{"id":9788,"date":"2016-02-05T07:08:15","date_gmt":"2016-02-05T12:08:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apariciones\/"},"modified":"2016-02-05T07:08:15","modified_gmt":"2016-02-05T12:08:15","slug":"apariciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apariciones\/","title":{"rendered":"APARICIONES"},"content":{"rendered":"<p>[480]<\/p>\n<p>     En principio, alusi\u00f3n a las apariciones o manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas despu\u00e9s de su Resurrecci\u00f3n. Pero se hace referencia tambi\u00e9n con tal expresi\u00f3n a diferentes formas como figuras celestes (\u00e1ngeles, santos, Mar\u00ed\u00ada, el mismo Jes\u00fas) se comunican con los hombres y se les hacen presentes de forma personal y original.<\/p>\n<p>    Las apariciones celestes no entran en el esquema dogm\u00e1tico de la fe y no afectan en nada sustancial al misterio cristiano. Son creencias personales o de grupo. Son posibles por parte de Dios y por parte de los hombres. La historia de la Iglesia est\u00e1 llena de creencias al respecto y multitud de santos o cristianos excelentes han dejado testimonios m\u00faltiples de tales contactos con las figuras sobrenaturales.<\/p>\n<p>    Sin embargo, la Iglesia nada publica ni proclama sobre estos hechos posibles, salvo su juicio autorizado de que en muchas de ellas no hay nada que se oponga a la fe y a las buenas costumbres y que los cristianos son libres de admitirlas o rechazarlas, de aceptar su mensaje o quedar indiferentes ante \u00e9l.<\/p>\n<p>    En las diversas comunicaciones divinas a los seres humanos, no hay ning\u00fan mensaje dogm\u00e1tico, seg\u00fan la ense\u00f1anza tradicional de la Iglesia. Son hechos de piedad personal o grupal que pueden ser muy beneficiosos para la vida cristiana, pero que nada a\u00f1aden al mensaje evang\u00e9lico ni a la piedad esencial del creyente que los conoce.<\/p>\n<p>    En la asc\u00e9tica tradicional, y sobre todo en la vida m\u00ed\u00adstica de los cristianos, es habitual el aceptar la posibilidad y la autenticidad de muchas de esas comunicaciones divinas. No son solamente las que admiran las m\u00e1s importantes, sino las que se ajustan m\u00e1s al Evangelio.<\/p>\n<p>    Muchas pueden ser atribuidas a la credulidad de tiempos antiguos, cuando las leyendas y la ingenuidad era frecuente en la sociedad y surg\u00ed\u00adan creencias sobre ayudas divinas que hoy se pierden en la oscuridad del pasado (El Pilar, Covadonga, Santiago&#8230;). Otras m\u00e1s recientes resultan admirables por su mensaje de piedad y por los efectos saludables en la vida cristiana de los fieles (Lourdes, F\u00e1tima, Guadalupe, Sdo. Coraz\u00f3n de Montmartre, La Salette).<\/p>\n<p>    En la catequesis hay que saber asumir posturas de equilibrio y proporci\u00f3n en relaci\u00f3n a estos hechos y creencias religiosas. Tan desafortunado es la ingenua aceptaci\u00f3n de todo lo que parece sobrenatural y celeste como inoportuna es la negaci\u00f3n frontal de todo acontecimiento que tenga que ver con lo divino.<\/p>\n<p>    La autoridad de la Iglesia, al respetar creencias y testimonios o al autorizar el culto y la devoci\u00f3n que acompa\u00f1an a muchas im\u00e1genes, santuarios, lugares o recuerdos, simplemente se limita a reconocer su compatibilidad con la doctrina y la moral cristiana. Y deja lo dem\u00e1s, creer o no creer, aceptar o rechazar, a la particular opini\u00f3n de cada cristiano.<\/p>\n<p>    En catequista debe seguir el mismo criterio, aunque debe acomodarse a la piedad popular de cada lugar y tiempos con sentido abierto y con juicio correcto. Debe respetar la religiosidad de las personas, sobre todo sencillas como son los ni\u00f1os y la gente no culta. Pero debe evitar el \u00e9nfasis cr\u00e9dulo diferenciando bien la distancia que hay entre el Evangelio de Jes\u00fas y las creencias pasajeras y secundarias.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>En general, llamamos \u00abapariciones\u00bb a las manifestaciones visibles del mundo sobrenatural en nuestro espacio y tiempo. Casi en todas las religiones existe la convicci\u00f3n de su posibilidad y de su realidad, especialmente cuanto se trata de alguna manifestaci\u00f3n de Dios (\u00abteofan\u00ed\u00ada\u00bb).<\/p>\n<p>\tEn el Antiguo Testamento se repite frecuentemente la afirmaci\u00f3n de que nadie puede ver a Dios y seguir viviendo en esta tierra (Ex 33,20). Pero en los libros sagrados se habla continuamente de \u00abteofan\u00ed\u00adas\u00bb, a modo de revelaci\u00f3n por medio de alg\u00fan signo externo o de alguna experiencia fuerte acontecimiento salv\u00ed\u00adfico, fuego, nube, monta\u00f1a, hecho milagroso, mensaje prof\u00e9tico, etc.<\/p>\n<p>\tEn el Nuevo Testamento, la misma persona de Jes\u00fas es la epifan\u00ed\u00ada personal de Dios a trav\u00e9s de su humanidad \u00abQuien me ve a m\u00ed\u00ad ve al Padre\u00bb (Jn 14,9). En \u00e9l, a trav\u00e9s sus \u00absignos\u00bb y manifestaciones, se puede \u00abver\u00bb la \u00abgloria\u00bb de Dios (Jn 1,14). Pero durante su vida terrena y en relaci\u00f3n con su persona, tiene lugar una \u00abteofan\u00ed\u00ada\u00bb en su bautismo (Mt 3,16-17) y otra, tambi\u00e9n con Mois\u00e9s y El\u00ed\u00adas, en el monte Tabor (17,1-9). Para descubrir a Cristo en sus manifestaciones, ser\u00e1 necesaria la fe (Jn 20,29).