{"id":9690,"date":"2016-02-05T07:05:24","date_gmt":"2016-02-05T12:05:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-catequetico\/"},"modified":"2016-02-05T07:05:24","modified_gmt":"2016-02-05T12:05:24","slug":"acto-catequetico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-catequetico\/","title":{"rendered":"ACTO CATEQUETICO"},"content":{"rendered":"<p>[120]<\/p>\n<p>     En general, se entiende por tal toda acci\u00f3n que, directa o indirectamente, conduce a la educaci\u00f3n de la fe, bien por la inteligencia: instrucci\u00f3n, homil\u00ed\u00ada, catequesis; bien por la acci\u00f3n interior: plegaria, exhortaci\u00f3n, reflexi\u00f3n; bien por las obras compartidas: caridad, colaboraci\u00f3n, consejo, sugerencia.<\/p>\n<p>    En el acto catequ\u00e9tico se valora toda acci\u00f3n, relaci\u00f3n, comunicaci\u00f3n o intervenci\u00f3n a trav\u00e9s de la cual transmitimos el mensaje recibido a quien se pone en disposici\u00f3n de acogerlo. Una sesi\u00f3n de catequesis, un trabajo o una reuni\u00f3n de grupo, un encuentro, una experiencia, un estudio, una celebraci\u00f3n, etc. cualquier hecho con intenci\u00f3n de comunicar el mensaje religioso, son expresiones o formas de un acto catequ\u00e9tico. A trav\u00e9s de \u00e9l se comunican conocimientos, actitudes, sentimientos, experiencias, de naturaleza religiosa, las cuales preparan a la persona para asumir la fe.<\/p>\n<p>     El acto catequ\u00e9tico ofrece y anuncia el misterio cristiano a los hombres. Pero lo hace de forma ordenada, progresiva y sistem\u00e1tica. Mira a los destinatarios en cuanto pueden ser educados en la fe.<\/p>\n<p>     1. Sus dimensiones<\/p>\n<p>     Es acci\u00f3n que debe ser fiel a una doble realidad: a Dios y al hombre.<\/p>\n<p>   &#8211;  La fidelidad al mensaje divino, a su Palabra, a su misterio revelado, se entiende como disposici\u00f3n a acoger lo que Dios comunica y tal como lo comunica.<\/p>\n<p>    Esa fidelidad reclama transmisi\u00f3n \u00ed\u00adntegra y real del mensaje revelado, profundizaci\u00f3n del misterio que proclama, acogida a la vida que el misterio aporta y respeto a las formas variadas de su acogida.<\/p>\n<p>   &#8211;  La fidelidad al hombre supone aceptaci\u00f3n de sus circunstancias y condiciones, as\u00ed\u00ad como adaptaci\u00f3n a su calidad de educando.<\/p>\n<p>    Para que esa doble fidelidad sea posible, hay que integrar varios aspectos o rasgos: contar con la experiencia humana del catequizando; armonizar la experiencia humana con la Palabra divina; encauzar la expresi\u00f3n de la fe en el contexto de la comunidad; personalizar el mensaje con sentido de trascendencia; convertir el misterio en vida cristiana personal y comunitaria.<\/p>\n<p>    2. Exigencias humanas<br \/>\n    La experiencia humana es el apoyo primero de todo acto catequ\u00e9tico. La experiencia tiene importancia decisiva en la catequesis, en la de hoy y en la de todos los tiempos, debido a que los hombres, sobre todo los ni\u00f1os y j\u00f3venes, son especialmente sensibles a lo que se vive, a lo que se experimenta, m\u00e1s que a lo que se dice, se oye o se piensa.<\/p>\n<p>    Dios se manifiesta y se revela en la vida y en la historia de los hombres. En ellas, vida e historia, y desde ellas, el hombre es capaz de integrarse en un proyecto salvador.<\/p>\n<p>    Por eso, el acto catequ\u00e9tico debe asumir la experiencia humana para profundizar y valorar la vida de las personas y de los grupos y descubrir la presencia de Dios con los interrogantes y con las respuestas que su Palabra suscita en la historia de los hombres.<\/p>\n<p>     Los Obispos espa\u00f1oles, en su Documento de la Comunidad Cristiana, nos dicen: \u00abLa catequesis basada en la experiencia es algo m\u00e1s que una mera modalidad transitoria de la pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica; es m\u00e1s que una metodolog\u00ed\u00ada; es algo inherente a la transmisi\u00f3n del Evangelio para que \u00e9ste pueda ser recibido como mensaje de salvaci\u00f3n vivo y operante.\u00bb (N\u00c2\u00ba 223)<\/p>\n<p>     El apoyo de la experiencia humana hace posible acomodar el acto catequ\u00e9tico a cada persona, cuya fe se trata de educar. Si falla esa experiencia, se corre el riesgo de teorizar y divagar. Por eso, el acto catequ\u00e9tico trata de acomodarse a las circunstancias de cada educando.<\/p>\n<p>    El catequista est\u00e1 siempre en disposici\u00f3n de aprovechar toda la experiencia que hay a su alcance. Por eso hace lo posible por relacionar el misterio cristiano con todos los recursos a su alcance y trata de hacerlo comprensible.<\/p>\n<p>    Su actividad no es teol\u00f3gica ni sociol\u00f3gica ni solamente pedag\u00f3gica. Es catequ\u00e9tica. Que sus actos deben ser catequ\u00e9ticos significa que intentan formar la fe, la convivencia espiritual y la vida cristiana de los catequizandos.<\/p>\n<p>    Por ello el acto catequ\u00e9tico est\u00e1 condicionado por variables decisivas: las circunstancias en que se desenvuelve el sujeto; el eco \u00ed\u00adntimo de la vida espiritual y las actitudes de la conciencia; la necesidad de la liberaci\u00f3n; el amor a los hombres y al servicio al pr\u00f3jimo; la fidelidad al propio proyecto y al de otros; la solidaridad con todos los hombres.<\/p>\n<p>     El acto catequ\u00e9tico reclama, por parte del catequista, disponibilidad, generosidad, plenitud de entrega y mucho amor.<\/p>\n<p>     Requiere atenci\u00f3n a la experiencia de la vida: a la propia, a la de los catequizandos, a la del entorno. No quiere ello decir que el acto catequ\u00e9tico se pueda o deba limitar a la experiencia humana, pues quedar\u00ed\u00ada reducido a un acto humano o terreno.<\/p>\n<p>    Pero se debe apoyarlo con habilidad, oportunidad y adecuaci\u00f3n en la experiencia concreta de cada d\u00ed\u00ada, a la humana y a la espiritual o interior. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se hace eficaz catequ\u00e9ticamente.<\/p>\n<p>   3. Sus ra\u00ed\u00adces b\u00e1sicas   En el acto catequ\u00e9tico no basta contemplar la experiencia humana; hay que descubrir c\u00f3mo ella afecta a cada persona concreta. Cada situaci\u00f3n exige un trato diferente. Por eso el acto humano dif\u00ed\u00adcilmente se somete a normas r\u00ed\u00adgidas y se halla muy dependiente del ser del catequista y del ser del catequizando.<\/p>\n<p>    Y por eso, el acto catequ\u00e9tico es muy diferente del homil\u00e9tico, del lit\u00fargico, del teol\u00f3gico, del evang\u00e9lico, del espiritual.<\/p>\n<p>    Tiene ciertos rasgos originales y diferenciales:<br \/>\n   &#8211; Hace referencia a los hechos humanos que configuran la vida de cada hombre concreto.<\/p>\n<p>   &#8211; Se ilustra desde la ense\u00f1anza expresada en la Escritura Santa sin reducirse a ella como modelo.<\/p>\n<p>   &#8211; Se vincula con la transmisi\u00f3n que hace de la fe y de la plegaria cada comunidad cristiana en la que se vive.<\/p>\n<p>   &#8211; Integra dimensiones intelectivas (conocimientos), afectivas (actitudes) y morales (opciones).<\/p>\n<p>    Supone todo esto que se estudia, se profundiza, se vive, en su caso se celebra, con profundidad la Palabra divina y para ello se instruye, se alienta, se invita y se educa. Y se deja a la propia conciencia interpelar su valor. Se orienta la propia existencia personal y solidaria desde esa Palabra divina.<\/p>\n<p>    La catequesis no busca hacer hombres eruditos en conocimientos humanos, al estilo de los sabios de la tierra que tantas cosas saben. Se parte de la inteligencia; pero no hay que quedarse en ella, sino que se debe llegar a la vida entera: ideas, sentimientos, deseos, temores, ideales, limitaciones, esperanzas&#8230;<\/p>\n<p>    La catequesis no busca el conseguir hombres expertos y h\u00e1biles en la vida, al estilo de los triunfadores en el mundo. Lo que pretende es formar cristianos firmes y convencidos de la propia fe, la cual ellos acogen, asumen y convierten en norma de vida.<\/p>\n<p>    El acto catequ\u00e9tico es el paso que se va encauzando poco a poco a ese fin pr\u00e1ctico: lograr un tipo de hombre transformado por la fe, dentro de una situaci\u00f3n humana determinada.<\/p>\n<p>    Para realizar esta tarea, la catequesis cuenta con una clave, con una estrategia pedag\u00f3gica: es la lectura de la vida humana desde la \u00f3ptica de la palabra divina. Eso se consigue poco a poco, con actos catequ\u00e9ticos que implican unas referencias b\u00e1sicas.<\/p>\n<p>   &#8211; La Sagrada Escritura, recoge la comunicaci\u00f3n divina y sirve de cauces.