismo moral en una sociedad tan agresiva y permisiva como la presente. El mismo fracaso, controlado y moderado, puede resultar un elemento positivo de formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En lo moral, el mismo muchacho tiene que asumir su propia responsabilidad progresiva. No puede vivir \u00e9ticamente a expensas de los dem\u00e1s. De la recta orientaci\u00f3n de sus elecciones depender\u00e1 su vida posterior.<\/p>\n<p>    Hacia esto debe ser orientada con serenidad la construcci\u00f3n de sus juicios y criterios, que deben edificarse ahora con solidez. Este terreno constituye el principal desaf\u00ed\u00ado de la preadolescencia.<\/p>\n<p>    Es bueno recordar que los valores en la vida no se configuran por la simple reflexi\u00f3n individual ni por la d\u00f3cil aceptaci\u00f3n de las opiniones ajenas. Resulta imprescindible la propia experiencia y ella reclama tiempo, oportunidades, contrastes vitales y sobre todo el testimonio cautiVador de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Siendo todav\u00ed\u00ada fuertemente tributario del ambiente y de los adultos en ideas, sentimientos y decisiones, tambi\u00e9n muchos de sus valores, de sus preferencias e intereses, de sus gustos y de sus rechazos, de sus juicios positivos y negativos, se hallan fuertemente dependientes del contexto cultural y social en el que se desarrolla su vida.<\/p>\n<p>    Oye, observa, participa, colabora, asume y hasta defiende lo que recibe del entorno, pues resulta para \u00e9l lo m\u00e1s conocido y familiar.<\/p>\n<p>    La educaci\u00f3n consiste en fomentar su capacidad de discernir sobre sus acciones e intenciones, seg\u00fan ideales y no seg\u00fan est\u00ed\u00admulos inmediatos. De lo contrario, los preadolescentes ser\u00e1n incapaces de ir contra la corriente mayoritaria y terminar\u00e1n plegando sus afectos y actitudes al entorno \u00e9tico y espiritual en el que viven.<\/p>\n<p>    Con todo es trascendental que sus criterios sean sanos, aun cuando la debilidad se refleje en sus acciones. Si sus juicios son correctos, siempre queda la esperanza de la rectificaci\u00f3n, dada su bondad de sentimientos. Si sus axiolog\u00ed\u00adas son desviadas, dif\u00ed\u00adcilmente se podr\u00e1n esperar de \u00e9l buenos resultados.<\/p>\n<p>    Aqu\u00ed\u00ad reside precisamente una de las fuerzas importantes de la pedagog\u00ed\u00ada y de la educaci\u00f3n religiosa y moral de esta etapa, sobre todo si se dibujan en su mente esquemas atractivos. Le impresionan los ideales, sobre todo morales, que se encarnan en figuras que, en su mente, se alzan como modelos imitables.<\/p>\n<p>    Es la nobleza y la generosidad, el hero\u00ed\u00adsmo y el desinter\u00e9s, la fortaleza y la facilidad para el servicio, lo que m\u00e1s suele conmoverle.<\/p>\n<p>    Se siente admirado ante la bondad y la humildad. Alaba las virtudes que descubre en los santos, en los h\u00e9roes, en los misioneros, en los personajes que se presentan como atractivos. Sin embargo no siempre es capaz de imitar sus cualidades o seguir sus influencias.<\/p>\n<p>   Es f\u00e1cil para \u00e9l pronunciar alabanzas, pero las fuerzas del consumismo, del hedonismo, del ego\u00ed\u00adsmo, tambi\u00e9n tienen sus demandas y ante ellas el preadolescente sucumbe con facilidad.<\/p>\n<p>    4. Religiosidad preadolescente<br \/>\n    El preadolescente es religioso con naturalidad, pero no con la credulidad de la infancia ni todav\u00ed\u00ada con la firmeza del adulto. Sus sentimientos y sus afectos, m\u00e1s que sus modos de pensar, le llevan a dar tonalidad emotiva a lo trascendente. Salvo influencias adversas, no tiene motivo alguno para fraguar reacciones dial\u00e9cticas en relaci\u00f3n a las figuras religiosas o a las doctrinas.<\/p>\n<p>    Es, por lo tanto, un momento privilegiado para la educaci\u00f3n de la fe, es decir, para crear estructuras humanas ideol\u00f3gicas, afectivas y sociales, en las cuales se apoyar\u00e1 el desarrollo de los dones sobrenaturales.<\/p>\n<p>    Sin embargo, no siempre manifiesta expl\u00ed\u00adcitamente su religiosidad. O, al menos, no lo hace con igual claridad que con otras cualidades, como pueden ser sus juicios, sus sentimientos o sus aficiones sociales.<\/p>\n<p>    4.1. Rasgos b\u00e1sicos<br \/>\n    Por ser una etapa de configuraci\u00f3n definitiva, es preciso tener presentes tres aspectos diferenciales: &#8211; El primero es la gran dependencia de la formaci\u00f3n religiosa recibida anteriormente. Si se ha seguido un proceso sano durante la infancia, la preadolescencia suele discurrir con armon\u00ed\u00ada en el \u00e1mbito religioso. Actitudes diferentes surgen en muchachos cuya infancia ha discurrido en climas religiosamente est\u00e9riles o, lo que es peor, antirreligiosos o conflictivos.<\/p>\n<p>      La religiosidad preadolescente se muestra muy dependiente de las circunstancias educativas en que se desenvuelve su vida: la familia, la escuela, la cultura ambiental, los usos y costumbres, las tradiciones. Esas influencias de los adultos tienen efecto positivo, si surgen de manera natural y espont\u00e1nea.