{"id":9695,"date":"2016-02-05T07:05:32","date_gmt":"2016-02-05T12:05:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/amor-a-dios\/"},"modified":"2016-02-05T07:05:32","modified_gmt":"2016-02-05T12:05:32","slug":"amor-a-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/amor-a-dios\/","title":{"rendered":"AMOR A DIOS"},"content":{"rendered":"<p>[331]<\/p>\n<p>    El primer mandamiento de la Ley de Dios, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, es el amor a Dios, Padre de todos los hombres y Padre de Jesucristo, que nos am\u00f3 primero y a quien debemos amar por encima de todo amor humano. Y el segundo mandamiento del Dec\u00e1logo es respetar por amor, no por temor, el nombre divino, eco y reflejo del Se\u00f1or Dios y Padre de Jes\u00fas y Padre de todos los hombres.<\/p>\n<p>    El amor a Dios no es un deber, es un placer. No es deber como los dem\u00e1s: por deber no se llega al aut\u00e9ntico amor. Es la alegr\u00ed\u00ada de sentirse cerca del Padre bueno, a quien todo se lo debemos y de quien todo lo esperamos, lo que nos hace amarle con sinceridad.<\/p>\n<p>    El soneto an\u00f3nimo del siglo XVI que mejor expresa lo m\u00e1s puro de ese amor puede dar la pauta de lo que es amar:<br \/>\n \u00abNo me mueve mi Dios para quererte el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. T\u00fa me mueves, Se\u00f1or; mu\u00e9veme el verte clavado en una cruz y escarnecido; mu\u00e9veme ver tu cuerpo tan herido; mu\u00e9venme tus afrentas y tu muerte. Mu\u00e9veme, en fin, tu amor en tal manera que, aunque no hubiera cielo, yo te amara y, aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera; pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.<\/p>\n<p>    1. Los signos del amor<br \/>\n    El cristianismo, para entender y expresar el deber de amar a Dios y  para considerarlo como objeto primero de todo culto, se apoya en la revelaci\u00f3n de Dios. \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.\u00bb (Dt. 6. 5)  \u00abYo, el Se\u00f1or, soy tu Dios, que te ha sacado del pa\u00ed\u00ads de Egipto, de la casa de servidumbre. No habr\u00e1 para ti otros dioses. No te har\u00e1s escultura ni imagen ni de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrar\u00e1s nunca ante ellas ni les dar\u00e1s culto.\u00bb (Ex 20, 2-5).<\/p>\n<p>    Jes\u00fas recogi\u00f3 este mensaje y repetidamente lo record\u00f3, cuando el diablo le tentaba y cuando le preguntaban por el primer mandamiento de la ley.<\/p>\n<p>    Al demonio le respond\u00ed\u00ada con el valor de la Escritura Sagrada: \u00abEst\u00e1 escrito: Al Se\u00f1or tu Dios adorar\u00e1s, s\u00f3lo a \u00e9l dar\u00e1s culto.\u00bb (Mt. 4. 10)<\/p>\n<p>    Y a un maestro de la Ley le argumentaba: \u00abHas dicho bien: \u00abel primer mandamiento es \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios&#8230;\u00bb. Pero el segundo es semejante: \u00abAmar\u00e1s al pr\u00f3jimo igual que a ti\u00bb (Mt. 22. 38-40).  Es la esencia de la religi\u00f3n: la del Antiguo Testamento, adorar y amar a Dios; la del Nuevo Testamento: amar al pr\u00f3jimo por amor a Dios.<\/p>\n<p>    El amor a Dios se manifiesta sobre todo por la adoraci\u00f3n, que es el reconocimiento, interno en la conciencia y externo en el culto p\u00fablico, de su supremac\u00ed\u00ada divina. Esa adoraci\u00f3n y ese culto se expresan en diversas formas: la plegaria, el sacrificio, las ofrendas, los votos y promesas, las donaciones para el culto y las limosnas para el pr\u00f3jimo; y sobre todo la recta vida en su presencia y ajustada a su voluntad sagrada.<\/p>\n<p>    El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica dice: \u00abAdorar a Dios, orar a El, ofrecerle el culto que le corresponde, cumplir las promesas y los votos que se le han hecho, son todos ellos actos de la virtud de la religi\u00f3n que constituyen la obediencia al primer mandamiento.\u00bb  (N\u00c2\u00ba 2135)<\/p>\n<p>    Para entender lo que es y significa el amor y la adoraci\u00f3n no basta la raz\u00f3n que nos dice que, si Dios es nuestro Creador y nuestro Padre, hemos de reconocerlo como tal. Es preciso acudir a las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas para entender que el Dios que se presenta en el Evangelio es cercano, providente, amoroso y paternal, no s\u00f3lo el Se\u00f1or del universo.<\/p>\n<p>    Con esa actitud aprendemos a amar a Dios como El quiere ser amado y nos ponemos en disposici\u00f3n de venerar su nombre sagrado, que es el nombre que est\u00e1 por encima de todo nombre.<\/p>\n<p>    A Dios se le debe adorar en todo lugar y se le debe adorar en esp\u00ed\u00adritu y en verdad. La profundidad de este mensaje de Jes\u00fas a la samaritana (Jn. 4. 24) es la clave para entender lo que es la adoraci\u00f3n por amor a Dios tal como Jes\u00fas la quiere. Es el contenido del primero y del segundo mandamientos de la Ley divina.<\/p>\n<p>    2. El deber de amar a Dios<br \/>\n    La grandeza de Dios exige el culto, el agradecimiento y el respeto filial. Primero lo hacemos por ser el Se\u00f1or de todo lo que existe. Y es la respuesta a la misericordia que tiene y ha tenido siempre con los hombres. Ese culto que los hombres tributan a Dios lo llamamos respeto, veneraci\u00f3n, agradecimiento y, sobre todo, adoraci\u00f3n. Ante Dios, Ser Supremo e incomparable, todo lo dem\u00e1s pasa a segundo lugar. Es el primer deber de todo hombre inteligente y libre.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad lo entendieron los profetas antiguos, as\u00ed\u00ad lo expres\u00f3 Jes\u00fas, as\u00ed\u00ad lo recogi\u00f3 la Iglesia desde los primeros tiempos.<\/p>\n<p>    2.1. Amor y adoraci\u00f3n<br \/>\n    Pero los cristianos, aleccionados por Jes\u00fas, no nos quedamos en un amor basado en la raz\u00f3n y fruto sencillo de nuestro sentido com\u00fan y de nuestra reflexi\u00f3n. Nuestra originalidad espiritual est\u00e1 en que Jes\u00fas nos ha revelado un Dios presentado como Padre del cielo, no s\u00f3lo como Se\u00f1or del universo. La relaci\u00f3n con Dios adquiere otras dimensiones m\u00e1s sencillas y m\u00e1s \u00ed\u00adntimas. Si no fuera porque Jes\u00fas nos declara hermanos suyos, hijos del mismo Padre, no nos atrever\u00ed\u00adamos a tratar a Dios con tanta \u00abfamiliaridad\u00bb.<\/p>\n<p>    Este sentimiento es el que hac\u00ed\u00ada exclamar a S. Pablo: \u00abLos que estamos guiados por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, somos hijos de Dios. No hemos recibido el esp\u00ed\u00adritu de siervos, sino la dignidad de hijos adoptivos. Por eso nos atrevemos a exclamar: Abba, Padre. Es el Esp\u00ed\u00adritu de Dios el que se une a nuestro esp\u00ed\u00adritu, para dar testimonio de que en efecto somos hijos de Dios\u00bb. (Rom. 8. 14-15)<\/p>\n<p>    La adoraci\u00f3n es el reconocimiento de que Dios es Ser Supremo, Creador, Mantenedor de sus criaturas y que merece toda veneraci\u00f3n. Y la adoraci\u00f3n del cristiano es todo eso, pero adem\u00e1s es amor, intimidad, confianza, sentido de filiaci\u00f3n, en una palabra \u00abentusiasmo\u00bb, que significa compenetraci\u00f3n amorosa con Dios.<\/p>\n<p>    2.2. Significado de la adoraci\u00f3n<br \/>\n    As\u00ed\u00ad, pues, en consecuencia de este esp\u00ed\u00adritu de hijos, los cristianos tributamos a Dios Padre, no una adoraci\u00f3n de respeto y de temor, sino de amor, confianza y entrega en uni\u00f3n con Jes\u00fas. Sobre todo es una adoraci\u00f3n compartida fraternalmente y en unidad misteriosa con Jes\u00fas, Hijo de Dios. El salmista proclamaba en la asamblea: \u00abSe\u00f1or, Dios Nuestro, \u00c2\u00a1qu\u00e9 admirable es tu nombre por toda la tierra!\u00bb (Sal. 8, 2).<\/p>\n<p>    Adoramos a Dios como Iglesia, como Cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, no con gestos independientes de seres autosuficientes. En eso se diferencia la actitud del fil\u00f3sofo honesto, que reconoce la supremac\u00ed\u00ada divina y la del creyente sencillo que se une a Dios en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>    Hemos aprendido a preferirle sobre todas las dem\u00e1s criaturas. Si no lo hacemos, nos sentimos culpables. Y sabemos que no basta decirlo con palabras, sino que es preciso manifestarlo con obras.  