{"id":9776,"date":"2016-02-05T07:07:54","date_gmt":"2016-02-05T12:07:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/animacion\/"},"modified":"2016-02-05T07:07:54","modified_gmt":"2016-02-05T12:07:54","slug":"animacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/animacion\/","title":{"rendered":"ANIMACION"},"content":{"rendered":"<p>[114]<\/p>\n<p>     Formas y t\u00e9cnicas de alentar a las personas en el terreno personal y en los campos \u00e9ticos y espirituales. El objetivo es \u00abdar \u00e1nimos\u00bb, alientos y ayudas. Las formas son muy variables seg\u00fan los \u00e1mbitos, las edades, las circunstancias  y los objetivos que se persiguen.<\/p>\n<p>   Especial atenci\u00f3n merecen determinados tipos de animaci\u00f3n: misionera,  vocacional, de grupos apost\u00f3licos, de actividades espec\u00ed\u00adficas como la catequ\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: 1. Situaci\u00f3n lit\u00fargico-celebrativa actual &#8211; II. Naturaleza, necesidad, fundamento de la animaci\u00f3n lit\u00fargica: 1. Significado del t\u00e9rmino \u00abanimaci\u00f3n\u00bb y su naturaleza; 2. Fundamento: a) La liturgia es acci\u00f3n, b) La liturgia es acci\u00f3n simb\u00f3lica, e) La liturgia es acci\u00f3n comunitaria &#8211; III. El servicio de la animaci\u00f3n: sujetos, caracter\u00ed\u00adsticas, modalidades: 1. Lecci\u00f3n de la historia; 2. Diversos niveles de responsabilidad en la animaci\u00f3n lit\u00fargica: a) Antes de la celebraci\u00f3n, b) Durante la celebraci\u00f3n, c) Rol de quien preside; 3. El \u00abgrupo\u00bb de animaci\u00f3n y su preparaci\u00f3n; 4. Disposiciones y actitudes necesarias en todo animador lit\u00fargico.<\/p>\n<p>1. Situaci\u00f3n lit\u00fargico-celebrativa actual<br \/>\nEl problema de la animaci\u00f3n lit\u00fargica se ha venido planteando con insistencia en la pastoral de hoy, como consecuencia de la publicaci\u00f3n de los nuevos  ->libros lit\u00fargicos, con el compromiso de participaci\u00f3n que ellos encierran y reclaman. Sorprendentemente, la animaci\u00f3n, por m\u00e1s que est\u00e9 estrechamente relacionada con la naturaleza misma de la liturgia -como veremos-, no entra en absoluto en su definici\u00f3n. En los manuales y rituales oficiales no se habla de ella, al menos directamente; sin embargo, est\u00e1 claro que el \u00e9xito de las  ->celebraciones depende en gran parte de c\u00f3mo se animen, de la misma manera que el inter\u00e9s de los fieles y la calidad de su  ->participaci\u00f3n no dejan de estar fuertemente condicionados por una buena animaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los antiguos libros lit\u00fargicos, publicados despu\u00e9s del concilio tridentino, por razones obvias de car\u00e1cter teol\u00f3gico y pastoral no se ocupaban, en el minucioso conjunto de r\u00fabricas que encabezaban los diversos ritos o se intercalaban en el cuerpo de los mismos, ni de la presencia ni de la participaci\u00f3n delos fieles, que asist\u00ed\u00adan generalmente como espectadores mudos y extra\u00f1os, y mucho menos se ocupaban de los presupuestos culturales y de las implicaciones antropol\u00f3gicas de la acci\u00f3n ritual. Ello se deb\u00ed\u00ada a que la preocupaci\u00f3n fundamental del legislador era inculcar a los ministros, y especialmente al sacerdote celebrante, una acci\u00f3n lit\u00fargica digna, atenta y devota. La misma celebraci\u00f3n significaba, pr\u00e1cticamente, leer los textos oficiales y cumplir con escrupulosa exactitud y, por consiguiente, con rigurosa uniformidad los ritos prescritos y establecidos con todo detalle por las r\u00fabricas.<\/p>\n<p>En cambio, los nuevos libros lit\u00fargicos, publicados a tenor de los decretos del Vat. II, constituyen, aun desde este particular punto de vista, una verdadera revoluci\u00f3n. En primer lugar, por el hecho de que centran su atenci\u00f3n en la  ->asamblea lit\u00fargica, que es a la vez la protagonista y la destinataria de la acci\u00f3n sagrada&#8217;. En efecto, sus Introducciones, as\u00ed\u00ad como las indicaciones que van apareciendo a lo largo de la celebraci\u00f3n, ofrecen sugerencias y normas sobre la reuni\u00f3n de los fieles, sobre las actitudes externas o internas que \u00e9stos deb\u00ed\u00adan adoptar en cada caso, sobre los  ->gestos y movimientos que todos deb\u00ed\u00adan realizar, sobre la forma en que ten\u00ed\u00adan que leerse los diversos textos, etc.&#8217; En segundo lugar, destacan y revalorizan el rol de. los diversos ministros&#8217;, sobre todo el de quien preside, sugiriendo en ocasiones una praxis m\u00e1s persuasiva bajo el aspecto humano y pastoral (por ejemplo, cuando se habla de la acogida a los padres en el bautismo de los ni\u00f1os o a los esposos en la celebraci\u00f3n del matrimonio; de la atenci\u00f3n que se ha de tener para con quienes no son o sonescasamente creyentes y que, sin embargo, intervienen en una celebraci\u00f3n sacramental), o estableciendo los criterios que han de seguirse en las opciones que tengan que hacerse, de suerte que los diversos elementos que &#8216;integran el acto ritual est\u00e9n en mayor consonancia con la naturaleza y las capacidades de las distintas asambleas, en orden a una participaci\u00f3n plena, consciente y activa de los fieles.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad es como una atenta e inteligente utilizaci\u00f3n de las nuevas formas cultuales, por parte de cuantos han tratado de descubrir y vivir su esp\u00ed\u00adritu genuino, est\u00e1 haciendo brotar un cambio gradual de r\u00e9gimen.&#8217; del denominado r\u00e9gimen ritualista se est\u00e1 pasando a otro m\u00e1s atento a la experiencia religiosa. Es decir, van cambiando los puntos de referencia de una aut\u00e9ntica celebraci\u00f3n y el criterio valorativo &#8216;de su \u00e9xito o, mejor, de su eficacia pedag\u00f3gico-pastoral. M\u00e1s que el elemento espectacular, o la uniformidad r\u00ed\u00adgida de la acci\u00f3n ritual, o la simple realizaci\u00f3n oficial de las palabras o los gestos, lo que se busca es la implicaci\u00f3n personal de los distintos miembros de la asamblea, as\u00ed\u00ad como el valor efectivo de los signos rituales.<\/p>\n<p>La misma sensibilidad de los participantes en la acci\u00f3n lit\u00fargica se .va afinando cada vez m\u00e1s en relaci\u00f3n con toda esta problem\u00e1tica. Los fieles, en n\u00famero creciente, saben ya distinguir una celebraci\u00f3n que sea una pura ejecuci\u00f3n ritual de otra que est\u00e9 bien animada y que les impliqu\u00e9 personalmente; l\u00f3gicamente, eligen \u00e9sta y no aqu\u00e9lla, participando con inter\u00e9s en una, mientras que se aburren en la otra, hasta el punto de terminar abandon\u00e1ndola. Sin embargo, no pocos celebrantes mantienen a\u00fan la antigua mentalidad ritualista con que se les educ\u00f3; por ello, se tiene la impresi\u00f3n, confirmada por rigurosas encuestas&#8217;, de que se desconocen o, por lo menos, no se ha prestado atenci\u00f3n a las indicaciones dadas para facilitar y hacer m\u00e1s viva la participaci\u00f3n de los fieles, as\u00ed\u00ad como el compromiso ministerial de servicio y animaci\u00f3n de la asamblea.