<\/p>\n<p>   &#8211; El segundo se halla motivado por las crecientes diferencias intelectuales, sociales o temperamentales que se manifiestan en este per\u00ed\u00adodo. Los preadolescentes m\u00e1s inteligentes, los que poseen personalidad m\u00e1s sensible y los m\u00e1s sociales, muestran actitudes religiosas m\u00e1s definidas que los pasivos, los muy limitados intelectualmente o los que denotan deficiencias convivenciales.<\/p>\n<p> &#8211; El tercero es la originalidad de cada sexo. La afectividad y la sensibilidad femenina, junto con la influencia ambiental, inclinan a la muchacha a mostrarse generalmente m\u00e1s circunspecta, cumplidora, moralista y sensible, y en consecuencia m\u00e1s religiosa en las formas y en las intenciones. No siempre es as\u00ed\u00ad, pero resulta habitual en muchos ambientes.<\/p>\n<p>      Son aspectos que no se planifican fr\u00ed\u00adamente, sino que se aspiran c\u00e1lidamente en la vida de esta edad y se integran en la personalidad.<\/p>\n<p>      La aparente independencia a la que tiende, pero que no se ha conquistado todav\u00ed\u00ada, puede llamar a enga\u00f1o a los educadores. Ellos pueden sospechar que lo religioso depende ya de la voluntad aut\u00f3noma de esa edad. Sin embargo, la personalidad no se halla consolidada y, aunque muestre protestas de independencia, el preadolescente vive en funci\u00f3n de los que le rodean.<\/p>\n<p>      Por eso ha de cuidarse todav\u00ed\u00ada con esmero el marco vital de esta edad. Siempre tiene que haber alguien cerca del preadolescente para se\u00f1alarle el camino, para acompa\u00f1arle en su crecimiento, para ayudarle a configurar sus criterios y para determinar, si es posible, lo mejor de la verdad religiosa.<\/p>\n<p> 4.2. Religiosidad personalizada<\/p>\n<p>      Los sentimientos y las actitudes religiosas llegan en este momento a introducirse en el tejido de la personalidad de forma relativamente definitiva. El preadolescente se preocupa por lo que cree y por lo que debe practicar.<\/p>\n<p>      Pero tiene el riesgo de inquietarse m\u00e1s por lo exterior que por las motivaciones profundas. Se hace consciente de sus creencias, pero valora los ritos que debe realizar con m\u00e1s o menos conocimiento y voluntariedad. Tambi\u00e9n descubre la limitaci\u00f3n de su inteligencia para acceder a todas las explicaciones en las materias que le interesan, las cuales var\u00ed\u00adan mucho seg\u00fan los ambientes y las circunstancias.<\/p>\n<p>     Es importante lograr que su religiosidad no se detenga en los meros cumplimientos, por ejemplo en los actos sacramentales. Es preferible que se ahonde en la justificaci\u00f3n de sus acciones. De lo contrario su mente se queda en lo exterior y superficial.<\/p>\n<p>   &#8211; Surge a veces la inquietud o la sorpresa religiosa, sin exceso de problematizaci\u00f3n, ante las grandes inc\u00f3gnitas o desaf\u00ed\u00ados morales. Hay cierto predominio de lo moral sobre lo dogm\u00e1tico. Este aspecto debe ser tenido en cuenta en el trato religioso que se le proporciona. Se preocupa por las acciones del momento, pero hay que ayudarle a explorar las intenciones para el porvenir.<\/p>\n<p>   &#8211; Capta los esquemas doctrinales por primera vez y descubre la diversidad de creencias como un hecho ante el que debe adoptar postura. Explica con claridad la doctrina, pero se basa m\u00e1s en lo que aprende de memoria que en la reflexi\u00f3n objetiva y profunda. Lo relativo al misterio se escapa de su vocabulario.<\/p>\n<p>   &#8211; Por el mismo contraste ambiental que presencia y por las diversas invitaciones t\u00e1citas o expl\u00ed\u00adcitas que encuentra en su camino, llega a esta edad el momento en que debe configurar su fe personal, a trav\u00e9s de sus propias elecciones y opciones. Se siente impelido a optar muchas veces entre concepciones antag\u00f3nicas del hombre, de la vida, de la naturaleza o de la historia.<\/p>\n<p>   &#8211; Hay que ense\u00f1ar al preadolescente las razones del obrar y no s\u00f3lo el panorama de hechos espor\u00e1dicos. Es preferible que sepa y sienta por qu\u00e9 debe orar o amar a que sepa relatar los usos y las alternativas de la oraci\u00f3n o del amor.<\/p>\n<p>     5. Diferencias por el sexo<br \/>\n    Es dudoso que sean tan intensas en lo referente a la personalidad que resulte bueno el condicionar la educaci\u00f3n a los rasgos diferentes de cada sexo. Chico y chica son psicol\u00f3gicamente diferentes, pero es mucho m\u00e1s lo que tienen en com\u00fan que lo espec\u00ed\u00adfico de cada sexo.<\/p>\n<p>    Y en lo relacionado con lo religioso, acontece algo semejante. Desde luego esas diferencias no son significativas en cuanto a contenidos: ideas, criterios, valores, mensajes, doctrinas, vocabulario; s\u00ed\u00ad pueden ser intensas en lo referente a sentimientos y actitudes.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s, ciertas distancias dependen en gran parte de m\u00f3dulos culturales externos. Por lo tanto est\u00e1n muy condicionadas por el estilo y el alcance de la sociedad en la que se vive y por la educaci\u00f3n recibida, tanto en el seno de la familia como en los otros espacios educativos en los que ambos sexos conviven.