{"id":9691,"date":"2016-02-05T07:05:25","date_gmt":"2016-02-05T12:05:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adultos\/"},"modified":"2016-02-05T07:05:25","modified_gmt":"2016-02-05T12:05:25","slug":"adultos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adultos\/","title":{"rendered":"ADULTOS"},"content":{"rendered":"<p>[650]<\/p>\n<p>     La catequesis de adultos se ha impuesto en los \u00faltimos tiempos como modelo de toda catequesis, lo cual puede representar una visi\u00f3n m\u00e1s sociol\u00f3gica que pedag\u00f3gica. Por eso, sin negar la importancia de la adultez en cuanto estado, y de la madurez cristiana como ideal, reclama una clarificaci\u00f3n de principios y de procedimientos.<\/p>\n<p>   Podemos encontrar tres posturas pastorales respecto a su valoraci\u00f3n a) Reduccionista. Es la catequesis por excelencia en la Iglesia. Es el modelo de toda catequesis y la fundamental a la que se debe aludir como modelo y como centro de atenci\u00f3n peculiar.<\/p>\n<p> b) Tradicionista. Es una catequesis de compensaci\u00f3n, que debe existir cuando no ha existido la conveniente educaci\u00f3n de la fe en los a\u00f1os anteriores, infantiles y adolescentes.<\/p>\n<p> c)  Anal\u00f3gica. Tiene importancia peculiar, pero ni m\u00e1s ni menos que las otras etapas de la vida, pues cada una tiene sus rasgos y urgencias peculiares.<\/p>\n<p>    1. Historia<br \/>\n    Con todo conviene recordar que la atenci\u00f3n a los adultos es tan antigua como la Iglesia. Naci\u00f3 en los primeros tiempos cristianos, cuando se convert\u00ed\u00adan a la fe de Jes\u00fas paganos de todas las edades.<\/p>\n<p>    Los catecumenados que se organizaron en las diversas comunidades para instruir y para preparar lit\u00fargicamente a los ne\u00f3fitos se dirig\u00ed\u00adan especialmente a los adultos. Los hijos de familias cristianas recib\u00ed\u00adan la instrucci\u00f3n en el seno del hogar y en las asambleas cristianas y eran bautizados en sus primeros tiempos de vida.<\/p>\n<p>    A los adultos se les reclamaba una preparaci\u00f3n especial que, en el caso de Roma y de diversas comunidades del Mediterr\u00e1neo, duraba tres a\u00f1os .<\/p>\n<p>    Cuando los pueblos b\u00e1rbaros se cristianizaron, despu\u00e9s de sus procesos de conquista y de estabilizaci\u00f3n, las conversiones se daban en masa y los pueblos se hac\u00ed\u00adan cristianos en bloque. Surgi\u00f3 una etapa de especial atenci\u00f3n a los mayores, mediante la predicaci\u00f3n, la ambientaci\u00f3n de las fiestas, las romer\u00ed\u00adas y las exigencias de vida ordenada y regulada.<\/p>\n<p>    En los d\u00ed\u00adas de la revoluci\u00f3n protestante, en el siglo XVI, nace la inquietud de una formaci\u00f3n del pueblo cristiano, ya que se atribuye a la ignorancia el abandono de la fe por parte de muchos.  Surge entonces la inquietud por los catecismos, al estilo del preparado por el mismo Lutero para la gente sencilla del pueblo. Las catequesis de adultos se dan en la predicaci\u00f3n de la palabra.<\/p>\n<p>     El Concilio de Trento responde a esta costumbre y a esta convicci\u00f3n pidiendo la catequesis del pueblo y la mejor instrucci\u00f3n en los misterios cristianos (Ses. 5. 2 y Ses. 22). Encarg\u00f3 a los p\u00e1rrocos el cuidar la instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica de los ni\u00f1os, de los j\u00f3venes, pero ante todo de los adultos. Esa ser\u00ed\u00ada la tarea prioritaria de la Iglesia para evitar la ignorancia.<\/p>\n<p>     En la \u00e9poca revolucionaria del XIX, pasadas las convulsiones de la Revoluci\u00f3n francesa (1789) y las campa\u00f1as napole\u00f3nicas (1814 Waterloo), surge una \u00e9poca de \u00abrestauraci\u00f3n\u00bb. Se vuelve a insistir en la necesidad de la instrucci\u00f3n religiosa de los adultos ignorantes como forma de afianzar la fe cristiana. Surgen multitud de predicadores ambulantes y de fundaciones educadoras, las cuales llenaron el siglo XIX.