Hemos descubierto que el nombre de Dios requiere por nuestra parte gran respeto. Decir su nombre significa reconocer su presencia, su dignidad, su gracia.  Es el nombre que m\u00e1s transforma la conciencia de quien lo ama.<\/p>\n<p>    2.3. Presencia de Dios<br \/>\n    Los cristianos sabemos que Dios est\u00e1 en todas partes. Pero nos hemos acostumbrado a mirarle cerca de nosotros. Es casi incomprensible para los que no viven el mensaje de Jes\u00fas.<br \/>\n  * Dios est\u00e1 en lo supremo del cielo, es decir se halla en todas partes, pues es Creador del universo. Y nos gusta mirar hacia arriba, hacia el firmamento, al pensar en Dios.<br \/>\n  * Pero tambi\u00e9n sabemos que est\u00e1 dentro de nosotros, sobre todo cuando somos portadores de su gracia y trabajamos por los dem\u00e1s. Le miramos, pues, en nuestra intimidad.<br \/>\n  * Y tambi\u00e9n hemos aprendido de Jes\u00fas a ver a Dios en nuestro pr\u00f3jimo, sobre todo en quien sufre en el cuerpo y en quien tiene necesidades espirituales.<\/p>\n<p>    Esta triple mirada es la base de la asc\u00e9tica cristiana, la que se basa en el Evangelio y la que se comparte con los dem\u00e1s creyentes. La armon\u00ed\u00ada entre las tres dimensiones: c\u00f3smica, \u00ed\u00adntima, pr\u00e1ctica es condicionante para ver a Dios en la realidad de la vida. Si alguno de los tres aspectos se desajusta podemos desviarnos hacia lo m\u00ed\u00adtico, hacia lo m\u00ed\u00adstico o hacia lo filantr\u00f3pico.<\/p>\n<p>    3. Culto a Dios<br \/>\n    El Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica recuerda el deber que tenemos de tributar nuestros homenajes a Dios. \u00abEl deber de rendir a Dios un culto aut\u00e9ntico corresponde al hombre individual y socialmente considerado. Esa es la doctrina tradicional cat\u00f3lica sobre el deber moral de los hombres y de las sociedades, respecto a la religi\u00f3n verdadera y a la \u00fanica Iglesia de Cristo\u00bb (N\u00c2\u00ba 2105).  El culto a Dios, es el acto o la actitud del ser inteligente que le reconoce como Ser Supremo y se siente agradecido por cuanto ha recibido de El. En consecuencia le expresa con su vida el amor sobre todas las cosas que le profesa y le declara su veneraci\u00f3n suprema.<br \/>\n  3.1. Amor sobre todo<\/p>\n<p>     El amor que Dios nos manifiesta exige de nosotros respuesta. La primera respuesta es la supremac\u00ed\u00ada de ese amor. Nada puede pasar por encima de El.<\/p>\n<p>    Por eso sentimos la necesidad de ofrecer al Se\u00f1or, personalmente y en comunidad con otros creyentes, muestras de respeto y de veneraci\u00f3n. Y nada de los que nos reclame en el mundo: placeres, posesiones, sabidur\u00ed\u00ada, poder, ostentaci\u00f3n, puede ser m\u00e1s fuerte que ese amor.<\/p>\n<p>    Llamamos culto a esas muestras, gestos y acciones de respeto y de veneraci\u00f3n que ofrecemos a Dios. Lo hacemos de muchas maneras y siguiendo el generoso impulso del propio coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>    3.2. Insuficiencias y pecados<br \/>\n    Si no damos muestras de ese amor es porque nos hallamos alejados de Dios. Son muchos los pecados opuestos al amor a Dios, tantos como modos existen de escaparse de la relaci\u00f3n afectuosa y comprometedora con El.<\/p>\n<p>     Podemos repasar algunos de esos modos de huir del amor a Dios.<\/p>\n<p>    3.2.1. Ate\u00ed\u00adsmo<br \/>\n    Es la negaci\u00f3n de la existencia divina (ate\u00ed\u00adsmo te\u00f3rico) con argumentos vanos y con planteamientos falaces y malintencionados. Ate\u00ed\u00adsmo es prescindir m\u00e1s o menos conscientemente de esa existencia (ate\u00ed\u00adsmo pr\u00e1ctico) y llevar una vida marginada del Creador, que reclama de nosotros gratitud y respeto.<\/p>\n<p>    M\u00e1s que una negaci\u00f3n divina expl\u00ed\u00adcita, que tantos pensadores han tenido por postulado filos\u00f3fico materialista, hedonista o pragmatista, el ate\u00ed\u00adsmo, como pecado, es el menosprecio, incluso desprecio, de lo que la raz\u00f3n sana reclama como evidente: que Dios existe y el hombre tiene que obedecerle por creer en El. De manera particular, el ate\u00ed\u00adsmo pecaminoso para el cristiano es infravalorar la relaci\u00f3n filial con un Dios, que es Padre providente y amoroso.<\/p>\n<p>    3.2.2. Indiferencia y escepticismo<br \/>\n    Se llama tambi\u00e9n acedia, tibieza y pereza espiritual. Implica desinter\u00e9s por lo divino y rechazo del gozo que viene de Dios. Es ate\u00ed\u00adsmo pr\u00e1ctico, razonado o no, que conduce a una actitud de incredulidad y negaci\u00f3n pr\u00e1ctica de la dependencia divina. Se comienza por el incumplimiento de su ley moral y se termina por amortiguar los remordimientos.<\/p>\n<p>    Se niega la existencia de Dios por molesta y se vive de los sentidos y de los intereses ego\u00ed\u00adstas de cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    El pecado de indiferencia no es la pobreza espiritual de quien por educaci\u00f3n o por vida viciosa no puede hacer otra cosa; es m\u00e1s bien la maldad culpable de quien conscientemente se margina de lo religioso para evitarse molestias.<\/p>\n<p>    3.2.3. Idolatr\u00ed\u00ada y polite\u00ed\u00adsmo<br \/>\n    Es adorar a otros dioses, muchos o pocos, y negar la supremac\u00ed\u00ada del \u00fanico Dios verdadero que se revel\u00f3 a los Patriarcas y se present\u00f3 como Padre por medio de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Esa idolatr\u00ed\u00ada puede revestir muchas formas. Unas veces se orienta hacia los astros (astrolatr\u00ed\u00ada) como si fueran seres animados que nos observan. Y en tiempos antiguos se centraba en determinados animales (zoolatr\u00ed\u00ada), objetos materiales (fetichismo) o espirituales (espiritismo) o incluso demonios (demonolatr\u00ed\u00ada), que se supon\u00ed\u00adan divinos y dominadores del hombre.<\/p>\n<p>    Por incre\u00ed\u00adble que parezca, los movimientos demonol\u00e1tricos todav\u00ed\u00ada abundan hoy, tal vez por la ingenuidad de muchos adoradores o acaso por intereses er\u00f3ticos, econ\u00f3micos o sociales. El culto diab\u00f3lico es una aberraci\u00f3n inigualable. Pero existe con abundancia y el creyente debe ser advertido de sus reclamos ex\u00f3ticos y esot\u00e9ricos y de la posibilidad de encontrarlo como tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Cuantos los practican o lo promueven ofenden gravemente a Dios y perturban en ocasiones irreversiblemente su conciencia de hombres, pues caen en la peor de las idolatr\u00ed\u00adas objetivamente posibles en este mundo.<\/p>\n<p>    3.2.4. Fetichismo y superstici\u00f3n<br \/>\n    Sin llegar a idolatr\u00ed\u00ada, hay a veces ocasiones en que se asocian los valores espirituales con objetos influyentes en la vida del hombre. Cuando el culto se impurifica con fetiches o amuletos estamos en el desorden espiritual, que suele ir acompa\u00f1ado de alg\u00fan grado de deficiencia \u00e9tica y que conduce f\u00e1cilmente al espiritismo o a la superstici\u00f3n total.<\/p>\n<p>    Tales son las creencias en los signos astrales, por ejemplo del Zod\u00ed\u00adaco, o en la acci\u00f3n de determinadas figuras terrenas a las que se atribuye poderes espirituales y m\u00e1gicos. Llevar signos que reflejan creencias en poderes misteriosos con sentido de protecci\u00f3n o dependencia es irreligioso en la medida en que tratan de conseguir sus portadores lo que s\u00f3lo Dios les puede dar: seguridad, bendici\u00f3n o trascendencia.<\/p>\n<p>    El espiritismo es una forma sutil de fetichismo. Tambi\u00e9n es desorden pues fomenta la creencia en esp\u00ed\u00adritus que influyen en los hombres y a veces estimulan pr\u00e1cticas adivinatorias o m\u00e1gicas.