<\/p>\n<p>    5.1. La chica<br \/>\n    La muchacha tiende a ser m\u00e1s sensible a los aspectos relacionales y a dar m\u00e1s importancia a las opciones personales y a las respuestas inmediatas. Reclama mayor respeto a su intimidad, sin que sea muy diferente del var\u00f3n, salvo por el ritmo madurativo que en esta etapa se acelera.<\/p>\n<p>    Es m\u00e1s reflexiva y menos improvisadora. Su afectividad no es mayor que la del chico, pero se hace presente m\u00e1s en formas expresivas y en lenguajes.<\/p>\n<p>    El hecho de que el contexto social reclame trato diferente no debe considerarse negativo sin m\u00e1s. Con todo, es peligroso resaltar en exceso esas diferencias de comportamiento en los aspectos religiosos. Se pueden transformar en lenguajes superficiales y en meras tradiciones sociales.<\/p>\n<p>    Es cierto que su sensibilidad, su capacidad anal\u00ed\u00adtica, su sociabilidad y su m\u00e1s acelerada configuraci\u00f3n mental en el orden de los valores, son elementos que se deben ser tenidos en cuenta en este momento. Pero no convendr\u00e1 exagerar las distancias.<\/p>\n<p>    5.2. El chico<br \/>\n    Lo que ya no debe ser aceptado como normal es el clich\u00e9 contrario: que el chico, por el hecho de serlo, debe ser mirado como menos religioso, al menos en sus formas expresivas.<\/p>\n<p>    El var\u00f3n puede llegar a asumir comportamientos religiosos de gran incidencia personal y de fuerte transparencia social. Y debe convertir los actos religiosos en espejo de sus valores interiores.<\/p>\n<p>    Por eso habr\u00e1 que rechazar criterios o tradiciones superficiales que deterioran esa imagen y suscitan prejuicios inaceptables.<\/p>\n<p>    6.  Catequesis preadolescente   Por muy independiente que pretenda declararse, todav\u00ed\u00ada se halla inmaduro para asumir una autonom\u00ed\u00ada real en la vida. Necesita ayudas del adulto en todos los frentes.<\/p>\n<p>    Precisamente su personalidad se desarrolla en parte gracias al contacto m\u00e1s s\u00f3lido y selectivo con quienes le pueden ayudar a pensar y a contrastar la objetividad de sus pensamientos; a sentir y a medir el alcance de sus sentimientos, a la luz de la recta raz\u00f3n; a caminar seg\u00fan cauces de honestidad, de elegancia moral y de nobleza.<\/p>\n<p>    Nos interesa resaltar su importancia en el terreno religioso, en donde precisamente el preadolescente sufre influencias ambientales a veces desconcertantes. Por eso busca la ayuda y la referencia de los adultos que m\u00e1s confianza le inspiran, a fin de poder situarse ante la vida y ante sus diversas alternativas.<\/p>\n<p>    Las buenas formas, los sentimientos de confianza, la flexibilidad en el trato, la visi\u00f3n optimista de sus rasgos, el respeto a su libertad y a su originalidad, son los \u00fanicos cauces aceptables para acercarse con cordialidad y sin estridencias a su mundo interior, que se trasluce en sus lenguajes y en sus preferencias.<\/p>\n<p>    6.1. Consignas b\u00e1sicas<br \/>\n    Al preadolescente no se le trata ya como a un ni\u00f1o ingenuo y cr\u00e9dulo. Precisa atenciones muy personales, basadas en la conciencia de su madurez progresiva y siempre desde la confianza y respeto a su intimidad y originalidad.<\/p>\n<p>   &#8211; Debe recibir ayuda, sobre todo en el terreno \u00e9tico, teniendo en cuenta las distorsiones o vac\u00ed\u00ados que muchas veces respira. Cada vez se da m\u00e1s cuenta de sus capacidades de opci\u00f3n y sabe que debe tomar posturas responsables, por encima de los primeros impulsos.<\/p>\n<p>   &#8211; Con frecuencia se siente desconcertado y se resiste a tomar sus propias decisiones, sobre todo si es de temperamento inseguro. Entonces es cuando m\u00e1s precisa apoyos y alientos, sin caer en la trampa de sustituirle en sus decisiones. Es conveniente ayudarle a elegir y hasta a sacar ense\u00f1anzas de sus errores y de sus insuficiencias.<\/p>\n<p>   &#8211; El naciente sentimiento de libertad que le embarga puede ser ocasi\u00f3n para que se enfrente con diversos caminos en sus actuaciones, ya que no todas las cuestiones se resuelven del mismo modo. Las ayudas no le vienen s\u00f3lo de los adultos. En los iguales encuentra la oportunidad para desarrollar la solidaridad, para compartir inquietudes, para abrirse a los dem\u00e1s y superar su egocentrismo.<\/p>\n<p>    6.2. Actuaciones<br \/>\n    La formaci\u00f3n religiosa del preadolescente tiene que responder a objetivos claros y apoyarse en planes sistem\u00e1ticos que aseguren su profundidad, su adaptaci\u00f3n y su eficacia espiritual.<\/p>\n<p>    Es preciso ense\u00f1arle a descubrir, apreciar y cultivar los propios valores religiosos, los cuales no deben reducirse a los aspectos \u00e9ticos y a la armon\u00ed\u00ada con el mundo adulto. M\u00e1s bien deben desenvolverse en el terreno de los ideales, de las opciones libres y conducir a la fe aut\u00e9ntica y personal.<\/p>\n<p>   &#8211; Los preadolescentes se sienten interpelados por las realidades trascendentes y por los reclamos espirituales de la persona. Si se mueven en ambiente de sana confianza, esos intereses se desarrollan de forma positiva y cada vez m\u00e1s amplia.<\/p>\n<p>   &#8211; Se resisten con frecuencia a ser d\u00f3ciles ante lo que otros les obligan a aprender o a realizar en las diversas comunidades: familia, escuela, parroquia, etc.