<\/p>\n<p>   &#8211; La Liturgia y la plegaria dan vida a la comunidad cristiana y ofrece estilo.<\/p>\n<p>   &#8211; El S\u00ed\u00admbolo de la fe, que expresa la fe de la Iglesia y facilita f\u00f3rmulas.<\/p>\n<p>   &#8211; Las ense\u00f1anzas del Magisterio eclesial iluminan a los creyentes y da seguridad y claridad.<\/p>\n<p>   &#8211; La tradici\u00f3n viva de la comunidad creyente refleja la Historia espiritual del mundo y sugiere precauciones y estimula procedimientos.<\/p>\n<p>   &#8211; La misma comunidad en la que se vive aporta vida y fe compartida y contribuye con el mutuo apoyo a vivir con alegr\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    4. Fin del acto catequ\u00e9tico.<\/p>\n<p>    Es anunciar el mensaje para educar la fe. El catequista ofrece el mensaje desde la propia fe. No es su mensaje, sino el que ha recibido de la comunidad creyente a la que representa. Su lenguaje, para ser vivo, no tiene que ser ni afectivo ni conceptual con preferencia. Debe ser evang\u00e9lico. El es mediador de quien le env\u00ed\u00ada, que no es otro que el mismo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Debe usar lenguajes testimoniales no acad\u00e9micos ni mundanos. Su testimonio no puede estar desconectado de su propia vida, ni de la vida de la Iglesia, ni de la Historia de la Salvaci\u00f3n. Por eso, a la vez que testimonio de vida, es tambi\u00e9n lenguaje evang\u00e9lico, esto es b\u00ed\u00adblico, lit\u00fargico y magisterial.<\/p>\n<p>    El encuentro que tiene lugar en el acto catequ\u00e9tico entre la vida del hombre y la Palabra de Dios, debe penetrar y transformar la totalidad de la personalidad del creyente a quien se dirige.<\/p>\n<p>    Esa transformaci\u00f3n es una experiencia m\u00e1s o menos intensa y m\u00e1s o menos consciente. Esta experiencia, vivida e interpretada a la luz de la fe, necesita ser expresada.<\/p>\n<p>    El acto catequ\u00e9tico debe encauzarse, de una u otra forma, hacia esa expresi\u00f3n, que llamamos religiosa, pero que lo es tambi\u00e9n humana. Las expresiones b\u00e1sicas de la experiencia de fe, que deben iluminar todo acto catequ\u00e9tico y hacia las que se orienta toda tarea catequ\u00ed\u00adstica, son tres:<br \/>\n   &#8211;  La profesi\u00f3n de fe. El hombre creyente dice su fe, proclama que el Se\u00f1or  salva, declara su creencia, hace exteriores sus modos de pensar y de sentir. Dice creo desde su conciencia.<\/p>\n<p>   &#8211;  La celebraci\u00f3n. El hombre creyente celebra lo que ha vivido, lo que ha experimentado. Celebramos la intervenci\u00f3n de Dios en la Historia.<\/p>\n<p>   &#8211;  El compromiso. El hombre creyente se compromete con lo que dice y va creando actitudes cristianas de conversi\u00f3n personal y de transformaci\u00f3n del mundo en el que vive.<\/p>\n<p>     El acto catequ\u00e9tico hace siempre referencia, de alguna forma, a lo que el hombre debe confesar, celebrar y vivir como compromiso.<\/p>\n<p>    Primero se vive, se asume, se recoge la experiencia:<\/p>\n<p>   &#8211; experiencia humana, que puede ser personal o de grupo.<\/p>\n<p>   &#8211; experiencia que se profundiza con el intercambio con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>   &#8211; experiencia que se hace universal y abierta a la Iglesia entera.<\/p>\n<p>   Luego se expresa la propia experiencia en claves de fe.<\/p>\n<p>   &#8211; Expresi\u00f3n de la experiencia de fe mediante la alusi\u00f3n a la Providencia (dimensi\u00f3n doctrinal) .<\/p>\n<p>   &#8211; Comunicaci\u00f3n de la propia actitud a los dem\u00e1s: dar razones de la propia fe (dimensi\u00f3n moral).<\/p>\n<p>   &#8211; Proyecci\u00f3n hacia la oraci\u00f3n y a la celebraci\u00f3n en la comunidad (dimensi\u00f3n lit\u00fargica).<\/p>\n<p>     La labor del catequista, con sus actos catequ\u00e9ticos, es orientar poco a poco ese proceso que hace posible llegar, desde lo humano, al encuentro con Dios. Ese encuentro es el ideal, el objetivo, el fin de todo acto catequ\u00e9tico.<\/p>\n<p>     Pero esto no es posible sin una cadena de actos, cuya suma constituye el proceso, itinerario o plan de maduraci\u00f3n en la fe. El catequista debe dar importancia a cada acto, pero no quedarse en lo particular sino aspirar al todo, a la unidad de la acci\u00f3n. \u00abLo importante es que el acto catequ\u00e9tico dinamice los tres planos a los que nos hemos referido y que, a lo largo de todo el proceso de catequizaci\u00f3n, vaya madurando la fe del catec\u00fameno en la l\u00ed\u00adnea de una confesi\u00f3n cada vez m\u00e1s madura de la misma, m\u00e1s arraigada en la Escritura y significativa para su vida\u00bb.<\/p>\n<p>    (Cateq. de la Comunidad N\u00c2\u00ba 233)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Concepto de acto catequ\u00e9tico. II. Los elementos del acto catequ\u00e9tico: 1. La experiencia en la catequesis; 2. La palabra de Dios en la catequesis; 3. La expresi\u00f3n de fe en la catequesis. III. La din\u00e1mica del acto catequ\u00e9tico: 1. Experiencia; 2. Palabra de Dios; 3. Expresi\u00f3n de fe.<\/p>\n<p>I. Concepto de acto catequ\u00e9tico<br \/>\n\u00abSe entiende por acto catequ\u00e9tico la realizaci\u00f3n concreta de la acci\u00f3n catequizadora en cuanto que integra -en mutua interacci\u00f3n- los diversos elementos que la componen: experiencia humana, palabra de Dios, confesi\u00f3n de fe, oraci\u00f3n y celebraci\u00f3n, compromiso cristiano y vida comunitaria\u00bb (CAd, anexo, 30).<\/p>\n<p>Se distingue del proceso catequ\u00e9tico, entendido como \u00abacci\u00f3n din\u00e1mica desarrollada progresivamente a trav\u00e9s de un programa y unas etapas sucesivas\u00bb (CAd, anexo, 29). Lo que caracteriza el acto catequ\u00e9tico es la integraci\u00f3n de todos sus elementos: La palabra de Dios \u00abincide en el terreno de la experiencia humana y, en virtud del poder fecundante del Esp\u00ed\u00adritu, produce su fruto en el coraz\u00f3n del hombre, que se exterioriza mediante la expresi\u00f3n de f\u00e9, en forma de confesi\u00f3n, celebraci\u00f3n y compromiso\u00bb (CAd 264).<\/p>\n<p>El acto catequ\u00e9tico se corresponde, en cuanto a su extensi\u00f3n, con el desarrollo de un tema o aspecto del misterio cristiano, no as\u00ed\u00ad con una sesi\u00f3n de catequesis (un tema puede requerir varias sesiones). En una sesi\u00f3n de catequesis no tienen que estar presentes necesariamente todos los elementos del acto catequ\u00e9tico, pero \u00abs\u00f3lo cuando el conjunto de estos elementos ha podido activarse, se puede decir que se ha producido un acto catequ\u00e9tico\u00bb (CAd, anexo, 30).<\/p>\n<p>El acto catequ\u00e9tico tiene una estructura jerarquizada. La correcta realizaci\u00f3n de la catequesis depende, en buena parte, del respeto a esta jerarqu\u00ed\u00ada. La palabra de Dios y la experiencia -humana y cristiana- son los elementos que sostienen el peso de su estructura, mientras que la expresi\u00f3n de fe es el \u00abcorolario constante que acompa\u00f1a de manera ininterrumpida el proceso de catequizaci\u00f3n\u00bb (CC 234). La palabra de Dios es el elemento medular del acto catequ\u00e9tico y el que da vida a toda su estructura.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista pedag\u00f3gico, el acto catequ\u00e9tico no se identifica con el m\u00e9todo que lo activa. Uno es el acto catequ\u00e9tico, en sus componentes fundamentales, y diversos los m\u00e9todos, de acuerdo con los tiempos, el orden o la intensidad con que esos componentes se ponen en acci\u00f3n. La pluralidad de m\u00e9todos en la catequesis es signo de vitalidad y creatividad (cf CT 55; DGC 148-149). El concepto pedag\u00f3gico que mejor se acomoda a lo que entendemos por acto catequ\u00e9tico podr\u00ed\u00ada ser el de modelo, entendido como \u00abrepresentaci\u00f3n selectiva de los elementos esenciales del fen\u00f3meno did\u00e1ctico, que permite describirlo y explicarlo en profundidad\u00bb1. Se trata, pues, de una imagen proporcional de la realidad, una creaci\u00f3n hipot\u00e9tica, que tiene una doble funci\u00f3n heur\u00ed\u00adstica (interpretativa de la acci\u00f3n catequizadora) e integrativa (entre la teor\u00ed\u00ada y la pr\u00e1ctica).<\/p>\n<p>II. Los elementos del acto catequ\u00e9tico<br \/>\nEn el acto catequ\u00e9tico, como ya se ha dicho, se integran varios elementos o factores, que se reclaman mutuamente y que no se pueden disociar entre s\u00ed\u00ad. Estos son: la experiencia -humana y cristiana- del catequizando, la palabra de Dios, contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradici\u00f3n, y la expresi\u00f3n de fe en sus diversas formas (confesi\u00f3n, celebraci\u00f3n y compromiso).