<\/p>\n<p>    En la medida en que estas pr\u00e1cticas atentan al culto honesto al verdadero de Dios constituyen una aberraci\u00f3n espiritual y suponen un enga\u00f1o escandaloso para mentes fr\u00e1giles o para personalidades que rozan la frontera de lo patol\u00f3gico.<\/p>\n<p>    3.2.5  El sacrilegio<br \/>\n    Profanar o tratar de forma irreverente o indigna determinados lugares, acciones, objetos o personas sagrados es un pecado contra Dios y contra el respeto que sus cosas merecen.<\/p>\n<p>   El sacrilegio supone la negaci\u00f3n del derecho de Dios a un culto de preeminencia. Con acciones sacr\u00ed\u00adlegas se abusa de su misericordia, pues se cometen ofensas con la presunci\u00f3n de la impunidad.<\/p>\n<p>   Hay muchas formas de sacrilegio: la calumnia antieclesi\u00e1stica, el robo de bienes consagrados a Dios, el acercarse de forma indigna a un sacramento, la simon\u00ed\u00ada o comercio de cosas espirituales, las plegarias irreverentes, las profanaciones de personas o de objetos sagrados.<\/p>\n<p>    3.2.6. Herej\u00ed\u00ada y apostas\u00ed\u00ada<br \/>\n    El vincularse a doctrinas rechazadas como rectas por la Iglesia o el renunciar a la propia fe de forma consciente tienen v\u00ed\u00adnculos semejantes: la oposici\u00f3n a la verdad. Son pecados similares contra la fe y ofensas a Dios contra la obediencia que se le debe.<\/p>\n<p>    La herej\u00ed\u00ada no es el simple error, sino la obstinaci\u00f3n en \u00e9l. Y la apostas\u00ed\u00ada no es simple renuncia a la fe, sino la adhesi\u00f3n pertinaz a la falsedad que aleja de la fe. En la medida en que el error y la falsedad se aceptan, la ofensa a Dios existe.<\/p>\n<p>    3.2.7. Cisma y rebeld\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Algo similar acontece con la ruptura con la comunidad de fe que Dios quiere que inspire la vida de sus creyentes. Esa comunidad, la Iglesia, es garant\u00ed\u00ada de culto recto. En la medida en que una persona, por orgullo o por capricho, rompe con la autoridad de la Iglesia, se aleja de Dios. La ruptura es cisma y la rebeld\u00ed\u00ada es cisma agresivo. Ambas actitudes no son estrictamente pecados de irreligi\u00f3n (si la doctrina recta se conserva), pero se oponen a la recta fe que exige la humildad para reconocer en d\u00f3nde dios ha querido depositarla.<\/p>\n<p>    3.2.8. Duda y desconfianza<br \/>\n    Tambi\u00e9n es un desorden la duda consciente o la desconfianza permanente en la comunicaci\u00f3n que Dios ha hecho a los hombres. Sin alegre confianza en Dios y en sus representantes y sin serena seguridad en lo que se cree no puede haber fe verdadera y fecunda.<\/p>\n<p>    La cr\u00ed\u00adtica sana, oportuna y respetuosa, y llena a amor a quien se cr\u00ed\u00adtica, no afecta a la fe. Pero la cr\u00ed\u00adtica amarga, demoledora y despectiva aleja de quien se critica y de la fe en que se apoya la autoridad. No hay que confundir fe sana con ingenua docilidad o credulidad ante la persona humana que representa la autoridad divina. La cr\u00ed\u00adtica amorosa no s\u00f3lo es un derecho del creyente sino en ocasiones un deber.<\/p>\n<p>    Con todo, es frecuente que personas de autoridad y profundidad teol\u00f3gica confundan la cr\u00ed\u00adtica sana y necesaria con la popularidad period\u00ed\u00adstica a la hora de adoptar posturas o formular declaraciones que sirven m\u00e1s para halagar la vanidad de quien las hace que para asegurar la verdad.<\/p>\n<p>    3.2.9. Desesperaci\u00f3n<br \/>\n    El fruto de la desconfianza es la p\u00e9rdida de fuerza en la esperanza hasta llegar a lo contrario a ella, que es la desesperaci\u00f3n. En esa situaci\u00f3n puede haber grados que van desde el desconcierto hasta el despecho, desde la vacilaci\u00f3n hasta la dolorosa y perturbadora destrucci\u00f3n de toda confianza en Dios.<\/p>\n<p>    La desesperaci\u00f3n es pecado contra Dios si implica desconocimiento culpable de su  misericordia,  de su poder,  de su justicia. Si es s\u00f3lo un estado psicol\u00f3gico de perturbaci\u00f3n afectiva o de trastorno ideol\u00f3gico, las situaciones personales pueden resultar dif\u00ed\u00adciles de catalogar \u00e9ticamente.  El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica dice: \u00abPor la desesperaci\u00f3n el hombre deja de esperar de Dios su salvaci\u00f3n personal; llega a desconfiar de su auxilio divino para llegar a ella o en el perd\u00f3n de sus pecados. Se opone a la bondad de Dios, a su justicia &#8211; aunque el Se\u00f1or siempre es fiel a sus promesas &#8211; y a su misericordia.\u00bb (N\u00c2\u00ba 2091)<\/p>\n<p>    3.2.10. Presunci\u00f3n<br \/>\n    Es la vana confianza en las propias opiniones religiosas o en las propias fuerzas espirituales para mantener la fe en su pureza y plenitud. Le fe es un don de Dios y s\u00f3lo con humildad ante Dios se puede recibir y conservar.<\/p>\n<p>    Confiar m\u00e1s en los propios dones que en los divinos es una actitud ingenua y arrogante. En la medida en que es ingenuidad es m\u00e1s simpleza de mente que pecado. Pero si es expresi\u00f3n de orgullo y desprecio de Dios, el alejamiento de la verdad es pecaminoso.<\/p>\n<p>     3.3. Odio a Dios<br \/>\n    Resulta incomprensible que Dios pueda ser objeto de odio, lo m\u00e1s opuesto al deber del amor. Pero, como tal actitud es posible, hay que recordar en la catequesis que es el peor de los pecados.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo el esp\u00ed\u00adritu diab\u00f3lico es compatible con la aberraci\u00f3n creacional que el odio a Dios significa. En la medida en que el hombre caiga en esta aberraci\u00f3n dolorosa e inexplicable, se halla totalmente marginado de lo divino.<\/p>\n<p>    El odio a Dios es una situaci\u00f3n adelantada de condenaci\u00f3n eterna. Salvo un milagro de la divina bondad, es la negaci\u00f3n de toda posibilidad de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    4. Respeto al nombre divino<br \/>\n    El Se\u00f1or dijo al dar la Ley a los israelitas: \u00abNo tomar\u00e1s en falso el nombre del Se\u00f1or tu Dios\u00bb (Ex 20, 7; Dt. 5, 11). Era tan sagrado ese nombre para ellos que nunca se atrev\u00ed\u00adan a pronunciarlo ni a escribirlo.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas a\u00f1adi\u00f3, recordando ese deber: \u00abSe dijo a los antepasados: \u00abNo perjurar\u00e1s\u00bb&#8230; Pues yo os digo m\u00e1s: no jur\u00e9is en modo alguno.\u00bb (Mt. 5. 33-34).<\/p>\n<p>    El respeto al nombre de Dios no es temor a quien est\u00e1 detr\u00e1s de \u00e9l. Es admiraci\u00f3n amorosa, es reverencia,  sorpresa, muestra un amor profundo al Ser maravilloso que es Dios.<\/p>\n<p>   4.1. El nombre m\u00e1s santo<br \/>\n    El deber de respetar el nombre de Dios constituye el segundo mandato del Dec\u00e1logo: \u00abNo tomar el nombre de Dios en vano\u00bb. Y ese mandato prescribe hablar de Dios con reverencia, no jugar con expresiones que impliquen inconsideraci\u00f3n o ligereza, mirar ese nombre como \u00fanico en el mundo y en la eternidad.<\/p>\n<p>    Cumplir ese precepto pertenece, como el primer mandamiento, a la virtud de la religi\u00f3n y exige cierto control de la palabra cuando de pronunciarlo se trata.<\/p>\n<p>     Las consignas del mismo Cristo sobre el uso del nombre divino no dejan lugar a duda: \u00abHab\u00e9is o\u00ed\u00addo que se dijo a los antepasados: \u00abno perjurar\u00e1s, sino que cumplir\u00e1s al Se\u00f1or tus juramentos\u00bb. Pues yo os digo que no jur\u00e9is en modo alguno&#8230; sea vuestro lenguaje: \u00abs\u00ed\u00ad, s\u00ed\u00ad\u00bb; \u00abno, no\u00bb: que lo que pasa de aqu\u00ed\u00ad viene del Maligno\u00bb (Mt. 5. 33-34 y 37; Sant. 5. 12).<\/p>\n<p>    De manera particular hay que recordar que en la Escritura Sagrada conocer a uno por su nombre es intimar con \u00e9l y es amarle. Conocer y amar el nombre de Dios es identificarse con \u00e9l, venerarle y amarle. Por eso el segundo mandamiento, en el fondo, es lo mismo que el primero. Implica profundidad, compromiso y gran benevolencia.