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, en muchas de nuestras liturgias quien preside es todav\u00ed\u00ada el factotum; suelen faltar los necesarios colaboradores en la celebraci\u00f3n o no est\u00e1n t\u00e9cnicamente a la altura de su tarea; no existen para nada roles no formalizados, sencillos pero indispensables, como, por ejemplo, el de personas que acojan y acomoden a los participantes. A su vez, en muchas asambleas falta el toque unificador de la direcci\u00f3n, que no es ya el del ceremoniero -el garante de la fidelidad a las r\u00fabricas, el que sugiere a los ministros lo que han de hacer , sino el unificador de quien preside y que es fruto de una sabia concordancia de todos en torno al acontecimiento y al misterio que se est\u00e1 celebrando, con las modalidades concretas de su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, animar una celebraci\u00f3n se ha convertido en una tarea dif\u00ed\u00adcil y compleja. Est\u00e1 estrechamente ligada a otras m\u00faltiples cuestiones que hoy se le plantean a la pastoral lit\u00fargica: una participaci\u00f3n \u00abplena, consciente y activa\u00bb de los fieles (SC 14); el servicio que los distintos ministros est\u00e1n llamados a desempe\u00f1ar; el significado y el alcance de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, as\u00ed\u00ad como la verdad y la ejecuci\u00f3n de las palabras-gestos que convierten en ritual el acto.<\/p>\n<p>Se trata, con todo, de una tarea indispensable para conseguir una liturgia viva realizada por hombres vivos.<\/p>\n<p>II. Naturaleza, necesidad y fundamento de la acci\u00f3n lit\u00fargica<br \/>\n1. SIGNIFICADO DEL TERMINO \u00abANIMACI\u00ed\u201cN\u00bb Y SU NATURALEZA. En nuestras lenguas usuales, son m\u00faltiples los significados del verbo animar, que significa dar alma, dar expresi\u00f3n, dar movimiento, dar vitalidad, comunicar aliento vital tanto a acciones que se realizan como a personas que se encuentran en determinadas situaciones&#8217;. Dentro de la liturgia, esta vida y vitalidad son ante todo las de la asamblea congregada para celebrar el culto en esp\u00ed\u00adritu y en verdad del NT. Peque\u00f1a o grande, homog\u00e9nea (compuesta, por ejemplo, de muchachos [->Ni\u00f1os] o de  ->j\u00f3venes) o diferenciada, regular o circunstancial, toda asamblea tiene un alma que es menester descubrir, hacer aflorar y vibrar, unificar en sus actitudes y movimientos. No se trata tanto de dar un alma a la asamblea cuanto de posibilitar que su va latente e inconsciente vitalidad se exprese efectivamente, valorando todas sus virtualidades y recursos. Lo cual ser\u00e1 posible en la medida en que algunos -precisamente los animadores- se pongan al frente de los dem\u00e1s y se presten a ser su gu\u00ed\u00ada y sus servidores, de suerte que todos entren en acci\u00f3n y movimiento.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n, adem\u00e1s, es un conjunto ritual formado por palabras-gestos. Tambi\u00e9n \u00e9stos tienen un alma, es decir, un significado que habr\u00e1 que descubrir y poner de relieve; adquieren, pues, una connotaci\u00f3n e importancia espec\u00ed\u00adficas dentro del dinamismo del acto ritual. Tambi\u00e9n bajo este aspecto est\u00e1 confiada su animaci\u00f3n a cuantos pronuncian las palabras o realizan los gestos y est\u00e1n al servicio de la asamblea.<\/p>\n<p>2. FUNDAMENTO. Seg\u00fan se desprende de la descripci\u00f3n que nos da de la liturgia la constituci\u00f3n SC 7, y sobre todo de una reflexi\u00f3n sobre el significado etimol\u00f3gico del t\u00e9rmino leitourghia, tres son las realidades que integran su tratamiento: el ser la liturgia una acci\u00f3n; una acci\u00f3n dotada, adem\u00e1s, de peculiares caracter\u00ed\u00adsticas y modalidades (acci\u00f3n simb\u00f3lico-ritual); una acci\u00f3n, en fin, que implica al pueblo, es decir, a la asamblea lit\u00fargica ya como destinataria (acci\u00f3n para el pueblo), ya como protagonista (acci\u00f3n del pueblo), seg\u00fan que se ponga de relieve en ella el sujeto invisible, mas siempre realmente presente y operante (Cristo resucitado), o el visible (la asamblea). Tanto si se considera la liturgia en cuanto acci\u00f3n como si se subraya su connatural dimensi\u00f3n popular, advertimos que la animaci\u00f3n es su elemento cualificante y que, como tal, debe entrar en su misma definici\u00f3n. La necesidad de la animaci\u00f3n lit\u00fargica se apoya, pues, en un triple fundamento.<\/p>\n<p>1. Ante todo, en el hecho de que la liturgia es acci\u00f3n. En efecto, como  ->historia de la salvaci\u00f3n en acto en el hoy de la iglesia, la liturgia no es simple conocimiento o una idea, sino un drama; implica un movimiento, es decir, posee un dinamismo regido y guiado por unas leyes intr\u00ed\u00adnsecas, que reflejan en el acto ritual, especialmente en el sacramental, la pedagog\u00ed\u00ada aplicada por Dios en la historia para invitar y admitir a los hombres a la comuni\u00f3n con \u00e9l, a fin de hacer de todos los hombres, alrededor de Cristo Se\u00f1or, una comunidad de hermanos.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n, pues, no es un simple conjunto de palabras-gestos yuxtapuestos o unidos de forma extr\u00ed\u00adnseca y artificial, ni una sucesi\u00f3n ins\u00ed\u00adpida de elementos distintos,sino un gran movimiento que se desarrolla, se extiende, culmina y se concluye, igual que la historia salv\u00ed\u00adfica de la alianza entre Dios y el pueblo, de la que es realizaci\u00f3n en el tiempo. Los elementos que la integran y se van sucediendo se organizan, pues, y se concatenan para constituir el gran ritmo, animado por un h\u00e1lito y vitalidad interiores.<\/p>\n<p>Esta concatenaci\u00f3n se realiza en torno a tres ejes, que son otras tantas dimensiones o, mejor, fases sucesivas de la acci\u00f3n lit\u00fargico-sacramental. Se captan ya en la celebraci\u00f3n de la primera alianza entre Dios y los salvados establecida al pie del monte Sina\u00ed\u00ad (cf Exo 24:4ss); reaparecen cada vez que el pueblo la renueva, en circunstancias cruciales de su historia; se definen de modo m\u00e1s completo y preciso en la celebraci\u00f3n de la nueva y eterna alianza sellada por Cristo con su sangre, con su sacrificio pascual. Dichos ejes son:<br \/>\n\u2020\u00a2 La convocaci\u00f3n de los creyentes en torno al Resucitado. Congregarse, en la fe, para celebrar el culto del Se\u00f1or es un acto rico de significados y de compromiso. Distintos o separados, los cristianos est\u00e1n invitados a reconocerse unidos por una misma fe en un mismo Esp\u00ed\u00adritu. Su reuni\u00f3n, adem\u00e1s, est\u00e1 destinada a manifestar y proclamar, como acto prof\u00e9tico, la palabra de Pablo: \u00abAs\u00ed\u00ad, muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, y miembros todos los unos de los otros\u00bb (Rom 12:5).<\/p>\n<p>Los ritos introductorios de la misa, como los de toda celebraci\u00f3n lit\u00fargica y sacramental (la acogida de los participantes, el canto, el saludo del celebrante con la oraci\u00f3n siguiente, el eventual acto penitencial), son todos ellos elementos destinados a fomentar y expresar esta unanimidad y, por consiguiente, a introducir din\u00e1micamente la celebraci\u00f3n&#8217;. Los animadores deben tener en cuenta todo esto, valorando adecuadamente, seg\u00fan las circunstancias, uno u otro elemento y sobre todo armoniz\u00e1ndolos entre s\u00ed\u00ad, con lo que vendr\u00e1 toda la celebraci\u00f3n a beneficiarse de tal preparaci\u00f3n; de lo contrario, adolecer\u00e1 de pesadez y del hast\u00ed\u00ado de una marcha lenta y penosa.