<\/p>\n<p>\tLa apariciones de Jes\u00fas resucitado tienen unas caracter\u00ed\u00adsticas y un valor especial para la fe cristiana. El Se\u00f1or, despu\u00e9s de muerto, se manifest\u00f3 resucitado a sus disc\u00ed\u00adpulos, con su mismo cuerpo, invitando a ver, tocar y, sobre todo, creer en lo que les hab\u00ed\u00ada profetizado (Lc 24,39). San Pablo, hacia los a\u00f1os 35-40, hace un resumen de estas apariciones de Jes\u00fas resucitado, incluyendo la concedida al mismo ap\u00f3stol (1Cor 15,4-8). Es Jes\u00fas quien \u00abse deja ver\u00bb con signos externos, pero como un don de revelaci\u00f3n que reclama la fe. Sin la resurrecci\u00f3n real de Jes\u00fas, la fe cristiana en Jes\u00fas Salvador, verdadero Dios y verdadero hombre, carecer\u00ed\u00ada de fundamento (1Cor 15,14). A trav\u00e9s de las apariciones (y de la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo en Pentecost\u00e9s), los ap\u00f3stoles y disc\u00ed\u00adpulos quedar\u00e1n capacitados para la misi\u00f3n de anunciar el misterio de Cristo a todos los pueblos (Mt 28-19-20; Mc 16,14-18).<\/p>\n<p>\tLas apariciones de la Virgen, de los \u00e1ngeles y de los santos se distinguen de las de Jes\u00fas resucitado. No se puede excluir su posibilidad, especialmente porque est\u00e1 en juego la iniciativa divina. El caso de la Virgen es especial, por el hecho de estar glorificada en cuerpo y alma (Asunci\u00f3n). La Iglesia ha reconocido algunas de estas apariciones, o, al menos, ha garantizado la autenticidad del mensaje y autorizado el culto, sin precisar las naturaleza de los fen\u00f3menos. Pero siempre se ha advertido que toda comunicaci\u00f3n (\u00abrevelaci\u00f3n\u00bb privada) debe estar en armon\u00ed\u00ada con el dep\u00f3sito de la fe y con la revelaci\u00f3n propiamente dicha, que ya qued\u00f3 clausurada en los tiempos apost\u00f3licos.<\/p>\n<p>Referencias Apariciones marianas, discernimiento del Esp\u00ed\u00adritu, fen\u00f3menos extraordinarios, resurrecci\u00f3n de Cristo, revelaci\u00f3n, santuarios.<\/p>\n<p>Lectura de documentos CEC 67, 638-658.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada J.M. STAEHLIN, Apariciones. Ensayo cr\u00ed\u00adtico (Madrid, Raz\u00f3n y Fe, 1954); G. TYRREL, Apariciones (Buenos Aires, Paid\u00f3s, 1965). Ver bibliograf\u00ed\u00ada de referencias.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\n1. Historificaci\u00f3n de lo metahist\u00f3rico<br \/>\nLa claridad posible en una cuesti\u00f3n tan enmara\u00f1ada nos obligar\u00ed\u00ada a distinguir entre \u00abaparici\u00f3n\u00bb y \u00abapariciones\u00bb.<\/p>\n<p>a) La \u00abaparici\u00f3n\u00bb o visi\u00f3n recogida en la f\u00f3rmula de fe (1 Cor 15, 5) pertenece a la tradici\u00f3n original; fue mencionada siempre por la predicaci\u00f3n o el anuncio de la resurrecci\u00f3n; incluso habr\u00ed\u00ada que decir que fue la \u00fanica aparici\u00f3n que se contaba nivel de la predicaci\u00f3n oficial. Esta \u00abaparici\u00f3n-visi\u00f3n\u00bb perteneci\u00f3 a la primera fase del anuncio del hecho como tal. Esta afirmaci\u00f3n ten\u00ed\u00ada la finalidad de establecer la verdad de lo afirmado en el kerigma: Cristo vive, resucitado por Dios; la visi\u00f3n por parte de los disc\u00ed\u00adpulos est\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea de la identificaci\u00f3n del Resucitado, que vive en la Iglesia, con el Jes\u00fas terreno.<\/p>\n<p>La sobriedad absoluta de esta afirmaci\u00f3n deja insatisfecha nuestra curiosidad, pero tiene la ventaja de evitar cualquier tipo de distracci\u00f3n y nos obliga a centrarnos en lo verdaderamente esencial. El Se\u00f1or \u00abse apareci\u00f3\u00bb o \u00abfue visto\u00bb (= \u00f3fze, aoristo pasivo del verbo orao: \u00abfue visto\u00bb; en cuanto intransitivo: \u00abse apareci\u00f3\u00bb). Para la comprensi\u00f3n de su sentido tenemos un buen punto de partida en la visi\u00f3n que Pablo tuvo de Cristo camino de Damasco (Hch 9,1-19; 22, 6-16; 26, 12-18). Para el autor de Hechos esta \u00f3n se en la \u00ed\u00adnea m\u00e1s estricta testimonio; sin ella no era posible el testimonio apost\u00f3lico (Hch 1, 21-22).<\/p>\n<p>El mismo Ap\u00f3stol la considera como una aut\u00e9ntica \u00f3n (Gal 1, 16), que tuvo lugar en su interior; una revelaci\u00f3n, una acci\u00f3n de Dios comparable con la misma creaci\u00f3n (2Cor 4, 6); dicha revelaci\u00f3n es comparada con luz interior que posibilita el conocimiento de Dios manifestado en Cristo. En resumen, la visi\u00f3n tenida por Pablo es una acci\u00f3n poderosa de Dios, que le afecta personalmente y transforma radicalmente el rumbo de su vida.<\/p>\n<p>b) Como antecedente de esta visi\u00f3n-aparici\u00f3n debemos recordar las \u00ed\u00adas del A. T Pensemos, a modo de ejemplo, en la que experiment\u00f3 Abram (Gen 12, 7; \u00abYahv\u00e9 se apareci\u00f3 a Abram y le dijo&#8230;\u00bb). El significado de dicha teofan\u00ed\u00ada es el siguiente: realidad oculta hasta ese se , se desvela, se da a conocer. Por tanto, la visi\u00f3n-aparici\u00f3n pone de relieve un acontecimiento que ha sido sacado a la luz por Dios. El medio del que Dios se sirve para llevarlo a cabo es la manifestaci\u00f3n de su \u00abgloria\u00bb; la \u00abgloria\u00bb de Dios es Dios mismo en cuanto se manifiesta, en cuanto manifiesta su presencia actuante de forma que el hombre, de alguna manera, la que sea, pueda percibirlo; de este modo, el hombre puede conocer el camino de Dios, al que acepta en la fe.<br \/>\nLa percepci\u00f3n sensible de la manifestaci\u00f3n de la \u00abgloria\u00bb o de Dios mismo es descrita como un \u00abver\u00bb. Con este t\u00e9rmino t\u00e9cnico se pretende hacer visible la presencia invisible de Dios. Por eso las apariciones tienen siempre caracteres apocal\u00ed\u00adpticos; deben recurrir a s\u00ed\u00admbolos misteriosos que no pertenecen a una imaginer\u00ed\u00ada normal y controlable (Is 6, 1 ss; Ez 1, 1-3,16). La fuerza de la presencia de Dios, experimentada por el hombre, busca medios de representaci\u00f3n y de objetivaci\u00f3n. Los cuadros, signos e im\u00e1genes son un medio interpretativo.