<\/p>\n<p>     Y no es que el tal nombre en castellano sea m\u00e1gico de por s\u00ed\u00ad: al fin y al cabo es una forma declinada (el genitivo) de  Zeus (en lat\u00ed\u00adn Deus) y, por lo tanto, una palabra mitol\u00f3gica y muy humana. Es m\u00e1s expresivo b\u00ed\u00adblicamente el nombre divino en hebreo arcaico: El, Elhoim. Y tambi\u00e9n lo es, despu\u00e9s de Mois\u00e9s, el t\u00e9rmino Yaweh; aunque otros nombres: Adonai, Shaday. Qadosh, son frecuentes en la Escritura y expresan los v\u00ed\u00adnculos con Dios.<\/p>\n<p>    El t\u00e9rmino Dios se usa de formas diferentes en las diversas lenguas: en ingl\u00e9s god, en alem\u00e1n gott, en eslavo boge, en \u00e1rabe Al\u00e1. Quien est\u00e1 detr\u00e1s de ese Nombre superior a todo nombre es quien merece la m\u00e1xima veneraci\u00f3n. Se trata del Ser Supremo.<\/p>\n<p>     Por eso el hombre no puede usar a la ligera ese nombre sagrado; ni con palabras ni con otros signos. Lo debe guardar en el coraz\u00f3n y en la memoria con un silencio reverente de adoraci\u00f3n amorosa (Za. 2. 17). Y siempre que lo pronuncie, lo har\u00e1 con amor y deseos de bendecirlo, alabarlo y glorificarlo (Sal. 29. 2; 96. 2; 113. 1-2).<\/p>\n<p>    4.2. Respeto y veneraci\u00f3n<br \/>\n    El respeto al nombre de Dios implica para el cristiano una originalidad. Es un nombre de familia. Es el nombre del Padre de todos, padre amoroso y misericordioso, sabio y justo, providente.<\/p>\n<p>    La realidad misteriosa y sagrada que el nombre divino evoca, gracias a la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas cobra una dimensi\u00f3n nueva de cercan\u00ed\u00ada y de confianza, no de temor y de sorpresa.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas, ense\u00f1ando a sus disc\u00ed\u00adpulos el padrenuestro, es la mejor referencia a lo que el nombre de Dios significa. En la segunda petici\u00f3n de su plegaria dec\u00ed\u00ada: \u00absantificado sea tu nombre\u00bb.<\/p>\n<p>    Son hermosas las palabras que nos dice el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica a este respecto. Se refieren al nombre de Jes\u00fas y, por extensi\u00f3n ,al nombre del Padre eterno: \u00abEl fiel cristiano debe dar testimonio del nombre del Se\u00f1or confesando su fe sin ceder al temor (Mt. 10. 32; 1 Tim. 6. 12). La predicaci\u00f3n y la catequesis deben estar penetradas de adoraci\u00f3n y de respeto hacia el nombre de Nuestro Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb. (N\u00c2\u00ba 2145)<\/p>\n<p>    4.3. Ofensa al nombre divino<br \/>\n    Cuando un cristiano no est\u00e1 bien formado, corre el riesgo de multiplicar los cultos que no resultan agradables a Dios.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas conden\u00f3 frecuentemente a los que ofrec\u00ed\u00adan a Dios culto vano, rutinario, vanidoso, incluso supersticioso, sobre todo si lo hac\u00ed\u00adan con hipocres\u00ed\u00ada. Despu\u00e9s de las diversas condenas que formul\u00f3 de la piedad farisaica, en el Evangelio de S. Mateo, leemos: \u00c2\u00a1Ay de vosotros escribas y fariseos que ofrec\u00e9is a Dios el diezmo de la menta, del an\u00ed\u00ads y del comino, pero no os preocup\u00e1is de lo m\u00e1s importante que se\u00f1ala la Ley, que es la misericordia, la fe y la justicia. Esto \u00faltimo es lo m\u00e1s importante, aunque no dej\u00e9is de hacer lo primero. \u00c2\u00a1Gu\u00ed\u00adas ciegos, col\u00e1is un mosquito y os trag\u00e1is un camello!\u00bb (Mt. 23. 21)<\/p>\n<p>     4.3.1. Irreverencia<br \/>\n    Es el empleo del nombre divino sin respeto ni consideraci\u00f3n a su grandeza, unas veces por juego o ligereza y en la mayor parte de las ocasiones por incultura religiosa y por rusticidad espiritual, que son situaciones frecuentes por desgracia.<\/p>\n<p>    La irreverencia indica pobreza de esp\u00ed\u00adritu, ignorancia y desconsideraci\u00f3n, es decir carencia de sensibilidad espiritual. Y por ello puede hacerse acreedora a cierta comprensi\u00f3n moral. Pero si la irreverencia es fruto de la impiedad y si sus formas se orientan al sarcasmo o a expresiones ofensivas, se llega con ella a los l\u00ed\u00admites de la blasfemia.<\/p>\n<p>     4.3.2. Perjurio<\/p>\n<p>     La forma m\u00e1s frecuente de esa irreverencia es el jurar sin motivo en base al nombre divino. Jura quien para dar fuerza su palabra invoca a Dios por testigo de lo que se dice, quien promete por el nombre de Dios algo que no tiene intenci\u00f3n de cumplir, o quien no cumple lo prometido habiendo puesto el nombre de Dios de por medio.<\/p>\n<p>    El perjurio es pecaminoso por ser menosprecio a lo que el nombre de Dios representa, que es el mismo Dios. Y el peor perjurio es poner el nombre de Dios como prueba y refrendo de que se va a hacer una cosa mala: un crimen o un abuso. Entonces la ofensa ya resulta m\u00e1s que un sacrilegio, la profanaci\u00f3n de lo m\u00e1s sagrado que existe.<\/p>\n<p>    Es preciso tener en cuenta que el poner el nombre de Dios como apoyo a una causa justa y honesta es un acto bueno de religi\u00f3n, seg\u00fan ense\u00f1a San Pablo (2 Cor. 1. 23; Gal. 1. 20). La tradici\u00f3n de la Iglesia ha bendecido aquellos juramentos que van en esta direcci\u00f3n: los personajes p\u00fablicos que juran sus cargos de alta responsabilidad ofreciendo a Dios como referencia de su conciencia y de su intenci\u00f3n; los de quien refuerza una promesa con una llamada al nombre divino.<\/p>\n<p>    Si la autoridad religiosa o civil, en atenci\u00f3n a la gravedad de un asunto, por uso tradicional o por imperativo de la funci\u00f3n, exige el apoyo al nombre divino, el juramento no s\u00f3lo est\u00e1 permitido, sino que es una fuente de m\u00e9rito, como cuando se jura decir la verdad en un proceso o en un testimonio p\u00fablico.<\/p>\n<p>    Pero es evidente que la invocaci\u00f3n del Nombre de Dios como testigo de la verdad que se declara, s\u00f3lo puede prestarse con verdad, con claridad y en causas que merecen la pena por su importancia o su significaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    4.3.3. Blasfemia<br \/>\n    Es la palabra ofensiva dicha contra Dios o las cosas divinas: sus santos, la Iglesia, las personas que le sirven o los beneficios que nos hace. La blasfemia es pecaminosa por ser irreverente con lo divino. No es tanto la groser\u00ed\u00ada de las expresiones cuanto la maldad de las intenciones lo que define la blasfemia.<\/p>\n<p>    Expresiones elegantes y finas, dichas de forma mordaz e imp\u00ed\u00ada contra lo divino, pueden ser m\u00e1s blasfemas que las palabras soeces dichas contra Dios por un inculto.<\/p>\n<p>    Evidentemente que la blasfemia contra Dios es m\u00e1s pecaminosa que la dicha contra los santos o contra algunos objetos o lugares sagrados. Es conveniente recordar que muchos blasfemos materiales no lo son formales. Es decir que blasfeman sin saber que lo hacen. Educados en un lenguaje coprol\u00e1lico y burdo, pueden resultar malhablados sin que conscientemente quieran ofender el nombre de Dios.<\/p>\n<p>    5. Conducta cristiana<br \/>\n    El mensaje de Jes\u00fas a la samaritana, repetido con frecuencia a los fariseos y a los escribas, tiene que hacernos recordar a todos que es preciso tener cuidado, en el culto, con las formas err\u00f3neas y con los abusos supersticiosos.<\/p>\n<p>    5.1. Criterios cultuales<br \/>\n    No es culto ni adoraci\u00f3n el mero hecho de seguir las tradiciones religiosas, si no se hace con recta conciencia, con puro coraz\u00f3n y con actitudes piadosas.<\/p>\n<p>    La acci\u00f3n distra\u00ed\u00adda y superficial y el mero cumplimiento rutinario de las plegarias o de las ofrendas puede resultar un rito m\u00e1s social que religioso.<\/p>\n<p>   &#8211; Si la acci\u00f3n adoradora se basa en supersticiones y en falsas creencias, que no responden a una fe s\u00f3lida y sincera, no se puede hablar de culto a Dios sino de usos sociales.