<\/p>\n<p>   &#8211; Buscan con agrado relaciones participativas y personales. El descubrirse responsables y ser valorados ya como personas que deciden por su cuenta, es para ellos un s\u00ed\u00adntoma de crecimiento y de fuerza.<\/p>\n<p>   &#8211; Tienden a polarizarse en temas morales, sobre todo relativos a las diversas problem\u00e1ticas de los hombres m\u00e1s cercanos. Entre los temas morales, son los sexuales los que ocupan el centro de su inter\u00e9s y de su inquietud.<\/p>\n<p>    Hay que ver su moralismo como normal, sin dejarse polarizar educativamente por el mismo. Es preciso abrir la mente a todo el inmenso campo vital del hombre y del cristiano, incluso para poder llegar a una mejor perspectiva integral en todo lo referente al sexo, al amor y a la fecundidad humana.<\/p>\n<p>   Sus actitudes son a veces desconcertantes con planteamientos negativos que, en lo religioso, no dependen de ninguna causa l\u00f3gica o concreta, sino afectiva y social. S\u00f3lo los buenos educadores, h\u00e1biles en los lenguajes y profundos en los mensajes, valen para dar riqueza en la formaci\u00f3n de estos todav\u00ed\u00ada ni\u00f1os, pero propensos a emplear actitudes y formas expresivas de adultos.<\/p>\n<p> 6.3. En lo pedag\u00f3gico<br \/>\n    Es evidente que la estrategia educadora no se improvisa, sino que reclama mucha atenci\u00f3n y, desde luego, gran amor a los sujetos a los que se trata de educar.<\/p>\n<p>    La catequesis preadolescente se halla vinculada a las relaciones personales estables. En ella influyen fuertemente los valores afectivos, pero no resultan c\u00f3modos ni homog\u00e9neos.<\/p>\n<p>    Es importante la oportunidad y la delicadeza extrema en la relaci\u00f3n con ellos, tanto en las actividades y objetivos de la formaci\u00f3n general, como en las cuestiones de su educaci\u00f3n espiritual. Con frecuencia se busca con esta edad una catequesis afectiva y condescendiente, con riesgo de hacerla meramente convivencial y poco clara y doctrinal.<\/p>\n<p>     Se corre el riesgo de limitarse a los sentimientos y a las soluciones inmediatas en los diversos temas o problemas que van aflorando. Pero es de la m\u00e1xima importancia ofrecer formaci\u00f3n profunda y vital m\u00e1s para el futuro que para satisfacci\u00f3n del presente.<\/p>\n<p>    Los catequistas deben dedicar la m\u00e1xima atenci\u00f3n a planteamientos b\u00ed\u00adblicos, lit\u00fargicos, sociales y doctrinales. Hay que resaltar ante los preadolescentes que su formaci\u00f3n es preparaci\u00f3n para la madurez. En lo organizativo, se deben buscar orientaciones firmes, serenas y compartidas con los destinatarios. Los planteamientos infantiles, a nivel de parroquia o de colegio, tanto en las din\u00e1micas como en las tem\u00e1ticas desarrolladas, no son suficientes.<\/p>\n<p>    El preadolescente es reflexivo y plantea con frecuencia interrogantes que le afectan personalmente. Espera de sus animadores y orientadores soluciones objetivas y casi indiscutibles. La catequesis no debe reducirse a casu\u00ed\u00adstica ni convertirse en formaci\u00f3n meramente moral, cultural o social.<\/p>\n<p>    Por eso es peligroso no tener planes concretos y abiertos o \u00abhumanizar\u00bb y \u00absocializar\u00bb lo que tiene que ser \u00abencuentro religioso y catecumenal\u00bb. No es suficiente convertir la catequesis en solucionario moral o en simple satisfacci\u00f3n de la curiosidad o demandas del grupo. Esto acontece con frecuencia cuando se act\u00faa con cierto relativismo y liberalismo pedag\u00f3gico.<\/p>\n<p>     6.4. Valores radicales<br \/>\n    En la etapa preadolescente hay necesidad de ofrecer determinadas posturas religiosas con car\u00e1cter radical. No otra cosa es el Evangelio. Si el preadolescente no lo puede todav\u00ed\u00ada asumir del todo, debe ir acostumbr\u00e1ndose a lo que significa \u00abmuerte de cruz\u00bb, renuncia a la venganza, amor al pr\u00f3jimo y a los enemigos, etc. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se le prepara para vivir con autenticidad el mensaje.<\/p>\n<p>    De lo contrario, se puede quedar la formaci\u00f3n en simple coherencia sociol\u00f3gica. Y no llegar\u00e1 nunca a descubrir el sentido del compromiso eclesial. Las respuestas obtenidas a cada problema deber\u00e1n ser definitivas en la vida, aunque en la etapa juvenil que sigue se produzcan olvidos o debiliten opciones.<\/p>\n<p>    La experiencia pastoral ense\u00f1a que la religiosidad juvenil o adulta retorna con frecuencia hacia las direcciones tomadas en la etapa preadolescente, sobre todo cuando se abandon\u00f3 alguno de los comportamientos o creencias conformes con el Evangelio. As\u00ed\u00ad se advierte en cuestiones tan importantes como la oraci\u00f3n, la participaci\u00f3n sacramental y lit\u00fargica, el respeto moral, incluso las primeras preferencias vocacionales.<\/p>\n<p>    Es evidente que esto refuerza la importancia de una buena y firme instrucci\u00f3n cristiana en esta \u00e9poca. Sin ideas s\u00f3lidas, el preadolescente empieza a arrastrarse en el desconcierto y en la perplejidad.<\/p>\n<p> 7. L\u00ed\u00adneas preferentes<br \/>\n    Las opciones preadolescentes no son definitivas en la forma, pero tienden a afianzarse en el fondo para hacerse duraderas.