<\/p>\n<p>1. LA EXPERIENCIA EN LA CATEQUESIS. Inicialmente nos referimos a la experiencia en un sentido amplio (todo lo humano), con dos limitaciones: la concepci\u00f3n popular que la identifica con la sabidur\u00ed\u00ada de los mayores, y la concepci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de aquello que ha sido sometido a experimentaci\u00f3n. La vida humana como participaci\u00f3n personal y social en la historia y en la cultura y, sobre todo, la vivencia cotidiana de la realidad es, toda ella, la posible materia prima de la catequesis.<\/p>\n<p>Conviene destacar que la catequesis no s\u00f3lo se interesa por las experiencias individuales, sino tambi\u00e9n por las sociales, as\u00ed\u00ad como por los problemas m\u00e1s acuciantes que preocupan hoy a la humanidad: la lucha por la paz, los derechos humanos, la abolici\u00f3n de la tortura, las nuevas relaciones Norte-Sur, el feminismo, la ecolog\u00ed\u00ada, etc. (cf DGC 17-21; 211).<\/p>\n<p>La experiencia en catequesis implica tambi\u00e9n, y muy especialmente, la experiencia cristiana. Nos referimos a esa biograf\u00ed\u00ada religiosa con que llega el catec\u00fameno o catequizando a la catequesis: la imagen que tiene de Dios, su experiencia de oraci\u00f3n, los criterios morales, los acontecimientos de fe vividos, las decisiones adoptadas y, en el caso de los ni\u00f1os, si ha tenido lugar o no el despertar religioso (cf CF 78-79).<\/p>\n<p>Todo este material, una vez elaborado, llega a ser la experiencia humana de la que se habla en catequesis: la propia vida reflexionada, interpretada, transformada. Para ello hace falta todo un tratamiento pedag\u00f3gico con distintos pasos: 1) la apropiaci\u00f3n, la implicaci\u00f3n personal, el contacto directo y vivencial con la realidad; 2) la vivencia intensiva y totalizante, en la que participa toda la persona (inteligencia, emotividad, operatividad, etc.); 3) la profundizaci\u00f3n mediante la reflexi\u00f3n y el esfuerzo interpretativo; 4) la expresi\u00f3n de lo vivido mediante formas diversas de lenguaje (palabra, gesto, rito, etc.); 5) el cambio, el crecimiento, la transformaci\u00f3n de la persona. La experiencia surge de la vida y retorna a la vida, pero no vuelve como fue: la persona es ya distinta, ha cambiado2.<\/p>\n<p>S\u00f3lo cuando se ha realizado este recorrido pedag\u00f3gico, lo vivido se transforma en experiencia.<\/p>\n<p>En la historia de la experiencia humana en catequesis, destaca como momento importante la constituci\u00f3n Gaudium et spes del Vaticano II, donde se propugna la sinton\u00ed\u00ada con \u00ablos gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo\u00bb (GS 1).<\/p>\n<p>Alrededor de ese momento aparece la llamada catequesis antropol\u00f3gica o de la experiencia. Primero en su versi\u00f3n personalista, especialmente en Europa3. M\u00e1s tarde en su versi\u00f3n socio-pol\u00ed\u00adtica, cuyo punto de arranque hay que situarlo en la Semana catequ\u00e9tica de Medell\u00ed\u00adn (Colombia) de 1968, donde se afirma que las situaciones hist\u00f3ricas y las aspiraciones aut\u00e9nticamente humanas son parte indispensable del contenido de la catequesis4.<\/p>\n<p>El Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica de 1971 ratifica esta presencia activa de la experiencia humana en la acci\u00f3n catequizadora: \u00abLa catequesis debe ayudar a los hombres a explorar, interpretar y juzgar las experiencias y tambi\u00e9n a darle un sentido cristiano a su propia existencia\u00bb (DCG 74).<\/p>\n<p>A partir de aqu\u00ed\u00ad, los distintos materiales catequ\u00e9ticos que se van produciendo suelen tener en cuenta la experiencia humana con desigual fortuna. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, van apareciendo deficiencias y errores en su utilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Unas afectan a la propia experiencia humana en s\u00ed\u00ad, como: el uso restringido de la experiencia, reduci\u00e9ndola a ciertas zonas de lo humano (lo personal, lo psico-social, etc.); la falta de profundidad o la interpretaci\u00f3n insuficientemente fundada de la experiencia; la lectura ideol\u00f3gica, instrumentalizada, de la experiencia, o hecha desde presupuestos hostiles a la fe&#8230;<\/p>\n<p>Otras deficiencias se refieren a su relaci\u00f3n con la palabra de Dios, como: la yuxtaposici\u00f3n de la experiencia humana a la experiencia de la fe, haciendo imposible la relaci\u00f3n entre la fe y la vida; la subordinaci\u00f3n de los contenidos de la fe a las experiencias humanas elegidas, olvidando elementos esenciales del mensaje; la utilizaci\u00f3n de la experiencia como simple punto de partida o pretexto pedag\u00f3gico para la transmisi\u00f3n del mensaje cristiano; el aplazamiento indefinido del encuentro con la palabra de Dios.<\/p>\n<p>A la luz de los documentos del magisterio de la Iglesia sobre la catequesis en los a\u00f1os 70 (Evangelii nuntiandi, S\u00ed\u00adnodo de obispos sobre la catequesis y Catechesi tradendae), la reflexi\u00f3n catequ\u00e9tica ha ido consiguiendo una formulaci\u00f3n m\u00e1s equilibrada y precisa de la experiencia en catequesis, como aparece, entre otros, en los documentos de la Iglesia espa\u00f1ola: La catequesis de la comunidad (1983), El catequista y su formaci\u00f3n (1985) y La catequesis de adultos en la comunidad cristiana (1990).<\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, la problem\u00e1tica de la experiencia humana en catequesis parece haber perdido relieve, tanto en la reflexi\u00f3n como en la pr\u00e1ctica catequ\u00e9tica. Entre otras razones, podemos indicar: a) un cierto cansancio pedag\u00f3gico, unido a la incapacidad de muchos catequistas para tratar la experiencia adecuadamente; b) cierta actitud de sospecha ante la llamada catequesis de la experiencia, propiciada a veces por alguna que otra voz autorizada, que ha favorecido la inhibici\u00f3n por miedo a equivocarse.<\/p>\n<p>El nuevo Directorio general para la catequesis (DGC) de 1997 -con abundantes referencias al tema- destaca expl\u00ed\u00adcitamente la importancia de la experiencia humana en catequesis, cuyo fundamento es la pedagog\u00ed\u00ada de la encarnaci\u00f3n \u00abpor la que el evangelio se ha de proponer siempre para la vida y en la vida de las personas\u00bb (DGC 143): es parte esencial de la catequesis. \u00abLa relaci\u00f3n del mensaje cristiano con la experiencia humana no es puramente metodol\u00f3gica, sino que brota de la finalidad misma de la catequesis, que busca la comuni\u00f3n de la persona humana con Jesucristo\u00bb (DGC 116); su iluminaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n es tarea permanente de la pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica y no debe descuidarse, a pesar de las dificultades, \u00abso pena de caer en yuxtaposiciones artificiosas o en comprensiones reduccionistas de la verdad\u00bb (DGC 153); ha de ser valorada debidamente, por la diversidad de funciones que desempe\u00f1a: transformando la existencia humana, favoreciendo la inteligibilidad del mensaje y, sobre todo, siendo espacio donde se manifiesta y se realiza la salvaci\u00f3n (cf DGC 152).<\/p>\n<p>Venciendo dificultades y superando errores, se impone hoy la necesidad de recuperar la experiencia humana para la catequesis, en toda su amplitud y profundidad.<\/p>\n<p>2. LA PALABRA DE DIOS EN LA CATEQUESIS. \u00abLa palabra de Dios ilumina todo el acto catequ\u00e9tico y es el elemento que da conexi\u00f3n a todos los dem\u00e1s\u00bb (CC 228). La catequesis hace resonar la Palabra en el coraz\u00f3n de los catec\u00famenos y catequizandos \u00abpara dejarse interpelar, para conocerla en profundidad y para orientar desde ella su experiencia\u00bb (CAd 266).<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura y el catecismo son los polos referenciales a los que acudir, en el proceso de catequizaci\u00f3n, para entrar en contacto con la palabra de Dios (cf DGC 132; CAd 266). Por la posici\u00f3n preeminente que la Sagrada Escritura tiene en todo el ministerio de la Palabra (cf DGC 127), nos referimos especialmente a ella, al plantearnos c\u00f3mo se hace presente la palabra de Dios en el acto catequ\u00e9tico.