<\/p>\n<p>   &#8211; El culto a Dios tiene que ser realizado preferentemente en comunidad orante, ya que Cristo quiso que los suyos formaran un cuerpo m\u00ed\u00adstico. Pero debe existir en cada creyente la recta conciencia para orar y para ofrecer sacrificios y plegarias.<\/p>\n<p>   &#8211; Y se debe buscar en las acciones cultuales m\u00e1s la gloria de Dios que los intereses propios. Quien ofrece un acto de culto para obtener un beneficio y no lo hace con sumisi\u00f3n a lo que Dios quiera responder, agrade o no agrade, m\u00e1s realiza una tarea fetichista o simon\u00ed\u00adaca que una acci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>   &#8211; Los actos cultuales que no diferencian la grandeza de Dios de las devociones infantiles o populares dif\u00ed\u00adcilmente pueden ser entendidos como actos de culto. Pero es bueno recordar que no todos los hombres tienen la misma formaci\u00f3n y la misma capacidad y sensibilidad religiosa. Una persona sencilla que se acerca a Dios con formas elementales de culto puede agradarle m\u00e1s que el sabio te\u00f3logo que le habla desde su vanidad.<\/p>\n<p>    La par\u00e1bola del samaritano y del escriba orgulloso rezando en el templo debe estar presente en quien quiera entender lo que es el culto cristiano. (Lc. 18.13).<\/p>\n<p>    5. 2. Formas del culto<br \/>\n    Los cristianos ya no ofrecen sacrificios de animales en un templo terreno o sobre un monte sagrado. Su culto se transform\u00f3 con Jes\u00fas en el sacrificio de la cruz, renovado continuamente en todos los lugares del mundo. Desde la muerte de Jes\u00fas los actos de culto son la Eucarist\u00ed\u00ada, la oraci\u00f3n, la ofrenda a Dios y a los hombres por Dios.<\/p>\n<p>    5. 2. 1.  El sacrificio<br \/>\n    El sacrificio cristiano s\u00f3lo es la Eucarist\u00ed\u00ada, que es la renovaci\u00f3n en cada altar en donde se renueve lo que Jes\u00fas hizo con su pasi\u00f3n y muerte. El d\u00ed\u00ada antes ofreci\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos el pan y les dijo: \u00abEsto es mi cuerpo\u00bb; y les ofreci\u00f3 el c\u00e1liz del vino diciendo: \u00abEste es el c\u00e1liz de mi sangre\u00bb. Aquello fue una acci\u00f3n de culto.<\/p>\n<p>    Pero Jes\u00fas a\u00f1adi\u00f3: \u00abHaced siempre esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb. Desde entonces la sangre de la v\u00ed\u00adctima Jes\u00fas quedaba derramada en tierra y su cuerpo quedaba colgado en la cruz.<\/p>\n<p>    Ese sacrificio se renueva cada d\u00ed\u00ada en el altar y se hace presente en todo el mundo. Es \u00fanico y perpetuo, perfecto y santificador, redentor y glorificador de quien lo hizo, Jes\u00fas, el Hijo de Dios, y de quien lo participa por la comuni\u00f3n: los seguidores de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    La Eucarist\u00ed\u00ada es la cumbre del culto a Dios Padre y al Esp\u00ed\u00adritu Santo por medio del Hijo.<\/p>\n<p>     4. 2. 2. La oraci\u00f3n<\/p>\n<p>     Los cristianos aprendieron de Jes\u00fas a elevar al Padre plegarias y peticiones, alabanzas y promesas, acciones de gracias o s\u00faplicas de perd\u00f3n.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s de esas formas de plegaria, el esp\u00ed\u00adritu de contemplaci\u00f3n de la grandeza divina, de meditaci\u00f3n de su Palabra sagrada, de su misericordia con el mundo, se hizo una oraci\u00f3n permanente en los seguidores de Cristo, que de esa forma imitaban al Maestro.<\/p>\n<p>    La oraci\u00f3n, en esp\u00ed\u00adritu y en verdad, es un culto permanente que los creyentes ofrecen al Dios a quien aman.<\/p>\n<p>     5. 2. 3. Ofrendas y dones<\/p>\n<p>     Pero tambi\u00e9n los cristianos ofrecen sus dones y piden a Dios que los acoja aunque sean pobres. Esos dones son las limosnas para los pobres, las aportaciones para las templos y santuarios, las colaboraciones para mantener a los servidores del culto, los sacerdotes, las ayudas para mantener vivo el recuerdo de los misterios cristianos, los servicios para los hijos de Dios, sobre todo para los necesitados de consuelo, comida o apoyo.<\/p>\n<p>    Todo esto es culto agradable a Dios y merecedor de la recompensa divina.<\/p>\n<p>     5. 2. 4. Promesas y Votos<br \/>\n    Tambi\u00e9n son actos de culto los votos y promesas que se hacen con la intenci\u00f3n sincera de cumplir lo que prometen.<\/p>\n<p>    Expresan con ellos la fidelidad a Dios a quien las hacen y reconocen con ellas la dependencia de quienes los formulan. Deben ser respetados si se hacen con sinceridad. Agradan a Dios en cuanto son formas de reconocer su supremac\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Algunas de las promesas est\u00e1n asociadas a los sacramentos: la de renunciar a Satan\u00e1s y a sus obras y vivir una nueva vida en el Bautismo, la de ser fiel en el matrimonio, la de entregarse a la Iglesia en el sacramento del Orden.<\/p>\n<p>    Algunos cristianos se sienten llamados a vivir bajo superiores y con reglas a las que obedecen; renuncian a la propiedad o al uso de bienes propios; aceptan la forma de celibato consagrado como signo del Reino de Dios. Esas  opciones las consagran con \u00abvotos p\u00fablicos o privados\u00bb en la Iglesia.<\/p>\n<p>     Otros cristianos hacen promesas y votos de acciones buenas de caridad, de piedad o de ejemplaridad: limosnas, peregrinaciones, acciones apost\u00f3licas, etc. Se comprometen a ir como misione\u00c2\u00adros o a colaborar en obras o gru\u00c2\u00adpos apost\u00f3licos. La fidelidad a las prome\u00c2\u00adsas de\u00c2\u00admuestra res\u00c2\u00adpeto a Dios. Su cumpli\u00c2\u00admiento es un culto religioso alta\u00c2\u00admente meritorio.<\/p>\n<p>    5. 2. 5. Predicaci\u00f3n<\/p>\n<p>   En cierto sentido la proclamaci\u00f3n del Reino de Dios a quien no lo conoce, lo cual se llama evangelizaci\u00f3n, o la profun\u00c2\u00addilaci\u00f3n el mismo para quien ya lo ha descubierto o lo quiere celebrar (catequesis y homil\u00ed\u00ada), son tambi\u00e9n una forma de culto (de cultivo) de la grandeza de Dios. Es el culto de la palabra que, junto con la Eucarist\u00ed\u00ada, son los caminos para llegar a Dios.<\/p>\n<p>   Ensalzar con la palabra, con las bue\u00c2\u00adnas obras, con el arte sagrado, con la creaci\u00f3n de instituciones o de recuerdos piadosos, es elevar el coraz\u00f3n a Dios y ofrecerle el tributo de la dependencia.<\/p>\n<p>   5.3. Des\u00f3rdenes religiosos<\/p>\n<p>   Tambi\u00e9n conviene recordar que la vivencia cultual debe estar regida por la prudencia, la moderaci\u00f3n y la oportuna realizaci\u00f3n seg\u00fan el tiempo y el lugar, las posibilidades y las conveniencias y sobre todo las relaciones con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>   En ocasiones el culto puede exage\u00c2\u00adrar\u00c2\u00adse por excesos inmoderados, como en el caso de quien se entrega a las obras de piedad con des\u00c2\u00adcuido de los otros debe\u00c2\u00adres tambi\u00e9n queridos por Dios: familiares, culturales o profesio\u00c2\u00adnal. Entonces se peca por abuso de piedad mal entendi\u00c2\u00adda. Y se llama pietismo a esa actitud.<\/p>\n<p>   Pero es m\u00e1s frecuente la escasez de actos cultuales, como el caso de quien se limita a lo largo de muchos a\u00f1os al mero cumplimiento de la preceptiva misa domi\u00c2\u00adnical. Si no se hace m\u00e1s que lo obligatorio, si cierta penuria espiritual se apodera del esp\u00ed\u00adritu, si no se ora de verdad y se ofrece a Dios alg\u00fan tributo de amistad, algo falla, por defecto, en la vida cristiana.<\/p>\n<p>    6. Educar para el amor divino<\/p>\n<p>    La educaci\u00f3n para amar a Dios y ser consciente del significado de ese amor es el primer objetivo de toda educaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>   Importa que los educadores de la fe sean conscientes de ello. Pero tambi\u00e9n deben serlo de que nadie da lo que no tienen. Si ellos no sienten la necesidad de relacionarse con Dios apenas si po\u00c2\u00addr\u00e1n educar en el culto y en el amor.