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 El di\u00e1logo salv\u00ed\u00adfico en torno a la palabra de Dios. Despu\u00e9s del am\u00e9n de la oraci\u00f3n, la asamblea se sienta. No es una pausa o interrupci\u00f3n, sino un acto preparatorio de la liturgia de la palabra. \u00abEn efecto, en la liturgia Dios habla a su pueblo; Cristo sigue anunciando el evangelio. Y el pueblo responde a Dios con el canto y la oraci\u00f3n\u00bb (SC 33).<\/p>\n<p>La liturgia de la Palabra est\u00e1 organizada de tal modo que la asamblea tome conciencia de ser. el pueblo de la alianza (progresi\u00f3n del AT al NT), llamado a acoger la palabra como palabra de Dios y a darle hoy su respuesta (salmo, aclamaciones, profesi\u00f3n de fe, oraci\u00f3n universal). En este largo di\u00e1logo la  ->homil\u00ed\u00ada constituye el momento fuerte de la actualizaci\u00f3n e interiorizaci\u00f3n del &#8216;mensaje; la  ->profesi\u00f3n de fe, el de la respuesta de adhesi\u00f3n y obediencia; y la oraci\u00f3n universal, el de la invocaci\u00f3n y de la s\u00faplica.<\/p>\n<p>A diferencia de los ritos introductorios, el tiempo de la palabra es tiempo de escucha, meditaci\u00f3n y contemplaci\u00f3n. Propicia la respuesta de la asambles, que deber\u00e1 ser de gozo, de adhesi\u00f3n, de oraci\u00f3n. Tan importante es la palabra de Dios en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica [->Biblia y liturgia, celebraciones de la palabra], que constituye una de sus principales articulaciones. Despu\u00e9s del Vat. II, no hay acto lit\u00fargico que no la tenga en cuenta o no la recomiende. Lo cual significa, desde el punto de vista de la animaci\u00f3n, que, adem\u00e1s de una buena presentaci\u00f3n que actualice la palabra de Dios, se deber\u00e1 hacer de ella uno de los elementos centrales de la celebraci\u00f3n. As\u00ed\u00ad que, a partir de la didascal\u00ed\u00ada que viene prevista al comienzo de la misa, ser\u00e1 conveniente evocar la palabra del d\u00ed\u00ada, pues es precisamente esa palabra la que indica el aspecto del misterio de la salvaci\u00f3n que hoy se celebra. Las intenciones de la oraci\u00f3n universal deber\u00e1n igualmente tenerla en cuenta; la misma plegaria eucar\u00ed\u00adstica podr\u00ed\u00ada vitalizarse y actualizarse con una alusi\u00f3n a la palabra de Dios en forma de monici\u00f3n. D\u00ed\u00adgase lo propio para la introducci\u00f3n al Padrenuestro.<\/p>\n<p>No obstante, se procurar\u00e1 evitar siempre el verbalismo, sin multiplicar las ideas ni prolongar demasiado este momento, a fin de no alterar las justas proporciones entre las distintas partes de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 El tercer eje de la celebraci\u00f3n est\u00e1 constituido por los signos con que se sella la alianza. Para comprender su sentido y su valor conviene meditar el episodio de los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas (cf.Le 24,13ss). En su camino se encuentran con un desconocido; dialogan con \u00e9l y entre s\u00ed\u00ad, girando el di\u00e1logo en torno a la palabra de Dios, a cuya luz llegan a comprender su propia implicaci\u00f3n en la alianza con Dios, cerrada en Cristo muerto y resucitado. Pero su camino desemboca en la fracci\u00f3n del pan. Desde la fe, reconocen en este signo al Cristo resucitado, se llenan de gozo y se convierten en sus testigos y anunciadores.<\/p>\n<p>Sellar la alianza con Dios mediante los signos es un aspecto espec\u00ed\u00adfico e importante de nuestras celebraciones; \u00e9stas no son una puesta de ideas en com\u00fan, sino una inserci\u00f3n real, aunque sacramental, en el misterio de Cristo.<\/p>\n<p>En la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada el signo con que se sanciona la alianza es la sangre de Cristo hecho presente en el gesto ritual de un banquete fraterno. La iglesia renueva en \u00e9l la cena del Se\u00f1or y actualiza su sacrificio pascual, en el que Jes\u00fas, tomando el pan y dando gracias, lo parti\u00f3 y lo distribuy\u00f3&#8230; (cf Mat 26:21s; Mar 14:22ss; Luc 22:15ss; 1Co 11:23ss). \u00abDe ah\u00ed\u00ad que la iglesia haya ordenado toda la celebraci\u00f3n de la liturgia eucar\u00ed\u00adstica seg\u00fan estas mismas partes, que responden a las palabras y gestos de Cristo. En efecto: en la preparaci\u00f3n de las ofrendas se llevan al altar el pan y el vino con el agua; es decir, los mismos elementos que Cristo tom\u00f3 en sus manos. En la plegaria eucar\u00ed\u00adstica se dan gracias a Dios por toda la obra de la salvaci\u00f3n y las ofrendas se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo. Por la fracci\u00f3n de un solo pan se manifiesta la unidad de los fieles, y por la comuni\u00f3n los mismos fieles reciben el cuerpo y la sangre del Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Hay en esta articulaci\u00f3n de partes un movimiento que es necesario descubrir e iluminar, con un respeto total al significado y&#8217; valor de cada una.<\/p>\n<p>Los ritos de presentaci\u00f3n de los dones constituyen un momento preliminar, casi de paso y, en todo caso, funcional: se recogen las ofrendas y se preparan los dones'\u00bb; por consiguiente, no debe prolongarse indebidamente este momento. La celebraci\u00f3n se convierte luego en acci\u00f3n de gracias con la plegaria eucar\u00ed\u00adstica, que posee por s\u00ed\u00ad sola un gran ritmo, una granresonancia interior que, desde el di\u00e1logo inicial hasta el am\u00e9n final, conduce a la asamblea presidida por el sacerdote a dar gracias, a hacer memoria y, por tanto, a actualizar el sacrificio pascual de Cristo, ofreci\u00e9ndolo al Padre en el Esp\u00ed\u00adritu e invocando su poder para la salvaci\u00f3n de todo el mundo \u00ab. La plegaria eucar\u00ed\u00adstica, que es funci\u00f3n propia y exclusiva del sacerdote, constituye a la vez el centro y n\u00facleo de toda la celebraci\u00f3n. Para que ella sea verdaderamente tal, es menester un esfuerzo especial para actualizarla. Se lograr\u00e1 plenamente cuando aparezca no como un gran texto en medio del cual se hace algo, sino como una gran acci\u00f3n en la que se expresa un texto. Hay varios elementos que le permitir\u00e1n desempe\u00f1ar su propio rol en el gran movimiento de la eucarist\u00ed\u00ada: la belleza de los objetos, la simplicidad y la decoraci\u00f3n sobria del altar, los gestos sencillos pero expresivos y una pronunciaci\u00f3n perfecta (articulaci\u00f3n impecable, voz alta, tono grave con un ligero lirismo, pero sin \u00e9nfasis), ritmo sosegado con sus adecuadas respiraciones; conocimiento perfecto de las aclamaciones por parte de la asamblea, a fin de iniciarlas con decisi\u00f3n y sin titubeos.<\/p>\n<p>La plegaria eucar\u00ed\u00adstica se concluye con los ritos de la comuni\u00f3n, por la que la eucarist\u00ed\u00ada contin\u00faa siendo para nosotros, seg\u00fan la voluntad del Se\u00f1or, banquete pascual o cena del Se\u00f1or\u00bb. La densidad de este momento es fruto de lo que se ha celebrado y del car\u00e1cter sereno, atrayente y recogido de los ritos de la comuni\u00f3n.