<\/p>\n<p>c) En consecuencia, el se \u00f3 o fue visto (= \u00f3fze) no pertenece simplemente al terreno de la identificaci\u00f3n, sino que es un t\u00e9rmino t\u00e9cnico, que es utilizado para la representaci\u00f3n de Jes\u00fas como el Se\u00f1or; presentaci\u00f3n que implica, por parte del hombre, la aclamaci\u00f3n y la adoraci\u00f3n. el \u00ab\u00f3fze\u00bb se que Jes\u00fas fue presentado por Dios a la Iglesia como Se\u00f1or y Cristo; la expresi\u00f3n \u00abse apareci\u00f3\u00bb equivale a \u00abse hizo visible\u00bb, fue desvelado su misterio, fue dado a conocer, fue presentado por Dios a los disc\u00ed\u00adpulos como el Se\u00f1or en su poder, como el Hijo del hombre exaltado y como el Mes\u00ed\u00adas.<br \/>\nEl encuentro con el Resucitado es descrito tambi\u00e9n como \u00abvisi\u00f3n\u00bb en el c\u00e9lebre texto de 2Pe 1, 16-19. El texto tiene gran importancia porque a la visi\u00f3n se a\u00f1ade \u00abla voz\u00bb:&#8230;despu\u00e9s haber visto con nuestros propios ojos&#8230; nosotros mismos escuchamos esta voz, del cielo, estando \u00e9l en el monte santo. Visi\u00f3n, voz, monte santo. La terminolog\u00ed\u00ada pertenece al campo de la revelaci\u00f3n. La voz a\u00f1adida a la visi\u00f3n tiene la finalidad de revelar el misterio de la persona de Jes\u00fas. Y este misterio se halla en relaci\u00f3n con el y la venida de nuestro Se\u00f1or (2Pe 2, 16).<\/p>\n<p>El poder al que alude el texto es poder salvador, y la venida (= \u00ed\u00ada) no es la segunda y \u00faltima venida -com\u00fanmente conocida como la parus\u00ed\u00ada- sino su venida, presencia en la Iglesia a partir de la Pascua. De ah\u00ed\u00ad la evocaci\u00f3n del \u00abmonte santo\u00bb, que no indica un lugar geogr\u00e1fico, sino teol\u00f3gico: As\u00ed\u00ad como el antiguo pueblo de Dios se constituy\u00f3 en el monte (en el Sina\u00ed\u00ad), as\u00ed\u00ad el nuevo monte, el de Galilea, significa el encuentro constitutivo de los disc\u00ed\u00adpulos con el Se\u00f1or resucitado.<\/p>\n<p>El texto de la segunda carta de Pedro nos lleva a una constataci\u00f3n importante: en la primitiva comunidad cristiana, revelaci\u00f3n pascual Resucitado se so \u00e9n con los medios estil\u00ed\u00adsticos propios de la apocal\u00ed\u00adptica: como la parus\u00ed\u00ada, la venida del Hijo del hombre, el poder, la presentaci\u00f3n como Mes\u00ed\u00adas-Hijo del hombre, al que va unida la idea de la ascensi\u00f3n trono y la consiguiente \u00absesi\u00f3n\u00bb, estar sentado a la derecha del Padre.<\/p>\n<p>d) De la visi\u00f3n-aparici\u00f3n pasemos a visiones-apariciones. A la absoluta sobriedad de la primera sucede una descripci\u00f3n tan frondosa, detallada, dramatizada, que nos da la impresi\u00f3n de no tener nada que ver con la aparici\u00f3n narrada en el kerigma. Para valorarlas debidamente debemos tener en cuenta una serie de principios:<\/p>\n<p>1\u00c2\u00b0) En primer lugar, las apariciones concretas tienen la finalidad de vestir la desnudez del dato anterior, que expresaba la \u00abaparici\u00f3n\u00bb mediante el esquematismo fr\u00ed\u00ado de una \u00fanica palabra, \u00f3fze. Las son la resurrecci\u00f3n lo que otros relatos \u00e9licos a las dem\u00e1s proclamadas el kerigma. Diremos m\u00e1s adelante que las apariciones del Resucitado no son \u00abprueba\u00bb de la resurrecci\u00f3n. Tampoco lo fue la aparici\u00f3n original. Pero tanto unas como la otra sirven para o vincular un acontecimiento estrictamente sobrenatural en nuestra historia. De esta manera se convierten, de alg\u00fan modo, en la v\u00ed\u00ada de acceso razonable al Resucitado. De ah\u00ed\u00ad la necesidad, desde punto de vista \u00e9tico, de estudiar con la m\u00e1xima objetividad posible dichas apariciones. \u00bfNo pudieron ser inventadas o ser fruto del deseo ardiente que los disc\u00ed\u00adpulos y dem\u00e1s seguidores ten\u00ed\u00adan de ver a Jes\u00fas? Afirmemos al respecto, con todo el \u00e9nfasis posible, lo siguiente;<br \/>\n-Los disc\u00ed\u00adpulos no esperaban la resurrecci\u00f3n. Por tanto, no pudieron inventar algo en lo que no cre\u00ed\u00adan. Se muestran absolutamente esc\u00e9pticos cuando les es anunciada (Mc 16, 9-11: dos s\u00ed\u00adntesis de \u00abaparici\u00f3n\u00bb y de anuncio de la resurrecci\u00f3n a los disc\u00ed\u00adpulos, que terminan con un tajante \u00abpero no les creyeron\u00bb).<\/p>\n<p>En la misma l\u00ed\u00adnea debe verse la aparici\u00f3n a la Magdalena y la consiguiente comprobaci\u00f3n de Pedro, Jn 20: cualquier explicaci\u00f3n es buena con tal de excluir que Jes\u00fas hubiese resucitado.<\/p>\n<p>2\u00c2\u00b0) Todav\u00ed\u00ada queda algo importante que a\u00f1adir al respecto. El anunciar la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no s\u00f3lo no les beneficiaba (pod\u00ed\u00adan haberla inventado si de ello hubiesen obtenido alg\u00fan beneficio), sino que les perjudic\u00f3 gravemente: son llevados a los tribunales por su anuncio, son encarcelados&#8230; (v\u00e9anse los primeros cap\u00ed\u00adtulos del libro de los Hechos). La resurrecci\u00f3n se les impuso como un hecho indiscutible, a pesar de todas las resistencias. El sepulcro vac\u00ed\u00ado, aunque se encuentre en todos los relatos desde el principio, no fue en modo alguno causa de la fe en la resurrecci\u00f3n. Lo verdaderamente decisivo fueron las experiencias con el Resucitado o los encuentros con \u00e9l. Lo que llamamos las \u00abapariciones\u00bb.