<\/p>\n<p>     A comienzo del siglo XX, San P\u00ed\u00ado X, con la Enc\u00ed\u00adclia \u00abAcerbo nimis\u00bb (1905), reclama de nuevo esa necesidad de educaci\u00f3n del pueblo, aunque se sigue dando la importancia prioritaria a la infantil por los movimientos metodol\u00f3gicos de Munich y los psicol\u00f3gicos de Par\u00ed\u00ads.<\/p>\n<p>     Con el Concilio Vaticano II (1963-1965) la perspectiva eclesial se vuelve m\u00e1s propicia a la promoci\u00f3n de todas las formas de catequesis de adultos. Las ideas, a veces radicales y ut\u00f3picas, de algunos catequistas hicieron variar las preferencias: A. Exeler en \u00abEsencia y misi\u00f3n de la catequesis\u00bb (Barcelona, 1968), J. Colomb, en \u00abManual de Catequ\u00e9tica. Al servicio del evangelio.\u00bb (Barcelona, 1971); los autores del \u00abCatecismo Holand\u00e9s: Nuevo catecismo para adultos.\u00bb (Barcelona. Herder. 1969), resaltaron el valor prioritario de la catequesis de adultos, menospreciando en cierto sentido la infantil. Esta tendencia se vio fortalecida durante a\u00f1os con la publicaci\u00f3n del \u00abOrdo initiationis christianae adultorum\u00bb, (Roma. Sda. C. de Liturgia, del 6 de Enero de 1972), documento en el que se expl\u00ed\u00adcita el valor que los organismos romanos otorgaban a esta catequesis.<\/p>\n<p>      En Am\u00e9rica del Sur, durante la Semana Catequ\u00e9tica de Medell\u00ed\u00adn, 1968 (\u00abCatequesis y promoci\u00f3n humana\u00bb, Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1969), los participantes hicieron planteamientos similares, aunque con menos fortuna y eficacia.<\/p>\n<p>      En algunos ambientes, las Conferencias Episcopales resaltaron la importancia de los catecumenados de adultos. Por ejemplo en Espa\u00f1a, los Obispos Espa\u00f1oles publicaron en 1990 las \u00abOrientaciones pastorales sobre la catequesis de adultos\u00bb.<\/p>\n<p>    El final del siglo XX se sigui\u00f3 insistiendo en esa din\u00e1mica preferente por los adultos. Pero la diversidad de circunstancias y la superaci\u00f3n de posturas intransigentes han multiplicado las actitudes flexibles tanto en las jerarqu\u00ed\u00adas como en los catequistas.<\/p>\n<p>    Se ha tendido al comenzar el nuevo siglo a evitar ritos comparativos y a proclamar que todas las edades y en todos los ambientes es urgente el anuncio del Evangelio y es importante ofrecer al mundo secularizado de hoy una oferta viva, humilde, din\u00e1mica y atractiva del mensaje de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    2. Principios<br \/>\n    Los motivos del inter\u00e9s eclesial por la catequesis de adultos son m\u00faltiples, pero no superiores ni diferentes a los que tiene cuando piensa en otras edades. F\u00e1cilmente se pueden condensar en los grandes principios del mensaje evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>   &#8211; El Evangelio fue dado por Jes\u00fas a una Iglesia adulta, aunque en fase inicial de organizaci\u00f3n. Como germen de vida cristiana, el Evangelio debe ser vivido y proclamado en el seno de la adultez. Para llegar a ella hay que pasar por las etapas infantiles y juveniles. En todo momento es preciso educarse en la fe e instruirse en el mensaje cristiano.<\/p>\n<p>   &#8211; La etapa adulta no puede dar por supuesto lo que nunca se termina: la formaci\u00f3n. Hay que ofrecer alternativas a cada edad, y tambi\u00e9n hay que sugerirlas en las etapas de la madurez, como se hace en la infancia y en la juventud, y como tiene que hacerse cuando el hombre llega a la tercera edad.<\/p>\n<p>   &#8211; Es imprescindible que los creyentes, una vez comprometidos con su fe, contin\u00faen toda su vida alimentando su cultura cristiana y su formaci\u00f3n moral, afectiva y social. Sin el cultivo, la fe languidece y con frecuencia muere. La catequesis de adultos no es s\u00f3lo una posibilidad, sino un deber serio del creyente.