<\/p>\n<p>    El despertar de la personalidad aut\u00f3noma coincide con el nacimiento del pensamiento personalizado, por lo tanto con la posibilidad intelectual y afectiva de asimilar muchos contenidos sociales y muchos mensajes espirituales.<\/p>\n<p>    Por eso, la preadolescencia se abre a la vida con resonancias de adultez y la catequesis que se le ofrece reviste singular importancia, tal vez la mayor de todos los estadios evolutivos del hombre.<\/p>\n<p>   7.1. Din\u00e1micas de compromiso<br \/>\n    La pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00ed\u00adstica para esta etapa tiene que apoyarse en f\u00f3rmulas din\u00e1micas. Debe moverse hacia las invitaciones al compromiso personal y a la toma de postura evang\u00e9lica. No debe quedarse en invitaciones abstractas, siendo m\u00e1s comprometedores los ejemplos y modelos concretos.<\/p>\n<p>    Gran error de los catequistas ser\u00ed\u00ada no invitar a sus catequizandos a definirse en las ideas y actitudes al estilo del mismo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Hay que protegerse contra el activismo desmedido; pero la estrategia educativa no debe alejarse de compromisos concretos y de hondas referencias personales.<\/p>\n<p>    Lo importante no son muchas acciones, sino personalizar las que se realizan. Vale m\u00e1s una experiencia vivida en profundidad que cien actividades cumplidas seg\u00fan un programa generoso pero rutinario. Conviene alentar m\u00e1s el dinamismo interior de un testimonio que transmitir mil ideas que se seleccionan, se estructuran o se critican.<\/p>\n<p>    Dada la sensibilidad asociativa de esta edad, los grupos juveniles deben cobrar car\u00e1cter prioritario, en cuanto metodolog\u00ed\u00ada. En el grupo organizado con motivaciones formativas, encuentra el preadolescente una palanca gigantesca de mejora y promoci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>   Se deben estructurar y encauzar oportunamente estos grupos con objetivos claros y compartidos, con programas de acci\u00f3n y de compromiso, con procesos graduados y con ritmos flexibles seg\u00fan las personas.<\/p>\n<p>   7.2. Catequesis especializada<\/p>\n<p>   Los catequistas y animadores de estos grupos requieren mucha preparaci\u00f3n y gran entusiasmo para entregarse sin medida al servicio orientador y formativo de unos chicos y chicas, que son a veces desconcertantes, pero que agradecen esa entrega abnegada.<\/p>\n<p>   La catequesis de la preadolescencia debe adaptarse tambi\u00e9n a las particularidades de cada sexo. Las muchachas requieren gran atenci\u00f3n al desarrollo de su intimidad y a la satisfacci\u00f3n y orientaci\u00f3n de su afectividad.<\/p>\n<p>   Hay que alentar la mayor capacidad de s\u00ed\u00adntesis y de enjuiciamiento con que les ha dotado la naturaleza. Pero ser\u00e1 importante en este momento no presentar la religiosidad como algo m\u00e1s femenino que masculino o como valor m\u00e1s afectivo que intelectual.<\/p>\n<p>   La catequesis de preadolescentes no debe organizarse con estructuras ni terminolog\u00ed\u00adas inadecuadas.<\/p>\n<p>   El mismo t\u00e9rmino de catequesis puede en ocasiones implicar connotaciones infantiles. Tal vez reemplaz\u00e1ndolo por sin\u00f3nimos: catecumenados, encuentros de grupo, proyectos cristianos, trabajos, etc., resultar\u00e1 m\u00e1s \u00abjuvenil\u00bb y atractivo.<\/p>\n<p>   La vida del preadolescente oscila entre el retraimiento hacia su interior y la tendencia a compartir con los dem\u00e1s ideas y experiencias. Ambas posturas deben ser enmarcadas en sistemas, programas, horarios, lugares, formas y relaciones atractivas.<\/p>\n<p>   7.3. Catequesis de los valores<\/p>\n<p>   Llamada especial de atenci\u00f3n hay que hacer en este per\u00ed\u00adodo catequ\u00ed\u00adstico sobre el cultivo de los valores cristianos, ya que el preadolescente se halla precisamente en un momento apto para construir sus propias axiolog\u00ed\u00adas \u00e9ticas, sociales y espirituales.<\/p>\n<p>   El catequista debe mostrarse sensible a estos valores morales y humanos, ante los cuales est\u00e1 especialmente abierto su catequizando.<\/p>\n<p>   El recuerdo de algunos aspectos puede ayudar a entender, desde la perspectiva psicol\u00f3gica, los reclamos de esta tarea educadora. Son aquellos a los que m\u00e1s pueden llegar los preadolescentes y, desde luego, son condicionantes para la vida posterior de madurez y de autenticidad humana:<\/p>\n<p>   &#8211; Atenci\u00f3n a su sensibilidad ante la justicia, sobre todo social.<\/p>\n<p>   &#8211; Aprecio de la solidaridad con los compa\u00f1eros y con los iguales.<\/p>\n<p>   &#8211; Sensibilidad ante los d\u00e9biles y compasi\u00f3n ante los explotados.<\/p>\n<p>   &#8211; Especial sentido de la libertad en la propias determinaciones.<\/p>\n<p>   &#8211; Llamada de atenci\u00f3n a la propia dignidad, cuyo respeto se reclama.<\/p>\n<p>   &#8211; Valoraci\u00f3n de la intimidad, la cual es preciso proteger ante cualquier agresi\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Aprecio de la convivencia, como plataforma de realizaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>   &#8211; Nacimiento de la amistad y de las relaciones preferentes de intimidad.