<br \/>\nLa conclusi\u00f3n, breve y gozosa -que comprende los avisos, la monici\u00f3n conclusiva y la despedida-, en lugar de ser una terminaci\u00f3n, pide su desarrollo en la vida \u00ab. Como acci\u00f3n ritual concreta, la celebraci\u00f3n tiene su t\u00e9rmino; sin embargo, se convierte en algo aut\u00e9ntico cuando lleva a los participantes a abrirse al di\u00e1logo mutuo y al  ->compromiso de vida.<\/p>\n<p>Cada parte de la celebraci\u00f3n, pues, debe realizarse de tal modo que se constituya en apoyo din\u00e1mico para el momento subsiguiente, a fin de lograrse que la acci\u00f3n global progrese y se desarrolle toda ella sobre la base de los distintos ritmos y acentos que posee. Podemos aclararlo con una analog\u00ed\u00ada: un drama no es una simple serie de secuencias o de cuadros, sino un conjunto organizado y concatenado y con un determinado ritmo; as\u00ed\u00ad es tambi\u00e9n la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. La misma  ->catequesis deber\u00e1 tenerlo en cuenta. En nuestra \u00e9poca, en la que el influjo de los medios de comunicaci\u00f3n social [ ->mass media] es tan importante, urge m\u00e1s que nunca la coherencia arm\u00f3nica de movimiento en nuestras celebraciones.<\/p>\n<p>2. La necesidad de la animaci\u00f3n se basa, en segundo lugar, en el hecho de ser la celebraci\u00f3n lit\u00fargica una acci\u00f3n simb\u00f3lica [ ->Signo\/s\u00ed\u00admbolo]. En efecto, se trata de una acci\u00f3n ritual que se traduce en actitudes, gestos y palabras; es un conjunto de signos a trav\u00e9s de los cuales el Dios invisible se manifiesta y comunica su vida por medio de Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu y contin\u00faa as\u00ed\u00ad realizando su proyecto de amor para implantar o reavivar la nueva y eterna alianza. \u00abEn efecto, de acuerdo con el plan de Dios, seg\u00fan el cual la humanidad y la bondad del Salvador se han hecho visibles al hombre, Dios quiere salvarnos y restaurar su alianza con nosotros por medio de signos visibles\u00bb&#8216;\u00c2\u00b0. Optando por la v\u00ed\u00ada sacramental, Dios se acomoda al hombre, esp\u00ed\u00adritu encarnado, quien a trav\u00e9s de los signos puede dar una respuesta defe a Dios, encontr\u00e1ndolo as\u00ed\u00ad y realizando con los hermanos una comunidad, un pueblo que lo reconozca en la verdad y le sirva fielmente.<\/p>\n<p>Todo cuanto entra en juego en la celebraci\u00f3n (la historia de la salvaci\u00f3n, la fe, la comuni\u00f3n) est\u00e1 constituido por realidades invisibles que necesitan de signos para expresarse. Tales signos (palabras, gestos, cosas estructuradas concretamente en unos  ->ritos), aunque est\u00e1n tomados del contexto humano y vinculados a una determinada cultura, no significan algo \u00fatil y menos a\u00fan utilitarista: por encima de su visibilidad, remiten al Totalmente Otro, es decir, a realidades invisibles y trascendentes; son \u00e9stas las que les confieren su sentido pleno y total. Es, pues, en la palabra de Dios y en su referencia a la historia de la antigua y de la nueva alianza donde encuentran su significado y valor.<\/p>\n<p>Todo esto nos ayuda a comprender y a valorar la importancia de los signos en la experiencia humana y cristiana. Los ritos tienen un gran relieve en la vida de cada d\u00ed\u00ada; no s\u00f3lo le permiten al hombre expresarse y comunicar sus m\u00e1s profundos sentimientos; ayudan tambi\u00e9n a un grupo humano a reconocerse y a dar un sentido a su existencia. Los cristianos somos conscientes del peso que adquieren los ritos en nuestra experiencia religiosa; en efecto, a trav\u00e9s de ellos podemos entrar en relaci\u00f3n con Dios y reconocernos miembros de una comunidad. Hay m\u00e1s a\u00fan. \u00abLa actividad ritual -escribe J. Gelineau- no pone la mira en efectos puramente mundanos (de este mundo), sino en el advenimiento del reino. As\u00ed\u00ad, en la liturgia no se come s\u00f3lo para alimentar el propio cuerpo, no se canta s\u00f3lo para hacer  ->m\u00fasica, no se habla s\u00f3lo para ense\u00f1ar y aprender, no se ora s\u00f3lo para equilibrarel propio psiquismo. La liturgia es una actividad de tipo parab\u00f3lico (que nos echa a un lado) o metaf\u00f3rico (que nos lleva a otra parte), aleg\u00f3rico (que habla de otra cosa) y simb\u00f3lico (que une y junta).<\/p>\n<p>Todo s\u00ed\u00admbolo es ambivalente: oculta y revela -comunic\u00e1ndolo-el  ->misterio de que es signo. La revelaci\u00f3n-comunicaci\u00f3n del acontecimiento divino est\u00e1 ligada a la palabra de Dios y, por ello, a la fe y a la acci\u00f3n misteriosa del Esp\u00ed\u00adritu; pero est\u00e1 confiada tambi\u00e9n a las mediaciones de la actuaci\u00f3n humana de quien pone o acoge el signo. Son tan determinantes estas mediaciones, que pueden facilitar o comprometer dicha revelaci\u00f3n-comunicaci\u00f3n, haci\u00e9ndola m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil, cuando no imposible.<\/p>\n<p>Hay todav\u00ed\u00ada algo que subrayar: no puede confinarse el simbolismo en el marco del conocimiento. La liturgia, como cualquier otra actividad simb\u00f3lica, no es \u00fanicamente no\u00e9tica, sino tambi\u00e9n pragm\u00e1tica: manifiesta y opera. Crea, pues, significados, pero tambi\u00e9n sentimientos, y por eso invita al hombre a tomar una postura. El orden del obrar es m\u00e1s importante que el del conocimiento, sobre todo en referencia a la fe.<\/p>\n<p>Estas breves advertencias sobre la naturaleza simb\u00f3lica de la liturgia tienen claras repercusiones y consecuencias en el plano de la animaci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 \u00abPuesto que la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, como toda la liturgia, se realiza por signos sensibles, con los que la fe se alimenta, se robustece y se expresa, se debe poner todo el esmero posible para que sean seleccionadas y ordenadas aquellas formas y elementos propuestos por la iglesia que, seg\u00fan las circunstancias de personas y lugares, favorezcan m\u00e1s directamente la activa yplena participaci\u00f3n de los fieles\u00bb\u00bb. Aflora aqu\u00ed\u00ad, al programar y realizar la celebraci\u00f3n, el problema de las selecciones, que han de hacerse no seg\u00fan los gustos de quien la anima, sino de manera que respondan al bien espiritual de la asamblea y con la aportaci\u00f3n de todos los interesados directamente en ello.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Todo responsable o animador lit\u00fargico debe tener constantemente presente la naturaleza, el significado y la trascendencia de la acci\u00f3n ritual, sobre todo para el descubrimiento de los apoyos simb\u00f3licos de toda celebraci\u00f3n, para una comprensi\u00f3n plena y sinf\u00f3nica de la palabra de Dios y, finalmente, para evitar el dar a los ritos lit\u00fargicos un sentido exclusivamente moral\u00ed\u00adstico o ideol\u00f3gico: error \u00e9ste en el que se suele caer, aunque sea con intenciones pastorales y catequ\u00e9ticas.