<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei Verbum (DV) del Vaticano II constituye para la catequesis \u00abuna s\u00f3lida base sobre la que apoyar la manera de entender el car\u00e1cter propio de la catequesis\u00bb (CC 106). Todav\u00ed\u00ada no se ha reflexionado suficientemente sobre este documento, para sacar todas sus consecuencias catequ\u00e9ticas. Por ejemplo, de su concepci\u00f3n personalista de la Revelaci\u00f3n, del car\u00e1cter hist\u00f3rico y sacramental de la misma, de las pistas que nos ofrece para superar las dificultades de conciliaci\u00f3n entre la fides qua y la fides quae, entre Escritura y Tradici\u00f3n, entre integridad del Mensaje y adaptaci\u00f3n pedag\u00f3gica, etc.<\/p>\n<p>El estudio de la palabra de Dios se ha visto alentado posteriormente por el documento de la Pontificia comisi\u00f3n b\u00ed\u00adblica: La interpretaci\u00f3n de la Biblia en la Iglesia5. Se trata de un manifiesto en favor de la racionalidad en el estudio de la Biblia, de la historicidad de la Revelaci\u00f3n, de la apertura respecto a todos los m\u00e9todos objetivos de investigaci\u00f3n y del di\u00e1logo con todas las ciencias que puedan aportar soluciones. El cap\u00ed\u00adtulo dedicado a la Interpretaci\u00f3n de la Biblia en la vida de la Iglesia (CC 111-125) ilumina especialmente la manera de entender la palabra de Dios en el acto catequ\u00e9tico.<\/p>\n<p>Desde la Dei Verbum y La interpretaci\u00f3n de la Biblia en la Iglesia, nos preguntamos c\u00f3mo en el acto catequ\u00e9tico la palabra de Dios \u00abse refiere al sentido \u00faltimo de la existencia y la ilumina, ya para inspirarla, ya para juzgarla, a la luz del evangelio\u00bb (CT 22).<\/p>\n<p>La Revelaci\u00f3n es el acontecimiento de Dios saliendo al encuentro del hombre para entablar con \u00e9l un di\u00e1logo de salvaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, \u00aben los libros sagrados, el Padre, que est\u00e1 en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos\u00bb (DV 21). La Biblia nos muestra c\u00f3mo Dios trata con el hombre por los caminos de la historia y de la encarnaci\u00f3n:<br \/>\n&#8211; Durante siglos, Dios form\u00f3 a su pueblo y prepar\u00f3 los caminos del evangelio. Israel conoci\u00f3 a Dios, no en abstracto, sino por la experiencia de los caminos de Dios en su historia. Esta historia de salvaci\u00f3n se encuentra, hecha palabra de Dios, en los libros del Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>La Revelaci\u00f3n encuentra en Jesucristo su consumaci\u00f3n y perfecci\u00f3n: el Hijo de Dios entra en la historia; \u00abla Palabra hecha carne&#8230; habla las palabras de Dios\u00bb (DV 4), utilizando sin reparo la condici\u00f3n humana y sus med\u00ed\u00ados de expresi\u00f3n. Y la Iglesia apost\u00f3lica, guiada por el Esp\u00ed\u00adritu, va descubriendo la verdad completa (cf Jn 16,12-15) en su propia historia (la vida de las primeras comunidades cristianas), a la luz de la tradici\u00f3n de Israel referida a Cristo y del testimonio apost\u00f3lico sobre el Se\u00f1or resucitado. De todo esto dan fe los escritos del Nuevo Testamento, donde la palabra de Dios despliega su fuerza de modo privilegiado.<\/p>\n<p>Si Dios se comunica con nosotros entrando en la historia y someti\u00e9ndose a ella (k\u00e9nosis), hemos de afirmar que no existe palabra de Dios, por as\u00ed\u00ad decirlo, qu\u00ed\u00admicamente pura. No hay palabra de Dios sin palabra humana, sometida a las leyes y a las limitaciones de nuestro lenguaje. En la Biblia, Dios se hace texto. Un texto alejado de nosotros por miles de a\u00f1os. Construido de acuerdo con una cultura que no es la nuestra. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 ser ese texto palabra de Dios para nosotros hoy? \u00abLa dif\u00ed\u00adcil tarea de la catequesis consiste justamente en hacer hablar hoy al lenguaje de una tradici\u00f3n\u00bb (CC 145). El acto catequ\u00e9tico es un acto hermen\u00e9utico, de actualizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La hermen\u00e9utica moderna nos ha hecho comprender que \u00abtodo texto, y por tanto tambi\u00e9n el b\u00ed\u00adblico, se dirige al lector con una pretensi\u00f3n, no se deja considerar pasivamente, se acerca a la existencia del lector con una nueva posibilidad existencial. A su vez, el lector se acerca al texto con una relaci\u00f3n vital al tema&#8230; A esta \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n previa entre texto y lector, junto con la din\u00e1mica que se desencadena cuando ambos se enfrentan, podemos llamarla c\u00ed\u00adrculo hermen\u00e9utico\u00bb6.<\/p>\n<p>Se trata de una expresi\u00f3n ya cl\u00e1sica para dise\u00f1ar las leyes de la interpretaci\u00f3n y, por tanto, del conocimiento y de la apropiaci\u00f3n de sentido. La palabra c\u00ed\u00adrculo indica la din\u00e1mica que se establece entre el comienzo y el final del proceso, que es el mismo sujeto que interpreta: partiendo de m\u00ed\u00ad, mediante el texto, vuelvo de nuevo a m\u00ed\u00ad pero a un nivel distinto. Cuando tratamos de escuchar hoy un texto del pasado (en nuestro caso, la Biblia), se ponen en funcionamiento los distintos momentos del c\u00ed\u00adrculo hermen\u00e9utico: desde la precomprensi\u00f3n de nuestra situaci\u00f3n de vida concreta, llegamos por la ex\u00e9gesis al encuentro con el texto y su sentido vital; sentido que podemos hacer contempor\u00e1neo nuestro mediante un proceso de actualizaci\u00f3n o transculturaci\u00f3n; para dejarnos interpelar por esa palabra y tomar una decisi\u00f3n concreta o actuaci\u00f3n, a trav\u00e9s del discernimiento.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad se cierra el c\u00ed\u00adrculo, encontr\u00e1ndonos con nuestra situaci\u00f3n de vida iluminada, confrontada, cambiada7&#8230; Analizamos m\u00e1s en detalle cada uno de estos momentos:<br \/>\na) La pre-comprensi\u00f3n. Para comprender, debo comprenderme. Pensar en un acercamiento objetivo, neutral, al texto es una falsificaci\u00f3n. Hay siempre una confrontaci\u00f3n entre el texto y yo, entre lo que escucho y lo que soy. Sobre todo, cuando est\u00e1n en juego valores importantes y el riesgo de su aceptaci\u00f3n o su rechazo. Y m\u00e1s a\u00fan cuando se trata de la fe, y es la salvaci\u00f3n lo que se ventila. La precomprensi\u00f3n supone apertura al texto e hip\u00f3tesis adelantada de lectura: 1) la apertura al texto consiste en una actitud interior de aprecio, en un doble sentido: espero de esa palabra algo valioso para mi vida, y percibo al mismo tiempo en ella un deseo de comunicaci\u00f3n, el gesto de una mano amiga, que trata de suscitar en m\u00ed\u00ad la simpat\u00ed\u00ada; 2) la pre-comprensi\u00f3n supone tambi\u00e9n situarse ante el texto desde los propios interrogantes vitales, esperar de \u00e9l una verificaci\u00f3n de aquellas hip\u00f3tesis de sentido, que ahora tengo sobre m\u00ed\u00ad mismo y sobre los dem\u00e1s, tanto individual como colectivamente.<\/p>\n<p>b) La escucha del texto. Para comprender un texto del pasado es necesario hacerse contempor\u00e1neo del mismo. La Biblia tiene en s\u00ed\u00ad una densidad existencial propia de los personajes que la pueblan. \u00abEl sentido para m\u00ed\u00ad, que brota de la Biblia, pasa necesariamente a trav\u00e9s del sentido para ellos; la actualidad de la Palabra es actualizaci\u00f3n, es decir, transferencia al presente de un significado que apareci\u00f3 y que fue vivido en el pasado, prolongaci\u00f3n de validez tambi\u00e9n para hoy de un sentido manifestado ayer&#8230; La mayor convergencia eclesial suele darse en el gesto de violentar el libro con el pretexto de hacerlo vivo. Cuando el primer servicio al libro, y a la Iglesia a quien se le ha confiado, es el de restituirle su sentido propio, para activar en torno a \u00e9l la comuni\u00f3n real del consenso en vez de la convergencia formal del polisenso\u00bb8. Esta es la misi\u00f3n de la ex\u00e9gesis, realizada a trav\u00e9s de una pluralidad de m\u00e9todos, que no han de verse como contrapuestos y creadores de confusi\u00f3n, sino como una opci\u00f3n convergente de instrumentos diversos que, bien conjuntados, pueden ofrecernos el sentido del texto en toda su riqueza sinf\u00f3nica9.