<\/p>\n<p>   Tres consignas deber\u00ed\u00adan tener con claridad en su coraz\u00f3n en este terreno.<\/p>\n<p>   1. El amor divino no es una palabra, es m\u00e1s bien una experiencia, como acon\u00c2\u00adtece con todo lo que se refiere al amor hu\u00c2\u00admano. Eso quiere decir que sentir y vivir los gestos que Dios ha tenido con cada uno nosotros es el camino m\u00e1s acertado para llegar a ese amor.<\/p>\n<p>   2. Para el cristiano no es suficiente un amor racional a un Ser Supremo que existe m\u00e1s en la reflexi\u00f3n de la mente que en la vivencia del coraz\u00f3n. Descubrir la paternidad divina y no s\u00f3lo su permanencia es el primer paso para acercarse a Dios. Es cierto que ese descubrimiento es un don del mismo Dios y El no se lo da a todos al mismo tiempo y de la mis\u00c2\u00adma ma\u00c2\u00adnera. Hay que educar al cristia\u00c2\u00adno en la humil\u00c2\u00addad para pedir y en la rectitud para merecer recibir lo que se pide.<\/p>\n<p>   3. Al amor de Dios se llega por el amor al pr\u00f3jimo. \u00abSi dices que amas a Dios y no amas al hermano, mientes, pues quien no ama a su hermano a quien ve no puede amar a Dios a quien no ve.\u00bb (1 Jn. 2. 10 y 4. 20). Quiere ello decir que el amor a los hermanos es condici\u00f3n para llegar al amor a Dios.<\/p>\n<p>   Por otra parte ama a Dios s\u00f3lo quien cum\u00c2\u00adple su voluntad. La vida ho\u00c2\u00adnes\u00c2\u00adta, justa y piadosa es el \u00fanico modo de expresar el amor divino con autenticidad. \u00abNo el que dice Se\u00f1or, Se\u00f1or, entra en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que est\u00e1 en los cielos\u00bb (M\u00c2\u00adt. 7.21)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nComo buen jud\u00ed\u00ado Jes\u00fas acept\u00f3 y predic\u00f3 el primer y fundamental \u00abmandamiento\u00bb: \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas\u00bb (Mc 12,30 y par. Mt 22,37 y Lc 10,27) tal como aparece en Dt 6,5. En ello no es innovador, como cab\u00ed\u00ada esperar. Su aportaci\u00f3n m\u00e1s nueva es a\u00f1adir a este mandamiento el segundo sobre el amor del pr\u00f3jimo, vinculando \u00ed\u00adntimamente ambos mandatos. Tambi\u00e9n lo es la m\u00e1s honda motivaci\u00f3n que presenta de la relaci\u00f3n con Dios que se llama amor.<\/p>\n<p>Es necesario profundizar en el sentido de este \u00abmandamiento\u00bb del amor a Dios y en la motivaci\u00f3n que se acaba de mencionar.<\/p>\n<p>Ya hab\u00ed\u00ada sido un importante avance veterotestamentario el plantear la relaci\u00f3n con Dios en t\u00e9rminos de amor y no s\u00f3lo ni principalmente de temor y obediencia.<\/p>\n<p>Aunque el amor est\u00e9 formulado como mandamiento, es f\u00e1cil advertir, como sucede con el \u00abmandamiento\u00bb del amor a los dem\u00e1s, que dif\u00ed\u00adcilmente puede tratarse de una orden en sentido estricto. Cuando se trata del amor, es decir, de una relaci\u00f3n an\u00e1loga a la del amor interhumano, no se puede imponer o mandar. Ya en la teolog\u00ed\u00ada del Deuteronomio \u2014el libro que m\u00e1s claramente plantea la relaci\u00f3n de Israel con su Dios en t\u00e9rminos de amor\u2014 el primer mandamiento de amar a Dios est\u00e1 en el contexto de los m\u00faltiples beneficios que Yahveh ha hecho a su pueblo como se\u00f1al y realizaci\u00f3n de la peculiar relaci\u00f3n que ha tenido y tiene con \u00e9l. El amor a Dios es, pues, responder en la misma moneda y est\u00e1 motivado por el previo amor de Dios al pueblo.<\/p>\n<p>Hay, adem\u00e1s, muchos otros textos donde, de un modo u otro, aparece la relaci\u00f3n primera de Dios con el ser humano, prevalentemente con el jud\u00ed\u00ado o el pueblo de Israel, en forma de amor, inter\u00e9s, cari\u00f1o&#8230;<\/p>\n<p>De este modo parece claro que el mandamiento, m\u00e1s que propiamente tal, es un modo de formular sint\u00e9ticamente la necesaria respuesta a la actitud de Dios hacia el ser humano.<\/p>\n<p>En la misma l\u00ed\u00adnea, mucho m\u00e1s profundizada y universalizada, se mueve el Nuevo Testamento siguiendo y desarrollando el mensaje de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Este mensaje puede resumirse diciendo que presenta una imagen relativamente nueva de un Dios que est\u00e1 incondicionalmente a favor del ser humano con independencia de lo que \u00e9ste sea y haga, un Dios al que podemos y debemos llamar Padre, mejor, \u00abAbb\u00e1\u00bb, o sea, \u00abpap\u00e1\u00bb. En la base de esta predicaci\u00f3n est\u00e1 la experiencia del Padre que el Jes\u00fas hist\u00f3rico tiene y comunica a los dem\u00e1s para que tambi\u00e9n ellos la experimenten y vivan sus consecuencias.<\/p>\n<p>Ello, siempre por analog\u00ed\u00ada con la realidad humana, implica una determinada actuaci\u00f3n previa de Dios hacia los seres humanos en la l\u00ed\u00adnea del amor y que requiere, por ende, una respuesta rec\u00ed\u00adproca.<\/p>\n<p>Evidentemente esta presentaci\u00f3n de Dios no es para fomentar un mero conocimiento est\u00e9tico o te\u00f3rico, sino para que el ser humano entable con El una nueva relaci\u00f3n que le haga existir para siempre de una forma nueva, en lo cual, en definitiva, consiste la salvaci\u00f3n, como veremos m\u00e1s abajo. De ah\u00ed\u00ad la importancia del tema.<\/p>\n<p>Esa relaci\u00f3n puede adecuadamente calificarse de amor a Dios, aunque ello haya tambi\u00e9n de entenderse de modo anal\u00f3gico, tomando como punto de partida la relaci\u00f3n humana conocida y experimentada como amor.<\/p>\n<p>Siendo esto as\u00ed\u00ad, el amor no se manda simplemente ni se impone, tal como ve\u00ed\u00adamos m\u00e1s arriba. Hay un ofrecimiento de relaci\u00f3n por parte de Dios hacia los seres humanos, que respeta la forma de ser de \u00e9stos tal como la ha creado el mismo Dios. Ofrecimiento cuya \u00fanica iniciativa corresponde al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Si tenemos en cuenta no s\u00f3lo los datos del Jes\u00fas hist\u00f3rico, sino el significado total de Jesucristo como Hijo, el mensaje de Jes\u00fas cobra nueva hondura.<\/p>\n<p>En realidad todo el proceso de la Encarnaci\u00f3n del Hijo hasta la muerte y resurrecci\u00f3n es la revelaci\u00f3n del m\u00e1ximo amor de Dios hacia el ser humano como ofrecimiento de relaci\u00f3n para que \u00e9ste responda de modo parecido. Jes\u00fas es el perfecto revelador de este amor, podr\u00ed\u00adamos decir, su hip\u00f3stasis o personificaci\u00f3n. No s\u00f3lo porque lo manifieste con sus palabras. En su vida es el hombre que realiza en s\u00ed\u00ad mismo este di\u00e1logo amoroso con Dios y es modelo para los dem\u00e1s. En su persona el ser humano ama a Dios y es amado por El. Toda su vida, especialmente su muerte (\u00abnadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos\u00bb Jn 15, 13) y resurrecci\u00f3n son testimonio de este don del Padre al mundo.<\/p>\n<p>Resumen y comentario de esto podr\u00ed\u00adan ser las palabras de Jn 3, 16: \u00abDios ha amado tanto al mundo que ha entregado a su Hijo \u00fanico para que todo el que crea en El no perezca sino tenga vida eterna\u00bb, en 1 Jn 4,9. El amor de Dios se ha manifestado en que Dios ha enviado a su Unig\u00e9nito al mundo para que vivamos por medio de EI. El amor consiste, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos am\u00f3 y env\u00ed\u00ado a su Hijo&#8230; o las de Pablo en Rm 5,8: \u00abDios comprueba su amor hacia nosotros porque, siendo nosotros todav\u00ed\u00ada pecadores, Cristo muri\u00f3 por nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>La capacidad de responder en reciprocidad a esta oferta es don del Esp\u00ed\u00adritu y no fruto del esfuerzo humano. Este tema no aparece tan claramente en los Evangelios, sino m\u00e1s bien en textos como Rm 5, 5b: \u00abel amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00ed\u00adritu Santo que nos fue dado\u00bb. Pero, adem\u00e1s, el simple an\u00e1lisis del amor pone de relieve esta caracter\u00ed\u00adstica de espontaneidad. Por otra parte, la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas no insiste en los aspectos de obligaci\u00f3n, sino en los de invitaci\u00f3n a la respuesta amorosa. Los seres humanos han de abrirse libremente al ofrecimiento que Dios, por Jes\u00fas, les hace.