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Se habla con frecuencia de s\u00ed\u00admbolos como si fuesen \u00fanicamente cosas: el pan, el agua, la luz&#8230; \u00bfC\u00f3mo evitar este modo unilateral de expresarse que se basa en el hecho de que el s\u00ed\u00admbolo contiene siempre una realidad significante? Pr\u00e9stese la debida atenci\u00f3n: el s\u00ed\u00admbolo, m\u00e1s que una cosa, es siempre una acci\u00f3n humana, una acci\u00f3n de vida. No es, pues, cambiando la cosa (por ejemplo, sustituyendo el cirio pascual por una fuente de energ\u00ed\u00ada el\u00e9ctrica) como resultar\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil el paso del signo al misterio y, por tanto, a la vital inserci\u00f3n en \u00e9l. No existen objetos en s\u00ed\u00ad mismos simb\u00f3licos. Solamente pueden llegar a ser simb\u00f3licamente activos o en un determinado contexto cultural en el que un grupo concreto los considera tales, o en una situaci\u00f3n particular en la que adquieren un sentido para el creyente. Nadie, pues, debe arrogarse el derecho a manejar los ritos a su gusto, ni a crear otros nuevos. La ->reforma lit\u00fargica ha provisto ya a su simplificaci\u00f3n, a la eliminaci\u00f3n de algunos ritos que ya no responden hoy a la naturaleza m\u00e1s \u00ed\u00adntima de la misma liturgia o que son inoportunos, as\u00ed\u00ad como a un enriquecimiento de otros o a su revitalizaci\u00f3n, pues \u00abdeben resplandecer con una noble sencillez; deben ser breves y claros, evitando las repeticiones in\u00fatiles; adaptados a la capacidad de los fieles, y, en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones\u00bb (SC 34). Aun siendo precisa una catequesis -o, mejor, una mistagogia-, los signos lo son siempre del Totalmente Otro. Si s\u00f3lo se pretendiese mantener en la liturgia palabras y gestos con un significado bien conocido, expl\u00ed\u00adcito y adquirido, toda funci\u00f3n ritual se reducir\u00ed\u00ada a cero. Los s\u00ed\u00admbolos encierran siempre para los fieles un sentido que han de descubrir, un riesgo que han de aceptar, una promesa que han de mantener, una alianza que continuamente han de restablecer. Ser\u00ed\u00ada, pues, ilusorio creer que pudiera explicarse enteramente su significado; porque no son s\u00f3lo palabras, sino una fuente inagotable de significados siempre nuevos y siempre posibles. Esta es su riqueza, como gran posibilidad que se ofrece a la fe de los creyentes en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. Ciertas celebraciones en las que prevalece como soberana la palabra del hombre son v\u00ed\u00adctimas de ese esp\u00ed\u00adritu ilusorio. Por consiguiente, quien trate de dar alma a los ritos, no debe &#8216;pretender crear un efecto significativo preciso, determinado en principio por un s\u00ed\u00admbolo concreto. Si por casualidad no se obtiene la animaci\u00f3n deseada, ello no es necesariamente culpa del rito; puede depender de otros factores personales, ambientales o del  ->grupo que celebra la acci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Aun siendo cierto todo lo dicho, pesa sobre quien se hace animador una gran exigencia: preocuparse siempre de la verdad en todo lo que se dice o se hace y en las cosas mismas que se utilizan en la celebraci\u00f3n. A la verdad va tambi\u00e9n vinculada la belleza, que no es sino el esplendor mismo de la verdad y que est\u00e1, a su vez, en estrecha conexi\u00f3n con la gloria de Dios, de la que los signos lit\u00fargicos deben ser un reflejo y una epifan\u00ed\u00ada. Aparece tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la estrecha relaci\u00f3n existente entre  ->arte y liturgia: arte no s\u00f3lo en los elementos materiales que componen el acto lit\u00fargico, sino tambi\u00e9n en el decir mismo y en el hacer. Quien dirige las funciones rituales y quien, en general, es responsable de la acci\u00f3n sagrada no puede dejar de tenerlo en cuenta. Tampoco esta exigencia es de f\u00e1cil actuaci\u00f3n, dadas la educaci\u00f3n ritualista y las estructuras rituales del pasado, que hab\u00ed\u00adan llevado a no pocos celebrantes a \u00abactuar como si&#8230;\u00bb, incluso sin ser conscientes de ello: se hablaba y (casi) nadie escuchaba; se le\u00ed\u00ada en alta voz, mas pocos entend\u00ed\u00adan; se exhortaba, pero nadie se entusiasmaba; hasta se presid\u00ed\u00ada de espaldas.<\/p>\n<p>El remedio ha sido restituir lo m\u00e1s posible verdad y belleza a palabras, gestos y cosas. La ley de la verdad de las cosas es una de las que han guiado la reforma posconciliar: pensemos, por ejemplo, en las nuevas disposiciones relativas al pan eucar\u00ed\u00adstico para que aparezca como verdadera comida &#8216;8, en la posibilidad de la inmersi\u00f3n en la celebraci\u00f3n del  ->bautismo 19, en los diversos gestos de toda celebraci\u00f3n (saludos y di\u00e1logos, aclamaciones, movimientos procesionales, rito de la paz&#8230;), en los distintos elementos del edificio [ ->Arquitectura], en los vasos y ornamentos para la acci\u00f3n lit\u00fargica\u00bb [-> Objetos lit\u00fargicos\/vestiduras], etc.<\/p>\n<p>Pero lo que hace verdadera, viva y bella a la liturgia no son tanto las estructuras y los elementos que la constituyen, sino sobre todo el estilo, la manera de comportarse, el aliento interior que el celebrante consigue despertar en nosotros [ ->Estilos celebrativos]. Es el problema de la ->creatividad interior, la m\u00e1s sencilla pero muchas veces la m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil de conseguir, porque exige un coraz\u00f3n inflamado por la caridad y vivificado por la fe. Tan verdad es esto, que con un mismo e id\u00e9ntico programa ritual se puede llegar a resultados bien diferentes. En efecto, dicho programa es comparable a una partitura musical, la cual exige ser interpretada por el director y por los miembros de la orquesta; s\u00f3lo entonces pueden obtenerse los resultados apetecidos.<\/p>\n<p>El rito, pues, no funciona autom\u00e1ticamente. Si as\u00ed\u00ad fuese, estar\u00ed\u00adamos cayendo en la magia; pero es que el animador no es un mago. El rito pide ser personalizado, y ello supone la sensibilidad-capacidad para captar con fe su mensaje y adaptarlo a la asamblea.<\/p>\n<p>3. La animaci\u00f3n lit\u00fargica, finalmente, se funda en un tercer hecho: la liturgia es acci\u00f3n comunitaria, que exige, como tal, la participaci\u00f3n de todo el hombre y de toda la asamblea. \u00abLas acciones lit\u00fargicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la iglesia, que es sacramento de unidad, es decir, pueblo santo congregado y ordenado bajo la direcci\u00f3n de los obipos\u00bb (SC 26). Implican, pues, a todo el cuerpo eclesial y exigen la participaci\u00f3n plena de cada uno. Por consiguiente, deben reflejar el rostro arm\u00f3nico y total de la comunidad y manifestar la diversidad de miembros y funciones de todo elpueblo de Dios. Dentro de esta perspectiva se captan plenamente la naturaleza, las caracter\u00ed\u00adsticas, las finalidades y hasta los l\u00ed\u00admites de la  ->participaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n, que todo animador no s\u00f3lo debe realizar, sino t\u00e1mbi\u00e9n promover, mantener y orientar en una direcci\u00f3n adecuada, etc.