<\/p>\n<p>c) La actualizaci\u00f3n. Pero no basta que la Biblia se diga a s\u00ed\u00ad misma: ha de hablar con el hombre de hoy. \u00abLa actualizaci\u00f3n es necesaria porque, aunque el mensaje de la Biblia tenga un valor duradero, sus textos han sido elaborados en funci\u00f3n de circunstancias pasadas y en un lenguaje condicionado por diversas \u00e9pocas. Para manifestar el alcance que ellos tienen para los hombres y mujeres de hoy, es necesario aplicar su mensaje a las circunstancias presentes y expresarlo en un lenguaje adaptado a la \u00e9poca actual\u00bb (La interpretaci\u00f3n de la Biblia en la Iglesia, 112). Con H. Gadamer, recordamos que para comprender un texto hay que interpretarlo siempre a trav\u00e9s del espesor u horizonte de las tradiciones que nos lo han transmitido. Actualizar consiste en hacer la historia de las actualizaciones precedentes hasta la nuestra. \u00abCuando la catequesis transmite el misterio de Cristo, en su mensaje resuena la fe de todo el pueblo de Dios a lo largo de la historia\u00bb (DGC 105). Podemos distinguir en este caso un momento b\u00ed\u00adblico, un momento eclesial y un momento antropol\u00f3gico:<br \/>\n&#8211; Momento b\u00ed\u00adblico. La Biblia lleva dentro de s\u00ed\u00ad esta din\u00e1mica de actualizaci\u00f3n a trav\u00e9s de las llamadas relecturas, que de los acontecimientos salvadores se han ido haciendo durante su largo proceso de elaboraci\u00f3n. As\u00ed\u00ad tenemos, por ejemplo, la relectura que el Nuevo Testamento hace del Antiguo, o la que hacen las primeras comunidades de la historia terrena de Jes\u00fas&#8230; (DGC 84-90). La actualizaci\u00f3n va precisando el mensaje del texto b\u00ed\u00adblico, siguiendo la direcci\u00f3n que se\u00f1alan las distintas relecturas del mismo dentro de la Biblia.<\/p>\n<p>&#8211; Momento eclesial. Un salto desde el pasado de la Biblia a nuestro presente, poniendo entre par\u00e9ntesis veinte siglos de vida de la Iglesia, es un salto en el vac\u00ed\u00ado que, por desgracia, se da en muchas catequesis (cf DGC 30). Es necesario que el mensaje b\u00ed\u00adblico tenga en cuenta las distintas actualizaciones que ha ido haciendo la tradici\u00f3n viva de la Iglesia \u00abcon su ense\u00f1anza, su vida, su culto\u00bb (DV 8). Un proceso de tradici\u00f3n10 que no ha de ser visto como historia de la Iglesia, sino como experiencia de una comunidad que vive su fe en la historia. Una tradici\u00f3n protegida -pero no monopolizada- por el magisterio de la Iglesia, en la que participan todos los cristianos (cf DV 8; LG 12; DGC 95-96). En este contexto adquiere todo su significado la definici\u00f3n de la catequesis como traditio Evangelii in symbolo, verdadero acto de tradici\u00f3n11, que no se puede limitar a una repetici\u00f3n de los documentos de la fe, sino que ha de posibilitar su interpretaci\u00f3n creativa (cf CC 146).<\/p>\n<p>&#8211; Momento antropol\u00f3gico. La vuelta al presente se completa con la transculturaci\u00f3n. Efectivamente, el horizonte b\u00ed\u00adblico, adem\u00e1s de ser hist\u00f3rico, es tambi\u00e9n antropol\u00f3gico, es decir, es un mundo de experiencias y valores que tiende irresistiblemente a identificarse con el mundo de experiencias y valores profundos del hombre de todo tiempo y situaci\u00f3n concreta en que vive. La actualizaci\u00f3n se realiza cuando un valor humano de alg\u00fan o algunos personajes b\u00ed\u00adblicos interpela a la libertad de personas de hoy desde ese mismo valor humano, siempre dentro de esa gama de valores universales comunes, que tienen relaci\u00f3n con los eternos y decisivos problemas de la vida: Dios, nuestro destino, el destino de la historia, el bien y el mal, el sufrimiento, el amor, el futuro (cf DGC 133, nota 10). Cuando se produce esa correlaci\u00f3n interpeladora o interacci\u00f3n entre el mensaje revelado y las experiencias humanas profundas de las personas de hoy, la Palabra revelada se ha hecho actual. Ser\u00e1 la inculturaci\u00f3n la que deber\u00e1 poner el mensaje b\u00ed\u00adblico en relaci\u00f3n m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita con los modos de sentir, de pensar, de vivir y de expresarse, propios de la cultura local (La interpretaci\u00f3n de la Biblia en la Iglesia, 116). Esta actualizaci\u00f3n interpeladora lleva a la actuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>d) La actuaci\u00f3n. La Palabra no tiene como finalidad solamente ser escuchada (entendida desde el horizonte cultural propio), sino que ha de ser practicada (cf Lc 11,28). No es lo mismo actualizaci\u00f3n que actuaci\u00f3n: \u00abLa primera es la elaboraci\u00f3n del mensaje dentro de las categor\u00ed\u00adas mentales de hoy; la segunda, la llamada que el mensaje dirige (que el mismo mensaje es) a la libertad de cada uno, en la singular\u00ed\u00adsima (no universal) y puntual (no repetible) situaci\u00f3n del encuentro\u00bb12. El mensaje b\u00ed\u00adblico no es \u00fanico, en el sentido de que el texto no nos da la respuesta puntual a la situaci\u00f3n vital de cada uno. Eso explica que, a una misma Palabra, los creyentes puedan dar respuestas diferentes, aunque no contradictorias. El mensaje, m\u00e1s bien, nos ofrece una direcci\u00f3n de marcha, nos da unas posibilidades de opci\u00f3n; \u00abse podr\u00ed\u00ada decir que el texto tiene una funci\u00f3n negativa: dice lo que no se debe hacer, traza un l\u00ed\u00admite m\u00e1s all\u00e1 del cual no se andar\u00ed\u00ada en el camino de Jes\u00fas\u00bb13. De la actualizaci\u00f3n a la actuaci\u00f3n no se pasa autom\u00e1ticamente, sino a trav\u00e9s del discernimiento. Este implica un di\u00e1logo a tres niveles: con Dios (en la meditaci\u00f3n, la plegaria, el silencio), con el hombre (las ciencias humanas, los datos de la raz\u00f3n&#8230;) y con la comunidad (el catequista, el grupo, el sacerdote&#8230;).<\/p>\n<p>Cuando no se tiene en cuenta esta hermen\u00e9utica, es frecuente el mal uso de la palabra de Dios en el acto catequ\u00e9tico. Errores m\u00e1s frecuentes son: el fundamentalismo, como interpretaci\u00f3n literalista de la Biblia; la instrumentalizaci\u00f3n, que la utiliza para probar afirmaciones dogm\u00e1ticas, morales o ideol\u00f3gicas; el exegetismo, que se sirve de los m\u00e9todos hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adticos, sin hacer ver la vitalidad de la Palabra ni actualizarla a la situaci\u00f3n de los destinatarios; el intuicionismo carism\u00e1tico, que invita a cada uno a expresar lo que le sugiere el texto b\u00ed\u00adblico, sin preocuparse de lo que realmente dice14.<\/p>\n<p>3. LA EXPRESI\u00ed\u201cN DE FE EN LA CATEQUESIS. Expresarse es hacer pasar algo al plano de lo visible, hacer presente a uno mismo y a los otros lo que llevamos en nuestro interior. Nos referimos aqu\u00ed\u00ad a la expresi\u00f3n como acto humano, inteligente y libre: acci\u00f3n, al menos en parte, consciente, controlada, intencionada, organizada. Se trata de un acto de creaci\u00f3n (aporta algo nuevo al mundo) y, al mismo tiempo, de encarnaci\u00f3n (lo espiritual toma cuerpo sin perder por eso su calidad). La expresi\u00f3n conlleva un doble dinamismo: un encuentro del hombre consigo mismo, que implica la necesidad de un cierto recogimiento interior para descubrirse personalmente y en relaci\u00f3n con el medio, y un salir de s\u00ed\u00ad mismo traduci\u00e9ndose, para acercarse a los otros y encontrarse con ellos a un nivel m\u00e1s profundo.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n de cualquier experiencia vivida por el hombre tiende a fijarse en el rito, como intento de revivir aquella experiencia; a tipificarse en conductas o modos de proceder surgidos de la actitud nacida en el acontecimiento original; a formularse en dogmas, que responden a la necesidad del ser humano de determinar conceptualmente el contenido de su experiencia15. En el campo educativo, experiencia y expresi\u00f3n son momentos alternativos del dinamismo de maduraci\u00f3n del ser humano, en una cadena de mutuos refuerzos: la experiencia se desarrolla expres\u00e1ndose y, a su vez, la expresi\u00f3n da lugar a una nueva experiencia.<\/p>\n<p>El acto catequ\u00e9tico participa de este dinamismo: la catequesis tiene su origen en la confesi\u00f3n de fe (experiencia de fe de la Iglesia) y conduce a la confesi\u00f3n de fe (expresi\u00f3n de fe del catec\u00fameno) (cf MPD 8). Sin expresi\u00f3n de fe no hay madurez cristiana: \u00abNo puede decirse que la educaci\u00f3n en la fe sea verdaderamente tal mientras no lleva a los catequizandos a expresar la renovaci\u00f3n que se est\u00e1 operando en sus vidas\u00bb (CAd 267). La expresi\u00f3n de fe tiene diversas formas: la confesi\u00f3n o proclamaci\u00f3n de la misma, la celebraci\u00f3n y el compromiso cristiano. Estas formas tienen su raz\u00f3n de ser en el concepto mismo de catequesis:<br \/>\n&#8211; Desde la catequesis entendida como \u00abeducaci\u00f3n integral de la fe\u00bb. Para el creyente, la fe no es algo fijo, inm\u00f3vil. No s\u00f3lo hay un camino que conduce a la fe, sino un camino en la fe misma. Hay un crecimiento de la fe (cf 2Cor 10,15), que la catequesis facilita desarrollando todas sus dimensiones, \u00abpor las que esta llega a ser una fe conocida, celebrada, vivida, hecha oraci\u00f3n\u00bb (DGC 144). La fe crece por el conocimiento: una fe informada, instruida, que busca entender y trata de llegar a la penetraci\u00f3n interna de lo que cree. La fe crece, tambi\u00e9n, por las obras del amor (cf G\u00e1l 5,6): el compromiso en el mundo para la construcci\u00f3n del Reino. La fe, como puro don y gracia, crece, sobre todo, por la oraci\u00f3n y la celebraci\u00f3n: ellas son como la respiraci\u00f3n de la fe, donde inhalamos la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu. Por estas tres v\u00ed\u00adas de crecimiento progresa el creyente con la ayuda de la expresi\u00f3n de su fe16.