<\/p>\n<p>   En el terreno de los valores estrictamente religiosos, tambi\u00e9n el preadolescente realiza un salto cualitativo hacia su descubrimiento y comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>   Se puede reflejar en algunos aspectos preferentes:<\/p>\n<p>   &#8211; Descubrimiento de la presencia divina y de su acci\u00f3n en el mundo.<\/p>\n<p>   &#8211; Aprecio de la oraci\u00f3n, como medio de encuentro con Dios.<\/p>\n<p>   &#8211; Captaci\u00f3n de la caridad cristiana, como amor desinteresado al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>   &#8211; Aceptaci\u00f3n de los sufrimientos de la vida ofrecidos a Dios por amor.<\/p>\n<p>   &#8211; Confianza en la Providencia divina en la vida de cada uno.<\/p>\n<p>   &#8211; Seguridad de la cercan\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo como Don y como Misterio.<\/p>\n<p>   &#8211; Valoraci\u00f3n de Iglesia como comunidad de fe y de amor fraterno.<\/p>\n<p>   &#8211; Desarrollo de la esperanza en la vida eterna, que comienza en el presente.<\/p>\n<p>   Otros valores se presentan en la vida del preadolescente, ante cuyos desaf\u00ed\u00ados tiene que tomar postura con mucha frecuencia: fuerza y poder, placer y consumo, posesiones y ostentaci\u00f3n ante los otros, venganza, arrogancia, supremac\u00ed\u00ada, ambici\u00f3n.<\/p>\n<p>   El preadolescente, como todos los dem\u00e1s hombres, comienza a sentirse invitado a buscar estos valores por encima de otros menos atractivos: renuncia, sacrificios, trabajo, coherencia, fidelidad, fortaleza, desinter\u00e9s, etc. Su mente y su afectividad pueden sufrir perplejidad en multitud de ocasiones en que tenga que elegir entre el bien y el mal o simplemente entre lo mejor y lo peor.<\/p>\n<p>   Ser\u00e1 importante ense\u00f1ar al preadolescente a relacionar su fe religiosa con el tipo de valores que elige en la vida. Y las elecciones no se hacen al azar y en abstracto, sino con los compromisos de cada momento, lugar y circunstancias concretas de la vida. Esta ense\u00f1anza es labor preferente en la catequesis.<\/p>\n<p>   S\u00f3lo se puede realizar bien, si previamente se han construido los criterios, se han promovido los ideales elevados y se han estimulado sentimientos convenientes.<\/p>\n<p>7.4. Catequesis y sexualidad.<\/p>\n<p>   Un terreno educativo que es preciso atender con cierta preferencia en esta edad es el de la formaci\u00f3n sexual y la preparaci\u00f3n para el amor humano, desde una perspectiva cristiana y positiva y no solamente en los aspectos biol\u00f3gicos, sociol\u00f3gicos o simplemente \u00e9ticos.<\/p>\n<p>   7.4.1.  Educaci\u00f3n para el amor<\/p>\n<p>   Esta edad se encuentra especialmente sensibilizada en este terreno. Se debe, entre otros factores, a tres rasgos significativos que el catequista debe conocer:<\/p>\n<p>   &#8211; a su novedad, para \u00e9l existencial, aunque est\u00e9 previamente bien informado en todo: lo som\u00e1tico, lo humano, lo convivencial;<\/p>\n<p>   &#8211; a su din\u00e1mica personal, pues se halla en singular momento madurativo org\u00e1nico, afectivo y moral; reclama por ello la inclusi\u00f3n de la visi\u00f3n de lo que en este rasgo humano hay de \u00e9tico, est\u00e9tico y espiritual;<\/p>\n<p>   &#8211; y tambi\u00e9n a las connotaciones ambientales, que en algunas ocasiones se hallan muy cargadas de hedonismo y de pragmatismo.<\/p>\n<p>    No es \u00e9ste un terreno que deba tener por s\u00ed\u00ad mismo ninguna prioridad formativa, como no la tiene sin m\u00e1s la justicia social, el respeto a la vida o la pertenencia a la Iglesia cristiana. Pero, en la pr\u00e1ctica, la sexualidad refleja cierta singularidad cultural, moral, social y tambi\u00e9n espiritual.<\/p>\n<p>    Se debe ello a sus riquezas como rasgo humano singular y a los riesgos que ella comporta, si no se sabe encauzar y enfocar adecuadamente.<\/p>\n<p>    Por eso debe ser tratada con singular delicadeza a esta edad, con miras a la formaci\u00f3n profunda de toda la personalidad y a la comprensi\u00f3n de la vida del hombre sobre la tierra.<\/p>\n<p>   7.2. Sexo y mensaje cristiano<\/p>\n<p>   Hay que recordar tambi\u00e9n que la verdadera educaci\u00f3n cristiana en el terreno sexual se debe centrar en lo que realmente es \u00abmensaje evang\u00e9lico\u00bb, es decir, voluntad de Jes\u00fas. Los aspectos sanitarios, som\u00e1ticos, sociales, \u00e9ticos o incluso est\u00e9ticos, son simplemente naturales y por lo tanto previos al mensaje.<\/p>\n<p>    Por este motivo hay que presuponer diversidad de niveles formativos que, aunque en la pr\u00e1ctica son inseparables, en la mente del educador de la fe deber\u00e1n estar claramente delimitados.<\/p>\n<p>    Los aspectos humanos evidentemente deben ser objeto de un trato m\u00e1s \u00abnatural\u00bb que los estrictamente religiosos. Se presuponen conquistados antes de la presentaci\u00f3n cristiana del mensaje revelado. En cuanto culturales y educativos, engloban rasgos de indudable importancia antropol\u00f3gica.