<\/p>\n<p>3\u00c2\u00b0) Otro aspecto, que justifica la novedad de las \u00abapariciones\u00bb frente a la \u00abaparici\u00f3n\u00bb es el tiempo en el que aparecen en la tradici\u00f3n. Estamos en la \u00faltima fase del anuncio del evangelio. En este momento, el encuentro con el Resucitado deb\u00ed\u00ada ser presentado con unas categor\u00ed\u00adas tan materiales como fuese posible para que el hecho cristiano se en ideolog\u00ed\u00ada m\u00e1s del entorno cultural, al estilo de la ideolog\u00ed\u00ada gn\u00f3stica. Las apariciones adquirieron as\u00ed\u00ad el aspecto de esrealistas de la \u00f3n. Escenificaciones tan realistas que dan la impresi\u00f3n de que la resurrecci\u00f3n es la vuelta de un cad\u00e1ver a la vida. De alguna manera \u00abmaterializan\u00bb la resurrecci\u00f3n y han sido la responsables de una concepci\u00f3n excesivamente material de la resurrecci\u00f3n en el sentido de ser entendidas como simple \u00abreanimaci\u00f3n\u00bb del cad\u00e1ver de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La venida del Se\u00f1or (Jn 20, 19); el encuentro con los disc\u00ed\u00adpulos, participando incluso con ellos en la mesa; la salida al paso y el siguiente di\u00e1logo con las mujeres (Mt 28, 9-10); la escena tan complicada protagonizada por la Magdalena (Jn 20); el paseo dado con los de Ema\u00fas y la cena subsiguiente (Lc 24); la direcci\u00f3n, desde la orilla, de la pesca milagrosa de los disc\u00ed\u00adpulos, que tambi\u00e9n termina en comida (Jn 21)&#8230; parecen acontecimientos de este mundo. Jes\u00fas act\u00faa en ellos como lo hac\u00ed\u00ada antes de su muerte. La sobrenaturalidad intentan salvarla algunos detalles como la aparici\u00f3n repentina, \u00abcon las puertas cerradas\u00bb, la \u00abdesaparici\u00f3n\u00bb, la \u00absorpresa\u00bb provocada por el pan&#8230;<\/p>\n<p>4\u00c2\u00b0) Debemos tener en cuenta tambi\u00e9n que la importancia extraordinaria que nosotros hemos dado a las apariciones no fue reconocida a ese nivel en la predicaci\u00f3n cristiana de los or\u00ed\u00adgenes. M\u00e1s a\u00fan: estas experiencias pospascuales, los encuentros personales concretos con el Resucitado, no formaron parte del anuncio original del evangelio. Desde este punto de vista pueden ser comparadas con los relatos de la infancia. Lo mismo que fue posible anunciar e incluso escribir el evangelio sin dichos relatos sobre la infancia de Jes\u00fas&#8230; lo fue el presentar el evangelio sin las apariciones particulares.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de las secciones donde se hallan enmarcadas las apariciones demuestra que se trata de narraciones independientes; eran tradiciones particulares aisladas, que fueron enmarcadas por nuestros evangelistas donde hoy las tenemos para cumplir la finalidad que ellos las asignaron. Repitamos que, originariamente, el kerigma recog\u00ed\u00ada una \u00fanica aparici\u00f3n a los disc\u00ed\u00adpulos. La localizaci\u00f3n de la misma, Galilea (versiones de Marcos y Mateo) o Jerusal\u00e9n (versi\u00f3n de Lucas), duplic\u00f3 dicha aparici\u00f3n. Creemos, sin embargo, que se trata de la misma; habr\u00ed\u00ada que hablar incluso de la aparici\u00f3n seg\u00fan la versi\u00f3n de Mateo y de la misma con estilo jo\u00e1nico. Mientras que en la de Mateo se pone de relieve el significado de la resurrecci\u00f3n para la Iglesia, para su misi\u00f3n, la de Juan acentuar\u00ed\u00ada dicha misi\u00f3n en la l\u00ed\u00adnea del perd\u00f3n de los pecados. Dicho de otro modo: la \u00fanica aparici\u00f3n original se duplic\u00f3 y, posteriormente, se enriqueci\u00f3 con la adici\u00f3n de las apariciones particulares.<\/p>\n<p>5\u00c2\u00b0) Las apariciones narradas no son presentadas como \u00abpruebas\u00bb de la resurrecci\u00f3n, sino como manifestaciones del Resucitado. hallan subordinadas no al mundo como \u00abprueba\u00bb, a la iniciativa del , que se da a a los est\u00e1n a aceptarle mediante la fe. Y el testimonio es el siguiente: Jes\u00fas, despu\u00e9s de su muerte, vive; su vida, la realidad de su humanidad, no se halla sometida a las leyes biol\u00f3gicas y fisiol\u00f3gicas por las que se reg\u00ed\u00ada antes de morir; su vida es una realidad pneum\u00e1tica, glorificada y misteriosa; \u00e9l, que es la consumaci\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n, despu\u00e9s de su muerte, estableci\u00f3 la comuni\u00f3n con sus disc\u00ed\u00adpulos y seguidores. Esto quiere decir, por otra parte, que las apariciones no pueden ser objeto de una investigaci\u00f3n hist\u00f3rico-cient\u00ed\u00adfica, aunque tengan, bien estudiadas, un alto valor apolog\u00e9tico. La apolog\u00e9tica debe centrarse en el estudio, lo m\u00e1s profundo y exhaustivo posible, de los personajes que protagonizaron dichas apariciones.