<\/p>\n<p>&#8211; Desde la catequesis entendida como \u00abacto de tradici\u00f3n viva de la Iglesia\u00bb. La Tradici\u00f3n no se entiende como una simple colecci\u00f3n de verdades, sino como presencia viva de la palabra de Dios que se realiza en \u00abla doctrina, la vida y el culto\u00bb de la Iglesia, de suerte que Dios \u00absigue conversando siempre con la esposa de su Hijo amado\u00bb (DV 8). La catequesis inicia al catec\u00fameno o cate quizando para incorporarse real y vitalmente en esa tradici\u00f3n: le entrega el evangelio (Sagrada Escritura) condensado en el s\u00ed\u00admbolo, regla de fe de la Iglesia; le entrega el Padrenuestro, modelo de toda oraci\u00f3n cristiana; le entrega el Mandamiento nuevo y las Bienaventuranzas, encarnaci\u00f3n de las actitudes b\u00e1sicas que configuran la vida evang\u00e9lica. Y el catequizando, a trav\u00e9s de la expresi\u00f3n de su fe, devuelve aquella vida que le ha sido entregada, enriquecida con los valores de su cultura (cf DGC 78).<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n de fe desborda los l\u00ed\u00admites del acto catequ\u00e9tico. Su lugar es toda la vida cristiana: el creyente confiesa la fe en la comunidad cristiana, en medio de los hombres, en la vida y, de forma suprema y excepcional, por el martirio (cf DGC 83); celebra la fe principalmente por medio de la liturgia ordinaria de la Iglesia y por la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n personal y comunitaria; compromete su fe viviendo los valores evang\u00e9licos en medio del mundo y colaborando activamente en la construcci\u00f3n del Reino. A la catequesis le corresponde, respecto a las distintas expresiones de la fe, tan solo una funci\u00f3n iniciadora.<\/p>\n<p>a) La confesi\u00f3n de la fe en el acto catequ\u00e9tico. \u00abMediante la profesi\u00f3n de fe, proclamada en la comunidad, el catec\u00fameno devuelve -progresivamente interiorizado- el s\u00ed\u00admbolo que le fue entregado\u00bb (CC 234). Para ello, la catequesis deber\u00e1 iniciar en el conocimiento de la fe. La confesi\u00f3n de la fe puede hacerse presente en el acto catequ\u00e9tico:<br \/>\n&#8211; Como confesi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de esa misma fe. A trav\u00e9s de distintos lenguajes (palabra hablada o escrita, dibujo, expresi\u00f3n corporal, etc.), los catec\u00famenos y catequizandos expresan su vivencia interior surgida en el encuentro con la Palabra: la intervenci\u00f3n salvadora de Dios en sus vidas, la transformaci\u00f3n que est\u00e1n experimentando, lo que han contemplado y tocado con sus manos acerca de la palabra de la vida (cf 1Jn 1,1).<\/p>\n<p>&#8211; Como confrontaci\u00f3n de las expresiones de fe propias con las expresiones acu\u00f1adas por la Iglesia. A trav\u00e9s de su propio lenguaje, los miembros del grupo hacen una aportaci\u00f3n creativa a la tradici\u00f3n viva de la Iglesia y, teniendo en cuenta los documentos de la fe, someten su expresi\u00f3n a la necesaria revisi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica para retener s\u00f3lo lo que es conforme a la fe (cf DCG 75).<\/p>\n<p>&#8211; Como memorizaci\u00f3n cordial (creer es recordar) o aprendizaje significativo de las f\u00f3rmulas de fe, tanto doctrinales como sapienciales, en toda su variedad: sentencias b\u00ed\u00adblicas, f\u00f3rmulas lit\u00fargicas, plegarias comunes, expresiones de fe recogidas en los s\u00ed\u00admbolos y en los principales documentos de la Iglesia&#8230; (cf DGC 154).<\/p>\n<p>&#8211; Como instrucci\u00f3n elemental orientada a que los catec\u00famenos y catequizandos puedan dar raz\u00f3n de su esperanza (cf 1Pe 3,15) ante ellos mismos y ante el mundo. La catequesis favorece su acceso a la inteligencia de la fe (una fe ilustrada y convencida de su racionalidad), para asegurar la verdad y la, profundidad de su dimensi\u00f3n vivencial, superando el sentimentalismo inconsciente, y, para practicar de forma razonable la obediencia a la fe (Rom 1,5).<\/p>\n<p>b) La celebraci\u00f3n de la fe en el acto catequ\u00e9tico. \u00abMediante la celebraci\u00f3n, el catec\u00fameno refiere constantemente a Dios, verdadero art\u00ed\u00adfice de su crecimiento, la maduraci\u00f3n progresiva de su fe cristiana al compartirla con la comunidad fraterna\u00bb (CC 234). Para ello, en la tarea catequizadora se ha de cuidar al m\u00e1ximo una relaci\u00f3n profunda entre liturgia y catequesis. Algunas incidencias en el acto catequ\u00e9tico:<br \/>\nLa catequesis debe disponer de momentos celebrativos, en los que el grupo consiga que su fe llegue a ser experiencia significativa y dimensi\u00f3n interpretativa de la existencia. Esta presencia no puede ser marginal (cf DGC 30) y deber\u00e1 evitar toda instrumentalizaci\u00f3n pedag\u00f3gica de la celebraci\u00f3n: lo que se celebra es el paso de Dios por nuestra historia. Sin celebraci\u00f3n no hay comunicaci\u00f3n ni maduraci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>En el acto catequ\u00e9tico tiene un lugar indiscutible la oraci\u00f3n. No s\u00f3lo la oraci\u00f3n de petici\u00f3n, sino tambi\u00e9n de alabanza, de adoraci\u00f3n, de acci\u00f3n de gracias&#8230; Oraci\u00f3n espont\u00e1nea y con las f\u00f3rmulas de la tradici\u00f3n orante de la Iglesia. \u00abCuando la catequesis est\u00e1 penetrada por un clima de oraci\u00f3n, el aprendizaje de la vida cristiana cobra toda su profundidad\u00bb (DGC 85).<\/p>\n<p>La din\u00e1mica catequ\u00e9tica necesita hablar la lengua de la liturgia. La correlaci\u00f3n entre experiencia y Palabra necesita del lenguaje total de la celebraci\u00f3n: el lenguaje simb\u00f3lico es el \u00fanico que permite expresar nuestras experiencias en toda su profundidad; el lenguaje simb\u00f3lico es, tambi\u00e9n, el lenguaje del misterio, indispensable para expresar la experiencia religiosa. Si la celebraci\u00f3n es una catequesis en acto, el acto catequ\u00e9tico deber\u00e1 impregnarse de talante celebrativo y la pedagog\u00ed\u00ada de la celebraci\u00f3n deber\u00e1 inspirar la pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica. Puesto que \u00abel modelo de toda catequesis es el catecumenado bautismal\u00bb (MPD 8), el m\u00e9todo m\u00e1s apropiado para la catequesis ser\u00e1 aquel que mejor respete el clima catecumenal.<\/p>\n<p>c) El compromiso de la fe en el acto catequ\u00e9tico. \u00abMediante el compromiso, el catec\u00fameno transforma progresivamente su vida y da testimonio ante el mundo de ese hombre nuevo en que se va convirtiendo\u00bb (CC 234). Aunque su lugar de realizaci\u00f3n es la vida, corresponde a la catequesis una pedagog\u00ed\u00ada para iniciar al compromiso.<\/p>\n<p>Implicaciones en la configuraci\u00f3n del acto catequ\u00e9tico: A la pedagog\u00ed\u00ada del compromiso, dentro de la pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica, pertenece: hacer una lectura cristiana de la realidad; proponer campos de acci\u00f3n concretos donde sea necesaria una presencia cristiana transformadora; sugerir compromisos progresivos y enfocados a acciones que est\u00e9n al alcance de los catequizandos; presentar modelos de identificaci\u00f3n, empezando por el testimonio del propio catequista.<\/p>\n<p>La estructura misma del acto catequ\u00e9tico ha de llevar por s\u00ed\u00ad sola al compromiso: al tomar conciencia del contraste entre su realidad personal y social por una parte, y el proyecto de Dios descubierto en la Palabra por otra, el catequizando deber\u00e1 sentirse espont\u00e1neamente llamado al compromiso. De no ser as\u00ed\u00ad, la acci\u00f3n catequ\u00e9tica habr\u00ed\u00ada fracasado. El compromiso es, por tanto, un buen indicador de calidad para la catequesis.