<\/p>\n<p>   &#8211; Resalta la dignidad de la persona humana y la belleza sublime de la sexualidad del hombre, en sus aspectos anat\u00f3micos, org\u00e1nicos, sociales y morales. Descubrir el sentido altruista del amor humano ser\u00e1 condici\u00f3n para hallar luego la verdadera dimensi\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>   &#8211; En consecuencia, la profundidad del amor humano no se reduce a la simple genitalidad y a la capacidad reproductora, sino que llega a dimensiones m\u00e1s sutiles y hondas, como son la fecundidad, la fidelidad, la estabilidad, la indisolubilidad matrimonial, la antinaturalidad de todo lo que no responda a la verdadera intersexualidad.<\/p>\n<p>   &#8211; Y es preciso mirar como dato radicalmente humano la instituci\u00f3n matrimonial para el ejercicio de la genitalidad y para la reproducci\u00f3n de los hombres. Sin embargo, el valor sacramental del matrimonio, su reflejo del amor de Cristo a su Iglesia, es una dignidad sacramental a\u00f1adida por el Se\u00f1or y abre las puertas a su dimensi\u00f3n m\u00e1s elevada que es ser gracia de Dios.<\/p>\n<p>   7.3. Adaptarse a casa sexo<\/p>\n<p>   &#8211; Tambi\u00e9n la originalidad de cada sexo, el masculino y el femenino, es base de la personalidad sana. Asumir la propia identificaci\u00f3n sexual implica m\u00e1s amplitud de miras que la mera valoraci\u00f3n de la capacidad reproductora.<\/p>\n<p>   Es el descubrimiento de un plan divino en el que hay que sentirse alegre y colaborador. Y todo esto, la dignidad del propio sexo, la igualdad del var\u00f3n y de la mujer, la grandeza de la familia, etc., no dependen de las opiniones mayoritarias o de las legislaciones terrenas, sino de razones m\u00e1s elevadas y misteriosas.<\/p>\n<p>   No est\u00e1 de m\u00e1s el resaltar la importancia de la educaci\u00f3n sexual con base en la misma naturaleza humana, pues siempre ha existido en la Historia el riesgo del manique\u00ed\u00adsmo, haciendo el cuerpo algo malo. Y existe en la actualidad el riesgo del hedonismo, olvidando la realidad del alma.<\/p>\n<p>   7. 4.  Virtud y mensaje<\/p>\n<p>   En lo que se refiere a la dimensi\u00f3n religiosa en el terreno de la sexualidad, es bueno recordar que lleva por s\u00ed\u00ad misma a terrenos m\u00e1s trascendentales, m\u00e1s conectados con la voluntad divina y con la Revelaci\u00f3n del misterio cristiano que tambi\u00e9n abarca al don de la sexualidad.<\/p>\n<p>   Dios ha querido la virtud de la castidad, o continencia por amor al Reino de los cielos, y esto supone fortaleza para dominar, no para reprimir, los instintos reproductores, sentido de responsabilidad para ver en la fecundidad una oportunidad para colaborar con la gracia, un desaf\u00ed\u00ado hacia una vocaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>   El amor humano es expresi\u00f3n natural; pero el amor cristiano, tambi\u00e9n el intersexual, es caridad y reflejo del amor del Padre celestial que ama al hombre y de Cristo encarnado, muerto y resucitado por amor a los hombres.<\/p>\n<p>   Tanto el que ha sido llamado a la virginidad, por amor al Reino de los cielos, como el que ha sido llamado al matrimonio, para hacer expansiva la vida, se fundamentan en el amor. Si el primero es signo del amor por la renuncia a la carne, el otro lo es por el amor en la carne y por la fecundidad que abre la vida.<\/p>\n<p>   La educaci\u00f3n sexual cristiana que el preadolescente necesita no es s\u00f3lo una buena informaci\u00f3n de \u00ed\u00adndole org\u00e1nica, afectiva y social, sino la verdadera educaci\u00f3n cristiana en este terreno de la virtud y del plan divino sobre el hombre bisexual. Esto debe ser recordado por el catequista para no reducir su labor a los niveles puramente humanos y educar sin perspectivas evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>   El preadolescente, todav\u00ed\u00ada inmaduro y vuelto hacia s\u00ed\u00ad por su necesidad de afianzamiento, no puede asimilar toda la grandeza del misterio sacramental que se encierra en el matrimonio cristiano. Pero comienza a ser capaz de asumir sus valores y a sentirse protagonista de una llamada superior en este sentido, a la que quiere dar respuesta de alguna forma.<\/p>\n<p>   Por eso hay que mirar la educaci\u00f3n sexual en este momento como un paso m\u00e1s en su maduraci\u00f3n cristiana y abrirla a nuevos momentos cada vez m\u00e1s ricos en su contenido y profundidad. Hay que insistir m\u00e1s en los aspectos morales y espirituales que en las simples dimensiones som\u00e1ticas, sociales y convivenciales.<\/p>\n<p> 7.5. Tarea siempre inacabada.<\/p>\n<p>   Debe considerarse la educaci\u00f3n sexual como tarea nunca acabada y no como una informaci\u00f3n ocasional.<\/p>\n<p>   Debe ser tarea compartida por toda la comunidad cristiana y no una simple unidad did\u00e1ctica de un programa de catequesis. Se debe apoyar m\u00e1s en el testimonio de los que viven cristianamente la sexualidad a la luz del Evangelio que en las diversas metodolog\u00ed\u00adas que se usan.<\/p>\n<p>   Ser\u00e1 tambi\u00e9n bueno que la catequesis de la sexualidad se desacralice en cuantos aspectos no responden a una dimensi\u00f3n revelada, del mismo modo que se hace con los temas raciales, con los planteamientos sociales o econ\u00f3micos, con los diversos proyectos profesionales y vocacionales que a esta edad tanto suelen interesar.