<\/p>\n<p>2. Diversificaci\u00f3n en los evangelios<br \/>\nEl proceso seguido en la valoraci\u00f3n y diversa acentuaci\u00f3n de lo que conocemos como el hecho pascual lo pone de relieve el estudio comparativo de los cuatro evangelios:<\/p>\n<p>1. relato de Marcos acent\u00faa que el mensaje pascual es revelaci\u00f3n (de esta consideraci\u00f3n viene el motivo del joven vestido con \u00abvestiduras blancas\u00bb que habla a las mujeres); una revelaci\u00f3n que no fue importante para la Iglesia, ya que las mujeres no dijeron nada a nadie; deja constancia de la sobrenaturalidad del hecho en el dato mencionado de los vestidos blancos, (que eran considerados como propios del mundo sobrenatural y se convert\u00ed\u00adan en su s\u00ed\u00admbolo) as\u00ed\u00ad como en el asombro de las mujeres. Para Marcos, lo ocurrido en el sepulcro no fue constitutivo de la fe pascual. El se limita a remitir a los disc\u00ed\u00adpulos al encuentro con el Resucitado en Galilea. Sin embargo, es claro que el narrador busca un punto de apoyo para la fe pascual en la constataci\u00f3n del sepulcro vac\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>La extraordinaria aportaci\u00f3n de Marcos,(que da muy escasa importancia a las apariciones. Creemos que las dos \u00abs\u00ed\u00adntesis\u00bb que de ellas nos ofrece; la de la Magdalena y la de los de Ema\u00fas, fueron a\u00f1adidas a un evangelio que no contaba ninguna aparici\u00f3n, pues terminaba originalmente en 16, 8) consisti\u00f3 en \u00abdesmaterializar\u00bb las apariciones. Y lo hace diciendo que Jes\u00fas se apareci\u00f3 en otra forma (= \u00e9n et\u00e9ra \u00e9, 16,12). Esto nos habla de una forma distinta a la humana, diferente de la que hab\u00ed\u00ada pose\u00ed\u00addo en su vida anterior, no perteneciente al aspecto humano, en la \u00abforma de Dios\u00bb que es contrapuesta, como dice el ap\u00f3stol Pablo, a la \u00abforma de siervo\u00bb (Fi! 2, 6-11). La resurrecci\u00f3n sit\u00faa a Jes\u00fas en esta \u00abotra forma\u00bb, distinta de la humana, y que s\u00f3lo puede ser la divina.<\/p>\n<p>2. En la \u00f3n de Mateo, el sepulcro vac\u00ed\u00ado y las apariciones conservan su valor, pero de las cosas definitiva, ya que pueden ser interpretadas de muchas maneras. Lo definitivo es la palabra del Resucitado, que les garantiza su presencia entre ellos hasta el fin del mundo (Mt 28, 20). Esto es lo que da a la Iglesia la verdadera seguridad. No la seguridad de la \u00abdemostraci\u00f3n\u00bb, sino la seguridad de la fe en la palabra del Se\u00f1or. El sepulcro vac\u00ed\u00ado pod\u00ed\u00ada ser explicado como un robo (el evangelista se est\u00e1 debatiendo con el juda\u00ed\u00adsmo; de ah\u00ed\u00ad la necesidad de acentuar que hab\u00ed\u00ada guardia en el sepulcro; por otra parte, las mujeres ni siquiera entraron en el sepulcro).<br \/>\nEl teol\u00f3gico se nota en la presencia del \u00e1ngel, que aparece como \u00e9rprete del sepulcro vac\u00ed\u00ado y de la palabra de Jes\u00fas. Mateo, lo mismo que Marcos, no fundamenta la fe pascual en el sepulcro vac\u00ed\u00ado, sino en la revelaci\u00f3n (el sepulcro vac\u00ed\u00ado ser\u00ed\u00ada una confirmaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n para el creyente, no su fundamento). El \u00e1ngel no env\u00ed\u00ada a los disc\u00ed\u00adpulos a visitar el sepulcro ni a comprobar su experiencia con la que hab\u00ed\u00adan tenido las mujeres. Esto significa que ni el sepulcro vac\u00ed\u00ado ni la experiencia de las mujeres eran constitutivos de la fe pascual ni argumento utilizable para demostrarla. Lo decisivo fue el encuentro con Jes\u00fas<br \/>\n3. El de inter\u00e9s de la \u00f3n lucana est\u00e1 en afirmar que el fundamento del mensaje pascual es el mismo Se\u00f1or resucitado que vive en la Iglesia. El resto debe ser juzgado desde el punto de vista del testimonio. De ah\u00ed\u00ad que quite importancia a lo protagonizado por las mujeres, porque no se les reconoc\u00ed\u00ada capacidad de testimoniar en un proceso, no pod\u00ed\u00adan ser testigos en un juicio; sin embargo, \u00abduplica\u00bb los testigos en el sepulcro: \u00abdos hombres con vestiduras resplandecientes\u00bb, porque la validez del testimonio exig\u00ed\u00ada que fuese dado por dos testigos; no env\u00ed\u00ada a los disc\u00ed\u00adpulos a Galilea, y en lugar de ello, Galilea se convierte en el lugar donde Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada predicho su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para Lucas, el acontecimiento pascual es, sobre todo, el punto de apoyo y de esencial referencia para una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de la obra de Cristo, de su cristolog\u00ed\u00ada, que es cumplimiento de la Escritura. Finalmente, frente al testimonio tan ampliamente narrado de los de Ema\u00fas, destaca la importancia del testimonio de Pedro (Lc 24, 34).<\/p>\n<p>4. Con la \u00f3n jo\u00e1nica se alcanza la meta. En perfecta coherencia con todo el evangelio no dice que el Resucitado es el Jes\u00fas terreno (tradici\u00f3n sin\u00f3ptica), sino que Jes\u00fas terreno es Se\u00f1or, el Exaltado. Precisamente por eso, en el evangelio de Juan la muerte es la glorificaci\u00f3n, los milagros son signos y el testigo es el mismo Jes\u00fas. El sepulcro vac\u00ed\u00ado tambi\u00e9n es importante, pero como \u00absigno\u00bb. De ah\u00ed\u00ad que sea constatado no s\u00f3lo por las mujeres, sino por Pedro y por el disc\u00ed\u00adpulo amado. Este disc\u00ed\u00adpulo, personificaci\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo ideal, \u00abvio y crey\u00f3\u00bb: en el sepulcro vac\u00ed\u00ado vio un signo que, m\u00e1s all\u00e1 del hecho, le llev\u00f3 a descubrir su significado. El testigo fidedigno de la fe pascual es Jes\u00fas mismo.<\/p>\n<p>Para el cuarto evangelio, los \u00e1ngeles no son testigos ni int\u00e9rpretes, sino guardias de honor. Y el encuentro con Magdalena pone relieve la imperfecci\u00f3n de su fe. Llama a Jes\u00fas \u00abMaestro\u00bb, como antes de morir. Y el relato subraya lo m\u00e1s posible que la resurrecci\u00f3n no es la vuelta de un cad\u00e1ver a la vida, el retorno al Padre. El testimonio que Jes\u00fas mismo da de la resurrecci\u00f3n es \u00abdemostrativo\u00bb, tiene car\u00e1cter obligatorio, porque \u00e9l es el enviado del Padre.