<\/p>\n<p>El grupo catequ\u00e9tico es hoy uno de los puntos de convergencia en el pluralismo de los m\u00e9todos: el acto catequ\u00e9tico se concibe normalmente para ser realizado en grupo. La vida de grupo, pedag\u00f3gicamente cuidada, es clima y lugar de experimentaci\u00f3n del compromiso primordial de la fe: la comuni\u00f3n. La catequesis inicia a la comuni\u00f3n eclesial ayudando a catec\u00famenos y catequizandos a vivir como experiencia cristiana la experiencia de grupo (cf DGC 159).<\/p>\n<p>En el acto catequ\u00e9tico conviene disponer de momentos fuertes para discernir qu\u00e9 exigencias de acci\u00f3n trae consigo la fidelidad a Jesucristo y a su evangelio. B\u00e1sicamente, en su contenido m\u00e1s inmediato, com\u00fan y habitual de las obras de misericordia (cf ChL 41). Pero tambi\u00e9n en lo referente a la participaci\u00f3n activa en tareas eclesiales (catequista, animador lit\u00fargico, cooperante en obras asistenciales&#8230;), y en lo que ata\u00f1e a una presencia activa en la sociedad (en la vida profesional, cultural, sindical, ciudadana, pol\u00ed\u00adtica&#8230;).<\/p>\n<p>III. La din\u00e1mica del acto catequ\u00e9tico<br \/>\nEl concepto teol\u00f3gico de correlaci\u00f3n es el que mejor nos ayuda a entender la din\u00e1mica del acto catequ\u00e9tico. Se llama correlaci\u00f3n a la relaci\u00f3n y di\u00e1logo rec\u00ed\u00adproco entre el mensaje de la fe (palabra de Dios) y las aspiraciones del ser humano (experiencia humana). La correlaci\u00f3n se inspira en el m\u00e9todo teol\u00f3gico introducido por H. Cohen (1915) y formulado con m\u00e1s precisi\u00f3n por P. Tillich: s\u00f3lo aquel Dios que se da a conocer en la Revelaci\u00f3n puede ser respuesta a la pregunta que es el hombre mismo y satisfacer aquello que, en \u00faltimo an\u00e1lisis, est\u00e1 buscando (ult\u00ed\u00admate concern)17.<\/p>\n<p>Esta intuici\u00f3n teol\u00f3gica ha ido madurando progresivamente y corrigiendo los defectos de formulaciones anteriores. Aplicada al campo de la educaci\u00f3n de la fe, se ha convertido en el modelo m\u00e1s adecuado para explicar c\u00f3mo debe lograrse la perfecta relaci\u00f3n entre la fe y la vida (cf DGC 153). La correlaci\u00f3n nos permite superar la tentaci\u00f3n del dilema. Fe y vida no son realidades que se yuxtaponen: la fe es simplemente una manera particular de vivir, abri\u00e9ndose a la trascendencia del Esp\u00ed\u00adritu. Para esclarecer la relaci\u00f3n entre la fe y la vida, es necesario introducir el t\u00e9rmino experiencia que profundiza a las dos y las pone en interacci\u00f3n. La experiencia es el t\u00e9rmino mediador entre la vida y la fe. \u00abTodo lo que Cristo vivi\u00f3 hace que podamos vivirlo en \u00e9l y que \u00e9l lo viva en nosotros. La catequesis act\u00faa sobre esta identidad de experiencia humana entre Jes\u00fas Maestro, y el disc\u00ed\u00adpulo\u00bb (DGC 116). La correlaci\u00f3n pone en marcha la din\u00e1mica del acto catequ\u00e9tico: establece entre sus dos fuentes (las experiencias humanas de hoy y las experiencias fundantes de la fe) \u00abuna relaci\u00f3n de reciprocidad cr\u00ed\u00adtica y constructiva\u00bb18:<br \/>\nUna relaci\u00f3n de reciprocidad. No se trata de confundir, ni de oponer, ni de yuxtaponer la vida a la fe, sino de establecer relaciones entre ellas a trav\u00e9s del concepto de experiencia.<\/p>\n<p>Una relaci\u00f3n de reciprocidad cr\u00ed\u00adtica. Respetando la singularidad de las experiencias de las personas y los grupos, as\u00ed\u00ad como la singularidad de la experiencia de la tradici\u00f3n de la fe en su contexto hist\u00f3rico. Lo que revela la Palabra, no s\u00f3lo confirma, sino que corrige, desconcierta, supera a la experiencia humana; esta, a su vez, provoca a la Palabra, la hace viva y eficaz, y le hace sacar del arca de sus tesoros \u00ab1as cosas nuevas y viejas\u00bb (Mt 13,52).<\/p>\n<p>Una relaci\u00f3n de reciprocidad constructiva. Apoy\u00e1ndose en la fides qua (el dinamismo de la b\u00fasqueda de la fe tanto en la Tradici\u00f3n como en los catec\u00famenos o catequizandos), trata de lograr equilibrios siempre nuevos y m\u00e1s adecuados entre la fides quae del grupo catequ\u00e9tico y la fides quae de la Iglesia (las objetivaciones de la fe).<\/p>\n<p>La din\u00e1mica del acto catequ\u00e9tico es una tarea de profundizaci\u00f3n. Cuando no hay profundidad, se malogra la catequesis. La experiencia humana no puede quedarse en la superficie de la cotidianidad. A trav\u00e9s de la reflexi\u00f3n del grupo y del contraste con las experiencias de otros, ha de llegar hasta los grandes interrogantes de la existencia o de la condici\u00f3n humana, lugar com\u00fan de encuentro con los contenidos de la fe. La palabra de Dios tampoco llega a conectar con la vida de los creyentes en la superficie de sus formulaciones objetivas (textos de la Escritura, f\u00f3rmulas de la Tradici\u00f3n). Es necesario interpretar esa Palabra para descubrir lo que estaba profundamente en cuesti\u00f3n en la situaci\u00f3n que le dio origen. Esa situaci\u00f3n ser\u00e1 el lugar com\u00fan de encuentro con la vida de los catequizandos.<\/p>\n<p>La din\u00e1mica del acto catequ\u00e9tico es, sobre todo, una tarea de inculturaci\u00f3n. El nuevo Directorio describe las tareas de la catequesis respecto a la inculturaci\u00f3n de la fe: conocer en profundidad la cultura de las personas; reconocer la presencia de la dimensi\u00f3n cultural en el mismo evangelio; discernir los valores evang\u00e9licos presentes en esa cultura y purificarla de todo lo que est\u00e9 bajo el signo del pecado; llamar a las personas a la conversi\u00f3n que la fuerza del evangelio opera en las culturas; promover en cada cultura a evangelizar una nueva expresi\u00f3n del evangelio&#8230; (cf DGC 203-204). Todo esto \u00abdetermina un proceso din\u00e1mico integrado por diversos elementos, relacionados entre s\u00ed\u00ad\u00bb (DGC 204). Lo que nos permite la construcci\u00f3n de un modelo te\u00f3rico de funcionamiento, que bien podemos llamar c\u00ed\u00adrculo catequ\u00e9tico. Dicho modelo sintetiza de forma operativa toda la reflexi\u00f3n hecha anteriormente, muestra la estructura del acto catequ\u00e9tico y permite representar los diferentes momentos que lo articulan. No es una gu\u00ed\u00ada para las sesiones de catequesis, sino un modelo te\u00f3rico porque, s\u00f3lo con \u00e9l, no se puede actuar directamente: ello ser\u00e1 m\u00e1s propio de una metodolog\u00ed\u00ada de la catequesis.<\/p>\n<p>El modelo presentado refleja un proceso l\u00f3gico, no un proceso cronol\u00f3gico. Cada uno de los momentos o pasos no ha de ser tratado con una temporalidad uniforme. Tampoco son pasos que deban seguirse uno a otro, ni siquiera en el orden en que est\u00e1n se\u00f1alados. Ni la experiencia ha de estar solamente al principio del acto catequ\u00e9tico, ni la expresi\u00f3n de fe \u00fanicamente al final, ni la palabra de Dios ha de limitarse a hacer de puente entre experiencia y expresi\u00f3n. Los momentos, m\u00e1s bien, tender\u00e1n a entrecruzarse en el desarrollo concreto de la catequesis. La imagen circular del modelo nos est\u00e1 sugiriendo, por un lado, la flexibilidad con que deber\u00e1n conjugarse todos sus elementos y, por otro, la unidad y globalidad de todo el acto catequ\u00e9tico. Los t\u00e9rminos que designan las distintas tareas pedag\u00f3gicas, en el modelo aqu\u00ed\u00ad presentado, son meramente orientativos, variables seg\u00fan situaciones y sensibilidades. Lo importante es el momento al que se alude y el objetivo que se persigue, sea cual sea su denominaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. EXPERIENCIA: a) Evocaci\u00f3n. Tomar conciencia de la experiencia b\u00e1sica que subyace al tema catequ\u00e9tico y que lo dinamiza de principio a fin. Apropiarse la experiencia, es decir, verse implicado en ella, sentirse aludido.<\/p>\n<p>b) Profundizaci\u00f3n. B\u00fasqueda del sentido profundo, humanamente \u00faltimo, de la experiencia evocada. Profundizar es descubrir las aspiraciones profundas que se esconden tras los hechos, las ra\u00ed\u00adces y las causas de lo que nos pasa, la actitud con que se est\u00e1 viviendo esa situaci\u00f3n, los valores y contravalores que encierra con vistas a la humanizaci\u00f3n, sus l\u00ed\u00admites y posibilidades&#8230; Profundizar es tambi\u00e9n, a partir de la experiencia concreta de los catec\u00famenos o catequizandos, tomar conciencia de las implicaciones colectivas que comporta: su repercusi\u00f3n, por ejemplo, en el campo de la&#8217;convivencia, la justicia, la paz, el desarrollo de los pueblos, etc.