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 La participaci\u00f3n que, la renovaci\u00f3n lit\u00fargica desea e inculca no debe ser s\u00f3lo activa; debe ser tambi\u00e9n consciente, interior y plena (SC 14). El objetivo del animador no puede limitarse s\u00f3lo a que los fieles act\u00faen, es decir, cumplan los gestos y movimientos o pronuncien las palabras. Ello constituir\u00ed\u00ada una simple forma de activismo religioso. Por el contrario, lo que el animador deber\u00e1 buscar es que cuanto se dice o se hace dentro de la liturgia se cumpla conscientemente (de ah\u00ed\u00ad la necesidad de la mistagogia), con convicci\u00f3n interior y con recta disposici\u00f3n de esp\u00ed\u00adritu, de suerte que los fieles \u00abpongan su alma en consonancia con su voz y colaboren con la gracia divina, para no recibirla en vano\u00bb (SC 11); tendr\u00e1 que tratar de promover una participaci\u00f3n ferviente de fe, de esperanza y de caridad, es decir, que lleve a los participantes a profesar la propia fe con los signos lit\u00fargicos, as\u00ed\u00ad como a descubrir en ellos las motivaciones de la propia esperanza y a actuar a trav\u00e9s de los mismos las exigencias de la caridad y del servicio a los hermanos. En una palabra, el animador ha de ayudar a los fieles a insertarse en el misterio de Cristo que celebra la liturgia, a participar en su obediencia sacrificial, a vivir el  ->sacerdocio del que participan mediante los  ->sacramentos de la  ->iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>La inserci\u00f3n del fiel en el misterio que se celebra debe ser total. Se lo exigen la naturaleza de la liturgia -que es acci\u00f3n- y hasta la naturaleza misma del hombre, que es esp\u00ed\u00adritu encarnado. \u00abLa experiencia lit\u00fargica&#8230; afecta de manera singular a todo el hombre\u00bb27, es decir, implica a todas sus facultades, a su corporeidad y, por tanto, a sus actitudes interiores y exteriores. De ah\u00ed\u00ad los grandes deberes de los animadores: valorizar la aportaci\u00f3n que puede ofrecer el cuerpo al momento cultual, no como gimnasia gratuita e impuesta desde fuera, sino como signo destinado a expresar y favorecer los sentimientos de gozo, de gratitud, de adoraci\u00f3n, de compunci\u00f3n y de escucha; manifestar visiblemente la salvaci\u00f3n global (alma y cuerpo) que se le ha dado al hombre en Cristo Jes\u00fas; y, finalmente, fomentar el sentido de la comuni\u00f3n y de la unidad de la asamblea.<\/p>\n<p>Otra de las atenciones de los animadores ha de ser la promoci\u00f3n y valorizaci\u00f3n del  ->silencio en la celebraci\u00f3n; silencio que favorece la escucha y la contemplaci\u00f3n y que, por consiguiente, ha de considerarse y vivirse como parte integrante de la acci\u00f3n y no como simple momento de espera y de paso entre un rito y otro.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 La dimensi\u00f3n comunitaria y la estructura jer\u00e1rquica de la acci\u00f3n lit\u00fargica no pueden reafirmarse como un dato puramente teol\u00f3gico: deben hacerse concretas y visibles en el plano celebrativo. Ante todo, es necesario que toda la celebraci\u00f3n se desarrolle en su contexto natural, es decir, el de la asamblea lit\u00fargica; teniendo presente que, cuando a la celebraci\u00f3n le falta dicho contexto, queda privada no de un elemento accesorio, sino de un signo fundamental, dentro del cual adquieren su pleno sentido los dem\u00e1s signos. He aqu\u00ed\u00ad por qu\u00e9 laconstituci\u00f3n lit\u00fargica recuerda que \u00absiempre que los ritos&#8230; admitan una celebraci\u00f3n comunitaria, con asistencia y participaci\u00f3n activa de los fieles, se inculque que hay que preferirla&#8230; a una celebraci\u00f3n individual\u00bb (SC 27) [ ->Concelebraci\u00f3n]. No obstante los pasos que se han dado, queda todav\u00ed\u00ada mucho camino por andar en esta direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Siendo la celebraci\u00f3n un acto de la iglesia, comunidad ministerial en su conjunto, se impone en ella una adecuada distribuci\u00f3n de las tareas y funciones previstas para su realizaci\u00f3n. Problema \u00e9ste de no f\u00e1cil soluci\u00f3n, entre otras razones porque son a\u00fan muchos los sacerdotes con una larga costumbre de hacer de factotum en la liturgia. Entre los servicios previstos hay que recordar el de la acogida, que resulta indispensable especialmente en algunas ocasiones y en determinadas situaciones; el de la lectura-proclamaci\u00f3n de la palabra de Dios y del canto; el de la recogida de ofrendas; y, finalmente, el de la distribuci\u00f3n -aun en forma extraordinaria-de la comuni\u00f3n. Se trata de servicios o ministerios alentados por la misma legislaci\u00f3n lit\u00fargica actual. Baste pensar cu\u00e1n significativa novedad representa el cap\u00ed\u00adtulo \u00abMinisterios y servicios\u00bb que se encuentra en las Introducciones de los nuevos libros lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>Quien tiene en la comunidad, particularmente en la celebraci\u00f3n, la funci\u00f3n principal de la animaci\u00f3n, es decir, el presb\u00ed\u00adtero, deber\u00e1 esmerarse en descubrir los carismas de los miembros de la asamblea, ayud\u00e1ndoles a expresarse, movido por una doble preocupaci\u00f3n: que los servicios lit\u00fargicos no sean funciones puramente rituales, sino \u00ed\u00adndices de un servicio a los hermanos, que se extiende incluso al antes y al despu\u00e9s de la funci\u00f3n; que se salve siempre la distinci\u00f3n de losdiversos cometidos sin indebidas ingerencias o peligrosas confusiones (cf SC 28); y, finalmente, que se garantice a los ministros una adecuada formaci\u00f3n b\u00ed\u00adblico-lit\u00fargica, espiritual y t\u00e9cnica.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Queda un \u00faltimo punto que subrayar. La participaci\u00f3n de los fieles y su afectiva co-implicaci\u00f3n en la acci\u00f3n lit\u00fargica pueden verse condicionadas, cuando no comprometidas, por una serie de diversos factores. Convendr\u00e1 tenerlos en cuenta para eliminarlos o al menos neutralizarlos, en la medida de lo posible. Podr\u00ed\u00ada tratarse de factores inmediatos y locales; por ejemplo, una disposici\u00f3n poco favorable de la asamblea en relaci\u00f3n con el lugar de la celebraci\u00f3n, inadecuado para estar y actuar juntos; o un deficiente dispositivo ac\u00fastico; o un ritmo excesivamente lento o, por el contrario, muy acelerado del rito; un horario intempestivo, etc. Podr\u00ed\u00ada tratarse incluso de factores m\u00e1s hondos, ya de car\u00e1cter personal, ya de \u00ed\u00adndole cultural, cuyas causas es m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil descubrir y, por tanto, eliminar.<\/p>\n<p>Se deber\u00e1, por consiguiente, recortar el maximalismo ingenuo de quien apunta a una participaci\u00f3n a toda costa, sin preocuparse demasiado de lo que puede significar concretamente para los presentes. La animaci\u00f3n deber\u00e1 respetar m\u00e1s y mejor el juego de las libertades personales, sin apoyarse s\u00f3lo en la experiencia afectiva y comunional o en la atm\u00f3sfera de.entusiasmo, para no convertir el rito en un medio de presi\u00f3n, aunque sea religioso. Deber\u00e1 tenerse en cuenta tambi\u00e9n la cultura de las diversas asambleas, es decir, el conjunto de valores y modalidades expresivas propios de todo grupo de personas. La liturgia, afirma el decreto Ad gentes 19, es la celebraci\u00f3n de la fe de unpueblo; para que sea aut\u00e9ntica, es necesario que se desarrolle conforme al car\u00e1cter del pueblo, pues de lo contrario se reduce f\u00e1cilmente a formalismo. De ah\u00ed\u00ad el deber de la  ->adaptaci\u00f3n, si bien dentro de unos l\u00ed\u00admites determinados y con ciertas condiciones, reconocida por los documentos conciliares y por los mismos libros lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>III. El servicio de la animaci\u00f3n: sujetos, caracter\u00ed\u00adsticas, modalidades<br \/>\nLa animaci\u00f3n es un aut\u00e9ntico ministerio lit\u00fargico. Pues quien se hace animador se pone al servicio de la asamblea para ayudarla a hacerse responsable de su oraci\u00f3n y a entrar en el movimiento de la celebraci\u00f3n. Lo cual exige no s\u00f3lo un carisma del Esp\u00ed\u00adritu, sino tambi\u00e9n unas capacidades espec\u00ed\u00adficas, incluso t\u00e9cnicas.