<\/p>\n<p>fe de la en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es la respuesta adecuada al testimonio dado por Jes\u00fas mismo. Es evidente que la Escritura tiene mucha importancia en el descubrimiento del hecho (Jn 20, 9), pero la Escritura tampoco es fundamento de la fe de la Iglesia, de la fe pascual. La Escritura es un medio secundario, un segundo camino para la aceptaci\u00f3n y la inteligencia del acontecimiento pascual. La fe en su palabra, en la palabra de Jes\u00fas, est\u00e1 por encima de la Escritura. S\u00f3lo cuando la Magdalena reconoci\u00f3 la voz, la palabra de Jes\u00fas, crey\u00f3.<\/p>\n<p>3. Esfuerzo necesario para la comprensi\u00f3n<br \/>\npresentaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n en nuestros d\u00ed\u00adas debe tener en cuenta los principios siguientes:<\/p>\n<p>1\u00c2\u00b0) Evitar un lenguaje que lleve casi inevitablemente a una falsa inteligencia de la resurrecci\u00f3n de Cristo. se trata de la simple vuelta de un cad\u00e1ver a la vida, ni de un hecho hist\u00f3rico como los otros que llamamos as\u00ed\u00ad, ni de un suceso demostrable en s\u00ed\u00ad mismo. Se trata de un acontecimiento \u00fanico, para expresar el cual le falta al hombre el lenguaje adecuado. Lo que dice la Escritura es que Jes\u00fas de Nazaret, que muri\u00f3 y fue sepultado, no est\u00e1 muerto ni en el sepulcro, y ello gracias a una intervenci\u00f3n de la acci\u00f3n poderosa y maravillosa de Dios.<\/p>\n<p>Acerca del modo y manera como esto ocurri\u00f3, la Escritura guarda silencio. No aduce testigos del hecho. El \u00abc\u00f3mo\u00bb es secundario y marginal frente al \u00abhecho\u00bb y el \u00abpor m\u00ed\u00ad\u00bb. Es un hecho en relaci\u00f3n de vinculaci\u00f3n con nuestra historia y que al mismo tiempo la trasciende. La ausencia de testigos de la resurrecci\u00f3n misma y las apariciones del Resucitado escapan al observador neutral y al control objetivo de las medidas modernas (como, por supuesto, de las antiguas). Lo demostrable, en definitiva, es la convicci\u00f3n de los testigos y de la Iglesia primitiva. El sepulcro vac\u00ed\u00ado no es una prueba para demostrar la facticidad de la resurrecci\u00f3n o el car\u00e1cter \u00abobjetivo\u00bb de las apariciones, sino un \u00absigno\u00bb y una confirmaci\u00f3n para los creyentes. Y esto aunque de la investigaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica se deduzca con claridad que, para Pablo y para la Iglesia primitiva, la predicaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n de Cristo es totalmente incompatible con la permanencia de su cad\u00e1ver en el sepulcro (esto hubiese sido posible si hubiesen sido utilizadas unas categor\u00ed\u00adas antropol\u00f3gicas dualistas, que han sido las occidentales hasta no hace mucho tiempo). La afirmaci\u00f3n expresa del sepulcro vac\u00ed\u00ado es un \u00absigno\u00bb de que el reino de Dios, su se\u00f1or\u00ed\u00ado, ha comenzado realmente al ser vencida la muerte. Las afirmaciones de 1 Cor 15, 3. 8 no son una prueba de la resurrecci\u00f3n, sino un testimonio y prueba de la credibilidad del mismo.<\/p>\n<p>2\u00c2\u00b0) Exponer la resurrecci\u00f3n de Cristo en toda su dimensi\u00f3n. La resurrecci\u00f3n de Cristo, como el evangelio en general, siempre ser\u00e1 un \u00abesc\u00e1ndalo\u00bb para los hombres de todos los tiempos. As\u00ed\u00ad fue ya al principio. Pedir argumentos evidentes es exigir pruebas a Dios (Mc 8,11), equivale a establecer una medida humana para juzgar la acci\u00f3n divina y cuando dicha acci\u00f3n es sobrenatural, deber\u00ed\u00ada rebajarse Dios al nivel humano, lo cual equivaldr\u00ed\u00ada a destruir la acci\u00f3n misma. Ser\u00ed\u00ada establecer la raz\u00f3n humana como medida absoluta de la verdad. Pretender \u00abdemostrar\u00bb al hombre moderno la resurrecci\u00f3n y, para hac\u00e9rsela asequible, reducirla al m\u00ed\u00adnimo falseando la resurrecci\u00f3n misma. Es preciso manifestarla en toda su dimensi\u00f3n y, a pesar de su \u00abindemostrabilidad\u00bb, presentar la fe en ella no como una fe \u00abciega\u00bb. Nos viene dada en el evangelio en cuanto documento fidedigno y fiable, transmitida como palabra de Dios por testigos fidedignos y fiables.<\/p>\n<p>La evocaci\u00f3n de la tradici\u00f3n antigua y la coincidencia con la predicaci\u00f3n de los dem\u00e1s ap\u00f3stoles, la enumeraci\u00f3n de los testigos, es decir, las apariciones (1 Cor 15, 5-8) sirven para una demostraci\u00f3n de la credibilidad. El mismo alcance tiene la expresi\u00f3n \u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb, que ten\u00ed\u00ada para los jud\u00ed\u00ados el sentido de \u00abprueba de Escritura\u00bb. En la misma direcci\u00f3n debe interpretarse 1 Cor 15, 34ss (la \u00abforma\u00bb como resucitan los muertos) con alusi\u00f3n a la Escritura (v. 45); se trata de hacer cre\u00ed\u00adble el mensaje de la resurrecci\u00f3n. No podemos ahorrar a nadie el \u00abesc\u00e1ndalo\u00bb ni el riesgo de la fe (que es, al mismo tiempo, la seguridad absoluta, aunque de otra naturaleza), pero tampoco podemos callar la ayuda que nos ofrece la Biblia ni silenciar los argumentos de credibilidad.