<\/p>\n<p>   &#8211; La catequesis de adultos tiene por su naturaleza una dimensi\u00f3n personal, pero tambi\u00e9n social. La sociedad se basa ante todo en la familia; y la familia, en el orden natural y social, supone la plenitud de la madurez, que se desenvuelve por la fecundidad, tanto en lo biol\u00f3gico como en lo sociol\u00f3gico y en lo cultural. La Catequesis de adultos implica cierta dimensi\u00f3n social que no se puede olvidar.<\/p>\n<p>   &#8211; El hombre, y el cristiano como tal, se hallan hoy en un mundo en cambio. Camina como peregrino en la vida y en la historia. Tiene que acomodarse a las culturas y a las circunstancias.<br \/>\n  &#8211; La buena catequesis de adultos no es solo instrucci\u00f3n y cultura religiosa. Su objetivo es educaci\u00f3n de toda la persona en clave cristiana. As\u00ed\u00ad como necesita desarrollo en todos los sentidos, tambi\u00e9n necesita la actualizaci\u00f3n en los lenguajes religiosos, en los que se encarna el mensaje de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; En ciertos momentos de las historia, los cambios culturales son m\u00e1s intensos y condicionantes. Es lo que acontece en los comienzos del siglo XXI. Se precisa una catequesis de actualizaci\u00f3n y de fortalecimiento. Hoy resulta m\u00e1s urgente y imperativa que en los tiempos bonanza y de estabilidad<br \/>\n    3. Formas<br \/>\n    Las catequesis de adultos han sido con frecuencia la respuesta de los grupos laicales a la excesiva clerificaci\u00f3n de la Iglesia, en la que la acci\u00f3n sacerdotal y jer\u00e1rquica ha suscitado con frecuencia reacciones de secularizaci\u00f3n de las estructuras. Para ello ha sido precisa una suficiente formaci\u00f3n y eso supon\u00ed\u00ada la mejor preparaci\u00f3n de personas y de comunidades.<\/p>\n<p>    El incremento del inter\u00e9s por el estudios de la Teolog\u00ed\u00ada por diversos seglares en muchos pa\u00ed\u00adses ha contribuido a crear una alta sensibilidad en todo lo referente a la formaci\u00f3n cristiana de los no sacerdotes ni religiosos.<\/p>\n<p>   Con todo no hay que identificar catequesis de adultos con formaci\u00f3n teol\u00f3gica de seglares, ya que responden ambos conceptos a variables diferentes.<\/p>\n<p>    Pero s\u00ed\u00ad es preciso ver en la inquietud teol\u00f3gica de los seglares una plataforma de despegue de las mejores catequesis de adultos. Las formas y cauces de esa catequesis han sido enormemente variables. Los documentos de la Iglesia han reconocido todas ellas. Entre las normas generales, en efecto, en el Directorio General de Pastoral Catequ\u00e9tica (1971), renovado en el nuevo \u00abDirectorio de Pastoral Catequ\u00e9tica\u00bb, de 1997, de la Congregaci\u00f3n romana para la Educaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como en  las consignas del \u00abS\u00ed\u00adnodo de la catequesis\u00bb, recogidas en las \u00abExhortaci\u00f3n Catechesi Tradendae\u00bb de Juan Pablo II, se se\u00f1alan la gran variedad de posibilidades y se bendicen todas las iniciativas.<\/p>\n<p>    3.1. Variedad de estilos<br \/>\n    En cada sector se han acomodando las catequesis de adultos a circunstancias variables, seg\u00fan lugares y tiempos, resaltando algunos \u00e1mbitos como el latinoamericano y el centro europeos en este terreno.<\/p>\n<p>    Un abanico completo de cauces, formas y movimientos en este terreno no es f\u00e1cil perfilarlo. Pero se pueden recoger diversos modos en los que hoy es habitual formular planes, constituir grupos y elaborar proyectos de catequesis de adultos y analizar la gran creatividad que la Iglesia ha manifestado.