<\/p>\n<p>c) Universalizaci\u00f3n. La universalizaci\u00f3n, o generalizaci\u00f3n, consiste en comprobar la manera que tienen de vivir esa misma experiencia otras personas o grupos, desde los m\u00e1s pr\u00f3ximos a los m\u00e1s alejados. Es otra forma de profundizar la propia experiencia, abri\u00e9ndola a horizontes nuevos. Esto nos permite llegar a eso humano com\u00fan, a esos valores universales comunes de los que se ha hablado anteriormente.<\/p>\n<p>2. PALABRA DE Dios: a) Actualizaci\u00f3n. Actualizar la Palabra consiste en tratar de \u00abencontrar, en el coraz\u00f3n de su formulaci\u00f3n, la realidad de fe que expresa, y enlazar esta a la experiencia creyente de nuestro mundo\u00bb (La interpretaci\u00f3n de la Biblia en la Iglesia, 74). Esto supone un doble movimiento: puesto que la Palabra se ha encarnado en un tiempo, una cultura y un lugar determinados, ser\u00e1 necesario viajar al pasado del texto para desenterrar la experiencia de fe que est\u00e1 en el origen de cualquier expresi\u00f3n del Mensaje. Para ello, el catequista deber\u00e1 servirse de los resultados de la ex\u00e9gesis tanto b\u00ed\u00adblica como teol\u00f3gica. Puesto que la palabra de Dios ha de ser palabra para nosotros hoy, ser\u00e1 necesario regresar a nuestro presente y poner en correlaci\u00f3n sus puntos esenciales (lo humano com\u00fan de la Palabra) y nuestra  vida (lo humano com\u00fan descubierto en la experiencia).<\/p>\n<p>b) Interiorizaci\u00f3n. Despu\u00e9s de pasar por la ascesis de una lectura aten-ta y laboriosa, la catequesis deber\u00e1 hacer resonar la Palabra en el coraz\u00f3n de catec\u00famenos y catequizandos, ayudar a \u00abhacer el paso del signo al misterio\u00bb (DGC 108). El catequista ha de dar paso al Esp\u00ed\u00adritu para que la palabra se haga carne en los oyentes y experimenten personalmente c\u00f3mo Dios se hace presente en sus vidas. Es el momento de la proclamaci\u00f3n de la Palabra, del silencio, de la plegaria y de la meditaci\u00f3n: como Mar\u00ed\u00ada, que \u00abguardaba todas estas cosas, medit\u00e1ndolas en su coraz\u00f3n\u00bb (Lc 2,19).<br \/>\nc) Conversi\u00f3n. El catec\u00fameno o catequizando responde con la fe a la palabra de Dios. Va madurando su conversi\u00f3n, renunciando a todo absoluto humano y adhiri\u00e9ndose de una forma m\u00e1s plena a Jesucristo y a cuanto est\u00e1 unido a \u00e9l: a Dios, su Padre; al Esp\u00ed\u00adritu Santo que impulsa su misi\u00f3n; a la Iglesia, su cuerpo; y a los hombres, sus hermanos (cf DGC 81). Es el momento del discernimiento con vistas a la actuaci\u00f3n, como nos ha sugerido el c\u00ed\u00adrculo hermen\u00e9utico. La catequesis \u00abhace madurar la conversi\u00f3n inicial hasta hacer de ella una viva, expl\u00ed\u00adcita y operativa confesi\u00f3n de fe\u00bb (DGC 82).<\/p>\n<p>3. EXPRESI\u00ed\u201cN DE FE: 1) Confesi\u00f3n. A lo largo de las sesiones de catequesis, el catec\u00fameno o catequizando -con su coraz\u00f3n, su memoria, su inteligencia y su voluntad- va confesando su fe: expresando lo que supone la aceptaci\u00f3n de la palabra de Dios en su vida. 2) Celebraci\u00f3n. El grupo catequ\u00e9tico celebra, en comunidad frater-na, su experiencia de fe y da gracias a Dios, en la oraci\u00f3n, por la salvaci\u00f3n que el Se\u00f1or va realizando progresivamente en sus vidas. 3) Compromiso. El catec\u00fameno o catequizando se compromete en lo que confiesa y celebra. Trata de discernir c\u00f3mo comunicar a los hombres el don de la fe que ha recibido, y c\u00f3mo colaborar activamente en la construcci\u00f3n del reino de Dios en el mundo.<\/p>\n<p>NOTAS: 1M. RoM\u00ed\u0081N-E. D\u00ed\u008dEZ, Curriculum y ense\u00f1anza. Una did\u00e1ctica centrada en procesos, EOS, Madrid 1994, 178-179 &#8211; 2 Cf E. ALBERICH, La catequesis de la Iglesia, CCS, Madrid 1991, 78-79. &#8211; 3 INSTITUTO SUPERIOR DE CATEQUESIS DE NIMEGA, Bases para una nueva catequesis, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1973; M. VAN CASTER, Pour une \u00e9clairage chr\u00e9tien de 1&#8217;exp\u00e9rience, Lumen vitae 25 (1970) 241-252; J. LE DU, Realidad humana y reflexi\u00f3n cristiana, Comercial de publicaciones, Valencia 1970; A. EXELER, La educaci\u00f3n religiosa, CCS, Madrid 1992. &#8211; 4 Catequesis y promoci\u00f3n humana, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1969, 18. Idea posteriormente confirmada en Puebla, 803. &#8211; 5 PONTIFICIA COMISI\u00ed\u201cN B\u00ed\u008dBLICA, La interpretaci\u00f3n de la Biblia en la Iglesia, PPC, Madrid 1994. &#8211; 6 L. F. GARC\u00ed\u008dA VIANA, La Biblia en la formaci\u00f3n de catequistas, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 3 (1983) 340. -7 Se sigue aqu\u00ed\u00ad muy de cerca la exposici\u00f3n del profesor Cesare Bissoli en la Universidad pontificia salesiana de Roma. cf C. BISSOLI, Attualizzare la Bibbia, ma come?, Note di pastorale giovanile 12 (1978) 5, 48-54; La Bibbia nella catechesi, Ldc, Tur\u00ed\u00adn 1973. &#8211; 8 A. RIZZI, Teologia della liberazione. Spunti correttivi, Rivista di teologia morale 5 (1973) 189. Una exposici\u00f3n m\u00e1s amplia sobre el problema hermen\u00e9utico, del mismo autor: Bibbia e interpretazione. L&#8217;incidenza del problema ermeneutico negli studi biblici, en I libri di Dio. Introduzione generale alla Sacra Scrittura, Tur\u00ed\u00adn 1975, 273-321. &#8211; 9 Cf M. NAVARRO, Tendencias actuales de la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica, Selecciones de teolog\u00ed\u00ada 136 (1995) 261-267. -10 Cf W. KASPER, Escritura y Tradici\u00f3n: perspectiva pneumatol\u00f3gica, Selecciones de teolog\u00ed\u00ada 123 (1995) 260. &#8211; 11 Cf A. BRAVO, La catequesis acto de tradici\u00f3n, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 3 (1984) 343-346; C. BissoLI, La Bibbia e la Tradizione come fonti della catechesi, Catechesi 49 (1980) 3-13. -12 A. RIZZI, a.c., 191. -13 Ib, 195. -14 Cf C. BISSOLI, La Bibbia nella catechesi, o.c., 10-13 y L. F. GARC\u00ed\u008dA VIANA, a.c., 342. &#8211; 15 Cf H. BISSONNIER, La ex-presi\u00f3n, valor cristiano, Marfil, Alicante 1967. -16 Cf W. KASPER, La fe que excede todo conocimiento, Sal Terrae, Santander 1988, 61-65. -17 P. TILLICH, Teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica I, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 86-93. &#8211; 18 Cf L. Rl-DEZ, La correlazione in catechesi: l&#8217;esperienza della tradizione e 1&#8217;esperienza attuale, en A. FOSSION-L. RIDEZ, Adulti nella fede, Paoline, Mil\u00e1n 1992, 118-119.<\/p>\n<p>BIBL.: ALBERICH E., La catequesis en la Iglesia, CCS, Madrid 1991; DUBUISSON O., El acto catequ\u00e9tico: su finalidad y su pr\u00e1ctica, CCS, Madrid 1989; FOSSION A.-RIDEZ L., Adulti nella fede, Paoline, Mil\u00e1n 1992; GEVAERT J., La dimensi\u00f3n experiencia) de la catequesis, CCS, Madrid 1985; HUGUET, J., Hacia d\u00f3nde va la catequesis I, CCS, Madrid 1983; L\u00ed\u201cPEZ J.-PEDROSA V. M., Experiencia humana y experiencia de fe. La interacci\u00f3n catequ\u00e9tica en el catecismo y en la catequesis, Actualidad catequ\u00e9tica 81-82 (1977) 113-137; SECRETARIADO NACIONAL DE CATEQUESIS, Con vosotros est\u00e1. Manual del educador 2. Orientaciones fundamentales para la catequesis de los preadolescentes. 3. Orientaciones pedag\u00f3gico-catequ\u00e9ticas, Edice, Madrid 1977.<\/p>\n<p>Manuel Montero Guti\u00e9rrez<br \/>\nM. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[120] En general, se entiende por tal toda acci\u00f3n que, directa o indirectamente, conduce a la educaci\u00f3n de la fe, bien por la inteligencia: instrucci\u00f3n, homil\u00ed\u00ada, catequesis; bien por la acci\u00f3n interior: plegaria, exhortaci\u00f3n, reflexi\u00f3n; bien por las obras compartidas: caridad, colaboraci\u00f3n, consejo, sugerencia. En el acto catequ\u00e9tico se valora toda acci\u00f3n, relaci\u00f3n, comunicaci\u00f3n o &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-catequetico\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abACTO CATEQUETICO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-9690","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9690","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9690"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9690\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9690"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9690"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9690"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}