<\/p>\n<p>1. LECCI\u00ed\u201cN DE LA HISTORIA. El rol del animador puede parecer nuevo, algo as\u00ed\u00ad como una necesidad surgida de las instancias que ha venido imponiendo a la  ->pastoral lit\u00fargica la renovaci\u00f3n reciente [ ->Reforma lit\u00fargica]. Sin embargo, tiene sus ra\u00ed\u00adces remotas en la historia y en la praxis de la liturgia. Ya la conocida Apolog\u00ed\u00ada del m\u00e1rtir Justino (+ ca. 165) atribuye a quien preside una aut\u00e9ntica tarea de animaci\u00f3n, cuando habla de la exhortaci\u00f3n que \u00e9l dirige a los presentes despu\u00e9s de la lectura de los escritos prof\u00e9ticos y de las memorias de los ap\u00f3stoles, o bien cuando afirma que \u00e9l da gracias \u00abcomo mejor se le inspire\u00bb.<\/p>\n<p>Como se desprende de algunos escritos patr\u00ed\u00adsticos, confirmados por una antigua tradici\u00f3n lit\u00fargica que han mantenido sobre todo las iglesias orientales, al di\u00e1cono-como privilegiado intermediario que es entre la acci\u00f3n ritual y la asamblea- se le conf\u00ed\u00ada un verdadero servicio de animaci\u00f3n. En la Didascalia apostolorum (primera mitad del s. ni) se registra la preocupaci\u00f3n por el buen orden y por la \u00abbuena disposici\u00f3n\u00bb de los fieles. De todo ello son responsables, juntamente con el obispo, dos di\u00e1conos: uno aparece ocupado en velar por el perfecto desarrollo de la celebraci\u00f3n, con el fin de que, en la atenta escucha de la palabra de Dios y en la prosecuci\u00f3n celebrativa con el debido fervor, nadie se distraiga por culpa de alguien \u00abque charla, se duerme, se r\u00ed\u00ade o hace cualquier adem\u00e1n\u00bb; el otro, por su parte, presta su servicio a la entrada, acogiendo a cuantos llegan e indic\u00e1ndoles sus puestos respectivos\u00bb.<\/p>\n<p>La instituci\u00f3n m\u00e1s tard\u00ed\u00ada de las \u00f3rdenes menores (ostiariado, acolitado, lectorado) nace de an\u00e1logas preocupaciones.<\/p>\n<p>2. DIVERSOS NIVELES DE RESPONSABILIDAD EN LA ANIMACI\u00ed\u201cN LIT\u00daRGIC\u00ed\u0081. Desde el \u00e1ngulo de la pastoral lit\u00fargica actual conviene distinguir diversos grados y formas de asumir responsabilidades, habida cuenta no s\u00f3lo de los distintos niveles de participaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n de la estructura y del dinamismo de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Antes de la celebraci\u00f3n. Antes de pensar en las responsabilidades que asignar en la celebraci\u00f3n, es necesario prever y realizar todo aquello que la prepara o la hace posible: la preparaci\u00f3n del ambiente y la disposici\u00f3n de los distintos elementos; la indicaci\u00f3n de los subsidios; el orden de las intervenciones y de los cantos; la cordial acogida de los participantes, con atenci\u00f3n particular a los turistas\u00bb, a los ancianos v a los ni\u00f1os. Setrata de adoptar actitudes y ofrecer sugerencias \u00fatiles o necesarias, a fin de que los participantes se sientan c\u00f3modos, se encuentren en \u00f3ptimas condiciones para la celebraci\u00f3n y puedan, por tanto, vivirla fructuosamente.<\/p>\n<p>b) Durante la celebraci\u00f3n. Se procurar\u00e1 distribuir los roles previstos durante la acci\u00f3n lit\u00fargica, teniendo en cuenta no s\u00f3lo su movimiento y sus diversas partes, sino tambi\u00e9n las posibilidades-capacidades tanto de la asamblea como de los que est\u00e1n a su servicio. Unos, pues, har\u00e1n de animadores para facilitar la convocaci\u00f3n-comuni\u00f3n; otros proclamar\u00e1n la palabra y ayudar\u00e1n a los fieles a acogerla con fe y a prestarle su respuesta gozosa y orante (lectores, salmistas, cantores); otros, finalmente, .colaborar\u00e1n para que\u2020\u00a2 los signos de Cristo sellen fruct\u00ed\u00adferamente la alianza entre Dios y el pueblo (presidente de la asamblea, di\u00e1conos, ac\u00f3litos, etc.). Se presuponen, por tanto, varios tipos de animadores, que intervendr\u00e1n complementariamente e,n momentos diferentes: el lector ofrecer\u00e1 la palabra de Dios al coraz\u00f3n y esp\u00ed\u00adritu de cada uno; el cantor velar\u00e1 por la unanimidad de las voces y las dirigir\u00e1; el organista despertar\u00e1 el gozo y el recogimiento, etc. [-> Asamblea, III, 2, c-d]. Cada uno habr\u00e1 de buscar, como cumplimiento de su servicio, la manera de hacer avanzar &#8216;la celebraci\u00f3n, garantizando su ritmo, sus acentos, sus necesarias pausas o intervalos, el equilibrio entre la duraci\u00f3n de sus distintas partes, etc.<br \/>\nc) Rol de quien preside. A quien preside la celebraci\u00f3n le corresponde un puesto y un cometido particulares y espec\u00ed\u00adficos. Es tal vez el papel m\u00e1s importante y decisivo. Ante todo, porque hacesensible en medio del pueblo congregado la presencia de Cristo, cabeza del cuerpo o de la iglesia, y, en segundo lugar, porque est\u00e1 llamado a coordinar a todos los dem\u00e1s animadores y a desempe\u00f1ar el ministerio de la s\u00ed\u00adntesis. No es el amo de la celebraci\u00f3n, sino el primer servidor del pueblo. En cuanto tal, tiene un cometido m\u00faltiple y articulado,. que exige un verdadero arte: vela por el buen funcionamiento de los ritos, est\u00e1 atento al dinamismo del conjunto (a diferencia de los otros animadores, que deben preocuparse m\u00e1s bien de cada parte o de determinados aspectos); se esmera en acercar los textos y los ritos a las personas congregadas para la celebraci\u00f3n; est\u00e1 atento a que todo animador d\u00e9 lo mejor de s\u00ed\u00ad mismo en su servicio; y, finalmente, hace un poco de todo para fomentar la unidad y comuni\u00f3n entre todos los miembros de la asamblea. Estos cometidos exigen una t\u00e9cnica, que es fruto de empe\u00f1o y ejercicio, y que exige competencia, buen sentido pastoral y una preparaci\u00f3n seria.