<\/p>\n<p>   &#8211; Los grupos de profundizaci\u00f3n de la fe, de mejora de la instrucci\u00f3n y del cultivo de determinados sectores teol\u00f3gicos, son los m\u00e1s dignos de ser tenidos en cuenta. Los programas de estos grupos y los temas de reflexi\u00f3n y estudios han proliferado en diversas Di\u00f3cesis y ambientes en los \u00faltimos tiempos. El com\u00fan denominador de todos ellos ha sido la doctrina formal de la Iglesia: temas de moral, temas de dogma, sacramentos, liturgia, etc.<\/p>\n<p>   &#8211; Al mismo tiempo se han difundido otros grupos m\u00e1s espec\u00ed\u00adficos: grupos de formaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, de promoci\u00f3n en la justicia social, de sensibilizaci\u00f3n misionera, de compromiso parroquial, de intelectuales sobre aspectos dif\u00ed\u00adciles o conflictivos, etc.<\/p>\n<p>   &#8211; A este \u00e1mbito de formaci\u00f3n de adultos pertenecen las escuelas de catequistas, de misioneros, de educadores, de l\u00ed\u00adderes, de agentes de pastoral, etc. Como cauce para preparar cristianos m\u00e1s comprometidos y bien dispuestos han proliferado en las Parroquias y en las Di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>   &#8211; Los catecumenados sacramentales, de preparaci\u00f3n prematrmonial, de renovaci\u00f3n de matrimonios, los de Confirmaci\u00f3n de adultos, las bautismales, los movimientos neocatecumenales, los penitenciales, los eucar\u00ed\u00adsticos, han sido plataformas de formaci\u00f3n  y actualizaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>   &#8211; Las escuelas de padres cristianos, los movimientos o grupos de recuperaci\u00f3n de marginados, las asociaciones de formaci\u00f3n y convivencia en la Tercera edad, los movimientos de enfermos, etc. se han nutrido de personas que deseaban ahondar su cultura cristiana y renovar sus sentimientos religiosos.<\/p>\n<p>    4. Metodolog\u00ed\u00adas<\/p>\n<p>     Evidentemente la catequesis de adultos ha supuesto metodolog\u00ed\u00adas adecuadas a la \u00ed\u00adndole de los participantes en ellas.<\/p>\n<p>    El mismo nombre de catequesis se ha quedado peque\u00f1o y ha sido mirado como m\u00e1s referente a la infancia que a la adultez. Por eso se han multiplicado otras denominaciones: asociaciones, hermandades, seminarios, movimientos, encuentros, sesiones, procesos, planes, proyectos\u00bb, etc.<\/p>\n<p>    Pero ha sido el t\u00e9rmino de \u00abcatecumenado\u00bb el que m\u00e1s se ha impuesto, evocando con \u00e9l los procesos bautismales de los primeros cristianos.<\/p>\n<p>    4.1. Preferencias metodol\u00f3gicas<br \/>\n    Criterios b\u00e1sicos de la metodolog\u00ed\u00ada de esta catequesis han solido ser variados: la primac\u00ed\u00ada de las personas sobre los programas, la respuesta a las pluriformes demandas de cada ambiente, la importancia del animadores o coordinadores de cada grupo, la variedad de formas y objetivos acordados por los mismos participantes&#8230;  Es evidente que en cada grupo, plan o proceso, trat\u00e1ndose de adultos, se ha impuesto siempre el respeto a la experiencia de cada uno as\u00ed\u00ad como la total comprensi\u00f3n de sus opciones personales.<\/p>\n<p>    Sin embargo ha sido general la prioritaria dimensi\u00f3n b\u00ed\u00adblica, lit\u00fargica, eclesial y existencial, el reconocimiento de la madurez de los adultos (en conocimientos e informaciones, en sentido cr\u00ed\u00adtico, en  capacidad de participaci\u00f3n), la autorresponsabilidad en los planteamientos y en los compromisos.<\/p>\n<p>     No pod\u00ed\u00ada hacerse una catequesis de adultos con s\u00f3lo reproducir o adaptar los dise\u00f1os pensados para ni\u00f1os o para j\u00f3venes.<\/p>\n<p>     4.2. Instrumentos y recursos<\/p>\n<p>     Las metodolog\u00ed\u00adas han sido evidentemente adaptadas m\u00e1s a las personas mayores: lectura de documentos de trabajo, reflexiones compartidas, debates y, con frecuencia, estudios sistem\u00e1ticos con fuerte orientaci\u00f3n a la reflexi\u00f3n personal.