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 tambi\u00e9n que tener en cuenta la r\u00e9mora o bloqueo que plantea a esta materia el hedonismo que muchas veces se respira en el ambiente vivido por los catequizandos<\/p>\n<p>  8. Catecumenados y confirmaci\u00f3n<\/p>\n<p>   En muchos ambientes cristianos se da importancia grande a los Catecumenados de Confirmaci\u00f3n al terminar el per\u00ed\u00adodo preadolescente. Coinciden frecuentemente con la etapa del desarrollo de estos a\u00f1os. Se suele formar a estos muchachos a lo largo de dos o tres a\u00f1os y se culmina su proceso de enriquecimiento religioso, moral, doctrinal y espiritual, con la celebraci\u00f3n del \u00abSacramento de la Firmeza cristiana\u00bb.<\/p>\n<p>   La metodolog\u00ed\u00ada preparatoria para este acontecimiento pasa por la configuraci\u00f3n de grupos juveniles de diverso signo: grupos cristianos, de catequesis, de amistad, grupos de vida cristiana, etc.<\/p>\n<p>   Ciertamente es el mejor momento personal y psicol\u00f3gico, tanto para la preparaci\u00f3n doctrinal como para la integraci\u00f3n efectiva en la vida de la Iglesia, con miras a culminar el proceso en la recepci\u00f3n sacramental.<\/p>\n<p>   La din\u00e1mica grupal con preadolescentes reclama consignas psicol\u00f3gicas y religiosas que dejamos condensadas en las siguientes sugerencias:<\/p>\n<p>   Hay que saber adaptarse a las necesidades humanas de este momento, con actitud de acogida y de apertura, con la cordialidad de trato, con la oferta de programas instructivos y de actividades que merezcan la pena y no resulten meros entretenimientos.<\/p>\n<p>   Para la preparaci\u00f3n de la Confirmaci\u00f3n, se debe reclamar buena formaci\u00f3n doctrinal y eclesial, la cual es f\u00e1cil de conseguir si se acierta a integrar el grupo en un plan al mismo tiempo humano y catequ\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>   Es importante acomodarse a los ritmos religiosos de cada persona. Es el milagro que tienen que hacer los catequistas y los animadores. Este ritmo y sus resultado dependen muchos de las experiencias previas y de la preparaci\u00f3n que cada sujeto haya logrado en la infancia anterior.<\/p>\n<p>   La \u00fanica limitaci\u00f3n que se debe poner al respecto es evitar el riesgo de \u00absacramentalizar\u00bb la catequesis. Lo importante del grupo no es la recepci\u00f3n del sacramento, sino la formaci\u00f3n y la experiencia de vida cristiana. Si se instrumentaliza la deseada recepci\u00f3n del sacramento, se corre el riesgo de perder de vista lo que es la educaci\u00f3n de la fe en este momento. Se mirar\u00ed\u00ada como un requisito para un sacramento y no como un compromiso de conocer y vivir mejor el mensaje cristiano. Y esto ser\u00ed\u00ada bastante negativo.<\/p>\n<p>   Del mismo modo, la recepci\u00f3n del sacramento hacia los 15 o 16 a\u00f1os debe constituir un buen apoyo en la expresi\u00f3n de la fe cristiana y en la conciencia de la propia pertenencia a la Comunidad de Jes\u00fas. Por eso, debe resultar muy flexible el momento y la forma, procurando que la opci\u00f3n parta del sujeto debidamente formado y no de los usos y tradiciones del entorno.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n conviene insistir en la importancia que tiene el considerar el Sacramento de la Confirmaci\u00f3n como punto de partida para una vida de compromiso evang\u00e9lico. Esto s\u00f3lo se logra si se predomina el objetivo de formar verdaderamente la mente y la conciencia sobre los simples intereses y tradiciones ritualistas.<\/p>\n<p>   Ser\u00e1 bueno apoyarse en la capacidad psicol\u00f3gica (afectiva, intelectual, moral, social) de este momento evolutivo, a fin de desarrollar una metodolog\u00ed\u00ada de compromiso y no limitarse a cumplir tr\u00e1mites para el sacramento.<\/p>\n<p>   Para ello es de la mayor importancia formar buenos catequistas para estos niveles confirmacionales. Y lo ser\u00e1n tales, si son capaces no s\u00f3lo de asegurar con su cultura religiosa los aspectos doctrinales, sino de mostrarse h\u00e1biles en metodolog\u00ed\u00adas participativas, siendo capaces de ofrecer el testimonio de la propia vida.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>119 Conceptos (32) y [25] (Itinerario completo: 15 horas * Itinerario breve: 9 horas) (* Una etapa de transformaci\u00f3n personal:) PREADOLESCENCIA \/ Pubertad \/ Autonom\u00ed\u00ada \/ Inseguridad \/ Timidez \/ Inhibici\u00f3n \/ [Afianzamiento] \/ Coeducaci\u00f3n \/ [Armon\u00ed\u00ada] \/ [Ritmos madurativos] \/ Evoluci\u00f3n \/ Masculinidad \/ Feminidad \/ Sensualidad \/ Sexualidad \/ [Instrucci\u00f3n sexual] \/ Identidad. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/preadolescencia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPREADOLESCENCIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-9663","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9663","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9663"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9663\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9663"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9663"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9663"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}