<\/p>\n<p>3. EL \u00abGRUPO\u00bb DE ANIMACI\u00ed\u201cN Y SU PREPARACI\u00ed\u201cN. Una animaci\u00f3n seria y eficaz exige un trabajo concertado y de colaboraci\u00f3n que no puede quedar a la iniciativa de cada animador. De ah\u00ed\u00ad la importancia de un grupo de .animadores, organizado y funcional, en toda comunidad. Para su formaci\u00f3n no hay receta. Deber\u00e1 brotar de las necesidades y posibilidades de cada lugar. La iniciativa podr\u00e1 partir del sacerdote, de religiosas o de seglares. Todos estos componentes del pueblo de Dios deber\u00ed\u00adan normalmente participar en la tarea. Lo que cuenta es que se muestren todos y cada uno .dispuestos a trabajar en equipo, comprometi\u00e9ndose, en particular, a reflexionar sobre la celebraci\u00f3n para hacerse intermediarios de las realizaciones de los fieles, para transmitirles el eco de la vida y las preocupaciones de la gente, as\u00ed\u00ad como para garantizar un perfecto desarrollo de la misma celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todo esto requiere una seria preparaci\u00f3n. Fundamentalmente, una preparaci\u00f3n remota, la cual implica una sensibilidad habitual frente a la historia y la vida, para saber hacer de ellas una lectura desde la fe e introducirlas en la celebraci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como una atenci\u00f3n a las distintas mentalidades y culturas y a los miembros -especialmente ocasionales- de la asamblea; pero lo que exige sobre todo es una profundizaci\u00f3n, fruto de un estudio incesante del sistema ritual, es decir, de la liturgia, de su naturaleza, de sus leyes, de sus dimensiones, de su carga teol\u00f3gica, pastoral y espiritual, y hasta del mismo sistema antropol\u00f3gico implicado en el rito. A ello pueden contribuir notablemente las ciencias humanas [->Antropolog\u00ed\u00ada; ->Psicolog\u00ed\u00ad\u00e1; ->Sociolog\u00ed\u00ada]. Se necesita tambi\u00e9n una preparaci\u00f3n pr\u00f3xima, relativa al peculiar servicio de animaci\u00f3n que se est\u00e1 llamado a prestar aqu\u00ed\u00ad y ahora, al significado que tiene, a las caracter\u00ed\u00adsticas, \u00e1mbitos, l\u00ed\u00admites, etc.<\/p>\n<p>Las modalidades concretas para garantizar la adquisici\u00f3n de tales competencias pueden ser m\u00faltiples. Garantizada siempre Ja indispensable gradualidad, la 1 formaci\u00f3n puede recibirse mediante cursos sistem\u00e1ticos, sesiones, fines de semana y subsidios adecuados.<\/p>\n<p>4. DISPOSICIONES Y ACTITUDES NECESARIAS EN TODO ANIMADOR LIT\u00daRGICO. El ejercicio del ministerio de la animaci\u00f3n exige, en quienes se ponen al servicio de la asamblea, algunas disposiciones comunes a todos ellos, las cuales representan otras tantas condiciones para el \u00e9xito en el desempe\u00f1o del propio rol. En primer lugar, es indispensable que los animadores se sit\u00faen ante la asamblea, con el servicio que le prestan, en una actitud justa. Han de conocer ante todo su cultura, sus problemas, sus esperanzas y sus posibles tensiones, as\u00ed\u00ad como sus dimensiones num\u00e9ricas y sus posibilidades concretas de expresi\u00f3n, para no exigir m\u00e1s de lo que los fieles pueden dar, para no ejercer ning\u00fan g\u00e9nero de violencia moral y, por tanto, para tenerlos en cuenta a todos y no s\u00f3lo a algunos con los que se simpatice m\u00e1s; y, sobre todo, para no separar el acontecimiento. salv\u00ed\u00adfico, que se conmemora en la celebraci\u00f3n, de su real presencialidad en la historia y en la vida de una comunidad con-creta de creyentes.<\/p>\n<p>Dentro de esta perspectiva aparecen tambi\u00e9n otras exigencias. Ante todo, no se deber\u00e1 hacer acepci\u00f3n ninguna de personas en la asamblea lit\u00fargica (cf SC 32). No se trata de disimular eventuales diferencias, sino de reconocerlos a todos como iguales ante Dios. Siendo esto v\u00e1lido para los particulares, lo es igualmente para las minor\u00ed\u00adas de \u00ed\u00adndole social, cultural y hasta ling\u00fc\u00ed\u00adstica. Existe tambi\u00e9n el deber de respetar al m\u00e1ximo los caminos de fe individuales. Todos los que forman la asamblea est\u00e1n llamados a la santidad, a la plena confesi\u00f3n de la fe, al banquete del reino. Pero todos est\u00e1n en camino: hay quienes buscan a Dios con sinceridad; quienes, aunque bautizados, son escasa-mente creyentes; quienes, finalmente, tratan de vivir comprometida-mente su comuni\u00f3n con Dios y con los hermanos. En nuestro tiempo, con su pluralismo no s\u00f3lo en la cultura, sino tambi\u00e9n en la adhesi\u00f3n a la fe y, por tanto, en la pr\u00e1ctica religiosa, los animadores deber\u00e1n estar atentos al estilo que han de adoptar y a la dosificaci\u00f3n de las formas en la acci\u00f3n ritual, para no reclamar de todos un comporta-miento uniforme y, sobre todo, para no exigir id\u00e9ntica intensidad en unas mismas opciones o actitudes. Tambi\u00e9n esto es signo de respeto.<\/p>\n<p>Los animadores, adem\u00e1s, deben tener clara conciencia, tanto en el plano te\u00f3rico como en el pr\u00e1ctico, de sus propios l\u00ed\u00admites personales, as\u00ed\u00ad como de los inherentes a la tarea que desempe\u00f1an; jam\u00e1s tengan, pues, la pretensi\u00f3n de sustituir a los dem\u00e1s y mucho menos a la asamblea. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, un cantor canta para facilitar y apoyar el canto de todos y no para ahogar-lo con su voz o para humillarlo.<\/p>\n<p>Cada animador, finalmente, deber\u00e1 estar dotado de imaginaci\u00f3n y fantas\u00ed\u00ada para comunicar viveza y variedad a la celebraci\u00f3n, para evitar un cierto mecanicismo que genere f\u00e1cilmente rutina y tedio, as\u00ed\u00ad como para no repetir en una asamblea lo que se ha visto hacer en otra, tal vez muy distinta en su composici\u00f3n y naturaleza. Estar\u00e1 siempre atento a su adhesi\u00f3n personal a todo lo que dice y realiza, para ayudar a todos a hacer lo mismo, consciente de su papel mediador, que lo mantendr\u00e1 aleja-do de un doble peligro: el de atraer m\u00e1s la atenci\u00f3n sobre su persona y sus t\u00e9cnicas expresivas que sobre Aquel de quien es signo y sobre el acontecimiento de que es instrumento; y el de realizar gestos raros, impersonales, neutros y absoluta-mente nada incisivos.<\/p>\n<p>Con estas condiciones, la acci\u00f3n lit\u00fargica se convertir\u00e1 en una verdadera profesi\u00f3n de fe actuante 3\u00c2\u00b0 y en una rica experiencia de comuni\u00f3n con Dios y con los hermanos.<\/p>\n<p>[-> Asamblea; Creatividad, VII; Formaci\u00f3n lit\u00fargica de los futuros presb\u00ed\u00adteros, IV]<br \/>\nL. Brandolini<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Borobio D., Ministerios laicales. Manual del cristiano comprometido, Madrid 1984; Participaci\u00f3n y ministerios lit\u00fargicos, en \u00abPhase\u00bb 144 (1984) 511-528; Filthaut Th., La formaci\u00f3n lit\u00fargica, Herder, Barcelona 1963; Gelineau J., Liturgia para ma\u00f1ana. Ensayo sobre la evoluci\u00f3n de las asambleas cristianas, Sal Terrae, Santander 1977; Laurentin A., Liturgia en construcci\u00f3n. Los gestos del celebrante, Marova, Madrid 1967; L\u00f3pez Mart\u00ed\u00adn J., Para participar mejor enla liturgia, en \u00abIm\u00e1genes de la Fe\u00bb, PPC, Madrid 1985; Maldonado, C\u00f3mo animar y revisar las eucarist\u00ed\u00adas dominicales, PPC, Madrid 1980; Margallo F., Para presidir la eucarist\u00ed\u00ada. Encuentro de Dios y el hombre, PPC, Madrid 1975; Mart\u00ed\u00adn Pintado V., Liturgia y talante eelebrativo, en \u00abPhase\u00bb 107 (1978) 443-458; Tena P., Las asambleas lit\u00fargicas y su presidente, en \u00abConcilium\u00bb 72 (1972) 185-197; Thurian M., La liturgie vivante, en \u00abNotitiae\u00bb 8 (1972) 160; Vergote A., Gestos y acciones simb\u00f3licas en la liturgia, en \u00abConcilium\u00bb 62 (1971) 198-211.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[114] Formas y t\u00e9cnicas de alentar a las personas en el terreno personal y en los campos \u00e9ticos y espirituales. El objetivo es \u00abdar \u00e1nimos\u00bb, alientos y ayudas. Las formas son muy variables seg\u00fan los \u00e1mbitos, las edades, las circunstancias y los objetivos que se persiguen. 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