<\/p>\n<p>     No son suficientes las formas tradicionales y homil\u00e9ticas, a las que tan dados han estado los animadores muy centrados en esquemas lit\u00fargicos (sermones, homil\u00ed\u00adas, lecturas comentadas). Ha sido preciso hacer esfuerzos de creatividad para lograr unas metodolog\u00ed\u00adas   adecuadas a los destinatarios.<\/p>\n<p>     La pluralidad de los grupos y la diversidad de los niveles culturales de los miembros ha supuesto con frecuencia dificultades, que la buena voluntad de los participantes ha solventado con entregas personales cuando la intenci\u00f3n de formaci\u00f3n y de renovaci\u00f3n cristiana era sincera y no simplemente se trataba de participaciones rutinarias.<\/p>\n<p>    Algunas de las formas tradicionales: explicaciones, cursillos y conferencias, seminarios sobre la fe, escuelas de teolog\u00ed\u00ada y para catequistas, etc. no siempre han dado los resultados apetecdos y han envejecido en poco tiempo por falta de adaptaci\u00f3n y din\u00e1mica.<\/p>\n<p>    M\u00e1s \u00e9xito han tenido los que han empleado medios din\u00e1micos y actualizados de formaci\u00f3n: cine (cineforum) y video, televisi\u00f3n y transmisiones radiof\u00f3nicas y, en tiempos m\u00e1s recientes, programas inform\u00e1ticos (software adecuado) o navegaci\u00f3n intern\u00e9tica (dirigida y precisada, para no perderse en las vaguedades de la red).<\/p>\n<p>     Los catecismos de adultos y los planes diocesanos de documentos organizados y dirigidos han tenido mucha importancia en este movimiento. Son muchas las Di\u00f3cesis que han publicado sus dise\u00f1os formativos para adultos.<\/p>\n<p>    Por la diversidad de las formas y de los \u00e1mbitos, no se puede preconizar una metodolog\u00ed\u00ada uniforme que pueda ser recomienda en este terreno. La creatividad de los animadores y la sinceridad de los animados de cualquier grupo de educaci\u00f3n de adultos es decisiva para que los efectos positivos garanticen el acierto en las diversas posibilidades que siempre se presentan. Algunos criterios son seguros, como la necesidad de usar lenguajes propios de mayores, y la huida obsesiva de la infantilizaci\u00f3n en los procedimientos.<\/p>\n<p>     No cabe duda de que, en general, los m\u00e9todos empleados han dependido muchos de los contenidos y de los sujetos participantes: un grupo universitario no es equivalente a un grupo obrero; y un proceso de formaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica no puede seguir los modos de una escuela de padres cristianos.<\/p>\n<p>     Por otra parte los que se mueven en un proceso de iniciaci\u00f3n en la cultura religiosa no puede hablar los mismos lenguajes que otro grupo de te\u00f3logos que se junta para ahondar cuestiones fronterizas.<\/p>\n<p>     Lo que siempre ha existido en estos grupos ha sido la sensibilidad comunitaria que suele presidir a los que participan en esos procesos formativos. Es respuesta a las demandas y a los estilos eclesiales que se difunden despu\u00e9s del Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p>    Pero tambi\u00e9n en los estilos comunitarios con adultos las modalidades de comunidad han sido muy diferentes. Entre las llamada \u00abde base\u00bb, m\u00e1s ancladas en el compromiso social o pol\u00ed\u00adtico, y las comunidades de oraci\u00f3n o de adoraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, la distancia es evidente.<\/p>\n<p>   Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. ancianidad, adolescentes, formaci\u00f3n permanente, infancia, juventud)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[650] La catequesis de adultos se ha impuesto en los \u00faltimos tiempos como modelo de toda catequesis, lo cual puede representar una visi\u00f3n m\u00e1s sociol\u00f3gica que pedag\u00f3gica. 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