<\/p>\n<p>En esta dimensi\u00f3n total de la resurrecci\u00f3n debe destacarse la identidad entre el Resucitado y el Crucificado, la revelaci\u00f3n del poder de Dios, la entronizaci\u00f3n de Cristo como Se\u00f1or, la victoria sobre la muerte, la irrupci\u00f3n del reino de Dios, el comienzo de la nueva creaci\u00f3n y la posibilidad de la salvaci\u00f3n para todos, la pertenencia, mediante la fe y los sacramentos, al Se\u00f1or resucitado y no al primer Ad\u00e1n. As\u00ed\u00ad, la resurrecci\u00f3n de Cristo es el cumplimiento de las promesas del A. T.<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n no es s\u00f3lo una interpelaci\u00f3n que Dios me dirige ni la mera explicitaci\u00f3n del significado de la cruz (R. Bultmann). Para el autor citado carece de inter\u00e9s la cuesti\u00f3n sobre la resurrecci\u00f3n y sobre el ser mismo del Resucitado. Para \u00e9l, la realidad de la resurrecci\u00f3n y del Se\u00f1or resucitado es la realidad del kerigma. De modo que K. Barth le ha preguntado si, para \u00e9l, \u00abJesucristo ha resucitado en el kerigma\u00bb.<\/p>\n<p>Tampoco puede reducirse la resurrecci\u00f3n a la convicci\u00f3n de que \u00abla causa de Jes\u00fas sigue adelante\u00bb (Die Sache Jesu weiter, Marxsen). Es todo eso (lo afirmado por Bultmann y por Marxsen), pero es bastante m\u00e1s. Mejor dicho, es todo eso porque es mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n de Jesucristo es el suceso, el acontecimiento por el cual Jes\u00fas fue liberado del poder de la muerte y fue constituido como Se\u00f1or de todo en su total existencia humano-divina. Es la acci\u00f3n de Dios por la cual somos redimidos del poder de la muerte y por la cual se nos posibilita la participaci\u00f3n en la vida del Resucitado, que fundamenta nuestra esperanza en la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>3\u00c2\u00b0) Exponer el significado especial del mensaje pascual para el hombre de hoy:<\/p>\n<p>a) Partiendo de su experiencia de la lejan\u00ed\u00ada de Dios, de un mundo \u00abhumanizado\u00bb, \u00abdesacralizado\u00bb, en el que la antropolog\u00ed\u00ada parece hacer innecesaria la teolog\u00ed\u00ada. lejan\u00ed\u00ada de Dios se hace en Cristo, en Cristo resucitado; en el Hijo somos hijos; con \u00e9l podemos entrar en relaci\u00f3n con Dios; en el Hijo resucitado podemos llamar Padre a Dios. Todo lo consignado en la Escritura del Antiguo y del N. T. es palabra v\u00e1lida de Dios y sobre Dios; pero todo adquiere su eficacia y definitividad en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>) La mutua relaci\u00f3n entre los hombres es otro preocupante al hombre de hoy. La resurrecci\u00f3n de Cristo nos orienta al nuevo \u00abpueblo\u00bb, que se hizo realidad con la resurrecci\u00f3n de Cristo. En el N. T. se nos anuncia y presenta al Resucitado como el \u00abhombre nuevo\u00bb (Ef 2, 14), que forma, con todos los que creen en \u00e9l y son bautizados en su nombre, un cuerpo (1 Cor 12, 12-13), y constituyen una \u00abunidad\u00bb (Gal 3, 28). La unidad que no pueden lograr los hombres es una realidad en el \u00abcuerpo\u00bb del Resucitado.<br \/>\n) La valoraci\u00f3n del mundo. Ha desaparecido la concepci\u00f3n griega del cuerpo como c\u00e1rcel del alma y la consiguiente a\u00f1oranza por la liberaci\u00f3n. Ha sido sustituida por la unidad an\u00ed\u00admico-corporal del hombre y su parentesco con el cosmos. Esta es realmente tambi\u00e9n la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. \u00bfTiene algo que decir en este punto el mensaje pascual?<br \/>\nNos habla no s\u00f3lo de la supervivencia de Cristo, sino de la resurrecci\u00f3n de entre los muertos. Todo el hombre \u00ed\u00adntegro que era Jes\u00fas de Nazaret ha sido resucitado, y con su existencia corporal-an\u00ed\u00admica participa de la gloria del Padre.<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n de Cristo es la consu\u00f3n de la encarnaci\u00f3n de Dios. En cuanto Se\u00f1or \u00abcorporal\u00bb, es \u00abpalpable\u00bb para nosotros, es decir, cognoscible y representable como un t\u00fa y hermano nuestro. En su corporeidad resucitada es un \u00absigno\u00bb y un \u00abcomienzo\u00bb (1 Cor 15, 20-23) de nuestra existencia futura y del cosmos. C\u00f3mo sea ese futuro en particular permanece oculto para nosotros. Pero la ignorancia del modo del hecho no excluye el hecho mismo.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 P. BENOIT, \u00f3n y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, Fax, Madrid, 1971; . DANIELOU, Resurrecci\u00f3n, Studium, Madrid, 1971; A. AMMASSARI, Resurrezione, nell&#8217;insegnamento, nella profezia, nelle apparizioni di Ges\u00fa, Citt\u00e1 Nuova Edit, Roma, 1975; B. RICAUx, I&#8217;a ressuscit\u00e9, Duculot, Bruselas, 1972; U. WILCKENS, Resurrecci\u00f3n de jes\u00fas. Estudio hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico del testimonio b\u00ed\u00adblico, S\u00ed\u00adgueme, 1981.<\/p>\n<p>E Ramos<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>Con el t\u00e9rmino de aparici\u00f3n, en teolog\u00ed\u00ada, suele aludirse a una manifestaci\u00f3n visible de lo sobrenatural dentro de las categor\u00ed\u00adas espacio-temporales del sujeto que es su destinatario.