<\/p>\n<p>Jes\u00fas modelo del amor a Dios<br \/>\nJes\u00fas no solo exhorta al amor de Dios y revela sus m\u00e1s hondos fundamentos y motivaciones, sino que es un perfecto modelo de c\u00f3mo el ser humano ha de amar a Dios en justa reciprocidad al ofrecimiento que El mismo ha hecho tomando la iniciativa.<\/p>\n<p>Desde un punto de vista meramente humano Jes\u00fas cumple perfectamente los planes de Dios sobre \u00e9l, aun a costa de grandes sacrificios, especialmente el de la propia vida. No es que el hecho de que el amor cueste trabajo aumente la calidad de la relaci\u00f3n, pero manifiesta si es verdadero o pura ilusi\u00f3n. En el caso de Jes\u00fas no cabe duda de este cumplimiento, que es una muestra de amor a Dios. No realiza su misi\u00f3n por temor, miedo, deseo de ganar m\u00e9ritos ni nada parecido, sino por sentirse unido al Padre. En lo cual consiste, en definitiva, el amor.<\/p>\n<p>El amor a Dios no es, simplemente -aunque tambi\u00e9n ello sea un importante componente- un sentimiento de cercan\u00ed\u00ada, sino una vida conforme al plan de Dios. Y la de Jes\u00fas es una plena realizaci\u00f3n de ello.<\/p>\n<p>El primero que ha percibido la entrega de Dios a la humanidad, su inter\u00e9s por ella, su deseo -hablando a nuestro modo-de que los seres humanos est\u00e9n cerca de El hasta la plena uni\u00f3n\/comuni\u00f3n ha sido Jes\u00fas de Nazaret. Y ha vivido coherentemente con esta percepci\u00f3n. Ha respondido al amor de Dios sin reservas.<\/p>\n<p>Esa respuesta de Jes\u00fas se ha realizado en su entrega tambi\u00e9n a los seres humanos. Su amor a Dios pasa sin soluci\u00f3n de continuidad a la humanidad, a la cual tambi\u00e9n ama hasta la muerte; entrega su vida por y a los dem\u00e1s como forma concreta de vivir el amor a Dios.<\/p>\n<p>En qu\u00e9 consiste el amor a Dios<br \/>\nSacando las consecuencias de este modelo, el amor a Dios no consiste s\u00f3lo en sentimientos o ret\u00f3rica, sino en la entrega de todo el ser como respuesta a la actuaci\u00f3n de Dios manifestada en Cristo. Entrega que no se identifica exactamente con la guarda de unos determinados preceptos, la cual podr\u00ed\u00ada llevarse a cabo por otros motivos distintos del .<\/p>\n<p>En su nivel m\u00e1s profundo consiste en la \u00ed\u00adntegra aceptaci\u00f3n del designio o plan de Dios sobre los seres humanos, con exclusi\u00f3n de cualquier otro se\u00f1or\u00ed\u00ado (Mt 6,24; Lc 16,13) o dicho con otras palabras, la b\u00fasqueda del Reino (Mt 6,33; Lc 12,31). Opci\u00f3n por Dios como centro de la existencia con confianza absoluta en El (cfr. Mt 6,25-34; Lc 12. 22-32). Naturalmente esto puede expresarse diciendo que se cumple la voluntad de Dios, del mismo modo que Jes\u00fas lo hizo (Mt 7, 21; Mc 3, 35; Mt 12, 50; Jn 4,34). Pero ha de darse a esta expresi\u00f3n toda su profundidad, puesto que cabe un cumplimiento real por mero temor o por otras razones. Es evidente que ello incluye el cumplir los contenidos \u00e9ticos de los mandamientos. Pero con una actitud personal muy diferente de la de temor o deseo de ganar m\u00e9ritos. Es m\u00e1s bien por identificaci\u00f3n amorosa con Dios. De ah\u00ed\u00ad la vinculaci\u00f3n que la teolog\u00ed\u00ada jo\u00e1nica establecer\u00e1 entre amar a Dios y cumplir los mandamientos (Jn 14,21-24; 15,10 1 Jn 5,3). Quien realmente ama a Dios hace lo que entiende que Dios quiere; lo cual, por otra parte, no es su voluntad arbitraria, sino el mayor bien para el ser humano individual y la humanidad en su conjunto. En ello, en efecto, se manifiesta, entre otras cosas, el amor e inter\u00e9s de Dios hacia los seres humanos.<\/p>\n<p>Es, pues, un amor real, acorde con la naturaleza del ser humano. Incluye afecto, como no pod\u00ed\u00ada ser menos, descentramiento, salida de uno mismo y pr\u00e1ctica, que tiene como referente principal al hermano, a todos los hermanos en la medida de lo posible, donde se encuentra a Dios en este mundo y en la vida presente. Tal como se dec\u00ed\u00ada m\u00e1s arriba sobre la pr\u00e1ctica de Jes\u00fas, el aut\u00e9ntico amor a Dios es inseparable del amor a los dem\u00e1s, al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Amor a Dios, salvaci\u00f3n y uni\u00f3n con Dios<br \/>\nLa finalidad \u00faltima del amor, tal como nosotros podemos comprenderlo, es la total uni\u00f3n entre quienes se aman. Tambi\u00e9n en esto Jes\u00fas, el Hijo, nos resulta modelo. Y m\u00e1s que modelo. Porque es la identificaci\u00f3n total con el Padre, comunidad absoluta con El.<\/p>\n<p>Es importante percibir la importancia del amor a Dios en la concepci\u00f3n cristiana de la salvaci\u00f3n. Es mucho m\u00e1s que un mero precepto que se cumple por buenas razones. Es, realmente, el establecer comuni\u00f3n\/uni\u00f3n con Dios en lo que consiste en definitiva la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dicho de otro modo: toda la Revelaci\u00f3n, y muy especialmente su culminaci\u00f3n en la Vida, Muerte y Resurrecci\u00f3n de Jesucristo, es la comunicaci\u00f3n del amor de Dios hacia los seres humanos. Comunicaci\u00f3n en forma de ofrecimiento porque el amor no se impone sino se ofrece. Todo amor, tambi\u00e9n el divino, en cuanto podemos hacernos cargo de \u00e9l, no es un \u00abalgo\u00bb, sino una relaci\u00f3n personal que une a dos seres. Tal es lo que Dios pretende en su comunicaci\u00f3n con el ser humano. Dios quiere unirlo consigo para hacerlo participar de su mismo divino Ser. Y para ello, puesto que tal uni\u00f3n ha de ser libremente consentida y aceptada por el destinatario, se vale de todos los medios posible, de modo muy especial el de la persona de su Hijo Nuestro Se\u00f1or Jesucristo encarnado, muerto y resucitado por nosotros, tal como ve\u00ed\u00adamos m\u00e1s arriba.<\/p>\n<p>El amor produce vida, porque produce relaci\u00f3n real entre quienes se aman. Ahora bien, cuando es Dios quien ama ello es mucho m\u00e1s real. Porque es imposible que Dios ame y no ocurra nada y las cosas o personas permanezcan como est\u00e1n. La \u00fanica salvedad es que, dada la libertad humana que Dios mismo ha querido, la relaci\u00f3n y uni\u00f3n no es impuesta sino ofrecida. Una vez aceptada, sin embargo, la transformaci\u00f3n integral del ser tiene lugar. En esto consiste, en \u00faltimo t\u00e9rmino, la salvaci\u00f3n del ser humano. De ah\u00ed\u00ad que la relaci\u00f3n del amor no sea un elemento m\u00e1s en el plan divino, ni una virtud m\u00e1s sino el factor clave para comprender y vivir el destino \u00faltimo y definitivo de la humanidad seg\u00fan Dios. ; amor.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014ANTOINE VERGOTE, \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios\u00bb. La identidad cristiana, Santander, Sal Terrae 1999; FEDERICO PASTOR-RAMOS, salvaci\u00f3n del hombre en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. Estella, Verbo Divino 1991.<\/p>\n<p>Pastor<\/p>\n<p>Amor a los enemigos<br \/>\nDJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEntenderemos aqu\u00ed\u00ad por \u00abenemigos\u00bb, en un sentido amplio, desde a quienes reciben con justicia esa denominaci\u00f3n hasta los adversarios de todo tipo. Esta acepci\u00f3n es acorde con la forma de ver las cosas de Jes\u00fas, que no se siente enemigo de nadie ni considera a nadie como enemigo suyo en sentido estricto, salvo al mal o a su personificaci\u00f3n simb\u00f3lica, el demonio. En ese sentido no es f\u00e1cil hablar de enemigos de Jes\u00fas. Ciertamente no lo son en cuanto a \u00e9l se refiere. Sin embargo tiene adversarios, oponentes, gentes que no le aceptan y que, por diversos motivos, buscan su desaparici\u00f3n y la consiguen. Hay tambi\u00e9n personas que se oponen a su mensaje, predicaci\u00f3n, obra y hasta intentan destruirla. Y desde esta perspectiva m\u00e1s amplia podemos hablar de \u00abenemigos\u00bb de Jes\u00fas y de sus disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n de Jes\u00fas con esas personas puede calificarse como amor a los enemigos y es claramente una actitud personal suya, con toda probabilidad hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Basta ver c\u00f3mo trata a quienes no aceptan y rechazan su persona y predicaci\u00f3n. Ciertamente se enfrenta con ellos y, al parecer, de forma a veces ruda y fuerte. Sus invectivas contra escribas, fariseos, saduceos, etc., tienen probablemente base hist\u00f3rica. Pero Jes\u00fas no tiene en absoluto deseo de destruirlos como personas, ni odio hacia ellos. M\u00e1s bien pretende su apertura hacia su anuncio, proveniente en \u00faltimo t\u00e9rmino de Dios y que lo acepten. En realidad sus posturas contra ellos tienen una finalidad bien diferente a la de responder a su enemistad de modo semejante: quiere m\u00e1s bien su uni\u00f3n con Dios y con el plan divino sobre los seres humanos revelado en su persona. Hay, por parte de Jes\u00fas, aceptaci\u00f3n de ellos y b\u00fasqueda de su bien \u00faltimo. Basta ver el dicho puesto en su boca en Lc 23, 34 acerca del perd\u00f3n de quienes est\u00e1n causando su muerte.<\/p>\n<p>No se trata, pues, s\u00f3lo de falta de odio o antipat\u00ed\u00ada, sino de procurar un serio y total beneficio para estas personas. Por lo cual, llevando a su extremo esta actitud podr\u00ed\u00ada decirse que Jes\u00fas no tiene enemigos o pretende que quienes se sienten enemigos suyos lo dejen de ser.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n \u00faltima de esta forma de actuar en Jes\u00fas es la imitaci\u00f3n o reproducci\u00f3n de la de Dios que hace nacer el sol y llover sobre buenos y malos (Mt 5,45-46), es decir, un amor de benevolencia universal e incondicional, no determinado por las reacciones humanas ni dependiente de ellas. Las diferencias o enemistad por parte del otro no son un obst\u00e1culo total ni raz\u00f3n para responder en la misma moneda.<\/p>\n<p>Hay algo m\u00e1s; desarrollando coherentemente el dicho de Jes\u00fas en la cruz, otro motivo para amar realmente a los \u00abenemigos\u00bb es que ellos mismos no saben, no son conscientes, de su actuaci\u00f3n y de la profundidad que tiene. As\u00ed\u00ad, por ejemplo hay motivos para pensar que los adversarios hist\u00f3ricos de Jes\u00fas estaban persuadidos subjetivamente de que perseguirle a El era algo grato a Dios y bueno para el pueblo (cfr. Jn 11,47-50). En \u00faltimo t\u00e9rmino lo que externamente se percibe como maldad u odio puede ser algo muy diferente en la conciencia del protagonista. Puede ser error o equivocaci\u00f3n invencible. En una palabra, el no juzgar al otro, aun al \u00abenemigo\u00bb tiene aqu\u00ed\u00ad gran aplicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Jes\u00fas es el perfecto ejemplo y modelo de actitud amorosa hacia sus adversarios o \u00abenemigos\u00bb. Es un amor que no se identifica en absoluto con irenismo est\u00fapido o inconsciente, falta de percepci\u00f3n de la realidad, aceptaci\u00f3n de lo inaceptable, pasar por alto, renunciar a toda defensa de uno mismo o de los suyos&#8230; sino con la b\u00fasqueda del bien aun para aquellos que est\u00e1n lejos de nosotros o, m\u00e1s a\u00fan, que pretenden, por las razones que sean, quiz\u00e1s por incomprensi\u00f3n, nuestro propio mal. En esta l\u00ed\u00adnea, cuando Jes\u00fas es golpeado injustamente por alguien a quien podemos considerar enemigo suyo, al menos en ese momento, (Jn 18,22-23) no pone directamente la otra mejilla sino se defiende \u00ab,por qu\u00e9 me pegas?\u00bb. No es tan relevante la historicidad del episodio, sino el que muestra un rasgo m\u00e1s de la actitud de Jes\u00fas frente a sus adversarios.<\/p>\n<p>En coherencia con su actitud personal, Jes\u00fas exhorta expl\u00ed\u00adcitamente a sus disc\u00ed\u00adpulos a que tengan este amor a los enemigos en el contexto del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, (Mt 5,43-47; Lc 6,27-36), donde expone las actitudes cristianas fundamentales de modo ideal y de principio. Le concede gran importancia, pues est\u00e1 puesto en conexi\u00f3n con la perfecci\u00f3n en Mt 5,48 y con la imitaci\u00f3n del Padre y el ser hijos de Dios en Lc 6, 37-38. No es s\u00f3lo falta de odio o de agresi\u00f3n, exhortaci\u00f3n a no querer destruir al adversario. En la l\u00ed\u00adnea de actuaci\u00f3n de Jes\u00fas, reflejo de la del Padre, se pretende que el cristiano, por lo que a \u00e9l toca, tampoco tenga enemigos propiamente tales, sino los ame y haga bien. Evidentemente no s\u00f3lo en lo material, sino en el mismo plano que el mismo Jes\u00fas. Dicho de otro modo, si tiene enemigos, que no los sienta como tales y que desaparezcan de su vivencia en cuanto tales enemigos. El amor a los enemigos hace que dejen de serlo desde y para m\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>En definitiva seg\u00fan todo lo anterior, en realidad el llamado \u00abamor a los enemigos\u00bb no es sino un caso del amor al otro; caso especial que tiene algunas peculiaridades o dificultades particulares. Pero no es b\u00e1sicamente algo diferente.<\/p>\n<p>Esta profundidad del amor a los enemigos insin\u00faa y hasta muestra claramente que el amor al que se exhorta al cristiano no es fruto del puro esfuerzo de la voluntad, por bueno que sea. Es un don de Dios que hace superar la espont\u00e1nea actitud hacia el enemigo o, adversario. Se ha dicho repetidas veces que el amor a los enemigos es uno de los rasgos exclusivos del evangelio y de la moral cristiana. Ello, en un primer momento, simplemente es incierto: en la \u00e9tica estoica aparece el amor a los enemigos como rasgo propio del sabio y en el budismo tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Pero en la actitud que Jes\u00fas tiene y propone hay algo m\u00e1s que puede diferenciarla de \u00e9stas donde predomina la mera racionalidad en el caso estoico o una falta de agresi\u00f3n en el budista: adem\u00e1s de estas razones, que comparte con esos sistema, el cristiano pretende o desea finalmente que sus enemigos establezcan con Dios y con el pr\u00f3jimo una relaci\u00f3n positiva que los transforme totalmente.<\/p>\n<p>En todo caso el cristianismo no necesita distinguirse de otros sistemas morales por medio de alguna peculiaridad exclusiva. M\u00e1s bien al contrario; acepta, consagra e integra todo lo que de elevado aparece fuera de \u00e9l, pues supone que Dios es la fuente de todo lo positivo aunque no sea expl\u00ed\u00adcitamente cristiano. \u00c2\u00a1Cuando menos es cristianizable, y hasta est\u00e1 critianizado, porque todo ha sido creado en Cristo y para Cristo y todo apunta a ser recapitulado en El! -> amor; \u00f3n; padrenuestro; pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Pastor<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[331] El primer mandamiento de la Ley de Dios, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, es el amor a Dios, Padre de todos los hombres y Padre de Jesucristo, que nos am\u00f3 primero y a quien debemos amar por encima de todo amor humano. Y el segundo mandamiento del Dec\u00e1logo es respetar por &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/amor-a-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAMOR A DIOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-9695","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9695","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9695"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9695\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9695"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9695"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9695"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}