<\/p>\n<p>Es necesario distinguir entre diversas formas de apariciones. La primera se designa con el t\u00e9rmino de teofan\u00ed\u00ada y se nos describe con frecuencia en el Antiguo Testamento. Tanto los textos hist\u00f3ricos como los prof\u00e9ticos se refieren a diversas teofan\u00ed\u00adas para indicar una comunicaci\u00f3n reveladora de Yahveh. La mediaci\u00f3n de la aparici\u00f3n se saca con frecuencia de la naturaleza y se describe con rasgos simb\u00f3licos, aunque no faltan relatos en los que la teofan\u00ed\u00ada se presenta a trav\u00e9s de la descripci\u00f3n de personajes con caracter\u00ed\u00adsticas humanas. La nube, el fuego, la monta\u00f1a, el desierto&#8230; se toman como categor\u00ed\u00adas capaces de expresar la experiencia inexpresable, que es fruto de elecci\u00f3n y de gracia por parte de Dios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el Nuevo Testamento presenta relatos de teofan\u00ed\u00adas en los momentos m\u00e1s significativos de la vida de Jes\u00fas, como por ejemplo el bautismo y la transfiguraci\u00f3n. De todas formas, como no es posible ver a Dios y seguir viviendo (Ex 33,20), el Antiguo Testamento, aunque narra las teofan\u00ed\u00adas, se refiere a ellas como a un fen\u00f3meno verbal y no visual. En una palabra, de<\/p>\n<p>Dios s\u00f3lo puede o\u00ed\u00adrse su voz y percibirse su presencia, pero sin ver su rostro. Esta no-visibilidad de Dios se rompe con el Nuevo Testamento, que indica el tiempo de la presencia corporal de la divinidad en Jes\u00fas (Col 2,9). A Dios se le ve y se le escucha ahora, ya que se expresa por el Hijo.<\/p>\n<p>0 segundo t\u00e9rmino es el de cristofan\u00ed\u00ada, que indica la aparici\u00f3n de Cristo despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n. Todas las fuentes neotestamentarias nos narran las apariciones del Resucitado: sin embargo, tiene un valor particular la narraci\u00f3n que se encuentra en 1 Cor 15,5, ya que reproduce la primera profesi\u00f3n de fe cristiana, puesta por escrito desde los comienzos de la comunidad, por los a\u00f1os 35-40. Pablo, utilizando una terminolog\u00ed\u00ada t\u00e9cnica usual entre los rabinos, afirma que \u00e9l mismo hab\u00ed\u00ada recibido lo que transmit\u00ed\u00ada entonces: adem\u00e1s del acontecimiento de la muerte y resurrecci\u00f3n, repite hasta cuatro veces en dos vers\u00ed\u00adculos que Jes\u00fas \u00abse apareci\u00f3\u00bb (ophthe), en el sentido de que se dio a ver a Pedro, a los ap\u00f3stoles, a Santiago, a m\u00e1s de 500 hermanos y finalmente al mismo Pablo. El verbo que emplea Pablo no exige necesariamente una percepci\u00f3n visual del Resucitado -\u00e9sta puede tan s\u00f3lo satisfacer a la curiosidad-, sino que indica m\u00e1s bien que se trata de un acontecimiento de revelaci\u00f3n. En efecto, las cristofan\u00ed\u00adas, tal como nos las narran los evangelios, tienen siempre algunas caracter\u00ed\u00adsticas peculiares que pueden sintetizarse de este modo: en primer lugar el Jes\u00fas que se hace ver es el \u00abresucitado\u00bb, es decir, con un cuerpo en el que el principio espiritual domina sobre el material (1 Cor 15,42-49). El empe\u00f1o de los evangelistas en mostrar que el objeto de la aparici\u00f3n no es \u00bb un fantasma\u00bb -y que, por consiguiente, los disc\u00ed\u00adpulos no estaban sometidos a una alucinaci\u00f3n-, sino que es Jes\u00fas, el mismo que hab\u00ed\u00ada muerto y hab\u00ed\u00ada sido sepultado, les mueve a describir al Resucitado y su aparici\u00f3n en t\u00e9rminos materiales. Adem\u00e1s, la cristofan\u00ed\u00ada va siempre ligada a una misi\u00f3n que se les conf\u00ed\u00ada a los videntes; finalmente, se les promete la presencia constante y la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>La tercera categor\u00ed\u00ada es la que comprende las apariciones de la Virgen o de los santos. Teol\u00f3gicamente, hay que mantener en estos casos una distinci\u00f3n importante: para la Virgen, creemos en su asunci\u00f3n corporal, mientras que para los santos esto no se ha verificado todav\u00ed\u00ada. De aqu\u00ed\u00ad surgen problemas que afectan a la modalidad de las apariciones. No es posible, de suyo, excluir semejantes apariciones sin negar la libertad misma de Dios. La historia de la Iglesia presenta continuamente diversas apariciones en momentos diferentes y en los lugares m\u00e1s heterog\u00e9neos; la Iglesia ha reconocido la validez de algunas de ellas, mientras que para otras s\u00f3lo ha autorizado el culto popular Puesto que las apariciones van siempre unidas a las revelaciones, a partir del concilio Lateranense Y se tomaron algunas iniciativas para limitar la publicaci\u00f3n de estas profec\u00ed\u00adas, tanto para salvaguardar la ortodoxia de la fe como para no crear confusiones o desorientaciones entre los fieles. El papa Benedicto XIV trat\u00f3 este mismo tema (De 5e~orum Dei beatificatione), estableciendo algunos principios que siguen siendo v\u00e1lidos en nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>En virtud de esta vinculaci\u00f3n con la revelaci\u00f3n, se impone siempre una criteriolog\u00ed\u00ada capaz de establecer no s\u00f3lo el grado de veracidad de la aparici\u00f3n, junto con la garant\u00ed\u00ada del equilibrio del vidente, sino tambi\u00e9n la relaci\u00f3n entre el posible mensaje comunicado en la aparici\u00f3n y su coherencia con el dep\u00f3sito de la fe.<\/p>\n<p>R. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: J. M. Staehlin. Apariciones, Ensayo cr\u00ed\u00adtico, Raz\u00f3n y Fe, Madrid 1954; K. Rahner, Visiones y- profec\u00ed\u00adas, Dinor, Pamplona 1958.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[480] En principio, alusi\u00f3n a las apariciones o manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas despu\u00e9s de su Resurrecci\u00f3n. Pero se hace referencia tambi\u00e9n con tal expresi\u00f3n a diferentes formas como figuras celestes (\u00e1ngeles, santos, Mar\u00ed\u00ada, el mismo Jes\u00fas) se comunican con los hombres y se les hacen presentes de forma personal y original. 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